politicaobrera.com Archivo de Política Obrera
Prensa Obrera › Prensa Obrera N° 197

Prensa Obrera N° 197

8 de septiembre de 1987 · 13 notas

Notas de este número

8 de septiembre de 1987
Balance y perspectivas del Partido Obrero
Redacción

En vísperas de las elecciones afirmamos públicamente que “una creciente franja de trabajadores" votaría al Partido Obrero. Estábamos autorizados a hacerlo así por el gran crecimiento partidario y de adherentes que se produjo durante la campaña electoral y también por la amplitud de la agitación emprendida por los militantes y simpatizantes del PO, aun a pesar de la colosal proscripción sufrida en los medios de comunicación, al punto de ser excluidos de la inmensa mayoría de los programas periodísticos a los que si fueron invitados los otros partidos de la izquierda. En el acto de cierre de la campaña electoral, realizado en Plaza Once, asistieron aproximadamente cuatro mil personas, lo que constituía una superación de los actos públicos de los últimos dos años. Lo mismo ocurrió con los actos realizados en todo el país. Los resultados, sin embargo, no confirmaron aquel pronóstico. El PO conservó globalmente los votos de 1985, con un retroceso inferior al 10%, lo que significa que retuvimos el crecimiento del 200% operado en relación a 1983. Si apreciamos estos datos, no en relación a lo esperado, sino en relación a la huelga general de los votos de la izquierda democratizante hacia el justicialismo, su significado es que el Partido Obrero ha consolidado su influencia electoral con un planteamiento político no democratizante, sino revolucionario. El Partido Obrero casi no recibió el aporte electoral de los partidos de la izquierda democratizante que más votos perdieron, en razón de que ese electorado sigue aferrado a ilusiones democráticas. Las elecciones mostraron, con todo, una ampliación del desarrollo nacional del PO, como lo evidencia la obtención de votos en todos los distritos en los que el partido se presentó y en el interior de las provincias. Ejemplifica esta situación el crecimiento electoral importante obtenido en Jujuy, Misiones, Rio Negro, Chaco y Tierra del Fuego. Los datos electorales expresan, el bloqueo en que se encuentra la formación de una vanguardia de la clase obrera desde 1985, cuando existieron perspectivas firmes de que se. desarrollaría un movimiento antiburocrático de relativa amplitud. En estos dos años la burocracia logró retener el control de los sindicatos y hasta golpear directamente o indirectamente a direcciones antiburocráticas como en la UOCRA o en Sanidad, contando para ello con el apoyo de la izquierda democratizante. Entre enero y marzo de 1986 se desarrolló un movimiento obrero de cierta amplitud que fue bloqueado por el apoyo dado por las tendencias democratizantes a Ubaldini. En el plano partidario este bloqueo fue armado por los partidos del Frepu y el PI, una maniobra que culminó en la desmoralización de una parte de la vanguardia que seguía a esos partidos. Este reflujo en el proceso de formación de una vanguardia obrera independiente explica el retroceso electoral del PO en Neuquén en relación a 1985, cuando se presentó como expresión de un frente con un sector de la dirección de la UOCRA; desde entonces el gremio sufrió dos duras derrotas y el sector de Selesky pasó a una política de compromiso con la burocracia. Este reflujo es, si cabe, más acentuado en Tucumán, donde la situación de las masas bordea la desesperación, sin que por ello se haya logrado imponer una acción decisiva contra la política de hambre, lo que ha empujado a determinados sectores populares a los brazos de varios demagogos. El crecimiento partidario en Tucumán ha sido uno de los más acentuados; ello, sin embargo, no impidió registrar un retroceso electoral en el marco de esa situación general. Otro retroceso electoral sufrido por el PO se dio en Córdoba (donde en 1986 se había producido un notorio crecimiento), que no estuvo debido a la movilización militante, la cual creció, sino también a la ausencia de desarrollo de una vanguardia obrera. En 1985 el PO creció electoralmente en el marco de una movilización partidaria muy débil; en 1987 no ha logrado crecer nuevamente a pesar de haber protagonizado una movilización muy intensa. Esta contradicción no es completamente tal si tenemos en cuenta que los resultados organizativos masivos, y también los electorales, siguen con retraso a lo que ocurre en el desarrollo militante del partido. El electorado trabajador se ha volcado subjetivamente al justicialismo en la búsqueda desesperada de soluciones inmediatas a su situación, en una expectativa que lo llevará a corto plazo a un callejón sin salida, esto porque la burguesía no tiene hoy soluciones inmediatas para las masas. Pero por el lado de una franja de militantes del movimiento obrero hay una comprensión creciente de la impotencia política de cualquiera de los partidos patronales, y esto es lo que se ha reflejado en el crecimiento del PO en la etapa preelectoral. El Partido Obrero fue a estas elecciones con una consigna única, en referencia a todos los otros partidos políticos, y que es la consigna común a todos los socialistas revolucionarios en una lucha electoral: por la conquista y el reforzamiento de la independencia política de la clase obrera. No crecimos electoralmente, pero es indudable que las elecciones han demostrado que éste es el problema capital, y este problema capital va a ser el centro de todas las cuestiones del movimiento obrero de aquí en más. En este sentido fundamental, la campaña del PO ha servido para la preparación política de las masas frente a los nuevos acontecimientos. Precisamente es la función que debe tener una campaña electoral para un partido que afirma rotundamente que la impasse general de la nación y sus graves y crecientes contradicciones no tendrán solución, sino que se acentuarán, por la vía democrática. Ya es significativo que la victoria del justicialismo, en lugar de abrir una alternativa a la situación presente, haya abierto una profunda crisis política. El departamento de Estado norteamericano y la banca internacional se declaran en estado de alerta, a pesar de toda la confiabilidad que les representan los Di Tella, Cafiero y Cavallo, precisamente porque el telón de fondo de la situación es el principio de gran movilización popular que impulsa la debacle del radicalismo—el partido que ha procurado llevar adelante las exigencias del imperialismo y del gran capital. En los días previos a las elecciones, un importante movimiento huelguístico mostró a las claras la tendencia de los trabajadores a no delegar la solución de sus problemas en los políticos patronales. Cafiero, que sacó una solicitada contra estas huelgas, reclamando precisamente que se le delegue la tarea de encarar las soluciones, es consciente de este mar de fondo. Colocados los resultados electorales en el marco de la convulsiva situación nacional, se ve que el movimiento obrero ha llevado hasta el extremo sus propias contradicciones entre la desconfianza respecto de los partidos patronales y el voto por estos partidos, y que las mismas tendencias electorales van a sufrir un cambio gigantesco como consecuencia de la explosión de esas contradicciones. El Partido Obrero se meterá profundamente en la inminente movilización popular, y en particular dentro de los sindicatos, para que la clase obrera supere lo más rápidamente posible el bloqueo del cafierismo y de la burocracia sindical. Nuestras consignas de acción serán: salario mínimo de ₳ 800. no pago de la deuda, apertura de los libros de los capitalistas y control obrero, expropiación de la banca, fuera el Estado de los sindicatos, asambleas generales en todos los niveles del movimiento obrero. El Partido Obrero se meterá, además, en una profunda tarea de reorganización y de formación política para convertir a cada uno de sus militantes en un cuadro de la clase obrera, dentro de sus organizaciones de masas. A este objetivo de conjunto se abocará el congreso del PO que se» realizará a fines de noviembre.

8 de septiembre de 1987
Triunfo de los obreros de Malisa
Redacción

Faltando cuatro días para las elecciones, en medio del carnaval de propaganda de los partidos patronales, los obreros de Malisa (empresa recolectora de residuos) salieron a la huelga reclamando la reincorporación de varios activistas despedidos, salario mínimo de 380 australes y, sobre todo, el respeto del convenio que establece que el recorrido por turno debe ser de 165 cuadras; hasta ahora se realizan 400 cuadras de este trabajo insalubre, que, según los informes médicos, agota en diez años la capacidad del trabajador. La empresa tiene como política despedir a los que se empiezan a agotar y no resisten el ritmo. Los obreros resolvieron parar por tiempo indeterminado y levantar una barricada para impedir el paso de los camiones que con changarines que la empresa empezó a contratar, pretendieron continuar el servicio. El gobierno de Romero envió la infantería de la policía de la provincia que, al mejor estilo de la dictadura, colocó a los obreros contra la pared en actitud represiva intimidatoria. La prensa local, en manos del gobernador, mantuvo al conflicto en el más completo aislamiento (casi nadie se enteró). Luego de 40 horas de paro y barricadas la empresa acordó la reincorporación de los despedidos y firmó un compromiso, para que en 15 días se cumpla con las 165 cuadras que establece el convenio. En el curso de la lucha, los 120 obreros mantuvieron la firmeza y unidad, desplazando al delegado interno por su complicidad con la empresa, eligieron representantes para la lucha y ahora se aprestan a elegir una nueva comisión interna. Se ganó un primer round. Ahora hay que fortalecer la organización para hacer respetar el acuerdo que con seguridad esta empresa, que nació bajo el ala del gobierno de la dictadura, beneficiada por contratos leoninos para la recolección dé la basura de la ciudad, seguramente desconocerá; hasta ahora ha manejado a sus trabajadores como si fueran soldados en un cuartel. La lucha de los obreros de Malisa ha puesto un primer parate a esta política.

8 de septiembre de 1987
Aten Neuquén: gran elección de la Naranja y Blanca
Redacción

En los comicios celebrados en la segunda quincena de agosto en ATE Neuquén, la lista antiburocrática Naranja y Blanca (PO, independientes, fe), cosechó 321 votos contra 1.115 de la burocracia, es decir, un 20% de los emitidos, en tanto que obtuvo un triunfo completo en la delegación de San Martin de los Andes. La campaña de la lista opositora denunció a la “nueva” burocracia de Panetta (De Genaro) cuyos lazos van del sapagismo a todas las vertientes del PJ, y la situación salarial del gremio, golpeada por la existencia de un “pacto social” con el gobierno provincial y por una política de, discriminaciones que divide la lucha. Reclamó por un básico único de 400 ₳ en junio, actualizables por costo de vida, por paritarias libres y la independencia de ATE frente al Estado. La excelente votación refleja una poderosa tendencia de lucha y el trabajo preparatorio de la agrupación clasista “Mateando", que viene editando regularmente su boletín desde largo tiempo atrás con un tiraje que oscila entre los 300 y los 500 ejemplares. La Naranja y Blanca ha revelado ser una corriente con amplio peso en el activismo del gremio. Los trabajadores de ATE tienen hoy una excelente plataforma de desarrollo.

8 de septiembre de 1987
Inquietud en las bases de la Unión Ferroviaria
Redacción

La lucha de los trabajadores ferroviarios (señaleros, directivos y, fundamentalmente, los conductores de trenes nucleados en La Fraternidad) terminó arrancando conquistas salariales al gobierno. El acuerdo alcanzado por La Fraternidad consiste, según explicaron los diarios, en el ajuste según la inflación de la masa salarial entre diciembre de 1986 y julio de 1987 y la rediscusión de las escalas. Con esto, se quebró la política gubernamental. La simultaneidad y el común reclamo salarial de los trabajadores de los distintos gremios ferroviarios constituye la más acabada expresión de la tendencia a la huelga general contra la miseria. que anida en las bases del gremio. Los cafieristas de la UF fueron utilizados por el gobierno para quebrar esta unidad de lucha. Levantaron el quite de colaboración que venía sosteniendo la UF por ₳ 14 de aumento en los salarios básicos. Con ello, no sólo dejaron aislados a los fraternales y señaleros, sino que, fundamentalmente, condenaron a su propio gremio a la miseria salarial. Pero los carneros no salieron bien parados. Los acuerdos de los fraternales, alcanzados después de paralizar en tres oportunidades el servicio ferroviario y amenazar con la realización de un paro de tres días antes de las elecciones, fueron muy superiores a los de la UF. Este acuerdo miserable, que deja el salario de los afiliados de la UF en la mitad del sueldo mínimo de los fraternales, ha causado una gran inquietud en las bases. Promovamos, entonces, asambleas seccionales de la UF para discutir, aprobar e impulsar un plan de lucha por los ₳ 800 de mínimo. La lucha y la organización independiente de la burocracia son el camino para quebrar la miseria salarial y arrancar las reivindicaciones.

8 de septiembre de 1987
Los votos de la izquierda democratizante
Redacción

La izquierda democratizante (se la llama así porque su estrategia son las reformas parciales dentro del marco del Estado burgués) sufrió el domingo pasado en su conjunto un retroceso electoral espectacular. Este hecho era previsible a partir de la crisis igualmente colosal en la que se encuentran esos partidos. En lo que hace al PI, éste perdió en relación a 1985 unes 600.000 votos, lo que equivale a una merma de nada menos que el 65%, y hasta cae en relación a 1983 en un 20%. En la provincia de Buenos Aires pierde 400.000 votos (un 70% en relación a 1985 y más del 20% en comparación con 1983). En Córdoba pierde unos 40.000 votos (casi un 80% en relación a 1985). En Tucumán y en Corrientes llega a retrocederá la mitad de lo obtenido en 1983. En un 90% los votos perdidos por el PI fueron a parar al justicialismo y un 10% al corte de boleta PJ/Fral y PJ/Mas. Esta debacle electoral no hizo más que traducir la debacle política del PI, que tuvo su inicio poco después de las elecciones del 85. En lo que hace al Fral, éste retrocede al nivel aproximado de lo obtenido por el PC en 1983 (aproximadamente unos 190.000 votos en el orden nacional), si dejamos de lado unos 20.000 votos de corte de boleta Cafiero/Solares que vinieron del Pl. Esto marca un retroceso muy importante si se considera que en los votos del Fral hay que Incluir al PH y a dos o tres desprendimientos del Partido Intransigente. SI suponemos que de los 360.000 votos del FP en 1985 200.000 ¿220.000 correspondían al PC y a parte de sus actuales aliados, y si a esto le sumamos los 25.000 votos del PH, se observa que el retroceso del Fral oscila, respecto a .1985, en un 25 o 30%. Si se tiene en cuenta que dentro del panorama general el Fral (sin el Mas) repite la votación del FP en Capital, con un aumento del 50% respecto a los votos del PC en 1983, y que lo mismo ocurre aproximadamente en Santa Fe, podemos medir la verdadera catástrofe electoral que el Fral sufre en el resto del país. En Buenos Aires, con 83.500 votos (si se deja de lado el corte de boleta), todo el Fral cae por debajo del solo PC en 1983. En Tucumán saca ahora 2.200 votos contra los 3.500 del PC en el 83. De un modo general, esta caída de votos del Fral va a parar al justicialismo. Lo más interesante con relación a esta fracción de la izquierda democratizante es que la suma de votos entre el Fral y el Mas, si se dejan de lado los cortes de boleta tipo PJ-gobernador PC o Mas-diputados, el crecimiento del ex Frepu tomado en su conjunto es de solo el 5% (de 360.000 en 1985 a 380.000 en 1987) que se transforma en retroceso si consideramos el añadido del PH y de las tres vertientes del PI que se integran al Fral. Pero si tenemos en cuenta que la suma del Fral-Mas hace una votación muy buena en Capital Federal, donde crecen en nada menos que 50.000 votos (que vienen del PI), la performance del conjunto del ex Frepu ampliado en el conjunto del país es de un marcado retroceso. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires este ex Frepu ampliado obtiene, sin corte de boleta, el 6 de setiembre, 185.000 votos, en tanto que en 1985 el FP había obtenido 201.000 y el PH 13.000 votos, lo que marca un retroceso del 15 % que va todo a parar a Cafiero. En lo que hace al Mas, éste obtiene 180.000 votos si se deja de lado el corte de boleta PJ/Mas en la provincia de Buenos Aires. Suponiendo que le correspondiera al Mas entre el 33 y el 50% de los votos del ex Frepu, es decir, entre 120.000 y 180.000 de los 360.000 votos obtenidos por el FP en 1985, el crecimiento del Mas oscilaría entre cero y el 50%, o un 25% promedio. Pero el grueso de este crecimiento se concentra en Capital, donde habría crecido nada menos que un 100% en relación a su parte estimada en el Frepu. A partir de aquí se aprecia su retroceso generalizado en el interior respecto a 1985. Comparado con 1983, el crecimiento del Mas en el Interior del país es menos de la mitad del obtenido por el PO. De esta manera, la valoración de la votación del Mas se ciñe a la caracterización de la performance de Parrilli en Capital y al corte de boleta Cafiero/Zamora en Buenos Aires, que fue de 50.000 votos, es decir de un 12% de los votos del PI que se pasaron a Cafiero. La buena elección de Vicente y Parrilli en Capital permite deducir que una buena parte de la pequeña burguesía ligada a los movimientos de derechos humanos no siguió la tendencia a votar al PJ y que la misma explotación electoral se hizo de Zamora entre un sector de la clase obrera y de la clase media de Buenos Aires. Se trata sin duda de un voto con tendencia democrática, pero de ningún modo revolucionario, ni que tampoco sea expresión de una independencia de clase, como lo revela que estuvo acompañado del voto a Cafiero, lo cual demuestra también que no sería un voto completamente independizado de su fuente de origen, el Pl. El Mas gozó de un amplio favoritismo en los medios de comunicación, que sin embargo están en manos del Coti Nosiglia. Además, hizo una abierta campaña por el corte de boleta, al punto que su candidato a gobernador bonaerense pasó desapercibido, sin obtener ni de cerca el objetivo de sacar un diputado. Este conjunto de datos pone de relieve que la campaña del Mas no estuvo dirigida a ampliar el horizonte político de los trabajadores, aunque sí a obstaculizar el entronque de éstos con el Partido Obrero. En relación con esto hay que destacar que el Mas no fue igualmente golpeado electoralmente como el PI o el Fral, precisamente porque se rompió el Frepu, un frente democratizante que sin embargo sigue reivindicando. Es indudable que canalizó votos porque se lo vio independiente de dos corrientes en crisis, sin que se haya logrado percibir que el Mas quiere reconstruir una alianza con ellas sobre una base no revolucionaria, con el único requisito de que Zamora sea el primer candidato en cualquier elección futura, y de que sufre una marcada derechización en sus planteamientos políticos. Pero el futuro de la Izquierda democratizante no está determinado por la variada suerte que cada una de sus fracciones haya tenido en las urnas el domingo pasado. El problema que enfrentan es la posición política que asumirán frente a los acontecimientos por venir, con relación a los cuales los resultados del 6 son completamente secundarios. La amplia victoria del justicialismo ha cerrado toda posibilidad de un desarrollo independiente de la izquierda, si ese desarrollo’ no está ligado a una política de independencia de la clase obrera a ser sistemáticamente aplicada en el curso de las grandes luchas próximas. Pero una política de independencia de clase significará concretamente, en tales circunstancias, una política de ruptura con el Estado burgués, una política de base revolucionaria. Las alternativas son en este aspecto muy claras: o un frente con el justicialismo, a través de un ala izquierda de éste que haga de correa de transmisión de la política de la burguesía hacia la izquierda; o una alianza revolucionaria sobre la base de una lucha sistemática por la independencia del movimiento obrero. Un frente democratizante independiente del justicialismo (que es lo que intentaron ha-cer artificialmente con variantes el PC y el Mas) es ahora menos viable que antes, y menos aún un frente democratizante que no juegue un papel crecientemente contrarrevolucionario. Al final, toda la concepción frentamplista del PC se demostró un colosal fracaso, al punto que provocó, no el acercamiento de los votantes, sino un alejamiento mayor. La experiencia del PI debe ser claramente asimilada, pues ahora todos parecen olvidarse de que pretendió convertirse en alternativa única de la izquierda y de que por este camino llegó a conseguir, en 1985, una cantidad de votos que haría llorar de alegría a los que hoy se felicitan desconsideradamente por un corte de boletas con Cafiero en la provincia de Buenos Aires o por repetir la maniobra de Conte de 1983. El PI perdió su posibilidad de transformarse en alternativa desde el momento en que el justicialismo comenzó a reconstruirse con los renovadores y el PI decidió, naturalmente, no combatirlos porque eso, para los alendistas, llevaba a posiciones “descabelladas” o, como ellos mismos lo dijeron, “principistas”. En situaciones de crisis fundamentales, es decir, prerrevolucionarias, ningún partido puede hacerse la niña bonita entre el sometimiento al Estado y sus partidos, o la completa independencia de ellos, lo que significa una posición revolucionaria. El “alternativismo” del PI murió consumido por esta contradicción mortal para un democratizante. Hay que evitar ahora que una crisis eventual del peronismo renovador no vuelva a hinchar numéricamente a los PI, cuya función es congelar la evolución política independiente de las masas. Los planteamientos políticos, cuando no están determinados por una caracterización de las ciases en pugna, no pasan de ser castillos en el aire. La afirmación, por ejemplo, de que “unidos sacamos dos diputados, desunidos no hemos sacado nada", es una perfecta tontería, porque lo que importa saber es cuál es la base de clase de esos diputados; sin un movimiento de independencia clasista serán simples marionetas de las maniobras de la burguesía. Llamamos a todos los activistas y organizaciones de la izquierda a una acción común contra la ofensiva antipopular y contra las maniobras nacionalistas, sobre la base de la independencia política de la clase obrera.

8 de septiembre de 1987
El 6 de setiembre y sus consecuencias
Redacción

El carácter de los resultados de las elecciones del domingo último puede resumirse en dos aspectos: una descomunal derrota del gobierno y una canalización completa del voto de los trabajadores por parte del justicialismo. La derrota oficial con un alcance tal que no reparó en situaciones particulares, es una expresión acabada del agotamiento del régimen político actual en sus posibilidades de desarrollo de las fuerzas productivas y de la democracia política. Los límites objetivos de la política gubernamental (que no es otra que la impuesta por el gran capital) fueron alcanzados hace mucho tiempo, y el testimonio de ello es la inflación creciente y el fracaso en aplicar los planes del FMI, por un lado, y la sublevación de las fuerzas armadas y la capitulación ante ella, por el otro. Los resultados electorales han puesto de relieve la decidida resistencia popular a esta política, una resistencia que fuera anticipada por el movimiento huelguístico que tuvo lugar con anterioridad a las elecciones y que aun prosigue. Si se toma la amplia victoria justicialista, no con relación a la izquierda, sino con relación a la derecha, se ve hasta qué punto el mito de que la “sociedad argentina” había alcanzado una conciencia “privatista” (entreguista) se ha pinchado. El crecimiento de la derecha, limitado a ciertas zonas, constituye también una expresión del agotamiento del régimen actual, pero esta tendencia de tipo contrarrevolucionario fue holgadamente superada por la victoria del justicialismo, el cual sin embargo aún carece de una dirección nacional única. Entre Cafiero y Alfonsín no hay una diferencia de fondo sino de grado, y allí donde ella existe expresa la situación contradictoria de diferentes sectores de la misma clase social capitalista frente a la crisis. Pero la derrota mayúscula del gobierno constituye la expresión general de que se impone un viraje político, que si no es tomado “desde arriba” no dejará por ello de imponerse “desde abajo”. Es por este motivo que apenas conocidos los resultados se ingresó en una clara crisis política, que indica el agotamiento de la capacidad del gobierno para hacer frente al conjunto de la situación en los términos en que lo venía haciendo. La pretensión de controlar la situación incorporando a una fracción Importante de la burocracia sindical al gobierno y neutralizando por esa vía a la CGT fracasó en apenas un par de meses. Lo que las elecciones han terminado planteando, con una gran demora, es una completa alteración del rumbo político. Antes de las elecciones, en un editorial de este periódico, se dijo que la variante principal en un cambio de rumbo estaría constituida por una más abierta entrega al imperialismo y secundariamente por un viraje nacionalista. Desde distintos medios se está incitando a mantener ese esquema, pero es indudable que los resultados electorales han invertido el orden prioritario de las alternativas. Si el gobierno siguiera los consejos que le dan los Grondona y los Neustadt, es seguro que vamos a un formidable enfrentamiento. Es por esto que ahora ha pasado a primer plano la tentativa de una maniobra nacionalista. Pero el carácter y el alcance de esta maniobra están muy cuestionados. Para llevarla adelante, el gobierno estaría obligado a llegar a algún tipo de acuerdo con el justicialismo, algo que de por sí es difícil y que aún se complica más por la situación aun inestable dentro del justicialismo. Sería necesario, además, unificar detrás de esta maniobra al frente burgués, lo cual naturalmente le restaría su alcance, ya que la burguesía está muy unida al imperialismo por los cuantiosos depósitos que tiene en los bancos del exterior y porque la línea general de la burguesía va dirigida principalmente a incrementar la tasa de explotación de los trabajadores. Resulta claro que los límites de clase que encuentra la burguesía para actuar y los límites políticos relativos de un régimen constitucional, pueden combinarse para producir como consecuencia un acentuado inmovilismo o agudos virajes políticos. Es por todo esto que el resultado más contradictorio de las elecciones del 6 de setiembre es que acentúan enormemente la crisis del régimen burgués en el mismo momento en que la votación masiva por los partidos patronales indica hasta qué punto los trabajadores no se han constituido en una opción política propia y de que navegan aun entre las alternativas de las clases enemigas. En nuestra opinión, la reversión de esta situación deberá emerger del propio desarrollo de la crisis política que se ha abierto, mediante la superación práctica y consciente de los limitados horizontes que ofrece el nacionalismo burgués. Es también indudable que a partir del domingo pasado Argentina se ha incorporado al proceso de crisis política por el que ya están pasando Brasil y Perú, lo cual deja planteado el interrogante sobre el alcance latinoamericano que tendrá la evolución política en nuestro país. No es para nada casual que órganos periodísticos como el Wall Street Journal o el Washington Post hayan comentado negativamente los resultados electorales. El otro aspecto que puso en evidencia la jornada electoral del domingo es que los trabajadores votaron en masa a un partido patronal sin importarles que la naturaleza de ese partido ya no esté más camuflada por la figura de un caudillo popular ni por el hecho de que el lugar de éste se encuentre ocupado por políticos notoriamente ligados a la burguesía y hasta por dirigentes de empresas y empresarios. La clase obrera ha participado en estas elecciones a remolque de la burguesía, secundando a una de las fracciones capitalistas que se disputan la dirección del país. El termómetro electoral ha marcado el dominio de la política burguesa con relación al movimiento obrero, y esta es la razón, la causa, de la llamada "polarización electoral”, no una consecuencia de ésta. El justicialismo ha vuelto a aglutinar un frente de clases bajo la dirección de la burguesía. Esta dependencia política del proletariado con relación a la burguesía tiene su raíz en el desarrollo histórico concreto del movimiento obrero y de ningún modo en tendencias ideológicas. En los últimos cuatro años el voto de los trabajadores se modificó varias veces según la evolución política, fracasando sucesivamente los que pensaban que la clase obrera tiene una "identidad” peronista como los que aseguraban que esa "identidad” se trasvasaría a un tercer movimiento histórico. El Frepu primero y los fralistas después han hecho a sus expensas la experiencia de que colocar un candidato “peronista” no les aseguraba los votos del peronismo y hasta les hacía perder, sí, los de los propios comunistas. Es necesario hacer un enfoque materialista y no fetichista de la tendencia del movimiento obrero. Entre 1983 y 1985 se planteó la posibilidad de que una generación de activistas obreros opuestos a la burocracia sindical hiciera una penetración más o menos profunda en las organizaciones gremiales, abriendo una perspectiva de desarrollo a una corriente propia del movimiento obrero. La etapa abierta por ese movimiento no se ha cerrado de ningún modo y seguramente cobrará próximamente un renovado vigor, pero el hecho cierto es que esa tendencia quedó bloqueada y que la burocracia pudo tomar el control de las organizaciones obreras, facilitando con ello la recomposición política del Justicialismo. Las razones de ese bloqueo tienen que ver con las características todavía limitadas de los movimientos de lucha populares, con las grandes ilusiones existentes en las direcciones demagógicas del tipo de Ubaldini y finalmente en la política de la Izquierda democratizante de buscar acuerdos con la burocracia sindical, particularmente el Pl que apoya a los 15 y a otros burócratas frenadores en diversos sindicatos y el Mas particularmente en Sanidad, Sanearlos, etc. Pero es de la evolución combativa e Inde-pendiente del movimiento de las masas que depende la posibilidad de que se estructure una alternativa política revolucionaria, de ningún modo de las combinaciones partidarias, como lo ha demostrado el fracaso del Frepu y los gatos que se metieron en la bolsa del PI o del Fral. Por eso la consigna estratégica frente a toda la crisis abierta sigue siendo más que nunca la independencia política de la clase obrera. El Partido Obrero reivindica plenamente su campaña electoral, porque ella no buscó adaptarse a las tendencias momentáneas del electorado, sino que se determinó en función de las cuestiones que la crisis política le plantea y le planteará al movimiento de masas. Es propio de buenos militantes y revolucionarios saber adaptarse a la mentalidad de las masas que luchan para impulsar su evolución a partir de las condiciones subjetivas concretas, pero no ocurre lo mismo con los prejuicios electorales porque la adaptación a ellos solo sirve para provocar la involución electorera de sus autores. El acierto de la campaña del Partido Obrero, quien de entrada señaló que las elecciones no planteaban ninguna táctica “especial” que no fuera la táctica del Partido para este período; el acierto de esta táctica deberá probarse en el curso de los acontecimientos del futuro inmediato, no en la suma de votos obtenidos. De cualquier modo, el Partido Obrero no retrocedió en su nivel electoral, pero sí creció mucho organizativamente, más que en ningún otro momento desde 1983, y por sobre todo logró reagrupar en torno al planteo de bloque revolucionario de la izquierda (“frente de trabajadores”) a hombres y mujeres verdaderamente revolucionarios que provenían de partidos democratizantes. Comunicado sobre el resultado electoral 1. El derrumbe electoral del alfonsinismo ha traducido al plano de la política práctica el agotamiento objetivo del planteamiento económico y político del gobierno, que ha consistido en pagar la deuda externa, someterse al FMI y procurar la integración de los sindicatos al Estado a través de la burocracia sindical. Esto significa que el triunfo justicialista expresa una reacción nacionalista a la situación presente y un principio de movilización popular contra el entreguismo, la pauperización y el retroceso político en el plano democrático. Esto explica que se haya abierto una crisis política inmediatamente después del acto electoral. El justicialismo renovador, sin embargo, tiene limitaciones naturales para ser consecuente con este movimiento debido a su dirección capitalista y aun proimperialista. Por este motivo el movimiento popular chocará abiertamente con la dirección justicialista, que tiende desde ya a la componenda con el gobierno radical. 2. La amplitud del voto justicialista con relación a la izquierda expresa dos fenómenos principales: de un lado, la completa debacle ideológica y organizativa de la izquierda tradicional y, del otro, el no surgimiento de una nueva camada dirigente del movimiento obrero. El Partido Obrero logró casi mantener su elección de 1985, la cual había triplicado la del 83, con un retroceso en los distritos rurales y un leve ascenso en las concentraciones obreras industriales. Esto marca un bloqueo que en-tendemos pasajero en función de la enormidad de la crisis que se ha abierto para la política burguesa tomada en su conjunto, y en función del crecimiento militante que se produjo durante la campaña electoral. (8.9.87) NOTA: No fue publicado, como es habitual, por ningún medio de prensa. Síntesis del Acto de Plaza Once El jueves 3, cuatro mil compañeros se congregaron en el acto de cierre de la campaña del P. O. Fue un acto de neta composición clasista en torno al P. O. Transcribimos una apretada síntesis de los discursos allí pronunciados. “La campaña electoral del P.O. fue un esfuerzo hacia la organización independiente del movimiento obrero” PABLO RIEZNIK: Estos últimos 4 años han revelado que el manejo del país sigue en manos de los monopolios nacionales y extranjeros, del FMI y la banca usurera, lo que explica la catástrofe económica que enfrenta la población laboriosa. La cadena de mandos de las FF.AA. se reconstruyó con los responsables del genocidio de la dictadura. Radicales y peronistas votaron el ascenso de los militares ejecutores de esa represión y avalaron en Semana Santa la amnistía y la obediencia debida. La campaña electoral del PO ha sido un esfuerzo sistemático y tenaz en favor de la organización independiente de la clase obrera; de la necesidad de superar a los “representantes populares" del imperialismo y el gran capital. Somos el partido que sustituyó la demagogia caza-votos para plantear la lucha por el desplazamiento del poder de la clase explotadora, es decir, la lucha por el gobierno de los trabajadores y la revolución socialista. “Cafiero llamó a deponer las luchas para esperar soluciones de este régimen impotente JUAN CARLOS CAPURRO: La campaña electoral del justicialismo se ha basado en la identificación política con el curso antinacional y antipopular de la gran patronal argentina. Cafiero llamó a los trabajadores a que depongan sus luchas y huelgas y a que confíen y esperen soluciones del régimen que ha demostrado su total impotencia. Apoya la campaña de privatizaciones, la capitalización de la deuda externa, así como el desmantelamiento de YPF en beneficio de los grandes pulpos petroleros. Lleva en sus listas a representantes de los grandes monopolios, como Cavallo en Córdoba, Di Telia en Buenos Aires y adelanta que nombraría como Secretario de Energía a Alieto Guadagni, un hombre de los pulpos petroleros. De todo esto se Infiere la necesidad de que los trabajadores se organicen en forma independiente y construyan un gran partido de la clase obrera que dirija la lucha nacional, por la completa emancipación social. “El agotamiento del régimen actual es completo” JORGE ALTAMIRA: Los desvergonzados gastos de la campaña electoral no han logrado disimular la profunda crisis en que se debate el país en vísperas de los comicios. La especulación capitalista no tiene límites, como lo prueba la escalada del dólar y de los precios, la cual está siendo finan-ciada por el Banco Central como en los mejores tiempos de Martínez de Hoz. El agotamiento del régimen actual en sus posibilidades de desenvolvimiento económico es completo, como terminará por atestiguarlo el super- tarifazo posterior a las elecciones. El país está atado a un acuerdo con el FMI que el gobierno no puede cumplir, suscitando la peor de las variantes - incapacidad para un desarrollo autónomo, de un lado, y desconfianza del capital extranjero, del otro. La campaña tampoco ha logrado disimular el agotamiento de la capacidad de desarrollo democrático de este régimen, que más allá de la obediencia debida, se ha aliado a la patota sindical, ha perdido por completo la posibilidad de modificar la situación de las fuerzas armadas y prepara una reforma constitucional que reforzará las características represivas y totalitarias del Estado patronal. Nos encaminamos, nuevamente, hacia una gran crisis, cuyo desenlace progresivo dependerá de la capacidad de la clase obrera para actuar en forma independiente de los partidos patronales. El peronismo sólo puede jugar en esa crisis un rol aliado del gobierno y de respaldo del Estado contra los trabajadores, como lo demuestra el cogobierno actual y la solidaridad de cafieristas, herministas y la burocracia sindical con el gobierno en todas las circunstancias en que éste debe enfrentara los trabajadores. El PARTIDO OBRERO llama a los trabajadores a tomar conciencia de esta situación y de sus perspectivas, preparándose para la lucha a través de su organización política independiente. Las elecciones son el espejo deformado de una realidad convulsiva, que requerirá la acción enérgica de los oprimidos, los que deberán dejar de lado los modelos reiteradamente impotentes de la historia reciente y encarar la lucha por el poder político propio 3/9/87

8 de septiembre de 1987
Obediencia debida en Tucumán
Redacción

Han pasado ya tres semanas desde que los grupos de tareas del "general” Bussi disparan contra una manifestación popular sin que ninguno de los responsables se encuentre detenido. El 1o de setiembre se realizó una manifestación en San Miguel en repudio a los fascistas, pero el movimiento no tuvo mayor alcance, ya que allí se aprobó “mantener la calma (sic) y confiar en la actuación de la Justicia”, según informa Página 12. Más esclarecedor que esto es la reunión de gabinete que se realizó en Tucumán el viernes 29 de agosto, en el cual se rechazó una propuesta de movilización impulsada por el gobierno y también otra que proponía la detención de Bussi. Esto a pesar de que en la mesa de la sesión se puso una cápsula servida de los disparos con la inscripción FM-SF, que atestiguaba su origen militar (todo esto está en La Gaceta de Tucumán del 30.8). Está claro que se ha puesto en marcha una segunda aplicación de la ley de obediencia debida en beneficio de los que quedaron impunes por la primera y que revistan en las filas de los que dispararon en Tafí Viejo. El candidato justicialista por la provincia, José Domato, publicó una gigantesca solicitada en vísperas de los comicios para pronunciarse contra "toda violencia”, como si ella no partiera enteramente de los grupos de tareas amnistiados. Ahora que la lista de Bussi sacó unos 60.000 votos, se ha montado una campaña para presentar el resultado como una reivindicación democrática del genocidio. Pero esto lo único que demuestra es la completa incapacidad del régimen democratizante para luchar contra el terrorismo, como lo demuestra precisamente la libertad del grupo de tareas de Tafí Viejo y el total apoyo que dio la gran burguesía en Tucumán a la campaña de Bussi. Es necesario mantener en pie la agitación por el juicio y castigo de los grupos de tareas de Bussi, poniendo de relieve la complicidad de la oligarquía y la burguesía que es apoyada por el régimen democratizante, con el abanderado del genocidio.

8 de septiembre de 1987
La FUC y la lucha docente
Corresponsal

La huelga de la CONADU ha puesto de relieve la política de destrucción de la educación de parte del gobierno, a quien no le Importa liquidar el año lectivo. Pero, por otra parte, este conflicto ha desnudado también la política de la dirección de la Federación Universitaria de Córdoba. Cuando hace aproximadamente un mes, un congreso nacional de CONADU resolvió la huelga indefinida, tuvieron que pasar veinte días de huelga para que la dirección de la FUC (Frente Santiago Pampillón, Fral) convocara a una "jornada de protesta" y esto solo "para llamar la atención de la población sobre el estado de la universidad” y no para dar un apoyo incondicional a la lucha docente. Es que a través de la FUC no se estaban expresando los estudiantes, sino... el Consejo Superior Universitario. La dirección de la FUC no tomó ninguna Iniciativa de lucha independiente de este Consejo, cuyo rector, Rébora, llamaba al “reencauzamiento de la actividad docente", es decir, al levantamiento de la huelga. La ‘‘jornada de protesta" de la FUC se redujo a una toma simbólica del rectorado, que fue levantada dos días antes del plenario nacional de CONADU (sábado 29 de agosto), que debía discutir la continuidad de la lucha. En vez de rodear a ese plenario de un marco combativo —que fortaleciera la posición de los docentes frente al gobierno— la FUC “desensilló hasta que aclare”. A la semana siguiente (y con el paro docente ratificado) la dirección de la FUC convocó, sin la menor convicción ni asambleas previas, a una nueva “vueltita" alrededor del rectorado, que transcurrió sin pena ni gloria. Mientras tanto, el movimiento estudiantil asiste a la pérdida del año lectivo sin estructurar una respuesta contra el gobierno que liquida a la universidad. La dirección fralista del estudiantado cordobés ha volcado todos sus esfuerzos para conciliar los reclamos docentes con el rectorado. La UJS de Córdoba está batallando por una dirección opuesta: explicamos, en volantes y asambleas, la necesidad de confiar en las propias fuerzas de estudiantes y docentes, a través de una movilización independiente que lleve a la realización de asambleas por facultad y de una asamblea general estudiantil-docente-no docente, que apruebe un verdadero paro activo de la universidad. Esta es la lucha que damos en cada facultad, formando comisiones por curso y por carrera, en apoyo a los docentes y por un verdadero plan de lucha de la FUC.

8 de septiembre de 1987
La huelga se profundiza, profundicémosla aún más
Redacción

El paro de los docentes universitarios lleva 38 días de duración, al que se han ido sumando nuevas facultades y casas de estudio y aun cátedras en aquellos lugares en que los paros venían siendo parciales. En el CBC, Farmacia y Exactas (Buenos Aires) el paro es del 100 %; en Sicología, del 95 %. En el interior el paro es donde se ha desarrollado con mayor fuerza. El último plenario de delegados de la Conadu votó por 20 a 2 la continuidad de la lucha (contra 14 a 8 del plenario realizado dos semanas antes). Una serie de facultades ha comenzado a sacar el conflicto a la calle. Sicología y Exactas han hecho clases públicas con una concurrencia numerosa. Esto ha permitido la incorporación de un sector del movimiento estudiantil a la movilización. En Buenos Aires, Ciduba ha convocado para el jueves 10/9 a una movilización docente-estudiantil frente al Ministerio de Educación. Hay que, apoyada a muerte, con asambleas por facultad que voten y organicen la concurrencia, porque así se logrará el triunfo. El gobierno ha ofrecido aumentos del 7%, 9% y 11% desde octubre (según el grado de dedicación del docente, exclusiva o no), que no tiene nada que ver con el reclamo de la Conadu de un aumento del 50% en setiembre. El objetivo gubernamental es quebrara la Conadu en beneficio de la UDA, como ya hiciera con el fraccionamiento de la CTERA. La huelga está llegando a un punto crítico para los huelguistas y para los estudiantes, que pueden perder el cuatrimestre. El gobierno ha pretendido oponer los estudiantes a los docentes, pero no ha obtenido ningún éxito significativo. La base estudiantil, en su gran mayoría, ha demostrado su simpatía con los docentes, pero esta simpatía está bloqueada por la Franja Morada, que ha convertido la FUA en una agencia del Ministerio de Trabajo. La victoria está por el camino de la profundizaron de la lucha. Por eso llamamos a realizar asambleas en todas las facultades para garantizar una masiva concurrencia al Ministerio de Educación el jueves 10 a las 17 horas y para votar la continuidad de la huelga con movilizaciones callejeras docentes-estudiantiles (clases públicas, sentadas, ollas populares, etc.), y para iniciar la discusión de la ocupación general de las facultades.

8 de septiembre de 1987
Estudiantes universitarios salteños se incorporan a la lucha
Redacción

A pocos días de las elecciones, un grupo de compañeros de la Facultad de Ciencias de la Salud plantean a los centros de estudiantes que van a realizar una huelga de hambre en apoyo a la huelga docente, con la intención de potenciarla frente al rotundo no del gobierno a los reclamos. La asamblea, convocada por el centro para discutir la iniciativa, fue desbordada. Los participantes, 300 aproximadamente, votaron un plan de lucha y en apoyo a los reclamos docentes en el marco de la reivindicación de defensa de la universidad estatal y aumento para el presupuesto a la educación. Pero la nota más interesante fue el repudio generalizado que provocó la actitud del representante de la FUSA (de Franja Morada), cuando, actuando como bombero, trató de que la asamblea no tuviera carácter ejecutivo y de que lo discutido quedara supeditado a la decisión de la Federación, para poder cocinar entre seis representantes de los partidos políticos un apoyo formal. La asamblea votó una sentada de 30 horas en el centro de la ciudad, para acompañar la huelga de hambre de cinco compañeros, todo esto con carteles y un volante a repartir allí, para ganar a la opinión pública. El miércoles se marchará con el plan de lucha en curso a una asamblea convocada por la FUSA. La presión superó al aparato. La lucha recién comienza.

8 de septiembre de 1987
Hospital Español: el acta democrática de Mari-Mas
Redacción

La vergonzosa conducta del Mas en el reciente conflicto del Hospital Español se ganó el justo repudio de los trabajadores del Hospital. Ante la victoria del movimiento, alcanzado a pesar de la traición del Mas y de la burocracia, los morenistas están intentando reacomodarse frente a los trabajadores del Español, para lo cual dieron a conocer una carta abierta "autocrítica”, firmada por Mari Di Maio, candidata a 2 da. concejal por la Capital en las listas del Mas, en una típica maniobra de atribuir los “errores" a su persona y no a la política de su partido. ¡Ninguno de los otros delegados del Mas que respaldaron esta traición y que también firmaron el acta formularon “autocrítica” alguna! “Cuando se decidió seguir y no acatar al Ministerio —dice Mari—, no fuimos a buscar la opinión de todos para saber qué hacer (“si bien hubieron asambleas importantes”)... Este, creo, fue el problema fundamental". ¡Esto no es una autocrítica, esto es una reafirmación del carnereaje! Es que lo que Mari - Mas dice es que ella volvería a desconocer las resoluciones de las asambleas que rechazaron la intimación ministerial y que resolvieron continuar la lucha, pero con un nuevo pretexto: “Buscar la opinión” de los que no estuvieron presentes en las asambleas. De modo que Mari - Mas hubiera vuelto a carnerear y a traicionar una resolución de asamblea. Pero Mari-Mas tiene la desvergüenza de decir todo esto 24 horas después del triunfo de la lucha, es decir, 24 horas después de que el desenlace de la lucha hubiera probado que “todos” habían estado con las resoluciones de las asambleas y en contra de Mari - Mas y la burocracia sindical. Mari - Mas no se autocrítica, sino que se reivindica. Con esta maniobra pretende justificar el no haber puesto su renuncia a consideración de las bases. Pero el Mas militó contra el paro desde su inicio, se burló de las resoluciones de las asambleas democráticas, se puso a los pies de la patronal y West Ocampo y creó la posibilidad de los despidos masivos al firmar el acta que deslindaba sus “responsabilidades” de lo resuelto en las asambleas. Para Mari-Mas, el "error” no fue la conducta trai-do-ra de los delegados (incluidos los candidatos y militantes del Mas), sino la decisión democrática y autónoma de los trabajadores que “en asambleas importantes" resolvieron rechazar las intimaciones y presiones del Estado patronal, los empresarios y los burócratas y votaron continuar la lucha, rechazando al mismo tiempo, por ser contrarías a la lucha, las recetas de los iluminados del “voto en urnas para conocer la opinión de todos". La autocrítica del acta firmada se hace después de concluida la lucha (y cuando esta había obtenido de la patronal el compromiso de no represaliar a los huelguistas), por eso no tiene ningún valor. La autocrítica no es tal, sino una maniobra. Que no es una autocrítica lo demuestra el hecho de que no ha significado ninguna rectificación concreta de la política del Mas en el Español: el bloque con West Ocampo continúa monolítico. En toda esta lucha el PO se mantuvo en todo momento, y aun en las circunstancias más difíciles del lado de los trabajadores en lucha. Esta es la única actitud digna de un partido que pretende llamarse de la clase obrera: con los trabajadores, contra la patronal, la burocracia y el Estado. La frialdad y el repudio con que fue recibida esta “autocrítica” revelan la gran experiencia que los compañeros del Español han hecho con la demagogia izquierdista del Mas, discursos para las tribunas y la televisión, carnereo de la lucha concreta.

8 de septiembre de 1987
Hospital Español: Victoria sin precedentes
Redacción

La lucha de los trabajadores del Hospital Español concluyó con una resonante victoria, al obtenerse un 20% de aumento en agosto, un 10% más en septiembre, el pago de dos días de huelga (sobre cuatro) y naturalmente, el compromiso de no tomar ninguna represalia con los huelguistas. Un triunfazo, conseguido no sólo contra la patronal y el Ministerio de Trabajo, sino también contra la burocracia de ATSA y la Comisión de Reclamos del Hospital (cogobernada por West Ocampo y el Mas), quienes abandonaron la lucha para sumarse al bloque patronal. La lucha del Español es fundamental, no sólo porque pone de manifiesto la profunda voluntad de combate de la base de Sanidad, sino también porque es una perfecta radiografía de las fuerzas políticas que se mueven en el seno del gremio. Crónica de la lucha Martes 18/8: por abrumadora mayoría, las asambleas de cada turno votan comenzar el viernes 21 paros de 24 horas en reclamo de un aumento de ₳ 100. Esta moción triunfa, contra la moción presentada por la Comisión de Reclamos (West Ocampo-Mas), que, con el argumento de “consultar a todos”, rechazan las medidas de lucha. Viernes 21/8: el paro comienza con gran fuerza en todos los sectores del hospital y continúa de la misma manera el lunes 24. Lunes 24/8: el Ministerio de Trabajo intima a levantar las medidas “para posibilitar las negociaciones”. Martes 25/8: las asambleas de los tres turnos votan desconocer la intimación ministerial y ratificar la continuidad de las medidas. A partir de ese momento, la mayoría de la Comisión de Reclamos comienza a trabajar contra la huelga. La delegada general (Mas) nos sintetiza, en una frase hoy célebre en el Español, el pensamiento del bloque West Ocampo-Mas: “Arréglense como puedan”. Así nace el acta firmada por los delegados del Mas y de la burocracia donde, negro sobre blanco, desconocen las resoluciones de las asambleas de los trabaja-dores, acatan la intimación del Ministerio de Trabajo y “deslindan responsabilidades”. Esta acta, verdadero documento policial, fue entregada a la patronal y al Ministerio. Los delegados salen a recorrer el hospital amenazando con la Ilegalidad y los despidos. Pese a todo, pese a los patrones y a los delegados carneros, los trabajadores “se arreglaron” y el paro se mantiene. Miércoles 26: el Ministerio de Trabajo dicta la conciliación obligatoria, que es aceptada por la asamblea. Jueves 27/8: aparece Darío Pereyra con sus matones por el Español y convoca a una asamblea para "hacer tronar el escarmiento” contra los que encabezaron la lucha. En esta asamblea es agredido el compañero Raúl Castells, dirigente de la lucha, por la patota de West Ocampo y Darío. Viernes 28/8: audiencia de conciliación en el Ministerio. Por un lado, la secretaria general y sus 5 delegados. Del otro lado del salón, una treintena de trabajadores que ponen la cara frente a la patronal hasta que ésta finalmente cede. Balance de la lucha La lucha del Español resaltó la terrible presión combativa de las bases de Sanidad quienes, contra la patronal, contra el ministerio, y aun contra sus propios delegados, salió a la lucha y supo pelear y ganar. La dirección del Sindicato estuvo ausente por completo, salvo en el momento en que el conflicto parecía flaquear, y no precisamente para apuntalarlo sino para hundirlo y golpear a los luchadores. Con. la lucha del Español, Darío Pereyra ha sacado patente de burócrata consumado. Un párrafo aparte merece la conducta del Mas: renegó de la lucha, militó contra el paro, firmó el acta miserable, se burló de la soberanía obrera expresada en las asambleas. El Mas. al igual que la burocracia de ATSA y West Ocampo, se subordina por completo a la patronal y al Ministerio de Trabajo y no vaciló en romper la unidad de lucha de los trabajadores frente a los patrones y la burocracia. Esta conducta vergonzosa, llevada adelante con el sonsonete del "decidamos entre todos”, retratadla impostura de esta corriente política. En el Español, el Mas se ha comportado como una verdadera banda antiobrera. La enseñanza fundamental de la lucha del Hospital Español, y su triunfó es que el único camino para terminar con la miseria y arrancar los reclamos es la acción independiente del Estado y de la burocracia sindical; llamamos a fortalecer la única agrupación que combate por una alternativa independiente de la burocracia en Sanidad: la ASIS.

8 de septiembre de 1987
Tarifazos contra la voluntad popular
Redacción

A pesar de la abrumadora derrota electoral del radicalismo el domingo pasado, el gobierno persiste en su política de tarifazos en favor de la banca internacional y del gran capital nativo Esa derrota ha desgarrado el velo mentiroso que pretendía justificar esa política en la voluntad popular expresada en elecciones. El oficialismo actúa ahora descarnadamente como el representante de los explotadores y de los usureros. Los que ganaron el domingo, sin embargo, lejos de salir a defender el mandato popular, exigiendo el inmediato cese de los tarifazos y la suspensión deuda externa, han llamado a la "tranquilidad" y se han apurado a ofrecer su “garantía” a los empresarios contra cualquier “desborde” popular. Antes del 6, Cafiero llamó a levantar las huelgas y confiar en las urnas, pero las urnas se han pronunciado y los tarifazos continúan. Los políticos justicialistas celebran su victoria poniendo en evidencia su impotencia. Los trabajadores y la mayoría del pueblo no tendrán más remedio que tomar la solución de las reivindicaciones en sus propias manos