El 29 de noviembre de 1947, una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, decidió la finalización del mandato británico sobre Palestina y la partición del país en dos estados: uno judío, que debía abarcar una superficie de 14.500 km» y otro árabe, con una superficie de 11.000 km». La zona de Jerusalem debía quedar como una entidad separada bajo la administración de las Naciones Unidas. La resolución fue aprobada por 33 votos contra 13 y 10 abstenciones. Votaron a favor EE. UU, la URSS y la mayoría de los países europeos, tanto del Este como del Oeste. En el territorio asignado al Estado Judío vivían aproximadamente un millón de habitantes, de los cuales medio millón eran árabes y otro tanto judíos. En el territorio asignado a los árabes sólo vivían 10 mil judíos sobre más de 700 mil habitantes, mientras que en Jerusalem había 200 mil habitantes divididos por mitades entre las dos comunidades. La partición dividía territorialmente al país en 7 zonas, 3 para cada Estado, además de Jerusalem, en forma completamente arbitraria, de modo de poder incluirá la totalidad de la población judía en el mismo Estado. Al momento de la partición, la población judía alcanzaba a un tercio del total. Más notable era la desproporción en relación a la tenencia de la tierra. Sin contar el desierto del sur del país (Neguev), las tierras en manos árabes ocupaban más de un millón de hectáreas contra menos de 150 mil de las judías, y algo más de 150 mil tierras públicas y vías de comunicación. En el sur, los árabes tenían casi 200 mil hectáreas, contra sólo 6.500 de los judíos, en tanto había un millón de tierras públicas. Árabes y judíos ante la partición La reacción de ambas comunidades ante la partición fue, naturalmente, bien distinta, y el enfrentamiento se hizo abierto. Los árabes rechazaron la partición del país y reiteraron su reclamo histórico en favor de la independencia de Inglaterra sin ningún tipo de partición. Los judíos, por su parte, a través del Consejo General Sionista expresaron su aprobación, aunque "lamentando que algunas regiones de extrema importancia” no estuviesen incluidas en el territorio asignado al futuro Estado judío. Ambas comunidades se encontraban muy diferentemente preparadas para el inminente enfrentamiento. Los palestinos no se hablan repuesto aún de la derrota de la rebelión de 1936/9. La rebelión había incluido una huelga general de 6 meses de duración, entre abril y octubre de 1936, que fue seguida por una intermitente guerrilla campesina, sofocada por una impresionante fuerza armada británica que contó con la colaboración de destacamentos armados sionistas. Un cuerpo represivo especial fue comandado por el capitán inglés Orde Wingate, que contaba como adjunto a un militar sionista que alcanzarla fama posterior: Moshe Dayan. La rebelión fue el punto más alto alcanzado por la resistencia palestina durante el Mandato británico y entre las causas de su derrota se encuentra la conducta traidora de su dirección, en manos de clanes feudales que rivalizaban entre si y que negociaban bajo cuerda con los sionistas y los ingleses. Estos eran los “efandi”, grandes terratenientes absentistas, que mientras protestaban contra la inmigración sionista y la compra de tierras por la Agencia Judía, eran quienes más se beneficiaban de esas compras pues las vendían a alto precio, permitiendo que luego los sionistas desalojaran a los campesinos miserables (los fellah) que constituían la inmensa mayoría de la población palestina. La colonización sionista, por su parte, había bloqueado el desarrollo de una clase burguesa y de la pequeña burguesía palestina, y aún de la clase obrera dado que los sionistas preconizaban el "trabajo judío” dentro de las empresas sionistas y el boicot a los trabajadores y productos árabes, provocando una enorme desocupación entre la masa de fellahs sin tierra. Todos estos factores explican la falta de cohesión política y militar de la resistencia palestina, que en ningún momento movilizó ni armó a la población. Las acciones militares consistieron en actos terroristas y, las de mayor envergadura, fueron protagonizadas por columnas organizadas fuera del país, como la que ingresó a Galilea (Ejército de Liberación Árabe al mando de Fawzi Al Kauji, veterano de la revuelta del 36-9) y los núcleos dirigidos por Abdel Kader Huseini, pariente del líder de uno de los más importantes clanes y jefe espiritual Mufti de Jerusalem. Pero estas fuerzas actuaron descoordinadamente. Desde la rebelión de 1936-9, los palestinos habían sido sistemáticamente desarmados por el ocupante inglés. Entre 1935 y 1947, fueron confiscados 7.600 rifles a Ios árabes contra sólo 135 a los sionistas. La comunidad judía palestina (conocida como el Yshuv) se venía preparando desde tiempo atrás para constituirse en Estado y consideraron a la partición como una de las alternativas posibles. Hasta el comienzo de la 2ª guerra mundial, las corrientes sionistas mayoritarias se habían opuesto al cese del Mandato británico y consideraban que sólo después de alcanzar una preponderancia económica y poblacional podrían encarar la constitución del Estado Sionista. Pero esta actitud fue variando durante la guerra en lo que influyeron varios factores. Como resultado de la gran persecución hitlerista, el número de inmigrantes creció v la población judía alcanzó al tercio del total, siendo evidente que iba a ser difícil incrementarla en el cuadro del dominio británico y frente a la resistencia palestina. Algo similar ocurría con la tierra. Se había alcanzado casi un 7% del total, pero había nuevas restricciones para incrementarla. Fue entonces que en una reunión extraordinaria de sionistas de todo el mundo en Nueva York, en mayo de 1942, se aprobó el llamado “programa de Biltmore", que exigía la inmigración judía ilimitada bajo el control de la Agencia Judía, el establecimiento de un Estado judío sobre la superficie de Palestina y la creación de un Ejército judío. Este programa sólo podía ser realizado por la fuerza, pues era evidente que les británicos no lo iban a aceptar (querían conservar Palestina bajo su dominio), y mucho menos los árabes, quienes serían desplazados por una colonización masiva del extranjero hasta convertirse en una minoría en su propio país. La segunda guerra también trajo un fortalecimiento económico del Yshuv, que se sintió así más decidido a imponer su transformación en Estado independiente. Los sionistas contaban además con una mayor cohesión política y mejor preparación militar. La Agencia Judía y el Congreso Sionista funcionaban como organismos paraestatales y las fuerzas de la Hagana eran un ejército en potencia. Los sionistas habían comenzado a armarse desde los comienzos de la colonización, al principio para defender sus aldeas y colonias, y luego mediante su participación en la represión de la rebelión árabe del 36-9. Durante la segunda guerra, los sionistas lograron la formación de una brigada propia, incrementando su preparación militar. Después de la segunda guerra, las organizaciones militares sionistas se fortalecieron llevando a cabo ataques terroristas contra los británicos, tratando de acelerar su partida en el sentido del programa de Biltmore (que marcó a su vez un vuelco del sionismo que abandonó su completa asociación con Gran Bretaña en favor de los Estados Unidos). Finalmente, los sionistas movilizaron a todo su potencial humano mediante levas masivas desde el mismo momento en que la ONU resolvió la partición. La guerra de 1947-8 Desde la resolución de partición, incidentes, escaramuzas y atentados terroristas comenzaron por ambas partes, provocando en los primeros meses centenares de víctimas. A partir de enero, con el Ingreso de la columna de Al Kauji a la zona de Galilea y luego con la fuerza dirigida por Huseini en los alrededores de Jerusalem, los combates adquieren mayor envergadura. Los principales enfrentamientos se producen por el control de las ciudades: Haifa y Jerusalem (pobladas por árabes y judíos), la zona entre Tel- Aviv (judía) y Jaffa (árabe) y por la Galilea. En contra de algunos prejuicios extendidos, la acción de las tropas británicas no favoreció preferentemente a los árabes. A mediados de enero, por ejemplo, los británicos enfrentaron a la columna de Al Kauji en la región del lago Hule y también en la carretera Jerusalem-Hebron. “Un batallón británico, tanques y cazas Spitfire, logran limpiar la región de Hebron de los dos a tres mil árabes que habían rodeado cuatro colonias judías” (Times de Londres, 16/1/48). También colaboraron para evitar el cerco al sector judío de Jerusalem sitiado por los irregulares árabes. Es cierto también que evitaron en una primera instancia la caída, de Jaffa en manos sionistas (Jaffa debía pertenecer, en la partición, al Estado árabe, pese a estar enclavada dentro del territorio del proyectado Estado judío). Los resultados bélicos comenzaron a desnivelarse en favor de los sionistas desde comienzos de abril, a medida que las armas checoslovacas compradas con el dinero de los sionistas norteamericanos fluían generosamente. La batalla por Castel, cerca de Jerusalem, a principios de abril duró varios días y terminó con un triunfo sionista y con la muerte de Abdel Huseini. Pocos días más tarde, la columna de Al Kauji perdía su artillería y los sionistas ocupaban rápidamente toda la Galilea oriental. Tiberiades, Safed y Haifa fueron ocupadas entre el 18 de abril y el 10 de mayo. El 13 de mayo ocuparon Jaffa y el 14 Acre y toda la Galilea occidental. En el último mes antes de la partida británica, los sionistas ocuparon mucho más que el territorio adjudicado por la partición. La ocupación sionista iba unida a acciones ferozmente terroristas contra la población civil, que se vio forzada a marcharse. La más brutal y conocida de estas masacres sionistas fue la perpetuada contra la aldea de Deir Yasin, el 9 de abril, en la que fueron asesinados 254 habitantes incluyendo ancianos, mujeres y niños. El éxodo palestino, resultado de los métodos de terrorismo contra la población civil aplicado por los sionistas, llevó a más de 400 mil palestinos a abandonar sus hogares en los últimos meses antes de la partida de los británicos. Cien mil palestinos fueron expulsados de Jaffa, 80 mil de Haifa, 60 mil de la Galilea occidental y otro tanto de las zonas cercanas a Jerusalem en dirección a Tel-Aviv. Las masacres reales como Deir-Yasin y Bet-EI Kouri (5/5), o supuestas, y la expulsión militar, fueron las causantes directas de éxodo. El 15 de mayo, los británicos abandonaron Palestina. Un día antes, Ben Gurion proclamó el Estado de Israel desde Tel-Aviv, reconocido a los pocos minutos "de tacto” por los Estados Unidos y tres días más tarde por la URSS, el primer país en reconocerlo “de jure”. A las pocas horas de proclamado el Estado sionista, tropas de los países de la Liga Árabe (Egipto, Transjordania, Siria, Líbano e Irak) penetraron en Palestina, entre ellas, la Legión Árabe transjordana, al mando de oficiales ingleses. Salvo la Legión, las demás fuerzas eran más bien simbólicas, mal pertrechadas y sin coordinación militar entre sí. La Legión como lo reconoció su jefe el oficial inglés, Glub Pacha, tenía instrucciones precisas del gobierno inglés de no penetrar en el territorio asignado al Estado Sionista. Hubo entrevistas secretas entre Ben Gurion y el rey Abdallah de Transjordania en favor de un reparto de los territorios adjudicados por la ONU al Estado árabe palestino. Las acciones bélicas no tuvieron inicialmente un resultado definido y los mediadores de la ONU establecieron una tregua que duró desde el 11 de junio al 7 de julio. La tregua fue aprovechada por Israel para establecer un puente aéreo con Checoslovaquia, quien la proveyó de abundante material bélico. A partir del 7 de julio y hasta la nueva tregua del 18 de julio, los sionistas ampliaron su territorio ocupando todo el corredor de Tel-Aviv a Jerusalem. Lydda cayó el 11 de julio y sus 30 mil habitantes fueron evacuados. Tras la ocupación de Ramle, el 12 de julio, fueron expulsados sus 60 mil habitantes. La nueva tregua va a extenderse indefinidamente. Sin embargo, en octubre, los sionistas avanzaron sobre el sur ocupando la capital del Neguev, Bersheba el 21, Bait Nanum, cerca de Gaza, el 22 y Beit Jibrin, hacia Hebron poco después. Pese al cese de fuego y a los armisticios que se estaban negociando, ocupó todo el Neguev hacia fines de diciembre, y el 10 de marzo, de 1949, después de firmado el armisticio con Egipto, ocupó el puesto palestino de Um-Rashrash, sobre el golfo de Akaba, al que rebautizaron Eilat. Cuando se firmaron finalmente los 4 armisticios entre Israel con Egipto, Líbano, Siria y Transjordania, su territorio se había ampliado hasta alcanzar 20.800 km2. El territorio que quedó del proyectado Estado árabe palestino fue repartido entre la Transjordania que pasó a ser el reino Hachemita de Jordania (se apoderó de toda la Cisjordania) y la franja de Gaza, que permaneció bajo ocupación militar egipcia por 20 años. El intento de crear un régimen palestino autónomo en Gaza durante el mes de setiembre, bajo el patrocinio egipcio, fue contrarrestado por el rey hachemita, que convocó a 5000 notables de la Cisjordania, que le “pidieron” que se hiciera cargo de su territorio. Así, la función de la Legión árabe, dirigida por los ingleses cumplió su cometido: ayudar a la anexión de una parte de Palestina al reino de Jordania, unido por tratados políticos y militares con Gran Bretaña. El acuerdo Ben Gurion —Abdallah culminó el despojo de la tierra palestina. Expulsión de la población y expropiación de sus tierras y bienes El éxodo de la población palestina fue el resultado combinado de las medidas para aterrorizar a la población (como Deir Yasin y de la expulsión masiva que siguió a la toma de las ciudades por los sionistas). La masa de palestinos que abandonó sus tierras y hogares lo hizo a partir de la ofensiva sionista de principios de abril, y en especial a partir de Deir Yasin. Esta masacre fue intensamente propalada por radios y diarios. A medida que las tropas sionistas ampliaban los territorios conquistados (en julio y octubre), los refugiados de la primera ola volvían a partir de sus nuevos refugios. La totalidad de los habitantes de ciudades enteramente árabes fueron obligados a evacuarlas: fue el caso de Jaffa, Acre, Ramle, Lydda, Nazaret y Shafa Amr, con una población estimada en 195 mil personas, todas las cuales" se encontraban en la zona reservada por la partición para el Estado árabe. También fueron obligados a emigrar las masivas poblaciones árabes de ciudades mixtas como Haifa, Tiberiades, Safed y Bersheba así como del sector nuevo de Jerusalem, que quedó en manos sionistas. En total 863 aldeas árabes fueron ocupadas por los sionistas, gran parte de las cuales se encontraban en el nuevo territorio agregado al Estado sionista en Galilea occidental y en el corredor Jerusalem-Tel Aviv. Del medio millón de habitantes árabes del territorio asignado por la partición del Estado sionista, sólo permanecieron 50 mil. De las zonas agregadas, se estima que abandonaron el país otros 400 mil, totalizando cerca de un millón los refugiados de la guerra del 48. Es falsa la suposición de que los refugiados fueron el resultado de la guerra entre Israel y los Estados de la Liga Árabe, pues como vimos, la mitad de los refugiados ya había sido expulsada antes del 15 de mayo. Algunos autores sionistas llegan a reconocer que “sería más verídico decir que los refugiados fueren la causa de la primera guerra árabe-israelí y no su resultado” (Anthony Nutting, discuso en Nueva York auspiciado por el Consejo judío norteamericano). El sentido de la expulsión no tuvo que ver con ninguna razón bélica ni siquiera policial. Fue un fenómeno sustancialmente social. Sólo mediante la expulsión de la población árabe, el sionismo pudo constituir un Estado “abierto a los emigrantes judíos de todo el mundo”, los cuales ocuparon las tierras y las ciudades de las cuales fueron expulsados los árabes. En el territorio de 20.800 km 2 del Estado sionista tal como emergió de la guerra sólo permanecieron menos de 150 mil palestinos (50 mil en la zona de la partición original y menos de cien mil en los nuevos territorios anexados). Los sionistas jamás permitieron el retomo de los refugiados a sus hogares, pese a reiteradas y, naturalmente, líricas, resoluciones de la ONU. Esta posición ya fue expuesta tempranamente por Ben Gurion, Primer Ministro israelí, el 16 de junio de 1948: “Este proyecto (el plan de partición) murió y fue enterrado... la situación en Palestina se regulará por la potencia militar... Jaffa será una ciudad judía... la repatriación de los árabes a Jaffa no es justicia, sino locura”. Hasta noviembre de 1953, ciento sesenta y un aldeas árabes habían sido arrasadas después de su ocupación por los sionistas. A los árabes que permanecieron en territorio israelí se los transformó en habitantes de segunda. Mientras que por la “Ley del retorno” de 1950 y la ley de nacionalidad de 1952, cualquier judío, fuera cual fuere su nacionalidad o país de origen puede adquirir automáticamente la ciudadanía israelí, los residentes no judíos pueden adquirir la ciudadanía sólo por residencia demostrada, lo cual les fue muy difícil de probar. "Gran número de los árabes que habían poseído carta de identidad la habían perdido o la habían entregado al ejército de Israel durante o inmediatamente después de la guerra”, afirma el estudioso judío Don Peretz en “Israel y los Árabes palestinos”. El proceso de expropiación de las tierras y propiedades árabes “abandonadas” fue gigantesco, incluyendo las tierras de los propios árabes que permanecieron en Israel. Basta señalar que comprendía toda la propiedad urbana de ciudades enteras y de barrios enteros de otras ciudades y, como señalamos, centenares de aldeas. La tierra árabe que pasó a ser propiedad sionista comprendía 670 mil Ha cultivables, 13,500 Ha de cítricos, 105 mil Ha de olivos, bananos y otros árboles y grandes extensiones de tierras de pastoreo. A esto hay que agregar la propiedad comercial e industrial, que según Peretz abarcaba a 7800 tiendas, oficinas, talleres y almacenes. Y finalmente, muebles, posesiones y efectos personales de cerca de un millón de personas que abandonaron sus casas prácticamente con lo puesto. Un informe oficial israelí reconocía el 18 de abril de 1949 que “los árabes abandonaron grandes cantidades de posesiones en cientos de miles de alojamientos, tiendas, almacenes y talleres”. Henry Cattan, jurista nacido en Jerusalem calcula el valor de lo expropiado a los palestinos en 16 mil millones de dólares de 1948, una cifra absolutamente gigantesca. El proceso confiscatorio se ejecutó en dos fases. Desde 1948 a 1950 fue la ocupación física y desde 1950, las medidas legales para convalidarla. Así se dictó la ley de “dueños ausentes”, seguida de la de “lotes baldíos o no eficazmente cultivados”, y la que amplió el concepto de “dueños ausentes” para incluir a los árabes que aún residiendo en Israel, habían sido obligados a mudar su residencia respecto a la que tenían en 1948. Los árabes que permanecieron en Israel también fueron expropiados mediante la ley que facultaba al Ministerio de Defensa a declarar "zonas de seguridad” y expulsar de ellas a sus habitantes árabes, además de las leyes de expropiación (1950), de adquisición de tierras (1953) y la ley de limitación (1958) que obligaba al reclamante de tierras no registradas a demostrar su continua e indisputada posesión de ellas por quince años. El resultado fue que, al 4 de junio de 1967, la tierra en manos palestinas dentro de Israel quedó reducida a 20 mil Ha, menos del uno por ciento de la superficie del país. Por el contrario, si después de 70 años de colonización, desde 1880 a 1948, los sionistas sólo habían comprado 150 mil Ha, mediante la confiscación lograron en pocos meses, diez veces más. El Estado sionista se construyó sobre la expulsión de la población y la completa confiscación de sus bienes, avalado naturalmente por el imperialismo, y por la burocracia rusa.