Paisaje revolucionario en la primavera soviética
Desde hace varias semanas la Armenia Soviética está conmocionada por una extraordinaria oleada de movilizaciones y por sobre todo de huelgas. Los cables transmiten que se vive el clásico clima de las revueltas populares: acaloradas discusiones en las esquinas, mítines cotidianos, efervescencia en la juventud. Ni siquiera la llegada de las tropas enviadas por el Kremlin atemorizó a la población, que decidió lanzarse a una nueva huelga general. Este movimiento reclama el reconocimiento del derecho de los habitantes de la región Nagorno-Karabaj (de mayoría armenia pero ubicada en la República soviética de Azerbaijan) a decidir su integración a la República Soviética de Armenia, así como el cierre de algunas plantas químicas contaminantes y de una central nuclear. La petición nacional de Armenia no es de hoy, pero es ahora que ha tomado una forma explosiva, con huelgas generales, manifestaciones monstruo y, en la estela de todo esto, la formación de un Comité Central de Organización que se apoya en una red de organizaciones locales (ver nota). El movimiento es tan popular que la super controlada televisión armenia debió difundir las protestas, cediendo así a la exigencia de los técnicos que amenazaban con negarse a seguir transmitiendo si prevalecía la censura. ¿Quién no reconoce en esto el comienzo clásico de cualquier revolución? Pero esta revolución, claro está, sobrepasa los límites geográficos y políticos de Armenia, porque lo que ella pone en cuestión es la dictadura burocrática, que vestida de perestroika o despojada de los hábitos demagógicos, burocracia queda. Desenmascarando la “perestroika” La burocracia tildó a los manifestantes inicialmente de “extremistas”, pero luego tuvo que negociar. El gestor de la “perestroika” intentó descomprimir la lucha formando una comisión con plazo para expedirse. Vencido el tiempo la respuesta fue el rechazo categórico a convocar al pueblo de Karabaj para que pueda expresar su voluntad mediante el voto. Los duros y los blandos, los gorbachianos y los brezhnevianos, todas las cliques, en suma, se unieron contra el reclamo de autodeterminación. La prensa de Gorbachov acusó a los armenios de "agentes de la CIA”, ocupó con tropas Erevan, detuvo a los líderes del movimiento e hizo saquear las imprentas y las editoriales de la oposición. En plena era del “glasnot” (transparencia), Gorbachov mantuvo el bloqueo informativo de los sucesos armenios en el resto de la URSS y proscribió directamente a la prensa de la región. Los hechos muestran los límites insalvables de la “democratización” gorbachiana, la cual ha sido recibida con entusiasmo por el imperialismo. Apenas se desenvuelve un genuino reclamo por abajo que no guarda relación con los reacomodamientos de privilegios que la cúpula viene intentando con la "perestroika”, Gorbachov responde como cualquier burócrata staliniano. El reclamo nacional armenio no es de ningún modo irreconciliable en el marco de una federación libre de pueblos, pero sí con el Estado despótico de la burocracia. Si se admite la solución democrática de la cuestión armenia, todo el edificio burocrático se viene abajo, porque este edificio reposa, precisamente, en la negación de los derechos democráticos a todo el pueblo, sean sindicatos, partidos socialistas, asociaciones culturales, comités de fábricas, prensa independiente y… nacionalidades no rusas. En la URSS no rige el derecho a la autodeterminación nacional, debido al carácter burocrático del Estado. El stalinismo usurpó el poder de la clase obrera e impuso la “rusificación” de todo el aparato de la URSS para homogeneizar su dominación. El pueblo armenio reclama el ejercicio del derecho de autodeterminación mediante el sufragio, un reclamo que ningún socialista e internacionalista podría dejar de apoyar. Pero es precisamente este principio democrático el que entra en choque con la burocracia de naturaleza totalitaria. En 1986 estallaron reclamos de autonomía en Siberia, luego hubo protestas en Alma-Ata y posteriormente los tártaros deportados a Crimea por Stalin, exigieron el derecho al retorno. Ahora, el reclamo armenio coincide con manifestaciones de lucha nacional en Letonia y Lituania No puede ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos —decía Engels—. El proletariado no. puede cumplir con su misión histórica, usando los métodos de la burocracia. Debe defender el derecho democrático a la autodeterminación y luchar en este marco por una Unión Socialista de pueblos libres. Si en 1918-1921 Lenin y Trotsky se vieron obligados a ejecutar la sovietización forzada de Georgia y Armenia, ello se debió a que era el único medio para que esas naciones no cayeran militarmente en manos del imperialismo, violador N°1 de la libertad nacional. Pero la finalidad de esta sovietización era crear las condiciones de la libertad nacional, no anularla para siempre. Y este fue el centro de la lucha de Lenin en su lecho de muerte (1922/4). A 70 años del triunfo de la revolución, la completa ausencia de derechos nacionales no responde a la “actividad de la CIA”, sino a la asfixia burocrática. La revolución política en marcha En la región del Cáucaso (Armenia, Azerbaijan, Georgia) la burocracia azuza las rivalidades nacionales para preservar su dominación. La minoría armenia enclavada dentro de Azerbaijan sufrió en las últimas semanas una secuencia de matanzas (verdaderos “pogroms”), imposibles sin la complicidad del aparato burocrático. Azerbaijan es la República más plegada a las imposiciones que vienen de Moscú. Estos ataques no son consecuencias inevitables de la diversidad “étnica" como les conviene interpretar a los periodistas burgueses. En todos los periodos históricos han sido el resultado de la manipulación política de los Estados, clases o castas opresoras. El entendimiento nacional entre los obreros armenios y azerbaljanos es un hecho (ver nota). Sólo la burocracia no está interesada en que prospere. Las huelgas y la organización Inde-pendiente producen una Iniciativa histórica, completamente incompatible con el totalitarismo antisocialista y proimperialista. Los Gorbachov tienen planteada ahora la "urgente” tarea de emplear las tropas en gran escala, no allende las fronteras de la URSS, sino en su propio Estado. Esto marca un salto cualitativo en todo el proceso político revolucionario en la URSS y sus Estados políticamente dependientes. Confraternizan obreros de Armenia y Azerbaijan "Varios miles de armenios de la disputada región de Nagorny-Karajab, informa clarín del martes (29/3), realizaron una huelga general de protesta por la negativa del gobierno de unir ese territorio a la República de Armenia". Pero lo más importante todavía vienes después: "Operarios azerbaijanos llegaron hasta la puerta de las empresas, pero se negaron a entrar hasta que no lo hicieran sus compañeros armenios ¡Qué tal! Azerbaijan es la República donde se encuentra la región mayoritariamente armenia, que reclama su incorporación a la República de Armenia. Al solidarizarse con el reclamo de sus compañeros que reclaman la aplicación del principio de la autodeterminación nacional de los obreros de Azerbaiján ponen de manifiesto la profundidad del internacionalismo proletario y desenmascaran la pretensión de la burocracia rusa de que la URSS no es una cárcel de pueblos y sí una federación libremente organizada. Soviets revolucionarios "Una multitud de comités de organización locales han sido creados a la sombra del comité de organización central y han cubierto a la República de una red de pequeños soviets en los cuales uno reconoce la presencia de numerosos militantes del partido y de representantes "oficiales". Los menos destacados no son, evidentemente, los veteranos de Afghanistán, que amenazan con devolver medallas y libretas militares a Moscú si Karabaj no vuelve a su Armenia". "Densa o informal (en Moscú no se sabe) esta red existe, y dota a esta República de la URSS de un embrión de representación respecto a la cual habrá de tomar decisiones, que serán de todos modos costosas." (Le Monde, 1/3/88)