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Prensa Obrera N° 1521

27 de septiembre de 2018 · 10 notas

Notas de este número

27 de septiembre de 2018
Caputo o la fuga del “mago”

Si el primer acuerdo con el FMI terminó en un completo fracaso, el segundo ha debutado con una crisis política. La renuncia de Luis Caputo al Banco Central no es una anécdota ni una pelea. Concentra todos los elementos del derrumbe económico macrista. Caputo comandó las operaciones de endeudamiento del gobierno en favor de los fondos especulativos. Lo hizo bordeando los dos lados del mostrador, como lo demostraron las revelaciones sobre su participación como socio o apoderado de esos fondos en paraísos fiscales. La última de estas operaciones fue gestada en ocasión del primer acuerdo con el FMI. Entonces, Caputo convenció a varios de los principales fondos especulativos del mundo -Templeton, BlackRock, Pimco- a traer fondos a la Argentina, bajo el señuelo de que el acuerdo aseguraría una estabilidad cambiaria y -con tasas de interés del 45%- rendimientos jugosos en dólares, al menos por un período. De este modo, el propio Caputo quiso prolongar la vigencia del ciclo de endeudamiento macrista, el cual había sido fulminado, por un lado, por la suba de las tasas de interés en Estados Unidos y, por el otro lado, por el propio hipotecamiento de la economía nacional. Pero la promesa de Caputo a sus ¿ex? socios resultó un fiasco: en apenas dos meses, el dólar subió de 24 a 40 pesos, dejándole a los especuladores un tendal de pérdidas millonarias si decidían recomprar sus divisas y dejar el país. Caputo intentó, entonces, contener la evolución del dólar para aminorarle a los fondos los daños de una salida de Argentina. Y lo hizo a costa de una nueva sangría de divisas: la “estabilidad” cambiaria de las últimas semanas se sostuvo sobre la venta de 200 a 300 millones de dólares por día. Caputo -¡y Macri!- aspiraban, en última instancia, a recrear un nuevo financiamiento internacional y darle aliento a un régimen en terapia intensiva. Naturalmente, y para que esta operación prosperara, había que arrancarle al FMI un acuerdo “generoso”, con fondos para asegurar el pago de la deuda, pero –también- para estabilizar a la moneda. Sin embargo, el FMI les cortó el rostro: el “gran” anticipo de fondos del organismo será menor al anunciado. El FMI sólo auxilia para el pago de los vencimientos de deuda. Por lo demás, ha ratificado que el valor del dólar debe “fluctuar libremente”, o sea que la desvalorización del peso –y, por lo tanto, de los salarios y jubilaciones- debe ir tan lejos como lo indique la bancarrota argentina. Macri aprovechó su viaje a Washington para lanzar su candidatura a la reelección. Los anfitriones lo aplaudieron, pero -a través de Lagarde- le hicieron ver que primero deberá rescatar a los acreedores de Argentina. El régimen político deberá adaptarse a esa exigencia, y no al revés. El FMI exige que la cicuta del rodrigazo sea bebida hasta el final. Crisis mundial Sus colegas del gabinete macrista calificaban a Caputo como el “mago”, por su capacidad para articular operaciones de financiamiento exterior. La más reputada fue la del bono a cien años, que una columnista del Financial Times caracterizó entonces como parte de “una burbuja” (ver en Prensa Obrera, 23/6/17, “Caputo Kaputt”). Se refería a la ola especulativa montada sobre los mercados “basura”, a partir de los capitales sobrantes generados por la emisión de moneda de los principales bancos centrales del mundo. Pero la magia se terminó: el ciclo de especulación e hiperendeudamiento de los llamados “emergentes” está agotado. El capital internacional refluye al ‘centro’ y deja una hipoteca que exige cobrar a costa de un salto fenomenal en las condiciones de explotación y de una amplia recolonización económica. El nuevo escenario de la crisis mundial amplifica en Argentina los choques entre las clases sociales y plantea, con más fuerza aún, la necesidad de una reorganización económica y política a costa del capital.

27 de septiembre de 2018
Los próximos desafíos del movimiento estudiantil

Las elecciones de Exactas confirmaron que la rebelión educativa creó un nuevo cuadro en la universidad, donde la izquierda se ganó un lugar como la expresión más consecuente en la lucha contra el ajuste. Sólo así se explica el salto de la Izquierda en Exactas (PO+IS) que nos dejó a 27 votos de ganarle la conducción del Centro de Estudiantes a La Mella y un crecimiento de 7 puntos respecto de la elección anterior. Los resultados de Exactas ofrecen una imagen precisa del impacto que tuvo la lucha en el proceso electoral. En la urna del lunes 3 de septiembre, nuestra lista había obtenido el 26% de los votos. Ese día una asamblea estudiantil votó la toma de la facultad y la suspensión de la elección, que se retomó el lunes 17. En el medio, no sólo atravesamos una ocupación de una semana, grandes asambleas, cortes de calle y festivales, sino también la traición de los sindicatos K que entregaron la paritaria docente. En esas dos semanas, los estudiantes de Exactas tuvieron la oportunidad de constatar el papel de cada corriente en la lucha contra el gobierno y el resultado fue un vuelco hacia la izquierda. El FEM-La Mella, después de un fallido intento de polarización con La Cámpora, se subió al carro de Feinman y Clarín e hizo gala de macartismo. Que finalmente hayan podido retener el Centro con una campaña anti-izquierda muestra, de un lado, la base reaccionaria de su corriente y, del otro, los límites de la experiencia de las últimas semanas que no terminó de envolver a la masa de la facultad. En cualquier caso, los enfrentamientos que se vienen serán una buena oportunidad para que más estudiantes agoten la experiencia con el kirchnerismo. Partimos para esta tarea con el apoyo de un tercio de la facultad y un potente reagrupamiento militante. Las elecciones que faltan Terminada esta primera tanda electoral, quedan cinco facultades por votar. En todas ellas, la UJS va a pelear por la conducción de los centros de estudiantes. En Filosofía y Letras, la lucha política es, de algún modo, similar a la de Exactas, aunque partimos de la situación inversa. Allí, el centro conducido por la izquierda fue un motor de la rebelión educativa ocupando la facultad por tres semanas con un programa de reivindicaciones estudiantiles. Allí enfrentaremos al Colectivo K, cuyo slogan es la ‘unidad contra Macri’ y apoya a una gestión que precariza a los trabajadores. En Psicología y Sociales, el procesamiento del balance de las tomas va a ser determinante en el resultado electoral. En Psico, la toma dividió campos. De un lado, se consolidó un bloque del activismo y la izquierda que se puso al frente de la lucha y, del otro, el EDI-Nuevo Espacio y el decano Biglieri que, con el apoyo de todos los alcahuetes del gobierno, salieron al ataque contra la movilización estudiantil. El frente de La Mella y Libres del Sur que conduce el Centro aparece presionado por estas dos tendencias, lo que llevó a que en la última asamblea ni siquiera tomaran la palabra. Nuestro planteo es un frente único de la izquierda y el activismo para recuperar el CEP. En Sociales, la única facultad que continúa ocupada, hay un proceso político riquísimo. La UES, luego de viabilizar el fraude macrista en la Fuba y defender al patotero Cristian Bay, está en la picota. Allí, la izquierda competirá con el kirchnerismo, que fue quien llevó a la UES al centro. En Fadu, donde las autoridades ya habían perdido las expectativas, el giro kirchnerista de La Corriente-CR volvió a poner el centro en peligro. Su insistencia en integrar a Nuevo Encuentro a la conducción, abandonando 17 años de independencia política, quebró al Centro de Estudiantes de Arquitectura y Diseños y divide al activismo. La UJS, actual vicepresidencia del centro, se puso al hombro la tarea de defender una lista independiente. Llamamos a los activistas del centro y a la izquierda a sumarse a esta pelea. Finalmente, queda Agronomía, donde vamos a pelear por una lista de todo el activismo que debata su programa y candidatos en asamblea y sea un canal para destronar a los derechistas de Línea de Agronomía Independiente y abrirle paso al movimiento estudiantil. La lucha que está dando la UJS por una dirección de lucha y aliada a los trabajadores para el movimiento estudiantil es parte de la pelea por derrotar el plan de guerra del FMI, Macri y los gobernadores, así como darle una salida a la crisis nacional.

27 de septiembre de 2018
[Editorial] Una caldera en ebullición

La adhesión que recogió el paro nacional muestra que Argentina se ha transformado en una caldera social a punto de ebullición. El retroceso del nivel de vida de la población trabajadora ha adquirido características dramáticas. En sólo meses, el salario mínimo vigente quedó reducido a 260 dólares, de los más bajos en América Latina. Millones de jubilados reciben sólo 220 dólares mensuales. Pero la ofensiva capitalista contra las masas laboriosas está lejos de haber concluido. El nuevo pacto con el FMI viene con la exigencia de una devaluación aún mayor, para desvalorizar todavía más los ingresos de los trabajadores. En estas condiciones se entiende que todos los partidos y políticos patronales, incluidos acá los burócratas sindicales de todo pelaje y la Iglesia, se hayan trazado la perspectiva de la defensa de la gobernabilidad de Macri. El kirchnerismo ha hecho punta en este sentido, con su campaña de que a Macri hay que derrotarlo… en las elecciones de 2019. Mientras tanto, le dejan el camino libre para avanzar con el ajuste pactado con los gobernadores y el FMI. Evitar la explosión La burocracia sindical concibió el paro como una maniobra de descompresión. Evitó imprimirle un carácter activo, ya sea por medio de piquetes o con una concentración multitudinaria en Plaza de Mayo. A este operativo se sumó, con una perfidia pocas veces vista, el ala disidente de la CGT comandada por Moyano y la Corriente Federal. Luego de anunciar que harían un paro de 36 horas con concentración frente a la Casa Rosada, la inmensa mayoría de los sindicatos decidió no parar. Los Moyano (padre e hijo) se bajaron de la lista de oradores del acto del 24, al que tampoco movilizaron al Sindicato de Camioneros. En estas condiciones, la jornada de 24 terminó siendo una acción esmirriada, con presencia casi exclusiva del triunvirato piquetero dependiente del Vaticano. De este operativo de contención participó el aparato de intendentes que sostiene la candidatura de Cristina Kirchner y, desde ya, los gobernadores que han acordado con el gobierno los términos del ajuste que será plasmado en el Presupuesto 2019 reclamado por el FMI. La burocracia sindical que convocó el paro es dependiente del aparato del Partido Justicialista y está tan dividido como éste. Mientras Moyano se bajaba del acto del 24 y ordenaba no movilizar a su gremio, circulaba la información que estaba trabajando para acercar posiciones entre Cristina Kirchner y Massa. Una delegación del moyanismo se reunió con Massa en la previa al paro, sin que se conociera del ex jefe de Gabinete de Cristina y compañero de viaje de Macri a Davos ninguna palabra de apoyo a la medida de lucha. El operativo de contención en torno del paro, para reducirlo a una jornada aislada, incluyó su vaciamiento programático, quitando las reivindicaciones más importantes de los trabajadores. La primera de ellas, a saber, la reapertura de paritarias para recuperar lo perdido por la inflación, fue ignorada olímpicamente. Frente a un rodrigazo de dimensiones similares, fue la lucha por una paritaria del 100% lo que llevó a la huelga de junio y julio de 1975, que derivó en la caída del ministro de Economía, Celestino Rodrigo, y del fascista José López Rega. La voz de orden de la burocracia sindical y de todo el peronismo es evitar que se repita la historia -o sea, que el rodrigazo no sea respondido con una huelga general. Se entiende por qué: la burocracia viene de firmar en todos los sindicatos paritarias a la baja, en complicidad con sus respectivas patronales. Para éstas, y sobre todo para la burguesía industrial, la crisis ha dejado un saldo favorable que no quieren perder -la enorme desvalorización de la fuerza de trabajo. En su relato, el peronismo-kirchnerismo presenta a estas patronales como víctimas del ‘modelo financiero’ del macrismo y las reivindica como las fuerzas motrices de su ‘modelo nacional y popular’. La burocracia centroizquierdista comparte este punto de vista y ha limitado las acciones posteriores a jornadas de protesta contra el Presupuesto 2019. En estas condiciones, los discursos pronunciados en la Plaza de Mayo en la jornada del 24 repitieron hasta el cansancio la necesidad de evitar que la crisis derive en una explosión social. La única voz disidente fue la de Pablo Micheli, quien planteó que el gobierno debe irse. Pero su radicalización duró menos que un suspiro. Rápidamente salió a explicar que eso debiera ocurrir recién en las elecciones del año que viene. Luchar por derrotarlos Las posibilidades de contención de la burocracia están condicionadas por el alcance de la crisis. La caída de Caputo y el encumbramiento en el Banco Central de un agente directo del FMI prueban que ésta está lejos de haber sido superada. En los próximos días, la Reserva Federal anunciará una nueva suba de la tasa de interés, lo que agudizará la tendencia a la fuga de capitales y a la guerra comercial. Justamente, los choques comerciales han derivado en una caída del principal producto exportable de la Argentina, la soja. La devaluación servirá para que los sojeros ganen más pesos, pero no puede revertir la pérdida de dólares que implica una soja a 300 dólares. Macri deberá soportar ahora una sequía impuesta por el capital. De esta somera descripción se deduce una agudización de los antagonismos sociales, que las fuerzas capitalistas se esfuerzan en contener dentro de sus fronteras. La voz de orden que las anima es la defensa de la gobernabilidad macrista y del Fondo Monetario. En oposición a ello, planteamos la necesidad de un plan de lucha para derrotar el plan de guerra del gobierno, los gobernadores y el FMI. Reclamar al macrismo un cambio de política económica es una ilusión, o mejor dicho, una trampa. Una política basada en la satisfacción de las necesidades populares es incompatible con la permanencia de Macri en el poder. El movimiento de los trabajadores y la juventud no debe dejarse amilanar por las acusaciones de golpistas emanadas de los medios oficialistas y tampoco de los opositores contra los que planteamos la necesidad de derrotar al gobierno, y que éste sea sustituido por una Asamblea Constituyente soberana. Un cambio de este tipo requiere una acción histórica que, por definición, es altamente democrática. Llamamos al Frente de Izquierda a adoptar todas las iniciativas que pavimenten este camino.

27 de septiembre de 2018
Raúl Sepúlveda

Durante el cuarto paro general al gobierno de Macri, despedimos con mucho afecto al compañero Raúl Sepúlveda, enfermero y delegado de Sutecba del Hospital Ramos Mejía de la Ciudad de Buenos Aires. Luego de permanecer internado en el hospital, que era su segunda casa, y acompañado por el cariño y aguante de su familia y compañeros de militancia, Raúl dejó de sufrir ante una enfermedad que lo castigó duramente. Desde estas páginas queremos recordar la trayectoria militante del compañero, quien desde 1982 y hasta el último día de su vida se vinculó con la militancia sindical en uno de los gremios más burocrático de la Ciudad, el Sutecba. Junto a compañeros municipales del Partido Obrero fundó la Lista Marrón, última oposición a Genta y Datarmini. Al calor del Argentinazo y la lucha de los desocupados de 2001, participó de las asambleas barriales y, junto con compañeros del Hospital Ramos Mejía, ganaron por primera vez la Junta Interna del Sutecba. Más adelante, organizaron un gran paro en 2006, contra los cambios en el régimen laboral que cercenaba los derechos de los trabajadores. En el último período fue un gran organizador de la lucha por el salario. Entre 2014 y 2016 estuvo a la cabeza de asambleas, paros y movilizaciones, poniéndose a la vanguardia de la lucha contra el pacto paritario de hambre del Sutecba y el gobierno de Rodríguez Larreta. En 2016 integró la Lista 3, recuperando la Junta Interna, actualmente dirigida por un frente antiburocrático. Raúl se despidió siendo delegado de sector, reconocido por sus compañeros, pero también por todos los trabajadores del hospital. Enfrentó a la burocracia sindical más podrida, trabajando incansablemente y defendiendo a los compañeros trabajadores y a la salud pública con mucha tenacidad. Raúl fue un compañero que no sólo se destacó por su desarrollo sindical. Desde su militancia en el barrio de San Cristóbal colaboró activamente en la toma de AGR, prestando asistencia a los trabajadores y cumpliendo una tarea política con mucho compromiso militante, acompañando a los despedidos en las recorridas por el fondo de huelga por los hospitales porteños. Fue un impulsor de las campañas electorales junto a nuestros candidatos en las actividades hospitalarias. Y siempre estuvo en la primera línea de las movilizaciones y la defensa de las libertades de los luchadores, haciéndose presente y apoyando al compañero César Arakaki. Por todo esto, porque siempre estuviste del lado que hay que estar, tus compañeros te recordaremos con mucho afecto y cariño. Hasta la victoria siempre, Rulo.

27 de septiembre de 2018
Gran Plenario del Sindicalismo Combativo en Córdoba

En un salón “Agustín Tosco” colmado, en el Sindicato Luz y Fuerza Córdoba tuvo lugar el Plenario del Sindicalismo Combativo de la provincia, en el cual participaron más de 800 directivos de sindicatos, delegados y activistas gremiales. Estuvieron presentes los sindicatos Luz y Fuerza, Sutna, UTS (Salud), aceiteros, Sitram Jesús María (Municipales), CTA Autónoma, Apinta (personal del Inta), minoría de Adiuc (docentes universitarios). Asimismo, participaron Tribuna Docente y la gran mayoría de las agrupaciones opositoras de UEPC, la Lista Fucsia de Suoem (municipales), y agrupaciones y comisiones internas antiburocráticas de UOM, UTA, SEP (empleados públicos), ATE, no docentes, STIA (Alimentación), Adiuvin (docentes de la Universidad de Villa María), molineros, Soeva (vitivinícolas), Comercio, entre otros. También fueron parte el Polo Obrero cordobés, con una importante representación de sus más de 25 asambleas barriales, representantes de la asamblea #NiUnaMenos y de la Asamblea Universitaria. Romina Del Plá, secretaria general de Suteba Matanza y diputada del FIT, dio el discurso de apertura, en representación de la Coordinadora Sindical Clasista (PO). Luego siguieron en el uso de la palabra Guillermo Pacagnini (Cicop), Alejandro López (ceramistas Neuquén), “Pollo” Sobrero (UF), Ileana Celotto (AGD-UBA) y Angélica Lagunas (Aten Capital). En el orden local tomaron la palabra Gabriel Suárez (Luz y Fuerza), Miguel Ferreyra (aceiteros), “Yoli” Peñaloza (Jesús María), Gastón Vacchiani (UTS), Cintia Frencia por FDL (Adiuc) y Emanuel Berardo (Polo Obrero), entre otros referentes. Sesionaron cinco comisiones: Movimiento Obrero, Estatales, Educación, Mujer y Universidad. El discurso de cierre estuvo a cargo de Alejandro Crespo, secretario general del Sutna y también dirigente nacional de la CSC (PO). El Plenario Combativo resolvió un plan de lucha que arrancó el lunes 24 convocando al paro activo de 36 horas, con movilización en el marco de las movilizaciones de la CGT “Rodríguez Peña” y la CTA, y el martes 25 continuó con una jornada de piquetes en los accesos a la ciudad. Sigue con la vigilia y movilización cuando se trate el Presupuesto del ajuste que impulsan Macri y Schiaretti por cuenta del FMI, e integra toda una serie de movilizaciones y luchas que son desarrolladas por el movimiento obrero y popular en la provincia, tales como la defensa de la ocupación del Pabellón Argentina de la UNC, movilizar junto al #NiUnaMenos el 28 de septiembre, día internacional de la lucha por el aborto legal; participar del ENM proponiendo que el próximo encuentro se realice en Buenos Aires, participar de la Marcha Blanca en defensa de la salud publica el 1° de noviembre, de las luchas ambientales, como la de rechazo a la autovía de montaña e impulsar una nueva movilización obrera y popular contra la privatización de Epec y los tarifazos, entre otras iniciativas. El debate A la par de la lucha, se debatió la necesidad imperiosa de establecer una nueva dirección en los sindicatos y en el resto de las organizaciones populares. En primer lugar, se reivindicó repetidamente la gesta histórica del “Cordobazo”, tanto en la unidad obrera-estudiantil como en la consigna de gobierno obrero. Las intervenciones de los sindicatos recuperados y de las agrupaciones antiburocráticas dieron cuenta de la batalla que existe en la mayoría de las organizaciones gremiales, donde los trabajadores chocan contra la burocracia sindical sostenida por las patronales y se van formando nuevos reagrupamientos que impulsan la unidad y la democracia sindical para que los sindicatos sean órganos de lucha de los trabajadores, y no instrumentos de regimentación por parte del Estado capitalista. Al calor de ese debate, en la comisión de Educación, donde estaba presente la gran mayoría de las agrupaciones docentes opositoras, se resolvió conformar una lista única para recuperar varias delegaciones e incluso la propia UEPC en 2019. El mismo debate tuvo lugar en relación a las organizaciones de la juventud y las mujeres. La recuperación de los centros de estudiantes y de la FUC, en manos de Franja Morada y el kirchnerismo, es una de las tareas centrales que se ha planteado el activismo que sostiene a la asamblea interfacultades. Fue destacada como el ejemplo a seguir #NiUnaMenos, que se ha conformado para organizar las grandes batallas que vienen dando las mujeres. El otro gran debate que dominó el plenario se relacionó a la salida política. Mayoritariamente, el plenario concluyó en la necesidad de luchar para que se vaya Macri, Schiaretti y el FMI, así como también unir al conjunto de la clase obrera y luchar por un gobierno de trabajadores. Al momento de traducir esta tarea en forma concreta, los representantes de la Coordinadora Sindical Clasista (PO) propusimos la convocatoria a un Congreso de delegados de bases de la CGT y CTA para superar a la burocracia sindical y levantar a la clase obrera como alternativa de poder, y una Asamblea Nacional Constituyente, libre soberana y con poder, para reorganizar el país sobre nuevas bases sociales. Desde distintos sectores, como los lucifuercistas, los municipales y la comisión Obrera-estudiantil universitaria se propuso un plenario obrero provincial, con las consignas “No a la privatización de Epec; reapertura de las paritarias; no a los despidos y defensa de la educación pública”. Un planteo que da respuesta al debate que se desarrolla entre los trabajadores y que la propia burocracia sindical de la CGT quiere desviar con paros materos y “jornadas” como las del pasado 7 septiembre, sin establecer una instancia verdadera de deliberación y resolución por parte de los trabajadores. Las conclusiones son claras: debemos luchar por un plenario obrero provincial. Hemos dado un gran paso en la lucha por recuperar los sindicatos, para que la crisis la paguen los capitalistas.

27 de septiembre de 2018
La estrategia del clasismo después de un gran paro

El paro del 25 de setiembre fue el mayor de los realizados contra Macri. Fue total en el movimiento obrero industrial, transporte y bancos, y con una marcada adhesión en el comercio, lo que incorporó al pronunciamiento a sectores de la pequeña burguesía. Una realidad que se extendió hasta el último rincón del país, lo que muestra que el rechazo popular a las consecuencias devastadoras del desplome económico se ha hecho masivo. El carnereaje de Uatre no tuvo incidencia, como tampoco el de algunos taxistas que desfilaban vacíos en las grandes capitales. Lo de las pérdidas por el paro es una campaña absurda cuando todas las automotrices cordobesas, a excepción de Volkswagen, están con suspensiones, la industria trabaja al 50% de capacidad y con un fuerte stockeo. Mientras Macri era premiado en Nueva York, se reunía con Templeton, el mayor fondo de inversión del mundo para escuchar sus “reclamos”, y el FMI lograba poner bajo control directo al propio Banco Central en el marco de la desesperada negociación por una ampliación del rescate, en la Argentina más de veinte millones de trabajadores paraban el país. La clase obrera mostró su capacidad para liderar a todas las clases populares contra el actual estado de cosas. Por lo tanto, su potencial social para derrotar al gobierno, al FMI y a todo el régimen político que sostiene al capital. El abismo entre Macri y los trabajadores se ha profundizado. Pero la burocracia sindical ha logrado mantener este gran pronunciamiento en los marcos de la contención, precisamente para evitar liberar las energías de la clase obrera en su conjunto. Esto incluye al sindicalismo opositor que montó una ficción de un paro de 36 horas que no fue. Tomaron la bandera de la izquierda y la vaciaron. La muy modesta movilización a Plaza de Mayo no se basó en un paro activo, porque ni La Bancaria ni camioneros, ni Atilra ni gráficos, ni canillitas o el cuero, de la Corriente Federal y el moyanismo, pararon desde el 24. Sólo lo hicieron por 24 horas. ATE tampoco, a excepción del Astillero, en plena lucha. El Suteba y UTE pararon 48 horas, pero su movilización también fue escuálida. La Plaza de Mayo fue mayoritariamente ocupada por las organizaciones sociales. Todas las variantes de la burocracia sindical le siguen escapando como a la peste al paro activo nacional con abandono de tareas desde los lugares de trabajo. En esas condiciones no hubo un canal de masas para movilizar. La excepción, hasta cierto punto, se dio en Mendoza, donde convocaron todas las centrales a una movilización de 10.000 personas el propio 25, mostrando que la disposición de los trabajadores está, lo que no hay es una dirección dispuesta a llevarla hasta las últimas consecuencias. En Rosario hubo tres actos, con algunos miles de trabajadores movilizados a pesar de la fragmentación. Los piquetes de la izquierda en todo el país, pusieron de relieve una vez más la política colaboracionista de la CGT. El contraste más rico, sin embargo, es el que ofrecen las movilizaciones de masas de sectores en lucha, como ocurrió con la Marcha Federal de la huelga universitaria, que bajo una lluvia insoportable (en la Capital) movilizó medio millón de personas, veinte días antes del paro. Lo mismo vale, en menor escala, para las movilizaciones del Astillero Río Santiago, de Luz y Fuerza de Córdoba, del paro y movilización de la CGT San Lorenzo en el cordón de Rosario, o las movilizaciones de masas de la docencia y el pueblo de Moreno ante el crimen de Estado de Sandra y Rubén. Y también para las enormes movilizaciones del movimiento de desocupados. Las direcciones del movimiento obrero no unifican las reivindicaciones y los movimientos de lucha que sacuden al país, empezando por el movimiento obrero, siguiendo por el aborto legal, los movimientos piqueteros o las movilizaciones estudiantiles. Son un factor de freno, aíslan y dividen. Subordinan totalmente su política a las salidas electorales 2019 de la burguesía, lo que resulta una política de derrota, pero no del FMI, sino de los trabajadores. Una estrategia clasista Nuestra política es la intervención de la clase obrera en la crisis, para abrir un curso a sus reivindicaciones y, a su turno, a una salida de los trabajadores a la debacle económica y social. Este paro no estuvo en esa dirección. La CGT ha dicho: no estamos contra Macri sino contra el FMI, no somos desastibilizadores, queremos “dialogar y ser escuchados”. Palazzo, desde la tribuna dijo: “El ajuste llegó hasta acá”, pero no explicó cómo lo frenaríamos en seco. Yasky dijo que “estaremos en la calle hasta que cambien el modelo económico”, o sea que habrá “movidas” al servicio del voto opositor 2019, algo que todos los oradores se encargaron de recomendar. El papel más penoso lo hizo Micheli, quien planteó que se vayan y luego se encargó de desmentirlo en todos los medios, diciendo que primero está “la democracia”. He aquí un debate clave. La burguesía extorsiona a todo el arco político y sindical con el “golpismo” de quienes pretendan plantear que hay que terminar ahora mismo con esta política que hunde a los trabajadores. Poner la inviolabilidad del mandato de Macri por encima de las reivindicaciones urgentes de los trabajadores, como hace cada vez que puede otra de las oradoras de la Plaza, Sonia Alessio, de Ctera, es trabajar por la gobernabilidad del ajuste fondomonetarista, por mucho que se ladre. Los aterra otro Argentinazo, que ya los encontró en la vereda de enfrente cuando el pueblo echó a De la Rúa y Cavallo. Con el agravante de que el kirchnerismo, la variante presuntamente más radicalizada de la salida capitalista 2019, garantiza no romper con el FMI si gobierna de nuevo. Y pagar las deudas, especialmente la del FMI como ya lo hicieron Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Por lo pronto, el sindicalismo opositor llama el 20 de octubre a marchar a Luján, un indisimulado guiño a la Iglesia que juega a fondo en la contención, como lo acaba de mostrar interviniendo directamente en el Astillero, ante un atisbo de ocupación de planta. El otro eje del bloque del 21F es una gran movida cuando se trate el Presupuesto. Habrá que movilizar contra el Presupuesto, sería un golpe político que no se apruebe, pero la cuestión pasa por otro lado. El valor de la intervención del Plenario del Sindicalismo Combativo, que organizó la columna independiente y el acto en el Obelisco, y ordenó la intervención común en Córdoba y en todo el país del clasismo, fue denunciar la política de toda la burocracia sindical y marcar el camino de un plan de lucha hasta derrotarlos, lo que significa la huelga general. Marcó una ruta de independencia política frente al sindicalismo pro-kirchnerista. Los oradores de la CSC plantearon el plan de lucha y abordaron la crisis de poder, con el planteo de la Constituyente con poder, para reorganizar sobre nuevas bases sociales. Las reivindicaciones motoras El nuevo punto de partida es una política para la reapertura de general de paritarias que requiere duplicar los porcentajes firmados. Este punto fue el eje de la huelga general de 1975 contra el rodrigazo. Es crucial ahora también. La ocupación de las plantas que cierran o despiden masivamente, el rechazo a las suspensiones para que se repartan las horas de trabajo sin afectar el salario. La duplicación de jubilación mínima y planes sociales. No se trata meramente de reclamar continuidad de un plan de lucha que la burocracia no hará nunca. A la huelga general hay que arrancarla. Tenemos que realizar una tenaz campaña de asambleas fabriles, de agitación sindical y política, alrededor de las reivindicaciones y de una salida de los trabajadores para que la crisis la paguen los capitalistas. Hoy tenemos un rodrigazo, pero sin huelga general. En la resolución de esa contradicción está el punto crucial de una política socialista y de clase ante la crisis. Un verdadero paro activo en la tradición del Cordobazo sigue siendo el puente para ello.

27 de septiembre de 2018
De la huelga general a la recuperación del sindicato

Con la fuerza de la huelga contra el ajuste de Macri-MPN y de la rebelión contra la burocracia conservadora, se ha constituido la Lista Multicolor que disputará la dirección de ATEN provincial, la mayoría de las seccionales y los congresales a Ctera. En esa huelga histórica, las seccionales opositoras Multicolor jugaron un papel determinante. Desde la organización de la rebelión desde la base ante la primera oleada de descuentos masivos, pasando por las asambleas que derrotaron el ultimátum de la dirección del TEP (Trabajadores por una Educación Popular) de aceptar una propuesta tramposa del MPN, hasta la expulsión de las escuelas de las patotas y punteros que envió la ministra Storioni para quebrar la huelga. Hoy esas seccionales, sin excepción, integran el frente Multicolor (Neuquén, Zapala, Plottier, Cutral Có-Plaza Huincul, entre otras). También hemos presentado listas en seccionales que hoy dirige el TEP, como Aluminé, Chos Malal y Loncopue. En el proceso de la huelga se pusieron a prueba dos estrategias. Por un lado, el TEP impulsaba multisectoriales con pymes, las iglesias y ONGs, en pos de un armado electoral con el kirchnerismo de cara al 2019. Justamente esa orientación es la que determina su carácter conservador, que sistemáticamente tiende puentes con el gobierno del MPN hacia un “frente anti-Macri”. Esa estrategia es incapaz de enfrentar hoy el plan de guerra y el presupuesto de brutal ajuste de Macri y los gobernadores. Es la política que Yasky-Alesso-Baradel expresan en cada palco que suben, junto a gobernadores y legisladores del ajuste. Por otro lado, la huelga revalidó la estrategia de la Multicolor, de frente único de los trabajadores para derrotar el ajuste de Macri- Gutiérrez. Y algo fundamental, el método de la huelga general. Así, la Multicolor, fue impulsora de la rebelión de la base del gremio, que logró desbordar la orientación conservadora de la conducción provincial. En las candidaturas de la Multicolor está gran parte de la nueva camada de activistas que protagonizaron la huelga y le pasaron por arriba al TEP el 8A, cuando el yaskismo local llamó a boicotear el paro de ese día a partir de su ligazón con el obispado de Neuquén. Son ellos los que también superaron el boicot del TEP al Encuentro obrero realizado en Neuquén en plena huelga, y que fue un antecedente importante hacia el Plenario obrero de Lanús. Esta nueva presentación de la Multicolor, que hace dos años recuperó la seccional Capital y la de Cutral Có-Plaza Huincul (las dos de mayor cantidad de afiliados), tiene como objetivo defender lo conquistado, ir por la conducción provincial y recuperar nuevas seccionales. La agrupación Negra (PTS), que afirmaba seguir en el frente Multicolor en los debates previos, pegó un giro de 180º a último momento y privilegió presentar una lista divisionista junto a otras agrupaciones, que repudiaron la presencia de la izquierda con argumentos macartistas utilizados comúnmente por el TEP y el propio gobierno (el cual, en plena huelga, intentó quitar los fueros a la diputada y secretaria general de ATEN Capital, Angélica Lagunas). La Negra rompe el frente común Multicolor para adaptarse a quienes tienen, en el ataque al clasismo, un terreno común con la burocracia y el gobierno. Esta división ha sido festejada por el TEP, lo cual nos exime de mayores comentarios. Llamamos a la lista divisionista a retirarla y no poner en peligro las seccionales recuperadas ni el proceso para recuperar la conducción provincial. La recuperación de ATEN está al alcance del clasismo, lo que sería un salto para todo el movimiento obrero.

27 de septiembre de 2018
Vamos por el triunfo de la ola verde
Plenario de Trabajadoras

Movilizamos millones de personas en todo el país, desafiamos el “status quo”, hicimos visible el rol reaccionario de las iglesias católica y evangélica, y su estrecha relación con el conjunto de las fuerzas políticas gobernantes. En el Parlamento quedó en evidencia que la única fuerza sin vínculos con las iglesias es el Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Pusimos mucho por conquistar el aborto legal y, como demostramos con la movilización del 8A, tenemos muchas reservas de lucha para conquistar nuestros derechos y para desnudar la naturaleza de un régimen social que se vale de las reaccionarias iglesias para subsistir. La ola verde la integramos muchas, pero algunos sectores se la jugaron a fondo, como la juventud secundaria en las provincias del norte del país, las pibas y los pibes que desafiaron a autoridades de escuelas religiosas, las mujeres piqueteras que, en los barrios y villas, desafiaron a curas y pastores, proclamando la necesidad de luchar por el aborto legal y por la educación sexual científica y laica. Para lograr el triunfo es necesario remover los obstáculos que frenaron al movimiento, al punto que este 28 de septiembre es la primera marcha masiva convocada por el movimiento de mujeres después de la traición a la voluntad popular en el Senado. Luchar hoy La parálisis impuesta por los sectores que subordinan al movimiento de mujeres a su juego electoral fue aprovechada por las iglesias en estos dos meses para ganar autoridad política y reforzar sus posiciones en la salud y en la educación. Eligieron los proyectos sobre educación sexual presentados por el FIT-PO como objeto de sus ataques. La Iglesia evangélica directamente solicita prohibir el Encuentro Nacional de Mujeres. Todos los que quieren evitar que se imponga la educación sexual científica y laica se oponen a la adecuación de leyes y reglamentaciones vigentes. Los principales defensores de la ley de Educación Sexual Integral (ESI) de 2006 son los más reaccionarios exponentes antiderechos. Por eso, lograron imponer un artículo que los habilitara a impartir barbaridades sin sustento científico, misóginas, homofóbicas, que reducen a hombres y mujeres a roles sociales estereotipados y pregonan la maternidad obligatoria. Esta misma actitud tuvieron los antiderechos en el debate por el aborto legal. Fueron ellos los más acérrimos defensores del Código Civil y Comercial kirchnerista, a través del cual y en oposición a los juristas que lo hicieron, obtuvieron el artículo 19 de defensa de la existencia de vida humana desde la concepción y el 146 que le atribuye a la Iglesia católica un estatus jurídico similar al de un Estado provincial. Aunque su aprobación fue presentada en nombre de la progresía, rápidamente se convirtió en el instrumento más preciado de la reacción. Los antiderechos, que se agrupan políticamente en la UCR, el PRO, el PJ y el kirchnerismo, han salido con una campaña contra la educación sexual #ConMisHijosNo. La ausencia de una adecuada educación, fundamental para que las y los niños detecten el abuso infantil y puedan denunciarlo, inscribe a los protagonistas en el campo del silenciamiento de las víctimas de esta epidemia nacional, que lleva a que el 20% de las mujeres hayan vivido situaciones de abuso sexual en su infancia. Los mismos que bloquearon la legalización del aborto son los que tratan de silenciar las denuncias de abuso sexual infantil en el entorno familiar, acusando a las madres de manipular a las criaturas (con el falso síndrome de alienación parental - SAP). Los patrocinadores de las organizaciones de padres abusadores son equipos de médicos y abogados católicos, también ocupados en defender curas paidófilos las pocas veces que éstos llegan a la Justicia. Consulta popular por el aborto legal La lucha por el aborto legal abrió paso a una campaña más profunda: la separación de las iglesias del Estado y es central que esta campaña no sea usada para relegar la lucha por la legalización del aborto. Por el contrario, la lucha consecuente y la conquista del aborto legal serán un golpe fortísimo a la subordinación del Estado a los mandatos del clero. Proponemos la consulta popular como una forma de retomar la movilización, volver a poner en pie la lucha por el aborto legal en los barrios, lugares de trabajo y estudios, en la perspectiva de imponerle al Congreso nuestra reivindicación más sentida. Desde el radicalismo, el PRO y el kirchnerismo, y en nombre del feminismo, se impulsa la impasse en el movimiento de mujeres para desviar las demandas hacia el incierto escenario electoral 2019. La “sororidad” de la que hablaban resultó ser una coartada para implementar políticas de ataque a las mujeres, como el propio ajuste en curso o el recorte presupuestario para la asistencia a la mujer que se propone para 2019. Del otro lado del ajuste de Macri y los gobernadores se promueve la contención social de la Iglesia, como se ve en los movimientos sociales dirigidos por el Vaticano y hasta en la propia movilización sindical que Moyano impulsa para el 20 de octubre hacia la basílica de Luján. Hacen tiempo para llevarnos al año 2019, mientras pasan los recortes y el ajuste. El 28S a las calles por el aborto legal La movilización del 28 es una oportunidad de volver a las calles, recuperar las asambleas de mujeres, y con deliberación y acción retomar el rumbo de lucha callejera para concretar el aborto legal, la separación de la Iglesia del Estado y la lucha a fondo contra el ajuste hoy. Esta crisis no se puede arrastrar hasta el año próximo. Quienes quieren esperar, no hacen más que proponer que nos traguemos más ajuste. Buscan gobernar en 2019 sobre la base de una alianza con el clero, cuya función reaccionaria es la contención social. Rompamos estas variantes volviendo a las calles. ¡Vamos a la marcha del 28S! Consulta popular por el #Aborto Legal. Abajo el ajuste y la represión.

27 de septiembre de 2018
Entre la guerra y la revolución

Trotsky y la Cuarta Internacional habían caracterizado tempranamente, a través de documentos, consignas y polémicas, las fuerzas en pugna y las perspectivas que podían abrirse con la Segunda Guerra Mundial. El objetivo central era construir organizaciones y un programa para intervenir. Los acontecimientos confirmaron buena parte de sus pronósticos, en especial el desencadenamiento de un gigantesco proceso revolucionario. Pese a contar con militantes en distintos frentes y haber desarrollado acciones de un coraje inmenso, la represión, el aislamiento, las difíciles condiciones de la militancia clandestina y errores políticos, la Cuarta Internacional -en términos generales- no logró incidir en el destino de ese proceso. Derrotismo y defensismo La Segunda Guerra fue una guerra imperialista y contrarrevolucionaria desde antes de su declaración formal en septiembre de 1939, luego del Pacto de “no agresión” entre Hitler y Stalin, y la invasión nazi a Polonia. Una guerra por el reparto de mercados, pero en la cual, además, para las potencias imperialistas occidentales, el expansionismo nazi de mediados de los ’30 abría la posibilidad de una guerra abierta y contrarrevolucionaria contra la Unión Soviética en tiempos de crisis capitalista, Gran Depresión y levantamientos obreros en España y Francia. Con la táctica del Blitzkrieg (“guerra relámpago”) el ejército nazi, derrotó y ocupó rápidamente Polonia, Dinamarca y Noruega. Para mediados de 1940, sumó a Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Francia. Japón, por su parte, hizo lo propio en el Pacífico, ocupando buena parte de China y colonias europeas y norteamericanas. Antes de iniciar la ofensiva contra la Unión Soviética, Italia y Alemania también ocuparon los Balcanes (Albania, Yugoslavia y Grecia). En todos estos países se formaron fuertes movimientos de lucha y resistencia por la expulsión de los invasores, que replantearon el vínculo entre la lucha nacional y la lucha de clases. La presión democratizante y “progresista”, luego del acuerdo entre Hitler y Stalin, llevó a que muchos izquierdistas (y trotskistas) abandonaran la defensa de la URSS y se alinearan en una supuesta cruzada de la democracia “contra el totalitarismo”. Después del ataque a la URSS (junio de 1941) esa misma presión se volcó al apoyo al “imperialismo democrático” y a promover el frente único con las burguesías en la lucha contra la ocupación alemana. Esto llevó a que dentro de la Cuarta Internacional aparecieran cuestionamientos a la tesis de que todos los campos imperialistas en disputa fueran igualmente contrarrevolucionarios. En Francia, por ejemplo, algunos comenzaron a defender consignas de liberación nacional convocando a la burguesía (imperialista) francesa a un frente único para la “liberación y vigilancia nacional”. Jean Rous, que previamente había apoyado a Trotsky en muchas de las luchas de facciones de la sección francesa y había sido miembro del primer Secretariado Internacional (SI), llevó al extremo esta posición. Rous rompió con el Partido Obrero Internacionalista (POI) para fundar el Movimiento Nacional Revolucionario. Posiciones similares se extendieron a otras secciones europeas. Los Comunistas Internacionalistas de Alemania (IKD), casi todos en el exilio, desmoralizada por años de emigración y persecución llegó a postular en un documento de 1941, denominado “Tres tesis”, que el fascismo suponía una nueva etapa histórica y que, para combatirlo, había que luchar por una recuperación democrática como en el siglo XIX. Por lo tanto, aunque algunos aceptaban formalmente que se trataba de una guerra interimperialista por el reparto de las colonias y el dominio del mercado mundial, se establecía una diferencia cualitativa entre ambos campos, acentuado, además, porque la URSS era parte del bloque anti-alemán. El stalinismo jugaba un rol central en promover esta política retomando la política del frente popular que llevó a la derrota a las revoluciones en Francia y España. Con el argumento de que para “defender la URSS” había que sostener a sus aliados, llegaron a apoyar al imperialismo británico, francés o estadounidense en las colonias y semicolonias. Las circunstancias coyunturales (la ocupación o agresión nazi) no pueden sustituir una caracterización general del carácter imperialista de la guerra y de las fuerzas en pugna. Trotsky había señalado tajantemente que la defensa de la Unión Soviética debía ir unida a la lucha por transformar la guerra en una guerra civil contra los Estados imperialistas, incluidos los “aliados”. El caso francés era paradigmático porque su burguesía -que le temía más a su propia clase obrera que a Hitler- había llevado adelante un derrotismo contrarrevolucionario en función de la colaboración con los nazis y mantuvo administraciones coloniales y parte de su ejército en Asia y Africa. Francia quedó dividida en dos: la región norte (París incluida) bajo control alemán y la región sur bajo un gobierno francés “libre” (títere) con sede en Vichy, encabezado por el mariscal nacionalista conservador Philippe Petáin. En Inglaterra, en cambio, hubo una voluntad “defensista” encarnada en la figura de Churchill que desactivó los intentos por firmar un armisticio con Hitler de sectores del gobierno y la monarquía, y concretó la “unión sagrada” con laboristas y stalinistas. En países como Yugoslavia, Albania o Grecia, la situación fue diferente, y la lucha contra la ocupación desencadenó procesos revolucionarios y guerras civiles contra la restauración burguesa y monárquica. Lo mismo en las colonias y semicolonias. La lucha armada La guerra supuso una militarización masiva. Ejércitos de millones de hombres en uniforme, conscripción obligatoria y reclutamientos voluntarios. La economía de guerra, con una enorme industria armamentística, supuso la proletarización masiva de hombres y mujeres, y los Estados desenvolvieron una maquinaria de agitación política y propaganda para convocar a los civiles a participar de la cruzada. Muchos lo hicieron formando ejércitos irregulares y milicias partisanas revolucionarias. Trotsky había discutido, en particular con el SWP norteamericano, que en un período de guerra y militarismo universal, contra el pacifismo y el abstencionismo, los revolucionarios socialistas debían intervenir con un programa de transición militar para jugar un papel entre los millones de proletarios en armas. Participar en forma activa e independiente, tanto en ejércitos regulares como entre los partisanos, significaba ganar posiciones en el movimiento general y disputar su dirección. En Europa, los partidos comunistas protagonizaron la mayoría de los movimientos armados. Aparecían frente a las masas liderando la victoria sobre el fascismo e imponiéndose frente a los partidos burgueses completamente desacreditados por su colaboracionismo con los nazis. Se recostaban en el prestigio de la URSS que, durante años, enfrentó los embates en el frente oriental. La alianza angloamericana había demorado lo más posible la apertura de un segundo frente en Europa -que desviara la presión alemana- porque especulaba con una mutua destrucción y debilitamiento de nazis y soviéticos en función de un nuevo orden mundial de posguerra. Recién lo hicieron una vez que el Ejército Rojo comenzó a derrotar al ejército nazi, liberando los países ocupados, y cuando la clase obrera y los guerrilleros armados vencían a los fascistas en vastas regiones. Las debilidades y dificultades políticas y organizativas de la Cuarta Internacional eran directamente proporcionales a su capacidad de disputa en la dirección de las masas al stalinismo. Gran parte de las secciones europeas no estaban formadas en la militancia clandestina y sufrieron los durísimos golpes de la represión conjunta de nazis y stalinistas frente a cada intento de trabajo e infiltración. Cuando los trotskistas griegos formaron una milicia para participar del Elas (ejército de la resistencia) fueron fusilados masivamente por el comando stalinista. Una política militar requería de una aplicación específica y cuidadosa en ese contexto tan complejo. En ese cuadro, algunas secciones lo rechazaron argumentando equivocadamente que podría favorecer el chauvinismo y el defensismo. Democracia y stalinismo La posibilidad de la reconstrucción democrática de Europa y el rol del stalinismo dominaron algunos de los debates en la Cuarta Internacional. Ni el Comité Europeo (reconstruido en un congreso clandestino de 1944) ni el Secretariado Internacional (funcionaba en Nueva York) consideraron la posibilidad de un aggiornamento democrático en la inmediata posguerra señalando que se estaba abriendo una crisis social-revolucionaria que el stalinismo no podría contener. Sus análisis giraban en torno de la misma predicción: la victoria de los imperialismos democráticos se transformaría, en el corto plazo, en dictaduras totalitarias. Sin embargo, esta concepción pasó por alto que los países capitalistas, sacudidos por una intensa movilización obrera, no tenían condiciones para implantar regímenes totalitarios. El fin de la guerra llegó con levantamientos revolucionarios y había sido el Ejército Rojo, que había derrotado al nazismo con el enorme esfuerzo y movilización de la clase obrera y el campesinado ruso. La burocracia soviética fue el principal aliado del imperialismo y la “democracia” el vehículo de la contrarrevolución. Un sector del SWP (Morrow) sostenía que era necesario levantar consignas democráticas radicales (contra la monarquía y por una Asamblea Constituyente para Italia, por ejemplo), entendiendo que se debía confrontar a una política que el imperialismo iba a desarrollar en el terreno parlamentario y democrático burgués. Una de las principales novedades que deparó la etapa final de la guerra es que el pronóstico de Trotsky acerca de que la guerra acabaría con la supremacía burocrática en la Unión Soviética, sea por su derrota o porque la derrota del imperialismo abriría las puertas a una revolución que acabaría con el dominio burocrático, no se produjo de ese modo. La URSS salió victoriosa de la guerra y la burocracia (aliada al imperialismo) tomó todas las acciones para evitar la revolución, tanto el sostén y reconstitución interna y externa de los imperialismos francés e italiano, como la política frente a Alemania para evitar que la caída de Hitler siguiera una perspectiva revolucionaria. El “liberador” Ejército Rojo llevó adelante una política revanchista contra el pueblo alemán que incluyó la destrucción física y moral de la población con saqueos, violaciones y asesinatos masivos, emigraciones forzosas y anexión de tierras. La acción soviética completaba las masacres perpetradas por los bombardeos planificadamente indiscriminados del ejército angloamericano sobre la población civil. A partir de 1943, las cúpulas de los aliados imperialistas buscaron asociar a la burocracia stalinista en una serie de acuerdos políticos (Teherán, Yalta y Potsdam). Stalin preparó esos tratados disolviendo, en pleno ascenso de las masas, la Internacional Comunista. Una oportunidad En las colonias y semicolonias, el imperialismo opresor era el aliado a la Unión Soviética, por lo que el stalinismo jugó un rol abiertamente proimperialista, procurando aplacar las resistencias nacionales para favorecer a sus aliados. En este terreno, los trotskistas tuvieron la oportunidad de un amplio intervencionismo en América Latina (Bolivia) y en Asia, en especial Ceylán, donde habían construido un partido de masas. Sin embargo, aquí también el seguidismo o la disolución en las corrientes nacionalistas en algunos casos (o en la Argentina la identificación del peronismo con el fascismo) impidieron que el protagonismo de las corrientes trotskistas disputara el liderazgo al stalinismo.

27 de septiembre de 2018
Brasil, en vísperas de las elecciones

Cuando faltan apenas diez días para las elecciones presidenciales, los sondeos en Brasil colocan primero a Jair Bolsonaro en las intenciones de votos (33%) y a Fernando Haddad (23%), del PT, en segundo lugar. El delfín de Lula viene subiendo en las encuestas, desplazando a sus otros contrincantes y consolidándose como el rival del candidato ultraderechista para una segunda vuelta. Este cuadro de situación ha encendido las luces de alarma de la clase capitalista. No es el escenario al que aspiraba el mundo financiero uno en que la batalla se dirimiría entre la extrema derecha y el PT, cuando se viene de haber impuesto la proscripción de Lula. Gerardo Alckmin, el candidato preferido por el establishment, está relegado en las intenciones de voto y todo indica que ha quedado definitivamente excluido de una chance electoral. Aunque este escenario ha creado un nerviosismo en los mercados -con una fuerte devaluación en curso- entre las dos candidaturas en pugna la burguesía se estaría inclinando por el candidato del PT, quien, tomando los dichos de un director del Banco Central Brasileño, ex Citibank y ex HSBC, Luis Eduardo Assis, “Tiene más condiciones de conquistar los ánimos del mercado y es más ‘flexible’ a las demandas del capital financiero y empresarial” (Clarín, 15/9). No es el caso de la candidatura de Bolsonaro. El ex capitán de navío es visto como un elemento provocador y aventurero, de características fascistizantes e imprevisibles. Algunos temen que Bolsonaro termine siendo un Erdogan brasilero, haciendo un paralelismo con el presidente turco. The Economist (21/9) viene de bajarle el pulgar al militar retirado y advertir que un triunfo de éste podría ser “desastroso” para Brasil y a escala global. Por otra parte, Bolsonaro se ha caracterizado por sus expresiones misóginas, xenófobas contra los negros y de exaltación de la dictadura militar, lo que ha despertado un rechazo en sectores amplios de la población, empezando por los movimientos de la mujer. Bolsonaro está tratando de atenuar ese recelo y seducir al capital. Plantea “extinguir” y “privatizar gran parte” de las empresas estatales del país, si sale vencedor. Pretende trasmitir la señal de que no vacilará en llevar un ajuste en regla y abrir un nuevo ciclo de negocios para la burguesía. Pero esto no le ha alcanzado para ganarse los votos del capital. Han quedado bien registradas las palabras del ex jefe de Estado Fernando Henrique Cardoso y líder del PSDB, aliado de Temer, quien señaló: “Entre Bolsonaro y Haddad, el PSDB debe votar por este último”. EL PT El delfín de Lula, a su turno, señala que va a derogar el congelamiento del gasto público establecido por Temer y que no va a convalidar algunas de las privatizaciones pendientes de resolución, como la fusión de Embraer con Boeing. Pero ya Dilma, al final de su mandato y con la esperanza de salvar su presidencia, estuvo dispuesta a avanzar en el desmantelamiento de Petrobras y entregar los yacimientos ‘presal’ a la explotación directa de los pulpos petroleros extranjeros. Por lo pronto, el PT va aliado en 15 estados con partidos que apoyaron el juicio político de Dilma e integraron el gobierno de Temer. Por otra parte, la presidenta del partido, Gleisi Hoffman, viene de pronunciarse en favor de una reforma jubilatoria. El PT no va a sacar los pies del plato y va por la agenda que reclama la clase capitalista, ajuste incluido, lo cual no puede extrañar a nadie: el PT gobernó con el PMDB de Temer, gestionó durante catorce años los negocios del capital, inició el ajuste en 2014/16 y piloteó los negociados de todas las constructoras brasileñas a lo largo de América Latina y más allá. Además, el PT asumiría extremadamente devaluado, con la carga de haber sido incapaz de frenar el desplazamiento de Dilma y, ahora, la proscripción de Lula. Haddad, que ni siquiera cuenta con el carisma y popularidad de su jefe político, deberá gobernar a través de compromisos con los partidos aliados. Pero también con el PMDB de Temer y con el PSDB, que hoy integran la coalición gobernante; por las Fuerzas Armadas que han venido ocupando un lugar más gravitante en la escena nacional, y la Justicia cómplice, cuya ofensiva ha sido clave para hacer pasar el golpe parlamentario, así como la detención y el veto a Lula. Está en duda la capacidad de Haddad para pilotear una crisis de la envergadura que enfrenta Brasil y establecer un arbitraje sobre las masas. Entramos en un escenario tormentoso que tiende a agravarse, más teniendo en cuenta el desarrollo de la crisis capitalista internacional, que viene golpeando de lleno a los países emergentes. “El destino de Haddad puede acabar siendo el mismo que recorrió Dilma Rousseff. Recordemos que el respaldo inicial de la ex presidente se disolvió hasta casi extinguirse con el resultado conocido del impeachment de 2016 en versión brasileña” (Clarín, ídem). Independencia de clase Si tenemos en cuenta la totalidad de este panorama, con más razón, se coloca al rojo vivo la cuestión de la independencia política de los trabajadores. El seguidismo al PT, en nombre de la batalla contra la derecha, es un callejón sin salida. Es necesaria una firme delimitación político-programática del nacionalismo de contenido burgués, impulsar la lucha e intervención independiente de los trabajadores y la construcción de partidos obreros revolucionarios. Y dar los pasos para convocar a un Congreso nacional de trabajadores, para aprobar un programa de la clase obrera frente a esta crisis histórica y organizar la resistencia del pueblo explotado al ajuste capitalista y transformarlo en alternativa de poder.