El carácter de los resultados de las elecciones del domingo último puede resumirse en dos aspectos: una descomunal derrota del gobierno y una canalización completa del voto de los trabajadores por parte del justicialismo. La derrota oficial con un alcance tal que no reparó en situaciones particulares, es una expresión acabada del agotamiento del régimen político actual en sus posibilidades de desarrollo de las fuerzas productivas y de la democracia política. Los límites objetivos de la política gubernamental (que no es otra que la impuesta por el gran capital) fueron alcanzados hace mucho tiempo, y el testimonio de ello es la inflación creciente y el fracaso en aplicar los planes del FMI, por un lado, y la sublevación de las fuerzas armadas y la capitulación ante ella, por el otro. Los resultados electorales han puesto de relieve la decidida resistencia popular a esta política, una resistencia que fuera anticipada por el movimiento huelguístico que tuvo lugar con anterioridad a las elecciones y que aun prosigue. Si se toma la amplia victoria justicialista, no con relación a la izquierda, sino con relación a la derecha, se ve hasta qué punto el mito de que la “sociedad argentina” había alcanzado una conciencia “privatista” (entreguista) se ha pinchado. El crecimiento de la derecha, limitado a ciertas zonas, constituye también una expresión del agotamiento del régimen actual, pero esta tendencia de tipo contrarrevolucionario fue holgadamente superada por la victoria del justicialismo, el cual sin embargo aún carece de una dirección nacional única. Entre Cafiero y Alfonsín no hay una diferencia de fondo sino de grado, y allí donde ella existe expresa la situación contradictoria de diferentes sectores de la misma clase social capitalista frente a la crisis. Pero la derrota mayúscula del gobierno constituye la expresión general de que se impone un viraje político, que si no es tomado “desde arriba” no dejará por ello de imponerse “desde abajo”. Es por este motivo que apenas conocidos los resultados se ingresó en una clara crisis política, que indica el agotamiento de la capacidad del gobierno para hacer frente al conjunto de la situación en los términos en que lo venía haciendo. La pretensión de controlar la situación incorporando a una fracción Importante de la burocracia sindical al gobierno y neutralizando por esa vía a la CGT fracasó en apenas un par de meses. Lo que las elecciones han terminado planteando, con una gran demora, es una completa alteración del rumbo político. Antes de las elecciones, en un editorial de este periódico, se dijo que la variante principal en un cambio de rumbo estaría constituida por una más abierta entrega al imperialismo y secundariamente por un viraje nacionalista. Desde distintos medios se está incitando a mantener ese esquema, pero es indudable que los resultados electorales han invertido el orden prioritario de las alternativas. Si el gobierno siguiera los consejos que le dan los Grondona y los Neustadt, es seguro que vamos a un formidable enfrentamiento. Es por esto que ahora ha pasado a primer plano la tentativa de una maniobra nacionalista. Pero el carácter y el alcance de esta maniobra están muy cuestionados. Para llevarla adelante, el gobierno estaría obligado a llegar a algún tipo de acuerdo con el justicialismo, algo que de por sí es difícil y que aún se complica más por la situación aun inestable dentro del justicialismo. Sería necesario, además, unificar detrás de esta maniobra al frente burgués, lo cual naturalmente le restaría su alcance, ya que la burguesía está muy unida al imperialismo por los cuantiosos depósitos que tiene en los bancos del exterior y porque la línea general de la burguesía va dirigida principalmente a incrementar la tasa de explotación de los trabajadores. Resulta claro que los límites de clase que encuentra la burguesía para actuar y los límites políticos relativos de un régimen constitucional, pueden combinarse para producir como consecuencia un acentuado inmovilismo o agudos virajes políticos. Es por todo esto que el resultado más contradictorio de las elecciones del 6 de setiembre es que acentúan enormemente la crisis del régimen burgués en el mismo momento en que la votación masiva por los partidos patronales indica hasta qué punto los trabajadores no se han constituido en una opción política propia y de que navegan aun entre las alternativas de las clases enemigas. En nuestra opinión, la reversión de esta situación deberá emerger del propio desarrollo de la crisis política que se ha abierto, mediante la superación práctica y consciente de los limitados horizontes que ofrece el nacionalismo burgués. Es también indudable que a partir del domingo pasado Argentina se ha incorporado al proceso de crisis política por el que ya están pasando Brasil y Perú, lo cual deja planteado el interrogante sobre el alcance latinoamericano que tendrá la evolución política en nuestro país. No es para nada casual que órganos periodísticos como el Wall Street Journal o el Washington Post hayan comentado negativamente los resultados electorales. El otro aspecto que puso en evidencia la jornada electoral del domingo es que los trabajadores votaron en masa a un partido patronal sin importarles que la naturaleza de ese partido ya no esté más camuflada por la figura de un caudillo popular ni por el hecho de que el lugar de éste se encuentre ocupado por políticos notoriamente ligados a la burguesía y hasta por dirigentes de empresas y empresarios. La clase obrera ha participado en estas elecciones a remolque de la burguesía, secundando a una de las fracciones capitalistas que se disputan la dirección del país. El termómetro electoral ha marcado el dominio de la política burguesa con relación al movimiento obrero, y esta es la razón, la causa, de la llamada "polarización electoral”, no una consecuencia de ésta. El justicialismo ha vuelto a aglutinar un frente de clases bajo la dirección de la burguesía. Esta dependencia política del proletariado con relación a la burguesía tiene su raíz en el desarrollo histórico concreto del movimiento obrero y de ningún modo en tendencias ideológicas. En los últimos cuatro años el voto de los trabajadores se modificó varias veces según la evolución política, fracasando sucesivamente los que pensaban que la clase obrera tiene una "identidad” peronista como los que aseguraban que esa "identidad” se trasvasaría a un tercer movimiento histórico. El Frepu primero y los fralistas después han hecho a sus expensas la experiencia de que colocar un candidato “peronista” no les aseguraba los votos del peronismo y hasta les hacía perder, sí, los de los propios comunistas. Es necesario hacer un enfoque materialista y no fetichista de la tendencia del movimiento obrero. Entre 1983 y 1985 se planteó la posibilidad de que una generación de activistas obreros opuestos a la burocracia sindical hiciera una penetración más o menos profunda en las organizaciones gremiales, abriendo una perspectiva de desarrollo a una corriente propia del movimiento obrero. La etapa abierta por ese movimiento no se ha cerrado de ningún modo y seguramente cobrará próximamente un renovado vigor, pero el hecho cierto es que esa tendencia quedó bloqueada y que la burocracia pudo tomar el control de las organizaciones obreras, facilitando con ello la recomposición política del Justicialismo. Las razones de ese bloqueo tienen que ver con las características todavía limitadas de los movimientos de lucha populares, con las grandes ilusiones existentes en las direcciones demagógicas del tipo de Ubaldini y finalmente en la política de la Izquierda democratizante de buscar acuerdos con la burocracia sindical, particularmente el Pl que apoya a los 15 y a otros burócratas frenadores en diversos sindicatos y el Mas particularmente en Sanidad, Sanearlos, etc. Pero es de la evolución combativa e Inde-pendiente del movimiento de las masas que depende la posibilidad de que se estructure una alternativa política revolucionaria, de ningún modo de las combinaciones partidarias, como lo ha demostrado el fracaso del Frepu y los gatos que se metieron en la bolsa del PI o del Fral. Por eso la consigna estratégica frente a toda la crisis abierta sigue siendo más que nunca la independencia política de la clase obrera. El Partido Obrero reivindica plenamente su campaña electoral, porque ella no buscó adaptarse a las tendencias momentáneas del electorado, sino que se determinó en función de las cuestiones que la crisis política le plantea y le planteará al movimiento de masas. Es propio de buenos militantes y revolucionarios saber adaptarse a la mentalidad de las masas que luchan para impulsar su evolución a partir de las condiciones subjetivas concretas, pero no ocurre lo mismo con los prejuicios electorales porque la adaptación a ellos solo sirve para provocar la involución electorera de sus autores. El acierto de la campaña del Partido Obrero, quien de entrada señaló que las elecciones no planteaban ninguna táctica “especial” que no fuera la táctica del Partido para este período; el acierto de esta táctica deberá probarse en el curso de los acontecimientos del futuro inmediato, no en la suma de votos obtenidos. De cualquier modo, el Partido Obrero no retrocedió en su nivel electoral, pero sí creció mucho organizativamente, más que en ningún otro momento desde 1983, y por sobre todo logró reagrupar en torno al planteo de bloque revolucionario de la izquierda (“frente de trabajadores”) a hombres y mujeres verdaderamente revolucionarios que provenían de partidos democratizantes. Comunicado sobre el resultado electoral 1. El derrumbe electoral del alfonsinismo ha traducido al plano de la política práctica el agotamiento objetivo del planteamiento económico y político del gobierno, que ha consistido en pagar la deuda externa, someterse al FMI y procurar la integración de los sindicatos al Estado a través de la burocracia sindical. Esto significa que el triunfo justicialista expresa una reacción nacionalista a la situación presente y un principio de movilización popular contra el entreguismo, la pauperización y el retroceso político en el plano democrático. Esto explica que se haya abierto una crisis política inmediatamente después del acto electoral. El justicialismo renovador, sin embargo, tiene limitaciones naturales para ser consecuente con este movimiento debido a su dirección capitalista y aun proimperialista. Por este motivo el movimiento popular chocará abiertamente con la dirección justicialista, que tiende desde ya a la componenda con el gobierno radical. 2. La amplitud del voto justicialista con relación a la izquierda expresa dos fenómenos principales: de un lado, la completa debacle ideológica y organizativa de la izquierda tradicional y, del otro, el no surgimiento de una nueva camada dirigente del movimiento obrero. El Partido Obrero logró casi mantener su elección de 1985, la cual había triplicado la del 83, con un retroceso en los distritos rurales y un leve ascenso en las concentraciones obreras industriales. Esto marca un bloqueo que en-tendemos pasajero en función de la enormidad de la crisis que se ha abierto para la política burguesa tomada en su conjunto, y en función del crecimiento militante que se produjo durante la campaña electoral. (8.9.87) NOTA: No fue publicado, como es habitual, por ningún medio de prensa. Síntesis del Acto de Plaza Once El jueves 3, cuatro mil compañeros se congregaron en el acto de cierre de la campaña del P. O. Fue un acto de neta composición clasista en torno al P. O. Transcribimos una apretada síntesis de los discursos allí pronunciados. “La campaña electoral del P.O. fue un esfuerzo hacia la organización independiente del movimiento obrero” PABLO RIEZNIK: Estos últimos 4 años han revelado que el manejo del país sigue en manos de los monopolios nacionales y extranjeros, del FMI y la banca usurera, lo que explica la catástrofe económica que enfrenta la población laboriosa. La cadena de mandos de las FF.AA. se reconstruyó con los responsables del genocidio de la dictadura. Radicales y peronistas votaron el ascenso de los militares ejecutores de esa represión y avalaron en Semana Santa la amnistía y la obediencia debida. La campaña electoral del PO ha sido un esfuerzo sistemático y tenaz en favor de la organización independiente de la clase obrera; de la necesidad de superar a los “representantes populares" del imperialismo y el gran capital. Somos el partido que sustituyó la demagogia caza-votos para plantear la lucha por el desplazamiento del poder de la clase explotadora, es decir, la lucha por el gobierno de los trabajadores y la revolución socialista. “Cafiero llamó a deponer las luchas para esperar soluciones de este régimen impotente JUAN CARLOS CAPURRO: La campaña electoral del justicialismo se ha basado en la identificación política con el curso antinacional y antipopular de la gran patronal argentina. Cafiero llamó a los trabajadores a que depongan sus luchas y huelgas y a que confíen y esperen soluciones del régimen que ha demostrado su total impotencia. Apoya la campaña de privatizaciones, la capitalización de la deuda externa, así como el desmantelamiento de YPF en beneficio de los grandes pulpos petroleros. Lleva en sus listas a representantes de los grandes monopolios, como Cavallo en Córdoba, Di Telia en Buenos Aires y adelanta que nombraría como Secretario de Energía a Alieto Guadagni, un hombre de los pulpos petroleros. De todo esto se Infiere la necesidad de que los trabajadores se organicen en forma independiente y construyan un gran partido de la clase obrera que dirija la lucha nacional, por la completa emancipación social. “El agotamiento del régimen actual es completo” JORGE ALTAMIRA: Los desvergonzados gastos de la campaña electoral no han logrado disimular la profunda crisis en que se debate el país en vísperas de los comicios. La especulación capitalista no tiene límites, como lo prueba la escalada del dólar y de los precios, la cual está siendo finan-ciada por el Banco Central como en los mejores tiempos de Martínez de Hoz. El agotamiento del régimen actual en sus posibilidades de desenvolvimiento económico es completo, como terminará por atestiguarlo el super- tarifazo posterior a las elecciones. El país está atado a un acuerdo con el FMI que el gobierno no puede cumplir, suscitando la peor de las variantes - incapacidad para un desarrollo autónomo, de un lado, y desconfianza del capital extranjero, del otro. La campaña tampoco ha logrado disimular el agotamiento de la capacidad de desarrollo democrático de este régimen, que más allá de la obediencia debida, se ha aliado a la patota sindical, ha perdido por completo la posibilidad de modificar la situación de las fuerzas armadas y prepara una reforma constitucional que reforzará las características represivas y totalitarias del Estado patronal. Nos encaminamos, nuevamente, hacia una gran crisis, cuyo desenlace progresivo dependerá de la capacidad de la clase obrera para actuar en forma independiente de los partidos patronales. El peronismo sólo puede jugar en esa crisis un rol aliado del gobierno y de respaldo del Estado contra los trabajadores, como lo demuestra el cogobierno actual y la solidaridad de cafieristas, herministas y la burocracia sindical con el gobierno en todas las circunstancias en que éste debe enfrentara los trabajadores. El PARTIDO OBRERO llama a los trabajadores a tomar conciencia de esta situación y de sus perspectivas, preparándose para la lucha a través de su organización política independiente. Las elecciones son el espejo deformado de una realidad convulsiva, que requerirá la acción enérgica de los oprimidos, los que deberán dejar de lado los modelos reiteradamente impotentes de la historia reciente y encarar la lucha por el poder político propio 3/9/87