El “Documento sobre la situación nacional” del 3° Congreso del Mas afirma que en Argentina se está desenvolviendo desde hace seis años una “revolución democrática”. Esto es también lo qué piensan y proclaman, como todo el; mundo lo sabe, Alfonsín, Nosiglia, los políticos radicales e incluso el Departamento de Estado norteamericano, los cuales aluden también a una “revolución”, la “revolución’’ de la “estabilidad constitucional”. Para el ciudadano corriente esta tesis no tiene, sin embargo, el menor asidero. La nacionalización, de la deuda externa por parte del Estado; el pago puntual de. los intereses; la aceptación de la política: del FMI; el reconocimiento de los tribunales de Nueva York como ámbito para resolver las controversias sobre la deuda externa; la amnistía ya otorgada al 95% del aparato represivo; la vigencia de las leyes de la dictadura y la continuidad de sus hombres en la burocracia civil y militar; la continuidad jurídica y de clase, del Estado entre la “dictadura” y la “democracia”; todo esto demuestra las limitaciones fundamentales del proceso democrático y su contenido, no revolucionario, sino contrarrevolucionario. No en vano, los trabajadores están viviendo un. periodo de “desilusiones democráticas”. Nahuel Moreno indica como fecha de la victoria de la revolución democrática, “la derrota argentina en Malvinas en junio de 1982” (su folleto “1982”), cuando “el Proceso”, dice, dejó de existir. Alfonsín piensa a tal punto lo mismo, que ha convertido al 10 de junio, fecha de la rendición de Galtieri, en feriado nacional. La vigencia de una revolución de carácter democrático, es decir, conducida por la burguesía, significa, bien entendido, que no es posible por el momento ninguna revolución socialista, es decir, conducida por el proletariado. Esto es así porque la sociedad adopta un rumbo histórico nuevo solamente cuando encuentra que está agotado el rumbo histórico que está viviendo. Como se ve, el Mas niega, en nombre de la “revolución argentina”, a la única “revolución argentina” posible: la proletaria. En esta cuestión de la revolución termina ocurriendo lo mismo que ocurría con las tesis del Mas, relativas a la “situación revolucionaria” y al “ascenso de las luchas obreras” pues, así como el documento proclama la existencia de una situación revolucionaria, en tanto- niega sus características principales; y de! mismo modo como niega que. el proletariado pueda ser dirección de la revolución, mientras habla “de que lucha” (¡y también de “que no quiere luchar”!); también niega la posibilidad de la revolución socialista a fuerza de hablar de “seis años de revolución argentina” (democrática). Revolución política, pero no social La tesis de la “revolución democrática” tiene su raíz en la afirmación de Nahuel Moreno de que existe un tipo de revolución no prevista o no señalada en la concepción deja revolución permanente de Trotsky. Ese tipo nuevo serían las “revoluciones (democráticas) contra los Estados totalitarios o fascistas”. Aunque sólo tenemos a mano un texto donde Moreno hace esta afirmación sin desarrollarla, su significado es claro: este tipo nuevo de revolución sería puramente política, no social, es decir, no entrañaría un cambio de la clase social que detenta el poder. Una revolución puramente política, es decir protagonizada por la misma clase social que se encuentra ya en el poder es, sin embargo, un contrasentido. De acuerdo con esto, la misma clase qué sustentó el genocidio ha sido más tarde partidaria de revolucionar las estructuras del Estado. Los campeones de que el Estado pague la deuda externa que ellos contrajeron, serían partidarios de la destrucción de las instituciones burocráticas, no electivas, del Estado. En definitiva, la democracia se podría desarrollar en el suelo del capitalismo en descomposición y de la opresión nacional. Toda esta teoría puede sonar a absurda en pleno período de descomposición del actual régimen político y de desilusiones democráticas, pero traduce perfectamente las enormes ilusiones democráticas y electoralistas que hubo en el Mas (¡y que aún hay!) desde el desplazamiento de la dictadura. El descubrimiento de esta seudo-revolución democrática culmina en el largo y confeso esfuerzo de N. Moreno por enmendarle la plana a la teoría de la revolución permanente. La teoría de la revolución permanente generaliza la experiencia de que la burguesía es incapaz de llevar a la victoria a- la revolución democrática allí donde aún no ha llegado al poder, sea en países donde gobiernan aun clases precapitalistas o en los que están bajo la dominación, política del imperialismo. ¡Cuánto más, allí donde la burguesía ya está total o parcialmente en el poder desde hace un largo período de años! El Mas levanta la tesis menchevique (luego stalinista) de la revolución por etapas en una versión histórica todavía más desactualizada y reaccionaria, pues, por un lado, se la pretende aplicar a un país donde el antagonismo de clases entre la burguesía y el proletariado está altamente desarrollado y, del otro, se la plantea como una transformación puramente institucional protagonizada por la misma clase social que constituyó la base de clase de la dictadura militar. “Imperialismo democrático” Pero N. Moreno no ha aplicado su teoría de las revoluciones puramente políticas solamente a Argentina. Varias veces se ha referido a una “revolución democrática” en toda Europa a partir de la derrota del nazismo (“Conversaciones con Moreno”). No solo reivindica las posibilidades de la revolución democrática en los países atrasados sino también su posibilidad y progresividad en los países imperialistas, donde la revolución burguesa se completó hace un siglo, y los cuales, por definición, son opresores de la inmensa mayoría de las naciones (es decir irrevocablemente antidemocráticos). Pero la reimplantación del régimen semi-parlamentario en Alemania y la proclamación de la República en Italia, luego de la derrota militar de Hitler y Mussolini, no fueron revoluciones sino contrarrevoluciones, que efectivamente aplastaron la posibilidad de la revolución proletaria, concretamente iniciada con el armamento de las masas en Italia y en Francia y con el derrumbe del aparato del Estado en la mayoría de los países de Europa. El desarme de la clase obrera y el restablecimiento del Estado burgués imperialista fue el resultado de la maniobra de mayor envergadura contrarrevolucionaria que se tenga memoria —entre el imperialismo y la burocracia rusa. El producto más acabado de esto que se llama “revolución democrática” ha sido el prolongado régimen de ocupación en Alemania y su partición en dos Estados. La “revolución democrática” de 1945 deshizo la obra de la derrotada revolución alemana de 1848 que abrió la ruta a la unificación de Alemania. La división de Alemania y de Europa, planeada y ejecutada por el imperialismo y la burocracia, ha sido el arma política principal de lucha de estos contra la revolución proletaria en Europa. ¡Las guerras de Indochina y de Vietnam fueron los productos internacionales más acabados del orden imperialista mundial salvado por esta “revolución democrática”! Que el partido que se proclama a si mismo (y gratuitamente) como el centro de la revolución mundial, adopte el punto de vista oficial del imperialismo sobre la Europa de posguerra, debería hacer meditar seriamente, si no a los dirigentes del Mas, al menos a sus militantes. Estamos, no ante un centro Internacional, sino ante el centrismo internacional Es indudablemente falso que Trotsky o la IV° Internacional no hubieran caracterizado a la revolución en los países “totalitarios o fascistas”. Hay al respecto un capítulo especial en el Programa de Transición, que condena de antemano la tentativa de “revivir” el “cadáver” de la república parlamentaria burguesa, ni qué decir lo que hubiera dicho de una división de Alemania. “La IV° Internacional» se dice allí, propone abiertamente su programa al proletariado de los países fascistas” —no el de la revolución democrática. Revolución social, pero no política El documento del congreso del Mas da una definición perfecta de la “revolución por etapas”. “Liquidada en 1982 la dictadura militar, dice el texto, la siguiente tarea revolucionaria que se le plantea a las masas es la liquidación del sistema capitalista imperialista”. ¿Qué significa esto? Significa que hasta el desplazamiento de la dictadura, en Argentina no estuvo planteada la liquidación del imperialismo ni del capitalismo. Que se haga semejante afirmación, incluso después de la guerra de Malvinas, es altamente significativo, ya que esta guerra unió como nunca antes, ob- je-ti-va-men-te, la lucha contra el régimen militar y la lucha contra el imperialismo mundial (expropiación, del gran capital) es decir, la lucha por la dictadura del proletariado. Es decir que, frente a la dictadura militar, el Mas defendió, y aun defiende, una política de cambiar el régimen político dentro de lo estrictamente compatible con el mantenimiento del Estado burgués. “Si antes llamábamos a los trabajadores a derribar a la dictadura, dice el documento citando a N. Moreno (“1982”), ahora los llamamos a que hagan centro en liquidar al sistema capitalista imperialista”. Imposible mayor claridad: “antes” no llamábamos a liquidar “el sistema capitalista imperialista”, y por lo tanto tampoco llamábamos a liquidar al Estado que forma parte de él en calidad de guardia pretoriana de las relaciones sociales que son su base. Esto quiere decir que el Mas “luchó” contra la dictadura militar, no con el programa de la IV° Internacional (huelga general, piquetes, armamento de los trabajadores, coordinadoras, soviets), sino con el programa de la Multipartidaria. Esta terrible conclusión, Moreno no vaciló en afirmarla textualmente: “La anterior exigencia de voltear a la dictadura (era, J. A.) para reinstaurar la Constitución de 1853 (“1982”, pág. 29). Pero esta y no otra era también la “exigencia” de Balbín, Alsogaray, Frondizi, ni qué decir Alfonsín. Acá hay, sin embargo, mucha más tela para cortar. Hasta el 2 de abril de 1982, el retorno a la Constitución fue la consigna del compromiso entre los partidos y la dictadura, es decir, la consigna de la injerencia permanente del régimen militar en un sistema “constitucional”. Luego del 2 de abril, la atención de los partidos se desvía, por algunos días, hacia el planteo de la necesidad de un compromiso político-militar con Gran Bretaña y Estados Unidos. Pero a partir del ataque de la Flota, y hasta el 10 de diciembre de 1983, la retomada “exigencia” de reemplazar a la dictadura por la Constitución de 1853 es la consigna directa del imperialismo. Las consignas que reivindican Moreno en su folleto y el Mas hoy, como válidas hasta la subida de Bignone, eran las consignas del presidente, de los ministros y de los dos partidos políticos de los Estados Unidos, que querían poner fin al régimen que, a su podrida manera, le hizo la guerra a la OTAN. La lucha contra la dictadura, separada de la lucha contra el imperialismo, con la Constitución en la mano, era la política de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. A esta mezcla rara de Museta y de Mimí, entre los “trotskistas” y el imperialismo, conduce, necesariamente, la dislocación política del programa entre “democracia” y “socialismo”. El Mas y Moreno omiten, como se ve, lo que es la clave fundamental del operativo montado para sacar a los militares del gobierno, es decir la necesidad de recomponer la dominación del imperialismo después de la guerra de Malvinas. La “transición democrática” es, por este motivo decisivo, completamente antinacional, es decir reaccionaria. La “vigencia de la Constitución del 53” ha sido, por encima de cualquier cosa, la línea política de la restauración de la dominación imperialista parcialmente golpeada por la guerra. Si dejamos las abstracciones (¡aquí sí!) y vamos a lo “concretito”, el único programa de lucha contra la dictadura militar era precisamente el programa de transición a la revolución socialista, para el cual las consigna democráticas y antiimperialistas tiene un “carácter pasajero” (Programa de la IV°) en el movimiento independiente del proletariado hacia su propia revolución. Viva el parlamento de Luder Pero N. Moreno no lo ve así. Para Nahuel Moreno (ver “1982”) el “Proceso” se terminó el 10 de junio en 1982. Ya no se podía hablar de “¡Abajo la dictadura!” —dice— porque “el régimen ya había caído”. La cuestión del poder, así planteada, no la podía resolver la clase obrera porque no había constituido organizaciones capaces de tomar el poder político. La conclusión de Moreno era, entonces, que “la solución progresiva a la crisis revolucionaria estaba aún en el terreno de la democracia burguesa”. Por eso proponía la consigna de “¡Abajo Galtieri! ¡Qué asuma el gobierno el Congreso de 1976!” Esto es de antología. Primero. Se considera destruida a la dictadura, cuando sus Instituciones no habían sido destruidas, ni lo han sido aún, y cuando su gobierno sobrevivirá un año y pico más. En tanto Lenin denunciaba que el ré-gimen de Kerénsky no había abolido formalmente a la monarquía, en el marco de una revolución que la había prácticamente arrasado, Moreno afirmaba que había desaparecido una dictadura que, aunque golpeada decisivamente por un desastre internacional, tenía a todas sus instituciones en pie. Segundo. No se llamaba a derrocar a la dictadura que no había sido derrocada. Moreno no considerará apropiado plantear en 1982, lo que la crisis de semana santa planteó en 1986: ir a los cuarteles. Tercero. No hay otra salida que la burguesa porque el proletariado no tiene organismos revolucionarios. Pero en lugar de llamar a crearlos, Moreno plantea que suba el parlamento de Luder e Isabel. A esta, y a cualquier otra salida burguesa, la caracteriza como “progresiva”. Pero ninguna salida burguesa desmanteló a la dictadura, sino que se transformó en custodia de los represores. Cuarto. La conclusión es que el Mas no planteó la lucha revolucionaria contra la dictadura y se subió al tren de la burguesía mucho antes de que ésta hubiera formado los vagones. Por la “democracia con justicia social” En el documento del Mas, a diferencia de los productos de la naturaleza, aunque nada se pierde tampoco nada se transforma. Luego de la “victoria de la revolución democrática”, el Mas “llama”, ahora sí, a “liquidar el sistema capitalista imperialista. Les decimos, prosigue, que la gran tarea es derrotar (sic) a los partidos burgueses o pequeño burgueses que están en el poder para que asuma el gobierno (sic) la clase obrera con sus partidos y organizaciones (sic). Los llamamos a hacer una nueva revolución, para cambiar (sic) el carácter del Estado, no sólo del régimen político: una revolución social (sic) o socialista”. ¿Qué quiere decir todo esto? Pues que una vez que “la revolución democrática” cambio el “régimen político”, de lo que se trata ahora es de hacer la “revolución social”. Antes había que plantear un cambio político sin tocar la base social, ahora hay que cambiar la base social sin tocar el régimen político, dentro de los marcos del Estado actual. El “socialismo” debe hacerse en “democracia”; a esta “revolución social” en los marcos del Estado burgués, el documento del Mas la denomina “cambiar el carácter del Estado”, es decir cambiar el contenido de clase de este Estado, pero no destruir a este mismo como aparato históricamente de opresión de la burguesía, no hacer la revolución. Este cambio “social” se produce “derrotando”, (pero no derrocando) a los partidos burgueses; llevando a la clase obrera al “gobierno” (pero no al establecimiento de un régimen proletario); y a hacerlo a través de “sus partidos y organizaciones”, todos democratizantes y puntales del Estado burgués (y no a través de nuevas organizaciones revolucionarias de masas). El hilo político democratizante de las posiciones del Mas se mantiene intacto. Antes, planteando y celebrando una imaginada revolución puramente política dentro del mismo régimen social; ahora, propugnando una “revolución social” sin la necesidad de destruir el Estado burgués. La política democratizante del Mas está sólidamente anclada en todas sus posiciones y documentos, es decir en su programa. Nahuel Moreno señaló todo esto con encomiable nitidez. “Para abrir paso a la revolución socialista, debíamos destrozar el obstáculo del régimen burgués contrarrevolucionario —dice refiriéndose a la dictadura. Pero a partir del triunfo de la revolución democrática... pasan a ser centrales las consignas anticapitalistas” (“1982”). Ahora, bajo la democracia, ya no es necesario destruir al “régimen burgués contrarrevolucionario”, simplemente porque éste ya no existiría más. El régimen de la obediencia debida, del pago de la deuda externa y, ya que estamos, de la Constitución de 1853, no es, para Moreno, un régimen contrarrevolucionario. Es posible inyectarle reivindicaciones “anticapitalistas”. De aquí nace el “socialismo en democracia”, o la “democracia con justicia social” nada de esto es una imposición del stalinismo, porque a nadie se le impone lo que ya no tiene adentro. Pero la cuestión política clave para un militante de la IV° Internacional es precisamente ésta: ¿es o no contrarrevolucionario el régimen democratizante? ¿es o no el vehículo de la opresión nacional? ¿es o no el factor de unidad política de la burocracia sindical y de los partidos de izquierda, en especial el PC, con la burguesía, como se demostró en Semana Santa y en innumerables otras ocasiones, como la huelga docente, por ejemplo? ¿es o no, la defensa de este régimen, “el nudo corredizo” colocado por la pequeña burguesía en el cuello del proletariado para impedir que luche por terminar con el régimen burgués e implantar la dictadura del proletariado? Aun en los momentos de mayor verborragia revolucionaria, cuando por su crisis interna todas las fracciones del Mas rivalizaban en la profesión de fe del trotskismo; aun en este clima enfervorizado, la dirección del Mas nunca dejó de señalar, repetir y machacar su adhesión política a la “democracia” es decir al “régimen democrático”, ya que la “democracia” es una forma de organización del estado - (dictadura “constitucional" de la burguesía), y no un principio moral. Cuando Zamora dice por ahí que, por un lado, está la democracia de Alfonsín y la del FMI, y por otro lado la del Mas, lo que quiere decir es que el régimen burgués democrático vale por igual como instrumento político del imperialismo y de proletariado. Es decir que este puede construir el socialismo por medio de Estado burgués. Programáticamente, no existe una diferencia de fondo entre el Mas y el stalinismo. La constitución de 1853 ¡El Mas pretende, sin embargo, que lucha, sí, contra el régimen político actual! Ahí está su consigna “contra el nuevo régimen político de la burguesía”, la “Asamblea Constituyente”, para “terminar con el antidemocrático y archireaccionario régimen de la Constitución de 1853 ... que culmine en la socialización de los medios de producción y de cambio, bajo administración del Estado y control de los trabajadores” (documento). Pero esto termina por confirmar el carácter democratizante del programa del Mas, pues propone una modificación constitucional, es decir dentro de los marcos del Estado burgués, del régimen constitucional burgués. La constitución política de un Estado proletario, en cambio, viene después de la formación de un Estado proletario mediante la revolución proletaria. El planteo de realizar la revolución socialista mediante una acción o reforma constitucional es el más nefasto de los engaños democráticos. El Mas propone nada menos que lograr el desarme político del cuerpo de oficiales de las fuerzas armadas por medio de una reforma constitucional. Este planteo es una venda que se pone en los ojos a la clase obrera, y también de los uniformados que se insurgen contra la entrega nacional. Todo eh programa del Mas es un obstáculo levantado contra la creación de una situación revolucionaria, que sólo puede darse como consecuencia de una acción histórica in-de- pen-dien-te de las masas. En el documento del Mas no se hace, en ningún momento, un balance del Frepu, a pesar de que fue el principal acontecimiento protagonizado por el Mas desde su congreso anterior. Pero no hay tal “olvido": todo el contenido programático del documento del Mas es una reivindicación del programa del Frepu, el que nada tiene que ver con una revolución proletaria o socialista. Desde que se rompió el FP, el Mas no hizo ningún esfuerzo por sacar conclusiones consecuentes de esta nefasta experiencia, por el contrario, se esforzó por plantear su reconstitución. De esta manera, el Mas no solamente tiene un programa adaptado a la contrarrevolución burguesa democrática, sino también el instrumento político correspondiente.