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En Defensa del Marxismo N° 8

1 de enero de 1995 · 9 notas

Notas de este número

1 de septiembre de 1995
“La crisis no terminó”

Las causas económicas de la crisis política Existe una completa unanimidad entre los analistas políticos acerca de que la ratificación de Cavallo no ha concluido la crisis política. Los “mercados” se han anotado también en esta coincidencia, como lo demostró la continua caída de las acciones y títulos públicos, así como la pérdida de reservas del Banco Central, cuando ya había pasado más de una semana de la “ratificación” de Cavallo. El derrumbe bursátil se producía simultáneamente con la confirmación de dos empréstitos, en Alemania y en Japón, por dos mil millones de dólares, que tienen por finalidad recomprar títulos públicos para elevar sus cotizaciones. Otro dato es que a pesar de este “reingreso” al llamado "mercado voluntario” de créditos, e incluso de la aprobación del nuevo acuerdos con el FMI, las calificadoras de riesgo de los Estados Unidos (Standard & Poor) no han alterado la calificación del "riesgo argentino” establecida luego del estallido del “efecto tequila”. Las intervenciones de Cavallo, en la televisión y en el Congreso, han transformado la división creciente que se venía registrando en la burguesía, como consecuencia de la crisis económica, en una guerra abierta entre pulpos, mafias y fracciones políticas; es decir que ahora existe la amenaza de una quiebra en el gobierno e incluso de un principio de quiebra en el aparato del Estado. Cavallo reflotó el asunto Yabrán para tapar la denuncia que involucra a los funcionarios de la Fundación Mediterránea en una coima de 37 millones de dólares en el contrato de informatización del Banco Nación, con la IBM. Dos profesores de computación de la UBA han demostrado que las condiciones de la licitación del BNA fueron confeccionadas a la medida de IBM y que las características del contrato permiten suponer que el monopolio yanqui sobrefacturó su servicio en muchos millones de dólares. “La clave del caso Banco Nación, dice Ariel Garbaz, profesor a cargo de la cátedra de Tecnología de Computadoras, de la UBA, en Página 12 (29/8),… está en la página del pliego de licitación, donde se exige que el equipo principal del sistema sea modelo 9121, y ese modelo es exclusivo de IBM. Así quedaron afuera todos los restantes interesados, que ni siquiera llegaron a ser oferentes". Garbaz añade que “en el caso de las licitaciones informáticas hay un agravante mayor: cuando un sistema se basa en un hardware exclusivo no tiene precio de referencia, el precio es simplemente aquel que el comprador esté dispuesto a pagar y aquí el Banco Nación estuvo dispuesto a pagar cincuenta veces más que otros sistemas de similar prestación pero por supuesto carentes del ‘modelo exclusivo”. No conozco antecedentes en el mundo de algún sistema informático bancario que cueste casi medio millón de dólares por sucursal (249 millones dividido en Central y 520 sucursales”. Semejante desfalco no es óbice, por supuesto, para que los alcahuetes de la burguesía sigan viendo en el llamado "costo laborar al principal obstáculo de la “modernización argentina” y que nada digan de los descomunales costos capitalistas, como esta sobrefacturación del 5.000% que será cargada al presupuesto nacional. IBM ha monopolizado prácticamente todas las licitaciones informáticas del clan Cavallo, en perjuicio de Unisys y NCR. Aunque sorprenda a muchos, The Wall Street Journal acaba de informar (ver La Nación, 28/8) que IBM ha subcontratado a la gráfica Ciccone para crear un sistema de emisión y control de pasaportes y que esta subcontratista recibió financiamiento del grupo Yabrán. Ciccone es la única compañía autorizada para imprimir billetes, bonos y cheques. Cavallo reconoció en el Congreso que había intentado llegar a un acuerdo con Yabrán en el negocio del correo. Estamos en presencia, entonces, de una ruptura de negocios comunes y, probablemente, de una división interna del equipo Cavallo. Una evidencia de esto lo constituye la renuncia del secretario de Ingreso Públicos, el “memorable” Tacchi, que se produjo precisamente luego de la investigación a IBM y a sus sub-contratistas en el asunto del Banco Nación. Tampoco debe olvidarse que la correspondencia de la DGI está a cargo, no del Correo estatal, sino de O casa, del grupo Yabrán (incluso existiría una asociación íntima de éste con American Express) (Página 12, 30/8). Otra manifestación de la crisis interior del equipo Cavallo fue un *alejamiento" anterior, el del presidente de la Comisión de Valores y agente de los Fondos de Pensión norteamericanos, Martín Pérez Redrado, quien hoy milita junto a Erman González, el cual es un blanco invariable de los ataques de Cavallo. El plan Cavallo, además de "destructor de empleos" (Caro Figueroa dixit), se ha transformado ahora, como consecuencia de esta declaración abierta de guerra, en un amenazante destructor de negocios, algo que los capitalistas y el Estado no pueden, a la larga, tolerar. Cavallo ha extendido la declaración de guerra a toda clase de negocios y negociados. Hay una guerra declarada, por supuesto, en lo relativo al Correo (incluso atentados criminales), donde se enfrentan el grupo Yabrán y Federal Express; el embajador Cheek reconoció que esta última opera a través de los permisionarios pequeños. Una guerra se ha declarado también en el tema seguros, pues Cavallo denuncia que las compañías que operan en la plaza argentina pretenden cobrarle al Estado reaseguros truchos por más de mil millones de dólares; en este sector Cavallo está defendiendo el ingreso de pulpos como Metropolitan Life, que ya ha puesto sus garfios en las AFJP. Como si el horno aun estuviera para bollos, el secretario de Agricultura, Felipe Solá, reflotó las acusaciones contra la mafia de los frigoríficos, principalmente los instalados en la provincia de Buenos Aires, denunciados por evasión de millones de pesos en impuestos y una deuda fiscal de 80 millones de dólares (La Prensa, 27/8); es incuestionable que aquí está en juego la monopolización del comercio exterior de carnes. El gobernador Duhalde y su ministro de la producción, Brown, están en la primera línea de defensa de los frigoríficos acusados. A todo este ajuste general de cuentas hay que sumar el no resuelto asunto de las patentes medicinales y la denuncia de Cavallo de que los laboratorios nacionales habrían coimeado a diputados del oficialismo y de la oposición. Se podría cerrar el recuento con la batalla que se disputa por el contralor de la Comisión de Telecomunicaciones, encargada de vigilar la aplicación de los contratos de privatización de teléfonos. La creciente división de la burguesía, consecuencia inevitable de la crisis económica, que en Prensa Obrera fuimos destacando desde las elecciones del pasado 14 de mayo como una característica de la nueva situación política, ha sido convertida por Cavallo en una guerra entre pulpos y por lo tanto en una amenaza general para los negocios capitalistas. Esto explica, claro, los reclamos de treguay de apaciguamiento. De cualquier manera, esta guerra entraña la posibilidad de una crisis política de alcances muchos mayores, es decir, una fractura del poder; para ello sería suficiente una masiva fuga de capitales, determinada por la bancarrota financiera en que se encuentran el Estado y gran parte de la burguesía local. El nombramiento de Wenceslao Bunge como representante de Yabrán, demuestra los sólidos apoyos con que cuenta éste dentro del gobierno norteamericano. A Cavallo le salió una réplica, no porque Bunge integre la pandilla de Harvard, sino porque sus lazos con los hombres del imperialismo yanqui son harto sólidos. Bunge está ligado a los estudios de abogados y consultoras económicas más importantes de los Estados Unidos, como los que encabezan W. Rogers y Kissinger, ambos ex secretarios de Estado. Además, fue un agente activo, en Nueva York, de las principales privatizaciones argentinas. Vinculado a Alejandro Reynal, del Merchánt Bank, pertenece al círculo de los Martínez de Hoz; el Merchant actúa en la Bolsa de Buenos Aires, se encuentra asociado al gigante pulpo financiero Salomon Brothers, desde 1985, y está realizando inversiones en bancos que se encuentran en crisis (Cronista Comercial, 30/8). La designación de Bunge indica claramente que la gran burguesía exige un arreglo, es decir un reparto de los negocios, con la posibilidad alternativa de llevar la guerra hasta sus últimas consecuencias. Una tregua, sin embargo, no sería más que el intervalo para un nueva crisis. La gran burguesía, a la que la prensa ignorante coloca a la rastra de Cavallo, se queja de que “Cavallo ha abierto demasiados frentes de pelea” y de que “El deterioro de las expectativas en la plaza argentina se debe al agudo bombardeo de denuncias y rumores políticos” (sección financiera de Ámbito Financiero, 30/ 8). Este cuadro de situación explica que Bernardo Neustadt, “amigo” de los Cavallo, Bunge, Menem y Yabrán, haya planteado desde el inicio de esta nueva etapa de enfrentamientos, que Cavallo debía renunciar 0*Menem o Cavallo”). Desde un punto de vista financiero, si el conflicto saliera definitivamente de madre, se produciría una nueva crisis que podría dejar en la lona a las numerosas empresas o pulpos que se encuentran endeudados en centenares de millones de dólares. Reabriría la crisis financiera no cerrada en toda América Latina, con gran perjuicio para los especuladores norteamericanos. Especialmente afectado quedaría el sector de especuladores internacionales que actúa en los llamados mercados de derivados”t donde se realizan las operaciones de garantía o cobertura de la deuda argentina, y que tenían hasta ahora como cierto el mantenimiento de la paridad cambiaría. A este sector de especuladores, que se ha comprometido a vender dólares futuros a la par, 1 a 1, una devaluación, no importa cual fuera su detonante, podría costarle fortunas. Este sector, especialmente, se encuentra detrás la movilización de políticos y capitalistas que reclamaron que Cavallo fuera ratificado, al menos por el momento. En los últimos diez días se fugaron unos mil millones de dólares (1.500 si se le suman las reservas bancarias que ahora se depositan en el Deustche Bank de Nueva York), lo cual equivale al 50% del valor de los empréstitos recientemente contratados; la circulación monetaria se redujo en un 10%. El respaldo en dólares del peso cayo a menos del 80%. La devaluación potencial del peso, representada por esta fuga de capitales, se manifestó no solamente en la caída de los títulos y de las acciones que cotizan en la Bolsa argentina, sino también en los mercados de cambio de Chile y de Brasil, cuyos Bancos Centrales no están obligados a responder a un tipo fijo. “Crisis argentina provoca nueva alza del dólar”, tituló El Mercurio, de Santiago (28/8); “Cavallo queda, pero arrastra a la suba al dólar en Brasil”, anunció la GazetaMercantil (25/8). La Bolsa ha vuelto a los niveles que tenía cuando tocó fondo la crisis mexicana. Mientras tanto, la crisis económica se ha agravado en términos estructurales, como lo demuestra el crecimiento de la deuda externa en 11.000 millones de dólares en la primera mitad del 95 y la espectacular caída de la producción industrial. La crisis política, como acertadamente lo señaló Angeloz, amenaza crear un gobierno “bicéfalo”, lo cual dice mucho del deterioro del poder ejecutivo y de su capacidad de arbitraje; se trata de un poderoso elemento de disgregación del Estado. A esto se une el hecho de que Cavallo ha virtualmente creado un bloque parlamentario propio con una treintena de diputados justicialistas y de que cuenta con algunos gobernadores. En su intervención en el Congreso, volvió a insistir en que el poder ejecutivo es co-legislador, una tesis que significa que quiere convertir al Congreso en un cámara de registro. La crisis amenaza paralizar el proceso legislativo y, por los lazos que lo unen, el judicial; Cavallo llegó a conseguir que se eliminara una hoja de un expediente en una reciente crisis con la Corte Suprema. Por último, la fracción cavallana se apresta a disputar la elección del intendente de la Capital, a través de Gustavo Béliz. Los cavallanos están impulsando una reforma de los partidos políticos que establezca la realización de “internas abiertas” con la inocultable intención de apoderarse de las principales candidaturas del PJ, para 1999, en una reedición de lo que ocurrió en Córdoba cuando, por medio de ese procedimiento, el cavallista Schiaretti resultó elegido candidato en lugar de la Sota. Esta tendencia a la disgregación política y la pretensión de superarla por medio de acciones de fuerza, se manifestó anticipadamente en el desplazamiento del gobernador de Córdoba, que fue obligado a renunciar mediante un boicot financiero que protagonizaron conjuntamente Menem y Cavallo, de un lado, y la Banca Dillon y el Banco Mundial, del otro. El régimen político menemista se vale cada vez más del método del golpe de estado, indicio inconfundible de disolución político. Que la crisis política haya estallado de una manera tan rotunda a 100 días de las elecciones del 14 de mayo, constituye una demoledora confirmación del diagnóstico que el Partido Obrero de que los comicios no resolverían los problemas planteados por el derrumbe del “plan” Cavallo a ninguna clase social, y de que el proceso post-electoral debía abrir un intenso enfrentamiento con las masas y una crisis política (en el Estado). Causas objetivas La causa objetiva de la guerra entre los pulpos y de la crisis política, es la crisis económica en su conjunto. El derrumbe del *'plan” Cavallo significa que éste no puede asegurar el proceso de la acumulación de capital, siendo indiferente para el caso que esto ocurra con una u otra paridad cambiarla. De hecho, la recesión económica y la deflación de precios, que en parte ya está ocurriendo y que explica el parcial cambio de tendencia del saldo del comercio exterior, deberían inducir a una revaluación del peso; la deflación, después de todo, significa que el dinero se valoriza con relación a las mercancías contra las que se intercambia. Si esta revaluación del peso no ha ocurrido, ello está demostrando que el gobierno sigue una política inflacionaria: emisión de moneda para rescatar bancos y déficit fiscal. Por otro lado, la escala de la deflación que se ha producido hasta el momento es considerablemente inferior al nivel de desvalorización real del capital, la cual se encuentra disimulada en los balances de las empresas y bancos que están virtualmente en quiebra, y en el estímulo ficticio del mercado de acciones. Por este motivo, la amenaza de una devaluación del peso está planteada, no por la crisis industrial y la quiebra bancaria, sino por los intentos que realiza el gobierno de rescatar a los capitalistas mediante subsidios y un mayor endeudamiento. Un intento capitalista “ortodoxo” de mantener la paridad del peso con el dólar, eliminaría los subsidios y reduciría la deuda interna y externa, lo que llevaría a una quiebra económica generalizada. Quienes identifican al “plan” Cavallo con el actual tipo de cambio, simplemente lo están justificando, mientras ocultan el estallido de todas las contradicciones del movimiento de la acumulación capitalista. Los índices de la producción industrial de julio (corregidos por factores de estacionalidad) revelan una caída del 4.4% con relación a julio de 1994; según el Estudio Broda, “la producción industrial y el PBI cayeron durante el segundo trimestre respecto de los primeros tres meses del año, en términos desestacionalizados, aproximadamente el 6.5% y el 5.2%, respectivamente” (El Economista, 25/8). Entre el segundo y el primer trimestre de este año, la baja de la producción industrial fue de casi el 10%. En los primeros siete meses de 1995, la producción industrial apenas superaba en un 6% al nivel de once años antes, en 1984 (Informe Fiel). ¡Estos son los "milagros” del “plan económico”. Lo principal, con todo, es la perspectiva de bancarrotas creada por la crisis. La cartera irregular de préstamos bancarios creció en un 26%, entre diciembre y mayo pasados, de 13.560 a 16.593 millones de pesos, con tendencia creciente. Estas cifras significan, grosso modo, una perspectiva de incobrabilidad de más del 40% del total de los préstamos bancarios y equivale al 120% del total del patrimonio de los bancos, lo que significa que el sistema se encuentra técnicamente quebrado. Dentro de la cartera irregular, los préstamos definitivamente incobrables, subieron de 3.162 millones de pesos, en noviembre de 1994, a 5.300 millones, en marzo último, un aumento de casi el 70% en cuatro meses. Desde marzo, la situación debe haber empeorado considerablemente. Otro índice de la bancarrota lo constituye la morosidad en las AFJP, del orden del 45% de los aportes totales, que son retenidos por las patronales (Página 12, 5/8). Estos datos ponen en evidencia que el retorno de unos 4.000 millones de dólares al sistema bancario, no ha resuelto nada, ni constituye, decimos, un principio de solución. La razón es muy sencilla de entender: los bancos tienen que pagar intereses por depósitos que no pueden prestar; la crisis se caracteriza, precisamente, por la dificultad para "reactor” el capital ocioso depositado en los bancos! Para superar esta limitación sin superar la propia crisis, Cavallo ha ideado diversas bicicletas financieras, que deberán aumentar naturalmente la hipoteca general que pesa sobre la economía. Estableció, por ejemplo, que los encajes bancarios, es decir las reservas que deben guardar los bancos como una garantía de los depósitos, sean remuneradas por el Banco Central o puedan ser depositadas en el Deutsche Bank de Nueva York; se anuncia, incluso, que se admitiría la posibilidad de constituir esos encajes, no con dinero, sino con títulos públicos. Es decir que se recurre a aumentar el déficit fiscal, esto porque el Banco Central deja de recibir intereses por los encajes que recibía y en su lugar debe pagarlos, y se impulsa una expatriación de capitales, (según Ámbito Financiero (30/8), de los 1.500 millones de dólares que se fugaron al exterior, a fines de agosto, más de 500 millones están representados por colocación de reservas bancarias en la sucursal neoyorquina del Deutsche Bank, que se calcula llegarán, finalmente, a 1.200 millones. La autorización a colocar la garantía de los depósitos en bonos, significa ponerla a merced de la especulación financiera y es naturalmente contradictoria con la decisión oficial de recomprar títulos públicos. En todos los casos, se intenta que los bancos puedan reciclar depósitos, en condiciones en que su cartera de préstamos a la industria se encuentra en estado “irregular” o “irrecuperable”. La “trampa de la liquidez” consiste, precisamente, en que aunque hay dinero banca-rio, éste no va a la industria y debe ser reciclado financieramente a costa del presupuesto público (Curia, “Amenaza de una Supercrisis”, en El Cronista Comercial, 22/8). La pretensión de reducir la tasa de interés con estos procedimientos, podrá tener un éxito transitorio en lo que se refiere al que deben pagar los bancos a sus depositantes, pero de ningún modo al que tienen que pagar los prestatarios, ya que para estos la tasa de interés está determinada por el grado de incobrabilidad que registra la economía. Incluso en los “mejores” momentos del “plan”, el interés sobre los préstamos, sea a la producción o al consumo, fue prácticamente usurario. La diferencia que se establece así entre la tasa de interés "pasiva” y la “activa”, representa el beneficio usurario que gana la gran banca. El sostenimiento de los beneficios bancarios a cargo del Tesoro también se verifica en los empréstitos contratados por Cavallo, en Francfort y Tokio, al sólo efecto de recomprar de los títulos públicos en poder de los bancos y de ese modo elevar artificialmente sus precios. Ocurre que el valor de las carteras de títulos en poder de los bancos cayó de 4.500 millones de dólares, a comienzos de 1994, a 3.400 millones, en octubre de ese año, y a 2.500 millones en el punto más bajo (Julio Magra, Informes preliminares al VIIo Congreso del Partido Obrero). Pero el cambio de títulos por dinero, y el beneficio especulativo para los bancos {“liquidez ), crea mayores posibilidades para la fuga de capitales, en el marco altamente anárquico actual. “Con mucha liquidez una crisis puede costarle muchos dólares al Banco Central”, le dijo a Página 12 el economista Miguel Bein (27/8). El inglés The Financial Times (18/7/95) asegura que “Dada la reluctancia a efectuar préstamos (por parte de los bancos), los analistas dicen que las nuevas medidas han sido confeccionadas a medida para los grandes bancos. 'Estas medidas fueron requeridas básicamente por los bancos más grandes3', dijo Daniel Tassan Din, un analista de Baring Securities en Buenos Aires. Los grandes bancos ganarán intereses sobre los fondos excedentes anteriormente inmovilizadas en calidad de requerimientos de reservas sin compensación.” Sin embargo, la inminencia de la recompra de títulos públicos (Bocones y Bies) no ha logrado parar la caída de la cotizaciones. Peor aún: luego de la campaña concertada para presentar a esos empréstitos como una prueba de la reencontrada “confiabilidad” argentina en el exterior, nos venimos a enterar, por la sección financiera de. Ámbito Financiero (30/8), que el banco responsable por la colocación del empréstito en marcos, el Deustche Bank, está recomprando los bonos de ese empréstito para evitar la caída de su cotización. ¡Para ello utiliza los encajes de los bancos argentinos que el gobierno ha establecido que se depositen en la filial del Deutsche en Estados Unidos! Para cubrir los riesgos de esta operación, el banco alemán ha vendido, simultáneamente, otros bonos en su poder en el mercado argentino, en este caso especulando a la baja, lo que cual lo habría convertido en uno de los principales factores de la caída de la Bolsa durante la semana de la crisis Cavallo-Menem-Yabrán. La acción del Deutsche Bank pone de manifiesto que los capitales que le prestan al Estado argentino y apoyan al "plan” Cavallo, son los mismos que se ven socavan a uno y al otro. La crisis bancaria no afecta solamente, como acostumbra a decir la prensa venal, a los bancos provinciales o a los públicos nacionales o a los cooperativos, ni a los privados chicos o medianos. Aunque la mora en la banca privada nacional promedia el 40%, el grupo internacional Morgan Stanley, acaba de aconsejar a los inversores, por ejemplo, no comprar acciones del Galicia, porque su cartera morosa es del 8-10%; la de los bancos Shaw y del Sud se acerca al 15%. Como se puede apreciar, el retomo de los depósitos no ha resuelto nada y menos de la recreación del crédito. Para "empiojar” aún más la situación, los gobiernos provinciales se han visto obligados a emitir moneda propia ("bonos”), que en el caso de Córdoba habrá de superar a la base monetaria provincial. El déficit fiscal del conjunto de los gobiernos provinciales, ha sido estimado en 15.000 millones de dólares. Si se suman las "monedas” provinciales al cálculo de la circulación monetaria, resulta claro que la "convertibilidad” ha dislocado al régimen monetario en lugar de “estabilizarlo”. Calvo-Cavallo La envergadura de la crisis bancaria explica por qué muchos analistas afirman que es necesario "depurar” el sistema; una reactivación económica, sin esa "depuración”, sólo agravaría en el tiempo el peso de las carteras incobrables. Para Guillermo Calvo (dos entrevistas al diario La Nación), el "plan de convertibilidad” lleva necesariamente a la quiebra bancaria, por lo cual sólo podría funcionar con la completa extranjerización de la banca, porque en este caso las casas matrices serían las responsables del rescate de las sucursales, algo que no puede hacer el Banco Central. Como este “economista de moda” debe hablar con alguna clase de respaldo, está claro que refleja la posición de la banca yanqui. Calvo se planteó, por eso, que no debían ser reducidos los encajes de garantía de los bancos, aunque luego aceptó que fueran remunerados o colocados en títulos públicos, sin reparar que de este modo se convierten en volátiles, comprometen el gasto fiscal y dejan, por lo tanto, de ser realmente garantías. Más consecuente ha sido, a este respecto, la posición del economista Walter Graziano, cuyos planteos han comenzado a coincidir, en los últimos meses, con los intereses de la gran banca extranjera. Calvo parece ignorar, sin embargo, que los bancos nacionales se están cayendo en toda América Latina, con independencia de los “planes” o regímenes monetarias. En Venezuela, la bancarrota bancaria ya insumió al Estado la friolera de 7.000 millones de dólares, “en lo que a escala se considera el descalabro bancario más grave del mundo” (El Mercurio, 28/8). Ahora, Venezuela se está enfrentando a una nueva ola de quiebras CPrensa Obrera, 29/8). Desde enero de 1994, quebró en Venezuela el 80% de los bancos y el 65% de las compañías de seguro. En Brasil, el primer banco del país, Banes-paha otorgado créditos, hoy incobrables, al Estado de Sao Paulo por 13.000 millones de dólares (Gaze-ta Mercantil, 29/8) y se encuentra con un patrimonio líquido negativo de 4.200 millones de dólares; el primer banco privado, el Bradesco, ha visto aumentar sus préstamos morosos en un 150% en lo que va del año (The Wall Street Journal-La Nación, 30/8); solamente dos bancos, el Itaú y el Bamerindus, son considerados “sanos”. En México, el gobierno se vio obligado, a mediados de agosto, a apelar a la "repudiable” medida “intervencionista” de regular la tasa de interés que los bancos cobran a sus clientes, para salvar a los primeros de una insolvencia generalizada, provocada por la insolvencia generalizada de sus deudores. ¿Será a esto a lo que se refiere la prensa cuando asegura que México “superó” el “efecto tequila"? En Chile, luego de la gigantesca quiebra bancaria de 1982, que aún hoy ha dejado una deuda impaga con el Banco Central de 5.000 millones de dólares, la banca norteamericana ya controla el 60% del sistema financiero en su conjunto; “es así, dice un estudio de “La Documentation Frangaise" (octubre-diciembre de 1993), tres consorcios de este país (Estados Unidos) controlan el 61.2% de los fondos acumulados en las administradoras de Fondos de Pensión. En 1990, estas AFP poseían activos por 6.800 millones de dólares, o sea el 26.5% del PBI; los bancos chilenos reciben créditos a largo plazo de los bancos norteamericanos para represtarlos a Argentina y a Bolivia a tasas de interés multiplicadas por dos o por tres” (El estudio cita, a su vez, al mensuario inglés The Banker, de junio de 1993). En el caso de Brasil, el gobierno acaba de enviar un proyecto de ley al parlamento para autorizar la compra de acciones de los bancos nacionales por los extranjeros, con el argumento de que sería la única vía para evitar una quiebra en masa. En Argentina, se acaba de anunciar la compra de acciones del Merchant Bank por parte del pulpo financiero norteamericano Salomón Brothers, lo que le permitirá ingresar en operaciones de comercio exterior y la apertura de cuentas corrientes (Cronista Comercial, 30/8). Por otro lado, el Banco Nacional de México ( que controlan los norteamericanos) pasa a controlar al fusionado banco Sud-Shaw, que quedará consolidado como el cuarto banco local de acuerdo al valor de su patrimonio. La escalada de la penetración extranjera en el negocio bancaria plantea un fuerte choque con los pulpos nacionales, como Pérez Companc, e incluso para algunos asociados a la burguesía nacional, como el Citibank. La explicación de esta extranjerización bancaria en toda América Latina (en Uruguay es del 100%, por eso opera como refugio de capitales) no es otra que el crecimiento impresionante de la deuda externa, y de todo el capital sobrante (especulativo) internacional creado por el aumento colosal de las deudas públicas de todas las naciones, que no solamente ha puesto a todos los sistemas monetarios bajo la dependencia de los especuladores internacionales, sino que ha acentuado en forma gigantesca la anarquía del mercado (“volatilidad”). Las posibilidades de producción y de acumulación del capital productivo se encuentran, en consecuencia, fuertemente condicionadas por los movimientos del capital especulativo, al extremo de que éste se ha transformado en muchos casos en el principal factor de crecimiento ( y, luego, de hundimiento) de la demanda, es decir del mercado de inversión y de consumo. Esto explica que los ciclos industriales, incluso en los países desarrollados (Japón, o Alemania con los subsidios de la absorción del Este, o Estados Unidos con las revaluaciones y devaluaciones que sufrió el dólar en los últimos diez años), sean forzados a seguir el movimiento convulsivo de los ciclos especulativos. El pulgar que el Morgan Stanley le bajó al Galicia (ver arriba), es un indicio del enfrentamiento en curso entre los burgueses nacionales y sus socios imperialistas. La banca nacional, en algún momento, tendrá que volver a reclamar que el Banco Central vuelva a sus funciones “nacionales”. Ligado al planteo de extranjerizar a los bancos, Calvo diagnosticó una crisis estructural, es decir, crónica, de financiamiento de la economía argentina, sobre la base de la previsión que los capitales especulativos que inundaron Argentina entre 1991 y 1993/4, no volverán por mucho tiempo en esa escala. Esa crisis sólo podría ser resuelta, sostiene, por una desvalorización general de la economía argentina, es decir, por medio de su adaptación a las menores posibilidades de financiamiento, o más claramente todavía, a su menor- perspectiva de tasa de beneficio. Esta desvalorización general sólo podría ser obtenida por medio de una deflación acentuada del valor del capital, de las mercancías y de la fuerza de trabajo, es decir, poruña depresión industrial y quiebras bancarias, o por una devaluación que obtenga los mismos efectos. Toda la historia económica enseña que la deflación y la devaluación no se oponen necesariamente y que sí se engendran recíprocamente. Lo que está claro es que una desvalorización de la economía, acentuaría el peso relativo de la deuda externa, es decir, como proporción de la producción y de los activos nacionales, es decir su peso como deuda hipotecaria sobre los activos del país, lo que naturalmente facilita confiscación de estos por los pulpos “internacionales”. Aunque la política de Cavallo pretende sortear la bancarrota general mediante un crecimiento indiscriminado del endeudamiento, ha coincidido con Calvo, por ejemplo, en la necesidad de priva-tizar al banco Provincia y al Nación, y ha emprendido una furiosa arremetida contra todos los bancos provinciales, en especial los de Córdoba y, próximamente, Santa Fe. Se percibe la intención de ofrecerlos a cambio del mantenimiento de la alianza entre los grandes bancos privados nacionales y la banca extranjera. Se perfila cada vez más, en consecuencia, la gran guerra de las mafias en torno a los bancos. “Capitanes de la industria” El reciente congreso de la UIA en Mar del Plata puso al desnudo el enfrentamiento entre uña parte de los capitanes de la industria” y Cavallo, al punto que se puede decir que constituyó el verdadero inicio de la crisis política. Si Techint y Macri reclamaron una “política industrial” y la protección contra los “dumping”, no fue solamente porque la producción industrial está en picada. Además, están aumentando las dificultades para exportar a Brasil, como lo demuestran los cierres de fábricas de electrodomésticos y la crisis de las negociaciones comerciales en el Mercosur. Hace pocos días, Brasil planteó aumentar las trabas para-aran celarías para 116 productos nuevos, lo que afecta, entre otros, a los automóviles, textiles y arroz. El pulpo Pérez Companc enfrenta ahora el problema de que el “holding” brasileño Oderbrecht se quede con la privatización de Indupa y, por lo tanto, con todo el negocio de la petroquímica en el Mercosur. Como consecuencia de toda la crisis, se ha secado la financiación, incluso para las exportaciones. Más grave aún, la creciente crisis fiscal amenaza con agotar la vaca de los subsidios a la exportación, que llegan hoy al 33% del valor de las ventas al exterior. Las exportaciones truchas de oro explican el 40% del elogiado aumento de las exportaciones de manufacturas de origen industrial (Página 12,20/8). El principal rubro de exportación argentino son los subsidios que pagan los trabajadores con los impuestos. Aunque el sector siderúrgico ha estado entre los más beneficiados por las exportaciones, un reciente informe señala perspectivas negativas para los precios del acero, una razón suficiente para que Techint se comience a preocupar por el mercado interno, en especial, la demanda del sector automotriz. Otro informe pone de relieve que los sectores con más dificultades para pagar los créditos bancarios son la agropecuaria (36%, aumenta en un 50% en el año); el comercio minorista (25%, aumenta un 25%); el mayorista (22%, aumenta el 20%); la industria (21%, sin aumento). Los principales beneficiarios en la distribución del crédito son los servicios, en su mayoría de empresas privatizadas (El Economista, 25/8). Que en semejante situación Cavallo denuncie que los industriales y los comerciantes evaden 10.000 millones de dólares de impuestos, explica que Ámbito Financiero haya denunciado la emergencia de una “dictadura fiscal”. La pretensión del gobierno de que se justifiquen los gastos de consumo, con facturas, por encima de los 3.000 pesos, desató la crítica furibunda de todos los diarios. La grande y mediana industria está dispuesta a resistir las embestidas fiscales que emprende Cavallo para financiar el presupuesto y pagar la deuda externa. El imposible equilibrio de Cavallo, que pretende rescatar al mismo tiempo a los bancos a la industria y a los capitalistas y al Estado, se puso de manifiesto cuando tuvo que renunciar a la pretensión de que la nueva moratoria resuelta por la DGI quedara documentada en pagarés que pagarían el 1.3% mensual. Cavallo quiere ahora que los bancos le presten 800 millones de dólares contra la recaudación que espera de esa moratoria, tensando el endeudamiento fiscal más allá del punto de ruptura, si se tiene en cuenta que la recaudación impositiva cae sistemáticamente. El apoyo de los "capitanes” al planteo de desdoblar Economía y crear un ministerio de la Producción, un punto neurálgico de la crisis política, traduce el tibió intento de subordinar los compromisos financieros de la deuda a la exigencia de reactivar la economía con créditos baratos y subsidios. En este sentido, Roberto Rocca, de Techint, acaba de plantear una "brasileñización" de la política económica, claro que sin mencionar los escasos resultados que esto le está produciendo a Brasil y, menos aún, de que tal cosa (protección aduanera) llevaría a una crisis en el Mercosur. El giro de todo un sector de privilegiados privatizadores hacia posturas proteccionistas revela la crisis que ha sufrido este proceso como consecuencia del elevado endeudamiento que exigió. El grupo Soldati, por ejemplo, tuvo que reprogramar, recientemente, 400 millones de dólares, de una deuda total de 490 millones, y vender su participación en Telefónica Argentina (Julio Magri, Informe preliminar al VIIo Congreso del Partido Obrero). También como resultado de la elevada deuda externa privada, Alpargatas tuvo que vender hace poco un sector rentable de su fabricación de calzado (Cronista Comercial, 4/8). La burguesía industrial argentina no ha enfrentado aún el problema de un replanteo de conjunto de la política oficial, por la simple razón de que depende extremadamente de la banca internacional. Pero percibe claramente qué la continuidad del "plan" vigente conduce a violentas bancarrotas. Macri, por este motivo, en la reciente crisis política se colocó más cerca de Yabrán que de la permanencia de Cavallo. En una entrevista a Clarín (1/8), Macri “criticó la falta de un plan de crecimiento”, dijo que “la recesión pudo evitarse”, “pidió que se proteja al mercado interno” y hasta vomitó que “la Argentina es un provincia de Brasil”. Si a pesar de todo esto, el conjunto dé la UIA se apresuró a pegar un giro de 180° y pasó a reclamar la continuidad de Cavallo, ello se debe a que una renuncia intempestiva de éste, con el consiguiente riesgo de un hundimiento del peso, hubiera puesto fin al Mercosur. De acuerdo al semanario El Economista (18/8), la UIA tiene la expectativa de que Cavallo podría adaptar la política actual a las exigencias proteccionistas de los industriales. Una cosa debe quedar clara: no es el cambio de frente de la burguesía industrial o la tendencia hacia ese cambio, lo que explica el derrumbe económico o la crisis política, sino que éstas explican aquélla. Es esta cuestión de método la que permitió al Partido Obrero establecer pronósticos acertados, tanto económicos como políticos, a partir de la caracterización de las contradicciones del proceso económico y de las limitaciones insalvables del "plan” oficial. Oposición, izquierda, movimiento obrero La oposición, en general, no tiene una caracterización adecuada de la crisis. No ve la tendencia de la crisis mundial que se anuncia con las sucesivas crisis bancarias, con las devaluaciones de las principales monedas y con la deflación sin precedentes en Japón, y hasta confunde, como ocurre con todos los propagandistas internacionales del capitalismo, a la creciente anarquía de la producción y la guerra comercial, con una “globalización* de la economía mundial. Clarín (30/8) informa, sin embargo, que “según un trabajo a punto de difundirse en Nueva York, el mercado financiero global teme una violenta licuación (desvalorización) de activos electrónicos —por sobre oferta de deuda externa periférica” , o más sencillamente, una desvalorización de capitales por su exceso relativo a las posibilidades de producción y acumulación capitalistas. Aferrada a la perennidad del capitalismo, sin embargo, esta izquierda ni siquiera ve los síntomas que apuntan hacia una generalizada desvalorización de capitales y, por lo tanto, de quiebras y de depresión; sólo los capitalistas japoneses perdieron 600.000millones de dólares en sus inversiones en Estados Unidos, entre 1985 y 1991, como antesala de su crisis actual. “De acuerdo a la revista Institutional Investor, de enero de 1995, ha desaparecido más dinero de los balances (debido a las dificultades del mercado de bonos en 1994) que en el curso de cualquier otro derrumbe desdé el krach de 1929 –“incluido el hundimiento bursátil de 1987.” Le Monde Diplomatique (7/95), qué reproduce lo anterior, acrecienta que “Las pérdidas, en 1994, de estos gestionarlos de fondos han sido estimadas en 1 billón 500.000 millones de dólares, o sea un poco menos que el total de la deuda de países en vías de desarrollo.” Aunque la devaluación del dólar, añade el mensuario francés, “no es reconocida como un cese de pagos de la deuda de los Estados Unidos, no deja de constituir por ello una contracción de facto del valor real de la deuda pública de los Estados Unidos en los mercados.” Este es el marco internacional del derrumbe del "plan” Cavallo. El centroizquierdismo se ha alineado en la crisis con Cavallo, incluso se ha transformado en su vocero. Ha llegado a esto como resultado de su oportunismo electorero, que se reduce al negocio de los asuntos éticos, sin importarle estar encubriendo los fraudes de su promotor. La UCR, fiel todavía al “pacto de Olivos”, se ha puesto del lado de Menem, lo cual confirma lo dicho por nosotros (ver Las Elecciones del 14 de mayo) que la oposición política en Argentina es un reflejo pasivo de la división en el campo oficial, lo que equivale a decir que los opositores son marionetas de los clanes oficialistas. La propuesta más osada del centroizquierdismo es insinuar la necesidad de reestructurar la deuda externa. En el campo de la izquierda se ignora completamente el carácter capitalista de la crisis. Esto explica que tome a los elevados índices de desocupación como una manifestación de “exclusión social* desvinculada de la descomposición de las relaciones de producción capitalistas, la cual no admite, y que asegure que el capitalismo evoluciona a un ",modelo* de-"creciente exclusión”, sin incomodarse en responder con qué reemplazará el capitalismo, en ese "modelo”, a los obreros, como objeto de su explotación, y a los consumidores, que sólo pueden ser generados, a su vez, por el propio proceso de producción y de explotación, como mercado para sus productos. La tendencia del capitalismo a crear un ejército de desocupados constituye una manifestación de los límites insalvables del capital, que llegado a un determinado punto se constituye en la manifestación de su tendencia a disolverse como régimen social históricamente determinado. Tampoco se tiene en cuenta que la gigantesca desocupación actual constituye una derrota ideológica de la burguesía, que había asegurado a los trabajadores y a la opinión pública que el neo-liberalismo realizaría los afanes de consumo y hasta la felicidad personal de todos los argentinos. De cualquier manera, el único índice seguro del agotamiento de un régimen social, los ofrece su incapacidad para alimentar a sus propios esclavos. Otra expresión de la incomprensión del carácter capitalista de la crisis, es decir, que la atribuye a razones subjetivas o de política económica, son el PC y el Ptp, que ofrecen como salida los llamados "créditos blandos” a las Pymes, los que serían financiados con una suspensión del pago de la deuda externa por un año, es decir, a cuenta de recursos que todavía deben ser creados en ese período. Con este planteo artificioso y por sobre todo inviable, se pretende construir un "frente nacional* y una mesa dirigente con las burocracias del CTAy del MTA. Pero en el cuadro de una crisis industrial, capitalista, la única función de una "creación” del crédito, y encima “blando”, es finan, ciar el vaciamiento de las empresas y la fuga de capitales, es decir, salvar a los capitalistas, porque no es el crédito el que puede resolver la crisis, es decir, la caída de la tasa de beneficios, la sobreproducción y la desvalorización de los capitales, sino al revés, es la recomposición de los beneficios, la digestión de la producción sobrante y la eliminación del capital excedente, es decir, la superación de la crisis, lo que debe recrear el mercado, la producción de plusvalía, la recomposición de la acumulación del capital y, como consecuencia, el crédito. El planteo de esta izquierda se asemeja como dos gotas de agua, en el plano teórico, al de Cavallo, con la diferencia de que éste pretende superar la crisis con subsidios directos o crediticios al gran capital, aquélla pretende dirigirlos a la pequeña producción. La pequeña burguesía de izquierda pretende que las crisis capitalistas tienen una solución indolora dentro del marco capitalista, es decir que no son crisis. Toda verdadera crisis plantea, históricamente, la cuestión del poder, no del crédito, y de qué clase disputa ese poder, que obviamente no serán las Pymes. Para esa cuestión hace falta un programa de reorganización de la sociedad. La izquierda va a remolque de la burguesía nacional y de la burocracia, en momentos en que éstas son mucho más impotentes que en el pasado para actuar en forma independiente. Lo prueba la burocracia cegetista, dispuesta a entregar absolutamente todo, a cambio de participar en la privatización de la salud. El planteo de "protección industrial”, que también levantan centro e izquierdistas, constituye una solución inflacionaria que deberán pagar los trabajadores. La protección de la nación frente al imperialismo no tiene cabida en un planteo aduanero; sólo es real y consecuente mediante una completa reorganización económica y social bajo la dirección de los trabajadores. El desconocimiento de la deuda externa, la confiscación de la banca, la apertura de las cuentas del Estado y de los capitalistas, el control y la gestión obreras, y el monopolio del comercio exterior, constituyen la única forma de defensa nacional consecuente. La cuestión nacional, que hoy se ve replanteada y reforzada como consecuencia de una presión imperialista sin precedentes, está ubicada en la unidad política de América Latina, para realizar las medidas de emancipación nacional, distinta del planteo de las burguesías nacionales, de unidad comercial y financiera, que mantiene y aun agrava las disputas entre esas burguesías por el mercado, y debilita la capacidad de resistencia contra la confiscación imperialista. La unidad política de América es una tarea que corresponde al proletariado, en alianza con las masas campesinas. Un reciente estudio, de cuño centro-izquierdista por añadidura, al mostrar la amplitud de la cuestión de la desocupación y refuta por sí mismo la tesis de la supervivencia del capitalismo sobre la base de una creciente “exclusión social”. El trabajo de Claudio Lozano, del CTA y de ATE, en Pagina 12 (6/8), calculo a ‘los que sobran” (en el mercado de trabajo) en el nivel del 54% de la población activa, esto porque suma a los desocupados y sub-ocupados, con “los que buscan otro empleo para mejorar” y con “los que quieren trabajar aún más por insuficiencia de ingresos”. Semejante cifra refuta por sí sola la vieja tesis centroizquierdista de la "sociedad de consumo* (lo que hay es “infraconsumo”) y demuestra que las masas están obligadas, por la marcha del conjunto de la descomposición del propio capitalismo, a transformarse en una fuerza combatiente (Lenin dixit). La guerra de las mafias esconde un proceso de disolución económica de la sociedad capitalista, que sólo puede ser superado por la acción revolucionaria de la clase obrera. Es la clase obrera la que debe decir su palabra frente a esta crisis. Para ello debe deliberar. Mediante asambleas y congresos de trabajadores, aunque al principio reúnan sólo a la masa de los activistas, luchadores y delegados, debe fijar su posición y someterla a la prueba de la experiencia y de la lucha. En Argentina no existe una situación revolucionaria, y sí una considerable confusión política en entre los explotados; en las últimas elecciones, la parte menos activa votó por el menemismo, mientras que la que protagonizó las recientes luchas, lo hizo por el “Opus Dei” Bordón y el “Cavallo" Alvarez. Pero por otro lado, desde principios de año ha habido un crecimiento espectacular de luchas, en las que comenzaron a intervenir electores del menemismo, y un progreso político evidente en términos de generalización, métodos de lucha y dirección. Alas huelgas de estatales y de docentes de los últimos años, se han incorporado los metalúrgicos y los mecánicos; los movimientos parciales se han transformado en paros generales en las provincias y, en varias oportunidades, en ocupaciones de edificios públicos y de empresas. No se han registrado victorias, pero se ha impuesto recules a los gobiernos y las patronales, como los mineros del Turbio, los estatales de San Juan, e incluso en Córdoba el gobierno de Mestre acaba de confesar que no logra imponer la ley que establece la reducción de los salarios a través del arbitrio de reducir la jomada o semana laboral. Las marchas de trabajadores desocupados en numerosas comunas de Neuquén y de Río Negro, o las registradas incluso en Zárate y San Nicolás, han sentado las premisas de una política obrera con relación a los municipios, al reclamarles, como parte del Estado, que asuman el establecimiento de un seguro al parado y de la realización de obras públicas que sirvan para contratar a los desempleados. Con relación a la dirección obrera, sigue siendo la cuestión política pendiente. La experiencia del CTA y de numerosas direcciones de izquierda que fueron electas en los últimos meses y años, demuestra que la sustitución del viejo personal burocrático no reemplaza la necesidad de una dirección estructurada en tomo a un programa político, revolucionario. El ya señalado confusionismo ideológico que realizan el Ptp y el PC (no incluimos al Mst, porque simplemente es un ladero de éstos), apunta a crear en la izquierda un furgón de la burguesía argentina y de la burocracia sindical, considerablemente más pernicioso que el representado por Montoneros y Erp en la década del 70, o de los propios PC y Ptp bajo el alfonsinismo (ambos votaron a Luder-Iglesias, el Ptp integró el frente menemista hasta mucho después de las elecciones del 89, el PC pretendió votar a Menem en el caso de requerirse el desempate en el colegio electoral). El papel que ambos acaban de jugar en el Foro de San Pablo, donde se opusieron a la expulsión del represor Movimiento Bolivia Libre, es un hecho de magnitud considerable; respondía al planteo de mantener la unidad política a cualquier precio con los “Cavallo” Alvarez de América Latina, la mayor parte de los cuales son financiados por organizaciones empresarias (es el caso de Cuahutemoc Cárdenas y de Lula; en el último congreso del PT se denunció el financiamiento prestado a sus candidatos en la última elección, por el pulpo más fuerte del país, el grupo Oderbrecht; nos acabamos de enterar que el ministro de Agricultura del Estado de Rondonia, del PT, acaba de justificar una reciente matanza de campesinos sin tierra, por la policía militar de ese Estado. Ibda una proeza para los que repiten el infundio stali-nista de que los trotskistas desprecian la alianza con las clases intermedias). En esa votación en el Foro tuvieron en su contra a partidos como los Tupamaros o el PC de Paraguay y, según sabemos ahora, también el ala izquierda del PT critica que éste no hubiera votado la expulsión del MBL (ver Teoría y Debate, agosto 95, órgano de discusión del PT de Brasil). El sector de la izquierda al que hacemos referencia, adopta una política faccional o de aparato con relación al planteo de unidad de la izquierda en todos los terrenos de la lucha, seguramente para proteger su confusionismo ideológico y sus apetitos políticos. La profundización de la crisis y de las luchas plantea, en cambio, exigir unidad en la acción y la más completa discusión del programa. Es incuestionable que existe en América Latina una pequeña burguesía de izquierda, “consumista” y “modernizante”, cuya distancia material de las masas cada vez más hambrientas, crece de día en día; esta pequeña burguesía constituye la base social del macaneo democratizante que protege su situación de privilegio, porque este régimen político ha servido para que pueda ser cooptada por el imperialismo. Desde el punto de vista ideológico, este sector es oriundo del stalinismo y del nacionalismo burgués “antiguo”.Es decir que la cuestión de la dirección es política; no se limita a sustituir al personal burocrático. En los últimos meses, esa estructuración en torno a un programa ha progresado también, dentro de los sindicatos estatales de Córdoba, algunos de Río Negro, en seccionales de la UOM y de gráficos del gran Buenos Aires, en docentes de Santa Fe e incluso en la juventud, como lo revela la incipiente Coordinadora de estudiantes secundarios. Si hubiera que resumir la posición de la totalidad de las fracciones de la burocracia sindical y, hasta cierto punto, del conjunto de la izquierda democratizante con relación al momento político actual, se podría decir que se limitan a la “gestión de las actuales luchas y estallidos, es decir, a cuestionar una determinada rebaja salarial, a protestar” ante determinados despidos, es decir a fingir que tienen una política, unos con la expectativa de que con el tiempo la crisis se amortigüe, otros con la poder progresar a la sombra de la crisis. La ausencia de una caracterización de la crisis como propia del capitalismo en descomposición y de naturaleza internacional, ausencia que responde naturalmente a intereses y limitaciones de clase, se manifiesta en la ausencia de una consigna de conjunto que oriente a las masas hacia una vía de salida y les sirva para modificar el escenario político de sus luchas. Es en relación a esta función estratégica, que el Partido Obrero ha lanzado una campaña por la “apertura de las cuentas del Estado y de los capitalistas”, para discutir desde un plano de poder la alegación de los gobiernos y de las patronales de que necesitan reducir los salarios y producir despidos en masa. La consigna de la “apertura…” arma políticamente a los trabajadores para luchar contra despidos y reducciones, y por el aumento de los salarios y el reparto de las horas de trabajo, mediante las huelga general y las ocupaciones de empresas, porque desnuda la falacia de que la economía carece de recursos, de que la crisis tiene una naturaleza extrasocial o de que la miseria de las masas es inevitable y más allá de cualquier posibilidad humana de remediarla. La plata está en los cofres de los capitalistas, en la deuda externa ficticia, en las partidas del presupuesto, o disimulada en los balances de las empresas. Los recursos no faltan sino la capacidad de hacer un uso socialmente productivo de ellos, es decir, contradictorio con la ley del beneficio privado. La consigna de la “apertura…” tiene una función política esencial para abrir una perspectiva a la lucha de los trabajadores y tiende un puente a la cuestión del poder. ¿No es sorprendente que las organizaciones de izquierda se hayan opuesto, en cuanto Encuentro, Foro o asamblea sindical haya tenido lugar, a plantear la consigna de que se “abran las cuentas del Estado y de los capitalistas” y a que se impulse una campaña a favor de ella, como una herramienta que impulse los planes de lucha, la preparación del movimiento obrero, el paro activo y la huelga general? Nadie discute que la burocracia de la CGT resolvió el llamado "cese” del 6 de setiembre como consecuencia de la decisión del gobierno de desplazarla del negocio de la privatización de las obras sociales, aunque este proyecto aún no se ha consumado. Pero la limitadísima "movilización” que ha iniciado para apoyar sus intereses, además de reflejar una variedad de presiones, como las de los Macri, ha planteado un nuevo cuadro en el movimiento obrero, ya que por los entresijos de esa “movilización” se cuelan las presiones de los trabajadores que sufren superexplotación, desocupación y miseria salarial. Se replantea, como consecuencia de esto, una importante cuestión de método para el movimiento obrero: la de agotar todas las posibilidades para que las organizaciones tradicionales vuelquen su peso en apoyo de los trabajadores y de que las viejas y repodridas direcciones asuman la responsabilidad de hacer frente a los reclamos reivindicativos y de organización de las bases. En vísperas del 6, un numeroso plenario de delegados de la UOM de Córdoba, por ejemplo, decidió abrumadoramente denunciar la conducta pasiva de la burocracia de Miguel y reclamar un plan de lucha que concluya en una huelga general indefinida, luego del 6 de setiembre. Otro hecho han sido las elecciones docentes, porque aquí la enorme abstención electoral puso al desnudo el vaciamiento provocado en el sindicato por la política y los métodos de su dirección, ligada al CTA, que menos de dos meses antes se jactaba del “éxito” de la “elección directa” en esta Central, sin importarle que en realidad hubiera pasado desapercibida. Se abre la posibilidad ahora de un amplio movimiento de defensa de CTERA contra la burocracia marysanchista, que se ligará a una nueva etapa de luchas docentes, acuciados por la crisis fiscal de las administraciones provinciales. De un modo muy general, la situación política en su conjunto admite dos alternativas fundamentales: una es que el gobierno logre controlar por un tiempo la presente crisis y que esto lo ayude para desgastar y desmovilizar a los trabajadores en lucha. No solamente es la variante menos probable sino que sería un intervalo para la otra alternativa: profundización de la crisis económico-política, acentuación y generalización de las luchas. En este último caso, una quiebra en el gobierno se combinaría con victorias parciales del movimiento reivindicativo de los trabajadores, lo que cambiaría todo el escenario de la situación política. Cualesquiera sean los vericuetos de la realidad, todo el trabajo político debe servir para preparar a la vanguardia y a las masas para esta perspectiva, que plantea, aunque no quiere decir que la resuelva inmediatamente, una cuestión de poder. Es decir desarrollar el programa y desarrollar el espíritu, los métodos y la organización combativa del proletariado. 31 de agosto de 1995

1 de septiembre de 1995
Engels, ciencia y socialismo

Centenario de la muerte de Federico Engels Federico Engels, de quien se cumple este año el centenario de su nacimiento, fue posiblemente el primero que comparó a Marx con Darwin. Lo hizo en circunstancias que le otorgan especial significación, puesto que creyó oportuno incluir tal analogía en el breve discurso que pronunciara en los funerales del propio Marx, el 17 de marzo de 1883. Engels señaló, entonces, que así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el simple hecho, hasta entonces oculto por el excesivo desarrollo de la ideología, de que la humanidad debe antes que nada comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder dedicarse a la política, al arte, a la religión, etc.; que por lo tanto, la producción de los medios materiales de subsistencia y, en consecuencia, el grado de desarrollo económico alcanzado por una época dada, son la base sobre la cual han surgido las instituciones del Estado, las concepciones legales, el arte e inclusive las ideas sobre la religión del pueblo en cuestión, y a cuya luz deben ser, pues, explicados, en vez de a la inversa, como había sido el caso hasta el momento. Luego de agregar que Marx descubrió también la ley particular del movimiento que rige el mundo de producción capitalista -y valorar el significado de ambos descubrimientos-, Engels concluyó: “éste era el hombre de ciencia”… (aunque) “no fuera ni la mitad el hombre”; Marx “era ante todo un revolucionario y la lucha su elemento”. Es indudable que para Engels la ciencia y “la lucha” constituyen, en este caso, una unidad indivisible. Sus palabras son un recuerdo oportuno para reflexionar sobre el marxismo como ciencia, es decir, como teoría de la revolución social contemporánea y como instrumento indispensable de la misma. El título de un célebre trabajo de Engels plantea inequívocamente que el "socialismo científico” es la dimensión específica y fundacional del marxismo como movimiento emancipador, lo que equivale a decir como expresión consciente de los intereses históricos del proletariado moderno. Una evidencia de lo que acabamos de señalar es el habitualmente poco considerado capítulo del Manifiesto Comunista que distingue al socialismo contemporáneo, reivindicando su carácter de apreciación rigurosa de la sociedad burguesa, como aspecto esencial que lo diferencia ante los “socialismos” preexistentes. El Manifiesto, como documento de una organización internacional de trabajadores, es, en sí mismo, una prueba de que la estructuración del movimiento obrero representaba para Marx y Engels la tarea práctica que corresponde a la teoría del socialismo “como ciencia”. No había en esto nada de arbitrario. Ambos arribaron a esta conclusión luego de examinar críticamente sus opiniones y puntos de vista en el campo de la filosofía y del movimiento de los "jóvenes hegelianos”. Su adhesión militante al comunismo constituye, entonces, la estación final del trabajo de “arreglo de cuentas” con el pasado — y con su pasado—, conforme su propia definición. Se trata de la tarea que acometieron en común cuando Marx y Engels se conocieron en 1844. La originalidad propia de los jóvenes comunistas Marx y Engels no es, en consecuencia, su aspiración igualitaria ni, tampoco, la voluntad de suprimir la explotación clasista. La novedad es, precisamente, su fundamento, que ya no es los deseos ni la voluntad, tampoco el prejuicio, la ideología o la especulación filosófica sino la … ciencia. Dicho de otro modo, las nuevas “premisas son la historia y la vida real, como se indica en las frecuentemente citadas páginas de "La ideología alemana Engels puso un énfasis especial en destacar que la labor emprendida con Marx había consistido, en lo esencial, en sacar al socialismo del limbo de la utopía. En contrapartida, más de cien años después, izquierdistas que se pretenden "aggiornados” consideran que, en el umbral del siglo XXI, lo apropiado es hablar del socialismo como una legítima… utopía. Es notable que semejante declaración de fe pulule con especial insistencia entre la intelectualidad pseudo-progresista, que sabe mejor que nadie que la reiterada palabra significa lo que no existe en ningún lugar. No menos significativo es que la reunión de la izquierda latinoamericana en el denominado ‘Foro de San Pablo”, que agrupa en reuniones periódicas a sus partidos de todo el continente, haya convenido en hacer de su "esperanza en la utopía socialista” una declaración de principios. Habrá que reivindicar a Engels y al marxismo, al socialismo científico, contra esta verdadera bancarrota teórica y política. Tendencia del conocimiento científico La crítica al marxismo está frecuentemente dirigida, entre otros aspectos, a este rasgo clave, a su naturaleza científica, lo que equivale a decir a su tendencia a establecer una apreciación de conjunto y totalizadora, es decir, a avanzar hacia una comprensión sintética y unitaria de la realidad social. Es una crítica, sin embargo, que excede el marco del propio marxismo para proyectarse como un cuestionamiento, en realidad, al propósito de todo conocimiento científico. El fin de la ciencia es, naturalmente, el de comprender el movimiento del mundo y de las cosas, el de dar cuenta de la íntima conexión entre objetos y procesos en su dinámica real. De este modo, el científico busca unir lo que parecía separado y aislado, avanza en explicaciones de conjunto para comprender vínculos y relaciones entre los fenómenos de la vida y del universo. La física moderna, de hecho, ha empeñado sus mejores esfuerzos en las últimas décadas en la búsqueda de una "fuerza unitaria” que relacione las cuatro fuerzas fundamentales que determinan, hasta donde se conoce en la actualidad, la existencia y la dinámica de la materia. Un principio en la evolución del conocimiento científico consiste, exactamente, en el progreso que evidencia mediante el descubrimiento de leyes de más amplio alcance, que integren y superen las formuladas con anterioridad, con un dominio menos vasto y profundo. Esto último no quiere decir que el propósito de la ciencia sea consagrar un saber absoluto, un conocimiento acabado; como si tal finalidad de una ciencia definitiva y total pudiera ser posible. Al contrario, la pretensión de que el marxismo represente la búsqueda de una "verdad absoluta” es lo primero que liquidaron como pretensión Marx y Engels en el mismo momento en que accedieron a definir al socialismo como ciencia. El mismo Engels lo definió del siguiente modo: “apenas conseguimos comprender (…) que la tarea que así se coloca la filosofía no quiere decir sino que un filósofo individual debe realizar lo que sólo puede ser realizado por el género humano entero en su desenvolvimiento gradual; apenas comprendimos eso, toda la filosofía, en el sentido que hasta entonces se dio a esta palabra, está terminada. Se abandona la verdad absoluta que no puede ser alcanzada por ese camino ni por cualquier individuo aisladamente y se pasa a buscar, al contrario, las verdades relativas, accesibles a través de las ciencia positivas y de la síntesis de sus resultados por medio del pensamiento dialéctico”. Cuando se ataca al marxismo de un modo vulgar por su supuesta pretensión de representar una "verdad absoluta” lo que se revela, en consecuencia, es ignorancia o, simplemente, mala fe. Lo que es más importante es que, bajo esta forma de ataque al supuesto “absolutismo” del conocimiento científico, se contrabandea un planteo inadmisible, ya que se impugna a la ciencia su propia naturaleza, esto es, su tendencia a ser crecientemente abarcativa y comprensiva, "totalizadora”. Es obvio que en la evolución del saber, aquello que se estimaba como cierto en un tiempo determinado puede luego ser revisto, negado y/o superado por la visión más amplia que surge de nuevos desarrollos en la investigación, del avance del conocimiento, en definitiva, de una mejor aproximación a la dilucidación de lo real y su movimiento. Pero en cualquier caso, nadie puede cuestionar el valor científico de una determinada proposición apelando, en general, al argumento anterior; es decir, negar la afirmación X porque la historia ha probado que, en definitiva, en algún momento futuro, se comprobará la insuficiencia y la limitación o, inclusive, el error de la tesis respectiva. La búsqueda de la verdad es, naturalmente, una tarea infinita. Pero es una vulgaridad cuestionar todo conocimiento por el hecho de que es seguramente provisorio, está históricamente condicionado y que, por lo tanto, en este sentido revista la característica de lo relativo. Sin embargo, es mediante la apelación a argumentos iguales o similares a los que se acaba de señalar, que se presenta la reacción y el oscurantismo contemporáneo o "postmoderno”. El planteo central es que las verdades científicas no deben tener un carácter doctrinario, a riesgo de caer en el "totalitarismo”. Oscurantismo Ahora bien, siguiendo la misma línea de argumentación podría cuestionarse, para tomar un caso, la ley de la gravedad, por dar, en determinado contexto, una explicación "única” del movimiento de los cuerpos en el espacio. Con idéntico criterio podría impugnarse la "dictatorial” teoría de la relatividad, que establece que ningún cuerpo puede superar la velocidad de la luz, violando el libre albedrío universal. Entonces, en nombre de la democracia o del pluralismo y, por lo tanto, del "derecho” a una explicación alternativa, podría exigirse que se incluya en la educación de nuestros niños cualquier fantasía, mito o invención al respecto. El problema merece examinarse con cuidado porque los planteos que acabamos de indicar, en una variante más sofisticada, se cultivan muchas veces con denodada devoción entre algunos académicos y profesionales de las ciencias sociales, que realizan la apología del supuesto saber fragmentario, del conocimiento de lo particular en oposición y hasta en negación de lo general y que, por lo tanto, han hecho una suerte de profesión de fe del rechazo a una comprensión de conjunto, unitaria, "totalizante” de los principales problemas del mundo moderno. Un ejemplo de semejante barbarie son los planteamientos de Ernesto Laclau, enfermizamente antimarxistas, que para no dejar dudas al respecto repudian la pretensión científica del marxismo y… el conocimiento científico en general. A este último se lo impugna, precisamente, por su aspiración a la generalidad, a las explicaciones unitarias y "monistas”. Laclau repudia el Renacimiento, el Iluminismo y, en definitiva, la piedra basal de todo el desarrollo mismo de la ciencia moderna, cuando le adjudica el "pecado” de pretender entender y "representar” lo real. La novedad "postmoderna” sería, al contrario, renunciar a comprender la historia como totalidad. En oposición a este planteamiento, se debería afirmar, laclausianamente, “el carácter de eventos aislados” como la sustancia del proceso histórico. En verdad esto equivale a decir que no hay proceso ni hay historia. Es necesario no despreciar el nivel de barbarie epistemológica de tales "contribuciones” que, a pesar de todo, pretenden el fuero de ser reivindicadas como la última palabra en materia de ciencia política y social. Lo que se pone en duda y se critica es el fundamento mismo del mundo moderno y los alcances revolucionarios que tuvo la irrupción del capitalismo, liquidando los modos de producción preexistentes. Para esto se expone la cuestión de la siguiente manera: a) en la Edad Media, dios y los depositarios de su fe son los encargados de brindar, revelación mediante, el destino general de todo y de todos, que al fin y al cabo, son el resultado de una creación única; b) los hombres de ciencia, pensadores y filósofos que, destronado el poder de la Iglesia y sus mitos, pusieron desde el siglo XVI los cimientos de la cultura moderna cometieron, no obstante, el terrible error de intentar sustituir aquella cosmovisión "divina” por una contrapartida terrenal. Esto significa que "se equivocaron”, precisamente porque se propusieron, en consecuencia, penetrar la realidad, avanzar en la comprensión racional de su universo y su circunstancia. Textualmente, según el mencionado Ernesto Laclau: “en los comienzos de los tiempos modernos, la razón va a ser llamada a cumplir un nuevo rol totalitario, radical, mucho más fuerte que nada que hayamos visto en el pensamiento (religioso) anterior (…) éste es el proceso que vamos a ver desarrollándose desde Descartes hasta Marx; es decir que en todos los casos se va a ir reafirmando la radical racionalidad de lo real”. Así, la barbarie se presenta en la actualidad, en el ámbito académico, bajo el disfraz del progreso de lo “post-moderno”. La pertinencia de estos comentarios vale cuando recordamos los cien años de la muerte de quien tanto hiciera en la lucha contra el agnosticismo, cuyas armas más nuevas de combate acabamos de denunciar. Sucede que cuestionar la posibilidad de “representar lo real” y cuestionar, también, la verdad del pensamiento en términos de su verificación práctica y terrenal, es una reiteración dé los muy viejos discursos sobre "lo incognoscible", la imposibilidad de acceder a la "cosa en sí”, lo inasible de la confrontación experimental de la teoría, etc. Al respecto, podemos citar aquellas palabras de un contemporáneo y, al mismo tiempo, discípulo de Engels. Fue el italiano Labriola, quien indicó que cuando los agnósticos insisten en la imposibilidad de conocer la cosa en sí, lo más íntimo de la naturaleza, la causa última y el fondo de los fenómenos, llegan por otra vía al mismo resultado "nuestro”; o sea, al hecho de que no se puede pensar sino en lo que podemos experimentar y… conocer. El mismo Labriola formuló una suerte de ley al respecto: todo lo cognoscible puede ser conocido, y todo lo cognoscible será realmente conocido en el infinito; y más allá de lo cognoscible no hay nada que pueda importarnos en el campo del conocimiento, puesto que es mera fantasía admitir como existente una diferencia entre lo limitado que puede ser conocido y el campo de lo incognoscible— que al menos habría que declarar como conocido en cuanto incognoscible. En otras palabras: lo real que no puede ser "representado”, conforme los que quieren fundar una suerte de nueva sociología del siglo XXI, es irreal, escapa al campo de la tierra y se nutre sólo del eventual imaginario onírico y celestial de los sociólogos postmodemos. Predicción, sujeto y objeto La vigencia de Engels y del marxismo en general se vincula a la esencia científica de sus planteamientos y, en consecuencia, a la enorme capacidad predictiva de sus análisis y caracterizaciones teóricas. En otro texto ya tuve la oportunidad de desenvolver este concepto, explicando el acierto sin precedentes del marxismo, cuando desde mediados del siglo pasado trazó los grandes lineamientos de la dinámica de la sociedad capitalista y, más tarde, de su fase imperialista en el siglo XX. No es menos notable el anticipo sobre el derrumbe de la URSS, o más rigurosamente, sobre la inviabilidad del socialismo en "un solo país”. Se trata de una caracterización compartida en su momento por la totalidad de los líderes de la primera revolución obrera en 1917 y que, después, fuera rigurosamente desarrollada como tesis por la llamada Oposición de Izquierda, fundada por León Trotsky en los años 20 al interior del Partido Comunista de la Unión Soviética. Que sirva lo que acabamos de afirmar para distinguir al marxismo de esa deformación contrarrevolucionaria y burocrática que se sitúa en las antípodas, denominada stalinismo. El comentario es también pertinente para recordar otra de las características del marxismo como ciencia: su capacidad de prever. En este sentido no es posible compartir el criterio de algunos marxistas -como es el caso de Holloway-, que le niegan al propio marxismo los atributos de toda ciencia, el de establecer leyes objetivas del movimiento de la sociedad capitalista. Cabe precisar, de cualquier modo, que la existencia de tales leyes objetivas no implica que los hombres estén condenados a ser meros espectadores pasivos de su propia historia. Al revés; aunque en "determinadas condiciones", son los hombres quienes “hacen la historia”. Un “hacer" que puede materializarse, o no, conociendo y dominando las “leyes objetivas” que nos ha legado la propia historia. Toda la clave en este asunto parece consistir en no introducir de contrabando la división mecánica y propia del materialismo pre-marxista entre lo objetivo y lo subjetivo. Como si el hombre no fuera objeto, naturaleza y como si la naturaleza y el hombre como tal no fueran, en su interacción, el sujeto mismo de la civilización. Toda la ciencia del marxismo tiene este punto de partida que tan bellamente elaboraran Marx y Engels en su juventud y que encabeza las célebres "Tesis sobre Feuerbach", escritas como apuntes por el primero y editadas por el segundo. Allí se dice que “el defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo… (Feuerbach) sólo considera la actitud teórica como auténticamente humana, mientras que concibe la práctica en su forma suciamente judaica de manifestarse… no comprende la importancia de la actuación ‘revolucionaria’, 'práctico-crítica’. Como puede verse, el concepto de ciencia en el marxismo supone no sólo una radical “objetividad” sino también la concepción de teoría y práctica como proceso y “unidad”. Por eso, otra de las célebres “Tesis…”, la inmediatamente siguiente, proclama que “el problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino ún problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrena-lidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”. Parece evidente que estas afirmaciones corresponden al conocimiento científico como tal, es decir que vale para las ciencias denominadas “duras” o exactas como para la propia ciencia social que, en este punto, contra la pretensión de muchos metodólogos y también marxistas, no revisten diferencia alguna. En este aspecto, los trabajos de Engels como el «Anti-Duhring» y el propio «Ludwig Feuerbach y el Fin de la Filosofía Clásica Alemana», son profundamente esclarecedores. Los detractores del marxismo y del socialismo científico han desenvuelto una muy extendida tarea de descalificación del compañero de Marx, lo han presentado como esquemático e inclusive antimarxista en sus escritos de orden filosófico y epistemológico. Lo cierto es que Adam Schaff recordó algunos años atrás que tales escritos son prácticamente una coproducción y que, en particular, el manuscrito completo del Anti-Duhring fue “enteramente” leído por Marx, con anterioridad a su publicación. Es precisamente en estos trabajos donde Engels dice de un modo muy claro que la historia de la sociedad difiere de la historia del desarrollo de la naturaleza. En la historia social actúan hombres con su propia pasión, sus intereses, su conciencia y voluntad. Dicho de otro modo, se trata de una historia humana, por oposición a la pura y estrechamente “natural”. “Pero esta distinción, por muy importante que ella sea para la investigación histórica, sobre todo la de épocas y acontecimientos aislados, no altera para nada el hecho de que el curso de la historia se rige por leyes generales de orden interno”. El marxismo, como crítica y superación de la llamada filosofía clásica alemana, constituye una suerte de estación terminal, puesto que proclama el reino de la ciencia positiva en todos los dominios, liquidando la filosofía preexistente que, en las palabras de Engels ya citadas, “queda terminada”. Toda la conclusión de sus trabajos sobre el punto se resume en esto: “esta interpretación pone fin a la filosofía en el campo de la historia, exactamente lo mismo que la concepción dialéctica de la naturaleza hace la filosofía de la naturaleza tan innecesaria como imposible (…) de la filosofía desahuciada queda en pie sólo la teoría de las leyes del proceso de pensar, la lógica y la dialéctica”. Una formulación que quedaría incompleta si no se comprende que la "terminación” de la filosofía es la asimilación de lo mejor de toda la evolución filosófica del pasado, e inclusive su conversión en “práctica”. Esto explica la última frase del “Ludwig Feuerbach…”, a modo de sentencia, cuando dice que “el movimiento obrero de Alemania es el heredero de la filosofía clásica alemana”. En consecuencia, el concepto de ciencia “positiva” del marxismo es completamente ajeno a la filosofía positivista, en el sentido de una supremacía de la ciencia concebida de un modo abstracto, no histórico ni social e, indudablemente, ajeno al movimiento obrero y a la lucha de clases. En este punto, el positivismo y sus “alrededores” conciben la ciencia al modo “feuerbachiano”. El marxismo, en cambio, concibe la actividad revolucionaria práctica como la realización indispensable de una parte de la ciencia, que se abre paso “humanamente” en la propia revolución social. Una ciencia que se consuma en la dictadura del proletariado, es decir, en la condición práctica —una vez más— para la abolición del dominio del capital y para abrir paso a una sociedad verdaderamente humana, donde no exista ya la explotación del hombre por el hombre, donde se acaba con el “reino de la necesidad para pasar al reino de la libertad”. En momentos en que vuelve a establecerse una terrible confusión entre la dictadura del proletariado y la dictadura burocrática y contrarrevolucionaria que imperó en la ex-URSS, conviene precisar que fue el Marx “humanista”, esto es, el que habló de que el hombre debe “construir” humanamente su circunstancia, fue ese Marx, entonces, quien se preocupó en señalar que el aporte “nuevo” en materia de inteligencia de la historia moderna fue justamente la conclusión de que la dictadura del proletariado era el punto de llegada necesario del desarrollo de la sociedad contemporánea; esto como tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases (las clases sociales y aún la lucha de clases son un descubrimiento premarxista). Antimecanicismo Otra moda académica aún vigente, aunque de vieja data, consiste en atribuir al socialismo científico las características propias de la ciencia del siglo XIX, dominada por los avances y descubrimientos de la mecánica y de la física newtoniana. En el mejor de los casos se trata de ignorancia, y nuevamente es Engels el encargado de desasnar al respecto al estudioso que obra sin rigor. El mecanicismo es precisamente el defecto del materialismo pre-marxista, con su tendencia mediocre a reducir la condición del hombre al de la máquina. Es lo que Marx y Engels rechazan: el lado conservador, quietista, pasivo del viejo materialismo, para quien el hombre estaba determinado en su "trayectoria” por las circunstancias que lo dominan. Si en la historia el "lado activo” del hombre había sido impulsado por el idealismo, los marxistas pueden declararse legítimamente herederos de este impulso a la acción, de la confianza en modelar el mundo a su imagen y semejanza. Fue, entonces, cuando el propio Marx indicó que si las circunstancias formaban al hombre, se trataba ahora, ciencia mediante, transformación revolucionaria mediante, de formar las circunstancias "humanamente” En los límites de la mecánica y de la visión del mundo que se le atribuye al genio de Newton, todo el universo concluyó por ser aprehendido como una suerte de robot. El universo autómata, el universo reloj, en las palabras de Prigogine, era de conjunto la máquina inerte y perfecta. Aquí, la trayectoria y la posición de todos los cuerpos estaban predeterminadas para siempre. En la cumbre de su aprehensión del universo, el hombre, en lugar de ser "uno” con la naturaleza de la cual provenía, parecía una suerte de excepción, algo esencialmente distinto e irreductible, puesto que no podía ser aprehendido él mismo, como máquina, como robot o como reloj. Después de haber desalojado a dios para comprender el funcionamiento de la naturaleza, él mismo parecía un dios ante el universo que descubría, como si se hubiera roto la "alianza” entre el hombre y la naturaleza. Reaparece así la idea de alienación o enajenación del hombre respecto al medio natural y a sí mismo. A partir de aquí, el propio Prigogine plantea que la posibilidad de una "nueva alianza” entre el hombre y la naturaleza dependerá de los también nuevos y últimos desarrollos de la propia ciencia, entendida en el sentido más restrictivo de ciencia de la naturaleza. Se refiere a las investigaciones sobre la segunda ley de la termodinámica y la entropía, a los descubrimientos de la física cuan tica, a la incorporación del tiempo en la evolución de la materia y sus procesos, etc., y a su capacidad para brindar una explicación más completa y rica del cosmos que la heredada del pasado. Lo que importa subrayar en este caso es una cuestión, que puede denominarse metodológica, de este intento que abarca a una corriente muy amplia del pensamiento contemporáneo. Esto es, la tentativa de superar la enajenación del hombre por la vía exclusiva o privilegiada de una adecuada comprensión de los descubrimientos y desarrollos de ciencias como la física, la química, la biología, etc. En este planteamiento no se contempla a la ciencia social, al marxismo y, consecuentemente, a la modificación de la sociedad por una vía revolucionaria, como una tarea "científica” en la dimensión que en este trabajo se plantea. Omitir semejante dimensión al problema implica, por lo tanto, plantearse una búsqueda errada, extraviada, puesto que la alienación del hombre en relación a la naturaleza y, entonces, también en relación a sí mismo, que es naturaleza, sólo puede ser resuelta en la práctica por la revolución social, es decir, por la “actuación revolucionaria, práctico crítica”. Se trata de un extravío similar, aunque formalmente aparezca como la contrapartida, de aquel otro que en los años 60 presentaba a Marx como un "humanista”, cuyo objetivo sería descubrir la "esencia” del hombre en el reino de la especulación filosófica y de la teoría "pura” del trabajo enajenado, pero ciertamente al margen de la lucha revolucionaria. Por esto mismo ganó el favor de cierta audiencia intelectual, atrapada entonces con algunas de las obras de Erich Fromm. Fromm presentaba a Marx como una suerte de profeta ateo, no como integrante de las filas del movimiento proletario revolucionario. En este caso, como en el anterior, asistimos, en tiempos distintos, a una reacción a la barbarie stalinista, basada en la incomprensión del fenómeno de la degeneración del Estado que surgiera de la primera revolución obrera triunfante en 1917. Por eso tienen en común la omisión de la revolución social, como si el "comunismo” oficial de la vieja URSS obligara a evitar abordarla o a eliminarla de la “agenda” de los problemas del mundo que nos toca vivir. La conclusión de todo esto es la siguiente: el planteo de que la ciencia es instrumento de liberación del hombre sólo puede ser aceptado si se acepta, como parte del propio conocimiento científico, la tarea revolucionaria de transformación social que se ejecuta a partir de hipótesis y caracterizaciones teóricas sobre la propia sociedad moderna. En este sentido, el marxismo es la síntesis y superación de las mejores tradiciones del pensamiento humano, en la definición ya clásica dada por Lenin de sus "partes integrantes" que incluyen a la mencionada filosofía clásica alemana, al socialismo francés y a la economía política inglesa. Continuidad El marxismo -ciencia y práctica de la revolución social- se mantuvo vivo en el movimiento de oposición a la burocracia staliniana que liderara Trotsky. Es sintomático que, poco antes de ser asesinado por Stalin, el propio Trotsky consagrara sus últimos escritos a defender irrestrictamente la base científica del marxismo y al materialismo dialéctico como la cumbre actual de la evolución del pensamiento humano. El rigor por la teoría y el desprecio por toda actitud negligente en la materia en un hombre que apenas años atrás había dirigido el formidable Ejército Rojo (que él mismo construyera de la nada para defender las conquistas del proletariado revolucionario), pinta de cuerpo entero al último y más grande representante del socialismo científico en el siglo XX. Fue el mismo Trotsky quien, al culminar una conferencia a estudiantes dinamarqueses en 1924, pronunció las palabras que aquí cierran este pequeño trabajo: «La antropología, la biología, la fisiología, la psicología, han reunido verdaderas montañas de materiales para erigir ante el hombre, en toda su amplitud, las tareas de su propio perfeccionamiento corporal y espiritual y de su desarrollo ulterior. Por la mano genial de Sigmund Freud, el psicoanálisis levantó la tapadera del pozo que, poéticamente, se llama el alma del hombre. Y ¿qué nos ha revelado? Nuestro pensamiento consciente no constituye más que una pequeña parte de las oscuras fuerzas psíquicas. Buzos sabios descienden al fondo del océano y fotografían la fauna misteriosa de las aguas. Para que el pensamiento humano descienda al fondo de su propio océano psíquico debe iluminar las fuerzas motrices misteriosas del alma y someterlas a la razón y a la voluntad. Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre se integrará en los morteros, en las retortas del químico. Por primera vez la Humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como una semifabricación física y psíquica. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad en el sentido de que el hombre de hoy, plagado de contradicciones y sin armonía, franqueará la vida hacia una especie más feliz”. Agosto 1995 *Dirigente del Partido Obrero Instituto de Investigaciones – Facultad de Ciencias Sociales (UBA) Nota: este trabajo ha sido preparado para su presentación en el Encuentro sobre el «Centenario de Federico Engels – El Socialismo: Presente y Futuro», a realizarse en el Centro Cultural General San Martín, organizado por la Fundación Juan B. Justo y el Instituto de Filosofía de la Universidad de La Habana (28/8, 30/8 y 1/9), y en el Seminario Internacional sobre «El socialismo como pensamiento y perspectiva», organizado por la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (19 al 21 de octubre).

1 de septiembre de 1995
La defensa de los militantes poristas bolivianos y su llamado a impedir la liquidación del POR

En abril de 1994, Juan Pablo Bacherer —dirigente del Partido Obrero Revolucionario de Bolivia, con más de veinte años de militancia— fue expulsado del POR acusado de "delación". Junto con Bacherer fueron expulsados del POR y de su juventud (URUS) todos los militantes que se solidarizaron con él. Los expulsados formaron la "Oposición Trotskista del POR”, que se reivindica como infracción revolucionaria del POR* y cuyo programa es la recuperación revolucionaria del partido. Publican el periódico Trinchera Revolucionaria Los expulsados denuncian que su principal acusador —Guillermo Lora— no presentó hasta ahora una sola prueba de su acusación. Semejante conducta — concluyen— revela que Lora “se ha convertido en un vulgar calumniador, como expresión del proceso degenerativo del partido revolucionario en Bolivia" (1). Durante este año y medio, Lora y el POR lanzaron nuevas y más graves acusaciones contra Bacherer. Primero se lo acusó de “haber revelado a la policía aspectos internos del partido durante su detención en Santa Cruz” (2); más tarde, se lo acusó de “bribón” y "corrupto" (3) y, finalmente, se lo acusa de “ayudar a las fuerzas de inteligencia del gobierno y del imperialismo” (4)… Esta última acusación es la más grave, y no sólo porque califica a Bacherer como un represor infiltrado en las filas del movimiento obrero. Inmediatamente después de la nueva denuncia, Lora amenazó con “aplicar la ley de hierro a los traidores y canallas”, lo que sólo puede interpretarse como un llamado a la supresión física de Bacherer. Sin derecho a defensa La expulsión administrativa de Bacherer y de sus compañeros y la sistemática campaña de difamación lanzada contra ellos “son rasgos característicos de un partido stalinizado”, Bacherer fue expulsado del POR sin permitírsele ninguna defensa. Para impedir que yo pudiera defenderme recurrió a una doble maniobra: a) Indicó que se trataba de un trabajo ‘clandestino’ y que por ello no podía demostrar su acusación; b) abandonó la Conferencia Nacional, renunciando a su militanciaalPOR, hasta que se me expulse. Esto último fue, a todas luces, un chantaje a los militantes, para forzar mi expulsión sin discusión ni posibilidad de defensa” (5). Lora, que puso en juego en esa Conferencia su propia permanencia en el POR, sólo pudo hacer aprobar la expulsión … por tres votos. Tampoco pudo ser escuchado por el Congreso de la organización internacional que integra el POR (el llamado Comité de Enlace por la Reconstrucción de la IVo Internacional), que se negó a tomar conocimiento de su reclamo de formar un tribunal por las expresas instrucciones de Lora, y "ratifica la monstruosidad que se ha cometido en el POR en su Conferencia nacional de 1994, sella(ndo) su compromiso vergonzoso y contrarrevolucionario con lo que viene sucediendo en el POR boliviano; demostra(ndo) que el comité internacional y su congreso no son la instancia máxima de la organización internacional sino que han nacido como un apéndice de la dirección porista en el período de su decadencia política” (6). Tribunal Obrero y Revolucionario La imposibilidad de defenderse en el cuadro interno del POR de las acusaciones a su moral obligaron a Bacherer y a los demás expulsados a reclamar la formación de un tribunal obrero y revolucionario que juzgue los cargos lanzados en su contra por Lora. El tribunal, que deberá reunirse próximamente en Bolivia, no tiene por objeto juzgar las divergencias políticas entre Lora y Bacherer, sino establecer la verdad de los hechos en lo referido a las acusaciones: o establece que efectivamente Bacherer es un delator y un agente de los servicios de inteligencia —por lo que deberá ser expulsado ignominiosamente del movimiento obrero y revolucionario- o, por el contrario, establece que las acusaciones son falsas, lo que caracterizará a Lora como un calumniador y provocador. Para cumplir cabalmente con su labor, el tribunal estará integrado por militantes que han probado su devoción a la causa de la lucha contra la explotación. En su exilio mexicano, Trotsky recurrió a un tribunal moral —semejante al que reclaman los expulsados del POR— para enfrentar la montaña de calumnias y provocaciones lanzadas en su contra por el stalinismo. Ese tribunal, conocido como “Comisión Dewey”, absolvió a Trotsky de todos los cargos. Lora se ha opuesto por todos los medios a la formación del tribunal y ha lanzado una campaña de presiones y amenazas en Bolivia y fuera de ella sobre los militantes que han sido invitados a formar parte de él. “Una expulsión preventiva” Bacherer denuncia que su expulsión y la de sus compañeros tuvo el objetivo preciso de enterrar el debate político que se venía desarrollando en el POR de cara a la Conferencia de 1994. Por eso la caracteriza como "una expulsión preventiva. No es la primera vez que Lora recurre a las expulsiones sumarias para acabar con el debate interno. En 1984 reunió un Congreso cuyo único objetivo fue expulsar a Jorge Cueto, un militante del POR que sufrió muchísimos años de prisión. En 1985 expulsó a los dirigentes de las regionales de Oruro y Huanuni, también acusados de delación. Precisamente, las acusaciones fueron subiendo de tono conforme progresaban las discusiones internas. “En septiembre de 1992, cuando ya habíamos iniciado una discusión con G. Lora -dijimos que ante su incapacidad de realizar una verdadera autocrítica de los errores cometidos en la estructuración del partido de masas, había acusado a los dirigentes de ese entonces como “para-stalinistas”, "proburgueses”, “contrarrevolucionarios”, etc.-recurrió por primera vez a la calumnia de "delación” pero en ese momento, extrañamente, sólo pidió que yo bajase a la base del partido. … Lo sorprendente fue que en el Congreso Extraordinario de principios de 1993, donde precisamente se analizó la conducta de la dirección en la que me encontraba y se la sustituyó, G. Lora no sólo ni siquiera asistió al Congreso sino que ocultó la supuesta delación que denunciaba. Al cabo de más de un año, en febrero de 1994, en la Conferencia Nacional, G. Lora nuevamente se acuerda de la delación y de que se trata de un asunto princi-pista con el que no se puede transar… Como se ve, las contradicciones del propio acusador lo desnudan como un vulgar mentiroso y calumniador… Si es verdadera la posición de Lora de 1992, tiene que levantar la sanción que pesa sobre mi persona y al mismo tiempo sancionar al calumniador ejemplarmente. Si, por el contrario, es verdadera la acusación de 1994, tiene que sancionar al que se ha convertido en cómplice del calumniador por más de un año” (7). Poco antes de la última y definitiva acusación de Lora en la Conferencia, había aparecido el documento “La situación revolucionaria bloqueada apunta a la insurrección espontánea (Problemas de la estructuración del partido bolchevique)”, en el cual Bacherer critica las caracterizaciones y conclusiones políticas formuladas por Lora en el documento oficial para la Conferencia… El debate que se intentó quebrar con la expulsión de Bacherer estaba centrado en la recurrente y sistemática incapacidad del POR para convertirse no ya en el partido dirigente de la clase obrera boliviana sino, simplemente, para convertirse en una corriente de masas. “No se volvió a tener la influencia del pasado en el sector minero, ni en el campesino; tampoco se penetró en el sector fabril ni en los gremialistas… ” (8). Peor aún, "el POR ha sufrido modificaciones profundas en su composición de clase. Se puede decir que ha vivido un proceso de progresiva ‘desproletarización’ si lo comparamos con la que existía en las décadas del 40,50 ó 60. Después de la crisis de 1974175, los obreros poristas quedaron como simple adorno de un partido predominantemente pequeñoburgués en su composición clasista” (9). El carácter de la crisis del POR ¿Cuáles son la razones políticas de un fracaso tan sistemático y persistente? Hay que recordar que, poco después de la Conferencia de 1981, se registró "un fracaso contundente” en el intento de "transformarnos en un partido con mil o dos mil militantes” (10). La explicación hay que rastrearla en alguien insospechable de enemistad con el POR, el propio Lora. En noviembre de 1983, Guillermo Lora escribió— que "ha dirección y particularmente el Secretario General (el propio Lora) han realizado un tenso trabajo en este sentido…, sin mayor éxito. En resumen: no tenemos posibilidades de actuar como dirección revolucionaria … Un partido que no se apresta a prepararse para ser dirección de las masas subvertidas, si no pasa revista a sus armas (nosotros estamos desarmados en el sentido mar-xista del término) es ya, en realidad, un partido contrarrevolucionario; traicionará las esperanzas que en él han puesto los explotados y no merece existir. … (En consecuencia) Hay que salvar nuestra responsabilidad ante las masas y yo asumo esa actitud. El POR debe autodisolverse en su congreso y explicar las causas en un documento público” (11). En la misma dirección, en un ampliado regional de Cochabamba planteó que "la gran tarea inmediata está a la vista: elevarnos hasta la comprensión del acto de autodisolución … " (12). Hasta el presente, que se tenga noticia, no ha habido una autocrítica del POR de la tesis "autodisolutiva” que, con razón, el "ampliado regional de Cochabamba” definía como "inédito en la historia política universal. Hubo que esperar todavía algunos años para que la tesis lorista de la "autodisolución” fuera aplicada en gran escala por los stalinistas. Está claro que un partido que se autodefine como "desarmado”, como siendo "en realidad un partido contrarrevolucionario”, que "no merece existir” y que plantea como "la gran tarea” su "autodisolución”, es un partido que ha perdido, irremediablemente, no ya sus objetivos estratégicos, sino cualquier rumbo claro. No importa, por lo tanto, cuántas veces aparezca en los textos del POR la expresión "dictadura del proletariado”… no deja de ser una frase, porque el partido que debería luchar por imponerla "no tiene posibilidades de actuar como dirección revolucionaria”. A fuerza de repetir que "el programa es el partido”, Lora no puede desconocer que la tesis de "autodisolver” el partido porque "ya es en realidad un partido contrarrevolucionario”, es la confesión del fracaso histórico del programa trotskista para dar una salida revolucionaria a la nación atrasada y, por esta vía, agrupar y organizar en tomo suyo al proletariado y convertirse en el caudillo de las masas explotadas. La tesis de la "autodisolución” de 1983 —que, reiteramos, no ha sido revisada por el POR— significa que el POR ha abandonado el trotskismo… porque si lo que ha fallado, es el partido, es su programa el que ha sucumbido. A esta tarea de liquidar el programa (nacionalismo vergonzoso) se ha dedicado Lora en la última década, tanto más febrilmente cuanto cada revisión provocaba un retroceso más pronunciado del POR. Un ejemplo regular del abandono por el POR del programa trotskista y de su pasaje al campo del nacionalismo es la tesis de que "tenemos un ejército diferente del chileno, brasileño o argentino (ya que el boliviano), es sumamente permeable a la lucha de clases y a las presiones ideológicas de la izquierda marxista… no tiene espíritu de casta… Es tarea del partido potenciarla corriente revolucionaria de las Fuerzas Armadas y la Policía por medio de la propaganda… (13). En un análisis de estas posiciones, Osvaldo Coggiola dice que, "para el POR, la vía de la revolución consistiría en imponer la doctrina marxista en el Ejército y la policía… a través de la propaganda ideológica. … El papel específico del partido proletario sería el de resolver la cuestión de la política militar del proletariado’'. En fin, gracias al ‘partido’ (transformado aquí en un ente metafísico y atemporal), el Ejército boliviano sería el único del mundo que tendría un papel histórico propio e independiente, sustituyendo al proletariado en una revolución hecha con los hombres y las armas del Ejército, en la que el proletariado entra ría como “doctrina” (de la que sería depositario el POR, o sea Lora)" (14). A la luz de estas reiteraciones sobre la existencia de una "corriente revolucionaria de las Fuerzas Armadas y la policía”, se entienden mejor otras afirmaciones de Lora, como que en Bolivia, “la presencia de la política revolucionaria no tiene lugar a través de la mediación del partido revolucionario” (15). Como se ve, la tesis de la “autodisoluciónn no ha sido criticada por el POR por una razón muy sencilla: entre esa tesis de 1983 y la de 1994. de que “la política revolucionaria no se expresa a través de la mediación del partido revolucionario”, hay un hilo conductor. El abandono del marxismo ha llevado al POR a una degeneración aguda y a una crisis que es terminal, una de cuyas expresiones es la expulsión burocrática de Bacherer y sus compañeros. Apoyamos incondicionalmente la formación del tribunal que juzgue la veracidad de las acusaciones formuladas por Lora contra Bacherer. Pero la tarea crítica va mucho más allá: debe servir, además, para desterrar el patoterismo, el matonismo y el burocratismo de las organizaciones obreras. NOTAS: (1). Juan Pablo Bacherer Soliz, Represión política en el Partido Obrero Revolucionario, Cuadernos Marxistas n° 2, La Paz, 1994. (2). Idem. (3). Trinchera Revolucionaria, n° 89, 10/7/95. (4). Trinchera Revolucionaria, n° 91, 14/8/95. (5). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit. (6). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit. (7). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit. (8). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit. (9). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit. (10). Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit. (11). Documento de Guillermo Lora (8/11/83), citado por Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit. (12). Boletín interno del POR, citado por Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit. (13). Hoy, La Paz, 23/4/95, citado por Osvaldo Coggiola, La izquierday la huelga general en Bolivia, En Defensa del Marxismo, n° 7, julio de 1995. (14). Osvaldo Coggiola, La izquierda y la huelga general en Bolivia, En Defensa del Marxismo, n° 7, julio de 1995. (15). Documento de Guillermo Lora, citado por Juan Pablo Bacherer Soliz, Op. cit.

1 de septiembre de 1995
Matar a Chechenia
Frederick C. Cuny

Nueve meses después del comienzo de la invasión a Chechenia, y a pesar de haber provocado una masacre espantosa —60.000 bajas civiles, 10.000 militares, en su inmensa mayoría conscriptos—y de haber convertido al país en una montaña de escombros, Rusia no puede controlar la pequeña república caucásica. Peor aún, quizás nunca pueda hacerlo, porque el ejército ruso no está en condiciones de imponer una derrota militara las milicias del general Dudayev, dictador checheno (Le Monde, 2318). El acuerdo militar firmado por representantes rusos y chechenos el pasado 30 de julio —que implica el desarme parcial de las milicias chechenos y el retiro, también parcial, de las tropas rusas— reconoce el fracaso de Yeltsin para imponer, por la vía de las armas, la rendición incondicional de los rebeldes. Desde entonces, aunque no se reiniciaron los combates abiertos (y a pesar del incumplimiento del acuerdo por ambas partes), la situación se ha “fragilizado” en detrimento de los ocupantes. “El ejército ruso se encuentra hoy en una situación de debilidad en Chechenia”, editorializa Le Monde (23/8) citando a diversas fuentes rusas: “las fuerzas chechenas retomaron la mayoría de las aldeas y poblados; han roto su encierro y encerraron a las tropas rusas" (general Alexandre Naoumov, jefe de la fuerza de tareas rusa en Chechenia); “las tropas chechenas están en situación más favorable que en diciembre de 1994 (cuando comenzó la invasión)” (diario Moskovi Komsomolets); “si la guerra recomenzara, habría que invadir Chechenia otra vez … pero eso es imposible porque el ejército está en una situación desesperante” (diputado Stanislav Govoukin). El fiasco militar puso al descubierto la fractura del alto mando militar ruso y la profunda división de la burocracia. Para Yeltsin, Chechenia ha significado un golpe “del que jamás podrá recuperarse” y que “podría llegar a pagar en las elecciones (presidenciales) de 1996” (The New York Times, 11/8)… y aun en forma instantánea si decidiera relanzar la guerra. El periodista Fredeiick Cuny, que estuvo presente en los combates por Grozny (la capital chechena), escribió para The New York Review of Books (4/4/95) una crónica en la que no sólo advirtió acerca de la imposibilidad de Yeltsin de obtener una victoria militar en Chechenia sino que, además, trazó una radiografía de las razones políticas, económicas y sociales que se lo impedirían. En Chechenia, el gobierno ruso está encerrado en una lucha a muerte con un pueblo musulmán rebelde, empecinado y sorprendentemente feroz. Es una lucha que ningún sector puede afrontar perder y que ninguno puede ganar sin consecuencias devastadoras —para ellos mismos, para la región, y posiblemente para el futuro de Rusia. Después de casi tres meses de guerra, el destrozado ejército ruso ha establecido una débil presencia en alrededor de tres barrios de la capital chechena de Grozny. Pero el costo ha sido enorme: más de 5.000 soldados rusos muertos, quizás tantos como 15.000 civiles muertos, la mayoría de ellos rusos étnicos, cientos de miles de refugiados, miles de millones de dólares en destrucción de la ciudad, miles de millones más en gastos militares, e incalculables daños al prestigio de Rusia, de sus militares y de su presidente Boris Yeltsin. Al momento de escribir este artículo, la guerra está lejos de terminar. Al observar la lucha de ambos lados durante tres semanas en enero y febrero, pude ver cómo los chechenos han mantenido un empecinado dominio del rincón sudeste de la ciudad, que está ubicado sobre una meseta y protegido por una estratégica colina, que les permite a los chechenos un buen puesto de observación y posiciones de fuego para parar los avances rusos. Las fuerzas rebeldes están bien armadas y comprometidas a pelear hasta las últimas consecuencias. No hay duda que los rusos pueden eventualmente “tomar” esta parte de la ciudad también, pero pagarán un precio enorme si lo hacen. Los chechenos nunca han jugado el partido siguiendo las reglas rusas. En lugar de hacer participar a miles de luchadores para defender la ciudad, el comandante checheno, general Asían Maskhadov, decidió mantener fuerzas pequeñas con un gran poder de ataque. Las fuerzas regulares rebeldes nunca se han calculado en más de alrededor de 1.500 hombres. Operan en equipos de choque integrados por tres personas —dos hombres armados que protegen a otro que combate con cohetes antitanques. La estrategia es simple: infiltran los equipos en las intersecciones de la ciudad, luego esperan a los rusos, inmovilizan a los primeros que aparecen, pero no los matan. Luego cuando llegan los refuerzos, los destruyen con una falange de cohetes. Cada carro blindado (APC) lleva diez soldados más tres tripulantes. En poco tiempo las víctimas se acumulan. Mientas tanto, la mayoría del ejército checheno ni siquiera está en la ciudad; el general Maskhadov sabía que los rusos podían rodear fácilmente la capital y aislarla —las planicies sin árboles son demasiados chatas y carecen de refugios que permitan a una fuerza débilmente armada resistir a los tanques y a la infantería mecanizada. Si hubiese mantenido una fuerza importante dentro de la ciudad, hubiese sido atrapada y hubiera sido imposible aprovisionar a sus hombres. En cambio, mantuvo a las grandes y crecientes fuerzas chechenas en el sur de la ciudad, entrenándolas y preparándolas para la siguiente fase de la guerra. Actualmente tienen un número de 40.000 combatientes y para retener a los rusos abajo, mantiene un nivel constante de fuerzas en Grozny, infiltrándose en las líneas rusas alrededor de una decena de refuerzos que se necesitan todas las noches. Hasta el comienzo de marzo, los rusos aún no se habían percatado de esta estrategia. Continuaban atacando las posiciones rebeldes con miles de armas, cohetes y bombas noche y día, y malgastaban la vida de sus propios soldados en el esfuerzo de capturar unos pocos edificios abandonados y bombardeados, tratando de avanzar sus líneas cada día. En Grozny, a principios de febrero, un colega contó 4.000 detonaciones por hora. Recién a principios de marzo los rusos disminuyeron sus bombardeos y adoptaron la estrategia de hambrear a la población local. El bombardeo fue inútil y de últimas, autodestructivo. Salvo el pequeño número de combatientes chechenos, pocos permanecen en la ciudad. Prácticamente todos los civiles que quedan son de origen ruso, quizás alrededor de 30.000, la mayoría ancianos jubilados que no pudieron escapar cuando la ciudad fue cercada. Es irónicoque los rebeldes estén luchando contra el ejército ruso para proteger una parte de la ciudad llena de abuelas rusas. Cuando la verdad salga a la luz, se comprobará que la mayoría de los civiles que han muerto desde la mitad de enero también son de origen ruso. Esta revelación podría traer aparejada la caída del gobierno de Yeltsin. El ejército ruso ha proclamado que la batalla ha sido ganada. Dicen que hay seguridad para que los civiles retomen a reconstruir la ciudad. Los omnibuses han sido reacondicionados para ser llevados de vuelta a Grozny. El gobierno de Yelstin ha designado una nueva administración de la ciudad para restaurar el orden y unificarla. La paz está virtualmente al alcance de la mano. Nada puede estar tan lejos de la verdad. Los rusos tienen una presencia en la ciudad, pero no controlan nada. Los combatientes chechenos se mueven libremente por la ciudad de día y de noche. Conocen sus túneles y conductos bien. El comandante checheno fue agrimensor y está a cargo de la información necesaria para la planificación de la ciudad. Uno de los principales líderes de los grupos de choque chechenos que operaron en la parte norte rusa de la ciudad es un antiguo contratista que construyó gran parte del sistema de agua y de gas. Tienen un conocimiento profundo de la ciudad y de sus arterias ocultas. Durante mi viaje a Grozny, un comandante checheno me demostró cómo podían, si lo deseaban, aparecer inesperadamente dentro de los cien metros alrededor de la oficina del comandante ruso y mandarle un cohete por la ventana. Todo lo que los rusos deban hacer para sostener la ciudad y proteger sus posiciones causaría más daños. Por ejemplo, saben que para que la gente pueda regresar a la ciudad deben restablecer los servicios de agua corriente, los sistemas cloacales y de gas. Pero esas líneas corren bajo la tierra en los mismos conductos que usan los combatientes chechenos para moverse por la ciudad. Así es que los rusos están bombardeando sistemáticamente esos conductos para limitar los movimientos cheche-nos. Ellos deben destruir literalmente la ciudad y su infraestructura para lograr capturarla. Al fin de cuentas, ¿qué es lo que lograrán capturar? Un montón de escombros que también tendrían problemas para controlar. ¿Y el costo? Si continúan atacando las áreas copadas por los chechenos y no permiten a las organizaciones humanitarias evacuar a los no-combatientes que permanecen en la zona, la lista de víctimas final crecería a 35.000, la mayoría rusos, civiles, y quizás 7.000 soldados. Se ha matado a más gente en tres meses de lucha que los 15.000 a 20.000 soldados soviéticos perdidos en diez años de lucha en Afganistán. ¿Cómo sucedió esto? Chechenia es una república pequeña, encerrada por planicies y montañas al pie de la parte norte de los montes caucásicos. Es un lugar pequeño, del tamaño de Connecticut, menos del uno por ciento de la tierra rusa, con alrededor de 1.200.000 habitantes. La región fue capturada y anexada a Rusia hacia la mitad del siglo pasado, pero recién tras 150 años de resistencia. La fuerzas zaristas pudieron derrotar a los chechenos sólo empujándolos hacia los áridos Montes Caucásicos, quemando sus campos y cortándoles las provisiones. A pesar de ello, los chechenos continuaron resistiéndose esporádicamente durante la siguiente mitad de la centuria. Tras un breve flirteo con los bolcheviques, los chechenos trataron de rebelarse contra la recién formada Unión Soviética en 1920. Lo intentaron nuevamente en 1929, pero la rebelión fue rápidamente aplastada por el ejército rojo. En 1944 ocurrió la mayor tragedia. Stalin temió que los chechenos y sus vecinos de Ingush pudieran apoyar a los alemanes si llegaban a los montes caucásicos, y deportó por la fuerza virtualmente a toda la población a Kazakhstan y a Siberia. Durante la deportación y el exilio, centenares de miles murieron en las duras condiciones del Asia media, donde no se habían hecho las preparaciones adecuadas para recibirlos. Cuando finalmente Khruschev permitió regresar a los sobrevivientes en 1956-1957, ellos encontraron sus tierras y hogares ocupados por la gente de la región vecina de Osetia y por los colonos rusos. Prácticamente todos los chechenos adultos de más de treinta y dos años nacieron en el exilio. Quizás ésta sea la causa del alto porcentaje de endurecidos y dedicados luchadores chechenos de treinta y cuarenta años. Cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991, los chechenos reaccionaron rápidamente. Bajo la presidencia de su presidente recientemente elegido, Dzhokar Dudayev, declararon unilateralmente su independencia y procedieron a establecer un estado separado. Como dicen los cheche-nos, los negocios de Chechenia fueron negocios — de todo tipo. Dudayev permitió que la economía chechena se deteriorara y el desempleo creciera: pero él y sus asociados capturaron algunos aviones de Aeroflot, la línea aérea rusa, y comenzaron a comerciar con los nuevos estados independientes, anteriormente soviéticos, al sur y al este. El también estableció lazos con Irán y Turquía y pronto una variedad de mercaderías comenzaron a entrar a Chechenia con destinos más hacia el norte de Rusia. El opio, la heroína y el hashish estaban entre las mercaderías más lucrativas enviadas hacia el norte. Dudayev y sus colegas también se relacionaron con el lucrativo negocio de la exportación de armas. En la medida en que el ejército ruso se retiraba de la zona del Cáucaso y del Asia Central, grandes cantidades de sus equipos fueron vendidos ilegalmente a los chechenos, quienes luego lo ofrecían a cualquiera a cambio de dinero en efectivo. Aparentemente, las naciones musulmanas que apoyaban a Bosnia estaban entre sus mejores clientes. Algunas de las armas usadas por los bosnios bien pueden provenir de Chechenia. Durante tres años, el gobierno ruso ignoró la declaración de la independencia de Chechenia y sus comprometidos negocios; Rusia tenía otros problemas. Pero hacia la mitad de 1994, Dudayev fue demasiado lejos. Cortejaba a los radicales musulmanes en Irán y en el Medio Oriente, amenazando con declarar un estado islámico e imponiendo la ley de Shariah, y continuando con el envío de millones de dólares de mercaderías sin pago de impuestos, a los mercados rusos. Yeltsin comenzó a analizar sus alternativas. Muchos factores influenciaron los siguientes acontecimientos. Los rusos estaban convencidos de que la desastrosa política económica y las privaciones que ésta ocasionó al pueblo checheno, serían suficiente para persuadirlos para que abandonaran a Dudayev y lo dejaran librado a un ajuste de cuentas con Moscú. Contaban con el gobierno corrupto para imponer rápidamente un golpe respaldado por Moscú. Cuando esto falló, creyeron que el pueblo ruso, que en general tenía un profundo desprecio por los chechenos, podía ser la base de apoyo de una rápida intervención militar que los trajera al pie. También creían que los chechenos huirían frente al ejército ruso. El Ministro de Defensa, Pavel Grachev, se ufanaba de que él tomaría Grozny con un regimiento paramilitar en pocas horas. Cuán equivocado estaba. Ahora el ejército ruso está empantanado en un combate inútil por un objetivo que finalmente no tiene sentido. Capturar la capital no significará ganar la guerra, como tampoco lo fue capturar el edificio presidencial. En una guerra de guerrillas sólo los tontos luchan por las ciudades. Poner más tropas en la ciudad sólo incrementará el número de blancos. Ahora que la guerra continúa, ¿qué sucederá? Los chechenos han agrupado a una gran cantidad de sus fuerzas en una línea defensiva en los pueblos al sur y al este de Grozny (ver mapa). Los chechenos esperan que el comandante ruso, coronel General Anatoly Kulkov, trate de capturar el pueblo de Gudermes y corte el camino este a Dagestan. Eso haría más lento, pero no detendría, el movimiento de provisiones y refuerzos de las zonas pobladas por chechenos en la república de Dagestan. Pero para asegurar su posición, los rusos tendrán que llevar a la población civil que permanece en el este deGrozny hacia Dagestan, lo que sería otra tragedia para el pueblo checheno y otra mancha más sobre el gobierno ruso. Luego los rusos tendrán que virar hacia el sur. Los pueblos que constituyen el próximo frente sobre el cual tendrán que luchar son grandes asentamientos entre Urus-Martan y Shali. Estos son pueblos que se han hecho relativamente prósperos durante los últimos veinte años como campos petrolíferos chechenos y por el envío de dinero a sus familias por parte de los obreros de la construcción en Rusia. La mayor parte del dinero fue invertido en la construcción de casas y los pueblos se expandieron a lo largo del camino este-oeste, de tal manera que es difícil determinar dónde comienza un pueblo y dónde termina el otro. Las casas en estos pueblos son construcciones de ladrillos con techo de chapa o de tejas, y son mucho más grandes que las típicas casas rurales en otras partes de Rusia. Los complejos construidos a menudo tienen más de un ambiente, y muchos edificios alternativos son externos —la poligamia se sigue practicando entre muchos cheche-nos. Cuando los refugiados chechenos escaparon de Grozny, encabezaron sus pueblos ancestrales y casi 200.000 de ellos han sido albergados por parientes y amigos en esta región. Cada complejo habitacional está plagado de refugiados, con tres, cuatro o más familias que viven a menudo en un solo complejo: la mayoría está integrado por veinte personas como mínimo, y muchos tienen cincuenta o más. De tal modo que cuando los rusos ataquen el de Grozny, los efectos van a ser sangrientos. Las casas ofrecen poca protección; a diferencia de los edificios de departamentos de Grozny, sólo irnos pocos edificios tienen cimientos sólidos y no hay lugares donde esconderse a salvo. Un bombardeo aéreo sería particularmente devastador. Se estaría incubando una moderna tragedia humanitaria sin precedentes. No tengo dudas que los chechenos pelearán por sus pueblos con tanta fiereza como lo han hecho por su capital. Sin embargo, ellos tendrán que retirar la mayoría de sus tropas más hacia el sur, esta vez a los Montes Caucásicos. En algún momento ellos tratarán de trasladar a los pobladores en esa dirección también. Aquí radica el próximo desastre de la humanidad. Las montañas ofrecen muy poca protección o seguridad. Son muy angostas: son solamente treinta millas desde el pie de las montañas hasta la frontera con Georgia en el corazón de la cadena de montañas. Las montañas han sido deforestadas por siglos de pastoreo de ovejas, brindando así poca protección natural. Hay sólo unos pocos pueblitos-puestos para el cuidado de las ovejas en realidad —y muy poco espacio para albergar a los cientos de miles de personas que tendrían que huir en esa dirección. Sin refugios, la gente tendría que vivir en las laderas más bajas quedando expuesta a los ataques rusos. Una vez allí ubicada, los rusos podrían fácilmente cortarles el aprovisionamiento de comida. (El suelo no es fértil en las laderas y los refugiados no podrían cultivar lo suficiente como para mantener a muchas personas). Los aprovisionamientos podrían ser traídos de Dagestan o Ingushetia, en el caso en que éstos no estén en guerra, pero la cantidad de víveres sería igual mínima. Por lo tanto, la estrategia final de los chechenos podría ser empujar a la población civil más arriba en las montañas sobre la frontera con Georgia, donde los refugiados se congelarían, y tratarían de conmover a la comunidad internacional forzándola a tomar medidas a su favor. La estrategia rusa no está tan clara. Como escribí el 9 de marzo, ellos todavía están tratando de consolidar sus posiciones en Grozny. (Cuando yo le pregunté a un general ruso qué harían cuando se retiraran de Grozny, él me contestó: “Nunca saldremos de Grozny”.) Hasta ahora, han limitado sus ataques a los pueblos del sur con bombardeos aéreos y extensos ataques de artillería. Con sus pocas excepciones, éstos han sido esporádicos y nada concentrados. Pero en algún momento, tendrán que confrontar con las fuerzas chechenas agrupadas en el sur. Sin lugar a dudas los rusos pueden infligir mayores daños a los chechenos. La cuestión para Yeltsin es cuán lejos preparado a ir, específicamente cuánta más miseria está preparado a infligirle a la población civil para ganar la guerra. ¿Y está preparado para arriesgarse a la condena internacional que seguramente acompañará una campaña rusa en el sur? Puesto que, para ganar, los rusos tendrán que forzar a medio millón o más de personas a huir a las montañas, cortarles el aprovisionamiento de alimentos y matarlos de hambre hasta someterlos. Es prácticamente inexorable que esta guerra no pueda ser contenida. En el este, la guerra podría extenderse a Dagestan. Los rusos deben cerrar las rutas que permiten el aprovisionamiento de Chechenia, y para lograrlo necesitan formar una barrera de tropas al este. Pero si ellos tienden una línea tal a lo largo de la frontera chechena con Dagestan, aún habrá una gran cantidad de pobladores chechenos al este de esa línea, no sólo los chechenos que viven en Dagestan sino 60.000 refugiados hostiles también. Entonces la única manera en que pueden armar una barrera efectiva es armarla a través del medio de Dagestan —extendiendo la guerra dentro de ese territorio. Al oeste, los helicópteros y tanques han atacado a los pueblos de Ingushetia cuando los civiles ingush trataron de bloquear los convoyes rusos. Los ingush son “vainakhs” —hermanos de los chechenos. Ellos hablan el mismo idioma, tienen las mismas tradiciones , y como se ha señalado, comparten la misma trágica historia de deportaciones y desplazamientos ocasionados por Rusia. Una vez que fueron parte de la república autónoma Checheno-Ingushetia, el pueblo ingush eligió quedarse con Rusia en lugar de imirse a Dudayev en la proclamación de la independencia. Sus líderes han tratado de evitar que la guerra se extienda a su tierra, pero existe entre ellos una sensación de que es inevitable que la guerra llegará. Ingushetia está también saturada de refugiados, más de 100.000 de Chechenia, aparte de los 80.000 ingush que fueron forzadamente deportados de la región de Prigorodny, alrededor de la capital de Osetia, en 1992. Hay una animosidad reprimida por parte de los ingush hacia los rusos por su falta de apoyo en contra de Osetia durante los últimos tres años. Todos se están armando para un enfrentamiento decisivo. Más allá del oeste, los osetianos, principales aliados rusos en la región, están alarmados por el armamento de sus rivales ingush. Ellos temen que en una guerra más amplia, los ingush pudieran movilizarse para retomar la región de Prigorodny, así que ellos también se están aprontando para la lucha. Y recientemente, al oeste de Osetia, han habido movimientos antd-rusos entre los musulmanes en Kabardin-Balkaria. Los costos de la guerra para Yeltsin y para el gobierno ruso han sido altos: aproximadamente 400.000 personas han sido desplazadas y el número sigue creciendo. Para algunas personas, es la segunda, tercera y aun cuarta vez en sus vidas que han sido obligadas a mudarse. Los costos financieros de la guerra están tambaleando. El dinero contante y sonante debe ser desviado de importantes proyectos económicos, y si la guerra continúa pueden ser retiradas vitales ayudas extranjeras. Los costos políticos también son altos. Prácticamente no se pueden encontrar fondos de apoyo a esta guerra entre el pueblo ruso. A pesar de su aversión a las mafias chechenas, la mayoría del pueblo ruso sabe que esta guerra es un error. La guerra no es sólo atacada por los abogados de derechos humanos y por las facciones opuestas a Yeltsin: hay un fuerte desacuerdo entre los propios pocos seguidores de Yeltsin. Los demócratas se oponen a la guerra con argumentos morales y legales; los nacionalistas se oponen porque se están matando a civiles rusos. Y dentro del ejército la resistencia es grande por muchas razones que incluyen los efectos dañinos de la guerra sobre las tropas y su moral, su costo en hombres y equipo, y el daño que está ocasionando sobre la imagen del ejército en el propio pueblo ruso. Es importante de señalar el extraordinario movimiento de madres de soldados que viajan a la zona de la guerra reclamando ver a sus hijos. Tan pronto ellas los encuentran los sacan de las líneas y tratan de llevárselos de vuelta a casa. Ni los oficiales están salvo de sus madres: un teniente coronel de artillería fue arrastrado poco ceremoniosamente de la línea de fuego en Grozny. Más aún, el índice de deserción entre los soldados de la zona de guerra es alto. Mientras que pocos soldados han desertado del campo de batalla, muchos se han escapado de los trenes y convoyes enviados a Chechenia. El ejército está claramente temeroso de confrontar la situción directa y públicamente; ha organizado una oficina en Moscú donde los desertores pueden presentarse y ofrecerse para una reasignación a otras unidades sin sufrir ningún perjuicio. Entre los oficiales superiores hay también una amplia insatisfacción con la guerra, o por lo menos con la manera en que ésta es conducida. Dos oficiales generales rehusaron órdenes de atacar Grozny. Un miembro del staff de generales rusos rehusó aceptar un comando en Chechenia. Y a principios del 17 de febrero, los generales que comandaban las fuerzas en Grozny, por su propia decisión, cesaron el fuego por vanos días para tratar de forzar a sus superiores y a los políticos, a fin de presionar para lograr poner término a la guerra. El cese de fuego y la manera en que se discutió fue por lo más instructiva. La mayoría de los generales del lado ruso conocen a los generales rebeldes; algunos eran aún diputados y discípulos del General Maskhadov. En el loco entretejido de la Rusia postsoviética, el presidente Ruslan Ausshav de Ingushtia y su vicepresidente, Boris Agapov, están aún sirviendo como generales del ejército ruso. Ellos participaron silenciosamente de las discusiones de ambos bandos y arreglaron una tregua. Los comandantes de campo hicieron todo lo posible para sostener la situación. Pero el staff general en Moscú y los integrantes de la línea dura del círculo más íntimo de Yeltsin impuso condiciones inaceptables para los chechenos — por ejemplo, que debían rendir sus armas pesadas sin un gesto acorde de parte de los rusos— y se rehusaron a negociar. Pero antes que ninguna de estas alternativas pudiera ser explorada, el cese de fuego terminó. El general Grachev ordenó al ejército que retornara a la acción, puesto que no había razones para hacer un alto el fuego. El ignoraba las consecuencias que esto tenía para 20.000-30.000 civiles, la mayoría de ellos rusos, atrapados en las zonas controladas por los chechenos. Las noticias de Chechenia han caído dramáticamente desde este resumen de la lucha. Los rusos han limitado el acceso a los periodistas y el círculo que han cerrado ha impedido a los reporteros alcanzar las zonas rebeldes. Parece claro que este conflicto continuará, y es dudoso que los rusos y los chechenos puedan lograr un acuerdo por sí mismos. Dudayev ha dicho que Chechenia podría aceptar un status autónomo que está lejos de ser soberano, pero Yeltsin no ha mostrado mayor interés en garantizar nada por el estilo. Los EE.UU. deberían ahora comprometer sus esfuerzos en garantizar las negociaciones y parar la guerra. No hacer eso sería enviar señales equívocas a los rusos y llevar a una tragedia aún más grande a la humanidad, de características tales que destruirían los avances económicos y políticos que los rusos han estado tratando de adquirir durante los últimos cinco años. Los EE.UU. y otros poderes occidentales no pueden permitir que Chechenia se convierta en otra Bosnia. Los peligros para cientos de miles de personas y para el futuro de la anterior Unión Soviética son demasiado grandes. Marzo 9,1995. The New York Review * Frederick C. Cuny es periodista de The New York Review of Books

1 de septiembre de 1995
Los estertores del morenismo

Entre la LIT y la UIT En un artículo anterior (1) caracterizamos el V Congreso de la LIT como el fin de esa organización internacional, anunciador de su colapso como corriente política. En un año, esto se confirmó plenamente: 1) La principal "fracción externa* de la LIT (la CIR-LIT), encabezada por el MST argentino, acaba de constituir una nueva corriente internacional, fusionándose con otro grupo; 2) en lo que quedó de la LIT, se prepara una nueva escisión entre (los restos) del MAS argentino y el PSTU brasileño (que no pertenece a la LIT; aunque ya prepare su ruptura!), partido éste que se desplaza abiertamente hacia un programa y una política burguesas. La Unidad Internacional de los Trabajadores (UIT) Esta corriente fue fundada en abril pasado, en una reunión internacional convocada por el MST (del ex-diputado argentino Luis Zamora) y el POR español, a la que comparecieron otros pequeños grupos. Ambas corrientes proclaman la fusión como un gran avance, cuando en realidad se trata de un monumental retroceso, en el que se abandona el único punto progresivo de la LIT: el de la necesidad de una tendencia trotskista internacional contra el revisionismo imperante en el llamado (e inexistente) "movimiento trotskista mundial". Ya en el acuerdo previo CIR (MST)-LIRCI (la corriente internacional del POR español), celebrado en 1993 (y que demoró dos años en concretarse), la CIR-LIT afirmaba que los trotskistas (o su mayoría) que estaban fuera de la LIT no eran revisionistas: “Las discusiones actuales y reagrupamientos de trotskistas expresan sus esfuerzos para enfrentar la nueva etapa histórica de la lucha de clases, la más revolucionaria que conoció la IV Internacional en la posguerra, para superarlas dificultades y abordar las nuevas tareas” (2). La única prueba, sin embargo, de este "reagrupamiento”, era la alianza de la CIR-LIT con la fantasmagórica LIRCI, que en 1976 llegó a autoproclamarse como la IV Internacional reproclamada (contra todas las otras corrientes trotskistas) y que después de un retroceso organizativo casi total, adoptó como programa la "unidad de los trotskistas" donde quiera que fuese. Como en todo acuerdo donde se dejan de lado los principios, las resoluciones de éste están llenas de elogios mutuos (que en algún tiempo se transformarán en insultos abiertos y desmedidos). Para permitir nuevos acuerdos de este tipo, se dice ahora, contra toda evidencia y contra lo que estas mismas corrientes dijeron en el pasado, que “desde la fundación del Comité Internacional (de la IV Internacional) en 1953, en todos estos años hubo en la IV Internacional sectores muy importantes que dieron una lucha a muerte contra el revisionismo”(3). Y como todo acuerdo sin principios, éste resulta de la yuxtaposición de lo peor de cada uno de los acuerdistas. Liquidación del Trotskismo De la antigua LIT se rescata la noción del "frente contrarrevolucionario internacional”, que llevó a esa corriente a la bancarrota. La existencia de este supuesto afrente único”, que abarcaría desde el FMI y el Pentágono hasta Lula y Cárdenas (ojo con estos últimos, como veremos) explicaría por qué no tiene un desenlace revolucionario una situación en la que en “todo el mundo la clase obrera ocupa otra vez la escena política”, siendo también que “en el mundo hay miles de cuadros y organizaciones trotskistas que están en primera línea en la lucha del movimiento de masas y que desde allí han cumplido un papel destacado. Frente al ascenso revolucionario mundial y el derrumbe de las viejas direcciones traidoras, esos miles de revolucionarios trotskistas podrían estar jugando un rol decisivo para avanzar en la construcción de una dirección obrera internacional reconocida por las masas”(4). Esta enjabonada del bendito “movimiento trotskista” (que se olvida, por ejemplo, de que en el PT brasileño los “trotskistas” mandelianos y lambertistas votaron por la exclusión de los miembros de la CIR-LIT) apunta para búsqueda desesperada de cualquier acuerdo que garantice la sobrevivencia política. Por otro lado, si en todas partes la clase obrera estuviese irrumpiendo con una política independiente, el resultado inmediato de esto sería la dispersión y confusión de las fuerzas burguesas, no el reforzamiento de su unidad. La realidad es que, pese a todas las reverencias al “trotskismo”, la UIT no dice lo esencial: que los desarrollos recientes de la lucha de clases y la crisis mundial, en especial la crisis mortal de la burocracia stalinista, confirma plena e históricamente el programa trotskista. Afirma, al contrario, que esos desarrollos “y los problemas teóricos, políticos y prácticos que plantean, superan obligatoriamente la capacidad de cualquier tendencia del trotskismo, aún de la más firme y consecuente”. O sea que el trotskismo está superado por los acontecimientos. La “contribución” de la LIRCI (POR) es la negación de las consecuencias de la propia crisis de la burocracia, por tanto, de la propia existencia de una crisis mundial (de ahí que pueda adaptarse al “frente contrarrevolucionario mundial"), que la llevó a afirmar que “esa alianza (entre la burocracia stalinista, cuyo poder no ha sido destruido, y las fuerzas emergentes de una nueva clase capitalista, todavía demasiado débil para poder ejercer el poder por sí misma) no ha liquidado en ningún país las relaciones de propiedad y las conquistas sociales que caracterizan a esos Estados como Estados Obreros deformados por el grave cáncer burocrático”(5). La UIT afirma ahora que “así hayan sufrido un importante deterioro, se conservan conquistas sociales… En el conjunto del país predomina ía economía estatal”(6). Esto para definir la no-descomposición del Estado Obrero. Pero si el índice de "estatización económica” (formal) fuese el parámetro para definir la naturaleza del Estado (poder político), cabría afirmar que en la URSS post-Revolución de Octubre había un Estado burgués, pues la economía estatal era minoritaria. Vale aún el comentario de Luis Oviedo: “No habría proceso de restauración alguno en curso porque éste comporta fatalmente un pillaje y una destrucción sin precedentes de las fuerzas productivas que se encuentran estatizadas (‘relaciones de propiedad’) y una enorme regresión social (‘conquistas sociales’) imposible sin la victoria de una contrarrevolución en el plano político. Estos ‘trotskistas’ olvidan que, sin planificación ni monopolio del comercio exterior y las finanzas, el Estado Obrero es una abstracción” (7). Política burguesa Para la UIT, el trotskismo está realmente superado, y no precisamente por alguna “novedad*. En la cuestión clave de la guerra civil yugoslava, se pronuncian, so pretexto de “ayuda a Bosnia”, por la división de la antigua federación de los “eslavos del sur”, olvidando la lucha histórica del bolchevismo por la “unidad socialista de los Balcanes”, único norte que plantearía el objetivo de la unidad de los combatientes bosnios con la resistencia serbia contra la dictadura de Milosevic (tanto la UIT como la LIT llegan a criticar a la ONU por no intervenir militarmente contra los serbios). En el programa de la “revolución política”, la UIT plantea la “democratización de las Fuerzas Armadas”, y no el armamento de los trabajadores, con lo que la UIT pone el destino de Rusia y de Europa Oriental bajo la completa dependencia de los ejércitos del imperialismo y la burocracia. Si todo eso es “pour la gallerie”, la realidad más concreta y prosaica de América Latina pone a la UIT en su debido lugar. En México, la propagandizada sección de la UIT, UNIOS (que el grupo La Commune, ahora miembro de la UIT, describe, con la típica inclinación francesa para el bolazo exótico, como dirigente de una rebelión mayor que la encabezada por el EZLN), llamó a votar a …¡Cárdenas (PRD)!, miembro de honra del “frente contrarrevolucionario”. El pretexto es que “no hay que confundir el contenido de una política revolucionaria con el voto” (como si el voto no fuese política). La UIT invoca a “Lenin cuando llamó a votar en la segunda vuelta a los candidatos de la oposición burguesa”(?!), y a “Palabra Obrera cuando llamó a votar (en Argentina) a Frondizi”: en el POR español deberían darse cursos obligatorios sobre la “blanqueada” de 1958. En Brasil, la UIT (CST) rompió ruidosamente con el PT, y luego volvió a entrar en el mismo, con el rabo entre las piernas, so pretexto de que el PSTU no los dejó entrar, lo que demuestra que carecen de política propia. No sólo re-entraron, sino que eligieron una diputada por el PT en Río Grande do Sul, con el apoyo ostensible de la super-derechista dirección regional del PT, en manos de un sector de la derecha del lulismo (y en especial, con el apoyo del intendente petista de Porto Alegre que es… el papá de la joven diputada de la CST). Camarillismo y gangsterismo La UIT se dirigió a la LIT para proponerle la “unidad", con base en la existencia de principios comunes. La LIT no negó la existencia de esa comunidad de principios pero, en su respuesta (8), trató a la UIT casi como a una banda de delincuentes políticos, denunciando que en México UNIOS (UIT) fue cómplice de la expulsión de la sección de la LIT de la "Asamblea Democrática” de Chiapas (lo que evidencia que el voto a Cárdenas expresó cabalmente el "contenido" de su política). Y también que, en Argentina, el MST atacó militarmente al MAS (LIT). La descomposición del morenismo genera camarillas que desbarrancan hada el gangsterismo. Párrafo aparte merece el grupo francés La Com-mune, expulsado del lambertdsmo y encabezado por Pedro Carrasquedo, que todavía en octubre pasado daba apoyo de principios a la LIT: “Sobre la base de este acuerdo con el análisis general del período y de la convergencia en las tareas prácticas, el grupo La Commune confirma su voluntad de permanecer como grupo observador (en la LIT) e integrar el debate internacional que la nueva dirección de la LIT tiene por mandato impulsar para encaminarse hacia la reconstrucción de la IV Internacional”(9). Menos de seis meses después, La Commune se declara “asociada” a la UIT, en los términos siguientes: “El grupo La Commune afirma su acuerdo de principio con los dos textos fundadores de la nueva organización internacional: las bases programáticas para la fusión; las tesis sobre la revolución política (texto que ya fue objeto de una votación unánime en el III Congreso de La Commune )” (10). Lo que significa apenas que este grupo, que protagonizó una ruptura progresiva con el lambertismo, se transformó en una veleta. El PSTU y la LIT Sobre la ficción de la LIT informa sobremanera el que su principal organización, el PSTU brasileño, no forme parte de la LIT. Además, no existe una “tendencia LIT” en el PSTU (lo que permitiría una confrontación clara de posiciones), pues el PSTU (por iniciativa de los morenistas) prohibió las tendencias y fracciones, lo que significa que la LIT se prohibió a sí misma. Quien crea que esto es el colmo del aparatismo, todavía no vio nada. Pues ahora, cuando la ficción de la LIT se toma evidente, los morenistas brasileños proponen que el PSTU se incorpore a ella, y en cuanto a los militantes del PSTU que no son de la LIT, les propone… la incorporación a la dirección de la LIT. En el documento de convocatoria a su Congreso, el PSTU afirma: “Este proceso exige una profunda discusión en el sentido de clarificar el proyecto de Internacional del PSTU, la profundización de la comprensión de su necesidad e importancia, sus bases programáticas y políticas, el carácter y la concepción de esa Internacional”(ll). Pero en vez de organizar una “profunda discusión”, se termina diciendo: “Al proponer que el PSTU se incorpore a las filas de la LIT estamos queriendo que el conjunto de sus cuadros y dirigentes (los que vienen de la Convergencia Socialista y los que no) asuman un papel de primera magnitud en la lucha por la reconstrucción de la IV Internacional, por eso queremos que estén en la LIT y en sus organismos de dirección”. El mismo documento reconoce que la LIT no existe, pues se refiere a “cuanto la LIT precisa del PSTU para desarrollar su proyecto” (12). La demagogia interminable concluye en la confesión. Golpismo Todo este maniobrerismo rastrero está al servicio de un probable golpe dentro de la LIT (o sea, de imposiciones no realizadas a través del debate franco y abierto), seguramente en función del acuerdo con el WRP británico y su “Internacional ObreraAcuerdo que ya tiene un carácter liquidador del programa trotskista, semejante (aunque no igual) al de la UIT, pues evita reafirmar la vigencia del trotskismo, afirmando no obstante que: “Constatamos que a partir de la caída del Muro de Berlín existe, tanto en el interior de la IO como de la LIT, un rico debate en torno a lo que son los Estados Obreros burocráticamente degenerados (ex-URSS) o como Estados Operarios burocráticamente deformados (Hungría, China, Vietnam, Cuba, etc.)”( 13). O sea que el Muro de Berlín cayó encima de la cabeza de mucha gente: que hay un debate sólo después (¿por qué no antes?) quiere decir que los ladrillos del Muro también abollaron al “trotskismo” (de la LIT y de la 10). En el mismo acuerdo se condena a “los gobiernos de Frente Popular”, eufemismo destinado a ocultar la integración del PSTU en el Frente Popular que impulsó la candidatura Lula en 1994, que no llegó a ser gobierno (aunque ahora es cogobierno). Dentro del PSTU y contra la afiliación a la LIT (por ahora) se manifestó el grupito brasileño del CIO (Congreso por la Internacional Obrera, orientado por la corriente Militant de Inglaterra), que propone una discusión internacional basada en su “énfasis en la unidad de clase y el socialismo” para la cuestión irlandesa (o sea, su no-énfasis en la lucha por la liberación nacional de Irlanda, que es la posición histórica del marxismo, ahora que la dirección nacionalista del Sinn Fein la traiciona en un acuerdo con el imperialismo inglés), y su neutralismo en el conflicto Argentina-Inglaterra por las Malvinas (o sea, su capitulación frente al imperialismo y, lo que es peor, frente al propio (14). Y la LIT acepta la discusión, que concluirá en alguna otra maniobra de aparato. Programa burgués La base para un acuerdo estaría en lo que el CIO llama “proceso de integración capitalista”, noción que el PSTU acepta como central para su Congreso Nacional: “A partir de la crisis global que asoló la economía mundial capitalista en el final de la década del 60 y mediados de los años 70, con una caída continuada de la tasa de beneficio, el capitalismo pasa por un proceso llamado Globalización, acompañado de otro, bastante profundo, denominado Reestructuración Productiva. La Globalización se inicia en los años 70, con una liberación de las fronteras para el capital financiero por un lado, la disminución de las tasas y barreras aduaneras y el comienzo del surgimiento de los Bloques Regionales por el otro… La Reestructuración Productiva es la búsqueda de un nuevo padrón de acumulación de Capital, para enfrentar su crisis crónica, en sustitución al viejo modelo Fordista o Tayloris-ta” (15). La situación actual del capitalismo no sería la de la más profunda crisis de su historia, sino la de una “reestructuración productiva” y la superación de las fronteras nacionales. Los desajustes monetarios sistemáticos, la guerra comercial y financiera, no serían nada: la “globalización” capitalista sería más fuerte que las propias contradicciones del capitalismo. Los “bloques regionales” son presentados como elementos de “integración” y no de esa guerra despiadada por el mercado mundial (y se ignora que están siendo “desintegrados”, vide Unión Europea, por esa misma guerra). La propia crisis sería, entonces, lo que los economistas burgueses piensan acerca de ella: un proceso de “destrucción creativa”. El capitalismo no estaría empujando al mundo para una regresión histórica (que se verifica cotidianamente en Ruanda, Yugoslavia, Somalia, etc.), sino para un nuevo “padrón de acumulación” (será todavía, por lo tanto, históricamente progresivo, aunque, claro, “explotador”). La izquierda francamente democratizante y el centroizquierda (el PT) llama a todo esto “neoliberalismo” y le opone, como en los viejos tiempos del capitalismo ascensional, un programa mínimo tornado reaccionario por la propia decadencia del capitalismo: la “democracia”. El PSTU hace lo mismo, sólo que de modo vergonzante y encubierto por frases izquierdistas. La integración al Frente Popular y a su programa “etapista” se transforma ahora en programa y teoría: el PSTU no combate el capitalismo, sino el “neoliberalismo” y sus manifestaciones (globalización, reestructuración, etc.). La LIT es ahora apenas un sello para participar de todas estas maniobras sin principios. El morenismo se desintegra organizativamente para integrarse políticamente a la burguesía. Cabe al partido revolucionario luchar para librar a los militantes que construyeron esta corriente de destino tan nefasto. 20 de julio de 1995 NOTAS: 1. Osvaldo Coggiola. “Se hizo el V Congreso y se acabó la LIT’, Prensa Obrera N°423, 14 de julio de 1994. 2. Déclaration conjointe entre la LIRQ1 et la CIR (LIT), 12 de julio dé 1993. 3. “Bases Políticas de la Unidad Internacional de los Trabajadores (Cuarta Internacional)”, Correspondencia Internacional, Suplemento, mayo de 1995. 4. Idem. 5. XIII Congreso de la LIRCI, enero de 1992. 6. “La Revolución Política en los Estados Obreros Buro-cratizados”, Correspondencia Internacional, cit. 7. Luis Oviedo. “Elementos para el debate de la situación mundial”, En Defensa del Marxismo N° 6, julio de 1993. 8. “Os Caminhos para Reconstruir a IV Internacional”, Correio Internacional N° 66, mayo de 1995. 9. La Commune N° 20, París, octubre 1994. 10. Idem N° 25, mayo 1995. 11. PSTU, Resoluto sobre a Abertura do Pré-Congres-so Internacional, 1995. 12. O PSTU e a Construyo do Partyido Mundial da Revoluto, 1995. 13. Proposta de Declarado Constitutiva do Comité de Liga^áo entre WI e a LIT-QI, 1995. 14. CIO. Sobre o Pré-Congresso Internacional e o Papel deste Comité Central, Sao Paulo, Io de febrero de 1995. 15. PSTU. Ante-Projeto de Documento Nacional.

1 de septiembre de 1995
Con el consentimiento de las víctimas
Edward W. Said

A menos de dos años de haberse firmado, el “Acuerdo de Oslo” sobre la nautonomía palestina” entre Rabin y Arafat se ha revelado como una traición histórica de la dirección de la OLP a la causa nacional palestina. A pesar de que la OLP renunció a su histórica reivindicación de un Estado nacional palestino y de que la policía palestina se ha convertido en represora de su propio pueblo, el régimen sionista no ha renunciado a la más mínima porción de poder efectivo. El ejército sionista continúa a cargo de la “seguridad” de Cisjordania (e incluso, de la “seguridad” de los ciudadanos israelíes en las zonas que han pasado a la Autoridad Nacional Palestina) y guarda sus fronteras exteriores; el Consejo Legislativo Palestino —parlamento de la Administración Nacional Palestina— carece de poder, ya que sus leyes están sujetas al veto israelí; el agua continúa bajo el monopolio de los sionistas; las colonias sionistas no han sido desmontadas; Jerusalén sigue en manos del régimen israelí; los palestinos no pueden desplazarse entre las zonas administradas por la ANP sin autorización del ocupante; y aun todavía hay más… Entre los sectores laicos del movimiento palestino, la capitulación de la OLP ante el sionismo despertó un profundo rechazo. En numerosos artículos y entrevistas, Edward Said, uno de los más destacados intelectuales palestinos, profesor de literatura inglesa de la Universidad de Columbia (Nueva York) y autor, entre otras obras de importancia, de “La política de la desposesión: la lucha por la autodeterminación palestina”, ha expresado abiertamente este repudio. A continuación, la crítica de los acuerdos que Edward Said publicara en Le Monde Diplomátique (noviembre de 1994), en ocasión del primer aniversario del acuerdo Rabin-Arafat. Para celebrar a su manera la fiesta de Rosh Hashanna (Año Nuevo judío) en setiembre último, Yasser Arafat compró una antigua Tbrah yemenita de 700 años y se la obsequió a Itzhak Rabin, primer ministro de Israel. Este recibió el presente sin el menor gesto de reciprocidad. En Washington, más o menos al mismo tiempo, un grupo de ciento veinte hombres de negocios árabes y judíos americanos se reunían por iniciativa del vice-presidente Albert Gore. Estos “constructores de la paz”, como se los llama, anunciaron en el transcurso del encuentro una serie de proyectos en favor de los territorios palestinos bajo ocupación israelí, entre los que figuran un hotel de lujo en Gaza y una fábrica de embotellamiento de agua en Cisjordania (los palestinos, privados del derecho a utilizar sus propios recursos hídricos, podrán comprarse un equivalente local del agua de Evian). Los dos eventos ocurrían el día del primer aniversario de la firma—el 13 de setiembre de 1993, sobre el césped de la Casa Blanca— de la declaración de principios israelo-palestina sobre Gaza y Jericó. Únicamente ellos resumen toda la incongruencia y la patética farsa del “proceso de paz” americano, celebrado en Occidente como una promesa de armonía y de estabilidad en una región hasta entonces sacudida por la violencia y la inestabilidad. Se vio así al jefe de los palestinos llevar una ofrenda a un hombre cuyo ejército había destruido Palestina en 1948, reducida al exilio y desposeída la mayoría de sus habitantes, y quien no ha manifestado el mínimo remordimiento al respecto. Además, no es que el gobierno de Rabin mantiene a Cisjordania y Gaza bajo ocupación militar, sino que también ha anunciado, a fines de setiembre, la continuación de la colonización, por lo que ha confiscado nuevas tierras (8.000 hectáreas) y multiplicado los puestos de control militares. Y aun se esfuerza en arrebatar nuevas concesiones a una dirección de la Organización de Liberación de Palestina (OLP) agotada, de alguna manera, paralizada bajo la autoridad de Arafat. En Oslo, Israel ha arrancado el consentimiento de los palestinos de una “autonomía limitada” que deja intacta su soberanía en los territorios ocupados en 1967 (1). Ni una sola colonia ha sido desmantelada desde entonces, ni siquiera la del centro de Hebron donde, sin embargo, la masacre del 25 de febrero último en la Mezquita de Abraham le hubiera brindado la ocasión de mostrar sus buenas intenciones. Ni una pulgada de terreno ha sido cedida a Jerusalén-Este, anexada en 1967 y cuya superficie, desmedidamente extendida, cubre desde esa época cerca de un cuarto de Cisjordania y vive así, ipso facto, bajo el control directo de los israelíes. Los recursos de agua —del que sus colonias consumen el 80%— siguen administrados exclusivamente por ellos. Las fronteras, la seguridad interior y exterior, las relaciones extranjeras, siempre están en sus manos. El ejército se ha retirado, como se había previsto, de algunas regiones, pero para volver a desplegarse en otra parte, como igualmente se había previsto, y para ello los Estados Unidos le proveyó de 180 millones de dólares suplementarios. Seguidamente, Israel y la OLP firmaron también unos acuerdos de cooperación económica y un convenio en donde se reglamentaba la mayoría de los detalles del período transitorio que normalmente debía terminar en 1996, como mínimo. El 4 de mayo de 1994, el acuerdo de El Cairo dio luz verde a la llegada de Arafat a Gaza: éste tuvo que postergar para el mes de julio una entrada que nunca tuvo el esplendor esperado. Los israelíes le habían negado el reconocimiento del título de jefe de Estado, con lo que tuvo que contentarse con el de “presidente de la Autoridad Nacional Palestina”. En agosto último, fue negociado un acuerdo sobre “una primera transferencia de poder” en Gaza y en Cisjordania: se atribuía a los palestinos una relativa autonomía en sólo cinco terrenos (higiene, turismo, salud, educación y cultura) sobre los treinta y siete previstos. Pero Israel permanecía en los comandos, según el general Danny Rothschild, quien precisó que la Autoridad Nacional Palestina estaba habilitada sólo para asegurar “servicios a los residentes” (2). En cuanto a las zonas que se suponen que deben estar bajo control palestino, siguen sometidas a la autoridad del Estado israelí. Este aprueba o rechaza la legislación y los nombramientos políticos, decide abrir o cerrar los accesos a las zonas autónomas en función de sus propios intereses. Miles de palestinos permanecen en sus prisiones. Si bien Arafat se muestra severo y muy puntilloso en cuanto a la independencia de su policía, ésta queda, en última instancia, bajo la supervisión de los israelíes. Incluso Arafat debe rendirse ante su voluntad para obtener el permiso de entrada y salida de Gaza, aun habiendo obtenido (sus propios negociadores) la presencia palestina simbólica en las fronteras de dicho territorio. En agosto último, cuando el primer ministro paquistaní quiso viajar allí, su ingreso fue pura y simplemente prohibido. Por otra parte, ciertas disposiciones de los acuerdos de Oslo han sido evitadas, o sea ignoradas completamente. De allí los atrasos en el cumplimiento del calendario elaborado tan cuidadosamente para el retiro de los soldados israelíes, las elecciones, la transferencia de una autoridad limitada a los palestinos, etc. “Ninguna fecha es sagrada”, dijo Rabin, mostrando así el poco caso que hacía a tales compromisos. Desde entonces, todos los plazos han sido postergados y los israelíes alargan las cosas para humillación de los palestinos. Mezquindad del proceso de paz Según los acuerdos de Oslo, Cisjordania y Gaza debían ser tratados como una única unidad territorial, pero los palestinos aún hoy no tienen la libertad de circular entre esas dos regiones distantes 90 kilómetros. Elecciones “libres” tuvieron que haberse realizado en julio de 1994, y nada sucedió. Israel rechaza que la oposición palestina participe, y Arafat busca únicamente asegurar su victoria como jefe de la Autoridad Nacional Palestina (3). Lo que hace a la consulta muy hipotética. Como lo declaró Meron Benvenisti, ex alcalde adjunto de Jerusalén, al diario israelí Haaretz (4) “un examen atento del texto del acuerdo [de El Cairo] no deja ninguna duda sobre quién es el vencedor y quién el perdedor en este asunto. Detrás de esta sublime fraseología y esta desinformación deliberada, detrás de esta preocupación por los procedimientos materializada en cientos de secciones, sub-seccio-nes, apéndices y protocolos, se esconde la clara evidencia de la victoria total de los israelíes y de la piadosa derrota de los palestinos”. Se plantea entonces una cuestión, que siempre se repite en las discusiones públicas: ¿cuáles son las verdaderas intenciones de un proceso de paz tan mezquino? ¿Cómo interpretar positivamente las acciones de Israel, cuando todo lo que hace dicho Estado, y con tanto ruido, se reduce a algunas concesiones simbólicas —por ejemplo, una bandera, o una policía de la que Israel no pierde la ocasión de destruir el poder real? Ciertamente, la población de Gaza ha sido liberada de la presencia opresiva de los militares israelíes y hay que tomar en cuenta ese nuevo sentimiento de relativa libertad. Pero el trasfondo es sombrío. De este modo, Israel puede de repente confiar a Arafat encargarse de la educación y de la seguridad, para luego comenzar a acusarlo de no cumplir convenientemente sus tareas. Ahora bien, lo que ha sido totalmente silenciado en el proceso de paz son las consecuencias de los veintisiete años de ocupación militar, la destrucción de parte de Israel de las infraestructuras y de las instituciones locales, su negativa a reconocer que era —lo es aún— una potencia totalmente ocupante que debería pagar las reparaciones a los palestinos, conforme a las convenciones internacionales (y como tuvo que hacerlo Irak por su ocupación ilegal a Kuwait). Lamentablemente, las consideraciones morales y de conciencia han sido dejadas al cuidado de algunos israelíes, pues Arafat y su equipo parecen haber olvidado dichos problemas. En un artículo aparecido en Haaretz (5) en la última primavera, Danny Rubinstein señalaba que había una gran diferencia entre los treinta años de dominación británica en Palestina (1918-1948) y los veintisiete años de régimen de ocupación militar en los territorios ocupados (desde la conquista en 1967). Mientras que los británicos habían construido el puerto de Haifa y varios aeropuertos, seis centrales que proveían de electricidad a toda Palestina, docenas de rutas y de edificios públicos que aún se usan en Israel, los israelíes en los territorios ocupados no construyeron más que prisiones — utilizadas de ahora en más por la policía palestina. Resumiendo, hicieron todo lo que pudieron para reducir y destruir la calidad de vida de los palestinos. Y dicho autor agrega: “Encuentro curioso que los israelíes tengan la osadía de deplorar que la falta de infraestructura en los territorios impida un traspaso de autoridad ordenado. ¿Cómo podría ser de otro modo después de veintisiete años de opresión, durante los cuales las autoridades israelíes hicieron todo para dislocar la sociedad? Los israelíes que deploran ese hecho parecen olvidar cuántos palestinos (incluidos cientos de militantes del Fatah) han sido deportados, cuántos consejos municipales desmantelados, cuántas instituciones cerradas, cuántas interdicciones para desplazarse, cuántos diarios y otras publicaciones, como así toda clase de actividades culturales rigurosamente censuradas. En estas condiciones, la economía sub-desarrollada de Palestina en 1967 no tenía ninguna chance de compararse con la economía israelí, bien organizada y generosamente subvencionada; y los servicios sociales de los palestinos no podían lograr un desarrollo superior al de 1967”. La realidad es que Israel logró convencer a los árabes, en particular a los dirigentes palestinos, ya desalentados, que la igualdad es imposible, que sólo se puede instaurar una paz conforme a sus condiciones y a las fijadas por los americanos. Años de guerra perdidos, declaraciones belicosas vacías de sentido, de pasividad popular y de incompetencia, acompañada de corrupción en todos los niveles, han desangrado a la sociedad árabe, ya discapacitada por la1 ausencia casi total de democracia —esa democracia sin la cual no hay esperanza. Colmado de recursos naturales y humanos, el mundo árabe ha retrocedido en varios terrenos: estos diez últimos años, el producto nacional bruto ha disminuido, las reservas monetarias bajaron, mientras que lavitalidad de la sociedad era aniquilada por una sucesión de guerras civiles (en el Líbano, en el Golfo, en Yemen, en Sudán, en Argelia). Hoy, la contribución de los árabes al progreso de la ciencia y de la investigación es prácticamente nula, así como su participación en el campo de las humanísticas y de las ciencias sociales. Muchos intelectuales, escritores y artistas, entre los mejores, han sido obligados a entrar en razón o reducidos al silencio, cuando no encarcelados o exiliados. El periodismo árabe está abatido. Las opiniones populares no pueden expresarse, mientras que en casi todas las capitales, los medios de comunicación están para hacerse eco de las tesis oficiales. En ninguna otra región los sistemas autocráticos y los poderes oligárquicos hubieran sido tan duraderos, resistentes a los cambios durante más de dos generaciones. Para una gran parte de la población, esas taras no podrían ser atribuidas al imperialismo o al sionismo. En su mayoría, los palestinos sienten una total indignidad frente a tal situación. Y se achican cuando Yasser Arafat monta otro espectáculo cuando soldados israelíes les impiden viajar a territorios que se suponen que son de ellos, o cuando matan inocentes, roban sus tierras, los encarcelan y destruyen sus casas y sus granjas, y aun cuando Rabin y Peres se vanaglorian de sus nuevas victorias como si fueran triunfos de la paz y de la humanidad. Pero lo más preocupante, según mi opinión, es la ausencia de discurso crítico y responsable. ¿Por qué, entonces, los representantes de los palestinos tienen ese tipo de lenguaje en privado (por ejemplo, para decir que Arafat es un megalómano) y por qué dicen exactamente lo contrario ante las cámaras de televisión? ¿Por qué sus intelectuales no ven que su deber sería decir la verdad sobre las trampas de “Gaza y Jericó primero” y explicar que la OLP ha firmado un acuerdo que da a Israel el control de los asuntos (negocios) palestinos con la cooperación de los palestinos? ¿Acaso son tantos los que han asimilado esas normas que prevalecen en el mundo árabe: servir siempre a un amo, siempre defender a un patrón y atacar a su enemigo, siempre velar por no comprometer las posibilidades de una buena carrera y de una buena retribución? El lenguaje se degradó en slogans y en clichés. El acuerdo de Oslo ha abierto la vía a otros Estados árabes, igualmente preparados para firmar, bajo los auspicios de los Estados Unidos, tratados con un Estado de Israel de ahora en más aceptado y legítimo, aunque continúe ocupando territorios libaneses, sirios y palestinos. A raíz de lo cual, los movimientos de protesta islámicos se multiplican, sin que se preste atención al malestar cultural y moral que los nutre. Palestina se convirtió en el mejor caso en un “bantustán” y en el peor en un protectorado israelí. Ya no es más una causa, ni una idea, y el mundo la ha perdido de vista. Y será así hasta que su pueblo se despierte y se movilice nuevamente para liberarse. ninguna otra región los sistemas autocráticos y los poderes oligárquicos hubieran sido tan duraderos, resistentes a los cambios durante más de dos generaciones. Para una gran parte de la población, esas taras no podrían ser atribuidas al imperialismo o al sionismo. En su mayoría, los palestinos sienten una total indignidad frente a tal situación. Y se achican cuando Yasser Arafat monta otro espectáculo cuando soldados israelíes les impiden viajar a territorios que se suponen que son de ellos, o cuando matan inocentes, roban sus tierras, los encarcelan y destruyen sus casas y sus granjas, y aun cuando Rabin y Peres se vanaglorian de sus nuevas victorias como si fueran triunfos de la paz y de la humanidad. Pero lo más preocupante, según mi opinión, es la ausencia de discurso crítico y responsable. ¿Por qué, entonces, los representantes de los palestinos tienen ese tipo de lenguaje en privado (por ejemplo, para decir que Arafat es un megalómano) y por qué dicen exactamente lo contrario ante las cámaras de televisión? ¿Por qué sus intelectuales no ven que su deber sería decir la verdad sobre las trampas de “Gaza y Jericó primero” y explicar que la OLP ha firmado un acuerdo que da a Israel el control de los asuntos (negocios) palestinos con la cooperación de los palestinos? ¿Acaso son tantos los que han asimilado esas normas que prevalecen en el mundo árabe: servir siempre a un amo, siempre defender a un patrón y atacar a su enemigo, siempre velar por no comprometer las posibilidades de una buena carrera y de una buena retribución? El lenguaje se degradó en slogans y en clichés. El acuerdo de Oslo ha abierto la vía a otros Estados árabes, igualmente preparados para firmar, bajo los auspicios de los Estados Unidos, tratados con un Estado de Israel de ahora en más aceptado y legítimo, aunque continúe ocupando territorios libaneses, sirios y palestinos. A raíz de lo cual, los movimientos de protesta islámicos se multiplican, sin que se preste atención al malestar cultural y moral que los nutre. Palestina se convirtió en el mejor caso en un “bantustán” y en el peor en un protectorado israelí. Ya no es más una causa, ni una idea, y el mundo la ha perdido de vista. Y será así hasta que su pueblo se despierte y se movilice nuevamente para liberarse. Notas: 1. Ver Edward Said. “¿Cómo conjurar el riesgo de una sumisión perpetua al Estado de Israel?”, Le Monde Diplomatique, noviembre 1993. 2. Al Hayat, Londres, 26 de agosto de 1994. 3. Al Hayat, 4 de octubre de 1994. 4. Haaretz, 12 de mayo de 1994. 5. Haaretz, 15 de mayo de 1994.

1 de septiembre de 1995
Naturaleza de la Segunda Guerra Mundial

Sesenta millones de hombres en armas, entre cuarenta y cinco y cincuenta millones de muertos (la mayoría entre la población civil) como resultado directo de los combates, u “ochenta millones de personas, sin contar también las que murieron por hambre y enfermedades, como resultado directo de la guerra -ocho veces más que en la Primera Guerra Mundial” (1): en resumen, aproximadamente el 4% de la población mundial de la época, y todo en escasos cinco años. Los números de la Segunda Guerra Mundial están ahí para demostrar la validez de la alternativa histórica que Rosa Luxemburgo planteara inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial: “Socialismo o Barbarie”. El retraso de la revolución socialista mundial, iniciada con la Revolución de Octubre de 1917 que dio nacimiento a la URSS, fue pagada por la humanidad trabajadora con un precio inédito en vidas humanas, especialmente grave en los países que estuvieron en el centro de ese retraso: veinte millones de muertos en la Unión Soviética, trece millones en Alemania. Esto sin contar la calidad de las muertes, que incluyeron escenarios de degradación humana como nunca han sido vistos en la historia, en los campos de concentración nazis, en las cámaras de gas, en las políticas de “exterminio total* de judíos, gitanos, homosexuales, retardados mentales y otros, que hicieran que uno de los sobrevivientes de la masacre programada, Primo Levi, se preguntara “¿Esto es un hombre?”. Todo esto sin contar las masacres absurdas de la población civil, innecesarias desde el punto de vista militar, llevadas adelante por todos los protagonistas principales de la guerra, pero especialmente por los “demócratas” aliados, como el inútil bombardeo y destrucción de la ciudad alemana de Dresde (cuando la capitulación alemana ya era cuestión de horas), o las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, con sus cientos de miles de muertos civiles y sus efectos que todavía se sienten décadas después, esto en condiciones en que, según la insospechable opinión de Winston Churchill, “sería un error suponer que el destino de Japón fue decidido por la bomba atómica. La derrota del Imperio Celeste ya estaba asegurada antes de ser lanzada la primera bomba” (2). O aun, la más que moderada reflexión retrospectiva de Jean Lacoutore: “Si la primera bomba, por su efecto de terror, podía tener el objetivo de desalentar a los japoneses y evitar a los EE. UU. una lenta reconquista y el medio millón de hombres que tal vez hubiera costado, la segunda tuvo el carácter de experimento científico a costa de cien mil vidas. No creo que la bomba atómica tenga justificativos… la elección de Japón para el lanzamiento de la bomba me parece racista: en circunstancias semejantes a las existentes en Japón, los norteamericanos no hubieran osado lanzarla sobre una ciudad alemana” (3). De hecho, el racismo no fue patrimonio exclusivo de los nazis, así como la experimentación científica con vidas humanas tampoco fue exclusividad del Dr. Mengele en Auschwitz (o de su equivalente japonés, la Unidad 731 del norte de China): los EE. UU. acaban de reconocer oficialmente haber sometido a pruebas nucleares a más de 600 personas en su propio territorio durante la Segunda Guerra, incluidos 18 norteamericanos que murieron después de haber recibido ¡inyecciones de plutonio! (4). El racismo y la barbarie fueron multidireccionales. Racismo, barbarie, el asesinato en masa de civiles como política sistemática, y esto por parte de todas las potencias comprometidas: es evidente que una guerra de estas características es cualitativamente diferente de las anteriores, y para explicar sus causas (y sus efectos) no basta referirse a los objetivos estratégicos (nacionales) de los países o bloques comprometidos. Si “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, se olvida que el autor de la sentencia, Karl von Clausewitz, no reducía la política (ni tampoco, la propia guerra) a la expresión de los intereses de los estados nacionales: “Afirmamos que la guerra no es un dominio de las artes o de las ciencias, sino un elemento del tejido social. Constituye un conflicto de grandes intereses solucionado de manera sangrienta, lo que lo diferencia de todos los otros conflictos. Antes de comparar la guerra con un arte cualquiera, cabría hacerlo con el comercio, que es también un conflicto de actividades e intereses humanos, e inclusive se asemeja mucho a la política, que a su vez puede ser considerada como una especie de comercio en gran escala. La política es la matriz en que se desenvuelve la guerra” (5). Desde el punto de vista de los intereses estratégicos enjuego, en el cuadro del sistema imperialista, no era difícil caracterizar las causas de la Segunda Guerra Mundial: “la rivalidad entre los imperios coloniales pobres y ricos: Gran Bretaña y Francia, y los bandidos imperialistas atrasados: Alemania e Italia… La contradicción económica más fuerte que condujo a la guerra de 1914-1918 fue la rivalidad entre Gran Bretaña y Alemania. La participación de los EE.UU. en la guerra fue una medida preventiva”. Desde este punto de vista, era una gran mentira “la consigna de una guerra de la democracia contra el fascismo. Como si los obreros hubiesen olvidado que fue el gobierno británico el que ayudó ¡a Hitler y su banda de asesinos a apropiarse del poder! Las democracias imperialistas son en realidad las mayores aristocracias de la Historia. Inglaterra, Francia, Holanda, Bélgica, reposan sobre la sumisión de los pueblos coloniales. La democracia americana reposa sobre el dominio de las riquezas enormes de todo un continente” (6). En la Segunda Guerra, sin embargo, la participación de los EE. UU. fue preventiva, pero central, aunque existió una fuerte corriente "aislacionista” dentro de la clase dominante americana hasta diciembre de 1941 (ataque japonés a Pearl Harbour), que marcó su ingreso en la guerra. Hasta ese momento, la política americana con relación a Japón era ambigua, y lo mismo podría decirse con relación a la Alemania hitleriana (lo que desmiente la visión ideológica retrospectiva de una guerra de “democracia versus fascismo”), esto al punto de tener Hitler como uno de sus objetivos centrales, ya en plena guerra, mantener a los EE. UU. neutrales, o como dice el historiador Saúl Friedlander, “impedir el ingreso en la guerra de los EE. UU era, a partir del verano de 1940, uno de los objetivos esenciales de la estrategia y de la política del Reich” (7). Esta tentativa estaba condenada de antemano al fracaso, pues como ya lo analizara la IVa Internacional (antes del inicio de la guerra), “los fundamentos de la potencia imperialista americana tienen una envergadura mundial. Sus intereses económicos en la propia Europa son muy importantes… será imposible para los EE.UU. quedar afuera de la próxima guerra mundial. No solamente participará como beligerante, sino que es posible preveer que entrará en ella mucho más rápido que en la última guerra mundial” (8). El propio Trotsky ya había analizado que el surgimiento de los EE.UU. como principal potencia capitalista (e imperialista) mundial había sido una de las principales consecuencias de la Primera Guerra Mundial (9). En el período previo a la guerra, la ambigüedad con relación a las tentativas alemanas de revisar la Paz de Versalles, y en general con relación a toda la política del eje nazi-fascista, había sido muy marcada por parte de las potencias "democráticas” de Europa. La llamada política de “apaciguamiento” remonta a la tolerancia con la invasión japonesa de Manchuria en 1931, pasa por una actitud semejante con la invasión italiana de Etiopía en 1935, llega a la vergüenza con la política de "no intervención” en la guerra civil española de 1936-1939 (cuando la ayuda nazi-fascista al campo franquista fue fundamental para el desenlace del conflicto), y su punto culminante con la Conferencia de Munich de 1938 (Alemania, Italia, Gran Bretaña, Francia) y su consecuencia inmediata, el desmembramiento de Checoslovaquia por la Alemania nazi (invasión de los Sudetes). Esta política es comúnmente analizada hoy como producto de la “ceguera” de los gobiernos democráticos acerca de las verdaderas intenciones del Tercer Reich. Sin embargo, la raíz de esa política está en la propia naturaleza del conflicto mundial que se avecinaba: “El hecho nuevo es que en su tentativa de revisión (de la Paz de Versalles) la Alemania de Hitler se beneficia indirectamente de la existencia de la URSS, y que los gobiernos occidentales consideraran siempre seriamente las posibilidades de desviar el expansionismo alemán en dirección de la URSS, en beneficio de todos ellos, lo que explicaría una política de otro modo incomprensible… La Segunda Guerra Mundial constituye la continuidad tanto de la Primera Guerra como de la tentativa de los imperialismos coaligados de destruir a la revolución en los países europeos destruyendo militarmente la Revolución Rusa por la intervención armada a través de la guerra civil” (10). La Segunda Guerra fue simultáneamente un conflicto interimperialista (contradicciones nacionales) y contrarrevolucionario (contradicciones sociales y de clase) en que la destrucción de la URSS apuntaba a interrumpir el proceso revolucionario iniciado en 1917, ya seriamente en peligro por el aislamiento de la revolución soviética (y su principal consecuencia, el surgimiento del stalinismo) y por la victoria del nazismo en Alemania, con la consecuente derrota histórica del más importante proletariado occidental. No es que los “demócratas” occidentales se hayan caracterizado por la lucidez con relación al nazismo. Sí que estaban dispuestos a servirse de él, sin el menor preconcepto ideológico, contra la URSS (esto es, contra las bases económicas y sociales remanentes del Estado Obrero) y contra el movimiento obrero del Este y del Oeste. En cuanto a la “lucidez”, basta decir que, antes de 1940, el presidente norteamericano Roosevelt esperaba que “Alemania atacaría el hemisferio occidental, probablemente primero a América Latina” (11), en tanto ya en 1931, esto es, antes de la toma del poder por Hitler, Trotsky había previsto que si el nazismo asumiese el poder desencadenaría una guerra contra la Unión Soviética (12). La evidencia explícita del carácter contrarrevolucionario del camino político que llevaría a la Segunda Guerra Mundial está también en el hecho de que la alianza Alemania-Italia-Japón conformada en la década del 30 (que sería uno de los bloques en conflicto) se autodenominó “Pacto Anti-Comintern”, esto es, explícitamente dirigido a contener la “expansión mundial del comunismo El otro aspecto está en el hecho de que la economía armamentista puesta en pie en la década previa a la guerra (en primer lugar en las potencias "totalitarias”), y posteriormente la propia economía de guerra, fueron la única vía de salida para la crisis en que la economía capitalista mundial había entrado en 1929. Charles Bettelheim (en La economía alemana bajo el nazismo) explicó e ilustró este proceso en Alemania. En los EE.UU., la producción industrial se duplicó en cinco años, alcanzando entre 40 y 45% del total de la producción, en la cual el "sector civil” no varía en valor absoluto. Los empleos industriales pasan de 10 a 17 millones entre 1939 y 1943, el total de empleos de 47 a 54 millones en el mismo período. Si el PNB aumenta a 150%, la concentración económica espantosa determina la fisonomía definitiva del capital monopolista en los EE.UU.: 250 sociedades industriales pasan a controlar 66,5% de la producción total, un porcentaje equivalente al controlado por… 75.000mil empresas antes de la guerra (13). Las exportaciones de los EE.UU. pasan de poco más de 5 billones de dólares en 1941, a casi 14,5 billones en 1944. En el período 1938/1944, la producción de guerra pasa de 2 a 100 en los EE.UU., de 4 a 100 en Inglaterra, de 16 a 100 en Alemania, de 8 a 100 en Japón (14). La transformación de las economías capitalista en economías de guerra, y los diversos puntos de partida para conseguir tal objetivo, determinan, en última instancia, la superioridad aliada: Fritz Stemberg calcula en 80 billones de dólares el valor del material de guerra producido por los EE.UU., Inglaterra y Canadá en el período previo al desembarque del 6 de junio de 1944. En el mismo período, Alemania y sus aliados tienen una producción equivalente a 15 billones, esto es, una superioridad de más de 5 a 1 en favor de los Aliados. Desde el punto de vista de los recursos económicos consagrados al esfuerzo bélico. El hecho de que la Segunda Guerra haya sido la única solución posible para la crisis económica marca una diferencia importante en relación a la Primera Guerra, en la cual la cuestión principal era la redistribución del mundo entre las potencias imperialistas y no, para todos los protagonistas, de anexar a la debilitada máquina capitalista un motor artificial (la economía armamentista y, posteriormente, la economía de guerra) que será, de allí en adelante, una pieza esencial para el funcionamiento de la economía capitalista mundial. Afirmar el carácter contrarrevolucionario del conflicto bélico mundial, tanto del lado de las potencias totalitarias como de las "democráticas”, no significa disculpar a las primeras, al contrario, desentraña las raíces de la barbarie que las tuvo como protagonistas principales. El famoso historiador inglés A. J.P. Tailor fue unilateral cuando, al intentar un análisis objetivo de los hechos concluyó, en su bien documentado libro (15), que Hitler era menos un demonio histérico que un dirigente preocupado con las suerte de su país, y que en verdad carecía de la intención de desarrollar un conflicto mundial (se haría conformado con un Lebensraum alemán en Europa), conflicto mundial que habría sido "impuesto” por las potencias aliadas, inclusive a Japón, el cual, después del embargo impuesto por los EE. UU. en agosto de 1941, “estaba obligado a rendirse o ir a la guerra”. Es perfectamente posible estar de acuerdo con esto y, al mismo tiempo, reconocer que el carácter objetivo de las contradicciones en que estaba embretado el imperialismo alemán lo obligaban a involucrarse en una disputa de alcance mundial, debido al choque inevitable con el imperialismo norteamericano, tal cual fue analizado por Trotsky en su último documento público, el Manifiesto de Emergencia de la TV Internacional. “Si la guerra es llevada hasta el fin, si el ejército alemán obtiene victorias, si el espectro de la dominación alemana sobre Europa surge como un peligro real, el gobierno de los EE. UU. deberá tomar una decisión: permanecer al margen, permitiendo a Hitler asimilar las nuevas conquistas, multiplicar la técnica alemana, transformando las materias primas de las colonias conquistadas, y preparar el dominio alemán sobre todo el planeta, o, al contrario, intervenir en el desarrollo de la guerra para contribuir a cortar las alas del imperialismo alemán” (diferenciado nuestro). Para el historiador “revisionista” alemán Ernst Nolte, la objetividad del segundo conflicto mundial está determinada por la “perspectiva más adecuada en la cual el bolchevismo en la URSS y el nacional socialismo en el IIIo Reich deben ser considerados, que es el de una guerra civil europea” (16). El mérito del enfoque —buscar las causas profundas de la Segunda Guerra no solamente en conflictos interestatales, sino en el proceso de revolución-contrarrevolución—se desvanece al considerar a Europa solamente como escenario de esa hipotética guerra civil (que no tendría por base, por lo tanto, la crisis mundial de las fuerzas productivas capitalistas), excluyendo, por ejemplo, al Extremo Oriente que es protagonista central, desde el inicio de la revolución china de 1919, tanto del conflicto de clase como del conflicto nacional (guerra). Sin mencionar el abuso consistente en englobar igualmente con la etiqueta “bolchevismo” tanto a la dirección inicial (Lenin-Trotsky) de la Revolución de Octubre (que defendía la perspectiva de una revolución proletaria mundial) como al mesianismo nacionalista de la dirección stalinista, erguida sobre el cadáver de la primera, cuya política nacionalista fue un elemento central en el prólogo, desarrollo y desenlace de la Segunda Guerra. Es justamente el carácter socialmente contrarrevolucionario del conflicto mundial lo que ilumina su aspecto más atroz: el asesinato de seis millones de judíos y la empresa nazi de “destrucción de los judíos en Europa”. El historiador Amo Mayer procuró situar la “solución final” dentro de la lógica de guerra del nazismo, concluyendo en que “el límite que separa la expulsión, el encerramiento en los ghettos, las deportaciones y los asesinatos esporádicos, de la masacre y de la destrucción sistemáticas, no fue sobrepasado sino un cierto tiempo después de la invasión nazi a la URSS, el 22 de junio de 1941. Sólo el 20 de enero de 1942, en la conferencia de Wansee, fueron tomadas las medidas para la “solución final”, que implicaba la tortura y el aniquilamiento de los judíos de toda Europa ocupada y controlada por los nazis. (17) El nazismo, sin embargo, no hacía sino llevar adelante una tendencia objetiva presente en la lógica de la guerra imperialista. La perspectiva de masacre de los judíos fue por denunciada primera vez por la IVo Internacional, en el capítulo sobre la guerra en el programa de su fundación en 1938 (El Programa de Transición): “Antes de agotar a la humanidad o de ahogarla en sangre, el capitalismo envenena la atmósfera mundial con los vapores etéreos de odio nacional o racial. El antisemitismo es ahora una de las peores convulsiones de la agonía del capitalismo”, y llamaba a “denunciar implacablemente todos los preconceptos de raza y todas las formas y prejuicios de arrogancia nacional y del chauvinismo, en especial el antisemitismo: (18). En el Manifiesto redactado por Trotsky en 1940, después del inicio de la guerra, el Holocausto es claramente pronosticado (le caben a Trotsky y a la IVo Internacional no sólo el mérito del pronóstico, sino principalmente el haber sido la única tendencia política mundial que llamó a luchar contra ello —esto es, no sólo contra el antisemitismo, sino contra la perspectiva de exterminio del pueblo judío— con anterioridad): “El capitalismo en ascenso había liberado al pueblo judío del ghetto y hecho de él un instrumento de su expansión comercial. Ahora, la sociedad capitalista en declinación se esfuerza para exprimir como un limón al pueblo judío por todos sus poros: veinte millones de individuos para una población mundial de dos billones, esto es el 1%, ya no tiene lugar sobre nuestro planeta” (19). El nazismo realizaría esta sombría perspectiva, con el conocimiento de los EE. UU. y del Vaticano, (por lo menos desde 1942) del genocidio que se estaba llevando adelante, y que dejaron pasar en silencio (20). Subrayar el carácter contrarrevolucionario del segundo conflicto mundial y de los preparativos que llevaron al mismo, no significa justificar la política que siguió la burocracia rusa para mantenerse apartada de la guerra sino, por el contrario, señalar su carácter igualmente contrarrevolucionario, que acabaría costando veinte millones de muertos a la URSS (el precio más alto pagado por cualquiera de los beligerantes). Del pacto Laval-Stalin en 1935, que desarmó al proletariado francés para luchar contra el militarismo de su burguesía, hasta el pacto URSS-Japón de 1941 (en las vísperas de la invasión de la URSS por el ejército nazi) pasando por el “pacto maldito” —el pacto Hitler-Stalin, del 23 de agosto de 1939, que dio la señal verde para la invasión de Polonia por Alemania, o sea para el inicio de la Segunda Guerra Mundial— la política externa de la URSS fue un complemento necesario de la política que, en el plano interno, llevó, en los “Procesos de Moscú" de 1936/1938, a la aniquilación de todo lo que quedaba de la "vieja guardia" bolchevique e inclusive, en 1937, al descabezamiento del Ejército Rojo, no sólo a nivel de su cúpula, sino hasta los mandos medios, realizado a partir de falsas acusaciones fabricadas por los servicios secretos nazis y que, una vez realizado, llevó a Hitler a proclamar “neutralizamos a Rusia por diez años”, lo que le permitió preparar la conquista de Checoslovaquia y la guerra en el frente occidental (21). ¿Cómo sorprenderse ante el hecho de que el pacto Ribbentrop- Molotov (Hitler-Stalin) haya sido sellado con las sangre de los comunistas alemanes refugiados en la URSS, que fueron entregados a la Gestapo por las propias autoridades soviéticas? ¿Qué puede decirse hoy en defensa de ese pacto, que llegó a seducir a un historiador “trotskyzante” como Isaac Deutscher, y que ha sido cuidadosamente ocultado en las versiones “oficiales” de la burocracia rusa acerca de la Segunda Guerra Mundial (22), llegando al extremo ridículo de un Deborín definir la guerra como “interimperialista” entre 1939 a 1941, y como “guerra de liberación” a partir de la invasión de la URSS por Alemania (22 de junio de 1941) (23)? Un pacto que llevó a la prensa de los “partidos comunistas” del mundo entero a abrir generosas páginas para las largas letanías y tiradas anti-británi-cas de … ¡Joseph Goebbels! Un pacto que llevó al ministro alemán Ribentrop a proponer a la URSS el ingreso al … ¡Pacto Anti-Comintern! Un pacto que llevó al PC francés a solicitar la publicación legal de su periódico Humanité… ¡a las tropas nazis de ocupación de Francia! Un pacto que permitió la preparación de la máquina alemana de guerra (que era entrenada en la propia URSS) para la guerra en toda Europa. Un pacto por el que, según una declaración reciente de un ayudante directo de Stalin: “proveíamos trigo, granos, petróleo, minerales estratégicos y también caucho, látex, soja, que venían del sudeste asiático, transportados a través de la URSS para abastecer a Alemania… ¡El último tren con nuestro abastecimiento cruzó la frontera una hora antes de la invasión! (de la URSS por Alemania)” (24) ¿Cómo sorprenderse, en este cuadro contrarrevolucionario de conjunto, que Stalin se negase a creer en la inminencia de la invasión nazi, que le fuera anunciada por los jefes de espionaje soviético en Occidente (Leopold Trep-per) y en Oriente (Richard Sorge) —según lo relatado en las memorias del primero, publicadas con el título El Gran Juego— y que inclusive se negase a creerla después de comenzada la invasión, lo que tuvo un costo enorme en vidas, material bélico y ventajas estratégicas para la URSS? ¿Cómo atribuir esto a las limitaciones personales del propio Stalin —como dijo Kruschev en su famoso “informe secreto” al XXo Congreso del PCUS, en 1956, y no a la política estratégica de conjunto de toda la camarilla dirigente de la URSS? Después del Acuerdo de Munich entre las potencias “democráticas” y las "totalitarias”, Trotsky escribió un artículo premonitorio, el 7 de octubre de 1938, titulado “Después de Munich, Stalin procurará un acuerdo con Hitler”. Realizado el acuerdo, el propio Trotsky despejó cualquier duda en cuanto a su naturaleza: ¿“Había Hitler ganado la confianza ingenua de Stalin? Pero si así fuese, Stalin habría podido reparar inmediatamente su error. En realidad, el Soviet Supremo ratificó el pacto en el mismo momento en que el ejército alemán trasponía la frontera polaca. Stalin sabía bien lo que hacía para atacar a Polonia y llevar la guerra contra Inglaterra y Francia, Hitler tenía la necesidad de la neutralidad benevolente de la URSS y también de las materias primas soviéticas. Los tratados políticos y comerciales aseguraban ambas cosas a Hitler (25). No había, por lo tanto, ninguna exageración en el programa redactado por Trosky a finales de 1938: “La situación mundial y por lo tanto, también la vida interior de los diversos países, se encuentra bajo la amenaza de la guerra mundial… La IIo Internacional repite su política de traición de 1914 con mucha más convicción en cuanto la Internacional 'Comunista’ desempeña ahora el papel de primer violín del chauvinismo… La lucha revolucionaria contra la guerra le cabe así enteramente a la IVo Internacional” (26). La conciencia clara del carácter contrarrevolucionario de la guerra estaba en ambos lados. A su inicio, el diario francés Le Temps relataba que, en el última encuentro que el embajador francés Coulondre tuviera con Hitler para evitar la invasión de Francia, apeló a un argumento desesperado (el único con el cual Hitler concordó, según el relato de las propias memorias de Coulondre, publicadas después de la guerra): que el mayor peligro de una nueva guerra mundial, estaba en la posibilidad de que saliera victorioso de ella “mon-sieur Trotsky”, o sea, que ocurrieron nuevamente los mecanismos políticos que durante la Primera Guerra, habían posibilitado la Revolución de Octubre de 1917. Aquí reside el gran significado de la decisión tomada por Stalin, en el cuadro del pacto germano-soviético, de asesinar a Trotsky, así referido por el general e historiador soviético Dimitri Volkognov en su “Trotsky": “Según recuerdos de Pavel Sudoplatov (dirigente de la policía política stalinista), durante el encuentro con Stalin en la primavera de 1939, el líder se pronunció de manera muy abierta y clara: ‘La guerra se aproxima. El trotskismo se tornó en cómplice del fascismo. Es preciso descargar ungolpe contra laIVoInternacional. ¿Cómo? Decapitándola’…” (28). Después de varias tentativas, un agente de la policía política rusa consiguió asesinar a Trotsky el 20 de agosto de 1940, casi exactamente un año después del pacto Hitler Stalin, y como su producto más importante. “Es media noche en el siglo”, proclamó el novelista ruso-belga Víctor Serge, en su novela sobre este período. En 1940, Molotov proclamaba que “es criminal hacer pasar esta guerra como una lucha por la destrucción del hitlerismo, con la falsa bandera de una batalla por la democracia” (29). Pero el desastre bélico de la URSS durante la primera mitad de la guerra no precisó esperar hasta la invasión del ejército hitleriano para manifestarse. Ya en la invasión soviética a Finlandia, en 1940, la URSS perdió 200.000 hombres (casi la mitad de los que EE. UU. y Inglaterra perdieron en toda la guerra) porque, después del descabezamiento del Ejército Rojo en 1937, sus tropas estaban dirigidas, según el mayor historiador de la Segunda Guerra (Gerhard L. Weinberg) por “incompetentes aterrorizados”. Después de la invasión nazi a la URSS, “los tres meses y medio iniciales, constituirían una desgracia sin respiro. La mayor parte de la fuerza aérea rusa desapareció en pocos días. Millares de tanques fueron destruidos. Millones de soldados rusos fueron hechos prisioneros en una serie de cercos espectacularesdurante la primera quincena de lucha. En la segunda semana de julio, los generales alemanes daban la guerra como ganada” (30). En el año siguiente (1942), sin embargo, la guerra entraría en su viraje. En la visión retrospectiva del cine yanqui, ello coincide con las primeras victorias norteamericanas en la guerra del Pacífico contra el Japón, en especial la batalla de Midway. En verdad, el punto de viraje es la primera gran derrota del ejército de Hitler en Stalingrado (noviembre de 1942), con la muerte de más de cien mil hombres (casi la mitad de los efectivos envueltos en la batalla), que inicia la cuenta regresiva del poder militar alemán, hasta entonces invicto. En julio del año siguiente, los soviéticos derrotarían a los alemanes en Kursk, en la mayor batalla de tanques de la historia. Este fue el escenario decisivo de la guerra, pues fue el ejército soviético, el que infringió el 75% de las bajas al ejército del Tercer Reich en la guerra (31). A ese dato cuantitativo, se debe agregar otro, cualitativo: las mejores tropas alemanas estaban en el frente Este, no en el occidental. Cuando algunas divisiones del frente Este fueron enviadas por Hitler hacia las Ardenas, en el frente occidental, después del desembarco aliado en Normandia (junio de 1944), el golpe que dieron a las tropas aliadas motivó el pedido desesperado de Churchill a Stalin para la apertura de nuevos frentes en el Este, con el riesgo de nueva inflexión en el destino de la guerra (Churchill fue rápidamente atendido, a diferencia de lo que había acontecido con los insistentes pedidos anteriores de Stalin de apertura de un “segundo frente”, cuando todo el esfuerzo de la guerra contra el Eje en Europa recaía sobre la URSS). El viraje en la guerra no estuvo determinado por ningún secreto militar (los historiadores bélicos acostumbran descubrir periódicamente alguno, como códigos secretos o sistemas de radares) ni por la simple inercia debido al peso económico y demográfico de los aliados. Refleja, en verdad, la agudización, en condiciones extremas, del combate entre revolución y contrarrevolución: la vigencia de la lucha de clases en el sentido estricto del término y, en especial, la vigencia de las relaciones de producción creadas por la Revolución de Octubre en la Unión Soviética. Es necesario tomar absolutamente en serio al catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Cambridge, David Thomson, cuando afirma que “tal vez el hecho básico fuese que las convulsiones de la guerra hubiesen hecho posible un retorno de la expansión comunista, contenida desde 1919” (32). Al decir esto no se estaba refiriendo sólo al avance incontenible de los ejércitos soviéticos a partir de 1943, sino también al desenvolvimiento de una amplia resistencia clasista y popular, presente en Europa entera y hasta en el propio centro del campo “aliado”, los EE. UU. Ya en 1941, los mineros franceses hacen una huelga en Nord Pas-de-Calais, a pesar de la ocupación alemana. Después de las huelgas, algunos jóvenes requeridos para el STO (Servicio de Trabajo Obligatorio) en Alemania "se van al maquis”, iniciando una resistencia civil armada que sería regimentada y dirigida por el PC francés, en dirección a una alianza con el representante de la burguesía anti-nazista, el general De Gaulle (refugiado en Inglaterra) (33). Desde 1942, las huelgas también estallan en Grecia ocupada por los nazis. En Italia, el movimiento huelguista es explosivo en 1943, amenazando crear una situación de doble poder (34), y es el punto de fundación del movimiento de los “partigiani” y del golpe de Estado del propio Consejo Fascista que derrumbó Mussolini en ese mismo año (la apertura del"segundo frente” en Italia se debió más a consideraciones políticas que de estrategia militar). En los EE. UU., huelgas de los mineros (encabezadas sin embargo por el burócrata John L. Lewis) en mayo y noviembre de 1943, huelga de los ferroviarios en el mismo año; a pesar de la legislación anti-huelgas, en 1944, 224 huelgas no autorizadas con 388 mil huelguistas (35). En la propia Alemania, según Emest Mandel, el atentado contra en Hitler en julio de 1944 es preparado junto con una hipotética huelga general (36). En Yugoslavia ocupada, los partisanos ya son 300 mil en 1943; en octubre del año siguiente el comunista Tito entra en Belgrado. ¿Cómo no poner en esa perspectiva la lucha más heroica, el levantamiento de 28 días del ghetto de Varsovia, claramente dirigido por las organizaciones de izquierda sobrevivientes (a las cuales se encontraba vinculado Mordechai Anilewicz ), después del enfrentamiento y destitución de la dirección (Consejo) judía conciliadora? (37). Desde el punto de vista militar, fue decisiva la derrota del ejército nazi en la URSS. Pero esto no fue ajeno a los factores antes apuntados. En el inicio de la guerra, el odio contra la burocracia era tan grande que “las tropas alemanas eran recibidas como libertadoras en Ucrania, hasta que comenzaron a quemar las aldeas, expulsaron a las mujeres y niños y ejecutaron a los hombres” (38). Cuando quedó claro que los planes de Hitler eran “naturalizar” (sic) a Rusia, transformándola en un vasto granero con el trabajo esclavo de los rusos, la movilización patriótica fue inmensa. Pero ésta poco habría conseguido sin “el traspaso de la industria en la segunda mitad de 1941 y en el comienzo de 1942, y su reconstrucción en el Este (que) debe figurar entre las más estupendas realizaciones de un trabajo organizado por la URSS durante la última guerra. El crecimiento rápido de la producción bélica y su reorganización sobre nuevas bases, dependía de la urgente transferencia de la industria pesada de las zonas occidentales y centrales de la Rusia europea y de Ucrania a la retaguardia lejana, fuera del alcance del ejército alemán y de la aviación” (39). Tal hecho habría sido imposible en un país donde existiese la propiedad privada de la gran industria: en Francia ocupada por los nazis, la gran patronal industrial colaboró casi en su totalidad con el ejército de ocupación. La vigencia de la revolución socialista en las relaciones de producción y en la conciencia de las masas se probó en aquel momento. Después de la derrota inicial, que casi disolvió al ejército soviético, la recomposición de la fuerza militar de la URSS fue una hazaña económico-social. La nueva industria, reconstituida en las regiones no ocupadas, produjo 800 mil tanques entre 1941 y 1945,400 mil aviones sólo en 1944; basta decir que en Inglaterra no invadida, y que “ganó la guerra de los aires”, esa cifra corresponde a la producción total de la guerra, no de un sólo año. Fueron movilizados, en la URSS, todos los recursos naturales y humanos. La ayuda aliada no cubrió el 10% de la producción soviética. Fue una victoria histórica de planeamiento estatal, una victoria moral de los principios del socialismo. Victoria mundial, en la medida en que fue la derrota del Tercer Reich en la URSS lo que libró a la humanidad de la amenaza militar nazi, hasta entonces la mayor maquinaria de guerra de la historia humana (40). La conciencia por parte de los imperialismos “aliados” acerca de la necesidad de evitar una derrota revolucionaria del nazismo fue tal que las bases de orden mundial de post-guerra comenzaron a ser planteadas ya en enero de 1942, cuando Roosevelt y Churchill lanzan el plan de las “Naciones Unidas”. También en enero de 1942, los EE. UU. convocan la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro, con vistas a alinear firmemente tras de sí a América Latina (se llegó a utilizar la amenaza de invasión contra las reticentes Argentina y Chile). A partir de 1943 se suceden las cúpulas de los aliados, en las cuales se procura asociar claramente a la burocracia stalinista al orden mundial contrarrevolucionario de postguerra: noviembre de 1943, El Cairo; diciembre de 1943. Teherán; febrero de 1945, Yalta; agosto de 1945, Postdam. En Yalta se llegó a establecer que la URSS conservaría los territorios que le fueron concedidos por el pacto Hitler-Stalin. Otros elementos desmienten el pretendido carácter “anti-fascista” de la guerra "aliada”: en sus Memorias Churchill afirma que ¡Mussolini habría sido bien recibido por los aliados si el hubiese ofrecido personalmente a éstos la paz! La colaboración contrarrevolucionaria fue decisiva para que la derrota nazi no llevase a la victoria de la revolución proletaria en Alemania, que hubiera sido, como dos décadas antes, el punto clave de la revolución europea. La política nacionalista revanchista llevada adelante por el ejército de la URSS llevó a que las tropas alemanas defendiesen hasta el último barrio de Berlín, inclusive cuando toda resistencia ya era absurda. El acuerdo con los imperialismo "aliados” en ocupar y dividir militarmente a Alemania hizo pender una espada de Damocles sobre la cabeza de la clase obrera alemana, que fue el arma principal para reconstruir el Estado burgués en Alemania después del derrumbe nazi (permitiendo inclusive el reciclaje de numerosos cuadros nazis en el nuevo orden). Pero fueron principalmente la acción y la autoridad de la burocracia que pesaron para combatir la tendencia objetiva a la unidad y a la revolución obrera en Alemania, que tuvo innumerables manifestaciones: creación de un "partido de los trabajadores”, uniendo ex prisioneros socialistas y comunistas en Turingia, en abril de 1945; de un "partido socialista unificado” en Brunswick; de un "comité de unidad” socialista-comunista en el campo de concentración de Buchenwald. Si fueron las tropas inglesas las que disolvieron, en Hamburgo, el "Comité de Acción” socialista-comunista (41), fue la burocracia rusa la responsable por la disolución de los comités antifascistas en todo país. Sobre la base de esta represión fue reconstruida, en el Oeste, la sócial-democracia alemana, con la colaboración de las tropas de ocupación del imperialismo anglosajón, para crear el punto clave de la reconstrucción del Estado burgués en Alemania occidental. Como dice el viejo trotskista Sam Levy, “fue en el contexto de ese miedo universal que la estrategia y la táctica que serían aplicadas en Alemania fueron decididas en común entre los imperialistas aliados y la burocracia stalinista, con vistas a la destrucción de toda posibilidad de una revolución alemana… En el plano económico, esto se manifestó en el infame plan Morgenthau, que propugna el desmembramiento de Alemania, la destrucción de su base económica y su ruralización… Todos recuerdan lo dicho por (Ilya) Ehremburg, "el único alemán bueno es el alemán muerto”, que fue repetido un millón de veces por los medios de comunicación… La clasificación de todo alemán como un pana constituía una política contrarrevolucionaria común para garantizar que no habría revolución alemana. Aun después del final de la guerra, continuaban vigentes las órdenes que prohibían a las tropas aliadas cualquier confraternización con la población alemana… Stalin llevó adelante una política deliberada cuando, después de la ocupación de una región alemana, sustituía las tropas de' asalto por unidades venidas de regiones más atrasadas (de la URSS), con las consecuencias dé pillajes, violaciones, asesinatos, etc. La política de capitulación incondicional consiguió su objetivo, la destrucción de toda posibilidad de revolución en Alemania, una política en cuya formulación Stalin tuvo un papel capital” (42). La colaboración de la burocracia stalinista con los imperialismos "aliados” fue decisiva para desarmar los elementos de la guerra civil anti-capitalista con que el segundo conflicto mundial culminó en la mayoría de los países de Europa occidental. Fue ella quien permitió el desarme de los partisanos italianos, que habían derribado a la dictadura dé Mussolini. En Grecia también, la resistencia anti-nazi se desdobló en la guerra civil: “La revolución griega de diciembre de 1944, a pesar del control total del país por las tropas de la Elas, fue aplastada por la intervención de las tropas británicas, después de la capitulación de los dirigentes stalinistas de la Elas que devolvieron las armas, en aplicación de las directivas de Stalin de unificación de las fuerzas patrióticas en un Frente Nacional” (43). Grecia se vería envuelta en una larga y sangrienta guerra civil, que culminó con la derrota de las fuerzas irregulares en 1949 (44), fuerzas que debieron enfrentar una coalición político militar do todas las fuerzas vencedoras de la guerra mundial .. y que llevó a Winston Churchill a declarar, cínicamente, en la Cámara de los Comunes: ‘Creo que el trotskismo define mejor al comunismo griego y a otras sectas que el término habitual. Y tiene la ventaja de ser también repudiado en Rusia (risas ‘' prolongadas)” (45). En Francia, esta política consiguió dos objetivos: 1) el desarme de las fuerzas armadas irregulares, como un aspecto de la reconstitución del Estado imperialista francés, y 2) la liquidación de toda posibilidad de un levantamiento de clase como ‘' desdoblamiento final de la lucha anti nazi: “(En 1945) en las minas del norte, por ejemplo, fue necesaria toda la autoridad del PCF para impedir que los múltiples paros ‘degenerasen’ en una huelga general que habría cubierto todo el territorio… es indudable el carácter espontáneo de la mayoría de las huelgas… los dirigentes sindicales no vacilaron en apelar a sanciones del Estado contra los huelguistas contrarios a sus directivas” (46). En lo que respecta al primer aspecto, “el general De Gaulle decidió la integración de las FFI y de los FTP (Fuerzas Francesas del Interior y Francotiradores y Partisanos) al ejército regular. En octubre de 1944, decretó la disolución de las Milicias Patrióticas. El PCF protestó inicialmente con violencia contra esa medida. Pero terminó por aceptarlas bajo las órdenes de Maurice Thorez, su secretario general, vuelto de Rusia en noviembre de 1944, después de amnistiado de la acusación de deserción. Todos los historiadores concuerdan hoy en que existía un proyecto insurreccional de resistencia comunista interior, que fue combatido por Stalin, “más interesado en la absorción de Europa Oriental” (47). Stalin estaba "más interesado” en un acuerdo claro con los imperialismos "aliados”, —lo que incluía, claro, un "cordón de seguridad” para la URSS en Europa Oriental (que el imperialismo intentó perforar después con el Plan Mars-hall, lo que motivó la "cortina de hierro” y el inicio de la "guerra fría”) pero, por sobretodo, en la desactivación de la "bomba” revolucionaria en los países capitalistas más importantes, los de Europa occidental. En verdad, De Gaulle carecía de base social propia para reconstituir el Estado (casi toda la burguesía francesa fue colaboracionista): El PCF le formó esa base. En consecuencia, por un lado, colaboró con la reconstrucción del imperialismo francés, prácticamente desecho durante la guerra, tomando parte en las masacres de Setif y Guelma (en Africa del Norte), al mismo tiempo en nombre de la lucha contra el "imperialismo japonés”impulsaba a los ex-FTP integrados en el ejercito del general Leclerc a participar de la recuperación de la Indochina "francesa”, llamando a preservar el "cuadro” de Unión Francesa, esto es, a apoyar la guerra colonial del imperialismo francés contra el Vietnam. Por otro lado, esto permitió no solo la reconstitución del Estado, sino el reciclaje dentro del mismo de los funcionarios del régimen colaboracionista de Vichy (incluido el futuro presidente “socialista” Francois Miterrand), algunos de los cuales ¡fueron transformados en "héroes de la resistencia. De acuerdo con el historiador Philipe Bourdrel, gji su libro L Epuration Sauvage, “contrariamente a lo que se piensa habitualmente, los altos funcionarios de Vichy no tuvieron mayores problemas en integrarse en la IVo República”. Preservados cuadros fundamentales de la burguesía y del Estado, fueron libradas a la "venganza popular” algunas pobres mujeres que habrían dormido con soldados alemanes. Los acuerdos de Yalta y de Postdam tuvieron por objetivo fundamental proveer el cuadro "legal” para toda esta política, que fue la continuidad "legal y pacífica” del carácter contrarrevolucionario de las hostilidades militares y del horror bélico. La "desnazificación” fue cuidadosamente planeada para ser .la cosmética susceptible de tomar "populares” los acuerdos contrarrevolucionarios. De los supuestos cinco mil alemanes pertenecientes a la alta escala nazi, en 1951 apenas 50 permanecían presos. En total, de más de 13 millones de alemanes "cuestionados”, en 1949 había apenas 300 presos: De los 11.500jueces en actividad en la Alemania de postguerra, 5.000 habían actuado en las cortes nazis” (48). La ejecución de los asesinos juzgados en Nuremberg fue la cortina de humo de esta preservación de la columna vertebral del Estado burgués, sea totalitario o "democrático”. Los conflictos entre la burocracia y el imperialismo, posteriores a estos acuerdos, conocidos con el nombre de "guerra fría”, llegaron ciertamente a ser muy agudos, sin llegar jamás a comprometer los acuerdos reaccionarios que dieron continuidad hasta el fin al carácter contrarrevolucionario de la Segunda Guerra Mundial, en especial contra la reacción revolucionaria de las masas trabajadoras que fueron su víctima principal. Notas: (1) Ernest Mandel. O significado da Segunda Guerra Mundial, Sao Paulo, Atica, p. 182. (2) Guillerme Olympio, URRS & USA, Río de Janeiro, Prado, 1955, p.107. ( (3) In: José Pemau, Historia Mundial desde 1939, Barcelona, Salvat, 1973, p. 10. (4) El País, Madrid, 9 de diciembre de 1993. (5) Karl von Clausewitz, De la Guerra, Barcelona, Labor, 1984, p. 17. (6) “La Guerre Imperialiste et la Revolución Prole-tarianne Mondiale”, in: R. Praguer (org.),Les Con-grés de la Quatriéme Internationale, Paris, La Breche, 1978, pp. 337-377. (7) Saúl Friedlander. Hitler et les Etats-Unis 1939-1941, París. Seuil, 1966, p. 297. (8) "Le Role Mondial de V Imperialisme Ameri-cain”, in R. Praguer, OP Cit, pp. 277-285 (9) León Trotsky. Adonde va Inglaterra, Europa y América, Buenos Aires, El Yunque, 1975. (10) Pierre Broué, Cours d'Histoire duXXe Siécle, Grenoble, IEP 1977. (11) Robert E. Shervood. Roosevelt and Hopkins, Nova Iorque, 1950, p.290. (12) Cf. León Trotsky, Revolucao e Contra-revolu-cáo na Alemanha, Sao Paulo, Ciencias Humanas, 1979. (13) Cf. Alan S. Milward, La Segunda Guerra Mundial 1939-1945, Bai'celona, C'ritica, 1986. (14) Marcel Roncayolo. Le Monde Contemporain de la Seconde Guerre Mondiale á nos Jours, París Robert Laffont, 1985, pp. 52 e 68. (15) A. J.P. Tayor. A Segunda Guerra Mundial, Río de Janeiro, Zahar, 1979. (16) Emst Nolte. Nacionalsociallismo e Bolcesvis-mo. La guerra civile europea 1917-1945, Firenze, Sansoni, 1988, p. 3. (17) Amo Mayer. La "Solution Finale” dans VHistoire, Parías, La Découverte, 1990, pp. 506-507. (18) León Trotsky, Programa de Transicáo, Porto Alegre, Combate Socialista, s.d.p., p. 28. (19) "La Guerre Imperialiste et la Révolution Pro-létarienne Mondiale”, in: R. Praguer, Op. Cit. (20) Cf. Walter Laqueur. O Terrtvel Segredo, Río de Janeiro, Zahar, 1981. E: Saúl Friedlander, Pió XII et le III Reich, París, Seuil, 1965. (21) "Stalin decapitó a la flor y nata del Ejército Rojo”, Prensa Obrera 189, Buenos Aires, 8 de julio de 1987. (22) OlegA. Rzheshvski. La Segunda Guerra Mundial. Mito y Realidad, Moscou, Progreso, 1985. (23) G. Deborin. A Segunda Guerra Mundial, Sao Paulo, Fulgor, 1966. (24) Valentín M. Bereshcov. ”Amor a Hitler cegou URSS”, Folha de S. Paulo, 22 de junho de 1991. (25) León Trotsky, ”0 Pacto Germano-Soviético” Socialist Appeal, Nova Iorque, 4 de setembro de 1939. (26) León Trotsky, Programa de Transicáo, ed. cit., P, 28. (27) León Trotsky, Em Defesa do Marxismo, Sao Paulo, Kairós, s.d.p. (28) Folha de S. Paulo, 10 de maio de 1992. (29) Apud Paolo Spriano, "O movimiento comunista entre a guerra e a pós-guerra: 1938-1947", in: E.J. Hobsbawm, Historia do Marxismo, vol. X, Río de Janeiro, Paz e Terra, 1987, p. 149. (30) Alexander Werth. A Rússia na Guerra 1941-1945, Río de Janeiro, Civilizacáo Brasileira, 1966, p. 157. (31) Gerhard L. Weinberg. A Global History of World War II, Nova Iorque, Cambridge University Press, 1993. (32) David Thomson. Pequeña Historia do Mundo Contemporáneo. Rio de Janeiro, Zahar, 1973, p.166. (33) Cf. André Bendjebbar. Libérations Revées, Libérations Vécues, Paris, Hachette, 1994. (34) Umberto Massola. Gil Scioperi del '43, Roma, Riunuti, 1973. (35) Cf. Daniel Guérin. Estados Unidos 1880-1950. Movimiento Obrero y Campesino, Buenos Aires, CEAL, 1972. (36) Emest Mandel. "O papel do individuo na História: o caso da II Guerra Mundial", Ensaio N° 17/18, Sao Paulo, 1989. (37) Roney Cytrynowicz. Memoria da Barbarie. A História do Genocidio dos Judeus na Segunda Guerra Mundial, Sao Paulo, Edusp/Nova Stella, 1990, p. 142. (38) Ben Abraham. Segunda Guerra Mundial, Sao Paulo, Sherip Hapleita, 1985. p. 40. (39) Alexander Werth. Op. Cit., p. 244. (40) Osvaldo Coggiola, História e Crise Contemporánea, Sao Paulo, Pulsar, 1994, p. 38. (41) Francoise Foret. "La réconstruction du SPD aprés da 2éme Guerre Mondiale”, Le Mouvement Social N° 95, Paris, abril 1976. (42) Sam Levy. "A noveu sur la politique militaire prolétarienne”, ahiers León Trotsky NO 43, Paris, setembro 1990. (43) CERMTRI, ”Doocuments sur la révolution grecque de décembre 1944”, Les Cahiers du Cerm-tri N° 60, Paris, marco 1991. (44) Cf. Miguel Etchegoyen, Grecia: el movimiento guerrillero de liberación en la posguerra, Buenos Aires, CEAL, 1973. (45) Apud P. Broué, "Face a la Deuxiéme Guerre Mondiale”, Caheirs León Trotsky N° 23, Paris, setembro 1985. (46) Grégoire Madjarian, Conflits, pouvoirs et so-cieté á la Liberation, Paris, UGE, 1980, P. 337. (47) S. Berstein e P. Milza, Histoire du Vingtiéme Siécle 1939-1953, Paris, Hatier, 1985, p. 93. cf. também Francois Fonvielle-Alquier, El Gran Miedo de la Posguerra 1946-1953, Barcelona, Dopesa 1974. (48) Roney Cytrynowicz, OP. Cit., p. 150.

1 de septiembre de 1995
Declaración de los Comunistas Intemacionalistas de Buchenwald
Corresponsal

Las conmemoraciones oficiales de la finalización de la Segunda Guerra Mundial se sucedieron unas a otras. En todas ellas, los representantes de las grandes potencias imperialistas y la burocracia de la ex URSS han vertido lágrimas hipócritas por la masacre que han cometido (…) mientras preparan y ejecutan nuevas matanzas y perfeccionan nuevas y más terribles armas de destrucción masiva. Frente a estas conmemoraciones, que tienen en común ocultar la responsabilidad política del capitalismo en la mayor masacre de la humanidad, publicamos aquí un documento ejemplar redactado el 20 de abril de 1945: el manifiesto de los militantes trotskistas encerrados en Buchenwald. 1. La situación internacional del capitalismo A fines de la Segunda Guerra imperialista, Italia, Alemania y Japón han perdido su posición como grandes potencias imperialistas, mientras que la de Francia se ha visto estremecida con violencia. Los antagonismos y los conflictos imperialistas entre los Estados Unidos y Gran Bretaña dominan la coyuntura de la política mundial imperialista. Rusia ha salido de su aislamiento al comienzo de esta guerra mundial y hoy se encuentra ante la tarea de concretizar política y económicamente sus éxitos militares contra las ambiciones de las potencias imperialistas victoriosas. A pesar de sus inmensos esfuerzos, China continúa siendo un objeto de las grandes potencias imperialistas, una consecuencia necesaria de la victoria de la burguesía china sobre el proletariado chino. La unanimidad expuesta de manera demostrativa en la conferencia de paz internacional está destinada a engañar a las masas sobre los antagonismos inmanentes de las potencias capitalistas. Los intereses militares paralelos contra Alemania no pueden, sin embargo, evitarla explosión de antagonismos en el campo aliado. A estos antagonismos se agregan las crisis y las conmociones sociales inevitables del modo de producción capitalista decadente. Un análisis preciso de la situación internacional con los métodos del marxismo-leninismo es la condición indispensable para una política revolucionaria eficaz. 2. La situación internacional de la clase obrera Este desarrollo permite al proletariado alemán recuperarse rápidamente de su profunda derrota y ubicarse nuevamente a la cabeza del proletariado europeo en la lucha por el derrocamiento del capitalismo. Aislada por la derrota de la revolución europea, la Revolución Rusa ha seguido un desarrollo que la ha alejado cada vez más del proletariado europeo e internacional. La política del “socialismo en un solo país” no define más que los intereses de la dique dominante y arrastra hoy al Estado ruso a llevar codo a codo con las potencias imperialistas una política de nacionalismo. Cualquiera sea la evolución de Rusia, el proletariado internacional debe desembarazarse de toda ilusión sobre ese Estado y llegar, gracias a un análisis marxista claro, a la conciencia del hecho de que la casta burocrática y militar reinante actualmente defiende exclusivamente sus propios intereses y que la revolución internacional debe renunciar a todo apoyo a este gobierno. El hundimiento militar, político y económico completo de la burguesía alemana, abre al proletariado alemán la vía de su emancipación. Para impedir el restablecimiento de la burguesía alemana, favorecido por los antagonismos imperialistas, y para edificar el poder obrero, es necesaria la lucha revolucionaria de la clase obrera de cada país contra su propia burguesía. La clase obrera ha sido privada de su dirección revolucionaria por las dos organizaciones obreras internacionales que han combatido y saboteado activamente la revolución proletaria, la única que hubiera podido evitar esta guerra. La IIIo Internacional se ha transformado después de la muerte de Lenin en una agencia política exterior de la burocracia rusa. Las dos han participado activamente en la preparación y realización de esta guerra imperialista y son por lo tanto corresponsables. Atribuir a la clase obrera alemana e internacional la responsabilidad o la corresponsabilidad de esta guerra, tiene por objeto solamente continuar sirviendo a esta burguesía. El proletariado no puede cumplir su tarea histórica más que bajo la dirección de un nuevo partido revolucionario mundial. La tarea inmediata de la fracción más avanzada de la clase obrera consiste en crear ese partido. Los cuadros revolucionarios internacionales ya se han reunido para construir ese partido mundial en la lucha contra el capitalismo y sus agentes reformistas y stalinistas. Para cumplir esta tarea difícil no puede haber diversión en la solución conciliadora de una nueva internacional 2 1/2 (1). Una formación intermedia de este tipo impide la necesaria clarificación ideológica e inhibe la determinación revolucionaria. 3. ¡Nunca más un 9 de noviembre de 1918! (2) En el período pre-revolucionario inminente, es necesario movilizar a las masas trabajadoras en la lucha contra la burguesía y preparar la construcción de una nueva internacional revolucionaria, que realizará la unidad de la clase obrera internacional en la acción revolucionaria. Todas las teorías e ilusiones sobre un “Estado popular”, una “democracia popular”, han arrastrado a la clase obrera en sangrientas derrotas en el curso de la lucha de clases en la sociedad capitalista. Sólo la lucha despiadada contra el Estado capitalista hasta su destrucción y la edificación del Estado de los consejos obreros y campesinos puede evitar nuevas derrotas. La burguesía y la pequeñoburguesía desesperada han llevado al fascismo al poder. El fascismo es el producto del capitalismo. Sólo la acción independiente y victoriosa de la clase obrera contra el capitalismo es capaz de suprimir la peste del fascismo, comprendidas sus raíces. En esa lucha, la pequeñoburguesía vacilante se aliará al proletariado revolucionario ofensivo, como nos lo enseña la historia de las grandes revoluciones. Para salir victoriosa de las luchas de clases por venir, la clase obrera alemana debe luchar por la realización de las siguientes consignas: ¡Libertad de organización, de reunión y de prensa! ¡Libertad de coalición y restablecimiento inmediato de todas las conquistas sociales de antes de 1933! ¡Supresión total de todas las organizaciones fascistas! ¡Confiscación de sus bienes en beneficio de las víctimas del fascismo! ¡Juicio a todos los miembros del Estado fascista por tribunales populares libremente elegidos! ¡Disolución de la Wehrmacht y su reemplazo por milicias obreras! ¡Elecciones libres inmediatas de consejos obreros y campesinos en toda Alemania y convocatoria de un congreso general de consejos! ¡A pesar de la utilización de todas las instituciones parlamentarias de la burguesía para la propaganda revolucionaria, mantenimiento y extensión de los consejos! ¡Expropiación de los bancos, de la industria pesada y de la gran propiedad terrateniente! ¡Control de la producción por los sindicatos y consejos obreros! ¡Ni un hombre ni un centavo para las deudas de guerra y de reparaciones de la burguesía! ¡La burguesía debe pagar! ¡Por la revolución socialista panalemana, contra el desmembramiento de Alemania! ¡Fraternización revolucionaria con los obreros de las tropas de ocupación! ¡Por una Alemania de los consejos en una Europa de los consejos! ¡Por la revolución proletaria mundial! Los comunistas internacionalistas de Buchenwald (IVo Internacional) 20 de abril de 1945 NOTAS: 1- La Internacional 2 1/2: reagrupamiento de corrientes centristas, socialistas de izquierda o comunistas de derecha, ubicadas a medio camino entre las concepciones reformistas y revolucionarias. 2.- 9 de noviembre de 1918: fecha de la abdicación del Kaiser y de la entrega del poder a los socialde-mócratas, que aseguran el mantenimiento de la democracia burguesa frente a los consejos de obreros y soldados.

1 de enero de 1995
Resolución Política del PT de Uruguay
PT de Uruguay

Derrotemos la ofensiva del gobierno capitalista blanqui-colorado contra nuestras conquistas En defensa de la seguridad social En el pasado mes de mayo se realizó en Montevideo el IVo Congreso del Partido de los Trabajadores, de Uruguay; que aprobó la siguiente resolución política. 1) El gobierno sanguinettista pretende llevar adelante las “tareas pendientes” que no pudo concretar Lacalle. La burguesía quiere llevar al Uruguay a la situación de Argentina, a través de la liquidación de la seguridad social, la privatización de v empresas públicas, despidos de trabajadores estatales, rebaja del salario, desocupación, flexibilidad laboral. El programa antiobrero del gobierno tiene por eje la privatización de la seguridad social. A través de la confiscación de los aportes jubilatorios se rescata a la burguesía y a la banca internacional. De allí que la privatización de las jubilaciones sea una exigencia tanto del Banco Mundial como de la Cámara de Industrias. El presidente del BID, Enrique Iglesias, comprometió créditos del organismo para financiar el agujero que dejaría la rebaja de aportes patronales y la privatización de los fondos de pensión. La liquidación de la seguridad social es la condición para el triunfo de la burguesía sobre el movimiento obrero. Los capitalistas vienen impulsando desde hace años esta ofensiva contra los derechos jubilatorios, por lo que se ha convertido en el eje de las luchas populares de los últimos seis años (plebiscito de 1989, “minirreforma”, plesbicito de 1994). El “cogobierno” colorado-blanco se ha constituido para llevar adelante l estafa de la seguridad social. 2) La “reforma presentada por el “cogobierno” es un primer paso en la liquidación y privatización de la seguridad social. La rebaja de aportes patronales, la rebaja de las jubilaciones y la privatización de los aportes por salarios más de 5000 pesos, están planteados en la perspectiva de la liquidación total de los derechos jubilatorios y de la confiscación de los aportes. Del mismo modo que el menemismo desconoce los derechos de aquellos que optaron por la jubilación estatal, como forma de obligarlos a pasarse a la privada – justamente en el momento de los fondos privados tienen pérdidas fabulosas en la Bolsa -, aquí se impulsa el completo hundimiento del BPS para proceder luego a su privación total. La campaña contra la privatización de la seguridad social forma parte de la lucha por la dirección del movimiento obrero. Esta campaña unifica a todos los trabajadores contra el conjunto del régimen político y la burocracia sindical, por lo que se plantea la oportunidad para dirigir un movimiento nacional en defensa de las jubilaciones, que nos coloca disputando la dirección de la clase obrera. La burocracia sindical ya está entregando la seguridad social. Su reclamo de negociar con el gobierno, y sus propuestas que incluyen "fondos complementarios estatales o bipartitos”, marcan no sólo su negativa a entablar la lucha contra la estafa, sino incluso su voluntad de participar del negociado con sus propios Afondos complementarios”. La Mesa Representativa resolvió que “Una vez ingresado el Proyecto al Parlamento” se convocará una M. R. para “analizar” un paro de 24horas. Esto está marcando la voluntad de la burocracia sindical de viabilizar la negociación parlamentaria del proyecto. El paro de 24 horas constituye una maniobra de la burocracia sindical para estrangular la lucha contra la estafa a la seguridad social y viabilizar el proyecto del gobierno. La burocracia sindical ha declarado su apoyo a la reducción de aportes patronales, pasantías para la juventud y pretende “discutir alternativas” a los decretos del 24 y 25 de enero. 4) Nuestro programa contra el robo de los aportes jubilatorios es el siguiente: • Repudio a todo proyecto de "reforma”. • Inviolabilidad de los aportes actuales. • Control y administración de las Cajas provisionales por los trabajadores y jubilados. Apertura de los libros contables de las empresas a los sindicatos para enfrentar la evasión de las patronales. • Huelga general si el proyecto entra al Parlamento. Que los capitalistas quiten sus manos de los fondos jubilatorios obreros. Esta campaña debe ser desarrollada enérgicamente por todo el partido, hacia los trabajadores de base y jubilados. En el caso de la construcción, debemos lanzar esta campaña a través de Lucha Obrera hacia los obreros de la construcción, y reclamar una asamblea del SUNCA para repudiar todos los proyectos de liquidación de la seguridad social. Esto va a permitir que lancemos una campaña desde el SUNCA a todo el movimiento obrero, planteando un frente común de sindicatos, agrupaciones obreras de lucha para reclamar un Congreso de delegados de base del PIT-CNT, en oposición a la entrega de la burocracia. 5) El vencimiento de los convenios colectivos y la política del gobierno de imponer convenios por empresas —salvo en 4 sectores "regulados”—, plantea la emergencia de luchas salariales. Los convenios actuales han permitido una rebaja del salario, en el marco de un aumento de la desocupación y de la imposición de una mayor explotación; en los últimos años la "productividad” ha aumentado un 30%. Frente a este panorama, la burocracia sindical está discutiendo la "reactivación productiva", es decir, pretende condicionar la evolución del salario a la suerte de cada empresa, mediante convenios de "productividad” (súper-explotación). Levantamos un programa salarial concreto para las próximas luchas: Aumento inmediato del 50%. Salario mínimo igual al costo de la canasta familiar (7.000 pesos). Reajuste mensual de salarios. Eliminación de los impuestos a los sueldos y jubilaciones. Frente a los planes de despido, envíos al seguro de paro y el aumento de la desocupación, planteamos la reducción de la jornada laboral sin merma del salario. Ocupación de toda fábrica que despida. Resolución sobre el Foro de San Pablo Desenvolver una campaña en torno al Foro de San Pablo, sobre la base de la consigna de “Fuera los represores del pueblo boliviano”, impulsándola en sindicatos, asambleas de derechos humanos y el PIT-CNT, exigiendo el pronunciamiento público. Realizar pintadas en tomo al Palacio Peñarol y el Parque Hotel, de esta misma consigna. Participar del acto inaugural (jueves 20 hs., en el Palacio Peñarol) con pancartas y la declaración del PO. Realizar reuniones con partidos que participan del Foro para presentar una moción común en este sentido. Participar en el Foro en la delegación del Partido Obrero, mocionando en la primera sesión la expulsión del Movimiento Bolivia Libre. En caso de que esta moción sea rechazada, romper con el Foro porque alberga a los carceleros y represores de los pueblos. Informe de Actividades En cumplimiento de la resolución del Congreso sobre el FSP, se realizaron gestiones ante el MPP (Sarthou), PCU (Tutzó e Iván), 26M (Sendic), y se enviaron cartas al MLN, MPP, PCU y 26M. También se envió una nota al PIT-CNT planteando el repudio a la presencia en suelo uruguayo de los represores del pueblo boliviano. Todas estas gestiones no dieron —hasta el comienzo del Foro— ningún resultado práctico. Se realizaron pintadas (La Teja, Palacio Legislativo, Palacio Peñarol, Avda. Italia y Propios) y se llevó una pancarta al Palacio Peñarol. Todas estas actividades tuvieron repercusión en la prensa. La intervención en el FSP quedó a cargo de la delegación del Partido Obrero, conformada por Pablo Rieznik (PO), Gustavo Páez y Rafael Fernández (PT). Desde el inicio del Foro se planteó la expulsión del MBL, pasando el tema a una comisión y luego al plenario del sábado. Nuestra propuesta dominó todos los debates del Foro, obligando a todas las organizaciones a pronunciarse. Se presentó una moción por la expulsión del MBL, y logramos las firmas del MLN, MPP, MRO, PST, PRT (México), MIR (Chile), PC de Paraguay, PDP (Paraguay), y luego de otro PRT mexicano. La Mesa del Foro (Grupo de Trabajo) maniobró constantemente para evitar la votación. Frente a la defensa de la presencia del MBL y a las maniobras constantes para impedir su expulsión e incluso la votación, la delegación del PO anunció la ruptura con el Foro en la noche del sábado. El domingo se distribuyó la declaración de la delegación, explicando las causas de esta ruptura, la que se entregó a cada delegación y a la prensa. El FSP fue dirigido políticamente por el PRD mexicano, cuya delegación defendió la “integración latinoamericana” junto a EE.UU. y Canadá, defendiendo los planteamientos de la CEPAL de la década del 60 (desarrollismo). Las resoluciones plantean una negociación con el imperialismo yanqui y la "soluciónpolítica” a las rebeliones populares (Chiapas) y el desarme e "institucionalización” de las guerrillas, al estilo salvadoreño. El PRD quedó colocado como el pivote de la negociación del castxismo y la "izquierda” latinoamericana con Clinton. Nuestra ruptura con el FSP sobre una base de principios, es perfectamente clara para todo el mundo. No rompimos por consideraciones "ideológicas” sino por una razón muy sencilla: estamos con los pueblos oprimidos y reprimidos de América Latina, y no con sus verdugos. El FSP ha culminado su evolución en el sentido de su integración a la política del imperialismo, y la "izquierda” del Foro marcha a una completa bancarrota.