politicaobrera.com Archivo de Política Obrera
Internacionalismo › Internacionalismo (segunda época de EDM) N° 3

Internacionalismo (segunda época de EDM) N° 3

13 de diciembre de 2025 · 7 notas

Notas de este número

13 de diciembre de 2025
La epopeya estadounidense en las imágenes de Paul Thomas Anderson

El arte, la religión y la filosofía tienen el mismo contenido según el pensamiento hegeliano, aunque este contenido viene elaborado en forma distinta. Mientras la filosofía y la ciencia exprimen la realidad bajo forma racional con el rigor del concepto y del pensamiento lógico, el arte aborda la realidad recurriendo a la intuición sensible, o sea a nuestros sentidos que perciben el contenido de una obra de arte la cual nos genera una emoción (dejamos de lado el rol y las “herramientas” de la religión, dado que el fin del artículo no es una exposición de la filosofía hegeliana). Las tres prácticas sirven para que “el espíritu absoluto llegue a la comprensión de sí mismo”. ¡Vaya idealista! ¡Vaya espiritualista! comentaría el inculto; en realidad, bajo el lenguaje de su época, el ateo Hegel nos sugiere que la sociedad (“espíritu absoluto”) puede comprender a sí misma -con sus contradicciones, sus conflictos, sus tragedias, con sus creencias morales y sus pasiones- a través de esas formas humanas de interactuar con la realidad histórica y natural. El fin del arte parece exactamente lo de educar nuestras emociones y nuestros sentimientos, acompañando la enseñanza que de otra forma quedaría manca. Bueno, ¿cómo evaluar las obras de Paul Thomas Anderson a la luz de estos aspectos del arte? El director americano nos permite conocer la historia norteamericana, trasmitiéndonos emociones a través de ella, como pocos autores antes de él (en la cabeza de quien escribe solo Sergio Leone tuvo un propósito y un efecto similar). Aunque en casi todas las películas viene representada una época crucial del capitalismo y del capitalismo por antonomasia, o sea el capitalismo yanqui, resulta particularmente interesante a quien escribe comparar las imágenes y la historia de la película There Will Be Blood (Petróleo Sangriento) con la última película del director, One Battle After Another (Una Batalla Tras Otra) . La primera película relata las vicisitudes de un pequeño capitalista del petróleo que busca expandir su empresa y compra una extensa tierra en Texas, enfrentando dificultades familiares, la competencia del gran capital oligopólico y un jefe de una secta religiosa, mientras en la secunda un exrevolucionario busca salvar la hija que viene secuestrada por un jefe militar, el cual anhela formar parte de una organización supremacista en una América casi distópica. Los personajes de las películas andersonianas no son maniqueos, el director no le brinda al espectador una fácil lectura de un protagonista bueno y de un antagonista malo, sin contradicciones y privados de realismo. El protagonista de la primera película citada, Daniel Plainview, interpretado por el gran Daniel Day-Lewis, es un cínico, infeliz, egoísta y ambicioso que en realidad esconde una cierta capacidad de amar al hijo que adopta cuando el padre biológico muere en un accidente de trabajo, así como posee un odio sano para la superstición religiosa y la hipocresía de Eli Sunday, interpretado por Paul Dano, apostrofado por el capitalista como “falso profeta” que utiliza la creación de una secta religiosa para satisfacer su ego y su histrionismo patológico y su deseo de obtener agio económico sin tomarse la pena de “procurarse el pan con el sudor de su frente”. A la misma manera, Perfidia Beverly Hills , el personaje de la última película, presenta una caracterización compleja: al comienzo podemos notar su fuerza, su rebeldía, su empatía con los explotados del mundo, con el director que nos lleva “a hinchar” por sus acciones foquistas en contra del ejercito yanqui, pero, en solos diez minutos, el autor nos muestra el otro lado de la medalla, su lado obscuro: la “revolucionaria” empática en realidad resulta ser una pequeño burguesa cínica y aburrida, con una cierta adulación a la violencia como fin en sí mismo. Podemos ver a Perfidia descargar entusiasta una ametralladora al aire libre mientras permanece en estado de embarazo, indiferente a los riesgos para el feto, así como no muestra algún vínculo de amor y de responsabilidad afectiva hacia su hija recién parida y al padre de ella; el lado violento viene sugerido cuando “off camera” el personaje dispara a un policía en un asalto al banco, aunque probablemente este resultaba inocuo, para luego matarlo sin razones. Sin contar el aspecto más evidente de su “perfidia”, o sea cuando traiciona a sus compañeros para salvarse una vez encarcelada. Ese personaje representa una crítica al feminismo posmoderno que concibe la emancipación de la mujer en una forma individualista, no como fruto de una lucha de clase con sus compañeros por una sociedad libre, sino como producto de un actuar egoísta de la mujer que se “libera” de la familia y de las responsabilidades afectivas hacia sus maridos, realizando sus deseos incluso cuando los últimos van en contra de la moral y una ética basada sobre la justicia y la igualdad. El lado contradictorio también está presente en el protagonista interpretado por Leonardo Di Caprio ya que el padre de familia, revolucionario, amoroso y empático hacia la hija, crecida con sus solas fuerzas (dado el abandono de la madre Perfidia), capaz de gran fuerza y abnegación en su deber y amor paterno, presenta al mismo tiempo una debilidad moral constitutiva: lo podemos observar drogadicto, vencido por la vida y “fundido” (1) por las derrotas políticas de su generación; un inepto que parte para salvar la hija y constantemente tiene que ser salvado por los otros personajes, como cuando cae cómicamente de un techo en la tentativa de escapar de la policía. Volvamos atrás y focalicémonos en la trama general. A nivel metafórico en la primera película vemos a un capitalista realizar sus ambiciones económicas en la época de ascenso del capital, mientras en la segunda un padre busca salvar a su hija de un régimen profundamente represivo y racista, característico de un capitalismo “en agonía” para usar las palabras del programa fundacional de la Cuarta Internacional. Daniel Plainview es un capaz dueño de una empresa que extrae petróleo, hábil para los negocios, con capacidades técnicas y dotado de una laudable tenacidad y propensión al trabajo; en una escena de la película lo vemos dormir a tierra, sobre la desnuda madera, simbolo de su ética austera calco de la “ética protestante” que describe Weber cuando analiza el surgimiento del capitalismo. La trama nos muestra sus esfuerzos para realizarse como hombre de negocios más allá del mero enriquecimiento económico, con el protagonista que se enfrenta a un dilema: explotar los pozos de un gran terreno con su empresa desafiando la competencia de un gran oligopolio del petróleo, que además controla el ferrocarril con el cual se podría transportar la materia prima, o aceptar la oferta del oligopolio de vender su empresa familiar a cambio de un millón de dólares; el hosco Plainview en lugar de aceptar la plata segura y fácil rechaza la propuesta proyectando un gran túnel para esquivar el monopolio del ferrocarril y poder vender directamente el petróleo de sus pozos. Lo más importante no es sin embargo la tenacidad del personaje, sino su respuesta cuando rechaza la oferta: “¿y que voy a hacer de mi vida?”. El rechazo demuestra como el trabajo calificado y el éxito en la profesión, las aspiraciones del protagonista, eran las únicas formas de sentirse realizado y que eran más importantes que el enriquecimiento inmediato pero acompañado de una vida sin perspectivas y sin proyectos. El capitalismo en su época de ascenso podía ofrecer todavía un desemboque laboral y profesional capaz de cultivar al hombre, mientras en la época actual no quedan que la precariedad y la monotonía de trabajos estandardizados, las cuales cultivan solamente el nihilismo existencial. El capitalismo de los Plainview es brutal hacia los trabajadores, como se observa en las muertes de los obreros en la película, sin importancia para el capital, eventos fulmíneos con un montaje que repentinamente muestra la muerte así como rápidamente deja fluir la trama, pero sin embargo, es un capitalismo progresivo históricamente que disuelve lo más reaccionario de las sociedades campesinas (en Estados Unidos nunca existió el feudalismo): el capitalista ironiza y humilla el gurú religioso que asume el rol de antagonista en la película (único personaje maniqueo que no presenta aspectos positivos), así como reprocha a un “pater familia” campesino por golpear salvajemente a la hija de la que se enamora “H.W”, el hijo adoptado por el personaje de Daniel Day-Lewis. Paul Dano es matado en la escena final por el capitalista que afirma “yo soy el electo del Señor”, o sea el capitalista se afirma como sujeto histórico, como clase dominante, mientras el gurú resulta ser solo un mediocre parasito. De hecho, se puede admirar con las solas imágenes como las operaciones de ingeniería de la empresa cambian el ambiente árido del Texas del comienzo de la película, con campesinos hundidos en la miseria, llevando agua a los campos y fertilizando la tierra, bien verde en las escenas finales. El capitalismo de One Battle After Another al contrario representa la reacción que hay que disolver, una sociedad que hay que superar históricamente. Podemos observar escenas tragicómicas con viejos blancos seniles debatiendo sobre la pureza de la “sangre blanca”, trabajadores latinos esclavizados en talleres clandestinos y un poder represivo de las fuerzas armadas sin parangones. Una nueva noche del siglo. Anderson presenta una América trumpiana no bien definida: no se conoce su espacio temporal, ni está bien claro el tipo de régimen político, si todavía hay elecciones parlamentarias o si se instaló una dictadura militar. El antagonista de la película el coronel Lockjaw, interpretado por Sean Penn, muestra en realidad la miseria del hombre. Jefe militar cínico que no tiene ningún tipo de duda moral a la hora de reprimir los migrantes y los militantes revolucionarios, esconde detrás de su fuerza física y su crueldad, una profunda fragilidad existencial y el anhelo conformista de pertenecer a un grupo elitista para sentirse realizado. Para verse reconocido por el club supremacista “Pioneros de la Navidad” (en inglés Christmas Adventurers ) se desconoce a sí mismo: el club supuestamente brindaría la posibilidad de pertenecer a un grupo de “hombres superiores”, lástima que el coronel prueba un cierto gusto por ser sodomizado y por las mujeres negras, como el director muestra en una escena inicial de la película –corroborando una frase infeliz de un socialista ruso, Maksim Gorkij, que expresó: “exterminen a todos los homosexuales y el fascismo desaparecerá”, apuntando a la homosexualidad reprimida de muchos fascistas infelices-. El anhelo típico de las sociedades capitalistas de conformarse a la masa o a un determinado grupo para escapar a la soledad existencial, como relata Alexis De Tocqueville en “La Democracia en América” , a mitad del siglo diecinueve, emblemáticamente resulta fatal para el antagonista Lockjaw dado que la película termina con su ejecución por parte del club supremacista que no le perdona sus relaciones sexuales con Perfidia, la mujer negra que al comienzo de la película viene encarcelada luego sus actos foquistas. La película también muestra una panorámica sobre el estado de la izquierda americana, un estado por ahora bastante deprimente (aunque la última escena nos lleva una esperanza para nada infundada). La clase obrera industrial está totalmente ausente como sujeto político en la película, reflejo, posiblemente, de una escasa lucha de clase en los sectores industriales y de una escasa conciencia de clase entre los trabajadores. Muchas veces la identidad étnica de los latinos o de los afroamericanos remplaza la conciencia de clase. Así como la izquierda representada en la película consiste en una izquierda pequeñoburguesa, aislada de las masas y ridícula en sus formas organizativas inútilmente rígidas, como cuando el protagonista Di Caprio es víctima de un compañero que puntillosamente no le rinde informaciones vitales porque luego de 16 años no se acuerda un código de seguridad. Otra escena emblemática de la inocuidad de la izquierda “woke”, o del llamado progresismo, aparece cuando la hija de Di Caprio está escapando al tentativo de secuestro por parte del coronel Lockjaw; en esta ocasión el amigo “no binario” de ella la delata entregando al coronel el número de celular necesario para interceptar su posición. El director parece señalar la charlatanería de muchos jóvenes “que se rebelan a la jaula del género”, como se expresan abundantemente en las publicaciones de la izquierda woke, quedando, sin embargo subalternos a los partidos de la burguesía como el Partido Demócrata americano y renunciando a cualquier forma de rebeldía frente al régimen capitalista. “Subversivos” del género, conservadores y oportunistas en la política. En fin, la hija de Di Caprio, Willa Ferguson, se libera del secuestro de un lado por la intervención de un soldado nativo americano y del otro por su tenacidad. Esperanzadora la rebeldía del soldado nativo americano que luego de haber obedecido ciegamente a sus jefes, finalmente consciente de los fines supremacistas de ellos y de su imposibilidad de integrarse a la sociedad que exterminó a su pueblo, entonces, sacrifica su vida para matar a los soldados que encarcelaban a la joven Willa. Un acto heroico, a lo mejor demasiado repentino a nivel de la trama, pero símbolo políticamente importante. Igualmente, esperanzadora, la fuerza moral de la joven que escapa del secuestro y logra matar a un agente supremacista que buscaba aniquilarla, con un pronto expediente luego de una persecución de automóviles (donde el director manifiesta su maestría técnica). En el final el director nos muestras las fuerzas vivas de los explotados que, aun cuando todo parece perdido, protagonizan hechos revolucionarios; la última escena muestra una Willa que se aproxima a participar de una marcha contra el gobierno, luego que el padre le recomienda cariñosamente de tener cuidado. Lo que representa, a lo mejor, así quiso interpretarlo quien escribe, la irrupción de una nueva generación de luchadores que en lugar de desperdiciar sus energías en el foquismo de la organización del padre y de la madre empeña su fuerza en luchas de masas contra el gobierno; el anuncio de una nueva izquierda americana libre del movimientismo identitario. Conclusiones Los artistas suelen anticipar los tiempos, sentir el estado de ánimo de la sociedad y expresarlo con obras que conmueven a quien recibe la obra de arte. There Will Be Blood conmueve por mostrarte los fundamentos sangrientos del capitalismo, el precio de su desarrollo económico y por cómo endurece el alma humana. Cuando Plainview dice a un supuesto hermano de él, estafador que buscaba aprovecharse del pudiente capitalista, “mi barrera de odio se levantó en los cursos de los años, odio a la mayor parte de la gente… logro ver inmediatamente lo peor de las personas”, o cuando abandona al hijo a pesar de estar visiblemente sacudido emocionalmente, el director muestra cómo una sociedad basada sobre la explotación y la pobreza aridece los sentimientos de empatía y altruismo de la humanidad. One Battle After Another tiene la capacidad de suscitar emociones contrastantes: deprimir el espectador mostrando el impasse que la sociedad americana vive con Trump y la izquierda pequeñoburguesa desastrada para luego transmitir un mensaje esperanzador con su final. Dos grandes películas sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestra sociedad. (1) Término vulgar para señalar exmilitantes que abandonaron la lucha revolucionaria.

13 de diciembre de 2025
El Consejo de Mayo le pone nafta a la motosierra

El Consejo de Mayo, fundado luego de que el Ejecutivo y 19 gobernadores firmaran el 9 de julio del 2024, en Tucumán, el “Pacto de Mayo” , convirtiéndose en un órgano subsidiario de éste, tenía entre sus objetivos primordiales impulsar las contrarreformas del gobierno liberticida en materia laboral, educativa, impositiva y en la explotación de recursos naturales, y comenzó a funcionar en junio de este año, presidido por el entonces jefe de Gabinete, Guillermo Francos. Al día de hoy el Consejo está conformado por el Poder Ejecutivo con Federico Sturzenegger, Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza, por el Senado Carolina Losada, en representación de la Cámara de Diputados participa Cristian Ritondo, el colaboracionista de la última dictadura militar, Gerardo Martínez por la CGT (quien se ausentó de la última reunión del Consejo por una decisión de la central obrera, que ha “endurecido” su posición frente al gobierno), Martín Rappallini en representación de la UIA y quien preside “órgano consultivo” es el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. El martes pasado Adorni fue el responsable de presentar sus conclusiones, un informe que contiene recomendaciones y propuestas para 8 de los 10 temas que en el 2024 el Gobierno acordó con los sectores, exceptuando dos temas claves: la coparticipación federal, ya que es menester la presencia de todos los gobernadores y la reforma previsional, que para su tratamiento antes rquiere la aprobación de lo que el gobierno llama, “modernización laboral”, es decir que sobre la base de la destrucción de las leyes laborales, los liberticidas querrán avanzar sobre el régimen previsional. Propiedad privada El documento elaborado por el Consejo de Mayo tiene como punto de partida el de la inviolabilidad de la propiedad privada, que ya se encuentra consagrada en la Constitución Nacional, caracterizándola por los “consejeros” como aquella que “hace posible la actividad económica y la acumulación de capital; es también un insumo indispensable para la libertad política”. A dos años de gobierno liberticida queda claro que el concepto de propiedad privada que sostienen los seguidores de la escuela austríaca no aplica para trabajadores y jubilados que han asistido a una confiscación brutal de sus ingresos como consecuencia de la política de guerra de Milei-Caputo contra los explotados en general. Milei ha definido en reiteradas ocasiones a la propiedad como un régimen de contratos, pero el superajuste del que se jacta cada vez que puede, ha violado la ´propiedad´ de los trabajadores y jubilados: salarios y haberes. En lo que respecta a la Ley de Expropiaciones (Nº 21.499), encargada de regular el derecho de propiedad frente al poder expropiatorio del Estado, el Consejo propone una reforma a dicha ley “que asegure que cualquier indemnización por expropiación sea pagada al valor de mercado previo al anuncio de la expropiación, actualizado por el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y se determine mediante tasaciones independientes, evitando cualquier conflicto de interés”, modificaciones en favor del capital especulativo inmobiliario a través de aligerar los desalojos, redefinir los criterios de indemnización por expropiaciones y flexibilizar las condiciones para la transferencia de tierras y viviendas hoy alcanzadas por regulaciones específicas (I Profesional, 10/12). En lo que respecta a los procesos de desalojos los “consejeros” pugnan por “la inmediata entrega del inmueble cuando se trata de tenedores precarios, intrusos o usurpadores, con la sola presentación del título de propiedad y de una caución juratoria. Debiendo entregarse el inmueble dentro de los 5 días de efectuada la solicitud del actor". Sobre Régimen de Regularización Dominial para la Integración Socio Urbana, regulada por la Ley Nº27.453, que entre otros puntos establecía la conformación de un Fondo Fiduciario para la Integración Socio-Urbana (FISU), fue disuelto mediante el Decreto 312/2025. El Consejo de Mayo promueve una verdadera legislación en favor de los “desarrolladores urbanos” promoviendo que “personas reciban el inmueble con la libertad de transferirlo a personas jurídicas, si así lo desean. Esto beneficiará a los propietarios, que ahora recibirán un derecho más completo y aumentará el valor de sus inmuebles. Asimismo, potenciará las zonas beneficiadas, que ahora podrán recibir inversiones de personas jurídicas que busquen desarrollarlas”, un largo anhelo del capital financiero inmobiliario que el gobierno liberticida busca satisfacer. En el punto de inviolabilidad de la propiedad privada los consejeros adjuntaron una propuesta sobre la ya deficiente Ley de Tierras promovida por el kirchnerismo y la Ley de Manejo del Fuego, planteando avanzar en la eliminación de las restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros y derogar las modificaciones introducidas en el régimen de manejo del fuego de 2020, un guiño a los productores agropecuarios que en su momento pusieron el grito en el cielo. En el informe se puede leer sobre la Ley de Tierras que “desde el año 2011, la inversión internacional en este sector ha sido obstaculizada a través de la Ley Nº 26.737. Esta ley prohíbe que los extranjeros posean más de mil hectáreas productivas en el país, lo que desalienta la inversión en el sector". Los liberticidas dan luz verde a la acentuación del proceso de extranjerización y la monopolización de la tierra en manos de los agronegocios y el capital financiero. “Equilibrio fiscal” El segundo punto del informe versa sobre el innegociable equilibrio fiscal, del que el gobierno se ufana, y “se plantea la presentación de una Ley de Compromiso Nacional para la Estabilidad Fiscal y Monetaria, que prohíbe el déficit del presupuesto nacional, establece un mecanismo de ajuste automático ante desvíos y convierte en delito el gasto sin partida presupuestaria, así como la emisión de adelantos transitorios por parte del Banco Central para financiar al Gobierno” (La Nación 10/12), y está planteado como un “objetivo central de la batalla cultural que lleva adelante el Presidente Milei". El gobierno busca que le cierren las cuentas a partir de la Ley de Compromiso Nacional para la Estabilidad Fiscal y Monetaria, que según el informe “no busca establecer reglas de superávit estructural, sino a limitar la promulgación de legislación que atente contra el objetivo fiscal". Concretamente los “consejeros” le proponen al presidente y a los gobernadores que se comprometan “a congelar el gasto público real hasta alcanzar el equilibrio deseado. El Consejo sugiere aprovechar el incremento de la recaudación derivado del crecimiento de la actividad económica, manteniendo constante el gasto público en términos reales. De esta manera, sería posible converger gradualmente hacia un nivel menor de participación del Estado en la economía". Es decir, profundizar la motosierra sobre el sector público a expensas de un ajuste brutal sobre las masas. Educación El tercer punto del informe se titula “Una educación inicial, primaria y secundaria útil y moderna, con alfabetización plena y sin abandono escolar". Sin citar ninguna estadística oficial el informe afirma taxativamente que “la evidencia internacional demuestra que los mejores resultados educativos están en directa relación con altos niveles de autonomía y libertad de los docentes, los directores, las familias y los propios estudiantes como los verdaderos protagonistas del proceso educativo". Como no podía ser de otra manera el Consejo no se privó de atacar el derecho a huelga de los docentes señalando que “existe un uso de la protesta gremial más como arma política que como reclamo salarial. Tal uso es un acto de extraordinaria crueldad". Según el informe, Gerardo Martínez en “representación” de los trabajadores dentro del Consejo, “propuso un Sistema Integral de Formación Profesional (FP) articulado con educación, producción y trabajo”, y arribó a un acuerdo con el representante de la UIA “para consolidar espacios tripartitos permanentes que identifiquen déficits de habilidades, alineen currículas con demandas laborales, formen instructores y equipos técnicos y realicen estudios prospectivos sobre habilidades futuras y empleos verdes". Estamos en presencia de una contrarreforma educativa que se une por el vértice con la reforma laboral propuesta por el gobierno. Esto quedó claro cuando el gobernador Cornejo propuso “la transición educativa debe acompañarse de un marco laboral que facilite la empleabilidad. Propuso modalidades más flexibles de contratación a plazo (totalmente registradas) para formalizar trabajo eventual sin precarización y un régimen “Sub 30” que elimine temporalmente aportes y contribuciones para la contratación de jóvenes sin experiencia previa, manteniendo derechos laborales completos". Por su parte Ritondo propuso “declarar la educación servicio estratégico esencial, fijar un mínimo de 190 días efectivos de clase". Con respecto a la Ley de Libertad Educativa las propuestas de los “consejeros” se centran en los siguientes puntos: Libertad educativa y centralidad de la familia a la que caracterizan como “agente natural y primario y garantizan el derecho de esta última a elegir la educación más acorde con sus convicciones”; Sistema plural y autonomía institucional que consagra “la autonomía pedagógica y curricular para todas las instituciones educativas del país, tanto estatales como privadas (…) posibilidad de definir su proyecto institucional, sus métodos de enseñanza, su organización interna y su calendario escolar así como participar en la selección del personal docente, dentro de los parámetros nacionales y jurisdiccionales; Educación como servicio esencial que “debe garantizarse la continuidad mínima del servicio educativo y el derecho de los alumnos a recibir clases”; Nuevas formas de escolarización reconociendo “formatos diversos que pueden ser presenciales, híbridos, comunitarios, domiciliarios y a distancia, entre otros”; Contenidos mínimos y mayor libertad curricular “garantizando una formación común para todos los estudiantes del país”; Fortalecimiento de la evaluación educativa “que brinden información continua sobre aprendizajes y trayectorias, permitiendo conocer con precisión qué se aprende, dónde están las brechas y qué políticas funcionan de verdad”; Federalismo concertado en donde el “Consejo Federal de Educación consolida su papel como ámbito de coordinación y articulación entre la Nación, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires”; Nuevo marco para la docencia “con criterios de mérito, desempeño, formación continua y evaluación periódica”; Régimen de Prácticas Formativas que “redefine la vinculación entre educación y trabajo”; Nuevas modalidades de financiamiento y transparencia que se implemente a través de asignaciones otorgadas a las familias o alumnos mediante vales, bonos, becas y otros instrumentos equivalentes- con el propósito de asegurar que la libertad de elección no dependa del nivel de ingresos de las familias-". Las propuestas del Consejo de Mayo en lo que concierne a la educación acentúa el carácter reaccionario que se ha dado a conocer por medio del proyecto de Libertad Educativa, que pone a la educación al servicio del capital y acentúa la precarización laboral hacia dentro de la docencia. Reforma tributaria El cuarto punto del informe se titula “Una reforma tributaria que reduzca la presión impositiva, simplifique la vida de los argentinos y promueva el comercio”. Los “consejeros”, sobre este punto, caracterizan que en la Argentina hay una fuerte presión desde los diferentes sectores para que se aplique una drástica reducción de la carga impositiva, pero señalan que “muchas veces no se toma conciencia que solo es posible en la medida que el gasto público caiga”, es decir, acentuar el ajuste. La cuestión de los recursos naturales y su explotación es tratada en el quinto punto abordado por el Consejo y en el que se propone un cambio de modelo en la política extractiva argentina y se realiza una "crítica frontal al modelo restrictivo", como lo caracterizaron en el documento. Los “consejeros” en el informe defienden una explotación "plena" de los recursos, con un argumento central y liberal: lo que no se aproveche ahora, puede no valer nada mañana. Y en este sentido proponen reformas a la Ley de Glaciares, Ley de Bosques, Ley de Acuicultura, modificación del régimen de zonas frías y Eliminación de la Ley del Régimen Regulatorio de la industria y comercialización del Gas Licuado de Petróleo. Básicamente el Consejo propone una desregulación total en estas aéreas dando rienda suelta al extractivismo y entrega de los recursos naturales . Reforma laboral Sobre la reforma laboral el informe comienza caracterizando que “existe un amplio consenso en que las relaciones laborales en Argentina se encuentran condicionadas por una sobrecarga de costos y una marcada rigidez normativa". Las propuestas del Consejo para la Ley de Modernización Laboral, como es calificada por el gobierno, se centran en la ultraactividad (eliminación de la renovación automática de los convenios colectivos de trabajo), la prelación de los convenios (esta propuesta busca otorgar prioridad a los convenios de menor ámbito, regional o de empresa, por sobre los de alcance nacional), la modificaciones a la Ley de Contrato de Trabajo (“que las empresas cuenten con un marco normativo claro y previsible, que garantice el derecho de defensa y reduzca la litigiosidad infundada”). El Consejo también propone modificaciones de carácter reaccionaria en lo que respecta a los repartidores independientes de plataformas, el trabajo agrario, la derogación de normativa laboral “obsoleta”, la recontratación de trabajadores, remuneraciones, vacaciones, huelga, licencias por enfermedad y bancos de horas. Como no podía ser de otra forma, las propuestas del Consejo de Mayo acentúan el carácter fascistizante de la reforma laboral, que tiene como fin último infringirle a la clase obrera ocupada y desocupada, una derrota de carácter histórico . “Apertura comercial” El último punto abordado por el Consejo de Mayo fue el de la apertura comercial “uno de los pilares fundamentales para construir una sociedad más próspera” y para avanzar en esta política insta a implementar plenamente los tratados ya aprobados y avanzar en aquellos que ya cuentan con media sanción, como el Tratado de Cooperación en Patentes. Los liberales libertarios que pregonan la apertura total, en beneficio de los capitales monopólicos, son los que “se niegan a liberar el mercado de cambios por el temor de que la estampida de dólares se convierta en una hiperinflación” , dando cuenta de las contradicciones insalvables del plan económico del tándem Milei-Caputo. Los “consejeros” aseguran en su informe que “el tipo de cambio actúa como mecanismo de ajuste para mantener el equilibrio externo". Pero una suba de la demanda de importaciones impactaría en un aumento en la demanda de dólares, justamente de lo que carece el plan económico. Mientras Adorni y sus secuaces en el Consejo de Mayo vociferan en pos del aperturismo comercial, el capital financiero exige el cese de las restricciones cambiarias, sin estas los ingresos de capitales no se concretarán, como ha sucedido en los dos años de gobierno liberticida. El Consejo de Mayo es quien le pone nafta a la motosierra libertaria en tanto y en cuanto todas las discusiones del órgano colegiado parten de mantener la “estabilidad macroeconómica” y la innegociabilidad del ficticio “equilibrio fiscal”, que será sostenido por el gobierno a partir de un nuevo mazazo sobre las masas ya que se prevé una reducción del gasto público que llegaría al 25 % del PBI. El gobierno liberticida presentó a dicho consejo como una herramienta para impulsar su agenda de política de largo plazo y actúa como asesor del ejecutivo, que articula e implementa medidas basadas en el Pacto de Mayo, tratando de darle un barniz democrático y consensuado a las “reformas”, mientras el régimen político de gobierno por decreto se ha convertido en poder personal, aunque sin capacidad de movilización .

13 de diciembre de 2025
Pañuelos Negros: un (nuevo) reagrupamiento en busca de la impunidad de los genocidas

Los grupos y asociaciones de apologistas de la última dictadura militar son uno de los sectores envalentonados de esta etapa, que con la llegada de Milei y Villarruel a la Casa Rosada vieron a un gobierno aliado para vehiculizar sus reclamos de liberación de los represores presos por los crímenes de lesa humanidad y que en las últimas semanas se han visto reforzados por la designación de Carlos Alberto Presti (militar en actividad e hijo de un acusado por 44 crímenes de lesa humanidad) en el Ministerio de Defensa, en reemplazo de Luis Petri, cuestionado por diferentes sectores castrense. El arribo de Presti a Defensa es visto por sectores videlistas como la gran oportunidad de alcanzar la anhelada libertad para los genocidas. Otro de los puntos de apoyatura de estos grupos es la justicia, que viene fallando en favor de los represores. En lo que va del 2025, diferentes tribunales concedieron libertades y beneficios extraordinarios a condenados por delitos de lesa humanidad. Por su parte la Cámara de Apelaciones dio lugar a un hábeas corpus presentado por grupos que defienden a genocidas, obligando a revisar sus condiciones en la unidad VIP de Campo de Mayo, donde gozan de clases de tenis, piano y actividades recreativas (El Destape, 28/11). El lobby de la “familia militar” Ni bien asumido el gobierno liberticida desde la Unión de Promociones (organización que busca fortalecer “los lazos entre los miembros de las Fuerzas Armadas, de Seguridad, Policiales y Penitenciarias”) le hicieron llegar una misiva a través del diputado nacional por Mendoza Facundo Correa Llanos, en la que expresaban su afinidad al discurso enarbolado por Milei y su séquito sobre la negación del numero de 30 mil desaparecidos y la caracterización de que en los años 70 se desarrolló una “guerra”, lo que representa, según estos sectores, una “mirada superadora” que permita satisfacer los reclamos de la “familia militar”: la liberación de los genocidas, situación en la que el gobierno no ha podido avanzar por divergencias internas, pero sobre todo, por el repudio de gran parte de la población para con los genocidas y el terrorismo de Estado. En esta misma línea de acción, días antes de la navidad del 2023, el grupo comandado por Cecilia Pando, Lucrecia Astiz y Marta Ravasi, publicaron un comunicado en el diario La Nación en el que reclamaban los indultos para los “presos políticos”, para que estos pudieran pasar las fiestas con sus familias. La demanda no progresó y las rispideces con el gobierno comenzaron a aflorar en estos sectores. Fue tal la expectativa despertada por las promesas realizadas durante la campaña electoral a la “familia militar” por la formula Milei-Villarruel, que llevó a los genocidas con prisión domiciliaria a pedir permiso para ir a votar. En octubre del 2023 y antes del ballotage, el represor Jorge “Tigre” Acosta, el jefe de inteligencia del grupo de tareas que operaba en la ESMA, quien cuenta en su haber dos condenas perpetuas por crímenes de lesa humanidad y delitos sexuales, hizo pública una carta en la que se podía leer que “se aproxima la hora del conocimiento de la verdad, pero no la que se dice que es la verdad que surgió de juicios manejados por la “patria socialista'” ( https://prisioneroenargentina.com/en-argentina-bombas-en-jardines-de-infantes/ ), en un claro y decidido apoyo al, en ese momento, presidenciable Milei, quien en el debate con los demás candidatos se explayó sobre la “teoría de los excesos”, acuñada en 1977 por el dictador Jorge Rafael Videla para intentar explicar los crímenes de la dictadura en el exterior. Como respuesta a la tesis elaborada por Videla y sus pares (que generó tensiones internas en las FF. AA) los organismos de derechos humanos respondieron con la siguiente consigna: “No hubo errores, no hubo excesos: son todos asesinos los milicos del Proceso”. El lobby de la “familiar militar” tuvo un frenético accionar en los primeros días del gobierno liberticida. La Fundación San Elías, conducida por el sacerdote Javier Olivera Ravasi, hijo del genocida Jorge Olivera, conocido como el “Carnicero de San Juan”, en febrero de 2024, promovió reuniones reservadas con diputados de LLA, que tuvieron como resultado la visita de legisladores a los represores presos. En su momento Milei salió públicamente a despegarse de la visita de diputados libertarios al penal de Ezeiza en febrero de 2024, creando un punto de inflexión en la relación con Villarruel, dando comienzo a la interna que se ha materializado en una crisis, que, por ahora, no tiene un punto de retorno. Villarruel una militante de la “memoria completa” y defensora legal de genocidas, siguió adelante con su agenda política y desde su lugar institucional, organizó en el Senado homenajes a las “víctimas del terrorismo”. La ultramontana Fundación San Elías es promotora de lo que Olivera Ravasi denomina “contrarrevolución cultural y apologética de la historia”, que, como se puede leer en su sitio oficial “son conceptos que se han vuelto relevantes en el contexto actual de América Latina, donde se observa un crecimiento de nuevas derechas radicales y un aumento de la actividad de los movimientos contrarrevolucionarios. Estos movimientos buscan restaurar estructuras y tradiciones que parecían haber sido desplazados por revoluciones, buscando recuperar un orden previo y revertir las transformaciones sociales y políticas que han surgido. La contrarrevolución cultural se manifiesta en la defensa de la fe y la moralidad, y la apologética histórica se centra en la defensa de la fe desde una perspectiva histórica y cultural. Ambos enfoques son parte de un esfuerzo más amplio por restaurar la estabilidad y la continuidad histórica en un mundo que enfrenta desafíos ideológicos y sociales.” ( https://www.fundacionsanelias.org/ ) Todo un manifiesto oscurantista y retardatario, que en sintonía con Milei y sus “intelectuales”, abrevan de los postulados de “orden y progreso” del siglo XIX que, según estos, hicieron de la Argentina una potencia mundial hace mas de cien años. La Unión de Promociones que nuclea a militares en actividad, retirados, presos por delitos de lesa humanidad, familiares, abogados y civiles, nació el 29 de mayo de 2005 al conmemorarse el Día del Ejército. Un elemento que acicateó este reagrupamiento fue el fallo de la Cortes Suprema de Justicia que declaraba inconstitucionales las leyes alfonsinistas de Punto Final y Obediencia Debida. En aquellos años la UP realiza actos en la Plaza San Martín en CABA cada 6 de octubre para homenajear a los “caídos por la subversión”. Entre los asiduos concurrentes se encontraban Alejandro Biondini, Cecilia Pando, Jorge Breide Obeid, Victoria Villarruel y Cristian Itaurralde, cercano a la vicepresidente y asesor de Eduardo Bolsonaro, hijo del reo. La UP, en febrero de este año, al cumplirse 50 años del “Operativo Independencia” en Tucumán (resuelto por Decreto N.º 261/75 del gobierno de María Estela Martínez de Perón), llevó adelante acciones públicas con actos, desfiles, y discursos que se desarrollaron durante dos días en la capital provincial, “que incluyeron un acto final frente a la casa de gobierno al que finalmente no concurrieron ni Javier Milei ni Victoria Villarruel como pretendían los organizadores” (Data Clave, 23/11). En estas jornadas, los convocantes realizaron una cerrada defensa del accionar militar de Acdel Vilas primero y de Antonio Bussi después, como responsables de la represión. Con el fomento de legisladores de LLA, la UP organizó en la Legislatura Porteña entre los meses de agosto y septiembre de este año, actos en reivindicación de la última dictadura, en los que pidieron la libertad de los “presos políticos”. Una de las diputadas libertarias que es promotora de estas actividades en la Legislatura es Rebeca Fleitas, quien el 21 de agosto ofició de anfitriona de José D`Angelo, participante del alzamiento contra el gobierno de Alfonsín y “que desde hace unos años se dedica a la publicación de libros donde niega la última dictadura cívico militar y reivindica los asesinatos cometidos durante el gobierno de facto.” (Ídem) También en la Legislatura, el 10 de septiembre, la diputada Lucía Montenegro organizó un agasajo para aquellos militares que participaron en el “Operativo Independencia”. Entre los agasajados se hicieron presentes exmilitares “imputados por torturas y vejámenes” y “civiles defensores de militares y represores.” (Ídem) La efervescencia con la que la “familia militar” recibió el arribo de los liberticidas al poder se fue desvaneciendo en tanto y en cuanto las promesas de campaña realizadas por Milei – Villarruel no se materializaron en la realidad. La inacción del gobierno para avanzar en la libertad de los represores, fue subsanada por este, en parte, con la designación de Alberto Baños como subsecretario de Derechos Humanos, quien fue recibido con beneplácito por familiares, represores y abogados defensores. No es para menos, Baños implementó “el desguace de archivos, despido de personal, cierre de actividades y toda clase de políticas contrarias a la memoria y la justicia, que incluyeron como cereza de un oscuro postre la presentación ante la ONU para negar que en la Argentina haya habido treinta mil desaparecidos.” (Ídem) La “familia militar” también pone unas fichas por el diputado por Entre Ríos, Beltrán Benedit, abierto defensor del accionar de las Fueras Armadas durante la dictadura y uno de los organizadores de la visita a Astiz y demás represores alojados en Ezeiza. Pañuelos Negros Con todo este recorrido, la Unión de Promociones, conjuntamente con la organización Pañuelos Negros llevaron adelante el 29 de noviembre un provocativo acto por partida doble, tomando el símbolo de los pañuelos, emblema de la lucha contra los crímenes de la dictadura y los derechos humanos y la Plaza de Mayo, lugar donde nació el reclamo por los desaparecidos en pleno gobierno de facto y locación de movilizaciones obreras de alcance históricos. Pañuelos Negros nació luego de la “conmemoración” de los 50 años del “Operativo Independencia”. El acto en cuestión congregó a un grupúsculo que al llegar la marcha en apoyo a Palestina y contra el genocidio en Gaza, buscaron refugio en la Catedral. Si bien se especulaba que la marcha contara con la presencia de miembros del gobierno, estos no se hicieron presente. Tampoco asistieron referentes de los negacionistas, como Cecilia Pando, entre otros, evidenciando discrepancias hacia dentro de este heterogéneo conglomerado reaccionario. Si se hicieron presentes Alfredo Manzur, veterano de Malvinas y señalado por realizar torturas y vejaciones a conscriptos, actualmente procurador del poder Judicial de Tucumán y Guillermo Sottovia, hijo de un miembro de la fuerza Aérea e “influencer” de la dictadura (Perfil, 29/11). Una de las convocantes y organizadora es Asunción Benedit de Lacal Montenegro, referente de UP en Bariloche y viuda del capitán Francisco Lacal Montenegro, quien participó del “Operativo Independencia” y hermana del diputado por Entre Ríos Beltrán Benedit. Asunción estuvo presente en las acciones que llevó adelante la UP en Tucumán a los 50 a los del “Operativo Independencia” en donde manifestó que “los pañuelos negros son porque la patria está de duelo y vienen a unir todas las causas”. Uno de sus hijos, Pelayo Lacal Montenegro, fue candidato a diputado provincial en Entre Ríos en las elecciones de 2023 y actualmente es asesor de su tío diputado nacional y participó de la comitiva que realizó la visita “humanitaria” a los genocidas en Ezeiza. Asunción Benedit, quien reside desde el año 1984 en Bariloche, cuando su marido fue destinado a la Escuela Militar de Montaña, ha sido impulsora de actos homenajes a Julio A. Roca, participó de manifestaciones contra los pueblos originarios, elogió el accionar de la Gendarmería en la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado, a quien llamó “maputrucho” y representante del espacio político referenciado con el excarapintada José Gómez Centurión. En diferentes entrevistas brindadas por Benedit ha planteado los tres objetivos fundamentales de la organización: asistencia a veteranos de la “guerra contra la subversión”, el reconocimiento a víctimas civiles del terrorismo (de las que no da ni nombres, ni cifras) y el apoyo a represores condenados, considerados por la agrupación como “presos políticos” El acto en Plaza de Mayo también contó con el apoyo de la agrupación Justicia y Concordia, integrada por abogados de represores, como Ricardo Saint Jean, hijo del gobernador de facto bonaerense, y María Laura Olea, abogada que actuó en varias defensas, incluido su padre, el general Braulio Olea, general de brigada condenado a 25 años por los crímenes que cometió en el centro clandestino de detención La Escuelita. El puntapié inicial de esta iniciativa estuvo a cargo de Orlando “Hormiga” González, exintegrante del grupo de tareas de la ESMA, con prisión domiciliaria y condenado a prisión perpetua en 2017. González en la ESMA anotaba el ingreso de personas secuestradas, registraba pertenencias y fotografiaba víctimas, una tarea que utilizó luego para cuestionar su condena en un libro propio. Si bien el represor fue uno de los impulsores, a último momento se alejó de la convocatoria cuando desde el Ministerio de Seguridad, al mando de Bullrich aún, les recomendó a los organizadores mudar la convocatoria a Plaza San Martín para no cruzarse con la marcha por Palestina, y en un texto de su autoría aseguró: “mi obligación moral me impone no ser partícipe de esta equivocada decisión y en consecuencia retirarme en forma indeclinable”, dando cuenta de las rencillas dentro de la fachosfera. Benedit y sus Pañuelos Negros no pueden ufanarse de ser la” vanguardia” del negacionismo. En 2006 fue creado el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), presidido actualmente por Victoria Viillarruel. Otra de las pioneras fue Cecilia Pando, con su Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de la Argentina (AFyAPPA), se le anticiparon con muchos años de distancia. (Tiempo Argentino 30/11) El negacionismo es un fenómeno que se desarrolla desde la dictadura misma, pero es con el gobierno liberticida que por vez primera la agenda de “memoria completa” ocupa un lugar estratégico dentro de la estructura del Estado, empezando por el gobierno nacional. Para neutralizar de una vez y para siempre a esta corriente que reivindica los crímenes cometidos por la última dictadura militar es necesario la desclasificación de todos los archivos del Ejercito, la SIDE y fuerzas de seguridad que intervinieron en el genocidio y puestos bajo control de las organizaciones independientes de derechos humanos para investigar todas las responsabilidades políticas e intelectuales del terrorismo de Estado, incluyendo a las grande patronales y capitalistas que brindaron su colaboración directa con los genocidas y que actualmente operan impunemente en el país.

13 de diciembre de 2025
Masacre del Pabellón Séptimo: el 11 de diciembre se conocerá la sentencia

Luego de 47 años de total impunidad, y un juicio de poco más de un año, el 11 de diciembre próximo se conocerá la sentencia por la Masacre del Pabellón Séptimo en el que murieron 65 detenidos en la cárcel de Devoto y 88 resultaron heridos de gravedad. Los fiscales pidieron la pena de 25 años de prisión para el exdirector del Instituto de Detención de Devoto, Juan Carlos Ruiz y para el exjefe de la División de Seguridad Interna, Horacio Martín Galindez y 22 años de prisión para el excelador de la División de Seguridad Interna, Gregorio Bernardo Zerda, los tres señalados como coautores. La causa está enmarcada en un crimen de lesa humanidad en lo que se entiende formó parte del plan sistemático de exterminio desarrollado por la última dictadura cívico militar. A raíz del desarrollo de la causa, el juez federal Daniel Rafecas decidió procesar al juez federal Rivarola por “encubrir una masacre” y a tres exagentes del Servicio Penitenciario Federal: Antonio Bienvenido Olmedo, exjefe de turno de la División de Seguridad Interna; Camilo Neri Miño y José Rubén Mambrín. Estos últimos tenían el grado de ayudantes y formaron parte de la División de Seguridad Externa que disparó a través de las ventanas a los detenidos que se asomaban a respirar. La lucha contra la impunidad tuvo un salto en el 2013 cuando se le dió el carácter de crimen de lesa humanidad siendo así imprescriptible. Esto gracias a la solicitada del sobreviviente Hugo Cardozo ya que la justicia se negaba a entregar los expedientes del juicio de 1978-79 a la magíster Claudia Cesaroni y el equipo del CEPOC (Centro de Estudios en Política Criminal y Derechos Humanos) quienes reunieron los testimonios, archivos y evidencias que permitieron desarchivar el caso. Masacre La Masacre del Pabellón Séptimo ocurrió el 14 de marzo de 1978, producto de una brutal represión generada por el SPF que gaseando y golpeando a los detenidos primero y, una vez iniciado el incendio, impidió el ingreso de bomberos y cortó el agua. Los agentes del SPF disparaban incluso a los detenidos que se asomaban a las ventanas para respirar. El pabellón estaba superpoblado, duplicando su capacidad máxima, con 150 detenidos hacinados, con sus pertenencias amontonadas a los costados de los propios colchones que se encontraban en el suelo. Los colchones en el piso, las cuchetas y los tendederos copaban el espacio del pabellón al momento de comenzar la feroz represión. En ese año la Argentina se preparaba para ser anfitriona del mundial de futbol. La cárcel de Devoto reorganizó la distribución de los presos comunes para dejar pabellones libres donde albergó más de 1.000 presas políticas. Colapsó así los pabellones de presos comunes. La cárcel de Devoto tenía que servir de vidriera para los organismos de derechos humanos internacionales que querían certificar el estado de los presos políticos. La escaramuza contra los detenidos del Pabellón Séptimo comenzó luego de que en la noche del 13 de marzo de 1978 un grupo de presos de avanzada edad se negara a apagar el televisor antes de las 12 de la noche, horario que hasta entonces tenían permitido mirar las películas que trasmitía el canal 13. Antes de las 3 de la madrugada, una patota ingresó al pabellón a tratar de llevarse al detenido Tolosa, cabecilla de los presos que no quisieron apagar el televisor. Al no poder sacarlo y en inferioridad numérica, la patota se retiró de momento, para volver a las horas con más de 60 efectivos. Cerca de las 8 del 14 de marzo de 1978, el ingreso de esta nueva patota, con la excusa de requisa, alertó al conjunto de los presos. La extrema violencia que desarrolló desde un principio dejó de relieve que no se trataba de una requisa de rutina, las cuales también son violentas. El avance represivo trató de frenarse con barricadas de camas cuchetas. Al no poder avanzar con las golpizas los efectivos empezaron a disparar gases lacrimógenos, lo que en un pabellón sobrepoblado y pésimamente ventilado generó el caos. Los presos intentaron frenar el ingreso de los gases colocando los colchones contra las rejas o utilizando esos colchones para aplastar las granadas y evitar que larguen el asfixiante gas. Aún no se sabe si el fuego se generó por el contacto de los colchones con las granadas lacrimógenas o por calentadores que había en el pabellón. Pero el fuego se propagó con velocidad cocinando a decenas de detenidos. Los que no murieron en el acto por el fuego, la asfixia o las balas de ametralladoras que impactaban a los que trataban de asomarse por las ventanas, fueron muriendo por golpizas o infecciones momentos y días después del incendio. Los sobrevivientes fueron encerrados en calabozos y luego trasladados al Hospital Salaberry y permanecieron allí dos meses, Hugo cuenta que le arrancaron piel quemada, carne cocinada, que lo “rasquetearon como a una pared hasta que volvió a brotar la sangre”. El mundial ya había terminado y los sobrevivientes continuaban internados, ahora en la misma cárcel de Devoto. Al recibir el alta médico Hugo fue trasladado al penal de Olmos donde a la señal de “este es uno de los amotinados del Pabellón Séptimo”, recibió una golpiza de despedida por parte de los guardias de Devoto y otra de los guardias de Olmos que lo recibió. En esas golpizas perdió un testículo y fue otra vez a parar a un calabozo. Tiempo después de trasladado volvió a compartir con otros detenidos en un pabellón. El caso en un principio fue investigado por el propio Servicio Penitenciario Federal, y durante un año sólo se informaron novedades a la Justicia Federal. Es así que el juez federal Rivarola permitió que desde muy temprano en la causa trascienda el supuesto de un motín promovido por los detenidos, los que se habrían negado a ser requisados. Luego de un año, el juez resolvió que el caso debía ser tratado por la justicia ordinaria, y luego pasó a archivarse. Con el regreso a la democracia, un preso de Mendoza testigo de la masacre del pabellón séptimo contó lo que vió, lo que género que en 1984 el caso volviera a ser tratado por la justicia federal, pero la causa fue archivada, en ese momento alegando a una suerte de teoría de los dos demonios, los presos tenían su versión y el SPF otra, no se realizó ninguna investigación rigurosa. El caso pasó a conocerse como el Motín de los Colchones, y calló la responsabilidad de los muertos en los propios detenidos. La cuestión de que los muertos sean denominados “presos comunes” ayudó a acallar cualquier pedido de justicia. El criminólogo Elías Neuman en 1985 escribe el libro “Crónicas de muertes silenciadas” a partir del relato de Horacio, sobreviviente de la masacre. Daniel Barberis, preso en Devoto durante aquel 14 de marzo, aunque en otro pabellón, hizo lo propio en “Los derechos humanos en el otro país”, de 1987. Claudia Cesaroni, abogada, magíster en Criminología que trabajó en la Procuración Penitenciaria para luego llegar a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, y a la Oficina para América Latina de la Asociación para la Prevención de la Tortura, publicó en 2013 el libro “Masacre en el Pabellón Séptimo” El Indio Solari, el mayor ícono del rock nacional contemporáneo, le dedicó dos canciones a la Masacre – “Toxi-Taxi” (1993), en memoria de su amigo Luis María Canosa, víctima de la masacre; y “Pabellón Séptimo (relato de Horacio)” (2004) en la que logra condensar en cuatro minutos y cuarenta y seis segundos los hechos de ese 14 de marzo del ‘78. El famoso artista Rocambole también aportó sus diseños para graficar lo ocurrido aquel día. Un gran aporte para el desarrollo de la causa vino desde el cine, gracias a la película “El túnel de los huesos” (2011), del director Nacho Garassino, que relata la fuga real de 7 presos de la cárcel de Devoto en 1991. Los prófugos hicieron un túnel de 12 metros para escapar y en el camino se encontraron con una fosa común. Hugo Cardozo vio la película y se contactó con el director para constatar si la historia de los huesos era real. Hugo siempre sospechó que los muertos en el incendio habían sido más. Nacho, a su vez, puso en contacto a Hugo con Cecilia Cesaroni. Hasta ese momento, Hugo, querellante principal de la causa, no había hablado sobre lo ocurrido en aquel pabellón más que en una nota para el diario Hoy de La Plata, en 2007, hasta ese año no lo había hablado ni con su familia. La Masacre del Pabellón Séptimo significó el caso con mayor cantidad de muertes en el sistema carcelario argentino, se dio en el marco de una dictadura cívico militar. La cárcel respondía al Primer Cuerpo del Ejército y no podía quedar sin aleccionar una subordinación hacia la estructura represiva por parte de “presos comunes” en la institución que pretendía ser vidriera al mundo. El juicio actual es, sin duda, un avance luego de casi medio siglo de impunidad, particularmente resulta un caso histórico porque enmarca el asesinato de los llamados presos comunes como un crimen de lesa humanidad. Es evidente que los juzgados hasta ahora son apenas una pizca del conjunto de responsables que articularon como coautores o encubridores. La condena a un grupo de torturadores asesinos casi 50 años después cobra valor en la búsqueda de justicia y más aún en el marco de que Argentina acaba de votar en contra de erradicar la tortura en la ONU, Milei viene de incorporar a su gabinete a un general del ejército, lo que no sucedía desde 1981. Las condiciones habitacionales en las cárceles son peores, en Devoto con más de 2.000 internos en una cárcel habilitada para 1.250 (datos 2019) y con más de 2.400 detenidos en dependencias policiales de la ciudad. La vulneración de derechos de los “presos comunes” ha sido un punto en la campaña liberticida de la fascista Bullrich y está en la agenda de Trump y la burguesía en general la bukelización de las cárceles. El miércoles 15 de marzo de 1978, un día después de la masacre, la tapa del diario Clarín ponía en su título central “53 muertos por motín en Devoto”, como título superior “Israel invadió el Sur Libanés” y más abajo en la tapa “Aumentos en combustibles y servicios” … Podría ser la tapa de mañana.

7 de diciembre de 2025
“Tecnofeudalismo”, el credo del inmovilismo ante la decadencia capitalista y la guerra

Yanis Varoufakis fue ministro de Finanzas del gobierno izquierdista griego de Siriza, que protagonizó en 2015 una capitulación histórica ante la troika del FMI, el Banco Europeo y la Comisión Europea. El ajuste para pagar la deuda pública, que Syriza y Varoufakis aceptaron, le valió a la clase obrera y a los explotados griegos un retroceso social e incluso humanitario sin precedentes. Desde entonces, Varoufakis ha repartido su tiempo entre conferencias y textos dirigidos a justificar aquella capitulación. Recientemente, se ha destacado por caracterizar al actual orden capitalista como un tecnofeudalismo, en relación al lugar de las grandes corporaciones digitales en la economía mundial. Ya nos ocupamos de ello en estas páginas ( El capital digital no es “tecnofeudalismo” - Política Obrera ). Pero en un reciente artículo publicado en el portal UnHeard”, Varoufakis va más lejos: presenta a ese capital digital como una forma de centralización económica estatal (“Las grandes tecnológicas son los nuevos Soviets-Ahora vivimos en una economía planificada” - UnHeard). Varoufakis asegura que “las siete magníficas” -Apple, Google, Meta, Nvidia, Amazon, Microsoft y Tesla- han creado “un nuevo tipo de capital (que) destruye los mercados, el hábitat del capital”. Citando a alguno de los CEOs tecnológicos, el economista griego señala que estas firmas “no sólo han eliminado la competencia para monopolizar, sino que han eliminado el mercado mismo”. A partir de allí, Varoufakis se entretiene describiendo al consumidor “prisionero” de las big tech , que han extendido sus tentáculos hasta dominar, por medio de las páginas de retail (compraventa de productos de consumo final), a los diferentes circuitos de distribución y venta de mercancías. De todos modos, para caracterizar al retail digital como una “extinción del mercado” Varoufakis no necesitaba esperar a las big tech : bastante antes de ellas, el supermercadismo representó una formidable concentración del capital comercial. Desde el punto de vista del proceso del capital en su conjunto, la centralización del capital mercantil ha conducido a una fuerte reducción de los gastos de circulación. Pero ni los monopolios digitales, ni otras formas anteriores de centralización del comercio, abolen “al capitalismo y al mercado”, como pretende Varoufakis. Marx ya había observado que la concentración del capital progresa de un modo contradictorio, por un lado, agrupando el capital en núcleos cada vez más poderosos y, en ese trabajo, promoviendo la emergencia de nuevos capitales y ramas en los intersticios del gran capital. Mucho después, Lenin caracterizó al capital monopolista no como el “fin del mercado” sino como una forma “más aguda y exacerbada” de la competencia, donde la disputa por los mercados conduce al choque político y militar entre los estados nacionales que albergan a las corporaciones capitalistas. Varoufakis, en cambio, nos presenta al reinado de las “Siete Magnificas” digitales como una “economía planificada”. Sin decirlo, reitera la posición de la socialdemocracia reformista y revisionista de finales del siglo XIX, que caracterizaba a la emergencia de los monopolios como una armonización del mercado mundial bajo la dirección del capitalismo, en extremo, como lo llegó a señalar Kautsky, un “monopolio único”, donde el capitalismo termina con la anarquía mercantil y extiende la planificación y organización industrial empresarial desde la fábrica al conjunto de la vida social. Naturalmente, este derrotero de armonía excluía la posibilidad de las guerras. Es significativo que, en su texto, Varoufakis apenas roce la cuestión de la guerra. Sólo señala, al pasar, que las Big Tech han intervenido en las operaciones de inteligencia militar en Ucrania o en Gaza. Pero no caracteriza a la guerra mundial como manifestación de la decadencia capitalista y del estallido de las contradicciones de un régimen social agotado. Sólo bajo ese prisma puede caracterizarse el lugar histórico de los monopolios digitales. Desprovisto de él, Varoufakis es sólo una colección de informaciones manipuladas y desaciertos conceptuales. En primer lugar, la presentación de las Big Tech como una “economía planificada” omite la feroz competencia existente entre las propias tecnológicas por la captura de los mercados donde intervienen. Hasta hace poco tiempo, por los smartphones o las computadoras. Ahora, en torno del desarrollo de la inteligencia artificial, los motores de búsqueda o el propio rubro de retail (venta minorista) Entre otros casos, puede citarse la disputa de Amazon con e-Bay, Wall Mart, Ali Baba o la china Temu por el retail ; entre Tesla y el coloso chino BYD, por el mercado de autos eléctricos; en la IA, la guerra de declarada por la china DeepSeek contra las Big Tech americanas, que generó a comienzos de año un terremoto bursátil en Wall Street. No hay en esto nada parecido al “fin del mercado” o de la competencia-mucho menos una “planificación”-. En ausencia de ese análisis, Varoufakis se concentra en denunciar la manipulación que ejerce el capital digital sobre los consumidores -“el algoritmo te ha entrenado para conocerte mejor (…) conoce tus hábitos de gasto”. Varoufakis alude al modo como las tecnológicas orientan la información y las promociones que llegan a cada potencial comprador, en base a sus conductas anteriores de consumo. Pero en esto, no hay nada que los monopolios de consumo masivo no hayan ejercido antes a través de diversas maniobras; la publicidad, los estudios de mercado, los incentivos a la compra de determinada marca, y la lista podría ser interminable. Al quejarse por las manipulaciones en la “nube”, Varoufakis se erige como un defensor tardío de la tesis de la “soberanía del consumidor”, algo que no ha existido nunca bajo el capitalismo -sea éste digital o analógico-. Varoufakis se ha intoxicado con una de las principales tesis de los economistas académicos, a saber, la de los mercados que funcionan ´desde la demanda´. La presentación de la vida social como un “universo de consumidores” es funcional a la mayor mistificación del orden social vigente: presentar al vinculo mercantil como una relación entre iguales y, por lo tanto, como la consagración de la libertad humana. En cambio, Marx señalaba que “en la libre competencia no se pone como libres a los individuos, sino que se pone libre al capital”. Varoufakis Invoca la “libertad de consumir” del pequeño burgués ofuscado, sin tomarse el trabajo de liberar a la sociedad humana del yugo del capital. En oposición a esa ficticia primacía del consumo, el marxismo demostró que las necesidades humanas no son una entelequia: se encuentran históricamente condicionadas por el desarrollo de las fuerzas productivas. O sea, la producción condiciona al consumo, y no al revés. “El hambre es hambre, pero el hambre que se satisface con carne guisada, cuchillo y tenedor, es un hambre muy distinta del que devora carne cruda con ayuda de manos, uñas y dientes”, sostuvo Marx en los “Elementos fundamentales para la Crítica de la Economia Política”. Varoufakis brama por el despotismo del gran capital sobre el consumidor atomizado, sin cuestionar las bases sociales de esa manipulación -el monopolio capitalista de los medios de producción-. El capital comercial abocado a la distribución de mercancías de consumo final asimiló, tardía pero certeramente, las leyes que la competencia capitalista le había impuesto al capital industrial: la división técnica del trabajo, la potenciación del trabajo vivo por medio de la ciencia y la técnica aplicada al proceso de trabajo; la articulación a gran escala. Pero la planificación rigurosa que rige al interior del capital mercantil no puede confundirse con el “fin del mercado” o la planificación económica, como lo hace groseramente Varoufakis. El “orden” de los grandes capitales comerciales, digitales o no, termina en el punto exacto donde comienza el mercado. Las tecnológicas no suprimen la anarquía mercantil, como cree Varoufakis: solo la potencian a una escala superior. Las paginas web y los centros comerciales están pletóricos de mercancías invendibles y, por lo tanto, no evitan la tendencia a la crisis y a la sobreproducción. Cuanto más estricta y organizada es la articulación de la producción y el comercio al interior del monopolio capitalista, más brutales son los choques entre las diferentes corporaciones por prevalecer en el mercado. Varoufakis, en definitiva, ha decretado el fin de la competencia; allí donde ésta se expresa asoma en su forma más encarnizada. Big Techs y Gosplan Queda claro, a partir de lo anterior, el absurdo de llamar a los modelos de negocio de las Big Tech como “sistemas de planificación económica que conectan a vendedores y compradores, fuera de cualquier cosa que se asemeje a un mercado”. Varoufakis escribe una contradicción en sus términos, porque una conexión de “compradores y vendedores” no tiene nada que ver con una economía planificada, sino, justamente, con un….mercado. Esa “conexión” une hoy a los compradores con Amazon o Mercado Libre. Ayer, lo hacía con los supermercados; más atrás, la “conexión” se producía en la feria del barrio, o sea, en la feliz idea de reunir a todos los puestos de venta en un mismo perímetro, algo que a nadie se le ocurriría equiparar con una forma de socialismo. La articulación de “compradores” y vendedores” corresponde al capitalismo y al mercado. El regulador social de esa conexión es la ley del valor. Por el contrario, una “economía planificada” en el marco de un estado obrero desarrollaría un equilibrio entre la producción y las necesidades sociales sobre bases sociales antagónicas -y sobre la violación conciente de la ley del valor-. Si, en ese cuadro, sobreviven aún las relaciones mercantiles o los propios precios, ello se deberá principalmente a la presión del mercado mundial capitalista sobre el estado obrero. La burocracia stalinista fue el vehículo conciente de esa presión contra las masas soviéticas, y sobre esa base constituyó su status privilegiado de casta parásita. Pero para Varoufakis, la burocracia sería “feudalista”; los usurpadores del Estado obrero revestirían un carácter precapitalista. Varoufakis no nos dice desde cuándo regiría ese “feudalismo soviético”. Es una forma sinuosa de gambetear una definición política sobre la Revolución de Octubre y su usurpación posterior . Cuando liquidó las bases sociales del Estado Obrero, la burocracia adquirió una forma social muy definida, la de una oligarquía capitalista. Lo que los Estados de la OTAN le confiscaron a esa oligarquía, al inicio de la guerra de Ucrania, no son tierras o títulos nobiliarios, sino 500.000 millones de dólares de capital monetario, trabajo no retribuido a los obreros rusos. Vaorufakis despacha a “los Soviets” con una frase que podría haber tomado de los libros de Mises o Hayek: el “fracaso del experimento soviético”. Quiere encerrar a una de las mayores revoluciones de la historia humana adentro de la probeta del académico o de la política pequeño burguesa, para quienes las masas son un campo de maniobras en función de la defensa de sus privilegios sociales. Sería bueno que Varoufakis caracterizara a su propio “experimento” woke , o sea, a la convalidación de un ajuste que llevó a la clase obrera griega a la peor condición de su historia. Atormentado por las “Tecnos”, Varoufakis ensaya una explicación digital para el “frustrado experimento soviético”: el Gosplan no fue exitoso, nos dice, …”porque carecía de los algoritmos, centros de datos y fibras ópticas” que existen hoy. Una explicación tecnológica de la degeneración del estado obrero y de la restauración capitalista, la cual, por cierto, ni siquiera es original. Varios izquierdistas contemporáneos -incluso “trotskistas” argentinos- se anotan en la lista de los que han mandado al tacho al proceso histórico vivo y a la lucha de clases para juzgar el derrotero de la revolución de Octubre. Bien mirada, esta explicación “digital” lleva a considerar a la revolución de 1917 como un error histórico, porque habría carecido de la tecnología necesaria para emprender la planificación (ver. https://politicaobrera.com/revista/12919-la-escuela-austriaca-y-sus-criticos-de-izquierda ). Pero Varoufakis no dice -o desconoce- que la burocracia stalinista fue enemiga acérrima de la programación y de sus científicos y matemáticos, a quienes persiguió. La planificación -y las propias herramientas tecnológicas- chocaban con la arbitrariedad de la burocracia, y no al revés. La alusión denostativa a “los Soviets”, en definitiva, le sirve a Varaoufakis para dejar en claro que no levanta perspectiva socialista alguna frente a la presente crisis mundial. Fin del capitalismo Naturalmente, si no está planteada la abolición del capitalismo es porque, para Varoufakis, las “big tech” ya se han tomado el trabajo de hacerlo. Pero el economista griego ni siquiera se ha asomado a la verdadera conexión existente entre las Big Tech y la abolición del capitalismo. Para denostar al capital digital, Varouafakis diferencia al “capital de Edison y Ford (que) era “productivo” -coches, electricidad, turbinas- del “capital de la nube de Jeff Bezos, que no produce nada, excepto el enorme poder de encerrarnos en su feudo de nube”. Romantiza al “capital productivo” y al hacerlo, manipula la historia. Como capitalista, Edison dejó el lugar de inventor independiente para convertirse en expropiador de invenciones ajenas, producidas por sus técnicos asalariados. Para constituir una corporación en regla, se asoció con alguien “no productivo”, el J.P. Morgan. Ford, en cambio, rechazó financiarse a través de bancos, pero ello le valió un estancamiento y su desplazamiento relativo del mercado. Más allá de este hecho, el “productivo” Ford era un fascista inveterado, y le enviaba fondos a Hitler en los años 30. Ya pasando a las Big Tech, Musk y Tesla están en el mercado de los “productivos” autos eléctricos, no solo en la nube. Por otra parte, y para potenciar el “capital en la nube”, todas ellas deben proveerse fuentes energéticas y de minerales -capital productivo- para acelerar su expansión. Varoufakis, en este punto, nos pasea por el macaneo liso y llano. Como ocurre con los economistas vulgares, sustituye la forma social del proceso capitalista -la explotación del trabajo asalariado por el capital- con alguna diferenciación de tipo físico material -bienes, servicios o, en este caso, algoritmos-. Marx, en cambio, desarrolló la unidad entre producción y consumo, por un lado, y entre las diferentes formas funcionales del capital -productivo, comercial, monetario- del otro. La producción capitalista de algoritmos, programas y otras formas del conocimiento objetivadas como capital sólo cobra sentido como formas de potenciar el rendimiento del trabajo para la producción de mercancías, cuyo último destino es el consumo humano. En el final de la cadena de la IA existen alimentos, vestimenta, necesidades humanas directas. Naturalmente, esa nueva potencia productiva acentúa el abismo existente con el consumo siempre limitado de las masas. Desde el punto de vista del carácter del capital invertido, la definición “Inteligencia Artificial” es en sí misma mistificadora, porque la Inteligencia está asociada al carácter creador y conceptual del trabajo humano vivo -otra cosa es la posterior vinculación de los conceptos o informaciones previamente elaborados por la mente humana a través del uso de algoritmos-. Lo primero, es capital creador de valor -capital variable-. Lo segundo, o sea, la mal llamada “Inteligencia” Artificial, es trabajo humano objetivado, o sea, capital constante. El desarrollo de la IA comporta un salto extraordinario en la proporción de trabajo pasado o muerto -no creador de valor- respecto del trabajo vivo. La conclusión de todo esto es la acentuación de las contradicciones que conducen al capitalismo a las crisis: un exceso de capital -sea bajo la forma de mercancías, de medios de producción o de capital dinerario- para las posibilidades de valorización a la tasa de ganancia reclamada por los capitalistas. En una economía dominada por el capital ficticio -o sea, por valores y pagarés fundados en meras promesas de beneficios futuros- el derrotero de estas crisis es el estallido de las burbujas bursátiles. Esto es lo que los analistas prevén, precisamente, en relación al actual boom de las IA. Mal que le pese a Varoufakis, las Big Tech no serán parteras de un “nuevo orden” o planificación económica, sino de una gran crisis capitalista. Pero las IA y la economía digital son, al mismo tiempo, una poderosa señal del agotamiento del capitalismo como organización social: la liquidación del tiempo de trabajo como regulador social del valor, a partir del aumento fantástico en el propio rendimiento del trabajo, convierte a la economía de mercado y a la ley del valor en un trasto. “Lo que aparece como el pilar fundamental de la producción y de la riqueza no es ni el trabajo inmediato ejecutado por el hombre ni el tiempo que éste trabaja, sino la apropiación de su propia fuerza productiva, general , su comprensión de la naturaleza y su dominio de la misma gracias a su existencia como cuerpo social”, (Marx, Grundisse, escribió esto a casi doscientos años de la IA…). Al llegar a este estadio, la sobrevivencia del capitalismo reposa en el empeño brutal por sostenerlo por parte de la clase que se sirve de un orden social agotado. Esa tentativa se traduce en despotismo político, guerras, masacres y genocidios. La concentración de la producción y el mercado digitales crean las premisas de una extraordinaria socialización del trabajo. En las gigantescas estructuras articuladas de Amazon, Meta o Google están las bases para una reorganización socialista. Pero la reasunción social de ese fantástico acervo exige la “expropiación de los expropiadores”, la conquista del Estado y del poder político por parte de la clase obrera. Cuando Varoufakis compara a las Big Tech con los soviets, lo que nos pone de manifiesto es su oposición cerril a que la actual crisis mundial conduzca a una salida revolucionaria. Para Varoufakis, el mundo ha quedado en manos de una suerte de Gran Hermano digital e imbatible. Es una forma de justificar el inmovilismo y el conservadurismo políticos: lo único que resta es perorar a favor de un capitalismo “sano” -una suerte de impotente vuelta al pasado-. En el plano político, el ataque simultáneo a las Big Tech y a “los Soviets” es una forma sinuosa de acomodarse al imperialismo europeo, en momentos en que éste rumia su fastidio frente a los arreglos de Trump y de Putin. En la guerra mundial, la izquierda democratizante de Europa juega en el campo de su propio imperialismo, el cual funge de “democrático” mientras se rearma hasta los dientes. De cara a la crisis mundial, los Varoufakis esconden la cabeza. Califican a la corriente política y empresarial del fascismo internacional como tecnofeudal, para no emprender una lucha contra el capitalismo; oponen a las Big Tech con un capitalismo pasado pretendidamente competitivo o “productivo”, al que quieren resucitar con regulaciones o exhortaciones. Pero las contradicciones planteadas por el capital digital miran hacia adelante, no hacia atrás: el dilema planteado es entre la guerra y la barbarie, de un lado, y el socialismo del otro. La clase obrera y la humanidad no necesitan “algoritmos”, éstos ya existen; sólo deben serle arrebatados al capital. Lo que necesitamos es un partido, o sea, la comprensión histórica de las tareas por delante a través de un programa y una organización.

3 de diciembre de 2025
Adónde va la izquierda cubana

Ayer, martes 2, tuvo lugar la presentación de “Cuba: Una historia crítica” del historiador comunista Frank García Hernández. La sala habilitada por el Fondo de Cultura Económica tuvo un lleno completo. Además del autor, participaron como panelistas Jorge Altamira, Alejandro Horowicz, Christian Castillo y los artistas cubanos Juan Pin Vidal y Ricardo Figueredo. La reunión duró sólo poco más de una hora, debido a la demora para su inicio. En ese espacio de tiempo, sin embargo, quedaron en evidencia cuestiones importantes. La primera fue la escasa o nula atención que recibió la ofensiva político-terrorista de Trump contra Venezuela, que indudablemente tiene consecuencias decisivas sobre Cuba, el Caribe y toda América Latina. Altamira, uno de los panelistas, subrayó esta ofensiva contrarrevolucionaria en la intervención inicial y destacó la implicancia en la guerra del gobierno de Milei, al señalar la protesta de Karina Milei por el retiro de una nave argentina de la zona que, en opinión de ella, hubiera debido unirse a la flota norteamericana. Señaló, asimismo, que la designación del jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Argentina como ministro de Defensa apunta a un acompañamiento a la ofensiva desatada por el Pentágono y es un paso hacia un gobierno cívico-militar. El gobierno contrarrevolucionario de Cuba ha hecho conocer su protesta diplomática contra la infiltración de la flota yanqui en el Caribe, pero no ha emprendido ninguna movilización de masas, seguramente para no interferir en sus propios planes para atraer capital extranjero a Cuba. Es precisamente en estas condiciones, sin embargo, que la izquierda debería tener en su primer punto de la agenda la defensa de Venezuela y Cuba mediante el llamado a la movilización popular y al armamento de las masas. En un momento político en que la agenda de la izquierda se concentra, correctamente, en el combate contra la represión del régimen cubano (Política Obrera fue la única organización de izquierda que se movilizó a la embajada de Cuba en Buenos Aires para protestar contra la represión de las acciones del 11 de julio de 2021, en el oriente de Cuba y en La Habana), no puede caer, sin embargo, en la omisión en cuanto a la lucha contra la flota norteamericana. Por el contrario, debería tomar la iniciativa para desenmascarar las vacilaciones del gobierno cubano frente a la amenaza a la independencia y soberanía nacionales. La lucha nacional contra el imperialismo fortalecería a la izquierda en la lucha contra la restauración capitalista. En otro punto, Christian Castillo, quien sí denunció las amenazas contra Venezuela, se valió de una cita del Programa de Transición para señalar que la Revolución Cubana había dados paso a “un gobierno obrero y campesino” y encaminado a la revolución al socialismo. El gobierno cubano nunca fue “obrero” ni tampoco “campesino”, sino que se convirtió más o menos rápidamente a un régimen bonapartista ´revolucionario´, mediante la estatización de los sindicatos y la vida social, enseguida en un bonapartismo ´tout court´, al incorporar el aparato stalinista al Estado. Para el mismo Programa de Transición, el “gobierno obrero y campesino” refiere a una ruptura “excepcional de la pequeña burguesía con la burguesía”, que sólo puede culminar en la dictadura del proletariado bajo la dirección de un partido bolchevique, o sea, mediante un cambio del poder político. Castillo confunde una consigna transicional, el gobierno obrero-campesino, en un objetivo estratégico. O sea, en la disolución del partido de la IV Internacional. Le quita fundamento a una oposición revolucionaria. Merece también una reflexión el ataque de un panelista cubano, el director de cine Juan Pin Vidal, al planteo de construir un partido obrero auténticamente revolucionario en Cuba. Juan Pin ha tenido un rol protagónico en la lucha por las libertades políticas en Cuba, en la famosa Jornada del 27N de 2020. La Inteligencia Artificial, aseguró, ha puesto fin a la clase obrera, y también insinuó que un partido obrero sería una versión de los partidos stalinistas. La idea que la IA ha puesto fin al trabajo humano es, sin embargo, absurda, pero más errado aun es no advertir que su desarrollo abre una etapa de conmociones financieras, industriales, sociales e internacionales (incluida una guerra mundial), bastante antes de la desaparición tecnológica, vale decir, no histórica, del trabajo asalariado. El planteo del artista cubano encierra un peligro obvio: no tendría sentido luchar para la legalidad, independencia y democracia de los sindicatos en Cuba, que es la forma elemental de organización de la clase obrera. La lucha contra la contrarrevolución en Cuba perdería una de sus consignas principales (la libertad sindical), en la lucha contra una dirección pequeñoburguesa que pasó de revolucionaria a bonapartista y de bonapartista a contrarrevolucionaria. La supresión de la clase obrera como sujeto revolucionario dejaría ese lugar a la intelectualidad cultural y artística. La libertad de la creación artística es fundamental; no por nada Política Obrera le asignó un lugar estratégico a la lucha contra la persecución de los intelectuales políticos del diario Revolución y al poeta Heberto Padilla en los años 60. Al cerrar la presentación, Frank hizo una alusión a una experiencia europea que se conecta con la Cuba contrarrevolucionaria. Repitió una caracterización acerca de los sindicatos independientes o no oficiales polacos, Solidarność (Solidaridad), que es muy común en los círculos stalinistas y pequeños burgueses, a saber, que Solidarność fue la punta de lanza de contrarrevolución en Polonia. En el caso de Cuba, la libertad e independencia de los sindicatos podría llegar a cumplir esa misma función, por lo tanto, deberían permanecer estatizados. La verdad es que la restauración en Polonia fue armada por una alianza entre el partido comunista, el ejército stalinista y la burocracia rusa, de un lado, y la Iglesia, del otro (la Varsovia stalinista tenía el mayor número de iglesias en el mundo). Solidarność fue la expresión de un gigantesco levantamiento de los obreros de la gran industria contra un régimen en bancarrota, con una deuda externa impagable, que funcionaba bajo la tutela del FMI. El levantamiento de los astilleros polacos fue contra el ajuste comunista, a cuya cabeza estaban los principales intelectuales marxistas de Polonia junto a otros con fuertes tendencias clericales. Las huelgas, ocupaciones de empresas y asambleas de fábrica sólo vistas en San Petesburgo en 1905 o 1917 habían creado una situación definitivamente revolucionaria. Como respuesta, el alto mando stalinista de Polonia derrocó a su propio gobierno como alternativa a una invasión de la burocracia rusa. El golpe produjo un reflujo de la situación revolucionaria y de los trabajadores y habilitó un espacio político para un acuerdo entre el gobierno militar y la burocracia rusa, de un lado, y el Vaticano y el papa polaco del otro. Dijimos en ese momento (Política Obrera) que el golpe vaciaba de cualquier contenido 'obrero' al Estado polaco y abría el camino a la restauración; fue un tránsito en el interior de la misma burocracia. Lech Walesa, el líder sindical y de la corriente clerical, pasó de una suerte de Lula de los 80 (quien también contó con el apoyo de las comunidades de base y del obispado de Sao Paulo) a jefe de la privatización de Polonia, como Lula, cuando asumió en 2003, o sea, como el jefe político designado para la transición vaticano-stalinista. La burocracia stalinista evitó una purga anticomunista. Cuba y Fidel Castro (del “gobierno obrero y campesino”) apoyaron al general Jaruzelski, el jefe golpista, en la calidad de defensor de un Estado “socialista” que él mismo estaba vaciando. (En diciembre de 1981, todavía bajo la dictadura, Política Obrera se movilizó a la embajada de Polonia para repudiar el golpe de Jaruzelski.) Tiempo después los papas incluían a La Habana en sus giras políticas. En el periodo revolucionario de Solidarność se formó una fracción obrera trotskista, con líderes de la ocupación de los astilleros. Su programa era la toma del poder por la clase obrera y la dictadura del proletariado. En Cuba, el objetivo debería ser ese mismo, para poner en construcción, sobre la base de un programa, un partido revolucionario de los trabajadores. Como puede verse, la aparición del libro de Frank ha provocado que emerja una panoplia de planteos políticos, que reflejan a las distintas clases sociales y que ponen de manifiesto la crisis política de la oposición al régimen cubano en el campo de la izquierda. Cualquiera que sea la dirección que tomen los acontecimientos en Cuba y en el mundo, el antagonismo de clase entre el proletariado mundial y el imperialismo se hará más agudo. Una dirección política revolucionaria del proletariado es más necesaria que nunca. LEER MÁS: Una historia crítica de la revolución cubana La Revolución más profunda de la historia de América Latina. Por Jorge Altamira, 01/12/2025.

1 de diciembre de 2025
Una historia crítica de la revolución cubana

Cuba atraviesa, desde hace tiempo, no un proceso revolucionario, sino uno contrarrevolucionario. Este desarrollo transcurre en un período de bancarrota del capitalismo, de guerra imperialista de alcance mundial, y confronta con una sucesión de movilizaciones y rebeliones populares que el régimen político de la Isla no ha podido doblegar por medio de la represión. Una creciente diferenciación en el espacio político de Cuba erosiona la losa monolítica de la vigilancia y la represión oficiales; las tendencias políticas, hasta recientemente subterráneas, salen a la luz: “todo lo sólido se desvanece en el aire”. En este marco, el compañero Frank García Hernández presenta su libro “Cuba: una historia crítica (1959-2025)”. Frank es un comunista cubano que ha cobrado una relevancia singular como organizador de los cuatro Eventos Internacionales León Trotsky en América Latina (Cuba, Brasil, Argentina, Paraguay). Aunque el “trotskismo” ha entrado en la agenda política actual de Cuba hace casi dos décadas (y ha tenido una trayectoria autónoma relevante desde la constitución de la Oposición de Izquierda en la Tercera Internacional), la realización de esas Conferencias-Debate le han devuelto una significativa actualidad. La “historia crítica” debe leerse como un balance que debería servir para establecer un programa y construir un partido cuartainternacionalista en Cuba. Cubana en la forma, las tesis principales del texto tienen, sin embargo, un contenido internacional. El carácter de la Revolución Cubana, su desarrollo histórico y la estrategia del marxismo La caracterización de la Revolución Cubana como “socialista” se ha impuesto en forma casi excluyente en la izquierda mundial, incluso desde antes de que Fidel Castro y el Che Guevara la proclamaran como tal en 1962. Para ese momento habían ocurrido tres acontecimientos fundamentales; por un lado, la movilización relámpago (96 horas) y el masivo socorro de la burocracia de la Unión Soviética para enfrentar el boicot petrolero de las compañías extranjeras a Cuba ordenado por el imperialismo norteamericano; por otro lado, la expropiación del conjunto de los capitales extranjeros y nacionales en Cuba y, finalmente, pero para nada menos importante, la victoria militar en Playa Girón contra un intento de invasión organizado por el gobierno Kennedy de Estados Unidos, que implicó la movilización y el armamento de un millón de cubanos. En definitiva, un cuadro histórico excepcional. Lo que ha distinguido el inicio insurreccional de la Revolución Cubana, con la expedición militar a Cuba en el Granma en diciembre de 1956, ha sido la lucha armada organizada por una fracción política histórica de Cuba; una persistente y creciente movilización urbana y la acción directa de las masas. La expedición del Granma fue concertada por el llamado a una huelga general en el Oriente de la Isla, que no prosperó; otra huelga general, en abril de 1958, que fracasó, y por último la huelga general que convocó la guerrilla del ML26, en las dos semanas finales de la victoria, cuando Fidel Castro demoró su entrada en La Habana para realizar grandes acciones de masas en su recorrido. Estas acciones desataron choques y rupturas con las oposiciones patronales que operaban desde Miami. La revolución no solamente derrocó al gobierno de Fulgencio Batista, también destruyó su aparato de Estado y su aparato militar y de seguridad. La consigna “al paredón” llevó a la organización de tribunales populares (no estatales) encargados de enjuiciar a los represores del viejo régimen y aplicar la pena de muerte. Los cierres ‘moralistas’ de cabarets y lupanares para el servicio del turismo extranjero motivaron una gigantesca movilización de rechazo de prostitutas, que expuso la obligación de la Revolución de crear empleos en forma masiva, sólo posible por medio de una transformación social. Los partidos stalinistas sufrieron un golpe político enorme como consecuencia de una revolución que no apoyaron, sino que confrontaron, y que derribaba la tesis reciente de la burocracia rusa (encabezada por el ‘ucraniano’ Kruschev) del “tránsito pacífico al socialismo” y la “coexistencia pacífica entre dos sistemas” con el imperialismo mundial. La revolución cubana significó un fuerte golpe a la colaboración del Kremlin con Washington, que tenía lugar a 1500 km de Miami. La revolución dio lugar a un gran crecimiento de los partidos revolucionarios de izquierda o, al menos, independientes del Kremlin. En la apreciación de nuestra corriente en ese momento, el MIR Praxis, la revolución cubana no se detendría en los marcos del Estado burgués, sino que abriría, como consecuencia de una política consciente, una etapa histórica nueva, incluso a nivel internacional. Tanto Fidel como el Che venían de experiencias excepcionales, como el “bogotazo’ que siguió al asesinato de Eliecer Gaitán, un líder colombiano muy popular, y la capitulación del nacionalismo y el stalinismo ante la invasión de Guatemala, en 1954, por un aparato armado por la United Fruit Company y el imperialismo yanqui. Una fracción de la IV Internacional (Comité Internacional) caracterizó a la Revolución como un movimiento bonapartista; la fracción oficial (Secretariado), al contrario, presentó a la dirección de la Revolución como una corriente que asumía la dinámica de una revolución permanente sin tener consciencia de ella (un plagio de la posición del francés Jean Paul Sartre). La corriente morenista (PTS, IS, MST) la declaró un instrumento ‘democrático’ del imperialismo (‘tesis’ que canceló en 1960, para convertirse enseguida en un sostenedor incondicional del ‘castrismo’ y ‘guevarismo’). La Revolución Cubana no fue nunca, sin embargo, una revolución proletaria; una caracterización contraria sería un obstáculo manifiesto, en la actualidad, para construir un partido socialista de la clase obrera; si la pequeña burguesía, ulteriormente sostenida por un aparato stalinista, puede desarrollar una revolución socialista, la clase obrera quedaría relegada a segundo violín histórico o, con más precisión, a disolverse en la pequeña burguesía a través de una atomización. Dada la variedad de tendencias que han emergido en Cuba (socialdemocracia, reforma del régimen, “gramscismo” y otras más) este centrismo orgánico sería fatal, en especial, si prosperan quienes reivindican “la sociedad civil” (frente al Estado autoritario) o la necesidad de conquistar una “hegemonía cultural”; la sociedad civil (que ignora el antagonismo de clase) es la ficción que justifica al llamado Estado representativo. En los países atrasados, que, aunque enteramente capitalistas tienen un desarrollo ‘precapitalista’, o sea, unilateral y parcial frente a las potencias dominantes, el carácter socialista de una revolución está determinado por la naturaleza proletaria (en composición y programa) de la dirección, no por tareas históricas no resueltas como el régimen agrario, la unidad nacional o la independencia nacional, que tienen un contenido histórico burgués. En Bolivia hubo, en 1952/3, una insurrección proletaria acompañada subsiguientemente por un levantamiento campesino, que destruyó en 24 horas al ejército, estableció un soviet mediante la fundación de la Central Obrera y ocupó las minas (algo muchísimo más avanzado que la revolución cubana); sin embargo, su dirección entregó el poder a la pequeña burguesía nacionalista del MNR (agente de la burguesía nativa y del destruido aparato militar), que se encargó de revertirla. En Cuba, no hubo una revolución proletaria, pero su dirección pequeñoburguesa ejecutó una política revolucionaria sin parangón en la historia moderna, que puso en pie un Estado transicional, pero ni obrero ni socialista. Bolivia y Cuba, a través de un proceso recíprocamente contradictorio, tienen en común una gran crisis histórica de dirección: una dirección obrera-pequeñoburguesa que cede el poder (caso Bolivia) a un partido representante de la burguesía pseudonacionalista, y, en Cuba, una hegemonía de la pequeña burguesía revolucionaria que subordina a la clase obrera, que no llega como clase independiente al proceso revolucionario. El Partido Socialista Popular, el partido obrero de Cuba, había apoyado al gobierno de Batista en la década del 30; luego integró su segundo gobierno en los años cuarenta; finalmente, se subió al carro de la Revolución ya consumada, para estrangularla o usufructuarla y someterla al control de la burocracia stalinista contrarrevolucionaria de la ex Unión Soviética. En cuanto al método para caracterizar al Estado revolucionario, Lenin ha dejado enseñanzas insuperables. Caracterizó al Estado emergente de la Revolución de Octubre como “un Estado burgués sin burguesía”, donde “la clase obrera es semidirigente y semioprimida”. En definitiva, un Estado en transición, aun burgués por la negativa, cuyo carácter de clase está determinado por su dirección política y por las perspectivas históricas que abre; más adelante, a partir de las concesiones de mercado, se referiría a “un capitalismo de Estado”, donde el Estado creado por la Revolución confronta con las clases capitalistas (esencialmente, el campesinado acomodado y a través de él con el mercado capitalista mundial). Una revolución proletaria en un país de desarrollo capitalista ultravanzado, iniciaría el tránsito del socialismo al comunismo; sería, además, inmediatamente internacional. En un país relativamente atrasado, inicia un tránsito del capitalismo al socialismo, condicionado, al menos en última instancia, al desarrollo de una revolución internacional. Toda expropiación del capital es una medida históricamente revolucionaria, pero esto no le da un carácter revolucionario a la ocupación de Polonia en el acuerdo Stalin-Hitler, ni al sometimiento de los Estados ocupados por la URSS en la segunda guerra mundial, donde el capital fue expropiado por una acción ‘desde arriba’. La dialéctica de la historia abunda en este tipo de contradicciones; no entenderlas llevaría al dirigente trotskista griego Michel Pablo a asegurar que el pasaje al socialismo mundial sería la consecuencia de sucesivas acciones confiscatorias de parte de la burocracia stalinista, en una guerra a muerte de ella con el imperialismo. O llevaría al historiador Isaac Deustcher a apoyar la represión de los obreros de la construcción de Berlín, que protestaban contra la superexplotación laboral, por parte del ejército ruso en 1953. Deustcher entendía la extensión del socialismo en el mundo “à la Napoleón”, quien emprendió la imposición imperial del derecho burgués en la Europa feudal por medio del ejército francés. La cuestión de la dirección política no fue descuidada en torno a la Revolución Cubana, como tampoco podía ser de otra manera. Para ‘hacer’ la revolución, se sostuvo, era necesario un “foco armado”, no un partido, y menos un partido obrero. Esto provocó una onda de “guerrillerismo internacionalista”, con una ola consecuente de derrotas, donde tampoco importaba el programa; el “foco” de los Montoneros tenía el propósito de liquidar el Cordobazo mediante el retorno de Perón. La Revolución se hizo cargo de los sindicatos para controlarlos, ante el vacío dejado por la burocracia sindical “mujalista’, por Eusebio Mujal, un agente de Batista; fue el terreno para la injerencia del aparato stalinista y la estatización sindical. Llama la atención el poco lugar, o incluso ninguno, que juega la independencia y la democracia de los sindicatos en los debates que se desarrollan en la actualidad entre la oposición. No se trata de prefigurarlos jurídicamente, sino de cómo alimentar el desarrollo de una dirección obrera clasista en base a un programa de reivindicaciones. Al final, la llamada cuestión del partido derivó en la fusión del ML26 y el aparato stalinista, como un complemento fatal de la integración de Cuba al campo institucional organizado por la burocracia rusa en Europa del este. El partido comunista de Cuba no ha sido realmente un partido, es sólo un aparato, una correa de transmisión del Estado, que jamás tuvo la práctica de un partido con debates, discusiones y fracciones públicas. La Revolución barrió con los partidos tradicionales, pero no dio lugar a corrientes, organizaciones o partidos de trabajadores. El arbitraje que impone todo régimen estatal, incluso un Estado obrero, ha asumido un carácter bonapartista muy temprano en la persona de Fidel Castro. No es previsible una autorreforma democrática del régimen cubano, menos aún en un período de crisis política, políticas contrarrevolucionarias y agotamiento y hasta agonía de la democracia burguesa en general. Cualquiera fuera el desenlace de la crisis actual, las opciones son una dictadura burguesa (bajo diferentes formas) o una dictadura del proletariado. La lucha por las libertades democráticas, sindicatos independientes y libre organización de las masas debe servir para desarrollar la conciencia de clase y la organización de los trabajadores, para que impongan, contra la dictadura de una burocracia restauracionista o directamente burguesa, la dictadura del proletariado. La cuestión de la pequeña burguesía revolucionaria que ha caracterizado a la Revolución cubana no es excepcional. Fue abordada, por de pronto, en el IV Congreso de la Internacional Comunista, en un período de grandes convulsiones y revoluciones en las Colonias. La IC distinguió entre los movimientos nacionalistas burgueses, históricamente progresivos, entre aquellos con una tendencia a compromisos con el imperialismo y los movimientos nacionalistas revolucionarios, que impulsaban movilizaciones revolucionarias. En el apoyo resuelto, reservado a estos últimos, se incorporaba una advertencia señalada como fundamental: no confundir comunismo con nacionalismo y denunciar la tendencia sistemática del nacionalismo a revestirse como socialista. No se ha tomado ese recaudo en cuanto a la Revolución Cubana, cuya dirección fue presentada como socialista consecuente. El punto nodal de diferenciación entre el comunismo bolchevique, de un lado, y el nacionalismo, no importa cuán revolucionario sea, es la dictadura del proletariado como único punto de partida de una revolución permanente, internacional. Como observador atento de la realidad mundial, de un lado, y de las peculiaridades nacionales, del otro, Lenin señaló que una nación atrasada que no hubiera ingresado ya en un desarrollo capitalista, podía saltar esa etapa si: organizaba a las masas (esencialmente campesinas comunales y artesanas urbanas) en soviets, y se aliaba a la Unión Soviética revolucionaria. La línea divisoria maestra es siempre la cuestión del poder, o sea, de la dictadura del proletariado. La unión política internacional entre una burocracia con sede en La Habana con otra con sede en el Kremlin no constituye una vía hacia la dictadura del proletariado, sino a lo contrario. Una restauración capitalista no es completa porque se devuelvan empresas confiscadas al capital, algo que hipotéticamente puede ser negociado por un gobierno revolucionario con el imperialismo (la Rusia de Lenin y Trotsky estuvo dispuesta a negociar el pago de la deuda externa dejada por el zar, a cambio del levantamiento del boicot comercial y económico de las grandes potencias contra Rusia, nada de lo cual ocurrió). Es completa cuando ha quebrado el poder político en manos del proletariado. Cuestiones similares a las expuestas fueron discutidas en la III Internacional frente a la hipotética emergencia de “gobiernos obreros”, como estuvo por ocurrir en Alemania a consecuencia de la huelga general contra el llamado “putsch” Kapp, entre centrales sindicales y corrientes obreras reformistas. En determinados casos llamaba a apoyarlos, por ejemplo, si armaban a las masas, pero sin abandonar su independencia política o confundir a esos gobiernos con la dictadura del proletariado. Para encuadrar estos asuntos y estos debates es necesario entender que la revolución es una eclosión histórica que irrumpe de diversos modos, y que fuerza a intervenir a diversas clases; no es una conspiración bien planeada, es un parto de los ciclos históricos. No se pueden adoptar, por tanto, criterios dogmáticos ni mucho menos renunciar a las conclusiones derivadas de la experiencia histórica. La historia es transición; es necesario transmutarse en la dinámica revolucionaria de su desarrollo con un planteo de acción claro, aunque siempre tentativo, o sea, sujeto a correcciones. Repetidamente citado, el Programa de Transición no descarta que partidos pequeñoburgueses puedan ir ‘más lejos’ de sus propósitos establecidos, y que rompan con la burguesía y tomen el poder. Pero eso sería un paso hacia la dictadura del proletariado, dirigida por un partido realmente socialista. En su libro mal titulado “La Revolución Traicionada”, León Trotsky responde a la pretensión de Mussolini de que con un toque de botón él podía convertir a Italia al socialismo (algo que pretendió hacer luego en la República de Salo, después de ser liberado por los alemanes), de que sólo el bolchevismo había expropiado a la burguesía. Ahora, Trotsky podría añadir que lo mismo hicieron Fidel y el Che, luego de una revolución que había destruido el preexistente aparato estatal de la burguesía. En forma muy parcial hicieron lo mismo algunos Estados africanos. Pero las expropiaciones no son sinónimo de dictadura del proletariado ni determinan un carácter obrero de la Revolución Cubana. En ausencia, en un tiempo prolongado, de una revolución socialista en los países avanzados, el aislamiento del mercado mundial desgasta el patrimonio industrial expropiado y se convierte en una hipoteca económica; las expropiaciones no son sinónimo de abolición del trabajo asalariado, ni llevan a ella. La misma planificación sufre consecuencias lastimosas, como cuando Fidel Castro intentó salvar el comercio con Rusia mediante una zafra de diez millones de toneladas, que resultó en un costo de producción superior a los precios privilegiados que ofrecía Moscú. O sea, en una catástrofe económica. Las nacionalizaciones por parte de regímenes pequeñoburgueses han enturbiado la vista de ciertos sectores intelectuales y de una mayoría de “trotskistas”. La expropiación del capital representa un paso hacia el comunismo cuando ella constituye una reapropiación colectiva de las fuerzas productivas por parte de la clase obrera. Mientras no ocurra esto, la propiedad estatal es una propiedad privada del Estado, él mismo una expresión real, deformada o residual de una dominación política contra los trabajadores. En sí misma, la expropiación no representa sino un estadio de la crisis capitalista y de la lucha de clases. La cuestión central del carácter del poder tuvo una expresión concreta en la polémica entablada por el Che Guevara, cuando sostenía la necesidad de combatir y eliminar a la burocracia; modificar las reglas de distribución de la producción y el ingreso social; cuestionar la ley del valor en un período de transición y rechazar una alianza estratégica con el Kremlin. Hipotéticamente, el Che advertía los límites ‘socialistas’ de la pequeña burguesía política y buscaba su alteración. Ese mismo Che, años antes había desautorizado los planteos a favor de una democracia obrera, que hacía el POR (Posadista), con la presuntiva idea de que una deliberación obrera no podía superar la capacidad de orientación política de la dirección pequeñoburguesa que había entablado y ganado la lucha revolucionaria. La capacidad de cada clase, en efecto, se determina por el papel de cada una en la lucha concreta; el ‘accidente’ que representa una revolución de la pequeña burguesía pone en evidencia la crisis histórica de dirección de la clase obrera. La cultura de la vanguardia del proletariado y, en esa medida, del proletariado en su conjunto, es un factor fundamental en el desarrollo de una conciencia de clase. En julio de 1979, tuvo lugar la victoria de otra Revolución, no ya semejante, sino incluso más profunda que la Revolución Cubana. En la guerra civil contra Somoza perdieron la vida 50.000 nicaragüenses. Los Somoza eran una dinastía; según Frank Delano Roosevelt, “nuestros hijos de puta”. Roosevelt no era un Trump; en 1933 había derogado la Enmienda Platt que autorizaba la invasión de Cuba por el imperialismo norteamericano; la derogó bajo la presión de la revolución cubana de 1930. El Frente Sandinista, sin embargo, conducido por la pequeña burguesía, no buscó emular a Fidel y al Che; no “fue más allá” de sus propósitos, pero especialmente por la presión del propio Estado cubano, que quería a Nicaragua como una carta adicional de presión sobre Estados Unidos y las burguesías para obtener una “coexistencia pacífica” latinoamericana. Los teóricos de la revolución socialista en Cuba evaden por completo lo ocurrido con la revolución sandinista. La victoria de la Revolución Cubana había desatado una onda de dictaduras militares en América Latina; la Sandinista, por el contrario, un desplome de las dictaduras subsiguientes. El gobierno ‘socialista’ de Cuba no llamaba a seguir su propio ejemplo, sino a contradecirlo. Nicaragua formó un gobierno con la gran burguesía opositora (los Chamorro), que finalmente derrotó electoralmente al sandinismo, y que luego gobernó con la completa lealtad del ejército sandinista. Más trascendente, si cabe, fue, por supuesto, el apoyo de Fidel Castro al gobierno de la Unidad Popular en su visita Chile, en 1971. La UP enfrentaba un creciente levantamiento de obreros y marinos que reclamaban tomar el control de la producción y anticiparse a un golpe de Estado. Fidel los llamó a desistir de esa política y apoyar incondicionalmente al gobierno de la Unidad Popular. Lo que la derecha caracterizó como una visita subversiva a Chile, era lo contrario. En febrero de 1972, Salvador Allende había declarado al director del diario Le Monde que se opondría por todos los medios a “una dictadura del proletariado”; seis meses después despidió de Defensa al general constitucionalista Carlos Prats y designó a Augusto Pinochet. En cuanto a Hugo Chávez, luego de que Fidel Castro diera su apoyo al presidente Carlos Pérez, que había masacrado en Caracas a un gran número de trabajadores en protestas contra el golpe popular de febrero de 1992 del futuro líder bolivariano, Cuba se aseguró que este militar nacionalista pequeñoburgués no sacara los pies del marco del Estado venezolano. Hugo Chávez ejerció un gobierno bonapartista –de poder personal- y estatizó los sindicatos. La medida nacionalista fundamental de Chávez fue evitar la transnacionalización de PdVSA y el plan arraigo de viviendas populares. La Revolución Socialista cubana trasmutó al “Socialismo del Siglo XXI”, sin mediación de revoluciones sociales y un gran despilfarro del Tesoro para pagar nacionalizaciones a valor de mercado. Las revoluciones protagonizadas por el campesinado, pero caratuladas de socialistas, como es el caso de China, Vietnam o Cambodia, incluso por medio de guerras “prolongadas” por la independencia o unidad nacionales, han venido acompañadas por fuertes tendencias antiproletarias, que miran a la ciudad como un reducto extraño y por sobre todo hostil. Se destruye el verdadero ámbito de la revolución moderna, la gran ciudad, que tiene por tarea dirigir al campo. Mao no emprendió un plan de industrialización que trasladara a la sobrepoblación rural a la fábrica moderna, con sus peligrosos ciclos de auge y depresión; las confinó al medio rural mediante una revolución agraria. El caso de Cambodia fue infinitamente más dramático: el partido comunista vació las ciudades por medio de métodos criminales contra millones de personas. León Trotsky ya había advertido acerca de estas tendencias de los movimientos campesinos en sus escritos sobre China en la década del 30. Señaló que podrían seguir un patrón de hostilidad hacia la ciudad, que había observado en el campesinado ruso luego de la derrota de la revolución de 1905, como consecuencia de una brutal “reforma agraria” impulsada por el ministro del Zar, Piotr Stolypin. Desde los últimos años de la ex URSS, Cuba se debate en una crisis de productividad y financiamiento y en un retroceso fenomenal de las fuerzas productivas. El salto al turismo internacional no ha resuelto nada: por el contrario, ha agravado la desigualdad social; tampoco el establecimiento de “zonas libres”, que sigue al caso de China. Ha emprendido un descomunal ajuste social, para atraer inversiones extranjeras, que superan por lejos a la aventura catastrófica de Javier Milei. La pequeña burguesía nacionalista cubana ha descubierto que la premisa para alcanzar un orden “macroeconómico” con el capital internacional y el pequeño capital interno es un completo sometimiento de la fuerza de trabajo. El problema es que gran parte de esa fuerza de trabajo es altamente calificada y atraída por el mercado internacional. El ajuste se descarga sobre los sectores más vulnerables. Aunque el financiamiento internacional abunda, la economía debe ajustarse a la expectativa de extracción de plusvalor del capital extranjero. Si siguiera el ejemplo de la restauración de China, de desintegración del espacio campesino y subvaloración de la fuerza de trabajo industrial, el primer candidato a hacerse cargo de la economía de Cuba no es el capital de China, sino de La Florida. Embarcado en una guerra comercial y financiera contra China, el gobierno de Trump no se presenta como candidato para este emprendimiento; ahorita mismo está planificando un cambio de régimen en Venezuela. Como ocurre con numerosos otros países, Cuba no puede pagar las deudas contraídas con China y por lo tanto emprender una restauración capitalista ‘a la China’... con la misma China. En cualquier caso, la tendencia a una salida contrarrevolucionaria está planteada. Pero sin organizaciones propias, es improbable una resistencia de conjunto de las masas, aunque sí estallidos locales y generales de diferente amplitud; un resquebrajamiento en la burocracia gobernante es previsible. El compañero Frank García Hernández ha desatado un debate, obviamente fundamental, y con un texto concreto, que es como se puede desarrollar un programa. La “democracia socialista” ha sido la contraseña, desde Ernest Mandel en adelante e incluso antes de él, para abandonar la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado supone la deliberación ejecutiva de los trabajadores, colectivamente. Esta dictadura, que en su forma política debe ser el resultado de una revolución proletaria victoriosa, es también su premisa; el proletariado declara el carácter soberano de la lucha de clases que emprende, sin sujeción a las reglamentaciones del Estado burgués. De este modo, toda victoria reivindicativa que se impone al Estado no solamente es provisoria, es condicional; en el curso de la lucha de clases se debe volver sobre ella una y otra vez. El caso de Argentina -y no sólo de ella- es contundente: la “reforma laboral” que quieren imponer el Ejecutivo y el Congreso está vigente a todos los fines prácticos. El Estado coacciona a los jueces laborales a desechar los reclamos individuales o de grupo; los caracteriza como “la industria del juicio”. Las decisiones de asambleas obreras que enfrenten esta ofensiva con la acción directa, la huelga general o la ocupación de empresas, es una forma más o menos desarrollada del ejercicio de la dictadura del proletariado a partir de deliberaciones democráticas. Lo dijo Lenin: Marx no descubrió la lucha de clases, sino que ella conduce a la dictadura del proletariado. Es necesario combatir las salidas intermedias que no existen, con el pretexto de la insuficiencia de consciencia de los trabajadores. Esta insuficiencia sólo la tiene el negacionista, porque la dictadura del proletariado no es sólo un fruto maduro y transicional hacia la sociedad sin clases, sino que “nace desde el pie”, o sea, en la acción de lucha más primitiva del proletariado: en la asamblea, en el comité de fábrica, en los congresos electos por la base, en toda orientación clasista; en la escisión de la “sociedad civil”. Del mismo modo que tampoco existe la “dictadura democrática”, o sea, de varias clases, como ya lo probó la Revolución de Octubre; por el contrario, esa variante es la envoltura del frente popular, es decir, los frentes de colaboración de clases con la burguesía ‘progresista’, ‘nacional’ o ‘democrática”. Cuando los regímenes capitalistas se encaminan a instaurar “estados de excepción” (ni hablar de guerras genocidas), la lucha por las libertades democráticas no debe orientarse al restablecimiento del estado político precedente (que reforzará la tendencia renovada al estado de excepción), sino al estado del futuro: la dictadura del proletariado. La pequeña burguesía es una clase intermedia y por eso oscilante, que medra en la confusión. En una lucha de clases ‘a finish’ puede volcarse al fascismo, si el proletariado no lucha sistemáticamente para tenerla de su lado. Bienvenido “Cuba: una historia critica, 1959-2025”, escrita por un intelectual, historiador y militante socialista.