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En Defensa del Marxismo N° 26

1 de marzo de 2000 · 17 notas

Notas de este número

1 de marzo de 2000
El gobierno de la Alianza, una nueva etapa

1. La alianza de la pequeña burguesía y el imperialismo El cambio de gobierno no ha sido un habitual traspaso de poder entre los partidos tradicionales del régimen. El papel protagónico del cambio, del 24 de octubre al 10 de diciembre, corresponde a la pequeño burguesía acomodada, democratizante, progresista, crítica, antimenemista, que está representada políticamente por el Frepaso. Esta corriente ha convergido conscientemente, en la Alianza, como segundo violín de la UCR para asegurar su "confiabilidad" a los amos del poder. El Frepaso abandonó la perspectiva de oposición alternativa apenas comprendió que esta variante lo pondría en línea de choque con el imperialismo. Por eso pasó a apoyar el plan Cavallo y las privatizaciones y decidió luego entregar el liderazgo político a Bordón primero, y a De la Rúa, más tarde. En ambos casos, políticos clericales. A su vez, la bancarrota electoral de la UCR, en 1995, facilitó el pasaje de ésta a la "tercera vía", pues de otro modo corría el riesgo de desaparecer. Un elemento distintivo del gobierno actual respecto al anterior es la presencia de esta pequeño burguesía, en la que se reúnen los ex opositores al menemismo, como la CTA, el MTA, la Federación Agraria y las llamadas Apymes. El gobierno de De la Rúa coopta a los dirigentes de esta pequeño burguesía, no solamente por la integración del Frepaso (como lo demuestra Bonetto, presidente de la Federación Agraria e impulsor de los "tractorazos”, como director del Banco Nación). El levantamiento de la carpa docente es emblemático en cuanto a la política y el protagonismo de esta pequeño burguesía antimenemista en el régimen actual. El acuerdo de Llach (clero) y la dirección de Ctera tiene un alcance estratégico, de gobierno. La dirección de Ctera enarbola conscientemente un planteo de privatización de la enseñanza en nombre de la pequeñaburguesía “progresista" (no casualmente Ctera fue la primera en presentar la educación privada como “educación pública bajo gestión no estatal"). Lo que se ve en educación corresponde a una posición de conjunto de esta pequeño burguesía que reivindica el protagonismo de ¡a ¡¡amada “sociedad civil”, o sea ¡a privatización de todas ¡as funciones del Estado (la mercantilización de la educación, la salud, la asistencia social, la justicia), para ser socia directa en esta empresa. En un artículo publicado en La Nación, Llach plantea que la familia se haga cargo de todas las funciones de protección social que ha tenido el Estado desde la década del '40, lo cual significa privatizar la pensión social, la asistencia social, la educación y la salud. El presupuesto de la familia debe hacerse cargo de lo que antes proveía el Estado. Se paga la educación y la salud, si hay un desocupado la familia lo ayuda y a la vez lo presiona para que vaya a trabajar. El seguro al parado atentaría contra esta responsabilidad, por eso se plantea el subsidio a las patronales que tomen personal, al que califica como un incentivo. Este planteo fue bautizado como “responsabilidad personal” por Clinton, Tony Blair, aunque sus tutores son los derechistas norteamericanos. En esta línea, monseñor Casaretto acaba de plantear que además de alimento los niños pobres necesitan educación, para lo cual debe constituirse una red única de asistencia privada y educación católica, loque haría caer a la “sociedad civil" bajo la red clerical. Este planteo es uno de los grandes ejes del acuerdo de la pequeño burguesía con el imperialismo, que se expresa en el nuevo gobierno. La preeminencia de la^ “sociedad civil” (privatización), asociada con la “transparencia” (control del Estado por el FMI y los bancos) son las banderas formales de la pequeña burguesía alternativa al menemismo. El “chachismo” fue evolucionando en esta dirección, despojándose de todo planteo que supusiese un choque con el dominio del capital financiero. La lucha contra la corrupción, entendida como el derecho de supervisión del imperialismo sobre el Estado (“transparencia” de los fondos, de las política de Estado, de la defensa), embellece un programa de mayor sometimiento político. El otro gran planteo del acuerdo de la pequeño burguesía con el imperialismo, sobre el que se cimienta este cambio de gobierno, es la atomización de la clase obrera. La flexibilidad laboral y los convenios por empresa no son sólo planteos directos del gran capital, sino también del Frepaso y la CTA, por algo su implementación está en manos de Alberto Flamarique y Alicia Castro. La pequeña burguesía pretende obtener de la atomización de la clase obrera un ingreso masivo de capital internacional que le permita realizar sus propios apetitos de crecimiento social y aun de expropiación directa de los obreros. La alianza entre la pequeño burguesía acomodada y el imperialismo reedita en términos más reaccionarios la coalición ya producida bajo el alfonsinismo y expresa las tendencias dominantes a escala mundial. La pequeña burguesía que tendió a recostarse en la burocracia de la URSS a lo largo de todo el período que culmina con la caída del Muro, se convierte en una punta de lanza de la política imperialista, con el argumento de que sólo la adaptación a la “globalización” capitalista permitiría encontrar una salida nacional. La expectativa imperialista es que el gobierno de la Alianza estabilice la situación, imponga una mayor confiscación a las masas y administre mejor la deuda pública. Si se hace abstracción de la crisis mundial y de la inminencia de colosales sacudidas económicas en las metrópolis imperialistas, la Argentina es un campo muy fértil para el imperialismo, debido a ía posibilidad de apropiarse de la pampa húmeda y dominar una fuente de primera línea en el mercado alimentario mundial. De conjunto, todo el planteo que hoy arrastra a la pequeño burguesía encierra una enorme mistificación: la reivindicación de la “sociedad civil" en una etapa de excepcional concentración mundial del capital, escamotea la enorme socialización de la producción y la formación de un gigantesco ejército de desocupados, al mismo tiempo que escamotea la quiebra económica de los Estados capitalistas y por lo tanto su descomposición. En un intento desesperado por superar la tendencia declinante de la tasa de ganancia, la clase capitalista se ve obligada a reventar a su propio Estado, en una manifestación extrema de la competencia capitalista. En función de este operativo de ocultamiento de la política de atomizar a la clase obrera, el centro-izquierda propagandiza que en la sociedad actual la clase social ha dejado su lugar al “individuo”, los trabajadores a los accionistas, el Estado a la "sociedad civil”. 2. Caracterización del nuevo gobierno Pero el escenario político actual que ha resultado del pronunciamiento electoral tiene características más concretas, pues al lado del gobierno nacional de la Alianza coexiste un conjunto de gobiernos provinciales y municipales peronistas e incluso francamente derechistas. La función de la “tercera vía" o centroizquierda es integrar a las burocracias vinculadas a las organizaciones obreras y sindicales en un contexto de aguda crisis económica del capitalismo. El gobierno de la Alianza responde a esta tendencia y está literalmente obligado a intentar modificar las condiciones y la política que transformó a su predecesor de factor de estabilidad en factor de perturbación política. El régimen político que emergió en octubre pasado reúne al gobierno centroiz-quierdista rabiosamente capitalista y semicolonial de la Alianza de un lado, con el clericalismo de derecha y de los servicios de Ruckauf, Cavallo y Rico, del otro. Se ha formado transitoriamente, un régimen de colaboración entre uno y el otro, lo que vuelve a demostrar que "el progresismo pequeño burgués ha caducado por completo como fuerza reformista o como afirmación de la independencia nacional; para cumplir con sus mandantes capitalistas no ahorrará sangre del pueblo. Los burócratas sindicales o los izquierdistas que son incapaces de ver el carácter de clase del progresismo centroizquierdista, están condenados a ser cómplices de los verdugos” (1). ¿Qué dice la izquierda sobre esto? Para el MST, el gobierno de la Alianza es producto del “voto castigo” al menemismo, es decir del repudio popular, lo que es decir que es progresista con referencia a su antecesor. Pero también plantea que es "lo mismo" que su antecesor; lo cual deja la puerta abierta a cualquier maniobra política. Para el PTP, estamos en presencia de “un gobierno radical más”. Estas caracterizaciones omiten decir que éste es el “producto final” de la experiencia que nació en el Frente del Sur, siguió en el Frente Grande y culminó como Frepaso, y esconden el papel fundamental de la pequeña burguesía progresista. Esto le permitirá operar a diferentes niveles, por ejemplo apoyando a elementos progresistas y criticando a los que son “más de lo mismo", escamoteando que son parte del mismo gobierno. De la Rúa ha conformado un gabinete más representativo del gran capital que Menem. Llach, López Murphy, Rodríguez Giavarini, Santibañez, etc. (López Murphy es uno de los ideólogos de FIEL, una fundación del capital financiero; Llach es un abanderado de los planes del Banco Mundial en el área educativa y social, con los cuales se identifica también Rodríguez Giavarini que, al igual que Llach, suma su condición de hombre estrechamente vinculado al Episcopado). Los representantes del capital financiero y el Vaticano han quedado como una suerte de monitores y árbitros de la nueva administración aliancista. De la Rúa ha instituido, además, un Comité de Control de la Gestión Estatal con hombres orgánicamente vinculados a las grandes corporaciones extranjeras y nacionales -Citibank, Bank Boston, IBM, Loma Negra-, lo que convierte a la Casa Rosada en una oficina del imperialismo yanqui. El Episcopado ha declarado que su colaboración será “cotidiana" con el nuevo gobierno y dispuso desplazamientos en sus cuerpos directivos de manera tal que los elementos con mejor llegada a la Alianza y al Frepaso tejan una relación estrecha con el equipo de De la Rúa. La Meijide adelantó que otorgaría a la Iglesia el control de los recursos destinado a la política asistencial del Estado. La conformación del gobierno es reveladora por sí misma. Ha sido estructurado para dar garantías al "establishment” y plantear de entrada un llamado al orden a los izquierdistas de la Alianza y a las burocracias sindicales, fijando así las condiciones y los límites de colaboración en la nueva gestión. Un gobierno que se integra con hombres del cavallismo y la derecha “neoliberal”, que integra al ala “progresista” de la UCR y a la cúpula del Frepaso y que suma la colaboración declarada de los líderes sindicales “combativos” de la CTA y el MTA es una suerte de gobierno de “unidad nacional". 3. Volver sobre los pasos del menemismo El gobierno de la Alianza necesita reconstruir la capacidad de acción del Estado que fue frenada por la lucha contra Menem, el derrumbe del plan Cavallo y la división de la burguesía. La crisis que "hereda" De la Rúa y las luchas que enfrenta, como Corrientes y Tartagal, son la expresión del movimiento de lucha que paró a Menem. De la Rúa está obligado a “volver sobre los pasos” de Menem. Una herencia que el gobierno tiene que afrontar, una conquista de la propia movilización de las masas de todo el último período que está presente en la situación política, aunque la conciencia de este proceso sea extremadamente débil e inconsistente, esto por la ausencia de un punto de vista político propio en el movimiento obrero. Desde este punto de vista, la emergencia de un gobierno que representa al ala izquierda del imperialismo, es decir que se expone a una lucha de clases con los trabajadores y la pequeña burguesía progresista, es un progreso de la situación política, es decir, la hace menos reaccionaria y más revolucionaria. La alternativa es: o que la Alianza consiga su objetivo de atenuar la lucha de los trabajadores y crear una situación de conciliación de clases adecuada para su gobierno o que esa lucha se acentúe y se estructure una situación de polarización política, con toda la democracia de un lado y las masas y sus organizaciones independientes del otro. El peronismo y la derecha provinciales y municipales respaldan la política de la Alianza de cooptación de las luchas, de sus dirigentes y de las burocracias tradicionales, como la única vía para desarrollar los planes proimperialistas. Para recuperar la iniciativa política que el gobierno anterior perdió con la caída de Cavallo y el proceso de movilizaciones producido en los últimos años, el Frepaso continúa siendo imprescindible para la estabilidad política del nuevo gobierno, que también requiere del apoyo de las burocracias sindicales, en especial del MTA y la CTA que ya han sido colocadas "entre la espada y la pared . El Partido Obrero tiene que subrayar el carácter de esta nueva etapa para alimentar y estimular la acción y la conciencia obrera sobre las posibilidades abiertas, sobre las grietas del sistema, sobre sus flancos débiles y sobre la política que intenta aplicar para superar esta impasse heredada. 4. Los escenarios de la crisis La crisis económica De conjunto, la salida de emergencia que estructuró el menemismo entre el ‘91 y el '95 está agotada. Existe una situación de insolvencia por una deuda pública de 200.000 millones de dólares, lo que equivale a toda la producción anual del país si se la considera a su valor real (no en base a un peso sobrevaluado). El Mercosur, que constituyó una salida episódica para algunas fracciones de los explotadores, se encuentra en desintegración. La deuda externa de los mayores pulpos capitalistas supera los 60.000 millones de dólares y Argentina está, después de Sudáfrica, entre los países con mayor nivel de insolvencia corporativa. El 25% de los préstamos bancarios son de incierta recuperación. La quiebra de los deudores agrarios pondría en manos de los bancos unos 200 millones de hectáreas ofrecidas en hipoteca. Frente a esta situación, la reforma impositiva es una maniobra de corto alcance. Ya antes del ascenso de De la Rúa planteamos que la política de ajuste fiscal no podía resolver la crisis “por la simple razón de que no es el déficit fiscal sino el privado (deuda externa privada y remisión de utilidades al exterior) lo que causa la carestía financiera (altas tasas de interés) y porque esta carestía financiera es internacional, no ya nacional, como lo prueba el alza constante de las tasas de interés en los Estados Unidos —¡66% de aumento en los dos últimos años!-" (2). El fínanciamiento del pago de la deuda pública y privada encarecerá aún más el crédito y agravará la crisis de la industria y los choques en el seno de la burguesía. Forzar a las AFJPs a financiar el pago de la deuda sería una fuente de conflicto explosiva. La presencia en el gobierno de un sector partidario de ir a la rebaja directa de salarios, es revelador de la hondura de la crisis. Esta llega al punto de poner en cuestión la continuidad de los estados provinciales, e incluso el régimen federal argentino es considerado “inviable" por el Banco Mundial (3), es decir que la autonomía provincial es incompatible con el pago de la deuda externa. El Mercosur está agotado como proyecto político y podría morir del todo en caso de una nueva crisis y una dolarización argentina. Numerosos capitales reclaman una devaluación para reflotarlo, pero esto podría agravar la crisis argentina y llevar a esa dolarización. El Mercosur fue concebido como una estación de paso en el mercado internacional, pero su agotamiento plantea ahora, como alternativa un reflotamiento del proyecto de la Iniciativa para las Américas, o sea un mercado bajo control económico y político del imperialismo yanqui. En Argentina la perspectiva de la devaluación está presente. El director de la Fundación Mediterránea, Mondino, ha planteado que “ante los ojos de Wall Street la situación argentina no difiere sustancialmente de la que presentaba Brasil (a principios del año pasado, en los días previos a la devaluación)”. En su análisis, un posible hundimiento de la moneda en Hong Kong, también ‘atada’ al dólar como la argentina, haría insostenible la “convertibilidad” (4). Otra alternativa es que el gobierno se vea forzado a tomar esta medida ante la profundidad de la crisis provocada por la recesión. Fiat volvió a hacer punta en este reclamo, luego del ascenso del nuevo gobierno, luego que Techint, Arcor, Macri, Pérez Companc y Bridas plantearan que las monedas de los países del Mercosur debían variar entre sí con un margen de amplitud establecido a priori, lo que significa la devaluación en la Argentina y una flotación posterior, en una especie de devaluación permanente (5). La alianza de la pequeño burguesía y el imperialismo representada por el gobierno radical-frepasista tiene su límite más inmediato en esta próxima crisis financiera y en la actual recesión, que puede barrer en poco tiempo la luna de miel’ del imperialismo y los ‘progres’. La crisis política Para concretizar la caracterización de la actual etapa de la crisis heredada del menemismo, es necesario incorporar las huelgas, ‘aguantes’ y cortes de ruta, o sea el empeño de una parte de las masas por encontrar una salida por la vía de la lucha. Esto explica que la burguesía se haya abroquelado en la defensa de la política del gobierno entrante, de llamar en su auxilio a la burocracia obrera y de izquierda La cuestión principal no son, sin embargo, estas burocracias, porque la mayoría de ellas está muy desprestigiada y porque su principal recurso contra las luchas, incluso de parte de las más izquierdistas, ha sido la inacción. El punto fundamental es, primero, que se desarrolle en las masas que salen a la lucha la tendencia a buscar en esa lucha una vía de salida, en lugar de involucionar hacia protestas desesperadas de impotencia. El papel del partido es fundamental, aunque de ningún modo omnipotente, en esta contradicción, ya que de él depende en gran medida que prevalezca la tendencia a estructurar las luchas en torno a un programa y a desarrollarlas como organizaciones, o sea piquetes, coordinadoras, congreso de trabajadores. En esta línea, se producirá un gran desarrollo de la vanguardia y del partido, y la lucha se transformará en vía de salida a la corta o a la larga, dependiendo de un conjunto de factores. Dentro de esta variante del desenvolvimiento de las luchas, se puede prever un fuerte desplazamiento de activistas hacia la vanguardia, en especial de la CTA, y, por sobre todo, el surgimiento de jóvenes obreros luchadores. La segunda variante, que el detonante lo puedan constituir las organizaciones tradicionales, es altamente probable, porque depende de que conjuguen, en una crisis política, las presiones de la burguesía y de las masas, como ocurriera cuando cayó Cavallo y tuvieron lugar las huelgas de fines de julio y principios de agosto de 1996. La posibilidad de que este detonante abra una vía de desarrollo independiente de los explotados, dependerá de la implantación previa del partido, de ningún modo exclusivamente de la orientación del momento. Las dos variantes señaladas, aunque formalmente alternativas, tienen en común la crisis de conjunto y la necesidad de un partido desarrollado, en especial en las grandes fábricas, pero también en los sindicatos. La importancia de esta caracterización no reside en que pueda servir de consuelo revolucionario sino en que determina un trabajo de implantación del partido sobre la base con un programa relacionado con la impasse histórica del capitalismo y las tendencias explosivas que genera, o sea de un programa revolucionario. Las alternativas políticas que una crisis de dimensión le ofrece al gobierno son, por un lado, una alianza con los gobernadores peronistas, inclusive los servicios y el clero, que acompañan hoy al gobierno como una sombra, y como un reaseguro del régimen. Del otro lado, una integración al gobierno de sectores directos de la burocracia sindical de centroizquierda. En este caso dependerá de la fuerza del partido que la ilusión en esta suerte de frente popular no culmine en sangrienta derrota. Un terreno especial de la crisis en curso tiene que ver con las crisis de las provincias, uno de los eslabones débiles del sistema. El gobierno tuvo que enfrentar tempranamente una insurgencia en Corrientes y en el norte de Salta, Río Negro, Neuquén, Tierra del Fuego, Jujuy, Catamarca están en los umbrales de una experiencia similar. Los municipios pueden convertirse en otro escenario de esta crisis, en particular en el Gran Buenos Aires, donde las elecciones desviaron un conjunto de contradicciones que habrán de estallar en el futuro inmediato. El peronismo perdió el control de la Legislatura (ambas cámaras en manos de la Alianza), intendencias claves del conurbano (Avellaneda, Morón, Lomas de Zamora) y el dominio político de varios consejos municipales de la provincia. Está en crisis, además, la red de punteros y “manzaneras” que controla el paquete asistencial, acelerada por el colapso de los Planes Trabajar, y en definitiva el régimen de camarilla del duhaldismo (una situación que, con sus características, se reproduce en Santa Fe y es extensiva al resto del país). Todo esto convertiría a los municipios en centros de la crisis política y del reclamo popular, en particular ante el intento de descargar un nuevo ataque sobre las provincias, que éstas descargarán a su vez sobre las comunas llevándolas a un punto de aniquilamiento. Existen modalidades de este proceso de crisis política que se pueden advertir en las elecciones de Capital, como la existencia no de dos, sino de varios bloques patronales, y una extraordinaria división del peronismo 5. Las masas, características de su intervención Al culminar el año, el nivel de luchas registrado fue el más alto de los últimos tres años y en secuencia ascendente desde el ‘97. Este balance incluye las luchas de Corni, Emfer, Diasa, Foetra, Metrovias, Hospital Larcade, las huelgas con corte de rutas en San Lorenzo, la huelga de Interpack, el ‘aguante’ tucumano, el ‘aguante’ correntino, la rebelión obrera en el puerto de Mar del Plata, el corte en Tartagal. Derrotas, semiderrotas, victorias y conflictos latentes, verificándose que las derrotas o derrotas sin lucha corresponden, en general, a los conflictos más controlados por la burocracia, con Diasa como caso modelo. Pero el accionar de la burocracia es un elemento y no explica la totalidad de la actitud de las masas . Aun cuando el nivel de protesta haya sido y es grande (Corrientes, Tartagal), hay una frontera de la protesta que las masas aún deben sobrepasar. Es el salto a la organización de conjunto, con un programa, “para sí”: a la independencia política, la organización propia. En estas condiciones, las masas son proclives a servir a variantes políticas que no representan sus intereses. Pero la acción de la burocracia sindical como factor de bloqueo y traición no explica la totalidad el fenómeno. La crisis de dirección va más allá. Es un fenómeno mundial. Todo sucede como si las masas intuyeran que tienen que abstenerse de acciones históricas independientes, lo cual está en contradicción con la necesidad desesperante de una salida, y con la posibilidad, por lo tanto, de luchas que no son vistas como vía de salida. La crisis social puede, en estas condiciones, acentuar su diferenciación, con sectores que se adaptan para no caer más abajo en la miseria. Pero, claramente, el problema es de naturaleza política, es decir de si progresa el partido y la organización y la lucha que lo tiene por protagonista. La adaptación al orden vigente de las centrales sindicales le da a las luchas un carácter fragmentado, pero también explosivo, y obligadamente recurrente. Es dentro de estas condiciones que se está gestando y desarrollando una vanguardia obrera clasista y revolucionaria. Estos activistas constituyen una herramienta fundamental en el desarrollo de una dirección obrera en el PO y un “puente" hacia la masa de luchadores que han comenzado a actuar para recuperar las conquistas y las organizaciones. Esto exige una gran lucha por la implantación del partido: 1) por medio de la agitación, para crear la delimitación con el régimen político, 2) por medio de la propaganda, para formar los cuadros, 3) por un enorme trabajo de organización, atendiendo a las características de cada etapa de la vida de las masas. 6. Las organizaciones obreras La tregua permanente de la burocracia de la CGT, desde la crisis que llevó a los paros del '96, es justificada ahora por la burocracia en la posibilidad de mantener el manejo de fondos de las Obras Sociales, que es la última posibilidad del financia-miento de los sindicatos en crisis; lo mismo plantean el MTA y la CTA. Se une a este pacto la participación de la burocracia en una serie de negocios capitalistas, como los que se desprenden de la anunciada privatización de las empresas de energía de Santa Fe y Córdoba, sea a través de la “propiedad participada” de acciones o la “tercerización". En lo relativo a la reforma laboral, las burocracias de la CGT y el MTA defienden el convenio único, aunque se lo descentralice; la CTA, en cambio, parece plantear abiertamente el convenio por empresa, lo que le permitiría pelear la representación gremial. Se trata de planteos de regimentación, de unos, y de atomización, de la otra, que se refuerzan mutuamente. La posición de la burocracia de todas las centrales es antiobrera. A esto hay que oponer la democracia sindical y la independencia de la clase. Es decir paritarias elegidas en asamblea o congreso de bases: anteproyectos de convenio discutidos libremente, no a la conciliación y arbitraje obligatorios; fuera la burocracia; revocabilidad; obras sociales solidarias; control obrero; fuera la reforma laboral, jornada de 8 horas, 6 horas por insalubridad, salario mínimo móvil de 600 pesos. La CTA plantea abiertamente la atomización obrera; ella misma se basa en el voto individual, inclusive de sectores no obreros. La Ctera, sin ir más lejos, tiene un acuerdo global con la reforma global, capitalista, de la educación, que incorpora a la reforma laboral como una pata insoslayable (pasantías). La CTA tiene un programa que confluye con el planteo estratégico de la burguesía de flexibilizar y atomizar al movimiento obrero. Su proyecto de ley de “ampliación del garantismo sindical” no cuestiona la intervención del Estado en los sindicatos sino el monopolio de la personería gremial. El proyecto de “garantismo" (presentado por diputados del Frepaso) habilita la atomización del sindicato de actividad en gremios por empresa o grupo, destruyendo la organización fundada en la defensa del convenio de industria y en línea con la propuesta de sindicatos por fábrica alentada por un vasto sector de la patronal (la siderúrgica en primer lugar). La “central alternativa" ignora toda lucha por la recuperación de las organizaciones de manos de la burocracia, apuntando a la mera división de aparatos y sin estrategia alguna dirigida a unir a la clase obrera para enfrentar la crisis capitalista. El MTA nació, en 1994, a días del “santiagueñazo", proclamando la necesidad de una “nueva dirección” en la CGT, lo que concretará ahora para presidir la política de preservación de la burocracia y luego de haber puesto su empeño en encuadrar y vaciar la rebelión popular detrás de la oposición patronal. El MTA es un grupo de presión del Grupo Productivo conformado en torno a la UIA, en particular de su ala devaluacionista. La CTA y el MTA fueron artífices de la Alianza y responsables del vaciamiento de las luchas luego de la caída de Cavallo y el agotamiento de la capacidad de iniciativa del gobierno menemista contra las masas. La Mesa de Enlace (junto a la CCC) llevó a un callejón sin salida al activismo y a los luchadores en función de la política de la oposición patronal representada en la Alianza. Los ataques en marcha y los planes que se anuncian contra las conquistas de las masas plantean la necesidad de que las organizaciones obreras rompan con el Estado y los partidos patronales. Para esto es necesaria una nueva dirección obrera que transforme a los sindicatos en escuela de lucha clasista y que batalle por una transformación social bajo la dirección de la clase obrera. Para abrir la perspectiva de una nueva dirección llamamos a los activistas y luchadores a organizar un polo clasista, que luche para sustituir a la burocracia de los sindicatos y convertirlos en herramientas de lucha obrera independiente. El polo es un arma de organización clasista en los procesos de lucha y reagrupamiento que se operan en la nueva situación política y que tendrán por escenario las organizaciones obreras y las que las masas creen en el curso de la lucha (“autoconvocados"). Existe un proceso de debilitamiento general de la burocracia sindical que se expresa abiertamente en la UOM y en gremios de la CTA (Suteba Matanza). En la lucha por dar paso a una dirección obrera clasista es necesario colocar el centro de la actividad en las fábricas y gremios industriales y comprometer la intervención práctica de los jóvenes, la mujer y la organización de los desocupados. El planteo de IU de conformar el “brazo sindical” de la Unión Popular de Córdoba, junto a Bazán y la CTA, pretende subordinar a la vanguardia a la estratega democratizante y electorera. IU y Patria Libre caracterizan a la CTA como una alternativa de los trabajadores, militan en su dirección y la apoyaron en las recientes elecciones de ATE (PC y CPL). La política del PTP está en ruinas luego del derrumbe de la Mesa de Enlace. En la UOM se han alineado con Lorenzo Miguel (incluyendo las expulsiones dictadas por el “secretariado”). ¿Qué escenarios se abren en el movimiento obrero? Estas burocracias deberán ir cada vez más lejos en la integración política con el régimen, acentuando la brecha con los trabajadores. Claro que intentarán adaptarse en caso de un viraje de la situación política que produzcan las masas. Si la crisis los obliga a reemplazar su inacción por presiones limitadas, se abrirá un campo más amplio de acción, cuyo aprovechamiento dependerá de la capacidad de las fuerzas en presencia. 7. La perspectiva y el programa La ofensiva a la que ya está lanzado el nuevo gobierno tiene un carácter general y plantea consignas de carácter general dirigidas a movilizara las masas organizadas en los sindicatos y a las no organizadas; a las que ya están en lucha y a las que todavía no entraron. Partiendo de los niveles más elementales de los reclamos y la protesta. La perspectiva de la crisis creciente plantea la cuestión de la unificación de la clase obrera para la lucha contra el régimen aliancista. Por eso, en todas las ocasiones, se planteará la cuestión del congreso de trabajadores, congreso de bases, dirigida a todas las organizaciones obreras y las masas no organizadas. La consigna congreso de trabajadores tiene un carácter de método, que responde a las necesidades de esta etapa. Se plantea en cada lucha como método de acción y como política de desarrollo de la lucha. Congreso de trabajadores en las barriadas, tomará la forma de asamblea popular, cuando se trata de coordinar las luchas de varios barrios. Congreso de trabajadores, que toma la forma de congreso de bases para, por ejemplo, la CTA; “ante el apoyo de la dirección de la CTA al gobierno y el levantamiento de la carpa blanca etc.”, o para “discutir la posición ante el gobierno y la salida a la crisis", como dice el manifiesto de Santa Cruz. Ante la crisis de la UOM, congreso de bases de la UOM. Es un método de trabajo, señala la continuidad de la experiencia de la clase obrera, desde las asambleas de los fogoneros de Cutral Co, de los piqueteros de Tartagal, de los autoconvocados de Corrientes. Y antes, de la asamblea popular de T relew (1993). Reivindicando el hecho de que las asambleas de Cutral Co y Tartagal fueron asambleas de trabajadores, dado el peso específico en ellas de los despedidos fabriles y de YPF, muchos de ellos cuadros y activistas sindicales, que imprimieron la tónica al funcionamiento y a los programas aprobados en ellas. Muy importante: congreso de trabajadores, de desocupados, congreso conjunto. Para encarar la unificación de la clase obrera y la lucha por las reivindicaciones: La consigna de 600 pesos de mínimo legal para activos, desocupados y jubilados (600 pesos de salario mínimo para todos, una consigna que colocó en la calle la extrema pobreza de las masas) como base de un reclamo inmediato que puede ser la columna vertebral de una política de movilización conjunta del movimiento obrero, sin distinciones entre ocupados, desocupados y jubilados. Planteamos la lucha por reconstruir la “institución” del salario mínimo, vital y móvil que fuera destruida por el menemismo, un reclamo que interesa a todos (600 pesos de básico mínimo en los convenios significa un aumento salarial de conjunto). Retiro del proyecto de reforma laboral que extiende el trabajo precario, deroga los convenios por industria y habilita los convenios por empresa. Paritarias por ramas de actividad, con paritarios elegidos en asamblea. Muy importante, porque enfrenta la política de los convenios por empresa y la flexibilidad laboral. Pero también prepara una intervención ante la eventualidad de una paritaria descentralizada, para impedir que impongan por vía “democrática" lo que Pinochet impuso con la dictadura. Sí una paritaria descentralizada es un hecho “que en asamblea se elijan paritarios y se discuta el pliego de reivindicaciones". Frente a la continuidad de la quiebra industrial y la situación sin salida de los desocupados, que se prohíban los despidos y se reincorpore de inmediato al trabajo, compulsivamente, a todos los desocupados, repartiendo las horas disponibles en las empresas sin afectar el salario. Es la única salida posible frente al desempleo y para las masas, que no cuestionan todavía al capitalismo, significa plantear un método anticapitalista para satisfacer un derecho típicamente capitalista: el derecho a ser explotado a cambio de un salario. La solución a la desocupación plantea la necesidad de una reorganización completa de la sociedad y, en consecuencia, el ascenso al poder del único gobierno capaz de llevarla adelante: el gobierno obrero y de los trabajadores. La crisis mundial va a acentuar la presión de la burguesía por abolir hasta los últimos rasgos del derecho laboral, con el objetivo estratégico de someter el salario al rendimiento cotidiano del obrero. Esto ya se expresa en la porción de miseria que ocupa el básico en la suma total percibida por el trabajador, en el alargamiento de la jornada de trabajo, en el salario diferenciado por trabajos de similar calificación, en la eliminación de las categorías y el abaratamiento del despido, o sea la liquidación de la estabilidad laboral. En oposición a la exigencia de superexplotación ilimitada de los capitalistas, la clase obrera reivindica la remuneración de la fuerza de trabajo sobre la base de una jornada de duración determinada, por ejemplo ocho horas, y la derogación de la flexibilidad laboral. Defendemos el concepto del salario como pago del tiempo fijo que destina el trabajador a la producción social, una medida de defensa contra la explotación capitalista y la degradación física y moral. El agravamiento de la crisis ocupacional plantea la necesidad de convertir al movimiento de los desocupados en un movimiento de masas a escala nacional y librar una lucha en su seno por una política de movilización clasista e independencia obrera frente al Estado, frente a las corrientes que pretenden disolverlo en los marcos del “asistencialismo” y de la relación prebendaría. Contra las falsas salidas “nacionales” de las patronales, que demostraron su fracaso en el Mercosur, un programa común de reivindicaciones y un plan económico y social de la clase obrera. Unidad política de los trabajadores de América Latina por una salida obrera independiente a la crisis. De conjunto, planteamos que la crisis la paguen “ellos”: salario que cubra el valor de la canasta familiar; eliminación de los impuestos al consumo, gravamen exclusivo al gran capital y sus beneficios; salud y educación integralmente estatales y gratuitas, bajo control de profesionales, docentes, estudiantes, organizaciones de la cultura y el conjunto de la clase obrera; estatización del sistema jubilatorio, bajo control obrero, restablecimiento del aporte patronal y el 82% móvil; que se abran los libros de todos los bancos y grandes empresas al control obrero, desconocimiento de la deuda pública; desmantelamiento de los aparatos represivos, que organizaciones de trabajadores y de jóvenes se hagan cargo de su propia defensa y de la del país, que los jueces y todos los funcionarios sean electos y revocables. Que un congreso democráticamente electo de trabajadores discuta un plan económico, social y cultural de conjunto. Por un plan de lucha del conjunto del movimiento obrero y de los trabajadores, que plantee la huelga general. Fuera el plan de De la Rúa y el FMI. 8. La izquierda La izquierda democratizante no participa de ninguna de las luchas obreras industriales actuales. Mientras la IU se ocupa de ‘escraches’ a represores, el PO dirigió la lucha de Interpack y las elecciones del INTI y de UTA Smata. El PO organizó la única protesta contra el pacto Ctera-Llach y la oposición al levantamiento de la Carpa Blanca, mientras los congresales de IU al Congreso de Ctera se ausentaban sin aviso, capitulando ante la Maffei y Llach. Se trata de los hechos más destacados del movimiento obrero de los últimos meses. Esta izquierda no organiza ni orienta. No ha preparado ninguna lucha. La crisis de la izquierda a nivel internacional, caracterizada por el emblocamiento de toda ella con los planteos “regulacionistas" del capitalismo, afecta a la izquierda argentina democratizante en todas sus variantes. El apoyo a las Pymes, la promoción de candidatos patronales y burócratas en la campaña electoral, son síntomas claros de esa descomposición. Pero lo más significativo son los planteos devaluacionistas de la izquierda. Los planteos a favor de la devaluación monetaria, de manera directa por la CPL y el PTP y el apoyo a sectores devaluacionistas patronales en IU, los convierte en grupos de presión de los exportadores, de los afectados por la competencia extranjera y del sector financiero que teme su absorción por los bancos extranjeros. Es una izquierda democratizante y nacionalista; la ampliación de IU hacia la Unidad Popular con la devaluacionista Patria Libre, su apoyo a las Pymes y al Encuentro Progresista de Uruguay, indican una tendencia a una integración cada vez mayor al Estado burgués. La izquierda democratizante (en particular IU y la CPL) apoya el proyecto de central alternativa de características policlasistas, es decir antisindical, integrada al Estado y basada en la atomización del movimiento obrero. La CTA es el vaso comunicante de la izquierda democratizante con la pequeño burguesía proimperialista. Es una izquierda históricamente en retroceso; su sector nacionalista no ha logrado demostrarla vigencia de ningún fenómeno nacionalista con alguna perspectiva. El MST no ha superado la crisis del Mas. Su planteo de unidad de la izquierda es contrarrevolucionario, porque plantea el acuerdo electoral con carácter estratégico. IU es, de hecho, un partido electoral. La unidad puede ser revolucionaria cuando tiene lugar con tendencias que evolucionan, no que degeneran, con tendencias que rompen con la burguesía, no que se adaptan al régimen. El PO confluye, en cambio, con los que luchan o representan un proceso vivo de la lucha de clases (CGT San Lorenzo). ¿Qué sentido tiene entonces que el PO destaque ante las masas la importancia de la unidad con esta izquierda? La campaña por la “unidad de la izquierda" es un planteo vulgar de los medios, que señalaron como una anomalía la existencia de varias candidaturas de izquierda en la campaña electoral, como' una manera de depreciar a la propia izquierda. O de los que quieren que se les ahorre el trabajo de discernir a qué posiciones políticas corresponden las distintas corrientes para poder votar a la izquierda sin culpa. La campaña pública del PO, desde fines del ‘96 hasta mayo del ‘97, por la unidad de la izquierda demostró en la práctica la imposibilidad de acuerdos reales de lucha y revolucionarios. Fue rechazada con argumentos arbitrarios por los democratizantes y culminó en el sabotaje a la participación de las organizaciones obreras en lucha en el acto del 1o de Mayo de ese año. Quedó claro que se interesan por los “luchadores sociales” cuando necesitan utilizarlos demagógicamente y disimularse tras ellos para propósitos reaccionarios y de aparato. No para impulsar un libre desarrollo de la vanguardia obrera. Ante la pregunta por qué no hay unidad de la izquierda, contestamos que tenemos perspectivas políticas diferentes, ellos medran bajo este régimen y nosotros estamos por el gobierno obrero y el socialismo; ellos son “movimientistas". Es necesario reclamarla crítica a la unidad democratizante de la izquierda en el frente proimperialista que la izquierda mundial (y no sólo la centroizquierda) va constituyendo de hecho (Secretariado Unificado, Refundación Comunista, ex Militant, Izquierda Unida de España, etc.). Al programa democratizante oponemos: el gobierno obrero y de los trabajadores para intervenir despóticamente contra el capital (sinónimo de dictadura proletaria); el señalamiento de la bancarrota del nacionalismo burgués y el planteamiento de la Unidad Socialista de América Latina, la construcción de un partido obrero (o sea revolucionario y socialista), como la forma histórica más completa para desarrollar la lucha de clase independiente de os explotados, su conciencia de clase y la conquista del poder, refundando a La unidad circunscripta a las elecciones podría ser, en ciertas condiciones, revolucionaria, pero hoy es la expresión estratégica de la política democratízame. Hay que hacer una unidad para impulsar un Plan de Lucha y una Huelga Nacional, para luchar en los sindicatos con una política revolucionaria; y para oponer a las burocracias sindicales, sin excepción, un Polo Clasista. La participación en las elecciones deberá dar una expresión a esta política y deberá servir para desarrollarla. 9. Construir el partido Estamos en un período signado por la bancarrota capitalista, la incapacidad del régimen para ofrecer una mínima solución a los problemas de las masas, agonía del peronismo y de gestación de una vanguardia obrera. Es esta situación la que deberá llevar a revolucionar los métodos de lucha de las masas, revolucionar los términos de su organización como clase y convertimos en alternativa de los partidos oficiales. En la evolución y el acercamiento al PO de compañeros que representan una nueva generación obrera revolucionaria está presente e agotamiento de la experiencia con las burocracias “alternativas” y el acierto de haber planteado un programa de salida obrera de la crisis capitalista en términos de conjunto, concentrando en el reclamo de meter a todos los trabajadores en las fábricas y repartir las horas de trabajo. En el documento preparatorio del IX Congreso planteamos que las puebladas de los trabajadores neuquinos y salteños (96/97) expresaban un salto en la lucha obrera por la radicalización de sus métodos y los programas (Aumento de las regalías petrolíferas y gasíferas para destinarla al desarrollo industrial de las provincias, lo que planteaba, en perspectiva, la renacionalización de YPF). “El pueblo lucha cada vez más; este pueblo que lucha se da cada vez mejores programas; con la lucha y la consciencia surge también una nueva generación de la clase obrera” (6). El problema del partido es cada vez más un componente esencial de la situación política. Es la clave en la maduración revolucionaria de las masas. Resumen Con el advenimiento del nuevo gobierno se ha producido un cambio importante en la situación política. Lo que distingue a la situación actual de la que existía bajo el gobierno de la Alianza cuenta con la presencia de la pequeño burguesía progresista que fue oposición al menemismo. La clase capitalista ha debido operar un relevo por la crisis del régimen anterior y el agotamiento del peronismo ante las masas. El gobierno de la Alianza está obligado a reconstruir la capacidad de acción del Estado que fue frenada por la lucha obrera contra Menem, el derrumbe del plan Cavallo y la división de la burguesía (1996). De la Rúa debe volver sobre los pasos del menemismo, pero para ello tiene que re establecer un régimen de ofensiva pleno contra las masas, incluyendo la desarticulación del movimiento de lucha. Desde este punto de vista, el desplazamiento del peronismo en crisis por un gobierno que representa a la izquierda del imperialismo, y que se expone a una lucha de clases con los trabajadores y la pequeño burguesía progresista, es un progreso de la situación política. Acerca estratégicamente la perspectiva de un gobierno de trabajadores. Para cumplir con los planes del imperialismo el gobierno de la Alianza aparece travestido con los ropajes de la democracia “pura" y del “chau Menem". El levantamiento de la carpa docente no se operó con los métodos de “ramal que para, ramal que cierra" sino a través de un pacto perverso del gobierno con la burocracia de Ctera. Con esta fachada intenta introducir la confusión política en la clase obrera, ganar tiempo y explotar un margen de crédito para consumar la ofensiva planteada. El nuevo régimen político reúne al gobierno centroizquierdista, rabiosamente capitalista y semicolonial de la Alianza, de un lado, con el clericalismo de derecha y los servicios de Ruckauf, Cavallo y Rico, del otro. El rasgo distintivo es la presencia de la pequeño burguesía democratizante, que se ha volcado al campo del imperialismo sobre la base de dos grandes campos de acuerdo: la política de privatización de la salud, la educación y de todos los sectores estatales y la atomización del movimiento obrero. El gobierno enfrenta varios escenarios de crisis. El colapso económico no hallará salida por vía de las medidas fiscales, presupuestarias y laborales del gobierno, ni por el lado del colapsado Mercosur. No es el déficit público, sino el privado, constituido por la deuda externa privada y la remisión de utilidades al exterior, lo que provoca la carestía financiera, que, por otra parte, es internacional. La perspectiva de la devaluación está presente, sea por una nueva crisis financiera internacional o porque el gobierno se vea forzado a adoptarla frente a una crisis provocada por la recesión. Un segundo factor es el empeño de las masas por hallar una salida a través de la lucha, lo que explica que la burguesía defienda la política del gobierno, de llamar en su auxilio a la burocracia obrera y de izquierda. Por eso, la evolución y el éxito de la lucha de las masas, por sus reivindicaciones, dependerá de la delimitación política que se produzca en relación al carácter de este gobierno y sus aliados. La existencia de un partido obrero, su desarrollo y su intervención orientadora en las luchas, es un factor decisivo en esa evolución, al subrayar el carácter de la nueva etapa y los flancos débiles de la política que intenta aplicar el gobierno. Una variante de desarrollo de la situación es que prevalezca la tendencia a estructurar las luchas en torno a un programa y al desarrollo de organizaciones propias, lo que puede significar una franca evolución para la vanguardia y el partido. Otra variante probable es que el detonante lo constituyan las organizaciones tradicionales, bajo determinadas condiciones de presión de la burguesía y de las masas, como en la crisis del 96 y la caída de Cavallo. Las dos variantes tienen en común la crisis de conjunto y la necesidad de un partido desarrollado, en especial en las grandes fábricas y también en los sindicatos. Las alternativas políticas a una crisis del nuevo gobierno son, por un lado, una alianza con los gobernadores peronistas, los servicios y el clero. Por otro, una integración al gobierno de sectores directos de la burocracia sindical de centroizquierda. La tendencia de las centrales obreras (CGT, MTA, CTA) es ir cada vez más lejos en la integración política imperialista con el régimen, acentuando la brecha con los trabajadores. En caso de un viraje de la situación política, producido por las masas, pueden intentar presiones limitadas, que abrirán un campo más amplio de acción cuyo aprovechamiento dependerá de la calidad de intervención y la implantación previa del partido. La ofensiva del gobierno plantea consignas de carácter general, dirigidas a movilizar a las masas organizadas y no organizadas. Partiendo dé los niveles más elementales: 600 pesos de salario mínimo legal para todos, paritarias por rama de actividad, con paritarios elegidos en asamblea, prohibición de despidos, reincorporación compulsiva de todos los desocupados, reparto de las horas de trabajo sin / afectar el salario. Plan de lucha, huelga general. Contra las falsas salidas "nacionales" patronales, oponemos un programa común de reclamos y un plan económico y social de la clase obrera. De conjunto planteamos que la crisis “la paguen ellos” enarbolando el conjunto de consignas que exigen una reorganización completa de la sociedad y en consecuencia un gobierno obrero y de los trabajadores. La perspectiva de la crisis plantea la cuestión elemental de la unificación de la clase obrera para la lucha contra el régimen aliancista. En ese sentido plantearemos la cuestión del congreso de trabajadores, congreso de bases, dirigida a todas las organizaciones obreras y de las masas no organizadas. Se plantea en cada lucha como método de acción y como política de desarrollo de la lucha. El PO defiende la unidad revolucionaria de izquierda, para impulsar un plan huelguístico de la clase obrera contra el régimen aliancista y un polo clasista. Que luche por el gobierno obrero, entendido como la dictadura del proletariado contra el capital y por un verdadero partido obrero. La participación en las elecciones deberá dar expresión a esta política y servir para desarrollarla. El período signado por la bancarrota capitalista, por la incapacidad del régimen para ofrecer la mínima solución a los problemas de las masas, por el agotamiento del peronismo y la gestación de una vanguardia obrera, plantea la construcción de un partido obrero revolucionario como única salida a los explotados. En el acercamiento al PO de compañeros que representan una nueva generación obrera revolucionaria está presente el agotamiento de la experiencia con las burocracias “alternativas” y el acierto de haber planteado un programa de salida obrera a la crisis capitalista en términos de conjunto, concentrado en el reclamo del reparto de las horas. (*) Informe político al XI Congreso del Partido Obrero. Comisión redactora, en base a la discusión realizada en la reunión de Comité Nacional del 5 de enero de 2000: Sergio Villamil, Juan Ferro y Christian Rath. Redacción final: Christian Rath.

1 de marzo de 2000
Las grandes consecuencias políticas de la movilización obrera de la CGT

La movilización de la CGT del pasado 24 de febrero demostró que es posible estructurar, desde la clase obrera, una oposición popular al nuevo gobierno fondomonetarista. Lo único que está en cuestión es que la dirección sindical que convocó a la marcha tenga la capacidad para desarrollar este objetivo y hacerlo de un modo consecuente. Una nueva etapa La concentración tuvo lugar en medio de la fractura de la dirección oficial de la CGT y del abierto divisionismo de la dirección de la CTA. Que en estas condiciones irrumpan en las calles más de 30.000 trabajadores da cuenta del impulso de lucha que anida en el pueblo y de la crisis de los círculos dominantes para controlar la marcha de los acontecimientos. La división de la burocracia de la CGT, en lugar de debilitar, sirvió para darle más impulso a la movilización. Se reunió una multitud para repudiar el acuerdo de los Daer con el gobierno y manifestar de este modo el repudio anticipado a cualquier burocracia sindical que haga lo mismo. Esto, por sí solo, prueba la agonía mortal en que se encuentra la burocracia sindical. Por las razones apuntadas, se puede decir que la movilización del 24 inauguró una nueva etapa política. El gobierno aliancista del impuestazo fue puesto a la defensiva. Una prueba de esto es la división que se ha producido en el bloque parlamentario del oficialismo. Otra prueba es la crisis que enfrentó la orden de Ruckauf para que los diputados peronistas votaran en bloque la reforma laboral. Otra manifestación importante del retroceso estratégico del gobierno ha sido la completa impotencia del Frepaso para actuar como factor de contención de la movilización popular. Fue incapaz de disuadir a su aliado político, el MTA, para que desista de propiciar la movilización del 24, mientras que su otro aliado, la dirección De Gennaro-Maffei, de la CTA, seguidora del clerical Llach, fracasó miserablemente en el propósito de debilitarla, llamando a otra concentración completamente ficticia. Frepaso y CTA, un cero a la izquierda La aprobación por la legislatura frepasista de la provincia de Buenos Aires del paquete represivo de Rico y la Bonaerense, constituye la señal de la cuenta regresiva para el experimento político ‘progre’ del Chacho Alvarez. Lo mismo vale para el papel del frepasista Flamarique en la reforma laboral y para la decisión del gabinete de promover el ascenso de los militares comprometidos en los crímenes de la dictadura. Las posibilidades políticas de la pequeña burguesía 'progre'se han agotado en un abrir y cerrar de ojos; le han alcanzado poco más de dos meses para consumir un capital político que les llevó varios años acumular. Esto facilita la radicalización política de la juventud que se encandiló con el artificio verbal de la pseudo-intelectualidad o con los macaneos de la izquierda que órbita en torno a la burocracia de la CTA. Esta segunda crisis del gobierno aliancista en menos de 90 días, luego de la represión y las muertes en Corrientes, desnuda la espantosa rapidez del fracaso de su tentativa de superar la recesión económica medíante el acuerdo con el FMI. El impuestazo, la reforma laboral, la emisión de nueva deuda pública para pagar la que vence, han acentuado la crisis y la desesperación de las grandes masas; la continua emigración de empresas a Brasil representa los últimos clavos en el cajón de la política fondomonetarista. La última tapa de la revista Noticias, acusando al gobierno delarruista de inmovilismo, refleja el descontento de las grandes patronales con la marcha general de los acontecimientos y constituye un llamado a profundizar la crisis de la política en curso para provocar un viraje de política y un realineamiento de fuerzas. Sólo tuvieron que pasar 48 horas desde la última edición de esta revista para que Cavallo y Beliz anunciaran un frente para las elecciones de la Capital. Podemos derrotar la reforma laboral Este cuadro político de: 1. incipiente crisis política a poco tiempo de una renovación de gobierno; 2. manifestaciones de insatisfacción de la gran patronal; 3. tendencia a la movilización popular que es además protagonizada por la clase obrera; 4. un gobierno a la defensiva; y 5. acentuación de la impasse económica y de la penuria popular—este cuadro de situación, favorece la acción de los trabajadores y debe ser aprovechado para hacer avanzar sus reivindicaciones. A mediano y largo plazo debe apuntar al desarrollo de una oposición popular bajo el liderazgo político organizado y autónomo de la clase obrera. ¡Pero todo esto significa que es posible derrotar la reforma laboral, es decir hacerla naufragar, impedir su aprobación y forzar a que sea retirada del Congreso! Sólo se necesita profundizar la movilización popular, desarrollar la conciencia de la posibilidad de una victoria. Es necesario llamar a una nueva concentración, frente al Congreso, con el expreso objetivo de impedir su sanción por el Senado e imponer que sea archivada. Nada de esto fue planteado por Moyano en la Plaza, a pesar de que declaró que la convocatoria iniciaba una etapa de lucha. Quedaron al desnudo de este modo las limitaciones insalvables de la dirección que convocó al acto y que defendió esta convocatoria en la crisis interna de la burocracia cegetista. Limitaciones de la burocracia convocante Esas limitaciones son de dos tipos. De un lado, la dirección del MTA se ha condicionado a sí misma a un frente con los Miguel, Rodríguez y Martínez, que no están en absoluto interesados en desarrollar una oposición popular al gobierno fondomonetarista, sino en resolver sus problemas inmediatos de caja (deudas de obras sociales) y los problemas de caja de las patronales a las que sirven (subsidios). Moyano y Palacios quieren que este frente les sirva para llegar a la secretaría general de la CGT, algo que identifican con la recuperación de la CGT, o sea de que vuelva a ser un canal reivindicativo. El problema es que una real recuperación de la CGT no puede ocurrir por medio de concesiones políticas que permitan que el gobierno consiga una victoria más contra las masas imponiendo la reforma laboral. Llamamos a Moyano y al MTA a que aprovechen el liderazgo político que han conquistado en las últimas semanas para convocar a una concentración de masas de inmediato para impedir la aprobación de la reforma laboral. El frente nacional es un callejón sin salida La segunda limitación de la dirección que impulsó la movilización del 24 es que concibe el desarrollo de una alternativa popular al fondomonetarismo en términos de un frente nacional, o sea en alianza con la gran patronal nativa (la cual en todos sus estamentos está fuertemente ligada al más fuerte capital extranjero). La reactivación económica que reclama con alcance estratégico esta dirección, es planteada con métodos capitalistas -por ejemplo, devaluación de la moneda, reducción de las tasas de interés, protección aduanera, subsidios fiscales y otras medidas similares. Los defensores de esta política sostienen que cualquier perjuicio que estos métodos capitalistas pudieran ocasionar a las masas (inflación, desvalorización de los salarios), estaría ampliamente compensado por la mayor ocupación que resultaría de la reactivación productiva. El mayor empleo reforzaría la capacidad defensiva de la clase obrera, reforzaría a los sindicatos y daría con esto una salida a la situación desesperante del pueblo. Pero, ¿quién dijo que los métodos capitalistas aseguran una reactivación económica o que ésta asegura un reforzamiento social de los trabajadores? La debilidad de la gran patronal nativa frente a los pulpos extranjeros y su descomunal subordinación al capital financiero internacional cuestionan e incluso inviabilizan cualquier medida de reactivación que afecte a aquellos intereses. El ejemplo más claro de esto es la reciente experiencia ecuatoriana, donde la devaluación llevó… al quiebre de la moneda nacional y… a la dolarización. Lo mismo vale para un país más fuerte, Brasil, cuya devaluación benefició por sobre todo a los que especularon contra la moneda nacional, el real; y aunque también sirvió a algunos grupos exportadores, no logró bajar las descomunales tasas de interés que cobran los bancos, no impidió la continua extranjerización de la banca y no mejoró para nada, sino que empeoró, la situación de los trabajadores. Los nacionales con la reforma laboral Una política de reactivación con métodos capitalistas, en Argentina, acabará también en el caos, servirá para enriquecer a los especuladores y no dará ninguna salida a las masas. La devaluación es un ‘lujo’ que todavía podrían darse los capitalistas de Estados Unidos, de Japón o de los países más fuertes de Europa. Los explotadores nativos, que durante más de veinte años han venido apoyando políticas antinacionales, no tienen la consistencia, ni la capacidad, para defender una política nacional, ni es ya tampoco su función histórica. Someterse a su dirección política, o sea a su programa, es sacar pasaje para una nueva gran derrota. ¡Pero, ahora mismo, esos explotadores nacionales no quieren saber nada de una nueva movilización popular que sirva para enterrar la reforma laboral! Esos explotadores nacionales quieren una reforma laboral incluso peor que la que se tramita en el Congreso. La política del Frente Nacional constituye, hoy por hoy, un obstáculo para j la victoria del pueblo trabajador. Reclamamos entonces una nueva movilización popular para enterrar la reforma laboral, denunciando que no se recuperará la CGT para los trabajadores con una política de acomodamiento a los Miguel y José Rodríguez, y que no se logrará la reactivación económica en beneficio de la clase obrera, con una estrategia adaptada a los intereses de la gran patronal nativa. El ‘nacional' Cavallo está con De la Rúa La lectura del último número de Noticias permite descubrir que la carta de las patronales que reclaman la reactivación económica en beneficio de ellas mismas no es el programa de la CGT o del MTA sino el de… Cavallo. Porque es Cavallo el que les dice que la mentada reactivación necesita que los aportes patronales a las Cajas de seguridad social se reduzcan a cero; que se reduzcan o eliminen los impuestos que gravan a las patronales; que el tipo de cambio debe dejar de ser fijo para pasar a ser fluctuante; que hay que abrir áreas e inversión privatizando la salud y la educación; que la reforma laboral debe abolir cualquier tipo de convenio colectivo para pasar al contrato individual como ocurre en Nueva Zelanda y como se pretende imponer en Australia; o que hay que establecer un fuero especial del poder judicial para rematar en forma sumaria las garantías ofrecidas por los consumidores que no puedan pagar sus créditos bancarios. Pero el propio Cavallo ha debido reconocer que la voz de mando la tiene el FMI, que apoya al gobierno, y por eso él mismo ha apoyado el acuerdo con el Fondo, con su secuela de ajuste, impuestazos y recesión. A Cavallo los capitalistas no le permiten que enfrente a De la Rúa, le exigen que lo apoye, como lo hacen De la Sota, Ruckauf y Reutemann. El frente patronal cruje, pero todavía no ha venido desde el Norte la orden de romperlo. Una política obrera de conjunto Importa muchísimo que los activistas obreros o sindicales, o los luchadores en general, hagan una reflexión sobre el conjunto de la nueva situación política. Es que la fractura de la burocracia de la CGT y el dislocamiento de la política de apoyo de la burocracia de la CTA al gobierno de la Alianza, así como facilitaron la realización de la gran movilización del 24 pasado, también abren una oportunidad para revitalizar a los sindicatos y recuperarlos para una política obrera. La burocracia sindical no ha ganado autoridad, sino que la ha perdido, como consecuencia de la crisis y de la movilización. Esto no solamente vale para los Daer, Cavalieri y West Ocampo; vale especialmente para los menemistas Rodríguez, Miguel, Gerardo Martínez, etc., que hoy se presentan a contramano de la política que apoyaron durante más de una década. Los últimos acontecimientos los ponen ante sus afiliados y obreros en general como unos fracasados. No solamente han tenido que cambiar la posición política que tenían con Menem sino que tampoco serán capaces de mantenerse en esta nueva posición: ya mismo están frenando una nueva movilización y ya mismo están negociando con el gobierno ese nuevo cambio de posición. Un apoyo al frente con los Rodríguez y los Miguel bloquea la posibilidad de aprovechar esta oportunidad. Lo que sí permitirá aprovecharla es armar un gran movimiento de agitación para desarrollar el interés despertado por la nueva situación entre la masa de los trabajadores, y a través de esto armar la alternativa de una nueva dirección. La inquietud por la discusión de convenios de trabajo podemos aprovecharla para reclamar que se efectivice a todos los compañeros contratados, pues de qué otro modo podrían estos compañeros participar en cualquier negociación colectiva. Por esto mismo, es la oportunidad para reivindicar que se aumenten los salarios y que el mínimo o básico no pueda ser inferior a los 600 pesos. Estas reivindicaciones deben servir para obligar a la deliberación de las comisiones internas, en especial en las grandes empresas, y en las regionales de la CGT, que están convocadas para los próximos dias. Para poder desarrollar esta política y para darnos todos los medios necesarios para que llegue a la mayor cantidad de compañeros, es necesario organizamos, organizar a la vanguardia que se pone al frente, en un polo clasista. Esta política servirá enormemente para arrancar asambleas de fábrica y sindicales y la convocatoria de congresos de delegados con mandatos de la base. Un polo clasista y una estrategia política De la Rúa pudo haber subido al gobierno hace sólo 90 días, pero su política tiene más de una decena de años de vigencia. No ha tenido mucho tiempo para actuar como victimario de los trabajadores, pero ese poco tiempo lo ha usado a fondo, incluida la represión que se cobró la vida de cuatro compañeros correntinos. Aunque joven por el tiempo que lleva en la Rosada, por su política es re-viejo, incluso está agotado. El ritmo de desarrollo de la crisis en marcha dependerá de algunos factores básicos, como la evolución de la crisis económica internacional, la fuerza de su impacto regional y, por sobre todo, la lucidez con que actúen la vanguardia de los obreros y el conjunto de los trabajadores. Pero su base y su dirección están establecidas. Su único desenlace positivo será que la clase obrera asuma la dirección política del país.

1 de marzo de 2000
Educación: El modelo yanqui de Llach

El nombramiento de Juan Llach al frente del ministerio de Educación, recibió i inicialmente la reprobación de Ctera, la CTA y de todo el arco ‘progre’ e izquierdista i que fue al pie del Frepaso y de la Alianza. Hombre de la Fundación Mediterránea y de la Iglesia, cavallista, su presencia fue ¡ una señal inequívoca de la introducción en el ámbito educativo de la llamada “visión ! mercantilista" -que no es más que la delicada denominación que le da el sector ; ‘crítico’ de la propia Alianza a la tendencia abiertamente privatizadora en la j educación. Sin embargo, este nombramiento no impidió que la dirección de Ctera levantara la Carpa Blanca. Pero aun no se habían apagado las exclamaciones del júbilo de Maffei saludando que este gobierno era 'diferente' y ‘cumplía con sus promesas’, cuando el susodicho anunció una andanada de medidas: 1) Un nuevo régimen de evaluación, por el cual el salario docente quedará vinculado a un supuesto rendimiento. 2) Los estudiantes de las carreras terciarias y universitarias serán evaluados antes de recibirse -un filtro’ largamente acariciado por las gestiones anteriores. 3) El dictado de una feyde solidaridad intergeneracional que gravará impositivamente a los graduados de la Universidad (es decir, una suerte de arancelamiento de pago : diferido). El modelo de Llach: Educación Estas medidas, ya estaban claramente expuestas en el libro Educación para todos (1), cuya aparición se produjo en los umbrales de la asunción del gobierno aliancista. El núcleo de la propuesta apunta a “un nuevo contrato educativo y la transferencia del poder desde las tecnocracias a las escuelas autónomas de la comunidad". Se procedería “a la recontratación generalizada del sistema educativo estatal, provincia por provincia, escuela por escuela, colegio por colegio. Para ello llamarían a nuevos concursos a todos los cargos de directores y vicedirectores de escuelas y colegios y posteriormente los de profesores y maestros, con mejoras salariales ligadas a resultados y un nuevo convenio laboral”. La reforma incluiría “una autonomía mucho mayor para las escuelas tanto en la gestión de sus recursos como en sus prácticas pedagógicas. El director pasaría a ser “una figura mucho más importante que en la actualidad. A él se le daría el poder para manejar todo el presupuesto de las escuelas y, después de la primera vuelta de concursos, también para aprobar o no los contratos con los docentes; ya en la primera vuelta de nuevos concursos de maestros y profesores, el director debería poder elegir entre una terna de maestros y profesores según el caso”. Una parte de la remuneración de los directores “estaría vinculada también a los resultados. Estos serían al principio, los aumentos en los puntajes de las pruebas de calidad, en el número de alumnos y en su condición de regulares”. El presupuesto de los colegios y escuelas “se fijaría en función de una cápita deseada por alumno. Tales cápitas tendrían un componente fijo y un componente variable. Este último será el adicional de la remuneración del director , el vicedirector y los docentes en función de los resultados”. Este sistema guarda grandes analogías con el sistema de “escuelas chárter”, que existe en otras partes del mundo, en particular en EEUU. En este sistema el Estado otorga a los particulares la concesión de una escuela y un subsidio para su sostenimiento. Dichas escuelas, en el caso especifico de la propuesta que analizamos, se “mantendrían en la órbita del sector público, aunque se daría también “libertad para los colegios recontratados, pero al principio sólo ellos, para conseguir todo tipo de recursos y financiamiento. En otras palabras, se abre las puertas a los aranceles, la venta de servicios a empresas, que, a su vez, pasarían a ser una suerte de “padrinos” o “auspiciantes” del establecimiento. Este sistema “chárter” o “escuelas autónomas de la comunidad”, como le gusta al autor, debería extenderse a los “institutos de formación docente, haciéndose cargo el Estado de subsidiar con un monto por alumno a todos los institutos de formación docente, haciéndose cargo el Estado de subsidiar con un monto por alumno a todos los institutos de formación docente que se presenten, ajustado a lo que establezca un marco regulatorio. Más aún, los gobiernos provinciales podrían hacer un llamado a licitación para la constitución de ese tipo de escuelas en aquellas regiones o distritos donde fueran más necesarias”. La reestructuración de la “oferta educativa” que describimos, debería ser complementada con la reorganización de las “demanda educativa”, apuntando a la “libre elección” de la escuela por parte de los padres o hijos. La plata “seguiría al alumno en el sector público y privado”. Se trata del llamado sistema “voucher” (Comprobante o ticket en inglés), que otorga al alumno un subsidio que se aplicaría libremente para cursar una escuela dentro de la órbita estatal o privada. Huelga señalar que en este esquema desaparece prácticamente la distinción entre escuela estatal y privada, por lo menos en lo que se refiere a financiamiento. Si bien Llach aclara que esto quedaría reservado para una última etapa, luego de alcanzar una satisfactoria cobertura de la oferta en todas las regiones, y en especial, las más carentes, un primer paso podría “eliminar, aunque sea gradualmente, el criterio de proximidad geográfica para racionar la aceptación de los postulantes a cada escuela o colegio estatal” y si hiciera falta “subsidiarse el transporte para posibilitar que todas las chicas y jóvenes asistan al instituto estatal de su elección”. El modelo de Llach: docentes Un requisito sine que non para el autor es “reescribir el contrato con los docentes”. Sería imprescindible, dice, “diseñar un nuevo contrato docente, con mejores remuneraciones a cambio de un sistema de incentivos basados en el presentismo y en los resultados, que reemplace el vetusto sistema actual basado en la antigüedad -en verdad en el paso del tiempo- y en la capacitación meramente formal". Los resultados que se reclamarían en los nuevos contratos serían de tres tipos: 1) “Los correspondientes a la escuela o colegio, que serían los mismos que el contrato con el director, es decir, los aumentos en los puntajes de la prueba de calidad, el número de alumnos y su condición de regulares. Estos resultados serían evaluados por los Ministerios de Educación". 2) “Los resultados individuales de cada docente, cuya evaluación estaría a cargo del director, eventualmente con la no-objeción de las asociaciones de padres y con instancia de apelación". 3) “Pruebas de calidad periódica análogas a las que se toman a los estudiantes". Esta propuesta, según Llach y sus colaboradores, sería una salida a la actual decadencia de la educación. Un régimen de mercado mejoraría la calidad educativa. “En casi todo el mundo hay una insatisfacción con los resultados del sistema educativo, y son muchos los países que han emprendido reformas organizativas y de financiamiento". La competencia forzaría a cada unidad, librada a su propia iniciativa, a esmerarse y perfeccionar el nivel del servicio y la jerarquía de sus prestaciones. Es en los Estados Unidos, precisamente, donde ha ido más lejos la experiencia de las ‘escuelas concesionadas’ desde 1988, en 16 estados se han aprobado leyes de libre elección de escuelas, que autorizan a estudiantes a asistir a escuelas situadas fuera de los límites geográficos de sus distritos escolares, sin pagar arancel. Seis años después de abrir la primera escuela habilitada, hay escuelas públicas independientes que educan a más de 165.000 estudiantes de 23 estados y en el distrito de Columbia". Pero distintos trabajos de investigación han arribado a la conclusión de que “la mayoría de las escuelas habilitadas tienen los mismos problemas qué la escuela pública cuando no peores” (el diferenciado es nuestro). Las escuelas con licencia estatal “ofrecen una salida a los marginados de la educación pública: les prometen un camino más rápido y fácil para la obtención del certificado. El nivel académico suele ser bajo. Dichas escuelas “padecen todo tipo de irregularidades, instalaciones deficientes, personal escaso, falta de buenos programas de estudio” (2). Ni hablar de que son pasto de cultivo para prácticas inescrupulosas y abusivas, como ofrecer ‘bonificaciones’ con tal de atraer al alumnado o inflar la matrícula para recibir un subsidio mayor. Esto no debe extrañar pues en una ‘educación de mercado’, lo que prima es el negocio. El director no interesa por su capacidad pedagógica sino en primer lugar la administrativa. Por más que Llach, advirtiendo esa posibilidad, pretenda desdoblar las funciones, adjudicándole el ‘management’ a los subdirectores, eso no puede impedir que la actividad educativa del establecimiento quede sometida a los imperativos (y avatares) de su desenvolvimiento comercial. La prioridad son los resultados económicos, y de lo que se trata es de proporcionar el servicio con la menor cantidad de recursos. Al igual que en cualquier otra esfera de la actividad económica, eso significa reducir los costos: mayor número de alumnos a cargo de un docente; reducción del plantel y aumento, como contrapartida, de horas de trabajo; responsabilidades y funciones del personal que permanece en el establecimiento; ahorro en materiales y en infraestructura. La ‘eficiencia’ consiste en maximizar, no la excelencia académica, sino la ganancia. La “autonomía" y la “descentralización” son una pantalla para justificar que el Estado nacional abandone la responsabilidad política de la educación. Lejos de avanzar hacia un régimen más equitativo, se profundiza la divergencia entre provincias ricas y pobres y lo mismo entre barrios ricos y pobres. A treinta años de que se operó el traspaso de los establecimientos primarios y a casi siete años de la provincialización menemista de los secundarios, el resultado es elocuente. “Aunque esta cuestión no ha sido estudiada de manera sistemática, las evidencias a primera mano disponibles para el caso de la Argentina son tan poco alentadoras como las encontradas sobre los niveles de ingresos de los países. Hay dos evidencias al respecto. Una es que si bien los años promedio de escolaridad han aumentado sostenidamente, su dispersión en el Gran Buenos Aires aumenta entre 1974 y 1998, acelerándose desde 1990. La dispersión también aumentó, aunque menos marcadamente, en Córdoba, Mendoza, Rosario y Tucumán entre 1990 y 1998. Por otro lado, aunque el promedio de años de escolaridad subió en todas las provincias y la dispersión disminuyó, aumentaron las distancias entre todas las provincias y la ciudad de Buenos Aires", dicen Llach y compañía en el libro. Quien ha ido más lejos todavía en esa dirección es Chile, que municipalizó la educación. El resultado es que a pesar de que la subvención por alumno, que administra la comuna, varía de región en región “se generan desigualdades entre los estudiantes de diferentes municipios (…) El nuevo esquema adiciona a la subvención fiscal el aporte financiero que los padres pueden realizar para colaborar con la educación de sus hijos. Para la municipal de nivel medio, el financiamiento está sujeto a la aprobación de los padres. En cambio, las primarias municipales están excluidas de esta modalidad". En síntesis, la estación terminal son los aranceles. No hay que olvidar, tampoco, que dichas escuelas pueden recibir donaciones y celebrar contratos con organizaciones civiles o privadas, las cuales a partir de esa operatoria pasan a transformarse en los verdaderos patrones y a tener un peso definitorio en la toma de decisiones. De esta forma, queda cerrado el circuito de la privatización. Contra lo que sostiene Llach, no hay convivencia armónica ni complementación entre escuelas estatales y privadas. Los privados sólo pueden prosperar sobre la base del deterioro de la educación pública y gratuita. El suministro por parte del Estado de una educación gratuita y de calidad ha sido una barrera contra el desembarco privado. En donde la escuela estatal es realmente apoyada, por ejemplo en Suecia, ha naufragado la escuela privada y en la actualidad apenas alcanza al 1 por ciento de la matrícula. Es una falacia que exista ‘libertad para elegir' la escuela y la educación, como tampoco la tiene el usuario o el consumidor en el mercado en general, pues son cautivos de los monopolios y de las posibilidades que le da su nivel de ingreso. Las familias no tendrán más remedio que ajustarse a la oferta educacional que tengan en sus barrios y distritos aledaños, una oferta que difiere según el nivel económico y social de sus residentes. Aun en el marco de la educación gratuita sarmientina’, existe una marcada diferenciación de clase, que se expresa en los profundos desniveles en la calidad del servicio según la ubicación y localización del establecimiento. La escuela no se ha limitado a ‘reproducir las desigualdades sociales reinantes en la sociedad sino que ha contribuido a profundizarlas. A nadie se le puede ocurrir que esta situación se revierta con un voucher’. En realidad, la libertad de elección es una pantalla para otorgar libertad' de acción pero… a particulares y empresas privadas capitalistas o corporaciones religiosas y facilitarles su incursión y desarrollo en el ámbito educativo. Más aún, los subsidios a través de los ‘vouchers’ representan quizás el único medio a partir del cual dichas fuerzas podrían desembarcar en barrios pobres y carenciados, algo que tenían vedado hasta el presente. Esto es lo que ocurrió en Estados Unidos, donde la mayoría de los anotados en este sistema ‘voucher’ optó por escuelas privadas y, entre ellas, las confesionales. Al mismo tiempo, estos subsidios servirían para atraer a dichos establecimientos reaccionarios a ciertas capas de la población más acomodada, que no puede seguir sosteniendo la asistencia de sus hijos a escuelas pagas. Financiamiento Llach plantea la necesidad de aumentar los recursos. “Un salto cualitativo en el nivel educativo, en la equidad social y en el crecimiento requiere en cambio aumentar los recursos asignados a educación por encima de la tendencia pasiva de esperarlo todo del crecimiento del ingreso por habitante”. En su libro reconoce la brecha que separa a la Argentina de los países industrializados. La Argentina dedica apenas 2,9 por ciento de su PBI, por debajo inclusive de otras naciones latinoamericanas como Brasil. El desnivel es mayor cuando se mide el gasto por alumno, que representa un 30 ó 40 por ciento del de las metrópolis. Llach, sin embargo, no propone ningún aumento o redistribución de partidas del presupuesto nacional. Educación seguiría recibiendo el mismo porcentaje. La salida consistiría en la reforma del sistema de coparticipación federal y la racionalización del gasto. “Habría que establecer -según el autor- un nuevo régimen de distribución de recursos, según el siguiente criterio. Una tercera parte, según el gasto real de cada jurisdicción. Otro tercio, en proporción inversa entre el gasto social real y el deseado. El último tercio y el más importante sería el incentivo del buen desempeño de cada provincia, a otorgarse según el desarrollo humano del período anterior. La importancia de este criterio es doble: premia la eficacia y la eficiencia y hace que los porcentajes a distribuir sean determinados a priori. Esto ayudaría a doblegar las resistencias políticas a la reforma, porque ningún gobernador, senador o diputado puede volver a su provincia y decir que no pudo evitarle una pérdida”. En otras palabras, se le quita a las provincias todo tipo de autonomía. Pero aun así, la adjudicación de recursos quedaría condicionada a los ‘ahorros’ que hicieran las provincias mediante una "racionalización del gasto educativo”. Según Llach habría un 17 por ciento de gasto excesivo de carácter burocrático que "no llega a las aulas" y que habría que reasignar "hacia mejoras de los salarios docentes, más insumos escolares y más equipamiento”. Aun si diéramos crédito a la denuncia del ministro, Llach no propone reconvertir ese personal ocioso y destinarlo a una tarea productiva, sino echarlo, lo cual no se compadece con la enorme cantidad de demandas insatisfechas que existen en las provincias. Tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, haría falta aumentar el número de docentes y no sobrecargar al plantel en actividad. Privatización La artillería que prepara Llach no está al servicio de “mejorar la calidad educativa", ni de "una educación para todos”, sino que encubre la tentativa de promover un salto inédito en la privatización de la educación, para transformarla en una fuente de lucro. Dicha tendencia es mundial y responde al creciente interés del capital por incursionar en nuevas esferas de la actividad social y económica, hasta ahora vírgenes o poco explotadas, con la mira puesta en compensar la caída que vienen experimentando internacionalmente las ganancias empresariales. Hay una gran variedad de nuevas compañías que han lanzado sus propias ofertas (educativas). Milton Friedman tenía razón cuando denominó a la privatización de las escuelas “el próximo gran producto del mercado libre’’ (3). Eso es lo que explica que la promoción de las reformas educativas haya sido asumida como propia por los principales órganos financieros internacionales del imperialismo, empezando por el Banco Mundial, que viene monitoreando su implementación en las diferentes naciones. Si se examina el reciente documento elaborado por este organismo, "Desafíos para la nueva etapa de reforma educativa defunción en la Argentina", es fácil darse cuenta que, hasta en los detalles, la propuesta de Llach es una vulgar copia de las recomendaciones y planteamientos del Banco Mundial. Educación para todos delata al hombre por lo que es: una vulgar correa de transmisión ddel gran capital. Tal para cual Llach no ha desvirtuado los principios de la Alianza. No se trata de un cuerpo extraño dentro del gabinete aliancista, un ministro "contra natura", encaramado accidentalmente por esos juegos e ironías de la historia, que iría a contramano de los planteamientos y programa que enarbola el centroizquierda. El propio Chacho Alvarez ha hecho punta en la cruzada para liquidar el Estatuto del Docente y reemplazarlo por el salario por mérito, condicionado a un supuesto rendimiento que no es más que una forma elegante de consagrar el salario a destajo y la precarización. La política de la Alianza, Frepaso, Ctera y Cta coincide estratégicamente con Llach. La aceptación de la Ley de Incentivo – que plantea la revisión del régimen laboral docente- significa la derogación del estatuto y la introducción de la flexibilidad laboral. Los dirigentes de Ctera vienen de aceptar la Ley de Empleo Público que habilita al despido de estatales en función de su supuesto nivel de rendimiento. La provincialización de la enseñanza y la transferencia de escuelas significa aceptar el abandono del financiamiento por parte del Estado nacional. La aceptación de la nueva estructura curricular (que liquida el secundario para reemplazarlo por una extensión de la educación general básica y los polimodal) significa aceptar el limitacionismo y la descalificación contra los estudiantes, propia de una educación devaluada. La aceptación de la ley de Educación Superior, cuya ejecución está en privado y la posibilidad de arancelización que aquélla habilita. He aquí el frondoso prontuario que cargan sobre sus espaldas. Todos estos planteos que vienen enarbolando en común, los que hoy se quejan y también aquéllos que han respaldado entusiastamente los anuncios gubernamentales, encajan a la perfección con el programa que promueve el flamante ministro. Se está frente a un camino con final anunciado, un camino que los mismos que hoy ponen el grito en el cielo han ayudado a construir y que es el que ha conducido a consagrar a este conspicuo cavallista y mediterráneo al frente de la cartera de educación. La delimitación con respecto a Llach y la política aliancista, de neto corte privatizante, clerical y antiobrera, ha pasado a revestir un carácter estratégico. Plantea una divisoria de aguas y establece quién está colocado en el campl de los trabajadores y quién está de la vereda de enfrente. Esa delimitación es decisiva para hacer frente a la ofensiva que el gobierno esta poniendo en marcha y más decisiva para llevar la lucha que tenemos por delante los trabajadores a la victoria.

1 de marzo de 2000
El PT y la izquierda, año 2000

El Partido de los Trabajadores (PT) del Brasil surgió en 1980, en una situación que combinó la crisis de la "apertura política" del régimen militar, la irrupción del movimiento obrero (en especial las huelgas del ABC paulista) después de 15 años de retroceso, y la búsqueda de una expresión política independiente de la clase obrera por parte de centenares de activistas. Luego de una primera participación electoral en 1982, en la que obtuvo poca más de 11% de los votos en San Pablo (y porcentajes mucho menores en los otros estados en que se presentó), tuvo un crecimiento electoral espectacular en la década del 80, al punto de ser uno de los primeros en la presudencial de 1989, superando a las principales formaciones burguesas (PMDB, PDS -ex ARENA-, PDT y PSDB), siendo sólo superado en el segundo turno por un aventurero político (Fernando Collor de Mello) en quien la burguesía había puesto sus fichas para evitar la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, obrero metalúrgico y líder del PT. Durante esa década, Brasil experimentó una fuerte radicalización política que, en el movimiento sindical, barrió a los pelegos (burócratas vinculados al régimen militar) en la mayoría de los sindicatos importantes, hizo surgir la CUT (Central Unida de Trabajadores) y, en el campo, vio surgir luchas de masas por la tierra (Brasi ostenta los más altos índices mundiales de concentración agraria) y al MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra). En el PT, esa radicalización se verificó en la adopción de una perspectiva genéricamente "socialista" (el primer programa, de 1980, no superaba el horizonte democratizante) que, acompañada del liderazgo de Lula, significaba para las masas el poder (gobierno) de los trabajadores. Esa radicalización, que tuvo su punto culminante en los actos de masas de la campaña presidencial de 1989, se produjo en el cuadro de serias limitaciones políticas que ilustraban la relativa inmadurez política de la vanguardia obrera y la acción de restos de la vieja izquierda stalinista, en proceso de descomposición. El PCB (re-legalizado en 1986) ya se encontraba en la crisis profunda que lo llevaría a su desaparición política, crisis proveniente de su completo fracaso frente al golpe militar de 1964, de las escisiones sistemáticas sufridas desde entonces (la mayoría foquistas) y de la propia descomposicíon mundial del stalinismo. El surgimiento del PT fue en verdad el acta de defunción anticipada del PCB, cuyo tronco principal se recicló, después del fin de la URSS, como PPS, un partido abiertamente burgués. Diversos sectores oriundos del viejo stalinismo, abrigados en las más diversas siglas, ingresaron al PT, luego de haberlo combatido en la época de su surgimiento, cuando sólo los trotskistas y el ex MEP (actual “Fuerza Socialista", corriente del PT) apoyaron el llamado de Lula y otros sindicalistas por el PT. Vulgarmente se afirma que el PT fue producto de la convergencia de “sindicalistas, grupos de izquierda, cristianos, campesinos, intelectuales”, etc., como si todos hubiesen entrado simultáneamente y en pie de igualdad, lo que es una completa tergiversación. El ingreso desordenado de la izquierda al PT se dio en el cuadro de una lucha política que determinó nuevas alianzas hasta concluir en la actual composición, programa y tendencias internas del PT. La perspectiva socialista fue subordinada a la adopción de un programa frentepopu-lista (“democrático y popular) y a la realización de las alianzas políticas correspondientes, primero con formaciones semivaciadas, y después abiertamente con partidos burgueses. El proceso mostró los límites de la radicalización política, la cual, sin embargo, provocó también la progresiva marginación de los intelectuales democratizantes que, a inicios de la década de ‘80, formularon para el PT un programa democrático y antisocialista: ese sector concluyó abandonando el PT e integrándose, a partir de 1994, al gobierno “neoliberal" de Femando Henrique Cardoso, FHC, (y a no pocos gobiernos estaduales y municipales del mismo partido). Las alianzas del PT con los “progresistas”, hechas en nombre del “realismo electoral", hicieron que se viviera como una derrota política la victoria, en 1989, de Collor de Mello, un demagogo cuyo único “mérito” fue explotar al máximo las contradicciones políticas de las alianzas del PT para el segundo tumo, en especial con el PDT de Leonel Brizóla (la famosa manipulación de los debates televisivos, en especial de la TV Globo, fue el uso de los recursos propios de la burguesía contra e¡ candidato obrero). Organizativamente, el frentepopulismo tomó la forma de la estructuración del partido cada vez más según criterios de intervención electoral, y cada vez menos de lucha de clases. La participación directa de los trabajadores organizados decreció a niveles insignificantes, mientras crecía la de caciques electorales y burócratas arribistas. El peso económico de las posiciones ocupadas en el aparato estatal (actualmente el PT participa en el gobierno de 7 estados y en más de 400 municipios, o sea, que dispone de decenas de miles de cargos asalariados en el Estado) pasó a determinar cada vez más las relaciones de fuerzas internas, a través de las afiliaciones masivas y “votos dirigidos” en los encuentros y congresos, lo que fue llevado al paroxismo en el reciente II Congreso Nacional. Todo esto materializa una adaptación e integración crecientes del PT al Estado burgués, en condiciones bastante semejantes a lo que le sucedió a la socialdemocracia europea antes de la Primera Guerra Mundial. La adaptación fue también política. Uno de sus aspectos fue la depuración" del PT de sus tendencias trotskistas, a partir de 1990, cuando Causa Operaría, primero, y Convergencia Socialista (LIT) después, fueron excluidas, constituyendo desde entonces partidos separados del PT. Decisiva fue la intervención “de vanguardia en esta depuración de otra tendencia supuestamente trotskista, la DS (Democracia Socialista, vinculada al Secretariado Unificado de la IV Internacional). A partir de 1990, el PT pasó a tener una proyección internacional organizada, con la convocatoria al encuentro latinoamericano de partidos y organizaciones de izquierda, en San Pablo, que constituyó el llamado “Foro de San Pablo”. No se trató, sin embargo, de una protointemacional obrera, porque las resoluciones del Foro (independientemente de su contenido político) nunca tuvieron sino un valor moral (sin ninguna incidencia en la actividad práctica de sus miembros). Y también porque, al lado de partidos y movimientos de lucha reales, fueron convocados grupos fantasmagóricos y formaciones burguesas (como el PRD mexicano o el PDT brasileño; inicialmente fue invitado hasta el Frepaso). Uno de esos partidos, el MBL de Bolivia, en 1993 integró el gobierno Sánchez de Losada, responsable por el decreto del Estado de Sitio, la prisión de centenas de militantes obreros y la tortura de militantes de izquierda (el PO rompió con el Foro denunciando su negativa a denunciar ese hecho y a excluir al MBL). El Foro ha sobrevivido hasta el presente como una especie de espectral Frente Popular continental, incluyendo al PC cubano, y perdiendo importancia frente a las iniciativas claramente más derechistas orquestadas por el yanqui-mexicano Jorge Castañeda (ayudado por el brasileño Roberto Mangabeira Unger, que al igual que el primero es profesor universitario en los Estados Unidos). Cada vez más vacío, es irrelevante para los movimientos de masas de América Latina: como iniciativa meramente propagandística, esta muy por debajo inclusive de los “encuentros” continentales impulsados por el EZLN de México. La derechización del PT se manifestó en el papel secundario que le cupo en las movilizaciones que culminaron con la caída del gobierno Collor. Una de sus figuras más conocidas, la ex intendente de San Pablo Luiza Erundina, llegó a ocupar un ministerio en el interinato presidencial del vice de Collor, Itamar Franco, en el mismo gobierno que cocinó la nueva alternativa política burguesa-fondomonetarista: el Plan Real y la candidatura de FHC (ocupaba el ministerio de Economía del gobierno Itamar). El PT vaciló en adoptar una actitud opositora frente a ese gobierno, separó a Erundina (peno la readmitió posteriormente, antes de su alejamiento para incorporarse al PSB). El PT fue derrotado por el PSDB (FHC), nuevamente en el segundo tumo, en las elecciones presidenciales de 1994 (aunque obteniendo un récord de votos, en términos absolutos y relativos). La derechización provocó serias crisis internas. En 1993 surgió, del interior de la tendencia dirigente del partido, (la “Articulación”, de Lula), la Articulación de Izquierda (AE), que se transformaría en el núcleo principal del ala izquierda del PT. Sin una definición programática clara, pero defendiendo el principio de un partido militante, el conjunto de las tendencias "de izquierda” llegaría a tener el 45% de los delegados en los siguientes eventos nacionales del PT, ocupando cargos importantes en la Dirección Nacional y en gobiernos estaduales y municipales (por ejemplo, la intendencia de Belém, capital de Pará, ocupada por la Fuerza Socialista). Durante el primer gobierno de FHC ('94/‘98) los principales movimientos de lucha fueron derrotados (en especial la huelga de los petroleros); se procedió a una ola de privatizaciones y despidos en masa, así como a una creciente modificación de las relaciones laborales, instaurando diversas formas de inestabilidad, flexibilización y superexplotación (“banco de horas” y otras), así como diversas modalidades de colaboracionismo clasista, en especial con la CUT (cámaras sectoriales). El principal movimiento de lucha de los años *90, el MST, desarrolló una independencia en relación al PT mucho mayor que la de los movimientos sindicales de la década del ‘80: sus dirigentes critican a la “izquierda institucionalizada”, y llegaron a evocar la posibilidad de una intervención partidaria propia. Con la alteración de las relaciones de fuerza entre las clases, no fue sorprendente que, pese a la acentuación de la miseria social (20% de desempleo en las principales capitales, caída salarial, concentración de la propiedad agraria, expulsión de millones de campesinos y asesinato de centenas de activistas y ocupantes de tierra), FHC saliera victorioso en las elecciones presidenciales de 1998directamente en el primer tumo, con más del 50% de los votos (y con el PT nuevamente en segundo lugar). Estamos lejos, sin embargo, de una derrota histórica de los explotados. Al desgaste político del gobierno se sumó la agudización de la crisis económica mundial. La vigencia y el carácter mundial de la llamada “crisis asiática" se evidenció en la “crisis rusa" de agosto de 1998 y, a inicios de 1999, en la caída espectacular del real brasileño, que sufrió una devaluación de casi 50% en poco más de una semana. El gobierno FHC alcanzó, en los primeros meses de su segundo mandato, índices de impopularidad superiores a los de Collor de Mello en el momento de su “impeachment”. Fue gestándose un nuevo ascenso de luchas urbanas (metalúrgicos) y agrarias, que culminó en las marchas nacionales del MST y en el paro general del 10 de noviembre pasado, cuando la consigna de “Fuera FHC" ganó las calles. Está claro que no sólo la proyección política sino la propia continuidad y centralización de esas luchas está castrada por el carácter burocrático y pro-burgués de la dirección de las principales centrales sindicales (CUT y Fuerza Sindical). Como sea, las primeras proyecciones electorales para el 2000 (municipales) y para el 2002 (generales) ubican al PT en primer lugar, tanto en las presidenciales como en algunas importantes ciudades (tal el caso de San Pablo, corazón político del país). El gobierno, fracturado, lanzó una “apertura" en dirección al PT, tanto de parte del presidente como del jefe del ala derecha de la coalición gubernamental (el bahiano Antonio Carlos Magalháes, jefe del derechista PFL) so pretexto de “gobemabilidad” y “combate a la pobreza” (!), apertura que Lula aceptó pasando por encima de cualquier instancia partidaria. Todo esto provocó nuevas crisis internas y la radicalización del ala izquierda del PT, a esta altura ya en disputa abierta con la "Articulación” no sólo en el PT, sino también en el movimiento sindical y estudiantil (donde presenta sistemáticamente listas alternativas a las de la dirección partidaria). En esas condiciones se realizó, a fines de noviembre de 1999, el II Congreso Nacional del PT, con aproximadamente 950 delegados. Fueron presentadas siete tesis. La izquierda se presentó dividida y disminuida, lo que en parte se explica por el uso sin precedentes de maniobras de aparato, para la elección de delegados, directamente apoyadas en la máquina estatal. La tesis AE-Fuerza Socialista tuvo 21 % de los votos, la de la DS10%, y la lambertista (1) 2%. La Articulación, pese a todo, no obtuvo mayoría absoluta, sino 44%, lo que la obligó a una alianza con la derecha (Democracia Radical, DR, de José Genoíno, con 10% de los votos) para garantizar mayoría en la nueva Dirección Nacional (el candidato de la izquierda a la presidencia del partido, Milton Temer, obtuvo 33% de los votos). Pero esa mayoría sería mucho más estrecha si no se hubiese visto reforzada por la deserción de la DS del “bloque de izquierda”, para componer una “nueva mayoría” en la dirección, con la “Articulación" y la derecha. La DS presentó una tesis donde defiende el “control social del Estado y del mercado", y se opuso a la adopción del “Fuera FHC" planteado por la izquierda, que arrastró a varios sectores de la Articulación. O sea, que la posición de la DS fue factor decisivo en la derechización del PT en el Congreso. La DS está realizando su propia integración al Estado: en la intendencia de Porto Alegre, capital de Río Grande do Sul, ocupada por uno de sus principales dirigentes, practica una política de destrucción de la previsión social pública que nada tiene que envidiar a la del gobierno federal. El peso significativo de la izquierda, sin embargo, obligó a la “Articulación” a maniobrar también con ella. La parte sustancial del Congreso fue consagrada a la discusión de la consigna “Fuera FHC", impulsada por la izquierda y aprobada en todos los Encuentros estaduales previos, con excepción de Paraná. La consigna fue considerada “golpista” por la derecha; la “Articulación", en cambio, reconoció su legitimidad, aunque no su “oportunidad", con lo que consiguió excluirla sin oponérsele frontalmente. La misma suerte corrió el debate sobre “socialismo”, que la derecha pretende excluir, pero que fue conservado como referencia genérica del PT (en esos hechos se basó O Trabalho, lambertista, pana concluir que “el PT continua PT’). Las propuestas políticas de la izquierda (no pago de la deuda externa, reestatización de los sectores privatizados, contra la reforma de la previsión social-jubilaciones) fueron, en cambio, rechazadas. (O Trabalho, que pretendió presentarse como “izquierda de la izquierda”, defendió su tesis dando como ejemplo… el gobierno venezolano, que “convocó una Constituyente para darle voz al pueblo”). El Congreso marcó, por lo tanto, un viraje derechista. Sin embargo, todas las corrientes hicieron un balance positivo de sus resultados, aunque por motivos diferentes y opuestos. Para la derecha (DR) hubo un avance insuficiente, pues no se formuló "un nuevo proyecto económico y político”, o sea, un compromiso más claro con el capital y su Estado (la DR está también en crisis, con la salida del ex intendente de Porto Alegre, Tarso Genro, que creó otra corriente interna con disidentes paulistas de la “Articulación"). Para ésta última, lo fundamental es que se hayan delegado en la Dirección Nacional las cuestiones de organización y estatutos: con eso descuenta la aprobación de su propuesta de elección directa y abierta de las direcciones partidarias, lo que diluye a la base militante en el mar de votos obtenidos en base a las prebendas estatales. Este viraje aparatesco consagrará la derechización. La izquierda, derrotada, tuvo que conformarse con un “a pasar de todo, a la burguesía no le gustó”, esto por las críticas al Congreso realizadas por los principales órganos de la prensa capitalista. Está claro que, para éstos, el PT no es hijo de sus entrañas, con lo que el distanciamiento es natural. Lo principal, sin embargo, es que “las resoluciones del Congreso no hacen avanzar un sólo paso a la dirección del PT en el objetivo de transformarse en alternativa de gobierno fiable para la burguesía. La razón es que el capital reclama una política de destrucción del derecho laboral y de completa privatización del sistema previsional, no simplemente que le garanticen el capitalismo. También reclama una reforma tributaria que facilite el pago de la deuda externa y la salida y entrada de capitales, no simplemente que no se va a repudiar la deuda externa. Necesita reforzar las privatizaciones ya realizadas con una mayor ampliación del mercado interno de los servicios al capital extranjero , no apenas que se defienda la vigencia de los contratos firmados" (2). La crisis con que emerge el PT de su II Congreso, por lo tanto, es más importante que la propia derechización. Ella se refiere a: 1) la orientación política del partido con vistas a transformarlo en una alternativa “confiable" para la burguesía, en caso de descomposición del régimen o de crisis revolucionaria; 2) el choque inevitable entre esa orientación y las aspiraciones y luchas del movimiento obrero, campesino y popular. En los dos aspectos, especialmente en el último, es decisivo el papel de la izquierda del PT (así como de los sectores situados a la izquierda y fuera del PT). Lo decisivo no es lo que le guste o no a la burguesía, sino lo que piensen y hagan los trabajadores. ¿Cómo promover una intervención independiente de éstos en las condiciones concretas existentes? La izquierda del PT sólo señala el horizonte de “vigilar", a la dirección pro-burguesa: “Reconocemos la derrota y acatamos las resoluciones del Congreso. Acatar incluye fiscalizar las coaliciones municipales: posibilidad de alianzas amplias no da permiso para oportunismo desvergonzado. Incluye indicar ya nuestro candidato a la presidencia: mantener el Frente no implica pasividad del PT’ (3). Subordinar “la lucha social contra el gobierno” a esos objetivos es condenarse de antemano a una nueva derrota de aparato, inclusive porque esa lucha no puede ser impulsada artificialmente, sino que debe prepararse políticamente a través del reagrupamiento político independiente de su vanguardia. ¡El nivel excepcional de las “luchas sociales" en Brasil en las dos últimas décadas no consiguió impedir la derechización del PT! La izquierda del PT (AE) padece de una limitación programática para plantearse esa tarea, que se verifica en la afirmación de que “es pequeño, en Brasil, el espacio para ser de izquierda y moderado", lo que plantearía una especie de incompatibilidad histórica entre la existencia del PT y la adaptación a la burguesía. Pero esa incompatibilidad no existe: en países de miseria social igual o mayor que el Brasil la izquierda ha llegado al poder y ha gobernado, no sólo no rompiendo con el capitalismo, sino agravando las condiciones sociales y preparando el terreno para una mayor explotación. Lo mismo ha sucedido en Brasil con los gobiernos estaduales del PT. No se trata de una frase suelta: "es poco probable que la destrucción neoliberal prosiga indefinidamente… a) el tejido social brasileño es lo bastante resistente y generará, más temprano o más tarde, una alternativa; b) en segundo lugar, el capitalismo está entrando en una fase internacional de 'cierre de fronteras’, lo que amplia las ventajas de otra política económica (vale recordar que el ciclo iniciado en los años ‘30 recibió un empuje decisivo de ‘desconexión’ resultante de la Gran Depresión y la Primera Guerra Mundial)… el resurgimiento de comentes nacionalistas y keynesianas resulta de esa búsqueda de segmentos burgueses, que encuentra eco en sectores medios y aun entre los partidos de izquierda. Dependiendo de la resistencia social y política a la destrucción neoliberal, esos segmentos pueden ganar importancia, conquistar la hegemonía e imponer una política de desarrollo económico no neoliberal, aprovechando inclusive las condiciones dejadas por la destrucción neoliberal, enormes necesidades de infraestructura, mercado interno deprimido, fuerza de trabajo barata y extensa” (4). Que el “keynesianismo” resurja después del “neoliberalismo”, como lo demuestra el apoyo de la burguesía europea a movimientos tipo Attac (o el apoyo de Clinton a las reivindicaciones proteccionistas de la burocracia sindical norteamericana, que son también las de sectores del capital imperialista yanqui), basándose en la “destrucción” y en la fuerza de trabajo barata y extensa” dejadas por el neoliberalismo, sólo demuestra que ambos son caras de la misma moneda (el gran capital), y que ambos son alternativas del imperialismo. En los países imperialistas, se combinan perfectamente keynesianismo económico con destrucción (‘neoliberal) de las conquistas sociales (y con gobiernos de izquierda). El llamado “neoliberalismo" no corresponde a ninguna ideología “antiestatista", sino a una necesidad orgánica del capital, en una fase determinada de su crisis, de ampliar su campo de explotación. El keynesianismo y el nacionalismo no son lo contrario de la destrucción de las conquistas sociales. El desarrollo “no neoliberal" y nacionalista de la década del 30 no fue la antesala del desarrollo social, sino de la barbarie (Segunda Guerra Mundial) preparada por ese desarrollo “autárquico”. La alternativa a la “destrucción” no es la “resistencia del tejido social brasileño", sino la organización de los trabajadores para la toma del poder. Si por tal tejido social se entienden las conquistas sociales (inclusive legislativas), cabe decir que el "tejido" brasileño está lejos de ser “resistente”, incluso comparado con el de otros países latinoamericanos: en pocos países existen índices mayores de concentración de la riqueza y polarización social. Poner en pie una alternativa obrera, un movimiento de clase independiente, es también una tarea internacional, pues el “tejido social” capitalista es, antes que nada, mundial. En este punto, la AE mantiene la misma posición "unitaria” que en el PT: “Debemos acompañar atentamente -sin sectarismos ni exclusivismos- todas las articulaciones internacionales en curso: zapatistas, comunistas, izquierda del Foro de San Pablo, las varias iniciativas que se reclaman de la IVa Internacional” (5). Todas esas “articulaciones" ya tienen, porlo menos, una década de historia, en algunos casos varias décadas: si no se realiza un balance que deslinde a las corrientes incapaces de situarse en un terreno de combate contra el capital, ese “acompañamiento" puede transformarse en una espera eterna. Pero, así como el enemigo fundamental está dentro de las propias fronteras, también lo está el adversario. ¿Cómo defenderla previsión social pública apoyando al gobierno del PT de Río Grande do Sul, partidario declarado de cobrar los famosos 11% de los jubilados, una de las bases de la reforma previsional privatizadora de FHC? Sin olvidar que el Ministro de Economía (Fazenda) de ese gobierno pertenece a la DS… La izquierda del PT surgió y se desarrolló diferenciándose del adaptacionismo, nacional e internacional, de la dirección partidaria. Para elaborar una alternativa superadora debería discutir críticamente sus propios postulados programáticos, o condenarse a ser un apéndice de izquierda de esa dirección y de su evolución derechista. Notas 1. Se refiere al grupo O’Trabalho, ligado a la corriente internacional lambertista [NdE], 2. Prensa Obrera, N° 650, 9/12/99. 3. Valter Pomar, Corre/o da Cidadania, 11/12/99 4. Valter Pomar, En Defensa del Marxismo, N° 21, octubre 1998. 5. Ia Conferencia Nacional de la AE, Resoluciones, mayo 19992. Valter Pomar, Correio da Cidadania, 11/12/99.

1 de marzo de 2000
La restauración en Rusia y la banca internacional

La renuncia anticipada de Boris Yeltsin a la presidencia de Rusia en favor de su ‘delfín’, el primer ministro y ex jefe de los servicios secretos Vladimir Putin, es la expresión de una crisis mayúscula. Según la prensa italiana, el traspaso', incluso, reúne las características de un golpe de Estado palaciego orquestado por Anatoly Chubais, el hombre que privatizó los mayores activos de Rusia a precios de regalo en beneficio de un puñado de grandes burócratas y organizó la reelección de Yeltsin en 1996y, también, quien tiene las relaciones más aceitadas con el Tesoro y con la Cancillería norteamericanos (1). La caída de Yeltsin debe ser analizada a la luz del derrumbe económico de Rusia y, muy especialmente, de las amplísimas consecuencias internacionales que éste ha provocado. En agosto de 1998, Rusia devaluó la moneda y declaró una moratoria unilateral de una parte de su deuda. Por el lugar que había adquirido la Bolsa moscovita en los primeros meses de 1998, esta declaración de bancarrota obligadamente debía provocar gruesos efectos internacionales. En lo inmediato, la devaluación del rublo y la cesación de pagos provocaron grandes pérdidas a un conjunto de bancos internacionales que operaban en Moscú o que eran sus acreedores. El Credit Suisse-First Boston reportó en 1998 pérdidas por 1.300 millones de dólares, en su gran mayoría provocadas por sus ‘negocios rusos’. Otro gran banco, el Republic Bank of New York (RBNY), que como veremos más adelante jugó un papel principalísimo en este drama, “dejó sobre el terreno” 180 millones en unas pocas horas. Otros grandes perdedores fueron los bancos alemanes Deutsche, Dresdner y Commerzbank. También fueron severamente golpeados los fondos de inversión que durante buena parte del ‘97 y el ‘98 habían especulado en gran escala con las acciones de las empresas rusas en la Bolsa de Moscú. En mayo del ‘98, cuando la 'burbuja' bursátil comenzó a pincharse, la inversión externa en acciones rusas había alcanzado los 46.000 millones de dólares, más del 30% de la capitalización total de la Bolsa de Moscú (2). cuando afirma que "no creo que se pueda poner dinero en Rusia sin que sea robado inmediatamente" (7). Artículos que intentan responder a la oprobiosa pregunta ‘¿Quién perdió Rusia?' ocupan páginas y páginas en los principales medios imperialistas. “De acuerdo a un creciente cuerpo de opinión, las dificultades han sido empeoradas por la política de la administración Clinton hacia Moscú, una política cuyos principales arquitectos han sido Strobe Talbott, vicecanciller, y Larry Summers, secretario del Tesoro” (8). Junto a ellos, también está en el ‘banquillo’ el vicepresidente Al Gore, que formó una promocionada ‘comisión‘ con el ex primer ministro ruso Chernomyrdin, un hombre cuya fortuna personal, que proviene del acaparamiento del monopolio del gas, es estimada en varios miles de millones de dólares. Se los acusa de haber presionado al FMI para que continuara prestando millones a Rusia y de haber hecho la 'vista gorda' frente a la corrupción. La ‘política rusa’ de Clinton-Gore se ha convertido en un “serio eje del debate electoral” (9). En la campaña, advierte The Washington Post, el candidato Gore “tiene un montón de explicaciones que dar” (10). Más grave todavía, medios tan importantes como The Washington Post denuncian que el gobierno norteamericano desechó reiteradas advertencias de sus diplomáticos y de sus servicios de seguridad porque no coincidían con la ‘historia oficial’ de que el régimen de Yeltsin era la encamación de la 'democracia' y la ‘reforma’ en Rusia (11). Todo esto ha llevado a Zbigniew Brzezinski, ex consejero de seguridad nacional, a preguntarse si "¿hay funcionarios occidentales involucrados?" La respuesta es obvia: “Dado que hay miles de millones de dólares enjuego, no es muy probable que los únicos beneficiados fueran exclusivamente emigrados rusos (…) Mañosos rusos han sido fotografiados en reuniones de recaudación de fondos para campaña con prominentes figuras políticas norteamericanas…”. La conclusión de Brzezinski es que "el escándalo financiero ruso no es sólo una crisis rusa. Arroja dudas acerca de cómo Occidente ha manejado su política rusa e, incluso también, acerca de la integridad de nuestro proceso político” (12). El ruidoso fracaso del intento restauracionista yeltsiniano se ha convertido en uno de los nudos de la crisis política norteamericana. Esta crisis internacional “intensificó lo que ciertos observadores ven ya como una intensa presión para que el presidente Yeltsin renuncie. Si no lo hace antes de que la nueva Duma asuma después de diciembre, bien podría ser sometido a juicio político y condenado. Esto podría servir a los Estados Unidos para un sutil distanciamiento de Yeltsin” (13). El último día del año, Yeltsin renunció. El 'gestor’ de la renuncia fue Anatoly Chubais, un hombre con estrechas relaciones con la dique de banqueros que hoy domina Rusia y, también, con Larry Summers y Strobe Talbott, los 'arquitectos’ de la cuestionada política norteamericana hacia Moscú. Inmediatamente, el gobierno de Clinton anunció su disposición a 'colaborar' con el nuevo presidente, Vladimir Putin. El Bank of New York: la “punta del iceberg” (I) En agosto de 1998, el FBI anunció que desde marzo venía investigando el reciclaje de unos 10.000 millones de dólares a través de las cuentas de dos compañías ‘rusas’ en el Bank of New York (BoNY). Estas compañías eran la Benex, propiedad del emigrado ruso Peter Berlín, y la YBM, cuyo propietario era Simón Mogilevich, un hombre de reconocidas relaciones con la mafia rusa. El BoNY anunció su disposición a colaborar con las investigaciones y despidió a dos ejecutivas de origen ruso, responsabilizándolas de los sucesos: Lucy Edwards, esposa de Peter Berlín, y Natalia Gurfinkel, esposa de Konstantín Kagalovsky, ex representante de Rusia ante el FMI en los primeros años de la década del 90 y actual vicepresidente de uno de los grandes bancos rusos, el Menatep, que controla la segunda mayor productora rusa de petróleo, la Yukos. El Menatep es, según distintas informaciones, una creación de la Komsonmol, la antigua juventud comunista soviética, y su dueño, Aleksandr Konanykhine, es un miembro del estrecho ‘entorno’ de Yeltsin. Las cuentas de la Benex eran utilizadas para recibir capitales fugados de Rusia que, luego de pasar por el BoNY y por toda una red de bancos en todo el mundo (para limpiarlo'), recalaban en cuentas en los variados paraísos fiscales de todo el mundo (Chipre, Nassau, Antigua, Naurú, la isla de Man, en el Canal de Irlanda). La Benex, con un giro mensual de varios cientos de millones en sus cuentas, sólo contaba con una oficina y un empleado en Nueva York. Es decir que se trataba apenas de una fachada. Uno de los investigadores del FBI calificó el escándalo del BoNY como “la punta de un iceberg". Ciertamente, la red de cuentas ‘pantalla’, de compañías radicadas en los paraísos fiscales con paquetes accionarios cruzados, de bancos involucrados en todo el mundo, montada para administrar depósitos por miles de millones es demasiado extendida y compleja como para que pueda ser considerado un incidente aislado” (14). Como afirma un diario financiero norteamericano, “porcada dólar que los rusos han lavado en el exterior, tuvo que haber una contraparte del otro lado (…) Se debe asumir, en consecuencia, que hay otros BoNY que no son extremadamente diligentes acerca de completar los informes sobre ‘actividades inusuales’ (de sus dientes) para los reguladores bancarios” (15). Los grandes bancos de Estados Unidos y de Europa se disputaron desde el comienzo de las ‘reformas’ el acaparamiento de los ‘negocios rusos’. Entre los sospechados están el suizo UBS, el británico Barclay's y el norteamericano Credit Suisse-First Boston. Los bancos involucrados en la red encabezada por el BoNY suman más de un centenar, en los cinco continentes. El BoNY jugaba un papel central en la economía rusa, y no sólo por las nutridas transferencias que pasaban por sus cuentas. Su relación con el Menatep, a través del mencionado Kagalovsky, era estrecha. Menatep se apropió de la petrolera Yukos a mediados de los ‘90 a precio de regalo a través del ‘esquema 'conocido como “préstamos por acciones” (16). A principios de 1999, la Yukos -a través de una compañía pantalla con domicilio en la Isla de Man, la Valmed, que aparece frecuentemente en las transacciones del BoNY-dispersó sus activos más valiosos en seis distintas compañías off-shore, desde las Islas Vírgenes hasta el atolón de Niue en el Pacífico sur. De esta manera, los accionistas minoritarios de la Yukos (fondos de inversión y petroleras occidentales) fueron sencillamente despojados de sus inversiones. El BoNY y el banco de inversiones norteamericano Goldman Sachs financiaron estas operaciones y otras similares. Entonces, “nadie se sorprendió cuando el presidente del grupo Menatep-Yukos, Khodorkovsky, el empresario aventurero tan estudiadamente cultivado por Goldman Sachs, emergiera como figura en el escándalo del BoNY” (17). cuando afirma que "no creo que se pueda poner dinero en Rusia sin que sea robado inmediatamente" (7). Artículos que intentan responder a la oprobiosa pregunta ‘¿Quién perdió Rusia?' ocupan páginas y páginas en los principales medios imperialistas. “De acuerdo a un creciente cuerpo de opinión, las dificultades han sido empeoradas por la política de la administración Clinton hacia Moscú, una política cuyos principales arquitectos han sido Strobe Talbott, vicecanciller, y Larry Summers, secretario del Tesoro” (8). Junto a ellos, también está en el ‘banquillo’ el vicepresidente Al Gore, que formó una promocionada ‘comisión‘ con el ex primer ministro ruso Chernomyrdin, un hombre cuya fortuna personal, que proviene del acaparamiento del monopolio del gas, es estimada en varios miles de millones de dólares. Se los acusa de haber presionado al FMI para que continuara prestando millones a Rusia y de haber hecho la 'vista gorda' frente a la corrupción. La ‘política rusa’óe Clinton-Gore se ha convertido en un “serio eje del debate electoral” (9). En la campaña, advierte The Washington Post, el candidato Gore “tiene un montón de explicaciones que dar” (10). Más grave todavía, medios tan importantes como The Washington Post denuncian que el gobierno norteamericano desechó reiteradas advertencias de sus diplomáticos y de sus servicios de seguridad porque no coincidían con la ‘historia oficial’ de que el régimen de Yeltsin era la encamación de la 'democracia' y la ‘reforma’ en Rusia (11). Todo esto ha llevado a Zbigniew Brzezinski, ex consejero de seguridad nacional, a preguntarse si "¿hay funcionarios occidentales involucrados?" La respuesta es obvia: “Dado que hay miles de millones de dólares enjuego, no es muy probable que los únicos beneficiados fueran exclusivamente emigrados rusos (…) Mañosos rusos han sido fotografiados en reuniones de recaudación de fondos para campaña con prominentes figuras políticas norteamericanas…”. La conclusión de Brzezinski es que "el escándalo financiero ruso no es sólo una crisis rusa. Arroja dudas acerca de cómo Occidente ha manejado su política rusa e, incluso también, acerca de la integridad de nuestro proceso político” (12). El ruidoso fracaso del intento restauracionista yeltsiniano se ha convertido en uno de los nudos de la crisis política norteamericana. Esta crisis internacional “intensificó lo que ciertos observadores ven ya como una intensa presión para que el presidente Yeltsin renuncie. Si no lo hace antes de que la nueva Duma asuma después de diciembre, bien podría ser sometido a juicio político y condenado. Esto podría servir a los Estados Unidos para un sutil distanciamiento de Yeltsin” (13). El último día del año, Yeltsin renunció. El 'gestor’de la renuncia fue Anatoly Chubais, un hombre con estrechas relaciones con la dique de banqueros que hoy domina Rusia y, también, con Larry Summers y Strobe Talbott, los 'arquitectos’ de la cuestionada política norteamericana hacia Moscú. Inmediatamente, el gobierno de Clinton anunció su disposición a 'colaborar' con el nuevo presidente, Vladimir Putin. El Bank of New York: la “punta del iceberg” (I) En agosto de 1998, el FBI anunció que desde marzo venía investigando el reciclaje de unos 10.000 millones de dólares a través de las cuentas de dos compañías ‘rusas’ en el Bank of New York (BoNY). Estas compañías eran la Benex, propiedad del emigrado ruso Peter Berlín, y la YBM, cuyo propietario era Simón Mogilevich, un hombre de reconocidas relaciones con la mafia rusa. El BoNY anunció su disposición a colaborar con las investigaciones y despidió a dos ejecutivas de origen ruso, responsabilizándolas de los sucesos: Lucy Edwards, esposa de Peter Berlín, y Natalia Gurfinkel, esposa de Konstantín Kagalovsky, ex representante de Rusia ante el FMI en los primeros años de la década del 90 y actual vicepresidente de uno de los grandes bancos rusos, el Menatep, que controla la segunda mayor productora rusa de petróleo, la Yukos. El Menatep es, según distintas informaciones, una creación de la Komsonmol, la antigua juventud comunista soviética, y su dueño, Aleksandr Konanykhine, es un miembro del estrecho ‘entorno’ de Yeltsin. Las cuentas de la Benex eran utilizadas para recibir capitales fugados de Rusia que, luego de pasar por el BoNY y por toda una red de bancos en todo el mundo (para limpiarlo'), recalaban en cuentas en los variados paraísos fiscales de todo el mundo (Chipre, Nassau, Antigua, Naurú, la isla de Man, en el Canal de Irlanda). La Benex, con un giro mensual de varios cientos de millones en sus cuentas, sólo contaba con una oficina y un empleado en Nueva York. Es decir que se trataba apenas de una fachada. Uno de los investigadores del FBI calificó el escándalo del BoNY como “la punta de un iceberg". Ciertamente, la red de cuentas ‘pantalla’, de compañías radicadas en los paraísos fiscales con paquetes accionarios cruzados, de bancos involucrados en todo el mundo, montada para administrar depósitos por miles de millones es demasiado extendida y compleja como para que pueda ser considerado un incidente aislado” (14). Como afirma un diario financiero norteamericano, “porcada dólar que los rusos han lavado en el exterior, tuvo que haber una contraparte del otro lado (…) Se debe asumir, en consecuencia, que hay otros BoNY que no son extremadamente diligentes acerca de completar los informes sobre ‘actividades inusuales’ (de sus dientes) para los reguladores bancarios” (15). Los grandes bancos de Estados Unidos y de Europa se disputaron desde el comienzo de las ‘reformas’ el acaparamiento de los ‘negocios rusos’. Entre los sospechados están el suizo UBS, el británico Barclay's y el norteamericano Credit Suisse-First Boston. Los bancos involucrados en la red encabezada por el BoNY suman más de un centenar, en los cinco continentes. El BoNY jugaba un papel central en la economía rusa, y no sólo por las nutridas transferencias que pasaban por sus cuentas. Su relación con el Menatep, a través del mencionado Kagalovsky, era estrecha. Menatep se apropió de la petrolera Yukos a mediados de los ‘90 a precio de regalo a través del ‘esquema 'conocido como “préstamos por acciones” (16). A principios de 1999, la Yukos -a través de una compañía pantalla con domicilio en la Isla de Man, la Valmed, que aparece frecuentemente en las transacciones del BoNY-dispersó sus activos más valiosos en seis distintas compañías off-shore, desde las Islas Vírgenes hasta el atolón de Niue en el Pacífico sur. De esta manera, los accionistas minoritarios de la Yukos (fondos de inversión y petroleras occidentales) fueron sencillamente despojados de sus inversiones. El BoNY y el banco de inversiones norteamericano Goldman Sachs financiaron estas operaciones y otras similares. Entonces, “nadie se sorprendió cuando el presidente del grupo Menatep-Yukos, Khodorkovsky, el empresario aventurero tan estudiadamente cultivado por Goldman Sachs, emergiera como figura en el escándalo del BoNY” (17). Además del Menatep, el BoNY tenía “relaciones peligrosas" con otro banco del entorno yeltsiniano, el Inkombank, del que se afirma que es “una emanación de la KGB” (18). "El Bank of New York habría ayudado en forma decisiva al Inkombank a obtener de las autoridades de control (de Wall Street) la vía libre para la cotización de sus acciones en 1996 (…) a pesar de que “en aquel año, un informe del Banco Central ruso sostenía que las cuentas del Inkombank eran completamente falsas, infladas en decenas de miles de millones de rublos, que se desconocía quienes eran sus accionistas y que su actividad era completamente misteriosa" (19). Para intervenir en ciertos ‘negocios rusos', el BoNY, incluso, creó una subsidiaria -el Bank of New York-lntermarine-en asociación con el banquero Bruce Rappoport, radicado en el paraíso fiscal de Antigua y embajador de esta isla ante el gobierno de Moscú. El escándalo de las cuentas rusas no es un incidente “aislado"; lo que tenemos a la vista es un vasto entramado social y de negocios. Precisamente por eso, el escándalo del BoNY tiene nutridos vasos comunicantes con otros escándalos. El BoNY-Intermarine, con sede en Suiza, está directamente relacionado con otros dos grandes escándalos que investiga la justicia helvética y que involucran directamente a la ‘familia’ presidencial. En el primero, Leonid Dyachensko, vemo de Yeltsin y presidente de la Aeroflot (la compañía aérea de bandera rusa), y Boris Berezovsky, mayor accionista de Aeroflot y el más poderoso de los oligarcas rusos, son investigados por el desvío de varios cientos de millones de dólares de la compañía aérea a compañías fantasmas controladas por ellos. En el segundo, por ‘retornos’ en los trabajos de remodelación del Kremlin, están directamente acusados la esposa y las hijas de Yeltsin y Pavel Borodin, administrador de las propiedades de la presidencia rusa. A raíz de estas investigaciones, la justicia suiza dictó una orden de arresto contra Borodin. Eso no es todo. “Más fascinante es el papel que puede haber tenido todo el asunto en la renuncia de Yeltsin. La orden de detención contra Borodin muestra qué peligrosamente cerca del propio Yeltsin habían llegado las investigaciones” (20). Por intermedio de Kagalovsky, ex representante de Rusia ante el FMI, y del Menatep, “un banco estrechamente relacionado con el Banco Central de Rusia" (21), el BoNY está relacionado con otro de los grandes escándalos: el desvío de los fondos prestados por el FMI. El Banco Central de Rusia (BCR) mantiene una red de compañías financieras y subsidiarias en el exterior; se trata de una 'herencia'de la época de Gorbachov, cuando se la usaba para fugar los fondos de la burocracia soviética. Bajo Yeltsin, esta red financiera paralela siguió funcionando pero ya no como propiedad del Estado ruso sino como 'sociedades mixtas' entre el BCR y los grandes bancos rusos. El BCR giró una parte sustancial de los fondos recibidos del FMI a una de estas subsidiarias, la Fimaco, ubicada en el paraíso fiscal de Jersey (en el estrecho que separa Irlanda de Gran Bretaña). Lo hizo con un doble objetivo: el primero, esconder sus reservas al FMI, lo que le permitía solicitar mayores créditos; el segundo, especular con esa masa de fondos en los mercados financieros internacionales, en particular en el propio mercado ruso de títulos de deuda interna (denominados GKO). Esta especulación con fondos del FMI provocó una enorme suba de los GKO, que habían sido acaparados por los bancos rusos. De esta manera, los asociados al BCR obtuvieron fenomenales beneficios, que luego fueron canalizados hacia cuentas occidentales por medio del BoNY y otros (22). "Este juego impulsado por el BCR que se volvía así actor y árbitro del mercado, terminó por arrastrar a Rusia, el 17 de agosto de 1998, a la quiebra financiera” (23). Cuando la quiebra se acercaba, Rusia obtuvo del FMI un nuevo préstamo, esta vez de 4.800 millones, supuestamente con el objeto de “estabilizar el rublo”. El FMI giró el dinero “a pesar de que conocía la existencia de esos manejos del BCR (…) Michel Camdessus sabía todo, desde el principio al fin sobre lo que el BCR hacía con Fimaco” (24). El “préstamo de emergencia” de fines de julio fue puesto por el BCR a disposición de un puñado de bancos, que de esta manera se deshicieron de sus tenencias de GKO y se ‘pasaron al dólar’. A pesar de este ‘salvataje’, la mayoría de los grandes bancos rusos está en quiebra, aunque “no como resultado de la cesación de pagos de la deuda de corto plazo del gobierno sino a causa de los préstamos alocados que han realizado (presumiblemente a sus propios testaferros) que nunca fueron reembolsados" (25). En otras palabras, fueron vaciados… lo que no impide que sigan funcionando. Entre los favorecidos por el BCR no se encontraban tan sólo los bancos del círculo íntimo presidencial sino también algunos de los grandes ‘pesospesados’de las finanzas mundiales: el Citibank, el Credit Suísse-First Boston, el Chase y el National Republic. Todo un saqueo ‘internacional’. El Bank of New York: la "punta del iceberg” (II) Las investigaciones del lavado de fondos en el BoNY son la ‘punta de un iceberg' no sólo porque las operaciones de un solo banco refieren a una frondosa trama financiera internacional. Lo son también porque la cifra de 10.000 millones de dólares se refiere sólo al dinero reciclado entre agosto de 1998 y marzo de 1999, es decir en apenas ocho meses. Pero la fuga de capitales no comenzó en Rusia con la devaluación. Las estimaciones más conservadoras calculan que desde el año 1991 se fugaron de Rusia unos 150.000 millones de dólares (26), una cifra varias veces superior al total de préstamos de los organismos financieros internacionales y a la inversión externa directa. Sólo entre 1992 y 1993, según esta información, se fugaron de Rusia más de 70.000 millones de dólares. Otras estimaciones, sin embargo, señalan que la fuga de divisas alcanza los 200.000 millones e, incluso, al doble. Uno de los mecanismos más usuales de fuga es la llamada “transferencia de precios". Funciona de la siguiente manera: una empresa rusa, supongamos una gran petrolera, vende su producción, a los precios internos de Rusia, a una subsidiaria radicada en un paraíso fiscal del exterior, que es propiedad del mismo 'grupo de control’ de la empresa rusa. Esta ‘empresa off-shore’ vende su producción a un comprador extranjero a los precios del mercado mundial. El comprador paga en divisas y la empresa ‘off-shore’paga en rublos a la empresa rusa y mantiene en el exterior la diferencia entre el precio internacional del petróleo y el precio interno. Como en buena parte de estos años, el precio del petróleo en Rusia representaba apenas el 1% de su precio en el mercado mundial, los beneficios acumulados por los magnates petroleros rusos fueron sencillamente fenomenales. En 1992, “unos pocos gerentes de empresas, funcionarios gubernamentales, políticos y comerciantes de materias primas amasaron de esta manera no menos de 24.000 millones de dólares” (27). Este mismo saqueo se repitió año tras año, con la regularidad del amanecer. La privatización de las empresas estatales no alteró esta situación. “A través del'esquema’ de ‘acciones por préstamos’ (…) a un puñado de grandes bancos se les permitió privatizar algunas grandes empresas en subastas sólo controladas por ellos. Un puñado de grandes vacas lecheras de fondos cambió de mano, en particular tres grandes compañías petroleras, Yukos, Sibneft y Sidanko. Ningún cambio cualitativo acompañó estos cambios de mano. Los nuevos dueños no se comportaron como propietarios, sino que continuaron con el robo como los gerentes, en primer lugar vendiendo los productos por debajo de los precios de mercado a sus propias compañías comerciales, dejando que las viejas compañías estatales se deterioraran” (28). Que esto ocurriera no tiene nada de sorprendente. Como se señaló muchas veces en Prensa Obrera y en En Defensa del Marxismo, la entrega de las empresas a los burócratas, devenidos propietarios, sólo significaba una alteración de su status jurídico. Con toda la importancia que esto tiene, “el simple cambio de títulos jurídicos es, por sí mismo, incapaz de crear el conjunto de relaciones sociales que están, por decirlo de alguna manera, ‘adheridas’ a la propiedad privada de los medios de producción. Esto porque el capital -contra lo que dice la ciencia social burguesa- no es una ‘cosa’ sino que es una relación social históricamente determinada, precisa, entre los propietarios y los no-propietarios de los medios de producción y entre esos propietarios entre sí" (29). En las etapas iniciales de la 'reforma', hubo otras formas de acaparamiento de los burócratas: los créditos del BCR (a tasas casi nulas cuando la inflación alcanzaba el 2500%) y la importación de alimentos subsidiados (los importadores se embolsaban los subsidios que, por ejemplo en 1992, alcanzaron el 17,5% del PBI de Rusia). En los primeros años de la ‘reforma’, “en conjunto, las ganancias de estas tres actividades parasitarias alcanzaron a no menos del 79% del PBI” (30). A partir de mediados de los 90, los burócratas idearon otras formas más ‘imaginativas’ y ‘sofisticadas’ para fugar sus capitales. Una de las más utilizadas es la creación de una empresa ‘pantalla’ que otorga un préstamo (ficticio) a una compañía rusa a tasas usurarias: el pago de los intereses y del capital es, precisamente, la fuga de capitales. Una variación de este ‘esquema’ es el pago de elevados dividendos a accionistas del exterior (empresas ‘pantalla’ de los grupos de control en Rusia). Una tercera variante, es la creación de empresas encargadas de ‘administrar’ las cobranzas exteriores de las compañías rusas (así fue como Berezovsky y el yerno de Yeltsin desplumaron a la Aeroflot). Finalmente, los abultados pagos en concepto de ‘asesorías’, publicidad y asistencia legal y ‘servicios’ a empresas ‘pantalla’ son otra de las formas normales de fuga de divisas de los burócratas devenidos capitalistas. Tan fenomenal es la utilización de las compañías ‘pantalla’ motorizada por los ‘nuevos rusos’ que dos pequeños territorios que han alterado su legislación para albergar a estas compañías (la isla de Man, en el canal entre Inglaterra e Irlanda; y la isla de Chipre, en el mar Egeo) viven un verdadero 'boom' económico gracias a estas actividades. Pero en Rusia, el producto interno apenas llega a la mitad del de 1989; alrededor de 40 millones de personas sobreviven con menos de un dólar por día; la desocupación supera el 25%; han reaparecido enfermedades extinguidas como la tuberculosis y la difteria; la población decrece y cae la esperanza de vida. Un estremecedor informe de la PNUD (el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) señala que “casi 9,7 millones de personas figuran hoy como 'desaparecidas' en las ex repúblicas soviéticas, en los diez años que pasaron desde la caída de la URSS (…) Las causas de las ‘desapariciones’ incluyen el suicidio, la menor atención de la salud y un incremento de los comportamientos autodestructivos”. El informe agrega que el número de pobres se multiplicó por ocho entre 1989 y 1994 (31). El profesor de Geografía Andrew Ryder, de la Universidad de Portsmouth hace notar en una carta a un diario financiero que “la exportación de materias primas baratas está subsidiando a la economía mundial a expensas de Rusia” (32). Pero la sobreoferta de recursos rusos, a precios inferiores a los del mercado mundial e, incluso, inferiores a su costo de producción, refuerza la sobreproducción mundial y potencia las tendencias deflacionarias. Esto ha sido particularmente evidente en la industria del aluminio. Ryder tiene toda la razón cuando sostiene que “mientras esta situación no termine, la economía de Rusia continuará declinando". La masiva fuga de capital es una evidencia indiscutible de que las privatizaciones y el proceso de la restauración capitalista en Rusia, tomado en su conjunto, son antes que nada, un proceso de saqueo despiadado de los activos 'heredados’y de disolución del régimen social vigente bajo el viejo Estado obrero burocratizado. No ha dado lugar aún a un nuevo régimen social. La organizadora de la fuga: la banca norteamericana El FBI calificó a las investigaciones en el BoNY como “el mayor caso de lavado de dinero en la historia norteamericana". “Se cree, sin embargo, que sólo un pequeño porcentaje de los 10.000 millones supuestamente canalizados a través de la Benex es el producto de actividades criminales” (33). En una nota editorial, el diario financiero norteamericano sostiene que “en muchos casos, la fuga de capital proviene de legítimos empresarios que sienten que no tienen otra alternativa para proteger sus ingresos de las leyes impositivas confiscatorias de Rusia, de bancos no confiables y de depredadores mafiosos. Es difícil no simpatizar con ellos" (34). Se trata de una opinión generalizada: Estorbar el libre flujo de dinero como una forma de hacerles sus vidas más difícil a los sospechosos de crímenes puede terminar haciendo más mal que bien" (35). Como el propio autor ve que bordea la apología del delito, 'aclara' que “esto no quiere decir que los sospechosos de crímenes no deban ser investigados” (36). Estas declaraciones de solidaridad de principiosde los banqueros lavadores con los burócratas que fugaron sus capitales valen másque cien investigaciones: fueron ellos los verdaderos organizadores de la red de lavado que usufructuaron los oligarcas rusos. El ya mencionado Zbigniew Brzezinski pregunta “¿Quién ayudó desde el exterior a la auto-enriquecida elite de Rusia a dominar los misterios de las transacciones financieras internacionales?". El mismo Brzezinski responde: "es improbable que el puñado de funcionarios y no funcionarios rusos que apenas cinco años atrás eran pobres pero ahora tienen miles de millones pueda haber maniobrado con semejante destreza en los mercados financieros internacionales sin el consejo de expertos occidentales" (37). Según las palabras de un ex consejero de seguridad nacional de los Estados Unidos, fueron los propios bancos occidentales los que armaron los 'esquemas' que usaron los burócratas y oligarcas rusos. O mejor dicho, lo que hicieron fue extender a Rusia las redes que ya habían desarrollado desde hace largos años para ‘lavar’ eI dinero del más diverso origen, desde el narcotráfico al tráfico de armas, y para ‘reciclar’ los capitales fugados de todo el mundo. Se estima que, año tras año, el sistema financiero internacional ‘lava’ unos 500.000 millones de dólares y que los depósitos en bancos de terceros países (fuga de capitales) alcanzan los cinco billones de dólares. También en este terreno, los 'nuevos rusos' son, apenas, unos ‘recién llegados’. "La corrupción en Rusia, dice un diario norteamericano, amenaza a cualquier institución occidental, incluyendo compañías privadas como el BoNY u organismos financieros internacionales como el FMI, que hagan negocios aquí” (38). En realidad, las cosas son al revés: es la criminalización del sistema financiero internacional la que le brinda las ‘herramientas’ a los criminales rusos para fugar sus capitales. En verdad, todo lo que se ha ‘descubierto’ahora, ya se sabía desde hace rato. Karon von Gerhke-Thompson, banquera e informante de la CIA, declaró que “seis años antes del estallido del caso del BoNY sabíamos todo. Teníamos las pruebas de que Boris Yeltsin y su entorno eran la terminal de una sistemática operación de reciclaje y transferencia de riquezas de Rusia a Estados Unidos. (Sabíamos que) la ayuda internacional a Rusia se había convertido en una colosal partida de giro. El dinero sólo nominalmente iba a Rusia. Los Estados Unidos han sido cómplices conscientes de este saqueo" (39). Lo más interesante de todo el asunto es que, después de haber reunido las pruebas, los nombres de Gerhke-Thompson y el de su jefe, coordinador de las operaciones anti-reciclaje, fueron ‘entregados’a los rusos y, consecuentemente, fueron despedidos de la CIA. Es decir que el propio Estado norteamericano ‘bancaba’ políticamente la fuga de divisas de Rusia. Las evidencias de que la banca y el gobierno norteamericano eran plenamente conscientes de la masiva fuga de capitales de Rusia, y que la protegían, abren la oprobiosa posibilidad de que banqueros y autoridades norteamericanas sean llamados a declarar en los tribunales rusos como "cómplices" de los oligarcas. "Lo han comprendido los grandes bancos norteamericanos que intempestivamente, en los últimos meses, han cerrado sus ‘cuentas de correspondencia' en los ‘paraísos off-shore ’. Lo han comprendido también los hombres del Departamento de Estado, de la CIA, del FBI… ” (40). Camdessus-Safra: un proceso fuera de control A pocos días del estallido del escándalo del Bank of New York, el banquero y ex ministro de Finanzas ruso Aleksandr Livshits formuló una advertencia: “No hay acción contra la fuga de capitales porque existe un poderoso lobby en su favor. Si alguien intentara establecer una barrera, entonces sería asesinado. Porque es un proceso demasiado grande para frenarlo" (41). Se entiende, los ‘interesados’en la continuidad del reciclado de dinero están a uno y otro lado de la difunta ‘Cortina de Hierro’. Livshits fue premonitorio. A comienzos de diciembre fue asesinado en su castillo-fortaleza de Montecarlo el banquero sirio-israelí Edmond Safra, profundamente involucrado en los ‘negocios rusos’. Safra fue uno de los primeros banqueros occidentales en establecerse en Moscú y prestar su ’asesoramiento financiero’ a los oligarcas rusos. Su banco, el Republic Bank of New York, se convirtió rápidamente en uno de los 'grandes’ en el negocio de las transferencias de dinero al exterior. Los beneficios que acumuló en esos años fueron sencillamente extraordinarios. Safra y el RBNY eran especialistas en el reciclaje de fondos y en el lavado de dinero. "Es lo que Edmond Safra ha hecho en América Latina por décadas. Proponía a sus millares de clientes sacar sus capitales de sus países, para ponerlos al seguro de la hiperinflación, de las revoluciones y los golpes de Estado. Trabajaba y multiplicaba ese dinero, que no era limpio… ” (42). Incluso, a mediados de los 80, se lo sindicó como uno de los ‘lavadores’ de los narcotraficantes latinoamericanos. Todo esto, además de su carácter de “banquero especializado en tres sectores que interesaban particularmente a los blanqueadores de fondos mal habidos venidos del Este: depósitos de dinero, el mercado del oro y el de diamantes” (43), le permitió ganar rápidamente una clientela en Rusia. Allí, Safra desarrolló esta tarea a una escala como nunca lo había hecho hasta entonces: las transferencias electrónicas se realizaban a un ritmo de 500.000 dólares por minuto (44). Esto explica que el banco de Safra tuviera “beneficios por encima del promedio" sin necesidad de recurrir a arriesgadas operaciones especulativas y manteniendo “relaciones de capital dos veces mayores que las requeridas por los reguladores bancarios” (45). Por su gran exposición en Rusia, el RBNY sufrió grandes pérdidas con la devaluación del rublo y la cesación de pagos. El intento de recuperar esas pérdidas y cobrar las deudas que los oligarcas rusos se negaban a pagar llevó a su dueño a la tumba. Conociendo a la perfección los detalles de los movimientos de fondos de los burócratas y capitalistas rusos, Safra jugó sobre seguro cuando denunció al FBI a su más fiero rival en el negocio del reciclaje de fondos, el Bank of New York. Al mismo tiempo, acordó la venta de su banco al británico HSBC para evitar represalias. La denuncia de Safra era apenas el primer paso de una estrategia más general para cobrar sus deudas impagas. “El ‘plan’ del banquero era elemental: recuperar los ‘atrasos’ de sus inversiones en Rusia con el congelamiento de las cuentas en Occidente de la oligarquía que sostiene a Boris Yeltsin, más o menos quinientas personas. ¿Quién mejor que él podía hacerlo? ¿Quién mejor que él podía poner a los jueces europeos y norteamericanos detrás del tesoro de Moscú? Ya había permitido a los servicios secretos de Londres bloquear el ‘desvío’de los fondos del FMI. Los pasos sucesivos preveían la recuperación de los créditos rusos con acciones judiciales (…) Esto era mas que una amenaza al patrimonio extemo de la nomenklatura, era una declaración de guerra" (46). El planteo de congelar los fondos de los oligarcas rusos fue respaldado por George Soros, otro de los grandes perdedores de la devaluación rusa, y por una serie de bancos y fondos de pensión agrupados en el llamado ‘Portfolio Managers’, creado por el mismo Safra. “El Portfolio… nació para jugar en serio. Basta de tratativas. Que los rusos se vayan al diablo con sus trucos de jugadores de tres cartas. O pagan o pierden el tesoro de Occidente” (47). A pocos días de la creación de este grupo, Safra recibió la visita de Boris Berezovsky, el más poderoso de los oligarcas rusos, pero las negociaciones fracasaron. Los bancos agrupados por Safra tenían un papel relevante en el llamado ‘Club de Londres’ que agrupa a los acreedores privados de Rusia y que a comienzos de agosto debía renegociar con el gobierno de Moscú la vieja deuda soviética y los créditos impagos después de la devaluación. Una columna de opinión aparecida por esos días en el Financial Times revela que el punto de vista de Safra comenzaba a abrirse paso en los medios financieros: “Prestarle más dinero a Rusia -o perdonar sus deudas- no es en interés de los acreedores ni del pueblo ruso (…) Rusia no merece ni necesita un ‘perdón’ de sus deudas. No sólo tiene un gran superávit en cuenta corriente sino que además cubre la octava parte de la superficie del planeta. Produce el 17% del petróleo mundial, entre el 25 y el 30% del total de gas natural y entre el 10 y 20% de los metales no ferrosos, raros y nobles. Pretender que este país no puede pagar una (cuota de) deuda de 150 millones de dólares es absurdo” (48). Los banqueros del Club de Londres enfrentaron a Moscú con lina posición ‘dura’: descuentos mínimos para la deuda soviética, que de ahora en más debería ‘consolidarse’ con la rusa a la que no se le otorgaba ningún ‘perdón’ o descuento. Rusia respondió con una provocación: reclamó la condonación del 40% de la deuda y la reestructuración del monto restante a 30 años, con los primeros siete sin intereses. El Club de Londres lo rechazó airadamente. Las negociaciones se interrumpieron. Mientras tanto, en los tribunales norteamericanos ocumo un hecho que apuntalaba toda la estrategia de Safra: el Sputnik Fund de George Sonos y la BP-Amoco, que perdieron 500 millones de dólares en la quiebra de la petrolera siberiana Sidanko, obtuvieron de la Corte Suprema de New York un pronunciamiento que sonaba como una advertencia a los rusos: “los intereses de los ciudadanos norteamericanos podrán ser tutelados en los Estados Unidos, dice el fallo, en el momento en que estén ausentes efectivas garantías judiciales en los países que pongan en discusión esos intereses”. De este pronunciamiento al congelamiento de las cuentas de los oligarcas rusos en Estados Unidos había menos de un paso. Mientras tanto, la justicia suiza había ordenado el congelamiento de las cuentas de 24 altos funcionarios del Kremlin. Una semana después de este fallo y dos días después del rechazo del Club de Londres a la propuesta rusa, Safra fue asesinado. En medio de versiones sobre la existencia de ‘contratos’ para asesinar a otros banqueros prominentes (entre ellos se menciona a Soros), el Club de Londres se declaró dispuesto a discutir la propuesta de refinanciación presentada por los rusos. Literalmente, la sangre había llegado al río. La estrategia seguida por Safra y sus asociados para cobrar sus deudas era extremadamente riesgosa. No sólo porque, al impulsar el congelamiento de sus fondos en Occidente, ponía en cuestión el poder de los oligarcas rusos en Moscú y se arriesgaba a sus inevitables represalias. Sus planteos significaban, por sobre todo, una fractura abierta del frente del capital financiero que había sostenido la política del gobierno norteamericano frente a Moscú. El giro planteaba no sólo un serio choque con la burocracia sino también con el gobierno de Clinton y el FMI. No era, tan sólo, la cuestión ‘financiera’ la que estaba en controversia sino la política de conjunto frente a Rusia. Las denuncias de Safra provocaron, a término, la renuncia anticipada de Michel Camdessus. El director-gerente del FMI no era un funcionario menor, un ‘fusible’destinado a saltar ante la primera crisis. Era una de las cabezas del capital financiero internacional y, en particular, fue el hombre que “convirtió al FMI en el brazo financiero de la Casa Blanca” (49). Camdessus organizó, en nombre del capital financiero norteamericano, el 'salvataje'de México después del “tequilallevó adelante la política del imperialismo mundial de sostener financieramente a la mafia restauracionista rusa y, en particular, viabilizar la reelección de Yeltsin mediante el otorgamiento del préstamo más voluminoso de la historia del FMI. Más tarde, dirigió la política del gran capital financiero internacional, y en particular norteamericano, frente a la crisis asiática. En esa época recibió numerosas críticas que lo acusaban por la política que había aplicado allí, que lejos de estabilizar al Asia, había hecho la crisis más aguda y violenta. Ninguna de estas críticas rozó su blindada piel de banquero porque Camdessus no hacía más que seguir el libreto dictado por Washington y Wall Street, cuyo objetivo era, precisamente, poner a toda la región de rodillas. Fue la crisis desatada por las denuncias de Safra lo que lo dejó cesante. “Camdessus fue la víctima propiciatoria elegida para tratar de calmar el asalto de las críticas dirigidas a la Casa Blanca (por su ‘política rusa)" (50). Que un hombre de la importancia de Camdessus para el imperialismo norteamericano haya sido ‘sacrificado’ para proteger a hombres todavía más 'daves' que él, revela la envergadura de la crisis política en el campo imperialista. Todo esto, sumado al propio asesinato de Safra, un hombre del corazón del ‘establishment’ financiero internacional (y la amenaza de que otros podrían sufrir el mismo ‘tratamiento) y a la denuncia de que “ciertos programas de armas rusos podrían haberse beneficiado del desvío de fondos” (51). La impasse de la penetración imperialista Los bancos y fondos de inversión agrupados por el desaparecido Safra en el ‘Portfolio../no son los únicos para los cuales el proceso de la restauración capitalista en Rusia se está convirtiendo en una pesadilla. También las compañías que han participado como accionistas minoritarias en las grandes empresas dominadas por los oligarcas, especialmente en la explotación petrolera, han visto diezmadas sus inversiones. Sus ‘socios’ rusos los han desplumado recurriendo a una imaginativa serie de triquiñuelas jurídicas y contables. Una de las más comunes es el ya mencionado ‘esquema'de “transferencia de precios” (cuando las compañías extranjeras invierten en la ‘firma madre’ pero los beneficios se los lleva la ‘subsidiaria off-shore’ en la cual el inversor externo no participa). Pero hay otras, como la dilusión del capital (incorporando nuevos asociados rusos, testaferros del grupo de control), la venta de los activos más valiosos de una empresa a una subsidiaria (manejada por el grupo de control), el armado de una quiebra ‘trucha’, en la cual los acreedores son testaferros del grupo de control o, más directamente, el no pago de los dividendos. El caso más sonado es el de la British Petroleum-Amoco, que en noviembre de 1997, compró el 10% de las acciones de Sidanco, una de las mayores petroleras rusas, al banquero Vladimir Potanin, uno de los miembros del entorno yeltsiniano. BP pagó por ese 10% unos 500 millones de dólares, más de lo que el banquero ruso pagó por la totalidad de la compañía en 1995. Dos años después, Sidanco enfrenta un proceso de quiebra que muchos consideran fraudulento. La lucha se libra alrededor de su principal subsidiaria, la Chernogorneft, "sin la cual la compañía está muerta” (52). Una competidora de Sidanco que posee los campos petrolíferos adyacentes al de Chernogorneft, la Tyumen, compró las deudas de los acreedores de la Sidanco para quedarse con los activos en disputa. La Tyumen es una empresa cuyos propietarios son el Estado ruso y el Alfa Group, del banquero Vladimir Gussinki, otro miembro del entorno presidencial. “Pero sus críticos dicen que Tyumen se financia desviando fondos de otras compañías quebradas, incluyendo posiblemente subsidiarias de la Sidanco" (53). BP-Amoco, derrotada en los tribunales rusos, logró llegar a un acuerdo extrajudicial con la Tyumen para la explotación de Chernogorneft pero su inversión ha sido severamente devaluada. El ‘mensaje’ de esta operación es claro: “Si esto le puede ocurrir a la British Petroleum y a Amoco, esto muestra que cualquiera es vulnerable" (54). Es esta impasse del proceso restauracionista, desde el punto de vista de los intereses del capital financiero, lo que los mueve a criticarla política seguida por Clinton, Gore, Larry Summers y el FMI. La naturaleza social del proceso restauracionista Los críticos de Clinton aducen que la impasse del proceso de la restauración capitalista en Rusia es la consecuencia de la política aplicada por la Casa Blanca. Anders Áslund, ex asesor de Gorbachov, escribió un largo artículo (55) que puede resumirse de la siguiente manera: la falta de “perspectiva estratégica" del gobierno norteamericano se manifiesta en que no prestó ‘engrande 'cuando debía hacerlo (según Aslund, en 1992/93) y sí lo hizo cuando no debía hacerlo (a partir de 1995, cuando los oligarcas rusos se apropiaron de las grandes empresas). Desgraciadamente, Áslund no explica porqué un ‘plan Marshallpara Rusia'en el ‘92, el año en que la fuga de capitales alcanzó su pico histórico, habría dado un resultado diferente. Lo más probable es que sólo hubiera servido para engordar esa fuga. Las dificultades de los críticos de la ‘política oficial’ se ponen claramente de manifiesto a la hora de formular una alternativa frente a las actuales dificultades. Plantean que “no hay que aislar a Rusia" y que hay que “mantener el apoyo financiero del FMI" pero “con las debidas garantías y salvaguardas". No es muy distinto de lo que plantea el gobierno norteamericano. Un semanario británico resume el ‘estado del debate’ de la siguiente manera: “Por ahora, la combinación de corrupción, riqueza, tamaño y pésimo gobierno hacen de Rusia un país con el que es imposible tratar sobre bases normales. La ausencia de nuevas ideas sobre cómo hacerlo es apenas ocultada por el ruido y la furia…" (56). Pero no fue sólo la rapacidad de los burócratas sino, por sobre todo, la incapacidad de la economía mundial capitalista para absorber su producción industrial lo que obligó a Rusia a integrarse al mercado mundial como un simple productor de materias primas baratas (petróleo, gas, aluminio, etc.). Para una economía altamente industrializada y para una sociedad con un grado de desarrollo educativo y cultural elevado como la rusa, la perspectiva de convertirse en una versión euroasiática de Kuwait o los Emiratos Árabes planteaba, desde el vamos, una enorme masacre social. Pero esos recursos estaban en manos de los burócratas que habían abandonado el ‘comunismo’pero no el poder. El capital financiero internacional buscó una asociación con esas camarillas. La privatización de los principales activos rusos a través del ‘esquema ’ criminal de las “acciones por préstamos” fue presentada entonces, como se ve obligado a reconocerlo el propio Aslund, como la panacea de todos los males y la base de un nuevo régimen social. Ese 'esquema’, en realidad, fue ideado poruña misión de ‘asesoramiento’ de la Universidad de Harvard que le ‘vendió’ la ¡dea a Anatoly Chubais. Los dos principales encargados de esta misión fueron luego despedidos y procesados por haber utilizado sus ‘conexiones’ para su enriquecimiento personal. El hombre que llevó adelante este ‘esquema’ delictivo sigue siendo, hoy por hoy, el funcionario ruso de mayor confianza de la Casa Blanca. En otra edición de En Defensa del Marxismo, comentando este episodio, señalábamos que “la ‘paternidad intelectual’, compartida entre la burocracia y el imperialismo norteamericano, del ‘esquema’ que permitió a los grandes bancos apoderarse de los principales activos industriales -y a los principales asesores norteamericanos, embolsar gruesas sumas por ‘comisiones’-da una contundente respuesta a la falsa disyuntiva planteada por la prensa internacional: si en Rusia se impondrá un ‘capitalismo de ladrones’ o un ‘capitalismo occidental’. ¿'Capitalismo de ladrones’, sí-pero ‘made in USA’.." (57). Los fondos rusos eran maná del cielo para los bancos norteamericanos, que a principios de la década del '90 todavía luchaban por recuperarse de las pérdidas ocasionadas por el crack bursátil de 1987 y por el fenomenal ‘agujero negro ’ dejado por las ‘compañías de ahorro y préstamo’ (que pusieron a grandes bancos, como el Citi, al borde del abismo). Esta es la base social de la indiscutida, por entonces, política de Clinton hacia Rusia. Lo mismo ha sucedido, incluso, allí donde el proceso restauracionista estuvo bajo el directo control del capital financiero, como en Alemania. Allí, un grupo de favorecidos’, los grandes bancos e industriales alemanes, utilizó a fondo sus ‘contactos’ con el gobierno para apropiarse de las industrias de la ex Alemania Oriental y vaciarlas en su beneficio. Helmuth Kohl, canciller alemán, y todo su partido, la CDU, recibieron decenas de millones de dólares, para favorecer a uno u otro grupo. Estas coimas incluyeron, presumiblemente, fondos provenientes de actividades ilegales que fueron ‘lavados’ por esta vía. El escándalo ha provocado la expulsión del propio Kohl de la democracia cristiana, la renuncia de su reemplazante y el suicidio del ex tesorero del partido. Si como dice la prensa occidental, la causa de la corrupción en Rusia es la “ausencia de tradición jurídica y legal", luego de décadas de dictadura stalinista y siglos de dominación zarista, ¿cómo explica este escándalo en una Alemania ‘respetuosa de las leyes’? El agotamiento propio de un régimen de saqueo como el que se montó en Rusia (58) y la lucha salvaje por el acaparamiento de la propiedad entre las camarillas del Kremlin empalmaron con la crisis capitalista mundial. El derrumbe del Asia llevó, a término, a la devaluación rusa y al estalllido de todas las contradicciones internas e internacionales del proceso restauracionista. La agudización de la crisis mundial fue el detonante del derrumbe ruso; el empantanamiento de la restauración es, en consecuencia, una expresión de la crisis capitalista mundial. “Todo el poder a los servicios” La envergadura de esta crisis y la “sensación de vacío de poder" (59) existente en Moscú cuando estos sucesos comenzaban a desarrollarse explican el despido del primer ministro Stepanashin y el ascenso de Putin a la jefatura del gobierno. Un hombre de los servicios dejaba su lugar a otro hombre de los servicios. También explica por qué muchos analistas internacionales atribuyeron a un complot de la oligarquía financiera la guerra en Chechenia y la colocación en el primer plano de los servicios de seguridad y las fuerzas armadas, para distraer la atención sobre su situación, para hacer frente a las por entonces cercanas elecciones parlamentarias y, llegado el caso, suspenderlas con la excusa de la ‘situación de guerra’. Otra manifestación de la crisis es la llamada feudalización de Rusia’, es decir el control de los recursos de cada región por una oligarquía local que sostiene una relación más o menos laxa con el gobierno central. La prensa financiera habla, por este motivo, de una “Rusia medieval" (60). Este proceso de desintegración estatal y de aparición de centros de poder regionales” (61) explica los aparentemente contradictorios resultados de las elecciones parlamentarias de diciembre: en cada región ganó la lista respaldada por el gobernante local; lógicamente, la ganadora nacional fue una lista improvisada de candidatos y tendencias, llamada Unidad, apoyada por la mayoría de los gobernadores locales. “Cada gobernador reina sobre su territorio. Tiene sus órganos de seguridad, sus bandas, sus fiscales y sus jueces. Su único denominador común es que al enviar sus representantes a la Duma (parlamento) bajo la bandera de Unidad, estos 'feudales’ piensan que tienen más chances de mantener su poder” (62). “La guerra contra Chechenia apunta a la supresión de la independencia nacional de este país, que fuera conseguida por medio del voto y de la victoria militar contra Rusia en 1994/96. Pero la necesidad de retomar Chechenia responde al problema más general que enfrenta Rusia, que es la desintegración de su periferia musulmana, tanto en la región del Cáucaso como del Asia Central. Una parte de estas zonas fueron conquistadas por los zares en forma militar, pero otras fueron el resultado, además, de un largo proceso de colonización de tierras y de espacios. Las fuerzas centrífugas de la presión económica del imperialismo capitalista se hacen sentir con toda su fuerza, ahora que no es contrapesada por la centralización brutal del zarismo y la no menos brutal del stalinismo, que fueron acompañadas ambas por una expansión económica que ha desaparecido por completo" (63). Aún cuando Rusia haya tomado Grozny, la agresión militar rusa está condenada al fracaso. Es una guerra reaccionaria porqüe apunta a defender la restauración del capitalismo, la entrega al capital internacional y el saqueo económico por parte de la oligarquía. El Ejército se ha prestado a esta aventura para reivindicar sus propios intereses en la mesa del reparto, lo que significa una rehabilitación de la industria militar. Este es precisamente uno de los planteos centrales de Putin. Pero “la acción del ejército ruso no encierra ninguna posibilidad de renacimiento nacional ruso; eso sólo lo podrá producir una nueva revolución socialista, al igual -aunque esta vez superior, por el desarrollo de las fuerzas productivas- que lo hizo la primera" (64). Estados Unidos y el gobierno de Putin Estados Unidos apoyó el ascenso de Putin al poder (“es un hombre con el que se puede negociar" dijo un portavoz del Departamento de Estado"). También aprobó la agresión militar contra Chechenia. La propia prensa norteamericana ha llegado a acusar a su gobierno de “ayudar indirectamente el esfuerzo de guerra” de los rusos (65). La razón del apoyo es clara: el imperialismo apoya la restauración capitalista pero, además, ha logrado mediante un pacto con los rusos preservar de la guerra a los países del sur del Caucaso, con fuertes recursos petroleros, como Georgia y Azerbayán, que prácticamente han pasado a la órbita de la Otan. Estos últimos han formado con Uzbekistán, Ucrania y Moldavia una asociación de carácter comercial y defensivo conocida como GUUAM. Todo esto le ha abierto a los norteamericanos las puertas de los países de Asia Central, todavía más ricos en recursos minerales y petroleros, como Kazajstán y Uzbekistán. Allí, las compañías occidentales han firmado convenios por miles de millones para la extracción de petróleo y su transporte a Occidente. Los intereses norteamericanos en la región “han sido sumarizados sin ceremonias en un titular del The New York Times:1Estados Unidos busca terminar con ¡a dominación rusa sobre el Caspio’- una ambición cuyas implicaciones geopolíticas pueden traer más problemas de los que Washington hoy supone" (66). Estas 'implicaciones geopolíticas’ explican lo que algunos analistas, como el ‘kremlinólogo’ Richard Pipes, consideran una "política contradictoria de los Estados Unidos: la ampliación de la Otan y el bombardeo de Serbia, por un lado, y los ojos cerrados frente a la corrupción, por el otro” (67). “Lo que seguramente explica el estrecho apoyo norteamericano'al proceso político ruso es el acuerdo para apoyar el desplazamiento del poder de la oligarquía financiera que ha comprometido seriamente la posición financiera de la oligarquía capitalista internacional” (68). Desde su llegada al poder, Putin ha desplazado al otrora poderoso Pavel Borodin, el 'tesorero'de Yeltsin, y a dos ex viceprimeros ministros y ha designado para el puesto a Mijail Kasyanov, un economista “conocido y respetado en Occidente” (69). Aunque “es sospechado de ilícitos financieros" (¿cómo encontrar algún miembro limpio’ de la nomenklatura?), el hombre “encabeza un gobierno más presentable (…) encaminado a la cooperación económica con Occidente" (70). Naturalmente, los norteamericanos 'cobrarán' este respaldo. Bajo la presión de Estados Unidos, Putin le había pedido a la Duma que ratifique el tratado Start II, sobre limitación de armas nucleares. Al mismo tiempo, han comenzado las conversaciones sobre un nuevo tratado, el Start III. Se estima que el parlamento lo hará porque “los militares apoyan un compromiso que liberaría fondos para la modernización atómica y el rearme convencional” (71). Además, los norteamericanos pretenden modificar el acuerdo ABM de 1972 (sobre misiles intercontinentales), para desarrollar un sistema de defensa antimisiles. A cambio, estarían dispuestos a apoyar una rehabilitación de la industria militar rusa, con la participación de sus propios grupos armamentistas. Ya se encuentra en marcha un programa para la construcción de aviones rusos lllushyn con participación de la Boeing. Todo esto, por cierto, ha desatado nuevos choques con Europa, que quedaría aislada de esos acuerdos militares y completamente subordinada en el plano de la industria armamentista. Perspectivas ¿Podrá el régimen encabezado por Putin evitar la desintegración estatal de Rusia y darle una 'salida’ a la empantanada restauración del capital? En lo inmediato, Putin ha obtenido algunas victorias. Ha logrado ganar a una parte de los políticos y gobernadores que hasta las pasadas elecciones apoyaron a los que se consideraban los principales candidatos para reemplazar a Yeltsin, el tándem formado por el ex primer ministro Eugeni Primakov y por el alcade de Moscú Luzhkov. También ha desarticulado al ‘partido comunista’, que ha respaldado su designación presidencial. “Los comunistas apoyaremos a Putin si termina con el saqueo del Estado. Pienso que es un buen hombre, muy enérgico y con mucho sentido del Estado" declaró el general Valentín Varennikov, miembro del CC del PCFR (72). Los ‘comunistas’ están irremediablemente atados al nuevo gobierno dada su defensa de la industria militar. Putin también ha logrado deshacerse sin demasiada oposición de algunos hombres de la “vieja guardia’ yelstiniana. Todo esto, sumado a la toma de Grozny, la capital chechena, deberían asegurarle la victoria en las elecciones presidenciales de marzo. Esto claro, si no ocurre un desastre militar o financiero. Pero allí terminan las buenas noticias para Putin. El desplazamiento del poder de la oligarquía financiera está limitado por las enormes y profundas relaciones entabladas entre ésta y los organismos de seguridad. ¿O acaso el Imkonbank no es una “emanación de la KGB ? En otras palabras, los servicios de seguridad están tan corrompidos como las otras camarillas, lo cual no debe sorprender ya que tienen un origen y una base social común, la burocracia soviética. Tampoco el ejército puede asumir la tarea de ‘limpiarlos establos del régimen yeltsiniano. "Las fuerzas armadas han perdido la capacidad de actuar como recurso último de salvación del Estado, no digamos ya de la nación rusa. Algo similar se manifestó ya con el ejército yugoslavo” (73). No hay ninguna fuerza social o política en Rusia que pueda frenar el saqueo y sostener por sí misma la unidad estatal de Rusia, fuera de la clase obrera, que aún no juega un papel político relevante. En estas condiciones, la unidad estatal de Rusia se encuentra en manos del imperialismo mundial. Por eso, a pesar de la verborragia patriótica, Putin y el ejército ruso buscan su ayuda. Se trata de un escenario de barbarie, que une la ocupación militar de los Balcanes y el reforzamiento de la Otan hacia las fronteras rusas con la guerra colonial de los rusos en Chechenia. NOTAS: 1. Corriere de la Sera, 2 de enero del 2000. 2. Anders Áslund, “Russia's Collapse". en Foreign Afíairs, septiembre/octubre de 1999. 3. The Wall Street Journal, 28 de agosto de 1999. 4. Corriere della Sera, 16 de diciembre de 1999. 5. The Economist, 28 de agosto de 1999. 6. The Wall Street Journal, 30 de agosto de 1999. 7. Timothy O’Brien, “Siga el dinero, si puede", en The New York Times, 5 de setiembre de 1999. 8. Stephen Fidler y Lionel Barber, Op. Cit. 9. Richerd Pipes, reportaje en Corriere delta Sera, 11 de enero del 2000. 10. David Ignatius, “Debacle en Rusia, escándalo en Estados Unidos", en The Washington Post, 25 de agosto de 1999. 11. Robert Kaiser, “Inflando el problema", en The Washington Post, 15 de agosto de 1999. 12. Zbigniew Brzezinski, “Bombas escondidas en el escándalo ruso", en The Wall Street Journal, 3 de setiembre de 1999. 13. Stephen Fidler y Lionel Barber, Op. Cit. 14. The Wall Street Journal, 14 de setiembre de 1999. 15. The Wall Street Journal, 30 de agosto de 1999. 16. Mediante este ‘esquema’, instaurado en 1995 por el entonces primer ministro Anatoly Chubais, el gobierno ruso cancelaba sus deudas con los bancos rusos mediante la entrega de las acciones de las principales empresas. Este ‘esquema’ permitió que un puñado de grandes banqueros se apropiara de los principales recursos rusos. “Visto hoy como un acto de colosal criminalidad, (este ‘esquema) definió la economía de Rusia…" (John Lloyd, “The Russian Devolution", en The Times Magazine, 15 de agosto de 1999). 17. Holman Jenkins, “Los rusos están de acuerdo: los bancos norteamericanos son los mejores”, en The Wall Street Journal, 1o de setiembre de 1999. diferenciado mío. 18. Corriere della Sera, 21 de setiembre de 1999. 19. Corriere della Sera, 31 de agosto de 1999. 20. Charles Clover y William Hall, “Orden de arresto acelera la caída en desgracia de Borodin", en Financial Times, 29 de enero del 2000. 21. Business Week, 31 de agosto de 1999. 22. En las últimos días, ha salido a la luz que también Ucrania ha desviado de manera similar fondos recibidos del FMI y el Banco Mundial hacia la especulación con bonos de su propia deuda interna, cuyos beneficios fueron fugados a través de bancos belgas y suizos. El asunto no es menor: Ucrania 23. Le Monde, 2 de agosto de 1999. 24. Idem. 25. The Economist, 21 de agosto de 1999. 26. The Guardian Weekly, 23 de mayo de 1999. 27. Anders Aslund, Op. Cit. 28. Idem 29. Luis Oviedo, “El carácter social de la Rusia actual’', en En Defensa del Marxismo, N° 18, octubre de 1997. 30. Anders Áslund, Op. Cit. 31. Clarín, 1o de agosto de 1999. 32. Financial Times, 31 de agosto de 1999. 33. The Washington Post, 30 de agosto de 1999. 34. The Wall Street Journal, 30 de agosto de 1999. 35. Holman Jenkins, Op. Cit. 36. Idem 37. Zbigniew Brzezinski, Op. Cit. 38. Timothy O'Brien, Op. Cit. 39. Corriere della Sera, 19 de enero del 2000. 40. Idem. 41. The Wall Street Journal, 30 de agosto de 1999. 42. Corriere della Sera, 15 de diciembre de 1999. 43. Le Monde, 7 de diciembre de 1999. 44. Corriere della Sera, 15 de diciembre de 1999. 45. Financial Times, 5 de diciembre de 1999. 46. Corriere della Sera, 16 de diciembre de 1999. 47. Corriere della Sera, 16 de diciembre de 1999. 48. Martin Wolf, “El precio del olvido", en Financial Times, 11 de agosto de 1999. 49. Corriere della Sera, 10 de noviembre de 1999. 50. Idem. 51. Zbigniew Brzezinski, Op. Cit. 52. The New York Times, 14 de agosto de 1999. 53. The Economist, 21 de agosto de 1999. 54. The New York Times, 14 de agosto de 1999. 55. Anders Áslund, Op. Cit. 56. The Economist, 11 de setiembre de 1999. 57. Luis Oviedo, Op. Cit. 58. “Para mantener los actuales niveles de producción (equivalentes a la mitad del pico alcanzado en 1987 de 11,47 millones de barriles diarios), la industria petrolera rusa necesita inversiones equivalentes a la mitad de todos los activos bancarios rusos" (Le Monde, 10 de agosto de 1997). Desde entonces, el saqueo ha seguido agravando la precariedad de la producción rusa de petróleo. La situación es aún peor en otras ramas. 59. Financial Times, 10 de agosto de 1999. 60. The Wall Street Journal, 10 de agosto de 1999. 61. Idem. 62. Le Monde, 23 de diciembre de 1999. 63. Miguel Briante, “Chechenia o la misión imposible del ejército ruso", en Prensa Obrera, N° 651, 25 de noviembre de 1999. 64. Jorge Altamira, “Todo el poder a los servicios", en Prensa Obrera, N° 652,6 de enero del 2000. 65. The Washington Post, 17 de diciembre de 1999. 66. William Pfaff, “Agitando un cóctel explosivo en el Caucaso", en Los Angeles Times, 17 de diciembre de 1999. 67. Richard Pipes, reportaje en Corriere della Sera, 11 de enero del 2000. 68. Jorge Altamira, Op. Cit. 69. Corriere della Sera, 11 de enero del 2000. 70. Idem 71. El País, 22 de diciembre de 1999. 72. Corriere della Sera, 3 de enero del 2000. 73. Jorge Altamira, Op. Cit.

1 de marzo de 2000
Mito y realidad de la «mundialización del capital»

La mondialisation du capital, de Frangois Chesnais (1), fue publicado en 1994. Tuvo, a partir de entonces, un reconocimiento creciente en los ámbitos académicos y de la izquierda. Algo que debe valorarse a la escala del propósito de la obra que se propone analizar “uno de los mayores fenómenos económicos de este fin de siglo”. Se refiere así a lo que en la literatura y en los discursos apologéticos se denomina “globalización”. El término apareció originalmente en los años ‘80, en los cursos y manuales de las principales escuelas norteamericanas de negocios y marketing. Chesnais prefiere hablar de “mundialización” y aclara, de entrada, que no se trata de una discrepancia meramente terminológica: su análisis se presenta como una crítica del capitalismo y aún como propio del marxismo. Chesnais, además, es conocido por su vieja militancia trotskista. El hecho es que Chesnais publica su libro como “especialista de economía industrial internacional y de economía de la innovación tecnológica, economista de la OCDE”. La Organización de Cooperación y Desarrollo Económico es un organismo gubernamental sostenido por las grandes potencias capitalistas. El libro dispone, por la misma razón, de un amplio repertorio de fuentes bibliográficas que circulan en los institutos. Los autores clásicos del marxismo son citados ‘en passant’. Se diría que Chesnais quiere testimoniar su filiación ideológica de un modo vago. En otros trabajos, sus apreciaciones sobre las caracterizaciones marxistas más conocidas en torno a la internacionalización del capital y a la etapa imperialista son más puntuales (2). Chesnais ha asumido una actividad creciente en la Attac, que significa Acción por una Tasa Tobin de Ayuda a los Ciudadanos, una ONG fundada en París a principios de 1998 por una serie de organizaciones sindicales y de asociaciones de diversos países. El impulso original de esta ONG provino del director de Le Monde Diplomatique (Ignacio Ramonet), un órgano del ala izquierda del imperialismo francés y su propósito central es promover el establecimiento de un impuesto mundial sobre las transacciones financieras para "oponer la mundialización de la solidaridad a la mundialización de la economía" (3). Desde su constitución Attac ha abierto filiales en numerosos países, incluida la Argentina, en cuya dirección figuran economistas de la CTA y de Izquierda Unida. La mondialisation… es previa a esta iniciativa y, por lo tanto, no hay en el libro de Chesnais ninguna mención ni a la Attac ni a Tobin, el economista yanqui que originalmente formulara la idea del impuesto financiero como una tentativa de regular y 'civilizar' el funcionamiento del capital. Sin embargo, como veremos, el sendero general del libro de Chesnais, a pesar de su rechazo formal de las terapias 'reformistas’ a los efectos devastadores del capitalismo 'mundializado', conduce a justificar algo tan banal como la pretensión de una reforma del capital a favor de la "solidaridad humana’’… por vía impositiva. ¿Un capitalismo distinto? No son pocos los comentaristas de la izquierda que han celebrado La mondialisation du capital. Impresiona seguramente el trabajo bien documentado y el extenso seguimiento de las formas que ha tenido el desarrollo de la concentración y centralización del capital así como su magnitud en términos de inversión externa, alcance y funcionamiento de las gigantescas empresas de nuestro tiempo, manipulación y control de los más modernos avances tecnológicos, dimensión de las formas especulativas propias de la época, etc. Cada uno de estos tópicos merece un tratamiento particular y de este modo La mondialisation du capital sería la síntesis de una caracterización novedosa. En verdad, el propio autor es más modesto y admite que recoge lo que en el ámbito académico ya adelantaron en la década pasada Michalet -con su libro titulado, precisamente, El capitalismo mundial (4)- y también Beaud en sus obras de la misma época sobre la economía mundial (5). Habría que agregar que, aunque el autor no lo menciona, la compulsión internacional del modo de producción capitalista, dada su naturaleza intrínsecamente expansiva, se encuentra ya señalada en El Capital, de Marx, que menciona el “establecimiento del mercado mundial" como “la misión histórica” propia del capitalismo. Más tarde, en los primeros años del siglo XX, fue Bujarín quien tituló un trabajo suyo Economía mundial (6), a la que definió como “un sistema de relaciones de producción y de relaciones de intercambio correspondiente, que abarcan la totalidad del mundo". Es, por supuesto, la época del imperialismo, cuando Lenin hace referencia a la división territorial del mundo entre las potencias capitalistas, a la formación de asociaciones internacionales monopolistas y al rol preponderante de la exportación de capitales como sus elementos constitutivos (7). A esta nueva economía mundial hacen referencia también las muy conocidas obras de la época, de Rosa Luxemburgo (La acumulación de Capital) y de Hilferding (El Capital Financiero). De la constitución de esta nueva economía mundial Trotsky sacará enormes conclusiones políticas revolucionarias en su Balance y perspectivas, luego de la primera revolución rusa de 1905 (8). En su ensayo, Chesnais no aborda ninguno de estos antecedentes aunque cita ocasionalmente algunos. Admite que la "mundialización” es una “fase del proceso de internacionalización del capital”. No es menos significativo que en el comienzo del libro señale que la palabra "mundialización (…) permite introducir la idea de que serían necesarias instituciones políticas mundiales capaces de dominar la economía mun-dializada”. Es un ángulo completamente restrictivo que remite a un problema “institucional”. En ninguna parte Chesnais aclara la naturaleza social y política de tales "instituciones". Aunque dice que las “fuerzas que dominan actualmente los negocios del mundo no quieren esto a ningún precio", tendremos oportunidad de verificar que el libro está consagrado a concluir que una reversión de este cuadro sería posible en otro contexto de “fuerzas” en el seno del capitalismo (9). Es de notar que, sobre el final, Chesnais aclara que “teóricamente, nada permite afirmar que el capitalismo no será capaz de instaurar un modo de desarrollo que repose sobre otras formas de consumo y sobre un modo de vida totalmente diferente al que ha desarrollado en el curso de su historia". Es cierto que el autor se declara “escéptico" sobre tal posibilidad pero con ello alude a la incapacidad de los actuales liderazgos políticos. De todos modos, en el último párrafo y a modo de cierre, dice que “aunque lo dudo, puede ser que me equivoque y que por ejemplo los Estados capitalistas más avanzados restablezcan próximamente su control sobre los mercados financieros y los sometan a una regulación estricta, o que se pronuncien por la anulación de la deuda de los países del tercer y cuarto mundo, o que las empresas de una amplia mayoría de los países de la OCDE acepten por simple efecto de la persuasión intelectual, adoptar la semana de treinta y cinco o treinta horas…”. La crítica al capital es sustituida por una política de parches y de regulación de la economía mundial sobre la base del propio modo de producción capitalista. El Chesnais que pregona ahora la “solidaridad internacional" bajo el paraguas de la Attac y del impuesto a las finanzas no es ciertamente el que hablaba de la revolución proletaria internacional bajo la inspiración de Pierre Lambert. Ahora ha sucumbido a la mediocridad del pensamiento centroizquierdista. El original y la copia Esto explica que su peculiar definición de “mundialización del capital” haya sido motivo de celebración. Encubierto con algún ropaje marxista, no hace más que repetir lo que se escucha desde hace años: que no nos encontramos ante manifestaciones agravadas de la crisis histórica del capital sino frente a una suerte de anomalía, “neoliberal” o “neoconservadora”, que debería ser corregida por una intervención disciplinadora del Estado… capitalista. Es exactamente lo que dice Chesnais: que la “mundialización” debe ser comprendida “como resultado de las políticas de liberalización, privatización, desregulación y desmantelamiento de las conquistas sociales y democráticas que fueron aplicadas desde el debut de los años '80 bajo el liderazgo de los gobierno de Thatcher y Reagan”. Es una pura apología de este neoliberalismo, claro, referirse a la mundialización del capital como un fenómeno de los '80. Pero no es, todavía, lo más importante. Ocurre que Chesnais explica que lo típico de la “mundialización" es el “fin del ciclo del capitalismo bajo el dominio del capital industrial”. Se trataría ahora de “la autonomía total del capital dinero… que imprime su marca al conjunto de las operaciones en la economía contemporánea”. En el propio libro, sin embargo, el mismo autor explica la íntima vinculación que existe entre el capital industrial o productivo y el capital dinero o especulativo. ¿Por qué esta contradicción? Porque Chesnais pretende enfrentar a este capital financiero-especulativo transformado en casino, al viejísimo ciclo del capital que se encontraba unificado por la hegemonía del capital industrial. Los “Treinta Gloriosos" Lenin caracterizó, hace ya casi un siglo, que si en el desarrollo histórico del capitalismo, el capital industrial había sometido a sus necesidades al capital dinero o bancario, la evolución ulterior llevó a una particular fusión entre ambos. Tal es el significado del capital financiero. El capital financiero se desenvuelve entrelazado con el monopolio, al cual contribuye a desarrollar. Este capital, que atraviesa además las fronteras nacionales, es para Lenin un “capitalismo agonizante" o “capitalismo de transición”, es decir, de negación de las leyes de desarrollo capitalista sobre la base de este mismo desarrollo. No hay duda que el mundo cambio desde 1915 y que las formas del capital financiero conocen un desarrollo diverso, pero reforzando, y no atenuando, la caracterización de Lenin. El entrelazamiento directo entre los bancos y la industria ha sido sustituido por un entrelazamiento más indirecto, pero no menos profundo, a través de los fondos de inversión, los fondos de cobertura y las operaciones de Bolsa y fuera de Bolsa Chesnais omite este análisis porque tiraría por la borda su 'contribución' sobre una periodización completamente antojadiza de la evolución del capitalismo. En realidad, el análisis de Chesnais está impregnado de la nostalgia general que provoca en todos los medios centroizquierdistas la etapa de la posguerra, los ahora llamados “treinta gloriosos” del capitalismo, por el período de crecimiento económico que siguió a la posguerra. Es sintomático que el libro celebre las posiciones de Keynes de finales de los ‘40 e identifique la posibilidad de una marcha atrás en la financierización" del capitalismo con las políticas de intervención estatal que pregonaba el economista inglés ya en aquella época. Claro que es el fracaso de la política y los remedios keynesianos lo que condujo a la crisis contemporánea. Chesnais se ha incorporado a la tropa que ha hecho una caracterización impresionista del llamado 'boom' de la posguerra. El enfoque es contable, no histórico, ni siquiera económico. Porque el crecimiento del producto bruto mundial y del comercio no revirtió sino que acentuó las características transicionales del capitalismo, el monopolio y el parasitismo, la reacción y la guerra. El derrumbe actual y, en especial, la colosal acentuación del parasitismo social, tiene como base el boom de 1950/70, más que 30,15 pocos gloriosos años. Mistificación El crecimiento del producto bruto no puede identificarse con estabilidad de la economía y la política mundiales de la época: esto es una ficción. Chesnais recoge este impresionismo cuando adopta el punto de vista de los regulacionistas – una escuela de economistas franceses, que se identifica por su total oposición a la caracterización marxista sobre los límites histórcos insalvables del capital. La mondialisation…. Acepta la fábula de un capitalismo “estable” que garantizó “la acumulación” y el “buen funcionamiento” del sistema hasta la crisis de los ’70. Pero el impresionismo se transforma en caracterización reaccionaria cuando se repite la vulgaricidad más reiterada de los últimos años: “la crisis actual del modo de desarrollo (sic) capitalista” se revelan en “la reducción de la capacidad de intervención de los Estados… incapaces de imponer lo que sea al capital privado…. El sistema, por primera vez en su historia, confía la suerte de la moneda y las finanzas completamente a los mercados… los gobiernos y las elites (sic) que gobiernan los principales países capitalistas avanzados dejaron que el capital dinero se transforme en una fuerza incontrolable”. Al revés Chesnais, si el mercado puede reemplazar al Estado, esto es un signo de vitalidad del capitalismo, no de decadencia. El estatismo es señal de descomposición, porque significa que el capital necesita muletas. ¡Hoy las necesita más que nunca! Lo prueba el endeudamiento estatal mundial, de aproximadamente 20 billones de dólares: sólo Japón tiene una deuda pública de 8 billones. Pero que después de las masacres en Irak y Kosovo, después de Timor y Chechenia, después de la elaboración 'teórica' sobre el papel de gendarme mundial de la Otan más allá de los normas del “derecho internacional", después de las más brutales y despóticas intervenciones a nivel mundial en la última crisis, comandadas por el FMI, es decir, por el gobierno norteamericano; parece mentira -insistimos- que después de todo esto se pueda afirmar que el problema que enfrenta la humanidad es la imposibilidad de “intervenir” de los principales Estados capitalistas. No menos ridícula es la afirmación de que el capitalismo se ha entregado por completo a “la imposición de los mercados". La especie del retiro del Estado se contradice con varias de las afirmaciones del libro de que el libre mercado ha sido sustituido por la fuerza de la competencia-cooperación entre las gigantescas empresas capitalistas. ¿De qué Estado estamos hablando? Hablar de Estados débiles y de “capitales privados impunes" sólo tiene sentido cuando el pseudo análisis quiere avalar la propuesta de “Estados fuertes" y "políticas activas" para reducir la “impunidad” del capital financiero. Del Chesnais de La mondialisation… al economista de la Attac no hay demasiada distancia en la tarea de liberar al capitalismo… del peso de las finanzas capitalistas, como señalara un crítico bastante poco revolucionario del planteo de Chesnais (10). Desde el punto de vista teórico, La mondialisation… es, naturalmente, un enorme retroceso respecto a los antecedentes que invoca. De la caracterización marxista, La mondialisation… elimina lo fundamental. Por eso el autor, en un trabajo secundario, dirá que la antes señalada tipificación del imperialismo como “capitalismo agonizante" o “de transición" debe ser revisada. Según Chesnais (11), las condiciones para el pasaje a un orden social superior no están dadas, como si lo habrían estado a principios de siglo, debido a las derrotas del movimiento obrero, las cuales serían el punto de partida de la etapa de mundialización del ‘80. Pero cuando Lenin habló de capitalismo “agonizante”, la clase obrera estaba en medio de una matanza generalizada, arrastrada por la traición más infame de la historia del movimiento obrero contemporáneo. En el año 1915, los intemacionalistas "entraban todos en un sillón" según la conocida afirmación de uno de los participantes de la conferencia de Zimmerwald. Los limites (históricos) de la burguesía… La afirmación de Lenin sobre el carácter terminal de la “fase superior” del capitalismo tiene que ver con la naturaleza del propio capital y no con la correlación de fuerzas entre la burguesía y el proletariado en el terreno de la lucha de clases. Los limites definitivos para el capitalismo deben ser entendidos en este caso en el mismo sentido en que Marx señaló que el límite del capital es el propio capital, una “contradicción en movimiento". Se refería entonces a la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, fundamento de la tendencia del capital al colapso. Chesnais no puede aceptar esta caracterización porque se da de patadas con su análisis del capital financiero como una suerte de forma patológica del capital. En este punto retrocede en relación a Michalet, cuya obra, no obstante, Chesnais se propone completar y actualizar. Es que Michalet aborda al capitalismo como un “ciclo único” que integra al capital dinero, al capital productivo y al capital mercantil, mientras que Chesnais considera que cada una de estas formas debe ser analizada en “forma separada”. Pero ninguna apreciación del movimiento capitalista puede hacerse de este modo porque es precisamente la relación entre las diversas formas del capital la que marca el significado de su evolución histórica. Chesnais necesita unilateralizar el desarrollo del “capital dinero” para mantener en todos los planos el esquema de su oposición al “capital industrial". Así, luego de La mondialisation du capital, organizó otro libro, esta vez, como colección de trabajos, que se titula La mundialización financiera y que ya no es otra cosa que una suerte de folleto de propaganda de la Attac y su conocido impuesto. De este modo, la caracterización “marxista” del capitalismo moderno concluye con una apelación a los gobiernos capitalistas para una mayor intervención en rescate de la tendencia al derrumbe del capitalismo mundial. Algo redondamente contrarrevolucionario. En definitiva, lo que ofrece como conclusión la obra que comentamos es la vieja cantinela de que lo que hace mal al capitalismo es la especulación, como si ella no fuera precisamente la expresión de la impasse general del propio capital productivo que mina las condiciones de su propia valorización. “Toda crisis capitalista fundamental significa que la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción existentes ha llegado a un punto de explosión. La caracterización que gira en tomo a la dicotomía entre la producción y la especulación la ignora olímpicamente y se pierde en su laberinto. El desarrollo del llamado sector financiero obedece a la necesidad del capitalismo de superar la contradicción de base que se reproduce incesantemente. Se opone al capital productivo como un hermano siamés a otro” (12). Canaliza fondos que carecen de oportunidad rentable en la órbita productiva, actuando como atenuante de la crisis… hasta que se transforma en el principal motivo de su estallido porque se hace incompatible con la creación de valor y plusvalía que es propia del capital productivo en confrontación con el trabajo asalariado. En cualquier caso, la especulación es una evidencia del horizonte insuperable de la civilización capitalista y de la necesidad histórica de su superación revolucionaria. … y los del autor de La mondialisation… Si con la aparición del imperialismo surgió una oposición pequeño burguesa que pretendía el retorno idílico al mundo de la libre competencia, del productor individual, de la vigencia del mercado contra el monopolio, etc., la “globalización” hizo surgir una oposición ya no pequeño burguesa sino también imperialista que procura la “autonomía" de cada Estado-potencia y se fractura en función de los choques más agudos de las diversas fracciones de capital, amenazadas por la sobreproducción y la bancarrota generalizada. La abrumadora mayoría de la izquierda europea, incluida la ’trotskista’, es tributaria de esta nueva configuración que expresa, además, el punto de vista de la burocracia sindical y sus enormes beneficios en la época de la posguerra. ¿Habrá que recordar que el fenómeno de la "aristocracia obrera” es propio de los países imperialistas? Finalmente, la “mundialización del capital” es un mito en un sentido muy preciso. Chesnais reconoce su deuda con Bujarín y su ya aquí mencionado análisis de la “economía mundial’1, pero no menciona siquiera la crítica de éste a los macaneos de la “mundialización”, puesto que como resultado de las disputas por el dominio de la propia economía mundial se integran “trusts capitalistas nacionales" que rivalizan ferozmente entre ellos de modo que si la competencia tiende a reducirse al mínimo en el seno de las economías nacionales, “renace en el exterior en proporciones fantásticas, nunca vistas en épocas anteriores” (13). El capital no puede “mundia-lizarse" porque tampoco puede socializarse; su carácter privado lo condena al exclusivismo, o sea, al nacionalismo, es decir, a la guerra entre los capitalistas. El capital no es nada sin el recurso de la fuerza y del Estado que la transforma en realidad material. Las agudas manifestaciones de guerra comercial, las divisiones estratégicas entre los diversos polos del mundo capitalista, las consecuencias inevitables de su desarrollo desigual, el temor a una explosión bursátil y financiera en el corazón del mundo capitalista expresan una realidad en la que operan a la vez profundas fuerzas centrípetas y centrífugas en la economía mundial. El Estado mundial capitalista o las “instituciones mundiales”, para hablar en los términos del libro que criticamos, es una utopía reaccionaria. El capitalismo no puede funcionar de otro modo. La “mundialización del capital” fue anticipada como fantasía por Kautsky, 90 años atrás, con el nombre de “ultraimperialismo”. El pronóstico acertado fue el de sus críticos marxistas: es una época de reacción en toda la línea, de catástrofes sociales y gigantescas convulsiones económicas, de barbarie generalizada, de extensión del capital a todo el globo y, por lo tanto, de mayores desequilibrios y desigualdades, de guerras y revoluciones. Por supuesto, no hay impuesto Tobin que pueda remediar esta situación. Para bien o para mal, no hay otra salida fuera de la revolución proletaria y la expropiación del capital. Notas 1. Chesnais, Frangois; La mondialisation du capital, Ed. Syros, Paris, 1994. 2. Chesnais, Frangois; Capitalismo de fin de século, en Coggiola, Osvaldo (org.), Globalizacao y Socialismo, Ed. Xamá, Sao Paulo. 1997 3. Sobre el impuesto Tobin, pueden consultarse las críticas aparecidas en En Defensa de!Marxismo N° 23 (marzo/mayo de 1999) y en En Defensa del Marxismo N° 25 (diciembre 1999/febrero 2000). 4. Michalet, C. A.; Le Capitalismo mondial, Ed. Presses Universitaires de France, Paris, 1985 5. Beaud, M; Le Systeme national-mondial hierarchisé, Paris, La Decouverte, 1987. 6. Bujarin, N; El imperialismo y la economía mundial, varias ediciones. 7. Lenin, V. El imperialismo, fase superior del capitalismo; varias ediciones. 8. Rieznik, Pablo, “Trotsky e a crise da economía mundial capitalista", en Trotsky Hoje. Editora Ensaio, Sao Paulo, 1994. 9. Entrecomillamos la palabra para subrayar que no sólo la palabra imperialismo no aparece en el texto: las “fuerzas” sustituyen al proletariado y la burguesía como clases antagónicas de la economía mundializada 10. Husson, Michel; “Contra el fetichismo financiero" en Razón y Revolución. N° 5, Bs. As., otoño de 1999. 11- Chesnais, Capitalismo… op. cit. 12. Altamira, Jorge; “El alcance de la actual crisis mundial”, en En Defensa del Marxismo, N° 24 marzo-mayo de 1999. 13. Bujarin, N; op.cit.

1 de marzo de 2000
De la guerra de los Balcanes a la guerra de Chechenia

Entre el 22 y el 24 de enero se realizó en Atenas, Grecia, la Conferencia Socialista Balcánica Anti-Otan. Convocada conjuntamente por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (EEK) de Grecia y la Liga Marxista de Trabajadores (MIB) de Turquia, la Conferencia contó con la participación de 19 organizaciones de 7 países de la región. La Conferencia aprobó la creación de un “Comité Obrero Balcánico Anti-Otan" para impulsarla movilización contra la injerencia imperialista en la región y la formación del “Centro Christian Rakovsky” de propaganda socialista, por una Federación Socialista Balcánica. El Partido Obrero participó en la Conferencia Balcánica. Reproducimos a continuación el discurso de Jorge Altamira que, por dificultades en la grabación, es transcripto parcialmente. Compañeros No sólo traigo el saludo del Partido Obrero de Argentina y nuestro más firme apoyo a la iniciativa de esta reunión de crear un Comité Obrero contra la Otan en los Balcanes. En nuestra opinión, es una gran iniciativa porque es la primera reacción programática y organizada de la vanguardia revolucionaria frente a la extraordinaria ofensiva del imperialismo internacional contra los pueblos de todo el mundo. Es un ejemplo a seguir, porque es una delimitación política en la presente situación internacional, que traza una clara línea entre explotados y explotadores y da una expresión consciente, programática a esta delimitación. Sé que algunas organizaciones aquí presentes están ligadas a otras organizaciones revolucionarias en Europa. Mi reflexión es: ¿por qué esas otras organizaciones en Europa no han tomado este tipo de iniciativa si son realmente revolucionarias? ¿Por qué no pueden trazar este tipo de delimitación? Es fácil comprender que sin esta clase de delimitación, nos mantenemos en una situación nebulosa en el presente escenario internacional. La agresión imperialista en los Balcanes parece dar hoy la impresión de un incidente rápidamente olvidado, y no un momento definitorio que obligó a todas las corrientes, de la derecha y de la izquierda a elegir su campo. Esta iniciativa tiene una perspectiva que supera los límites geográficos de los Balcanes porque señala una línea política de reconstrucción de la vanguardia obrera sobre una base internacionalista. Ustedes pueden estar pensando cuál fue el impacto de esta guerra en América Latina o en Argentina. Pienso que un ejemplo de la razón que explica el interés que causo, es el titular de primera página de nuestro periódico: "La derrota de la Otan es en nuestro interés nacional”. De esto se trataba; para los que sufren la explotación y la opresión imperialista y las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco Mundial, había la necesidad de una derrota internacional de la Otan, porque debilitaría a nuestro opresor y favorecería nuestro interés nacional de emancipación. En esos días de guerra, Buenos Aires fue elegida por la Internacional Socialista para rea izar su reunión regular, lo que para nosotros fue la oportunidad para impulsar demostraciones contra los centroizquierdistas en Argentina. De este modo, pudimos hacer más por la compresión del pueblo trabajador en la Argentina de las diferencias entre el socialismo revolucionario y el centroizquierdismo que lo que pudimos hacer en muchos años. Hay una tendencia en el pueblo argentino a tomar partido en cada confrontación internacional, muy rápidamente. Generalmente, elige bien. El sentimiento popular en Argentina y en América Latina en general es abrumadoramente contrario a la Otan y en defensa del pueblo balcánico, incluso cuando este pueblo estaba dirigido por Milosevic. Nosotros aprendimos a distinguir entre necesidades históricas y direcciones ocasionales. La crisis mundial Nuestra corriente, muy temprano, comprendió la tendencia de la burocracia soviética a la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Puedo resumir esto diciendo que en 1970, señalamos que los principales tratados entre la Unión Soviética y Alemania Federal, o los Acuerdos de Helsinki, eran pasos en la dirección de la restauración del capitalismo. Los Acuerdos de Helsinki que fueron saludados por todos los demócratas en todo el mundo como un paso hacia la democratización; pero es el primer documento firmado por la burocracia soviética que reconoce la vigencia suprema de la ley internacional respecto de las leyes nacionales. Es el primer reconocimiento de principio de las leyes de mercado en la Unión Soviética. Pero no sólo en conexión con la Unión Soviética nosotros vimos esto claramente. En 1984, dijimos que si la cesión de Hong Kong a China se hacía realidad, y si China aceptaba en consecuencia el principio de “una nación, dos sistemas”, esto significaría un paso hacía la restauración del capitalismo porque significaría que, por primera vez, el aparato del Estado obrero burocratizado se convertiría en el defensor de relaciones sociales capitalistas. En esa época, Ernst Mandel planteaba que este tratado no era un paso hacia la restauración del capitalismo. Esta es una de las diferencias que tuvimos con el Secretariado Unificado y con Mandel en particular. Porque la segunda fue relativa a Gorbachov. Nosotros dijimos que su programa llevaba a la restauración del capitalismo. Para Mandel se trataba, en cambio, de un intento de reforma del sistema burocrático, con métodos roosveltianos. No les dio todo esto por una cuestión de registros. En nuestro punto de vista, está conectado con el verdadero núcleo de la confusión existente en los últimos diez años. Porque toda la izquierda fue tomada por estos acontecimientos completamente te desarmada. Nosotros tuvimos en ese momento la posibilidad de comprender este desarrollo porque ya teníamos una cierta comprensión de las conexiones que se habían desarrollo entre el antiguo Estado obrero y la crisis general del capitalismo. Porque lo que en nuestra opinión la mayoría de la izquierda no ha comprendido es que la disolución de la Unión Soviética y la bancarrota del Estado obrero burocrático no sólo es una expresión del fracaso del socialismo en un solo país y de la bancarrota de la burocracia, sino también una manifestación de la declinación, de la decadencia, de la descomposición del sistema capitalista. No es casual que el derrumbe del stalinismo se haya producido en la etapa de crisis iniciada en 1971/73, y no cuando el 'boom' económico que duró desde 1950/ 55 hasta fines de los ‘60. Desde un punto de vista histórico general, la declinación del capitalismo inviabiliza la asimilación pacífica y progresiva de las naciones industrializadas que se han desarrollado sobre la base de la economía planificada. Esto porque el proceso de la restauración del capitalismo no se limita a la privatización, ni se limita a la integración de esa economía en el mercado internacional. Ante la crisis de sobreproducción de capital y mercancías, la restauración significa primero, la destrucción directa de fuerzas productivas y significa barbarie. En estos fenómenos, asimismo, se manifiesta la propia crisis general de la Humanidad en la presente etapa. Para ser más concreto. ¿Por qué los alemanes, cuando absorbieron Alemania del Este, cerraron prácticamente todas las fábricas? Porque ya había otras fábricas en producción; el capitalismo no necesitaba más fábricas. De una manera general, la integración de las antiguas economías planificadas al mercado internacional tiene un efecto deflacionario, y esto es claro en el caso de la República China, que es el principal factor de deflación en la presente situación económica en todo el mundo. Pero China no es la responsable de la deflación. En condiciones de sobreproducción capitalista, el acceso de China al mercado internacional agrega una fuerza suplementaria que desata la deflación potencial y reprimida en la economía internacional. En esta vía, el próximo paso de la restauración en China es la destrucción de su economía estatal, que ya está en marcha, y que cobra un nuevo vuelo con el acuerdo entre la burocracia china y el imperialismo norteamericano para el ingreso de China a la OMC. Dado que en esta reunión se ha expresado una posición de apoyo a las negociaciones comerciales del régimen chino, debo señalar mi desacuerdo: es un acuerdo colonial del imperialismo contra el pueblo de China. Este acuerdo llevado a sus últimas consecuencias transforma a China otra vez en periferia colonial. Para nosotros, esta clarificación de una crisis internacional que se expresa en una forma contrarrevolucionaria en la disolución de la Unión Soviética y en la caída del Estado obrero, es una condición para evitar la visión impresionista que prevé una carrera fácil del imperialismo en todo el mundo. La tendencia del capitalismo a su autodisolución se manifiesta todos los días, incluso de las maneras más increíbles. No sólo en las bancarrotas de los gobiernos y en las bancarrotas privadas. Hay naciones que están en bancarrota, lo cual es siempre una manifestación de la disolución de las relaciones sociales capitalistas. Incluso en esta moda de fusiones de capital, esa disolución se manifiesta también. La disolución consiste en la valorización ficticia del capital en acciones para abrir la vía a la liquidación de una parte del stock físico de capital, del capital directamente productivo. Todas las fusiones tienen estas dos características: un crecimiento en la cotización del valor de las acciones seguida de una reestructuración que significa miles de despidos y la liquidación de una parte del capital físico. Los ambientes financieros están muy preocupados con los defaults en el mercado de obligaciones (o títulos de deuda) de Nueva York. Han alcanzado un nivel récord en toda la posguerra. Existe también una tendencia declinante en las Bolsas, que se encuentra disimulada por el crecimiento de un pequeño número de empresas. Pero además se trata de un crecimiento como el de la especulación con tulipanes en Holanda en el siglo XVII. Porque estas compañías no tienen ninguna ganancia. Incluso Microsoft acaba de anunciar beneficios que, en un 30%, no responden al negocio del software sino al incremento del precio de las acciones de otras empresas que fueron compradas por Microsoft. Geopolítica y lucha de clases Quiero enfatizar un punto metodológico. El capitalismo y el imperialismo no son los dueños del proceso histórico, aunque tengan algún plan político para dominar el mundo. Para caracterizar adecuadamente la situación histórica y trazar las perspectivas del proletariado, hay que tomar por base la declinación histórica del capitalismo y la lucha de clases, no los delirios geopolíticos. Es un punto muy importante. Les voy a dar un ejemplo. Esta semana, el gobernante ecuatoriano fue derrocado. El gobierno de Ecuador había establecido un plan de dolarización. La importancia de esta dolarización es que se trata de una de las salidas que ofrece el imperialismo para las crisis de Argentina y Brasil. Ahora sabemos que lleva o que puede producir situaciones revolucionarias. Que la dolarización va precedida por la hiperinflación y la liquidación de los sistemas monetarios. De esta manera, la crisis ecuatoriana tiene un significado especial, que seguramente no es la que previeron los planificadores de la dolarización en Ecuador. Otro aspecto de esta crisis. Venezuela experimenta con un gobierno constitucional nacionalista que derrotó a todos los partidos históricos, incluso en elecciones. Una de las alternativas de la crisis ecuatoriana es la emergencia de una variante venezolana. Si esto sucediera, veríamos otra vez una onda de gobiernos nacionalistas y antiimperialistas en la retaguardia del imperialismo norteamericano. El mismo imperialismo que está maniobrando en el Cáucaso y que tiene grandiosos planes geopolíticos, tiene problemas en su propia casa. Y un gran problema. Esta es la dialéctica, en una cierta manera, de toda esta situación internacional. Otra manifestación de esta dialéctica es lo ocurrido en Seattle. Porque Seattle ha demostrado una fractura entre los varios países imperialistas. El imperialismo norteamericano no quiso llegar a un compromiso con los europeos y de hecho decidió una política unilateral en cuestiones económicas y comerciales. No hubo ningún acuerdo a pesar de que los europeos realizaron extraordinarias concesiones al imperialismo norteamericano. Hay que tener en mente esta división imperialista cuando consideramos la situación general. Es decir que, a pesar de Yugoslavia, no existe el frente imperialista mundial unido, capaz de desplegar los grandes planes de conquista mundial. Por esto explica también la crisis que nosotros estamos discutiendo aquí, es decir a guerra en el Caucaso, luego de la guerra de los Balcanes. Como ustedes saben, la primera intención del imperialismo norteamericano fue desarrollar la política de restauración sin la desintegración de la Unión Soviética. Bush tuvo que ser presionado muy fuerte para admitir la independencia de Ucrania, y sólo lo hizo en 1991 cuando la Unión Soviética, una implosión de la URSS. Es decir, que los primeros planes geoplíticos fueron abandonados y el imperialismo tuvo que reaccionar empíricamente frente al desarrollo de la lucha de clases a escala internacional. Lo mismo podemos decir acerca de Yugoslavia. Y luego de su desintegración, con la independencia de croatas y los eslovenos, comenzaron otra política. Podemos decir, incluso, lo mismo acerca de Alemania. Porque la absorción de Alemania del Este no fue en las condiciones en que el imperialismo alemán deseaba. Y ahora dicen que fue un error cambiar las monedas uno a uno. La alianza de la burocracia rusa y el imperialismo ¿Cuál es nuestra posición en la presente situación? Naturalmente, el final de la guerra en los Balcanes fue una victoria para el imperialismo norteamericano y en principio esto le dio al imperialismo una capacidad de iniciativa más amplia en la escena internacional. Pero es importante decir que un papel fundamental, y en este caso lo remarco, de esta victoria y, en cierta manera, el factor principal en ciertos momentos, fue el gobierno ruso. Porque fue el gobierno ruso el que arrancó la rendición de Milosevic. Porque como el general Jackson ya lo ha dicho, la pesadilla para la Otan era verse forzada a invadir Kosovo y marchar a una guerra terrestre contra Yugoslavia. De esta manera, el presente régimen de Rusia está asociado con la dominación imperialista en los Balcanes, no en oposición. Debemos enfatizar esto para comprender que en la presente situación, el gobierno ruso no es el opositor del imperialismo norteamericano, ni en los Balcanes ni en el Cáucaso ni en América Latina ni en ninguna otra parte, sino que es un asociado. Pienso que en el futuro las cosas serán un poco más complejas y más complicadas, pero no en la presente situación. El mismo general Jackson saludó la colaboración del ejército ruso en Yugoslavia. El "pacto de estabilidad” de Soros y de la Otan está proyectado y planificado en una situación en la cual el ejército ruso colaboró con el imperialismo norteamericano. Los periódicos dicen que hay un plan del imperialismo norteamericano para Kazajaztán, Uzbekistán, el sur del Cáucaso, Turquía. Yo mismo escribí un artículo señalando que el código civil de Uzbekistán fue redactado por un abogado británico y en cierta medida es una copia de la ley británica. La periferia de la CEI (Comunidad de Estados Independientes) está siendo sometida por el imperialismo norteamericano y en particular por las compañías petroleras. Pero esta situación no resuelve la cuestión de la guerra de Chechenia. No podemos analizar la guerra de Chechenia con lentes geopolíticos. La guerra de Chechenia es una guerra nacional. Dirigida por bandidos como en la mayoría de las guerras nacionales. Que busca el apoyo de otro imperialismo o de otra potencia como en todas las guerras nacionales. Nosotros tenemos un ejemplo. La guerra de las Malvinas fue en su comienzo una guerra del imperialismo norteamericano contra el imperialismo británico. El gobierno de Galtieri colaboraba con la CIA en la represión de la revolución nicaragüense. Organizó los “escuadrones de la muerte . Eran especialistas en torturar al pueblo nicaragüense. Hicieron el mismo trabajo sucio en El Salvador. Cuando decidieron ocupar Malvinas, era porque tenían el apoyo del imperialismo norteamericano. Para el imperialismo norteamericano era muy importante tener las Malvinas porque querían convertirla en una base militar. En ese momento la situación en Sudáfrica no estaba decidida, por lo que el Pentágono propuso una Otan del Atlántico Sur con Brasil, Argentina y Sudáfrica, junto con Estados Unidos. En los primeros meses de la guerra, el general Haig fue el mediador entre Argentina y los británicos. Si el imperialismo norteamericano al final se puso contra Argentina, ello fue como consecuencia de la política de Margaret Thatcher, que le dio un ultimátum al imperialismo norteamericano. “Vamos a ir a la guerra contra Argentina. Y si ustedes no están con nosotros, se lo vamos a hacer pagar en Europa". Entonces el imperialismo norteamericano recordó las “tradiciones históricas y de sangre que tenemos con los ingleses". Esta tradición fue descubierta cuando Thatcher reunió la flota británica que estaba dispersa por todo el mundo. Lo que comenzó como un complot argentino-norteamericano contra el imperialismo británico dirigido por una presidente borracho, torturador, asesino, secuestrador de niños y violador se convirtió en una guerra nacional. Para los marxistas, la cuestión era desplazar a Gaitieri de la dirección de la guerra, no estar contra la guerra contra el imperialismo anglo-yanqui. Ganar a las masas argentinas para nuestra política, no para la política de Gaitieri. Si nosotros hubiéramos estado contra la guerra, no habríamos podido desafiar a la dirección militar de esta guerra. Para desafiar a la dirección de los militares, a la dirección bandida, nosotros debíamos estar en esa guerra. Porque era una guerra nacional. Chechenia es un país de contrabandistas, quizás como Paraguay. Para nosotros, sin embargo, Paraguay es la más grande y la más auténtica nación de toda América Latina. La más castigada a causa de ello. En el siglo pasado, Brasil, Argentina y Uruguay asesinaron un millón de hombres en Paraguay. Durante mucho tiempo, Paraguay fue una nación de mujeres y de niños. Y asesinaron a un millón de hombres porque Paraguay defendía su independencia nacional bajo la dirección de un polígamo. Para nosotros, Paraguay corporiza la independencia nacional. A causa de ello, Paraguay fue reducido a una extrema pobreza y es por eso que Paraguay se convirtió en una nación de contrabandistas como Chechenia, que es un país pobre, sin recursos, en una nación, la URSS, que después de su desintegración y del comienzo de la restauración capitalista, empobreció aún más a sus propias masas. Chechenia es históricamente una cuestión nacional, que la Revolución de Octubre no llegó a resolver debido a su aislamiento y a la contrarrevolución staliniana. Porque fue una cuestión nacional contra el Zar, fue una cuestión nacional contra Denikin -los chechenos fueron unos de los pocos que exterminaron a los ejércitos contrarrevolucionarios en la guerra civil; fue una cuestión nacional bajo Stalin, cuando la mayoría de su pueblo fue deportado, y naturalmente cuando la Unión Soviética se desintegró, la cuestión nacional aparece en un lugar central. La cuestión es quién dirige este movimiento. Aparentemente, está dirigido por bandidos y contrabandistas. Nosotros apoyamos ese movimiento nacional mientras luchamos por su dirección. ¿Con qué programa? En este caso, el programa debe reunir todos los elementos de la situación. Porque la situación no se limita a Chechenia, es todo el Caucaso. En el Cáucaso como conjunto, el principal peligro o la principal amenaza es el imperialismo norteamericano. Es la presión del imperialismo norteamericano para someter a Georgia, Azerbaiján y Moldavia. Incluso si el gobierno norteamericano no estuviera en completo acuerdo con esto, Shevardna-dze y sus aliados quieren entrar en la Otan. Entonces, nuestro programa debe plantear la independencia de todo el Cáucaso contra la Otan y contra la burocracia restauracionista. Porque, finalmente, estos bandidos que están siendo masacrados por decenas de miles, demuestran que es una guerra popular. ¿Cien mil soldados están intentando tomar Grozny desde hace cuatro meses, y no pueden hacerlo porque se le oponen diez mercenarios, o el buscado Bil Laden? Por favor, no tiene sentido. Hay una amplia base popular que tenemos que ganar para la causa revolucionaria. Esa causa revolucionaria es por una Federación Socialista en el Cáucaso en el cuadro de la reconstrucción de la Unión Soviética como una verdadera dictadura del proletariado. En esta dirección, también podemos establecer una línea de avanzada para combatir al imperialismo norteamericano en el Cáucaso del sur. La geopolítica no sirve en absoluto para esta situación. Supongamos, geopolíticamente, que los chechenos ganan la guerra y obtienen un estado independiente. Naturalmente, como consecuencia de las leyes geopolíticas, se convierte en vasallo de los norteamericanos. Entonces, hay que estar contra la independencia de Chechenia. Dentro de las leyes geopolíticas, esto tiene una lógica perfecta. Pero, ¿y la conciencia de las masas? ¿Y la conciencia de las masas chechenas? ¿De las masas musulmanas? ¿De las masas oprimidas? ¿De las masas rusas? No se les puede decir "no, ustedes son tan incapaces que no podemos estar por vuestra independencia”. "Si le damos la independencia, van a caer en los brazos americanos". Así analizado, todos van a caer, los kurdos, los paraguayos… Pero ese es el método socialista democrático de la Segunda Internacional. Las colonias deben ser civilizadas por las metrópolis pero no ser independientes. No una colonia capitalista sino una colonia socialista. ¿Y la conciencia de las masas? Otra cuestión. Tenemos una cuestión muy práctica, incluso aquí entre los militantes de esta región. ¿Estamos por la victoria del ejército ruso o por la victoria de los rebeldes nacionales, incluso bajo el liderazgo de los bandidos? Después de todo lo que he dicho, es evidente que si los rusos derrotan a los chechenos, habrá en el Cáucaso un pacto con el imperialismo norteamericano similar al que existe en los Balcanes. Ellos se van a dividir los despojos. El ejército ruso no es el Ejército Rojo. El ejército ruso es el ejército restauracionista. No debemos razonar como si fuera el Ejército Rojo. No son los protectores de la propiedad pública. Son los protectores de Berezovsky, de los saqueadores de la economía rusa, con independencia de si ésta o la otra fracción apoya o no esta guerra. No, nosotros no estamos por la victoria del ejército restauracionista. Consideramos a la victoria de los bandidos el mal menor. Lo mejor para nosotros sería que los militantes revolucionarios ganaran la dirección dé esta lucha y que los revolucionarios, no los bandidos, derrotaran al ejército ruso. Esto sería lo mejor, pero el mal menor es éste. La burocracia rusa está asociada al imperialismo como un socio menor. ¿Por qué un socio menor? Porque es un socio con cuentas en los bancos norteamericanos. El asesinato de este banquero judío-libanés, Safra, en Montecarlo es una demostración. The Republic New York Bank fue el banco de la oligarquía rusa. Y todo esto explotó con la crisis de la Bolsa rusa de 1998. No, no podemos estar a favor de los restauracionistas. De una manera general, si es que podemos ser precisos, nuestra visión es la siguiente: Sí gana el ejército ruso, habrá un acuerdo con el imperialismo norteamericano sobre oleoductos, cuotas de petróleo, etc. ¿Y si ganan los chechenos? Habrá una extraordinaria crisis en el régimen ruso. Esto plantea esta cuestión: ¿las masas rusas sacarán provecho de esta crisis para derrocar a los restauracionistas? Si la explotan, será fantástico. Incluso yo estaría dispuesto a ir a Moscú en invierno. Pero si las masas rusas no se manifiestan capaces de sacar provecho de esta hipotética situación, la crisis se desarrollaría todavía más. Pero la inmadurez del factor subjetivo de las masas, de la vanguardia, no puede ser soslayada o saltada. Hay que desarrollar la experiencia de las masas. Mis últimas palabras son para decirles a ustedes que respaldamos la propuesta de formar un Comité Obrero. Es una iniciativa muy importante incluso si las primeras organizaciones son pocas. Lo que importa aquí es la calidad de la iniciativa: un frente de clase contra el imperialismo. De esta manera fue construida la Primera Internacional. Fue la consecuencia de un frente de clase contra la guerra de la Rusia zarista contra la independencia de Polonia. Este fue el punto principal que reunió a Marx, a los obreros ingleses y a los obreros franceses. Una lucha internacional contra la guerra de la Rusia zarista contra la independencia de Polonia. Nosotros tenemos esta situación pero en una escala diez mil veces mayor. Encuentro esta iniciativa fundamental y la respaldo plenamente. La segunda propuesta es tan importante como la primera. Porque la propuesta de formar un centro de propaganda, de educación, en la perspectiva histórica de Christian Rakovsky es esencial. Es la única manera de tener cuadros. Sería la primera vez que la cuestión de la formación de cuadros no es nacional sino que comienza a ser internacional. La tercer propuesta que hago, para que ustedes vengan a Buenos Aires a la reunión por la refundación de la IVa Internacional, también es muy importante. Porque, sin sectarismo, digamos que la historia ha probado que la única corriente socialista en este mundo es la IVa Internacional. Todas las demás fueron sepultadas con sus propios creadores y nunca renacieron, nunca. La IVa Internacional, en las peores condiciones, luchó por el internacionalismo, la revolución política y la fraternidad revolucionaria entre los explotados de las diferentes naciones. Cuando observamos las vanguardias en los últimos cincuenta u ochenta años, la imagen de la IVa Internacional y de los combatientes cuartainternacionalistas se vuelve, al menos para mí, aún mayor. Porque cada día comprendo mejor la extraordinaria importancia de la lucha que desarrollaron en la más absoluta soledad. Lo hicieron por sus convicciones. Este es el sólido material para construir una nueva organización. La única respuesta al imperialismo es la construcción de una Internacional y la tradición histórica y la autoridad para tener la iniciativa de esto es de la IVa Internacional, que envuelve a todos los internacionalistas. No importan sus orígenes; no hay cuartainternacionalistas desde los orígenes.

1 de marzo de 2000
La globalización como transición al socialismo

1. A comienzos del siglo XX, el imperialismo, su naturaleza, su política económica, su dinámica, se convirtió en el foco del más intenso debate teórico internacional entre marxistas y no marxistas; a fines del mismo siglo, es la globalización la que ocupa el foco en la confrontación de teorías y estrategias. Las principales concepciones en conflicto sobre la globalización son las siguientes: a) La concepción burguesa triunfalista, -que afirma que la globalización representa la victoria final y completa del capital a escala mundial, un nuevo estadio histórico que trasciende al Estado-nación. b) Una visión que rechaza la globalización como un puro mito y busca una respuesta nacional a los problemas planteados bajo su nombre. c) Una visión que considera la globalización, simplemente, como una serie de políticas y conductas especulativas, que deberían ser reguladas por medidas de control sobre el movimiento de los capitales. d) Una aproximación, basada en el análisis de Lenin sobre el imperialismo (pero no limitada a él) que distingue entre los mitos y la realidad de la globalización y la entiende como un proceso real y contradictorio de transición, interconectado con la lógica del capital y la naturaleza histórica de la época transicional de la declinación del capitalismo. Las divergencias teóricas conducen a diferentes orientaciones políticas, particularmente entre las fuerzas que se reclaman del socialismo: a) Están los que sostienen que la globalización capitalista es progresiva y que cualquier resistencia u oposición, no sólo carece de esperanza sino también es nacionalista y retrógrada. b) Un segundo grupo contrapone a la globalización un giro (o retomo) a la defensa del Estado-nación. c) Un tercer grupo busca confrontar algunos de los efectos laterales negativos de la globalización financiera proponiendo reformas contra la especulación incontrolable (por ejemplo, el impuesto Tobin) dentro del cuadro capitalista. d) El último grupo enfatiza que el proceso de conjunto constituye la globalización de las contradicciones del capital, que lleva a su explosión e impulsa transformaciones revolucionarias, la transición mundial, desde esta última sociedad de clases antagónicas hacia el comunismo. Está claro que estas divisiones corresponden y reproducen, a un nivel todavía más elevado, las divisiones políticas en los debates sobre el imperialismo de comienzos del siglo XX, entre: a) La visión del imperialismo como una “todopoderosa fuerza de modernización” a ser defendida por los socialistas (Scheideman). b) La visión del imperialismo como un conjunto de políticas que debían ser enfrentadas en nombre de un retorno a un (inexistente) capitalismo ‘pacífico’ de la era preimperialista (Kautsky). c) La visión del imperialismo como el estadio histórico "más alto y último” en el desarrollo del capitalismo, la época de su declinación y de la transición al socialismo (Lenin). Como en el pasado la discusión sobre el imperialismo, los debates de hoy sobre la globalización son de la más crucial importancia para las perspectivas del socialismo. 2. La globalización tiene su origen en la tendencia a la universalidad inherente al capital como un valor que se autoexpande. Marx ya había pronosticado este proceso. En los Grundrísse analiza por qué “es solamente el capital el que crea la sociedad burguesa y la apropiación universal de la naturaleza, y del propio nexo social por parte de los miembros de la sociedad… Es esta misma tendencia la que conduce al capital más allá de los límites y los prejuicios nacionales, e igualmente, más allá del culto a la naturaleza, así como más allá de la tradicional satisfacción de las necesidades vitales y la reproducción de viejos modos de vida, en los que estuvo confinada largamente dentro de límites establecidos y complacientemente aceptados… Pero del hecho de que el capital postula cada uno de estos límites como una barrera que ya idealmente ha superado, no se desprende que realmente la haya superado, y desde que cada uno de estos límites contradice la determinación del capital, su producción está sujeta a contradicciones que son constantemente superadas pero también constantemente planteadas. Además, la universalidad por la cual incesantemente pugna el capital, tropieza con las barreras de la propia naturaleza del capital, barreras que en un cierto estadio de su desarrollo podrán ser reconocidas como la mayor barrera en el camino de esta tendencia, y por consiguiente conducirán a su propia autosuperación” (1 ). La universalidad generada por el capital está siempre en contradicción con las "barreras en la propia naturaleza del capital”, es deforme, desigual, polarizado en los centros metropolitanos privilegiados y en las áreas subdesarrolladas y sobreexplotadas, fragmentado internamente por divisiones sociales, barreras nacionales, jerarquías regionales. Bajo las condiciones del capitalismo, la tendencia a la universalidad se desarrolla unida, en conflicto e interpenetrada con su opuesto, la tendencia a la fragmentación. La transición a la época del imperialismo es este "estadio de desarrollo” del capital donde “la universalidad por la cual incesantemente pugna el capital” encuentra su clímax y, al mismo tiempo encuentra “la mayor barrera" en el propio capital. La globalización no es un fenómeno reciente de los años ‘80 y ‘90, cuando el término se puso de moda y predominó entre las así llamadas “principales corrientes" del pensamiento de Occidente. En realidad, la globalización como internacionaliza-ción de la vida económica, como asiento de la división mundial del trabajo, de un mercado mundial, del carácter mundial de las modernas fuerzas productivas, se volvió dominante desde principios del siglo XX y se desarrolló a lo largo de éste. La periodización de este proceso ha sido planteada previamente (2). Pueden distinguirse tres fases principales de la globalización: a) La fase inicial comienza en el último cuarto del siglo XIX aproximadamente, y finaliza con las explosiones históricas de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Socialista de Octubre de 1917; representa la transición desde el capitalismo de libre competencia al imperialismo, tal como es analizado en el clásico folleto de Lenin. b) Una segunda fase de globalización que sigue al final de la Segunda Guerra Mundial y al establecimiento del sistema de Bretton Woods, que conduce a la expansión internacional sin precedentes de posguerra y a un ‘boom’ capitalista, y lleva a una crisis de sobreacumulación igualmente sin precedentes, al colapso del edificio de keynesianismo internacionalizado de Bretton Woods a fines de los ‘60 y principios de los ‘70, a una ola internacional de levantamientos sociales y turbulencias revolucionarias en 1968/75 y a una retracción económica internacional. c) La tercera fase de globalización viene a enfrentar precisamente la crisis mundial en que ha concluido el ‘boom’ de posguerra. Comienza a fines de los ‘70 y principios de los ‘80 con la “desregulación" y la libre movilidad de los capitales en los mercados financieros globalizados -y se corresponde con lo que es llamado (y fetichizado) durante las últimas dos décadas como “globalización”. Debería ser llamada más bien globalización del capital financiero, en la medida en que el proceso de integración global abarca principalmente la esfera de las finanzas y mucho menos algunas ramas de la producción (3). Deberían añadirse dos observaciones: primero, que la transición desde una fase de globalización a la siguiente está dictada por la imposibilidad de retornara la forma previa de desarrollo, que se había agotado en sí misma. Después de la expansión mundial del capitalismo, de la emergencia de los monopolios y de la hegemonía establecida por el capital financiero, era imposible retornar a las condiciones preimperialistas del capitalismo de librecambio. Igualmente, después del crash de 1929 y de la depresión de los años ‘30 con todas sus consecuencias sociales y políticas explosivas, al finalizar la segunda guerra mundial, resultó imposible para las “grandes potencias" del capitalismo volver al patrón oro y a las condiciones de los años ‘30; fueron obligadas a reconstruir el capitalismo sobre las bases de una convertibilidad fija del dólar norteamericano con el oro (patrón de cambio oro) y del sistema de políticas keynesianas y de instituciones reguladoras de los acuerdos de Bretton Woods. Finalmente, después del colapso del edificio de Bretton Woods y de la aún irresuelta crisis de sobreproducción de capital, es imposible cualquier retorno a las políticas keynesianas; por esta imposibilidad surgió la tendencia al neoliberalismo, así como el vuelo a los cielos de la especulación financiera global, engañosamente llamada "globalización". Segunda observación. En los períodos intermedios, después de! agotamiento de una fase de globalización y antes del comienzo de la siguiente, levantamientos sociales y movimientos revolucionarios antisistémicos, antiimperialistas y anticapitalistas y las luchas por el socialismo dominan internacionalmente el escenario político, incluyendo a los países metropolitanos, particularmente en Europa. Entre el fin de la primera fase de globalización con la Primera Guerra Mundial y el inicio de la segunda fase después de la Segunda Guerra Mundial hay un período de intensas confrontaciones revolucionarias internacionales -aproximadamente desde la Revolución Socialista Rusa de Octubre de 1917 hasta la victoria de la Revolución Socialista China de Octubre de 1949. Durante los años de posguerra del sistema de Bretton Woods de concesiones keynesianas hacia la clase obrera (y del orden geopolítico internacional y europeo establecido en los acuerdos de Yalta) hubo tremendas luchas de liberación en el ex mundo colonial, pero una relativa “paz social" en Europa y en los otros centros metropolitanos. Pero en el período intermedio entre el agotamiento de la segunda fase de globalización con el fin del sistema de Bretton Woods en 1968/71 y el punto de arranque de la tercera fase de globalización financiera en 1978/9, hubo también una ola internacional de tormentas revolucionarias (mayo del ‘68 en Francia, el "otoño caliente” de 1968 en Italia, la revolución portuguesa y la caída de las dictaduras del sudeste europeo en 1974/6, la derrota del imperialismo norteamericano en Indochina en 1975, etc.) que abarcaron por igual a los centros capitalistas metropolitanos y al Tercer Mundo. Ambas observaciones revelan dos aspectos interconectados del mismo proceso mundial: primero, la incapacidad creciente del capitalismo mundial para arbitrar sus propias contradicciones a través de los “viejos" medios y vías, la intensificada tendencia a la inestabilidad sistémica y a las crisis; segundo, la emergencia de tendencias revolucionarias y de movimientos antisistémicos en los períodos de quiebra del equilibrio mundial, que plantean el problema de la superación del propio sistema existente. Ambos aspectos expresan la naturaleza histórica del proceso como una época de transición del capitalismo al socialismo mundial. 3. Desde este punto de vista ventajoso queda en claro que la globalización capitalista e las dos últimas décadas del siglo XX no representan un nuevo estadio “postimperialista en la historia del capitalismo, ni su triunfo global definitivo y final; por el contrario, es un intento, dictado por la lógica inherente de las contradicciones del capital, por encontrar una salida a la crisis de sobreproducción y, sobre todo, por revertir la marea revolucionaria que surge de la crisis. La marea revolucionaria fue de hecho detenida y en algunos casos revertida por a ofensiva neoliberal global, tanto en las metrópolis como en el Tercer Mundo. El propio neoliberalismo fue promovido por la "liberalización” y “desregulación" de los mercados financieros y la fantástica sobreexpansión de capital ficticio. La siempre creciente distancia entre la esfera de la especulación financiera global y la “economía real” se ha convertido en astronómica: cada día más de un billón de dólares norteamericanos giran sobre los mercados de monedas extranjeras, de los cuales sólo alrededor de un 15% representan flujos de capitales reales y de comercio de mercancías. Pero a pesar de la ilusoria “independencia" de las finanzas sostenidas por los precios estratosféricos de los mercados accionarios, “el capital financiero se opone al capital productivo como un hermano siamés se opone a su mellizo” (4). En última instancia, el capital ficticio está basado sobre el valor del trabajo productivo, sobre el capital productivo que bombea trabajo excedente impago en la forma de plusvalía de los productores directos. Las enormes cantidades de riqueza en papeles sobreacumulada bajo la forma de instrumentos financieros han dado lugar a una gigantesca pirámide revertida que reposa sobre su vértice, la "economía real". La acumulación de capital ficticio no sólo no ha dado ninguna solución a la crisis de sobreacumulación de capital productivo existente, sino que ha profundizado el estancamiento y ha sostenido las altas tasas de desempleo crónico en los países capitalistas avanzados, particularmente en Europa. El estancamiento del capital productivo en los países centrales y la expansión de las finanzas internacionales intensifican el pillaje imperialista de la periferia, mediante medidas neoliberales draconianas del FMI, “programas estructurales de ajuste”, relocalización de industrias metropolitanas y desindustrialización de los países del Tercer Mundo. El Tercer Mundo es forzado a una mayor dependencia de sus producciones primarias y sus recursos y empresas quedan bajo el control de las finanzas globalizadas para uso especulativo. Mientras el Tercer Mundo es devastado y una parte de él (por ejemplo, el África subsahariana) cae en el abismo del "Cuarto mundo”, vastas áreas de las megaciudades de Estados Unidos y Europa son transformadas en un nuevo “Tercer mundo" dentro de las propias metrópolis, guettos para millones de socialmente excluidos. Esta globalización de la miseria se convierte en la fuente de astronómicas ganancias para una minoría de parásitos ricachones. Las finanzas globalizadas operan principalmente bajo la forma de flujos de dinero de corto plazo que busca rápidas ganancias en actividades especulativas que no producen valor, en otras palabras, en actividades parasitarias para una esfera de la producción que se estanca. Las formaciones capitalistas más representativas no son más las empresas industriales, ni aún los bancos “que controlan el capital empleado por los industriales" (de acuerdo a la definición de Hilferding); sino las firmas financieras como los Fondos de Pensión y otros Fondos de Inversión en el mundo anglosajón, que controlan gigantescas sumas de capital, mayores que las de cualquier gobierno nacional aislado, que integran bancos e industrias como parte de su imperio, posiciones estratégicas en la lucha global de los mercados financieros. Estas instituciones financieras pretenden ser las soberanas de un “valiente nuevo mundo". Su impacto sobre las relaciones sociales, sobre la vida cultural y política, sobre la formación de la conciencia de las masas a escala mundial no puede ser subestimada. Marx enfatizó correctamente en El Capital que “las relaciones capitalistas asumen su forma más externalizada y fetichista como capital que produce interés. Tenemos aquí M-M’, dinero que crea más dinero, valor que se autoexpande, sin el proceso que efectúan estos dos extremos… este fetichismo automático… en esta forma ya no carga con la marca de nacimiento de su origen” (5). En este sentido, la globalización del capital financiero significa la globalización de la forma más extrema del fetichismo, la distorsión más monstruosa de la conciencia social e individual a escala de masas. Todos los mitos de nuestro fin de siglo sobre el “fin del trabajo", la “invencibilidad del capital globalizado”, la “era postindustrial", el “posmodernismo”, etc., tienen su base material, en última instancia, en esta sobreexpansión del capital ficticio parasitario. El mayor efecto sobre las relaciones de clase e internacionales de la tendencia globalizadora del capital fue la exacerbación de las contradicciones acumuladas dentro de los países donde el capital había sido expropiado y donde la transición al socialismo había comenzado, lo que condujo al colapso de los regímenes de Europa del Este, a la implosión de la Unión Soviética y al giro abierto a la restauración capitalista. Como lo demuestran este último caso, en el nuevo ambiente internacional, cuanto más desarrollado e industrializado es un país bajo la construcción del socialismo, es más vulnerable a las presiones del capital global: un mayor desenvolvimiento de los sectores más dinámicos y de la formación social como un todo, es bloqueado y minado por el control de la economía global y de las fuerzas productivas mundiales por el capitalismo imperialista. Ninguna economía nacional, vinculada o desvinculada del imperialismo, puede ignorar, evitar o sortear las condiciones impuestas por la globalización financiera. 4- El dominio del capital financiero globalizado no significa que es invencible, lejos de esto; la desregulación de los mercados financieros y el libre flujo internacional de Gigantescas masas de capital ficticio conducen a la globalización de las contradicciones del capital. La crisis de sobreproducción de capital productivo fue acentuada con una crisis de sobreacumulación global de capital ficticio -que produce una tremenda desproporción entre la masa de capital total y la cantidad de plusvalía disponible, intensificando la tendencia declinante de la tasa de ganancia. La sobreproducción es, como Marx puntualizó agudamente, el “repentino recordatorio de todos esos momentos que son requisitos de la producción basada en el capital”, de los límites que le son necesariamente inherentes (6). La sobreproducción revela la naturaleza contradictoria del capital: de un lado, como valor que se autoexpande, se esfuerza por superar cualquier barrera; y del otro, se restringe a sí mismo por los límites que le son propios, que determinan al capital como producción de plusvalía. “Por su misma naturaleza, por consiguiente, el capital coloca un límite al trabajo y a la creación de valor, el cual está en contradicción con su tendencia a expandirse ilimitadamente… es la encarnación misma de la contradicción" (7). Descubrir “el fundamento de la sobreproducción, la contradicción básica del capital desarrollado”, significa descubrir “que el capital no es, como creen los economistas, la forma absoluta para ello, ni a forma de riqueza que coincide absolutamente con el desenvolvimiento de las fuerzas productivas” (8). En otras palabras, la sobreproducción revela la naturaleza históricamente transitoria del capital, el proceso de su superación a través de sí mismo, de la transición hacia una forma más alta de desarrollo histórico de las fuerzas sociales de producción. La transición dialéctica de una entidad contradictoria es la interpenetración de sus polos opuestos, el incremento de la tensión entre ellos, la agudización de la contradicción que crece hasta su cima, abriendo la alternativa, tanto a la destrucción de esa entidad como un todo, como a una transformación radical, dando lugar a una forma superior. En el caso de la crisis de sobreproducción, la interpenetración y la tensión entre la universalidad y los límites específicos conduce la transición más allá del capital, a la superación del capital a través de sí mismo, a través de la explosión de la encarnación misma de la contradicción”. La alternativa a una forma históricamente superior a la vieja formación social sólo podría ser la destrucción de la entidad en su conjunto, la ruina de ambos campos contendientes, del capital y el trabajo, la barbarie. La globalización del capital financiero ha llevado a su cima la contradicción entre la tendencia a la universalidad y los límites inherentes al capital, incluyendo la contradicción entre el desarrollo mundial de las fuerzas productivas y el Estado nacional. La sobreacumulación financiera global finalmente lleva a toda la entidad a explotar. La crisis del peso mexicano en 1994 y 1995 y la renovada resistencia de masas a los efectos sociales de la globalización capitalista (la revuelta zapatista en México, los movimientos de huelgas de masas en Francia en 1995, las luchas de los trabajadores en Corea del Sur, etc.) fueron los temblores precursores. El verdadero terremoto financiero internacional vino con el crash de 1997 en Asia. No fue un fenómeno regional, producto de la “inconducta del capitalismo corrupto" de la región, ni de una aberración temporaria. Fue la manifestación particular de un proceso mundial: las tensiones, amplificadas por décadas de sobreacumulación de capital ficticio para superar las barreras a la expansión del capital, condujeron a la explosión. La superinflada fábrica de las finanzas globales comienza a desintegrarse. La naturaleza y la dinámica internacional del huracán financiero que barrió Asia en 1997 se manifestó en los dramáticos desenvolvimientos que le siguieron: la insolvencia de Rusia en agosto de 1998, el colapso del Long Term Capital Management (LTCM), el fondo para coberturas más grande del mundo basado en Wall Street, la debacle de la moneda nacional de Brasil a principios de 1999. Especialmente el caso del LTCM muestra que la “madre de todas las burbujas" está en la propia Bolsa de Nueva York. EE.UU., el centro del capitalismo mundial, es también el centro de su crisis. Lejos de ser el “paradigma" de una “economía en expansión", EE.UU. es el país más endeudado del mundo, con la más astronómica deuda, pública, corporativa y de los consumidores acumulada, precisamente a través de la inflación de la burbuja de Wall Street. El masivo flujo de capital extranjero, especialmente japonés, para la compra de bonos de la Tesorería y otros instrumentos financieros ayudó a resolver temporariamente los desbalances de EE.UU. y de la economía capitalista mundial. Ahora con la crisis de Japón, el redireccionamiento de los flujos de capital que retornan a la metrópoli japonesa y el fortalecimiento del yen en relación con el dólar norteamericano después de mayo de 1999, tienen un impacto amenazador sobre la economía norteamericana, y desestabiliza todavía más toda la situación económica mundial (9). La globalización ha creado condiciones de interdependencia en las que ningún país del mundo, aún los económicamente más fuertes, puede permanecer inmune a la creciente crisis internacional. A pesar de sus defensas y capacidad para “exportar" la crisis, Estados Unidos y otros países metropolitanos del mundo capitalista son los centros neurálgicos del sistema financiero globalizado y de la crisis de sobreproducción de capital, “la madre de todas las crisis"; y por estas razones son vulnerables. Los llamados “todopoderosos" mercados globalizados están probando no ser la proverbial “mano oculta" que regula la economía, sino la fuente de la desregulación global de la vida económica y social de la humanidad. 5. Los pronósticos rosados de los informes del FMI sobre las perspectivas de la economía mundial para el año 2000 no pueden ocultar la realidad. (¡De cualquier manera, la credibilidad de las predicciones del FMI está profundamente dañada después del fiasco de sus pronósticos para las economías de Asia del este en las vísperas, y aún durante el crash de 1997!). La serie de “ataques al corazón" financieros en los mercados globales desde 1997 en adelante demuestran que la globalización financiera no pudo superar la crisis mundial que siguió al colapso del sistema de Bretton Woods y que ahora pasa a ser el punto central de la crisis. Incluso al supremo beneficio estratégico para el capitalismo del período de la última fase de globalización -la desintegración de la Unión Soviética- pasó de ser el sueño cumplido del imperialismo occidental ser una pesadilla. Inicialmente el colapso le proporcionó una enorme confianza política al capitalismo mundial y el ímpetu para una mayor especulación financiera, basada en las expectativas de una rápida y beneficiosa transición de la ex Unión Soviética y Europa del Este al mercado capitalista. Una década más tarde la situación es caótica y la propia Rusia parece un “agujero negro que amenaza tragarse a Occidente", de acuerdo a la declaración del conocido George Soros. Los dos pilares del orden de posguerra en el mundo capitalista, el sistema de Bretton Woods y el orden geopolítico internacional, particularmente europeo, de los acuerdos de Yalta, han colapsado, el primero en 1971, el segundo en 1989/91. Con ello, ha colapsadotodo el equilibrio en la economía y la política mundiales. El capitalismo de conjunto necesita reestablecer un nuevo equilibrio mundial, sin el cual su reproducción como sistema social está amenazada. Particularmente su forma más desarrollada, el capitalismo norteamericano, basó siempre su equilibrio interno en un equilibrio mundial bajo su hegemonía. Toda la retórica de un “Nuevo Orden Mundial” (incluso el término es una siniestra reminiscencia de la retórica del Tercer Reich) expresa, de una manera distorsionada, las nuevas necesidades sistémicas del capital norteamericano y mundial. Para alcanzarlas, tienen que ser resueltos tres problemas internacionales interconectados: tiene que ser superada la crisis de sobreproducción de capital (y mercancías); tiene que ser reestablecida una nueva interrelación hegemónica entre EE.UU., Europa y Japón en el mundo de la posguerra fría; y las vastas áreas desde Europa central a Rusia y el lejano este, donde el capital había sido expropiado en el pasado, tienen que ser reabsorbidas en el mercado mundial capitalista. Las nuevas condiciones establecidas por la globalización sobredeterminan cada uno de estos problemas. Cada crisis de sobreproducción conduce a la intensificación de la competencia y de las rivalidades interimperialistas. Pero ahora, el antagonismo para resolver la crisis de sobreproducción a expensas de los rivales, se ha convertido en una lucha por la hegemonía sobre la economía global, sobre los mercados globalizados, en lugar de una lucha por la hegemonía sobre territorios (10). Este segundo control, y aún la ocupación militar de territorios, no desaparece (¡hay muchos horrendos ejemplos desde África a los Balcanes!), pero está subordinado a la primera necesidad: sólo el capital que es capaz de luchar y ganar el control de posiciones estratégicas en los mercados globalizados prevalecerá y sobrevivirá. Las megafusiones de empresas y bancos gigantescos en los países capitalistas avanzados son movimientos en el campo de batalla de esta lucha económica global. Al mismo tiempo son la manifestación de la propia crisis, la concentración y la centralización de capital para contrarrestar la tendencia declinante de la tasa de ganancia. La globalización da un ímpetu poderoso a la integración regional y continental y a la formación de bloques multinacionales competitivos, tales como la Unión Europea, el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) y el de Cooperación Económica del Asia Pacífico (APEC). La lucha por la hegemonía sobre la economía global domina y complica las rivalidades entre EE.UU., Europa y Japón en la postguerra fría. Es una simplificación peligrosa y engañosa ver esto como un mundo monopolar, en el que el exitoso Estados Unidos ya habría establecido su "Nuevo Ordon Mundial". Incluso Henry Kissinger tuvo que admitir que hay una aguda contradicción entre la hegemonía político-militar norteamericana y su declinación económica. La globalización financiera y el neoliberalismo, que comienza desde el “Reaganomics”, convirtió a Estados Unidos, del mayor exportador mundial de capital, en el mayor importador mundial de capital, obligado a contrapesar el desbalance de su economía nacional con capital extemo. A pesar de su hegemonía relativa, la economía de Estados Unidos devino más interdependiente respecto a sus rivales y más vulnerable frente a cualquier tormenta mayor en la economía global. Para salvaguardar su hegemonía, Estados Unidos tiene que hacer nuevos acuerdos internacionales con sus rivales, especialmente en el contexto de las nuevas instituciones económicas globales tales como el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio para construir un nuevo sistema de relaciones internacionales “con la Otan como su núcleo” (para usar la infame expresión de las autoridades norteamericanas para la ocupación de Kosovo por fuerzas multinacionales). Para reestablecer sobre nuevas bases su hegemonía mundial, Estados Unidos tiene que ganar, sobre todo, la carrera por la reconquista y el control del inmenso espacio antes llamado "el campo socialista”, y ahora “el salvaje este" por los ávidos hombres de negocios occidentales. 6. Ningún equilibrio mundial necesario para la reproducción del capitalismo globalizado puede ser reestablecido sin la restauración de la cadena del imperialismo internacional rota en una serie de “eslabones más débiles" en 1917 y después de la Segunda Guerra Mundial. En los años 1989/91, el imperialismo occidental pensó que esta restauración estaba, finalmente, al alcance de la mano. Una década más tarde, la euforia es reemplazada por el pesimismo y, en algunos casos, por el pánico. La insolvencia de Rusia de agosto de 1998 fue el momento critico para una dramática reapreciación: fue reconocido por los más fervientes sostenedores del neoliberalismo y de la restauración capitalista que la tan publicitada “transición de Rusia al mercado” no sólo no había funcionado bien sino que ¡ni siquiera había comenzado! (11). Un año después de la insolvencia, con la explosión de uno de los más grandes escándalos de lavado de dinero en el Banco de Nueva York, “cualquier ilusión que quedaba acerca de la eficacia del respaldo occidental a las reformas en Rusia se había evaporado”, como expresó la británica The Economist en su nota editorial (12). A pesar de la destrucción sistemática de las estructuras del “viejo" sistema y de los niveles de vida de millones de personas, de la masiva “confiscación" criminal de la propiedad pública, de la invasión de capital extranjero, de las imparables inyecciones de dinero por préstamos del FMI y de la igualmente imparable transferencia de más de 200 mil millones de dólares norteamericanos fuera del país hacia cuentas bancarias secretas en Suiza, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, etc., la "transición al mercado" probó ser un fracaso, una tragedia y una farsa. Ahora los más influyentes y agresivos círculos imperialistas en Occidente, están convencidos que el único capitalismo viable que puede ser restaurado en el “salvaje este" es uno de tipo semicolonial, con el gobierno de una burguesía local compradora. Sobre la base de esta horrenda “hipótesis de trabajo", la Otan se amplió hacia el este, hasta las fronteras con Rusia; lanzó su bárbara guerra en los Balcanes, con su primer objetivo Yugoslavia, aunque no el último; cambió su “concepción estratégica” y en consecuencia su estructura militar para convertirse en una agencia global de intervención y represión, “en una maquinaria imperialista de dominación y contrarrevolución a escala mundial, el instrumento indispensable del infame Nuevo Orden Mundial" (13). La agresión de la Otan en los Balcanes es el primer acto del drama: el inicio de una serie de guerras de recolonización que incluyen la fragmentación de los estados existentes, el establecimiento de protectorados, de fantasmales e impotentes pequeños estados y estados-“guarniciones". El imperialismo en su nueva fase de globalización en crisis ya no es sólo la reacción sino también la barbarie en toda la línea. 7. Pero la caída en la barbarie global no es un destino irreversible. Por el contrario: es la manifestación de la declinación histórica del propio sistema capitalista. Cuanto más choca con sus límites históricos, más violento y destructivo se vuelve para la vida y la cultura humanas. Una época de declinación de un sistema social es una época de transición: o la transición se completa exitosamente y se realiza la superación hacia un sistema más elevado, o es retrasada, y aún bloqueada, y entonces esta crisis de transición, especialmente si se prolonga, manifiesta todas las tendencias destructivas a la regresión histórica y a la barbarie. La globalización es tanto una fuerza motriz como una manifestación de la transición. Esto está demostrado por dos procesos esenciales: a) La globalización lleva a y manifiesta la declinación de la ley del valor, la ley básica de movimiento del capitalismo, y por esto, es la más profunda expresión de la declinación del propio sistema: el proceso de la expansión mundial del capital lleva a la interconexión universal de la economía, a la socialización del trabajo que tiende a negar su existencia en la forma de valor (14). b) La globalización lleva a y manifiesta la declinación del Estado-nación, la cuna del capitalismo y su instrumento indispensable de poder económico y político, la superestructura necesaria de las relaciones capitalistas de producción. No hay duda que la forma histórica del Estado-nación está en crisis y sus funciones cambian. Ningún gobierno nacional ni estado nacional puede aislarse de la economía mundial o del impacto del libre flujo internacional de los capitales trasnacionales. Pero al mismo tiempo es equivocado considerar que el Estado-nación está muerto y enterrado —como acostumbran hacer muchos analistas (y apologistas) de la globalización capitalista. Fueron los gobiernos nacionales los que, en primer lugar, iniciaron la desregulación y la liberación de los mercados y dieron al capital financiero su capacidad de acción internacional, como la única vía de salida a la crisis y para el fortalecimiento de las posiciones de cada país imperialista en la economía mundial. En los bloques regionales/continentales, formados bajo la presión de la globalización capitalista, hay normalmente un poder nacional dominante o más de un estado nacional que lucha por su dominación en el bloque. Hay una contradicción real: la internacionalización de la vida económica ha trascendido los estrechos límites del espacio nacional y produce una crisis en el Estado nacional; de otro lado, el Estado nacional y su opuesto, la globalización, se alimentan mutuamente sus crisis pero no pueden abolirse uno al otro en el cuadro del capitalismo. Escribiendo acerca de las compañías por acciones Marx subraya: “Esta es la abolición del modo capitalista de producción dentro del mismo modo capitalista de producción, y aquí tenemos la contradicción autodisuelta, lo cual representa prima facie una mera fase de transición hacia una nueva forma de producción” (15). Lo mismo puede decirse acerca del Estado nacional en el período de globalización del capital financiero: es la abolición del Estado nacional capitalista dentro del sistema mundial capitalista de los estados nacionales, una mera fase de transición hacia una nueva forma de sociedad, el comunismo mundial. Ambas contradicciones -entre la globalización y la declinación de la ley del valor, y entre la globalización y el anticuado Estado nacional- no sólo son insolubles dentro del capitalismo, sino que su propia insolubilidad se convierte en una fuente poderosa de inestabilidad y fragilidad generalizada de todo el sistema en su conjunto. Cada intento del capitalismo por restaurar un nuevo equilibrio mundial se convierte en un nuevo factor de mayor desestabilización y desequilibrio. Más importante aún: a cada paso, la profundización de las contradicciones sociales desencadena tremendas fuerzas sociales de resistencia y oposición a la globalización capitalista. Esta emergencia de una nueva radicalización de los explotados, de los oprimidos y de los excluidos sale a la superficie junto al agotamiento de la globalización financiera, particularmente en América Latina, Europa y Asia, desde mediados de los años '90. En esta nueva fase de la lucha antiimperialista y de clases internacional, las clases gobernantes del capitalismo en declinación se están quedando sin ninguna estrategia económica: la globalización impide cualquier atrincheramiento nacional o evasión nacionalista; el neoliberalismo se ha agotado en sí mismo; un retomo al keynesianismo está impedido por la magnitud de la crisis de sobreacumulación de capital. Precisamente por este callejón sin salida estratégico sale a la superficie la barbarie de un sistema en decadencia histórica. Esto está claramente mostrado en el cínico artículo de Thomas Friedman, en los comienzos de los bombardeos de la Otan contra Yugoslavia (16): “La mano oculta del mercado nunca operará sin el puño oculto -McDonald's no puede florecer sin McDonnell Douglas, el diseñador del F-15. Y el puño oculto que mantiene la seguridad mundial para las tecnologías del Silicon Valley se llama Ejército, Fuerza Aérea, Armada y los cuerpos de marines de los Estados Unidos". Pero este “puño de hierro” que no está para nada oculto no puede cancelar, por la fuerza o por decreto, las contradicciones internas del capital global, sus crisis -o las revueltas de millones y millones de sus víctimas en todos los continentes del mundo. Las mismas fuerzas contradictorias de la transición histórica que empujan al capital a la crisis globalizada en busca de un bárbaro “Nuevo Orden Mundial”, conducen, también, al trabajo vivo a emerger como una subjetividad revolucionaria internacional —una fuerza mundial para cambiar el mundo. ¡La globalización demostrará ser históricamente la partera del socialismo mundial del siglo XXI! Atenas, 22 al 26 de septiembre de 1999. (*) Simposio Internacional sobre el Socialismo y el siglo XXI. Realizado en Wuhan, China Popular, 18 al 21 de octubre de 1999. Notas 1. Marx-Engels, Obras Escogidas, Marx: 1857/61, Progress, Moscú, 1986, vol. 28, págs. 336/7. 2. Ver Savas Michael-Matsas, La Ilusión del realismo y el realismo de la Utopia, trabajo presentado en la Conferencia Internacional sobre el Socialismo, en la facultad de Economía, Universidad del estado de Moscú, 22/3 de junio de 1996, y La globalización y la revolución en Europa, presentación en la mesa redonda de la Conferencia de Estudiosos del Socialismo, en 1998, en Nueva York (el primer texto fue publicado en En Defensa del Marxismo N° 19, febrero-marzo de 1998). 3. La mondialisation financiero, de F. Chesnais, Syros, Paris, 1996. 4. Osvaldo Coggiola, O Debate Marxista sobre as Crises Económicas, USP, Sao Paulo, 1999, pág. 76. 5. Karl Marx, El Capital, vol. III, Progress, Moscú, 1997, págs. 391/2. 6. Karl Marx, Grundisse, ob.cit., pág. 343. 7 Id.ant., pág. 350. 8. Id.ant., pág. 342. 9. Ver comentario en Le Monde, 17 de setiembre de 1999. 10. Ellen Meiksins Wood. Unhappy Families: Global Capitalism in a world of Nation-States, en Monthly Review, julio-agosto 1999, vol. 51, N° 3, pág. 10. 11. Ver la entrevista de Boris Fiodorof, en la CNN, el 4 de octubre de 1998; el ensayo Virtual Economy, de G.Gaddy y B.lckes en Foreing Affairs, sept/Oct-98; la declaración de George Soros de que la transición de Rusia al capitalismo es “un problema insoluble", en la New York Review of Books, 14 de enero de 1999. 12. The Economist. 28 de agosto de 1999. 13. Savas Michael-Matsas. Otan, Globalización y guerra, discurso en la Universidad de Belgrado, 19 de mayo de 99. 14. Hillel Ticktín, The nature of an epoch of Declining Capitalism, y Peter Kennedy, A Critique of existing theories of Thatcherism y A Contribution to a Marxisttheory of Capitalism decay, en Critique, N° 26, 1994. 15. K.Marx, El Capital, vol. III, Progress, Moscú 1977, pág. 438. 16. New York Times Magazine, 28 de marzo de 1999. Ver también el Editorial de Monthly Review, julio/agosto-1999.

1 de marzo de 2000
Radiografía del ‘marxismo’ de papel

Indudablemente, la huelga docente de 1997, en Neuquén, fue un hecho que conmocionó al conjunto de la sociedad. Ya se han publicado al respecto varios artículos en la prensa de la izquierda y ha sido motivo de análisis por parte de la intelectualidad de la zona. Uno de estos análisis ha sido publicado en la revista El Rodaballo (1), por el profesor Ariel Petruccelli, un autotitulado “militante de izquierda independiente”. El mismo Petruccelli es autor del libro Ensayo sobre la teoría marxista de la historia, una obra que según su autor viene a cubrir “la ausencia de un trabajo sistemático en el que Marx expusiera los fundamentos de su concepción materialista de la historia, vacío que Engels intentó llenar en algunas obras escritas en los últimos años de su vida…”. (La cursiva es mía). El libro está prologado por Carlos Astarita, para quien la obra “viene a cubrir una carencia. Se trata de la falta de un planteamiento elevado de la teoría del materialismo histórico…”. Es decir que el artículo del profesor Petruccelli sería el análisis de la voz autorizada de “un intelectual socialista revolucionario’’ (ídem). Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto y en el artículo de la revista El Rodaballo? Un mundo “complejo y ambiguo" Hablando en un sentido figurado, es cierto que muchas veces “el árbol no deja ver el bosque”, pero no es menos cierto que otras tantas “el bosque no deja ver el árbol". La inversión del refrán popular es pertinente para explicar la actitud de muchos intelectuales, quienes al enfrentar la realidad renegando del marxismo se extravían en los detalles, en la división casi infinita de categorías que hacen, y terminan perdiendo de vista lo que es esencial a los ojos: que las actuales luchas de clase se desarrollan en el marco de una crisis capitalista mundial y que el Estado tiene un carácter de clase (burgués). Con lo cual se vuelven ‘realistas’ y resignados ante una realidad que no entienden. Extraviados en los vericuetos de las clasificaciones y subclasificaciones, otorgando a todas ellas la misma capacidad para determinar el rumbo de los acontecimientos (confusión a la que denominan “un punto de vista científico y no panfletario"), terminan por no ver qué es lo determinante y qué lo determinado en una situación concreta. Terminan por afirmar, como hace el profesor Petruccelli, que “la realidad es compleja y ambigua". Una verdad de Perogrullo, que por su propio nivel de abstracción poco sirve para analizar una situación concreta y más de una vez (como la que nos toca criticar) es utilizada como excusa para justificar las peores fechorías políticas. Y esto es lo que intenta el profesor Petruccelli: justificar la actuación de la dirigencia de Aten, el sindicato docente neuquino, aquel fatídico 12 de abril de 1997 (2). Pretende hacerlo, además, desde una supuesta autoridad que le conferiría haber estado en una posición crítica en aquella oportunidad. No es casualidad entonces que el artículo en El Rodaballo comience con una cita de Sartre, donde éste critica lo que sería la “simplificación grosera", "la conceptualización de los hechos antes de haberlos estudiado”, “el desdén por los detalles molestos”, en que incurrirían los “intelectuales partidarios”. Errores en los cuales, para Petruccelli, incurrimos todos los militantes revolucionarios en relación con la huelga docente. El texto de Sartre, como la posición de Petruccelli, destilan el clásico tufillo autosuficiente que los autotitulados “marxistas independientes”, desde su pedestal ‘objetivo’, lanzan contra los "marxistas partidarios”. De modo que la primera gran tergiversación (tanto de Sartre como de Petruccelli) es que se pueda ser un “marxista independiente”, es decir, no puesto a construir una organización política propia de la clase proletaria. Cualquiera sabe, y más debería saberlo un autotitulado marxista, que ni Marx ni los principales dirigentes revolucionarios del marxismo jamás reinvindicaron su independencia. Por el contrario, tanto Marx, como Engels, Lenin o Trotsky pasaron su vida construyendo partidos de la clase obrera. Este solo 'detalle' coloca al texto de Sartre, y a Petruccelli todo, al margen de cualquier planteo marxista. Una vida contemplativa o militante Petruccelli ve una diferencia “que separa al punto de vista estrictamente científico-sociológico del punto de vista específicamente político", caracterizando a este último como “más dogmático" y lo acusa de que “allí donde la ciencia ve una puerta apenas entreabierta, la acción política quiere abrirla de par en par". ¡He aquí la madre de todos los borregos (incluidos los “marxistas independientes”)! Nos acusa de ‘tirar’ de la realidad, de pretender transformarla con nuestra “acción”. ¡Sí, sí y mil veces sí! Ese es el papel de un partido revolucionario, ¡un partido de acción! Lo de Petruccelli es la clásica posición del que observa la realidad, no la transforma, sólo la describe (y casi siempre mal). Acusa a la “acción política” de intervenir en la realidad: "abrir la puerta de par en par". Sin pretender ‘abrir la puerta de paren par’ no hay revolución. Toda la obra de los grandes revolucionarios está jalonada de hechos y frases que nos enseñan, por ejemplo, que “no basta con observar al mundo, hay que tranformarlo , o no debemos arrodillarnos ante la realidad sino revolucionarla” etcétera. El llamado a la inacción es otra consecuencia de la clásica muletilla de los intelectuales marxistas independientes", quienes afirman que tener certezas en vez de dudas es poco menos que una arrogancia sectaria, ombliguismo militante, soberbia política. Se lo digo a todos los Petruccelli: tener certezas no es un pecado de vanidad, pero, por sobre todo, tener certezas no significa ausencia de dudas. Sólo que ni la una ni la otra sirven de excusa para la inacción. Dudar de lo que se tiene certeza es una obligación de un revolucionario, pero no se puede salir del atolladero más que actuando sobre la realidad. Lógicamente es más ‘seguro’ sentarse a esperar que pasen los acontecimientos y luego pontificar sobre éstos. Pero eso se lo dejamos a los 'marxistas' contemplativos. Es más, la acción (la “praxis" como disfrutan en denominarla) es una manera “certera” de disipar certezas y dudas y adquirir, a su vez, otras nuevas. Bien podría decirse que, ante la realidad, sólo tengo certezas y dudas de esas certezas. Pero si me siento a observar, la puerta jamás se abrirá 'de paren par’, es decir, no tendré nunca certeza de la certeza ni podré confirmar que estaba equivocado. Ya que tanto le gusta a Petruccelli hablar del “punto de vista estrictamente científico”, vale recordarle que poner en duda lo que se tiene por certero ha sido un acicate para el pensamiento científico, pero que los que tienen un ‘punto de vista estrictamente científico ’ se la han pasado tratando de ‘abriría puerta de par en par’ allí donde apenas había ‘una puerta entreabierta’. Y la experiencia (la “praxis"), la acción, ha constituido el recurso por el cual progresaron y terminaron abriendo la puerta de par en par, para descubrir que tras ella había… otra puerta apenas ‘entreabierta’. Pero, por las 'dudas’, Petrucelli termina reconociendo que “un discurso político claro y contundente bien puede basarse en un análisis profundo, minucioso, matizado”, pero eso sí: la “inteligencia partidaria” de la izquierda “exige unanimidad y disciplina sin una auténtica libre discusión y sin llevar a cabo análisis profundo y matizado alguno". La posibilidad existe, pero Petruccelli no la coloca entre las chances de la izquierda. ¿La colocará entre la derecha o entre los dirigentes sindicales que defiende? Para demostrar sus afirmaciones, toma como ejemplo el análisis de la huelga docente de Neuquén del año 1997. La incultura de los ‘cultos’ Para Petruccelli, la huelga neuquina es “una muestra excelsa de las dificultades (casi estaríamos tentados a escribir incapacidad) que tiene el grueso de las organizaciones políticas marxistas, tanto para analizarlas como para intervenir en ellas”. Una vez más el autor recurre a las generalidades. Como el grueso de las organizaciones no son todas, el autor nos priva de saber precisamente a qué organizaciones y a qué política está dirigida su crítica. Carencia que tiene poco de la seriedad científica y el marxismo que el autor reclama para los demás. La izquierda en general es una vaguedad y en relación con la huelga neuquina es un taparrabos para lanzar diatribas al aire y tergiversar los hechos. En primer lugar, se tergiversan y ocultan los acontecimientos dentro de la Lista Rosa. Por ejemplo: Tribuna Docente denunció como traición de la Obregón y compañía su conducta contra los desocupados que tomaron la Casa de Gobierno y fueron salvajemente reprimidos el 2 de octubre de 1995, un año y medio antes del 12 de abril de 1997. Y caracterizamos con tal rigor científico su conducta, que emplazamos a la Lista Rosa a erradicar de sus filas a la Obregón y compañía por pasarse al terreno político de la patronal y tener una conducta antiobrera. En las elecciones de Aten de 1996, Tribuna Docente se presentó por separado y contra la lista que encabezaba la Obregón y compañía, en tanto el resto de la izquierda (MST, MAS) y los nacionalistas de Patria Libre hacían lista común o apoyaban a aquella dirigencia. Nuestro planteo hacia la directiva de Aten Capital, por lo tanto, no era una cuestión sólo de burocratización (como tergiversa Petruccelli) sino de atacar una conducta política de principios antiobreros. No hay ninguna acusación “histérica” de nuestra parte. Esto debería reconocerlo Petruccelli, si quiere “rigor científico”, aunque ello signifique reconocer lo actuado por una “organización partidaria”. Pero toda la verba acusadora contra las “organizaciones marxistas partidarias", desparece del léxico de Petruccelli a la hora de calificar la actuación de Ctera respecto de la Ley Federal de Educación: obraron con “tibieza política y metodológica” nos dice. ¿Eso es todo? Ya sabemos que Petruccelli es contrario a abusar del término traición, pero la conducta de Ctera ¿no le merece, al menos, el calificativo de cómplice? Petruccelli no sólo absuelve a la dirigencia de Aten sino también, de paso, a la de Ctera. Tergiversa también cuando afirma que “el detonante del conflicto fue la sanción por parte del gobierno de una batería de decretos…” y que"… el sindicato sumó como reivindicación de su plan de lucha la devolución del 20% por zona desfavorable…". El reclamo de la devolución del salario era un punto permanente de toda acción de los trabajadores de la educación. Durante 1996 se libró una importante lucha, entregada por la directiva provincial (María E. Figueroa y compañía) y que le costó una caída electoral catastrófica en las elecciones de ese año en la seccional Capital. Y esta tergiversación no tiene otro objetivo que presentar el reclamo de la devolución del salario como un punto “secundario", para justificar que en el acta firmada el 12 de abril haya sido dejado de lado por la dirigencia sindical, como si no formara parte de los reclamos centrales docentes. ¡Y pensar que Petruccelli, citando a Sartre, incrimina a la “izquierda partidaria" de hacerse de “ideas previas, de conceptualizar los hechos antes de haberlos estudiado”! Este desentendimiento de la dirigencia de Aten del reclamo salarial también constituyó uno de los ejes de nuestra crítica a la firma del acta del 12 de abril. Es más, dijimos que lo dejaron en manos de la Legislatura “que es enemiga de los trabajadores” (3). Dos años después, los diputados votaron la “legalización” de la rebaja del 20% y no su devolución. Tal como dijimos los “intelectuales partidarios” del PO. Petruccelli dice que, mientras la huelga se desarrollaba, había una “ausencia de una discusión política profunda y el permanente análisis de lo sucedido y de las posibles tendencia futuras”. Otra tergiversación para explicar más adelante, sobre la base de esta actitud despolitizada, que la base docente fue “cómplice" y tiene “su cuota de responsabilidad”. Porque no siempre y en todos los aspectos la realidad es “blanco o negro". Gran parte de los huelguistas recuerdan (y hasta con asombro) que el Partido Obrero repartió hasta tres volantes distintos un mismo día {iban con la hora impresa) precisamente para aportar al debate político profundo y el permanente análisis de lo sucedido y de las posibles tendencias futuras que se debatían en las asambleas y en la asamblea permanente que eran las ocupaciones de los alrededores de la Casa de Gobierno o el puente, etcétera (dando respuesta así a la "ambigüedad y complejidad de la realidad"). Los “militantes marxistas” del PO no “prefirieron el discurso incendiario… al análisis lúcido…" y no sólo vimos en "blanco o negro”, como afirma Petruccelli. Lo que Petruccelli no dice es que a quienes no les importaba ese análisis era, precisamente, a los dirigentes de Aten que desde mucho antes del 12 de abril venían negociando con el gobierno un acuerdo muy parecido al finalmente firmado (recordar el que intentó presentar Marta Maffei cuando estuvo en Neuquén y lo que llevaron a una asamblea en el puente a fines de marzo, y que la base rechazó masivamente). Que el “ímpetu huelguístico decaía” después de la represión en el puente es una afirmación parcial. Es cierto que algunos volvían al aula, pero también es cierto que se sumaban otros que antes no adherían. Cada vez que se debatió y se informó por distrito en las asambleas los datos de adhesión al paro, éstos superaban el 60/70%, en el período que Petruccelli menciona. Lo que sí es cierto, pero Petruccelli lo menciona apenas vagamente y sin nombre y apellido, es que las escuelas religiosas sumadas al paro en un principio, desde que empezó a circular la base del acuerdo se abrieron del paro y comenzaron a presionar a sus docentes para volver a clases. Habían logrado que les devolvieran las horas y cargos de talleres. Finalmente llegaron a dar asueto (cuando ya estaban casi todos trabajando) para que fueran a votar el levantamiento del paro en las asambleas. Por otra parte, no es casualidad que, de los cuatro dirigentes de Aten que firmaron el acta del 12 de abril, tres de ellos tienen estrecha relación con la Curia. La otra (para completar el cuadro) era la Obregón. En el caso de Salaburu, que firmó comprometiendo a todo el gremio, ni siquiera queda el pretexto que era dirigente de alguna seccional. Eso sí, hombre firme del obispado y la Curia. El balance de fuerzas aquel 12 de abril Nunca, en toda la historia de la provincia, un gobierno estuvo tan aisladoy tan en crisis como el de Sapag aquel día. Todo el arco político opositor (menos Massei) llegó a pedir el juicio político def gobernador. La movilización, en un número de 20.000 personas, rodeó la Casa de Gobierno. El lunes se había proclamado un paro nacional por la represión de Gendarmería. En Cutral Co y Plaza Huincul, el pueblo rebelado. Allá, ante la muerte de Teresa Rodríguez, se había corrido a la policía provincial y a la Gendarmería. La Legislatura, después de haber hecho una fantochada como ‘mediadora’, quedó descolocada. La única institución del Estado burgués que tenía ascendencia sobre los huelguistas era la Iglesia. Y vaya si la utilizó para forzarla firma del acta. De modo que la afirmación de Petruccelli de que “hacia el final del período (la pulseada) favorecía ampliamente al gobierno", es otra tergiversación para presentar menos traidora a la traición. Para el autor, quienes acusamos de traición a los dirigentes “no supimos ver la ambigüedad y la complejidad de la realidad". Es más. En la multisectorial que se desarrollaba en el gremio de los judiciales (antes de que llegara la noticia de la muerte de Teresa Rodríguez) nosotros caracterizamos que estaban las condiciones para “torcerle el brazo al gobierno" y reclamamos un plan de lucha de todas las centrales para arrancar todos los reclamos de la huelga. Fueron precisamente los dirigentes que horas después firmaron el acta los que frenéticamente plantearon que "esta huelga no es para derrotar a ningún gobierno". Es por eso que la firma de la rendición de la huelga no es un simple error de apreciación de la situación y menos aún que pudiera mejorarse con la inclusión del “compromiso del gobierno de liberar a los detenidos en Cutral Co, retirar la Gendarmería e iniciar negociaciones con los representantes de los fogoneros”. La firma del acta se coloca en la misma posición antiobrera que tuvieron el 2 de octubre de 1995 y que repitieron en el primer Cutralcazo, cuando la dirección de Aten acusó a los desocupados de “lúmpenes". Se colocaron en el mismo terreno que Sapag. Ni pensaron en derrotarlo mediante la huelga. Llegada la lucha a ese punto, si el que tiene todo para ganar se rinde, es obvio que gana el otro. Esta percepción, y sólo ésta, hizo que muchos docentes, a regañadientes, aceptaran el acta. ¿Quién quiere seguir la guerra cuando los generales se venden al enemigo con armas y todo? Esto Petruccelli lo oculta ignominiosamente y se pregunta, con aire de inocencia: ¿Cómo se explica que un gobierno esté por derrumbarse el sábado por la noche y el lunes a la mañana el activismo docente acepte el acta? Se explica por lo único de lo que Petruccelli no quiere ni oír hablar: la traición. En la concepción de este ‘marxista’ la firma del acta fue un acto de sensatez, porque “sin una izquierda poderosa las crisis políticas son fagocitadas por la derecha” (y en Neuquén no había una alternativa de izquierda). Con este criterio, habría que luchar contra los gobiernos burgueses, pero frenarse justo cuando la crisis política de esos gobiernos burgueses llega al límite. Es decir, hay que joder un poco, pero jamás empujar para que 7a puerta se abra de par en par’. La huelga, a esta altura, no era un “conflicto reivindicativo” como sostiene nuestro “marxista independiente”, sino una huelga de masas que tomó carácter político. Por otra parte, ¿en qué se basa y a quién se refiere Petruccelli cuando afirma que la derrota de Sapag la capitalizaba la derecha? ¿Se refiere al PJ? Pero si Beba Salto estaba junto a Sapag firmando el acta, sonriente y besándose con los dirigentes sindicales. ¿Entonces, a quién? ¿No considera Petruccelli que la derrota de Sapag es la derrota de la derecha que según él triunfa si éste es derrotado? ¿O ubica al sapagismo en el terreno del centroizquierda? ¿Por qué cree Petruccelli que en estas mismas páginas el artículo sobre esta huelga lo titulamos “Neuquén desenmascara a la izquierda argentina” (4) e incluimos a todos los Petruccelli entre los desenmascarados, aunque algunos en forma tardía? Petruccelli se hace muchas preguntas sin respuesta. Paro también deja algunas preguntas obvias (para un “análisis rigurosamente científico”) en el tintero. Por ejemplo: ¿qué urgencia tenía la dirigencia de Aten en firmar la rendición el sábado por la tarde, cuando el gobierno debía afrontar aún más de dos días de acoso popular (recordar el paro nacional del lunes)? Y, en estas crisis, el desarrollo de los hechos se cuenta en horas, ya no en días. No se lo pregunta porque tendría que concluir que la firma en ese momento, con esa urgencia, la necesitaba el gobierno, no los huelguistas. Lo cual otorga mayor dimensión al grado y perversidad de la traición. Si hiciera esto vería que es inútil especular sobre incluir otros puntos en el acta para hacerla más presentable. Porque, aunque hubieran estado, no hay razón alguna, ni para lo huelguistas ni para los pueblos de Cutral Co y Plaza Huincul, para firmar el sábado por la tarde. Además, ¿qué clase de hipocresía propone Petruccelli cuando habla de incorporar “el compromiso gubernamental de investigar la muerte de Teresa Rodríguez"? ¿O no sabe lo que saben todos: que a Teresa la mató la policía de Sapag? Sí lo sabe, pero, como él mismo lo dice, el acuerdo sería así ‘más decoroso'. Tal vez habría permitido engañar mejor. ¡Una infamia! Algunas cuestiones anexas En la defensa de Obregón (curiosamente Petruccelli no menciona la figura de María Figueroa que, en aquel momento, era la secretaria general del gremio a nivel provincial), llega a compararla con la actitud de Zinoviev y Kamenev ante la insurrección de octubre de 1917. Primero, Lenin no dejó de criticar duramente la actitud de ambos, pero no perdió de vista ni por un momento que se trataba de dos dirigentes re-vo-lu-cio-na-rios, probados en largos años de militancia partidaria. ¿Qué tiene que ver la una y los otros? ¿Qué tienen que ver el ejemplo ruso con la firma del acta? Petruccelli, que gusta citar a Marx y a Engels (demostrando, al menos, que ha leído mucho), apela al final del artículo a un recurso al que echan mano los renegados del marxismo, que es arremeter en abstracto contra “seguir creyendo en la verdad imperecedera de ciertos textos sagrados". ¿Cuáles textos, qué verdad?. No lo dice. Un “punto de vista estrictamente científico" no puede criticar “ciertos textos" si no dice qué critica. ¿Serán los textos donde los fundadores del marxismo sólo dejaron plasmado un planteamiento chato sobre el materialismo histórico? Para contestarnos esta pregunta no habrá más remedio que someter a crítica el libro del autor, donde desarrolla “un planteamiento elevado de la teoría del materialismo histórico que elude las exposiciones inclinadas al determinismo estricto, principalmente en el orden tecnológico" y donde "los textos de Marx se someten a una aguda revisión" (tomado del prólogo del libro). Conclusión La "compleja realidad” le sirve a Petruccelli, ya no sólo para cambiar la traición por “ingenuidad", o “acuerdo menos decoroso", sino que también puede cambiar el factor determinante por el determinado (que nos lleva al inicio de este artículo). Porque la dirigencia de Aten no le preguntó a la base docente, el martes, luego de dos días y medio de mayor desarrollo de la crisis de gobierno y del paro nacional, si querían un acuerdo o no. Primero firmaron (se rindieron) y luego se dedicaron a demoler la voluntad de la base, apelando incluso a maniobras en las asambleas, cuando perdía la moción de aceptación del acuerdo. Después de todo esto, que el mismo Petruccelli describe en su artículo, decir que “las bases también tienen su cuota de responsabilidad" nó resiste el menor análisis. Y remata esta parte con algo que lisa y llanamente es un monumento al descaro: Plantea que para liberar a las bases de su "complicidad” hay que “demostrar que la conducción actuó a espaldas y en contra de sus dirigidos". Es decir, no hubo traición. Para Petruccelli la conducción actuó de cara y a favor de sus dirigidos. Se habría tratado de una traición aunque las bases, confundidas, hubieran encontrado perfecta la firma del acuerdo. Si no hubo traición, si simplemente fue “una táctica sindical" equivocada, si no había más posibilidades que “un acuerdo más decoroso”, entonces Petruccelli lo que está reclamando es reintegrarse al frente único con la Obregón (critica a quienes “se niegan a oír hablar de la posiblidad de constituir un mísero frente sindical” con aquélla). Reconstituir un “frente sindical" con la Obregón parece ser toda la razón de ser del artículo de Petruccelli, máxime que ahora dirige el gremio y los recursos provinciales de Aten. Una destreza típica de un renegado. Neuquén, 28 de marzo de 1999 Notas 1. El Rodaballo, N° 9. 2. Fecha del levantamiento de la huelga docente [NdE]. 3. Prensa Obrera, N° 535,17 de abril de 1997. 4. En Defensa del Marxismo, N° 18, octubre de 1997.

1 de marzo de 2000
Los orígenes de la clase obrera argentina

Elaboración sobre la base del curso dado en la Universidad Obrera. En un período relativamente breve que transcurre durante la segunda mitad del siglo pasado, los trabajadores argentinos dejarán atrás lo que puede llamarse su prehistoria, se constituirán como clase social diferenciada del resto y construirán sus organizaciones sindicales y políticas. Tempranamente, el movimiento obrero argentino expresará una conciencia de clase, un fenómeno de la moderna era industrial en una sociedad cuya primera alambrada se va a levantar en 1845. En el escenario del país al momento de la batalla de Caseros (1852), en Buenos Aires y algunas ciudades importantes del interior, existe una capa de trabajadores urbanos, ya con composición inmigrante. Esta será la base social sobre la cual aparecerán las primeras expresiones de organización autónoma. En este período es cuando se va a producir la primera gran transformación capitalista en la economía argentina, que plantea un vuelco hacia el mercado exterior, con el que el país tenía hasta ese momento una vinculación restringida y marginal, a través del mercado del tasajo, carne salada para los esclavos de Brasil y Cuba, y cueros. El inicio de la producción y exportación de la lana va a plantear un conjunto de modificaciones sustantivas: primero, los productores accedieron en una escala nunca vista hasta entonces al mercado europeo; segundo, la nueva producción llevó a acelerar la conversión del gaucho -pastor seminómade a caballo-en obrero agrícola (a través del Código Rural y de la persecución contra la vagancia); tercero, nació una industria originada en la actividad agropecuaria (de la grasa, por ejemplo) y se desarrolló la agricultura complementaria de la explotación lanar, fenómenos que plantearon, en su conjunto, la necesidad de mano de obra, lo que va a dar lugar al inicio de una inmigración masiva para cubrir las nuevas necesidades de la agricultura y del artesanado. Hasta ese momento, en la Argentina de la explotación ganadera, de la producción de tasajo, las necesidades de mano de obra eran mínimas. En 1837, según el cálculo de un viajero inglés (Parish) la población argentina era de 675.000 habitantes. En 1860, ya comenzado el “ciclo de la lana”, se ha duplicado (Moussy). Con el aumento de las exportaciones y un limitado progreso económico, se va a producir una ampliación del mercado interno, del consumo doméstico y, por lo tanto, del número de trabajadores manuales en las ciudades. Una porción de la inmigración va a ir creando esa base social de trabajadores y artesanos en las ciudades, otra va a convertirse en peón rural. Fuera de estos sectores, en la naciente conformación de la clase obrera, va a estar presente una capa de trabajadores negros que, hacia mediados del siglo XIX, ya ha entrado en declinación por el desangre de las guerras de la Independencia y porque no es política de la clase capitalista traer esclavos para motorizar el “ciclo de la lana" (más ‘caros’ en relación con los desempleados en masa en Europa). La comunidad negra va a dar lugar a una intensa literatura, con periódicos efímeros que, prácticamente sin excepción, van a adoptar el punto de vista de la defensa de la raza. Otra capa social va a estar conformada por los trabajadores agrícolas de vieja data en el interior (Norte, Cuyo), en muchos casos a través de la explotación de mestizos e indígenas, que tienen como característica una relación de tipo semiservil, en la que la propia noción de salario no existe (el peón trabaja por el alimento, una vivienda precaria en algún caso y algún dinero excepcional en otro) y donde no se van a plantear formas de organización autónomas en todo este período. La cuestión de la tierra La clase estancieril volcada a la ganadería, que hasta entonces no se había preocupado por el inmigrante, descubrió a fines de la década del *80 que la economía cambiaba en forma radical. Los mercados de la lana ya habían tomado fuerza a partir de mediados de siglo; en 1880 se completa la conquista del desierto y, en las décadas siguientes, se construye una amplia red de ferrocarriles. Existe un cambio interno dentro de la propia economía ganadera que es un poderoso factor de impulso de la agricultura en la pampa: el paso a la producción de carnes selectas. Esto planteaba, para el estanciero, la necesidad esencial de roturar la tierra, destruir el pasto duro y reemplazarlo por forraje para animales refinados. Planteaba, en este escenario y por otra vía, la necesidad de mano de obra. La política inmigratoria del Estado argentino, dominado por la oligarquía ganadera y el capital inglés, va a ser dictada por los latifundistas de la pampa húmeda. En la década del 70, los debates sobre este punto van a aludir forzosamente a la “ley del domicilio de Estados Unidos (Homestead Law) que aseguraba la propiedad de 160 acres (64 hectáreas) a todo aspirante por un insignificante costo de escrituración. El pretendido acceso de la tierra para el inmigrante se convirtió, en el papel o en los hechos, en una farsa. En 1876 se promulgó la primera legislación de tierras nacionales, que permitía a las compañías colonizadoras privadas subdividir y colonizar tierras por su cuenta, lo que convirtió la ley en una burla. Pero aun en aquellos casos en los que se abrieron procesos de colonización en las provincias (Santa Fe, Córdoba), éstos chocaron contra el latifundio dominante en el inmenso escenario de la pampa húmeda. Toda la región libre de indios estaba monopolizada por la clase terrateniente al momento de la conquista del desierto (1879/80) y gran parte del costo militar de esta expedición fue pagada con bonos redimibles en tierras públicas en cinco años. En 1884, el Congreso aprobó una “ley de tierras” cuyas cláusulas, no casualmente, se limitaban a las tierras de pastoreo al sur del Río Negro, con la promesa de obtener 600 hectáreas si se ocupaba y mejoraba la tierra durante cinco años, una extensión que no permitía el pastoreo de ovejas en la tierra patagónica. Aún con este profundo límite, se va a producir, desde 1850 en adelante, una inmigración que tiene sus momentos de flujo y reflujo, pero es constante y ascendente en el período. Influyen poderosamente los dos grandes procesos de expulsión de mano de obra en Europa; por un lado, el que se opera a partir de la revolución industrial, que constituye uno de los focos de inmigración hacia la Argentina -obreros que corresponden al norte y noroeste de Europa-; por otro, la crisis y concentración capitalista del campo, que provoca otra corriente inmigratoria que tiene su centro en el sur de Italia y, hasta cierto punto, en el de España. En términos de población, este ingreso masivo de trabajadores y campesinos arruinados va a cambiar abrupta y masivamente la composición social del país. Un indicador de este vuelco y sus características lo da el censo de 1862: la inmigración se concentra en un radio geográfico que toma como centro Buenos Aires y, en la propia ciudad, el 49% son extranjeros. En menor grado, esa presencia se va a hacer sentir en Santa Fe y Entre Ríos. La naciente clase obrera ¿Cuál es la composición de la naciente clase obrera? Un censo provincial efectuado en 1881 plantea la existencia de saladeros y molinos harineros como concentraciones más importantes, luego talleres de carpintería, hornos industriales. Es en estas capas, básicamente urbanas, donde van a nacer los primeros procesos de organización. En primer lugar, bajo la forma de mutuales, donde se expresa la defensa corporativa del artesano con la ayuda social entre los propios socios. No es casual que la primera mutual que registra la historia del movimiento obrero sea la “Sociedad Tipográfica Bonaerense", construida por trabajadores que tienen el privilegio, respecto del resto, del trato con la palabra escrita. Le va a seguir una sociedad de zapateros y, luego, otras. La organización tiene como rasgos dominantes la ayuda social y la unión por oficio, se juntan los obreros que tienen una especialidad común. Otra forma de organización va a ser la de las sociedades extranjeras, por nacionalidad, con ejemplos múltiples (el Hospital Alemán, el Hospital Francés son creaciones de estas sociedades). A diferencia de las mutuales por oficio, que tienden a tener una característica de clase, este tipo de sociedad abarca a los “connacionales" cualquiera sea el lugar que ocupan en el régimen de producción. Esto va a provocar que las sociedades extranjeras durante todo un periodo sean tributarias de corrientes liberales o agentes de determinadas camarillas vinculadas al Estado. Pero comienza a plantearse una primera forma de organización y una primera forma de diferenciación. 1878: la Unión Tipográfica Del seno de la Sociedad Tipográfica va a surgir, en 1878, la Unión Tipográfica, que va a declarar la primera huelga obrera del país. Es un ejemplo, hasta cierto punto, clásico. La sociedad mutual va a incubar en su seno una nueva organización con rasgos sindicales, elabora un programa reivindicativo e incluso se da otro nombre para diferenciarse (y preservar) a la sociedad mutual. Este proceso lo inician los obreros tipógrafos no sólo de la Argentina sino de otros lugares de Latinoamérica y del mundo porque se trata del trabajador más culto y que además se cartea con otros obreros gráficos del mundo. Esta va a ser la primera organización de nuestro país que va a vincularse con la Asociación Internacional de Trabajadores, la Ia Internacional, fundada en 1864. La Unión va a enarbolar un programa de características reformistas, 'planteando que la igualdad de los hombres se tiene que lograr por medio del reclamo ante los poderes públicos y que ésta es la función de este tipo de asociaciones. Existe una lenta evolución que va a permitir que, en 1871, en un mitin, se proclame la consigna: “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos", divisa de la Internacional. El escenario de la primera huelga obrera es, a la vez, el de un vuelco mayor hacia la agricultura, a partir de la derogación por la clase capitalista inglesa de las “leyes de granos" que daban protección a los terratenientes, y que aseguraban el mercado de Gran Bretaña para su carne y sus cereales. La burguesía inglesa deroga estas leyes como una manera de abaratar el costo de la canasta familiar y extraer una mayor cuota de plusvalía de los trabajadores a partir de una rebaja del salario. Esta derogación va a jugar un efecto multiplicador en la producción de cereales en la Argentina y va a comenzar a desplazar al circuito ganadero. Entre el *80 y el ‘86, el área dedicada al sembrado de granos se va a multiplicar ocho veces y se va a plantear el empleo creciente de mano de obra en el campo y el fortalecimiento social de la clase obrera vinculada al transporte ferroviario y a la construcción. Para apreciar el vuelco inmigratorio que provoca este salto de la organización capitalista del país, basta decir que en 1862 teníamos 1.210.000 habitantes y en 1889 prácticamente el doble. Esa duplicación corresponde casi por entero a un nuevo salto inmigratorio. En la ciudad de Buenos Aires, la proporción de extranjeros ya llega al 65% y conviene retener este dato. Primera oleada huelguística La condición de la clase obrera es escalofriante: las jornadas son de 12 horas o más, las mujeres y los niños a la par del hombre. El salario real tiene una lenta evolución hasta el año 1886 y una caída, a partir de entonces, que tiene su origen en la crisis capitalista que va a llevar al derrocamiento del gobierno “comisionista" de la banca inglesa en 1890. El trabajador comienza a ver, hacia 1886/87, que la situación de la clase obrera comienza a empeorar porque se derrumban las exportaciones y todos los recursos públicos son destinados al pago del gigantesco endeudamiento externo producido en el país. En este período, sobre la base de una diferenciación que ya ha comenzado a operarse, se va a producir el desenvolvimiento más importante de la clase obrera de la época. Las sociedades mutuales, que irrumpieron como las primeras formas de organización, van a evolucionar, producto de la situación, hacia “sociedades de resistencia" que poseen el grueso de atributos de una organización gremial. Este proceso también va a llevar a una diferenciación interior de las sociedades por colectividad, se van a organizar sociedades alemanas, por ejemplo, pero de trabajadores alemanes. Se produce una diferenciación de clase en un caso y en el otro, que expresa las profundas necesidades de enfrentar un régimen de superexplotación cuando la crisis capitalista comienza a golpear aún más las penosas condiciones de vida existentes. En este período emerge la "sociedad de resistencia La Fraternidad” que agrupa a los conductores de locomotoras y que conserva este nombre durante décadas, y otras con las mismas características. La peculiaridad de estas sociedades es que van a desenvolver rápidamente un planteo reivindicativo y los pioneros son los obreros más calificados. De este modo vamos a asistir, durante el período 1887/90, a lo que se puede llamar la primera oleada huelguística en la Argentina. Es dirigida por estos gremios y reclama la defensa del salario, el acortamiento de la jomada laboral, la protección del trabajo de la mujer y de los niños. El Estado va a comenzar a cambiar su conducta. Frente a estos procesos huelguísticos, va a iniciar una persecución todavía selectiva del activismo o de los dirigentes que están a la cabeza de los movimientos de lucha. En este proceso de luchas reivindicativas van a plantearse los primeros intentos de conformación política de la clase obrera y uno de sus sectores pioneros van a ser los obreros alemanes. Estos van a formar el Comité Internacional Obrero en 1889, en la sociedad alemana que se llamó “Vorwárts” y, junto a otros centros socialistas, va a tomar el planteo del Congreso de la Internacional Socialista de ese año de organizar para 1890 la jornada del 1o de Mayo. Este se va a concretar colocando a la clase obrera argentina naciente en el mismo umbral de las clases obreras más avanzadas de todo el mundo. En ese acto, revelando la conformación de la clase obrera en el período, todos los trabajadores hablan en distintos idiomas en lo que constituye la primera manifestación intemacionalista en el país, una concentración de más de 2.000 trabajadores. Es el debut político de la clase obrera. Los organizadores se plantean tres objetivos: realizar ese acto, constituir una Federación Obrera y sacar un periódico. El reclamo fundamental, común a todos los actos de ese día, es la jornada de ocho horas. Escisión Este primer intento va a provocar una escisión que reproduce el debate en las filas del movimiento obrero a nivel mundial. Del intento de conformar una Federación y editar un periódico se van a marginar tempranamente los anarquistas. Los marxistas defendían, como principios constitutivos de la Internacional de Trabajadores, el criterio de la lucha de clases y de la clase obrera disputando el poder político de la sociedad. El anarquismo va a fundarse en el rechazo a la acción política de la clase obrera, a la necesidad de una organización centralizada y a la conquista del poder político, es decir a la dictadura del proletariado. Su negación de la acción política, a la que entienden como fuente de opresión, va a expresarse en el rechazo a la acción de los partidos, cualquiera sea su índole, y en un planteo vulgar frente al Estado, al que repudian por su acción autoritaria, pero no caracterizan en términos de clase. No comprenden las causas de la explotación ni las leyes de desarrollo de la sociedad ni la lucha de clases como fuerza creadora de la concreción del socialismo. El anarquismo es el individualismo burgués, puesto del revés. El individualismo es la base de toda la concepción anarquista del mundo, por eso plantean la defensa de la pequeña propiedad y la pequeña economía campesinas, rechazan la subordinación de la minoría a la mayoría y niegan la fuerza unificadora y organizadora del poder. Dentro de esta concepción, los anarquistas van a defender la huelga general como arma suprema contra la opresión del Estado, planteando su sustitución por una utópica federación de comunas de productores libres. A través de la negación absurda de la política en la sociedad burguesa y de toda política en general, el anarquismo va a llevar a la clase obrera a ser rehén a la política de la clase capitalista. ¿Una clase antinacional? La clase obrera argentina tuvo un patrón de desarrollo distinto a otros países de América Latina, en los que se conforma a partir de la proletarización del campesino que es expulsado de la tierra. En nuestro caso, la conformación básica de esta clase obrera se produce a partir de la inmigración, es en su origen mayoritariamente extranjera. Para el nacionalismo burgués, éste es el pecado originar de la clase obrera argentina, del cual sólo se habría redimido en la década del ‘40 con el peronismo. Hasta ese momento, su carácter extranjerizante le habría disociado de la vida nacional, bloqueado su integración efectiva con los problemas del país y retrasado el desarrollo de la conciencia política nacional. El predominio político de anarquistas y socialistas entre los obreros habría sido un factor antinacional, resultante de la masiva importación de mano de obra de Europa. En realidad, los nacionalistas ven un mal en el único beneficio que aportó la industrialización tardía y dependiente del país, que el proletariado asimilara desde su nacimiento las concepciones teóricas y las experiencias prácticas más avanzadas de la época, aportándolas a la nación en su conjunto y 'ahorrando' así un siglo de historia al país. Es la expresión de la ley del desarrollo desigual y combinado en el terreno social y político. Así como la Argentina pudo usufructuar de la técnica moderna del ferrocarril sin haber participado en la revolución industrial, la clase obrera se organizó directamente en sindicatos, haciendo sólo un breve aprendizaje mutualista (1850/70) y asimilando las principales teorías revolucionarias. La inmigración representó un salto colosal para la defensa de la fuente de trabajo obrera en la terrible fase inicial de la acumulación de capital en el país. En 1877/87, ya se luchaba por aumentos de salarios, la reglamentación de la jornada de trabajo y mejoras en las condiciones laborales. Ya en 1890, un año después del Congreso constitutivo de la IIa Internacional, el proletariado argentino inaugurará, junto a la clase obrera de los países imperialistas, la conmemoración del 10 de Mayo. En 1895, los yeseros conquistan las ocho horas y un año después lo logran los pintores y constructores. Compárense estas luchas y triunfos con las condiciones próximas al servilismo que reinaban en 1860/70 entre los trabajadores manuales de la provincia y el interior para medir el fabuloso progreso histórico acelerado por la inmigración. Es falsa, por lo demás, la idea de una fragmentación de la clase obrera argentina entre extranjeros y criollos. Lo característico fue la rápida asimilación de los obreros de origen nativo a los planteos políticos y sindicales aportados por los extranjeros y los reclamos comenzaron a surgir indistintamente en uno u otro sector, tanto en los gremios donde predominaba la mano de obra nativa como en aquellos en los que se destacaba la extranjera. Contra lo que sostienen los nacionalistas, el proceso de sindicalización aceleró notoriamente la integración cultural y social de los trabajadores inmigrantes, porque el sindicato reunía en una misma organización a extranjeros y nativos, estableciendo un vínculo de clase entre ellos, sin distinción nacional, como las existentes en las asociaciones por colectividades.

1 de marzo de 2000
La crisis capitalista en la fruticultura de Río Negro y Neuquén (capítulo segundo)

La primera parte de este trabajo fue publicada en En Defensa del Marxismo, N° 14, de setiembre de 1996. El carácter de la crisis El desarrollo de la crisis capitalista mundial ha repercutido a fondo en la fruticultura del Alto Valle del Río Negro y Neuquén. Esto ha provocado, en los últimos meses, una seguidilla de 'tractorazos', movilizaciones y, en dos ocasiones, cortes de rutas a todo lo largo de la provincia de Río Negro y en algunas zonas de Neuquén. Toda clase de economistas, políticos, periodistas y 'especialistas'han vertido su opinión sobre las “soluciones para la crisis frutícola”. Incluso se han realizado foros, como el que organizó la Federación de Entidades Empresarias de Río Negro, donde se proponen .soluciones más dirigidas, tendientes a impulsar el diseño de estrategias sectoriales y forzar comportamientos teóricamente apropiados para el desenvolvimiento exitoso de productores y empresarios", o “…el establecimiento de un marco general capaz de generar atmósferas adecuadas…” (1). Otros prefieren hablar de “falta de reconversión productiva”, “escasa inserción en un mundo globalizado”, “ganar nuevos mercados", etcétera. En síntesis, los ‘especialistas’ hablan mucho, pero con un alto grado de abstracción porque se niegan a reconocer que esta crisis de la fruticultura, y del agro en general, no es otra cosa que un episodio de la crisis capitalista mundial. Una confirmación de que esto es así lo puso en evidencia un artículo periodístico conmemorativo de un nuevo aniversario de la localidad de San Patricio del Chañar. Esta localidad netamente rural, ubicada sobre la margen del Río Neuquén en la provincia homónima, debe su corta existencia (apenas un par de décadas) a las nuevas explotaciones frutihortícolas implantadas en la zona. Como dice el artículo, es la zona que “cuenta con el mayor porcentaje de predios con monte frutal nuevo, chacras reconvertidas con las nuevas tecnologías y variedades de producción frutihortícola”, es decir, no presenta ninguno de los males de la “vieja producción valletana" y posee, en cambio, todas las soluciones que recomiendan los ‘expertos’. Sin embargo, la mayor parte de las empresas en convocatoria tienen explotaciones en esa zona, precisamente: Gasparri, Tres Ases, McDonald, Jugos del Sur (2). Gasparri, por ejemplo, tiene allí 800 hectáreas en producción (3). Es decir, se trata de chacras 'reconvertidas’, con nuevas tecnologías y nuevas variedades de frutas (las de mayor aceptación en el mercado) y que, sin embargo, encabezan el ranking de las que van a la quiebra. Quiebra no sólo lo obsoleto en términos tecnológicos sino también lo ‘moderno’. La ‘reconversión’: un mito en el marco capitalista En un anterior trabajo sobre el tema (4) se desmistificó con números y estadísticas (con datos hasta 1993) el alcance de la tan mentada ‘reconversión productiva’. Esta era apenas un fenómeno puntual, circunscripto a unas pocas empresas. En general, lo que predominaba era el monte tradicional, la maquinaria obsoleta y la industrialización con escasa tecnología. Datos más recientes han confirmado aquella apreciación: a principios de 1998 (cinco años después del último censo), con motivo de plantearse la realización de un nuevo censo frutícola, los expertos debatían si la reconversión ya había alcanzado el 14 /o, en tanto los más optimistas la ubicaban en el 20 ó 25% (5). A tal punto que ahora surgen voces, en el propio campo de las instituciones patronales, que la ponen en duda. La Mañana del Sur, del pasado 2 de mayo (Suplemento Económico y Rural), publica los resultados de un diagnóstico realizado por el Consejo Federal de nversiones que introduce un nuevo planteo: “Los serios problemas estructurales y de costos que enfrenta la producción de peras y manzanas en las actuales condiciones comerciales… no se resuelven tan sólo con una reconversión". Ya no se trata del grado de ‘reconversión’ sino que “en las actuales condiciones" m siquiera importa tal ‘reconversión’. No es la falta de ‘reconversión’ lo que produce la crisis de la fruticultura sino algo mucho más simple: la crisis capitalista mundial. Las estadísticas más recientes indican que más de la mitad de los productores aun tienen entre un 55% a 65% de su superficie plantada con el sistema tradicional. Y que sólo el sector que está por encima de las 50 hectáreas (apenas 193 productores, o sea el 5,3%) tiene más de la mitad de su plantación con sistema de espaldera, que es más moderno. Una debacle promovida y anticipada… Lo que ha estallado en la temporada '98/‘99 se viene incubando desde hace muchos meses. Ya en julio de 1998, sucesivas asambleas de productores en Cipolletti, Centenario y Alien denunciaban que "la cadena de pagos se había roto" y que “no contaban con fondos para reiniciar el próximo ciclo". Para los chacareros, la “cadena de pagos rota” significa que los galpones y las jugueras no liquidan la fruta entregada, es decir, sufren la expoliación de los pulpos exportadores. Los titulares de las Cámaras de Productores de Alien y de Cipolletti reclamaban una asamblea general y vaticinaban que “la crisis que podría sobrevenir sería más grave que la de 1993” (6). Lo mismo dijo la asamblea provincial de Neuquén realizada en Centenario el 16 de julio de 1998. En el inicio del movimiento, los productores pretendían, por un lado, que los empacadores les redistribuyeran unos 5 millones de pesos (sobre un total de 17) que éstos reciben como reembolsos por exportaciones y, por el otro, planteaban que “si no cobramos, vamos a tener que despedir gente", chantajeando a sus propios obreros rurales. Miguel Miquel, presidente de Cafi por cinco años, afirmaba que: “este año los problemas son inusitadamente graves” (7). El titular del Colegio de Contadores de General Roca “vaticinó que el 30% o más de los trabajadores de la fruticultura no tendrán trabajo en la próxima temporada como consecuencia que la mayoría de las empresas frutícolas de la región tienen problemas financieros muy graves" (destacado del autor) (8). Ambos pronósticos confirmaron otro previo: “tomando las diez principales empresas frutícolas de la región, se puede decir que 3 deben más de dos cuotas a los productores; 5 cumplen, pero redujeron más del 50% las mismas y 2 todavía no pagaron la cuota de agosto" (9). El estallido chacarero de marzo/junio de 1999 venía precedido de trompetas. … con salida antiobrera Tratando de prevenirse, el gobierno de Neuquén tomaba la iniciativa de anunciar un paquete de 100 millones de pesos para un “plan de salvataje de la fruticultura” y anuncia 23 medidas para el agro, entre las cuales figuran, entre otras, la firma de convenios con las Cámaras de Productores autorizando a las chacras a contratar desocupados déla ley 2128 (150 pesos por mes por 4 horas de trabajo, sin aportes ni beneficios sociales). En tanto, el gobierno de Río Negro no se queda atrás: trae desocupados de la línea Sur a trabajar a las chacras por 12,60 pesos por día (lo que da para 8 horas de trabajo un salario de 1,50 peso la hora y mucho menos para las jomadas reales de 12 ó 14 horas). Eso sí, con la promesa de elevarlo a 14 pesos por día “cuando comiencen los trabajos de poda, raleo y despuntada” (10). Esta utilización de mano de obra desocupada no es una novedad: “esta es una experiencia que vienen realizando empresas frutícolas con los municipios de la región Sur desde 1996” (11). Un directivo de Zetone y Sabbag (pulpo exportador actualmente en convocatoria de acreedores) trata de explicar esta ‘maquila’ rionegrina: “el hecho de buscar mano de obra en la zona Sur de la provincia se debe a que en las chacras falta gente” (12). Pero resulta que, apenas unos días después, se hace público que “6 de cada 10 obreros de las chacras están en negro en la zona valletana" (13), totalizando unos 24.000 trabajadores. Otros miles “son registrados como trabajadores autónomos, en cooperativas frutícolas, pero tienen una clara dependencia laboral, por lo que hay un fraude laboral", según un funcionario del Ministerio de Trabajo. Otro funcionario provincial fue más lejos: “estamos encontrando reducciones a la casi servilidad" (14). Por otra parte, un informe que abarca ese período, ubica en 10.000 los desocupados en el Alto Valle (15). Acorde con los pulpos de la Cafi, el titular de la Federación de Productores de Río Negro reclamaba: “El costo laboral que hoy tiene un trabajador en la región es muy elevado, lo que nos impide competir con la manzana chilena o neozelandesa” (16). Desde los gobiernos, así como desde los pulpos exportadores del empaque y las 'pequeñas y medianas empresas’, todas las “soluciones" pasan por exprimir aún más el trabajo de los obreros rurales y del empaque y descargar sobre los explotados el peso de la crisis. Los movimientos de chacareros y la mayor parte de la dirigencia de las Cámaras de Productores son furgones de cola de esa política. Un plan de destrucción de fuerzas productivas Una de las afirmaciones que hicimos en el trabajo anterior decía que estábamos ante un proceso de “destrucción productiva” en la fruticultura. En un artículo en Prensa Obrera (17) ya citamos la sentencia del presidente del principal pulpo exportador de frutas: “el sector frutícola está sobreinvertido”. Esto quiere decir una sola cosa: subirán la desocupación y el nivel de explotación de la mano de obra y seguirán desapareciendo chacras y galpones de empaque, porque ésa es la salida capitalista a la presente crisis. Todos los datos indican que eso es lo que está en desarrollo. Ricardo Epifanio afirma que, entre 1980 y 1990, el número de productores se redujo de 10.000 a 7.500 y los galpones de empaque de 470 a 280, aproximadamente (18). Y, actualmente, hay unos 4.000 productores y 90 galpones. Se cumple así un plan de la Cafi de principios de la década que planteaba “erradicar 27.000 hectáreas de frutales" (19). Un simple cálculo nos permite comparar que, como el tamaño promedio de cada chacra se ubica en alrededor de 12/14 hectáreas, con la reducción de chacareros producida entre 1990 y la actualidad (en su mayor parte de pequeños chacareros, es decir, predios de 5 a 10 hectáreas) se está implementando lo reclamado por Cafi. A esto debe agregarse que, según cálculos del Movimiento de Mujeres en Lucha, de las que quedan, aún hay 500 chacras en condiciones de pasar a remate por deudas con los bancos, en tanto el 67% de los pequeños y medianos productores tienen algún tipo de deuda con bancos o financieras (20). El sector le debe, sólo al Banco Nación, unos 80 millones de pesos. Sin embargo, en este marco de destrucción productiva, los grandes pulpos exportadores no han dejado de crecer, reflejando un proceso de concentración capitalista que aumenta con cada crisis. Compre ahora, exporte y ‘pague’… dentro de un año La revista Informe Frutihortícola, de abril de 1999, demuestra con cuadros estadísticos que “las exportaciones por el Puerto de San Antonio Este, durante los tres primeros meses del año, fueron superiores a las del año anterior” y superiores a las de los últimos años, por lo menos desde 1994. Lo cual incluye superar los registros del “boom exportador" por San Antonio Este del '96 y ‘97. En tres meses del ‘99, se exportó tanto como en 6 meses del ‘94. “Es un negocio rentable y con grandes posibilidades de expansión”, le decía el presidente de Expofrut (principal pulpo exportador) a la Revista Urgente en setiembre de 1997 (21). Y no es para menos, ya que son esos mismos pulpos exportadores los que se alzaron con la privatización del puerto de San Antonio Este. Diez acaparan casi el 80% del volumen exportado. Esta situación de exportación récord se mantiene todavía para el primer cuatrimestre de este año: la pera supera un 12% los registros del año pasado (22) y la manzana, si bien retrocede un 10% por la recesión en Brasil, crece con destino a Europa (23). Las jugueras "exportan un 65% más que en el '98 y con precios un 20% superiores” (24). Estos guarismos no incluyen, por supuesto, el contrabando y la evasión promovida por los mismos pulpos en sus ventas al mercado interno y a Brasil: “Desde hace años, muchas de las empresas del Valle están comercializando en forma irregular gran parte de la oferta que dirigen a esos mercados" (25). Este nivel de saqueo no ha impedido que algunas empresas exportadoras ubicadas entre las primeras diez del ranking (que representan aproximadamente el 18% del total exportado) se presentaran en convocatoria, “abrumadas por las deudas". Peor aún es el caso de las jugueras, donde esto ocurrió con tres empresas que nuclean casi el 90% de la producción y la exportación. Esta seguidilla de convocatorias fue definida por el titular de la Cámara de Productores de Cipolletti como un “golpe económico, una estafa del sector financiero en complicidad con los pulpos de Cafi” (26). Y es así, ya que el concurso preventivo sólo suspende el pago de intereses a aquellos que no tienen garantía real (los productores que entregaron su fruta y los salarios de los obreros), no así a los bancos que han prestado con garantía hipotecaria o caución. Menos, obviamente, la banca oficial, que como es el caso del Banco de la Provincia de Neuquén, presta ‘ingenuamente’sin garantías, por lo que “acumula créditos dados a pérdida por 27 millones al sector juguera” (27). Saqueo del salario obrero, estafa al chacarero, evasión fiscal con trabajo en negro, contrabando, saqueo a la banca oficial y otras ‘virtudes’son las herramientas de los ‘emprendedores’ empresarios de la fruta. Sapag y Verani, pero también Sobisch y Massei La propuesta de los partidos patronales es seguir alimentando este drenaje. Verani y Sapag abogan ante el gobierno nacional por aumentar los reembolsos por exportaciones. Otros radicales proponen mayores subsidios. El Movimiento Popular Neuquino ‘asiste’ con un plan de salvataje de 100 millones de dólares en la provincia de Neuquén. Para la Alianza neuquina, el subsidio es "un mecanismo idóneo” porque "contribuye al desarrollo de la región" y para “financiar proyectos de Cafi” (28). Esto lo dice la Alianza sin ponerse colorada, cuyo candidato a gobernador, Massei (29), se declaró, poco tiempo atrás, “enemigo de todo subsidio”. Claro, en ese caso era para los desocupados (en realidad, tampoco es un ‘subsidio). La Iglesia jugó, a su debido tiempo, de ‘mediadora’ y utilizó sus buenos oficios para presionar por el levantamiento de los cortes, y bendijo la política de los gobiernos de tumo. La ‘izquierda’ y la CTA con los explotadores Los cortes de rutas y ‘tractorazos’ han servido para mostrar las tendencias pequeñoburguesas, procapitalistas, que nutren la política de muchos partidos y organizaciones que se autodenominan de izquierda o del ‘campo popular’. Los programas y, por lo tanto, las organizaciones de la izquierda democratizante y del nacionalismo pequeñoburgués, no tienen defensa contra la presión populista de la lucha de los chacareros. No pueden delimitarse programáticamente de ella. En su discurso del 1° de Mayo, la secretaria general de Aten llamó a apoyar la lucha de los chacareros, "a pesar de que hay algunos explotadores entre ellos, porque hay que defender las economías regionales". Ni hablar de la CTA de Río Negro, que apoyó incondicionalmente el programa de los chacareros, pero no apoyó las reivindicaciones obreras, a pesar de que en sus filas milita un gremio de obreros rurales y que, formalmente, el gremio de los obreros del empaque también sigue permaneciendo en ella. En esto, la CTA rionegrina no se diferenció en nada de la CGT rionegrina, que del mismo modo apoyó el programa de los chacareros. También el PTP y Patria Libre, por ejemplo, propusieron como programa de la Federación Universitaria el “apoyo incondicional a las reivindicaciones de los productores”. Pero el más insólito apoyo de los reclamos chacareros provino del PTS. En su periódico La Verdad Obrera se dice: “a diferencia del paro agrario nacional que dirigió la oligarquía de la Sociedad Rural para evadir impuestos, la rebelión de los chacareros no podría estar más justificada" (30). O sea que, para el PTS, esta lucha no la dirigió un sector patronal. A pesar de que la Cafi publicó una solicitada el 14 de abril de 1999 donde “adhiere al paro frutícola", en “defensa de los intereses de la fruticultura regional”. La "rebelión de los chacareros" no levantó una sola reivindicación de los trabajadores. Muy por el contrario, como la propia La Verdad Obrera debe reconocer, los usó como mano de obra en los piquetes y se valió del atraso salarial y las cesantías como arma de presión social. El PTS se limita a señalar que los peones rurales y los obreros del empaque estuvieron “un poco por obligación y un poco por instinto de supervivencia”, porque “de lo que se consiga acá nosotros no vemos nada”. La intervención de los trabajadores con su programa es pospuesta para la revolución, porque el artículo reclama “tomar también las reivindicaciones de los chacareros” y termina reclamando para aquí y ahora “dar créditos baratos a los chacareros y (que) puedan comprar tecnología adecuada….”, para que no se vayan “tras las faldas de los oligarcas… que los harán desaparecer lisa y llanamente". Costanzo y Verani fueron más lejos: siguiendo los consejos del PTS, les dieron a los chacareros un ‘crédito’ ya no barato sino directamente gratis, de 20 millones de pesos. Eso sí, lo vamos a pagar todos los trabajadores del país, porque bajo el capitalismo es así, mal que le pese al PTS: el subsidio al capital (sea del tamaño que sea) sale del bolsillo del obrero. El PTS se puso a la altura de la Cafi y del programa ‘chacarero’, dejando para más adelante el programa de los obreros de la fruta. Los pequeños chacareros sólo tienen un porvenir si se encolumnan tras las clase obrera contra el gran capital. Neuquén, 2 de agosto de 1999. Nota 1. Río Negro, 16 de mayo de 1999. 2. Río Negro, 21 de mayo de 1999. 3. Informe Frutihortícola, abril de 1999. 4. En Defensa del Marxismo, N° 14, de setiembre de 1996. 5. Río Negro, 10 de julio de 1998. 6. Rio Negro, 14 de julio de 1998. 7. Tiempo Cipolleño (2a quincena de noviembre de 1998). 8. La Mañana del Sur, 20 de octubre de 1998. 9. Rio Negro, 13 de setiembre de 1998. 10. Rio Negro. 6 de setiembre de 1998. 11. Idem. 12. Idem. 13. Río Negro, 26 de setiembre de 1998. 14. Idem. 15. La Mañana del Sur del 20 de diciembre de 1998. 16. Río Negro, 7 de enero de 1999. 17. Prensa Obrera, N° 625, 6 de mayo de 1999. 18. Río Negro, 6 de diciembre de 1998. 19. En Defensa del Marxismo, N° 14, de setiembre de 1996. 20. Tiempo Cipoleño. 21. Citado en Informe Frutihortícola. 22. Río Negro, 9 de mayo de 1999. 23. Río Negro, 16 de mayo de 1999. 24. Idem. 25. Rio Negro, 9 de mayo de 1999. 26. Declaraciones a LU5. 27. Informe Frutihortícola, abril. 28. Rio Negro, 2 de mayo de 1999. 29. Este artículo fue escrito antes del 24 de octubre de 1999 [NdE], 30. La Verdad Obrera, N° 48, 6 de mayo de 1999.

1 de marzo de 2000
Releyendo viejos libros «7.000 días en Siberia»”

Karlo Stajner nadó en Viena en 1902. Obrero gráfico, se afilió al PC en 1919. En 1921 es enviado a militar clandestinamente a Yugoslavia. En 1931, perseguido por la policía, debió huirá París, luego a Viena y a Berlín. En 1932 se refugió en la URSS, donde la Internacional Comunista le confió la dirección de una gran empresa gráfica y editorial en Moscú llamada MAI. “Desde el primer día tuve una impresión desagradable al observar que el comedor (de la empresa) estaba compuesto de dos salas separadas, la mayor estaba destinada a los obreros y empleados ordinarios; la otra más pequeña a los dirigentes. En la sala pequeña había manteles y servilletas en las mesas, se podían conseguir comidas bien servidas y preparadas y un maitre d’hotelse encargaba del servicio”. Stajner quiere poner al mismo nivel y al mismo precio los dos comedores. De inmediato choca con el representante de la administración y con el secretario general del Sindicato. Stajner llega a un acuerdo con el Sindicato de la Carne de Moscú y canjea diversos impresos hechos con desperdicios de papel (a un costo mínimo para su empresa) por tres toneladas de carne semanal, que entrega a razón de 3 kilogramos por obrero. Pasadas dos semanas, Kolarov, responsable del Secretariado Balcánico, le ordena interrumpir la distribución de carne, por ser un factor de diferenciación frente al racionamiento general del movimiento obrero. En Vsiesviatkoie (suburbios de Moscú), la empresa MAI tenía un edificio donde se alojaban los trabajadores. Como los departamentos eran muy antiguos y no habían sido reparados en años, Stajner convence a duras penas a Kolarov, y a su segundo, que deben remozar el edificio. En 1935 comienzan las purgas en la célula donde milita Stajner. Sube al estrado y responde a ciertas acusaciones ante la Comisión del Partido. Cuando regresa a la fábrica, los obreros de MAI lo reciben con atronadores aplausos. A renglón seguido, la NKVD (Comisariado del Pueblo en Asuntos Internos) le nombra un adjunto para controlar sus movimientos en MAI. El 4 de noviembre de 1936, es detenido bajo las acusaciones de: 1o) pertenecer a la organización contrarrevolucionaria que había asesinado a Kirov, miembro del Buró Político y Secretario del Comité Regional de Leningrado; 2o) ser miembro de la Gestapo. Este extraordinario libro recoge el testimonio de revolucionarios y trabajadores esclavos en los campos de concentración stalinistas. Es una crónica donde los protagonistas a través de sus experiencias van armando el prontuario de los verdugos de la clase obrera. Los actores de esta tragedia de la Humanidad explican por sí mismos por qué los liquidadores de la revolución mundial y exégetas de estrangular fronteras adentro la potencialidad de las masas, planearon meticulosamente los arrestos masivos, la desaparición de personas, la multiplicación de los campos de concentración y trabajo forzado, el Gulag, la entrega de los luchadores extranjeros que se refugiaban en la URSS, su deportación o, directamente, su condena a penas de 10 años a cumplir en Siberia. En desgarrante testimonio queda al desnudo algo que ya se sabía. Los gobiernos (norteamericano, inglés, francés, etc.) conocían perfectamente la existencia de esa carnicería humana montada por la burocracia y de la cual los aliados sacaban su tajada económica. (Simétricamente Ford y Bayer, entre otros, aprovecharon la mano de obra esclava en los campos de exterminio hitleristas; el Deutsche Bank lucró construyendo los principales campos nazis, lo que incluía el diseño de las cámaras de gas y los hornos de cremación). La construcción de Norilsk “Norilsk, ciudad soviética del distrito de Krasnoiarsk, unida por ferrocarril al puerto de Dudinka, en el Yeniséi. Esta localidad fue elevada al rango de ciudad en 1953; en el '54 disponía de siete escuelas de enseñanza media, cinco secundarias, cuatro primarias, tres casas de cultura, una casa de pioneros, un teatro, un cine y tres bibliotecas. Se están construyendo, además, un palacio de la cultura, una piscina, otro cine y una escuela de música" (2). ¿Qué milagro había sucedido para que se cambiara la caracterización del despiadado régimen zarista, hecha en 1860, respecto a que “no se podía pedir a ningún ser humano que viviera allí"? “En 1860, el viajante Morozov había intentado explotar las grandes riquezas naturales de aquella región desértica. Su proyecto fracasó porque no encontró quien quisiera trabajar en aquella zona glacial. Morozov se dirigió al gobernador; éste envió un informe a Petrogrado informando que la región era muy rica en metales raros (estaño, cobre, cobalto). El informe destacaba que las riquezas naturales eran fantásticas, pero su explotación imposible, porque la región tenía sólo dos meses de verano, el resto del año el frío y las tormentas de nieve impedían el trabajo humano. “Contrariamente a los funcionarios zaristas, el ‘socialista’ Stalin creyó útil trasladar a algunos hombres allí. Durante el invierno de 1935/36 ordenó al NKVD que reclutara los especialistas y la mano de obra necesaria para abrir un campo en Norilsk. Cientos de ingenieros de minas y algunos médicos fueron detenidos. Acusados de sabotaje, fueron condenados a diez años de campo de trabajo. Simultáneamente fueron allí cinco mil obreros, campesinos, intelectuales que esperaban en diversas prisiones de NKVD. Así fue como en el verano de 1936 nació el campo de Norilsk. “Durante el primer año, por el clima, sólo se pudieron construir las barracas y los locales de administración. No había madera en la zona y había que traerla por vía fluvial. Los primeros prisioneros eran jóvenes y gozaban de buena salud. Los médicos de la NKVD habían hecho una rigurosa selección de cada detenido. Al año, más de la mitad de los jóvenes presos murieron por la fatiga, el frío y la enfermedad. “En 1937 llegaron otros 20.000 presos. En 1938, 35.000 más pero la población no aumentaba, los hombres morían como moscas. Al cabo de tres años, en 1939 los resultados de poner en pie una fábrica eran prácticamente nulos”. Pese a todo, Stalin seguía exigiendo la explotación de aquelios yacimientos de metales raros, ya que se preparaba para la guerra. En el mercado mundial, el precio de aquellos metales subía de manera continua, sobre todo tras la llegada de Hitler al poder. Rusia no podía comprarlos. Alimentos, jornadas de trabajo, condiciones de vida en las islas del Gulag En Norilsk el suministro de alimentos estaba asegurado por…¡los occidentales!; en compensación los soviéticos entregaban, sobre todo a los norteamericanos, níquel, cobre, cobalto y otros minerales. Entre tanto la burocracia no había previsto ningún avituallamiento. En los campos y cárceles, durante la guerra contra la Alemania nazi, la ración diaria de pan bajó de 400 a 300 gramos. Las comidas calientes se limitaron exclusivamente a col y pescado salado. La carne, las grasas y el azúcar desaparecieron totalmente. La agitación crecía de día en día entre los prisioneros, y también entre los civiles libres, en vista de la falta de comida. Para librarse de ese peligro el NKVD había puesto en marcha una táctica eficaz: terror en lugar de alimentos. Hizo correr el rumor que se había descubierto un plan contrarrevolucionario para hacer reinar el hambre entre la población y los detenidos. En el campo de Kniazh-Pogost, como en tantos otros, faltaban cubiertos, tazas y platos. La comida se servía en las gorras y en las vestimentas que se estiraban para recibir el caldo. “A la mañana siguiente acudimos al trabajo. La temperatura era de 45° bajo cero. “Desde las 8 de la mañana hasta las 20, cada detenido debía descargar dieciseis toneladas de mineral de estaño o cobre; por este trabajo recibía cada día seiscientos gramos de pan, dos raciones de potaje y un arenque. Aquellos que no lograban satisfacer la norma fijada (que eran muchos) recibían una ración alimenticia inferior y por la tarde, en vez de regresar al campo, tenían que quedarse trabajando. Algunos se quedaban trabajando toda la noche y al día siguiente tenían que reemprender el trabajo con su brigada habitual. Se caían de puro agotamiento, no podían regresar al campo por sí mismos. Los muertos eran tan numerosos que la dirección del campo decidió preservar la mano de obra esclava: sólo dos horas extras por día. "Cuando soplaba el viento no se veía nada. Se llegaba al lugar de trabajo agarrados de los brazos en grupos de cinco para no ser arrastrados por la tempestad. “Durante la construcción del complejo metalúrgico de Norilsk, se trabajaba de día y de noche Slíl importar las condiciones climáticas. "Cuatro meses al año la nOChO polar sin sol. Los cuatro meses de verano cuando no caía nunca la noche eran también toíriblOS para Jos forzados, porque eran explotados más severamente. “Las ropas forradas eran de vital importancia, los presos políticos no recibían nunca ropas nuevas, que estaban reservadas al personal de la administración de los campos. Los prisioneros envueltos en trapos y papeles para resistir el frío, se convertían en espantapájaros". Construcción sobre el desierto de hielo de la linee férrea que une Dudinka con Norilsk Mano de obra utilizada: prisioneros. Jornadas de once horas, tres hombres por equipo transportan 12 metros cúbicos de grava. Quienes cumplen reciben 700 gramos de pan diario, un litro de potaje, 250 gramos de gachas, 250 gramos de pescado salado tres veces por semana, una vez al mes 700 gramos de azúcar y 50 gramos de jabón. Quienes no cumplen reciben menos; como la mayoría está enferma o débil, nadie es mínimamente alimentado. En Novokuznest, más allá del Volga y los Urales, se funda el campo de Gomaia Chora. Asi lo relata Josef Berger, uno de los más importantes dirigentes de la Internacional Comunista, detenido allí. “En 1935,400 presos de Butyrki fuimos embarcados en vagones de carga; la misión era fundar el campo de Gomaia Chora. Como el lugar era desértico, cuando llegamos y cayó la noche, armamos tiendas y dormimos sobre el suelo. Encendimos fuego porque lobos y chacales no dejaban de merodear el campamento. Unos 20 prisioneros enfermos fueron abandonados al borde del camino; algunos días más tarde los soldados encontraron sus ropas y sus huesos. “Al llegar a una llanura establecimos el campamento definitivo. Con la llegada de nuevos deportados éramos en total unos 12.000. Comenzó a caer nieve, pronto la capa fue de dos metros de altura. Quedamos aislados del mundo. La NVDK había previsto alimento sólo para los caballos por dos meses. Se pidió socorro por radio. Los prisioneros limpiaron el área necesaria para que aterrizaran los ansiados aviones prometidos. El alimento se redujo drásticamente a la mitad, es decir a la cuarta parte de lo necesario. Se sacrificaron los caballos. “Al mes llegaron los aviones que arrojaron cajas que se perdieron entre la nieve, sólo se recuperaron unas pocas con ropas y pan seco. Dos semanas más tarde, otro avión descargó pan y conservas. Las raciones alimentarias aumentaron unos gramos. Cada día algunos detenidos morían de hambre, los cadáveres no se enterraban, se cubrían de nieve. Con la primavera los cadáveres en descomposición y exhibición despedían un olor insoportable. Hizo su aparición el tifus. No había ningún tipo de medicamento, los médicos eran impotentes. Cuando las vías de acceso se despejaron llegaron los víveres a lomo de caballo: de 12.000 prisioneros sobrevivimos 300”. En la IX División del Campo, se produjo este diálogo: el encargado pregunta — ¿cuántos años tienes?, Stajner contesta 35; el encargado asombrado —¡Qué…!, pensé que tenías 62. En Norilsk en la sexta división del campo se levantó el complejo industrial de Metalurgstroi: 150 hombres, divididos en cuatro brigadas, debían descargar todo lo que llegaba en camiones o en trenes. Se trabajaba día y noche. Un vagón de 20 toneladas debía descargarse en 90 minutos. El Gulag La Dirección Central de los Campos (cuya sigla es Gulag en idioma ruso), incluía el control de prisiones, campos de concentración y/o trabajos, colonias y asentamientos de trabajo. Kolyma, Novosibirsk, Irkutsk, Vologda, Uzman, SisSolilezk, Ribinsk, Chita, Nauskí (campo), Torchov, Vladivostok, Karabas (campo), Karanga (fábrica de cemento), Kniazh-Pogost.Voglozdino, Kemperpunt, Rostov, Gorki, Kotlas, Kuibis-hev, eran algunos de los nombres de las zonas donde fueron ubicados estos cientos de campos y fábricas con mano de obra esclava. "El Estado que no existe en los mapas" En 1945, dos condenados a muerte, Sacha Weber, ex Comisario de Educación de la República Alemana del Volga, y Karlo Stajner, dialogan, debaten y sacan conclusiones en una barraca de un campo de concentración. “Weber. ¿Por qué sigues sin creer que las cosas cambiarán después de la victoria sobre Alemania? “Stajner. Mientras Stalin esté en el poder, millones de hombres seguirán muriendo en las cárceles y en los campos. “Weber. Esto no es más que la enfermedad juvenil de una nueva sociedad. “Stajner No, no se trata de una enfermedad temporal, sino algo que descansa en la propia naturaleza del sistema. “ Weber. En un Estado socialista eso no puede ser más que un fenómeno transitorio. “Stajner. ¿No quieres comprender que después de la muerte de Lenin y con la subida de Stalin al poder, el verdadero socialismo ha sido destruido de modo gradual? Comenzaron eliminando a los viejos bolcheviques y luego exterminaron a todo los que seguían siendo fieles al verdadero socialismo. “Weber. ¿Y todo eso para qué? ¿No es preferible que la gente trabaje libremente? Hubiesen sido mucho más útiles que aquí, donde se pudren sin servir de nada. “Stajner. Pero antes de acabar producen mucho y alguien saca provecho de eso. “Weber. ¿Crees que se trata de conseguir una mano de obra que no cueste nada? ¿Una especie de sistema de esclavitud? “Stajner. Es algo bastante más complejo. Se trata de mantener al pueblo bajo el terror. Un sistema esclavista se diferencia del stalinismo como la primera máquina a vapor de la locomotora diesel. La esclavitud era un sistema primitivo e incluso, demasiado humano, comparado con el stalinismo, que es una forma moderna de barbarie. “ Weber. ¿No crees como la mayoría, que el trabajo de los detenidos no es rentable? “Stajner. La base económica de este país descansa en el sistema de los campos: No sólo son rentables sino que son la fuerza motriz única, o casi única, de la economía. Casi todos los sectores industriales trabajan a pérdidas, en cuanto a la agricultura … ¿De dónde viene los miles de millones de las subvenciones que se conceden a la industria y a la agricultura? ¡Del beneficio obtenido con los campos! "Weber. ¿Lo puedes probar? “Stajner. ¡Comencemos con Norilsk! Para mantener más de cien mil detenidos, el Estado envía por mes 240 rublos por persona. Ese dinero permite amortizar los gastos administrativos de distintos campos agrícolas. “El pescado seco que nos dan de comer es pescado en el campó de Murmansk, por los presos. El carbón con que calentamos nuestras barracas lo extraen los forzados de Norilsk. Los trenes que nos aprovisionan, no sólo trabajan gracias a los presos, sino que además las vías férreas fueron construidas por ellos. Las ropas que llevamos son cosidas por los presos: el tejido y el hilo lo fabrican las mujeres en los campos de Potjmar e laia. A cambio de la miserable cantidad de alimentos que se nos da, extraemos miles y miles de toneladas de níquel y de cobre, centenares de toneladas de cobalto, sin hablar del uranio. A cambio de estas materias primas, que se exportan al extranjero, Rusia recibe cientos de millones de dólares. "En Kolyma, hace 6 años no había ni un solo europeo, sólo nómades que criaban martas cebellinas. Ahora hay un campo con un millón quinientos mil presos (¡ 1.500.000!), trabajan en las minas de oro. En el campo de Vorkuta se extrae carbón de primera calidad. El ferrocarril que llega a Vorkuta, de ¡dos mil kilómetros! de extensión fue construido por prisioneros. En el campo de Embaneft se extrae petróleo, las instalaciones fueron construidas por presos, que en la actualidad extraen aceite mineral y lo retinan. La madera es uno de los más importantes productos de exportación, produce sumas inmensas en libras esterlinas y en dólares… ¿quiénes son los leñadores?”. Cómo financiaron las grandes construcciones hidroeléctricas, ferroviarias, etcétera Cada detenido al llegar al campo recibía una tarjeta donde se aseguraba que estaba en perfectas condiciones de salud, y se le informaba que a partir de ese momento sus familiares lo encontrarían en esa dirección y que precisaba todos los meses algo de dinero para comprar tabaco y alimentos en la cantina. Pocas semanas después, comenzaban a llegar sumas de 50 rublos o más. Para recibirlos, el detenido debía cumplir con el 100% de la producción durante tres meses de trabajo, en las condiciones feroces ya descriptas. Los detenidos normalmente no tenían derecho a escribir por lo que los recibos postales de los giros, aunque estuvieran firmados por los administradores de los campos, eran al menos una prueba para la familia de que estaban con vida. De esta forma se atesoraron cientos de millones que quedaron en la Administración de los Campos. Cada año, obreros y empleados ‘ruegan’ al gobierno que abra un nuevo empréstito público para obras de interés colectivo. Cada uno ofrece ‘voluntariamente’ un salario mensual en forma de préstamo (de los obreros a ‘su’ Estado); esta suma es devuelta en diez cuotas iguales. Los detenidos también suscriben ‘libremente’ ese empréstito; como no tienen ingresos regulares les es retenido el dinero que envían sus familias. Cada proceso judicial termina con la confiscación completa de los bienes del acusado: muebles, un reloj, algún cuadro, joyas, etc. Significan cientos de millones más. El producto de esas confiscaciones se venden en las grandes ciudades y en especial, en Moscú, donde hay tiendas donde se pueden comprar, diamantes, joyas de oro, cuadros, porcelanas, alfombras, iconos antiguos. Según cálculos estimativos, el Gulag tenía en su poder, en 1938,21 millones de presos y ochocientos mil 'libres' (administración, guardias, etcétera). Para Stajner “el Gulag tiene sus ministerios como un Estado político: el Gulag de la industria maderera, el de caminos, puertos y canales, el de metalurgia no férrica, el de la industria petrolífera, el de explotación de minas, etcétera". El régimen stalinista, pieza clave de la contrarrevolución En 1939, en una celda de castigo del campo de Norlisk, Kerochi-Molnar, abogado húngaro defensor de los comunistas Salaj y Fürst, de la misma nacionalidad, finalmente ejecutados por el régimen filonazi de Miklos Horty, relató lo siguiente. “Después de dictadas las condenas de Salaj y Furst, tuve que huir de Hungría porque me buscaban los esbirros de Horty y me refugié en la URSS. Al comienzo de las purgas de Stalin fui detenido y condenado a diez años en los campos bajo el cargo de ser agente de la policía de Horty". “En 1934 en Viena se produce un alzamiento obrero que es aplastado por el gobierno filonazi. La mayor parte de los miembros de la Liga de protección del Partido Socialista Austríaco (Schutzbund) se refugia en Checoslovaquia; su subsistencia está asegurada por los socialdemócratas y los sindicatos. Muchos ya habían girado hacia posiciones revolucionarias y otros estaban en ruptura con el PSA. Habían empavonado los frentes de los lugares donde vivían como refugiados con banderas rojas con la estrella soviética. El PC austríaco pidió y consiguió el traslado de un centenar de 'Schutzbundler' a la URSS. Fueron recibidos como héroes revolucionarios. Desfilaron por las calles hacia el hotel Europa donde los esperaban con las mesas listas. Se sirvieron platos selectos y una orquesta amenizó con canciones revolucionarias. Pasado un tiempo se los distribuyó en distintos distritos industriales: Jarkov, Leningrado, Rostov, Moscú, etc. Por esos días se había terminado el racionamiento del pan y los obreros rusos estaban contentos, pero los austríacos se quejaban de la escasa comida. Dirigentes del PCA que estaban en Moscú fueron a las fábricas a calmarlos. Muy pronto grupos de Schutzbundler pidieron a la embajada de su país la repatriación. La NVKD los detuvo a la salida de la embajada y los envió a campos de trabajo por contrarrevolucionarios. "Después de la victoria de Franco, muchos republicanos se habían refugiado en Francia, estaban alojados en 'campos de tránsito’, donde llevaban una existencia muy penosa. Ningún país quería acoger a aquellos revolucionarios, ni siquiera la URSS, pese a que muchos eran militantes comunistas. Los mismos periódicos burgueses se interrogaban por qué la URSS se desetendía del problema. En un momento, Stalin accedió y viajaron cinco mil niños españoles a la URSS y finalmente unos miles de ex combatientes. En París, la Unión Soviética vistió a los viajeros, antes de ser embarcados. En Odesa fueron recibidos con todos los honores. Después de un período de reposo se los repartió por diversas fábricas con el salario más alto de los obreros rusos. Durante tres meses no tuvieron que cumplir con las exigencias de la producción. Luego se les pidió que las cumplieran; los españoles no lo tomaron en serio. Cuando recibieron el salario con los descuentos, no les alcanzaba para sobrevivir una semana. Comenzaron a protestar. Muchos fueron a Moscú y elevaron sus quejas ante el Comité Internacional, quien les prometió una ayuda financiera y los mandó a sus lugares de trabajo. “En la fábrica de locomotoras de Jarkov, los españoles declararon una huelga. Intervino NKVD y fueron detenidos en todas las ciudades. Sus condenas fueron de entre 8 y 10 años por actividades contrarrevolucionarias. “En 1940, un grupo de 250 de esos españoles llegaron a Norilsk. La mayor parte estaban enfermos y nos dijeron que cuando salieron de Moscú eran 300. Del grupo que llegó, 180 fueron enterrados en las fosas comunes del campo. Los sobrevivientes fueron transferidos a Karangada en 1941". “Producto del pacto Hitler-Stalin, en 1940 Ribbentrop (Ministro de Asuntos Exteriores nazi) le pidió a Stalin que repatriara a los comunistas alemanes. El dictador georgiano acordó. A los alemanes y austríacos que sobrevivíamos en Norilsk, se nos reunió a todos en la barraca N° 0 del campo, nos quitaron las ropas viejas y nos entregaron nuevas. Cada uno de nosotros recibió un paquete con manteca de cerdo, pan y azúcar. Nos informaron que salíamos hacia Moscú. A causa de las tempestades de nieve, la partida se anuló varias veces; al final nos trasladaron nuevamente al trabajo diario sin explicaciones. Recién en 1941 se develó el misterio: volvió Otto Raabe que formaba parte de un grupo de 18 que en 1940 viajo a Moscú, donde los vistieron con trajes a medidas, les dieron de comer, tomaron vino y cerveza. Hasta que un oficial de la NKVD, les anuncia en forma individual que por una medida de gracia del Soviet Supremo, la pena que pesaba sobre ellos había sido conmutada por la de expulsión de la URSS; el prisionero debía acceder firmando. Algunos se negaron a firmar y explicaron que eran comunistas y que no deseaban regresar a la Alemania nazi; el oficial se mostró muy firme ¡debían regresar a Alemania! Cada semana partía un convoy rumbo a Alemania. Súbitamente todo cambió. Un buen día dejaron de darnos dieta especial. Despúes nos volvieron a trasladar a los campos de trabajo. Mentiras, terror y reforma monetaria En 1947, los alimentos norteamericanos dejaron de llegar al campo de Norilsk y las raciones diarias disminuyeron. Comenzó la hambruna. Durante la guerra la burocracia hizo correr el rumor de que terminado el conflicto desaparecerían los koljoses. Esto no fue más que una nueva mentira, los campesinos reaccionaron como en 1933/34: no sembraron ni cultivaron lo que el Estado había ordenado. La cosecha de 1946/47 fue la más baja de la historia de los koljoses; lo mismo pasó en la industria: a pesar de las estadísticas falseadas, la producción fue más baja que durante la guerra. Para acabar con la pasividad obrera y campesina se trató de impulsar la estancada economía por la vía del terror. Una falta injustificada al trabajo y superior a tres días bastaba para ser detenido y juzgado por acto de sabotaje y enviado a Siberia. Al fracasar este método, el régimen staliniano decidió la reforma monetaria, la devaluación encubierta. En Rusia hacía ya mucho tiempo que no había ricos. ¿A quien podía afectar dicha reforma? A los obreros, los campesinos, a los intelectuales y, aunque parezca paradójico, a los más desgraciados, los presos. De acuerdo con la reforma monetaria todo aquel que tenía dinero en una cuenta de ahorro, debía cambiarlo a una tasa que dependía de la cantidad capitalizada. El escaso dinero que había sido ahorrado por los detenidos fue devaluado en un 90% en relación a su valor anterior. El plan de exterminio de los judíos por Stalin, la resistencia activa a la colectivización forzosa del campo, cómo se desmontaron fábricas alemanas enteras, las huelgas heroicas en los campos, la destrucción del Ejército Rojo, la diáspora de la familia de los acusados; todo ello es relatado en este libro que merecen conocer los luchadores sociales. Notas (1) 7.000 días en Siberia, de Karlo Stajner, Editorial Planeta, 1984,295 páginas. De este libro han sido extraídas todas las citas, excepto las que se señalan por separado. 2. Gran Enciclopedia Soviética, segunda edición, volumen 30, pág. 72.

1 de marzo de 2000
La voluntad quebrada / 2

La crítica al Tomo I de La Voluntad apareció en En Defensa del Marxismo N° 18, de octubre de 1997. Los tomos II y III de La Voluntad procuran completar una lectura del ciclo político abordado en el primer tomo (1966/1973) y cuya crítica apareciera en En Defensa del Marxismo N° 18. Tras haber reseñado la formación de las organizaciones guerrilleras, el segundo tomo parte de la asunción de Cámpora el 25 de mayo de 1973 y la liberación de los presos políticos. El libro II está dividido en dos subtítulos: “La Patria Socialista” y “La Patria Peronista”, en tanto que el tomo III parte del golpe del 24 de marzo de 1976 hasta la realización del Mundial '78. Como ya se anunciara en la crítica del primer tomo, la falta de rigor histórico es lo que prevalece en una compilación de sucesos vistos a través del prisma de testimonios de militantes de las organizaciones armadas. La falta de una crítica profunda por parte de los protagonistas es acompañada por el método adoptado por los autores, que procuran la distancia de un “relator imparcial". Efectivamente, la abundancia de material histórico, permitiría, como lo aceptan los autores, que se escriba “otra historia” que la relatada en sus páginas, que en vez de desenvolverse en el terreno de la lucha de clases, se inscribe en la lucha de aparatos que llevaran adelante el ERP y los Montoneros hasta su extinción. La designación de la etapa iniciada con la asunción de Cámpora como “La Patria Socialista” no se sabe a ciencia cierta si es una burla macabra o una alusión o las ilusiones políticas de la izquierda peronista. Sucede que la burguesía argentina había decidido el regreso de Perón con el objetivo de quebrar el rumbo político independiente que comenzaron a tomar las masas a partir del Cordobazo; y la asunción de Cámpora era la cristalización del Gran Acuerdo Nacional del líder justicialista con Lanusse; es decir que, donde los Montoneros y la izquierda en general veían el inicio de una etapa de “Liberación” (“Liberación o Dependencia” había sido la consigna del Frente Justicialista de Liberación -FreJuLi- para las elecciones), tanto la conformación del gabinete políticos conservadores, como las mismas medidas económicas (“suspensión de las convenciones colectivas de trabajo por dos años” y “congelamiento de precios", lo que se dio en llamar el “Pacto Social” y los “20 proyectos destinados a transformar la estructura económica del país”) ponían en evidencia la férrea intención, por parte de la burguesía, de retomar la iniciativa política perdida por la extensión, que en la etapa previa, había adquirido la movilización popular y su radicalización política, expresada en el surgimiento del clasismo en el movimiento obrero. Para que quede claro el carácter de las “transformaciones”, se puede mencionar que éstas apuntaban a que las inversiones extranjeras pudieran “integrarse al proceso de reconstrucción”, lo que significaba más desarrollismo cepaliano; la “nacionalización de los depósitos bancarios” significaba que el Banco Central garantizaba una tasa a las entidades financieras sobre los depósitos y el impuesto a la renta potencial de la tierra sería una realidad, transcurridos dos años y realizado un debido relevamiento catastral. Como se ve, todo un maquillaje de una orientación profundamente contraria a los intereses de las masas que se movilizaban buscando una salida política. El retorno de Perón había sido para la izquierda peronista una bandera de lucha, en el entendimiento de que Perón era la expresión maldita de la burguesía y, por tanto, la fisura por donde se podía filtrar la revolución. Nunca había considerado que Perón podía ser un recurso contra las masas. Por eso, se pone en evidencia, tan claramente, la orfandad política que los envuelve cuando esto se hace realidad y FAR y Montoneros pactan el levantamiento de las ocupaciones de edificios públicos y empresas para que Perón regrese en un cuadro de paz y estabilidad. Luego la “teoría del cerco”, por la cual el líder justicialista estaría impedido de hacer su voluntad, seguirá abonando la política de subordinación a Perón y, a través de éste, a la burguesía. Analizando la expulsión de la JP de Plaza de Mayo a manos de Perón el 1o de Mayo del ‘74, momento que La Voluntad tomo II sitúa en la parte subtitulada “La Patria Peronista”, dice Política Obrera: "Muchos izquierdistas consideran el retiro masivo de la JP de la Plaza de Mayo como una victoria de ésta, pues -argumentan-ha deschavado el rol de Perón. Pero los que así piensan se equivocan en una cosa muy elemental: la JP no quiere deschavar a Perón. Quiere ‘recuperar el gobierno para el pueblo y para Perón’ es decir recuperar su lugar dentro del gobierno peronista. Si se vio obligada a abandonar la plaza es porque en relación con sus fines ha sufrido una derrota. Y así lo reconoce: La frustración de este diálogo constituye una derrota del campo popular’ “Si la JP no hubiera concurrido a la Plaza hubiera provocado una crisis política mucho más profunda del gobierno y la política de regimentación; pero esta posibilidad estaba descartada desde el inicio porque no se corresponde con el actual lineamiento político de esa organización” (1). Y en el mismo artículo se plantea una caracterización ideológica y una salida política: “Para encontrar una salida hay que tratar de admitir lo que es ultraevidente en la situación política nacional: Perón vino a quebrar el ascenso combativo de los trabajadores. Detrás de su figura se agrupan el conjunto de las fuerzas de la burguesía que trabajan por la reconstrucción del Estado burgués, de su dominio sobre los explotados para recuperar la estabilidad y sus superganancias. “La burguesía nacional, colocada entre las masas y el imperialismo, trata de jugar un papel de árbitro entre ambos, pero para poder hacerlo necesita liquidar el período abierto con el Cordobazo. Cuando la clase obrera comienza a jugar un papel independiente en la lucha de clases, como ocurre en nuestro país, la función contrarrevolucionaria de la burguesía se transforma en absoluta: se apoya en el imperialismo para derrotar y regimentar a las masas. “La única salida para los explotados es su propio gobierno: el gobierno obrero y para lograrlo es necesario que el proletariado tenga un estado mayor que la conduzca, sin ninguna vacilación ni subordinación a la burguesía ni a la pequeña burguesía, a la conquista del poder; es necesario construir un Partido Obrero" (2). Pero si los Montoneros eran los que expresaban más claramente esta política de subordinación, el ERP y el PC no se quedaban atrás. En ocasión de las elecciones cuyo propósito fundamental para la burguesía era plebiscitar a Perón y avanzar en el curso de golpear al movimiento obrero combativo, se negaron a apoyar la candidatura de Tosco, que era vista con gran simpatía por los sectores de la vanguardia obrera. La negativa a enfrentar la política de la burguesía y sus partidos se traduce en que las organizaciones guerrilleras indican como el enemigo a derrotar el “partido militar" y las acciones armadas que llevan adelante en muchos casos se verifican como un factor de bloqueo al accionar independiente del movimiento obrero. Como ejemplo de este accionar podemos mencionar el fusilamiento perpetrado el 30 de diciembre de 1974 del presidente del directorio de Miluz y de su jefe de personal por parte de una comando del ERP en venganza por el secuestro y asesinato de Jorge Fisher y Miguel Angel Búfano, respectivamente, secretario general de la Comisión Interna y uno de las más destacados activistas de la fábrica y militantes ambos de Política Obrera. En un artículo de Política Obrera, de la época, se caracterizaba bajo el subtítulo "La función del terrorismo del ERP”: "El programa del ERP, de defensa del Estado burgués, tiene una manifestación concreta en su política terrorista. El único resultado objetivo de su campaña de atentados indiscriminados ha sido el de permitir el reforzamiento de la injerencia de la policía y las FF.AA. y por lo tanto de la fracción golpista del gran capital que busca una salida de fuerza para arrasar contra todas las conquistas de las masas. Según estos guerrilleristas, esto ensancharía la base de la 'guerra popular’ que por su propia cuenta han decretado, arrogándose presuntuosamente la representación de los trabajadores. La dirección del ERP quiere repetir mecánicamente el papel que los Tupas jugaron en Uruguay: inservibles para movilizar a las masas, facilitaron la instauración de una dictadura. “Es en este contexto que debemos analizar la acción del ERP en Miluz. ¿Cuál es el propósito del asesinato de los directivos? ¿Tiene algo que ver con el fortalecimiento de la organización fabril? ¿Pretende enseñar a los compañeros de la fábrica el camino de su agrupamiento obrero independiente? Todo lo contrario, el ERP pretende demostrar que estas banderas, por las cuales murieron Fisher y Búfano, no sirven para asegurar su venganza histórica contra nuestros enemigos de clase. El asesinato de los directivos constituye una provocación, un intento por desviar a la clase obrera, y a los trabajadores de Miluz en particular, de su principal tarea: organizarse y fortalecerse, en sus fábricas y talleres, en sus organizaciones de clase para enfrentar mediante el único método posible, la acción directa de masas, la ofensiva del terror y la represión gubernamental. “El asesinato de los ejecutivos de Miluz es una expresión de bancarrota total. E insistimos, es una provocación: incrementa el terror y la confusión en fábrica, inhibe la voluntad de movilización, crea el clima de retroceso en una fábrica en ascenso, que el asesinato de nuestros compañeros había fortalecido" (3). El tercer tomo de La Voluntad que se inicia con el golpe de estado del '76 es la descripción de la aniquilación del ERP y los Montoneros a manos de los genocidas y la incapacidad de estas organizaciones para modificar su política. Pero es decididamente inaceptable la apreciación de los autores de que la “militancia revolucionaria” en la Argentina está acabada en 1978, ya que aún en la clandestinidad se desarrollaba una importante actividad militante en fábricas que resistían las políticas antiobreras del gobierno militar y con métodos de acción directa y huelgas lo pusieron en jaque. En octubre de 1979, el periódico de nuestra corriente titula su editorial de tapa “Generalizar las huelgas” y dice: “La actual ola de huelgas forma parte de la nueva etapa de ascenso de la resistencia obrera iniciada a principios de año, que fue parcialmente diluida luego del abortado paro general lanzado por los '25' el 27 de abril último y que ahora se vuelve a retomar. Política Obrera ha venido planteando que todo el proceso de resistencia de la clase obrera desde los inicios del golpe de 1976 ha sido un factor fundamental para frenar el progreso de la situación contrarrevolucionaria y limitarlo, y una de las causas esenciales que provoca la parálisis y crisis de la dictadura”. Sigue “las actuales huelgas se diferencian de las fases anteriores de la resistencia obrera, porque terminan en triunfos directos (reincorporación de despedidos, obtención de reclamos salariales, etc.).” ¿Dónde está la falta de "militancia revolucionaria” en estos sucesos y otros que se suceden durante 1980 y 1981, en tanto que los Montoneros por boca de Firmenich ‘hacían política'como en ocasión del conflicto fronterizo por el canal de Beagle: “La guerra con Chile es posible y, por lo tanto, todos los combatientes deben dejar de atacar a las fuerzas armadas argentina y resistir militarmente a cualquier fuerza extranjera que invada nuestro territorio” (4). En ese mismo fin de año, Política Obrera titula en tapa "Organizar la intervención del proletariado. Acabar con el militarismo y la dictadura” y alude a la importancia de la huelga ferroviaria: “…ha sido un colosal llamado de atención: uno de los gremios más golpeados por los despidos y la represión ha sido capaz de lanzarse a una huelga nacional que obligó a un rápido reacomodamiento de la dictadura. La lucha de los trabajadores del riel no es un fenómeno aislado: es la expresión de la resistencia sorda pero tenaz en todas las fábricas que no se ha interrumpido a pesar de la represión y de la recesión” (5). La distancia entre los acontecimientos relatados y la percepción de los autores de La Voluntad es la que va del puro impresionismo a la elaboración de un estudio histórico que permita comprender la realidad, para transformarla. Conclusión Anguita y Caparrós han aprendido muy bien una regla no escrita de la democracia por la cual la izquierda revolucionaria, que se reivindica marxista, no existe. Sin duda, el cumplimiento de tal precepto, según los códigos de inclusión en el sistema, ha sido rigurosamente respetado por los autores de La Voluntad-Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina 1966/1978-, que ha sorteado con éxito editorial su tercer tomo, completando el prodigio de llenar 2.000 páginas sin que se escape nada de caja. Para lograr tal propósito, fue necesario que se omitiera cualquier experiencia que, por aquellos años, protagonizaran las organizaciones que son antecedentes de las expresiones políticas con militancia en la actualidad en la izquierda revolucionaria y que seleccionara cuidadosamente que aquellos que dieran testimonio de su militancia de entonces no tuvieran, ahora, una relación directa con partidos revolucionarios. Del mismo modo que los desaparecidos de la ESMA no existían para la dictadura militar, los militantes de la izquierda revolucionaria, en la actualidad, no existen para la democracia y han pasado a ser los desaparecidos mediáticos; la sociedad no debe saber de su existencia. En el lenguaje de los diarios de aquella época, no se mencionaba a las organizaciones políticas de izquierda, rotulándolos de "delincuentes subversivos', mientras que en la actualidad cuando se hace alguna mención a los partidos de la izquierda marxista se refieren, generalmente, a “la ultraizquierda". Para llevar adelante este plan, en las 2.000 páginas de La Voluntad no hay una sola línea destinada a la experiencia del Sitrac-Sitram, ni del Smata Córdoba, ni de ninguna fábrica en que la izquierda revolucionaria tuviera influencia, ni de las coordinadoras de fábrica que tiraron abajo a López Rega, a través de una huelga general. Así, el desenvolvimiento de los acontecimientos’históricos no transcurre según el desarrollo de la lucha de clases sino del enfrentamiento de los Montoneros y el ERP con los militares, lo que repite para el relato de La Voluntad la misma mecánica que los grupos militaristas de los ‘70 aplicaban para analizar la realidad sobre la que operaban. Pero si la izquierda revolucionaria no aparece, al punto de tener que omitir, vergonzosamente, el papel jugado por Catalina Guagnini en la formación de Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas, no por un encono personal sino por su vinculación entonces con Política Obrera y en la actualidad con el Partido Obrero, no es menos llamativa la elección de testimonios sobre la militancia de un miembro de la UCR y de otro del Partido Comunista. Estas inclusiones obligan a cuestionar el mismo subtítulo “Una historia de la militancia revolucionaria…, ya que una militancia revolucionaria tiene que estarde algún modo— relacionada con una estrategia de ese carácter y estas elecciones están cuestionadas por las organizaciones políticas en las que se desempeñaron los militantes elegidos. La UCR, por ser partido burgués, defensor del sistema capitalista, cómplice de la Dictadura Militar, a la que avaló en su golpe de Estado y luego nutriera sus filas con gran cantidad de funcionarios, y el Partido Comunista, por ser un partido contrarrevolucionario, stalinista, que clamó por un gobierno cívico-militar, es decir, que se postulaba para ingresar en el gobierno de los genocidas y que alababa a Videla porque era el "ala democrática de las fuerzas armadas”. Naturalmente, la selección de estos testimonios sirve -por contraste- para embellecer la actividad política del ERP y los Montoneros, pero aquí juega un papel fundamental el corte dado en el año 1978, como punto final de la historia, con el argumento de que los golpes dados por la dictadura habrían desmembrado el accionar revolucionario. Sucede que, mientras la clase obrera puso en crisis a la dictadura, llegando a la huelga y a la movilización de masas del 30 de marzo de 1981, los presos y los libres del ERP y de los Montoneros se prepararon para la salida política dada por la dictadura, afiliándose, mayoritariamente, al Partido Intransigente y al Partido Justicialista. El primero capitaneado por Alende, un caudillo burgués, que fuera gobernador de la provincia de Buenos Aires durante la presidencia dül gobierno proimperialista de Arturo Frondizi, y que aplicara con todo rigor el Plan Conintes, de represión contra el movimiento obrero; y el PJ, que levantará la candidatura de Italo Luder, quien había fírmado, en su interinato en la Presidencia de la Nación, el decreto de “exterminio de la subversión". Más actual, pero no por eso menos revelador, fue la adhesión del Partido Intransigente y de la izquierda peronista a la candidatura de Carlos Menem, autor de los indultos a los genocidas. Con semejante accionar posterior se comprende el corte dado en 1978. Algunos de los protagonistas de La Voluntad, que reconocen una actividad política en la actualidad, invariablemente han pasado por el Frente Grande y el Frepaso, organizaciones políticas alentadas por la burguesía proimperialista para evitar una radicalización en el seno de las masas. Pero, si miramos atentamente, la estrategia política seguida por las organizaciones guerrilleras y estas adhesiones presentes, se puede encontrar un hilo de continuidad. Por entonces el ERP y los Montoneros sostenían la necesidad de un "frente antiimperialista”, que lo concebían como la unidad del pueblo -trabajadores y burgueses- detrás de un interés común. Como ninguno de ellos postulaba el accionar independiente como clase del proletariado, naturalmente este frente no podía ser liderado sino por la clase social dominante, la burguesía. Por los años setenta, esta defensa del nacionalismo burgués, tercermundista, contaba con la simpatía del stalinismo, que veía en esta orientación una forma de imponerla conciliación de clases en los países dependientes. Los grupos guerrilleros decían servirse de esta posición de la burocracia soviética, del mismo modo que algunas burguesías raquíticas procuraban hacer buenos negocios con el Este. La actual política de los ex guerrilleros es tan sólo una adaptación a las condiciones de la actualidad. Siempre detrás de las posiciones de la burguesía, pero ya no de una burguesía con pretensiones independentistas sino de una burguesía que clama por las migajas de la globalización y que ha cambiado el tercermundismo por el “realismo periférico". “¿Cómo podía yo militar en Montoneros y tolerar que ese viejo hijo de puta de Perón nos dijera lo que nos decía?”, nos dice Caparros en la actualidad, sin ir más allá de lo puramente emocional, ni advertir la encarnadura de una política de sometimiento a una clase social dominante y su Estado, y sin rever que lo que llama “clima de época” no es más que la ideología predominante. Pero esta tenacidad por no hacer una crítica del accionar político del setenta, los lleva al disparate de decir que "pedir por los muertos sigue siendo la forma básica de movilización política en la argentina”, esto -dicho después de 16 paros generales, marchas federales, Santiagueñazo, Cutralcazo, cortes de rutas recurrentes- refleja la ceguera del que no quiere ver; pero para peor sugiere que esto de pedir por los muertos debe ser abandonado, cuando en realidad la lucha por la represión del pasado es la lucha por el desmantelamiento del aparato represivo del presente. Cualquier oposición a esta lucha es simplemente reaccionaria. Anguita y Caparros no quieren que se desenvuelva ninguna política revolucionaria en el presente sino que tan sólo se recuerde esa ‘hermosa utopía' de su juventud, y conservar un lugar de prestigio en los escenarios culturales ‘progres'. Por eso la cobertura del 'estabíishment' sobre su obra a sido tan amplia, y tan bien secundados por la dirigencia de la Alianza, que aportaran a Fredy Storani y Juanpi Cafiero para la presentación del tomo II, bendiciendo a estos 'enfants-terribíes' que se atrevieron a mostrar cómo era la vida de los guerrilleros en los años setenta. Notas 1. Política Obrera, 8 de mayo de 1974. Política Obrera era el nombre de la organización que dio origen al Partido Obrero (y también el nombre del periódico que publicaba). 2. Idem. 3. Política Obrera, 8 de enero de 1975. 4. O Estado de Sao Pablo, 2 de octubre de 1978. 5. Política Obrera, 11 de diciembre de 1981.

1 de marzo de 2000
La Primera Guerra Mundial y el movimiento obrero internacional (1914/1919)
Eduardo Maro Pradas

Resumen El trabajo está dividido en tres partes. En la primera, titulada “El mundo socialista de la IIa Internacional”, se describe el período de difusión del marxismo desde sus orígenes teóricos hasta la formación de los partidos obreros nacionales en Europa y la constitución de la Segunda Internacional, se explicitan sus características y se analizan las tendencias principales en vísperas de la guerra. Luego se pasa revista a los congresos de la Internacional Socialista con el objetivo de encontrar los motivos de su espectacular viraje hacia el apoyo a la guerra imperialista iniciada en 1914. Para esta introducción utilicé como bibliografía el texto (provisto por la cátedra) de Humbert Droz, Historia General del Socialismo, y como fuente utilicé los Congresos de la Internacional Socialista. La segunda parte, bajo el título “Angélica Balabanov: Una testigo excepcional del naufragio", está basada en su libro de memorias (1). Se realiza allí un esbozo biográfico para presentar su vínculo con el socialismo italiano. Su relato de la última sesión del Buró Socialista Internacional antes de la guerra es muy valioso para incorporar al análisis de las posiciones políticas un perfil sicológico y del estado de ánimo de los principales dirigentes socialistas. Tratamos así de demostrar que la ola de patriotismo feroz que involucró a vastos sectores populares también había infiltrado profundamente a la propia dirigencia socialista. Otro de los objetivos que me había propuesto analizar es la evolución política de los sectores que se oponen a la guerra y son minoría dentro de los partidos socialistas. Con el título de “Dejo de ser socialdemócrata y me hago comunista" se analiza, primero, la posición de Lenin y los bolcheviques ante la guerra y el derrumbe de la Internacional y, luego, la de los socialistas “pacifistas" o “neutrales". Se mencionan, luego, los intentos de reconstruir la acción internacional del movimiento obrero. Utilizamos como bibliografía la Historia General del Socialismo de Droz, el Tomo V de la Historia de las ideas socialistas de Colé y una muy mala biografía de Lenin, la de Gerad Walter, la única que tenía a mano, pero que tiene por lo menos la virtud de compendiar anécdotas y tesis de otras biografías, que me fueron de gran utilidad. Continúa destacando el papel de la política leninista de construir la IIIa Internacional y lo acertado de su política de unidad-confrontación en el movimiento de Zimmerwald. Termina con un comentario de Balavanov sobre la personalidad de Lenin destinado a contrastarlo con los líderes de la difunta Segunda Internacional. Como Apéndice, me pareció ilustrativo presentar una valoración histórica hecha por Angélica Balabanov sobre el movimiento de Zimmerwald y el Manifiesto de la Conferencia de septiembre de 1915. Introducción Ningún historiador puede obviar referirse a la Primer Guerra Mundial en términos de guerra de rapiña y de locura colectiva. Llegando desde el exterior, se habría asistido al espectáculo, donde los "más adelantados países de la civilización", esa sociedad que se consideraba el ‘mundo civilizado', ese dominio de la razón y la ciencia que envolvía la seguridad de la burguesía del siglo XIX, esa confianza burguesa en las “leyes”, en el progreso y en el mercado se desvanecían bajo el talón de hierro del militarismo. Nadie podía imaginar antes del'14 que todo ese mundo liberal fuera barrido, en el transcurso de sólo cuatro años, por un formidable torbellino de pólvora y acero, en un torrente de barro y sangre que hundió no sólo la vida de 20 millones de hombres y mujeres, sino que con ellos se llevó también todas las estructuras económicas, sociales y políticas del siglo pasado. Esta Primera Gran Guerra, que inauguró efectivamente el Siglo XX, debutó provocando sobre los trabajadores, los campesinos y el pueblo en general, una tremenda sangría, una catástrofe demográfica de grandes proporciones. Los trabajadores pasaron de ser mano de obra barata bajo el capitalismo a ser carne de cañón para aceitar la maquinaria y la industria bélica. Es obvio que el gran impacto de la guerra sobre las organizaciones de los trabajadores, y en especial sobre la IIa Internacional, centro de nuestro trabajo, está vinculado a esta tragedia colectiva del mundo obrero que representaban los socialistas de principios de siglo. El mundo socialista de la IIa Internacional Humbert Droz describe este período, que hace transcurrir entre la disolución de la Primera Internacional hacia 1875 y el fin de la Primera Guerra, como un período de gran expansión mundial del socialismo, entendido como progreso de las organizaciones sindicales y políticas de los trabajadores (2). Todo este período de ascenso político, coloca en primer plano una importante lucha de tendencias, que le va a dar la supremacía al marxismo. Es el momento donde los grandes teóricos y difusores de esta corriente: "Kautsky en Alemania, Hyndman en Gran Bretaña, Guesde y Lafargue en Francia, Pablo Iglesias en España, Plejanov en Rusia contribuyeron -pese a no comprender siempre la significación y el alcance del pensamiento marxista- a divulgar las líneas maestras del socialismo científico. El italiano Antonio Labriola fue sin lugar a dudas el más perspicaz de los comentaristas de Marx, pero no tuvo ascendiente en su época" (3). Junto al marxismo y polemizando alrededor de la cuestión de la toma del poder y de los métodos para conquistarlo coexistían corrientes como el anarquismo y el reformismo. En la constitución de la Segunda Internacional, en París, en 1889, ya se advierte una extraordinaria diversidad de tendencias: “Entonces hubo de hecho dos congresos: uno promovido por los ‘posibilistas’ y los trade-unionistas británicos, y otro animado por los guesdistas y anarquistas, a quienes se unieron los socialdemócratas alemanes. Este segundo congreso fue el que demostró mayor actividad creadora, j poniendo desde el primer momento en el centro de sus debates el problema de la legislación social y el planteado por la acción política, así como la cuestión de la conquista del sufragio universal en los países donde no existía" (4). Esta Internacional siempre se negó a tener una estructura centralizada, solamente a partir de 1900 formó una organización administrativa. Los Congresos fueron el cuadro donde se debatieron los más candentes temas de la época, el revisionismo y ministerialismo, la explotación colonial, la cuestión de las nacionalidades y la lucha contra la guerra. Las resoluciones no eran obligatorias, se consideraban indicativas como recomendaciones de la Internacional. Este fue el marco para un gran desarrollo de los partidos socialistas en cada país. Nos vamos a encontrar, entonces, con distintos tipos de organizaciones, según su estructuración política, su vínculo con el movimiento obrero y sindical, sus tendencias. Siguiendo a H. Droz vemos una gran diversidad: en Alemania, el gran movimiento histórico que fue la socialdemocracia, un modelo cuya autoridad es prácticamente indiscutible. "… El reformismo histórico debutó como revolucionario, organizando contra viento y marea un partido obrero en condiciones de proscripción y represión y se fue envileciendo en forma paralela a su enorme progreso organizativo y electoral" (5). Una organización con apariencia revolucionaria y realidad reformista. El socialismo en Francia siempre fue muy pobre teóricamente, de origen heterogéneo. El revisionismo no toma cuerpo teórico sino que aparece diluido en el “ministeria-lismo". Como existe una importante influencia del anarquismo, la característica es la diversidad, al igual que en Italia donde existe también un sindicalismo revolucionario. En el caso de Gran Bretaña, el socialismo está ligado a una larga tradición de lucha obrera, la evolución del marxismo de corte socialdemócrata fue frenada por la irrupción de un nuevo sindicalismo que evoluciona hacia la formación de un partido “laborista" (basado en los sindicatos) que incluye tendencias reformistas y parlamentaristas. En Rusia no aparece en sus comienzos vinculado a una clase revolucionaria sino como una fracción del populismo, no existe una base constitucional y parlamentaria para expresarse. Dentro de este panorama debemos incluirla aparición, en el cuadro de un periodo de relativa estabilidad capitalista, del llamado revisionismo de Edouard Bemstein que, en 1899, plantea que la misión de los socialistas no es hundir sino reformar el sistema capitalista. A pesar de ser condenado por los congresos de la socialdemocracia alemana y la Internacional, influye de manera creciente en el conjunto de los partidos europeos. Propone la alianza con los sectores más progresistas de la burguesía y la participación en los gobiernos burgueses. Asimismo, después de la revolución rusa de 1905, que coloca en primer plano la huelga política de masas, se asiste a la aparición de un ala de izquierda dentro de la Internacional. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en Alemania, Gorter y Pannekoek en Holanda, Tranmel en Noruega. La derrota de esta revolución rusa de 1905 va a operar como factor de reforzamiento del reformismo, que había signado al movimiento obrero a fines del siglo XIX y a comienzos del XX. A partir de aquí, el reformismo va a someter por completo al movimiento obrero organizado. En los años siguientes la socialdemocracia internacional madura para el papel vergonzoso que jugó durante la guerra mundial. Se puede decir, además, que ninguno de los marxistas revolucionarios de la época, incluidos Lenin y Rosa Luxemburgo, había imaginado tan plenamente la siniestra perspectiva de la alianza del capital financiero y la aristocracia obrera. En vísperas de la Guerra “Se pueden distinguir en el seno del movimiento socialista tres tendencias principales • Una tendencia centrista representada por Kautsky y la Neue Zeit (revista teórica de la socialdemocracia alemana), así como por los austro-marxistas vieneses, encabezados por Víctor Adler, que conservan el vocabulario y la ortodoxia marxista y especulan sobre el carácter irreversible de la evolución histórica que lleva irremisiblemente a la revolución, pero que en la práctica, se encierra en un quietismo expectante. • Una tendencia revisionista profundamente arraigada en los grandes partidos -en Alemania en su aspecto teórico, en Francia e Italia a través del ministerialismo, y también en Rusia bajo la forma del marxismo legal y del economicismo- que en la práctica confía en la vía parlamentaria para mejorar la situación material de la clase obrera y admite compromisos con la ideología nacionalista y el imperialismo. • Una tendencia izquierdista, muy heterogénea y dispersa, en la que podemos incluir a los partidarios de Rosa Luxemburgo en Alemania, a los “tribunistas" holandeses, a los bolcheviques rusos, a los “estrechos” en Bulgaria y, también, aunque situados fuera de la tradición marxista, a los anarco-sindicalistas, que reafirman su fidelidad a la causa revolucionaria y confían en la huelga general para conseguir el colapso del mundo capitalista" (6). Los congresos antes de la Guerra: radicalismo verbal + federalismo organizativo + oportunismo político = social-patriotismo Si la IIa Internacional, dado lo heterogéneo de sus componentes, no podía trazar una política común, centralizando el accionar del movimiento obrero, es porque su internacionalismo era abstracto. Es decir, declaraban una acción que no estaban dispuestos a llevar a la práctica. Como veremos en la selección de citas de los principales congresos de la IIa Internacional, abogaban por el arbitraje internacional, en oposición a "las pobres iniciativas” de los gobiernos burgueses, como si los gobiernos burgueses no hicieran arbitrajes también. Antes del hundimiento que significó el voto a los empréstitos de guerra, está la entrada de los partidos socialistas a los ministerios burgueses. Entonces, antes de la gran traición de la defensa de la Unión Sagrada nacional contra el internacionalismo, estaban ya los elementos que la iban a justificar. Uno puede rastrearlos minuciosamente en las resoluciones de los congresos socialistas: el VII en Stuttgart, 1907; el VIII en Copenhague, 1910; o el de Basilea, 1912; de la lectura de sus resoluciones no surge una política de acción común de la clase contra la guerra. La Internacional no puede encerrase, por adelantado, en fórmulas rígidas; la acción es necesariamente diversa, según las circunstancias y los medios de los distintos partidos nacionales; pero ella tiene el deber de intensificar y de coordinar, lo más posible, los esfuerzos de la clase obrera contra el militarismo y contra la guerra”, Stuttgart, 1907 (7). “El congreso está convencido, además, de que bajo la presión del proletariado, la utilización seria del arbitraje internacional reemplazará, en todos los litigios, a las pobres tratativas de los gobiernos burgueses y que se podrá asegurar a los pueblos el bien del desarme general, el cual permitirá utilizar para los progresos de la civilización los inmensos recursos de energía y de dinero devorados por los armamentos y por las guerras. “El Congreso declara: Si una guerra amenaza con estallar, es un deber de la clase obrera en los países afectados, y de sus representantes en los Parlamentos, con la ayuda del Buró Internacional, fuerza de acción y coordinación, el de hacer todos sus esfuerzos por impedir la guerra, por todos los medios que les parezcan mejores y más apropiados y que, naturalmente varían según lo agudo de la lucha de clases y la situación política general. "No obstante, en el caso de que la guerra estalle, tienen el deber de interponerse para que cese inmediatamente y de utilizar, con todas sus fuerzas, la crisis económica y política creada por la guerra para agitar a las capas populares más amplias y precipitarla caída de la dominación capitalista", Stuttgart, 1907 (8). “El Congreso aprobó una serie de recomendaciones para la acción de los legisladores socialistas de los distintos países sobre sus respectivos parlamentos, que globalmente, reconocen el espíritu de múltiples decisiones de anteriores reuniones obreras internacionales: A) Que reclamen sin cesar la solución obligatoria de todos los conflictos entre los estados por medio de arbitrajes internacionales", Copenhague, 1910. “El Congreso insiste fuertemente sobre el deber de los partidos de hacer todo lo posible por cumplir las resoluciones de los Congresos Internacionales…”, Copenhague, 1910 (9). Subrayamos en especial una famosa resolución del Congreso de Stuttgart, de 1907, porque tiene su propia historia, no figuraba en el texto original propuesto por el Buró Socialista Internacional y fue introducida como enmienda por el ala izquierda (Luxemburg, Martov, Lenin), y naturalmente aunque se votó por unanimidad, los únicos que lucharon por ella fueron sus promotores. El caso del Congreso Extraordinario de Basilea, 1912, es el más patético, además de reafirmar laresolución sobre la guerra (Stuttgart, 1907). Fue el primer congreso que votó las resoluciones sin debates y por unanimidad y “asigna a cada partido socialista su tarea particular” (10). “El congreso pide, exige la paz. Que los gobiernos sepan bien que en el estado actual de Europa, y con la disposición de espíritu de la clase obrera, no podrían desencadenar la guerra sin peligros para ellos mismos. “Estarían locos si no sintieran que la sola idea de una guerra monstruosa provoca la indignación y la ira del proletariado de todos los países. “El Congreso ordena a ese efecto que el Buró Socialista Internacional siga los acontecimientos con una atención redoblada y mantenga, pase lo que pase, las comunicaciones y los lazos entre los partidos proletarios de todos los países” (11). El Congreso se levantó entre gritos de “viva la Internacional obrera” y “guerra a la guerra”. Todo este palabrerío que amenazaba a la burguesía con la revolución internacional a la vez que colaboraba nacionalmente con ella, se reveló crudamente al inicio de la guerra como una política de autodestrucción de la organización obrera. Los diputados socialistas votaron los créditos de guerra, entraron a los ministerios belicistas y apoyaron la guerra de su nación imperialista contra el obrero extranjero y su propia clase obrera. El Buró Socialista Internacional no se reunió, no convocó el congreso preparado para 1914 en París y solamente reapareció al final de la guerra. En Berna en 1919 se intentó resucitar una Internacional para que la derrota de los imperios centrales no se transformara en una crisis revolucionaria generalizada. Después de entregar al militarismo a su propia clase obrera pretendían tender un cordón sanitario sobre la Rusia Soviética y evitar que extendiera ia victoria obrera de Octubre del ‘17. Al votar los créditos para la guerra y romper la solidaridad internacional, la organización “modelo” de la IIa Internacional, la socialdemocracia alemana, liquidó de un plumazo 60 años de historia obrera. En el terreno del movimiento obrero también se había iniciado el Siglo XX, época de guerras y revoluciones a la vez que época de traiciones y consecuencias que trajeron derrotas pasajeras y victorias decisivas. Angélica Balabanov: Una testigo excepcional del naufragio Por el papel que desempeñó Angélica Balabanov en el movimiento obrero de principios de siglo, su libro de memorias, que ella califica de crónica de mi colaboración con el movimiento obrero internacional, nos puede ayudar a comprender mejor cómo se procesó el inicio de la guerra y la desarticulación de la IIa Internacional. Podemos encontrar en los textos de Droz o de Colé una gran erudición y son irremplazables a la hora de las fechas, de los hechos, de los planteamientos políticos de las distintas tendencias, pero los protagonistas aparecen en esos textos como simples enunciadores de políticas y doctrinas, pero nadie transpira, sufre o duda como en Mi vida de rebelde. Angélica Balabanov aporta una visión de la psicología de los cuadros dirigentes de la Internacional Socialista, de sus limitaciones políticas y personales que completan el drama de los inicios de la Primera Guerra. Un drama que incluye, no sólo una ola de patriotismo popular, no sólo un fervor nacionalista en la población, promovido y exaltado por todas y cada una de las burguesías militaristas europeas, sino, además una dirigencia obrera paralizada y envenenada por los mismos prejuicios nacionales. Rusa de nacimiento y de origen aristocrático, Angélica Balabanov ingresó al marxismo atraída por la vida cultural europea. Huyendo de su destino familiar estudia en la Universite Nouvelle de Bruselas. Allí tuvo maestros de la talla de Elíseo Reclus, anarquista que había participado de la Comuna de París, o de Emile Vandervelde, economista que sería después presidente de la IIa Internacional. El “factor más decisivo en mi vida intelectual en ese período fue la obra de Jorge Plejanov”, destacado filósofo y teórico del movimiento marxista en Rusia, fundadordel Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. En Londres asiste a conferencias de Hyndman y Tomás Mann. Graduada en filosofía y literatura en Bruselas, estudia economía política en Alemania y se vincula con August Bebel, líder de la socialdemocracia alemana y con Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin. Se traslada a Italia, donde en la universidad “Sapienza” de Roma es alumna de Antonio Labriola. Su vida de militante comienza en Suiza, organizando emigrantes italianos. Se integra al Partido Socialista Italiano durante diez años como conferencista y propagandista, integra la redacción del periódico Avanti (del que va a ser director Mussolini antes de su expulsión en 1914), es miembro del Comité Central. Su vida militante la lleva a un conocimiento político de todos los dirigentes socialdemócratas de la época, por loque en su crónica desfilan Martov, Axerold, Lenin, Zinoviev, Trotsky, y de todos deja un cuadro psicológico y de impresiones personales muy profundas. Participa en todos los congresos de la Internacional Socialista, primero como traductora, luego como delegada del PSI y finalmente como integrante del Buró Socialista Internacional. Su relato de la sesión del Buró Socialista Internacional del 28 de julio de 1914, la última antes de la Guerra Mundial, es impresionante, ya que muestra la profunda desmoralización de los dirigentes de millones de trabajadores. "El vigésimoquinto aniversario de la Segunda Internacional tenía que haberse celebrado en el congreso de Viena que estaba convocado para finales de agosto de 1914. Los preparativos para el congreso transcurrían en una atmósfera de creciente tensión y solemnidad. Delegados de todos los países tenían que reunirse para reafirmar la solidaridad del movimiento obrero internacional y su inquebrantable oposición al creciente peligro de guerra.” "Pero al final de unos demenciales días de julio ocurrió de verdad lo que durante años anunciábamos como inevitable en el régimen capitalista: Europa marchaba hacia el abismo. En vez de miles de socialistas alborozados reuniéndose en la alegre Viena, una veintena —sólo los miembros del Ejecutivo— nos reuníamos en una salita de la Casa del Pueblo de Bruselas, un triste día de lluvia. Era el 28 de julio, cinco días después del ultimátum de Austria a Serbia y cuatro días antes de que Alemania le declarase la guerra a Rusia" (12). "… nuestra reunión estuvo impregnada, desde su inicio, de una trágica sensación de desesperanza. Escuchábamos los discursos sintiéndonos cada vez más impotentes y frustrados” (13). En la introducción presentamos, de la mano de H. Droz, a los líderes socialistas en su etapa de ascenso, como difusores del marxismo y organizadores de los partidos obreros en toda Europa. Balabanov, testigo de su caída, los describe a la hora de la verdad. “Todos aguardábamos anhelantes el discurso de Víctor Adler, representante de un país que ya estaba en guerra. ¿Qué esperaba de los obreros de su nación ese político brillante y experimentado? ¿Qué efectos habría producido en ellos el estallido de la guerra? Su informe fue una amarga decepción para los que confiábamos en que las masas se sublevasen contra la guerra. Un hombre como Adler, el más entendido en política mundial, el que mejor conocía en el Ejecutivo las condiciones de su país, no logró ni siquiera pronunciar una sola palabra que indicara que podíamos confiaren una insurrección de las masas austríacas" (14). Los ojos de Angélica se vuelven ahora hacia alemanes y franceses: “La actitud de Hugo Hasse, presidente del partido socialdemócrata alemán, fue sumamente simbólica y patética. Por lo general era un hombre tranquilo, pero en esa ocasión apenas podía estar quieto sobre el asiento. Su talante oscilaba entre la esperanza y el decaimiento. Habló de las grandes manifestaciones de masas que su partido organizaba en toda Alemania contra la guerra. Durante la mayor parte de su discurso parecía dirigirse, directa y especialmente a Jaurés, como si estuviera deseoso de demostrarle al gran socialista francés que los trabajadores alemanes no querían la guerra y que esperaban idéntica actitud de sus camaradas franceses. “Jaurés daba la impresión del hombre que, habiendo perdido toda esperanza en una solución normal a la crisis, sólo esperaba un milagro. “Los líderes ingleses simbolizados por el minero Hardie, eran obreros activos en sus sindicatos respectivos, esencialmente prácticos e impacientes ante generalizaciones. Cuando hablaba Hardie en seguida se percataba uno de que aquel hombre expresaba directamente los deseos y aspiraciones de las grandes masas de explotados, que sus palabras emanaban de la profundidad de la experiencia de esas masas y de la propia. “No hablaba con frecuencia en los congresos internacionales, pero cuando lo hacía, su sinceridad y tenaz inteligencia, acompañadas de un profundo sentido ético, causaban honda impresión en los reunidos" (15). “Keir Hardie se refirió, con modales serenos y firmes a la huelga general que ellos preconizaban como un medio de evitarla guerra. Expresó la opinión de que si Inglaterra declaraba la guerra, los sindicatos convocarían inmediatamente a la huelga general". Cuando le llega el tumo a Balabanov insiste con que en anteriores congresos internacionales se había considerado la huelga general como medio primordial para enfrentar la guerra: “Adler y Guesde me miraron como si estuviera loca. El primero dejó sentado que se opondría a cualquier intento de precipitar semejante acción por considerarla utópica y peligrosa en ese momento. Guesde adoptó la posición de que, en caso de guerra, una huelga general constituía una amenaza directa contra el movimiento socialista" (16). Al cierre, Jean Jaurés prepara el último manifiesto de su vida y se dirige a un mitin: “No exagero diciendo que el ‘Cirque Royal’ tembló como sacudido por un terremoto al final del magnífico discurso de Jaurés. El propio Jaurés temblaba de emoción, de temor, de intenso deseo de evitar de alguna manera el conflicto en ciernes. Nunca habló con tanto fervor como esa última vez de su vida ante un auditorio internacional" (17). Mientras se apagan las luces de Europa, sobre el resplandor de los primeros cañonazos se recortan las figuras de este “Estado Mayor" del proletariado: vencidos sin dar batalla, marxistas desmoralizados y escépticos que sólo esperan un milagro. Pero si había un ‘marxista’ que sabía estar a la vanguardia e ir a fondo en sus razonamientos éste era Jorge Plejanov, el más importante maestro de Balabanov y de toda su generación. Desde Ginebra le manda un telegrama urgente pidiéndole que vaya a verlo y la consulta sobre la posición del Partido Socialista Italiano sobre la guerra. Angélica fundamenta que se oponen a la guerra. "¿No has sido tú mismo quien me ha enseñado las causas verdaderas de la guerra? ¿No nos advertiste que se preparaba la carnicería ? ¿No dijiste que debíamos oponernos a ella? Plejanov contestó: Pues mira, si yo no fuera un viejo enfermo me iría al ejército como voluntario. Sería un gran placer para mí clavarles la bayoneta a tus camaradas alemanes" (18). “Dejo de ser socialdemócrata y me hago comunista” Como se señaló anteriormente, el 4 agosto de 1914 los socialistas 'modelos' alemanes votaron los créditos de guerra liquidando la IIa Internacional. Al principio Lenin se niega a creerlo; luego al confirmarse, estalla en indignación; “A partir de hoy -exclamó fuera de sí- dejo de ser socialdemócrata y me hago comunista" (19). La guerra lo ha sorprendido en Austria, que ya había declarado la guerra a Rusia. Allí es detenido por doce días. Con la guerra se inicia un período de gran reacción política, a través de la militarización de toda Europa. Los socialistas que apoyaron la guerra imperialista conocieron, como contraprestación a sus servicios, la efímera gloria de la popularidad nacionalista y se integraron al Estado como ministros de la Unión Sagrada. Para los que se opusieron estaba reservada la aniquilación; el asesinato para Jean Jaurés en Francia, la cárcel para Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo en Alemania, la deportación a Siberia de los 14 diputados socialistas rusos. Pero es el desarrollo de la guerra, con cada día que pasa exhibiendo la carnicería en gran escala, el que va haciendo aparecer nuevas tendencias entre los socialistas. Se desenvuelven en todos los partidos minorías que se oponen a la guerra y se replantea la necesidad de una Internacional. De cómo se responda a estos dos grandes problemas van a surgir los nuevos alineamientos. Recurriendo nuevamente a H. Droz: “El único grupo que parece tener una posición clara y unánime a nivel de dirigentes es el de los bolcheviques: el partido cosecha los frutos de la conciencia política que ha ido forjando a lo largo de numerosos conflictos, mientras toda la Internacional criticaba su sectarismo. “Las Tesis sobre la Guerra, escritas por Lenin, son aprobadas a mediados de octubre por los dispersos miembros del Comité Central" (20). Para los bolcheviques éste es un período de extremo aislamiento, al interior de Rusia no existe una organización central, ni periódico y los militantes más destacados están desterrados o en el exilio. Después de la prohibición de Pravda por el gobierno zarista, queda en manos del grupo exiliado en Suiza la reedición del periódico. “El número 33 aparece el 1 de noviembre, tirando 500 ejemplares. Debutaba con el ‘manifiesto’ supuestamente lanzado por el Comité central. Lenin siente que pisa un terreno más sólido. Tiene un periódico, tiene partidarios. Estos, por el momento son pocos numerosos: unos quince como mucho" (21). Una Conferencia de sus partidarios celebrada en Ginebra en febrero de 1915 se plantea entre una de sus tesis fundamentales: “Una propaganda revolucionaria sistemática a favor de la transformación de la guerra imperialista en la guerra civil por medio de una acción revolucionaria de la masa contra ‘su’gobierno y ‘su’burguesía, así como mediante la fraternización de los soldados de los ejércitos beligerantes a los que había que alentar por todos los medios. “Trabajo preparatorio perseverante para crear una Tercera Internacional libre de cualquier oportunismo” (22). Por otro lado, no todos los partidos de la IIa Internacional apoyaron la guerra; en los países que permanecieron neutrales los socialistas no estaban tan expuestos al “socialpatriotismo". Al no tener que enfrentaren su propio país a la burguesía militarista tuvieron la posibilidad de proclamarse pacifistas o neutrales. Ese fue el caso de los italianos, suizos, escandinavos, holandeses y norteamericanos. Así lo señalan Colé y H. Droz: “De estos espectadores en la gran pelea partió necesariamente la iniciativa destinada a mantener viva a la vieja Internacional… “La conferencia italo-suiza realizada en Lugano, en septiembre de 1914, denunció la guerra como ‘imperialista’ y negó que alguno de los gobiernos comprometidos en ella pudiera ser considerado inocente o libre de culpa. “El principal llamado presentado por la Conferencia de Lugano fue que se reuniera de inmediato el Buró Socialista Internacional, como representante de la internacional. Esta solicitud fue rechazada por Vandervelde, presidente del Buró” (23) Convocaron a los representantes de todos los partidos de los países neutrales para intentar -partiendo de una base efectiva pero no estatutaria- reorganizar la Internacional y restablecer posteriormente su plena unidad. El ‘espíritu de Lugano', fruto de una estrecha colaboración ¡talo-suiza, se inserta, todavía, en lo esencial, dentro de los marcos constitucionales de la vieja mansión" (24). Después de estos fracasos (las respuestas son negativas), las mujeres y la juventud toman la iniciativa de reunirse internacionalmente. Convocadas por la alemana Clara Zetkin, se reúnen las Mujeres Socialistas en Berna en marzo de 1915, y frente al llamado de las juventudes italianas y suizas, se dan cita las Juventudes Socialistas en abril. Estas reuniones casi no tuvieron repercusión pero tenían un alto valor simbólico, ya que pretendían demostrar que el movimiento intemacionalista no estaba muerto. Que en plena guerra se reunieran mujeres alemanas y francesas y dirigieran a sus pueblos manifiestos antibélicos demostraba que no todos los socialistas estaban desmoralizados. Que jóvenes, en su mayoría próximos a ser puestos bajo bandera, levantaran la bandera de la unidad internacional de la clase obrera, hablaba también de un proceso de radicalización de neto corte antimilitarista. Es muy importante señalar, además, que cuando organizaciones y programas sufren el derrumbe que sufrió la IIa Internacional, se derrumba necesariamente la generación de militantes que la sostuvo y que la puso en pie. Un impulso renovador sólo podía venir de sectores más profundamente oprimidos. Era natural que el aire fresco viniera del lado de las mujeres y la juventud, dos víctimas centrales de toda guerra. Zimmerwald y Kienthal: Se replantea el internacionalismo obrero El fracaso de Lugano y las expectativas abiertas por las conferencias femenina y juvenil permitieron ver que en el seno de los partidos socialistas se habían formado tendencias, en casi todos los países beligerantes, que se oponían a la guerra y buscaban una centralización internacional. El intento siguiente estuvo nuevamente en manos de los socialistas italianos y suizos. Ahora la convocatoria incluía, además de los partidos socialistas que no se habían comprometido con la guerra, a las minorías antibelicistas. El resultado fue una conferencia en Zimmerwald, Suiza, en septiembre de 1915. Con 42 delegados y la representación oficial de partidos socialistas de Italia, Suiza, Holanda, Suecia y Noruega, de Rusia, Polonia, Rumania y Bulgaria, más delegados extraoficiales de Francia y Alemania y con la adhesión de los partidos Laborista Independiente y Socialista británicos que no llegaron porque no se les concedió pasaporte. En la visión de Colé: "La Conferencia de Zimmerwald fue definitivamente antibelicista y se mostró dispuesta a culpar por la guerra a todos los gobiernos beligerantes; pero estaba constituida por elementos ampliamente diferentes. “En la extrema izquierda había un pequeño grupo encabezado por Lenin, que consideraba muerta y condenada a la Segunda Internacional, por su fracaso, y querían utilizar la ocasión para establecer una nueva internacional revolucionaria y lanzar una gran ofensiva contra los ‘patriotas’…" (25) La Conferencia eligió una Comisión Socialista Internacional, llamada luego ‘Comisión Zimmerwald’ integrada por dos suizos, Robert Grimm y Charles Naine y dos italianos Morgani y Angélica Balabanov. Ella misma nos brinda parte de su manifiesto: “Los autores de la guerra mienten al afirmar que la guerra liberaría a las naciones oprimidas y serviría a la democracia. En realidad entierran la libertad de sus propios países al destruirla independencia de otros pueblos… A vosotros, hombres y mujeres del trabajo; a todos los que sufrís a causa de la guerra, os decimos: “Abajo las fronteras, abajo los campos de batalla y los países devastados. “Proletarios de todos los países, unios" (26). En los primeros meses de 1916 se convoca a una segunda conferencia, esta vez en la ciudad suiza de Kienthal, donde intervienen prácticamente los mismos sectores. La novedad esta vez es que la izquierda liderada por Lenin va superando su aislamiento. Si en Zimmerwald se insistía en la paz, el manifiesto de Kienthal declara ya abiertamente que no se podía lograr la paz sin una revolución social internacional que pusiera fin al capitalismo y al imperialismo y colocara en el poder a la clase trabajadora como constructora de un nuevo orden social. Si en Zimmerwald se había pedido una paz “sin anexiones ni indemnizaciones", en Kienthal se declara abiertamente que la solución al conflicto vendrá déla mano de “la conquista del poder político y la propiedad del capital por los pueblos mismos" y que “la verdadera paz duradera será el fruto del socialismo triunfante”. Para Colé, “Kienthal, más que Zimmerwald, fue el verdadero antecedente de la nueva Internacional que debían establecer los bolcheviques victoriosos” (27). Las bases políticas y programáticas de la IIIa Internacional fueron colocadas en el período previo a su formación, en el curso de una dura lucha política contra el socialpatriotismo de la Internacional Socialista. Es el planteo central de Lenin (la IIa Internacional estaba muerta y había que fundar la I IIa) lo que permite dar una salida a la radicalización política de las masas provocada por la guerra. Como vimos, sobre los restos de la Internacional Socialista, en distintos encuentros y conferencias internacionales contra la guerra, se va perfilando una tendencia creciente hacia la construcción de la nueva Internacional, que aparece para un importante núcleo dirigente y militante como la única salida realista. Es una política de frente único con los pacifistas contra la guerra y al mismo tiempo una rigurosa delimitación política lo que permitió madurar una vanguardia revolucionaria a escala internacional. Al calor de estos combates, importantes cuadros, propagandistas y militantes “dejaron de ser socialdemócratas y se hicieron comunistas”. Uno de ellos fue nuestra Angélica Balabanov, que de secretaria de Zimmerwald pasó a secretaria de la Internacional Comunista. En ese período Balabanov dice que no lograba entender por qué en medio de la guerra, Lenin se preocupaba tanto, siendo un emigrado, en una situación absolutamente minoritaria, por el número de votos que reunían las resoluciones, o por qué malgastaba tanto tiempo con delegados que sabía no iba a convencer. La respuesta le llegó después de Octubre: “En Rusia, donde tuve la ocasión de observarle de cerca, me asombró que en períodos más graves y peligrosos dedicaba el mismo tiempo y energía a impresionar a un puñado de delegados extranjeros de dudosa influencia. Lenin abordaba a cada individuo y a cada acontecimiento desde la posición del estratega revolucionario. Toda su vida era una cuestión de estrategia y cada una de las palabras que pronunciaba en público tenía intención polémica. “Cada incidente, cada corriente, era un eslabón de la causa y efecto social; había que aprovecharlo con objetivos teóricos o prácticos. Sin duda se daba cuenta de lo poco que representaban un puñado de emigrados, pero combatía por sus resoluciones durante horas y horas, aunque sólo fuese para que su opinión y sus polémicas figurasen en los anales de las convenciones y reuniones socialistas. Siempre se interesó en la importancia histórica que tendrían esos debates y esos esfuerzos” (28). El verdadero banco de prueba de esta estrategia política revolucionaria serán las dos revoluciones rusas, en febrero y octubre del '17. Es la instauración del poder soviético la que va a crear las bases materiales para la proclamación de la Internacional Comunista en marzo de 1919. Apéndice En el prólogo a un libro sobre el movimiento de Zimmerwald, escrito para los archivos de historia del movimiento socialista y laborista, publicado en Alemania en el año 1928, Angélica Balabanov señala que "entre fines de julio de 1914 y marzo de 1919 (creación de la Tercera Internacional ) no hubo socialismo internacional organizado aparte de los partidos, grupos e individuos que se unieron en el movimiento de Zimmerwald y cuyo portavoz fue el Comité Socialista Internacional". Sin la existencia de ese movimiento los historiadores podrían afirmar que la guerra había aniquilado no sólo las organizaciones, sino la esencia misma del internacionalismo obrero. Durante décadas, en Europa el socialismo organizado se había comprometido a oponerse y resistir la guerra. Cuando estalló el conflicto entre Austria y Serbia, se reiteraron esos compromisos en grandiosas reuniones de masas convocadas por los socialistas en todo el mundo. Luego, de repente, cambió el contenido y el tono de la mayoría de los periódicos del mundo del trabajo, se votaron los créditos de guerra y los camaradas de ayer se convirtieron en los “enemigos" de hoy. Para comprender el aturdimiento y confusión de los hombres y mujeres que habían hecho del internacionalismo su norte y guía, es preciso tener en cuenta el pánico creado por invasiones reales o imaginarias, el caos mental provocado por el elaborado mecanismo de la propaganda nacionalista, el aislamiento que una rigurosa censura produjo entre un grupo nacional y otros. En el centro de ese caos y confusión, la voz de Zimmerwald proclamaba: “Nosotros, representantes de partidos socialistas, de sindicatos, de minorías de diversos países beligerantes y neutrales, nos hemos reunido para restaurar el vínculo internacional entre los trabajadores llamándoles a la razón y convocándolos a luchar por la paz. Es este un combate por la libertad, por la fraternidad y por el socialismo”. Resulta imposible determinar hoy la influencia exacta que esas palabras ejercieron en un clima de fiebre patriotera como el que caracterizó esa época. El manifiesto iba firmado por socialistas y sindicalistas muy conocidos en sus respectivos países, y el ejemplo de su coraje y sentido de responsabilidad sólo podía ayudar a galvanizar el sentimiento intemacionalista y la decisión de luchar.

1 de marzo de 2000
El Partido Socialdemócrata Alemán de 1918 a 1921
Rodrigo Peyrel

"Odia a la revolución como al pecado" Ebert (líder socialdemócrata alemán) En 1918, la Alemania del Káiser Guillermo II cae derrotada, luego de cuatro años de guerra, marcando el final de la Primera Guerra Mundial. Un año antes se produce en Rusia la caída del imperio de los zares y la toma del poder por los revolucionarios bolcheviques en representación de los proletarios y los campesinos rusos. Los líderes de la revolución llaman a los proletarios del mundo a derrocar a las burguesías y extender la revolución para la liberación de la clase obrera. El objetivo de los bolcheviques era que la revolución se extendiera por toda Europa y esencialmente en Alemania, donde el movimiento obrero estaba mejor organizado y era el más numeroso del continente europeo. Lenin afirma que “las masas proletarias de todos los países se dan cuenta, cada día más claramente, de que el bolchevismo ha indicado la justa vía a seguir para escapar a los horrores de la guerra y del imperialismo, que el bolchevismo sirve de modelo de táctica para todos” (1). El proceso revolucionario “parecía perfectamente factible, porque la Gran Guerra concluye en medio de una crisis política y revolucionaria generalizada, particularmente en los países derrotados. En 1918, los cuatro gobernantes de Alemania, Austria-Hungría, Turquía y Bulgaria, perdieron su trono, además del Zar de Rusia, que ya había sido derrocado en 1917. Por otra parte los disturbios sociales, que en Italia alcanzaron una dimensión casi revolucionaria, también sacudieron a los países beligerantes europeos del bando vencedor" (2). Ante este proceso revolucionario las preguntas que caben hacerse son: ¿Por qué no se produjo una revolución proletaria luego del fin de la guerra en Alemania? ¿Estaban las condiciones dadas para una revolución? ¿La socialdemocracia alemana jugó una papel contrarrevolucionario? Una revolución sin revolucionarios A medida que se acercaba el final de la guerra, aumentaba la agitación interna en Alemania. En noviembre de 1918 se produce en Alemania una revolución y es derrocado el Káiser Guillermo II. La revolución se desencadena cuando a finales de octubre, los jefes de la Marina ordenaron un último ataque suicida contra los ingleses para redimir el honor alemán. El 28 de octubre se ordenó la partida de la flota de Wilhelmshaven. Los marineros, por mayoría, decidieron que, en la hora de la derrota alemana, era preferible salvar sus propias vidas antes que el honor alemán, y se amotinaron; las demostraciones en Kiel el 3 de noviembre provocaron un motín más generalizado, y en los primeros días de noviembre se extendieron los levantamientos revolucionarios por toda Alemania, desde el norte hasta el gobierno socialista de Kurt Eisner en Baviera, constituyéndose “consejos" de soldados, marineros y obreros para sustituir a los gobiernos locales existentes. El mismo Berlín se convirtió en un centro de agitación donde los enlaces sindicales y los miembros del Partido Socialista Independiente debatían sobre la necesidad de un levantamiento armado, idea a la que se oponían los moderados del partido socialista mayoritario (SDP). El 9 de noviembre quedó claro que el emperador debía abdicar: el gobierno del príncipe Max von Badén dimitió y Guillermo II abandonó Alemania y se instaló en Holanda. En ese marco los socialistas asumen el gobierno porque literalmente no había nadie que pudiera hacerse cargo del mismo. El nuevo gobierno estaba integrado por los dos partidos socialistas, el Partido Socialdemócrata (SDP) (3) y el Partido Socialista Independiente (USDP), que estaban agudamente opuestos. El SDP había crecido antes de la guerra hasta convertirse en el partido más importante en 1912. En este proceso de crecimiento, el SDP pasó de grupo revolucionario a convertirse en una institución que proyectaba alcanzar el cambio social ganando el voto pacíficamente, en vez de utilizar la agitación y la violencia El gobierno estaba compuesto por tres integrantes de cada partido, Ebert, Scheidemann y Otto Landsberg por el SDP y Hugo Hasse, Wilheim Dittman y Paul Barth por el USDP. Como primera medida, el gobierno pone fin a la guerra; luego los partidos debatirían qué clase de gobierno debía ser y qué estructuras iba a poseer. No había duda en el espíritu de los socialistas que el sufragio prusiano de tres clases tenía que ser suprimido Y había que introducir muchas reformas democráticas. No obstante existía una división muy real de la opinión entre los que querían cambios estructurales drásticos e inmediatos, en nombre de la revolución, y los que sostenían que, en lo posible, esas cuestiones debían posponerse para ser resueltas por una Asamblea Constituyente, que debería ser electa tan pronto como fuera posible por sufragio amplio. Los dirigentes de los socialistas mayoritarios sostenían esta posición, como la única compatible con la democracia y algunos de los independientes estaban de acuerdo con ellos; la mayoría de los independientes, no obstante, no coincidían: querían dar el golpe mientras la situación era favorable y establecer los fundamentos de un nuevo orden lo más firmemente posible antes de convocar al pueblo para elegir su Asamblea Constituyente, que debería confirmar el cambio y darle forma constitucional. Estas eran las dos grandes tendencias. Existía una tercera posición, representada en parte dentro del USDP y en parte fuera de él, que no pensaba en la Asamblea Constituyente en ninguna etapa, rechazándola como instrumento de la democracia burguesa, pero que se dividía entre los partidarios de la dictadura de masas de los trabajadores y los partidarios de la toma del poder por una pequeña élite revolucionaria. En este contexto el nuevo gobierno proclama la República sabiendo, además, que debe enfrentar una serie de problemas urgentes: la desmovilización de los soldados, el control de las agitaciones, levantamientos en toda Alemania, la reconstrucción de la economía, la garantía de suministros de alimentos y la redacción de una nueva constitución. Se decidió dejar a los viejos jefes de los departamentos y de los ministerios, pero se designó en cada ministerio a un socialista de cada ala para vigilarlos y asegurar el cumplimiento de las órdenes del gobierno. No se hizo nada para alterar la estructura federal, esperando la decisión de la futura Asamblea Constituyente. Los jueces y los tribunales continuaron funcionando igual que antes y la labor de desmovilización quedó a cargo de la administración militar y del Alto Mando. Los viejos burócratas y jefes militares consintieron en trabajar con Ebert y la mayoría, pero no con el USDP. El carácter contrarrevolucionario del SDP A partir de ese momento, el partido SDP va a reprimir todos los intentos de alzamiento que se produzcan en contra de la República, especialmente los provenientes del sector más radicalizado del USDP y de la Liga Espartaquista (luego Partido Comunista Alemán), simpatizante de la Revolución de Octubre y de la convicción de tomar el poder por vías revolucionarias. El primer episodio contrarrevolucionario señalado por G. D. H. Colé en su Historia del Pensamiento Socialista, se va a producir el 24 de diciembre de 1918 contra los marinos (en su mayoría reclutas de izquierda) de la División de marina que habían arrestado en su propia oficina al comandante, el socialista mayoritario Otto Wels, y habían ocupado la cancillería en reclamo de pagos atrasados. Esa mañana, las fuerzas del general Groener, bajo las órdenes de Ebert, bombardearon la Cancillería logrando la liberación de Wels pero a su vez las fuerzas de la división de Groener empezaban a evaporarse al terminar el combate contra la División de marina. En ese momento la izquierda tuvo la mejor oportunidad para tomar el poder, pero no estaba preparada para ello. La socialdemocracia, al no contar con el apoyo incondicional de las fuerzas armadas, organiza los llamados ‘cuerpos libres’, constituidos especialmente por viejos oficiales y comisionados del antiguo ejército. Estas unidades libres debían convertirse en las fuerzas de choque de la contrarrevolución contra la izquierda. A causa de las posturas de los ministros del SDP, los ministros de la USDP renunciaron a sus cargos en el gobierno y entregaron el poder a los socialdemócratas, quienes quedaron en libertad de proseguir con el apoyo de los reaccionarios, bajo el pretexto de mantener la ley y el orden. Siguiendo con su política contrarrevolucionaria, el gobierno socialista destituyó a Euchorn como jefe de la Policía de Berlín, lo que provocó al día siguiente manifestaciones de masas contra el gobierno. Los manifestantes, al encontrar escasa resistencia, ocuparon la jefatura de la policía y las oficinas del Vorwaerts, principal periódico del SDP. El USDP, que había dudado al principio si se debía aceptar el desafío de la destitución de Euchorn, se lanzó al combate con un llamado a la huelga general y el 6 de enero comenzó la huelga con considerable apoyo de masas. Al día siguiente, Noske entró en el gabinete como Ministro de Defensa, con la tarea de terminar con esta situación. Noske movilizó sus ‘cuerpos libres' para un ataque a los baluartes de la izquierda. Estas fuerzas actuaron, bombardeando y destruyendo los edificios ocupados por lo insurgentes, escasamente armados. Los edificios ocupados fueron recuperados y el centro de la ciudad despejado; y entonces los *cuerpos libres' entraron en acción contra los suburbios proletarios, donde se intentó resistir. El 13 de enero terminó la lucha y, derrotados, los independientes levantaron la huelga general. Los dirigentes de la izquierda se escondieron o escaparon de la ciudad. Dos días después, un destacamento de los ‘cuerpos libres' apresó a Kart Liebknecht y a Rosa Luxemburgo, que habían permanecido en Berlín y los asesinaron en vez de entregarlos para que fueran sometidos a juicio. De todos los socialistas revolucionarios, sólo Rosa Luxemburgo era comparable a Lenin. En Alemania fue la gran fuerza intelectual del lado revolucionario y su asesinato fue sentido y comentado en toda Europa como un acto de barbarie. En las elecciones para la Asamblea Constituyente del 19 de enero, el USDP sólo logró el 5% de los votos contra el 39% del SDP. Pero se demostró también que los partidos socialistas formaban una minoría y que los partidos burgueses y de derecha reorganizados, aunque divididos entre sí, eran una fuerza capaz de reafirmarse plenamente en el Estado alemán. Los socialdemócratas conformaron una coalición con los demócratas y el centro católico. Lo más que se podía esperar de esa coalición era que confirmara la República y le otorgara una Constitución parlamentaria de acuerdo con las ideas liberales tradicionales. A pesar del escaso caudal de votos conseguidos por los partidos revolucionarios, los alzamientos populares siguieron y se establecieron gobiernos socialistas, como por ejemplo en Baviera, donde se formó un pequeño ejercito rojo y se procedió a organizar la ciudad bajo la dictadura del proletariado. Este intento fue sofocado y el socialismo bávaro quedó destruido; la ciudad se transformó en un baluarte de la contrarrevolución. Los acontecimientos más trágicos se dieron con los alzamientos de Berlín de marzo de 1919. Un mes antes habían estallado grandes huelgas en muchos lugares de Alemania y, en especial, en el territorio carbonífero del Ruhr, donde los mineros organizaron un nuevo y poderoso sindicato. Este sindicato pedía el reconocimiento de los Consejos de trabajadores, para los cuales reclamaban el derecho a participar en el control de la industria. En otras regiones, se plantearon peticiones similares. En gran parte de Alemania central se desarrolló una huelga general que, por cierto tiempo, aisló prácticamente a la Asamblea Nacional, que se reunía para redactar la nueva constitución. A principios de marzo, la huelga se extendió a Berlín. Como consecuencia de la huelga, pero no por órdenes de sus líderes, aparecieron grupos en la calles y se produjeron esporádicos combates entre los restos de la División de marina y otros grupos de izquierda con la Policía de Berlín, ahora bajo el mando del socialdemócrata Eugen Ernst. Hubo indudables atrocidades de ambas partes, pero de los más de mil muertos, ni siquiera uno de cada diez era soldado y en su mayoría fueron trabajadores. Las autoridades habían decidido acabar de una vez con los “agitadores de la Berlín roja”, y lo hicieron despiadadamente. Las pérdidas de vidas fueron obra de los ‘cuerpos libres' de Noske. Este es también el encargado de reprimir los alzamientos producidos en abril de 1919 en Sajonia, donde se había proclamado un gobierno de “Consejos Obreros”. El 11 de agosto es promulgada la nueva constitución dándole forma a la República de Weimar. Se crea una de las constituciones más “democráticas", incorporando no sólo el sufragio universal, incluido el voto femenino, sino también, la representación proporcional, y la iniciativa, el referéndum y la revocación popular de leyes. Kautsky, en su libro sobre la dictadura del proletariado, teorizaba sobre cómo “la clase obrera va a llegar al poder indefectiblemente por medios pacíficos”. Recordemos que Kautsky era el mayor teórico marxista de la socialdemocracia alemana y europea; es señalado por Colé como el "principal antagonista teórico del bolchevismo". Kautsky va a señalar a la “democracia como una estructura neutra, marco ideal para el desarrollo capitalista y para el desarrollo del movimiento obrero, con la peculiaridad de que en ese paralelo y armónico curso, el movimiento obrero llevaría cada vez más ventaja, por la simple razón de que la regla de oro de la democracia es el gobierno de la mayoría, no menos simple que el ejercicio del sufragio universal. Y como el desarrollo del capitalismo implica inevitablemente la proletarización de la mayoría del pueblo, con la misma inevitabilidad llega la hora del ascenso del proletariado al poder. Una vez en el poder, el sistema democrático creado bajo el capitalismo le sirve al proletariado de instrumento óptimo para edificar el socialismo" (4). Entonces veamos cual es el sistema socialista creado por los socialdemócratas alemanes a partir de la constitución de la República de Weimar. Recordemos también que desde hace dos años los socialdemócratas detentan el poder en Alemania: "Exceptuadas la jornada legal de 8 horas y algunas otras salvaguardias del bienestar de los trabajadores (y las tradicionales demandas de los obreros organizados), la República cuyos principales arquitectos fueron los socialdemócratas, en sus años de formación estaba lejos de ser socialista. No se nacionalizaron las industrias. La propiedad no cambió de manos. No se abordaron leyes de tierra ni reformas agrarias con los nuevos estados de la Europa Oriental; los ‘junkers’ del este del Elba permanecían intocados en sus grandes haciendas. Casi no hubo confiscación ni de la propiedad del antiguo Káiser ni de las otras dinastías dirigentes del imperio federal de Bismark. Incluso las estatuas de los emperadores, reyes, príncipes y grandes duques continuaban en las calles y en las plazas. Oficiales, funcionarios públicos, agentes de policía, profesores y maestros de escuela de la antigua Alemania Imperial se mantenían en sus respectivos puestos. El ejército, aunque limitado por el tratado de Versalles a 10.000 hombres, era el ejército en miniatura, con todos sus órganos esenciales intactos, aunque careciendo de contingentes. Los soldados eran jóvenes campesinos alistados para largos plazos y formados luego según las tradiciones militares alemanes y prusianas. En el cuerpo de oficiales seguían siendo fuertes las viejas influencias profesionales y aristocráticas” (5). Nunca había existido una revolución tan suave, tan razonable, tan tolerante; no había terror, ni fanatismo, ni fe estimulante, ni expropiación ni emigrados. A principios de marzo de 1921, estallaron serios trastornos en las minas de cobre de Mansfeld, en la Sajonia prusiana, un baluarte comunista. Horsuin, gobernador de la provincia y socialdemócrata, envió a la policía para ocupar la región. Los mineros se levantaron en rebeldía y se apoderaron de las minas e inmediatamente después, los trabajadores de la industria química del Leuna se les unieron. Los nuevos dirigentes comunistas impulsados por Bela Kun, pensaron que era la oportunidad para producir un levantamiento total. Convocaron a una huelga general e instaron al proletariado a tomar el poder en toda Alemania. Hubo algunos levantamientos locales y muchos actos de violencia y sabotaje esporádicos: fueron volados edificios, se interrumpió el tránsito ferroviario, etc., pero no hubo huelga de masas y el gobierno pudo sofocar fácilmente el movimiento. Mansfeld y las fábricas de Leuna fueron ocupadas por el ejército y todo el plan fracasó, y con él, la transformación del partido comunista en partido de masas, ya que en pocos meses perdió más de la mitad de sus 350.000 miembros. A partir de lo escrito anteriormente es posible afirmar que el papel jugado por la socialdemocracia en el período de 1918 a 1921 fue totalmente contrarrevolucionario ya que aplastó todos los movimientos revolucionarios y organizó un cuerpo de choque para destruir todo intento de revolución. A nivel teórico, su máximo exponente (Kautsky) se encargó de atacar la Revolución Rusa a partir de sus libros La dictadura del proletariado y Terrorismo y comunismo. Ahora bien: ¿Existían las condiciones para una revolución proletaria en Alemania? A nivel económico “se calculaba la riqueza de Alemania, antes de la guerra, en 225 billones de marcos oro y la renta nacional normal, en 40. Como es sabido, en aquella época Alemania se enriquecía velozmente. En 1896 su renta era de 22 billones de marcos oro. En dieciocho años (1896/1913) aumentó 18 billones, a razón de 1 billón por año. Aquellos 18 años fueron la época del formidable crecimiento del capitalismo en el mundo entero, y sobre todo en Alemania. Hoy, la riqueza de esta nación se estima en 100 billones de marcos y su renta, en 16, o sea un 40 por ciento de la que tenía antes de la guerra. Verdad que Alemania perdió una parte de su territorio, pero sus pérdidas más considerables fueron los gastos de guerra y el pillaje sufrido después (…) en el terreno de la industria como en el de la agricultura, Alemania produce en el presente mucho menos de la mitad de lo que producía antes de la guerra" (6). En el ámbito político se destronó al emperador y se vivieron ataques constantes a la República por parte de los partidos de izquierda. En resumen había una inestabilidad política y un quiebre de la economía, por lo tanto se puede afirmar que estaban las condiciones para una revolución. Entonces, ¿por qué no se produjo? Porque “en Europa, el mayor peligro para todos reside en que no existe un partido revolucionario. Hay partidos de traidores como el de los Scheidemann… o almas lacayunas como Kautsky” (7). En un período de crisis, la burguesía conserva durante largo tiempo su fuerza de resistencia, sigue siendo aún más fuerte que el proletariado. Lenin afirmaba que “el arte de administrar el Estado, el arte militar y económico dan a los explotadores una superioridad muy marcada; su importancia es incomparablemente más grande que su proporción numérica en el seno de la población ’. Lo que se produjo a mi modesto entender en el período estudiado, fue un enfrentamiento en el cual triunfó la burguesía, que aunque se encontraba en crisis y se recobró en un lapso de tiempo suficiente como para impedir el ascenso del proletariado que poseía una organización correcta para derrotar a la burguesía. Como conclusión confesaré que el motivo que me llevó a elegir este tema era averiguar si la socialdemocracia alemana había traicionado a la Revolución Rusa (no sólo a la alemana). O sea, ¿porqué traición, si la socialdemocracia alemana nunca fue revolucionaria sino reformista? Porque el imperialismo y la guerra habían mostrado que el reformismo ya no tenía lugar histórico. Solamente existían dos opciones: la revolución y la contrarrevolución. Las tendencias reformistas, bajo pretexto de no optar por ninguna de ellas, optaron de hecho por la contrarrevolución, volviéndose traidoras. “La revolución mundial que justificaba la decisión de Lenin de implantar en Rusia el socialismo no se produjo y este hecho condenó a la Rusia Soviética a sufrir, durante una generación, los efectos de un aislamiento que acentuó su pobreza y su atraso” (8). Notas 1. V. Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, págs. 81/82. 2. E. Hobsbawn, Historia de siglo XX, pág. 66. 3. “El concepto se usa para designar a los movimientos socialistas que intentan moverse rigurosa y exclusivamente en el ámbito de las instituciones liberal-democráticas y aceptan dentro de ciertos limites la fusión positiva del mercado y de la misma propiedad privada renunciando así, sin reservas, a introducir todo aquello que sea 'nuevo cieloynuevatierra’… el espacio intermedio es precisamente lo que no quieren recorrer", Bobbio y Mateucci, Diccionario de Política, págs. 1947/48. 4. F. Claudin, Introducción de Teoría y Praxis, N° 9, pág. 18. 5. R. Palmer y J. Colton, Historia Contemporánea, págs. 40/41. 6. L. Trotsky, Una escuela de estrategia revolucionaria, págs. 40/41. 7. V. Lenin, op. cit. 8. E. Hobsbawn, op. cit., pág. 72.

1 de marzo de 2000
La revolución de los claveles
Teresita Monkman

El golpe de Estado del 25 de abril de 1974 fue protagonizado por un grupo de oficiales de baja y mediana graduación -el Movimiento de las Fuerzas Armadas-, influenciados por la vasta experiencia de las guerras coloniales que dieron fin al gobierno de Caetano-Salazar A partir de este hecho, el historiador Oliveira Márques (1) va a definir el golpe como un movimiento elitista protagonizado por el ejército, con las mismas características del golpe de 1926, estableciendo una diferencia: en 1926 pasó a gobernar una dictadura represiva mientras que en 1974 se pretendió gobernar con un régimen de amplia libertad. Oliveira Márques no explica que el golpe de 1926 fue una salida del ejército para terminar con la agitación de los obreros y con la incapacidad de la atrasada burguesía portuguesa. Luego agrega que el MFA tuvo el apoyo “tácito" del pueblo portugués. Es cierto que el ejército protagonizó el derrocamiento de Caetano. Sin embargo, lo que este análisis soslaya es que el golpe militar abrió las puertas a una amplia rebelión popular. El proceso que va a iniciarse está marcado por una irrupción popular. El presente trabajo señalará los acontecimientos más destacados de este proceso revolucionario y de la participación del pueblo, que superó los límites que este sector del ejército había dado a su propia rebelión. Entre abril de 1974 y fines de 1975 se abre un proceso convulsivo donde intervienen fuerzas contradictorias que darán lugar a sucesivas crisis políticas. La propia revolución va a ser contenida por el papel que cumplieron los partidos que emergen como mayoritarios en el proceso revolucionario: el Partido Socialista y el Partido Comunista. El golpe militar del 25 de abril de 1974 posibilitó un proceso político más amplio: abrió las puertas a una rebelión popular. El 25 de abril, millones de personas ganaron las calles desoyendo los comunicados del MFA de permanecer en casa. Los floristas ofrecían claveles a los soldados, quienes los colocaban en los cañones de sus fusiles. Por esto, la revolución fue bautizada como la “revolución de los claveles”. Los diarios de la época informaron de la agitación existente en la población: el diario Noticias, de Lisboa, que refleja el punto de vista de la Junta Militar, dice que “la libertad puede subirse a la cabeza debido a que no se mantiene el orden y el poder podría caer en manos de la chusma”. El 29 de abril, El Cronista Comercial informa que los estudiantes y trabajadores manifestaron en los últimos tres días, en las calles de Lisboa, donde se agitaban banderas rojas con leyendas izquierdistas. El ejército realizó numerosos disparos al aire para contener y dispersar a los grupos de exaltados que provocaban incidentes en la ciudad. Spinola fue llamado por Caetano pidiendo protección para no caer en las manos de la calle, afirma La Razón, de los días 26 y 27 de abril. El 1o de Mayo de 1974 hubo una marcha en Lisboa que congregó cerca de 500.000 personas, junto a otras marchas en las principales ciudades del país, afirma el Centro Camoes (2). Según Medero Ferreira (3), desatado el acto que derribó a la dictadura, éste provocó una serie de ondas de choque en la sociedad portuguesa que movilizaron multitudes en busca de nuevas formas de organización social, económica y política. En los primeros meses posteriores a abril se observó la formación de “comisiones de inquilinos", luego de las ocupaciones en los barrios sociales y, sobre todo, en los barrios de lata de Lisboa, y en los barrios Carnarios, de Oporto. El gobierno fue presionado por los acontecimientos y debió legislar a favor de los inquilinos a través de un decreto-ley del mes de setiembre de 1974. Durante el año 1975 se asiste a una multiplicación de órganos de poder popular con el surgimiento de comités de ocupantes. En este proceso de luchas sociales pueden observarse dos períodos distintos. En el primero, de mayo a junio de 1974, las exigencias son sobre todo de carácter social, con amenazas de huelga parcial o total. Este período fue fuertemente dinamizado por las comisiones de trabajadores elegidas para conducir los conflictos. Estas comisiones ya existían antes del 25 de abril. Ejercieron varias funciones, llegando a ser reconocidas como comisiones internas en ciertos acuerdos colectivos de trabajo; también estaban las comisiones llamadas espontáneas que no eran legalizadas, las que promovieron acciones reivindicativas al margen de los sindicatos corporativos -200 mil textiles abandonan sus tareas exigiendo un aumento de salario del 70%; en los astilleros de Lisnava, 9 mil obreros abandonaron su empleo al fracasar las negociaciones; los electricistas de Lisboa realizaron una huelga de ^ 24 hs- (4). En el segundo período, entre enero y marzo de 1975, se acentuaron las reivindicaciones de la expulsión de los funcionarios represores y pro-dictatoriales de las jerarquías superiores de las empresas, con ocupaciones de empresas como la forma de lucha más utilizada. Este movimiento popular alcanzó las más diversas áreas de la vida social: la administración local, la vivienda urbana, la gestión de empresas, la educación, la cultura y los nuevos modelos de vida, la reforma agraria, etc. El 25 de abril comenzó en Portugal una revolución obrera. El intento de la burguesía portuguesa de salir, a través de un golpe de Estado, de la crisis política del régimen corporativo fascista de Salazar-Caetano abrió una profunda brecha para la movilización de los trabajadores. Estos ganaron la calle creando una dualidad de poderes: • todas las sedes y locales del corporativismo fueron ocupadas y saqueadas por las masas. • los soldados confraternizaron con los trabajadores, participando en las marchas y negándose a continuar la guerra colonial. • en todas las fábricas y oficinas, los obreros elevaron peticiones reivindicativas y se eligieron comités de fábrica. Estas peticiones no sólo reclamaban mejoras salariales y laborales; se ocuparon fábricas para exigir la destitución de los funcionarios patronales comprometidos con la dictadura de Salazar-Caetano. • los estudiantes en asambleas exigieron la destitución de los directores y profesores salazaristas, publicando las listas de las empresas imperialistas que los sustentaban. • el 1o de mayo, 500 mil trabajadores, sobre una población cercana al millón, manifestaron en Lisboa en el “Día de los Trabajadores”. De esta manera, dirigiendo los ataques contra las instituciones del Estado corporativo, las masas portuguesas emprendieron el camino del desmantelamiento del Estado burgués: depuraron la administración, la policía, la universidad, la justicia, etc. La confraternización de los soldados y los cuadros subalternos con los trabajadores era una clara expresión del dislocamiento del ejército burgués. Así, el intento de la burguesía de preservar la dominación capitalista y colonial mediante un recambio ‘controlado ’, fue rápidamente desbaratado por el movimiento de las masas. La característica de la revolución portuguesa fue la formación autónoma de Comisiones de delegados, obreros y campesinos, en los lugares de trabajo, y de los comités revolucionarios de soldados. Crearon, como se dice más arriba,"una dualidad de poderes; esto es porque las masas seguían las directivas de sus organizaciones y no las del gobierno. El mismo 25 de abril, el MFA entregó el gobierno a la Junta de Salvación Nacional, encabezada por un alto oficial, Spínola (que pertenecía a la alta jerarquía militar bajo el régimen salarazista), y a un Consejo de Estado formado por socialdemócratas, demócratas liberales y hasta monárquicos (5). Se vieron obligados a solicitar el ingreso del Partido Comunista Portugués, principal partido obrero, y del Partido Socialista Portugués. Daniel Bensaid (6) afirmó que el primer objetivo de la burguesía era detener ia acción de las masas. Era necesario que dejaran la calle interrumpiendo los movimientos huelguísticos. Por esto la integración de los dirigentes del PCP y del PSP aun gobierno de unión nacional, va a permitir canalizar la irrupción de la clase obrera sobre la arena política. De esta manera se aseguraba una ligazón entre el Estado burgués y los dos principales partidos obreros para facilitar esta 'delicada' transición. La burguesía no estaba en condiciones de gobernár sola, porque la relación de fuerzas le era muy desfavorable. Y Bensaid agrega que los representantes del capital -Palma Carlos, Sá Cameiro, Cornel Firmino Miguel, el caetanista Eduardo Correia, etc.- y los líderes reformistas -Mario Soares, Alvaro Cunhal-constituían un instrumento para hacer prevalecer la voluntad de !a clase dominante y así mantener la movilización dentro de límites razonables. La misión de la Junta fue destruir la situación de dualidad de poder, reconstruir el aparato del Estado burgués y reestablecer el orden en el ejército. Son las direcciones del PS y del PC las que combatirán el movimiento independiente del pueblo, permitiendo la subsistencia del Estado y de la contrarrevolución. La importancia de esta colaboración queda reflejada incluso electoralmente: en las primeras elecciones generales post-salazaristas, las Constituyentes del 25 de abril de 1975, el PCP y el PS juntos obtuvieron más del 50% de los votos. La confianza de los obreros en estos partidos es el fino hilo que sostiene a la burguesía. Comenzaron a aplicar una política de división al mismo tiempo que llamaban a no movilizarse para no fomentar la 'provocación'. El PC acordaba con el MFA una ley sindical dirigida a disolver las comisiones de fábrica. En el momento que los trabajadores tendían a tomar en sus manos su propio destino, la dirección del PC denunciaba en un comunicado que las ocupaciones de los municipios no facilitaban el proceso de democratización del aparato administrativo sino que, al revés, eran un obstáculo (7). Osvaldo Coggiola afirma (8) que la desactivación de la "bomba revolucionaria" del sur de Europa no se debió a las virtudes intrínsecas de la "democracia" sino a la colaboración contrarrevolucionaria de las direcciones obreras, en especial el stalinismo. El mismo Cunhal, líder del PCP, contradiciendo su propia actuación (9) afirmaba entonces que “si las fuerzas reaccionarias y conservadoras ocupan el poder, la contrarrevolución es inevitable y las conquistas democráticas pueden perderse”. Tenía razón, el colaboró y así fue. Un gobierno que intentase satisfacer las reivindicaciones y aspiraciones de las masas no podía ser un gobierno donde estuvieran representadas las fuerzas políticas y sociales de la burguesía portuguesa, enteramente comprometida con la dictadura de Salazar. El PC combatió físicamente algunas huelgas postales y apoyó la Ley de Huelga, promulgada el 28 de agosto de 1974. En mayo de 1975, el gobierno militar, junto con el PC y el PS, lanzó un decreto que declaraba ilegal la incitación a la desobediencia militar, las huelgas y las manifestaciones no autorizadas, así como ofender al Presidente de la República, a los miembros del Consejo de Estado y del Gabinete. Luego se dictó un decreto añti-huelgas y una ley sindical que postulaba la sustitución de los comités de fábrica por delegados nombrados por las directivas de los sindicatos. De esta manera se procuraba evitar que las masas se estructuraran en organizaciones autónomas de la burguesía, en camino a su propio poder. En relación a las nacionalizaciones, Cunhal decía que son “objetivamente necesarias y económicamente inevitables. Pero esta solución se muestra impracticable porque no figura en el programa del MFA; habrá que buscar otra salida. No queremos crear puntos de ruptura que hagan difícil la evolución de la situación” (10). Y también afirmaba que Mel PC no aspira al poder, sólo lucha por la democracia” (11). Antonio Dias Lourenco, editor del diario Avante, del PC, “llamó a los trabajadores a unirse y repudiar las huelgas que pudieran llevar al país a una inestabilidad financiera perjudicial para todos” (12). Y en Nuestra Palabra, del 15 de mayo de 1974, el PCP declara que “tan peligrosa como la derecha es el izquierdismo que se expresa sobretodo en la impaciencia que no tiene en cuenta la relación de fuerzas" … desaprueba acciones cuando no están creadas las condiciones… “las ocupaciones no facilitan sino que por el contrario crean en estos momentos graves dificultades”… (13). Una vez más el stalinismo cumple su misión contrarrevolucionaria como en España en 1936, en Francia y en Italia después de la Segunda Guerra Mundial. La Nación, del 27 de marzo de 1975, dice que el ministro Vasco Goncalvez se vio obligado a reconocer que el desenvolvimiento del proceso revolucionario… ha ido más lejos… que el programa económico y social. Y el PC afirma que, habiéndose iniciado la batalla económica de la revolución, aconseja a los obreros “abstenerse de pedir grandes aumentos de salarios y menos horas de trabajo, respondiendo a la necesidad de austeridad del ministro” (14). “El Consejo de la Revolución sabrá interpretar las aspiraciones del pueblo portugués”, agrega Cunhal (15). Sacando el balance de la experiencia revolucionaría europea de fines del siglo XIX y comienzos del XX, Lenin (16) afirma que"… Los capitalistas, mejor organizados, más expertos que nadie en materia de lucha de clases y de política, aprendieron su lección con más rapidez que los demás. Cuando vieron que la posición del gobierno era desesperada recurrieron a un método que por muchas décadas, desde 1848, ha sido practicado por los capitalistas de otros países para engañar, dividir y debilitar a los obreros. Este método es el llamado “gobierno de coalición", o sea un ministerio mixto formado por integrantes de la burguesía y por tránsfugas del socialismo… Los jefes socialistas que entran en un ministerio burgués resultan siempre figurones, títeres, biombos de los capitalistas, instrumentos para engañar a los obreros". En 1972 Mario Soares (17) había dicho, refiriéndose a Portugal, que ningún sector de la oposición tenía la fuerza suficiente para imponer por sí mismo un cambio de régimen. “La unidad es una necesidad objetiva que obliga a todos los sectores políticos a hacer un esfuerzo de compresión para ofrecer una alternativa común al caetanismo… Hay que fortalecer la solidaridad que une a todos los antifascistas…". Esto fue dicho antes de la revolución. Y lo que parece una posición positiva y progresiva, la búsqueda de unidad para derrocar al gobierno fascista, después que éste es derrocado va a ser usado para justificar que la revolución no puede ir más allá porque tiene que conservarla unidad, la alianza con todos los sectores. Sectores que jamás van a permitir loque el mismo Soares afirmaba ese año: “creo firmemente que, en su lento camino al progreso, el hombre conseguirá crear una sociedad humanizada, esto es liberada de la explotación del hombre por el hombre y en las cual los medios de producción serán colectivizados al servicio de todos, al mismo tiempo que los poderes de decisión estarán controlados democráticamente por la base… Por eso estoy a favor de un socialismo en libertad y de autogestión… per un socialismo de rostro humano” (18). En el proceso que va desde el 25 de abril de 1974 hasta setiembre de 1975 -en sólo 15 meses- hubo seis gobiernos, todos con la participación del PS y del PC. Esta sucesión de gobiernos se revela como crítica ya que ninguno logra estabilizarse. La dualidad de poderes determinaba la necesidad de un mayor apoyo por parte del PC y del PS. Así llegará el sexto gobierno el 3 de setiembre, cuando asume el almirante Pinheiro de Azevedo (representante del sector moderado de MFA). Mientras Azevedo se apoyaba fundamentalmente en el PS, el PC tenía una política dual: tenía un ministro en la cartera de Trabajoy al mismo tiempo incentivaba las movilizaciones contra el gobierno y contra el reestablecimiento de la disciplina militar. Este gobierno debió enfrentar numerosas huelgas. El 14 de noviembre Azevedo fue obligado a anunciar un aumento salarial del 40% reclamado por los obreros de la construcción. Ese anuncio fue hecho frente a 20.000 trabajadores en huelga. Dos días después se realizó una marcha de más de 100.000 personas en Lisboa, impulsada por los obreros de la construcción, apoyados por el PC y los partidos a la izquierda de éste. En este proceso se irán produciendo divisiones y subdivisiones dentro de las Fuerzas Armadas que terminarán desencadenando un golpe, el 25 de noviembre, que fracasa. El levantamiento armado fue protagonizado por unidades militares de la región de Lisboa (paracaidistas de Tañeos), encabezadas por Gonpálves-Carvallo contra el gobierno. Levantaban reivindicaciones ultraizquierdistas, pero las crónicas periodísticas de la época indican que las masas no tuvieron ninguna intervención, ni adhirieron. Clarín, del 26 de noviembre de 1975, dice que el pueblo no se alarmó y la circulación del transporte fue normal. La extrema izquierda llamó a una marcha y a una huelga a los obreros industriales de la región de Lisboa, pero el llamado tuvo poca repercusión. En ese golpe estaban comprometidos elementos vinculados al PC. Fueron vencidos por Azevedo y Costa Gomes-partidarios de una participación restringida del PC en el gobierno. Según La Nación del 27 de noviembre fue derrotado un intento de golpe de estado militar de características comunistas y por lo tanto se abría en Portugal el camino para un régimen liberal capaz de integrarse a Europa. El fracaso de este golpe de las izquierdas para tomar el poder sólo consiguió robustecer a sus adversarios, agrega Oliveira Marques (19). Después del fracaso, el PC se desligó de los golpistas gongalvistas y negoció el mantenimiento de su participación en el sexto gobierno hasta las elecciones presidenciales del 27 de junio de 1976. En Portugal hubo una gran revolución. El golpe militar del 25 de abril de 1974 fue protagonizado por un sector de las Fuerzas Armadas: el MFA. Logró el derrocamiento de Caetano pero al mismo tiempo posibilitó un proceso más amplio: desencadenó y abrió las compuertas de una revolución popular. Ese amplio proceso político se tradujo en una movilización de los trabajadores que ganaron las calles y fueron creando una verdadera dualidad de poderes, desde el momento que las masas seguían las directivas de sus organizaciones y no las del gobierno. Esta revolución primero fue contenida y luego desarticulada por el PC y el PS, que integrando un “gobierno de coalición", con posiciones socialdemócratas y stalinistas ayudaron en todo momento a reconstruir las bases del Estado burgués. Notas 1. Oliveira Márques, A, História de Portugal, vol. III. Palas Editores Lisboa, 3a. edición, 1986. 2. Centro de documentación 25 de abril, Universidad de Coimbra 3. Medeiros Ferreira, José, Historia de Portugal, 8o volumen, Portugal em transe (1974-1985), dirección de José Maltosso. 4. Jornal do Brasil, 19 de mayo. 5. Oliveira Márques, Idem. 6. Bensaid, Daniel; Rossi, Carlos; Udry, Charles André, Portugal: La révolution en marche, Christian Bourgois Editeur, París, 1975. 7. Citado en Política Obrera, 1o de julio de 1974. 8. Coggiola Osvaldo, Espanha y Portugal, O fín das ditaduras. “A origem da crise portuguesa y espanhola na década del 70", Serie Eventos, FFLCH-Historia USP, 1995. 9. Cunhal, Alvaro, Espanha e Portugal. O fím das ditaduras. “A revolucao dos cravos". Idem. 10. Le Monde, 8 de octubre de 1974. 11. Cronista Comercial, 21 de octubre de 1974. 12. Buenos Aires Herald, 21 de mayo de 1974. 13. Citado en Política Obrera, 5 de junio de 1974. 14. La Opinión, 29 de marzo de 1975. 15. Le Monde, 18 de marzo de 1975. 16. Lenin, V. I., Las Enseñanzas de la Revolución, Obras Completas,tomo XXVI, 2a. edición, pág. 316/317. 17. Soares Mário, Portugal: La lucha por la liberación, Monte Avila Editores, C. A. Venezuela, 1974. 18. Soares, Mário, ídem. 19. Oliveira Márquez, ídem.

1 de marzo de 2000
La emergencia del movimiento obrero argentino y las respuestas del Estado en el terreno de la lucha de clases

“El poder es una relación entre los individuos, en último análisis entre las clases (…) Lo decisivo, en último análisis, es la lucha de clases y los cambios producidos dentro de esa lucha” León Trotsky(1) 1. A modo de introducción La progresiva consolidación del Estado argentino desde 1862 va a dar lugar a la instalación, en 1880, del llamado “orden conservador*. Pero hacia 1890, la aparente solidez y estabilidad de este régimen se esfuma al calor de la crisis económica y de la “revolución del Parque” que estalla ese mismo año y que termina con el gobierno de Juárez Celman. Los levantamientos armados contra el gobierno y el estallido de importantes conflictos sociales que se multiplican sin cesar y afectan seriamente el sistema, van a convertirse en un dato clave de la realidad política y social del período. Todos estos elementos van imponiendo cambios en el régimen político, que se expresan de manera acabada con la sanción en 1912 de la ley Sáenz Peña y la llegada al poder, en 1916, del radicalismo. En este proceso, el Estado interviene de distintas formas al tiempo que se va transformando el régimen. Sin embargo, la acción y transformación no pueden comprenderse si se prescinde de un análisis de las relaciones sociales, que son las que las generan. En otras palabras, el poder estatal es la expresión de una relación social. En este sentido, dicha relación determina las características de ese poder, y la lucha de clases, es decir, la tentativa de introducir cambios en las relaciones sociales, determina la acción de ese poder. En este trabajo, nos proponemos analizar cómo el enardecimiento de la lucha clases hacía fines del siglo XIX y comienzos del XX va dictando la intervención del poder estatal y su propia transformación. El primer elemento a tener en cuenta es la inmigración que para 1880 adquiere características aluvionales. El sólo hecho de que la población se duplique en el término de dos décadas implica necesariamente cambios en la estructura de la sociedad. En efecto, la masa inmigratoria aportará la base humana para la formación de la clase obrera y de la pequeño burguesía urbana. Ambas clases jugarán un papel destacado en la transformación del régimen político, que necesitó asentarse sobre bases más amplias, adecuándose a la nueva realidad. La clase obrera, en particular, provocará la activa intervención de la clase dominante a través del Estado en la arena de la lucha de clases. Es el surgimiento de lo que muchos autores, que piensan el problema desde la perspectiva de la clase dominante, han llamado “la cuestión social". Por último, la llegada masiva de extranjeros plantea la “cuestión nacional" y las consiguientes políticas de asimilación que encara el Estado. Todas estas cuestiones que producen la activa intervención del Estado en la vida social y, a la postre, el reemplazo del propio régimen oligárquico, serán el objeto de nuestro análisis. 2. El aluvión inmigratorio: sus características La llegada masiva de inmigrantes provocaría profundos cambios en la sociedad. Esta percepción de la política inmigratoria no sólo era perfectamente clara para los hombres de la generación del ‘37, sino que era buscada activamente. El proyecto alberdiano, que finalmete se impone en el '80, concibe el proceso como un “transplante cultural" (2), en donde la inmigración, está llamada a jugar un papel clave para impulsar el desarrollo de la infraestructura y de nuevas industrias, la colonización de las tierras estatales y la importación de capitales. Se plantean a partir de aquí las premisas básicas para superar la “sociedad tradicional", es decir para impulsar el desarrollo del capitalismo. Pero las características que adoptó el desarrollo del capitalismo en Argentina, sobre todoa partirdel ‘80, le otorgó a los inmigrantes un papel bastante más acotado. En efecto, más allá de la existencia de cierta cantidad de colonias agrícolas (3) y pequeñas industrias en manos de inmigrantes, la gran mayoría no logró más que vender su propia fuerza de trabajo. Para los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, las limitadas posibilidades de ascenso que existieron en las décadas anteriores habían prácticamente desaparecido, al tiempo que el precio de la tierra ascendía sin cesar. De ese modo, el sentido del aluvión inmigratorio tuvo características de clase definidas: la enorme mayoría de los inmigrantes se incorporaba al proceso productivo como proletarios. El conjunto del proceso inmigratorio está llamado a cumplir esta función: superar las trabas que suponía la escasez de mano de obra era un aspecto fundamental, desde la perspectiva del Estado y de la clase dominante, para acelerar el proceso de acumulación de capital. Por eso es que, desde nuestra perspectiva, la llamada “cuestión social”, es decir, la intervención del Estado en la lucha de clases, constituye el elemento más importante en el análisis de las distintas formas de intervención del Estado en la vida social. 3. Sobre la llamada "cuestión social” Ciertos autores, ubican los inicios de la “cuestión social" a principios de del ‘80 (4), haciendo referencia, sobre todo, a los problemas de hacinamiento y falta de higiene que generó el descontrolado crecimiento de las principales ciudades, en especial Buenos Aires. La intervención del Estado en este caso, influenciado por la medicina higienista tuvo que ver con el impulso de las obras de salubridad (cloacas, agua corriente), el saneamiento hospitalario, el desarrollo de de la asistencia pública y el control del funcionamiento de los conventillos y de la prostitución. Todo esto tiene que ver con el disciplinamiento de la ciudad, pero poco nos dice -o por lo menos no lo hace directamente- de la intervención vinculada con el enfrentamiento entre trabajo y capital, es decir, de la lucha de clases. Habrá que esperar más adelante, a medida que los conflictos se vayan multiplicando, a que empiece a aparecer una intervención más activa por parte del Estado. Va a ser en la segunda mitad de la siguiente década, una vez superado el flagelo de la desocupación masiva -consecuencia de la crisis del ‘90- en la que el movimiento obrero empieza a consolidarse. En 1896 se funda el Partido Socialista, en el que confluyen una serie de grupos que ya venían funcionando y, junto con el anarquismo, contribuyeron a organizar al movimiento obrero, que dio sus primeras batallas. La primera respuesta -la más obvia- ante el crecimiento de las huelgas y de la agitación obrera fue la represión. El desarrollo de estas actividades era atribuido a la influencia de ideologías (anarquismo, socialismo) de las que serían portadores los inmigrantes. Las mismas aparecían para un amplio sector de la clase dominante, como importaciones ajenas a la realidad nacional que ofrecía supuestamente, prosperidad y perspectivas de ascenso social. De este modo, la lucha de clases no era atribuida a causas internas, por lo que bastaba con aceitar los mecanismos represivos a fin de erradicar a los “elementos extranjeros disolventes” para solucionar el "problema”. Los primeros años del nuevo siglo marcan, sin embargo la irrupción del movimiento obrero con todo su peso. La huelga general de 1902 (5) marcó el comienzo —hasta 1910- de un ciclo de enorme agitación social, el más importante, según Ricardo Falcón, de la historia argentina (6). En 1902 los trabajadores lograron paralizar la economía del país afectando directamente los intereses exportadores. El Estado respondió con el estado de sitio y la ley de residencia, que autorizaba al poder ejecutivo a deportar inmediatamente a cualquier “agitador". A esto se suma la actividad de la Sección Especial de la Policía, que operaba desde 1901 infiltrando las organizaciones obreras, y más adelante, la creación de la cédula de identidad y del prontuario, para concluir, en 1910, con la sanción de la “Ley de defensa social", destinada especialmente a perseguir a los anarquistas. Todo esté tipo de medidas apuntaban a reforzar el aparato represivo para garantizarla defensa de los intereses dominantes. Al mismo tiempo, no obstante, una línea de acción política paralela, pero estrechamente vinculada a la anterior, emergía a la superficie. Era la que se planteaba, a partir de ciertas concesiones sociales y políticas, incorporar al sistema aun sector del movimiento obrero aprovechando sus divisiones internas. Así, vemos a Joaquín V. González instaurar desde el gobierno, y en el mismo año de la gran huelga general, la moderada reforma electoral que permitió, en 1904, el triunfo del diputado del Partido Socialista, Alfredo Palacios. Ese último año registra al mismo tiempo la presentación en el congreso, de la mano del mismo González, del proyecto de “Ley nacional del trabajo". El mismo proponía importantes reformas en el ámbito laboral, como la introducción de la indemnización por accidentes de trabajo, la jomada de ocho horas, la instauración del descanso dominical, etc. Dicho proyecto fue rechazado en ese momento para aprobarse muchos de sus artículos por separado en los años subsiguientes aunque, el peso real de estas disposiciones haya sido débil. Mencionemos, por último, la creación, en 1907, del “Departamento Nacional del T rabajo" organismo que tuvo por propósito, en especial apartirde1910, controlar el cumplimiento de las leyes sociales que eran sancionadas. Esta política ha sido interpretada en ciertos casos como producto de la lucidez de un sector del gobierno que encontraba la explicación del conflicto social no ya en la acción de elementos foráneos sino como concecuencia del propio desarrollo del capitalismo. En este sentido, se trataría de una política de “mediación” en el conflico de clases, para apaciguar a los trabajadores (7). En una variante de esta interpretación, se constata la presencia de un grupo ideológico diferenciado, los “liberales reformistas", que actuarían tanto en la oposición como en el oficialismo impulsando esta política (8). Si bien desde nuestra perspectiva, ninguno de los dos planteos son incorrectos por completo, la manera en que formulan ciertos aspectos, más que aclarar tienden a oscurecer la comprensión de la cuestión de fondo. Si bien es cierto que la acción estatal puede “mediar" en algún conflicto determinado entre el patrón y los trabajadores, no debe perderse de vista que el Estado representa el conjunto de los intereses de la clase dominante, y por lo tanto, cuando interviene, lo hace no para mediar entre las clases, sino para defender los intereses antes mencionados. La necesidad de “apaciguar” a los trabajadores se impone como condición sine qua non desde el punto de vista de la burguesía para que no se detenga el proceso de acumulación de capital. Por lo tanto, la acción del Estado tiene que ver en este punto con la intervención activa en la lucha de clases con el objeto de derrotar al proletariado. La existencia de distintos enfoques e ideologías en el seno del Estado, no debe operar ocultándonos la motivación más general de la intervención estatal. No hay duda que entre la oposición y el gobierno, e inclusive dentro del gobierno podremos encontrar distintas propuestas, motivaciones e ideologías. Pero la prevalencia de unas sobre otras no depende sólo del predicamento o de la lucidez del análisis qu© determinado sector sea capaz de realizar, sino que tiene que ver con la evolución de la lucha de clases. La influencia de ciertas expresiones del positivismo cientificis-ta spenceriano (9) en el análisis de la sociedad se dejó sentir (aunque limitadamente), de la mano de los reformistas liberales” en la intervención estatal, ante la evidiencia de que la mera represión no podía contener el alza creciente de las luchas obreras. Es en este momento que surge con solidez la línea que impulsa una política de ciertas concesiones a la clase obrera desde el Estado. Pero el impulso de esas políticas, insistamos una vez más, es un resultado de la lucha de clases y del avance relativo de los trabajadores en la lucha por sus reivindicaciones. 4."Asimilables y excluidos” en las políticas de intervención estatal Como apuntábamos más arriba, la gran combatividad e intransigencia movimiento obrero hace surgir una línea de intervención estatal que apunta a integrar a un sector del movimiento al sistema, a cambio de ciertas concesiones de tipo social y político. Ahora bien: ¿Cuál es ese sector? Hacia principios de siglo el movimiento obrero estaba dividido básicamente en dos grandes líneas: El anarquismo (que sin duda predominaba), y la línea vinculada al Partido Socialista. El anarquismo que se termina imponiendo a comienzos del siglo XX aparece como una superación de las tendencias anti-organizativas que predominaban a fines del siglo pasado dentro de las filas de este movimiento. Su programa se plantea abolir el Estado mediante la insurrección de las masas, a través de la huelga general revolucionaria. Aunque muchas veces encontremos un doble discurso, uno obrero, y otro que apunta a los “oprimidos" en general (10), el planteo anarquista no deja dudas acerca de su rechazo a la conciliación de la clase obrera y la burguesía. Sus métodos de acción directa, su antiestatismo y anti-politicismo, constituirán rasgos centrales que lo diferenciarán del sector vinculado al Partido Socialista. Este último sector, planteaba un programa de reformas como una vía gradual y pacífica de llegar al socialismo. Esta propuesta no sólo no es antí-estatista, sino que se plantea la activa intervención en el Estado a través de elecciones no fraudulentas, como medio de lograr las reformas. Esto no implica la negación del enfrentamiento de clases, pero plantea su encarrilamiento por la vía de la negociación. Por eso, el método de la huelga general va a ser rechazado, para proponer huelgas sectoriales, a fin de conseguir reivindicaciones laborales y reformas que mejoren las condiciones de vida del los trabajadores. En suma, no plantea diferencias visibles con la comente socialdemócrata reformista europea, que para princios de siglo, defiende un programa muy similar Esbozadas esquemáticamente ambas perspectivas, no es muy difícil imaginar cuál es el sector que esta política estatal apuntaba a asimilar, y cuál a excluir. A caballo del lenguaje biologisista en boga, el anarquismo era interpretado como una superposición de la “cuestión social" con la problemática de la criminalidad (por sus métodos de acción directa y atentados), por lo tanto, era una grave “enfermedad” que había que “extirpar” del “tejido social". El socialismo reformista, en cambio, era un sector asimilable en tanto y en cuanto su tendencia pacifista y evolucionista no planteaba directamente una impugnación al orden establecido, sino que, por el contrario, reclamaba su derecho de participar en él. La política de asimilación y exclusión se vió reflejada por un lado, en la ley Saénz Peña, que permitió el acceso del Partido Socialista al congreso (11) -junto con el antecedente menor de 1904. Por el otro, la aprobación de ciertas reformas en el régimen laboral y social -a las que ya nos referimos brevemente más arriba-deben ser encuadradas en el marco de esta política, mas allá de sus limitados alcances. Estas limitaciones influirán, luego de la sanción de la ley electoral en 1912, en el hecho que no sean los socialistas reformistas los que se impongan ante la decadencia del anarquismo, sino que pase a predominar la corriente “sindicalista revolucionaria” (luego sindicalista a secas), que se va a caracterizar por el rechazo a la intervención política de los trabajadores y de sus sindicatos. En lo que hace a la apertura política, la presión no provino exclusivamente, como es sabido, del socialismo reformista. Importantes sectores de la pequeñoburguesía urbana y de la propia burguesía -aunque no los más concentrados-encontraron en la Unión Cívica Radical el canal de expresión de sus demandas. Más allá de su origen oligárquico, para 1912 la UCR contaba con una amplia base de “clase media” (12) la cual sustentará a partir de ese momento -junto a un sector de los trabajadores- las ininterrumpidas victorias electorales que suma ese partido. Este sector, que venía creciendo al calor del desarrollo capitalista, se encuentra marginado del régimen oligárquico, con la consiguiete desventaja de no tener acceso directo e influencia en la distribución de los recursos del Estado. Por eso es que, mediante los levantamientos radicales, reclaman su ‘'inclusión”, esta vez, al régimen político. Esto nos coloca en el terreno del enfrentamiento al interior de la clase dominante. La movilización de la UCR implica un enfrentamiento con el sector hegemónico de la burguesía -limitado, en el sentido que no se trata de un antagonismo irreconciliable, ya que estamos hablando en última instancia de distintas capas de la burguesía. Al converger en el tiempo con la lucha de la clase obrera, la burguesía se ve obligada a ampliar su base de dominación, bajo la amenaza de que sea abolido el propio orden capitalista mediante la revolución proletaria. Con este enfoque rechazamos los planteos que tienden a ver a la reforma política de 1912 como una “autorreforma de la elite", producto de conflictos internos a ella (13). El cambio de régimen político es producto de la lucha de clases en la medida en que el viejo régimen no podía garantizar por más tiempo el sistema de dominación imperante. Por lo tanto, el análisis de la intervención del Estado en la “vida social”, debe ser emprendido, desde nuestra perspectiva, de modo dialéctico: el Estado interviene en la sociedad capitalista, pero a su vez, lo que sucede allí -lucha de clases- “interviene" en el Estado, cambiando su régimen político, y en otros casos, (el de una revolución proletaria triunfante) hasta modificando el propio carácter del Estado. 5. La cuestión de la nacionalidad: ¿un conflicto diferenciado? Hacia fines de la década del ‘80 se registra una explosión de preocupaciones del Estado en torno a la cuestión de la nacionalidad. La lenta asimilación de los extranjeros, que seguían manteniendo sus liturgias y festividades de manera pública, en el marco de la libertad “civil" que garantizaba el régimen ponía en guardia al gobierno. Empieza entonces una acción en dos frentes. En primer lugar, se busca fortalecer desde la escuela la formación de la nacionalidad, organizando su participación activa en las festividades patrias a través de desfiles públicos y actos. “Organizados en batallones militares, los niños soldados se convierten en el puente emotivo entre un pasado heroico, en el que nació la patria y que el ejército pretende encamar, y el promisorio futuro en que esos niños vivirán…" (14). Al mismo tiempo, bajo la influencia del positivismo, la enseñanza de la historia patria pasó a ocupar un lugar central en las escuelas, planteadas como las forjadoras de los nuevos ciudadanos (15). En segundo lugar, constatamos, simultáneamente con lo anterior, una importante política hacia fines de la década del ‘80, orientada a la construcción de estatuas, monumentos y museos que tenía por propósito dotar de imágenes y contenido de culto patriótico -especialmente en Buenos Aires- en una suerte de lucha simbólica y espiritual en un marco cosmopolita (16). ¿A que se debe esta intensa preocupación por la cuestión de la nacionalidad? Ciertos autores, encuentran la explicación en la necesidad de la “elite" de contar con un instrumento para la afirmación de la nación y su soberanía (17). Ciertas pretensiones externas -un ejemplo sería la italiana-sumadas a la falta de identificación con la nación (y la identificación con su país de origen) de amplias capas de la población pondrían en peligro, desde esta perspectiva, la soberanía nacional. Así, la necesidad de afirmación de la nación aparece como una cuestión central de la época, hecho que veríamos reflejado en la febril actividad del Estado en este campo. Siguiendo esta línea, Halperín Dongui va a plantear que el conflicto de clases no es el dominante en el período, sino que lo que es dominante es el conflicto nacional, expresado en el surgimiento de un “nuevo nacionalismo”, que tendría como cometido fundamental fortalecer a la nación ante el avance de los diversos imperialismos (18). En esta versión, se verifica un deterioro en la alianza entre la burguesía terrateniente y el capital financiero internacional, que produciría la necesidad de una base política más amplia que la oligárquica. Así se explica la actuación de la UCR como el emergente de este “nuevo nacionalismo". En relación a estas últimas interpretaciones, cabe la siguiente interrogación: ¿es válido separar y hasta oponer esta cuestión “nacional” de la lucha de clases? El sentido de pertenencia a la nación, promovido desde el Estado, tiene implicancias sociales directas, ya que no se trata de cualquier “nación", sino de Argentina, a fines del siglo XIX. En otras palabras, el sentido de pertenencia a la nación esta relacionado directamente con la aceptación del orden capitalista imperante que le da forma a esa nación. En especial, para las últimas décadas dél siglo pasado, en que la nación argentina se conforma justamente en tomo a ese orden (19). Desde esta perspectiva el “nuevo nacionalismo” tiene que ver con una batalla ideológica en el terreno de la lucha de clases, en la que el Estado interviene intentando imponer la identificación del movimiento obrero con sus explotadores, que dirigen la nación. El fantasma de la “amenaza externa", es esgrimido en este sentido, pero plantear la mencionada “amenaza” como una de las motivaciones últimas de la acción estatal carece totalmente de rigurosidad en el análisis. Desde el punto de vista externo, Italia -y mucho menos España- no tiene el mínimo de fortaleza necesaria para generar preocupaciones serias en torno a la sobreranía argentina. Si a esto sumamos el papel hegemónico que para ese momento está jugando el imperialismo inglés, asociado directamente con el Estado argentino, y por lo tanto, interesado en su soberanía, la hipótesis carece por completo de sentido. Pero analicemos el frente interno: hacia fines de siglo pasado, y principios del presente, el movimiento obrero, conducido por el anarquismo, y en menor medida por el Partido Socialista, no aparece en su mayoría apoyando sentimientos de nacionalismos “extranjeros", sino que se coloca en otro plano: el del internacionalismo proletario. Visto desde este ángulo, la batalla simbólica adquiere otra dimensión: no se trata de un símbolo argentino contra uno de otra nación; se trata del himno nacional contra la Internacional, del día de la independencia contra el Primero de Mayo (20), en suma, del nacionalismo burgués contra el internacionalismo proletario. Esta lucha ideológica produce enfrentamientos concretos, como los que se producen repetidamente los 1o de Mayo, o como por ejemplo, con la campaña anarquista contra los festejos del Centenario, la que llevó, junto con el reclamo de derogación de la ley de residencia, a la huelga general y al estado de sitio declarados por el movimiento obrero y por el gobierno respectivamente. La batalla simbólica aparece asi como un aspecto de la lucha de clases, y no puede ser separada de ella. Por eso es que, la preocupación por la nacionalidad aparece como un aspecto más de la lucha del Estado burgués por asimilar a un sector del movimiento obrero al orden capitalista. 6. A modo de conclusión A lo largo de este trabajo hemos subrayado el papel de la lucha de clases en el delineamiento de la intervención estatal. Por eso, a la hora de analizar la política de represión-asimilación, que encara el Estado hacia fines del siglo XIX y principios del XX, señalamos de qué manera el enardecimiento de la lucha de clases guiaba la política estatal. Se trataba de excluir a un sector revolucionario (anarquistas), que amenazaban con subvertir el orden capitalista impugnando las relaciones sociales imperantes. Por otro lado, apuntaba a asimilar al sector del movimiento obrero que no cuestionaba directa ni inmediatamente las relaciones de producción capitalistas (socialismo reformista). Es en este marco en que explicamos la aparición, a pesar de su debilidad, de una línea reformista en la política del Estado. Los conflictos al interior de la propia clase dominante, sumados a la impugnación revolucionaria de la clase obrera, obligó al sector hegemónico de la burguesía a ampliar su base social. El resultado visible del proceso es la sanción, en 1912, de la Ley Sáenz Peña. Por último, señalamos que la “cuestión nacional” aparece como un frente de lucha ideológica y simbólica contra la clase obrera, donde la imposición de la liturgia patria va de la mano con la de la aceptación de las relaciones sociales capitalistas que caracterizan a la nación argentina. En este sentido, esta preocupación del Estado aparece como un aspecto de la lucha de clases, que como en los demás, interviene activamente para sostener y defender las relaciones sociales de producción imperantes. En todos los casos, y retomando el clarificador epígrafe incluido en este trabajo, el poder aparece como una relación social, y por lo tanto su intervención -la del poder estatal- está definida por esa relación y por las tendencias que aparecen en el sentido de modificar dicha relación, es decir, por la lucha de clases. Notas 1. León Trotsky, “¿Porqué no di un golpe militar contra Stalin?", (1935), en Nuevos Aires N°7, Bs.As., Abril, mayo, junio de 1972, pág. 78. 2. Ver Botana, El orden consen/ador,Bs. As., Hyspamérica, 1986, pág. 45. 3. Nos referimos, especialmente, al desarrollo de las colonias santafesinas. 4. Ver, por ejemplo, Suriano, Juan, “El Estado argentino frente a los trabajadores urbanos: política social y represión, 1880-1916" en Anuario 14, segunda época. Escuela de Historia de la Universidad de Rosario, 1989-90. 5. La huelga general de 1902 había estado precedida por un importante movimiento huelguístico en Rosario, Bahía Blanca y Buenos Aires. 6. Ver Falcón, Ricardo, “Izquierdas, régimen político, cuestión étnica y cuestión social en Argentina (1890-1912)" en Anuario 12, segunda época, Escuela de Historia de la Universidad de Rosario, 1986/7, pág. 365. 7. Ver Suriano, op. cit. 8. Ver Zimmermann, Los liberales reformistas, Bs. As., Sudamericana, 1995. 9. Ver Terán, Positivismo y nación en la Argentina, Bs. As., Prontosur, 1987, especialmente puntos 1 y 6. 10. Ver Falcón, op.cit., pág. 375 y 376. 11. Y desde ya, a la UCR, asunto que analizaremos en seguida. 12. Ver Rock, David, El radicalismo argentino. 1890-1930, Bs. As., Amorrotu, cap.lll. 13. Esta tesis es sostenida por ejemplo por Botana, en El orden conservador, ver especialmente cap. VI y VII. 14. Bertoni, Lilia Ana “Construir la nacionalidad: héroes, estatuas y fiestas patrias, 1887-1891" en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana, Dr. Emilio Ravignani, N° 5, 3a serie, 1o semestre, Bs. As., 1992, pág. 88. 15. Ver Terán, op. Cit., passim. 16. Así, por ejemplo, en 1889 se crea el Museo Histórico Nacional, se diseña el escudo nacional definitivo, se hacia obligatorio en la provincia de Buenos Aires el izamiento de la bandera por parte de los particulares -nativos y extranjeros- los días de fiesta patria, etc. Para ampliar sobre el particular, ver Bertoni, op.cit., passim. 17. Ver, por ejemplo, Bertoni. op. Cit., o Halperín Donghi, “Para qué la inmigración", en El espejo de la historia, Bs. As., Sudamericana, 1987. 18. Ver Halperín Donghi, op.cit., passim. 19. Ver Oszlak, La formación dei estado argentino, ed. de Belgrano, 1982, especialmente cap. 3. Más allá de que este autor tiende a hacer un análisis estructuralista de la intervención estatal, en el sentido de que no le otorga a la lucha de clases la capacidad de influenciar decididamente en la política estatal, sus aportes resultan interesantes en la medida en que vincula la “penetración ideológica” del Estado a la aceptación del orden capitalista. 20. Ya desde 1891, la jornada del 1o de Mayo generó la represión estatal. Ver Bertoni. op. Cit, p. 105.