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En Defensa del Marxismo N° 29

1 de diciembre de 2000 · 11 notas

Notas de este número

1 de diciembre de 2000
La crisis argentina
Colectivo Editorial de Prensa Obrera

En agosto, una denuncia de sobornos en la Cámara de Senadores para la aprobación de le ley de reforma laboral, sacudió de raíz al régimen aliancista y el propio funcionamiento del Estado; pusieron en jaque al Congreso, a varios ministros y al jefe del Servicio de Inteligencia, todos ellos miembros del Poder Ejecutivo, y al propio De la Rúa. Los sobornos tuvieron un objetivo específico: que pasara una ley de reforma laboral abiertamente repudiada por los trabajadores argentinos en dos masivos paros generales. La Nación informó que "un importante empresario… precisó que los fondos fueron aportados por una importante empresa, interesada en que quedaran sin efecto los convenios laborales de la UOM". Aludía de este modo al pulpo Techint, que no solamente fue el principal fogonero de la reforma laboral sino que también impulsa la fragmentación del sindicato metalúrgico para crear en su reemplazo sindicatos por empresa bajo el control directo de las patronales. Es de la mayor trascendencia, por lo tanto, que en medio de la crisis de coimas del Senado, De la Rúa hubiera nombrado a Javier Tizado, de Techint, como secretario de Industria. En el escándalo de las coimas del Senado quedó al descubierto una "santísima trinidad" que retrata los mecanismos conspirativos del Estado capitalista. Este soborno "no fue demasiado –le dijo off the record un senador peronista a un diario– comparado con lo que pudo haber corrido cuando se aprobaron otras leyes, como las privatizaciones" (1). Entel se privatizó en 8.400 millones de dólares; Aerolíneas, en 2.250. La de Gas del Estado, que movió 3.320 millones, requirió la presencia de un 'diputrucho'. La de YPF se hizo por 20.000 millones de dólares. Pocos días después de las denuncias sobre las coimas para aprobar la ley anti-laboral, surgieron nuevas denuncias acerca de sobornos para aprobar la extensión de la concesión para la explotación del yacimiento petrolero más rico del país en beneficio del pulpo Repsol. "La causa general de todo este proceso de descomposición política que precede al escándalo, es el fracaso de los planes económicos (en primer lugar, el completo derrumbe del plan Cavallo y del régimen de convertibilidad), la imparable declinación de la producción y la enorme tensión social que genera el crecimiento de la pauperización de las masas. No son las coimas las que han provocado el estallido de una crisis política, sino ésta la que ha permitido que explotara el escándalo de la corruptela" (2). Las evidencias del empantanamiento del gobierno aliancista y la disgregación del peronismo son anteriores al escándalo. Las rivalidades internas en el peronismo eran harto conocidas, lo mismo que los operativos contra Alvarez y contra Machinea. Había intentos desde el propio oficialismo para voltear el gabinete y llevar a un Broda al Ministerio de Economía. En el peronismo, la sucesión de Menem se estaba poniendo más complicada, mientras el propio Menem conspiraba con su planteo de dolarización. Los bancos enfrentaban al llamado 'grupo productivo' y viceversa. Descomposición del régimen constitucional "Los sucesos del Senado -dice un proyecto de declaración presentado por el Partiodo Obrero en la Legislatura- constituyen una suerte de fase final en el proceso de descomposición del régimen constitucional que se pretendió restaurar en 1983. En las filas activas de esta descomposición militan desde hace largo tiempo el Poder Judicial, denunciado por innumerables encubrimientos y complicidades con el delito; las Fuerzas Armadas, cuyos mandos continúan protegiendo a los genocidas de la dictadura y realizan una implacable acción contra las tentativas de esclarecer los crímenes cometidos entre 1974 y 1983; la policía del gatillo fácil, la Bonaerense, la vinculada al atentado a la Amia y la denunciada en múltiples oportunidades por las llamadas cámaras ocultas en su complicidad con el delito e incluso en su organización; y finalmente la propia burocracia del Estado, como se ha visto reflejado en el proceso de las privatizaciones, en el Pami, en el 'affaire' IBM-Banco Nación, en los decretos que autorizaban la exportación de un oro que Argentina no producía, en los canjes de títulos de la deuda pública que aumentan el endeudamiento nacional y mejoran las cotizaciones de los bonos en beneficio exclusivo de la banca que los tienen especulativamente en su cartera (como ocurriera recientemente con el canje de los Brady); la lista es enorme y hasta podría ser infinita. (…) los sucesos del Senado constituyen, por sobre todo, una manifestación última del fracaso de la restauración constitucional que comenzó en 1983. Una restauración que partió de reconocer la continuidad jurídica con la dictadura militar, incluido su Poder Judicial, así como de sus compromisos financieros internacionales. Una llamada democracia que no solamente se negó a investigar la formación de la deuda externa y su estatización, sino que por medio de la emisión de pagarés, títulos y bonos, inició en 1985 el proceso de borrar las trazas de la gestación de la deuda hasta convertirla en una masa anónima de bonos con derecho a 150.000 millones de dólares del patrimonio nacional y, más importante aun, con derecho a fijar la política económica de la Nación. Un régimen político que tiene su política económica determinada en el extranjero, está vaciado de cualquier contenido y debe obligadamente transformarse en un cascarón de prebendas, como hoy lo testimonia el Senado. Para llegar al presente estado de putrefacción, las instituciones del Estado y sus partidos debieron antes abdicar de todas sus responsabilidades democráticas y actuar como correas de transmisión de los intereses de los pulpos capitalistas. Es este régimen el que abdicó de la justicia con la sanción de la Obediencia Debida, el Punto Final y el Indulto, y el que, en supremo acto de hipocresía, decretó luego la nulidad de la Obediencia Debida de cara al futuro, otorgándole con ello una legitimidad histórica que hasta entonces nunca había tenido. "La experiencia de los últimos veinte años vuelve a confirmar que la entreguista burguesía nacional y el régimen capitalista como tal, son incapaces de viabilizar un régimen efectivamente democrático". (3) La renuncia de Chacho Alvarez En un reunión organizada por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires con la presencia de los tres senadores de la Capital -el menemista Corach, el frepasista Del Piero y radical García Arecha- Jorge Altamira pronosticó que la incapacidad de los partidos y las instituciones para darle una salida a la crisis planteada por las denuncias de coimas en el Senado conducía, inevitablemente, a un "estallido político general". El diario La Nación reprodujo estas declaraciones en forma parcial y distorsionada pero los acontecimientos demostraron que era un pronóstico realista. Apenas un mes después de iniciada la crisis en el Senado, se produjo ese "estallido político general": el 5 de octubre De la Rúa dio un virtual golpe de Estado al despedir al Jefe de Gabinete Terragno y al ministro Gallo y confirmar a Fernando Santibáñez como jefe de la Side y hasta ascender a Alberto Flamarique, los dos principales sospechosos de haber coimeado a los senadores; al día siguiente renunció Chacho Alvarez a la vicepresidencia. La renuncia de Chacho Alvarez expresó que el gobierno de la Alianza, como planteo estratégico, no había resistido una experiencia de gobierno. El pacto entre los representantes del progresismo pequeño burgués y los viejos mascarones del capitalismo nativo naufragó sin remedio. La mimetización criolla a la 'tercera vía' concluyó en un fiasco todavía más vertiginoso que la original. La lección de esta crisis es que las masas populares necesitan, para salir adelante, un liderazgo obrero de contenido socialista. El cambio de gabinete que provocó la renuncia de Chacho Alvarez dejó al desnudo el enorme compromiso de la camarilla presidencial con la corruptela descubierta en el Senado y con muchas otras. El recambio ministerial fue una operación de los servicios, para salvar a De la Rúa de las derivaciones de la crisis del Senado, operación en la que intervinieron el menemismo y el nosiglismo radical. Con el recambio de gabinete salieron favorecidos un conjunto de intereses capitalistas particulares. El nombramiento de Cristian Colombo, presidente del Banco Nación, como Jefe de Gabinete, es un salvavidas para el grupo Yoma (y un puente a todos los "negocios" del menemismo). Según Juan Aleman (4), Nicolás Gallo fue echado del gabinete por la presión de los grupos que se beneficiaron con las privatizaciones ferroviarias. El despido de Gallo, además, beneficiaba a los pulpos aerocomerciales internacionales, en particular norteamericanos, que quieren desplazar a Iberia-Aerolíneas del mercado local. (5) Con el reemplazo de Melchor Posse por Bullrich, salieron beneficiadas las AFJP y las ART, ya que el radical era partidario de la posibilidad de que se pudiera volver al sistema estatal de jubilación, en un caso, y de que los trabajadores pudieran recurrir a la justicia civil en caso de accidentes (6). Chacho Alvarez no pudo declararse sorprendido por el cambio de ministros, ni por las coimas. A fines de setiembre, los diputados del Frepaso en la Comisión de Juicio Político, como Nilda Garré, habían rechazado el enjuiciamiento de Flamarique, ¡propuesto por el peronismo!; Juan Pablo Cafiero defendió esta posición públicamente. Y antes aun, Chacho y el Frepaso habían impulsado con éxito la reforma de los fueros parlamentarios para que los senadores y funcionarios pudieran continuar con la augusta labor parlamentaria de votar las leyes que pide el FMI, incluso mientras eran enjuiciados. Chacho renunció sin romper el pacto de gobierno. Dio un paso al costado para sortear las contradicciones insalvables de la camarilla presidencial con la base electoral que había llevado a la Alianza al gobierno. La renuncia de Alvarez fue un último recurso para evitar el hundimiento del gobierno y la convocatoria a elecciones generales anticipadas. El derrumbe de la Alianza tuvo otra manifestación en la Provincia de Buenos Aires, donde tanto frepasistas como radicales están comprometidos por las denuncias de corupción en el manejo de los "fondos reservados" de la Legislatura. Antes, De la Rúa había acordado con Ruckauf la privatización del recupero de la cartera de morosos impositivos de la provincia, a favor de los bancos. Esta medida amenaza provocar un remate de las viviendas de numerosas personas agobiadas por la recesión económica, los gravámenes inmobiliarios y el impresionante aumento de las tarifas de gas, luz y agua. Cesación de pagos El desmoronamiento político del gobierno aliancista está vinculado a la cesación de pagos de Argentina. Para conseguir fondos para hacer frente a los pagos de la deuda externa, el gobierno argentino ha tenido que colocar bonos de deuda pública entre los bancos locales y las AFJP a tasas del 16% anual, o sea 10 puntos por encima del 6% que pagan los títulos del Tesoro norteamericano, es decir un 170% más caro. La colocación se interpretó como un preludio de la declaración de bancarrota. Según Juan Alemann, "en círculos financieros internacionales está corriendo la versión de que la Argentina se acerca inexorablemente a la cesación de pagos" (7). Otra evidencia son las enormes caídas de valuaciones accionarias (equivalentes a 5.000 millones de dólares en un solo día) que sufrieron los bancos Bilbao Vizcaya y Santander debido a "rumores acerca de una hipotética suspensión de pagos de la deuda externa argentina" (8). El conjunto de la deuda pública es superior a los 160.000 millones, con vencimientos por capital e interés en el 2001 de cerca de 30.000 millones de dólares. La deuda externa privada, que era virtualmente nula en 1990, asciende ya a los 60.000 millones de dólares. Sólo en los últimos dos meses de este año tiene vencimientos por casi dos mil millones. La Fundación Capital, que brinda esta información, dice que "resulta altamente probable que se tengan dificultades en la posibilidad de colocar bonos en los mercados internacionales hasta fines de año, con lo cual la mayoría de las empresas no podrá continuar con el mecanismo habitualmente utilizado que consiste en afrontar vencimientos con fondos frescos logrados mediante el lanzamiento de un nuevo título" (9). Para los que creen que la insolvencia es patrimonio del Estado, es claro que la amenaza de bancarrota es mayor en los capitalistas privados. El 65% de la deuda privada está contraída por los bancos. El hecho de que los bancos se encuentren mayoritariamente extranjerizados no significa que se financien con recursos de sus casas matrices, como se sostuvo a la hora de entregarlos a manos extranjeras, porque incluso esas casas matrices son las mayores deudoras capitalistas en el mercado mundial. Es decir que la extranjerización ha potenciado y de ningún modo atenuado la posibilidad de una bancarrota financiera. Estas sucursales, en virtud de las regulaciones bancarias internacionales, no están habilitadas para obtener un socorro del exterior a partir del momento en que las consultoras internacionales redujeron la calificación de riesgo de Argentina como consecuencia de su deuda elevada y de la concentración de su pago en el corto plazo (10). Ubicada la cesación de pagos en el marco de la economía internacional resulta que "el incremento de la tasa de interés norteamericana ha liquidado para siempre las posibilidades de las políticas de ajuste deflacionario en América Latina La devaluación brasileña y la dolarización ecuatoriana han sido la manfiestación más aguda de esta completa crisis del mal llamado modelo neoliberal. Ahora se encuentran en vías de desenlace las crisis de esas políticas económicas en Argentina, Colombia y Perú, y en los tres casos combinadas con crisis políticas que se encuentran en diferentes estadios de desarrollo." (11) Pedro Pou, presidente del Banco Central, dejó en claro la inutilidad de la 'terapia' fiscal con la que la Alianza pretendía resolver la cesación de pagos de Argentina, al señalar que una sobretasa de 600 puntos en los intereses de la deuda, como se venía pagando en setiembre/principios de octubre, equivalía al 1,5% del PBI, o sea unos 4.500 millones de dólares, lo cual duplica el déficit previsto en el presupuesto del 2001. Desde mediados de octubre esa sobretasa subió a un rango de 800 a 1.000 puntos, con un aumento potencial de la carga financiera por intereses de alrededor de nueve mil millones de dólares. Esto no se arregla con medidas fiscales. Crisis internacional La causa precipitante de la crisis argentina es la generalización de la insolvencia de importantes pulpos de nivel internacional, que hoy están pagando por sus propias deudas una sobretasa de interés del mismo rango que los llamados 'países emergentes'. En el plano internacional, crecen los ceses de pagos de las grandes empresas, cuya relación deuda/patrimonio supera el 100%. La deuda del gigante de las telecomunicaciones, AT&T, pasó de siete mil millones de dólares a 66 mil millones desde 1996 a la fecha. Las deudas internacionales de riesgo están pagando tasas de interés un 80 a 100% superiores a los títulos del Tesoro de los Estados Unidos, en tanto que los pulpos más solventes deben pagar un diferencial del 33%. De acuerdo al último informe del FMI, la sobretasa de los "bonos de riesgo" de las grandes empresas internacionales, como por ejemplo el pulpo Telekom de Alemania, pasó de 435 puntos a fines del '99 a 793 puntos en octubre último (12). El derrumbe de los valores de la deuda mundial, con la consiguiente suba de las tasas de interés, es un factor de primer orden en la determinación de la cesación de pagos de Argentina. Según el FMI, la parte más importante del mayor endeudamiento capitalista fue usado para adquirir empresas rivales o recomprar acciones propias -con el objetivo, en todos los casos, de elevar los beneficios de los poseedores de acciones-. Ahora, con la desaceleración económica en Estados Unidos, el aumento del precio del petróleo, el retroceso del euro y las caídas en Asia (quiebra de Daewoo y Hyundai), los prestamistas son renuentes a refinanciar a los grupos altamente endeudados. "El informe del FMI confirma un escenario en que el factor fundamental no es la Argentina sino la economía norteamericana" (13). Uno de los sectores más comprometidos con la crisis financiera es el de los bancos norteamericanos, que tomaron una enorme deuda para especular con la suba de Wall Street y se encuentran ahora con una caída en picada de las acciones que cotizan en la Bolsa (el índice de valores tecnológicos de Estados Unidos cayó por debajo de los 3.000 puntos, un 40% de desvalorización sobre los 5.000 de principios de año). Ha trascendido la posibilidad de la quiebra de la financiera norteamericana Finova, que tiene una cartera de activos de 13 mil millones dólares y que amenaza con dejar impagos unos 7 mil millones de deuda, en lo que sería "el mayor incumplimiento de pagos desde la Depresión de los años '30" (14). La deuda de Finova se está cotizando al 55% de su valor, por debajo incluso de la deuda argentina. Esta situación ha creado una amenaza de crac financiero para el conjunto de la Unión Europea, que ha sido la principal fuente de financiamiento de la deuda norteamericana en los últimos dos años y es la razón de la devaluación de su moneda, el euro. A la luz de esto se explica que un diario financiero opine que "un incumplimiento de pagos (de la Argentina) sería desastroso para la región" (15). En Brasil se verifica un cierre del mercado internacional de crédito, aunque un director de banco opina que la principal amenaza no viene de la Argentina sino de "las empresas norteamericanas de segunda línea que están pagando sobretasas de 600 puntos" (16). "Pero si los problemas se intensifican, los países del este de Europa y de Asia podrían también verse afectados por una reducción de la demanda de los inversores" (17). De acuerdo a un diario financiero británico, ha comenzado una especulación contra el peso. Del otro lado del hemisferio, en Sudáfrica, ha comenzado también una acelerada devaluación de la moneda por las mismas razones que se alegan para la Argentina -falta de crecimiento económico (18). "La deuda argentina representa entre un cuarto y un quinto de toda la deuda comercializable de los países emergentes (…). Si Argentina no cumpliera con sus obligaciones, el efecto resultante puede eclipsar incluso el pánico financiero producido por la cesación de pagos de Rusia hace dos años" (…) una bancarrota argentina "pondría fin a los mercados emergentes tal como los conocemos ahora". Un economista del ABN Amro apunta que "la vulnerabilidad de la Argentina en mercado de renta fija es enorme relativamente a lo que era en Rusia" (19). "El método que pone al desnudo la conexión de la bancarrota argentina con la tendencia a la bancarrota generalizada del capitalismo 'global' -en primer lugar del más desarrollado y parasitario, el norteamericano-, y de la actual etapa con aquellas que la precedieron, pone también de manifiesto el carácter histórico de la presente crisis, o sea que ella no responde a las limitaciones de una u otra modalidad del capital, que no se restringe a las particularidades de este o aquel país o de este o aquel régimen político, sino que es el resultado de la maduración del conjunto de las relaciones sociales, una maduración que toma ya la forma concreta de bancarrotas generalizadas, crisis políticas, luchas de masas e incluso guerras de alcance internacional" (20). Lucha de buitres La crisis ha abierto una lucha a muerte entre los principales grupos capitalistas. Mientras que el llamado "grupo productivo" encabezado por Techint creía haber impuesto su posición de que la plata de las AFJP y de los préstamos internacionales fueran a financiar su llamado "plan de infraestructura", "algunos bancos extranjeros quieren que los préstamos… sean sólo para respaldar el pago de la deuda" (21). De aquí resulta que el 'rescate preventivo', que incluye dinero de las AFJP, no es más que una maniobra para matar en la raíz el planteo fundamental que había hecho 'la patria contratista' de la Unión Industrial. En efecto, el nuevo planteo del gobierno de autorizar a las AFJP a comprar más títulos del Estado para respaldar el pago de la deuda externa, liquida el planteo de reactivación de los grupos industriales. Los buitres ya se han visto gastando dos veces la plata de los aportes jubilatorios privatizados aun antes de haber sido autorizados a ello. Ambito Financiero da cuenta de una reunión de los buitres de ambos campos en el Hilton, en donde no lograron ponerse de acuerdo. Varios empresarios calificaron de fracaso la reunión patronal de Mar del Plata. Es decir que cuando los diarios dicen que la crisis es "política" antes que económica, están aludiendo a una división dentro del gobierno y del justicialismo que refleja la división del conjunto de la patronal local, tanto nacional como extranjera. A la luz de esto se entiende que el paquete lanzado por De la Rúa-Colombo-Machinea no tenga nada que ver con bajar el déficit fiscal -incluso prevé violar la ley de solvencia fiscal y llevar la previsión del déficit de 4.500 a 6.300 millones de pesos-. A lo que apunta es a entregar el gerenciamiento del Pami a los bancos; a privatizar la recaudación, también en beneficio de los bancos; a reemplazar a la ANSeS por las AFJP en el control de inscripción de aportistas -es decir que son medidas que entregan nuevos resortes de control político-económico a los agentes de los acreedores internacionales; a liquidar la Prestación Básica que cobran los jubilados. Esto, lejos de atenuar la crisis, habrá de agravarla. Obviamente, la disputa por los fondos de las AFJP se convierte necesariamente en disputa por el poder. A William Rhodes, presidente del Citibank, se le adjudica una gestión en el país para que De la Rúa continúe al frente del gobierno. En el coloquio de Idea, en Mar del Plata, se oyó hablar de golpe de Estado. El agotamiento del ajuste arrastra al régimen que lo prohijó como vía para satisfacer a los usureros internacionales. La crisis del Senado desemboca ahora, entonces, en una crisis más general. "Blindaje" Se ha tenido que recurrir a un "blindaje" financiero organizado por el FMI para contener la cesación de pagos. Para esto, se pretende anular la PBU jubilatoria, reduciendo las jubilaciones entre el 15 y el 35 por ciento. El objetivo de obtener el famoso "blindaje" ha justificado atropellos de todo orden. Lo que demuestra que no es cierto que la crisis política ha provocado el derrumbe de la deuda pública, sino que son este derrumbe y las exigencias del FMI los que han provocado la crisis política. El "pacto fiscal" establece el congelamiento de las transferencias de dinero que el gobierno nacional debe realizar a las provincias en concepto de coparticipación federal. Este "pacto", que era una de las exigencias del FMI para conceder el famoso "blindaje", tiene dos objetivos: el primero, liberar dinero para que el gobierno nacional pueda renovar el financiamiento con la banca internacional; el segundo, obligar a las provincias a privatizar todo lo que tienen y a destinar lo que recauden por ello al pago de la deuda que tienen con los bancos locales y del exterior por un monto cercano a los 20.000 millones de dólares. El trámite de la firma de este "pacto" sirve para establecer una clarificación política. Ruckauf y los gobernadores peronistas recibieron una desembozada presión del Banco Mundial y del BID, que amenazaron con cortarle las líneas de créditos. La banca internacional y buena parte de la banca local e incluso el cavallismo, apoyaron a De La Rúa contra Ruckauf. El hecho pone de manifiesto que en medio de la cesación de pagos y la huelga general, la opción más adecuada de que disponen los banqueros es la Alianza, o para decirlo mejor, la necesidad de que el Frepaso continúe en el gobierno. "O sea que el Tesoro norteamericano sigue siendo centroizquierdista" (22) El Frepaso, para apoyar el "blindaje" votó el presupuesto nacional que mantiene la rebaja salarial, impulsa el desguace del Pami, prevé 'ahorros' en concepto de menores jubilaciones, admite un déficit mayor debido a la reducción del impuesto a los intereses que pagan las empresas y tiene un diseño general de ajuste del gasto social. Salta a la vista que, como denunció el Partido Obrero, Alvarez renunció para que De la Rúa pudiera seguir llevando adelante su política. Pero el carácter internacional de la bancarrota argentina está diciendo claramente que no puede ser superada por un rescate financiero preventivo, porque incluso en el mejor de los casos siguen en pie todos los factores fundamentales de la crisis, en especial la tendencia a la cesación de pagos de numerosos pulpos capitalistas y de otras naciones altamente endeudadas. Esto explica la demora en la definición del "blindaje". La Argentina, por otra parte, ya tiene otra clase de 'blindajes', como reservas de liquidez y un crédito abierto del propio FMI, que no han servido, sin embargo, para evitar la quiebra. Por último, parece haberse olvidado muy rápidamente que el 'paquete preventivo' con el que el FMI intentó 'rescatar' a Brasil a fines de 1998 concluyó en la devaluación brasileña de principios del '99, y que el crédito a Rusia, a fines de julio del '98, terminó en la debacle de agosto de ese año. Por eso, el 'rescate preventivo' para la Argentina, de parte del FMI, es "un asunto espinoso" (23). El propio vicepresidente del FMI, Stanley Fischer, ha demostrado que el "blindaje" no blinda nada, o mejor, que es un "blindaje" para los especuladores internacionales que quieran retirar capitales anticipandose a una devaluación. Fischer dijo sin ambigüedades que "el país no debe tener expectativas de utilizar los desembolsos" (24). Para Fischer, el crédito del FMI tiene otra función, la de servir para que la Argentina consiga otros "blindajes", que provengan de los acreedores internacionales, mediante diversos tipos de acuerdos que se activarían en caso de una crisis financiera generalizada. En última instancia, el FMI está planteando una suerte de renegociación de la deuda externa, la cual vendría recargada con nuevas exigencias fuertes de los acreedores -como podría ser la privatización del Banco Nación. El planteamiento de Fischer de una reprogramación del pago de la deuda externa, desnuda un choque entre la banca internacional y el Fondo Monetario, similar al que se produjo en Ecuador alrededor de la moratoria de parte de sus títulos de deuda externa (que el FMI respaldó y los acreedores repudiaron) y que terminó llevando a la declaración formal de bancarrota de ese país a principios de año. Este choque se convierte en un fuerte elemento adicional de la crisis argentina. "¿Pero puede la Alianza sobrevivir a la cesación de pagos? La experiencia internacional es ambivalente. En Brasil, Cardoso quedó para contarlo, lo mismo es Corea del Sur; en Indonesia, en cambio, a Suharto se lo tragó el tifón, y en Rusia, Yeltsin le tuvo que dejar el mando a Putin. De todos modos, si la cesación de pagos se lleva al gobierno de la Alianza, la emergencia de un gobierno de unidad nacional que reúna también al cavallismo y a las numerosas variantes del peronismo, debutará con una enorme debilidad frente a un movimiento de masas populares en ascenso" (25). La imagen idílica de un capitalismo que quiere que el Estado reduzca sus gastos para incentivar la inversión y el empleo, no tiene ningún fundamento en la realidad. Asistimos a una lucha de buitres que no repara en producir con ello una fuerte disolución de las relaciones sociales y un brutal emprobrecimiento de las masas. "Argentina Piquetera" El problema más serio que tienen por delante los explotadores capitalistas va más allá de una crisis financiera terminal y de la fractura mortal que los divide. En cualquiera de los casos, están condicionados a la emergencia de la "Argentina piquetera". "Nuestro problema -le habría dicho hace poco Santibañes a su compinche De la Rúa- es que las políticas económicas necesarias son contrarias a las condiciones políticas actuales". El piquete obrero fue el gran protagonista de la enorme huelga general del 23 y 24 de noviembre. Fue el principal elemento de la huelga, ya que obligó a levantar los servicios ferroviarios y a cerrar decenas de supermercados en todo el país. Fueron los piquetes y los cortes de ruta de los desocupados en La Matanza, en el sur del Gran Buenos Aires, en San Fernando, de los choferes de distintas líneas del Gran Buenos Aires, y el gran piquete que llevó a la pueblada de Tartagal y Mosconi después del asesinato del piquetero Aníbal Verón los que abrieron la tendencia hacia la huelga general. El piquete recupera y desarrolla a una escala nunca vista antes, un método de lucha histórico de la clase obrera y una tradición del proletariado argentino. La rápida 'apropiación' de este método de lucha por los más diversos sectores de la clase obrera argentina e incluso de la clase media, está demostrando que la clase obrera está dispuesta a jugar su rol histórico. El florecimiento de los piquetes confirman que cada generación obrera no empieza 'de cero' sino que toma como propia la experiencia de las generaciones pasadas. El piquete hace su aparición en los cortes de ruta de los desocupados pero también aparece en los grandes conflictos obreros, como la lucha de Atlántida o la lucha de la pesca en Mar del Plata. Adquiere un protagonismo netamente proletario y político en la huelga de la empresa de transportes La Internacional y en la huelga general del 9 de junio. En esa ocasión, la editorial de Prensa Obrera, titulada "Elogio de los piquetes y los cortes de ruta", analizaba el significado político de su reaparición masiva. "La huelga es un movimiento colectivo y sólo puede existir como tal frente a los poderes coactivos de la patronal. La resistencia individual del trabajador es castigada con el despido y hasta con la lista negra; por eso esa resistencia debe ser colectiva una vez que ha sido decidida en forma mayoritaria. Al poder que le da al patrón su monopolio de los medios de producción o de trabajo, los obreros sólo pueden oponer el poder de su unidad en la acción. La función de los piquetes y de los cortes de calles y rutas es asegurar la primacía de esa voluntad colectiva. El derecho de huelga de cada trabajador, tomado individualmente, es defendido por la acción coactiva de los piquetes en las calles, puertas de fábricas y rutas. "El piquete tiene la gran virtud de que transforma la adhesión a una huelga, de pasiva y hasta rutinaria, en conciente. La diferencia no es menor porque equivale a preparar a los trabajadores para poner en pie su propio gobierno. Un gobierno de trabajadores significará una participación sin precedentes históricos del trabajador en la cosa pública. Los demócratas repudian los piquetes pretendiendo ignorar que son los piquetes los que gestan la verdadera ciudadanía. "El piquete tiene la capacidad pedagógica de demostrar que la sociedad capitalista no es un sistema abstracto de derechos y deberes, sino un sistema de fuerza y coacción contra los trabajadores. Para superar a esa sociedad violenta será necesario quebrar con la fuerza esa capacidad de opresión, explotación y represión del capitalismo. El piquete es una forma suprema de la solidaridad social, que va más allá de la camaradería y el apoyo recíproco entre los piqueteros, pues convoca a todos los explotados a tomar el destino en su propias manos. Un gobierno de trabajadores será, en definitiva, un gigantesco piquete obrero destinado a alumbrar el surgimiento de una nueva sociedad" (26). El papel central de los piquetes en las grandes movilizaciones del último período está indicando el surgimiento de una nueva camada de dirigentes y de nuevas direcciones. El caso más destacado es el de las Comisiones de Piqueteros de Tartagal, Mosconi, Aguaray y Pocitos. Estas Comisiones dirigieron los dos grandes cortes de ruta y puebladas de mayo (cuando, después de la represión, 10.000 trabajadores expulsaron a la Gendarmería de la ruta) y de noviembre (en la que fue asesinado Aníbal Verón). En base a estas dos grandes experiencias de movilización popular, los piqueteros del norte salteño han llegado a la conclusión política de que es necesaria una política de conjunto para enfrentar la ofensiva gubernamental y han convocado a las Comisiones de Desocupados de todo el país a realizar un Congreso Nacional de Trabajadores y Desocupados. La maduración política de una nueva camada de dirigentes y activistas se manifiesta, también, en algunos resonantes conquistas antiburocráticas de los últimos meses, como la recuperación del Sindicato del Pescado de Mar del Plata, la elección de una Comisión Interna antiburocrática en Clarín (aunque luego fue despedida por la patronal con la complicidad de la burocracia sindical) o la conquista de la CTA santacruceño por el clasismo. Burocracia sindical: programa y política La caracterización de conjunto de la situación -quiebra financiera termninal, crisis política de fondo, ascenso de las luchas obreras que buscan una salida de conjunto a la situación desesperante a que han sido arrastradas- hacen saltar inmediatamente las limitaciones insuperables del programa y de la política de las direcciones sindicales. El programa de la CTA, que sirvió de base a la convocatoria de la llamada "Marcha Grande por el Trabajo", entre fines de julio y el 9 de agosto, y a su campaña por un millón de firmas por un "programa económico alternativo", tiene como principal reivindicación "un seguro de empleo y formación de 380 pesos para todo jefe de familia desocupado". La CTA se propone corregir el rumbo del gobierno, ofreciendo un camino alternativo al llamado "ajuste perpetuo" y acentúa el tema de la "propuesta" en detrimento de un plan de lucha que haga retroceder al gobierno en las medidas que ya ha tomado. El "programa de emergencia" de la central 'alternativa' abarca tres áreas, a saber: una de circuitos económicos de emergencia (donde inscribe su propuesta de un seguro de empleo y formación para los desocupados que sean jefes de familia); otra de economía pública que se asemeja a los "presupuestos participativos" del municipio petista de Porto Alegre; y un área de economía privada donde el Estado debería regular a las empresas monópolicas y privatizadas e imponer una reforma tributaria para "poner fin a la regresividad distributiva". Todo su programa gira en torno a la idea de que hay que oponer al capitalismo "espúreo" o financiero-rentista-especulativo, un capitalismo productivo que se preocupe también por la "eficiencia social" (salud, educación, formación y calificación del trabajador). En este esquema de control y regulación del capital especulativo, vía la aplicación de mayores impuestos, se ha abandonado hasta la más elemental idea de nacionalización o renacionalización de las empresas privatizadas, de nacionalización y control del comercio exterior o de desconocimiento y repudio de la usuraria deuda externa, o sea de control del proceso de la producción. El 'modelo' se entusiasma con una cooperación regional de las empresas que "sustituya la competencia despiadada", o sea con la posibilidad de un capitalismo regulado y ordenado, despojado de sus crisis y choques. Para los técnicos de la CTA, dirigidos por el economista Lozano, el momento histórico presente se caracteriza por "la nueva base tecnológica que requiere de fuerza de trabajo altamente calificada". Se trata, por lo tanto, de regular las condiciones para que el capital "haga uso de las potencialidades de la revolución tecnológica". Lozano y la CTA enmascaran el hecho fundamental de que, bajo el capitalismo, el avance tecnológico produce la desvalorización relativa de la fuerza de trabajo y la descalificación del obrero individual. Es de este modo que la tecnología alcanza el objetivo capitalista de aumentar la tasa de explotación (plusvalía). Pero además, asistimos, en el marco de una gigantesca sobreacumulación de capital mundial, a una colosal descalificación de los trabajadores, e incluso al alargamiento de la jornada de trabajo, la reducción directa de sueldos, la eliminación de beneficios y conquistas y las formas más retrógradas de acumulación capitalista. ¿Cómo sería el "shock redistributivo" que propone la CTA? La central 'alternativa' coloca el "seguro de empleo y formación" para los jefes de familia desocupados dentro de una propuesta de "circuito económico de emergencia" que debería integrar "todo el gasto social". Es decir que el seguro de "empleo y formación" unificaría todos los planes de asistencia y de 'empleos' transitorios. Pero, ¿por qué la CTA llama seguro de empleo y formación a lo que debería ser un seguro de desempleo? La respuesta está en el propio folleto (27), cuando se señala que cada municipio hará un relevamiento de los recursos humanos ociosos (fundamentalmente jefes de hogar) y de la "oferta productiva que se encuentre en situación crítica o de paro forzado" (pequeños y medianos empresarios, microempresas, Ongs, etc.). Es decir que la CTA pretende empalmar al capital en quiebra y a los trabajadores desocupados a razón de 380 pesos por obrero. Es decir, que establece la tarifa de la superexplotación. La CTA se enorgullece con sus 380 pesos de seguro de empleo y formación porque, dice, supera el salario mínimo, sin reparar que el salario mínimo ha dejado de existir en Argentina desde 1990 y que hoy no podría ser inferior a los 600 pesos. La CTA desestima la reivindicación de llevar el salario mínimo a ese nivel porque, dice, sólo beneficiaría a una minoría ocupada. La verdad es muy distinta: los 380 pesos están diseñados como un nuevo techo o tope salarial, y esto en condiciones de super flexibilización e inestabilidad permanente. Un negocio para las empresas y una desgracia para los trabajadores. Por otra parte, la elevación del haber mínimo jubilatorio a 450 pesos mensuales no está planteada sino en forma gradual, en tres etapas, y sujeta a a la obtención de una financiación subsidiada. En el capítulo sobre el financiamiento de este plan de "seguro de empleo y formación", la CTA se propone gravar a las empresas privatizadas y a los concesionarios de peajes, de ferrocarriles y de canales fluviales privatizados. A la vez, dispondría un tratamiento fiscal diferencial para las Pymes a "fin de preservar las fuentes de trabajo". Ahora bien, ¿hasta qué punto esta propuesta es propia de la CTA? Según la prensa (28), la UIA, como parte del Grupo Productivo que integra con las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y los empresarios de la construcción, también tiene una propuesta para "salir de la recesión y reactivar el mercado interno", antes de que "la crisis económica devenga en social y ambas lleven a una crisis política". También la UIA quiere gravar a los supermercados, empresas privatizadas y de servicios, para formar un "fondo de ingreso mensual para los jefes de familia". También la UIA quiere imponer un techo salarial. "El 'shock redistributivo' de la CTA empalma con la propuesta patronal de la UIA y de Techint. La CTA está condicionada por el frente patronal. En toda la política de la CTA no hay una pizca de independencia obrera. Vehiculiza de un lado la política del ajuste (eliminación de todos los planes sociales en beneficio de un área única o circuito para la emergencia social), y es portavoz, por otro lado, de los planteos de la Unión Industrial y de los capitalistas del 'Grupo Productivo'…" (29) También la "propuesta económica" de la CGT Moyano empalma con los planteos del "Grupo Productivo" de la UIA. Denomina "shock de demanda" a una recomposición salarial del orden del 6 al 8% anual sin siquiera molestarse en considerar que bajo el sistema actual de flexibilidad horaria y de los ritmos de trabajo, y de rotación laboral, incluso esos aumentos ridículos podrían ser fácilmente desconocidos por cualquier patronal. El proyecto no dice nada, sin embargo, de imponer compulsivamente el cumplimiento de la jornada de ocho horas, ni de derogar la reforma laboral que autoriza el trabajo a prueba por un año y da piedra libre a las patronales en materia de condiciones laborales. Al ritmo del 6/8% anual no alcanzaría una década para recuperar los niveles salariales previos a la hiper alfonsinista, ni un cuarto de siglo para alcanzar los de 1975. Más grave, si cabe, esos porcentajes contrastan con el incremento de la productividad del trabajo en la industria y los servicios en la última década, que fue en promedio de más del 150%. ¿Pero antes que todo esto no habría que derogar las rebajas salariales recientemente decretadas por el ajuste? Antes de ir por más, habría que recuperar lo menos. El shock de demanda también propone un subsidio de 350 pesos para el millón de jefes de familia desocupados. Deja afuera, por lo tanto, a otro millón de desocupados y a dos millones de los llamados sub-ocupados. El gasto estatal que supone este subsidio equivale a la suma de los actuales planes Trabajar, otros planes asistenciales, las asignaciones familiares y el seguro al desempleo. En la práctica no significa ninguna transferencia de ingresos para los desocupados, pero sí un pingüe negocio para los capitalistas, que dejarían de pagar algunas de esas cargas sociales. A guisa de un beneficio para desempleados le han metido a Moyano un negociado para patronales 'nacionales'. El programa de la CGT sólo habla de las AFJPs, que se llevan anualmente en forma compulsiva casi 3.000 millones de pesos de los trabajadores, cuando propone aumentar los aportes patronales a empresas de servicios y bancos. Pero la UIA sí ha hecho saber que desea que se legisle para que los fondos de las AFJP sean invertidos "en la producción". Los bancos tienen sus propias ambiciones -que se dediquen a comprar sus carteras de créditos hipotecarios. Tanto estas propuestas como el procedimiento actual de que inviertan en acciones o títulos públicos, significarán la pérdida, a término, del dinero que allí están acumulando los trabajadores. Lo que la CGT hubiera debido reclamar es la transferencia de las AFJP al Estado y que las jubilaciones sean administradas por trabajadores y jubilados. Ni el programa de la CTA ni el de la CGT Moyano resuelven el menor de los problemas de los trabajadores, pero sí servirán cuando sea debidamente "licuado" en la concertación con la UIA, para viabilizar la política de los capitanes de la industria y del campo, que piden subsidios y protección. Con estos planteos programáticos, no es de extrañar que Moyano y De Gennaro, por ejemplo, han decidido lanzar una huelga de 36 horas que coincide con el retroceso que sus aliados del 'grupo productivo' que dirige Techint han sufrido a partir de las negociaciones por el "blindaje". Pero más importante que esto es que el llamado a parar está apoyado en el planteo vago de "cambiar el modelo" y no en una estrategia política independiente de la clase obrera y las masas. Los trabajadores son convidados a hacer de furgón de cola de un supuesto nuevo 'modelo', cuyo contenido lo acabará fijando un sector de la gran patronal, y no a establecer un programa propio y una organización alternativa capaz de asegurar la unidad en la lucha y de ser, como consecuencia de esa lucha organizada sobre nuevas bases, una alternativa de poder. Toda la política de la burocracia está determinada por su subordinación a los dictados de la política de la patronal 'productiva'. Después de la primera movilización contra los proyectos de reforma laboral, el 24 de febrero, la dirección moyanista planteó "cambiar el modelo" por medio de la concertación. Así pasó la reforma laboral. Después del paro del 9 de junio, otro "llamado a la concertación" que sirvió para que pasara la rebaja salarial. Lo mismo han vuelto a hacer después del enorme paro de 36 horas. Así pasarán la rebaja jubilatoria y el boletazo. La política de 'cambiar el modelo' a través de la "concertación", en lugar de la lucha firme hasta arrancar las reivindicaciones, se ha convertido en una contraseña para que el gobierno y las patronales sigan golpeando. Por una salida obrera a la crisis Las burocracias sindicales llaman a la "concertación" justamente cuando la experiencia de las luchas del último período, y en particular de los últimos meses, muestran la impostergable necesidad de una lucha de conjunto y de una política independiente. El levantamiento del corte de la Ruta 3, a mediados de noviembre, desconociendo el impulso que había dado a otros numerosos cortes de ruta, dejó aislados a todos los demás y contribuyó para que el gobierno zafara de la emergencia. No se trata de proponer una escalada de cortes de ruta, unos aislados de los otros, con la sola reivindicación de planes 'Trabajar' ("por diez, mil Matanzas", propone el Pcr-Ptp), sino de una política de conjunto. Reclamar una huelga general activa no ya de 36 sino de 72 horas y un plan de lucha hasta arrancar la derogación de la rebaja salarial, de la reforma laboral, de la rebaja de las jubilaciones y de todas las medidas antiobreras en marcha. Convocar a un congreso nacional de desocupados y un congreso obrero de bases porque necesitamos la deliberación de las decenas de miles de piqueteros que han protagonizado los grandes movimientos de lucha de los últimos tiempos, para impulsar la huelga general indefinida, para elaborar un plan económico de conjunto de la clase obrera y para convertir a la clase obrera en dirección política de los explotados (y no en el furgón de cola de los "frentes nacionales" con la burguesía 'productiva', y para luchar por el pasaje del gobierno a una Asamblea Constituyente libre y soberana que reorganice social y políticamente a la Argentina. prensaobrera@po.org.ar Notas: 1. La Nación, 4 de setiembre de 2000. 2. Prensa Obrera, 7 de setiembre de 2000. 3."La envergadura de la crisis política desatada en el Senado de la Nación plantea la necesidad de convocar en forma inmediata a una Asamblea Constituyente", Proyecto de Declaración presentado por el Partido Obrero en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Reproducido en Prensa Obrera, 24 de agosto de 2000. 4. La Razón, 9 de octubre de 2000. 5. Clarín, 8 de octubre de 2000. 6. Clarín, 7 de octubre de 2000. 7. La Razón, 26 de octubre de 2000. 8. El País, 29 de octubre de 2000. 9. Ambito Financiero, 30 de octubre de 2000. 10. Gazeta Mercantil Latinoamericana, 9 de octubre de 2000. 11. "Una nueva crisis mundial, una crisis inminente del gobierno de la Alianza". Documento político aprobado por el XI Congreso del Partido Obrero (25 al 29 de mayo de 2000). Reproducido en Prensa Obrera, 25 de mayo de 2000. 12. Gazeta Mercantil, 13 de noviembre de 2000. 13. Idem anterior 14. The New York Times, 2 de noviembre de 2000. 15. Financial Times, 10 de noviembre de 2000. 16. Gazeta Mercantil, 6 de noviembre de 2000. 17. Financial Times, 10 de noviembre de 2000. 18. The New York Times, 13 de noviembre de 2000. 19. Financial Times, 10 de noviembre de 2.000. 20. Prensa Obrera, 16 de noviembre de 2000. 21. Ambito Financiero, 10 de noviembre de 2000. 22. Prensa Obrera, 30 de noviembre de 2000. 23. Financial Times, 10 de noviembre de 2000. 24. La Nación, 19 de noviembre de 2000. 25. Prensa Obrera, 30 de noviembre de 2000. 26. Prensa Obrera, 15 de junio de 2000. 27. Instituto de Estudios y formación de la Central de Trabajadores Argentinos; "Programa para la emergencia". 28. Página/12, 20 de junio de 2000. 29. Prensa Obrera, 29 de junio de 2000.

1 de diciembre de 2000
Mas que nunca, por una Asamblea Constituyente libre y soberana

Fuera el gobierno aliancista y los gobernadores del FMI En una crítica publicada hace dos meses en el periódico Hoy a la consigna de la Asamblea Constituyente que plantea el Partido Obrero, se dice que el PO "pone el carro delante del caballo", porque no señala quién debería convocarla. Que se trata de carros y de caballos, es indudable. El Pcr propone que "el caballo" que tire el carro, o sea que convoque a la Constituyente, debería ser "un gobierno de unidad popular". El Partido Obrero, en cambio, levanta la reivindicación de una Asamblea Constituyente libre y soberana (el carro) para movilizar a las masas hacia un gobierno de trabajadores -expresión popular de la dictadura del proletariado (el caballo). En el primero de los planteos, el del Pcr, se parte del gobierno 'popular' para terminar en la institución de una Constituyente; en el segundo, el del PO, el punto de arranque es la demanda de la Constituyente para arribar a la realización del planteo central de la presente etapa histórica, la dictadura obrera. La primera posición concluye en la democracia (burguesa) o en la regimentación (también burguesa) cuando la Constituyente hubiera finalizado el trabajo que le asignara el 'gobierno popular'; la segunda posición concluye en la revolución proletaria, superando a la Constituyente. Se trata, claramente, no sólo de la ubicación diferente de los carros y de los caballos, sino de caballos y carros diferentes. Chávez El 'modelo', si se puede decir así, del Pcr, es incuestionablemente lo ocurrido recientemente en Venezuela, donde un gobierno popular, el del comandante Chávez, convocó a una Asamblea Constituyente. Las realizaciones más importantes de esta Constituyente fueron la facultad que se le otorga a Chávez para designar a los mandos de las fuerzas armadas; la posibilidad de dos mandatos de seis años cada uno; y el establecimiento de un llamado "poder electoral" que, a fuerza de plebiscitos permite someter al Estado a las organizaciones de las masas, en particular a los sindicatos controlados por la burocracia del partido Acción Democrática. Es decir la variante 'participativa' o mejor regimentadora del Estado capitalista. La fórmula "gobierno popular" es intencionadamente vaga pero siempre pretende un cogobierno con la burguesía nacional. Los reclamos, tanto de un "gobierno o gabinete de emergencia", de la CTA, como de una "concertación nacional", en el que coinciden Moyano, Daer, la Pastoral Social y la UIA, constituyen incuestionables variaciones del populismo, es decir de los gobiernos de "unidad popular". Es altamente probable que, si surge, un gobierno de estas características convoque a una Convención para adornar a la Constitución vigente de un sinnúmero de fórmulas participacionistas. El Partido Obrero, por su lado, no puede partir de la dictadura del proletariado, que es su objetivo estratégico, por la sencilla razón de que la situación política del momento, tomada en su conjunto, no ha madurado todavía para esta posibilidad, especialmente por el retraso del "factor subjetivo", o sea de la conciencia y organización de las masas y del desarrollo de su vanguardia. De cualquier modo, si partiéramos de la dictadura del proletariado no sería para plantear la Constituyente sino el pasaje al socialismo. De lo que se trata, sin embargo, en el actual momento político de la Argentina, es de producir esta maduración subjetiva, o sea que las masas desarrollen la conclusión de que hay que luchar por el gobierno obrero. La consigna de la Asamblea Constituyente debe servir para ello, a partir de la ventaja que tiene de presentarse como una alternativa de conjunto, todavía democrática, al empantanamiento del gobierno de la Alianza; a su tendencia a la inestabilidad; a la inevitabilidad de que se convierta de más en más en un mero títere del imperialismo; y por sobre todo a la necesidad que tienen las masas de una salida general y completa a la situación desesperante a la que han sido llevadas por el derrumbe capitalista. Consigna de transición Un lector ha escrito (Prensa Obrera, 30/11) que sólo un gobierno revolucionario de los trabajadores es capaz de convocar a una Asamblea soberana. Esto es totalmente justo; es la tesis fundamental del Partido Obrero. Pero el lector exige que se ponga primero la consigna del gobierno obrero y luego, como un subproducto, la Asamblea; es evidente que no entendió el método; que vació de contenido la consigna constitucional. Si las masas ya estuvieran convencidas de la necesidad de luchar por la dictadura proletaria, la consigna de la Constituyente sería innecesaria e incluso reaccionaria, porque sería una alternativa democrática al régimen obrero, en lugar de serlo contra el régimen burgués. Pero como las masas no están convencidas de que la única salida es el gobierno obrero, las llamamos a luchar por una Asamblea libre y soberana para que puedan llegar a la conclusión de que la única salida es que ellos mismos tomen el poder, y para que puedan comprobar por medio de esa lucha que ningún gobierno burgués, inclusive en su variante más 'popular', es capaz de convocar a una Constituyente de esas características. Declaramos inequívocamente que ningún gobierno burgués ni 'popular' podrá jamás convocar a una Asamblea con poderes y alcances revolucionarios, para que las masas puedan cotejar, por medio de su experiencia en cualquier asamblea o fuera de ella, que ningún gobierno que no sea obrero permitirá una constituyente soberana. Es de este modo que luchamos para convencer a los obreros de que deben proponerse la toma del poder. Las asambleas inglesa y francesa de los siglos XVII y XVIII, no fueron convocadas por gobiernos revolucionarios; adquirieron su carácter constituyente y soberano cuando las masas derrocaron a los monarcas que las habían convocado inicialmente con un objetivo no revolucionario sino conservador. La consigna constituyente tiene un carácter transicional, lo cual quiere decir que no puede instaurar ningún régimen intermedio entre el burgués o democrático-formal y el obrero o socialista. El primero buscará transformar a la asamblea de constitucional en un parlamento corriente; el segundo la superaría por un régimen de consejos obreros revocables. De modo que el único gobierno capaz de convocar a una asamblea soberana, sería al mismo tiempo tan incompatible con ella como lo sería el gobierno burgués, opuesto a una Constituyente soberana. Planteo concreto a una situación concreta La Constituyente, cualquiera, es una forma de parlamentarismo; por eso aparece con mucha frecuencia como consigna en los países sin experiencia parlamentaria o con una muy parcial o mutilada. Levantarla en forma sistemática en países con experiencia parlamentaria está fuera de lugar y expresa una tentativa de corregir las insuficiencias del parlamentarismo a fuerza de reformas constitucionales. Esto es lo que ha hecho el viejo Mas (y hoy hace el Mst), para quien la Asamblea Constituyente debía suplantar a la dictadura del proletariado en el pasaje del capitalismo al socialismo ("socialismo con democracia"). En 1993, al Pts se le ocurrió que era oportuna justo cuando Menem reclamaba una reforma constitucional para su reelección. En manos reformistas, la consigna constituyente asume características reaccionarias. La consigna constituyente, en la actualidad, no tiene el carácter de una reivindicación histórica, sino que pretende dar una perspectiva política de conjunto a las masas que luchan en una situación concreta, de carácter excepcional: creciente impasse del régimen parlamentario y desmoronamiento de sus principales partidos; fuerte disgregación del régimen social capitalista; perspectiva de agudización de la lucha popular. Es por esto que hemos planteado la sustitución del gobierno de la Alianza por uno propio de la Asamblea Constituyente libre y soberana; lo mismo con los gobernadores y legislaturas, que pasen a las asambleas constituyentes provinciales. ¿Pero querrán el gobierno o el Congreso convocar a semejante Asamblea, que los despojará del poder político? Por cierto que no; la movilización por esa exigencia deberá convencer al pueblo de algo de lo cual no está convencido: que deberá echarlos para lograr una salida de conjunto a través de una Asamblea soberana. Las masas no solamente no están aún convencidas de que necesiten sustituir el régimen burgués por un régimen proletario, ahorrándose en el camino una Asamblea Constituyente. Tampoco están convencidas de que haya que poner fin o de que se pueda poner fin al gobierno de la Alianza por medios revolucionarios; a esa conclusión deberá llevarlas la lucha para quebrar la resistencia del gobierno a convocar a una Asamblea Constituyente soberana. Ningún partido auténticamente revolucionario puede saltarse las etapas de la evolución de la conciencia de los explotados. Por último, el gobierno de De la Rúa podría, en un extremo de su crisis, convocar a una Asamblea constitucional, pero de ningún modo con carácter soberano. En ese caso, lucharemos para demostrar las limitaciones de la convocatoria oficial y, por esa vía, la necesidad de un gobierno obrero para poder tener una Asamblea soberana. Consigna y etapa La Alianza pretende ahorrarse todas estas fatigas con maniobras que permitan llegar a la renovación parlamentaria del 2001. Espera desviar con otra elección la creciente lucha de masas. Pero, aparte de que los ritmos de la crisis económica y de los reclamos populares superan los plazos electorales, la renovación del 2001 puede provocar una desintegración de la Alianza aun mayor que la que sufriera la UCR en 1995. En este caso la suerte del gobierno pendería de un hilo. La conclusión a la que se llega es que el reclamo para que se entregue el poder a una Asamblea Constituyente libre y soberana abarca un período de características generales. Se trata de desarrollar la capacidad de intervenir en una gran crisis nacional, porque de ello depende la posibilidad de desarrollar una dirección política de carácter obrero e internacionalista. Las fórmulas vacías o recitadas no sirven para nada en estos casos. Desde la crisis del Senado y la renuncia de Alvarez, esta crisis nacional ha tenido un desarrollo muy concreto, que se manifiesta en dos grandes ejes: la cesación de pagos, es decir la crisis de fondo de la deuda externa; el acuerdo del 'blindaje' con el Tesoro yanqui, con las enormes medidas antipopulares que entraña; y la huelga general de 36 horas con la participación de 150.000 piqueteros. Desde los más diversos sectores parten iniciativas de recambio político, aunque el gobierno haya logrado ganarle a los gobernadores peronistas la preferencia del FMI. Esta evolución y, en particular, la huelga general imponen, por un lado, la consigna política, de conjunto, de Fuera De la Rúa, el gobierno de la Alianza y los gobernadores -por la entrega del poder a una asamblea constituyente libre y soberana y a asambleas provinciales. Por otro lado, esa evolución y la huelga general plantean también la consigna de la huelga general indefinida, hasta la anulación de la reforma laboral, la rebaja salarial, los impuestazos y las medidas antijubilatorias y contra la salud popular. En determinado momento de la lucha, el reclamo de una Asamblea Constituyente soberana deberá ser el gran reclamo político de la huelga. Finalmente, el desarrollo de 150.000 piqueteros plantea la superación de la burocracia sindical, para lo cual cobra actualidad el planteo de un Congreso de delegados de base de todos los trabajadores. Este congreso debería establecer un plan económico y político y convertirse en la primera expresión de un poder obrero. La oposición de los contrarios Toda esta política reúne y resuelve metodológicamente las contradicciones del actual proceso político, contradicciones que nuestros detractores simplemente ignoran con sus fórmulas de "primero esto y después aquello", o "esto sí y esto no". Esas contradicciones consisten en que el capitalismo mundial manifiesta a una escala nunca vista sus irrefrenables tendencias desintegradoras, lo cual abre, por lo tanto, enormes posibilidades al socialismo internacional, en un período en que la clase obrera internacional ha retrocedido en forma gigantesca en relación a sus conquistas y organización. En que la Alianza se derrumba a una velocidad impresionante por su incapacidad de enfrentar la crisis nacional y el peronismo no puede superar la debacle del menemismo, lo cual da enormes posibilidades políticas a la lucha popular, mientras las direcciones burocráticas y la pequeña burguesía de centro izquierda actúan con mayor conciencia que nunca de que deben defender el sistema y frenar y reventar a las masas, y cuando la izquierda ha hecho las paces con la democracia burguesa. Entender el carácter revolucionario a que tiende la situación mundial y proceder frente a los explotados de modo de desarrollar los aspectos combativos y transformadores de su experiencia política, sin saltarse ninguna fase de esta experiencia; en fusionar esos dos aspectos consiste la política revolucionaria. joaltamira@legislatura.gov.ar

1 de diciembre de 2000
Proyecto de salario mínimo de 600 pesos del Partido Obrero

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sanciona con fuerza de ley: 1. Queda establecido un salario mínimo de 600 pesos mensuales, 30pesos la jornada y 3,50 pesos la hora, en todo el ámbito de la Ciudad. Elpago de este salario mínimo es obligatorio para toda empresa que ejerzasus actividades, se encuentre radicada o cuente con domicilio legal en la Ciudad de Buenos Aires. 2. El salario mínimo establecido beneficia a todo trabajador mayor de catorce (14) años que desempeñe sus funciones en la Ciudad de Buenos Aires, sea su retribución mensual, jornalizada, por hora o a través de cualquier modalidad o procedimiento. 3. El salario mínimo regirá para una jornada laboral de 8 horas diarias y 40 horas semanales y será objeto de los aportes y contribuciones previstos en la legislación vigente. 4. El salario mínimo se ajustará automáticamente en forma mensual según la variación que registre el índice de costo de vida que publica el Indec correspondiente al mes vencido inmediatamente anterior. El ajuste no tendrá lugar cuando la variación del costo de vida sea negativa. 5. Se establece un incremento semestral del salario mínimo en un 9 por ciento, con el objeto de llevarlo, en un plazo de cuatro años, a los 1.200 pesos mensuales en valores constantes, que es el costo estimado de la canasta de bienes y servicios básicos en el que incurre una familia tipo en la Ciudad de Buenos Aires en la actualidad. 6. Se encarga el cálculo del costo de la canasta de bienes y servicios en función del concepto de necesidad social para una familia tipo, con la finalidad de que sirva como referencia para un nuevo cálculo del salario mínimo vital. Se encarga la realización de una encuesta con este fin al organismo técnico competente de la Ciudad, conjuntamente con los representantes de las organizaciones de trabajadores que se mencionan en el artículo 7. 7. Para fiscalizar el cumplimiento de esta ley de salario mínimo, vital y móvil, se ordena completar la elección de delegados y comisiones internas en todos los establecimientos de trabajo de la Ciudad. Estas organizaciones de trabajadores se harán responsables de efectuar las denuncias que correspondan al incumplimiento de la presente ley. 8. Se designa una comisión compuesta por un representante de cada bloque de la Legislatura y un representante por cada una de las centrales sindicales para supervisar el cumplimiento de la disposición que establece la elección de los delegados y las comisiones internas. Fundamentos del proyecto de salario Una de las bases de la política de superexplotación y de emprobrecimiento de los trabajadores en la última década ha sido, por un lado, el congelamiento del salario mínimo al nivel que tenía en las vísperas de la hiperinflación alfonsiniana y, por el otro, la violación de la jornada de ocho horas. Al prohibir más tarde la indexación de los salarios y de las jubilaciones en función del costo de vida, la ley de convertibilidad permitió a las patronales licuarlos en un 50 por ciento. A esto se agregaron la andanada de contratos basura, el trabajo en negro y todas las formas de flexibilidad laboral, que sirvieron para alargar la jornada y aumentar los ritmos de trabajo. La lucha por recuperar el salario mínimo, vital y móvil, que está relacionado con el costo de la canasta familiar, así como la vigencia de la jornada de ocho horas, se ha transformado en una necesidad crucial. Esta lucha requiere una acción decidida por parte de los sindicatos, y por lo tanto la remoción de la burocracia sindical, pero también una decidida acción en el plano de la lucha político-legislativa. Los límites insalvables que tienen una acción y la otra, exigen primero que sean planteadas a fondo. La organización de base de las masas y la acción directa de éstas, sólo pueden desarrollarse a partir del planteamiento de sus necesidades establecidas en forma concreta. El salario inferior a los 400 pesos que cobra el 49% de los trabajadores de la ciudad de Buenos Aires, se emparenta casi peso por peso con lo que podría llegar a ser la changa de un desocupado. Los salarios de miseria han quebrado, en una medida impresionante, la diferencia social entre unos y otros. La tesis de que existe una 'fractura social' entre los 'excluidos' y los que gozan del beneficio de la 'inclusión' en el capitalismo, ha sido completamente desmentida. El capital necesita tener una masa de desocupados no como un fin en sí mismo, sino para lograr mayores niveles de superexplotación de la fuerza de trabajo viva. El efecto de la hiperinflación de 1989 puede verse en los índices calculados por Fide, que, sobre una base 100 para el salario real en junio de 1985, daba 68,2 para el promedio de 1991, o sea una caída del 32%. El Indec, por su lado, informó de una caída del 23% en los salarios reales de la industria, entre 1993-98, reflejando las consecuencias del congelamiento establecido por la convertibilidad (Clarín, 5/9/99). Este mismo informe oficial señala que en esos cinco años el empleo industrial se redujo en un 11,7%, mientras que el volumen físico de la producción creció casi el 15%. La tasa de explotación por obrero creció, por este solo motivo, en un 30%, lo que añadido a la caída del salario suma un incremento del 60%. El incremento de la producción y de la productividad no se ha 'derramado', como sostienen los apologistas del sistema, al conjunto de los trabajadores, sino que ha redundado en una mayor tasa de explotación y en una mayor concentración de los ingresos en pocas manos. "Durante la década de los '90, mientras el PBI creció un 51,4% -dice Artemio López de la encuestadora Equis- la brecha entre el 10 por ciento de los perceptores más pobres y más ricos se amplió un 57 por ciento…" (Clarín, 23/7). En la Ciudad de Buenos Aires, esa brecha pasó del 39,2 al 89,2 por ciento, es decir un crecimiento del 127%. La mayor parte del incremento de la tasa de explotación tiene que ver con el alargamiento de la jornada laboral. Aunque se trata de una tendencia mundial, Argentina encabeza el pelotón con 2.334 horas anuales en 1997, el año previo a la actual recesión. En comparación, Estados Unidos registraba 1.948 horas al año y Francia, 1.683, en el año 1998. Una diferencia del 20 y del 40%, respectivamente. El exceso de horas de trabajo de la población ocupada, que son diez millones de personas, equivale casi exactamente al tiempo de trabajo que podría ser empleado por los trabajadores desocupados y sub-ocupados, que suman unos cuatro millones. No se ha llegado a esta situación como consecuencia de un libre juego de la oferta y la demanda, ni tampoco está relacionada con la productividad del trabajo, que es la más alta de la historia. Se han empleado para alcanzar estos resultados medios extraeconómicos, es decir la coerción política. Entre los medios utilizados figuran la hiperinflación promovida desde el Estado; una corrupción estatal sin precedentes de la burocracia de los sindicatos; la represión de las luchas populares, con un récord de procesamientos judiciales; el remate y el desmantelamiento de casi todo el patrimonio económico del Estado; y por supuesto, la liquidación de toda la legislación protectora del trabajo, entre ellas la del salario mínimo. La productividad social del trabajo no mide el valor de la fuerza de trabajo, sino el estadio de desarrollo de la sociedad. El valor de la fuerza de trabajo está determinado por el valor del conjunto de las necesidades sociales requeridas para el mantenimiento de la capacidad productiva del trabajador. Pero el precio corriente de la fuerza de trabajo, o sea el salario, se encuentra hoy muy por debajo de ese valor, y por lo tanto muy alejado de las exigencias y posibilidades que plantea el actual desarrollo de las fuerzas productivas. Argentina es un caso extremo de una tendencia mundial, lo que demuestra que más allá de las particularidades de su política económica, refleja a un sistema social que es incapaz de garantizar la vida de quienes lo sostienen con su trabajo. Así lo revela la persistente desocupación europea, que ya tiene un cuarto de siglo y aun hoy supera el 10%; o el caso de Estados Unidos que, a pesar de una coyuntura favorable, aún paga en promedio salarios inferiores a los de la década del '60. Es que a pesar de este incremento de la explotación, los beneficios de las corporaciones norteamericanas se encuentran por debajo del 9% del total de sus activos, luego de haber tocado un mínimo del 7% a fines de los '70, en contraste con el casi 12% que era típico en la década del '60 (Financial Times). La incapacidad del capital para recuperar su tasa de beneficios a pesar de los recursos políticos y hasta militares que ha empleado para ello, explica por qué el desempleo, los bajos salarios, la miseria cotidiana y la pobreza no son fenomenos coyunturales. Es necesaria, entonces, una decidida acción política para combatir estas tendencias del capitalismo a la destrucción de la vida social. Los 600 pesos que el Partido Obrero reclama como salario mínimo apenas corresponden a la mitad del gasto promedio mensual de una familia tipo de la ciudad de Buenos Aires calculado por el Indec. Este gasto era, a mediados de la década del '90, de 1.600 pesos, lo que refleja el deterioro social que se ha producido. El establecimiento de ese salario mínimo combinado con la vigencia de la jornada de ocho horas, significaría para la mitad de los trabajadores una mejora del 50%. La cifra de 600 pesos ha sido tomada solamente como un punto de partida en función de las expectativas mínimas manifestadas por los trabajadores en las actuales circunstancias. Por eso el Partido Obrero plantea un reajuste periódico que lleve el salario mínimo a 1.200 pesos al cabo de cuatro años. Sería ridículo que una propuesta de salario mínimo de 600 pesos pudiera ser rechazada cuando el propio gobierno nacional acaba de establecer esa remuneración como la condición mínima para ingresar a un plan de viviendas (Clarín, 21/7). En la situación actual varios millones de argentinos tienen oficialmente negado el derecho, no ya a una vivienda propia, sino a un crédito oficial que les permita construirla!! El gasto mensual promedio de una familia tipo no refleja, sin embargo, la satisfacción de las necesidades sociales que tienen que ver con la época histórica actual. En este sentido, un salario de 1.200 pesos aún estaría lejos de cubrir esa necesidad social. Es necesario, e incluso fundamental, que las organizaciones obreras se aboquen a determinar la composición y el costo de una canasta familiar que realmente conserve la capacidad productiva de los trabajadores y sus posibilidades de desarrollo humano. Los principios de un nuevo desarrollo social, que permita que el libre desarrollo de cada uno sea la medida del desarrollo de todos, deben manifestarse en forma concreta en la lucha contra el deshumanizado régimen actual. La legislación laboral es incapaz, aun en las mejores de las circunstancias, de proveer a la protección de la fuerza de trabajo. Una burocracia de Estado se encarga de permitir que sus disposiciones sean incumplidas. Los más relevantes órganos del Estado se inclinan fácilmente a la complicidad con el capital, como lo demuestra la tolerancia de sus tres poderes con la desactualización de la ley nacional de salario mínimo durante ya más de una década. Las características democráticas del régimen político actual tienden a asumir cada vez más un carácter formal y verborrágico, en tanto las decisiones se concentran cada vez más en un círculo restringido del poder vinculado a los grandes intereses capitalistas. Por todo esto proponemos que el cumplimiento de la presente ley quede en manos de las organizaciones obreras interesadas, los delegados y comisiones internas, y que la propia ley imponga su vigencia y reconocimiento en todos los lugares de trabajo. Se destaca aquí el empeño en que la legislación no tenga un carácter puramente declamatorio, como sería si se dejara su implementación a la jefatura de gobierno. Es necesario que la ley sea directamente ejecutiva para evitar su desconocimiento o distorsión por la burocracia de turno. La sanción de una ley de salario mínimo para la Ciudad de Buenos Aires servirá como referencia movilizadora para todo el país. Deberá ser complementada con una ley de reparto de las horas de trabajo, que ponga fin a la desocupación. El proyecto referido al ámbito de la ciudad pone de manifiesto un federalismo revolucionario porque contribuye a modificar la evolución retrógada sufrida por la nación. El "puerto" dejará de ser acusado de estar de espaldas al país y volverá a ser, como en algunas contadas ocasiones, su vanguardia. Jorge Altamira: "Este es un proyecto contra la explotación social" El 24 de octubre, se realizó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires una conferencia de prensa para presentar el proyecto de salario mínimo. Además de los diputados que lo respaldan, estuvieron presente importantes dirigentes obreros. Altamira presentó el proyecto con esta intervención. "Compañeros, realmente les agradezco muy profundamente a todos los que están aquí presentes por su asistencia, porque se trata de conseguir realmente un respaldo popular para uno de los proyectos de ley más significativos que hoy pueden impulsar las luchas del movimiento obrero. "Cuando un dirigente, un activista, un delegado tiene intereses populares, siempre encuentra el camino para una acción. Digo esto porque somos diputados de un distrito, no somos diputados nacionales, y ya antes de asumir nos llovieron toda clase de presiones advirtiéndonos de que en el ámbito de una sola ciudad no se pueden plantear ciertas cosas, que hay cosas que son "nacionales", como el salario, la desocupación o la pobreza; que en el ámbito de la ciudad lo único que había que hacer era preocuparse por el bacheo de las calles. Y, naturalmente, esto lo decía gente que no hacía nada para superar la desocupación a nivel nacional, sino que la agravaba; que no hacía nada para mejorar los salarios a nivel nacional, ni hacía nada a nivel nacional por alguna causa popular, sino todo a favor de los grandes monopolios, y que, además, es la gente que gobierna la ciudad, los partidos mayoritarios, los menemistas y la Alianza, que han dejado la ciudad llena de baches. "Nosotros hemos presentado un proyecto de ley sobre salario mínimo de 600 pesos por una jornada de ocho horas en el ámbito de la ciudad. Hemos impuesto su tratamiento en el ámbito de la ciudad y estamos demostrando que en el ámbito en que actuemos se puede hacer una acción efectiva en favor de las reivindicaciones populares. "Debo destacar la presencia, en esta conferencia de prensa, de compañeros representativos del movimiento obrero, delegados del movimiento obrero, dirigentes del movimiento obrero, dirigentes de sindicatos, dirigentes de centrales sindicales, todos los cuales tienen en común distintas propuestas de oposición a estos planes de pauperización y de superexplotación. "Lo esencial de este proyecto es que es un proyecto de lucha contra la explotación. Ustedes preguntarán cómo se puede llamar "proyecto contra la explotación" a un proyecto que dice 600 pesos por una jornada de ocho horas. ¿Acaso si este proyecto se hiciera efectivo y se pagaran 600 pesos, y se respetara la jornada de ocho horas, no seguiría habiendo explotación? Pero la explotación no es una cifra fija; la explotación es la presión social y política constante de la clase capitalista para arrebatarle al trabajador una medida cada vez mayor de su esfuerzo y de su capacidad de creación. No es una cosa estática: de las ocho horas se ha pasado a las diez horas, y de las diez a las doce, y de un ritmo de producción a otro mayor, y del salario por jornada al pago de primas, en donde hay que matarse trabajando y no sólo destruirse físicamente sino también psíquicamente para sobrevivir; donde el salario ha bajado de un nivel a otro, hasta encontrarnos hoy a la mañana con el anuncio de que el gobierno pretende ofrecer a las empresas privadas trabajadores del Plan Trabajar que cobran 160 pesos y que no tienen contribución social, con lo cual lo que en un principio aparecía como un subsidio a la pobreza, se ha revelado como un método pérfido para consagrar un piso laboral menor al vigente, un piso salarial que después sea el margen de una nueva tasa de explotación. Y, por lo tanto, cuando uno lucha contra esta presión social y política hacia una explotación cada vez mayor, por lo que está luchando es por terminar con la explotación. "Es un proyecto que tiene que ver con la relación fundamental de la sociedad, en que una minoría explota a una inmensa mayoría, inclusive cuando crea cuatro millones de desocupados, porque los desocupados son una masa de reserva creada por el capital para ejercer una presión sobre el trabajador activo y aumentar así la explotación. Este es el punto central. Este es el punto estratégico. "Hemos establecido estos 600 pesos porque, como agitadores y propagandistas de esta idea, veíamos que los trabajadores, en el estado de superexplotación a que fueron llevados, no le creían al político, inclusive al político popular, al político militante como somos nosotros, cuando decíamos que vamos a luchar por un salario igual al costo de la canasta familiar, que hoy es de 1.200 pesos. El compañero, con todas las razones del mundo, decía que también en el campo popular hay demagogos que exageran, a lo mejor quizás para conseguir votos o para lo que fuere. Como nuestro propósito es luchar contra la demagogia, incorporamos en el proyecto el nivel de credibilidad popular. Sabemos que si vamos adelante con un proyecto de 600 pesos, los trabajadores de todo el país van a saber que podemos ir por más. Vamos a poder luchar por esos 1.200 pesos, y en el proyecto dejamos establecido que es un objetivo llegar a un salario igual al costo de la canasta familiar. "Lo esencial del proyecto es desnudar una relación de explotación que envuelve a toda la sociedad, y esto hay que decirlo más que nunca ante la perfidia de esta campaña seudo intelectual, según la cual asistimos a la era del fin del trabajo. Si el trabajo llegó a su fin, ¿por qué tanto afán de que trabajemos 16 horas? ¿Por qué tanto afán de bajar el salario? ¿Por qué todas las medidas apuntan a exprimirnos más? Si lo nuestro ya terminó, si los laburantes ya no somos protagonistas, no creamos la historia, no servimos para nada y la técnica nos superó, ¿por qué no le chupan la sangre a la técnica, en lugar de chuparnos la sangre a nosotros? Esto es una demostración de que el sustento único, final e irreductible del capitalismo es la explotación del trabajador, la cual quieren negar proclamando "el fin del trabajo". Es una fantasía. "Este proyecto de ley es fundamental como reivindicación, porque el 40% de los trabajadores de la ciudad ganan menos de 400 pesos, por jornadas superiores a ocho horas. En el distrito más rico del país, un 40% está debajo de los 400 pesos y está por debajo del nivel de pobreza. El desocupado es un excluido, pero también está en la capa de los compañeros pobres el 40% de los que tienen trabajo. El proyecto plantea 600 pesos por una jornada de ocho horas porque hay que poner un límite a la explotación en términos de la relación de la jornada laboral. "Cuando se estudia el problema de la desocupación, se ve que el ataque al salario ha provocado la desocupación. A medida que ha ido cayendo el salario desde la hiperinflación, los compañeros han sido forzados a aceptar jornadas de trabajo más prolongadas para poder llevar algo a su casa. Desde el momento en que el trabajador, debido a los bajísimos salarios, trabaja 12 horas, le está sacando un 30% de la oportunidad de trabajo a otros trabajadores. "Elevar el nivel salarial reducirá fuertemente la presión de la patronal por la extensión de la jornada laboral. Si podemos reducir la presión de la patronal por la jornada laboral, podemos armar una bolsa de trabajo para los compañeros desocupados y, con los sindicatos, distribuir las horas de trabajo libres resultantes. No digo que esto vaya a ocurrir espontáneamente; por el contrario, hay que forzar a los capitalistas estableciendo una bolsa de trabajo y repartiendo las horas de trabajo, y también con proyectos de subsidio, como planteó el compañero de ATE Capital. Este proyecto tiene vinculación con la lucha contra la desocupación, y por eso, metodológicamente, para nosotros es un paso que nos lleva a este otro paso de subsidio al parado y de reparto de las horas de trabajo. "No se trata de acompañar un proyecto. Como diputado, como militante, como miembro del Partido Obrero, para mí esta jornada es valiosa porque se nos brinda la oportunidad de acompañar al movimiento obrero con un proyecto en la lucha general que el movimiento obrero ya tiene empeñada, como lo demostraron el paro del 5 de mayo y el paro del 9 de junio, las concentraciones, la marcha de la CTA. El movimiento obrero está ahí, peleando. Nosotros, con esto, queremos acompañar al movimiento obrero que pelea, queremos hacer una contribución desde una tribuna en una institución del Estado, a la causa que el movimiento obrero ya desarrolla, que no ha esperado y no debía esperar la acción parlamentaria, y que no corresponde que la espere. Nosotros nos sumamos a esa causa de conjunto. joaltamira@legislatura.gov.ar Nota: (*) Jorge Altamira, diputado de la Ciudad de Buenos Aires por el Partido Obrero presentó en la Legislatura este proyecto de ley de salario mínimo. La presentación fue acompañada por los diputados Lía Méndez (Partido Humanista) y Abel Lattendorf (Partido Socialista Auténtico).

1 de diciembre de 2000
Primer Congreso del Partido Obrero de Olavarría

1. Introducción Desde una perspectiva simbólica, el dato que circula a nivel del sentido común es que "en Olavarría nunca pasa nada", los procesos locales serían reflejo de lo que acontece en la urbe y las decisiones (políticas, gremiales) "bajan" desde el centro a la periferia previamente digeridas. Al margen del falso valor de verdad de esta aseveración, procesos con dinámica propia se desenvuelven en sentido opuesto; cabe preguntarnos, ¿a quién sirve sustentar dicha afirmación? A aquella primera le sigue una segunda afirmación: "La gente de acá no da", fundamentalmente, a la hora de discutir las decisiones autónomas de los explotados para dar satisfacción a sus necesidades, para defender sus intereses de clase. Políticos patronales y burocracias sindicales suman a coro sus voces para ocultar en la opacidad sus correspondientes responsabilidades, que han concluido para sumir en profundas derrotas y -peor aún- en una tremenda desmoralización a las masas laboriosas locales, en particular a las del proletariado industrial. Pero como es la existencia la que determina la conciencia, a pesar de la acción cómplice de los aparatos de reproducción cultural (medios, colegios), de la "contención social" (que en la ciudad es vastísima) de la Iglesia y la burguesía, existe una franja de explotados que habiendo recorrido -dolorosamente- las distintas "alternativas" patronales, desde el PJ al Frepaso, ha comenzado a discutir la necesidad de organizarse, no de cualquier manera, sino independientemente de los partidos de la hiperinflación, de la privatización, del indulto, del desempleo y del ajuste. Trabajadores que hicieron la experiencia con la izquierda democratizante, en el Frepu, el PC o el Mas, y que, con una mayor disposición, o con muchos prejuicios todavía, pero con el objetivo de encontrar una salida, están discutiendo con el PO local las alternativas para construirla. En este contexto, la realización del primer congreso del PO de Olavarría, única instancia deliberativa y resolutiva en muchos años entre los partidos actuantes en el medio político local, revela la voluntad del partido de ir a fondo en la perspectiva trazada por el XI Congreso del PO: "No se trata de plantear en abstracto el problema del crecimiento del Partido, la cuestión decisiva para los trabajadores es construir su herramienta revolucionaria para poder triunfar y darle una salida obrera a la crisis" (1), también en Olavarría. 2. La Crisis Económica 2.1. El Toar La burguesía local intentó, hace unos años, la "regionalización" como estrategia para capear juntos el decrecimiento de la tasa de ganancias, no "pisarse el poncho" y plantarse como lobby ante la Provincia. Y los órganos crediticios fueron la premisa. Así, Tandil, Olavarría y Azul (TOA) inauguraron una modalidad que, según Clarín, "suma a 115 de los 134 municipios bonaerenses", bajo la forma de "consorcios o corredores productivos", distribuidos en 14 uniones, fuera del conurbano (2). Sin embargo, la estrategia regionalizadora -que en la zona ha incorporado a Rauch, por lo que se denomina Toar- ha demostrado rápidamente sus límites. Cuando el Concejo Deliberante (HCD) local produjo un Proyecto de Comunicación para elevar a la Comisión de Mapa Judicial de la Provincia, solicitando que se incluya a Olavarría como Departamento Judicial, estalló la polémica con Azul que detenta esa categoría desde hace años y teme perder la integridad de su propio Departamento. Las amenazas de ruptura del corredor Toar aún no se extinguieron. El Toar, sin embargo, debe servir para unir las luchas de los explotados de esas cuatro ciudades, asociados por industria y aun por sindicatos, a efectos de que una avanzada patronal de una ciudad encuentre la respuesta unificada de los trabajadores de la región. La UOM, por ejemplo, es seccional en Tandil, y Olavarría es delegación dependiente de la anterior. Judiciales de Olavarría coparticipan con los azuleños del gremio seccional Azul. Ante el cierre de metalúrgicas en Tandil, las recientes 160 suspensiones en Cerámica San Lorenzo -aún vigentes y con perspectiva de despidos- de Azul, cabe plantear una respuesta de esta naturaleza. Creemos necesario plantear a las CGTs regionales: Congreso de Delegados del Toar. 2.2. El "Impuesto a la piedra" y la industria minera La extracción minera está gravada por una tasa (el 4% originariamente, reducida al 2% en el gobierno de Portarrieu durante la última dictadura, y que ninguno de los gobiernos, desde el '83, volvió al porcentaje que corresponde por Ordenanza). Esa tasa constituye una de las principales fuentes de ingresos del erario municipal. Se cobra según los valores de extracción que declara cada empresa (!). En sólo quince días acontecieron recientemente dos hechos que, aparentemente contradictorios, concurren en un mismo sentido: garantizar las ganancias empresariales a costa del interés de las mayorías. El 14 de junio, el secretario de Hacienda municipal anunció que la "recaudación (del Impuesto a la piedra) cayó en un 27% con referencia al período diciembre '98-abril '99". El secretario, del partido radical, de Línea Nacional, dijo también que "descree de prontas reactivaciones y que se va a necesitar de mucho tiempo y esfuerzo" (3). Esa merma significa una disminución de la recaudación del orden de los 533.813 pesos. Quince días después, Loma Negra inaugura en Vicente Casares, cerca de Ezeiza, el Supercentro Logístico Loma Ser, única planta de esa naturaleza que existe en el país, la más moderna de América Latina, con un silo capaz de almacenar 18.000 toneladas de cemento, el más moderno de los pocos que existen en el mundo. Amalita explicó, en ese día de gloria, la expansión que encara la empresa, "con inversiones que suman 450 millones de pesos en tres años" (4). El presidente De la Rúa, a su turno, dijo que "el crecimiento de la economía está a la vista" (5). ¿Qué expresa esto? Ni más ni menos que la voluntad de las patronales, como ya anunciaran las empresas mineras de Tandil, es dejar de pagar el ínfimo "impuesto" (tasa) que abonan por usufructuar un bien no renovable. Debemos impulsar: 1) volver al valor histórico del cobro del "Impuesto a la piedra" (4%), como paso transicional al cobro progresivo de un impuesto a las grandes riquezas; 2) apertura de los libros de las empresas; 3) publicidad (deben ser de dominio público) de las declaraciones de producción de la empresa, para que sean cotejadas con los informes confeccionados por los trabajadores. La inauguración de esa gran red de entrega de materiales gruesos que es la planta de Vicente Casares, significará el envío del cemento a granel (no embolsado) desde Olavarría, vía Ferrosur, el tren subsidiado, y usufructuado por Amalita; Ferrosur adeudaba, hace ya un año atrás, más de veinte millones de pesos en concepto de canon de concesión y habría incumplido, además, con las inversiones comprometidas, lo que le valió un dictamen de la Auditoría General de la Nación, que recomendó "severas sanciones". No fructificaron por el pedido de Menem a los legisladores de la Comisión Bicameral de Reforma del Estado y Seguimiento de las Privatizaciones (6). El envío a granel hará más difícil aun la constatación de lo efectivamente producido. El circuito sería Lamali-Vicente Casares. Según declaraciones públicas de Amalita, el funcionamiento de Lamali "redundará en mayor empleo". Sin embargo, se estima la pérdida de por lo menos el 50% de los puestos de trabajo actuales en la planta de Loma Negra, en Olavarría, y la planta San Martín, en Sierras Bayas -que también adquirió el grupo Fortabat. De hecho, en el curso del presente año, en Loma Negra, 91 operarios abandonaron la fábrica vía "retiro voluntario" o "prejubilaciones", además de los mensuales. Del mismo modo, Calera Avellaneda (de capitales españoles) está liquidando puestos de trabajo vía "prejubilaciones", que se incrementarán al concluirse el nuevo horno, hasta un número de cuarenta. Los hornos actuales (Horno I y Planta II) producen 900 y 2.000 toneladas diarias, respectivamente. El nuevo producirá 3.000 con 40 operarios menos. Lo propio acontece con las ceramistas (excepto Losa, de Techint, que no produjo despidos al momento, aunque sí suspensiones). Cerámica Cerro Negro, de capitales irlandeses, produjo en los últimos 10 años el despido de 600 obreros y 500 jerárquicos y administrativos; en el transcurso del presente año, despidió 51 compañeros. Las empresas menores y otras ramas de la industria han provocado despidos y cierres. De conjunto, el Parque Industrial de Olavarría (PIO I y II) está poblado de carteles de venta y alquiler. La incorporación a fábrica de "nuevas tecnologías", modelos de "flexibilidad y calidad" del tipo Toyota (calidad total) y variantes -TQC (Total Quality Control)-, bajo el eufemismo de la "capacitación" ha multiplicado la multifuncionalidad y la modificación de puestos de trabajo, salarios y políticas de empleo, por fuera de los convenios. Ante esta gravísima situación es preciso plantear: 4) control obrero de la producción; 5) control por las comisiones internas del cumplimiento de los convenios. Sí a los convenios por industria. Fuera la reforma antilaboral; 6) prohibición de las suspensiones y despidos; 7) expropiación y reapertura bajo control de los trabajadores de toda empresa, fábrica o taller que cierre. Crédito con garantía oficial (de la provincia) para la fábrica reabierta con gestión obrera. Entre 1980 y julio de 1997 se perdieron 2.094 puestos de trabajo que contribuyeron al 53,6% del incremento de la desocupación en la ciudad. Esto, según un estudio de la Provincia y Naciones Unidas, que indicaba sobre una población económicamente activa de 37.465 (el 48,7% del total de habitantes), la existencia de un 12,1% de desocupación (datos de julio del '98, última medición de la ciudad); y un 27,8% de subocupados. Ante la creciente pérdida de fuentes de trabajo debemos plantear: 8) censo del total de las horas de trabajo disponibles, para proceder a su reparto sin afectar el salario; 9) censo de desocupados, con redefinición de categorías, bajo el control de los trabajadores desempleados. Ante la situación de que un 71% de los compañeros subocupados percibe ingresos menores a 400 pesos, y que las compañeras trabajadoras son las más afectadas -47,2% subocupadas y el 15,1% desocupadas, percibiendo menores remuneraciones, ya que las consideradas con "ocupación plena" ganan de 200 a 400 pesos-, debemos plantear: 10) salario mínimo de subsistencia igual a 600 pesos; 11) igual salario por igual tarea para las compañeras trabajadoras; 12) salario igual al costo de la canasta familiar. 2.3. El campo: situación límite del pequeño y mediano productor; el peón rural, otro desocupado La situación del pequeño y mediano productor rural del Partido de Olavarría es desesperante. Si bien podemos coincidir con el compañero Enrique Morcillo (7) con referencia a que "el problema del endeudamiento con los bancos pasa a ser, a partir de la década del '90, el principal problema económico-social en la Pampa húmeda", es importante caracterizar cuál es el origen de ese endeudamiento, cuáles su magnitud, de qué manera afecta las relaciones sociales y cómo incide en el esquema de la economía regional. Existe una coincidencia en explicar que el quiebre comienza a fines de los años '60 y principios de los '70, con la reestructuración de las multinacionales alentadas por la desregulación del sistema financiero mundial. El imperialismo, bajo el eufemismo de la "globalización", condena paulatinamente a distintas regiones del planeta a la quiebra, en favor de trusts que incluso libran, como en el caso de la industria agroalimentaria, durísimas batallas por el mercado. "La reestructuración de los mercados agroalimentarios globales, integran desigualmente regiones y clases al interior de los países, convirtiendo en marginales a las regiones cuya producción no está destinada a los nuevos sectores ligados a la exportación" (8). Esto es típico en el caso de la Argentina, relativizada como exportadora de carnes, para priorizar otras regiones cuya producción se adecúa a los "nuevos sectores" ligados a la exportación (soja, girasol para la producción de aceite), "donde las agroindustrias han tomado posiciones relevantes en materia de fijación de precios, afectando a productores agropecuarios y consumidores" (9). No queda más opción para un amplio sector de intelectuales, que reconocer lo que con mucha antelación había descripto Lenin en Imperialismo, etapa superior del capitalismo. "El capital ha superado el límite de la organización económica nacional, subordinándola a los mercados globales de mercancías (en bienes de producción y consumo, dinero y, a veces, trabajo) atravesando los límites nacionales. Los fundamentos históricos del Estado-nación en la 'nacionalización' del capital (en instituciones como banco central, el cambio fijo, cuentas nacionales y comercio internacional) están siendo erosionados" (10). Aparece con meridiana claridad cuál es la incidencia del imperialismo y sus instituciones en la actual situación de quebranto que presenta el sector. "Un nuevo orden agroalimentario mundial, bajo las órdenes de los mecanismos e instituciones de regulación global: el FMI, el Banco Mundial, Gatt, reestructuran los sistemas de la posguerra". El nuevo orden mundial "se caracteriza por una encarnizada competencia de los países del norte, EE.UU., Canadá y la Unión Europea por el control de los mercados. Esta guerra profundiza las asimetrías Norte-Sur, ya que los tradicionales mercados de los productores de materias primas agroexportables son ocupados por los países desarrollados" (11). Las consecuencias están a la vista en Olavarría: "La baja rentabilidad de los productos agropecuarios no ligados a la actividad exportadora, unida al alto costo del crédito, producen la descapitalización del agro, el endeudamiento y desaparición de productores agropecuarios y la disminución de las fuentes de trabajo" (12). 2.4. Endeudamiento y quiebra: nueva tendencia al latifundio Un trabajo aún inédito del Inta local, da cuenta del nivel de endeudamiento de los productores de la zona. Parte de caracterizar que la deuda total para el período marzo '97 a marzo '98 (datos del Banco Central) "es la mayor de la década, (donde) el contexto financiero mundial aumenta el riesgo y limita las posibilidades de crecimiento" (13). El estudio señala que el 61% de los productores del área están endeudados. La deuda asciende a 76.356.022 pesos, correspondiendo el 73% a deuda con la banca oficial, y el 27% restante a deuda con bancos privados. La deuda corresponde a 1.799 productores sobre un total de 2.959 al momento del trabajo. El promedio de deuda por productor es de 42.443,60 pesos, pero en Olavarría se registra el más alto porcentaje de deuda por productor, 46.867 pesos. A los valores del momento del trabajo, se necesitaban cuatro años y medio de producción de maíz para pagar la deuda; un año y siete meses en valor de producción de trigo, o un año y cinco meses en valor de producción de novillos. Un trabajo de productores rurales de General Lamadrid (de marzo de 1999) patentiza la situación en un ejemplo ideal, en el cual el productor no tiene deuda previa. Se ejemplifica en un campo tipo de la zona de 500 hectáreas -en adelante ha- (la unidad productiva agrícolo-ganadera la consideramos en 360 ha), con 200 ha de campo bajo, sólo apto para cría, 120 ha para trigo, 80 ha para girasol y 100 ha para pasturas para los terneros que se crían en el campo. Según el trabajo, "hace seis meses, la tonelada de trigo valía 120 pesos la tonelada. Lo producido en nuestras 120 ha (a razón de 2.500 kg/ha), deducidos gastos de implantación y cosecha, generaba 11.371 pesos. El precio descendió a 93 pesos la tonelada, por lo que el margen se reduce a 5.117 pesos, un 55% menos". "En materia de ganadería, ejemplificamos sobre esas 200 ha una producción de 180 kg por ha, por año. Hace seis meses el precio era de 1,10 pesos el kg, restando gastos por pasturas, sanidad, reparaciones y el sueldo de un único peón, dejaba 36.066 pesos. El precio bajó a 78 centavos el kg, por lo que la ganancia es de 20.687 pesos, un 43% menos". "Sumando las tres actividades, hace seis meses se llegaba a 57.822 pesos, pero en la actualidad se obtienen 26.144 pesos". "Los costos fijos (impuesto inmobiliario, contador, vehículo, aportes) alcanzan los 18.000/18.500 pesos". En esas condiciones ideales para el ejemplo -sin deuda y sin inconvenientes climáticos- "en el lapso de seis meses, donde percibía 3.318 pesos por mes, pasa a obtener 637 pesos por mes (un 81% menos), pero como se le cobra un impuesto a la renta presunta que significa, para esas 500 ha, alrededor de 3.750 pesos por año, su ingreso mensual efectivo será de 325 pesos". Pero, como señalamos antes, la realidad señala que el 61% de los productores están con deuda, por lo que, ante el ejemplo descripto, que con pequeñas variantes nos sirve para Olavarría, debemos agregar un dato que se reproduce cada vez con mayor intensidad, y es la desaparición de pequeños y medianos productores rurales: el trabajo ya citado del Inta local, utilizando como fuente (14), observa una disminución de los 2.158 productores registrados en 1990 a sólo 1.354 en 1999, equivalente a un 37% menos. Datos propios nos indican que entre 1998-99 y los primeros meses del presente año existirían alrededor de 200 nuevas bajas. La crítica situación para los que aún persisten, sumado a la desaparición de productores, ha generado otra situación no considerada aún, salvo en el caso de la vecina ciudad de Azul, y es la creciente desocupación del peón rural, por la desaparición indicada del patrón, o por la radicación en el campo -y su consecuente reemplazo- de los propios pequeños y medianos productores y sus familias. En el Partido de Azul, que comprende la ciudad de Azul y las localidades de Cacharí y Chillar, en 1997 existían 1.838 trabajadores rurales. En 1999 esa cifra se redujo a 1.236 (15). Los datos precedentes nos hablan de 602 trabajadores rurales con sus respectivas familias que han pasado a engrosar el ejército de desocupados, con movimientos migratorios a las ciudades, generando una nueva periferia. 2.5. Los nuevos dueños Hemos verificado dos datos fundamentales en los cambios que se producen en el régimen de propiedad de la tierra: por un lado, el pasaje de sectores industriales (y de la agroindustria) a desplazar al productor y apropiarse de sus campos. Serían los casos de Desa "Aceite Patito", en Olavarría, y Stanislavsky (Stani), en Azul. Sabemos también de Acindar, en nuestra ciudad, en la zona de Recalde. Y, naturalmente, también el grupo Fortabat. Otro de los sectores no tradicionales que se están apropiando de campos son comerciantes, políticos, banqueros. La resistencia a esta situación la materializa el Movimiento de Mujeres Agropecuarias, que en nuestra ciudad impulsaron la As.U.Ser.Fi (Asociación Permanente de Usuarios de Servicios Financieros), que hoy se encuentra en 14 provincias. Tanto productores endeudados como las Mujeres señalan la existencia de una "maffia", "La Liga", integrada por banqueros, testaferros, rematadores, que compran a precio de regalo los campos; y aún más, manejan las ofertas de los remates para que, al no subir, les permitan apropiarse también de las herramientas y casa de los endeudados, de modo que ese conjunto de bienes cubra el monto reclamado. Ante el éxito (relativo) en parar los remates (en Olavarría, las mujeres pararon tres remates), "La Liga" va a los mismos, armada y procurando intimidar a los productores. La actividad de parar remates ha llevado al procesamiento de una de las mujeres más activas del grupo, bajo cuatro cargos. Según denuncian, el ejemplo paradigmático de cómo la crisis rural repercute en el conjunto social, es Henderson, donde el total de deuda dividido por habitante resulta en una deuda individual de 7.000 pesos. Mariano Grondona aparece como otro de los nuevos compradores, y extrañamente exitoso en su producción (en Henderson), en un contexto de campos inundados y creciente empobrecimiento de suelos que lleva a venderlos ¡a 100 pesos la ha! Grondona, quien también compró en Carlos Casares, adquirió en Olavarría alrededor de 6.000 ha. Otra de las características que aparecen son los "compradores fantasmas" mediante testaferros, que dejan los campos sin producción, por lo que se sospecha que habría allí lavado de dinero. ¿Qué programa levantan los productores? Básicamente, el planteamiento de las Mujeres Agropecuarias en Lucha está resumido en un Proyecto Legislativo de las diputadas Curletti y Carrió (que ya fracasó en su intención de ser tratado), donde se solicita la refinanciación a treinta años, al 6 u 8%, con cinco años de gracia. Un grupo de productores de Coronel Pringles ha elaborado un "Plan Antiabismo" (24/3/99) que plantea: * Fondo de Riesgos Climáticos para el sector Agropecuario, que cubra todos los siniestros naturales, con la participación de compañías de seguros, bancos y los estados nacional y provinciales. * Precio sostén para los principales productos (130 pesos para trigo, 175 para girasol, 90 para maíz). Los fondos para ese seguro deberían salir de los presupuestos nacional y provinciales. * Ganado: un sistema de ordenamiento comercial similar al que existe en Uruguay: el productor cobra su venta por intermedio de un banco, pagando una pequeña comisión. * Insumos: desgravar los insumos de la producción: gasoil, agroquímicos, fertilizantes, maquinarias agrícolas, seguros, etc. * Impuestos: liberación de impuestos, según la siguiente escala patrimonial: hasta 300.000 pesos, 4 años; desde 300.000 a 500.000, 3 años; desde 500.000 a 750.000, 2 años; desde 750.000 a 1.200.000, 1 año. * Endeudamiento: recálculo de deudas por todo concepto a una tasa anual de 5%, desde la convertibilidad hasta la fecha. Refinanciación de saldos incluyendo descubiertos a 20 años con gracia de pago de acuerdo con la escala detallada más arriba. El documento finaliza proponiendo "buscar apoyo de las instituciones representativas del sector y buscar entre todos las medidas de fuerza adecuadas a tan titánica lucha". As.U.Ser.Fi, por su parte, reclama en un volante (16) "suspensión inmediata de ejecuciones judiciales y remates de bienes dados en garantía, hipotecas y/o embargos por deudas con el sistema financiero o impositivo; y revisión del monto de deudas, recálculo (eliminando intereses y punitorios usurarios), y refinanciación de acuerdo con las posibilidades reales de pago, con años de gracia y tiempo suficiente." La Sociedad Rural de General Lamadrid, por su parte, "sugiere la adopción de las siguientes medidas: a nivel nacional, refinanciación, mediante el Banco Nación, de los pasivos aunque no hayan caído en mora; eliminación del Impuesto a la Renta Presunta; eliminación del Impuesto sobre Intereses (15%); a nivel provincial, refinanciación mediante el Banco Provincia, de créditos a mediano y largo plazo; flexibilización en los pagos de impuestos provinciales; a nivel municipal, flexibilidad en los pagos y rebaja a los valores anteriores de la tasa vial; reprogramación de los gastos del municipio; suspender el tratamiento del Proyecto de privatización del servicio de mantenimiento de la red vial." En líneas generales se reiteran los reclamos de recálculo de deuda, reducción de la tasa anual y plazos de pago, desgravación impositiva y subsidios. Aparece aquí un aspecto conflictivo, y es que algunos productores piensan (es el caso de las Mujeres Agropecuarias) que la refinanciación promovida por Bonetto implicaría un reconocimiento de la deuda a valores totales (reconocimiento de los intereses usurarios), lo que complicaría aún más la situación en la perspectiva de una privatización del Banco Nación. "El campo tiene una salida" Aparecen claramente dos elementos: los hiperbeneficios de los monopolios industriales asociados a terratenientes que "ganan cuando los precios suben, y ganan cuando los precios bajan", tal como señalamos en Prensa Obrera, reproducido por El Popular (17); y el carácter dependiente de nuestra economía, que en un contexto de crisis capitalista mundial revienta aún más las fuerzas productivas de los países periféricos. Volvemos a señalar que no existe ninguna salida para los pequeños productores desde las propuestas de Carbap o la Sociedad Rural. Añadimos la inviabilidad de los proyectos legislativos de partidos patronales, como el caso de la ley Carrió, en un contexto de reducción del gasto público para garantizar el pago de los intereses de la deuda externa. Creemos que la salida para los productores no puede darse sin la vinculación con las restantes clases explotadas, la clase media pauperizada y la clase obrera; pero que tal perspectiva debe procurarse bajo la dirección política de la clase obrera. Para ello, debemos presidir todo reclamo con las siguientes medidas fundamentales: no al pago de la deuda externa, y nacionalización de la banca y del comercio exterior. Estas medidas debemos debatirlas ciudadosamente con los productores, para explicar con total claridad el rechazo que encontrarán en las direcciones de las entidades agropecuarias, por la ligazón de éstas con los negocios bancarios y comerciales, e incluso con la exportación. Es necesaria una nueva dirección para los productores rurales en lucha. Una dirección que aprecie la necesidad de la ruptura con los partidos políticos que, tradicionalmente, representaban sus intereses y ahora más que nunca se revelan como agentes del imperialismo y del gran capital. Creemos necesario, implementar también medidas de transición para el problema del productor rural: * Somos partidarios de la expropiación de los grandes latifundios y "su puesta en manos del Inta para producción y experimentación, administrado por los municipios bajo control de los trabajadores" (18). Hasta que eso ocurra, se debe imponer un impuesto creciente y progresivo a los grandes latifundios y a los pulpos agroindustriales, proporcional a la desgravación impositiva para las unidades de producción familiar. * Sobre la base de la recaudación impositiva a las grandes extensiones y capitales, y de la afectación del impuesto inmobiliario, un plan hidráulico bajo control de los trabajadores y productores agropecuarios afectados por las inundaciones. * No a las ejecuciones judiciales. Constitución en Olavarría de una Mesa contra los Remates, tanto de campos como de viviendas de trabajadores en la ciudad. * Por el desprocesamiento de los productores que enfrentan los remates. En Olavarría, por el desprocesamiento de Cristina Sabattini. Unificación de los recursos puestos al servicio de la lucha judicial por estos casos con los de los procesamientos eventuales a trabajadores y desocupados que tomen fábricas o corten rutas. * Condonación de las deudas de los pequeños productores. Créditos que se adecúen a la racionalidad de la producción: agricultura, ganadería o mixta. Anulación de las deudas por tributos diferidos en épocas de catástrofe. * "El Inta debe desarrollar una planificación de la producción rural que sea una guía para los chacareros, que deben intervenir directamente en su gobierno en conjunto con el personal de la institución. Presupuesto para el Inta. Fuera la privatización al servicio de las grandes corporaciones cerealeras y de la alimentación" (19). 3. La situación política actual 3.1. La reelección de Eseverri El nuevo período de Eseverri al frente del Ejecutivo municipal tiene por características: a) el inédito porcentaje que lo llevó al triunfo electoral (62%), y b) el precipitado derrumbe de las denominadas "cartas" que acreditaron tal victoria; el plan de autoconstrucción "El Hornero" y su titular, Iturregui, al cargo de Secretario de Vivienda, acusado de falsificar 380 préstamos del Instituto Provincial de Vivienda (imposibilidad de mostrar qué destino tuvo un millón de dólares, falta de resultados a la hora de analizar el total declarado de mil viviendas); de las fuentes de trabajo que significaría el emprendimiento Lamali, en el paraje "La Pampita", del grupo Fortabat, para lo que prestó personal e instalaciones municipales a efectos de inscribir, antes de las elecciones, a los "casi mil trabajadores que accederán a trabajo por dos años". La realidad muestra que, de los dos mil trabajadores inscriptos, sólo han accedido alrededor de cuatrocientos, rotativos, bajo la supervisión delatora de la Uocra local; para garantizar que no ingresen activistas se trajo, como mano de obra semiesclava, a compañeros bolivianos y peruanos. El tercer 'caballito de batalla' es el autódromo, para cuya realización se prestó una suma de dos millones doscientos mil pesos, para una obra que "reactivaría el mercado local, la hotelería, generaría una constante presencia en la ciudad de contingentes y dinero"; pero Amco, institución beneficiaria del "préstamo", acaba de devolver no el dinero, sino el autódromo al municipio, revelándose que no se trató de un préstamo, sino de un subsidio. Todo por una obra que no trajo a nadie, no reactivó nada y, por supuesto, no arrimó más que deuda. Por primera vez comienza a cuestionarse la "virtud" del político patronal de mayor trayectoria, que con 50 años de actividad política ha sido concejal, senador, gobernador de Tierra del Fuego y tres veces intendente. No obstante, la burguesía se esfuerza en sostenerlo, ante la crisis que se abriría al "soltarle la mano". Aquí una primera contradicción: la gestión oficial abrirá, al impulso de un contexto general de crisis, una crisis también en la ciudad; parcialmente oculta y, por el momento, sostenida merced a la contención social desde el asistencialismo (Acción Social, Cáritas, Damas Vicentinas, Leones, Rotary), y por la complicidad de la burocracia de la recién unificada CGT, que buscó a Eseverri para concertar. Telón de fondo, la deuda acumulada por el municipio, que, sin que se conozcan cifras precisas, estimamos en más de 22 millones de pesos, alrededor del 55% del presupuesto municipal anual (aproximadamente 40 millones). 3.2. La crisis de la oposición burguesa El PJ, que en octubre pasado realizara su peor elección histórica, reproduce en Olavarría su fragmentación nacional. La pretendida reestructuración del "Movimiento", con un presidente de partido de extracción gremial (secretario general de Empleados de Comercio), procura exorcizar el perfil que le impuso el ex diputado, ex candidato a intendente y, prácticamente, ex vecino de Olavarría, García Blanco. Sólo la desacreditación política del hombre (pública y conocida), tanto como su desacreditación moral -menos conocida, trajo al Centro de Empleados de Comercio de Olavarría al asesino Massera, para la apertura de "un ciclo cultural y de análisis de la realidad nacional" (20)-, hace harto difícil la tarea. El sector de Silly Cura (dirigente con la Amarilla de Coopelectric), también golpeado por el "affaire" cheques y la disputa en torno del desdoblamiento de la factura de luz, no logra levantar cabeza, luego de la derrota ante Alicia Tabarés en las internas. El otro candidato, ex presidente del Inta y actual secretario de Asuntos Agrarios de la Provincia, Larreche, se esfuerza por montar una estructura (que no tiene, luego de años de ausencia en la ciudad). Lo evidente es que nadie del PJ se anima aún a enfrentar al todavía hegemónico eseverrismo. Por el contrario, el recién ingresado primer concejal del PJ, secretario general de Luz y Fuerza y secretario general de la CGT, fue uno de los mentores de la reunificación de la CGT, que tuvo como primera acción pública… el llamado a una reunión con el intendente para acordar una "concertación" local. Estrecho panorama el que materializa el PJ: "concertación" y gobernabilidad. El Frepaso, por su parte, está partido entre el sector que a nivel provincial responde al diputado Mosquera, integrado a la Alianza, con Eseverri y el Partido Conservador; el concejal Méndez (de la Corriente), por fuera de la Alianza y que acaba de perder el control del aparato del Frente Grande a manos de los primeros; y el sector de Iturregui (Vivienda), que abandonó el Partido Unión Vecinal -creado por él mismo-, para afiliarse al Frente Grande desde el Encuentro Popular, con la intención de desplazar definitivamente al sector de Méndez. Este sector es el que al quedar fuera de la Alianza, alentó las denuncias contra "El Hornero", Vivienda Municipal e Iturregui. El agotamiento objetivo de los representantes políticos del presente régimen en la ciudad se verifica también en la profunda descomposición que, con gran velocidad, va cobrando estado público. Por el momento, lo más evidente resulta la ruptura de sectores de trabajadores con el PJ, y la profunda decepción de sectores 'progresistas' ante la conformación de la Alianza local y también ante el sector frepasista que quedó fuera de ella. 3.3. La impasse del movimiento obrero local Desde la perspectiva de las masas, pesa grandemente el hecho general de la atomización de la clase obrera, al que se suma el hecho particular de que ninguna de las luchas desenvueltas en nuestra ciudad en el último período ha triunfado. Loma Negra, luego de un paro reivindicativo, fue a una conciliación obligatoria, después de la cual la empresa logró, de enero a la fecha, el "retiro voluntario" de 91 trabajadores; Bolsas Olavarría despidió a sus 60 operarios; Cerro Negro, luego de derrotada la huelga de 17 días en el '91, despidió a… 600 obreros; los profesionales del Hospital sufrieron dos derrotas durísimas, el recorte del '95 y el golpe a la carrera médico-hospitalaria, el año pasado; Gatic se fue de noche y dejó en la calle a 30 operarios; el despido de los trabajadores del Banco Mayo local; de los docentes del colegio San Antonio -fueron a la huelga no iniciando las clases por la reincorporación de 5 compañeros, derrotados por la componenda patronal (la Iglesia) con la burocracia marplatense del Sadop-; los vecinos de Sierras Bayas perdieron el juicio contra el municipio por el pago del asfalto que, a los dos meses de hecho, se destruyó. El actual conflicto de los camioneros (recolectores de residuos) y Clear va en esa dirección, si los compañeros no superan el corset de la burocracia de Moyano, yendo al paro y tomando la planta. Por el momento, el accionar de la burocracia o la ausencia de organización han contribuido a la presente impasse, pero es en verdad la ausencia de la percepción de la necesidad de la organización independiente, con un programa propio; en síntesis, la falta de inserción del partido; en particular, en el movimiento obrero industrial, lo que acentúa la crisis de dirección política en las masas locales. Este panorama puede traducirse en la búsqueda, entre sectores medios progresistas y aún de trabajadores, de una 'alternativa' vecinalista, como la que no llegó a cristalizarse en octubre pasado, por la acción del Frepaso provincial. No creemos que la maniobra de ciertos sectores de la burguesía (intentada ya dos veces con Cavallo y aun con Patti, desapareciendo el día después de las elecciones, en el '97 y el '99), que ahora están armando Nueva Dirigencia, de Beliz, logre tener relevancia alguna. Sin duda que para el PO se plantea un tremendo desafío militante y organizativo, toda vez que verificamos un creciente interés -incipiente todavía- por conocer nuestras posiciones: el acto del 1º de Mayo, que realizamos en la plaza central el 29/4; el conjunto de compañeros que viajaron a Buenos Aires el 1/5; los que participaron del acto Internacionalista en La Bombonerita; la asistencia a la charla y cena con Altamira; los trabajadores que vinieron a discutir la puesta en pie de un Polo Clasista en Olavarría. 4. Conclusión Perspectivas y programas El contexto en que se inscribe la situación local es por demás claro: ante la catástrofe de 4.000.000 de desocupados, el gobierno nacional 'aumentará' a… 200 mil los 'Planes', a razón de 160 pesos por 6 horas o 120 por cuatro. El gobierno provincial del PJ, por su parte, implementó los 'Bonus' para jóvenes: ¡100 pesos por 8 horas diarias hasta un año! ¿Cómo responden a esto las centrales 'obreras'? La CTA -con el apoyo de Moyano- con la Marcha del Trabajo (que, por otra parte, fue apoyada por IU y el actual FOS, en su aspecto más retardatario: la juntada de firmas), la cual, al momento de redactarse el presente documento, había concluido con la promesa de "seguir juntando firmas" (!), en la pretensión de presionar por una "corrección" en el rumbo de la Alianza. En el plano local, la cosa no es mejor: el Ejecutivo municipal, a pesar de haber señalado que el ajuste "ya se hizo", redujo la frecuencia de recolección de residuos y está concluyendo el desmantelamiento del área de Cultura con la disolución de la Sinfónica (80 empleados), y -otra vez- vendiendo patrimonio público (el edificio del Conservatorio de Música). De conjunto, entre la deuda provincial de coparticipación y la reducción de los ingresos por concepto de "Impuesto a la piedra", se dejaron de percibir 4 millones de pesos. No obstante, se pagaron alrededor de 750 mil pesos de la construcción del puente, cuando el gasto presupuestado para ese fin eran 250 mil pesos. En verdad, los únicos que pagan son los trabajadores, ya que el cobro de tasas en los últimos meses ha sido superior al esperado. La CGT unificada, ante esta intensificación de las suspensiones, los despidos, los cierres, ha salido a plantearle al intendente… una "concertación", a cuya mesa la última en llegar ha sido la Iglesia, aunque no por eso sin una eufórica recepción. La ofensiva oficial de la Alianza y el FMI requiere de parte de los trabajadores de Olavarría la más firme respuesta. Es preciso (y muy necesario) superar la fragmentación del movimiento obrero local. La unificación "por arriba" de la CGT para concertar, plantea la necesidad de unidad de los trabajadores "por abajo" para luchar. A la consigna "Congreso de delegados", que, como fue discutido en el XI Congreso del PO, "tiene un carácter de método" político, tenemos que darle la forma adecuada para la intervención. En el frente barrial (como recién quedó claro en el Barrio Lourdes), el planteamiento de Asambleas Populares, y el mismo método (la asamblea) para el movimiento juvenil. Un Congreso de bases de la docencia es absolutamente pertinente en Olavarría. Se debe capitalizar para una política independiente el 34% de los votos obtenidos en las elecciones del Suteba, que continúa en una brutal inmovilidad, con grandes contradicciones en su base por su dependencia del gobierno aliancista nacional. La Asamblea de trabajadores desocupados constituye una consigna dinamizadora y potencialmente superadora de la impasse en que se encuentra la Coordinadora local, tanto como del trabajo disgregador y oportunista de "punteros". No basta un listado de reivindicaciones; hay que desenvolver un conjunto de acciones para imponer los reclamos. Ese debe ser el valor de un Programa y de una acción en desocupados. Tal como se discutió en las reuniones por un Polo Clasista, se debe constituir una Mesa por el empleo y el salario o un instrumento similar, para nuclear y articular los reclamos de los ocupados y los desempleados, superando la fragmentación que sólo sirve a las patronales locales para deprimir el salario y volver más terribles aún las condiciones de trabajo. "Vayamos por lo nuestro: 600 pesos de salario, jubilación y subsidio, mínimo por 8 horas", debe convertirse en una consigna popular, que movilice detrás de un objetivo tan preciso como elemental: la subsistencia. Basta de suspensiones y despidos en Olavarría: "que la crisis la paguen Amalita y los Techint". Debemos convertirlo en campaña, capaz de generar una gran movilización de los explotados locales. Campaña que debe proveer de una gran difusión, con debates con representantes de los partidos patronales y con su discurso: "No podemos regular, desde lo político, el funcionamiento particular de cada empresa del sector privado". Ante la denunciada "dificultad" económica, que justifica para el gobierno aliancista municipal los recortes señalados, levantar la consigna transitoria: "Cobro del valor histórico del 'impuesto a la piedra' bajo control de los trabajadores". A pesar de las dificultades que presenta, por la larga impasse ya descripta, el movimiento obrero industrial local (y justamente por ello), debemos esforzarnos en la construcción de un Polo Clasista. Sin la presencia de la política revolucionaria en los nucleamientos masivos de trabajadores (de los que ciertamente van quedando muy pocos, y con menor concentración), no podrá superarse el actual desmembramiento y la sensación de que cada uno está librado al azar, o a su propia capacidad de negociación y sobrevivencia. La política revolucionaria recuperará el valor del colectivo, de la clase. Construyamos un gran partido de la clase obrera en Olavarría El PO local experimentó, a partir de las últimas elecciones, y aún en el período preelectoral, un desarrollo de su influencia política y un crecimiento de las filas partidarias. La puesta en pie de una UJS ha sido, sin duda, un factor dinamizador de toda la vida partidaria. Haber consolidado una fracción docente, que pudo contribuir e inspirar una lista opositoria en el Suteba, capitalizando para la recuperación del gremio a los mejores elementos, pilares desde la misma fundación del Suteba, de la política Celeste hasta su rompimiento con la burocracia. Largos años de persistente militancia han fructificado en la política barrial. De conjunto, podemos señalar que al PO se lo conoce en la ciudad, y se conocen también sus posiciones políticas. Pero esto es insuficiente. Debemos elaborar una estrategia capaz de permitirnos la penetración en el movimiento obrero industrial. Insistimos en que la sangría indolora de trabajadores en las grandes fábricas se debe a la ausencia de un partido capaz de organizar la resistencia de los obreros en Loma, Sierras, Calera, Cerro Negro y Losa. Constituye una posibilidad cierta el poner en pie una lista independiente en Sociales, que pueda disputar a la Franja la dirección del Centro. Es necesario un debate sobre nuestra intervención en los secundarios, para ayudar a nuestros compañeros a maximizar la calidad de su presencia y de sus intervenciones. La chatura intelectual de los partidos y militantes de la burguesía es mayúscula. La izquierda, por su parte y por el momento, se limita al PO, al Mst-IU, a un grupo ligado a Unidos-Lucha Socialista (ahora FOS), y a algunos elementos 'importados' del Ptp. En general, y con la excepción del PO, la intervención y el debate público es absolutamente relativizado. Pero es preciso también elevar el nivel político del conjunto de la militancia partidaria. Debemos esforzarnos -cuando lo hemos hecho, obtuvimos excelentes resultados- en desenvolver un conjunto de actividades: charlas, más cursos, más video-debates, que formen y multipliquen. Profundizar el trabajo con el programa de radio de la UJS y darle (de una buena vez) un impulso a la Biblioteca Obrera, contribuirían con la tarea. Las condiciones políticas, sociales y económicas están presentes para poder imprimir un salto cualitativo y cuantitativo en las filas partidarias. Debemos contribuir a un correcto desenvolvimiento. Otra de las necesidades objetivas es poner en pie núcleos partidarios en las ciudades del centro de la Provincia, vecinas de Olavarría. Como hemos desarrollado a lo largo de todo el Documento, aparecen rasgos similares, similares problemas y un común denominador: la ausencia del partido revolucionario. La tarea es por demás grande. Amerita, entonces, una obsesiva planificación, una estrategia, un redoblado compromiso militante. Esto es de una importancia fundamental para debatirlo en nuestro Primer Congreso. Cobra total vigencia el último párrafo del Documento Político al XI Congreso del PO: "El problema del partido es cada vez más un componente esencial de la situación política. Es la clave en la maduración revolucionaria de las masas". Notas: (*) Julio Cortez. El Primer Congreso del PO de Olavarría se desarrolló durante los días 26 y 27 de agosto de 2000. 1. Resolución Política, B.I. Nº 23, Pág. 3. 2. Clarín, 22 de julio de 2000. 3. El Popular, 14 de junio de 2000. 4. El Popular, 29 de junio de 2000. 5. Idem anterior. 6. Revista XXII, Nº 56, 5 de agosto de 1999. 7. Documento sobre la producción rural en la Pampa húmeda para el XI Congreso del PO, 23 de abril de 2000. 8. Alicia Villafañe, "Procesos globales y consecuencias locales. El caso de comunidades de la pampa bonaerense argentina", en Etnia Nº 42-43, 1999, Olavarría. 9. Barsky O., "Explotaciones familiares en el agro pampeano, procesos, interpretaciones y políticas", Ceal, 1992, en A. Villafañe, op. cit. 10. Mc Michael P.-Myhre D., "Global regulations vs the Nation State: Agro-Food Systems and the New Politics of Capital", 1991, en A. Villafañe, op. cit. 11. Idem. 12. A. Villafañe, op. cit. 13. Informe Inta sobre Olavarría, Laprida y Lamadrid. 14. Funsaga-Olavarría, Campaña Anti Aftosa 1990-1999, Análisis Final. 15. "Azul, según lo cuentan los números", Proyecto de indicadores económicos del Partido de Azul, Fundación Ceda-Facultad de Agronomía UNC-Municipalidad Azul, octubre, 1999. 16. "La vida antes de las deudas". 17. El Popular, 10 de agosto de 1999. 18. E. Morcillo, op. cit. 19. Idem. 20. El Popular, 28 de agosto de 1981.

1 de diciembre de 2000
Los dos alzamientos que conmovieron a Bolivia

La situación política boliviana ha pegado un giro político, que tuvo características revolucionarias, a partir del levantamiento popular del mes de abril, desencadenado por el aumento de las tarifas del agua en la ciudad de Cochabamba. La rebelión popular se extendió a los cocaleros del Chapare y a otras organizaciones campesinas y de trabajadores de diferente ciudades. Ese giro de las masas se ha profundizado y generalizado con el alzamiento nacional de setiembre, motorizado por las organizaciones campesinas, las cuales en alianza con los colonizadores, los cocaleros del Chapare, los trabajadores del magisterio rural y urbano, los gremiales (cuentapropistas), los transportistas y otros sectores populares, paralizaron completamente al país durante casi un mes, bloqueando todas las rutas, sitiando todas las grandes ciudades, doblegando los intentos de las fuerzas represivas por quebrar los piquetes y bloqueos y, finalmente, obligando al gobierno a recular, imponiéndole la mayoría de las demandas reivindicativas. Este giro de los explotados ha acelerado el derrumbe del gobierno de Banzer y la descomposición del régimen político democratizante inaugurado en 1982 con el gobierno de Siles Zuazo. El carácter extraordinario de la situación está poniendo a prueba los programas de todas las clases sociales y sus organizaciones. Bancarrota económica y catástrofe social El alzamiento de los explotados expresa la rebelión de las fuerzas productivas ante el hundimiento del país provocado por las políticas entreguistas y hambreadoras de los sucesivos gobiernos patronales, que desde 1985 (con el decreto Supremo 21.060) enajenaron todo el patrimonio público y los recursos naturales a los grandes monopolios internacionales, y han llevado a Bolivia a la mayor crisis social de su historia. Con el gobierno de Banzer, la crisis económica y social ha llegado a una situación terminal. Banzer apostó a la política de llevar a fondo la erradicación de la coca en la zona del Chapare a cambio de ayuda para promover cultivos alternativos y el perdón de una parte de la deuda externa. Esta política ha fracasado por completo. El Estado boliviano sigue quebrado, y está obligado por el FMI y el Banco Mundial a aplicar permanentes ajustes contra los trabajadores. Pero también ha fracasado la política de producciones alternativas en el Chapare. El valor bruto que arrojan los cultivos sustitutivos alcanza el 30% de los que dio la hoja al Chapare en su mejor momento (1), esto a pesar de que en este momento las plantaciones legales representan 110 mil hectáreas (en 1989 eran 30.000, o sea menos que las plantaciones de coca). Según denunció el dirigente campesino Evo Morales, estos cultivos sólo sirvieron para enriquecer a unos cuantos (2). A todo esto se ha sumado la caída del comercio con el Mercosur y el impacto negativo que ha tenido la caída de los precios mundiales de las materias primas. La exportación de azúcar, que en 1994 alcanzó a 35 millones de dólares, ahora llegó apenas a 2,5 millones. La caída de los precios mundiales de las materias primas ha hundido a la producción agrícola. En el caso del petróleo, el aumento del precio mundial ha redundado en fabulosos superbeneficios para las petroleras extranjeras; sin embargo, el Estado está recibiendo un monto muy inferior al que recibía en 1993, cuando la producción era mucho menor debido a la rebaja de las regalías e impuestos. Se calcula que el Estado viene recibiendo, en promedio, un 50% menos de fondos desde la privatización de YPFB, y este ha sido uno de los factores que han llevado a las finanzas públicas a un estado de completa insolvencia. Paralelamente, la población está pagando un precio interno de los combustibles más elevado que el precio internacional, cuestión que ha sido uno de los detonantes que empujaron a los transportistas a sumarse a la sublevación campesina. En este sentido, el planteo de la Confederación de Empresario Privados de Bolivia (CEPB), señalando que hay que negociar con EE.UU. no sólo condonaciones de la deuda sino otro tipo de actividades que permitan generar una economía alternativa, pero orientada tanto al mercado interno como al internacional (3), muestra el callejón sin salida y la postracion de la burguesía boliviana, completamente sometida a los designios colonizadores del gran capital imperialista, en particular del norteamericano. La cuestión agraria La cuestión de la tierra se ha transformado en el problema más explosivo. Según un estudio del Centro de Estudio para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), el 7% de los propietarios rurales, los que tienen acceso a capital y recursos tecnológicos, concentran el 93% de las tierras, especialmente en el oriente. En cambio, el 93% de los propietarios, que son mayoritariamente pequeños campesinos, poseen sólo el 7% de las tierras y las cultivan intensamente. Otro estudio, éste de un especialista de la FAO, señala que en las últimas dos décadas el fraccionamiento de la tierra en el Altiplano habría alcanzado un ritmo promedio de unos 16.000 minifundios nuevos por año, lo que ilustra la magnitud del problema (4). En este sentido, un reciente estudio de especialistas del Foro Jubileo 2000 señala que la producción campesina del Altiplano y los valles desaparecerá del todo en los próximos 20 años si se mantienen las tendencias actuales (5), destacando que los campesinos están emigrando en masa a las grandes ciudades, y que la migración de occidente a oriente se ha convertido en un proceso permanente e irreversible, lo cual se explica porque los bajísimos ingresos obtenidos en la producción agrícola obligan a los campesinos, especialmente a los varones y jóvenes, a migrar a las ciudades, donde se incorporan al sector informal y obtienen un ingreso complementario (6). Esta migración a las grandes ciudades ha creado una sobreoferta de mano de obra y ha sido usada por los capitalistas para hundir a fondo las condiciones de vida de los trabajadores urbanos, reduciendo sus salarios e imponiendo condiciones de flexibilización (explotación) extremas (trabajo sin contrato, jornadas superiores a 8 horas, etcétera). El deterioro de las condiciones de vida de los campesinos se ha acelerado en los últimos 15 años. Entre 1985 y 1992 se observa que la agudización de la fragmentación de la propiedad de la tierra promueve una intensificación en el uso de los suelos que desemboca en procesos frecuentes de degradación, erosión y pérdida de fertilidad (7). El resultado de todo esto es que las condiciones de vida de las masas rurales son en muchas regiones inferiores a la de los países más pobres de Africa. Así, el 67% de la población no cuenta con baño, inodoro o letrina; el 40% se abastece de agua de río o acequia; el 74% carece de luz eléctrica; la pobreza afecta a 8 de cada 10 campesinos, y 6 de cada 10 no alcanzan a conseguir siquiera lo necesario para su alimentación (8). Las luchas campesinas y el movimiento indianista La masacre de Tolata y Epizana en 1974, precisamente bajo la dictadura que presidía Banzer, potenció el surgimiento de un movimiento campesino de orientación katarista, que años después pondría en pie a la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia. La CSUTCB se ha transformado, bajo el liderazgo de Felipe Quispe, el Malku, líder de los campesinos del Altiplano, en el canal del último alzamiento popular. Quispe ha señalado que la rebelión de abril fue un primer ensayo en la lucha por la captura del poder político por la mayoría indígena de Bolivia, en su propósito de instalar un Estado aymará. La rebelión de setiembre habría sido el segundo ensayo, y se va a un tercer alzamiento, que sería definitivo, para la toma del poder. Quispe, quien se ha transformado en el líder más popular de Bolivia, integró un grupo foquista en la década del '80, y fue encarcelado durante 6 años. Ahora está impulsando un movimiento de masas campesino, con una estrategia nacionalista-indigenista. En el reciente levantamiento, Quispe llevó a la CSUTCB a liderar un bloque intersindical, junto a colonizadores, cocaleros, transportistas e incluso sindicatos tradicionales de los trabajadores, como el del magisterio rural y urbano. La CSUTCB planteó en el inicio del alzamiento la consigna de "fuera Banzer", y el llamado a elecciones generales o a una Asamblea Constituyente; sin embargo, este planteo fue posteriormente dejado de lado, limitándose a desplegar los reclamos sectoriales que se integraron en el bloque intersindical. El movimiento indigenista ha oscilado, históricamente, entre una tendencia que ha impulsado la rebelión para imponer la creación de un Estado aymará, y las tendencias que han buscado integrarse al régimen capitalista. Quispe expresa hoy a las tendencias más radicales de carácter indianista. En este momento, el movimiento que preside coexiste con otros movimientos de carácter conciliador, como la Confederación Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB), con preponderancia en el oriente, o el Consejo de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), los cuales plantean diversas reivindicaciones de carácter indigenista y campesino, pero sostienen que para conquistarlas se debe participar del "Diálogo Nacional" que impulsa Banzer, o sea la vía de la concertación con los explotadores y el gobierno entreguista y explotador. Estos grupos hoy aparecen criticando los planteos radicalizados de Quispe y rechazan que la ley INRA (ley que crea el Servicio Nacional de Reforma Agraria) pueda ser derogada, pues sostienen que esa ley los ha beneficiado. Con esto simplemente dan cuenta de su postura de sometimiento y conciliación con los explotadores y los latifundistas, como los agrupados en la Cámara Agropecuaria de Oriente (CAO), quienes también han salido a protestar ante la posibilidad de que la ley INRA pueda ser anulada. La ley INRA fue sancionada en 1996 bajo el gobierno del MNR, y presentada como una ley de arbitraje entre los reclamos de los indígenas y campesinos y los terratenientes; pero en realidad era una simple fachada bajo la cual se legitimaba y consolidaba el latifundio, hasta el punto que la propia Iglesia tuvo que denunciar que se han tomado varias decisiones a favor de los más poderosos, desvirtuando incluso las previsiones de la ley (9). La luchas de los explotados "La lucha de las masas campesinas rompió con la metodología tradicional de las marchas pacíficas y de los bloqueos por pocos días que sólo servían para llamar la atención. El bloqueo no se pareció a los aplicados en los últimos años. No fue tímido; se mostró contundente. No cruzó las carreteras; se extendió por el largo de las rutas. No fue agresivo y sin argumento; exhibió coherencia. El bloqueo, en realidad, llegó a superar a las protestas de Genaro Flores e hizo recordar a Fausto Reinaga, a Zárate Wilka y Tupac Katari, los líderes que los aimaráes tienen como referentes históricos. Evolucionó de un hecho social a una proyección política" (10). Los dirigentes campesinos impusieron sus propios métodos hasta en las negociaciones. Los ministros no habían terminado de respirar tranquilos al acordar el tema del retiro del proyecto de Ley del Recurso Agua cuando una señora se levantó y pidió la anulación de cualquier futura intención de aprobar ese documento (11); a su vez, "Monseñor Juarez, que dirigió gran parte del encuentro, cortó varias veces las intervenciones campesinas. Sin embargo, el siguiente orador volvía a repetir la perorata que había sido interrumpida por el religioso" (12). Pero más importante aun era que los dirigentes campesinos no aprobaban nada sin consultar, eran responsables ante sus bases. Uno de los dirigentes adelantó que una vez concluidas las negociaciones, los representantes departamentales debían presentarlas a sus bases, las que deberían tomar una determinación final (13). Al calor de la lucha, en varios pueblos funcionaron los Cabildos Abiertos, suerte de asambleas populares en donde las masas deliberaban, votaban sus reivindicaciones y tomaban decisiones de lucha para arrancarlas. En la ciudad de Cochabamba, ya en el primer alzamiento se puso en pie la Coordinadora del Agua, que reunió al Comité de Defensa del Agua y la Economía Familiar, la Federación de Regantes y la Federación de Fabriles, y posteriormente se sumaron los campesinos cocaleros, los universitarios, juntas vecinales y el magisterio (14). Esta Coordinadora adoptó como vía la acción directa y desestimó los canales de mediación y concertación; rebasó a las instituciones formales locales y provocó una de las más espectaculares movilizaciones, paralizando la ciudad y zonas aledañas (15) tras los reclamos de rechazo al aumento de las tarifas del agua, la modificación de la ley que privatizaba el agua, y el alejamiento de la empresa transnacional (Aguas del Tunari) beneficiaria de toda esa política entreguista. "Después de abril, la Coordinadora termina adoptando una postura supra regional de protagonismo político, trascendiendo a sus meras demandas regionales; así apuntó a objetivos estratégicos como la renuncia de Banzer, el cierre del Congreso y el llamado a una Asamblea Constituyente" (16). Nacionalismo y frente popular Está en gestación un frente popular con la intención de colocar a las organizaciones de las masas en lucha detrás de una estrategia de colaboración con los partidos y el régimen capitalistas. Este frente está motorizado por el PC, el Frente de Salvación Nacional dirigido por Manuel Morales Dávila, el Partido Socialista, el Partido Alianza Laborista de Izquierda Nacional (ALIN), que reúne a los seguidores del asesinado general Torres, y la Confederación Nacional de Jubilados y Rentistas, que ya se ha organizado como partido político. El propósito de estas organizaciones es la formación de un "Frente Político Amplio Antineoliberal", que surgiría de una coordinación de fuerzas dirigidas por el Comité de Defensa del Patrimonio Nacional de la Soberanía y la Dignidad. Estas organizaciones han señalado que pretenden sumar a otras, como el Partido Socialista-1, la Universidad San Andrés (UMSA), el Partido Propuesta Nacional y CONDEPA. Durante el alzamiento, estas organizaciones sacaron un pronunciamiento al que sumaron a la Coordinadora del Agua y la Vida de Cochabamba y a los Cocaleros del Chapare que dirige Evo Morales. En ese pronunciamiento reclamaron la renuncia de Banzer y la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Sin embargo, toda la actividad de estas organizaciones no está colocada en la lucha por el derrocamiento de Banzer, sino en juntar los 43.000 afiliados necesarios para obtener la personería y presentarse a las próximas elecciones. El planteo de la Asamblea Constituyente es levantado como un planteo constitucionalista, tomando como modelo la nueva Constitución venezolana. Así lo señalaron en una carta entregada a Chávez cuando éste visitó Bolivia en el mes de agosto, donde señalaron que se consideran comprometidos con "la Revolución Bolivariana que usted encarna, y que, definitivamente, nos marca un camino de superación y liberación". En ese mismo sentido, este frente de partidos aparece vinculado con un sector militar que se presenta como la corriente bolivariana de las FF.AA. de Bolivia, y que pretende emular la salida chavista de Venezuela. O sea que este Frente Amplio podría, incluso, ser la cobertura civil de un posible golpe de Estado "nacionalista", que podría acelerarse en la misma medida en que se profundice la descomposición del gobierno y del régimen político. La organizaciones que integran este Frente Amplio se presentan como la encarnación del nacionalismo revolucionario; sin embargo, sus planteos nacionalistas son más tibios que las experiencias pasadas. Así, refiriéndose a la cuestión petrolera y al conjunto de las privatizaciones, señalan que "el rescate nacional supone enfrentamientos y/o negociaciones duras con las transnacionales y sus aliados internos y externos… En otras palabras, el Estado Subalterno-dependiente de hoy debe sustituirse por el Estado-Nación con soberanía y dignidad … destacando que la primera acción es ese sentido debe ser la recuperación de las acciones petroleras que representan el patrimonio enajenado por la capitalización y que están, dizque, bajo la administración de las AFP´s con el nombre de Fondos de Capitalización Colectivas (FCC). Deberían ser devueltas al dominio empresarial de YPFB -ahora realmente residual y sirviente-, y conforme al Código de Comercio, YPFB automáticamente asumiría su auténtica representación en los Directorios de la Chaco, Andina y Transredes con su participación del 50%. En un paso siguiente, pediría se enmienden los Contratos suscriptos a fin de integrarse en la administración y manejo gerencial de las empresas" (17). O sea que todo el contenido "nacionalista revolucionario" de este Frente Amplio Antineoliberal se reduce a una propuesta de cogestión con los pulpos imperialistas. Los autogestionarios A través de uno sus dirigentes, y a su vez uno de los líderes de la Coordinadora de Cochabamba, Oscar Olivera, se expresaron los Autogestionarios. Olivera señala que discrepa con Evo Morales, dirigente cocalero del Chapare, quien planteó la renuncia de Banzer, porque eso es simplemente cambiar la cabeza para poner otra peor. "Hay que cambiar las reglas de juego, por eso estamos proponiendo una Asamblea Constituyente donde la sociedad también participe en el diseño de su país" (18). Sin embargo, Olivera se encargó de aclarar que "sabemos objetivamente que las condiciones no permiten cambios rápidos y radicales, y aunque reconoce que las dificultades del último alzamiento fueron las dificultades para aglutinar esa movilización en función de un solo objetivo" (19), destacó que "la consigna de Asamblea Constituyente no era para ese alzamiento, sino para el mediano plazo, y que se debía realizar sin participación partidaria, o sea que sería un producto de la sociedad civil, reflejando la confusión y desconcierto que les ha provocado que los explotados se hayan puesto de pie y retomado sus mejores tradiciones históricas de lucha contra los explotadores; por eso llegó a expresar que este nuevo movimiento social nos ha dejado a todos un poco con la pregunta: ¿Ahora hacia adónde vamos?" (20) La clase obrera y el bloque antineoliberal La clase obrera estuvo relativamente ausente en el último levantamiento. La COB, dirigida por una burocracia afín a los partidos que integran la coalición de gobierno, se mantuvo paralizada. Sin embargo, en el seno de los trabajadores, tanto de la minería como de los fabriles, se vive un clima de deliberación producto de la conmoción que ha provocado el último alzamiento y del hecho de que se haya hecho recular al gobierno. En el seno de la COB actúa un bloque opositor que se autodefine como "bloque antineoliberal". Este sector dio a conocer el 2 de setiembre un documento donde hacen una denuncia a fondo de la situación de la clase obrera boliviana, efectúan un análisis del giro de los explotados a partir de la rebelión de abril, para arribar a un conjunto de conclusiones de la máxima importancia en relación a la lucha por construir una dirección obrera revolucionaria. En el documento se destaca la necesidad de la lucha por la expulsión de la burocracia sindical y de los dirigentes sin base (a quienes acusan de agentes del neoliberalismo), para arribar a la conclusión más importante, que es la necesidad de un instrumento político de los explotados y oprimidos para llegar al poder. En este sentido destacan las características que debería tener ese instrumento: debe ser unitario; debe mantener la independencia de clase; debe ser democrático, de lucha e internacionalista. Referente a este último aspecto, señalan que "la lucha del instrumento político de los trabajadores, debe llevarse a cabo en todos los países del mundo. La explotación de los capitalistas es a nivel mundial, por lo tanto, debemos promover el encuentro de organizaciones sindicales tratando de conformar una Red Sindical Internacional, para que luchemos contra los gobiernos neoliberales y contra las direcciones socialdemócratas y reformistas que traicionan las luchas de los trabajadores. La lucha contra el neoliberalismo en un mundo globalizado será mundial. Debemos levantar el grito de guerra: ¡Proletarios del Mundo Uníos!". Finalmente plantean una plataforma de lucha, en la que significativamente está ausente un planteamiento de poder, sin tampoco alusión alguna al planteo de la Asamblea Constituyente que fue levantado por todos los movimientos de lucha en el último alzamiento, desde ya que con distintos alcances y perspectivas. En el documento hay diferentes alusiones a la necesidad de lucha por el socialismo, incluso cuando hacen referencia a la problemática indigenista, al destacar correctamente que es expresión en la actualidad de la explotación capitalista, y que para superarla se debe orientar la lucha en un sentido anticapitalista y por el socialismo. El planteamiento del bloque antineoliberal de la COB consiste en impulsar una suerte de partido obrero basado en los sindicatos, aunque en ningún lugar se destaque el fundamento para que la construcción de un partido obrero tenga que seguir esa vía, como tampoco el planteo de hacer eje en el antineoliberalismo, que cuando menos se presta a confusión desde el mismo momento que los partidos y sectores de la dirigencia sindical que cuestionan también se definen haciendo eje en el antineoliberalismo, como el citado más arriba, Frente Amplio Antineoliberal. El POR El grupo lorista repitió una vez más el mismo discurso y los mismos planteos abstractos que realiza haya o no haya un ascenso, haya un levantamiento o una situación de reflujo. Llamó a la insurrección armada y a luchar por la dictadura del proletariado. Sin embargo, el magisterio urbano, que tenía a varios dirigentes poristas a la cabeza de la lucha, demoró en integrarse al bloque intersindical que impulsaba la CSUTCB, que era el único marco para la centralización de la lucha. El POR no tuvo y no tiene una consigna para unificar la lucha de los obreros y los campesinos. Levanta sus reivindicaciones sectoriales para llamarlos a sumarse a la conducción del proletariado, cuando éste, por un lado, estuvo agazapado en el último alzamiento, y cuando los que tomaron la iniciativa de la lucha eran las organizaciones campesinas. El POR había anunciado públicamente, antes del alzamiento que tuvo como una de sus vertientes al magisterio urbano, que sus dirigentes debían renunciar a sus puestos en la dirección de los gremios del magisterio, cuando precisamente una de las características de la lucha del magisterio fue el cuestionamiento de las bases a los sectores burocráticos e izquierdistas conciliadores (PC), que quisieron casi en el inicio levantar la lucha a cambio de la primera oferta del gobierno. El planteo del POR es liquidacionista y expresión de su degeneración sectaria, que está llevando en forma creciente a la disgregación de sus filas y de su influencia política. Crisis política y perspectivas El gobierno de Banzer ha quedado más debilitado que nunca, pero sigue siendo, por el momento, la única carta inmediata que tiene el imperialismo norteamericano para ejecutar sus planes de colonización del país. Sin embargo, ya se ha abierto un debate en las filas de los capitalistas, de los partidos patronales, y dentro del propio gobierno e incluso en las FFAA, sobre qué rumbo tomar para que el régimen no llegue a colapsar. La Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) ha reclamado un cambio de rumbo en la política dentro del mismo 'modelo', y para ello pidió la renuncia del ministro de Hacienda. Por otro lado, dentro de la propia coalición de gobierno ha comenzado a plantearse el 'pasaje de facturas' y la necesidad de un cambio de gabinete. A su vez, desde la oposición se han planteado distintas salidas, desde la necesidad de acortamiento del mandato de Banzer, hasta la formación de un gobierno de unidad nacional, y otros que plantean que el Congreso debería llamar a una Asamblea Constituyente (Condepa, MBL). En las FF.AA. ha aparecido una tendencia chavista. En todos los casos, lo que se está discutiendo son salidas completamente condicionadas, pues ninguna plantea romper las ataduras con el imperialismo, que se ha transformado en el árbitro de toda la situación, hasta el punto que en medio de la sublevación llegaron delegaciones del FMI y el Banco Mundial, quienes fijaron los límites a las negociaciones con los campesinos y los trabajadores: 'coca cero', ninguna concesión que significara un aumento del déficit fiscal. Sin embargo, las masas lograron que el gobierno reculara. Esto ha conmocionado a todo el pueblo boliviano. En el movimiento estudiantil, en las fábricas, se vive un clima de deliberación. Entre diversos gremios y sectores fabriles ha comenzado el debate para coordinar diversos movimientos de lucha. La intersindical que lidera Felipe Quispe ha dado 90 días de plazo al gobierno para que se dé cumplimiento a todo el acuerdo. La experiencia de abril ya ha demostrado que apenas se aquietaron las aguas, el gobierno incumplió los acuerdos firmados en aquella oportunidad. En este sentido, la intersindical planteó que si el gobierno no cumple, se va a producir el tercer alzamiento, pero esta vez va a llegar hasta la casa de gobierno. Con todo, la situación inmediata está pendiente del desenlace del conflicto con los cocaleros del Chapare. El gobierno ha afirmado que no puede retroceder frente al compromiso firmado con el imperialismo de erradicar todos los cocales. Provisionalmente se ha abierto una tregua de un mes. La dirección revolucionaria Bolivia está hundida en la peor crisis de su historia. Las alternativas que están en juego son de fondo. Bolivia es un laboratorio de la disolución de la sociedad capitalistas. Al compás de ello se descomponen las instituciones del Estado. A los levantamientos se sumó un importante sector de la policía, y entre las FF.AA. se conoció la existencia de una corriente que agitó que los militares no debían reprimir a los bloqueos. En contraste, otro sector ha agitado, junto a una agrupación fascista, la necesidad de un baño de sangre para terminar con los alzamientos y los bloqueos. Para los explotados, la única salida a la catástrofe social que están viviendo pasa por capturar el poder, como única vía para reorganizar el país en beneficio de la población laboriosa. En esta perspectiva, el factor decisivo está en la construcción de una dirección obrera revolucionaria. Lo peculiar en la situación boliviana es que las masas que se están revolucionando, son masas oprimidas no proletarias. Los campesinos, los gremiales (cuentapropistas) que representan al 66% de la población económica activa, de los cuales la mitad están como subempleados, han logrado un grado muy importante de organización, al igual que algunos sectores laborales urbanos y rurales, como el magisterio. Todos ellos han sido los grandes protagonistas de los dos últimos alzamientos. La clase obrera estuvo fuera de escena. LA COB y la Federación Minera están copadas por una camarilla que actúa como chaleco de fuerza en la dirección de los sindicatos, maniatando al movimiento obrero. En esta circunstancia, sin abandonar por un momento las tareas de reorganizar a los obreros en la lucha por recuperar sus sindicatos, la cuestión que se le presenta a la vanguardia obrera es cómo liderar en la lucha por el gobierno obrero y campesino, a esas masas no obreras. En el reciente alzamiento quedó reflejado que el campesinado es una fuerza motriz fundamental para la revolución, pero que por sí misma, es incapaz de ofrecer una salida transformadora. Luego del levantamiento, Quispe, confusamente, ha dicho que el 14 de noviembre va a fundar el Movimiento Indigenista Pachakuti, que no sería para intervenir en las elecciones del 2002, pero si las bases se lo piden, podría aceptar ser candidato (21) Ha señalado también, "que la nación boliviana no es una nación. Nosotros sostenemos que dentro de una nación hay otra nación, no vamos a dividir la quechua o la aymará, sí hablaremos de una nación indígena". Ahora estamos elaborando una Constitución Política del Estado de esa nación. Estamos elaborando nuestro propio himno nacional para separarnos, buscar esa autonomía. Ya que no nos toman en cuenta he hablado de desbolivianización, volver al Kollasuyo original (22). Un planteamiento que pretende separar la cuestión indigenista, de la cuestión campesina, o sea del problema de la tierra y el agua, es un planteo que se desliza a un callejón sin salida. El planteamiento cuestiona al Estado boliviano, pero no lo supera, plantea la segregación y el aislamiento. La cuestión indígena esta indisolublemente unida a la cuestión agraria que la burguesía ha sido completamente incapaz de resolver y que sólo puede encontrar una vía de superación en la lucha de clases que obreros y campesinos tienen que llevar adelante en Bolivia sobre la base de la expropiación de los latifundios, y mediante un movimiento, que como todos los auténticos movimientos revolucionarios agrarios, procedieron a la ocupación de la tierra. En este terreno, es que se le debe dar salida a todas las reivindicaciones culturales, étnicas de las distintas comunidades indígenas. La lucha por el gobierno obrero y campesino en Bolivia es indisoluble de la crisis y de la lucha obrera y campesina más general que esta en pleno desarrollo en toda Latinoamérica, a la cual se debe integrar la lucha de Bolivia detrás del objetivo de expulsión del imperialismo y sus socios nativos, por los Estados Unidos Socialistas de América Latina. El planteo de la Asamblea Constituyente, hoy pasa a un segundo plano porque sólo se presta a confusión; la gran tarea es desenmascarar a todas las organizaciones que hoy la despliegan con una finalidad distraccionista y para enfeudar a las organizaciones de las masas detrás de los carreristas pequeños burgueses. El planteo de la Constituyente sólo tiene sentido si sirve para oponer a los explotados a los explotadores, y en ese caso sí sirve como consigna para impulsar la movilización unitaria e independiente de los obreros y campesinos por una salida común, la lucha por el gobierno obrero y campesino. 23 de octubre de 2000 Notas: 1. La Razón, 8 de octubre de 2000. 2. La Razón, 11 de octubre de 2000. 3. Semanario Pulso, 29 de setiembre de 2000. 4. La Razón, 8 de octubre de 2000. 5. La Razón, 10 de octubre de 2000. 6. Idem anterior. 7. Idem anterior. 8. Idem anterior. 9. La Razón, 9 de octubre de 2000. 10. La Razón, 8 de octubre de 2000. 11. La Razón, 5 de octubre de 2000. 12. Idem anterior. 13. Idem anterior. 14. Idem anterior. 15. Idem anterior. 16. Idem anterior. 17. Enrique Mariaca Bilbao, "Documento sobre Capitalización y Privatización de YPFB. Consecuencias negativas para el Estado y la Economía del país". 18. Semanario Pulso, 29 de setiembre de 2000. 19. Idem anterior. 20. Idem anterior. 21. La Razón, 22 de noviembre de 2000. 22. Idem.

1 de diciembre de 2000
Defendamos la Intifada del pueblo palestino contra el terrorismo y la ocupación del Estado sionista
IV Internacional

Declaración de la IV Internacional (Refundación) * Abajo el imperialismo y el sionismo. * Por una República de Palestina libre, democrática, laica y socialista. * Por los Estados Unidos Socialistas de Medio Oriente. I Después de la fraudulenta negociación del 'cese del fuego' en Sharm el Sheikh y de la Cumbre Arabe, el régimen sionista del general Ehud Barak lanzó la segunda etapa de su guerra de agresión contra la oprimida y rebelada población palestina. El heroico pueblo palestino no debe quedar solo frente al terrorismo del sionismo imperialista. Hacemos un urgente llamado a la clase obrera internacional y a todas sus organizaciones y fuerzas, a todas las masas oprimidas del mundo y a sus movimientos populares, particularmente llamamos a la juventud radicalizada que ya ha probado su internacionalismo militante en las batallas contra el FMI y el capitalismo mundial en Seattle, en Washington, en Melbourne y en Praga, a movilizar todas sus fuerzas en una acción de solidaridad con la lucha del pueblo palestino por libertad y justicia. Después de la provocación de Ariel Sharon del 28 de setiembre, las protestas de masas, la masacre y el ascenso de una nueva Intifada popular en la Palestina ocupada, toda la escena política internacional ha cambiado dramáticamente. En una movilización popular sin precedentes, cientos de miles e incluso millones de personas han manifestado en todo el mundo árabe y musulmán, desde Marruecos, Egipto, Jordania, Siria, Irak e incluso Arabia Saudita y Kuwait, hasta Irán, Filipinas, Indonesia, y también en Francia y en los propios Estados Unidos. Esta causa no es sólo la causa de la emancipación nacional de los pueblos árabes y musulmanes oprimidos por los Estados Unidos y el imperialismo europeo con la ayuda de las clases dominantes locales. Es también nuestra causa, la causa de todos los oprimidos y explotados por un sistema social históricamente decadente y bárbaro, el capitalismo mundial. Es la causa de la clase obrera y de todos los que luchan por la emancipación humana universal. ¡Hoy, todos somos palestinos! II Los guerreristas del régimen sionista, en el Partido Laborista y en el Likud, están cerrando filas, formen o no un "gobierno de unidad nacional", para imponer a sangre fría un plan totalmente descabellado. El ataque contra las áreas residenciales palestinas por el ejército israelí y las bandas de colonos-pogromistas de extrema derecha tienen más específicamente como objetivo aterrorizar y "transferir" ("limpieza étnica") masivamente a la población con el pretexto de "proteger" los asentamientos judíos de la guerra. Los pocos palestinos que queden, vivirán en "cantones" controlados por fuerzas militares israelíes fuertemente armadas y administrados por una "Autoridad Palestina" brutal y corrupta. Esta es una versión de la llamada "nueva" o "unilateral" o "solución final" de la cuestión palestina, adelantada luego del colapso del "plan de paz" de Clinton/Barak de julio de 2000. Inevitablemente, este "plan de paz" fracasará como el anterior. Barak ha invertido el viejo refrán "si quieres la paz, prepara la guerra"; él quiere la guerra y la prepara hablando del "proceso de paz". Las "negociaciones" de Camp David entre Clinton, Barak y Arafat condujeron a un "plan de paz" equivalente a una provocación abierta. El "plan" redujo al 20% de la Palestina histórica el área bajo el mando de la Autoridad Palestina reconocida por los "acuerdos de Oslo" y dejó en manos del Estado sionista más del 10% de las más fértiles tierras de la Ribera Occidental y el control sobre el 93% de las fuentes de agua. El 80% de los asentamientos de los judíos israelíes en los Territorios quedó en su lugar y fueron establecidos nuevos asentamientos en Gaza, que ha sido dividida en tres partes, para hacer más fácil su control por el ejército israelí. No se reconoció el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Jerusalén, incluyendo la parte de la ciudad con una mayoría árabe y palestina, permanecía bajo soberanía israelí. El "acuerdo de Oslo", de 1993, había alcanzado el clímax de su absurdo con el "plan de paz" de Camp David 2000: fue propuesta, con la arrogancia de un conquistador, la creación de artificiales "bantushanes" palestinos, completamente controlados por los servicios de seguridad israelíes. Al mismo tiempo, fue establecida la legitimidad del Estado sionista como el gendarme oficial e indisputado del imperialismo en los campos petroleros del Medio Oriente, con la "buena voluntad" de los gobernantes árabes y de Arafat. El "plan de paz" es el real "casus belli", la causa de las masacres y del levantamiento popular. La provocación fracasó. La explosión popular después de la masacre de civiles se hizo incontrolable. No sólo se rebelaron los palestinos de los territorios bajo la Autoridad Palestina, incluyendo las milicias Tanzim de la Al Fatah de Arafat, sino también aquellos que viven en la propia Israel, incluyendo las grandes ciudades donde judíos y palestinos viven juntos, como Jaffa, Haifa y Acco, e incluso los beduinos en Rahat y en toda Galilea. La segunda Intifada comenzó en una escala incomparablemente superior a la anterior. III El llamado "proceso de paz" iniciado en Oslo en 1993 fue una maniobra imperialista de los Estados Unidos y el sionismo para enfrentar la revolucionaria Intifada popular de 1987/93, para desviar y "secuestrar" al movimiento nacional palestino a través de su dirección histórica. La maniobra imperialista agravó todas las contradicciones en Israel y entre la población palestina. Polarizó la sociedad israelí ya en crisis, profundizando todas las divisiones entre los diferentes segmentos, entre religiosos "fundamentalistas" y "post-sionistas" laicos, entre los guerreristas y el campo pro-Oslo, como dramáticamente lo demostró el asesinato de Rabin. En el otro lado, las espantosas condiciones sociales de los palestinos en los Territorios se deterioraron aun más, con el establecimiento de un régimen de apartheid que produjo una brecha creciente entre la población frustrada y la corrupta Autoridad Palestina, colaboradora de la Shin-Bet (servicios secretos del Ejército sionista) y la CIA. La conspiración contra la Intifada de 1987/93 fracasó completamente. Ha conducido finalmente a la actual y revolucionaria segunda Intifada y al total colapso de la estrategia imperialista de los Estados Unidos en el Medio Oriente en el período de la posguerra fría y posguerra del Golfo. IV El imperialismo ha reorganizado su estrategia para sacar todas las ventajas del colapso del stalinismo, de la implosión de la Unión Soviética y del giro abierto de la élite burocrática gobernante hacia la restauración capitalista. El colapso del llamado "campo socialista" ha cerrado el espacio para las maniobras entre el imperialismo y el Kremlin tradicionalmente utilizadas por el nacionalismo burgués y pequeñoburgués en los países árabes y en el "Tercer Mundo". Esta bancarrota del nacionalismo radical en favor de un acomodamiento a los intereses imperialistas se ha convertido en una tendencia mundial, de América Latina a Sudáfrica, de Irlanda a Palestina. La estrategia norteamericana en Medio Oriente en la última década ha tenido dos grandes objetivos: la destrucción de Irak como centro de resistencia a los planes estadounidenses en la región y la sujeción del movimiento nacional palestino por medio del fraudulento "proceso de paz" iniciado en Oslo. El imperialismo ha fracasado totalmente en lograr ambos objetivos. Cerca de una década después de la Guerra del Golfo, a pesar de la incesante guerra de "baja intensidad", de los ataques aéreos y de los enormes sufrimientos de la población iraquí como consecuencia de las sanciones impuestas por el imperialismo, Irak sigue siendo un factor incontrolable. Ahora, la segunda Intifada le da un golpe mortal a la conspiración del "proceso de paz" de Oslo/Camp David y desestabiliza totalmente al conjunto del Medio Oriente. ¡Después de una larga pausa, la revolución árabe está en marcha nuevamente! V La nueva explosión política en esta región estratégicamente crucial, rica en petróleo, intensifica enormemente la crisis mundial del capitalismo. El precio del petróleo ya se había ido a las nubes en 1999. Hay una analogía entre este fenómeno y la cuadruplicación del precio en 1973. La guerra de Yom Kippur en 1973 dio el ímpetu para una respuesta a las potencias imperialistas de Occidente. Se convirtió en el detonante de una serie de explosiones revolucionarias en Europa (la caída de los gobiernos derechistas en Gran Bretaña y Alemania, de las dictaduras de Grecia, España y Portugal, etc.), en Africa (Etiopía, Angola, Mozambique, etc.) y en todo el mundo. La crisis asiática (de 1997/98) marcó un nuevo punto de inflexión. Esta es la fuerza conductora detrás de la nueva ola internacional de luchas, de América Latina a Palestina y de Seattle y Praga a Melbourne y Seúl. La clase dominante lo sabe muy bien. Ahora, los regímenes reaccionarios árabes tienen temor de usar el "arma del petróleo" contra el imperialismo, a pesar de los llamados de los palestinos. No se trata sólo de una repetición de la tradicional actitud cobarde que los gobernantes árabes siempre han demostrado hacia la causa de la emancipación nacional de los palestinos y de todos los pueblos árabes. Es un reconocimiento de que la lucha popular por la emancipación nacional de la opresión sionista-imperialista está íntimamente conectada a la lucha por la emancipación social de todas las parasitarias élites burguesas, las monarquías y los emiratos en el mundo árabe. VI La nueva Intifada le da un poderoso golpe a la capitulación de la dirección burguesa y pequeñoburguesa del movimiento de liberación nacional palestino. Esta dirección ha perdido el control, al menos por el momento, sobre el nuevo levantamiento popular, incluyendo las fuerzas "leales" de Tanzim-Al Fatah. Nadie entre los palestinos cree que Arafat puede cambiar su curso político bajo la presión popular. Sus fuerzas de seguridad todavía operan en conjunto con los servicios de seguridad israelíes y la CIA. Hay una profunda crisis y vacío de dirección en el movimiento palestino que el fundamentalismo islámico intenta llenar. Pero el camino hacia una Palestina libre no puede ser el camino del oscurantismo del Afganistán de los talibanes. El fundamentalismo islámico es una forma de nacionalismo, abierto a la manipulación imperialista por su propio oscurantismo y odio al socialismo, que divide a las masas oprimidas según líneas religiosas. Esta forma atrasada de nacionalismo revive hoy por la crisis del propio nacionalismo, moderado o radical, que es orgánicamente incapaz de resolver el problema nacional en la época del imperialismo. La actual rebelión palestina es el resultado de las heridas y las frustraciones generadas por Oslo, y Oslo es el resultado de la bancarrota del nacionalismo. Dentro de Israel, la dirección tradicional de los árabes "israelíes" también muestra su incapacidad para conquistar la igualdad para los palestinos que en 1948 permanecieron dentro de las fronteras del Estado sionista. La victoria es una tarea estratégica. Sólo una nueva estrategia revolucionaria, que vaya más allá de los límites del nacionalismo laico o religioso, puede conducir a las masas oprimidas a la victoria. Esta estrategia y organización tiene que ser internacional en su naturaleza y horizontes, en la medida en que los factores principales y las fuerzas conductoras determinan que la cuestión palestina y la de todo el Medio Oriente son internacionales. VII Para una nueva estrategia revolucionaria por la liberación de Palestina es crucial encontrar las vías y los medios para la unidad de bases entre el pueblo palestino y los trabajadores, jóvenes e intelectuales judíos que se oponen a la barbarie sionista. Esto parece extremadamente difícil. La mayoría del pueblo judío en Israel y en la Diáspora ven, como en el pasado, el "enemigo" en el "lado árabe". La izquierda sionista (Meretz, el movimiento "Paz Ahora") toma igual distancia entre las víctimas y sus carniceros, considerando responsables de la masacre tanto al Ejército israelí como a los palestinos. Sólo una valiente minoría de la izquierda en Israel (el "Bloque por la Paz", "los Hijos del País", el Partido Comunista, el Comité de Acción por una República Democrática y Laica, los Militantes por la IV Internacional, etc.) han organizado manifestaciones contra la ocupación y la guerra, en solidaridad con el pueblo palestino. Pero, incluso como una minoría, este movimiento hacia una unidad de bases judeo-palestina está vivo, lucha y puede crecer. El brillante ejemplo del soldado israelí Noam Kuzar, que fue llevado a una corte marcial y sentenciado a prisión por negarse a participar en la represión de la población palestina en Jericó, lo demuestra. El padre de Noam, orgulloso de su hijo, dijo que "su familia recibe muchos mensajes de apoyo y solidaridad, incluyendo el de padres que no quieren que sus hijos arriesguen sus vidas en una misión sin sentido para reprimir la rebelión de un pueblo". El Ejército israelí, con toda su capacidad destructiva, puede derrotar a los ejércitos regulares árabes pero nunca podrá derrotar a los "Davids" palestinos armados sólo con piedras. Como demuestran los ejemplos anteriores de la Intifada de 1987 y el sur del Líbano, el rechazo generado entre la población civil judía y entre los soldados por la masacre de civiles y niños es devastador para los planes del sionismo. Incluso la inestable mayoría que hoy es hostil a la "amenaza y violencia árabe" está en una impasse: saben que el "proceso de paz" está muerto y al mismo tiempo reconocen que la solución militar del problema es imposible. Un genocidio, una "Shoah" para los palestinos, no es una opción. Tienen que buscar la vía para crear condiciones de cohabitación pacífica, cooperación y mutuo respeto. Más aún: el sionismo prueba una vez más que es el mejor aliado del antisemitismo. La nueva masacre del pueblo palestino llega en un período de crecimiento de la extrema derecha y el antisemitismo, en particular en Europa. El antisemitismo siempre crece en los períodos de profunda crisis económica y social del capitalismo. Los crímenes del sionismo ayudan a los antisemitas y a los fascistas a diseminar sus inmundicias contra los judíos. Ya hubo ataques antisemitas en Francia y Gran Bretaña como consecuencia de los recientes acontecimientos en Palestina. El Frente Nacional de Le Pen aprovechó la oportunidad para disfrazarse de "amigo de los palestinos" atacando objetivos judíos. La organización fascista rival de Bruno Megret llamó a los judíos de Francia a un frente común "contra la amenaza árabe". Esta división del trabajo entre los racistas prueba indirectamente la verdad de este principio básico: No se puede luchar contra el antisemitismo capitulando ante el sionismo, ni se puede luchar contra el sionismo sin luchar contra el antisemitismo. VIII El marxismo ha insistido siempre en que el sionismo no es la solución a la cuestión judía, al problema de la persecución de los judíos en la sociedad de clases, particularmente en la época de la decadencia imperialista. Los grandes revolucionarios León Trotsky y Rosa Luxemburgo incluso pronosticaron que llevaría a una trágica trampa histórica tanto a los judíos como a los árabes en Palestina. Ahora más que nunca, desde los tiempos de la Gran Depresión, la emancipación del pueblo judío de la discriminación y de la persecución, en el mundo capitalista desgarrado por la crisis, depende enteramente de la revolución socialista mundial y de la emancipación humana universal. Desde este punto de vista, podemos decir sin duda alguna que el judío no puede ser libre en una sociedad donde el palestino es un esclavo, un refugiado en el exterior o un "ciudadano" de tercera clase en un Bantushtan "en casa". La emancipación del pueblo judío depende hoy de la emancipación nacional del propio pueblo palestino. La verdadera solución a la presente impasse no puede ser la renovación de otra forma de las mismas e hipócritas "negociaciones de paz" entre el régimen sionista y sus secuaces en la Autoridad Palestina bajo el auspicio del imperialismo norteamericano; la repetición de un juego de guerra llamado "proceso de paz". No hay paz bajo el imperialismo: para alcanzar la paz, las masas primero tienen que liberarse ellas mismas de la tiranía imperialista. Los trabajadores judíos y palestinos tienen que tomar su destino en sus propias manos. Tienen que unirse y luchar contra las masacres sionistas, la ocupación y la guerra. Tienen que ganar mutua confianza en luchas comunes de solidaridad. Tienen que ganar y compartir su futuro. No hay futuro en el establecimiento de un régimen de apartheid con Bantushtans ahora llamados "cantones". No hay futuro incluso con la partición, con una "solución de dos Estados", como reclaman algunos sectores de la izquierda israelí, tanto en su forma "burguesa democrática" levantada por el Partido Comunista, como en la versión 'socialista' de la partición en "una Israel socialista junto a una Palestina socialista", proclamada por los partidarios del CWI en el grupo "Maavak Sotzialisti" (Lucha Socialista). La igualdad entre judíos y árabes palestinos sólo puede ser establecida en una República independiente, democrática, laica y socialista en el territorio histórico de Palestina, sin ninguna discriminación étnica o religiosa para sus habitantes. Este territorio auténticamente liberado puede y debe convertirse en la piedra angular de la liberación y reorganización de toda la región, de abajo a arriba, en unos Estados Unidos Socialistas del Medio Oriente. IX Esta audaz perspectiva histórica tiene que ser llevada adelante por la vanguardia de la clase obrera en la región e internacionalmente como un vínculo vital entre el movimiento popular antimperialista en el Medio Oriente y la lucha internacional por el socialismo. Pero esto significa, en primer lugar, que esa vanguardia tiene que organizarse en una organización internacional de combate -una Internacional Obrera Revolucionaria. Para llevar adelante este urgente objetivo histórico, fue lanzado hace unos pocos años nuestro movimiento por la refundación de la IV Internacional. Es muy importante que el Comité de Acción por una República Laica y Democrática luche hoy a la vanguardia del combate por la solidaridad con el levantamiento palestino. De sus filas surgió el grupo de Militantes por la IV Internacional, que apoya la inmediata refundación de la IV Internacional y tomó parte en la movilización contra el FMI y el Banco Mundial en Tel Aviv en apoyo a la movilización de Praga. Llamamos a los luchadores de vanguardia de la clase obrera judía y palestina, de la juventud militante y de la intelectualidad a formar parte del nuevo movimiento por una República laica y democrática y contra el apartheid, que pusieron en pie el Movimiento "Hijos del País", el Movimiento Anti-apartheid, el Comité de Acción por una República Laica y Democrática y el grupo de Militantes por la IV Internacional, y a unirse a la lucha por la solidaridad contra las masacres sionistas y en defensa del levantamiento popular de los palestinos oprimidos, como primer paso hacia la construcción de una organización obrera y socialista de árabes y judíos en Palestina. * Basta de masacres sionistas contra el pueblo palestino. Fuera la ocupación y la guerra de agresión. * Abajo el sionismo y el imperialismo. * Fuera las tropas y bases militares norteamericanas del Medio Oriente y del Mediterráneo Oriental. * Por una República Palestina libre, independiente, democrática, laica y socialista. * Por los Estados Unidos Socialistas del Medio Oriente. Adelante por la Internacional Obrera Revolucionaria, la IV Internacional refundada. Octubre de 2000

1 de diciembre de 2000
La crisis del petroleo

Después de casi una década, el petróleo ha vuelto a figurar en las primeras planas de los diarios. Desde marzo de 1999, su precio se ha triplicado. La transferencia de este aumento a los productos refinados y al consumo final desató masivas protestas de transportistas en toda Europa. Mientras tanto, los países de la Opep, la organización que agrupa a los países exportadores (controla el 40% de la producción y el 80% de las reservas), han obtenido este año un ingreso suplementario de 100.000 millones de dólares por sus exportaciones y las grandes empresas petroleras han establecido un nuevo récord histórico de beneficios. ¿Estamos en presencia de un nuevo "shock petrolero", el cuarto, similar a los ocurridos en 1973 (después de la guerra de Yom Kippur entre Israel y los países árabes y del embargo petrolero de estos últimos a Estados Unidos), en 1980 (como consecuencia de la guerra entre Irán e Irak) o en 1990 (como consecuencia de la Guerra del Golfo)? Aunque el aumento porcentual de los precios en los últimos dieciocho meses es similar al registrado en los anteriores "shocks", el precio real del petróleo todavía está muy lejos de los niveles alcanzados entonces: a moneda constante, los precios actuales sólo representan el 50% de los precios de 1973 y el 65% de los de 1979/80. La tendencia alcista, sin embargo, es fuerte. En el curso de este año, la Opep anunció cuatro aumentos sucesivos de sus niveles de producción, cada uno de entre 500 y 700 mil barriles diarios, y se da como un hecho cierto que Arabia Saudita está produciendo por encima de la cuota que le ha fijado dicha organización. Nada de esto, sin embargo, ha logrado calmar el incremento de los precios. Al contrario, la cotización del petróleo sigue en aumento en medio de una especulación descontrolada: diariamente, en Londres y otros mercados, cambian de manos 150 millones de barriles, una cifra que duplica el volumen de la producción mundial de petróleo. La especulación, según la Opep, es responsable del 10% del precio actual del petróleo en los mercados internacionales. Para algunos analistas, la crisis petrolera es simplemente un "mero desajuste entre oferta y demanda" (1) y hasta un saludable "retorno a la normalidad, con un pequeño sobreajuste alcista (de los precios)" (2). Para otros, la crisis actual es la temprana expresión del próximo agotamiento de los recursos petroleros (3). Para algunos, las razones del aumento son puramente económicas; para otros, puramente políticas. Pero todas estas expresiones soslayan la crisis de conjunto que afecta a la economía mundial, desde la declaración de inconvertibilidad del dólar, en agosto de 1971; desde el derrumbe de la economía japonesa y, al final, desde la crisis asiática de principios de 1997. Crisis asiática: la destrucción de fuerzas productivas El aumento del precio del petróleo iniciado en marzo de 1999 es la consecuencia de la fenomenal destrucción de capacidad instalada de producción, refinamiento y almacenamiento que se produjo a partir de la crisis asiática de 1997. Entonces, la súbita caída de la demanda de petróleo provocada por el derrumbe de los "tigres asiáticos" hizo caer los precios a los niveles nominales más bajos de la década, entre 8 y 10 dólares por barril. En términos reales, los precios llegaron en los años '97/'98 a los niveles más bajos de las últimas tres décadas. La abundancia de petróleo, en relación a la demanda, se vio agravada por la política seguida por los países productores, en particular Arabia Saudita. "La Opep, dice un especialista, ayudó significativamente al colapso del petróleo abriendo la canilla en el momento equivocado" (4). La necesidad de mantener constantes sus ingresos petroleros para hacer frente a los intereses de sus abultadas deudas externas (5), los llevó a inundar los mercados, agravando la tendencia bajista de los precios. "Lo que tenemos es un clásico shock de precios que se remonta a la crisis financiera asiática (…) Después del golpe de la crisis financiera, las compañías cortaron sus inversiones en todo el mundo. Las firmas de exploración perforaron menos pozos y redujeron sus establecimientos de almacenamiento. El resultado, como calculó Daniel Yergin, de la firma Cambridge Energy, es que la capacidad productiva mundial es hoy 7 millones de barriles diarios menor de lo que podríamos haber esperado de otra manera" (6). Se trata, por cierto, de una muestra fantástica de la anarquía capitalista: en unos pocos meses, según este especialista, las empresas liquidaron una capacidad productiva de extracción y refinamiento equivalente al 10% de la producción actual. Pero esto es tan sólo un promedio; en algunos países, como Japón, la reducción de la capacidad instalada de refinación alcanzó el 20% (7). Detrás de esta destrucción tan sistemática como violenta de fuerzas productivas, estaba la certeza de los capitalistas de que "Asia tardaría años en salir del agujero en que había caído" (8), lo que nos da una idea retrospectiva de la conciencia de la propia burguesía acerca de la envergadura de la crisis. A todo esto hay que agregarle, además, la drástica reducción de la producción petrolera rusa, como consecuencia del saqueo de los burócratas restauracionistas (9). Centralización capitalista Esta reducción de la capacidad instalada tuvo también su expresión en la ola de fusiones y adquisiciones que sacudió a toda la industria petrolera después de la crisis asiática. Entre 1996 y 1998, en apenas dos años, el monto de los contratos de fusiones y adquisiciones se multiplicó ¡por 24!, pasando de un promedio de 10.000 millones de dólares entre 1990 y 1996 a 40.000 millones en 1997 y a 240.000 millones en 1998 (10). Con el precio del barril a 10 dólares, las compañías más pequeñas, menos integradas o con pozos menos rentables no podían sostenerse frente a la presión competitiva de las grandes. El resultado fue una enorme carnicería donde "el grande se comió al chico", según la poco original pero gráfica expresión de un diario regional (11). Esta ola de adquisiciones se extendió por todo el mundo. Asia fue el continente donde se realizaron las mayores "capturas" de pequeñas empresas nacionales por grandes pulpos, pero América Latina no escapó a la "moda": la compra de la argentina YPF por la española Repsol (o mejor dicho, por los fondos de inversión norteamericanos y británicos que son los verdaderos dueños de Repsol) forma parte de una tendencia mundial a la centralización capitalista de la extracción y la refinación petrolera. Paralelamente, varias de las grandes compañías se fusionaron entre sí, creando verdaderos monstruos: British Petroleum se fusionó con las norteamericanas Amoco y Arco; Exxon se fusionó con Mobil; y las francesas Total Fina y Elf se unieron en una única empresa nacional. "En este proceso, las famosas 'Siete Hermanas', que dominaron la industria petrolera por décadas (Exxon, Shell, Texaco, Mobil, Chevron, Gulf y BP) se han convertido en sólo tres matrimonios, con una o dos 'compañías Cenicienta' dejadas de lado" (12). Adicionalmente, se produjeron numerosas "fusiones parciales" mediante la combinación de los negocios de refinamiento y venta minorista de diferentes compañías. Esto incluye, por ejemplo, la fusión de los negocios de refinación y venta minorista de Shell y Texaco en los Estados Unidos. Este proceso de grandes fusiones continúa a todo vapor, a pesar del alza de los precios: hace pocas semanas se unieron Chevron y Texaco. También prosigue el copamiento de las empresas más débiles en el mercado mundial por parte de los grandes pulpos, como lo revela la penetración accionaria de BP-Amoco, Shell y Exxon-Mobil en las tres principales compañías petroleras chinas. El "costo social" de este copamiento, sostiene un diario financiero, será el despido de un millón de trabajadores de la industria petrolera china (13). Mediante este acelerado proceso de centralización, los grandes grupos lograron obtener un aumento sustancial de las reservas y de las posibilidades de extracción, refinación y almacenamiento propios. Las tres mayores compañías (BP-Amoco, Shell y Exxon-Mobil) dominan hoy el 10% de la producción mundial, es decir la cuarta parte de la producción de todos los países de la Opep tomados en su conjunto. Las 17 primeras empresas dominan el 20% de la producción mundial, la mitad de la producción de la Opep. Sin embargo, son todavía más poderosas que los países de esa organización porque tienen un virtual monopolio del refinamiento, de la venta minorista y del abastecimiento a la petroquímica. Hablando en la Conferencia de los trabajadores de la industria del petróleo sindicalizados en el Pace (Paper, Allied-Industrial, Chemical and Energy Workers International Union) de los Estados Unidos, Michael Tanzer, editor de temas laborales de la revista The Black World Today, señaló que "hay un objetivo mucho más importante y de mayor alcance en estas 'megafusiones', que tiene por objeto elevar los beneficios a largo plazo. Históricamente, los mayores beneficios en la industria petrolera provinieron del mantenimiento de un precio de monopolio por el crudo y un precio de costo considerablemente inferior". El acuerdo de Achnacarry de 1928, firmado por Exxon, BP y Royal Dutch/Shell y al que luego se unieron las otras cuatro de las llamadas "Siete Hermanas" (Mobil, Chevron, Texaco y Gulf Oil), estableció una división monopólica de "áreas de influencia" y un precio relativamente estable. Este régimen duró hasta los años '60, cuando fue fundada la Opep. "Desde mi punto de vista continúa Tanzer, las grandes petroleras nunca abandonaron el sueño de retomar el control sobre los precios del crudo (…) En el mundo de hoy, el objetivo de largo plazo de las compañías gigantes es desarrollar una concentración suficiente que les permita, como grupo, asociarse con la Opep para establecer monopólicamente precios estables" (14). La centralización de la industria petrolera le ha permitido a los "vencedores" realizar grandes "economías de escala", transfiriendo la producción a las plantas más grandes y más modernas y cerrando las "ineficientes". La esencia de estas economías de escala es la reducción sustancial y permanente de la cantidad de trabajo necesaria para producir un volumen determinado de producción (15). Es decir, "la esencia" de todo el proceso de fusiones es, para decirlo en palabras llanas y comprensibles, el aumento "sustancial y permanente" de la superexplotación de los trabajadores. Desde el punto de vista productivo, "las fusiones de muchos operadores y compañías de servicios produjeron una masiva declinación en la actividad, que tuvo como resultado la caída de las reservas (globales)" (16). En 1999, por primera vez en mucho tiempo, la totalidad de las reservas mundiales de petróleo se redujo en términos absolutos (17). Con precios bajos y una provisión propia abundante de petróleo, las grandes compañías encontraron una vía adicional para elevar sus beneficios mediante la utilización del sistema llamado "just in time", es decir mediante la reducción al mínimo de los stocks e inventarios. Así, las grandes empresas fueron "desacumulando" stocks cuando su precio de reposición tendía a la baja. La contrapartida de este mayor beneficio de la especulación a la baja fue elevar de una manera geométrica la necesidad de transportar constantemente petróleo para reemplazar los stocks agotados. Los sistemáticos intentos de reducir los costos del transporte marítimo de petróleo explican la larga serie de accidentes de buques petroleros con su secuela de polución y destrucción del medio ambiente. Pero lo que resultó ser una fuente de grandes beneficios cuando los precios tendían a la baja, se convirtió en su inversa cuando los precios comenzaron a subir: los escasos stocks mantenidos por las empresas son una de las razones fundamentales de la volatilidad que ha mostrado el precio del petróleo en los últimos meses. Una recuperación parasitaria de los precios En junio de 1998, la Opep resolvió reducir su producción en 2,6 millones de barriles diarios, medida en la que fue seguida por varios países productores no asociados. En marzo de 1999, con los precios todavía en baja, la Opep redujo en otros 2 millones de barriles su producción diaria. Poco después, con el comienzo de la recuperación de la demanda asiática en un insignificante 2%, comenzaba el ciclo alcista del petróleo. Pero el alza de los precios no llevó a las empresas a retomar las inversiones en exploración y producción que habían cortado como consecuencia de la baja de los precios. Los pozos y las destilerías cerradas no fueron reabiertos; al contrario, la capacidad productiva siguió cayendo porque las inversiones en exploración y explotación de 1999 fueron todavía inferiores a las de 1998 (18). La mayor demanda fue abastecida con una mayor disminución de los stocks acumulados. La razón fue puramente especulativa: "El mercado, sostiene un especialista, supuso que el precio del crudo habría de bajar" (19), es decir que la demanda bajaría rápidamente. Una rápida rebaja de los precios, como se pronosticaba a cada instante, le habría dado enormes beneficios a los especuladores porque habrían podido reponer a 10 dólares las existencias vendidas a 20 ó 25 dólares. Detrás de este rechazo, aparentemente contradictorio, a relanzar las inversiones para reabrir pozos y refinerías cuando los precios estaban en alza, está la caracterización de que la inesperada 'recuperación asiática' tenía los pies de barro. Ocurre que los países asiáticos habían recuperado, parcialmente, sus niveles de exportación anteriores a la crisis del '97 vendiendo a precios que no tomaban en cuenta el costo de la reposición del capital fijo sino apenas los de las materias primas, la mano de obra y los costos financieros. En pocas palabras, estaban liquidando su capital para pagar deudas. La continuidad de esta "recuperación" estaba, además, jaqueada por las quiebras de las coreanas Daewoo y Hyundai, los mayores grupos industriales de ese país; por la continuidad del estancamiento japonés; y por el hundimiento de Indonesia, país petrolero, lo cual restringía la demanda y liberaba la exportación. En el último año y medio, la industria abasteció la demanda consumiendo stocks y reservas. A pesar de su fragilidad, la "recuperación" asiática se mantuvo el tiempo suficiente como para agotar las reservas existentes y poner de manifiesto la violenta destrucción de capacidad instalada que se había operado. Hoy, la producción mundial de 77 millones de barriles diarios iguala a la demanda, pero la necesidad de reponer los stocks agotados crea ese "faltante" de oferta que eleva los precios. Sin nuevas inversiones, las grandes empresas y los países de la Opep están produciendo al máximo de sus posibilidades; la capacidad residual de ampliación adicional de la producción de la Opep está en su mínimo histórico (20). Dentro de la Opep, sólo Arabia Saudita podría aumentar su producción en 2 millones de barriles diarios, pero otros miembros, como Kuwait, no logran cumplir con las cuotas establecidas. El equilibrio entre la oferta y la demanda es tan precario que un diario norteamericano de negocios no duda en afirmar que Irak se ha convertido "de paria internacional en crucial protagonista de la crisis del petróleo" y que "Hussein parece tener la sartén por el mango" (21). Ocurre que las exportaciones de Irak superan, y en mucho, la capacidad de producción residual del resto de los países de la Opep. Si Irak declarara un embargo petrolero unilateral, no habría forma de reemplazar su producción. La evidente crisis potencial que encierra esta situación puso en apuros al candidato Gore en la campaña electoral norteamericana. Sin posibilidades de que se produzca un aumento de la producción, con las refinerías trabajando a su máxima capacidad instalada y con las reservas en su nivel más bajo de las últimas dos décadas, se anuncia un prolongado período de precios altos salvo que se produzcan nuevos derrumbes nacionales. Alan Vierguz, ex presidente de la cámara que agrupa a las petroleras privadas venezolanas, estima que el precio del crudo llegará a 50 dólares dentro de dos años; más pesimista, el banco de inversiones norteamericano Goldman Sachs calcula que el precio llegará a 40 dólares en los próximos seis meses (22). Esto, claro, mientras la economía mundial mantenga los actuales niveles de demanda, algo sobre lo que no existe ninguna certidumbre. Crisis política y lucha interimperialista Para algunos analistas, como Peter Odell, de la Universidad Erasmus de Rotterdam, "es la política la que ha causado el aumento del petróleo" (23). "Estados Unidos -explica Odell- necesitaba precios más altos para contrarrestar la seria amenaza a la economía global que constituía la pérdida de ingresos de los países dependientes de la producción de petróleo, particularmente Rusia, y ejerció presión para obtenerlo" (24). Es decir que lo que ha sacudido a la economía mundial es el intento de evitar los estallidos que se perfilan en el horizonte. No se trata, sin embargo, sólo de Rusia, sino también de Arabia Saudita, "un país construido sobre contradicciones, extremadamente vulnerable", al que un especialista considera nada menos que el teatro de una "próxima guerra civil" (25). "La familia real, dice un corresponsal, está alarmada por el espectro del desempleo en masa", que llega al 20% de la población después de "más de una década de estancamiento" (26). Otro corresponsal caracteriza la situación de los trabajadores extranjeros en las monarquías del Golfo como "una bomba de tiempo", y recuerda que en octubre del '99, en Kuwait, fueron necesarios dos días de represión de las fuerzas especiales para contener a los miles de trabajadores egipcios que desataron "una orgía de fuego y piedras" en protesta contra su miserable situación (27). "Pero desde que comenzó el aumento de los precios, en marzo de 1999, los Estados Unidos y sus aliados del G-7 simplemente fracasaron en adoptar los pasos políticos adecuados para impedir que los precios se fueran demasiado arriba" (28). En este terreno, el fracaso del gobierno norteamericano fue verdaderamente mayúsculo: la presión sobre los países de la Opep para que éstos aumentaran su producción logró un resultado tan modesto como inestable. Más resonante aún fue el fracaso de la publicitada venta de parte de la "reserva estratégica" norteamericana. Esta "reserva", creada después de la crisis petrolera de 1973, tiene como finalidad prevenir a Estados Unidos de un potencial desabastecimiento ante una crisis externa (guerra, bloqueo de los países productores) (29). La venta de parte de esta "reserva", impulsada por el propio Clinton para forzar una caída de los precios del petróleo, dividió al gobierno norteamericano: el secretario del Tesoro, Lawrence Summers, y el presidente de la Reserva Federal (Banco Central), Alan Greenspan, la consideraron, en una declaración pública conjunta, "un enorme y sustancial error político" (30). El enfrentamiento público con los representantes del 'establishment' financiero no le sirvió de mucho a Clinton: el efecto depresivo sobre los precios de la venta de parte de la "reserva estratégica" duró menos de una semana. Aun los que afirman que el alza de los precios del petróleo obedece a causas estrictamente económicas advierten que la situación es tan precaria que "esto no es todavía una crisis pero puede convertirse en una muy rápidamente (…) Si ocurre algún desastre natural o provocado por la mano del hombre -huracán, terremoto, una profundización de la descomposición política en Indonesia o una confrontación en el Estrecho de Taiwán- hay muy poco margen para el error" (31). ¡Esto fue publicado tres días antes de que estallara el levantamiento nacional palestino! Aunque Irán y Arabia Saudita hayan declarado que "mantendrán la producción y las exportaciones a Occidente a pesar del conflicto palestino-israelí" (lo que sólo alcanzó para detener temporariamente el alza del petróleo), lo cierto es que "nadie puede saber qué pasará si la situación (en Medio Oriente) empeora" (32). Así, la sublevación palestina puede ser el detonante de un mayor "desajuste entre la oferta y la demanda" que empuje a la economía mundial a la depresión. Se trata de una poderosa expresión de la vigencia de la categoría dialéctica de la totalidad, que se impone en última instancia a los intentos necesariamente fragmentados y parciales de los Estados capitalistas de contener las tendencias a la disolución del régimen capitalista. El fracaso de la política norteamericana en Medio Oriente se pone de manifiesto de manera muy acusada en Irak: una década después de la Guerra del Golfo, y a pesar de las inmorales e inhumanas sanciones impuestas por la ONU, Irak se ha convertido en el "fiel" de la balanza petrolera porque su producción es indispensable para mantener el delicado balance actual de la oferta. Esto explica, también, que la "cuestión irakí" se haya convertido en un tema de abierta disputa entre Estados Unidos y Europa. Mientras las compañías norteamericanas serán las principales beneficiadas por la autorización del gobierno saudita de que las compañías extranjeras puedan tener hasta el 100% del paquete accionario de las compañías de petróleo y gas que operan en Arabia (hasta ahora estaban restringidas a actuar como socios mioritarios), Irak, Irán y Libia son un bocado para Europa. "Después de haberle ganado a los norteamericanos en Irán y Libia, Europa no piensa dejarse arrebatar Irak" (33). El gobierno irakí pretende elevar su capacidad de producción a 4 millones de barriles diarios en 2001 y a 6 millones en 2004, para lo cual necesita 30.000 millones de dólares "que piensa obtener de las compañías petroleras europeas, en particular las italianas, a las que ha ofrecido concesiones 'muy interesantes', incluida la posesión de parte de las reservas" (34). El presidente de la petrolera italiana ENI se ha declarado dispuesto a comenzar a operar rápidamente "siguiendo el ejemplo de Francia en Irán, que desafió las sanciones impuestas por los Estados Unidos". "Las empresas europeas, concluye el presidente de la ENI, no deben darle importancia a las sanciones que son el fruto de la voluntad norteamericana" (35). No es casual que Irak haya anunciado que valuará su petróleo en euros y que sólo aceptará la moneda europea (y no dólares) en pago por sus exportaciones, lo que bien puede llevar al derrumbe del dólar si va en concierto con el derrumbe de Wall Street y de los títulos de la deuda corporativa norteamericana. Irak no es el único lugar donde los enfrentamientos entre los pulpos del petróleo conducen a disputas entre los Estados. Alrededor de las riquezas petroleros y gasíferas del Mar Caspio y de las ex repúblicas del sur soviético se libra una encarnizada batalla por la traza de los oleoductos que sacarán el crudo hacia Occidente, batalla que envuelve a Estados Unidos, Turquía, Rusia, Irán y las potencias europeas que respaldan a esta última. Una de las consecuencias de estas disputas ha sido la guerra de Chechenia, en la que rusos y norteamericanos colaboraron en la masacre del pueblo checheno en función del acuerdo por el cual se dividieron sus "áreas de influencia" en el Cáucaso. El papel de los grandes monopolios integrados La reducción de la capacidad instalada durante los años 1997/98 fue mayor en la refinación que en la extracción de petróleo. En consecuencia, la escasez se hizo sentir primero en los productos refinados, y allí comenzó el ciclo alcista. Además, el aumento de los refinados fue más pronunciado que el del crudo: en el curso de los últimos dieciocho meses el aumento de los productos refinados fue un 35% superior al del crudo. Lógicamente, las grandes compañías como BP-Amoco, Exxon-Mobil o Shell, que integran en sus vastos monopolios la exploración, la extracción, el transporte, la refinación, el almacenamiento y la distribución minorista, fueron las primeras en desatar la carrera alcista. Por eso, el vicepresidente norteamericano, Al Gore, no dudó en afirmar que "las petroleras integradas son las responsables del aumento del petróleo" (36), y hasta una revista financiera británica llega a enunciar la posibilidad de que exista "una colusión de empresas para mantener los precios elevados" (37). El papel que jugaron estos monopolios manifiesta una peculiaridad que distingue a esta crisis petrolera de las anteriores: en esta, a diferencia de las que pasaron, el aumento del petróleo no ha reducido los márgenes de beneficio de las refinadoras, de las distribuidoras y de la industria petroquímica. Al contrario, estos márgenes de beneficio han aumentado, lo que significa que la parte del león se la han llevado las grandes compañías integradas. En Europa, por ejemplo, el margen de ganancia de las refinadoras creció de 1,76 a 3,30 dólares por barril, un incremento cercano al 90%, al tiempo que "las ganancias de los productores petroquímicos crecieron agudamente" (38). En Estados Unidos, el aumento de los márgenes de ganancia de las refinadoras fue todavía superior porque los precios de los refinados se elevaron proporcionalmente más que en Europa. El movimiento alcista iniciado por las refinadoras "arrastró" a la Opep a reducir su producción. Para las grandes compañías, la reducción de la producción resuelta por los países productores fue una "bendición", ya que les permitió ir aun más a fondo en el alza de los precios de los productos refinados, algo que habría resultado políticamente imposible si el precio del crudo continuaba bajando. El papel clave que han jugado las grandes empresas integradas en el alza del precio del petróleo ha llevado a algunos especialistas a afirmar que "la lección aprendida en esta crisis es que la Opep ya no controla el mercado" (39). Los países de la Opep Aun cuando la reducción de su producción petrolera sirvió para elevar los precios y, consecuentemente, sus ingresos por exportaciones (40), esta política fue desastrosa para las economías internas de los países de la Opep. Como sus economías están centradas en la explotación petrolera, la reducción de la producción llevó a recesiones generalizadas en esos países. Irán atraviesa una severa recesión, que ya dura más de un año, y que ha llevado el desempleo al 20%. Lo mismo ocurre en Siria, en Nigeria y en los países del Golfo, donde el desempleo, en promedio, alcanza el 25%. Al mismo tiempo, como consecuencia del aumento del desempleo, en todos estos países aumentó el porcentaje de la población que vive por debajo de los niveles de pobreza… al mismo tiempo que subían los ingresos petroleros. En un trabajo publicado anteriormente en esta misma revista (41), se mostró cómo la reducción de la producción petrolera había golpeado a Venezuela, algo sumamente interesante porque el presidente venezolano Hugo Chávez fue precisamente uno de los principales impulsores de la rebaja de la producción de la Opep. "La producción venezolana se redujo en un 20% por las órdenes del propio gobierno. Se cerró la mitad de los pozos, se redujeron las inversiones y se despidió a 8.000 trabajadores petroleros. Una huelga de los petroleros contra los despidos fue ilegalizada por Chávez. Las consecuencias fueron demoledoras: la reducción de la producción petrolera es la principal causa de la caída del PBI y de la recesión (42). La desocupación ¡se ha duplicado! y alcanza (entre desocupados y subocupados) al 50% de la población; casi el 90% de la población esta por debajo de la línea oficial de pobreza (43). (…) El daño que ha sufrido la producción venezolana 'es irreversible en el corto plazo': aunque su producción se redujo en unos 625.000 barriles diarios en 1999, ahora sólo podría ser aumentada en unos 150.000 porque muchos de los pozos cerrados no podrán reabrirse (44). El "nacionalismo petrolero" ha demostrado claramente sus limitaciones, pues sólo es capaz de defender el precio de sus materias primas al costo de un derrumbe productivo. ¿Qué harán los países productores con los 185.000 millones de dólares adicionales que recibieron en los últimos dos años como consecuencia de los aumentos de precios? Ninguno de los países de la Opep se plantea poner en pie con estos ingresos un plan nacional de industrialización y diversificación económica que rompa su dependencia de las exportaciones petroleras y atenúe los desequilibrios internos que ésta genera (45). Su principal preocupación es "reconstituir las reservas de cambio (y) los activos financieros" con el objeto de "mejorar su calificación crediticia reducida por las calificadoras de riesgo" (46); o incluso, como en el caso de Indonesia, "pagar por la recapitalización de la banca (quebrada por la crisis asiática)" (47). No se trata, sin embargo, de que los países de la Opep vayan a salir a pagar en efectivo sus abultadas deudas externas o a reducir sus déficits fiscales, porque esto agravaría todavía más la recesión que sufren. De lo que se trata con la "reconstitución de los activos de cambio" es de sentar las bases para abrir un nuevo ciclo de endeudamiento externo. El masivo ingreso de "petrodólares" revalorizará las monedas nacionales frente al dólar, como ya está ocurriendo con el bolívar venezolano. Esto servirá para mejorar las posibilidades de especulación financiera del capital externo en los países de la Opep y, además, abaratará las importaciones, lo que significará un retroceso todavía mayor de la producción nacional no petrolera. En referencia a esta última cuestión, no sólo importa el tamaño del ingreso sino también su distribución. Los países de la Opep se encuentran entre los que tienen la distribución del ingreso más retrógrada: inmensas masas que viven en la miseria mientras pequeñas oligarquías, coronadas o no, nadan en la opulencia. Esta distribución regresiva lleva inevitablemente al despilfarro de los ingresos petroleros en importaciones parasitarias (¡armamentos!) y construcciones faraónicas. Hace pocas semanas, en Venezuela, una poderosa y radicalizada huelga general petrolera, con acciones callejeras y bloqueos con piquetes de pozos y refinerías, por aumentos salariales, le propinó a Chávez "su peor derrota en casi dos años de gestión" (48). Los petroleros venezolanos impusieron el aumento salarial que reclamaban (9 dólares diarios, contra 3 que ofrecía el gobierno) y obligaron al gobierno a "abrir" el cofre de los beneficios petroleros. Esta victoria obrera ha desatado una ola de huelgas salariales en todo el país (construcción, médicos, docentes, subterráneos) que muestran a las claras que la "bonanza petrolera" de ninguna manera ha servido para mejorar las condiciones de los pueblos de los países de la Opep. Crisis histórica La no recuperación de los pozos y las refinerías cerradas como consecuencia de la crisis asiática se inscribe en una tendencia de largo plazo de la industria petrolera: la caída de las inversiones tanto en la búsqueda de nuevos yacimientos como en la exploración y refinación. Desde mediados de la década del '80, hace ya quince años, "la capacidad de producción se viene erosionando lentamente, como resultado de la falta de exploración y puesta en funcionamiento de nuevos yacimientos" (49). La relación entre las reservas mundiales conocidas y la producción viene cayendo sistemáticamente desde 1979. "Los descubrimientos de nuevos yacimientos, dice un especialista, alcanzaron un pico en los años '60"; desde entonces hay un déficit creciente de inversiones en la búsqueda y puesta en funcionamiento de nuevos pozos. Hoy se descubre un nuevo barril de petróleo por cada cuatro que se consumen (50). La reducción de las inversiones es todavía más aguda porque "las dramáticas mejoras tecnológicas de la última década redujeron sustancialmente el costo de la exploración y de la explotación" (51). En el último período, sólo el descubrimiento de los yacimientos del Mar Caspio, que todavía no fueron puestos en funcionamiento, abrió una nueva veta de explotación. En cuanto a la refinación, la capacidad de producción diaria conjunta de Estados Unidos y Europa se ha mantenido constante en los últimos diez años (32 millones de barriles diarios), mientras que la demanda ha crecido de 31 a 34 millones (52). Desde 1990 fueron cerradas 30 refinerías en Estados Unidos (lo que significa una destrucción de capacidad instalada de 100.000 barriles diarios) y no se abrió una sola planta nueva. En el mismo período, el número de trabajadores de la industria de la refinación cayó de 95.000 a 60.000. En consecuencia, la productividad de los trabajadores se duplicó (mientras sus ingresos se mantenían constantes), lo que explica que, a pesar de la rebaja del precio del petróleo, el valor de las acciones de las petroleras aumentó unas nueve veces en todo este período (53). El bloqueo a la acumulación capitalista se manifiesta de una manera espectacular en la decisión de las grandes empresas petroleras de no utilizar los fantásticos beneficios que han obtenido como consecuencia del aumento de los precios del petróleo y de los márgenes de refinación para aumentar la capacidad productiva instalada, sino para proceder a la recompra de sus propias acciones. En los nueve primeros meses de este año, las cuatro mayores petroleras obtuvieron beneficios por 50.000 millones de dólares, que pueden superar los 80.000 millones al concluir el año. El margen de beneficios de las tres mayores petroleras triplica al de las tres mayores compañías no petroleras (54). De la misma manera que cuando los precios estaban en baja, ahora, con los precios batiendo récords, las grandes empresas no aumentan su capacidad productiva sino que la disminuyen. Las trece mayores petroleras producirán este año un 1% menos que en 1999 (55). Y reducirán todavía más su producción el año próximo porque sus gastos de exploración se han reducido de manera significativa. La Exxon-Mobil, por ejemplo, va a invertir en ese rubro un 24% menos que el año pasado, en el que ya había sufrido una reducción respecto de 1998. La reducción de los gastos de prospección, por segundo año consecutivo, "es común entre las mayores compañías" (56). Todo esto confirma la fuerte tendencia a la completa monopolización de las reservas de petróleo como única vía para asegurar una elevada tasa de beneficio, de un lado, y para dar con ello una base económica a la penetración en gran escala en la minería de la ex área soviética, que sería así el soporte de una restauración del capitalismo en gran escala. Según un especialista, "las empresas están traumatizadas por el colapso de los precios de 1998 y dudan en gastar dinero en proyectos que no serán lucrativos si el precio del petróleo vuelve a bajar a 15 dólares" (57). Pero con la Opep y las petroleras privadas produciendo al máximo de su capacidad, una rebaja tan brutal en los precios sólo puede provenir de una drástica caída en la demanda, es decir de la entrada de la economía mundial en un ciclo definidamente recesivo. La falta de inversiones en exploración y refinación refleja no sólo la sobreacumulación de la industria petrolera sino la perspectiva similar de toda la economía capitalista en su conjunto. La recompra de sus propias acciones -a la que las grandes petroleras destinarán un monto varias veces superior al de sus inversiones en exploración y producción- es manifiestamente parasitaria. Servirá para aumentar el valor de esas acciones, abrir negocios especulativos y, en momentos en que la Bolsa de Wall Street está en baja, protegerse de grupos rivales o fondos de inversión que pretendan entrar en ellas. Tomando la economía en su conjunto, la recompra de esas acciones por las grandes empresas petroleras servirá para movilizar el capital-dinero hacia otras ramas, lo cual revela que esta industria está saturada. Hace ya dos años, Miguel Briante llegó a las mismas conclusiones al analizar el significado de la enorme acumulación de beneficios líquidos por parte de Microsoft, que contaba en ese entonces con una "caja" acumulada de 17.000 millones que se ampliaba a razón de 2.000 millones por año. "La inmovilización de decenas de miles de millones de dólares es manifiestamente improductiva desde el punto de vista capitalista (y demuestra que) la informática se encuentra saturada desde el punto de vista del mercado y debería derivar su capital en exceso hacia otras industrias menos innovadoras. Mantener en la congeladora excedentes extraordinarios en efectivo (significa que) presiona a la baja el rendimiento de los capitales que se colocan a interés y señala una tendencia al colapso económico conjunto del capitalismo" (58). En un régimen social cuyo motor es la valorización del capital por medio de la explotación del trabajo asalariado, la saturación de las posibilidades de inversión en el conjunto de la economía es una expresión de la crisis histórica del capitalismo. ¿Qué salidas plantean los distintos grupos de países enfrentados por la crisis petrolera? Los gobiernos de los países consumidores reclaman que se aumente la producción para bajar los precios, es decir que se consuman todavía más las reservas existentes. No se atreven a inducir una baja del consumo mediante un aumento de la tasa de interés (porque podría ser el detonante de una caída general de las bolsas) o mediante el aumento de los impuestos (porque temen una rebelión de los consumidores). Los países productores, por su parte, plantean que los países consumidores reduzcan los impuestos sobre el combustible, es decir que renuncien a una parte de la renta petrolera. Tampoco se atreven a plantear la reducción del consumo porque el pago de sus abultadas deudas externas depende de sus ingresos petroleros. Los planteos contradictorios en danza revelan por sí solos la envergadura de la anarquía capitalista, en especial en un régimen de monopolios. lo@po.org.ar Notas: 1. The New York Times, 25 de setiembre de 2000. 2. Financial Times, 19 de setiembre de 2000. 3. Le Monde Diplomatique, marzo de 2000. 4. Frederick Parnell, "¿Desde cuándo los altos precios del petróleo son malos?", en Oil and Gas Journal, 29 de setiembre de 2000. 5. La deuda externa conjunta de los países de la Opep alcanza los 400.000 millones de dólares. 6. The New York Times, 25 de setiembre de 2000. 7. Indian Express Newspapers, 31 de julio de 1998. 8. The New York Times, 25 de setiembre de 2000. 9. "Para mantener los actuales niveles de producción (equivalentes a la mitad del pico alcanzado en 1987, de 11,47 millones de barriles diarios), la industria petrolera rusa necesitaría inversiones equivalentes a la mitad de todos los activos bancarios rusos" (Le Monde, 10 de agosto de 1997). Lejos de invertir, los restauracionistas han fugado decenas de miles de millones a los bancos de Occidente. En consecuencia, el saqueo ha seguido agravando la precariedad de la producción rusa de petróleo. 10. Petrostrategies, 26 de julio de 1999. 11. Indian Express Newspapers, 31 de julio de 1998. 12. BBC de Londres, Informe de la industria petrolera, 27 de noviembre de 1998. 13. Financial Times, 26 de setiembre de 2000. 14. Black World Today, 20 de octubre de 1999. 15. Oil and Gas Journal, 20 de setiembre de 1999. 16. Frederick Parnell, ídem anterior. 17. Le Monde Diplomatique, marzo de 2000. 18. The New York Times, 28 de octubre de 2000. 19. Ambito Financiero, 8 de setiembre de 2000. 20. La Repubblica, 17 de setiembre de 2000. 21. Wall Street Journal, 19 de setiembre de 2000. 22. Tiempos del Mundo, 28 de setiembre de 2000. 23. Financial Times, 19 de setiembre de 2000. 24. Idem. 25. Foreign Affairs, enero/febrero de 1999. 26. Financial Times, 23 de junio de 2000. 27. Financial Times, 10 de junio de 2000. 28. Financial Times, 19 de setiembre de 2000. 29. Estados Unidos importa más de la mitad del petróleo que consume. 30. The New York Times, 25 de setiembre de 2000. 31. Idem. 32. El País, 14 de octubre de 2000. 33. La Repubblica, 17 de setiembre de 2000. 34. Idem 35. La Repubblica, 19 de setiembre de 2000. 36. The Wall Street Journal, 26 de setiembre de 2000. 37. The Economist, 16 de setiembre de 2000. 38. Financial Times, 19 de setiembre de 2000. 39. Frederick Parnell, ídem anterior. 40. Los ingresos por exportaciones petroleras de los países de la OPEP pasaron de 110.000 millones de dólares en 1998 a 155.000 millones en 1999 y llegarán a 250.000 millones en el año 2000 (Financial Times, 27 de setiembre). 41. Luis Oviedo, "América Latina: Cuadro de Situación"; en En Defensa del Marxismo, N° 28, julio/ agosto 2000. 42. Business Week, 6 de marzo de 2000. 43. Gazeta Mercantil Latinoamericana, 23 de abril de 2000. 44. Financial Times, 6 de abril de 2000. 45. "En los países pobres exportadores de petróleo, las esperanzas de una diversificación económica se han quebrado" (Financial Times, 20 de octubre de 2000). 46. Financial Times, reproducido en Courrier International, 21 de setiembre de 2000. 47. Financial Times, 20 de octubre de 2000. La quiebra del sistema bancario privado de Indonesia, que el gobierno recapitalizará con los ingresos petroleros, equivale al 100% de su PBI. 48. Veneconomía, 18 de octubre de 2000. 49. Le Monde, 27 de agosto de 2000. 50. Le Monde, 5 de setiembre de 2000. 51. Financial Times, 19 de setiembre de 2000. 52. BAE, 2 de octubre de 2000. 53. Black World Today, 20 de octubre de 1999. 54. The Economist, 16 de setiembre de 2000. 55. The Wall Street Journal, 26 de setiembre de 2000. 56. The New York Times, 28 de octubre de 2000. 57. Idem anterior. 58. Miguel Briante, "Crisis y tecnología"; en Prensa Obrera, 7 de noviembre de 1998.

1 de diciembre de 2000
Yugoslavia, después de Milosevic

Los Balcanes acaban de protagonizar, una vez más, otra gran convulsión popular. Tres años y medio después de la revolución albanesa, un movimiento de masas sacudió ahora a Serbia. La caída de Milosevic a manos de una "insurrección popular" que "desbordó a las fuerzas de seguridad y logró tomar por asalto el Parlamento, varios cuarteles de policía y los medios de comunicación controlados por el régimen de Milosevic" (1), tuvo para Le Monde, por ejemplo, la estatura de un "octubre serbio" (2). En el pasado reciente, las vacilaciones y la cobardía de la Oposición Democrática de Serbia (Dos), el frente electoral democratizante que encabezó Kostunica, habían envalentonado a Milosevic. Este había pretendido, si no birlar el veredicto electoral del 24 de septiembre, someter por lo menos a la 'oposición' triunfante en las urnas a una negociación y a sus condiciones. Inmediatamente después de las elecciones, la Dos convocó a una inocua campaña de 'desobediencia civil' que concitó entre los trabajadores "poca cosa" (3). El corresponsal enviado por La Nación coincidió en que la medida "no logró la convocatoria deseada" (4). El pueblo y la clase obrera serbia desobedecieron el llamado a la 'paz social' de la Dos y enfrentaron el fraude con sus propios métodos. Una impresionante huelga general tomó cuerpo a partir del paro de las grandes minas carboníferas. "Los 17.300 mineros, técnicos y administrativos de Kolubara están liderando esta lucha -decía el Financial Times-, habiendo entrado en huelga por tiempo indeterminado desde el viernes (29/9, cinco días después de los comicios), contrastando con las esporádicas acciones en otros lados. La determinación de los mineros parece estar inspirando otras protestas y sacudir al régimen, por la causa no menor de que Kolubara suministra el 62% del carbón que utilizan las usinas eléctricas serbias" (5). Milosevic intentó reprimir y detener a los dirigentes de la huelga, pero con esto no hizo más que atizar el fuego. Los mineros "ocuparon la mina" (6) y obligaron al repliegue de las tropas. Fue entonces que, para aislar a los mineros, el régimen comenzó a provocar una serie de cortes de energía en ciudades industriales del interior, como en Nis, gobernada por la oposición, intentando obtener el auxilio de ésta contra los huelguistas. Ya era tarde, sin embargo: "Hasta unos días atrás los partidos de la oposición eran los que conducían a la población, ahora es la población la que arrea a los partidos" -informa un periodista serbio (7). "Cuando los trabajadores de las usinas eléctricas (se suman a la huelga), la situación del régimen se vuelve definitivamente crítica" (8). La huelga se impone en todo el país, los cortes de ruta se extienden y "caravanas de micros llenos de trabajadores desde el sur y el centro de Serbia" (9), una multitud estimada en 500 mil personas, se concentra frente al parlamento federal en Belgrado para derrocar a Milosevic. Cuando éste intenta por último anular las elecciones, desencadena el quiebre y el desbande de las fuerzas policiales y del ejército. "Al ver el ímpetu de las masas, los policías se quitaron los uniformes, arrojaron sus escudos y máscaras de gas, descargaron sus fusiles y abrazaron a los manifestantes, entregándoles sus cascos y hasta los peines de sus metralletas. Otros agentes directamente huyeron" (10). La caída de Milosevic fue obra de "una rebelión popular sin precedentes en Serbia desde el final de la Segunda Guerra Mundial" (11); "no se vio nada igual en los últimos 50 años" (12). Recién después que Milosevic 'aparece' por televisión junto al enviado especial ruso, reconociendo la victoria de Kostunica, y luego dimite, sólo entonces "la revolución popular gradualmente finaliza" (13). Pero la insurrección no escapa al control de la proimperialista Dos. Para esto -dijimos en Prensa Obrera- "hace un frente con Milosevic contra la revolución" (14). Kostunica cierra un acuerdo con los sostenes históricos de Milosevic, la Policía, el Ejército y la Iglesia ortodoxa. La Dos actuó como correa de las potencias occidentales, ante la presión de las masas sublevadas. Pero el imperialismo es conciente de los límites de la Dos. Kostunica sella un pacto por el que es consagrado presidente al frente de un gobierno 'provisional' -el traspaso oficial estaba concebido para mediados del 2001- por el mismo parlamento federal contra el que se dirigieron las masas, donde el SPS de Milosevic es la principal fuerza. Las masas querían su 'juicio y castigo' y el de su régimen; Kostunica, en cambio, se enanca en un gobierno de 'unidad nacional' y promete nuevas elecciones para dentro de un año y medio. "Occidente puede ayudar a reforzar a los opositores de Milosevic si no mina su independencia. Si fueran vistos como títeres de la Otan, el respaldo arrollador que hoy tiene Kostunika podría desvanecerse. Kostunica es sabio al mantenerse limpio de esos contactos" (15) -decía entonces el Financial Times. Y recomendaba: "Mejor sería sacrificar un principio" (el juzgamiento de Milosevic en Occidente)… que 'sacrificar' a Kostunica, quien había realizado su campaña disputándole las banderas 'nacionales' a Milosevic. Antes de las elecciones, el 'demócrata' acusaba al Tribunal de La Haya como una agencia de la Otan y se negaba a permitir su accionar en Yugoslavia. Gracias a las propias presiones imperialistas, Milosevic no acabó como Ceaucescu. Antes de ser 'endemoniado', Milosevic fue en reiteradas oportunidades el vehículo de esas posiciones -y especialmente de las yankis-, como ocurrió por lo menos hasta los acuerdos de Dayton de 1995, cuando Milosevic impuso a los serbio-bosnios lo que los norteamericanos querían. Es el propio imperialismo el que salvó a Milosevic. El ariete de las 'sanciones' contra Milosevic fue siempre un escudo tras el cual Occidente mantuvo relaciones con el dictador. Recién con la crisis en su climax "Suiza congeló 100 cuentas del entorno del presidente" (16). El cierre provisional de la crisis yugoslava no habría sido posible sin el concurso de la burocracia rusa. "Como en la guerra de Kosovo del año pasado, la intervención de Rusia permitió una salida negociada" (17). Una vez más se ha demostrado que los burócratas restauracionistas pasaron a girar enteramente alrededor de los planes imperialistas para la región. Antes de este desenlace, la prensa occidental planteaba que "Rusia puede jugar (otra vez) el mismo rol constructivo que en Kosovo" (18). Las gestiones de su enviado especial fueron saludadas efusivamente por EE.UU. Rusia, que proveía a Yugoslavia de gas y petróleo, en una "decisión tomada por Putin" (19) ordenó a "Gazprom, el monopolio ruso del gas … que deje de suministrarlo poco tiempo antes de las elecciones, como fruto de que las deudas yugoslavas alcanzaban casi 400 millones de dólares" (20). La deuda yugoslava con Rusia había alcanzado ya otras veces esa cifra. En esta ocasión, sin embargo, no se dio lugar a 'reestructuración' alguna (21). Los burócratas chinos no le fueron a la zaga: "Tras permitir (que Milosevic) enviara al país asiático parte de las reservas de oro del país" (y después de ofrecerle asilo), China envió "un mensaje de felicitación a Kostunica. China y Rusia se unen así a los países occidentales" (22). ¿"Continuidad de la guerra por otros medios" (23) …? Es indudable que "la Otan no estuvo ajena al proceso que terminó con la caída de Milosevic" (24). Pero, ¿se puede afirmar que lo sucedido en Yugoslavia es tan sólo "la continuidad de la guerra" otaniana, ignorando olímpicamente la movilización de las masas, y defender a Milosevic? Para el PC argentino, al igual que durante las revoluciones políticas antiburocráticas, desde Berlín en 1953 hasta la caída del dictador húngaro a fines de 1989, esta lucha del pueblo serbio por desembarazarse de Milosevic tuvo un carácter contrarrevolucionario. Plantear así las cosas es unilateral, pues las masas se movieron para resolver sus propias necesidades, que a término, las llevarán a un choque contra la democracia imperialista. No es casual que el PC argentino reivindique a la Izquierda Unida yugoslava que responde a Milosevic (25). Los bombardeos de la Otan un año atrás se propusieron precisamente impedir cualquier reacción de las masas. Antes que acabar con Milosevic, el imperialismo mundial, con sus crímenes y el terror contra Yugoslavia, como al final de la Segunda Guerra Mundial en Alemania, pretendió impedir el despertar de las masas. La desconfianza en el desenlace de la crisis política y en la conformación del nuevo gobierno llevó a las masas -cuando la prensa imperialista decía que 'la revolución popular gradualmente finaliza'- a iniciar un "vendaval de ocupaciones y tomas de fábricas" (26). Se ponen en pie después de la insurrección -dice el Financial Times- "comités de huelga, comités de trabajadores, ocupaciones y cierres de fábricas … Es la revuelta obrera contra los directores de empresas de la era Milosevic" (27). "Esto sucedió en Novi Sad, en la compañía estatal de lotería, en Nis, en la fábrica de tabaco y en la Universidad de Belgrado, donde el cuerpo de profesores y los estudiantes expulsaron al rector y los administradores" (28). "Los comités de crisis están por todas partes. El diario Politika, que hasta hace poco era el vocero oficial de Milosevic, ya tiene el propio: 20 periodistas administran la tarea de otros 100 y cambiaron de la noche a la mañana la línea editorial" (29). "Tras la resignación del ministro de Salud, los sindicatos de los médicos tomaron a su cargo el ministerio" (30). En el hospital Dedinje, "uno de los más importantes de la ciudad (Belgrado) … una nueva conducción (fue) integrada por médicos y trabajadores del lugar. Ellos deciden qué se hace y cómo" (31). En algunos lugares hubo que vencer fuertes resistencias, como en la IMT, la fábrica de tractores cercana a Belgrado, y en el complejo minero de Bor. En la primera, el ex director se había pasado incluso al campo del nuevo régimen. Claro que no se puede descartar que algunos de estos comités, a partir de sus limitaciones políticas, sean 'funcionales' al propósito privatizador de la Dos. Sus principales partidos ya controlaban importantes gobiernos municipales de Serbia, desde 1997 venían trabajando en esa perspectiva, y disputaban con el régimen depuesto el control de esas empresas para pillarlas y privatizarlas. Por esto, ahora "los partidarios del nuevo presidente se apoderan de las empresas" (32), lo cual incluye a ciertos elementos milosevicistas: "Así el director de la fábrica de máquinas herramientas de Nis salvó su empleo, renunciando a la presidencia del brazo local del SPS" (33). No es casual que la Dos se lanzara a atacar violentamente a estos comités. Zoran Djindjic, uno de los principales dirigentes y vocero de la Dos, dijo que las ocupaciones y los comités son "una arbitrariedad" y que no tienen "ninguna justificación" (34). Nebojsa Covic, "ex alcalde de Belgrado del régimen y ahora dirigente del partido Alternativa Democrática (DA) integrado a la Dos", declaró en forma "inquietante", según El País: "Reina la anarquía en Serbia y la Dos tiene que controlarla cuanto antes … No puede permitir que una mafia reemplace a otra" (35). Pero los trabajadores tenían motivos de sobra para desconfiar: Miroljub Labus, "cabeza de un comité de crisis instalado por Kostunica" (36) y "uno de los nombres que se baraja como posible primer ministro de un gobierno de tecnócratas para Yugoslavia" (37), dijo que "no se investigará a las compañías que podrían haberse beneficiado de su asociación con el régimen de Milosevic", porque "otros problemas son más urgentes" (38). Así, el mismo Labus declaró "que una nueva ley de privatización sería de alta prioridad" (39). Por eso, "los trabajadores se hacen cargo de las oficinas de los directores", dice el Financial Times, teniendo "la ventaja de sus tradiciones con la propiedad social, cuando, bajo el socialismo, los derechos de propiedad eran participados por el Estado, los sindicatos y los representantes de los trabajadores" (40). La constitución de los comités resulta entonces no solamente una reacción instintiva de los trabajadores serbios ante lo que perciben como un 'arreglo' hecho a sus espaldas, sino de su experiencia previa de lucha. La movilización de los trabajadores serbios no es una creación del imperialismo. Si bien los comités habían tenido su debut antes del movimiento insurreccional que impuso la 'renuncia' de Milosevic, se desenvolvieron fundamentalmente después de que Kostunica y la Dos anunciaron sus planes de "formar un gobierno interino" (41) con los pilares del viejo régimen (el PSS y los 'radicales' -fascistas- de Vojislav Seselj). Fue entonces que estos "dos probables socios de la coalición se retiran de las conversaciones" (42) reclamando que se "detenga la toma" de empresas (43) y lanzando toda una serie de provocaciones. Los milosevicistas "ocupan los principales ministerios" (44), todavía en poder de los mismos funcionarios del régimen depuesto. "Poco antes Kostunica sufrió un nuevo planteo militar -el tercero en cinco días- y se vio obligado a confirmar en la cúpula de la fuerza al general Dragoljub Pavkovik" (45), "a quien pretendía reemplazar" (46). A la situación "'sólo falta que se le acerque un fósforo y explotamos', fue la queja de un allegado a Kostunica", mientras la moneda nacional se devaluaba de 45 a 70 dinares por dólar en "sólo tres días" (47). De esta manera, tras una serie de idas y vueltas, el viejo régimen se asocia con el nuevo. El aparato del ex 'hombre fuerte' se atrincheró en las instituciones de la República Serbia, "que goza de poderes más fuertes que los de las instituciones federales" (48), y negocia su porción del poder. Para esto el SPS se 'oxigena' rompiendo su alianza con la Izquierda Unida Yugoslava (Jul), de la esposa de Milosevic, ligada a "elementos del hampa" (49), y hasta el mismo Milosevic da un paso al costado (50). Así se arriba finalmente a un acuerdo por el cual se forma, primero, un gobierno de 'transición' para Serbia que deja "el control de cuatro ministerios, entre ellos Interior … en manos de un comité tripartito … (integrado con) los socialistas de Milosevic (SPS) y el partido del perpetuo tránsfuga Vuk Draskovic" (51). Tras esto se abre el camino a un gobierno federal, detrás de Kostunica, de similares características (52). …O cuando se pinta a la reacción de revolución? De acuerdo al Mst, estaríamos, a diferencia de lo que dice su aliado el PC, en presencia de "un gran triunfo democrático revolucionario de los trabajadores y el pueblo". La consagración de la Dos "sorprendió" a la Otan (sic). Los candidatos por los que "apostaban en Serbia … salieron últimos en las elecciones. Kostunica ganó las elecciones al frente de una coalición de partidos y una confederación sindical diferenciándose del sector pro yanki. Decía que rechazaba tanto al Palacio Blanco (la mansión de Milosevic) como a la Casa Blanca" (53). El Mst se tragó solito toda la cicuta. "Si los gobiernos occidentales sostuvieran (públicamente) al señor Kostunica antes de los comicios, cometerían un grave error", reconocía un editorial del Financial Times, cuatro días antes de las elecciones (54). Al diario inglés no se le escapaba que "Kostunica se presenta como un nacionalista en un país donde sólo los nacionalistas tienen alguna esperanza de ganar". Es que aunque "raramente pierde oportunidad de atacar los crímenes de guerra de la Otan y al Tribunal de La Haya" -decía otro editorial, ahora de The Washington Post- "sin duda los gobiernos europeos y de EE.UU. derraman millones de dólares en las organizaciones políticas de la oposición, y más en los esfuerzos por darle respaldo a Kostunica" (55). Las reuniones para constituir la Dos "eran organizadas en Montenegro (la provincia yugoslava gobernada por un agente de la Otan, que se colocó en la guerra en el campo de los agresores), en Dubrovnik, y también en Budapest, donde los EE.UU., privados de su embajada en Belgrado, habían instalado una misión especial encargada de Yugoslavia" (56). "Fundaciones americanas como Freedom House, Ndi y Usaid, forzaron la balanza. Los EE.UU. desbloqueaban una importante ayuda financiera: la cifra de 70 millones de dólares fue mencionada por The Washington Post, en tanto los medios de la oposición serbia hablaban primero de 22 millones de dólares (57). ¿Puede dudarse del operativo democratizante que se ha montado y sobre la filiación pro-imperialista de la victoria 'democrática' contra Milosevic? Milosevic había modificado la Constitución de Yugoslavia meses antes, e insinuó y finalmente practicó un monumental fraude en las elecciones, como lo había hecho en las municipales de fines de 1996. Sin embargo, esta vez la suerte del régimen estaba echada. Milosevic pretendió explotar a fondo la cobardía democratizante de sus opositores y forzar los términos de la transición política. Los términos de un "posible compromiso -decía ya el Financial Times en el editorial citado- podría consistir en un juicio (a Milosevic) en Serbia", con el "expreso acuerdo" del Tribunal de La Haya (58). Tras las elecciones, el comandante en jefe de las FF.AA., un general que dirigió las tropas serbias en Kosovo, se delimitó del dictador y declaró que se "respetarán (los resultados de) la elección" (59). Los 'demócratas' y sus mandantes imperialistas tenían un compromiso con las fuerzas armadas y no tenían el menor planteo democrático frente a éstas, ni frente a nada. El imperialismo fogoneó directamente a la Dos, y seleccionó cuidadosamente a Kostunica, jefe de un partido menor serbio y un "oscuro abogado" (60), como lo calificó toda la prensa mundial, detrás del cual se subordinó a los principales políticos yugoslavos, la mayoría de los cuales están desacreditados y manchados por su conducta, antinacional frente a los bombardeos de la Otan, o colaboracionista con el régimen de Milosevic. La supuesta maniobra de Milosevic de 'adelantar' las elecciones y tomar in fraganti a sus opositores, se convirtió en verdad en la 'oportunidad' para Occidente. La 'selección' de Kostunica para esta tarea, decía The Economist (61), fue decisiva: a) no integró la vieja nomenklatura stalino-titista, como la mayoría de sus pares de la 'oposición'; y b) lo más importante, estuvo siempre en el campo del nacionalismo reaccionario gran serbio desde que la vieja federación fue despedaza a principios de los '90 (se distanció a último momento del 'demonio', como cualquier Alfonsín de un Galtieri). Kostunica hizo campaña abiertamente a favor de la retención de Kosovo, disputándole a Milosevic esta 'bandera'. Un analista de la revista Vreme de Belgrado lo caracterizó como "candidato ideal. Kostunica está vacunado contra todas las acusaciones del régimen" (62), tras "haber empuñado un fusil Kaláshnicov de los francotiradores serbios, durante Kosovo, y haber defendido como abogado al líder serbio Rodovan Karadjic, acusado de crímenes de guerra en Bosnia-Herzegovina" (63). El imperialismo no sólo manipuló al movimiento sindical yugoslavo, sino especialmente a las organizaciones de la juventud, a través de diferentes ONG. Siguiendo "los métodos empleados en Eslovaquia en 1998 y en Croacia en 1999 … una de las prioridades fijadas para Serbia era 'arrancar el voto de los jóvenes'…" (64). "Es poco conocido que en Serbia están registradas 801 ONG … Que han tenido un rol decisivo" en la victoria electoral de la Dos (65). "Miljenko Dereta, responsable de Iniciativa Ciudadana, estima que las ONG 'habrían motivado a un 10% de la población a favor del cambio', según declaró al semanario Vreme. Los representantes de los partidos de la oposición reconocieron que esas organizaciones hicieron un trabajo enorme antes de las elecciones" (66). Es enteramente falso que la 'carta yanki' fuera el candidato del Movimiento Serbio de Oposición (MSO), dirigido por el ya citado Vuk Draskovik, cuyo "comportamiento -decía antes de las elecciones Stojan Cerovic, periodista de Belgrado- será sancionado" en las urnas, por no avenirse a la 'unidad' de la oposición, "sobrepuesta por primera vez a sus divisiones" (67). Los yankis no objetaron el aislamiento de Vuk Draskovic -dijo otro periódico de oposición serbia-, "porque había apoyado a Milosevic tantas veces como pudo … Desacreditarlo no sería una cosa mala" (68). Los yankis dejaron correr solo al 'perpetuo tránsfuga' para engañar mejor al pueblo yugoslavo. En cualquier caso, el MSO terminó -invitado por la Dos- dentro del nuevo régimen democratizante, integrando el gobierno de Serbia. ¿Qué queda entonces de la 'diferenciación' entre la Dos y la Otan? ¿Acaso su programa? Según publicó Vreme (69), éste planteaba lo siguiente: – "Adhesión inmediata … al Pacto de Estabilidad del Sudeste de Europa"; es decir, el programa de la restauración capitalista de la Otan. – "El retorno (de Yugoslavia y Serbia) al seno del FMI y del Banco Mundial"; es decir, el sometimiento directo al imperialismo. – "La apertura de negociaciones en vistas a una negociación con la Unión Europea", mediante "la adaptación de la legislación económica a normas internacionales", "una reforma fiscal", "la emisión de una nueva moneda convertible o la adopción del marco alemán"; como se ve, la transformación de yugoslavia en una 'republiqueta'. – "La liberación de los precios", "dar curso a las privatizaciones y una nueva reforma agraria"; esto es, un programa de guerra contra los trabajadores de la ciudad y el campo. ¿Se precisa alguna prueba más categórica sobre el carácter proimperialista de la Dos (¿acaso sobre las imposturas del Mst?)? Kosovo – Montenegro El empantanamiento de la ocupación militar de la Otan en Kosovo explica también el tipo de juego del imperialismo frente a la situación Yugoslava. La Otan facilitó la realización de las elecciones federales en Kosovo e impidió el boicot que propugnaron diferentes fracciones del EKL -el ejército de liberación de Kosovo cooptado por los ocupantes como virtuales 'gurkas', desde cuyas posiciones se "apoderaron de los negocios y las propiedades" kosovares, merced a sus "conexiones criminales" (70). Pero en los últimos meses, los yankis giraron del apoyo al EKL durante la guerra a un nuevo compromiso con Rugova, el líder albano-kosovar 'moderado', que había sido descartado un año atrás. Rugova y la Otan aceptaron la realización de las elecciones federales en Kosovo, a sabiendas de que la minoría serbia de Kosovo votaría mayoritariamente por Milosevic -a los albano-kosovares no había ninguna posibilidad de llevarlos a las urnas. El imperialismo yanki está ahora en una encrucijada porque la independencia nacional que reclaman todos los partidos burgueses o pequeño-burgueses de la mayoría albano-kosovar les es negada. Especialmente desde que Kostunica esfumó cualquier ilusión para Kosovo sobre el retorno siquiera de la 'autonomía' de que gozó hasta 1989 dentro de Serbia, y se postula como un 'relevo' del nacionalismo reaccionario 'gran serbio'. "La independencia muy probablemente no será un sueño pospuesto, sino un sueño negado" (71). Rugova ganó ampliamente las recientes elecciones municipales, "por lo menos en 21 de las 30 municipalidades de Kosovo" (72), no tanto por "el respaldo a Rugova sino más probablemente como un voto contra los ex-guerrilleros (del EKL)" (73), es decir, por capitalizar el voto contra los que aparecieron más enfeudados a la Otan. Cuando "los albaneses de Kosovo (tomaron nota sobre los objetivos de Kostunica, advirtieron que) tienen al interlocutor de sus peores pesadillas" (74). Rugova, por esto, luego de facilitar las elecciones federales, dio "un giro radical" y reclamó que los comicios municipales previstos para fines de octubre en Kosovo fueran también "legislativos y presidenciales. Algo a lo que la Unmik (las autoridades de la Otan en Kosovo) no está dispuesta" (75). Aún los sectores albano-kosovares más proclives a integrar una Yugoslavia multiétnica, como es el caso del líder histórico Adem Demaci, que pasó 28 años de su vida en la cárcel y es considerado "el Nelson Mandela albanés" (76), sostienen que después de lo ocurrido en los últimos años, tal perspectiva "pasa por una previa independencia de Kosovo" (77). El 'demócrata' Kostunica mantiene aún a miles de kosovares en las cárceles yugoslavas, quienes están allí tras las diferentes 'limpiezas étnicas' de Milosevic; por su parte, los agentes otanianos de la 'nación' kosovar se niegan a permitir el retorno de más de 150 mil serbio-kosovares a sus hogares, emigrados después de la guerra. "La situación en Kosovo tiene muchas probabilidades de tornarse más explosiva, lo que garantiza la necesidad de que las tropas de la Otan permanezcan en la región … En caso contrario, habría otra guerra" (78). The Economist estima que recién "en 10 ó 15 años" se podrían reconsiderar las fronteras, ya que en el cuadro actual de inestabilidad y fragilidad de toda la región, esto se descarta completamente por ahora. La perspectiva de una 'gran Albania', sobre la base de las poblaciones albanesas que habitan mayoritariamente en los actuales estados de Albania y Macedonia y en Kosovo -un planteo igualmente reaccionario que contrapesa al de una 'gran Serbia'-, que se plantearía a partir de la 'independencia' de Kosovo, es una amenaza al rompecabezas regional (79). Según La Repubblica, "en el caso de Kosovo, su independencia activaría la desagregación de Macedonia, una república fragilísima en la que en su momento tuvo fuerza el secesionismo albanés. A la vuelta está la republiqueta serbia de Bosnia que reclamaría directamente su reunificación con Serbia. En otras palabras, si se pone en marcha un proceso de reformulación de las fronteras en base a las etnias, se derrumbaría la precaria estabilidad alcanzada en los Balcanes después de la caída de Milosevic" (80). Hoy menos aún que 5 ó 10 años atrás, el problema de los choques entre el pueblo kosovar y el pueblo serbio -como antes entre serbios y croatas y otras fracciones de la ex Yugoslavia multiétnica- sólo muy parcialmente traduce siquiera apetitos locales. Los choques entre las mafias capitalistas-restauracionistas que explotan las miserias y los sacrificios de los pueblos expresan, sobre todo, el gran enfrentamiento en marcha entre los mandantes de aquellas mafias, las grandes potencias capitalistas. Los yankis, en forma desembozada, están tratando a los Balcanes como su 'patio trasero' europeo: "un área natural -dice The New York Times- para la expansión norteamericana". Kosovo se ha transformado en el centro de esta disputa. Un periodista de Pristina, en el periódico Koha Ditore, lo expresa así: "Si se cimenta sobre las señales que ha dado Kostunica, Europa tiene todas las chances de establecer su influencia en Serbia. Su objetivo sería tener a los EE.UU. fuera del eje del Danubio. Para Kosovo, ésta podría ser una evolución favorable, ya que ganaría mucho peso de cara a las pretensiones americanas. Estos últimos están en tren de construir el complejo de Bondsteel en Sojevo, una de las más grandes bases militares jamás instaladas fuera del territorio de los Estados Unidos. El aeropuerto de Pristina fue también motivo de un gran proyecto de reconstrucción, que permitiría transformarlo en un punto estratégico de los Balcanes. Así es posible leer cada problema y cada hecho de dos maneras diferentes" (81). Para otro periodista de ese mismo medio kosovar, la región bien podría tener una solución del tipo de la de Taiwan o Hong Kong (82), ahora como una colonia supuestamente 'colectiva' de la Otan, gozando de una legislación cuasi-estatal para el tráfico de mercancías, reconocida por la Organización Mundial de Comercio. Los yankis bien podrían estar alentando esto, con lo cual apuntarían a quedarse con los grandes yacimientos mineros de Kosovo, que se encuentran entre los mayores reservorios del viejo continente. Curiosamente, The Economist acaba de afirmar que "Rugova parece colocado para conducir a la 'Taiwan de los Balcanes'…" (83). En Montenegro, por otra parte, la Otan no logró convencer a sus 'aliados' del gobierno de Djukanovic para que participen de las elecciones presidenciales y respalden a Kostunica. Boicoteadas por Djukanovic, las elecciones federales fueron realizadas allí en forma muy precaria, participando alrededor de un tercio del electorado. Aunque afín a la perspectiva de la Dos, cuya victoria saludó sin mucho entusiasmo, el régimen de Djukanovic había ya virtualmente escindido a Montenegro de Yugoslavia. La pequeña república que le da salida al mar a lo que queda de la Federación Yugoslava, es una virtual colonia alemana, donde el marco reina hace ya dos años y su policía fue armada hasta los dientes por el imperialismo. Esto no sólo azuzó las disputas entre Serbia y Montenegro, sino que casi llevó a otra guerra. La falta de convergencia entre la Dos y Djukanovic, responde también, seguramente, a las divergencias en el propio campo imperialista. Ahora Djukanovik, "uno de los héroes de la diplomacia occidental después de dejar el campo de Milosevic tres años atrás", parece haber sido condenado a "la inutilidad" (84), dice The Economist. En el afán además de preservar a la actual Yugoslavia, Kostunica incorporó a Zoran Zizic, el líder del Partido Socialista de Montenegro, partidario de Milosevic, como primer ministro federal. Mediante esta "cohabitación" (85), "curiosamente, la oposición pro-serbia de Montenegro sostiene la balanza del poder en el parlamento yugoslavo" (86). Perspectivas "Los Balcanes fueron siempre la parte más pobre de Europa, pero nunca tanto como ahora" (87). ¿Cambiarán las cosas ahora que el imperialismo mundial levantó sus 'sanciones' contra Yugoslavia? ¿Se acabarán las guerras y los incendios en la región? ¿Le dará esto oxígeno al nuevo régimen? Nada más alejado de la verdad. La 'ayuda' imperialista a Yugoslavia acentuará de tal forma el yugo de los Balcanes, que como bien ha dicho el periodista Marcelo Cantelmi, en Clarín, próximamente "los paquetes de ayuda occidental pueden ser la mecha de ese nuevo incendio" (88). El imperialismo quiere aprovechar la vuelta al 'redil' de Yugoslavia no para 'reconstruirla', sino para disciplinarla. Esto vale particularmente también para la pequeña república de Montenegro -que no sufrió los bombardeos de la Otan y actuó durante la guerra como una 'quinta columna' pro-occidental. Ahora se acabará incluso el 'dulce' para esta república. La ilusión de las masas de Serbia en el nuevo régimen se enfrenta a la destrucción económica y la brutal miseria del país. Estas ilusiones se harán trizas. Ni bien asumido Kostunica, comenzó el 'desvanecimiento'. Un hombre del "elenco de Kostunica" provocó un "estado de shock" -según la corresponsal de La Nación- cuando declaró que los yugoslavos "tienen que dejar de pensar que el Estado lo proveerá todo" (89). La Dos había insinuado que se normalizaría la provisión de combustible para hacer frente al invierno, al acabarse el 'aislamiento internacional' y las sanciones. Ahora Kostunica ha recibido -dice The Economist- una "amistosa advertencia" del "movimiento estudiantil Otpor (resistencia), cuyas protestas callejeras fueron un componente importante de su campaña" (90). Otpor le dio "100 días" de plazo a Kostunica para que ejecute los reclamos populares y publicó un afiche con "el enigmático slogan: 'Nosotros lo estamos observando'…". Si no hace lo que le reclaman le "retirarían su apoyo y sacarían a la furiosa juventud contra los nuevos poderosos" (91). Yugoslavia, antes aún de los bombardeos de la Otan, según cifras de 1998, había visto su PBI reducido a la mitad del de 1989 y su producción industrial a menos del 40% (92). El empleo, sin embargo, se mantuvo aún en niveles levemente por debajo de 10 años antes (93). Si bien la guerra imperialista agravó todo esto, es indudable que el primer objetivo del nuevo régimen será 'acomodar' el empleo a los niveles del 'mercado', haciendo tabla rasa con la legislación laboral. El nuevo régimen viene a pavimentar un viejo reclamo imperialista, que en muy menor medida aun que en el resto de los Balcanes y del Este europeo puede traer aparejado algún 'despegue' a Yugoslavia. Occidente se acuerda ahora del "floreciente gangsterismo" que reina "en Yugoslavia … excepcionalmente poderoso … envolviendo de alguna manera a toda la sociedad serbia con el mercado negro" (94). El objetivo de todo esto es abrir el camino al desmantelamiento industrial y a la desmoralización y el aplastamiento del movimiento obrero yugoslavo. Mientras el régimen de Djukanovik le fue 'útil' al imperialismo, éste hizo la vista gorda "a la red que asoció a casi todo los sectores de la élite montenegrina al mundo del contrabando y el crimen" (95). El imperialismo, en función de sus propios intereses en las metrópolis, se propone terminar con "el tráfico ilegal de inmigrantes chinos por la pujante conexión Belgrado-Pekín, a través del Adriático" (96). El manejo de este "contrabando" fue uno de los motivos fundamentales de los choques entre la policía 'pro-occidental' montenegrina y el ejército federal (97). Es falso que podría haber una ola 'inversora' hacia los Balcanes sin antes dirimirse las disputas por el control de la región y, fundamentalmente, la crisis económica mundial cuyo epicentro está en los propios centros imperialistas. El levantamiento de las 'sanciones' contra Serbia que esgrimieron todas las potencias imperialistas para tentar a los democratizantes de Serbia no es más que una zanahoria. Difícilmente Kostunica y los suyos puedan sacar alguna tajada de esto. Del mismo modo que los imperialistas no han podido sacar del pantano a Kosovo, y no han puesto hasta ahora un peso allí para reactivar su economía, tampoco lo harán en Serbia. Crisis del petróleo, pérdida del valor del euro frente al dólar y el yen, todo esto mediante, lejos de facilitar las 'inversiones' las aleja. La Unión Europea está dividida y el último 'no' danés al euro es una manifestación de la acentuación de las disputas interimperialistas. Este cuadro no facilita la 'integración' del Este europeo al continente, sino que lo aísla y degrada cada vez más. Europa y los yankis no llevan al Este europeo hacia la 'prosperidad' sino a la vía de transformarlo en varias 'Puerto Rico', disputándose su esclavización. La Unión Europea está enfrentada a un debate acerca de con 'cuánto' se pone para 'ayudar' a Yugoslavia: las cifras que se manejan -2 a 5 mil millones de dólares en los próximos 6 años- representan menos que lo que se patinaron hasta ahora para destruir a Serbia y sostener la ocupación de Kosovo. El nuevo régimen, por esto también, ha hecho de su alianza con las fuerzas armadas toda una estrategia y sigue explotando pérfidamente el 'patrioterismo' a pesar de su filiación abiertamente proimperialista. En condiciones históricas mucho más críticas que la de 10 años atrás en todo el resto de Europa Oriental, el imperialismo y su 'pollo', la Dos, enfrentarán tempranamente la desilusión de las masas en el régimen privatizador. Algunos analistas hablaron recientemente de un 'renacer' del viejo espíritu yugoslavo, a partir del desplazamiento de Tudjman en Croacia y de Milosevic en Serbia. Esa observación es un indicio de que la fragmentación de Yugoslavia por parte del imperialismo ha fracasado. Pero el imperialismo no tiene condiciones para reeditar lo que en 1919 fue el reino de los Eslavos del Sur. El proceso restauracionista agrava los choques nacionales y las disputas por los despojos de lo que intentó ser en el pasado una verdadera federación de pueblos eslavos de los Balcanes. La restauración del capitalismo en Yugoslavia, además, se da en condiciones internacionales mucho más críticas que las que rodearon al proceso de la URSS, y enfrenta peculiaridades históricas y políticas, como las tradiciones obreras y los conflictos nacionales sin solución, que abrirán, sin lugar a dudas, nuevas oportunidades revolucionarias. La aspiración democrática de una verdadera Federación Yugoslava sólo podrá encontrar su realización bajo un régimen socialista, en el cuadro de una Europa hermanada por gobiernos obreros, jamás capitalistas. malaj@dazinet.com.ar Notas: 1. The Guardian, 7/10. 2. Le Monde, 21/10. 3. The Guardian, 3/10. 4. La Nación, 3/10. 5. Financial Times, 4/10. 6. Idem. 7. Idem. 8. Idem. 9. Idem, 6/10. 10. La Nación, 6/10. 11. El País, 7/10. 12. Financial Times, 6/10. 13. Financial Times, 7/10. 14. Prensa Obrera Nº 684, 12/10. 15. Financial Times, 6/10. 16. El País, 3/10. 17. The Guardian, 7/10. 18. Financial Times, 6/10. 19. Idem, 4/10. 20. Idem. 21. Idem. 22. El País, 7/10. 23. Propuesta Nº 514, 26/10. 24. Idem. 25. Ver la edición citada de Propuesta. 26. La Nación, 13/10. 27. Financial Times, 10/10. 28. Idem. 29. La Nación, 12/10. 30. Financial Times, 10/10. 31. La Nación, 12/10. 32. Le Monde, 18/10. 33. Idem. 34. Financial Times, 10/10. 35. El País, 12/10. 36. Financial Times, 10/10. 37. El País, 12/10. 38. Financial Times, 10/10. 39. Idem. 40. Financial Times, 10/10. 41. Idem, 11/10. 42. Idem. 43. Clarín, 12/10. 44. La Nación, 12/10. 45. Idem. 46. Clarín, 12/10. 47. La Nación, 12/10. 48. Financial Times, 9/10. 49. El País, 13/10. 50. Idem. 51. El País, 22/10. 52. Ambito Financiero, 25/10. 53. Alternativa Socialista Nº 289, 11/10. 54. Financial Times, 21/9. 55. The Washington Post, 22/9. 56. Le Monde, 21/10. 57. Idem. 58. Financial Times, 21/9. 59. El País, 29/9. 60. The Economist, 23/9. 61. Idem. 62. Reproducido en Courrier International, 14/9. 63. La Nación, 1/10. 64. Le Monde, 21/10. 65. Courrier International, 5/10. 66. Idem. 67. Idem, 14/9. 68. Diario Danas, reproducido en Courrier International, 17/8. 69. Reproducido en Courrier International, 5/10. 70. The Economist, 4/11. 71. The New York Times, reproducido en La Nación, 5/11. 72. The Economist, 4/11. 73. Idem. 74. The New York Times, reproducido en La Nación, 5/11. 75. El País, 28/9. 76. Idem, 1/11. 77. Idem. 78. The New York Times, reproducido en La Nación, 5/11. 79. The Economist, 4/11. 80. La Repubblica, 30/10. 81. Reproducido en Courrier International, 12/10. 82. Idem, 5/10. 83. The Economist, 4/11. 84. The Economist, 14/10. 85. Le Temps, reproducido en Buenos Aires Herald, 12/11. 86. The Economist, 14/10. 87. The New York Times, 6/10. 88. Clarín, 8/10. 89. La Nación, 16/10. 90. The Economist, 28/10. 91. Idem. 92. Idem, 14/10. 93. Idem. 94. Idem. 95. Idem. 96. Idem, 16/9. 97. Idem.

1 de diciembre de 2000
La tragedia del comunismo polaco entre las dos guerras mundiales
Isaac Deutscher

Testimonios (*) Publicado originalmente en Les Temps, en el año 1958. En febrero de 1956, poco después del XX Congreso del PC de la Unión Soviética, un breve comunicado anunció la rehabilitación del Partido Comunista polaco de antes de la guerra y de sus jefes caídos en desgracia, a los que declaraba víctimas "de provocaciones y de calumnias". Esta decisión pasó casi inadvertida en Occidente. Sin embargo, le daba un epílogo sensacional a unas de las más extraordinarias tragedias del comunismo: no solamente la ejecución de ciertos líderes, la liquidación de una tendencia, sino, literalmente, el asesinato de un partido entero. Efectivamente, en 1938, una declaración del Komintern había anunciado la disolución del PC polaco, roído, sostenido "por las influencias trotskistas y pilsudskistas" y "convertido en una simple agencia del fascismo y de la policía política polaca". Poco después, todos los miembros de su Comité Central refugiados en Moscú, justamente para escapar de esa policía polaca, fueron encarcelados por orden de Stalin y ejecutados como traidores. Entre ellos: Adolf Warski, amigo de Rosa Luxemburgo, fundador del partido y durante mucho tiempo su líder parlamentario; Vera Kostrzewa, militante heroica y de una gran inteligencia; Lenski, combatiente de la Revolución de Octubre y ex miembro del ejecutivo del Komintern; y muchos otros más, especialmente los jefes del destacamento polaco de las Brigadas Internacionales de España, llamados especialmente a Moscú para el holocausto. Un acontecimiento sin paralelo cuyas circunstancias fueron tan mal conocidas en tanto no hubo en la Unión Soviética ningún "juicio" público y en Polonia, prohibido, el PC éste estaba entonces en la clandestinidad: un acontecimiento que contribuye, sin embargo, a esclarecer no solamente la evolución del comunismo polaco después de la guerra sino toda la política staliniana en relación a los "partidos hermanos". Ahora bien, Isaac Deutscher, el mismo ex miembro del Partido Comunista polaco, ha sido invitado recientemente, en respuesta a un escritor de origen polaco, a trazar la historia de este partido y las circunstancias que lo llevaron a su "muerte". La publicación de este texto, proyectada en Polonia por un órgano oficial, ha sido hasta el presente diferida; sin embargo, ha sido difundida y es discutida intensamente en los medios del Partido Obrero. Publicamos aquí, este documento inédito respetando su carácter de testimonio, como una contribución a la historia del movimiento comunista. Pregunta – ¿Querría comunicarnos sus reflexiones acerca de los problemas claves de la historia del Partido Comunista polaco, que estoy estudiando? Lo que me interesa, esencialmente, son las corrientes ideológicas y políticas en el partido, la historia de la formación de las fracciones, la política del partido en el curso de los momentos críticos entre las dos guerras y, finalmente, su trágico desenlace. Respuesta – Comencemos por algunas reflexiones de conjunto y por una acotación de orden personal. Cuando me pide hablar de la historia del Partido Comunista polaco, usted no ignora sin duda el punto de vista particular del cual parto para responderle. En junio de 1957, acaban de transcurrir exactamente veinticinco años desde el momento en que fui excluido del Partido Comunista polaco como opositor. No analizaré ahora las razones de esta exclusión: ellas han sido expuestas en forma clara, aunque tendenciosa (esta parcialidad se condena a sí misma con el paso del tiempo), en los folletos y declaraciones publicadas en esa época por la dirección del partido sobre el "asunto Krakowski" (era uno de los seudónimos que usaba entonces). Desde 1932 hasta su disolución, estuve en agudo conflicto con el Partido Comunista polaco. No obstante, en el momento de esa disolución y de las acusaciones dirigidas contra sus dirigentes, juzgué esos actos como un crimen inaudito perpetrado contra la clase obrera de Polonia y del mundo entero. El grupo oposicionista al que pertenecía fue el único grupo de miembros o de ex miembros del Partido Comunista polaco que lo denunciaba y que protestaba con vehemencia (1). El Partido Comunista polaco es el que había ejercido, sin duda, la mayor influencia en mi formación, en mi desarrollo intelectual y político. Jamás había dudado de que el Partido Comunista polaco debía ser rehabilitado; además, el término "rehabilitación" no está en tela de juicio aquí. Era un gran partido heroico, el único partido que había representado en Polonia los intereses de la revolución proletaria, la gran tradición marxista, un verdadero y vibrante internacionalismo. En este sentido, ningún partido polaco, durante el período de las dos guerras, se le pudo haber comparado. Desgraciadamente, todavía hoy, la historia del Partido Comunista polaco continúa siendo un libro cerrado con siete cerrojos. Las publicaciones del último período, que pude leer, son más bien pobres. Aluden a la rehabilitación pero no van más allá, no hay ninguna tentativa real de reconstruir la historia de la grandeza y de la decadencia del partido. Lo que llama la atención es la tendencia, heredada de hábitos adquiridos en el curso de largos años, a satisfacerse de banalidades y de una especie de "leyenda dorada". El único partido en Polonia digno de llevar el nombre de partido proletario y marxista merece que se estudie su obra de manera respetable, realista y crítica. Hace tiempo se enterró al Partido Comunista polaco, bajo una montaña de calumnias inauditas. Terminemos de exhumarlo embalsamado de leyendas y con el estruendo de himnos huecos. Me permitiré agregar una acotación metodológica de conjunto. Para comprender la historia del Partido Comunista polaco, cada fase crítica, hay que estudiarla desde un doble punto de vista: desde el ángulo de la lucha de clases en Polonia, y según los procesos que se desarrollaban en la Internacional Comunista y en la Unión Soviética. Estos dos conjuntos de factores actuaban sin cesar. El investigador que se limitara al análisis de sólo uno de estos conjuntos sería incapaz de captar la esencia del Partido Comunista polaco. A medida que pasaban los años, los procesos que sobrevenían en la Unión Soviética desempeñaban un papel cada vez más importante, y pesaron como una fatalidad cada vez más pesada sobre el destino del partido polaco. De esta manera, tanto para esclarecer la política del Partido Comunista polaco y explicar sus corrientes ideólogico-políticas, como para precisar la lucha de las fracciones, debemos continuamente referirnos al estado de las relaciones de clases en Polonia y a los procesos de desarrollo en el seno de la revolución rusa. Pregunta – ¿Cuáles eran las principales divisiones internas del Partido Comunista polaco al momento de su fundación, es decir, a fines de 1918 y comienzos de 1919? Respuesta – Estas divisiones derivaban del hecho de que el Partido Comunista polaco había nacido de la fusión de dos partidos: la Social Democracia del Reino de Polonia y de Lituania (partido de Rosa Luxemburgo, SDKPiL) y el Partido Socialista Polaco de Izquierda [PPS Lewica (2)]. Cada uno de esos dos partidos poseía sus propias tradiciones. El Partido Social Demócrata se había constituido esencialmente en oposición a las tradiciones nobiliarias en la lucha por la independencia nacional, que se remontaban a las insurrecciones del siglo XIX, y ponía el acento especialmente en el internacionalismo proletario. El Partido Socialista de Izquierda apoyaba en sus comienzos la ideología de la independencia nacional, pero había evolucionado acercándose al partido luxemburguista. El Partido Socialista de Izquierda tenía similitudes con la izquierda menchevique y fue bajo la influencia de la Revolución de Octubre que se acercó a la posición de los bolcheviques. El Partido Social Demócrata tenía, como testimonian los trabajos de su VI Congreso, una actitud extremadamente cercana a la de Trotsky y se mantenía independiente tanto de los mencheviques como de los bolcheviques. En el momento de la Revolución de Octubre, el partido luxemburguista, una vez más al igual que Trotsky, se identificó con el bolchevismo. Aquí hay que tener en cuenta, además, las divergencias internas en el partido entre la fracción de la "dirección" (Rosa Luxemburgo, Marchlewski y Jogiches) y los llamados "escisionistas" (Dzierzynski, Radek, Unszlicht). Eran más bien divergencias y no una escisión en el pleno sentido de la palabra. Los "escisionistas" representaban una cierta oposición al centralismo democrático del Comité Director que actuaba desde el extranjero. Además, ellos estaban más cerca de los bolcheviques (3). En el Partido Comunista polaco, la tradición del partido luxemburguista fue preponderante desde el principio. No obstante, no hay que exagerar la importancia de esas diferencias. Estaban efectivamente ahogadas e incluso desdibujadas por la unidad verdadera del partido, por la convicción de todos sus adherentes de que las viejas divisiones estaban perimidas, así como por el factor de consolidación que representaba para las filas del partido la muy neta conciencia de la oposición irreductible de este último a las fuerzas nobiliarias y burguesas, reformistas y nacionalistas de la Polonia de entonces. Pregunta – ¿No es verdad que el Partido Comunista polaco había abordado la vida política, en la Polonia independiente, con una cierta desventaja moral, por el hecho de que había adoptado en el pasado la actitud luxemburguista de oposición de principio a las luchas por la independencia nacional? Respuesta – Hay aquí algo de verdad y mucho de exageración. La prueba es -por ejemplo- la relación de fuerzas de los diversos partidos en el seno de los soviets de delegados obreros que se constituyeron entonces a fines de 1918 en Varsovia, en Lodz y en la cuenca minera de la Dambrowa. En Varsovia, en efecto, las fuerzas del Partido Comunista y del Partido Socialista se equilibraban y, si no me equivoco, el Bund (4) era el elemento que hacía inclinar la balanza. La situación era parecida en Lodz, en cuanto que los comunistas tenían allí una cierta preponderancia. En la cuenca carbonífera, el Partido Comunista era mucho más poderoso que el Partido Socialista, lo que se vincula al episodio de la República Roja de Dambrowa. Podemos arriesgarnos a afirmar que en el umbral de la independencia, el Partido Comunista polaco tenía sobre la clase obrera, en los principales centros industriales, una influencia no menor que el PSP, reformista y "patriótico"; y quizá aun mayor. La situación era bastante complicada. Por una parte los acontecimientos habían desmentido hasta un cierto punto la actitud hostil, en principio, frente a la lucha por la independencia nacional, de Rosa Luxemburgo y sus camaradas. Por otra parte, sin embargo, ellos habían dado la razón a su partido, como al único que había contado con la revolución socialista en las potencias ocupantes -Rusia, Alemania, Austria- más que con la repetición de las insurrecciones nacionales del siglo XIX. El pilsudskismo -y el Partido Socialista polaco, que en 1918 era casi inseparable del pilsudskismo- proclamaba antes que nada su escepticismo y su desconfianza en cuanto a una revolución en los Estados que se repartían Polonia, y ligaba precisamente el futuro de Polonia a la repetición de las insurrecciones. Contrariamente a las previsiones de Rosa Luxemburgo, Polonia recobró su independencia; pero, contrariamente a las previsiones de sus adversarios, la obtuvo antes que nada de las manos de la revolución rusa y de la revolución alemana. La historia se reveló más astuta que todos los partidos, y es por eso que no estimo que, comparado con los otros partidos, el Partido Comunista polaco haya abordado la fase de la independencia con un "hándicap moral" particular. Además, mientras los luxemburguistas se pudrían en las cárceles zaristas y en el exilio, los partidos polacos burgueses (especialmente los "demócratas nacionales" que combatían todos los movimientos de independencia nacional, pero también Pilsudski y los socialistas "patriotas") se ponían al servicio de las dinastías ocupantes y colaboraban con ellas, lo que no les impidió adoptar, después de la caídas de esas dinastías, actitudes hipócritas ultra nacionalistas y apoderarse del poder. Pregunta – ¿Después de la fundación del Partido Comunista polaco, las viejas querellas sobre el problema de la independencia nacional desempeñaban todavía un papel relevante en su vida? Respuesta – Solamente al comienzo y en una mínima medida, casi nula. El partido estaba metido en otros problemas: la posición a adoptar con respecto a las nuevas relaciones entre las fuerzas sociales en el país, la elaboración de su línea política y, por supuesto, los problemas de la revolución rusa y la revolución mundial. Pregunta – ¿La cuestión del boicot a la Constituyente de 1919 no marcó la aparición de una nueva división en el seno del partido? Respuesta – Salvo error de mi parte, esta cuestión no dio lugar a grandes discusiones. En este sentido, el partido polaco y el partido alemán tomaron posiciones análogas, considerando las elecciones a la Constituyente como un elemento distraccionista que tenía como objetivo liquidar los soviets de delegados obreros. La Dieta Constituyente polaca y la Constituyente de Weimar significaban, tanto una como la otra, la creación de una república parlamentaria burguesa, edificada sobre las ruinas de los soviets obreros, órganos potenciales de la revolución socialista. Los dos partidos cometieron indiscutiblemente un error proclamando el boicot al parlamento burgués, y tanto en un caso como en el otro, este error derivaba del clima ultra extremista de la época. Pregunta – ¿Cómo reaccionó en Partido Comunista polaco ante la guerra polaco-soviética de 1920? Respuesta – El Partido Comunista polaco trató esta guerra conforme a la realidad: como una guerra de las clases poseedoras polacas, o de una notable fracción de ellas, contra la revolución rusa, y como parte integrante de la acción intervencionista llevada a cabo por los gobiernos burgueses occidentales. El Partido Comunista polaco se sentía solidario con la revolución rusa y obligado a defenderla. La situación se complicó con la retirada de Pilsudski de Kiev y con la marcha del Ejército Rojo sobre Varsovia. El estado de sitio y los tribunales de excepción redujeron al mínimo las posibilidades de acción del partido, y le fue difícil expresarse. Me gustaría, no obstante, señalar una divergencia de puntos de vista característica, que apareció entonces entre los comunistas polacos residentes en Moscú. Efectivamente, cuando se trata de la marcha sobre Varsovia, esta colonia se dividió de una manera aparentemente paradójica. Por una parte, los antiguos "luxemburguistas", los adversarios de la independencia, Radek y Marchlewski (5), no ahorraron esfuerzos para convencer a Lenin y al Politburó ruso de que no era necesario emprender la marcha sobre Varsovia, sino proponer la paz a Polonia una vez que los ejércitos de Pilsudski fueran echados de Ucrania (sólo convencieron a Trotsky, en ese momento, Comisario del Pueblo de Guerra). Por otra parte, los ex defensores de la independencia, los ex socialistas, tales como Feliks Kon (6) y Lapinski, se pronunciaron a favor de la marcha del Ejército Rojo sobre Varsovia, asegurando que el proletariado polaco se encontraba en tal estado de fermentación revolucionaria, que lo recibirían como a su libertador. Me gustaría recordar otro episodio: la Rote Fahne (Bandera Roja), órgano de PC alemán, publicó en 1920 una protesta contra la marcha sobre Varsovia, firmada por Domski, uno de los miembros más eminentes del Comité Central del Partido Comunista polaco. (Entre paréntesis, en las condiciones de democracia interna que existía entonces en el partido, se consideraba natural el derecho de un miembro del Comité Central de publicar semejante protesta.) Domski permaneció como miembro del CC y desempeñó un papel de primer plano durante varios años todavía, exactamente hasta 1925. Usted me preguntó si la tradición luxemburguista no había pesado fuertemente, desde el punto de vista moral, sobre el comunismo polaco. No tengo la intención de defender post factum las ideas de Rosa Luxemburgo sobre la independencia nacional; me limitaré a decir que la marcha del Ejército Rojo sobre Varsovia constituyó una desventaja moral infinitamente más seria y más peligrosa para el Partido Comunista polaco que todas las faltas reales o supuestas de Rosa Luxemburgo tomadas en su conjunto, errores a los que tanto sus adversarios burgueses como más tarde Stalin (abusando como de costumbre de una cita de Lenin) dieron una trascendencia desproporcionada. Ahora bien, el error de Lenin en 1920 -¡llamemos a las cosas por su nombre!- fue una tragedia para el Partido Comunista polaco, porque empujó realmente a las masas proletarias polacas al antisovietismo y al anticomunismo. Pregunta – ¿Pero, no obstante, el partido recuperó rápidamente sus fuerzas después de 1920? Respuesta – Sí, hasta un cierto punto. Esto no modifica el hecho de que igualmente la marcha sobre Varsovia tuvo consecuencias duraderas, socavando la confianza de las masas trabajadoras polacas en la revolución rusa. Sin embargo, después de 1920, se ve que las "ilusiones de la independencia" se disipan muy rápidamente entre los obreros. En la atmósfera relativamente más libre que siguió a esta guerra, la opinión obrera tuvo además la posibilidad de juzgar con más calma los acontecimientos. Se entendía que el gobierno de Lenin había hecho todo lo posible por evitar la guerra polaco-soviética y se comprendió que la marcha sobre Varsovia había sido una revancha por la marcha sobre Kiev. Habría sido mejor que no hubiera tenido lugar, pero la clase obrera polaca comprendió muy rápidamente que Pilsudski, en 1920, no luchaba por la independencia de Polonia sino por los dominios que poseían en Ucrania los propietarios terratenientes polacos y para realizar sus propios sueños de potencia. El comienzo de los años '20 representa un nuevo período de ascenso de la influencia del Partido Comunista polaco, influencia que alcanza su apogeo en 1923, más particularmente en noviembre, durante la huelga general y la insurrección de los obreros de Cracovia. Pregunta – ¿Esa es la época de la dirección de "las tres W", no es cierto? Respuesta – Efectivamente. Uno de ellos, Warski, era un antiguo luxemburguista y los otros dos, Walecki y Wera (Kostrzewa), antiguos socialistas de izquierda. Constituían, sin embargo, un grupo de dirección homogéneo, lo que prueba que la antigua división en el seno del partido había desaparecido. Nos aproximamos, sin embargo, a un momento particularmente crítico, donde el desarrollo de la lucha de clases en Polonia se complica una vez más y se deforma hasta un cierto punto, bajo la influencia de los acontecimientos que se produjeron entonces en la Unión Soviética. Personalmente, consideré durante largos años que en nuestro país, Polonia, al igual que en Alemania, el año 1923 había sido el de la revolución fracasada. Con treinta y cinco años de distancia, no estoy tan seguro que la historia admita, o pueda admitir algún día, la justeza de este punto de vista. En todo caso, se estaba en presencia de numerosos elementos de una situación revolucionaria: huelga general, sublevación de los obreros de Cracovia, pasaje del ejército hacia el lado de la clase obrera y, de una manera más general, fermentación en el país. Parecía que sólo faltaba la iniciativa de un partido revolucionario que aprovechara al máximo la situación y llevara adelante la revolución. El Partido Comunista polaco no tomó tal iniciativa. Era la época en que el partido, conforme a las resoluciones de la Internacional, llevaba adelante una política de frente único con los socialistas. Esta política le había dado, hasta cierto momento, magníficos resultados, acrecentando considerablemente su zona de influencia y dando impulso a la lucha de clases. Pero, al hacer esto, sin embargo, la dirección del partido había renunciado en cierta medida a la iniciativa política en beneficio del Partido Socialista polaco, y este hecho tuvo precisamente repercusiones lamentables sobre la situación en noviembre de 1923. La base del partido tenía el sentimiento de que el partido había dejado pasar una situación revolucionaria sin aprovecharla; reaccionó de manera muy viva y dolorosa contra el "oportunismo" y la falta de iniciativa revolucionaria de "las tres W". La situación, como lo he señalado, se complica aun más como consecuencia de los acontecimientos en la URSS. Es en esta época, en efecto, que se desarrolla en Moscú el primer acto público de la lucha entre lo que se llamaba el triunvirato (Stalin, Zinoviev y Kamenev) y Trotsky. La lucha reviste inmediatamente formas extremadamente violentas, sin antecedentes en la historia del movimiento. Los partidos comunistas europeos estaban mucho más inquietos que antes. Trotsky era, junto con Lenin, el principal inspirador y la principal autoridad moral de la Internacional. Los comités centrales de los partidos polaco, alemán y francés se dirigieron en el otoño de 1923 al Comité Central del partido soviético, protestando contra la brutalidad de los ataques públicos de que era objeto Trotsky. Los que protestaban no tenían ninguna intención de solidarizarse con las posiciones de Trotsky; ellos simplemente ponían en guardia a los dirigentes soviéticos contra el perjuicio que la campaña contra Trotsky producía al movimiento comunista, y los llamaban a que resolvieran su conflicto con Trotsky de una manera digna de comunistas. Este incidente tuvo grandes consecuencias. Stalin no olvidará ni perdonará jamás esta protesta. Zinoviev, entonces presidente de la Internacional, consideró que esa protesta constituía un voto de desconfianza hacia él. Al instante, las cuestiones de la política de los partidos comunistas en Polonia, Alemania y Francia se mezclaron con el conflicto interno ruso. La dirección de la Internacional, es decir Zinoviev y Stalin, removieron de oficio a los principales dirigentes de los tres partidos que habían osado tomar la defensa de Trotsky. El pretexto fue dado por los errores cometidos por esos dirigentes, especialmente por el grupo de "las tres W" en noviembre de 1923: oportunismo, desviación de derecha, no aprovechamiento de una situación revolucionaria. Pregunta – ¿De su testimonio se desprende que las acusaciones de oportunismo y de subestimación de la situación revolucionaria que se hicieron a "las tres W" estaban justificadas? Respuesta – Incluso aunque estuvieran justificadas, esto no autorizaba a la dirección de la Internacional, en Moscú, a una intervención tan brutal y hasta entonces sin antecedentes en las cuestiones interiores del partido polaco, ni a revocar de oficio a su dirección. Esto, repito, era un acto sin precedentes en la historia del comunismo. Yo agregaría que, simultáneamente, las direcciones de los partidos alemán y francés fueron modificadas de la misma manera (7). En los tres casos, el cambio de dirección fue efectuado por una orden venida de lo alto y no como consecuencia de decisiones tomadas por el conjunto de los miembros del partido, conforme a los principios de la democracia interna. Fue un primer y peligroso golpe a la independencia de los partidos comunistas, el primer acto -al fin de cuentas- de "stalinización" del Komintern, aunque no haya sido realizado solamente por Stalin sino también por Zinoviev. Los dos actuaron demagógicamente aprovechando el clima de desencanto que reinaba en la base de los partidos alemán y polaco. Este clima era comprensible y se volvió violentamente contra "las tres W" (de la misma manera que contra Brandler en Alemania). Es posible que si se hubiera dejado al partido libre para decidir, igualmente habría procedido a un cambio en su dirección. Sin embargo, más importante que el hecho de este cambio fue la manera en que se llevó a cabo, porque abría la vía a una injerencia staliniana cada vez más desvergonzada en los asuntos del Partido Comunista polaco, injerencia que habría de desembocar en el asesinato del partido. Pregunta – ¿Cómo reaccionó el partido ante este primer acto de injerencia deliberada? Respuesta – Por desgracia, pasivamente. Una gran parte de sus adherentes era más o menos favorable al desplazamiento de "las tres W". Incluso los que no estaban de acuerdo, no se opusieron. Es claro que esta operación parece suave, si se la compara con las exclusiones, purgas y "autocríticas" que habrían de seguir. El stalinismo estaba en su período de formación y todavía no podía mostrar sus garras. El ataque contra los dirigentes desplazados fue llevado con una relativa moderación y corrección, que contribuyeron a que el partido se resignara a sus consecuencias. Lo que pesó de una manera decisiva sobre la situación fue el elemento psico-político que resultaba de una mala comprensión de nuestra solidaridad con la revolución rusa. Se consideraba, en efecto, que era necesario, a cualquier precio, evitar un conflicto con Moscú. La autoridad moral del partido soviético, el único que había llevado la revolución proletaria a la victoria, era tan inmensa que el partido polaco se inclinó ante las decisiones de Moscú, incluso cuando ésta abusara de su autoridad revolucionaria. El stalinismo fue, a decir verdad, desde sus comienzos, una seguidilla de abusos de esta naturaleza, una explotación sistemática del crédito moral de la revolución, para empresas que frecuentemente no tenían nada que ver con ésta sino que servían para consolidar al régimen burocrático en la URSS. En el curso de los años 1923/24, a Stalin le importaba, esencialmente, atacar al trotskismo en el conjunto de la Internacional. Warski y Kostrzewa se esforzaron por salvar su situación des-solidarizándose de la protesta que en nombre del Comité Central polaco habían lanzado contra la campaña antitrotskista de Moscú. Sus motivos eran comprensibles. En Moscú, la mayoría del Politburó y del Comité Central se habían pronunciado contra Trotsky. Los dirigentes polacos consideraban esto como un hecho decisivo y deseaban evitar a cualquier precio solidarizarse con la minoría del partido soviético y exponerse así a una acusación de injerencia en los asuntos interiores de ese partido. Esto no preservó, sin embargo, al partido polaco de una injerencia soviética en sus asuntos. "Las tres W" tenían, de una manera indiscutible, ciertas simpatías por las posiciones de la oposición trotskista pero, en los hechos, sostuvieron a Stalin-Zinoviev y les proclamaron su lealtad. Más tarde deberían pagar caro este momento de debilidad. Pregunta – ¿En qué consistió el cambio de política del partido después de 1923? Respuesta – Lo que se denominaba "la izquierda" tomó la dirección del partido: Domski, Zofia Unszlicht y Lenski. Como en toda la Internacional, también en el partido polaco el nuevo curso representaba una reacción extrema contra la orientación del período precedente. Fue, por lo tanto, una política "ultraizquierdista". Mientras que en 1923 la política del partido estaba caracterizada por una falta de energía revolucionaria suficiente, durante los años 1924 y 1925 estuvo marcada por un falso exceso de esa energía, lo que fue más nocivo para el partido porque después de la crisis de 1923 las posibilidades objetivas de acción revolucionaria habían disminuido. El Partido Comunista polaco rechazó completamente, en este período, la táctica del frente único y malgastó sus esfuerzos en aventuras estériles. ¿El resultado? Pierde su influencia y se aleja de las masas obreras. Es bueno recordar que a comienzos de 1924 el Partido Comunista polaco obtuvo todavía un gran éxito en algunas elecciones locales, donde se mostró más poderoso que el Partido Socialista. Sin embargo, este resultado no era más que un eco retardado de la radicalización de las masas ocurrida en 1923, y no anunciaba un mayor ascenso de la ola revolucionaria. Al año siguiente, la influencia del Partido Comunista polaco disminuyó brutalmente y éste fue incapaz de llevar adelante ninguna acción de masas de cierta envergadura. No fue un fenómeno solamente polaco. Se podían observar las mismas fluctuaciones en todos los partidos comunistas de Europa; todos, en efecto, seguían esta misma política ultraizquierdista con análogas consecuencias. Es el período del V Congreso del Komintern, llamado "Congreso de la bolchevización", pero que en realidad fue el "Congreso de la stalinización". A partir de esa fecha, todos los partidos son pasados por el mismo cepillo: todos aplican la misma "línea"; todos recurren a los mismos trucos tácticos; todos lanzan las mismas consignas, sin tener en cuenta las diferencias en las relaciones de clase entre los diversos países, del nivel y la forma de la lucha de clases, etc. Se llega a la uniformidad burocrática del movimiento. El partido polaco es golpeado más dolorosamente que otros partidos europeos, ya que posee tradiciones revolucionarias más profundas y más fuertes, lucha en la clandestinidad más completa (8), apelando sin cesar al espíritu revolucionario y al heroísmo de sus adherentes, que jamás lo defraudaron. Un heroísmo revolucionario burocratizado, esto es una "contradictio in adjecto". Pregunta – Sin embargo, a fines de 1925, Warski, Waleski y Kostrzewa vuelven a la dirección del partido, ¿no es cierto? Respuesta – Sí. La manera en que se habían comprometido con la política ultraizquierdista rehabilitó casi automáticamente, a los ojos del partido, a "las tres W". A pesar de lo que se haya podido decir contra Warski y Kostrzewa, ellos tenían el don de captar el estado de espíritu de las masas obreras y la capacidad de ligar, de estrechar y de extender los contactos entre el partido y las masas. Los períodos en que ellos están en la dirección del partido son, por regla general, aquellos en que la influencia del partido entre las masas aumenta, en que las acciones son llevadas adelante en una vasta escala, aunque estas acciones estuvieran frecuentemente desprovistas ¿cómo decirlo? de filo revolucionario. El retorno de Warski y de Kostrzewa a la dirección del Partido Comunista polaco se explica, sin embargo, más por lo que pasaba en Rusia que por el clima existente en el partido polaco. En Rusia, tenemos ya una nueva constelación política. El triunvirato se desmembró. Zinoviev y Kamenev se han vuelto contra Stalin y, poco después, se alían con Trotsky. Stalin constituyó un bloque con Bujarin y Rykov y coinciden en lo que se llamó la "línea de derecha" en el partido soviético y en la Internacional. Lo que se llamaba "la derecha polaca", es decir "las tres W", vuelven a estar en gracia por el momento, sobre todo después que acordaron un claro apoyo a Stalin y Bujarin. Por otro lado, una parte de la dirección ultraizquierdista del partido -a saber Zofia Unszlicht y Domski- se ubica junto a Zinoviev; es por esto, más que como consecuencia de las faltas cometidas en Polonia, que son destituidos (9). Una vez más, lo que parece ser decisivo son los cálculos ligados a la lucha que se desarrolla en el seno del partido soviético. Hay que agregar que Lenski, a pesar de su política ultraizquierdista, permanece en la dirección del partido, compartiendo con "las tres W" la influencia que esto implica. Lenski, en efecto, a diferencia de Domski y Unszlicht, se había declarado adversario de la oposición zinovietista. En realidad, Lenski se convirtió en el dirigente del llamado "núcleo stalinista" en el seno del Partido Comunista polaco, mientras que Warski y Kostrzewa, aunque enteramente leales a Stalin, se comportaban con una cierta reserva hacia él y, en relación a la táctica, estaban más cerca del grupo de Bujarin. Más tarde, esta división en el seno del partido polaco habría de cristalizarse en la constitución de fracciones: la "minoritaria", dirigida por Lenski, y la "mayoritaria", dirigida por Warski y Kostrzewa. A comienzos de 1926, estas dos fracciones comparten la dirección del partido y ambas son responsables por su política; en particular de lo que se ha llamado "el error de Mayo", es decir el apoyo que el Partido Comunista polaco le dio a Pilsudski durante su golpe de Estado de 1926. Pregunta – ¿Podría hablarnos más extensamente del "error de Mayo" y explicar su trasfondo? Me enfrento, entre los viejos militantes del partido, con la siguiente tesis: el partido no podía, durante el golpe, no apoyar a Pilsudski, que gozaba de la confianza del Partido Socialista polaco y de toda la izquierda, y cuyo golpe estaba dirigido contra los gobernantes llamados de "Chjeno-Piast" (es decir, contra la coalición de centroderecha). El partido -dicen- consideró que ese golpe de Estado constituía, en cierta medida, el comienzo de la revolución burguesa y era progresivo en la medida en que, durante el período anterior, habían sido los propietarios terratenientes los que habían detentado el poder mientras que los elementos burgueses habían sido desplazados. Respuesta – "El error de Mayo" tiene, evidentemente, una significación capital para la historia del comunismo polaco. No puedo, en el curso de esta entrevista, intentar dar una explicación exhaustiva de su trasfondo, lo que supondría un análisis de las relaciones de clase y de las fuerzas políticas que estaban más complicadas (10). Me esforzaré, entonces, simplemente por bosquejar ciertas grandes líneas históricas. Indico nuevamente que es necesario buscar esta trama en dos planos: en el plano de la lucha de clases en Polonia, y en el plano de la evolución interna del partido soviético y del Komintern. Empecemos por la trama polaca. Polonia atravesaba una crisis del régimen parlamentario. La Dieta se mostraba incapaz de designar un gobierno estable, lo que no era más que el reflejo de una ruptura del equilibrio social y político en el terreno extraparlamentario. Todas las posibilidades de combinaciones parlamentarias habían sido agotadas. Las masas estaban violentamente decepcionadas por el régimen parlamentario, que había sido incapaz de asegurar trabajo a los obreros y protegerlos de las consecuencias catastróficas de la devaluación, que había engañado a las masas campesinas en relación a la reforma agraria y que condenaba a las minorías nacionales a la opresión y a la desesperación. Por otro lado, las clases propietarias se levantaban igualmente contra "la omnipotencia de la Dieta", temerosas de que -incapaz de asegurar un gobierno estable y, además, un gobierno con el rigor que desearían- expusiera al régimen social a violentas conmociones y a la amenaza de una revolución. La situación estaba objetivamente madura para la caída del régimen parlamentario. Teóricamente, se presentaban tres posibilidades: el régimen parlamentario podía ser derrocado por un movimiento fascista de masas, del tipo del hitlerismo o del fascismo italiano. En la práctica, sin embargo, esta posibilidad no era tenida en cuenta. Por razones que no examinaré aquí, todas las tentativas por lanzar un movimiento de esta naturaleza en Polonia, realizadas en varias oportunidades, tanto antes como después de 1926, fueron un fracaso. Polonia solo conoció versiones más o menos payasescas de un fascismo o de un nazismo local. La segunda posibilidad teórica consistía en un derrocamiento del régimen parlamentario burgués por la revolución proletaria, para lo cual -se podría estimar- se debía preparar el Partido Comunista polaco. Sin embargo, en el curso de los meses que precedieron al golpe de Estado de Mayo, el Partido Comunista polaco se había preparado para todo, menos para esa posibilidad. Este hecho traducía por su parte, hasta un cierto punto, el reflujo del clima revolucionario en la clase obrera, el golpe que le había inflingido la catástrofe de 1923, así como el agotamiento del movimiento como consecuencia de los intentos seudo-revolucionarios y estériles de los años 1924 y 1925. El movimiento comunista no tenía confianza en sus propias fuerzas; y si esto era así para él -la vanguardia de la clase obrera-, no podía ser de otra manera para la clase obrera. Al faltarle la conciencia de su propia fuerza, la clase obrera estaba inclinada a poner sus esperanzas en fuerzas externas y confiar en los beneficios que podrían derivarse para ella de la acción de otras clases y grupos sociales. Este es el trasfondo político objetivo del "error de Mayo". Entre paréntesis, "el error de Mayo" del Partido Comunista polaco comienza mucho antes de 1926. Si no me falla la memoria, fue en el otoño de 1925 que Warski presentó a la Dieta, en nombre del grupo comunista, una moción de urgencia sobre "las amenazas que pesan sobre la independencia de Polonia", una moción tan inesperada como sorprendente. Era inesperado ver a un viejo luxemburguista, amigo de Rosa Luxemburgo, clamando por la independencia nacional en peligro. Además, en la situación de 1925, era difícil encontrar cómo justificar plenamente tal grito de alarma. En cuanto a la conclusión de esa moción de urgencia, era sorprendente. En ella, en efecto, Warski reclamaba, en interés de la "independencia amenazada", el inmediato retorno de Pilsudski al Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas (era la época en que Pilsudski estaba desplazado de éstas). ¡Era un espectáculo tragicómico! ¡Apenas cinco años después de que Pilsudski dirigiera los ejércitos de la Polonia burguesa y nobiliaria hasta Kiev, fundamentalmente para devolver a los grandes propietarios terratenientes polacos sus latifundios en Ucrania, el Partido Comunista polaco reclamaba el retorno al ejército de este hombre providencial, y esto para salvar la independencia nacional en peligro! Alcanza con definir el carácter de la situación para ajustar cuentas con la teoría según la cual el retorno de Pilsudski debía, por así decirlo, marcar el comienzo de la revolución burguesa en Polonia. ¿Cómo el defensor de los propietarios feudales y de la szlachta (nobleza) polaca habría podido transformarse de repente en inspirador de la revolución burguesa, cuya tarea esencial habría consistido, sin duda, en destruir o sus restos? Volveré otra vez sobre este problema. Hice alusión a tres posibilidades para resolver la crisis del parlamentarismo en Polonia. La tercera posibilidad consistía en instaurar una dictadura militar. Pilsudski era un candidato a dictador evidente. En relación a los otros generales, se beneficiaba de la aureola legendaria de combatiente por la independencia nacional, como antiguo jefe del PSP, terrorista anti-zarista en 1905 y fundador de las Legiones polacas en 1914. Al reclamar su retorno, el Partido Comunista polaco, a pesar suyo, agregó ciegamente al tejido de esta leyenda, artificialmente construida, un cierto número de sus propios hilos rojos. Contribuyó así a sembrar en las masas obreras ilusiones sobre el "Gran Padre" ("Dziadek") -como se llamaba familiarmente a Pilsudski- y a preparar el terreno para el golpe de Estado de Mayo. ¡Cuánto más certeramente captó Adolfo Nawaczynski, bufón talentoso de la pequeñoburguesía democrática nacional, el rol de Pilsudski, a quien apodó brevemente "Napoleón IV, el más pequeño"! Parece que debieron haber sido precisamente los marxistas -que ya habían aprendido el arte del análisis político en El 18 Brumario de Marx- los que calificaran a Pilsudski de esa manera. Pregunta – Muy bien, pero no es menos cierto que Pilsudski combatió al gobierno de centroderecha, presidido por Witos, dirigente de la fracción reaccionaria del campesinado. ¿No es cierto que este gobierno representaba los intereses de los grandes propietarios? ¿No era precisamente este gobierno el que liquidaba las libertades parlamentarias y tendía a la instauración de un régimen fascista? En razón a este hecho -e independientemente de lo que había ocurrido en 1920-, ¿el partido no tenía razón, hasta un cierto punto, en apoyar a Pilsudski? Respuesta – Es indiscutible que así es como la situación se le aparecía a muchos comunistas, sin hablar ya de los socialistas. Eran, sin embargo, ilusiones ópticas, y se lo comprende, una vez que el mal está hecho. Además, no se podría, sin una excesiva simplificación, definir al gobierno de Witos como un gobierno representante de los intereses de la gran propiedad terrateniente. Witos representaba un compromiso entre los propietarios terratenientes y los campesinos ricos, compromiso concluido en detrimento de la masa de campesinos pobres, por medio de una amputación de la reforma agraria. Este compromiso era evidentemente el resultado de las aspiraciones de los grandes propietarios y de los kulaks. Tampoco es enteramente cierto que el peligro del fascismo provenía de ese gobierno. La coalición gubernamental representaba la combinación más reaccionaria posible de intereses y de fuerzas en el cuadro del régimen parlamentario. No poseía, fuera del parlamento, una masa política de ataque suficientemente fuerte para poder lanzarla contra "la omnipotencia de la Dieta". Es en esto precisamente que consistía el dilema insoluble de las clases poseedoras polacas y de sus partidos tradicionales: no eran capaces de asegurar su dominación de clase, ni por la estabilización del régimen parlamentario bajo su dirección, ni por el derrocamiento de ese régimen. Como en la descripción marxista de El 18 de Brumario, sólo el Poder Ejecutivo podía resolver ese dilema para las clases poseedoras polacas, al menos por un tiempo. A lo largo de los veinte años de entre-guerras, no existeron en Polonia condiciones objetivas para una verdadera dictadura fascista, si se entiende por fascismo una dictadura totalitaria que se apoya -por lo menos en sus comienzos- sobre un gran movimiento de masas decididamente contrarrevolucionario. No faltaban en Polonia candidatos al papel de Hitler o de Mussolini, pero la contrarrevolución no llegó jamás a provocar entre nosotros tal movimiento de masas. No era capaz de ofrecer más que una dictadura del sable. Y, una vez más, como en la clásica descripción marxista, fuimos los testigos de las querellas y las disputas groseras de nuestro pseudo-Napoleón y de los Changarnier vernáculos, querellas y disputas que versaban sobre la cuestión de saber cuál era el sable al que debía corresponder la dictadura, si el de Pilsudski o, tal vez, el de Haller (11) (Sin duda, son raros en Polonia los que reconocen hoy que Haller fue en un momento el más serio rival de Pilsudski.) O, en razón del rol que los mitos "independentistas" jugaron en nuestra vida política y también en nuestro pensamiento político, la elección del sable fue en función de su vaina. Sólo el sable de Pilsudski, envuelto en la leyenda de las luchas por la independencia, fue reconocido como digno de ejercer el poder sobre el pueblo y capaz de decapitar la endeble existencia del parlamentarismo polaco. En otros términos, Pilsudski expropió políticamente a los propietarios terratenientes y a la burguesía polaca, a fin de salvar su dominación social sobre el proletariado y el campesinado. Cuando vimos en mayo de 1926 al presidente Witos, con el pantalón mal abotonado, escaparse a través de las tapias del Palacio Belvedere en Varsovia ante los destacamentos de vanguardia de Pilsudski, asistimos precisamente a ese acto de expropiación política. A la clase obrera y a sus partidos les parecía que era el comienzo de la expropiación económica y social. Pilsudski salvó a las clases propietarias polacas a pesar de sí mismas y a pesar de los representantes políticos que habían tenido hasta ese momento; y lo hizo con la ayuda de los partidos obreros (12). Todo esto, sin embargo, no explica completamente la génesis del "error de Mayo". Los dirigentes del Partido Comunista polaco tenían, y esto antes del golpe de Estado de Mayo, el presentimiento de que Pilsudski se preparaba para la toma del poder y que esto no presagiaba nada bueno para la clase obrera y las masas campesinas. Warski, parece, lo declaró públicamente. Además, incluso ciertos dirigentes del Partido Socialista no tenían muchas ilusiones en este sentido. Recuerdo que, como periodista debutante de 19 años, pasé por casualidad la primera noche del golpe de Mayo en la calle Warecka, en la oficina de Felix Perl, redactor en jefe de Robotnik (13), historiador y uno de los dirigentes más eminentes del Partido Socialista polaco. Perl estaba profundamente inquieto e indignado. A cada instante, agarraba el teléfono, pedía comunicación con el Estado Mayor de Pilsudski -con el general Tokarzewski, si no me equivoco- y, con un gesto dulce-amargo en el rostro, preguntaba: "¿Qué hay de nuevo entre nosotros sobre el frente, camarada general? ¿Cómo progresan los nuestros?" Colgando el auricular, caminaba nerviosamente a lo largo y a lo ancho de su oficina y, olvidándose de mi presencia, mascullaba para sí: "¡Este aventurero nos ha metido en un extraño aprieto!" (Con "aventurero" se refería a Pilsudski.) "Si pierde, nos irá mal, pero si gana la partida, nos dará una paliza". Esta escena se repitió muchas veces en el curso de la noche. Mientras tanto, las rotativas de la imprenta de Robotnik, imprimían un llamado al pueblo de la capital, donde se saludaba al "aventurero" como un amigo a toda prueba de la clase obrera y del socialismo. Pero volvamos al Partido Comunista polaco. El hecho es que sus dirigentes eran muy buenos marxistas para ceder tan fácilmente a las ilusiones ópticas, incluso si esas ilusiones tenían su origen en el juego particular de las fuerzas de clase en Polonia. El "error de Mayo" tenía además otro origen -quizás más importante-, tanto en la atmósfera ideológica como en la política del Partido Comunista soviético y del Komintern. La prueba es que el partido polaco no fue el único en cometer este tipo de error: un error análogo, a una escala gigantesca y que tendría consecuencias trágicas, fue cometido por el Partido Comunista chino, que apoyó ciegamente a Chiang Kai Shek y al Kuomintang. Y en la cercana Rumania, el muy débil Partido Comunista, más o menos en la misma época -creo que fue igualmente en mayo de 1926- apoyó un golpe militar semejante, el del general Antonesco. Era, lo recuerdo, la época del bloque de Stalin y Bujarin. El trotskismo ya había sido derrotado; la áspera lucha entre el grupo de Stalin y Bujarin y la oposición de Leningrado, dirigida por Zinoviev y Kamenev, ya había comenzado. Por razones de principio, Bujarin, y por consideraciones tácticas Stalin, se declaraban en esa época defensores de la pequeña propiedad campesina y del campesinado en general, amenazado -decían- por la oposición de Leningrado. El punto en discusión versaba sobre ciertas medidas económicas y sociales, pero Stalin -como era costumbre en él- transformó esta discusión sobre medidas concretas en una gran batalla dogmática, en la cual se trataba -afirmaba él- de la actitud de principio del proletariado y del Partido Comunista frente a las "capas medias": el campesinado y la pequeñoburguesía. Stalin y Bujarin le reprochaban a la oposición de Leningrado su hostilidad hacia las capas medias, y su incomprensión de la importancia para el proletariado de la alianza con esas capas. Esta argumentación constituía una continuación de la campaña antitrotskista de los años 1923/25, en el curso de la cual la acusación más grave lanzada contra Trotsky consistía igualmente en que, en su teoría de la revolución permanente, "no apreciaba en su justo valor" la importancia de las capas medias, su rol progresista y la necesidad de aliarse con ellas. En relación a esto, se decía, Trotsky no había comprendido la necesidad de la revolución burguesa en Rusia (1905) y en los otros países atrasados, o la subestimaba al proclamar que la revolución democrático burguesa y la revolución socialista, en el siglo XX, se funden en un único proceso revolucionario que se efectúa a lo largo de todas sus fases bajo la dirección del proletariado. El rasgo característico del trotskismo, según esta argumentación, era "saltar" la etapa de la revolución burguesa. No me puedo empeñar por el momento en un análisis de todos estos problemas extremadamente complejos; en efecto, lo único que me importa es su repercusión en Polonia. Se procedía entonces en el Komintern a un exterminio general de las herejías trotskista y zinovietista. Los rasgos distintivos de estas herejías eran definidos precisamente como una actitud "ultraizquierdista" respecto de lo que se llamaba los aliados de las clases medias, así como una reticencia fundamental a concluir alianzas y -en lo que concierne a los países subdesarrollados- la negación de la revolución burguesa en tanto que etapa histórica más o menos particular o independiente, en el curso de la cual la burguesía, o una notable fracción de ésta, debía, se decía, jugar un rol progresista y revolucionario. En esa época se propaga en el Komintern algo parecido a un culto obsesivo de las alianzas. Toda manifestación de escepticismo respecto de este culto es condenada como trotskismo. El culto de las alianzas sirvió esencialmente a un doble fin: en el plano interior de la Unión Soviética sirvió para justificar la política "derechista" de Stalin y Bujarin respecto del campesinado; en el plano internacional, sirvió en primer lugar para justificar la política seguida en China, que consistía en subordinar el Partido Comunista chino al Kuomintang y a ponerlo bajo las órdenes de Chiang Kai Shek. Los principios y los métodos de esta política, aplicada en la Unión Soviética y en China, fueron extendidos con un automatismo infalible y burocrático a todos los partidos de la Internacional y, evidentemente, al partido polaco. Traducido en el lenguaje de la política polaca, este curso significaba, precisamente, apoyar a Pilsudski, en tanto que se lo presentaba como portavoz de las capas medias, en tanto que se lo presentaba como representante de las fuerzas progresistas de la revolución burguesa, en tanto que personificación del aliado ideal, de ese ideal que sólo los trotskistas y los zinovietistas no reconocían. Pregunta – ¿En esa época existían en el seno del partido polaco grupos trotskistas o zinovietistas? Respuesta – Como lo he señalado, Domski y Zofia Unszlicht tenían concepciones que los acercaban parcialmente a la oposición zinovietista. Sin embargo, ellos ya estaban totalmente desplazados de cualquier trabajo en el partido polaco. No existía -por lo menos que yo sepa- en la organización del partido en Polonia y en la emigración, grupos a los que se pudiera considerar como los equivalentes de la Oposición en el partido soviético. Sin embargo, la dirección del partido se daba perfectamente cuenta de las cuestiones prácticas políticas y dogmáticas planteadas, y se encontraba bajo la poderosa presión de los conflictos en el seno del partido ruso y de las esferas dirigentes soviéticas. Warski y Kostrzewa hacían prueba en esa época de una docilidad totalmente particular hacia Stalin. Se adormecían con la ilusión de que, gracias a esta sumisión, podrían obtener la libertad de acción en su propio partido y así encaminarlo hacia el camino correcto. Debilitados por su doble "falta" de 1923, es decir por su protesta en el affaire Trotsky y por su política "oportunista" en Polonia, deseaban ofrecer todas las pruebas de su conversión al "bolchevismo" de nuevo tipo, a ese "bolchevismo" cuya quintaesencia era presentada como la política de las dos etapas distintas de la revolución, la etapa burguesa y la etapa socialista, así como la política que le correspondía, la de una alianza con los elementos "burgueses progresistas". Toda la propaganda estaba hecha con ese espíritu, lo que tuvo por efecto formar en el partido esos reflejos políticos condicionados que contribuyeron precisamente al "error de Mayo". Es necesario, por otra parte, examinar aquí el efecto que tuvo, sobre el estado de ánimo del partido, la campaña seguida entonces con vistas a liquidar lo que se llamaba "la herencia luxemburguista". Este es, entre paréntesis, un problema al cual, hasta hoy, no se consagra en Polonia la atención que merece, probablemente porque los que estudian la historia del partido no tienen todavía una preparación suficiente para encarar este tema, tanto de la manera en que conviene abordarlo y el método de análisis a aplicar, como del conocimiento de los hechos. Respecto de lo que se denomina "herencia luxemburguista", después de treinta y cinco años, se han multiplicado abundantemente los mitos más extraordinarios. No quisiera que esto diera lugar a malentendidos: no proclamo la infalibilidad de Rosa Luxemburgo y no soy luxemburguista, indudablemente; Rosa Luxemburgo ha cometido errores, pero éstos no fueron más graves que los cometidos por Lenin o por el propio Marx; en todo caso, eran de otro orden que los "errores" de Stalin. Convenía y conviene someterlos a un análisis objetivo y severo y darles sus justas proporciones. No era este análisis, sin embargo, el que le importaba a Stalin -ni, en los años 1923/24, a Zinoviev- cuando en nombre de la "bolchevización" del Partido Comunista polaco declararon la guerra santa ideológica al luxemburguismo o, dicho de otra manera, a la principal tradición ideológica del comunismo polaco. Para convencerse de qué era lo que le importaba a Stalin, alcanza con releer nada más que la célebre carta de 1931 al redactor en jefe de Revolución Proletaria. En Rosa Luxemburgo, Stalin descubre, con su instinto infalible, un espíritu emparentesco con el de Trotsky. También, aunque no tuvo, en los años '20, ninguna oposición trotskista en el seno del partido polaco, el olfato político de Stalin sentía al "trotskismo" en plena nariz en el partido polaco, porque Stalin consideraba al luxemburguismo como la versión polaca del trotskismo. De allí este "furor teológico" con el que las autoridades del Komintern apuntaron a destruir la herencia luxemburguista. Es incuestionable que esta herencia contenía serios errores. La actitud de Lenin en la cuestión de la independencia nacional, o más bien de la "autodeterminación" de los pueblos oprimidos, era más realista que la posición de Rosa Luxemburgo. En la cuestión agraria, el luxemburguismo se contentaba con hacer propaganda por la socialización de la economía agraria, sin comprender la necesidad de distribuir entre los campesinos las tierras de los latifundios semifeudales de los grandes propietarios terratenientes. Esta actitud llevó al comunismo a la imposibilidad de ejercer una influencia revolucionaria sobre el campesinado en 1920, particularmente en las regiones orientales de Polonia. La campaña anti-luxemburguista no se circunscribió, sin embargo, a una revisión crítica de sus errores. Se "extirparon" además los hábitos de pensamiento y lo que era propio del luxemburguismo tanto como del marxismo -a saber, las tradiciones de un verdadero internacionalismo, la orientación específicamente proletaria y socialista del partido, así como la sana desconfianza respecto de los dirigentes reales o impostores de las capas medias. El Partido Comunista polaco comenzó a redimir los "pecados" cometidos contra la independencia nacional por el luxemburguismo, por un retorno tardío y grotesco a la "doctrina de la independencia nacional"; comenzó a rendir un culto inmerecido a las "leyendas independentistas". De allí ese espectáculo paradojal, que he descripto más arriba, cuando Warski, en 1925, hace oír un grito de alarma en razón de los peligros que habría corrido la independencia nacional, y reclama el retorno de Pilsudski al puesto de comandante en jefe: Warski era, de una parte, víctima de los reproches que le hacía su propia conciencia política, y por la otra, un juguete de los exorcismos antiluxemburguistas que resonaban en Moscú. Bajo esta doble presión, y en expiación de sus pecados de juventud, terminó por rendirse -y en su persona fue todo el marxismo polaco el que se rindió- a la Canossa patriótica. Después de este peregrinaje, el partido fue una vez más desgarrado y atormentado por los presentimientos más amargos -rendía homenaje al candidato a dictador, de quien Rosa Luxemburgo había dicho, a comienzos de siglo, que todo su ideal de independencia nacional no era más que la sublimación de los sueños de un hidalgüelo desclasado, aspirante a la dignidad de ober-gendarme o de ober-politzeimajster en su propio país. Rosa se equivocaba respecto de las posibilidades de la Polonia burguesa de recuperar su independencia; pero ella no se equivocaba en cuanto a la naturaleza de las ambiciones de Pilsudski y del pilsudskismo. El luxemburguismo, finalmente, al igual que el trotskismo, era presentado cargando el pecado mortal de no comprender las tareas de la revolución burguesa. Por esto, en el ardor de combatir y vencer la herencia luxemburguista, se descubrió repentinamente que la historia había puesto a la orden del día en Polonia la revolución democrático burguesa y no, como se había creído hasta ahora, la revolución socialista que, en una misma oportunidad, debía resolver igualmente el atraso de la revolución burguesa inacabada. ¿Pero, si la revolución burguesa estaba a la orden del día, quién podía ser entonces su jefe y su dirigente? La burguesía polaca, ni en su juventud ni en su madurez, no había dado a luz jamás a un Danton o a un Robespierre. ¿Podría alumbrarlos en su vejez? Pero el vástago de la aristocracia de los confines de Polonia podía todavía lograr producir una edición parroquial de El 18 Brumario. Es entonces en él que nuestro marxismo, extraviado y desconcertado por el stalinismo, descubre al héroe de la etapa burguesa de la revolución. Lo extraño de la situación estaba subrayado por el hecho de que esta "revolución" burguesa se volvía contra el gobierno presidido por Witos, dirigente de los kulaks o, dicho de otra manera, de la fracción más numerosa -la fracción campesina- de la burguesía polaca. Pero con el retroceso histórico, el círculo vicioso en el cual se debatía el Partido Comunista polaco, bajo la influencia de la inspiración staliniana, aparece todavía con mucha mayor nitidez: en 1926, el partido vio en Pilsudski un aliado contra el "fascismo" de Witos, y unos años más tarde, en el período del Frente Popular, por el contrario, saludó en Witos a un combatiente y a un aliado en la lucha contra el "fascismo" de Pilsudski. El Partido Socialista polaco se debatía también en el mismo círculo vicioso, sin necesidad de que Stalin le soplara su conducta. Pregunta – Usted ha recordado la analogía entre el "error de Mayo" del Partido Comunista polaco y el apoyo que brinda en la misma época el Partido Comunista chino a Chiang Kai Shek. ¿El Partido Comunista polaco dio su apoyo a Pilsudski por órdenes precisas de Moscú, de la misma manera que los comunistas chinos apoyaban a Chiang Kai Shek? Respuesta – Pero no, por nada del mundo. La actitud de Stalin y Bujarin respecto del Pilsudski era completamente diferente de la que tenían frente a Chiang Kai Shek. En este último veían entonces a un miembro honorario del Ejecutivo de la Internacional, un aliado de la Unión Soviética y del comunismo. En Pilsudski veían el enemigo de 1920. No sólo Moscú no había aconsejado a los comunistas apoyar a Pilsudski sino que, inmediatamente, apreció desfavorablemente la actitud del Partido Comunista polaco en el golpe de Estado de Mayo. Más aún, después que la fracción comunista de la Dieta había decidido votar por Pilsudski en la elección a presidente, esto le fue impedido por la oposición categórica del Ejecutivo de la Internacional. No fueron las "instrucciones de Moscú" las que contribuyeron al "error de Mayo" sino el culto difundido desde Moscú a ciertos fetiches políticos, inseparables de la fase, en ese entonces, de stalinización y burocratización del Komintern. ¡No es Stalin quien impulsa a Warski a presentarse durante el golpe de Mayo ante el Estado Mayor de Pilsudski! Y sin embargo el stalinismo es responsable del "error de Mayo" por el hecho de que el Partido Comunista polaco, como todos los partidos comunistas, estaba condenado a la desorientación política, porque el stalinismo le impedía proceder por sí mismo a un análisis marxista de la situación, porque lo aterrorizaba con sus fetiches, le imposibilitaba resolver sus problemas y elaborar su política conforme a la lógica de la lucha de clases en el país y a su propia tradición ideológica. Se podrá decir lo que se quiera contra el luxemburguismo, pero en los cuadros de este "ismo" no había lugar, con toda seguridad, para cualquier cosa que fuera semejante al "error de Mayo". ¿Se puede imaginar a Rosa Luxemburgo presentándose dócilmente a la antecámara del "Gran Padre", con el objeto de anunciarle el apoyo de su partido? Sólo su desgraciado alumno, al cual el stalinismo había llegado a deformarle la columna vertebral, pudo arriesgarse a tal gestión. Pregunta – ¿Cuánto tiempo perseveró el partido en esta política? Respuesta – Muy poco tiempo. Desde el día siguiente del golpe de Estado, o poco después, por lo que me acuerdo, ya circulaban en Varsovia proclamas del Partido Comunista polaco estigmatizando a Pilsudski como un dictador fascista. Pilsudski, por su parte, no le dejó al partido hacerse ilusiones: rechazó la amnistía a los comunistas, subrayó en todo momento su intención de establecer un gobierno de fuerza, se defendió de querer "experiencias" o reformas sociales y buscó inmediatamente concluir un acuerdo con los magnates terratenientes. Pero hay errores que se cometen apenas por pocos días, o incluso por algunas horas, y que no se los puede reparar por décadas. El "error de Mayo" era precisamente de esa naturaleza. En el activo del Partido Comunista polaco, hay que decir que las medidas reaccionarias y dictatoriales de Pilsudski no impidieron al Partido Socialista polaco apoyarlo por lo menos por dos años, mientras que el Partido Comunista polaco, salido del aturdimiento del que había sido víctima durante las jornadas de Mayo, y fiel a su naturaleza, pasó inmediatamente a una viva oposición revolucionaria, a la que hizo honor hasta el fin. Desorientado y sin eje, era sin embargo el único partido en el país en defender la causa del proletariado y del campesinado pobre, así como sus libertades democráticas, mientras que los defensores con patente de demócratas -los socialistas- ayudaban a Pilsudski a reforzar su posición y a minar las instituciones democráticas. Warski se esforzó por redimir como pudo el "error de Mayo". Mostró en esa ocasión una gran dignidad, combatividad y coraje personal. En nombre del partido, lanzó acusaciones en la cara a Pilsudski y fue por eso, por orden del dictador, expulsado de la sala de la Asamblea Nacional por la guardia del Mariscal. Es necesario sin duda tener presente la atmósfera de culto que rodeaba entonces a la persona de Pilsudski, para tomar conciencia del efecto del grito "¡Abajo el dictador!" lanzado por Warski. Pilsudski se sintió en cierta forma desconcertado por ese grito: fue el primer intento, desde el golpe de Estado de Mayo, de golpear su leyenda, el primer intento por romperla en pedazos. Recuerdo a Warski en la Plaza del Teatro, el 1° de mayo de 1928. Marchaba a la cabeza de nuestra enorme manifestación prohibida, irguiendo su cabeza de león blanco, a través de la metralla y los tiros que nos regalaban las milicias socialistas (14). Mientras que, en nuestras filas, caían decenas y centenares de heridos, sólo frente al fuego de fusilería, irguiendo siempre su cabeza gris, blanco neto y visible desde lejos para las balas, sin emoción ni dudas, habló a la multitud. Es esta imagen de Warski la que tenía en mi espíritu, cuando, varios años más tarde, se declaraba en Moscú que era un traidor, un espía y un agente de Pilsudski. Pregunta – ¿Cuál fue la responsabilidad de las diversas fracciones, de los "mayoritarios", y de los "minoritarios" en el "error de Mayo"? ¿Esta división de fracciones existía ya antes de 1926? Respuesta – Esa división, por lo que sé, no existía antes de 1926. Fue precisamente el "error de Mayo" el que le dio nacimiento o más bien, si mi memoria no me induce a error, la sesión plenaria del Comité Central de septiembre de 1926. Como sucede generalmente cuando se produce una escisión, se renuevan en esa ocasión las divisiones anteriores. Lenski, dirigente de la minoría, pertenecía, según lo que sabemos, a lo que se llamaba "la izquierda" en 1924/25, después que "las tres W" fueron desplazadas de la dirección. En general, los que pertenecían a "la izquierda" se ubicaron con la minoría; y los de "la derecha" se reencontraron en las filas de la mayoría. Hasta un cierto punto, los antagonismos más antiguos también jugaron en la medida en que dos líderes de la mayoría, Kostrzewa y Walecki, venían del Partido Socialista de Izquierda; en cuanto a la oposición entre Warski y Lenski, se buscó hacerla remontar a los conflictos que se produjeron en el seno del Partido Social-Demócrata (luxemburguista) antes de la Primera Guerra Mundial. Me parece sin embargo, esas genealogías que se ajustaban de manera artificial y tirada de los pelos. Que su importancia es mínima cuando se trata de definir la actitud de los diversos grupos e individuos, quedó probado por el hecho de que ambas fracciones, tanto la mayoría como la minoría, habían cometido el "error de Mayo". Ambas, en el momento crítico, se habían comportado de manera idéntica. Ambas habían apoyado a Pilsudski. Además igualmente reconocían su responsabilidad común en el "error de Mayo" y se circunscribían a una querella muy artificial en cuanto a la medida y las proporciones en que se repartían esa responsabilidad. La mayoría se identificaba muy particularmente con la teoría de las "dos etapas distintas de la revolución" y con la práctica de frente único con la cual el Partido Comunista polaco se adaptaba, a veces muy pasivamente, al paso del Partido Socialista polaco. Era muy difícil identificar a los dirigentes de la minoría con tesis precisas, porque no buscaban definir posiciones teóricas, y representaban en el partido una actitud de "radicalismo" más que una concepción definida. En ningún caso, se opusieron a las concepciones y fetiches que le imponía al partido polaco el Komintern y que habían, en gran medida, contribuido al "error de Mayo". La minoría, puede que en mayor medida que la mayoría, contribuyó a la "bolchevización", es decir a la burocratización del Partido Comunista polaco, y por eso había contribuido, en mayor medida aun, a la desorientación y al desarme moral del movimiento. En todo caso, ambas fracciones tuvieron la responsabilidad del "error de Mayo" y cada una de ellas se esforzaba, sin gran eficacia, en descargarse y limpiarse de reproches, en detrimento de la otra. Fue una época penosa. El partido estaba desgarrado de arriba a abajo, y sumergido en inútiles recriminaciones de unos contra otros. La esterilidad de estas recriminaciones derivaba del hecho de que ninguna de las dos fracciones estaba en condiciones de llegar hasta las verdaderas "fuentes del error", y ninguna pudo llegar, incluso post facto, a realizar un análisis marxista del golpe de Mayo y del régimen que se estableció. Cada una de las fracciones buscaba en su adversario las causas de la catástrofe moral que había atravesado al partido; ninguna se decidió a buscar las causas en el Komintern. Ninguna tuvo el coraje de atacar los fetiches del stalinismo. Ninguna tuvo la audacia de enfrentar la falsa "bolchevización". Ninguna osó someter a un análisis crítico los métodos con los cuales se había combatido "la herencia luxemburguista". Ninguna tuvo la audacia de intentar salvar lo que, en esa herencia, había y seguía siendo grande y valioso. (Esperemos que el movimiento obrero polaco descubra ahora por fin esa herencia. Allí descubrirá su pasado y su olvidada grandeza. Sin embargo, puede ser que los hábitos mentales creados no sólo en el curso de los últimos años sino desde hace treinta años, hagan difícil tanto a la joven como a la vieja generación de marxistas polacos descubrir la clave que permita descifrar esa herencia. Tengo que señalar que no se trata, para mí, de utilizar -para el juego táctico cotidiano- fragmentos aislados del pensamiento de Rosa Luxemburgo, como su bien conocida crítica de Lenin y Trotsky en 1918 -tales tentativas no faltan ahora en Polonia-, sino permitir al movimiento asimilar el inmenso conjunto que constituyen las ideas y la obra de la más grande revolucionaria de nuestro país, ideas y obras que están en plena armonía con las ideas y la obra siempre valiosa de Lenin. Desgraciadamente, hasta el presente, no se han hecho más que muy pocas cosas, sino nada, para asimilar la naturaleza de la herencia de Rosa Luxemburgo). Pero volvamos al Partido Comunista polaco. El partido buscaba entonces las causas de su aberración política exclusivamente en sí mismo, sin osar buscarla en el Komintern. Los dirigentes, tanto de la minoría como de la mayoría, contaban con mantenerse al frente con la ayuda de los círculos dirigentes del Partido Comunista soviético. Warski y Kostrzewa contaban quizás con la ventaja del apoyo de Bujarin, por entonces inspirador de la Internacional. En cuanto a Lenski, se puso deliberadamente bajo Stalin. Ambas fracciones tenían pánico a un conflicto con los círculos dirigentes soviéticos, temerosas de que cualquier litigio significara una ruptura con la revolución rusa y con el movimiento comunista internacional. No tengo la intención de usar este hecho para levantar un acta de acusación póstuma contra los dirigentes del partido. Tenían, hasta cierto punto, buenas razones para actuar así. Sé, como antiguo miembro de un grupo opositor que no temía entrar en conflicto con el Partido Comunista soviético y que, en 1932, se atrevió a ese conflicto, con pleno conocimiento de causa; sé entonces, digo, por mi amarga experiencia, que efectivamente todos los grupos que no habían retrocedido frente a este conflicto se condenaban al aislamiento y a la impotencia política. Pero el hecho de que ellos hubieran evitado el conflicto y que se hubieran sometido a las esferas dirigentes soviéticas desgraciadamente no le garantizó al Partido Comunista polaco ni a sus dirigentes ninguna ventaja frente a la impotencia política, ni les impidió conducir a la clase obrera a una impasse y, finalmente, a un fin trágico. Esto los condenó, por añadidura, a la impotencia intelectual. El conflicto entre la mayoría y la minoría ofrecía ya el triste espectáculo de esa impotencia. Era una querella condenada de dos fracciones encerradas en el círculo encantado del stalinismo. No se trataba de encontrar verdaderamente una explicación de la situación y de ir hasta el fondo de los errores y de las tareas, sino de demostrar a la dirección del Komintern su lealtad y su ortodoxia. Así, cada una de las fracciones usaba la última fórmula de la ortodoxia para -en el cuadro de esa fórmula- blanquearse y ensuciar a su adversario. Estoy convencido de que el investigador que se dedicara hoy al estudio de la literatura del partido de ese período quedaría golpeado por los métodos escolásticos de esa polémica, por la repetición obsesiva y cíclica de ciertas fórmulas mágicas y por la loca violencia de un conflicto en el cual es casi imposible captar de qué se trata en definitiva. Pregunta – ¿Usted personalmente, pertenecía a la mayoría o a la minoría? Respuesta – Yo no pertenecía a ninguna fracción, probablemente porque cuando adherí al partido, a la edad de 19 años, la línea de división ya estaba diseñada y no me daba cuenta muy bien de qué se trataba. Recuerdo sin embargo que en 1926/27 tenía el sentimiento muy neto de lo vano de la disputa. Me parecía que la mayoría cargaba el peso de un cierto oportunismo, y que había más dinamismo revolucionario entre los minoritarios. Lo que me disgustaba, sin embargo, en estos últimos, era un cierto simplismo intelectual y un cierto encarnizamiento sectario: la mayoría, me parecía, representaba una escuela de pensamiento más seria y de tradiciones marxistas más profundas. Era la opinión dominante en el círculo de camaradas, jóvenes comunistas que entonces frecuentaba. Es posible que esta opinión me ayudara más tarde a alejarme de esas fracciones, a comprender cuán ficticias eran; que me haya puesto a buscar otra vía para salir de la impasse. Yo no querría herir los sentimientos de viejos comunistas, pero estoy convencido de que es necesario abordar hoy la historia del Partido Comunista polaco de una manera nueva; hacerlo partiendo de la antigua distinción entre mayoritarios y minoritarios no llevaría a nada y no podría dar ningún resultado positivo, intelectual o político. Pregunta – ¿Cuál de las fracciones dominó el partido después del golpe de 1926? Respuesta – En el momento del golpe de Estado de Mayo, las dos fracciones compartían la dirección, y ese estado de cosas se prolongó más o menos hasta fines de 1928. A comienzos de ese período, Warski y Kostrzewa -los líderes de la mayoría- marcaron más que los minoritarios la política del partido. La razón estaba, sin duda, en que se mantenía todavía, en la política del Komintern, la época de Bujarin. Como antes, la influencia de Warski y de Kostrzewa se traducía por un trabajo más "orgánico" del partido, por una ligazón más sólida entre el partido y las masas, por un mayor realismo en su agitación y en sus consignas, por una influencia más neta ejercida sobre los elementos de la izquierda del Partido Socialista polaco; en fin, por un acrecentamiento de su influencia en el campo y entre las minorías nacionales. A pesar de la lamentable disputa que lo minaba en su interior, el partido, en ciertos aspectos, se había recompuesto rápidamente de su error de Mayo de 1926. La clase obrera en cierta forma lo había perdonado, dado que ella lo había cometido al mismo tiempo, compartiendo las ilusiones, y que el partido enseguida, en forma rápida y neta, reconoció sus errores. El período que sigue a mayo de 1926 representa para el partido una fase de fortalecimiento. Esto lo prueban las elecciones municipales de 1927, en Varsovia, donde la lista ilegal del Partido Comunista recogió más votos que las demás. Los electores sabían que los votos emitidos para la lista comunista eran "perdidos", porque ninguno de los candidatos que presentaba entraría al Consejo Municipal; sin embargo, votaron por ella como gesto político. En este período, nuevamente, el Partido Comunista polaco le gana al Partido Socialista en los principales centros industriales -Varsovia, Lodz, la cuenca de Dambrowa- a pesar de las persecuciones y de las reducidas posibilidades de acción, a pesar de toda la energía desperdiciada en la lucha fraccional. En 1928, el Partido Comunista polaco está verdaderamente a la cabeza de la clase obrera en la lucha contra la dictadura de Pilsudski. Fue el temor que sentían los pilsudskistas y una parte de los dirigentes del Partido Socialista frente al Partido Comunista polaco lo que explica la sangrienta represión del 1° de mayo de 1928, que mencioné más arriba. (Las manifestaciones prohibidas del Partido Comunista polaco reunían entonces una multitud más considerable -o por lo menos equivalente- que las manifestaciones del Partido Socialista, que se desarrollaban bajo la doble protección de la policía y de sus propias milicias armadas.) A pesar de todas las desventajas y de todas las dificultades, la posibilidad de pasar de nuevo a la ofensiva se perfilaba para el partido. Fue entonces, sin embargo, que sufrió una nueva conmoción, que le hizo perder su equilibrio relativo y lo volvió impotente. Pregunta – Usted piensa sin duda en el cambio de dirección y en la eliminación de Warski y Kostrzewa. Respuesta – Sí. Y una vez más, no es lo que se produjo lo que importa sino la manera en que se produjo. Lo que importa no es que Warski y Kostrzewa o, por el contrario, Lenski, se encontraran en la dirección, sino el hecho de que ese cambio de dirección haya sido efectuado exclusivamente "desde arriba", y no como consecuencia de una decisión del partido; que ese cambio no tuviese ninguna relación con la lógica y el estado de la lucha de clases en Polonia. Una vez más, los arreglos de cuentas en el seno del partido ruso y la Internacional decidieron la suerte del Partido Comunista y de la clase obrera polaca. Durante el VI Congreso de la Internacional, en 1928, el conflicto entre Stalin y Bujarin estaba ya a punto de estallar a la luz del día; había madurado con anterioridad en el seno del Politburó soviético. Bajo la presión de la crisis interior de la URSS, Stalin había revisado su política respecto del campesinado y había preparado la "colectivización forzosa". Para la Unión Soviética era la hora de un inmenso drama social, que ocasionó al comunismo europeo un drama menos espectacular, pero también cargado de consecuencias. Rompiendo con Bujarin en el plano de la política interior, Stalin se dedicó a extirpar la influencia bujariniana en el Komintern y a modificar toda la orientación de la política comunista. Esto ocasionó automáticamente la condena de la "mayoría" en el Partido Comunista polaco y la eliminación de Warski y Kostrzewa, que fueron no sólo separados de la dirección, sino también privados de toda influencia sobre la política del partido. Se le dio al partido un violento giro de timón "a la izquierda". En 1929, Molotov formula la nefasta concepción del "tercer período", que consistía brevemente en lo siguiente: el mundo capitalista arribó a una situación revolucionaria caracterizada y el movimiento comunista debe pasar a la ofensiva con vistas a la toma del poder; el enemigo más peligroso del comunismo es la socialdemocracia, o dicho de otra forma, el "socialfascismo"; el ala izquierda de los partidos socialistas es más peligrosa que su ala derecha; los partidos comunistas deben dirigir el "fuego principal" contra ese peligro; en ningún caso deben concluir el menor acuerdo con los partidos socialdemócratas; deben crear sus propios sindicatos (rompiendo con las organizaciones sindicales comunes del conjunto de la clase obrera) y, con su ayuda, organizar la huelga general y la insurrección armada. La política del "tercer período" fue de rigor en el Komintern desde 1929 a 1934. Fue la época durante la cual, en Alemania, el movimiento hitlerista crecía como una avalancha, pero donde, frente a la amenaza que representaba y ante la cual la socialdemocracia, por su naturaleza, capitulaba, el Partido Comunista se encontraba desarmado: diciéndole que el enemigo principal no era el hitlerismo sino el "socialfascismo" y que no había derecho a aliarse con la socialdemocracia contra el hitlerismo, se lo abandonaba de antemano, atado de pies y manos, a los héroes de la svástica. En Polonia, las consecuencias directas de esa política no fueron tan trágicas, pero sí muy sombrías. Se había llegado por fin a un conflicto entre Pilsudski, de una parte, y el Partido Socialista polaco y el movimiento campesino, de la otra. Eran los años de la oposición de centroizquierda. Pilsudski detuvo a los líderes y los hizo torturar en la fortaleza de Brzesc (Brest-Litovsk). Fueron años de terror anticomunista redoblado, tristemente célebres por las torturas inflingidas a los comunistas ucranianos detenidos en Luck. En esas condiciones, la política y las consignas del "tercer período" que Lenski traducía con diligencia al polaco tenían, o poco menos, todos los rasgos de un distraccionismo político. Los miembros del partido eran llevados a creer que el enemigo principal era el Partido Socialista polaco y no el pilsudskismo, que había que "concentrar el fuego" sobre las víctimas y no sobre los verdugos de Brzesc y que el partido no podría cometer un pecado más grave que apoyar la lucha del centroizquierda contra Pilsudski, o que esforzarse por dar a esa lucha un carácter revolucionario que los dirigentes del centroizquierda no podían ni querían darle. En condiciones infinitamente más graves, el Partido Comunista polaco repitió los errores ultraizquierdistas que había cometido en 1924/25 y se libró nuevamente a una "gimnasia ultra-revolucionaria" que consistía en lanzar con estrépito, pero en el vacío, acciones revolucionarias renovadas cada día, pero cada vez menos realizables. Las proclamas redundantes no eran seguidas de actos. El partido operaba casi exclusivamente con la ayuda de sus propias fuerzas, que se hundían de hora en hora; se separaba de las masas obreras y campesinas que estaban a la vez agitadas y desorientadas por la lucha contemporizadora del centroizquierda; se veía, cada vez más, rechazado hacia una masa pequeñoburguesa (mayoritariamente judía), desclasada, radicalizada pero políticamente impotente. Sus dirigentes no veían, o no querían ver, el vacío que se había creado alrededor del partido, cuánto había perdido de su influencia y hasta qué punto era víctima de una deformación moral. Un partido revolucionario no puede, a la larga, vivir impunemente un divorcio entre la palabra y la acción, ni volver las espaldas a la realidad y nutrirse de ficciones convencionales de una "línea" pseudo-revolucionaria, sin tener que pagarlo un día con la desnaturalización de su propio carácter. Además, todo el Komintern pagó la política del "tercer período". El Partido Comunista polaco, además, tuvo que sufrir la dictadura de una fracción, dictadura que -siguiendo el ejemplo stalinista- arrastraba en el lodo a sus adversarios en el seno del partido, les impedía expresarse, los amordazaba y así hacía abortar desde el vamos toda cristalización de la verdadera opinión del partido. Estos rasgos del régimen stalinista, internos al partido, de los que el partido polaco haría un perfecto aprendizaje en los años '40 y '50, ya estaban constituidos en trazos gruesos a fines de los años '20, y se confirmaron de verdad en 1932/33. Fue un fenómeno paradójico porque no era la consecuencia de la "corrupción por el poder" normal hasta un cierto punto en un partido en el gobierno, ni de la proliferación de una capa de burócratas celosa de sus privilegios sociales y políticos. El Partido Comunista polaco seguía siendo el partido de todos los oprimidos y perseguidos. Las prisiones de Pilsudski y de Rydz Smigly seguían estando llenas de sus adherentes y simpatizantes. La masa de sus miembros deseaba la revolución proletaria y soñaba con el socialismo. Son estos deseos y sueños los que las llevan precisamente a aceptar ciegamente todo lo que venía de la Unión Soviética, patria del proletariado. Es como consecuencia de su fidelidad a sí mismo que el Partido Comunista polaco estaba en contradicción consigo mismo. Es a consecuencia de esta devoción a la causa de la revolución que se perdió como partido de la revolución. Pregunta – Hacia 1935, se asiste en el partido a un giro a favor del Frente Popular. ¿Cuál fue la influencia de ese giro sobre el partido? Respuesta – En esa época, ya no era miembro del partido; estaba separado y no puedo juzgar estos hechos más que desde el exterior. La política de Frente Popular, a pesar de lo que se pueda decir, rejuveneció y refrescó en una gran medida al partido. Le permitió entrar de nuevo, hasta un cierto punto, en contacto con la realidad y atraer nuevos elementos a su zona de influencia. Los intelectuales, que fueron influenciados por el Partido Comunista polaco precisamente en esa época, juegan actualmente, me parece, un rol importante en la vida política de Polonia. Por esto me explico esa bruma embellecedora a través de la cual numerosos escritores presentan esta época a la joven generación. Convendrá, sin embargo, examinar este período con sangre fría y objetividad. La política de Frente Popular se ubicaba en el extremo opuesto de las consignas del "tercer período". Los "socialfascistas" de ayer se revelaban como combatientes antifascistas. Además, se les reconoció incluso a dirigentes de la derecha del movimiento campesino -a Witos en primer lugar- la calidad de caballeros de la democracia y el progreso-, en una palabra, de aliados. Comparado con la moderación de las nuevas consignas y de la línea táctica del partido, el "oportunismo" de Warski y Kostrzewa parecía ser, con el retroceso, un ultra-radicalismo exuberante. Sin embargo, las consignas del Frente Popular fueron lanzadas en 1935 y 1936 por los mismos dirigentes (Lenski, Henrykowski) que, en los años precedentes, habían dirigido "el fuego principal" contra los "socialfascistas"; que habían considerado que sólo era admisible "el frente único por la base", y que habían excluido a centenares de militantes, simplemente porque se habían atrevido a preguntar si verdaderamente "el socialfascismo constituía el peligro principal". Una vez más, lo que es esencial no es saber qué política era aplicada sino la manera en que se lo hacía. Ninguna discusión en el seno del partido lo había preparado para este cambio brutal de orientación, que provenía únicamente de un "cambio en la línea del Komintern", condicionado a su vez por los cálculos de la política exterior de Stalin. Así, la influencia que el giro del Frente Popular ejercerá sobre el Partido Comunista polaco estaba llena de contradicciones: de una parte, la ruptura con la gesticulación ultraizquierdista del "tercer período" tuvo una influencia estimuladora y vivificante sobre el partido, le permitió apartarse del vacío y le dio una cierta fuerza de expansión. Por otro lado, el carácter mecanicista de este giro, venido exclusivamente "desde arriba", acentuó todavía más la atrofia de todo pensamiento político en los viejos cuadros militantes, ya habituados a reemplazar, por una simple orden, un ritual político por otro exactamente opuesto, y a considerar todas las concepciones políticas y todas las consignas como otras tantas convenciones sin contenido; el cinismo y la apatía ideológica causaron estragos. Los cuadros jóvenes, que comenzaban su carrera política bajo el signo del Frente Popular, trataban las nuevas consignas con infinita más seriedad y se lanzaron con ardor al torbellino de la acción antifascista. Sin embargo, este período no favorecía la formación de la conciencia marxista ni del espíritu revolucionario entre los jóvenes cuadros; fue mucho menos apta para inculcar a los jóvenes las tradiciones específicamente comunistas del partido. La propaganda del Partido Comunista polaco, satisfaciendo ahora vagos slogans antifascistas, evitando los criterios de clase y los criterios socialistas, atenuando y haciendo desaparecer todas sus aristas vivas tradicionales, renunciando a su actitud específicamente comunista, no difería mucho, en los hechos, de la propaganda rutinaria de la fracción más derechista del Partido Socialista (y si se diferenciaba, era sin duda por una cierta ausencia de autenticidad). Fue el período de la baja definitiva del nivel ideológico, de la vulgarización patriótico-democrática y de la desorientación de este partido que antaño había puesto su inspiración en el pensamiento ardiente de Rosa Luxemburgo, pensamiento al que nada le era tan extraño y contrario que esta vulgarización patriótico-democrática, precisamente, y este rebajamiento del marxismo. Digo esto, no para reabrir las antiguas heridas o hacer reabrir las antiguas querellas sino para resaltar el estado en el cual se encontraba el partido en las vísperas de su asesinato, y para explicar cuán incapaz era para defenderse contra el golpe que le fue asestado. Si no se toma conciencia de esto, no se puede comprender la pasividad y el silencio con los cuales el partido aceptó, en 1938, el veredicto expresado contra él por Stalin, y la masacre sin antecedentes de sus jefes. Un cuadro que presentara al Partido Comunista polaco en plena expansión de sus fuerzas y de su salud intelectual, en el momento en que fue súbita e inopinadamente víctima de la provocación de Yejov, sería falso y antihistórico. La rehabilitación del Partido Comunista polaco no tiene que ver con esta leyenda. Además, transforma al acto mismo de la rehabilitación en un conjuro mágico y en un ritual. En efecto, no explica cómo se logró que un partido que tenía en su activo decenas de años de lucha y una tradición marxista que se remontaba a setenta años, haya podido soportar tan dócilmente que se lo deshonre de una vez para siempre, sin haber protestado, sin haber venido al rescate de sus dirigentes y militantes martirizados, sin haberse esforzado en lavar su honor y sin haber declarado que, pese a la condena que lo golpeaba, intentaba sobrevivir y continuar el combate. ¿Cómo fue esto posible? Debemos, desgraciadamente, tomar conciencia enteramente de la corrosión moral a la que el stalinismo había sometido al comunismo polaco durante largos años, si deseamos comprender su hundimiento definitivo bajo el golpe de la provocación. Debemos rehacer paso a paso el calvario del partido, en el curso de todas sus etapas, si queremos enfocar la cuestión en sus justos términos. Pregunta – La acusación lanzada contra el Partido Comunista polaco en el momento de su disolución incluía la afirmación de que el partido estaba carcomido por influencias trotskistas y que se había transformado en una oficina de la "defensiva" (policía política). ¿Qué había de cierto en la influencia del trotskismo en el partido? Respuesta – La oposición trotskista se había constituido en el partido en el curso de los años 1931/32. Agrupaba a compañeros que habían pertenecido anteriormente tanto a la minoría como a la mayoría y también a otros que no estaban ligados a ninguna de esas fracciones. No era una oposición a priori trotskista. Se había constituido partiendo de una posición crítica respecto de la política del "tercer período", de las consignas sobre el "socialfascismo", sobre el "frente único solamente por la base", etc., así como también respecto del régimen burocrático reinante en el partido. Sin embargo, había exigido desde el comienzo que el partido tuviera el derecho a decidir su política por sí mismo; la oposición adoptó una actitud crítica respecto del régimen reinante en el conjunto de la Internacional e igualmente en el seno del Partido Comunista soviético. En consecuencia, las ideas de la oposición trotskista en la URSS y sobre todo la magnífica -aunque infructuosa- campaña que Trotsky llevó adelante por el frente único anti-hitleriano, ejercieron sobre nuestra oposición una influencia decisiva. Al comienzo, la audiencia de la oposición fue muy vasta. En Varsovia, donde el partido no contaba en esa época con más de 1.000 miembros, la oposición había ganado a alrededor de 300 (de los cuales la mayoría había jugado un rol importante en el movimiento), sin contar un vasto círculo de simpatizantes entre las organizaciones del partido. Desgraciadamente, la situación que existía entonces en el partido se reflejó, en ciertos aspectos, en la oposición. Las organizaciones del partido estaban separadas de los obreros de la gran industria y rechazadas hacia franjas de la pequeñoburguesía; esta debilidad se reflejaba igualmente en la oposición. En efecto, aunque la oposición había atraído a su lado una gran parte de los militantes de la capital, su influencia en el interior era incomparablemente más débil, dado que allí el partido estaba entonces en un estancamiento casi completo. La masa de militantes no se daba cuenta de que la pertenencia a la oposición, o simplemente el tener contactos con ella, conllevaba el riesgo de la expulsión; por eso, manifestó muy netamente su simpatía. Se saludó incluso con alivio la aparición de este nuevo reagrupamiento, cuyas bases eran enteramente diferentes de la antigua y estéril querella entre la mayoría y la minoría, y que ponía en un nuevo plano la cuestión de la política del partido. La dirección del partido respondió con nuestra exclusión y con un montón de injurias dignas de los "mejores" ejemplos stalinianos. Esta misma dirección que, algunos años más tarde, debía ser liquidada en tanto que "oficina pilsudskista y trotskista", condenó entonces a la oposición, primero como una oficina de diversión social-fascista, y luego como una red fascista y de "enemigos de la URSS". Con la ayuda de estos métodos, logró ahogar toda discusión y aterrorizar moralmente (y no sólo moralmente) a los miembros del partido, al punto que éstos huían de nosotros con el mismo temor supersticioso con que antiguamente los fieles de la Iglesia huían de los heréticos excomulgados. La oposición fue herméticamente aislada del partido y, alrededor de 1936, casi no tenía contacto con él. Afirmar que el Partido Comunista polaco se había convertido en una oficina trotskista es, en un sentido literal, una pura invención. Y sin embargo, las dudas y las ideas que la oposición había insuflado en el partido no habían cesado de germinar en el espíritu de sus adherentes. Aun conservando una actitud conformista, una parte notable de los cuadros no dejó un solo instante de prestar oídos a la voz de la oposición, y experimentó su influencia en una medida más o menos grande, pero de modo suficiente para considerar los santos cánones del stalinismo con un cierto escepticismo. Y, porque nada se pierde en la naturaleza, la tradición luxemburguista jamás se desvaneció completamente, a pesar de los años dedicados a "superarla". La influencia de la oposición y la acción de esa tradición hicieron que, después de los años de "bolchevización", el retrato sicológico del comunista polaco más ortodoxo dejara, sin embargo, desde el punto de vista stalinista, mucho que desear. Así fue en los años '30 y así fue -felizmente- después de la Segunda Guerra Mundial: durante todo este período, una cierta ley de la continuidad nunca dejó de actuar. Pregunta – Sin embargo, se plantea una cuestión: se sabe que Pilsudski tenía agentes en todos los partidos de izquierda, entre los socialistas y en las organizaciones campesinas. Existen también ciertos datos que permiten suponer que se esforzó por organizar, e incluso que había logrado hacerlo, una red de agentes en el Partido Comunista. Respuesta – Sí, pero la "teoría" de esas redes que Pilsudski habría aparentemente creado en el seno de los diversos partidos de izquierda es, una vez más, una exageración desvergonzada. Ninguna red de agentes secretos habría permitido a Pilsudski ejercer sobre los socialistas y una parte del movimiento campesino una influencia comparable a la que le daban los lazos políticos de antigua data, a la luz del día y -¿cómo decirlo?- legítimos, que había establecido con estos partidos. Fue uno de los fundadores del Partido Socialista polaco y fue, durante años, uno de sus principales dirigentes e inspiradores. Fue el comandante de las Legiones en las cuales se enrolaron los hombres de la izquierda patriótica. Incluso después de haber dejado el Partido Socialista, continuaba representando algo que pertenecía a la quintaesencia de ese partido: su socialpatriotismo, pero llevado al extremo. Esto es lo que constituye la base de la influencia "mágica" de Pilsudski. La sumisión al Estado, los mitos "independentistas" (15), las viejas amistades y los antiguos sentimientos -esto es lo que hizo nacer, en los partidos de la izquierda moderada y patriótica, esas "redes" que, en el momento de los conflictos entre Pilsudski y esos partidos, intentaron hacer estallar a estos últimos desde el interior. No había ni podía haber en el Partido Comunista polaco ninguna base política similar para una red pilsudskista. Los socialistas de izquierda, que se encontraron después de 1918 en las filas y en la dirección del Partido Comunista polaco, tenían en su activo más de diez años de lucha encarnizada contra Pilsudski. En cuanto a los antiguos luxemburguistas…, ni hablar… Incluso dentro de la izquierda patriótica moderada, la fuerza de las redes pilsudskistas aparecía relativamente débil; estos partidos superaron muy rápidamente la confusión y las escisiones provocadas en sus filas por esos "agentes". ¡Sólo el Partido Comunista polaco, según las acusaciones stalinistas, habría estado completamente dominado por los agentes pilsudskistas! Y los brazos caían, porque era necesario -en 1938- refutar invenciones tan grotescas… Es verdad que en los años '30, el Partido Comunista polaco había tenido que sufrir particularmente la provocación policial. La baja general del nivel ideológico del conjunto de los militantes, la aspereza de las luchas fraccionales y la política ultra-revolucionaria de los años 1929/35; todo esto había facilitado hasta un cierto punto la penetración en el seno del partido de los agentes de la policía política. Sería sorprendente, además, que esta policía no haya tenido su o sus agentes en las instancias dirigentes del partido, de la misma manera que la Ojrana zarista había tenido sus Azev y sus Malinovski (16) en casi todas las organizaciones rusas clandestinas. ¡Sin embargo, jamás se le había ocurrido a nadie disolver por esta razón al Partido Bolchevique o al de los socialistas revolucionarios! La experiencia muestra que la provocación stalinista fue más peligrosa para el Partido Comunista polaco que todas las provocaciones de la policía política polaca. Pregunta – ¿Cuáles fueron entonces las razones, a su entender, que hicieron actuar a Stalin, cuando ordenó la disolución del Partido Comunista polaco? Entre los viejos militantes del partido, la opinión que prevalece es que Stalin ya preparaba el terreno para el pacto que iba a concluir con Hitler en 1939, y que liquidó al Partido Comunista polaco y envió a sus dirigentes a la muerte porque temía una acción dirigida contra este acuerdo. Respuesta – Este motivo ha jugado sin duda un cierto rol en la decisión de Stalin, pero sin embargo no lo explica plenamente. Warski y Kostrzewa, después de años separados del mundo y de todo contacto con Polonia, no estaban ya en condiciones de oponer ninguna resistencia a Stalin, incluso aunque lo hubieran querido. En cuanto a Lenski y Henrykowski, estoy convencido de que habrían permanecido fieles a Stalin, incluso en una situación tan crítica para el comunismo polaco como la de septiembre de 1939, de la misma manera que permanecieron fieles entonces los dirigentes del partido francés, sin hablar de los dirigentes alemanes y otros. Pero renovamos aquí las hipótesis. Me parece que es imposible explicar este acto de Stalin únicamente por algún cálculo "en frío". Creo más bien que jugaron entonces en Stalin impulsos irracionales tanto como "racionales" y que, además de los cálculos cínicos, jugaban viejos rencores y antiguas fobias, decuplicados por esa manía persecutoria exacerbada que Stalin sufría en el período de los grandes procesos de Moscú y sus ajustes de cuentas definitivos con la vieja guardia leninista. Víctima de ese estado psíquico, Stalin vio frente a sí, en el Partido Comunista polaco, esa fortaleza del luxemburguismo que aborrecía -esa variedad polaca del trotskismo- desde la cual, en 1923, se le había lanzado un desafío; ese partido del cual ciertos dirigentes, más tarde, se habían acercado a Bujarin y otros a Zinoviev; ese partido con herejías en definitiva incurables, orgulloso de sus tradiciones y de su heroísmo; ese partido -en fin- que en una cierta coyuntura internacional podía convertirse en un obstáculo. Resolvió entonces eliminar ese obstáculo por medio de la misma guillotina, puesta a funcionar febrilmente, que ya había liquidado a toda una generación de bolcheviques. El historiador, sin embargo, no podría concluir la historia del Partido Comunista polaco con el relato de su aniquilamiento. El epílogo representa, en un sentido, el capítulo más importante de esta historia. El destino "póstumo" del Partido Comunista polaco quedará para la historia como la prueba más brillante de su grandeza. Diezmados, oprimidos, desorientados y ultrajados, los viejos cuadros del partido continuaron constituyendo, sin embargo, la vanguardia de las fuerzas revolucionarias en Polonia. Fueron precisamente ellos quienes, en las condiciones históricas particulares que a fines de la Segunda Guerra Mundial favorecieron la revolución social en Polonia, hicieron esa revolución. Los sobrevivientes del Partido Comunista polaco aparecieron como los ejecutores del gran testamento de su partido, aunque ellos hayan debido ejecutarlo en condiciones y con la ayuda de métodos con los cuales los filósofos no habrían osado pensar. Además, más de veinte años después de la muerte del Partido Comunista polaco, su espíritu y -si ustedes quieren- algo de su vieja tradición luxemburguista se manifestaron en octubre de 1956. Nada se pierde en la naturaleza. Así, no sólo el historiador sino también todo militante marxista debe sacar ciertas conclusiones de la historia trágica del Partido Comunista polaco. En lo que me concierne, me contentaría por el momento con sacar una sola, de las más generales. Si la historia del Partido Comunista polaco, y también la historia de Polonia en general, nos prueban algo, es que existe un lazo indisoluble entre la revolución polaca y la revolución rusa. Lo prueban tanto de una manera negativa como de manera positiva. Por haber intentado atravesarse frente a la revolución internacional que había comenzado en Rusia -tentativa de 1918/20-, Polonia tuvo que pagar un alto precio: veinte años de estancamiento, de retraso económico, de estrechez provincial, de una vida social anacrónica, y, por fin, la catástrofe de 1939. Por otro lado, la revolución, aislada en la Rusia atrasada -aislada con el concurso, de todas las fuerzas anticomunistas de Polonia entre otras-, fue sometida a un proceso de deformación, que no pesaron sólo sobre la vida de los pueblos soviéticos sino que también se volvieron contra Polonia, donde condenaron al movimiento revolucionario a la esterilidad y a la impotencia. Se vengaron de ella en 1939. Cuando posteriormente, y a pesar de sus deformaciones, la revolución rusa mostró que estaba suficientemente viva y dinámica para, al término de la Segunda Guerra Mundial, estimular nuevos procesos revolucionarios en Europa y en Asia, Polonia se apropió una vez más de las sombras y las luces de la revolución rusa: junto a la bendición y el progreso que representaba el cambio radical de las relaciones sociales, la maldición del terror burocrático y del culto stalinista. ¡Polonia tuvo que pagar un pesado tributo por "el milagro del Vístula" (17) de 1920, del que se glorificó durante veinte años! ¡Habiendo despreciado a la revolución rusa en su época heroica, debió doblar sus rodillas ante esa misma revolución en su fase de "degeneración"! ¡Habiendo rechazado a Lenin y al internacionalismo leninista, debió postrarse ante Stalin y el chauvinismo gran ruso! Y no fue hasta que la Unión Soviética comenzó a despertarse de la pesadilla stalinista que Polonia, menos agobiada por ese culto, pudo desembarazarse de él de una manera más rápida y más audaz, y estimular por sí misma los procesos de regeneración en los países socialistas. En la medida en que la revolución rusa -y conjuntamente las otras revoluciones- continúen saliendo de los desvíos en los que las ha enredado la historia, y vuelvan sobre el largo camino de la democracia socialista, en esa medida se esclarecerán y se abrirán definitivamente las perspectivas ofrecidas a la Polonia popular, así como a los otros países que tienden al socialismo. Una vez más, la historia nos demuestra a cada paso y ad oculos, la indisolubilidad de los lazos existentes entre la revolución polaca y la revolución rusa, o más bien entre la primera y el proceso revolucionario internacional que ya abraza una parte de Europa y el inmenso territorio de Asia. Sólo que después de que la historia mostró tantas veces ese lazo indisoluble de una manera negativa -infligiendo a Polonia las lecciones más crueles- viene, sin duda, a comenzar a demostrarlo de una manera positiva, la única manera en que es eficaz. La historia, para el pueblo polaco, no ha sido siempre, hasta el presente, un pedagogo sagaz y comprensivo. Las lecciones de internacionalismo que intentó inculcar a las masas polacas fueron singularmente embrolladas, mal "concebidas" e ineficaces. Durante casi todas estas "lecciones", se encarnizó contra la independencia y la dignidad nacional de Polonia y, en primer lugar, contra la dignidad e independencia de su movimiento revolucionario. ¿Qué tiene de sorprendente si el "alumno" no se mostraba muy receptivo y buscaba, contra este singular profesor, un refugio en el frondoso bosque de los mitos nacionales y las leyendas "independentistas"? Las masas polacas comprenderán de una vez por todas que los lazos que unen su destino al de la revolución rusa y al de otras revoluciones es indisoluble, el día que se recuperen de los golpes y traumatismos recibidos en el pasado y cuando no sientan que nada más amenaza en lo sucesivo su independencia ni su dignidad nacional. Los marxistas deben, al defender sus derechos nacionales, saber colocarse por encima de los golpes, los choques y los "complejos" experimentados por las masas: deben, desde ahora, penetrarse de la conciencia de la comunidad indisoluble de destino entre la Polonia popular y los otros países en marcha al socialismo. Los marxistas no tienen el derecho de alimentarse, ni proveer a otros, de un alimento intelectual hecho de viejos mitos recalentados y de leyendas "independentistas". El socialismo no tiende a la perpetuación del Estado nacional sino a la sociedad internacional. No se basa en el egoísmo y la suficiencia nacional sino en la división del trabajo y la cooperación internacional. Esta verdad casi olvidada pertenece al ABC del marxismo. Ustedes me dirán que esto es una nueva edición del luxemburguismo, ligeramente corregido y adaptado a las necesidades de 1958. Puede ser. Ustedes me dirán que es una nueva versión de la teoría de la "incorporación orgánica" (18). Puede ser; pero esta vez está planteada la incorporación de la "integración orgánica" de Polonia al socialismo internacional, y no al imperio ruso. NOTAS: 1. Se cuenta que en una de las sesiones del CC que siguió a Octubre (de 1956), cuando Gomulka exponía la cuestión de la disolución del Partido Comunista polaco y de las calumnias lanzadas contra sus dirigentes, se le preguntó si él mismo en esa época, es decir, en 1938, las había creído. Gomulka respondió que no. "¿Por qué no había protestado entonces?", se le preguntó. "No tuve el coraje, o no tuve suficiente confianza en mí mismo, habría respondido. Pero si Lenin hubiera vivido en Polonia, él ciertamente habría protestado en tales circunstancias". Hay que inclinarse ante la sinceridad y la modestia de Gomulka. No obstante, no había que ser un Lenin para atreverse a protestar. Conocí modestos trabajadores sin ninguna ambición dirigente, que comprendieron que su deber era protestar y actuaron en consecuencia. 2. El SDKPsL (Social Democracia del Reino de Polonia y de Lituania), se constituyó en 1893 como Partido Social Demócrata polaco, al que se le unieron en 1900 los Social Demócratas lituanos. Este partido fue dirigido desde el comienzo por Julián Marchlewski, Leo Jogiches Tyszka y Rosa Luxemburgo. El PPS Lewica (Partido Socialista polaco de Izquierda) se constituyó en noviembre de 1906, tras una escisión en el seno del Partido Socialista polaco, que representó la finalización de la lucha de los elementos obreros y revolucionarios del partido, durante la revolución de 1905, contra la dirección reformista, terrorista y nacionalista de Pilsudski. 3. Es curioso que los "escisionistas", especialmente Dzierzynski y Radek, hayan hecho a Rosa Luxembourgo casi los mismos reproches que ella había hecho a Lenin, en el momento de la escisión del movimiento ruso en bolcheviques y mencheviques. Ellos la acusaban, en efecto, de aplicar en su partido el ultracentralismo, de hacer reinar una disciplina excesiva, etc. De hecho, el partido de Rosa Luxemburgo estaba dirigido de manera muy parecida a como Lenin dirigía al partido bolchevique. Esto se debía esencialmente a que los dos partidos actuaban en la clandestinidad. 4. El "Bund", Partido Socialista judío, tenía una actitud intermedia entre el reformismo socialista y el comunismo. 5. Julián Marchlewski, uno de los amigos más cercanos de Rosa Luxemburgo, eminente publicista y teórico marxista, ocupó un lugar importante en la izquierda del socialismo alemán y en el movimiento polaco. Después de la revolución rusa se quedó en Rusia. 6. Feliks Kon, uno de los veteranos del socialismo patriótico polaco, deportado varias veces a Siberia, fue uno de los fundadores del Partido Comunista polaco y, con Marchlewski y Dzierzynski, miembro del "gobierno provisorio comunista", constituido durante la marcha del Ejército Rojo sobre Varsovia. Lapinski pertenecía al mismo grupo que Feliks Kon y desempeñó en los años '20 un papel eminente en el Komintern. 7. En Francia, Monatte, Rosmer y Souvarine fueron apartados de la dirección del Partido Comunista. 8. El Partido Comunista polaco fue puesto en la ilegalidad a comienzos de 1919, apenas algunas semanas después de la proclamación de la independencia de Polonia. Continuó en la ilegalidad sin interrupciones hasta 1944/45. 9. Treint fue eliminado entonces de la dirección del Partido Comunista francés, del cual era secretario general. 10. Yo había escrito, poco antes de la guerra, un gran trabajo original sobre la historia del movimiento obrero y de la lucha de clases en Polonia; desgraciadamente, el manuscrito se ha perdido. 11. El general Josef Haller, comandante de los destacamentos polacos en Francia durante la Primera Guerra Mundial, era el "héroe" de la extrema derecha polaca, que lo oponía, en los años '20, a Pilsudski; apareció por un cierto tiempo como candidato a la dictadura. 12. El lector occidental percibirá rápidamente la analogía existente entre este comportamiento de los comunistas y socialistas polacos y las ilusiones que, en una cierta época, Proudhon, por ejemplo, había depositado en la persona de Napoleón III, o Lasalle con respecto a Bismark. Los marxistas polacos, sin embargo -y sobre todo los discípulos de Rosa Luxemburgo-, habían adoptado una posición fuertemente crítica respecto de las tradiciones y los métodos del proudhonismo y el lassallismo. 13. Robotnik era el órgano central del Partido Socialista polaco. 14. Poco después, estas milicias rompieron con el Partido Socialista polaco y pasaron al servicio de Pilsudski. 15. Es difícil traducir el término polaco empleado por el autor, porque tiene numerosas resonancias históricas: evoca a la vez la tradición insurreccional de Polonia, su viejo anti-rusismo, un cierto "mesianismo" patriótico de estilo romántico y, en general, lo que se podría llamar el egocentrismo de la vida nacional polaca. (Nota del traductor del polaco al francés.) 16. Azev, célebre agente provocador, dirigente de la organización terrorista del Partido Socialista Revolucionario de Rusia, mientras que Malinovski, amigo de Lenin, diputado a la Duma, miembro influyente del Comité Central bolchevique, fue desenmascarado más tarde como provocador. 17. En Poloniase llama "milagro del Vístula" a la batalla de Varsovia, durante la cual los ejércitos de Pilsudski infligieron una derrota al ejército soviético. El general Weygand era, en esa batalla, el consejero de Pilsudski. 18. En su teoría de la "incorporación orgánica", que formuló en su tesis doctoral, Rosa Luxemburgo afirmaba que los lazos "orgánicos" económicos que unían a Polonia y a Rusia hacían que la lucha por la independencia de Polonia no tuviera esperanza (porque ni la burguesía polaca ni el proletariado tenían ningún interés en ella), e incluso que fuera, en un sentido, reaccionaria. Esta concepción constituía la base teórica de la práctica política polaca del "luxemburguismo" y fue, durante décadas, atacada por sus adversarios.

1 de diciembre de 2000
EE.UU.: los trotskistas entre la crisis y la guerra

En 1917, el ingreso de Estados Unidos en la guerra mundial fue, junto con la revolución rusa, el factor fundamental de cambio en las relaciones políticas mundiales. A pesar de que EE.UU. no estuvo directamente implicado en el conflicto y se encontraba dividido internamente en función del origen nacional de su población e impedido de comerciar con los imperios centrales debido al bloqueo británico, el país triplicó su comercio exterior entre 1914 y 1917, no sólo como abastecedor de alimentos a los "aliados", sino también de manufacturas, armas y municiones (desde octubre de 1914 la banca americana fue autorizada a realizar préstamos a la Entente: en 1917 la deuda "aliada" con EE.UU. había llegado a 2.700 millones de dólares, cifra enorme para la época). La guerra submarina alemana, que amenazaba la función de EE.UU. como proveedores, definió su intervención en la Primera Guerra Mundial. EE.UU., potencia mundial La victoria aliada pasó entonces a ser un hecho previsible, como lo era también la transformación de EE.UU. en la principal potencia del planeta: entre 1914 y 1918, el PBI de EE.UU. aumentó el 15%, la producción minera el 30%, la producción industrial en general un 35%. Para alcanzar esos resultados, EE.UU. perdió "solo" 50.000 soldados (28 veces menos que Francia). Para Fritz Sternberg la intervención americana en la guerra fue "una empresa colonial en gran escala llevada adelante en territorio extranjero". La guerra proporcionó también el argumento que las clases dominantes yanquis necesitaban para "limpiar" al movimiento obrero, con dos objetivos fundamentales: el cada vez más influyente SPA (Socialist Party of América, que había obtenido el 6% de los votos en las elecciones presidenciales, en 1912), y los IWW (Industrial Worker of the World, que organizaban las luchas del proletariado de reciente inmigración). El chovinismo es el gran pretexto: un senador demócrata llama a los IWW "Imperial Wilhelm´s Warriors" ("Guerreros del Emperador Guillermo" -de Alemania). Fueron aprobadas leyes "contra el espionaje" y aplicadas en gran escala contra los activistas obreros de origen extranjero. Los IWW, sin embargo, no organizaron movimientos contra la guerra: la "green corn rebellion" de Oklahoma (agosto 1917), por ejemplo, no fue obra de ellos. En septiembre, no obstante, 165 dirigentes de IWW fueron culpados por "conspiración por insubordinación militar": en 1918, 15 dirigentes fueron condenados a veinte años de prisión y 30 mil dólares de multa (Bill Haywood, entre otros), 33 a diez años de prisión y 35 a cinco. Al mismo tiempo se produjeron linchamientos y asesinatos, como los de Frank Little y Joe Hill (recientemente se formuló la hipótesis de que quien más adelante sería el novelista Samuel Dashiell Hammett, atacado por el maccartismo por su vinculación con el Partido Comunista, tomó parte del linchamiento de Frank Little; Hammett era, en esa época, operador de la agencia privada de detectives Continental, que acostumbraba proveer provocadores a la patronal). La declinación de los "wobblies" se debió más a la represión de que fueron objeto, que al surgimiento del Partido Comunista Americano (PCA), como se dijo. Orígenes del "wilsonismo" El SPA, a diferencia de los IWW, hizo campaña contra la guerra, y obtuvo, gracias a eso, un éxito electoral (21% de los votos en Nueva York, 34% en Chicago…); los de la derecha militante destrozaron 1.500 de sus 5.000 locales, el boicot oficial y el fin de las franquicias postales asfixió sus periódicos, su dirigente Eugene Debs (candidato presidencial en 1912) fue condenado en septiembre de 1918 a diez años de prisión. Paralelamente, el presidente Woodrow Wilson, reelecto en noviembre de 1916, formuló inmediatamente sus famosos "14 puntos", decisivos para la política mundial posterior: fin de la diplomacia secreta, libertad de navegación, fin de las barreras comerciales, desarme general, autonomía para las nacionalidades del Imperio Austro-Húngaro, entre otras reivindicaciones. La guerra, en su óptica, se hacía "por la democracia" y "contra la guerra", por una "paz sin victoria". Alrededor de los "14 puntos" se reagrupó, en Europa, la vieja socialdemocracia, después de la bancarrota de la II Internacional en agosto de 1914: el "wilsonismo" marca el inicio de una alianza estratégica entre los dirigentes políticos del establishment norteamericano, apoyados por el sindicalismo conservador (en especial la AFL de Samuel Gompers) y la socialdemocracia europea. El "wilsonismo" se transformó así, como dice Arno Mayer, en la gran arma "democrática" para evitar la expansión de la revolución soviética; la primera experiencia de utilización de una política "democratizante" a escala mundial para contener la "revolución comunista". Bolchevismo e imperialismo norteamericano Trotsky fue, entre los dirigentes de la URSS, el primero en llamar la atención sobre el nuevo papel económico y político de EE.UU. en el mundo, papel que dominaría la historia del siglo XX. Afirmó al respecto, en un discurso pronunciado en la Internacional Comunista: "Los nuevos papeles de los pueblos están determinados por la riqueza de cada uno de ellos. La evaluación de la riqueza de los diferentes Estados no es muy precisa, pero nos bastarán cifras aproximadas. Tomemos Europa y los EE.UU. tales como eran hace cincuenta años, en el momento de la guerra franco-alemana. La fortuna de los EE.UU. se estimaba entonces en 30.000 millones de dólares, la de Inglaterra en 40.000 millones, la de Francia en 33.000 millones, la de Alemania en 38.000 millones. Como se ve, la diferencia entre esos cuatro países no era grande. Cada uno de ellos poseía de 30.000 a 40.000 millones, y, de estos cuatro países más ricos del mundo, los EE.UU. eran el más pobre. Ahora bien, ¿cuál es la situación actualmente, medio siglo después? Hoy Alemania es más pobre que en 1872 (36.000 millones); Francia es dos veces más rica (68.000 millones), e Inglaterra también (89.000 millones); en cuanto a la fortuna de los EE.UU., ésta se eleva a 320.000 millones de dólares. Así, pues, de los países europeos que he citado, uno ha vuelto a su antiguo nivel, otros dos han doblado su riqueza y los EE.UU. han pasado a ser once veces más ricos. He aquí por qué, gastando 15.000 millones de dólares para la ruina de Europa, los EE.UU. han alcanzado completamente el fin que se proponían. "Antes de la guerra, América era deudora de Europa. Esta última constituía, por decirlo así, la principal fábrica y el principal depósito de mercaderías del mundo. Además, gracias sobre todo a Inglaterra, era el gran banquero del mundo. Estas tres superioridades pertenecen actualmente a América. Europa queda relegada a segundo término. La principal fábrica, el principal depósito, el principal banco del mundo son los EE.UU." Al mismo tiempo, notó que la nueva posición de EE.UU. convertía a este país en el depositario de todas las contradicciones del desarrollo pasado del capitalismo a escala mundial. "Se dice en el arte militar que quien envuelve al enemigo y lo corta, queda a menudo cortado él mismo. En la economía se produce un fenómeno análogo: tanto más someten los EE.UU. bajo su dependencia al mundo entero, tanto más cae él mismo bajo la dependencia del mundo entero, con todas sus contradicciones y conmociones en perspectiva. Hoy, la revolución en Europa supone la quiebra de la Bolsa americana; mañana, cuando las inversiones de capital norteamericano en la economía europea hayan aumentado, significará una conmoción profunda… La potencia de los EE.UU. constituye precisamente su punto vulnerable: implica su creciente dependencia respecto de los países y continentes económica y políticamente inestables. América se ve obligada a fundar su potencia en una Europa inestable, esto es, en las revoluciones próximas de Asia y de Africa. No puede considerarse a Europa como un todo independiente. Pero tampoco América es un todo independiente. Para mantener su equilibrio interno, los EE.UU. tienen necesidad de una salida cada vez más amplia al exterior; ahora bien, esta salida al exterior introduce en su régimen económico elementos cada vez más numerosos del desorden europeo y asiático." (1) La clase obrera de Estados Unidos Es en este cuadro interno e internacional que deben comprenderse las características peculiares de la clase obrera norteamericana, en especial la ausencia de partidos fuertes de izquierda y el fracaso del promisorio Partido Socialista (SPA) de inicios del siglo XX. Para Selig Perlman, el carácter inmigrante de la clase obrera norteamericana fue una de las principales razones del fracaso del socialismo en ese país: "La mano de obra norteamericana continúa constituyendo una de las clases trabajadoras más heterogéneas que existen, en los aspectos étnico, lingüístico, religioso y cultural. Con una clase trabajadora de semejante composición, hacer del socialismo y del comunismo el 'ismo' oficial del movimiento significaría -aunque las demás condiciones lo permitieran- expulsar deliberadamente del movimiento obrero a los católicos, que tal vez fueran la mayoría en la Federación Americana del Trabajo (AFL), ya que su expresión irreconciliable con el socialismo es una cuestión religiosa de principios. Consecuentemente, la única 'conciencia' aceptable para los trabajadores norteamericanos en su conjunto es una 'conciencia del empleo' con un objetivo 'limitado' de 'control de salarios y empleos'…" El carácter "extranjero" de la clase obrera norteamericana a comienzos del siglo XX funda sus raíces en el papel mundial del capitalismo norteamericano. Entre 1870 y 1929, el producto industrial de EE.UU. se cuadruplicó: masas enormes de capitales y tecnología de avanzada explican en parte ese éxito. Pero también lo explica la excepcional disposición de fuerza de trabajo, primero de origen rural (debido a las mayores dificultades de la pequeña producción agrícola); después, y sobre todo, gracias a la inmigración. La llegada de extranjeros fue de 700 mil (1820-1840); 4,2 millones (1840-1860); 2,81 millones (1870-1880, en la década siguiente a la "Guerra de Secesión"); 5,43 millones (1880-1890), y 3,69 millones (1890-1900). Este movimiento alcanzó su pico con el siglo XX: 8,8 millones (1900-1910) y 5,74 millones (1910-1920). En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el 60% de la mano de obra era de origen extranjero. En la siderúrgica Carnegie, por ejemplo, en 1907, de 14.360 peones, 11.700 provenían del este europeo. En 1910, en Lawrence (Massachussets), sólo el 14% de los 86.000 habitantes eran de origen norteamericano (2). El origen de la clase obrera norteamericana fue uno de los elementos de la tesis acerca de la incompatibilidad histórica entre los EE.UU. y el socialismo, que sustentaba Werner Sombart, supuestamente basada en las "diferencias entre las políticas y las prácticas de los movimientos de los trabajadores de Europa y América" (3). Etnica y política Si el origen inmigrante reciente y la heterogeneidad étnica tuvieron un peso indudable, esto no puede ser transformado en factor absoluto. Muchas objeciones ya fueron levantadas con relación a esta tesis: "Los inmigrantes fueron adoptando ciertas manifestaciones externas de la cultura norteamericana; comenzaron a trabajar como los norteamericanos e hicieron huelga como ellos, y según muchos historiadores, la hacían con la misma eficacia que los nativos. Fueron adquiriendo, gradualmente, una cultura híbrida, en algunos casos con sorprendentes resultados; por ejemplo, el periódico Ameriska Donovina aconsejaba, en 1936, a los yugoslavos votar a favor de los demócratas, porque los republicanos habían liberado a los negros, sus principales competidores por los puestos de trabajo." Por otro lado, "se describió al radicalismo como un fenómeno extraño que nunca prosperó debido a la desunión étnica y que acabó por debilitarse con la asimilación de los inmigrantes. No obstante, Bryan, Debs y Haywood eran norteamericanos, de familia norteamericana. Por otro lado, el economista John R. Commons argumentó que la presión de la inmigración (ilimitada) podía desembocar en la miseria y radicalizar al proletariado norteamericano. Otro punto de vista de Commons consiste en que la clase obrera norteamericana no buscaba la acción revolucionaria, porque se encontraba en situación de inferioridad numérica (de 1 a 2) en relación a las clases media y alta… Otra explicación del fracaso del socialismo en EE.UU. consiste en que la amplia convicción de que cualquier hombre capaz podía llegar a algo en América tenía cierta base objetiva; lo que impidió el desarrollo de los movimientos de protesta en base a la lucha de clases fue la posibilidad extraordinariamente favorable de un ascenso social. Se puede objetar esta teoría argumentando que un alto grado de movilidad social parece haber sido una característica de todas las sociedades industriales" (4). A medida que profundizamos en la cuestión, los factores "étnicos" y "nacionales" quedan cada vez más mediatizados por los factores políticos. El movimiento obrero "apolítico" y "amarillo", representado por la AFL (American Federation of Labour, Federación Americana de Trabajo) se encontraba en crisis en la década de la "prosperity" (1920), bien antes de la crisis de 1929 y del consecuente desempleo en masa. La lucha contra el sindicalismo Desde 1920, año en que alcanzó el máximo de afiliados de su trayectoria, el retroceso de la AFL fue constante. El número de conflictos disminuyó en forma notable: de más de 4.000.000 de huelguistas en 1919 bajó a 330.000 en 1926; de 1927 a 1931 la media anual de huelguistas fue de 275.000. Las derrotas de las movilizaciones obreras desmoralizaban a las bases y a los líderes. Fueron muchos los medios empleados contra el sindicalismo. La complicidad de los tribunales de justicia brindaba la posibilidad de la interpretación distorsionada de las leyes. Se aplicaban contra los obreros leyes como la "Ley Sherman", originalmente sancionada para evitar las prácticas monopólicas. El método no era nuevo, pero la frecuencia con que fue utilizado hizo que prácticamente no hubiese huelgas legales y en los cuales los dirigentes no corrieran peligro de ir presos. La falta de legislación laboral también permitía la política de open shop (taller abierto), donde cada fábrica tenía derecho a contratar obreros que no pertenecían a los sindicatos, y a la práctica de los contratos de no afiliación (yellow dogs contracts), que legalmente impedían a sus firmantes la afiliación a los sindicatos. El fin de la inmigración en 1924 no tuvo como objetivo la satisfacción de la vieja propaganda de la AFL sino asentar sobre bases internas, de hecho más controlables, el mercado de la fuerza de trabajo; pero, sobre todo, se trataba de evitar la contaminación de la clase obrera por inmigrantes portadores de la ideología comunista, que fueron protagonistas de las revoluciones europeas. En el ámbito económico, esta medida esclarecía también sobre un nuevo cambio en el aparato productivo provocado por la automatización: requería una creciente cantidad de personal muy calificado, en detrimento de la mano de obra no especializada. Si en 1910 se necesitaban 60 ingenieros por cada 10.000 obreros, y en 1920, 70, en 1930 se necesitaban 110 ingenieros para el mismo número de obreros. Esto implicaba una disminución del capital variable destinado al pago de salarios en beneficio del capital fijo invertido en máquinas, lo que se traducía en un creciente desempleo. Así se explica que, aún considerando la prosperidad general del período, los desempleados nunca bajaron de 1.600.000. El desempleo, combinado con la división del proletariado en múltiples parcelas, fue la principal arma que usaron los monopolios. La minoría negra desempeñó aquí un papel significativo. Las corporaciones encontraron en los negros una reserva de mano de obra que bien podía ser usada contra el movimiento obrero. Los negros resistían con dificultad jugar este rol. En primer lugar, en su nueva condición, en las ciudades, disfrutaban de inmensas ventajas con relación a su vida anterior; y como herencia de su esclavitud, veían al patrón como su benefactor y amigo, y al trabajador blanco como su enemigo natural. La inmensa mayoría desconocía todo sobre el sindicalismo y la solidaridad de clase. El anacronismo de la AFL Pero, de todas las motivaciones, fue la actitud racista de la AFL la que empujó a los negros a romper con el movimiento obrero. En forma explícita o no, los sindicatos de oficio actuaban de modo discriminatorio, y la AFL aprobaba tal actitud. Desde 1890 se había negado a condenar las prácticas racistas de sus gremios y, además se esto, trataba de organizar a los negros separadamente, en sindicatos débiles por ciudad, dependientes de la misma federación y sin conexión con los gremios locales. De este modo, los negros no podían sentir solidaridad con semejantes sindicatos, y su oposición resultó tanto mayor cuanto más grande fue su conciencia de clase (5). Fue la oposición de la AFL a los monopolios de la industria pesada lo que llevó a una situación crucial. En la medida en que la Federación representaba formas atrasadas de producción, y su teoría condicionaba en cierto modo su actividad, pasó a operar como un freno al desarrollo del aparato productivo. La suya era una oposición a la racionalización del trabajo, a la introducción de novedades técnicas que reducían costos, a una mayor y más perfecta automatización. La decadencia de la AFL, que experimentó una disminución del número de afiliados de 4.000.000, que a comienzos de la década del 20 a 2.500.000 en 1932, y la proliferación y el crecimiento de sindicatos por empresa, desvinculados entre sí y enteramente al servicio de la patronal, que llegaron a abarcar a más de 1.500.000 obreros, tienen su mejor explicación en la necesidad del capitalismo de liquidar los sindicatos que, según la afirmación de Gramsci, aún luchaban "por la propiedad del trabajo contra la libertad industrial… El sindicato obrero norteamericano es más la expresión corporativa de la propiedad de los oficios calificados que cualquier otra cosa, y por eso su destrucción, orquestada por los industriales, tiene un aspecto progresista". A principios de la década del '20, los militantes comunistas intentaron una reelaboración de la práctica sindical desde el seno de la AFL. Lanzaron un programa de organización de las fábricas que superaba la distinción entre oficios y la separación con los trabajadores sin especialización por medio de la unión entre ellos. Para no chocar con la burocracia, esa fusión debía ser voluntaria. Ese programa no tardó en ser torpedeado por la dirección de la AFL (6). Orígenes del trotskismo en Estados Unidos Después de la represión contra los socialistas durante la primera gran guerra, fueron hechas diversas tentativas para construir un partido de izquierda con influencia de masas. En 1919, hubo un movimiento de verdaderas raíces obreras para crear el NLP (National Labor Party), pero fracasó. En 1920, los impulsores del NLP se fusionaron con los llamados "progresistas": el Farmer´s Labor Party así creado, desapareció sin embargo después de fracasar en las elecciones de 1920. En 1923, los sindicalistas de Chicago, con Fitzpatrick, crearon el Felp (Federated Farmer Labor Party): 'capturado' por los comunistas, el nuevo partido se transformó después en un 'satélite' del PC, sin influencia. Los que lo abandonaron se incorporaron tiempo después al partido 'populista' creado por el senador republicano La Follette. Las dificultades del joven PC norteamericano provenían no tanto de su composición "étnica", sino más bien de su inicial orientación ultra-izquierdista, que rechazaba el trabajo legal y la acción dentro de los sindicatos de la AFL. En sus memorias, el pionero del trotskismo de EE.UU., James P. Cannon, y también uno de los fundadores del PC, dice: "Después de dar por terminada la pelea con los ultraizquierdistas sobre la legalización, el partido salió abiertamente. Había adquirido ya, como dije, completa hegemonía sobre la vanguardia proletaria del país. Era considerado en todos lados y propiamente, como el grupo más avanzado y revolucionario del país. El partido comenzó a atraer a algunos sindicalistas nativos. William Z. Foster y otros sindicalistas, un grupo considerablemente grande, ingresaron en el Partido Comunista, un poco exótico pero dinámico. Toda la orientación del partido comenzó a cambiar. De la querella subterránea, las disputas fuera de la realidad y los ajustes en la doctrina, el partido se volcó al trabajo sobre las masas. Los comunistas comenzaron a ocuparse de los problemas prácticos de la lucha de clases. El partido comenzó gradualmente a volverse 'sindicalizado' y dio sus primeros pasos vacilantes en la AFL, la organización dominante y prácticamente la única de los trabajadores en ese momento. "Mientras llevábamos adelante la batalla por la legalización del partido, peleábamos también por corregir su política sindical. Esta batalla también fue exitosa; la posición sectaria original fue rechazada. Los comunistas pioneros revisaron sus tempranos pronunciamientos sectarios que habían favorecido el sindicalismo independiente. Ahora dirigían toda la fuerza dinámica del Partido Comunista dentro de los sindicatos reaccionarios." En el IV Congreso de la Internacional Comunista, Trotsky había apoyado a los "anti-sectarios" del PC norteamericano. La aparición del stalinismo, en la URSS y en la Internacional, tuvo como resultado, no obstante, abortar ese promisor comienzo: "La serie de nuevas luchas fraccionales que empezaron en el año 1923, aproximadamente seis meses después de la liquidación de la vieja discusión sobre la legalización, continuaron tiempo después casi ininterrumpidamente hasta que los trotskistas fueron expulsados del partido en 1928. La lucha se encarnizó hasta la primavera de 1929, cuando la dirección de Lovestone, que nos había expulsado, fue expulsada también. Luego, la stalinizada Comintern frenó las luchas fraccionales expulsando a todo aquel que tuviera una actitud independiente y eligiendo una nueva dirección que saltara cada vez que sonara la campana." En el VI Congreso de la Internacional Comunista, Cannon, uno de los delegados del PCA, consiguió una copia de la "crítica al proyecto de programa", redactada por el ya exiliado Trotsky: "Maurice Spector, un delegado del partido canadiense, estaba también en la comisión de programa y consiguió una copia. Dejamos los encuentros de juntas y las sesiones del Congreso se fueron al demonio mientras leíamos y estudiábamos ese documento. Después supe qué tenía que hacer, y él también. Nuestras dudas fueron resueltas. Estaba tan claro como la luz del día que la verdad marxista estaba del lado de Trotsky. Hicimos un bloque allí y después Spector y yo volveríamos a casa y comenzaríamos una lucha bajo la bandera del trotskismo. "No comenzamos la pelea en Moscú, en el Congreso, aunque ya estábamos convencidos. Desde el día en que leí aquel documento me consideré enseguida, sin una simple vacilante duda, un discípulo de Trotsky." (7) El 27 de octubre de 1928, delante de la Comisión Política y de la Comisión de Control del PCA, Cannon, Max Schachtman y Martin Abern declararon su total apoyo a Trotsky y a la Oposición de Izquierda. Fueron inmediatamente excluidos del partido, fundando poco después la CLA (Communist League of América), que de inmediato comenzó a publicar The Militant. Crisis y concentración del capital Después de la Primera Guerra Mundial hubo un aumento general de la demanda, que concluyó en 1920, cuando los precios comienzan a caer, en EE.UU. la caída es del 50% para el trigo, 40% para el algodón, y 80% para el maíz (en Canadá la caída es del 70%). La crisis agrícola golpeaba sobre todo a los pequeños y medianos agricultores: la renta agrícola cayó del 16% al 9% de la renta nacional. La migración hacia las ciudades se acentúa, los precios industriales aumentan debido a la política proteccionista (generalizada en todos los países industrializados): el marasmo agrícola es en los años '20 un factor de desequilibrio de la "prosperity". Crece también la concentración del comercio minorista: la Great Atlantic Pacific Tea pasa (en 6 años) de 5.000 a 17.500 locales; las cadenas de negocios venden el 27% de los alimentos, el 30% del tabaco y el 27% de la ropa. Al final del proceso, ocho grupos financieros detentan el 30% de la renta nacional: la banca Morgan (General Electric, Pullman, U.S. Steel, Continental Oil, ATT, etc.); Rockefeller (6.600 millones de dólares en activos), Kuhn y Leeb (10.800 millones), Mellon (3.300 millones), Dupont de Nemours (2.600 millones)… Se constituyen también redes de acuerdos internacionales: Dupont de Nemours e IG Farben de Alemania, General Electric con Siemens y Krupp (también alemanes), General Motors y Opel (ídem). En 1929, en vísperas de la gran crisis, 200 sociedades detentan el 50% del capital comercial e industrial, el 20% de la riqueza nacional: apenas 2.000 individuos las controlaban. En la industria, los métodos de Taylor ("taylorismo") hacen aumentar la productividad entre 25% y 30%. El costo de la mano de obra cae, por tanto, a pesar del aumento de los salarios reales (crecen 22% en promedio entre 1922 y 1929): la política de salarios altos en las industrias más concentradas amplía el mercado de consumo y es defendida por Henry Ford (afirma que "un nivel normal y estable de salarios y ganancias es una señal de malestar de los negocios"). En la década del '20 también se generaliza la venta a crédito, que abarca ya al 15% del comercio minorista en 1929 (50% de los electrodomésticos, 60% de los autos, 70% de las radios). La publicidad se transforma en un departamento separado de la producción, consumiendo, en 1929, el 2% de la renta nacional: el consumo se uniformiza, las necesidades y los gustos se transforman en standards y necesidades "nuevas " son creadas (autos, cosméticos). La investigación explota, acompañando el crecimiento de la producción: en 1927, más de mil sociedades ya poseen laboratorios propios, el "taylorismo" es enseñado en las business schools. EE.UU. creará en la década del '20 el capitalismo que se generalizaría en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. La política gubernamental favorece la concentración, a pesar de la existencia de una "ley contra los trusts" (poco aplicada): los impuestos al capital son cada vez más reducidos, la Federal Trade Commission, creada para combatir la "cartelización", cae en el olvido completo. Expansión mundial y concentración En la década del '20, EE.UU. se transforma en el gran acreedor mundial, suscribiendo más de 5 mil millones en títulos extranjeros. Al mismo tiempo, emplea 3 mil millones de dólares en inversiones directas en el exterior (602 millones, sólo en 1929): se crean filiales de sus grandes empresas en el extranjero, se forman sociedades que solamente operan en el exterior (American Foreign Power, ITT, etc.) lo que junto a las participaciones en empresas extranjeras, constituyen los elementos de ese proceso. Con 400 millones de dólares invertidos en Francia, 400 millones en Italia, 300 millones en Suecia, 250 millones en Bélgica, 200 millones en Noruega, 280 millones en Dinamarca y 170 millones en Polonia, en 1925, EE.UU. sustituye a Inglaterra como el gran centro financiero internacional (y concentra más de la mitad de los stocks de oro). Trotsky entonces apunta: "La inflación en oro es tan peligrosa como la monetaria. Se puede morir de exceso como de escasez. Con oro en exceso, los dividendos caen, así como los beneficios del capital: la expansión de la producción se torna irracional. Producir y exportar para acumular oro es como tirar mercadería al mar. He aquí por qué EE.UU. precisa cada vez más invertir sus recursos en exceso en América Latina, Europa, Asia, Australia, Africa. Así la economía de Europa y del resto del mundo se torna parte de la economía de EE.UU." La década, no obstante, era expansiva: la producción de carbón aumenta 20%, el petróleo 80%, la electricidad 100%. La producción industrial pasa de un índice de 58 (1921) a 99 (1928), la renta nacional de 59.500 millones de dólares a más de 87.000 millones en el mismo período, con saltos espectaculares en algunos sectores: la industria del automóvil (5,3 millones por año: 26 de los 35 millones de autos del mundo están en EE.UU.), que emplea más del 7% de los asalariados, paga casi el 9% de los salarios (sin incluir los puestos de trabajo en estaciones de servicio, talleres, garajes, etc.) y es responsable por casi el 13% del valor agregado de la industria; la industria de material eléctrico triplica su producción, con la radio pasando de una facturación de 10 a 412 millones de dólares (1922-1929); la construcción aumenta un 200% (la mitad en Nueva York); la química se duplica; la industria del caucho aumenta un 86%; la del hierro y el acero, un 70%. La concentración aumenta aun más rápido, con 89 fusiones en 1919 y 221 en 1928. En 1926 la US Steel controlaba el 30% de la producción de acero; en 1903 hay 181 fabricantes de autos, en 1926 sólo 44: los tres principales (Ford, General Motors, Chrysler) controlan el 83% de la producción. La distribución de la renta acompaña el proceso: un 1% de la población detenta el 14,5% de la renta nacional; el 5% el 26%; entre 1923 y 1929 el PBI aumenta el 23%, pero el rendimiento del capital aumenta un 62%. ¿Hasta cuándo duraría la bacanal capitalista? La gran crisis La orgía de los beneficios estallará el "jueves negro" del 24 de octubre de 1929: las cotizaciones del Stock Exchange de Nueva York se desploman un 50% en un solo día. La onda expansiva afecta al país y al mundo entero por un largo período: en 1932, la producción mundial había caído el 33% en valor; el comercio mundial el 60%; el Buró Internacional del Trabajo contabilizaba 30 millones de desempleados en todo el mundo (cálculo modesto). La "prosperity" mostró finalmente su fragilidad y su carácter cada vez más especulativo: el valor global de las acciones pasó de 27 a 67 mil millones de dólares entre 1925 y 1929, con una suba de 20 mil millones solamente en los nueve primeros meses de 1929 (algunas "carteras de inversiones" se valorizaron el 700% en pocos meses). A comienzos de octubre, algunos inversores comenzaron a apostar "a la baja", el movimiento se extiendió y a fin de mes el pánico se generalizó; quien puede, vende, y muchos pequeños inversores se suicidan. Las acciones estaban sobrevalorizadas, el crecimiento reciente había sido especulativo (para algunos, como Louis Frank, esto aplazó dos años la explosión de la crisis). Se habían acumulado enormes desequilibrios: entre la capacidad de producción y el consumo; en los intercambios con el resto del mundo (sobre todo con Europa); la acentuación de la crónica crisis agraria. Para John K. Galbraith "la actividad económica dependía cada vez más del consumo suntuario de una minoría de privilegiados y de su propensión a invertir". El resto del mundo, por ejemplo, sólo compraba 12% de los autos producidos por EE.UU. Crisis de sobreproducción, entonces. Marcel Roncayolo resume así la situación: "La prosperidad norteamericana no encuentra sustento, en un mundo cuya expansión había sido muy inferior a la de EE.UU. Además, aquélla era dependiente de los préstamos norteamericanos: bastó cerrar la canilla para expandir la crisis y, al disminuir el poder adquisitivo externo, profundizar la crisis en EE.UU." Los síntomas de la crisis ya habían aparecido a comienzos de 1929 (leve caída de la Bolsa de Nueva York) y en septiembre ("crack" de la Bolsa de Londres). En agosto, la tasa de interés fue llevada del 5% al 6%, en una tentativa de reducir el volumen de crédito; ya era demasiado tarde. Y si algunos (Mellon) veían en la crisis un medio de "limpiar" el mercado de las empresas no competitivas, nadie la imaginaba tan profunda y larga. Para Fritz Sternberg, al contrario, "con su expansión agotada, el capital europeo buscaba un nuevo eje de equilibrio, como el norteamericano, cuya expansión territorial había llegado al límite: la expansión externa no era suficiente para compensar el impulso productivo. Ninguno de los dos sabía cómo resolver esos problemas; la tentativa de equilibrar, la base de los beneficios del capital y de su expansión externa, mediante el aumento de la productividad y el consumo, se reveló un fracaso, cuyo resultado fue la crisis". Pauperización, desempleo, revuelta Los bancos restringieron los créditos y retiraron sus propios depósitos: miles de empresas fueron a la quiebra (22.900 en 1929; 31.800 en 1932). La venta a crédito casi desapareció; la producción industrial cayó un 45% (69% en las industrias de base). Resultado: los beneficios se derrumbaron (2.900 millones de dólares en 1929; 1.670 millones en 1930; 667 millones en 1931; 657 millones en 1932). La renta nacional cayó de 87.400 millones de dólares en 1929 a 41.700 millones en 1932; la masa salarial, de 50 a 30 mil millones. Los precios cayeron un 30%, promedio (50% los precios agrícolas); la renta agraria cayó 57% entre 1929 y 1932. El desempleo se disparó: 1,5 millón en 1929: 4,2 millones en 1930; 7,9 millones (16% de la fuerza de trabajo) en 1931; 11,9 millones (24% de la población económica activa) en 1932; 12,8 millones en 1933, cuando alcanzó al 25,2% de la mano de obra. El capitalismo se evidencia como un régimen destructor de las fuerzas productivas, incompatible con la sobrevivencia física de la mayoría de la población. Se estima que los desempleados en el mundo son 10 millones en 1929 y 30 millones en 1932 (cifras que se duplican si se considera el subempleo): en Alemania hay 2,5 millones de desempleados en 1929, 4,7 millones en 1931, 6 millones en 1932… En Toledo (EE.UU.) hay 75 mil obreros en marzo de 1929; 45 mil en enero de 1930. La Ford (Detroit) cuenta con 128 mil obreros a comienzos de 1929; 100 mil en diciembre; 84 mil en abril de 1930; 37 mil en agosto. El presidente Coolidge afirma: "La solución para el desempleo es el trabajo" (!); Henry Ford apoya: "Hay todo el trabajo necesario para los que quieren trabajar". Y los trabajadores sufren, no sólo por el desempleo, sino también por la reducción de los salarios y de los horarios de trabajo (en la General Motors se reducen un 29%). Y no hay seguro de desempleo, sólo caridad. Surgen las "hoovervilles" (por el nombre del presidente Hoover), verdaderas villas de emergencia de "excluidos", y las "ollas populares"; se llenan los "refugios" para los sin techo; en Chicago, una enorme masa de pobres "cirujea" la basura y la reaprovecha. En 1932, se estima que un millón y medio de jóvenes son parte de "bandas de nómades", sin destino. La subalimentación produce un auge de la tuberculosis; los matrimonios disminuyen un 30% y los nacimientos un 17%; hay 10 millones de chicos deficientes. El "sindicalismo" se revela insuficiente para enfrentar esos problemas: el 6 de marzo de 1930 se movilizan un millón de desempleados (100 mil en Nueva York; otro tanto en Detroit). La iniciativa la toma el PC. Este partido crea el "Consejo Nacional de Desempleados". El SPA, por su lado, crea la "Alianza Obrera"; y, fundamentalmente, el ex-pastor A. J. Muste crea la "Liga Nacional de Desempleados" (con 10 mil miembros sólo en Seattle, que llega a ser llamada "ciudad soviética"). Muste se fusionará más tarde, como veremos, con los trotskistas, después de dirigir la huelga de Toledo (1934). En ciertas regiones se produce una pequeña "guerra de guerrillas": ataques a depósitos de alimentos, defensa contra las expulsiones. En Dearborn hay una "marcha del hambre" de obreros desempleados de la Ford, con 3 muertos y 23 heridos graves. En julio de 1932, en Washington, se produce la "marcha del subsidio", con 25 mil ex-combatientes de la Primera Guerra Mundial, reclamando una pensión prometida por el gobierno. La marcha es brutalmente reprimida por las tropas al mando del general Douglas Mac Arthur, asistido por el entonces coronel Dwight Eisenhower y el entonces mayor George Patton… El "New Deal" El capitalismo americano, hasta 1930, había conseguido apartar al grueso del proletariado de la militancia de clase; de este modo no corrió riesgos, a causa de la ilusión del "american way of life". Pero con la depresión que siguió a la crisis de 1929, el panorama cambió. Los millones de desempleados aumentaban sin cesar y el fantasma comunista, tan agitado en la década anterior, podía tornarse una realidad, al montarse en la ola de desesperanza y amargura y plantear seriamente el problema del poder como una cuestión de clases enfrentadas. La política del presidente republicano Hoover de dejar que la crisis se solucionase por sí misma, podía entenderse como un último y tremendo esfuerzo de los grandes bancos y de la industria pesada por controlar totalmente la economía nacional, aprovechando una depresión que no controlaban. Ese intento, sin embargo, además de hacerce a costa de importantes sectores capitalistas, era demasiado peligroso. Desde tiempo atrás, un importante sector del Partido Demócrata estaba convencido de la necesidad de una intervención estatal en la economía. Así se comportó el sector más lúcido y dinámico de la burguesía, que se impuso en las elecciones presidenciales de 1932. Franklin D. Roosevelt comenzó a gobernar y a forjar su "Nuevo Trato" (New Deal) bajo la depresión. La oposición, vencida políticamente, no advirtió que era la única política alternativa frente a la revolución social. El objetivo central del New Deal fue salvar al sistema de su colapso. En esencia, ese programa no existió. Toda su acción se apoyó en una serie de marchas y contramarchas impuestas por la experiencia diaria. Con todo, en todas esas idas y vueltas hubo dos constantes: una fue el rol protagónico que desempeñó el Estado en las medidas económicas que propiciaba; la otra, el acento que se puso permanente en el problema social del país. Era un hecho nuevo e insólito en la historia norteamericana que los más altos niveles estatales se interesaran por la suerte de los desposeídos. No se trataba de una revolución ni de altruismo. Roosevelt y su equipo percibían que había llegado la hora de que el capitalismo debía ceder algo de su inmensa riqueza para poder subsistir. Más precisamente, el New Deal debía responder a un núcleo bastante definido y restringido de intereses; pero como estos intereses se beneficiaban del aumento del nivel de consumo de los sectores populares, la política de Roosevelt debía orientarse a alcanzar tal aumento y, una vez logrado, mantenerlo en la medida de lo posible. A lo largo de su primer mandato, legisló sobre salarios, precios, seguros sociales, horarios de trabajo. Financió programas de socorro y obras públicas que dieron trabajo a 4 millones de desempleados. Estas medidas le granjearon la adhesión de las masas. Pero a medida que esta política se definía y se aliviaba la situación de los sectores populares, también fortalecía a la oposición, que desató entonces una ofensiva. Esta tenía a su favor varios elementos centrales: 1) Las cifras millonarias gastadas en socorro y obras públicas, mientras el hambre subsistía y seguía habiendo millones de desempleados. Es verdad que hubo un alivio en el primer año del New Deal (de 24,9% de desempleados, se pasó al 21,7% en 1934); sin embargo, en la médula de la crisis, en 1935, esta tendencia a la baja se detuvo, en el 20,1%. 2) Fracasaba la política de relocalización de la industria a través de la Ley Nacional de Recuperación Industrial (Nira). En 1933, la industria también se había recuperado, pero en 1935, casi un tercio de su capacidad permanecía ociosa. Para peor, la fase ascendente del ciclo económico no se aproximaba, y los industriales no invertían. Es decir que para la suerte de oposición encabezada por las grandes finanzas, los principales problemas seguían existiendo. La salida natural era movilizar a la clase obrera para luchar por sus derechos a organizarse sindicalmente, negado durante tanto tiempo. Se daba, por lo tanto, un objetivo preciso y sin contenido político, a las luchas obreras y se cercenaba y controlaba a las masas con organismos que podían ser fácilmente "institucionalizados". En un punto, tal solución coincidía con los objetivos concretos del New Deal: la mayor parte de los obreros trabajaban en fábricas de la industria pesada; al fomentar su organización, el gobierno golpeaba en el corazón de su principal opositor. La CIO Así, "en ese clima de apoyo estatal al movimiento obrero, en 1935, John L. Lewis, del United Mine Workers (sindicato de los mineros), se retiró de la AFL y formó la CIO (Committee of Industrial Organizations, Comité de Organizaciones Industriales), que defendía el criterio de organización sindical por ramas de la industria y no por oficio (como lo hacia la AFL). Esta división pone en evidencia la existencia de sindicatos por industria, como el de los mineros, a los que la AFL no reconocía, a pesar de que existían en su seno. Esta tendencia a la conformación de ese tipo de sindicatos dentro de la AFL, que Lewis encabezaba y que luego formará la CIO, responde a la existencia en la base obrera de importantes cambios, en la organización, la combatividad y la militancia, que tuvo reflejos claros en las huelgas de 1933-34. "Roosevelt, al buscar el apoyo político del movimiento obrero, especialmente con la Ley Wagner, da un gran respaldo a la formación de la CIO. Dentro de la CIO y respondiendo a la política de frente popular que instaura en 1935, el PCA tendrá un lugar importante en su liderazgo y organización. Este apoyo del movimiento obrero es una de las bases de la reelección de Roosevelt como presidente en 1936." (8) Daniel Guérin describe así la situación: "Las tres letras CIO pasarán a brillar en la conciencia obrera como un ente mágico, que encarnaba todas las aspiraciones, todas las esperanzas, toda la confianza de millones de trabajadores por fin revelados a sí mismos. Las repitieron y cantaron como si hubiesen bebido un filtro. El sindicato se transformó en el centro de la vida de todos esos seres humanos durante tanto tiempo subyugados y frustrados. No era sólo una fría oficina de negocios, encargada de negociar cuestiones de salarios, como la AFL; era un lugar, una escuela, un lugar de diversiones y de alegría. Los trabajadores norteamericanos, a quienes la sociedad capitalista había hecho individualistas, egoístas, cínicos, 'duros', descubrieron un tesoro desconocido: la camaradería." (9) Cuando surge la CIO, el PCA no es la única organización de izquierda en EE.UU. El SPA había recuperado el número de militantes de 1908, pero con menos bases obreras (aunque conservaba posiciones sindicales entre los textiles y en el vestido). La CLA, de los trotskistas, atravesaba un período de aislamiento. Y casi no realizaba actividades públicas. Pero hay un crecimiento espectacular del CPLA (Committee for Progressive Labor Action) creado en 1929 por A. J. Muste, a partir del Labor College de Brookwood, que intenta crear en la AFL un polo a favor de la democracia sindical, el clasismo y el "sindicalismo por industria" (no más sindicatos por oficio o empresa); el sindicato de los profesores, por ejemplo, defiende al CPLA contra la dirección de la AFL (10). Después de un período de aislamiento, los trotskistas (CLA) se fusionan con el grupo de Muste para fundar, en 1934, el WPUS (Partido de los Trabajadores de Estados Unidos). El crecimiento de los trotskistas La CLA, aunque aislada, tiene lazos con el movimiento sindical: su dirigente James P. Cannon, ex fundador del PC, viene de la escuela de los IWW, y arrastró a la CLA buenos militantes obreros. A. J. Muste, por su lado, fue uno de los primeros organizadores de los desempleados, sobre todo en el Medio Oeste y en Virginia occidental, lo que le permite dirigir victoriosamente la huelga de la Auto Lite en Toledo (Ohio), en 1934. En el mismo año, Muste busca una proyección política para su trabajo sindical, y crea la AWP (American Workers Party). Desde los tiempos del CPLA los trotskistas intentan aproximarse a Muste. A fines de 1934 se produce la fusión. Los trotskistas tenían una autoridad ganada por haber dirigido dos huelgas de alcance nacional, las huelgas de los teamsters (camioneros) de Minneapolis. En esa ciudad, la AFL era débil (los patrones no reconocían el sindicato); los trotskistas eran el viejo núcleo del PC que bien conocido, se había pasado con armas y bagajes a la CLA: dirigían el "local 574" de la AFL. En la primera huelga (mayo de 1934) la patronal fue obligada a reconocer al sindicato. En julio, con la tentativa de los patrones de "volver a la situación anterior", explotó la segunda huelga. Duró cinco semanas y enfrentó con combativos piquetes a la policía, hasta obtener la victoria (11). Los trotskistas aparecen frente al AWP de Muste como una corriente militante, no como un grupo de discutidores sin noción de la militancia práctica. El PC hace una campaña contra la fusión CLA-AWP, que fracasa, y en diciembre de 1934 se produce la unificación. Los seguidores de Muste son conquistados por las ideas trotskistas; el naciente Workers Party estaba bien implantado en diversos núcleos obreros del país. Pero su existencia será efímera: en EE.UU., Trotsky aconseja a sus seguidores entrar en el SPA, que experimentaba un fuerte crecimiento. Una táctica semejante a la seguida por los trotskistas europeos, pero con resultados muy superiores: no hay escisiones ni a la hora de la entrada ni de la salida del SPA. Los trotskistas conquistan a las Juventudes Socialistas y a numerosos trabajadores marítimos y de la industria automotriz. La salida del SPA se produce casi conjuntamente con el surgimiento de la CIO, a fines de 1937; a principios de 1938, se crea entonces el SWP (Socialist Worker´s Party) con importantes núcleos obreros (12). Por la independencia de clase Dentro del SPA, los trotskistas defienden la independencia de clase contra la política de "Frente Popular", en estos términos, expuestos en un folleto de 1937: "Hasta ahora, los resultados más conocidos de la estrategia de Frente Popular emergieron durante la campaña presidencial de 1936. Desde el punto de vista de su composición social y del contenido político de su programa, Roosevelt era un candidato del Frente Popular. Nadie pone en duda que se trata de un defensor del capitalismo democrático, pero la masa del proletariado, los campesinos y los estratos bajos de las clases medias lo apoyaban sólidamente. Los ideólogos frentistas se encontraban en el campo de Roosevelt, algunos abiertamente y otros, como el Partido Comunista, a través de una fórmula ambigua y de segunda mano." (13) Con la fundación del SWP, se fortalece toda la perspectiva de la IV Internacional, defendida por Trotsky. Esto le resultará una palanca fundamental en el intento de convencer a sus partidarios de proclamar la nueva Internacional: "Eso fue demostrado en la Convención de Chicago (del SWP), donde la resolución por una nueva Internacional fue votada unánimemente. Las dos corrientes presentes, el antiguo Worker´s Party y los 'socialistas nativos', que estaban representados de modo equivalente, mostraron la unidad en esta cuestión decisiva. Los 76 delegados y 36 observadores, venidos de 35 ciudades en 17 Estados, llegaron a la decisión unánime después de considerar ampliamente la cuestión y de una larga discusión previa a la convención. Aunque las cuestiones nacionales más discutidas, lo fuerón inspiradas por los principios que les imprimió la cuestión internacional. "Esa victoria significativa de la IV Internacional en América (EE.UU.) no dejará de tener influencia en la arena internacional. El breve período de lucha en el interior del Partido Socialista llega a un fin definitivo. La sección americana de la IV Internacional se presenta ahora como un partido independiente, con fuerzas más que duplicadas, sin pérdidas ni escisiones, y con una unidad más firme que antes. La política de principios probó en este caso ser también la más eficiente en las cuestiones prácticas." (14) Trotsky y la intelectualidad Paralelamente, crecía la influencia de Trotsky, entonces exiliado en México, en los medios intelectuales de izquierda de EE.UU., desilusionados con la política del PC norteamericano y por las purgas comandadas por Stalin en la URSS. En julio de 1937, Dwight Macdonald invitó a Trotsky a colaborar en la Partisan Review, que durante un período será considerada una revista "trotskizante", lo que le acarreará la furias del PCA y de los intelectuales vinculados (Louis Fischer, Dashiell Hammett, Lillian Hellman, entre otros). Trotsky acepta, aunque hizo reservas respecto a la actitud política general de los "intelectuales independientes" de la Partisan Review: "Mi impresión general es que los editores de la Partisan Review son personas cultas e inteligentes, pero no tienen nada que decir. Buscan los temas que no chocan con nadie, y que tampoco sirven para nada. Nunca vi a un grupo de características semejantes obtener éxito o influencia y dejar una marca en la historia del pensamiento." (15) Finalmente, Trotsky se negó a participar en un libro colectivo titulado Lo que está vivo y lo que está muerto en el Marxismo, junto con algunos autores que consideraba "cadáveres políticos" (Karl Korsch, Harold J. Laski, August Thalheimer, John Strachey): "En el invierno de 1937-38, Eastman, Serge, Souvarine y otros, levantaron el problema de la responsabilidad de Trotsky en la represión de Kronstadt. Trotsky respondió, defendiendo la violencia revolucionaria, con el libro Su Moral y la Nuestra. John Dewey intentó dar una lección de moral a Trotsky, subrayando la contradicción entre medios y fines, a través de la cual acusaba a todo el marxismo revolucionario." (16) La influencia de Trotsky sobre la intelectualidad de izquierda norteamericana se desarrolló más allá de su falta de éxito inicial, pero no llegó a tener el carácter tormentoso que alcanzaron las relaciones entre quien era considerado el más intelectualizado de los líderes bolcheviques con la intelectualidad en general, como ocurrió, por ejemplo, en las relaciones de Trotsky y los surrealistas franceses. CIO y Labor Party La preocupación fundamental de Trotsky es, lógicamente, el movimiento obrero. El surgimiento de la CIO no es sólo un "viraje", sino un índice de la crisis general del capitalismo: "¿Cuál es la razón de la emergencia de la CIO? Es la decadencia del capitalismo norteamericano. En Gran Bretaña, sólo el inicio de esa decadencia dio lugar a los grandes sindicatos por industria. Pero esos sindicatos sólo aparecieron en escena en EE.UU. al momento de asistir a la nueva fase de la decadencia del capitalismo o, más exactamente, podemos decir que la primera crisis de 1929-33 da el empuje inicial y desemboca en la creación de la CIO. Pero apenas se había organizado, la CIO tuvo que enfrentar la segunda crisis, la de 1937-38, que continúa profundizándose. ¿Qué significa esto? Los sindicatos precisaron de mucho tiempo para organizarse en EE.UU., pero ahora que existen seguirán la misma evolución que los sindicatos ingleses. Eso quiere decir que en las condiciones actuales de decadencia del capitalismo serán forzados a volcarse a la acción política. Creo que es la cosa más importante." Trotsky propone entonces al SWP la lucha por un Labor Party (Partido Laborista); encuentra resistencias en los militantes que terminaban de crear, con gran esfuerzo, el SWP como "partido revolucionario". Trotsky respondió: "¿Pero no debemos entonces hacer avanzar sólo una de esas consignas? Al contrario, debemos hacer avanzar las dos. La primera, 'por un partido laborista independiente', prepara el terreno para nuestro propio partido. La segunda consigna prepara a los trabajadores, los ayuda a avanzar y abre el camino a nuestro partido (…) En ese partido laborista haremos aprobar nuestras consignas de transición. No todas de una vez, evidentemente, pero una después de la otra, a medida de las situaciones que se nos ofrezcan. Es por eso que no veo ninguna razón fundamental para rechazar esa consigna." (17) Desde el comienzo de la década del '30, Trotsky venía acompañando los cambios que se procesaban en el proletariado norteamericano: "Desde 1933, la historia de la clase obrera norteamericana se caracteriza por el activismo y la combatividad, con heroicas tentativas de organización y huelgas en las industrias claves (siderúrgica, automotriz, neumáticos), así como en los servicios públicos y entre los marítmos, donde el sindicalismo nunca había echado raíces. Con las huelgas surge la solidaridad y la conciencia de clase. Esas huelgas abarcan a decenas de miles de obreros y a diversas industrias, así como a la capa inferior de la pequeña burguesía, que sustenta la lucha física de los huelguistas contra los rompehuelgas, las milicias privadas, la policía y la guardia nacional." (18) Las condiciones políticas, sin embargo, eran peculiares: "Hay una gran diferencia entre América y Europa, donde la cuestión del partido de los trabajadores era considerada una necesidad, por la vanguardia y por amplios sectores de las masas, lo que no sucede en EE.UU. En Francia, la agitación es sobre quién gana a los trabajadores, el PC o el PS… en EE.UU., la cuestión es que la clase obrera precisa un partido propio, su primer paso en su educación política." (19) En EE.UU. la falta de tradición política independiente hacía que la lucha se limitara al plano sindical: el ascenso de la CIO no se tradujo al plano político. El SWP tuvo serios problemas en ese plano, su lucha sindical no encontraba correspondencia en la lucha política, y concluía como una especie de "ala izquierda" de la AFL. Esto lo aislaba de los sectores más oprimidos, en especial de los negros, sobre lo que Trotsky advirtió en abril de 1939: "Los viejos sindicatos, la AFL, son organizaciones de la aristocracia obrera. Nuestro partido pertenece a ese medio, no se apoya en los sectores más oprimidos, en especial los negros. Es un síntoma inquietante que no se ocupe de la cuestión negra. La aristocracia obrera es la base del oportunismo y de la adaptación al capitalismo; los más oprimidos y explotados, por el contrario son el sector más dinámico de la clase obrera." (20) En la década del '30, el SWP no consiguió quebrar esa característica, razón por la cual, como Cannon reconoció, se aisló casi totalmente del movimiento de la CIO, que agrupaba a la mayoría de los trabajadores no calificados. La situación mejoró con el pacto Hitler-Stalin (1939), que quebró la alianza PC-"progresistas" en la CIO; los sindicalistas "rooseveltianos" pasaron entonces a atacar al PC, que también perdió prestigio entre su masa de seguidores. Los "progresistas" ven a los trotskistas como un "aliado táctico" contra el PC, y les abren las puertas de los sindicatos, lo que el SWP no llega a aprovechar debidamente. En sus memorias, Cannon admite que los trotskistas se mantuvieron prácticamente al margen del movimiento de la CIO. La lucha del SWP Una conclusión radical respecto de lo que ya se dijo es la siguiente: "A pesar de las advertencias de Trotsky, los trotskistas se adaptaron al canto de cisne de los rooseveltianos, diferenciándose poco de ellos. No los atacaban, y no trabajaban con los obreros stalinistas desilusionados con el PC; eso significaba alinearse totalmente con la burocracia sindical y dejar al PC la posibilidad de recuperar su imagen frente a su base." (21) La conclusión parece unilateral, puesto que implicaría una completa absorción del SWP por la burocracia sindical, lo que no ocurrió. En 1939, el SWP alcanzó su apogeo con una enorme manifestación contra el nazismo en Nueva York, que fue descripta así en su prensa: "Además de los cincuenta mil manifestantes que respondieron el llamado del SWP para una manifestación obrera contra la concentración nazi, las estimaciones de la propia policía le sumo cincuenta mil espectadores. Estos últimos, con pequeñas excepciones, demostraron su solidaridad con los objetivos y consignas de los manifestantes. Con una brutalidad que recuerda la de los antiguos cosacos, 1.780 policías del prefecto LaGuardia, la mayor cantidad de efectivos nunca usados contra una manifestación, intentaron con sus caballos y armas, sin éxito, asustar a los trabajadores e impedir la manifestación. Desde las seis de la tarde hasta las once de la noche, los trabajadores mantuvieron fuertes choques con los policías." (22) La crítica de Trotsky respecto del trabajo entre los negros fue tomada por el SWP, que aprobó en su conferencia de fundación una resolución específica, preparada por el conocido historiador e intelectual negro C. L. R. James, nacido en las Antillas inglesas y más tarde autor del clásico estudio Black Jacobins, sobre la revolución de la independencia de Haití: "Los negros americanos, por siglos el sector más oprimido de la sociedad americana, son potencialmente los elementos más revolucionarios de la población. Su designio, por su pasado histórico, es pasar a ser, bajo la dirección adecuada, la vanguardia de la revolución proletaria. El desprecio por el trabajo negro y por la cuestión negra fue, en el pasado, un síntoma inquietante (en el partido). El SWP debe reconocer que su actitud frente a la cuestión negra es crucial para su desarrollo futuro. Hasta hoy el partido se basó en los trabajadores más privilegiados y en intelectuales aislados. Hasta no encontrar la vía hacia las grandes masas, de las que los negros constituyen un sector tan importante, el conjunto de las perspectivas de la revolución permanente permanecerán como una ficción y el partido estará condenado a la degeneración." (23) Eso fue aprobado por el SWP en 1938, cuando tales afirmaciones eran únicas en la izquierda norteamericana: estábamos aún lejos de las luchas de los años '60 y de los Black Panthers… New Deal, guerra, Labor Party Las resoluciones sobre la fundación del SWP establecían claramente la perspectiva del conflicto mundial y sus causas: "Seis años después, el New Deal, como programa primario de gastos y subsidios gubernamentales, demagogia liberal y concesiones sociales para campesinos y trabajadores, concluye en un colapso definitivo. La intolerable crisis económica continúa. El ciclo de los negocios se niega a emerger más allá de cortos e insatisfactorios períodos. La impracticabilidad de una solución en base al New Deal, y la fatuidad de las soluciones propuestas al viejo estilo republicano de la Cámara de Comercio, son evidentes. Al tiempo que las medidas internas fracasan y no ofrecen salidas, la burguesía de EE.UU. se vuelca a las medidas externas, a la guerra" (24) (itálicas nuestras). Simultáneamente, se ubicaba la perspectiva del "endurecimiento" interno, que se confirmará más allá de la propia guerra (a través del maccarthysmo): "El colapso del New Deal y los insuperables y ascendentes conflictos internos del capitalismo americano, ponen de modo cada vez más claro para la burguesía la necesidad de abandonar la democracia parlamentaria y jugar la carta fascista como único medio para conservar su poder y privilegios. Los mismos factores llaman la atención de los desempleados, pequeños hacendados, clases medias y proletarios desmoralizados por la demagogia de las organizaciones fascistas." (25) Trotsky también llamaba la atención, en esa época, sobre la posibilidad de un "fascismo americano", lo que le valió, así como ocurrió con los planteamientos del SWP, el mote de exagerado y catastrofista; claro que esto sólo tres décadas después, lo que confirma que en la base de esa crítica se encuentra más bien una apología retroactiva de la "democracia americana" de la segunda posguerra (basada, a su vez, en la carnicería de la Segunda Guerra Mundial y en la represión maccarthysta) que una apreciación histórica objetiva. Esto confirma que, independientemente de sus limitaciones, el SWP fue la fracción política más conciente de la izquierda norteamericana en todo el período de la crisis y de la guerra. Sólo no se confirmó la perspectiva de la organización de un "partido de trabajadores", bien que el Comité Nacional del partido indicaba cuáles eran los elementos objetivos que alimentaban esa posibilidad: "La participación política organizada de los trabajadores en la Labor Non-Partisans League representa una ruptura profunda con la escuela de práctica política de Gompers, aunque pueda parecer idéntica a aquella en la superficie. En el pasado, la burocracia sindical se limitaba a endosar a tal o cual 'amigo' en las fórmulas políticas capitalistas. En las presidenciales de 1936 y en casi todas las elecciones municipales y estaduales desde entonces, vimos por primera vez un esfuerzo sistemático por organizar y movilizar la fuerza política de los trabajadores como una fuerza separada. Ese nuevo movimiento, representado por la LNPL, debe ser caracterizado como una etapa en el desenvolvimiento del movimiento obrero contra el servilismo completo a los partidos del gran capital y por un partido independiente de los trabajadores." (26) La oposición en el SWP En el partido persistió una minoría descreída de la perspectiva inmediata del Labor Party, que se expresó en el Comité Nacional a través de un proyecto de resolución presentado por Hal Draper, entonces dirigente juvenil: "La dirección del LNPL continúa hasta el presente la política de adulación a los viejos partidos capitalista, a través de la política de 'preservar a los amigos y castigar a los enemigos'. No es improbable que continúe en ese rumbo. Es más probable (que esa perspectiva) defendida por los líderes de la LNPL se desvanezca en una reorientación con elementos de los viejos partidos, con la ruptura de un ala izquierda de los demócratas (y elementos republicanos) que forme un movimiento por un tercer partido, un frente burgués democrático… La base de masas para ese partido serán los sindicatos afiliados a la LNPL, apoyados por los generales sin tropa de la izquierda demócrata que, junto a los líderes de la LNPL, serán la faceta de izquierdista de la dirección del tercer partido." (27) Con Max Schachtman (hasta entonces una especie de 'ideólogo' del SWP) y el ya mencionado James Burnham, la "minoría" llegó a tener mayoría en la dirección partidaria. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939), se opuso a toda la perspectiva adoptada por el SWP bajo la influencia de Trotsky -incluida la "defensa incondicional" de la URSS contra cualquier ataque imperialista- lo que tuvo influencia en la IV internacional, a través de la configuración de una corriente llamada "anti-defensista" (a la cual adhirió, entre otros, el brasileño Mario Pedrosa, "Lebrun", entonces miembro del Comité Ejecutivo Internacional de la IV Internacional). La "fracción Schachtman-Burnham", que Trotsky calificó de "oposición pequeño-burguesa", terminó negando el conjunto del programa marxista, incluyendo su fundamento filosófico dialéctico materialista (recordemos que la intelectualidad neoyorquina que simpatizó con Trotsky negaba, ni más ni menos, que la "filosofía marxista": en un famoso artículo, Edmund Wilson calificó la "tríada dialéctica" de "misticismo religioso", tema que retomó en la conclusión de su famoso Rumbo a la Estación Finlandia). Trotsky respondió detallada y públicamente a todas las objeciones, inclusive las filosóficas, de esa "oposición del SWP" en escritos que, reunidos bajo el nombre de En Defensa del Marxismo, configuran la última gran obra del revolucionario ruso antes de su asesinato (28). Ernie Haberkern hizo una presentación bastante benévola de esa "oposición" y de su principal dirigente: "El pacto Hitler-Stalin, en 1939, confundió a todas las tendencias políticas, pero fue destructivo para el movimiento trotskista. Trotsky ya había anticipado tal alianza del régimen de Stalin con algunos de los bloques de poder, cuya elección (el Eje o los Aliados) sería determinada por consideraciones del momento, no por cuestiones de principios. Pero Trotsky también esperaba que Stalin acompañara esa alianza con concesiones a los capitalistas del bloque escogido. Pero el pacto Hitler-Stalin fue acompañado por ataques contra la clase capitalista de Polonia e intentos en el mismo sentido en Finlandia. "La cuestión era si nosotros, trotskistas, apoyaríamos o no ese régimen que expropiaba a los capitalistas e incorporaba nuevas áreas al nuevo régimen colectivo. Este último era nuestro lado. Schachtman se puso a la cabeza de todos los que optaban por un 'Tercer Campo' de la clase obrera y los oprimidos, contra los viejos regímenes capitalistas y la nueva clase explotadora. No era propiamente un innovador o precursor de esa posición, porque tanto el viejo trotskista Joseph Carter como el líder de la Juventud Socialista, pasado a los trotskistas, Hal Draper, ya la habían defendido y fueron sus teóricos: Schachtman trató de hacer bloque con ellos. Con su prestigio como portavoz americano y mundial del movimiento trotskista, no obstante, la posición comenzó a ser tomada en serio. Schatchman era también un brillante polemista y publicista, cuya personalidad lo transformaba en un formidable adversario." (29) Haberkern atribuye a Trotsky un pronóstico que éste no hizo (que Stalin reforzaría el capitalismo en una Polonia o en una Finlandia invadidas) y una caracterización igualmente apócrifa: en En Defensa del Marxismo, Trotsky cita los ataques de la burocracia stalinista contra la clase capitalista polaca como argumento contra el "neutralismo" de Schatchman y Burnham, no en defensa de la burocracia, sino para mostrar que en el conflicto estaban en juego intereses de los trabajadores. Max Schachtman rompió con la IV Internacional y con el SWP (tras pesadas acusaciones contra el "burocratismo" de James P. Cannon) y fundó un efímero Worker´s Party, antes de reingresar en el SPA de Norman Thomas, bien diferente de aquél de Eugene Debs de la década del '10. La ruptura de la "minoría" del SWP se produjo en abril de 1940: Schachtman, Burnham y Abern se llevaron consigo un tercio del partido, la mayoría de la juventud (con Hal Draper), la revista New International y el diario Labor Action (30). Schachtman participó, aun así, del II Congreso Mundial de la IV Internacional, celebrado en París en 1946. En 1945 el Worker´s Party había ganado una minoría del SWP, encabezada por Félix Morrow y Albert Goldman (ex abogado de Trotsky), pero también había perdido una fracción que reingresó al SWP, liderada por "Johnson" (C. L. R. James). En 1947 hubo intentos, fracasados, de reunificación WP-SWP. El grupo de Schachtman se transformó después en la International Socialist League, antes de volver al Partido Socialista. Posteriormente, evolucionó hacia la derecha, defendiendo no sólo a la burocracia de George Meany en la AFL-CIO, sino también la participación de EE.UU. en la guerra de Vietnam (Schachtman murió en 1972). James Burnham hizo el mismo recorrido mucho más rápido: en 1940, después de retirarse rápidamente del Worker´s Party y de renunciar públicamente al marxismo, ganó notoriedad mundial al publicar Managerial Revolution, en el que defendió la idea de una "revolución de los gerentes", que para Burnham se habían transformado, sustituyendo a los capitalistas, en una "nueva clase dominante": Burnham daba los ejemplos de la URSS stalinista y de la Alemania nazi. La tesis era una copia (para algunos, un simple plagio) de las ideas expuestas por el ex militante del Partido Comunista Italiano Bruno Rizzi en La Bureaucratisation du Monde, publicado en París en 1939 y rápidamente retirado de circulación, debido a la invasión nazi. En los años '50, Burnham, profesor en la Universidad de Columbia ya era un "Cold Warrior" (un "guerrero" de la "guerra fría"), de los más audaces, autor de la teoría del "containment" (contención de la URSS). La "oposición" del SWP en 1939-40, por lo tanto, terminó en la derecha (con excepciones, como Hal Draper). La derechización de la CIO El SWP pagó un duro precio por la "normalización" y derechización de la CIO que, una vez consolidada (3.727.000 afiliados en 1937, contra 3.440.000 de la AFL) inició un movimiento de reaproximación con sus antiguos "enemigos"; John Lewis, rompiendo con la AFL en 1936, había dado un paso adelante con relación al "gompersismo", sin superar, sin embargo, sus propias limitaciones políticas. Para el ya citado Guérin, "los fundadores de la CIO -Lewis Hillman, Dubinsky- no hicieron sino poner un chaleco de fuerza a un movimiento nuevo y de izquierda que se venía desarrollando. No tuvieron un éxito total, porque un número importante de revolucionarios, con el consentimiento de ellos mismos, penetraron en la nueva organización, y en ella construyeron trincheras tan sólidas que después les fue imposible desalojarlos. Pero alcanzaron su objetivo esencial: crear una nueva AFL de tendencia moderada y evitar la formación de una nueva central sindical combativa y roja" (31). La "normalización" de la CIO aisló políticamente al SWP. En noviembre de 1937, John Lewis y Homer Martin intervinieron contra los huelguistas de Pontiac; la gran prensa llamó entonces a Lewis Labor Stateman. En 1940, Murray declara que raramente apoya a las sit-down strikes, mientras Walter Reuther, en la General Motors, llama "a aceptar el peor de los acuerdos, por el bien del país". Los "progresistas" no protestaron: Reuther abandonó el SPA para apoyar al gobernador Murphi para el Senado; Philipp Murray invitó al Congreso de la SWOC al prefecto de Chicago (Kelly) -autor de la "Masacre del Memorial Day" de 1937- en el cuadro del apoyo a la segunda re-elección de Roosevelt (32). Por detrás de ese proceso se encuentra la nueva crisis del capitalismo norteamericano, a partir de 1937. El índice de producción industrial, de 110 en 1929, había caído a 58 en 1932. Con su política inflacionaria Roosevelt fomentó la recuperación: el índice saltó a 87 en 1935, a 103 en 1936, a 113 en 1937. Pero, a partir de agosto de ese año, la recesión reapareció: la producción cayó el 27% en cuatro meses. Esta situación sólo será superada con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y con la aprobación del mayor presupuesto de defensa de EE.UU. en tiempos de paz; sólo la guerra dio, por lo tanto, un fin a la crisis iniciada en 1929. Los desempleados, de 10 millones en 1934-35 pasaron a 8 millones en 1936-37, pero superaban otra vez los 11 millones en 1938, y aún eran 10 millones en 1940. El cuadro sólo será revertido en 1942, después del ataque japonés a Pearl Harbor, cuando la máquina bélica comenzaría a funcionar a todo vapor. En 1940, Roosevelt se presenta nuevamente como candidato presidencial. La Segunda Guerra Mundial hará que su elección sea un éxito más allá del "éxito" (bastante dudoso) de la política del New Deal. El apoyo a la guerra era muy grande, a diferencia de lo sucedido con la Primera Guerra Mundial, y a pesar de la existencia de líderes sindicales como John L. Lewis, que se oponen a la entrada de EE.UU. en la guerra. La figura de Hitler, y el odio que despierta, por su política interna hiper-reaccionaria, es decisiva para este cambio. Roosevelt aísla y reduce el espacio de los principales líderes de izquierda de la CIO antes de iniciar el rearme de 1940-41. EL SWP y la II Guerra Mundial Para completar el cuadro del SWP en la década del '30, digamos que la ruptura de Schachtman-Burnham no fue la única. Antes de ésta, hubo otra, liderada por Hugo Oehler, que recibió importantes apoyos: "La fracción de Oehler fue apoyada por otros dos grupos. Una de esas fracciones encabezado por Muste, cuyo grupo en su momento con su fusión había creado el SWP… otra fracción con (Martin) Abern, que ya se oponía a Cannon en la Liga Comunista (CLA), basado, más que en principios diversos, 'en la manera en que las cosas son hechas', y criticando los métodos antidemocráticos de Cannon." (33) Las fracciones de Oehler y Muste-Abern terminaron enfrentadas y en posición hostil a Trotsky, quien las calificó de "ultra izquierdistas". Oehler intentó organizar otro movimiento internacional (recibió el apoyo de Liborio Justo en Argentina y de cierto "L. Rodrigues" en Brasil) que fracasó (el movimiento fue llamado "IV Internacional Revolucionaria"). Con el comienzo de la II Guerra y la participación de EE.UU. a partir de 1941, el SWP, siguiendo la propuesta de Trotsky, pasó a defender la "política militar proletaria", entendida como una reivindicación "de transición": que el movimiento obrero organizara su propio entrenamiento militar, con sus propios jefes y disciplina, reclamando inclusive presupuesto estatal para ese fin. A diferencia del resto de la izquierda y de las direcciones obreras, el SWP rechazó cualquier apoyo a la guerra y cualquier "tregua sindical" en ese sentido (el PCA se distinguió por su boicot a las huelgas durante la conflagración). En 1941, el SWP fue por eso objeto de un proceso judicial, con la prisión de sus principales dirigentes. En el juicio, éstos defendieron públicamente su política, adaptando sus formulaciones a la situación existente en EE.UU. Esa "adaptación" les valió la acusación de "pacifismo" de parte del trotskista español (ya exiliado en México) Grandizo Munis, y de " pro imperialismo" por el trotskista argentino Liborio Justo (hijo del presidente argentino entre 1932 y 1938, Agustín P. Justo) (34). Para el SWP, al contrario, la actitud de sus dirigentes fue ejemplar, y las actas del juicio, bajo el título Socialism on Trial, pasaron a ser material de educación política para las futuras generaciones de militantes (35). En reediciones de ese texto, Cannon respondió a las críticas de Munis, no así a las de Justo (que fue respondido, de modo bastante despectivo, por "Marc Loris", o Jan Van Heijenoort, militante francés residente en EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial, como miembro del Comité Ejecutivo Internacional de la IV Internacional. Después de la guerra, "Van", desvinculado de la política, pasó a ser una autoridad mundial en lógica matemática). Después de un período en prisión, los dirigentes del SWP fueron absueltos en el proceso judicial. Desde el punto de vista de las relaciones de clase en EE.UU., la Segunda Guerra Mundial incorporaría modificaciones decisivas. "El período entre 1941 y 1945, dominado por el esfuerzo bélico, fue tan importante para la configuración definitiva de la nueva estructura de gestión laboral como lo había sido el período entre 1936 y 1940. Desde el punto de vista empresario, las compañías hicieron grandes progresos durante la guerra, progresos que serían críticos en años posteriores. Después de 1941, muchos patrones utilizaron la disciplina de tiempos de guerra para intentar recuperar parte de la iniciativa y control que habían entregado a los sindicatos industriales en el final de la depresión. Promovieron el arbitraje de muchos conflictos por reivindicaciones, confiando en sacarlos de la fábrica por nuevos mecanismos para proceder frente a las reivindicaciones. Aumentaron tremendamente el número de personal de supervisión, esperando contrabalancear las nuevas prerrogativas sindicales con relación a las reivindicaciones y la antigüedad con un mayor peso de la dirección y el control ejercidos sobre la mano de obra. "Muchos patrones utilizaron la oportunidad concedida por la War Time Labor Distributes Act (Ley de Conflictos Laborales en Tiempos de Guerra) y por la War Labor Board (Junta Laboral de Guerra) para centralizar la maquinaria legal que mediaba los conflictos que se producían en el ámbito productivo entre empresas y sindicatos, de forma que muchas empresas incrementaran su ritmo de producción aprovechándose del esfuerzo de guerra para justificar la aceleración." (36) Para la izquierda norteamericana, una nueva etapa política, más dura que la de la década del '30, se iniciaría después de la Segunda Guerra Mundial. coggiol@hotmail.com Traducción: T. M. Texto traducido del portugués. Las citas de los textos en español se tomaron directamente de sus originales, salvo cuando se indica lo contrario. (Nota del traductor). NOTAS: 1. Leon Trotsky. Europa y America. Buenos Aires, El Yunque, 1974, p. 238-239 y 266-267. 2. Marianne Debouzy. Travail et Travailleurs aux États-Uni. Paris, La Découverte, 1990. 3. Walter Galensoni. "Why the American Labor Movement is not socialist". American Review, vol. I, Nº 2, invierno 1961. 4. Willi P. Adams. Los Estados Unidos de América. México, Siglo XXI, 1986, p. 199 y 242. 5. Cf. Daniel Guérin. La Descolonización del Negro Americano. Madri, Tecnos, 1968. 6. Rodolfo Hodgers. El Movimiento Obrero Norteamericano entre la Crisis y la Guerra. Buenos Aires, CEAL, 1986. 7. James P. Cannon. La Historia del Trotskismo Norteamericano. Buenos Aires, Rebelión, p. 14 y 24. 8. Maria J. Billorou. "Entre la crisis y la prosperidad". En: Pablo Pozzi et al. Trabajadores y Conciencia de Clase en los Estados Unidos. Buenos Aires, Cántaro, 1990, p. 262-263. 9. Daniel Guérin. Estados Unidos 1880-1950. Buenos Aires, CEAL, 1972, p.83. 10. Gilles Vergnon. "Le SPA au début des années 30". Cahiers Léon Trotsky Nº 27, Paris, septiembre 1986. 11. Un anónimo militante de la huelga recuerda: "La militancia de Minneapolis de la CLA tuvo gran responsabilidad en la victoria. Sus miembros eran activos en los sindicatos desde hacía mucho tiempo. Y ellos actuaron continuamente de acuerdo con los intereses de los trabajadores. El programa adoptado era permanentemente sometido a las bases. Toda crítica o propuesta era bienvenida. La Liga dio lo mejor de sí al sindicato y a la huelga. Se puede admitir que cometieron errores, pero fueron pocos y benéficos" ("The 1934 Minneapolis strike". Revolutionary History, vol. II, Nº1, Londres, primavera 1989). 12. A su salida del SPA, los trotskistas afirmaron: "La expulsión del ala izquierda del Partido Socialista es un punto decisivo y culminante. Bajo el impacto de las catastróficas derrotas de la clase obrera en Europa central, en 1931/34, y de la terrible crisis del capitalismo, el moribundo SPA adquirió nueva vida con la incorporación de millares de jóvenes y militantes de izquierda rechazados por la política aventurera del PCA. Su presión bastó para provocar una división en la organización, en la medida en que la vieja guardia se aislaba. Los Bourbons derechistas, repitiendo las viejas fórmulas social-demócratas, se rehusaba a sacar las obvias lecciones de los acontecimientos internacionales, y preferían mantenerse como una pequeña Sociedad Fabiana que sostenía un par de máquinas electorales, intentando al mismo tiempo convencer a la burocracia sindical de contruir un Labor Party" (New International, enero de 1938). 13. James Burnham. The People's Front: the New Betrayal. Nueva York, 1937. En los años '50, Burnham, profesor en la Universidad de Columbia, se transformó en uno de los ideólogos de la "Guerra Fría". 14. James P. Cannon. "The new party is founded". New International, febrero de 1938. 15. Leon Trotsky. "Carta a Dwight Macdonald", 20 de enero de 1938. Oeuvres, vol. XIV, p. 99. 16. Cristiano Camporesi. Il Marxismo Teorico negli USA 1900-1945. Milán, Feltrinelli, 1973, p. 112. 17. Leon Trotsky. Discusiones sobre el Programa de Transición. In: Programa de Transição, Lisboa, Antidoto, 1978, p. 122-126. 18. Leon Trotsky. "Sur les États-Unis d'Amérique" (julio 1936). Oeuvres, Paris, 1980, vol. 10. 19. Idem, vol. 18 20. Leon Trotsky. "Discussion with Johnson". In: Tim Wohlfort. The struggle for marxism in the US. Fourth International, vol 1, n3, 1965. "Johnson" no era otro que el intelectual y militante negro antillano C.L.R. James. 21. Michael Rodinson (ed.). The SWP, the union bureaucracy and the working class. Class Struggle Nº 4, noviembre de 1972. 22. Socialist Appeal, Nueva York, 24 de febrero de 1939. 23. "The SWP and negro work". SWP Founding Documents, 1939. 24. Socialist Appeal, Nueva York, 23 de mayo de 1939. 25. Idem, 7 de julio de 1939. 26. SWP. Internal Bulletin, junio 1938. 27. Idem, julio 1938. 28. La edición más completa tal vez sea León Trotsky. Défense du Marxisme. URSS, marxisme et bureaucratie. París, EDI, 1976 (edición original: In Defense of Marxism. Nueva York, Pioneer Publishers, 1942). 29. Ernie Haberkern. Max Schachtman, slp, 1998. 30. J-J. Marie. Introducción. En: León Trotsky. Défense du Marxisme. París, EDI, 1976, p. 50. 31. Daniel Guérin. Op. Cit. , p. 89. 32. Cf. Pierre Broué. Le Mouvement Syndical aux États-Unis. París, UNEF-IEP, 1974. 33. Chris Bambery. "The politics of James P. Cannon". International Socialism 2:36, Londres, outono 1987. 34. Liborio Justo. Los titulados trotskistas del SWP y el supuesto CEI con sede en Nueva York no son más que descarados agentes de Wall Street en el seno del movimiento obrero de la IV Internacional. Buenos Aires, mayo de 1943. 35. Hay una versión en español: James P. Cannon. Wall Street enjuicia al Socialismo. Nueva York, Pathfinder Press, 1981 (1ª edición, 1945). 36. David M. Gordon. Trabajo Segmentado, Trabajadores Divididos. La transformación histórica del trabajo en los EEUU. Madrid, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1986, p. 236.

1 de diciembre de 2000
El trotskismo en Estados Unidos en tiempos de la preguerra: el caso del juicio de Minneapolis
Chesi

Monografias Introducción Este trabajo trata sobre un juicio, denominado "Juicio de Minneapolis", iniciado el 27 de septiembre de 1941 en un tribunal federal de la ciudad de Minneapolis, Corte de Distrito de los Estados Unidos, Distrito de Minnesota, División Cuarta. Minneapolis es una ciudad situada en el Estado de Minnesota, a orillas del río Mississipi. La parte acusadora fue el Estado Federal de los Estados Unidos de América y la parte acusada veintinueve líderes del Partido Socialista de los Trabajadores (Socialist Workers Party, SWP) y del sindicato de camioneros industriales de Minneapolis, integrante del Congreso de las Organizaciones Industriales (Congress of Industrial Organizations, CIO), Local 544. Esta sección de la CIO había sido la punta de lanza de una campaña de organización del movimiento sindical por todo el noroeste del país, además de liderar luchas y huelgas en la zona. El cargo de la acusación fue de sedición hacia el gobierno y planificación de su derrocamiento mediante el uso de la fuerza. La hipótesis que intentaremos demostrar es que el Juicio de Minneapolis estuvo relacionado con el pago de deudas políticas que el presidente F. D. Roosevelt Ten[ia con sindicalista Daniel J. Tobin, cabeza del sindicato de camioneros de la Federación Americana del Trabajo (American Federation of Labor, AFL). Resumen del Juicio de Minneapolis En el Juicio de Minneapolis se procesó a 29 de los principales dirigentes del SWP, que tambíen eran siendo en la mayoría de los casos líderes del sindicato de camioneros de esa ciudad. Algunos nombres fueron: Grace Carlson (candidata en 1940 por Minneapolis al Senado), James P. Cannon (Secretario Nacional del SWP), Felix Morrow (editor de la prensa del SWP, El militante, "The Militant"), Albert Goldman (miembro del Consejo de Redacción de El militante y abogado defensor en el citado juicio), Farrel Dobbs (líder de los camioneros y Secretario Nacional Sindical del SWP), Miles Dunne (líder de los camioneros), Vincent Dunne (líder de los camioneros), Grant Dunne (líder de los camioneros), Carl Skoglund (líder de los camioneros), Harry DeBoer (líder de los camioneros), Clarence Hamel, Edward Palmquist, Carl Kuehn, Alfred Russel, Oscar Shoenfeld, Jake Cooper, Oscar Coover Sr., Max Geldman, Emil Hansen y Carlos Hudson, entre otros. Acerca del juicio, el periódico The New York Times, comenta en su edición del 16 de julio de 1941, lo siguiente: "La denuncia formulada acusa a los miembros del SWP de buscar penetrar en posiciones claves de las principales industrias (especialmente del transporte, industria naviera, fabriles, agrícolas e industria minera y maderera) e influir en sus obreros para incorporarlos al partido" (1). Informa también que el alegato de la parte denunciante es que "los acusados tienen como objetivo armar a su debido tiempo una revolución armada en contra del Gobierno de los Estados Unidos de América. El SWP levantaría y levantó la consiga del control de las milicias por parte de los obreros y trabajadores, otorgarles explosivos, armas, municiones y equipo militar, y organizarlos en grupos militares, unidos, armados y entrenados bajo el nombre de Guardias de Defensa Obrera (Union Defense Guard)" (2). No es fortuito que este método de defensa obrera saliera a luz como la perla de la acusación. Las Guardias de Defensa Obrera habían sido creadas a instancias de las huelgas de Minneapolis que se sucedieron desde 1934 a 1937. Fueron puestas en pie por la organización que nucleaba a los huelguistas con el fin de protegerse de los ataques de los agentes de los empresarios (grupos armados de parapoliciales o directamente de la policía antimotín) y de grupos patoteriles de sindicatos rivales. En los cargos de acusación se detalla que el SWP reivindica a las Guardias de Defensa Obrera como "protección contra intentos violentos de destruir a los sindicatos", aunque "en verdad su destino era derrocar y derribar por la fuerza al gobierno constitucional de los Estados Unidos de América". El reporte concluye con la afirmación de que "los miembros (del SWP) aceptaban como ideal la fórmula de la revolución Rusa de 1917, y ciertos acusados fueron desde Twin Cities a la Ciudad de México, donde recibían consejos de León Trotsky" (3). Las sentencias del Juicio de Minneapolis fueron las siguientes: se levantaron los cargos de cinco de los acusados falta de pruebas; otros cinco acusados (incluyendo a Miles Dunne) también fueron declarados por el jurado; dieciocho fueron condenados a prisión entre doce y dieciocho meses. La sentencia fue apelada en 1943 y confirmada. Algunos fueron liberados por buena conducta poco antes de lo estipulado. Los seis sentenciados a un año (Harry DeBoer, Clarence Hamel, Edward Palmquist, Carl Kuehn, Alfred Russel y Oscar Shoenfeld) recuperaron su libertad en octubre de 1944. Y los doce restantes (James Cannon, Jake Cooper, Oscar Coveer Sr., Farrel Dobbs, Vincent Dunne, Max Geldman, Albert Goldman, Emil Hansen, Carlos Hudson, Felix Morrow, Carl Skoglund y Grace Carlson), el 24 de enero de 1945, permaneciendo en prisión dieciocho meses. Algunos de los dirigentes de los camioneros pasaron poco o inclusive nada de tiempo en prisión. Otro tipo de tratamiento legal recibió otro de los acusados, a quien se absolvió del cargo de conspiración, pero se lo consideró culpable de malversar y desfalcar fondos y propiedades del sindicato, dándole una pena de 5 años de prisión. Pasado el juicio y el tiempo en prisión, la persecución legal y política no cesó. Lo ocurrido al sindicalista Carl Skoglund sirve de ejemplo. La Fraternidad Internacional de Camioneros (International Brotherhood of Teamsters, IBT), una vez que Skoglund fue puesto el libertad, inició una campaña, muy eficiente por cierto, de boicot a los intentos de éste de conseguir empleo. Mudándose a New Jersey y trabajando allí para el SWP, encontró un principio de solución a sus problemas económicos hasta que el Servicio de Inmigraciones empezó a exigir su deportación por considerarlo "elemento indeseable". Fue recluido varios meses en Island Ellis y su deportación se evitó en el mismo momento en que estaba en el bote pronto a zarpar. Este fue el primer juicio federal por sedición realizado en tiempos de paz en la historia de los Estados Unidos de América. Su lógica fue trazada a partir de dos leyes: un estatuto de los tiempos de la Guerra Civil contra la sedición y el Acta Smith (Smith Act). Del precedente legal de la Ley sobre Extranjeros y Sedición de 1789, decretada por un Congreso de mayoría esclavista con el objetivo de reprimir las ideas radicales inspiradas por la Revolución Francesa, surgió la Ley Smith, en 1940 (que debe su nombre a su autor, el congresista Howard H. Smith), la cual contó con el apoyo tanto del Partido Demócrata como del Partido Republicano. Las partes más significativas del texto eran: "Quienquiera que… pregone, incite, recomiende, o enseñe o Quienquiera que… imprima, publique, edite, emita, circule, venda, distribuya o presente públicamente cualquier material escrito o impreso, pregonando, sugiriendo o enseñando el deber, la necesidad, deseabilidad o conveniencia del derrocamiento o destrucción por fuerza o violencia de cualquier gobierno en Estados Unidos… Deberá ser multado con no más de 20.000 dólares o encarcelado por no más de veinte años, o ambos…" (4). Esta ley fue virtualmente declarada inconstitucional por la Suprema Corte de los Estados Unidos de América varios años después del juicio, por considerarla netamente violatoria de la Primera Enmienda de la Constitución yanqui: "El Congreso no deberá hacer ninguna ley… limitando la libertad de expresión o de prensa" (5). Hubo otras leyes también relacionadas al caso. La Ley Voorhis (Voorhis Act), sancionada por el Congreso en octubre de 1940, estipulaba como condición para la afiliación de cualquier grupo a un gobierno extranjero o a una organización política extranjera, entregar al gobierno central una lista de sus miembros y dirigentes. La Ley de Inmigración y Naturalización, otorgaba a las autoridades el derecho de negar la entrada o deportar del país a los extranjeros cuyas ideas políticas fueran consideradas peligrosas. La Ley Stassen, de Minnesota, prohibía las huelgas. Y, por último, un estatuto decretado en 1861 con el propósito específico de combatir la contrarrevolución armada de los esclavistas durante la Guerra de Secesión, estatuto que nunca fue utilizado con excepción de este juicio. En los años a los cuales nos referimos en este trabajo, el Buró Federal de Investigación (Federal Bureau of Investigation, FBI), bajo el mando del director J. Edgar Hoover, siguiendo instrucciones del mismo F. D. Roosevelt, fue el encargado de llevar adelante las averiguaciones e indagaciones dentro de sindicatos y partidos políticos en busca de evidencias que comprobasen infracciones establecidas por dichas leyes y estatutos. En esta campaña de infiltración las líneas divisorias entre lo legal y lo ilegal estuvieron siempre muy cercanas (fabricación de pruebas, utilización de métodos antidemocráticos, etc.). A fin de poder tener una mejor y más amplia visión de este juicio, nos parece pertinente adjuntar en el anexo N° 1 la transcripción de ciertas partes de las respuestas del acusado James P. Cannon al interrogatorio del abogado defensor Goldman los días martes 18, miércoles 19 y jueves 20 de noviembre hasta el receso vespertino, y del contrainterrogatorio del fiscal Schweinhaut y del fiscal Anderson los días jueves 20, pasado el receso vespertino, y viernes 21 de noviembre (según las actas del juicio, este día correspondió a la lectura por parte del fiscal, a las 10 de la mañana, de citas). Antecedentes del juicio Aunque este trabajo versa sobre un hecho puntual del año 1941, es necesario, para entenderlo cabalmente, retrotraerse a los comienzos de la década de 1930. Fuente: los números corresponden a cantidades nacionales; las huelgas son paros en: a) fábricas en particular (por ejemplo, Toledo Autolite, Flint GM, etc.); b) empresas en particular (por ejemplo, US Steel, Ford, etc.); c) grupo de empresas (por ejemplo, transporte de Minneapolis, "Little Steel", etc.); d) áreas locales (por ejemplo, San Francisco, huelga general de Seattle, etc.); no hubieron huelgas generales nacionales en este período, pero sí una huelga nacional en 1937 del Sindicato de Trabajadores Unidos del Automóvil (United Auto Workers). (2) y (3): US Department of Labor, Bureau of Labor Statistics. (1) y (2): BLS "Handbook of Labor Statistics", Bulletin 2070, 7980, Washington, DC, Gobernment Printing Office. (3) y (4): BLS "Monthly Labor Review", Mayo 1947. El año 1933 dividió aguas en el comportamiento y organización de la clase obrera norteamericana. Se iniciaron luchas que, aunque con diversa suerte, tendían todas hacia la consumación de una organización sindical a escala nunca antes vista en la historia de los Estados Unidos de América. Este movimiento se desarrolló en tres oleadas y fue el marco de la aparición de varios partidos políticos, grupos y tendencias que en la vida política de la clase obrera tomó la forma de un tremendo impulso para poner fin a su atomización. El inicio del gobierno de Franklin D. Roosevelt (1933) fue el escenario de la primera oleada de huelgas. El país lentamente reavivaba su economía industrial luego de la hecatombe de la Depresión del ´30. Esta nueva situación le otorgaba a la clase obrera la confianza en sí misma que había perdido en los años pasados de inestabilidad laboral y altas tasas de desocupación. Esta nueva actitud frente al poder patronal y a la lucha por las reivindicaciones propias de clase, sin embargo, si bien derivó en un principio de agrupamiento de fuerzas y en huelgas de considerable magnitud, dio pasos de corto alcance en la vía de la organización. Los canales tradicionales de negociación entre las partes en disputa sufrieron un importante cambio estratégico durante la Administración Roosevelt. Los resabios de la Depresión del ´30 y los conflictos que se sucedieron desde 1933 pusieron al gobierno y a sus instituciones en el centro mismo de cada situación. La vieja usanza de los obreros en lucha de negociar directamente con sus patrones dejó de ser la regla; en su lugar agencias especiales del Ministerio de Trabajo (National Labor Board) actuaban ahora como intermediarios en las negociaciones. Esto representaba un escollo difícil de sortear por aquel obrero que no tuviese una conciencia clasista capaz de desentrañar la política patronal de los mediadores. Más aún teniendo en cuenta la imagen que el gobierno de F. D. Roosevelt se esforzaba (demagógicamente) en dar: amigo del trabajador y defensor de los derechos del pueblo. El carecer de una adecuada dirección clasista que le diese suficiente empuje a los conflictos y que pudiese advertir y preparar a los obreros para no caer en las presiones y juegos de este sistema de "mediación" gubernamental, sumado a una brutal represión, permitió que se consiguiera acallar a los trabajadores en la mayoría de las luchas de esta primera oleada. Fue la situación internacional, más concretamente lo ocurrido en Alemania, lo que provocó el vuelco del tenor político del período. En las últimas elecciones de ese país los socialdemócratas y el Partido Comunista (PC, que respondía a Stalin) habían sacado juntos más de 12.000.000 de votos. Esta fuerza electoral habría podido corresponderse con una fuerza política capaz de vencer al nacionalsocialismo (Adolf Hitler) si hubiera existido la intención política de unir en la acción al proletariado alemán. En vez de eso, la clase obrera fue disgregada y, por ello, vencida rápidamente. León Trotsky había denunciado esa posibilidad mucho antes de que efectivamente ocurriera. Una vez ocurrido mucha gente empezó a pensar sobre cada cosa que Trotsky había dicho y hecho al respecto. El rumbo político seguido bajo este contexto por el todavía muy pequeño grupo trotskista, fue dar un giro hacia el trabajo de masas. La organización trotskista de EE.UU. había sido empujada, en sus primeros 5 años de existencia, al aislamiento y al ostracismo, debido al estancamiento general del movimiento obrero y al completo dominio de todos los movimientos radicales por el PC. Los trotskistas ya para ese momento tenían definido un programa, pero las acciones que se deben seguir para llevar adelante un programa no dependen exclusivamente del deseo o la voluntad del partido sino que están determinadas por las circunstancias objetivas y las posibilidades inherentes a esas circunstancias. Lo ocurrido en Alemania inició un movimiento de alejamiento en relación del Komitern de parte de los trabajadores más avanzados y críticos. El resultado fue que tanto en el sector más radical del movimiento obrero como en su propia periferia, el PC perdía autoridad frente a los trotskistas. Se daba un desarrollo de movimientos independientes con una inclinación radical, compuestos por obreros y algunos intelectuales ex PC aún no atraídos por la socialdemocracia. A su vez, esta última lidiaba en su interior con una tendencia revolucionaria de sus integrantes más jóvenes y proletarios. La situación objetiva en la que el grupo trotskista venía trabajando sufrió un quiebre. Y ese quiebre dictaminó el fin de la política de propaganda (cuya definición es, según Plejanov, difundir muchas ideas fundamentales a las pocas personas que conforman la vanguardia) y el comienzo de una práctica de agitación (cuyo significado es, según el mismo autor, la difusión de unas pocas ideas o de una sola a mucha gente, a las masas). Esta agitación estuvo dirigida hacia todo trabajador radicalizado, con o sin afiliación política o experiencia. El interés por los eventos alemanes y la cobertura de los hechos, junto a un análisis de los mismos, que se editaban en los materiales trotskistas, hicieron de esta agrupación un foco de atención de la clase obrera. La política que se dio la Liga Comunista de América (Comunist League) – Oposición de Izquierda (como se llamó el grupo trotskista de EE.UU. desde 1929 hasta 1934) fue la de propiciar el debate con todo el movimiento de masas organizado o no, en estas corrientes y grupos, con el fin de formar un nuevo partido revolucionario y una nueva Internacional. El ángulo sindical de esta política era que, pese al gran conservadurismo y corrupción de la AFL -principal corriente sindical del momento-, el movimiento trotskista no debía separarse de esta central del sindicalismo norteamericano y no debía establecer sindicatos propios, ideales y artificiales que estuviesen aislados de las masas. Sin hacer del sindicato un fetiche, o sea sin considerar a los sindicatos como fines en sí mismos, sino viéndolos como la organización más potente de la clase obrera, llevaban adelante una lucha programática hacia un partido político revolucionario único. La tarea a seguir era penetrar en el movimiento obrero tal como era y tratar de influenciarlo desde adentro. Este cambio de la situación objetiva del movimiento obrero se dejó ver muy claramente en la convención de la AFL convocada en octubre de 1933. Registró un enorme crecimiento en la cantidad de miembros como resultado de la nueva ola de resistencia obrera bajo una organización espontánea fuera del carril de la burocracia estática. A fines de 1933, la Liga Comunista de América – Oposición de Izquierda tuvo la oportunidad de conducir un conflicto. Los trabajadores de hoteles de Nueva York, quienes desde hacía años venían sufriendo muy duras condiciones de trabajo sin respuesta por parte de su sindicato, se reorganizaron al calor de este reavivamiento sindical. La Liga estuvo presente desde el comienzo en esta lucha, influenciando su desarrollo y obteniendo su dirección. Y aunque no se logró un éxito en este conflicto, sí se aprendió mucho de la experiencia, y antes de que pasase la huelga hotelera, empezaron conflictos en Minneapolis y una huelga de los obreros del carbón. A su vez, la primavera de 1934 fue el marco inicial de las negociaciones formales para la fusión de la Liga Comunista de América – Oposición de Izquierda con el Partido de los Trabajadores Americanos (American Workers Party, AWP); y fue escenario de la apertura de los debates con otras corrientes expulsadas del Partido Comunista. Llegado 1934 se desarrolló la que sería la segunda oleada de huelgas. Su comienzo se podría ubicar en la misma primavera de 1934, con la huelga de Auto-Lite en Toledo. Con una dirección de corte musteísta (Muste, dirigente del AWP), en ella se inauguraron métodos de lucha y tácticas organizativas nuevas: una Liga de Desocupados (Unemployed League) dirigida por elementos militantes le confirió al conflicto un enorme poder organizativo. Una red de comités sindicales de corte nacionalista, Conferencia por una Acción Obrera (Conference for Progressive Labor Action, CPLA), había creado el Comité Provisional para la Formación del AWP. Este comité, por medio de la Liga de Desocupados, dirigió la huelga. Luego vinieron las "Grandes Huelgas de Minneapolis" con una fuerza en su organización y métodos aún mayor. Estas fueron las que le dieron al trotskismo norteamericano la oportunidad de dar la prueba final en el movimiento de masas. El rumbo que tomó el conflicto no fue producto de un plan preconcebido sino que se comenzó la actividad en aquellos lugares donde las condiciones objetivas lo permitieron. En Minneapolis existía un grupo de viejos comunistas (ahora trotskistas) con gran experiencia sindical y por ello reconocidos, que en tiempos de la depresión habían trabajado juntos en las minas de carbón. La oportunidad abierta en 1934 fue decisiva. El 7 de febrero de 1934 la huelga logró parar, en sólo 3 horas, 75 ó 77 depósitos. Con De Boer a la cabeza se introdujo una táctica novedosa: patrullas de piquetes de huelga en automóvil recorrían la ciudad yendo a donde fuese necesario. La demanda invernal de carbón favoreció a los huelguistas presionando a la patronal, al punto de conseguir la victoria dos días después de estallada la huelga. En este contexto de luchas cercanas airosas y teniendo en cuenta que el trabajo de la industria del transporte se regía bajo una gran explotación, sin sindicato que protegiera a sus trabajadores, era cuestión de tiempo que éstos colocaran su atención y expectativas en la principal corriente sindical del momento, la AFL. Y así lo hicieron, el Local 574 del sindicato de camioneros sumaba ya 3.000 miembros, para el mes de abril. El otro hecho fortuito que ayudó a que los trotskistas pudieran estar en los lugares claves de este desarrollo de una organización sindical clasista fue que a la cabeza del Local 574 de camioneros (Teamster) y del Sindicato Unido de Camioneros (Teamster Joint Union), en Minneapolis, estaba un hombre, Bill Brown, que "tenía un instinto de clase y estaba fuertemente atraído por la idea de obtener la cooperación de algunas personas que supieran cómo organizar a los obreros y darles a los patrones una pelea real" (6). Bill Brown hizo mucho para que las puertas del sindicato se abrieran a los trotskistas, pese a que la mayoría habían sido expulsados en la "purga roja" de 1926-27. Asimismo, la confianza de los trabajadores hacia los trotskistas fue una presión que los sindicalistas sintieron, junto a la debilidad del movimiento sindical en Minneapolis y el sentimiento de los miembros del sindicato de que se necesitaba un factor dinámico. Todos estos factores ayudaron a que se los volviera a admitir a través del Sindicato de Camioneros (Teamster Union), especialmente en el Local 574. Es de destacar que en Minneapolis estaba presente una agrupación de patrones, Alianza de Ciudadanos (Citizens Alliance), que durante veinte años había impedido el crecimiento de los sindicatos y se había impuesto en los conflictos. No obstante, en marzo de 1934, el renacimiento de la organización sindical llevó a Minneapolis a una huelga general que hizo virar la relación de fuerzas dentro de la ciudad. El Local 574 (con 5.000 miembros) emprendió los preparativos de la huelga general contactándose con la organización de desocupados de la ciudad y la Asociación Rural (Farm Holiday Association), aliados del Partido Obrero Campesino de Minnesota (Minnesota Farm Labor Party). El acuerdo era de apoyo activo a la huelga general. El 15 de mayo el Local 574 (ahora con 6.000 afiliados) votó iniciar la huelga demandando el reconocimiento del sindicato de camioneros, el derecho a la elección de representantes propios y un incremento de sueldo. Se pusieron en pie "piquetes sobre ruedas", se instaló en un garaje un hospital para los huelguistas heridos (evitando que al tener que ir indefectiblemente a un hospital común fueran apresados por la policía), y se erigió un cuartel general de operaciones con un comité de huelga. Por iniciativa de Carl Skoglund y tomando el ejemplo de los Mineros Progresistas de América (Progressive Miners of America), se organizó una comisión de apoyo de mujeres. A su vez, la Liga Comunista de América destinó un abogado militante de la misma (Albert Goldman) para apoyo y asesoramiento legal. El lunes 21 de mayo tuvo lugar uno de los más feroces enfrentamientos entre los huelguistas y la policía antimotín, denominado "La batalla de la corrida de los Comisarios" o "La batalla del mercado", en la zona del mercado central. Los piqueteros participantes fueron 600, aproximadamente 30 policías tuvieron que ser hospitalizados y no hubo ningún arresto. Al día siguiente la batalla continuó con la participación de 20.000 huelguistas y la emisión en vivo de una radio local. El paro de camiones fue absoluto y pese a que ocurrieron dos muertes (una fue la del líder de la Alianza de Ciudadanos, C. Arthur Lyman), la policía seguía incapacitada de efectuar arrestos al no poseer el control de la ciudad. El 25 de mayo se llegó a un acuerdo con la patronal que abarcaba todas las reivindicaciones obreras, el cual no obstante nunca fue cumplido. Un dato de esto es que entre mayo y julio se registraron 700 casos de discriminación. El 16 de julio estalló una segunda huelga. En esta oportunidad la organización de la misma incluía la publicación del primer periódico obrero como principal cronista: El organizador diario ("The Daily Organizer"). El cese de actividad de los camiones fue total hasta el viernes 20 de julio. Ese día la policía reprimió con armas de fuego a un piquete de obreros desarmados hiriendo a 17 de ellos, 2 de los cuales murieron (John Belor y Henry Ness). Un hecho significativo acerca del apoyo de la población de Minneapolis a la huelga es que al funeral del obrero Ness, el 27 de julio, asistieron 100.000 personas. El 26 de julio, el gobernador Floyd Olson (un ex obrero rural perteneciente al Partido Obrero Campesino; Farmer Labor Party) decretó la Ley Marcial prohibiendo la libre circulación de camiones y movilizó hacia Minneapolis a 4.000 gendarmes nacionales. Aunque para el 14 de agosto había miles de camiones circulando con permiso militar, y aunque la huelga había sido debilitada por la imposición de la Ley Marcial, por las presiones económicas sobre los huelguistas, por los arrestos de los dirigentes obreros y por los allanamientos a los locales sindicales, la huelga continuó. El 21 de agosto se llegó a la negociación final: la mediación federal dio curso legal a la propuesta de A. W. Strong (dirigente de la Asociación de Ciudadanos) de incorporar las principales reivindicaciones del sindicato. La huelga había durado cinco semanas. En las huelgas anteriores el activismo de la base obrera había sido restringido desde arriba; en las "Grandes Huelgas de Minneapolis" la base no fue limitada desde arriba sino organizada y dirigida desde arriba siguiendo una política clasista. En esta política clasista se centraba la diferencia sustancial de estas huelgas con respecto a todas las anteriores. La dirección de las "Grandes Huelgas de Minneapolis" no confiaba en la administración Roosevelt y todo lo que hacía y decía era pensado en términos de lucha de clases y en la fuerza de la clase obrera operando en masa. Así supieron planificar una verdadera estrategia de lucha, organizando a los trabajadores con sumo detalle y anteponiéndose a los obstáculos y dificultades que pudieran aparecer a medida que el conflicto recrudecía. En cuanto a las discusiones para formar un único partido revolucionario, la Liga Comunista de América decidió apurar el debate con el AWP. La unificación llegó en diciembre, bajo el nombre de Partido de los Trabajadores (Workers Party, WP). Esta fusión generó un sentimiento optimista en el movimiento obrero radical: el hecho de que un proceso de unificación había empezado, dando fin al largo período anterior de desintegración y rupturas. Simultáneamente, sucedían cambios importantes en el interior del Partido Socialista (PS). Una nueva camada de trabajadores jóvenes que no habían vivido la experiencia de la Primera Guerra Mundial, se estaban concentrando en un Ala Izquierda. La existencia de este sector de izquierda hacía del PS un punto de referencia de aquellos trabajadores radicalizados sin afiliación partidaria y de aquellos otros que, habiendo participado en los conflictos pasados, habían desistido del movimiento político y ahora querían volver. El naciente WP caracterizó, luego de acalorados debates internos finalizados en un plenario del Comité Nacional en junio de 1935, que quedar aislados de ese proceso era cometer un crimen político. Brevemente, el programa votado en ese plenario fue: prestar más atención al Ala Izquierda y a todos los procesos del PS. La propuesta no era entrar al PS (lo que, por otra parte, en ese momento habría sido imposible, ya que su Ala Derecha todavía detentaba el control) sino fomentar contactos y ver cómo se desarrollaba la situación dentro del PS. En diciembre de 1935 y por propia iniciativa al encontrarse en minoría, el Ala Derecha del PS se escindió y le propició la oportunidad al WP de establecer contacto directo con la pujante Ala Izquierda. Este contacto tuvo sus frutos en junio de 1936, con la entrada del WP al PS. La oposición reinante entre los trotskistas del Local 574 de camioneros de Minneapolis, y el presidente de la IBT, Daniel Tobin, hizo eclosión por primera vez en mayo de 1935, cuando este último, en un intento de anular la influencia trotskista en el sindicato, creó una nueva seccional, el Local 500. Ni los camioneros ni prácticamente todo el movimiento sindical de la ciudad aceptaron esta jugada, y Tobin se vio obligado en agosto de 1936 a fusionar ambas seccionales en una sola, el Local 544, con una fuerte presencia trotskista. Farrel Dobbs, militante trotskista e importante dirigente sindical del Local 544, respaldándose en dicha seccional y en el Consejo Unido de los Camioneros de Minneapolis (Minneapolis Joint Council of the Teamsters), encaró entre 1935 y 1940 una campaña de sindicalización de los choferes de mediana y larga distancia, los cuales venían siendo ignorados por la IBT. Vinculándose a camioneros de Dakota, Iowa, Minnesota, Wisconsin y Michigan, formó el Consejo de los Choferes del Distrito Norte Central (North Central District Drivers Council). Esta organización, posteriormente bautizada Consejo de los Choferes de los Estados Centrales (Central States Drivers Council), sentó las bases de las negociaciones regionales. Frente al rechazo por parte de los empresarios de tales bases, Dobbs acordó con la seccional Chicago de la IBT (centro del transporte del Medio Oeste) no manejar los camiones de aquellas empresas que rechazasen las negociaciones colectivas regionales. La estrategia resultó un éxito, produciendo un incremento en la cantidad de afiliados a la IBT entre 1936 y 1937 de 125.000 (por lo que el total alcanzaba una cifra superior al millón), y con una cobertura de once estados. Farrel Dobbs asumió el 1° de mayo de 1939 el cargo de Organizador General de la IBT, en el que estuvo hasta su renuncia en diciembre de 1939. Los años 1936-1937 fueron los de la tercera oleada, en la que se constituye un movimiento aún más poderoso que los anteriores. Su punto de máxima expresión clasista fue la huelga de brazos caídos y piquetes masivos en las ramas automotriz, eléctrica, neumática y marítima, y el surgimiento de la federación de Sindicatos Industriales en oposición a la de Oficios: el Comité para la Organización Industrial (de 1935-38; Congreso de Organizaciones Industriales de 1938 a 1955, Congress of Industrial Organization, CIO). Originada de una escisión de la AFL por parte de la Unión de Obreros Mineros (United Miners Workers, UMW), la CIO organizó a las enormes industrias del acero y del automóvil, alrededor de la aplicación práctica de la huelga de brazos caídos. Al unir a trabajadores calificados y no calificados, nativos y extranjeros, estas huelgas crearon una solidaridad de clase mucho mayor que la existente hasta el momento, y lograron victorias por primera vez en lugares como General Motors, U.S. Steel, General Electric y Chrysler. Su primer paso fue dado en la industria del neumático (Goodyear) en 1936, al que le siguió el paro de los trabajadores de General Motors en el invierno de 1937 y, por último, durante la primavera de ese mismo año, 477 huelgas con un total de 400.000 huelguistas. Fuente: "El estéril matrimonio entre los sindicatos norteamericanos y el Partido Demócrata", Mike David, pág. 85, cita 36: "The CIO Challenge to the AFL", Walter Galenson, Cambridge, Mass., 1960, pág. 587; en "Estados Unidos. Perspectiva Latinoamericana, N° 11, México: CIDE, 1° semestre de 1982, págs. 65 a 112. En el orden mundial, el año 1936 se inició con grandes eventos: en Francia se desarrollaba una tremenda huelga de brazos caídos; en España la Guerra Civil estaba a punto de estallar (julio); y en Rusia los Juicios de Moscú (agosto) sacudirían al mundo entero, así como la defensa de Trotsky que la sección norteamericana de la IV Internacional junto a grupos trotskistas de otros países pudieron organizar y divulgar. No era exagerado decir que a nivel mundial la revolución se hacía posible. Dentro del PS norteamericano la contrapartida de estos eventos era que la misma situación nacional e internacional llevaba a los activistas socialistas al debate con sus compañeros trotskistas, dando lugar en el invierno de 1937, a una nueva Ala Izquierda. Su diferencia con la anterior era que ésta sí estaba reunida sobre la base de un programa definido y revolucionario. Un creciente interés político y una constante actividad de masas le permitieron al grupo trotskista, a sólo un año de haber entrado al PS, incrementar sus fuerzas a más del doble. Las diferencias políticas entre esta nueva Ala Izquierda y el resto del partido no se hicieron esperar, y en 1937 el Comité Nacional del PS procedió a aplicar una serie de expulsiones. Entre los últimos días de 1937 y el 1° de enero de 1938 los trotskistas organizaron en Chicago una convención de ramas expulsadas, dándole su forma última a los resultados de un año y medio de experiencia en el PS. Estos resultados fueron un gran crecimiento en la cantidad de militantes (se llegó a 1.200 miembros), un empuje en el trabajo sindical (que incluyó un importante proceso de proletarización), una exitosa campaña de defensa de Trotsky frente a los Juicios de Moscú, el lograr que el PS dejase de ser el referente político del movimiento obrero radical, y la fundación del Partido Socialista de los Trabajadores (Socialist Workers Party, SWP). Fuente: "El capital monopolista. Ensayo sobre el orden económico y social de Estados Unidos", Paul Baran y Paul Sweezy, México, Siglo XXI, 1965, pág. 184, cuadro 10: "Historical Statistics of The United States", pág. 73. Por su parte, la economía nacional sufría un revés. La recuperación de la Depresión del ´30 había logrado en julio de 1937 el desempleo más bajo desde la década de 1920, 5.000.000 de parados, en enero de 1938 el desempleo volvía a alcanzar la estrepitosa cifra de 11.000.000. Las nuevas medidas de la política de F. D. Roosevelt (el Segundo New Deal) no aliviaron la situación. La desocupación masiva se mantuvo hasta 1939/1941, y lo que en última instancia salvó efectivamente a la economía norteamericana fue la guerra. Esta "salvación" fue incluso explotada por el mismo Roosevelt, al bautizar a los Estados Unidos de América como el "Gran Arsenal de la Democracia" y de esa forma enfatizar el proceso de recuperación económica por medio de la acción bélica. Lo cierto era que EE.UU. ambicionaba el mercado asiático, el cual desde enero de 1932, con el ataque nipón a Shangai, estaba perdiendo a manos de Japón. Desde entonces, Japón había iniciado una carrera de ascenso militar-económico-político en el Extremo Oriente: en septiembre de 1932 estableció un gobierno títere en Manchuria; en 1933 abandonó la Liga de las Naciones; en 1937 atacó el interior de China; en septiembre de 1938, coexistiendo con la Crisis de Munich, se apoderó de Hankow y Cantón. En definitiva, y pese a que los países de Occidente aún no la llamaban con su célebre nombre, la Segunda Guerra Mundial ya había comenzado. Y esta guerra encontró a la clase obrera norteamericana establecida con firmeza en el seno de la sociedad. Conforme la producción industrial se reavivaba bajo el estímulo de la concesión de créditos (Lenlease) y el rearme, los obreros organizados en la CIO iniciaron una huelga por un aumento de salarios (la primer alza desde 1937), en reto directo a Roosevelt y al Comité de Mediación de la Defensa. A la cabeza estaban los mineros, y su sindicato sentó el precedente de taller cerrado ("closed shop", sólo obreros sindicalizados) y la eliminación de las diferencias tradicionales de salarios en el Sur. Motivados por esto, los trabajadores de las industrias de talleres abiertos comenzaron a sumarse a las campañas organizativas de la CIO. Ford y Bethlehem, los más importantes patrones anti-CIO, cedieron en la primavera de 1940 ante las demandas del sindicato automotriz y el comité para la organización de los trabajadores del acero. Los piquetes de masas, las escuadras móviles y el bloqueo por medio de montañas de coches, volvieron a ser los métodos de lucha, en especial en la huelga de la Ford. Aunque la represión iba en aumento, el clima general del verano-otoño de 1941 tuvo un impulso que recordaba al "espíritu del ´37". En Minneapolis específicamente, y a consecuencia de la seguidilla de huelgas y de la participación de los trotskistas en éstas, y en el movimiento obrero en general, el SWP era un partido fuerte dentro del espectro de la izquierda: su candidata al Senado, Grace Carlson, obtuvo más votos que la suma de los candidatos del Partido Comunista (Earl Browder) y del Partido Socialista (Norman Thomas). A principios de 1941, Daniel Tobin retomó sus intentos de desplazar a los trotskistas de la IBT. Esta vez apoyado desde el gobierno, en una persecución no sólo a los líderes de los camioneros sino también a las principales figuras del SWP. En abril de 1941 un subcomité del Consejo General Ejecutivo (General Executive Board), conducido por el Secretario Tesorero John Gillespie, inició en Chicago una investigación de los dirigentes del Local 544 en orden de detectar comunistas, extranjeros y desempeños negligentes e ineficaces. Ni el centrarse en el Local 544 ni el hacer semejantes acusaciones eran cosas fortuitas, ya que para nadie era un secreto la afiliación política de las personas a los que se estaba investigando. A los dos meses de investigación, el Consejo General Ejecutivo caracterizó al SWP como un partido subversivo, por lo que ordenaba a los dirigentes de la IBT desafiliarse de él. Sin embargo, la persecución política no se limitó a ello y el Consejo también decretó que el Local 544 debía ser intervenido por alguien nombrado por el presidente del sindicato, Tobin. El Local 544 se reunió en asamblea el 9 de junio (de 1941) y votó separarse de la IBT y unirse a la CIO. Denny Lewis, líder del Comité Organizador de los Trabajadores Unidos de la Construcción (United Construction Workers Organizing Committee) de la CIO y hermano de John L. Lewis, su presidente, telegrafió al Local 544 lo siguiente: "Estamos felices de afiliar un sindicato local de conductores de camiones y ayudarlos en el área de Minnesota… Nosotros consideramos esta movida como el primer paso hacia una completa organización de los camioneros de los Estados Unidos dentro de la CIO" (7). La CIO estableció el Sindicato del Transporte Automotor y Obreros Industriales Aliados (Motor Transport and Allied Workers Industrial Union), envió gente en apoyo al Local 544 e inició desde sus centros de Flint y Pontiac (Michigan) actividades tendientes a organizar a los camioneros. En los últimos días de septiembre de 1941, el Ministerio de Trabajo de Minnesota (Minnesota Department of Labor) certificó al Local 544 de la AFL como el agente legal de representación de los camioneros en las negociaciones en Minneapolis, pese a que poseía una menor cantidad de afiliados que el Local 544 de la CIO. Desde principios de la Segunda Guerra Mundial y mientras ésta duró, el esfuerzo mayor de los militantes del SWP estuvo volcado a la organización de la clase obrera. Sus puntos de mayor fuerza eran el sindicato Trabajadores Unidos del Automotor (United Automobile Workers), los trabajadores marítimos de la costa del Océano Pacífico con epicentro en el Sindicato de Marineros del Pacífico (Sailors Union of the Pacific), los camioneros de Minneapolis nucleados en el Local 544 y prácticamente todo el movimiento sindical de esa ciudad. En el período que analizamos, la política del SWP seguía tres rumbos principales: en primer lugar, denunciaba que era el propio sistema capitalista el que se oponía a la democracia (y en este sentido era el propio sistema capitalista el que recurría a las guerras como un método de superación de sus crisis económicas; y aunque el partido no dejaba de ver en el fascismo y el nazismo algo absolutamente nefasto para la humanidad entera, los consideraba una forma de superación de las crisis del sistema y, por ende, parte integrante del mismo). "El fascismo es otro de los signos que inevitablemente aparecen en cada sociedad capitalista cuando alcanza su período de decadencia y crisis, y ya no le es posible conservar por más tiempo el equilibrio de la sociedad sobre la base del parlamentarismo democrático, que ha sido la forma de gobierno del capitalismo durante sus días de auge." (8). A su vez, proclamaba la defensa de la libertad, pero entendiendo a ésta dentro de una conceptualización clasista. Acusaba al gobierno de los Estados Unidos de América de considerar a la libertad como algo condicional, "… dependiendo en qué forma la actividad de un individuo, una organización o un partido político afecte los intereses del gobierno y de la clase capitalista en general" (9). Denunciaba que la democracia y la libertad política existen para los capitalistas y sus partidos políticos, mientras que se las limita o se las niega a las organizaciones y a los partidos de la clase obrera. Concluía que los derechos democráticos bajo la dictadura del proletariado existirían en su máxima expresión, ya que es una dictadura de una clase que es mayoría, y en concordancia con ello, define a la revolución social del proletariado como un movimiento de la inmensa mayoría en interés de la inmensa mayoría. Y por último pero no por eso menos importante, sostenía que la solución de los problemas de las diversas minorías radicaba en la unidad entre todas ellas y la clase obrera bajo un programa revolucionario y, consecuentemente, militaba por esa unidad. El documento del SWP sobre "Las Resoluciones de la Convención de New York acerca del Derecho a la Auto-determinación y los Negros en los Estados Unidos de América" ubica a las luchas raciales dentro del marco de la lucha de clases, y proclama que el desarrollo de las fuerzas productivas para beneficio de todos que se daría en el socialismo demuestra que las luchas raciales son un invento del capitalismo para sacar ventaja de la explotación del hombre por el hombre. Asimismo, las opiniones de uno de los máximos dirigentes del partido, Max Shachtman, iban en la misma dirección al referirse a que "…millones de obreros norteamericanos y campesinos pobres sufren bajo el mismo sistema que los afroamericanos. Todo el movimiento obrero norteamericano está inseparablemente conectado con la posición e intereses de los millones de negros…" (10). Conclusión: Juicio a las ideas Pese a no haber tenido nunca el SWP más de 2.000 miembros, su influencia en la clase obrera y en los movimientos radicales fue en ocasiones mucho más allá que su fuerza numérica militante. En Minneapolis era especialmente lo suficientemente notable para justificar semejante campaña judicial en su contra como para, en palabras vulgares pero no por eso menos precisas, "sacarlos del juego". El "Juicio de Minneapolis" fue un proceso legal armado a la medida de las necesidades del presidente de la IBT, Daniel Tobin, como forma de pago de las deudas políticas que el presidente de la Nación, Franklin Delano Roosevelt, tenía con el sindicalista. Tobin había encabezado la campaña del Partido Demócrata de organizar al movimiento obrero en apoyo a la tercera reelección de Roosevelt, en 1940. Y, más allá aun, apoyó fuertemente la política de Roosevelt de ayuda a Gran Bretaña en los meses posteriores al ataque japonés a la base naval y aérea estadounidense de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941 (ataque que preparó la entrada a la guerra de los Estados Unidos de América). La Asociación de las Libertades Civiles Americanas (American Civil Liberties Union, ACLU) publicó una declaración acerca de la sentencia del Juicio de Minneapolis específicamente diseñada para ayudar a Tobin. Este y Roosevelt mantenían comunicaciones acerca de la lucha del Local 544 en las que Tobin la describía como "una lamentable y peligrosa situación en la que mientras el país se encontraba en medio de una riesgosa situación, esos alborotadores que creen en la política de gobiernos extranjeros y radicales deben ser aleccionados; a lo que Roosevelt acordó que los disturbios jurisdiccionales no son deseables" (11). En definitiva, en el sindicato de camioneros y desde tan temprano como 1935, el presidente de la IBT, Daniel Tobin, había iniciado múltiples campañas para anular la influencia trotskista. Sin embargo, sus esfuerzos recién alcanzaron el éxito en 1941, cuando a sus intentos se le sumó el gobierno federal (persecución sindical y política, deportaciones, Juicio de Minneapolis, entorpecimiento en la edición y hasta proscripción del periódico semanal El militante – "The militant" y la revista teórica del SWP, Cuarta Internacional – "Fourth International", etc.). El hilo conductor de todo esto era sólo uno: romper la capacidad de resistencia organizada bajo la influencia trotskista de los trabajadores de Minneapolis. Notas: 1. Robert J. Alexander, "International Trotskyism 1929-1985, a documented analysis of the movement", Duke University Press, Durham and London, 1991, pág. 821, cita N° 28. 2. Idem. 3. Idem. 4. James P. Cannon, "Wall Street enjuicia al socialismo", segunda edición en castellano, Pathfinder Press, New York – EE.UU., 1981, Introducción, pág. 2. 5. Idem, Introducción, pág. 3. 6. James P. Cannon, "La historia del Trotskismo norteamericano: Desde sus orígenes (1928) hasta la fundación del SWP, Socialist Workers Party (Partido Socialista de los Trabajadores) (1938). Reportaje a un protagonista", Ediciones Rebelión (material de circulación interna para los afiliados al Partido de Trabajadores por el Socialismo), pág. 61. 7. Robert J. Alexander, op. cit., pág. 820, cita 26: "Hoffa and the temasters: a study of union power", Ralph C. James and Stelle Dinerstein James, T. Van Nostrand Company Inc., Princeton, 1965, pág. 105. 8. James P. Cannon, "Wall Street enjuicia al socialismo", op. cit., Introducción, pág. 33. 9. Idem, Introducción, pág. 6. 10. Max Shachtman and his left. A socialist´s odyssey through the "American Century", Peter Drucker, Humanities Press, New Jersey, EE.UU., 1994, págs. 58-59. 11. Robert J. Alexander, op. cit., pág. 823.