Malvinas kaputt Redacción
No son solamente cuestiones de créditos, intereses o márgenes de beneficios lo que está negociando el gobierno alfonsinista con su “par” de los Estados Unidos. Un eje central lo constituye Malvinas. La semana pasada el país se enteró (sin por ello haber sido informado) de que existe hace largo rato una negociación con Londres para evitar incidentes bélicos en la “zona de exclusión” que la Thatcher estableció en torno a Malvinas. Se ha puesto en marcha así la “ingeniosa” estrategia de Caputo, que consiste en propiciar “no negociaciones” con Gran Bretaña, produciendo con este fin una serie de “no documentos”. El creador de semejante galimatías no es otro que el Departamento de Estado norteamericano, quien oficia de mediador entre Buenos Aires y Londres. Lo que en definitiva quieren decir estas absurdas expresiones es que existen negociaciones reales que no abordan el tema de la soberanía, que es precisamente lo que reclamaban Gran Bretaña y Estados Unidos. El Dante Caputo pretende encubrir con fórmulas esotéricas una verdadera capitulación. “¿Cómo hacemos esto (evitar por ejemplo incidentes armados) — se pregunta Caputo— sin perjudicar eso que nosotros decimos es la creación de antecedentes negativos para la Argentina, entrando en una negociación que por el hecho de no mencionar el tema de la soberanía pueda parecer una claudicación argentina?”. Respuesta de Caputo: mediante una negociación dentro de los limites siempre reclamados por los ingleses, que llamaremos "no negociación” para disimular vergonzosamente nuestra claudicación. Caputo llega a proponer “avanzar sobre un conjunto de problemas que están más allá de la disputa que son de naturaleza humanitaria”, es decir, aceptar la diplomacia de “paso a paso” exigida por la Thatcher incluyendo la negociación de la explotación de la pesca, un asunto completamente “humanitario", como lo puede ser cualquier cosa relacionada con el ser humano. En la cuestión de Malvinas el alfonsinismo se ha despojado por completo de sus planteos más elementales, abrazando las posiciones imperialistas. Por todo un período histórico el Estado nacional no se limitará a sufrir una situación de hecho en parte de su territorio, sino que contribuirá positivamente a organizar un estatuto de condominio con una potencia imperialista. “Un paso acertado”, dice Iglesias Rouco, un hombre plantado por los yanquis en los medios de comunicación argentinos. “La negociación en-carada con Londres (dice El Informador, 25-9) a propósito de un asunto relativamente modesto —evitar incidentes violentos y depredación pesquera en la zona de exclusión malvinense— anticipa una nueva apertura por parte del gobierno en materia de política exterior, que habilite cierta reinserción de la Argentina en el esquema de presupuestos estratégicos y económicos en Washington y Europa Occidental...” “Si los propósitos deslizados en Olivos —dice el director de este “servicial informativo”— en cuanto a la determinación gubernamental de promover un acuerdo amplio con Estados Unidos —cuyo primer capítulo consistirá quizás en las negociaciones con Londres alrededor de la llamada zona de exclusión— responden a las verdaderas intenciones del señor Alfonsín (y del señor Caputo), se podrá decir que finalmente el gobierno alfonsinista comienza a moverse en la dirección adecuada...” No es tan inocente entonces esa “no negociación” ejercida a través de Reagan por medio de los “no documentos”! De la derrota de Malvinas ha emergido un régimen semicolonial, no bajo la forma de una dictadura, sino de Un gobierno constitucional. La base internacional de este régimen es su subordinación política al imperialismo. En estas condiciones no puede haber independencia nacional ni democracia política. Todo esto permite, indudablemente, calificar la política argentina en Centroamérica, la cual no responde a los intereses de un Estado independiente del opresor imperial. El régimen democratizante se ha declarado en bancarrota en torno a la cuestión de la soberanía nacional. Pero además ha arrastrado consigo a otros sectores democratizantes, como el Fral y el PI, que apoyan las resoluciones de la ONU sobre Malvinas, reclamando una negociación con Londres, en lugar de la evacuación del territorio. Pero negociar es poner en la mesa diplomática los intereses del ocupante imperialista. Ni qué decir del hecho de que las resoluciones de la ONU nunca han servido para sustituir a la lucha en la conquista de la independencia nacional. El Fral y el PI plantean buscar el apoyo de los Estados “socialistas" y de las naciones “no alineadas”, cuando la diplomacia soviética está apoyando el “acuerdo con Londres” y Polonia está negociando derechos de pesca en la “zona de exclusión”. En este panorama de quiebra política, generalizada descollan también los nacionalistas, incapaces de salir del verbalismo y del folklorismo. La demagogia nacionalista no tiene lugar en la estrategia política del gran capital, pero sí en sus maniobras políticas. La crítica nacionalista a la política alfonsinista apunta a reclamar el fortalecimiento militar y, con ello, el de todas las instituciones que representan el oscurantismo y la reacción política, como la Iglesia; Malvinas está subordinada a esta finalidad. Se critica al “pacifismo” en nombre del militarismo y a la entrega en nombre del “ser nacional” representado espiritual y materialmente por el clero. Pero uno y otro —militarismo y clero— también quieren “reinsertar” a Argentina en el campo occidental. La lucha por Malvinas es parte de la lucha por la independencia nacional, la cual es una lucha que sólo puede alcanzar su victoria como una lucha de clases contra el Imperialismo a escala internacional, dirigida por el proletariado. La crítica socialista a la capitulación democratizante pone de relieve el carácter de clase de esta capitulación (la burguesía atada al imperialismo y la incapacidad de las formas políticas constitucionales del Estado burgués para superar las limitaciones de clase de éste) y su enfoque estrechamente nacional. Por eso la crítica socialista levanta como bandera la lucha en oposición a la entrega democratizante, la unidad socialista de América Latina y la unidad revolucionaria con el proletariado mundial. En el marco de esta estrategia se realizará la recuperación soberana de Malvinas.