Hemos señalado ya en otras oportunidades que el Cordobazo fue una rebelión popular contra la dictadura proimperialista de Onganía y marcó la irrupción revolucionaria de la clase obrera en la política nacional. Una cuestión que ha sido menos analizada es el papel que tuvieron en estos acontecimientos los distintos agolpamientos del movimiento sindical de entonces, y en particular la CGT de los Argentinos. La vanguardia obrera cordobesa El patrimonio de la concepción del Cordobazo debe ser otorgado a ese fenomenal laboratorio político de la clase obrera de fines de la década del ’60 que eran las grandes plantas automotrices cordobesas (y en particular la planta de Santa Isabel de la IKA- Renault). En la vanguardia del gremio había ¡do madurando a lo largo de muchos meses la idea del paro activo. Esa convicción fue ganando terreno durante todo 1968: el 28 de junio de ese año (aniversario del golpe), los trabajadores de Perdriel abandonaron la planta y participaron activamente de la lucha callejera en el barrio estudiantil del Clínicas; el 16 de agosto siguiente durante un paro del SMATA, los trabajadores de Santa Isabel se defendieron violentamente de los ataques policiales. Durante todo este periodo, la situación en las plantas mecánicas era de una extraordinaria tensión. La patronal tenía un plan de más de 1000 despidos, por eso los paros, asambleas y quites de colaboración eran constantes. La presión de esa numerosa y aguerrida vanguardia fabril se hacía notar en la vida sindical del SMATA cordobés dirigido por el vandorista Elpidio Torres, en las asambleas en puerta de fábrica y en los plenarios de delegados con barra. Un conjunto de conflictos provinciales fueron preparando el terreno para el estallido. Los metalúrgicos habían comenzado en diciembre del ’68 una serie de paros reclamando el cumplimiento de las cláusulas del convenio del ’66 que eliminaban las "quitas zonales” (menores salarios que se pagaban en el interior) y que afectaban sobre todo a Córdoba. También el gremio de UTA, que venía de un gran reflujo desde 1962 (privatización del transporte), paró el 5 de mayo reclamando el reconocimiento de la antigüedad de los choferes, lo que sorprendió a los cordobeses por su masividad. A esto hay que agregar las denuncias de corrupción, especialmente en medios policiales (caso Valinotto, “brigada fantasma") y las luchas y movilizaciones estudiantiles. La oportunidad de esa prueba de fuerza que la vanguardia obrera venía madurando se dio a mediados de mayo. El 9, el gobierno dio a conocer aumentos en el transporte y artículos de primera necesidad; tres días más tarde derogó por decreto el régimen de “sábado inglés” que regía en cinco provincias, entre ellas Córdoba, lo cual significaba una rebaja del 9,1 % de los salarios. La asamblea mecánica del 14 en el Córdoba Sport, prohibida por el gobierno, se convirtió en el ensayo del cordobazo. Durante varias horas, 5.000 trabajadores enfrentaron a la policía en el centro de la ciudad. Para el día siguiente estaban previstos los paros metalúrgicos, de UTA y del SMATA. En el curso del día se plegaron los demás gremios y el 16 la huelga fue general. Durante la semana siguiente el epicentro se trasladó a Rosario. El 21, en una batalla campal, miles de estudiantes y jóvenes trabajadores obligaron a la policía a retroceder. Pese al estado de emergencia que el gobierno decretó ese mismo día, el paro general convocado para el 23 por la intersindical rosarina (integrada por vandoristas, ongaristas y no alineados) fue impresionantemente masivo. Contra su dirección, pararon las bases del otro sector burocrático los participacionistas. El 22 de mayo, un plenario de delegados del SMATA cordobés, con numerosa barra, aprobó la realización de un paro callejero para la semana siguiente, que fue asumido después por las dos CGT cordobesas. Posteriormente, las centrales nacionales de Azopardo y Paseo Colón, vandoristas y ongaristas, coincidieron en declarar un paro de 24 horas para el viernes 30. Córdoba lo comenzaría el jueves a las 11 horas. El martes 27, en Tucumán, estudiantes y trabajadores disputaron las calles durante horas con la policía. Las condiciones para el Cordobazo habían madurado. La iniciativa general de los acontecimientos correspondió a los mecánicos de Córdoba. Vandorismo y ongarismo ante del cordobazo... En junio de 1966, Perón y la burocracia impulsaron la “expectativa esperanzada” en el régimen de Onganía. Esta política entró tempranamente en crisis con la ofensiva dictatorial sobre ferroviarios, azucareros y portuarios a fines del 66. La CGT, dirigida por el vandorismo, improvisó un plan de lucha que culminó con el fracaso del paro general del 1o de marzo de 1967. La dictadura acentuó su dispositivo represivo, intervino sindicatos y suspendió la personería de otros (entre ellos la UOM). Después del 1° de marzo el vandorismo entró en una impasse. El gobierno impulsó la constitución de un bloque adicto, los “participacionistas”, con los cuales pretendió montar un Congreso normalizador de la CGT para fines de marzo de 1968. Pero le fallaron los cálculos: los participacionistas, ante la evidencia de que serían minoría, no concurrieron y la conducción fue asumida por el bloque burocrático más ligado a Perón, con Ongaro como secretario general. Los vandoristas en minoría se retiraron, y formaron la CGT de Azopardo junto a los participacionistas. La CGT surgida de Congreso Normalizador fue denominada “de los Argentinos” y contaba con el apoyo de Perón, los radicales, el PC y la naciente izquierda foguista. El vandorismo, sin embargo, procuraba liderar la oposición al gobierno. En esto influyeron los reiterados intentos de éste de constituir su propio aparato sindical. Los choques dentro del gabinete y de las cúpulas militares alentaron en el vandorismo la expectativa de que podrían ascender al ministerio de economía sus aliados “desarrollistas”. Esta evolución favorecía un bloque Vandor-Perón. Ambos se entrevistaron en octubre de 1968 y acordaron la reconstitución de las 62. La primera consecuencia de este acuerdo fue una incesante sangría de los sindicatos de la CGTA: a fines del 68 y principios del 69 la abandonaron los ceramistas, sanidad, Gas del Estado, La Fraternidad, los ferroviarios de Pepe, ATE, UPCN, los portuarios (intervenidos), calzado y los telefónicos de Guillán. Este “sindicalista de la liberación” (que tanto atrajo a los stalinistas) se pasó en 1968 al vandorismo como ahora lo ha hecho con “los 15” de Alderete (El PC no aprende nada). De las dos seccionales metalúrgicas antivandoristas Matanza abandona la CGTA y Córdoba (Simó) se acerca a Vandor, quien pasa a dirigirlos plenarios de delegados cordobeses por las “quitas zonales” junto a Calabró. Hacia fines de 1968 la CGTA había quedado reducida a un puñado de sindicatos. El 31 de enero de 1969, ante el llamado, de Onganía a la burocracia sindical a romper con Perón, las 62 le respondieron de inmediato con una solicitada que reivindica su carácter peronista. La CGTA se había resignado a ese rol subordinado. Criatura de Perón, se desinflaba con el cambio de alianzas de éste. En los últimos meses de 1968 y comienzos de 1969, grandes plantas como Peugeot, Good Year y más tarde Citroën realizaron vigorosas luchas sin que la CGTA intervenga. Durante octubre y noviembre, los petroleros de Ensenada (afiliados a la CGTA) resistieron mediante una heroica huelga el ataque a sus condiciones de trabajo y los despidos masivos. La huelga se transformó en una causa nacional. Pero la dirección ongarista no tomó ninguna medida de solidaridad, ni siquiera lo hizo la regional platense qué estaba bajo su liderazgo. Una conducta similar protagonizará en el verano del 69 durante la huelga de Fabril Financiera (otro sector ongarista), que duró más de dos meses, mientras las publicaciones de ésta eran editadas, por otros talleres gráficos, contrariando la tradición del gremio. El protagonismo del bloque vandorista en el movimiento de la UOM por las “quitas zonales", le permitió retomar el control de la rebelde seccional cordobesa. También el SMATA y la UTA de Córdoba estaban enrolados en el vandorismo; éste también tuvo la iniciativa en el paro rosarino del 23 (propuesto por la UOM), donde obtuvo la mayoría en la regional. Pocos días antes del Cordobazo, Vandor se entrevistó con Tosco, Torres, Simó y Afilio López (UTA). Fue entonces que la CGT vandorista declaró un paro para el 30 de mayo en todo el país. Queda claro entonces que la pretensión de los apologistas de la CGTA de que ésta hubiera jugado algún rol relevante en la gestación y desarrollo del cordobazo, es una completa impostura. El cordobazo fue concebido y protagonizando por la aguerrida vanguardia obrera mecánica cuya evolución política estaba entonces en pleno desarrollo. La dirección ongarista nada hizo para favorecerla. Más aún, los ongaristas de Córdoba siguieron durante todos los movimientos de lucha del 68 y 69, una cuidadosa política de “no injerencia" en los asuntos internos del SMATA, para mantener el franeleo con el vandorista Elpido Torres. Dentro de las propias corrientes burocráticas, fue el vandorismo y no la CGTA quien jugó un rol protagónico, porque había fijado una estrategia en relación a la crisis de la dictadura y en función de ella se dispuso a desviar el movimiento en su beneficio. La CGTA actuó sin pena ni gloria, al estilo de los pequeños burócratas que se resignan a su rol de segundones. Careció de iniciativa, lo que le era propio desde su nacimiento. En su efímera existencia la CGTA fue instrumento de Perón, a quien siguió cuando el "líder” ordenó su vaciamiento. ...y después del cordobazo La jornada del 29 de mayo superó las previsiones de todos los sectores, quienes se encontraron con que los trabajadores habían derrotado a la policía y habían ocupado el centro de la ciudad sin que ninguna dirección sindical tuviera prevista ni diera la más mínima respuesta a esta situación. Como decía PO N° 53 de junio de 1969: “La policía de Córdoba en menos de un año apaleó a todas las clases sociales de la ciudad; el 29 de mayo la casi totalidad de la ciudad apaleó a toda la policía”. El ejército hizo su entrada con demora, de modo de sacar tajada en la crisis política para la fracción Lanussista (comandante del ejército), uno de cuyos hombres, Carcagno, jefe de la guarnición cordobesa, a los pocos días reemplazó al gobernador Caballero, hombre de Onganía y puntal de la política corporativista. Al momento del cordobazo la impasse del régimen era fenomenal y había grandes enfrentamientos en el gabinete, en las fuerzas armadas y en las propias asociaciones burguesas. La oligarquía agraria no andaba bien por entonces con Krieger Vasena, a quien criticaban los impuestos a las exportaciones agropecuarias. Una consecuencia de esto fue el apoyo que dio a la movilización estudiantil en Rosario y Corrientes (ver la Capital de Rosario) y antes en Córdoba (ver La Voz del Interior). ¿Aprovecharía la CGTA el cordobazo para retomar la iniciativa perdida? Nada de eso. Cuando todo el activismo cordobés y del interior esperaba la continuidad de las medidas de lucha, la CGTA se reunió el 3 de junio y resolvió... pasar a cuarto intermedio hasta el 11. También la regional cordobesa dejó pasar el tiempo, solo ante una intensa presión del SMATA se vio forzadas declarar un nuevo paro para el 16 y 17. La tensión en la ciudad era enorme. La dictadura había reestructurado en el ínterin el gabinete (Dagnino Pastore había reemplazado a Kreiger Vasena) y nombrado al general Carcagno interventor militar en Córdoba, quien decretó feriado para el 16. ante lo cual la regional levantó el acto. Miles de trabajadores se movilizaron igual en las concentraciones improvisadas en los barrios. El 1° de julio de 1969 la CGTA lanzó por la suya un paro de 24 horas que fue cumplido por muchos trabajadores a pesar de la deserción del 90% de la burocracia. Pero fue el canto del cisne del ongarismo. La reorganización de las 62 progresó rápidamente. Vandor no alcanzó a verlo pues fue asesinado por un comando guerrillero el 30 de junio de 1969. Pero el vandorismo, aliado a Perón, retomó el control de las regionales cegetistas. Rosario, que ya contaba con mayoría vandorista cuando el cordobazo se negó a apoyar el paro del 10 de julio, y amenazó con sanciones a los 13 gremios que estaban dispuestos a cumplirlo. En un plenario de la regional Córdoba realizado el 25 de julio, el vandorismo obtuvo por primera vez la mayoría y pocos meses después Elpidio Torres fue encumbrado su secretario general. La reunificación de la burocracia alrededor de las 62 fue un fenómeno defensivo frente a la irrupción antiburocrática que se multiplicaba a medida que nuevos contingentes de trabajadores se iban sumando a la lucha. En el seno de la vanguardia obrera la experiencia comenzada en el cordobazo, estaba lejos de haber culminado. La CGTA se agotó rápidamente. Fue el más alto nivel alcanzado por el llamado “sindicalismo de liberación”, lo que demuestra su completa inviabilidad. Estuvo a la cabeza de la CGT en oportunidad de un movimiento de envergadura histórica, pero esto no lo hizo superar sus limitaciones. Estuvo a espaldas de las masas que revolucionaban el país. La tesis de la “liberación" fue esgrimida para justificar las componendas burocráticas y el sometimiento a Perón. Decir que fue incapaz de superar su letargo pese al soplo vivificante del cordobazo, es tenderle una lápida definitiva. El cordobazo no canceló las luchas políticas de tendencias y de partidos; cuanto más intensos eran los acontecimientos, mayor era la dependencia de éstos de la estrategia política de sus protagonistas. Los vandoristas asumieron más claramente la estrategia de la burguesía e intervinieron desde los prolegómenos para expropiar a la vanguardia obrera y llevar a los trabajadores al Gran Acuerdo Nacional. El cordobazo creó la teoría de que lo que importaban eran “hechos políticos" no la estrategia, es decir, que impulsó el empirismo pequeño burgués. “Desbordar a los aparatos" se convirtió en teoría política. El foquismo fue expresión de esta tesis, y concluyó en una completa derrota política. El cordobazo es una lección que aún debe ser aprendida.