El triunfo electoral del 6 de septiembre puso al cafierismo en la ruta a la presidencia de la Nación. Casi ocho meses después: ¿sigue siendo esto así? Todo parece indicar que la evolución de la “interna” justicialista no es "lo que esperaba el cafierismo, y hay quienes piensan que la posición de éste ya está muy comprometida. Pero por sobre todas las cosas la brutal agudización de la crisis y la profundización de las luchas, como la de los pobladores sin terrenos y la huelga docente, han forzado al cafierismo a poner prematuramente de relieve las limitaciones propias de su demagogia y su visceral carácter antiobrero. Esta es la base de una crisis que el cafierismo está obligado a atenuar o a postergar en aras de sus objetivos electorales. La interna La “interna” justicialista ha partido en dos a las diversas "estructuras” que conforman el peronismo. Según algunos diarios, Cafiero tendría preeminencia “en el nivel de dirigentes: la mayoría de los gobernadores y de los presidentes partidarios de distrito” (La Nación, 7/4). Menem, en cambio, tendría “una mayor preferencia entre los afiliados de base”(idem). “Ámbito Financiero” (19/4) dice que “las encuestas que se encuentran en poder del Departamento de Estado (norteamericano), muestran una “preeminencia” en la interna del precandidato Carlos Saúl Menem por sobre el gobernador de Buenos Aires, Antonio Cafiero”. Los cafieristas confían en que se impondrá finalmente su fórmula. Sin embargo, en las últimas semanas han comenzado a ver al menemismo mordiendo a parte de ese “nivel de dirigentes”. Así lo evidenciaría el apoyo de algunos gobernadores y vices (el mendocino Bordón, el vice santafesino, Vanrell) y el de nutridas fracciones de la burocracia sindical. Las encuestas que manejan los propios cafieristas revelan la fragilidad del supuesto dominio de éstos. “Manzano —por ejemplo— sostuvo que, de acuerdo con las encuestas que obran en su poder, un 32% de los afiliados votarán por Cafiero, contra un 23,8 que lo hará por Menem, en tanto que un 40% dice que no va a votar y un 4,2% permanece indeciso”. La diferencia a favor del cafierismo es mínima, si se considera que aún faltan dos meses para los comicios. Significativo es el hecho de que casi la mitad ya tiene decidido no votar. Todo esto revela, en su conjunto, un cuadro de dislocamiento político. No extraña entonces que “flote en el ambiente" la presunción de que tanto Cafiero como Menem podrían dividir al P.J. en caso de resultar derrotados. Sobre este pronóstico cabalga Angeloz, quien es-pera por su lado lograr una fisura en la Ucedé. División Las candidaturas de Angeloz, Cafiero y Menem reflejan en el terreno político la profunda división de la burguesía nacional, como consecuencia del profundo empantanamiento del capitalismo y de la resistencia popular. La UCR se ha reagrupado en torno a Terragno, Caputo y Angeloz con un amplio programa de entrega a precios viles de los monopolios económicos estatales rentables al capital imperialista y a la fracción de la burguesía que actúa como su socia secundaria. Es el caso de los teléfonos, del petróleo, de la petroquímica, etc. Terragno acaba de iniciar un periplo por EEUU para asegurarle a los pulpos extranjeros que podrán operar en las áreas grandes de YPF; que los contra-; tos que se firmen “serán confidenciales y reservados”, “a 20 años con opción a 10 años más de plazo”; y que no estarán obligados “a transferir tecnología a YPF” (Clarín, 15/4). Alfonsín, por su parte, acaba de suscribir un acuerdo automotriz con Brasil que beneficia a Autolatina (Ford-Volkswagen) y a los pulpos alimenticios “nacionales” de Argentina (capitaneados por Gilberto Montagna). En los acuerdos con Italia y España, el radicalismo ha pactado con ciertos grupos monopólicos la “adjudicación directa” de ciertas obras, asegurándoles la posibilidad de usar como capital la deuda externa y autorizándoles la remisión de utilidades al exterior. La disputa entre el cafierismo y la UCR es, en primer lugar, en torno a los favores del gran capital imperialista. En rigor, el gran capital nativo de los llamados “capitanes de la industria” se ha dividido entre Angeloz y Cafiero. Alrededor del “gobernador del pueblo” se han agrupado dos categorías de grandes pulpos. Un sector corresponde al que ya participa de los actuales grandes negociados de la UCR y que quiere asegurarse su continuidad bajo la presidencia cafierista. El caso más evidente es Pérez Companc, que apoya el Petroplan de Terragno; que apoya parte del tratado con Italia ¡porque se asocia con la Montedison para instalar una planta petroquímica en Neuquén; que tiene sus negocios con Brasil; y que, sin embargo, al mismo tiempo financió y acompañó a Manzano y demás “renovadores” en su viaje a EEUU en enero pasado. Es que el mismo Pérez Companc se opone, a su vez, a la entrega de ENTel a la Telefónica-Citibank porque tiene su I propio negociado con la “proveedora” Pecom. El otro sector cafierista lo componen los grandes capitales parcialmente desplazados de estos negocios y negociados, los cuales acostumbran a tener también por vocero al diario Clarín y a ser representados parcialmente por el frigerismo. Se trata del grupo Macri, por ejemplo, que dirige Sevel, el cual se ve directamente perjudicado por el acuerdo automotriz con Brasil; o también al de grandes sectores de la industria de bienes de capital que quedarían eliminados con la entrada de máquinas de Italia, España y Brasil. No es casual, a este respecto, que el ex-directivo de Sevel, Ricardo Zinn, sin importarle su reciente afiliación a la Ucedé, haya comparado “la parte de contratación directa de obra pública de los convenios (con Italia y España) con el acuerdo firmado con Gran Bretaña llamado “Roca- Runciman” (Clarín, 17/4), el cual es históricamente considerado como modelo de convenio colonial. Tampoco es casual que el “manager” de la campaña de Cafiero sea Jorge Halek, un ejecutivo que estuvo al frente de Socma, la financiera del grupo Macri (de donde salieron también Grosso y De la Sota). El grupo Bridas, por su parte, que se opone a la parte del Petroplan de Terragno. relativo a la entrega de las áreas de YPF al capital extranjero, colaboraría con Cafiero. Con Menem se agrupan los sectores medios de la burguesía que no sacarían ninguna tajada de todos estos negociados, especial los del interior del país. Los economistas del menemismo acaban de proclamar la “revalorización del proceso de sustitución de importaciones” y el “profundo desacuerdo en los temas centrales de la propuesta económica, fundamentalmente nuestra crítica a la apertura eficientista a la que adscribe Guido Di Tella” (EI Cronista, 18/4). El menemista santafecino Vanrell se tiró más a fondo señalar que “Cafiero encarna un proyecto extranacional que continuar con la fórmula Cafiero-De la Sota” (EI Periodista, 15/4). Menem y Cafiero no rivalizan, como se ve, debido a la diferente apreciación que tienen del concepto “movimientista”, sino por precisos intereses económicos de muy precisos sectores capitalistas. La polarización de los “capitanes de la industria” en torno a Angeloz y Cafiero ha erosionado las posiciones del “liberalismo” Y de la Ucedé entre la burguesía Juan Alemann, el Secretario de Hacienda de Martínez de Hoz, acaba de proclamar un inusitado elogio a Terragno por su plan petrolero, la entrega de ENTel a la Telefónica-Citibank y “los programas de subsidios implementados a partir de 1986” para las exportaciones industriales (La Nación, 15/4). La polarización de la burguesía entre Angeloz y Cafiero, tiende a provocar una crisis en la Ucedé. Es así que se ha abierto un frente de división en torno a la actitud a adoptar en el colegio electoral. Ha aparecido un sector que plantea el voto por Cafiero, precisamente el que representa a los “capitanes de la industria” cafieristas. Movida de piso La izquierda democratizante (PI, PC, Mas), que se caracterizó históricamente por su apoyo a la burguesía "progresista", ahora sostiene que el capital está agrupado en un bloque granítico de tipo “bipartidista”. Aunque esto es indudable cuando se trata de enfrentar a los trabajadores, lo que significa que están unidos en última instancia, lo que caracteriza la situación de la burguesía es una creciente división. No podría ser esto de otra manera cuando se tiene en cuenta que atravesamos un período de disgregación de la sociedad burguesa y de una presión histórica sin precedentes del imperialismo sobre el país. Un ejemplo del alcance de esta situación lo constituye la inimaginada posibilidad de que Menem le gane la interna a Cafiero o de que obtenga una paridad capaz de romper al PJ u obligar a los cafieristas a un compromiso respecto a políticas y candidaturas a partir de una posición de fuerza. Semejante posibilidad alteraría profundamente la campaña electoral del 89. Estos peligros están provocando ya un comienzo de crisis en el bloque cafierista. Se percibe esto en la disputa que se ha abierto sobre la posibilidad de nuevos impuestos para financiar los déficits de las provincias y a los docentes. Por primera vez Cafiero y Cavallo tuvieron un enfrentamiento público. Esta crisis tiene, sin embargo, un contexto más amplio, al punto que un destacado “asesor” del cafierismo, Carlos Álvarez, llamado también Chacho, acaba de escribir en Página 12 que el cafierismo debe abandonar su “cultura (sic) alfonsinista”, retomar la “raíz popular” y no creerse la teoría de que hay una clase “empresaria” nacional capaz de invertir capital y modernizar la industria. En este cuadro le reclama a don Antonio "más o menos que se distancie de los “capitanes de la industria”. El teórico justicialista no parece haber reparado que la relación entre el justicialismo y la burguesía no es de distancias sino de dependencia. Cafiero ha entrado en una zona de turbulencia que puede terminar en desastre. Para las corporaciones del Estado burgués, como el clero y la camarilla militar. Cafiero es la única posibilidad de recambio ordenado en caso de una derrota de Angeloz. La conferencia episcopal se ha pronunciado, con Quarracino a la cabeza, por don Antonio. Menemismo El proceso político ha convertido al Menemismo en el reservorio de los desplazados. Han ido a parar ahí “Alerta Nacional" y los montos, pronto lo hará el PTP, y ya cuenta con el apoyo de un sector carapintada. Los burócratas sin peso en las decisiones del Estado, o que corren el peligro de quedar desplazados, se han corrido también al menemismo. Es lo que llamaríamos una “bolsa de gatos". Pero no se trata sólo de esto; si el menemismo es nacionalista por referencia a Angeloz y Cafiero, su nacionalismo es “negativo”, es decir que rechaza a algunos de los planteos entreguistas más controvertidos, pero no tiene estrategia propia. No formula, por ejemplo, un plan de nacionalizaciones. Esto solo alcanza para caracterizar su dependencia negativa de los “capitanes de la industria”. Es que el menemismo, es un movimiento en quiebra, que intentó una experiencia de industrialización, promocionada del interior del país, en beneficios de grandes pulpos y ha fracasado. Su potencial de disgregación es enorme, lo cual podrá ser apreciado cuando se entre en las etapas decisivas del proceso electoral. Comprensión Cualquier estrategia que parta de los intereses históricos de la clase obrera y que considere de valor progresivo internacional la lucha contra el imperialismo, debe basar su política en la tendencia a la desintegración de la sociedad burguesa y de sus expresiones políticas. La tendencia hacia la independencia de clase que se desarrolla en las masas por su propia lucha y por la acción del partido obrero, se potencia enormemente en el tiempo por la descomposición de la burguesía. El planteamiento de un frente popular con la burguesía está, por lo tanto, condenado al fracaso, y condena a la derrota a sus inspiradores. El político obrero debe fundar su acción en sólidas caracterizaciones de clase y repudiar el simple impresionismo, cuando no los “esquemas” capituladores de la izquierda nacionalista o democratizante Menem-Adeba Menem rinde examen El viernes pasado, Carlos Saúl Menem entregó personalmente a los dirigentes de ADEBA (Asociación de Bancos Argentinos) el plan económico de su eventual gobierno. El por ahora gobernador riojano aclaró que "en él (plan) no está dicha la última palabra”, de modo que quedaba a la espera de sugerencias. ADEBA (que agrupa a los grandes bancos “nacionales” como el Río, el Galicia, el Español y el Shaw entre otros) se comprometió, entonces, a “enriquecer" el documento. El "candidato de los obreros” ha ido a rendir examen ante la patria financiera. Esto basta para definirlo.