1890 — 1° de Mayo —1987 Redacción
En una etapa histórica en que las principales direcciones “obreras” del mundo se han pasado por completo al campo de la burguesía imperialista internacional, el 1° de mayo continúa presente como manifestación del internacionalismo- proletario que anida en el subconsciente de la clase obrera. No es casual, entonces, que esta jornada se transforme siempre en un punto focal de los acontecimientos que protagoniza la clase obrera y de su evolución política. Esto ha ocurrido así desde el mismo momento en que un congreso socialista en París resolviera que esta fecha fuera objeto de conmemoración y lucha internacionales. Es que simultáneamente con esta resolución se creaba la Internacional Socialista, una decisión que constituyó en aquella época un paso en la organización política independiente del proletariado mundial. El 1° de mayo fue a partir de entonces una jornada de protesta contra el capitalismo mundial, de unidad de los trabajadores como clase en torno a sus reivindicaciones inmediatas, de reconocimiento del carácter irreconciliable del antagonismo que opone al proletariado y al capital, y de lucha por la emancipación social de los explotados. El 1° de mayo se celebró en Argentina por primera vez en 1890, es decir inmediatamente después de la resolución internacional. Fue la primera manifestación política independiente de la clase obrera argentina, y tiene la importancia adicional de haber precedido por poco a la revolución del 90. Esta demostró muy tempranamente la incapacidad de la pequeña burguesía para desenvolver una acción consecuente contra el imperialismo, que también en aquel momento agobiaba a la nación con una brutal deuda externa. La acción obrera del 90 fue un antecedente en la formación del primer partido obrero de la historia nacional, el cual con todas sus limitaciones tuvo en ese período un significado revolucionario, precisamente porque denunció las limitaciones insalvables de la recién fundada Unión Cívica Radical y porque llamó al proletariado a una acción histórica propia. La década del 90 se va a caracterizar por movilizaciones revolucionarias de los trabajadores, las que se expresaron en huelgas generales colosales. La masa de los trabajadores se va a separar de la cúpula del Partido Socialista que se aburguesa con la reencontrada prosperidad del inicio de siglo. A las movilizaciones huelguísticas de 1902 y 1904 le seguirá la gran huelga y manifestación del 1° de mayo de 1909, cuya represión provocará 8 muertos y 40 heridos y que será seguida por una huelga general de cinco días. El 1° de mayo de 1910 se hará bajo estado de sitio y el asalto policial preventivo de los locales obreros y sindicales. Luego del reflujo provocado por estos acontecimientos tendrá lugar una firme recomposición del movimiento obrero, el cual se expresará en la huelga general de enero de 1919. Las con-secuencias de esta “semana trágica” serán duraderas, tanto en lo relativo al retroceso de la clase obrera como al asentamiento de una burocracia sindical. La colaboración de la CGT con el golpe del 30 será la primera manifestación contrarrevolucionaria de la historia de la burocracia sindical. Sin embargo, su ala “izquierda" (un sector del PS y PC) promueve una escisión y, en 1936, decide celebrar el 1° de mayo junto a la patronal, con la UCR y la democracia progresista. Se levanta así una tribuna de colaboración de clases que constituirá un antecedente directo de la proimperialista Unión Democrática de 1945. El día dé los trabajadores se conjuga con los acontecimientos políticos que vive la clase obrera, en este caso protagonizando una acción que la va a llevar, a término, a una enorme frustración política. A partir de la victoria de Perón, la evolución del proletariado sufrió un viraje agudo, pues pasará a transitar bajo el tutelaje del estado. Los sindicatos perderán su independencia, lo cual no quiere decir que cese la lucha obrera. Los 1° de mayo, sin embargo, serán celosamente preservados por el Estado como una manifestación no clasista de la clase obrera. Nunca se logrará, sin embargo, convertirla en una jornada corporativa de alianza entre los obreros y los patrones. En el subconsciente colectivo de las masas, el 1° de mayo seguirá siendo en todo este período una movilización autónoma de la clase obrera. La característica marcante a partir de 1955 va a estar constituida por la completa falta de voluntad de la burocracia sindical por celebrar el 1° de mayo, el cual es prohibido en muchas oportunidades. En 1957, sin embargo, se va a producir un hecho importante, casi nunca mencionado por los historiadores noveles: el acto en Plaza Once de una efímera Intersindical. Este movimiento va a constituir una tentativa de montar un sindicalismo independiente y combativo que supere el colaboracionismo clasista de la burocracia peronista que va a constituir las 62 organizaciones. El 1° de mayo de 1958 estará rodeado de una gran expectativa: que los sindi-catos retomen la CGT por la fuerza, aprovechando la salida de Aramburu- Rojas y el ascenso de Frondizi. No ocurrirá nada, pues la burocracia sindical pacta con éste la Integración de los sindicatos al Estado (ley de asociaciones profesionales). En los años sucesivos, los 1° de mayo serán prohibidos por el Estado y saboteados por la burocracia sindical. En 1964, una floja concentración cegetista casi termina con el derrumbe de la tribuna por la protesta de los manifestantes. En 1968, el 1° de mayo es celebrado por la CGT de los Argentinos, dirigida por Ongaro, Guillán, De Luca, pero se caracterizará más que nada por la notable presencia estudiantil. La pretensión de la izquierda peronista de liderar el movimiento sindical fracasará miserablemente, de un lado porqué la burocracia se pasará al vandorismo y de otro lado porque el ongarismo, atado a Perón, será incapaz de dar una perspectiva independiente y de largo plazo al movimiento obrero. Llama la atención la ausencia de grandes 1° de mayo con posterioridad al cordobazo, cuando sin embargo se abre un período de características revolucionarias. La causa de ello reside quizás en la falta de características políticas independientes de la vanguardia sindical que surge en esa etapa. La enorme combatividad estaba frenada en su evolución política por la ausencia de un planteamiento de construcción de un partido propio de la clase obrera. De ahí esa gran contradicción entre el movimiento gigantesco de la clase obrera de la época y el enanismo de sus movilizaciones independientes, afectando a los 1o de mayo que, necesariamente, debían realizarse con una plataforma política opuesta a la burocracia sindical. Un 1° de mayo que marcaría la evolución política subsiguiente es, indudablemente, el de 1974, cuando los Montoneros se retiran de la Plaza de Mayo ante un ataque de Perón. El carácter de los dos protagonistas de la Jornada ya nos está diciendo que la clase obrera no jugaba un rol propio, que ésta estaba tironeada por dos alternativas extrañas y que su evolución política independiente se encontraba en su punto más bajo. Esta jornada del 1o de mayo en 1974 estaba subjetivamente copada por adversarios y enemigos históricos del proletariado. La impotencia descomunal de estas dos variantes, que sin embargo pretenden encarnar el futuro liberador de las masas, quedó demostrada poco después cuando fueron incapaces de hacer frente al golpe militar, y con ello quedaron barridas de la escena histórica. Los 1° de mayo que vivimos en la actualidad están dominados claramente por la tentativa más profunda, aunque todavía no la más masiva, de poner en pie un partido obrero independiente. En torno al Partido Obrero se concentra toda una evolución histórica del proletariado argentino y del propio país. Los actos del 1° de mayo están dominados por la izquierda, lo cual quiere decir, que aún deformadamente son expresión de una nueva oportunidad política. Se verifica el hecho extraordinario de que las tentativas pequeño-burguesas y aún nacionalistas, como es el caso del Frepu, fracasan con rapidez, no dan lugar a la posibilidad de un fenómeno que estrangule la evolución independiente y revolucionaria de los trabajadores. En los recientes acontecimientos militares, toda esa izquierda firmó las “actas democráticas” que las compromete a la defensa del orden existente e incluso al rescate del militarismo. La importancia de haber anticipado que esta sería la evolución del Frepu, le ha dado al PO una gran autoridad. Conjugando la experiencia de todas las generaciones obreras que nos precedieron, podemos decir que estamos viviendo los acontecimientos culminantes de la historia del proletariado.