Se acercan las elecciones del 6 de setiembre. El Partido Obrero los llama a participar activamente en ellas para reforzar las posiciones de los auténticos luchadores de la clase obrera y de todos los explotados. El Partido Obrero llama a poner todo el empeño necesario para debilitar la fuerza política de los partidos que entregan día a día la nación al imperialismo y que usan el poder despótico del Estado para descargar sobre las espaldas ya duramente golpeadas de los trabajadores la miseria que engendra el sistema capitalista. Trabajadores, el Partido Obrero los llama a intervenir decididamente en la campaña electoral y a conquistar para la causa obrera y del socialismo a la mayor cantidad de compañeras y de compañeros. No olvidar lo vivido ¡Compañeros! En los últimos 30 años los trabajadores hemos librado luchas colosales. Las dictaduras "libertado-ras”, onganianas y videlistas fueron barridas por la extraordinaria movilización popular encabezada por la clase obrera. Las tentativas más feroces contra el pueblo fueron aniquiladas por luchas enormes que alcanzaron proporciones revolucionarias. La intención del imperialismo y del gran capital nativo de convertir a la Argentina en una colonia amordazada, sin ninguna clase de derechos democráticos y de organización obrera, fue pulverizada por la acción práctica del pueblo. Esta acción se manifestó en huelgas activas, ocupaciones de empresas, movilizaciones callejeras y jornadas históricas como el Cordobazo y otras puebladas revolucionarias. Solo la acción directa del pueblo fue capaz de hacer retroceder al imperialismo, de tumbar las dictaduras y de obligar a la clase patronal a devolver las libertades democráticas arrebatadas. En contraste con estas victorias verdaderamente históricas arrancadas por la movilización popular encabezada por la clase obrera, cada vez que los partidos defensores del sistema capitalista se pusieron al frente del Estado, la nación y los trabajadores sufrieron grandes retrocesos y aun terribles derrotas. Los frondicistas, Illia, la dirección patronal del peronismo, el alfonsinismo, todos ellos pactaron con el Imperialismo, todos ellos se sometieron a la banca mundial y al FMI, todos ellos redujeron los salarios, todos ellos restringieron las libertades democráticas conquistadas y todos ellos terminaron capitulando ante el siguiente golpe militar. ¡Trabajadores, bajo ninguna circunstancia debemos olvidar esta importante lección! La clase patronal y todos sus partidos son completamente incapaces de apoyarse de un modo consecuente en el pueblo para luchar por la emancipación nacional y la conquista de la democracia. Cada vez que estuvieron a la cabeza del país, lo traicionaron en beneficio de un puñado de ricachones y usureros imperialistas. La clase capitalista argentina demostró hasta el cansancio su completa impotencia como pretendida clase nacional, llevando a la nación y a los trabajadores a las catástrofes y tragedias más inimaginables. Luchando contra las dictaduras militares y por la democracia, los trabajadores han buscado reconquistar sus derechos de organización para profundizar el combate contra la expoliación imperialista y para abrir el camino hacia una sociedad socialista, es decir, hacia la completa libertad. Los partidos patronales, en cambio, se unían solo a último momento al carro de la lucha contra las dictaduras (con las cuales habían estado pactando todo el tiempo), para evitar que los trabajadores tomaran el poder y para asegurar, mediante fachadas constitucionales, que el Estado siguiera en las manos de la misma clase explotadora que se había beneficiado con esas dictaduras. Al seguir a estos partidos patronales y falsamente democráticos, los trabajadores terminaron sufriendo las más crueles derrotas. Es necesario aprender definitivamente esta lección, lo cual significa que debemos organizamos en forma independiente de todo partido patronal por más “popular” que éste se pretenda, y reforzar las posiciones de los verdaderos luchadores de la causa de la clase obrera y del socialismo. Cuatro años de entrega y miseria ¿Esta lección de la historia no se ha vuelto a confirmar ahora, con estos cuatro años de pretendido gobierno ‘‘constitucional”? ¡Qué decir de un régimen político que desconoce la deuda acumulada del Estado con los compañeros jubilados (¡los que peor están!) y que, sin embargo, paga (¡y con yapa!) una monstruosa deuda externa, que no fue contraída por el pueblo sino por una pequeña banda de grandes capitalistas! El pago de la deuda externa, qué fuera impuesta por la dictadura, revela el hilo clasista que une al régimen constitucional con el gobierno militar. ¡Qué decir de un régimen político que, para cumplir con los compromisos impuestos por el imperialismo y con los subsidios y prebendas que le exige la patronal nacional, destruye sin miramientos la salud y la educación, y reduce a la nada a la economía familiar! En los cuatro años de sistema "democrático”, la producción industrial creció aproximadamente en un 20 %, en tanto que se redujo el número de obreros. La explotación de los trabajadores creció, y aun en estas condiciones los salarios han descendido y la carestía sigue creciendo. Si juntamos todos estos datos a los extraordinarios beneficios obtenidos por la especulación financiera, constataremos que nunca los capitalistas han ganado tanto como bajo el régimen actual, al precio de una creciente miseria popular. El salario y jubilación mínimos de ₳ 200, nos ubican dentro de los peores niveles de miseria de América latina. Pero esta obra de destrucción del nivel de vida del pueblo y de entrega del patrimonio nacional no es la obra de un solo partido patronal. En 14 provincias argentinas y centenares de municipios gobiernan, no los radicales, sino los justicialistas. En el senado, cámara fundamental para aprobar las leyes, hay una mayoría justicialista, no radical. Desde hace dos años se encuentran en el gobierno asesores y ministros justicialistas, y recientemente fue nombrado ministro de trabajo un burócrata sindical del justicialismo. ¡No hay excusas esta vez! Son los dos partidos patronales los que están hundiendo a los trabajadores y comprometiendo la soberanía nacional a manos del imperialismo mundial. Como "es lógico, esta situación no podría mantenerse sin una ofensiva anti-democrática contra el pueblo. En 1985 se mandaron las tanquetas contra los trabajadores de Ford; ahora hay una ola de represión y de crímenes, encubiertos por el Estado, como lo ocurrido en Ingeniero Budge y Dock Sur, o con la represión a fábricas en conflicto. Han comenzado a producirse intervenciones en sindicatos no controlados por los burócratas y pululan de nuevo los matones de estos burócratas y de la policía en los sindicatos. Los genocidas de miles de trabajadores quedan en libertad y el congreso radical-justicialista asciende a militares responsables de los asesinatos. La ‘‘democracia” refuerza el aparato represivo y la casta militar. No para pelearle a los ingleses, sino para utilizarlos contra el pueblo. Se ha llegado al extremo de dictar una ley “de obediencia debida”, que "presume” la inocencia de reos ya encontrados culpables por la justicia, como Etchecolatz, Bergés, Barreiro, etc. Los demagogos de la democracia han revelado su verdadero rostro de estranguladores de la democracia. Los explotadores han explotado todas y cada una de las instituciones del régimen constitucional en contra de los intereses populares. Las peores leyes de la dictadura siguen en pie; se ha dictado la amnistía militar; el presidente veta las leyes que favorecen a los trabajadores (estabilidad bancada), pero se niega a cumplir las resoluciones judiciales que benefician a los jubilados (pago de la deuda provisional); los jueces convalidan las leyes reaccionarias del Parlamento y liberan a policías que masacran a trabajadores; la burocracia del Estado hace la vista gorda a la evasión previsional e impositiva de los patrones el Estado da su aval y su garantía a los bancos que quiebran, a las empresas que no pueden pagar sus deudas, a los especuladores y a los que fugan el capital al exterior, pero interviene despóticamente para congelar los salarios. Ahora está en el Parlamento una ley que declara la “emergencia económica”, la cual desconoce las convenciones laborales y un paquete de “leyes laborales" que destruye las paritarias y las comisiones internas de las empresas. Por presión patronal se pondrá, además, fuera de la ley las medidas de fuerza de los trabajadores y se autorizará el despido de los delegados. Agachándose ante la presión del clero, el Parlamento ha sancionado una ley que imposibilita el derecho al divorcio y que rechaza la reorganización libre y democrática del núcleo familiar. Con el pretexto de que hay que impedir que la democracia sea volteada por un nuevo golpe, los "demócratas” ejecutan todas las exigencias de los monopolios y de la camarilla militar. El Partido Obrero llama a “aprender” del manejo que hace la burguesía de las instituciones parlamentarias. Aprovechemos en beneficio de los explotados las posibilidades del sistema constitucional, para reforzar las posiciones de la clase obrera y de los oprimidos contra el capital y contra el Imperialismo, y para organizar más decididamente la lucha contra el Estado patronal. Debemos participar activamente en la campaña electoral del Partido Obrero y reforzar mediante esta participación y mediante el voto, la posición política de los luchadores obreros y revolucionarios. La definitiva lección de semana santa ¡Trabajadores! Los acontecimientos de semana santa le han dado un golpe mortal al mito de que estaría vigente en el país la voluntad popular. El régimen que beneficia a los banqueros contra los trabajadores y contra la propia soberanía nacional, mal podía ser un régimen basado en la soberanía del pueblo. En semana santa el pueblo salió» a la calle en defensa de la democracia y del estado de derecho. Sin embargo, no sólo el gobierno, sino los principales partidos patronales y de izquierda, las entidades empresariales, los burócratas sindicales y el clero, se unieron para entregar la movilización popular y capitular ante las exigencias del movimiento derechista. La crisis que latía entre la camarilla militar y el gobierno, y dentro de las fuerzas armadas, como consecuencia de la derrota de la dictadura en 1982- 83 y de la movilización popular por el castigo a los genocidas, se resolvió (¡por el momento, solamente!) mediante un acuerdo entre estos últimos y el conjunto de la llamada “civilidad", en contra de los intereses y de las aspiraciones populares. La crisis de semana santa reveló que el poder no está en el voto popular ni en la voluntad popular, sino en los cuarteles, curias, oficinas del gran capital y embajadas imperialistas. Ronald Reagan, el embajador norteamericano, la Sociedad Rural y sus similares —éstos fueron los que dictaron la “solución”, mediante la obediencia debida y la ulterior amnistía total. Los políticos que hoy se presentan a buscar el voto de la ciudadanía capitularon miserablemente ante estas exigencias, revelando con ello que carecen de la menor autonomía respecto del militarismo, del clero, de los monopolios y de los gobiernos imperialistas y que son unos impostores cuando se presentan como demócratas. La lección de semana santa es que las instituciones del Estado están en manos del capital y no del pueblo; que los trabajadores no pueden hacerse la menor ilusión respecto de ellas; y que la tarea de todo obrero consciente es reforzar las posiciones de lucha de los trabajadores contra la gran patronal, para conquistar el poder político, destruir el poder de la burguesía y hacer posible, mediante un gobierno de trabajadores, la real vigencia de la soberanía popular. La conducta del gobierno y de los principales partidos patronales y de izquierda en semana santa se explica por el hecho de que estos partidos no quieren acabar con la camarilla militar ni tampoco imponer los principios de la democracia dentro de las fuerzas armadas. Lo que quieren es “armonizar” a estas fuerzas armadas con el "proyecto” de la “democracia”, para dar toda la solidez necesaria a la política de pagar la deuda externa y destruir las conquistas históricas de la clase obrera. La consigna de “subordinar las fuerzas armadas a la constitución” es la consigna que responde a esta política, lo cual significa al mismo tiempo dejar a las fuerzas armadas fuera de todo control o dirección verdaderamente nacional y democrático. Una victoria de la fracción “constitucional" (alfonsinista) de las fuerzas armadas, encabezada hoy por Caridi, centra las fracciones derechistas encabezadas por los Camps y compañía, no será nunca una real victoria de la democracia, esto porque significará homogeneizar al ejército detrás de una conducción proimperialista, significará cerrar la crisis en beneficio de uno de los sectores derechistas y significará otorgar enormes concesiones antidemocráticas al militarismo, reclamadas por todas las fracciones de la camarilla militar por igual. El Partido Obrero denuncia al llamado “campo civil", formado por los capitalistas, curas, burócratas y políticos patronales, como al verdadero responsable de las conspiraciones militares. El Partido Obrero también impugna a los nacionalistas que sostienen que el ejército debe transformarse en el eje de una reconstrucción soberana de la nación. Las fuerzas armadas ya han fracasado en esta pretensión en el pasado y en todas las latitudes del planeta, y ello se debe a que no tienen ninguna posibilidad de actuar al margen de las clases antagónicas de la sociedad, o de expresar proyectos nacionales independientes del imperialismo y de los trabajadores. El Partido Obrero sostiene que la posibilidad de una reconstrucción soberana de la nación (que sólo puede ser asegurada por la unión socialista de América latina) descansa enteramente en manos de la clase obrera, en calidad de caudillo del conjunto de las masas explotadas. El Partido Obrero señala las limitaciones insalvables del nacionalismo militar y el carácter clasista de las fuerzas armadas. Estas son una continuación de la política patronal en períodos de crisis. Por eso el PO plantea la necesidad de desarmar a la burguesía proimperialista y armar al conjunto del pueblo para luchar por la independencia nacional y el socialismo. Contra la tentativa del imperialismo de resolver la “crisis de mando” de las fuerzas armadas imponiendo una jefatura reaccionaria y “constitucional”, el Partido Obrero reivindica el derecho a la más irrestricta deliberación política para los estratos inferiores de las fuerzas armadas. Esto servirá para neutralizar a la camarilla militar reaccionaria y para desarrollar la influencia de la clase obrera entre los uniformados. La experiencia de Malvinas ha demostrado de un modo definitivo las limitaciones insalvables de la burguesía nacional y del propio ejército que es su brazo armado. La derrota militar ante la flota anglo- yanqui estuvo determinada de antemano por la capitulación política del régimen militar y del conjunto de los partidos patronales ante el imperialismo. Las tentativas diplomáticas actuales para recuperar Malvinas encubren concesiones inminentes al imperialismo anglonorteamericano. La solución diplomática que se reclama, tanto desde la UCD (que propugna la reanudación de las relaciones con Gran Bretaña) como del Fral (que plantea el cumplimiento de la resolución de la ONU en favor de una solución negociada), conducen todas a la entrega de la soberanía nacional. No pueden haber soluciones bélicas o diplomáticas verdaderamente nacionales en el marco del sometimiento actual del país. El Partido Obrero plantea que el único camino que permitirá la reconquista de la soberanía territorial es la unidad de los obreros y campesinos de América latina, es decir, la unidad socialista latinoamericana. Esta unidad aislará mortalmente al imperialismo mundial y permitirá acabar con su intromisión. La “hipótesis de conflicto” de un gobierno de trabajadores será la lucha latinoamericana contra el opresor nacional. Votar por el Partido Obrero A las elecciones del 6 de setiembre se presentan un conjunto de partidos. Tenemos, primero, a la derecha reaccionaria y proimperialista de la UCD, que levanta por programa el sometimiento nacional, la militarización de los trabajadores, la reducción del nivel de vida de la población laboriosa y la destrucción de sus organizaciones. Este es el bloque de la contrarrevolución abierta. En segundo lugar, tenemos al gobierno radical y al partido justicialista, unidos en el gabinete ministerial y dispuestos a formar un gobierno de coalición después de las elecciones. El programa de estos dos partidos principales de la burguesía nacional ha sido ejecutado a “grosso modo” por Alfonsín, en términos de pago de la deuda externa, subsidios al capital, sometimiento al FMI, hundimiento de los salarios y jubilaciones, entrega a precio vil de las riquezas y patrimonio nacionales. Esta política expresa, no las tendencias "modernizantes” que tendría el capitalismo, sino el completo parasitismo de éste. Radicales y justicialistas luchan por la conquista del apoyo de la misma clase social: los “capitanes” de la industria, el latifundio y la banca. Ambos están de acuerdo con las privatizaciones, con el pago de la deuda mediante entrega del patrimonio nacional, con la "apertura” de la economía y con la pauperización salarial — como lo demuestra el completo entreguismo de la CGT. La UCR y el PJ llevan adelante, dentro de las posibilidades de la actual situación, la política que la UCD solo podría ejecutar en un 100 % con otro golpe videliano. Tanto la UCR como el PJ marchan unidos a partidos y hombres de la dictadura videliana; los Manrique y partidos provinciales, en un caso, los Cavallo, los Anchorena o los Cirigliano, en el otro. Entre estos partidos “constitucionales” y las instituciones de la dictadura, la línea divisoria es muy fluida. Los principales candidatos del PJ (Cafiero, De la Sota, Di Tella) fueron hombres de Isabelita, del navarrazo y del FMI. El fracaso completo de la política oficial para promover una reactivación de la economía o para conseguir un aligeramiento del peso de la deuda externa, ya está llevando a un rodrigazo, el cual obligará a una lucha defensiva de vida o muerte a los trabajadores. La integración de un burócrata sindical justicialista al gabinete, apoyado por la CGT y Ubaldini, ha acentuado la ofensiva antipopular, lo que desnuda el carácter completamente reaccionario de la coalición radical-justicialista y de la burocracia. Radicales y justicialistas actuaron en común en semana santa, de la mano del embajador yanqui, en el crimino que llevó a la obediencia debida. En un tercer bloque se agrupan diversos partidos de izquierda, los cuales son naturalmente mirados por los activistas como los que podrían marcar una dirección consecuente para la lucha de los trabajadores. Pero este bloque de la izquierda está dividido en tres sectores. De un lado están el PI y el Fral. Estos firmaron las “actas democráticas” en semana santa, que definían el acuerdo entre el gobierno y el movimiento militar derechista. Tanto el PI como el Fral quieren, ante la crisis peronista, reconstruir el movimiento nacional bajo dirección burguesa. La prueba de esto es el intento efectuado por el PI para formar un frente con Cafiero y la presencia en el Fral de hombres que firmaron ese acuerdo entre el PI y Cafiero (luego frustrado). Después de haber suscitado una gran ilusión en sus posibilidades, el PI se ha hecho literalmente polvo, demostrando con ello que la pequeñoburguesía no puede liderar un movimiento autónomo, o tercera vía, entre la clase obrera y la gran patronal. En el caso del Fral, se trata de un frente artificial, organizativamente manipulado por el PC, empeñado fundamentalmente en impedir una evolución revolucionaria de la izquierda y del activismo sindical y juvenil. El XVI° Congreso del PC no significó una ruptura con el stalinismo, es decir, con la burocracia contrarrevolucionaria que llevó al PC a remolque de la burguesía y aun del imperialismo. En los programas del Pl y del Fral no se plantea un gobierno de trabajadores, lo cual quiere decir que conciben la emancipación nacional bajo un régimen burgués. Tanto el PI como el Fral tienen en su seno sectores potencial mente antiobreros y antisocialistas, que han carnereado, por ejemplo, las huelgas no docentes desde la FUA y que integran la burocracia sindical. En este bloque no fue aceptado el Mas, a pesar de que éste no discrepa con el programa del P! ni del Fral y que tampoco considera una divergencia de principios el que el PI y el Fral hayan firmado con el imperialismo las "actas democráticas” de semana santa. Entre el Mas, de un lado, y el Pl-Fral, del otro, no hay una diferencia política sino burocrática. El PO representa a los militantes de la izquierda que luchan por la independencia de la clase obrera, por un frente antiimperialista dirigido por la clase obrera, por la confiscación del imperialismo y del gran capital, por la unidad socialista de América latina, por un gobierno de trabajadores y por la revolución socialista. Un amplio sector de la izquierda y de los activistas sindicales combativos han formado en provincias, ciudades y barrios un frente de trabajadores con esas banderas. Solo por la vía de desplazar a la burguesía y formar un gobierno de trabajadores se podrá liquidar al aparato represivo, enjuiciar y castigar a los responsables del genocidio, conquistar la independencia nacional, terminar con la oligarquía terrateniente y con la “patria financiera” y conquistar realmente la democracia. ¡Compañeras y compañeros trabajadores, unámonos en una campaña electoral obrera independiente para conquistar el voto consciente y masivo de los trabajadores!