La derrota de la huelga de la construcción de Neuquén nos exige un balance contundente y claro, si queremos reponernos rápidamente de esta derrota y si queremos evitar que nos vuelva a ocurrir lo mismo. Aquí hubo direcciones sindicales y fuerzas políticas que vehiculizaron las presiones y los intereses patronales, lo cual tenemos que desnudar para que el sacrificio de lucha de los trabajadores no sea dilapidado.
Un frente contra la huelga
Desde los radicales y el sapagismo hasta el peronismo renovador y la JDP, pasando por la burocracia sindical, hubo un frente político específicamente patronal contra la huelga. Pero hubo otro frente que se hizo vehículo de la política patronal, compuesto por la dirección de la Seccional y por la izquierda democratizante, sin cuya colaboración la huelga nunca habría sido derrotada.
El Ministerio de Trabajo, en manos de la UCR, y la burocracia derechista aliada a Farías, plantearon la conciliación obligatoria en Piedra con la patronal de Ucasa, cuando se hacía imperioso para el interés de los capitalistas impedir que Piedra y el resto del gremio salieran juntos a la lucha. Pero la aceptación de esta conciliación tramposa y traidora solo fue posible porque contó con el apoyo de la dirección neuquina de la UOCRA y la “izquierda”. El P.O. se opuso enérgicamente a ella, y advirtió a los trabajadores sobre sus consecuencias. Hoy, la patronal de Ucasa se niega a reincorporar a la Comisión Interna de Piedra y ni hablar del 20 % —promesas con las que había inducido a la conciliación.
El sapagismo impuso y logró que la olla de Piedra quedase aislada en Cipolletti y volvió a enviar sus gendarmes para impedir que la olla de la UOCRA funcionase en el lugar "histórico” de la huelga del 84. Radicales, sapagístas, Intransigentes, peronistas renovadores y la JDP resucitaron la “Multipartidaria" al solo fin de derrotar la huelga. Su programa lo definió mejor que nadie el dirigente del PI rionegrino: "cuando peor estén los huelguistas, mejores condiciones para la negociación."
Todos estos partidos responden a la patronal. Tienen un solo programa, es mentira que representen alternativas diferentes, no digamos ya opuestas. No quieren un movimiento obrero en pie, sino un ejército de esclavos. El monopolio político de estos partidos. hoy presentes en el Ejecutivo o en el Parlamento, estrangula al movimiento obrero.
La ausencia de una dirección consecuente
Pero el Frente patronal y burocrático contra la huelga no podría haber logrado sus objetivos si no hubiese tenido el auxilio de la dirección encabezada por Selesky y por la llamada “izquierda”
Hablan los hechos:
— La huelga de la Uocra Neuquén fue largamente anunciada sin que nunca se tomaran medidas concretas para prepararla. Cuando estalló el conflicto de Piedra y después de varios días de dilaciones, el plenario de delegados, empujado por el activismo, impuso a la dirección fechas ciertas para las medidas de lucha.
— Durante los veintitantos días que duró la huelga de Piedra el conflicto se mantuvo al margen de la Uocra Neuquén, llegando al extremo de poner la olla en Cipolletti para no malquistarse con Sapag, que no quería que los huelguistas coparan el centro de Neuquén.
— La dirección sindical y la “izquierda” apoyaron la conciliación en Piedra, levantando la huelga y dando de entrada un duro golpe a la huelga general de la Uocra Neuquén.
— Existió una campaña de estos sectores contra los piquetes en función de alguna solución de "arriba”, al punto que sacaron una “carta abierta” lamiéndole el sobaco a Sapag y presentándolo como un amigo de los trabajadores. (El Mas dedicó su prensa a atacar a mansalva a los piquetes). Lo más grave de todo: la dirección del conflicto —comisión directiva y comité de huelga cedieron al Ministerio de Trabajo con un levantamiento en frío que se transformó en derrota, cuando la huelga se mantenía firme.
La responsabilidad de la directiva de la UOCRA y de toda la izquierda democratizante (JDP, Mas y PC) funcionó en bloque. Fue este bloque el que se opuso en principio a la huelga indefinida, el que llamó a levantar en Piedra “porque se había ganado una primer batalla” y el que boicoteó los piquetes de huelga llamando a no presionar, sino a “esclarecer”. En este bloque dominó su tendencia a mantenerse en un terreno político común con la patronal y sus partidos, traicionando a los trabajadores.
Por una nueva dirección, por un frente de trabajadores.
La primer tarea de la vanguardia del gremio es no solamente reconocer claramente a éste polo político representado por los partidos burgueses y sus agentes (los burócratas corrompidos de Farías) sino por sobre todo reconocer al otro polo político, constituido por una dirección inconsecuente y capituladora y por la izquierda democratizante, del cual no puede esperar ninguna clase de victorias, decisivas. La corriente seleskista fue la que más lejos llegó en su ruptura con la burocracia y las corrientes patronales, esto si consideramos al conjunto de direcciones sindicales antiburocráticas surgidas en los últimos años. Pero los hechos demostraron que, a pesar de haber integrado el “Frente de Trabajadores” de Neuquén, fue incapaz de evolucionar de un modo revolucionario y de romper con la escoria radical que le viene desde que formó la Naranja con el Mas, en 1985. El P.O. señaló claramente sus críticas a esta Comisión Directiva en oportunidad de su política frente a la huelga de Piedra del año pasado y de la oposición que desarrolló a la Marcha de Piedra sobre Neuquén.
Su política en la reciente huelga general es una acentuación de aquella tendencia capituladora. Ha fracasado la tentativa de poner en pie una dirección sindical independiente al margen del partido revolucionario.
El eje del movimiento obrero de la UOCRA pasa ahora por la vanguardia que luchó por la victoria de la huelga general, es decir, por el reagrupamiento de esa vanguardia combativa. El P.O. llama a los activistas a asimilar las conclusiones políticas de la derrota, incorporándose al P.O., formando una agrupación sindical clasista y retomando las banderas del Frente de Trabajadores —como un factor de agrupamiento de los explotados contra los partidos patronales en las próximas elecciones.
La cuestión capital: la independencia política de la clase obrera está más planteada que nunca, como se ha podido ver, precisamente, en la dependencia política de la dirección sindical y de la izquierda respecto al Estado patronal y sus partidos, y en la ausencia de una organización política de masas de la clase obrera.
El Frente de Trabajadores puso en Neuquén, hace dos años, la primera piedra de esta tarea. Ahora llamamos a todos los seguidores del Frente y a todos los nuevos activistas a darle un impulso mayor y decisivo.