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En Defensa del Marxismo N° 28

1 de diciembre de 2000 · 18 notas

Notas de este número

1 de diciembre de 2000
La Reunión Internacional de Buenos Aires por la Refundación de la IV Internacional
Colectivo Editorial de Prensa Obrera

Las organizaciones reunidas en Buenos Aires realizaron su quinta reunión internacional en condiciones que confirman la base política que dio lugar, en 1997, a su iniciativa de refundar la IV Internacional para dotar a la vanguardia obrera mundial de una orientación marxista revolucionaria frente al agravamiento de la crisis mundial. La IV Internacional, basada en el método de las reivindicaciones transitorias, es el instrumento indispensable para que la clase obrera supere su crisis de dirección e imponga un desenlace socialista, el único históricamente progresivo, a la crisis en curso. En la crisis actual, se verifica la bancarrota de la concepción "gradualista", prevaleciente en los más diversos sectores de la izquierda de diferentes países, que aprecian las tendencias del capitalismo de un modo lineal, constatando sus tendencias reaccionarias pero sin concebirlas como un proceso de contradicciones cada vez más explosivas (en las palabras de Marx, "el capitalismo es la contradicción en proceso"), excluyendo, por lo tanto, transformaciones de cantidad en calidad, es decir, rompiendo la conexión entre la descomposición del capitalismo y la tendencia al surgimiento de situaciones revolucionarias. La manifestación cada vez más abierta de las contradicciones del capitalismo, en el cuadro de su crisis histórica, obliga a los trabajadores a adoptar una posición revolucionaria, es decir, a tomar conciencia de esa tendencia a las crisis políticas profundas, a la polarización política y a la acción histórica excepcional de la clase obrera. La IV Internacional, por su programa y tradición, ha probado ser el instrumento histórico más consecuente y más conciente para preparar, desarrollar y conseguir la victoria de la revolución proletaria: refundarla de inmediato es la obligación primera de todo militante u organización obrera consciente de los deberes y tareas que emergen del presente período político. Alcance de la crisis mundial El derrumbe generalizado de las Bolsas de los principales países, en los últimos tres meses, ha puesto en evidencia el límite alcanzado por la recuperación de la llamada crisis asiática, que debutara en Tailandia a mediados de 1997 y culminó con la devaluación brasileña de los primeros meses de 1999. Es que la cadena de devaluaciones monetarias que provocó la crisis en Asia sólo ha servido para acentuar la competencia internacional y para poner de manifiesto el enorme capital excedente que, a nivel mundial, tira hacia abajo la tasa de beneficio del capital, esto a pesar de la reducción de los salarios, del alargamiento e intensificación de la jornada laboral, de la racionalización de los métodos de producción aplicados en las principales ramas industriales y también a pesar de las grandes fusiones capitalistas, es decir de una mayor centralización del capital. El principal motivo del fracaso de las llamadas fusiones y adquisiciones de empresas obedece a que fueron por sobre todo operaciones dirigidas a la obtención de ganancias financieras y a que sólo marginalmente afectaron a la industria, toda vez que la mayor parte de ellas involucró a los grandes grupos económicos de servicios y financieros. La acentuación de la competencia capitalista internacional provocada por las devaluaciones asiáticas ha frustrado las expectativas de que la racionalización productiva protagonizada por el capitalismo norteamericano pudiera restablecer en términos duraderos el nivel de su tasa de beneficio, así como su nivel internacional. Ha dejado al desnudo, otra vez, el carácter mundial de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia capitalista. El déficit comercial norteamericano alcanza ya la cifra de los 400.000 millones de dólares al año y la sobreoferta de mercancías extranjeras ha comenzado a afectar la rentabilidad de los grandes pulpos de los Estados Unidos. La pretensión de que los Estados Unidos puedan absorber, bajo la forma de importaciones, el conjunto de la sobreoferta mundial de mercancías, lo que supuestamente convertiría al déficit comercial norteamericano en un "factor de estabilización" mundial, se basa en una ilusión: que el dólar sería un patrón monetario universal y no, como efectivamente lo es, un instrumento de combate de la burguesía norteamericana contra sus rivales capitalistas. La necesidad de proteger al dólar, mediante el aumento de las tasas de interés, obliga a la burguesía norteamericana a "dispararse en el pie": la elevación de la tasa aumenta, en la misma proporción, la carga de la deuda pública norteamericana, la mayor en el orden internacional. Esta situación pone un límite a la posibilidad de proseguir con la gigantesca especulación en Wall Street, cebada por una política de emisión monetaria, del 6 al 8% anual en un marco de precios estables, y una reducida tasa de interés. Pero sin esta especulación, el mercado norteamericano se reduciría como cuero a la intemperie, eliminando lo que es en la actualidad el principal mercado para el comercio internacional. Asimismo, como gran parte de esta especulación fue financiada por los capitales ociosos de Asia y de Europa, que son la contrapartida del déficit norteamericano, la acentuación de este déficit provocaría una huida de capitales de Estados Unidos y la devaluación del dólar, lo que a su turno desataría una gran deflación mundial y la posibilidad de un completo dislocamiento del mercado mundial, toda vez que la moneda norteamericana se ha transformado en la única medida (ficticia) de valor del mercado mundial. Esto porque desde la crisis del dólar de 1971, el sistema monetario internacional carece de un ancla fija y reposa en la capacidad del gobierno norteamericano para imponer el orden, en un entrelazamiento de la economía y la política, a nivel mundial. Las pérdidas multimillonarias sufridas por los mayores fondos especulativos, como el Quantum de Soros o el Tiger Management (el segundo en importancia de Estados Unidos), constituyen apenas un anticipo de la perspectiva de derrumbe de la presente crisis. Los especuladores internacionales se han comenzado a realinear a operaciones a la baja en Wall Street, lo que no dejará de afectar la valuación del dólar, porque tal cosa entraña una salida de capitales. Pero incluso con independencia de esto, afectará profundamemente a la sociedad norteamericana, cuyo consumo e inversión están fuertemente condicionados por las ganancias bursátiles, al extremo que las llamadas empresas de Internet no se financian con capital propio sino mediante emisión de acciones; a que las fusiones se realizan, no con dinero, sino mediante intercambio de acciones; y a que el endeudamiento de las familias se aproxima al 150% de sus ingresos y un 50% de ellas tienen inversiones en fondos bursátiles. Quienes habían enterrado, por enésima vez, a la ley del valor a partir de los milagros de la nueva economía, hoy asisten azorados al derrumbe bursátil del 90% de las empresas tecnológicas y al inicio de quiebras en cadena. El valor de las empresas no está determinado por las llamadas expectativas o por preferencias subjetivas, sino por la capitalización de los beneficios, en última instancia a la tasa media del mercado. La tendencia alcista de la tasa de interés norteamericana, para contener el desborde especulativo, que ya es de un 50% desde mediados del 98, cuando fue reducida para rescatar al LTCM y a la decena de bancos que lo sostenían; esta tendencia tendrá un efecto depresivo enorme, no sólo a escala de los Estados Unidos sino especialmente en los países periféricos, que cargan con una deuda externa de proporciones confiscatorias. El capitalismo, tomado en su conjunto, ha llegado hace bastante tiempo a un punto tal de madurez, que el valor, o sea la producción para el cambio y para el beneficio comercial, se ha transformado en una base definitivamente estrecha para desenvolver las fuerzas de producción. Esta es la razón histórica de la falta de salida para la crisis que se arrastra desde hace más de un cuarto de siglo. Asia La perspectiva de la crisis mundial tiene su espejo en Japón, que ha entrado en su duodécimo año de depresión, esto a pesar de una inyección de fondos del Estado en la economía, del orden de los dos billones de dólares, y de una tasa de interés negativa. La alternativa a esta depresión podría haber sido que Japón hubiera permitido la quiebra en gran escala de sus monopolios capitalistas para de este modo eliminar del mercado el capital excedente y restablecer la tasa de beneficio y la motivación de la inversión; pero esto simplemente habría adelantado la depresión mundial. Ahora Japón agrega a su continua sobreacumulación de capital, una virtual quiebra financiera de su Estado, que acumula una deuda de 10 billones de dólares contra un producto interno de 4 billones. Si para rescatar al Estado, Japón repatriara su capital invertido en el exterior, con ello sólo aceleraría el derrumbe financiero en Estados Unidos y Europa. Japón se ha visto obligado a abrir su propio mercado, por la presión en especial de los Estados Unidos, y permitir el desplazamiento de algunos de sus monopolios en beneficio de los norteamericanos, en particular en el sector financiero y de servicios, lo que constituye un duro golpe para su expectativa de jugar un papel decisivo en la competencia mundial. Al mismo tiempo, sin embargo, su reciente decisión de crear un sistema asiático de protección financiera, con el apoyo de Corea del Sur y de China particularmente, demuestra que la crisis acentúa la rivalidad internacional entre Estados Unidos y Japón, y tiende a agravarse, con ello, la inestabilidad de toda Asia. Ninguno de los países golpeados por la crisis del 97/98 ha vuelto a su posición precedente. Tailandia, Indonesia y Filipinas han empeorado y están a las vísperas de un nuevo estallido económico; Corea del Sur ha visto caer la autonomía de sus pulpos autóctonos, en especial los poderosos Hyundai y Daewoo; China enfrenta una quiebra generalizada de sus empresas estatales y una ola de luchas gigantescas contra los despidos que resultan de ella. La crisis de la Unión Europea Uno de los síntomas más poderosos de la tendencia disgregadora del capitalismo mundial lo constituye la continua devaluación del euro, que sin embargo había sido concebido para equilibrar el sistema monetario internacional, o sea para dotarlo de una doble ancla, y para ampliar la base financiera, económica y política de la especulación capitalista. Esa devaluación del euro refleja la pérdida de competitividad de la burguesía europea frente a la fuerte racionalización económica de Estados Unidos, lo que acentúa la dislocación de la Unión Europea, debido a los lazos desiguales que tienen sus países con el mercado internacional. El desequilibrio financiero y monetario internacional está haciendo estragos en Inglaterra, donde la sobrevaluación de la libra, sometida al mismo proceso especulativo del dólar, ha desencadenado una ola de quiebras industriales de las principales firmas internacionales. La noticia de que la Bolsa de Frankfurt va en camino de absorber a la Bolsa de Londres, en lo que se anuncia como la pérdida del último bastión de la burguesía inglesa, anticipa que el balanceo del Reino Unido entre Estados Unidos y Europa, antes de inclinarse hacia algún lado plantea la posibilidad de una gran crisis nacional. Para colmo de males, la burguesía europea teme, más que a la desvalorización de su moneda, a una devaluación del dólar, que iría naturalmente acompañada por una crisis financiera. Esta alternativa haría saltar de inmediato a la mayoría de los frágiles gobiernos centro-izquierdistas y pondría a la orden del día a los gobiernos de unión nacional con un Haider adentro. En Europa, el enorme debilitamiento político sufrido por la derecha en los últimos años, incluidos sus sectores fascistizantes, plantea en algunos países la posibilidad de una acentuación de la tendencia al frente popular, que esta vez contará con el apoyo de los seudo-trotskistas que se han pasado al campo democratizante. Esta dislocación se acentúa, a nivel político, con el veto a la integración de los países del Este, con lo que se les cierra a éstos la única vía de salida que les había ofrecido la propia Unión Europea. La restauración capitalista en el Este de Europa se enfrenta ahora a su mayor crisis, ya que para avanzar hacia la integración al mercado internacional deberá ceder todas sus estructuras, inclusive su limitada autonomía política, admitir un vaciamiento económico y, en el caso de algunos de ellos (Polonia), enfrentar la confiscación en masa de sus agricultores. La decisión de constituir un directorio político europeo comandado por Alemania y Francia, pero en definitiva por la primera, revela que la Unión Europea no son los Estados Unidos de Europa; la UE es un directorio de las burguesías imperialistas más fuertes del continente. La crisis mundial ha vuelto a poner de manifiesto la utopía de los Estados Unidos capitalistas de Europa, así como su carácter reaccionario. La Unión Europea es sinónimo de guerras, de reacción política, de opresión y confiscación de los países atrasados. La crisis de la UE confirma lo que con mucha anticipación señalamos los marxistas: que la Unión Europea no surgía como un terreno para nuevas conquistas democráticas. Se pone así al descubierto todo el charlatanerismo izquierdista, tanto de origen staliniano como seudo-trotskista, de la "Europa de los derechos democráticos". La decisión de las cumbres europeas de Helsinki (Finlandia) y Sintra (Portugal), de constituir un ejército de la Unión Europea, con 50/60 mil soldados, evidencia el creciente apetito militar de los imperialistas europeos. La constitución de un ejército europeo independiente de la Otan, sin embargo, está descartada por el momento. Por eso, el imperialismo norteamericano, a pesar de sus contradicciones con el imperialismo europeo, no pone obstáculos a la formación de esta fuerza, aunque ésta sea la expresión de una potencial crisis militar interimperialista. La intervención militar europea, en áreas externas a la UE, asume un carácter complementario y subordinado a la intervención norteamericana a través de la Otan. Esto es lo que sucedió con la intervención de las tropas italianas contra la revolución albanesa de 1997. La Unión Europea es la Otan en los Balcanes y la plataforma de nuevas guerras. Esta es una conclusión de la mayor importancia que los que luchamos por la IV Internacional debemos llevar a los trabajadores europeos. Frente a la Unión Europea belicista, opresiva y explotadora del gran capital, planteamos la destrucción de la Unión Europea, de sus estados e instituciones, y planteamos la oposición socialista a la Europa de la Otan y a la burguesía imperialista. Nos planteamos la realización de una campaña política europea para impulsar el programa de la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa, del Atlántico a Rusia. Africa: una muestra de la putrefacción capitalista La catástrofe de Africa es claramente una expresión aguda y extrema de la crisis mundial. Así lo demuestra el derrumbe de las monedas de Sudáfrica y Zimbabwe, dos economías consideradas modernas en su sector de exportación. Pero lo mismo vale para todo el continente al sur del Sahara y para Etiopía-Eritrea, cuyas guerras civiles e internacionales no responden sino a una despiadada lucha internacional por la apropiación de minerales y materias primas, determinada por la necesidad de controlar un mercado mundial saturado y por el temor a caídas de precios que pueden provocar la ruina de poderosísimos pulpos internacionales (De Beer, la Anglo). Se ha producido en Africa una verdadera pulverización de sus ficticios aparatos estatales, lo que a su turno ha provocado una verdadera calamidad social de hambrunas y enfermedades. La burguesía mundial querrá poner en la cuenta del atraso de Africa, del cual ella es la principal responsable, lo que no es otra cosa que una manifestación despiadada de su propia crisis mundial y de sus propias tendencias destructivas. El nacionalismo negro de contenido burgués o pequeño burgués, como se ve en la conducta de todos sus líderes, desde Mandela a Kabila, ha sido barrido por la crisis mundial; sólo una vasta alianza independiente desde el proletariado de Sudáfrica, Nigeria y Angola, junto al muy minoritario de otros países y a las masas de desheredados, podrá producir un renacimiento africano, en el marco de una movilización socialista a nivel mundial. América Latina Un verdadero proceso de ruina ha tomado cuenta de los países periféricos. En América Latina, los llamados ajustes exitosos se han simplemente derrumbado; mencionemos a Bolivia y Perú, a los que se añaden Ecuador, Colombia, Paraguay, Argentina y, contra las apariencias, Brasil, cuya deuda externa como porcentaje del producto bruto ha crecido aun más como consecuencia de la devaluación. El incremento de la tasa de interés norteamericana ha liquidado para siempre las posibilidades de las políticas de ajuste deflacionario en América Latina. A pesar del enorme incremento que permitieron en la tasa de explotación de las masas latinoamericanas, esos ajustes no sirvieron en absoluto para abrirles a sus economías y a sus burguesías un espacio en el mercado mundial. Han sido esencialmente un negociado para los grandes pulpos internacionales de servicios. Es decir, que fueron una vía limitada para contrarrestar la tendencia al derrumbe del gran capital internacional en su conjunto. La devaluación brasileña y la dolarización ecuatoriana han sido la manifestación más aguda de esta completa crisis del mal llamado modelo neoliberal. Ahora se encuentran en vías de desenlace las crisis de esas políticas económicas en Argentina, Colombia y Perú, en los tres casos combinadas con crisis políticas que se encuentran en diferentes estadios de desarrollo. De conjunto, la crisis ha comprometido la experiencia del Mercosur, que las burguesías latinoamericanas miraban como una perspectiva de desarrollo continental. Un sector creciente de la burguesía norteamericana quiere obtener una nueva posibilidad de inversiones y de especulación transformando al Mercosur en un apéndice monetario de los Estados Unidos, para lo que impulsa una moneda única del Mercosur bajo un régimen de convertibilidad. Una expresión de la presión que se ejerce en esta dirección lo constituye el reclamo para dolarizar la economía argentina. Pero una dolarización inmediata de Argentina, cuando comienza una política deflacionaria en Estados Unidos y en el medio de una fuerte recesión interna, podría llevar a una crisis de características revolucionarias. Sería una variante, a escala muchísimo más grande, de lo que ocurrió en Ecuador a principios del 2000. La crisis política latinoamericana se agrava al ritmo de la descomposición económica y de las grandes movilizaciones de masas. La insurrección indígena en Ecuador, la "guerra del agua" en Bolivia (dentro de un proceso de sublevación de campesinos y obreros y de la tropa de la policía y el ejército), las ocupaciones de edificios públicos y latifundios por el MST brasileño, las huelgas estudiantiles en México, las movilizaciones campesinas en Paraguay, la crisis política y las movilizaciones contra el fraude en Perú, la abierta descomposición del Estado colombiano, y los cortes de ruta en la Argentina; todo esto es parte de un único proceso continental. En Colombia, las "negociaciones de paz" entre un gobierno que se hunde (no controla la legislatura, ni al ejército, mucho menos a los paramilitares) y la guerrilla son un espejismo que encubre la acelerada preparación de la intervención militar norteamericana. Pero el imperialismo no cuenta, como en el pasado, con la posibilidad de apoyar esa intervención armada en dictaduras militares como las de Onganía o Geisel. El cuadro de libertades democráticas y de organización de las masas latinoamericanas le impone al imperialismo la perspectiva de que una intervención en Colombia provoque crisis políticas generalizadas y levantamientos populares en América Latina. La experiencia democratizante en América Latina en los últimos veinte años se ha dado en el marco de un entreguismo económico sin precedentes, lo cual ha consumido todo el capital político que aún quedaba en los movimientos nacionalistas e incluso izquierdistas, y ha consumido todavía más y a una velocidad impresionante las tentativas pequeño burguesas de remediar ese agotamiento. La experiencia de Chávez, en Venezuela, que para defender el ingreso nacional y poder pagar la deuda externa ha reducido la producción de petróleo, despedido a miles de obreros y desactivado parte del capital estatal en existencia; como las experiencias izquierdistas del Frente Amplio, en Montevideo, o del PT, en Porto Alegre, o del FMLN, en San Salvador, y en general de todas las corrientes que se encuadran en el Foro de San Pablo, que se caracterizan por su servilismo hacia el gran capital y su absoluta incapacidad para satisfacer las más elementales reivindicaciones de las masas; más la del Frepaso en Argentina; todas se consumen, aunque a diferente ritmo, bajo el impacto de la crisis mundial. Asimismo, todas estas experiencias llevan a la misma conclusión de que ninguna tendencia burguesa o pequeño burguesa podrá dar una salida a la crisis histórica en curso; por lo tanto, no podrán bloquear la tendencia a una crisis revolucionaria generalizada, en la que sólo les quedará actuar como bomberos contrarrevolucionarios, que es su única función histórica posible, es decir su función antihistórica inevitable. Frente a la amenaza de la agresión yanqui a Colombia, a la desintegración económica del continente y a las luchas de masas que van del Río Grande a la Tierra del Fuego, llamamos a una campaña de movilización continental contra la intervención imperialista. Para ello, levantamos el siguiente programa: confiscación de los terratenientes y entrega de la tierra a los campesinos; expulsión del imperialismo; expropiación de la banca; no pago de la deuda externa; control obrero de la producción; por los Estados Unidos Socialistas de América Latina. Para llevar este programa a la victoria es necesario superar las tentativas centroizquierdistas y movimientistas mediante la construcción de partidos revolucionarios y de la IV Internacional. Una expresión indirecta de la envergadura de la crisis es la aparición en los países imperialistas de una corriente que pretende limitar sus extremos más bárbaros mediante la regulación del capital por la vía impositiva. La suposición de que se podría combatir la crisis capitalista apelando a una política de "redistribución de la riqueza", y en particular mediante la aplicación del llamado "impuesto Tobin" (1% sobre los movimientos internacionales de capital), que serviría para constituir un "fondo de erradicación de la pobreza mundial", no sólo es utópica; es también reaccionaria. En la base de este movimiento, que ha tomado el nombre de ATTAC, se encuentra la suposición de que se puede corregir por medios fiscales la tendencia del capital al parasitismo y a la putrefacción. El planteo de ATTAC desconoce la naturaleza de clase del Estado y del conjunto de los instrumentos de los cuales se sirve, incluidos los fiscales. Ignora también la unidad político-económica de los presupuestos estatales y del Estado y el metabolismo político-económico de éste con la sociedad capitalista sobre la cual se yergue. Desconoce en definitiva que el sistema impositivo, en cualquier variante, es un instrumento del capital, no sólo para apuntalar la acumulación de capital y arrancar plusvalía por medios extraeconómicos, sino también un instrumento de guerra y de opresión. Reivindica al capital productivo, fingiendo ignorar que es un hermano siamés del capital especulativo y que ambos son producto de la extracción de plusvalía al conjunto de los trabajadores e igualmente interesados en la superexplotación. Bajo la dominación del capital, el sistema impositivo (directo o indirecto) es siempre, en última instancia, un sistema de confiscación de los trabajadores y de los pequeños productores en favor del gran capital. Incluso un "impuesto Tobin" supondría un reforzamiento de los poderes estatales de la burguesía contra la clase obrera y, al mismo tiempo, un aumento de la carga impositiva sobre los productores directos. Contra esta utopía reaccionaria, defendemos la reivindicación transitoria del programa obrero, desde el Manifiesto del Partido Comunista hasta el Programa de Transición: el impuesto progresivo y confiscatorio al gran capital como una de las medidas de transición del gobierno obrero en la lucha por pasar del capitalismo al socialismo, cualquiera sea su origen (el capital ficticio no es más que la hipertrofia del capital financiero, fusión del capital bancario con el industrial). Para plantear este programa es necesario refundar la IV Internacional. La salida del capital La larga duración de la crisis económica capitalista, que con estallidos cada vez más intensos se arrastra desde principios de los 70, a la par que muestra los límites de la burguesía mundial para encontrar una salida, señala las grandes líneas de ésta. Se trata de alcanzar una completa reestructuración de la división del trabajo internacional, bajo la conducción de un directorio de grandes capitales, bajo la hegemonía de Estados Unidos. Pero este proceso de reestructuración entraña, para ser precisamente una salida, una destrucción masiva de los capitales excedentes, la reapropiación de la masa mundial de beneficio por parte de los monopolios restantes, una elevación sin precedentes de la explotación de la fuerza de trabajo mundial y, naturalmente, una internacionalización del mercado a escala colosal. Esto no solamente significa la completa absorción del viejo espacio anticapitalista representado por la ex URSS, China y sus ex bloques; no solamente la liquidación de los restos de autonomía de la periferia, sino, por sobre todas las cosas, una modificación radical de la relación capital-fuerza de trabajo en las propias metrópolis. O sea un período de crisis políticas excepcionales y de luchas inmensas. Lo que la crisis en curso pone de manifiesto (como ya lo habían puesto de relieve las mayores crisis mundiales precedentes) es que la reapropiación de los ex estados obreros, y aún la colonización completa de los grandes espacios semi-independientes (Brasil, India, Sudáfrica, Indonesia, Australasia), no puede llevarse a término sin la previa reestructuración de las relaciones EE.UU.-Europa-Japón y sin la liquidación de las conquistas sociales históricas de los obreros de las propias metrópolis y de sus libertades democráticas y de organización. Es ilustrativo que el alargamiento de la UE hacia el Este se encuentre condicionado ahora a la previa necesidad de modificar políticamente a la propia UE. La guerra de la Otan contra los Balcanes ha sido muy instructiva en este sentido, porque la ocupación militar establecida se encuentra empantanada en todos los aspectos; debido, de un lado, a las contradicciones entre Europa y Estados Unidos, que tienen intereses y objetivos diferentes, incluso para Europa, el Medio Oriente y Asia Central, y por el otro lado, a la contradicción entre los recursos políticos que hay que poner en marcha para alcanzar esos objetivos y las relaciones políticas democráticas, constitucionales y de organización popular imperantes en los Estados Unidos y en los países europeos. El rechazo del Pentágono a comprometer tropas de tierra en las zonas en guerra; la oposición de Europa y dentro de Estados Unidos a las iniciativas de defensa antimisiles propuesta por el Pentágono; la nueva rivalidad entre Europa y Estados Unidos en las cuestiones de defensa; y de un modo general la oposición que se ha desarrollado en relación a la crisis económica mundial, los derrumbes bursátiles y las crisis monetarias; todo esto marca un límite insalvable para cualquier tentativa de recolonización mundial en la vieja y en la nueva periferia de las metrópolis capitalistas dentro del marco de las actuales relaciones políticas. Lo prueba la incapacidad del imperialismo para poner en pie un protectorado en Kosovo. No existe tal cosa como un frente único contrarrevolucionario mundial. Lo mismo vale para las fantasías geopolíticas de conquistar el Asia Central para el dominio yanqui o de rodear con un anillo político-militar a Rusia y China; o más aún para la fabulación de crear una Otan donde las funciones de las viejas legiones romanas serían ejecutadas en el futuro próximo por ejércitos nacionales provistos de armamento standarizado e interconectado por un centro operador de satélites de comunicación. El imperialismo mundial no tiene más capacidad de iniciativa que aquella a que lo obliga el desarrollo de la crisis mundial, lo condiciona el nivel de lucha y organización de las masas, y le permite el grado de crisis de dirección de la clase obrera internacional. La guerra de los Balcanes ha sido, también, un terreno de delimitación política esencial en el campo de la izquierda y brinda conclusiones de la mayor importancia para la lucha por la IV Internacional. Mientras algunos, como el SU, se ubicaron en la guerra en el campo del pacifismo imperialista (¡reclamaban una "salida política" comandada por la Unión Europea!), los que luchamos por la refundación de la Internacional Obrera estuvimos a la cabeza de la lucha por la expulsión del imperialismo de los Balcanes y por la unidad socialista de sus pueblos. Fuimos la única corriente internacional capaz de producir un reagrupamiento internacionalista y revolucionario: la Conferencia Socialista Balcánica Anti-Otan, que ha dado lugar al nacimiento del Centro Christian Rakovsky, del que forman parte partidos y organizaciones de los distintos países balcánicos y de Rusia. Esta Conferencia votó un programa revolucionario e internacionalista frente al desangre de los Balcanes: fuera la Otan, por el derrocamiento revolucionario de las camarillas restauracionistas, autodeterminación de los pueblos, por la Federación Socialista de los Balcanes. Rusia: la impasse de la restauración capitalista En esta etapa de la crisis mundial, el imperialismo se vale de las burocracias reconvertidas al capitalismo, para avanzar en la restauración capitalista en los ex estados obreros, en disolución, y en las crisis internacionales. La Otan le impuso al régimen de Yeltsin que se sumara al frente imperialista para obtener la capitulación de Milosevic; ha apoyado igualmente a Putin en la masacre de las aspiraciones nacionales chechenas, porque el régimen restauracionista ha mostrado vocación estabilizadora en la convulsiva región del Cáucaso. La guerra de Chechenia pone en evidencia las tendencias a la desintegración del Estado ruso, lo que no es otra cosa que una expresión más del empantanamiento del proceso de restauración capitalista ruso tomado en su conjunto. El régimen restauracionista, ahora Putin como antes Yeltsin, ha sido incapaz de reemplazar la centralización burocrático-militar de la periferia rusa propia del stalinismo, por la atracción del progreso que, se suponía, vendría de la mano de la restauración. Al contrario, las regiones pretenden separarse para no hundirse ellas, junto a Rusia también. Chechenia, como otras regiones, sólo se había mantenido unida voluntariamente a Rusia cuando la Revolución de Octubre, removiendo en forma revolucionaria la centralización burocrático-militar zarista, le ofreció a los pueblos del Cáucaso una asociación libre y democrática y la perspectiva de un desarrollo cultural y social en el cuadro de una economía planificada. La restauración capitalista no puede ofrecer ni lo uno ni lo otro; por eso Putin lanza una guerra de opresión nacional contra la nación chechena, con el apoyo no sólo de la oligarquía rusa sino también del capital financiero mundial. Esto explica la refinanciación de la deuda rusa por el Club de Londres, que ha significado para la oligarquía rusa un perdón de parte de los principales bancos occidentales por decenas de miles de millones de dólares. Y por eso, también, se ha establecido un acuerdo de principios para la firma de un pacto de estabilidad en el Cáucaso, en el marco de la OCDE, que es una réplica del pacto de estabilidad para los Balcanes; es decir, la implantación al costo que sea necesario de la economía de mercado. Las aspiraciones nacionales de los pueblos del Cáucaso no tendrán vía de realización sino mediante una lucha común contra los imperialismos occidentales y contra la burocracia y la oligarquía rusas. Para el proletariado de Rusia, es preferible la derrota de su nuevo régimen explotador a manos de los movimientos realmente nacionales de su periferia. Estamos contra la guerra de opresión nacional de Putin contra la nación chechena. Sin la victoria del proletariado contra la burocracia restauracionista y el establecimiento de la dictadura del proletariado no habrá libertad para Chechenia o cualquiera de las naciones oprimidas de la ex URSS. La crisis de agosto de 1998 marcó de nuevo los límites y las enormes convulsiones nacionales y sociales de la penetración capitalista en Rusia. Ocasionó una crisis en la banca mundial, como quedó en evidencia en la quiebra del LTMC y en los fraudes financieros descubiertos en el Republic Bank of New York, en el The New York Bank y en los principales bancos suizos. Las relaciones entre la oligarquía rusa y la burguesía mundial aún enfrentan un período de crisis, del que se busca salir ampliando las fronteras de la restauración capitalista y pasando a la privatización del gigantesco campo ruso. La nueva etapa restauracionista, que tendrá lugar en forma simultánea con una nueva crisis financiera internacional, amenaza crear en Rusia una convulsión milenaria. La naturaleza social de Rusia El destino de las transformaciones sociales inauguradas por la Revolución de Octubre de 1917, aún no ha quedado decidido. La burocracia ha destruido el Estado obrero pero está lejos de haber logrado la restauración del capitalismo. El Estado, como factor de coerción, es utilizado por la burocracia para proteger un conjunto de relaciones sociales que procuran establecer el capitalismo. Aun antes de las privatizaciones, el Estado ruso había dejado de ser un Estado obrero porque, bajo el comando de la camarilla restauracionista, la propiedad estatal había perdido todo carácter social para convertirse en una fuente de acumulación privada, si no todavía capitalista, preparatoria del capitalismo, en beneficio de la burocracia. Precisamente esto es lo que sucede actualmente en China. La burguesía mundial y la burocracia restauracionista se encuentran muy lejos de haber impuesto en Rusia una sociedad capitalista. La burocracia se ha apropiado de las empresas pero no ha creado un proceso de acumulación y de reproducción, lo que supone un conjunto de relaciones sociales estructuradas en términos de mercados. Las empresas privatizadas carecen de mercados externos porque incluso la venta de materias primas al exterior tiene características precarias. Rusia carece de sistema bancario, de moneda, de un sistema legal y de un régimen impositivo. En Rusia todavía no existe un mercado laboral, por lo cual el trabajo abstracto no constituye la medida de valor de la riqueza social. La burocracia restauró la propiedad privada pero no las relaciones sociales propias de los regímenes basados en la propiedad privada. La clase obrera rusa es una fracción de la clase obrera mundial. La actual generación obrera no conoció la victoria bolchevique, ni la contrarrevolución stalinista; incluso no ha pasado por la experiencia de la guerra contra el nazismo. Pero, a poco de encarar la lucha más elemental por sus reivindicaciones apremiantes, la clase obrera rusa se ve obligada a revivir la conciencia de la Revolución de Octubre, que es la cuestión histórica no resuelta de Rusia. Por eso reaparecen, setenta años después, Trotsky y Stalin como figuras de discusión política cotidiana. Putin, al elogiar a Stalin para promover la centralización burocrática del Estado, ha introducido un factor de clarificación política respecto del período yeltsiniano, en el cual los restauracionistas aparecían como la izquierda. Esto es la manifestación, ahora desde el punto de vista subjetivo, de la conciencia de las masas, de que el destino de las transformaciones sociales inauguradas por la Revolución de Octubre de 1917 aún no ha sido zanjado. El destino final de las transformaciones inauguradas por la Revolución de Octubre será objeto todavía de una gigantesca lucha de clases, incluso en el plano internacional. Como explicó Trotsky en La Revolución Traicionada, la Revolución de Octubre sigue viviendo en la crisis mortal del capitalismo. Nos planteamos sumar a la perspectiva de lucha por refundar la IV Internacional a los grupos y militantes que luchan contra la restauración capitalista en toda Europa Oriental. Lo mismo vale para China. Su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) significa el compromiso de la burocracia de cerrar y privatizar (esto ya ocurre) miles de empresas y minas obsoletas y de abrir la economía china a una penetración sin precedentes del capital financiero. Para el imperialismo, la masiva entrada de capitales a China debería servir para monopolizar ramas industriales enteras. El ingreso de China a la OMC significa el principio de una tendencia a convertirse en semicolonia y a sufrir una desintegración similar a la que provoca en Rusia la penetración del capitalismo internacional. El proceso restauracionista en China ha profundizado a una escala sin precedentes todas las desigualdades (sociales, regionales, entre el campo y la ciudad, de género), creando una aguda tensión social. Con el cierre y privatización de las empresas estatales, establecidos en el acuerdo con Estados Unidos, serán despedidos varios millones de obreros, que se sumarán a la masa de cien millones de desocupados rurales. Esto ya ha comenzado a provocar huelgas, manifestaciones, cortes de ruta y ocupaciones de fábrica en una escala nunca vista en el mundo. La burguesía mundial muestra una muy viva preocupación por el desarrollo de los acontecimientos en China. La crisis capitalista mundial, con los métodos que le son propios, ha alargado el espacio histórico de la revolución socialista mundial en una escala que no guarda ningún precedente. Centroizquierda y Frente Popular El ascenso de gobiernos frentepopulistas de centroizquierda no sólo acompaña la emergencia de grandes luchas de masas (y hasta de situaciones revolucionarias) en América Latina, Asia y Africa. Es también un fenómeno generalizado en Europa, cuna del imperialismo, y tal vez lo sea en breve incluso en Japón. Esto significa que el recurso del frente popular, bajo la forma de centroizquierda o de izquierda unida, que en su momento fue el recurso principal de la contrarrevolución en España, Francia (1936) y Chile (1970/73), está siendo utilizado ahora incluso en un estadio todavía primario de la polarización política y del desarrollo político de las masas, como una especie de frente popular preventivo. Se trata de un indicador seguro del progreso de la crisis y del temor del imperialismo frente a sus potenciales consecuencias revolucionarias. El rápido agotamiento político de la pequeña burguesía democratizante y progresista y de sus aliados de izquierda en el poder, puede abrir una alternativa revolucionaria si es aprovechada para que la clase obrera saque conclusiones claves: la necesidad del partido de clase, del gobierno obrero y campesino, de la unidad proletaria internacional. La condición para esa aceleración es la existencia de una vanguardia revolucionaria, cuartainternacionalista, organizada en partido de clase, y es para esto que hay que proceder a la refundación lo más rápido posible de la IV Internacional. La afirmación de que el centroizquierdismo y el frente popular son apenas la antesala del retorno de la derecha delata una visión contemplativa, verborrágica y derrotista. También puede abrir el camino hacia la revolución, a condición de que exista una vanguardia revolucionaria que actúe. Los partidos que aseguran que el centroizquierda, por su política, prepara el camino a la derecha, tienen una comprensión lineal de la crisis política y dejan abierta la conclusión de que la única salida sería que los gobiernos centroizquierdistas se corrigieran. Esto es exactamente lo que plantean, de palabra y de hecho, el PCF y la LCR, y en general el SU y todos los stalinistas reconvertidos. Las organizaciones que luchan por la refundación de la IV Internacional llamamos a Lutte Ouvrière a romper con su actitud pasiva en el plano internacional y a intervenir decididamente en el proceso de discusión y organización para refundar la IV Internacional. Movimientismo contrarrevolucionario o partidos revolucionarios y IV Internacional En las vísperas de nuevas y mayores convulsiones económicas y políticas a nivel internacional, el imperialismo no cuenta ni remotamente con el auxilio de burocracias obreras o de izquierda con la fuerza y la autoridad que tenían en el pasado. La socialdemocracia es una palidísima sombra de lo que fue; el stalinismo es un cadáver defectuosamente sepultado; los nacionalismos de distinto signo se han convertido en bandas de depredadores. Por este motivo el imperialismo dedica gigantescos recursos para prevenir la polarización política. Mientras se ve obligado a ir a la guerra o a dejar que la represión haga su trabajo sucio de despeje, mantiene en cartera la política democratizante, que bien se adapta a la situación internacional que va paralela a la disolución de la URSS y a la circunstancia de que el propio imperialismo concentra un tesoro monetario sin precentes en la historia de los Estados. También es la que mejor se adapta aún a su control de los medios de comunicación y de las distintas iglesias y cofradías, y a la completa falta de una dirección revolucionaria del proletariado. Esto último le permite al imperialismo contemporizar incluso frente a los movimientos guerrilleros más desarrollados. Ningún movimiento auténticamente revolucionario puede ignorar la importancia que tiene el recurso democrático como instrumento de contención, control y disipación del movimiento de masas por parte del imperialismo. Es necesario ayudar a los trabajadores a superar este obstáculo en el curso de su experiencia cotidiana, siguiendo a rajatablas la regla de que la historia puede saltarse etapas pero el partido revolucionario no puede saltarse las etapas de la evolución de la conciencia de los explotados. El medio democratizante y la aguda diferenciación social entre una fracción de la pequeña burguesía, de un lado, y las masas desesperadas, del otro, constituyen el ámbito en que ha progresado el movimientismo de izquierda, que se nutre del stalinismo, del nacionalismo, en parte de la socialdemocracia y en mucha mayor parte del intelectualismo académico. El movimientismo resume todas las lacras contrarrevolucionarias que se anidaron en el movimiento obrero en el pasado; una, el movimiento práctico lo es todo, el objetivo estratégico no es nada; otra, la lucha de partidos y de tendencias debe ser sustituida por el pluralismo recíprocamente cómplice (se opone a la discusión política y plantea en su reemplazo el sistema de compadrazgo político); otra más, la voluntad popular es el 51% de los votos, no el proletariado arrastrando en la lucha a las capas medias; una cuarta, abajo la dictadura del proletariado *dentro de la democracia todo, fuera de la democracia nada*; finalmente, el movimientismo se declara a favor de una organización sin contornos, por lo tanto en contra de una organización centralizada para el combate. Desde que Engels advirtió que la democracia pura sería el bastión último de la contrarrevolución, pasando por el frente popular, el movimientismo es el programa contra la independencia de clase, contra la construcción de una dirección política de la clase obrera, es decir que es el programa contra la revolución socialista y contra la salida socialista a la crisis mortal del capitalismo. En América Latina, el movimientismo se manifiesta en el Foro de San Pablo, que está unido por múltiples lazos al imperialismo. Pocos años atrás reunió en México a Lula, al Chacho Alvarez, a Cuauhtémoc Cárdenas y a varios ex guerrilleros, bajo la égida del mexicano Jorge Castañeda pero fundamentalmente por inspiración del Partido Demócrata norteamericano. Los principales partidos del Foro sostienen a los gobiernos de turno de la región, se trate del uruguayo Batlle, del brasileño Cardoso o del derechista nicaragüense Aleman. En Brasil, la dirección oficial del PT ha salido a enfrentar las ocupaciones de edificios por parte del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra. En Argentina, Alvarez y gran parte de quienes estuvieron en el comité central del PC hasta la formación del Frepaso, integran el gobierno represor y proimperialista de la Alianza. El Foro de San Pablo ata con un cordón umbilical al Secretariado Unificado de la IV Internacional con el imperialismo, lo que hoy se revela en forma desvergonzada en la participación del SU en el gobierno de Rio Grande do Sul, en Brasil. La sección oficial del Foro en Argentina es Izquierda Unida, que también está integrada por el trotskista MST. La importancia que asignamos al Foro de San Pablo obedece a que en América Latina se siente más la proximidad de las convulsiones revolucionarias. Por eso ha servido como el laboratorio más claro para las posiciones políticas que sustentan tanto el Foro como sus diversas tendencias pluralistas. Diversos sectores de izquierda europeos han encontrado el modo de practicar un seudo-internacionalismo a través de su adhesión al movimiento ATTAC que, con el pretexto de "lucha contra la mundialización", propone una solución a la crisis en los marcos del capitalismo imperialista (la aplicación del impuesto Tobin). No podía ser de otra manera, pues el origen de ATTAC se encuentra en sectores del imperialismo europeo y de sus portavoces tradicionales, incluyendo publicaciones que han abierto generosamente sus páginas a una izquierda revolucionaria a la que antes repudiaba. Las limitaciones políticas de la gran movilización de Seattle se deben a la influencia política de estos sectores. El llamado "libre comercio y la OMC" es una ficción, porque el tratado de la OMC tiene muy poco de libre y ha sometido al comercio mundial a una reglamentación inédita en el pasado, que refleja el interés del monopolio capitalista (su sistemática violación es, por otra parte, una expresión de la lucha interimperialista y de la crisis mundial). Pero combatir el "comercio" no lleva a ningún lado; es incluso reaccionario. El poder del capital se concentra en el Estado, incluidas en el Estado las relaciones entre Estados, para su mutua protección contra la revolución social. La lucha contra los Estados que organizan los ataques contra los trabajadores y contra las naciones oprimidas es la única base posible para el verdadero internacionalismo, que comienza con el combate contra el enemigo dentro del propio país. Es, en definitiva, una política de presión y de "reforma" de la burguesía. Con la perspectiva opuesta, es decir con una perspectiva obrera independiente, llamamos a realizar una campaña en los Estados Unidos, que culmine con una conferencia en una importante ciudad norteamericana. El movimientismo es realmente un recurso último de la contrarrevolución para combatir la formación de partidos revolucionarios, o sea para combatir la plena formación histórica de la clase obrera. Cuando fracasan las contenciones del Estado burgués, queda como una última variante de disipación de la energía de la clase obrera *falta de programa, falta de política, falta de organización y de dirección. El movimientismo no vacila en transformarse en organización vertical cuando debe enfrentar a una dirección revolucionaria con apoyo popular (es lo que ocurrió con todo el movimientismo nacionalista en América Latina desde 1930 en adelante), aunque es más probable que se desintegre antes como consecuencia de sus contradicciones, de la crisis política y, por supuesto, del avance del socialismo revolucionario. Entre el movimientismo y el partido, oscilan en forma centrista los que proclaman la necesidad de construir el partido revolucionario y la IV Internacional, pero nunca ven la necesidad de concretar el propósito. Por una delimitación política revolucionaria El llamado Secretariado Unificado (SU) ha conseguido realizar una síntesis de todas las políticas anti-revolucionarias existentes en la izquierda, y lo ha hecho en nombre de la IV Internacional. La IV Internacional debe ser refundada también para acabar con esa ficción política. Después de repudiar la dictadura del proletariado en nombre de la "democracia" y de disolver sus principales secciones en el frentepopulismo, el SU ha pasado a ser parte del frente teórico y práctico internacional del movimientismo, propugnándolo como alternativa a la construcción de un partido y, lógicamente, como alternativa de la Internacional; el SU no es un partido, es un bloque de arribistas que se dedican a hacer entrismo en todos los movimientismos existentes. Un reciente frente del SU, en Portugal, la coalición "Política XXI", reivindica "históricamente" al "ya muerto" socialismo por haber contribuido a "humanizar" al capitalismo y, por lo tanto, a hacerlo viable. En la reivindicación del "pluralismo democrático" contra el "autoritarismo de izquierda" ya se contenía el principio de la disolución partidaria en el movimientismo, que se basa en el muy antidemocrático principio de que las divergencias políticas no deben ser explicitadas ni discutidas, sino ocultadas en función de la "pluralidad de opiniones". El movimientismo es un bloqueo al desarrollo de la conciencia política de los trabajadores. La reivindicación explícita del capitalismo y el movimientismo van de la mano, pues el segundo es un instrumento del primero. En Brasil, la participación dirigente del SU en el gobierno de Río Grande do Sul y en la intendencia de Porto Alegre (capital de ese estado) ha puesto en evidencia sus características contrarrevolucionarias. El SU no sólo practica una política capitalista (respetando y aumentando los subsidios al gran capital creados bajo el gobierno anterior, destruyendo la previsión social con una política peor que la del gobierno nacional, derechista, de Fernando Henrique Cardoso) sino que es un factor de derechización del gobierno del PT. El SU ha echado mano a todos los instrumentos políticos y represivos del Estado para combatir y derrotar la poderosa huelga de profesores y maestros de Rio Grande do Sul. ¿Qué tiene de extraño que el reparto burocrático de migajas del "presupuesto participativo", teorizada principalmente por el SU, sea una política oficialmente recomendada por el Banco Mundial? El SU ha avanzado mucho en el camino de los planteos antirrevolucionarios. Su sección francesa, la Liga Comunista Revolucionaria, se apresta a abandonar el nombre de "comunista" y repudia a Lenin, a Trotsky y a la Revolución de Octubre (a los que identifica como los precursores del stalinismo). Se trata del remate lógico de una larga degeneración política. No se trata de ejemplos aislados sino de aspectos centrales de una política internacional, que ofrece el singular peligro de practicar una política de salvataje capitalista en nombre del internacionalismo. El SU no sólo ha apoyado sino que también ha teorizado sobre el "pacto de estabilidad" comandado por el imperialismo para Yugoslavia y los Balcanes, y lo ha hecho desde prestigiosos medios de prensa del gran capital. Lo mismo ha sucedido con su apoyo a la intervención "humanitaria" (¿?) del imperialismo, a través de la ONU, en Timor Oriental. Para los militantes revolucionarios y combativos del SU no queda otra salida que la denuncia de esta política y la ruptura, con vistas a sumar esfuerzos en la lucha por refundar la IV Internacional, impidiendo que la histórica bandera de León Trotsky sea usada como ariete para una política antiobrera. Por una campaña por la refundación de la IV Internacional La reunión internacional de Buenos Aires reafirma su apreciación acerca del carácter histórico de la presente crisis capitalista y la pertinencia de su planteo de refundar la IV Internacional, para superar la crisis de dirección del proletariado internacional. Reafirmamos las declaraciones de las anteriores cuatro reuniones y los cuatro puntos programáticos de la Declaración de Génova, de 1997, y comprobamos su acierto en la práctica de nuestra lucha. Entendemos que es necesario, sin embargo, hacer un avance más decisivo en la campaña mundial por la refundación de la IV Internacional, que consiste en una acción práctica y organizada: en un plan de acción. Esta campaña debe profundizar el método político establecido en la reunión de Buenos Aires: mesas redondas, agitación y actos públicos de masas. Debe servir para atraer nuevas organizaciones a la lucha refundacionista y para desarrollar entre los trabajadores y las masas oprimidas de los países donde militamos la conciencia de la necesidad de una Internacional Obrera y Revolucionaria. Para eso impulsamos una coordinación más estrecha y organizada de los partidos adherentes a la Declaración de Génova. El progreso del planteamiento de la refundación de la IV Internacional exige de sus participantes la mayor claridad política y organizativa. Esto significa que colocamos la consigna de la refundación de la IV Internacional y las actividades relacionadas con las campañas votadas en el centro de la actividad política de los partidos que la sostienen. Por eso nos comprometemos a impulsar en la prensa de nuestras organizaciones, que debe tener un carácter regular, una campaña sistemática por la refundación de la IV Internacional. Para esto incorporamos un quinto punto a los cuatro de la declaración constitutiva de Génova: que todos los miembros del movimiento por la refundación de la IV Internacional se comprometen a editar publicaciones regulares, en las que se deberá hacer campaña sistemática por la refundación de la IV Internacional. Con estos planteamientos políticos y organizativos, llamamos a preparar una conferencia internacional con delegados elegidos por las bases de cada uno de los partidos y organizaciones intervinientes, que sirva para elaborar definitivamente el programa y los métodos de organización y de intervención en la lucha de clases internacional de nuestros partidos, como un verdadero partido mundial, como una verdadera internacional, como la IV Internacional. Buenos Aires, 31 de mayo de 2000 Partido Obrero (Argentina), Partido de los Trabajadores (Uruguay), Oposición Trotskista (Bolivia), Partido de la Causa Operaria (Brasil), Comité Constructor del Partido Obrero (Chile), Colectivo En Defensa del Marxismo (España), Partido Revolucionario de los Trabajadores (Grecia), Liga Marxista de los Trabajadores (Turquía) PLAN DE ACCION INTERNACI0NAL La reunión internacional de Buenos Aires resuelve impulsar las siguientes actividades, como parte del plan de acción para la refundación de la IV Internacional: Realizar, a principios del mes de setiembre, una actividad internacional en La Paz (Bolivia) con las consignas "Fuera la intervención yanki de Colombia, fuera el FMI de América Latina. Confiscación de los latifundios para los trabajadores Sin Tierra. Control Obrero. Por los Estados Unidos Socialistas de América Latina". Intervenir con una columna propia en la manifestación de Praga del próximo 23 de setiembre, en ocasión de la reunión del Banco Mundial, con la consigna "Fuera la Unión Europea imperialista y genocida. Por los Estados Unidos Socialistas de Europa, del Atlántico a Rusia". Realizar en diciembre de este año (o enero del próximo) la II Conferencia Socialista de los Balcanes con la consigna "Fuera la Otan y el imperialismo de los Balcanes; por la autodeterminación de los pueblos; por la Federación Socialista de los Balcanes". Realizar, en febrero o marzo del año próximo, una actividad internacional en Europa Occidental con la consigna "Fuera la Unión Europea imperialista y genocida. Por los Estados Unidos Socialistas de Europa, del Atlántico a Rusia". Realizar, en marzo o abril del año próximo, una actividad internacional en los Estados Unidos con la consigna "Por la refundación de la IV Internacional". Para garantizar el desarrollo de estas iniciativas y analizarlo políticamente, fue elegida una Coordinadora cuyo mandato emana de las resoluciones aprobadas en esta reunión. Esta Coordinadora estará integrada por los compañeros Jorge Altamira (Partido Obrero), Franco Grisolía (AMR Proposta), Michael Savas-Matsas (EEK), Rui Costa Pimenta (Partido de la Causa Operaria) y Peter Johnson (Liga Trotskista de los Estados Unidos). Buenos Aires, 2 de junio de 2000 Aprobado por unanimidad

1 de diciembre de 2000
Por un Plan de Acción para Refundar la IV Internacional
Varias firmas

REUNION INTERNACIONAL DE BUENOS AIRES (29 DE MAYO AL 2 DE JUNIO DE 2000) Las organizaciones reunidas en Buenos Aires realizaron su quinta reunión internacional en condiciones que confirman la base política que dio lugar, en 1997, a su iniciativa de refundar la IV Internacional para dotar a la vanguardia obrera mundial de una orientación marxista revolucionaria frente al agravamiento de la crisis mundial. La IV Internacional, basada en el método de las reivindicaciones transitorias, es el instrumento indispensable para que la clase obrera supere su crisis de dirección e imponga un desenlace socialista, el único históricamente progresivo, a la crisis en curso. En la crisis actual, se verifica la bancarrota de la concepción "gradualista", prevaleciente en los más diversos sectores de la izquierda de diferentes países, que aprecian las tendencias del capitalismo de un modo lineal, constatando sus tendencias reaccionarias pero sin concebirlas como un proceso de contradicciones cada vez más explosivas (en las palabras de Marx, "el capitalismo es la contradicción en proceso"), excluyendo, por lo tanto, transformaciones de cantidad en calidad, es decir, rompiendo la conexión entre la descomposición del capitalismo y la tendencia al surgimiento de situaciones revolucionarias. La manifestación cada vez más abierta de las contradicciones del capitalismo, en el cuadro de su crisis histórica, obliga a los trabajadores a adoptar una posición revolucionaria, es decir, a tomar conciencia de esa tendencia a las crisis políticas profundas, a la polarización política y a la acción histórica excepcional de la clase obrera. La IV Internacional, por su programa y tradición, ha probado ser el instrumento histórico más consecuente y más conciente para preparar, desarrollar y conseguir la victoria de la revolución proletaria: refundarla de inmediato es la obligación primera de todo militante u organización obrera consciente de los deberes y tareas que emergen del presente período político. Alcance de la crisis mundial El derrumbe generalizado de las Bolsas de los principales países, en los últimos tres meses, ha puesto en evidencia el límite alcanzado por la recuperación de la llamada crisis asiática, que debutara en Tailandia a mediados de 1997 y culminó con la devaluación brasileña de los primeros meses de 1999. Es que la cadena de devaluaciones monetarias que provocó la crisis en Asia sólo ha servido para acentuar la competencia internacional y para poner de manifiesto el enorme capital excedente que, a nivel mundial, tira hacia abajo la tasa de beneficio del capital, esto a pesar de la reducción de los salarios, del alargamiento e intensificación de la jornada laboral, de la racionalización de los métodos de producción aplicados en las principales ramas industriales y también a pesar de las grandes fusiones capitalistas, es decir de una mayor centralización del capital. El principal motivo del fracaso de las llamadas fusiones y adquisiciones de empresas obedece a que fueron por sobre todo operaciones dirigidas a la obtención de ganancias financieras y a que sólo marginalmente afectaron a la industria, toda vez que la mayor parte de ellas involucró a los grandes grupos económicos de servicios y financieros. La acentuación de la competencia capitalista internacional provocada por las devaluaciones asiáticas ha frustrado las expectativas de que la racionalización productiva protagonizada por el capitalismo norteamericano pudiera restablecer en términos duraderos el nivel de su tasa de beneficio, así como su nivel internacional. Ha dejado al desnudo, otra vez, el carácter mundial de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia capitalista. El déficit comercial norteamericano alcanza ya la cifra de los 400.000 millones de dólares al año y la sobreoferta de mercancías extranjeras ha comenzado a afectar la rentabilidad de los grandes pulpos de los Estados Unidos. La pretensión de que los Estados Unidos puedan absorber, bajo la forma de importaciones, el conjunto de la sobreoferta mundial de mercancías, lo que supuestamente convertiría al déficit comercial norteamericano en un "factor de estabilización" mundial, se basa en una ilusión: que el dólar sería un patrón monetario universal y no, como efectivamente lo es, un instrumento de combate de la burguesía norteamericana contra sus rivales capitalistas. La necesidad de proteger al dólar, mediante el aumento de las tasas de interés, obliga a la burguesía norteamericana a "dispararse en el pie": la elevación de la tasa aumenta, en la misma proporción, la carga de la deuda pública norteamericana, la mayor en el orden internacional. Esta situación pone un límite a la posibilidad de proseguir con la gigantesca especulación en Wall Street, cebada por una política de emisión monetaria, del 6 al 8% anual en un marco de precios estables, y una reducida tasa de interés. Pero sin esta especulación, el mercado norteamericano se reduciría como cuero a la intemperie, eliminando lo que es en la actualidad el principal mercado para el comercio internacional. Asimismo, como gran parte de esta especulación fue financiada por los capitales ociosos de Asia y de Europa, que son la contrapartida del déficit norteamericano, la acentuación de este déficit provocaría una huida de capitales de Estados Unidos y la devaluación del dólar, lo que a su turno desataría una gran deflación mundial y la posibilidad de un completo dislocamiento del mercado mundial, toda vez que la moneda norteamericana se ha transformado en la única medida (ficticia) de valor del mercado mundial. Esto porque desde la crisis del dólar de 1971, el sistema monetario internacional carece de un ancla fija y reposa en la capacidad del gobierno norteamericano para imponer el orden, en un entrelazamiento de la economía y la política, a nivel mundial. Las pérdidas multimillonarias sufridas por los mayores fondos especulativos, como el Quantum de Soros o el Tiger Management (el segundo en importancia de Estados Unidos), constituyen apenas un anticipo de la perspectiva de derrumbe de la presente crisis. Los especuladores internacionales se han comenzado a realinear a operaciones a la baja en Wall Street, lo que no dejará de afectar la valuación del dólar, porque tal cosa entraña una salida de capitales. Pero incluso con independencia de esto, afectará profundamemente a la sociedad norteamericana, cuyo consumo e inversión están fuertemente condicionados por las ganancias bursátiles, al extremo que las llamadas empresas de Internet no se financian con capital propio sino mediante emisión de acciones; a que las fusiones se realizan, no con dinero, sino mediante intercambio de acciones; y a que el endeudamiento de las familias se aproxima al 150% de sus ingresos y un 50% de ellas tienen inversiones en fondos bursátiles. Quienes habían enterrado, por enésima vez, a la ley del valor a partir de los milagros de la nueva economía, hoy asisten azorados al derrumbe bursátil del 90% de las empresas tecnológicas y al inicio de quiebras en cadena. El valor de las empresas no está determinado por las llamadas expectativas o por preferencias subjetivas, sino por la capitalización de los beneficios, en última instancia a la tasa media del mercado. La tendencia alcista de la tasa de interés norteamericana, para contener el desborde especulativo, que ya es de un 50% desde mediados del 98, cuando fue reducida para rescatar al LTCM y a la decena de bancos que lo sostenían; esta tendencia tendrá un efecto depresivo enorme, no sólo a escala de los Estados Unidos sino especialmente en los países periféricos, que cargan con una deuda externa de proporciones confiscatorias. El capitalismo, tomado en su conjunto, ha llegado hace bastante tiempo a un punto tal de madurez, que el valor, o sea la producción para el cambio y para el beneficio comercial, se ha transformado en una base definitivamente estrecha para desenvolver las fuerzas de producción. Esta es la razón histórica de la falta de salida para la crisis que se arrastra desde hace más de un cuarto de siglo. Asia La perspectiva de la crisis mundial tiene su espejo en Japón, que ha entrado en su duodécimo año de depresión, esto a pesar de una inyección de fondos del Estado en la economía, del orden de los dos billones de dólares, y de una tasa de interés negativa. La alternativa a esta depresión podría haber sido que Japón hubiera permitido la quiebra en gran escala de sus monopolios capitalistas para de este modo eliminar del mercado el capital excedente y restablecer la tasa de beneficio y la motivación de la inversión; pero esto simplemente habría adelantado la depresión mundial. Ahora Japón agrega a su continua sobreacumulación de capital, una virtual quiebra financiera de su Estado, que acumula una deuda de 10 billones de dólares contra un producto interno de 4 billones. Si para rescatar al Estado, Japón repatriara su capital invertido en el exterior, con ello sólo aceleraría el derrumbe financiero en Estados Unidos y Europa. Japón se ha visto obligado a abrir su propio mercado, por la presión en especial de los Estados Unidos, y permitir el desplazamiento de algunos de sus monopolios en beneficio de los norteamericanos, en particular en el sector financiero y de servicios, lo que constituye un duro golpe para su expectativa de jugar un papel decisivo en la competencia mundial. Al mismo tiempo, sin embargo, su reciente decisión de crear un sistema asiático de protección financiera, con el apoyo de Corea del Sur y de China particularmente, demuestra que la crisis acentúa la rivalidad internacional entre Estados Unidos y Japón, y tiende a agravarse, con ello, la inestabilidad de toda Asia. Ninguno de los países golpeados por la crisis del 97/98 ha vuelto a su posición precedente. Tailandia, Indonesia y Filipinas han empeorado y están a las vísperas de un nuevo estallido económico; Corea del Sur ha visto caer la autonomía de sus pulpos autóctonos, en especial los poderosos Hyundai y Daewoo; China enfrenta una quiebra generalizada de sus empresas estatales y una ola de luchas gigantescas contra los despidos que resultan de ella. La crisis de la Unión Europea Uno de los síntomas más poderosos de la tendencia disgregadora del capitalismo mundial lo constituye la continua devaluación del euro, que sin embargo había sido concebido para equilibrar el sistema monetario internacional, o sea para dotarlo de una doble ancla, y para ampliar la base financiera, económica y política de la especulación capitalista. Esa devaluación del euro refleja la pérdida de competitividad de la burguesía europea frente a la fuerte racionalización económica de Estados Unidos, lo que acentúa la dislocación de la Unión Europea, debido a los lazos desiguales que tienen sus países con el mercado internacional. El desequilibrio financiero y monetario internacional está haciendo estragos en Inglaterra, donde la sobrevaluación de la libra, sometida al mismo proceso especulativo del dólar, ha desencadenado una ola de quiebras industriales de las principales firmas internacionales. La noticia de que la Bolsa de Frankfurt va en camino de absorber a la Bolsa de Londres, en lo que se anuncia como la pérdida del último bastión de la burguesía inglesa, anticipa que el balanceo del Reino Unido entre Estados Unidos y Europa, antes de inclinarse hacia algún lado plantea la posibilidad de una gran crisis nacional. Para colmo de males, la burguesía europea teme, más que a la desvalorización de su moneda, a una devaluación del dólar, que iría naturalmente acompañada por una crisis financiera. Esta alternativa haría saltar de inmediato a la mayoría de los frágiles gobiernos centro-izquierdistas y pondría a la orden del día a los gobiernos de unión nacional con un Haider adentro. En Europa, el enorme debilitamiento político sufrido por la derecha en los últimos años, incluidos sus sectores fascistizantes, plantea en algunos países la posibilidad de una acentuación de la tendencia al frente popular, que esta vez contará con el apoyo de los seudo-trotskistas que se han pasado al campo democratizante. Esta dislocación se acentúa, a nivel político, con el veto a la integración de los países del Este, con lo que se les cierra a éstos la única vía de salida que les había ofrecido la propia Unión Europea. La restauración capitalista en el Este de Europa se enfrenta ahora a su mayor crisis, ya que para avanzar hacia la integración al mercado internacional deberá ceder todas sus estructuras, inclusive su limitada autonomía política, admitir un vaciamiento económico y, en el caso de algunos de ellos (Polonia), enfrentar la confiscación en masa de sus agricultores. La decisión de constituir un directorio político europeo comandado por Alemania y Francia, pero en definitiva por la primera, revela que la Unión Europea no son los Estados Unidos de Europa; la UE es un directorio de las burguesías imperialistas más fuertes del continente. La crisis mundial ha vuelto a poner de manifiesto la utopía de los Estados Unidos capitalistas de Europa, así como su carácter reaccionario. La Unión Europea es sinónimo de guerras, de reacción política, de opresión y confiscación de los países atrasados. La crisis de la UE confirma lo que con mucha anticipación señalamos los marxistas: que la Unión Europea no surgía como un terreno para nuevas conquistas democráticas. Se pone así al descubierto todo el charlatanerismo izquierdista, tanto de origen staliniano como seudo-trotskista, de la "Europa de los derechos democráticos". La decisión de las cumbres europeas de Helsinki (Finlandia) y Sintra (Portugal), de constituir un ejército de la Unión Europea, con 50/60 mil soldados, evidencia el creciente apetito militar de los imperialistas europeos. La constitución de un ejército europeo independiente de la Otan, sin embargo, está descartada por el momento. Por eso, el imperialismo norteamericano, a pesar de sus contradicciones con el imperialismo europeo, no pone obstáculos a la formación de esta fuerza, aunque ésta sea la expresión de una potencial crisis militar interimperialista. La intervención militar europea, en áreas externas a la UE, asume un carácter complementario y subordinado a la intervención norteamericana a través de la Otan. Esto es lo que sucedió con la intervención de las tropas italianas contra la revolución albanesa de 1997. La Unión Europea es la Otan en los Balcanes y la plataforma de nuevas guerras. Esta es una conclusión de la mayor importancia que los que luchamos por la IV Internacional debemos llevar a los trabajadores europeos. Frente a la Unión Europea belicista, opresiva y explotadora del gran capital, planteamos la destrucción de la Unión Europea, de sus estados e instituciones, y planteamos la oposición socialista a la Europa de la Otan y a la burguesía imperialista. Nos planteamos la realización de una campaña política europea para impulsar el programa de la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa, del Atlántico a Rusia. Africa: una muestra de la putrefacción capitalista La catástrofe de Africa es claramente una expresión aguda y extrema de la crisis mundial. Así lo demuestra el derrumbe de las monedas de Sudáfrica y Zimbabwe, dos economías consideradas modernas en su sector de exportación. Pero lo mismo vale para todo el continente al sur del Sahara y para Etiopía-Eritrea, cuyas guerras civiles e internacionales no responden sino a una despiadada lucha internacional por la apropiación de minerales y materias primas, determinada por la necesidad de controlar un mercado mundial saturado y por el temor a caídas de precios que pueden provocar la ruina de poderosísimos pulpos internacionales (De Beer, la Anglo). Se ha producido en Africa una verdadera pulverización de sus ficticios aparatos estatales, lo que a su turno ha provocado una verdadera calamidad social de hambrunas y enfermedades. La burguesía mundial querrá poner en la cuenta del atraso de Africa, del cual ella es la principal responsable, lo que no es otra cosa que una manifestación despiadada de su propia crisis mundial y de sus propias tendencias destructivas. El nacionalismo negro de contenido burgués o pequeño burgués, como se ve en la conducta de todos sus líderes, desde Mandela a Kabila, ha sido barrido por la crisis mundial; sólo una vasta alianza independiente desde el proletariado de Sudáfrica, Nigeria y Angola, junto al muy minoritario de otros países y a las masas de desheredados, podrá producir un renacimiento africano, en el marco de una movilización socialista a nivel mundial. América Latina Un verdadero proceso de ruina ha tomado cuenta de los países periféricos. En América Latina, los llamados ajustes exitosos se han simplemente derrumbado; mencionemos a Bolivia y Perú, a los que se añaden Ecuador, Colombia, Paraguay, Argentina y, contra las apariencias, Brasil, cuya deuda externa como porcentaje del producto bruto ha crecido aun más como consecuencia de la devaluación. El incremento de la tasa de interés norteamericana ha liquidado para siempre las posibilidades de las políticas de ajuste deflacionario en América Latina. A pesar del enorme incremento que permitieron en la tasa de explotación de las masas latinoamericanas, esos ajustes no sirvieron en absoluto para abrirles a sus economías y a sus burguesías un espacio en el mercado mundial. Han sido esencialmente un negociado para los grandes pulpos internacionales de servicios. Es decir, que fueron una vía limitada para contrarrestar la tendencia al derrumbe del gran capital internacional en su conjunto. La devaluación brasileña y la dolarización ecuatoriana han sido la manifestación más aguda de esta completa crisis del mal llamado modelo neoliberal. Ahora se encuentran en vías de desenlace las crisis de esas políticas económicas en Argentina, Colombia y Perú, en los tres casos combinadas con crisis políticas que se encuentran en diferentes estadios de desarrollo. De conjunto, la crisis ha comprometido la experiencia del Mercosur, que las burguesías latinoamericanas miraban como una perspectiva de desarrollo continental. Un sector creciente de la burguesía norteamericana quiere obtener una nueva posibilidad de inversiones y de especulación transformando al Mercosur en un apéndice monetario de los Estados Unidos, para lo que impulsa una moneda única del Mercosur bajo un régimen de convertibilidad. Una expresión de la presión que se ejerce en esta dirección lo constituye el reclamo para dolarizar la economía argentina. Pero una dolarización inmediata de Argentina, cuando comienza una política deflacionaria en Estados Unidos y en el medio de una fuerte recesión interna, podría llevar a una crisis de características revolucionarias. Sería una variante, a escala muchísimo más grande, de lo que ocurrió en Ecuador a principios del 2000. La crisis política latinoamericana se agrava al ritmo de la descomposición económica y de las grandes movilizaciones de masas. La insurrección indígena en Ecuador, la "guerra del agua" en Bolivia (dentro de un proceso de sublevación de campesinos y obreros y de la tropa de la policía y el ejército), las ocupaciones de edificios públicos y latifundios por el MST brasileño, las huelgas estudiantiles en México, las movilizaciones campesinas en Paraguay, la crisis política y las movilizaciones contra el fraude en Perú, la abierta descomposición del Estado colombiano, y los cortes de ruta en la Argentina; todo esto es parte de un único proceso continental. En Colombia, las "negociaciones de paz" entre un gobierno que se hunde (no controla la legislatura, ni al ejército, mucho menos a los paramilitares) y la guerrilla son un espejismo que encubre la acelerada preparación de la intervención militar norteamericana. Pero el imperialismo no cuenta, como en el pasado, con la posibilidad de apoyar esa intervención armada en dictaduras militares como las de Onganía o Geisel. El cuadro de libertades democráticas y de organización de las masas latinoamericanas le impone al imperialismo la perspectiva de que una intervención en Colombia provoque crisis políticas generalizadas y levantamientos populares en América Latina. La experiencia democratizante en América Latina en los últimos veinte años se ha dado en el marco de un entreguismo económico sin precedentes, lo cual ha consumido todo el capital político que aún quedaba en los movimientos nacionalistas e incluso izquierdistas, y ha consumido todavía más y a una velocidad impresionante las tentativas pequeño burguesas de remediar ese agotamiento. La experiencia de Chávez, en Venezuela, que para defender el ingreso nacional y poder pagar la deuda externa ha reducido la producción de petróleo, despedido a miles de obreros y desactivado parte del capital estatal en existencia; como las experiencias izquierdistas del Frente Amplio, en Montevideo, o del PT, en Porto Alegre, o del FMLN, en San Salvador, y en general de todas las corrientes que se encuadran en el Foro de San Pablo, que se caracterizan por su servilismo hacia el gran capital y su absoluta incapacidad para satisfacer las más elementales reivindicaciones de las masas; más la del Frepaso en Argentina; todas se consumen, aunque a diferente ritmo, bajo el impacto de la crisis mundial. Asimismo, todas estas experiencias llevan a la misma conclusión de que ninguna tendencia burguesa o pequeño burguesa podrá dar una salida a la crisis histórica en curso; por lo tanto, no podrán bloquear la tendencia a una crisis revolucionaria generalizada, en la que sólo les quedará actuar como bomberos contrarrevolucionarios, que es su única función histórica posible, es decir su función antihistórica inevitable. Frente a la amenaza de la agresión yanqui a Colombia, a la desintegración económica del continente y a las luchas de masas que van del Río Grande a la Tierra del Fuego, llamamos a una campaña de movilización continental contra la intervención imperialista. Para ello, levantamos el siguiente programa: confiscación de los terratenientes y entrega de la tierra a los campesinos; expulsión del imperialismo; expropiación de la banca; no pago de la deuda externa; control obrero de la producción; por los Estados Unidos Socialistas de América Latina. Para llevar este programa a la victoria es necesario superar las tentativas centroizquierdistas y movimientistas mediante la construcción de partidos revolucionarios y de la IV Internacional. Una expresión indirecta de la envergadura de la crisis es la aparición en los países imperialistas de una corriente que pretende limitar sus extremos más bárbaros mediante la regulación del capital por la vía impositiva. La suposición de que se podría combatir la crisis capitalista apelando a una política de "redistribución de la riqueza", y en particular mediante la aplicación del llamado "impuesto Tobin" (1% sobre los movimientos internacionales de capital), que serviría para constituir un "fondo de erradicación de la pobreza mundial", no sólo es utópica; es también reaccionaria. En la base de este movimiento, que ha tomado el nombre de ATTAC, se encuentra la suposición de que se puede corregir por medios fiscales la tendencia del capital al parasitismo y a la putrefacción. El planteo de ATTAC desconoce la naturaleza de clase del Estado y del conjunto de los instrumentos de los cuales se sirve, incluidos los fiscales. Ignora también la unidad político-económica de los presupuestos estatales y del Estado y el metabolismo político-económico de éste con la sociedad capitalista sobre la cual se yergue. Desconoce en definitiva que el sistema impositivo, en cualquier variante, es un instrumento del capital, no sólo para apuntalar la acumulación de capital y arrancar plusvalía por medios extraeconómicos, sino también un instrumento de guerra y de opresión. Reivindica al capital productivo, fingiendo ignorar que es un hermano siamés del capital especulativo y que ambos son producto de la extracción de plusvalía al conjunto de los trabajadores e igualmente interesados en la superexplotación. Bajo la dominación del capital, el sistema impositivo (directo o indirecto) es siempre, en última instancia, un sistema de confiscación de los trabajadores y de los pequeños productores en favor del gran capital. Incluso un "impuesto Tobin" supondría un reforzamiento de los poderes estatales de la burguesía contra la clase obrera y, al mismo tiempo, un aumento de la carga impositiva sobre los productores directos. Contra esta utopía reaccionaria, defendemos la reivindicación transitoria del programa obrero, desde el Manifiesto del Partido Comunista hasta el Programa de Transición: el impuesto progresivo y confiscatorio al gran capital como una de las medidas de transición del gobierno obrero en la lucha por pasar del capitalismo al socialismo, cualquiera sea su origen (el capital ficticio no es más que la hipertrofia del capital financiero, fusión del capital bancario con el industrial). Para plantear este programa es necesario refundar la IV Internacional. La salida del capital La larga duración de la crisis económica capitalista, que con estallidos cada vez más intensos se arrastra desde principios de los 70, a la par que muestra los límites de la burguesía mundial para encontrar una salida, señala las grandes líneas de ésta. Se trata de alcanzar una completa reestructuración de la división del trabajo internacional, bajo la conducción de un directorio de grandes capitales, bajo la hegemonía de Estados Unidos. Pero este proceso de reestructuración entraña, para ser precisamente una salida, una destrucción masiva de los capitales excedentes, la reapropiación de la masa mundial de beneficio por parte de los monopolios restantes, una elevación sin precedentes de la explotación de la fuerza de trabajo mundial y, naturalmente, una internacionalización del mercado a escala colosal. Esto no solamente significa la completa absorción del viejo espacio anticapitalista representado por la ex URSS, China y sus ex bloques; no solamente la liquidación de los restos de autonomía de la periferia, sino, por sobre todas las cosas, una modificación radical de la relación capital-fuerza de trabajo en las propias metrópolis. O sea un período de crisis políticas excepcionales y de luchas inmensas. Lo que la crisis en curso pone de manifiesto (como ya lo habían puesto de relieve las mayores crisis mundiales precedentes) es que la reapropiación de los ex estados obreros, y aún la colonización completa de los grandes espacios semi-independientes (Brasil, India, Sudáfrica, Indonesia, Australasia), no puede llevarse a término sin la previa reestructuración de las relaciones EE.UU.-Europa-Japón y sin la liquidación de las conquistas sociales históricas de los obreros de las propias metrópolis y de sus libertades democráticas y de organización. Es ilustrativo que el alargamiento de la UE hacia el Este se encuentre condicionado ahora a la previa necesidad de modificar políticamente a la propia UE. La guerra de la Otan contra los Balcanes ha sido muy instructiva en este sentido, porque la ocupación militar establecida se encuentra empantanada en todos los aspectos; debido, de un lado, a las contradicciones entre Europa y Estados Unidos, que tienen intereses y objetivos diferentes, incluso para Europa, el Medio Oriente y Asia Central, y por el otro lado, a la contradicción entre los recursos políticos que hay que poner en marcha para alcanzar esos objetivos y las relaciones políticas democráticas, constitucionales y de organización popular imperantes en los Estados Unidos y en los países europeos. El rechazo del Pentágono a comprometer tropas de tierra en las zonas en guerra; la oposición de Europa y dentro de Estados Unidos a las iniciativas de defensa antimisiles propuesta por el Pentágono; la nueva rivalidad entre Europa y Estados Unidos en las cuestiones de defensa; y de un modo general la oposición que se ha desarrollado en relación a la crisis económica mundial, los derrumbes bursátiles y las crisis monetarias; todo esto marca un límite insalvable para cualquier tentativa de recolonización mundial en la vieja y en la nueva periferia de las metrópolis capitalistas dentro del marco de las actuales relaciones políticas. Lo prueba la incapacidad del imperialismo para poner en pie un protectorado en Kosovo. No existe tal cosa como un frente único contrarrevolucionario mundial. Lo mismo vale para las fantasías geopolíticas de conquistar el Asia Central para el dominio yanqui o de rodear con un anillo político-militar a Rusia y China; o más aún para la fabulación de crear una Otan donde las funciones de las viejas legiones romanas serían ejecutadas en el futuro próximo por ejércitos nacionales provistos de armamento standarizado e interconectado por un centro operador de satélites de comunicación. El imperialismo mundial no tiene más capacidad de iniciativa que aquella a que lo obliga el desarrollo de la crisis mundial, lo condiciona el nivel de lucha y organización de las masas, y le permite el grado de crisis de dirección de la clase obrera internacional. La guerra de los Balcanes ha sido, también, un terreno de delimitación política esencial en el campo de la izquierda y brinda conclusiones de la mayor importancia para la lucha por la IV Internacional. Mientras algunos, como el SU, se ubicaron en la guerra en el campo del pacifismo imperialista (¡reclamaban una "salida política" comandada por la Unión Europea!), los que luchamos por la refundación de la Internacional Obrera estuvimos a la cabeza de la lucha por la expulsión del imperialismo de los Balcanes y por la unidad socialista de sus pueblos. Fuimos la única corriente internacional capaz de producir un reagrupamiento internacionalista y revolucionario: la Conferencia Socialista Balcánica Anti-Otan, que ha dado lugar al nacimiento del Centro Christian Rakovsky, del que forman parte partidos y organizaciones de los distintos países balcánicos y de Rusia. Esta Conferencia votó un programa revolucionario e internacionalista frente al desangre de los Balcanes: fuera la Otan, por el derrocamiento revolucionario de las camarillas restauracionistas, autodeterminación de los pueblos, por la Federación Socialista de los Balcanes. Rusia: la impasse de la restauración capitalista En esta etapa de la crisis mundial, el imperialismo se vale de las burocracias reconvertidas al capitalismo, para avanzar en la restauración capitalista en los ex estados obreros, en disolución, y en las crisis internacionales. La Otan le impuso al régimen de Yeltsin que se sumara al frente imperialista para obtener la capitulación de Milosevic; ha apoyado igualmente a Putin en la masacre de las aspiraciones nacionales chechenas, porque el régimen restauracionista ha mostrado vocación estabilizadora en la convulsiva región del Cáucaso. La guerra de Chechenia pone en evidencia las tendencias a la desintegración del Estado ruso, lo que no es otra cosa que una expresión más del empantanamiento del proceso de restauración capitalista ruso tomado en su conjunto. El régimen restauracionista, ahora Putin como antes Yeltsin, ha sido incapaz de reemplazar la centralización burocrático-militar de la periferia rusa propia del stalinismo, por la atracción del progreso que, se suponía, vendría de la mano de la restauración. Al contrario, las regiones pretenden separarse para no hundirse ellas, junto a Rusia también. Chechenia, como otras regiones, sólo se había mantenido unida voluntariamente a Rusia cuando la Revolución de Octubre, removiendo en forma revolucionaria la centralización burocrático-militar zarista, le ofreció a los pueblos del Cáucaso una asociación libre y democrática y la perspectiva de un desarrollo cultural y social en el cuadro de una economía planificada. La restauración capitalista no puede ofrecer ni lo uno ni lo otro; por eso Putin lanza una guerra de opresión nacional contra la nación chechena, con el apoyo no sólo de la oligarquía rusa sino también del capital financiero mundial. Esto explica la refinanciación de la deuda rusa por el Club de Londres, que ha significado para la oligarquía rusa un perdón de parte de los principales bancos occidentales por decenas de miles de millones de dólares. Y por eso, también, se ha establecido un acuerdo de principios para la firma de un pacto de estabilidad en el Cáucaso, en el marco de la OCDE, que es una réplica del pacto de estabilidad para los Balcanes; es decir, la implantación al costo que sea necesario de la economía de mercado. Las aspiraciones nacionales de los pueblos del Cáucaso no tendrán vía de realización sino mediante una lucha común contra los imperialismos occidentales y contra la burocracia y la oligarquía rusas. Para el proletariado de Rusia, es preferible la derrota de su nuevo régimen explotador a manos de los movimientos realmente nacionales de su periferia. Estamos contra la guerra de opresión nacional de Putin contra la nación chechena. Sin la victoria del proletariado contra la burocracia restauracionista y el establecimiento de la dictadura del proletariado no habrá libertad para Chechenia o cualquiera de las naciones oprimidas de la ex URSS. La crisis de agosto de 1998 marcó de nuevo los límites y las enormes convulsiones nacionales y sociales de la penetración capitalista en Rusia. Ocasionó una crisis en la banca mundial, como quedó en evidencia en la quiebra del LTMC y en los fraudes financieros descubiertos en el Republic Bank of New York, en el The New York Bank y en los principales bancos suizos. Las relaciones entre la oligarquía rusa y la burguesía mundial aún enfrentan un período de crisis, del que se busca salir ampliando las fronteras de la restauración capitalista y pasando a la privatización del gigantesco campo ruso. La nueva etapa restauracionista, que tendrá lugar en forma simultánea con una nueva crisis financiera internacional, amenaza crear en Rusia una convulsión milenaria. La naturaleza social de Rusia El destino de las transformaciones sociales inauguradas por la Revolución de Octubre de 1917, aún no ha quedado decidido. La burocracia ha destruido el Estado obrero pero está lejos de haber logrado la restauración del capitalismo. El Estado, como factor de coerción, es utilizado por la burocracia para proteger un conjunto de relaciones sociales que procuran establecer el capitalismo. Aun antes de las privatizaciones, el Estado ruso había dejado de ser un Estado obrero porque, bajo el comando de la camarilla restauracionista, la propiedad estatal había perdido todo carácter social para convertirse en una fuente de acumulación privada, si no todavía capitalista, preparatoria del capitalismo, en beneficio de la burocracia. Precisamente esto es lo que sucede actualmente en China. La burguesía mundial y la burocracia restauracionista se encuentran muy lejos de haber impuesto en Rusia una sociedad capitalista. La burocracia se ha apropiado de las empresas pero no ha creado un proceso de acumulación y de reproducción, lo que supone un conjunto de relaciones sociales estructuradas en términos de mercados. Las empresas privatizadas carecen de mercados externos porque incluso la venta de materias primas al exterior tiene características precarias. Rusia carece de sistema bancario, de moneda, de un sistema legal y de un régimen impositivo. En Rusia todavía no existe un mercado laboral, por lo cual el trabajo abstracto no constituye la medida de valor de la riqueza social. La burocracia restauró la propiedad privada pero no las relaciones sociales propias de los regímenes basados en la propiedad privada. La clase obrera rusa es una fracción de la clase obrera mundial. La actual generación obrera no conoció la victoria bolchevique, ni la contrarrevolución stalinista; incluso no ha pasado por la experiencia de la guerra contra el nazismo. Pero, a poco de encarar la lucha más elemental por sus reivindicaciones apremiantes, la clase obrera rusa se ve obligada a revivir la conciencia de la Revolución de Octubre, que es la cuestión histórica no resuelta de Rusia. Por eso reaparecen, setenta años después, Trotsky y Stalin como figuras de discusión política cotidiana. Putin, al elogiar a Stalin para promover la centralización burocrática del Estado, ha introducido un factor de clarificación política respecto del período yeltsiniano, en el cual los restauracionistas aparecían como la izquierda. Esto es la manifestación, ahora desde el punto de vista subjetivo, de la conciencia de las masas, de que el destino de las transformaciones sociales inauguradas por la Revolución de Octubre de 1917 aún no ha sido zanjado. El destino final de las transformaciones inauguradas por la Revolución de Octubre será objeto todavía de una gigantesca lucha de clases, incluso en el plano internacional. Como explicó Trotsky en La Revolución Traicionada, la Revolución de Octubre sigue viviendo en la crisis mortal del capitalismo. Nos planteamos sumar a la perspectiva de lucha por refundar la IV Internacional a los grupos y militantes que luchan contra la restauración capitalista en toda Europa Oriental. Lo mismo vale para China. Su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) significa el compromiso de la burocracia de cerrar y privatizar (esto ya ocurre) miles de empresas y minas obsoletas y de abrir la economía china a una penetración sin precedentes del capital financiero. Para el imperialismo, la masiva entrada de capitales a China debería servir para monopolizar ramas industriales enteras. El ingreso de China a la OMC significa el principio de una tendencia a convertirse en semicolonia y a sufrir una desintegración similar a la que provoca en Rusia la penetración del capitalismo internacional. El proceso restauracionista en China ha profundizado a una escala sin precedentes todas las desigualdades (sociales, regionales, entre el campo y la ciudad, de género), creando una aguda tensión social. Con el cierre y privatización de las empresas estatales, establecidos en el acuerdo con Estados Unidos, serán despedidos varios millones de obreros, que se sumarán a la masa de cien millones de desocupados rurales. Esto ya ha comenzado a provocar huelgas, manifestaciones, cortes de ruta y ocupaciones de fábrica en una escala nunca vista en el mundo. La burguesía mundial muestra una muy viva preocupación por el desarrollo de los acontecimientos en China. La crisis capitalista mundial, con los métodos que le son propios, ha alargado el espacio histórico de la revolución socialista mundial en una escala que no guarda ningún precedente. Centroizquierda y Frente Popular El ascenso de gobiernos frentepopulistas de centroizquierda no sólo acompaña la emergencia de grandes luchas de masas (y hasta de situaciones revolucionarias) en América Latina, Asia y Africa. Es también un fenómeno generalizado en Europa, cuna del imperialismo, y tal vez lo sea en breve incluso en Japón. Esto significa que el recurso del frente popular, bajo la forma de centroizquierda o de izquierda unida, que en su momento fue el recurso principal de la contrarrevolución en España, Francia (1936) y Chile (1970/73), está siendo utilizado ahora incluso en un estadio todavía primario de la polarización política y del desarrollo político de las masas, como una especie de frente popular preventivo. Se trata de un indicador seguro del progreso de la crisis y del temor del imperialismo frente a sus potenciales consecuencias revolucionarias. El rápido agotamiento político de la pequeña burguesía democratizante y progresista y de sus aliados de izquierda en el poder, puede abrir una alternativa revolucionaria si es aprovechada para que la clase obrera saque conclusiones claves: la necesidad del partido de clase, del gobierno obrero y campesino, de la unidad proletaria internacional. La condición para esa aceleración es la existencia de una vanguardia revolucionaria, cuartainternacionalista, organizada en partido de clase, y es para esto que hay que proceder a la refundación lo más rápido posible de la IV Internacional. La afirmación de que el centroizquierdismo y el frente popular son apenas la antesala del retorno de la derecha delata una visión contemplativa, verborrágica y derrotista. También puede abrir el camino hacia la revolución, a condición de que exista una vanguardia revolucionaria que actúe. Los partidos que aseguran que el centroizquierda, por su política, prepara el camino a la derecha, tienen una comprensión lineal de la crisis política y dejan abierta la conclusión de que la única salida sería que los gobiernos centroizquierdistas se corrigieran. Esto es exactamente lo que plantean, de palabra y de hecho, el PCF y la LCR, y en general el SU y todos los stalinistas reconvertidos. Las organizaciones que luchan por la refundación de la IV Internacional llamamos a Lutte Ouvrière a romper con su actitud pasiva en el plano internacional y a intervenir decididamente en el proceso de discusión y organización para refundar la IV Internacional. Movimientismo contrarrevolucionario o partidos revolucionarios y IV Internacional En las vísperas de nuevas y mayores convulsiones económicas y políticas a nivel internacional, el imperialismo no cuenta ni remotamente con el auxilio de burocracias obreras o de izquierda con la fuerza y la autoridad que tenían en el pasado. La socialdemocracia es una palidísima sombra de lo que fue; el stalinismo es un cadáver defectuosamente sepultado; los nacionalismos de distinto signo se han convertido en bandas de depredadores. Por este motivo el imperialismo dedica gigantescos recursos para prevenir la polarización política. Mientras se ve obligado a ir a la guerra o a dejar que la represión haga su trabajo sucio de despeje, mantiene en cartera la política democratizante, que bien se adapta a la situación internacional que va paralela a la disolución de la URSS y a la circunstancia de que el propio imperialismo concentra un tesoro monetario sin precentes en la historia de los Estados. También es la que mejor se adapta aún a su control de los medios de comunicación y de las distintas iglesias y cofradías, y a la completa falta de una dirección revolucionaria del proletariado. Esto último le permite al imperialismo contemporizar incluso frente a los movimientos guerrilleros más desarrollados. Ningún movimiento auténticamente revolucionario puede ignorar la importancia que tiene el recurso democrático como instrumento de contención, control y disipación del movimiento de masas por parte del imperialismo. Es necesario ayudar a los trabajadores a superar este obstáculo en el curso de su experiencia cotidiana, siguiendo a rajatablas la regla de que la historia puede saltarse etapas pero el partido revolucionario no puede saltarse las etapas de la evolución de la conciencia de los explotados. El medio democratizante y la aguda diferenciación social entre una fracción de la pequeña burguesía, de un lado, y las masas desesperadas, del otro, constituyen el ámbito en que ha progresado el movimientismo de izquierda, que se nutre del stalinismo, del nacionalismo, en parte de la socialdemocracia y en mucha mayor parte del intelectualismo académico. El movimientismo resume todas las lacras contrarrevolucionarias que se anidaron en el movimiento obrero en el pasado; una, el movimiento práctico lo es todo, el objetivo estratégico no es nada; otra, la lucha de partidos y de tendencias debe ser sustituida por el pluralismo recíprocamente cómplice (se opone a la discusión política y plantea en su reemplazo el sistema de compadrazgo político); otra más, la voluntad popular es el 51% de los votos, no el proletariado arrastrando en la lucha a las capas medias; una cuarta, abajo la dictadura del proletariado *dentro de la democracia todo, fuera de la democracia nada*; finalmente, el movimientismo se declara a favor de una organización sin contornos, por lo tanto en contra de una organización centralizada para el combate. Desde que Engels advirtió que la democracia pura sería el bastión último de la contrarrevolución, pasando por el frente popular, el movimientismo es el programa contra la independencia de clase, contra la construcción de una dirección política de la clase obrera, es decir que es el programa contra la revolución socialista y contra la salida socialista a la crisis mortal del capitalismo. En América Latina, el movimientismo se manifiesta en el Foro de San Pablo, que está unido por múltiples lazos al imperialismo. Pocos años atrás reunió en México a Lula, al Chacho Alvarez, a Cuauhtémoc Cárdenas y a varios ex guerrilleros, bajo la égida del mexicano Jorge Castañeda pero fundamentalmente por inspiración del Partido Demócrata norteamericano. Los principales partidos del Foro sostienen a los gobiernos de turno de la región, se trate del uruguayo Batlle, del brasileño Cardoso o del derechista nicaragüense Aleman. En Brasil, la dirección oficial del PT ha salido a enfrentar las ocupaciones de edificios por parte del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra. En Argentina, Alvarez y gran parte de quienes estuvieron en el comité central del PC hasta la formación del Frepaso, integran el gobierno represor y proimperialista de la Alianza. El Foro de San Pablo ata con un cordón umbilical al Secretariado Unificado de la IV Internacional con el imperialismo, lo que hoy se revela en forma desvergonzada en la participación del SU en el gobierno de Rio Grande do Sul, en Brasil. La sección oficial del Foro en Argentina es Izquierda Unida, que también está integrada por el trotskista MST. La importancia que asignamos al Foro de San Pablo obedece a que en América Latina se siente más la proximidad de las convulsiones revolucionarias. Por eso ha servido como el laboratorio más claro para las posiciones políticas que sustentan tanto el Foro como sus diversas tendencias pluralistas. Diversos sectores de izquierda europeos han encontrado el modo de practicar un seudo-internacionalismo a través de su adhesión al movimiento ATTAC que, con el pretexto de "lucha contra la mundialización", propone una solución a la crisis en los marcos del capitalismo imperialista (la aplicación del impuesto Tobin). No podía ser de otra manera, pues el origen de ATTAC se encuentra en sectores del imperialismo europeo y de sus portavoces tradicionales, incluyendo publicaciones que han abierto generosamente sus páginas a una izquierda revolucionaria a la que antes repudiaba. Las limitaciones políticas de la gran movilización de Seattle se deben a la influencia política de estos sectores. El llamado "libre comercio y la OMC" es una ficción, porque el tratado de la OMC tiene muy poco de libre y ha sometido al comercio mundial a una reglamentación inédita en el pasado, que refleja el interés del monopolio capitalista (su sistemática violación es, por otra parte, una expresión de la lucha interimperialista y de la crisis mundial). Pero combatir el "comercio" no lleva a ningún lado; es incluso reaccionario. El poder del capital se concentra en el Estado, incluidas en el Estado las relaciones entre Estados, para su mutua protección contra la revolución social. La lucha contra los Estados que organizan los ataques contra los trabajadores y contra las naciones oprimidas es la única base posible para el verdadero internacionalismo, que comienza con el combate contra el enemigo dentro del propio país. Es, en definitiva, una política de presión y de "reforma" de la burguesía. Con la perspectiva opuesta, es decir con una perspectiva obrera independiente, llamamos a realizar una campaña en los Estados Unidos, que culmine con una conferencia en una importante ciudad norteamericana. El movimientismo es realmente un recurso último de la contrarrevolución para combatir la formación de partidos revolucionarios, o sea para combatir la plena formación histórica de la clase obrera. Cuando fracasan las contenciones del Estado burgués, queda como una última variante de disipación de la energía de la clase obrera *falta de programa, falta de política, falta de organización y de dirección. El movimientismo no vacila en transformarse en organización vertical cuando debe enfrentar a una dirección revolucionaria con apoyo popular (es lo que ocurrió con todo el movimientismo nacionalista en América Latina desde 1930 en adelante), aunque es más probable que se desintegre antes como consecuencia de sus contradicciones, de la crisis política y, por supuesto, del avance del socialismo revolucionario. Entre el movimientismo y el partido, oscilan en forma centrista los que proclaman la necesidad de construir el partido revolucionario y la IV Internacional, pero nunca ven la necesidad de concretar el propósito. Por una delimitación política revolucionaria El llamado Secretariado Unificado (SU) ha conseguido realizar una síntesis de todas las políticas anti-revolucionarias existentes en la izquierda, y lo ha hecho en nombre de la IV Internacional. La IV Internacional debe ser refundada también para acabar con esa ficción política. Después de repudiar la dictadura del proletariado en nombre de la "democracia" y de disolver sus principales secciones en el frentepopulismo, el SU ha pasado a ser parte del frente teórico y práctico internacional del movimientismo, propugnándolo como alternativa a la construcción de un partido y, lógicamente, como alternativa de la Internacional; el SU no es un partido, es un bloque de arribistas que se dedican a hacer entrismo en todos los movimientismos existentes. Un reciente frente del SU, en Portugal, la coalición "Política XXI", reivindica "históricamente" al "ya muerto" socialismo por haber contribuido a "humanizar" al capitalismo y, por lo tanto, a hacerlo viable. En la reivindicación del "pluralismo democrático" contra el "autoritarismo de izquierda" ya se contenía el principio de la disolución partidaria en el movimientismo, que se basa en el muy antidemocrático principio de que las divergencias políticas no deben ser explicitadas ni discutidas, sino ocultadas en función de la "pluralidad de opiniones". El movimientismo es un bloqueo al desarrollo de la conciencia política de los trabajadores. La reivindicación explícita del capitalismo y el movimientismo van de la mano, pues el segundo es un instrumento del primero. En Brasil, la participación dirigente del SU en el gobierno de Río Grande do Sul y en la intendencia de Porto Alegre (capital de ese estado) ha puesto en evidencia sus características contrarrevolucionarias. El SU no sólo practica una política capitalista (respetando y aumentando los subsidios al gran capital creados bajo el gobierno anterior, destruyendo la previsión social con una política peor que la del gobierno nacional, derechista, de Fernando Henrique Cardoso) sino que es un factor de derechización del gobierno del PT. El SU ha echado mano a todos los instrumentos políticos y represivos del Estado para combatir y derrotar la poderosa huelga de profesores y maestros de Rio Grande do Sul. ¿Qué tiene de extraño que el reparto burocrático de migajas del "presupuesto participativo", teorizada principalmente por el SU, sea una política oficialmente recomendada por el Banco Mundial? El SU ha avanzado mucho en el camino de los planteos antirrevolucionarios. Su sección francesa, la Liga Comunista Revolucionaria, se apresta a abandonar el nombre de "comunista" y repudia a Lenin, a Trotsky y a la Revolución de Octubre (a los que identifica como los precursores del stalinismo). Se trata del remate lógico de una larga degeneración política. No se trata de ejemplos aislados sino de aspectos centrales de una política internacional, que ofrece el singular peligro de practicar una política de salvataje capitalista en nombre del internacionalismo. El SU no sólo ha apoyado sino que también ha teorizado sobre el "pacto de estabilidad" comandado por el imperialismo para Yugoslavia y los Balcanes, y lo ha hecho desde prestigiosos medios de prensa del gran capital. Lo mismo ha sucedido con su apoyo a la intervención "humanitaria" (¿?) del imperialismo, a través de la ONU, en Timor Oriental. Para los militantes revolucionarios y combativos del SU no queda otra salida que la denuncia de esta política y la ruptura, con vistas a sumar esfuerzos en la lucha por refundar la IV Internacional, impidiendo que la histórica bandera de León Trotsky sea usada como ariete para una política antiobrera. Por una campaña por la refundación de la IV Internacional La reunión internacional de Buenos Aires reafirma su apreciación acerca del carácter histórico de la presente crisis capitalista y la pertinencia de su planteo de refundar la IV Internacional, para superar la crisis de dirección del proletariado internacional. Reafirmamos las declaraciones de las anteriores cuatro reuniones y los cuatro puntos programáticos de la Declaración de Génova, de 1997, y comprobamos su acierto en la práctica de nuestra lucha. Entendemos que es necesario, sin embargo, hacer un avance más decisivo en la campaña mundial por la refundación de la IV Internacional, que consiste en una acción práctica y organizada: en un plan de acción. Esta campaña debe profundizar el método político establecido en la reunión de Buenos Aires: mesas redondas, agitación y actos públicos de masas. Debe servir para atraer nuevas organizaciones a la lucha refundacionista y para desarrollar entre los trabajadores y las masas oprimidas de los países donde militamos la conciencia de la necesidad de una Internacional Obrera y Revolucionaria. Para eso impulsamos una coordinación más estrecha y organizada de los partidos adherentes a la Declaración de Génova. El progreso del planteamiento de la refundación de la IV Internacional exige de sus participantes la mayor claridad política y organizativa. Esto significa que colocamos la consigna de la refundación de la IV Internacional y las actividades relacionadas con las campañas votadas en el centro de la actividad política de los partidos que la sostienen. Por eso nos comprometemos a impulsar en la prensa de nuestras organizaciones, que debe tener un carácter regular, una campaña sistemática por la refundación de la IV Internacional. Para esto incorporamos un quinto punto a los cuatro de la declaración constitutiva de Génova: que todos los miembros del movimiento por la refundación de la IV Internacional se comprometen a editar publicaciones regulares, en las que se deberá hacer campaña sistemática por la refundación de la IV Internacional. Con estos planteamientos políticos y organizativos, llamamos a preparar una conferencia internacional con delegados elegidos por las bases de cada uno de los partidos y organizaciones intervinientes, que sirva para elaborar definitivamente el programa y los métodos de organización y de intervención en la lucha de clases internacional de nuestros partidos, como un verdadero partido mundial, como una verdadera internacional, como la IV Internacional. Buenos Aires, 31 de mayo de 2000 Partido Obrero (Argentina), Partido de los Trabajadores (Uruguay), Oposición Trotskista (Bolivia), Partido de la Causa Operaria (Brasil), Comité Constructor del Partido Obrero (Chile), Colectivo En Defensa del Marxismo (España), Partido Revolucionario de los Trabajadores (Grecia), Liga Marxista de los Trabajadores (Turquía) PLAN DE ACCION INTERNACI0NAL La reunión internacional de Buenos Aires resuelve impulsar las siguientes actividades, como parte del plan de acción para la refundación de la IV Internacional: Realizar, a prin

1 de diciembre de 2000
Refundar la IV Internacional propuesta de la oposición trotskista internacional
AMR-Proposta · Liga Trotskista

1 La situación mundial está caracterizada por la crisis e inestabilidad de la dominación capitalista. Los capitalistas atacan a la clase obrera para mantener su rentabilidad y los obreros resisten. Económicamente, la crisis capitalista se puede ver en el masivo exceso de capacidad y de sobreacumulación del capital en una escala mundial; en la creciente desigualdad de riqueza y salario; en el desarrollo de la especulación y el carácter parasitario del capital financiero a un grado no visto desde los años 20; en la crisis financiera resultante que barrió Asia, Rusia y Brasil en 1997 y 1998; en la incapacidad del capitalismo para ofrecer cualquier perspectiva de desarrollo en Africa, y en el terror de los capitalistas a un "aterrizaje violento" en los países capitalistas avanzados después de los rentables pero cada vez más especulativos años 90. Políticamente, la tendencia de las masas a resistir se puede ver en la serie de explosiones a lo largo del mundo, incluyendo los levantamientos en Albania, Indonesia, Ecuador y Colombia; en las huelgas en Sudáfrica, Corea del Sur, China y Bolivia; en las huelgas estudiantiles en México; en el lazo anti-OMC entre los sindicatos y los estudiantes en Estados Unidos; en el retiro forzado de los israelíes del Líbano, y en la debilidad gubernamental en muchos países. 2. La inestabilidad es una expresión del quiebre de todos los elementos de equilibrio capitalista de la segunda posguerra. A través de los años 50 y 60, la economía mundial creció con una relativa rapidez en el orden establecido por el "compromiso social del Estado de Bienestar" en los países capitalistas avanzados, de la dominación norteamericana entre los imperialistas, descolonización y neocolonialismo, del apoyo mutuo de facto de los imperialistas y los stalinistas. Con el fin de los años 60, el capitalismo entró en un período de crisis caracterizado por una lucha de clases más intensa en los países capitalistas avanzados, por rivalidades interimperialistas, por una incrementada presión imperialista 3sobre las semicolonias y la resistencia de éstas, y por el conflicto entre los stalinistas y los imperialistas sobre Vietnam y Afganistán, y la política guerrerista de Carter/Reagan. 3. A principios de los años 70 la clase obrera tenía la iniciativa, ya que los capitalistas estaban forzados a hacer concesiones a los trabajadores y a la juventud en los países centrales y a las luchas de liberación nacional y los movimientos nacionalistas burgueses en las semicolonias, y habían sido derrotados en Vietnam. Al faltar una dirección revolucionaria consistente, sin embargo, las luchas de los trabajadores lograron importantes victorias, pero después se redujeron, dejando espacio a los capitalistas que reagruparon sus fuerzas y comenzaron una contraofensiva. A lo largo de los 80 la clase obrera retrocedió en la mayoría de los países y en 1991 la Unión Soviética cayó víctima de sus contradicciones internas y de la presión imperialista y colapsó. Los capitalistas esperaban imponer un "nuevo orden mundial" neoliberal de explotación capitalista sin límites, encubierto en la democracia y reforzado por intervenciones militares "humanitarias". 4. A pesar de sus éxitos, los capitalistas no han podido establecer un nuevo equilibrio, ni político ni económico. Algunos observadores, incluyendo algunos en la izquierda, ven la posibilidad de una nueva expansión económica a largo plazo, basada en avances tecnológicos en computadoras, telecomunicaciones y bioquímica, la expansión global del comercio y la inversión, en el muy incrementado ritmo de la explotación y la apertura de la ex Unión Soviética y China a la penetración imperialista. Pero esta es una posibilidad ilusoria. El masivo exceso de capacidad, las rivalidades interimperialistas y la resistencia de los trabajadores no permiten a los capitalistas tomar ventaja de sus posibilidades tecnológicas. Los capitalistas no pueden dar las concesiones que serían necesarias para garantizar la paz social y permitir que funcionen o la democracia o la dictadura. El nuevo orden mundial ha fracasado. 5. A mediados de los 90, los trabajadores comenzaron a resistir el orden neoliberal. Luchas de clase y sociales se hicieron más frecuentes, y la vanguardia amplia de la clase obrera comenzó a recuperarse del shock y la confusión creados por las derrotas de los años 80 y 90, sobre todo del colapso de la Unión Soviética, y a buscar las razones de sus derrotas y las maneras de superarlas. Con el stalinismo, la socialdemocracia, el sindicalismo estrecho y el nacionalismo pequeñoburgués desacreditados, elementos de la vanguardia empezaron a buscar alternativas más radicales, incluyendo el trotskismo. 6. El desarrollo de la lucha de clases todavía es muy desparejo y aún no está en un nivel que amenace la dominación capitalista a escala mundial. Por el momento, los capitalistas tienen la posibilidad de continuar sus ataques contra la clase obrera a través de maniobras dentro de la gama relativamente estrecha de la centroizquierda a la centroderecha, sin tener que recurrir a los frentes populares al estilo de los años 30, a las dictaduras militares o al fascismo. Pero la incapacidad de los capitalistas para estabilizar su sistema y la resistencia continua de los obreros demuestran que la perspectiva revolucionaria se mantiene vigente. 7. La solución de la clase obrera a la crisis capitalista es la revolución mundial. Los aparatos stalinistas y socialdemócratas no lideran la lucha por el poder obrero ya que sus intereses materiales los atan al orden burgués. Tampoco lo harán los antiguos grupos de la extrema izquierda *algunos de los cuales se reclaman todavía trotskistas* que se han adaptado a la sociedad burguesa en nombre de una democracia social o radical y ya no ven necesario que los trabajadores tomen el poder como precondición del encuentro de la salida a la impasse capitalista. 8. Partidos revolucionarios y una Internacional revolucionaria son los instrumentos necesarios para que la clase obrera tome el poder. Una razón clave por la que las explosiones de los últimos años han sido todas contenidas, es que no han podido ser dirigidas por partidos revolucionarios y se han hundido en colaboraciones de frente popular o nacionalistas con las burguesías locales y, en muchos casos, con el imperialismo. La tarea de los marxistas revolucionarios es construir la dirección capaz de intervenir en el desarrollo revolucionario de la lucha de clases y llevar a la clase obrera al poder. 9. El partido revolucionario debe basarse en el único programa genuinamente revolucionario, el programa de la IV Internacional. Ninguna de las organizaciones internacionales existentes es la IV Internacional. Todas son demasiado chicas y todas sufren desviaciones políticas centristas de un tipo u otro, aunque no hayan hecho las paces con el orden capitalista. En particular, el Secretariado Unificado se ha alejado más y más del trotskismo mientras sigue reclamando ser la IV Internacional, creando así un obstáculo para aquellos que quieren construir una IV Internacional genuinamente revolucionaria. Los militantes subjetivamente revolucionarios están esparcidos entre las varias organizaciones trotskistas, así como también en organizaciones no trotskistas y en la vanguardia desorganizada. Una tarea clave de los trotskistas consecuentes es unir a estos revolucionarios en una IV Internacional hegemónica, exponiendo a las direcciones centristas en la lucha de clases y derrotándolas políticamente. 10. Los firmantes de la Declaración de Génova han trabajado juntos por más de tres años para refundar la IV Internacional. Hemos tenido algún progreso desde que el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Grecia se unió a nuestra lucha en 1997, siendo el más importante la adhesión de la Liga Obrera Marxista de Turquía. Pero esto está lejos de ser suficiente para llegar a nuestra meta. Necesitamos consolidar y coordinar nuestro trabajo internacional y nuestros esfuerzos para atraer a otras fuerzas a la lucha por refundar la IV Internacional. Para esta finalidad, vamos a organizar una campaña internacional en nuestra prensa y en nuestra acción política por una conferencia de delegados elegidos de todas las organizaciones que buscan refundar la IV Internacional, como una respuesta necesaria a la crisis capitalista y al impulso de los trabajadores para luchar por una solución alternativa. Aunque no lográramos atraer suficientes fuerzas para refundar la IV Internacional, en los hechos, esta conferencia ayudará a construir el movimiento por la IV Internacional y será un paso adelante en la resolución de la crisis de dirección proletaria. Buenos Aires, 2 de junio de 2000

1 de diciembre de 2000
Sobre el papel reaccionario del Secretariado Unificado en el gobierno de Rio; Grande do Sul (Brasil)
Varias firmas

RESOLUCION APROBADA POR LA REUNION INTERNACIONAL DE BUENOS AIRES RESOLUCION APROBADA POR LA REUNION INTERNACIONAL DE BUENOS AIRES La sección brasileña del llamado Secretariado Unificado de la IV Internacional (Democracia Socialista) ocupa un lugar central en el gobierno del PT en Rio Grande do Sul y en la Intendencia de su capital, Porto Alegre. Con esta posición, ha puesto en práctica una política claramente capitalista y antiobrera, manteniendo y profundizando la política de subsidios al gran capital del anterior gobierno derechista, destruyendo las conquistas sociales (en especial la previsión social pública) y combatiendo a través del Estado burgués la lucha de los empleados públicos, en especial la huelga de los profesores de marzo/abril de 2000. En realidad, la DS articuló, a través del Sindicato de Profesores, la quiebra de la huelga. Sus militantes intervinieron en las asambleas defendiendo el levantamiento de la huelga con el argumento de que el Estado no podía pagar el reajuste pedido por el sindicato porque no tenía dinero para ello. Además, la huelga, según la DS, estaba perjudicando al gobierno del PT. A través de los directores de escuela y de los delegados de enseñanza (cargos de confianza del gobierno), el gobierno organizó la represión a los huelguistas y la desmovilización del sindicato. La DS atacó la movilización de los docentes en nombre de la gobernabilidad del Estado. En la vanguardia obrera internacional siembra confusión que esta política reaccionaria sea llevada adelante en nombre de la IV Internacional. La organización y la bandera creadas por León Trotsky para combatir por la revolución proletaria mundial no tiene nada que ver con la política del SU y deben ser limpiadas de la mancha que le imponen el programa y la acción de esta corriente a través de su refundación sobre la base de sus auténticas pautas programáticas. La política del SU en Brasil es un aspecto de su política internacional de conjunto. Actualmente, la DS integra (a través del PT) el “Foro de la Ciudadanía”, que constituye la materialización del frente popular en los movimientos sociales y sindicales, con un programa de reivindicaciones mayoritariamente burguesas (salario mínimo de 100 dólares, participación “democrática” en el Estado, “justicia social», etc.). El “Foro de la Ciudadanía” agrupa a los partidos del frente popular y a entidades como la CNBB (obispos católicos) y la AOB (Orden de Abogados de Brasil), desarrollando una clara política de freno a las luchas en el país. Es fundamental dejar en claro que la Democracia Socialista, la sección del Secretariado Unificado en un país de la importancia de Brasil, actúa no sólo como una burocracia que traiciona una huelga o se opone a las reivindicaciones obreras en función de una política de colaboración con la clase dominante, sino que actúa abiertamente como un agente directo del Estado burgués. Llamamos a las organizaciones que se reivindican de la lucha revolucionaria de la clase obrera a denunciar públicamente esta política. Llamamos, en particular, a todos los militantes y las secciones del propio SU a denunciar esta política de manera de que, al hacerlo, se coloquen, en el terreno de la lucha de clases, del lado del proletariado contra esta política contrarrevolucionaria. A ellos y a los trabajadores consientes del mundo entero, los llamamos a sumarse a la tarea imperativa de poner en pie una Internacional Obrera, la IV Internacional. Buenos Aires, 1 de junio de 2000 Aprobado por unanimidad

1 de diciembre de 2000
A los compañeros piqueteros, a los desocupados, al pueblo de Tartagal y de Mosconi (Salta)
Varias firmas

RESOLUCION APROBADA POR LA REUNION INTERNACIONAL DE BUENOS AIRES RESOLUCION APROBADA POR LA REUNION INTERNACIONAL DE BUENOS AIRES Queridos compañeros: La reunión internacional por la refundación de la IV Internacional reunida en Buenos Aires, con la presencia de partidos, organizaciones y militantes de 13 países, saluda calurosamente vuestra lucha. Vuestra experiencia de organización y de lucha ha estado presente de una manera constante en nuestros debates como una expresión de una tendencia general de los explotados de todo el continente a encontrar una salida a sus apremiantes necesidades por medio de la lucha. La lucha de los piqueteros de Tartagal y Mosconi empalma con la lucha de los obreros y campesinos de Bolivia contra la privatización del agua, con las gigantescas movilizaciones de los campesinos sin tierra de Brasil y de Paraguay, con el levantamiento indígena y campesino de Ecuador, con las manifestaciones populares contra Fujimori en Perú, con la lucha campesina en Colombia, con las huelgas estudiantiles en México, con la pueblada en Costa Rica contra la privatización de la electricidad. Somos hermanos y hermanas de clase de todo el continente en una lucha común contra las devastadoras consecuencias de la crisis capitalista sobre nuestros pueblos. Los partidos y organizaciones presentes en esta reunión harán llegar la experiencia de vuestra lucha hasta lugares tan lejanos como Rusia, Grecia, Turquía, Rumania, Italia y Estados Unidos. Los compañeros de Bolivia, de Brasil, de Uruguay y de Chile respaldarán vuestra lucha con sus propias luchas. Los partidos y organizaciones presentes en esta reunión por la refundación de la IV Internacional entendemos que los trabajadores y los oprimidos debemos desarrollar una lucha común contra el enemigo común: el imperialismo norteamericano y los gobiernos fondomonetaristas. p0r QSO hemos votado organizar una campaña continental de movilización con la consigna "Fuera el imperialismo, fuera el FMI” y con el siguiente programa: fuera la intervención norteamericana de Colombia: fuera el FMI; expropiación de los terratenientes y reparto de la tierra a los campesinos, expropiación de la banca, no Pago de la deuda externa, control obrero; por partidos obreros y revolucionarios y por la IV Internacional; por los Estados Unidos Socialistas de América Latina. Vuestras reivindicaciones forman una parte integral de este programa de lucha. Los partidos y organizaciones presentes en esta reunión entendemos que la unidad combativa de la clase obrera de todo el mundo y su unidad política revolucionaria en una Internacional Obrera, son la herramienta necesaria para darle una salida obrera a la presente crisis mundial! Compañeros, les enviamos el más fervoroso saludo clasista e internacionalista. Buenos Aires, 1 de junio de 2000 Aprobado por unanimidad

1 de diciembre de 2000
A los compañeros mineros de Rumania. Al compañero Vaduva Vasile
Varias firmas

RESOLUCION APROBADA POR LA REUNION INTERNACIONAL DE BUENOS AIRES Queridos compañeros: La reunión internacional por la refundación de la IV Internacional reunida en Buenos Aires, con la presencia de partido, organizaciones y militantes de 13 países, se pronuncia por la libertad incondicional e inmediata del compañero Miron Kuzma y de todos los trabajadores presos en Rumania por luchas contra el gobierno reaccionario y fondomonetarista. La libertad de todos los que luchan contra el capitalismo, contra la opresión y por las reivindicaciones de los trabajadores es, para nosotros, un compromiso de lucha permanente e irrenunciable. Todos nosotros hemos admirado el ejemplar heroísmo de los mineros rumanos en las marchas de enero y febrero de 1999, cuando enfrentaron e hicieron retroceder a la policía. Todos hemos sentido la indignación y el odio de clase cuando nos enteramos de que fueron reprimidos salvajemente y encarcelados. Compañeros, la restauración del capitalismo es sinónimo de hambre, miseria, desocupación masiva y flexibilización para los trabajadores, y de opresión nacional para los pueblos. La restauración del capitalismo es la barbarie. Saludamos y apoyamos la lucha de los mineros rumanos contra la restauración capitalista y vuestros gobiernos restauracionistas. La lucha contra la restauración del capitalismo es una lucha mundial. Los obreros de Argentina, de Brasil, de Italia, de Estados Unidos y de todos los países son los mejores aliados de los obreros rumanos, rusos, de Europa del Este y de China porque tenemos un interés común. Cada golpe que le demos al imperialismo en cualquier país capitalista, hará más difícil que puedan llevar adelante la restauración en vuestros países; cada golpe que reciban en vuestros países, hará más difícil que puedan aplicar sus planes de miseria y desocupación en todo el mundo. Es una lucha común contra un enemigo común. Los partidos y organizaciones reunidos por la refundación de la IV Internacional reclamamos la libertad de Mirón Kuzman y llamamos a las organizaciones obreras y populares de todo el mundo a sostener esta causa. Los partidos y organizaciones presentes en esta reunión entendemos que la unidad combativa de la clase obrera de todo el mundo y su unidad política revolucionaria en una Internacional Obrera, son la herramienta necesaria para darle una salida obrera a la presente crisis mundial. Compañeros, les enviamos el más fervoroso saludo clasista e internacionalista. Buenos Aires, 1 de junio de 2000 APROBADO POR UNANIMIDAD

1 de diciembre de 2000
Balance de Buenos Aires
Colectivo En Defensa del Marxismo de España

Germinal (*) El Congreso del Partido Obrero de Argentina, las jornadas de debate en la Universidad, la quinta reunión internacional por la refundación inmediata de la IV Internacional, la manifestación del 31 de mayo contra el FMI, el acto central del 3 de junio… He aquí ocho días intensos, cuyas lecciones políticas han sido objeto de cuidadosos análisis y conclusiones que permiten al colectivo de militantes agrupado en torno a esta publicación, dar un paso al frente, comenzando por poner en el centro de nuestra actividad un orden de prioridades y unos objetivos políticos determinados por la necesidad histórica de la IV Internacional sobre la base de la actualización del Programa de Transición. 1. El Congreso del PO Pude asistir al Congreso de una organización en pleno desarrollo como fruto de su intervención en la lucha de clases, con un incremento superior al treinta por ciento de delegados con relación al Congreso anterior, sobre la base de la misma proporcionalidad. En sí mismo, esto podría significar muy poco… Pero resulta que este desarrollo tiene lugar bajo el signo de la lucha por la Internacional, levantando un plan de lucha en Argentina para agrupar a las fuerzas de la clase en el terreno de su independencia política: desde el mismo terreno electoral hasta la más pequeña de las reivindicaciones, el PO pone en el centro de toda su actividad el combate político por la configuración de un Polo Clasista a partir de la perspectiva del Congreso de Delegados de Base. La elección de Jorge Altamira como Legislador en Buenos Aires, cobra toda su dimensión dentro de este marco general, acentuado por una situación política de una radicalización extrema, en la que se palpa en el aire la sacudida que produce, en toda la sociedad, el saqueo imperialista, sus consecuencias dramáticas: el preludio de la gigantesca tormenta política que se divisa en el horizonte más inmediato. Los debates en plenario; el trabajo de las comisiones; las mismas votaciones y la elección del CC; la elección de 10 delegados del Congreso del PO para la reunión internacional; la emotiva despedida en el local de Ayacucho al viejo luchador desde los orígenes de Política Obrera *hoy el PO*, delegado al Congreso, que falleció durante el desarrollo del mismo; he aquí una totalidad en la que se expresaron, en hilo de continuidad histórica, elementos de las más ricas tradiciones del movimiento proletario conciente. El PO está cerca de comenzar a tener responsabilidades en la lucha de clases, y es conciente de ello. Ha iniciado un giro político, a partir de la asunción sólidamente adquirida por su dirección, por sus cuadros y su base militante, de que el Partido es un elemento vivo de la lucha de clases, pero no uno cualquiera: ¡Es el elemento decisivo! Reto de suma importancia, una prueba de fuego para esta organización hermana, para su Legislador electo, Jorge Altamira; reto y prueba de fuego que sólo se pueden superar dentro de los avances y la progresión que seamos capaces de alcanzar, juntos, en el ámbito internacional, en la lucha por la Internacional, esto es, por el socialismo a escala planetaria. 2. La reunión internacional Desde la reunión internacional de Génova, en la que se aprobaron los cuatro puntos de delimitación política Internacional, la impresión que teníamos estaba presidida por un cierto desencanto: se había avanzado muy poco, incluso había más que estancamiento en lo que se refiere a la ITO, tendencia internacional de oposición, cierto, pero todavía dentro del Secretariado Unificado. Cuestión ésta que sólo se puede concebir dentro de una muy seria comprensión del alcance de la crisis de la IV Internacional. Al margen de esta comprensión, sería sencillamente inadmisible: uno de los puntos de partida de la lucha por la Refundación de la IV Internacional radica, justamente, en una profunda asimilación de las consecuencias *también de la naturaleza política (revisión y negación del Programa)* de la liquidación de la IV Internacional al salir de la guerra. Cuestión que sigue erigiéndose en una de las asignaturas pendientes del marco internacional, porque de lo que se trata es de la esencia misma del Programa, de su naturaleza y alcance histórico, de la combinación dialéctica entre su vigencia y la imperativa necesidad de su actualización. Así, en Atenas *cuarta reunión internacional, marzo de 1999* la cuestión de los Balcanes no estuvo, pese a nuestra insistencia, en el centro de la discusión política *excesivamente centrada en el acuerdo electoral LCR-Lutte Ouvrière para las elecciones al Parlamento Europeo en Francia*, de tal modo que, cuando el 24 de marzo de 1999 (la Conferencia de Atenas concluyó el día 10 de marzo), Solana, al frente de la Otan, desencadenaría el inicio de la guerra con los bombardeos sobre Belgrado y Pristina, aparecerían divergencias políticas muy serias en la apreciación del mismo carácter y naturaleza de una guerra que, encima, coincidiría en el tiempo con la campaña electoral al Parlamento Europeo… Esta vez la discusión Internacional había comenzado en el mismo marco del Congreso del PO. Con elementos ya muy positivos en lo que se refiere a la voluntad política de afrontar la discusión sin ambigüedades, con el reconocimiento explícito de la necesidad de profundizar para poder abordar el giro político y de organización que la situación mundial exigía. En su intervención de apertura de la reunión internacional, Jorge Altamira centraba muy bien la discusión del único punto del orden del día de la reunión *"La crisis mundial y las tareas de Refundación de la IV Internacional"*, desarrollando con fuerza los rasgos que confieren a la crisis mundial del capitalismo su carácter sin duda más profundo jamás alcanzado y, a la vez, sabiendo expresar en términos de desarrollo desigual y combinado, tanto la situación objetiva como el mismo desarrollo desigual y combinado de las organizaciones presentes en Buenos Aires. El propio informe de Jorge Altamira y el documento presentado por el PO sirvieron de base para la discusión política. Se elegía una comisión formada por tres miembros del PO, que quedaba encargada de incorporar al documento la esencia de las aportaciones políticas de las intervenciones de los delegados para poder someter un borrador de documento que, a su vez, emanara de la propia reunión internacional. Método muy correcto de trabajo, únicamente salpicado por la crónica informalidad en el no respeto de los horarios que libremente se aprueban, si bien esta vez las múltiples actividades complementarias *las conferencias y debates públicos diarios en la Universidad, la participación de todos los delegados e invitados el día 31 a la manifestación contra el FMI*, aunque sin servir de excusa, ponían alto el listón de la "dificultad añadida". La primera parte del debate fue rica, con abundante participación de todas las delegaciones y de los invitados, por ejemplo el relato del miembro de la COB, por su interés y porque refleja a la perfección la agudeza de la crisis mundial y la ausencia de la dirección revolucionaria. Aplicando con rigor el mandato con el que fui elegido para ir a Buenos Aires, participé de lleno en los debates, expresé y desarrollé las diferencias políticas que manteníamos, sin abusar del uso de tiempo en la tribuna, habida cuenta de que éramos nosotros quienes más habíamos escrito al respecto (y yo en particular). Insistí sobre un hecho importante: parte de las diferencias políticas quedaba saldada en la misma metodología con la que se daba comienzo a la reunión internacional. Nosotros habíamos, sobre todo, insistido en la necesidad de que, sin diplomacia, se diera libre curso a la discusión política, ya que toda vez que las divergencias y la naturaleza política de las mismas afloraran, podríamos alcanzar conclusiones "práctico-materiales, de campañas internacionales que nos fuesen comunes, que alcanzaran a expresar la Internacional en construcción y en movimiento, dejando, dentro del tiempo y del espacio, la discusión abierta sobre aquellas cuestiones en las que subyacen diferencias, matices y hasta divergencias políticas de fondo". La intervención de Peter, de la Liga Trotskista de EE.UU. *ITO*, significó un giro en la discusión, llegándose a la necesidad de emplazar a la ITO a someter una resolución propia a discusión y votación, visto que se perpetuaban diferencias políticas que expresaban una comprensión distinta del período histórico, de la naturaleza y el alcance de la crisis mundial. El lector podrá apreciarlo repasando las dos resoluciones que fueron votadas en bloque, la ITO votando sola su resolución, y el resto de organizaciones promotoras votando la otra. En la penúltima jornada hubo una sesión cerrada, esto es, de las organizaciones promotoras de la reunión, a la que se sumaron los chilenos, núcleo militante invitado que, durante la reunión internacional, se había adherido al Reagrupamiento Internacional por la Refundación de la Cuarta Internacional. En esta reunión cerrada, el debate internacional avanzó más aun en la clarificación. De nuevo en plenario, se entró en el terreno de las enmiendas y comenzaron a plantearse las tareas internacionales. No habiendo podido cambiar la fecha de mi regreso *el billete lo habíamos cogido antes de recibir el aviso de un pequeño cambio de calendario*, tuve que ausentarme en pleno debate sobre las enmiendas a las distintas resoluciones *2 de junio a las 14 hs*, habiendo dejado algunas enmiendas y, sobre todo, habiendo hecho público el sentido de mi votación: votaríamos el documento en su totalidad, sin acogernos a la posibilidad brindada desde la tribuna, en el sentido de que se podía votar, también, especificando votos en contra puntuales sobre puntos de desacuerdo y/o abstenciones por la misma razón. Pude asistir, antes de marchar, a la lectura de la carta que mandó a la reunión internacional el PRK del Kurdistán. En términos generales, el debate internacional fue rico y con amplia participación de los 31 delegados internacionales elegidos más los 18 invitados, representando en total a 13 países. Y al mismo tiempo, fuimos en conjunto una muy clara expresión del "desarrollo desigual y combinado", quiere decirse que de triunfalismo, ¡nada de nada! Me pareció percibir, eso sí, que por primera vez había como una mayor conciencia colectiva del alcance histórico de la crisis de la IV Internacional y de la necesidad de abordar con firmeza las tareas políticas y de organización para ponerle un término: la relación dialéctica entre condiciones objetivas y subjetivas parecía estar en el centro del pensamiento y las preocupaciones de todos los presentes. Aunque el debate y la polémica con la ITO ocupó la mayor parte de la discusión internacional, me pareció que a diferencia de las otras reuniones *yo sólo asistí a la de Atenas, pero están los informes de los camaradas que asistieron a Génova, San Pablo y Buenos Aires en las anteriores*, todas las intervenciones, en particular aquellas que levantaban elementos de discusión basados en diferencias de apreciación importantes, no sólo eran escuchadas, no sólo replicadas *más por alusión, todavía, que directa y nominalmente* pero, y por sobre todo, eran asimiladas y recogidas con interés, incluso bajo la forma de su traducción en la redacción del documento, en aquellos puntos en los que se había producido algún avance político. El punto propuesto para añadir a los cuatro de Génova *obligatoriedad de sacar una prensa con periodicidad mensual en cada país*, puede parecer poca cosa. Nada más engañoso: ubicado dentro de las tareas internacionales aprobadas en la reunión; con el compromiso de avanzar hacia la configuración de secciones del Reagrupamiento Internacional que elegirán a los delegados que proporcionalmente les correspondan para su participación en la próxima reunión internacional; junto a la misma elección de cinco miembros con mandato para coordinar el conjunto de reuniones, calendario político y campañas a realizar; entonces, este quinto punto, así entendido, no tiene nada de anecdótico o de "poca cosa". 3. Sobre las divergencias políticas Para En Defensa del Marxismo, esta ha sido la cuestión más importante de todas. Decisiva. Comenzando, en primer lugar, por la existencia de dos documentos centrales, votados por todos los delegados con derecho a voto, que marcan una primera delimitación escrita, debatida y sellada en sendas votaciones, cuyo alcance, emplaza, en particular a la ITO, no sólo a reabrir un serio debate en el interior de su tendencia internacional, sino a avanzar, ya sea en la profundización de sus posiciones en el sentido de su mantenimiento y desarrollo, ya sea en el sentido de su paulatino abandono para, en tal caso, sumarse a una comprensión *la del resto de las organizaciones, que parte de la unidad mundial de la lucha de clases, marcada en la etapa actual por la tendencia creciente a la homogeneización de la misma, bajo el fuego de una crisis sin precedentes del sistema capitalista en la arena mundial*. Y, en segundo lugar, porque hemos podido comenzar la discusión política sobre las diferencias y hasta las divergencias que todavía persisten entre nosotros, dejando claro que lo que en ningún momento hemos pretendido es "discutir sobre el sexo de los ángeles". Lo hemos podido hacer, en plena reunión internacional, con participación de todos, ante todos, constatando elementos de acercamiento político en algunos casos y, en otros, habiendo podido situar a la perfección la naturaleza política y el alcance de las divergencias. En una próxima Conferencia internacional, de persistir las divergencias, es más que probable que seremos nosotros quienes tendremos que presentar un documento alternativo, por ejemplo, sobre la naturaleza de los Estados en Rusia, China, Europa del Este, sobre el porqué damos por cerrada la restauración capitalista en esos Estados. Cuestión que nos obligará, sin duda, a determinar, históricamente, en qué momento se produce la transformación de cantidad en calidad. No para "rizar el rizo" sino para poder levantar la bandera de la IV Internacional insertándonos en el terreno de la búsqueda de la culminación de la obra emprendida por León Trotsky, vilipendiada desde las mismas cimas de la IV Internacional hasta extremos tan degenerados y con una contaminación tan alta, que la historia de la IV Internacional y su deambular por el planeta puede parecerle, al común de los mortales, una verdadera historia de locos. Todas las divergencias políticas que planteamos tienen que ver, a la vez, con la comprensión del mismo Programa de Transición y con su negación desde la misma dirección de la IV Internacional inmediatamente después del asesinato de Trotsky. Si nosotros consideramos que la contrarrevolución se impuso definitivamente en Rusia, dando por "cerrado el período histórico abierto con la revolución de octubre del 17", desde el único punto de vista de la liquidación de la sobrevivencia de grandes mercados que habían escapado al control capitalista, lo que estamos afirmando, entre otras cosas, es que a diferencia del período anterior, en el que lo que estaba planteado era la revolución política contra la burocracia *dentro de la unidad mundial de la lucha de clases*, hoy, en Rusia como en China y en toda Europa del Este, el enemigo de clase de los proletarios rusos y chinos, en primera instancia, está en China, en Rusia, en cada Estado respectivamente, no ya bajo la forma de la burocracia subordinada (al) y agente (del) imperialismo, sino bajo la forma de la burguesía, encima, en los casos de Rusia y de China, en tanto que potencias imperialistas. También sobre la naturaleza de clase de la socialdemocracia mundial (Felipe-Solana; Blair y el "New Labour", pero también Schröeder, Jospin, el mismo PT de Brasil o el PS de Lagos en Chile); de la "socialdemocratización" de los grandes desprendimientos del stalinismo (DAlema en Italia, Garrido-Almeida en España); de los despojos del stalinismo mantenidos en IU con toda suerte de aportaciones democratizantes, incluidas aquellas que reivindican todavía la IV Internacional (SU, LIT, UIT). Nadie descarta que de aquí a la próxima Conferencia, tal vez habremos superado *¿por qué no?* algunas de estas divergencias sobre la base de las tareas compartidas y del debate que va a continuar y debe de acompañarlas, al calor del desarrollo mismo de la lucha de clases, que en su ininterrumpido quehacer contribuirá a dar la razón a unos o a otros. También acerca de la naturaleza de los gobiernos del tan cacareado mediáticamente "centroizquierda", que, para nosotros, son coaliciones burguesas de gestión del capital y de sus guerras, y en ningún caso, gobiernos de colaboración de clases. Sinceramente, en el momento actual, no podemos decir que tenemos divergencias de principios, porque las ponemos todas a cuenta de la enorme factura de la crisis de la IV Internacional, de la naturaleza política de su destrucción organizativa por el pablismo liquidador, como consecuencia de la revisión primero y del abandono después del Programa de Fundación de la IV Internacional. Partido y Programa no son "categorías separadas"; por el contrario, se funden en un mismo e inseparable proceso: el Partido es el Programa puesto en movimiento por una fuerza viva, material. La IV Internacional fue disuelta por la mayoría de su dirección al salir de la Segunda Guerra Mundial imperialista, que practicó la entrada en los distintos PCs *entrismo sui géneris*. Toda la historia ulterior del llamado "movimiento trotskista internacional" ha estado profundamente marcada por la disolución de la "fuerza viva, material" que dejó de encarnar en sus palabras, en sus escritos y en sus actos el Programa que había servido para agrupar, en una Conferencia de Fundación, a la frágil vanguardia revolucionaria alrededor de León Trotsky, su principal redactor, con una sola voluntad: acabar con el régimen de la propiedad privada de los medios de producción. Desde entonces, Programa y Partido no han estado fundidos en un solo cuerpo en la historia de la Iv Internacional. Y esta es la tarea que tenemos que encarar las futuras secciones del Reagrupamiento por la Refundación inmediata de la IV Internacional. ¿Puede, entonces, sorprender a alguien que tengamos un sinfín de matices, diferencias y hasta divergencias de fondo, entre nosotros? Máxime teniendo en cuenta que desde 1938 hasta la fecha no fueron pocas las transformaciones de cantidad en calidad que han tenido lugar en el mundo. Que son, además, las que tenemos que encarar con firmeza, para poder avanzar en la actualización del Programa, para hacer de nuestra organizaciones, las fuerzas vivas, la materia en movimiento que alcance a expresar su traducción práctica, su plasmación en la vida misma tal y como ésta se desarrolla; esto es, en el elemento decisivo de la lucha de clases. Casi todas las enmiendas que hice a la resolución política apuntaban en la misma dirección: la cuestión de la restauración capitalista que mucho tiene que ver con los llamados gobiernos de centroizquierda con relación a los frentes populares. Casi me atrevo a decir que la divergencia que tenemos, en el fondo, radica en una apreciación distinta sobre la naturaleza del stalinismo. ¡Cuestión que tuvo mucho que ver, justamente, con la liquidación de la IV Internacional! 4. Para concluir Votamos la totalidad de la resolución, en la que existen puntos de desencuentro. ¿Por qué lo hicimos? Pues es muy sencillo: porque la discusión no ha hecho más que empezar y sabemos que existe una voluntad política común para lograr su continuidad. Porque coincidimos plenamente en que la discusión es un factor de enriquecimiento político y jamás de parálisis o de bloqueo en la intervención. Nosotros pensamos, por ejemplo, que el PSOE es un partido burgués, como lo son los partidos de Blair y de DAlema, y que no podemos hablar de colaboración de clases. Otros no comparten esta apreciación. ¿Tiene esto algo que ver con nuestras diferencias sobre los gobiernos llamados de centroizquierda con relación a los Frentes Populares? ¡Evidentemente, sí! ¡Y las diferencias son de Programa! Pero todos hemos votado la resolución de condena del SU en Rio Grande do Sul. ¿Sobre qué bases políticas? Pues es muy sencillo: porque el SU adopta una posición abiertamente reaccionaria, corresponsabilizándose, con el PT del Brasil, en la misma represión de las masas. Nosotros pensamos que no podía ser de otro modo, conforme a la naturaleza política del SU desde su misma constitución, en 1963, como centro revisionista, una vez finalizada la etapa de disolución en los PCs. Otros pueden verlo de otra manera. La discusión continuará. Mientras tanto, ¡coincidimos en la condena del SU en Rio Grande! Es sólo un ejemplo. En definitiva, que hacemos parte de un mismo combate, por la misma organización y por el mismo Programa, ambos fundidos en un solo cuerpo: la IV Internacional, para encarar la gran tarea de nuestra época, la de la agonía del capitalismo y de la necesidad histórica del socialismo. Sobre estas bases preparamos desde ya mismo la Conferencia de En Defensa del Marxismo, porque la crisis que hemos padecido arrancaba del marco internacional y sólo en él podía comenzar a resolverse. Es obvio que vamos a contribuir, por escrito, a la resolución aprobada en Buenos Aires: pero sólo porque la ponemos en el centro de los debates de preparación de nuestra Conferencia, porque todos los documentos de preparación, así como las resoluciones de la Conferencia, los mandaremos a todas las organizaciones que estuvieron en Buenos Aires y a todas aquellas que no estuvieron en Buenos Aires y con las que mantenemos y/o queremos comenzar una discusión política. Porque nuestra voluntad política es la de ser la sección de la IV Internacional en el Estado español. Y a la vez que iremos avanzando, juntos, en esta dirección en el ámbito internacional *Refundación de la Cuarta Internacional sobre la base de la actualización del Programa de Transición*, también nosotros, aquí, iremos avanzando en la dirección de la construcción de su sección en el Estado español. Comenzando por la Primera Conferencia de En Defensa del Marxismo, que significará un paso hacia la organización comunista centralizada, levantando un Plan de Lucha basado en la independencia de clase y el internacionalismo proletario y poniéndolo todo en obra para la cristalización de una Asociación de Frente Unico Obrero en la que los comunistas ocuparemos el justo lugar que nos corresponderá. Aquí, conviene precisar un poco más: nosotros, que siempre hemos rehuido la autoproclamación, sólo podremos ser la sección de un marco internacional que comience a regirse por los principios del centralismo democrático, sobre la base del programa marxista. El único paso que en las condiciones actuales puede dar la Primera Conferencia de En Defensa del Marxismo, es el paso medido que, a nivel del Estado español, podemos dar en justa y adecuada proporción y concordancia con el paso dado en Buenos Aires. La lucha por el Partido no es una cuestión de simple voluntad política. Nosotros, como todos los demás, no sólo no escapamos a la crisis y la destrucción de la IV Internacional, sino que estaremos inmersos en sus nefastas consecuencias hasta que no podamos darlas por zanjadas históricamente. Lo cual, en primer lugar, es una cuestión de Programa y, en segundo lugar, de la organización que se funde en cuerpo y alma con el Programa. Y que de la relación dialéctica entre ambas, un pequeño núcleo como el nuestro podría pasar, del día a la mañana, a preparar el Congreso de la sección española de la IV Internacional, sin el menor reparo. Y no sería una autoproclamación porque no estamos hablando ni de volumen ni de peso. Así, por ejemplo, yo pienso que Lutte Ouvrière, que tiene más volumen y más peso *en kilos, claro está, y también en votos*, es una organización de corte menchevique, nacional y de derechas irrecuperable, como cuerpo organizado, para la revolución socialista. Otra cosa son sus militantes. Pero lo mismo ocurre con otras tantas organizaciones, incluidos numerosos militantes "socialistas" o "comunistas" y demás istas, que sólo lo serán *recuperables para la revolución* si rompen con sus marcos organizados respectivos. Nosotros no queremos ser "un Partido más". Y hoy, no somos un Partido, no porque seamos pocos *aquí también quiero decir que, con otra línea política, podríamos ser tantos, que la tentación de llamamos Partido ni tan siquiera sería una autoproclamación* sino porque sólo queremos ser la sección de la Internacional. Daremos el salto cualitativo en relación y en concordancia con el desarrollo de la Internacional, jamás lo haremos "nacionalmente" y al margen del mismo. La Internacional surgirá del combate por el Programa. Nuestro punto de partida es el Programa de Fundación de la Cuarta Internacional. El punto de "llegada" no puede ser otro que el de su actualización. Bajo este signo, preparamos una Primera Conferencia para sentar las bases que deberían, dentro del tiempo y del espacio, desembocar en la sección de la Cuarta Internacional del Estado español. 27 de junio de 2000 (*) Del Colectivo En Defensa del Marxismo de España, extraido de la revista homónima, junio de 2000.

1 de diciembre de 2000
«La Internacional del siglo XXI sólo puede ser la IV Internacional»

Compañeras y compañeras, sobre esta discusión, en primer lugar, en nombre de la clase obrera de Grecia, quiero saludar a la clase trabajadora argentina que ayer protagonizó una magnífica manifestación contra nuestro enemigo común, el Fondo Monetario Internacional, y también quiero saludar la huelga general ya decretada en este país para el 9 de junio. Esto no sólo es una manifestación de la importancia de la militancia del proletariado argentino, no es sólo la manifestación de un desafío contra el imperialismo, por la liberación total, nacional y social del país. Es también una manifestación, es el signo precursor al mismo tiempo, de la revolución mundial que viene. Es la mejor contribución que ustedes pueden hacer a nuestra lucha común. Todos nosotros, los que estuvimos ayer presentes en la manifestación contra el FMI, estamos orgullosos de haber visto qué poderosamente la clase trabajadora de este país desafía al imperialismo. Y ese desafío aquí, en Buenos Aires, como fue obvio ayer, como lo manifestará la próxima huelga general, está íntimamente vinculado a otras manifestaciones de este desafío contra el mismo FMI. Indudablemente hay una conexión interna entre la manifestación de ayer en Buenos Aires y el extraordinario desafío de noviembre del año pasado en Seattle, cuando la clase trabajadora norteamericana, grupos juveniles, organizaciones y activistas de los más diversos rincones del país, en el centro mismo del capitalismo mundial, en la capital yanqui, la capital financiera mundial, se movilizaron específicamente contra el FMI y el Banco Mundial, contra el que ustedes manifestaron ayer, y harán la huelga la semana próxima. Nuestros hermanos americanos lucharon contra el mismo enemigo, y lo ridiculizaron. Porque el imperialismo yanqui no pudo ni siquiera gobernar Yanquilandia y la perdieron. Perdieron el control de la ciudad, ¿recuerdan? Físicamente, no pudieron concretar la reunión de la Organización Mundial de Comercio, y más tarde en Washington, tuvieron que enfrentar al mismo pueblo, cuando se hizo la reunión del FMI y del Banco Mundial. No sólo eso; para el 23 de septiembre de este año, en Praga, en la República Checa, en el corazón del continente europeo donde se hará la próxima reunión del FMI y del Banco Mundial, ya se está organizando una enorme movilización popular a lo largo y a lo ancho de Europa, de la cual participaremos, bajo la bandera de la IV Internacional, contra el FMI. Y ahí nosotros subrayaremos la conexión entre los planes de hambre y miseria del FMI, y lo que la Otan hizo y quiere continuar haciendo en Europa, porque los planes del FMI de atacar a los pueblos del mundo, en América Latina, Asia, Africa, Este de Europa, Rusia, están todos internamente conectados, con los nuevos planes agresivos de la Otan, incluida la primera guerra en Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, que experimentamos el año pasado con el ataque a Kosovo. Una guerra que todavía no finalizó y que continúa por otros medios. Entonces, vemos en el centro de Europa la conexión entre estas actividades bélicas, los planes de la Otan y los planes del FMI, el vínculo entre ambos y la necesidad objetiva de unir a los trabajadores del interior de Europa con los de todo el mundo para destruir estos instrumentos del capitalismo imperialista mundial y para establecer una sociedad totalmente diferente en este planeta martirizado. Entonces tuvimos el año pasado Seattle, pocos meses atrás Washington, ayer Buenos Aires, en setiembre próximo Praga: la lucha continúa pero en otro nivel en relación a las generaciones del pasado. Miren: la Otan y el FMI no son demonios, son instrumentos, instituciones que expresan intereses de clase en un período histórico específico. Por ejemplo, tanto el FMI como la Otan son expresiones del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial. La Otan fue construida en contra de la Unión Soviética, del comunismo, de la revolución social, especialmente contra la amenaza de una revolución en Europa en el período de la posguerra y para la dominación imperialista mundial en contra de la Unión Soviética; y el Fondo Monetario Internacional construído en el período de la expansión económica posterior a la Segunda Guerra, cumplió el rol de regulador de las tensiones para intervenir allí donde esas tensiones económicas podían derivar en problemas políticos, para disipar las posibilidades de una explosión. Esto ocurrió desde la creación del FMI y el Banco Mundial hasta algunos años atrás, hasta los 80; pero cuando el boom del capitalismo mundial posterior a la guerra, que tenía bases muy frágiles, colapsó y fue reemplazado por lo que se está viviendo ahora, que es la crisis de sobreproducción del capitalismo, a partir ya de los años 70, vimos la transformación del rol del propio FMI. De instrumento para prevenir la lucha, la guerra de clases mundial, se transformó en un instrumento de la lucha de clases mundial. En todos los lugares donde intervino el FMI con medidas de ajuste, lo único que hizo fue crear las explosiones sociales. Hubo una explosión tras otra en América Latina en particular. Pero incluso este papel de intervención del FMI, desde el principio de la crisis mundial en los 70, conoció un nuevo desarrollo cualitativo en estos tres últimos años. La historia nunca se desarrolla en forma lineal, siempre se desenvuelve a través de zig-zags, crisis y catástrofes; parafraseando a Trotsky que dijo que la historia se desarrolla a través de catástrofes, cortes bruscos, zig-zags, regresiones; no es lineal, es explosiva. Especialmente en las épocas de transición. Entonces, el FMI, que en principio fue un instrumento del apaciguamiento de la lucha de clases, se transformó en un estímulo a la lucha de clases. Pero el nuevo elemento cualitativo en este proceso, es que es un instrumento defectuoso de la lucha de clases mundial. ¿Por qué digo esto? En 1997, tres años atrás, todas estas contradicciones de la crisis capitalista mundial condujeron a la explosión conocida como la crisis asiática. Por supuesto, no fue una crisis regional sino mundial que debutó en el continente asiático. Un mes detrás del otro, si ustedes recuerdan, desde 1997 hasta ahora, especialmente en el 97 y 98, todas las predicciones del FMI fueron completamente ridiculizadas por la realidad. Por ejemplo, decían que en Tailandia ya se había estabilizado la crisis, y caía Corea, Filipinas, Indonesia, un país tras otro, toda Asia. Cuando dijeron "terminó la crisis en Asia" tuvimos la bancarrota, la quiebra en Rusia… Bueno, "ahora pudimos contenerla en Rusia": cuando dijeron eso estalló Brasil… y cuando dijeron "ahora la contuvimos en Brasil", esa misma crisis comenzó a golpear el corazón del mismo Wall Street. En el inicio de este año 2000, las últimas predicciones del FMI sobre el desarrollo de la economía mundial eran bastante optimistas, y este optimismo fue desafiado por la crisis de Wall Street y por el colapso de la llamada "nueva economía" de las acciones de Internet. En definitiva, entonces, el FMI, es un factor muy débil, un enemigo muy debilitado, que está siendo amenazado al mismo tiempo por la crisis económica mundial y por el movimiento de las masas, desde Seattle a Buenos Aires, y estoy seguro que continuará en Praga en unos meses más, y en algunos otros lugares a lo largo y ancho del mundo. Esta debilidad es la debilidad histórica del sistema en sí mismo, y expresa la declinación del capitalismo. De la mal llamada economía de mercado que hasta unos años atrás decían que era el "fin de la historia", especialmente en ocasión del colapso de la Unión Soviética. La legendaria mano invisible de Adam Smith, que regularía automáticamente el mundo económico, ahora ese mercado está en una situación que sólo puede crear caos. De principio de regulación se transforma en un principio de desregulación y de desestabilización, que explica esa histórica decadencia del capitalismo. Y esto ya lo señaló en su momento Trotsky, no lo estoy inventando ahora. El 26 de marzo de 1999, por ejemplo, en los más agresivos círculos del imperialismo, dos días antes del inicio del ataque de la Otan a los Balcanes, Thomas Friedman, un liberal americano, escribió en The New York Times una apología de la guerra y dijo: "Sostener la globalización es nuestro interés nacional más importante, y eso requiere un poder geopolítico estabilizado que no puede ser mantenido sin que se involucren los EE.UU." Ahora recuerdo una frase de Pablo Rieznik cuando dijo el otro día, en el seminario, que "globalización es norteamericanización", de manera que Thomas Friedman y Rieznik concuerdan. Este periodista norteamericano continúa y dice lo siguiente: "La mano invisible del mercado nunca funcionará sin el puño invisible de los aviones; McDonalds no puede desarrollarse sin Mc Donald Douglas, la empresa de aviones más importante del mundo"; y "el puño invisible que mantiene el mundo tranquilo para la tecnología del Silicon Valley, se llama Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América (ejército, marina y aviación)". La máquina militar imperialista *este puño que por otra parte no es tan invisible* la vimos en el cielo y la tierra de los Balcanes y es absolutamente necesaria para este sistema en decadencia, porque la mano invisible del mercado nunca funcionará en función de la agonía de este sistema, que no puede mantenerse ya más sin una creciente violencia. La agresividad de la Otan no es en sí una señal de su fuerza, si pensamos en la guerra en los términos de estos periodistas como Friedman; es un claro signo del hecho de que la economía de mercado ya no puede autorregularse. La ley del valor no puede funcionar y no puede regular porque ella misma está en declinación. Porque todo el sistema está en decadencia. ¿Por qué esta decadencia? Porque la misión histórica, para decirlo metafóricamente, del capitalismo, fue precisamente la internacionalización de la economía y de la vida social de la humanidad. Trotsky dijo que el capitalismo fue el primer sistema que le dio un carácter universal, mundial, al proceso de la vida humana, quebrando el círculo restringido de la economía natural. Y en función de esta universalidad del proceso histórico, en un punto que había predicho Marx en un capítulo de El Capital, esta tendencia a la universalidad desenvuelta por el capitalismo se levanta como una enorme barrera en contra del propio capital, y éste no puede continuar sin enfrentar a esta barrera que conduce a su disolución. Esta tendencia a la universalidad que aporta el capital al proceso histórico no está simplemente atada a un proceso económico abstracto sino a las fuerzas vivas de los antagonismos sociales, a las fuerzas de clase. El capital no es una cosa, es una relación social, es la relación de valor entre capital y trabajo, donde el trabajo es la única fuente inter-relacionada con la naturaleza del valor. Entonces el trabajo vivo en sí mismo es el portador material de esta universalidad. No es apenas retórica revolucionaria, es una verdad científica, afirmar que la clase obrera es una clase internacional y que los proletarios de todo el mundo tienen que unirse. Porque Marx estableció el rol revolucionario de la clase obrera, porque la clase obrera es la clase universal que no puede liberarse a sí misma sin liberar a toda la sociedad de todas las formas de explotación, de opresión, que no son exactamente la misma cosa. Marx hablaba de explotación y de degradación, y de un tercer elemento: liberar a la humanidad de toda humillación. Marx dijo que la clase obrera es la única clase que puede liberarnos de la explotación, de la opresión estatal, pero también la única clase que puede darnos dignidad, dignidad a la vida humana, realmente humana, porque lo que vivimos ahora no es una vida humana. No solamente para nosotros, las víctimas del capitalismo; tampoco lo es la vida de la clase capitalista rica en Beverly Hills, San Pablo o Buenos Aires, no es una vida humana, es una vida prehistórica, de dinosaurios prehistóricos; sólo que los dinosaurios eran simpáticos dinosaurios vegetarianos, y éstos son caníbales. La clase trabajadora, para realizar esta emancipación universal, tiene que tener sus propios instrumentos, sus formas de organización, de resistencia, para pelear en términos de lucha de clases; tener sus sindicatos, sus partidos, y por encima de todo necesita un partido revolucionario, porque sólo a través de este partido revolucionario puede actuar no sólo como un objeto sino como un sujeto de la historia y liberarse a sí misma: nadie puede liberarla fuera de ella misma. Pero para concretar esa emancipación la clase trabajadora tiene que construir su propio partido, nadie puede hacerlo por ella. Lógicamente, este partido revolucionario nació bajo los límites de las fronteras nacionales, pero para ser realmente un partido de la clase obrera, tiene que ser un partido de la clase obrera universal; de otro modo no es un partido revolucionario, porque el rol revolucionario de la clase obrera es el de ser una clase universal. O sea que no podemos construir el partido de la clase obrera en un solo país, sin construirlo como una sección del partido mundial de la revolución social, y esa es la cuestión de la Internacional, que estuvimos discutiendo precisamente estos días. Más quizás que en otro momento del pasado, la Internacional está hoy a la orden del día. Es una tendencia objetiva, no es apenas un deseo subjetivo. Al encontrarnos con los problemas de cada lucha de los trabajadores en un país y en otro, incluyendo los grandes países del mundo, como los Estados Unidos, o en la otra punta del mundo, Leningrado en Rusia, o en Medio Oriente, o en América Latina, o en los Balcanes, surge el problema de la necesidad de una Internacional. Nuestra iniciativa, que comenzó tres años atrás en Génova, para luchar internacionalmente por la refundación inmediata de la IV Internacional, significa también que abrimos el diálogo con todas estas fuerzas sociales en lucha y con todas estas expresiones de la clase oprimida, que sienten la necesidad de una Internacional, y que vienen de diferentes orígenes políticos; especialmente después del colapso del stalinismo, de la bancarrota de la socialdemocracia, muchos están buscando una nueva forma de organización internacional de lucha y a todos ellos nos dirigimos, sin exclusiones ni sectarismos, pero también sin ninguna tendencia liquidacionista hacia la confusión. Y entonces, con mucha paciencia pero muy firmemente, tenemos que explicar una y otra vez, y empezamos a hacerlo desde hace tres años, en Latinoamérica, en los Balcanes, en Europa, incluyendo Asia (Turquía, Kurdistán, también en Palestina). Nosotros discutimos por qué esta Internacional del siglo XXI sólo puede ser la IV Internacional. Muchos compañeros dicen: ¿Por qué la IV Internacional? Fue fundada en el 38 por Trotsky, y después de su asesinato, 60 años después, está dividida y fragmentada en centenares de grupos de los cuales muchos degeneraron en sectas que discuten interminablemente. Lo veo en Grecia pero también lo vi en Buenos Aires. No es un espectáculo edificante. No queremos conectar a todos los fragmentos y producir un mosaico; no lo que los surrealistas llamaban "cadáver exquisito". No queremos eso. Lo que nosotros decimos es que la IV Internacional fue establecida sobre bases históricas muy definidas, integrando un programa histórico que no fue agotado en 1938. El proyecto de Trotsky no está cerrado, está abierto. ¿Por qué? Trotsky no era un luchador contra el stalinismo, no somos el negativo del stalinismo, no determinamos lo nuestro por lo que el stalinismo hace o deshace; Trotsky y la Oposición de Izquierda empezaron a pelear contra el stalinismo y la burocracia para completar la obra de la Revolución de Octubre. Trotsky es la Revolución de Octubre viva; no estará terminada hasta que se extienda a una escala planetaria. Otros, como el así llamado Secretariado Unificado, en su congreso posterior al colapso de la Unión Soviética, dijeron que ahora que el stalinismo se hundió es también el final del trotskismo, y entonces tenemos que reagrupar a la izquierda. No; aunque algunos de ellos se llaman trotskistas por razones que creen honestas, lo hacen por razones que no son buenas. Algunos miembros del Secretariado Unificado vinieron a Latinoamérica y sólo atrajeron a algunas organizaciones como antistalinistas y no como comunistas. Pero la única corriente comunista es la que viene de la Oposición de Izquierda. De allí provenimos. Es este contenido comunista lo más importante para transformar la Revolución Rusa de Octubre y llevarla a escala mundial. El stalinismo fue el gran obstáculo; luchábamos contra el obstáculo, siempre teniendo en claro el objetivo, que es la transformación radical, total de la vida humana en el planeta. No se trata de ser simplemente antistalinista. Un burgués democrático puede ser también antistalinista, lo vimos en los últimos años, incluido en esto la experiencia de Gorbachov, Yeltsin. Y vimos qué uso hicieron del anti-stalinismo. Claro que somos antistalinistas y tenemos víctimas en esta lucha; fue el stalinismo el que en los años más negros de este siglo asesinó a nuestros camaradas, incluido a León Trotsky; la Revolución española fue traicionada por el stalinismo; la Revolución griega fue traicionada por el stalinismo; una revolución tras otra fueron traicionadas por el stalinismo. Odiamos al stalinismo porque luchamos por la revolución. No porque queremos a los burgueses democráticos. Estamos a favor de la dictadura del proletariado, que es la única fuerza que puede liberar a la humanidad. Todos los que se llaman a sí mismos trotskistas y dicen que Trotsky terminó porque Stalin terminó, prueban que no son otra cosa que burgueses democráticos. No se puede hacer una Internacional con ellos. El Secretariado Unificado de la llamada Cuarta Internacional, no es cuarta-internacionalista, n o está unificado y hasta debe dudarse que sea un secretariado. Entonces decimos que la Internacional del siglo XXI debe ser la IV Internacional que todavía no ha concluido su misión histórica, porque no se puede hacer la revolución a partir de la amnesia histórica, y en la IV Internacional están concentradas las victorias y las derrotas de la revolución internacional. No podemos pasar por alto esas experiencias. Todas las corrientes de izquierda, alas de la izquierda, que florecieron luego del colapso del stalinismo, se niegan a aprender de las lecciones de la historia. ¿Por qué la Unión Soviética colapsó? ¿Hubo en aquel momento una alternativa al stalinismo? ¿Trotsky y sus camaradas fueron o no una alternativa? Su programa, su política … no fueron abstractos términos moralizadores. No se puede hacer una revolución con amnesia histórica, sería una Internacional descerebrada, decapitada. La primera cuestión entonces es que a través de toda la tragedia de este siglo XX, si hubo alguna fuerza política que pasó por la prueba de la guerra mundial, que luchó contra el capitalismo sin capitular ante el stalinismo, que luchó contra el stalinismo sin capitular ante la burguesía democrática; esa organización sólo fue la IV Internacional. ¿Se fragmentó?… Sí. Son todas las heridas abiertas que tenemos en nuestra IV Internacional. Es verdad. Pero, como dijo Trotsky, "tenemos que ser fieles a nuestra patria en el tiempo, somos los hijos de nuestra época, somos víctimas, y la vanguardia de la época; expresamos la época y no capitularemos frente a las ideas dominantes de la época, que son las ideas de la clase dominante". Por todas estas razones la Internacional sólo puede ser la IV Internacional, que fue fundada en 1938, y que en los inicios del siglo XXI será refundada. (*) Texto de la intervención de Michael Savas-Matsas, en la sesión de cierre del Seminario Internacional, "Internacionalismo obrero en los comienzos del siglo XXI", realizado entre el 29 de mayo y el 1º de junio. Mesa redonda final en el Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires realizada el 1º de junio.

1 de diciembre de 2000
«Si no es ahora, ¿cuándo?»

Compañeras y compañeros: Escribiendo en 1938 El Programa de Transición, el programa de acción y fundación de la IV Internacional, Trotsky afirmaba que la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria. Yo creo que a 62 años de distancia, el mundo, la humanidad, la clase obrera, vive cruelmente el mantenimiento de la ausencia de esta dirección revolucionaria, la permanencia de esta crisis de la dirección revolucionaria. Creo que la vemos cruelmente, frente a la ofensiva capitalista contra las condiciones de trabajo y de vida de la clase obrera y de las masas en todo el mundo, frente a la desocupación masiva, frente a la guerra y las masacres que la perpetuación del dominio imperialista, del capitalismo, provoca sobre todo el planeta. Nosotros habíamos visto en este siglo, en la realidad de la lucha entre las clases, el rol contrarrevolucionario del stalinismo, la destrucción de partidos que debían construir la alternativa socialista para la humanidad, para la clase obrera, contra el capitalismo en decadencia. Su transformación en instrumentos de la contrarrevolución; de instrumentos para la emancipación del proletariado en instrumentos contra la emancipación del proletariado; de instrumentos para el socialismo en instrumentos contra el socialismo. Yo creo tomando el ejemplo de vuestra nación, cuánto pesó el rol del stalinismo en la crisis de la mitad del siglo en el movimiento obrero argentino; cuánto pesó en Italia, en mi país, a mediados del año 70, frente a un gran ascenso del movimiento obrero, el así llamado "compromiso histórico" con el cual el Partido Comunista más grande de Occidente salvó el dominio capitalista en mi país en el momento de una crisis internacional en Europa. Finalmente, el stalinismo ha cumplido hasta el fondo su rol contrarrevolucionario con la destrucción de las conquistas sociales en la Unión Soviética, en el este de Europa, en China, en Vietnam, etc. Pero si el rol contrarrevolucionario del stalinismo (y el rol contrarrevolucionario de la socialdemocracia previamente) es un hecho adquirido históricamente por el movimiento trotskista allá en los años 30, y contra el cual intentaba, no en nombre del anti-stalinismo sino justamente, como dijera Savas, en nombre de la perspectiva de la revolución socialista mundial, construir la dirección alternativa, resolver la crisis de la dirección revolucionaria del proletariado; creo lamentablemente que deberíamos reconocer que hoy, a 60 años de la muerte de Trotsky, a 62 años de la fundación de la IV Internacional, que la crisis del internacionalismo obrero está hoy presente todavía en forma inclusive más elemental que lo que lo estaba en 1938, cuando Trotsky escribió El Programa de Transición. Porque en 1938 existía, junto a la fundación de la IV Internacional, un reagrupamiento pequeño, una dirección alternativa respecto a las direcciones tradicionales del movimiento obrero. Existe una versión revisionista de la historia de la IV Internacional que afirma que la IV Internacional fue construida para mantener el hilo histórico del marxismo revolucionario en los peores años de la lucha de clases en el mundo. Es una visión totalmente falsa. La IV Internacional se construyó en 1938, planteándose el problema de constituirse como dirección revolucionaria del movimiento obrero y liquidar en la siguiente fase histórica el dominio capitalista-stalinista en el mundo. Desgraciadamente, la realidad de la lucha de clases, las presiones que ha sufrido la vanguardia proletaria nos condujeron a la situación de que la IV Internacional hace muchos años ha dejado de existir como organización consecuentemente trotskista; ha sido dominada por el revisionismo desde los años 50, se dividió y, aunque ha combatido contra el revisionismo conocido como el pablismo, no fue capaz de mantener una continuidad histórica de la IV Internacional, ni en su lucha contra el revisionismo, y degeneró a su manera. Moreno, Lambert, Healey, etc. Creo que esta cuestión debe entenderse en su importancia negativa en la lucha de clases, no en términos de batalla de ideas. Brindo brevemente dos ejemplos acerca de ello; uno en América Latina. Nosotros vemos hoy que se desarrolla un fuertísimo movimiento de masas contra la dictadura peruana, y no conozco que exista una dirección marxista revolucionaria que luche por dirigir este movimiento. Se podría decir que esto es una verdad en muchos países frente a muchos movimientos de las mismas características. Pero si vemos veinte años atrás, en el momento de la crisis y caída de la precedente dictadura militar, observaríamos que las fuerzas que se reclamaban del trotskismo, participantes del Secretariado Unificado, en particular, bajo la dirección de Hugo Blanco, un nombre creo bastante conocido, conseguían mediante un frente político un 12% de los votos en las primeras elecciones libres bajo la dictadura, como expresión de una radicalización que veía en este reagrupamiento un punto de referencia potencial como dirección del movimiento de masas. ¿Qué resta de todo esto hoy? Nada. El pablismo, en los hechos, no en las ideas, ha destruido esta potencialidad, primero en nombre de la unidad de la izquierda, del pluralismo de las fuerzas revolucionarias, es decir, renunció a la lucha por el partido de la vanguardia, y por el leninismo. Cuando esto provocó el fracaso de este frente, capituló ante la izquierda reformista de la Izquierda Unida peruana y disolvió, entonces, en los hechos, las tradiciones y las potencialidades del marxismo revolucionario en el Perú. Pero nosotros vemos estas enormes limitaciones políticas, este rol destructivo y antirrevolucionario del revisionismo trotskista, no sólo en fuerzas que provienen de la tradición del Secretariado Unificado y del pablismo, sino incluso en fuerzas políticas que estaban a la izquierda y que han combatido al pablismo históricamente. Tomo el ejemplo de la organización Lutte Ouvrière de Francia, que muchos compañeros y compañeras conocen. Esta organización no es una organización en crisis. Tiene el mérito de haberse construido sobre la base de su propaganda, llevándola al conocimiento de amplios sectores de la clase obrera francesa; fue capaz de conseguir más de un millón de votos (el 5%) en las elecciones francesas. Pero, ¿cuál es su rol hoy? Dicen: "Somos un pequeño grupo, no somos capaces de construir un partido". Todavía hoy lo dicen. "Tenemos que esperar". Y con este tipo de análisis, cuando el movimiento de la clase obrera se desarrolla y empieza a plantarse como una alternativa de clase frente al dominio capitalista, como lo ocurrido en Francia en 1995, se limitan a un movimiento sindical, a un rol de apoyo. Es cierto; los compañeros de Lutte Ouvrière están en primera fila en las luchas, pero no plantean ninguna propuesta política, ninguna indicación de poder de clase. Entonces, una oportunidad histórica es desperdiciada. Creo que, sobre la base de estos hechos reales, se ve la absoluta necesidad de reconstruir, de refundar una IV Internacional sobre la base propia, coherente, consecuente, del programa trotskista, del programa del marxismo de nuestra época. Una presencia que es demandada dramáticamente frente al proceso del colapso de los países del Este. Porque por fuerza era difícil, es cierto, construir partidos revolucionarios marxistas en estos países en tiempo oportuno para contrarrestar desde el inicio el proceso de disolución de estos países en los años ochenta. Pero seguramente habría sido posible construir a escala mundial un punto de referencia para que la vanguardia de clase de aquellos países pudiera ver en la perspectiva del socialismo revolucionario la alternativa y buscara intervenir con esa política, con esa perspectiva en la clase obrera de estos países, para luchar contra la restauración capitalista. Las derrotas, entonces, existieron; a nivel de la IV Internacional, a nivel de la lucha de clases, pero ello no es, a mi entender, un motivo para el pesimismo. Las condiciones para el internacionalismo obrero existen y existirán plenamente. Existen en la realidad del "nuevo orden mundial" del imperialismo; existen frente a la creciente explotación, frente a las guerras, frente a las masacres, frente a la inestabilidad del dominio capitalista; existen frente al desarrollo de las luchas a escala mundial, a niveles desiguales, sean como fuerza o como nivel de conciencia de las diversas clases obreras, pero que se desarrollan desde América Latina hoy, incluso obviamente, en el ejemplo que presencié ayer en la movilización aquí en Argentina; pero también en Europa en los años pasados, en Italia en el 94, en Francia en el 95, en Corea del Sur, que fue proclamado como el país símbolo del nuevo modelo de producción capitalista sin contradicciones, con una clase obrera domesticada. En todo esto, la posibilidad de que la vanguardia construya una alternativa revolucionaria está plenamente presente. El trotskismo es la respuesta, porque en los hechos, en la historia de la lucha de clases, se ha demostrado que sólo el programa trotskista es la respuesta posible. Si entonces la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de dirección revolucionaria, el internacionalismo real, al inicio del siglo XXI se reduce a la lucha por la refundación de la IV Internacional. Creo que tenemos que dar pasos adelante en los tiempos más cortos posibles. Creo que en el debate en estas jornadas de la reunión internacional de la organización que se reconoce en esta perspectiva, hemos dado una serie de pasos adelante significativos. La nuestra no es una simple batalla de ideas; es una batalla por el futuro, por el futuro de la humanidad. Es la batalla para que esto que llaman en definitiva el siglo XXI, porque hay una tradición cristiana dominante, pero a nosotros lo que nos interesa es la próxima fase histórica; para que la próxima fase histórica; que llamamos el siglo XXI sea, como lo creo posible, la fase del triunfo de la revolución socialista mundial para todo nuestro universo. Por esto tenemos que avanzar, sin vacilaciones, hacia la refundación de la IV Internacional, porque, como decimos en Italia: si no es ahora, ¿cuándo, compañero? Muchas gracias. (*) Texto de la intervención de Franco Grisolía, en la sesión de cierre del Seminario Internacional, "Internacionalismo obrero en los comienzos del siglo XXI", realizado entre el 29 de mayo y el 1º de junio. Mesa redonda final en el Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires realizada el 1º de junio.

1 de diciembre de 2000
Los Balcanes y Rusia: La catástrofe que nos amenaza y cómo enfrentarla

I. Un gran giro histórico tuvo lugar un año atrás: la guerra de la Otan contra Yugoslavia en 1999 fue la primera guerra en el corazón de Europa después de la II Guerra Mundial, la primera guerra de la Alianza Atlántica contra un Estado soberano, la primera guerra del siglo XXI, de la así llamada "era de la globalización". La mayor máquina bélica de la historia fue movilizada por Estados Unidos contra un pequeño país balcánico para dar, como prometió Madeleine Albright, alias Blackbright, un rápido e incisivo golpe que llevaría a la inmediata capitulación de Belgrado, imponiendo sobre los Balcanes el inquebrantable Orden Mundial Yanqui. Blackbright y la Otan se equivocaron completamente. La Otan envió más de 1.000 aeronaves para llevar a cabo más de 38.000 vuelos, a un costo estimado de decenas de miles de millones de dólares. La guerra continuó 78 días y noches, destruyendo la infraestructura yugoslava, escuelas, hospitales, fábricas, puentes, monumentos culturales, casas, vidas inocentes, pero dejó casi intacta la capacidad militar yugoslava. El bombardeo de la Otan fue una catástrofe humanitaria disfrazada de "acción humanitaria", pero al mismo tiempo fue un fracaso militar y político. El cese de fuego de junio de 1999 se dio gracias a las presiones del régimen de Yeltsin sobre Belgrado. Pero este tipo de capitulación no es lo mismo que una victoria militar en el campo de batalla, con todas sus consecuencias políticas. La Otan, y particularmente los imperialistas americanos, tuvieron miedo de comprometer tropas terrestres en una confrontación sangrienta, que podría haberse transformado en un nuevo Vietnam, esta vez en los Balcanes. A pesar de todo el triunfalismo de la era Reagan, y especialmente después del fin de la Unión Soviética, el "complejo Vietnam" es todavía un factor poderoso en la vida política americana e internacional. El imperialismo EE.UU.-Otan también fracasó en ganar el apoyo político de las masas serbias o en imponer un régimen títere de la pseudo oposición financiada por Occidente. El pueblo de la Federación Yugoslava, a pesar de sus resentimientos contra el régimen de Milosevic demostró, tanto antes como después de la guerra, una poderosa voluntad de resistencia y estuvo unido contra el agresor. La llamada oposición quedó desacreditada por sus contactos abiertos con la Otan y se fragmentó por la rivalidad de los diferentes candidatos al rol de un Quisling. Las manifestaciones después de la guerra, y hasta hace poco, fracasaron no porque el pueblo apoye al régimen, sino porque odia a los agresores y a sus colaboradores. La propia ocupación militar de Kosovo por 38.000 hombres de 28 países al servicio de la Otan, pasó de ser una victoria táctica del imperialismo a una pesadilla. La ocupación no estabilizó la región. Por el contrario, aceleró la desestabilización y desintegración de todo el área sin siquiera estabilizar su control por parte de los imperialistas. La Otan no puede siquiera controlar a sus propios aliados locales y a sus mercenarios, como el notorio UCK (KLA). Según el acuerdo del cese de fuego de junio de 1999, el UCK debía ser desarmado y disuelto. Cerca de 5.000 ex integrantes del UCK se incorporaron al Cuerpo de Protección de Kosovo (KPC), una especie de fuerza policial o Guardia Nacional con permiso para portar armas. En la realidad, el UCK se volvió un Estado (de mafiosos) dentro de un (no) Estado armado hasta los dientes, destruyendo todo a su alrededor. Un caudillo lucha contra los otros por el botín de la guerra y por el control de la región, continuando la limpieza étnica de la población serbia remanente, después de la partida forzada de los 200.000 refugiados hacia Serbia, así como de la comunidad romaní (1). Otras unidades del UCK, autoproclamadas UCPMB ("Ejército de Liberación de Precevo, Medevja y Bujanovac") están realizando ataques provocativos en las regiones vecinas del sur de Serbia, denominadas por ellos "Kosovo del Este". Otras bandas militares del mismo UCK están en este momento muy activas en la región de Tetovo en la ex República Yugoslava de Macedonia, la cual está directamente amenazada de desaparecer del mapa. Cuando las bandas del UCK no están implicadas en provocaciones, se ocupan de su actividad predilecta: el tráfico de drogas. "De dos a seis toneladas de heroína, que valen 12 veces su peso en oro, atraviesan Turquía hacia Europa del Este cada mes. La ruta, que conecta los campos de opio de los talibanes en Afganistán con el mercado de heroína de Europa Occidental, tiene un valor estimado de 400 mil millones de dólares anuales y está controlada por los albaneses kosovares. La Ruta Balcánica provee el 80% de la heroína de Europa. Para el KLA, la Ruta Balcánica no es sólo una manera de transportar heroína a Europa para obtener grandes beneficios, sino también una vía para la infiltración de armas en los Balcanes devastados por la guerra. Los contrabandistas cambian directamente las drogas por armas o compran armas con el dinero de la venta de drogas, en Albania, Bosnia, Croacia, Chipre, Italia, Montenegro, Suiza o Turquía" (2). En las áreas rurales de Kosovo, a pesar de la presencia de las llamadas "fuerzas de paz" del KFOR, ¡la tasa de asesinatos equivale hoy a la de Los Angeles, California! La Otan está frente a un dilema: o aumenta el número de tropas o pierde incluso el nivel de control que ejerce sobre Kosovo. El aumento del número de tropas es muy problemático, ya que los miembros de la Otan son reacios a desplegar tropas suficientes como para reunir el actual mandato de 50.000 cascos azules. Más aún, esas tropas tienen que hacer frente a la eventualidad de un enfrentamiento con las fuerzas armadas de Yugoslavia y también a un conflicto con sus aliados locales, los gángsters del UCK de Thaci-La Serpiente, tan estimados por la señora Albright-Blackbright… Esos fracasos y problemas profundizan las contradicciones inter-imperialistas dentro de la propia Otan, entre Europa y Estados Unidos, particularmente en relación a la estrategia a seguir para imponer el control imperialista sobre la región. Clinton no ocultó el hecho que los Estados Unidos exigen de Europa el pago de la cuenta por todos los costos para reabsorber esa tumultuosa región al mercado mundial, a través del llamado "Pacto de Estabilidad" para recolonizar los Balcanes. II. El fracaso de la Otan revela la debilidad histórica y la crisis del sistema capitalista en su estado de avanzada decadencia imperialista. Ya no hay espacio para ninguna complacencia: esa decadencia y crisis se vuelven fuerzas propulsoras de la barbarie. Un año después del fin de la guerra en Kosovo, y a pesar de *o mejor, debido a* su fracaso, el imperialismo intensifica sus esfuerzos para subyugar la región con sus recursos financieros y militares, a través de su desmembramiento y el control de esos fragmentos impotentes. La Otan y, particularmente, Estados Unidos promueven el régimen pro-imperialista de Djuganovic, en Montenegro, como una forma de presión sobre Belgrado, bajo la amenaza de separar a Montenegro de lo que resta de la Federación Yugoslava. La campaña por la separación de Voivodina y Santzak de Serbia continúa, así como los ataques del UCK por la separación de una parte de Serbia del Sur. Macedonia está al borde del abismo. La balcanización está siendo sustituida ahora por la pulverización de la trágica península. Al mismo tiempo, la Otan es "reestructurada", internacionalmente y en la región, y se fortalece, entrenando sus fuerzas militares con ejercicios continuos de contrainsurgencia para enfrentar la eventualidad de rebeliones de masas. Esos pasos militares son acompañados por medidas económico-financieras del FMI/Banco Mundial y de la Unión Europea para integrar por la fuerza a los países balcánicos al llamado "mercado libre". La guerra continúa por otros medios. El verdadero casus belli perdura y se intensifica. Como resaltamos anteriormente (3), las causas más profundas de la actual tragedia balcánica no son regionales ni nacionales, sino internacionales. Es la manifestación de la interconexión e interacción entre la explosión de las contradicciones de la globalización capitalista y la implosión de la Unión Soviética y de todos los regímenes burocráticos del llamado "socialismo real", incluyendo la Yugoslavia de Tito. Cronológicamente, la implosión de los regímenes stalinistas precedió a la explosión de las contradicciones globalizadas del capital financiero. Pero, en un nivel más profundo, fueron las contradicciones mundiales del capitalismo, agudizadas al punto de explosión, las que llevaron a la implosión de las sociedades de transición bloqueadas por el burocrático "socialismo(s) en un solo país". El equilibrio y la expansión del capitalismo occidental de posguerra se basaron en dos pilares: el Acuerdo de Bretton Woods, de las políticas keynesianas internacionalizadas financiadas por EE.UU., y los Acuerdos de Yalta. El primero colapsó en 1971 con la transformación del prolongado boom capitalista de posguerra en una crisis mundial de sobreproducción sin precedentes. El segundo colapsó en 1989-91, conjuntamente con el Muro de Berlín, el Pacto de Varsovia y la Unión Soviética. La reproducción del capitalismo como sistema, y sobre todo la dominación del capitalismo americano, requieren del restablecimiento de un nuevo equilibrio mundial, que ellos mal denominan el "Nuevo Orden Mundial". Trotsky, en su discurso en el Tercer Congreso del Comintern (4), desarrolló el concepto dialéctico del restablecimiento y ruptura constantes del equilibrio en la vida del sistema capitalista, en todas sus esferas: en la economía, en las relaciones de clase, en las relaciones inter-estatales. Ese concepto, de una unidad temporaria de fuerzas conflictivas, es lo opuesto del concepto mecánico de equilibrio propuesto por Bujarín. El capitalismo "posee un equilibrio dinámico, siempre en vías de ruptura o restauración" (5). Pero ese proceso se desenvuelve de manera muy diferente en el período de ascenso del capitalismo que en el de su declinación. De hecho, el período histórico de declinación del capitalismo, el imperialismo, es "la época en que los propios fundamentos del equilibrio capitalista son sacudidos y colapsan" (6). Disminuyó la capacidad del sistema para restaurar su equilibrio. Cada esfuerzo por alcanzar el equilibrio crea una reproducción ampliada de sus contradicciones y un colapso mucho más catastrófico del equilibrio. Para el capitalismo americano, el punto históricamente más alto del desarrollo capitalista, el problema es más complejo: un equilibrio interno no puede ser alcanzado sin la mediación de las contradicciones mundiales (7). El inicio de la revolución socialista mundial en Rusia, en octubre de 1917, y su posterior extensión a Europa del Este, China, Cuba y Vietnam, fueron eventos históricos mundiales que manifestaban no sólo la ruptura del equilibrio capitalista existente en la época, sino también la debilidad histórica de la capacidad del capitalismo mundial, como tal, para mediar sus contradicciones en su época de decadencia. El capitalismo necesita restaurar esa capacidad. Es vital para el capitalismo reabsorber al mercado mundial el vasto espacio que va desde Praga a Vladivostock y Pekín, donde el capital había sido expropriado y la transición al socialismo iniciada. En otras palabras, la restauración del capitalismo en la ex Unión Soviética y los otros países del "ex bloque socialista" no es sólo una salida para el capital occidental excedente que busca nuevos mercados: es una necesidad para la reproducción del sistema como un todo. Restablecer la continuidad de la cadena internacional del capitalismo imperialista, quebrada en 1917, es una precondición para un nuevo equilibrio mundial de la economía en crisis, de las relaciones de clase, de las relaciones interestatales e interimperialistas. La expansión del capital financiero de las últimas dos décadas, conocida como "globalización", fue un intento de encontrar una salida provisional para la crisis de sobreproducción de capital, iniciada a comienzos de los años 70. Con la crisis asiática de 1997, ese proceso alcanzó su punto de explosión. Hasta el momento, la consecuencia más importante de ese huracán financiero internacional fue precisamente la cesación de pagos rusa de agosto de 1998. Esto marca también un giro en la estrategia del imperialismo occidental para reconquistar el "salvaje Este". Para los círculos imperialistas gobernantes más agresivos, la cesación de pagos rusa demostró que la tan propagandizada "transición hacia el mercado" fue un fracaso. La restauración capitalista, que ya era dada como cierta y dogma liberal sacrosanto en todas las consideraciones del período post-1991, se encontró en una vía muerta. El economista húngaro-norteamericano George Soros, e incluso Fukuyama, tuvieron que admitirlo. En octubre de 1999, un año después de la cesación de pagos de Rusia y durante los últimos días de la transición de Yeltsin a Putin, la firma privada de inteligencia Stratfor, de Austin, Texas, escribió: "Después de años de declinación, el coqueteo de Rusia con el capitalismo llegó a un punto crítico. La experiencia con el capitalismo de tipo occidental colapsó. La invención de un capitalismo ruso, peculiar y salvaje, terminó en un indignante escándalo y en el descontento popular. Una década de inversiones y ayuda externa dejaron a Rusia como una nación pobre. Escaldada por su experiencia en la post-guerra fría, Rusia está ahora en posición de hacer retroceder el reloj de la economía (…). La economía está en un estado tan crítico que la única opción viable es el retorno a alguna forma de planificación centralizada" (8). III. Inmediatamente después del colapso de la Unión Soviética, nosotros ya habíamos hablado de un tipo particular de impasse histórico y crisis: la crisis de la transición (9). En una crisis de transición, el proceso de una contradicción en movimiento no puede avanzar o retroceder o siquiera quedar donde está, y la entidad entera se desintegra, hasta el momento que emerge un mediador para mediar un progreso más adelante, la negación de la negación. Después de la implosión de la Unión Soviética, el stalinismo entró en un colapso definitivo y el proceso de degeneración burocrática de la sociedad de transición y del Estado Soviético completó la negación de todo el período previo. Un salto cualitativo ocurrió con el golpe de agosto de 1991 y el contra-golpe y el giro abiertamente contrarrevolucionario de la burocracia gobernante en dirección al mercado, a la restauración capitalista. Ya no era posible un retorno a la forma anterior de transición al socialismo, debilitada y finalmente bloqueada por la burocracia. Pero la negación de aquella negación, el avance, o mejor, el retroceso en dirección al capitalismo, también estaba bloqueado por obstáculos insuperables. Habíamos mencionado en su momento los tres principales: * La ausencia del necesario agente de clase para esa transición. En agosto de 1991 el poder fue transferido, de una sección de la burocracia a otra del mismo grupo social, no hubo una transferencia de una clase a otra. (Una década después, el 10 de octubre de 1999, cuando Stratfor analizó el fracaso de la transición hacia una economía de mercado en Rusia, tuvo que admitir, a su manera burguesa, lo siguiente: "Hubo un defecto fundamental en la apreciación que Occidente hizo de Rusia después de la guerra fría: nadie percibió que no hubo una *contra* revolución. Occidente ignoró, ante el colapso de la Unión Soviética, el hecho de que permanecían intactos los políticos, la burocracia y las actitudes del viejo régimen"). * La presencia del poder socio-económico de la clase trabajadora, en el sentido no sólo de la propiedad nacionalizada entonces existente, sino sobre todo, de la no-mercantilización de la fuerza de trabajo soviética. El excedente producido no era, y no es todavía, extraído en la forma social de valor excedente. No había, y hasta hoy no hay, un mercado de trabajo en Rusia, y esta es una manifestación poderosa de la resistencia del legado de la propia revolución socialista de octubre de 1917. * Finalmente, pero no menos importante, el estadio avanzado de la declinación histórica del sistema capitalista mundial, crea la necesidad urgente pero, al mismo tiempo, la incapacidad para reabsorber a este espacio. El bajo nivel de la inversión externa en Rusia, en una región políticamente caótica, no confiable e incontrolable, la relación especial de robo en masa establecido en condiciones de un parasitismo financiero globalizado, etc., son manifestaciones de esa incapacidad creciente. IV. Diez años de esfuerzos para restaurar el capitalismo en Rusia prueban la imposibilidad de la tarea hasta ahora. Podemos distinguir tres principales fases en esos esfuerzos. Primero, la implementación de la "terapia de shock" del FMI-Jeffrey Sachs-Gaidar, con la liberación de precios, que falló miserablemente y se frenó después de 18 meses, produciendo hiperinflación, el colapso de la producción, una miseria sin precedentes y una fuga masiva de capital. Segundo, el "plan voucher de privatizaciones" que terminó en un fiasco. Tercero, el esquema de privatización que fue implementado mediante préstamos por acciones, lo que aseguró la reelección de Yeltsin para presidente en 1996 y el robo colosal de la propiedad pública por un puñado de "banqueros" transformados en "oligarcas". Como señala Stratfor, "las fuertes relaciones de los oligarcas con el Kremlin aseguraron que la estructura legal de Rusia favoreciera a las grandes firmas sobre las pequeñas y medianas, que forman el grueso en las economías occidentales. Cuando estas grandes firmas fueron expuestas a la economía internacional, descubrieron que tenían poco para ofrecer fuera de las materias primas. La industria de extracción soviética *especialmente en el caso del petróleo* era el único sector competitivo. Como resultado, más del 47% de todas las reservas en divisas fuertes de Rusia venía de la exportación de petróleo, según el Times de Moscú. Las inversiones externas se concentran en el único sector lucrativo, el petróleo" (10). Los oligarcas se convirtieron en un vínculo comprador vital entre la industria de extracción y el capital mundial. "Más que invertir en la reestructuración de sus compañías industriales, los oligarcas las saquearon", afirmó Foreign Affairs. ¿Cómo se produce este saqueo? Uno de los métodos más usados por los oligarcas es el de los precios de transferencia. Los magnates fuerzan a las compañías de producción de petróleo rusas a vender su producción a compañías relacionadas a precios por debajo del mercado. Una parte de ese petróleo es entonces revendida en el mercado mundial a los precios normales. Los oligarcas extraen entonces sistemáticamente los beneficios de las compañías operantes y de sus accionistas. Por ejemplo, en los primeros nueve meses de 1999, Yukos forzó a las tres subsidiarias que parcialmente le pertenecen, a vender cerca de 240 millones de barriles de petróleo a aproximadamente 1,70 dólar el barril, en un momento en que el precio medio del mercado era de 15 dólares. Yukos exportó casi un cuarto de ese petróleo. Con eso, consiguió quedarse con cerca de 800 millones de dólares en un lapso de 36 semanas" (11). Los oligarcas no reinvierten su fabulosa fortuna en la producción. De esa forma u otra similar, miles de millones de dólares fueron y todavía son extraídos del país. Los cálculos más sobrios muestran que cerca de 400 mil millones de dólares dejaron el país hacia el seguro paraiso del sistema financiero y bancario de Occidente, hacia EE.UU. y Suiza especialmente. Ese flujo continuo de dinero fue crucial para el sistema financiero de Occidente para enfrentar su crisis, particularmente después del crash de 1987. Si Occidente habla de los "barones ladrones de Rusia", tenemos que agregar que son "made in USA", como bien señaló Luis Oviedo (12). La deuda externa de Rusia es de 166 mil millones de dólares, contra cerca de 400 mil millones que fueron robados por los gángsters de Occidente conjuntamente con los oligarcas rusos y su régimen restauracionista. Dice Stratfor: "Técnicamente, como los nuevos préstamos del FMI sólo alimentan la deuda rusa con el FMI, Rusia ya entró en cesación de pagos. El FMI está escondiendo el hecho sólo para prevenir el pánico y el completo colapso de Rusia. Frente a la inevitabilidad de la cesación de pagos rusa, el FMI puede optar por aceptar el pedido ruso de perdonar por lo menos la deuda de 100 mil millones de dólares heredada de la Unión Soviética" (13). Por lo tanto, el país está en bancarrota y sus oligarcas, con sus socios occidentales, se enriquecen con el robo del patrimonio público… El ya mencionado ejemplo de Yukos incluye, en una palabra, el conjunto de relaciones sociales y contradicciones de la economía post-soviética. A través de sus conexiones políticas con el Kremlin, los oligarcas controlan el sector más rentable, el de produción energética. Acumulan enormes cantidades de dinero que no es invertido en la producción. No compran la fuerza de trabajo rusa como mercancía para transformar ese dinero en capital. El dinero recorre el laberinto del sistema financiero globalizado para crecer como capital financiero. Por lo tanto, la fuente de acumulación de riqueza de los oligarcas no es la extracción de plusvalía de la producción rusa donde la relación de valor todavía no está aún establecida; esta es la diferencia esencial entre un mercado mundial regulado por la ley del valor y los activos de una economía post-soviética donde la ley del valor no es aún el principio regulador. Esa diferencia esencial y las relaciones sociales que la sostienen están reflejadas en la diferencia entre los precios artificialmente bajos del petróleo ruso en el espacio económico interno y los precios diez veces mayores en el mercado mundial, donde Yukos y otros obtienen sus gigantescos beneficios. Por esos motivos, los oligarcas ejercen un doble papel: por un lado, perpetúan la subordinación de los recursos de la economía rusa al parasitismo y pillaje del capital financiero occidental; por el otro, impiden el desenvolvimiento de verdaderas relaciones monetario-mercantiles en el mercado ruso. Particularmente, después de la cesación de pagos rusa de 1998, Occidente se preocupa por este segundo papel. Si la restauración capitalista fracasó hasta el momento y el poder de los oligarcas impide el desenvolvimiento de relaciones sociales de producción capitalistas, entonces el poder de los oligarcas tiene que ser quebrado. Esa tarea le fue asignada a Putin. Como señala el analista de Foreign Affairs, Lee S. Wolosky, "dadas las circunstancias extraordinarias y los riesgos considerables, Estados Unidos y las organizaciones multilaterales deberían alentar activamente y apoyar la renacionalización y la reprivatización, estudiando caso por caso. En la batalla contra los oligarcas, Moscú y Occidente deben utilizar cada arma disponible. De lo contrario, los oligarcas lo harán" (14). En todo caso, la crisis de la transición en Rusia se dirige a un enfrentamiento con los oligarcas: o la clase trabajadora y las masas populares quiebran el poder de los oligarcas, rompen las relaciones impuestas por los oligarcas con el capital financiero mundial y expropian las riquezas robadas, a través de un control y administración obreras en el cuadro de una nueva planificación económica, camino al socialismo; o el régimen restauracionista del Kremlin, con el auxilio del imperialismo occidental, tomará a su cargo esa tarea para promover la restauración capitalista. V. Como dijimos en numerosas ocasiones, "ahora los círculos occidentales más agresivos e influyentes están convencidos de que el único capitalismo viable que puede ser restaurado en el salvaje Este es uno de tipo semi-colonial con una burguesía local compradora. En base a esa horrorosa hipótesis de trabajo, la Otan se extendió hacia el Este, hacia las fronteras de Rusia, lanzó su guerra en los Balcanes con el objetivo primero, pero no último, de Yugoslavia, y cambió su concepto estratégico y consecuentemente su estructura militar para volverse una agencia global de intervención y represión…" (15). La necesidad de reincorporar el espacio de la ex URSS al capitalismo mundial, más urgente que nunca después del crash de 1997, chocó con la realidad del colapso de los esfuerzos de 10 años para realizar esa reabsorción. La restauración del capitalismo como un proceso gradual y natural probó ser lo que es: una fantasía reaccionaria. Donde la mano oculta del mercado no funciona, viene el puño (no tan) oculto del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina de los EE.UU., asistidos o no por la Otan en su conjunto, como mencionó cínicamente Thomas Friedman en la revista Times de Nueva York, al comienzo de la guerra de Kosovo… El control imperialista de la estratégica península balcánica, situada bajo la ex Unión Soviética y en el cruce de las rutas del petróleo desde el Cáucaso y Asia central hacia Europa Occidental, se convirtió en la batalla inicial crucial de la larga campaña por el destino de la tierra de Octubre y de todas las tierras ex soviéticas. El objetivo final de la estrategia paranoica de Brzezinski, seguida en este momento por EE.UU. en el cuadro de la Otan, es colonizar los Balcanes y balcanizar a Rusia. VI. La cesación de pagos rusa de agosto de 1998 fue un punto de viraje tanto para la política imperialista occidental como para la política de la élite gobernante rusa. La primera tomó un rumbo más agresivo, siguiendo el delirio geopolítico de Brzezinski de imponer un control Euro-Atlántico sobre lo que aquél llama los "Balcanes euro-asiáticos", que incluyen no sólo al Cáucaso sino a toda la vieja Unión Soviética. La segunda trató de capitalizar políticamente el impacto que la prim era embestida agresiva del imperialismo tuvo en el Este, en Rusia y hasta en China. La élite rusa, acomodada en el Kremlin, comenzó a jugar la carta del nacionalismo, procurando explotar en beneficio propio los temores reales y los sentimientos antiimperialistas de las masas populares, que ven en la guerra de Kosovo de la Otan el inicio de una nueva Operación Barbarroja. Este aparente giro en la postura política, fingiendo luchar para restablecer a Rusia como potencia mundial, alcanzó un clímax con la llegada de Putin al poder y con la nueva guerra en Chechenia. La base económica de esto está en los cambios que siguieron a la cesación de pagos de agosto de 1998: la devaluación del rublo, el proteccionismo y el tímido resurgimiento de algunas industrias nacionales, el nuevo crecimiento de la industria militar, hasta cierto punto un giro hacia una proto-planificación, particularmente bajo Primakov, para enfrentar las necesidades inmediatas y urgentes, que ayudaron a generar una estabilización relativa y frágil del nivel de vida. El grupo social gobernante, que no es otro que la vieja casta burocrática, se asustó después de la debacle de la planificación burocrática y de su abandono final, en 1991, al ver en 1998, el naufragio de su giro restauracionista hacia el mercado. Tuvo que realizar un nuevo giro, y reaccionó, como de costumbre, empíricamente, con una mezcla pragmática de los viejos y nuevos métodos. Ideológicamente, el campo fue preparado para Putin por la sistemática línea nacionalista del llamado principal partido de oposición, el stalino-chauvinista PCFR de Guenadi Ziouganov. El nuevo realineamiento interno de la élite gobernante del Kremlin bajo Putin encontró un cuadro ideológico programático ya preparado por los ideólogos de Ziouganov. Por lo tanto, las fuerzas que apoyaban a Putin, incluyendo al oligarca Berezovsky en el Nyezavissimaya Gazeta (16), no encontraron dificultades en rehabilitar a Stalin y hasta compararlo con Pedro el Grande y … ¡Alexander Pushkin! El propio Putin, exhibiendo sus credenciales de la KGB (!), cuando él pidió que Occidente aceptase a Rusia como miembro… de la Otan, recordó a todos que el primero en hacer un pedido tan extraño fue nada menos que ¡Iossif Vissarionovitch Stalin! Nuevos tiempos requieren nuevas consignas, dice un antiguo refrán. En el momento actual, la consigna "¡Za Rodinou! ¡Za Stalinou!", "¡Por la madre patria, por Stalin!", es lanzado por la misma gente que por más de una década denunció al stalinismo sólo para atacar al comunismo. Ahora, quieren continuar el ataque al comunismo y al legado de la Revolución de Octubre, refiriéndose a esa figura gran-rusa, el georgiano Djugashvili… En los viejos tiempos, la consigna "¡Por la madre patria, por Stalin!" fue usada genuinamente por los millones que luchaban contra los ejércitos de Hitler durante la Operación Barbarroja. La misma consigna es lanzada ahora para promover una especie de Operación Barbarroja Nº 2: la restauración capitalista, que es el objetivo estratégico del imperialismo. Putin y sus socios agregaron algo vital a la vieja consigna de la guerra. Ahora se dice: "¡Za Rodinou!, ¡Za Stalinou, ¡Za Rinokou!" *"¡Por la madre patria, por Stalin, por el mercado!"… La contradicción interna del régimen de Putin es precisamente ésa: por un lado, juega con la carta del nacionalismo y la política de gran potencia, fingiendo luchar contra la arrogancia y los esquemas de recolonización del occidente imperialista, para devolver al país el antiguo status de la Unión Soviética; y por otro lado, tiene que avanzar todavía más resueltamente hacia las llamadas "reformas de mercado" *una segunda terapia de shock cuyo objetivo es la privatización de la tierra, la abolición de los subsidios de los servicios sociales, etc. German Gref, jefe de la usina de ideas de Putin, el Centro de Estudios Estratégicos; Andrei Illarionov, miembro del equipo de Gaidar y ahora consejero económico personal de Putin; y hasta el primer ministro Mikhail Kasyanov, recomendaron una nueva ronda de terapia de shock, esta vez bajo la forma de una "liberalización acompañada de la nacionalización de industrias claves, reforzada con servicios de seguridad más fuertes". No fue por casualidad que el nuevo equipo del Kremlin invitó a comienzos de mayo de 2000, a antiguos oficiales del régimen de Pinochet, en Chile, y de Nueva Zelanda, para dirigirse a los oficiales rusos sobre la "reforma de la economía"… Esta vez, la terapia de shock no será administrada en nombre de la democracia, del anti-stalinismo y del mercado, sino en nombre de la madre patria, del stalinismo y del mercado. Por este motivo, en el próximo período, después del shock y la pérdida de ilusiones en Putin, la clase obrera, y principalmente sus elementos de vanguardia, pueden y deben reunirse políticamente en un partido obrero revolucionario, el que será al mismo tiempo verdaderamente internacionalista, genuinamente comunista y anti-stalinista. La nostalgia por Stalin y el stalinismo durante los últimos diez años, como una primera reacción empírica a la devastación del proceso de restauración capitalista realizado bajo la bandera del anti-stalinismo; ahora la utilización de esa nostalgia por Putin para esparcir ilusiones sobre la remodelación del régimen, se verificará en la vida real y será disipada. Nuevamente será planteada la cuestión no resuelta de la historia y de la verdad histórica, tan cínicamente usada y desacreditada por la Perestroika de Gorbachov. Sólo el anti-stalinismo bolchevique, y toda la tradición revolucionaria comenzando con la Oposición de Izquierda soviética en los años 20, puede realmente enfrentar de modo comunista la catástrofe creada por el giro hacia el mercado y por el desastroso legado stalinista. Fue, en primer lugar, el "giro hacia el mercado" de la nomenclatura gobernante del PCUS stalinista, las "reformas para avanzar en dirección a una economía de mercado"; esto es, el proceso contrarevolucionario de la restauración capitalista, la fuerza centrífuga todopoderosa para la disolución de la URSS, que ahora favorece también la desintegración de la Federación rusa. Sólo el reemplazo revolucionario de la primacia del mercado por la revolución socialista de Octubre y el establecimiento de una economía planificada podían superar la centralización burocrático-militar de la Rusia zarista, que bajo el impacto de las contradicciones de la época imperialista y de la primera guerra imperialista estaba colapsando: la única alternativa para la Unión Soviética, si venciese la contrarrevolución, como señaló Trotsky, es el desmembramiento de Rusia y su retroceso a la condición de una semicolonia de las potencias imperialistas occidentales. Eso es lo que comienza a ocurrir ahora; sólo un revivir de la Revolución Socialista en la tierra en la que fue victoriosa por primera vez, puede tanto salvar la integridad de Rusia como asegurar los derechos nacionales de todos los pueblos y nacionalidades soviéticas. VII. El régimen de Putin, en tanto régimen de fuerzas restauracionistas, unió a neoliberales como Chubais y a oligarcas como Berezovsky, candidateándose para ser… miembro de la Otan! Un régimen ligado por miles de lazos y eslabones al capital financiero internacional, ni siquiera podía jugar la carta nacionalista por mucho tiempo. La contradicción entre una postura aparentemente dura con relación a Occidente y una estrategia restauracionista pro-mercado que lleva inevitablemente a la subordinación al Occidente imperialista, hace de este régimen, a pesar de sus promesas, inclusive aquella de volverse una dictadura de la ley, un régimen débil. Ser al mismo tiempo pro y contra Occidente, pro y contra las reformas liberales, pro y contra los oligarcas, etc., expresa una vacilación entre fuerzas e intereses sociales conflictivos, en las condiciones de una prolongada crisis social, sobre la base de lo cual crece una forma peculiar de bonapartismo. Trotsky resaltó que el Estado no es un cuerpo muerto y estático de instituciones estables, sino que refleja y personifica "una relación de fuerzas sociales conflictiva" que determina históricamente su forma política. Desde este ventajoso punto de vista analizó las conflictivas tendencias obreras y burguesas en el Estado soviético y, previamente, el papel peculiar del Estado zarista. La burocracia estatal no disminuyó en tamaño después del colapso del stalinismo en 1991; por el contrario, hubo tanto un considerable crecimiento de la burocracia como de todas sus conexiones con la mafia que controla recursos específicos y redes de distribución. El crecimiento del aparato burocrático del Estado significa mayor succión de un disminuido producto social excedente, sobre una clase obrera que todavía no vende su fuerza de trabajo como mercancía y que todavía mantiene algún grado de control sobre el proceso de trabajo. El paternalismo administrativo burocrático durante la última década, la conservación de muchos de los servicios sociales del pasado, el control de la tasa de desempleo para prevenir una explosión social que podría producirse por el atraso incluso del pago de salarios y pensiones; además, por supuesto, de la genuina desconfianza de los trabajadores hacia el sistema político; todos estos son factores que hasta ahora evitaron en cierta medida mayores enfrentamientos sociales y mantuvieron bajo control el surgimiento de una lucha políticamente independiente de la clase obrera, de un lucha como clase para sí. Por un lado, hasta cierto punto, el viejo grupo social gobernante, la casta burocrática, no podría transformarse en clase gobernante, a través de la explotación del trabajo excedente en la forma de plusvalía. El complejo burocracia estatal-mafia, con su banda de oligarcas, consciente de su debilidad, trató hasta ahora de posponer un enfrentamiento mayor con la clase trabajadora, por ejemplo, promoviendo la formación de un mercado laboral a través del cierre masivo de empresas obsoletas y no competitivas en el mercado mundial y de la creación de una masa de desempleados de más de 50 millones de individuos. Por otro lado, la clase trabajadora es todavía políticamente débil y está, en cierto grado, atomizada. El crecimiento del Estado post-soviético resulta de la crisis de una transición histórica prolongada, en la cual los campos antagónicos todavía no pueden ofrecer una solución. Sometida a las poderosas presiones occidentales, derivadas de la peor crisis capitalista mundial y de una crisis social interna irresuelta, el Estado crece por sobre la sociedad. Después del fracaso de las reformas asociadas al régimen de Yeltsin, la promesa de Putin de un Estado fuerte capaz de enfrentar a Occidente y reglamentar el caos interno crea expectativas e ilusiones. Es interesante notar cómo algunos analistas de los servicios de inteligencia occidentales ven este fenómeno. En junio de 2000, Stratfor escribió: "Ahora comienza el verdadero test para Putin. Conseguir que los oligarcas se desprendan de sus inmensas riquezas secuestradas en el extranjero es crítico para el futuro de Rusia (…). Putin declaró, él mismo, ser un Kerensky, el revolucionario que no quiso ir demasiado lejos. Kerensky fracasó y de la nada surgió Lenin, el revolucionario sin límites. En nuestra opinión, la situación en Rusia es muy crítica. Putin está tratando de controlar la situación como puede. No somos optimistas. Sin embargo, Putin ofrece hoy la zanahoria. Si demuestra que también puede esgrimir el garrote, podría salvar lo poco que queda de las reformas post-comunistas. Caso contrario, Rusia entrará en una situación revolucionaria". Esta declaración es notable. Muestra que en Occidente existe la conciencia de que Putin representa un bonapartismo del tipo de Kerensky. Ellos no se oponen al autoritarismo bonapartista; por el contrario, esperan que él "use el garrote para salvar lo poco que quedó de las reformas post-comunistas". Lo que temen es que su fracaso dé lugar a una situación revolucionaria en Rusia, con revolucionarios sin límites y venidos de la nada, como Lenin… Como escribió Jacob Heilbrunn, el columnista de Suddeutsche Zeitung: "La Unión Soviética decidida a hacer la revolución mundial, era de hecho un enemigo mortal para Occidente (tomando prestada la frase de Solzhenitsyn); Rusia, persiguiendo sus intereses nacionales limitados en Chechenia, no importa con cuánta violencia, no lo es" (17). Lo que preocupa a Occidente no es tanto el "nuevo nacionalismo" del Kremlin sino el peligro de que pierda el control y que resurja la revolución en la tierra de Lenin. Es este temor lo que lleva a la Otan al Este, para colonizar los Balcanes, balcanizar a Rusia, y acabar con el peligro de una vez por todas. VIII. No hay duda que el imperialismo amenaza a los Balcanes y a Rusia con una catástrofe que superaría todas las tragedias ya conocidas de nuestra región. Crea nuevos instrumentos, la nueva Otan, y utiliza todos los viejos instrumentos, particularmente a las burocracias locales, a los sepultureros del socialismo transformados en pioneros de la restauración capitalista, que ahora como ya sucedió en el pasado se visten con la anticuada bandera del nacionalismo. Pero la catástrofe que nos amenaza puede y debe ser evitada por la movilización de la única fuerza social que está en condiciones de dar una salida progresiva a la crisis: la clase trabajadora. Todos los revolucionarios de vanguardia, trabajadores e intelectuales, deben unirse y luchar para fomentar y desarrollar el movimiento de la clase trabajadora, que está renaciendo, como lo demostraron las luchas de Vyvorg y Tula. Tiene que establecerse una coordinación de la lucha no sólo en la región sino a nivel nacional (e internacional). Sobre todo, precisamos un programa político que dé solución a la crisis: tenemos que derrotar toda tentativa de una segunda terapia de choque y todas las desastrosas reformas llamadas pro-mercado; expropiar toda la riqueza robada por los oligarcas y la burocracia, riqueza producida y perteneciente al pueblo soviético: renacionalizar las empresas del Estado privatizadas; restablecer el monopolio estatal del comercio externo; elaborar un Plan de Emergencia para la economía acorde a las necesidades sociales, por un congreso de delegados electos por todos los coletivos obreros. En última instancia, se plantea nuevamente la cuestión del poder del Estado: la clase trabajadora tiene que organizarse, construir su propio partido independiente de la burocracia y de todos los partidos políticos revolucionarios charlatanes; formar nuevos soviets y derribar a los restauracionistas en el poder; revivir el poder soviético y una nueva y voluntaria Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Por sobre todo, no debemos olvidar que en este período de internacionalización avanzada de la vida socioeconómica y política, de globalización capitalista, el imperialismo capitalista interviene globalmente, con una organización y estrategia internacionales. La clase trabajadora necesita una estrategia internacional y una organización propias para resisti r el ataque, para organizar la contraofensiva revolucionaria, para vencer. El internacionalismo no es sólo un principio, es la única salida ante la barbarie. Sobre esta base, revolucionarios de muchos países y continentes tomaron ya la iniciativa y luchan por una Internacional revolucionaria de los trabajadores. La quinta reunión de este movimiento tuvo lugar recientemente, a fines de mayo de 2000, en Buenos Aires, Argentina. Para nosotros, esta Internacional de los trabajadores de todo el mundo no puede ser construida sin sacar todas las lecciones históricas de las revoluciones del pasado, principalmente de la gran Revolución Socialista de Octubre de 1917, de sus luchas y conquistas heroicas, de sus tragedias, del stalinismo, y de los bolcheviques como Trotsky, fundador del Ejército Rojo y de la Cuarta Internacional, que combatió hasta la muerte las traiciones de la burocracia en el poder contra la revolución mundial y la Unión Soviética. No podemos tener una Internacional que sufra una amnesia histórica fatal, una Internacional lobotomizada. No debemos y no podemos aceptar que nuestra tradición revolucionaria sea difamada por burócratas o confiscada por demócratas pequeñoburgueses. Por todos esos motivos y más, luchamos por la refundación de la IV Internacional. Sobre esta base y perspectiva es que se fundó el Centro Socialista "Christian Rakovsky", por la Primera Conferencia Socialista Balcánica Anti-Otan, en Atenas, en enero de 2000. La formación de un centro internacional de actividad por marxistas de todos los países balcánicos y Rusia fue nuestra primera respuesta al desafío de la guerra de Kosovo. Ahora estamos preparando nuestra intervención en Praga, en septiembre de 2000, participando de las manifestaciones programadas por toda Europa contra la cumbre del FMI/Banco Mundial. Lucharemos contra el FMI y la Otan como instrumentos de la barbarie en nuestra región, contraponiéndoles internacionalmente la unificación socialista de los Balcanes y de Europa contra la tiranía del capital europeo y americano. Será un paso más en la construcción de una Internacional revolucionaria de los trabajadores de todos los países. Solamente por ese camino de lucha internacional, por el socialismo, es que la catástrofe que nos amenaza puede ser enfrentada y derrotada. Atenas, 15 de junio de 2000 (*) Conferencia Internacional sobre "Los problemas de Rusia en la era de la globalización", organizada por el diario Alternativi, Museu V. V. Mayakovsky, Moscú, 19 de junio de 2000. NOTAS: 1. Gitana [Nota del Traductor]. 2. Stratfor. "Kosovo: One Year Later", 17 de marzo de 2000 3. Cf. "Otan, Globalización y Guerra", Belgrado 1999; "Barbarie y Socialismo después de Kosovo", Conferencia 2000 de Estudiosos del Socialismo, Nueva York; etc. 4. Informe sobre la Crisis Económica Mundial y las Nuevas Tareas de la Internacional Comunista, 23 de junio, 1921; ver: Los Primeros Cinco Años de la Internacional Comunista, New Park Publications, 1973, vol. 1, pág. 226. 5. Op. Cit. 6. Op. Cit. 7. Ver L. Trotsky, Europa y América. 8. The Economy: Rusia Turns Back, 10 de octubre de 1999. 9. En el Seminario Internacional sobre "Economía y Democracia", organizado por la Facultad de Economía de la Universidad Estatal de Moscú y por el Prof. A. V. Buzgalin, del 9 al 12 de diciembre de 1991. Ver las actas "Economía y Democracia", Moscú, 1992, pág. 68/76. 10. Stratfor. "U.S. Loses Influence Over Caspian Basin Oil", 23 de marzo de 2000. 11. Foreign Affairs, marzo/abril 2000, págs. 21/22. 12. Ver L. Oviedo. "La restauración en Rusia y la banca internacional", En Defensa del Marxismo, Buenos Aires, marzo/abril 2000, Nº 26, pág. 49. 13. Stratfor. "Rusia 2000: The Economy", 10 de octubre de 1999. 14. L. S. Wolosky. "Putins Plutocrat Problem", Foreign Affairs, op. cit., pág. 31. 15. Ver Savas Michael-Matsas. "Globalización como Transición al Socialismo", Simposio Internacional: Socialismo y el Siglo XXI, Wuhan, China, 18 a 21 de octubre 1999. Publicado en En Defensa del Marxismo Nº 26, marzo/abril de 2000. 16. Ver Vitaly Tretyakov, editor en jefe, "Stalin-Our One and All, Russian reformism as a Dictatorship", 22 de diciembre de 1999. 17. The Times Literary Supplement , Nº 5.071, 9 de junio de 2000, pág. 6.

1 de diciembre de 2000
En la lucha contra la restauracción capitalista en Rusia. La posición de los comunistas
Ye. A. kozlov - I. G. abramson

La restauración burguesa en la URSS y en otros países nos urge, a los comunistas, a responder en forma probadamente científica, a las siguientes preguntas, para ser convincentes hacia los trabajadores: 1) ¿Es la revolución de Octubre un fenómeno único, que se relaciona con la llamada vía rusa hacia una sociedad de capitalismo industrial moderno partiendo de la sociedad patriarcal (la tesis que levantan nuestros adversarios ideológicos), o abrió genuinamente el camino hacia el socialismo y el comunismo para toda la humanidad? 2) ¿Cuáles son entonces las causas de la restauración del capitalismo en la URSS? ¿Cuándo comenzó la desviación respecto a la trayectoria del desarrollo socialista? ¿Fue inevitable esa desviación? 3) ¿Es reversible la restauración burguesa, tiene Octubre una perspectiva histórica en Rusia y todo el mundo? ¿Se agotó realmente la cuota de revoluciones para Rusia? Sí no es así, ¿qué formas tomará la nueva revolución socialista? Sobre la base de las tesis del programa del Partido de los comunistas rusos (PRC) presentaremos nuestra visión de estos problemas fundamentales. El programa del PRC establece que a pesar de la actual recaída histórica en el capitalismo en la URSS y los países de Europa Central y del Este, la revolución socialista de Octubre de 1917, en Rusia, fue un punto de quiebre en la historia humana, que generó una nueva y prolongada era histórica de transición del capitalismo al comunismo, la era del despliegue de la organización socialista de la sociedad. Finalmente, los logros históricos de la gran revolución socialista de octubre son irreversibles, de la misma forma que fueron irreversibles los logros de las grandes revoluciones burguesas de los siglos XVII y XVIII a pesar de las restauraciones de los Estuardo y los Borbones. Incluso hoy estas conquistas constituyen una importante precondición para la nueva revolución socialista en Rusia que se diferenciará sustancialmente de las revoluciones sociales que están en la agenda de los países imperialistas del G-7. Rechazamos resueltamente cualquier mención a un carácter accidental o estrechamente nacional de la gran revolución socialista de Octubre. Ella tuvo un origen no sólo ruso, sino mundial, siendo parte integral de un proceso revolucionario global indivisible, generado por el crecimiento capitalista hacia su fase imperialista, acelerado por la Primera Guerra Mundial. Junto a las otras revoluciones socialistas de la primera ola *en Finlandia, Austria-Hungría, Alemania, Bulgaria y otros países* la revolución socialista de Octubre tuvo lugar en el momento histórico, en que el imperialismo había perdido ya su capacidad para una dominación incuestionada, aunque sus reservas no estuvieran todavía agotadas. El movimiento revolucionario en los países arriba mencionados se desarrolló bajo las condiciones de predominio numérico de la pequeño burguesía. Como resultado de esto, la tendencia socialista de esas revoluciones, o resultó derrotada o, como en Rusia, obtuvo una victoria en circunstancias de peligro de degeneración y restauración temporaria del capitalismo. No obstante, la revolución de Octubre y la consecuente reconstrucción socialista cambiaron no sólo a la URSS, a los países de Europa del Este, a China, a Vietnam, a Cuba y otros países de sistema socialista u orientación socialista, sino al mundo en su conjunto. Bajo el inmenso impacto de Octubre el sistema colonial colapsó y decenas de países forman ahora el fuerte campo de los países en vías de desarrollo. La otra consecuencia importante consistió en la formación del movimiento comunista mundial que activó la lucha de la clase obrera por sus derechos y por el poder político. La introducción de reformas importantes en los países imperialistas, tanto del sufragio universal como de sistemas estatales de educación y salud, fueron conquistas de la clase obrera occidental bajo el impacto del modelo soviético. Como resultado de la revolución de Octubre, el proletariado ruso conquistó completamente todo el poder político. Sobre los escombros del estado burgués-terrateniente fue creado el nuevo estado de la dictadura del proletariado, como el más democrático del mundo. Hasta ahora el poder de los Soviets, del pueblo trabajador estructurado de acuerdo al principio productivo-territorial, no ha sido superado. Sobre los escombros de la antigua "prisión de pueblos", fue creado un nuevo estado multinacional *una unión libre y voluntaria de los pueblos. Liberados de la explotación y la opresión, los trabajadores unidos a lo largo de las siete décadas posteriores a Octubre, con su energía creativa, dieron lugar a tal potencial económico y científico como no existió en ningún otro país del mundo, excepto los EE.UU. Es imposible olvidar todos estos logros cuando pongamos de relieve las causas de la restauración capitalista en Rusia. Consideramos que los logros arriba mencionados podrían haber sido mayores si el rol de vanguardia de la clase obrera, manifestado tan claramente en el curso de la revolución de Octubre y la guerra civil, no se hubiera perdido gradualmente en los años siguientes. Capas pequeño burguesas de la burocracia del partido-estado se sirvieron tanto del debilitamiento del proletariado durante la guerra civil y la ruina de la posguerra, como del predominio numérico de capas no-proletarias, para usurpar el poder. Desde fines de la década de 1920 hasta principios de la de 1930 la real socialización de la economía sobre la base de los métodos de la NEP, de los planes combinados de planificación y regulación por el mercado bajo control proletario, de cooperación gradual de los campesinos, fue sustituida por el control burocrático del Estado sobre todos los medios de producción. Como consecuencia, la dirección del partido-estado encabezada por Stalin se fue alejando gradualmente de los principios leninistas de la construcción socialista. La dirección post-stalinista del PCUS no detuvo el proceso de degeneración burocrática en el partido y los soviets. Incluso Kruschev, quien contribuyó tanto a destronar el culto a la personalidad de Stalin y a revelar sus crímenes, ideológicamente siguió siendo un stalinista. Debemos sacar serias conclusiones de la historia dramática y trágica del Bolchevismo en los años 20 y 30. Un partido comunista gobernante debe encontrar el justo equilibrio entre democracia y centralismo en sus propias filas. Está el problema de cómo rechazar los intentos de la contrarrevolución burguesa de valerse de la legalidad soviética para sus propios objetivos. Pero también está el problema del monopolio del partido gobernante, que lleva a la podredumbre de toda la vida política. En nuestra opinión, el bolchevismo, incluyendo a la oposición de izquierda liderada por Trotsky, no pudo encontrar una solución dialéctica correcta a estas contradicciones en toda su dimensión, lo cual predeterminó su trágico destino. Pero si a pesar del alejamiento de las ideas de Marx y Lenin, de la degeneración burocrática del partido gobernante y del estado soviético, de la sustitución de la socialización real de la propiedad por el control estatal; si la clase obrera y los campesinos cooperativizados hubieran tenido el potencial para ser amos no nominales sino reales de su producción, no habrían entregado su propio poder ni su propiedad durante la restauración burguesa y las privatizaciones. La degeneración burocrática de los círculos gobernantes del partido-estado llevó al quiebre del vector histórico natural de su desarrollo. Las contradicciones sociales alcanzaron el rango de antagonismos de clase. En los círculos de la burocracia del partido-estado se fue generando, y fortaleciéndose gradualmente, la aspiración a convertir su control sobre la propiedad social y su limitado poder en propiedad privada burguesa y en un poder ilimitado. Así siguiendo el pronóstico exacto de Trotsky en La Revolución Traicionada, la degeneración burocrática de la dirección partidaria en los años 30 llevó implacablemente a la contrarrevolución burguesa. Trotsky no fijó plazos para esos hechos, que ocurrieron a principios de los 90. Es necesario tener en cuenta también el factor internacional. Siguiendo las recomendaciones de Zbigniew Brzezinski y de otros líderes ideológicos, los servicios de inteligencia occidentales se sirvieron de las perversiones del desarrollo socialista. Los esfuerzos de los centros ideológicos y de los servicios especiales de la Otan se conjugaron con los anhelos arriba mencionados de la burocracia dirigente de los países del llamado "socialismo realmente existente". En este poderoso y resonante golpe de las fuerzas transnacionales y nativas hostiles al pueblo trabajador el mayor peligro está representado por el enemigo de clase interno. Teniendo en sus manos todos los principales medios de comunicación y corrompiendo *mediante coimas y privilegios* a la oposición legal, debilita la resistencia de clase y aspira a paralizarla completamente. Como resultado de casi diez años de accionar de la mano invisible del mercado burgués se causó un daño devastador a nuestra economía. La triste norma de la vida cotidiana incluye la podredumbre de la criminalidad, el absurdo burocrático, la absolutización del mercado y la invasión agresiva de los prejuicios de la estrechez mental, de la vulgaridad y el filisteísmo. Durante los años de su gobierno, los políticos burgueses en Rusia han comprometido la gran palabra democracia más que lo que hicieron los burócratas degenerados, durante medio siglo, con la sagrada palabra del socialismo. Pese a que la degradación y regionalización de la economía rusa y la individualización de la vida social que obliga a la lucha por la supervivencia física hace más difícil la formación de una conciencia de clase del pueblo trabajador, crece el grado de participción masiva y la organización del movimiento obrero. En 1997-1998 fuimos testigos de la tormenta de una guerra civil cuando, indignados por largos meses de deudas salariales, los mineros y otros trabajadores industriales bloquearon las vías férreas con sus piquetes. En esos años en todas las regiones de Rusia, y en algunas también en 1999, hemos visto huelgas en gran escala de docentes y trabajadores de la salud, también protestando por deudas salariales. La señal de un nivel significativamente más avanzado del movimiento obrero son las ocupaciones de plantas privatizadas por sus obreros, bajo la dirección de comités de huelga o sindicales. La planta de papel y celulosa de Vyborg en la región de Leningrado, la fábrica de ingeniería mecánica Yasnogorsk en la región de Tula, la mina de carbón Cernigovo en la región de Kemerovo, son algunos ejemplos de cómo los nuevos jefes rusos y extranjeros fueron echados de sus plantas (que habían comprado baratas). Trabajadores de cuello azul y de cuello blanco no sólo los echaron sino que se las arreglaron para organizar el proceso de producción, mostrando así su capacidad de hacer las cosas sin los explotadores. Por supuesto estos ejemplos son insoportables para la burguesía gobernante. Frente a los prolongados enfrentamientos de clase el poder usó todos los métodos, desde las instituciones judiciales cómplices hasta los asaltos armados contra las guardias obreras. Pero como quedó demostrado en el caso de la planta de papel y celulosa de Vyborg, cuyos obreros fueron la vanguardia de esta lucha en Rusia, los capitalistas y su poder estatal sólo pudieron romper la resistencia de los obreros después de un período de bloqueo económico contra la planta del pueblo y al costo de concesiones económicas temporales. Hoy en día se está llevando adelante una campaña masiva de lucha contra el proyecto legislativo gubernamental de reforma laboral. El gobierno que depende del FMI y de la oligarquía rusa está esforzándose por abolir la jornada laboral de ocho horas, por introducir las horas extra sin compensación, el derecho al despido en cualquier momento y sin motivo, el establecimiento de listas negras para negar el derecho a entrar a trabajar en otras plantas u oficinas, la imposición de la responsabilidad material completa del empleado con el empleador, la anulación de cualquier límite al retraso en los pagos, la autorización de emplear a madres de niños menores en turnos nocturnos, la reducción de la licencia paga por maternidad de 3 años a un año y medio y la liquidación de todos los derechos esenciales de los sindicatos, incluyendo los que los habilitan a impedir los despidos y el deterioro de las condiciones laborales. Nuestro partido está participando activamente en la lucha de las fuerzas de izquierda rusas contra este bárbaro proyecto de ley. ¿Qué es lo que ayuda a nuestros enemigos de clase, en esta etapa de la lucha de clases, a mantenerse en el poder e incluso fortalecerse? En primer lugar, cierta estabilización, y en los tiempos más recientes, un crecimiento económico en algunas ramas, básicamente como consecuencia de una situación temporalmente favorable en el mercado petrolero mundial. Y la caída del rublo después de la crisis de agosto de 1998. En segundo lugar, distrajeron hábilmente la atención del pueblo trabajador desde su genuino enemigo de clase a la pelea entre los distintos canales de TV que pertenecen a distintos clanes del gran capital comprador nacional. En tercer lugar, la no existencia de un partido marxista de masas y el oportunismo de la dirección del Partido Comunista de la Federación Rusa. Objetivamente los líderes del PCFR contribuyeron a un arreglo favorable a la gran burguesía rusa y el capital transnacional en la dirección política de Rusia. Por un largo tiempo el lugar central en las ediciones del PCFR, en sus documentos partidarios y en los discursos de sus dirigentes estuvo y sigue estando ocupado por la propaganda patriótica por encima de las clases. Estas consignas fueron muy fácilmente apropiadas a su favor por los ideólogos burgueses, que solidificaron la efectividad de estas consignas aprovechando el boom chovinista provocado por la segunda guerra de Chechenia; como también el doble golpe exitoso para el Kremlin, del resultado de las elecciones parlamentarias de diciembre de 1999 y de la victoria de Putin en la elección presidencial del 26 de marzo de 2000; todo lo cual hizo más remota la transición de Rusia hacia una vía de desarrollo socialista. Hoy, para los trabajadores, el único camino sigue siendo el camino revolucionario de la autoorganización de clase y la lucha huelguista, apuntando a la transición del poder estatal de conjunto, hacia órganos liderados por el movimiento obrero y mediante la desobediencia civil, de manera que estos órganos se desarrollaran en un sistema de poder del tipo soviético. En cuanto a las ilusiones parlamentarias, muy difundidas entre la llamada "oposición responsable y constructiva" representada por el PCFR, el sangriento golpe de estado de Yeltsin en otoño de 1993 muestra que en la Rusia contemporánea la vía puramente parlamentaria para que el pueblo trabajador llegue al poder es imposible. No excluimos la utilización del parlamentarismo burgués con fines revolucionarios. Pero estamos resueltamente en contra de limitar la lucha de clases a métodos puramente parlamentarios. Uno no puede más que reírse de los debates anticientíficos y antimarxistas sobre el agotamiento y un límite para las revoluciones en Rusia. Los conjuros oportunistas no pueden frenar los procesos históricos objetivos. El proletariado de Rusia necesita en forma acuciante una fuerte vanguardia política marxista. Y nuestro partido, junto con muchas organizaciones de izquierda, forma parte del movimiento por la creación de un partido obrero marxista de toda Rusia. Para nosotros la solidaridad de los que piensan como nosotros en el exterior, la solidaridad internacional de los trabajadores es muy importante. Esta solidaridad ya jugó un rol significativo en nuestra lucha contra el código laboral del gobierno. Hemos considerado y consideramos nuestro deber propagandizar ampliamente los materiales de la conferencia socialista anti-Otan de los Balcanes, del 22-24 de enero de 2000, en Atenas, la conferencia de trabajadores y activistas del 11-14 de febrero en defensa de los sindicatos independientes y de los derechos democráticos en San Francisco. Un lugar privilegiado en nuestra propaganda será dedicado también a la reciente reunión de marxistas de Buenos Aires. Aunque en forma despareja, hoy el mundo entero está ingresando en una nueva ola de shocks revolucionarios. El capital financiero está superando al capital industrial. La crisis de sobreproducción del capital se ha convertido en un rasgo de su globalización. Dado esto, solo el mutuo apoyo y la cooperación entre los trabajadores del Norte y del Sur, del Este y del Oeste harán posible para nosotros ganar la lucha decisiva entre el trabajo y el capital. ¡Viva la revolución socialista en Rusia y en todo el mundo! (*)Los autores son miembros del Partido Regional de los Comunistas (Sección de Leningrado del Partido de los comunistas rusos, PRC).

1 de diciembre de 2000
El fracaso de la transición en Rusia
Suzi Weissman

La declinación y desintegración de la Unión Soviética marcó el fin de una época histórica. A ello siguieron siete calamitosos años que coincidieron con el reinado de Yeltsin y el intento fogoneado por Occidente de convertir a Rusia al capitalismo clásico. En agosto de 1998 esto concluyó espectacularmente con la caída del rublo y el hundimiento del país, que ya estaba en una profunda crisis económica, en la bancarrota. El crimen y la corrupción rampantes acompañaron lo que se llamó la transición, celebrada en Occidente como la tormentosa ruta hacia la democracia. Dos guerras en Chechenia y, más tarde, unas elecciones fraudulentas…; sólo Pangloss (1) podría decir alegremente que el reinado de la democracia capitalista se ha establecido en Rusia. La transición ha fracasado, y esto es un fracaso de proporciones históricas mundiales. Rusia no es tan importante para la economía mundial, pero su importancia está dada por el hecho de que se suponía que volvía al capitalismo, y fracasó. Esta es la única cuestión que importa y es lo que preocupa al FMI, porque señala que se aleja del mercado. Con Africa en crisis y América Latina al borde de una, la nueva realidad es que no hay una vía para ir hacia el mercado ni tampoco se puede volver atrás. No hay una solución a la vista (para el capitalismo mundial; para nosotros hay una solución: ¡la revolución!). Occidente esperaba a Rusia para hacerla capitalista, y no lo hizo, a pesar de los esfuerzos enormes de la ayuda occidental para contribuir a privatizar los enormes recursos del Estado. La privatización simplemente permitió a un puñado de oligargas enriquecerse, a expensas del pueblo ruso, mientras poco cambió ni en los términos de las relaciones sociales en los lugares de trabajo, ni en la forma en que la producción se lleva a cabo. Al comienzo, la privatización nominal tenía como objetivo contribuir a la creación de capitalistas. En lugar de esto, trabajadores y gerentes se conjugaron en un intento de controlar sus empresas; y así se llevó a cabo un segundo round privatizador, respaldado por cientos de millones de dólares de ayuda norteamericana. Esto equivalió, esencialmente, al robo de la propiedad estatal por los que ya la controlaban. Al mismo tiempo, un intento de monetizar la economía se transformó en su contrario, creando una economía en la que el 75% de las transacciones eran realizadas a través del trueque, mientras la mayoría de los salarios obreros tenían meses de atraso. Las agencias de préstamo occidentales favorecieron al grupo de reformadores que hablaba inglés, vestía trajes finos, hablaba e iba donde aquéllas deseaban *el grupo alrededor de Chubais*. La privatización creó al grupo de oligarcas y les permitió confiscar la riqueza, en lugar de crearla. Esas agencias fracasaron en lograr la creación de riqueza por medio de la inversión en la producción. Al contrario, la economía fue desmonetizada para combatir la inflación y el despojo reemplazó a la inversión productiva. Todo esto fue acompañado por democráticas demostraciones; en otras palabras, mostrar que existe una rudimentaria democracia por existir elecciones; así las canillas se abrían y la ayuda fluía. Para hacer esto exitoso, había que poner en escena a la democracia. Esto se hizo sumamente bien. Hasta se hizo una guerra para ayudar… por ahora todo va bien. Primero, no sólo hubo elecciones apropiadamente, sino que de hecho el gobierno de Yeltsin funcionó por medio de decretos, a veces redactados por los Harvard boys, dictados para ayudar al grupo detrás de Yeltsin a cimentar sus ventajas económicas. Cuando la oposición surgió en la Duma fue etiquetada de comunista y Yeltsin la destruyó. Pero no era más que una oposición leal, nacionalista y favorable al mercado *evidencia de la inmensa batalla dentro de la élite por el control y el acceso a las riquezas. Firmas norteamericanas de relaciones públicas fueron contratadas para convencer a la población de que la privatización era en bien de todos; pero una vez que ingresaron a las fábricas para encontrar historias exitosas de privatizaciones, no pudieron encontrar a ninguna. No había ninguna historia exitosa y hasta en una fábrica sus trabajadores ni siquiera sabían que ¡ya había sido privatizada! Historias como ésta, sumado el rol jugado por los EE.UU. para apuntalar a Yeltsin y especialmente a Chubais *el hombre clave para el FMI, el único al que le darían dinero* daban la impresión de que a EE.UU. sólo le interesaba destruir Rusia, como mucha gente cree, aunque este no es el caso (2). Los EE.UU. necesitaban a Rusia para realizar la transición. Una continua desintegración de Rusia y de su bloque sólo significaría inestabilidad para Europa (y para el mundo), y esto no es lo que Occidente quiere. (Es por esto que la Otan entró a Kosovo; no fue para recolonizar el Este, lo cual sólo traería aparejado una carga económica, sino para tratar de evitar el caos). Si sólo lo vemos como los malvados EE.UU. contra la débil Rusia, perdemos de vista la cuestión clave. El capitalismo la necesita para sobrevivir y mal puede permitirse más agostos del 98 sin que despierten la ira de la población. Cualquiera que conozca Rusia sabe que la paciencia de la clase obrera rusa es inmensa; pero cuando finalmente se mueve, puede hacerlo en forma espectacular. La mayoría de los rusos hoy están, por lejos, peor que 10 años atrás, y ya entonces no les iba bien. Por otro lado, los EE.UU. actuaron en forma inepta por contraponer sus propios intereses. El impulso de la primera privatización en 1992 fue transferir las empresas a sus empleados y gerentes o a los inversores de afuera. La única cuestión era entonces saber cómo el gobierno ruso controlaría la privatización. Chubais tenía otros planes. El FMI también pensó que darle el control a los trabajadores era un error, especialmente con tanta riqueza minera y petrolífera en juego. Y con el pueblo ruso como dueño de la riqueza, sería improbable su venta a inversores extranjeros. El pensamiento occidental planteaba que podrían tener una posición inversora más fuerte en Rusia, a un precio más bajo, si la riqueza quedaba en pocas manos. Los oligarcas-cleptócratas querían transferir sus fortunas rusas al exterior *esto es lo que buscaban*, para hacer su posición más segura y permanente, dejándolas afuera. Las salidas de capital habían sido más importantes que las entradas por ayuda (¡alrededor de 25 mil millones de dólares por año!). La élite oligárquica-cleptocrática podía hacer esto más facilmente si tenía socios occidentales, y esto fue sellado vendiéndole parte de sus propias acciones a los inversores extranjeros. Los planificadores de la política occidental parecieron creer, ingenuamente, que en cierto punto los oligarcas comenzarían a invertir en Rusia, a pesar de que el dinero fluía hacia fuera tan rápido como entraba. La consecuencia fue la devastación económica, pero esto fue como un daño colateral. La misma historia se repitió muchas veces con los programas de austeridad del FMI, que contraían o liquidaban la economía doméstica, pero unos pocos se enriquecían, y sus amigos recibían buenos dividendos. ¿Habrá alguna diferencia con Putin? ¿Durará? Ver cómo conquistó el poder es instructivo: en una elección en la que los politólogos americanos dicen que demuestra los avances rusos hacia la democracia del siglo XXI, Vladimir Putin emergió como el hombre del momento. Detrás de su victoria están los pertrechos de la democracia de nuevo tipo: los medios controlados que denigran a los adversarios y mienten sobre la guerra, periodistas que publican según el precio que se paga por la propaganda gubernamental (un artículo laudatorio se valúa en 4 mil dólares); el patriotismo desenfrenado, y, en caso de que ninguno de estos métodos funcione, llenando listas de votantes con personas muertas. A pesar de la descripción de los medios de una práctica democrática en Rusia, ha habido una masiva abstención desde 1993, a dos años de la nueva era democrática. Ese año Yeltsin bombardeó al parlamento y forzó una Constitución que garantizaba una virtual dictadura presidencial; pero como una concesión a la presión democrática se resolvió que cualquier elección con una concurrencia menor al 50% fuera anulada. La primera anulación debería haberse efectuado en la propia ratificación de la Constitución. Años después de ese plebiscito, surgieron evidencias que echan dudas sobre las cifras de participación de votantes. En forma similar, nuevas evidencias pusieron un signo de interrogación sobre las cifras oficiales de la elección parlamentaria de diciembre de 1999. Incluso tomando las cifras oficiales, es claro que ha habido un incremento de la abstención electoral con cada elección. De hecho, a esto se lo podría llamar fraude electoral pluralista; el sistema ruso de controles y balances. Mientras Putin fue electo en marzo de 2000 con la participación del 52% de esos votantes, una mirada de cerca revela obvios problemas. En Chechenia, desgarrada por la guerra, a pesar de la carnicería, las violaciones y el pillaje del ejército ruso, Putin aparece obteniendo más votos que en Moscú. ¡Parecería que las guerrillas bajaron de los cerros para votar por Putin! El 60% de los votos fue para Putin, con una concurrencia del 79,4%. En Ingushetia, muy vecina y vinculada a Chechenia, donde cientos de miles de refugiados de guerra chechenos encontraron refugio, Putin obtuvo más del 80% de los votos. Aunque fueron registrados en los padrones, los votantes de los campos de refugiados de Chechenia e Ingushetia se quejaron porque no les fueron provistas urnas. Asimismo, en las islámicas Tatarstan y Bashkortostan, Putin se anotó más votos que los que obtuvo en las pobladas regiones rusas. Estos resultados afectan la veracidad y el crédito que se le da al pretendido y falsificado voto masivo. Observadores oficiales proclamaron que la elección fue justa, pero los observadores del Partido Comunista y el Yabloko reportaron irregularidades en las repúblicas nacionales, incluyendo el inflado de los sufragios y la impresión de 3,4 millones de votos extras en Tatarstan. La concurrencia oficial de votantes fue del 69%, pero un reporte no oficial ubica ese porcentaje en el 45%, lo cual anularía la elección. Las cosas se veían tan mal que 24 millones de sufragios fueron agregados en los últimos 40 minutos de la elección, para evitar su anulación. Aun así, las encuestas de opinión mostraron consistentemente a Putin obteniendo el voto de alrededor del 50% del electorado, y lo que se coomprobó correcto, aunque los observadores del Partido Comunista informaron que Putin ganó con el 45%, es decir, sin lo suficiente como para evitar la segunda vuelta. Aun si esta hubiese sido una elección libre y justa, las condiciones en que se desarrolló preocuparían. La manipulación de los medios fue evidente por todos lados. Mucho antes de la campaña, los adversarios de Yeltsin-Putin, Primakov y el alcalde de Moscú, Lushkov, fueron sometidos a una sucia operación de los medios. La televisión central rusa y la prensa sostuvieron abiertamente a Putin, incluso al punto de recurrir al antisemitismo y la homofobia contra Yavlinsky, el candidato liberal del Yabloko. (Una conferencia de prensa de los gay que respaldaban a Yavlinsky fue organizada por la red de TV de Berezovsky). Yavlinsky fue el único candidato que se opuso a la guerra en Chechenia. Recibió menos del 6% de los votos. Mientras la propaganda de los medios es una característica de todas las elecciones democráticas, en Rusia esto es mucho peor que en el Occidente desarrollado. El control sobre los medios o el acceso a ellos, a través del dinero o de los contactos, juega un rol considerable en todas las elecciones modernas. En Rusia, con sus ochenta y nueve regiones desplegadas sobre una vasta región geográfica, la televisión y la radio juegan un rol unificador crucial. Sumado a esto el temor que la mayoría de los rusos tiene sobre su futuro y el que dominó su pasado, no es sorprendente que se amoldaran a los deseos expresos de la autoridad. De hecho, la explicación occidental convencional del resultado de estas elecciones es que los rusos quieren un fuerte liderazgo que les asegure orden y seguridad para permitirles progresar, elevando sus condiciones de vida. Desde este punto de vista, los rusos son vistos como un pueblo que ama la autoridad y el orden. Putin, que procede de la KGB y promete la dictadura de la ley, encaja en esa imagen. Putin superó a su adversario Gennady Zyuganov, del PCFR (Partido Comunista de la Federación Rusa), que obtuvo el 29% de los votos a pesar de la propaganda de los medios. Putin imitó a Clinton y se apropió de la postura de su adversario, en este caso presentándose como partidario de una Rusia más grande, que gane guerras. En forma indirecta, él podía defender también un retorno de la industria rusa. La población de Rusia no difiere mucho de la de EE.UU. o América Latina en buscar un gobierno que le ponga freno a la continua declinación de los niveles de vida y las mejore. En las primeras elecciones, los trabajadores toleraron el concepto de mercado, pero hoy se oponen a ese sistema que ha llevado a la mayoría a un implacable desastre. Los salarios promedio en Rusia son hoy de 20-22 dólares por mes. A diferencia de Yeltsin, que defendió al mercado, Putin no formuló un programa. Dejó que se lo conociera como un ruso nacionalista y partidario de un gobierno fuerte. Sacó ventaja del efecto proteccionista de la devaluación masiva del rublo y del crecimiento del precio del petróleo, los cuales coincidieron con su presidencia. Esto hizo aparecer a Putin, al contrario que Yeltsin, como partidario de proteger a la industria rusa, lo cual incrementaría los niveles de vida y el empleo. Desde el momento en que esta fórmula era el programa del PCFR de su competidor Zyuganov, el electorado parecía tener pocas alternativas. ¡De los otros doce candidatos, algunos admitieron que sostenían a Putin! Y a su vez el PCFR deriva del stalinismo y su programa se acerca al fascismo. El PCFR es clasificado como partido de izquierda por los comentaristas de derecha, pero es en verdad un partido de extrema derecha, semifascista, nacionalista, antisemita y populista. La Duma no tiene izquierda en absoluto. Representa solamente a diferentes sectores de la élite. No hubo candidatos de la izquierda. Pero hubo una campaña desde la izquierda *Unión 2000* que llamó a boicotear las elecciones. Ellos consideran que participar de ese ejercicio fraudulento sería legitimar al régimen, cuya maquinaria de propaganda parece un "Ministerio de la Verdad" de proporciones orwelianas. Algunos estaban esperanzados en la anulación de las elecciones, que conduciría a una segunda elección y podría dar lugar a mejores candidatos. Incluso con su victoria electoral, sea como fuere que la logró, esta elección es un revés mayor para Putin. Esperaba una avalancha de votos con una enorme concurrencia electoral, y para conseguirlo se había preparado falseando los resultados. Putin no obtuvo la legitimación que quería, para tener las manos completamente libres para imponer el Estado fuerte que ahora se requiere para proteger a los oligarcas que lo sostienen. Mientras aparecía como independiente, Putin fue cuidadosamente escogido por Berezovsky, y tenía estrechos lazos con Chubais. Si las elecciones hubiesen sido 100% libres y limpias, los resultados no habrían sido muy diferentes. Esto es así porque toda la élite sostenía a Putin y la oposición leal, representada por el PCFR de Zyuganov, no representaba una alternativa. El PCFR no es más que una formación marrón-rojiza, que algunos izquierdistas en Rusia etiquetan como partido semi-fascista con un estandarte rojo. Su dirección quiere estar en el poder para participar de todos los privilegios. No quieren el comunismo. Putin representa un retorno al Estado fuerte, intervencionista, pero con un compromiso hacia el libre mercado, lo que en la práctica significa que se permitirá a los oligarcas proteger sus beneficios mal habidos. Ellos necesitan un Estado ahora, y esto coincide con los deseos de la población de un Estado que la proteja y "se haga cargo". Los controles sobre los individuos están reapareciendo, mientras que la protección del bienestar social ha desaparecido. Putin ha comenzado a reprimir el mayor grupo de periodistas, golpeando a los opositores e invadiendo el Media Most, los mediáticos independientes de Rusia. La televisión de ese grupo ha sido franca investigando la corrupción y revelando algunas verdades acerca de la guerra genocida de Putin en Chechenia. (Para ser justos, el Media Most es propiedad de una oligarquía rival.) Esa represión muestra que Putin recurre a las tácticas soviéticas, suprimiendo abiertamente a los disidentes, en lugar de controlar simplemente los impresos como hacía Yeltsin, falsificando la realidad y sobornando a otros. La prensa independiente está bajo un serio ataque. Yeltsin es popularmente ridiculizado como un fracasado incurable, tanto por sus políticas como por el fracaso de lo que implementó. Y ahora su sucesor proviene del mismo palo. Tanto Anatoly Chubais, el jefe privatizador, como Boris Berezovsky, el principal capitalista, sostienen a Putin. Cualquiera sea su retórica nacionalista y el uso que haga de mecanismos de protección como la devaluación, Putin tiene un compromiso con el mercado y sufrirá sus continuos fracasos. Es interesante ver que en Rusia el apoyo del capital no basta, porque éste por sí mismo es débil. Los órganos represivos del Estado son entonces convocados a actuar. El capital significa hoy en día capital financiero. Los gerentes industriales podrían poseer participaciones en sus empresas, pero ellos tendrían que actuar de una manera diferente que el propio capitalismo. Constituyen una sección diferente del grupo dirigente del capital financiero, como Berezovsky. Yeltsin a veces se comprometía con este último grupo, al cual representó el PCFR. Putin indicó que él se comprometerá con ellos también, y lo está haciendo políticamente con su nacionalismo, el proteccionismo y la acción del Estado. Parece, sin embargo, que él va más allá, y es esto lo que abre dudas en opinión de los comentaristas occidentales. Putin proviene de la KGB, ascendió en el escalafón político con ayuda de las reformas de mercado y fue parte del gobierno de Yeltsin. Reclutó a miembros de la policía secreta como empleados de su aparato. La conclusión lógica es que el capital financiero ruso giró hacia los órganos de poder para perseguir su programa. Si el mercado no puede ser introducido a través de formas democráticas, puede hacerse directamente por la fuerza. Desde esta perspectiva, Chechenia tuvo que ser destruida en función de mantener la integridad de Rusia como un país. Encima, Putin no tiene el completo apoyo de la FSB (3), sucesora de la KGB; ¡así corre el riesgo de tener un estado policial sin el apoyo de la policía! La población no quiere el mercado, de modo que éste le será impuesto por la fuerza. Esto no puede ser logrado, pero se lo intentará. La ya sufrida población está en la mayor miseria. Finalmente, el robusto y juvenil Putin se parecerá a Yeltsin *una figura profundamente antipopular, revolcada y quebrada. La historia tiene una manera de quebrar a los que luchan a favor de un grupo social sin lugar en la historia. Como definió un autor, Yeltsin será exitoso por Shmeltsin. Nosotros podemos decir, a su turno, que Putin será exitoso por Schmutin, hasta que los trabajadores tomen la historia en sus propias manos. ¿Cuáles señales de oposición? A pesar del masivo manejo del escenario de las elecciones, de las guerras y de las reformas, en Rusia hay pocos que los sostengan, y en cambio está emergiendo una activa oposición, aunque todavía sea pequeña. La juventud se está volviendo contra el sistema (y ésta es una población joven que nunca experimentó el sistema soviético, pero está harta de la corrupción y la falta de oportunidades) y el sistema pinochetista estilo ruso de Putin es mucho menos funcional en la medida en que la policía puede ser sobornada. Pinochet ya tenía un sistema de mercado funcionando, que Rusia no tiene, y el aparato represivo ruso es corrupto y no puede forzar el crecimiento económico. El régimen derechista autoritario de Putin tiene el efecto de empujar a la gente hacia la izquierda. Y los dos últimos años de relativa estabilidad tras la devaluación del rublo y la elevación del precio del petróleo, permitieron una recuperación económica desde agosto del 98 a la primavera de 2000. El colapso del rublo le dio ímpetu al mercado interno, especialmente a la producción de alimentos, en la medida en que las importaciones se volvieron de repente demasiado caras. Este crecimiento se hizo sin inversiones y puede modificarse cuando los precios del petróleo declinen. Pero, con la recuperación, el movimiento de los trabajadores surgió. Ha habido algunas luchas que dan mucho ánimo: en la mina a cielo abierto de Chernigovsky, en Kemerovo (Siberia), los trabajadores bloquearon la entrada a los nuevos propietarios, declarándola empresa del pueblo, y chocaron vigorosamente con la policía. Un enfrentamiento similar ocurrió en la famosa fábrica de porcelanas Lomonosov, en San Petersburgo. Pero la lucha más significativa ha tenido lugar en la fábrica de papel y pulpa de Vyborg, un área industrial al norte de San Petersburgo, cerca de la frontera con Finlandia, que jugó un rol importante en la Revolución Rusa de 1917. La fábrica fue vendida a un empresario de vodka por un valor de entre medio y uno por ciento de su valor real; un caso bastante típico del esquema privatizador. Los salarios no se venían pagando, el propietario se fue y la fábrica llegó al borde de la bancarrota. Se corrió el rumor de que el dueño iba a despedir a los dos tercios de la fuerza de trabajo de dos mil trabajadores; entonces ocuparon la fábrica, la declararon propiedad común y eligieron su propio director. La fábrica pronto encontró clientes para su producción y durante 18 meses trabajó como una cooperativa, pagando sus deudas, pagando a los trabajadores 1.500 rublos por mes *un ingreso alto para los niveles rusos*, y organizó un programa de apoyo social para el pueblo, que incluía la provisión gratuita de leche y electricidad, peluquería y vacaciones gratuitas, y ayuda financiera para los pensionados. La fábrica incluso pagaba sus impuestos. Los dueños volvieron, contrataron gangsters y a la policía para reconquistar la fábrica. Fue una batalla a tiros, y dos trabajadores fueron muertos. Fue llevada al lugar una fuerza de tareas especial antimotines y la policía tomó rehenes para sacar a los trabajadores. Los trabajadores de Vyborg se endurecieron, pero en enero la planta fue vendida a una firma británica, Alcem. Uno de los líderes de la cooperativa firmó un trato con Alcem entregando el control de la fábrica a cambio de la garantía de un aumento en los pagos, de beneficios sociales para el pueblo y de que no habrá despidos. Putin condecoró a los policías que participaron de la reconquista de la fábrica como héroes nacionales. Pero los trabajadores se están agitando. Entre los conflictos más importantes figura el de las mujeres del gremio de la alimentación que trabajan para los restaurantes de McDonalds, que han emprendido una batalla impresionante para sindicalizarse (¡McDonalds no permite sindicatos en ninguna parte!); y estas mujeres no tenían ninguna experiencia sindical previa. Los trabajadores están buscando su voz y están presionando a sus nuevos empleadores reclamando un mejor trato. Los oligarcas querían a Putin para que sea un Pinochet ruso, y él apela al nacionalismo y al racismo para consolidarse. Putin representa el retorno del capital financiero a la escena política, pero bajo el nuevo eje del nacionalismo. El nacionalismo sirve a sus intereses políticos porque pueden mantener el control político a través de elecciones democráticas. El nacionalismo sirve a sus intereses económicos porque sufrieron serios reveses financieros o la bancarrota a través de su deuda con Occidente durante la devaluación de 1998. El nacionalismo sirve a sus intereses sociales porque ha llevado a mayores niveles de empleo, a mayor demanda interna y al crecimiento de la industria nacional. Aunque los trabajadores no tienen voz en el proceso electoral, su descontento fuerza a la élite a adoptar una línea nacionalista para encauzar el descontento y la oposición a las fallidas reformas económicas. No hay reforma de mercado que se pueda introducir y mejore la situación. El nacionalismo es su última carta. Y la última vez que se usó tan abiertamente llevó a la Revolución Rusa de 1917. (!Hoy de nuevo, hay una solución-revolución!). (*) Texto de la intervención de Suzi Weissman, en la sesión sobre "La restauración del capitalismo en Rusia" del Seminario Internacional, realizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (30 de mayo de mayo de 2000). 1. Personaje del Cándido de Voltaire, encarnación del optimismo [Nota del traductor]. 2. El esquema privatizador fue conocido como préstamos por acciones, cuando un puñado de oligarcas adquirió muchas joyas industriales al precio que esas acciones salieron en subasta. Esta fue la segunda privatización, después que la privatización por bonos fracasó en crear capitalistas. 3. De acuerdo a Boris Kagarlitsky, sólo el 11% de la FSB apoyó a Putín. Estadisticas La población rusa ha disminuido de 148 millones en 1990 a alrededor de 138 millones hoy. La tasa de suicidios se ha elevado un 60% desde 1989. La expectativa de vida había caído 7 años, y luego subió 3, o sea que cayó 4 años. El 75% de todos los embarazos tienen serias patologías; la infertilidad se ha incrementado a razón del 3% anual. La tasa de mortalidad excede la de nacimientos en un 70%. En una encuesta de 1998, los rusos de 18 años destacaban la prostitución o trabajar como asesinos, por encima de científicos, ingenieros o investigadores, como carreras atractivas para elegir.

1 de diciembre de 2000
El socialismo de mercado y las naciones atrasadas

En una edición previa (1) se publicó el artículo Crítica a la teoría de la superioridad y la neutralidad del mercado, de Duan Zhong Qiao. El texto, con enjundiosas citas de El Capital y los Grundisse, da un mentís fundamental a la pretendida filiación marxista de ambas tesis, vastamente difundidas en círculos políticos, intelectuales y académicos occidentales. Contra la supuesta neutralidad o superioridad del mercado, Duan Zhong Qiao pone de relieve el carácter históricamente condicionado de los instrumentos mercantiles. El autor muestra que, en una economía capitalista, el mercado opera como su regulador natural, en forma ciega y anárquica, bajo el imperio de la ley del valor, llevando sistemáticamente a la sociedad a las crisis. Zhong Qiao advierte correctamente acerca del viejo error de pretender escindir la regulación mercantil de su fundamento *la propiedad privada y el trabajo asalariado*, y de presentar al mercado como un instrumento capaz de regular cualquier sociedad *y en particular una sociedad basada en principios igualitarios o socialistas. "El error fundamental de los socialistas de mercado *dice* radica en que no ven a la economía de mercado como una totalidad de relaciones sociales de producción que fijan el carácter de una sociedad." Hasta aquí, el autor nos dice que la humanidad no va a abolir el capitalismo e instalar una sociedad sin clases ni explotación, para preservar la regulación mercantil. Una sociedad socialista actuará de acuerdo a un plan central, como previó Marx. Por su procedencia y el lugar en que fue expuesto, el artículo de Duan Zhong Qiao adquiere particular importancia. Este autor es un profesor chino, de una universidad de Pekin, que presentó ese texto en una Conferencia Internacional en el 150º aniversario del Manifiesto Comunista, en Atenas, organizada por el EKK, cuartainternacionalista, de Grecia. Desde el momento en que el texto parece consistente en el plano de la teoría marxista, llama la atención la ausencia de cualquier referencia concreta del autor a su propio país, China, que es hoy el paradigma del socialismo de mercado. Es que Zhong Qiao confronta el modelo de socialismo de mercado para los países centrales, donde las fuerzas productivas han alcanzado un altísimo desarrollo, con el modelo de la planificación de la URSS y los países de Europa del Este. Pero se vale de esto para sacar conclusiones con las que hay que polemizar. ¿En los países atrasados vale la economía de mercado? Desconocemos los motivos por los que Zhong Qiao restringió su análisis a los textos de Marx citados, que son tan importantes como abstractos. Zhong Qiao se priva de la experiencia histórica concreta de la lucha socialista, desde 1917 por lo menos. Curiosamente, no coteja los debates habidos, en el Partido Bolchevique en la década del 20, o con la propia experiencia china tras la revolución, y aún más recientemente. La mayoría de los autores que Zhong Qiao menciona sucumbieron al derrumbe del stalinismo identificado con socialismo. Zhong Qiao los acusa de haber "confundido la economía planificada que existía en la URSS y los países de Europa del Este con la economía prevista por Marx". Como ya dijimos, Zhong Qiao, sintomáticamente, omite no sólo el caso de su país, sino de todos los otros asiáticos *Vietnam, Lagos, Camboya, Corea del Norte* y de Cuba, que como China siguieron el modelo de la URSS stalinizada después de la Segunda Guerra Mundial. Dejando de lado esto, ¿qué dice Zhong Qiao respecto de esaconfusión? Sorprende cuando adjudica virtualmente la autoría de esa confusión a sus vulgares contrincantes y omite la paternidad de la burocracia rusa y china de ese concepto. Zhong Qiao dice que "el hecho de que la URSS y los países de Europa del Este cambiaran de una economía planificada a una economía de mercado solamente prueba que la economía planificada prevista por Marx no puede establecerse a menos que la economía de mercado se haya desarrollado suficientemente y convertido en una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas". Es decir que estamos ante una justificación de la economía de mercado en los Estados obreros. En otro párrafo dice: "Ellos *suponemos que se refiere a Lenin e igualmente a sus epígonos stalinistas* intentaron saltar la fase de desarrollo completo de la economía de mercado y establecer directamente una economía planificada sobre las bases de lo que aún era, en alto grado, una economía natural" (itálicas y texto entre guiones, míos). La crítica de nuestro autor vale entonces sólo para los países capitalistas avanzados *Zhong Qiao se refiere concretamente a los EE.UU. y Gran Bretaña*. Allí el socialismo de mercado *dice* "es insostenible": la planificación "presupone el desarrollo completo de una economía capitalista o de mercado" (ídem). Por el contrario, "para algunos países una economía de mercado puede ser más compatible con el crecimiento de sus fuerzas productivas". Así, "no tiene sentido decir abstractamente cuál es mejor". Ciertamente, si el punto de partida es el desarrollo de las fuerzas productivas en toda Asia, y en particular en China y las otras naciones mencionadas de la región, Zhong Qiao nos está diciendo que en la inmensa mayoría del planeta deberían imponerse las prácticas del socialismo de mercado. En tal caso, se da por supuesto el mercado mundial, y se define al socialismo de mercado como la forma social del socialismo en un solo país. Bujarinismo El desarrollo completo de una economía capitalista no tendrá lugar nunca en los países atrasados y semicoloniales, desde el momento en que la economía mundial arribó a su estadio imperialista. Bien mirado, dicho desarrollo completo ni siquiera ha tenido lugar dentro de las propias naciones imperialistas, donde las desigualdades y desequilibrios interiores no han hecho más que acentuarse brutalmente en los últimos 100 años. En las condiciones de aislamiento de la revolución a mediados de la década del 20, Bujarin sostuvo que la construcción del socialismo en un país atrasado como la URSS debía desarrollarse a pequeños pasos, sobre la base del desarrollo de las fuerzas del mercado. Trotsky dejó en claro su opinión de que los mecanismos de mercado, "por todo un período histórico" serían "una base material indispensable" en las economías en transición al socialismo (2), hasta tanto los principios igualitarios no tuvieran una base material y social adecuada para efectivizarse. Pero Trotsky encuadraba esa transición en un plano mundial; la revolución mundial elevaría a los países atrasados a un nivel superior de desarrollo, como parte de una nueva era de armonización universal de las fuerzas productivas. En la época del imperialismo, la madurez de las naciones para el socialismo no está dictada por sus posibilidades nacionales consideradas aisladamente, sino por la madurez de la economía mundial. El estrangulamiento que impone la dominación del capital financiero (de los grandes monopolios capitalistas) a su desarrollo, pone un límite histórico al desarrollo de las fuerzas productivas de las naciones atrasadas. La Nueva Política Económica (NEP) no se practicó para completar el insuficiente desarrollo del país, sea capitalista o socialista, sino para ganar tiempo en el proceso de la revolución mundial. En 1921, tras la guerra civil y el comunismo de guerra, la NEP combinaba la planificación central de la industria nacionalizada con una economía privada (mercantil) en el campo. La circulación de las mercancías debía servir a la "soldadura" (3) entre los campesinos y la industria nacionalizada, es decir, al afianzamiento de las perspectivas socialistas. Partiendo de niveles bajísimos, en dos años (1922/3) se duplica la producción. En 1926 se alcanzan los niveles de preguerra (diez veces superiores a los de 1920). La economía privada crece, pero lo hace aún más velozmente el sector estatizado, aumentando su participación proporcional en la producción. La tendencia contraria es la que se manifiesta hoy en el socialismo de mercado de China. Lenin impone límites muy estrictos a la acumulación privada de capital. La circulación del dinero implica necesariamente un cierto grado de acumulación de capital y un cierto grado de diferenciación social en la esfera del consumo. Pero, al mismo tiempo, la dictadura proletaria combate la confiscación económica que acompaña la restauración del capital. Esto mediante: a) el mantenimiento de la propiedad nacionalizada de la tierra y de la gran industria *lo que limita la acumulación monetaria en manos de los kulaks (los campesinos ricos en la ex URSS) y su transformación en capital*; y b) el mantenimiento del monopolio estatal del comercio exterior. Un ejemplo de experiencia opuesta a los bolcheviques, en la NEP, fue seguida por los sandinistas que, con el desarrollo de las fuerzas productivas mediante mecanismos mercantiles, intentaron poner en pie una burguesía en córdobas. Terminaron en la bancarrota y llevaron a Nicaragua al desastre. Bujarin teorizó acerca de la necesidad de completar la etapa capitalista en la Rusia atrasada, y fue quien, por primera vez, elaboró acerca de la construcción del socialismo en un solo país, a paso de tortuga, en coexistencia pacífica con el capitalismo mundial. Más adelante lanzó la consigna restauracionista "Kulaks, enriqueceos", copiando al historiador francés que postulaba esta vía para adquirir los derechos políticos. Trotsky y la Oposición de Izquierda advirtieron tempranamente acerca del carácter de estos planteos. En un determinado punto, la desigualdad social en el campo y al enriquecimiento de los kulaks, habilitarían a éstos para reclamar la desnacionalización de la tierra y el fin del régimen proletario. Planificación burocrática y mercado En la URSS de Stalin la política bujarinista llegó muy lejos, pero cuando los kulaks se apropiaron del control de muchos soviets rurales, la burocracia reaccionó ciegamente contra ellos. Entonces se impuso la colectivización forzosa, cuyos resultados desastrosos pusieron al régimen soviético al borde del derrumbe. Esa colectivización fue una expresión extrema de la irracionalidad burocrática. Pero de aquí no se desprende que toda planificación, en los países atrasados, está descartada hasta tanto el capitalismo complete el desarrollo de las fuerzas productivas. La historia del siglo XX reveló con creces que la organización planificada de la economía fue una palanca de desarrollo y de relativa emancipación para los países atrasados (4). Los métodos burocrático-totalitarios de la burocracia stalinista nada tuvieron que ver con un intento por parte de ésta de saltar etapas en el desarrollo histórico. El salto de etapas fue la ideología justificadora de la salida despótica, puramente empírica, a la que recurrió el stalinismo para hacer frente a la retención del grano por parte de los kulaks y aun de los campesinos empobrecidos. La liquidación del campesinado sirvió indudablemente para proceder a una enorme totalitarización del Estado. La "abolición de la propiedad privada" condujo a un régimen de apropiación parasitaria del excedente económico por parte de una burocracia que aún no había resuelto la satisfacción de sus aspiraciones sociales. La burocracia no tiene programa ; esto es un reflejo de su carácter de accidente histórico. Su línea de conducta zigzagueante está determinada por la evolución del conflicto entre las principales clases de la sociedad a nivel mundial. El derrumbe de la perestroika en la URSS, tras un largo proceso de integración de toda Europa del Este al mercado mundial *acuerdos de Helsinski, colaboración contrarrevolucionaria sin precedentes en todo el planeta*, dio piedra libre a una tendencia restauracionista a ultranza, que ya estaba fuertemente presente con anterioridad. No casualmente, Bujarín fue el primero de los caídos en las grandes purgas stalinistas en ser restablecido. ¿Qué tiene que ver esto con China y los mecanismo de mercado puestos en marcha allí? Pues que en las dos últimas décadas China se ha transformado en el principal centro de acumulación capitalista mundial. ¿Puede China esquivar las contradicciones que resultan de este hecho capital? Imperialismo y fuerzas productivas Para el profesor Zhong Qiao, "indudablemente diferentes países del mundo tienen diferentes fuerzas productivas"; en consecuencia, "una economía de mercado puede ser más compatible" para unos que para otros y "no tiene sentido decir abstractamente cuál es mejor". Es indudable que, llegado a este punto, aparece una omisión fundamental: el imperialismo. ¿Cómo se compatibiliza el desarrollo de las fuerzas productivas a escala de los diferentes países con el predominio del mercado mundial? ¿Puede abstraerse de un análisis del socialismo de mercados nacionales la dominación a escala planetaria de un puñado de grandes monopolios, que bajo la férula de sus Estados *imperialistas, opresores* subyugan a la inmensa mayoría de los otros *oprimidos, semicolonias*? Para el marxismo, las fuerzas productivas son una categoría universal. El desenvolvimiento de las fuerzas productivas está condicionado por los límites de las relaciones de propiedad capitalistas-imperialistas. Las crisis capitalistas de las que nos habla el texto de Zhong Qiao no son más que expresiones de esa contradicción, siempre más explosiva. Identificar el desarrollo de las fuerzas productivas con el índice de crecimiento del producto bruto es sucumbir a la economía vulgar. En los últimos 20 años los países atrasados que tuvieron los índices más altos de crecimiento del producto han sido los más expoliados económicamente por el capital financiero. Es claro que el crecimiento de estos países está muy lejos de ser una expresión de la vitalidad de los medios mercantiles y de un desenvolvimiento de las fuerzas productivas de la humanidad. Al menos un tercio del crecimiento del consumo en los Estados Unidos es atribuido a las ganancias bursátiles. Se trata más bien, entonces, de la expresión de la putrefacción del capitalismo contemporáneo a escala mundial. Economía y política En su polémica contra los socialistas de mercado occidentales, Zhong Qiao recurre a un reduccionismo doblemente peligroso. Del carácter ciego de la ley económica fundamental de la sociedad capitalista, la ley del valor, desprende la imposibilidad de que una acción de "gobierno" o "democrática" pueda combatir la anarquía de la producción y la crisis económica. "Es completamente imposible resolver los problemas originados en la esfera de la economía a través de medios políticos", dice Zhong Qiao. Pero la ley del valor es negada en el mismo proceso de la explotación capitalista, bajo las distintas formas de monopolio. Marx ya había puesto de relieve cómo los capitalistas ponían límites a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia mediante recursos económicos y políticos, lo que significa restricciones al funcionamiento de la ley del valor. La concentración cada vez mayor de la propiedad capitalista produce una socialización generalizada de la producción. Es la acción política la que deberá resolver este antagonismo, mediante la expropiación de los expropiadores. El desenvolvimiento contradictorio de la ley del valor es, precisamente, el fundamento económico del intervencionismo estatal, el cual sería rechazado por la sociedad si ese fundamento no estuviera presente. La ley del valor no es una categoría fija. Precisamente, la historia del capitalismo es, en última instancia, el proceso de la negación de la ley del valor y de su posterior negación de la negación. De aquí mismo se desprende la tendencia a la socialización de la producción, que bajo un gobierno obrero *mediante la planificación central y la revolución mundial* debe llevar al socialismo (comunismo). NOTAS: 1. Ver En Defensa del Marxismo Nº 23, marzo-mayo de 1999. 2. Ver La Revolución Traicionada, de León Trotsky. 3. Idem anterior. 4. Todas las verdaderas revoluciones contemporáneas, como la gran revolución china de 1949, la yugoslava, la vietnamita o la cubana, lograron un gran salto inicial de las fuerzas productivas recurriendo a medidas de planificación social. Todas ellas triunfaron contra la voluntad de la burocracia soviética.

1 de diciembre de 2000
América Latina: Cuadro de situación

Los primeros meses del nuevo siglo han sido testigos de una agudización de la lucha de clases, de crisis políticas de fondo y de una febril intervención política del imperialismo en toda América Latina. El levantamiento indígena-campesino en Ecuador que provocó la salida de Mahuad; la larga y combativa huelga de los estudiantes de la Unam mexicana; las fracturas en el movimiento de Hugo Chávez en Venezuela, de las filas del ejército y en el propio gobierno; las grandes movilizaciones obreras y populares contra Fujimori; las masivas movilizaciones de campesinos sin tierra en Brasil y en Paraguay; las huelgas generales y la movilización de los piqueteros en la Argentina; la guerra del agua en Cochabamba, que rápidamente se convirtió en una rebelión nacional, extendiéndose a los campesinos, al movimiento obrero, a los estudiantes y hasta a las bases policiales, que se sublevaron en La Paz; la rebelión contra la privatización de la electricidad en Costa Rica, y la pueblada contra los tarifazos en Honduras; todas estas movilizaciones y crisis políticas forman un cuadro que no se veía en América Latina desde la década del 80. La presente ola de movilizaciones populares no enfrenta dictaduras sino a los regímenes democratizantes diseñados por el imperialismo y los explotadores locales. En el corazón de la crisis latinoamericana se encuentra Colombia, el régimen político más débil y convulsionado de la región. En el plano económico, su situación es sencillamente de catástrofe (1). En el plano político, la debilidad del gobierno se puso en evidencia cuando fracasó en su intento de cerrar el Parlamento y convocar a una Asamblea Constituyente, o en la abierta oposición del Ejército al diálogo de paz de Pastrana con la guerrilla (2). En el plano estatal, el Estado colombiano no domina su territorio (3). Donde la descomposición del régimen político colombiano se pone en evidencia de una manera más aguda es, por supuesto, en los territorios dominados por las Farc. Inicialmente, el gobierno y la guerrilla habían acordado que las autoridades civiles de la "zona desmilitarizada" (alcaldes, jueces, etc.) seguirían en sus puestos, aun cuando su autoridad fuera meramente formal. En aquel momento señalamos que este "compromiso con la continuidad de la formalidad jurídica del Estado (…) responde a la orientación (de las Farc) de no quebrar en forma revolucionaria el orden actual sino de modificarlo a partir de sus propias bases (…). Detrás (de este compromiso) está, claro, la propiedad privada, la deuda externa, el respeto de los compromisos internacionales y, en general, la preservación de un régimen estatal" (4). Pero en poco menos de un año, las Farc han debido anunciar que pondrán en pie su propio sistema judicial, un "impuesto revolucionario" y hasta una especie de aduana interna. La razón es que el poder del Estado se ha desvanecido, obligando a las Farc a llenar ese vacío. Este cuadro de grandes crisis políticas y profundas movilizaciones de masas es la consecuencia de los devastadores golpes que ha asestado la crisis mundial a las débiles economías latinoamericanas y a sus sometidos regímenes políticos. La caída de los precios de las materias primas y el retiro de los capitales especulativos que inundaron el continente en la década del 90 provocaron recesiones, elevadísmas tasas de desempleo, devaluaciones y quiebra de los sistemas fiscales y bancarios. La consecuencia ha sido una violentísma y acelerada pauperización de las masas latinoamericanas en los últimos dos años y una intolerable polarización social (5). La caída de los precios internacionales de los productos agropecuarios y las recesiones internas, que cerraron los mercados para la producción campesina, explican el gran desarrollo del movimiento de lucha campesino, que en Ecuador, Colombia, Bolivia y Paraguay está a la cabeza de las movilizaciones populares. El retroceso económico es tan agudo que incluso ha arrastrado a los países que hasta hace poco eran considerados como modelos por el propio imperialismo: "El aspecto más perturbador de la declinación de Perú y Bolivia *decía no hace mucho un vocero del capital financiero* es que hasta hace poco eran vistos como ejemplos relativamente exitosos. Ambos adhirieron a la doctrina económica liberal, privatizaron industrias estatales, liberalizaron el comercio y siguieron políticas fiscales y monetarias austeras" (6). Incluso la excepcional recuperación de los precios del petróleo en el último año (está en los valores más altos de la última década) no ha podido sacar a Venezuela y a Ecuador, grandes exportadores de crudo, del marasmo económico en que se encuentran (7). La crisis golpeó con todas sus fuerzas a los raquíticos regímenes políticos de la región. Los partidos tradicionales en los países más débiles casi desaparecieron (Apra y Acción Popular en Perú; Copei y Acción Democrática en Venezuela; liberales y conservadores en Ecuador). Lo mismo sucedió con el MNR y el MIR en Bolivia y, hasta cierto punto, con el partido colorado paraguayo. De este cuadro de retroceso político no escapan el peronismo (que en las últimas elecciones parlamentarias de la Capital tuvo una votación insignificante) e incluso la propia UCR, que debe recurrir a la muleta del Frepaso. El derrumbe del PRI mexicano, que es previo a su derrota en las recientes elecciones presidenciales, forma parte de este mismo proceso. Las masas del continente, sin embargo, no van a la lucha con consignas que planteen su propia salida a la crisis. Es lo que aprovecha el imperialismo, la mayor parte de las veces, o la burguesía por su cuenta, para armar nuevas alternativas y liderazgos, aunque su precariedad histórica salte a la vista. El imperialismo interviene A caballo de esta crisis, el imperialismo norteamericano llevó adelante una intervención política y diplomática (e incluso militar) a gran escala. Lo hizo con su clásico método: definió públicamente una amenaza *en este caso, la narco-guerrilla (las Farc colombianas) y el populismo (en especial la alianza entre los indígenas y los militares medios ecuatorianos)* para justificar esa intervención en nombre de la democracia. El propio Clinton dio la puntada inicial, afirmando que "el populismo y el narcotráfico son un riesgo para el sistema democrático". Le siguió Madeleine Allbright, quien sentenció que "las democracias latinoamericanas están en peligro". A los pocos días, las "amenazas" a la "democracia latinoamericana" (una singular categoría que excluye al venezolano Chávez, elegido por el sufragio popular, pero que incluye al ecuatoriano Noboa, designado a dedo por el alto mando militar) se habían convertido en un tema recurrente de la prensa norteamericana: el Miami Herald alertaba sobre el "peligro de un retorno populista" y The New York Times calificaba a la región andina como "los Balcanes de América Latina". Esta prédica imperialista debía servir como preparación psicológica de una intervención política directa en el continente. Pero lo que en realidad tuvo lugar en los primeros meses de este año en América Latina es una verdadera explosión democrática. Las movilizaciones y los reclamos de los "sin tierra" de Brasil son mucho más democráticos que cualquier cosa que pueda hacer Cardoso, sometido a los latifundistas brasileños y a la banca internacional. Lo mismo puede decirse de la justicia y de los impuestos que se proponen montar las Farc colombianas frente a las masacres del ejército y de los escuadrones de la muerte apañados por Pastrana y sus impuestazos contra el pueblo. El agua en Bolvia es, por así decirlo, más democrática después de la pueblada que impidió su privatización y la triplicación de sus tarifas. Hay pocas cosas más democráticas que los reclamos de tierra de los indios ecuatorianos o el reclamo de pan y trabajo de los piqueteros del norte argentino. Las crisis políticas y las irrupciones de masas en América Latina no estaban poniendo en riesgo a la democracia sino a los regímenes fondomonetaristas. * * * Utilizando sus vastos recursos, el imperialismo logró, hasta un cierto punto y dentro de ciertos límites, contornear el escenario de crisis política aguda que América Latina vivía en los primeros meses de este año. El ecuatoriano Noboa logró pasar sus primeros y cruciales meses en el poder y dar los primeros pasos de su programa de dolarización (incluso ha derrotado la huelga de 46 días de los docentes, fracasó el primer intento de huelga general contra su gobierno); el peruano Fujimori ha logrado sortear la crisis planteada por el fraude electoral; en Paraguay, el aborto del golpe oviedista de mayo y la propia detención de Lino Oviedo en Brasil le han dado un poco de aire al debilísimo gobierno del González Macchi; las elecciones mexicanas fueron ganadas por el proimperialista Fox, candidato de un partido clerical devenido agente del liberalismo yanqui. Todo esto ha ocurrido bajo la directa intervención de la diplomacia norteamericana, que tuvo su mayor desempeño en el continente con la aprobación del llamado Plan Colombia. Mediante la presión militar y la masiva fumigación de cultivos, este plan dice pretender erradicar las plantaciones de coca y amapola en el sur del país, en los territorios dominados por las Farc. Los 1.300 millones de asistencia militar y el apoyo político de los Estados Unidos (y la no menos importante cantidad de millones comprometidos por la Unión Europea, y su correspondiente respaldo político) han servido para fortalecer a Pastrana frente a su propio alto mando y el Congreso colombiano. La intervención política imperialista en el continente fue de la mano de una intervención militar que no se limita a Colombia. Una serie de acuerdos marítimos y aéreos permiten a las fuerzas armadas de los Estados Unidos vigilar las costas y los cielos de Centroamérica; y lo mismo sucede con Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia, a los cuales recientemente se ha sumado Brasil, que tras una larga negativa de un cuarto de siglo firmó un acuerdo que permite a los militares norteamericanos penetrar libremente en el espacio aéreo brasileño con la excusa del combate al narcotráfico. Venezuela es el único país de América del Sur que no ha aceptado estos "sobrevuelos" de su espacio aéreo y el patrullaje de sus aguas territoriales por los norteamericanos, lo que ha llevado al general Barry McCaffrey, jefe militar norteamericano de la lucha antidrogas en América del Sur, a definirlo como "un agujero negro" para los Estados Unidos en la región. Toda una amenaza. Nada de este despliegue militar, por supuesto, tiene que ver con el promocionado combate al narcotráfico (los cielos colombianos y caribeños son constantemente sobrevolados por la fuerza aérea norteamericana, lo que no impide que decenas de aviones cargados de droga despeguen diariamente de Colombia y se paseen libremente por todo el Caribe), sino con el control político-militar de un continente en ebullición. Una respuesta de crisis Frente a la crisis latinoamericana, el imperialismo norteamericano puso en juego sus recursos políticos, diplomáticos, financieros y militares. Pero tuvo que hacerlo al calor de la propia crisis, empíricamente, bajo los golpes de la movilización de las masas, del hundimiento de los regímenes políticos e incluso del fracaso de las salidas que él mismo había montado con anterioridad. Ecuador La profundidad que alcanzó la crisis ecuatoriana (8) obligó a Estados Unidos a aceptar una dolarización a la que se oponía. Un conjunto de entidades financieras internacionales, como Merril Lynch o el Chase Manhattan, habían declarado públicamente su cerrada oposición al proyecto de Mahuad (9). En la misma dirección se habían pronunciado hombres claves del capital financiero y del Estado norteamericano, como Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal (banco central) norteamericano. Pero ese salto al vacío, según la textual definición del propio Mahuad, fue antes que nada una medida política. Su anuncio "engendró un reagrupamiento entre los sectores financieros y empresariales y entre los partidos de derecha y centro-derecha, que había sido imposible durante todo el período de gobierno (de Mahuad)" (10). La dolarización fue "un acto de desesperación" (según otra gráfica definición, en este caso del ministro de Finanzas de Mahuad, Alfredo Arizaga) dictado por el colapso de la moratoria de los bonos Brady auspiciada por el FMI. La default ecuatoriana formaba parte de una estrategia que pretendía forzar, de aquí en más, a los acreedores a hacerse cargo de parte de los quebrantos, en el marco de una nueva "arquitectura financiera internacional". Pero los acreedores no aceptaron compartir la carga: rechazaron violentamente el planteo ecuatoriano e iniciaron una fuga de capitales que llevó al derrumbe de la economía y a la caída de Mahuad (11). La crisis ecuatoriana cobró un alcance estratégico para la propia Ecuador (12), pero también para la situación en Venezuela y, sobre todo, en Colombia. Una victoria de la insurrección indígena-militar habría fortalecido a Chávez y, al mismo tiempo, debilitado las posibilidades de una intervención militar en Colombia. Venezuela "rechaza el apoyo militar norteamericano al gobierno de Colombia en la lucha contra el narcotráfico" (13). Así, el fracaso de la moratoria ecuatoriana respaldada por el FMI amenazaba con poner en crisis a toda la política norteamericana para la región andina. Esta perspectiva explica la intervención directa y personal del propio Clinton en el derrocamiento de la "junta de salvación nacional" y su reemplazo por Noboa. Rápidamente, entre amenazas de sanciones y "un aislamiento peor que el de Cuba" (14), Clinton y el Departamento de Estado norteamericano armaron un frente entre el alto mando y todas las fracciones del gran capital ecuatoriano para deshacerse de los indígenas y su Junta. El alto mando militar se hizo del poder sin disparar un solo tiro ni derramar una gota de sangre; le bastó apoyarse en la confianza que depositó en él la dirección campesina (15). Así, el ministro de Defensa de Mahuad, el general Mendoza, reemplazó en la Junta al coronel Gutiérrez para renunciar inmediatamente y traspasar el gobierno a Noboa. Los norteamericanos, y el coro de gobiernos latinoamericanos adictos, calificaron a este segundo cuartelazo como un triunfo de la legalidad. Los indígenas, derrotados, se retiraron a sus pueblos y el movimiento huelguístico refluyó. Este peligro explica también el tardío y obligado apoyo norteamericano a la dolarización ecuatoriana. La devaluación había desatado una inflación cercana al 100% anual, mientras que la brusca reducción del dinero en circulación agravaba la recesión y el desempleo. Además, se estableció la eliminación de los subsidios al combustible (lo que duplicará su precio), la masiva privatización de las empresas públicas y una reforma laboral flexibilizadora. El gobierno de Noboa, con el pleno respaldo del FMI y de la diplomacia norteamericana, está siendo extremadamente cuidadoso en la aplicación de este plan, por temor a provocar nuevos levantamientos populares. Los tarifazos están siendo aplicados en varias etapas, y en cada una de ellas son parcialmente compensados con aumentos salariales. En mayo fueron obligados a renunciar el ministro de Finanzas, Jorge Guzmán, y el presidente y el vice del Banco Central, que reclamaban la duplicación, de un solo golpe, del precio de los combustibles. Comentando esta noticia, un vocero de los círculos financieros imperialistas se congratuló de que aunque "en dos semanas (Noboa) perdió a dos de los hombres fuertes de la dolarización… evitó el estallido social" (16). Al mismo tiempo, para cerrar la fractura del Ejército, Noboa impulsó la amnistía de los coroneles implicados en el levantamiento de enero. Mientras tanto, fracasaron la huelga docente, que duró 46 días, y la primera huelga general convocada por los sindicatos urbanos y el movimiento indígena (la Conaie se negó a apoyar activamente la huelga general, a la que sólo dio su [textual] "apoyo moral"). México Mientras se prepara para intervenir en la selva colombiana, el imperialismo norteamericano festeja la victoria del candidato del Partido de Acción Nacional (PAN), Vicente Fox, un ex gerente de la Coca-Cola cuyo programa es establecer un acuerdo monetario con los Estados Unidos (la alternativa a la dolarización) y privatizar el petróleo. El imperialismo ha logrado imponer, de una manera hasta ahora indolora, una salida democratizante de derecha a la crisis mexicana. Este resultado no parecía fácil en un país donde "la desigualdad salarial y regional se ha incrementado en los 90 más que en cualquier otro país de América Latina, donde los salarios reales cayeron el 19% en los últimos seis años (y) donde el 43% de los mexicanos vive con menos de dos dólares por día" (17); en un país donde la crisis de Chiapas no ha sido resuelta y donde se desarrolló una enorme huelga universitaria y una enorme lucha de la juventud explotada; en un país donde la oposición al PRI estuvo encabezada durante años por el centroizquierdista PRD, que gobierna el Distrito Federal. Mucho menos cuando el partido llamado a terminar con el priato estuvo durante décadas integrado al régimen del PRI y canalizaba las presiones de la Iglesia. Fox pudo derrotar a la maquinaria política del PRI, herida pero todavía formidable, gracias a los enormes recursos políticos y financieros aportados por el gran capital norteamericano y sus asociados del norte de México (18). Fox se apropió de la demagogia de centroizquierda y ganó para su campaña a algunos de sus más promocionados intelectuales, como Jorge Castañeda, ex asesor estrella del PRD, aunque la colaboración entre ambos venía de lejos. El propio Castañeda informó que "Fox participó en la serie de encuentros convocados desde 1996 por Roberto Mangabeira Unger y el que suscribe, a los que asistieron una treintena de políticos y académicos latinoamericanos de centro y de izquierda (…). La adopción por la campaña de Fox de posiciones, definiciones y ubicaciones coincidentes con las tesis centrales de los documentos programáticos redactados en esas reuniones (…) bastaría para pensar que (…) una victoria electoral de Fox sería altamente benéfica para México" (19). Estos respaldos le permitieron a Fox pasar el rastrillo entre la intelectualidad centroizquierdista, en la pequeñoburguesía acomodada, entre los tradicionales votantes del PRD e, incluso, en su propio aparato (Vicente Muñoz Ledo, uno de los principales dirigentes del PRD, respaldó públicamente la candidatura de Fox). "El hábil empalme entre el centroizquierda y la derecha se manifestó en la capital, donde el electorado votó al PRD para la gobernación y al PAN de Fox para la presidencia. Pero es en Chiapas donde se percibe todo el alcance de esta trama. En ese Estado convulsivo, se ha formado una alianza de ocho partidos, que incluye al derechista PAN y al centroizquierdista PRD, para participar en las próximas elecciones a gobernador. El candidato, Carlos Salazar, le suma al rejunte su calidad de dirigente del PRI y su obediencia protestante. Según el corresponsal del Financial Times (19 de julio), "la inclusión de las fuerzas de izquierda le ha ganado (a Salazar) el respeto de los partidarios del Frente Zapatista (…). Ni la sociedad civil ni los zapatistas confían en gente con la trayectoria de Fox. Por eso es importante para Fox contar con Pablo Salazar si desea un eventual diálogo con los zapatistas". La coalición PAN-PRD no tendrá ningún inconveniente en tomar como propios los discursos humanistas del zapatismo, mientras el resultado final sea el respaldo al régimen político vigente en su versión post-priista" (20). Perú También en Perú, la democracia norteamericana se vio obligada a actuar bajo el fuego de los acontecimientos e incluso a rehacer su política sobre la marcha. Las grandes movilizaciones populares desatadas por el fraude montado por Fujimori en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, permitieron que el imperialismo forzara la realización de una segunda vuelta. Pero este operativo fracasó, por la intransigencia de la camarilla fujimorista (que recurrió en una escala aun mayor a los métodos del fraude) y por la debilidad política del propio Toledo, que no se presentó al segundo turno. Como reconoció en ese momento un funcionario del Departamento de Estado norteamericano, "Toledo le entregó la elección a Fujimori. Era muy difícil defender a un candidato que se retira" (21). Toledo, un ex funcionario del Banco Mundial, pudo competir con el enorme aparato fujimorista gracias a los fondos aportados por los grandes capitalistas norteamericanos, coordinados por Baruch Ivcher, propietario de canale s de TV intervenidos por Fujimori, y por Elliot Abrams, secretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos en la época de Reagan y figura del establishment imperialista. Precisamente, uno de los puntos principales del programa de Toledo, tras la muletilla de la libertad de prensa, era "la devolución de los canales a sus legítimos dueños" (22). Como Fox en México, Toledo fue la figura elegida por la diplomacia norteamericana para darle una salida democratizante de derecha a la crisis del régimen de Fujimori. A los ojos de los voceros del gran capital, como declararon los representantes del Banco Santander Central Hispano, en Lima, "lo ocurrido en los últimos cuatro años (es que) el gobierno no puede continuar a fondo con su programa de reformas de mercado" (23). Una expresión del agotamiento del ciclo privatista es el retroceso de las inversiones externas, que cayeron abruptamente *de 499 millones de dólares en los primeros tres meses de 1999 a sólo 62 millones en el mismo período de este año (24). El papel que el imperialismo reservaba a Toledo era reabrir este ciclo privatizador. Pero la manipulación política de las masas resultaba mucho más dificultosa y peligrosa para el imperialismo porque en Perú, a diferencia de México, las masas estaban en la calle. Aunque en las primeras horas después de la segunda vuelta la diplomacia norteamericana declaró "inválido" el resultado electoral, rápidamente dio marcha atrás y reconoció el triunfo de Fujimori. La Organización de Estados Americanos (OEA) planteó entonces un cronograma de democratización aceptado tanto por los oficialistas como por los opositores. Así, Fujimori asumió su tercer mandato con el reconocimiento pleno del imperialismo norteamericano y del conjunto de los regímenes democratizantes latinoamericanos. El rápido giro de la diplomacia norteamericana hacia el reconocimiento de Fujimori es, también, una evidencia de sus propias divergencias, porque para el Pentágono, la CIA y la DEA, Fujimori debía ser respaldado por su papel en "la guerra contra la subversión y el narcotráfico" (25). Colombia Los pasos de la diplomacia norteamericana en la región andina *el respaldo a Noboa y la dolarización ecuatoriana; la convalidación del fraude de Fujimori en Perú; el apoyo más o menos abierto al candidato opositor a Chávez en Venezuela* y los acuerdos militares establecidos con los países de la región, en especial con Brasil, están dictados, en última instancia, por las necesidades que plantea su intervención político-miltar en la crisis colombiana. El Senado norteamericano aprobó una financiación de 1.300 millones de dólares para el llamado Plan Colombia, promovido por el gobierno de Pastrana para erradicar las plantaciones de coca en el sur del país, en el territorio dominado por la guerrilla de las Farc. Esta financiación, que será utilizada para la compra de helicópteros de combate y para el pago de asesores militares norteamericanos que entrenarán batallones antidroga colombianos, constituye la mayor partida del presupuesto estadounidense destinada a un país latinoamericano en la última década. El Plan Colombia también ha sido respaldado por la Unión Europea y "se espera que su contribución empareje o supere la de los Estados Unidos" (26). El Plan Colombia establece la fumigación con pesticidas de vastas zonas con plantaciones de coca y amapola y el hostigamiento militar a plantadores y traficantes. Pero, en la medida en que el operativo se desarrollará en las áreas dominadas por las Farc, "en Washington no es un secreto que los objetivos primarios serán las Farc y el menos conocido Ejército de Liberación Nacional (ELN)" (27). El imperialismo ha intervenido en la región andina para cerrar todos los potenciales focos de crisis porque es plenamente conciente de que un desmadre de la situación en Colombia podría arrastrarlo *como denuncian los senadores norteamericanos opuestos al plan Colombia* a un "nuevo Vietnam". Este temor explica la enorme demora del Senado norteamericano para aprobar el Plan Colombia, las sistemáticas negociaciones y revisiones a que fue sometido (28), y las limitaciones y resguardos con que finalmente salió aprobado. La primera de dichas limitaciones es que la selección del personal militar colombiano que integrará los batallones antidroga será realizada por los propios norteamericanos: en la primera selección fueron dejados fuera una media docena de militares que habían sido juzgados por "violaciones a los derechos humanos", lo que revela el intento de reconstruir no sólo militar sino también políticamente al Ejército colombiano. Esto último muestra, de paso, cómo pretende resolver el imperialismo la cuestión de los paramilitares: fortaleciendo al Ejército frente a la guerrilla, que el Ejército haga lo que se ha revelado incapaz de hacer (o no puede hacer oficialmente). El Senado norteamericano también ha establecido que "funcionarios estadounidenses revisen cada misión que involucre a los helicópteros donados" (29) y ha puesto un límite al número de asesores norteamericanos, para que su intervención no escale hasta convertirse en una guerra abierta como sucedió en Vietnam. Finalmente, en los próximos meses habrá un ensayo general en un área restringida para evaluar sobre el terreno el desarrollo de la operación. Lo que quebró las últimas resistencias y reticencias del Senado norteamericano para aprobar una intervención que plantea el peligro de la vietnamización del conflicto, fueron las evidencias de la completa debacle del gobierno de Pastrana y las limitaciones de las negociaciones de paz. El objetivo estratégico del plan financiado por norteamericanos y europeos es "recuperar el control del Estado sobre los centros de producción de coca" (30), lo que significa reconstruir al Ejército como pilar del Estado. Esto significa, al mismo tiempo, fortalecer la autoridad de Pastrana (el hombre que convenció a los norteamericanos de financiar el Plan Colombia) frente a los militares y a los partidos patronales colombianos. El Plan Colombia es una réplica de la política de tolerancia cero: una escalada represiva bajo la cubierta de las instituciones democráticas. Se trata de un replanteo del conjunto de las relaciones políticas del imperialismo con toda América Latina que se hará sentir en todo el continente. La izquierda latinoamericana La izquierda democratizante y movimientista latinoamericana, agrupada en el Foro de San Pablo, ha jugado un papel relevante en los sucesos que se desarrollaron en el continente en los últimos meses. De México a Colombia, de Ecuador a Bolivia, los integrantes del Foro de San Pablo o sus aliados políticos estuvieron a la cabeza del movimiento de las masas explotadas. La agudeza de la lucha de clases, la profundidad de las crisis políticas planteadas y la variedad de las maniobras a las que han recurrido el imperialismo y los explotadores locales para enfrentarlas, permiten trazar un completo balance de la política de la izquierda movimientista continental en sus distintas *y, a veces, aparentemente contradictorias* variantes. En cada uno de estos casos, ya sea en su versión armada, indigenista, electoralista o autogestionaria, la izquierda democratizante ha cosechado gruesas derrotas políticas. La confianza política de la Conaie en el alto mando militar llevó a la derrota del movimiento indígena en Ecuador, en enero. La base de esta confianza se encontraba en el planteo, típicamente frentepopulista y anti-revolucionario, de "unidad de los opositores". En su primera aparición pública como miembro de la "junta de salvación nacional", Antonio Vargas, principal dirigente de la Conaie, declaró que "queremos invitar a los empresarios de buena fe, a los honrados, a los banqueros honrados para que participen de este gobierno. Lo único que queremos es que de hoy en adelante no se le robe al país. Basta de robos. Queremos un Ecuador sin ladrones" (31). Después de la derrota de enero, la dirección de la Conaie persistió en el mismo rumbo. En las elecciones municipales de mayo, formó un frente con partidos patronales (como el del ex presidente Rodigo Borja) y militares progresistas. En el principal centro político del país, esta alianza estuvo encabezada por un general retirado, Francisco Moncayo, que fue nada menos que el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas durante la guerra entre Ecuador y Perú en 1995. Moncayo ganó con el 53% de los votos y se perfila como uno de los principales candidatos para las elecciones presidenciales de 2002 (32). La política de la dirección indígena ha servido para potenciar como representante popular a uno de los hombres de confianza de la burguesía ecuatoriana. Los aliados no le han aportado nada a la Conaie en términos de movilización o de apoyos populares *la alianza ganó sólo en aquellos lugares donde el movimiento indígena es fuerte (la sierra, algunas provincias de la Amazonia y la capital de Esmeralda, provincia limítrofe con Colombia)*, pero perdió en la costa. Sin embargo, los aliados han puesto a la cabeza sus hombres y, tanto o más importante, su programa. Para el dirigente indígena Miguel Lluco, "la unidad (…) compromete a todos los que participan en esta tendencia, al movimiento indígena y a los movimientos sociales, a realizar un trabajo cada vez más pluralista, olvidando sectarismos…" (33). El planteo de Lluco es claro: la subordinación de los reclamos sociales de las masas explotadas al "pluralismo", es decir a la convivencia con los "empresarios y banqueros honrados" a los que hacía mención Vargas en su discurso de enero. En consonancia con estos planteamientos, la Conaie ha abandonado los llamados a la movilización (se negó a acompañar el paro general convocado por los sindicatos urbanos contra Noboa) y se ha enfrascado en una estrategia puramente parlamentarista: reunir firmas para que se convoque un plebiscito sobre la dolarización… En Perú, la izquierda democratizante ha desaparecido políticamente después de haberse alineado con Toledo en la segunda vuelta. En Bolivia, la burocracia sindical y la izquierda democratizante montaron a las apuradas un "Acuerdo Político Antineoliberal", que actúa como un bombero de las luchas. En los sindicatos combativos, en importantes centros obreros departamentales, en los sectores más radicalizados del movimiento campesino, existe una fuerte oposición a la burocracia de la COB y a la política conciliacionista del APA (algunos sectores rompieron con éste, después de haber adherido inicialmente). Mientras tanto, los dirigentes de la lucha contra la privatización del agua en Cochabamba, los llamados "autogestionarios", se han convertido en gestores directos del imperialismo: uno de sus principales dirigentes, Oscar Olivera, viajó a Estados Unidos a gestionar créditos para montar una "empresa autogestionaria" que, según sus propios mentores, demolería "la falsa dualidad entre el privatismo y el estatismo que había guiado las propuestas políticas contemporáneas" (34). ¡Cómo si el problema fuera la forma jurídica de la propiedad y no la quiebra de una empresa obligada a expoliar a los consumidores (obreros y campesinos) para hacer frente a sus acreedores! La izquierda latinoamericana sufrió sus mayores derrotas políticas precisamente allí donde más a fondo se había desarrollado la política democratizante y movimientista: México y Colombia. En México, el PRD ha retrocedido significativamente como consecuencia de la captura, por parte del derechista Fox, de sus votantes, de sus aliados e incluso de una parte de su militancia. La derrota electoral sumió al centroizquierdista PRD de México en una crisis aguda. En unos pocos días, renunciaron su secretario general y cinco miembros de su Comité Ejecutivo. Hasta el propio liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del PRD, está cuestionado: "Pocas veces se han escuchado tantos insultos y acusaciones como los vertidos en el IV Consejo Nacional del PRD (realizado después de las elecciones)" (35). Ni la victoria derechista ni la crisis del PRD deberían extrañar; en primer lugar porque fue la propia centroizquierda la que le dio a Fox chapa de demócrata, y en segundo lugar porque los sponsors imperialistas que en el pasado respaldaron al PRD esta vez se inclinaron por la salida derechista (36). Las elecciones han confirmado que el partido de la izquierda moderna que proclamaba ser el PRD no era más que una cáscara vacía: "El PRD se parece cada vez más al PRI de antaño (…). En los Estados que gobierna, como Nayarit, Zacatecas, Tlaxcala, el PRD debe su victoria a candidatos priistas disidentes y al aparato local del PRI del cual éstos mantuvieron el control. En muchas otras regiones, no es más que una etiqueta que pueden utilizar los grupos más diversos. En Chiapas, por ejemplo, en las elecciones municipales de 1998, una disidente del PAN, salida de la más reaccionaria élite local, y que arrastraba una sólida reputación de racista, se presentó como candidata del PRD a la intendencia de San Cristobal" (37). ¿Cómo piensa el PRD remontar la crisis? Ofreciéndose como aliado parlamentario del derechista Fox. Después de haberlo calificado como "fascista", Cárdenas declaró que "no apostamos al fracaso del gobierno" y planteó "una negociación madura" con Fox. Comentando la noticia del "ablandamiento" de la posición del PRD frente al nuevo gobierno mexicano, un vocero del capital financiero sostiene que "esta rama de olivo que le ofrece el partido centroizquierdista a Fox, ofreciéndole negociar reformas políticas vitales (…), será una considerable ayuda para Fox", que no ha logrado obtener una mayoría parlamentaria (38). Las "reformas vitales" de Fox son, recordémoslo, la privatización del petróleo y la unidad monetaria con los Estados Unidos. El apoyo financiero y político de los países de la Unión Europea al Plan Colombia tutelado por los norteamericanos constituye una seria derrota política para las Farc. La guerrilla colombiana intentó interesar a las potencias europeas en la financiación de un plan de erradicación de los cultivos de coca y amapola alternativo al patrocinado por Pastrana y los norteamericanos. El planteo de las Farc, que preveía el control de la sustitución de cultivos por parte de las potencias imperialistas europeas, supone *se sobrentiende* el pleno respeto a las relaciones internacionales, es decir a la opresión de la inmensa mayoría de los países por un puñado de grandes potencias imperialistas, y por lo tanto a la propiedad privada y a la continuidad jurídica de los Estados. La ocasión para un planteo de esta naturaleza parecía inmejorable: los europeos habían criticado en más de una oportunidad el "enfoque puramente militar de la política anti-drogas norteamericana"; por otra parte, la propuesta de las Farc les daba a las diplomacias europeas un protagonismo que hasta entonces no tenían en un área dominada exclusivamente por la diplomacia norteamericana. Pero, pese a los atractivos, los europeos rechazaron ostentosamente el convite de las Farc. En el mes de junio, se reunieron en la selva colombiana los representantes de las Farc con enviados de todos los gobiernos de la Unión Europea, de Japón, de México, de Brasil y hasta del Vaticano. Allí, las Farc presentaron un plan de sustituición de plantaciones (en lugar de las fumigaciones promovidas por los norteamericanos) que debería ser financiado por los gobiernos europeos. El plan presentado por las Farc fue rechazado de plano por los países de la UE, que sólo se mostraron dispuestos a estudiar la financiación de un plan de esta naturaleza que estuviera respaldado por el gobierno colombiano. A pocas semanas de haber rechazado este plan alternativo, las potencias de la UE resolvieron respaldar y financiar al Plan Colombia y a Pastrana. La derrota política de las Farc no podía ser más completa. Todo esto confirma, una vez más, las limitaciones de la política de "negociaciones de paz" de la guerrilla colombiana. En este cuadro continental, estas negociaciones pueden arrojar, en el mejor de los casos, resultados similares a los acuerdos de Contadora en América Central de la década pasada, que sólo sirvieron para encubrir la capitulación de los grupos guerrilleros ante el imperialismo (39) y que no resolvieron ningún problema social de las masas. Una crisis históricamente superior Para trazar un cuadro de la situación continental, lo que importa destacar es, por sobre todo, las limitaciones de todo orden que enfrentan las salidas tanto del imperialismo como de la izquierda. Las brutales contradicciones que se manifestaron en las recientes crisis se han agravado (la contradicción entre las necesidades de desarrollo económico de los países atrasados y el mercado mundial dominado por el capital financiero; la contradicción entre las necesidades apremiantes de las masas explotadas, y la tendencia del gran capital a resolver su crisis expropiando a los pueblos y saqueando las naciones oprimidas). Lejos de resolverlas, la intervención imperialista las ha hecho más densas, más explosivas. El imperialismo y los explotadores locales sólo han logrado encontrar una salida provisoria; desde un punto de vista histórico, el conjunto de las contradicciones sociales encuentra menos posibilidad de salida dentro del capitalismo. Se desarrollan las bases para nuevas y más violentas crisis políticas y nuevos y más profundos movimientos de masas. No hubiera podido ocurrir de otra manera por la sencilla razón de que estas contradicciones son la consecuencia de la crisis capitalista mundial y de un régimen social históricamente agotado. En Ecuador, la dolarización no logra reducir la inflación galopante (40) ni sacar al país de la recesión. Peor aún, con una crisis bancaria irresuelta (el 65% de los activos bancarios han sido tomados por el Estado para evitar su quiebra), Ecuador ha liquidado las posibilidades de remontarla haciendo uso de una política monetaria. Por eso, seis meses después de iniciada la dolarización, el sistema bancario "rápidamente puede causar problemas en caso de shock interno o externo" (41). Con la dolarización, y dada la enormidad de la deuda pública, Ecuador liquidó también las posibilidades de realizar una política fiscal. Noboa tendrá que comenzar un programa de privatizaciones masivas, desde la electricidad a los bancos. Para imponer todo este paquetazo, explica el economista argentino Guillermo Calvo, asesor del FMI, "hay que hacer la reforma laboral" (42). La deuda externa ecuatoriana alcanza a 16.000 millones de dólares, el 137% del PBI (43). Los aportes comprometidos por el FMI alcanzan apenas a 300 millones hasta abril de 2001, mientras que los vencimientos de la deuda externa superan los 900 millones en los próximos seis meses. Como los precios internacionales del petróleo han alcanzado un pico y han comenzado a descender, se vuelve a plantear la perspectiva de una cesación de pagos. En otras palabras, el gobierno de Noboa deberá abandonar la política de ajuste matizado y pasar a un ataque frontal. El programa de Fox de dolarizar México plantea aun más la perspectiva de choques y crisis agudos. La dolarización implica un grado de supervisión del imperialismo norteamericano, que plantea choques ineludibles con la burguesía local y con los rivales europeos y japoneses. Pero Estados Unidos no puede incorporar a México sin incorporar, a su vez, las explosivas contradicciones mexicanas; este puede ser el límite insalvable del intento de dolarizar, que sólo se podría ejecutar con una previa anexión política. En Perú, el cronograma de democratización de la OEA ha entrado rápidamente en crisis. La camarilla fujimorista se niega a desprenderse del jefe del Servicio de Inteligencia, Vladimiro Montesinos, sindicado por la oposición como el verdadero cerebro del régimen. La impotencia de Toledo agotará su capital político ante las masas, que están en la calle para echar al régimen fujimorista. En Colombia, la intervención militar imperialista plantea, como ya lo ha advertido la Iglesia, el desplazamiento de decenas de miles de campesinos y el agravamiento de la guerra civil. La fumigación envenenará la tierra y el agua y no sólo destruirá las plantaciones de coca sino también todo tipo de cultivo y matará al ganado, obligando a los campesinos a abandonar sus tierras. No se plantea la sustitución de la coca porque el monto de dinero necesario para ello es sencillamente fabuloso, además del problema ulterior de encontrar mercados para la producción emergente. El capitalismo no le puede dar una salida a los campesinos colombianos. El Plan Colombia pone en evidencia la completa incompatibilidad entre las necesidades del desarrollo agrícola de Colombia y las tendencias de la agricultura mundial dominada por los monopolios capitalistas, y entre las reivindicaciones más elementales de los campesinos y los pulpos mundiales que pretenden monopolizar sus tierras. Expone, por lo tanto, las limitaciones insalvables de la política de las Farc porque revela la inviabilidad de su planteo de resolver la cuestión agraria y campesina de Colombia en el cuadro del orden social existente. Al conjunto de las contradicciones que enfrentan las salidas que el imperialismo ha ido armando hay que agregar otra. Toda la política norteamericana hacia América Latina tiene como presupuesto la salud de la Bolsa de Wall Street. Por sus pesadísmas deudas externas, por la carga del pago de los intereses de esas deudas sobre sus débiles estructuras fiscales y por el destino de su comercio exportador, América Latina sufrirá como ningún otro un derrumbe financiero. Pero los indicios de una caída de Wall Street abundan. La evolución de la crisis mundial irá marcando los próximos pasos de la crisis latinoamericana, de la misma manera que el hundimiento de Asia llevó, a término, al derrumbe de la región andina, a la devaluación brasileña y al agotamiento de la convertibilidad argentina. Las condiciones revolucionarias de América Latina están determinadas por la situación sin salida de millones de obreros, campesinos y explotados; por la desintegración de sus regímenes políticos, y por la impasse de sus economías atrasadas en el cuadro de una gigantesca crisis mundial del capitalismo. El cuadro de esta crisis histórica supera las posibilidades políticas de la izquierda democratizante: el agravamiento de las condiciones históricas de las crisis latinoamericanas hace todavía más inviable la política democratizante de la izquierda, tanto armada como civil. La resolución de la cuestión latinoamericana, la expulsión del imperialismo y la unidad política de los pueblos del continente, plantea urgentemente la necesidad de partidos obreros revolucionarios y, sobre todo, de una Internacional Obrera que tenga como bandera estratégica la unidad socialista de América Latina. NOTAS: 1. "Colombia atraviesa la peor recesión de su historia, con desempleo récord del 20% (según las propias cifras oficiales que ocultan, y mucho, la verdadera dimensión de la desocupación). La fuga de capitales ha devaluado al peso hasta su nivel más bajo y la Bolsa de Bogotá ha batido todos los récords bajistas. Pero lo que marca "una sorprendente medida de la rapidez de la actual descomposición de Colombia" es la caída de la cotización de sus bonos de deuda externa, que "se negocian a niveles similares a los de los más riesgosos mercados emergentes" (Financial Times, 12 de mayo de 2000). El gobierno de Pastrana pretende salir de esta crisis mediante un programa fondomonetarista de impuestazos, reforma jubilatoria y recorte de gastos públicos; en otras palabras, se encamina a desatar una rebelión popular en las grandes ciudades" (Luis Oviedo; "Colombia: con una consigna de poder, la situación sería revolucionaria"; en Prensa Obrera, 25 de mayo de 2000). 2. El Ejército colombiano critica las "negociaciones de paz" de Pastrana con la guerrilla: hace poco menos de un año, el ministro de Defensa (un militar), 17 generales y 200 coroneles pasaron a retiro en señal de protesta por estas negociaciones. 3. No sólo porque ha entregado una "zona desmilitarizada" a las FARC en el sur del país y otra al ELN en el norte. Otra parte importante de su territorio está en manos de los paramilitares, que escapan al control del gobierno pero que están asistidos por los militares. 4. Jorge Altamira, "Todavía siguen dentro de las reglas del juego"; en Prensa Obrera, 8 de julio de 1999. 5. El informe de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y Caribe) señala que "aunque entre 1990 y 1997, la pobreza de la región disminuyó del 41 al 36% (…) la crisis del bienio 1998/99 hizo retroceder esos índices (…) y agudizó la desigualdad social en el continente" (Gazeta Mercantil Latinoamericana, 22 de mayo de 2000). 6. Financial Times, 26 de abril de 2000. 7. El ejemplo de Venezuela es altamente ilustrativo. El aumento internacional de los precios del petróleo no obedece a una mayor demanda (la economía mundial está estancada) sino a una reducción de la producción de los principales exportadores resuelta por la Opep, con el voto favorable de Venezuela. La producción venezolana se redujo, entonces, en un 20% pororden del propio gobierno. Se cerró la mitad de los pozos, se redujeron las inversiones y se despidió a 8.000 trabajadores petroleros. La huelga de los petroleros contra los despidos fue ilegalizada por Chávez. Las consecuencia fueron demoledoras: la reducción de la producción petrolera es la principal causa de la caída del PBI y de la recesión (Business Week, 6 de marzo de 2000). La desocupación ¡se ha duplicado! y alcanza (incluyendo a los subocupados) al 50% de la población; casi el 90% de la población esté por debajo de la línea oficial de pobreza (Gazeta Mercantil Latinoamericana, 23 de abril de 2000). Como las compañías extranjeras no están obligadas por las resoluciones de la Opep, toda la reducción recayó sobre la compañía estatal (PDVSA). El daño que ha sufrido esta compañía "es irreversible en el corto plazo": aunque su producción se redujo en unos 625.000 barriles diarios en 1999, ahora sólo podría ser aumentada en unos 150.000 barriles porque muchos de los pozos cerrados no podrán reabrirse (Financial Times, 6 de abril de 2000). Mientras tanto, las compañías extranjeras, produciendo a plena capacidad, embolsaron grandes beneficios con el aumento del petróleo. 8. El intento de Mahuad de evitar la quiebra del sistema financiero llevó al colapso a la economía ecuatoriana. La crisis bancaria estalló como consecuencia del reflujo de los créditos internacionales provocado por el derrumbe asiático de 1997, el hundimiento del fondo de inversiones norteamericano LTMC de 1998 y la devaluación brasileña de comienzos de 1999. Durante el período anterior, los bancos ecuatorianos se habían endeudado fuertemente en el exterior (entre 1992 y 1997, la tasa media de crecimiento de la deuda bancaria con el exterior fue del 46%). El gobierno de Mahuad, un rehén político de los grandes banqueros, intentó zanjar la crisis mediante una masiva emisión monetaria: entre 1998 y 1999, el Estado ecuatoriano transfirió a los bancos recursos por unos 1.400 millones de dólares, el equivalente al 12% del PBI. Mientras tanto, el pago de los intereses de la deuda externa consumía el 54% del presupuesto nacional. En setiembre de 1999, apoyado por el FMI, Mahuad declaró la cesación de pagos de una parte de la deuda externa (bonos Brady). El rechazo de los especuladores internacionales abrió las puertas a la fuga de capitales y a la acelerada devaluación de la moneda nacional, cuyos principales impulsores y beneficiarios fueron los propios bancos: al igual que en Brasil, los bancos transformaron en dólares la liquidez que les transfería el Banco Central. Frente a la hiperinflación y a la hiperdevaluación, Mahuad congeló los depósitos bancarios a comienzos de este año, agudizando la ya profunda recesión existente (el PBI cayó 8% en 1999). Cuando Mahuad decretó la dolarización, el pasado 9 de enero, la economía ecuatoriana había colapsado. 9. Franklin Gallegos; "Ecuador: la crisis del Estado y del modelo neoliberal de desarrollo"; en Problèmes dAmérique Latine, enero/marzo 2000. 10. Idem anterior. 11. Mahuad, sin embargo, no fue la única víctima del fracaso del plan fondomonetarista de la moratoria ecuatoriana. Junto con el manejo de los préstamos a Rusia, posteriormente reciclados por la burocracia a los bancos occidentales (ver Luis Oviedo, "La restauración en Rusia y la banca internacional"; en En Defensa del Marxismo, N° 26, marzo/abril de 2000), la cuestión de la cesación de pagos ecuatoriana fue uno de los motivos que llevó a la renuncia anticipada de Michel Camdessus al frente del FMI en diciembre de 1999. 12. Ecuador es un país históricamente dividido entre la sierra (Quito) y la costa (Guayaquil), donde reside una poderosa burguesía que ha levantado, en diversas oportunidades, planteos separatistas. Apenas la "junta de salvación nacional" anunció que asumía el poder, voceros de la burguesía costeña replantearon vivamente la perspectiva de su separación. 13. Declaración del canciller venezolano José Rangel, en Tiempos del Mundo, 13 de julio de 2000. 14. Clarín, 24 de enero de 2000. 15. En los días posteriores a los acontecimientos, se conocieron detalles de las entrevistas mantenidas por la dirección de la Conaie con el alto mando militar, en particular con el general Mendoza: "la revuelta indígena comienza el 15 de enero, con la convocatoria de los parlamentos populares (…) Simultáneamente, los dirigentes indígenas organizan una serie de reuniones con el alto mando militar en las que plantean la idea de tirar abajo los tres poderes del Estado (…) Son cada vez más numerosas las indicaciones de que personalidades políticas influyentes y militares de alto rango figuraron entre los principales actores de estos acontecimientos" (Franklin Gallegos; Op. Cit.). 16. Financial Times, 25 de mayo de 2000. 17. The Washington Post, 8 de junio de 2000. 18. "El norte (mexicano), pro-norteamericano y petrolero, es la guarida tradicional de una derecha de tipo tejano, el grupo de Monterrey" (Courrier Internationale, 29 de junio de 2000). Este grupo capturó el PAN, un partido tradicionalmente anti-liberal, para catapultar a uno de sus hombres, Fox, a la presidencia. 19. El País, 31 de mayo de 2000. 20. Jorge Altamira, "Un Fox en el gallinero"; en Prensa Obrera, 27 de julio de 2000. 21. Clarín, 28 de julio de 2000. 22. Tiempos del Mundo, 13 de julio de 2000. 23. The Wall Street Journal, 27 de julio de 2000. 24. Financial Times, 25 de julio de 2000. 25. The New York Times, 6 de julio de 2000. 26. The Guardian, 2 de julio de 2000. 27. Idem anterior. 28. "En los últimos dos años, Pastrana, o miembros de su gabinete, han hecho 46 visitas a Washington y cerca de cincuenta congresistas y senadores estadounidenses han ido a Colombia" (The Wall Street Journal, 23 de junio de 2000). 29. Idem anterior. 30. Financial Times, 22 de junio de 2000. 31. Pulsar, 21 de enero de 2000. 32. Brecha, 25 de mayo de 2000. 33. Idem anterior. 34. Gutiérrez y García Linera, La Razón, 23 de abril de 2000. Citado por Osvaldo Coggiola, "Después de la guerra del agua"; en Prensa Obrera, 20 de julio de 2000. 35. El País, 24 de julio de 2000. 36. Cuauhtémoc Cárdenas, candidato presidencial del PRD, llamó "delincuente electoral" a Fox. La respuesta de Jorge Castañeda, asesor de Fox después de haberlo sido de Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1994, no tiene desperdicios: "Yo le conseguí dinero a Cuauhtémoc de la Fundación Novid de Holanda en 1992 y 1993. Yo llevé a Cárdenas con Danielle Mitterrand a la Fundación France Liberté para recaudar fondos. Pedí dinero para Cárdenas en seis fundaciones europeas: Limade, de Bélgica; Novib, de Holanda; France Liberté, de Francia; Konrad Adenauer, Neumann y Ebert, de Alemania" (El País, 26 de junio de 2000). Hoy, esos aportes, junto con Castañeda, han ido a parar a la campaña de Fox. 37. Henri Favre, "Mexique, an 2000"; en Problèmes dAmérique Latine, enero/marzo 2000. 38. Financial Times, 25 de julio de 2000. 39. La integración de los ex guerrilleros, hoy reconvertidos en demócratas, en el cuadro de la dominación imperialista de América Latina es realmente impresionante, como da cuenta la crisis que envuelve al Farabundo Martí de El Salvador. José Luis Merino, un importante dirigente del FMLN, no tiene empacho en afirmar que "en las presidenciales del año pasado, el Frente tuvo un planteamiento desde su candidatura y su equipo de campaña que nunca se diferenció del planteamiento de la derecha" (Propuesta, 29 de junio de 2000). Refiriéndose a la fracción del FMLN que denomina "renovadores" y que ha venido ejerciendo la dirección efectiva del Frente en los últimos años, Merino va muy lejos: "Ellos, dice, tienen un rumbo distinto, metas distintas. Y conocemos aquí compromisos por la vía de Europa, por la vía de Norteamerica y por la vía de las propias fuerzas políticas internas donde sus amarres y compromisos andan por rumbos totalmente distintos a los intereses de la nación y del pueblo … (Son) grupos del FMLN que se suman a la ola mundial neoliberal que aplasta y destruye los intereses de los pueblos y los pone en función de las grandes transnacionales" (ídem). En resumen, por boca de sus propios dirigentes, lo que tenemos es una sorpresiva confesión de que el FMLN ha sido, en los últimos años un agente directo del imperialismo y del gran capital contra el pueblo salvadoreño. Merino opone a estos planteamientos la campaña electoral municipal del FMLN de principios de este año que, afirma, "estuvo dominada por un contenido revolucionario". Héctor Silva, candidato ganador de la intendencia de San Salvador por el FMLN, explica los alcances de ese supuesto "contenido revolucionario": después de su victoria declaró que "este triunfo abre las puertas para una concertación de mi gobierno con el presidente Francisco Flores (derechista) y con la empresa privada" y que "tenemos que aprender a vivir con Estados Unidos (ya que) "cada vez tenemos más experiencias positivas en nuestra relación con los norteamericanos" (El País, 14 de marzo de 2000). 40. Recientemente, la misión del FMI elevó la meta de inflación para el año en curso del 60% al 100%, ante la evidencia de que el aumento de los precios traspasaría largamente esa cifra. 41. Financial Times, 6 de julio de 2000. 42. Página/12, 20 de enero de 2000. 43. Gazeta Mercantil Latinoamericana , 22 de mayo de 2000.

1 de diciembre de 2000
Montevideo: El gobierno del Frente Amplio contra los trabajadores

El Frente Amplio, que agrupa a la izquierda democratizante uruguaya tras una dirección burguesa (Tabaré Vázquez, Seregni, Astori), está unido a otro frente más amplio, el llamado Encuentro Progresista, con elementos provenientes de los partidos patronales y oligárquicos tradicionales del Uruguay. Desde hace ya diez años, este Frente Amplio*Encuentro Progresista gobierna la ciudad de Montevideo, centro político y económico del país y donde se concentra casi la mitad de su población. En mayo pasado el FA*EP ganó, por tercera vez consecutiva, las elecciones municipales de Montevideo. Un balance del gobierno del Frente Amplio-Encuentro Progresista A pesar de considerarse progresista, en estos diez años el gobierno del FA-EP no se ha preocupado por impulsar el aumento de los salarios, ni por combatir la desocupación, ni por lanzar un plan de viviendas populares. Según el actual intendente, Mariano Arana, estas son "atribuciones del gobierno nacional, no del municipio". Se trata, claro, de una simple excusa pero que sirve para dejar en claro la naturaleza de clase del gobierno del FA-EP. Es que cuando alguien que se autodenomina de izquierda antepone a las reivindicaciones populares perentorias la división de funciones entre gobiernos de distintas juridicciones y la buena convivencia con los gobiernos fondomonetaristas de la última década, está mostrando su acabado carácter antiobrero y su inocultable integración al aparato del Estado de los explotadores. Porque, al fin de cuentas, ¿para qué sirve un gobierno de la izquierda si no impulsa la lucha por el salario, contra la desocupación, por las reivindicaciones populares? En realidad, Montevideo es hoy una ciudad menos obrera que una década atrás. Sectores enteros de trabajadores fueron expulsados de la ciudad *corridos por los alquileres impagables, el elevado precio de la tierra y los impuestos*, hacia los "cordones" que se han ido formando en las afueras de Montevideo. Todo esto en beneficio de los especuladores inmobliarios y la iniciativa privada, con la que se ha asociado el gobierno del FA-EP para reciclar el Hotel del Prado o para construir centros de convenciones (como los que se proyectan para Punta Carretas o Brava). Mientras se despuebla de trabajadores, Montevideo se llena de bancos, hoteles y palacios de convenciones; ambos procesos son inseparables. Aunque la capital uruguaya es el paraíso financiero del Mercosur, el gobierno del FA-EP no ha tomado ninguna iniciativa impositiva sobre el capital bancario para sostener planes de viviendas populares o un sistema de transporte popular barato y eficiente. El FA-EP ha gobernado Montevideo para los capitalistas; no para los trabajadores. Esto salta a la vista cuando se observa que el único logro social que puede mostrar el gobierno de la izquierda es la apertura de 16 guarderías… ¡en diez años! Uno de los aspectos que más claramente muestran que el Frente Amplio-Encuentro Progresista ha gobernado Montevideo en beneficio de los capitalistas es su amplia política de privatización de servicios. Aníbal Varela, presidente del sindicato de trabajadores municipales de Montevideo, explica que "hay 85 lugares donde han privatizado. Por ejemplo, Mantenimiento Vial, donde teníamos mil y pico de compañeros, hoy sólo quedan 150 y la concesión de la reparación de las calles de Montevideo la tiene una empresa privada. En Arbolado, donde antes teníamos 400 compañeros que hacían la poda de los árboles, hoy sólo quedan dos o tres cuadrillas que no pasan de diez compañeros y lo demás está privatizado. Tenemos los inspectores municipales de tránsito, y en toda la parte de la Ciudad Vieja está privatizado el guinchado de los autos y el estacionamiento tarifado. La limpieza de la Intendencia Municipal y de los edificios municipales está hecha por una empresa que, nosotros lo hemos denunciado, tiene trabajadores en negro y la Intendencia no ha tomado cartas en el asunto. El 10% de la recolección de residuos está privatizada; uno de los dueños es Benito Roggio. Tenemos las compañeras de Barrido Manual, donde nos queda el 15% de lo que había antes; el resto se ha privatizado y lo hacen las ONGs. En las policlínicas municipales, la mayoría de los médicos y enfermeras trabajan con pasantías y becas; son muy pocos los funcionarios municipales. El Hotel Carrasco y el Hotel del Parque Rodó, uno fue donado para sede del Mercosur y el otro fue privatizado. En el último compromiso que ha hecho el arquitecto Arana con el FMI, se establece que el 30% de las obras municipales las tienen que hacer las empresas privadas" (1 ). Eso sí *resalta un semanario de la izquierda uruguaya*: hay que "valorizar" el "embellecimiento de viejas playas y paseos públicos" (2 ). Desgraciadamente, esas plazas fueron "embellecidas" por trabajadores tercerizados, que cobran salarios de miseria. Encima, esas plazas no podrán disfrutarlas los miles de trabajadores expulsados de Montevideo en la última década. El gobierno municipal, ¿trampolín a la presidencia? El FA-EP siguió una política rabiosamente capitalista al frente de la Intendencia de Montevideo no sólo por convicción sino también por conveniencia. Con su gestión en la Intendencia pretende demostrar su confiabilidad ante los grandes capitalistas. Por esta vía, el FA-EP pensaba llegar al gobierno de Uruguay. Esta política sufrió un duro golpe en las elecciones municipales de mayo, en las que el FA-EP no sólo perdió 500.000 votos respecto de las presidenciales de noviembre de 1999 sino que, además, fracasó en su intento de ganar la intendencia de Canelones, la segunda ciudad en importancia del país. La derrota en Canelones, donde el candidato del FA-EP encabezó las encuestas durante toda la campaña, fue un duro golpe para la izquierda que se une de Uruguay. El ex candidato presidencial del FA-EP Tabaré Vázquez había señalado que "si la izquierda gana en Canelones, eso haría irreversible su victoria en las elecciones presidenciales del 2004" (3 ). Pero no sólo por eso la derrota en Canelones es significativa: el departamento, vecino a Montevideo, se ha ido convirtiendo en un gran "dormitorio obrero" al que han ido a parar muchos trabajadores expulsados de la Capital (gobernada por el FA-EP) por los altos alquileres. Y en esos grandes asentamientos obreros, como por ejemplo Las Piedras, el FA-EP fue derrotado, lo que estaría marcando su debilitamiento en los sectores más explotados de la clase obrera oriental. Las elecciones municipales de mayo fueron las primeras que se realizaron en forma separada de las presidenciales, como se estableció en la reforma constitucional de 1997. Esta separación de las elecciones fue la condición que exigió el FA-EP para aceptar el ballotage en la elección presidencial. La izquierda uruguaya aceptó el mecanismo antidemocrático de la "doble vuelta" (aun a sabiendas de que sería usado contra ella) en base a un cálculo político: con la separación de las elecciones esperaba ganar algunas intendencias del interior, que servirían como trampolín a un eventual gobierno nacional del FA-EP. Este cálculo estratégico fue aplastado en las elecciones y con él la política de alianzas con dirigentes progresistas blancos y colorados del interior. Pero el FA-EP no ha abandonado esta política; al contrario, la ha profundizado. Como la formación de una izquierda plural no le alcanza para llegar a la presidencia, ahora ha pasado a plantear un pluralismo sin fronteras… hacia blancos y colorados. El senador José Mujica, del MPP (la fracción frenteamplista orientada por los Tupamaros) ha dejado en claro que si el FA-EP quiere llegar al gobierno, debe establecer una alianza con alguno de los dos partidos históricos de la burguesía uruguaya. "¿Es lícito o no *se pregunta Mujica* ir a negociar con fulano de tal un programa, un acuerdo departamental para apoyarlo en tal lado y comprometerlo al respaldo (al FA-EP) en el ballotage?" Responde: "Tenemos que empezar a hablar de todo esto (…) porque puede llegar la ocasión de hacer este tipo de acuerdos" (4 ). Lo que Mujica propone, simplemente, es hacer conciente el proceso inconciente de la disolución de la izquierda en el arco político patronal. Mujica no hace más que ir a fondo en lo que ha sido la política oficial del FA, que se ha diluido en un frente, el llamado Encuentro Progresista, con figurones políticos burgueses provenientes de los partidos blanco y colorado. Pero como esa ampliación no ha dado los resultados esperados, ahora se plantean ir más allá y establecer acuerdos orgánicos con alguno de los dos partidos oficiales. El Frente Amplio, partido de la impunidad En Uruguay se formó a principios de agosto una Comisión por la Paz que, oficialmente, tiene la misión de determinar el destino de los desaparecidos durante la última dictadura, pero cuyo verdadero y fundamental objetivo es cerrar, definitivamente, los reclamos de los familiares de las víctimas de la represión y consagrar la política de impunidad que han seguido, durante estos quince años, los partidos tradicionales y el FA. El Frente Amplio no sólo integra esta Comisión por la Paz (y lo hace por partida doble, ya que participan un representante personal de Tabaré Vázquez, su último candidato presidencial, y José DElía, presidente honorario del PIT-CNT, la central sindical uruguaya) sino que es, en realidad, el verdadero padre de la criatura. Las primeras noticias acerca de la formación de esta Comisión comenzaron a escucharse en marzo pasado, después que Tabaré Vázquez se entrevistara con el presidente Jorge Batlle y anunciara que habían llegado a un acuerdo para impulsar una ley que declarara muertos a los desaparecidos. Esta ley sería dictada luego de las actuaciones de la Comisión de la Paz, que tiene un plazo de cuatro meses para cumplir su cometido. Poco antes de este encuentro, "(Liber) Seregni (presidente del FA-EP), tras una larga etapa de silencio público (reclamó) una solución política al tema de los desaparecidos". Para que no quedaran dudas acerca de sus intenciones, Seregni "precisó con mucho énfasis que no se trata de buscar culpables" (5). La posición de Tabaré Vázquez y el EP no puede tomar por sorpresa a nadie. La política de la izquierda uruguaya en favor de la impunidad de los represores dictatoriales arranca en 1985, con el famoso "Pacto del Club Naval", firmado entre los militares y los representantes del partido colorado y el Frente Amplio, en el que se estableció que no serían revisados los crímenes de la dictadura. Y continuó con el boicot frenteamplista a los plebiscitos por la anulación de la "ley de caducidad" (la versión oriental de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida). La Comisión por la Paz es, también, el punto final de la política amnistiadora que el FA ha venido desarrollando en estos quince años. El Frente Amplio ataca a los trabajadores La política capitalista del gobierno municipal del FA-EP en Montevideo h a dejado un déficit de más de 70 millones de dólares. Los progresistas uruguayos pretenden reducir ese déficit de una manera típicamente capitalista: atacando a los trabajadores municipales, flexibilizando sus condiciones de trabajo y reduciendo sus sala rios. El tercer gobierno frenteamplista, el segundo de Arana, será entonces el gobierno del ajuste… y el de la resistencia de los trabajadores al ajuste progresista. El primer ataque llegó poco antes de la asunción de Arana. El gobierno intentó reducir de tres a dos la dotación de los camiones recolectores de basura y eliminar las horas extras mediante la redefinición de las tareas ("tarea a terminar"). La respuesta fue una vigorosa huelga de los recolectores de basura, que duró once días y obligó al gobierno a recular. La huelga de los recolectores de residuos de Montevideo fue una experiencia de lucha excepcional por varias razones. La primera, porque enfrentaba a un gobierno que se define como "popular" y que ha sido votado por la inmensa mayoría de los trabajadores uruguayos, incluidos los municipales de Montevideo, que lo consideraban como su gobierno. Se trata, por lo tanto, de la primera expresión de una potencial ruptura política de los trabajadores uruguayos con el Frente Amplio. La segunda, por los métodos de lucha que emplearon los trabajadores: la asamblea, la ocupación de los lugares de trabajo (la Usina 5, cuya ocupación impedía el trabajo de los recolectores de los servicios privatizados y de los rompehuelgas contratados por el gobierno popular para quebrar la huelga), y los piquetes, que no se veían en Uruguay desde la gran huelga de la construcción de 1993. Los piquetes jugaron un papel fundamental en la lucha, porque sostuvieron el ánimo de los huelguistas ante la campaña política lanzada por el FA (repetida por los partidos de izquierda de la coalición y por la burocracia de los sindicatos) de que la huelga "favorecía a la derecha"; porque además disuadieron a los trabajadores de los servicios privatizados y, finalmente y muy importante, porque lograron evitar el intento del gobierno frenteamplista de desalojar por la fuerza policial la Usina 5. En Montevideo, como hace poco en Rio Grande do Sul, donde el gobierno del PT enfrentó y reprimió la huelga de los maestros del Estado, la izquierda amplia y pluralista actúa como un instrumento del Estado y de la burguesía contra los trabajadores. El ataque policial ordenado por el FA contra los trabajadores en huelga terminó de quebrar la confianza de numerosos trabajadores municipales *no sólo los recolectores de residuos* en el gobierno del FA-EP. Esto explica la masiva huelga general de repudio al intento de desalojar la Usina, cumplida por el conjunto de los municipales. El segundo ataque fue la reducción de los salarios de los trabajadores de los Centros Comunales mediante la eliminación del pago de las horas extras sabatinas. Con esto, el FA-EP redujo en un 30% los ingresos de estos trabajadores. La respuesta de éstos fue una gran movilización que transformó la burocrática ceremonia de asunción del segundo mandato en una singular denuncia de la política antiobrera del gobierno del Frente Amplio-Encuentro Progresista. Con pancartas, volantes y constantes gritos y cantos, más de un centenar de trabajadores municipales interrumpieron a los oradores denunciando el recorte de las horas extras, la rebaja salarial y las privatizaciones del gobierno de la izquierda que se une de Uruguay. "Asumimos firmes compromisos ante la ciudadanía", decía el intendente mientras la barra gritaba "Privatizador, privatizador". "Arana, Arana, la plata donde está", gritó después la barra denunciando el recorte de horas extras en los Centros Comunales. "Sacate la careta", fue uno de los gritos más escuchados. Cuando Arana amenazó a los trabajadores, la respuesta fue instantánea: "Opa, opa, opa, Arana se equivoca". Un cronista (6 ) pintó en un solo párrafo el abismo que separa a los trabajadores municipales de sus patrones centroizquierdistas: "Los discrepantes *dice refiriéndose a los trabajadores* salieron cantando una vieja consigna (…): Y lucha, lucha, lucha, no dejes de luchar, por un gobierno obrero, obrero y popular (…) Una señora lo vio de otra manera: qué paciencia, qué paciencia…" Como no hay dos sin tres, después de estos dos ataques vinieron otros: la anulación del aumento salarial que debía regir a partir de agosto, el anuncio oficial de que "si se reitera un nuevo conflicto, se tercerizaría el servicio" (7 ) y la negativa de la Intendencia a recibir a los representantes del sindicato de los municipales, Adeom. Al cierre de esta edición de En Defensa del Marxismo, un plenario de delegados de este sindicato votó la realización de una asamblea para discutir un plan de lucha de conjunto de los municipales contra el ajuste progresista. La experiencia de los trabajadores Los trabajadores municipales de Montevideo están realizando una acelerada experiencia política con el gobierno del Frente Amplio y con los partidos de la izquierda unitaria. Han visto al gobierno municipal atacar sus condiciones de trabajo y recurrir a la policía y a los rompehuelgas para quebrar su resistencia. Han visto a la burocracia sindical frenteamplista hacer causa común con el gobierno ajustador y antisindical de Arana contra los reclamos de un sindicato afiliado a la Central. Han visto a la izquierda hacer un frente político con el gobierno nacional para atacar la huelga de los recolectores de residuos. Han visto a la Mesa Política del Frente Amplio respaldar a Arana y repudiar los reclamos de Adeom. Es natural, en consecuencia, que comiencen a aparecer en el activismo de Adeom expresiones de ruptura política con el Frente Amplio. Aníbal Varela, presidente del sindicato Adeom y recolector de residuos, denuncia que la del FA "es una patronal represiva, como cualquiera de la derecha" (8 ). Y advierte: "Vayan pensando trabajadores lo que puede ser un gobierno del Frente Amplio, porque cuando vengan los ajustes, aunque sea el FA, va a recortar como están haciendo acá en Montevideo" (9 ). Carlos Netto, integrante de la Mesa de la Limpieza y delegado del Can tón 1, explica que lo que hace el FA en Montevideo "es lo mismo que hace el gobierno central. La única diferencia es que respecto al gobierno central lo teníamos más claro. En las intendencias, nos fueron comiendo poco a poco los espacios municipales muy solapadamente, ahora se sacaron la careta y nos están demostrando que no son diferentes a los partidos tradicionales. Ni siquiera los diferencia a aquellos que 15 años atrás levantaban banderas revolucionarias en contra de la privatización y hoy están encabezando los gobiernos privatizadores. El gobierno que hoy tiene Arana apunta a liquidar los aparatos organizativos del sindicato (…). Lo que considerábamos que podía ser una visión de esperanza de un proyecto político hoy se transformó en un monstruo feroz avasallador y que nos quiere devorar a todos los municipales" (10 ). Los revolucionarios uruguayos organizados en el Partido de los Trabajadores, que tienen el honor de ser una de las contadas organizaciones de izquierda que respaldan incondicionalmente la lucha de los municipales de Montevideo, interviene activamente en esta lucha para elevar la calidad de las conclusiones políticas y organizativas de esta vanguardia obrera que pelea contra el FA: la necesidad de romper políticamente con el Frente Amplio para construir un partido obrero en Uruguay. Solidaridad internacionalista con los municipales o complicidad con los ajustadores y represores La lucha de los municipales de Montevideo es enormemente esclarecedora acerca de la naturaleza política de la izquierda amplia y unitaria, y no sólo en Uruguay. El Partido Comunista de Argentina, que considera al FA como su modelo político y que llama a "construir un Frente Amplio en la Argentina", ha guardado un silencio cómplice frente a los ataques que ha lanzado el gobierno al que reivindica como un gobierno de izquierda. Lo mismo ha hecho el Mst, su socio en Izquierda Unida. El partido hermano del Mst en Uruguay apoyó en las últimas elecciones la candidatura burguesa de Tabaré Vázquez. ¿Con quién se une la izquierda que se une? Con los represores y ajustadores de los trabajadores municipales de Montevideo: el silencio cómplice que ha guardado frente a los ataques del gobierno progresista contra el gremio de Adeom es sinónimo de una solidaridad política de fondo. No en vano la IU argentina integra el Foro de San Pablo, junto con los partidos de izquierda del FA-EP y con el PT y los integrantes del gobierno de izquierda de Rio Grande do Sul que reprime a los docentes de ese Estado brasileño (ver resolución de la Reunión Internacional de Buenos Aires, en este número de En Defensa del Marxismo). El Partido Obrero ha venido desarrollando una activa campaña de solidaridad militante e internacionalista con los trabajadores municipales de Montevideo, difundiendo su lucha y los ataques de que son objeto por la patronal progresista. Como resultado de esta campaña, centrales obreras como la CGT de San Lorenzo, sindicatos como Adosac (docentes) de Santa Cruz, plenarios intersindicales que reúnen a cientos de militantes sindicales de diferentes gremios y trabajadores municipales de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires Tucumán y Santa Cruz han dado su solidaridad por el triunfo de los municipales de Montevideo. NOTAS: 1. Aníbal Varela, presidente de Adeom. Reportaje publicado en Prensa Obrera, 29 de junio de 2000. 2. Brecha, 11 de mayo de 2000. 3. Ambito Financiero, 16 de mayo de 2000. 4. Brecha, 19 de mayo de 2000. 5. Clarín, 14 de marzo de 2000. 6. El País, 14 de julio de 2000. 7. Búsqueda, 15 de junio de 2000. 8. La República, 2 de junio de 2000. 9. Aníbal Varela, ver cita Nº 1. 10. Prensa Obrera, 17 de agosto de 2000.

1 de diciembre de 2000
El seguro de empleo y formación de la CTA: Neuquén, un caso concreto

A veces, para comprender con mayor precisión un planteo es útil analizarlo a la luz de una situación concreta. Para el caso (el planteo de la CTA de un "seguro de empleo y formación" para jefes de familia), analizamos cómo sería su aplicación en la provincia de Neuquén, según lo desarrolla el folleto de la propia CTA. Lo tomamos sobre todo en el aspecto en que la CTA relaciona su propuesta y la "oferta productiva que se encuentre en situación crítica o de paro forzado". El universo de oferta productiva en esa situación es abundante en la zona, ya que gran parte de la economía regional (Pymes en su gran mayoría) está atravesando por esa coyuntura. Por ejemplo, en una industria típicamente regional como la fruticultura, decenas de empresas tipo Pyme se encuentran en convocatoria de acreedores (contándose en esa situación incluso algunas de mayor envergadura). O, por citar otro caso, se pueden mencionar los emprendimientos de ex empleados de YPF, hoy contratistas de servicios petroleros, que están al borde de la quiebra y serán auxiliados con fondos de Repsol en base al acta firmada en su momento por la petrolera y Sobisch. Tomamos así los dos ramos fundamentales de la economía regional: los hidrocarburos en Neuquén y la fruticultura en Río Negro. En Prensa Obrera Nº 670 ya se demostró que la paternidad intelectual del proyecto de la CTA le corresponde a Techint y el llamado grupo productivo. Pero respecto a Neuquén, hay algo más. En el Nº 1 (junio de 2000) de la revista de la Acipan (Asociación del Comercio, Industria, Producción y Afines del Neuquén), que nuclea a los empresarios de la capital neuquina, se puede leer que esta cámara patronal reclama, entre otros puntos, "que los subsidios al desempleo como los planes Trabajar y otros, sean transformados en subsidios directos a las Pymes que generan puestos de trabajo. Y así lograremos incorporar rápidamente mano de obra y generar dignidad en el hombre mediante un empleo". En el Nº 2 (julio de 2000) se explaya más sobre este punto y pide directamente la implementación en Neuquén de lo que llama el modelo Córdoba, consistente en que "el Estado paga un salario de 140 pesos por cuatro horas de trabajo durante un año" (para los jóvenes) y que "el Estado paga el salario de 250 pesos durante 10 años de trabajo" (para mayores). Aclara que "las empresas no pueden producir despidos por todo el tiempo en que dura el plan". ¿Y quién querría despedir con esos valores salariales, si incluso "el Estado se hace cargo de la ART y realiza el aporte jubilatorio y de la obra social"? Acipan cataloga este modelo Córdoba como "muy interesante" y como responsable del bajo indice de desocupación en esa provincia (cuatro puntos abajo de Neuquén). También comenta que dichos programas salieron por decreto de De la Sota, que "unos 15.000 jóvenes hicieron uso de este plan…" y que elimina el problema del padrón de desocupados, ya que el empleo lo consigue el interesado. Manos a la obra Es desde hace mucho tiempo que los empresarios y los diputados patronales buscan eliminar la Ley 2.128 (una especie de Plan Trabajar provincial), y que impulsan destinar para subsidios al capital los casi 12 millones de pesos anuales del presupuesto destinados al seguro de esa ley. Esa ley es una conquista obtenida en base a la movilización de los gremios y de la Coordinadora de Desocupados a mediados del año 95, y su incumplimiento generó, entre otras cosas, la ocupación del Palacio Municipal en setiembre de ese año y de la Casa de Gobierno en octubre (con represión por parte de Sobisch). Los empresarios de Acipan realizaron una ronda de conversaciones "con distintos sectores políticos". En una de esas visitas, su Comisión Directiva se reunió con el bloque de la Alianza, que le prometió una "pronta aprobación de la ley Pyme". Y un par de semanas después se conoce que desde la Secretaría de Trabajo de la provincia se trazó "un plan para subsidiar parte de los salarios" para las Pymes (La Mañana del Sur, 2/8/00). Ese subsidio consiste precisamente en que "…si captan desocupados a quienes asiste el Estado con planes de empleo, podrán reducir costos porque se les garantiza que el subsidio se continuará pagando a la persona que incorporen por un período de hasta 12 meses" (ídem). Se trata de los 150 pesos de la Ley 2.128 y planes Trabajar. La Legislatura detalló los requisitos para acceder al subsidio, que no son otros que los del famoso modelo Córdoba, y hasta se instrumentaría mediante "un decreto del gobernador". Como dos gotas de agua La propuesta de la CTA se parece, en sus fundamentos y objetivos, como dos gotas de agua a la de Acipan y el gobierno. Hasta utilizan la misma terminología, ya que denominan a los planes Trabajar o de la Ley 2.128, planes de empleo, cuando en realidad se trata de verdaderos trabajos en negro que fijan un techo salarial en los 150/180 pesos, contra los trabajadores efectivos del Estado, cuyo salario garantizado de bolsillo es de 500 pesos, o de la actividad privada, cuyo promedio está muy por encima del subsidio. Esto quiere decir que de aprobarse por ley o vía decretazo esta iniciativa de las patronales, los trabajadores de un sanatorio, un galpón de empaque, un matadero, un aserradero, etc., sufrirían la coerción a la baja salarial de los nuevos empleos, no pudiendo encontrar en su central una decidida política de oposición a este chantaje antisalarial. La diferencia con la propuesta patronal no puede reducirse a lo que va de los 150/180 pesos de los planes de empleo a los 380 pesos que propone la CTA. La CTA local, al menos, en 1996 realizó un congreso de desocupados conjuntamente con la Coordinadora y allí se votó por un "seguro al desocupado de 500 pesos sin discriminación desde los 16 años". Una consigna que reiteró el congreso de desocupados recientemente realizado en Cipolletti. Ambos planteos están en una perspectiva totalmente diferente del que lleva como norte "La marcha grande por el trabajo". El planteo de un verdadero seguro al desocupado, especialmente para los gremios de la CTA, que nuclea mayoritariamente a trabajadores estatales, es otra forma de defender el salario del compañero estatal y su piso de 500 pesos. Y para ganar, incluso, a la lucha a todos los compañeros de los planes que realizan su "contraprestación laboral" en el Estado (en hospitales, escuelas, UAF, municipios, etc.). Ni hablar que también significaría otro capítulo en la lucha política que los trabajadores nucleados en la CTA venimos sosteniendo frente a las patronales de Acipan, y un puente hacia sus trabajadores. De clase a clase. No hay otra manera clasista de plantear esta cuestión.

1 de diciembre de 2000
Loic Wacqant: «Las cárceles de la miseria»

Loic Wacquant es sociólogo; ha escrito numerosos textos sobre una tendencia creciente del capitalismo a instalar Estados policíacos en las principales metrópolis y por injerencia directa en sus países satélites. Wacquant es profesor en la Universidad de California-Berkley, ha sido invitado a las Universidades de Río de Janeiro, París, Berlín, Los Angeles y Nueva York, y es también miembro fundador del grupo de activistas académicos franceses llamados "Raisons dagir" (Razón de Actuar). La virtud del libro que nos ocupa (*) es que documenta ampliamente la denuncia del cuadro ultrarrepresivo montado por el imperialismo, y de este modo demuestra que para vender tolerancia cero han tenido que fraguar datos y esconder estadísticas, montando una campaña mediática pocas veces vista. La política de limpieza de clase (class-cleansing) que es propiciada como panacea universal frente a la inseguridad urbana, por gobiernos, fundaciones, marquetineros y otros charlatanes, dista de tener amplia vigencia en EE.UU. Por el contrario, las ciudades donde bajó el delito no se llaman Nueva York (feudo del gatillo fácil de Rudolph Giuliani, dilapidador del presupuesto municipal), sino San Diego, Boston, etc., donde se aplican políticas de cooperación activa. La politica de mano dura de Giuliani es rechazada en la mayoría de las ciudades de EE.UU. Portland, Indianapolis, Memphis y New Haven, entre otras, aplican medidas de cooperación activa que bajan los indices delictivos, y han reducido el nivel de detenciones y de denuncias. No está de más el recordatorio de la brutalidad asesina y los abusos policiales, torturas sexuales incluidas. Dos hombres negros martirizados simbolizan la imposición de una politica jurídica y policial. Abner Louima, en 1998, fue sodomizado en una comisaría de Nueva York. En 1999, Amadou Diallo recibió 41 balazos en el pasillo de su casa en el Bronx; los policías asesinos fueron declarados inocentes por la corte del condado de Albany. En marzo del 99, la Oficina de Derechos Cívicos del Ministerio de Justicia del estado de Nueva York señaló: "La política policial de calidad de vida sólo pudo ponerse en práctica escarneciendo los derechos civiles elementales de los neoyorquinos negros y pobres, en primer lugar el de circular libremente sin ser detenidos, cacheados y humillados en público de manera arbitraria." En 1998, el criminólogo Adam Crawford presentó su libro Crime Prevention and Community Safety: Politics, Polices and Practices (Prevención del crimen y seguridad comunitaria: políticas, policías y prácticas). Allí escribe: "La tolerancia cero es una imposición extremadamente discriminatoria contra determinados grupos de personas. ¿Adónde está la tolerancia cero para los delitos administrativos, el fraude comercial, la contaminación ilegal y las infracciones contra la salud y la seguridad? La tolerancia cero es en realidad una estrategia de intolerancia selectiva". "La causa del delito es el mal comportamiento de los individuos y no la consecuencia de condiciones sociales" (1). En EE.UU., desde hace 20 años por lo menos, impera el "rigor penal", cuyo resultado es la cuadruplicación de la población penitenciaria en un período en que la criminalidad se estancaba y luego retrocedía. Organos directos del gobierno estadounidense se han preocupado por imponer su visión sobre el problema represivo: 1) El Ministerio Federal de Justicia que propagandiza mediante la desinformación sobre criminalidad y encarcelamiento. 2) El Departamento de Estado, a través de las embajadas, milita en cada país por la aplicación de medidas penales ultrarrepresivas. 3) Los organismos parapúblicos y profesionales vinculados a la administración policial y penitenciaria (Fraternal Order of Police, American Correctional Association, American Jail Association, Sindicato de Guardiacárceles, etc.), asociaciones de defensa de las víctimas del crimen, medios de comunicación, empresas privadas ligadas al gran auge del negocio de la prisión (empresas de encarcelamiento, de salud penitenciaria, de construcción, de tecnologías de identificación y vigilancia, de estudios de arquitectura, de seguros y corretajes, etc.). Acabar con las conquistas sociales y no distraer una moneda Entre 1975 y 1985, a través de instituciones y asesorías se preparó la llegada de Margaret Thatcher y Ronald Reagan al gobierno de sus respectivos países, mediante un paciente trabajo de demolición intelectual contra el "Estado keynesiano de bienestar". American Enterprise Institute, Cato Institute, Heritage Foundation y el Manhattan Institute, fogonearon este lanzamiento. En 1984, la mano derecha de Thatcher, Antony Fischer, y Willian Casey, posteriormente jefe de la CIA, lanzaron la Biblia de los conservadores: Losing Ground: American Social Policy, 1950/1980 , de Charles Murray (2). Murray, empleado por la administración Reagan, ya había justificado la necesidad de reprimir violentamente los desórdenes provocados por los sectores populares expulsados del circuito de consumo. Losing Ground: American Social Policy 1950/1980, lanzado para avalar científicamente el ataque general a las masas, contó con el voto del Congreso yanqui, con mayoría demócrata. El texto de Murray dice que, en EE.UU., el motivo del empantanamiento nacional son las políticas de ayuda a los indigentes, ya que se recompensa la inactividad y esto induce a la degeneración moral de las clases populares. También hace hincapié en las "uniones ilegítimas", que son la causa última de todos los males sociales, entre ellos las "violencias urbanas". Charles Murray era un politólogo desocupado de baja reputación. El Manhattan Institute le pagó 30 mil dólares y lo bancó 2 años para que escribiera Losing Ground; luego, organizó una campaña sin precedentes en torno al libro, apoyándose en sus aliados periodísticos y burocráticos. Regaló mil ejemplares a un selecto número de periodistas, funcionarios e investigadores. A Murray lo hicieron participar en todos los talk shows televisivos, en conferencias universitarias y charlas con directivos de medios de comunicación y comentaristas de prensa. El carácter trucho de la campaña fue señalado en un artículo de The New Republic (3): "Los invitados al gran simposio sobre Losing Ground, cobraron cada uno 1.500 dólares de honorarios y alojamiento gratuito en los mejores hoteles del centro de Nueva York." Losing Ground, a pesar de la falta de rigor, de estar plagado de sinsentidos lógicos y de errores empíricos, se convirtió de la noche a la mañana en un clásico del debate sobre la ayuda social en los EE.UU. y en el libro de cabecera de los explotadores de todo el planeta. Unos años antes, George Gilder escribió otra apología que legaliza la arremetida explotadora, titulada Riqueza y Pobreza. El texto provocó que The Economist lo saludara con un significativo titular: "Benditos sean los que ganan dinero" (4). Para Gilder, el origen de la miseria en EE.UU. es "la anarquía familiar entre los pobres, concentrados en el interior de la ciudad, provocada por las ayudas sociales que pervierten el deseo de trabajar, socavando la familia patriarcal y erosionando el fervor religioso que son desde siempre los tres principales resortes de la prosperidad". Bratton, convertido en consultor internacional, estuvo en Buenos Aires contratado por la agrupación de Beliz, Nueva Dirigencia. En una conferencia realizada por Heritage Foundation declaró: "En Nueva York sabemos dónde esta el enemigo: los squeegge-men (fregadores), esos individuos sin techo que acosan a los automovilistas para lavar sus parabrisas a cambio de unas monedas, los pequeños revendedores de droga, las prostitutas, los mendigos, los vagabundos y los autores de graffiti". Los recursos del Estado auxilian a los ricos y preparan el terror policíaco En EE.UU., durante las presidencias de Reagan y Bush, la transferencia de recursos económicos de la asistencia social a la represión urbana y a los gastos de defensa nacional profundizó un déficit presupuestario sin precedentes, basado en asombrosos créditos militares y bajas impositivas enérgicas en favor de las familias y empresas más ricas (la deuda pública federal llegó a 5 billones de dólares y al 70% del PBI en 1995, contra un 33% en 1980, y el déficit de la balanza de pagos yanqui superó todos los récords). En Nueva York, en cinco años de Giuliani y Bratton, aumentó el presupuesto policial en un 40%, hasta llegar a los 2.600 millones de dólares (4 veces más que los créditos de los hospitales públicos). Se contrató un ejército de 12.000 policías más para llegar a un total de 46.000 en 1999. En el mismo período, los servicios sociales perdían la tercera parte de sus créditos y sufrían la reducción de 8.000 puestos de trabajo. Sólo en 1996, en Nueva York fueron detenidas 314.292 personas. La globalización de la limpieza de clase (Class Cleansing) "Lo que la reducción del crimen en Nueva York consiguió realmente es que la filosofía elaborada por el Manhattan Institute y la Heritage Foundation se aplicara con gran éxito en otras ciudades" (5). La experiencia Giulilani es imitada en todos los continentes. En México, el presidente Zedillo, en agosto de 1998, lanza una "Cruzada contra el crimen" con medidas de tolerancia cero. En Argentina, León Arslanian, ministro de Justicia y Seguridad de la provincia de Buenos Aires, en setiembre del 98 señalaba que "aplicaremos la doctrina elaborada por Giuliani, los galpones abandonados serán convertidos en galpones penitenciarios (centros de detención)". En Brasil, en enero del 99, el gobernador de Brasilia, Joaquim Roriz, anunciaba la aplicación de la tolerancia cero y la contratación inmediata de 800 policías civiles y militares. Ante las numerosas críticas que despertó esta política, que hacían notar que se iba a duplicar la población carcelaria con prisiones ya colapsadas, el funcionario replicaba que se construirían nuevas prisiones. En Francia, en diciembre del 98, el Ministro de Interior, durante el programa "Suena el Teléfono", propone la tolerancia cero a la francesa. En Alemania, la centroizquieda y la derecha proponen tolerancia cero. La Unión Cristiana Democrática lanza una campaña por el Null Toleranz en Francfurt, y otra contra la doble nacionalidad para no ser desbordados por las declaraciones racistas efectuadas por Gerhard Schroëder: "Los polacos son particularmente activos en el robo de autos; la prostitución es dominada por la mafia rusa; los criminales de la droga vienen del sudeste de Europa o del Africa negra… ya no deberíamos ser tan timoratos con los criminales extranjeros. Para quien viola nuestro derecho de hospitalidad hay una solución: afuera y rápido" (6). En Italia, en 1997 hace furor la moda represiva. En 1999, Massimo DAlema adopta una serie de medidas represivas: otorga mayores facultades a la policía y destituye al director de la administración penitenciaria, conocido por sus simpatías por los derechos de los detenidos y las políticas de reinserción social. En Inglaterra, Tony Blair y Jack Straw acuerdan con la represión. En Ciudad del Cabo, en febrero del 99 la tolerancia cero se aplica contra los grupos islámicos radicalizados opuestos a la corrupción gubernamental. La versión sudafricana hace palidecer de envidia al original neoyorquino: barreras y controles policiales entre barrios, incursiones de comandos armados hasta los dientes en las zonas pobres como Cape Flats, y omnipresencia de las fuerzas represivas en las calles de Water Front, enclave rico y turístico del centro de la ciudad. En Nueva York, medidas desopilantes si no tuvieran una naturaleza altamente represiva deben vivir los latinos, negros y pobres. Pueden ser arrestados quienes crucen las calles fuera de la senda peatonal, paseen perros sin correas, o carezcan de campanillas en la bicicleta. Una investigación realizada por el diario New York Daily News señala: "El 80% de los jóvenes negros y latinos de la ciudad fueron arrestados y registrados al menos una vez por las fuerzas del orden." La hiperinflación carcelaria mundial Las masas explotadas, expulsadas del mercado laboral y abandonadas por el Estado, son el principal blanco de la tolerancia cero. El desequilibrio económico que provoca la hiperactividad represiva y el derroche de medios que la acompaña, por una parte; y por la otra el atestamiento de los tribunales y la escasez agravada de recursos que los paraliza, tienen todo el aspecto de una denegación organizada de justicia (7). En EE.UU. hay más de 5.700.000 personas en manos de la justicia, o sea el 5% de los mayores de 18 años (3.260.000 con prisión en suspenso, 685.000 en libertad condicional y 1.785.079 presos efectivos). El 75% de los detenidos son pequeños delincuentes y drogadependientes (8). La tercera parte adulta masculina de EE.UU., 30 millones de individuos, tiene confeccionadas fichas criminales. Este banco de datos es consultado permanentemente por las patronales para negar empleo y también por las instituciones de asistencia social para eliminar subsidios. El fichaje genético En octubre del 98 el FBI puso oficialmente en funcionamiento un banco de datos nacional que contiene el perfil de ADN de centenares de miles de condenados a reclusión, y al cual pronto se sumarán todas las muestras de saliva y sangre recogidas en las prisiones. En la primavera del 99, la secretaria de Justicia de EE.UU., Janet Reno, recomendó a un grupo de expertos gubernamentales *la National Commission on the Future of DNA Evidence* estudiar la posibilidad de ampliar el fichaje de los criminales comprobados a la totalidad de las personas detenidas por la policía, o sea alrededor de ¡15 millones de norteamericanos por año! Destrucción de conquistas sociales y expansión represiva Entre 1979 y 1990, los gastos penitenciarios de los Estados subieron 325% en concepto de funcionamiento y 612% en el rubro construcción; vale decir tres veces más rápido que los créditos militares en el nivel federal, pese a que éstos gozaron de favores especiales en las presidencias de Reagan y Bush. Desde 1992, cuatro Estados dedicaban más de mil millones de dólares al encarcelamiento. En 1993, EE.UU. gastó 50% más para las prisiones que para la administración judicial (una década antes, ambos presupuestos, judicial y carcelario, eran iguales). Desde 1985 los créditos de funcionamiento destinados a prisiones superan anualmente los destinados a la ayuda social, incluso las sumas destinadas a la ayuda alimentaria a las familias pobres (Food Stamps). La expansión del rigor penal no sólo fue obra de los republicanos. La administración Clinton colaboró para construir 213 nuevas prisiones. En 1993, el mundo penal de EE.UU. contaba con 600.000 trabajadores, con lo cual se convirtió en el tercer empleador del país, apenas por debajo de General Motors y de Wal-Mart. En 1980, el salario mensual de un guardiacárcel era de 1.200 dólares; hoy es de 4.500 dólares (gana un 30% más que un profesor asistente de la Universidad de California). El recorte sufrido por la ayuda social, la salud y la educación Veamos tres ejemplos: 1) De 1979 a 1989 los créditos penitenciarios aumentaron 95%, los recursos destinados a los hospitales públicos se estancaron, las escuelas secundarias recibieron 2% menos y la asistencia social, 41% menos (9). 2) En los diez años que van de 1988 a 1998 el Estado de Nueva York incrementó sus gastos carcelarios en un 76%, mientras redujo los fondos a la enseñanza universitaria en un 29%. Medido en dinero, significó: 615 millones menos para los campus de la State University of New York y 761 millones más para las cárceles, lo cual significa más de mil millones si se contabilizan 300 millones aprobados separadamente para construir 3.100 nuevas plazas para el encarcelamiento de personas (10). 3) En 1994, George Pataki, gobernador electo por California, restableció la pena de muerte y aumentó los aranceles anuales de inscripción universitaria en 750 dólares, lo cual produjo al año siguiente la deserción de 10.000 estudiantes. El purgatorio final de la prisión autogestionaria El costo de cada presidiario en California es de 22.000 dólares por año: 3,3 veces más que el monto del subsidio AFDC (socorro para familias con niños) entregado a familias de 4 miembros. Los ecónomos de la represión han dispuesto cinco medidas tendientes a lograr la autogestión carcelaria y un control coercitivo social de mayor rigor: 1) Disminuir el nivel de servicios a los internos de los presidios: Suprimiendo privilegios: enseñanza, deportes, recreación y actividades destinadas a la reinserción. Achicando las porciones dietéticas. Anulando el café y los cigarrillos. Prohibiendo el ingreso de materiales porno. Eliminando equipos de pesas y gimnasia. No permitiendo el ingreso de paquetes en Navidad. 2) Aplicar toda la tecnología a un exasperante control de cada minuto de la vida de cada interno. 3) Reintroducir castigos corporales y medidas vejatorias (picado de piedras, limpieza de zanjas con brigadas encadenadas con grilletes, uniformes a rayas y cabelleras rapadas). 4) Trasladar parte del costo económico a los mismos presos y sus familiares. Actualmente 20 Estados de EE.UU. facturan el día de detención a sus presidiarios, les cobran gastos de documentación, hacen pagar las comidas e imponen un arancel para la enfermería y otros para uso de lavandería, taller, electricidad, teléfono, etcétera. Algunos Estados no vacilan en iniciar causas penales para resarcimiento de gastos contra sus ex detenidos que contrajeron deudas con sus carceleros durante su estadía en prisión. 5) Imponer el trabajo descalificado en las cárcele s. Grandes empresas como Microsoft, TWA, Boeing y Konika ya utilizan, a través de subcontratistas, mano de obra prisionera. Los expertos en el negocio consideran el desarrollo del trabajo asalariado carcelario como la fuente más importante de ahorros. Esta imposición despótica de trabajo descalificado, forzoso y sin leyes laborales es la médula filosófica del Workfare; bajo esas ideas se obliga a los desempleados a que acepten trabajos con un salario inferior al subsidio social para eliminar este costo del presupuesto estatal. La prisión privada, una industria próspera En 1999 ya existían 17 empresas contratistas que operaban en distintos estados de EE.UU. Estas S.A. se afanan por quedarse con una parte cada día más sustancial de los presupuestos municipales y federal. Dedicadas al negocio de las prisiones, ofrecen un menú de bienes y actividades: proyectos arquitectónicos, financiamiento para la construcción, mantenimiento, administración, seguros, empleados, búsqueda y transporte de presos, etc. Desde 1983, esta actividad comercial ha multiplicado la cantidad de plazas (capacidad de celdas) de manera geométrica. En 1998, 4.630 plazas; en 1993, 32.555; y en 1998, 132.572. Cotizan en Wall Street Desde que Corrections Corporation of América, Correctional Service Corporation, Securitor (con sede en Londres) y Wackenhut comenzaron a cotizar en Bolsa, la industria carcelaria, que mueve 4.000 millones de dólares anuales, es una de las niñas mimadas de Wall Street. Este fenomenal negocio hizo que sólo en 1996 se construyeran 26 prisiones federales y 96 penitenciarias estaduales. La publicación gráfica especializada en el rubro es Corrections Building News, y tiene una tirada de 12.000 ejemplares. Desde hace unos años, American Correctional Association organiza una exposición anual de la industria carcelaria que dura 5 días. En 1997, en Orlando se reunieron 750 empresas que expusieron sus productos y servicios: esposas, armas de asalto, cerrojos y rejas a prueba de fallas, mobiliario para celdas, elementos cosméticos y alimentarios, sillas de inmovilización, cinturones de descarga eléctrica mortal, programas de desintoxicación, sistemas de vigilancia electrónica, programas de computación, bases de datos, etc. Registrando la profundidad del fenómeno, Fortune Magazine (11) publicó una nota con el título de "Cómo enriquecerse gracias a las empresas que crecen más rápido", en la que dice: "¿Aspira usted a obtener retornos elevados de sus inversiones, pero desconfía de las acciones sobrevaluadas (burbujas) de las grandes empresas (Blue Chips)? Las acciones de Mac Afee Associations, que fabrica programas antivirus, treparon, en 3 años, un 1.967%; las de Computadoras Dell 1.912%; y las de Corrections Corporation of America, que maneja cárceles privadas, un 747%, lo cual es un magnífico montón de plata." Educación con represión y cárcel como exclusión Desde 1998, en Europa circula una ley sobre crimen y desorden, que suprime la "doli incapax" para los niños de 10 a 13 años, instaura vedas horarias (estado de sitio) para los menores de 10 años y autoriza un régimen de libertad vigilada para los preadolescentes desde los 10 años y su detención a partir de los 12 años por "conducta antisocial". España, Holanda, Italia y Alemania han reducido la edad de responsabilidad para penalizar a los adolescentes y establecieron la responsabilidad solidaria de los padres, civil y penal. En EE.UU. e Inglaterra acaban de votar leyes que autorizan el encarcelamiento de los preadolescentes y su arresto por simple conducta antisocial, con el argumento "de que ahora se puede estar al acecho a los 10 años, robar un auto a los 13 y matar a los 16". En Kent (Inglaterra), en 1998, abrió sus puertas la primera prisión para niños bajo el beneplácito del gobierno laborista, asociado con una empresa privada. En Rotterdam (Holanda) se creó una Oficina de Vigilancia (contra los jóvenes), la cual va a seguir etapa tras etapa a la totalidad de los menores de 18 años de esa ciudad *130.000 personas* para de esa forma identificar desde la más tierna infancia "a las familias con problemas múltiples y los medios de socialización delictiva". La Oficina, mediante cuestionarios entre los escolares, evalúa el bienestar material, emocional y cognitivo, las características de su medio social y su propensión a las conductas riesgosas (consumo de alcohol, estupefacientes, juegos y apuestas por dinero, delincuencia, etcétera). Los docentes llenan un formulario que aporta el comportamiento de cada alumno (enfermedad, ausentismo, confianza en sí mismo, hiperactividad o nerviosismo, agresividad o conductas desviadas). En 1998, en Rotterdam, estaban fichados 7.000 niños entre 11 y 12 años; dentro de pocos años estarán fichados todos los jóvenes entre los 0 y los 12 años. El ministro del Interior socialista francés, proclamó la reapertura de los presidios para niños "para encerrar a los salvajes". Los diputados de izquierda fueron más lejos: mediante un informe elaborado por C. Lazergues y J. P. Balduyck, titulado "Réponses á la délinquance des mineurs", plantearon "que deberían ser encarcelados los padres de los jóvenes delincuentes reincidentes". Elisabeth Guigon, ministra de Justicia, arengó a 1.500 secretarios seccionales del PSF, reunidos en La Mutualite, diciendo: "No se pueden encontrar soluciones ni en lo puramente educativo ni en lo puramente represivo, hay que combinar ambos aspectos" (12). La izquierda pluralista gobierna mediante el Estado policíaco La politica de represión y arbitrariedad contra los negros conocida como "Ley y Orden" fue elaborada por los Estados más retrógrados del sur norteamericano. En 1968, Richard Nixon la desempolvó para enfrentar la creciente ola de movilizaciones afroamericanas y para reprimir al Movimiento por los Derechos Civiles. La izquierda pluralista que dirigió las últimas carnicerías desatadas por la Otan, ha adoptado como propia la consigna "Ley y Orden". En setiembre del 98, Le Monde publicó un llamamiento en favor de leyes más severas para combatir el delito. El texto, firmado por Regis Debray, se titulaba: "Republicains nayons pas peur". Este izquierdista daba por sentado que pobreza, desocupación, inmigración y delincuencia son sinónimos. Reconvertido, se interroga: ¿significa acaso ceder a los cantos de sirena del racismo, comprobar que los barrios que tienen mayores problemas de violencia son aquellos donde la inmigración irregular está más difundida? Los socialdemócratas suecos y los socialistas franceses de regreso al poder (1994 y 1997), se cuidaron mucho de derogar, como lo habían prometido durante sus campañas electorales, las leyes de seguridad votadas por los gobiernos conservadores que los precedieron. Cuando en 1994 el Partido Laborista inglés era oposición, sus dirigentes juraban que cuando volvieran al gobierno eliminarían las cárceles con fines de lucro, diciendo que "las empresas privadas no deben sacar provecho del castigo estatal". En 1997, el izquierdista Jack Straw, a punto de ser nombrado ministro del Interior por el Partido Laborista, prometió honrar los contratos suscriptos con los privatizadores de las cárceles; no obstante, se comprometió a no abrir nuevos establecimientos. Un mes después Straw anunció al Parlamento que no era posible estatizar la prisión de Blackenhurst, un instituto penal privado de Midland, cuyo contrato había caducado, e invitaba a los privatizadores a participar de una nueva licitación. Tony Blair y su gobierno de la Tercera Vía hicieron suyo el slogan de los tories "Dureza con el crimen, dureza con las causas del crimen"; es decir, mano de hierro con los pequeños delincuentes callejeros. Desde la llegada al poder del New Labour, la población carcelaria creció al ritmo desenfrenado de 1.000 personas por mes, o sea 10 veces más rápido que en el gobierno de La Dama de Hierro. Combatir la desocupación instalando prisiones La instalación de penitencierias en EE.UU. se muestra desvergonzadamente no sólo como un ataque a las libertades democráticas sino como una poderosa herramienta del combate contra la desocupación. Zonas rurales en decadencia, abandonadas por las políticas del gobierno, son empujadas mediantes hábiles estrategias propagandísticas y políticas a plebiscitar la instalación de prisiones. También en la Argentina los habitantes desesperados de pequeñas localidad es transformadas en ciudades fantasmas han sido colocados entre la espada y la pared: "Necesitan reactivar su economía para no desaparecer". "Los habitantes de Vela esperan que una cárcel los salve". "En un plebiscito, el 93% de los velenses apoyó la instalación de un presidio" (13). "Para nosotros, la cárcel, piden los vecinos de Villa Iris, en el partido bonaerense de Puan. Ayer se efectuó allí un plebiscito sobre la iniciativa de radicar una cárcel para 600 reclusos"; la consulta, promovida por el intendente de esta localidad, el radical Horacio López, es la cuarta que se realiza en municipios de la provincia, todas con resultados similares (14). Para nosotros, la libertad Carceles de la Miseria muestra el detalle casi milimétrico de una política económica agotada y sin recambio. Marx señaló, en El 18 Brumario, que la burguesía puede hacer con las bayonetas cualquier cosa menos sentarse sobre ellas. La represión ampliada a escala planetaria como controlador de vastísimas masas excluidas del consumo, es la declaración pública de la aguda debilidad de los explotadores, quienes ya no pueden proveer de lo elemental a sus esclavos para continuar explotándolos. La naturaleza coercitiva del rigor penal, impugnador de la creatividad humana y de la elaboración colectiva, ilumina la agonía terminal del imperialismo, que reclama, en carácter de urgente, que los trabajadores tomen en todo el mundo el destino en sus manos. (*) Las cárceles de la miseria (Le Prisions de la misêre), de Loic Wacquant. Éditions Raisons D Agir (Noviembre de 1999), Ediciones Manantial, 186 páginas. NOTAS: 1. Willian Bratton, ex jefe policial en Nueva York durante la gestión de Guliani. La Nación, 17 de enero de 2000. 2. Nueva York, Basic Books, 1984 3. The New Republic, 25 de marzo de 1985. 4. "Blessed are the money-makers", The Economist, 7 de marzo de 1981. 5. Rudolph Giuliani en la Conferencia "Ciudades dignas de vivirse", abril de 1999. 6. Le Monde, 28 de enero de 1999. 7. Malcolm Feeley, The Process is the Punishment Handling Cases in Lower Criminal Court. Nueva York, Russell Sage Foundation, Págs. 199/243. 8. Bureau of Justice Statistics, Prison and Jail Inmate at Mid-Year 1998 Washington. Government Printing Office, marzo de 1999. 9. S. Donziger, The Real War Against Crime, Op. Cit., Pág. 48. 10. Robert Gangi, Vincent Schiaraldi y Jason Ziedenberg, New York State of Mind? Higher Education Vs. Prision Fundin in the Empire State 1988-1998. Washington Justice Policy Institute, 1998, Pág. 1. 11. Fortune Magazine, 29 de septiembre de 1997, Pág. 2. 12. Le Monde, 19 de enero de 1999, Madame Guigou, "Estime quil faut combiner répressif et éducatif". 13. La Nación, 7 de mayo de 2000. 14. Página/12, 29 de mayo de 2000.

1 de diciembre de 2000
Daniel Muchnik: «Negocios son negocios»

En 1941, Fritz Thyssen, el magnate alemán del acero escribió en el exilio un libro-confesión, titulado Yo pagué a Hitler. Allí revelaba el papel jugado por el gran capital alemán en la llegada del nazismo al poder. Desde entonces, la cuestión de la financiación del ascenso del nazismo y de su relación con la gran industria y las altas finanzas ha sido un tema recurrente de la investigación histórica. En su libro Negocios son negocios (1 ), Daniel Muchnik pasa revista a las más recientes investigaciones sobre el tema, a las que añade un capítulo especial sobre las relaciones políticas y financieras del capital alemán y el nazismo con la Argentina de la década infame y el naciente peronismo. El resultado es un libro con una notable masa de información, histórica y políticamente valiosa, aun cuando no siempre el autor saque las necesarias conclusiones políticas de los hechos que relata. Hitler, una excrecencia de la democracia Desde sus inicios hasta salir de la cárcel por el fracasado putsch (golpe) de la cervecería de 1923, relata Muchnik, Hitler tuvo dos fuentes fundamentales de financiamiento: los exiliados rusos, anticomunistas y antisemitas, y los fondos reservados del Ejército alemán. Con esos fondos reservados se compró el primer periódico del nazismo y se sostuvo el funcionamiento del partido durante los primeros cinco años. El propio Hitler figuró hasta 1920 en la nómina del Ejército como "agente de inteligencia". En esa primera época, el partido nazi recibía ocasionalmente fondos de simpatizantes de los círculos de la alta burguesía, basados en una adhesión puramente ideológica a su agitación antisemita y anticomunista, pero no de los capitanes de la industria. Nada de esto, sin embargo, podía reemplazar (en monto y en sistematicidad) los fondos aportados secretamente por el Ejército (2 ). "El potencial de crecimiento del partido (nazi), bajo la iniciativa de Hitler *escribe Muchnik* entusiasmaba al Ejército, que buscaba con interés un líder popular de masas y que, por lo tanto, invertía, secretamente, en iniciativas y proyectos de este tipo". Los "proyectos e iniciativas" que financiaba secretamente el Ejército eran las decenas de grupos anticomunistas y antisemitas similares al de Hitler, que pululaban por entonces en Alemania, y en especial las formaciones paramilitares como los Freiekorps (Cuerpos Francos) y los Sthalhelms (Cascos de Acero). Estos cuerpos armados fueron la cabeza de la contrarrevolución que aplastó, en nombre de la República de Weimar, la revolución obrera de 1918 y asesinó a sus dirigentes, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. El fracaso del putsch de Kapp en 1920 y luego el de Hitler en 1923 revelaron, sin embargo, que la burguesía no los respaldaba políticamente, todavía, como una alternativa de poder frente a la República. Todo esto, que Muchnik señala en su libro, es de la mayor importancia. Revela que el nazismo nació y se desarrolló bajo el auspicio financiero y político de los cuerpos armados y de seguridad de la "democracia". Y no importa cuán antidemocráticas, monárquicas y antisemitas hayan sido las jerarquías del Ejército alemán (el propio Muchnik da cuenta del carácter antisemita y racista de la estructura militar de la democracia norteamericana); lo que importa es que el Ejército alemán actuaba, incluso en su financiamiento secreto a Hitler y a los grupos paramilitares, como el brazo armado de la república democrática contra la revolución socialista que amenazaba a Alemania como consecuencia del colapso de posguerra. Para decirlo en forma resumida, el nazismo es una excrecencia de la democracia. Y aunque el autor desdeñe al marxismo (volveremos más tarde sobre esto), la incubación de los movimientos nazis en los aparatos que constituyen el corazón del régimen democrático *el Ejército y los organismos de seguridad* (algo que, digamos de paso, no es un fenómeno alemán ni, tampoco, circunscripto al período de entre-guerras) sólo puede ser explicado a la luz de la teoría marxista del Estado. La democracia, como una forma de Estado, es una máquina de opresión clasista; el fascismo es la forma extrema de esta opresión, cuando la dominación de clase adquiere la forma de una guerra civil abierta contra el movimiento obrero y sus organizaciones. Entre una y otro hay una continuidad de clase. La financiación masiva de los grandes capitalistas a Hitler comenzó recién en 1924/25 y se liga a un giro en la orientación nazi. Al salir de la cárcel luego del fracaso de la intentona de golpe de Estado de noviembre de 1923 (3 ), los nazis adoptaron una orientación legalista. Se presentaron a las elecciones y actuaron en el Parlamento (lo que no significaba, claro, que sus formaciones especiales, las SA y las SS, dejaran de apalear obreros y atacar locales sindicales y de partidos de izquierda). Hitler no abandonaría este rumbo legalista hasta la conquista del poder en 1933, al que llegó por la vía parlamentaria. El nexo entre los nazis y el gran capital alemán fue el ya citado Fritz Thyssen, anticomunista fanático y dueño de uno de los mayores imperios siderúrgicos de Alemania. La burguesía se convertía al nazismo en la misma medida en que el régimen constitucional, al que había apoyado por casi 15 años, se demostraba incapaz de arbitrar las contradicciones que desgarraban a Alemania, preñada de revolución desde la derrota en la guerra. Las sucesivas crisis parlamentarias *cada una de las cuales agregaba nuevas adhesiones para la causa nazi entre el gran capital* y los cambios de gobierno traducían una crisis de dominación política de los explotadores. Si inmediatamente después de la guerra, la República de Weimar se había demostrado efectiva para derrotar a la revolución proletaria (con el concurso de la socialdemocracia), ahora estorbaba a la burguesía por las posiciones que el proletariado todavía conservaba en ella. La envergadura de la crisis, que llevó a la virtual disolución social de Alemania en la época de la hiperinflación, obligaba a la burguesía a destruir las organizaciones obreras y, en consecuencia, el régimen político en que éstas existían. Esta necesidad social de la burguesía alemana se replantea con enorme fuerza con el estallido de la crisis de 1929. Hitler fue elevado por la burguesía porque era el que mejor encarnaba este programa de guerra contra la clase obrera. Desde entonces, el entrelazamiento entre los nazis y el gran capital alemán fue total y completo. Muchnik muestra la fenomenal concentración de la propiedad que tuvo lugar bajo el gobierno de Hitler. El régimen ilusorio de la pequeñoburguesía se transforma en la dictadura efectiva del capital financiero. Con la victoria del nazismo, el capital financiero *que utiliza a las clases medias exasperadas como un ariete contra las organizaciones obreras* copa de manera inmediata y efectiva todos los órganos e instituciones del Estado. Los grandes capitalistas siderúrgicos del Ruhr y la química IG Farben se convierten en el verdadero gobierno económico de Alemania; los planes económicos del gobierno nazi, cuenta Muchnik, se delínean en las oficinas de esta última compañía que, además, aportó numerosos cuadros al aparato estatal nazi. Más tarde, la IG Farben fabricaría el gas "Zyklon B" utilizado en las cámaras de gas de los campos de la muerte. Llegados a este punto, corresponde analizar uno de los planteos centrales de la obra. El autor rechaza lo que define como "la explicación marxista clásica (que) sostiene que Hitler fue un simple agente de la gran empresa al rescate del Estado burgués". Prefiere situarse "en un punto intermedio entre la posición contrarrevisionista (que) trata de demostrar con ensayistas como James Pool, que los contactos entre los capitales alemanes y los nazis eran extensos aunque sin la fuerza de la acusación marxista (…) y la de Abraham (4 ) (…) quien concluye que, más allá de la evidencia ausente o existente, las acciones resultantes favorecieron a los sectores económicos más conservadores (…)". Después de lo que se explica en el libro acerca del intenso proceso de concentración económica que tuvo lugar bajo Hitler, de la defensa del capital alemán frente a la competencia externa, de la responsabilidad de los grandes grupos capitalistas en los planes armamentistas y de guerra de los nazis, parece incongruente negar que Hitler haya sido un agente del gran capital financiero alemán. Claro que esto no era una originalidad del nazismo: Hitler fue un agente del capital alemán al igual que, en otras condiciones y bajo otro régimen político, lo fueron los socialdemócratas Ebert y Scheidemann. En la época del imperialismo no existe, ni puede existir, un gobierno que, cualquiera fuere su forma política, no sea "un comité ejecutivo del capital financiero". También parece incongruente negar que el objetivo de Hitler haya sido el rescate del Estado burgués por los métodos de la guerra civil contrarrevolucionaria. Hitler no sólo destruyó las organizaciones obreras alemanas con ese fin sino que fue mucho más lejos al plantear, desde muy temprano, que la "misión histórica" del nazismo era la liquidación de la Unión Soviética. Es decir que Hitler no sólo actuaba para rescatar al Estado burgués alemán sino también la cadena internacional de opresión y relaciones interestatales quebrada por la Revolución de Octubre. En resumen, no fue el "pragmatismo" (es decir, el oportunismo) de unos y otros lo que unió a los nazis y al gran capital alemán; fue un planteamiento político común. Hitler se propuso llevar a cabo lo que fue el objetivo estratégico del capital financiero, no ya alemán sino mundial, desde el 7 de noviembre de 1917: derrocar el régimen de los soviets en Rusia. Los marxistas, sin embargo, jamás consideraron a Hitler como un "simple" agente del gran capital, como pueden haberlo sido Churchill o Roosevelt. El nazismo representa un régimen particular de dominación política de la burguesía, cuya especificidad consiste en la destrucción sistemática de todas las formas de organización independiente de las masas. Hitler fue el agente del gran capital alemán; de ningún modo el simple "reflejo" de éste, de la misma manera que ninguna dirección política es el "simple reflejo" de la clase social que representa. Si así fuera, ¿cómo podría explicarse que una clase social cambie su dirección política en el curso de una lucha determinada? El proceso que llevó a Hitler al poder, y antes que eso, a la conquista política de la burguesía, fue un proceso de lucha de clases y de fricciones y choques dentro de las distintas capas de la propia burguesía (y como reflejo de esto último, dentro del propio nazismo). La relación que existe entre una clase social y su dirección política es dialéctica, no lineal. Los marxistas han sabido ver y explicar los elementos de ruptura y de continuidad que tuvo el régimen nazi respecto de los que lo precedieron; el nazismo era, al mismo tiempo, la negación burguesa de la democracia y la afirmación del Estado burgués. Fueron los stalinistas, no los marxistas, los que separaron en forma absoluta, escolástica, no dialéctica, estos elementos de continuidad y ruptura. Primero, cuando afirmaban que "el nazismo y la socialdemocracia son hermanos gemelos", dividieron al proletariado y abrieron el camino para la victoria del nazismo. Más tarde, cuando caracterizaron que había una oposición de principios entre el nazismo y la democracia, subordinaron al proletariado a la burguesía imperialista a través de los frentes populares. Los nazis y las democracias occidentales Uno de los capítulos más significativos del libro de Daniel Muchnik es el que se refiere a las relaciones políticas y financieras establecidas entre el nazismo y el gran capital norteamericano e inglés, que veían en Hitler "un freno al comunismo". Los mayores pulpos de los Estados Unidos (Ford, General Motors, Dupont, el Chase Manhatan Bank, la Texaco y la Standard Oil) y de Inglaterra (la Imperial Chemistry Industries y la Shell) desarrollaron importantes negocios con los nazis antes de la guerra y financiaron abundantemente al partido de Hitler (Henry Ford comenzó a financiar a los nazis en 1922, mucho antes que la mayoría de los grandes capitalistas alemanes). Como fruto de estos negocios, por ejemplo, Henry Ford y el vicepresidente de la GM recibieron la más alta condecoración otorgada por Alemania a ciudadanos extranjeros. Pero no se trataba sólo de negocios sino también de política: Muchnik muestra que el antisemitismo y el anticomunismo reinantes en el Departamento de Estado norteamericano, en el Foreign Office británico y en los ejércitos de los dos países no tenían nada que envidiarles a los de los nazis. Entre las clases dominantes de estos dos países existía una abierta simpatía y admiración por el hitlerismo y una franca disposición a "dejar hacer" a Hitler en el este y el sur de Europa y en la URSS; sostenían, incluso, que los nazis debían ser ayudados en esta cruzada. Como ejemplo de este estado de ánimo de la clase dominante en las democracias occidentales, Muchnik cita a Joseph Kennedy, embajador norteamericano en Londres y padre del futuro presidente, que aconsejaba a Roosevelt "no dejarse influir por los judíos" y preguntaba "por qué demonios tenemos que ir a la guerra en salvataje de esos checos". Lo más notable, sin embargo, es que los negocios de estos grandes capitalistas norteamericanos e ingleses con los alemanes continuaron durante todo el transcurso de la guerra, con el pleno conocimiento del gobierno norteamericano. De las plantas de las filiales de la Ford y la GM en Francia, Alemania y en los países europeos neutrales salieron motores para los aviones y los tanques nazis; las utilidades, vía Suiza, llegaban a las casas matrices en Detroit. Muchnik cuenta que los soldados norteamericanos que desembarcaron en Normandía se sorprendieron al enfrentar tropas alemanas que se movilizaban en camiones Ford y Opel (subsidiaria alemana de la GM). Los aviones alemanes que bombardeaban Londres volaban con aditivos esenciales para el combustible cuya patente pertenecía a la ICI y a la Dupont y que llegaban a Alemania a través de las empresas mixtas que estos pulpos habían establecido en el exterior con la alemana IG Farben (la fabricante del gas utilizado en las cámaras de los campos de la muerte). Tan decisiva resultó esta colaboración que un autor citado por Muchnik señala que General Motors, en ese aspecto, fue más importante para los nazis que Suiza: "Suiza era nada más que un depositario de los fondos saqueados por los nazis. General Motors, en cambio, fue parte del esfuerzo bélico alemán. Los nazis podrían haber invadido Polonia y Rusia sin Suiza. Pero no podrían haberlo hecho sin la General Motors" (5 ). Uno de los aspectos más repugnantes de esta colaboración, relata Muchnik, es que los aliados podrían haber reducido de una manera significativa el exterminio de judíos y eslavos en los campos de la muerte. Es que estos campos eran, también, campos de trabajo esclavo; junto a cada uno de ellos se alzaba una gran planta industrial que utilizaba la mano de obra de los campos. Los aliados se negaron a bombardear estas instalaciones, en parte porque estaban asociados a sus propietarios (como ya se mencionó, el caso de la IG Farben con ICI y Dupont) o porque esperaban apropiarse de ellos al fin de la guerra. En este capítulo, también, Muchnik desmitifica una de las mayores novelas románticas de este siglo: la abdicación por amor de Eduardo VII, duque de Windsor, al trono británico. Windsor era la cabeza de la muy poderosa fracción pro-alemana de la burguesía y la oligarquía inglesas, en las que revistaba el futuro héroe aliado Winston Churchill, un furioso anticomunista. La abdicación no fue otra cosa que un golpe de Estado anti-alemán. Si algo confirma este capítulo es que el nazismo es una excrecencia de la democracia, no ya en el plano nacional sino, fundamentalmente, en el internacional. No fue la supuesta debilidad de las democracias o de sus dirigentes ocasionales lo que las llevó a conciliar con el nazismo, sino el hecho de que ambos, con distintos métodos, perseguían los mismos objetivos de clase. Esta combinación se puso perfectamente en evidencia en la Guerra Civil española: mientras las democracias armaban un "pacto de no intervención" para bloquear el armamento de la República, Alemania e Italia abastecían y entrenaban al ejército de Franco. Los nazis y la Argentina Daniel Muchnik dedica el primer capítulo de su libro a las relaciones políticas y financieras del nazismo en Argentina, tanto con los regímenes oligárquicos de la década del 30 como con el peronismo. A pesar de sus abundantes simpatías nazis, sostiene Muchnik, la oligarquía nativa no pudo reemplazar la asociación con la decaída Gran Bretaña por otra con Alemania. Esta pretendía encontrar en el este de Europa y en la URSS los productos que podría venderle Argentina. Alemania seguía siendo una potencia esencialmente europea y Argentina estaba fuera de Europa. Esto, claro, no impidió que representantes de la rancia oligarquía o de la novel burguesía industrial, como los Zorraquín o Alfredo Fortabat, establecieran alianzas comerciales con empresas alemanas, cuyas oficinas eran utilizadas como cobertura para la acción de agentes nazis en Argentina. Donde las ideas nazis ejercieron una influencia más prolongada, incluso cuando el curso de la guerra señalaba su inevitable derrota, fue en el Ejército. Muchnik cita las conocidas simpatías de los militares del GOU y de Perón por el fascismo italiano. Claro que el hecho de que las condiciones sociales (Argentina era un país semicolonial, no un Estado imperialista), políticas (las masas obreras argentinas estaban en ascenso, no en retroceso) e históricas (el peronismo llega al poder cuando los fascistas habían sido derrotados en Europa) impiden que el peronismo se consolide como un régimen fascista; pero esta combinación de factores objetivos no debe esconder que el propósito subjetivo de Perón era instalar un régimen político similar al instaurado por Mussolini en Italia tres décadas antes (6). Muchnik destaca el papel que jugaron numerosos nazis escapados de Europa durante el primer gobierno peronista: Jacques de Mahieu, nazi belga que fue secretario de la Escuela Superior de Conducción Peronista y redactor de los "Fundamentos de la Doctrina Nacional Justicialista"; los técnicos aeronáuticos franceses y alemanes que desarrollaron los primeros aviones a reacción argentinos (el Pulqui I fue desarrollado por el criminal de guerra francés Emile Dewoite; el Pulqui II, bajo la supervisión del oficial de la Luftwaffe Kurt Tank). Muchnik hace hincapié también en el viaje de Eva Perón a Suiza en 1947 y la posterior "apertura de una oficina en Berna para coordinar la emigración a la Argentina de europeos con antecedentes nazis". El autor, sin embargo, evita caer en la tentación de decir que Argentina fue el refugio de los nazis, como martilló la propaganda norteamericana durante el gobierno de Perón. Argentina fue, apenas, uno de esos refugios; los otros fueron las propias democracias occidentales que asilaron a miles de científicos y técnicos nazis que aunaban una gran formación profesional y un acendrado anticomunismo. Von Braum, el padre de la cohetería (y no sólo espacial) norteamericana, es el ejemplo más conocido, pero no el único. Conclusiones Lo más notable de Negocios son Negocios es la viva contradicción entre la información política e histórica que contiene y las conclusiones políticas más generales (democratizantes) del autor. Para Muchnik, la lucha política que se desarrolló en Europa en la entre-guerras fue una lucha entre el fascismo y la democracia. Por eso condena como "divisionistas" los levantamientos revolucionarios de este período, como dice respecto al de los obreros de Barcelona en 1937 (cuya derrota allanó el camino a la victoria de Franco), o defiende al Frente Popular francés, que estranguló el desarrollo revolucionario en nombre de la democracia, abriendo así el camino al régimen de la República de Vichy. Pero si algo revela la información que contiene el libro es precisamente lo contrario, que el nazismo es una excrecencia de la democracia. Fueron la democracia alemana y las democracias occidentales las que incubaron el huevo de la serpiente. En condiciones normales, un régimen democrático puede incubar este huevo en los entresijos de sus aparatos represivos durante largo tiempo. El peligro fascista es utilizado como sucede hoy en Europa, como un chantaje contra la clase obrera. La hora del fascismo llega cuando los métodos policíaco-militares normales de la dominación de la burguesía, con su cobertura parlamentaria, se tornan insuficientes para mantener el equilibrio de la sociedad. Es la hora en que la burguesía recurre a los métodos de la guerra civil. En esas condiciones, la defensa de la democracia *es decir de la propiedad privada capitalista y de los aparatos represivos normales* es la defensa de los que empollan el huevo de la serpiente y la antesala de la inevitable victoria del fascismo. Cuando la burguesía recurre a los métodos fascistas, la lucha contra la forma más extrema de la barbarie capitalista no tiene futuro sin una dirección revolucionaria y un programa de transformación social. Esto es lo que enseña la historia. NOTAS: 1. Daniel Muchnik, Negocios son Negocios. Los empresarios que financiaron el ascenso de Hitler al poder. Buenos Aires, Editorial Norma, 1999. (Salvo indicación en contrario, todas las citas corresponden a este libro.) 2. "No existe ninguna evidencia de que las verdaderas grandes industrias alemanas (…) y las grandes familias y los banqueros líderes dieran algún apoyo a los nazis desde 1918 hasta 1923. La mayoría de las donaciones a Hitler provinieron de ciudadanos nacionalistas radicales o antisemitas y lo hicieron por una motivación ideológica." (Pool, James; Who Financed Hitler. New York, Pocket Books, 1997; citado por Daniel Muchnik.) 3. "El juicio (a Hitler) fue uno de los más grandes encubrimientos de la historia judicial alemana. No para salvar al líder nazi, sino para dejar incólume el buen nombre de aquellos que había financiado y apoyado el putsch." 4. Abraham, David; The Collapse of the Weimar Republic. Political Economy and Crisis. New York, Princeton University Press, 1986. 5. The Washington Post, 1º de diciembre de 1998. 6. Muchnik dedica un capítulo de su trabajo al fascismo italiano, en el que se destaca un hecho significativo: Agostino Rocca, que luego se instalaría en Argentina con Techint, fue uno de los principales financistas de Mussolini hasta el estallido de la guerra. Rocca rompió con Il Duce cuando éste le declaró la guerra a Gran Bretaña, una guerra que, según Rocca, Italia no podría ganar.