Cafiero es un gobernador desde hace 60 días, pero nadie vio una sola acción para crear los 500.00 puestos de trabajo prometidos en la campaña electoral, ni tampoco cualquier otra medida popular. El inmovilismo renovador está creando una temprana crisis política, con clara repercusión nacional y en la experiencia de los trabajadores.
Sesenta días es un período harto breve para modificar la situación objetiva de un país, no digamos ya de una provincia. Pero sesenta días es también un lapso de tiempo harto suficiente para reconocer las características de un gobierno, incluso si es provincial, y su capacidad de acción.
El balance de los dos meses de la gestión de Cafiero al frente de la provincia de Buenos Aires bordea simplemente el desastre. La impotencia del justicialismo renovador en función de gobierno se ha manifestado con una rapidez extraordinariamente mayor que la que reveló en su oportunidad el gobierno de Alfonsín.
¿Qué ha quedado de la promesa de absorber a 500.000 desocupados o subocupados mediante un plan-de obras públicas? Todavía está fresco el recuerdo del empeño que puso Cafiero en su polémica con Casella, por mostrar que ésta sería la principal realización de los renovadores. Ahora resulta que no hay dinero para semejante empresa; que el Tesoro Provincial no tiene fondos para financiar la autopista Buenos Aires-La Plata ni para ejecutar un plan de viviendas, y que el Banco Provincia no está en condiciones de ofrecer créditos baratos a la población. Si para el cafierismo estas limitaciones son insalvables, entonces se puede decir que está comprometido por el inmovilismo político y la inacción hasta diciembre de 1989, por lo menos.
“La culpa no es mía”
El justicialismo renovador aduce, como cualquiera se lo puede imaginar, que la responsabilidad por esas limitaciones la tiene el gobierno fondomonetarista de Alfonsín. Que el pago de la deuda externa y el apoyo oficial a la especulación financiera constituyen obstáculos insuperables para gobernar la provincia en beneficio de los trabajadores.
¿Pero si esto es así, porqué Cafiero ha firmado un pacto de “gobernabilidad” con Alfonsín? De acuerdo al razonamiento justicialista, hubiera sido más lógico hacer inviable la "gobernabilidad” alfonsinista mediante una decidida acción política.
¡Pero que va! Los renovadores pusieron sus votos para hacer posible la aprobación del paquete impositivo más impopular de la historia del país, como que se basa fundamentalmente en un impuestazo del 30 % a los combustibles, a los teléfonos y al gas. A esto agreguemos que el peronismo no ha ejercido ninguna clase de oposición al pago anticipado de una parte de la deuda externa, decidido hace un mes por Alfonsín en la Harpada “capitalización de la deuda externa". Este pago aumentó en unos 600 millones de australes el gasto del presupuesto. ¡Para esto sí que hay dinero! ¡Pero cómo iba Cafiero a oponerse a una operación cuyo principal beneficiario es el grupo projusticialista de Pérez Companc!
La conclusión es que los renovadores han reforzado políticamente la gestión que imputan como responsable de la imposibilidad de mantener las “promesas” que Cafiero hiciera antes del 6 de setiembre.
¿Y por casa?
¡Pero en la provincia es mucho lo que se puede hacer! “El primer estado argentino” tiene suficiente capacidad como para enfrentar al gobierno nacional e imponer en última instancia sus objetivos.
El Banco Provincia tiene dinero invertido en créditos a grandes capitalistas y latifundiarios, que los han usado para especular en el mercado financiero. Naturalmente, esta gente no los reembolsa y el Banco se los refinancia a menores tasas de interés. Se concluye de esto que no hay créditos para la vivienda porque se subsidia a los grandes ricachones. Este Banco, igualmente, es un activo tomador de créditos en Estados Unidos para financiar a los grandes pulpos, incrementando la deuda externa y su propio hipotecamiento.
Pero precisamente por su importante papel en el financiamiento de los monopolios y terratenientes, el Banco Provincia tiene una enorme palanca para controlar las operaciones de aquellos, y, terminar con la evasión impositiva que priva a la provincia de los recursos para atender a la salud, a la vivienda y a la educación. Sobre esto, sin embargo, los “antiimperialistas” funcionarios del justicialismo se hacen completamente los distraídos.
Hace pocas horas se informó que el Banco Provincia ha tomado bonos del Banco Central para financiar los agujeros del Banco de Salta. De este modo el cafierismo ingresa al “festival de bonos” de la patria financiera, incrementando el endeudamiento del Estado nacional y los consiguientes gastos del presupuesto. Entretanto, el Banco de Salta podrá, con este dinero, mantener el 80% del crédito concentrado en beneficio de 40 pulpos que operan en la provincia.
No se puede dejar de concluir que por su incapacidad y por su orientación, el cafierismo gubernamental es un factor activo en el mantenimiento y agravamiento de la situación que invoca para no cumplir con sus “promesas”
Lo que ocurre en otras provincias gobernadas por el justicialismo se perfila como una perspectiva para Buenos Aires. En Tucumán, Salta o Santa Cruz, sus gobiernos, apoyados firmemente por la renovación, han lanzado planes de reducción de salarios y despidos masivos, manteniendo abierta entre tanto la canilla de subsidios en favor de los grandes capitalistas.
“Hoy no se fía”
El inmovilismo político del cafierismo ya ha conducido a la creación de situaciones críticas y hasta explosivas.
Las ocupaciones masivas de terrenos son el aspecto más relevante. La desesperante situación de decenas de miles de trabajadores sin vivienda ha hecho explosión precisamente por el rápido agotamiento de las ilusiones en el “gobierno popular". Que esto ocurra en las primeras nueve semanas y media, es todo un síntoma y una primera advertencia. La movilización popular hace estallar las contradicciones del cafierismo y plantea una perspectiva amenazante para su futuro.
Impregnado del espíritu de “gobernabilidad” y de la "vida en democracia”, la respuesta del justicialismo a las ocupaciones fue defender la propiedad privada (incluyendo en este rubro a la propiedad fiscal). Pero los ocupantes no se bajaron del caballo ante las amenazas de expulsarlos por la fuerza. El pueblo sustituye con sus métodos los incumplimientos de las “promesas” de los gobernantes “democráticos”.
Otra advertencia al cafierismo partió del Sindicato de Luz y Fuerza de La Plata, el cual se opone a la privatización de DEBA (Dirección de Energía), la que fuera anunciada por el “justicialista” Guadagni bajo la confusa forma de una cooperativa. El sindicato se declaró en contra de someter un servicio público a la ley del beneficio privado.
Es evidente que a Cafiero no se le ha ocurrido que la gobernación de la provincia de Buenos Aires, en lugar de ser su ruta a la presidencia de la Nación podría convertirse en su tumba política.
Alternativas
Claro que los renovadores pueden estar realizando un balance diferente al aquí trazado: el inmovilismo seria para ellos, la vía más barata para llegar a las elecciones de 1989.En poco tiempo más comenzará la campaña electoral, lo cual nos servirá, deben pensar, para poner en segundo plano la gestión del gobierno bonaerense (y provinciales en general) y centrar la atención sobre la situación nacional. Es decir, reeditar lo que hicieron las gobernaciones peronistas provinciales que lograron ser reelegidas el 6 de setiembre pasado.
Repetir la táctica de “caminar por la cornisa” es (naturalmente) el curso más probable que tomarán los renovadores, pero esto revela su carácter conservador y su completa impotencia frente a la crisis. Las posibilidades de esta “táctica" dependen de que el ritmo y la profundidad de la crisis económica y política no se agraven considerablemente. Como las posibilidades del alfonsinismo dependen de los mismos factores, parece claro que la situación objetiva los pone en el mismo barco.
Durante bastante tiempo, sin embargo, los renovadores amenazaron con plantear la caída de Sourrouille y la declaración de una moratoria de la deuda externa. El planteo fue completamente lógico si se tiene en cuenta que los “ajustes” de Sourrouille se han agotado en sus posibilidades de reactivación económica y de estabilización de las relaciones con la banca internacional. Un giro económico permitiría dar un poco de oxígeno a las economías provinciales y satisfacer en parte algunos reclamos populares, aunque más allá de esto una moratoria concebida para mantener en pie el régimen actual sería incapaz de evitar (y esto en breve plazo) la desorganización económica del país (como lo han mostrado Bolivia, Perú y Brasil).
El principal asesor de Cafiero, Eduardo Amadeo, ha declarado, sin embargo, que en las actuales circunstancias la moratoria es inconveniente, porque no podría ser acompañada con un adecuado plan económico basado en la “austeridad”. Se desprende de esto que para el justicialismo la moratoria debiera ser un sustituto capaz de mantener la política de caída del salario, las privatizaciones y la intensificación de la explotación de los trabajadores.
Son estos planteos los que seguramente habrán llevado al yanqui Robert Gelbard a declarar su confianza en la “oposición democrática” de argentina. Los renovadores se esfuerzan por hacer buena letra con el imperialismo norteamericano, lo cual acentúa sus limitaciones para cumplir con las “promesas” preelectorales.
Una conclusión de fondo
El temprano fracaso del cafierismo en función de gobierno, muestra la completa caducidad de los métodos, de la política y de las posibilidades democratizantes. El inmovilismo del cafierismo y el completo empantanamiento de la gestión alfonsinista están creando un vacío político que naturalmente tenderá a ser cubierto por giros bruscos desde arriba y por acciones independientes de los explotados, todo lo cual tiene la misma consecuencia de tender a la creación de una situación revolucionaria. En el curso de 1987 se operó, a veces en forma brusca y otras en forma gradual, un cambio en la situación política, que rompió el equilibrio político basado en el arbitraje del gobierno de Alfonsín, el cual ha sido reemplazado precariamente por un acuerdo incompleto con el cafierismo, respaldo del imperialismo yanqui. La necesidad imperiosa de este acuerdo inestable convierte a la impasse del cafierismo en un factor de crisis política general.
La esencia de esta crisis política gira esencialmente en la incapacidad de todos los partidos burgueses para desembarazar a la nación del estrangulamiento imperialista.
Pero esto mismo, la crisis, está creando las condiciones de una gigantesca lucha nacional que será incompatible con la “gobernabilidad'' del Estado burgués.