El Colegio Electoral de Tucumán fue el escenario de la completa bancarrota de la política patronal democratizante. En su breve historia asistió a toda suerte de pactos a espaldas del pueblo, que culminó en un acuerdo secreto, pero no menos visible entre los “hombres de la vida” organizados en la UCR y los “hombres de la muerte” encabezados por este nuevo producto de la democracia que es Antonio Bussi —figura central del régimen de los 30.000 desaparecidos y de la patria financiera. Los primeros movimientos del minué tucumano fueron protagonizados por el gobernador, Riera, del PJ, y su anterior ministro de economía, Cirnigliaro, jefe derechista de un partido justicialista disidente, el F.A.P.. El ex jefe del Tesoro pidió el oro y el moro para que los electores de su partido aceptarán votar a José Domato, el candidato del PJ; desde 150.000 dólares en cheques posdatados hasta dos ministerios, la presidencia de una banca, la mayoría de los jefes de departamentos del Interior y una senaduría. Todo indica que el gobernador habría aceptado la extorsión, no así el candidato Domato, quien antes de suicidarse con semejante alianza ha preferido que se convoquen a nuevas elecciones, a las cuales pretende ir como jefe de una coalición con el PI, la DC y, quizás sí quizás no, el partido comunista. En este caso, Domato haría la pirueta normal en los políticos burgueses, en especial si son democratizantes, de sustituir el intento de alianza con el fascistizante Cirnigliaro por un intento de alianza con la izquierda “nacional y democrática”. Pero no solamente los justicialistas procuraron el pacto con Cirnigliaro para obtener los votos necesarios para consagrar a su candidato. También lo hicieron los radicales. Pero Raúl Chebaia tampoco pudo aceptar la extorsión del FAP porque ello podía desatar un escándalo nacional. También los problemas de puestos impidieron un acuerdo entre la UCR y el PJ, pues ambos querían llevarse la gobernación y la Intendencia de la capital, cuyo titular es nombrado por el voto de los concejales elegidos el 6 de setiembre. Estuvo ausente en todo momento la discusión de un programa para la provincia, cuya situación es sin embargo catastrófica. Esta lucha desesperada por el presupuesto provincial, demuestra que éste sería, aun en ruinas, un barril sin fondo para los apetitos de los políticos patronales. En el marco de todas estas disputas, la política del “procesista” y procesado Bussi se mantuvo firme en el propósito de impedir que el Colegio Electoral pudiera elegir gobernador, para lograr, como consecuencia de ello, la convocatoria a nuevas elecciones, pero quizás, principalmente, la intervención federal a Tucumán. La gran burguesía con intereses en Tucumán apoya ahora decididamente a Bussi, quien para conseguir semejante respaldo ha declarado con toda naturalidad que defiende, por supuesto que, a muerte, el régimen democrático. La oligarquía financiera ha encontrado su hombre y la oportunidad de hacer una brillante inversión de capital en su campaña. Explota así en beneficio propio la completa descomposición de la política democratizante. Bussi tenía, sin embargo, un escollo en su camino. De acuerdo a la constitución de la provincia el Colegio Electoral estaba obligado, en su tercera votación, a elegir gobernador entre los dos candidatos que hubieran obtenido mayores votos. Esto significaba claramente que quedaban excluidos los terceros y el voto en blanco. Bussi logró, sin embargo, que la UCR aceptara la legitimidad de los votos en blanco y la violación correspondiente de la Constitución. Al admitirse esta variante, los electores de Bussi y Cirnigliaro pudieron votar en blanco, impidiendo con esto que el candidato con mayor cantidad de votos obtuviera la mayoría absoluta que exige la constitución, lo que hizo fracasar al Colegio Electoral. Los electores radicales que aceptaron el voto en blanco lo hicieron violando una resolución en contrario de la Junta provincial de la UCR, pero con el apoyo de su candidato, Raúl Chebaia, lo cual equivale al respaldo del gobierno nacional. En una palabra, el manejo del Colegio Electoral se hizo con una montaña de violaciones. Bussi obtuvo lo que quiso: inviabilizar el Colegio Electoral. Pero no hubiera podido alcanzar este objetivo sin un acuerdo con la UCR. ¿En qué consistió este acuerdo? Sencillamente en que Bussi se ha comprometido a que sus concejales por San Miguel votarán al candidato radical para intendente. Los “estrategas” de la UCR están convencidos de que las próximas elecciones se polarizarán entre Bussi y Chebaia, entre la dictadura y la democracia, con el resultado de que se quedarán con la intendencia pactada con los dictadores y con la gobernación que obtendrían en oposición a ellos. Pero estos corruptores de la política no tienen en cuenta que en un próximo colegio electoral Bussi se puede aliar con Cirnigliario, estropeándoles la fiesta o, por sobre todo, que la crisis política provoque la intervención federal. Para evitar estos “sinsabores" se está hablando de reformar la ley electoral. No puede descartarse que el pacto Bussi-Chebaia tenga una cláusula que los comprometa a votar en el futuro Colegio Electoral al candidato que obtenga mayor número de sufragios en las próximas elecciones. La oligarquía tendría así un menú de opciones, superando la descomposición del justicialismo. Una intervención federal que hiciera el "negocio sucio" de despedir masivamente en la administración pública, le podría venir como anillo al dedo a Bussi, quien luego no tendría que ejecutar esa tarea si sale gobernador. El enlace entre Chebaia, hijo de un desaparecido, y Bussi, jefe de los victimarios, constituye la simbólica ofrenda que los políticos patronales hacen a la defensa de su propiedad y de su Estado. Tucumán es la expresión más acabada y consecuente de la descomposición del régimen democratizante a nivel nacional. El progreso electoral de Bussi es un síntoma inequívoco de que las contradicciones de la sociedad han superado la capacidad de arbitraje de la “democracia". Es precisamente esto lo que puso de relieve el fracaso del Colegio Electoral. Las masas tucumanas están hartas del macaneo democrático, quieren soluciones prácticas a la situación límite en que se encuentran. Bussi explota su imagen de “orden” y de “pago puntual de los sueldos”, y con el mismo esmero oculta que sus “soluciones prácticas" tendrán lugar sobre las espaldas de los trabajadores. La clase obrera consciente cometerá un serio error si pretende derrotar a Bussi con una política democratizante y peor, si como consecuencia natural de esta política se alinea con un frente renovador o radical. Las masas le dan la espalda a la verborragia democrática y a los políticos que la representan, más todavía después del bochornoso Colegio Electoral. Sólo una mejoría en la situación económica, a todas luces casi imposible, podría detener el ritmo de la descomposición política. Es necesario hacer la denuncia de la descomposición y de la inviabilidad del régimen democratizante. Pero esto solo no alcanza. Para que las masas desilusionadas se reagrupen en torno a sus propios intereses, en oposición a los explotadores, son necesarias consignas que impulsen un rumbo de lucha. En Tucumán hay un amplio movimiento de huelgas contra el gobierno y las patronales, y un igualmente amplio movimiento contra la burocracia sindical, que se juega la carta de la derrota del movimiento obrero. Es necesario, por lo tanto, lanzar la consigna de un inmediato impuesto a las patronales para pagar los sueldos; elevar los mínimos al nivel de subsistencia de ₳ 1.000; abrir los libros de las empresas y bancos, incluidos los estatales, para controlar la producción y los movimientos de fondos; estatizar bajo control obrero a los ingenios, para evitar su cierre, para terminar con el vaciamiento, para garantizar la zafra de cuatro meses, para que el plan de alconafta sirva a los intereses populares. Sobre la base de un programa de reivindicaciones de estas características es necesario preparar mediante la agitación y la organización la huelga general; con pronunciamientos dirigidos a los sindicatos y a la CGT y eligiendo comités de lucha en las reparticiones, empresas y fincas. En tomo a esta política es necesario llamar a un frente político común a todo el activismo de la clase obrera. Es sobre la base de la lucha que hay que plantear la intervención en la crisis política. Por un candidato común de la clase obrera contra todos los partidos patronales, es una consigna que servirá para reagrupar políticamente a la masa de activistas en lucha. La política con relación a los partidos de izquierda debe estar dictada por este objetivo. La lucha por la huelga general y por el candidato obrero contra los explotadores, debe ser impulsada mediante la formación de comités de base en los lugares de trabajo y en los barrios, de modo que el movimiento se ligue a las grandes masas, y con la perspectiva de organizar un gran congreso obrero provincial. Todos trenzaron con Bussi y Bussi trenzó con todos El fracaso de los políticos patronales para elegir gobernador de Tucumán ha provocado una enorme repulsa entre el pueblo, el cual ve en este hecho la indefinida postergación de soluciones a su desesperante situación económica. El “procesista” y procesado Bussi ha tenido la habilidad de presentarse como completamente ajeno a las distintas negociaciones que jalonaron este fracaso. El ex jefe de los grupos de tareas capitaliza así el derrumbe democratizante. La realidad, sin embargo, es que Bussi fue el actor principal de todas las sucias trenzas que se procuraron enhebrar en Tucumán. Todos los políticos democratizantes, sin excepción, recurrieron a él para conseguir el voto de sus electores. Al final, como se sabe, la trenza ganadora fue la del radical Chebaia, apoyado por Nosiglia y Alfonsín. El primero en trenzar fue Domato, apenas 24 horas después de las elecciones. Las prebendas que ofreció a Bussi no conformaron a éste, para quien no había nada mejor que el fracaso del Colegio Electoral. Domato negoció con Bussi a espaldas del PJ, y más tarde se vio obligado a publicar una solicitada “aclaratoria", porque Bussi le hizo la cama dejando trascender esas reuniones. El videliano logró así “quemar" a uno de sus oponentes democráticos. El segundo en la fila de los trenzeros fue Cirnigliaro, quien siempre se movió con la velada amenaza de un apoyo de Bussi para conseguir los votos del P.J. oficial. Las reuniones con los bussistas fueron numerosas, pero sin resultado. Como se informa en el artículo, fue el radical Chebaia quien logró ese ansiado acuerdo, pero en los términos del ex agente de Martínez de Hoz. Los políticos democráticos capitularon ante el militar derechista. De este modo agravaron la impasse de la provincia y el descontento popular. Lograron la rara hazaña de cargar sobre sus espaldas la política de Bussi. Esta experiencia elemental nos está diciendo que bajo ninguna circunstancia el movimiento obrero y la izquierda pueden ir a la rastra de los democratizantes en una pretendida lucha de éstos contra Bussi. Hay que organizar un polo obrero Independiente capaz de desenmascarar al procesado y a sus compinches democráticos. ¡Por un programa de acción! Que la Coordinadora de estatales vote y organice la huelga general En Tucumán las masas libran una lucha desesperada. La CGT, sin embargo, está completamente borrada. Se ha formado, si, una Coordinadora de Gremios Estatales manejada por la burocracia sindical, que naturalmente ha sido incapaz de impulsar enérgicamente las luchas de los trabajadores. Para quebrar esta parálisis es necesario exigir que la Coordinadora vote paros progresivos y la huelga indefinida, organizando para ello asambleas, comités de base y piquetes, los cuales deberían elegir un comité de huelga provincial, al que deberían llamar a integrar a los sindicatos y organizaciones de base de toda la provincia.