Convulsión en Europa del Este Redacción
Una verdadera conmoción sacude a Europa oriental bajo la forma de crecientes movilizaciones de masas y una agudización de la crisis política. Los días en que el régimen burocrático podía someter a su control las contradicciones sociales, son definitivamente cosa del pasado. Desde el muro de Berlín hasta Moscú se ha Ingresado en un período revolucionarlo. Esto encuentra su equivalencia perfecta con la descomunal crisis económica y política de los regímenes capitalistas, a través de los cuales: la burocracia buscaba una salida hacia su propia Impasse. Nunca será ocioso repetir que la crisis capitalista ha agotado prematura mentó las posibilidades de la burocracia para salir de la crisis con reformas por arriba, que pudieran ser apoyadas con un mayor comercio y con mayores financiamientos de parte del Imperialismo. Rumania Los cables informativos de los últimos días dan cuenta de grandes movilizaciones contra el régimen burocrático familiar de Ceausescu, en la ciudad de Brasor, la segunda en importancia de Rumania. Pero menos conocido es el hecho de que estas movilizaciones fueran precedidas por movimientos de protesta de los trabajadores siderúrgicos en Gulati y demostraciones callejeras de los estudiantes de Moldavia y Transilvania. En Brasor, la movilización fue iniciada por los obreros de una fábrica de tractores y camiones, a los que se unieron en el camino obreros de otras empresas, al grito de “queremos pan” y “abajo la dictadura”. Los motivos de la protesta fueron los crecientes cortes de energía, la falta de alimentos y las pésimas condiciones de trabajo. El detonante fue activado por una decisión de la burocracia de reducir los salarlos como consecuencia del incumplimiento de las metas de producción fijadas por el régimen. El escenario que desató el movimiento no es menos familiar, la burocracia habla reunido compulsivamente a los trabajadores para llevarlos a votar en las elecciones municipales manipuladas por el régimen. Los obreros aprovecharon esta forzada concentración ciertamente de otro modo... La bancarrota económica rumana aparece con posterioridad al extraordinario endeudamiento del país con los bancos imperialistas, que llegó a 15.000 millones de dólares, el que fue usado antieconómica y parasitariamente. La crisis mundial subsiguiente aniquiló las fantasías exportadoras de la familia Ceausescu. Para pagar la deuda externa, que hoy ya ha sido reducida a seis mil millones de dólares, la burocracia sometió a una feroz explotación a los trabajadores. De esta manera, los “socialistas” stalinianos actuaron como correa de transmisión del imperialismo mundial. En vísperas del áspero invierno rumano, su pueblo volverá a carecer de calefacción, incluidas las escuelas y los hospitales, y la televisión continuará funcionando menos de dos horas diarias. El régimen ha reducido brutalmente el consumo para pagar la deuda. Para los observadores internacionales la caída de Ceausescu aun no es posible, porque las movilizaciones son todavía localizadas. “No hay motivos por el momento para que la URSS lo voltee —dicen—, y de cualquier modo no hay alternativa (de recambio) a la vista” (International Herald Tribune, 24/11). Se trata de un régimen bajo “libertad provisional”. Yugoslavia Hacia el sudoeste de Rumania no solo se encuentra un régimen agotado en sus posibilidades, sino en franca desintegración. Yugoslavia no puede hacer frente al pago de los intereses de su deuda externa de 19 mil millones de dólares, sobrelleva una Inflación ascendente del 150 % anual y la desocupación alcanza al 15 % de su fuerza de trabajo. Naturalmente, en lo que va de 1987 se han producido alrededor de 1.500 huelgas. Es que la burocracia ha pretendido reducir los salarios nominales, como vía para pagar la deuda y reducir el alza de los precios. Hay que decir que fracasó miserablemente en todos sus propósitos. En la primera quincena de noviembre una nueva ola de huelgas ha vuelto a golpear los planes de “austeridad” de la burocracia. Pero esta crisis se conjuga, en Yugoslavia, con una creciente descomposición del ' aparato estatal. En agosto y setiembre pasados, un resonante caso de malversación de fondos en una empresa procesadora de alimentos, que involucró al sistema bancario, puso de relieve la completa bancarrota del sistema “autogestionario” y “liberal” yugoeslavo, al punto de provocar la caída del vicepresidente de la República. “No hay evidencias de que el gobierno corra el peligro de caer” —anunciaba en tono de catástrofe el semanario Time (28/9). Según cifras oficiales, en el año 1985, hubo 131.014 casos de “indisciplina financiera”, con un perjuicio de 300 millones de dólares, sin que por ello ningún burócrata hubiera sido sancionado (Le Monde, 17/9)1. En Yugoslavia rige el sistema “burocrático-liberal” que Gorbachov asegura sacará a la URSS del estancamiento. Los escándalos financieros fueron ventilados, en gran parte, con la finalidad de promover el cierre de las empresas llamadas deficitarias, lo que entrañaría el despido de decenas de miles de trabajadores. Es lo que recomienda el imperialismo (The Economist, 3/10), pero con el agregado de una notable advertencia: “no urgir los cambios, como lo hace el FMI (!!), que serán impracticables porque necesitan un gobierno central fuerte”, del que Yugoeslavia carece (Idem). En ocasión de las huelgas de principios de año, el ejército yugoeslavo declaró oficialmente que no se consideraba indiferente a la evolución de los acontecimientos políticos. Más recientemente, el ministro de Defensa anunció la “participación más activa y más directa del ejército en los asuntos sociales” (Le Monde, 27/9). Para The Economista (3/10), Yugoslavia "se ha metido en tal caos que ya no es más absurdo suponer que pueda seguir una evolución como Polonia en el marco de una política militarizada de tipo latinoamericano”. Es que la crisis económica y la descomposición del régimen burocrático afectan de un modo particular a un país compuesto de varias repúblicas y nacionalidades, al poner en primer plano las tendencias centrífugas. A principios de noviembre el gobierno anunció un nuevo aumento de precios y congelamiento de salarios, para pagar la deuda externa. Los incrementos en productos esenciales como aceite, comestibles, harina, leche, azúcar, pasajes ferroviarios y energía eléctrica fueron del orden del 33 al 60% (Jornal do Brasil, 16/11). Los directores de empresas, con todo, los calificaron de “insuficientes”, y las fuentes bancadas anunciaron una masiva devaluación de la moneda (La Nueva Provincia, 17/11). La consecuencia de todo esto ha sido una nueva gran ola de huelgas en todo el país, las que lograron quebrar el congelamiento al obtener aumentos de hasta el 70% en los salarios. Hace dos semanas un cable de Reuters (7/11) informaba que burócratas sindicales de la región de Estóvenla habían pedido la renuncia del gobierno, y que algo similar reclamaban los dirigentes de la regional Ljubljana en la Central Sindical. Se trata de un síntoma Indudable de que el movimiento obrero se encamina hacia las reivindicaciones políticas. La cuestión yugoeslava es explosiva. La cuestión clave es que sobre la base de esta crisis se forme una vanguardia obrera que plantee adecuadamente las tareas y consignas de la revolución política (proletaria). Por, sobre todo, se pone de relieve aquí la necesidad de que se estructure una vanguardia obrera a nivel mundial, que unifique a la clase obrera del Este, del Oeste y de las naciones sometidas, en una estrategia común. Polonia En Polonia, cada alza de precios desató una revolución. Poznam, en 1956, Gdansk y Sczeczin, en 1970; Varsovia, en 1976; en fin, la huelga política de masas de agosto de 1980, que dio lugar a Solidaridad. Ahora el régimen anuncia un nuevo alza de precios. Muy oficialmente ha dicho que, en 1988, los alquileres, el combustible y la energía aumentarán entre un 140 y un 200%, en tanto que los alimentos básicos habrán de incrementarse en un 110%. Por algún motivo, los estadísticos del gobierno calculan que esto provocará una carestía promedio de solo el 40%. Para el régimen, estos aumentos tienen por finalidad “sanear el mercado en dos o tres años y parar la inflación” (New York Times, 16/11). ¿Todo parecido con Sourrouille es pura coincidencia? Pero vistas las lecciones de la historia, esta vez la burocracia se prepara mejor. “Los acreedores públicos de Polonia, informa Le Monde (1711), han decidido ofrecer a Polonia los medios para lanzar, en las menos malas condiciones financieras posibles, la gran reforma económica. El acuerdo prevé el reescalonamiento de las deudas atrasadas y los pagos previstos para 1987 y 1988”. Como esto se suma a las refinanciaciones permanentes de los bancos comerciales desde 1980 (ídem), el imperialismo ha liberado el frente externo de la burocracia, para mejor tomar por asalto los bolsillos obreros. Polonia debe 35.000 millones de dólares al capital financiero internacional. Es evidente que la presencia en Varsovia a fines de septiembre, de George Bush, vicepresidente norteamericano, ha servido al propósito que se habían dado unos y otros. El otro aspecto que busca preparar mejor la ofensiva antiobrera es el acuerdo al que el régimen de Jaruzelsky parece haber llegado con sectores de la oposición. Todo el sector derechista de esta ha decidido apoyar el referéndum convocado para el próximo 29 de noviembre por el gobierno, para aprobar la reforma económica que incluye el aumento de los precios (Le Monde, 10/11). Un viejo izquierdista como Jacek Kuron acaba de decir que el régimen ha convencido al país de que la revolución no es posible (¡cómo si él la hubiera planteado en 1980/811) y que por lo tanto hay que actuar dentro de las Instituciones oficiales (idem) Walesa ha votado a regañadientes el boicot a ese referéndum y hasta ha dicho que él y Gorbachov “van por el mismo camino” (International Herald Tribune, 24/11). Esta reforma que ya cuenta con el apoyo del imperialismo, la iglesia y los izquierdistas desmoralizados, prevé un conjunto de “reformas”, aunque lo esencial es por lejos el aumento en gran escala de los precios. Todas ellas tienen en común el impulso a métodos capitalistas de desenvolvimiento económico, y en esencia se reduce a esto: “el desempleo no es más tabú”, como lo declaró abiertamente Zdzislaw Sadowski, el viceprimer ministro (Le Monde, 13/10). Pero no solo esto. El mismísimo primer ministro, Sbignlew Messner, ha anunciado la creación de una Bolsa de Comercio, seis días antes del krach internacional. Messner reconoció que los mercados de valores están asociados a la especulación capitalista, pero muy orondo declaró que “no es la forma lo que cuenta” (II) (idem). Todo esto abre paso a una completa dislocación económica. Esta burocracia “generosamente" reformista en materia económica, en el campo político no admite la legalidad para otros partidos, considerándose con derechos vitalicios al poder. Los cambios en este plano se limitan a autorizar el funcionamiento de “asociaciones civiles” que reconozcan la “razón de Estado" de Polonia, es decir, de su régimen burocrático sometido a su similar ruso. Bajo la consigna de “unidad en la diversidad”, el régimen quiere crear una segunda cámara parlamentaria, que gracias a su poder de veto en asuntos regionales y municipales permita que en estos ámbitos se puedan presentar a elecciones candidatos individuales (Le Monde, 8/10). Para el diario francés todo esto, y en especial el referéndum, serla nada menos que “revolucionarlo” pues significará “la preeminencia del sufragio sobre el partido". ¡Qué bajeza! El referéndum controlado y digitado, no llega a ser ni la caricatura de la democracia. ¡Si precisamente por eso, Bush, en su visita, anunció que “no quería interferir ni dividir en la política polaca" (Clarín, 28/9). ' La burocracia cree que, con todo esto, logrará disipar la posibilidad de una repetición de los levantamientos del pasado. Olvida que en Polonia el pasado nunca se repitió a si mismo; 1980 fue bien diferente a 1970, lo mismo habrá de ocurrir de aquí en más. En Polonia se compendia toda la convulsión de Europa Oriental.