Esta pregunta tiene una actualidad evidente en vísperas de la asunción de la mayoría de las gobernaciones por parte del cafierismo. ¿El cafierismo abre una perspectiva promisoria en relación al desastre en que culminó la experiencia de 1973? ¿Terminarán los cafieristas con el desempleo a través de un plan de obras públicas, como dicen? ¿Solucionarán la falta de viviendas a través del acceso crediticio barato, como lo prometieron en la campaña electoral? Estas, como tantas otras preguntas, se las formulan los trabajadores y activistas del movimiento obrero. ¿Quién integra el equipo de Cafiero? La respuesta a estos problemas se pueden ir anticipando, con sólo echar una mirada sobre los hombres que Cafiero ha elegido para secundarlo en la provincia de Buenos Aires. El cargo más importante es el de Secretario de Obras Públicas, quien tiene que ver con los programas de vivienda y los emprendimientos públicos con los cuales Cafiero piensa desarrollar la provincia. Para este decisivo cargo fue designado Alieto Guadagni, un hombre del “proceso militar'’ (Secretario de Energía). Guadagni ha respaldado públicamente los planes de entrega del petróleo del gobierno radical (Plan Houston y Plan Olivos), participando incluso del proyecto del actual Secretario de Energía para que los pulpos privados absorban las áreas de YPF y para que los precios internos de los hidrocarburos se eleven a los niveles internacionales (Clarín, 17/5/87). Guadagni es partidario de que la obra pública la realice el capital privado, para lo cual aboga por un mayor endeudamiento del Estado, sea externo o interno. Ha participado además en varios trabajos de privatización de las empresas públicas con asesores de Sourrouille. Guadagni fue objetado por su participación en el gobierno militar por sectores del propio cafierismo, pero para el gobernador electo Guadagni es inobjetable, precisamente porque su trayectoria y sus planes son una garantía para los explotadores. Guadagni es socio del diputado Di Tella, un cafierista empresario “rescatado” con subsidios por el Estado, pero también lo fue de Brodersohn. Todo su curriculum lo identifica como abogado de los especuladores. ¿Es casual, entonces, que los diputados cafieristas acaben de votar el proyecto de “obligaciones negociables” que permitirá a las grandes empresas incrementar la deuda nacional y realizar mayores fraudes fiscales y especulativos? (ver nota). Al peronismo renovador se ha incorporado también Domingo Cavallo, ahora diputado electo por el justicialismo cordobés. Cavallo fue otro hombre de la dictadura: como presidente del Banco Central en 1982, transfirió al Estado la deuda externa privada por unos 16.000 millones de dólares. Cavallo también fue objetado por sectores del justicialismo por estos antecedentes, pero De la Sota, al igual que Cafiero, fue categórico: necesitamos a Cavallo en la lista electoral —dijo— porque es prenda para la gran patronal. De la Sota y Grosso pertenecen al grupo empresario Macri (Sevel, Manliba, Aseo, etc.), el cual está prendido en numerosos negocios (que dependen del Estado y de la capitalización de la deuda externa). Los cafieristas acaban de trenzar con éxito con el gobierno y los empresarios para eliminar del paquete impositivo los dos únicos impuestos que realmente podían llegar a gravar al capital (patrimonio y ajuste ganancias). El equipo económico de Cafiero acompañó a Sourrouille a la reunión del FMI donde se pactó el rodrigazo de octubre. Conociéndolo por anticipado, el justicialismo no hizo nada para oponerse a él ni antes ni después del tarifazo. Cafiero planteó durante la campaña electoral una moratoria pactada con los acreedores, como base para una política de reactivación económica. Desde el 6 de setiembre, sin embargo, ha sido más cauto en sus declaraciones. Los diarios interpretan esta "moderación” como otro síntoma de acercamiento a los grandes capitalistas. ¿Tiene muchas posibilidades? El cafierismo es representante de la burguesía nacional, una clase que está enfeudada al imperialismo. La perspectiva del cafierismo depende, por lo tanto, de la capacidad de la patronal para reactivar la economía, hacer grandes negocios y aprovechar esta circunstancia para dar algunas concesiones mínimas a los trabajadores. En 1983 se aseguraba que el alfonsinismo gobernaría por 100 años, pero el aire no le alcanzó ni para cuatro, lo cual se explica por la nula capacidad de la burguesía para superar la crisis de su propio régimen social. Las posibilidades del cafierismo son hoy menores que las que tuvo Alfonsín cuando subió. Las condiciones económicas se han agravado, el peso de la deuda es mayor y esto se combina con una crisis financiera y económica internacional que agravará la situación de los países atrasados. La perspectiva de su plan de viviendas, por ejemplo, ha quedado hundida con el colapso del Banco Hipotecario Nacional, lo cual marca los límites de estas políticas reactivadoras dentro de los marcos capitalistas. Estas condiciones de crisis crecientes harán inevitables mayores luchas del movimiento obrero. Lo que tenemos, entonces, por delante es un periodo de crisis política creciente y de rápida desilusión política de los trabajadores con el cafierismo. En lugar de entrar en u n período de ricas posibilidades, el cafierismo se integra al movimiento de descomposición de los intentos democráticos. Una clara evidencia de la falta de perspectivas del cafierismo la constituye la rápida derechización de los 25, quienes son hoy los principales adversarios de un plan de lucha de la CGT dentro de la burocracia sindical. Desde el 6 de septiembre, Cafiero y los 25 se han opuesto con todas sus fuerzas al movimiento obrero. ¿Qué hacer? Los activistas cometeríamos un grave error si consideráramos que el triunfo electoral del justicialismo y el ascenso político del cafierismo han reducido las posibilidades de un movimiento independiente de los trabajadores respecto de la patronal. Por el contrario, esa posibilidad deberá potenciarse con la rápida experiencia negativa que harán los trabajadores con el cafierismo. Las circunstancias económicas y políticas nos permiten pronosticar un nuevo impulso en el proceso de estructuración de la vanguardia obrera, iniciado con la caída de la dictadura. Entre 1983 y 1985 existió un importante avance en el movimiento obrero, con la conquista de algunas direcciones sindicales (Sanidad, construcción, gráficos, seccionales ferroviarias, etc.) y una influencia política creciente de la izquierda, lo cual se tradujo en el programé revolucionario concretado por el PO en el Frente de Trabajadores (que inicialmente suscribiera el Mas). Sin embargo, la adaptación de la izquierda democratizante al Estado en los sindicatos, la formación de un frente sin principios, como el Frepu, el apoyo al programa burocrático y precapitalista de los 26 puntos, la capitulación de esa izquierda en Sanidad, UOCRA, Ferroviarios, frenaron este proceso e incluso lo hicieron retroceder, lo cual tuvo su remate en Semana Santa cuando la izquierda democratizante en masa respaldó al Estado burgués, despedazado por una crisis militar. Si se comprenden las profundas limitaciones del cafierismo se hará más sencillo luchar por un nuevo avance de la vanguardia obrera, por un frente revolucionario de la izquierda y por un gran partido obrero. El dios de Cafiero y Alfonsín La Cámara de Diputados con el voto de radicales, justicialistas, el MID y la Ucedé aprobó el proyecto de ley de obligaciones negociables, que autoriza a las grandes empresas a financiarse con la emisión de títulos que se negociarán en la Bolsa de Comercio. La operación quedará a cargo de los bancos y de esta manera se concreta un largo sueño del imperialismo: invertir dólares en la compra de títulos privados inaugurando así una nueva bicicleta especulativa. Estos títulos podrán convertirse ulteriormente en acciones de esas empresas, lo que permitirá al imperialismo adueñarse parcial o totalmente de ellas. La madre del borrego de esta ley reside en que a partir de ella los acreedores de la Argentina podrán convertir la deuda externa en esos títulos y acciones, cobrándola así anticipadamente en propiedades industriales o agrarias. Los intereses que paguen esos títulos estarán exentos de impuestos, lo que los convierte en privilegiados en relación a otras formas de inversión. También permitirá que, por esa vía, las empresas evadan toda otra clase de impuestos. Dos semanas antes de la aprobación de la ley el Citibank anunció que comenzaba a operar en la Bolsa de Buenos Aires. Es que la ley se hizo en beneficio de pulpos como el Citibank. Esta ley fundamental para la patria financiera y para la especulación fue aprobada eufóricamente por la Ucedé, la UCR y el PJ en todas sus fracciones. Esta es la ley fundamental de la partidocracia patronal democrática.