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Internacionalismo (segunda época de EDM) N° 7

7 de febrero de 2026 · 5 notas

Notas de este número

7 de febrero de 2026
Ejercicio militar “Daga Atlántica”: Estados Unidos refuerza su injerencia en el Atlántico Sur

Mientras el Reino Unido refuerza sus posiciones sobre las Islas Malvinas, los gobiernos de Argentina y Estados Unidos han dado a conocer que el próximo 6 de abril realizarán ejercicios militares conjuntos, denominados como “Daga Atlántica”. Fuentes de la Casa Rosada señalaron que “en términos políticos, probablemente sea el ejercicio combinado más importante de la historia reciente para Argentina” (Infobae 5/2), dando cuenta de la sumisión en materia de defensa con los EE. UU., cuando éste ha llevado adelante una reversión en su política de defensa, que incluye una actualización de la Doctrina Monroe, con sus implicancias para América Latina y puesta en marcha en su agresión sobre Venezuela. El vicealmirante Marcelo Dalle Nogare, jefe del Estado Mayor Conjunto, quien fue parte del recambio en la cúpula de las FFAA en diciembre pasado, digitado por Presti y Karina Milei, dio a conocer un comunicado en el que señala que “Gracias a estas coordinaciones, la preparación militar será incrementada y la defensa regional se verá reforzada a través de entrenamientos conjuntos, intercambios de expertos en la materia y el implemento de prácticas operacionales compartidas”. Si bien desde el gobierno liberticidas y la cúpula de las FFAA presentan al ejercicio “Daga Atlántica” como una instancia de capacitación e intercambio, lo cierto es que éste tipo de movimientos operativos “atentan contra la autonomía del país y permiten a la potencia mundial definir y coordinar operaciones militares en la región” (Agenda Malvinas 5/2). Según han dejado trascender, el ejercicio “Daga Atlántica”, no tendrá características convencionales, sino que estará encuadrado en lo que se denominan Ejercicio de Fuerzas de Operaciones Especiales, lo que se conoce dentro de la esfera de defensa como SOF (Special Operations Training), y de la que participan fuerzas de élite que operan en tareas de “contraterrorismo, rescate de rehenes y operaciones de guerra no convencionales” (Infobae 5/2). Por los EE. UU. se harán presentes las Boinas Verdes del Ejército (Green Berets), el Comando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea (Air Force Special Operations Command) y el Comando de Operaciones Especiales de las Fuerzas del Cuerpo de Marines (MARSOC). Por su parte, las Fuerzas Armadas Argentinas participarán del ejercicio con las Compañías de Comandos del Ejército Argentino como la 601, la 602 y la 603; la Compañía de Fuerzas Especiales 601 y la Compañía de Apoyo de Fuerzas de Operaciones Especiales. La Fuerza Aérea Argentina participará a través del Grupo de Operaciones Especiales (GOE), mientras que la Armada Argentina se hará presente con la agrupación Buzos Tácticos y los Comandos Anfibios (ídem). También se ha conocido que España participará como observador de los movimientos, como se estila en este tipo de ejercicios militares conjuntos. Los ejercicios SOF, que se llevarán adelante en abril próximo, estarán encabezados por unidades norteamericanas, que a diferencias de las argentinas, tienen un amplio recorrido en combate real. Desde las altas esferas castrenses han remarcado que este tipo de ejercicios militares con fuerzas especiales norteamericanas eran frecuentes durante la década del 90 y que, desde principio de los años 2000, la “cooperación” fue disminuyendo progresivamente. Desde los pasillos de la Casa Rosada se encargaron en enfatizar que este Ejercicio SOF “es el más importante de los últimos 25 años”, y que desde los EE. UU. “van a mandar todos equipos operativos. Desde aviones blackhawks hasta otros equipos. Van a poner todos los fierros. Es inédito en los tiempos que corren” (ídem). Memorando de Entendimiento En marzo del año pasado se rubricó, en el Edificio Libertador, donde funciona el Ministerio de Defensa, un Memorando de Entendimiento entre el Comando Conjunto de Operaciones Especiales de Argentina y el Comando Sur de Operaciones Especiales (SOCSOUTH) de EE. UU. Los firmantes del documento fueron el coronel Néstor Oprandi, comandante conjunto de Operaciones Especiales de Argentina y el capitán de navío Nikolaos Sidiropoulos, y fue ratificado semanas más tarde por el general Cristian Pafundi y por contralmirante Mark Shafer. El objetivo trazado en el Memorando es el de “establecer una colaboración estratégica para entrenamientos y operaciones conjuntas, enfocándose en mejorar la interoperabilidad y las capacidades de combate en múltiples escenarios, como incursiones continentales e insulares” (Red Castrense 19/3/2025). Si bien no se han dado a conocer el lugar específico en el que se llevarán adelante los ejercicios, en el Memorando se puede leer como posibles lugares la Patagonia y Tierra del Fuego, pero en la letra chica señala que la “capacitación” a los militares argentinos, tiene como objetivo la de fortalecer “habilidades en zonas estratégicas como el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos, con proyección a la Antártida” (ídem), área apuntada por los EE. UU. como estratégicas para sus intereses hemisféricos. Este Memorando se complementa con otros refrendados recientemente con EE. UU., como los de Cooperación sobre Ciberdefensa (26/3/2024), firmado por Luis Petri y el entonces embajador norteamericano Marc Stanley, que tiene como objetivo el intercambio de información entre los militares de ambos países y el envío de equipamiento especializado para el Comando Conjunto de Ciberdefensa. El Memorando de Minerales Críticos (21/8/2024) rubricado entre la excanciller Diana Mondino y José Fernández, quien operaba como subsecretario de Estado de EE. UU., y que en los papeles prevé que el objetivo es “establecer la cooperación en cadenas de suministros de minerales críticos (como litio y cobre), promoviendo comercio e inversiones para integrar a Argentina en cadenas regionales estratégicas”, en un contexto de “diálogo energético” más amplio, con implicaciones para la seguridad económica militar (ídem). Otro de los Memorando a los que se ha arribado es sobre la estratégica Hidrovía del Paraná, firmado bajo el gobierno de los Fernádez y ratificado por el gobierno liberticida en marzo del 2024, en el que se plasmó la injerencia militar norteamericana en el Río Paraná a través del argumento de la “capacitación para la gestión de la hidrovía”. Por último, se encuentra el Memorando de Diálogo Estratégico (17/5/2024) que establece un “diálogo de alto nivel para profundizar la cooperación en comercio, inversión y seguridad, sentando bases para acuerdos posteriores como el de operaciones especiales” (ídem), ratificado por Diana Mondino y el secretario de Estado Antony Blinken. Este andamiaje diplomático es la manifestación de la sumisión de los gobiernos argentinos, siendo el gobierno de Milei un salto cualitativo en este plano, llevando adelante un alineamiento en regla, priorizando la coperación militar, tecnológica y económica con los EE. UU., y más precisamente con la gestión trumpista. Antecedentes “Daga Atlántica” está precedido por otros ejercicios conjuntos desarrollados con los EE. UU., como el “Gringo - Gaucho II” de características navales, ejecutado en mayo de 2024 y los entrenamientos realizados en Tierra del Fuego en septiembre del mismo año. Durante octubre y noviembre del 2025 se realizó el ejercicio combinado “Tridente” en las instalaciones de la Base Naval de Mar del Plata, del que participaron la Agrupación Buzos Tácticos y los Navy Seals, que realizaron maniobras de abordaje, desplazamiento dentro de los buques y procedimientos de recuperación. La etapa final del ejercicio se realizó a bordo de una unidad naval que cumplía el rol de buque mercante, donde se integraron todos los conceptos incorporados y desarrollados en la etapa de planeamiento. También fuerzas especiales argentinas participaron en agosto del 2025 de la 19ª edición de las Fuerzas Comando de equipos de operaciones especiales de toda Centroamérica y Sudamérica y el Caribe, realizada en El Salvador, bajo la batuta del Comando Sur, y ejecutada por el Comando de Operaciones Especiales Sur, y “reune a los principales líderes multinacionales de operaciones especiales para abordar las amenazas transnacionales que afectan a la defensa y la estabilidad en toda la región” (www.southcom.mil). Los países que fueron parte de este movimiento fueron Belice, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú, Argentina y Estados Unidos. Las autoridades castrenses, dando cuenta del alineamiento que existe dentro de las cúpulas militares con la política de defensa de los EE. UU., a través del coronel Néstor Gabriel Oprandi, comandante conjunto de Operaciones Especiales, informó que “solicitaron a SOCSOUTH ser anfitriones de los ejercicios Fuerzas Comando en 2027, lo que nos daría ventaja competitiva”, reforzando la presencia nortemericana en la región en razón de su interés sobre los recursos naturales especialmente en las tierras raras del norte del país, y un control estratégico en el Atlántico Sur del paso bioceánico, consolidando su posición frente a China y Rusia. “Daga Atlántica”: el puntapie de la nueva Estrategia de Defensa Nacional de los EE. UU en la Argentina El ejercicio “Daga Atlántica” se desarrollará en un contexto en el que la gestión trumpista ha realizado una reversión en su política de defensa, dada a conocer a través de la presentación de la “Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos (NDS 2026): doctrina, prioridades y consecuencias estratégicas”, en la que se plantea una doctrina basada en la fuerza, la autonomía industrial y el reparto de cargas con los aliados. La NDS 2026 representa uno de los giros doctrinales más relevantes de la política de seguridad estadounidense desde el final de la Guerra Fría, y parte de una premisa clara: el orden internacional posterior a 1991 ya no garantiza la seguridad ni los intereses estratégicos de Washington. En consecuencia, EE. UU. abandona cualquier pretensión de liderazgo normativo universal y adopta una lógica explícita de disuasión, coerción y priorización de intereses nacionales, bajo la idea de “paz a través de la fuerza”. El documento describe una coyuntura caracterizada por la rivalidad entre grandes potencias, la erosión de las normas internacionales y la proliferación de amenazas simultáneas en múltiples dominios: militar, económico, tecnológico y cognitivo. Desde el trumpismo caracterizan que en las últimas décadas, la política de defensa norteamericana estuvo signada por un “exceso de idealismo estratégico”, basadas en las prolongadas operaciones de estabilización en diferentes regiones del planeta (Afganistan, Irak, etc) y en la dependencia de aliados con escaso poder de disuación, que habrían debilitado la preparación militar y la base industrial de defensa. En lo que concierne a América Latina, la NDS redefine el concepto de ”America First” (América Primero) en clave estrictamente militar y estratégica. No se trata de un repliegue aislacionista, sino de una jerarquización explícita de amenazas, compromisos y aliados en la región y en la Argentina tiene al gobierno liberticida como punta de lanza de esta política. En este marco conceptual, la estrategia norteamericana actualiza la Doctrina Monroe, incorporando lo que el documento denomina el ”Trump Corollary” (Corolario Trump), que legitima el uso de instrumentos militares, económicos y coercitivos para impedir la presencia o influencia de potencias rivales, en especial de China y Rusia, en zonas consideradas vitales para la seguridad estadounidense, como Groenlandia, el Canal de Panamá o las principales rutas marítimas del continente americano, como el paso bioceánico del Estrecho de Magallanes y su alcance antártico. Desde esta perspectiva se plantea una militarización en regla de la seguridad hemisférica, con implicaciones directas para América Latina y el Ártico. La NDS caracteriza a China como el “principal competidor estratégico de Estados Unidos” y el único país con capacidad real para disputar el equilibrio de poder a escala global. El documento descarta, a corto plazo, la búsqueda de un cambio de régimen en Pekín o una confrontación directa. En contrapartida la NDS adopta una lógica de ”disuasión por negación” en el Indopacífico, con el objetivo de impedir que China se imponga en escenarios como Taiwán o el Mar de China Meridional, mediante una combinación de superioridad militar, alianzas regionales y control del entorno operativo. En lo que respecta a la resquebrajada OTAN, la NDS, si bien rearfirma su alianza militar, exige una redistribución de responsabilidades. En esta línea de acción, el trumpismo le demanda a Europa que asuma una “defensa convencional frente a Rusia”, a sus aliados asiáticos que se encarguen de la contención regional de China y Corea del Norte y en Oriente Medio, los socios regionales deben responsabilizarse de la disuasión frente a Irán. En contrapartida los EE. UU. ofrece apoyo estratégico, inteligencia, tecnología avanzada y disuasión nuclear, pero rechaza seguir actuando como proveedor principal de seguridad. En síntesis, la nueva Estrategia de Defensa Nacional normaliza el uso preventivo y coercitivo de la fuerza en defensa de intereses vitales, lo que se traduce en el desconocimiento del derecho internacional, augurando nuevos conflictos en una coyuntura dominada por la fragmentación de bloques estratégicos. Como hemos señalado desde estas páginas, el ascenso de Presti al Ministerio de Defensa y los cambios operados en la cúpulas de las FF.AA., se encuentran en sintonía con el avance militar norteamericano en la región, que tuvo un mojon en el asalto sobre Venezuela. El gobierno liberticida, a través de Presti tiene como norte profundizar la sumisión en materia de defensa a los EE. UU., y el ejercicio conjunto “Daga Atlántica” se presenta como un eslabón en esta política de alineamiento en regla con el imperialismo, que se complementa con la reinserción de los militares en las esfera política, lo que conduce a la conformación de un gobierno de carácter cívico militar, con la finalidad de imponer un Estado de excepción, que blinde el plan de guerra de los liberticidas contra los trabajadores y convertir a la Argentina en un protectorado de los EE. UU., que asuma el mando político, económico y militar.

6 de febrero de 2026
El acuerdo-estafa comercial con Estados Unidos embarca a Argentina en la guerra mundial de Trump

Argentina se ha convertido en una dependencia semicolonial de Estados Unidos con la complacencia de la ‘oposición dialoguista’ y la complicidad de la que no dialoga menos. Milei sigue en la Casa Rosada gracias al rescate electoral de octubre pasado orquestado por el secretario del Tesoro, Scott Bessent , que gatilló 2600 millones de dólares para evitar el derrumbe del peso e incluso quedarse con el beneficio que le brindó una alta tasa de interés. Este socorro se repitió cuando hubo que hacer frente a los vencimientos de deuda externa de enero, por 4.200 millones, que fueron suministrados en gran parte por bancos norteamericanos, por orden de Trump, a un alto costo financiero para el Tesoro de Argentina. Hace pocos días, Bessent volvió al escenario para financiar el pago de intereses de la deuda pública con el FMI , de 800 millones de dólares, mediante el aporte de Derechos Especiales de Giro. Todo esto convierte a Milei y a la cloaca liberticida que lo acompaña en una oficina exterior del gobierno norteamericano. El “acuerdo comercial y de inversiones” que se ha hecho público en estas horas es una estafa por donde se lo mire, al punto que la gran prensa (‘que supimos conseguir’) lo ha tratado con sospechas. Pero tampoco es el asunto principal. Lo fundamental ocurrió pocas horas antes de su firma, en una reunión en Washington, de la que participaron 54 naciones, incluida la Unión Europea, la India y Japón; la casi totalidad de los estados latinoamericanos, y por supuesto Argentina. Allí se estableció el compromiso de llegar a acuerdos bilaterales para el desarrollo de la minería de tierras raras, litio, cobre y cobalto, y cadenas de producción que las vinculen a la industria de la Inteligencia Artificial, la de semiconductores y la militar (que reúne a todas esas y otras industrias). El acuerdo apunta a quebrar el dominio que China ha conquistado en el terreno . Un funcionario norteamericano sostuvo “que la diversificación de las cadenas de producción (o sea de China) es una cuestión de seguridad nacional” para Estados Unidos. En la reunión se convino en fijar un piso al precio de los minerales, es decir un subsidio, con el propósito de hacer frente a los mayores costos de producción de los países signatarios con respecto a China. JD Vance, el vicepresidente de los Estados Unidos, propuso en la reunión la creación de una ‘zona de comercio preferencial’ de materiales críticos entre países aliados. “Esperamos”, señaló JD Vance, “que las discusiones de hoy los impulse (a los países asistentes) a concluir estos acuerdos tan rápido como sea posible”. Los especialistas en el asunto aseguran, sin embargo, que el propósito de desplazar a China en la cuestión es inviable, y que sería necesario desarrollar innovaciones tecnológicas que permitan reducir la dependencia de las cadenas de producción de esos minerales. Un informe del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, conocido ayer, señala que Estados Unidos no están condiciones de superar a China en cuanto a extracción y refinación de minerales, dada la posición dominante que China tiene en la industria. Once naciones firmaron acuerdos con Estados Unidos al finalizar la reunión, en su mayor parte de la periferia de la economía internacional. El canciller Quirno, por Argentina, firmó un “memorando de entendimiento”. El acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos forma parte de la estrategia de aislar económicamente a China y apuntalar la concentración de las cadenas de producción en manos de compañías norteamericanas y Estados Unidos: una militarización de la economía en el marco de una guerra mundial en desarrollo. En el acuerdo, Argentina ofrece una apertura comercial irrestricta a las mercancías y capitales norteamericanos, a cambio literalmente de nada. La promoción de las inversiones estadounidenses llega al extremo de otorgarles una preferencia sobre la competencia, incluso cuando se trata de aquellas amparadas por el RIGI -inversiones de más de 200 millones de dólares– que están exentas de aranceles, impuestos y de limitaciones al giro de beneficios. El ingreso de acero y aluminio a Estados Unidos, el punto de mayor interés de Argentina, continúa gravado. El aumento de la cuota de exportación de carne de alto valor de Argentina a Estados Unidos es, en cierto modo, tramposo. En primer lugar, porque ha sido impuesto por el momento del ciclo de reproducción del ganado en Estados Unidos y Brasil, en cuanto a retención de vientres, menor producción y aumento de precios. En segundo lugar, porque la ganadería de Argentina sufre un largo estancamiento por su desplazamiento por la soja, de modo que es incierto que pueda cumplir con la cuota. Beneficia, por tanto, a un núcleo reducido de productores de la región más fértil de la pampa. Las concesiones comerciales a Estados Unidos son, por el contrario, generalizadas, en cuanto a importación autopartes de automóviles, productos medicinales, monopolio de patentes, química. Es un acuerdo de vaciamiento industrial en un país que se ha convertido en un armadero de piezas importadas. Si los propósitos de este acuerdo prosperaran, Argentina se subordinaría a las cadenas industriales y bélicas de Estados Unidos en calidad de productora de materias primas alimenticias y minerales. Un canje entre dólares de la inversión extranjera esperada, de un lado, y el pago de la deuda externa y la deuda pública en su conjunto, del otro, no resolvería nada en cuanto a la vulnerabilidad financiera de Argentina, pues obligaría a producir un ajuste extraordinario adicional del Tesoro para comprar esas divisas, mientras se acumula una enorme deuda externa privada vulnerable a una corrida cambiaria. Con diferencias no muy relevantes, el acuerdo con Argentina se asemeja al impuesto al chavismo residual en Venezuela , en cuanto al petróleo, el oro, el cobre y algunos minerales de las tierras raras. Argentina, por medio de este tipo de acuerdos, no salta del “proteccionismo” al “libre comercio”, como tampoco lo hace Venezuela (que ha quedado bajo la tutela personal de Trump) , sino que la encadena al proteccionismo monopolista del capital norteamericano, desde el lugar más bajo de la cadena. Las cláusulas de este acuerdo chocan, por de pronto, con las firmadas por el Mercosur con la Unión Europea. Es falso que el acuerdo con la UE haya creado una zona de libre comercio; pues mantiene cuotas de importación, salvaguardas contra la competencia y un conjunto de aranceles que sólo caducarán al cabo de un largo período de ‘transición’. El “libre comercio” no existe – ha sido ‘abolido’ por la guerra comercial, financiera y militar. Argentina no se convertirá, como bajo Menem, en un aliado “extra OTAN”, solamente porque la OTAN se encuentra en terapia intensiva : la guerra comercial de Trump contra la UE; el choque que tiene con la UE que quiere alargar la guerra en Ucrania; el apoyo que promueve a los partidos ‘soberanistas’ de Europa; el intento de acaparar Groenlandia. En las últimas semanas ha habido una corrida de Gran Bretaña, Canadá y Alemania hacia China, en un intento desesperado por obstaculizar la arremetida de Trump, sin menoscabo de los intentos de recomponer las relaciones deterioradas con Trump para enfrentar a China. El Congreso de Argentina va a votar a favor de ambos acuerdos – el de Mercosur-UE y el impuesto por Trump-, incluido gran parte del peronismo. Al final de cuentas, en toda esta disputa Argentina es una marioneta; se verá obligada a inclinarse por el imperialismo que lleve la delantera. El ‘debate’ proteccionismo versus libertad de comercio es simplemente una estafa. Tanto los partidarios de uno como del otro exigen la aprobación de la contrarreforma laboral, una amplia reducción de impuestos al capital y el regreso al mercado internacional de deuda, mediante una fuerte política de ajuste social. Solamente la revolución socialista puede revertir la regresión social y la guerra que impone el imperialismo, y dar un empuje histórico al desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad.

5 de febrero de 2026
El asedio de Trump-Rubio contra Cuba
Redacción

En los últimos días, mientras la atención mundial ha estado puesta en la inminencia de una agresión militar de una armada estadounidense apostada en el mar Arábigo contra Irán , el gobierno de Trump se ocupó fuertemente del diseño de una decapitación del régimen político de Cuba. Un decreto de Washington intimó al gobierno de la Isla “a alinearse ‘suficientemente’ con Estados Unidos en asuntos de seguridad nacional y política exterior”. Poniendo en práctica la amenaza, ordenó sanciones contra todos los gobiernos que vendan petróleo a Cuba, fundamentalmente a Rusia, Irán, México y Venezuela, con la intención de quebrar por completo su deteriorada economía . En una suerte de círculo perfecto, Trump aplica el mismo método que hace más de medio siglo aplicaron Eisenhower-Nixon cuando, en 1960, ordenaron detener sus operaciones a las refinerías extranjeras en Cuba con la intención de producir un colapso de la economía. El resultado de este boicot fue un descomunal puente marítimo petrolero de la Unión Soviética al Caribe y la nacionalización sin pago de las refinerías extranjeras en la Isla. Con esos eufemismos, el decreto es, sin embargo, claro: Cuba debería romper cualquier relación estratégica con países como Rusia, China, Irán y otros, y colaborar con la CIA en materia de espionaje y persecución en el área del Caribe. En resumen, convertirse en un Protectorado ‘de facto’ del imperialismo norteamericano. México, bajo el gobierno ‘nacional y popular’ de Claudia Scheinbaum, ya se ha alineado con el boicot a Cuba . El colombiano Gustavo Petro , en tanto, mientras le dio a Trump, en la Casa Blanca, los nombres y direcciones de decenas de capos del narcotráfico internacional, para insinuarle al anfitrión su complicidad con quienes se jacta de combatir, habría aceptado una mayor colaboración con la CIA y el apoyo a la confiscación de la industria petrolera de Venezuela, por parte del dúo Rubio-Trump . Después de varias intervenciones denunciando la prepotencia de Trump, Díaz-Canel, el presidente de Cuba, aceptó ayer conversaciones con Washington -“en pie de igualdad”. Las cartas, sin embargo, vienen marcadas, porque Trump se encuentra desarrollando una guerra mundial, no un ataque selectivo. Trump ha sancionado a las exportaciones petroleras de Rusia, mientras procura forzar a Putin a un acuerdo en Ucrania . Acaba de obtener de la India, a cambio de una reducción de aranceles que él mismo había subido, el cese de la compra de petróleo de Rusia. El ataque contra Irán no se limita a obtener el control del proceso de enriquecimiento de uranio de ese país, ni el control político del Medio Oriente sino el acceso de China a la energía fósil . El imperialismo norteamericano, aun con graves contradicciones internas, desarrolla una cuarentena económica, política y militar mundial, para reducir al mínimo la capacidad de sus rivales, y en primer lugar China, para enfrentar una guerra contra la legión militar norteamericana. Por eso redobla, como en las guerras mundiales precedentes, el control de América Latina y la cadena de sus suministros . Nada de esto es viable, sin embargo, sin el control del verdadero ‘patrio trasero’ de la burguesía imperialista, que es su propio país, Estados Unidos. Los Trump y compañía pretenden convertir a los propios Estados Unidos en un Protectorado ‘de facto’ de la oligarquía financiera norteamericana . Es lo que pone en evidencia el ICE y sus redadas y el despliegue policial-militar y también del ejército en territorio estadounidense . La campaña para regimentar y manipular las elecciones intermedias de noviembre próximo, en Estados Unidos, se encuentra en marcha. Es en este contexto que Trump prepara el “cambio de régimen” en Cuba: el Wall Street Journal dice saber que esto ocurrirá “antes de fin de año”. También describe una acción intensa de parte la CIA para encontrar fracciones colaboracionistas en la Isla que secunden una operación política como la impuesta en Venezuela . Rubio declaró a Cuba un “Estado fallido” y “al borde del colapso”. Para WSJ, el ‘peligro’ de un asedio político-militar es que desate, sin la instalación de un relevo político a cargo de un ‘castrismo residual', una “crisis humanitaria’, que se propagaría en el Caribe, y podría forzar una intervención militar directa. Este debate de características políticas gansteriles concluye con la advertencia de que la camarilla trumpista carece de una salida económica evidente para Cuba. En ausencia de un Plan Marshall (la asistencia a Europa luego de la Segunda Guerra Mundial) no quedaría otra cosa que un ‘ajuste’ catastrófico. Como ha ocurrido con el genocidio palestino en Gaza, la guerra contra Irán, el secuestro de Maduro y la instalación de un viceconsulado en Caracas, el nacionalismo burgués no movido un dedo en combatir este ‘colonialismo’ sin aditamentos , como tampoco lo hace contra Milei-Caputo-Bullrich. No advierte acerca de la guerra imperialista en desarrollo, ni del amplio reparto del mundo que impulsa el imperialismo norteamericano. Es necesaria una agitación contra la guerra imperialista y por la derrota (derrocamiento) de los gobiernos imperialistas. En este marco llamamos a desarrollar una campaña por la defensa de la independencia de Cuba contra el asalto imperialista. La contrarrevolución trumpista procura enfrentar la agonía mortal del imperialismo mediante otra guerra mundial.

24 de enero de 2026
Trump desplaza una armada al Golfo Pérsico para desatar una guerra contra Irán

Donald Trump no juega sus cartas imperialistas en forma inconexa. Desde la tribuna del Foro Económico Mundial de Davos, que dedicó a promover la anexión de Groenlandia e incluso Canadá, anunció el despliegue de lo que denominó una Armada para sitiar a la República Islámica de Irán y amenazarla con una guerra de aniquilación. De acuerdo al Wall Street Journal (22/1), el asaltante de caminos que gobierna Estados Unidos habría reclamado al Pentágono que le acercara opciones “decisivas”. Ya se producido, por de pronto, el desembarco de una flota de aviones de combate F15E en Jordania – desde donde el año pasado se activaron radares y misiles antiaéreos para neutralizar a los misiles que disparó Irán contra un ataque combinado de Israel y Estados Unidos. El portaviones Abraham Lincoln se está desplazando del Indopacífico hacia el golfo Pérsico, transportando un grupo de bombardeo que incluye los F35 y aviones de interferencia electrónica. En cuanto a la defensa antiaérea, el despliegue incorpora a los misiles Patriot y Thaad. La operación, de mucha mayor envergadura, sigue el lineamiento del bloqueo a Venezuela por medio de una Armada en el Caribe. El pretexto para esta operación ha sido la represión a balazos del levantamiento popular que tuvo lugar en Irán como consecuencia de una devaluación de la moneda, el rial, y una disparada hiperinflacionaria de precios (una tendencia a la rebelión popular que se ha reanudado desde principios de siglo). Viniendo del asaltante de Venezuela y del represor a tiros en Minnesota y su capital Minneapólis, la excusa no vale la saliva usada para proferir la amenaza. El imperialismo norteamericano, en realidad, se encuentra en la tarea de reorganizar enteramente el Medio Oriente, como lo demuestra el abandono de las milicias kurdas en Siria al ataque del gobierno del ex ‘jihadista’ Al Golani, un agente del turco Erdogan –en la misma línea del desplazamiento de Corina Machado en favor de los hermanos Rodríguez en Venezuela-. Las milicias kurdas ocupaban ambas orillas del Éufrates, el corazón petrolero de Siria. Lo mismo vale para la designación de la “Junta de Paz” (cuota de ingreso mil millones de dólares) que ha inventado Trump para montar un Protectorado en las costas de Gaza –un fenomenal espacio turístico acompañado de importantes yacimientos de gas-. La tarea de Trump es aún muy ardua, porque tanto Turquía como Israel disputan los despojos del precedente orden mesoriental. La guerra contra Irán no será un equivalente al secuestro de Maduro, pero guarda cierta relación. Para el WSJ, “no habría fuerza política en el terreno ni en el horizonte capaz de reemplazar al régimen, mucho menos estabilizar la situación. ¿Quién ejercería el control policial de las calles? ¿Quién aseguraría el control de las armas de guerra y de las instalaciones militares y nucleares? ¿Quién patrullaría las fronteras con Irak y Afganistán? ¿Los que están protestando, acaso?”. Hay algo más, sin embargo, que el WSJ no aborda: la cuestión de la defensa de Israel frente a una represalia iraní, cuando el estado sionista ha agotado las reservas de interceptores de misiles de su ‘cúpula de hierro’ en la guerra de 12 días de junio pasado. Trump se encuentra sondeando un frente político regional para bancar una guerra. Los estados árabes le han dicho que quieren quedar afuera y, según el diario israelí Haaretz, Netanyahu también. “Una confrontación generalizada será ciertamente feroz y se arrastrará en el tiempo y atrapará a la región”, advierte el diario neoyorquino. Aunque Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Trump, se jactó en Davos de que “nosotros logramos colapsar la economía (de Irán)” que presentó como “una operación política profesional (“statecraft”), Trump reivindicó “las guerras en las que no nos metemos”, y su secretario de Guerra, Peter Hegseth advirtió contra “distraerse en una construcción democrática intervencionista, guerras indefinidas, cambio de régimen”. Un “cambio de régimen” significa poner tropas en el terreno. Masoud Pezeshkian, el presidente de Irán, amenazó con represalias contra las bases militares de Estados Unidos en países vecinos. Abbas Araghchi, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, en una columna de opinión del WSJ: “A diferencia de la contención que Irán mostró en junio de 2025, nuestras poderosas fuerzas armadas no tendrán consideración para responder con todo lo que tenemos si se producen renovados ataques” (Haaretz, 21/1). El mismo Araghchi reafirmó, no obstante que Irán está dispuesta a negociar el programa nuclear, sin condiciones previas. Ha dicho, asimismo, que “el canal de comunicación entre él y Steve Witkoff, un emisario todo terreno de Trump (en las guerras de Ucrania y Gaza), ha permanecido abierto todo el tiempo. Marco Rubio, el secretario de Estado, hace lo mismo a través de Arabia Saudita, que ha llegado a una suerte de coexistencia con Irán, bajo la presión de su retroceso en Yemen. A la cuestión nuclear se añade la petrolera, que Trump querrá poner bajo cierta tutela de Estados Unidos. El rol ‘negociador’ del chavismo residual en Venezuela sólo lo podría jugar en Irán la Guardia Islámica Revolucionaria, un estado dentro del estado, a ese punto llega su control de la industria y el petróleo. Para algunos observadores, una salida acordada a la amenaza militar de Trump y a una guerra preservaría la posición de la Guardia en el aparato estatal. Estas son las guerras que Trump impulsa sin querer meterse en ellas, según lo repiten él y sus voceros. Un reforzamiento de la tutela del imperialismo norteamericano en el Medio Oriente acentuaría la vulnerabilidad de los imperialismos de Europa ante la embestida de Trump y el acaparamiento del “hemisferio occidental’ por parte de la oligarquía estadounidense. No importa lo que diga Trump, todos estos asedios, asaltos, golpes armados, sometimientos nacionales son las condiciones que quiere reunir el imperialismo norteamericano para ganar la guerra mundial que se encuentra en desarrollo. La prensa china (SCMP, 22/1) ha destacado que “China no ha condenado las amenazas a Irán”, como respuesta a las intensas presiones de Estados Unidos. La derrota del imperialismo norteamericano será impuesta en las calles y lugares de trabajo de Minneapólis, Los Ángeles, Detroit o Nueva York, y mediante la lucha de clases internacional.

24 de enero de 2026
Con clima sub-cero, decenas de miles desfilaron en Minneapolis acompañados de huelgas parciales
Redacción

El día de ayer, con temperaturas bajo cero, decenas de miles de personas marcharon en el centro de Minneapolis y otros tantos miles en los barrios de la ciudad y en las ciudades del estado de Minnesota; una región que involucra a alrededor de 140 millones de habitantes fue declarada en emergencia ante temperaturas que llegan a menos 40. El propósito de la protesta era reclamar la salida de la patrulla antiinmigrantes (ICE) y el juicio y castigo a los agentes que han cometido hechos de violencia, incluso asesinatos (René Good). Trump había puesto en estado de alerta a 1500 tropas del ejército en la ciudad de Washington. Numerosos comercios adhirieron a una huelga por medio de correos electrónicos y de voz. Las vidrieras de un número indeterminado de tiendas tenía pegados afiches con el reclamo de la expulsión de ICE. Ninguno de los sindicatos que comunicaron una adhesión a la Jornada llamó a la huelga general que había sido llamada por colectivos de base. Se escudaron en que no está prevista en los convenios laborales; sugirieron a quienes quisieran participar a que dieran parte de enfermos. El conservadorismo del aparato sindical se incrementa con la radicalización de las propuestas y con la generalización de las luchas. Días antes de la jornada de protesta, un editorial del Economist (Londres) señalaba que el asedio de Trump en Minneapolis estaba “tambaleando”. La policía local, en horas fuera de servicio, había sido golpeada y arrestada como parte de la ‘razzia’ contra los inmigrantes. El jefe de Policía de un suburbio de Minneápolis presentó los hechos en una conferencia de prensa. La posibilidad de un desmadre, como un tiroteo entre policías y ejecutores de la persecución a inmigrantes, podría sacudir el escenario nacional. The Economist relata que incluso antes del asesinato de Good, la oposición a ICE había crecido a toda velocidad en Minneapolis. “Al igual que lo que había ocurrido en Chicago en el otoño boreal”, dice, “miles de residentes se ha(bía)n organizado para intercambiar información sobre las ‘razzias’. Un grupo dirige una radio en vivo para guiar a los que protestan hacia donde se encuentran los agentes, divulgar los hechos y filmarlos. Posters en la vitrinas advierten que los agentes de ICE no son bienvenidos”. El impacto de esta movilización desde abajo “forzó a Greg Bovino, un alto oficial del control de fronteras, a admitir su eficacia”. El combate contra la represión a inmigrantes e incluso descendientes de inmigrantes, es una típica lucha antifascista, porque el propósito de esta cruzada reaccionaria es dividir a la clase obrera con el fin de atomizarla. Décadas de campañas chauvinistas apoyadas por las burocracias sindicales y por los aparatos ideológicos y culturales del estado han hundido raíces en los trabajadores; la defensa de los estados nacionales como nexo histórico de la sociedad, se ha convertido en reaccionaria desde hace mucho tiempo. The Economist hace una advertencia preventiva: el tambaleo es la transición a una caída. Las últimas encuestas ponen en el primer lugar de la intención de voto en el Reino Unido, a Niall Farage, la última leva del unltraderechismo británico. La Jornada de Minneapolis de ayer ha servido para que multitudes hayan oído la consigna de una huelga general.