El Vaticano socorre a la burocracia "comunista"
De acuerdo a las últimas informaciones, el movimiento de huelgas iniciado el 25 de abril por los trabajadores del transporte de la ciudad de Bydgoszcz, habría cesado como consecuencia de la represión policial contra los obreros de la siderúrgica Lenin, ubicada en los suburbios de Cracovia, y contra los astilleros Lenin del puerto de Gdansk. ¿Qué fue lo que pasó en estos últimos días en Polonia? La cuestión de la huelga política La tensión social y política venía, en aumento en Polonia desde hacía varias semanas. A pesar de haber sido derrotado en un referéndum completamente controlado sobre el tema de la “reforma económica” y la “austeridad”, el régimen de Jaruzelsky puso en marcha su política de aumento de precios, cuya finalidad no es otra que pagar la deuda externa a los bancos extranjeros y ejecutar los planes del FMI. Polonia forma parte de esta organización de la piratería capitalista internacional, y no sólo esto sino que la dictadura de cepa gorbachiana está haciendo gestiones para integrar el Consejo de Europa, un organismo político de los Estados imperialistas de Europa occidental. Como consecuencia de esta política, la inflación de los precios llegó al 45% en los últimos tres meses, en tanto que los salarios reales cayeron, en el mismo lapso de tiempo, en un 25% (Le Monde, 28/4). Se estaba en presencia del detonante clásico de la revolución obrera en Polonia en los últimos 35 años. Durante el invierno la atmósfera se fue cargando de electricidad. En i febrero el régimen se vio confrontado a una inminente huelga del sistema nacional de salud. Las "reformas administrativas” que se había prometido estaban paralizadas. El lunes 21 de marzo, Jaruzelsky declaraba en un congreso de un llamado “partido campesino” que se aprestaba a pedir “poderes extraordinarios” hasta fin de año para proceder a licenciamientos masivos de cuadros y de planta en la economía y en la administración (Le Monde 23/3). No hay signo más inconfundible de bancarrota que el que produce una dictadura que pide poderes absolutos. Comienza la huelga El lunes 25, en los depósitos de transportes de Bydgoszcz, los trabajadores se niegan a sacar los vehículos. Los “sindicatos oficiales” procuran controlar el movimiento, poniéndose a la cabeza, luego de haber intentado vanamente impedirla. Los trabajadores reclaman un aumento salarial del 150%, la escala móvil de salarios, la reparación del material rodante y la destitución del director. Al cabo de 12 horas obtienen un aumento del 69% sobre el básico. A las nueve de la mañana del martes 26, los obreros de laminado de la acería de Nowa Huta se declaran en huelga. Son seguidos de inmediato por laminado en frío y perfiles. Cada sección elige un comité de huelga. A las dos de la tarde hay 4.000 obreros parados, de los 30.000 que trabajan en el complejo siderúrgico. A las seis de la tarde ya son ocho mil. Hay negociaciones toda la noche. Al comenzar el turno mañana del día 27, el paro alcanza a 20.000 obreros; en el curso de la jornada llega a los 30.000 y la huelga es total. Los huelguistas reclaman un aumento del 50% de los salarios; el pago de los días de huelga; la escala móvil de salarios; la duplicación de la compensación otorgada en febrero, a raíz de aumentos de precios, para todos los trabajadores de la industria, la educación y la salud; y la reintegración a la planta de los activistas de Solidaridad que fueron despedidos a partir de 1981. La dirección acepta negociar sobre salarios, pero ni hablar de los otros puntos. Se producen movimientos de solidaridad estudiantil en Cracovia. La policía comienza a reprimir; el 29 detiene a varios activistas y, en Lublin, procede a arrestar a los máximos dirigentes de Solidaridad, Bujak y Oryszkiewicz. En la acería, entretanto, los comités de huelga de cada sección eligen un comité de huelga de la planta, que se transforma en un principio de sindicato independiente. El estancamiento de las negociaciones en la siderúrgica y el comienzo de la represión, plantean la cuestión de la solidaridad del resto de la clase obrera. Se inician paros parciales del transporte en Cracovia; una acería de la ciudad de Bochnia se declara en huelga; en Stalowa Wola (25.000 obreros) se elige un comité de huelga. El 1° de mayo se producen manifestaciones en todo el país. El 2 de mayo comienza la huelga con ocupación en Gdansk. Se suman al movimiento los textiles de Lublin, los transportes de la ciudad de Plock, los altos hornos de Katowice. En Gdansk, los huelguistas reclaman el reconocimiento del sindicato independiente en los astilleros. El 3 de mayo la policía desaloja violentamente la siderúrgica de Nowa Huta y cerca a I os astilleros de Gdansk, donde a partir de ese momento dejan de entrar alimentos. El 8 de mayo, cuando la huelga parece extenderse a Varsovia, en la gran fábrica Ursus, cesa la huelga en Gdansk y el movimiento parece refluir en su conjunto. La política de Solidaridad Como lo cuenta Walesa mismo en su autobiografía, en agosto de 1980 la consigna del reconocimiento del sindicato independiente en todo el país desató la huelga general. Esta vez, esta consigna no fue levantada. En Gdansk, Walesa tuvo el cuidado de plantearla solamente para el astillero. La dirección de Solidaridad se opuso, en realidad, a la generalización de la huelga. El clero polaco se apresuró a enviar mediadores para evitar que el movimiento pudiera extenderse. “En tanto apoya la huelga (de Nowa Huta), el señor Walesa y otros dirigentes de Solidaridad —dice el corresponsal del Washington Post— no llaman a nuevas protestas y parecen esperar que el descontento no continúe extendiéndose... ‘Las huelgas no van a mejorar la situación’ —dijo el señor Walesa”. La oposición al régimen no improvisó nada durante la huelga. “A fines de 1986 (cuando) el gobierno liberó a los presos políticos y se comprometió a iniciar reformas económicas y políticas, con la condición de que Solidaridad permaneciera legalmente ausente de la vida pública, la dirección de Solidaridad decidió, luego de un debate interno, acompañar el proceso y no presionar por el reconocimiento legal” (The New York Times, 2/5). Esto explica, sobradamente, que se decidiera esta vez en Gdansk, “retirar el reclamo de la legalización nacional del Sindicato proscripto”. (International Herald Tribune, 5/5). “Es posible que desde el punto de vista del juego político debiéramos pensar en esos términos — esperar que el curso de los acontecimientos barra con Jaruzelski— declaró Adam Michnik (uno de los principales intelectuales de la oposición). Pero miramos hacia afuera y vemos a este país, nuestro país, en colapso. Estamos listos para un compromiso. Estamos en Solidaridad, pero la cosa más importante i para nosotros es el interés de nuestro país: el interés de Polonia” (The New York Times, 2/5). Esta posición política ante la huelga, no debe sorprender de parte de quienes virtualmente no se opusieron al referéndum que Jaruzelski perdió hace unos meses, sosteniendo luego que había que integrar las organizaciones legales autorizadas por el régimen. Los curas plantearon la misma cosa, pero sin eufemismos: “Los ciudadanos que tienen responsabilidad por el destino del país tienen que estar embargados de temor por los recientes disturbios y huelgas en algunas zonas— declaró el episcopado polaco” (I.H.T., 5/5). Estimando que la huelga podía cobrar fuerza nacional, a pesar de lo que se hiciera para evitarlo, otro dirigente opositor, Jacek Kuron, planteó que “la única forma de resolver la crisis polaca es un gobierno fruto del acuerdo con el Episcopado y la oposición”. No se podría plantear mejor la aspiración de ver a los obreros y sindicatos polacos aplastados entre la cruz y la espada. Lo que vendrá A un régimen condenado no lo pueden salvar ni las mejores intenciones de sus adversarios vacilantes. El régimen burocrático se animó a reprimir sólo cuando vio los obstáculos que se oponían a la extensión de la huelga. Por esta vía, Jaruzelski se mete en el pantano de los “poderes extraordinarios” que reclamó antes del conflicto que veía venir. Del referéndum a la suma del poder —nada ilustra sin embargo mejor las violentas oscilaciones de la burocracia en crisis. Pero sólo con el auxilio financiero del imperialismo y la omisión de la oposición, este bonapartismo extremo podrá subsistir por algunos meses. El régimen burocrático se precipita a su caída en la misma medida en que todos se apremian por salvarlo. Si a esto se ha llegado después de ocho años de experimento militar, esto significa que la revolución se aproxima.