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En Defensa del Marxismo N° 27

1 de mayo de 2000 · 9 notas

Notas de este número

1 de mayo de 2000
Cimbronazo electoral en el marco de una economía y un régimen político agotados
Colectivo Editorial de Prensa Obrera

Los resultados de las elecciones del domingo 7 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires, no constituyeron de ningún modo un "respaldo" para el gobierno nacional. Sostener lo contrario es distorsionar fuertemente la realidad política argentina, pretendiendo que el gobierno nacional o incluso la burguesía del país mantienen la iniciativa política. En el caso de la gran prensa, se pretende cebar a De la Rúa y su cohorte para lanzarlos con más brío a la adopción de nuevas medidas antiobreras, como el aumento de la edad jubilatoria de la mujer, que fue anunciado al día siguiente de los comicios, o el propósito de producir una reforma política en la ciudad de Buenos Aires, que pretende, entre otras cosas, liquidar la representación proporcional antes que asuma la nueva Legislatura. En el paquete oficial figuran medidas tan graves como el despido masivo de empleados públicos (ley de empleo) o la reducción del aporte impositivo a las provincias para que el gobierno nacional pueda seguir pagando la deuda externa. La verdad de los resultados electorales La verdad del asunto es que la Alianza perdió, el domingo 7, entre casi 350.000 y medio millón de votos respecto a las elecciones de poco más de seis meses atrás (según se incluya o no a sus partidos muletos, tipo Ucedé o el de los "jubilados") (Ver Cuadro 1). Ha perdido de este modo la mayoría automática de que gozaba en la Legislatura. La caída de la Alianza es aun más feroz si se comparan los recientes resultados con los de elecciones anteriores: del tope del 56% que sacó De la Rúa en 1997, pasó al 34 % para diputados locales el domingo pasado. Seis meses de gobierno fueron suficientes para acentuar el desbarranque. El fortísimo retroceso de la Alianza no fue, sin embargo, capitalizado por el desgraciado Cavallo (Ver Cuadro 2). Se trata de un hecho político excepcional, pues significa que, por primera vez, no se dio la perversa rotación de votos entre los partidos oficiales, o sea el mal llamado "voto castigo", que sólo "castigaba" a los que así votaban. Todo lo que consiguió Cavallo ahora fue la transferencia de sólo una parte de los votos del PJ, impulsada por los punteros de Duhalde y Ruckauf. Es decir que el indecoroso 33% que obtuvo Cavallo para jefe de gobierno representó una derrota también para el conjunto de la dirección real del peronismo. Para la Legislatura, la alianza peronismo-Cavallo obtuvo una proporción de votos aún menor, en virtud del corte de boleta. Con referencia a las elecciones de octubre pasado, un cuarto de millón de electores decidieron quedarse en su casa. Para esto no hubo necesidad de ningún movimiento 501, es decir de un abstencionismo fundado en el macaneo "ideológico", que ya había fracasado en el 99. La abstención del domingo 7 de mayo fue la vía de repudio que encontró una parte de quienes en elecciones anteriores votaron por los partidos tradicionales. La otra parte que emigró de la Alianza y del peronismo fue hacia los partidos de la izquierda y a la lista PAIS que encabezó Irma Roy. Luego de la contratendencia derechizante que produjo la victoria de Ruckauf*Rico en la provincia de Buenos Aires el pasado octubre, en el marco de la victoria presidencial del centroizquierda, este nuevo desplazamiento hacia la izquierda, esta vez en la Capital, es un acta de constatación del fracaso de la política derechista en los pasados meses (e incluso de su inviabilidad) y un indudable indicio de las convulsiones cada vez más intensas de la política argentina. Una crisis potencialmente enorme El retroceso electoral de los partidos oficiales, sin embargo, es solamente una parte del paisaje. Ocurre que estos mismos partidos concurrieron a las elecciones ya en un cuadro de disgregación creciente. La UCR hace tiempo que no puede enfrentar sola una elección; no solamente necesita del Frepaso sino que esta vez requirió de tres muletas más *la de la Ucedé, la del sector peronista de Marino y la del partido de jóvenes y jubilados, que muchos dicen que es una aseguradora de pensiones. El menemismo, por su lado, fue directamente pulverizado, mientras que Cavallo requirió del acuerdo harto conflictivo con Beliz y del apoyo condicionado de los gobernadores peronistas. De modo que el recule en los votos ha sido en definitiva el aspecto incluso menor de una descomunal crisis política de los partidos históricos del capital y de todas y cada de sus tendencias. La razón de esta crisis es su incapacidad para detener la impresionante declinación económica y para manejar o arbitrar la colosal descomposición social. Los resultados electorales han mostrado, además, el rápido agotamiento político del Frepaso. Incluso la ventaja que le ofreció la posibilidad de polarizar con Cavallo no le alcanzó para evitar la fuerte hemorragia de votos de la Alianza. La representación política de la pequeña burguesía progresista ya ha sido abandonada por una parte significativa de ésta. La experiencia concreta ha vuelto a demostrar que la pequeña burguesía no puede jugar un rol político independiente del imperialismo, de un lado, y de las masas, del otro. Que lo diga si no Flamarique. Pero el epicentro de la crisis política lo ocupa, incuestionablemente, el peronismo. Sus popes no vacilaron en entregarle a Cavallo la posibilidad de convertirse en su líder político (a tal grado ha llegado su dependencia del imperialismo). El desmoronamiento del peronismo ha impedido que el desgaste de De la Rúa encontrara el relevo tradicional dentro de los partidos consagrados del sistema. El desbarajuste posterior de Cavallo en el episodio de la segunda vuelta, ha dejado un vacío a la derecha del tablero político. El imperialismo está obligado a gobernar con el centroizquierda *por lo menos hasta la próxima crisis. Esto quedó definitivamente demostrado cuando, según La Nación, "los empresarios" bajaron a Cavallo de la segunda vuelta porque "no quieren que el ballotage demore las reformas económicas" (1). En otra página, el mismo diario informa que Altamira aseguró el día anterior que Cavallo renunciaría a la segunda vuelta precisamente por exigencia de los banqueros. La crisis del peronismo no es de aparato ni se limita a un desgaste. La huelga del 5 de mayo fue, de hecho, una declaración de guerra de la parte más activa de la clase obrera contra el conjunto de la dirección peronista. Se ha abierto, entonces, una nueva oportunidad para desarrollar hasta sus últimas consecuencias las tendencias de las masas hacia la independencia política. Esta es la tarea central del momento. La gran huelga del 5 Un editorialista de La Nación, enemigo declarado de la huelga, apuntó que "el paro fue masivo en el transporte, en cualquiera de sus variantes, y en la educación, en cualquiera de sus niveles, aunque los sectores industriales sintieron la huelga (por lo menos en un cincuenta por ciento) en los grandes distritos de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe" (2). Este fue, precisamente, el dato distintivo de la huelga del 5 de mayo. No se limitó solamente al paro masivo en las plantas mecánicas (luego de las sucesivas movilizaciones contra la reforma laboral acaudilladas por los obreros de Ford); el paro industrial fue aplastante en Córdoba, donde a la huelga en las plantas terminales se sumó la paralización prácticamente total de los talleres metalúrgicos y del resto de la industria. Fue masivo en el cordón norte del Gran Rosario, donde la CGT San Lorenzo organizó la acción de los piquetes que paralizaron las plantas aceiteras, petroquímicas y papeleras, y tuvo casi las mismas características en todo el arco industrial del sur de la provincia. En Neuquén, el dato distintivo no fue esta vez el paro estatal o docente, sino la presencia en la masiva movilización de más de 5.000 trabajadores de la industria (ceramistas, entre otros). En Tucumán pararon masivamente los obreros de la Fotia (que garantizan el alistamiento de los ingenios). La huelga fue enormemente significativa en el cordón industrial del Gran Buenos Aires, donde se hizo sentir en las plantas grandes y sólo flaqueó en los talleres más pequeños y más desorganizados. Hubo un enorme esfuerzo de la clase obrera para sumarse al paro aun en las condiciones más difíciles: plantas que deliberaron durante el turno mañana y resolvieron parar el turno tarde y noche; plantas en las que se abandonó el trabajo masivamente una vez que se cumplieron las horas para el cobro de algún premio que significaba una parte sustancial del salario. Es un hecho que la huelga tuvo como protagonistas fundamentales a choferes y camioneros. Aquí hay una fuerte tendencia de lucha debido a los convenios negreros y a los despidos anunciados por las patronales, a la vez que la concentración capitalista está borrando la tradicional figura del "componente". Pero la huelga del 5 no fue, simplemente, "el paro producido por la paralización del transporte". Fue un paro que confirmó "la tendencia a la movilización popular que es además protagonizada por la clase obrera", lo cual plantea "que es posible estructurar, desde la clase obrera, una oposición popular al nuevo gobierno fondomonetarista" (3). No se ha reparado lo suficiente en la inmensa popularidad del paro. La Alianza no pudo estructurar un movimiento de boicot o repudio ni en una "plaza fuerte" suya como la Capital. La huelga se expresó en sectores de la clase media empobrecida (como se revela en la huelga masiva en la Universidad de Tucumán u otros centros universitarios, donde existe un dominio institucional de la Alianza) o en el eco popular que tuvieron los piquetes frente a los supermercados (el Sindicato de Empleados de Comercio de Rosario proclamó como objetivo de la huelga arrancar el descanso de los días domingos). Una expresión en el mismo sentido es el paro docente, que vació las escuelas en Córdoba, Santa Fe, Tucumán, en gran parte de las provincias y en una considerable franja del GBA a pesar del boicot indisimulado de la conducción aliancista (frepasista) del Suteba. El enorme eco del paro del 5 en la propia Capital tuvo su expresión política 48 horas después, en el desplazamiento electoral (político) hacia la izquierda y la conquista de una banca por el PO. El paro del 5 fue arrancado, en una gran franja, a fuerza de piquetes. Piquetes en las rutas sobre el acceso a las plantas, piquetes en las líneas de transporte, piquetes de camioneros en los nudos de concentración, piquetes para provocar el cierre de los supermercados y los bancos. Los trabajadores hicieron valer su derecho de huelga, que no forma parte del derecho burgués, a través de sus propios métodos; y, de paso, desautorizaron la "orden" dada por el ministro del Interior que prohibía los piquetes y los cortes de ruta. Por eso La Nación, en su editorial al día siguiente del paro, denunciaba exasperada "la vieja prepotencia de los piquetes de huelga" y proponía colocar a la clase obrera fuera de la ley, porque "cuando se apela a la huelga para forzar a las autoridades a gobernar o legislar de determinada manera (reforma laboral) se está perturbando el libre funcionamiento de las instituciones de la democracia", y "la utilización de procedimientos típicamente mafiosos revela la subsistencia de estructuras delictivas" (4). El paro quebró la disciplina en los gremios de la CGT "oficial", otro dato relevante de la huelga. Se expresó en el paro de los empleados de comercio en las provincias (Rosario, Córdoba), de los estatales en los hospitales de Santa Fe o en reparticiones nacionales (INTI) que desoyeron la orden de la Upcn; en los petroleros de Mendoza (Supe) y en los trabajadores de los hospitales municipales que enfrentaron el carnereaje de la burocracia aliancista del Sutecba. En las horas inmediatas posteriores al paro, los choferes de UTA de Mar del Plata resolvían la huelga por tiempo indeterminado frente a una rebaja del salario (y arrancaban una victoria 96 horas después); los autoconvocados de Salta (docentes, estatales) realizaban una huelga por 48 horas frente a una medida similar (oculta bajo la entrega de un "ticket canasta"); la CGT San Lorenzo ratificaba la convocatoria a la Marcha a Pata y Pulmón, y los piqueteros del norte de Salta reforzaban el corte de ruta. Toda una tendencia a la continuidad de la lucha que no tiene respuesta en el seno del propio bloque de fuerzas que convocó al paro. El PC y el paro del 5 Es llamativo que el PC virtualmente no se haya pronunciado por el paro nacional del viernes 5 de mayo. Sólo a último momento y en forma vergonzante, le dedicó un par de líneas perdidas en un artículo interior de su periódico. Refleja, de nuevo, que está a la rastra de la burocracia centroizquierdista de la CTA, la cual no ha perdido todavía todas sus esperanzas en el gobierno aliancista. El PC confirma su apoyo a la atomización sindical. Volviendo a usar un mecanismo ya utilizado, el periódico Propuesta dedica tres páginas, incluyendo las dos centrales, o reportear al abogado laboralista y profesor universitario Mario Elffman. Consultado sobre la posición de la CTA expuesta en el documento "Reforma Laboral: ¿ajuste o democracia?", Elffmann dice: "hay una primer parte (del documento) descriptiva general, muy lograda, concreta, cierta, lógica, razonable…Y hay una segunda parte en la que la cuestión a resolver es si uno está o no de acuerdo con que todo sea negociable". La CTA plantea justamente que las partes fijen "el ámbito funcional y territorial", lo que habilita la existencia de convenios por empresa, por pyme, por profesiones, por localidad o por región; o sea, una política de fractura de la clase obrera ante las patronales. Sobre esto el abogado entrevistado por el PC no deja lugar a ambiguedades: "creo que ahí ya priman cuestiones de orden táctico en la negociación se puede llegar a obtener un provecho aún en las peores condiciones" (5). ¿Una cuestión táctica los convenios por empresa o zona o una política para atomizar la organización de los trabajadores, para rebajar aún mas sus salarios y descomponer condiciones de trabajo? En el lenguaje de Beatriz Nofal (UCR, Alianza) en el debate en Diputados: "¿De qué otro modo, sin convenios por zona que sean soberanos, podemos lograr que los salarios del interior se adapten a las realidades provinciales?". La dirección del PC apela al método de los reportajes porque su política choca con su propia gente, ni que decir del activismo. Precisamente, cuando salió el proyecto de reforma laboral de la Alianza, el PC le criticó, no la atomización del movimiento sindical sino "la primacía de las organizaciones con personería gremial sobre las simplemente inscriptas (muchas de las que adhieren a la CTA) garantizando el monopolio de la CGT en la negociación". Esto invalidaría, según la dirección del PC, el "carácter progresista (de) la intención de habilitar la negociación por empresa con el cuento de que debilitaría a la burocracia sindical" (6). Es decir, la atomización obrera sería progresiva si habilitara derechos de negociación a los gremios de la CTA. Esta es, letra por letra, la posición de la conducción aliancista de la CTA, cuya única divergencia de peso con el proyecto oficial era que éste habilitaba sólo a los sindicatos con personería gremial reconocida para negociar y firmar convenios. Por eso se le critica que deja "intactos los privilegios del gremialismo empresarial y del sindicalismo de estado" (7). Por estas razones la CTA y el PC estuvieron a la rastra de la movilización obrera contra la reforma laboral y son un peso muerto para los trabajadores. El PC se ve obligado a reconocer sin sacar ninguna conclusión que la CTA "estuvo virtualmente paralizada ante la ofensiva neoliberal del nuevo gobierno". Se lamenta que esto hubiera permitido un mayor protagonismo a la CGT de Moyano. Pero se recompone: "Felizmente se consigue reposicionar, dice, y volver a ocupar el lugar que le corresponde convocando desde posiciones más avanzadas a este paro" (8). ¿Desde posiciones más avanzadas? La CTA recién convoco al paro el martes 2 de mayo. El lunes 1º de Mayo, en el acto frente a la Legislatura provincial de Neuquén, una asamblea de los trabajadores allí concentrados tuvo que votar un paro el 5 en repudio a las provocaciones del gobierno provincial, debido a la falta de definición de la CTA nacional. Pero, ahora, después del paro, el PC tampoco levanta el reclamo de un plan de lucha de las centrales sindicales. Titula un artículo de balance que publica "Ahora, coordinar las luchas" (9), y plantea como "buena propuesta la de exigir que se realice un plebiscito sobre la reforma laboral y los temas que hacen a la desocupación y la pobreza". Es decir que llama a frenar. Es un planteo conciente para sacar la conflictividad del terreno de la lucha y llevarla al empantanamiento de las juntadas de firmas. En el terreno de la lucha de clases el PC considera "prioritario lograr un compromiso de apoyo mutuo a fin de que allí donde haya (¡sic!) una lucha, un conjunto de organizaciones y sectores la rodeen y apoyen". Son palabras de Alderete, "coordinador nacional del Movimiento Político Sindical Liberación, integrante de la CTA" (rama sindical del PC). Es una política de división y parálisis. Congreso de bases A pesar de la amplitud del paro general del viernes 5, la CGT de Moyano y la CTA han archivado la lucha contra la reforma laboral. Han comenzado a hablar de nuevas luchas por otras nuevas reivindicaciones. Pero a pesar de la importancia de éstas, como el subsidio a los desocupados o el aumento del salario mínimo, es un mal augurio postular nuevas acciones cuando no se ha ido hasta el final en las que se han emprendido. Moyano y De Gennaro toman en cuenta que Diputados ha culminado el procedimiento de aprobación de la ley, para concluir que la lucha contra la reforma laboral queda cerrada y, peor, que "la ley existe para ser acatada". Semejante planteo significa el otorgamiento de un cheque en blanco a las instituciones estatales. Incluso si la ley debiera ser acatada, nada impide luchar por su derogación… y hasta por el veto del Ejecutivo, aunque haya sido éste el autor del proyecto. La cuestión de la reforma laboral no es un asunto de legalismo sino de relaciones de fuerza. De cualquier modo, la amplitud del paro nacional del viernes pasado abre una nueva etapa en el movimiento obrero. La CGT de Daer fue convertida por la huelga en una nulidad política. Reveló cuál es la posición de la masa obrera, más allá de los números de los padrones sindicales. También dejó en claro, dentro de la propia CGT de Moyano, que una mayoría de sus burocracias actuó como un peso muerto frente al paro, cuando no en forma directamente traicionera. Los dirigentes que impulsaron el paro tienen entonces la responsabilidad de tomar una iniciativa para que la masa que paró y que quiso parar se ponga al frente del movimiento obrero y desencadene una etapa de luchas masivas. De lo contrario las masas quedarán obligadas, de aquí en más, a protagonizar escaramuzas y conflictos parciales, que tienen más posibilidad de producir desgaste que una profundización de la lucha. Naturalmente que convocar a un congreso de delegados de base de todo, absolutamente todo, el movimiento obrero es una iniciativa extraordinaria, pero es toda la situación del país y de los explotados la que se ha vuelto extraordinaria. La tendencia de las burocracias sindicales, inclusive la más "disidente", es capitular ante el Estado y los grandes capitalistas. Pero, más allá de esto, la necesidad de ampliar la capacidad de acción del movimiento obrero y profundizar la perspectiva de su lucha es absolutamente vital para los miles y miles de activistas que apoyan, siguen, confían o tienen alguna ilusión en los dirigentes que llamaron al paro del 5. Es a estos compañeros que les decimos que la realización de un congreso de delegados de base, para discutir y organizar un plan de lucha hasta la obtención de las reivindicaciones, es vital. Hagamos un frente común para reclamar este congreso a Moyano y De Gennaro. Izquierda "Unida" Izquierda Unida (en realidad Izquierda Unida Sionista) es la que obtuvo el mejor resultado en las elecciones de Capital, en relación al conjunto de la izquierda (Ver Cuadro 3). Claro que reúne a grupos y sub-grupos políticos diversos, es decir que carece de homogeneidad política y funciona sobre la base de compromisos electorales. Aumentó su votación casi al doble (el PO creció, en cambio, cerca del 50%) y reunió también el doble de votos con relación a nuestro partido. Obtuvo dos bancas. Los resultados prácticos de la elección de IUS han develado el mecanismo político tramposo de esta unidad. Mientras que los que hicieron el "gasto" de la campaña fueron los llamados "independientes", Patricia Walsh y Herman Schiller, los beneficiarios resultaron los capitostes de los grupos políticos; Echegaray, en especial, del Partido Comunista, se esforzó incluso en que no se supiera que era candidato a legislador, por temor a suscitar un repudio del electorado. Los que acusan al PO de acaparar candidaturas resultaron ser la peor clase de aprovechadores políticos, porque ni siquiera lucharon para ganarlas. El PC y el Mst explotaron mediáticamente el apellido de Patricia Walsh (que como militante de reciente data está demostrando condiciones propias, aunque no siempre positivas), y el reconocimiento hacia Schiller de una parte del judaísmo sionista, para quedarse ellos con las bancas. Quienes lo votaron aún deben seguir pensando que todo este operativo estuvo al servicio de la "unidad". Otro aspecto de la campaña de IUS fue el trabajo mencionado en el medio judío, pero con el agregado de una campaña que pintó al PO como antijudío. Así caracterizó Echegaray a Altamira en Página 12 (10). Indigna naturalmente esta canallada de parte de quienes casi saludaron el atentado a la Amia como una acción de la revolución árabe y que en todo caso sabotearon las movilizaciones que se hicieron en repudio al atentado. Más importante todavía, la identificación entre judaísmo y sionismo significa que se le ha otorgado a éste un salvoconducto en la izquierda democratizante internacional. Un aspecto de esta campaña se manifestó en la prohibición de la DAIA, una institución sionista que colaboró con la dictadura militar y con el menemismo, de que Pablo Rieznik pudiera participar de un debate entre candidatos a jefe de gobierno, mientras que a Patricia Walsh la misma DAIA le toleró un generoso escenario mediático. No será nunca ocioso insistir en que el PO no tuvo en cuenta especulaciones electorales para denunciar la incorporación del sionismo en IU, de una corriente opresora y antisocialista. El apoyo o la neutralidad ante el sionismo significa el apoyo o la neutralidad ante un movimiento y un régimen estatal de opresión nacional. La negativa de los partidos de IU a movilizarse en repudio al atentado a la AMIA es también una cuestión de principios porque se trata de la neutralidad o la indiferencia ante el fascismo y el antisemitismo. En oportunidades anteriores los partidos de Izquierda Unida tenían incorporado a su programa el apoyo a los movimientos de liberación nacional y en especial al palestino. Es decir que se oponían al sionismo y al régimen estatal sionista como expresión de la opresión nacional del pueblo palestino. Adoptaban, entonces, una posición de principios en defensa de la libertad nacional. Ahora, en cambio, la Coordinadora de IU declara que "no todos pensamos igual sobre todo", es decir sobre el sionismo, y Schiller dice que el sionismo, palestinos, Israel "son debates de largo alcance". Está claro, entonces, que el acuerdo IU-Schiller ya ha producido el completo retroceso de la izquierda de IU hacia una posición de apoyo o neutralidad ante la opresión nacional. Se trata de la variante argentina de los acuerdos de Oslo impuestos por Clinton. La otra veta que IUS explotó en su campaña electoral es que representaba a los que "se unen", algo que es rigurosamente falso. Son incapaces de cualquier unidad en procesos de lucha o sindicales y sólo recurren a ella para rescatarse mutuamente frente a una contienda electoral. Ninguno de los integrantes de la Izquierda Unida Sionista es capaz hoy de solventar políticamente un espacio electoral autónomamente. El planteo de la "izquierda que se une" es rigurosamente una demagogia destinada a captar el voto más fácil del electorado, es decir el de quien tiene un acercamiento reciente a la izquierda; el de quien ha estado empantanado mucho tiempo en el centroizquierdismo electorero; e incluso el más distante de las luchas, en especial de las políticas e ideológicas. El voto por la unidad en sí misma, sin contenido, incluso despreciando el programa porque sería factor de "divergencias"; este tipo de voto constituye, en un proceso de crisis política y de radicalización, un voto de transición. La agudización de la lucha de clases y política impone por sí misma una exigencia de delimitación que tiende a minar la base de esta clase de voto superficial. Naturalmente, frente al grupo legislativo de IUS y de otros sectores de izquierda, e incluso del de Irma Roy, vale la vieja fórmula revolucionaria de "golpear juntos y marchar separados". El apresuramiento de IUS en proponer un bloque o interbloque parlamentario en la ciudad no tiene nada que ver con la eficacia política o legislativa, sino que intenta de nuevo protegerse de la diferenciación política. Ya en un artículo de 1998, el Partido Comunista presentó su política en términos de formar una "izquierda-centro", es decir una izquierda que se adapta a la derecha. Esto lo ha reiterado Echegaray luego de las recientes elecciones, aludiendo explícitamente a los frepasistas de la Alianza, es decir a sus viejos camaradas del comité central. Formar un bloque con estas características significaría cubrirle la espalda a un operativo de vaciamiento político. IU ha producido una caracterización distorsionada de los resultados electorales. El PC plantea que fortalecieron a la Alianza (a pesar de perder entre 350 y 500 mil votos), es decir que se ha reforzado la iniciativa política de ésta. Esta caracterización entra como anillo al dedo a la justificación de la "unidad de izquierda" para contrabalancear a la derecha, y a despreciar una iniciativa política de las masas, que obligaría a poner el acento en el programa. El Mst, una réplica centrista de este mismo planteo, sostiene que la "Alianza ganó", pero "retrocedió". Esta caracterización está condicionada por el oportunismo electoral, de ahí que el planteo estratégico no contemple una salida política a las masas que dan la espalda al peronismo, sino las elecciones del 2001. El PC caracteriza que las elecciones de Capital han fortalecido al gobierno aliancista nacional para llevar adelante sus planes de ajuste. "A nivel del gobierno nacional, dice, el triunfo porteño de la Alianza afianzó el rumbo económico dominante" (11). "El triunfo de la Alianza en la Ciudad de Buenos Aires, agrega, brindará un nuevo impulso al ajuste (…) Así la victoria de Anibal Ibarra otorgó un renovado oxígeno político para profundizar el rumbo adoptado". El PC se suma así al coro patronal que no quiere registrar que la Alianza perdió 10 escaños y 400.000 votos en apenas seis meses. Votos que no fueron a parar a la oposición centroderechista, sino a la izquierda de la centroizquierda y al PO. En realidad, la votación del domingo 7 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires, le quita legitimidad a todo intento del gobierno aliancista para avanzar en nuevas medidas de ajuste. Los cortes de ruta y los levantamientos posteriores a la elección, se lo recordaron rudamente. En lugar de una consolidación, el gobierno aliancista, ha entrado en una nueva fase de crisis. El PC saca entonces un balance erróneo, pero ¿por qué y con qué objetivo? Contrariamente a su perorata acerca del reforzamiento de los ajustadores, e l PC valora positivamente el triunfo de Ibarra, o sea como una derrota de Cavallo ("que debe examinarse junto con un avance notable de la izquierda"). Es decir, que la victoria del ajuste no sería tan negativa después de todo. El PC, que en el pasado cercano fue parte de la centroizquierda (junto al Chacho Alvarez, Fernández Meijide, Pino Solanas, etc.) no ha terminado de romper sus vínculos con el progresismo proimperialista. Echegaray no lo oculta cuando plantea la estrategia de un frente "izquierda-centro". El PC insiste en que la actual IU es parte del Foro de Sao Paulo junto a otros partidos progresistas proimperialistas. En las mismas páginas, Patricia Walsh llama a "la reconstrucción del campo popular", término que recubre un policlasismo bajo dirección extraña al proletariado, y en el periódico del Mst, define que "las tres banderas de independencia económica, soberanía política y justicia social son las que está expresando nuestro programa" (12). El gobierno de los trabajadores y la unidad socialista de América Latina, no. El PC coincide: estamos, caracterizamos, en una "etapa de acumulación de fuerzas y de recomposición del campo popular, con un eje en la unidad de la izquierda y los revolucionarios" (itálicas nuestras). La función de la unidad de la izquierda es claramente dar sustento a la recomposición de un frente popular bajo dirección burguesa o pequeñoburguesa. Esto explica los ataques de los integrantes de IU, contra el "sectarismo" del PO. Para Echegaray IU "tiene un proyecto realista…". Para Walsh "la izquierda que se une, una izquierda que no es sectaria", (que) se abre "por más unidad" a la "reconstrucción del campo popular". Lo que IU ataca es la perspectiva de que la clase obrera construya su partido político independiente, que es lo que está a la orden del día, frente a la crisis del nacionalismo burgués. Se trata de desarrollar la ruptura de las masas con el peronismo, devenido en instrumento incondicional del imperialismo y del gran capital. Esto es lo que IU considera "sectario". El PO ha llamado a la izquierda a encarar de conjunto esta tarea político-histórica. Pero este necesario debate ha sido rehuido en todo momento y lugar, por la explotación demagógica de consignas como "la izquierda que se une", que ocultan una estrategia contraria a los intereses históricos de la clase obrera. La explotación electorera de esta consigna es plenamene conciente. Pero demagogia aparte, IU ha demostrado que no puede intervenir en el terreno de la lucha de clases como factor de reagrupamiento. Así, por ejemplo, en la movilización convocada el 24 de febrero a Plaza de Mayo por la CGT contra la reforma laboral, el PC no sólo le dio la espalda sino que en su periódico defendió los convenios y sindicatos por empresa. Ahora, en las elecciones que se realizarán en el sindicato docente de la provincia de Buenos Aires (Suteba), el PC se ha negado a integrar el frente antiburocrático constituido por casi todas las expresiones combativas y de izquierda. ¿Es el precio que paga por mantenerse en la dirección burocrática centroizquierdista de la CTA, junto a los dirigentes centroizquierdistas del Suteba y Ctera? También el año pasado se había negado a integrar el frente antiburocrático en las elecciones nacionales de ATE. Y fue un factor fundamental, en impedir que este frente antiburocrático ganara el sindicato provincial de Santa Cruz. También en la gran huelga minera de Rio Turbio se colocó del lado de la burocracia degenarista contra los trabajadores, por lo que sufrió el repudio de asambleas masivas. "A otro perro con ese hueso". El objetivo estratégico del PO en la presente etapa es, claramente, desarrollar la ruptura de las masas con el peronismo para formar un partido de trabajadores. En función de esta política, el Partido Obrero denuncia el electoralismo sin principios e incluso proimperialista de la Izquierda Unidad Sionista y llama a toda la izquierda a una acción política, para impulsar un congreso de bases y un partido de trabajadores. ¿La tercera fuerza electoral? ¡El PCR..! El PCR ofrece el análisis más original de los comicios de la Capital. Se atribuye para sí el abstencionismo y el voto en blanco que de conjunto abarcaron a un tercio del padrón electoral. Asegura que fueron éstas las posiciones "que mejor permitieron expresar a las masas populares en lucha su repudio a la política de ajuste y entrega y al sistema" (13). Es decir que el abstencionismo había tenido un programa político definido, el del PCR. ¿Pero quién se enteró de la posición del PCR?. Proponer al mismo tiempo la abstención y la concurrencia electoral (votar en blanco), lejos de ser una posición política es una incoherencia sin política? El medio millón de ausentistas en los recientes comicios de la Capital no representa una evolución líneal del abstencionismo, que sería, siempre ascendente. Las cifras indican que "en los años ochenta la concurrencia a votar se mantuvo por encima del 80%" (14), bajó al 76,5% en las elecciones del 97 (diputados nacionales) y subió al 81% en las presidenciales de octubre del 99, el mismo porcentaje de 1983. En este último caso, la elevada concurrencia tuvo lugar a pesar de la campaña "oficial" sobre los que iban a "huir" de la democracia, incluyendo los "tours" para retirarse al km 501. En resumen, el abstencionismo sigue la línea sinuosa de los altos y bajos de la crisis política. En 1997, la elevada abstención coincidió con el derrumbe electoral del peronismo y la elevada votación a la izquierda, fue expresión de una crisis política. Fue en período de los cortes de ruta, el significativo paro del 14 de agosto, la huelga docente en Neuquén, las movilizaciones por el asesinato de José Luis Cabezas, la división de la burguesía. Una franja de trabajadores peronistas se recluyó en su casa o ancló su voto a la izquierda (el PO obtuvo su mejor votación desde el 83). El fenómeno no se repitió en 1999. Luego que la Mesa de Enlace (CTA, MTA, CGT) llamara a implantar la "paz social" para garantizar la victoria electoral de la Alianza, las luchas provinciales fueran derrotadas una a una y varias organizaciones de desocupados fueran quebradas por la acción prebendaria del estado. (El voto en blanco no sigue exactamente la evolución del abstencionismo. Tuvo su punto mas alto en el 95 -3,59% frente a la elección de Menem, cayó algo en el 97 y volvió a bajar en el 99 *2,96%. En la elección de Capital promedió el 3%). El PCR mezcla el voto en blanco con la abstención y el voto nulo. Pero un abstencionismo políticamente consciente es un desafío al orden legal, que en su punto mas alto supone el boicot a las elecciones y, como mínimo, un programa y una organización capaz de ir a la lucha. Fuera de esto, el voto en blanco o el ausentismo electoral son opciones del sistema. El PCR no se detiene en estas sutilezas y mete todas las opciones en una misma bolsa, porque lo que está tratando es de escamotear su incapacidad para ofrecer una salida política en una circusntancia concreta, que involucró un millón ochocientos mil personas. Según el PCR, "no estamos en la Argentina en un momento de retroceso del movimiento revolucionario que justifique centrar nuestro trabajo en utilizar la tribuna electoral para explicar nuestra línea revolucionaria a las masas" (15). Como el movimiento de las masas está en "auge" desde el Santiagueñazo (1993) sería un crímen volcarse a las elecciones en lugar de poner todas las energías en "llevar la lucha de masas hasta sus extremos, como enseñó Lenin" (16). En una palabra, en pleno "movimiento revolucionario", el PCR carece de las fuerzas "revolucionarias" y es al mismo tiempo políticamente incapaz, de utilizar la tribuna política para desarrollar ese "movimiento revolucionario". Sin embargo: ¿que mejor termómetro que la caida espectacular de la Alianza en sólo cuatro meses; la desintegración del peronismo y el crecimiento enorme de la izquierda; ¿que mejor que esto para que las masas puedan medir la evolución operada en la temperatura revolucionaria? El PCR quiere simplemente ocultar el derrumbe de su política de construir "una verdadera oposición" con la propia Alianza, que procuró con tenacidad hasta la víspera de las elecciones de octubre pasado. En 1989, en el "auge revolucionario" de los asaltos a supermercados y de la hiperinflación, el PTP presentó candidatos como parte del frente menemista, parece que recién hubiera nacido después de esa fecha. En 1995, con otro "auge revolucionario" (crisis tequila, santiagueñazo, derrumbe del plan Cavallo) formó parte del frente encabezado por Solanas, "que anuncia a los cuatro vientos su intención de votar por Bordón en la segunda vuelta, lo que equivale a llamar a votar al mendocino en la primera *para que pueda, en primer lugar, llegar a la segunda" (17). Esta posición de votar a Bordón, la planteó el Perro Santillán el 1º de mayo de ese año en San Lorenzo. En 1999, el PCR llamó al "voto en blanco, nulo o la abstención", pero su política iba atrás de Duhalde, a quien atribuyó "estar pensando en dejar de pagar los intereses de la deuda externa" y a quien llamó a "unir fuerzas para un amplio frente antimenemista que garantice una gran pueblada nacional" (18). En definitiva toda la perspectiva del PTP es colocar al movimiento obrero como furgón de cola del "frente nacional" dirigido por la burguesía nativa, pero como esta no da señales de querer tal frente, el PTP está obligado a hacer la plancha con el votoblanquismo. El Partido Obrero El PO obtuvo la mitad de votos de IU, pero logrado como partido y en base a un programa, o sea que tiene un peso propio del que carece el cambalache de la izquierda democratizante. Aunque el crecimiento electoral del PO y la consagración de un legislador forma parte de una tendencia general a la izquierda, su significado político es diferente. La llamada izquierda es, en verdad, una variante de la centroizquierda; no en vano formó el Frente del Sur y el Frente Grande, e integra el Foro de San Pablo, incluso junto a tendencias abiertamente capitalista como el PRD de México, o represivos como Bolivia Libre. Comparte con el centroizquierda expresiones contra "el modelo", el repudio al "neoliberalismo", la "justicia social", el planteo de "re-unir al campo popular" (o sea la colaboración de clases con la burguesía nacional o lo que queda de ella). El Partido Obrero ocupa la posición única, por su programa y actividad, de representar la posición de la lucha de clases, del desarrollo de la independencia de la clase obrera para que conquiste una posición dirigente, de la conquista del poder por los explotados; en una palabra, de la estrategia de la revolución proletaria. La campaña electoral del PO fue rigurosamente consistente con esta estrategia. Fue el único partido que no se valió de muletas frentistas y, por sobre todo, el único que planteó la cuestión de la crisis política de la burguesía y de sus partidos, y de cómo debía ser explotada para poner en pie un partido obrero independiente. El mandato que, en consecuencia, recibe el PO, es estratégico: ayudar a la clase obrera que ha seguido al peronismo a sacar todas las conclusiones de la crisis actual para que ello le permita convertirse en protagonista activa de la formación de un partido de trabajadores. En la medida en que la lucha de masas, de un lado, y el proceso político, del otro, comienzan a plantear esta cuestión de un modo inmediato, es posible caracterizar que estamos ingresando a una nueva etapa. En las vísperas del XI Congreso ¿En que términos se desenvuelve el proceso político argentino tomado como conjunto? El cambio de gobierno operado el 10 de diciembre pasado consagró a un gobierno integrado por la representación política de la pequeña burguesía progresista (Frepaso). El desplazamiento del peronismo en crisis por un gobierno que representa a la izquierda del imperialismo y a la pequeña burguesía progresista y que se expone a una lucha de clases con los trabajadores, es un progreso de la situación política porque acerca estratégicamente la perspectiva de un gobierno de los trabajadores. Esta caracterización sale reforzada con los últimos acontecimiento electorales y los cortes de ruta de los desocupados. El imperialismo y el gran capital "votaron" en forma abrumadora por el centroizquierda, el gobierno De la Rúa y su candidato progresista, Aníbal Ibarra. La alternativa de que el capital financiero pudiera optar por una alternativa derechista fue descartada desde el vamos. La propia política derechista se empantanó en apenas algunas semanas y acabó con la salida forzada de Rico del gobierno de la provincia de Buenos Aires. Por la misma razón Cavallo tuvo que presentar su campaña como una "colaboración para el éxito del gobierno nacional" y fue obligado a bajarse del caballo ante la posibilidad de una segunda vuelta. La recomposición de una oposición de derecha a la Alianza tendrá que esperar, ahora, el descenlace de una nueva etapa de convulsiones sociales y de ajuste de cuentas al interior de la propia clase explotadora. La burguesía debe apelar, más que a sus representantes orgánicos y clásicos, a ciertas reservas inusuales para asegurar su propio control. Despeja así el camino para una lucha de clases más nítida en la misma medida en que se ve obligada a hacer uso de elementos que, desde la oposición, sirven normalmente como obstáculo o desvío a la estructuración políticamente independiente de la clase obrera (en esto consiste el "progreso" de la situación política planteado con el advenimiento de la Alianza, caracterizado así en el documento de base del XI Congreso). Al convertir a los opositores de ayer en los "oficialistas" de hoy, contribuye precisamente a confrontarlos con el movimiento de masas, al que en su momento buscaron expresar y regimentar como opositores. Esto es precisamente lo que acaba de verificarse en la Capital. Con un "joven progresista" a la cabeza, la Alianza perdió medio millón de votos en 120 días, y el desplazamiento del electorado se dio en su totalidad hacia la izquierda, en un porcentaje próximo al 20%. El cuadro siempre distorsionado de las elecciones, condicionadas por el control del poder y de los gigantescos fondos dilapidados en la campaña, muestra el retroceso de los partidos que se ubican en el centro de gravedad histórico de la burguesía. Todo esto traduce una crisis política enorme de las formaciones políticas a través de las cuales los explotadores establecieron su dominación, no ya en el período democratizante, sino en los últimos cien (radicalismo) y cuarenta (peronismo) años respectivamente. Aunque fuera solamente por esto, la crisis del actual régimen político ya tendría un significado histórico. Asistimos a una transición, a una bisagra entre dos etapas y, por eso mismo, a una oportunidad excepcional para desenvolver las tendencias de las masas que tienen potencial revolucionario. El resultado electoral en la Capital, mostrando una inversión muy clara de las tendencias del electorado en apenas seis meses, es la expresión de un fenómeno más amplio: todos los factores de inestabilidad política se han acentuado en el último período. El gobierno está fracasando en su propósito de reconstruir un régimen de ofensiva, luego de la descomposición del menemismo. Si tomamos en cuenta la pueblada correntina, la movilización contra la reforma laboral y ahora las fenomenales luchas en curso, con epicentro en Salta y Neuquén, el gobierno De la Rúa enfrentó en cuatro meses tres grandes crisis, marcadas por un nivel creciente de intervención y combatividad de las masas explotadas. En su momento, cuando se produjo la movilización obrera a Plaza de Mayo contra la Reforma Laboral dijimos que el gobierno había sido colocado a la defensiva en plena luna de miel, durante sus primeros 100 días de ejercicio (19). Ahora mismo los voceros de la burguesía están planteando que los piqueteros salteños liquidaron toda posibilidad de que el gobierno pudiera utilizar en provecho propio la victoria para jefe de gobierno porteño. Los elogios al "pluralismo", a la ausencia de polarización e inclusive al ascenso de la izquierda en los comicios legislativos, expresan un intento de cooptación de la izquierda y, al mismo tiempo, la tentativa por ocultar que detrás de la dispersión del voto se expresa un fenómeno más profundo de fragmentación de todo el régimen y aún de las instituciones del Estado. Una prueba adicional de esto es la crisis recurrente a la que están expuestas las Fuerzas Armadas y los aparatos de seguridad (represión, corruptelas, negociados, crímenes). Una salida a esta situación es la posibilidad de un gobierno de coalición. De hecho, la presencia de De la Rúa en el inicio del período de sesiones de la Legislatura santafesina para apoyar a Reutemann es una manifestación de esta tendencia que, de entrada, se manifestó en ocasión de la firma del Pacto Federal del gobierno nacional y los provinciales para aprobar el Presupuesto Nacional elaborado… por el gobierno de Menem. Una variante de esta naturaleza cuestionaría el mecanismo de la rotación en el poder. En un régimen presidencialista, una salida de este tipo estimularía las tendencias al bonapartismo. Al día de hoy el propio Poder Ejecutivo tiene que salir a asumir, inclusive contra su propia voluntad, un papel de árbitro en las provincias ante la emergencia de las puebladas, movilizaciones y cortes de ruta. En la base de todo este panorama tenemos el fracaso del gobierno para dar una salida a la enorme crisis económica. La bancarrota económica replantea, pero con mayor agudeza, la alternativa devaluacionista. Cuando la burguesía reclama más que nunca la reducción del "costo argentino", el peso se encarece. Además de la presión de la competencia extranjera, hay una depreciación del peso fogoneada también por la imposibilidad de cumplir con las metas de déficit fiscal y la dificultad para financiar el pago de la deuda externa. La presión por la devaluación del peso ya tiene un alcance internacional, como lo demostró la reciente discusión en Río de Janeiro, para insertarla dentro de un acuerdo monetario y cambiario con el real brasileño, que requeriría la intervención del FMI. Pero este debate demostró que junto con la desvalorización del peso puede caer todo el Mercosur y plantear la alternativa de la dolarización en Argentina. La dolarización, sin embargo, enfrenta el obstáculo enorme de que la economía norteamericana está obligando a la Reserva Federal a una política monetaria restrictiva, o sea menor crédito interno e internacional *obviamente a contramano de la dolarización. De este modo, las contradicciones que presentaría una devaluación frente a las situaciones brasileña y norteamericana, potenciarían en un extremo inusitado las consecuencias que ella tendría de por sí frente al endeudamiento interno en dólares. La alternativa devaluatoria plantearía, entonces, en una de sus variantes más extremas, una crisis política sin precedentes. Es esta perspectiva la que tiene inmovilizado al gobierno. Pero esto lo deja sin respuesta ante el creciente descontento popular. Cualquier intervención en las luchas, en estas circunstancias, debe partir del carácter excepcional, o sea revolucionario, que encierra su perspectiva política. La situación de las masas, nuestra intervención En el escaso lapso de 90 días, tomando como punto de partida la movilización obrera de la CGT a Plaza de Mayo el 24 de febrero, las masas han comenzado a ocupar el centro de la escena política. Se ha reforzado la tendencia a la rebelión popular en las provincias y se ha reforzado la presencia de la clase obrera como protagonista de esta rebelión. La movilización del 24 de febrero abrió una nueva etapa política y la amplitud del paro nacional del 5 de mayo ha abierto una nueva etapa en el movimiento obrero. El corte de ruta en el norte de Salta es, en sí mismo, una radiografía de esta caracterización. Comenzó el 2 de mayo, promovido por organizaciones de desocupados de Tartagal y Mosconi orientadas por "punteros" del PJ, que tuvieron que salir a chocar con las intendencias dirigidas por el peronismo frente al derrumbe de los planes de empleo y asistenciales. Fue parte del paro del 5 de mayo y se reforzó en las horas siguientes, con el paro de 48 horas resuelto por los "autoconvocados" (docentes y estatales) del departamento San Martín, contra la rebaja de salarios a docentes y estatales. El gobierno de la Alianza apostó a darle un golpe decisivo al corte con el desalojo en la madrugada por la gendarmería, sin contar con el regreso ya no de los piqueteros sino de las poblaciones en masa, que por miles retomaron el corte, colocaron a las fuerzas de seguridad al borde de la derrota y prácticamente dirimieron el conflicto. Allí vino la negociación orquestada por el clero y con los funcionarios del Frepaso en la primera línea. Entre el primer desalojo y el armisticio, los pobladores votaron un programa de 31 puntos que supera los reclamos elementales del principio de la lucha y plantea no sólo la reposición masiva de los planes Trabajar sino también la intervención masiva a los municipios, 15.000 puestos de trabajo reclamados a las petroleras, la triplicación de las regalías y la derogación de la rebaja de salarios dispuesta por el gobierno provincial, entre muchos otros reclamos. En un comentario que es todo un reconocimiento a las asambleas obreras que debatieron cada reclamo del conflicto, el ministro del Interior, desde Londres, lamentó la falta de interlocutores "válidos" porque "uno pensaba que había llegado a un acuerdo pero luego aparecían nuevos puntos (votados por la gente)" (20). Estamos asistiendo a la generalización vertiginosa de estas luchas y al esfuerzo de una nueva generación de la clase obrera por dotarse cada vez de mejores programas. Los pobladores en lucha del norte de Salta expresaron agudamente la búsqueda de un nuevo poder político en su reclamo de intervención total a los municipios, y hoy existe toda una corriente a favor de que las asambleas populares nombren a los interventores, fijen sus mandatos y se establezca la convocatoria a nuevas elecciones. El agotamiento de las ilusiones democráticas se resuelve, por ahora, en la recreación de nuevas ilusiones democráticas. Los servicios de inteligencia han trazado ya un "mapa" de los conflictos inminentes: Jujuy, Salta, Santiago, Corrientes, Río Negro, Neuquén (no ha sido incluido el Gran Rosario, quizás por el pacto de paz social que acaban de firmar las regionales cegetistas, entre ellas las de Moyano, con Reutemann). De este "mapa" no pueden excluirse las plantas automotrices, ante la perspectiva de nuevos despidos en masa luego de una sangría atroz. Esto revela "que es posible estructurar, desde la clase obrera, una nueva oposición popular al nuevo gobierno fondomonetarista" (21) pero, además, que todas las características políticas señaladas el 24 de febrero *crisis política, insatisfacción de la gran patronal, tendencia a la movilización popular con la clase obrera como protagonista, gobierno a la defensiva, empantanamiento económico* se han agravado. La aprobación de la reforma laboral no le ha permitido al gobierno de la Alianza mejorar su situación. Llamamos a la CGT disidente y la CTA a la convocatoria a un congreso de delegados de base porque responde a la necesidad de ampliar la capacidad de acción del movimiento obrero, hoy expuesto en cien escenarios, y debatir la perspectiva de estas luchas. Llamamos a debatir un plan de acción de conjunto y el programa para enfrentar la crisis, es decir confrontar con el "modelo" de Moyano y de otras burocracias que están, por ahora, de este lado de la barricada. Este reclamo de conjunto debe tomar forma en cada regional, convocando a las organizaciones que llamaron al paro, interviniendo en las crisis que están provocando violentos desplazamientos sindicales (Rosario, Villa Constitución, Mar del Plata, UOM). La crisis política que recorre a la burocracia de los sindicatos no ha llegado aún a provocar manifestaciones de quiebra del aparato (salvo, incipientemente, en la UOM), pero está actuando vigorosamente en esa dirección. Se ha abierto una etapa de deliberación inmensamente rica en el movimiento obrero. Será necesario promover asambleas y mesas redondas para debatir el programa frente a la crisis en un momento en el que todos están obligados a exponer sus propios planteos de "salida". El centro de nuestro planteamiento es el llamado a impulsar una lucha consecuente, mediante un congreso de delegados de base, y a construir un partido de trabajadores. Notas: 1. La Nación, 9 de mayo de 2000. 2. La Nación, 7 de mayo de 2000. 3. Prensa Obrera Nº 656, 2 de marzo de 2000. 4. La Nación, 7 de mayo de 2000. 5. Propuesta, 9 de marzo de 2000. 6. Propuesta, 3 de febrero de 2000. 7. Propuesta, 9 de marzo de 2000. 8. Propuesta, 11 de mayo de 2000. 9. Idem. 10. Página 12, 4 de mayo de 2000. 11. Propuesta, 11 de mayo de 2000. 12. Alternativa Socialista, 11 de mayo de 2000. 13. Hoy, 10 de mayo de 2000. 14. Centro de Estudios de la Nueva Mayoría. 15. Informe CC, 10 de noviembre de 1999. 16. Hoy, 29 de abril de 2000. 17. Prensa Obrera Nº 446. 18. Hoy, 1º de setiembre de 1999. 19. Prensa Obrera Nº 656, 2 de marzo de 2000. 20. La Nación, 16 de mayo de 2000. 21. Prensa Obrera Nº 656, 2 de marzo de 2000.

1 de mayo de 2000
El derrumbe de las acciones tecnológicas

Internet, la red que permite enlazar computadoras a través de todo el mundo, continúa creciendo a ritmos espectaculares que contrastan con los de la mayoría de las demás ramas industriales y comerciales. El número de usuarios de Internet en todo el mundo ha "explotado" como consecuencia de la masiva aparición de servicios de conexión gratuitos. En cada segundo de 1999 se abrió un nuevo "sitio" en Internet, un ritmo que más que duplica el registrado en 1998. El año pasado se crearon 29 millones de "sitios", una cifra equivalente a todos los creados desde los inicios de Internet hasta 1998 (1). La expansión territorial de la red es también impresionante, aun en países como Japón, que registran una recesión extremadamente prolongada. "Los constructores de redes de teléfono para Internet crecen el 15% anual", incluso a pesar de que las mejoras tecnológicas permiten que "la capacidad de transmisión de las fibras ópticas crezca vertiginosamente" (2). La red fue inicialmente diseñada para uso militar y luego extendida al ámbito educativo. Tanto si se considera el número de compradores como los volúmenes de ventas, el comercio electrónico continúa creciendo a tasas de dos dígitos. Al mismo tiempo, se desarrollan nuevas líneas del comercio electrónico como el llamado "B2B" ("business to business"). A diferencia del comercio electrónico clásico, dedicado principalmente a la venta minorista de artículos de consumo masivo, el "B2B" está orientado a transacciones de compra y venta de insumos entre las grandes empresas. También continúan a todo vapor las adquisiciones y fusiones. America On Line (AOL), el principal proveedor norteamericano de conexión telefónica con la red, con 21 millones de abonados, ha protagonizado la mayor adquisición de toda la historia del capitalismo: la compra del monopolio Time-Warner, propietario de revistas, canales de cable, la CNN y estudios en Hollywood. Internet continúa creciendo… pero ya nada es igual. La caída de la Bolsa de Wall Street del pasado 14 de abril y la pinchadura de la burbuja Internet *el crecimiento salvaje y aparentemente sin fin de los valores de las acciones de Internet* han puesto fin a muchas ilusiones. Estas ilusiones fueron generosamente infladas en la época en que las acciones de Internet subían batiendo cada día nuevos récords. Se decía que había nacido una "nueva economía", una "economía virtual" que había logrado superar las contradicciones inherentes al capitalismo y que nos auguraba un futuro sin crisis y en perpetuo crecimiento. Se han terminado, sobre todo, las esperanzas de que Internet, el comercio electrónico y la "economía virtual" produjeran una completa reorganización comercial e industrial, que supuestamente daría una salida a la crisis capitalista. Pero Internet no ha podido superar las contradicciones propias del capitalismo ni aminorar la envergadura de la crisis mundial. Al revés, son estas contradicciones y esta crisis las que han atrapado a Internet. La pinchadura de la "burbuja" El viernes 14 de abril se derrumbó la Bolsa de Nueva York y la "economía virtual". El índice Nasdaq, que mide la valorización de las acciones tecnológicas y de Internet, sufrió una caída de 616 puntos, la mayor de toda su historia. En términos porcentuales, la caída llegó al 10%. Para encontrar una caída similar hay que retroceder hasta octubre de 1987, cuando Internet apenas se encontraba en su prehistoria. Con la caída del viernes 14, el Nasdaq acumulaba una pérdida del 25% en una semana y del 35% en un mes. Como la valorización total de las casi cinco mil empresas incluidas en ese índice alcanzaba a 6,6 billones de dólares, el derrumbe accionario significa que, en el curso de un mes, se "evaporaron" 2,3 billones de dólares, una cifra superior a toda la deuda externa latinoamericana. Sólo para mencionar algunas de las empresas que cotizan en el Nasdaq, la valorización de Microsoft cayó en 235.000 millones; la de Cisco en 160.000 millones y la de Intel (el mayor fabricante de chips para computadoras) en 112.000 millones. Pocas veces el concepto de capital ficticio (que no tiene contrapartida productiva) tuvo un significado tan concreto. Entre 1998 y 1999, el índice Nasdaq saltó de 1.000 a 4.800 puntos, es decir que casi se quintuplicó en dos años. Como consecuencia de una especulación que parecía no tener fin, los valores de las empresas de Internet alcanzaron "precios que dan vértigo" (3): a mediados del año pasado, la valorización de AOL había superado a la de General Motors; la de Yahoo!, uno de los más importantes "portales", superó a la de Boeing-Mc Donnell, y la de Amazon, que vende libros y música por Internet, era mayor que la de Texaco. Incluso las acciones de empresas nuevas y totalmente desconocidas se valorizaban hasta dos y tres veces en sus primeras jornadas cotizando en la Bolsa. Algunas de las acciones Internet más calientes llegaron a valorizarse un 1.200% en el curso de un solo año. No en vano la burbuja Internet fue calificada como "la burbuja especulativa más salvaje de este siglo" (4). Desde que esta caracterización fue escrita ha transcurrido todo un año, en que los valores de las acciones Internet continuaron creciendo desaforadamente. Este sostenido crecimiento de los valores de las acciones de Internet permitió la financiación casi gratuita de numerosas "dot.com". En muchos casos se trataba de empresas simplemente inviables que se pusieron en marcha para aprovechar la Internet-manía y enriquecer a sus iniciadores. De las 29 millones de páginas creadas en 1999, apenas 20% se encuentran funcionando; el resto sólo fueron registradas. La inmensa mayoría de esas empresas jamás logró obtener un centavo de beneficios. La proliferación de las empresas de Internet aparece, entonces, como un reflejo del movimiento de la especulación financiera. La caída de la Bolsa, en consecuencia, deberá llevar a la quiebra a la mayoría de estas "dot.com", cuyo capital propio es casi nulo. La valorización bursátil ha servido para esconder un proceso de enorme significación desde el punto de vista capitalista: la tendencia a la caída de los beneficios en la industria informática, no ya de las empresas de comercio electrónico que nunca obtuvieron beneficios, sino de los grandes pulpos del sector. Un ejemplo es Microsoft, el gigantesco monopolio del software de computadoras. Ritualmente, a mediados de enero pasado había anunciado un nuevo récord de beneficios para el último trimestre del 99, pero la noticia fue recibida con "decepción en Wall Street". La razón es que "por primera vez, el aumento de los beneficios del grupo se debe en gran medida a su considerable portafolio financiero": más del 30% de sus beneficios fueron originados por la valorización bursátil de las acciones de empresas de terceros que Microsoft tiene en su poder (5). Los beneficios financieros de Microsoft fueron en ese período más del doble de los registrados en el mismo trimestre del año anterior; sin ellos, "el resultado operacional no resulta sino en un crecimiento mucho más modesto" (6). Pero si esto ocurre con Microsoft, cuya "tasa de beneficio no reposa sobre competencias técnicas fuera de lo común, sino sobre un mecanismo análogo a un impuesto sobre el equipamiento informático mundial", basado en una posición monopólica (7), ¿qué queda para el resto de las empresas de este rubro? Tomando en conjunto las 444 mayores empresas mundiales de software (sin considerar a Microsoft e IBM), apenas 199 empresas (menos del 45%) obtienen beneficios; las pérdidas consolidadas de las 245 restantes superan los 2.000 millones de dólares al año. Lo mismo puede decirse de la industria de fabricación de computadoras personales y de chips, como consecuencia de la aparición de modelos a precios extremadamente bajos (menos de mil dólares). La burbuja Internet ha servido, por sobre todo, para aceitar el proceso de centralización de capitales *es decir, de compra y adquisición de empresas por los grandes pulpos* que se desarrolla, en lo fundamental, fuera de la Bolsa. Este movimiento especulativo acompañó a cada una de las invenciones que fueron revolucionando el modo de producción capitalista; rara vez, sin embargo, las compañías pioneras en una nueva rama fueron las que acabaron dominándola tras su copamiento monopólico por el capital financiero. Es precisamente esa especulación la que permite el copamiento de una rama nueva por los grandes monopolios. Un especialista explicaba, hace ya un tiempo, que "alguien va a ganar y alguien va a perder en Internet; pero mientras tanto ambos tienen la oportunidad de ganar un montón de dinero" (8). Ese montón de dinero *los beneficios especulativos producidos por la ciber-burbuja* sirvió para lubricar y facilitar el proceso de la cen tralización de capitales y de copamiento monopólico de Internet. Las cumbres alcanzadas por la Internet-manía de los especuladores no dejan ver un límite previsible a la caída. Con la caída de marzo/abril, los valores de las acciones de Internet retrocedieron a los de diciembre pasado. Pero entonces ya hacía varios meses que se venía alertando contra el "peligro" de su sobrevaloración. Según un comentarista porteño, "el piso de las cotizaciones recién llegaría cuando los valores de mercado de esas empresas tengan otra vez una relación creíble con la facturación que puedan tener en el futuro" (9). Lo que esto significa, simplemente, es que hay un abismo por delante. Entre las grandes empresas, como GM o Wal-Mart, la valorización bursátil no alcanza el 1% de sus ventas anuales; entre las empresas de Internet, esa relación llega a superar el 150%. En otras palabras, los valores de las acciones Internet podrían llegar a perder el 99% de su valor actual antes de alcanzar "una relación creíble con la facturación". Todo esto significa que no estamos frente a una caída circunstancial o episódica de los valores de las acciones de las empresas de Internet; al contrario, el derrumbe se ha ido incubando durante un tiempo prolongado. Ya a comienzos de año se cortó "el flujo de fondos de capital de riesgo que corría libremente hacia minoristas en Internet (…). Ahora, muchos de estos comerciantes electrónicos se están quedando sin dinero o no están obteniendo ninguno para empezar" (10). Esta fuga de inversores alcanzó incluso a algunas de las estrellas de Internet, como la librería on line Amazon, el mayor vendedor comercial de la red. Ya en enero sus acciones comenzaron a caer, marcando una tendencia que, tres meses más tarde, alcanzaría a toda la "economía virtual". La caída comenzó como resultado de sus propios anuncios en el sentido de que había fracasado en recortar los costos, que resultaron "mayores de lo esperado". Esto "desalentó a muchos analistas, que comienzan a mostrar impaciencia ante la incapacidad de muchas empresas de Internet para generar beneficios sobre ventas crecientes" (11). Debido a esta "incapacidad para generar beneficios", algo mortal desde el punto de vista capitalista, muchas de esas compañías se habían convertido en verdaderas pirámides (12), que pagaban sus deudas contrayendo nuevas deudas: "La única forma en que estas compañías pueden hacerlo (generar el efectivo suficiente para pagar los préstamos) es emitiendo nuevas acciones" (13). Por eso no extrañó que "la emisión de febrero de Amazon fuera calificada en un grado extremadamente bajo por el servicio de inversionistas Moodys" (14): la deuda de la "reina" del comercio electrónico era calificada por los grandes financistas como más "riesgosa" que los más riegosos países tercermundistas. ¡Qué tal! Poco antes de que comenzara la onda depresiva que se manifestó abiertamente en el derrumbe del Nasdaq del 14 de abril, un suplemento dedicado al comercio electrónico de una revista financiera británica alertaba que "cerca de las tres cuartas partes de las acciones relacionadas con Internet lanzadas desde 1995 se cotizan hoy a precios inferiores a la oferta inicial. En el curso del último año, las acciones de varias grandes compañías norteamericanas de comercio electrónico se han derrumbado: por ejemplo, eToys (el 80% desde su máximo), Priceline (el 69%) y E*Trade (el 66%). Parece seguro que la burbuja Internet en Europa y en Asia será seguida por colapsos similares" (15). La "economía virtual" ha entrado en quiebra como consecuencia de su propio carácter ficticio. Su brutal sobreacumulación de capitales contables o escriturales (entre 1998 y 1999, la valorización total del índice Nasdaq pasó de 1,3 a 6,6 billones de dólares) rápidamente entró en contradicción con las limitaciones que presenta el comercio electrónico. Poco menos de un año atrás, cuando la euforia y la Internet-manía lo invadían todo, en esta misma revista se pronosticaba que "la razón de esta inevitable pinchadura (de la burbuja Internet) no es sólo el todavía escaso desarrollo alcanzado por el comercio electrónico sino, sobre todo, sus inciertas perspectivas capitalistas" (16), es decir su incapacidad para producir beneficios. Que el capital que se ha "evaporado" con la caída de las acciones de Internet sea ficiticio no significa, por cierto, que esas pérdidas no sean reales. Esas pérdidas dejarán sus huellas en el balance de los fondos inversores y en el sistema financiero y bancario. Los bancos financiaron con préstamos la compra masiva de acciones de Internet por parte de los especuladores y las familias de altos ingresos, tomando esas mismas acciones como garantía. Mediante este mecanismo, obtuvieron grandes beneficios y comisiones. Para los inversores, la valorización de las acciones debería pagar, con creces, las deudas tomadas para su compra. En esta bicicleta se apoyó el mito de que una "economía virtual" produciría fenomenales rendimientos especulativos sin incrementar la riqueza social. Pero, ahora, con la caída de los valores accionarios, las garantías ya no cubren el valor de las sumas adeudadas. Los bancos se apresuraron a ejecutar una parte de esas garantías, es decir liquidar sus tenencias de acciones, acelerando la caída de los precios de éstas y mandando a la ruina a sus clientes. Los bancos que financiaron el auge especulativo serán los que sufrirán por la pinchadura de la burbuja. No es ocioso señalar que el derrumbe de la burbuja especulativa japonesa de mediados de los 80 (en la cual las acciones y los bienes raíces ocupaban el lugar que ocupan hoy las acciones de Internet) cargó a los bancos japoneses con una montaña de créditos incobrables, varias veces superior a sus patrimonios; provocó la mayor crisis bancaria del Japón y condenó al país a un estancamiento económico que ya lleva una década (17). "Internet ha acentuado enormemente la sobrevaluación de las acciones y de la Bolsa neoyorquina tomada como un todo. Es decir que ha agudizado exponencialmente su volatilidad y su fragilidad. Toda esta especulación significa una mayor acumulación y sobreacumulación de capital ficticio. Tomando a la economía norteamericana en su conjunto, Internet ha agudizado la contradicción entre la masa de capital acumulado y la masa de plusvalía que la burguesía norteamericana arranca de la clase obrera mundial, agravando, por lo tanto, la tendencia declinante de la tasa de beneficio media. Internet es, entonces, un factor de agudización de la crisis" (18). La caída de los valores de las acciones Internet ha confirmado esta caracterización y ha puesto sobre el tapete todos los elementos de la crisis capitalista. Comercio electrónico Junto con el derrumbe de las acciones de Internet ha caído también la euforia del comercio electrónico. No casualmente las empresas dedicadas a la venta minorista on line fueron las primeras en sentir el cimbronazo de la baja de las cotizaciones y de la fuga de inversores, y las que han sufrido las mayores pérdidas. Es que, por encima de la bambolla armada por la especulación financiera, la experiencia ha demostrado que no todo se puede vender por Internet (las empresas dedicadas a la venta de calzado on line, por ejemplo, han debido cerrar, sepultadas por una montaña de devoluciones). Tanto o más importante, la experiencia demuestra que tampoco todos pueden vender por Internet. Las empresas de comercio electrónico minoristas han comenzado a chocar con las limitaciones que les imponen su porte reducido, la carencia de una marca establecida y, por sobre todo, la competencia del comercio tradicional que ha establecido sus propias divisiones on line, con la enorme ventaja de poseer una marca, una clientela establecida y canales de distribución debidamente aceitados. Un estudio publicado por un semanario de negocios norteamericano muestra que "a pesar de haberse gastado 17.000 millones de dólares en publicidad para las empresas de ventas minoristas que se inician en Internet, las firmas tradicionales de ladrillo y cemento, como Best Buy y Toys R Us, son las que se abren camino en la red. Sus sitios se encuentran entre los cincuenta más populares compilados por Media Metrix. MotherNature.com, un vendedor minorista que ha gastado un estimado de 15 millones en publicidad en el cuarto trimestre (del año pasado), no forma parte de la lista" (19). Frente a las empresas que venden exclusivamente por Internet, el comercio tradicional cuenta con una ventaja adicional: la posibilidad de armar un sistema de venta mixta que sus rivales no tienen; así, utilizan sus páginas Web para publicitar sus productos, precios, características y formas de pago, pero la venta final se realiza en el comercio tradicional. Esta modalidad tiene un enorme desarrollo en productos de alto precio unitario, como los automóviles (aunque sólo el 1% de los autos se vende en Estados Unidos por medio de Internet, el 40% de los compradores realiza consultas previas a través de la red), o altamente personalizados, como ropa o calzado. Aunque las ventas de la Navidad del 99 marcaron un nuevo récord para el comercio minorista on line (las órdenes de compra superaron los 10.000 millones de dólares), muchas empresas salieron de ellas severamente golpeadas. Inundadas de pedidos que no podían entregar debido a problemas de distribución, algunas simplemente colapsaron y debieron salir del negocio. Otras, como Amazon, lograron realizar sus entregas pero incurriendo en un aumento excepcional de sus costos y pérdidas. Los problemas de distribución con que han chocado las minoristas on line ha llevado a Fred Smith, presidente de Federal Express, uno de los grandes pulpos del correo privado en los Estados Unidos, a sostener que "muchos de los modelos de comercio electrónico minorista on line están basados en un mito" (20). Muchas de las empresas de comercio electrónico, dice otro especialista, "han llegado a un techo" (21) en sus posibilidades de venta, sin producir un centavo de beneficios. Por eso, poco después de la Navidad que demostró la fragilidad del comercio electrónico minorista, comenzó la caída de sus acciones, que está lejos de haber terminado. "Algunos valores de Internet caerán 90 ó 50%, alarmó esta semana Mark Mobius, el jefe de inversiones del Templeton Fund" (22). Aunque lograron sobrevivir a la crisis de la Navidad, algunas de las grandes vendedoras minoristas on line han sido declaradas "inviables", como Cdnow.com, la mayor cadena de venta de discos por Internet. Lo mismo podría pasar con la promocionada Amazon, que cuanto más vende, mayores pérdidas arroja. "Las empresas de venta minorista por Internet deberán revisar sus estrategias", aconseja un analista, y advierte inmediatamente: "Muchas no vivirán lo suficiente para hacer que esos esfuerzos rindan sus frutos" (23). La consecuencia de todo esto es que, aunque crece el comercio minorista por Internet (las ventas del 99 triplicaron las del año anterior), tienden a desaparecer las empresas que se dedican exclusivamente al comercio minorista on line. Algunas, carentes de fondos propios y de inversores, están condenadas a desaparecer. Otras están siendo absorbidas por el comercio tradicional, que las convierte en una "división on line" de su negocio principal. Un ejemplo es el de la Federal Department Stores, un gran pulpo comercial, que ha comprado el 40% de Roxy.com, un sitio dedicado a la venta de artículos electrónicos, y que se encuentra a "la búsqueda de empresas de Internet asfixiadas financieramente para comprar". No es la única empresa tradicional que ha salido de compras: se espera una ola de fusiones y adquisiciones de minoristas on line en los próximos meses. Mientras el comercio minorista on line choca con dificultades insospechadas que desmienten el futuro rosa que pintaban sus apologistas, ha comenzado a desarrollarse en gran escala el llamado "B2B", el comercio electrónico entre grandes empresas. Internet permite realizar por medios electrónicos las transacciones que por miles de millones efectúan regularmente las empresas entre sí, comprando y vendiendo materias primas, insumos intermedios y servicios de todo tipo. En 1999, el 80% del comercio electrónico fue realizado entre empresas y se plantea que el volumen de ventas inter-empresariales por Internet podría ser cien veces superior al del comercio minorista on line. Recientemente, Ford y General Motors han comenzado a aplicar masivamente este sistema para la compra de autopartes para su producción; lo mismo ha hecho otro gigante como Unilever para sus insumos, y General Electric ha comenzado una completa reorganización de sus negocios para incorporar la tecnología on line tanto a sus ventas como a sus compras. Que estos gigantes se muevan hacia Internet significa que también deberán hacerlo sus proveedores y los proveedores de éstos. En otras ramas menos monopolizadas, como las de la construcción o el vestido, se han montado sitios donde los proveedores de la industria pueden presentarse a licitación para vender sus insumos. A diferencia del comercio minorista, el comercio electrónico inter-empresas no choca con problemas crediticios, de conocimiento o de distribución; simplemente se trata de reemplazar una forma de compra por otra. En este terreno, las ventajas del comercio electrónico son formidables porque permite una drástica reducción de costos, una rebaja sustancial de los llamados "costos laborales" y la eliminación de intermediarios. Un directivo de la General Electric cuantifica esta reducción: "Realizar una compra por el sistema tradicional cuesta entre 50 y 200 dólares por transacción a causa del papeleo involucrado; el costo de realizar la misma compra on line es de alrededor de 1 dólar" (24). Una publicación de negocios estima que el comercio electrónico podrá reducir los costos un 10%; esa reducción podría llegar al 20% en algunas ramas como el transporte de cargas e incluso al 30% en la de componentes electrónicos (25). Tan potente aparece esta herramienta para reducir los costos que un semanario británico no teme afirmar que "para sobrevivir (…) el conjunto de los negocios de una empresa necesita ser rediseñado alrededor de las obvias propiedades de la red como reductora de costos" (26). La advertencia tiene un valor adicional: proviene de una publicación que se ha caracterizado por señalar sistemáticamente la estrechez del comercio minorista on line y sus escasas posibilidades como negocio capitalista. El desarrollo del comercio electrónico, en conjunto, tiene perspectivas mucho menos "revolucionarias" que las que pintaban sus apologistas. Se trata, simplemente, de un sistema que permitirá reducir los costos de producción (como, en otro plano, las tercerizaciones) pero que de ninguna manera desplazará a los grandes pulpos industriales y comerciales ya establecidos. Al contrario, serán éstos los que se apropien de las ventajas que reporta la introducción del comercio electrónico. La importancia que adquiere el comercio electrónico pinta por entero el cuadro económico que espera al gran capital en el próximo período. "Internet, dice un especialista, representa el más poderoso motor de deflación en la era moderna" (27). Aunque omite señalar otro "gran motor deflacionario de la era moderna" *la entrada en el mercado de la mano de obra extremadamente barata de la China restauracionista*, la idea es meridianamente clara: la importancia del comercio electrónico radica en que se adapta a la perfección a las tendencias generales que desarrolla la crisis capitalista: deflación, caída de los precios y de los beneficios. Que para sobrevivir, como dice The Economist, las empresas deban reorganizar sus negocios en esta dirección, significa que el gran capital se prepara para un largo "invierno" depresivo. Es toda una caracterización de las perspectivas de la economía mundial. Ciber-explotación: la nueva línea de producción Un aspecto poco conocido del comercio electrónico es la explotación a que son sometidos los trabajadores empleados en las empresas del ramo. Un artículo titulado "Cómo escapé al culto de Amazon", aparecido recientemente en una revista de la ciudad de Seattle (donde tiene su sede la empresa), firmado por Richard Howard, uno de sus ex empleados (28), y otros (29), echan luz sobre esta importante cuestión. En Amazon, más de un centenar de empleados, "habitualmente jóvenes, solteros y cultos", trabajan en "cubículos minúsculos y compartidos. Con los auriculares ajustados a la cabeza y la nariz contra la pantalla de la computadora, año tras año procesan millones de correos electrónicos con pedidos de libros. Algunos directivos amazónicos los llaman "peones electrónicos". Cada empleado debe atender un mínimo de doce mensajes por hora; el despido espera al que tenga un rendimiento inferior a los siete mensajes y medio. La superexplotación es tan brutal que "más de la mitad de los trabajadores no espera a terminar el año para irse de la empresa". En otras palabras, Amazon y las empresas de comercio electrónico son, desde el punto de vista de las relaciones laborales, una versión "digital" de los conocidos McDonalds y sus sistemas de explotación. Otra muestra de superexplotación. En setiembre del año pasado, Amazon organizó una "teclamaratón de locura de medianoche", anunciado a través de un correo electrónico que tenía el sugestivo título de "ustedes dormirán cuando estén muertos". La participación de los empleados en el "evento" era obligatoria y su objetivo era procesar una importante cantidad de pedidos atrasados. Naturalmente, no se pagaron horas extras pero sí hubo un premio para el "ganador": un billete de cien dólares… Los intentos de los empleados de Amazon de poner en pie un sindicato fueron sistemáticamente perseguidos por la patronal con el argumento de que "el ritmo puede decaer". A mediados de la década pasada, cuando la difusión masiva de Internet estaba en pañales, era frecuente escuchar teorías que afirmaban la capacidad de Internet para cambiar de arriba abajo la organización del trabajo e, incluso, de sustituir al capitalismo por la organización espontánea de la producción. Tempranamente, desde estas mismas páginas se refutaron esas pretensiones: "Que el progreso técnico podría servir para hacer menos brutales y más llevaderas las condiciones de trabajo es un argumento que se viene usando desde que existe el capitalismo. La experiencia práctica de millones de trabajadores ha demostrado, sin embargo, que el progreso técnico ha endurecido las cadenas de la explotación, ha descalificado el trabajo obrero y ha hecho más terribles las condiciones de trabajo. En los albores del capitalismo, la aparición del maquinismo llevó a un alargamiento brutal de la jornada de trabajo y, en la actualidad, el uso masivo de computadoras y robots lleva a los patrones a exigir la flexibilización y la precarización de las condiciones de trabajo, incluida la rebaja de los sueldos. Es que el progreso técnico ofrece una base material para permitir condiciones de trabajo menos penosas pero no modifica las condiciones sociales que son propias de la sociedad capitalista. El progreso tecnológico disminuye la participación del trabajo vivo del obrero en el total del capital desembolsado para la producción, lo que exige una intensificación de la explotación de la fuerza de trabajo para obtener tasas de beneficio elevadas" (30). La experiencia de la línea de producción de la promocionada Amazon confirma esta caracterización. La "economía digital" es el reino de la superexplotación moderna. Como afirma Richard Howard, el trabajador de Amazon que denunció públicamente las condicones de trabajo en la empresa: "Se habla constantemente del papel revolucionario de Internet en la conducción de los negocios. Sin embargo, en esencia, realizamos un trabajo repetitivo, siempre con gente detrás de uno. ¿Qué hay de revolucionario en todo esto? La única diferencia es que muchos de nuestros supervisores usan aritos y se visten con ropa de cuero" (31). Centralización capitalista Al calor de la "burbuja" especulativa (y, en parte, gracias a ella), se desarrolló un vasto proceso de centralización capitalista de Internet que fue dejando a los pioneros e innovadores fuera del negocio, el cual pasó a ser completamente dominado por el capital financiero. Microsoft, el gigante del software para computadoras, adquirió decenas de empresas por un valor de 20.000 millones de dólares; America On Line absorbió Netscape, la empresa que desarrolló los primeros programas para navegar en la red; grandes grupos como General Electric, AT&T y Disney entraron en el negocio de Internet comprando algunas de las empresas que la iniciaron. Al mismo tiempo, se desarrollaron poderosas asociaciones monopólicas, como la de Microsoft-Intel o la de AOL-Sun Microsystems-Oracle-IBM, enfrentada a la anterior. Todo esto palidece ante la noticia, anunciada a mediados de enero, de la fusión entre America On Line, el mayor distribuidor de servicios de conexión telefónica a Internet de Estados Unidos, con Time Warner, la cadena norteamericana de medios más antigua y con mayor valorización bursátil. En lo que fue la mayor fusión de la historia del capitalismo, AOL pagó 183.000 millones de dólares por Time Warner, un 70% por encima de su valor de mercado. Pero como no lo hizo con efectivo sino con acciones de la nueva compañía, la operación fue posible sólo como consecuencia de la hipervaluación de sus acciones. Más aún, su destino final "se basa enteramente en la confianza de Wall Street en que AOL continúe encabezando la revolución de Internet" (32). Bastaría que esta "confianza" desaparezca, por ejemplo como consecuencia del desarrollo de nuevas formas de acceso a Internet que superen a la telefonía fija o al cable, en las que AOL tiene una posición dominante, para que los accionistas de Time adviertan que "vendieron" por nada activos reales multimillonarios (revistas de circulación masiva; canales de cable, entre los que se cuenta la CNN; estudios de cine y casas editoras de música). Desde ya, el derrumbe de la Bolsa neoyorquina del 14 de abril es un serio aprieto para el éxito de la fusión. La nueva compañía, que se inicia con una valorización bursátil conjunta de 335.000 millones de dólares e ingresos anuales de 30 billones, será dominada por AOL, que contará con el 55% de las acciones (aunque sólo genera el 20% de los ingresos). El monopolio que se ha creado le permite a AOL acceder a una serie de "contenidos" (revistas, programas de TV, música y películas) para distribuir en exclusividad a través de sus "portales"; le brinda una vía de entrada a América Latina (donde hasta ahora había jugado un papel de segundo orden); y, por sobre todo, le permite acceder al mercado de ingreso de Internet vía TV-cable (Time Warner tiene la mayor red de abonados de los Estados Unidos). Al mismo tiempo, le permite a Time encontrar un acceso a Internet para dar salida a sus "contenidos". Los medios han hecho notar que, a pesar de su potencia, las dos empresas habían fracasado anteriormente en sus intentos de traspasar la barrera que separa a Internet del "mundo real". AOL había fracasado en sus intentos de ingresar en el mercado de distribución de Internet por cable por la oposición de AT&T y la propia Time Warner; esta última había fracasado estrepitosamente en sus intentos de poner en pie sus propios "portales" con un costo de varios cientos de millones. La fusión AOL-Time Warner ha planteado a otras empresas de Internet y de medios la necesidad de encaminarse al mismo tipo de integración para presentarle batalla al nuevo gigante. Ya se ha planteado públicamente la adquisición de Disney (que es propietaria del portal Go) por la AT&T, y el establecimiento de una "alianza estratégica" entre esta última y Microsoft. Se trata de movimientos de los grandes grupos capitalistas para ocupar espacios antes de que lo hagan sus competidores en un negocio a desarrollar de vastas proporciones, en particular en lo que se refiere a los métodos de conexión a la red (cable módem, telefonía de "banda ancha", telefonía celular, conexión desde aparatos hogareños distintos a las computadoras). El acuerdo sirve para confirmar en la práctica la sobrevalorización de las empresas de Internet. "En esta llamada fusión de iguales, cada dólar de valorización accionaria de AOL vale menos de tres cuartos de cada dólar de valorización de Time Warner. El dinero de Internet no es lo mismo que el dinero de la economía real …" (33). A pesar de que este reconocimiento explícito de la diferencia de valores entre las empresas de Internet y las restantes "abre las puertas a una fusión entre la vieja y la nueva economía" (34), el acuerdo fue "recibido con reserva y cautela por Wall Street" (35): pocos días después del anuncio de la fusión, la valorización bursátil conjunta de ambas empresas era inferior a la que tenían antes del mismo. La explicación, según una revista de negocios norteamericana, es que "AOL está pagando un alto precio para ganar acceso al sistema de TV-cable, justamente cuando se están desarrollando sistemas de conexión telefónica de banda ancha, vía satélite y sin cables (que permiten una mayor velocidad de conexión que la línea telefónica normal e, incluso, que el cablemódem). El acceso móvil inalámbrico puede plantear el mayor desafío al permitir que la gente se conecte con la red mediante teléfonos celulares y computadoras de bolsillo. Los inversores se están preguntando qué hay de lógico en que AOL pague un precio tan alto por una plataforma que sólo alcanza a una fracción de los Estados Unidos" (36). Para decirlo en otras palabras: los especuladores castigan las acciones de la nueva empresa porque, aunque AOL ha logrado mediante la fusión ocupar muchas de las "esquinas" del "barrio Internet", no ha ocupado todas, no ha ocupado las más importantes ni ha ocupado, tampoco, las que tienen mayor potencial de desarrollo. Los especuladores temen que el enorme pulpo surgido de la fusión pueda desvalorizarse drásticamente si alguno de estos métodos de conexión alternativos a la red logra un desarrollo técnico capaz de ser aplicado masivamente. Sus grandes rivales, como Microsoft y AT&T, están trabajando en esta dirección y se especula con que unan sus fuerzas para dar batalla. La lucha por la monopolización de Internet es a muerte y está lejos de haber terminado. Crisis política En el cuadro de esta creciente centralización monopólica de Internet, donde cada día aparecen pulpos más grandes y potentes sobre la ruina de los más débiles, ¿cómo se explica que el gobierno norteamericano impulse un juicio contra Microsoft por "prácticas monopólicas"? El juicio forma parte de esta batalla por la dominación de Internet y fue impulsado por sus rivales (AOL, Netscape, Sun, IBM) para impedir que Microsoft monopolizara el comercio electrónico y el ingreso a Internet, de la misma manera que en el pasado había monopolizado los mercados de sistemas operativos de computadoras, de programas de oficinas y de programas para la navegación de la red: mediante adquisiciones hostiles, robo de ideas, contratación de ingenieros de la competencia, empaquetamiento de los programas que impiden la utilización de algunos de sus productos sin la utilización de los restantes y, sobre todo, acuerdos monopólicos con los vendedores de computadoras para excluir a la competencia. Una gran parte de esta batalla, sin embargo, se desarrolló fuera de los tribunales: AOL compró Netscape y se alió con Sun e IBM para combatir a Microsoft. Poco después, AOL compró Time Warner, y la batalla parece haberse emparejado. A dos años de iniciado el juicio, el fallo estableció que Microsoft actuó como "un depredador monopólico". Como las negociaciones para un acuerdo extrajuidicial fracasaron, habrá que esperar todavía varios meses para ver cuáles son los "remedios" que propone el juez. Cualquiera sea el resultado, las apelaciones a instancias judiciales superiores pueden durar años. Entonces, como declaró con sorna un competidor, "con 15 años de apelaciones, Microsoft será dueño de la industria y ya no importará nada" (37). Entre los "remedios" que puede dictar el juez se encuentra la aplicación de un "código de conducta" costoso e incontrolable, para impedir el comportamiento monopólico de Microsoft; otra alternativa sería la de dividir la empresa en varias partes, como se hizo en la década del 20 con Standard Oil, y en la del 60 con la telefónica Bell. Por razones obvias, los competidores de Microsoft respaldan esta última posibilidad, con el apoyo de un sector de la prensa financiera, que ve en el monopolio de Microsoft un factor de retraso para la innovación en una industria en rápido crecimiento y una amenaza para el resto del gran capital, incluso fuera del campo de la informática. Pero los comentaristas afirman que difícilmente Microsoft sea dividida después del excepcional espaldarazo político que obtuvo Bill Gates, el fundador, presidente y mayor accionista de Microsoft. Fue recibido en la Casa Blanca por el propio Clinton, con quien compartió una conferencia sobre "la nueva economía" y, poco después, fue recibido en triunfo en el Congreso, tanto por los demócratas como por los republicanos. Allí se escucharon cosas como que "antes de dividir a Microsoft hay que dividir al Departamento de Justicia" (Dick Armey, jefe de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes) o que "no es en interés de los Estados Unidos tener dividida a esta compañía" (Robert Torricelli, jefe de la bancada demócrata del Senado). En el Congreso, Gates fue tratado por estos hombres "como un icono de la nueva economía" (38). Por cierto que estos hombres responden a los "incentivos" que les ha proporcionado Microsoft, que en poco tiempo pasó a convertirse en el mayor contribuyente financiero para los fondos de campaña, dividiendo equitativamente su aporte entre oficialistas y opositores. Pero, además, responden a un interés más general del capital norteamericano: dividir a Microsoft, sostiene este sector, podría poner en juego la hegemonía norteamericana en el campo de los programas de computación y de Internet. "La industria de la alta tecnología está dividida al medio acerca del futuro de Microsoft", sostiene un legislador demócrata (39). Pero también lo está el régimen político norteamericano: mientras el Departamento de Justicia lo condena, el Congreso lo respalda; es decir que hay un choque abierto de las instituciones del Estado. La guerra monopólica por el dominio de Internet está planteando ya la crisis política en el aparato del Estado capitalista más poderoso del planeta. Estados Unidos y Europa Uno de los campos de batalla más feroces por la monopolización de Internet se encuentra en el territorio europeo. Internet, que fue desarrollada en Estados Unidos, llegó a Europa como un producto importado y, excepto en Gran Bretaña, en un idioma extranjero. Después de un lento comienzo, que llevó a muchos observadores a señalar que Europa había perdido el tren de Internet, el capital europeo se ha lanzado a la conquista de su espacio propio en la red. No casualmente Europa está viviendo en estos momentos la misma euforia especulativa con las acciones Internet que acaba de pincharse en Estados Unidos (40). A diferencia de Estados Unidos, los grandes bancos europeos están directamente involucrados en el negocio de Internet (el español Bilbao Vizcaya, por ejemplo, es co-propietario, junto con Telefónica, del portal Terra). Un reciente informe de la consultora norteamericana Yankee Group muestra cómo el capital europeo lucha por abrirse paso en la red. Señala que la tasa de crecimiento del número de usuarios es más alta que en Estados Unidos como consecuencia de que la masiva construcción de redes de fibra óptica a través de Europa ha permitido bajar sustancialmente los precios de la conexión y ha aumentado la demanda. En Francia, por ejemplo, el número de usuarios se ha triplicado en apenas un año. Esta red europea no está siendo construida por "los tradicionales proveedores de servicios de Internet" (muchos de ellos norteamericanos) sino por las empresas telefónicas como Alcatel (de Francia), Deutsche Telekom (de Alemania) o Telefónica (de España). Sin embargo, el dato relevante que muestra la progresión del capital europeo en la red es que "en 1998, más de la mitad de todo el tráfico europeo de Internet provenía de los Estados Unidos; a fines de 1999, las dos terceras partes del tráfico permanecía dentro de la región, con nudos de comunicación como Amsterdam o Frankfurt que intercambiaban nueve veces más información con otros países europeos que con los Estados Unidos" (41). La batalla es tan feroz que incluso pulpos tan poderosos como AOL "no han podido desbancar a las empresas dominantes locales y manejar la Internet europea" (42). La alemana Deutsche Telekom, alerta una revista de negocios norteamericana, "quiere dominar Europa en portales, servicios de conexión y telefonía móvil" (43). Con una capitalización de 40.000 millones de dólares (mayor que la del Dresdner Bank y cuatro veces superior a la de la línea aérea Lufthansa), la división Internet de la Deutsche Telekom (llamada T-Online) cuenta con 4,2 millones de suscriptos y es el mayor proveedor europeo de servicios de conexión. Otro punto de peso: Deutsche Telekom ha desarrollado la mayor red de negocios bancarios on line de Europa. Pero lo que la convierte en un rival de cuidado para los norteamericanos es que "a diferencia de sus rivales como AOL, Deutsche Telekom tiene un precioso vínculo con la telefonía móvil, lo que podría convertir a T-Online en un monstruo de la moda que viene, la Internet móvil" (44). Los alemanes cuentan con la enorme potencia financiera de la Deutsche Telekom (cuya capitalización bursátil supera a la de las norteamericanas AT&T y Yahoo! combinadas) para desarrollar una vía de acceso móvil a Internet que aplastaría a sus rivales atados a los cables telefónicos o de TV: "Competidores como AOL no tendrán otra alternativa que usar estas redes si quieren alcanzar a sus propios consumidores y unirse a la bonanza de la Internet móvil" (45). En la batalla por la dominación de la Internet europea (y, en particular de la Internet móvil), la Deutsche Telekom enfrenta a otros gigantes europeos: la británica Vodafone, que ha pisado su propio patio trasero al adquirir a la alemana Manesmann, o la Ericsonn, que se ha aliado a Microsoft para desarrollar la tecnología del acceso móvil a Internet. Pero el capital europeo no está simplemente peleando una batalla de retaguardia para preservar su continente de la penetración norteamericana; está luchando para monopolizar Europa como una base de lanzamiento hacia los Estados Unidos: T-Online ya anunció su intención de comprar empresas de Internet y de comunicaciones en los propios Estados Unidos. La compra de la alemana Manesmann por la británica Vodafone fue abiertamente resistida por el gobierno alemán, que respalda a la Deutsche Telekom, mientras que el gobierno de Blair se encontraba entre sus mayores impulsores. Detrás de AOL y de sus intereses se encolumnará el gobierno norteamericano. En el cuadro de la caída de las Bolsas, la lucha entre los grandes grupos capitalistas por la dominación de Internet *es decir, por el único mercado que crece sostenidamente en la economía capitalista* se trasladará al plano político, como lucha y choque entre Estados, y será un factor adicional de agravamiento de la lucha comercial y financiera interimperialista. Notas: 1. Corriere della Sera, 21 de marzo de 2000. 2. Le Monde, 19 de noviembre de 1999. 3. The New York Times, 19 de enero de 1999 4. The Washington Post, 8 de enero de 1999. 5. Les Echos, 20 de enero de 2000. 6. Idem anterior. 7. Le Monde Diplomatique, agosto de 1998. 8. The Wall Street Journal, 26 de enero de 1999 (diferenciado L.O.). 9. Luis Varela, "Con la palanca en la mano", en Clarín, 15 de abril de 2000. 10. Suein Hwang, "¿Llegó el fin del financiamiento para los sitios de e-commerce?", en The Wall Street Journal, 5 de abril de 2000. 11. Financial Times, 6 de enero de 2000. 12. Se denomina pirámide al esquema financiero en el cual los beneficios de los primeros inversionistas son pagados con los ingresos de fondos de nuevos inversores (y no con el rendimiento que produce el capital invertido). El esquema puede reproducirse hasta que el retiro de inversores (provocado por el temor a la deuda acumulada o por cualquier otro motivo) derrumba todo. El derrumbe de uno de estos esquemas llevó a la revolución en Albania, en 1986. 13. Buenos Aires Económico, 7 de marzo de 2000. 14. Idem anterior. 15. The Economist, 26 de febrero de 2000. 16. Luis Oviedo, "El lugar de Internet en la crisis capitalista", en En Defensa del Marxismo, N° 24, junio/agosto de 1999. 17. Ver Luis Oviedo, "Japón: la depresión económica y la economía mundial", en En Defensa del Marxismo, N° 25, diciembre 1999/febrero 2000. 18. Luis Oviedo, "El lugar de Internet en la crisis capitalista", en En Defensa del Marxismo, N° 24, junio/agosto de 1999. 19. Business Week, 17 de enero de 2000. 20. Clarín, 2 de abril del 2000. 21. Business Week, 17 de enero de 2000. 22. Clarín, 2 de abril de 2000. 23. Business Week, 17 de enero de 2000. 24. Idem anterior. 25. Idem anterior. 26. The Economist, 26 de febrero de 2000. 27. Business Week, 17 de enero de 2000. 28. El artículo completo puede leerse en http://www.seattle-weekly.com/features/9828/features.Howard.shtml 29. Mark Leibovich, "Servicio sin una sonrisa", en The Washington Post, National Weekly, 13 de diciembre de 1999. Reproducido por Le Monde Diplomatique, febrero de 2000. 30. Luis Gurevich, "¿Internet va a cambiar el mundo?", en En Defensa del Marxismo, N° 7, julio de 1995. 31. The Washington Post, National Weekly, 13 de diciembre de 1999. Reproducido por Le Monde Diplomatique, febrero de 2000. 32. Financial Times, 11 de enero de 2000. 33. Idem anterior. 34. Idem anterior. 35. Business Week, 24 de enero de 2000. 36. Idem anterior. 37. Página 12, 5 de abril de 2000. 38. The New York Times, 7 de abril de 2000. 39. Financial Times, 7 de abril de 2000. 40. Algunos ejemplos ayudan a ilustrar la envergadura de la fiebre especulativa que ha atrapado a Europa: la empresa italiana Tiscali ha alcanzado una valuación bursátil superior a la de la Fiat y el portal español Terra (de Telefónica) ha multiplicado su valor varias veces en unos pocos días de oferta bursátil. 41. Financial Times, 23 de marzo de 2000. 42. Business Week, 13 de marzo de 2000. 43. Idem anterior. 44. Idem anterior. 45. Idem anterior.

1 de mayo de 2000
Brasil: El PT y el Secretariado Unificado de la IVª Internacional contra la clase obrera

En la primera semana de abril, después de casi 40 días, el sindicato de maestros y profesores de Rio Grande do Sul (CPERS) levantó la huelga comenzada a inicios de marzo, sin conseguir sus principales reivindicaciones (reajuste salarial de 20%, reformulación de la carrera). Si bien es cierto que el gobierno petista de Olivio Dutra debió aumentar su oferta salarial inicial del 10% al 14%, esto por la masividad del movimiento (el CPERS es el sindicato más numeroso del estado sureño, y uno de los más numerosos del Brasil); lo obtenido, sin embargo, (y la propia reivindicación de 20%) está muy por detrás de las necesidades del sector, sin reajustes salariales en más de dos años, y pérdidas acumuladas que justificaban un reclamo de aumento de 190%: la reivindicación sindical era de un salario básico inicial de 377 reales para docentes, y 355 para no docentes (ambos abajo de los 200 dólares mensuales). Un Frente Popular anti-huelguista Independientemente de la política de la dirección sindical, lo cierto es que no debe haber habido en la historia del país ninguna huelga más aislada y combatida políticamente. A los mecanismos de intimidación normales del Estado y las mentiras habituales de los grandes medios de comunicación, se sumaron la hostilidad de casi toda la izquierda "gaúcha" (ahora gobernante) y brasileña: la secretaria de Educación del "Gobierno Popular", Lúcia Camini (de la Articulación de Izquierda del PT), es nada menos que la ex presidente del CPERS que reivindicó, hasta 1998, un reajuste salarial de 190%. Por si esto fuera poco, en vísperas de la huelga una declaración de sectores no (directamente) integrados al gobierno estadual afirmaba que "la situación de los maestros es crítica, humillados por el congelamiento salarial de los últimos años, (pero) en este momento consideramos una posible huelga como una precipitación. Existe espacio para negociar y avanzar significativamente mediante la negociación. Para construir el futuro y fortalecer políticas estratégicas de largo plazo por medio de la negociación. (Si hay huelga) la victoria será de la élite, de la RBS (monopolio de la comunicación, ligado a la Red Globo), de la derecha que quiere derrotar nuestro proyecto y volver al poder". La declaración fue firmada por el MPA (pequeños agricultores), el Movimiento de Víctimas de Embalses, Mujeres Trabajadoras Rurales, la Federación Metalúrgica (CUT) y el MST (campesinos sin tierra) que, originario de Rio Grande do Sul (RS), es sin duda el movimiento de lucha más popular del Brasil. La dirección del CPERS, por otro lado, está ahora en manos de sectores vinculados a la Articulación lulista del PT (cuyos representantes parlamentarios estuvieron contra la huelga): por detrás de la huelga y de la crisis que ella desató, se encuentra un proceso de descomposición política del conjunto de las tendencias "petistas" y de lo que tienen en común, "derecha", "centro" e "izquierda": la política de Frente Popular, que en ningún lugar se reveló de modo más claro como la integración y defensa del Estado burgués. Un Frente Popular trotskista En noviembre de 1998 la coalición encabezada por el PT derrotó en el segundo turno de las elecciones estaduales al candidato gubernamental (el gobernador en ejercicio, Antonio Britto) con casi 51% de los votos (poco menos de 3 millones) contra poco más de 49% para Britto. Desde 1989, el PT viene, además, ejerciendo ininterrumpidamente la titularidad de la intendencia de Porto Alegre, capital del estado. El actual intendente de Porto Alegre, Raul Pont (dirigente de la tendencia DS *Democracia Socialista* del PT, y del Secretariado Unificado *SU* "de la IVª Internacional") declaró entonces que "la victoria de Olivio Dutra y el Frente Popular (PT-PSB-PCdoB-PCB) es histórica. Por primera vez en el país, la izquierda vence en elecciones regionales sin alianzas con partidos capitalistas y/o apoyo de sectores vinculados a la burguesía" (1). Esto es, desde luego, una perfecta tontería (los dos "PCs" no pasan de aparatos explícitamente solidarios con el orden burgués; el PSB, peor, es una "sigla de alquiler" de propiedad del terrateniente pernambucano Miguel Arraes). Lo peor, sin embargo, es el contrabando ideológico, pues la DS-SU no sólo no es enemiga, sino declaradamente impulsora de las "alianzas con partidos capitalistas y sectores vinculados a la burguesía" en otros estados (siempre en función, claro, de "particularidades regionales", que en el Brasil serían universales, pues la DS-SU defiende la coalición nacional con el burgués-corrupto-gangsteril-evangélico PDT). Para no dejar dudas, la DS-SU afirma que "el Gobierno Democrático y Popular de RS es, junto con el MST del Brasil, la resistencia del pueblo cubano, el grito insurgente de los zapatistas mexicanos, la trinchera avanzada de combate a la barbarie neoliberal en América Latina" (2), nada más y nada menos. La victoria del PT, en realidad, es un indicador, deformadamente electoral, de la radicalización y polarización política de RS, el estado brasileño que en forma más masiva cumplió las huelgas generales de los últimos años, y donde la lucha por la tierra alcanzó mayor amplitud: ese proceso destruyó la base social del "brizolismo" (PDT), el partido burgués históricamente dominante en el estado desde los años 60, hoy reducido a un aparato de expresión electoral secundaria. Debe quedar claro que la DS-SU sabe de lo que habla, pues no sólo dirige el gobierno de Porto Alegre, también ocupa la vice-gobernación de RS (con el diputado federal Miguel Rossetto) y los principales cargos del gobierno estadual (inclusive finanzas y seguridad); o sea que no sólo es la principal tendencia política del PT, sino del propio Estado. Significativamente, antes de la victoria de 1998, el propio Rossetto dejaba claro lo que se podía esperar de una victoria del PT: "La realidad que se avizora en RS es muy amarga: pasada la orgía privatizante (de Britto) va a sobrar sólo una cuenta impagable para la población" (3). Estaba ahí resumido todo el programa de gobierno del PT y de la DS-SU. El programa de transición del Banco Mundial No es de extrañar, entonces, que desde el inicio de su gobierno, la política del PT-DS-SU haya sido la de preparar a la población para el pago de la cuenta impagable. El instrumento para eso, ya experimentado en la intendencia de Porto Alegre, es el último forro de la política capitalista, bautizado de "presupuesto participativo", que Raul Pont califica de "programa de transición" "ya veremos hacia dónde" y de "experiencia de democracia directa sin equivalente hoy en el mundo" (4). Le Monde Diplomatique (5), viejo órgano del imperialismo francés, tampoco retacea elogios al "participativo" (u OP, sigla en portugués de "orçamento participativo"), que acaba de entrar también en la lista de recomendaciones del Banco Mundial, citando exactamente el ejemplo de Porto Alegre, con lo que hay que preguntarse cuál es la "transición" que nos propone "hoy en el mundo" la DS-SU. Ya puesto en práctica desde hace diez años, la queja más frecuente del PT-DS en relación al OP es la de la relativa indiferencia de la población *la esencia del OP sería la convocatoria al pueblo a discutir democráticamente, y fuera de la "institucionalidad", la atribución de las partidas presupuestarias*, lo que prepara el terreno para culpar por el fracaso de la "transición al socialismo" al mismo "pueblo". La razón de la "indiferencia" ya fue bien explicada por Gilmar Mauro (del MST) cuando dijo que el pueblo difícilmente se interesaría en discutir qué hacer con el 5% del presupuesto, pues el 95% restante ya estaba comprometido (6). La realidad es peor: "El margen de influencia de los ciudadanos es estrecho. Por ley, el Estado debe destinar 35% del presupuesto para educación y 10% para salud Como los salarios consumen 80% de los ingresos, y la deuda por lo menos 12%, lo que sobra para invertir es poco. Sólo no es cero porque el presupuesto nace con déficit" (7). Por otro lado, para discutir el OP ya se han formado innumerables consejos regionales y barriales, controlados por el estado (y no podría ser de otro modo, pues éste determina las cantidades sobre las que "el pueblo" debe deliberar), cuya función principal es la realización de contrataciones, con lo que el OP se transforma en un factor de burocratización de los movimientos populares, controlados por caciques locales que ofician de intermediarios frente al gobierno. Un programa antiobrero Si a ello se agrega que la palabra final cabe al Poder Legislativo, donde la oposición derechista consiguió meter 224 enmiendas (antipopulares) votadas en su mayoría también por los diputados pro-gubernamentales, se tendrá una idea de hacia dónde "transita" el festejado OP (P?). De manera más que clara, el secretario de Finanzas *DS* de Porto Alegre indica que "la necesidad de aprobación por el OP de cualquier contratación de personal es un instrumento más eficiente de disminución de los gastos con personal que un aleatorio PDV (Programa de Despidos Voluntarios, implementado en otros estados y nacionalmente)" (8); o sea que el objetivo del OP es hacer pasar un programa popular de austeridad (en RS hay casi un millón de desempleados). No hay "participación" que resuelva el problema de RS, que como la mayoría de los estados brasileños, está endeudado hasta el pescuezo debido a la política de concesiones al gran capital: sólo en RS fueron donados más de 500 millones de dólares a la Ford y a la General Motors, lo que coincide casi exactamente con los intereses de la deuda anual del estado. Sólo una política de no pago de la deuda externa del estado, apoyada en la movilización política de la población *política que el control del aparato administrativo del estado y de su capital tornaría extremadamente factible* podría invertir ese cuadro y garantizar una verdadera "participación" popular. Sucede que esa política fue explícitamente rechazada por el PT-DS-SU. La política del gobierno Olivio Dutra-DS-SU frente al chantaje financiero de la Ford para instalar una planta en RS fue una radiografía de todo su programa, pese a que fue presentada por la izquierda como un "gesto de firmeza frente a las multinacionales". De acuerdo con los cálculos del gobierno, faltaban R$ 113 millones de los R$ 444 millones exigidos por la Ford y aceptados por el gobierno Britto (de acuerdo con el contrato, un préstamo sin corrección monetaria, con tasas de interés del 6% anual "las tasas del Banco Central están en 19,5% anual", a pagar en 32 años, sin contar 5 años de gracia, o sea, en realidad, 37 años); sin contabilizar las exenciones impositivas. El gobierno PT-DS-SU propuso finalmente, según una denuncia de la Articulación de Izquierda, "una transferencia de R$ 200 millones y el mantenimiento de los mismos parámetros de renuncia fiscal, negociación contradictoria con la propuesta de gobierno (que la Ford) no aceptó, pues ya mantenía acuerdos con el gobierno bahiano, apoyado por el gobierno federal" (9). La realidad fue más lejos, pues "el gobierno petista propuso adquirir acciones de la nueva empresa. Irónicamente, el gobierno estadual más izquierdista del país se transformaría en socio de la segunda mayor empresa automotriz del planeta (lo que) no se concretó porque la montadora americana recusó y se trasladó para Bahia, junto con 17 auto-partistas" (10). ¿De dónde saldrían los fondos, si el gobierno argumentó un déficit de caja (113 millones) para renegociar? De un impuestazo que permitiría recaudar R$ 220 millones anuales, y de una "reducción en R$ 100 millones de los gastos con pensiones y asistencia médica de los empleados estatales" (11), esto es, de los contribuyentes, o sea, del bolsillo de los trabajadores (no de los capitalistas, pues RS es uno de los campeones brasileños de la evasión impositiva, sin hablar de que los patrones no precisan de atención médica estatal). El gobierno PT-DS-SU llegó a ofrecer el aumento del préstamo directo a la Ford de R$ 210 millones (que, junto con R$ 234 millones en obras de infraestructura, totalizaban los R$ 444 millones acordados por el gobierno Britto y la Ford) a R$ 300 millones, deduciendo la diferencia de las obras de infraestructura (12), o sea, aceptando todo el contrato celebrado por el gobierno derechista (¡denunciado como "un robo" durante la campaña electoral!) y sólo proponiendo cambios en la composición interna de sus rubros (¡esto sí que es "presupuesto participativo"!). La Ford no aceptó, pues los incentivos bahianos parecen haber superado todos los récords brasileños (y probablemente mundiales) en la materia. ¿Cuánto se llevó de RS la Ford, pese a todo, sin instalar si quiera un torno? Oficialmente R$ 42 millones, que se suman a los 180 millones de incentivos fiscales bahianos, más los terrenos cedidos gratuitamente, energía, agua y red de comunicación por fibra óptica ya garantizados por el gobierno de Bahia (la inversión inicial de la Ford, además, será financiada por un crédito con tasas "especiales" del BNDES, Banco Nacional de Desarrollo). ¿Qué tal? El gobierno Dutra-DS-SU no sólo asumió los contratos de su predecesor derechista, sino también su política antiobrera. Así, continúa cobrando la contribución previsional de los propios jubilados estaduales (cabe suponer que para solventar los gastos jubilatorios de su próxima encarnación) instituida por decreto por el gobierno Britto, en condiciones en que una propuesta semejante del gobierno federal (Fernando Henrique Cardoso) fue vetada por el Supremo Tribunal Federal por "anti-constitucional". Con una "pequeña" aclaración: propone elevarla a 11% (reduciendo en proporción equivalente los ya parcos recursos de los jubilados). El gobierno municipal de Porto Alegre (encabezado por la DS-SU) cobra también los descuentos "inconstitucionales" que la derecha en San Pablo, por ejemplo, es incapaz de cobrar. De este modo, el "gobierno popular" pretende mantener el "equilibrio presupuestario", que incluye el pago de R$ 80 millones mensuales en concepto de deudas, sin contar los "estructurales" R$ 5.000 millones de incentivos fiscales para los diversos grupos capitalistas (y cuya evasión impositiva se calcula, además, en R$ 3.000 millones anuales). Con semejante orgía capitalista, no es de extrañar que, "austeridad" mediante, el déficit presupuestario continúe en R$ 560 millones Pues bien, compárese el conjunto de las cifras mencionadas, o cada una de ellas por separado, con el impacto que tendría el modesto reajuste solicitado por el sindicato del magisterio primario y secundario, responsable por las 3.052 escuelas públicas del estado: R$ 170 millones anuales, según el gobierno (menos que lo ofrecido a la Ford, de una sola vez, según la Articulación de Izquierda, para que se quedara en el estado). Uno de los ejes de la campaña electoral del Frente Popular había sido, justamente, la "valorización de la educación y del salario docente". Clarificación política La huelga de maestros y profesores, por lo tanto, no fue un episodio secundario o "normal", sino la expresión del conjunto de las contradicciones de la política gubernamental, consistente en respetar los objetivos del gran capital cubriéndolos con un manto "popular". De ahí que, pese a su aislamiento político, tuviese la simpatía manifiesta de la mayoría de la población, lo que la llevó a emplear métodos audaces, con manifestaciones callejeras masivas y una vigilia de más de dos mil trabajadores frente al palacio de gobierno. En un mes de huelga de CPERS, en las asambleas permanentes de sus 42 núcleos de base, hubo más "participación" que en diez años de "presupuesto participativo" (porque, a diferencia de éste, la huelga es una movilización de clase). La huelga consiguió meter una cuña en el propio PT: la diputada Luciana Genro declaró su apoyo a la huelga, lo que llevó a la bancada del PT a destituirla de la vice-presidencia de la Comisión de Educación de la asamblea estadual, y a prohibirle hablar en nombre de la bancada del PT durante un mes. (¿Piensan que en un mes cambiará de opinión?). Julio Quadros, de la Articulación de Izquierda (AE) del PT, encabezó el proceso que concluyó en la sanción. La AE (que es la corriente más crítica del PT al gobierno Dutra) justificó su posición afirmando que "la bancada del PT en RS tiene la tradición de votar siempre colectivamente. (La dirección de la huelga) se rehusa a negociar, no presenta contrapropuesta [o sea, mantiene correctamente su propuesta, NdA], rechazan los avances conseguidos cuando deberían aceptarlos como conquistas de la lucha de los trabajadores (Queremos) una salida en la cual los trabajadores de la educación avancen en las conquistas de sus reivindicaciones, y el Gobierno Democrático y Popular en el cumplimiento de su programa" (13). Esa "salida" no existía, porque ambos objetivos eran contradictorios. La rabia con que el profesorado concluyó la huelga, a pesar de la derrota, es la expresión práctica de esa contradicción. Que la DS-SU teorice *según se dice, provocando la admiración de cierto "trotskismo" europeo* que "es en RS donde más se construyó un equilibrio entre los dos brazos del movimiento de pinzas dirigido contra el poder burgués *un movimiento político y social transformador que mantiene un sentido combinado y de refuerzo mutuo entre las conquistas en sus frentes de acción de masas e institutucional" (14), sólo puede convencer a quienes ya están sospechosa e interesadamente convencidos de antemano. Se ha abierto una brecha definitiva entre el movimiento obrero "gaúcho" y la política del Frente Popular. El futuro de la lucha depende de la asimilación política de esa batalla. Pero la lección dejada por la huelga y por un año y medio de gobierno del Frente Popular no es sólo "gaúcha", ni siquiera brasileña: es internacional. Para ser consecuente con las más elementales reivindicaciones obreras y democráticas, es necesaria la independencia de clase, el partido revolucionario. Para construirlo, es necesario dejar atrás los escombros del Frente Popular y del "Secretariado Unificado", y refundar la IVª Internacional para que su bandera y su programa no sean usados como ariete de una política antiobrera. La huelga de los maestros riograndenses ha lanzado una pregunta a toda la izquierda que se reivindica clasista: ¿De qué lado están? El que no responde es cómplice. Notas: 1. Em Tempo Nº 304, Noviembre de 1998. 2. Elementos para um Balanço do Governo Democrático e Popular do RS. 3. Em Tempo Nº 299, Febrero de 1998. 4. Em Tempo Nº 302/303, Septiembre de 1998. 5. Le Monde Diplomatique, Agosto de 1998. 6. Ver: P. Barsotti y L.B. Pericás, América Latina, São Paulo, Xamã, 1998. 7. Zero Hora, Porto Alegre, 30 de noviembre de 1999. 8. Em Tempo Nº 298, Noviembre de 1997. 9. Articulación, 17 de julio de 1999. 10. Jornal do Brasil, 10 de enero de 2000. 11. Veja. 12. O Estado de São Paulo, 11 de enero de 2000. 13. Declaración de Iti Guimarães, 14 de marzo de 2000. 14. Em Tempo Nº 310, Octubre de 1999.

1 de mayo de 2000
¿La LCR está en vías de su mutación y de su refundación?

El próximo congreso de la LCR debería tener lugar en junio de 2000. El anterior sesionó a principios de 1998. Por supuesto, tratándose de un problema interno de la LCR, no queremos intervenir en la discusión propiamente dicha del próximo congreso. Si da lugar, comentaremos luego las decisiones que allí se tomen. Por eso, la finalidad del siguiente artículo no es intervenir en el futuro congreso de la LCR, sino discutir los cambios políticos en los cuales parece empeñada esta organización. Esta discusión podría haber tenido lugar antes de las elecciones europeas (1) ya que no representa un cambio de actitud política. De ello dan fe los artículos aparecidos en Rouge (2) y en Lutte Ouvrière (3) (agrupados en un folleto por nosotros), inmediatamente después de las Regionales o las declaraciones a la prensa, en ese momento, de ciertos dirigentes de la LCR. Simplemente se trata de aclarar la actual evolución de la LCR siguiendo algunos textos públicos, recientemente aparecidos, que comentan el siglo pasado. En su número del 13 de enero de 2000, Rouge, el semanario de la LCR, dedicó un suplemento especial a lo que denomina "La leyenda del siglo". Se trata de ocho artículos de otros tantos autores, que pretenden ser, según la presentación de Rouge, un esbozo de reflexión sobre los problemas actuales del movimiento revolucionario, resumido en estos términos: "¿La revolución, la alternativa al liberalismo, están destinadas inexorablemente al museo de las cosas viejas? ¿Octubre del 17, Lenin, Trotsky pueden ser eximidos de cualquier mirada crítica por el hecho de la perversión stalinista?". No se aclara si este esbozo de reflexión compromete a la LCR como tal. Pero como entre los firmantes de estos artículos aparecen algunos de los dirigentes más conocidos de esta organización, como Christian Picquet o Daniel Bensaid, es lícito pensar que se trata de un reflejo de las discusiones que la atraviesan actualmente, al acercarse su próximo congreso de junio de 2000. Por supuesto, no hay motivo para que los revolucionarios no puedan tener una mirada crítica al estudiar a Lenin y Trotsky. Pero de hecho no se trata sólo de eso. Lo que tienen en común estos ocho textos, es un cuestionamiento de todo lo que ha constituido, hasta fechas relativamente recientes, el capital político del cual se reivindicaba la LCR, no sólo los aportes de Marx y Engels, sino también los de Lenin y Trotsky. Este cuestionamiento no tiene siquiera el mérito de aportar ideas originales, y esto no es nada sorprendente. En efecto, tras medio siglo de ausencia de cualquier intervención política autónoma de la clase obrera, las ideas políticas a las que debería dar vida nuestra época ya fueron formuladas hace tiempo, y este esfuerzo para "pensar el presente a la luz de las experiencias que puedan hacerlo inteligible", no lleva más que a retomar ideologías vetustas mil veces formuladas ya, y mil veces combatidas en el pasado por el movimiento revolucionario. ¿La LCR sigue siendo trotskista? Esta es la pregunta que uno puede hacerse después de la lectura del artículo de Francois Duval, titulado: "Entonces, ¿todavía trotskistas?", aunque empieza por lo que pretende ser un homenaje a Trotsky: "Para nuestra generación, el primer encuentro con el pensamiento de Trotsky se realizó bajo el signo del internacionalismo, en pleno período de ascenso de la revolución colonial () Fue nuestra primera aproximación a la teoría de la revolución permanente desarrollada por Trotsky". Allí está, resumida en una frase, toda la ambigüedad de las organizaciones del Secretariado Unificado en relación a las ideas defendidas por Trotsky durante toda su vida. La teoría de la revolución permanente, que Trotsky elaboró después de la revolución rusa de 1905, pronosticaba que las burguesías de los países subdesarrollados, llegadas tarde al escenario de la historia, temerosas de un proletariado numeroso y concentrado, se revelarían incapaces de realizar las tareas de la revolución democrática burguesa y que, en esas condiciones, sólo la clase obrera podría llevar a cabo esas reformas; los revolucionarios debían, por tanto, fijarse como objetivo no desempeñar un papel de complemento en una hipotética revolución burguesa, sino el rol dirigente en un proceso revolucionario que debutaría por reformas democráticas pero que sólo podría vencer si se da como objetivo la toma del poder por el proletariado. Pero en un período marcado por la ausencia de intervenciones políticas independientes de la clase obrera, por la ola de revoluciones coloniales, y por el deslumbramiento que éstas provocaban en la mayor parte de la pequeña burguesía intelectual, el Secretariado Unificado (y junto a él la gran mayoría de las organizaciones que se reclaman del trotskismo) utilizó esa teoría para justificar su seguidismo a las direcciones nacionalistas pequeñoburguesas, afirmando que ya que se habían obtenido una cierta cantidad de reivindicaciones democrático burguesas, esas direcciones eran de alguna manera direcciones obreras de hecho. La revolución permanente ya no era, para estos camaradas, una estrategia de combate para la clase obrera, sino un proceso de "transformación" cuasi automático de las revoluciones coloniales en revoluciones socialistas, sirviendo esto para otorgar buenos puntos "socialistas" a Mao, Castro, Ben Bella, Ho Chi Minh y tantos otros. Pero los mismos que quedaron deslumbrados ante los líderes nacionalistas de los países tercermundistas, cuando aquéllos estaban de moda, hoy se sienten cada vez menos solidarios con la auténtica revolución proletaria que fue la revolución rusa. Es así como se puede leer en el mismo artículo *"¿Entonces, todavía trotskistas?"* frases que parecen salidas directamente de El Libro Negro del Comunismo (5): "Desde el principio, el poder bolchevique respondió con represión a las huelgas obreras: toma de rehenes, ejecución por fusilamiento de los activistas, culpables de defender las reivindicaciones obreras y de reclamar elecciones libres en los Soviets. ¿La guerra civil? No lo explica todo". Y el autor (¡qué original!) invoca, contra el bolchevismo, los escritos de Trotsky de 1903 criticando los métodos de Lenin y de la fracción bolchevique; pero el mismo Trotsky aclaró posteriormente que sin el partido bolchevique la revolución proletaria en Rusia, en octubre de 1917, nunca habría podido triunfar. Pero vemos aquí que otra cuestión se le plantea a este trotskista que describe la Revolución de Octubre como un infierno para los trabajadores, a propósito de los movimientos de independencia nacional posteriores a la Segunda Guerra Mundial: "Las revoluciones democráticas no desembocaron en la revolución política, ni en el retorno de los consejos de trabajadores que pronosticábamos". Pero antes que interrogarse sobre el trotskismo, Francois Duval debería cuestionar la validez de esos pronósticos que no le debían nada ni a Lenin ni a Trotsky, y sobre la seriedad de lo que la corriente a la cual pertenece proclamó durante años. Referirse al comunismo ya no está de moda hoy en la pequeña burguesía intelectual, pero no fue siempre así. En los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, el mundo de los literatos, de los universitarios y de los intelectuales de todo tipo estaba lleno de compañeros de ruta del stalinismo que cantaban alabanzas a la URSS stalinista y a las "democracias populares" (6). Es durante este período que la gran mayoría del movimiento trotskista decidió que las "democracias populares" eran Estados obreros deformados, aunque la clase obrera no hubiera jugado ningún papel en su nacimiento. Según estos camaradas, la revolución social había sido cumplida allí por el Ejército Rojo. Sólo quedaba realizar la revolución política. Gracias a estos análisis, la burocracia stalinista aparecía dotada de virtudes revolucionarias. Y los que teorizaban así su seguidismo en relación al stalinismo, dedujeron de allí una estrategia de entrismo sui generis preconizando la entrada de los militantes revolucionarios en los partidos stalinistas o socialdemócratas que, decían, jugarían un papel decisivo en las futuras transformaciones revolucionarias que no podrían más que surgir de los enfrentamientos entre la URSS y el imperialismo. Nuestra corriente fue la única en sostener que las "democracias populares" no eran más que Estados burgueses, deformados si se quiere por la presión de la URSS, pero que no aspiraban más que a reintegrarse al imperialismo cuando les fuera posible. Y efectivamente esto fue lo que ocurrió, cuando la URSS, antes de su propio estallido, aflojó su presión. Entonces, en lugar de cuestionar al trotskismo por la ausencia de "revoluciones políticas" en las ex "democracias populares", los representantes del SU y de la LCR deberían más bien repasar sus propias interpretaciones sobre el nacimiento de estos Estados. Evidentemente, no es éste el camino que han emprendido, y la conclusión del artículo de Francois Duval es clara: "Este es nuestro trostkismo: una deuda teórica con el autor de La Revolución Traicionada, la fidelidad en el combate por la revolución y contra la burocracia. Pero también un necesario inventario y depósitos nuevos para abrir. El estudio crítico de Trotsky, y de los otros pensadores, nos da referencias útiles para un proyecto revolucionario. Sería ilusorio, sin embargo, pensar en encontrar allí respuestas a los nuevos desafíos del siglo. Estas sólo pueden surgir de nuevas experiencias y de la confrontación con otras corrientes políticas y sociales ajenas a esta cultura política". Evidentemente, "nuevas experiencias" no dejarán de enriquecer el capital político del movimiento revolucionario, pero a condición de que abarquen amplios sectores de las masas y no a movimientos marginales; y pretender que las "respuestas a los nuevos desafíos del siglo" sólo podrán surgir de la "confrontación con otras corrientes sociales o políticas", es de hecho seguir el mismo camino que el de adornar al tercermundismo de todas las virtudes anticapitalistas, pero en forma más irrisoria aún, porque entonces se trataba de amplios movimientos de masas, mientras que ahora las "corrientes políticas y sociales" a las que se alude no son más que corrientes ultraminoritarias. ¿La LCR sigue siendo leninista? El tema de la responsabilidad de los principios y de los actos del bolchevismo en la génesis del stalinismo es permanentemente recurrente en este suplemento. Así, en un artículo titulado "La emancipación desviada", Eric Lafon, después de hacerse la pregunta si el bolchevismo fue "inocente de todo aquello", responde: "Uno no puede quedarse en la denuncia de algunos errores en términos de pérdidas y ganancias". Y critica, entre otras cosas (ciertamente con 80 años de retraso respecto de todos los críticos reaccionarios de la Revolución Rusa), "la disolución de la Asamblea Constituyente, que demuestra de parte del partido bolchevique una práctica no compartida del poder revolucionario y participa posteriormente en el debilitamiento de la democracia socialista". Este ejemplo muestra en primer lugar con cuanta ligereza estos nuevos críticos de la Revolución Rusa tratan los hechos, ya que el partido bolchevique no ejercía el poder en forma "no compartida" cuando fue disuelta la Constituyente: los Socialistas Revolucionarios de izquierda estaban en ese momento asociados enteramente al poder. Pero en el fondo no se podía compartir el poder entre una Asamblea Constituyente dominada por partidos burgueses, y que apenas elegida no representaba ya a ninguna fuerza viva del país, y el Congreso de los Soviets, emanación de las masas en lucha. Una u otra debía desaparecer ineludiblemente, en un momento u otro. Y no es la profundización de la "democracia socialista" sino su muerte, lo que habría representado, en las condiciones de la época, la victoria de los partidarios de la Constituyente. ¿Acaso hay que recordarle esto a militantes que se reclaman de la IVª Internacional? Sigue luego toda una clase de vals sobre el tema de las responsabilidades del bolchevismo vistas por la LCR (¿o de una de sus corrientes?). Un paso a la derecha: "Todos estos aspectos deberían por lo tanto convencernos de una filiación entre el bolchevismo y el stalinismo". Un paso a la izquierda: "Persistimos en contestar negativamente". Un paso hacia atrás: "La idea de contrarrevolución caracteriza () en Trotsky a la URSS de Stalin (). Sin embargo, el término es ambigüo ya que es empleado generalmente para designar la antítesis, tanto en el plano de los valores como en el de los principios, de la revolución que se pretende combatir para restablecer el antiguo orden. Sin embargo, Stalin se inscribe en una filiación y se cuida muy bien de presentarse rompiendo con la herencia de Lenin". Lo que es más ambiguo aun, es el conjunto de las formulaciones de este artículo, que desembocan en esta conclusión: "La tesis de un Stalin protegiéndose tras una fachada revolucionaria para emprender un camino contrarrevolucionario en Rusia resulta un escenario alambicado". Pero, en vano buscaríamos en esta prosa otro análisis del fenómeno stalinista: sólo se trata de un ¡"esbozo de reflexión"! Pero todo lo que es demasiado complejo para la reflexión de algunos, no es necesariamente alambicado. No todos los militantes de la LCR, sin duda, comparten los puntos de vista de Eric Lafon. La prueba está en que en el número de Rouge del 23 de marzo de 2000, François Ollivier le reprocha haber escrito en otro lugar que "el bolchevismo y la Revolución de Octubre no escapan a la sentencia que los ha llevado definitivamente al reino de la historia, de un pasado que hemos terminado de repasar" y tener el aire de lamentar que el "PCF continúe defendiendo la idea de la ruptura entre Stalin y Lenin". Pero si para François Ollivier la contrarrevolución stalinista es la negación del proceso revolucionario de Octubre, concluye, sin embargo: "¿Acaso esto nos dispensa de un retorno crítico sobre la Revolución Rusa? De ninguna manera. Estudiemos, discutamos los errores de los bolcheviques en su contexto histórico “un país de campesinos, dislocado por la guerra civil”, distingamos lo que resulta de las dificultades objetivas y de los errores de los revolucionarios rusos, y esto a partir de 1917/1918: – la pérdida de sustancia de los soviets, a partir de los primeros meses de la Revolución; – la disolución de la Asamblea Constituyente y su no reconvocatoria en 1918; – la represión contra otras fuerzas políticas, socialistas revolucionarios, anarquistas, etc. El lugar de la policía política en la resolución de los problemas; – la prohibición de las tendencias y fracciones en 1921 en el seno del partido bolchevique". ¿Qué es lo que llevó a "la pérdida de sustancia de los soviets", a la "represión contra otras fuerzas políticas, socialistas revolucionarios, anarquistas, etc.", a la "prohibición de las tendencias y fracciones en 1921"? Aunque más no fuera por higiene intelectual, a uno le gustaría saber por qué lo que adoraba la IVª Internacional hace 20 ó 30 años se volvió execrable hoy. Lamentablemente, François Ollivier no se toma el trabajo de explicarnos lo que resulta de las "dificultades objetivas" y lo que resulta de los "errores de los revolucionarios". En cuanto a los que ven en el stalinismo una prolongación del bolchevismo, ¿cómo pueden todavía reivindicarse trotskistas? Porque el aporte (considerable) del Trotsky de La Revolución Traicionada al movimiento obrero revolucionario, fue precisamente haber demostrado en qué condiciones históricas, sobre qué bases sociales, pudo triunfar el stalinismo. Fue haber mostrado que la degeneración de la Revolución Rusa no era una consecuencia ineludible de todo fenómeno revolucionario o de la "naturaleza humana", sino el fruto del aislamiento de una revolución que sólo había logrado triunfar en un Estado económica y culturalmente atrasado. Para todos aquellos que habían elegido alinearse en el campo de la clase obrera internacional, y que se escandalizaban ante el ascenso del stalinismo, Trotsky iluminó el camino del combate a seguir. Para el que no se deja influenciar por los discursos reaccionarios actualmente de moda en la intelectualidad, las cosas están hoy mucho más claras que en la época de Trotsky. Los sucesores de Stalin ya ni se toman el trabajo de aparecer como los continuadores de la Revolución Rusa. Los Yeltsin, los Putin, aparecen como lo que son, los representantes de una casta privilegiada nacida de la declinación de la revolución, y que tiene más de mafia que de nueva clase social. Pero, es justamente cuando todo está más claro, que los redactores de Rouge ya no ven nada. "Es esta imagen de un poder totalitario la que la historia recordará como único paradigma de la sociedad socialista…", se lamenta Eric Lafon. Pero, ¿qué historia? ¿Aquella escrita por historiadores como François Furet o por los "nuevos filósofos"? En todo caso son las ideas reaccionarias de este pequeño mundillo las que influencian a los autores de estos textos. Y para ilustrarlo mejor, en un dibujo que acompaña este artículo sobre "la emancipación desviada" y que quiere ser sin duda humorístico, bajo la leyenda "1989: fin de la pesadilla comunista", un personaje dice ante el Muro de Berlín destrozado: ¡tardamos 72 años en encontrar la salida! 1989 menos 72, da exactamente 1917. Esto figura en un semanario que se dice "comunista revolucionario", y nos exime de cualquier comentario. La Revolución Francesa y la auténtica democracia Es bajo otro ángulo que el artículo "La democracia como principio", firmado por Samy Johsua, aborda el balance de la Revolución Rusa, empleando, también allí, argumentos que no deberían tener un carácter novedoso para los trotskistas. El autor se refiere allí, en efecto, al folleto "La Revolución Rusa" que Rosa Luxemburgo escribió en 1918, sin haber tenido tiempo de terminarlo y que fue editado a fines de 1921 por Paul Levy, después de ser excluido de la Internacional Comunista. Este texto *y Rosa Luxemburgo no tiene nada que ver en ello* sirvió mucho a las corrientes socialdemócratas deseosas de criticar la acción de los bolcheviques con el aparente aval de una revolucionaria incuestionable. Rouge escribe entonces: "Toda reflexión sobre la naturaleza de una auténtica democracia debe partir de la absoluta convicción de que Rosa Luxemburgo tenía toda la razón". Pero la primera reflexión que se impone, después de semejante afirmación, es hacer notar que la "auténtica democracia" no formaba justamente parte del vocabulario de Rosa Luxemburgo, que no discutía sobre una democracia en forma independiente de las relaciones de clase, sino sobre el problema de las libertades democráticas en una revolución proletaria. Contrariamente a aquellos que utilizaron sus escritos, Rosa Luxemburgo no reprochaba a los bolcheviques la forma en la que ejercían el poder: "Todo lo que pasa en Rusia es explicable", escribía. "Es una cadena inevitable de causas y efectos cuyos puntos de partida y de llegada son: la carencia del proletariado alemán y la ocupación de Rusia por el imperialismo alemán. Sería exigirle a Lenin y sus compañeros una cosa sobrehumana; pedirles además, en circunstancias semejantes, que produzcan, como por arte de magia, la más bella de las democracias, la dictadura del proletariado modelo y una sociedad socialista floreciente. Por su actitud resueltamente revolucionaria, su fuerza de acción ejemplar y su inviolable fidelidad al socialismo internacional, han hecho todo lo que podían hacer en condiciones tan difíciles". La crítica de Rosa Luxemburgo se ubicaba en otro plano: "El peligro empieza cuando, haciendo de necesidad virtud, cristalicen en teorías formalizadas la táctica a la que los sometieron estas fatales condiciones y quieran recomendarlas para imitación del proletariado internacional como modelo de la táctica socialista". Curiosamente, el redactor de "La democracia como principio" va a buscar su inspiración en las "opciones profundamente renovadoras de la Constitución de 1793", que (y las necesidades de la guerra civil sin duda no fueron las únicas causas) no fue jamás aplicada. Pero la forma, también renovadora y mucho más moderna, con la cual Lenin planteó en El Estado y la Revolución el problema del ejercicio del poder del Estado por las masas trabajadoras, aparentemente no merece, a sus ojos, ser citada. Y cuando afirma que "es legítima la idea de una continuidad posible con, por ejemplo, la naturaleza de los debates de 1793", ¿no es esta acaso una manera de poner a la Revolución Rusa entre paréntesis? He aquí un retorno a las fuentes que se pretende hacer como algo nuevo cuando es tan viejo, y criticar una revolución proletaria con la vara de una revolución burguesa. Lo que querrían los dirigentes de la LCR es seducir a corrientes para las que la Revolución Rusa no es en absoluto una referencia positiva, sino más bien lo contrario. Rosa Luxemburgo estimaba, pese a sus divergencias, que "el mérito imperecedero en la historia (de los bolcheviques) es el de haberse puesto a la cabeza del proletariado internacional conquistando el poder político"; y terminaba su folleto con estas palabras inequívocas: "En este sentido, el porvenir pertenece en todas partes al bolchevismo". Convocar a Rosa Luxemburgo en auxilio de una operación que apunta a hacer de la "democracia" un fin en sí mismo, sin contenido de clase, resulta pura y simplemente una estafa política. ¿La LCR sigue siendo marxista? Los autores de esta compilación parten a veces de lejos para llegar a sus fines: es así como se puede leer, en el artículo llamado "El siglo bárbaro" (firmado por Enzo Traverso), que "Auschwitz cambió nuestra imagen del mundo y de la civilización. La humanidad no salió indemne de allí, el marxismo tampoco". Después de esto, uno espera escuchar al autor decirnos qué responsabilidad le toca al marxismo en Auschwitz. Pero ni siquiera se toma ese trabajo y en forma preventiva continúa afirmando: "Esta simple constatación indica que la alternativa planteada por Rosa Luxemburgo en vísperas de la Primera Guerra Mundial *socialismo o barbarie* debe ser hoy reformulada radicalmente". ¡Caramba! ¿Y en qué se equivocó Rosa Luxemburgo?: "El siglo XX demostró que la barbarie no es un peligro amenazador para el porvenir, sino el rasgo dominante de nuestra época; que no sólo es posible sino que está intrínsecamente ligada a nuestra civilización". Nuestro autor debería agregar, para tener una buena medida, los siglos precedentes. También habría sido justo y esto es tan evidente que en el dominio de la barbarie el mundo imperialista podría hacer cosas aún peores. Esta disertación sobre la barbarie no tendría interés, si no desembocara, en virtud de una oscura lógica, en un cuestionamiento insidioso al rol fundamental que, para los marxistas, la clase obrera, y sólo ella, puede desempeñar en la revolución socialista. "El siglo XX planteó un interrogante mayor en cuanto al diagnóstico de Marx sobre el rol del proletariado (en el sentido más amplio), en tanto sujeto histórico de un proceso de liberación de toda la humanidad. Ciertamente, ni las guerras ni los totalitarismos () pudieron borrar nunca la lucha de clases ni los combates emancipadores (). Pero si el diagnóstico de Marx no sale disminuido, su viabilidad todavía debe ser demostrada. Los totalitarismos *el fascismo y el nazismo* se revelaron como rostros posibles de nuestra civilización. El socialismo, en cambio, sigue siendo una utopía. Una utopía concreta, según la definición de Ernest Bloch, pero ciertamente no es una batalla ganada por adelantado, ineluctablemente inscripta en la marcha de la historia y científicamente asegurada por la fuerza de sus leyes…". Pero, decir que para Marx y Engels la revolución socialista era una "batalla ganada de antemano", "ineluctablemente", es caricaturizar groseramente su pensamiento (a la antigua usanza de los intelectuales stalinistas). Porque Marx y Engels eran militantes revolucionarios, no epilogaron largamente sobre lo que ocurriría si el proletariado no llegaba a derrotar al orden burgués, y por lo contrario consagraron todas sus fuerzas a armar al proletariado teórica y políticamente. Pero cuando Engels, en Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico, habla de la "misión del proletariado", define los dos términos de la alternativa en una formula lapidaria: "Al transformar cada vez más a la gran mayoría de la población en proletarios, el modo de producción capitalista crea la potencia que, bajo pena de perecer, está obligada a cumplir esta transformación". Pero esta manera de caricaturizar al marxismo no es inocente, porque Enzo Traverso escribe más adelante: "Pensar el socialismo después de Auschwitz, de Kolyma y de Hiroshima significa arrancarlo a las mitologías del progreso y a toda visión teleológica de la historia". Para los marxistas, es el desarrollo de las fuerzas productivas, el de las contradicciones sociales y la lucha de clases que resulta de ese desarrollo, lo que constituye el motor de la Historia. Es lo contrario de una visión teleológica, que haría del objetivo final (el socialismo) la causa de este desarrollo. Es, junto a la alusión a las "mitologías del progreso", el tipo de argumento que uno espera encontrar más en la pluma de adversarios del marxismo que en un semanario que todavía se reclama de la IVª Internacional. Pero no es una torpeza en su formulación. El intento de la LCR de esforzarse en buscar eventuales aliados en formaciones o asociaciones que en su gran mayoría no tienen nada que ver con la clase obrera, sólo puede llevar a la LCR, para agradar a aquéllas, a considerar vetustas las ideas sobre las cuales se fundó el movimiento obrero. Todas estas digresiones sobre el "siglo bárbaro" sólo sirven para justificar un regreso a una especie de socialismo utópico. "Un planeta desfigurado por la reificación mercantil constituye hoy nuestro porvenir programado, pero nada impide que este porvenir sea mañana cuestionado, desprogramado, hasta radicalmente modificado por nuestra resistencia, nuestras luchas, nuestras rebeldías". Pero, ¿cuál es el contenido social, el contenido de clase de estas "luchas", de estas "rebeldías", de estas resistencias? Evidentemente, esto no le interesa al autor del artículo. ¿La LCR sigue siendo comunista? Si la LCR está molesta por las referencias al comunismo (que una mayoría de delegados en su último congreso estaba dispuesta a borrar de su nombre), todavía se proclama "revolucionaria", como lo demuestra el título "La revolución como motor", de otra de sus contribuciones, firmada por Michael Lowy, a esta "leyenda del siglo". Pero lo que también es significativo, en este cuestionamiento ideológico al que se libra la LCR, es que la socialdemocracia (que carga con una pesada responsabilidad en el fracaso de la revolución europea en 1919, y en el ascenso del stalinismo) es apenas arañada por Rouge. "La naturaleza del reformismo cambió profundamente durante las últimas décadas", nos dice Rouge, que agrega: "En su forma socialdemócrata clásica, pretendía suprimir al capitalismo mediante una sucesión de reformas decretadas por el Parlamento". Pero, ¿de que época habla Rouge? Hace más de 85 años que la socialdemocracia se pasó con armas y bagajes al campo del orden burgués. Y cuando Rouge nos habla del "socialiberalismo" de Blair y de Schröder (¿no de Jospin?), que sería la forma más cínica, para decirnos que "ya no se trata de una vía reformista hacia el socialismo, sino de un acompañamiento social del neoliberalismo, de la introducción de un suplemento de alma social al capitalismo", se trata allí de nuevo de un eufemismo. La política de Blair, de Schröder (y de Jospin) consiste no en agregarle un suplemento de alma al neoliberalismo, sino en hacer aceptable a los trabajadores una política resueltamente antiobrera. Esta ternura por la socialdemocracia la reencontramos expresada por François Ollivier en el número de Rouge del 9 de marzo de 2000, donde escribe a propósito de la preparación del reciente congreso del PCF: "Vemos bien que se está lejos de los gradualismos reformistas clásicos de la socialdemocracia, antes de sus desviaciones social-liberales, que, mientras sostenía o gerenciaba el sistema, conservaba referencias a la socialización, la planificación, la autogestión". La socialdemocracia "clásica" se pasó en 1914 al campo de la burguesía, llegando a dirigir represiones antiobreras cuando fue necesario para la defensa de los intereses de la burguesía. Y hablar hoy de "desviación social liberal" es al mismo tiempo permite la creencia que podría llevar adelante otra política al dejar de desviarse, y contribuir (en la medida ciertamente de su influencia) a engañar a los trabajadores. En otro campo, cuando Michael Lowy habla de "los grandes momentos revolucionarios del siglo pasado", la lista que hace *"Petrogrado 1917, Budapest y Munich 1919, Barcelona 1936, La Habana 1959, Saigón 1975, Managua 1979, Chiapas 1994"* muestra que la LCR todavía no aprendió a hacer las diferencias entre tercermundismo y comunismo. El impresionismo pequeñoburgués sigue siendo su modo de razonamiento, como lo muestra el hecho de poner al mismo nivel un acontecimiento de alcance mundial como fue la toma del poder por el proletariado ruso en 1917, y los pocos años durante los cuales los sandinistas dirigieron Nicaragua, antes de eclipsarse, aplicadamente, ante la derecha. Pero lo que más interesa hoy a los camaradas de la LCR no son tanto los movimientos pequeñoburgueses, más o menos revolucionarios del tercer mundo, sino los movimientos pequeñoburgueses, y en ningún caso revolucionarios, de Francia. Es así como el autor de "La revolución como motor" nos habla de "ideales libertarios, igualitarios y democráticos comunes al socialismo, del movimiento de emancipación de las mujeres y de la ecología social". Es un punto de vista semejante al que defiende Daniel Bensaid ("Una cierta sonrisa") cuando escribe que el "nuevo espíritu del comunista es por lo tanto también un espíritu ecologista y feminista". El comunismo no esperó a los ecologistas para preocuparse por las relaciones entre las actividades humanas y el medio ambiente, y en relación a esto, se encuentran en Marx y Engels, reflexiones infinitamente más profundas que en cualquier verde. Lo mismo se puede decir del feminismo, porque ¿quién denunció mejor que Engels y Bebel el lugar de la mujer en las sociedades explotadoras? Pero si los fundadores del comunismo fueron en ese sentido ecologistas y feministas, vanamente buscaríamos en los propósitos de aquellas y aquellos que se proclaman ante todo ecologistas y feministas, el menor rasgo de comunismo, la expresión de una verdadera solidaridad con la clase obrera. Por lo contrario, hallaríamos muchos puntos de vista socialmente reaccionarios. La actividad de la LCR está totalmente volcada hoy hacia asociaciones como Ras le Front, el DAL, ATTAC; hacia grupos que se reclaman del ecologismo social, o del feminismo, a tal punto que uno termina preguntándose para qué puede servir, a los militantes de la LCR una organización política. En el número del 9 de marzo de 2000 de Rouge, Dominique Mezzi teoriza explícitamente esta subordinación de las organizaciones políticas a lo que es de buen tono llamar "el movimiento social": "En sus dominios propios, sindicales y asociaciones son los maestros de ceremonia, y los partidos deben situarse haciendo propuestas, apoyando y aprendiendo". No se podría expresar más claramente el seguidismo que caracteriza a la LCR en relación a movimientos que en ningún caso se sitúan en el terreno revolucionario, y que en su gran mayoría son extraños, o directamente hostiles, a la clase obrera. Porque la prueba irrefutable de que hay entre los intelectuales, o mejor dicho los seudointelectuales que se dicen de izquierda, un verdadero desprecio por los trabajadores, la suministra el dibujante de Rouge, al mostrarnos, bajo el título "La gran noche", a un trabajador manifiestamente alcoholizado saliendo de un centro Leclerc acompañado de un caddy cargando sus palos de golf, gritando "avanti popolo". Que este dibujante se quede tranquilo: si Rouge *que debió proceder a una reimpresión por causa de uno de sus dibujos* no sigue empleándolo, tiene la plena seguridad de encontrar ubicación para sus obras en otro lado. Sea como sea, la voluntad de la LCR de engancharse con las corrientes que están de moda hoy en la pequeña burguesía intelectual lleva a Daniel Bensaid a una conclusión que resume bien cuál es el tipo de oportunismo de la LCR: "Se trata de estar atento y a la pesca de lo inédito que pueda surgir en la rasgadura del acontecimiento". Dicho de otra forma, esperemos que pase un tren para intentar engancharle nuestro vagón. Y, en "La leyenda del siglo", Christian Picquet teoriza este intento "refundador" afirmando: "Ningún punto de retorno a fuentes que salieron de su cauce es suficiente, nada de encarar un maquillaje a las ideas y creencias de ayer. Es a una auténtica refundación a lo que hay que abocarse". Ciertamente, no se trata de un intento nuevo. Ya hace medio siglo que la corriente a la cual pertenece la LCR practica un seguidismo sin pausa en relación a todas las corrientes de moda en la pequeña burguesía intelectual, torturando a los clásicos del marxismo para tratar de justificar las posiciones que toma. Pero la diferencia que hoy se observa, y esto no es sin importancia, es que hasta los años 80 se declaraba fiel a las ideas sobre las cuales se habían construido la IIIª y la IVª Internacionales, mientras que hoy, en un contexto donde las referencias al comunismo no se cotizan en los medios que la LCR intenta seducir, este mismo seguidismo la lleva a cuestionar todos los textos programáticos que reivindicaba hasta ayer. Y la consecuencia de esto es el tipo de formación que les da a los jóvenes que es susceptible de ganar hoy, y ante quienes el leninismo y el trotskismo son presentados como recuerdos de una época pasada. El próximo congreso de la LCR mostrará cuán profunda es esta ruptura moral con el comunismo revolucionario, con el trotskismo. 25 de marzo de 2000 Notas: (*) Extraido de "Lutte de Classe" (Nº 50, abril del 2000), revista de la Unión Communiste Internationaliste (trotskyste) de Francia (Lutte Ouvrière). 1. LCR: Liga Comunista Revolucionaria, sección francesa del Secretariado Unificado (SU). 2. En las elecciones europeas de 1999, Lutte Ouvrière y la LCR presentaron una lista común (ver En Defensa del Marxismo Nº 23, marzo / mayo de 1999). 3. Semanario de la LCR. 4. Semanario de la Unión Communiste Internationaliste. 5. Ver En Defensa del Marxismo Nº 22, diciembre de 1998 / febrero 1999. 6. Democracias populares: denominación que la propaganda stalinista daba a los Estados de Europa Oriental, como Hungría o Polonia.

1 de mayo de 2000
Trotsky y la cuestión judía

La trayectoria y las ideas de Trotsky con relación al judaísmo presentan un múltiple interés. Primero, obviamente por el propio origen judío de Trotsky. Pero también se debe tomar en consideración el peso del antisemitismo en la tradición histórica rusa, en especial como política de gobierno de la autocracia zarista; el amplio uso del antisemitismo en la lucha de Stalin contra la oposición trotskista en la URSS, como mostró recientemente Dimitri Volkogonov; y finalmente la importancia del Holocausto perpetrado por el nazismo, como paradigma de la barbarie contemporánea. La conferencia de Karlsruhe y el II Congreso del POSDR Los primeros registros de una declaración de Trotsky sobre la "cuestión judía" datan de 1903. Trotsky tenía 23 años, era marxista desde los 17, y ya integraba la dirección del movimiento socialdemócrata ruso. En julio de ese año, durante el II Congreso del POSDR (Partido Obrero Social-Demócrata de Rusia), Trotsky participó del debate contra la corriente judía que terminó retirándose del partido. Pero, uno o dos meses antes, Trotsky fue invitado a una pequeña y poco recordada conferencia en Karlsruhe, organizada por esa misma corriente judía del partido, el Bund. El Bund (en idisch, "unión", abreviatura de Unión General de los Trabajadores Judíos de Polonia, Lituania y Rusia) era una organización judía dentro del partido de Rusia. Se formó en 1897, un año antes del POSDR, y en 1898 fue el principal organizador del congreso de formación de éste. Hasta 1903 el Bund era la mayor organización socialdemócrata del imperio ruso, con mayor estructura y número de integrantes, con la más extendida publicación clandestina de periódicos y traducciones, y con mayor circulación y contrabando de literatura revolucionaria. Participaron de la conferencia de Karlsruhe un integrante del Bund local, Trotsky y el teórico bundista Vladimir Medem, quien a través de su libro de memorias proporciona una descripción del evento. Medem relata una discusión que duró alrededor de dos horas. Después de la intervención del "camarada de Karlsruhe" exponiendo el programa nacional del Bund, Trotsky intervino con una respuesta crítica, contestada inmediatamente por Medem. Algunos jóvenes sionistas del público tomaron la palabra para exponer sus ideas, que fueron respondidas por Trotsky "con humor y buenas maneras". El debate siguió y culminó con una discusión, en términos "muy duros", entre Medem y Trotsky sobre la política del POSDR para combatir el antisemitismo. El primero acusó al partido de descuidar la tarea. Trotsky rebatió la crítica afirmando, en primer lugar, que el partido combatía el antisemitismo a través de la distribución de volantes sobre el tema, y en segundo lugar, que en realidad no había que combatir específicamente el antisemitismo porque la solución para eliminar un sentimiento anticuado, herencia de la ignorancia imperante en la era medieval, era elevar el nivel general de conciencia de las masas. Medem registró la antipatía que sintió por Trotsky desde ese momento y la mala sensación que le causó su discurso, que no pasaba de "una manera de ocultar para sí mismo la real y grave responsabilidad de los socialistas rusos" (1). Era uno de los momentos más delicados para los judíos. En abril de 1903 (poco antes de la conferencia de Karlsruhe) ocurrió, en el imperio ruso, más específicamente en la porción ucraniana de la "zona de residencia", el mayor pogrom visto hasta entonces. Los barrios judíos de Kichinev fueron destruidos, las casas devastadas, con cientos de judíos heridos y muertos. Fue el tristemente célebre "pogrom de Kichinev", que "shockeó" al mundo e incorporó a todos los idiomas el término ruso pogrom, que significa masacre. Esta fue incitada por agentes de policía del zar y por las Centurias Negras, pero la masa de los pogromistas era el pueblo, obreros y trabajadores como los judíos que perseguían. La confianza de los obreros judíos en sus hermanos de clase rusos resultó seriamente debilitada. Fue ese espíritu de desconfianza el que Trotsky denunció durante el II Congreso del POSDR como una de las principales fuentes de discordia entre ellos y el Bund. La organización judía presentó sus demandas al congreso: autonomía dentro del partido, con el derecho de elegir su propio comité central y elaborar su propia política en las cuestiones referentes a la población judía; el reconocimiento del Bund como el único representante de la socialdemocracia entre los judíos; y la "autonomía cultural" en lugar de la simple "igualdad de derechos" que el partido defendía para los judíos, o sea, la reunión de los judíos alrededor de instituciones culturales propias, sin depender de un territorio común. La "autonomía cultural" resultaría en la defensa del derecho de los judíos a conducir sus propios asuntos culturales dentro de Rusia, como la educación en idisch. La mayoría del congreso, formada por los "iskristas" (Iskra era el nombre de la revista que publicaban), estaba en contra del Bund porque veía en sus exigencias un separatismo que crearía precedentes para otros grupos y pondría en riesgo la unidad del partido. Quedó a cargo de los iskristas judíos, Martov y Trotsky rebatir las exigencias del Bund. Martov fue miembro del grupo fundador del Bund y Trotsky tomó la palabra como "representante de los iskristas de orígen judío". Esa fue una de las raras ocasiones en que Trotsky se refirió a sí mismo como judío, como lo recuerda Isaac Deutscher (2). El debate no fue menos difícil por haberse sostenido "entre judíos". Trotsky rebatió enérgicamente las tres exigencias del Bund y tomó la palabra diez veces durante el debate, llevando a los representantes de la organización judía a una furiosa indignación. En lo que se refiere a la "cuestión nacional" (la "autonomía nacional-cultural"), el Bund estaba dividido. La mitad del partido judío creía, en ese momento, que el futuro llevaría a la asimilación de los judíos y que nada debería ser hecho para separarlos, ya sea territorialmente o apenas en forma "cultural". Como recuerda Medem, "nosotros los bundistas no habíamos hecho de nuestro programa nacional una condición sine qua non y no salimos del partido por causa de su rechazo (…) Nuestro congreso [el V Congreso del Bund, 1903, NdA] sobre este asunto, se había dividido en dos" (3). Con relación a la educación en idisch, ningún socialdemócrata podía seriamente oponerse al derecho de un pueblo o nación al propio idioma. La oposición, como quedó evidenciado en escritos posteriores de Lenin y Trotsky, era a la división de la educación en el imperio, en educación pública para los rusos y escuelas particulares en idisch para los judíos. En un artículo publicado en Severnaya Pravda, Nº 14, agosto de 1913, Lenin escribe, respecto de la política oficial del Estado: "La expresión extrema del nacionalismo [ruso, NdA] actual está en el proyecto para la nacionalización de las escuelas judías, formulado por el oficial de educación del distrito de Odessa, y bien recibido por el Ministro de Educación Pública. ¿Pero cuál es el significado de esa nacionalización? Ella significa segregar a los judíos en escuelas judías especiales (nivel secundario). Las puertas de todos los demás establecimientos de enseñanza *privados y públicos* serían completamente cerradas a los judíos… Ese proyecto, extremadamente perjudicial, incidentalmente demuestra el error de la llamada autonomía nacional-cultural, o sea, la idea de sacar la educación de las manos del Estado y pasarla a cada nación separadamente" (4). Pero en lo que decía respecto al status del Bund dentro del POSDR, la organización judía no estaba dispuesta a ceder. Su decisión estaba tomada desde 1901: los judíos defendían la transformación del POSDR en una federación de organizaciones nacionales. La conquista de la autonomía política y organizativa del Bund dentro del POSDR era vista como una cuestión de sobrevivencia de la organización judía (5). Para Trotsky, lo que estaba en juego era más que una "cuestión judía". El partido no podía conceder la autonomía al Bund, abandonar el modelo de partido por el cual venía luchando, centralizado y no un conjunto suelto de organizaciones. Y no podía aprobar la exclusividad del Bund de la representación de los trabajadores judíos, sin ceder a la división del movimiento obrero por nacionalidad. Como describe Deutscher, "la exigencia de que el Bund fuese reconocido como el único representante del partido entre los trabajadores judíos significaba afirmar que sólo los judíos estaban autorizados a llevar el mensaje socialista a los trabajadores judíos y organizarlos. Eso, dijo Trotsky, era una expresión de falta de confianza en los miembros no judíos del partido, un desafío a sus convicciones y sentimientos internacionalistas". "El Bund *dijo Trotsky en medio de una tormenta de protestas* es libre para no confiar en el partido, pero no puede esperar que el partido vote su no confianza en sí mismo". El objetivo del socialismo, argumentó Trotsky, era "barrer las barreras entre razas, religiones y nacionalidades, y no colaborar para levantarlas" (6). Según la visión de Enzo Traverso, "cuando se trató de comprender las causas profundas de la escisión entre el Bund y la social-democracia, su análisis [de Trotsky, NdA] se reveló menos abstracto que el de los bolcheviques. En el congreso de fundación del POSDR, la autonomía del Bund era puramente técnica, pero percibió que poco a poco lo particular se había sobrepuesto a lo general: de representante del POSDR en el seno del proletariado judío, el Bund se había transformado en representante de los trabajadores judíos vis-a-vis al partido social-demócrata. El congreso de 1903, en el fondo, sancionó una escisión que ya existía en la realidad" (7). El Bund anunció su retirada del partido durante el congreso en Londres. Su salida no era totalmente inesperada, pero no por eso fue menos grave para ambas partes. El Bund se retiró del congreso llevándose consigo 25.000 del total de 34.000 miembros del POSDR (8). Robert Wistrich sugirió que Lenin deseaba la retirada del Bund del congreso para facilitar su victoria en los dos debates siguientes que llevaron a la escisión entre mencheviques y bolcheviques, y usó a Trotsky para provocar al grupo adversario: "Trotsky, representando a la Unión Social-Demócrata de los Trabajadores de Siberia, fue de hecho el instrumento de Lenin para forzar al Bund a abandonar el congreso de Londres. De esa forma, con Martov ayudó, sin intención, a forjar una mayoría bolchevique en las sesiones siguientes" (9). No obstante, no tenemos motivos para suponer que Trotsky actuó por otras convicciones que no fueran las propias. En todos sus escritos siguientes sobre la "cuestión judía", fuesen cartas, entrevistas, capítulos o pasajes de sus libros, Trotsky mantuvo su oposición al modelo bundista de partido y a cualquier forma de separación de los trabajadores judíos del movimiento obrero del país en que vivieran. Más sobre el movimiento obrero judío En 1903 Trotsky también escribió su primer artículo dedicado exclusivamente a la "cuestión judía", titulado "La desintegración del sionismo y sus posibles herederos", publicado en Iskra, Nº 56, 1º de enero de 1904. El artículo era un comentario sobre el VI Congreso Sionista (Basilea, agosto de 1903), donde Trotsky también profundiza en las críticas hechas al Bund verbalmente durante el II Congreso de la Socialdemocracia de Rusia. Durante el congreso de Basilea, Theodor Herzl, creador del movimiento sionista, anuncia que no había esperanza de obtener Palestina en un futuro próximo, y propone a Uganda como hogar nacional judío, por lo menos hasta que se pueda obtener la "tierra prometida", entonces parte del imperio turco. Por poco no se produjo una ruptura en el joven movimiento y Herzl tuvo que intervenir, utilizando su influencia y carisma para mantener la unidad del movimiento (unidad que duró hasta dos años después de su muerte, producida en 1904). Trotsky no dejó de notar la diversidad de los grupos que formaban el movimiento sionista y pronosticó su fracaso: "El congreso de Basilea, repito, es apenas una demostración de desintegración e impotencia. El señor Herzl podrá ligarse durante algún tiempo a una u otra patria. Decenas de agitadores y centenas de hombres simples podrán apoyar su aventura, pero el sionismo como movimiento ya fue condenado a perder todo derecho a la existencia en el futuro. Esto está claro como el sol del medio día" (10). Con la supuesta liquidación del sionismo y la desintegración política del "conglomerado de camadas sociales que componían el movimiento", el interés de Trotsky estaba en saber qué organización de izquierda heredaría a la izquierda sionista "compuesta por la intelligentzia y/o semi-intelligentzia de la democracia burguesa" (11). El Bund, en un panfleto de la misma época, "El Congreso Sionista en Basilea", también pronosticó el fin del sionismo y demostró la misma preocupación por transformarse en el heredero de la izquierda del movimiento. La posibilidad de que el Bund de hecho incorporase la militancia de izquierda sionista fue el motivo por el que Trotsky reitera su crítica de julio de 1903 y demuestra, primero, que el Bund no podía atraer militantes desilusionados con el sionismo porque en su polémica contra los sionistas, terminó incorporando de ellos su esencia nacionalista. En segundo lugar, si el Bund eventualmente se transformase en el sucesor del movimiento, acabaría "desviando al proletariado judío del camino revolucionario socialdemócrata…" (12). En la interpretación de Harari, en ese artículo Trotsky llega a indicar la posibilidad de que se cree una nueva organización de izquierda, no nacionalista como el Bund, para absorber a la izquierda del movimiento sionista (13). Para otros autores, Trotsky no está haciendo una apelación para la creación de una organización judía, pero sí está alertando a la socialdemocracia de la necesidad de incorporar esos obreros judíos a sus propias filas (14). Lo cierto es que en 1903-1904 Trotsky demuestra, ante la falsa previsión de desintegración del sionismo, la preocupación por aproximar el movimiento obrero judío al movimiento revolucionario socialdemócrata de Rusia. Los pogroms de 1905 En 1905, Trotsky, como presidente del Soviet de San Petesburgo (el primer soviet de la historia), intervino en la creación de las unidades de auto-defensa judía en Kiev y San Petesburgo y promovió la participación conjunta de judíos y no-judíos en la resistencia contra los actos de vandalismo. Como recuerda Glotzer, ese acto inauguró una serie de intervenciones de Trotsky contra las manifestaciones anti-judías, hasta su asesinato en 1940 (15). Las primeras unidades de auto-defensa fueron creadas por el Bund en 1903 y fueron conocidas por la sigla BO (Beovie Otriady). Pero durante la revolución de 1905 (y la reacción contra ella) los pogroms se multiplicaron de tal forma que los esfuerzos aislados del Bund no lograron defender, prácticamente, a la población judía. Albert Glotzer cuenta que Trotsky, después de la derrota de la revolución de 1905, estaba impactado por la atrocidad de los pogroms y escribió más que nadie en el partido contra las masacres. En su libro 1905, hace una descripción viva y minuciosa del pogrom de Odessa, de más de tres páginas, de las cuales reproduciremos algunos fragmentos, mostrando que la policía, la iglesia y otros órganos ligados al imperio prepararon el pogrom, divulgaron rumores mentirosos sobre los judíos, incitaron a la población y hasta condujeron la masacre: "Todo el mundo sabe con antelación cuando va a haber un pogrom: se distribuyen llamamientos, artículos odiosos aparecen en el órgano oficial Goubernskia Viedomosti (La Información Provincial) (…) rumores siniestros son divulgados entre la masa ignorante: los judíos están listos para atacar a los ortodoxos; los socialistas profanaron un verdadero ícono; los estudiantes despedazaron un retrato del zar (…) Cuando llega el gran día, el oficio divino es celebrado en la catedral: el sermón es pronunciado. Al frente del cortejo patriótico marcha el clero, con un retrato del zar prestado del distrito policial y con innumerables estandartes nacionales. Al comienzo se rompen las vidrieras, los transeúntes son maltratados y se bebe en abundancia. La música militar repite incansablemente el himno ruso: ¡Dios salve al emperador! *es el himno de los pogroms (…) Protegida por el frente y por la retaguardia por patrullas de soldados, por un escuadrón de cosacos, guiados por policías y provocadores, acompañados por mercenarios (…) el bando se precipita a través de la ciudad en un carnaval de locura y sangre… El pordiosero es amo de la situación. Un esclavo temeroso, hasta aquel momento, perseguido por la policía, muerto de hambre, ahora siente que ninguna barrera se puede oponer a su despotismo (…) El puede todo, se atreve a todo… ¡Dios salve al emperador!. Por un lado, un joven que vio la muerte tan cerca que sus cabellos se emblanquecieron en pocos minutos. Por el otro, un niño de diez años que perdió la razón sobre los cadáveres mutilados de sus padres. O el médico graduado que conoció todos los horrores de la toma del Port-Arthur sin vacilar, pero que no pudo soportar algunas horas del pogrom de Odessa (…) Otros caen de rodillas delante de los oficiales, de los policías, delante de los asesinos, extienden sus brazos, besan las botas de los soldados y suplican. La respuesta viene entre carcajadas insensatas. Vos quisiste la libertad, ¡aprovechá su dulce sabor! En esas palabras se resume la moral, la infernal política de los pogroms…" (16). Trotsky analiza la condición social de los judíos En 1911 comenzó el "Caso Beillis", la acusación de asesinato ritual contra Mendel Beillis, un desconocido trabajador judío de Kiev. Las acusaciones contra Beillis fueron hechas por el Ministerio de Justicia, comandado por Schelovitov, antisemita notorio. El proceso terminó en 1913, con la inocencia de Beillis pero con la victoria del gobierno zarista que, con toda la murmuración creada sobre la "naturaleza maligna y asesina de los judíos, etc.", consiguió fomentar el antisemitismo al punto de crear el clima para la irrupción de una onda de pogroms en Kiev. Trotsky escribió en un artículo, en noviembre de 1913, para Die Neue Zeit, publicación socialdemócrata dirigida por Karl Kautsky, que el proceso antisemita le causó náuseas, y comparó el Caso Beillis con el Caso Dreyfus, ocurrido en Francia entre 1894 y 1906. Para Trotsky las semejanzas eran superficiales, puesto que el antisemitismo francés era un juego de chicos al lado de la política criminal del zar Nicolás II. Para Trotsky, el antisemitismo en Rusia se había vuelto un medio de gobierno, una política de Estado (17). Trotsky viajó por los Balcanes, entre 1912 y 1913, como corresponsal del diario liberal ruso Kievskaya Mysl. Entre sus varios artículos envió al diario uno llamado "La cuestión judía en Rumania y la política de Bismarck". El artículo fue enviado, en el verano de 1914, al diario berlinés antibelicista dirigido por Rudolf Breitscheid, Auslandspolitik Korrespondenz, siendo publicado el 4 y 25 de abril de 1918, después de terminar la guerra, porque al comienzo de la guerra había "perdido su actualidad", como decía la nota introductoria del artículo en el diario (18). Trotsky inicia el artículo (que firma con su nombre completo, Lev Davidovitch Bronstein) diciendo que "la verdadera Rumania se manifiesta a través de la cuestión judía" (19). Aquí, los judíos no poseían derechos, sólo obligaciones, como el servicio militar obligatorio, y restricciones profesionales que terminaban creando los rótulos de "judíos usurarios", "aprovechadores" y así en adelante. "El país estaba penetrado por el odio a los judíos: los pequeños comerciantes temían su competencia; profesionales y funcionarios estatales estaban preocupados por la posibilidad de que los judíos conquistaran la ciudadanía y de esa forma tomaran sus puestos; profesores y padres, agentes de los propietarios rurales patrióticos, convencían al campesinado de que todos los males de debían a los judíos". Pero, ¿por qué los judíos eran tolerados? De acuerdo con Trotsky, el régimen rumano necesitaba al judío: primero, para actuar como el "intermediario" entre el propietario de las tierras y el campesino, entre el político y sus clientes, para realizar todo el trabajo sucio; en segundo lugar, para ser el blanco de la indignación de la población rumana insatisfecha, para ser el eterno chivo expiatorio" (20). Reiterando la afirmación de que la situación de los judíos expresaba de forma extremadamente clara la situación general de Rumania, Trotsky dice que "las condiciones de parálisis feudal, restricción legal, corrupción política y burocrática no sólo degradan económicamente a las masas judías, sino que también promueven su degradación espiritual. Puede haber innumerables argumentos para decir que los judíos son una nación aparte, pero es un hecho incuestionable que los judíos reflejan las condiciones económicas y morales del país en que viven y que igualmente aislados artificialmente de la mayoría de la población, pertenecen integralmente a ella (21). Trotsky llegó a los siguientes números sobre la composición social de los judíos, basándose en sus propias investigaciones: Los judíos constituían el 4% de la población rumana. Debido a las restricciones legales que pesaban sobre ellos, con la prohibición de poseer tierras, vivir en las aldeas y una limitación sobre la cantidad de tierra que podían arrendar, 4/5 de los judíos vivían en las ciudades. La concentración de los judíos en las ciudades los transformaba en un factor bastante importante en la vida del país. Pero Trotsky alerta que "es superfluo decir hasta qué punto carece de lógica tipificar el judaísmo rumano como una clase explotadora (…) La mayor parte de los judíos estaba asentada en Moldavia y estaba compuesta por pequeños artesanos: costureros, zapateros, relojeros y finalmente aquellos seres que constituían una incógnita no sólo desde el punto de vista económico sino también desde un punto de vista fisiológico, o sea que su posibilidad de existencia física constituye una incógnita" (22). Trotsky señala que la mitad de la población judía de Rumania estaba compuesta por familias de obreros y pequeños artesanos (30.000 familias o 150.000 almas). La otra mitad de la población judía estaba dividida entre varias ocupaciones, como propietarios de pequeños comercios, industriales, prestamistas, cerca de 500 médicos, 40 abogados, algunos ingenieros y un total de 2 profesores. Los judíos de Rumania, dice Trotsky, eran víctimas de un sistema social y hasta de una maniobra diplomática internacional, por no decir conspiración, como demostraban los eventos de 1878. Durante el Congreso de Berlín, realizado ese año, estadistas de Europa occidental, y Bismark en particular, impusieron la igualdad de derechos de los judíos de Rumania como pre-condición para garantizar la independencia de ese Estado. Pero luego quedó claro, dice Trotsky, que la verdadera preocupación de Bismark era la adquisición a precios elevados, por parte de Rumania, de las participaciones de los banqueros alemanes, muchos de los cuales eran judíos, en los ferrocarriles rumanos, que hasta ese momento sólo habían dado pérdidas. La "pre-condición judía" fue rápidamente olvidada ni bien la transacción comercial fue resuelta satisfactoriamente para Bismark. De esa forma, el gobierno rumano reconoció, en 1879, que la religión no podía ser un obstáculo para obtener los derechos civiles en Rumania y emancipó a los 900 judíos que lucharon en la guerra ruso-turca de 1876-1878. Luego de que las potencias occidentales desviaron sus ojos del "problema judío", la monarquía maniobró para mantener a sus judíos en su tradicional estado de opresión, estableciendo que ellos eran ciudadanos extranjeros y sólo podían naturalizarse individualmente. Cada judío como individuo debía presentar un pedido de naturalización que, tras pasar por toda la burocracia del Estado, demandaría de 15 a 30 años y una suma de dinero para soborno fuera del alcance de la mayoría. En los 34 años siguientes a la promulgación de la ley se emanciparon no más de 400 judíos. Por lo tanto, de los casi 300.000 judíos rumanos, en 1913, quedaban aproximadamente 450 judíos emancipados desde 1879 (la otra mitad ya había fallecido) y otros 400 más obtuvieron su emancipación individual. Los otros 299.150 permanecieron como antes. Por lo tanto Trotsky, en este artículo, investigó la historia más reciente de la región, la tentativa de emancipación de los judíos de 1879 y, quejándose de la falta de un censo oficial, investigó los números de la población judía y su composición social. Trotsky criticó al gobierno rumano y demostró una gran solidaridad con los judíos y la injusticia practicada contra ellos. Glotzer cuenta que Trotsky estaba shoqueado por el salvajismo del antisemitismo oficial de la monarquía rumana y por la indiferencia de Europa y de los judíos europeos frente al sufrimiento de los judíos de los Balcanes. En esa región atrasada de Europa, principalmente en Rumania, el antisemitismo se había vuelto, en palabras de Trotsky, "una religión de Estado". Como dice Harari, "el artículo es un testimonio muy importante de la actitud de Trotsky con relación a la cuestión judía y hasta hoy continúa siendo actual para todos aquellos a quienes les importa el destino de los judíos y ven que éste es determinado en gran medida por las intrigas de los grandes Estados" (23). Según Glotzer, causa extrañeza a los historiadores del socialismo que se ocuparon de la "cuestión judía" que Trotsky interviniese tanto sobre el asunto, ya que no se consideraba judío (24). Para Knei-Paz, la sensibilidad de Trotsky en ese artículo para con el sufrimiento de los judíos, que considera uno de los mejores artículos de Trotsky sobre la "cuestión judía", casi produce la impresión en el lector de que Trotsky se identificaba no sólo con "el sufrimiento" sino con "el sufridor", el judío (25). Concluyendo el artículo, Trotsky nota que hasta el momento los judíos no habían conseguido organizarse para una acción política efectiva. Habían formado una "Unión" que basaba su programa en la aproximación con la oligarquía gobernante y el patriotismo rumano. Trotsky llega a la conclusión de que era obligación del partido del proletariado luchar para integrar en sus filas, y desde un punto de vista político, a todos los elementos "cuya existencia y desenvolvimiento no se moldeaban al régimen existente" (26). La socialdemocracia era la única defensora de los derechos de los judíos en general (no sólo de los trabajadores), ya que los otros partidos existentes, conservadores y liberales, no tenían un compromiso siquiera con la lucha por un gobierno democrático en Rumania. Durante la revolución y la guerra civil en la URSS Trotsky no escribió sobre la cuestión judía durante el período de la revolución y la guerra civil en Rusia. Pero la cuestión judía, por lo que revela su autobiografía, entre otros estudios, estaba presente en lo cotidiano de ese período agitado. Trotsky, en Mi Vida, escribió que un día después de la revolución de octubre rechazó el importante cargo de Comisario de Asuntos Internos (ministro del Interior), que Lenin insistía tomara a su cargo, para "no colocar en las manos de los enemigos un arma como mi judaísmo". Trotsky explica su actitud diciendo que "ya había mencionado que la instancia nacional, tan importante en la vida de Rusia, no había cumplido papel alguno en mi vida. En mi juventud los impulsos nacionales y pre-conceptos irracionales ya me parecían incomprensibles, y en algunos casos me causaban repugnancia. La educación marxista profundizó ese estado de ánimo y lo convirtió en internacionalismo activo. La vida en diversos países, el conocimiento del idioma, de la política y de la cultura de cada uno, hicieron que ese internacionalismo penetrase en mi carne y en mi sangre. Y si en el año 1917, y posteriormente, utilicé mi judaísmo como argumento para no aceptar alguna nominación, lo hice sólo por consideraciones políticas" (27). Cuando la prensa mundial se refería a la Revolución Rusa casi siempre mencionaba el origen judío de Trotsky, uno de sus principales líderes. La prensa judía, dice Glotzer, expresaba orgullo por los orígenes judíos de Trotsky, a pesar de que casi siempre condenaba su bolchevismo (!)(28), mientras que Trotsky intentaba desvincular su imagen de la de un judío. Cuando en 1918 una delegación de judíos pidió a Trotsky usar su influencia con los bolcheviques para que fuese mantenida la igualdad de derechos que la revolución de febrero les había concedido por primera vez en la historia de Rusia, Trotsky respondió: "No soy un judío sino un internacionalista". Notamos que la intención de Trotsky tampoco era oponerse a los derechos de los judíos. Trotsky resaltó, en su Historia de la Revolución Rusa, para mérito de la revolución de febrero, que abolió las 650 leyes restrictivas de los derechos judíos en Rusia. El rabino-jefe de Moscú, Jacob Maze (a veces escrito como Mazeh), en 1921 "en la cúspide de su poder político, después de la consolidación de la revolución bolchevique, lo visitó en nombre de los judíos privados nuevamente de muchos derechos (…) [la campaña anti-religiosa era dirigida indiscriminadamente contra todas las religion es, NdA]. Trotsky respondió: "Yo soy un revolucionario y bolchevique, no un judío". Rabbi Maze retrucó: "Los Trotskis hacen la revolución y los Bronsteins pagan la cuenta". Antes de ese episodio, consta que Trotsky le dijo a un grupo de judíos que lo visitó, que "los judíos no le interesaban más que los búlgaros". Según Vladimir Medem, Trotsky dijo que no se consideraba ni judío ni ruso, apenas un socialdemócrata (29). De hecho, había una campaña antisemita dentro de Rusia, y fuera también, dirigida contra la revolución. "En el auge de la guerra civil, la agencia de noticias blanca, en Yekaterinburg, publicó un panfleto titulado Tristes Recordaciones sobre los bolcheviques. Su autor, Sergei Auslender, pintó el perfil de los líderes bolcheviques, sobre todo el de Trotsky: Ese especulador internacional subyugó a Rusia, está fusilando a los viejos generales del ejército, vive en el palacio del Kremlin y comanda el ejército ruso… El sabe cómo extraer lo que hay de peor y más podrido en sus esclavos. En noviembre de 1921, un panfleto titulado Bolchevismo judío fue publicado en Munich con un prefacio de Alfred Rosenberg, el ideólogo nazi. El objetivo de ese trabajo era mostrar que la Revolución Rusa, en su contenido, ideas y liderazgo, era profundamente judía: Desde el día de su surgimiento, el bolchevismo es una empresa judía. Manipulando el número de Comisarios del Pueblo judíos, Rosenberg intentó mostrar que la dictadura proletaria sobre el pueblo arruinado, semi-hambriento, fue un plan trazado en los albergues de Londres, Nueva York y Berlín. Sus principales ejecutores también eran judíos, el principal entre ellos, Trotsky-Bronstein, y su objetivo era la revolución mundial. Ese tipo de calumnia tenía por objetivo desacreditar no sólo a la revolución sino también a sus líderes" (30). Mandel sugiere que Trotsky era más conciente que el propio Lenin (que como líder de la revolución y jefe del nuevo Estado soviético se mostró un riguroso e incansable combatiente del antisemitismo) de los horrores potenciales del antisemitismo en Rusia (31). La preocupación de Trotsky por evitar, de todas las maneras, actitudes que pudieran dar margen a nuevas irrupciones de antisemitismo en Rusia se mostró justificada durante la guerra civil. Durante ese período, los ejércitos blancos de Petlioura y Koltchak, con la ayuda del ejército anarquista anti-bolchevique de Nestor Makhno, dejaron en Ucrania un saldo de más de 1.000 pogroms, 125.000 judíos muertos y 40.000 heridos, sin contar la destrucción general causada por los saqueos (32). Para Wistrich, los ataques a los judíos durante la guerra civil "eran, por lo menos en parte, una reacción contra el Zhid Trotsky y los ejércitos bolcheviques bajo su comando" (33). Lo que sugiere Wistrich debe ser tomado en consideración. Significa que los pogroms de los bandos blancos y anti-bolcheviques en general fueron, en gran medida, un acto de venganza contra una revolución que veían como "obra de judíos". Según Mandel, las masacres de los blancos dejaron "el mayor número de víctimas judías antes de la masacre nazi" (34). Pero el antisemitismo no era exclusividad de los opositores de la revolución de octubre. Existía dentro de Rusia como herencia del zarismo, y Trotsky se vio obligado a combatirlo dentro del propio Ejército Rojo. Como jefe del Ejército, Trotsky llegó a mandar a los judíos al frente de batalla para evitar comentarios antisemitas que acusaban a los judíos de permanecer en los bastidores, en cargos administrativos, y no tomar las armas para defender la revolución. Trotsky permitió, a pedido del partido sionista de Rusia, la formación del batallón Poale Sion, pero, conciente del antisemitismo de sus soldados, sugirió que los batallones judíos entrasen en aquellos regimientos donde hubiese también batallones de otras nacionalidades, para "evitar el chauvinismo que resulta de la separación de las nacionalidades, y que infelizmente surge cuando se constituyen unidades militares nacionales totalmente independientes" (35). Antes de la revolución, era generalizada la creencia de que los judíos eran "cobardes" y evitaban el servicio militar, lo que explica que Trotsky, como jefe del Ejército Rojo, fuese visto como un "ruso auténtico", "un luchador", "uno de los nuestros", según un cosaco citado en Mi Vida. Las palabras del cosaco no constituían un caso aislado. Otros ejemplos semejantes aparecen en la literatura de ficción de la época. En un cuento de la conocida escritora Seipulina, un campesino decía: "Trotsky es uno de los nuestros, él es ruso y bolchevique. Lenin es judío y comunista". En Sal, de Isaac Babel, publicado originariamente en 1923, una mujer, que tiene su sal (un producto escaso en la época) requisada por un soldado, le dice: "Yo perdí mi sal, lo reconozco y no temo la verdad. Pero a ustedes sólo les preocupa salar los a zhid Lenin y Trotsky". El soldado: "Que en este momento no se hable de los judíos, ciudadana saboteadora; los zhids no tienen nada que ver con eso y a propósito, ya que habla de Lenin, no tengo nada que decir, pero si se trata de Trotsky, él es descendiente del heroico y temido gobernador de Tambov…" (36). En ese momento de revolución y guerra civil, Trotsky lidió con el problema antisemita, en la medida en que se imponía en los pogroms de los ejércitos adversarios, en la propaganda anti-bolchevique y dentro del propio Ejército Rojo. Más tarde, Trotsky dirá que el antisemitismo constituyó un problema con el que resultó, en verdad, difícil lidiar y combatir durante el reflujo revolucionario del período stalinista. En el exilio El próximo escrito de Trotsky dedicado a la "cuestión judía" fue una carta-respuesta al Klorkeit ("Claridad", en idisch, el órgano del grupo judío de la Oposición Comunista de Izquierda de Paris) escrita desde el exilio, en Turquía, el 10 de mayo de 1930 y publicada en Klorkeit, Nº 3, Paris, mayo de 1930, con el título "El papel de los trabajadores judíos en el movimiento general de los trabajadores de Francia". Trotsky agradece al grupo por una carta, que le llevaba informaciones, por primera vez, sobre el estado del movimiento obrero judío en Europa Occidental. En su respuesta, Trotsky explica el papel especial que los 60.000 obreros judíos podrían ejercer en el movimiento obrero de Francia, por su situación de inmigrantes y por su posición entre las camadas más bajas del proletariado francés, mal organizado y que carecía de la influencia internacionalista y del ánimo de lucha típicos del obrero judío. Trotsky usa el ejemplo del Bund para alertarlos contra el papel que no debe cumplir la prensa idische: "Es claro que no servirá arrancar a los trabajadores judíos del movimiento obrero de cada país específico, como fue el caso con la prensa del Bund judío, sino por el contrario, aproximarlos a lo cotidiano de esa clase obrera" (37). En esa carta como en otra siguiente, escrita desde Prinkipo, Turquía, el 9 de mayo de 1932, al diario idische de la Oposición Comunista de Nueva York, Unser Kamf (publicada en ese diario el 1º de junio de 1932 bajo el título: "El papel del obrero judío en el movimiento combativo internacional"; y traducida enseguida al inglés, fue publicada en The Militant del 11 de junio de 1932, como "Saludos al Unser Kamf"), Trotsky no se opone a la formación de grupos judíos dentro de la Oposición. Principalmente en la segunda carta, se nota que saluda con bastante ánimo la creación de diarios idisches, afirmando que "la existencia de una publicación judía independiente no sirve para separar a los trabajadores judíos, sino que por el contrario, para hacer más proclives a las ideas que unen a los trabajadores en una sola familia revolucionaria internacional" (38). La carta que Trotsky recibió de la Oposición de Izquierda de Paris, en 1930, le requería su opinión sobre la transformación de Klorkeit en órgano internacional del proletariado judío. En esa ocasión Trotsky respondió que la idea era interesante pero que aún no tenía claro cuál sería, en ese caso, la relación del diario con los movimientos nacionales y con las organizaciones de la Oposición. Trotsky apenas indica que el diario tendría que tornarse más teórico-propagandístico, que no podría tratar de las cuestiones políticas específicas de cada país por separado, y se abstiene de dar una respuesta más definitiva. Trotsky es quien toma la iniciativa de escribir al Unser Kamf, en 1932, para decir que su aparición fue un paso adelante de gran importancia, certificando en la misma carta que el grupo neoyorquino rechaza intransigentemente (sic) el principio bundista de federación de las organizaciones nacionales. Trotsky incentiva al diario a "desarrollarse y a fortalecerse para poder ejercer su influencia más allá de las fronteras de EE.UU. y Canadá: en América del Sur, Europa y Palestina". Trotsky en ese momento no duda sobre la importancia, para la Oposición, de un diario idische de características internacionalistas y circulación mundial, incluyendo al "viejo mundo y la URSS". Trotsky, en esa carta, también atribuye un papel especial al proletariado judío, que ya no se limita a las fronteras de este o aquel país, o a la influencia positiva que pueda tener sobre los sectores aún desorganizados del proletariado de Francia o de EE.UU. Los judíos, dice Trotsky, por las condiciones históricas a las que fueron sometidos, se tornan especialmente suceptibles a las ideas del comunismo científico e internacionalista por su propia dispersión por el mundo. Debido a eso apenas (¿sería necesario más?) la Oposición Comunista de Izquierda podía contar con una gran influencia entre los proletarios judíos. Con un trabajo adecuado de la Oposición en un medio obrero judío, y un diario idische de circulación mundial, Trotsky vislumbraba la posibilidad de que las ideas de la Oposición ganaran terreno en Rusia a través de los obreros judíos. Los vínculos, de cultura y lengua comunes, que ponen en contacto a los trabajadores judíos de todo el mundo, podrían ayudar significativamente en la difusión de las ideas de la Oposición dentro de Rusia, el centro de la revolución mundial (39). El antisemitismo ruso y la lucha contra la Oposición Trotskista Los escritos siguientes de Trotsky sobre la "cuestión judía" abarcaron aspectos variados del problema, como la "asimilación" de los judíos y la utilización del idisch, el problema de la "región autónoma judía" del Birobidjan, el antisemitismo en la URSS, el sionismo, el conflicto árabe-judío en Palestina y el ascenso del nazismo. El primero de sus artículos, "Sobre el problema judío", en verdad una entrevista realizada en París, publicado en Class Struggle (publicación perteneciente a un grupo de corta vida, la Communist League of Struggle, liderada por Albert Weisbord), en febrero de 1934. En octubre del mismo año Trotsky escribió una "respuesta a una pregunta sobre Birobidjan", dirigida al Ykslagor, un grupo judío de la Oposición de Izquierda en la URSS, que trabajaba en condiciones de severa represión. Otra entrevista, titulada apenas "Entrevista con corresponsales judíos en México", realizada el 18 de enero de 1937, fue publicada en idisch el 24 de enero, en el periódico socialista judío de Nueva York, Forverts, y al día siguiente, en forma fragmentada, en Inglaterra, en el Boletín diario de la ITA (agencia judía de noticias). La entrevista también fue publicada íntegramente en inglés, en la revista mensual de los trotskistas de EE.UU., Fourth International, en diciembre de 1945. La entrevista fue realizada en la casa del pintor mexicano Diego Rivera y estaban presentes P. Rozenberg por parte de la ITA, tres redactores del periódico idische publicado en México, Unzer Veg, y la secretaria que traducía las preguntas al francés. Todas las respuestas fueron dadas por escrito, también en francés (40). Trotsky produjo el 22 de diciembre de 1938 su último escrito dedicado exclusivamente a la cuestión judía: una carta a un amigo en EE.UU., publicada como "Llamamiento a los judíos norteamericanos amenazados por el fascismo y el antisemitismo" en la ya mencionada Fourth International, de diciembre de 1945. Pero ese no fue su último comentario sobre el asunto. La preocupación por la "cuestión judía" impregna varios de sus artículos sobre el fascismo y sobre la situación mundial. Hasta poco antes de su asesinato, Trotsky continúa demostrando una gran preocupación por el destino de los judíos, como muestra un pasaje de "La guerra imperialista y la revolución proletaria mundial" (el manifiesto de la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional realizada en mayo de 1940), que volveremos a mencionar más adelante (41). Mencionamos por último el artículo de Trotsky, "Thermidor y antisemitismo", escrito el 22 de febrero de 1937 y publicado en The New International, mayo de 1941. El artículo analiza un asunto específico: el crecimiento del antisemitismo en la URSS después de la muerte de Lenin y su utilización contra Trotsky y sus aliados de la Oposición Comunista. El término "thermidor", de acuerdo con el calendario proclamado por la Revolución Francesa, designa el mes en que los radicales jacobinos, liderados por Robespierre, fueron vencidos por un ala reaccionaria de la revolución, que no obstante no llegó a restaurar el régimen feudal. Trotsky usó el término en analogía histórica, para designar la toma del poder por la burocracia conservadora stalinista en el cuadro de las relaciones estatales de producción. Más allá de una simple analogía, el título del artículo indica cuál será su tesis central. Para Trotsky, la persistencia del antisemitismo en Rusia no se debía a la incapacidad de la revolución de combatirlo, sino a la necesidad de la contra-revolución stalinista de rescatarlo. Como recuerda Glotzer, Trotsky fue el primero en denunciar el uso del antisemitismo por Stalin en las disputas internas del partido, primero en forma indirecta y velada, y después abiertamente, "hasta transformarse, de hecho, en tema dominante en el nuevo clima político impuesto bajo el stalinismo" (42). Pero las denuncias de Trotsky de que el antisemitismo venía utilizándose en forma creciente desde 1923, fueron recibidas con incredulidad y hasta indignación por los militantes y simpatizantes comunistas que no comprendían que la Rusia revolucionaria, que en 1917 había eliminado toda restricción legal a los judíos, y había penado rigurosamente el antisemitismo como un crimen y representaba el pensamiento progresista en el mundo, podía permitir el desarrollo del odio irracional a los judíos. El editor del diario judío de Nueva York The Day, B.Z. Goldberg, y un conocido columnista del mismo diario, Aaron Glanza, son dos ejemplos de simpatizantes comunistas que manifestaron su indignación por las denuncias de Trotsky publicadas en la ya mencionada "Entrevista con corresponsales judíos en México" (24 de enero de 1937), en el diario Forverts, competidor de The Day. Goldberg criticó a Trotsky en dos artículos, el 26 y 27 de enero de 1937: "En lo que se refiere a la cuestión judía, Trotsky hizo algo que es característico de todo político mediocre: utilizó la cuestión judía con objetivos políticos propios. Lo que es absolutamente indigno de León Trotsky. Para atacar a Stalin, Trotsky cree justificable proclamar que la Unión Soviética es antisemita… ¿Eso es verdad señor Trotsky? ¿Y si no es verdad, es correcto decir tal cosa? No importa qué tipo de reacción existe en este momento en la Unión Soviética *y yo no pretendo defender a Stalin o a la Unión Soviética*, lo que no puede ser dicho del actual régimen es que oprime a las minorías nacionales… El mismo Trotsky sabe que toda nacionalidad no sólo es libre en la URSS, sino que ésta garantiza la protección y preservación de su lengua y cultura, lo que vale para los judíos también… (Trotsky) también declara que los líderes bolcheviques están utilizando esa tendencia antisemita para desviar hacia los judíos la insatisfacción de las masas con la burocracia… Hasta el judío más ortodoxo, o el más conservador, dirá: Stalin puede ser un desgraciado pero no permitirá que el antisemitismo se difunda en la Unión Soviética…" (43). En otras palabras, Glanz dijo aproximadamente lo mismo, cuando escribió a Max Shachtman, en México: "La entrevista de Trotsky sobre el antisemitismo en Rusia es incomprensible y dolorosa. Debo decir que, particularmente, considero esa acusación desafortunada. Nuestros judíos son muy sensibles a lo que dice respecto al antisemitismo, como creo que es lógico. En el cuadro de la judeofobia mundial, la posición oficial de la URSS que pena al antisemitismo con la muerte, es una excepción única, la única isla habitable, por así decir, que trata el asunto de esa manera. Los judíos de todas las clases y de todos los países aprecian eso tremendamente, y con toda razón. Por lo tanto, a no ser que Trotsky pueda facilitar pruebas, no debería haber hecho la acusación… Mi profunda estima por el grandioso exiliado se mantiene, es claro, inalterable. Transmítale mis saludos y el deseo de que le sea dada la oportunidad de presentar la verdad al mundo" (44). Para Trotsky, declaraciones como las de Goldberg y Glanz eran típicas de un pensamiento ingenuo y poco dialéctico, acostumbrado a contraponer, en dos campos distintos e impermeables, el antisemitismo fascista alemán a la emancipación de los judíos realizada por la Revolución Rusa. El antisemitismo existía en la Unión Soviética, dice Trotsky, y tenía dos fuentes: la tradicional, que no desaparece en apenas una o dos generaciones, y el nuevo odio a la burocracia transformado, por ignorancia y simplificación de la realidad, en odio a los judíos. A pesar de que los judíos constituían apenas el 4,2% de la población de la Unión Soviética en 1917, llegaban a representar el 10%, 15% y hasta 25% de la población de las grandes ciudades. Los profesionales y funcionarios públicos en general se reclutaban en el medio urbano y no entre los campesinos (en gran medida semi-analfabetos). Los judíos en Rusia poseían desde hacía siglos una tradición urbana y una preocupación por el aprendizaje y la especialización profesional que los ubicaba en condiciones especiales de aptitud para los nuevos puestos de la administración pública. Como afirmó Trotsky en 1937: "El régimen soviético, en la actualidad, inició una serie de nuevos fenómenos que, por causa de la pobreza y el bajo nivel cultural de la población, fueron capaces de generar nuevamente un clima antisemita. Los judíos forman típicamente una población urbana. Constituyen un porcentaje considerable de la población urbana en Ucrania, en la Rusia Blanca y hasta en la Gran Rusia. El régimen soviético, más que cualquier otro en el mundo, necesita de un gran número de funcionarios públicos. Los funcionarios públicos son reclutados entre la población más culta de las ciudades. Los judíos naturalmente ocuparon una porción desproporcionadamente grande de la burocracia, principalmente en sus niveles medio y bajo (…) El odio de los campesinos y trabajadores por la burocracia es un hecho fundamental en la vida soviética. El despotismo del régimen, la persecución a toda crítica, el atrofiamiento de todo pensamiento vivo, finalmente las farsas judiciales, son apenas el reflejo de este hecho básico. Incluso a través de un pensamiento apriorístico es imposible no concluir de que el odio por la burocracia asumirá una coloración antisemita" (45). Trotsky escribe, un poco más adelante, en el mismo artículo: "Todo observador honesto y serio, especialmente aquel que vivió algún tiempo entre las masas trabajadoras, es testigo de la existencia del antisemitismo, no del viejo y hereditario, sino del nuevo antisemitismo soviético…". En el cuadro de este nuevo clima antisemita creado en la URSS, por la mezcla de las antiguas creencias antisemitas y las impresiones recientes acerca de que los judíos eran los nuevos explotadores de los trabajadores rusos, es que Stalin hace uso del antisemitismo para sus maniobras políticas, cada vez con más éxito. Para muchos en el mundo entero, el desprecio, para decir lo mínimo, de Stalin por los judíos sólo quedó claro cuando los ministros de Relaciones Exteriores ruso y alemán, Molotov y Von Ribbentrop, estrecharon sus manos con la firma del pacto Hitler-Stalin. Como recuerda Arkady Vaksberg, "el hecho de que Stalin era un antisemita convencido y hasta fanático, sólo comenzó a discutirse recientemente. Los numerosos libros y artículos dedicados a él en los años veinte, treinta y después, se refieren a sus cualidades varias, los diversos aspectos de su personalidad que de ninguna forma pueden ser consideradas virtudes *su sed por el poder, de venganza, crueldad, traición, rencor, hipocresía, etcétera*. Pero su antipatía hacia los judíos, igualmente poderosa, que fue el estímulo para una serie de actos criminales, no fue mencionada hasta bien recientemente. Hasta Trotsky, en su clásico de dos volúmenes, Stalin, silencia al respecto ese importante detalle…" (46). Hasta hace poco, era común decir que Stalin sólo se volvió antisemita a finales de los años 1940. Aunque Vaksberg esté en lo cierto al decir que Trotsky no divisaba el antisemitismo personal de Stalin, no se pueden negar los esfuerzos de Trotsky para denunciar y luchar contra la utilización del antisemitismo por Stalin en el partido, desde los altos niveles a la base en las fábricas, como muestra el episodio narrado por el mismo Trotsky: "No sólo en el interior, inclusive en Moscú, en las fábricas, el ataque a la Oposición en 1926 asumía un carácter abiertamente antisemita. Muchos agitadores decían abiertamente: Los judíos ya están conspirando. Yo recibí centenas de cartas deplorando los métodos antisemitas en la lucha contra la Oposición. En una de las sesiones del Politburó escribí una nota a Bujarín: Ya debe haber oído decir que hasta en Moscú los métodos demagógicos de las Centurias Negras (antisemitismo, etc) están siendo usados contra la Oposición. Bujarín me respondió evasivamente, en el mismo pedazo de papel: Casos aislados, es claro, ¡son posibles!. Escribí nuevamente: Lo que tengo en mente no son casos aislados, sino una agitación sistemática entre los secretarios del partido de las grandes industrias de Moscú. ¿Me acompañaría a la fábrica de Skorokhod para investigar un caso de esos? (conozco innumerables ejemplos); Bujarín respondió: Bueno, entonces vamos. Intenté en vano hacerle cumplir su promesa. Stalin se lo prohibió categóricamente" (47). El episodio ocurrido un año después, en 1927, narrado por Leonard Schapiro, es bastante revelador: "Entre los papeles de Trotsky hay un registro de una reunión realizada en el partido en 1927 para exigir la expulsión de Trotsky, que fue una de las miles organizadas por el Secretariado como parte de la campaña por esa expulsión. La voz principal enfatizaba que la nacionalidad de Trotsky impedía que fuera un comunista ya que mostraba que él debía estar a favor de la especulación…" (48). Según el análisis de Trotsky, la política antisemita de Stalin se intensificó juntamente con la profundización de la lucha contra la Oposición, y era ejecutada primordialmente en función de esa lucha. En un primer momento, entre 1923 y 1926 (cuando el judío Zinoviev y el medio judío Kamenev aún apoyaban a Stalin), la utilización del antisemitismo por parte de Stalin fue realizada de forma sutil y encubierta. Constantes referencias, en los diarios y eventos públicos, se hacían contra los "pequeñoburgueses de las pequeñas ciudades…" que apoyaban a Trotsky una referencia al Shtetl, típica pequeña ciudad judía de la porción Oeste del antiguo imperio zarista. La campaña de combate contra la Oposición, en 1926, asumió un tono abiertamente antisemita, y Trotsky escribe que "en los meses de preparación para la expulsión de las oposiciones del partido, las detenciones, los exilios (en el segundo semestre de 1927), la agitación antisemita, asumirán un carácter devastador. El slogan abajo la Oposición frecuentemente tomaba la apariencia del viejo slogan abajo los judíos y salve a Rusia …" (49). Según Trotsky, proporcionalmente no había más judíos en la Oposición que en el partido en general o en la burocracia, pero Stalin estaba determinado a descubrir a los que lo eran y hacerlo público. Después que Kamenev y Zinoviev pasaron a la oposición, fueron llamados Rozenfeld y Radomislyski. El hijo menor de Trotsky, que se llamaba Serguei Sedov porque usaba el nombre de la madre, no judía, pasó a ser llamado Bronstein, a pesar de que el nombre "Trotsky" era mucho más conocido que Bronstein y esclarecía mejor la filiación de Serguei, si eso era lo que se buscaba. Los métodos antisemitas de Stalin eran, según Trotsky, como mínimo repugnantes. El que jamás tuvo en consideración su origen nacional, que en más de una ocasión enfatizó que no pertenecía a nacionalidad alguna, que era sólo socialdemócrata e internacionalista, fue llevado a reconocer que "el antisemitismo había levantado cabeza juntamente con el anti-trotskismo". Como recuerda Isaac Deutscher, "Trotsky, en su juventud, en los términos más categóricos había repudiado la demanda de autonomía cultural para los judíos, que el Bund presentó en 1903. Lo hizo en nombre de la solidaridad del judío y no-judío con el socialismo. Casi un cuarto de siglo después, cuando emprendía la lucha desigual contra Stalin y se dirigia a las células del partido en Moscú para exponer sus puntos de vista, se encontró con alusiones a su judaísmo y hasta con insultos antisemitas abiertos. Las alusiones y los insultos provenían de miembros del partido, que él, junto con Lenin, había guiado durante la revolución y la guerra civil" (50). Stalin dio la señal de largada para impulsar la campaña antisemita, y los otros miembros del alto comando soviético se embarcaron con mucha facilidad y desenvoltura. Según Glotzer, Bujarín y los miembros del Politburó, Rykov y Tomsky, pueden ser citados entre los que apoyaron a Stalin en todas sus medidas para alcanzar el poder absoluto, inclusive en el antisemitismo (51). Purgas y antisemitismo En 1936 comenzaron los "Procesos de Moscú", juicios farsescos contra la Oposición que Stalin en ese momento quería eliminar. La fabricación de los procesos, con pruebas falsas y la utilización del antisemitismo para dar mayor "legitimidad" a la condena del acusado, llevó a Trotsky a comparar los "Procesos de Moscú" con otros juicios antisemitas ocurridos en la historia: los casos Beillis y Dreyfus. Los métodos (antisemitismo, acusaciones falsas y sensacionalismo) y los objetivos (desviar la atención de las masas de los verdaderos culpables y los reales problemas del país) eran tan semejantes en los dos casos, que Trotsky afirmó que los casos Beillis y Dreyfus fueron los antecedentes históricos de los "Procesos de Moscú". Como dice Volkogonov, "los procesos de Moscú no fueron apenas una purga general, fueron realizados para destruir a Trotsky moral, política y psicológicamente; la orden para aniquilarlo físicamente ya había sido dada mucho antes" (52). El Estado soviético promovía el antisemitismo general del país y perseguía a los judíos (Trotsky y los opositores no eran los únicos judíos perseguidos, ni el antisemitismo stalinista concluyó luego de su eliminación: vease el caso del "Complot de los Médicos" en 1952 y el destino de Leopold Trepper, a manos de la policía rusa después de la Segunda Guerra Mundial, entre otros tantos ejemplos), al mismo tiempo que condenaba a muerte a los antisemitas. Stalin mantuvo la orden de condenar el antisemitismo mientras lanzaba su propia campaña antisemita. Según Vaksberg, no fueron sólo los procesos antisemitas las que crecieron en los años treinta, sino también los propios anti antisemitas (53). El Estado soviético fingía combatir el antisemitismo mientras promovía el antisemitismo. Los procesos de Moscú consiguieron reunir las dos acusaciones *judaísmo y antisemitismo*… en la misma víctima: "El último proceso de Moscú, por ejemplo, fue escenificado con la intención muy mal encubierta de presentar a internacionalistas como judíos infieles capaces de venderse a la Gestapo alemana. Desde 1925 y principalmente desde 1926, la demagogia antisemita, bien camuflada, inatacable, se da de la mano con juicios simbólicos contra supuestos pogromistas" (54). En la medida en que el dictador derrotó a Trotsky y sus aliados con métodos antisemitas, es lícito indagar si Trotsky fue derrotado porque era judío, como sostienen Wistrich y Volkogonov. Wistrich afirma inclusive que Winston Churchil no tenía dudas de que el judaísmo de Trotsky fue central para su derrota: "El era además un judío. Nada podía alterar eso", diría el estadista británico (55). Dimitri Volkogonov, basándose en un episodio que envolvió al antiguo populista Vasiliev, afirma que "no todo el mundo aceptaba a Trotsky como líder. Entre los bolcheviques estaban aquellos que no perdonaban su pasado no bolchevique, mientras que para la población en general, sus orígenes judíos confundían. La acusación de que Lenin estaba rodeado de judíos, fue hecha con bastante frecuencia. Entre la correspondencia que Lenin recibió sobre el asunto, estaba el telegrama de un antiguo miembro de la Voluntad del Pueblo [Narodnaya Volia, NdA], un simpatizante bolchevique llamado Makari Vasiliev: Para salvar al bolchevismo, debería separar a una serie de bolcheviques extremamente respetados y populares: el gobierno soviético sería beneficiado con la renuncia inmediata de Zinoviev, Trotsky y Kamenev, cuyas presencias en los puestos más elevados e influyentes, no refleja el principio de autodeterminación nacional. Vasiliev también exigió el auto-alejamiento de Sverdlov, Ioffe, Steklov, y su reemplazo por personas de origen ruso…"(56). No es necesario decir que Lenin ignoró al viejo populista Vasiliev. Está claro que Stalin persiguió a Trotsky por la amenaza que representaba a su poder y no porque era judío. En el período en que Stalin persiguió y expulsó de Rusia a Trotsky y sus aliados, durante las décadas de 1920-1930, difícilmente perseguía judíos sólo por odio racial. No dejaba de ser peligroso contraponerse a los principios establecidos anteriormente por Lenin. O sea que Stalin, en la mayoría de los casos, no perseguía a los judíos porque era antisemita. Pero como en el fondo lo era, no le importaba utilizar y fomentar el antisemitismo de las masas rusas para legitimar la persecución a sus opositores. Pero todo indica que durante la década del 40 la poca racionalidad que había en la política antisemita de Stalin desaparece por completo y la persecución a los judíos (por más inexplicable que sea a través del análisis histórico) pasa a ser parte de los devaneos de una mente enferma. El sionismo A fines de 1903, Trotsky analizó el sionismo en el artículo citado, "La desintegración del sionismo y sus posibles herederos", calificándolo como una utopía reaccionaria que separaba a los trabajadores judíos del movimiento obrero mediante la promesa irrealizable de la construcción de una nación judía bajo el capitalismo. Treinta años después, la situación política en el mundo, principalmente en lo que respecta a los judíos se había alterado. Los judíos presenciaban el desarrollo general del antisemitismo en Europa, el crecimiento acentuado del antisemitismo oficial en la URSS, la ascensión del nazismo, la persecución a los judíos de Alemania, y la irrupción de los conflictos entre los colonos judíos y los árabes en Palestina. En 1934, Trotsky, respondiendo a la pregunta de si los cambios que se estaban viviendo en el mundo exigían un nuevo examen de la cuestión judía por parte de los comunistas, afirmó: "Tanto el Estado fascista en Alemania como la lucha árabe-judía permiten una nueva verificación, mucho más clara aún del principio de que la cuestión judía no puede ser resuelta en el cuadro del capitalismo. No podría decir si el judaísmo será construido nuevamente como una nación. Pero no puede haber, en nuestro planeta, algo como la idea de que uno tiene más derecho a la tierra que otro… El callejón sin salida en que se encuentra el judaísmo alemán y el callejón sin salida en que se encuentra el sionismo están inseparablemente ligados al callejón sin salida del capitalismo mundial como un todo" (57). Trotsky, en la entrevista siguiente, en México, en 1937, reiteró su oposición al sionismo y reafirmó que las condiciones materiales para la construcción nacional judía (mudanza voluntaria en masa de los judíos, economía planificada, planeamiento topográfico, un tribunal proletario internacional para resolver el conflicto judío-árabe) sólo serían dadas por una revolución proletaria. Pero en el lugar de la duda de antes ("yo no sabría decir si el judaísmo será construido nuevamente como nación…"), Trotsky expresó la certeza de que "la nación judía se mantendrá durante todo un período por llegar", y concluía que era obligación del socialismo proveer las condiciones materiales necesarias para el pleno desarrollo nacional y cultural judío (58). Trotsky, en la misma entrevista, intentó explicar el cambio en su visión de la existencia de una nación judía: "Durante mi juventud, estaba más inclinado a creer que los judíos de los diferentes países serían asimilados y que la cuestión judía desaparecería de una manera casi automática. El desarrollo histórico del último cuarto de siglo no confirmó esa perspectiva. El capitalismo decadente sacó a la superficie, en todas partes, un nacionalismo exacerbado, una de sus expresiones es el antisemitismo. La cuestión judía se exacerbó sobre todo en el país capitalista más desarrollado de Europa, Alemania" (59). Además del retroceso del proceso de asimilación de los judíos, en gran parte debido al crecimiento del antisemitismo, un segundo motivo para el cambio de su posición previene, dice Trotsky, del propio desenvolvimiento cultural de la nación judía, especialmente del desarrollo del idisch. A fines del siglo XIX el idisch era considerado, por los mismos judíos, como su idioma venido de la miseria y la opresión sufrida en los guetos de Europa oriental y el imperio zarista. Fue recién al iniciarse el siglo XX que se transformó en un idioma que condujo al florecimiento literario y artístico (teatral) de los judíos de Europa oriental y de los países de inmigración reciente, como Francia, Estados Unidos y Argentina. En palabras de Trotsky, "los judíos de diferentes países crearon su prensa y desarrollaron el idioma idisch como un instrumento adaptado a la cultura moderna. Por lo tanto, debemos trabajar con el hecho de que la nación judía existirá durante todo un período por venir" (60). El cambio de visión de Trotsky de la asimilación de los judíos y su apoyo a la idea de que se otorgara un territorio para los judíos que quisieran vivir en común y desarrollarse nacionalmente bajo un régimen socialista, llegó a ser interpretado como un "leve cambio" de Trotsky a favor del sionismo. En palabras de Glotzer, "al final de su vida, Trotsky fue compelido a cambiar, aunque levemente, parte de su posición en relación al sionismo" (61). La misma afirmación fue hecha por Knei-Paz cuando escribió que "en ese artículo ["La desintegración del sionismo y sus posibles herederos", NdA] Trotsky definió de una vez por todas *o casi, ya que treinta años después expresaría un leve cambio de opinión* su hostilidad con relación al sionismo" (62). Debe decirse que Trotsky no alteró una posición de principios cuando cambió su visión de la asimilación de los judíos. El propio proceso de asimilación sufrió un retroceso a comienzos del siglo. Ningún estudioso de la cuestión judía puede negar que a fines del siglo XIX los judíos de Europa central y occidental estaban en vías de integrarse a la población de los países en que vivían, a través de casamientos mixtos, de la creciente diversificación profesional y del propio abandono de la religiosidad y de las costumbres judías. Así como no se niega que ese proceso fue revertido drásticamente en el período de entreguerras, con el crecimiento del antisemitismo entre la población y a nivel del Estado, mediante la (re) implantación de medidas legales restrictivas. Trotsky apenas adecuó su visión al cambio de la realidad empírica. No podemos deducir un supuesto apoyo a la idea sionista por los cambios de la visión de Trotsky del problema judío en la época del surgimiento del nazismo y del "antisemitismo soviético". Trotsky se oponía a la idea sionista y se mantenía firme en la creencia de que la salvación de los judíos dependía del fin del régimen capitalista. Según Harari, si Trotsky veía a los judíos como una "nación sin territorio" y aun así condenaba el sionismo como una "utopía irrealizable", fue porque desconocía el gran avance de la colonización judía de Palestina: "No se debe reprochar a Trotsky porque, debido a su carencia de conocimientos sobre lo que pasaba en Eretz Israel, no sabía de la lucha ininterrumpida, fundamentalmente por parte del obrero hebreo de Palestina, tanto contra el imperialismo inglés como contra la fuerza reaccionaria de los musulm anes (según la definición de Trotsky), por el hecho de que para él se llama inmigración una lucha por la aliá por todos los medios. No conocía el alcance de la aliá a Eretz Israel…" (63) ("aliá": traslado de los judíos a Israel). Como vimos, Trotsky no condenó al sionismo debido a su ignorancia de los esfuerzos de colonización judía de Palestina. Pero en la medida en que aumentaba su interés por el problema, se quejaba de la falta de información más precisa. El judío polaco y revolucionario Hersh Mendel cuenta, en su libro de memorias, que se encontró clandestinamente con Trotsky en 1934 en Versailles. El encuentro fue a pedido de Trotsky (el contacto con Mendel fue hecho por el hijo mayor de Trotsky, Lyova Sedov) para discutir el carácter del régimen de Pilsudski en Polonia. Antes de la despedida, dice Mendel, Trotsky "preguntó si yo tenía alguna noticia del movimiento de los trabajadores judíos en Palestina. No preparado para la pregunta, no sabía qué decirle. Entonces me pidió que le juntara los materiales apropiados. Transmití el pedido de Trotsky a los camaradas de Polonia y rápidamente olvidé el asunto. En la historia del movimiento internacional, conocía una serie de revolucionarios judíos que ocasionalmente recordaban que pertenecían al pueblo judío, pero que luego no lo tenían en mente. Pensé que con Trotsky sería lo mismo. Pero él no era el tipo de persona que se olvidaba de las cosas que consideraba importantes…" (64). Enzo Traverso nos provee otro interesante "testimonio del creciente interés de Trotsky por la cuestión judía en los años treinta". Se trata del relato de la visita de Beba Idelson (dirigente socialista-sionista palestina) a Trotsky, en 1937, en México. "El se informó sobre la vida judía en Palestina en general e hizo diversas preguntas sobre la naturaleza de los kibutz, la relación entre judíos y árabes, la situación económica del país, la universidad y la biblioteca judías de Jerusalén, etc. Beba Idelson escribió: No le hablaba como se habla a un extranjero. Sentía que estaba hablando a un judío, a un judío errante, sin patria. Eso me hizo sentir muy próxima y me dio la seguridad para dirigirme a un hombre que podía comprenderme. Trotsky jamás se volvió sionista, pero ya no era indiferente a la idea de una nación judía…" (65). Para algunos autores, el error de Trotsky fue creer en la proximidad de la revolución mundial. Su análisis de la situación mundial en todos los otros aspectos era tan perfecto que, si no fuese por esa creencia ciega, Trotsky habría apoyado el proyecto sionista o por lo menos algún proyecto de construcción de una nación judía aun bajo el capitalismo, lo que se cree habría salvado a los judíos (o por lo menos a gran parte de ellos) del holocausto. El 19 de febrero de 1939, Trotsky fue buscado por Ruskin, un renombrado abogado judío de Chicago, que quería incluir al revolucionario exiliado de reputación mundial en su programa de ayuda a los judíos de Europa, "presumiendo que los orígenes judíos de Trotsky lo transformaban en un posible participante en cualquier movimiento con esos propósitos". Pero Trotsky le respondió que "sólo la revolución internacional puede salvar a los judíos" (66). El hecho es que, sin el apoyo de las potencias imperialistas, el proyecto no tenía medios por hacer lo que, en ultima instancia, era necesario: evacuar a los judíos de Europa. El sionismo no era visto como una salvación para los judíos ante el avance arrollador del nazismo y la inminencia de la guerra en Europa, como siempre señalaba Trotsky. Trotsky "rechazaba la idea de que el programa de marchar a Palestina de los sionistas pudiese suministrar un refugio inmediato a los judíos, frente a Hitler. La solución inmediata era la revolución socialista" (67). En julio de 1940, un mes antes de ser asesinado, Trotsky escribió, bajo el impacto de la nueva norma del gobierno británico, restringiendo la inmigración judía a Palestina, el siguiente pasaje (encontrado después de su muerte entre sus escritos): "La tentativa de resolver la cuestión judía con la emigración de los judíos a Palestina puede ser vista ahora por lo que es, un trágico blef para el pueblo judío. Interesado en conquistar la simpatía de los árabes, que son más numerosos que los judíos, el gobierno inglés modificó nítidamente su política en relación a los judíos, y renunció a su promesa de ayudarlos a fundar un hogar propio en tierra extranjera. El próximo desarrollo de los asuntos militares podría transformar a Palestina en una trampa mortal para centenas de miles de judíos. Nunca estuvo tan claro como está hoy, que la salvación del pueblo judío está inseparablemente ligada al derrumbe del sistema capitalista" (68). Trotsky se opuso al sionismo durante toda su vida porque lo veía como un movimiento irrealizable y reaccionario, porque no tenía recursos propios, era dependiente del imperialismo británico que le daba o le retiraba su apoyo de acuerdo a su conveniencia, tenía que enfrentar al nacionalismo árabe, y finalmente alejaba a los trabajadores judíos del movimiento revolucionario socialista. Pero, analizando la evolución de la cuestión judía en las décadas iniciales del siglo XX, Trotsky formuló la concepción de la construcción nacional judía dentro de un régimen socialista mundial: "Exactamente los mismos métodos que para resolver la cuestión judía bajo el capitalismo tienen un carácter utópico y reaccionario (sionismo), tendrán bajo un régimen de federación socialista, un significado verdadero y saludable. Eso era lo que yo quería esclarecer. ¿Cómo un marxista o un demócrata consistente puede hacer objeción a eso?" (69). Podría criticarse a Trotsky por haber llegado tarde (década del treinta) a la conclusión de que sería la obligación del gobierno proletario generar las condiciones para el desarrollo pleno de la nación judía. Tal vez una mirada más atenta al judaísmo ucraniano, polaco y lituano, menos volcado a los grandes centros urbanos, que los judíos cosmopolitas de las grandes ciudades de Rusia o de Europa occidental, hubiera posibilitado llegar a esa conclusión aún en 1917. Pero incluso así no se podía proponer una solución para la "cuestión judía" separando a los judíos en "porción occidental" y "porción oriental". Los judíos de Europa occidental, en vías de asimilación, parecían indicar el camino que sería seguido por el judaísmo como un todo. Birobidjan La idea de crear un territorio judío en la Unión Soviética surgió en los círculos del Partido Comunista en 1925. El 4 de septiembre de 1926, la sección judía del partido, Yevsektsia, adoptó una resolución declarando deseable el establecimiento de un territorio autónomo judío. El 28 de marzo de 1928 quedó oficialmente decidido por el Presidium del Comité Ejecutivo de la URSS, orientar toda colonización judía para la región de Birobidjan, en Siberia oriental, cerca de China y el Río Amur. Según Weinstock, el territorio autónomo judío fue creado de manera puramente administrativa. Los verdaderos interesados no fueron consultados y la iniciativa contó con la oposición de una parte de la OZET (organización de colonización agrícola judía en la URSS). Birobidjan, que debería abrigar a las colonias agrícolas judías, estaba situado en una región siberiana árida, escogida en razón de intereses estratégicos: poblar el extremo oriente ruso e impedir el avance chino. Dice Weinstock: "Según los planificadores, a lo largo del primer plan quinquenal debía surgir de la nada un centro birobidjanés con decenas de miles de colonos judíos. Esas visiones utópicas no se condecían con la dura realidad. Las condiciones climáticas y económicas eran tan rigurosas que dos tercios de los colonos retornaron a sus hogares. Lo que no impidió que Birobidjan fuese declarado Distrito autónomo judío el 31 de octubre de 1931. De 1928 a 1933 cerca de 20.000 judíos se instalaron allí definitivamente. Cuando la región fue proclamada Provincia autónoma el 7 de mayo de 1934, su población judía no pasaba de un quinto del total de habitantes. (Llegó a 23,8% en 1937). A fines de 1937 contaba con 20.000 judíos birobidjanos, estando apenas el 5% empleado en la agricultura" (70). En 1937, interrogado sobre su visión de la creación de la "Provincia autónoma" judía de Birobidjan, Trotsky respondió que no poseía información privilegiada (recordemos que Trotsky dejó la URSS en el período de la creación del proyecto), pero que su evaluación personal era que aquella sólo podía ser una experiencia muy limitada. Trotsky reconocía que para que los judíos mantuvieran una existencia nacional normal les faltaba un territorio propio. Pero la URSS, dice Trotsky, incluso en un estadio de desarrollo socialista mucho más avanzado que el entonces existente, aún sería muy pobre para resolver su propio problema judío (71). Trotsky no se oponía a la idea general contenida en el proyecto de Birobidjan: "Ningún individuo progresista y que usa el cerebro podrá hacer objeción a que la URSS designe un territorio especial para los ciudadanos que se sienten judíos, usan la lengua judía preferentemente respecto a cualquier otra y desean vivir como una masa compacta". Pero tampoco cerraba los ojos para los grandes problemas que envolvía la creación de la "Provincia autónoma" y al hecho de que "inevitablemente reflejará todos los vicios del despotismo burocrático" (72). Birobidjan no iba a producir las condiciones materiales para el desarrollo cultural judío y por lo tanto no realizaría aquello que, según Trotsky (en carta de 1934), sería la obligación de un gobierno proletario: "El sionismo aleja a los trabajadores de la lucha de clases a través de la esperanza irrealizable de un Estado judío bajo el capitalismo. Pero es obligación de un gobierno obrero crear para los judíos, así como para cualquier otra nación, las mejores circunstancias para su desarrollo cultural. Eso significa, inter ali: proveer, para aquellos judíos que así lo desean, sus propias escuelas, su propia prensa, su propio teatro, etc.; un territorio separado para su desarrollo y administración propias. El proletariado internacional se comportará de la misma forma cuando sea la dirección de todo el globo. En la esfera de la cuestión nacional no debe haber restricción; por el contrario, debe haber una asistencia material plena para las necesidades culturales de todas las nacionalidades y grupos étnicos. Si este o aquel grupo nacional está predestinado a desaparecer (en el sentido nacional), entonces deberá ser por un proceso natural, nunca como consecuencia de dificultades territoriales, económicas o administrativas" (73). Además de las mencionadas dificultades, Birobidjan quedaba muy lejos de Moscú o cualquier otro centro urbano importante. Sobrevivir allí no era fácil y reemprender la vida en la ciudad de origen era más difícil aún, motivo por el cual Birobidjan fue frecuentemente comparado con un gueto. Pero durante la Segunda Guerra Mundial, Birobidjan, en palabras de Pierre Teruel-Mania, pasó de gueto a un verdadero campo de concentración. Con el avance de las tropas nazis, la URSS evacuó toda una población de Polonia ocupada por el Ejército Rojo (cerca de un millón de judíos), transportándola a la fuerza en vagones de carga hasta los Urales y Siberia. El motivo de ese desplazamiento forzado habría sido la desconfianza de Stalin de que los polacos, inclusive los judíos entre ellos, podían apoyar la invasión nazi contra la Unión Soviética. Stalin, sin proponérselo, salvó a esos judíos de morir en los campos de concentración y exterminio nazis. Pero, por otro lado, los confinó y dejó morir de hambre y frío en las regiones semi-desérticas de Siberia, en particular en Birobidjan. El número de muertos, según los sobrevivientes, llegó a las 600.000 almas o más. "Lo cierto es que en 1946, cuando los polacos refugiados de la URSS fueron autorizados a volver a casa, no se contaba con más de 150.000 judíos. Centenas de miles perecieron de frío y de hambre en el gueto de Birobidjan, en Siberia oriental *de hecho, un campo de concentración" (74). El nazismo Trotsky fue, seguramente, el primer líder político (de cualquier ideología) en alertar al mundo de dos peligros representados por el ascenso del nazismo en Alemania: una nueva guerra mundial y el exterminio físico de los judíos. En junio de 1933, Trotsky escribía que "el plazo que nos separa de una nueva catástrofe europea está determinado por el tiempo necesario para el rearme alemán. No se trata de meses pero tampoco de años. Si Hitler no es detenido a tiempo por las fuerzas internas de Alemania, algunos años bastarán para que Europa se encuentre nuevamente arrojada a una guerra" (75). El cambio de actitud de los jefes nazis, que en ese momento hacían declaraciones pacifistas, sólo podía "asombrar a los más bobos", dijo Trotsky. Los nazis recurrirían a la guerra como única forma de responsabilizar a los enemigos externos por los desastres internos. En palabras de Volkogonov, "Trotsky previó la Segunda Guerra Mundial en el inicio de la década de 1930" (76). En el análisis de Trotsky, Hitler, en toda su mediocridad, no creó política o teoría propia; su metodología política fue prestada de Mussolini, que conocía la teoría de la lucha de clases de Marx lo suficientemente bien como para utilizarla contra la clase trabajadora. Su teoría de raza, la debía a las ideas de racismo de un diplomático y escritor francés, el conde Gobineau. La habilidad política de Hitler consistió en traducir la "ideología del fascismo al idioma del misticismo alemán" y así movilizar, como hizo Mussolini en Italia, las clases intermedias contra el proletariado (el único que podría haber barrido con el avance nazi). Dice Trotsky que antes de convertirse en poder de Estado, el nacional-socialismo prácticamente no tenía acceso a la clase trabajadora. Tampoco la gran burguesía, incluso aquella que apoyaba al nacional-socialismo con su dinero, veía a aquel partido como suyo. La base social sobre la cual el nazismo se apoyó para su ascensión fue la pequeña burguesía, arrasada y pauperizada por la crisis en Alemania. Fue también en ese medio que los mitos antisemitas encontraron su campo de propagación más fértil. "El pequeño burgués necesita una instancia superior, más allá de la naturaleza y de la historia, para protegerse de la competencia, la inflación, la crisis y la venta en remate público. A la evolución, a la concepción materialista, al nacionalismo *en los siglos XX, XIX y XVIII* se opone el idealismo nacional como fuente de inspiración heroica. La nación de Hitler es una sombra mitológica de la propia pequeña burguesía, delirio patético que le muestra su reinado milenario sobre la Tierra. Para elevar a la nación por encima de la historia, se le da el apoyo de la raza. La historia es considerada como la emanación de la raza. Las cualidades de la raza son construidas independientemente de las diversas condiciones sociales. Al rechazar la concepción económica como inferior, el nacional-socialismo desciende a una etapa más baja: del materialismo económico recurre al materialismo zoológico (…) Del sistema económico contemporáneo, los nazis excluyen al capital usurario y bancario como si fuese el demonio. Ahora bien, es precisamente en esa esfera donde la burguesía judía ocupa un lugar importante. Los pequeños burgueses se inclinan delante del capital en su conjunto, pero declaran la guerra al maléfico espíritu de acumulación bajo la forma de un judío polaco con una larga capa pero que, muy frecuentemente, no tiene un centavo en sus bolsillos. El pogrom se convierte en la prueba más elevada de la superioridad de la raza" (77). La verdadera causa del éxito de Hitler, según Trotsky, no fue la fuerza de su ideología sino la falta de una alternativa: "No hay ninguna razón para ver la causa de esos fracasos [de las Internacionales socialista y comunista, NdA] en la potencia de la ideología fascista. Mussolini jamás tuvo ideología alguna y la ideología de Hitler nunca fue tomada en serio por los obreros. Las capas de la población que en un momento dado fueron seducidas por el fascismo, principalmente la clase media, ya tuvieron tiempo de desilusionarse. El hecho de que la pequeña oposición existente se limite a los medios clericales protestantes y católicos, no se explica por la potencia de las teorías semi delirantes, semi charlatanas de la raza y de la sangre, sino por el quiebre estrepitoso de las ideologías de la democracia, de la socialdemocracia y del Comintern" (78). El segundo pronóstico de Trotsky *el exterminio de los judíos* estaba relacionado con su pronóstico de la irrupción de una nueva guerra mundial, pero no dependía de ésta. En 1938, Trotsky afirmaba que "el número de países que expulsa a los judíos crece sin parar. El número de países que pueden aceptarlos decrece… Podemos, sin dificultad, imaginar lo que espera a los judíos con el mero inicio de la próxima guerra mundial. Pero igualmente sin guerra, el próximo desarrollo de la reacción mundial significa con seguridad el exterminio físico de los judíos" (79). Estas líneas fueron escritas, como recuerda Harari, "bien antes de que los hornos de Hitler comenzasen su tarea, cuando el mundo entero era indiferente en relación al problema de los judíos" (80). En el mismo artículo, de diciembre de 1938, Trotsky no sólo alerta contra el peligro del exterminio de los judíos, sino también contra la proximidad de esa catástrofe, y lanza un llamamiento a todos los elementos progresistas para que fueran al auxilio de la revolución mundial. Para los judíos, incluyendo a su burguesía, esta tarea era prácticamente una obligación, ya que, en un momento en que Palestina aparecía como una "trágica ilusión", Birobidjan como una "farsa burocrática" y los países de Europa y del nuevo mundo cerraban sus fronteras para la inmigración judía, sólo la revolución podía salvarlos de la masacre: "La Cuarta Internacional fue la primera en proclamar el peligro del fascismo e indicar el camino para la salvación. La Cuarta Internacional llama a las masas populares a no dejarse engañar para encarar abiertamente la realidad amenazadora. La salvación reside sólo en la lucha revolucionaria… Los elementos progresistas y perspicaces del pueblo judío tienen la obligación de venir al auxilio de la vanguardia revolucionaria. El tiempo apremia. Un día ahora equivale a un mes o hasta un año. Lo que hagan, ¡háganlo rápido!" (81). Al contrario de los autores que afirman que el pronóstico tan preciso de Trotsky no tenía implicancias prácticas, o que Trotsky no dio soluciones a la altura de sus previsiones (82), Peter Buch escribe que "para Trotsky no era cuestión de esperar por el socialismo. Eran necesarias medidas prácticas para salvar a los judíos de los carniceros nazis. Con la derrota de la revolución socialista en Europa, solamente una campaña internacional poderosa para revelar los verdaderos planes de Hitler y forzar a los países de Occidente a abrir sus puertas y ofrecer asilo a los judíos, principalmente EE.UU. e Inglaterra, podía ayudar a los judíos. Trotsky planteó una acción masiva por la demanda de asilo para los judíos amenazados. Tal demanda era capaz de unir a todos los verdaderos opositores al fascismo, socialistas o no, en un movimiento de masas que podría haber salvado a millones de las cámaras de gas…" (83). Trotsky no veía la amenaza de exterminio de los judíos como producto de las características intrínsecas y pluriseculares del pueblo alemán *como afirma una corriente historiográfica del nazismo y, más recientemente, Daniel J. Goldhagen (84)*, sino como un problema creado por el capitalismo como un todo, siendo que la "cuestión judía es más crítica en el país capitalista más avanzado de Europa, Alemania" (85). Isaac Deutscher recuerda que "en una frase memorable, animada por la premonición de las cámaras de gas, Trotsky resumió así la esencia del nazismo: Todo lo que la sociedad, si se hubiese desarrollado normalmente (por ejemplo, en dirección al socialismo), debería haber expulsado… como el excremento de la cultura, está ahora brotando por su garganta: la civilización capitalista está vomitando la barbarie no digerida…" (86). Trotsky escribió sobre el peligro del antisemitismo en Estados Unidos si llegara a tornarse tan crítico o peor que en Alemania: "La victoria del fascismo en ese país [Francia, NdA] significaría el fortalecimiento de la reacción, y el crecimiento monstruoso del antisemitismo violento en todo el mundo, sobre todo en Estados Unidos" (87). Pasajes como éste son sintomáticamente olvidados por aquellos que no consiguen explicarlos o ridiculizarlos. En una carta a Glotzer, escrita el 14 de febrero de 1939, Trotsky va un poco más lejos en su previsión de la irrupción de un antisemitismo violento en Estados Unidos: "Hay 400.000 judíos en Palestina, pero Ruskin y sus asociados pretenden llevar allí 500.000 más. (¿Cómo? ¿Cuándo?) Yo le respondí que estaban preparando una bella trampa a los judíos en Palestina. Antes de trasladar a esas 500.000 personas, tendremos una cuestión palestina interna con los 2.500.000 judíos de Estados Unidos. Con la declinación del capitalismo americano, el antisemitismo se volverá más y más terrible en Estados Unidos *en todo caso, más importante que en Alemania. Si la guerra viene, y vendrá, un gran número de judíos caerá como las primeras víctimas de la guerra y serán prácticamente exterminados". Glotzer tanto glorifica a Trotsky por su previsión de la solución final, como lo ridiculiza por sus visiones del antisemitismo en Estados Unidos: "Trotsky estaba totalmente fuera de la verdadera América. Allí sus abstracciones no le sirvieron" (88). Para Traverso, basta recordar que Trotsky denunciaba constantemente el cierre de las fronteras de los países de Europa y Estados Unidos para la inmigración judía *una acción criminal de las democracias occidentales a la altura del bandidaje del propio nazismo*, para notar que "la referencia implícita a Estados Unidos, que se oponía a acoger a los judíos europeos amenazados por Hitler, demuestra que Trotsky veía en el antisemitismo un producto del sistema imperialista como un todo, y no exclusivamente la consecuencia del delirio nazi" (89). Se debe recordar que no fueron sólo las democracias occidentales las que cerraron sus fronteras para la inmigración de los judíos huyendo del nazismo. "Antes de la firma del pacto Hitler-Stalin, durante la persecución de los judíos en Alemania, Austria y Checoslovaquia, la URSS stalinista era el único país de Europa *hasta la España franquista concedía el derecho de asilo a los judíos* en negar asilo a los judíos perseguidos por Hitler" (90). Trotsky llamó a una Conferencia de Emergencia de la IVª Internacional en mayo de 1940, que produjo un documento ("La Guerra Imperialista y la Revolución Proletaria Mundial") donde se lee uno de sus últimos comentarios sobre el "problema judío" y su inserción en el problema más general del destino de la humanidad como un todo: "En el mundo del capitalismo en descomposición no hay vacantes. La cuestión de admitir cien refugiados más se torna un gran problema para una potencia mundial como Estados Unidos. En la era de la aviación, el telégrafo, el teléfono, la radio y la televisión, los viajes de país a país están paralizados por pasaportes y visas. El período de desgaste del comercio exterior y la declinación del comercio interno es, al mismo tiempo, el período de la intensificación monstruosa del chauvinismo y especialmente del antisemitismo. En el período de su ascenso, el capitalismo sacó al pueblo judío del gueto y lo utilizó como instrumento de su expansión comercial. Hoy la sociedad capitalista decadente está intentando exprimir al pueblo judío por todos sus poros; diecisiete millones de individuos sobre 2.000 millones que habitan el globo, o sea, menos del 1%, ¡no encuentran más un lugar sobre nuestro planeta! En medio de la inmensidad de las tierras y de las maravillas de la tecnología, que conquistó los cielos para el hombre así como la tierra, la burguesía consiguió convertir nuestro planeta en una prisión atroz…" (91). Conclusión Trotsky no escribió extensamente sobre la "cuestión judía". La reunión de todos sus escritos, incluyendo entrevistas y párrafos retirados de artículos que no son específicos de la "cuestión judía", completarían nada más que un folleto. Pero sus reflexiones sobre el tema, de la primera a la última, ocuparon un largo período de tiempo, desde 1903 hasta su muerte, en 1940. Diversos autores afirman que a lo largo de esos 37 años, Trotsky alteró su visión de la "cuestión judía". Ernest Mandel sustenta que Trotsky pasó de una visión asimilacionista típicamente semi-internacionalista (que decía que "la consolidación del sistema burgués de producción y de la sociedad burguesa llevarían inevitablemente a la emancipación judía… y a su asimilación") a una visión que llegaba a superar a la de Marx y Engels (92). Enzo Traverso afirma que "el cambio de perspectiva entre 1933 y 1938 no puede ser explicado sólo por una profundización de la reflexión teórica sobre el antisemitismo: proviene también de una dicotomía inherente al pensamiento de Trotsky. Se trata de la contradicción entre su "filosofía espontánea", hecha de una adhesión superficial a la tradición filosófica del marxismo de la IIª Internacional (una tradición dominada por las figuras de Plejanov y de Kautsky) y su ruptura práctica, es decir, no sistematizada, con todas las formas del marxismo positivista y evolucionista" (93). Abandonando su visión inicial *la creencia en la asimilación de los judíos y la caracterización del antisemitismo como un resquicio de la era medieval, sinónimo de atraso e ignorancia* Trotsky habría alterado supuestamente su visión de la "cuestión judía", por una visión "más lúcida", que defendería la solución territorial y vería el antisemitismo como la expresión más aguda de la barbarie moderna. Pierre Vidal Naquet escribe que "de todos los grandes dirigentes marxistas del siglo XX, Trotsky es probablemente quien más se aproxima, hacia el final de su vida, a una visión lúcida de la cuestión judía y de la amenaza nazi" (94). Es correcto decir que Trotsky abandonó la visión de la asimilación de los judíos, que formuló la idea de construcción nacional judía dentro de una sociedad comunista avanzada y que incluyó (como Lenin) en su análisis del antisemitismo la noción de una "destilación químicamente pura de la cultura del imperialismo", o sea que era la expresión de la modernidad y de la propia decadencia de la sociedad capitalista y no sólo un resquicio cultural de una sociedad antepasada (una afirmación no anula la otra), y que dejó de pronunciar frases del tipo "el antisemitismo desaparecerá como desaparecerá el capitalismo", pasando a decir también que el proletariado actuaría cuando fuese dueño del planeta, para garantizar el fin del antisemitismo y la solución de la cuestión judía. Pero todas esas alteraciones no cambiaron la visión fundamental de Trotsky acerca de la "cuestión judía", la cual siempre estuvo asociada al destino de la revolución proletaria mundial. El artículo de Trotsky de 1913, sobre la política de Bismark para Rumania, arriba analizado, demuestra que Trotsky tenía una visión clara de la utilización de los judíos en función de maniobras y conspiraciones políticas internacionales, entre las naciones más avanzadas; por políticos de naciones donde los judíos se estaban "integrando" hace décadas a la población local, como era el caso de Alemania. La asimilación de los judíos no era siquiera garantía de la preservación de sus derechos ciudadanos. Justamente porque la visión de Trotsky nunca fue "asimilacionista" hasta sus últimas consecuencias, no marginalizaba al movimiento obrero judío (como hizo la II Internacional antes de 1914). Desde 1903-1904, Trotsky creía que el movimiento obrero judío, como tal, tenía un papel importante que cumplir actuando conjuntamente con el movimiento obrero general y dentro de los movimientos obreros de los diferentes países. Más aún, en sus primeros escritos, como "la desintegración del sionismo y sus posibles herederos" (1903) y "La cuestión judía en Rumania y la política de Bismark" (1913), Trotsky dijo que la "intelligentzia" y los sectores medios de la población judía, inclusive los que eran parte del movimiento sionista, deberían apoyar a la socialdemocracia porque sólo ella lucharía por los derechos de los judíos. En la década de 1930, cuando un calumniador lanzó el rumor de que Trotsky recibía dinero de los judíos ricos de EE.UU., éste escribió que eso no era verdad, pero que si la burguesía judía ofreciera su ayuda, ciertamente la aceptaría, porque era obligación de los judíos apoyar al único movimiento que podría salvar, literalmente, su piel (95). Trotsky no concebía la emancipación política (la conquista de la igualdad de derechos del ciudadano) y la asimilación, como una posible solución para el problema judío. La revolución de febrero de 1917 jamás habría resuelto la "cuestión judía". Por el mismo motivo, la visión de Trotsky está extremadamente próxima a la visión de Marx de La Cuestión Judía de 1843. Trotsky no supera la visión de Marx, la expresa en los ejemplos vivos de los problemas políticos de su época. El verdadero sentido del artículo de Marx sobre la "cuestión judía" tiende a ser distorsionado por las palabras duras y los términos aparentemente antisemitas. Pero una lectura atenta del artículo demuestra que Marx sostenía, en el momento justo en que la asimilación de los judíos parecía indicar el fin del "problema judío", que la sociedad capitalista jamás dejaría al judío olvidar que era judío. La emancipación final de los judíos del judaísmo y de la sociedad como un todo sólo podría ocurrir con la superación del sistema capitalista de producción, con la revolución proletaria mundial. Con palabras bien diferentes, y en contextos distintos, Trotsky expresó desde temprano la misma visión de Marx a pesar de no haberse referido jamás a su artículo. Fue la visión dialéctica de Trotsky la que le permitió alcanzar la formulación de la idea de la construcción nacional judía después de la revolución socialista mundial (como necesidad y no como deseo personal) y a prever, de manera tan precisa, el trágico destino de los judíos después del fracaso de la revolución en Europa. La originalidad de la visión de Trotsky sobre la "cuestión judía" fue haber alcanzado, sin depender de la lectura del texto de Marx y a partir de sus propios conocimientos teóricos y de la observación aguda de la realidad, la esencia de La Cuestión Judía. NOTAS: 1. Vladimir Medem, De mi Vida. Buenos Aires, Ediciones Bund, 1986, págs. 262-263. 2. Isaac Deutscher, The Prophet Armed. Nueva York, Vintage Books, 1954, pág. 74. 3. Cf. V. Medem, Op. Cit. pág. 279. Sobre el V Congreso del Bund y la decisión de excluir la discusión sobre el programa nacional de las propias actas del congreso, ver pág. 273. 4. V. I. Lenin, "The nationalization of Jewish schools", en: Daniel Rubin (ed.), Anti-Semitism and Zionism. Nueva York, International Publishers, 1987, pág. 63. 5. Cf. V. Medem, Op. Cit. pág. 279. 6. Cf. I. Deutscher, Op. Cit . págs. 74-75. 7. Enzo Traverso, Les Marxistes et la Question Juive. Paris, Kimé, 1997, pág. 154. 8. Cf. V. Medem, Op. Cit. pág. 281. 9. Robert Wistrich, Revolutionary Jews from Marx to Trotsky. Londres, Harrap, 1976, pág. 193. También encontramos en Glotzer la afirmación de que "el académico marxista David Riazanov dice que Trotsky fue el instrumento de Lenin sobre la cuestión". Albert Glotzer. "Yo no soy un judío sino un internacionalista", en: Trotsky: Memoir & Critique. Nueva York, Buffalo, Prometheus Books, pág. 212. 10. Citado por Jejíel Harari, "Trotsky y la cuestión judía". Raíces. Testimonio 31, sdp, pág. 4. 11. Idem. 12. Citado por Peter Buch, "Introducción", en: Leon Trotsky. On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 7. 13. Cf. J. Harari, Op. Cit. págs. 4-5. 14. Cf. Baruch Knei-Paz, The Social and Political Thought of Leon Trotsky. Oxford, Clarendon, 1979, pág. 541; Peter Buch, Op. Cit. pág. 7. 15. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 212. 16. León Trotsky, 1905. Paris, Minuit, 1969, págs.121-123. 17. Cf. B. Knei-Paz, Op. Cit . págs. 346. Según Enzo Traverso, "es interesante notar que Trotsky fue el único dirigente marxista de primer nivel en intervenir sobre esta cuestión: Otto Bauer, Karl Kautsky, Victor Adler, Jorge Plejanov y Lenin no interferirán, en esa ocasión, en el silencio del movimiento socialista sobre el anti-semitismo" (E. Traverso. Trotsky et la question juive. Quatrième Internationale . Paris, 1990, pág. 76). 18. Cf. J. Harari, Op. Cit. pág. 5. 19. Citado por B. Knei-Paz, Op. Cit. pág. 542. 20. Idem, pág. 543. 21. Idem, pág. 544. 22. Citado por J. Harari, Op. Cit. pág. 6. 23. Idem, pág. 5. 24. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 213. 25. B. Knei-Paz, Op. Cit. pág. 542. 26. Citado por J. Harari, Op. Cit. pág. 7. 27. Idem, pág. 7. 28. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 209. 29. Todos los pasajes se encuentran en: A. Glotzer, Op. Cit. pág. 208. 30. Dimitri Volkogonov, Trotsky. The eternal revolutionary. Nueva York, Free Press, 1996, págs. 206-207. 31. Ernest Mandel, Trotsky Como Alternativa. São Paulo, Xamã, 1995, pág. 203. 32. Cf. Meir Talmi, Análisis histórico del problema, en: Nahum Goldman et al. Nacionalidad Oprimida. "La minoria judía en la URSS". Montevideo, Mordijai Anilevich, 1968, pág. 26. 33. R. Wistrich, Op. Cit. pág. 199. 34. E. Mandel, Op. Cit. pág. 203. 35. Citado por R. Wistrich, Op. Cit. pág. 199. 36. Citado por J. Harari, Op. Cit. pág. 8. 37. Leon Trotsky, "Letter to Klorkeit and to the Jewish workers in France". On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 15. 38. Leon Trotsky, "Greetings to Unser Kamf", Idem, pág. 16. 39. Cf. Leon Trotsky, "Letter to Klorkeit and to the Jewish workers in France", Idem, págs. 14-17. 40. Cf. J. Harari, Op. Cit. pág. 12. 41. Los artículos de Trotsky aqui citados se encuentran publicados en Leon Trotsky, On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994. 42. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 218. 43. Citado por A. Glotzer, Op. Cit. págs. 222-224. 44. Idem. 45. León Trotsky, "Thermidor and anti-Semitism", On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 23. 46. Arkady Vaksberg, Stalin Against the Jews. Nueva York, Vintage, 1995, págs. 15-16. 47. León Trotsky, Op. Cit.. pág. 26. 48. Citado por A. Glotzer, Op. Cit. pág. 218. 49. León Trotsky, Op. Cit. pág. 26. 50. Isaac Deutscher, Los Judíos no Judíos. Buenos Aires, Kikiyon, 1969, pág. 37. 51. Cf. A. Glotzer, Op. Cit . págs. 217-218. 52. D. Volkogonov, Op. Cit. pág. 381. 53. Cf. A. Vaksberg, Op. Cit . pág. 70. 54. León Trotsky, "Interview with Jewish correspondents in Mexico". On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 21. 55. Cf. R. Wistrich, Op. Cit . pág. 201. 56. D. Volkogonov, Op. Cit. págs. 92-93. 57. León Trotsky, "On the Jewish Problem ". On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 18. 58. Cf. León Trotsky, "Interview with Jewish correspondents in Mexico", Idem, pág. 20. 59. Idem. 60. Idem. Obsérvese que el idish casi desapareció en las décadas siguientes a las masacres de los judíos de Europa por el nazismo. 61. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 230. 62. B. Knei-Paz, Op. Cit. pág. 541. 63. J. Harari, Op. Cit. pág. 11. 64. Hersh Mendel, Memoirs of a Jewish Revolutionary. Londres, Pluto Press, 1989, pág. 308. 65. Enzo Traverso, "Trotsky et la question juive". Quatrième Internationale, Paris, 1990, pág. 80. 66. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 230. 67. John OMahony, "Trotskyism and the Jews". Workers Liberty Nº 31, Londres, mayo 1996, pág. 30. 68. Ugo Caffaz, "Trockij e la questione ebraica". Le Nazionalità Ebraiche. Florência, Vallechi, 1974, pág. 108 69. León Trotsky, "Thermidor and Anti-Semitism", On the Jewish Question, Nueva York, Pathfinder, 1994, págs. 28-29. 70. Nathan Weinstock, Le Pain de Misère. Vol. III, Paris, La Découverte, 1986, pág. 43. 71. Cf. León Trotsky, "Interview with Jewish correspondents in Mexico". On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, págs. 20-21. 72. León Trotsky, "Thermidor and Anti-Semitism", Idem, pág. 28. 73. León Trotsky, "Reply to a question about Birobidjan", Idem, pág. 19. 74. Pierre Teruel-Mania, De Lénine au Panzer-Communisme. Paris, François Maspero, 1971, pág. 112. 75. León Trotsky, "¿Qué es el nacionalsocialismo?" El Fascismo. Buenos Aires, CEPE, 1973, pág. 85. 76. D. Volkogonov, Op. Cit. pág. 415. 77. León Trotsky, Op. Cit. págs. 77-78, 80-81, signos de pregunta míos. 78. León Trotsky, "La agonía mortal del capitalismo y las tareas de la IVª Internacional. Programa de Transición para la Revolución Socialista. Caracas, Avanzada, 1975, pág. 38. 79. León Trotsky, "Appeal to American Jews menaced by fascism and anti-semitism". On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 29. 80. J. Harari, Op. Cit. pág. 15. 81. León Trotsky, Op. Cit. pág. 30. 82. Cf. R. Wistrich, Op. Cit . pág. 206; B. Knei-Paz. Op. Cit. pág. 554. 83. Peter Buch, Op. Cit. pág. 4-5. 84. Daniel Jonah Goldhagen, Os Carrascos Voluntários de Hitler. O povo alemão o holocausto. São Paulo, Companhia das Letras, 1997. 85. León Trotsky, "Interview with Jewish correspondents in Mexico". On the Jewish Question. Nueva York, Pathfinder, 1994, pág. 20. 86. Isaac Deutscher, Los Judios no Judios. Buenos Aires, Kikiyon, 1969. 87. León Trotsky, "Appeal to American Jews menaced by Fascism and anti-Semitism". Op. Cit., pág. 29. 88. A. Glotzer, Op. Cit. pág. 230. 89. Enzo Traverso, Les Marxistes et la Question Juive. Paris, Kimé, 1997. págs. 221-222. 90. P. Teruel-Mania, Op. Cit. pág. 111. 91. León Trotsky, "Imperialism and anti-semitism". Op. Cit., pág. 30. 92. Ver E. Mandel, Trotsky Como Alternativa. São Paulo, Xamã, 1995, págs.199, 202 y 206. 93. E. Traverso. Les Marxistes et la Question Juive. Paris, Kimé, 1997, pág. 222. 94. P. Vidal-Naquet, Los Judíos, la Memoria y el Presente. Mexico, FCE, 1996, pág. 205, signos de pregunta míos. 95. Cf. León Trotsky. Appeal to American Jews menaced by fascism and anti-semitism. Op. Cit., pág. 29.

1 de mayo de 2000
La Revolución Rusa y la cuestión judía
Nachman Falbel

Muchos fueron los eventos realizados en Brasil, y en otros países, para recordar los 80 años de la Revolución Rusa de 1917, que constituyó uno de los capítulos más significativos de la historia del siglo XX por su dimensión universal y por sus consecuencias en el esfuerzo de configurar una nueva sociedad humana. También, en relación a los millones de judíos que habitaban el imperio zarista, el movimiento que derribó al viejo régimen en aquella gran extensión de Europa Oriental, por el ascenso de Octubre, representó un punto de viraje en su modo de vivir tradicional. Los judíos tuvieron un papel importante en la formación del movimiento revolucionario ruso, lo que se explica por la propia miseria social en que se encontraban en la Zona de Residencia (Pale), a la que habían sido confinados desde las primeras décadas del siglo anterior. Por otra parte, la intelligentsia judía, la misma que formaría el Bund en 1897, era sensible a la cuestión social, comprometiéndose desde el inicio con el populismo de los narodnik que anticipa la formación del Partido Social Demócrata Ruso, fundado en 1898 bajo influencia marxista. Elementos del Bund estuvieron presentes en el comité central del partido y muchos judíos veían en el socialismo y en la revolución social una solución para sus amarguras. Sin embargo, el reconocimiento de las necesidades específicas del proletariado judío y de su identidad propia, bien como una situación social particular y diferenciada en relación a los demás, llevó cierto tiempo. Hombres como Aaron Schmuel Liberman, fundador de la Asociación de los Obreros Hebreos, en 1876, en Londres, intuirían desde el inicio que el socialismo, como solución a la cuestión judía y de la sociedad como un todo, debería considerar esa especificidad. Lo que parecía una intuición inicial en Liberman, se tornó en el programa de la Asociación General de los Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia, el Bund. Pero el difícil camino que éste tenía que atravesar estaba asociado, en ese sentido, a dos cuestiones que aparentemente eran irreconciliables bajo un aspecto ideológico: el internacionalismo divulgado por la doctrina marxista y, por otro lado, la cuestión nacional presente en buena parte del extenso continente europeo. En su Cuarta Conferencia de abril de 1901, en Bialistok, el Bund llegaría a tomar una resolución de respeto de la cuestión nacional, que de hecho no agradó a todos debido a su poca claridad, al mismo tiempo que entraba en un debate con la Iskra que representaba al ala izquierda de la socialdemocracia rusa. La cuestión se encontraba en el orden del día del movimiento socialdemócrata y se reveló como uno de los elementos de discordia con el Bund, en el Segundo Congreso de la Social Democracia Rusa, en julio-agosto de 1903, en Bruselas y Londres, donde el Bund se retiró de la socialdemocracia rusa. Vladimir Medem, en ese tiempo uno de los líderes más brillantes del Bund, dedicado a la cuestión nacional expondrá, en un artículo que se publicó en el Viestnik Bundha (portavoz del Bund), en 1904, bajo el título "La socialdemocracia y la cuestión nacional", una concepción del partido sobre el asunto, asociándola a la cuestión del "neutralismo", que prevaleció en la conferencia de 1901, con apoyo mayoritario. El "neutralismo" para Medem se resumía en aceptar el desenvolvimiento de la historia. "En la medida en que ella lleva a los judíos obligatoriamente a ser asimilados entre los demás pueblos, nosotros por nuestra iniciativa no deberemos dirigir nuestras fuerzas a detener ese proceso ni a obstaculizarlo. Nosotros no nos entrometemos en eso; somos neutrales. La verdad es que estamos contra los asimilacionistas que aspiran a esa asimilación, pero no por eso nos alejamos de ellos, no porque tememos la asimilación, sino porque ella no puede ser colocada como un objetivo, sino apenas como un resultado de un desenvolvimiento social. No estamos contra la asimilación, sino contra la aspiración a la asimilación, contra la asimilación como un objetivo" (1). Esa posición no representaba enteramente a todas las alas del Bund, como podemos ver en el artículo de uno de sus teóricos, Vladimir Kosovski, publicado en esa misma obra (2), y de cierta forma era algo paradójico en un partido y, en Medem, que adoptaban una clara aceptación de la doctrina de la autonomía nacional-cultural, valorizando el idish en su literatura, las instituciones comunitarias judías y su representatividad frente al Estado, etc. En un artículo titulado "Movimiento nacional y partidos socialistas nacionales en Rusia", escrito por Medem en 1908 (3), se hace un resumen histórico del pasaje de la intelligentsia judeo-rusa, militante de las ideas socialistas, hacia la conciencia de la necesidad de organizar y dirigirse a las masas obreras judías, comenzando por la utilización de la lengua idish, que iba a sustituir una literatura socialista en hebreo de los años 70 (del siglo anterior), y que comenzaría con un folleto de Martov (Zederboim), Der vendepunkt in der geschichte fun der idicher arbeter bavegung (El momento del cambio en la historia del movimiento obrero judío), escrito en 1895 (4). Medem describe los pasos para la "nacionalización" o la orientación de sus ideas, dirigidas específicamente al obrero judío, como misión del Bund, objetivo que ya había encontrado ciertos precedentes en el pensamiento de los socialistas que lo antecedieron. Ya en el Congreso del Bund de 1900 figuraba la cuestión nacional y que "el problema así como era planteado por la socialdemocracia judía era muy limitado, debiéndose ampliarlo a la exigencia de igualdad de derechos nacionales". El cuenta que esa resolución no fue aceptada, pues la conferencia temía que esta exigencia desviara la atención del proletariado judío de sus finalidades políticas más importantes. En la Quinta Conferencia, de junio de 1905 en Zurich, el Bund ya muestra una concepción cristalizada sobre la cuestión nacional. El drama del Bund y de los socialistas judíos comienza efectivamente en el momento en que procuran el reconocimiento total de la existencia de una cuestión nacional judía, asentada sobre el principio de nacionalidad, que los lleva a exigir una representatividad política autónoma dentro del partido socialdemócrata ruso. El conflicto con el partido ruso que seguía a esa aspiración del Bund, provocaría el alejamiento del Bund de sus filas durante algunos años, más allá del agresivo artículo de Lenin en el periódico Iskra, de octubre de 1903, bajo el título "La posición del Bund en el partido" (5). En ese escrito Lenin atacará el nacionalismo judío del Bund como reaccionario y dirá que "la idea de que los judíos forman una nacionalidad es lamentablemente una idea sionista, cuyo fundamento es erróneo y reaccionario". A continuación, Lenin trae a su favor, como testimonio, nada más ni nada menos que a Karl Kautsky, "uno de los teóricos marxistas de más categoría", que al estudiar la cuestión nacional en el Imperio Austro-Húngaro afirma que el concepto de nacionalidad se funda en dos elementos, a saber, lengua y territorio. Al igual que Kautsky, Lenin repetirá que "los judíos dejaron de ser una nacionalidad una vez que no era posible imaginar la existencia de una nacionalidad sin territorio". Otra fuente citada por Lenin, en el mismo artículo, es la polémica entre un judío radical, Alfred Naguet, y el sionista convicto Bernard Lazare. Naguet usa el argumento que "los judíos en el pasado remoto eran sin duda un pueblo, sin embargo hoy no lo son, pues el concepto de nacionalidad exige un territorio sobre el cual ella podrá desenvolverse (…) y también una lengua común. Los judíos alemanes y franceses nada tienen en común con los judíos rusos y polacos (…)" (6). Lenin dirá irónicamente: "Tal vez reste a los bundistas la posibilidad de fundamentar la existencia de una nacionalidad de los judíos rusos sobre la hipótesis de que su lengua es una jerga (idish) y su territorio la Zona de Residencia (Pale)". Su argumentación acentúa que la idea nacional entre los judíos es reaccionaria, no solamente cuando es adoptada por los sionistas, sino también por los socialdemócratas (léase bundistas), porque ella contradice los intereses del proletariado judío, desde el momento que, directa o indirectamente, postula una actitud contra la asimilación, y obliga a los judíos a mantenerse en el gueto. Apoyándose nuevamente en Kautsky, repetirá que la única solución posible a la cuestión judía es su asimilación, "y todo lo que ayude a impedir el encierro de los judíos, merece todo el apoyo". Lenin también atacará al Bund por su exigencia de una organización federativa del Partido Socialdemócrata Ruso y volverá sobre el argumento de la asimilación en el artículo publicado en Za Pravdo, en diciembre de 1913, con el título "Sobre la autonomía cultural-nacional", en el cual dirá: "En Europa, los judíos conseguirán la igualdad de derechos asimilándose a un ritmo creciente en el seno de las naciones en que viven". La cuestión nacional estaba a la orden del día de las preocupaciones teóricas del partido durante el año 1913, pues aún el 23 de mayo de ese año, Lenin había publicado en Pravda el artículo "La clase obrera y la cuestión nacional" y, algunos meses después, en octubre, en el Prozveschnie, otro artículo titulado "Notas críticas sobre la cuestión nacional" (7). Es de comprender que los aspectos teóricos de la cuestión nacional no se limitaban al entendimiento de la cuestión judía, sino que se aplicaban a la realidad política de los dos imperios, esto es, el Austro-Húngaro y el zarista, pues en realidad los teóricos de la socialdemocracia austríaca se enfrentaron con la cuestión de las minorías nacionales con cierta anticipación en relación a los socialistas rusos. Lenin también conocía y recomendó el trabajo de Stalin sobre el asunto, publicado en el Prozveschnie (Ilustración), en enero de 1913, bajo el título "El marxismo y la cuestión nacional" (8). La definición de Stalin nos interesa, por el hecho de seguir una orientación ya establecida por su antecesor: "La nacionalidad es un agrupamiento humano estable, que se desenvuelve históricamente en una base común de lengua, territorio y vida económica, bien como en una estructura psíquica que se materializa en una cultura común". Solamente estas características conjuntas definen una nacionalidad. Obviamente, los judíos no se encuadraban en esta definición. Stalin polemizaba al mismo tiempo con Otto Bauer, el líder de la socialdemocracia austríaca, que llegó a admitir que los judíos, aunque no tuviesen una lengua común, con todo constituían una nacionalidad. La verdad es que Otto Bauer, en su libro El socialismo y la cuestión nacional, escrito en 1907, al referirse a los judíos, titubea, y como bien apunta Haim Jitlovski, "todo lo que es posible y deseable en las demás naciones, es errado y descalificado cuando se trata de los judíos" (9). Otto Bauer, que formula en su texto el concepto de autonomía nacional y cultural aplicada a las varias nacionalidades que componen el Imperio Austro-Húngaro, se complica y acaba no reconociendo ese derecho a los judíos (10). Stalin, en el citado artículo, apuntará las incoherencias de Otto Bauer en relación a los judíos, pero negará la propia línea adoptada por la socialdemocracia austríaca en relación a los principios de autonomía nacional cultural. Esto, sin embargo, es otra cuestión que no podemos tratar en los límites de este breve artículo. Stalin arremeterá en su estilo personal diciendo: "¿Qué nacionalidad judía es esa, compuesta de judíos gruzios, daguestanos, rusos, americanos y otros, que no se entienden el uno al otro (hablan distintas lenguas), viven en diversas partes del globo terráqueo, nunca se vieron el uno al otro, y no estuvieron juntos en tiempos de paz o en tiempos de guerra? (…). No, no es para nacionalidades en el papel que la socialdemocracia crea programas nacionales. Ella podrá considerar solamente a las nacionalidades verdaderas, que actúan, se movilizan y obligan, por lo tanto, a preocuparse por ellas (…). Bauer confunde, por lo tanto, la nacionalidad que constituye una categoría histórica, con una tribu que constituye una categoría antropológica". En ese mismo artículo, Stalin atacará el autonomismo cultural nacional del Bund y el federalismo de la organización, los cuales define como "conteniendo en su seno elementos de descomposición y separatismo". Terminará diciendo que el "Bund marcha en dirección al separatismo" (11). La ironía histórica, y la tragedia personal de parte de los líderes del Bund, se produce cuando el partido, a partir de la Conferencia de Minsk, en la primavera de 1919, propone su identificación con el programa bolchevique, lo que lo lleva a la escisión, en abril de 1920. En marzo de 1921 toda la socialdemocracia rusa, incluyendo a los bundistas y mencheviques, se vuelve ilegal, pasando a sufrir las conocidas persecuciones de la GPU, como enemigos del régimen. La dolorosa historia de los "kombundistas" (bundistas-comunistas), que al principio ocuparon importantes cargos en el Estado Soviético y más tarde estuvieron envueltos en los procesos de depuración del partido, en las disputas del poder, víctimas del impiadoso stalinismo, fue el corolario de este proceso. Esa sería la concepción bolchevique en aquel tiempo, esto es, antes de 1917, y aun una década después, cuando la cuestión judía todavía se encontraba en el orden del día del movimiento revolucionario, desde Lenin y sus sucesores, incluyendo a Trotsky. Este último, con el pasar del tiempo, y fundamentalmente en el período de su exilio, cambiaría de posición y hasta preanunciaría la tragedia del Holocausto, al referirse a la situación de Europa. En un estudio realizado por Yechiel Harari, militante del partido Mapam en los años en que esta organización aún existía, sobre la concepción de Trotsky en relación a la cuestión judía, podemos seguir esos cambios de su pensamiento, desde su ingreso a la militancia socialista hasta el año de su asesinato en 1940. El elemento diferenciador entre lo que Lenin y Stalin escribieron al respecto, se manifiesta en sus declaraciones y artículos de los años 30, cuando el fascismo y el nazismo se extienden por el continente europeo y el antisemitismo muestra su cara más siniestra, buscando el exterminio de los judíos. Harari se refiere a una carta que Trotsky escribió a un amigo, en los Estados Unidos, el 22 de diciembre de 1938, en la que podemos leer lo que sigue: "El número de países que expulsan a los judíos aumenta sin cesar. El número de países que los pueden absorber se reduce, al mismo tiempo que la violencia se torna más intensa. Es posible vislumbrar sin ninguna dificultad lo que les espera a los judíos con el estallido de la futura guerra mundial. Pero, aunque ésta no estalle, la evolución futura de la reacción mundial conducirá ciertamente al exterminio físico de los judíos" (12). Con la revolución de 1917 la cuestión de las nacionalidades se presentaría inevitablemente como un problema práctico, que deberá ser enfrentado conjuntamente con los demás, en la nueva configuración social que se presenta con el ascenso de los bolcheviques al poder. Victor Serge, en su obra El año uno de la Revolución Rusa, cita al pensador Elisée Reclus, que al hablar en 1905 de la revolución rusa decía que "Rusia será totalmente dada vuelta hasta en su última choza. Forzosamente, será levantada una cuestión diferente a la de las clases: la de los pueblos de diferentes lenguas, de las distintas conciencias nacionales. Lo que llamamos Rusia es una enorme extensión de conquistas, en el que están entramadas de veinte nacionalidades subyugadas (…) (Correspondencia, t. III). De hecho, en un plano horizontal, la composición étnica del imperio zarista, en 1897, comprendía 56 millones de grandes rusos, 22,3 millones de ucranianos, cerca de 6 millones de rusos blancos, 8 millones de polacos, 3,1 millones de lituanos, 1,8 millón de alemanes, 1,1 millón de moldavios, 5,1 millones de judíos, 2,6 millones de finlandeses, 1,1 millón de pueblos del Cáucaso, 3,5 millones de pueblos de origen finés (estonianos, carelios, etc.) y 13,6 millones de tártaros, con hegemonía absoluta de la nación gran rusa" (13). Con todo, a pesar de la declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia, promulgada el 2 de noviembre de 1917, los judíos no tuvieron una definición nacional reconocida como los demás. Esto ocurrirá más tarde, cuando un proceso de deterioro de la cultura judía, en muchos aspectos debido a las limitaciones impuestas por el nuevo régimen, comenzaba a mostrar sus primeros signos, todavía en los años 20. A pesar de la existencia de una política cultural judía, varios fueron los factores que contribuyeron para que ese proceso tuviera consecuencias funestas, entre ellos la lucha por eliminar cualquier manifestación religiosa ("el opio del pueblo") y la lucha contra la ortodoxia, así como la oposición contra la denominada cultura nacionalista-chauvinista judía (entiéndase el sionismo, y con él la lengua, la cultura y la educación hebrea), que llevó al cierre de un gran número de instituciones comunitarias en todo el territorio soviético. Cuando el 1º de junio de 1917 se realizó en Petrogrado el primer encuentro de los soviets de toda Rusia, la cuestión nacional surgió inevitablemente en el orden del día de las discusiones, en particular alrededor de la autoemancipación de los polacos y finlandeses, representados por sus respectivos delegados. La mayoría de los representantes de las nacionalidades, pequeñas y grandes, postulaban una Rusia unificada en una federación, con el otorgamiento de derechos de autonomía a los territorios nacionales. Conforme al relato de uno de los participantes del encuentro, que representaba al Bund, R. Abramovitch, la mayoría de los revolucionarios, delegados de las nacionalidades, postulaban teóricamente la concepción federativa. La polémica alrededor de esa concepción tenía como base las circunstancias en que se encontraba la revolución, esto es, la existencia de una guerra que alcanzaba a Europa, y forzaba a una alianza rusa con todas las nacionalidades existentes en su territorio, para hacer frente a Alemania y Austria, postergándose así las cuestiones particulares de cada nacionalidad. Abramovitch, que participó en ese encuentro de los soviets como coordinador de la "comisión nacional" y organizador de la "sección nacional" compuesta por representantes de varias nacionalidades, recuerda que en la "comisión nacional" la tendencia general era la aceptación de un Estado ruso, democrático y federativo, con plenos derechos para cada cultura nacional, "pero que no era aceptado por los ucranianos y por los bolcheviques, estos últimos representados por Kolontai y Stalin, considerado como un especialista en la cuestión nacional" (14). Kolontai, que en aquella época adoptó la concepción de que Finlandia debía tener, de inmediato, el derecho a su autodeterminación independientemente de la situación internacional del momento, esto es, de la amenaza alemana, más tarde justificaría la ocupación del país por los rusos, bajo la dictadura de su colega Stalin, durante la Segunda Guerra Mundial. En la praxis del Estado soviético, ya solidificado, la coherencia con la teoría era algo raro e inexistente, por lo menos en lo tocante a la cuestión nacional. En 1928, año crucial en la demolición de la vida cultural judía en Rusia, incluso contradiciendo la herencia teórica bolchevique del concepto de nacionalidad, relativo a los judíos, surgió la idea de colonizar con judíos una región lejana de Rusia. Se trataba de crear una república autónoma, bajo el nombre de Birobidjan, impulsada por el pragmatismo del gobierno soviético de fijar poblaciones en zonas inhóspitas, como parte de un programa de desenvolvimiento de la "madre patria". Con esto, se procuraba solucionar la cuestión judía en los límites territoriales de la Unión Soviética. El presidente Kalinin, en el discurso en que proclamaba la colonización judía en Birobidjan, entre otras cosas, expresó: "La vida en Moscú es multifacética y multinacional en su carácter, y los trazos nacionales específicos se van apagando (…). Los mismos judíos, para los cuales su carácter nacional particular es tan importante y aspiran a desenvolver una entidad política judía como base para el resurgimiento de la cultura judía y socialista de acuerdo con su contenido, deben ayudar en la puesta en pie de Birobidjan (…). Los judíos de Birobidjan no serán una nación con las características que tuvieron los judíos de Polonia, Lituania, etc. Ellos serán colonizadores socialistas en una tierra libre y rica, colonizadores corajudos y con fuerza, que en el futuro se transformarán en un agrupamiento nacional poderoso en la familia de las naciones soviéticas. Esto, naturalmente, es una cuestión de tiempo. Buena parte de los judíos serán miembros de comunas agrícolas unidas y enraizadas" (15). La historia melancólica de la colonización judía en Birobidjan no llenó las expectativas de los gobernantes soviéticos ni tampoco solucionó la cuestión judía de Rusia, mucho menos del continente europeo. Pocos años después del discurso entusiasta de Kalinin, la cuestión judía se colocaría en el escenario de la historia con un dramatismo jamás visto anteriormente, y la discusión teórica sobre el concepto de nacionalidad, así como otras consideraciones alrededor del derecho de autodeterminación de los judíos, se desvanecerían frente a una realidad inimaginable: Autschwitz y el Holocausto. Notas: (*) Nachman Falbel. Profesor de Historia de la Edad Media en la Universidad de San Pablo, Brasil. Este trabajo fue publicado en el libro "História e revolução", editado por Osvaldo Coggiola. 1. "Di sotzial-demokratie un di natzionale frague" ("La Socialdemocracia y la cuestión nacional", en Vladimir Medem, tzum tzvontzigten yortzeit. (Para el vigésimo aniversario de Vladimir Medem), Bund, Nueva York, 1949, pág. 189 (idiche). 2. V. Medem un di natzionale frague, (Medem y la cuestión nacional), págs. 130-40 (idiche). 3. V. Medem, op. cit., pág. 220-279. 4. Idem, pág. 247. 5. Ver el artículo de Mishkinsky, Moshe, "El movimiento obrero judío y el socialismo europeo" en Vida y valores del pueblo judío (Unesco). Perspectiva. San Pablo, 1972, págs. 312-326. También del mismo autor, "The jewish labour movement in modern jewis History" ("El movimiento obrero judío en la historia judía moderna") in Worker and revolutionaries – The jewis labour movement, Tel Aviv, Beth Hatefutshot, 1994, págs. 16-25. El conflicto del Bund con el Partido Socialdemócrata Ruso también es narrado en las interesantes memorias de uno de sus líderes de la segunda generación, Abramovitch, R. In Zwei Revoluties (En dos revoluciones), Ed. Ring, Arbeter. Nueva York, 1944, t.I., págs. III-127. La concepción del Bund sobre la cuestión nacional, que sufrió modificaciones y se presentó con matices conceptuales en los escritos de sus líderes fundadores, puede ser estudiada en las siguientes obras: Medem, Vladimir. Tzum Tzvontziksten Yohrtzait, Nueva York, 1948 (idiche), que reúne una selección de sus escritos; Zivion (Dr. Hoffman), far fuftzik yohr, (Zivion, para su 50º aniversario), Nueva York, 1948, Arkadi, Nueva York, 1942 (idiche). Textos importantes sobre el tema se encuentran en el apéndice del volumen I de los escritos de Borochov, Ber Ktavim, Tel Aviv, Hakibutz Hameuchad – Sifriat Poalim, 1995 (hebreo). 6. La concepción de Lenin y Stalin sobre la cuestión judía fue estudiada por Yehuda Tubini en Avot ha markzizm vehasheeila hayehudith (Los fundadores del marxismo y la cuestión judía), Merhavia, Sifriat Poalim, 1954, págs. 63-149 (hebreo). El autor, plenamente identificado con el comunismo, tuvo que detenerse en los errores teóricos de ambos en cuanto a la cuestión nacional y los judíos. 7. El artículo de Lenin reproducido en la traducción al español de sus Obras escogidas v. V, págs. 23-56, editadas en Moscú, 1976, y dirigida contra el Bund y Vladimir Medem, pero también contra la autonomía nacional cultural de Karl Renner y Otto Bauer. En el mismo volumen V, págs. 349-363, se encuentra el escrito de Lenin, publicado en 1916 en la revista alemana Vorbote con el título "La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación", en la cual desarrolla sus tesis sobre el asunto, atacando nuevamente a los teóricos austríacos en lo concerniente al "carácter reaccionario de la llamada autonomía nacional". 8. El texto fue editado en los números 3-5 (marzo- mayo), 1913. Utilíceme de la versión en español El marxismo y la cuestión nacional, Montevideo, Pueblos Unidos, s.d. 9. Falbel, V. N. y Guinsburg, J., Haim Jitlovski, Teoría de la nacionalidad, San Pablo, C.B.E.J., 1971, pág. 50. En los Ensayos sobre la nacionalidad judía, Buenos Aires, 1931, págs. 47-63, en su artículo "Nacionalidad y progreso", escrito en 1909, Jitlovsky adopta una postura favorable en relación al libro de Otto Bauer, aceptando buena parte de sus conceptos, al contrario de lo que ocurrirá en sus libros posteriores. La crítica a Otto Bauer la desarrollará en su estudio "Otto Bauer y la autonomía de los judíos", en Ktavim (Escritos), Merhavia, Sifriat Poalim, 1961, págs. 124-138. 10. La cuestión nacional se presentó en el Congreso de Brün en 1899, en el cual la socialdemocracia austríaca formuló su programa nacional definiendo los derechos de las minorías y garantizando la autonomía cultural. Por otro lado, la cuestión surgiría como consecuencia de la propia evolución del movimiento socialista en Rusia, que no evitó la fundación de un Partido Socialista Polonés (PPS) en 1892, de tendencia nacionalista, criticado por Rosa Luxemburgo y Leo Jogisches. Ver Ettinger, E., Rosa Luxemburgo, Río de Janeiro, J. Zahar, 1996, pág. 62. 11. El marxismo y la cuestión nacional, pág. 56. 12. Harari, Jejíel, "Trotsky y la cuestión judía", en Raices (Suplemento), 31 de agosto, s.d. 13. Serge. V., El año I de la Revolución Rusa, São Paulo, Ensayo, 1993. págs. 115-6. 14. Abramovitch, R, In Tzvei Revolutzies, v. II, págs. 61-70 (idiche). 15. Extraje el párrafo del discurso de Kalinin de la compilación Mekarot Iascheeila haleumit (Fuentes para la cuestión nacional), Hanhaga Harashit shel Hashomer Hatzair be Israel (Secretaria Central de Hashomer Hatzair en Israel), 1953, pág. 7. Muchos activistas de izquierda judíos todavía adherían a la idea de Birobidjan y fueron propagandistas, entre ellos, Gina Medem, esposa de Vladimir Medem, que visitó la región entre 1929 y 1935. Ver sobre ella en Lexikon fun der naier idicher literatur (Diccionario de la moderna literatura judía), v. 6. Nueva York, págs. 21-22.

1 de mayo de 2000
El hundimiento del Partido Socialdemócrata austríaco en febrero de 1934
Joseph Buttinger

Testimonios El lunes 12 de febrero de 1934, hacia las ocho y media de la mañana, el Dr. Otto Leichter, redactor del Arbeiter Zeitung (1) de Viena, telefoneaba a las oficinas del periódico para preguntarle al jefe de redacción, su amigo el Dr. Oscar Pollak, si había alguna novedad. Leichter estaba en ese momento en su casa, a medio vestir, a punto de desayunar. En una mano tenía el teléfono, en la otra su taza de café, pero todo su cuerpo, dotado por naturaleza de una singular movilidad, daba signos de la mayor impaciencia. En boca de Leichter, la pregunta no era una simple forma de hablar. Conocer las novedades del mundo era no sólo su oficio, sino también (más allá de las necesidades de su profesión) una necesidad vital de su espíritu, atormentado por una curiosidad insaciable. El deseo de saber a toda hora lo que se decía, se proyectaba, se pensaba y se hacía, constituía la más evidente de sus innumerables pasiones. Para él resultaba desconcertante cuando la jornada comenzaba sin haber podido conocer, antes del desayuno, la eventual escena que había tal vez transformado el mundo en el curso de la noche. Ni bien se levantaba, se aferraba al teléfono para compensar rápidamente las lagunas de información imputables a un profundo sueño. Pero en verdad la atenta curiosidad que Leichter experimentaba esa mañana del 12 de febrero de 1934 tenía otras razones, más allá de su temperamento y su profesión. El movimiento obrero socialdemócrata austríaco, del cual este hombre de 36 años, de una actividad sin tregua, extraía su razón de ser y su subsistencia, se encontraba bajo la amenaza de destrucción violenta desde hacía meses. El choque decisivo que fascistas y socialdemócratas, extremistas y conciliadores de todas las tendencias profetizaban desde hacía mucho tiempo, para acusar, intimidar o para llamar al orden, se podía producir cualquier día, y las frases de guerra civil, que para los jefes sólo eran medios de intimidación, podían transformarse para sus hombres en un sangriento destino. Armados por las milicias fascistas de la Heimwehr (2), los "cristianos" descendidos de los Alpes se habían reunido desde pocos días antes en varias cabezas de provincia, a fin de provocar con sus amenazas de violencia la caída de los gobernantes de los Länders, mientras vieneses "respetables" despachaban por el "bello Danubio azul" metralletas y municiones llegadas de Checoslovaquia. Ni las amenazas abiertas, ni los tratados de paz secretos de los jefes socialdemócratas parecían poder modificar la mentalidad de los hombres del gobierno federal, quienes prefiguraban un futuro político desastroso para Austria. Estaban resueltos a instaurar su dictadura. A la cabeza de este gobierno se hallaba el canciller federal Engelbert Dollfuss. Salido de los medios dirigentes de las zonas rurales de la Baja Austria, este doctor laborioso, por su constancia y su sentido del poder, se había elevado rápidamente por encima de la pesadez intelectual y de la estrechez aldeana de una y otra fracción de los jefes socialcristianos, cuyo arte de gobernar ya no respondía, desde hacía tiempo, a las exigencias de sus adherentes y de sus mandantes. Impresionada por el desarrollo del nacional-socialismo alemán, la burguesía austríaca se persuadía poco a poco de que eran necesarios métodos nuevos y radicales para superar la crisis económica y proteger su propia posición social contra los peligros del "comunismo". Cuanto más difícil era conciliar las reivindicaciones económicas y las necesidades sociales de las diferentes capas de la población, se tornava más vivaz el deseo de las clases poseedoras, de mentalidad clerical y tradicionalmente autoritaria, de abolir las restricciones y las barreras que la acción del Partido Socialdemócrata había impuesto a su expansión política desde la fundación de la República en 1918. Favorecido por la agitación internacional, Dollfuss, poco después de su asunción como jefe del gobierno federal, se aprestó a aplicar los planes hasta ese momento no ejecutados de su predecesor y maestro, el prelado Ignaz Seipel, jefe de los socialcristianos. Este último no sólo había adoctrinado a Dollfuss con su sistema de democracia autoritaria, sino que además le había trazado el camino a seguir favoreciendo a las milicias fascistas y creando un frente de unidad burguesa "anti-marxista". Pero a diferencia de Seipel, muerto en agosto de 1932, Dollfuss no estaba a la altura de las tareas que se había impuesto y de las responsabilidades que iba a asumir. Estas sobrepasaban sus fuerzas y su capacidad de desarrollo. Su tendencia a lucirse y su hipocresía aparecían como un esfuerzo dirigido a compensar las desventajas de su pequeñez física. La falta de audacia, el temor de manifestarse partidario abierto de la violencia, sin la cual sus proyectos no podían ser ejecutados, empujaron a Dollfuss a tomar ese hábito de mentir que los aficionados benevolentes de las reformas, no menos que los conservadores empedernidos, tienen por la cima del arte de la política. Llevado por el flujo de violencia que pronto habría de desencadenarse sobre Europa, Dollfuss creció rápidamente, pero su éxito fue de breve duración, y su asesinato, en julio de 1934, no fue más que el prólogo de la destrucción posterior de todo lo que estaba asociado a su nombre. El 27 de mayo de 1932 el parlamento austríaco proclamó el gobierno formado por Dollfuss con el apoyo de los jefes de la milicia fascista, pero sólo con un voto de mayoría, si bien hay que reconocer que cada voto en el futuro próximo iba a poner su existencia en peligro. Por añadidura, debía esperarse con certeza la caída de este gobierno al día siguiente de las elecciones federales que se estaban preparando. Desde abril, las elecciones provinciales en Viena, en la Baja Austria y en Salzburgo, habían revelado que una fracción considerable de los tradicionales electores del Partido Socialcristiano se había pasado al nacional-socialismo. Durante un año Dollfuss discutió con el parlamento nacional; una tarea impropia para sus designios personales, antes de decidirse a dar el primer paso serio para su eliminación. El 1º de octubre el gobierno dictó una autoproclamada ordenanza de necesidad (Notverordnung) que fue su primer decreto sin aprobación del parlamento. Se justificó esta violación flagrante de la constitución por una ordenanza imperial de 1917 que había reglamentado el racionamiento durante el último año de la Gran Guerra, y que según la interpretación de algunos juristas no había sido derogada por la revolución y la constitución republicana. El 17 de octubre Dollfuss nombró secretario de Estado de Seguridad al mayor Emil Fey, caballero de la orden de María Teresa, jefe de la Heimwehr, el hombre más propenso claramente a tomar medidas de fuerza. Pero fue necesaria la desastrosa situación producida en Alemania, en la primavera de 1933, con el advenimiento de Hitler (quien comienza la danza de muerte de la vieja Europa con la destrucción del movimiento obrero alemán) para que Dollfuss ose dar el paso siguiente. Con el pretexto más falaz que conozca la historia de los golpes de Estado, eliminó totalmente el parlamento nacional hacia mediados de marzo: puesto que la clausura de la última sesión no había podido ser formalmente pronunciada en razón de la dimisión del conjunto del presidium, la convocatoria a una nueva sesión sería "ilegal". Contra la única tentativa de sus adversarios parlamentarios de abrir una sesión a pesar de la decisión gubernamental, Dollfuss se impuso con las fuerzas de policía. Por otra parte, ese mismo día, hizo desplegar las milicias de la Heimwehr y llegó incluso a movilizar el ejército federal para intimidar a los jefes socialdemócratas que, por su lado, habían movilizado sus propias formaciones de combate, el Schutzbund republicano. Pero más eficaces que las medidas de fuerza para quebrar su vacilante voluntad de resistencia, se revelaron las promesas confidenciales que les hizo Dollfuss a raíz de consultas ulteriores destinadas a "desenredar la situación". Un día después el gobierno decretó la disolución del Schutzbund socialdemocrata en el Tirol, y dos semanas más tarde, el 31 de marzo, en toda Austria. Mientras tanto, el órgano central del Partido Socialdemócrata, el Arbeiter Zeitung, había sido sometido a censura previa. En abril, la Corte constitucional fue paralizada, y en mayo prohibida toda campaña electoral en el conjunto del territorio. El 20 de mayo de 1933, Dollfuss creó una organización con dirección autoritaria, la Vaterländische Front, partido único que sustituía a todos los demás. Fey, gracias a una reforma del gobierno, se había transformado en ministro de Seguridad. En el curso del verano, una parte de las milicias fascistas fue integrada al aparato de la fuerza pública, proclamándose "Freiwilliges Schutzkorps" (cuerpos de protección de voluntarios). En el mes de agosto, Dollfuss se encontró por tercera vez con su "gran amigo" Mussolini, cuyos consejos hasta ese momento habían sido confirmados con tan buenos resultados, y a quien le había escrito después de su segunda visita, en una carta del 22 de junio de 1933: "Estamos resueltos a expulsar a los marxistas de las posiciones de fuerza que aún mantienen, desde el momento que la situación lo permita". En el congreso católico de Viena, el 11 y 12 de septiembre, Dollfuss anunció ya abiertamente que se comprometería con la "vía autoritaria" (autoritären Kurs), dándole licencia definitiva a la democracia parlamentaria, mientras que por esta misma época, en Viena, conmemorando la victoria libertadora lograda contra los turcos, su "amigo y compañero de armas", Ernst Rüdiger von Starhemberg, a la cabeza de las milicias fascistas de la Heimwehr, exhortaba al canciller a expulsar a la socialdemocracia del edificio de la municipalidad de Viena. A través de una nueva reforma de gobierno, Dollfuss se desembarazó de algunos colaboradores recalcitrantes y, a instancias de Mussolini, para ejercer el poder concentró en sus propias manos los ministerios más importantes y nombró a Fey vicecanciller. El 27 de septiembre, la Heimschutz se unió al Frente Patriótico, atendiendo a que, como lo declaraban sus jefes, "el canciller federal, a partir de la nueva reforma de gobierno, ha abandonado conscientemente el terreno de la democracia parlamentaria". Como cabía esperar, Dollfuss reconoció "el dedo de Dios" en el fracaso de un atentado con arma de fuego cometido contra él el 3 de octubre de 1933, y se volcó de allí en más con un renovado ardor a la parte más difícil (y aún incumplida) de su tarea. Comenzó por la destitución de las direcciones elegidas de las cámaras sindicales para obreros y empleados e hizo que estas corporaciones, a partir del 1º de enero de 1934, fueran administradas por comisiones formadas por sus partidarios, nombrados a dedo, siendo una ínfima minoría de esas cámaras. A continuación, con una ordenanza del 1º de febrero, su gobierno se arrogó el derecho de crear comisiones de seguridad en los Länder, los distritos y las comunas del conjunto del país. Y como si hubiera querido disipar toda duda sobre la naturaleza de sus intenciones, el 3 de febrero de 1934, en ocasión de una requisa llevada de manera provocadora y sistemática en los hogares y los locales del Partido Socialdemócrata, procedió al arresto de los viejos jefes del Schutzbund, de allí en más prohibido; al mismo tiempo, hacía reunir en diferentes capitales de los Länder a los miembros armados de sus propias formaciones de combate. El vicecanciller Fey, que Dollfuss había colocado una vez más a la cabeza del Ministerio de Seguridad el 12 de enero, organizó el 7 de febrero una vasta movilización de voluntarios del cuerpo de protección. Ese mismo día, desde Budapest, donde acababa de encontrarse con un emisario de Mussolini en el curso de una conferencia diplomática, Dollfuss anunció que era "ahora un deber absoluto poner orden con toda la energía requerida, en nuestra situación de política interior". El 8 de febrero, en Viena, Fey procedió a una requisa en la casa del PSD y en la redacción del Arbeiter Zeitung. El 9, el canciller, de retorno de Budapest, deliberó con los jefes de la Heimwehr sobre el "movimiento de regeneración patriótica" (Vaterländische Erneuerungsbewegung) en las provincias, donde la Heimwehr, lista para el golpe de Estado, exigía en forma de ultimatum la destitución de los gobernadores elegidos de los Länder. Su ministro de la Constitución, Dr. Ender de Voralberg, "demócrata convencido", declaraba al día siguiente que la "transición hacia el Estado corporativo se haría de manera autoritaria, incluso dictatorial". En respuesta a un debate de conciliación, entre socialdemócratas y socialcristianos, que había tenido lugar en el Consejo comunal de Viena, el viernes 9 de febrero Dollfuss se explayó en una entrevista acordada el 10 a la Reichspost, órgano gubernamental católico. Rechazaba toda tentativa de arreglo con los socialdemócratas, se solidarizaba con los movimientos subversivos de la Heimwehr en las provincias y manifestaba que, aunque fueran pronunciados por políticos de su propio entorno, los discursos conciliatorios no tenían nada en común con sus concepciones. Ese mismo día le retiró toda atribución relativa a la seguridad al intendente municipal y jefe del Länder socialdemócrata de Viena. A la vez, nombró jefe de la policía a Seydel, director de Seguridad de la misma ciudad. Todo indicaba que el gobierno había terminado sus preparativos. El vicecanciller Emil Fey podía declarar en una reunión, el domingo 11 de febrero: "Mañana iremos al trabajo y haremos todo lo que hay que hacer". Cuando el lunes 12 de febrero por la mañana Leichter telefoneó a su colega en las oficinas de redacción del Arbeiter Zeitung, era perfectamente consciente de las palabras y los actos de hostilidad que acababan de acelerar la marcha de los acontecimientos por la vía autoritaria. Con mayor atención que la que ponían decenas de miles de responsables del Partido Socialdemócrata y del Schutzbund que a esa misma hora se interrogaban sobre el flagelo que les reservaba el futuro, Leichter había seguido y comentado la evolución de esos acontecimientos con ardor sin par. Su significado se había hecho evidente, por más que por ese sesgo deformante que caracteriza las nociones y los juicios de las épocas de convulsiones políticas, la evaluación de las cosas ocultas, calculadas, aún poco desarrolladas, resulta incierta; que el acontecimiento visible y los deseos, tomados como realidades, ejercen una influencia destructiva sobre el pensamiento; que se rechaza provisoriamente lo que importa, se sobrestima lo que importa poco, e incluso se atribuye a menudo a aquello sobre lo que se tiene una justa apreciación un lugar equivocado por el caos espiritual en que se está, con tanta complacencia por la "clara conciencia de la situación". Ni Leichter, ni Pollak, quien acababa de pasar la noche en la redacción para preparar el número del lunes del Arbeiter Zeitung, sabían aún a las ocho y media de la mañana lo que, en ese mismo momento, pasaba en Linz, sobre el Danubio. Allí un tal Kunz, miliciano del Schutzbund, a través de una ventana que daba al patio del Hogar obrero, hacía fuego, con una ametralladora bien posicionada, sobre la policía que había ocupado la parte del inmueble que daba a la calle; la misma policía tenía a su alcance las salidas, ventanas y puertas de la parte interior del edificio donde, desde hacía dos horas, se habían parapetado cuarenta milicianos del Schutzbund. Por una singular coincidencia de azar y de proyectos, de astucias y de pasiones, estos cuarenta obreros de Linz habían creado el incidente histórico, que se operaba desde hacía tanto tiempo y fue tan a menudo aplazado, en el que los fusiles del partido iban a cumplir su destino. A las dos de la madrugada, en la oficina del Hogar obrero, Richard Bernascheck, secretario del partido y comandante del Schutzbund para la Alta Austria, había recibido el siguiente telegrama desde Viena: "Ernst y Otto gravemente enfermos, diferir empresa". Tal era la respuesta del jefe del partido, Otto Bauer, a una carta que Bernascheck había hecho llegar a Viena el domingo a la tarde por dos de sus camaradas. "Si mañana, lunes, una requisa de armas se efectuara en cualquier ciudad de la Alta Austria", decía él en esta carta, "o si los responsables del partido, incluso del Schutzbund, fueran arrestados, la resistencia se hará por la fuerza". Los dos emisarios no encontraron a Otto Bauer hasta pasada la medianoche, cuando volvía del cine con su mujer; y no dejaron de informar a este hombre, que decidía en última instancia los destinos del partido, sobre la gran cantidad de milicianos del Schutzbund arrestados por la policía, las posiciones estratégicas ocupadas por la Heimwehr y las incontables ocasiones que la dirección del partido malogró para pasar al ataque. Pero la elocuencia de Otto Bauer pudo torcer la opinión de los emisarios de Bernascheck. Todo indicaba, les explicó Bauer, que en breve el gobierno pasaría a la agresión abierta. Ni bien llevara adelante el golpe de fuerza, anunciado por las milicias de la Heimwehr, contra la municipalidad vienesa, sería para la clase obrera la señal irresistible y estimulante de una lucha defensiva con éxito asegurado. De ninguna manera era el momento de perder la cabeza. Era necesario que Bernaschek retirara la orden de resistir dada a sus lugartenientes y a los grupos locales de la Alta Austria. Desde la sombría jornada del 15 de marzo de 1933, durante la cual el partido había aceptado sin discusión la eliminación del parlamento, Bernaschek había combatido con una vehemencia creciente la política de esperar una ocasión favorable para resistir. "¿Deberíamos esperar hasta que todos seamos arrestados? ¿Acaso Fey no ha puesto ya en prisión a todos los jefes del Schutzbund? ¿No ve Otto Bauer que la confianza de las masas disminuye con cada retroceso frente al fascismo, y que todos los días aumenta el número de personas que se retiran amargadas, desconcertadas o indiferentes? ¿Los vieneses son incapaces de ver lo que sucede en Linz o en Innsbruck a plena luz del día?" Durante meses, Bernaschek y sus hombres se habían estado comunicando, mutuamente, sus crecientes emociones. Nunca este hombre apasionado se había sentido cómodo en el rol de temporizador que la política del partido reducía a todos sus subordinados, tanto a los temerarios como a los tímidos, a los audaces como a los pusilánimes. A menudo tentado de transgredir la disciplina del partido, de algunos meses a esta parte había resuelto actuar según su propia conciencia, dando la orden de desenterrar las armas y tenerlas listas para usar. Pero una vez que había tomado esta decisión con tanto trabajo, el telegrama de sus amigos reavivó su odioso desgarramiento. ¿Será posible, se preguntaba, que en Viena supieran algo que pudiese justificar ahora esta absurda espera de la destrucción segura? Lo avanzado de la noche le sirvió como pretexto para aplazar una decisión inmediata. Hacia las cuatro de la mañana se retiró a una habitación del hotel del Hogar obrero para ocultar con el sueño sus torturantes reflexiones. Sin embargo, el telegrama dirigido al jefe del Schutzbund de la Alta Austria no había dejado de llamar la atención de los servicios de seguridad. Fey olfateó la ocasión. ¿De qué empresa intentaban disuadir al intempestivo Bernaschek? Lo más seguro era enviar a la policía. Por otra parte era un buen momento para poner a la sombra a este provocador. Si eso llevaba a un incidente, tanto mejor. Si a esa chusma cobarde se le ocurría resistir, daría el pretexto necesario al canciller y a algunas viejas mujerzuelas del gobierno, para terminar con los marxistas. El ministro de Seguridad concluyó ordenando para el lunes a la mañana una requisa de armas en la casa del partido en Linz y el arresto de Bernaschek. Este último había vuelto a su oficina a las seis de la mañana. Estaba allí apenas hacía media hora, cuando un centinela de guardia en la puerta del Hogar le anunció que llegaba un destacamento de la policía. Era necesario decidirse ahora o nunca. ¿Se trataba solamente de una requisa? ¿La aparición de la fuerza policial no significaba acaso el arresto de todos los jefes, la ocupación de todos los locales del partido y al mismo tiempo su disolución? En el piso superior se encontraban las armas, llevadas allí durante la víspera por orden suya. Indefectiblemente la policía se apoderaría de ellas, arrestaría la guardia del Schutzbund y probablemente la encarcelaría con todos sus jefes conocidos. Una flaqueza de su parte en ese momento crítico lo cubriría de una vergüenza imborrable. Era necesario actuar en ese instante. Pero aún entonces Bernaschek se sometió una vez más al imperativo que, desde el origen, determinaba la lucha antifascista de la socialdemocracia austríaca: ordenó efectivamente a las milicias presentes del Schutzbund correr a las armas, pero se precipitó al teléfono para suplicarle a un representante moderado del campo enemigo que prevenga la catástrofe. El socialcristiano Schlegel, jefe del Länder, a quien Bernaschek sacó de su sueño, había sido él mismo amenazado por la Heimwehr de destitución pocos días antes; además, descalzo y en ropa de dormir, lo único que podía ofrecer era tomar "conciencia de la gravedad de la situación". Bernaschek interrumpió los lamentables balbuceos del impotente gobernador cuando por la ventana de su oficina vio avanzar a la policía; eso le bastó para librarse por fin de sus escrúpulos de socialdemócrata, durante los últimos minutos de su carrera de militante. Rápidamente echó el cerrojo de su puerta; mientras la policía entraba a la casa, en el piso superior los milicianos del Schutzbund maldecían encontrar cerradas las puertas detrás de las cuales estaban los fusiles. Apenas Bernaschek se puso en comunicación telefónica con algunos de sus subordinados, cuando la policía golpeaba ya su puerta. Altivamente dio sus órdenes: "¡Alerten a Viena! ¡Huelga general! ¡Avisen a Steyer!". La puerta estaba mal cerrada y la policía entró en la habitación. "Entre seis y ocho pistolas me apuntaron", escribirá Bernaschek más tarde. "Tuve tiempo de sacar una pistola de mi bolsillo y tirar. Durante algunos segundos deseé morir. ¡No tener que asistir a ese final! Y sin embargo, yo no abandono la partida". Mientras tanto, pasando al exterior por una puerta de servicio, los milicianos del Schutzbund consiguen llegar a su depósito de armas. En la ansiedad del instante, los temores de los últimos días se transforman en certezas: el gobierno le va a dar el golpe de gracia al partido. Desde su atrincheramiento, los milicianos ven a su jefe Bernaschek arrastrado por el patio a las patadas y golpeado con la culata de los fusiles. Una hora más tarde, avanzando a través del patio, la policía abre fuego: así comenzó la sangrienta fase final de la lucha de los obreros austríacos contra las fuerzas de un nuevo Estado fascista. Hundimiento de un partido "Ciertamente algo está ocurriendo", fue toda la información que obtuvo Leichter de su amigo Pollak. "Ven a la redacción lo más rápido posible". A esa hora, hacia las ocho y media de la mañana, el Ministerio de Seguridad ya había dado la orden a la dirección de la policía del Schottering de ocupar el inmueble del Arbeiter Zeitung durante la mañana. Había "algo en el aire"; el joven secretario del partido, del distrito Saint-Veit del Glan, en Carintia, lo había escuchado una hora antes en boca de un miembro del comité director, poco antes de su partida hacia Viena. Allí esperaba obtener por fin del secretariado central la entrega efectiva de los explosivos prometidos desde hacía largos meses al Schutzbund de Carintia. Una vez más se había tenido que contentar con vagas promesas; en contrapartida, había tenido la preocupación de llevar a su casa una dirección secreta y una receta para la preparación de una tinta que se hacía invisible, medios conspirativos que le habían acercado sus amigos Ilse y Leopold Kulczar, la "pareja opositora". Ahora, él volvía a su provincia con la certeza de que las últimas horas del partido se estaban por vivir en el curso de esa semana. "Tengo la sensación de que será hoy mismo", le había dicho Rose Jochmann, la más joven entre los miembros del comité directivo, mientras se encontraban en la estación del Sur para tomar vacaciones por un tiempo indeterminado. Y el destino quiso en efecto que Rose Jochmann no encontrara a este camarada hasta dos años más tarde, bajo el nombre de Gustav Richter, cuando ella misma salía de una larga detención. Eran las nueve y media cuando Leichter llegó a la redacción, bastante desierta, en razón del servicio de media jornada de los lunes; pero la excitación de las pocas personas presentes colmaba el edificio. Se sabía que algo estaba sucediendo en Linz. El Comité de Combate creado por el Comité Directivo del partido se había reunido, decían, y acababa de lanzar la orden de huelga general. Nadie tenía informaciones precisas, y ya los falsos rumores disimulaban como carne podrida el invisible esqueleto de los hechos. Formando un singular contraste con la inquietud de los redactores, los ejemplares del número del lunes del Arbeiter Zeitung, recién salidos de la imprenta, rodaban sobre los escritorios, perfectamente olvidados. Ni una línea de este número dejaba traslucir la más ligera sospecha de la catástrofe inminente, que iba a interrumpir por once años la aparición legal del principal órgano del partido. Permanecer allí, inactivo, lamentándose, no se correspondía en absoluto con el carácter de Leichter. "¡Hace falta hacer algo inmediatamente!", gritaba, "Publiquemos una edición especial, ¡o al menos un volante!". Un burócrata del secretariado del partido, cuya falta total de imaginación lo volvía impermeable a la agitación de las personas presentes, le remarcó tranquilamente a Leichter que Danneberg, el todopoderoso secretario del partido, no permitiría jamás que se corriera el riesgo de hacer una publicación ilegal en la imprenta del partido, "sobre todo en un momento tan crítico". No poder actuar en la hora más dramática de su carrera (él se desesperaba por la imposibilidad de escribir algo para publicar inmediatamente) era más de lo que Leichter podía soportar. "Negarse a advertir a la redacción del órgano del partido del acontecimiento más grave de su historia, ¿no es acaso escandaloso? ¿Por qué el comité no nos da una directiva? ¿Por qué la dirección de combate no se mueve? ¿Dónde está Bauer? ¿Dónde se escondió Deutsch (3)?" Cuando Bauer supo a las siete de la mañana la novedad del incidente de Linz, enseguida se dio cuenta de sus consecuencias: el gobierno explotaría sin escrúpulos el pretexto buscado desde hacía tanto tiempo; al incidente de Linz le sucederían disturbios en otras localidades de Austria; la efervescencia que reinaba en numerosas empresas vienesas, desde el anuncio de los tiroteos de Linz, provocaría huelgas, mientras que en Viena el nerviosismo de los miembros del Schutzbund y la actitud provocativa de la Heimwehr y de la policía también daría lugar, infaliblemente, a tiroteos. Esto daría al gobierno el pretexto para la disolución del partido, decidida tiempo atrás. Tratar de evitar la lucha armada, táctica que Bauer había preconizado hasta la madrugada de ese último día, se había vuelto imposible desde el primer disparo efectuado en Linz. Sin duda Bauer, conforme a esta táctica, no haría nada por impedir la lamentable comedia de negociaciones, que llevaba adelante otra fracción del comité directivo, dirigida por Karl Renner, para poner fin a su existencia. Pero en cuanto al mismo Bauer, no le quedó otra salida que movilizar el Schutzbund y lanzar la orden de huelga general. Cuando su resignación a una dimisión dolorosa no estuvo ya en condiciones de salvar la vida comprometida del partido, los preparativos y las amenazas de resistencia del Schutzbund le ahorraron al menos hundirse en una capitulación voluntaria. Bauer convocó asimismo al Comité Directivo, que se reunió desde las nueve de la mañana en la que sería su última sesión, a pesar de la ausencia de algunos miembros. Políticamente, Bauer ya estaba muerto. Lo que todavía subsistía de la pujanza del partido, una acción aparentemente desprovista de plan, lo había hecho pasar a las manos del autoproclamado Comité de Combate, creado hacía algún tiempo por el Comité Directivo. Incluso el hecho de que Bauer, con su convocatoria a la huelga general y a la movilización del Schutzbund, estuviera a punto de encontrarse en minoría en el seno del Comité Directivo, no tendría consecuencias. Los acontecimientos se precipitaban sin tener en cuenta las resoluciones de la dirección del partido. Bauer ordenó al Comité de Combate ocupar los locales que le habían sido designados de entrada. Hizo llegar a los secretariados sindicales la orden de huelga general. Encargó al jefe de propaganda Félix Kanitz que sacara, en una imprenta prevista para ello, el "Llamado al combate", redactado hacía largo tiempo. A su vez se acercó hacia las diez a la redacción del Arbeiter Zeitung, pero sin dar a los redactores ninguna directiva en cuanto a la resistencia armada. Mientras Leichter, en la redacción, despotricaba contra la ociosidad a la cual se veía súbitamente condenado, Bauer se enfrentaba ya con el primero de esos imprevisibles obstáculos técnicos por los cuales su Comité de Combate se fracturaría rápidamente: los locales preparados por Otto Glöckel sobre el Wienerberg *algunas salas de las oficinas del Consejo Escolar municipal* no estaban disponibles. En Linz, mientras tanto, un disparo certero había abatido al obrero Kunz, apostado tras la ametralladora de los hombres del Schutzbund, sitiados en el Hogar obrero. Desde las diez de la mañana un destacamento del ejército federal participaba del sitio del edificio. A las once y media, unos morteros fueron colocados sobre la ruta y apuntados hacia la tropa perdida de los defensores. A esa misma hora, en Viena, la policía irrumpía en la casa del Partido Socialdemócrata. Decididos a salvaguardar todo el tiempo que fuera posible su libertad de movimiento personal, en previsión de las tareas aún desconocidas que les reservaba la nueva situación política, Leichter y Pollak habían abandonado la redacción algunos minutos antes de la llegada de la policía. Alejándose del edificio, dejaban detrás suyo no sólo el taller, a partir de ahora perdido, de su actividad, sino también ese vasto mundo político que desde su adolescencia los había alimentado y formado. Mientras ellos dos se dirigían hacia el Gürtel, atravesando el barrio Margareten, en Linz la guarnición proletaria del Hogar obrero capitulaba frente a las fuerzas del Estado, superiores en número. Cuando Leichter y Pollak habían franqueado la distanc ia que separaba la casa del partido, sobre la calle Wienzeile, del domicilio de su amiga Lucia Loch, en el Margaretengürtel, hacia donde se encaminaban, fueron conscientes que entraban de allí en más en la ilegalidad. Desde marzo de 1933, en efecto, este departamento de la secretaria del sindicato de enfermeras había sido previsto como lugar de cita de la redacción en caso de una eventual disolución del partido. En ese momento, los obreros de las centrales eléctricas municipales habían comenzado la huelga y se había detenido el tráfico de tranvías. Bajo el pretexto de que "una fracción de la organización obrera socialdemócrata había cesado de trabajar en la central eléctrica", el gobierno federal proclamó el estado de sitio en Viena. "El gobierno federal, teniendo listo el conjunto de su dispositivo de fuerza, ha tomado todas las medidas para ahogar en sus comienzos estas agresiones concertadas de los elementos bolcheviques". Apoyada por los destacamentos de la Heimwehr, la policía cercaba progresivamente las ciudades obreras, los barrios y los edificios proletarios de la comuna de Viena, los secretariados del partido y los talleres en huelga, a fin de ocupar los diferentes centros donde, según sus informaciones y sus conjeturas, debían reunirse y armarse las milicias obreras del Schutzbund. Por su lado, los "elementos criminales", reunidos en el departamento de Lucia Loch, en el transcurso de un intercambio de opiniones agitado, procuraban darse cuenta de su propia situación en medio de los angustiantes acontecimientos que recién comenzaban a desatarse. Desde la una de la tarde, el tiroteo se desencadenó en el barrio Sandleiten, en Ottakring. A la una y media, la policía tomó por asalto la usina de gas de Leopoldau; a las dos, el primer choque entre policías y huelguistas se produjo en el Reumannhof, en el barrio Margareten. Durante todo este tiempo, el partido, acusado de "agresión concertada", vio cómo se rompían una a una las habituales conexiones entre sus jefes y sus subordinados. Cuando la necesidad de directivas se hacía sentir con urgencia, la ruptura de las comunicaciones entre jefes y tropas era ya un hecho consumado. En la hora más crítica de su carrera política, los miembros activos del Partido Socialdemócrata se vieron privados, por el brusco giro de los acontecimientos, de la voz de sus jefes, de la protección de su comunidad y de la consoladora autoridad de sus instituciones, a las cuales se habían acostumbrado a someterse en toda ocasión, como en todas las circunstancias en las que se había requerido su pensamiento y su actividad social. Reunidas en millares de pequeños grupos, formados menos por la organización de su vida política en común que por los vínculos de amistad personal, las tropas súbitamente decapitadas intentaron desde entonces, a través de los discursos confusos y de las tentativas desordenadas, desembarazarse de este inhabitual aislamiento. La única posibilidad que quedaba a los miembros y a los responsables del partido para retomar la iniciativa era librar una actividad extraordinaria en el acto, apropiada a esos acontecimientos extraordinarios, que les permitiera identificarse nuevamente con su partido, comprometido de aquí en más en la guerra civil. Fue una carrera, una búsqueda enloquecida. Durante 24 horas, pequeños portavoces del partido, por millares, se esforzaron en sostener la ilusión, a través de su agitación creciente, de preparar la movilización para el combate. Por decenas de miles, miembros del Schutzbund y de las asociaciones deportivas (Wehrsportler), obreros de empresas, conductores de tranvías, ferroviarios, jóvenes del Jungfront, adolescentes, empleados, durante la tarde del 12 de febrero y la noche siguiente, corrieron de un centro al otro (cuando el centro previsto ya había sido ocupado por la policía), en busca de su tarea, de su lugar de reunión o de un agrupamiento armado susceptible de incorporarlos. Experimentando la misma necesidad, Leichter y Pollak habían llegado a la conclusión de que "en la fase de la lucha armada" ellos igualmente tenían que cumplir su deber de periodistas del partido. En qué consistía este deber, sólo se lo podía elucidar tomando contacto con los órganos directivos del partido y del Schutzbund. Por ello, hacia las tres de la tarde, deciden buscar al Comité de Combate. A esa hora, el presidente del partido, intendente y jefe del Länder de Viena, Karl Seitz, diestro en esa inactual resolución democrática de no ceder más que frente a la fuerza, esperaba el momento de su propio arresto en la Municipalidad desde hacía dos horas. Otro "elemento criminal", Roberto Danneberg, informante de la Comisión de Finanzas de la Comuna de Viena, primer secretario y delegado del partido, acababa de abandonar el departamento del ministro de Finanzas del gobierno federal, a donde había ido cerca del mediodía por cuestiones financieras relativas a la Confederación y la Comuna de Viena; antes de retirarse, el ministro Dr. Buresch le informó de las medidas tomadas por el gobierno para "ahogar en sus comienzos" las "agresiones bolcheviques" del partido de Danneberg, quien al llegar a su casa era prendido por la policía. Karl Renner, jefe del ala derecha del partido, que había sido el primer canciller federal de la república austríaca, comenzaba a la misma hora su tentativa para entrar en el Landhaus de la Baja Austria, en la calle Herrengasse, en la primera circunscripción, ahora cercada por la policía. Su objetivo: ofrecerse nuevamente al cargo para canciller federal, frente al "valiente y democrático" Reither, gobernador del Länder y jefe de los campesinos socialcristianos; en nombre, claro, de la socialdemocracia, que acababa de ser disuelta. Renner, de naturaleza cada vez más inclinada a la pereza y a la comodidad, ese día fue víctima de uno de esos asombrosos ataques de actividad juvenil que, por intervalos, venían a interrumpir sus largos períodos de abstención. Llegó a ver a Reither, pero el arte de transformar un personaje de trapo en un hombre decidido, Renner tampoco lo dominaba. Dollfuss y Fey quisieron que Renner abandonara el Landhaus no como vicecanciller de un nuevo gobierno austríaco, sino como detenido de la policía vienesa. Aunque Leichter y Pollak no hubieran sido consultados por la eventualidad de una guerra, Leichter, con la curiosidad propia de aquel a quien ningún secreto del partido le era ajeno, se había enterado que el cuartel general del Comité de Combate se iba a establecer en el Wienerberg. Los dos periodistas se dirigieron de prisa hacia ese lado de la capital, a lo largo del Gürtel, remontando la calle Trister. Este camino, que los llevaba de sus habituales trabajos de redacción, a una actividad periodística de guerra civil que aún ignoraban, lo realizaron en un estado de agitación que reveló el contraste físico de estos dos hombres: Otto Leichter, pequeño, rechoncho, robusto, masa compacta de una materia sólida y tensa, la cabeza y el torso inclinados hacia adelante, sirviéndose de sus brazos como de una hélice, para adelantarse con paso raudo a su camarada, como si tratara de llegar primero al objetivo a cualquier precio; Pollak le llevaba casi una cabeza, levantaba a veces la nariz en el aire turbio de ese día hostil de febrero, como si quisiera husmear los peligros cuya existencia acababa de negar. Su marcha era rígida, sus gestos sin gracia, su rostro inexpresivo, animado solamente por los reflejos de sus anteojos y atravesado por un bigote inglés. Las resplandecientes frases finales imaginando un artículo que comentara la situación, como solía sucederle habitualmente desde hacía años en el Arbeiter Zeitung ante cada acontecimiento importante, brotaban en su mente listas para la redacción. En verdad Leichter tenía en su bolsillo el manuscrito ya preparado de un "Llamado a la población", que había escrito en el curso de la jornada. En una sala del barrio de Wienerberg, Leichter y Pollak dieron por fin con los auxiliares técnicos del Comité de Combate; pero les fue imposible esperar al Comité mismo que finalmente había improvisado un local en el departamento del portero de un edificio, en la calle Akazienhof. Los auxiliares del Comité de Combate no sabían en qué emplear a los redactores del diario. Cuando Leichter, excitado y preocupado, sacó de su bolsillo el manuscrito de su "Llamado", se le informó, con esa superioridad que los militares ensayan no solamente en las horas graves frente a los escribas, que Deutsch ya había dado satisfacción a todas las necesidades propagandísticas del Comité, gracias a sus relaciones con el señor Lang, de la imprenta Inva. De hecho, el encargado de propaganda del partido, Felix Kanitz, había enviado a las nueve de la mañana al miliciano del Schutzbund, Charlie Peutl, a una imprenta del Margareten, con la orden de tener todo listo para la impresión del "Llamado". Una hora más tarde, a las diez, Kanitz y Peutl se habían allegado al Wienerberg, cruzando los campos entre Meidling y Favoriten. Allí, después de una larga búsqueda, descubrieron el local improvisado de los órganos auxiliares del Comité de Combate, y fue entonces que, pasadas las once, Kanitz envió a su emisario a la imprenta, ya con el texto del "Llamado". Durante el trayecto, dirigiéndose hacia la calle Triester, Peutl se sorprendió al ver en un albergue, en un extremo del barrio, al "jefe militar" de la resistencia, Julius Deutsch, sentado ante la gran ventana, mirando hacia afuera con aire ausente, contemplando el día gris. Cuando Peutl llegó al Gürtel, los tranvías estaban todos detenidos. En la imprenta constató que el "imprevisto" corte de energía había inmovilizado todas las rotativas; y retornó al advertir que era imposible imprimir el "Llamado" al combate. Pero no es éste el último episodio de la historia del "Llamado" del partido al combate de febrero. Hacia la una de la tarde, como habían convenido, Peutl se reunió con el encargado de propaganda en el Café Westbahn, en la calle Mariahilfer. Allí rodeaba a Kanitz una masa de jóvenes funcionarios del partido y de los sindicatos. El secretario de los obreros de la madera, Holowatij, que va a ser el más desenvuelto de todos los militantes en la ilegalidad, reveló desde ese momento *proponiendo reproducir la hoja manuscrita por medio de una linotipia desafectada de su oficina* que él no retrocedía frente a una empresa aún absurda. Bruno Kreisky, de la dirección vienesa de las juventudes obreras socialistas, dictó el texto; Paula Mraz, del secretariado del partido, escribió en las linotipias; Charlie Peutl y el responsable de la Juventud, Millwisch, operaron la máquina. Como el texto parecía demasiado largo para dos páginas, entre los cuatro decidieron acortarlo. Poco antes de las cinco de la tarde, Peutl y Millwisch, cargados con algunos miles de ejemplares del "Llamado", se encontraban frente a la puerta del establecimiento del Comité de Combate, donde Leichter y Pollak acababan de entrar. Holowatij, que también estaba presente, informó de qué forma había tenido que liberar al "tímido Kanitz" de la responsabilidad de imprimir el "Llamado". Lo que no hizo otra cosa que acrecentar el sentimiento de amargura y de vergüenza que los dos principales periodistas del partido experimentaban frente a la impericia de la propaganda de combate. Veinticuatro horas antes el partido poseía ocho imprentas, siete diarios y dieciocho semanarios; para el funcionamiento de los miles de aparatos de difusión en las oficinas del partido, de los sindicatos y de las organizaciones culturales, otros miles de hombres habrían estado disponibles, como los mismos Leichter y Pollak, que en vano se habían apurado para ser útiles en una actividad cualquiera. ¿Qué había pasado? ¿Por qué nada funcionaba? ¿Qué se había hecho de la pujante organización del partido? En el momento en que se planteaban estas amargas preguntas, Leichter y Pollak fueron interrumpidos por murmullos que ganaban la sala: el Comité de Combate, en ese mismo instante *cuatro horas después de que el primer tiroteo estallara en Viena*, acababa de dar la orden de disparar. Pero apenas los dos redactores terminaban de experimentar la singular emoción que les causaba la novedad, Gronemann, funcionario del Schutzbund, llegado en una motocicleta, gritó en la sala que la policía había identificado el local. Enseguida se apagaron las velas y se evacuó la sala de gimnasia en la mayor confusión. Tal fue el fin del Comité de Combate de Viena, provocado, como se sabe ahora, por una falsa alarma. Gronemann, en su nerviosismo, había tomado por dos policías a los dos emisarios, Peutl y Millwisch, que estacionaban delante del edificio. En el camino de retorno, por la Spinnerin am Kreuz, Leichter y Pollak observaron que un destacamento del ejército federal estaba preparado para ocupar el Wienerberg. En nueve de las veintiuna circunscripciones de Viena ya corría sangre, cuando los dos periodistas retornaban, amargados y ansiosos, a su asilo del Margaretengürtel, designado esa mañana como "cuartel general de la redacción". El intento de cumplir alguna tarea en relación a los combates había fracasado. La resistencia armada de los obreros austríacos, que quedaron sin jefes y que, derramando su propia sangre, transformaron la caída del partido de un incidente lamentable en un acontecimiento heroico, duró tres días. En Viena, los combates más duros se libraron en Margareten, Ottakring, Favoriten, Simmering, Döbling y Floridsdorf. En provincias *con excepción de Saint-Pölten, en la Baja Austria, y Wörgl, en el Tirol*, los combates se limitaron a la Estiria y a la Alta Austria, con enfrentamientos de diversa duración y de diversa violencia en Brück del Mur, Kapfenberg, Eggenberg (cerca de Graz), Judenburg, Saint-Michael, Voitsberg, Linz, Steyer y en las minas carboníferas de la Alta Austria. Más de veinte mil miembros del Schutzbund se reunieron el lunes por la tarde y al anochecer, en los hogares obreros, en las ciudades obreras o en las fábricas, para obtener a la vez directivas y armas, pero la mitad al menos se quedó sin armas y sin jefes. Alrededor de diez mil hombres del Schutzbund participaron en la resistencia armada contra la destrucción violenta del Partido Socialdemócrata, pero combatieron en grupos aislados, sin vínculos entre sí, sin dirección central y sin plan estratégico alguno. No eran insurgentes ni en sentido político ni militar: la policía, el ejército federal y las milicias fascistas se ensañaron con el Schutzbund antes de que pudiera reunirse y recibir la orden de atacar. Los combates sólo estallaron allí donde los miembros del Schutzbund habían podido conseguir armas antes de la intervención de las fuerzas gubernamentales y fascistas. En el curso de la lucha, el Schutzbund no pasó a la ofensiva más que en pocos sitios. Es por eso que los combates de febrero se redujeron esencialmente a los esfuerzos de las tropas gubernamentales por desalojar a los diferentes grupos del Schutzbund de los lugares donde se atrincheraron, pelearon y se defendieron con obstinación, a veces dos o tres días, hasta que una fuerte intervención de la artillería los obligaba a la rendición o a la huida. Los combates más violentos y más extendidos causaron estragos en Floridsdorf. La posición defendida más tiempo por el Schutzbund fue la de Goethehof, cerca de la Reichsbrücke, que el ejército federal no llegó a ocupar hasta el jueves. Pero que la guerra civil estaba perdida, los jefes del partido, así como Leichter y Pollak, lo sabían desde el martes. A pesar de su alta posición en el partido, Leichter y Pollak, que no habían llegado todavía a los 40 años, pertenecían a esa numerosa generación de responsables, en su mayoría más jóvenes, que desde hacía largo tiempo venían expresando su malestar, su necesidad de actuar, su confusión y su temor por el descontento de las masas, tomando una posición extremista. Estos hombres habían esperado el día del golpe de fuerza para librarse del repugnante deber que los obligaba desde hacía años a sosegar las críticas que compartían; a combatir a los pesimistas con los cuales simpatizaban a menudo; y a reñir a la masa cada día más grande de abstencionistas, con frases vacías de contenido. Sus propias críticas, dirigidas desde hacía años al Comité Directivo del partido, y su insistencia en una acción oportuna y a tiempo, habían sido ineficaces. Tenían conciencia, o bien presentían, que la gran hora había sonado demasiado tarde. No obstante, la mayor parte entre ellos aspiraba siempre a combatir. Quedarse vegetando en algún siniestro departamento, totalmente aislados de los acontecimientos decisivos, era lo que hería su sentimiento moral e insultaba su necesidad de actuar. Junto a toda esta generación, Leichter y Pollak también habían esperado que la explosión de la guerra civil los arrancara, por la naturaleza misma de las cosas, de la monotonía cotidiana y aportara a su trabajo el emocionante significado que prefiguraban para esa jornada. Pero esa espera había sido cruelmente defraudada. Leichter y Pollak ignoraban aún que su desconcierto, ese 12 de febrero, no sólo era un malestar personal, sino la triste experiencia de toda su generación. El 90 por ciento de los jefes y de los responsables del movimiento clandestino que se iba a desarrollar de allí en más compartía con ellos la depresión moral de ese día. Todos lo habían comenzado con buenas intenciones, todos habían actuado a tontas y a locas y, para terminar, habían debido renunciar a tomar parte en el último impulso de vida y de violencia de su partido. Parecía como si las penosas circunstancias de una sola jornada hubieran bastado para arruinar los principios elaborados en el curso de largos años. Sin duda, los mejores de estos hombres se opondrían a la actuación de la dirección del partido. Pero aún con el recurso de las armas, no compensaron las desventajas de una posición política contradictoria. Con más evidencia que el simple desconcierto de los dos periodistas, este estado de cosas se revela en la forma en que el camarada Schorsch y sus amigos viven los acontecimientos de febrero. Schorsch era empleado de la Unión de Bancos de Viena. Era miembro de la comisión interna y tenía importantes funciones sindicales. Desde el momento que un llamado telefónico a la Unión Federal de Empleados Bancarios confirma la decisión de ir a la huelga general, Schorsch deja su puesto precipitándose en las oficinas del sindicato. Allí el consejero nacional Allina, jefe responsable de la Unión, con un cigarrillo en la mano, recorría a lo largo y a lo ancho su gabinete de trabajo. "¿Soy yo quien debe saber lo que usted tiene que hacer? ¡A usted sólo le toca decidir!", gritó en tono de increpación a su colega y subordinado Schorsch, que juzgó útil consultarlo en esa circunstancia crítica. Desde allí, corrió a la central sindical obrera, donde dio con un viejo amigo del movimiento de juventudes de Favoriten, Svitanic, secretario de esa central. Schorsch ignoraba entonces que Svitanic, perfectamente al corriente de la orden de huelga lanzada a la mañana por el Comité Directivo, respondía desde hacía dos horas todos los llamados telefónicos que le dirigían desde diversas empresas, afirmando que él personalmente, no sabía nada de un llamado a la huelga general. Frente a las preguntas impacientes de Schorsch, no pudo más que balbucear turbado: "Aquí, en la central sindical, no soy una instancia política". Schorsch, colérico, le volvió la espalda y gritó alejándose: "No, tú no eres una instancia política, ¡tú eres un idiota!". De la cámara sindical, Schorsch se fue en taxi a su casa, donde se puso su uniforme del Schutzbund, bebió el café que su mujer le sirvió de prisa, y cerca de las dos de la tarde, cubierto con el más largo de sus sobretodos para disimular el uniforme, corrió al lugar de reunión de su compañía: un restaurante en las proximidades del viaducto de las vías férreas del Sur. De camino hacia allí, tuvo el penoso sentimiento de que "algo andaba mal". Cerca de las seis de la tarde, un centenar de hombres *más del 80 por ciento de la compañía* se había reunido, pero el comandante del regimiento estaba paralizado. Lentamente, una "insinuante inquietud" se difundió en el seno del grupo, cosa que Schorsch advirtió a su amigo Richard Platzer quien, en calidad de ayudante del comandante del regimiento, se encontraba en otro café. Las tres cuartas partes del regimiento se componían de desocupados; cada vez que un tren pasaba por el viaducto aledaño, estos hombres, que aparentemente jugaban distraídamente a las cartas, intercambiaban miradas de indignación, sin que ninguno de ellos osara expresar su estupor ante el hecho de que los ferroviarios no habían respondido al llamado a la huelga. A las seis y media, un emisario de Platze se aproximó a Schorsch para decirle en voz baja que "esto olía mal en todas partes". El comandante permanecía como invisible; el camión de transporte para las municiones, era inhallable; y el enlace con el Comité de Combate, "que se encontraba probablemente en Favoriten" *en verdad, a esta hora había dejado de existir*, resultaba imposible establecerlo. Hacia las siete, Platzer hizo saber que todos los esfuerzos por encontrar a alguien capaz de indicar la dirección del depósito de municiones para el II Regimiento habían sido vanos. Era igualmente imposible estabecer un enlace con el I Regimiento que, a las órdenes de su comandante Spanner, habría ocupado el Hertahof. Bruscamente, a las ocho, llegó la orden de tratar de procurarse armas en la casa de cada uno de los presentes o en la casa de amigos *o "de cualquier otra forma". Schorsch corrió a su casa y volvió con un revólver y un puñal; sólo estaba seguro del puñal. Algunos hombres consideraron inútil volver al lugar de la reunión. Cerca de las nueve, la compañía recibió la orden de ocupar el Hogar obrero de Favoriten. Fue necesario que los hombres se deslizasen aisladamente en el edificio. Fue allí que a las once de la noche apareció el camarada Kowa, miembro de la dirección del partido en Favoriten, para pedir que la compañía, ahora reducida a 60 hombres, se retirara inmediatamente. Afirmó "haber dado su palabra a la policía de que el Hogar sería evacuado por el Schutzbund antes de medianoche, para evitar cualquier efusión de sangre". Pálidos de furor, los hombres intercambiaban miradas en silencio. Schorsch sintió la necesidad de gritar, sin poder proferir un solo sonido. El camarada Steiner, que estaba desocupado, y a quien Schorsch había tenido por el más valiente y el más calmo de los milicianos del Schutzbund, avanzó hacia el consejero comunal y lo abofeteó. "Ese fue el más bello momento que conoció nuestra compañía durante los combates de febrero", relató Schorsch más tarde a su amigo Richard Platzer. Los hombres de su compañía rehusaron evacuar el hogar, pero no obtuvieron órdenes ni armas. La singular disposición que confiere a los hombres la fuerza de resistir un instante a la horrorosa realidad, con la loca esperanza de un milagro, permitió a la pequeña tropa permanecer durante tres noches y dos días. El miércoles, de manera inexplicable, corrió el rumor de que los checos habían invadido Austria para apoyar al Schutzbund, y alguien sostuvo que la "Internacional", según sus informaciones, disponía de una aviación cuya intervención cabía esperar de un momento a otro. Recién el jueves 15 de febrero, a la madrugada, los últimos se arriesgaron furtivamente a volver a sus casas. La noche ya había caído, el 12 de febrero, en el departamento de Lucia Loch; Leichter y Pollak deliberaban aún sobre sus próximas tareas. Estaba fuera de duda para ellos que era necesario hacer algo. Se reencontrarían temprano a la mañana siguiente para ponerse en contacto con otros redactores e intentar hacerse una idea precisa de la evolución de los combates en Viena y de la situación en las provincias. Cuando abandonaron su "cuartel general", el ministro de Justicia, Schuschnigg, ya había anunciado por radio la disolución del partido socialista y declarado que el gobierno era "dueño de la situación". Leichter durmió esa noche en casa de sus padres, mientras que Pollak encontraba asilo en casa de Otto Mänchen, colaborador del Arbeiter Zeitung. En el Landhaus de la Baja Austria, donde habían sido arrestados, Renner y algunos jefes del partido pasaron una noche tranquila, bastante más apacible que la de los combatientes del Schutzbund. Como la policía pasada la medianoche no parecía querer llevarlos, se procuraron un mazo de naipes y jugaron al tarot para matar el tiempo. Al día siguiente Leichter fue el primero en llegar al "cuartel general". Como no encontró a nadie y no tenía paciencia para quedarse sin hacer nada, se dirigió a uno de los cafés elegidos como lugar de cita de los redactores, como alternativa a la vivienda de Lucia Loch. Pronto reparó que varios de sus colegas, habiéndose levantado a una hora desacostumbrada, acosados por la inquietud y la curiosidad, erraban de un café a otro. Una llamada telefónica a su suegra le permitió a Leichter tomar contacto nuevamente con su mujer. Acompañados por sus esposas, Leichter y Pollak intentaron una vez más cumplir con su "deber partidario"; la víspera habían pensado que éste consistía en sostener el combate a través de la información periodística. Hoy les parecía más urgente transmitir al extranjero las informaciones sobre la evolución de los combates y los acontecimientos en el resto del país. "El gobierno engaña a los extranjeros; tenemos que oponer a la propaganda de ellos, nuestras propias informaciones." En el transcurso de los días siguientes, pudieron disponer de una buena docena de trabajadores del partido para realizar esta tarea. En la calle, en los cafés y en el "cuartel general" concertaron con amigos y colegas, a fin de conocer mutuamente y estar al corriente de lo que habían visto o se habían enterado por otros. El más ágil y emprendedor en este trabajo fue Hans Pav, redactor de deportes que, asistido por varios colegas jóvenes, exploraba en los lugares de combate en Viena y corría él mismo en taxi de una punta a la otra de la capital. Pollak y Leichter transmitieron sus informes y sus opiniones sobre los acontecimientos a algunos corresponsales extranjeros, con los cuales Pollak, en calidad de jefe de redacción del Arbeiter Zeitung, había intercambiado información constantemente, y también lo hizo con los delegados de los partidos obreros extranjeros llegados a Viena en el curso de la crisis. Sin embargo, el gobierno había quebrado la resistencia de los hombres del Schutzbund cuya lucha, a pesar de la ausencia catastrófica de sus jefes políticos y militares, no había dejado de ganar en extensión y en violencia desde el martes. El miércoles y el jueves Leichter y Pollak se reencontraron para deliberar en otro departamento, pues parecía que el de Lucia Loch no ofrecía tantas seguridades. También les pareció peligroso continuar sus conversaciones en los cafés. Su propia seguridad estaba seriamente amenazada, visto que la policía ya había procedido a arrestar a los jefes de segundo grado. Convinieron en transferir el centro de sus actividades a un apartamento de la Piaristengasse. Desde ese momento eran perfectamente conscientes del fracaso de la lucha y de la desaparición del partido legal. Desde el lunes, Liechter y Pollak eran asediados por la siguiente pregunta: "¿Qué va a ser del partido ahora?". "Primero se trata de saber qué está sucediendo", se habían respondido. E incluso el miércoles por la noche, cuando la derrota era ya indudable, habían tratado de satisfacer las preguntas más apremiantes de sus colaboradores y amigos, que encontraban por docenas en su camino: les explicaban que lo primero era poner en claro las razones del fracaso de la huelga general, en tanto distritos enteros, así como la mayor parte de las provincias, se habían abstenido de participar en la lucha. Esta averiguación era necesaria para establecer, en el porvenir, las responsabilidades y evaluar justamente las faltas y los actos del partido; y también porque se trataba de dar al "mundo" y a los camaradas del partido la verdadera imagen de los acontecimientos y refutar las deformaciones del gobierno. Ahora bien, veinticuatro horas más tarde, en su nuevo apartamento de la Piaristengasse, Leichter y Pollak sabían ya que esta restricción de su acción a tareas periodísticas no respondía en absoluto a las exigencias polítiacs de la clase a la que ellos mismos pertenecían. Los acontecimientos, aunque estimulaban violentamente su voluntad de actuar, hacían que esta misma voluntad quedara desprovista de todo objetivo y de todo campo de acción a partir de la destrucción del partido. "¿Qué podemos hacer?", era la pregunta que todos se hacían; "¿qué le podemos decir a la gente?", insistían los demás. Y eso era sólo el comienzo. Desde ese momento, Leichter y Pollak *así como todos los otros jefes y miembros del partido que habían eludido el arresto*, tenían que hacer frente a centenares de preguntas de ese tipo. Y de este modo, acuciados por exigencias apremiantes, comenzaron a desinteresarse de un puro y simple sondeo periodístico sobre los motivos de la derrota, para preocuparse resueltamente por lo que les reservaba el porvenir. Preparando la acción ilegal Leichter, Pollak y todos los que estaban en la misma situación, en verdad no estaban preparados más que de una manera muy general para este porvenir. "Si el fascismo vence, el partido entrará en la clandestinidad y proseguirá la lucha en la ilegalidad." La idea de que el partido pudiera dejar de existir absolutamente como consecuencia de un decreto de disolución, era tan inadmisible para ellos como para un cristiano la duda sobre la inmortalidad del alma. Entre los numerosos fenómenos de la vida política de las masas en la Europa prefascista, la firme creencia de centenares de miles de socialistas austríacos en la inmutable existencia de su partido no era una singularidad desprovista de fundamento. La socialdemocracia austríaca no sólo se había transformado desde 1918 en un movimiento político de una amplitud y de una actividad sin precedentes, sino que además había llegado a ser una fuerza dotada de una influencia espiritual profunda. Formaba, mucho más allá de sus simples preocupaciones políticas, la vida y el pensamiento de sus miembros activos. La policía de Viena anunció, el 28 de marzo, la disolución de 1.500 asociaciones, que caían junto a la prohibición del Partido Socialdemócrata. Centenares de miles de hombres y mujeres, adolescentes y niños habían pasado por esas asociaciones la más bella mitad de su vida, alimentados con sueños y actividades que tenían su origen en la "idea" del partido. Sus vastas organizaciones ofrecían un espacio vital a todas las profesiones, a todas las condiciones; en efecto, allí todas las generaciones encontraban cómo satisfacer sus necesidades de diversión y sus pasatiempos, sus necesidades de educación y sus aspiraciones culturales, así como sus juegos y entretenimientos, libres para conciliarlos en forma seria o jocosa, en una Weltanschauung (cosmovisión) compatible con los objetivos del partido. Obreros y bohemios, empleados y "reformadores" de vida, viñadores y abstemios, soldados y enfermeros, médicos y guardianes de prisión, abogados y policías, escritores y hoteleros, periodistas y criadores de conejos, actores y generales, educadores y acróbatas, filósofos y jugadores de fútbol, librepensadores, católicos y nudistas, economistas y psiquiatras, pacifistas y traficantes de armas, arregladores de radios y sepultureros, todos ellos seguían siendo lo que eran y hacían lo que tenían que hacer en su oficio, no en forma simple y aislada, sino conforme al "espíritu", a los intereses reales o imaginarios del partido y del "socialismo". Cualquiera que fuera capaz, en el seno de esta masa, de una elevación interior, encontraba en el partido un sentido a la vida, dotado de la fuerza y de la duración que caracterizan a una religión. Ningún decreto gubernamental habría podido "disolver" lo que el partido significaba para sus miembros. El partido no podía desaparecer: esa era, para sus miembros más dinámicos, una certeza que procedía también de su concepción "marxista" fundamental, según la cual la realización de sus objetivos era una necesidad histórica. Por inverosímil que parezca, el proceso de declinación del movimiento obrero en Alemania, cuya real significación sin duda era todavía mal interpretada en esa época, no hizo más que reforzar esta creencia en Austria y contribuyó a limitar las reflexiones y las iniciativas respecto al alcance local del acontecimiento, y no como una conmoción universal. En todo el país, estos hombres *en su mayoría militantes más jóvenes y menos cargados de responsabilidades que sus mayores* habían reclamado desde 1933 una preparación del partido para la existencia ilegal. Aparentemente con éxito. Paralelamente a las medidas de represión gubernamental *prohibición de reuniones, disolución del Schutzbund, restricciones a la libertad de prensa*, una actividad clandestina se desarrolló espontáneamente y se combinó con múltiples y diversas acciones prohibidas. Estas fueron aprobadas por el Comité Ejecutivo del partido con tanta prisa, que se reconoció allí de forma más precisa una vía de salida para los más descontentos y los más recalcitrantes. Con la continuación del trabajo prohibido del Schutzbund, el manejo de armas prohibidas y la difusión de un semanario clandestino que, hacia mediados de 1933, el partido había hecho difundir en la organización para estímulo y entrenamiento de sus miembros, grupos más amplios se vieron familiarizados con la idea de la ilegalidad. Máquinas de escribir, material de linotipia, matrices, stocks de papel, fondos del partido, fueron retirados de las oficinas y talleres de numerosas asociaciones, y extraídos de los libros de contabilidad, para evitar que fueran arrebatados por el gobierno en caso de disolución. Sin embargo, se tropezaba con poca comprensión política sobre el carácter de la actividad en una situación semejante. La ilegalidad no parecía más que la modificación de circunstancias habituales. La actividad normal proseguía sin que el ejercicio de ciertos actos, hasta ayer permitidos pero ahora vedados brusca y arbitrariamente, suscitara un sentimiento de ilegalidad. Así, las formas de actuar ilegales se desarrollaron en el marco de condiciones políticas apenas modificadas. Pero con el tiempo creció el número de los que comprendían poco a poco que la ilegalidad efectiva sería la consecuencia de un hundimiento total del partido legal y de una perturbación completa de todas las condiciones políticas. Ilse y Leopold Kulczar fueron los únicos, entre los jóvenes intelectuales y cuadros del partido que ambicionaban imitar en Austria a los instigadores del grupo clandestino alemán "Neu Beginnen". La sola intención de fundar una agrupación original debía inspirarles satisfacción a su amor propio, en relación a la posición política marginal a la cual, a pesar de sus destacables talentos, habían sido reducidos en el seno de la socialdemocracia. Habían colaborado durante años en la prensa sindical del partido y publicado folletos por instigación del Comité Directivo (Leopold Kulczar se encargó de preparar el semanario clandestino mencionado). Pero habían sido siempre descartados del ejercicio del poder, cuyas sensaciones y placeres los dos ambicionaban impetuosamente. Durante su actividad comunista pasada, habían adquirido conocimientos que, en las condiciones de la clandestinidad, les daban un sentimiento de superioridad con relación a cualquier otra persona o grupo. Desde la primavera de 1933 habían captado algunos adherentes a su propia agrupación y los habían adoctrinado política y técnicamente en "círculos", en vistas de la "ilegalidad" que ya parecía ineluctable. Tomaron contacto con la dirección, en el extranjero, del grupo "Neu Beginnen" y, desde mucho antes del 12 de febrero, habían abandonado la idea de ganarse la simpatía de Otto Bauer. El pedagogo Fritz Kolb *muy apreciado en el seno de un ámbito restringido por sus esfuerzos con respecto a una "educación socialista", pero conocido sobre todo en medios más amplios por la expedición de los "Naturfreunde" (amigos de la naturaleza), dirigida por él, por las cadenas montañosas inexploradas del Cáucaso* demostró insistentemente a algunos educadores socialistas las razones por las cuales nada podía ya salvar al partido de un hundimiento, y que esto arruinaría la obra de muchas décadas. La reputación de Kolb se había desarrollado por sus concepciones sobre educación, que lo oponían a la pedagogía oficial del partido, representada por Félix Kanitz, Anton Tesarek y Alois Jalkotzy. Estos últimos dominaban la asociación pedagógica socialista de los "Kinderfreunde", con sus 100.000 miembros, sus 400 grupos locales, sus 300 educadores asalariados, sus miles de educadores, asistentes, bibliotecarios, voluntarios, innumerables estadios de juego, hogares, jardines de infantes y campos de vacaciones. Fue en este vasto taller de trabajo cultural que nacieron las disensiones ante la proximidad de la catástrofe. Las discusiones sobre el porvenir del partido llegaron a los resultados más diversos y grotescos. El escritor y sociólogo Franz Borkenau, por ejemplo, llegó a ocuparse de la elección de los doce jefes particularmente destinados a dirigir el movimiento ilegal. Cuando quiso nombrar a Fritz Kolb entre los doce apóstoles, éste se negó sin rodeos. También fracasó con el "pequeño Otto Bauer", nombre con el que se designaba entonces al jefe de la Liga de los Socialistas Religiosos (Bund des religiösen sozialisten), por oposición al "gran Otto Bauer", jefe del partido. Es verdad que el "pequeño" podía jactarse de haber previsto la catástrofe inexorable antes que el "grande" y de haber preparado con anticipación a los mejores miembros de su Liga, pero no por ello encontró de su agrado la vocación apostólica propuesta por Borkenau. Para Ernst Fischer, periodista-poeta de Graz, llamado por Otto Bauer a la redacción del Arbeiter Zeitung, la preparación para la ilegalidad se transformó en la de su pasaje al Partido Comunista. En su pieza Lenin, había revelado su corazón político; en sus artículos del Arbeiter Zeitung, su talento periodístico; en la reunión de un grupo de intelectuales y militantes del Frente de la Juventud, su ambición política para transformarse en jefe. Apenas los combates del 12 de febrero acababan de estallar, se apresuró a dirigirse a Praga, como si hubiera tenido que ocupar el sitio de su futura actividad de "escriba" del comité central de los comunistas austríacos emigrados, antes de la llegada de incontables competidores, que no iban a tardar en amenazarlo en su nueva situación. Karl Holoubek, de Rudolfsheim, buscaba en vano, desde meses antes, un círculo donde las izquierdas fuesen razonables, los extremistas objetivos, los críticos fieles, los reflexivos activos, pero todos unánimemente devotos a la causa, bajo la dirección de los mejores de cada grupo. Pero no se le ocurrió la idea de formar él mismo una agrupación, aun cuando en su calidad de funcionario de la central cultural vienesa del partido frecuentaba constantemente a hombres que comenzaban, poco a poco, a preferir las incertezas de la ilegalidad futura, antes que las certezas deprimentes de su acción cotidiana. Por otra parte, Manfred Ackermann, secretario y administrador de la juventud de la asociación central de empleados de comercio, estaba lejos de una prudencia semejante. Desde fines de 1933 les explicaba a sus colaboradores más próximos que en caso de disolución del partido "convendría permanecer unidos y proseguir el trabajo de cualquier manera". En el transcurso de sesiones y entrevistas, él apremiaba a los jefes de otras organizaciones sindicales a preparar la ilegalidad "por arriba". Porfiado en sostener este punto de vista y animado por su éxito decisivo en la agitación entre los jóvenes funcionarios, atrajo a los responsables de otras asociaciones de la misma tendencia a su propio ámbito, que se transformó en una especie de agrupación de envergadura, aunque ninguna actividad concertada pudo asegurar la cohesión. Pero, con todo su celo exclusivamente organizativo, Ackermann no podía compararse con un hombre del temperamento como el de Holowatij, el secretario de los obreros de la madera. Impulsado por una insaciable necesidad de ser admirado, totalmente desprovisto de autocrítica y de discernimiento político, apasionadamente enamorado de los aspectos de la conspiración que rozan el juego y la aventura, este hombre buscaba en la ilegalidad, con una avidez infinita, el tipo de sensaciones que no había encontrado hasta ahora en su carrera de secretario sindical. En este embrollo de personas, agrupamientos y aspiraciones, con una conciencia más o menos clara y objetivos de organización bien determinados, era necesario que el círculo de redactores, reunidos por Pollak y Leichter y que compartían sus preocupaciones, adquiriera una importancia particular, a pesar de la hostilidad envidiosa de los competidores no menos celosos *Ernst Fischer y Leopold Kulczar a la cabeza*. Pollak, en su calidad de jefe de redacción del órgano central del partido, era miembro del Comité Directivo. El y Leichter se encontraban más próximos al hombre más poderoso del partido, Otto Bauer, como ningún otro grupo de militantes de su generación. Su papel en la formación de la opinión pública socialista era considerable. Aun cuando su influencia sobre las decisiones del partido, por su trabajo periodístico y sus artículos en la revista mensual, Der Kampf (La Lucha), así como por sus contactos con los dirigentes, no era de primera importancia, era sin embargo más grande que la de otras personas u otros grupos que estaban fuera del Comité Directivo. Los dos reforzaban su posición por el trabajo de sus esposas, quienes por su actividad como oradoras y escritoras habían adquirido una notoriedad tan grande como la de sus maridos. Además de su posición central, la ventaja de este grupo sobre los demás consistía en que su cohesión no dependía de ninguna incómoda improvisación y se derivaba espontáneamente del trabajo de redacción en común. Esto permitía un intercambio ininterrumpido de opiniones, mientras que la firmeza de su núcleo, basada en viejas amistades (la "pandilla" del Arbeiter Zeitung descripta por Ackermann y Kulczar), daba a este grupo una consistencia durable y aseguraba su preponderancia con las opiniones de Leichter y de Pollak. Pero precisamente el contacto tan próximo con los dirigentes del partido, la dependencia de todos los redactores con respecto al Comité Directivo, cuya política tenían que justificar cotidianamente, así como la importancia de las posiciones que ocupaban Leichter y Pollak, imponían estrechos límites a la acción de este grupo, preocupado por preservar su porvenir. No sólo los hábitos del periodismo cotidiano los trababa en su preparación para la ilegalidad, sino que también las maneras de pensar y de trabajar de su vida política anterior se contraponían a las exigencias de esta tarea. Sin duda Pollak y Leichter discutirían con una audacia sólo aparente sobre los diversos métodos de conspiración, sobre los cuales buscaban instruirse incluso mediante lecturas, como estaba ahora de moda; pero ningún pedido, llegado desde las profundidades del partido, hubiera podido arrancarles la confesión de que ellos también habían llegado a una amarga convicción, el móvil de todos los preparativos para la ilegalidad en Kulczar, en el "pequeño" Bauer, en Ernst Fischer, en Fritz Kolb e incluso en una docena de grupitos de jovenes y milicianos del Schutzbund en Viena y en provincias: la convicción de que el hundimiento del partido se había vuelto inevitable. Al contrario, Leichter y Pollak protestaban con indignación ante la sola idea de tal eventualidad. Además, reprocharles una falta de consecuencia habría sido desconocer completamente la naturaleza y el impasse trágico de la política socialdemócrata que este círculo compartía no menos que el conjunto de la dirección del partido. A sus ojos, creer en el hundimiento habría significado provocarlo; y creerlo inevitable no habría significado otra cosa que invitar al gobierno a proceder lo más rápido posible a la disolución del partido. Si, en consecuencia, una apreciación justa de la situación política les hubiera hecho comprender que un combate, último episodio de una política de repliegue, los llevaría necesariamente al hundimiento, la exactitud misma de esta apreciación los habría obligado tanto más a negar esa certeza. Leichter y Pollak habían resuelto, de una vez por todas, la contradicción entre la justa apreciación de su situación y la coacción de las circunstancias, de la misma manera que todos los jefes democráticos acosados por el fascismo: es justo lo que conviene decir a las masas y a los adversarios, para realizar los objetivos inmediatos. Y por esta razón, decían: somos demasiado fuertes para que el gobierno ose alguna vez atacarnos; el gobierno no sabría si su victoria es segura; si la clase obrera se bate valientemente, el gobierno sucumbirá. Si a pesar de esto los redactores tomaban en consideración una preparación para la "ilegalidad", no era por derrotismo sino simplemente con el fin de estar "pertrechados contra toda eventualidad"; por lo tanto, no admitían sino a título de hipótesis la suposición del hundimiento del partido, que consideraban prácticamente nefasta y en consecuencia prohibida. Sin superar de ninguna manera, por esas razones, los preparativos hacia la ilegalidad de los dirigentes del partido, ellos creían no obstante que un abismo profundo los separaba de esos dirigentes. Para Leichter y Pollak, la idea de ilegalidad no tenía nada de terrorífico. Desde el momento que exigían la resistencia armada, aceptaban, con la posibilidad teórica de la derrota, los riesgos de la existencia clandestina. La aceptación de estos riesgos los separaba de los hombres del Comité Directivo, pero el rechazo a creer en la fatalidad de la derrota los oponía a Kulczar y al "pequeño" Otto Bauer. La originalidad política de Leichter y Pollak consistía en declararse en todo momento por la "lucha" como único medio de salvar al partido. Mantener el "espíritu de combate" era, por esta razón, según ellos, no solamente el mejor medio de prevenir el peligro de una derrota, sino también la mejor manera de preparar la eventual ilegalidad. Aunque el partido sucumbiera en el curso de una prueba de fuerza, no por eso el combate debería ser evitado. Si los jefes renunciaran, el partido no haría nada. Legal o ilegalmente, por medios pacíficos o violentos, seguirían combatiendo, en toda circunstancia y "mucho más" en caso de derrota. ¿Pero, cómo los jefes socialdemócratas, tan violentamente criticados, habrían podido prepararse para un estado de cosas que no les aportaría otra certeza que la del fin de su actividad habitual? En tanto sus actos ejercían todavía una influencia sobre los acontecimientos, sus aspiraciones no tenían otro objetivo que el de salvar la existencia del partido a no importa qué precio. Setenta y un consejeros nacionales, 24 miembros del Consejo Federal, 171 diputados de legislaturas provinciales, 387 intendentes, algunos centenares de secretarios del partido, funcionarios y redactores, un número todavía más grande de secretarios y empleados sindicales, docenas de jefes de organizaciones culturales del partido, el conjunto de los dirigentes y funcionarios de las cooperativas, directores de empresas del partido, la mayor parte de los directores de institutos de seguros sociales, los secretarios de las centrales sindicales obreras y una multitud considerable de titulares de otros mandatos y otras funciones públicas que el partido solía distribuir: era un clan de algunos millares de personas que con su afán y su trabajo, su amor al partido, sus hábitos de vida, sus intereses, sus necesidades de prestigio, sus prejuicios y sus instintos de conservación decidían la política del partido. La perspectiva de ilegalidad significaba para ellos el fin de su carrera política, la inseguridad personal, el aniquilamiento de la obra de su vida; ninguna persuasión, incluso una mejor apreciación de la situación, habría podido convencer a la mayor parte de estos hombres a aceptar la idea de que tal desenlace era ya ineluctable. Por eso no se prepararon en absoluto para una existencia ilegal en el futuro. Además, cuando el gobierno hubo quebrado la resistencia del Schutzbund, arrestado a los jefes más importantes y demolido la gigantesca estructura legal del partido, el Comité Directivo del Partido Obrero Socialdemócrata había desaparecido para siempre de la escena política austríaca. * * * Nota: Después de este hundimiento y de la huida o el arresto de los principales jefes socialdemócratas, algunos militantes *particularmente Leichter, Pollak, Sailer y Richter (seudónimo de Buttinger)* reconstruyeron un nuevo partido, clandestino, que bajo el nombre de "Socialista Revolucionario" proseguiría la lucha hasta el Anschluss (anexión que Hitler hiciera de Austria en 1938). Esta historia fue narrada por Joseph Buttinger en su libro A lexample de lAutriche ("A ejemplo de Austria"), publicado por la editorial francesa Gallimard. (*) Extraido de "Les Temps Modernes", marzo / abril, 1954. NOTAS: 1. Arbeiter Zeitung: gran diario de Viena, órgano central del Partido Socialdemócrata. 2. Organización política y militar de los fascistas austríacos, dirigida por el príncipe Starhemberg y el mayor Fey. 3. Julius Deutsch: jefe del Schutzbund, la organización paramilitar socialdemócrata.

1 de mayo de 2000
Primer curso de formación sindical de la CGT San Lorenzo, año 2000

Estado y Sindicatos Presentación de Edgardo Quiroga (1). Compañeros: la intención que tenemos es que esto no sólo sirva para que cada compañero delegado, cada miembro de Comisión Directiva, cada desocupado profundice su formación sindical, sino que además sea llevado y debatido en las secciones, en las empresas, en las fábricas, en cada lugar de trabajo y en cada barrio. De nada serviría que los que participan de estos cursos de formación profundicen sus conocimientos, sin que les sirva para llevarlo adelante durante toda la semana y en estos quince días hasta la próxima ciase, en cada lugar de trabajo, para que nos permita organizamos mejor y de esa manera poder confrontar no sólo con la reforma laboral sino con cada uno de los ataques que van a venir, no sólo del gobierno sino de las patronales. Así que yo le agradezco al compañero Capurro, que va a ser el expositor del día de la fecha, y quiero en nombre de todos los trabajadores del Cordón y de los cuerpos de delegados, darle las gracias por participar, por venirse hasta acá y dejar abierto este curso; y lo que sí le pedimos a los compañeros es que después, cuando comience el debate, pregunten, participen; que nadie tenga temor de preguntar, aunque le parezca una pregunta ridícula, porque estamos entre trabajadores y la finalidad es que al final de cada curso estemos absolutamente clarificados sobre lo que se debate. Así que participemos, saquémonos todas las dudas. Gracias y los dejo con el compañero Capurro. Exposición de Juan Carlos Capurro Introducción Gracias compañero por estas palabras de recibimiento. Para mí es una alegría estar hoy aquí, porque ésta es una zona de lucha histórica y me parece que la iniciativa que han tomado de organizar este ciclo de cursos es muy acertada. Es tan acertada, porque nosotros estamos en condiciones de dar una salida (aunque parezca un poco pomposo, rimbombante lo que digo), pero creo que estamos en una encrucijada histórica y juntos tenemos que encontrar un camino, vengamos de los distintos sectores de donde vengamos, porque estamos ante un vacío de poder. Acá hace falta una nueva dirección para el movimiento obrero. Esto, claro está, existe ya hace mucho tiempo como problema. Pero ahora, ya se convirtió en una cuestión de herramienta práctica cotidiana. Es decir, estamos en dificultades y estaremos en dificultades aún mayores, si no nos esclarecemos para ver cómo intervenimos. No es ése el motivo de lo que voy a abordar hoy, pero sí quiero dejarlo sentado como primera apreciación, porque yo creo que este tipo de encuentros deben ser habituales. Por lo menos en lo que a mi atañe, estoy dispuesto a venir todas las veces que haga falta no sólo para transmitir, como hoy voy a tratar de hacer, una cantidad de experiencias que adquirimos en la lucha cotidiana, sino también en los conflictos propios que ustedes tengan acá y contribuir a resolver las dificultades que haya, es decir que nuestra participación es una participación militante. Venimos porque estamos en lucha y porque acompañamos la lucha que ustedes están llevando adelante. Esto me parece importante dejarlo sentado como primera cuestión, como compromiso; es decir, mi apreciación no es que uno llega, da una opinión y se va, sino todo lo contrario. Uno transmite algunas cosas, las discutiremos para ver qué dudas, qué problemas, qué cuestiones hay, para poder sacar conclusiones y después seguir trabajando juntos. Esto como primera cuestión. Estado y Sindicatos El tema que se me pidió tratar, es un tema muy importante en la historia de nuestro país y en la de cualquiera, porque lógicamente en la lucha de clases de cualquier país, el problema de la relación entre el Estado y los sindicatos define rápidamente el tipo de gobierno que hay, las características de la etapa, etc. Pero estaba pensando que de algún modo uno puede graficar la relación o lo que significa la relación entre el Estado y los sindicatos con algo que está ocurriendo en los últimos días: es el tema de la reforma laboral. Fíjense ustedes que el gobierno ha sacado un proyecto de reforma laboral que prácticamente, según el estudio que yo hice, no deja una cabeza de alfiler de lo que son las actividades de los sindicatos sin reglamentar. Discute cómo tiene que ser el sindicato: si de base, si no de base, si de arriba…, cuál es la relación con el Ministerio de Trabajo, cómo funciona la Comisión Interna… Es decir, lo que ustedes más o menos han venido siguiendo del debate que propuso el gobierno sobre la cuestión. Pero si toman el proyecto, van a ver que de los patrones no dice una sola palabra; no dice qué tienen que hacer, ni quién es el representante o quién no lo es. No dice nada. Es decir que toda la reforma laboral es para regimentar a les trabajadores, los patrones, en cambio, tienen piedra libre para organizarse, plantear lo que quieran o nombrar a quien les dé la gana, mientras el Ministerio de Trabajo no les controla absolutamente nada. El otro día leí algo muy interesante (me acuerdo ahora), sobre la cuestión de cómo y a quién se controla. Resulta que fueron a la Casa de las Madres de Plaza de Mayo dos tipos que dijeron ser inspectores de la DGI; entonces, cuando le pidieron la documentación que acreditara si lo eran o no, los tipos se pusieron prepotentes y no se la querían dar; Hebe de Bonaflnl tomó una escoba y los echó a escobazos. Lo cual está muy bien porque es la reacción que cualquier compañera tendría cuando alguien se le quiere meter en la casa. Pero lo interesante fue lo que es dijo antes de correrlos. Les dijo: “Escúchenme ¿por qué no van a controlar a las grandes empresas? ¿Por qué vienen acá a la Casa de las Madres?”. Es decir, este gobierno ni siquiera guarda las formas. Hacen una ley para poner todo lo que nos regimenta a nosotros, los trabajadores. Esto luego lo analizaremos más en detalle. Con relación al vacío existente del que hablaba antes, veremos que no es casual y revela el verdadero carácter de clase del Estado que se coloca del lado de los patrones (cosa que ya sabemos, no hace falta hoy reflexionar al respecto). Pero cuando hacen una ley sí es interesante ver cómo no son capaces, ni siquiera en forma hipócrita, de guardar las formas. Diplomáticamente dicen. “Las partes son iguales". ¿Vieron que siempre dicen “son iguales los trabajadores e iguales los patrones y tenemos que lograr el equilibrio y para eso está el Ministerio de Trabajo"? Acá no han guardado ni siquiera las formas. Después tenemos que reflexionar por qué no lo han hecho. Pero yo adelanto que se trata no de su fortaleza sino de su debilidad, porque cuanto más fuerte es el otro, más posibilidad tiene de ser diplomático. Esto me parece importante en la relación entre sindicatos y Estado. Voy a tratar de hacer una reflexión sobre cómo ha sido, a grandes rasgos, la historia de la relación en nuestro país entre la clase obrera, los Sindicatos y el Estado, para poder ver finalmente el cuadro de situación actual en que estamos, un cuadro complejo, pero muy rico en cuanto a las posibilidades que tenemos de salir adelante. Desde fines del siglo XIX al '55 En ese sentido, estudiando la historia de los sindicatos y, de alguna forma, lo que uno más conoce, que es la estructura jurídica, veremos cómo se presenta. Desde fines del siglo pasado, en nuestro país, hasta aproximadamente la década del ‘40, el Estado, manejado por la oligarquía, no tenía muchas contemplaciones. Cuando los obreros salían a reclamar, no mandaban telegramas de despido, mandaban a la policía brava de sable y a caballo, con los Ramón Falcón a la cabeza, y organizaban la deportación de los trabajadores mediante la Ley de Residencia que todos recuerdan. Es decir, que a todo extranjero que molestaba, que pretendía organizar una fábrica, directamente se lo echaba del país o se lo mandaba preso. En ese período, la política que se dio el Estado, la clase dominante del Estado, la burguesía y la oligarquía en particular, era la del choque físico directo. Por eso en los 1o de Mayo, cuando se exigían las ocho horas, no venían los decretos de necesidad y urgencia sino los cosacos (como llamaban a la policía), y se producían violentos choques con el Estado. La represión era abierta (como ejemplo se pueden dar los fusilamientos en la Patagonia, etc.), por eso el choque era frontal. La legislación era menor, pero se marchaba a la regimentación de los movimientos de trabajadores. Peronismo y Sindicatos Luego, con la irrupción del peronismo esto se modifica sustancialmente, porque se produce una gran transformación en nuestro país, donde los sindicatos pasan a tener un rol decisivo, un gran poder, una gran fuerza. Los trabajadores irrumpen en la vida nacional de un modo desconocido, lo que plantea también el problema de la tendencia a la asimilación, por parte del Estado, de los sindicatos. Esto no se logra pero se intenta. El Estado intenta ponerse en árbitro o nexo, tratando de sentar en la mesa de negociación a los patrones y a los trabajadores, frente a las ofensivas patronales y a las movilizaciones obreras. En ese período de arbitraje se consiguen concesiones muy importantes para la clase trabajadora pero, a su vez, se forma una fuerte estructura del Estado para tener el mayor control posible de la situación. Ese esquema, con todas la variantes que ha habido en la historia del país, que ahora vamos a analizar más detenidamente, se ha mantenido a rasgos generales, porque estructura la idea del sindicato único, que tiene que tener personería, que el Ministerio de Trabajo determina si sirve o no, si la cantidad de las afiliaciones es la que corresponde o no, etc. Pero ahí entramos en un terreno donde hay una regimentación jurídica, digamos; donde el Estado determina cómo se entra y cómo se sale, cuándo se es y cuándo no se es. Pero también es cierto que si los trabajadores se organizan y están sólidos logran arrancar sus reivindicaciones con sus propias herramientas. ¿Se entiende? Es decir que no es el patrón el que se lo da graciosamente, sino que al mismo tiempo los trabajadores se organizan, tienen su sindicato, su obra social, etc., etc., y van imponiendo determinadas situaciones. Pero la tendencia del Estado es la de enchalecar al movimiento obrero lo más posible, de ubicarlo dentro de su propia esfera, es decir, del Estado, cosa que no han logrado, que no se logró plenamente. La Revolución Libertadora del ‘55. El golpe militar Por poner una fecha, en el '55, con la Revolución Libertadora se quiebra ese esquema de funcionamiento. Yo diría que las grandes movilizaciones que se producen luego de la década del ‘50, los problemas que se empiezan a evidenciar demuestran que los sindicatos tienen vida propia, no permiten fácilmente que el Estado les diga “que por razones de gobernabilidad deben ser de una forma o de otra". Esto produce encontronazos, dificultades, opiniones distintas; y el esquema no está funcionando, no sólo por el golpe de Estado, sino porque las patronales discuten un nuevo esquema que cambia todo sustancialmente. En primer lugar porque ellos vuelven al método de la guerra civil contra los trabajadores. En la Libertadora (no hará falta que yo lo diga), el gorila sale con los comandos, fusila compañeros, que todavía hoy estamos defendiendo. (Yo tengo, por ejemplo, el caso de un delegado de Bahía Blanca a quien en el ‘55 la Armada fusiló en la puerta de su casa, y su familia sigue reclamando juicio y castigo a los culpables. Esto es muy interesante, porque es la memoria colectiva de los trabajadores). Intento de regimentación del Movimiento Obrero Quiero decir que algunas cosas que después vimos no son ninguna novedad, y que en ese período nefasto, de ataque a la clase obrera, ellos vuelven a los métodos de la década infame; pero al mismo tiempo, y esto es lo que me interesa destacar, buscan nuevas formas (por llamar de alguna manera) jurídicas de enchalecamiento de los trabajadores. La primera forma sutil que yo no quiero dejar pasar es el famoso artículo 14 bis, con la modificación a la Constitución de 1853, que se produce en 1957. Aparentemente, este artículo 14 bis enumera una cantidad de maravillas: vivienda digna, salario digno; una cantidad de cosas con las que todos, por supuesto, estamos totalmente de acuerdo, y que lo hayan tenido que poner, aunque más no sea en la letra, es fruto de que existe una clase obrera en pie que los obligó a tener que escribirlo. Pero, ¿en qué consiste -discúlpenme la expresión poco jurídica- la ‘guachada’ de este artículo? Consiste en haber puesto “el derecho de huelga" y todos los derechos en la Constitución, cosa que antes no estaba escrita porque no se lo mencionaba, era un derecho y punto. Pero al ponerlo, se lo pueden reglamentar. Es decir, ustedes saben que los derechos constitucionales tienen una enumeración y después, como dice la Constitución, existen leyes "que reglamentan su ejercicio”. Entonces, si yo pongo el derecho de huelga “¡ah, ah, muy bien amigo!, ¡gracias!", pero, ¿qué pasa? Primero me ponen el derecho de huelga, luego me sacan la reglamentación que dice: “La huelga tiene que ser de las 8 de la mañana hasta las 8 y cinco; si llueve tiene que ir de paraguas verde”… ¿Me explico? Lo extraordinario del asunto es que, sin embargo, a pesar de que éste fue el objetivo por el cual los 'gorilas’ lo hicieron, nunca pudieron reglamentarlo estrictamente como derecho constitucional. ¿Por qué? El movimiento obrero daba batalla. Entonces se pensó en una nueva ley que dijese cómo era la reglamentación del derecho de huelga, y nadie pudo ponerle el cascabel al gato. Como no podían hacerlo por ese lado y ya lo veían venir, lo que hicieron fue lo siguiente: la sacrosanta Corte Suprema de Justicia empezó a hacer una jurisprudencia, que tiene mucha importancia; yo he descubierto que en realidad, lo que nos está ocurriendo hoy con la persecución por los cortes de ruta y una serie de cosas a las que después me voy a referir, tiene que ver con un antecedente de la misma Corte de la Libertadora. Me refiero a un caso que no es muy conocido en general, pero que quiero que sea conocido por la explicación que voy a dar. Es el caso Kot. Kot era un empresario textil que tenía una fábrica muy grande en la localidad de San Martín; y en plena Libertadora (en medio del golpe de Estado) los trabajadores salieron a una huelga muy importante por salarios, porque la patronal quería despedir gente, y ocuparon el establecimiento. El señor Kot, ni lerdo ni perezoso, hizo lo que siempre hacen los patrones. Fue a la policía e hizo una denuncia por usurpación, diciendo: “Mire señor. A mí me quieren robar el establecimiento, me han ocupado el lugar, la propiedad privada… etc.”; todo lo que ya sabemos. Él se presenta a un juzgado penal en turno. El juez penal en turno ve la causa y dice: “A ver, ¿cómo es? Vamos a ver la fábrica”. Va a la fábrica y ve que hay una huelga con ocupación y dice "¿Dónde está la usurpación?”. “Escúcheme señor, están acá dentro. Bueno, pero están haciendo una huelga”. O sea, el juez penal, que no es un luchador, dice que no hay usurpación porque están haciendo una huelga. El empresario dice "¡Yo quiero que estén afuera!". "Bueno -dice el juez-, si ellos están afuera, usted gana la huelga. Discúlpeme, pero es un derecho”. Entonces sacó un fallo diciendo no hay delito. ¡Para qué! Kot, desesperado, dice: "Ahora encima me vienen a decir que los tipos pueden hacer huelga". Entonces apela. Va a la cámara penal y ésta con todos los funcionarios designados por la Libertadora le dice: ¡No hay delito! La ley al servicio de los patrones Debemos tener en cuenta lo ingeniosos que son estos caraduras y tenerlo como arma para nuestro lado. Se lo pasan a abogados muy astutos y estudiosos. Por ello tenemos que estudiar más que ellos. En ese momento ya venía toda la influencia norteamericana de las libertades y todo lo demás; porello.de acuerdo a la ley de ese país que dice lo siguiente: “La Constitución establece libertades, garantías…”, toman un antecedente denominado "Siri”, el caso de un ciudadano que fue sin que existiera una ley previa que dijera esto o aquello sobre el asunto, y se presentó ante la Suprema Corte de Justicia. Fue lo que hizo el señor Kot en 1955. Se presentó ante la ‘re-gorila’ Corte de la Libertadora e hizo una presentación individual. Se tomó este antecedente y se planteó que su libertad como empresario estaba conculcada, y se presenta entonces lo que se denomina el recurso de amparo (éste es su origen). Ahí se inventa el recurso de amparo en nuestro país, que hoy en día se presenta por miles de cosas. Pero en ese momento se presentó como un recurso contra los trabajadores. Hasta entonces, la Corte Suprema sacaba unos fallos que eran una belleza; esto es interesante porque históricamente se mandó a los cosacos para sacar a los trabajadores, pero la Corte no se ensuciaba las manos. Sirva como ejemplo que si Juan o Pedro iban por alguna ‘huevada’, siempre ponían “por las libertades.por eso a veces los jueces se agarran la cabeza porque tienen que aplicar algunos fallos, que en principio se aplicaban para otra cosa, porque esa Corte siempre falló en la sentencia diciendo que “hay que defender la libertad del ciudadano frente al poder del Estado", porque “por su tradición liberal el Estado no puede avasallar al ciudadano", aunque el Estado y las patronales avasallaban a los trabajadores a tiros, claro que en ese caso no eran individuos. Individuos eran ellos. Sacaban fallos a su favor. En este caso sacaron por primera vez un fallo exactamente al revés. Sacan un fallo donde dicen que el problema consiste en que el que está avasallado es el individuo, no ya por el Estado sino por 'nuevas realidades’. Y la Corte usa este eufemismo, pero, ¿a qué se está refiriendo?: a la clase obrera. Esto es un reflejo extraordinario de la incapacidad de la burguesía, de los patrones, de poder doblegar al movimiento obrero, que ya en ese momento ellos ven como al cuco que se organiza. Enfrentan a un monstruo de mil cabezas que no logran derrotar ni a través de los golpes militares. Que les vuelve a hacer huelgas en las narices, como las hicimos bajo la dictadura de Videla. Aplican ese fallo diciendo que acá hay un nuevo peligro, y es interesante porque ese peligro son los trabajadores. ¡Puesto por la Corte Suprema! Desde entonces, esa jurisprudencia siempre es así. Por supuesto, después vino la derivación del amparo para muchos casos, por eso lo reglamentaron, pero por aquel antecedente lo podemos ‘usar’ para nosotros. Cuando teníamos una huelga, encontrábamos a algunos que decían: “Basándo-nos en el antecedente del caso Kot, lo jorobamos al empresario”. Por supuesto que esto los ponía locos, a punto tal que se dio toda una discusión en jurisprudencia. ¿Qué hicieron en la nueva Constitución que se reformó en 1994? Citaron como derecho constitucional el Recurso de Amparo para reglamentarlo. Igual que con el artículo Ubis. Siempre está la búsqueda, la inteligencia de ellos para ponerse a ver de qué manera nos enchalecan. Pero lo que me interesa destacar es que el caso Kot, que sirvió como el primer antecedente de regimentación legal de la huelga por parte de un gobierno de facto, sin embargo, no tuvo oportunidad de desarrollarse. Para decirlo de alguna forma, quisieron sentar jurisprudencia. Pero las cosas se fueron precipitando y se marchó al plan Conintes, que fue un plan de militarización aplicado durante el gobierno de Frondizi, para frenar las huelgas y las movilizaciones obreras. Si se leen los fundamentos y los artículos de este plan, son exactamente iguales a los del arbitraje obligatorio de Onganía. La diferencia entre el plan Conintes y el arbitraje obligatorio es que mientras el primero directamente sacó los fundamentos y luego se mandó a los militares, en el arbitraje primero se mandó a los militares y luego se sacó la ley. Pero es interesante ver cómo en todo ese período se van dando las huelgas, y se muestran las dificultades crecientes que ellos tienen para controlar los sindicatos, a los trabajadores, y ver cómo se los intenta regimentar. El arbitraje Me detengo un poco en el problema del arbitraje obligatorio porque van a ver que vuelve a aparecer en la nueva reforma laboral que intenta imponer el gobierno. Lo que desde ya adelanto, es que nosotros tenemos dificultades y muchas, pero ellos siguen con la mismas dificultades históricas para regimentar al movimiento obrero. Me interesa destacar cómo en el período que va desde que sale aquel fallo, que queda ahí guardado, queda una jurisprudencia en contra de los trabajadores, en nombre de las “libertades". Posteriormente, ni siquiera pueden aplicar esta jurisprudencia porque tienen que mandar, una vez más, a los militares derecho a la calle. Así como el Conintes también fracasó, el posterior gobierno de Jllia, a su vez, se cobra dos vidas obreras (Mussi y Retamar, dos obreros asesinados en una circunstancia confusa). Es decir, siempre hay problemas de represión en distintos períodos, que no se esclarecen debidamente. Formalmente, el golpe más alto contra el movimiento obrero, en ese poríodo, fue, sin dudas, su militarización (acompañado por el golpe de Onganía); es decir, el método de choque físico del plan Conintes acompaña al arbitraje obligatorio (aquí viene su relación con los sindicatos); el Estado decide cuándo hay una huelga y cuándo no. El Estado dice: este conflicto es legal, o este otro no. Si es ilegal, 'todos a la calle', se autoriza al patrón a echar a todos los trabajadores sin pagar indemnizaciones y actúa mandando a la policía a desalojar. Recordemos este problema porque veremos, más adelante, qué importancia tiene. En este contexto nosotros tenemos la siguiente situación: un período de represión abierta tras otro de mayor conciliación y arbitraje entre las clases bajo el gobierno de Perón y en el cual se trata primero de hacerlo legalmente. Si no funciona, se comienza entonces con los golpes o los ataques militares, pero también se busca alguna forma de legalidad. Es decir que en vez de empezar con la represión directa para pasar al arbitraje y a algún período de mayor calma, pasamos a un periodo donde se utilizan herramientas legales con represión. Ese período encuentra una ruptura trágica y violenta con el golpe militar de 1976, donde, sin embargo y curiosamente (esto es lo destacable), la dictadura no modifica la legislación laboral existente: sustancialmente no la modifica, como sí lo hacían otros gobiernos. ¿Por qué no la toca? Porque decide actuaren forma física, pero también se cuida y procura ver la forma de encontrar una salida a la absorción de los sindicatos por el Estado. La primera medida es la intervención de los sindicatos y después tratar de coptar a un sector muy podrido de la burocracia, para que haga lo que se llamó las “asesorías de las intervenciones”, que como ustedes habrán visto, en mayor o menor medida, hubo bajo la dictadura militar. Pero nuevamente, ¿cuál es el intento? Estatizarlos sindicatos. Sin embargo, en ese contexto, con miles de desaparecidos, con la represión más terrible que tuvimos en nuestro país, las huelgas se sucedían incesantemente. Es una cosa impresionante. Si uno le explica a un extranjero, o a quien caiga en un plato volador, "mire señor, nosotros tuvimos un golpe así, hubo tantos desaparecidos, tiraban a la gente al río desde los aviones”, etc., (todo lo que sabemos), y le decimos que al mismo tiempo había huelgas de los ferroviarios, de la Renault, de los automotrices… el tipo no lo podría creer. Sin embargo, eso ocurría. O sea que no basta con reprimir ni basta con encarcelar, ni basta con legislar, sino que el problema de ellos es histórico y profundo y no logran asimilar a los sindicatos ni siquiera con los asesores de las intervenciones. Quiere decir que a los trabajadores no los pudieron doblegar; a la burocracia sí pero a los trabajadores, no. Cortes de ruta Hoy estamos en el intento del caso Kot por otros medios, y me refiero exclusivamente al problema de los cortes de rutas. Junto con un grupo de abogados de todo el país, hemos organizado lo que se llama el Comité de Acción Jurídica, que es un grupo de abogados independientes, de las distintas tendencias, a quienes nos interesa lo mismo que nos une acá: la lucha. Y estamos difundiendo en lo que podemos, en lo que nos piden y en todos los cortes de ruta, huelgas, ocupaciones, etc., en todo lo que sea lucha de los trabajadores, para hallar nuevamente una tendencia con la jurisprudencia del tipo del caso Kot. ¿Por qué? Fíjense que interesante. ¿Cómo son los cortes de rutas?, bueno como son, ya lo saben. Pero como son legalmente. Los cortes de ruta son así: el artículo 194 “pena obstruir el tránsito, etc., una ruta, un camino". Eso es delito. ¿Por qué se hizo ese delito? ¿Ese delito se hizo porque de golpe una persona va a asaltar un camión blindado y entonces obstruye una ruta o quiere provocar un hecho delictivo vinculado con eso?; entonces es delito porque el objetivo de la acción finalmente es delinquir. Es así como se concatena un delito con otro y se ejecuta una amalgama de tipo penal. Ahora vamos a suponer que una Cámara de Propietarios decide hacer una marcha. Pasando, ellos, van a obstruir el tránsito (como ocurrió con la marcha de la Libertadora). ¿O no obstruyeron el tráfico cuando los radicales o los justicialistas, o cualquier otro, deciden hacer un acto? Si fuese delito, Fredy Storani estaría preso y no podría haber asumido como ministro del Interior y Corach debería estar preso. ¿O no obstruyeron el tráfico los cortes de rutas de los propietarios de camiones? Pero si lo ponemos menos dudoso: digo, yo hago un acto acá y corto la ruta y corto las calles y corto el tránsito, y la gente patea y los chicos llegan tarde a la escuela y la señora no fue al dentista y se jode un montón de gente. ¿Por qué aún en este caso no es delito? ¿Acaso por una arbitrariedad? No, afortunadamente hay un artículo en el Código Penal, artículo 34 inciso 4o que dice: “no es delito cuando uno hace el ejercicio legítimo de un derecho". Entonces si uno hace una manifestación, es un derecho, no es un delito. Si uno pide trabajo y se manifiesta por eso, no es delito. Por eso, Fredy Storani, Alfonsín o Corach no fueron presos. No obstante, es necesario destacar lo siguiente: en nombre de la libertad individual de la pobre señora que llega tarde al dentista o del niño que no llega a la escuela, los fallos (según ellos) deberían considerar esos cortes como delito. Ahora veamos, el artículo que menciono, ¿dice o no que hay un ejercicio de derecho? Cuando uno hace una manifestación es un derecho, está en la Constitución: derecho a peticionar ante las autoridades, a manifestar las ideas libremente, etc.; porto tanto, las complicaciones que traiga a una gran cantidad de personas son de inferior rango jurídico que lo que nosotros estamos defendiendo, que es el derecho a la vida, al trabajo, los derechos esenciales de un ser humano. No podemos comparar que por una manifestación a un señor se le venza un sachet de leche, con el hecho que un padre no tenga siquiera un sachet de leche para dar de comer a su hijo. Sin embargo, los fallos van en el sentido del caso Kot: pretenden jodernos con este planteo "libertario”. Por supuesto, nosotros ya hemos apelado y lo vamos a seguir hasta donde haga falta. Si es necesario llegaremos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como ya lo hemos hecho por los asesinatos de Corrientes. Que quede claro que esto no es porque creemos que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos son unos ‘genios de la bolita’, sino para que asuman sus responsabilidades, ya que en la Constitución de 1994 se declara que la máxima instancia judicial de este país es el Pacto de San José de Costa Rica, que manejan los norteamericanos, que a su vez también manejan el país. Les vamos a dar con el ‘queso’ de sus propias decisiones, votadas en el Pacto de Olivos. Digo esto porque es importante ser consecuente en esta batalla, que por supuesto, no creo que se gane como una batalla jurídica, sino por medio de la movilización. Pero si la movilización tiene además las herramientas que la acompañen, mejor. Superioridad intelectual de los trabajadores Entonces compañeros, el artículo 34, inciso 4o y con eso los 'cocinamos' en su propia salsa. Pero hay más todavía, que quiero mencionar para que se vea no solamente la perfidia sino también la ignorancia con la que están actuando. Nosotros actuamos con infinita superioridad a todas las teorías de ellos. Acá hay un detalle que es muy importante: en la mayoría de los cortes de rutas vienen funcionarios de las municipalidades o del gobierno diciendo: “Che, muchachos, qué quieren, qué es lo que pasa, abramos el diálogo". En general, siempre viene, o un juez o 'Pirulo', para ver si se 'ablanda el caramelo’. Pero no solamente esto; en la mayoría de los casos, sobre todo en el Norte y en la Patagonia (casos que estamos defendiendo), se llegó a acuerdos, porque cuando se las ven feas rápidamente llegan a un acuerdo (que luego nunca respetan). Se hace un acta donde se firma que van a dar empleos, planes Trabajar para tantas personas, etc., como se habrá leído tantas veces en los diarios. Esto ocurrió y está en actas. Ahora viene la siguiente situación: el código penal coloca el problema de los cortes de rutas entre los delitos contra la seguridad, contra el Estado, contra el orden público. El “bien jurídico tutelado", como le llaman ellos; es decir, “lo que se cuida". Bien jurídico tutelado es la seguridad pública, el orden público y el Estado. Es decir que, supuestamente, cuando nosotros cortamos la ruta lo que estamos alterando es el orden público, la seguridad del Estado. ¡Pero el Estado viene y hace un acuerdo conmigo y firma un acta y se compromete a un montón de cosas (aunque después la mayoría de las veces no las cumple)! A veces cumple y las tiene que cumplir porque si no se arma peor, o se sale de vuelta al corte de ruta, como pasó en muchos lugares. El Estado firmó un acta, ¿dónde está el ataque al bien jurídico tutelado? Si el Estado se ha visto obligado a aceptar que lo que se ha hecho es el legítimo ejercicio de un derecho y por eso ha firmado un Acta, ¿cómo pueden después venir a hacernos un juicio o un proceso, cuando hay huellas claras de que no ha habido ningún bien jurídico tutelado agredido, porque el propio Estado ha reconocido a través del intendente o del funcionario, o de quien sea, la razonabilidad de lo que se estaba pidiendo? Por supuesto que estos argumentos los estamos esgrimiendo, aunque jueces necios y obsecuentes, en algunos casos, no han dado lugar a esto, y lo hemos apelado. Lo hicimos porque queremos ver, a medida que vamos subiendo en la escala zoológica de los que tienen que firmar sentencias, la Cámara o la Corte, quién se va a animar a poner barrabasadas elementales, que cualquier alumno de primer año de la Facultad de Derecho sabe que no se pueden poner. Lógicamente, creo que van a poner cosas mejor elaboradas, seguramente, pero por lo menos, los vamos a obligar a que tengan que estudiar y no escribir estupideces, como nos están poniendo ahora. Primero, que ya es una exigencia de que no están tratando con tontos, sino con los trabajadores que están organizados. Y segundo, es interesante destacar que cuando ellos tratan con quienes hacen un reclamo, lo están haciendo con instituciones, porque contra el ataque que muchas veces llevan adelante, diciendo que los que cortan las rutas son solo cuatro desesperados, la respuesta concreta es que detrás de los mismos existen sindicatos o desocupados organizados. Los trabajadores no llegan en un plato volador ni van detrás de Robin Hood. Lo que existe y es concreto es que la gente lucha por sus necesidades y lo hace a través de sus propias organizaciones, porque otra no se ha inventado. En 150 años de historia del movimiento obrero, ya ha quedado demostrado que los sindicatos son el canal, y si la dirección no sirve, hay que sacarla y poner otra. Pero esta es la única herramienta. Y también vale para los desocupados que crearon sus propias organizaciones y no se engancharon en organizaciones fantasmas ni de consumidores, etc. Esto último quizás pueda existir para otras cosas, pero cuando hay que desarrollar luchas y la acción directa de la clase obrera, es así. Y esto lo demuestra el hecho de que la mayoría de los procesados en todo el país son dirigentes sindicales. Esto es muy importante porque demuestra que a pesar de las traiciones de la burocracia sindical, de la cúpula de los Daer y compañía, los compañeros buscan su camino y sus propias herramientas. Luego podremos ver si hay más elementos, pero lo destacable es esto, porque contra los cortes de rutas los ataques no son de ahora, sino que vienen de la época de la Libertadora, cuando decidieron aplicar la doctrina norteamericana de los llamados “writs of injuctions". Los yanquis nunca plantearon “que los que no se tienen que perjudicar son los ciudadanos entre sí”. Y quizás por vergüenza. Pero aquí ya ni siquiera tienen vergüenza. Han dado vuelta la propia doctrina norteamericana y ponen la doctrina del caso Kot para sentenciar a favor de las “libertades individuales" de fulano o mengano. Sería interesante saber quiénes son estos ‘fulanos o menganos’ tan 'perjudicados’ por los cortes de ruta, porque generalmente la gente común no se presenta espontáneamente a declarar con todos los detalles, mientras que ellos siempre consiguen testigos comprados o de su misma especie reaccionaria. En el país, en este momento, tenemos contabilizados 2.500 casos de trabajadores con procesos (seguramente hay más); pero entiendan bien: si hay 2.500 casos, los procesados son uno (1) en cien (100), lo cual revela que las luchas mueven un universo enorme de voluntades. Así se pueden dar cuenta de la magnitud de estos movimientos y por qué ellos van en el sentido en que van. Sí debemos reconocer que Menem fue muy creativo; casi diría que se superó a sí mismo. Se la pasó sacando decretos de necesidad y urgencia, pero para juzgar a los trabajadores que manifestaron en los cortes de rutas, /sacó una solicitada dando instrucciones a los fiscales que debían procesar a los compañeros que hacían cortes de ruta en todo el país! Esto a su vez demuestra la brutal impotencia del gobierno, que necesitó una solicitada para dar instrucciones a los fiscales. Pero, ¿qué ocurre con éstos que subieron ahora? Dijeron: “Eso le pasó a Menem; ahora subimos nosotros y se acabó”. En el mismo momento en que se sella el pacto Ruckauf-De la Rúa por la modificación del Código de Procedimientos penal en la provincia de Buenos Aires -que no soluciona nada, porque el problema de fondo continúa y sólo van a lograr más motines en las cárceles por el abarrotamiento de presos, porque las condiciones sociales son peores-, el mismo Ruckauf manifestó: “No importa el costo político que tenga que pagar este gobernador, el presidente de la nación o un intendente, pero hay que terminar con los cortes de ruta” (enero de 2000). Por supuesto que su preocupación va más allá. Cuando dicen cortes de ruta dicen, además, tomas de fábricas y demás luchas de los trabajadores. Porque si no, no cortamos más las rutas, hacemos otra cosa y listo. Afines del año pasado, ganamos un juicio en Neuquén contra la provincia. Por la rebaja salarial del 40% contra los estatales, los compañeros de ATE tomaron la Legislatura e hicieron retroceder a los legisladores. Finalmente la justicia los procesó. En ese proceso habían escrito todo el rosario del Código Penal: daños, resistencia a la autoridad, privación ilegítima de la libertad, etc. Fuimos a juicio oral y demostramos nuestra razón, ganando el juicio, a través del artículo 34 inciso 4o: ejercicio legítimo de un derecho, jurisprudencia de la corte anterior al caso Kot, y básicamente por la gran movilización de los compañeros de la CTA en la puerta del juzgado. Siempre la movilización es la clave. Reforma labor Esto viene a colación por los ríos de tinta que han corrido por el tema de la reforma laboral. Primero establezcamos que es un desastre total contra los trabajadores ero yo les quiero aclarar cuál es el peor aspecto de esta ley: tiene de todo, pero lo más aberrante es que figura en la ley (en letras muy chiquitas) que los trabajadores debemos discutir la 'autocomposición', que no es sino reglamentarnos aún más el derecho de huelga. Se pretende que decidamos nosotros, ‘democráticamente', cómo carnereamos. El viejo tema de las "guardias mínimas" o “servicios esenciales" que en realidad son la pretensión de quebrar la huelga. ¿Sutil, no? Y además siguen mintiendo, cuando terminan con la frase “como dice la OIT". Mentira absurda, ya que sin ser ninguna institución revolucionaria, sino una cueva de sanguijuelas, la OIT dice exactamente lo contrario: que no se puede regimentar. En el caso de qué no lo reglamentemos los trabajadores, la ley dice que el Ministerio de Trabajo lo hace, y si lo hacemos nosotros, el mismo ministerio tiene derecho de veto, ¡todo en tres líneas! Nos quisieron engañar con la falsa discusión del arbitraje obligatorio de la época de Onganía, que no lo pudo aplicar ningún gobierno de facto ni democrático, para, ‘democráticamente', negociar que lo sacaban oponían, pero lo central era la ‘autocomposición’. El “arbitraje" era el taparrabos para dejaren pie la regimentación obligatoria Todo el resto de la ley es un total ataque al movimiento obrero, pero ese artículo muestra la imposibilidad del Estado de encontrar la forma de doblegarnos. Es decir, que ya estamos en el 2000, hay computadoras de tercera generación, acá demostramos cuántas formas utilizaron las patronales para regimentarnos y todavía siguen discutiendo lo mismo. La ley todavía no se aprobó, y si se logra una buena movilización con paro para el día en que la traten en el Senador la ley no sale. Va a ser brava la patriada, porque muchos dirigentes sindicales van a decir cuatro pavadas para desactivarnos, pero a pesar de las direcciones de esos sindicatos, de las penurias que pasamos por esas direcciones, y aunque hayan doblegado sindicatos, nunca pudo ser doblegada la clase. Porque cuando se discuten los servicios esenciales, no son los de la burocracia sino los de los trabajadores, y cuando éstos están en huelga es con esa base que tienen que discutir. Y éste es el aspecto más artero de ellos, pero también es el más rico en posibilidades. Debe quedar claro que la autocomposición la sacaron bajo cuerda como los ladrones, por eso es imprescindible que lo sepamos todos los trabajadores y lo denunciemos. Si alguien nos dice que la ley tiene aspectos positivos, que nos expliquen esto y luego discutimos todo lo demás. Lo que debe quedar claro es que pese a nuestras limitaciones, dificultades y problemas, y a que cada vez más desde el Estado nos quieren enchalecar para bajarnos los salarios, mantener la desocupación, etc., no lo consiguen. Otra cuestión importante, y que creo ninguno desconoce, es que se avecinan grandes luchas. Porque el gobierno largó tres globos de ensayos para antes del 31 de mayo, tres empresas chicas, que son preludio del ajuste de despidos del 30% en el Estado; ATC está en conflicto (55 compañeros), igual que Senasa (200) y también la agencia Télam (150 a 200 periodistas y personal de prensa). Los resultados son que ATC y Senasa están ocupados y los trabajadores rechazaron la conciliación obligatora que retrotraía el conflicto al inicio, pero pretendía dejar en pie los despidos, “porque los había contratado el menemismo”. Con ese criterio todos los que entramos a trabajar en cualquier lugar debemos ser despedidos porque entramos cuando alguien estaba gobernando. No nos interesa la filiación política de cada trabajador. Somos laburantes y pertenecemos a la misma clase social. Lo que sí queda claro es que lo van a intentar. Son los despidos pactados con el imperialismo antes del 31 de mayo. Entonces, compañeros, creo que estamos frente a una situación excepcional y sumamente difícil. Hay que mantener la unidad, discrepemos en lo que discrepemos; no importa, porque en este contexto son cuestiones de menor jerarquía y podemos seguir discutiendo, pero lo que no puede pasares la reforma laboral, no tiene que pasar este tipo de política, no pueden pasar los juicios a los cortes de ruta, no tenemos que dejar pasar ni una. Y hemos demostrado a lo largo de estos años que, a pesar de toda la represión, y aun de los asesinatos de Choque y Teresa Rodríguez, de Corrientes, la clase trabajadora no baja los brazos. Vamos hacia grandes luchas, todos lo sabemos, y también sabemos que si no les doblamos el brazo, ellos lo harán contra nosotros. Para finalizar, les cuento una anécdota: la semana pasada ocuparon un taller de Telecom. Visito el mismo en defensa de los trabajadores y me encuentro con que, frente a la probable tercerización del mantenimiento de los teléfonos semipúblicos, quedaban compañeros sin trabajo. Frente a esa situación, pararon y tomaron el taller. En esa situación llegaron los directivos y les dijeron a los trabajadores, que se encontraban en asamblea, que si no levantaban el paro y desalojaban, llamaban a la policía y Ves daban con todo’. La gente escuchó, terminaron la asamblea y todo el taller se puso en la puerta formando un cordón. ¿Entienden compañeros? Esa es la situación que estamos viviendo ahora y les digo que no se trata de activistas, eran compañeros laburantes con la dificultad de comprender determinados problemas. “Vengan con la familia, con los chicos, que ganamos el conflicto" es la respuesta desafiante de la clase obrera, en las rutas y las fábricas. Esta es la situación, compañeros. Y frente a este tipo de desafío tenemos que seguir trabajando juntos. Notas: (*) Abogado laboralista, asesor de la CTA. Exposición correspondiente a la primera clase del Primer curso de formación sindical de la CGT Lorenzo, año 2000: “Estado y sindicatos. Las leyes que condicionan al movimiento sindical (asociaciones profesionales, conciliación, arbitraje) y cómo actuar frente a ellas". 1. Edgardo Quiroga es Secretario General de la CGT San Lorenzo.

1 de mayo de 2000
Un acercamiento al tratamiento de la cuestión de la mujer en el trotskismo argentino: el Partido Obrero

Introducción El Partido Obrero se ha empeñado en los últimos años en la organización de la mujer. El objetivo de este artículo (que originalmente fue escrito como trabajo final del seminario Una aproximación teórica e histórica al sujeto mujer y a la categoría de género de la carrera de Historia de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA) (1) es analizar a grandes rasgos el abordaje hacia la cuestión de la mujer por parte del Partido Obrero. Para ello, fue necesario en primer lugar resumir el planteamiento que de la cuestión de la mujer realizaron los fundadores del marxismo-leninismo-trotskismo. En primer lugar se analiza el planteo de Carlos Marx y Federico Engels, sobre el origen histórico de la situación de la mujer y el concepto de doble explotación. Luego se analizan algunos escritos de Lenin, el programa por él elaborado en cuanto a las reivindicaciones de la mujer y la lucha política llevada adelante para defender ese programa. Por último se aborda el análisis de León Trotsky, tanto en los aspectos programático-reivindicativos, como en los problemas prácticos planteados en la URSS. También se analizan los cambios sufridos con el avance de la burocracia stalinista. Luego se analizan los materiales del Partido Obrero, bajo el interrogante de si realmente es respetado el programa del trotskismo, y qué grado de compromiso hay frente a la cuestión de la mujer: ¿El problema de la mujer es una cuestión de compromiso o una cuestión estratégica para nuestro partido?. Ese es la pregunta que este trabajo intentará responder. 1. Rastreando la cuestión de la mujer en Marx y Engels Ya en 1846, en La ideología alemana , Marx y Engels planteaban que «la primera división del trabajo es la que se hizo entre el hombre y la mujer para la procreación de los hijos» (2). La división sexual del trabajo tiene una importancia central en el interés de ambos fundadores del socialismo científico por rastrear el origen histórico de la propiedad y la división de clases, lo que los lleva a buscar el origen de la dominación de la mujer por el hombre en la familia monogámica. Engels analiza con detenimiento el problema en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el estado . Allí caracteriza que la introducción del pastoreo y la agricultura, al mismo tiempo que da origen a la propiedad privada, impone modificaciones en las formas de matrimonio sindiásmico, dando paso al matrimonio monogámico, y echando por tierra los derechos hereditarios maternos de la gens. «El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción» (3). Esta derrota histórica de la mujer, trae consecuencias contradictorias entre sí. La monogamia es obligatoria para la mujer, no así para el hombre, dando pie a una poligamia de hecho. Junto a esta imposición, se desarrollan la prostitución femenina por un lado, y la figura del amante de la mujer y la infidelidad matrimonial por otro, situación que Engels llega a calificar de institución social indestructible. Si la monogamia tiene su origen en la necesidad de la certeza de la paternidad en función de la herencia patriarcal de la propiedad, en la realidad esto no pasa de una certeza moral, avalada por la codificación legal. Esta sería en cierta medida una especie de venganza individual de la mujer, que se rebela de las imposiciones del matrimonio monogámico. La familia monogámica pasa a ser un reflejo de las contradicciones y los antagonismos reinantes en la sociedad. La eliminación de la propiedad privada y el pasaje a la propiedad colectiva de los medios de producción plantea una doble revolución social. La modificación de las bases económicas de la sociedad, por la cual la familia individual deja de ser la unidad económica de la sociedad, plantea, según Engels, la pregunta de cómo se verán modificadas las relaciones matrimoniales. La respuesta a la que arriba es la siguiente: en tanto la economía doméstica se transforma también en una cuestión social, colocando como principal preocupación el cuidado y educación de los hijos, los condicionamientos sociales y morales que la burguesía impuso al matrimonio se modificarán. La igualdad de derechos de la mujer y los hijos respecto al padre, junto a una mayor libertad sexual, debieran consolidar nuevas formas de matrimonio que privilegien el amor sexual individual, lo cual llevará a una nueva forma voluntaria de monogamia, pero en igualdad de condiciones para el hombre y la mujer. Más allá del acierto o no de Engels en su pronóstico sobre el futuro de las relaciones matrimoniales, lo central del análisis de Marx y Engels tiene una vigencia primordial: la dominación del hombre sobre la mujer tiene un origen social e histórico concreto, ligado a la aparición de la propiedad privada. La posibilidad de superar este sometimiento en términos generales para todo el género femenino, se liga a las posibilidades de eliminación de la propiedad privada y la división de clases en términos revolucionarios. Esta situación liga los destinos de la lucha de género por la emancipación de la mujer, con la lucha de los trabajadores por la eliminación de la división clasista de la sociedad, en un proceso de lucha común pero a la vez contradictorio. Esta elaboración teórica y programática no es en absoluto patrimonio exclusivo de Marx y Engels. Ellos se nutren del trabajo y las luchas de numerosas mujeres por sus derechos. Ya en 1843, en su obra Unión Obrera , Flora Tristán unía la lucha por los derechos y la igualdad de la mujer, a la lucha más general de la emancipación de los trabajadores, estableciendo a esta última como condición de la vigencia plena de la primera. Pero esa unidad de objetivos entre la lucha de clases y de género no está exenta de profundas contradicciones en la práctica. León Trotsky va a analizar a fondo estas contradicciones en el análisis de la situación de la mujer en la URSS, luego de la revolución victoriosa de octubre de 1917 (ver sección 3). 2. Lenin y el problema de la emancipación de la mujer Lenin retoma el análisis de Marx y Engels, teniendo muy presente el programa y las reivindicaciones de la mujer para su emancipación, bajo el capitalismo en primer lugar, y luego bajo la revolución triunfante en Rusia. En primer lugar parte del análisis de que el capitalismo incorpora al mercado laboral a mujeres y niños en la necesidad de reducir los salarios de la mano de obra. Esa incorporación es denunciada en términos de sus efectos sobre la superexplotación de la clase obrera, pero de ninguna manera se plantea el reclamo de la prohibición del trabajo de las mujeres. Por el contrario, se caracteriza la incorporación de la mujer al ámbito laboral como un progreso, en cuanto la mujer abandona el aislamiento del hogar y se incorpora en forma directa a la experiencia de los trabajadores. El planteamiento de la prohibición del trabajo femenino pertenece a los sectores reaccionarios que pretenden aislar a la mujer en el embrutecimiento de las ollas y los quehaceres domésticos. La independencia económica de la mujer representa, a la vez, la posibilidad de desprenderse del yugo del marido en el ámbito familiar. En ese sentido el reclamo elemental es el de igualdad de salarios del hombre y la mujer. Asimismo, Lenin libra una importante batalla por las reivindicaciones de la mujer en el ámbito de la IIª Internacional, demostrando que los derechos democráticos de la mujer forman parte indisoluble de la lucha por las reivindicaciones democráticas de los trabajadores. En ese sentido, el reclamo de la igualdad de derechos ante la ley de hombres y mujeres, el derecho al voto y al divorcio, pertenecen al programa del socialismo revolucionario. En el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart se aprueba gran parte de este programa, en una abierta lucha contra algunas secciones nacionales, como la austríaca, que plantea la imposibilidad de luchar por el voto femenino si aún no se ha logrado el acceso al voto por parte de los hombres. Lenin defiende el planteo de que la lucha por las reivindicaciones democráticas para los trabajadores no puede tener distinción de género, y que al plantear esta división artificial cualquier lucha entablada pierde la fuerza de un sector fundamental de los explotados. Del mismo modo, el congreso se declara en contra de la posición de la Sociedad Fabiana (inglesa) que plantea una comunión de intereses entre las mujeres obreras y de la burguesía en la lucha por los derechos políticos del género. Se plantea que la lucha por estos derechos está encuadrada en la lucha de los partidos de la clase proletaria. Luego de la toma del poder en Rusia por el Partido Bolchevique, se procede a la puesta en práctica de gran parte de este programa. Lenin defiende en sus escritos los avances gigantescos de la URSS en materia de derechos legislativos para la mujer, obtenidos en pocos meses, contraponiéndolos a los lentos avances de los países capitalistas. La legislación de la URSS eliminó cualquier elemento de subordinación de la mujer al hombre, ya sea en el ámbito doméstico, laboral, político o incluso militar, ya que se plantea la incorporación de la mujer a las milicias revolucionarias. Pero la preocupación de Lenin va más allá de la cuestión legislativa. En los debates con Clara Zetkin pone de relieve la necesidad de la incorporación de la mujer a la política activa en ámbitos propios. Esto al constatar que, a pesar de los avances legislativos, la participación de la mujer en el ámbito sindical y político no registra un aumento relevante. Largos debates al interior del partido y a escala internacional tienen como objetivo la formación de organismos propios de intervención de la mujer, como condición indispensable para las tareas prácticas de la revolución. La edición de materiales, el funcionamiento de organismos y la aplicación de métodos específicos, pasa a ser una preocupación de primer grado en los últimos años de vida de Lenin, testimoniado en numerosos documentos de sus obras y en los cuadernos de Clara Zetkin. El legado del leninismo está ligado al planteo de que la verdadera emancipación de la mujer sólo será posible bajo el comunismo, y por lo tanto ligado indisolublemente a la lucha por la revolución socialista. 3. Trotsky y su programa Si Lenin plantea la preocupación acerca de la organización de la mujer, incluso bajo las dificultades de una revolución triunfante, es Trotsky quien la retoma y realiza un análisis de las contradicciones entre la lucha de clases y de género. León Trotsky es, dentro del marxismo, quien ha encarado el problema de la mujer más a fondo, tanto desde el punto de vista programático como práctico. Luego de la revolución de octubre de 1917 en Rusia, retomó la cuestión de la mujer en numerosos escritos, charlas y conferencias. En algunos de esos escritos, reunidos en La mujer y la familia (4), puede verse una evolución temporal en sus planteos: los primeros recogen sus preocupaciones en los años inmediatamente posteriores a la revolución, y luego, en el artículo «Thermidor en el hogar» (5), que forma parte de la obra La Revolución Traicionada , retoma la situación de la mujer bajo el stalinismo. Trotsky adhiere al análisis marxista de la doble explotación que sufre la mujer: en el ámbito laboral y en el ámbito doméstico. El planteamiento reivindicativo que da salida a esta situación tiene dos enfoques: desde el punto de vista de la igualdad de derechos jurídicos, civiles y políticos con el hombre, y desde las particularidades o diferencias de género de la mujer respecto del hombre. De este modo, frente al análisis de la situación concreta real de la mujer, Trotsky resume los planteos de dos de las corrientes que dieron origen al feminismo: el feminismo individualista y el feminismo relacional; traducido al lenguaje coloquial, podríamos hablar de feminismo de la igualdad y feminismo de la diferencia (6). El feminismo individualista, con centro en América y Gran Bretaña, hace hincapié en la igualdad de derechos de la mujer, en cuanto individuo, respecto del hombre. El feminismo relacional, con centro en Francia, centra su análisis en la pareja hombre/mujer, y reclama los derechos de la mujer en función de sus diferencias de género respecto al hombre (7). Trotsky toma alternativamente uno y otro enfoque en forma complementaria: «La Revolución de Octubre cumplió honradamente su palabra en lo que respecta a la mujer. El nuevo régimen no se contentó con darle los mismos derechos jurídicos y políticos que al hombre, sino que hizo -lo que es mucho más- todo lo que podía, y en todo caso, infinitamente más que cualquier régimen, para darle acceso a todos los dominios culturales y económicos. Pero ni el todopoderoso parlamento británico, ni la más poderosa revolución pueden hacer de la mujer un ser idéntico al hombre, o hablando más claramente, repartir por igual entre ella y su compañero las cargas del embarazo, del parto, de la lactancia y de la educación de los hijos» (8). Para responder a estas diferencias, la revolución intentó reemplazar al antiguo hogar-familia, por un sistema de servicios sociales (maternidades, guarderías, lavanderías, etc.) que absorbiera las funciones económicas de la familia y liberara a la pareja de esa carga. En su análisis de la situación posterior a la revolución, Trotsky analiza las dificultades para trasladar los cambios que la revolución introdujo en las relaciones de propiedad y producción, al ámbito de la familia. El atraso productivo y los efectos de la guerra civil retrasan las posibilidades del Estado obrero de modificar masivamente la esfera del trabajo doméstico. Hasta que el Estado no se haga cargo de las tareas del hogar, a partir de los servicios de lavandería, guardería, comedor, salud, etc., no se puede aspirar a que la mujer ejerza plenamente sus derechos igualitarios en los ámbitos laboral, sindical y político. Un problema que preocupa particularmente a Trotsky es la necesidad de erradicar el atraso y la brutalidad que impone el alcoholismo al interior de la familia obrera, y que somete a la mujer y a los hijos al maltrato por parte del hombre. El esfuerzo del Estado por la educación, acompaña esta necesidad de erradicar el atraso y el oscurantismo al interior de la familia, impuestos por el alcohol por un lado, y la religión por otro. Por lo tanto, para Trotsky no hay igualdad de derechos que valga si no se resuelven los problemas prácticos que la mujer enfrenta día a día. Aquí entran a jugar las reivindicaciones y derechos de género. Los recursos de los primeros años de la revolución no eran suficientes para llevar adelante con éxito este plan. Se necesita un desarrollo en gran escala de las fuerzas productivas, para que el socialismo no se transforme en la «socialización de la miseria». Lamentablemente, en la URSS se asiste, junto al enquistamiento de la burocracia stalinista en el poder, a un nuevo giro en la situación de la mujer. El potencial realmente revolucionario de la introducción de la mujer en la vida política y productiva en forma masiva, se ve puesto de relieve por la negativa. Junto con la consolidación del stalinismo en el poder, se asiste a la política de «regreso al hogar», exaltando las virtudes de las tareas domésticas y enviando nuevamente a las mujeres al yugo de las ollas. Del mismo modo, se asiste a una política de prohibiciones respecto al derecho al aborto: «Estos señores se han olvidado evidentemente de que el socialismo debería eliminar las causas que empujan a la mujer al aborto, en vez de hacer intervenir bajamente a la policía en la vida íntima de la mujer, para imponerle las alegrías de la maternidad» (9). Para Trotsky la ley de abortos de 1936 es una ley dirigida contra la mujer, que significa un retroceso frente a la situación lograda previamente. La base de la reacción stalinista, es planteada en la siguiente frase: «El motivo más imperioso del culto actual de la familia es, sin duda alguna, la necesidad que tiene la burocracia de una jerarquía estable de las relaciones sociales y de una juventud disciplinada por cuarenta millones de hogares que sirven de apoyo a la autoridad y el poder» (10). Se desarrollan y exacerban, por lo tanto, las tendencias más conservadoras de la mujer en el ámbito familiar. La situación social de la mujer y de la familia está íntimamente ligada a los fundamentos económicos y políticos de la sociedad. La cuestión de la mujer va a seguir sin resolución hasta el establecimiento de una sociedad económica y políticamente igualitaria. El programa del trotskismo es una contribución ineludible a la hora de analizar el programa, las reivindicaciones y los métodos para alcanzar la emancipación de los trabajadores en general y de las mujeres en particular. Cualquier corriente o partido que se reclame parte del programa del marxismo-leninismo-trotskismo no puede eludir la cuestión de la mujer en su programa y en su intervención práctica. Mucho menos, utilizar la trillada excusa de que existen «tareas pendientes más inmediatas o importantes», ya que el legado del trotskismo demuestra que sin la mujer organizada, no hay triunfo posible de los trabajadores. En la siguiente sección se analiza cómo es abordada la cuestión de la mujer por uno de los partidos que reivindican esta tradición teórica en nuestro país, a partir de los artículos que aparecen en su periódico semanal. El programa trotskista en Argentina: el Partido Obrero El Partido Obrero es uno de los partidos de la izquierda argentina que reivindica el programa del trotskismo y de la IVª Internacional, y que se ha afirmado en los últimos años como uno de los partidos más importantes de la izquierda, tanto en términos político-organizativos como en el terreno electoral. Para analizar cómo este partido encara el tema de la mujer, he recurrido a seleccionar los artículos que abordan esta temática del periódico semanal Prensa Obrera , desde mediados del año 1995, hasta el final del año 1998. A los efectos de hacer posible el análisis, se han seleccionado exclusivamente los artículos referidos a cuestiones reivindicativas, programáticas u organizativas centradas solamente en el tema de la mujer, excluyendo los artículos referidos a frentes de intervención de la mujer en forma conjunta con el resto de los trabajadores, ya que incluir los últimos también obligaría a analizar prácticamente el conjunto de la publicación. Lo primero que surge del análisis de los artículos es que mientras en los dos primeros años en estudio aparecieron unos pocos artículos, referidos a la política frente a los Encuentros de Mujeres de esos años, o a algún conflicto en particular (Proyecto de Salud Reproductiva, o lucha por el ingreso de mujeres al colegio Monserrat, en Córdoba), en los años 1997 y 1998 la cantidad de secciones y artículos referidos a la mujer y a sus movimientos va creciendo, llegando a ocupar la tapa del Nº 543 con el balance del XII Encuentro de la Mujer realizado en San Juan, y dos, tres y hasta cuatro páginas (de una publicación de 12), durante la casi totalidad del año 1998. A simple vista, analizando el espacio destinado, pareciera que el interés acerca de la problemática de la mujer ha ido creciendo. No sólo es una cuestión de espacio. Los planteos referidos al programa y la organización de la mujer evolucionan. En términos generales, el Partido Obrero reivindica la tradición heredada del marxismo, el leninismo y el trotskismo. En ese sentido considera que la lucha de clases por la emancipación de los trabajadores del yugo capitalista es una condición básica para la emancipación de la mujer en forma plena. En este aspecto la lucha de clases ocupa un lugar central en su análisis, pero no contraponiéndola artificialmente a los problemas o las cuestiones de género. En un sentido estricto, los artículos y debates que aparecen en el año 1996, alrededor del planteo del PO hacia el XI Encuentro de Mujeres, encuentran a esta organización en una toma de posición de carácter general sobre el problema. Por carácter general entiendo el desarrollo de una posición políticamente correcta pero sin profundizar en ella. O fijar una posición correcta de reivindicaciones y métodos de organización del movimiento de mujeres sin ser parte sustancial del mismo. Con esto no quiero decir que el PO no participara en las luchas llevadas adelante en el país, o que sus militantes no participaran en los Encuentros de la Mujer. Me refiero a fijar una posición frente a un acontecimiento particular (Encuentro de Mujeres), todavía en forma rudimentaria, y entablando debates con organizaciones feministas y participantes en general, del estilo de si en los encuentros se hace política o no, o si lo importante es la lucha de género o de clases. Lo que podríamos llamar un debate arcaico, que ya fue superado en términos teóricos y programáticos por Trotsky, quien planteó la lucha de la mujer por sus reivindicaciones de género como parte fundamental del programa de los trabajadores por su emancipación. Sistemáticamente, en los artículos se delinea el programa reivindicativo de la mujer: derecho al divorcio por petición de una de las partes, derecho al aborto legal y gratuito a cargo del Estado, defensa de la educación, salud, etc.; igualdad ante la ley, y en las actividades políticas y sindicales. Se podría denominar a esto un programa de carácter general. En cuanto al lugar de la mujer dentro del partido, se puede ver un importante número de mujeres firmando artículos y cartas, y ocupando roles sindicales de responsabilidad. En cuanto a las candidaturas electorales, sus listas están ocupadas por un porcentaje de mujeres superior al cupo femenino establecido por ley, y ocupando los primeros puestos. En dos de las tres elecciones presidenciales desde 1983 a esta parte, una mujer ocupó la candidatura a la vicepresidencia. Pero es a partir del 97 que se nota un cambio y una evolución en los planteos. El tema de la mujer no aparece sólo en ocasión del Encuentro de la Mujer, sino que aparece como parte fundamental de numerosas luchas, siendo la más importante de ellas la ocupación de la fábrica de Editorial Atlántida, ante el cierre fraudulento impulsado por la patronal. En ese conflicto, las esposas de los obreros jugaron un rol fundamental. Lejos de ser un factor para la desmovilización de los trabajadores, las mujeres (y los hijos) se colocaron en la primera fila del conflicto, difundiéndolo, recolectando el dinero para el fondo de huelga, haciendo el primer cordón humano cuando la policía intentó el primer desalojo, etc. El papel de la comisión de esposas de Atlántida colocó a muchas mujeres por primera vez en una lucha, y realizando tareas fuera de su hogar. Esta experiencia ha sido relatada extensamente en Prensa Obrera , y significó un paso muy importante en la percepción del rol protagónico que la mujer estaba ocupando en muchos conflictos en el país. Que esta percepción caló hondo al interior del propio partido se evidencia en las resoluciones adoptadas a partir de la propuesta de la comisión de esposas de Atlántida de realizar un acto central en Buenos Aires con motivo del Día Internacional de la Mujer. A partir de la Asamblea de Trabajadores del 12 de diciembre de 1997, donde esta propuesta fue aprobada, Prensa Obrera inició una campaña por la realización de un acto político central el Día Internacional de la Mujer, fundamentando la propuesta en que dicho aniversario no es patrimonio de la burguesía, y poniendo de relieve que en esa fecha se reivindica a la mujer trabajadora en lucha. En ese sentido, el planteo de realizar un acto donde fueran oradoras las mujeres que protagonizaban luchas en ese momento, y que se transformara en un evento centralizador de los distintos movimientos de mujeres existentes, demostraba el creciente protagonismo de la mujer en el país, a partir de los cortes de rutas en Cutral Co y Jujuy. Esta propuesta chocó contra las organizaciones políticas y feministas de la Multisectorial de la Mujer (hoy Movimiento de Mujeres), que se opusieron de plano a la organización de un acto central, dedicándose a las tradicionales mesas de agitación, con reivindicaciones generales. En este caso esas organizaciones no percibieron el cambio operado en la situación de la mujer en el país. Es a partir de esta lucha política que la cuestión de la mujer va evolucionando en las posiciones del Partido Obrero. Extensas páginas dan cuenta de luchas, reivindicaciones, pronunciamientos sobre las necesidades de la mujer. Se comienza a delinear un planteamiento de conjunto frente a la situación política del momento y a la fisonomía que toma y que debería tomar la lucha de la mujer, y se actualiza un planteamiento programático para intervenir en la situación cotidiana que enfrentan las mujeres (11). Ya no es un programa de carácter general, extraído de algún manual de marxismo; es un programa de acción en dos partes. Por un lado, las reivindicaciones referidas a la situación de los trabajadores: subsidio a los desocupados, aumento salarial igual al costo de la canasta familiar, reparto de las horas de trabajo, contra la flexibilización laboral que ataca en primer lugar las conquistas de la mujer. Por otro lado, la lucha por el derecho a un propio proyecto de vida de la mujer: aquí ingresan un conjunto de planteos en defensa del derecho a la maternidad y al aborto, evolucionando del viejo planteo de los Encuentros de «Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir», al reclamo actual del PO de «Aborto legal y gratuito», ya que si esta última condición no se cumple, en la situación de miseria imperante el reclamo es prácticamente obsoleto. Al mismo tiempo que se delinea este programa, se plantea la necesidad de una organización permanente de la mujer, independiente de los partidos patronales y la burguesía. Para esto se parte del análisis de que los Encuentros de la Mujer son un importante foro de debate, pero sus resoluciones no tienen carácter práctico y no son llevadas adelante si no es por la voluntad individual de las participantes. Del mismo modo, ningún partido, por más revolucionario que se reclame, puede dar cuenta de una lucha a fondo por las reivindicaciones de la mujer con el alcance que esta lucha merece. El Partido Obrero considera que la mujer necesita su propia organización, más allá de los partidos. Por más consecuente que pueda ser, el movimiento de mujeres es eso, un movimiento, y por lo tanto tiene características propias y diferentes (no opuestas) a un partido. No se trata en este planteo de deformaciones del tipo Partido de Mujeres, o formación de ramas femeninas de los partidos, que terminan alejando a la mujer de los organismos de decisión y poder de los mismos. Se trata de que la mujer se organice en forma independiente, con sus métodos y materiales. Es a partir de la evolución de este concepto que se conforma el Plenario Autoconvocado de la Mujer Trabajadora, que organiza el acto por el Día Internacional de la Mujer en Plaza Congreso el 6 de marzo de 1998, y comienza a funcionar como un plenario autoconvocado, sin jerarquías ni discriminación, «horizontal», como les gusta proclamar a las corrientes que se oponen a una organización permanente de la mujer. En él participan las militantes del Partido Obrero y numerosas mujeres independientes. Han participado también en forma asistemática organizaciones feministas y han sido observadoras militantes de otros partidos. El funcionamiento de este Plenario ha ido derivando en resoluciones organizativas de gran importancia, como la edición de un periódico propio del Plenario, llamado Trabajadoras , que tuvo cinco números durante el 98, llegando a venderse 400 ejemplares de una edición en el XIII Encuentro de Mujeres realizado en el Chaco. Como extensión del Plenario, se ha impulsado la formación de comisiones de mujeres en distintos barrios y sindicatos, para introducir la lucha por reivindicaciones concretas en cada una de ellas. La participación del Plenario de Mujeres en el Encuentro del Chaco demostró que este es un movimiento real. Prensa Obrera le dedicó 4 páginas al balance de la intervención en el Encuentro, ya que las 150 mujeres del Plenario que participaron en el Encuentro, y la propuesta de poner en pie una organización permanente de la mujer a nivel nacional, se transformó en el eje del Encuentro contra el cual polemizaron todas las corrientes políticas participantes. Si bien el planteo de una organización permanente no triunfó, esto se debió a la posición de organizaciones políticas (Alianza, Ptp) que bloquearon la iniciativa en muchas comisiones, siendo en cambio muy bien aceptado por numerosas compañeras en los debates. El Plenario Autoconvocado de la Mujer Trabajadora se ha dedicado a llevar a la práctica algunas de las resoluciones del Encuentro: campaña por el desprocesamiento a Mirta Insaurralde, procesada en Santa Fe por practicarse un aborto terapéutico; acto de denuncia frente al Hospital Santojani, donde a una adolescente deficiente mental víctima de violación se le negó el derecho a un aborto, etc. Se realizó un acto en la puerta de la Facultad de Ciencias Sociales el 25 de noviembre, Día Internacional de lucha contra la violencia que se ejerce hacia la mujer, luego de una campaña por la realización de un acto con oradoras que denunciaran la actual situación de violencia que representa la desocupación. Así, la organización continúa y las actividades también. El déficit que puede marcarse en la actualidad en el abordaje de la cuestión de la mujer, tanto en Prensa Obrera como en Trabajadoras, es la falta de una elaboración teórica más profunda. La evolución en el terreno programático y práctico debe ser acompañada de un estudio a fondo de lo elaborado en los últimos años en materia de género, de feminismo y de historia de mujeres. Lo que se ha avanzado en el campo intelectual en este sentido no debe ser desechado, ni tampoco incorporado como paquete, sino que hay que enriquecer la intervención práctica con los avances teóricos hechos por las mujeres, que pueden ayudar a llevar la lucha de la mujer por sus reivindicaciones y derechos a un estadio superior al actual. El empirismo puro, si bien se basa en la herencia del marxismo y del trotskismo más fiel, no es un camino aconsejable. Debe ser acompañado por una elaboración teórica que acompañe esa práctica. En esa tarea está el Partido Obrero, y este artículo es un modesto aporte para iniciar ese debate. Conclusión Luego de analizar el origen del tratamiento de la cuestión de la mujer en los fundadores del marxismo, luego en Lenin y más tarde en Trotsky, se puede concluir que para esta corriente política, la mujer en sí misma ocupa un lugar estratégico. Doblemente explotada, dominada más allá del terreno de las clases, pero cuya dominación está íntimamente ligada a la aparición de las mismas, sus reivindicaciones y derechos no son un problema «sectorial» o de «minorías», sino que forman parte ineludible del objetivo de emancipación de los trabajadores. En nuestro país, como vimos, el Partido Obrero ha tomado este programa. Del análisis de sus artículos y de la práctica que de ellos se desprende, se puede concluir que para el Partido Obrero la cuestión de la mujer y su participación en la situación política no es un planteo de compromiso, sino que tiene una importancia de tipo estratégico. Sin la mujer organizada, no hay revolución posible, y sin revolución no hay derechos plenos para la mujer. Bibliografía: -Carlos Marx y Federico Engels, El Manifiesto Comunista , Ed. Polémica, Buenos Aires, 1975. -Carlos Marx y Federico Engels, Obras Escogidas , Ed. Cartago, Buenos Aires, 1944. -Flora Tristán, Unión Obrera. Feminismo y Utopía , Ed. Fontamara, México, 1993. -V.I. Lenin, La mujer y el progreso social , Ed. Anteo, Buenos Aires, 1975. -August Bebel, La mujer. En el pasado, en el presente y en el porvenir , Ed. Fontamara, México, 1989. -León Trotsky, El Programa de Transición , Ediciones El Yunque, Buenos Aires, 1983. -León Trotsky, La mujer y la familia , Juan Pablos Editor, México, 1974. -Karen Offen, «Definir el feminismo: un análisis histórico comparativo», en Zona Franca , Año II, Nº3. -Evelyn Reed, La evolución de la mujer, Del clan matriarcal al clan patriarcal , Ed. Fontamara, México, 1994. – Prensa Obrera , años 1995, 1996, 1997, 1998. – Trabajadoras , números 1 al 5. Notas: 1. Seminario a cargo de la profesora y activista del movimiento de la mujer, Marcela Nari, recientemente fallecida en un trágico accidente automovilístico [NdR]. 2. Carlos Marx y Federico Engels, Obras Escogidas , Ed. Cartago, Buenos Aires, 1944, pág. 596. 3. Ídem, pág. 591. 4. León Trotsky, La Mujer y La Familia , Juan Pablos Editor, México, 1974. 5. León Trotsky, «Thermidor en el Hogar», en León Trotsky, Op. Cit. 6. Karen Offen, «Definir el feminismo: un análisis histórico comparativo», Zona Franca , Año II, Nº 3. 7. Ídem, página 19. 8. León Trotsky, Op. cit., pág. 67. 9. Ídem, pág. 73. 10. Ídem, pág. 75.