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En Defensa del Marxismo N° 25

1 de diciembre de 1999 · 12 notas

Notas de este número

1 de diciembre de 1999
Balance de las elecciones argentinas: La tercera vía (muerta)

El electorado argentino sabe ponerse a la moda. En un solo día logró copiar las dos tendencias políticas que prevalecen en Europa: la tercera vía seudoizquierdista de los Blair y de los Jospin, por un lado, y el derechismo fascistizante de los partidos que, en las últimas dos semanas, han emergido en Suiza y Austria, por el otro. Si cada uno de esos platos es de por sí indigesto, la pretensión de mezclarlos en una única olla puede ser explosiva. Tanto en Europa como en la Argentina, lo que ha encandilado al electorado es la mediocridad del planteo que se le ha ofrecido. Jospin en Francia ha propuesto añadirle alguna cuota de sociabilidad a lo que él llama el capitalismo salvaje, y que se conforma con otorgar subsidios a las empresas que tomen nuevos trabajadores. Ya pasado su primer aniversario, la tasa de desempleo en Francia, del 11%, no ha bajado ni un poquito, pero sí ya ha comenzado un nuevo gran choque entre las clases como consecuencia de los despidos masivos en el pulpo Michelin, una manifestación de masas de las Apymes galas en defensa de la libre empresa y una contramanifestación popular convocada por el partido comunista, que se cuidó en subrayar que era contra los patrones y no contra el gobierno, y de la cual estuvieron ausentes con aviso los sindicatos. Mientras tanto, la producción y exportaciones de Francia han estado aumentando, simplemente debido a la desvalorización del euro, la nueva moneda europea. En Gran Bretaña, Blair ha logrado, en cambio, disminuir la desocupación, pero en su caso como consecuencia de no haber hecho absolutamente nada para ello. Se ha limitado a dejar hacer una bicicleta financiera que ha provocado una euforia en la City de Londres y una nueva onda especulativa en el mercado inmobiliario. El resultado de esto es que la pobreza ha crecido a un nivel récord. Al alemán Schroeder le ha ido infinitamente peor, porque en este país la desocupación crece y la producción no sube, y las empresas se tercerizan explotando la mano de obra barata del Este europeo. Blair y Jospin han entrado en la escena política para rescatar a sus respectivos estados, luego que los Chirac y Thatcher entraran en colapso. Y hasta Schroeder se encuentra seguro en el mando, por ahora. Tanta agua debe pasar todavía hasta que un gobierno derechista pueda volver al gobierno. Por casa En la Argentina, además de mezclar las modas europeas, hemos desarrollado dos variantes de las mismas. La más torpe la encarna el Chacho Alvarez y el Frepaso, quienes aseguran que los males sociales se acabarán apenas se le ponga un coto a la corrupción. Entre la plata de la coima y los fondos reservados del menemismo, existe la masa suficiente, dicen, para revertir la tendencia económica depresiva en la Argentina. Lo que esta gente ignorará hasta que la vida se los lleve a la eterna morada, es que si el choreo prevalece sobre la inversión la razón es que la tasa de ganancia del primero es mayor que la de la segunda, y que la única forma de revertir las opciones es aumentando la tasa de beneficio. Es por eso que proponen completar la reforma laboral menemista, derogando las indemnizaciones y acentuando la flexibilidad laboral. La explotación no es un problema contable que podría resolverse asignando el dinero a una cuenta diferente. Es una relación social que está sometida a una embestida constante de los intereses antagónicos de la burguesía y la clase obrera. La variante más financiera y menos literaria de la tercera vía nacional, la encarnan De la Rúa y su equipo económico. Estos dicen que la reversión de la tendencia económica actual y la atenuación de la desocupación habrán de venir de una reducción del déficit fiscal, porque esto haría retornar a los capitales extranjeros, este retorno haría bajar los intereses y esta baja haría aumentar las inversiones y la producción, reduciendo la desocupación. Por eso proponen más ajuste y más impuestos. Es decir que la promesa de un mundo feliz empieza por hacerlo más infernal de lo que ya es. Pero tampoco todo esto saldrá como está prometido, por la simple razón de que no es el déficit fiscal sino el privado (deuda externa privada y remisión de utilidades al exterior) lo que causa la carestía financiera y porque esta carestía financiera es internacional, no ya nacional, como lo prueba el alza constante de las tasas de interés en los Estados Unidos ¡66% de aumento en los dos últimos años! Y bueno, la mayoría de los electores coincidió en querer un gobierno honesto, transparente, opaco pensando que si se cierra el circo menemista habrá pan. La experiencia habrá de ser muy dura con esto que ni es casi una ilusión sino una monumental ceguera. El gobierno de la Bonaerense Dientes postizos, risa forzada. Ruckauf no es un personaje peligroso sólo desde que aseguró que, detrás de la piadosa Férnandez Meijide, se escondía el anti-Cristo. Ya había hecho sus buenas porquerías con los grupos de tareas del miguelismo bajo los gobiernos nacionales y populares de Perón, de Isabelita, de López Rega y de Luder. Más recientemente, aseguró que la culpa de la desocupación la tenían los bolivianos. Ahora se destapó como uno de la Bonaerense. Pretender hacer un co-gobierno de honestidad administrativa con este personal político ya está demostrando que De la Rúa y el Chacho empezarán su ciclo con el pie izquierdo. Para peor, el lazo de unión entre la nueva vía y la vía antigua es el resucitado Coti Nosiglia y otros aparatos de la Ucr alfonsiniana. De modo que no cabe esperar el cierre del circo y de las mesas de dinero del menemismo sino la suspensión apenas de algunas funciones (y quizás ni esto). La fuerza de estos gobiernos re-re-truchos no reposa en la solidez de sus respaldos sociales o históricos; descansa en la falta de una mira política propia del pueblo explotado. Esto ha quedado de manifiesto más acusadamente el 24 de octubre, precisamente porque en los meses precedentes hubieron luchas de mucha importancia y crisis políticas de relevancia todavía mayor. Mientras esta situación no encuentre una vía de superación, deberemos convivir con el escándalo y el tedio, con la entrega y el retroceso social, con las luchas y la traición de las organizaciones encargadas supuestamente de apoyarlas. Pero la superación no necesariamente deberá ocurrir en forma gradual; es casi seguro que no ocurra gradualmente. Los pasos minúsculos serán acompañados por enormes saltos y precisamente debido a esta perspectiva es que deberán hacerse los mayores esfuerzos para impulsar cada avance de organización y de lucha por mínimo que sea (o que parezca ser). Para los ruckaufistas, en las elecciones se produjo una semi-victoria de la Alianza, no una victoria completa, debido a que el peronismo conservó la mayoría de las provincias, incluida la de Buenos Aires. Es cierto. Pero precisamente por esto, la derrota nacional del peronismo no podía haber sido más completa. Porque la única razón para que un partido pueda ganar en los estados federales y sea aplastado a nivel nacional es que carece por completo de una perspectiva o de una estrategia. De aquí en más, la crisis nacional se cobrará su precio mucho más con las provincias que con el gobierno nacional, lo que producirá, sea el derrumbe de sus administraciones, sea la confrontación constitucional con el Ejecutivo. "Unidos o dominados", pontificó Perón, sin saber que sería el peronismo el que se encargaría de reducirnos al peor status de dependencia desde la época de la colonia, o quizás lo dijo, gran conocedor del paño, como advertencia a sus propias huestes. De cualquier modo, la década menemista demostró que el peronismo es un cadáver insepulto. La elección de uno de la Bonaerense demuestra que su olor a podrido ya es nauseabundo. La agonía del peronismo durará tanto tiempo como demore el despertar político de nuestras masas. El gabinete Los diarios nos tienen medianamente informados de las negras intenciones del nuevo gobierno. Sabemos, por ejemplo, que se quiere bajar de 2.400 a 1.500 pesos los sueldos sujetos a impuesto a las ganancias. Como el costo de la canasta familiar es de 1.200 pesos, alcanzaríamos el récord de gravar lo que debería ser el salario mínimo. Es bueno recordar que todos los sueldos sin excepción son alcanzados por el 21% del IVA. Sabemos también que se buscará eliminar la indemnización por despidos para los contratos vigentes por tiempo indeterminado, mientras se aspira a extender en el tiempo el régimen de pasantías y la vigencia de la contratación precaria. Hemos sido informados de que ya se encuentra en el Congreso el proyecto de ley que permite despedir empleados públicos y establecer la flexibilidad laboral en la administración del Estado. Lo mismo ocurre con el proyecto de derogación del Estatuto del Docente, un atropello que ya ha sido respondido con un paro general de maestros en la Capital. Se está negociando la posibilidad del despido en masa en las administraciones provinciales. Hay muchísimo más en carpeta, pero a los explotadores les interesa, además, el gabiente. De la composición de éste dependerá la determinación para imponer el programa que está en carpeta. ¿Quiénes son? José Luis Machinea, promovido por el pulpo Techint desde que fue el jefe de Investigaciones Económicas de la UIA, bajo la responsabilidad de Roberto Rocca, su mandamás. Se entiende, entonces, el empeño del nuevo gobierno en la llamada "profundización de la reforma laboral". La superexplotación es la bandera fundamental de este grupo. Fernando de Santibañes, líder del comité de asesores, es calificado por el periodista Julio Nudler en Página 12 como "el más estrecho colaborador de De la Rúa" (6/11). Fernando de Santibañes labró su fortuna mediante negociados extraordinarios bajo el gobierno de Alfonsín y el paraguas de Coti Nosiglia. "Es un liberal absoluto" que metió en el gobierno a otro más absoluto aún: Ricardo López Murphy. Así ya tenemos una guerra en puerta, porque este último representa a capitales financieros enfrentados a muerte con el "polo productivo" que maneja Techint. Para secretario general de la Presidencia, De la Rúa no tiene nada mejor que a su propio hermano, Jorge. "Es amigo personal del juez federal Ricardo Bustos Fierro", dice la revista Urgente, "famoso por su fallo a favor de la reelección" y también candidato al juicio político. Pero Jorge es también abogado de Manuel Antelo, el presidente de Renault, procesado por contrabandista. Poco antes de las elecciones, ingresó en la casa de gobierno de Córdoba, acompañando al embajador de Francia, para reclamar el cese del juicio contra el pulpo francés. Un lobbysta del capital extranjero será, entonces, el encargado de organizar la agenda del próximo presidente. El debut no podría haber sido mejor para un gobierno de defensores de la independencia de la Justicia. El efecto Llach Asesor del Episcopado, colaborador de la revista católica Criterio, consultor de la Fundación Mediterránea, acólito de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, viceministro de Cavallo. He aquí un hombre para el gabinete de De la Rúa. Nada menos que en Educación. Se trata de Juan Llach. Hace ya tiempo que Llach viene merodeando los ambientes de la Alianza. Fernádez Meijide acaba de declarar que la asesoró a ella misma, en la campaña para las parlamentarias del 97. En debates organizados por el diario La Nación, Llach y otros tribunos de las altas finanzas se codearon con los especialistas en educación de la Alianza. Llach es cavallista. Otro prócer de Cavallo acaba de ser nombrado por Ruckauf como presidente de la principal institución bonaerense, el Banco Provincia. Nos referimos a Ricardo Gutiérrez. Llach no es moco de pavo. Habla bajito, pero esgrime un gran garrote. Es partidario de concesionar las escuelas públicas. Su arrendatario recibiría la parte correspondiente del presupuesto educativo; pactaría por su cuenta las condiciones laborales y salariales con los maestros; y podría, en ciertas condiciones, cobrar aranceles. Es lo que Rodríguez Saa se propone hacer en San Luis con el aclamado apoyo de Llach. El clero, de parabienes. Llach también sostiene que el gobierno nacional debería condicionar la coparticipación federal a las provincias, a la aplicación de un porcentaje de ella a la educación. Con esto, el Estado nacional dejaría de asumir cualquier responsabilidad por ella, incluso cuando la crisis fiscal impide a las provincias atender sus gastos. Es lo que también reclama el Banco Mundial. Como cuadra a un economista piadoso, Llach ha puesto sus energías de estudioso en la familia. Su conclusión, previsible como ninguna, es que la familia se debe autofinanciar. Nada de salud o educación gratuitas, ni tampoco derecho a la jubilación. Por todo esto tendrá que pagar. De este modo, ella no solamente será la célula de la sociedad sino de la economía. El sistema impositivo podría así aplicarse a los hogares, no a las personas, lo que permitiría gravar todos los ingresos de sus miembros, medidos por sus gastos. Las ganancias de capital, los intereses y las rentas financieras, en cambio, deberían seguir desgravadas, para no trabar el movimiento del capital. Al lado de López Murphy, hace un dúo impecable; con el banquero y amigo de De la Rúa, Fernando de Santibañes, un terceto maravilloso; con Rodríguez Gavarini, un cuarteto que haría la envidia de la Mona Giménez. Este es el gabinete que parió la pareja de centroizquierda, De la Rúa-Alvarez. Pero además, De la Rúa nombró un Comité de Vigilancia en la Rosada integrado por representantes de Loma Negra, IBM, BankBoston y Citicorp. Estos se encargarán, además, de auditar el Pami, la Anses, la Afip y el Banco Nación. Ni Menem se atrevió a colocar un Consejo de Supervisión de los pulpos internacionales en el aparato del Estado. El gobierno asume de esta manera un carácter de dependencia del gran capital, especialmente extranjero. Frepaso ¿Pero de qué se quejan Alfredo Bravo, Mary Sanchez, Marta Maffei, Leopoldo Moreau y hasta los más circunspectos dirigentes de la CTA cuando ninguno de ellos ha levantado la voz contra el Consejo de Supervisión de las multinacionlaes? De la Rua ya había mostrado la hilacha en la administración de la Capital; su gabinete in pectore era una variante del que está surgiendo. Cuando en 1994, los jefes del Frepaso llegaron a la conclusión de que si querian llegar al gobierno debían pactar con el establishment, comenzaron una caminata que no admitía fronteras. Primero fue Bordón; después la aceptación de la ley de convertibilidad; despues De la Rúa, y así de seguido sin solución de continuidad. El libro de quejas ya está cerrado. ¿Y acaso, en materia educativa, la política de la Alianza, del Frepaso, de Ctera y de la CTA no coincide, es-tra-té-gi-ca-men-te, con Llach? La aceptación de la derogación del Estatuto del Docente por parte de la burocracia de Ctera significa aceptar la flexibilización laboral de la educación. La CTA acaba de aceptar la ley de Empleo Público, que autoriza el despido de estatales en función de su supuesto nivel de rendimiento laboral. La provincialización de la enseñanza significa aceptar el desentendimiento del financiamiento educativo del Estado nacional. La aceptación del régimen polimodal de la reforma educativa significa aceptar el limitacionismo y la selección contra los estudiantes. Todo esto se alcanza a la maravilla con el sistema de escuelas concesionadas y con la privatización educativa. La Ley de Educación Superior ha introducido el financiamiento privado de la universidad y la posibilidad de su arancelización. ¿De qué se quejan? Los quejosos han trabajado arduamente para lograr que un Llach dirija la educación. Los quejosos no tienen futuro y sólo nos pueden llevar al desastre. De ellos no saldrá un plan de lucha, porque para ello deberían romper con todo el armado político que les permitió mantener o acrecentar puestos, prebendas y manejos. Los trabajadores tienen que entender el nombramiento de todo este gabinete antiobrero, no como una desvirtuación de los principios de la Alianza, sino como una intención de establecer un régimen de ofensiva contra los intereses populares. La Alianza no quiere quedar en la posición de piloto automático, como quedó Menem a partir de las huelgas del 96 que voltearon a Cavallo y de las luchas de mayo de este año que paralizaron los recortes educativos. Quiere recuperar la iniciativa que Menem tuvo entre 1991 y el 95. Pero a De la Rúa le hará falta más que un ministerio del FMI y del Vaticano para reestablecer un régimen de ofensiva. Deberá superar las contradicciones crecientes que la crisis ahonda entre los capitalistas; por ejemplo, entre los bancos y la industria. Deberá hacer frente a la necesidad de salida que tienen las masas, con cuatro millones de desocupados y salarios de hambre. La constitución del gabinete de la Alianza constituye una declaración de guerra contra los trabajadores. La voluntad electoral del pueblo es una cosa; la manipulación política en favor de los peores intereses anti-obreros, otra. Que los quejosos de Franja Morada, Ctera, CTA, Frepaso llamen a asambleas para que las bases decidan, no ellos, que se relamen con la queja. ¿Y el MTA? ¿Y los anti-miguelistas de la UOM? El nombramiento de un gabinete del Consejo Empresario y de Cavallo y la Fundación Mediterránea, es una declaración de guerra contra todos los trabajadores y contra todas las organizaciones. El Partido obrero, a prueba El Partido Obrero sufrió un revés electoral. Los hechos desmintieron nuestros pronósticos políticos, que preveían una duplicación de los sufragios (y hasta una triplicación) con relación a los resultados de las elecciones pasadas, aunque nuestra tendencia electoral a mediano plazo ha seguido creciendo. Si se comparan los votos obtenidos el 24 de octubre con los de las parlamentarias de hace dos años, el PO retrocede 35.000 votos, de 150.000 a 115.000 sufragios. Este recule se concentra en la provincia de Buenos Aires y en Córdoba, donde perdimos 50.000 votos. Esto quiere decir que en otros distritos hubo algún progreso, en especial en la Capital Federal y Tucumán, donde pasamos de 15.000 a 24.000 votos y de menos de mil a 3.500 votos, respectivamente. Si el cotejo se realiza con las últimas presidenciales, de 1995, cuando el PO obtuvo poco más de 30.000 votos, los resultados del 24 significan un incremento de un poco menos del 300% (incluso respecto de los 50.000 votos de 1989 se manifiesta un crecimiento). Si bien toda la izquierda ha sufrido un retroceso electoral el domingo pasado, el PH nos ha quitado el primer lugar que habíamos logrado en este campo en 1997, aunque seguimos al frente del resto de los llamados partidos de izquierda considerados individualmente (FR e IU son coaliciones de partidos y grupos políticos; tomarlos como una unidad política significa que se han disuelto cada uno de sus integrantes). Pero un pronóstico desacertado constituye, en política, un asunto serio, porque supone que ha habido una inadecuada caracterización política y que esto podrá manifestarse, por lo tanto, en una orientación más o menos equivocada del trabajo político. ¿En qué consistiría, entonces, la naturaleza del desacierto de la caracterización de la situación política del Partido Obrero? Para realizar una crítica de sus caracterizaciones, el Partido Obrero tiene, sobre todas las demás organizaciones, la inigualable ventaja de que ha dejado documentadas sus posiciones en Congresos anuales y en la política fijada por los editoriales de su periódico y su revista. ¿Ha sido desacertada, entonces, la caracterización a la que arribamos en nuestro último Congreso, a principios de julio, de que la situación política del país era "excepcional"? ¿No fue correcta la afirmación de que se combinaban en el país una tendencia a la rebelión de abajo con una tendencia a la división y a la desorientación por arriba? ¿Partió de aquí el error de prever un crecimiento de la influencia electoral y de la organización partidarias que se apoyaba en esa caracterización? Desde antes de principios de julio, sin embargo, la plaza del aguante en Corrientes y los cortes de rutas de las patronales habían constituido indicios típicos del acierto de aquella caracterización. Con el correr de los días, esa tendencia, en muchos aspectos, se profundizó. En Tucumán, una verdadera rebelión popular provocó nada menos que la virtual caída del gobierno de Bussi y desbarató además el intento del gobernador electo del peronismo, primero, y del subsiguiente acuerdo radical-peronista-bussista, después, de imponer una superley que establecía despidos masivos y rebajas de salarios y una entrega de la suma de los poderes públicos al gobierno que asumió el 29 de octubre. En Neuquén, se desarrolló durante algunas semanas una huelga conjunta de estatales y docentes e incluso funcionó un cuerpo de delegados de ambos sindicatos. Ya en el plano directamente político, se agravaron las contradicciones de la campaña política del peronismo, que en definitiva explicarían el derrumbe de Duhalde el 24. Ahora bien, en forma paralela a lo anterior, tenían lugar también otros fenómenos que contradecían la tendencia a una polarización de la lucha de clases. El PJ registraba importantes victorias provinciales, en particular en Santa Fe y en Córdoba, e incluso lograba triunfar un elemento tan desprestigiado como el neuquino Sobisch. En los editoriales de Prensa Obrera se caracterizó que estos resultados no llegaban a contrarrestar la tendencia de conjunto y, en definitiva, sostenemos que tampoco habrán de lograrlo las victorias de De la Rúa y de Ruckauf el último fin de semana. Pero incuestionablemente, con todas las limitaciones que el futuro próximo se encargará de mostrar, las elecciones provinciales pusieron en evidencia la enérgica acción de los partidos patronales y del imperialismo para contener la evolución de las masas dentro de sus propios confines políticos. En todas las provincias, se dejó para después de las elecciones nacionales la adopción de medidas de ajuste que pudieran desatar una fuerte reacción popular; los casos más claros se produjeron con Sobisch en Neuquén y aun más con De la Sota en Córdoba; e incluso, en Tucumán, el superajuste fue postergado para noviembre. Un proceso de contenido similar y que, por cierto, condicionó al conjunto del proceso político, se manifestó en el campo huelguístico. Ni en Tucumán, ni en Corrientes, ni en Neuquén, se produjo el salto hacia la formación de un polo dirigente de la huelga, ni tampoco, consecuentemente, a la huelga indefinida. Esto fue objeto de un cuidadoso análisis en nuestros editoriales. Desde el punto de vista subjetivo, ni la burguesía perdió la confianza de que podría controlar los acontecimientos, ni los explotados pudieron arribar a la conclusión de que debían buscar una salida fuera de los senderos tradicionales. El 24 de octubre, cuando era ya un hecho el reflujo huelguístico en Tucumán, un 48% de los electores votaron por la lista de diputados del PJ de ¡Julio Miranda! Si el Partido Obrero le hubiera adjudicado un mayor peso a este bloqueo que se manifestaba en la conciencia de todas las clases, seguramente habría considerado (no lo consideró) que al menos una de las alternativas de las elecciones podía ser su propio retroceso electoral. La evolución que vaya adquiriendo la conciencia de las masas constituye el asunto más serio en un período de características "excepcionales". Este es el punto central del presente balance. Pero que la subjetividad de los trabajadores pase a ser una cuestión central prueba, precisamente, la excepcionalidad del momento histórico. La inadecuada apreciación de este componente de la situación política indica de por sí una inadecuada relación del Partido Obrero con el movimiento de las masas, incluso una insuficiente penetración en sus filas. Pero la penetración en las masas sólo es tal cuando se realiza por medio de un programa. Solamente un programa puede darle a las masas la fuerza que le falta (conciencia y organización) para derrotar a la burguesía. Sólo una penetración en las masas de carácter principista, es decir, basado en la delimitación de los intereses históricos antagónicos entre las clases, puede permitir la construcción de un partido obrero que sea realmente revolucionario. Un impresionismo colectivo Las victorias de De la Rúa y de Ruckauf y el "resultado satisfactorio" que la prensa le adjudica a Cavallo no son un testimonio de que la situación política de la Argentina sea estable. De aquí en más se pondrá de moda, aunque por poco tiempo, la necesidad de gobernar por consenso, con el argumento de que hay que conciliar el triunfo nacional de la Alianza con los provinciales del PJ o la victoria a la gobernación de Ruckauf con la mayoría de la Alianza en la Legislatura. Pero una cosa es la estabilidad que se origina en la ausencia o atenuación de los conflictos entre las clases, y otra es la que se deriva de la neutralización de las fuerzas en pugna. Empantanamiento no es sinónimo de estabilidad y sí un pasaje seguro a la exacerbación de la crisis política. Que la capacidad de acción de cada fuerza se encuentre limitada por las contradicciones con la fuerza rival, llevará a la larga a que el próximo gobierno no consiga desarrollar una capacidad de acción adecuada a los problemas que enfrenta. Esta última variante, la del empantanamiento, es la que prevalece en la Argentina en la actualidad. Si estas condiciones se mantienen, De la Rúa podrá gobernar un tiempo mayor o menor, pero siempre dará la impresión de encontrarse a una distancia no muy lejana del abismo. Situaciones como ésta habrán de dar lugar a diversas impresiones de caos, pero la gobernabilidad todavía no estará cuestionada. Para ello hará falta un cambio radical en el punto de vista de las masas. Durante la campaña electoral, la explosividad potencial o latente de la situación política se manifestó en la inusitada atención que la prensa le dio al voto en blanco, al 501 o a la certeza de que "la gente está cansada de los políticos". Cuando se abrieron las urnas, se comprobó que esa supuesta tendencia de rechazo al sistema se había agotado en sí misma. La asistencia electoral fue una de las más altas desde el 83, los votos en blanco de los más bajos y el repudio a los políticos se limitó a un registro ciertamente original: por primera vez, que se sepa, los votoblanquistas cortaron boleta al revés, pues lo hicieron más para presidente (De la Rúa) y menos para los diputados. La aversión a los políticos asumió, de este modo, un carácter literal: se limitó a los que se sientan en las bancas y cobran las dietas. Demostró, de paso, el carácter confusionista del voto en blanco, ya que nada menos que el 66% de los que no quisieron meter las boletas de diputados sí lo hicieron para el conservador-clerical que encabezó la Alianza. Los izquierdistas que identifican al voto en blanco nada menos que con la revolución son, por lo tanto, unos simples farsantes. La izquierda democratizante y el PH (y Mussa y Patti) hicieron un eje casi excluyente en destacar una sensación de defraudación del electorado respecto de los partidos oficiales. No se explicaba entonces por qué las encuestas no registraban una intención de voto a favor de estos autoconsagrados intérpretes del sentimiento popular. Pero la sensación de defraudación política no es igual o siquiera parecido a un cambio radical del punto de vista de las masas en relación con la situación política y con las fuerzas políticas que están presentes en ella. El llamado fastidio con la política y con los políticos, por sí mismo, puede y suele convertirse en un factor favorable al desarrollo reaccionario de la subjetividad popular (supone un retorno a un período pre-parlamentario) y de ningún modo constituye un paso hacia la conciencia de clase o revolucionaria, ni tiene que ver con esta conciencia. Semejante desarrollo reaccionario se infiltró incluso en la campaña de Izquierda Unida, dado que Patricia Walsh reiteró en más de una oportunidad que el carácter "extrapartidario" de su candidatura obedecía a que el fastidio con los políticos incluía también, según su bloque, a los políticos de la propia izquierda. Es decir que IU hizo el planteo de "construir unidad" (son sus propias palabras) en términos apolíticos, o sea fuera de una perspectiva de poder, es decir reaccionaria desde el punto de vista de la lucha de clases del proletariado. La reducción de la subjetividad popular a un fastidio con la política, o sea con la democracia, puede ser manejado de manera electoralista (como lo hace la izquierda democratizante cuando aboga por las manos limpias o proclama sus intenciones honestas) o de manera fascistizante (como lo hacen, aunque sólo hasta cierto punto, un Patti, un Mussa y hasta un Ruckauf) e incluso de manera petardista (lo que no quiere decir revolucionaria). Pero es un hecho de que el sentimiento de que el electorado se zarparía y abandonaría a los partidos tradicionales fue manifiesto en la Capital, lo cual creó seguramente una cierta sensación de que la izquierda, por ejemplo, y el Partido Obrero podrían hacer una gran elección. Fue, efectivamente, el distrito donde el corte de boletas para la izquierda fue mayor. Los votantes de Capital por el PO hicieron pública su intención de voto en diversos medios de prensa, lo cual sí es un progreso de la conciencia revolucionaria, ya que el elector abandona la actitud pasiva y adopta la del propagandista o agitador. En la Capital, una parte del frepasismo se repartió entre De la Rúa y la lista de diputados del PH o IU, es decir que éstos fueron reconocidos como apéndices de izquierda de la Alianza. El microclima izquierdista en la Capital puede ser un indicio de la evolución futura del electorado. Será necesario seguir con atención la evolución de esta tendencia. Derechización y situación política Una elección donde ganen De la Rúa y Ruckauf, pierda la Fernández Meijide y retroceda la izquierda, significa un pronunciamiento hacia la derecha. Una combinación entre el FMI y el clericalismo liberal de De la Rúa, de un lado, y el clericalismo de derecha y los servicios de Ruckauf-Cavallo-Patti, del otro, no es precisamente lo que se llamaría una evolución hacia la izquierda. Patti boicoteó la distribución de sus boletas en cerca del 70% de las mesas bonaerenses para favorecer la elección de Ruckauf. Pero es necesario evitar que esta manifestación a la derecha ocasione otra irrupción de impresionismo político. Cuando las masas no logran superar sus frustraciones por intermedio de las instituciones representativas y de sus propias organizaciones y direcciones, suelen darle la espalda al parlamentarismo o confiar en un demagogo, siempre que éste no cuestione, al menos en el momento actual, la necesidad que tiene y que manifiesta el imperialismo de seguir con la ficción de la democracia. La demagogia de Ruckauf apunta a la solución represiva de la inseguridad cuidadana y a la defensa de los aparatos, en severa crisis, de seguridad (y de chantaje) del Estado. Curiosamente, al lado del opaco De la Rúa se ha consagrado el histriónico Ruckauf. El cogobierno de ambos deberá conciliar al Congreso nacional y a la policía bonaerense. El capítulo del gatillo fácil está muy lejos de haberse cerrado. El período democrático ha sido generoso en manifestaciones de derechización política. Ahí están para recordarlo Ruiz Palacios, de Chaco; Ulloa, de Salta; y, por supuesto, los tres mosqueteros de la dictadura Bussi, Rico y Patti. Reflejan la convulsionada situación política y los constantes cambios de frente de las propias masas, que ven cómo se empantanan sus luchas para salir de una situación social desesperante. Hay que decir que el Partido Obrero, después de que fueran tumbados Romero Feris y Bussi, había considerado cancelada por un tiempo la posibilidad de un escenario político de estas características. Pero éste se hizo parcialmente presente el 24 en la Provincia de Buenos Aires. Esta derechización del escenario político, el cual importa políticamente por breve que pueda ser su duración, confirma el carácter "excepcional" de la situación política del país. Pero ninguna caracterización adecuada puede agotarse en ese señalamiento ni, menos, limitarse a deducir en forma lineal las implicancias políticas que pudieran derivarse. Estamos seguros de que la experiencia ruckaufiana habrá de terminar a corto plazo y con peores resultados que los que conoció Bussi, pero para ello será necesaria una acción política adecuada a estas circunstancias. Las contradicciones de la nueva situación política bonaerense deben estallar no por sí mismas sino como consecuencia de una actividad real de las masas; esperar a que la fruta madure significa aceptar que caiga en el regazo de otro. Hay que emplazar al poder del Estado bonaerense a que dé solución perentoria a la gravísima situación de las masas de la provincia y es necesario desarrollar desde ya la agitación y la organización contra la iniciativa que buscará retomar la represión. Ruckauf ya ha comenzado a mostrar sus cartas con el anuncio de que pondrá a un policía en la jefatura de la Bonaerense. La experiencia principal del país se procesará, por cierto, en torno de la furiosa política fondomonetarista de De la Rúa. Ya se encuentran agendados paros docentes y de médicos, que tienen que ver con el próximo ajuste. La política del gobierno nacional agudizará en forma extraordinaria las crisis provinciales. Se plantearán crisis de poder dentro del propio Estado, sean constitucionales como extra-constitucionales. Por eso, De la Rúa no puede privarse del apoyo del Frepaso, incluso después de las catastróficas derrotas de Fernández Meijide y de Pinky. Aunque el escenario político se derechizó, la gobernabilidad del próximo gobierno fondomonetarista será cuestionada desde la izquierda, no desde la derecha. El Frepaso continúa siendo imprescindible para la estabilidad política del nuevo gobierno y más todavía lo es el apoyo de las burocracias sindicales, en especial del Mta y de la Cta. El grado de agudización de la crisis dependerá, aunque sólo en parte, de la evolución de la crisis internacional. Es que incluso una reactivación de los mercados mundiales, luego de la crisis asiática, lejos de sacar a la economía argentina de la actual recesión podría provocar una acentuación de la crisis, si esa reactivación internacional acentuara la competencia entre los pulpos y entre los países más fuertes y si provocara además, una desestabilización de los mercados financieros más comprometidos, como es el caso de la Bolsa de Nueva York. Del Frente del Sur a De La Rúa (1) Las elecciones del 24 de octubre coronaron un proceso que debe ser apreciado de conjunto. Esto permitiría comprender, también, cómo se orientó la izquierda en el escenario que culminó con la victoria de De la Rúa. El ascenso de la Alianza se fue estructurando a medida que se pusieron de manifiesto, primero, las limitaciones del régimen menemista y, después, su agotamiento. Las contradicciones del menemismo se plantearon como consecuencia de su propia política. Así, al abismo creado con las masas se sumó el hecho de que la burguesía misma comenzó a rebelarse contra su propio gobierno. El final del remate de las joyas de la abuela, la disputa por los recursos menguantes del Estado, las restricciones y fracturas provocadas por la crisis económica y por los apetitos de la camarilla del riojano dividieron al frente oficial. La necesidad de una reorientación en los métodos de gobierno y en la gestión estatal se aceleró a medida que la descomposición y la corruptela generalizadas se extendían a los aparatos de seguridad y a la cúpula del poder. En este terreno se fue definiendo una salida que asegurara, a su modo, el orden vigente. La bandera formal o, si se quiere, la zanahoria de la arquitectura alternativa al menemismo fue la lucha contra la corrupción y por la transparencia. Esto oxigenaría el manejo del poder y la economía de mercado, lo que permitiría plantear las reformas pendientes: privatización de la asistencia social, de la salud, de la educación e incluso de la Justicia (conciliación judicial, privatización del cobro a los morosos impositivos, incluso el Consejo de la Magistratura, con representantes de los estudios de abogacía). La cantinela de la honestidad desviaría la atención de las masas de la reivindicación directa de sus reclamos más sentidos y elementales. Por esto mismo, se presentó la obra de saqueo y superexplotación del menemismo como un modelo cuyas bases podían ser preservadas, renovando el equipo gerencial. A este programa de moralidad, honestidad y justicia se remitía el verso original, de que "otro país es posible", que unió a la mayoría de la izquierda en el 93-95 en lo que luego sería el Frente Grande y el Frepaso. ¿No está claro que el Frepaso fue, desde mediados de la década, la vanguardia ideológica o programática del planteo que acaba de triunfar el 24 de octubre? Lo único que faltaba era anclar semejante proyecto en el sistema político para asegurar su confiabilidad a los amos del poder. Por eso el Frepaso entregó primero su comando a Bordón y, más tarde, al radicalismo. La bancarota electoral de la UCR en 1955 facilitó su pasaje a esta tercera vía, pues de lo contrario corría el riesgo de desaparecer. Para garantizar la travesía, se entregó la jefatura del contubernio a un representante del clericalismo semiliberal, convertido al credo de la Internacional Socialista de los masacradores en Kosovo. Que todo este reacomodamiento era una necesidad de la burguesía lo revela el coqueteo permanente de Beliz y Cavallo con el Frepaso, al cual no vacilaron en calificar de "fuerza innovadora". El citado Cavallo fue más lejos que el propio Frepaso cuando llamó a poner en comisión a todo el Poder Judicial para garantizar el orden republicano. En este punto, la pregunta es: ¿contribuyó la izquierda a la delimitación de todo este proceso político? ¿Combatió por estructurar una alternativa política independiente de toda esta maniobra? ¿Se fijó un programa y una estrategia propios? Las organizaciones obreras y la izquierda El papel de las centrales sindicales, no ya en las elecciones sino en los innumerables conflictos y luchas que tuvieron lugar este año, ha sido abyecto. Ninguna se molestó por las luchas de Corrientes, Neuquén y Tucumán; en esta última, todas ellas se incorporaron al pacto de la superley del nuevo gobernador Miranda. Más todavía que los políticos atorrantes y que sus instituciones truchas, la política de todas las burocracias sindicales apuntó a estrangular las luchas obreras y a llevar al proceso político, como consecuencia de ello, al molino del FMI aliancista y del derechismo clerical-policial del peronismo. El balance, en el caso de la Cta, no hubiera podido ser más deplorable, pues si bien logró su objetivo de que De la Rúa llegue a la Presidencia, pagó el precio de la derrota de Fernández Meijide; de Mary Sánchez primero y Pinky después; y en la inmensa mayoría de las provincias, en algunas de las cuales, como Neuquén, había hecho fuertes inversiones políticas, no sólo en el Frepaso sino en la Ucr y en su candidato Pechi Quiroga. El caso del Mta es todavía más grave, esto porque se tragó lo del retorno a la justicia social que Duhalde sacó de la galera a último momento, y apoyó al bloque de fuerzas que determinó la victoria del gatillo fácil Ruckauf. La invulnerabilidad que mostró esta camisa de fuerza de las burocracias frente a las grandes luchas que precedieron a las elecciones fue otra manifestación fundamental de la dificultad de las masas para imponer sus propias exigencias reivindicativas y para evolucionar políticamente. La izquierda democratizante (nos referimos en especial a IU y a FR) forma parte del bloque dirigido por la burocracia sindical aliancista (la Cta) y del proyecto de ésta de constituir una "central alternativa" de características policlasistas, es decir anti-sindical, integrada al Estado y basada en la atomización de la negociación de los convenios y de la representación de las bases obreras. Por eso, la izquierda democratizante apoyó el freno aplicado a las luchas populares en el período previo a las elecciones e incluso en las elecciones sindicales, como el PC a De Gennaro, en Ate, o el Mst y Patria Libre a la burocracia del sindicato docente de Neuquén, con su abstencionismo. Desde el punto de vista político, no buscó proyectar la independencia de clase que se manifestaba en estas luchas, pues abolió el mismo concepto de independencia de clase en su campaña electoral. Solamente en Córdoba improvisó, a último momento, la consigna "meta trabajadores en la Legislatura", pero esto para promover la candidatura de Monseñor Primatesta Bazán, el entregador de las luchas contra Angeloz y contra la privatización del agua, que buscaba una banca provincial porque se ha quedado sin sindicato. Es decir que la consigna fue usada con un contenido anti-obrero. De modo que, cacareando todo el tiempo sobre la unidad, una, y sobre un patriotismo que no distinguía entre derecha e izquierda, otro, IU y FR fueron, claro que dentro de sus limitados horizontes y posibilidades, factores activos en el retroceso del subjetivismo obrero. En las dos oportunidades en que coincidieron, en Santa Fe y en Córdoba, IU y FR llevaron entre sus principales candidatos a patrones y a burócratas sindicales en algunos casos, incluso, cuando ya no tenían sindicato. Sobre el final de la campaña electoral, descubrimos, tardíamente, que esta izquierda es partidaria de la devaluación del peso, es decir, partidaria no de un ajuste sino del gran ajuste contra las masas, y no sólo de la Argentina sino de los países capitalistas que compiten con la Argentina en el mercado internacional. La posición devaluacionista los ha convertido en grupo de presión de los exportadores (incluida la progresista Coninagro); de los afectados por la competencia extranjera (incluidas las Apymes); y del sector de la banca que teme su absorción por los bancos extranjeros (Credicoop y la banca cooperativa, a la que pertenece el ex diputado del Frente Grande y del PC, Floreal Gorini). Aunque IU, o mejor dicho Patricia Walsh, se pronunció reiteradamente contra la devaluación, lo cierto es que los candidatos patronales que presentó en Santa Fe y Córdoba actúan en entidades empresariales devaluacionistas y que IU los reivindicó, no como luchadores que hacen del capitalismo un hobby sino como capitalistas que defienden el mercado interno, o sea que lo quieren proteger mediante la devaluación. Pero cualquier obrero se da cuenta perfectamente de que una campaña político-electoral que, desde el campo de la izquierda, reivindique la devaluación del peso, o sea la confiscación de las masas y la agudización de las rivalidades nacionales, constituiría simplemente una traición alevosa. Por eso, IU y FR se empeñaron en ocultar esta circunstancia cuando pactaron sus unidades populares en Santa Fe y Córdoba. Este episodio devaluacionista del tramo final de la campaña electoral, ilustra la contradicción que encierra una política de unidad de la izquierda revolucionaria y obrera con la izquierda democratizante. Desde 1996, el PO se empeñó en la unidad de la izquierda, la que fue sistemáticamente rechazada por los democratizantes con alegatos arbitrarios y que incluso fue calificada como electoralista de lo que pueden dar testimonio los discursos del 1º de Mayo de 1997 en el acto común que tuvo lugar en la Plaza de Mayo. En este mismo acto, reclamamos la participación de dirigentes de las direcciones obreras de base que se encontraban en lucha en ese período (Atlántida, TDO, Transportes Halcón, Fiat Concord y otros). Los que hoy se reivindican como campeones de los referentes sociales expulsaron literalmente a esos luchadores de las reuniones preparatorias del acto. Es que la izquierda democratizante se interesa por los luchadores sociales cuando necesita disimularse detrás de ellos, usarlos demagógicamente, o sea para fines reaccionarios o de aparato, no para impulsar un libre desarrollo de la vanguardia obrera. La re-formación de IU, la tercera en diez años, lejos de constituir un paso de unidad fue un acto faccionalista para imponer desde un bloque sin principios sus condicionamientos electoralistas (o sea puestos) a los demás partidos de izquierda. Lo testimonia lo publicado por Patria Libre acerca de las discusiones para decidir si Reyna o Walsh debían ser los candidatos de la unidad, y de cuya lectura surge un panorama bochornoso de apetitos subalternos. Para superar esta contradicción entre el carácter democratizante, y por momentos más que eso, o sea burocrático, pro-patronal o devaluacionista de la izquierda argentina, de un lado, y la conveniencia e incluso necesidad de una unidad de izquierda para luchar contra los partidos patronales y del FMI, es necesario que esa unidad proceda por medio de la discusión pública, abierta y, en caso de elecciones, por medio de la elección democrática de los candidatos. ¡Es lo que hemos venido proponiendo desde 1985! En oportunidad del Frente Mas-PO de ese año, el Mas pidió en un acta que no hubiera asambleas comunes y que el PO no asistiera a las asambleas abiertas que realizaba el Mas. La discusión organizada y la lucha práctica común es la única forma de lograr una unidad de la izquierda que merezca ese nombre y la única que puede ayudar a remontar el retraso subjetivo de las masas y a reagrupar a su vanguardia. Que de esto se trata. Un avance en la representación parlamentaria de la izquierda que no sirva para el desarrollo del espíritu de combate y de organización independientes de los explotados sería otro lazo más en el cuello de su sometimiento. Es lo que ocurre con la unidad de izquierda en Europa y con el frente amplio de Uruguay. Dos administraciones consecutivas de Montevideo por parte de la izquierda unida uruguaya sólo han servido para profundizar las privatizaciones y para no resolver problema alguno de las masas, sino para agravarlos. Los arreglos de aparato sólo sirven al lobby devaluacionista y a los burócratas desplazados que buscan una segunda oportunidad. La izquierda y el Frente del Sur La verdad es la siguiente: la salida derechista del centroizquierda sólo pudo progresar mediante la incondicional adhesión de las centrales sindicales opositoras y de todas las izquierdas unidas que, primero, parieron al Frepaso con el Frente del Sur y luego dieron su total apoyo al verso de la central alternativa pergeñada por el aliancista Víctor De Gennaro. Al mismo tiempo, las burocracias de la CTA y el MTA hicieron lo imposible por abortar la tendencia a la huelga general; no digamos ya por estructurar un polo político propio de las organizaciones de masas de los trabajadores. La Marcha Federal, el Comité de Enlace, que incluyó además al PTP, concluyeron en la nada; la Ctera se transformó en una consultora impositiva. Hubo un esfuerzo tenaz por expropiar cualquier significado propio de la resistencia de las masas y llevarla al molino de la salida derechista. La izquierda tradicional no es más que la viuda de este proceso. Si no pudo prenderse en la parada, navegó políticamente en las aguas del centroizquierda. Hasta el día de hoy, el PC caracteriza a la CTA como una "alternativa de los trabajadores" y es en la dirección de De Gennaro donde milita Patria Libre. Por eso rechazaron, con total complicidad de la CTA, en el acto común que convocamos el 1º de Mayo de 1997, la conformación de un frente político reivindicativo de la izquierda y las direcciones sindicales antiburocráticas que buscaban un camino propio. Nos referimos a los trabajadores del transporte, a los mecánicos, a los obreros gráficos, que no pudieron darle una fisonomía de lucha al acto y a la conformación de un comando común de los trabajadores y sus partidos, por la negativa de la izquierda. Al revés, Izquierda Unida llevó como principal candidato, en las elecciones de Córdoba, a un enterrador de luchas, Bazán, el aliado de Primatesta en la emergencia de Angeloz-Mestre y responsable igualmente de la derrota de Fiat-Cormec y de la lucha contra la privatización del agua. Así, hoy, Bazán es secretario general de la CTA, al lado de su secretario adjunto que fue candidato por el Frepaso. Por eso, cuando Izquierda Unida pretende apropiarse de la bandera de la unidad, procede como una encubridora. Porque sí que lo fue, pero del Frente del Sur que llevó al Frepaso, no de la unidad real de la izquierda. Además, se armó en el sigilo para oponer a la unidad de toda la izquierda sus propios apetitos. Este planteo unitario incluyó la nominación de candidatos propios… ocho meses antes de las elecciones de octubre pasado. El conjunto de la izquierda democratizante es responsable de la salida centroizquierdista antiobrera del pasado 24 de octubre. IU afirma que es la única partidaria de la unidad. Para corregir este estrabismo, bastaría leer la prensa de Patria Libre, que informó en su momento, minuciosamente, que IU no admitía ninguna unidad que no fuera encabezada por Patricia Walsh, quien se caracterizó a sí misma como candidata virtual, o sea imaginaria. Es decir que se puso como obstáculo la intangibilidad de candidatos imaginarios. La formación de Izquierda Unida, a mediados de 1997, fue un acto divisionista, pues apuntó a bloquear la unidad de la izquierda toda pretendiendo hacer valer sus exigencias. De hecho, Izquierda Unida ha disuelto al Mst y al PC como organizaciones públicas diferentes, toda vez que actúan como un bloque cerrado frente a cualquier oportunidad de unir a la izquierda. El Partido Obrero, ya desde 1985, puso al frente otro método: una discusión política para delimitar posiciones, es decir no para dividirnos ni tampoco para mezclarnos sino para dejar en claro acuerdos y divergencias, y procedimientos democráticos o de bases para elegir los candidatos. En el frente que suscribimos con el Mas, en 1985, por cada tres candidatos del Mas seguía uno del PO; en los frentes con el Mst, en 1993, detrás de un candidato del Mst venía uno del PO (primero Zamora, despues Altamira); y en el frente con el Mst y con el Mas, en 1994, estuvimos terceros (primero Ciaponi, segundo Zamora, tercero Altamira). Esto, por lo que hace a nuestra soberbia personalista. Pero también hay que decir lo otro: en PO mandamos al frente a la dirección del partido, no la preservamos en campanas de cristal, no nos escondemos detrás de extrapartidarios mientras bajo cuerda nos aseguramos la posibilidad de arrebatar el puesto codiciado de diputado; y la dirección del PO va al frente cuando se trata de la polémica (que ella siempre firma), de las elecciones… y de la cárcel, como en 1989, entre otros. Si Reyna fue candidato desde julio de 1998, Walsh desde octubre de 1998 y Altamira desde agosto de 1999, ¿por qué la acusación contra nosotros de que queremos copar el espacio? Lo que hemos logrado lo conseguimos en la lucha misma: hace mucho que estamos por delante de los partidos que integran IU y el FR en términos electorales, organizativos, militantes y de intervención política. El PO creció mientras el Mas-Mst y el Partido Comunista se desmoronaron. Esto es un hecho, no una posición ideológica. ¿Cuáles son entonces las divergencias que impiden una unidad política y también en las elecciones? IU y el FR son composiciones democratizantes y nacionalistas; lo proclaman sus candidatos y dirigentes todos los días. Aspiran a recrear el Frente del Sur, que sirvió de plataforma a la carrera de Chacho y Meijide. Para eso plantean un frente de izquierda-centro (Echegaray), con las Apymes, con los carreristas abandonados por el chachismo, etc. No quieren comprometer esta política en discusiones públicas y en elecciones de incierto resultado para seleccionar candidatos. Por eso las han rechazado. Por eso abogan por un movimiento único de la izquierda, pluralista, donde, o cualquiera dice cualquier cosa y nadie hace algo salvo para lograr una banca, o cuando alguna facción se consolida le pueda pisar la cabeza a las restantes. Para el PO, es diferente. Para el PO, vale, como una de las variantes, pagar el precio de actuar en un frente que no levante nuestras banderas, siempre que eso sea clarificado, primero por medio de un debate que deslinde posiciones y que sirva como factor de orientación para la masa que sostiene al frente. Segundo, que una vez cumplido ese requisito, la decisión sobre candidaturas y, por lo tanto, la exposición de las políticas, fuera decidida democráticamente por la base. El PO está convencido de que esta metodología sirve a la clarificación y a la movilización, y que el desarrollo de estos factores confirmará el acierto y la aceptación de nuestra política, en última instancia. ¡Qué sectarios que somos! ¿No? La cuestión de la conciencia es la cuestión del partido Un retroceso electoral no pone a prueba, por sí solo, a un partido revolucionario. Se podría decir incluso algo más: los retrocesos forjan la madurez política y el temple militante de semejante partido. Ni siquiera se puede decir que los retrocesos operen fatalmente como un refuerzo de las presiones sociales o políticas negativas o antirrevolucionarias, porque también un ascenso, en especial si es electoral, podría provocarlo, por ejemplo al desatar presiones de cooptación política al aparato del Estado. No se debe olvidar que el reformismo histórico (la socialdemocracia alemana) debutó como revolucionario, organizando contra viento y marea un partido obrero en condiciones de proscripción y represión, pero que se fue envileciendo en forma paralela a su enorme progreso organizativo y electoral. Algo similar ocurrió con Izquierda Unida desde que en 1989 consagrara a Zamora como diputado y obtuviera cerca de 600.000 votos. Las características derechistas del PC se han acentuado y ya dice abiertamente que, en lugar de un frente de izquierda, postula un frente de "izquierda-centro" (Echegaray en el lanzamiento de la campaña de IU). El Mst se ha convertido en un apéndice político del PC. Significativamente, Walsh y Reyna coincidieron en la campaña electoral en que no debían hacerse "planteos ideológicos" (programa de Nelson Castro). De conjunto, han quedado reducidos al liliputismo organizativo, al punto que casi no lograron reclutar fiscales para las elecciones y que evitaron con todo cuidado la realización de actos públicos como método de campaña político-electoral. Pero, entonces, ¿en qué sentido el revés electoral y el inadecuado pronóstico político "ponen a prueba al Partido Obrero"? En el siguiente sentido: Para un partido que pretende desarrollar una fuerte organización revolucionaria socialista sobre la base de un programa y sobre la base de una metodología que toma en cuenta, como factor fundamental, a la experiencia de las masas y al desarrollo de su conciencia de clase, los desaciertos de análisis y previsión respecto de los resultados del domingo constituyen una advertencia. Hemos abordado con relativa superficialidad la cuestión del desarrollo de las masas, la cual, sin embargo, exige una atención absoluta. Lo del 24 es, incluso, un problema menor; lo que no es menor es el proceso político que enfrentamos de ahora en más, que sólo podrá ser superado asimilando la crítica a nuestras caracterizaciones. Aunque ya no es el momento de abordarlo, la insuficiencia de nuestra apreciación del desarrollo de las masas en el plano político, subjetivo, de la conciencia de clase, es seguramente el factor que ha hecho más lento y dificultoso el desarrollo del Partido Obrero en los últimos veinte años. Las elecciones del 24 han obrado como un catalizador de una larga experiencia teórica y práctica. Un principio revolucionario dice: "la historia puede saltarse etapas, pero el partido revolucionario no puede saltarse las etapas del desarrollo de la conciencia de clase". Por eso, consideramos como un activo, y no sólo en la reciente campaña electoral, haber adoptado como eje la reivindicación de meter a todos los trabajadores en las fábricas y repartir las horas de trabajo. Para las masas, que no cuestionan todavía al capitalismo, eso significó plantear un método anti-capitalista para satisfacer un derecho típicamente capitalista: el derecho a ser explotado a cambio de un salario. Lejos de un planteo circunscripto al electorado de izquierda o, para el caso, circunscripto a cualquier electorado, el eje de la campaña del PO fue una consigna de conjunto, con alcance estratégico, que sólo puede ser resuelta por una lucha general y que responde a la necesidad más apremiante de las masas. La consecuencia de este abordaje de la campaña electoral ha sido inmensa. El Partido Obrero realizó más actos públicos que nadie; tuvo una importante concurrencia en la inmensa mayoría de ellos; ganó numerosos fiscales para el control de las elecciones; fue un factor programático en la campaña al punto que su consigna pretendió ser copiada, y deformada, por muchos otros, incluso Duhalde; incorporamos muchos obreros al Partido; por primera vez, nuestro electorado defendió en forma pública su voto. Nos viene a la memoria una afirmación que reitera en cada elección la organización trotskista francesa Lutte Ouvrière: crecimos electoralmente, pero no ganamos militantes. El PO, al revés, retrocedió electoralmente, pero nunca como ahora se han incorporado obreros a la organización. Fue, entonces, la consigna más adecuada al momento que atraviesan las masas desde el punto de vista de sus necesidades y conciencia. Otra cosa fue creer que a partir de esta reivindicación estaban reunidas las condiciones para un desplazamiento político enérgico de una parte de esas masas. El Partido Obrero enfrentará con éxito "la prueba" a la que ha sido sometido si supera sus limitaciones para ayudar a la evolución política de la clase obrera, a partir del bajísimo nivel presente de ésta e incluso del propio retroceso de ella con relación a las luchas que protagonizó recientemente; pero todo esto para asegurar y profundizar la caracterización que el PO hace del actual período histórico y de la actualidad de la estrategia política de la revolución socialista y de la refundación de la IVª Internacional. ¿Pero por qué hablar de "prueba"? Por una razón metodólogica de la mayor importancia; no somos una secta. Las sectas se cotejan con sus propias premisas; les alcanza con haber actuado lógicamente a partir de algunos postulados. Para el Partido Obrero, esto es idealismo de la peor especie, por supuesto que un pasaje sin retorno al fracaso y un peso muerto para el desarrollo de la vanguardia obrera. El PO se mide con la realidad histórica; fuera de esto, "todo lo que (parece) sólido se desvanece en el aire".

1 de diciembre de 1999
Uruguay: En la víspera del segundo turno

Al candidato triunfante en la primera ronda de las elecciones uruguayas no se le puede reprochar falta de claridad: "no nos vamos a apartar de las reglas establecidas". Según La Nación (1), "fue la frase que mejor resumió su deseo". En otra parte, Tabaré Vázquez agregó que "el secreto bancario sólo se levantaría cuando la justicia así lo decretase, como hasta ahora" y "no se gravarían los depósitos bancarios ni de residentes ni de no residentes". Como hasta ahora, podríamos también agregar. A lo cual La Nación añade: "El mensaje sonó claro y fuerte. Y el timing no podría haber sido mejor para evitar sustos…". El carácter de los resultados del primer turno electoral uruguayo es, entonces, perfectamente claro: no triunfó una variante de transformación social sino del statu quo, o sea de los explotadores e incluso del imperialismo. ¿Es a esto a lo que se refirió Patricia Walsh cuando declaró que "el bipartidismo tradicional ha sido derrotado por una esperanza de cambio y justicia social" (2)? El cuidado que pone en sus palabras la ex candidata de la IU argentina demuestra que ya ha metido su rabo entre las piernas. Después de todo, una victoria izquierdista debiera producir la certeza de un cambio, no apenas una esperanza. No se ve tampoco en qué ha consistido la derrota neoliberal cuando los ganadores declaran que "Prácticamente no habrá modificaciones … en la legislación vigente que permite la libre entrada y salida de capitales y de metales preciosos" (3). Lo anterior no debería ser un secreto para nadie, porque el Encuentro Progresista-Frente Amplio ya gobierna Montevideo, más de la mitad del país, desde hace nueve años. En ese prolongado período para algo más que una esperanza, se destacó por las privatizaciones, el despido de empleados y la erradicación de los vendedores ambulantes. Un municipio tan poderoso no sirvió para nada en lo que hace a luchar contra la desocupación y por la simple razón de que ello habría exigido una intervención estatal en el sacrosanto recinto de la propiedad privada capitalista. No debe sorprender entonces que, luego de las elecciones argentinas, los futuros ganadores de la primera vuelta, en Uruguay, se presentaran como una versión autóctona de la Alianza, de la que nadie duda por nuestros pagos de su condición pro-imperialista. Cuenta La Nación (4) que la publicidad del EP-FA en los últimos días de la campaña presentaba a un uruguayo con la bandera argentina en las manos, preguntándose : "Si allá pudieron cambiar, ¿por qué nosotros, no?". Dos semanas más tarde, De la Rúa y Tabaré peregrinaban por el mismo escenario de la Internacional Socialista, o sea los agentes del imperialismo europeo. El virus del sometimiento nacional no sólo afecta a la llamada ala moderada del FA. Entrevistado por Página 12 (5), cuando ni siquiera habían ganado, el ultrarradical tupamaro "Pepe" Mujica, ahora flamante senador, declaró que "para reactivar la producción" era necesario "administrar mejor el Estado y atacar la corrupción"; también "dirigir créditos hacia la producción y no al consumo"; por último, "cambiar el esquema de las exportaciones". Para precisar este último concepto, indicó que había que "estimular la exportación de carne de ovejas". Pobre Uruguay. Su sector revolucionario enfrenta el mismo dilema ancestral del país pastoril ¡si exportar o no el ganado en pie!. Todo esto es tan triste que se pierde el sentido del ridículo. La chabacanería ha penetrado tanto en la izquierda mundial, cuánto más por cierto en la sudamericana, que se presenta la necesidad de ilustrar todavía más este punto. Por ejemplo, el candidato más firme a ocupar el ministerio de Economía es Danilo Astori, un frenteamplista que se acaba de oponer a la derogación del sistema de AFJPs uruguayo, planteado en un reciente referéndum. Hay que añadir que esa consulta se perdió porque el propio Tabaré Vázquez saboteó la campaña para poner fin a la jubilación privada. Pero esta privatización, más que ninguna otra, es el corazón del neoliberalismo, porque permite la expansión de los Fondos especulativos mediante la confiscación de los ingresos de los trabajadores. Claro que también hay un capital financiero mediano interesado en el mismo negocio, como lo demuestra la Banca cooperativa argentina que sostiene a Izquierda Unida. Hasta Grondona apoya a Tabaré Vázquez Es cierto que, para ganar, Tabaré deberá pasar el segundo turno, ocasión en la que blancos y colorados van a ir en yunta. Para superar el trance, el EP-FA también tiene una política. Para eso acaba de mandar una delegación al Banco Interamericano de Desarrollo, presidido por el uruguayo Iglesias, y al Departamente de Estado norteamericano, donde piensa seducir al ala izquierda del Partido Demócrata. Lo mismo hace, por ejemplo, el inglés Blair, que ha propuesto rebautizar a la IS con el nombre de Internacional de Centroizquierda para favorecer el ingreso en ella del Partido Demócrata norteamericano. A la luz de todo lo dicho, Mariano Grondona no hace gala de mucha intrepidez intelectual cuando propone votar al EP-FA, en una columna de La Nación (6). "Para un moderado que piense en el corto plazo, dice el politicólogo para todo uso, lo peor es que gane Vázquez. Para un moderado que piense en el largo plazo, quizás lo peor sea lo mejor". ¿Por qué, se preguntará el lector? Responde Grondona: porque "una vez que Vázquez pague su derecho de piso, la economía uruguaya … contará con el consenso político universal del que carece ahora". Grondona, como Walsh, también tiene una esperanza, sólo que mejor fundada. Los dueños del diario, sin embargo, piensan diferente a su columnista y por eso urgen a blancos y colorados a llegar a un acuerdo (7). Es que, más prácticos, temen que la extraordinaria tensión que existe en la economía internacional acabe quebrando el ya agudo desequilibrio de las economías sudamericanas, lo que desbordaría la capacidad de contención de un gobierno centroizquierdista. Nada más que eso. No se nos escapa, por supuesto, que una victoria del EP-FA cambiaría el escenario de varias décadas de la política uruguaya. Pero tampoco hay que exagerar, porque la desintegración del bipartidismo blanco-colorado viene de lejos (de la década del 50, cuando comenzó a hacer agua el sistema colegiado de gobierno, este mismo expresión del agotamiento del bipartidismo). Si ha logrado sobrevivir hasta ahora, ello no sólo obedece a la represión y el golpe militar sino todavía más a la izquierda uruguaya. Incluso el régimen electoral de doble vuelta que podría birlarle el triunfo a la izquierda en la segunda vuelta, fue votado por ésta cuando los partidos tradicionales no tuvieron más remedio que eliminar la ley de lemas, porque ésta ya no conseguía mantenerlos unidos. Es decir que si el EP-FA es derrotado el 28 de noviembre se habría cavado su propia fosa. Es incorrecto también calificar a esta coalición de izquierdista, ya que el llamado Encuentro Progresista no tiene nada que ver con la historia de la izquierda, representa a sectores tradicionales de la burguesía (blanca) y, a pesar de la extrema debilidad de ésta, ocupa posiciones fundamentales, como la candidatura a la vicepresidencia de la República. Se trata de un frente patronal, no de un frente independiente de la izquierda. No será una victoria del EP-FA lo que cambiaría el escenario político sino el impacto que podría tener, sobre la nueva situación, tanto un agravamiento de la crisis mundial como un cambio fundamental en el carácter de la lucha de las masas. En uno u otro caso, el centroizquierdismo uruguayo pondrá de manifiesto su hilacha contrarrevolucionaria. La reforma laboral del Frente Amplio (8) Las reformas estructurales propuestas por el Encuentro Progresista-Frente Amplio (EP-FA) en su programa "Un País Productivo", sobre todo en la Reforma Laboral y la Fiscal, proyectan la política del EP-FA hacia la clase trabajadora. En la introducción se define con claridad a favor de qué clase social se orientará el gobierno del EP-FA; "garantizar la rentabilidad empresarial"; "un país… donde el empresariado privado sea el agente clave en el crecimiento económico". Está claramente expresado que será un gobierno para los capitalistas. La reforma laboral tiene como objeto mejorar la competitividad de las empresas mediante el fortalecimiento de la "productividad de los recursos humanos". En tal sentido, la política salarial del gobierno frenteamplista será: "Estimular el crecimiento de los salarios en relación al crecimiento de la productividad de las empresas, para garantizar su competitividad". La negociación colectiva será "el ámbito de acuerdos entre empresarios y trabajadores para promover la mejora de la productividad, la introducción de tecnología, los cambios en la organización del trabajo… Sólo a través de la cooperación se logra un desarrollo productivo adecuado, nunca a través de la confrontación". Como puede observarse, la política salarial del EP-FA asume el más monolítico continuismo con la política blanquicolorada. Es el viejo cuento de que "primero hay que hacer crecer la torta y después mejorar el reparto". Lo cierto es que el grado de explotación del trabajo (productividad) ha aumentado a lo largo de todo el período sin que los salarios acompañen dicho crecimiento. Ahora, la salida que encuentra el FA es aumentar más la explotación del trabajo. En cuanto a la negociación colectiva, por empresa, la propuesta del EP-FA coincide con la línea maestra del imperialismo. Por esta vía, se intenta transformar a los sindicatos en auxiliares de las patronales en la competencia empresarial. En la negociación colectiva, las prioridades deben ser las definidas por el programa (productividad, introducción de tecnología, cambios en la organización del trabajo). El enfoque, por ejemplo, de que el salario cubra las necesidades vitales de la familia trabajadora sería confrontativo y, por ello, contrario a la negociación colectiva y al programa propuestos por el FA. La reforma fiscal, por su parte, en el apartado que trata la disminución del gasto público, anuncia la profundización de la reforma del Estado aplicada por el actual gobierno; "racionalización del gasto (eliminación de servicios redundantes, innecesarios y duplicados)"; "áreas de mayor improductividad (Servicio Exterior, Presidencia, Poder Legislativo) y todo lo que así sea considerado en las planillas presupuestales". Esto significa que habrá más "excedentarios", es decir, trabajadores que serán despedidos de la administración pública. El FA ya aplica esta política en el municipio capitalino y redujo en 4.000 puestos la plantilla de la IMM. El despido de funcionarios del Estado es la vía directa para reducir el gasto público que luego permita transferir ese ahorro mediante exoneraciones impositivas hacia las patronales. Un anticipo de esto lo propone el programa del FA para las empresas de la construcción: "mantener el sistema de aporte unificado al BPS, pero reducir su monto hasta el límite que permita mantener los beneficios sociales de los trabajadores del sector". La patronal será liberada de parte de la obligación de volcar dinero al fondo de los trabajadores. Pero el programa del FA va todavía más lejos. Propone una "ley de inversiones de los fondos de las Afaps tendiente a posibilitar su mayor uso para apoyar inversiones productivas públicas y privadas e inversiones en contrucción de viviendas". Los fondos expropiados a los trabajadores por la reforma de la seguridad social, el gobierno del FA los pondría a disposición de los capitalistas pero a los trabajadores desocupados, el FA no les asegura el empleo, cuando esos fondos podrían financiar el subsidio para todos los desempleados. Que el Frente Amplio es un frente político para que los trabajadores colaboren con sus explotadores (frente de colaboración de clases) no hay que demostrarlo, hay que leerlo en el programa "Un país productivo". O.K. norteamericano Podía haber elegido el silencio, como lo ha hecho la inmensa mayoría de los otros embajadores. Pero Christopher Ashby, el de los Estados Unidos, no lo vio de esta manera. Es así que, cuando faltaban apenas nueve días para la segunda vuelta de las elecciones uruguayas, le contó al semanario Búsqueda, de Montevideo, que el mismísimo Tabaré Vázquez "le aseguró que su política será favorecer la inversión extranjera y que, por lo tanto, no es un factor de alarma" (una victoria del Encuentro Progresista). El representante de Clinton también dijo que "después de todas (!!) mis conversaciones con el señor Vázquez y los otros dirigentes del partido (?) desde hace dos años, no tengo ninguna preocupación (porque accedan al gobierno)". Además, "tras haber leído el discurso de Vázquez en la Asociación de Dirigentes de Marketing, no vio nada en esa presentación de su programa que sea contra la filosofía democrática ni contra los intereses de Estados Unidos…" (9). Ciertamente, la importancia de las declaraciones del diplomático yanqui no residen solamente en la venia que anticipa el imperialismo a un gobierno del Encuentro Progresista y en el completo rechazo, por lo tanto, a la campaña blanqui-colorada que presenta al EP como una alternativa de "intolerancia", "disenso civil" y hasta un retorno al período anterior al golpe de 1973. Al destacar la coincidencia con los "intereses" norteamericanos, Ashby desmiente también que la propuesta de un impuesto a la renta, que se ha transformado en el eje del cuestionamiento de la derecha en el tramo a la segunda vuelta, tenga un carácter nocivo para la política fondomonetarista que impulsa el gobierno de Clinton. De manera que las declaraciones del embajador de Washington equivalen a un respaldo político e intelectual del capital financiero al planteo impositivo de la izquierda uruguaya. Más lejos aún ha ido la Iglesia uruguaya, la que por otra parte tiene una vieja cuenta pendiente con los masones del partido colorado. Es que el Episcopado emitió un "mensaje de paz", que contrasta con su visceral anticomunismo en el pasado, y ha llamado a construir una "patria de hermanos", lo que ubica a un triunfo del EP en la perspectiva de un gobierno de conciliación nacional (10). La declaración del Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal, por su lado (22/11), no vaciló en llamar de hecho al voto por Tabaré Vázquez, al criticar "los salarios insuficientes, el aumento de la marginalidad, la exclusión social, la falta de empleo y las tensiones sociales". La venia del imperialismo yanqui y del Vaticano al Encuentro Progresista, no va condicionada por ninguna clase de reservas, un hecho cuyo valor lo mide el contraste con lo ocurrido en oportunidad de las elecciones que consagraron a Salvador Allende, en Chile. Es decir que los explotadores no se limitan a registrar un hecho consumado; también lo respaldan. Si a esto se agrega el respaldo que Tabaré va recogiendo en diversos sectores blancos e incluso en la Unión de Industrias, se dibuja todo un arco de apoyo del capital a un gobierno del Encuentro Progresista. Tabaré hará el resto más tarde cuando dé a conocer a los Llach o López Murphy que pudieran integrar el gabinete de un eventual gobierno de la izquierda. El plan Cavallo de la izquierda que se une A pesar del acuerdo alcanzado por blancos y colorados para apoyar a Jorge Batlle en la segunda vuelta electoral que tendrá lugar el domingo 28 de noviembre, las encuestas siguen dando una leve ventaja a Tabaré Vázquez. Solamente 6 electores de 10 que votaron por el Partido Nacional el 31 de octubre pasado, lo harían ahora por Batlle, en tanto que 1,5 lo harían por Tabaré, lo que deja un importante 25% de electores blancos aún indecisos. Estos datos ponen de manifiesto la crisis muy seria que ha desatado en el Partido Nacional la decisión de su Directorio de pactar con Batlle un reparto de cargos ministeriales a cambio del apoyo blanco en la segunda vuelta. Bastaría que se profundizara un poco la escisión del electorado blanco para que los ocho puntos de ventaja que obtuvo Tabaré en la primera ronda, le alcancen para triunfar en la segunda. La venia del Departamento de Estado norteamericano y del Vaticano a la candidatura de la izquierda uruguaya podría ser el factor final que incline el tablero a favor del Encuentro Progresista. Una derrota blanqui-colorada, en estas condiciones, podría despedazar al Partido Nacional e incluso abrir una crisis de larga duración en los partidos patronales tradicionales de Uruguay. Tabaré Vázquez ha estado recorriendo el país para buscar el apoyo de la segunda línea de dirigentes blancos. En muchos departamentos lo ha conseguido, aparentemente, porque esas direcciones, vinculadas a la burguesía agraria, apoyan el planteo de reforma impositiva del EP, que apunta en definitiva al desgravamiento de la burguesía agraria e industrial, a la reducción de los intereses bancarios y al subsidio a la exportación. Más allá de esto hay, sin embargo, una negociación de otro tipo, para que el EP apoye a los candidatos blancos en las elecciones municipales de mayo próximo, allí donde éstos se vean enfrentados prioritariamente a los candidatos a intendente por el partido colorado. Es el caso del ex intendente blanco del departamento de Rocha, Irineu Riet Correa, que tendrá por principal rival al colorado Puñales en las elecciones municipales (11). La derecha ataca el plan Cavallo El eje de la discusión en el tramo a la segunda vuelta fue planteado por Batlle cuando tomó la iniciativa de denunciar el proyecto de impuesto a la renta del Encuentro Progresista, algo que no había hecho para nada hasta este momento. Según Batlle, ese impuesto afectaría a la mitad de las familias uruguayas, al gravar los ingresos totales de los hogares, incluidos entre otros los sacrosantos intereses de los depósitos bancarios. Para Batlle, esto sería un golpe mortal para la condición de "paraíso bancario-fiscal" que ostenta Uruguay. Pero la propuesta del EP no es otra que la que viene difundiendo Cavallo desde que fue volteado del Ministerio de Economía, en 1996. Se trata de un impuesto a los ingresos calculado sobre la base de la renta mundial, o sea de la totalidad de lo percibido por todo concepto, tanto fuera como dento del país, menos los gastos necesarios para la producción de ese ingreso. La autoría del planteo es del FMI y del Banco Mundial, que pretenden con esto, de un lado, homogeneizar los regímenes impositivos de todos los países, con el argumento de igualar las condiciones de la competencia internacional y, del otro, establecer un control internacional de la recaudación impositiva, para viabilizar mejor los pagos de las deudas públicas y externas de las diversas naciones. Mediante convenios especiales se evitaría la duplicación del cobro del impuesto entre el país de residencia y de no residencia del contribuyente; estos convenios reflejarían, claro, la mayor fuerza de las naciones desarrolladas sobre las más débiles. Esta coincidencia de la propuesta del EP y la del FMI, la ocultan por razones obvias tanto los colorados como los frenteamplistas; los unos porque aparecerían en colisión con sus amos, los otros porque se desnudarían como sus sirvientes. La posición blanco-colorada es clara: dicen que no quieren gravámenes de ningún tipo a la renta sino la extensión de los impuestos al consumo, lo cual no les impide defender el impuesto vigente a los sueldos y a las jubilaciones superiores a 500 pesos argentinos, que ellos mismos impusieron, ¡con carácter transitorio de un año, pero hace casi cuatro años! Pero la importancia de la polémica es que ha servido para poner al desnudo, por sobre todo, las contradicciones y hasta la duplicidad de la izquierda uruguaya. Ocurre que para no tocar los privilegios del "paraíso bancario" que es Uruguay, el EP ha lanzado una campaña para desmentir que piense gravar los intereses a los depósitos y también los que se obtienen de la deuda pública. Con esto invalida el planteo de gravar la renta, o sea la posibilidad de cobrar impuestos a los especuladores (que sí pagarán en su país de origen, si son extranjeros, en el rubro ganancias); es decir que el proyecto se reduce a gravar los ingresos de quienes trabajan y no a la renta del capitalista. El Uruguay del EP seguirá siendo el del secreto bancario. En el informe que brindó sobre sus "entrevistas con organismos financieros internacionales", el candidato a ministro de Economía del EP, Danilo Astori, dijo que "va a cumplir con todos los compromisos internacionales", entre los que incluyó "el sistema financiero que es tan importante para los intereses del país" (12). Con Batlle todo, sin Batlle nada Pero la finalidad que el EP había asignado a un impuesto a la renta era suprimir el que afecta a sueldos y jubilaciones y disminuir el IVA. Ahora, al dejar afuera a la renta financiera y limitarse a gravar ingresos, el proyecto pasa a ser una versión levemente modificada del impuesto a los sueldos, pero ya no con carácter transitorio sino definitivo. Esto descubre su carácter potencialmente reaccionario. A partir de aquí bastaría con que cualquier gobierno decida modificar el mínimo no imponible o que éste fuera licuado por la inflación, o que los trabajadores obtuvieran un aumento de sueldos, para que quede sujeta a impuesto la mayoría de los que viven exclusivamente del salario. En realidad, el objetivo de la reforma impositiva del EP apunta a favorecer a la burguesía industrial y agraria, ya que, como dijo el mismo Astori, "se eliminarán los impuestos que van en contra del interés productivo…" (13). Mencionó, entre éstos, al impuesto a los combustibles y a los préstamos bancarios. Casualmente, al día siguiente, la Unión Industrial Argentina le pedía a De la Rúa "un impuesto a los intereses a los plazos fijos y la eliminación de exenciones a ganancias" (como las que gozan los que adquieren títulos de la deuda pública). Para la UIA también se podrían eliminar de este modo los impuestos "al que se endeuda", o sea a los tomadores de préstamos bancarios del llamado "polo productivo" (14). Entre los peticionantes se encontraba Vicenzo Barello, presidente de Fiat. Se trata, como se ve, de una lucha entre capitalistas por el reparto de la riqueza extraída del trabajo del obrero y de ninguna manera de un ataque a los superbeneficios capitalistas para centralizar el capital resultante en manos de un Estado empeñado en una política que atienda a las necesidades sociales e históricas de los explotados. De todos modos, Tabaré Vázquez acaba de tranquilizar a sus adversarios al decir que ninguna reforma impositiva podría salir sin el acuerdo blanqui-colorado que controla casi el 60% de la Asamblea Nacional. Aunque esto parezca obvio, se trata en realidad del último paso de capitulación ante el chantaje de la campaña batllista, porque significa que Vázquez ya no pide a sus electores un mandato para imponer el programa del EP sino para llegar a un acuerdo con los partidos Nacional y Colorado. Vázquez pide a sus votantes un mandato para tirar la toalla en caso de colisión parlamentaria, un mandato para no luchar, para no denunciar, para no movilizar. Más tarde podrá decir que actúa en conformidad con la voluntad popular expresada en la segunda vuelta electoral. Por estas razones, esta última declaración de Tabaré Vázquez termina por desvirtuar el contenido de la campaña electoral, incluso con las enormes limitaciones con las que el Encuentro Progresista la había llevado hasta ahora. Si el proyecto del EP está condicionado al visto bueno blanqui-colorado, lo que seguirá en pie es el impuesto a los sueldos y jubilaciones y el IVA al 17%, es decir que la carga directa del sostenimiento del Estado capitalista seguirá sobre las espaldas de los trabajadores. Conclusión La composición dirigente del Encuentro Progresista y del Frente Amplio se caracteriza por la ausencia de líderes obreros o de luchadores, está copada por la burguesía y la pequeña burguesía que gira en su órbita; a esta condición social responde su programa. Es la expresión de un largo proceso de confiscación política de la lucha descomunal de los obreros uruguayos por parte de la pequeña burguesía, que tiene tanto de izquierdista como de cosmopolita y que, por lo tanto, ahora se ha globalizado. Como los Blair o los Schroeder y Jospin, representan una tercera vía a ninguna parte. La izquierda argentina (15) En forma unánime y entusiasta, la izquierda argentina ha hecho suya la victoria del Encuentro Progresista uruguayo en la primera vuelta electoral. El EP es una alianza política permanente entre el Frente Amplio y sectores del Partido Nacional. El PC editorializa que el FA representa "la lección de la unidad" (16), pero no alude a la nueva unidad en el Encuentro Progresista. Destaca que "la pluralidad ideológica de la izquierda se sintetiza en el FA en una unidad política… para la confrontación con las fuerzas tradicionales del sistema" (17) y pone de relieve que, siempre hablando del FA y omitiendo al EP, no es un simple acuerdo de partidos sino un método revolucionario de participación popular en la política. "El núcleo de la vida política del Frente son los comités de base donde todos los militantes tienen igual derecho de participación, sean o no de alguna de las fuerzas políticas integrantes" (18). Esto último es naturalmente falso; los comités de base son una instancia marginal; quienes deciden son los aparatos partidarios y una elección interna reglamentada por ley nacional. El PC propone la construcción de un FA en la Argentina, una construcción frentista de la izquierda "permanente" ("electoral y no electoral"). Frente Amplio, ¿izquierda? Nadie en su sano juicio puede asignar características revolucionarias al FA. Sus propios dirigentes se han empeñado en dejarlo absolutamente en claro. "El Frente no tiene ningún tinte socialista", le dijo Líber Seregni a Clarín (19). La definición recuerda la de Salvador Allende luego del triunfo electoral de la Unidad Popular de Chile, "trabajamos para evitar la dictadura del proletariado, incluso aunque esto no sea fácil". Pero el FA puede ser medido con otra vara porque "ha llegado al poder" y en dosis homeopáticas. El FA gobierna Montevideo, la ciudad en la que se concentra la mitad de la población uruguaya, sin que nadie hubiera logrado registrar su carácter revolucionario, que es como llamaríamos a una "confrontación con las fuerzas tradicionales del sistema". Aunque es evidente la perfidia de la expresión "tradicionales", ya que supone que no "confronta" con las fuerzas de ese mismo sistema si no son las "tradicionales". El Frente Amplio es partidario de cumplir a rajatablas con la deuda externa y ya ha anunciado que "cumplirá con los compromisos tradicionales". El acuerdo con la deuda externa no es de hoy sino que fue firmado en el Pacto del Club Naval, en 1985, con la dictadura y el Partido Colorado; el que se negó a firmar fue el Partido Blanco conducido por Ferreyra Aldunate. El pago de la deuda formó parte del compromiso de la transición armado con el imperialismo. El Mst en el Frente Popular Para el Mst, "el crecimiento electoral del EP-FA en los últimos años fue una expresión deformada de la intensa lucha social" (20), mientras que el triunfo del 31 de octubre y un posible triunfo en la segunda vuelta "crean una nueva relación de fuerzas más favorable para luchar por los reclamos populares", es decir que el EP no es un frente de colaboración de clases, o sea para maniatar a la clase obrera, sino de lucha de clases, con limitaciones por supuesto. Esta caracterización equivale a un apoyo político al Encuentro Progresista. Por eso dan su "apoyo crítico a la candidatura de Tabaré Vázquez" (21) y no dicen una palabra sobre los ocho años del gobierno del FA en Montevideo. La corriente del Mst integró el FA en su origen (1971), por inspiración del propio Moreno, quien sostenía la progresividad de los frentes de colaboración de clases (Frentes Populares) en los países oprimidos. El Mst no se detiene a considerar que el Encuentro Progresista es un típico frente popular, donde actúan sectores tradicionales de la burguesía que ocupan posiciones fundamentales. La trilogía se completa con el Ptp, que en la otra orilla forma parte de una de las corrientes del FA (Movimiento de Participación Popular) y que caracteriza al EP como "una fuerza popular en nuestro país" (22). En síntesis, para la izquierda democratizante argentina, la unidad de la izquierda es sinónimo de Frente Popular, o sea que debe servir a la colaboración de clases. Notas: 1. La Nación, 2 de noviembre de 1999. 2. Página 12, 2 de noviembre de 1999. 3. Daniel Olesker, posible ministro de Economía de Tabaré, en Ambito Financiero del 27 de octubre de 1999. 4. La Nación, 27 de octubre de 1999. 5. Página 12, 17 de octubre de 1999. 6. La Nación, 4 de noviembre de 1999. 7. Idem, 2 de noviembre de 1999, editorial. 8. Este capítulo fue redactado por Tato, del PT de Uruguay. 9. El Observador del 19 de noviembre de 1999. 10. Idem, 18 de noviembre de 1999. 11. La República, 13 de noviembre de 1999. 12. Idem, 16 de noviembre de 1999. 13. Idem. 14. Ambito Financiero, 17 de noviembre de 1999. 15. Este capítulo y los siguientes fueron redactados por Christian Rath. 16. Propuesta, Nº 469, 4 de noviembre de 1999. 17. Idem. 18. Idem. 19. Clarín, 3 de octubre de 1999. 20. Alternativa Socialista, Nº 267, 10 de noviembre de 1999. 21. Idem. 22. Hoy, 3 de noviembre de 1999.

1 de diciembre de 1999
Chechena o la misión imposible del ejercito ruso

La guerra que Rusia está librando contra Chechenia tiene, por cierto, una enorme similitud con la que la Otan desencadenó contra Yugoslavia. No porque el régimen checheno se parezca al de Milosevic o porque sus circunstancias sean similares, o porque el pretexto en ambos casos sea la lucha contra el terrorismo o la defensa de los derechos humanos. La semejanza reside en que ambas son guerras coloniales; en que en las dos se aplica la política de aterrorizar a las poblaciones mediante bombardeos a blancos civiles y humanos; y a que Yugoslavia y Chechenia son manifestaciones de la desintegración, primero de la Unión Soviética, luego de Rusia, bajo la presión implacable del imperialismo y de la crisis mundial en su conjunto. La guerra contra Chechenia apunta a la supresión de la independencia nacional de este país, que fuera conseguida por medio del voto y de la victoria militar contra Rusia en 1994/96. Pero la necesidad de retomar Chechenia responde al problema más general que enfrenta Rusia, que es la desintegración de su periferia musulmana, tanto en la región del Cáucaso como del Asia Central. Una parte de estas zonas fueron conquistadas por los zares en forma militar, pero otras fueron el resultado, además, de un largo proceso de colonización de tierras y de espacios. Las fuerzas centrífugas de la presión económica del imperialismo capitalista se hacen sentir con toda su fuerza, ahora que no es contrapesada por la centralización brutal del zarismo y la no menos brutal del stalinismo, que fueron acompañadas ambas por una expansión económica que ha desaparecido por completo. Este marco general explica el apoyo que han brindado todos los partidos oficiales rusos, es decir restauracionistas, a la guerra, especialmente el partido comunista. Las aguas se separan sólo cuando algunos sospechan que la guerra puede ser usada por el gobierno para militarizar Rusia e imponer su victoria de este modo en las elecciones parlamentarias de diciembre, y en las presidenciales de junio próximos. Quien más sufre los apremios de la desintegración estatal es el ejército, el cual pretende rehabilitarse con la guerra en curso de la derrota que sufriera en ese mismo terreno hace cuatro años. Pero aquí hay dos grandes ilusiones. La primera es que la ocupación de Chechenia sea a la larga viable, o sea dominar un medio completamente hostil que no demorará en verse acosado por guerrillas, esto si antes los rusos no son frenados en las calles de la capital, Grozny. La otra es que el ejército no puede cumplir ningún papel de unificación estatal si asume la protección de un sistema económico semi-capitalista y semi-burocrático, que no es ni uno ni otro, sino de pillaje de las riquezas naturales. La restauración capitalista es incompatible con la independencia de Rusia y también con su unidad estatal. El imperialismo mundial ha estado apoyando políticamente la guerra de conquista de Rusia: los países de la Otan y la ONU no reconocen el derecho de Chechenia a la autodeterminación. A partir de aquí, les preocupa que la guerra no se desborde del norte al sur de las montañas del Cáucaso, donde se encuentran Georgia, Armenia y Azerbaidjan, poseedoras de yacimientos de petróleo o vías de pasaje del combustible a los mercados de Europa. La Otan ha tolerado la violación por parte de Rusia del límite de tropas que está autorizada, por acuerdos internacionales, a mantener en la región. El límite que Clinton le ha marcado a Yeltsin es precisamente Georgia, que recientemente pidió su ingreso a la Otan y a la Unión Europea. En la reciente reunión en Turquía de la Osce (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa), Rusia ratificó el compromiso de continuar el desmantelamiento de sus bases militares en esos países y en Moldavia. Los burócratas y capitalistas de Rusia alegan que necesitan pacificar la región, para impedir que se construyan oleoductos y gasoductos que pasarían por el sur del Cáucaso evitando el territorio ruso; pero Estados Unidos necesita exactamente lo mismo para construirlos. Un movimiento de independencia nacional de características islámicas sería más peligroso para los yanquis que el control ruso del norte del Cáucaso. En cambio, la disputa por los pasos del petróleo y del gas admite un statu-quo: Rusia al norte y la Otan al sur del Cáucaso. La presión del gobierno de Clinton por construir un oleoducto y un gasoducto que transporten esos combustibles desde Azerbaidjan a Europa, pasando por Georgia y Turquía, en lugar de seguir aprovechando los que pasan por territorio ruso, o de aprovechar la salida que para muchas de esas regiones ofrece el Golfo Pérsico; esta presión delata un designio estratégico de colonización norteamericana de extraordinario alcance. No solamente profundiza un enfrentamiento con Rusia y con Irán sino que lo obligará a una tutela completa sobre regímenes como el de Kazasjtan, Uzbeskistán, para asegurar una provisión de petróleo que permita costear la construcción de esos ductos. Un monopolio norteamericano del petróleo extendido al Cáucaso y a Asia Central significaría colocar a Europa y a Japón en una extraordinaria posición de rehenes del imperialismo yanqui. El destino de la unificación europea pasaría a definirse en un choque abierto con los norteamericanos. En resumen, la guerra de Chechenia es un episodio de una enorme crisis mundial; existe, en este sentido, un hilo de continuidad entre los Balcanes; el conflicto Turquía-Grecia y la cuestión de los kurdos; las guerras del Cáucaso; el conflicto sionista-palestino y en el Medio Oriente; y la desintegración de Rusia. A ese panorama sólo le están faltando la crisis bursátil norteamericana y las consecuencias que podría desencadenar; y una devaluación y crisis social y política en China.

1 de diciembre de 1999
Attac y el impuesto Tobin, un reformismo de crisis

La irracionalidad criminal del sistema capitalista y los estragos causados por los sobresaltos del mercado mundial han conducido, en el pasado, a muchos Intelectuales a romper con las ilusiones reformistas de su medio pequeño burgués para volcarse al comunismo revolucionario. Pero, al menos desde mediados de los años '20 y el reflujo de la ola revolucionaria que siguió a la Revolución de Octubre, estos intelectuales siempre han constituido tan sólo una minoría, cuya importancia reflejaba en líneas generales el vigor del movimiento obrero de su tiempo. En contrapartida, los sobresaltos del sistema capitalista han llevado también al surgimiento, en las filas de la pequeña burguesía, de corrientes que, por el contrario, buscaron aferrarse a toda costa a sus ilusiones reformistas y sacarle nuevo lustre. A partir de la Gran Depresión de 1929, cada uno de estos sobresaltos produjo su equipo de 'innovadores’, promotores de recetas más o menos novedosas (o que pretendían serlo) las cuales, aseguraban, permitirían transformar la vieja máquina corrompida del capitalismo en forma paulatina y sobre todo sin que fuera necesario atacar la dominación del capital sobre el planeta. La crisis financiera de estos últimos años no fue la excepción. Ya la bancarrota mexicana del invierno de 1994 (1), que de alguna manera fue el llamado de atención que precedió a la crisis actual, habla engendrado en el continente americano la “Coalición por la iniciativa de Halifax", del nombre de la ciudad canadiense donde debía reunirse la cumbre de los países del G7 en 1995. Esa coalición, formada por universitarios, profesionales, ecologistas y miembros de asociaciones humanitarias de diversos intereses, se había presentado a la cumbre del G7 munida de un plan de reforma del sistema financiero internacional. Pero como podía suponerse, casi no lograron llamar la atención de las delegaciones gubernamentales, demasiado ocupadas en defender los intereses a menudo contradictorios de sus capitalistas respectivos. A partir de allí, la crisis financiera ha vuelto a cobrar actualidad. Primero fue el hundimiento monetario en el sudeste asiático, en julio de 1997. Luego, al año siguiente, llegó el turno de Rusia y de Brasil. Y aun se podría hablar de muchos países pobres del Tercer Mundo, a los cuales la crisis también golpeó, pero tan pobres que el hundimiento de sus economías no suscitó tan siquiera una línea en la prensa de los países ricos. Sea como fuere, estos sobresaltos sucesivos vinieron a subrayar la profundidad de la crisis que afecta el sistema capitalista, al mismo tiempo que su > carácter devastador para las poblaciones y para la economía en general. Se podía esperar entonces el surgimiento de una nueva corriente ‘innovadora’, que se diera como objetivo reformar el capitalismo para hacer desaparecer sus crisis. Y eso ocurrió. En el día de hoy, esa corriente existe en la mayoría de los países, ricos. En Francia, está representada por la asociación Attac (Asociación para la j Tasación de las Transacciones Financieras para la Ayuda a los Ciudadanos), creada en junio de 1998 bajo el impulso, en particular, de periodistas del mensuario Le Monde Diplomatique y de un cierto número de semanarios y revistas más o menos ligados a lo que se conviene en llamar la intelectualidad de izquierda, desde Charlie Hebdo hasta Témoignage Chrétien. A partir del lanzamiento de la asociación, su nudo fundador ha recibido la adhesión de diversas organizaciones: sindicatos de la enseñanza (SNIUPP, SNES, SNESup, FGTE-CFDT, FSU), el sindicato de profesionales CGT (UGICT), de federaciones sindicales (bancos-CFDT, finanzas-CGT, sindicato unificado de impuestos SNUl, equipamiento-CGT, SUD-PTT), movimientos de desocupados (ACl, MNCP), la Confederación Campesina y diversas asociaciones (Droit Devantl, MRAP, CADAC, CEDETIM). Attac recibió también la adhesión de numerosos sindicatos y secciones sindicales locales, de municipalidades, etc. En fin, según las cifras que ella misma publicó después de siete meses de existencia, la asociación tendria 8.000 adherentes individuales y un centenar de grupos locales, cuya presencia se empieza a hacer sentir a través de declaraciones y peticiones en los sitios públicos de ciertas ciudades. Attac no es entonces solamente la iniciativa de intelectuales aislados. La asociación parece haber reencontrado un eco no sólo en las filas de la pequeña burguesía intelectual y en los aparatos sindicales reformistas, sino también en un público un poco más amplio, disgustado efectivamente por la catástrofe social que reina en Francia hoy en día y, más allá, a escala planetaria. Siendo así, ¿qué les propone entonces Attac para encontrar remedio? En su era la sigla de "Acción para un Impuesto Tobin de Ayuda a los Ciudadanos”. Después el nombre de la asociación cambió, pero no el eje de su programa que continuó siendo este impuesto Tobin. ¿De qué se trata entonces? Retorno a la crisis de los años ‘70 La idea de este impuesto se retoma de hecho a comienzos de los años ´70, cuando, después de la decisión americana de poner fin a la convertibilidad del dólar en oro, en agosto de 1971, el sistema monetario internacional tal como había funcionado desde la guerra es puesto en cuestión, dejando al descubierto una crisis monetaria rampante que hasta ese momento solo había sido disimulada. Pues, desde 1944, fecha de los acuerdos de Bretton Woods, todo reposaba sobre esta convertibilidad del dólar. En virtud de estos acuerdos, las tasas de cambio de las monedas de los países ricos eran valuadas en relación al dólar y oscilaban dentro de una franja estrecha definida por las autoridades monetarias establecidas en Bretton Woods. La abundancia de los dólares en circulación permitía que estos sirvieran como una suerte de ´moneda mundial´ y reemplazar en los cofres de los bancos centrales las reservas de oro que éstos ya no disponían en la posguerra. La convertibilidad del dólar en oro, sobre la base de una tasa fija, garantizaba la estabilidad del sistema. Esto no impedía que las diferentes monedas sufriesen reajustes periódicos. Pero éstos se hacían de manera controlada, en el cuadro de la cooperación entre bancos centrales y con la garantía de seguridad de las enormes reservas de oro norteamericanas. El sistema entonces casi no dejaba lugar a la especulación monetaria, menos aun cuando prácticamente todos los países ejercían un control estricto sobre los movimientos de capitales dentro de sus fronteras. Evidentemente, este sistema otorgaba la parte del león a la burguesía norteamericana, consagrando su posición de gran vencedor de la Segunda Guerra Mundial. Los estados europeos hacían funcionar la máquina de imprimir billetes para cubrir los enormes gastos dedicados a la reconstrucción de la posguerra y, para compensar, recurrían periódicamente a devaluaciones. Pero el dólar permanecía por definición inmutable. Las empresas norteamericanas podían así prestar fondos, comprar empresas, incluso crearías, en el resto del mundo, a un costo relativamente bajo, siempre viviendo de un mercado norteamericano por otra parte muy protegido y de todas formas poco amenazado por las competencias extranjeras. Esto no quiere decir que el Estado norteamericano no hiciera funcionar, él también, la máquina de imprimir billetes. La diferencia era que, contrariamente a los Estados europeos, podía 'exportar´ de alguna manera su inflación hacia el resto del mundo, haciendo que las otras monedas atadas al dólar la compartieran. Hasta que un día, a las sumas gastadas en favor de las patronales, se agregó el enorme agujero abierto en las finanzas norteamericanas por los gastos militares de la guerra de Vietnam. El déficit creciente del presupuesto norteamericano terminó por socavar la ficción del dólar inmutable y, de golpe, la credibilidad del sistema entero. Esto se expresó a través de una brutal ola especulativa sobre el oro en 1971, obligando finalmente a las autoridades federales norteamericanas a frenarlos gastos, poniendo fin a la convertibilidad del dólar en oro. A partir de ese momento, las horas de la estabilidad monetaria artificial basada en el sometimiento de las diferentes monedas al dólar estaban contadas. Uno a uno, los principales Estados industriales dejaron 'flotar' sus monedas, como dicen los economistas, es decir que dejaban a la oferta y a la demanda la tarea de fijar la tasa de cambio respecto de las otras monedas. El sistema de Bretton Woods había muerto. El impuesto Tobin y su inventor Desde entonces, no sólo se ve variara las tasas de cambio de las monedas unas en relación a las otras de hora en hora, sino también siguiendo a las bolsas. Fue posible entonces especular sobre estas variaciones a menudo muy débiles y fugitivas logrando beneficios importantes, a condición de actuar lo suficientemente rápido como para efectuar un gran número de transacciones con la misma suma de dinero en un corto lapso de tiempo, y por supuesto disponiendo de sumas considerables. Pero al mismo tiempo, esta posibilidad encerraba una amenaza para las finanzas de los Estados y un factor de inestabilidad mayor para el sistema monetario internacional, factor de inestabilidad que por otra parte se desarrolló desde ese momento en una escala muy diferente. Para responder a esta amenaza, James Tobin, profesor de economía en la universidad norteamericana de Yale, lanzó en 1972 la idea de un impuesto, muy bajo, sobre toda operación de cambio, a fin de desalentar las operaciones especulativas: ese es el impuesto Tobin que hoy reclama Attac en respuesta a la crisis financiera actual. Tobin, que tiene 81 años, fue formado por las corrientes de pensamiento que dominaban el período de la guerra, partidarios de un estatismo bien entendido que utiliza los recursos del Estado para pesar en los mercados, con el objetivo de compensar sus deficiencias y desequilibrios, pero sin imponer nada a la burguesía misma. Y es por esta razón que formó parte de los equipos de asesoramiento económico de Kennedy en la Casa Blanca a principios de los arios 60. Aunque no tiene una confianza ciega en los mecanismos del mercado, Tobin es un partidario decidido de la economía capitalista, es decir, tanto del mercado corno de la propiedad privada de los medios de producción, con su consecuencia ultima, la dominación de la economía mundial por un número restringido de grupos capitalistas gigantes. Su única preocupación es la de predecir su comportamiento para amortiguar los efectos aberrantes, en beneficio de estos mismos mercados y de los beneficios capitalistas. Por otra parte, no es por su propuesta de impuesto que Tobin recibió el premio Nobel de Economía en 1981, sino, entre otros, por sus I trabajos sobre la composición de las carteras de los fondos especulativos. Y por más que se lo escuche a menudo hoy en día, Tobin no fue jamás un reformador y menos aún un reformador social. Si se declara partidario del pleno empleo, por ejemplo, ciertamente no es por razones sociales sino porque sabe bien, como lo sabe todo economista de la burguesía, que los beneficios no pueden aumentar indefinidamente sin que la producción material aumente también. A este respecto, se pueden multiplicar los ejemplos: en una entrevista publicada en diciembre de 1996, en una revista del Banco Federal de Minneápolis, Tobin felicita a las autoridades monetarias americanas por el "espectacular descenso” de las cifras de desempleo. Y sin embargo, agrega, "podríamos decir que esto lleva a que el mercado de trabajo sea más manejable que lo que se creía. Hay relativamente poca gente que deja su empleo. Se podría pensar entonces que hubo un cambio favorable en la estructura del mercado de trabajo", cambio del que Tobin se congratula y que atribuye en parte "a que los sindicatos son débiles, mucho más débiles que hace, digamos, 20 años”. ¿Un "cambio favorable”? Sí, pero ¿para quién? No para los trabajadores, que están clavados en un empleo a tiempo completo, en el caso de que tengan un empleo, por el temor de encontrarse obligados a sobrevivir en esos pequeños empleos mal pagados de tiempo parcial, que constituyen lo esencial de los trabajos creados en EE.UU. en el curso de estos últimos años. Evidentemente es un cambio, pero sólo es favorable a los patrones que pueden así reducir sus costos salariales. Y ése es el motivo por el que Tobin se regocija. En cuanto a su comentario sobre los sindicatos, debería hacer reflexionar a los militantes sindicales que serán tentados a apoyar las ideas de este economista burgués. Hay también otras definiciones en esa entrevista que podrían hacer reflexionar a los miembros de Attac. Por ejemplo, cuando habla a favor de los fondos de pensión por capitalización invertidos en los mercados bursátiles, fondos que la Carta de Attac rechaza categóricamente. O también su propuesta para sanear el sistema de jubilaciones: de “aumentar la edad del retiro: se podría elegir indexarla, formalmente o no, sobre la esperanza de vida en la sociedad, no hay ninguna razón para que la edad normal de retiro continúe siendo de 65 años”. Ninguna razón para un profesor de Yale, quizás, ¿pero para los obreros que están debilitados por la explotación a los 50 años y tan a menudo no pueden casi aprovechar su retiro para el cual contribuyeron toda su vida? Pero, por supuesto, estas no son las preocupaciones de Tobin. ¿Un freno a la especulación financiera hoy? Para volver a su impuesto, Tobin señala en una obra aparecida en 1996 que “este impuesto simple penalizaría automáticamente las idas y venidas monetarias a corto plazo, pero casi no afectaría al comercio de mercancías o a las inversiones a largo plazo. Un impuesto de 0,2% sobre la compra/venta de una moneda con respecto a otra costaría anualmente 48% del total de la suma comprometida si ésta se efectuara cada día trabajado, 10% si se efectuara cada semana, 2,4% si se efectuara cada mes”. Matemáticamente, el razonamiento parece no tener falla. Se puede comprender en efecto que el hecho de tener que pagar ese impuesto podría disuadir a los especuladores, al menos en la medida que el beneficio que esperan de su transacción se ubique en una magnitud comparable a la de esa tasa, lo que en general sucede con las transacciones de compra y venta de menos de 24 horas, que constituyen alrededor del 70% de las transacciones monetarias. Hay que observar que la propuesta de Tobin apuntaba a poner aceite en los engranajes de la economía capitalista y de ninguna manera a trabar su mecanismo. La idea podía parecer seductora a aquellos que, en interés mismo de la producción capitalista, lamentaban que una parte creciente de los capitales se apartara de la producción para volcarse hacia actividades especulativas. No obstante, aún desde este punto de vista limitado, es dudoso que el impuesto Tobin tenga alguna eficacia, si es que algún día es aplicado. Esta propuesta fue formulada en efecto en una época donde el volumen cotidiano de transacciones monetarias era de apenas la veinteava parte del volumen actual. Hoy en día, los mercados financieros han cambiado mucho. A causa de la desregulación de los últimos veinte años, los bancos perdieron el monopolio en el papel de intermediarios financieros, reemplazados por las redes informáticas que cubren todo al planeta. Cualquier empresa que lo desee puede especular sobre los mercados financieros directamente, a partir de las computadoras de sus servicios de “riesgo financiero", como ellas mismas los llaman. El volumen de capitales que disponen los grandes operadores aumentó considerablemente en favor de una concentración financiera que sigue en aumento. También ha cambiado la diversificación de lo que se intercambia en los mercados financieros. Es lo que se ha dado en llamar “productos derivados", incontrolados e incontrolables, que aparecieron a comienzos de los años 80 y hoy juegan un rol importante en la política monetaria de los estados. Ahora bien, el volumen de apuestas comprometidas bajo la forma de productos derivados es considerable. El hundimiento espectacular del fondo especulativo norteamericano LTCM a fines de 1998, que provocó pérdidas importantes para toda una serie de grandes bancos mundiales, demostró que las pérdidas de los jugadores desafortunados pueden cifrarse en decenas o incluso centenares de miles de millones de francos. Los antiguos tabicamientos entre compartimientos del mercado financiero se han transformado en ficticios. La moneda de un país puede ser atacada tanto a través del mercado monetario como del mercado bursátil o por la especulación sobre productos derivados basados en tasas de interés volcadas sobre la deuda del Estado de ese país. El impuesto Tobin, tal como fue formulado más arriba, no toma en cuenta ninguno de estos fenómenos actuales, que sin embargo jugaron un rol decisivo en las bancarrotas financieras de 1994 y 1997/1998. Además, Tobin mismo lo reconoce cuando desliza al pasar, en la obra de 1996 mencionada más arriba, que sin duda también habría que encontrar un medio de tasar los productos derivados y de rever su impuesto para disuadir igualmente las transacciones de gran volumen. Pero no dice cómo hacerlo, como tampoco lo hace Attac. Tampoco dice cómo hacer para impedir que las sociedades financieras, que han hecho de la evasión fiscal una verdadera industria, encuentren la forma de sortear este impuesto. La respuesta de Attac consiste en reclamar el desmantelamiento de los paraísos fiscales. Pero, por un lado, ante la ausencia de una fiscalización única a escala mundial —y podemos ver con qué dificultades se tropieza una simple armonización solamente en la zona europea-—, no se ve cómo se podría lograr esto, y qué es lo que podría impedir que Nueva York o Londres se conviertan en paraísos fiscales comparados con París. Por otro lado, cuando se sabe que, por ejemplo en la hora actual, los productos derivados monetarios que escapan casi enteramente a toda reglamentación llegan a un monto superior a cien veces el presupuesto anual del Estado francés, y que la mayor parte está en manos de grupos financieros de los países ricos, podemos afirmar aquí también que los sectores más protegidos contra los controles financieros no son después de todo ni las islas Caimán, ni Jersey, sino los propios países del G7. De la mundialización reformista a los desvíos nacionalistas En la declaración final de un seminario organizado por Attac en enero último, se dice que el impuesto Tobin liberaría “sumas considerables que podrían ser consagradas a objetivos de igualdad social, de desarrollo sustentadle y de reparación de los males más graves provocados por las políticas de liberalización. Convocaría a la creación de estructuras internacionales de reparto y administración de fondos así liberados". He aquí entonces que los organizadores de Attac, muchos de los cuales declararon a menudo su oposición resuelta a lo que llaman la “mundialización", es decir a fin de cuentas a la intemacionalización del capital, proponen reformar esta mundialización reclamando la existencia de estructuras internacionales para repartir los fondos deducidos de la especulación monetaria! Pero elimpuesto Tobin ¿producirá tal lluvia de dinero? El mismo Tobin se muestra mucho menos optimista. Recuerda en una entrevista en Le Monde del 17 de noviembre de 1998 que “a decir verdad, en Europa, a menudo se han engañado sobre el sentido original de mi propuesta. Se pensaba que yo quería poner un impuesto a los movimientos de capitales para deducir de allí recursos que irían a una organización internacional, como la ONU, que los pondría al servicio del desarrollo o del medio ambiente. Esta de ninguna manera era mi prioridad”. Y de hecho, en otro artículo, estimaba que el producto mundial anual de su impuesto estaría, como máximo, en el orden de los 300 mil millones de francos, apenas un sexto del presupuesto del Estado francés, suma insuficiente para realizar el ambicioso programa mundial del que habla Attac. Lo que además es lógico porque, después de todo, el objetivo de esta ¡I tasa es precisamente el de reducir el volumen de las transacciones especulativas, que representan cerca del 90% de las transacciones monetarias. Queda por saber cómo este impuesto, o una versión mejorada de él, si es que se , puede encontrar una que se aplique a las diversas formas de especulación, podría í ser aplicado. Tobin explicaba, en la entrevista citada de Le Monde, que “sería suficiente que una veintena de países comenzaran, se pusieran de acuerdo, para que el impuesto pudiera tomar cuerpo". A continuación decía: “pienso que aceptar el impuesto podría ser una de las condiciones previas para ser miembro del FMI y del Banco Mundial". Evidentemente, como lo destaca por su lado Attac, se trata antes que nada de un problema de voluntad política. Por supuesto, hay políticos, aun de derecha, que no se oponen a un impuesto como este, al menos mientras solo se trate de hablar. Así Jean Royer, cuyas ideas no eran ciertamente de izquierda, presento en 1996 en la Asamblea Nacional el anexo 13 de un informe de la Comisión de Finanzas, el informe Auberger, donde se recomienda la adopción de un impuesto similar a la tasa Tobin de manera de dar al Tesoro más poder sobre las finanzas del país. Pero en las actuales condiciones ¿por qué los Estados, y en particular lo de los países ricos, tendrían esta voluntad política, cuando están en una competencia permanente por captar un flujo constante de capitales y para financiar su deuda pública, incluso para sustituir a su burguesía nacional que se rehúsa a invertir en los servicios públicos privatizados, como es el caso de Gran Bretaña? Esto no quiere decir que los estados no puedas decidir tomar medias al menos parciales contra la especulación. Se observó en el caso de Malasia, que después del hundimiento monetario en el sudeste asiático, impuso un control a las entradas y salidas de divisas de su territorio, aunque sea muy difícil saber con qué eficacia. También hay algunos países, como Chile, que obligan a los capitales extranjeros a dejar una especie de depósito de garantía por un período dado a partir de su entrada en el país, para impedirles su retiro demasiado rápido. Tobin mismo lo subraya a propósito de su impuesto diciendo, siempre en su entrevista en Le Monde, que “lo que hay que preservar para un país es la posibilidad de tener un mínimo de política monetaria nacional independiente. Eso es lo que me interesa. […] Sin mantener un mínimo de política monetaria independiente en un sistema como el nuestro, usted transforma los países de economías emergentes en sucursales bancadas de las economías dominantes”. Pero en un mundo económico dominado por el imperialismo, este tipo de proteccionismo, por más legítimo que sea en el caso de un país pobre, es o bien parcial e ineficaz o, si es serio, implica otros inconvenientes graves, como lo demostraron los ejemplos tanto de China como de Cuba. Los revolucionarios son solidarios con los países subdesarrollados que, por tratar de escapar al pillaje imperialista directo, han elegido el proteccionismo nacional (aun cuando muy a menudo esta elección sólo en parte surja de su voluntad y sus consecuencias estén agravadas por el boicot impuesto como réplica a su resistencia). Por el contrario, los revolucionarios no tienen ninguna razón para ser solidarios con las potencias imperialistas, que harían el mismo tipo de elección en el marco de la guerra económica que promueven unos contra otros. ¿Cuál sería la significación de tales medidas en un país como Francia, en nombre de una “política monetaria nacional independiente”, sino la de un repliegue nacionalista de consecuencias graves y riesgos para la población laboriosa, cosa que, dicho sea de paso, explica el entusiasmo de Jean Royer con el impuesto Tobin y prueba que él comprendió mejor su contenido que Attac. Ahora bien, en este plano, en los textos de Attac se pueden observar ambigüe-dades por lo menos inquietantes. Así, en el número 42 de la revista Maniére de Voir, publicada por Le Monde Diplomatique, el presidente del consejo científico de Attac, René Passet, escribe que “la libertad de intercambios no tiene sentido más que entre naciones con un nivel de desarrollo comparable […]. El argumento aboga en favor de I vastos conjuntos internacionales de librecambio, protegidos en su contorno. La Unión Europea, reencontrando su status de 'Comunidad’, constituiría un excelente. El restablecimiento del principio de la 'preferencia comunitaria' constituye entonces una medida indispensable, sin la cual la construcción europea se diluiría en una libertad de negocios mundial o perdería toda significación”. Si se lo comprende bien, ¡Passet recomienda entonces el repliegue de Europa! sobre sí misma, cerrando sus fronteras tanto a la especulación financiera como a las importaciones extranjeras, y la constitución de zonas similares alrededor de los otros países ricos dejando al mismo tiempo que el Tercer Mundo se pudra en la miseria! Aquí se ve adónde lleva la lógica de los que quieren a toda costa reformar el sistema que la dominación del capital vuelve irreformable. Sin contar que la continuación lógica de tal propuesta bajo el capitalismo sería ni más ni menos que la guerra de los bloques que se hubiera así formado protegiéndose contra las exportaciones de los otros bloques. Reencontramos la misma idea, formulada en forma aún más clara, en la misma revista bajo la firma de Bemard Cassen, presidente de Attac, que explica: “La regla a escala de las naciones y de las regiones del mundo debe ser la de producir y consumir en su mismo sitio, mientras que exportar e importar debería ser la excepción. Lo que no significa de ningún modo la autarquía. No hay otra forma de garantizarla estabilidad de los conjuntos organizados (países o reagrupamientos de países), el manejo democrático de su desarrollo y la protección de sus sistemas sociales”. La parte de verdad que se podría encontrar en esta afirmación de Cassen queda reducida a cero por la abstracción de su “regla” que, voluntariamente, deja en ambigüedad la cuestión de saber quién dirige la economía. Es verdad que en una economía racionalmente organizada a escala planetaria una parte de las exportaciones y de las importaciones actuales desaparecerla naturalmente, pues su única razón de ser es el beneficio y, por añadidura, el beneficio extraído precisamente del desarrollo desigual y de su agravamiento. Que se piense solamente en la destrucción de la autosuficiencia alimenticia en muchos países subdesarrollados, obligados de un lado a producir para la exportación hacia el mercado mundial y, del otro, a abandonar los cultivos alimenticios locales para importar productos alimenticios de base. Una economía racionalmente organizada a escala mundial deberá poner fin, en un gran número de países pobres, al monocultivo impuesto y restablecer los cultivos alimenticios. Se ve claramente el signo de la locura de la economía capitalista mundial en el hecho de que Burkina Faso, por ejemplo, produzca legumbres a contra-estación para el mercado europeo, mientras muchos de sus campesinos mueren de hambre en las tierras más pobres. El hecho de haber impuesto a Senegal el casi monocultivo del maní, y de haberlo obligado a cambiar sus hábitos alimentarios correspondientes a los recursos locales en beneficio del consumo de arroz importado de las colonias de Asia, y luego del de pan, es una de las expresiones del pillaje de este país. E incluso en un cierto número de sectores industriales, las corrientes de Intercambio internacional impuestas por los grandes grupos industriales en posición de monopolio no representan necesariamente una racionalización. Pero sostener, en abstracto, la “regla” de Bernard Cassen significa sobre todo la negación de los progresos que podrían aportar la existencia de una economía mundial y la posibilidad de colectivizar los recursos materiales y humanos a escala planetaria. ¿Qué significa, en el contexto actual de dominación imperialista en el mundo, "el manejo democrático de su desarrollo” para los países subdesarrollados? En el mejor caso, es una frase hueca. En el peor, una forma hipócrita de ocultar el hecho de que, después de decenios de pillaje, de remodelación de su economía en beneficio de la burguesía de las metrópolis imperialistas, estos países no tienen ninguna chance de salir del subdesarrollo por sus propias fuerzas. Es una forma de consagrar el derecho de las burguesías imperialistas de continuar haciendo fructificar los productos de este pillaje. Es verdad que las burguesías imperialistas no tienen la más mínima necesidad de un Cassen, ni de la justificación de quien sea, para asegurar este derecho… Un callejón sin salida Una publicación como Le Monde Diplomatique, que es vocera de los comités de Attac, tiene el mérito de denunciar algunos de los aspectos más aberrantes de la economía capitalista. Eso no es poco: tratándose de intelectuales, la elección de denunciar las injusticias y las irracionalidades de una organización social abyecta es infinitamente preferible a la de la mayoría que tiene la pretensión de formar opinión pública, que están de rodillas frente a la burguesía y para quienes el capitalismo es el único posible si no el mejor de los mundos. Tanto más cuanto la denuncia se apoya a menudo en elementos sólidos. Pretendiendo combatir al mismo tiempo el “liberalismo salvaje”, la especulación, y los “paraísos fiscales”, sin combatir el capitalismo, Attac responde a una necesidad en los medios tradicionalmente socialdemócratas y profundamente reformistas, pero decepcionados hoy por la práctica gubernamental de los socialdemócratas, en el poder en la mayoría de los países de Europa. Pues una vez en el poder, los Tony Blair, los Jospím, los Schroder, se deshacen de sus oropeles reformistas, abandonan toda idea aunque mas no fuera de arañar a la burguesía, incluso de tomar algún medida en favor de las clases pobres que pudiera comprometer la ganancia creciente que quiere acaparar la gran patronal. La socialdemocracia en el poder no es siquiera reformista: ejecuta servilmente los deseos de la gran burguesía. Attac responde de alguna manera a los decepcionados del “socialismo real”, asustados por la evolución del capitalismo y en desacuerdo con el “socialismo" gestionarlo del capitalismo, pero que no quieren o no pueden llevar la lógica de su oposición hasta el combate radical contra el capitalismo, y buscar los medios para conseguirlo no implicaría otra cosa que los medios intelectuales y las elecciones políticas para hacerlo. Para los más sinceros entre ellos, están perdidos entré dos aguas y están condenados a la impotencia. Para otros, su oposición al socialismo gestionado no les impide ser profundamente hostiles a las perspectivas revolucionarias del movimiento obrero. Attac afirma, por ejemplo, que quiere atacar la especulación. Pero el capitalismo es la especulación, o más bien la especulación es una de las formas normales del funcionamiento del gran capital en una época donde ya no es más capaz de engendrar el progreso contribuyendo al aumento de la riqueza de la sociedad. Pero Attac se cuida bien de lanzar tal anatema contra el capitalismo. Al contrario, en un texto aparecido en Le Monde Diplomatique en mayo de 1998, Bernard Cassen se distancia de antemano del marxismo y de su crítica del capitalismo. A las “medidas despóticas” de la dictadura del proletariado preconizadas por el Manifiesto Comunista de Marx, opone “el fracaso de los regímenes que se reclamaban comunistas (que) desacreditaron toda transformación de la sociedad que tendría el ‘despotismo’ como medio y el Estado como único agente”. Ahora bien, ¿qué proponen Attac y Bernard Cassen si no confiarse en la buena voluntad de los gobiernos que, desde hace tres décadas, hacen pagara la población laboriosa tanto de los países ricos como de los países pobres los gastos de una crisis que se inició a comienzos de los años 70? ¿Qué perspectivas ofrecen a los que I querrían terminar con los desórdenes, los destrozos y la miseria de la crisis, si no de peticionar frente a esos políticos que están sometidos frente a los menores deseos de la burguesía, es decir de los especuladores? Attac se confía en el “despotismo" del Estado de la burguesía para obtener la puesta en funcionamiento del impuesto Tobin o la supresión de los paraísos fiscales. Combatir la mundialización financiera sin combatir el capitalismo es, en el mejor de los casos, una utopía. Hacer un llamado al Estado para combatir el capital financiero es disimular la subordinación de los Estados al gran capital. Y es, en nombre del combate contra algunos aspectos presentes del funcionamiento capitalista, justificar de antemano su funcionamiento eventual en el futuro. Pues no se puede excluir la posibilidad de que, en caso de catástrofe financiera i resultante de la especulación, los Estados vuelvan al proteccionismo, al control estatal de los movimientos de capitales, sea de forma concertada, lo que general mente significa que los Estados capitalistas más poderosos imponen su voluntad, sea cada uno por su lado. En una cierta fase de la crisis de 1929, para salvar al capitalismo de la debacle, las burguesías imperialistas más poderosas supieron ¡utilizar el estatismo. Pero ni el New Dea! norteamericano y mucho menos el estatismo de la Alemania nazi volvieron al capitalismo más racional o menos feroz, al contrario. Y el estatismo mismo, de medio para salvar la economía del hundimiento, se I transformó de una manera natural en un medio para preparar la guerra. Los círculos Attac son, como mucho, susceptibles de dar elementos para un diagnóstico exacto de numerosas aberraciones e injusticias de la economía capitalista actual. Ya es suficiente, se podría decir. Pero Attac tiene también una ambición política, i en particular la de reagrupar corrientes políticas diversas y múltiples, individuos, asociaciones. ¿Pero por qué hacerlo? ¿Con qué programa? ¿En qué perspectiva? Los iniciadores de Attac ignoran las clases sociales, la lucha de clases y se rehúsan a ver en la clase obrera la única fuerza social que tiene a la vez un interés objetivo y la fuerza para transformar fundamentalmente el orden económico y social. Se reducen a súplicas. Significativamente, la acción principal de Attac ha sido hasta el presente el lanzamiento de una petición nacional pidiendo “solemnemente a la representación nacional y al gobierno francés" que tome un cierto número de medidas, entre otras el impuesto Tobin. “Que el gobierno tome una iniciativa ejemplar en este sentido requiere la apertura de un debate sobre estas cuestiones, en el Parlamento y en el país, y el pedido oficial de su inclusión en el orden del día de una próxima reunión, ordinaria o extraordinaria, del Consejo Europeo.” La “dictadura de los mercados financieros" debe temblar frente a la idea de una “iniciativa" tan “ejemplar" La reivindicación del impuesto Tobin no es un pequeño paso, quizás insuficiente, pero pequeño paso al fin en la buena dirección. Es un callejón sin salida y un engaño. No propone un objetivo limitado, al alcance inmediato de una eventual movilización de masas que éstas podrían sobrepasar en la dinámica de la lucha de clases para ir más allá, pues por irrisorio que parezca el impuesto Tobin, la decisión de introducirlo, es competencia del FMI, de la banca mundial o, por lo menos, de una coalición de Estados como el G7. El resultado de estas medidas, si fueran introducidas, seria irrisorio. Sin embargo, paradójicamente, su introducción, en tanto que objetivo de lucha para los trabajadores, está fuera del alcance de estos últimos, salvo en el caso de un combate poderoso y sobre todo internacional de la clase obrera. De la misma forma, aun en la hipótesis inverosímil en que todas las victimas del gran capital se movilizaran detrás de este objetivo, los gobiernos tendrían siempre la posibilidad de descargarse sobre sus, vecinos que “no lo quisieran" o bien, por el contrario, de tomar la decisión sabiendo que no tendría ninguna consecuencia y de presentarla como una victoria sobre la dictadura ' del mercado. Por su misma naturaleza, la reivindicación del impuesto Tobin está i destinada a ser una súplica impotente a los gobiernos. Es verdad que se han visto súplicas que terminaron en revoluciones contra dictaduras distintas a la del “mercado financiero internacional": por ejemplo el zar de todas las Rusias que hizo su experiencia en 1905. Pero el cura Gapón no hizo gran cosa y las súplicas fueron una etapa rápidamente superada. Y luego, el zar, su palacio y sus hombres estaban al alcance físico de las masas en lucha. No se puede I decir lo mismo de la banca mundial o del G7. Por supuesto, hay algunos, entre los que hacen circular el petitorio o que se reúnen en los comités Attac y en particular entre la juventud estudiantil, para quienes, esto representa la expresión de una rebelión contra un sistema injusto e irracional. En su evolución personal, esto puede incluso ser una etapa en su concientización. Para muchos, ésta es sin duda la etapa final: comprender no los incita a actuar, sobre todo cuando se trata de una comprensión parcial y platónica. Los comités Attac tienen la ventaja de ofrecerles una cierta forma de buena conciencia… Pero aquellos para quienes comprender es actuar no deben quedarse en las ideas brumosas de un pontificador de la economía política burguesa. Ellos encontrarán en los viejos textos de Marx y de los marxistas infinitamente más elementos de comprensión del mundo capitalista de hoy que en las obras de todos aquellos, de Keynes a Tobin pasando por muchos otros, que la burguesía colmó de honores, prebendas y premios Nobel. Sobre todo, encontrarán un método de razonamiento V una forma de entender la realidad, comenzando por esa idea fundamental que dice que para comprender el mundo, hay que querer transformarlo. Y es esta comprensión la que podrá llevarlos a salir de la ineficacia esencial de los comités Attac o de toda otra asociación del mismo tipo, llevándolos a elegir el campo del proletario, la actividad en el terreno de la única clase social que tiene la fuerza para realizar esta transformación social que, sin esa clase, está condenada a seguir siendo, en el mejor de los casos, un sueño inaccesible. (*) Extraido de Lutte de Classe (mensuario de Lutte Ouvriere) N°42, del 9 de abril de 1999. 1. Se refiere al invierno del Hemisferio Norte, ya que el ´tequilazo´ mexicano tuvo lugar en diciembre de 1994.

1 de diciembre de 1999
Japón: La depresión económica y la economía mundial

Difícilmente pueda encontrarse en toda la última década un fenómeno económico más relevante que el prolongado estancamiento que viene sufriendo la economía japonesa desde 1989. Aunque Japón produce el 12% del PBI mundial y es el mayor acreedor internacional, su economía ha sido inmune a las excepcionales medidas de reactivación que han adoptado sus gobiernos. Para Ronald McKinnon, profesor de economía internacional de la Universidad de Standford de los Estados Unidos, «… la incapacidad para diagnosticar el prolongado hundimiento económico de Japón, con la inversión privada y el consumo languideciendo y el sistema bancario en perpetua crisis, se ha convertido en el gran fracaso de la macroeconomía moderna» (1). Afirmaciones como ésta, abundan en la prensa económica. Otro ejemplo: «bajo cualquier aspecto, la crisis económica japonesa, en esta década, ha sido una pesadilla. Una vorágine de precios de activos en caída, crisis bancarias, beneficios empresarios reducidos y aumento de la deuda del Estado (…) Ahora, los mejores cerebros económicos están confundidos. ¿Por qué las políticas típicas de la posguerra para impulsar una economía no han funcionado en Japón?» (2). Esto ha ocurrido a pesar de la centralización extraordinaria de la política económica japonesa. El cuadro general A fines de 1989, el derrumbe de la Bolsa de Tokio puso fin al ciclo especulativo iniciado en 1985 que había multiplicado varias veces los precios de los valores accionarios e inmobiliarios (mientras que el PBI, en el mismo período, no alcanzaba a crecer el 30%) (3). Después de un débil crecimiento que apenas arañó el 1% anual entre 1990 y 1996, Japón ha entrado en una profunda recesión: en 1997, su PBI cayó 1% y en 1998 volvió a caer, esta vez 3%. Esta recesión constituyó un récord histórico para el Japón: fue la primera vez, desde la Segunda Guerra Mundial, que la economía japonesa cayó por dos años consecutivos. Algunos indicadores alentadores del primer trimestre de este año fueron sólo el intervalo a un nuevo derrumbe: en el segundo trimestre, los gastos de capital cayeron más del 15%; las ventas se redujeron 6% y «los beneficios sufrieron un colapso del 24%, la peor caída desde 1975» (4). La capacidad industrial instalada excedente es estimada en 700.000 millones de dólares, el equivalente a la inversión bruta de todo un año (5). La utilización de esa capacidad instalada es la más baja en los últimos doce años (6). En otras palabras, el potencial recesivo que acumula hoy la economía japonesa, después de toda una década de caída de la inversión, es todavía mayor que en 1989. Lo confirman dos indicadores claves: la demanda de automóviles viene cayendo desde hace 19 meses consecutivos y la de acero es la más baja de los últimos 27 años. Una medida cualitativa del retroceso industrial japonés es que no hay ninguna rama, a nivel mundial, en la que sus empresas tengan una posición dominante, ni desde el punto de vista comercial ni, tampoco, del adelanto tecnológico. Como consecuencia del derrumbe de los precios de las acciones y de las propiedades que actuaban como garantía de sus créditos, los bancos japoneses han acumulado préstamos en mora por la enorme cifra de más de un billón de dólares (¡el 25% del PBI!), de los cuales el 30% son directamente incobrables. Como consecuencia de este derrumbe, algunos grandes bancos (como el LTCBJ) han quebrado y muchos otros han sido estatizados para ser saneados y luego reprivatizados. La deuda total de las compañías bancarias y financieras en quiebra viene en aumento, así como también, el número de quiebras de grandes compañías, que ha pasado de 20 (entre marzo de 1997 e igual mes de 1998) a 37 (entre los mismos meses de 1998 y 1999) (7). La cuestión bancaria es todavía mucho más grave de lo que estas cifras indican ya que los bancos japoneses tienen inflados los valores de las propiedades que han recibido en garantía en más del doble de su valor de mercado. Por todo esto, un diario financiero británico planteó, hace poco más de un año, la necesidad de estatizar a todo el sistema bancario japonés (8). La Bolsa de Tokio, que alcanzó los 45.000 puntos en su pico, ha caído por debajo de los 15.000 puntos, lo que significa una evaporación de capitales por 3,5 billones de dólares. La desfinanciación del sistema previsional japonés supera el billón de dólares, «una cifra superior a los créditos impagos que acumula la banca» (9). La desfinanciación de las compañías de seguro, por su parte, se estima entre 3 y 5 billones de dólares (10). «La economía japonesa está en una depresión estructural, no en una recesión cíclica» reconoce una revista especializada (11). «Ya no caben muchas dudas: la economía de Japón está sufriendo la misma enfermedad que arrastró a los Estados Unidos en la década del 30. En Tokio, las cuestiones del día son las de la Gran Depresión…», confirma otra publicación (12). La gravedad de la cuestión es evidente. «Japón podría experimentar un demoledor colapso económico», que tendría un efecto devastador no sólo sobre Asia sino también sobre los propios Estados Unidos y la economía mundial en su conjunto al «reforzar la muy perversa tendencia a la deflación global» (13). Esta perspectiva «causa pánico en Washington» (14). Una década de fracasos Los sucesivos gobiernos japoneses gastaron toda la década buscando la vía para sacar al país del estancamiento. Se adoptaron, uno tras otro, once paquetes de estímulo fiscal (aumento del gasto público, incluido el gasto armamentista y reducciones de impuestos) por casi 5 billones de dólares, una cifra superior al PBI japonés. Al fracaso de cada uno de estos paquetes para sacar adelante la economía, le sucedía un paquete mayor. Se redujeron sustancialmente las tasas de interés para permitir que los deudores morosos reestructuraran sus obligaciones y para impulsar el crédito al consumo. La baja de las tasas alcanzó el récord histórico del 0,02% para los préstamos del Banco de Japón (banco central) al sistema bancario, virtualmente dinero gratis. Como esto no alcanzó, en marzo pasado el gobierno directamente inyectó 67.000 millones de dólares en los quince mayores bancos para mejorar sus balances. Además, financió la fusión de toda una serie de bancos e instituciones problemáticas; otras, quebradas, fueron directamente estatizadas. Esta masiva aplicación de los «remedios clásicos» (15), en gran medida «adoptados bajo la presión de los Estados Unidos» (16), estuvo lejos de permitir que el Japón escapara a la espiral deflacionaria y depresiva. En el curso de la década, como consecuencia de la inyección de fondos públicos, la deuda pública japonesa creció hasta convertirse en la mayor (en relación al PBI) de todo el G-7, el grupo de las potencias imperialistas. Oficialmente, alcanza a 6 billones de dólares, equivalente al 120% del PBI. En realidad, más que lo duplica porque existe un régimen de presupuesto paralelo que adeuda al sistema postal unos 2 billones de dólares por lo menos. Además, hay que considerar la deuda de la red ferroviaria y la desfinanciación del sistema previsional estatal. En 1992, hace tan sólo siete años, la deuda pública japonesa apenas llegaba al 70% del PBI. Un diario destaca que el deterioro de las finanzas públicas japonesas ha sido «sorprendentemente rápido (…) la trayectoria de su deuda luce crecientemente como la de un país del Tercer Mundo como Tanzania» (17). Recientemente, las calificadoras de riesgo internacionales degradaron la deuda pública japonesa y el economista norteamericano Rudiger Dornbusch la ha calificado, directamente, como «bonos basura» (18). Tan fenomenal inyección de gasto público (19) no logró sacar al país de la recesión porque las empresas, sobreendeudadas y con una enorme capacidad instalada excedente, no necesitaron aumentar sus inversiones. La demanda estatal tampoco alcanzó para compensar la caída de la demanda privada, exhausta bajo una montaña de deudas. Las reducciones impositivas, a su turno, no lograron aumentar el consumo privado porque las familias no aumentaron sus ingresos efectivos, como consecuencia de la generalizada caída de los ingresos de los asalariados (por el aumento del desempleo y la reducción de los salarios). El aumento de la deuda pública es potencialmente explosivo porque plantea el aumento de las tasas de interés futuras. Un alza de las tasas en Japón «amenazaría a las economías de Asia (…) y se extendería a través del Pacífico para alcanzar los negocios de la costa californiana y las tasas de las hipotecas en Florida, debilitando a la economía norteamericana» (20). Un semanario británico plantea una perspectiva más sombría: «El temor (de los inversores externos) es que el gobierno pueda perder rápidamente el control de sus finanzas o, peor, que el endeudamiento ya se encuentre fuera de control. Este es potencialmente un escenario de pesadilla: una repentina pérdida de confianza, fuga de capitales, tasas de interés crecientes y una corrida contra el yen» (21). La envergadura de la deuda pública japonesa ya se presenta como un problema para la economía mundial en su conjunto. «Nadie sabe continúa el mismo semanario cuánto daño podría causar esto a los Estados Unidos, a Europa y al resto del mundo. Pero el shock resultante seguramente podría empequeñecer las recientes crisis financieras» (22). Hay quien dice, sin embargo, que la deuda pública japonesa no debería causar demasiada preocupación porque, al mismo tiempo, Japón tiene una masa de ahorros privados de 6,4 billones de dólares. Pero aun si se pudiera compensar ahorros con deuda, esto sólo crearía una economía de contado que iniciaría un largo período de declinación económica. Más probable todavía es que la quiebra sea precipitada por una fuga de los ahorros, que no querrán ser destruidos por la crisis. El salvataje oficial de los grandes bancos tampoco ha cerrado la crisis bancaria. Lo testimonian dos hechos relevantes. El primero, que los ocho mayores bancos japoneses volvieron a registrar pérdidas en sus balances de fines de 1998 y que «muchos analistas permanecen escépticos» a los anuncios de los grandes bancos de que obtendrán beneficios en 1999 (23). El segundo, la quiebra de dos importantes bancos regionales, el Kokumin Bank, en abril, y el Namihaya Bank, en agosto. La quiebra de este último es especialmente significativa porque se trata de un banco que había nacido de la fusión, financiada por el gobierno, de otros dos bancos virtualmente quebrados. La crisis de la banca regional, que hasta el momento había estado en un segundo plano, requerirá un salvataje que algunos analistas estiman en 25.000 millones de dólares (24). En cuanto a los grandes bancos, la crisis, simplemente, ha entrado en una nueva etapa. A pesar de la rebaja de las tasas de interés y la inyección de fondos gubernamentales por 67.000 millones de dólares, las carteras podridas de los grandes bancos se redujeron apenas un 0,7% entre marzo de 1998 e igual mes de 1999 (25). Pero la otra parte del problema es que los bancos no tienen a quién darle préstamos porque «el país todavía está lleno de empresas que están endeudadas hasta la nariz y que son demasiado débiles para invertir hacia el futuro. Son compañías lo suficientemente grandes como para ahogar el crecimiento económico» (26). El hiperendeudamiento, el exceso de la capacidad instalada, la extrema debilidad de los mercados y los nulos beneficios explican que «la demanda de crédito bancario (por parte de las empresas) haya registrado, entre julio de 1998 y el mismo mes de 1999, su mayor declinación desde que se llevan mediciones. La demanda de créditos viene cayendo desde hace 19 meses en forma consecutiva» (27). Por eso, «los 17 mayores bancos japoneses combinados tienen ingresos apenas superiores a los de los dos mayores bancos norteamericanos» (28). Sin clientes para sus créditos, los bancos sentirán las consecuencias en sus cuadros de resultados: además de los créditos incobrables, serán golpeados también por sus escasos ingresos. La rebaja de las tasas provocó una severa desfinanciación de las empresas aseguradoras y de los fondos de pensión, que pagan a sus clientes rendimientos (establecidos de antemano) del 5%, pero no obtienen más del 1,5% por sus colocaciones. El monto estimado de esta desfinanciación es todavía superior al de los créditos incobrables de los bancos pero, a diferencia de éstos, no hay montada ninguna red de salvataje. Por eso, ya se especula que «en algún momento será necesario el dinero de los contribuyentes para ayudar a tapar este agujero» (29). Todo esto ha creado una enorme contradicción: en Japón hay una fenomenal expansión de la base monetaria y, sin embargo, la creación de crédito es nula. ¿Dónde ha ido a parar todo ese dinero? Una parte, pequeña, sirvió para financiar la deuda pública japonesa. La mayor parte ha ido a parar al exterior, por dos vías distintas: la primera fue la masiva inversión de los bancos, los fondos de pensión y las compañías de seguro japoneses en bonos del Tesoro de los Estados Unidos y acciones norteamericanas (cuyo rendimiento es muy superior al de los bonos japoneses); la segunda fue «un regalo japonés a los mercados mundiales de bonos y acciones, ya que los fondos de inversión extranjeros llenaron sus bolsas tomando prestados yenes baratos y convirtiéndolos rápidamente en activos norteamericanos y europeos» (30). En resumen, la política monetaria del gobierno japonés ha servido para financiar una gigantesca fuga de capitales, la que a su vez alimentó la burbuja especulativa mundial, en particular el fenomenal ascenso de las acciones de Wall Street. La fuga de capitales japoneses es de tal magnitud que ha superado el excedente de su comercio exterior, desarrollando la tendencia a la devaluación del yen que prevaleció hasta mediados de este año. Hace ya dos años, señalábamos en Prensa Obrera que «el ciclo ascendente de la Bolsa de Nueva York no (es) la expresión de la fortaleza de la economía norteamericana (…) sino de un profundo desequilibrio de la economía internacional. Esto porque los récords de Wall Street (son) la contrapartida del hundimiento financiero japonés» (31). Esta especulación internacional, sin embargo, teme tanto a un colapso de Japón, como a una recuperación. Un colapso tendría como consecuencia la contracción monetaria, vía devaluación e hiperinflación, y una gran falta de fondos, lo que obligaría a la repatriación del capital japonés en el exterior. Una recuperación, incluso parcial, incentivaría el retorno de los capitales japoneses así como una revaluación del yen. En esta última hipótesis, la deuda pública se encarecería enormemente. El estancamiento japonés, decíamos, «es la causa fundamental y decisiva del crecimiento ininterrumpido de las cotizaciones accionarias en Wall Street» (32). Todo esto ilustra la precariedad de toda la economía mundial. Los motivos de un fracaso ¿Por qué han sido ineficaces los masivos paquetes fiscales y monetarios, con el agravante de que han creado la bomba de la deuda pública? La capacidad del gobierno japonés para seguir aplicando esta política parece estar llegando a su límite. Con una deuda pública que duplica su PBI, «la situación fiscal de Japón es ahora tan precaria que aquí (en Tokio) hay crecientes dudas acerca de cuánto más podrá continuar el primer ministro Keizo Obuchi gastando furiosamente con la esperanza de revivir la economía» (33). En la misma dirección, uno de los principales economistas del banco de inversiones norteamericano Morgan Stanley sostiene que «la actual política fiscal casi ha gastado su última bala» (34). El propio primer ministro japonés demostró la conciencia que tiene del agotamiento de esta política cuando dijo, a principios de este año, que «sólo nos queda declarar una guerra para aumentar más el gasto público». Lo mismo sucede con la política monetaria. «La actual política de tasas de interés (nominales) cero es claramente insuficiente» (35). Para que baje de cero es necesaria una fuerte inflación combinada con una fijación, por parte del Estado, de la tasa de interés (36). Tanto la política monetaria como la política fiscal han chocado con la misma piedra: el enorme exceso de capacidad instalada y la enorme montaña de deudas acumuladas, es decir con la enorme sobreacumulación de capital en todas sus formas. Sin depurar al capitalismo japonés de esa montaña de capital excedente lo que significa, al mismo tiempo, decretar el hundimiento del capitalismo japonés todas las medidas de política económica están condenadas al fracaso. Por eso, no necesitábamos esperar el fracaso del enésimo paquete fiscal para anticipar, hace más de un año, que «desde el punto de vista económico, las posibilidades de una reactivación japonesa están completamente agotadas» (37). El capitalismo japonés pretende abrir una esperanza de renacimiento sin pasar por el filo de su propia guillotina. Es decir que pretende prescindir de la ley del valor, o sea reproducir un capital que no es «socialmente necesario» desde el punto de vista capitalista. La guillotina implicaría la liquidación de una enorme masa de fuerzas productivas al nivel compatible con el restablecimiento de la tasa de beneficio. La política oficial del Japón que ha sido respaldada y, hasta un cierto punto impuesta, por los Estados Unidos ha tenido por objeto, precisamente, evitar la depuración del capital excedente, o proceder a esa depuración de una forma gradual, o sea indolora para el capital. De ahí surge la enorme deuda pública que ha creado la incertidumbre acerca del plazo que exigirá esta transición y de los peligros que plantea para una economía mundial también minada por la sobreproducción de capital. Esta política ya estaba muy desarrollada antes del estallido de la burbuja. La especulación inmobiliaria y bursátil (es decir la creación de una enorme masa de capital ficticio), alrededor de la cual giraba toda la economía japonesa hasta 1989, fue financiada y promovida (con una masiva emisión monetaria) para sostener una tasa de beneficio declinante. La salida a la crisis de los 80 provocó el derrumbe de los 90. En su intento de evitarle al Japón y a la economía mundial el mal trago de una depresión generalizada (38), los defensores del capitalismo pretendieron impunemente violar las propias leyes del capital y eso fue lo que denominaron política anticíclica. «Esos medios extraeconómicos mostraban a un régimen que se estaba sobreviviendo a sí mismo: no eran las fuerzas productivas del capital las que, desenvolviéndose libremente, superaban los obstáculos a su desarrollo sino la intervención de una fuerza exterior, de un poder extra-económico, el poder político del Estado (…) Toda la teoría anticíclica keynesiana de intervención del Estado para superar las crisis mediante la aplicación de medidas impositivas, del gasto público, la inflación y el déficit fiscal son las propias de un médico frente a un enfermo senil al cual sólo se quiere prolongar la agonía, colocándole las muletas de la intervención económica del Estado» (39). Pero las leyes del movimiento del capital se han vengado cruelmente de los economistas. El obstáculo a la valorización del capital es el capital mismo, no la insuficiencia de la demanda o de la propensión al consumo. Los esfuerzos extraeconómicos por evitar la depresión, agravaron violentamente la sobreacumulación del capital y, con ello, han replanteado el problema a una escala todavía superior. Una fuga hacia adelante Los economistas norteamericanos critican al gobierno japonés por haber aplicado «tarde» o de manera «insuficiente» la política anticíclica. Paul Krugman, por ejemplo, reclama que Japón continúe emitiendo «hasta provocar inflación». Un representante de la banca europea, Richard Jerram, de la ING Baring, reclama «que Japón debe expandir su base monetaria en un 25% (cuando la variación de precios es nula y el PBI cae) y elevar ligeramente la inflación» (40). Un especulador en los mercados monetarios, Andrew Krieger, dice que «el gobierno japonés debe instigar las expectativas de que los precios van a subir. Esto puede lograrse a través de masivos recortes a los impuestos personales incluyendo la completa abolición del impuesto al consumo y del fuerte compromiso de mantener las tasas de interés en cero» (41). Estos consejos tiene su costado interesado: para los especuladores internacionales, la política emisionista del Japón ha sido, como ya se ha mencionado, un regalo que les ha permitido alimentar la bicicleta internacional a un costo virtualmente nulo. Además, serviría para cebar la demanda mundial a costa del Tesoro de Japón. El Banco de Japón no comparte el entusiasmo por agregarle inflación a la depresión. Por eso esteriliza la emisión monetaria que ha provocado en los últimos meses el ingreso de dólares a la Bolsa japonesa. Esta política ha sido calificada de «timorata» por los economistas norteamericanos. Para responder a críticas como ésta, Yoshio Nakamura, nada menos que director de la Federación de Organizaciones Económicas del Japón, utilizó palabras muy fuertes: «¿Qué es lo que quieren?», preguntó indignado por los análisis de las compañías extranjeras. «Ellos no quieren la recuperación económica de Japón», concluyó (42). Se trata, pura y simplemente, de una fuga hacia delante: ni la emisión ni el recorte impositivo pueden dar cuenta de la fenomenal sobreacumulación de capital, que tapona todos los poros de la economía japonesa. ¿Las reestructuraciones son una salida? Junto con los paquetazos fiscales y monetarios, Estados Unidos ha venido presionando fuertemente a los gobiernos japoneses para que impulsen la reforma y la apertura de su economía. Bajo esta presión, «Japón se ha convertido en el principal campo de batalla de las fusiones y adquisiciones» (43): en la primera mitad de 1999, se han firmado casi mil acuerdos de este tipo, por un valor de 25.000 millones de dólares (contra menos de 100 acuerdos por 17.000 millones en 1993). Se espera que esta actividad de adquisiciones y fusiones se acelere todavía más después de que el gobierno japonés apruebe una reforma impositiva que reduzca sustancialmente los impuestos por la compra de una empresa por otra mediante el intercambio de sus acciones. Esto requiere, sin embargo, el desmantelamiento de los conglomerados japoneses (keiretsu), que, en algunos casos, entrelazan a un banco con empresas de primera línea de la industria; en otros, a los pulpos industriales con una diversidad de sus proveedores; finalmente, los que integran a la industria con el comercio. Este desmantelamiento permitiría, de un lado, que se incorporen capitales nuevos para proceder a la reestructuración de la industria; por el otro, liberaría a los bancos para financiar esa reestructuración y nuevas fusiones en la industria. ¿Alcanzará este proceso de centralización del capital para producir la depuración del capital excedente en Japón? La experiencia de dos décadas de reestructuración de la industria europea del acero demuestra que, pese al despido de miles de trabajadores y al cierre de numerosas plantas, no ha logrado reducir sustancialmente la capacidad instalada. «¿Por qué, en industrias que tienen un extremo exceso de capacidad, sigue aumentando la inversión? Porque hay una lucha para ver quién se va a ir a la quiebra como consecuencia del exceso de capacidad. Los capitalistas compiten entre ellos para ser más productivos, para bajar más los precios y para mandar a la lona al otro. El capital quiere superar la sobreproducción sobreacumulando y agravando en consecuencia la próxima crisis. (…) La anarquía del proceso de la producción capitalista aparece como un factor agravante o de incremento de este exceso de producción en ramas ya totalmente excedidas…» (44). Examinemos más de cerca las limitaciones de este proceso de centralización capitalista: el acuerdo entre la francesa Renault y Nissan, el segundo constructor japonés de automóviles, y la anunciada fusión de los tres mayores bancos japoneses. En marzo pasado, Renault anunció la compra del 37% del paquete accionario de Nissan por 5.400 millones de dólares, lo que lo convierte en el mayor accionista de la empresa japonesa. El acuerdo ha servido para evitar la quiebra de Nissan, que acumula una deuda de 37.000 millones de dólares (¡equivalente a cuatro veces su valuación bursátil!) y cuyas pérdidas en 1998 cuadruplicaron sus pérdidas de 1997. Desde hace cinco años, Nissan no registra beneficios y sus ventas en todo el mundo caen en picada. La inyección de fondos de la Renault ha salvado al constructor japonés en el preciso momento en que los principales bancos acreedores de la Nissan comenzaban a retacear nuevos créditos (45). Sin la reestructuración, «Nissan probablemente estaría fuera del negocio» en muy poco tiempo (46). Los problemas que enfrenta la reestructuración de Nissan son enormes. Si se limitan al simple cierre de algunas plantas y al despido de algunos miles de trabajadores, es posible afirmar que fracasará. Ninguna reducción de costos, por salvaje que sea, puede absorber una deuda que cuadruplica el valor de la empresa. Menos todavía, en el cuadro de un mercado mundial en retroceso. Esta cuestión de la deuda, precisamente, llevó a Ford y Chrysler-Mercedes Benz a desistir de sus intenciones de comprar a la Nissan. Esto a pesar de que las ofertas parecían especialmente tentadoras: por ejemplo, Nissan ofrecía entregar su división de camiones a Mercedes (antes de su fusión con Chrysler) a un costo cero; la alemana sólo debía hacerse cargo de sus deudas. Todo esto ha llevado a algunos analistas a calificar la fusión como «un matrimonio por desesperación de ambos lados» (47). Por el lado de Nissan, porque estaba al borde de la quiebra; por el lado de Renault, porque ya había fracasado en sus intentos de asociarse con alguna de las grandes terminales japonesas como Toyota y Honda, que no la consideran un socio deseable. «Es una alianza entre débiles», coincide un diario financiero japonés (48). En su política de reducción de costos, Nissan-Renault enfrenta un problema ya mencionado, que alcanza a toda la industria automotriz japonesa: el entrelazamiento accionario entre las terminales y sus proveedores. Una política de tercerizaciones y de búsqueda de proveedores a más bajo costo (incluso fuera de Japón) exige eliminar a los proveedores que, sin embargo, tienen participación accionaria en la Nissan. Una reducción sustancial de los costos de las autopartes, por otro lado, golpearía a los proveedores (incluso llevaría a muchos de ellos a la quiebra), lo que, como un búmeran, terminaría golpeando a las propias terminales (que tienen una participación accionaria en el capital de los proveedores). Una política de tercerizaciones y reducción de costos debería llevar a una liquidación de la tenencia de acciones cruzadas entre las terminales y sus proveedores, con el peligro de una caída de los valores bursátiles. Todo esto explica el escepticismo con el cual ha sido recibido el acuerdo. En la semana siguiente al anuncio, las acciones de Nissan cayeron 10% por «las preocupaciones acerca de las dificultades potenciales de la alianza» (49) y la «creencia del mercado de que esta alianza no tendrá un gran efecto de aceleración sobre la reestructuración de Nissan» (50). Para los observadores norteamericanos, «Renault tiene sólo una chance sobre cinco (una probabilidad del 20%) de que las cosas funcionen» (51). Otro analista afirma que «la visión generalizada de la compra por parte de Renault es que corre el riesgo de convertirse en el equivalente de tirar dinero en un agujero de ratas» (52). El verdadero riesgo entonces es que Nissan termine mandando al pozo a la Renault. «Si el acuerdo con la Nissan fracasa, la inversión dilapidada puede liquidar las posibilidades de Renault de permanecer independiente» (53). Tampoco las fusiones bancarias parecen anunciar una depuración sustancial de la capacidad excedente. El Industrial Bank of Japan (IBJ), el Fuji Bank y el Dai-Ichi Kangyo Bank (DKB), los tres mayores bancos japoneses, anunciaron su fusión a mediados de agosto. Otros grandes bancos, como el Asahi y el Tokai, están en el mismo proceso. La fusión dará lugar al mayor banco del mundo, capaz de competir de igual a igual con bancos de la talla del Citibank o el Deutsche. Más aún, el banco unificado tendrá una posición dominante en el mercado japonés, en parte debido a su enorme tamaño, en parte debido a que el gobierno japonés derogó las reglas que impedían que los bancos actuaran en distintas especialidades financieras. Los directores del nuevo banco anunciaron su intención de despedir a 6.000 trabajadores y cerrar el 25% de las sucursales, lo que les permitiría una reducción de costos de unos mil millones de dólares en los próximos cinco años. Esto parece apenas una gota de agua frente a las pérdidas registradas por los tres bancos en 1998 (8.700 millones de dólares) y la montaña de créditos dudosos e incobrables que acumulan. Un analista del banco norteamericano J. P. Morgan formula un virtual epitafio acerca de esta operación al afirmar que «mientras la fusión es una idea inteligente, la propuesta no se ocupa en ningún momento de la cuestión de los créditos irregulares» (54). «Existe el riesgo real dice un diario financiero británico de que la alianza simplemente vaya a crear un banco monstruo con la misma clase de problemas en una escala mucho mayor (…) Son tres bancos clase B (a escala mundial); unirlos sólo creará un banco clase B extremadamente grande» (55). El yen y el dólar El ya citado Ronald McKinnon, de la Universidad de Standford, sostiene que «el origen (…) de la psicología deflacionaria que deprime la demanda privada y comprime las tasas nominales de interés hasta cero, destruyendo la rentabilidad de los bancos (está en) las disputas mercantiles entre Japón y los Estados Unidos que con el tiempo condujeron al síndrome de un yen cada vez más alto …». Establecido este síndrome, la baja del yen respecto del dólar en toda esta década de estancamiento aparece como «temporaria». La conclusión es que la «trampa de liquidez (56) que sufre la economía japonesa ha sido impuesta externamente como resultado de la política de los Estados Unidos» (57). La salida sería entonces la enérgica devaluación del yen. La explicación de McKinnon parece atrayente porque explica el estancamiento de Japón, no como un fenómeno aislado, nacional, sino de la economía mundial en su conjunto. Las relaciones entre el yen y el dólar concentran estas contradicciones. La cuestión, sin embargo, es más compleja porque ya no se trata solamente de las «disputas comerciales entre Japón y Estados Unidos». Ahora se agrega la presión norteamericana para que Japón permita al capital norteamericano el acaparamiento de las joyas industriales y financieras de Japón y la conquista de su mercado de capitales. «Desde 1985 a 1988, el principal objetivo de la política monetaria del Japón fueron los Estados Unidos y no el propio Japón … para apoyar al dólar y para ayudar a los Estados Unidos a financiar su déficit externo» (58). «Al disminuir las presiones sobre el dólar y las tasas de interés, los japoneses nos aseguraron, nos salvaron de una recesión y, consecuentemente, garantizaron la elección de George Bush» (59). Los capitales japoneses ayudaron a cerrar el fenomenal déficit fiscal norteamericano (en esa época, de aproximadamente 150.000 millones de dólares anuales) y a superar la crisis internacional de las Bolsas de 1987. En este salvataje del capital norteamericano impuesto por Estados Unidos a Japón como consecuencia de su potencia política, militar y diplomática está el origen internacional de la burbuja especulativa japonesa de fines de la década del 80. Con la pinchadura de la burbuja y la subsiguiente fuga de capitales de Japón, la tendencia se invirtió: el yen comenzó a devaluarse y el dólar a revaluarse. La revaluación del dólar le permitió jugar el papel de una virtual moneda internacional en la orgía especulativa de la economía globalizada de los 90. Pero el dólar no es una moneda internacional y eso pronto se pondría en evidencia. Este movimiento contradictorio de las monedas la devaluación del yen y la revaluación del dólar llevó al estallido de las economías asiáticas en 1997. Los países del Asia, comercialmente condicionados a la competencia japonesa, resultaron perjudicados por la revaluación de sus monedas frente al yen, ya que sus cotizaciones estaban atadas al dólar. Los tigres exportadores del Asia comenzaron a sufrir déficits comerciales crecientes, que se financiaron con mayor ingreso de capitales, que provocaron mayor deuda externa privada y alzas todavía mayores de sus monedas. Cuando todas estas presiones se volvieron intolerables, los países asiáticos comenzaron a sufrir una fuga de capitales y una falta de financiamiento, lo cual desplomó sus monedas. Así, la política monetaria diseñada para que Japón pudiera escapar a la depresión la devaluación del yen provocó el derrumbe de Asia, el cual, golpeó brutalmente a su vez al Japón, que es el principal prestamista y el principal inversor en la región. A mediados de este año, las relaciones entre el yen y el dólar volvieron a invertirse. El masivo ingreso de capitales externos para la compra de acciones japonesas provocó una súbita revaluación del yen frente al dólar. La inversión de las tendencias provocó «pánico en los mercados» (60). No sólo porque el fortalecimiento del yen, al dificultar las exportaciones japonesas, podía provocar un «colapso demoledor» (61) sino porque se cortaba la bicicleta de tomar prestado en yenes e invertir en dólares. Un año antes, un movimiento similar provocó el colapso del LTCM, el principal fondo de especulación de Estados Unidos Llegado a este punto, aparece en toda su dimensión la debilidad del planteamiento de McKinnon que se comentó más arriba. ¿Cómo piensa el profesor de Standford que pueden solucionarse los desequilibrios entre el yen y el dólar? Si su causa son las disputas, la solución es un acuerdo. En esta dirección, propone un acuerdo comercial «limitando las sanciones bilaterales y terminando las (futuras) presiones de Estados Unidos por la revaluación del yen» y un acuerdo monetario «que estabilice la tasa de cambio entre el yen y el dólar en el largo plazo» (62). El problema es que la crisis tiende a agravar todas las disputas, sean comerciales o financieras y, por lo tanto, monetarias. Recientemente, por ejemplo, Estados Unidos impuso pesadas sanciones a los exportadores japoneses de acero y, en la rama automotriz, se libra una feroz batalla por el dominio de los mercados. La prueba más palpable del agravamiento de las tensiones es el veto norteamericano a la propuesta japonesa de constituir una zona yen en Asia y de poner en pie un Fondo Monetario Asiático para resolver la crisis de la región. Esta salida a la crisis asiática «habría implicado una autonomización sin precedentes del archipiélago (Japón) (respecto de los Estados Unidos) y le habría dado un rol hegemónico en la región» (63). Al promover al yen como moneda internacional, este Fondo Monetario Asiático habría actuado en detrimento del dólar y de la capacidad de la burguesía norteamericana de usarlo como un arma contra sus competidores. Sin embargo, la internacionalización del yen luce como muy conveniente para Estados Unidos, porque favorecería la estabilización del yen y la eliminación del terror que, en el país del Norte, produce su devaluación. Lo que le vendría muy bien a la industria exportadora norteamericana no le caería igual al capital financiero, el cual no quiere competidores a la hora de acaparar a los capitales asiáticos en bancarrota. La tasa de cambio entre el dólar y el yen no está determinada únicamente por el movimiento comercial sino por todos los flujos de capital de un país a otro. La crisis ha acentuado notablemente estos movimientos, tanto de capitales que escapan del Japón buscando una mayor rentabilidad en los mercados especulativos norteamericanos como de capitales norteamericanos que entran a Japón para comprar empresas quebradas. El agravamiento de la crisis hace todavía más volátiles estos movimientos. Por todo esto, la pretensión de determinar una «tasa de cambio de equilibrio» es una ilusión. Guerra Estados Unidos y el FMI no esconden su propósito de aprovechar la crisis japonesa para «desmantelar la política industrial japonesa» (64), o sea desmantelar a sus conglomerados. Para eso reclaman la quiebra de todos los pulpos insolventes, en especial los bancos, la utilización del dinero del fisco para resarcir a los acreedores y la apertura ilimitada al capital extranjero. En este camino, han dado pasos importantes. La financiera de la General Electric adquirió la quinta entidad japonesa de financiación del consumo, «una de las pocas áreas que ha crecido sostenidamente en los años que siguieron al colapso de la economía japonesa a fines de los 80» (65). El grupo Travelers, que viene de asociarse con el Citicorp, compró la tercera casa de operaciones bursátiles japonesa; Merryll Lynch se hizo cargo de los activos de la quebrada Yamaichi y Prudential se apoderó de los fondos de pensión administrados por el banco Mitsui. En la mayoría de los casos, los vendedores se asociaron en minoría con sus compradores. Algunos caracterizan a los progresos de los grandes bancos norteamericanos en el sector financiero japonés como algo «nunca visto antes» (66). Los norteamericanos son los principales operadores en el mercado de «fusiones y adquisiciones», en particular cuando una de las partes es un extranjero. El ingreso de capitales externos en la Bolsa de Tokio ha venido creciendo en forma consistente. En la actualidad, «los bancos extranjeros contabilizan un tercio de todas las transacciones en la Bolsa de Tokio, el doble que a comienzos de esta década» (67). Esto ha llevado a que los bancos norteamericanos que actúan en Japón registren beneficios récord … mientras los bancos japoneses no obtienen beneficios desde hace cinco años. Comentando la penetración del capital financiero norteamericano en las finanzas japonesas, un diario especializado señala que «muchos banqueros japoneses se preguntan si Tokio está destinada a convertirse en una versión financiera del torneo de tenis de Wimbledon, una competencia de nivel internacional que ofrece premios lucrativos, pero en la cual los jugadores nativos pierden con los extranjeros»(68). Aunque más lentamente, también en la industria está penetrando el capital extranjero. A la ya mencionada compra de parte de la Nissan por Renault, hay que agregarle la compra de una parte sustancial del paquete accionario de la Mazda por Ford (hasta ahora tenía una participación accionaria minoritaria) y los planes de General Motors para instalar plantas en Japón. Con todo, la compra más importante de una empresa industrial por una firma extranjera correspondió a los británicos de Cable & Wireless, que adquirieron la segunda mayor telefónica del Japón. Naturalmente, ésta no es una salida para el capital japonés. Este enorme flujo de inversiones ha sido comparado con «un tsunami (ola gigante) de capital en Japón» (69). Lo cual ha provocado la reacción defensiva de los capitalistas japoneses. Las fusiones entre bancos japoneses antes mencionadas tienen como principal propósito «evitar una mayor usurpación por parte de los grupos financieros extranjeros» (70). Nippon Steel de Japón y Pohang Iron de Corea, los dos mayores productores asiáticos de acero, están discutiendo una fusión, que ha sido calificada como «un acuerdo mutuamente protectivo (para) evitar una excesiva competencia en Asia». En cuanto a la industria automotriz, la resistencia es todavía más feroz. «Toyota está reforzando el control sobre sus proveedores en un intento de bloquear la penetración de firmas extranjeras» (71). Lo mismo hace Honda. Mazda, en la que Ford tiene el 33% de la acciones, ha advertido públicamente que «las empresas de autopartes de los Estados Unidos y Europa que buscan alianzas accionarias en Japón enfrentarán una firme oposición de los proveedores locales» (72). El gobierno japonés ha reforzado la línea defensiva de sus capitalistas sancionando una ley sobre fusiones que no les permite a los extranjeros adquirir empresas pagando con acciones y les impone cargas impositivas superiores que a las empresas japonesas. Refiriéndose a la férrea resistencia que está oponiendo el capital japonés a la penetración extranjera, un corresponsal en Tokio escribe que «el dinero se está moviendo hacia Japón como un buque tanque, pero, por el momento, no parece que haya lugar para él en el puerto» (73). Los gobiernos de Japón y Estados Unidos son plenamente conscientes del alcance político que puede acabar teniendo el agravamiento de las tensiones comerciales y financieras entre las burguesías de los dos países. Los acuerdos en el área de la defensa aparecen como una tentativa de aplacar, o al menos matizar, estas divergencias. El acuerdo naval japonés-norteamericano del año pasado (que pone a la flota japonesa como auxiliar de la norteamericana en el Pacífico), los emprendimientos conjuntos para la fabricación de misiles y las negociaciones para la formación de un comando militar conjunto ponen de manifiesto los intentos de ambos Estados por conciliar diferencias. Pero para Estados Unidos es un medio de acentuar su supremacia mundial, por ejemplo, en detrimento de la industria militar europea. La cuestión social La clase obrera y los explotados japoneses han sufrido de una manera aguda estos diez años de estancamiento. El desempleo se ha duplicado hasta alcanzar una tasa del 5%, la más alta desde el fin de la Segunda Guerra (74). Para más de un especialista, sin embargo, el desempleo real debería estimarse en el doble de esta cifra debido a que los métodos de cálculo que utiliza el gobierno japonés tienden a esconder la desocupación. «Las corporaciones japonesas están cerrando sus innumerables subsidiarias a una tasa récord (y) después de ocho años de recesión, el sistema del empleo de por vida está derrumbándose» (75). Los retiros voluntarios y las jubilaciones anticipadas se cuentan por decenas de miles. En el próximo período, coinciden los analistas, se producirán miles de despidos, en particular como consecuencia de las fusiones y reestructuraciones. Al mismo tiempo, los salarios han sido reducidos de una manera significativa, al mismo tiempo que aumentaban los ritmos de trabajo. Todo esto ha creado una enorme tensión en las empresas y en toda la sociedad. Un corresponsal extranjero explica que la principal causa de suicidio entre los japoneses es «el temor a perder el trabajo, las enormes cargas de trabajo como resultado de que muchos de sus colegas habían sido despedidos (y) la baja de los salarios» (76). Contra lo que sostiene la historia oficial, la clase obrera japonesa nunca gozó de un empleo de por vida. Este sólo regía para un puñado de grandes empresas y ahora se ha terminado. El 79% de los trabajadores, que son empleados por pequeñas y medianas empresas que trabajan como subcontratistas de los pulpos, «ignoran las ventajas ofrecidas por las grandes empresas (la garantía de empleo entre otras), las leyes laborales no son respetadas, no hay contrato de empleo escrito» (77). Sobre estos trabajadores se han descargado golpes brutales: sus salarios han sido reducidos entre un 30 y un 50% y la desocupación es sencillamente enorme. En una ciudad de 600.000 habitantes del interior de Japón, que el corresponsal toma como muestra de este «Tercer Mundo del aparato industrial japonés» (78), en diez años han cerrado 2.000 talleres (sobre 8.000), dejando más de 20.000 trabajadores en la calle. Dato interesante, el mismo corresponsal señala que en estas pequeñas ciudades se han registrado, en el pasado, «feroces luchas obreras» y que se observa «la solidaridad obrera» (79). Con todo, estos brutales ataques palidecen ante la perspectiva de la fenomenal confiscación que sufrirán los futuros jubilados como consecuencia de la desfinanciación que han sufrido los fondos de pensión. El gobierno japonés se ha mostrado «aterrorizado» (80) por el crecimiento del desempleo. La tensión social acumulada puede explotar como consecuencia de cualquier alteración brusca. No sólo una depresión, lanzando miles de obreros a la calle, podría encender la mecha. También podría encenderla una reactivación, que haga sentir a los obreros más confianza en sus fuerzas. La pólvora social acumulada en Japón plantea la re-emergencia de otra gran crisis de fondo entre la clase obrera de Japón y sus explotadores, bien superior a la que conmovió a Japón después de la Segunda Guerra hasta 1950. Se trata de una clase obrera de millones cuyo movimiento se hará sentir en toda Asia, en particular en Corea y en China. * * * No hay, en toda la década que termina, un hecho más relevante, desde el punto de vista de la economía mundial, que el prolongado estancamiento japonés, porque ilustra la tendencia del capitalismo actual a la depresión generalizada. Notas: 1. The Economist, 24 de julio de 1999. 2. Business Week, 12 de abril de 1999. 3. No son pocos los que han comparado la burbuja japonesa de los 80 con el alza de Wall Street de los últimos cinco años. En ambos casos, el crecimiento de los valores accionarios empujado por una política de masiva emisión monetaria fue muy superior al crecimiento de las respectivas economías y al de los beneficios empresarios. En Tokio a fines de los 80 y en Wall Street en la actualidad, el rendimiento de las acciones no alcanza el 1%. Hoy, en Estados Unidos, las «acciones Internet», cuyos precios son absolutamente desproporcionados por referencia a sus ventas (es imposible medirlos respecto de sus beneficios por la sencilla razón de que la mayoría de estas empresas nunca han dado ganancias), juegan el mismo papel de impulsar la suba de la Bolsa que jugó la propiedad inmueble en Japón en los 80. La depresión japonesa, entonces, puede ser vista como un «espejo del futuro» de los Estados Unidos si se pincha la burbuja de Wall Street, que debe su salud, antes que a cualquier otro factor, a la preeminencia política y militar del imperialismo norteamericano. 4. Financial Times, 8 de setiembre de 1999. 5. Business Week, 21 de junio de 1999. 6. Financial Times, 8 de setiembre de 1999. 7. Financial Times, 15 de abril de 1999. 8. Financial Times, 18 de setiembre de 1998. 9. Ambito Financiero, 22 de abril de 1999. 10. The Economist, 17 de abril de 1999. 11. Forbes, 6 de setiembre de 1999. 12. Far Eastern Economic Review, 11 de marzo de 1999. 13. Forbes, 6 de setiembre de 1999. 14. Financial Times, 1º de setiembre de 1999. 15. Business Week, 12 de abril de 1999. 16. The New York Times, 2 de setiembre de 1999. 17. Idem anterior. 18. The Economist, 5 de junio de 1999. 19. El destino de este gasto público es absolutamente parasitario: aeropuertos en ciudades que ya tienen otros dos, represas para ciudades deshabitadas, rutas y puentes que se superponen con otros ya existentes y un largo etcétera. Todo esto, además de un muy frondoso gasto militar (Japón tiene la mayor flota naval y aérea militares del Asia). La carga fiscal que recaerá sobre los municipios para pagar estas obras «explica las recientes protestas de masas» que se produjeron en varias ciudades del interior japonés (The Economist, 12 de junio de 1999). 20. The New York Times, 2 de setiembre de 1999 21. The Economist, 5 de junio de 1999. 22. Idem anterior. 23. Financial Times, 25 de mayo de 1999. 24. Financial Times, 14 de abril de 1999. 25. The Wall Street Journal, 23 de agosto de 1999. 26. Idem. 27. Financial Times, 11 de agosto de 1999. 28. The Wall Street Journal, 20 de agosto de 1999. 29. The Economist, 11 de abril de 1999. 30. Business Week, 12 de abril de 1999. 31. Prensa Obrera, 20 de marzo de 1997. 32. Idem anterior. 33. The New York Times, 2 de setiembre de 1999. 34. International Herald Tribune, 23 de agosto de 1999. 35. Forbes, 6 de setiembre de 1999. 36. En el sistema previsional privado argentino, las AFJP cobran una comisión (es decir, pagan una tasa negativa de interés) por los créditos que reciben de sus afiliados (sus aportes). 37. Jorge Altamira, «Informe internacional al IXº Congreso del Partido Obrero» (22 al 25 de mayo de 1998), en En Defensa del Marxismo, Nº21, agosto/octubre de 1998. 38. Los capitalistas y sus estados mayores intentan evitar, por todos los medios, la depresión no sólo por sus terribles consecuencias; antes que nada, lo hacen para evitar las fenomenales conmociones políticas y sociales que ésta puede desatar. No olvidan que la crisis del 29 alumbró el desarrollo de un combativo movimiento sindical en los Estados Unidos, las revoluciones en España y Francia y, como reacción a la revolución alemana, el ascenso del nazismo. 39. Jorge Altamira, «La crisis mundial (Informe Internacional al Vº Congreso del Partido Obrero; 24 de mayo de 1992)»; en En Defensa del Marxismo, Nº4, setiembre de 1992. 40. Business Week, 12 de abril de 1999. 41. Forbes, 6 de setiembre de 1999. 42. International Herald Tribune, 23 de agosto de 1999. 43. Financial Times, 6 de agosto de 1999. 44. Jorge Altamira, Informe internacional al IXº Congreso del Partido Obrero (22 al 25 de mayo de 1998); en En Defensa del Marxismo, Nº21, agosto/octubre de 1998. 45. Financial Times, 13 de marzo de 1999. 46. Business Week, 29 de marzo de 1999. 47. Idem. 48. Citado por Le Monde, 24 de marzo de 1999. 49. Financial Times, 13 de marzo de 1999. 50. Le Monde, 24 de marzo de 1999. 51. Business Week, 29 de marzo de 1999. 52. Forbes, 19 de abril de 1999. 53. Business Week, 29 de marzo de 1999. 54. The Wall Street Journal, 23 de agosto de 1999. 55. Financial Times, 23 de agosto de 1999. 56. Se denomina «trampa de liquidez» a la situación en que un banco central puede expandir indefinidamente la base monetaria sin afectar ningún precio importante en la economía y relajar las restricciones de liquidez sin incrementar la demanda agregada. 57. The Economist, 24 de julio de 1999. 58. The Economist, 28 de marzo de 1990. Citado por Andrés Roldán en «El derrumbe de la Bolsa de Tokio», en Prensa Obrera, 10 de abril de 1990. 59. Business Week, 8 de marzo de 1990. Citado por Andrés Roldán en ídem ant. 60. Financial Times, 16 de setiembre de 1999. 61. Forbes, 6 de setiembre de 1999. 62. The Economist, 24 de julio de 1999. 63. Le Monde Diplomatique, abril de 1999. 64. The Wall Street Journal, 13 de abril de 1998. Citado por Jorge Altamira en «En vísperas de otro derrumbe», en Prensa Obrera, 30 de abril de 1998. 65. Financial Times, 25 de julio de 1998. 66. Financial Times, 21 de junio de 1999. 67. Financial Times, 25 de mayo de 1999. 68. Financial Times, 21 de junio de 1999. 69. Financial Times, 17 de setiembre de 1999. 70. Financial Times, 23 de agosto de 1999. 71. The Wall Street Journal, 3 de agosto de 1999. 72. Financial Times, 6 de julio de 1999. 73. Financial Times, 28 de mayo de 1999. 74. No es posible medir la amplitud del desempleo en Japón comparando esta tasa con las de los países occidentales debido a que Japón muestra una de las tasas de natalidad más bajas del planeta, combinada con una elevada proporción de personas ancianas. Además, la participación de la mujer en el mercado laboral es relativamente baja por referencia a la de otros países. Por eso, la fuerza laboral del Japón, a diferencia de la de la mayoría de los países, es «declinante» (Business Week, 21 de junio de 1999). 75. Business Week, 9 de agosto de 1999. 76. The New York Times, reproducido por La Nación, 8 de agosto de 1999.

1 de diciembre de 1999
«Autogestionarios» de Bolivia

Se ha desarrollado en Bolivia una corriente denominada autogestionaria, con un impacto real en la intelligentsia de ese país, así como en algunos sectores del movimiento obrero. Su núcleo está compuesto por un grupo de ex militantes del EGTK (Ejército Guerrillero Tupac Katari), que realizó algunas operaciones armadas a inicios de la década del 90. Posteriormente fue desmantelado por la infiltración y la represión, siendo sus principales cuadros presos y salvajemente torturados, entre 1992 y 1997, por la democracia emenerreísta (con el apoyo del izquierdista MBL miembro del Foro de San Pablo). Ya en la cárcel, y después de su liberación (e incorporación, en el caso de su principal ideólogo, a la docencia universitaria) desarrollaron una serie de revisiones teórico-políticas, que los llevó del nacional-foquismo (el EGTK mezclaba, como otros grupos latinoamericanos, posiciones foquistas con un nacionalismo étnico indigenista) a sus posturas actuales. Estas están resumidas en la idea de que "cabe retomar, como consigna, la conquista de la democracia", referida a la frase de Marx en el Manifiesto Comunista (pero olvidando que Marx, en dicho texto, hacía de la "conquista de la democracia" sinónimo de "transformación del proletariado en clase dominante"). La evolución del foquismo al democratismo ha sido la norma, y no la excepción, en América Latina (el foquismo ha sido sólo excepcionalmente capaz de analizar sus errores con un método marxista, evolucionando, sobre la base de su programa original, al pacifismo democratizante, en la medida en que el propio imperialismo pasó del apoyo a los regímenes pretorianos a la defensa de los regímenes democratizantes). Así, el EGTK repetiría, a destiempo, la evolución que, en una escala mucho mayor, realizó un gran sector de la izquierda en Argentina, Chile y Brasil. La originalidad del ex EGTK consiste en el intento de hacer, en ese curso, tabla rasa de todo el pasado de la izquierda boliviana (en especial el PCB y el POR) y, hasta cierto punto, internacional. Estas izquierdas se habrían caracterizado, según el grupo, por su carácter "mesiánico", "profético", "dogmático" e "ideológico", rasgos que, en el caso boliviano, identifican con lo que llaman "la panfletaria del PCB y del POR". Las "ilusiones" de la revolución de abril de 1952 tampoco son perdonadas. Quienquiera que esté mínimamente al corriente de la historia del movimiento obrero y la izquierda boliviana podrá sorprenderse de la amalgama entre stalinistas y trotskistas hecha por el ex EGTK, dado que esa historia se caracterizó por la disputa entre poristas, pecebistas e izquierda nacionalista, que llegaron, no sólo a defender objetivos diametralmente opuestos, sino hasta encontrarse de lados opuestos de la barricada en graves enfrentamientos sociales. Para los ex tupac-kataristas, todo eso serían detalles, puesto que todas esas corrientes habrían compartido algunos presupuestos políticos básicos, a los cuales habría que contraponer otros que, por algún motivo no explicado, sólo ahora saldrían a la luz. Veamos, entonces, cuáles. El problema básico, según García Linera y Marta Gutiérrez (principales ideólogos de la corriente), sería que toda la izquierda boliviana carecería de una noción correcta del capitalismo, su desarrollo y leyes. Así afirman que "el problema con las fuerzas productivas en el capitalismo y lo que permite hablar de la necesidad de la superación de ese régimen social no es que no se desarrollen, al contrario: es porque se desarrollan en demasía, es porque resultan ya demasiado poderosas para el régimen actual, como dice Marx, que es posible postular la necesidad de un nuevo régimen social de producción. No es la manifiesta escasez de fuerzas productivas ni su estancamiento como piensa el negativismo catastrofista del izquierdismo confesional, sino su tendencia a la abundancia lo que lleva a mostrarse ineficiente y retrógrado al capital". La tendencia al desarrollo de las fuerzas productivas más allá de los límites estrechos que le impone el régimen social (las relaciones de producción) capitalista, es una constante histórica del capitalismo desde su nacimiento, como constató Marx en el Manifiesto Comunista. Esa tendencia está tan presente en la actualidad como lo estuvo en la época de la Revolución Industrial. Esto no significa que el capitalismo no conozca etapas diferenciadas de desarrollo que se caracterizan por preparar, de manera negativa y positiva (dialéctica), su sustitución por un nuevo régimen social. Para Engels, en su clásico Socialismo Utópico y Socialismo Científico, las sociedades anónimas ya eran una manifestación de superación (negación) del capital, en el marco del propio capital. Lenin, a su vez, constató (en El Imperialismo, fase superior y última del capitalismo) que la generalización de los monopolios mundializaba las condiciones materiales para la superación del capitalismo (eliminando la distinción entre países "maduros" e "inmaduros" para el socialismo) así como creaba una tendencia "tendencialmente" dominante hacia el estancamiento económico (y, por ende, político e ideológico), la "reacción en toda la línea", en el cuadro de la cual debían producirse crisis cada vez mayores, con sus alternativas de revolución socialista o regresión (barbarie). El capitalismo ha sido y no ha sido siempre igual a sí mismo. García Linera puede no estar de acuerdo con Lenin: lo que no puede es oponerle, sin criticarlo, una concepción ahistórica del desarrollo capitalista, siempre igual a sí mismo (y atribuir la concepción opuesta, vaya uno a saber por qué, al "confesionalismo"). Es con perfecta coherencia que el mismo autor reduce la "época de guerras y revoluciones", que testimonió las mayores crisis (dos guerras mundiales y todas sus secuelas) y las mayores revoluciones (Rusia, China, etc.) de la historia, a una marcha triunfal del capital que, astutamente, se habría escondido bajo otras formas ideológico-políticas (nacionalismo antiimperialista, socialismo): "Hoy sabemos que la sustitución de importaciones y la creación del mercado interno, lejos de crear opciones frente al desarrollo del capitalismo mundial, fue una de sus formas históricas de despliegue, que permitió la docilización y soborno de parte de las clases laborales, el disciplinamiento ciudadano de migrantes campesinos y la formación estatal de millones de consumidores de mercancías en disposición de ampliar la clientela de compradores de las multinacionales una vez bajadas las fronteras arancelarias. Igualmente, el socialismo realmente existente lo único que hizo fue desplegar por nuevos medios la mercantilización estatizada de la vida económica de estructuras sociales tan abigarradas como la de los países de Europa Oriental". Así, en nombre de la lucha contra el esquematismo, asistimos a la construcción de un súper-esquematismo, en el cual toda la historia moderna y contemporánea, con sus luchas enormes y sus millones de muertos, queda reducida a un despliegue omnipotente del capital, que no tendría una historia concreta ni, principalmente, contradicciones históricas. La única crítica posible a ese capitalismo imaginario sería de orden moral, oponiendo a ese modo de producción que siempre representa el progreso histórico, otro sistema social, que representaría un progreso mejor. La revolución social no sería, como para Marx, una necesidad histórica (sometida a leyes) sino una posibilidad, cuya realización tendría una base ideológica. Desde luego, esto no tiene nada que ver con Marx. Así no por casualidad el teórico y dirigente alemán también termina cayendo bajo las garras de nuestros revisores. Inspirándose en el muy, pero muy, confuso Jacques Derrida (a quien alegra la tarea de re-transformar a Marx en un "espectro", contra el titánico esfuerzo del Manifiesto de transformar el "espectro" comunista en realidad palpable), Raúl Prada Alcorteza afirma que: "Marx no solamente pertenece al porvenir, se adelanta a su tiempo e inaugura la episteme contemporánea, relativa a las ciencias de la información, a la ingeniería celular y a la teoría de sistemas, sino que también viene del pasado, de una memoria mesiánica premoderna". Si en Marx están presentes, de modo explícito, todas las grandes luchas sociales del pasado precapitalista, desde Espartaco hasta Thomas Munzer, no se sabe por qué todas ellas deben ser calificadas de "mesiánicas" (religiosas) en algunos casos lo fueron, en otros no ni por qué su memoria y, sobre todo, su reelaboración a la luz de las nuevas condiciones históricas, deba portar el sello del "mesianismo". A no ser que se quiera caer en el cliché del "judaísmo mal resuelto de Marx", ya bastante divertido (¿por qué no en su "complejo de Edipo"? Sería más moderno), y sin saber si los autores simpatizan más con el Marx epistemológico o con el mesiánico (o si antipatizan con ambos), esta banalidad archirrepetida acerca de la "contradictoriedad" del marxismo (religioso y científico al mismo tiempo) sólo consigue en realidad, es su único objetivo desdibujar la crítica marxista a las utopías del pasado y del presente, o sea, negar a la lucha por el socialismo su carácter científico (revelando, de paso, una comprensión ahistórica y adialéctica de la religión). Al final de cuentas, parece que el "confesionalismo" (religioso) izquierdista contemporáneo, tendría su origen en… el excesivo "cientificismo" de Marx: "Marx era optimista en cuanto al desarrollo de las fuerzas productivas, por cuanto éstas no sólo chocarían con las relaciones sociales de producción capitalista sino que organizaban, cohesionaban y fortalecían al proletariado, impulsándolo a cumplir su tarea revolucionaria de abolir la sociedad clasista y destruir el estado, entendido como dictadura de clase. Sin embargo, debemos matizar esta constatación, pues una lectura atenta encuentra en las interpretaciones de Karl Marx ciertas dudas sobre un desarrollo sin quiebras y retrocesos. En la contemporaneidad, en el período del capitalismo tardío, este optimismo no es sostenible; el proletariado, lejos de fortalecerse, se encuentra profundamente debilitado, además de fragmentado y deprimido moralmente. Este proletariado no tiene fuerzas como para salvar a la humanidad de la decadencia y de la sociedad de clases: se encuentra avasallado por los efectos devastadores del vertiginoso desarrollo de las fuerzas productivas en el conjunto de la vida social y de la sociedad". El concepto central en ese fragmento es el de "optimismo", y sería un poco inútil recordar al autor que el siglo XIX difícilmente reconozca un crítico más feroz del "optimismo (histórico) lineal", de derecha o de izquierda, que el propio Marx. Sin duda, las situaciones de regresión social (Bolivia es un ejemplo acabado) que el esquema de un capitalismo siempre ascendente, sin embargo, excluye producen desmoralización ("pesimismo") entre los explotados. El problema está en considerar "optimismo" y "pesimismo" como polos lógicos opuestos de una contradicción metafísica, en la que se excluyen mutuamente: en la dialéctica histórica real, existe entre ambos una relación de exclusión-inclusión: del "gran pesimismo" de la Primera Guerra Mundial, surgió el mayor optimismo ya conocido por la humanidad, el de la Revolución de Octubre. En fin, cabría apenas solicitar que los autores, por simple delicadeza, dejasen a Marx fuera de su vals arbitrario acerca del optimismo y la desmoralización. La oposición a Marx va más lejos, pues, según los autores, la única revolución anticapitalista de la historia habría sido… la de 1848: "La revolución del 48, la única revolución moderna hasta hoy donde el capital, aunque a escala continental en su medida, vio la propia muerte cara a cara". Todas las revoluciones del siglo y medio posterior (el más nutrido de la historia en la materia) habrían sido apenas, como vimos, astucias del capital, y aquí ya no estamos frente a una concepción conspirativa de la historia sino frente a una concepción delirante de la conspiración. "A escala continental": que en la revolución ilíria de 1848 (o, digamos, en la húngara de Kossuth, o aun en la lucha por la unificación italiana) el capital haya "visto la muerte cara a cara" es una afirmación que habría dejado a Marx bastante perplejo. Lo que Marx dijo, mucho más precavido, es que "la primera jornada histórica del proletariado bajo sus propias banderas" (las jornadas de junio en París) habría hecho desistir a la burguesía europea (en especial, alemana) de encabezar la revolución democrática (pero no de realizar la transformación capitalista de la sociedad, o sea, la eliminación del Antiguo Régimen por métodos no revolucionarios). ¿Qué quedó, pues, para la revolución social, hoy, con antecedentes históricos tan singulares? Pues que "para realizarse como auténtica reapropiación de la sociedad de sus propias fuerzas creativas, tiene como requisito e hilo conductor la autounificación comunal subjetiva y material, que le permita inicialmente liberarse de la frustración y aislamiento local en la que se hallan las comunidades entre sí y con el resto de las fuerzas laborales de la sociedad contemporánea; no otra cosa es la emancipación social". Esto porque "quien tiene que develar el curso real de cada sociedad particular es la propia historia real comprendida en su esencialidad medular, su desarrollo concreto aprehendido en profundidad por los conceptos que ella misma ayuda a recrear como momento de su realidad comprensiva". Como toda fraseología deliberadamente rebuscada, el fragmento citado no significa nada. El mismo autor se hace un poco más claro en otro texto: "La revolución social no es un golpe de mano que extermine a las familias burguesas ni mucho menos una medida administrativa en la que un jefecillo dicta un decreto de socialización; es un movimiento práctico, histórico, de larga duración, en el que el trabajo va quebrando y erosionando, incluso mucho antes del derrocamiento político de la burguesía, las relaciones de fuerza en la economía, la política, la cultura y la técnica, que sostienen al capital. Más aún, se trata de un proceso económico-político-cultural en el que el trabajo va creando las nuevas disposiciones, las nuevas actitudes y capacidades para modificar a su favor el control, la gestión de las condiciones materiales de producción de la economía, la política y la cultura. Este proceso revolucionario es un proceso histórico de décadas que se inicia mucho antes de la disputa abierta y nacional del monopolio de la violencia física y simbólica del estado". Dicho de otro modo, la revolución social sería todo el proceso histórico, y ya no se sabe por qué llamarla como tal (ella sería, simplemente, "la historia"). Marx, menos simplista (y más simple) diferenciaba, en cambio, claramente las "épocas de revolución social" de aquellas que no lo eran. Y, tras él, muchos marxistas hicieron lo propio con las "situaciones revolucionarias" (o contrarrevolucionarias) dentro de las "eras revolucionarias". Las condiciones para la revolución se reúnen, ciertamente, más o menos lenta o rápidamente, a lo largo de todo el desarrollo: si esto autorizase a decir que la revolución es "todo", esto significaría que, volviendo al punto de partida, ella es nada. Ahora bien, si ella es nada, esto significa decir que no existe, como proceso objetivo inscripto en las leyes de desarrollo de cada formación social. El autor llega, lógicamente, a esa conclusión: "No hay por tanto ni desarrollo de las fuerzas productivas ni crisis que prepare automáticamente el derrumbe del capitalismo; lo que ellas hacen es, por sí mismas, acrecentar el espacio de realización del capital. Para que las fuerzas productivas funden las condiciones materiales de una nueva sociedad, para que las crisis lleven la agonía a la civilización del valor, se necesita desplegar al interior de ellas, de las fuerzas productivas y las crisis, las fuerzas de autoorganización del trabajo, esto es, se necesita romper a través de una acumulación convergente de rupturas tanto corpusculares como totalizantes para la forma del desarrollo de las fuerzas productivas para y por-el-capital, reconvertirlas en fuerzas productivas del trabajo". Dejemos de lado lo de automático: si las crisis se limitan a ampliar el terreno de acción del capital (o sea que son, como para los teóricos burgueses, "procesos de destrucción creativa"), si ellas no llevan a la "agonía de la civilización del valor" (el capitalismo), si no manifiestan la tendencia hacia la auto-disolución del capital (o, en las palabras de Marx, "el límite del capital es el propio capital"), la "auto-organización del trabajo" (corpuscular o lo que sea) es pura arbitrariedad voluntarista o, para ser más claro, capricho de un ideólogo. La "autoorganización" de los trabajadores (como sujeto histórico, no "del trabajo", como categoría histórica del capital), en su forma más elevada es, justamente, producto de la toma de conciencia del carácter contradictorio, mortal y mortífero del capital: está basada, por lo tanto, en la objetividad de las tendencias paralelas y contradictorias (como toda tendencia histórica) hacia la autodisolución de la sociedad existente y hacia la creación de las premisas materiales de la nueva sociedad (creación hasta cierto punto independiente de la conciencia de los trabajadores o, para Marx, en Miseria de la Filosofía, "no se trata de lo que piense cada proletario individualmente, ni siquiera de lo que piensan en su conjunto, sino del ser social del proletariado y de lo que se verá obligado a hacer por ese ser"). Es totalmente coherente que los autogestionarios, en ese cuadro teórico, no vean las tendencias destructivas (y auto-destructivas) del capitalismo contemporáneo como un todo sino sólo sus problemas políticos o, tomando prestado los términos de la sociología burguesa, "de legitimación": "A diferencia del capitalismo liberal, el capitalismo de regulación estatal tiene problemas de legitimación; estos problemas de legitimación tienen que ver con las limitaciones reguladoras del mercado que derivan en el monopolio y con la desvalorización y deformación de la democracia". El problema del capitalismo no sería su anacronismo histórico sino su "disfuncionalidad", que se manifiesta en el terreno político ("democracia"): he ahí la base teórica para el planteo de una revolución puramente política ("democrática") ya superada por el desarrollo histórico, y para el abandono de cualquier perspectiva histórica de revolución social. Toda la revisión teórica del EGTK llevaba, finalmente, al democratismo burgués. La cuestión del partido es objeto del mismo reduccionismo abstracto y democratizante. Así, para García Linera, "lo que para Marx es el partido revolucionario de la clase, no es otra cosa que el proceso social de autoconstrucción obrera de su autonomía frente al capital, lo que tiene dos implicancias histórico-generales. En primer lugar, que es un proceso que compete a los trabajadores en su conjunto, en su totalidad y en su vida cotidiana, en un centro de trabajo, en una zona, en el país y en el mundo. En segundo lugar, que no puede ser sustituido por la abnegada militancia, la astucia teórica o la radicalidad de unos adeptos de algún profeta de secta: o el partido es un producto del movimiento de autoemancipación material del trabajo o no es más que una impostura de un puñado de impostores que hablan a nombre de los trabajadores". De la ultrageneralidad tautológica de que el partido de la clase obrera es… el de la clase obrera (borrón y cuenta nueva, parece querer decirle el autor al proletariado boliviano: hasta ahora sólo habéis construido sectas o seguido a algún profeta…) se deduce que el partido es todo el movimiento histórico de la clase, y no un momento o proceso específico, o sea, nuevamente, que no es nada. Marx, mucho más realista, ponía la construcción partidaria frente a dos problemas decisivos, en el Manifiesto Comunista: el de la competencia de los obreros entre sí y el de la movilización del proletariado por la propia burguesía (tema sobre el que Bolivia puede dar lecciones al mundo): "Esta organización de los proletarios en clase y, por lo tanto, en partido político, es constantemente rota por la competencia entre los propios obreros. Pero siempre renace, más fuerte, más sólida, más poderosa. En la medida en que se aprovecha de las divisiones internas de la burguesía, consigue obtener el reconocimiento legal de intereses particulares de los obreros así ocurrió en Inglaterra, con la jornada de trabajo de diez horas. "En general, los enfrentamientos de la vieja sociedad favorecen, de muchas maneras, el proceso de desenvolvimiento del proletariado. La burguesía vive en permanente lucha: primero, contra la aristocracia, después, contra sectores de la propia burguesía cuyos intereses entran en contradicción con los progresos de la industria; y siempre contra la burguesía de todos los países extranjeros. En todas esas luchas, se ve obligada a apelar al proletariado, a recurrir a su ayuda y, de esta forma, a arrastrarlo para el movimiento político. La misma burguesía da, pues, al proletariado sus propios elementos de educación política, o sea, armas contra sí misma". En las antípodas de Marx, García Linera procede a "una tercera rectificación de los postulados de emancipación…", que se refiere a que el "partido político de la revolución no es otra cosa que la sociedad misma en movimiento autodeterminativo. Sólo este partido puede conducir a la sociedad a la construcción de un nuevo poder-contra-el-capital porque sólo la sociedad vital, creadora, conduciéndose a sí misma, ha de producir con la misma energía que produce la riqueza material-planetaria que sostiene a toda la humanidad, las relaciones de fuerzas de poder que niegan y superan la relación de poder-de-el-capital." El partido de clase ya no es "de clase" sino "de la sociedad", cuyo problema no es la lucha de clases sino la "legitimación democrática". Adiós, por tanto, a la clase, al partido y a la propia revolución. Otros miembros de la misma corriente ya habían pronunciado su "adiós al proletariado" en nombre de los "excluidos": "¿Cómo no entender que los pertenecientes a una formalidad industrialmente organizada quienes tienen la suerte de tener un empleo aun si éste es abrumador y miserable, se refugiarán en un conservadurismo mezquino si ven por todos lados a millones de marginales más pobres y desesperados que ellos mismos, aspirando a desplazarlos de su única fuente de seguridad? ¿Cómo no comprender que en este ambiente muchos de los que conservan el privilegio de ocupar una función aunque subordinada en el orden del capital, prefieren ser cola de león y ya no cabeza de ratón?". El proletariado, "cola del león" (capitalista) ya no debe ser organizado sino (¡pobre!) "comprendido", esto porque la crisis, que sería "una fuerza productiva social del capital" (y no su negación) que ha producido "la concentración de la riqueza en cada vez más pocas manos y la transformación interna del tipo de actividad generadora de plusvalor en la que se funda la valorización del capital", transformación que hace que "a la reorganización del capital mundial no se le contraponga una auto-organización igualmente mundializada (no meramente local) del trabajo vivo y, por lo tanto, lo que también constituye una novedad objetiva de la actual crisis, es que las colectividades proletarias que están siendo agredidas más violentamente por las transformaciones de la subsunsión real del proceso de trabajo inmediato y de la división social del trabajo, son colectividades que han perdido, por el mismo desarrollo económico previo de los últimos 20 años, su relevancia y preponderancia nacional-mundial; son colectividades a las que se las ha ido desmantelando previamente a la crisis, que han disminuido su peso específico material social en la construcción local de la fuerza de trabajo asalariada y, además, son colectividades cuyos reemplazos no toman la forma de nuevos oficios localmente formados sino mundialmente reemplazados. Las fuerzas proletarias tradicionales se hallan entonces, al momento de la crisis, en una devastadora disgregación mundializada". En una palabra, estaríamos frente a un capitalismo de posibilidades multidireccionales e infinitas, frente a un proletariado diezmado. Que esto no encuentre correspondencia con los datos de la crisis económica y política de los últimos años, ni con los espectaculares enfrentamientos sociales (sea en los países avanzados o en los atrasados, o en los antiguos estados obreros burocratizados) es lo de menos. Lo más importante es que, programáticamente, esa caracterización impresionista está al servicio del abandono de cualquier perspectiva de lucha de clases en favor de una supuesta "revuelta de los excluidos" que, finalmente, es un puro pretexto para plantear la "recuperación" o la "des-deformación" de la democracia, o sea, la corrección del actual régimen social. Más importante todavía, lo expuesto no sólo sucedería en función de las peculiaridades de la crisis de los años 90 sino también del carácter ilusorio de todas las revoluciones del pasado: "Si el entorno es la guerra las sociedades orientales supieron responder a esta complejidad con la creación de estructuras sociales guerreras. Esta es la razón por la que las sociedades soviéticas y las populares pudieron desenvolverse adecuadamente en tiempos de guerra, pero no así en tiempos de paz, que es cuando entraron en crisis… No se puede negar el carácter social de estas revoluciones. Lo que ocurre después de su victoria es la dramática historia de la conformación de sociedades guerreras". Las revoluciones habrían sido productos de la guerra, la que, a su vez, sería una "anormalidad" del desarrollo capitalista y no su producto más legítimo de la era imperialista. Estamos frente a una apología del capitalismo, de arriba a abajo, del pasado, del presente y del futuro, de frente y de perfil. De esta corriente de pensamiento sólo pueden surgir unilateralidades. En un libro consagrado al desarrollo de la clase obrera boliviana, García Linera critica a los autores que lo precedieron, en especial a Guillermo Lora, por haber realizado una "mitologización de las propuestas discursivas obreras", reduciendo la "historia del movimiento de los trabajadores a la verificación, premonitoriamente establecida por la Tesis de Pulacayo, de la toma de conciencia revolucionaria por el conglomerado proletario a través de sus declaraciones públicas". Frente a ello, propone una investigación "orientada a la indagación en los modos de construcción de la identidad colectiva de los trabajadores para resistir, tolerar, aceptar e impugnar dichas relaciones de poder sobre las condiciones materiales de posibilidad existentes". En esa investigación, realizada por un vasto equipo de alumnos de Sociología de la UMSA (Universidad Mayor de San Andrés), y desde luego no carente de méritos e interés, se cae en el extremo opuesto al atribuido a Lora. El proletariado más movilizado de América Latina parece sólo haber existido en el interior de fábricas y minas, y la construcción de sus entidades de clase (o de "identidad colectiva", como las llama Linera) concluyen en su "conversión en parte de la composición orgánica del capital"(¡!). Aquí también la dialéctica entre macro y micro-historia se va al diablo y, fetichistamente, todas las conquistas de los trabajadores, de su movilización y lucha de clase (política, por tanto) acaban presentadas como otras tantas cualidades del omnipotente capital, verdadero demiurgo de la historia. El calificativo "autogestionario" atribuido a esta corriente es correcto en el sentido de que recoge lo peor que esa ideología produjo en las décadas pasadas en Europa (hasta transformarse en gestora… del capital: véase, por ejemplo, Michel Rocard, otrora máximo autogestionario francés, después primer ministro del imperialismo galo). Su argumento fundamental es el par libertad-igualdad, base de la ideología burguesa, siendo la autogestión considerada capaz de resolver su contradicción. La gestión es erigida en categoría metodológica para pensar las relaciones entre los hombres, lo que implica que las clases y su actividad no sean sino un medio que permite la instauración de una mejor gestión. La autogestión confunde los niveles económico, sociológico y político en la gestión, de la cual ella hace la realidad histórica esencial. Es cierto que los autogestionarios se proclaman partidarios del socialismo, pero le dan un contenido particular que hace que no sea una respuesta de la humanidad al problema fundamental de las fuerzas productivas sino el modo de gestión que permite abolir toda la dominación. No pensado en términos de clase, no es sino una posición democrática burguesa llevada al extremo de su lógica, donde cada uno es libre y todos son iguales. De ahí en adelante, todos los que se sienten dominados pueden adherir a este proyecto y, por eso, integrar una "nueva clase obrera" o constituirse como "nueva clase revolucionaria". El humanismo del proyecto le confiere una vocación para agrupar a la humanidad sufriente, desde el punto de vista material y moral, y para hacer desaparecer las barreras de clase. Los autogestionarios reconocen que la realización de sus votos presupone la socialización de las relaciones de producción, pero eso significa para ellos la supresión de toda autoridad y no la instauración de la dictadura del proletariado. Superada la cuestión fundamental de la dominación de clase, la violencia revolucionaria pierde su necesidad histórica. Sin duda, el surgimiento de este tipo de corrientes, que hacen del confusionismo y del escepticismo su bandera, expresa la descomposición de la antigua izquierda boliviana, en especial el PCB (hoy dividido en diversas fracciones) y el POR, transformado en secta nacionalista. Pero esas corrientes son apenas la expresión negativa de esa descomposición, no su superación revolucionaria, representando inclusive un retroceso ideológico en relación con la izquierda que con tanto empeño critican. Recorriendo ahora el camino de retorno de sus ilusiones del pasado, los autogestionarios no cesan de asombrarse por los poderes infinitos del capitalismo, que sólo tiene paralelos, en sus textos, con los adjetivos y denuestos que dedican a la izquierda del pasado y del presente: no son una corriente de combate al capital, sino un Caballo de Troya contra la izquierda.

1 de diciembre de 1999
La estrategia imperialista para América Latina
Edgar Ramirez Santiesteban

Huracán Ramírez es ex Secretario General de la Central Obrera de Bolivia (Cob) y miembro de la Oposición Trotskista "Hombres, ¡no celebréis todavía la derrota de lo que nos dominaba hasta hace poco! Aunque el mundo se alzó y detuvo al bastardo, la perra que lo parió está otra vez en celo". Bertolt Brecht (La increíble ascensión de Arturo Ui) Sí, es verdad, la cita parece una premonición antes que una excelente pieza de la literatura universal. Sin embargo no es así; algunos revolucionarios que habían visto, en medio de la algarabía generalizada, no sólo la emergencia del socialismo en nuevos países, tras la derrota del fascismo sino también riesgos, así sean distantes, de una reanimación de los elementos más crueles del capitalismo, son un acierto que nos sirve para que la desesperanza no nos haga creer que lo que hoy pasa es algo inexplicable e irreversible. No pocos de los que se preciaban de izquierdistas y revolucionarios se han perdido en las encrucijadas de la vida ante la agresiva globalización de !a economía. Otros, borrachos con el embrujo de una democracia que consideran sinónimo de libertad plena para los trabajadores, un espacio mayor y mejor para luchar, un abrirse de los senderos de la patria para avanzar hacia el destino histórico de los pueblos, se han incorporado entusiastamente a la estructura de los partidos y gobiernos neoliberales. Otros, ante el oportunismo institucionalizado, han hecho de la decepción una forma de vida. Es que los desafíos que se nos presentan ahora no sólo son novedades inexistentes en los manuales que se acostumbraba aprender de memoria, son verdaderos hechos desconcertantes. Sin embargo, eso que es considerado como modernización, globalización, etc., nos deja hambre, miseria y desocupación. ¿Habrá otra forma más cruel de ensañamiento contra los seres humanos? La economía de libre mercado y la democracia controlada, que han logrado carta de ciudadanía, han fabricado estereotipos que, una vez convertidos en propaganda, han servido de argumento para destruir todo. Se ha hablado de achicar el Estado, para que éste ya no se ocupe de la producción y sólo han convertido al Estado en un brutal represor del pueblo que no moderniza nada, mas por el contrario, retrocede en el tiempo a los momentos en los que la crisis social provocaba tantos desocupados que, para enfrentarlos, tuvieron que inventarse hasta guerras entre los dioses que exigían a los mortales obras monumentales, para demostrar sumisión y fe a ellos, materializados en pirámides y esfinges que se pueden explicar sólo por la utilización de millones de hombres para construirlos; pero sólo gracias a la coerción. Debemos convencernos de que el enemigo ha cambiado en sus formas de opresión y explotación y, para cambiar, ha aprendido de sus fracasos. Eso es ahora lo que nosotros debemos aprender y emprender los nuevos desafíos; porque mientras hay quienes han decidido dejarse estar y otros han capitulado, las masas de trabajadores están en plena lucha. Y los que queremos ser parte de esa lucha debemos proponernos estar a la altura del sacrificio de los pueblos, de los trabajadores empobrecidos, de las masas embravecidas y la incorporación en esa lucha no debe ser testimonial, también debe ser de un esfuerzo por saber lo que ocurre; pero no como un formalismo sino en todos sus aspectos, para la reflexión. Aquí va uno bastante rudimentario, intentando evaluar una parte de lo que es el enemigo contra el que la izquierda debe enfrentarse. Su significación va más allá del formalismo diplomático y tiene múltiples aspectos para la reflexión que, a esta hora, deja todavía sentir sus importantes rescoldos. La estrategia de dominación de Estados Unidos Economía de mercado, democracia controlada, recesión económica, déficit creciente de la balanza comercial, déficit fiscal, restricciones del gasto público, concentración del poder, empresarios ejerciendo el poder estatal, quiebra inducida de empresas del Estado, privatizaciones, desocupación, congelamiento de salarios, privatización de los servicios de educación y de salud, corrupción, movilizaciones, marchas de protesta, bloqueos, huelgas. Tal es, (más o menos) el panorama actual de nuestro país (1) que se repite con más o menos virulencia por los cuatro costados del planeta. Hace algo más de una década, este azote se gestó en el vientre de los capitales que decidieron sembrar los países pobres con la deuda externa, no hubo uno solo que resista tentación tan sensual, que invitaba a conocer los placeres de la bonanza de hoy, aunque hubiese hambre mañana. A esto se agregaba la derrota norteamericana en el Vietnam y el surgimiento de nuevos países con revolución triunfante, Nicaragua: el imperialismo estaba presenciando el desmoronamiento de la doctrina de seguridad nacional. La derrota en los campos político y militar obligó a la administración Reagan a modificar las formas de aplicación de lo que ellos llaman la estrategia de contención del comunismo y preservar su patio trasero para si, bajo el eufemismo de "América para los americanos"; es decir, una nueva política interamericana, formulado en lo que se conoce como los documentos Santa Fe I y II. La nueva estrategia de dominación imperialista propone una directriz para después de las derrotas. Su objetivo esencial: contraatacar y destruir, no sólo a los peligros que se ciernen sobre América Latina o, mejor, los intereses imperialistas en América Latina, sino ir más allá, destruir lo que consideran la madre de los males: el peligro comunista, bautizado así por ellos mismos. Esta estrategia de dominación imperialista fue desarrollada, en sus diferentes aspectos, por varios de sus estrategas, formando un conjunto único; una especie de Mein Kampf made in USA, que estructura, resume, recomienda y señala tareas, dirigidas a ejecutarse a lo largo y ancho del planeta. Prioriza tareas en aquellos puntos vitales del continente latinoamericano para controlarlos sin compartir con nadie ese privilegio. La geoestrategia aplicada en el planeta, en el continente y en nuestro propio país, permite a los norteamericanos desplegar a plenitud la estrategia de dominación imperialista. Si bien no debemos confundir la estrategia con la geoestrategia, como lo recomienda el capitán de navío Ismael Schabib, "así como a la geopolítica se la confunde con la geografía política". La geoestrategia "es la ciencia relativamente joven de las relaciones entre la estrategia y la geografía. "Además éstos vinculan la estrategia con la política que reaccionan una sobre otra por su intermedio", como lo señala Pierre Célelier. No queremos, de ningún modo, presumir de expertos en el tema. Lo que nos preocupa es que justamente Bolivia, nuestra patria, es uno de esos puntos geoestratégicos importantes de América Latina, según los planes yanquis. Limpiar de estorbos a Bolivia y el continente y preparar el copamiento militar de esos puntos geoestratégicos ya son un drama que se ha vivido en América Latina. Así, por ejemplo, en el documento "Una nueva política interamericana para los años 80", más conocido como Santa Fe I señala que: "Maurice Bishop tomó el poder en Granada en marzo de 1979. El nuevo aeropuerto de Bishop está siendo construido por cubanos. Este campo aéreo domina el profundo canal acuático que corre a lo largo de la isla de Granada a través del cual pasa el 52% de todo el petróleo importado por EE.UU. Los buques tanques de Arabia y América Latina entran al Caribe y dejan el petróleo en las refinerías de las Bahamas y las Vírgenes, Trinidad, Aruba, Curazao, para ser procesado y transportado por barcos a EE.UU. Además, más de la mitad del aluminio importado por EE.UU. desde el Caribe viene de Jamaica". La moraleja es que aquel pequeño país, con no más de cien mil habitantes, fue invadido por el ejército más poderoso del planeta porque su régimen era un estorbo para el control de aquel profundo canal acuático por el que pasan las materias primas que EE.UU. utiliza; pero, el ejemplo de Panamá es el más importante, porque en torno del general Antonio Noriega la propaganda del imperialismo ha creado toda una leyenda negra dirigida a la aplicación de las "recomendaciones" del Comité de Santa Fe. Veamos lo que dice ese documento: "El canal de Panamá juega también un papel vital en el abastecimiento del petróleo de EE.UU. Panamá está bajo control del ala izquierda del régimen militar, el cual, según la CIA, fue el intermediario en la transferencia de armas de Cuba y EE.UU. a los sandinistas en la conquista marxista de Nicaragua en julio de 1979". Esto significa que la invasión a Panamá y el apresamiento de su presidente no fue porque los norteamericanos quieren limpiar el continente de narcotraficantes sino de enemigos peligrosos para los fines de dominación imperialista. Pero, hay más. Panamá, en la geoestrategia yanqui, es la línea de partida para ambos océanos, es la Ilave para tener el cetro que convierte en amo de los océanos Pacífico y Atlántico a quien controle ese punto geográfico. Toda la política exterior yanqui, apunta, pues, a objetivos concretos señalados por la estrategia de dominación imperialista. El conjunto de esta estrategia expuesta y fundamentada en varios documentos elaborados por los estrategas norteamericanos son una unidad tenebrosamente armoniosa, que pretende responder a todos los problemas que la doctrina del "Cordón Sanitario" (etapa inicial de la estrategia yanqui) o que la Doctrina de la Seguridad Nacional no tomaron en cuenta; es su propósito corregir aquello en que se equivocaron, bajo un solo principio: el desempeño hegemónico de EE.UU. en el mundo. Los componentes de la estrategia de dominación imperialista son políticos, económicos, militares e ideológicos. La evaluación que ha efectuado de su política exterior, en las últimas décadas, ha Ilevado al gobierno norteamericano al convencimiento de que la política del garrote fracasó estrepitosamente, porque la Doctrina de Seguridad Nacional, concepción con la que convirtieron a los ejércitos en los gendarmes de sus propios pueblos, no logró frenar los procesos revolucionarios, más por el contrario, los avivó. Por eso, en su fuero interno, considera que si no hubiesen impuesto a un Batista, no habría triunfado la Revolución Cubana; si no hubiesen impuesto a la familia de los Somoza, no habría habido tampoco revolución sandinista. De ahí que la propuesta política fundamental de los EE.UU., es la instauración de gobiernos democráticos en América Latina, apropiándose así de las banderas por las que el pueblo luchó. Sin embargo, esa democracia es tan ajena y diferente a la que el pueblo buscó (y busca) con su lucha, porque la democracia expresa los intereses de aquellas clases y grupos sociales que la ejercen; y, en el caso concreto que hoy tocamos, allá donde volquemos los ojos, la democracia la ejercen los empresarios ligados al capital transnacional; ellos son los únicos beneficiarios. Por tanto, la nueva forma de aplicación de la estrategia yanqui en el plano político, entraña toda un concepción teórica y práctica de la democracia, apunta a la instauración y consolidación de un régimen democrático que garantice, no sólo la consolidación del gobierno temporal (aquel que en Bolivia cambia cada cuatro años) sino del gobierno permanente; es decir, del Estado en su conjunto. El documento Santa Fe II sostiene que "lo más importante es que el régimen latinoamericano es estatista por hábito, aun cuando esté dirigido por representantes electos democráticamente"; por eso no es casual que a esa apreciación se sume el criterio de que "si un gobierno electo no está acompañado por un cambio de régimen y un cambio en la cultura política, entonces EE.UU. y América Latina se separan aún más". Más adelante continúa: "los norteamericanos han tendido a creer que las elecciones democráticas no son suficientes para establecer actitudes democráticas en el gobierno permanente (es decir el Estado) y promover una mejoría en las relaciones entre EE.UU. y América Latina. Sin embargo, es convincente el hecho de que aún cuando se hayan instalado formas democráticas en América Latina (es decir gobiernos surgidos de elecciones) el patrón del estatismo no ha sido alterado". En el afán de imponer una forma de la democracia (al estilo norteamericano), los estrategas del imperialismo recomiendan, aumentar su presupuesto para Ilevar a cabo la "guerra cultural", dirigida a todas las instituciones del Estado, como ser las fuerzas armadas, el parlamento, el poder judicial, la burocracia, etc. Pero, también a las organizaciones del pueblo, como los sindicatos, organizaciones educativas, la iglesia y, desde luego, los partidos políticos, trabajo en el que incluyen a los grupos empresariales y comerciales. La democracia controlada y la democracia de masas En verdad, se proponen cambiar aquello que Caspar Weinberger, secretario de Defensa de EE.UU. de la Administración Reagan, Ilamó las seis pulgadas que van de oreja a oreja, es decir la forma de razonar y comprender los hechos. La democracia controlada es parte de la estrategia global estadounidense donde se debe votar cada cuatro o cinco años. Se ha Ilegado a confundir el acto electoral con la democracia. Y donde ese mecanismo incorpora a alguna izquierda, con el convencimiento de que lo hacen para fortalecer ese proceso, porque si no tuviesen espacio en él, la democracia sería débil; y hay quienes se han incorporado en los actos electorales con el convencimiento de que en el parlamento hacen oposición al modelo; otros, con el argumento de ganar espacios de poder, como si el poder pudiera conquistarse por pedazos. A esta altura, en Bolivia, como en otros países, la trama en la que a nombre de la democracia se resguarda privilegios, prebendas y excedentes para un pequeño grupo de beneficiarios se ha desnudado y la casta empresarial que convirtió a la democracia en su casamata institucionalizada ha quedado convertida en una farsa. Es que la democracia es utilizada como un artificio que sirve para encubrir lo que se ha marginado, principalmente a aquellos que sacrificaron su existencia para materializar la democracia a la que tanto aspiraban. La democracia, luego de un período de ejercicio, se ha sacado los pudorosos tules que la encubrían y se muestra como un sistema político que expresa el poder que se materializa en la promulgación de leyes que favorecen determinados intereses; muchas veces, la democracia ha tenido que aplastar las libertades democráticas que difícilmente las masas pueden defender. Este sistema político ha servido para despojar al país de las empresas de propiedad estatal, se han creado artificios legales que permiten que se hablen de millonarias inversiones que deben ingresar en Bolivia; sin embargo, uno de esos artificios que se denomina Ley de Capitalización de las empresas del Estado ha logrado que las multinacionales se apoderen de sectores estratégicos de la economía, como simple acto de pillaje. La democracia controlada por el imperialismo es parte de la estrategia global estadounidense, donde cada cinco años debemos votar dos veces. Y, hay que decirlo con claridad, quienes creen que en el parlamento hacen oposición al modelo con su participación democrática se engañan o, mejor, engañan al pueblo, porque esa participación coadyuva la aplicación de la estrategia imperialista en nuestra patria. En este juego, los partidos de la oligarquía, ni duda cabe, están en su sopa, defendiendo sus intereses y los de sus amos. Durante la visita de Fidel a Bolivia, se habló mucho de la falta de democracia en Cuba, algunos izquierdistas, incluso, se atrevieron a manifestar su solidaridad con Cuba, condicionada a que se instituya una democracia en la isla parecida a la fabricada por Estados Unidos y consumida también por Bolivia. Es que nuestros izquierdistas se encuentran cómodos, maquillando a Doña Democracia de una supuesta participación popular, para ocultar la verdad tras los afeites, de la que la mayoría del pueblo está marginada. Algunos izquierdistas, en los procesos electorales que se han dado, aceptan como partidos mayoritarios sólo a aquellos que logran importantes porcentajes de votación. Esta forma de razonar enajenada acepta que los que no pueden ingresar en las campañas electorales con los millonarios recursos que dilapidan los partidos empresariales son la expresión de la minoría. El respaldo popular y la legitimidad del proyecto político no es el resultado aritmético de una votación. Los partidos que están en el gobierno y aquellos otros con representación parlamentaria son los partidos de la minoría, porque su proyecto político expresa los intereses de un pequeño grupo oligárquico ligado al imperialismo y, si han sido convertidos en el receptáculo de los votos, es gracias a la magia de la televisión y la millonaria propaganda que ha convertido a verdaderos don nadie en política, en hombres capaces, inteligentes y honestos. Esa millonaria propaganda puede hacer creer que hay aparecidos y esos izquierdistas que aceptan ser una representación de la minoría quizá tengan razón, porque tal vez, en su fuero interno, están aceptando voluntariamente ser nada para el pueblo, ya que no expresan los intereses reales de las masas; y, por tanto, tienen que vivir pegados al cuerpo de la oligarquía de la que se alimentan para sobrevivir políticamente. La democracia o, si se quiere, una de las expresiones de la democracia que es el derecho de elegir y ser elegido no funciona igual para todas las clases. En el fondo, en las elecciones como las que se dan en nuestro país, el candidato es el que pide que voten por él; para eso promete cielo y tierra; él se autonomina, se autoproclama y gasta millonadas para tratar de ser presidente, parlamentario o munícipe. El imperialismo no puede ayudar a que el pueblo tenga su democracia, porque ésta no va sola, debe tener su correlato con los objetivos estratégicos de cada clase, sector, grupo social, etcétera. En la democracia controlada, la necesidad de consolidar los regímenes democráticos es para imponer un modelo económico acorde con los intereses del imperialismo. No es que este problema haya sido incorporado recién por los EE.UU. en su polítíca para América Latina. No, todo lo contrario. La defensa del estilo de vida norteamericano es la causa de sus propias pesadillas y de las medidas económicas que ha impuesto para todo el mundo. No está de más recordar que el modelo "desarrollista" que predominó después de la Segunda Guerra Mundial es de factura norteamericana, fue una de las formas de desviar el descontento de las masas que se habían alzado en armas en casi todos los países del continente (El Salvador, revoluciones demócratico-burguesas en Bolivia, Guatemala, Nicaragua, etc.), en la búsqueda de industrialización y desarrollo económico independiente. La expresión político-ideológica del "desarrollismo" vino asociada con los regímenes populistas, como forma de dominación política de las débiles burguesías protegidas por el mismo padre del neoliberalismo: el imperialismo. El documento Santa Fe II, a lo largo del capítulo "Estrategia económica", efectúa una serie de formulaciones, en las que combina argumentos sobre la democracia y el neoliberalismo. Todas las medidas económicas, como la privatización, la recompra de la deuda externa, la venta de activos de las empresas del Estado, la liberalización de barreras arancelarias, la inversión extranjera, etc., son recetas de su vademécum. Este documento, sin ningún tapujo, señala que "la política económica de EE.UU. debe estar relacionada con un apoyo al régimen democrático". Más adelante añade: "EE.UU. debería estimular, tanto a través de programas públicos como privados, el desarrollo de la empresa privada en América Latina y hacer intentos por acelerar la privatización de las industrias paraestatales". Podríamos afirmar que lo anotado líneas arriba es parte de un plan del gobierno boliviano, pero no es así, todas son propuestas que contiene el documento del gobierno estadounidense Ilamado "Estrategia para América Latina en la década de 1990". La propaganda bien montada para catapultar la política de privatizaciones da la apariencia de que las preocupaciones de los gobiernos que se suceden en nuestro país son motivadas por la necesidad de resolver los graves problemas de la economía boliviana, a la que concurre el gobierno norteamericano con su auxilio para que un país pobre, como el nuestro, no vea agravada su situación, manteniendo empresas (como ellos sostienen) en quiebra y que se mantienen gracias al sacrificio del resto de la población. Empero, esto no es así, sucede todo lo contrario. El general Fred F. Woerner, ex comandante en jefe de Comando Sur de los Estados Unidos, en una intervención ante el Comité de Apropiación y el Subcomité de Defensa del Senado Norteamericano, sostiene lo siguiente: "Los Estados Unidos dependen de América Latina para su bienestar económico en, al menos, tres formas: a) "Las materias primas tales como el antimonio, el manganeso y el estaño, 96% de nuestra bauxita y 40% de nuestro petróleo (que incluyen nuestra reserva estratégica total) provienen de América Latina". b) "El acceso comercial para las exportaciones estadounidenses es una continua preocupación; nuestras exportaciones anuales a América Latina (valuadas en 33 mil millones de dólares) igualan a nuestras exportaciones a Europa". c) Las oportunidades de inversión abundan en un área cuya población se espera crezca a 549 millones para fines de siglo, 20% de nuestra inversión extranjera total y 72% de toda la inversión estadounidense en el tercer mundo está en América Latina, una región con un enorme potencial de crecimiento. Las afirmaciones del general norteamericano no requieren comentarios; los norteamericanos, si no controlan en forma total y absoluta el continente latinoamericano, no tendrían acceso a las materias primas, las cuales son cínicamente consideradas como suyas; tampoco tendrían mercado para sus exportaciones y, en cuanto a los requerimientos de inversión, la urgencia es para los norteamericanos que, de no ser Latinoamérica, se quedarían con la millonada del 72% de su dinero para invertir en el Tercer Mundo, paralizado y sin la posibilidad de succionar las ganancias de nuestro continente, excedentes que son fruto del sudor de los trabajadores que tienen salarios de hambre. La intervención del general Fred Woerner ante la Comisión del Senado fue efectuada el 4 de febrero de 1988, cuando él tuvo que justificar el presupuesto que se asignaba para el Comando Sur. El mencionado militar justificaba su presupuesto demostrando que hay motivos suficientes para defender la zona de la cual él era responsable en el plano militar; por tanto, las acciones que señala para ser efectuadas tienen su razón de ser, no son acciones típicamente militares, se propone continuar defendiendo el coto privado del imperialismo yanqui, desalentando las acciones que supuestamente se realizan en contra de EE.UU. Las tareas que él se encarga de señalar, consisten en "actividades que abarcan (desde) la asistencia para la seguridad, ejercicios de entrenamiento combinado (por ejemplo los BOL-USA) apoyo en inteligencia, intercambio de oficiales, acción cívica (tan conocida en nuestro país), operaciones psicológicas, construcciones de ingeniería, ejercicios médicos y desarrollo de infraestructura". El componente militar, por tanto, es parte esencial de la estrategia yanqui. En Sudamérica, es quizá Bolivia el país de más alto riesgo al que los estrategas yanquis, prácticamente han cuadriculado; en todo el territorio están en un proceso de copamiento militar de las zonas más importantes. Toda asistencia militar, los BOL-USA, etc., por su importancia son las acciones prácticas para consolidar su presencia en este punto geoestratégico de la que depende la mayor parte del continente. La nueva Doctrina, Ilamada indistintamente Guerra o Conflicto de Baja Intensidad, utiliza diferentes medios y formas de aplicación, en cada una de sus etapas de desarrollo. Así por ejemplo, en la tarea preventiva, el objetivo es consolidar la hegemonía y el control de determinado punto geoestratégico. En este período, una de las tareas principales es el servicio de inteligencia. El personal dedicado a esta tarea (que actúa vía Embajada estadounidense) monta todo un aparato de información y espionaje. Se recoge y procesa información sobre la policía, el ejército, el sistema judicial, la prensa, el gobierno, la universidad, los sindicatos, los partídos políticos, los dirigentes locales, el funcionamiento económico, la iglesia, las costumbres y tradiciones, etcétera. Con toda la información procesada, preparan profesionales para las diferentes actividades que desarrollan utilizando técnicas adecuadas para cumplir diferentes funciones, como la acción cívica, la propaganda, el control de la población, el relacionamiento con los sindicatos, los políticos, etcétera. En nuestro país se los ha visto actuar en el último tiempo con todo desparpajo, entrometiéndose, incluso, en problemas de carácter público. Sin embargo, no se quedan ahí; en la fase de alta probabilidad del conflicto (como ellos mismos lo definen) el objetivo está dirigido, fundamentalmente, a "destruir en sus comienzos la articulación del movimiento popular, antes de su consolidación" para lo que se utilizan los medios y formas adecuadas para este propósito. Contención-Intervención Para Reagan, la Doctrina de los Conflictos de Baja Intensidad (CBI) incorpora las elecciones como parte integrante de la estrategia militar y no como componente de los procesos civiles, porque el objetivo de la extinción del peligro comunista o de la subversión se debe cumplir lo más rápido posible, al más bajo costo y con un mayor alcance, La diplomacia, como ahora vemos y oímos, es también parte de esta concepción, porque la coerción diplomática ayuda a ganar gobiernos de los países de América Latina para esta guerra de baja intensidad, convirtiéndolos en anfitriones de las fuerzas que operan en los países por cuenta del gobierno norteamericano. Sólo de esa forma pueden aplicarse algunas tareas a plenitud, sin mediatizaciones ni prohibiciones diplomáticas, como, por ejemplo, las "operaciones psicológicas dirigidas a condicionar a la opinión pública, en favor de las labores de contrainsurgencia". También se efectúan acciones para crear la conciencia represiva en las fuerzas policiales, como entre la tropa de las FF.AA. El objetivo es que las masas no se conviertan en otro ejército. A esto se agrega, las operaciones terroristas y antiterroristas que ellos mismos preparan y ejecutan; la creación de escuadrones de la muerte, las intimidaciones, desapariciones, asesinatos selectivos, infiltraciones en los movimientos insurgentes y revolucionarios y las organizaciones populares. También ejecutan tareas en el plano de la campaña ideológica dirigida a cambiar los valores políticos, morales, sociales y culturales de la población, para que el individualismo sea moneda corriente en nuestro país como en todos los países dependientes. La totalidad de la estrategia norteamericana tiene dos obietivos: Primero. Defensa y garantía de la supervivencia de los Estados Unidos de Norteamérica como nación hegemónica de la humanidad. Segundo. Defensa del sistema de vida norteamericano que no es otro que el capitalismo que se nutre de los países dependientes. Este, al que le hemos hecho un rápido repaso, es el imperialismo yanqui de carne y hueso; el enemigo de los pueblos. El imperialismo: Dominación y crisis La estrategia de dominación del imperialismo yanqui en su búsqueda desesperada por ser el único gendarme del planeta, ha logrado imponer un mundo unipolar, donde el único dueño y señor del universo son los EE.UU. de Norteamérica; pero, para preocupación de éste, los problemas que tiene que resolver y el sistema de vida que defiende no gozan de buena salud. El alborozo con el que presenciaron la caída del muro de Berlín les duró muy poco; todo aquello que lograron imponer para que todos los países del mundo adoptaran la economía de mercado y las democracias controladas, se les ha convertido en un boomerang que no pueden esquivar. Lo que lograron es que la economía de mercado, tan santificada por los gobernantes y los líderes criollos del neoliberalismo, se convierta en la causa principal que agudizó la crisis del capitalismo. Como si se tratara de una epidemia internacional, afecta la economía de todos los países por igual y sin discriminar a ninguno. Algunos expertos que analizan la economía internacional aseguran que se trata de una recesión parecida a la Gran Depresión del año 29, con la diferencia de que es una depresión contenida en sus efectos, porque se los puede postergar (pero sólo postergar) utilizando algunos mecanismos económicos. No se puede pensar que a esta recesión le siga inmediatamente la reanimación de la economía mundial, porque esos mecanismos que son utilizados para atenuar los efectos de la crisis no están atacando la raíz del mal sino, por el contrario, continúan operando con aquellos instrumentos que provocaron. Los esfuerzos de "buscar competitividad", bajando costos de operación y produciendo a gran escala, sin tomar en cuenta que los stocks de casi todos los productos han crecido, dejando a éstos sin movimiento, ya no son la resolución. La recesión en la producción se ha presentado con sus efectos en cadena; la industria automotriz en proceso de paralización provoca también la recesión de otros rubros como de las materias primas que utiliza. Los países más poderosos, que vieron alentadas sus expectativas de mayores ganancias, decidieron renunciar a los controles que se instituyeron para la economía, particularmente desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Para decirlo gráficamente: permitieron que el caballo galopara, sin bridas y sin jinete, hasta que se desbocó y, finalmente, éste está a punto de reventar. Aquello que sirvió de incentivo para acelerar el crecimiento económico ahora ya no funciona igual; se ha convertido en una traba que lo inmoviliza. La crisis del capitalismo se ha profundizado por la acción del neoliberalismo. Ha provocado que países, antes unidos por un solo Estado y una misma economía, terminen desmembrados y enfrentados en guerras fratricidas entre hermanos. Los hechos son dramáticos. A la matanza, en Europa Oriental, le acompañan los millones de trabajadores lanzados al paro forzoso. La recesión económica que los países más poderosos están viviendo podría convertirse en una depresión sin precedentes, tal como señala y gráfica con innumerables ejemplos Raquel Gutiérrez, en su libro "Apuntes sobre la crisis actual del capitalismo mundial", como también los varios artículos de revistas especializadas en el tema. Los países que inspiraron el neoliberalismo son los más golpeados por la crisis; por ejemplo, la deuda externa norteamericana es la más grande del planeta; sólo los intereses de esa deuda alcanzan a la astronómica cifra de 320 mil millones de dólares. Si lo comparamos con nuestra deuda, en sólo los intereses, es 100 veces más grande que toda nuestra deuda acumulada. El déficit fiscal ha Ilevado a algunos Estados federales, como California, a una total iliquidez, al extremo de que no tengan para cubrir los sueldos de sus empleados públicos. Además pretendieron rebajar los sueldos, hasta en un 14%, para los profesores en 1995. Las devaluaciones provocan grandes pérdidas a las empresas, en algunos casos, Ilevándolas al borde de la quiebra. La revista The Economist informa que las empresas más grandes de EE.UU., en sólo medio año, perdieron 500 millones de dólares como promedio cada una. Empresas que eran consideradas el símbolo del capitalismo norteamericano como la Ford, la General Motors y la Chrysler, sencillamente ya no existen por el cierre definitivo de operaciones. Igual suerte puede correr una mayoría de las empresas, porque la crisis de sobreproducción las ha obligado a achicar sus operaciones, como a las industrias del acero y el hierro; la química básica y la propia agricultura en casi 50%. Esta última ha echado el grito al cielo luego de aprobado al Tratado de Libre Comercio porque empeorará su situación. Todo el desastre provocado por el neoliberalismo lo sufren los trabajadores. El despido es moneda corriente en los países altamente desarrollados; en un solo año, el paro forzoso ha hecho naufragar los fondos que fomentaban el subsidio de desocupación. El informe de la OIT, "El empleo en el Mundo 1996/97", señala que "la situación del empleo en el mundo no mejora". Para rematar con escalofriantes cifras que demuestran el desastre mundial al que arrastró la globalización neoliberal a toda la humanidad: la Unión Europea tiene una tasa de desempleo del 11,3%; el 22% en España; 14,5%, en Bélgica; 12%, en Francia y en Italia. En el mundo, según el informe de la OIT para 1995 fue de 645 millones de parados y para 1996 la cifra de desocupados alcanza la astronómica cifra de 1.000 millones de seres humanos sin derecho a trabajar. Las empresas que presumen de liderazgo en el sistema capitalista, como la Bayer Hoecht Basf de Alemania, la Toyota y Honda en el Japón, han echado a la calle a la mayor cantidad de sus trabajadores y un portaestandarte del capitalismo mundial, como General Motors, despidió 250.000 personas entre 1978 y 1993. La U.S. Steel, 100.000, entre 1980 y 1990. La General Electric, 170.000, entre 1981-1993 y la AT&T, 180.000, de 1981 a 1988. Ante esta quemante realidad, ¿qué moral puede tener el gobierno de un país que permite que 10 millones de sus habitantes coman basura, disputándosela con los perros? Europa, prácticamente, se ha convertido en el receptáculo de la desocupación. Esta situación ha Ilevado a grandes masas a movilizaciones que no se veían desde la Segunda Guerra Mundial. El Japón también y de manera inexorable se precipita en la tormenta de la crisis económica. En este último país, la industria automotriz ha bajado su producción en 15% en un solo año, de esta situación no se salva ni siquiera la industria de la electrónica que sufre un proceso acelerado de obsolescencia prematura por la constante renovación y mejora de los modelos y sistemas. El líder cubano, en la clausura de Foro de San Pablo, al calificar el carácter de la economía de libre mercado, señaló categóricamente: "El neoliberalismo no es una teoría de desarrollo, el neoliberalismo es la doctrina del saqueo total de nuestros pueblos, el neoliberalismo no promete nada, porque incluso en los países desarrollados y superdesarrollados, el neoliberalismo no ha resuelto nada y están cambiando gobiernos porque no han podido resolver, ni siquiera, el problema del desempleo". Cada una de esas palabras se sienten como en latigazo en el rostro del imperialismo, las cicatrices con que lo deja marcado nos dan fuerzas y esperanzas para el futuro. Los organismos internacionales también han Ilegado al convencimiento de que la miseria, el hambre, las agresiones militares y policíacas contra el pueblo son una bomba de tiempo. La preocupación por la situación pronta a estallar los ha obligado a tomar decisiones y recomendar a los gobiernos atender los problemas sociales, la creación de fuentes de trabajo, la salud y la educación; pero, esas preocupaciones no significan que el FMI y el BM se hayan sensibilizado ante el drama, y sienten que el piso donde están parados empieza a temblar, poniendo en riesgo todo; es que no se puede obligar indefinidamente a toda la humanidad a vivir en un mundo plegado de hambre, miseria y desocupación. Los imperios más crueles y brutales se han derrumbado como castillos de naipes por la protesta de los pueblos. Por eso, los desafíos que los revolucionarios tenemos que enfrentar deben resolver los desafíos de una nueva doctrina de dominación imperialista que ha puesto a su servicio todos los organismos internacionales, los gobiernos, la democracia controlada, etc. La estrategia imperialista no puede ser enfrentada con los puestos coyunturales que, en definitiva, terminan deglutidos por el enemigo, se requiere una respuesta también estratégica que está lejos de la improvisación y del repete de las viejas fórmulas que enfrentaban otras armas y otra forma de dominación. De ningún modo se propone que sea el laboratorio ubicado en una campana de cristal la que resuelva todo (en el momento en que escribimos estas líneas, hay dos combativas manifestaciones, magisterio rural y otra de los despedidos corazón del tráfico vehicular de la ciudad de La Paz) estamos obligados a responder a los requerimientos de la lucha por cada batalla y con los cañones del enemigo apuntando en contra nuestra. La respuesta del momento requiere de un destino: la nueva estrategia de poder popular. La Paz, mayo de 1997

1 de diciembre de 1999
Narcotráfico: Un doble paraguas imperialista

Previene rebeliones por embrutecimiento juvenil. Parche eventual a la crisis económica capitalista. Los llamados mercados bursátiles emergentes han pasado a ser los vaciaderos del dinero sucio amasado en actividades mafiosas en todo el planeta. A los sufridos países latinoamericanos, el FMI y el Banco Mundial nos han prolongado el secreto bancario y bursátil para así blanquear, sin que se note, lo recaudado en prácticas criminales como el narcotráfico, el tráfico de armas y la prostitución infantil. Una de las piezas maestras de esta ingeniería mafiosa es la DEA, la cual tiene como cometido regentear y repartir áreas y responsabilidades entre los gobiernos asociados en todo el orbe, manteniendo así el arbitraje en la distribución y la venta de narcóticos. El FMI y el BM son supraorganizaciones de entidades financieras y bancarias que ejercen un monitoreo colonial de nuestras economías. Tienen como objetivo exclusivo abrir las más brillantes oportunidades para los monopolios que representan; entre ellas, uno de los negocios más impresionantes de las últimas décadas, abordado por los bancos, es el lavado de dinero sucio. Por estas circunstancias, los partidos políticos y los gobiernos subordinados a los yanquis son impotentes (por su calidad de cómplices) para combatir el narcotráfico y, por el contrario, están obligados por los compromisos adquiridos a promoverlo, siempre supervisados por la DEA. El mapa criminal capitalista: estrangulación económica de Latinoamérica, destrucción fisica y moral de la juventud "Según proyecciones del propio FMI, el lavado global (mundial) de dinero rondaba, en 1998, los 500.000 millones de dólares". "En Brasil, se blanquearon durante 1998 unos 31.500 millones de dólares de origen ilícito drogas, armas lo que equivale al 3,5% del PBI de esa nación y al ajuste pactado (aunque no cumplido) con el FMI". Estas estimaciones provienen de un organismo oficial brasileño llamado Consejo de Contralor Financiero y su presidenta, Adriana Serna, las considera aproximadas; es decir, se muestra sólo la punta del iceberg para que el crimen resulte socialmente presentable. La radiografía de la podredumbre del capital no tiene desperdicio Hildebrando Pascoal es diputado brasileño del ultra conservador Partido del Frente Liberal (PFL), uno de los partidos políticos pilares de la alianza oficialista que sustenta al gobierno centroizquierdista de Fernando Henrique Cardozo. Pascoal es coronel retirado de la Policía Militar del Estado de Acre (fronterizo con Bolivia). Este hombre está acusado de dirigir un grupo de exterminio que asesinó a por lo menos 60 personas, habiendo participado personalmente en varios de esos hechos. El sello distintivo de los críminales seriales fue que las víctimas, antes de ser degolladas, eran bárbaramente torturadas. Ha quedado al descubierto que Pascoal pertenece a un Cartel de narcotráficantes asentado en Río Branco (capital de Acre), que distribuye cocaína, procedente de Bolivia, en las ciudades de San Pablo, Río de Janeiro y Manaos. Se cree que forman parte de la banda jueces, fiscales, empresarios y policías, además de dos ex gobernadores de Acre, Romildo Magalhaes y Orleir Cameli 1992/1998 (Clarín, 25/9). Ahora es el nuevo ministro de Defensa de FHC, Elcio Alvares, también del PFL, quien es investigado por estar involucrado con un escuadrón de la muerte que exterminaba chicos de la calle. Alvares es sospechado de estar relacionado con mafiosos dedicados al robo, homicidios por encargos y narcotráfico (ídem, 6/10). La revista Istoe de San Pablo sacó a la luz la denuncia del comisario F. Badenes que mostraba el esquema del funcionamiento de una agrupación ilegal bautizada Scuderie Le Cocq. En el organigrama de ese grupo paramilitar aparecen, como miembros jerárquicos, el ministro Alvares y el presidente de la Legislatura Provincial, Carlos Gratz. Cuando Pascoal fue detenido, el sucesor designado en la Cámara de Diputados fue José Aleksandro, también del PFL de Acre. Este hombre esta ahora en la cuerda floja. Los legisladores de la Comisión Parlamentaria de Investigación del Narcotráfico sospechan que Aleksandro es otro miembro de la asociación ilicita de Pascoal. Otro diputado nacional acusado de ser cómplice de Pascoal es Agusto Farias, hermano del asesinado (por la mafia) tesorero de Fernando Collor de Melho, Paulo Cesar Farias. En la localidad de Mundo Nuevo, a 1.200 km de Rio de Janeiro, la alcaldesa María Dorcelina, militante del MST, fue asesinada a tiros en su casa, por las denuncias que venía realizando contra los narcos y contrabandistas de armas El asesinato de la alcaldesa coincidió con el anuncio realizado en Brasilia por la Comisión Parlamentaria de Investigación del Narcotráfico, que pedirá el encarcelamiento de 150 sospechosos acusados de tráfico de drogas, robos, contrabando de armas y asesinatos por encargos en ¡16! de los 21 estados brasileños. "En ese universo de sospechosos, están incluidos legisladores regionales y federales, así como empresas, que operan fundamentalmente en el nordeste y en la selva amazónica" (Clarín, 1/11). Allí los escuadrones de la muerte son dueños y señores; ahí mataron al sindicalista y militante ambientalista Chico Méndez. En la Argentina: el partido de la justicia social revienta a la juventud, destruye la familia obrera y responde a los narcotráficantes El 26 de setiembre, el diario Página 12, bajo el título "Plata Sucia", indica: "Ex funcionarios del actual gobierno admiten que el PJ de la Provincia de Buenos Aires han utilizado a la policía para recaudar fondos". La nota señala lo que en el seno de las masas obreras se sabe hace rato: en los municipios se organizaron asociaciones ilícitas entre los intendentes, los jueces, la Bonarerense y los punteros. Los acuerdos incluyen una gama de negocios: atracos, distribución y venta de falopa, prostitución. "Si la tragedia de Ramallo se debe a una confabulación se interroga el periodista, ¿qué rol juega en ella el vicegobernador de Duhalde, Rafael Romá, dos de cuyas primas participaron en un golpe (asalto) anterior con uno de los ladrones (de Ramallo) ejecutados? ¿O el del secretario de Seguridad Nacional, el duhaldista Miguel Angel Toma, pariente político del abogado de otro de los ladrones (de Ramallo)?". "Hace 4 años, el programa televisivo Edición Plus probó la participación orgánica de las brigadas policiales en la comercialización de sustancias psicotrópicas prohibidas por las autoridades sanitarias y señaló la responsabilidad del comisario (de Lanús) Mario Chorizo Rodríguez, relacionado personalmente con Duhalde y su ex delfín Alberto Pierri". Hace 2 meses, Ruckauf precipitó el alejamiento de Arslanian. El cargo principal que (Ruckauf) le transmitió a Duhalde fue que el ministro (Arslanian) "releva a comisarios de confianza de los intendentes". Ignacio Vélez, funcionario durante la gestión del interventor Luis Lugones (diciembre del 97/abril del 98), refirió que en un solo día se recibieron ¡74! llamadas telefónicas de jueces e intendentes para que no se expulsara a los policías corruptos. "Uno de ellos tenía 18 causas por gatillo fácil, 7 por torturas y 2 por comercialización de narcóticos". Marcelo Fabián Saín (otro funcionario de la gestión Lugones) añadió: "los punteros del PJ financian sus actividades políticas con el tráfico de estupefacientes, en complicidad con la policía". Arslanian, por su parte, señaló "me tuve que bancar presiones de los intendentes cuando les tocamos su sistema recaudatorio" (Página 12, 26/9). Falopa en castellano y en guarani Dos diputados paraguayos, Perrone y Mendoza, presentaron en Buenos Aires un pedido judicial para que se expulse del país a Lino Oviedo. La demanda judicial afirma que, en el momento del asesinato del ex vicepresidente paraguayo Luis Argaña, el actual embajador argentino en Uruguay, brigadier Andrés Antonietti, estaba desayunando con Oviedo para transmitirle algo más que un mensaje. El escrito sostiene que Oviedo es un narco muy ligado con Fahd Yamil Georges, un sirio libanés que integraría el legendario Cartel de Medellín. Fadh Yamil también está relacionado con Jorge Antonio (empresario justicialista involucrado en un gigantesco tráfico de drogas que se llamó operación Langostino). Antonio fue quien introdujo a Monzer Al Kazzar en la Argentina (Página 12, 7/10) Ayer, para aumentar el lucro capitalista, miles de desaparecidos. Hoy el gran negocio son millones de drogadependientes La descomposición del capitalismo se vuelca sobre las espaldas de los explotados y la clase obrera. Datos de los propios organismos capitalistas, como Naciones Unidas, ilustran la magnitud de la silenciosa catástrofe humanitaria que se está desenvolviendo: "140 millones de personas consumen marihuana en el mundo". Clarín, del 7/11, derrumba el ridículo argumento que levantan vergonzantemente los defensores de la inocuicidad de las drogas blandas, como la marihuana. El artículo señala que "el cuerpo forense judicial logró determinar que la especie hallada en el Alto Valle, en setiembre pasado, posee cinco veces más poder alucinógeno que la droga común…", es decir que "se habría actuado (con metódos de laboratorio) sobre el principio activo de la droga llamado tetrahidrocannabinol lo que produce mayor daño al organismo y el incremento de su poder adictivo". La política del capital es idiotizar a la nueva generación obrera y estudiantil, intoxicarla para quebrar su voluntad de lucha e impedir la constitución de una dirección juvenil revolucionaria. La política de los revolucionarios es esclarecer, educar y fortalecer conscientemente a la juventud para que asuma la tarea histórica de liberar a la humanidad del azote y las miserias de los explotadores. La lucha de los socialistas contra los narcos es la lucha contra la explotación del hombre por el hombre.

1 de diciembre de 1999
Educación a distancia: El negocio del siglo

Desde hace algunos años, se viene desarrollando en forma creciente en varios países del mundo la denominada «educación a distancia». Como indica su nombre, la novedad consiste en que los alumnos que estudian bajo esta modalidad pueden cursar sus carreras desde su casa, a partir del uso de computadoras, sin necesidad de concurrir a las aulas de las facultades. Aunque, en apariencia, parezca un proyecto para el futuro, la «educación a distancia» tiene ya en el presente un desarrollo muy importante. En Turquía, hay 580 mil estudiantes a distancia, 350 mil en Indonesia, 242 mil en la India, 217 mil en Tailandia, 211 mil en Corea, 530 mil en China (1). También en nuestro país hay ejemplos que muestran este desarrollo. En la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA hay 10.000 estudiantes a distancia y, recientemente, la Universidad de Quilmes ha dispuesto que dos carreras se cursen exclusivamente bajo esta modalidad (2). Sus defensores han equiparado el surgimiento de la «educación a distancia» con una verdadera revolución en materia educativa, que viene a remover siglos y milenios de estancamiento. Uno de ellos afirma que «ya pasaron 2.500 años desde la época de Sócrates, Platón y Aristóteles. Desde entonces, creamos naves espaciales, biotecnología, ingeniería genética, rayos láser, radioastronomía, matemáticas no-lineales, teoría del caos, satélites, supercomputadoras, TV interactiva e inteligencia artificial. Denominamos a esto progreso. ¿Pero qué sucede con la educación? Dos milenios y medio después, todavía ponemos alumnos en las aulas con una autoridad que les enseña por períodos determinados de tiempo. Avanzamos muy poco desde el paradigma educacional de Sócrates y sus discípulos» (3). Esta pomposa definición viene a ocultar la verdadera finalidad de la «educación a distancia». En realidad, ésta se ha convertido en un instrumento de primer orden para desarrollar la privatización de la educación estatal, abriendo la posibilidad de que los grandes capitalistas se apropien del presupuesto destinado a la educación, que sólo en los países pertenecientes a la Ocde se calcula en más de un billón de dóIares anuales. Este mercado, que es codiciado activamente por los capitalistas, abarca en la UE a cuatro millones de docentes, 80 millones de alumnos y estudiantes, 320 mil establecimientos escolares. Pero, como reconoce un importante órgano del imperialismo francés, será necesario, para desarrollar este objetivo, producir el «desmantelamiento de lo principal del servicio público de la enseñanza» (4). Educación y empresa En junio de 1989, una mesa redonda de empresarios europeos publicó un informe denominado «Educación y competencia en Europa», en el que se señala que la «educación y la formación están consideradas como investiduras estratégicas vitales para el éxito futuro de la empresa», pero que, lamentablemente, «la educación y la formación son consideradas siempre por los gobiernos como un asunto interno», desvinculado de la industria. Para superar esta dicotomía, proponía que establecimientos de educación y empresa trabajen juntos en el desarrollo de programas de enseñanza, sobre todo gracias al «aprendizaje a distancia» y la puesta a punto de los «didacticiels» (logiciels de aprendizaje en computadora). En 1991, la Comisión Europea señaló que una «Universidad abierta es una empresa industrial y la educación superior a distancia es una industria nueva. Esta empresa debe vender sus productos en el mercado de la enseñanza, regido por las leyes de la oferta y la demanda». Califica a los estudiantes como «clientes» y a los cursos como «productos» susceptibles de ser realizados en el mercado de la educación. Para ser categóricos, en 1994, durante una reunión del G7 dedicada a la «sociedad de la información», se planteó que «la responsabilidad de la formación debe estar, en definitiva, asumida por la industria… La educación debe ser considerada como un servicio devuelto al mundo económico». Los industriales que han fogoneado estas resoluciones de la Comisión representan a las grandes empresas informáticas europeas (Olivetti, Philips, Siemens, British Telecom, Telefónica). Este sector del gran capital espera beneficiarse con la generalización de la educación a distancia, que producirá el crecimiento de la venta de materiales y del volumen de las comunicaciones telefónicas y, lo que no es menos importante, las ganancias provenientes de la venta de los derechos de autor y derechos vecinos sobre la comercialización y explotación de los «didacticiels» (5). El conjunto de la estrategia debe desembocar en una «mejor adecuación de la enseñanza a las exigencias de la industria, una reducción de los costos de formación de la empresa y una atomización de los estudiantes y docentes, cuyas turbulencias son siempre temidas». Las empresas también han visto los beneficios de que sus empleados se formen a distancia. Por ejemplo, Bosch estimó que los costos de formación de su personal eran elevados y resolvió que el personal se forme a domicilio a través del uso de computadoras personales. Desde 1996, el 20% del personal se forma en su casa durante sus horas de «ocio». Bosch se ahorra así los gastos de formación en la empresa, que ahora corren por cuenta de sus empleados y, además, se aprovecha de toda la jornada laboral. Privatización y copamiento imperialista Una de las características fundamentales de la educación a distancia es que el sostenimiento de la educación ya no estará a cargo del Estado sino de los propios estudiantes y de sus familias. La Ocde publica un informe, en 1996, donde se señala que «el compromiso más importante del lado de los estudiantes es el financiamiento de una gran parte de los costos de su educación». En otro documento, señala algo similar: «los estudiantes se transforman en clientes y los establecimientos competidores luchan para obtener una parte del mercado… Los estudiantes deben pagar total o parcialmente sus cursos» (6). Con la educación a distancia se invierten los términos del planteamiento que Marx había hecho sobre la educación, al criticar el Programa de Gotha del Partido Socialista Alemán. Según Marx, mientras la clase obrera debía luchar para que el Estado sostenga a la educación, a la vez, tenía que rechazar que el control ideológico de la enseñanza quedara en manos de éste, ya que, como representante de la clase capitalista, iba a condicionar su sostenimiento al del régimen social burgués. Como puede verse, con la educación a distancia los capitalistas refuerzan como nunca su control sobre el proceso de aprendizaje y sobre los contenidos que se dictan, pero el sostenimiento de la educación no corre por cuenta del Estado sino que pasa a manos directas de los trabajadores, es decir, que aumenta la confiscación del salario. Para los sectores de la población que no puedan pagar sus estudios, los funcionarios de la enseñanza les tienen reservada una educación básica, completamente descalificada. «Se distinguen claramente los fines de los industriales: crear al margen de las redes de enseñanza pública, reducidas a otorgar una educación básica, un vasto sistema privado y comercial de teleenseñanza» (7). Para los capitalistas, el rol del Estado no es desconocido; su papel «se limita a asegurar el acceso al aprendizaje de los que no constituyen un mercado rentable y de los que su exclusión en la sociedad se acentuará a medida que otros van a continuar progresando». Acá la Ocde expresa claramente lo que no se atrevió a decir la Comisión, «los docentes que sobrevivan se ocuparán de la población no rentable». De esta manera, la educación, lejos del sueño pequeñoburgués que le atribuye la función de niveladora social, se convierte en un instrumento de profundización de las diferencias clasistas de la sociedad. La posibilidad de estudiar a distancia crea también la oportunidad del copamiento de los sistemas educativos de las semicolonias por parte de las grandes potencias imperialistas. Un estudiante de nuestro país, por ejemplo, puede elegir entre estudiar, a través de su computadora, en la Universidad de Quilmes o del Comahue, o hacerlo en Harvard o la Sorbona. Así lo reconocen los papers de la Comisión: «la posibilidad nueva de proponer programas de enseñanza en otros países, sin que los estudiantes o docentes salgan de sus casas, podría tener gran repercusión sobre la estructura del sistema de enseñanza y formación a escala mundial». Las transformaciones a las cuales se hace referencia serían el copamiento del mercado educativo por parte del gran capital y tendría, como una de sus consecuencias, la destrucción y el cierre de las universidades y facultades de las semicolonias. El ministro de Educación francés señaló, en 1996, que estaban listos para lanzarse al copamiento del mercado mundial. «Nosotros vamos a vender nuestra habilidad en el extranjero y nos hemos fijado como objetivo la cifra de 2 mil millones de francos en el negocio durante 3 años. Estoy convencido de que se trata del gran mercado del siglo XXI. Un solo ejemplo: un país como Australia gana 7 mil millones de francos gracias a la exportación de sus formaciones» (8). En el mercado educativo se puede ver el mismo mecanismo que rige la competencia capitalista. El gran capital desplaza al más pequeño, que va a la quiebra mientras el primero se concentra. Por lo tanto, ya no estamos sólo ante una política de privatización, es decir, ante un acuerdo o ante la adquisición por parte del capital privado de una universidad o un centro educativo estatal sino ante la eventualidad de la destrucción del sistema educativo nacional, que desaparecerá, y en su lugar se deberá estudiar a distancia los cursos dictados en los países imperialistas. Como el capital busca, para que sea lucrativa su inversión, mercados de escala, se están realizando nuevos estudios para aplicar la «educación a distancia» a la enseñanza primaria y secundaria, «los principales mercados en términos de economías de escala». Si se desarrolla el «gran negocio del siglo XXI», estaremos ante un retroceso nacional de características históricas, ya que la burguesía nativa perdería el control no sólo del proceso de formación de sus jóvenes sino de todo proceso de investigación científica y de desarrollo tecnológico que permite a un país adquirir un desenvolvimiento autónomo en el mercado mundial. Se agudizaría aún más la división del planeta entre países explotadores, por un lado, que concentrarían la riqueza, la investigación y hasta el monopolio de la cultura y, del otro, los países explotados o semicoloniales, que verían acentuadas la transferencia de riqueza a las metrópolis (para pagar, por ejemplo, un curso a distancia a EE.UU. o Francia) y su dependencia tecnológica y productiva. Estudiantes sin títulos… Los mentores de la «educación a distancia» no han podido obviar que para poder copar el mercado educativo mundial es necesario terminar con el monopolio por parte de los estados nacionales del otorgamiento y reconocimiento de los títulos habilitantes. Para sortear este obstáculo, no han elegido el camino de promover un cambio en la legislación de cada país porque esto llevaría años o décadas. Los miembros de la Comisión han optado por la creación de una «tarjeta de acreditación de competencias» que reemplazaría a los actuales títulos emitidos por las Universidades. Como explica Le Monde Diplomatique, la idea es simple, «imaginemos que un joven accede a numerosos proveedores comerciales de enseñanza por Internet y obtiene así, pagándolos, competencia en técnica, en gestión, en lenguas. A medida que avanza su autoaprendizaje, los proveedores de enseñanza le van a acreditar los conocimientos adquiridos. Esta acreditación será contabilizada sobre un disquete («la tarjeta») introducida en su PC, que estará conectado con los proveedores. Cuando ese estudiante busque un empleo, introducirá el disquete en la máquina y se conectará a un site de ofertas de empleo administrado por una asociación patronal. Su perfil será analizado y si sus competencias corresponden a las buscadas será contratado». Como puede verse, la forma que han encontrado para sortear el reconocimiento de los diplomas es eliminándolos. Los grandes capitalistas administrarán su propio sistema sin preocuparse del control del Estado Nacional ni de las propias Universidades. De esta forma, el desarrollo de la cultura y la investigación quedarán directamente en manos de la clase capitalista (no así el sostenimiento, que estará a cargo del estudiante), en momentos en que su declinación histórica, ha demostrado ya su incapacidad para ser un factor de desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad. … y sin docentes Desde el mismo momento en que los estudiantes pueden realizar sus estudios en su domicilio, a través de su computadora personal o Internet, los docentes han dejado de existir. Como reconoce un documento de la Ocde del 96: «el aprendizaje no debería fundarse sobre la presencia puramente de los docentes sino que debería estar asegurada por prestadores de servicios educativos» (9). Y, como señalamos más arriba, los docentes que sobrevivan serán sólo para la población no rentable que no puede acceder a los «prestadores de servicios educativos». Pero una educación sin docentes, donde el estudiante está aislado de sus pares, es en realidad una no-educación, que se limita a la repetición de los cursos recibidos a distancia, sin posibilidad de una formación crítica ni de confrontar posiciones divergentes. Así lo admite, con sus propias palabras, la Comisión al decir «la educación apunta a aprender, no a recibir una enseñanza… no tenemos tiempo que perder». La educación del hombre pierde, de esta manera, su carácter social, entendiendo como social la cooperación de diversos individuos para un fin determinado. Conclusión: los que prometieron una revolución pedagógica y educativa, que iba a superar la magra herencia de los griegos, finalizan realizando un retroceso cultural fenomenal, reforzando las tendencias más reaccionarias de la educación actual como su carácter memorístico y autoritario. Este profundo retroceso no puede ser encubierto con el llamado de la Comisión a los gobiernos nacionales para que entiendan a la educación como un proceso que debe extenderse desde «la cuna a la tumba», debido a que la velocidad de los cambios que introducen las nuevas tecnologías harían necesario un proceso de adaptación permanente. En realidad, estamos en presencia de una descalificación permanente, que limita el aprendizaje a las necesidades básicas para poder manejar una máquina o una nueva computadora. La «educación a distancia», entonces, implica llevar al plano educacional la desvalorización de la mano de obra que ya se opera en la propia realidad económica capitalista. Este proceso tiene como base la tendencia contradictoria del desarrollo tecnológico en la producción y en la industria a que se hace referencia. «El desarrollo de las nuevas tecnologías hace que, en todos los ámbitos, las tareas que realizan los trabajadores sean más sencillas que hace pocas décadas. El crecimiento en complejidad de las máquinas y los sistemas administrativos va en paralelo a la simplificación de los conocimientos necesarios para los operarios. Lo que la clase patronal pretende es reducir la instrucción impartida por el sistema educacional a los conocimientos específicos o parcializados, considerando superfluo todo lo que contribuya a dar al niño y al joven una comprensión de conjunto del mundo que lo rodea, lo cual quedaría reservado para una elite de la clase dominante» (10) En definitiva, la «educacion a distancia» viene a corroborar el gran acierto de Marx, quien en el Manifiesto Comunista denunció que, bajo el capitalismo, «la educación es para la inmensa mayoría de los hombres sólo un adiestramiento que los convierte en máquinas». Ingreso y movimiento estudiantil Para el capital, la «educación a distancia» representa, antes que nada, la posibilidad de encontrar una salida a la crisis del sistema universitario, crisis que hasta ahora no ha podido resolver. Para el régimen social capitalista, la causa de la crisis actual se debe a la masificación de la educación superior, que se demuestra en el gigantesco crecimiento de la matrícula. Este crecimiento, que data de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se puede verificar en los siguientes datos: en América Latina, en 1950, había 75 universidades con 270 mil alumnos y 25 mil profesores. En 1988, las universidades eran ya 450, más 2.000 institutos de enseñanza superior, siendo la cantidad de alumnos superior a los 6 millones, sólo en la universidad. En la denominada década perdida de 1980-1990, las universidades crecieron un 5% anual, a pesar del retroceso económico (11). Este proceso tiene características mundiales: en Francia, por ejemplo, la cantidad de estudiantes universitarios creció de 150 mil en 1956 a 605 mil en 1967. La masividad de la educación superior ha sido una conquista de los explotados, que lograron que muchos sectores antiguamente marginados de la universidad, puedan ingresar a ella. La burguesía debió tolerar, al principio, este proceso como una forma de evitar un desenvolvimiento revolucionario de la juventud en la posguerra. La universidad se convirtió, entonces, en una playa de estacionamiento para las nuevas generaciones que, mientras permanecían en el sistema educativo, aliviaban la presión sobre el mercado de trabajo, en el cual no podían tener cabida. La crisis capitalista, sin embargo, ha llevado a la burguesía, una y otra vez, a querer quebrar el ingreso masivo a la Universidad. Los exámenes de ingreso que la dictadura de Videla hizo célebres, el CBC de Alfonsín en la UBA o, más recientemente, el CPI de Ferreira en Medicina de la misma universidad, son distintas formas para llegar al mismo objetivo. Pero es necesario reconocer que todos estos intentos han fracasado, como se demuestra en el crecimiento imparable de la matrícula estudiantil. No es casualidad, entonces, que en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, donde el aumento de la matrícula supera a cualquier otra facultad de América, sea la primera en el país en aplicar la «educación a distancia». En poco tiempo, ya hay más de 10.000 estudiantes a distancia que deben pagar un arancel, pero que reciben una educación completamente devaluada, Aunque todavía no hay estadísticas oficiales, el porcentaje de bochazos entre los estudiantes a distancia alcanza en algunas cátedras el 90%, una cifra muy superior comparada con los estudiantes presenciales. Por un lado, la necesidad de los gobiernos de reducir los presupuestos educativos como una forma de disminuir los gastos del Estado y, por otro lado, la incapacidad del mercado para emplear mano de obra calificada, han transformado la cuestión del ingreso en un problema de características estratégicas. Pero está claro que, para poder llevar a cabo esta política, primero se deberá derrotar al movimiento estudiantil, que ha resistido durante estos años la política limitacionista de los regímenes dictatoriales y democráticos. La «educación a distancia» busca precisamente desmantelar al movimiento estudiantil, destruyendo su unidad en los edificios y aulas, que es lo que le da el carácter de un movimiento masivo. La «atomización de los estudiantes y docentes, cuyas turbulencias son siempre temidas» representa, entonces, un objetivo fundamental de la educación a distancia. No es casualidad que sea en China, donde el movimiento estudiantil ha sido protagonista de las principales acciones históricas, desde la revolución de 1911 contra la monarquía hasta la Plaza de Tienanmen en 1989, donde la educación a distancia alcanzó su máximo desarrollo. Descomposición capitalista, educación y universidad La razón del proceso que ha dado nacimiento a la «educación a distancia» no ha sido, como señalan sus apologistas, la necesidad de producir un revolución educativa ni un profundo cambio pedagógico. Por el contrario, si se quiere transitar por un camino cierto, deben buscarse sus causas en la descomposición capitalista, que tiene como característica inmanente la tendencia a la destrucción de capital productivo de la sociedad, que abarca también a las propias universidades, y la necesidad de incorporar al terreno directo de la explotación capitalista todos los campos de la vida social, inclusive la educación. Es la crisis y la descomposición del capital la causa de que la masividad que han alcanzado las universidades en las últimas décadas sea sinónimo de su retroceso y estancamiento, y no de su desarrollo y esplendor. La crisis, que se produce por la incapacidad del capital de valorizarse a una tasa apropiada, se ha convertido en un freno al avance de la ciencia y de la investigación. De esta forma, la formación de mano de obra calificada aparece como una tarea desactualizada e innecesaria. Por esto surgen comentarios del tipo, «sobran médicos, ingenieros o historiadores», como si sobrara que el ser humano se forme en la ciencia y en los conocimientos modernos. La «educación a distancia» es, en definitiva, un producto del propio capital, que expresa, en la forma más parasitaria, su tendencia a la crisis y a su propia disolución. Al movimiento estudiantil se le presenta el desafío de rechazar esta política, como un paso más en la lucha por la defensa de la cultura y la educación que, para darse en forma consecuente, debe enfrentar al propio responsable de su destrucción, es decir al capitalismo. Notas: 1. Osvaldo Coggiola, Revista ADUSP Nº 15. 2. Clarín. 3. Osvaldo Coggiola, Op.Cit. 4. Le Monde Diplomatique, junio de 1998. 5. En la Universidad Ableta de Cataluña, los requisitos para poder estudiar a distancia son los siguientes: disponer de una computadora personal, impresora, modem, CD-ROM, televisor, casete, video. Ver Temas y Propuestas Nº 15, revista pedagógica de la Facultad de Ciencias Económicas. 6. En la universidad a distancia Open University cada curso oscila entre los 400 y 3.000 pesos. 7. Le Monde Diplomatique, junio de 1998. 8. Idem. 9. Le Monde Diplomatique, junio de 1998. 10. Ver Análisis y crítica de los proyectos para implementar la Ley Federal de Educación, editado por Tribuna Docente, 1994. 11. Osvaldo Coggiola, Op.Cit.

1 de diciembre de 1999
El Partido Socialista de Uruguay reingresa a la Internacional Socialista

El Comité Central del Partido Socialista del Uruguay resolvió, hace unos meses, solicitar el reingreso a la Internacional Socialista, de la que se había apartado en los años 1959/1960. La ruptura del PS con la Internacional Socialista estuvo fundada en la denuncia de la política colonialista de la IS (en particular, la Sfio Sección Francesa Internacional en Argelia), así como en el apoyo de esa organización a la política del Banco Mundial y el FMI. La solicitud de readmisión del PS se produce, justamente, cuando los principales partidos de la IS no sólo gobiernan en Europa al servicio del capital imperialista sino que llevan adelante una verdadera masacre en los Balcanes, con el socialista Solanas a la cabeza de la Otan. Este regreso del hijo pródigo a la casa paterna permite resumir toda la evolución del PS uruguayo, que, a grandes rasgos, es común al conjunto de la izquierda nacional latinoamericana. Antecedentes La fundación del Partido Socialista del Uruguay (en 1910, aunque existen diversos grupos y periódicos socialistas, por lo menos, desde dos décadas antes) fue un movimiento de enorme progresividad, como superación del apoliticismo anarquista y como ruptura política del movimiento obrero con el partido democrático y nacionalista burgués, el batllismo. Mientras muchos intelectuales y sectores obreros se sumaban al partido de José Batlle y Ordóñez, que asumía una posición obrerista, realizando concesiones a los trabajadores, la creación del PS fue un paso gigantesco hacia la construcción de la independencia política del movimiento obrero. En ese sentido, el anarquismo que tenía un alto grado de combatividad tenía enormes limitaciones, ya que su negación de la política significaba, en los hechos, dejar que los trabajadores siguieran al batllismo. Corresponderá a Emilio Frugoni el principal mérito entre los intelectuales que se pusieron a la cabeza de este partido obrero. Desde el parlamento, Frugoni luchará por leyes obreras (jornada de 8 horas, etc.) cuya aprobación muchas veces será explotada por el gobierno batllista, pese a que el propio Batlle reconocía en su diario que "la iniciativa es socialista, pero la realización es batllista". El PS y Frugoni en particular, deberá entablar una dura lucha para justificar la existencia de este partido obrero, al que los partidos tradicionales calificaban como "extranjero" y el batllismo presentaba como "innecesario". Frugoni denunciará el carácter burgués del partido colorado batllista y negará que su limitado obrerismo tenga algo que ver con el socialismo. En 1919 declarará, cuestionando precisamente el falso socialismo de Batlle: "En el sentido político, sólo puede llamarse socialista al que desea la organización política de los trabajadores en un partido de clase, cuyo fin sea la conquista del poder para la implantación de un sistema económico basado en la socialización de los medios de producción y cambio" (1). Frugoni no tendrá, sin embargo, una correcta caracterización del fenómeno nacionalista. Para Frugoni, siguiendo las enseñanzas del PS argentino (y en particular, de Juan B. Justo), el proteccionismo aduanero es una perversión ya que encarece los productos de consumo popular, favorece a una industria ineficiente y desalienta la modernización económica (de la mano de la inversión extranjera). Frugoni elogiaba en estos términos a Justo: "En (las Conferencias socialistas de) Berna y Amsterdam sostuvo y ganó batallas en pro del librecambio, que él, sin duda, con su ciencia y su tesón impuso como norma de política económica en la política de las secciones de la Internacional, después de haberlo hecho agitar como bandera de combate por el partido argentino" (2). Siguiendo esta doctrina, Frugoni afirmará: "¿Y qué es, en sustancia, el batllismo? Un injerto de burocratismo sistemático que florece y da sus frutos con inquietante abundancia sobre su tronco formado por las más extraordinarias de las aleaciones: la del tradicionalismo con un programa de ideas, contradictorio y caótico, pero programa al fin. Este programa que es en parte una copia del programa mínimo socialista, contiene muchas cosas que el socialismo repudia (así, por ejemplo, el proteccionismo aduanero)" (3). En un discurso parlamentario del 7 de octubre de 1929, Frugoni fustigaba al batllismo y al Partido Colorado, fundamentalmente por "la lamentable, funesta y corruptora política del proteccionismo aduanero" (4). El PS, bajo la orientación de Frugoni, denunciará a la "política imperialista" norteamericana, entendiendo por esto no a la explotación económica de las colonias y semicolonias sino, fundamentalmente, el militarismo y el expansionismo, y la violación abierta a la soberanía política de las naciones atrasadas. Esta era, en realidad, la típica posición de la mayoría de los partidos de la Segunda Internacional, que no tenían una posición clara con relación a la lucha de las colonias y semicolonias contra el imperialismo. Solamente el bolchevismo defenderá consecuentemente la lucha por la autodeterminación nacional de los pueblos coloniales, a partir de una comprensión del fenómeno imperialista. El ala oportunista de la Internacional Socialista llegará incluso a defender la validez de una política colonial socialista. Será este tipo de caracterizaciones lo que posibilitará que el PS adopte posiciones contra movimientos nacionalistas autoritarios y en favor del imperialismo democrático, como será el caso de la Argentina. El PS uruguayo saludará jubiloso la caída de Perón por el golpe gorila y pro-yanqui de 1955: "Al fin cayó Perón", festejará. "Con intenso júbilo recibió nuestro pueblo la buena nueva de la renuncia del sátrapa que durante diez años mantuvo oprimida, aherrojada y humillada ante el mundo a una de las más grandes y gloriosas naciones de América. Vencido por la sublevación militar que hizo saltar las bases de su poderío oponiendo a sus fuerzas otras más efectivas, debió presentar renuncia esta vez en serio y con la pistola de sus propios defensores en los riñones y alejarse del gobierno y del país. Segunda edición de Juan Manuel de Rosas, corregida y aumentada con los aportes doctrinarios y las prácticas del nazi-fascismo, había recurrido al juego de las renuncias inaceptadas intentando reforzar, con una fracasada simulación de fuerzas obreras, su desmedrada autoridad de dictador. Y su amenaza de organizar, a semejanza de Mussolini, unas milicias populares para enfrentar a un ejército que se le escapaba de las manos no sirvió sino para precipitar su derrumbe" (5). En el mismo número de El Sol se publicaba, como suplemento, La Vanguardia en el exilio, órgano del PS argentino, que no dejaba lugar a dudas respecto de su apoyo al golpe reaccionario: "Levantemos los corazones y reconstruyamos el país con espíritu de renacimiento. El gran pueblo argentino terminó con el peronato; la Argentina se ha ganado el respeto y el aplauso del mundo" (6). Reformismo La estrategia del PS será de un claro reformismo parlamentarista. Nunca se levantará un planteo revolucionario y se rechazará abiertamente la dictadura proletaria. Frugoni desarrollará una posición oportunista con relación al marxismo: dirá que "el socialismo es más que el marxismo", aunque incluye a este último, lo que significaba una posición ecléctica con respecto a otras corrientes socialistas completamente oportunistas. En el mismo sentido, Frugoni desarrollará su concepción sobre las "tres dimensiones de la democracia" por las que lucharía el PS, que se concretaría en sumar a la democracia "política" la dimensión "económica" y "social". La obtención de esta democracia tridimensional se haría, obviamente, a través del perfeccionamiento de la democracia burguesa, por la vía parlamentaria. Este planteamiento, en realidad, corresponde más al pensamiento liberal-burgués que al socialista, ya que no parte de la lucha de clases y no coloca la lucha obrera en la perspectiva de la dictadura proletaria y la extinción del Estado sino que defiende un Estado democrático. La ruptura de 1920 La Revolución Rusa tuvo un tremendo impacto sobre el movimiento obrero uruguayo, influyendo no sólo en los trabajadores socialistas sino también en los anarcosindicalistas, que mirarán con esperanzas a la primera república obrera triunfante. El PS estaba dividido en fracciones que, a grandes rasgos, reflejaban la división del movimiento obrero internacional, es decir, entre reformistas de un lado y revolucionarios del otro. Si bien el PS uruguayo no apoyó a ningún bando en la guerra imperialista (Uruguay no intervino en la guerra) y realizó propaganda pacifista, es muy claro que el frugonismo se alineaba en la Internacional del lado de los oportunistas, o a lo sumo con el centro que seguía ahora a Kautsky y antes a Bebel y Jaurés. El ala izquierda del PS, donde se alineaba la inmensa mayoría de los sindicalistas socialistas, se identificó con los "internacionalistas", y en particular con el bolchevismo, y proclamó la necesidad de romper con los oportunistas que habían entregado al movimiento obrero en la guerra imperialista. Se sumarán al planteo de construir una nueva internacional, sobre la base de una estrategia revolucionaria y no parlamentarista. Si bien el grado de claridad de esta tendencia era muy relativo, y en general era superada en experiencia y nivel político por los intelectuales que integraban el ala frugoniana, en el PS triunfará por abrumadora mayoría la adhesión a la Internacional Comunista de Lenin y Trotsky, y se adoptará la denominación "Partido Comunista de Uruguay". Frugoni, que había adelantado que acataría la decisión del partido, romperá sin embargo con él en 1921, dedicándose a refundar el Partido Socialista. La causa principal de esta ruptura era que las condiciones de ingreso a la Internacional (las llamadas "21 condiciones de ingreso") no dejaban lugar para una política reformista y proclamaban la necesidad de utilizar el parlamentarismo para preparar la lucha por la dictadura proletaria. Frugoni, que consideraba que el socialismo sería implantado gradualmente, a través del parlamentarismo, romperá con el partido obrero y volverá a construir una organización que tendrá mucho menor inserción que el PC en el movimiento obrero. El nuevo Partido Socialista adherirá a la Internacional Socialista, que había sido refundada. De esta manera, el frugonismo anulará el que había sido su mérito principal (la construcción del primer partido obrero), rompiendo con la base obrera y revolucionaria del PS y adoptando una posición anti-bolchevique. Renovación en los años 50 y 60 Tras la Segunda Guerra Mundial, el PS vivirá un relativo renacimiento. La causa fundamental radicaba en el tremendo desprestigio que vivía el Partido Comunista, ante su evidente sometimiento a la política internacional del stalinismo. El PC vivirá enormes crisis, como por ejemplo la ruptura de sindicatos enteros con su central sindical como sucediera con el sindicato frigorífico, cuyos dirigentes fueron acusados de "nazis" por encabezar una huelga que dejaba sin suministros a los "aliados". La defensa del pacto Molotov-Ribbentrop por parte del PC ya le había generado un intenso rechazo en la intelectualidad y las bases obreras. En la década del 50, el PC sufrirá rupturas y expulsiones de dirigentes (como el diputado y dirigente textil Héctor Rodríguez) y tanto su peso en los sindicatos como en el ámbito electoral se verá disminuido. En este marco, una nueva generación hará sus armas en el PS. Sobre fines de la década del 50, el batllismo estaba profundamente agotado (lo que se reflejará en la tremenda derrota electoral del 58), y el PS también recogerá al menos en parte los frutos de este agotamiento. La nueva generación que comienza a renovar al PS, fundamentalmente bajo la guía de Vivián Trías, provocará un giro en las concepciones del partido, buscando un camino revolucionario opuesto al reformismo y, sobre todo, adoptando un planteamiento antiimperialista. Esta nueva camada de dirigentes y activistas adoptará una posición favorable a los movimientos nacionalistas de las colonias y semicolonias, al punto de provocar la ruptura del PS con la Internacional Socialista, ante la política colonialista de la Sfio (PS francés) en Argelia. Luego, el impacto de la Revolución Cubana reforzará esta evolución, que tendrá uno de sus desenlaces en el movimiento "tupamaro". La nueva concepción nunca fue unánime en el partido, no sólo por la resistencia del grupo cercano a Frugoni sino porque, incluso en el seno de este ala izquierda, había distintas posiciones y matices (por ejemplo, en la valoración de los partidos socialistas europeos, en la caracterización del stalinismo, en la opinión sobre el nacionalismo latinoamericano, etc.), aunque compartía, en general, un común espíritu antiimperialista. Vivián Trías Realizando una virtual revolución copernicana con relación a las concepciones de Frugoni, Trías y la nueva camada de activistas socialistas adoptará un planteamiento nacionalista, apoyando a los regímenes árabes (Nazer en Egipto, Ben Bella en Argelia) y latinoamericanos (Velazco Alvarado en Perú), a los que presentaba como nacionalismo popular, revolucionario y casi como socialista. Junto a Vivián Trías, hizo sus armas toda una nueva generación, integrada por Raúl Sendic, José Díaz, Guillermo Chiflet, Julio Louis, Eduardo Hugues (Galeano) y muchos otros. No todos mantenían idénticas posiciones de hecho, evolucionarán en sentidos bastante diversos pero, en general, todos fueron influidos por el pensamiento de Trías. A diferencia del stalinismo, que proclamaba la necesidad de una etapa demo-burguesa previa a la revolución socialista, que debía ser dirigida naturalmente por la burguesía nacional, Trías negará la existencia de esta burguesía, con lo cual identificará a todos los movimientos nacionalistas como revoluciones populares, que forzosamente tenderían a adoptar un curso socialista. El análisis del pensamiento de Vivián Trías exigiría todo un artículo independiente, ya que se trata probablemente del principal teórico de la izquierda nacional, contando con trabajos sobre la historia del imperialismo norteamericano, sobre la reforma agraria en Uruguay y sobre el nacionalismo latinoamericano, que deben ser estudiados y criticados por las nuevas generaciones del movimiento obrero y de la izquierda. Profesor de Historia y diputado socialista, Trías ejercerá una importante influencia teórica sobre otras corrientes de izquierda. En este trabajo no nos podemos dedicar a un análisis a fondo de sus posiciones. Ya desde 1956, Vivián Trías desarrollará un análisis de las revoluciones de los pueblos coloniales y semicoloniales que será el eje en torno del cual girarán sus estudios y su posición política hasta su muerte, en 1980. Trías parte de caracterizar "la deformación histórica de los países dependientes": "En las antiguas sociedades de arquitectura feudal y superestructuras culturales y religiosas maduras, se gestaban las premisas del desarrollo capitalista autóctono, cuando acaece el impacto imperialista. Lenta, casi imperceptiblemente, (…) se había creado un incipiente mercado interno, donde encontraban circulación mercantil los primeros excedentes agrícolas y una, nada despreciable, producción manufacturera artesanal. El imperialismo segó de raíz estas gemas y frustró definitivamente la oportunidad del capitalismo propio. Su penetración en los tuétanos de las sociedades conquistadas, tuvo consecuencias deformantes para las mismas. (…) El imperialismo se asocia a las oligarquías terratenientes y congela, compulsivamente, el orden feudal. (…) Esa es la mejor manera de ahogar toda tentativa de una revolución burguesa nativa, que acarrearía la industrialización y el nacionalismo" (7). Trías abandonará más adelante la caracterización de "feudal" del régimen existente antes del impacto imperialista; sin embargo, el conjunto del análisis será básicamente el mismo. El análisis de Trías va a conducir a un blanqueo científico de las direcciones obreras (socialdemócrata y stalinista) que frenan la revolución en las metrópolis imperialistas. "Ya sabemos cómo los mercados del imperio fueron despejados de competidores nativos. La miseria degradante de muchedumbres interminables permitió, así, la acumulación capitalista metropolitana y, paralelamente, impidió la desocupación y la inquietud social en Europa. En una palabra, hizo posible el enriquecimiento acelerado de la burguesía occidental y la distribución de buenas migajas a sus obreros. Ese es el origen de lo que hemos llamado el compromiso objetivo del proletariado europeo con la aventura imperialista y el empalidecimiento de su fervor revolucionario. Así se entiende también cómo los vaticinios de Marx y Engels no fueron confirmados por los hechos reales" (8). "(…) No es, como pretendían los ideólogos burgueses, que el capitalismo hubiera encontrado la fórmula mágica del progreso ininterrumpido. Su expansión formidable del último tercio de siglo hasta la Primera Guerra, su capacidad para pagar mejor a los obreros y hacerlos participar de la onda larga de bienestar, se deben, lisa y llanamente, a la brutal explotación de las masas coloniales y semicoloniales. (…) El énfasis revolucionario, gradualmente, comenzó a desplazarse de las metrópolis a las regiones marginales. Estas nada pueden perder y tienen todo a ganar en la lucha anti-imperialista. Vale decir, están en las condiciones de lucha que Marx y Engels señalaban para el proletariado europeo, el año en que escribieron el Manifiesto" (9). Trías y el fracaso de las burguesías nacionales Trías se va a referir al régimen de las colonias y semicolonias como un "capitalismo nacional", aunque el término no refleje lo que él mismo quiere significar. "El hecho sustancial y definidor de las economías dependientes es, justamente, su incapacidad para evolucionar solas, autónomamente. Se integran a un aparato internacional en calidad de piezas perimetrales y, por ende, pierden la condición de entes aislados, definidos en sí mismos, para adquirir la de complementarios" (10). "La acumulación primitiva del capitalismo de colonias y semicolonias, es decir, la formación de la primera acumulación de capitales que echa a andar la rueda de la plusvalía, no es un fenómeno propio de ellas. Ya ha sido realizada por las metrópolis y los capitales no hacen otra cosa que seguir su dinámica en los territorios dependientes. (…) Las burguesías de las zonas periféricas del mundo son, en rigor, apéndices, hijuelas del capitalismo internacional. Su conducta política es, a pesar de sus pujos antiimperialistas, sus forcejeos de independencia y su transitoria ubicación en defensa de la liberación nacional, una conducta mediatizada y sujeta, en última instancia, a los fines directrices del imperialismo. (…) Desde comienzos de siglo, con diferencias de poca importancia en los hechos y en el tiempo, se constituyen partidos políticos policlasistas, populares, conducidos por la burguesía nacional, en muchas colonias y semicolonias. El Kuo-ming-tang chino, el Partido del Congreso hindú, el batllismo (uruguayo), el radicalismo en Argentina y Chile, el movimiento varguista en Brasil, el Neo-Destur, la Estrella Nord-Africana, etc. Todos logran cierto éxito en su lucha contra la oligarquía terrateniente y su nacionalismo denuncia, por cierto tiempo, un acentuado matiz antiimperialista, pero ninguno cubre su ciclo revolucionario. Algunos terminan en un fracaso estruendoso corrompidos y entregados al capitalismo extranjero. Otros están viviendo críticas etapas de su frustración. Lo cierto es que la revolución burguesa no se ha hecho en los países dependientes, porque la clase encargada de hacerla se ha frustrado. Y se ha frustrado porque, finalmente, ha preferido asociarse al imperialismo y a la oligarquía feudal, en la explotación de sus pueblos, a continuar la pelea hasta sus últimas consecuencias. Ha sido el camino más fácil y, también, el más rendidor en dividendos. Ya sabemos que las ganancias son el móvil histórico de la burguesía" (11). En el análisis de Trías la gran ausente es la clase obrera. Explica el fracaso de la burguesía autóctona, su capitulación ante el imperialismo, no por su temor ante la creciente movilización independiente de las masas sino por la búsqueda de dividendos. Pero justamente el choque con el imperialismo se origina en la lucha por las ganancias que el capital financiero internacional se apropia en los países coloniales y semicoloniales. El paso atrás de la burguesía criolla en esta lucha no obedece a que sus demandas hayan sido satisfechas sino al peligro que representa el movimiento obrero para la propia posibilidad de arrancar la plusvalía a los trabajadores. De esta caracterización peculiar de la burguesía, va a nacer una peculiar caracterización del nacionalismo como una especie de proto-socialismo. El nacionalismo pasaría a adquirir un carácter revolucionario, popular, y por ello el nacionalismo se identificaría con el socialismo. "El fracaso de la burguesía nacional otorga a los movimientos socialistas de las colonias y semicolonias, un rol histórico específico. Su programa debe empezar por postular la revolución burguesa, que la burguesía no ha sido capaz de llevar a cabo. De ahí que Reforma Agraria, industrialización, liberación nacional y democracia política, sean las grandes banderas del socialismo en tales regiones. Es claro que se trata de hacer efectiva la revolución burguesa, no como una meta finalista, sino como una etapa previa hacia el socialismo. Por ello la fórmula política adecuada consiste en partidos donde la clase obrera sea la vanguardia, la conductora y la orientadora, pero que expresen a las otras clases populares y, muy especialmente, a los campesinos. Es la única garantía de que la revolución burguesa no vuelva a fracasar" (12). Pero un partido "obrero-campesino" es otra versión del Kuo-Ming-Tang o del Apra, que se pretende superar. El carácter obrero de su conducción, por otra parte, es una abstracción, desde el momento que su programa se identifica con la revolución demo-burguesa. Trías culminará su análisis con una apuesta a la unidad entre el socialismo europeo y la lucha de las naciones oprimidas por el imperialismo: "La decadencia de Europa, su situación dependiente de EE.UU. y la pérdida de sus colonias recrearán, en ese medio, las condiciones óptimas para una radicalización de los sindicatos obreros y de los Partidos Socialistas. (…) De estos dos factores saldrá la incorporación de las masas del Viejo Continente a la gran lucha revolucionaria, en estrecha cooperación con los movimientos de las colonias y semicolonias. Pero obsérvese que es justamente el éxito de éstos lo que crea aquellas condiciones, al estrechar las bases, ya muy débiles, en que se sustenta la burguesía europea. Una Europa socialista unida al embate del nacionalismo revolucionario de las orillas del orbe es la fórmula de una tercera fuerza, tal como la concebimos nosotros. Pero, volvámoslo a decir, hay una sola manera de ser nacionalista y revolucionario en un país dependiente. Tal como lo definía el inolvidable José Carlos Mariátegui, esa manera consiste en ser socialista" (13). Pero justamente el Amauta peruano sacará la conclusión de que el antiimperialismo exige romper con el nacionalismo burgués (del Apra) y poner en pie un partido obrero, comunista. Trías desarrollará más adelante esta concepción de un "socialismo nacional", donde integrará eclécticamente planteamientos propios de Lenin, Stalin, Trotsky, Mao, Gunter Frank, etcétera. En la cual la economía mundial aparece fragmentada en economías nacionales, unas imperiales y otras dependientes, y el internacionalismo surge como la futura unión de los nacionalismos socializantes. Argelia La política de la Sfio en Argelia será un elemento fundamental en esta evolución del PS uruguayo y su ruptura con la IS. En un principio, el PS que apoyaba la participación de la Sfio en el gobierno francés depositó esperanzas en que éste pudiera resolver la cuestión argelina en forma "pacífica". Así, al principio, aplaudía la pretensión del socialismo francés de acabar con la discriminación de los argelinos (sin darles la independencia), aunque señalaba que "no debe descartarse la posibilidad de que los pobladores oriundos, a quienes se desea poner en completo pie de igualdad con los residentes en las instituciones públicas y administrativas, ya no se conformen con eso" (14). "Si Guy Mollet consigue llevar la paz a Argelia, sobreponiéndose al infierno de discordia que allí arde endiabladamente, habrá prestado un incalculable servicio al pueblo francés y al pueblo argelino para bien del progreso humano en el sentido de la confraternidad universal" (15). Incluso llegará a justificar parcialmente la política imperialista de la Sfio en el hecho de que "La opinión pública francesa no está preparada para semejante amputación (…)" (16) es decir, para otorgar la independencia a Argelia. "Nosotros, desde nuestra tierra de América, en la que hemos vivido las luchas por la independencia de un poder extranjero, vemos con natural simpatía todo movimiento de liberación nacional (…) En América (…) el Socialismo comprende y auspicia, aunque superándolo y sin dejarse arrastrar por las formas primitivas e irracionales que a veces adopta, el nacionalismo independentista autóctono, que no debe ser absorbente ni expansionista ni xenófobo" (17). Sin embargo, el PS comprenderá "El drama de un gobierno como el que preside Guy Mollet (…)" y exclamará "¡Que el genio del Socialismo Internacional lo ilumine!" (18). Ante la defensa de la política imperialista por parte del gobierno francés, el PS reclamará a la Internacional Socialista una clara condena a la Sfio y, finalmente, su expulsión de la IS. En un documento firmado por Emilio Frugoni y Pantaleón Olivera enviado en julio de 1959 al VI Congreso de la Internacional Socialista, se afirma que "(…) Julius Baunthal, ex secretario de la Internacional Socialista, luego de un viaje por el Oriente, al referirse al socialismo asiático (…) constató que se criticaba severamente la conducta de algunos partidos socialistas adheridos a la Internacional: la política del francés en Argelia, la del Belga en el Congo, la del laborista en Kenia, si bien era compartida con entusiasmo la actitud del laborismo frente al conflicto de Suez" (19). "Uno de los deberes esenciales continúa el documento de los partidos socialistas en los países con territorios en ultramar (20) es respetar el principio de autodeterminación de los pueblos, sobre todo cuando éstos exigen la independencia. Y, esto, precisamente, ha sido sistemáticamente desconocido por la Sfio, cuya conducta es una afrenta a los postulados del socialismo internacional. Y su desprestigio nos alcanza a todos. Porque el hecho de que haya partidos como la Sfio en la Internacional disminuye la autoridad de los otros partidos afiliados para hablar sobre principios tan importantes como lo es el de autodeterminación de los pueblos. Y porque queremos hablar con plena autoridad sobre las ideas socialistas reclamamos la expulsión de la Sfio de la Internacional" (21). La carta del PS al VI Congreso de la IS vinculará además esta política del socialismo europeo en las colonias, a las posiciones de la IS sobre el FMI y el Banco Mundial. "Recordemos, por otra parte, que en la declaración del II Congreso de la Internacional Socialista (Milán, 1951), se emitieron los juicios siguientes sobre organismos secundarios de las Naciones Unidas: Se requieren agencias ejecutivas para idear y ejecutar estos programas. Las agencias existentes, tales como el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo, la Administración de Asistencia Técnica, la Oficina Internacional del Trabajo y otras agencias especializadas de las Naciones Unidas rendirán útiles servicios y puede haber necesidad de crear nuevas agencias. (…) En Uruguay, el grupo parlamentario socialista ha entendido, en cambio, que el Banco Internacional no sólo no rinde útiles servicios sino que es un instrumento de la política expoliadora de los Estados Unidos" (22). "La Internacional Socialista no puede permanecer indiferente ante un organismo como el Fondo Monetario que significa más miseria y más represión para los pueblos de Latinoamérica" (23). "En síntesis culmina el documento, nosotros nos dirigimos al VI Congreso de la Internacional Socialista, cuya mayoría la integran delegados de partidos europeos, pero que tiene la enorme responsabilidad de interpretar no sólo a la clase trabajadora de Europa sino a los trabajadores de todo el mundo, no sólo a los pueblos de Europa sino a los pueblos explotados de todo el mundo. Y los pueblos de Latino América, oprimidos y vejados, no esperan declaraciones vagas sino la denuncia concreta contra el imperialismo de Estados Unidos" (24). "Tercerismo" La ruptura no era sencilla, ni se realizó en un solo acto. El internacionalismo, por más limitado y deformado que estuviera, formaba parte de las tradiciones del PS. Existirán todavía sectores que resistirán esta ruptura. La posición que irá primando en el PS constituirá un viraje hacia lo que se llamaba "tercerismo", es decir, una política que pretendía romper tanto con el imperialismo de los EE.UU. como con la URSS stalinista, y que comenzaba a tomar distancia con el socialismo europeo. La tendencia será a buscar el acercamiento con partidos socialistas y de izquierda de América Latina y de todo el Tercer Mundo. En 1959, el Congreso de las Juventudes Socialistas del Uruguay todavía no rompía con la IS y se declaraba parte integrante de una "tercera fuerza" opuesta al capitalismo y al "imperialismo soviético": "Esa tercera fuerza la integran los movimientos revolucionarios con signo socialista de las áreas subdesarrolladas, los partidos socialistas metropolitanos decididos a luchar por la revolución proletaria, los movimientos socialistas-populares desatados en la órbita soviética. Las Juventudes Socialistas del Uruguay se consideran combatientes conscientes de la misma" (25). "Fundamentalmente, consideramos como monstruosas desviaciones el nuevo imperialismo ejercido por la URSS y la esclavitud de los Partidos Comunistas movidos de acuerdo a las exigencias de la política soviética debido al abandono de los principios marxistas" (26). "En segundo término atacamos la deformación de la mayoría de los Partidos Socialdemócratas europeos, quienes han olvidado la necesidad de un cambio de estructura de la sociedad actual, conformándose con el eufemismo del Estado protector, que al no eliminar en muchos casos la apropiación capitalista de los medios de producción y de cambio, mantiene la explotación del hombre por el hombre, olvidando en muchos casos un fin esencial del socialismo. Esta deformación de algunos sectores de la socialdemocracia europea ha llevado a constituirse en algunos casos en el sostén del capitalismo en sus países. Es el caso flagrante de las traiciones de la Sfio defensora del imperialismo en Argelia o del Partido Socialdemócrata Italiano, compañero de la democracia cristiana en su tentativa de frenar la transformación revolucionaria de Italia" (27). Entre las Resoluciones que el Congreso adoptaba, estaban las siguientes: "1) Debemos tomar como centro de nuestras relaciones internacionales los movimientos socialistas y afines de Asia, Africa, América Latina, es decir de las áreas subdesarrolladas del mundo (…). "2) Mantener relaciones con aquellas corrientes de inspiración popular y de ideología socialista, desatadas en la órbita soviética, como son por ejemplo, el de Yugoslavia y Polonia. "3) Mantener relaciones con la socialdemocracia europea, especialmente a través de la Iusy International Union Socialist Youngs, señalando permanentemente, dentro de ella, nuestra disconformidad con el revisionismo ideológico del marxismo en que han caído muchas de sus organizaciones miembros (…). "5) Expresar nuestra más radical discrepancia con algunas resoluciones de la Internacional Socialista, especialmente al no pronunciarse sobre la intromisión imperialista de la Sfio en Argelia. "6) No obstante permanecer afiliados a la Internacional Socialista con las salvedades señaladas en el numeral anterior, creemos que nuestro Partido debe propender a la concreción de una organización socialista latinoamericana, autónoma de la Internacional. "7) Encomendar al CEN la realización de una Conferencia Latinoamericana de Juventudes Socialistas" (28). La ruptura con la Internacional Socialista La ruptura con la IS se concretará en el XXXII Congreso del Partido Socialista, en enero de 1960. La resolución sobre "Relaciones Internacionales" de este Congreso afirma: "(…) la misión fundamental y primaria (de las relaciones internacionales) es la consolidación de una poderosa organización socialista y nacional-revolucionaria latinoamericana, encaminada a impulsar en escala continental la peculiar revolución nacional que corresponde; y a desarrollar, en función de bloque regional, relaciones con todos los partidos y movimientos socialistas y populares del mundo, y muy especialmente con la Conferencia Socialista Asiática y las fuerzas revolucionarias que luchan contra el sojuzgamiento de sus países por parte de los dos grandes centros de poder imperialista (EE.UU. y URSS); "(…) en la realización de estos cometidos, la labor de nuestro Partido se verá singularmente favorecida al desvincularse como miembro pleno de la IIª Internacional, ante la nefasta política de algunos de sus miembros respecto de los auténticos intereses de los países independientes, lo que no supone eliminar las relaciones fraternales con la misma y sus miembros, salvo con aquellos que, como la Sfio francesa, han traicionado abiertamente elementales principios socialistas; "(…) las distintas realidades sobre las que actúan la mayoría dominante de la IIª Internacional (países europeos industrialmente desarrollados y algunas metrópolis colonialistas) y la realidad nacional y latinoamericana (países subdesarrollados y dependientes) ha determinado una diferenciación de sensibilidad y de orientaciones cada vez más agudizadas, ante el peligroso incremento de las corrientes revisionistas dentro de la socialdemocracia europea; diferencias que se traducen en un predominio aplastante dentro de la Internacional de los partidos europeos, al no integrarse como bloques, los socialistas de los países dependientes; "(…) nuestro Partido siempre mantuvo una esperanzada actitud crítica de la II Internacional, peculiarmente objetivada en su pedido de expulsión de la Sfio francesa de la misma, ante su indisimulada complicidad con la política colonialista, de la que tampoco son ajenos, en sus respectivos países, la mayoría belga y holandesa de la socialdemocracia; "(…) a pesar de nuestra enérgica posición, el último Congreso de la Internacional no sólo mantuvo como miembro a la Sfio sino que le dio a su más conspicuo representante, el traidor al socialismo internacional señor Guy Mollet, la vicepresidencia del organismo; "(…) lo anterior no supone desconocer la existencia de auténticas organizaciones socialistas dentro de la Internacional ni olvidar los sectores bien ubicados en cada partido miembro, dentro o fuera de los mismos, como el PS Autónomo francés; ni tampoco ocultar la enorme importancia para la Revolución Latinoamericana de la fraternal relación con los partidos socialdemócratas europeos ante la eventual y mutua colaboración entre nuestros respectivos países" (29). A partir de estas consideraciones, el Congreso resolverá: "1) Desafiliarse de la IIª Internacional, manteniendo relaciones fraternales con la misma y sus miembros, salvo aquellos que han traicionado abiertamente el socialismo, efectuando todos los trabajos de común provecho; "2) Mantenerse en el Secretariado Latinoamericano de la Internacional, hasta tanto se consolide la Federación Latinoamericana de Partidos Socialistas y afines independiente de la IIª Internacional, pero fraternalmente vinculada a ella y a todos los movimientos socialistas democráticos y revolucionarios que se estime conveniente, constituyendo esta tarea el aspecto medular de nuestra política de relaciones internacionales. "Asimismo, se reafirma la posición solidaria con todos los movimientos revolucionarios que, en sus respectivos países, luchan contra los bloques imperialistas por la autodeterminación o por la vía nacional de cada revolución social" (30). El internacionalismo del PS no parte de una caracterización sobre el carácter mundial de la revolución socialista sino de una visión de las revoluciones como "nacionales", frente a lo cual se plantea la necesidad de mantener contactos con las fuerzas socialdemócratas europeas que en varias ocasiones, participaron del gobierno para así dar un soporte internacional a esa revolución nacional. Esto se puede visualizar claramente cuando resalta "la enorme importancia para la Revolución Latinoamericana de la fraternal relación con los partidos socialdemócratas europeos ante la eventual y mutua colaboración entre nuestros respectivos países" (ver más arriba). Es decir, no se plantea un trabajo en común por la revolución socialista mundial sino una colaboración entre los "países" o, más bien, entre los gobiernos de una "revolución nacional" en un país "dependiente" y el gobierno socialdemócrata de un país "desarrollado". Esto es lo que explica la gran limitación de la ruptura con la IS: de un lado es una medida más formal y simbólica que real, desde el momento que se siguen manteniendo "relaciones fraternales" con la IIª Internacional y sus partidos; de otro lado, no se plantea un nuevo eje de reagrupamiento internacional, de características revolucionarias. Para el PS, no resulta imprescindible, ya que una Internacional sería necesaria para la "mutua colaboración" entre los gobiernos socialdemócratas o nacional-revolucionarios y no por el carácter internacional de la revolución socialista. La ruptura con la IS no es completa. El PS no explica cómo si los demás partidos socialdemócratas defienden los "principios socialistas", entonces eligen a Guy Mollet vicepresidente de la IIª Internacional. La permanencia de la Sfio en la IS, y en su propia dirección, no le servirá al PS para caracterizar a la propia Internacional como un instrumento del imperialismo europeo. Elecciones de 1962 y crisis del PS En las elecciones de 1962, la nueva concepción del PS se traducirá en un frente con una fracción nacionalista escindida del Partido Nacional, a la cual el Partido Socialista irá totalmente subordinado. La "Unión Popular", encabezada por Enrique Erro (ex ministro que había roto con el gobierno Herrera-Nardone), será la negación de un frente de izquierda: por exigencia de los aliados de origen "blanco" (31) será excluido el Partido Comunista, que hará su propio "Frente de Liberación Nacional" (32) con otras corrientes escindidas de los partidos tradicionales. Ambos frentes tendrán un programa de contenido democrático-burgués, y no antiimperialista consecuente. No plantearán la lucha por el gobierno obrero y campesino sino un "gobierno popular", "democrático" y "de liberación nacional". Poco antes, el órgano oficial del Partido Socialista se refería a Erro como un "demagogo", "sordo a ciertos requerimientos de moral política", "habilidoso en el juego político ventajero en beneficio personal" (33). El PS se presentará en las elecciones subordinado a un político profesional al que poco antes acusaba de "no tener inconvenientes en vender los destinos de la República". El resultado para el PS será catastrófico: perderá todas sus bancas. Las únicas representaciones conquistados serán todos del grupo de Erro, que romperá rápidamente la alianza con el PS, que para colmo perderá su "lema" (personería electoral). Emilio Frugoni, que cada día tenía mayores divergencias con las posiciones mayoritarias del PS, se opondrá a esta "Unión Popular" y, consultado sobre qué había votado, llegó a declarar: "voté en blanco para no votar a un blanco". Las crecientes críticas de la dirección del PS a los partidos socialistas europeos hacía tiempo que molestaban a Frugoni, el que sin embargo había permanecido dentro del partido. La emergencia de la Revolución Cubana, que era apoyada por ambas tendencias, y la necesidad de no dejar el campo abierto al Partido Comunista, serían los argumentos esgrimidos por Frugoni para mantenerse dentro del PS pese a las diferencias (34). La conformación de la UP y la pérdida de representación parlamentaria por parte del PS serán las gotas que colmen el vaso: el viejo dirigente (35) planteará la necesidad de "refundar" el Partido Socialista, lo que originará una ruptura. En las elecciones de 1966 se presentarán dos listas socialistas, la oficial del PS y la del "Movimiento Socialista" frugoniano. No será la única ruptura. Otras dos fracciones estaban incubándose dentro del PS; una de ellas se proclamará marxista-leninista, y defensora del socialismo proletario en oposición al socialismo pequeño-burgués, y dará origen al Musp (36). La otra, dará origen al "Movimiento de Liberación Nacional", más conocidos como los "Tupamaros". Las relaciones de Frugoni con la IS tampoco serán idílicas. Eduardo Jaurena afirma que la defensa de la Revolución Cubana alejará a Frugoni de la Internacional Socialista. "La definición de Frugoni es tajante: la discrepancia con la Revolución Cubana debe considerarse incompatible con la afiliación a la nueva agrupación socialista. Yo no era marx-leninista antes de Fidel Castro y no tengo motivos para serlo después de él dijo, pero una revolución, con sus aciertos y sus errores, es un todo, y esta revolución hay que aceptarla incluso con el paredón, como se acepta por sus partidarios, la Revolución Francesa a pesar de la guillotina (…)" (37). "Fue éste un motivo de discrepancia con la Internacional Socialista, que adoptó una postura de activa y furibunda beligerancia contra la Revolución Cubana (…)" (38). El motivo que llevará a la ruptura es narrado por Jaurena en los siguientes términos: "El 28 de mayo de 1965, Frugoni recibió una extensa carta de la Internacional abogando porque renunciara a organizar un partido socialista y exhortándolo a incorporarse con sus compañeros al partido batllista. El señor Albert Carthy, secretario de la Internacional, firmante de la misiva, hasta le proponía interponer sus buenos oficios para incluir algún socialista en la lista de candidatos del batllismo 15… Pocas veces he visto a Frugoni tan indignado como en aquella ocasión. El señor Carthy, burócrata corrompido, tenía un atenuante: la mala costumbre de embriagarse, ¡pero la famosa Internacional!…" (39). Según Jaurena, a partir de este episodio, Frugoni rompía "para siempre" con la IS, enviando una carta a Albert Carthy y otra al doctor Ramón S. Muñiz, secretario general del Partido Socialista Argentino. En esta última afirmaba, entre otras cosas: "Durante muchos años, nosotros en el Uruguay, como ustedes en la Argentina, hemos cargado con el desprestigio derivado de nuestra calidad de integrantes de una Internacional que albergaba en su seno a hombres y partidos maculados como integrantes de gobiernos incursos en serias claudicaciones. Por culpa de esa Internacional, portaestandarte, al fin, de la proverbial incomprensión de Europa hacia nuestra América, no pocas veces Juan B. Justo fue acusado de europeísta o de incurrir en ajenidad. No me refiero a las corrientes reaccionarias y ultramontanas que, por nuestro internacionalismo, nos califican de foráneos. Aludo al resquemor sentido y sincero de cierta gente de izquierda que no podía ver con buenos ojos nuestra participación, casi siempre más teórica que práctica, en la famosa Internacional Socialista desacreditada por claudicante y conservatista. "(…) En ser miembros de la Internacional no había ninguna ventaja inmediata y, en cambio, grandes inconvenientes que dificultaban nuestro desenvolvimiento partidario. Pensábamos que esto último era el peaje que debíamos pagar por integrar un vasto movimiento que un día haría posible que el mundo entero se organizara de acuerdo con los ideales en que yo sigo creyendo hoy como hace sesenta años. "Pero he aquí que hoy, cuando afrontamos la hora más difícil de nuestra existencia política y corremos el riesgo incluso de desaparecer, en vez de la asistencia que teníamos derecho a requerir y esperar, la Internacional nos da la espalda, pisa los escombros para hacer imposible la reconstrucción y tiende fraternalmente los brazos hacia nuestros enemigos. No puede haber mayor felonía. Muchos años hemos combatido al batllismo por burgués y sostén del régimen capitalista. Y ahora, cuando ese partido ha alcanzado el colmo de la corrupción interna y exteriormente se hunde en la abyección del entreguismo más servil al poderoso imperio norteamericano que asfixia a nuestro continente, ¡la Internacional nos aconseja que nos hagamos batllistas!… ¡Que arrojemos a la hoguera sesenta años de vida y de historia; que, hundiéndonos en el ludibrio, nos pasemos al enemigo, con armas y bagajes! (…). "Nuestro idioma, con ser tan rico, no tiene palabras para calificar el crimen de esta Internacional que no se ha limitado a enviarnos esta carta, cuya copia les haré llegar. Se ha puesto en contacto ya con los batllistas (y, según datos, estos contactos vienen desde tiempo) (…). "Por la carta que he recibido de la Internacional, me entero, además, de que han admitido como miembros observadores al Apra, a Acción Democrática, al partido de Figueres, etc. Es decir que, sin perjuicio de seguir usando, por hábito verbal, ciertas expresiones revolucionarias, en los hechos, están recogiendo en el carro de la Internacional a todos los partidos más contrarrevolucionarios de nuestro continente (…). "De mí sé decir que, con 85 años a la espalda, no estoy dispuesto a dejar de ser socialista. Soy hoy más socialista que nunca. En oportunidad de cumplir mis 85 años, Marcha, el periódico de Quijano, me pidió un artículo. Allí, dije lo que aquí quiero ratificar: Fui socialista, soy socialista y seguiré siendo socialista. Desde las trincheras de la izquierda libré todas las batallas de mi vida; desde esas trincheras pelearé hasta quemar mis últimas energías. "No deseo morir sin ver al Partido Socialista del Uruguay luchando de nuevo" (40). Los tupamaros y la Olas Los tupamaros comenzarán a funcionar como un "coordinador" para apoyar los movimientos de trabajadores rurales que desarrollaban importantes luchas salariales (cañeros, arroceros) y por la reforma agraria. En este coordinador comenzarán participando militantes socialistas, maoístas, anarquistas. El propio PS apoyaba a este movimiento: basta tener en cuenta que Raúl Sendic, organizador de la movilización de los trabajadores cañeros, era todavía militante socialista (había sido dirigente de la Juventud Socialista). En la medida en que el "coordinador" comienza a definirse por la "lucha armada" (foquismo), se comenzará a procesar la división tanto respecto del PS como al maoísmo (que formaría el MIR y luego el PCR). Esta ruptura se verá apresurada por el prematuro descubrimiento del grupo por parte de las fuerzas policiales, a partir de un operativo tupamaro para conquistar armas. Esto forzará a los militantes socialistas (y en primer lugar a Sendic) a clarificar su relación con el PS (desvinculándose del partido) y a adoptar un nombre para la organización: "Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros". La peculiaridad del MLN-T será su evolución de un movimiento con base en la lucha de los trabajadores rurales, a la defensa del foquismo en su versión urbana (41). Sin embargo, en el propio Partido Socialista existirá fundamentalmente bajo la influencia de la revolución cubana una gran simpatía por las tesis de la lucha armada y por el propio MLN de Raúl Sendic. La adhesión del PS al castrismo será casi total. El PS incluso defenderá la represión realizada por Castro contra la izquierda. Es ilustrativa esta "Nota de redacción" de El Sol ante una carta enviada por el POR posadista, que denunciaba la ilegalización del POR de Cuba: "El grupito divisionista que se llama POR debe tener en cuenta que la publicación del Comité de Maroñas no es un ataque a la revolución cubana sino al grupo trotskista del Uruguay que siempre ha actuado en forma divisionista y contrarrevolucionaria. Sus tácticas de infiltración partidaria los hace aparecer como lo que son: un grupito enemigo del socialismo, con los peores métodos. ¿Pueden hablar de moral proletaria? Con respecto a los problemas que han tenido en Cuba tenemos nuestra opinión. Si Fidel Castro no los quiere en Cuba es seguramente porque estarán actuando como los antecedentes nacionales los señalan: en forma contrarrevolucionaria. Y de divisionistas y contrarrevolucionarios estamos hartos y seguramente la Revolución Cubana también lo está. Y con esto damos por finalizado el entredicho" (42). El PS participará de la Olas (Organización Latinoamericana de Solidaridad) y será un diario vinculado al PS (Epoca) el que, a fines de 1967, publicará las resoluciones de la Olas y un acuerdo de todas las organizaciones castristas, planteando la aplicación en Uruguay de la lucha armada. Por esto, Epoca será clausurado y el propio PS ilegalizado (43). El hecho de no haber levantado la bandera de la lucha armada más que en forma platónica favorecerá la evolución del PS, que comenzará a dar la espalda al foquismo, proceso que también era alentado desde Cuba. El Frente Amplio En el proceso de formación del Frente Amplio, el PS estará al principio un poco al margen. Proclama la necesidad de un "frente revolucionario" y critica la posición parlamentarista y pacifista del stalinismo. Por esto sufrirá la crítica de parte del arismendismo, que le echaba en cara la política contraria a un frente de izquierda en las elecciones de 1962 y 1966. Sin embargo, la dirección del PS comenzará a tomar distancia respecto del foquismo y a acercarse cada vez más al planteamiento del PC. En esto van a influir tanto la victoria de la UP en Chile, como la posición del castrismo que tenderá a un acercamiento con los gobiernos nacionalistas burgueses de América Latina (y en primer lugar con el del propio Allende, con el de Velazco Alvarado en Perú, etc.). Poco antes del golpe de Estado, el PS se proclamaba marxista-leninista. Esta fórmula no registraba un acercamiento al bolchevismo sino una tendencia a la convergencia con el stalinismo. La evolución del castrismo cada vez más hacia la órbita de la URSS estaba en el fondo de este proceso. Antes de que el PS se volviera al pacifismo y el apoyo a los frentes de colaboración de clases como la UP chilena y el propio Frente Amplio de Uruguay, ya el propio Castro había iniciado un viraje en ese sentido. El Frente Amplio tenía la cualidad de unir en un mismo fenómeno a los dos momentos anteriores del PS: tanto el reformismo parlamentario como el nacionalismo antiimperialista. Por el camino, se perdía la defensa de la independencia de clase de los trabajadores, que tan enérgicamente proclamara Emilio Frugoni, así como el impulso a la lucha de masas para derrocar al régimen proimperialista, que ganó a la inmensa mayoría de los militantes socialistas (de todas las tendencias) en la década del 60. El Frente Amplio de 1971 levantaba un programa de nacionalizaciones parciales, reforma agraria y reivindicaciones sociales de las masas, que buscaba conciliar con el imperialismo: por ello no planteaba la ruptura con el FMI sino la ruptura de los pactos con el FMI; por ello no planteaba la confiscación de la banca y los latifundios sino nacionalizaciones y reforma agraria con indemnización de la oligarquía y los banqueros; por ello no planteaba el no pago de la deuda externa sino su renegociación. En un período en que las masas tendían a la acción directa contra el régimen pachequista y bordaberrista, a través de la huelga general, las ocupaciones de fábrica, las barricadas, la tendencia al armamento del pueblo, el Frente Amplio era el camino de desvío de la clase obrera hacia el impotente trillo parlamentario. Será este freno a la acción popular lo que permitirá al régimen semicolonial reforzarse contra el movimiento obrero y la izquierda (represión contra los tupas y contra la izquierda en general) y abrirá el camino al golpe militar. El PS apoyará a fondo esta política de freno y desvío de la acción popular. Durante 1972 y 1973, la posición del PS había girado hasta parecer un hermano siamés del arismendismo. Frente a la juventud radicalizada y a la tendencia del movimiento obrero a superar a la burocracia sindical, Vivián Trías afirmará poco antes del golpe militar: "Si somos frentistas, si realmente queremos unir y desarrollar al Frente, estamos obligados a medir el avance de la Revolución en su propio seno, en su amplitud, en su iniciativa, en su capacidad para ser cada vez más pueblo organizado y en marcha. De ahí nuestra consigna: sirve políticamente lo que sirve al Frente Amplio y no sirve políticamente lo que no sirve al Frente Amplio…" (44). Trías y el nacionalismo militar La confianza en que todo proceso nacionalista desembocará en la construcción del socialismo nacional siempre que la izquierda incida en este proceso llevará a Vivián Trías a errores gigantescos, como su apoyo al régimen nacionalista militar peruano de Velazco Alvarado y su ilusión respecto de un desarrollo similar en Uruguay (45). Así, ante los famosos "Comunicados 4 y 7" de los mandos militares golpistas uruguayos, en febrero de 1973, Trías adoptará un planteo de convergencia cívico-militar. "Muchos trabajos, entre otros uno que está recogido en un libro de 1956 por lo tanto de ese período que se llama El Ejército popular y las masas, en el cual expresábamos que en un país subdesarrollado la lucha por el desarrollo y por la liberación caras del mismo prisma y facetas del mismo proceso no puede hacerse sin la presencia de las Fuerzas Armadas. Cuando en los países las crisis se profundizan, las contradicciones se agudizan y llega la hora de la verdad, las leyes históricas y la ley de la lucha de clases rigen en todos los sectores y ámbitos de la comunidad humana, y también en los cuarteles. Y los hechos nos habrán de dar la razón, porque nuestra oficialidad, las Fuerzas Armadas, a poco de andar entraron en un proceso en el cual, por supuesto, su contacto con guerrilleros, con los militantes del movimiento comunista, fue un factor muy importante, por supuesto, pero no el único. En un proceso en el que se desataron también grandes luchas obreras y en el que los paros decretados por la CNT comenzaron a ser verdaderos plebiscitos, envolviendo en su programa y aspiraciones a amplios sectores del pequeño comercio y de la pequeña industria; en momentos en que la lucha política empezó a demostrar en el Parlamento y en la prensa los mecanismos de corrupción, de enajenación y sometimiento que trababan el desarrollo y la libertad plena de adoptar decisiones en favor de los intereses y las necesidades del país, todo esto fue apreciado por la oficialidad en el curso de esa lucha. La nueva posición, la nueva tesitura de las Fuerzas Armadas es consecuencia de su actuación en los acontecimientos del año 1972. Empezaron por reconocer que las causas de la sedición no eran las que sostenía inicialmente el gobierno. Por supuesto, vieron lo más visible, que son las llagas que supuran en un régimen como el que el Uruguay soporta, es decir, los ilícitos, los grandes negociados. Luego, en poco tiempo, pasaron a profundizar esos temas, es verdad. Y esos hechos objetivos, certifican de una u otra manera que se ha producido este proceso de transformaciones en el modo de pensar y en el modo de interpretar la realidad de las Fuerzas Armadas" (46). Claro que la lucha de clases no se detiene en la puerta de los cuarteles; la prueba la darán los mandos golpistas cuando aplasten al movimiento obrero y a la izquierda, y profundicen la entrega nacional al imperialismo. Esta ilusión de transplantar al Uruguay el modelo peruano la pagarán cara los trabajadores, cuyo peso en la economía y política nacionales era infinitamente superior al de la clase obrera peruana. La experiencia histórica revelaría el fracaso del nacionalismo militar peruano, que culminó totalmente sometido al imperialismo; y también demostró que en Uruguay no era posible un proceso similar, porque la clase obrera ya tenía conquistado un grado de independencia política que hacía inviable un bonapartismo nacionalista que se apoyara en las masas oprimidas, al tiempo que las regimentara (47). La política asumida por Trías frente al golpismo militar, idéntica a la que sostuviera el arismendismo, será una trágica consecuencia de su identificación del nacionalismo con la revolución y el socialismo. Hasta su muerte en 1980, Trías mantendrá en lo esencial la misma posición respecto del nacionalismo tercermundista, a pesar del evidente giro de las burguesías nacionales a las posiciones del imperialismo. El pacto del Club Naval Durante la dictadura, el PS tendrá un acercamiento con la socialdemocracia europea, en particular con el Psoe Partido Socialista Obrero Español. Varios de sus actuales dirigentes (y, en particular, su actual secretario general Reinaldo Gargano y el ex diputado José Díaz) vivieron en España y fueron funcionarios del Psoe. A la luz de esta influencia, se puede comprender el giro cada vez mayor hacia la democracia y el parlamentarismo que hará el PS. Aunque este giro venía preparado por el período anterior y, en particular por la experiencia frentepopulista. El avance revolucionario en Centroamérica (Nicaragua, El Salvador) ya no hará renacer una tendencia de izquierda. Bajo el régimen militar uruguayo, el PS no registraba una presión de las bases obreras y de la juventud; la presión del castrismo y de la socialdemocracia europea iban en un sentido contrario. Tanto Castro como la IS buscaban evitar que Nicaragua se convirtiera en otra Cuba. La presión que se ejercerá sobre el sandinismo será, justamente, en el sentido de no expropiar a la burguesía, de buscar un acercamiento con el imperialismo democrático y de institucionalizar la revolución (reconstrucción de un ejército y policía profesionales, reconstitución del Estado burgués sobre una base constitucional y parlamentaria, etc.). La dirección del PS no sólo apoyará todo este proceso sino que servirá de asesora del sandinismo en el mismo: algunos dirigentes del PS viajarán a Nicaragua y colaborarán en la elaboración de la nueva Constitución que consagrará el congelamiento de la revolución sandinista (48). La institucionalización de la dictadura militar tendrá en el PS a otro de sus campeones: la dirección socialista participará directamente en las negociaciones con la cúpula militar que culminarán en el pacto del Club Naval, que consagró la continuidad de los mandos militares responsables de la más salvaje represión contra el pueblo uruguayo y la defensa de los intereses del imperialismo (pago de la deuda externa, sometimiento al FMI). La consigna del Partido Socialista en la dictadura, "Por una Democracia Sobre Nuevas Bases", se concretará en la "democracia" basada en el pacto con los mandos golpistas y el imperialismo. En los años 80, cuando el movimiento obrero y popular comienza a reconstituirse y a movilizarse contra la dictadura, las bases sindicales y estudiantiles del PS tienen una posición, por lo general, a la izquierda del stalinismo, que pretendía frenar la movilización y evitar el surgimiento de organizaciones que escaparan a su control. No será casual, entonces, que en 1984-85 los militantes sindicales del PS estén colocados mayormente del lado de los sectores más combativos. En 1985 la central obrera (Pit-Cnt) sufrirá una enorme fractura en el llamado III Congreso: el viejo aparato stalinista de la Cnt pretendía copar los sindicatos y la central (el Pit) surgidos en la lucha contra la dictadura, lo que provocó la retirada de la mitad de los delegados al Congreso. Entre quienes encabezaban el retiro estarían los dirigentes sindicales socialistas. Mientras el arismendismo jugaba el rol principal en el aislamiento de las huelgas, la derrota de gigantescas luchas (textiles, ferroviarios, transporte, etc.) y buscaba un acercamiento con el sanguinettismo (49), las bases del PS en general aparecían encabezando estas huelgas junto a la joven vanguardia que había construido al Pit, Fucvam y Asceep. Será el caso de la gran huelga ferroviaria de 1985, a cuya cabeza se encontraban los sectores combativos (incluido el PS), que fue traicionada por el stalinismo. La derrota de esta huelga, que la propia dirección de izquierda se negará a reconocer, abrirá paso al cierre del ferrocarril por parte de Sanguinetti en 1986 (50). De esta generación combativa, en el PS apenas quedan las cenizas. La dirección socialista adoptó cada vez más el camino del más puro cretinismo parlamentario, se integró cada vez más al ala derecha de la burocracia sindical (que al principio estaba constituida por el PC y, luego de 1991, por su diáspora) y finalmente se convirtió en administradora directa del Estado burgués en la Intendencia montevideana. El gobierno de Montevideo En 1989, el Frente Amplio sufre la fractura de dos sectores burgueses: el PDC y la "lista 99" (51) encabezada por el ex vicepresidente Hugo Batalla. Paradójicamente, esta ruptura le da al FA la posibilidad de conquistar la Intendencia Municipal de Montevideo, ya que el Partido Colorado sufre una sangría de votos hacia el Nuevo Espacio, dirigido por Batalla. El candidato a la Intendencia montevideana será un integrante del PS que anteriormente no había tenido ningún protagonismo político: Tabaré Vázquez. Vázquez no tenía militancia política destacada sino que era más bien conocido como un destacado médico oncólogo y, a la vez, como un dirigente del fútbol en un cuadro chico (52). Con el acceso de Vázquez al gobierno municipal montevideano, el PS comenzará a transformarse cada vez más en un partido que gestiona el Estado burgués y a tomar cada vez mayor distancia con respecto a su pasado combativo. Vázquez desarrollará una gestión que privatizará y tercerizará decenas de servicios municipales. Mantendrá la privatización de la recolección de basura y limpieza de la ciudad, reprimirá a los vendedores ambulantes, concretará un acercamiento con capitales privados para explotar diversos servicios municipales, etcétera. El 4 de diciembre de 1990 hará entrega de las llaves de la ciudad al presidente norteamericano George Bush, que venía a defender su "iniciativa para las Américas". En un discurso que pretendió ser crítico, Vázquez reivindicó al imperialismo democrático, bajo la figura de Franklin Delano Roosevelt, y la convivencia pacífica con el imperialismo. La respuesta de Bush no se hizo esperar: "después de esta cálida acogida, no creo que nuestras diferencias sean tan grandes pues tenemos en común nuestro deseo de ayudar a los necesitados. Entonces, al diablo con las diferencias…" (53). Inmediatamente después, cuando el mismo Bush lanza la Guerra del Golfo contra Irak, el Frente Amplio va a votar en el parlamento una moción que da apoyo total a las posiciones del imperialismo. Esta moción (votada por unanimidad por todos los partidos) planteaba el "firme deseo (de) que se alcance una solución pacífica al conflicto desatado en el Golfo Pérsico, (la que) debe ubicarse en el marco del respeto al derecho y a la voluntad de la comunidad internacional expresada a través de las correspondientes decisiones de las Naciones Unidas" (54). Esto revelaba el carácter proimperialista del pacifismo del Frente Amplio, en tanto la paz estaba condicionada al cumplimiento de los objetivos del imperialismo. ¡Ni hablar del apoyo a la nación oprimida! Poco más de un año después, el semanario conservador británico The Economist, vocero de la City londinense, caracterizaría a Vázquez como el "Menem o Felipe González uruguayo", el hombre que surgido de un partido con una tradición popular sería capaz de modernizar el país al servicio del capital financiero internacional (55). Seguramente para no defraudar al órgano del capital financiero británico, Vázquez impulsará en oposición al proyecto de "reforma de la seguridad social" del gobierno de Sanguinetti un proyecto alternativo que incluso tendrá elementos más reaccionarios que los propugnados por el gobierno: mientras que la ley de Sanguinetti impuso como edad mínima para jubilarse los 60 años para ambos sexos (aumentando en 5 años la edad de retiro para las mujeres), Vázquez impulsaba una edad de retiro de 60 años para las mujeres y 65 para los hombres (es decir, también aumentaba en 5 años la edad de retiro para los hombres). En mayo de 1995, en el V Encuentro del Foro de San Pablo en Montevideo, el Partido Obrero (Argentina) reclamó la expulsión del MBL del Foro por su participación en la represión contra los trabajadores bolivianos. El Partido Socialista y el Frente Amplio defenderán, en el Foro de San Pablo, al Movimiento Bolivia Libre (el que participa junto al PS uruguayo en la "Coordinación Socialista Latinoamericana"), responsable de aplicar una brutal represión contra el movimiento obrero boliviano desde el gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada, en el cual el MBL participaba. El MBL votó el Estado de Sitio contra la COB y el confinamiento de cientos de sindicalistas en zonas selváticas. La situación era similar a la que había vivido el propio PS con relación a la IS y la política imperialista de la Sfio en Argelia; sin embargo, el Partido Socialista uruguayo (así como el chileno) defenderán la permanencia del grupo represor y proimperialista en el Foro, rompiendo por completo con sus mejores tradiciones. El resultado es conocido: el Foro se negó a expulsar al MBL y el Partido Obrero rompió con el Foro de San Pablo. En torno de Vázquez se conformó al principio un ala "renovadora", tanto en la interna del PS como en el Frente Amplio. La fracción renovadora del PS lanzó un ataque a fondo contra la conducción de Gargano a fines de 1994, responsabilizándolo por la escasa votación del Partido Socialista (en el marco de un crecimiento importante del FA liderado por Vázquez). Sin embargo, Vázquez dará la espalda a esta ofensiva renovadora, temeroso de ver desgastado su "capital político" en la disputa interna del PS. Esto tendrá por resultado la derrota de los renovadores y la ruptura con el PS (y con el propio Vázquez) de algunos de sus máximos exponentes (como el ex dirigente de la juventud socialista Luis Mardones). A partir de este momento, Vázquez va a colocarse más o menos al margen del proceso político del Partido Socialista y a ubicarse como un líder suprapartidario, por encima de todo el Frente Amplio-Encuentro Progresista. Vázquez va a imponer al FA una "reestructura" que no es más que la completa subordinación de todas las direcciones de la izquierda a su dominación unipersonal. La única competencia, frente al dominio de Tabaré Vázquez, va a surgir desde el ala derecha del Frente Amplio, con la conformación de Asamblea Uruguay, grupo en el que bajo el liderazgo de Danilo Astori se agruparán los sectores seregnistas y los restos del naufragio de la renovación del PCU. En las recientes elecciones "internas", Astori ha sido derrotado ampliamente por Vázquez (que recogió el 73% de los votos del Encuentro Progresista, contra un 17% de Astori) y Tabaré Vázquez obtuvo un dominio absoluto sobre la "Convención" del FA-EP, organismo en el cual se disuelven todos los partidos y los organismos de base del Frente Amplio. El ala izquierda del FA, que en el pasado reivindicaba el carácter "antioligárquico" y "antiimperialista" de la coalición, ha quedado reducido a la mínima expresión, mientras sus principales exponentes se integran abiertamente al entorno de Vázquez (como el diputado tupamaro José Mujica). El pasado 7 de mayo, Vázquez se reunió con el embajador norteamericano Christopher Ashby, quien concurrió al local del Encuentro Progresista con la finalidad de felicitarlo por su reciente victoria en las elecciones "internas". A la salida de la reunión, el candidato presidencial del FA-EP declaró: "En el tema inversiones hemos transmitido al señor embajador la posición de nuestra fuerza política: en primer lugar, apostamos a la llegada de inversiones extranjeras, sobre todo hacia el sector productivo, de forma tal de generar un aumento de la riqueza del país, de los puestos de trabajo y como decía muy bien el señor embajador de la calidad de esos puestos (…). No estamos de acuerdo con el ingreso de inversiones de capitales golondrina que vienen hoy y se van mañana o de otros que tengan un origen no muy claro. Por tanto, comprometemos reglas de juego muy claras en este tema" (56). Por su parte, Ashby realizó un balance de la reunión en los siguientes términos: "Siempre he dicho que los valores básicos entre todos los partidos uruguayos y los norteamericanos son muy similares, nuestras actitudes hacia el comercio libre, los derechos humanos y el medio ambiente son iguales" (57). Con la bienvenida a las "inversiones extranjeras" como forma de "generar un aumento de la riqueza del país", Vázquez termina de dar la espalda a los planteamientos nacionalistas que levantara el PS en los años 50 al 70. Sin embargo, esta ruptura con el antiimperialismo limitado del pasado no significará un retorno a las posiciones originales del PS, que veía en el capital extranjero al introductor del progreso. El socialismo de Frugoni va a levantar el primer partido obrero del país, va a luchar por reformas sociales y leyes obreras, va a apoyar las estatizaciones (limitadas) que realizó el batllismo. Vázquez es la negación también de aquel socialismo de la primera mitad del siglo: las reformas que impulsa no son para obtener nuevas leyes obreras sino para avanzar en la "reforma de la seguridad social" y en la "flexibilización laboral". Su oposición al "estatismo" (que era la panacea del Frente Amplio de 1971) se hará en nombre de las privatizaciones reclamadas por el Fondo Monetario Internacional. El Encuentro Progresista, en el que ha disuelto a toda la izquierda, es un aparato al servicio de los carreristas políticos de la pequeña burguesía y, por lo tanto, es la negación de un partido de trabajadores. Cantando La Internacional La dirección del Partido Socialista ha resuelto reincorporarse a la Internacional Socialista, pero sin demostrar que hayan sido superadas las razones que obligaron al PS a romper en enero de 1960. "Por 158 votos a 37 y cantando La Internacional, el Comité Nacional del Partido Socialista resolvió reingresar a la Internacional Socialista, tras haberla abandonado hace 39 años" (58). El senador Reinaldo Gargano sostuvo que la decisión obedece a la necesidad de su partido de "hacerse escuchar en el ámbito internacional". Gargano afirmó: "Estamos en el Foro de San Pablo y la Coordinación Socialista Latinoamericana, pero no tenemos ningún espacio a nivel mundial donde plantear nuestras opiniones" (59). Entre otros, "el diputado Guillermo Chiflet y el director del Instituto Fernando Otorgués (IFO), José Díaz, votaron en contra de la reafiliación" (60). En la reunión del Comité Nacional, Gargano señaló que es necesario "construir en conjunto con las fuerzas progresistas del mundo un proyecto alternativo al proyecto conservador. La crisis que se vive en el ámbito internacional es la demostración de la caducidad de un modelo económico basado en la especulación, modelo que además no ha podido solucionar las mínimas necesidades de la gente. Esta victoria fulminante del muro del dinero se derrumbó al igual que hace ocho años se cayó el muro de piedra y alambre" (61). Gargano es incapaz de explicar en base a qué consideraciones es posible caracterizar como "fuerzas progresistas" a los partidos que gobiernan Europa en beneficio del capital financiero y que han protagonizado el bárbaro ataque de la Otan contra Yugoslavia. Lo único que queda claro es que este reingreso a la IS se fundamenta en la posibilidad de que el Encuentro Progresista llegue al gobierno, frente a la cual el PS considera necesario contar con apoyos en los gobiernos europeos. La participación en la "Internacional Socialista" de De la Rúa, de Felipe González, de Jospin, de DAlema y de Tony Blair, revela el carácter completamente proimperialista de ese eventual gobierno progresista que el PS y el FA se proponen instalar. Un giro de 360º Durante la dictadura militar, un tristemente famoso vicealmirante de la Armada fue el hazmerreír de toda la población, al afirmar: "hemos dado un giro de 360º". Todos se burlaron del ignorante represor que, sin saberlo, se jactaba de haber vuelto al punto de partida. Sin embargo, el PS parece decidido a demostrar que es posible dar un giro completo sin volver al lugar de origen. La solicitud de reingreso a la Internacional Socialista, justamente cuando ésta dirige la masacre de la Otan en Yugoslavia, habría generado el repudio no sólo de Vivián Trías sino incluso del propio Emilio Frugoni. Pero ésta no es una decisión aislada. Es coherente con toda la política del Frente Amplio-Encuentro Progresista dirigido por Tabaré Vázquez, de sometimiento al Fondo Monetario Internacional, de integración americana bajo dominio de los monopolios internacionales, de apoyo al Movimiento Bolivia Libre cuando éste reprimió a la Central Obrera Boliviana, de invitación al capital extranjero a invertir para desarrollar al país. Este giro completo no significa un retorno a las posiciones originales de Emilio Frugoni. Ni el PS ni el Frente Amplio son partidos que luchen por reformas en beneficio de la clase obrera: al contrario, participan de la ofensiva flexibilizadora contra los trabajadores. El parlamentarismo del PS actual no se basa en la ilusión en un tránsito pacífico al socialismo, que estaba presente en cada acto de Frugoni, sino en la integración más absoluta a la gestión del Estado burgués semicolonial. El PS ya no pretende constituir un partido de trabajadores sino un partido de Estado, a la imagen del Psoe de Felipe González o del PS chileno de Ricardo Lagos. En las últimas horas, reunida la Internacional Socialista en Buenos Aires, Tabaré Vázquez recibió un espaldarazo de parte de su presidente, Pierre Mauroy, quien señaló: "En este cono de América Latina, aquí, en la Argentina, y también en Chile y Uruguay, estamos en vísperas de elecciones presidenciales muy importantes que estoy convencido pueden permitir, como deseamos todos, cambiar hoy la relación de fuerza política, no solamente en el Cono Sur sino también mañana, en el conjunto del continente latinoamericano". Mauroy agregó: "Ya hemos obtenido un primer resultado: los socialistas se han reunido con las fuerzas que militan por la democracia y el progreso. Traigo el apoyo de la IS a nuestros tres amigos: Fernando De la Rúa, que será el candidato contra el de la derecha peronista; Tabaré Vázquez, candidato del Encuentro Progresista, y Ricardo Lagos, cuya victoria volvería a dar finalmente a Chile un presidente socialista" (62). La posibilidad de que Tabaré Vázquez acceda al gobierno no debe ser vista como una reedición del allendismo (como lo analiza gran parte de la izquierda, que pronostica el acoso de la derecha a un gobierno del FA-EP) sino un gobierno completamente sometido al FMI. Todo indica que sea como fuerza mayoritaria, sea como fuerza minoritaria en una nueva "coalición de gobierno" el Encuentro Progresista de Tabaré Vázquez se encamina a participar directamente de la gestión del Estado capitalista semicolonial. La posibilidad del acceso del FA-EP al gobierno es un índice del enorme agotamiento de los partidos tradicionales de la burguesía y de las contradicciones sociales con perspectivas revolucionarias que se están incubando. Muy a su pesar, un gobierno de Vázquez reflejaría deformadamente la brutal crisis económica y política del régimen capitalista y la tendencia a la conformación de una crisis de carácter revolucionario. En esta perspectiva, un gobierno del EP sería una herramienta política del imperialismo contra los explotados, por lo que se plantea la urgencia de que la vanguardia obrera realice un correcto balance y una correcta caracterización de la falsa izquierda reconvertida al fondomonetarismo. Para poder abrir una salida revolucionaria en esta situación, la vanguardia obrera y de izquierda debe romper con todos los partidos del FMI y luchar por poner en pie un partido propio de la clase obrera que, recogiendo las mejores tradiciones socialistas y de la izquierda, organice la lucha antiimperialista y socialista de las masas uruguayas, en la perspectiva de la unidad socialista de América Latina. La puesta en pie de un partido de trabajadores es inseparable de la lucha por la reconstrucción del internacionalismo obrero, del cual la IS es la negación. La refundación de la IVª Internacional y la construcción de partidos revolucionarios en cada país son una sola y única tarea, al servicio de la revolución socialista mundial. NOTAS: 1. "Un pido la palabra", publicado en La Razón, en: Frugoni, Emilio, Socialismo, batllismo y nacionalismo, Montevideo, 1928. 2. Discurso realizado en el funeral cívico de Juan B. Justo, en el Teatro Colón de Buenos Aires, la noche del 15 de febrero de 1928 (versión taquigráfica), reproducido en: Frugoni, Cuadernos de Marcha, Montevideo, setiembre de 1970. 3. "Lo que dije", en: Frugoni, Emilio, Socialismo, batllismo y nacionalismo, Montevideo, 1928. 4. Frugoni, Cuadernos de Marcha, setiembre de 1970. 5. En el semanario socialista El Sol, 22/9/55. 6. Idem. 7. "La rebelión de las orillas", en El Sol, 3/8/56. 8. Idem. 9. Idem. 10. Idem. 11. Idem. 12. Idem. 13. Idem. 14. El Sol, 10/2/56. 15. Idem. 16. El Sol, 16/3/56. 17. Idem. 18. Idem. 19. "El Sol", 10/7/59. 20. Es decir, colonias (nota de R.F.). 21. Idem. 22. Idem. 23. Idem. 24. Idem. 25. "El Sol", 28/8/59. 26. Idem. 27. Idem. 28. Idem. 29. El Sol, 5/2/60. 30. Idem. 31. El Partido Nacional también es conocido como el partido "Blanco", en oposición a los "Colorados", por los colores de los cintillos que usaban para identificarse durante las guerras civiles del siglo pasado. 32. Muy ingeniosamente será llamado FIdeL, en referencia obvia a la Revolución Cubana. 33. "La expulsión de Erro", en El Sol (15/1/60). En este artículo se realiza una profunda crítica a Enrique Erro, quien acababa de ser dimitido del Ministerio de Industrias y Trabajo. El artículo de El Sol dice que Erro "(…) parece un recién nacido" cuando éste afirma: "a) Que Nardone ha traicionado los intereses de los modestos productores rurales que lo llevaron al poder y hoy es un títere manejado por los grandes latifundistas, por ciertos sectores de la gran industria y agentes del imperialismo yanqui; b) Que el Partido Nacional ha apoyado la conducta de Nardone y se ha hecho solidario con esa línea política. Por esto último, dice encontrarse profundamente sorprendido. (…) Pero una duda nos asalta: ¿es que este jovencito no lo sabía, él tan luego que militó por siempre en el herrerismo, que denostó y aduló a la Ubd y se abrazó en las tribunas ruralistas con Nardone, en la disputa del campeonato demagógico? (…) Para terminar este comentario es necesario referirnos a un último hecho, de una puerilidad desconcertante: condicionó votar la reforma monetaria y cambiaria [reforma impuesta por la primera carta de intención con el FMI, firmada el año anterior por el gobierno herrero-ruralista, RF] a la derogación de la ley de los colachatas [ley que permitía a los legisladores importar autos baratos, RF]. No trepidaba en sumarse a la farándula de los entregadores del país al imperialismo, si le hacían el gusto de que se le señalara su austera y decisiva preocupación de poner coto a la indecente canongía de los legisladores. Politiqueando en chiquito para adentro, no tenía inconveniente en vender los destinos de la República". 34. Cfr. carta de Emilio Frugoni al diario El País, del 17/1/61: "(…) se da la noticia de que he presentado renuncia como integrante del Partido Socialista. Me apresuro a rectificar esa información. Yo no he renunciado al partido sino a formar parte de su dirección. (…) Por motivos de salud o, más exacto, de edad. (…) No quise retirarme del cargo sin dejar por escrito una fundamentación de mis discrepancias con la publicación de unos artículos aparecidos en el órgano oficial relacionados con algunos partidos socialdemócratas. (…) El Comité no aceptó mi renuncia y me concedió una licencia de tres meses (…)" (El Sol, 20/1/61). 35. En 1962, Frugoni tenía 82 años. 36. Movimiento de Unificación Socialista Proletario. El Musp denunciará a la burocracia rusa y caracterizará la existencia de una burocracia sindical y política. Este acierto se verá empañado, sin embargo, por una posición sectaria y ultimatista. El Musp caracterizaba al PC como "socialfascista" y proclamaba el paralelismo sindical, rompiendo con los sindicatos "amarillos" dirigidos por el PC. En 1968 pasará a la clandestinidad, bajo la caracterización de que se estaba gestando una "tiranía" militar. Su incidencia, al principio muy importante sobre todo en la juventud socialista, fue decreciendo. No jugó ningún papel ante la emergencia del Frente Amplio en 1971, ni ante el golpe y la huelga general de junio-julio de 1973. 37. Jaurena, Eduardo, "Frugoni, el desconocido", en Cuadernos de Marcha, setiembre de 1970. 38. Idem. 39. Idem. 40. Citado en Jaurena, Eduardo, ídem. 41. Los tupamaros pretendían aplicar una estrategia similar a la del FLN argelino. 42. El Sol, 21/7/61. 43. Junto a otras organizaciones como el Movimiento Revolucionario Oriental, la Federación Anarquista del Uruguay, etcétera. 44. Trías, Vivián, Uruguay hoy, Montevideo, 1973. 45. Trías caracterizará al proceso militar peruano como una "Revolución Nacional". "Es claro afirma que la Revolución Nacional sólo se consuma plenamente, sólo cubre su rol histórico, si se convierte en Revolución Socialista. En caso contrario se frustra, como ya lo han probado, trágicamente, Guatemala y Bolivia". A diferencia del stalinismo, Trías no plantea una revolución nacional dirigida por la burguesía (con el apoyo de la izquierda), separada de la revolución socialista. Para Trías, la burguesía nacional no puede dirigir una revolución antiimperialista; en su concepción, es la propia dirección nacionalista (que no representa a la burguesía sino a las masas explotadas) la encargada de dar culminación a la "Revolución Nacional" construyendo el socialismo. "La Revolución Nacional es el tránsito hacia el socialismo, es la preparación del socialismo y, de acuerdo con esa función histórica, posee objetivos propios que definen su autenticidad". Trías afirmará que "Perú vive un proceso revolucionario nacional auténtico y muy positivo, pero incompleto, con luces y sombras. Culminará si se convierte en socialista a cierta altura de su desarrollo. Para que ello ocurra deberá incidir en el mismo un partido marxista-leninista nacional, que sólo los marxistas peruanos pueden constituir". Trías festejaba "el efecto contagioso que deriva de [la experiencia peruana] hacia todo el continente latinoamericano. Hoy es de uso corriente el vocablo peruanismo, para designar las corrientes nacionalistas, progresistas, o revolucionarias de las fuerzas armadas latinoamericanas. El dogma de los ejércitos nativos concebidos como inmutables fuerzas de ocupación al servicio del imperialismo, ha sido trizado por la Revolución Peruana y sus consecuencias". Todas las citas son tomadas de: Trías, Vivián, Perú, Fuerzas Armadas y Revolución, Montevideo, Ediciones Banda Oriental, 1971. 46. Vivián Trías en la Asamblea General, en 1973. Citado en: Caula, Nelson y Silva, Alberto, Alto el fuego, Montevideo, Monte Sexto, 1986. 47. El MLN-T, muchos de cuyos dirigentes se habían formado junto a Vivián Trías, tendrá una posición similar, a pesar de que sufría en carne propia la represión y la tortura. Durante 1972, existirán grandes ilusiones en sus filas, comenzando por su dirección, en la posibilidad de influir en las FF.AA. y en llegar a una convergencia con un ala peruanista. Esta posición tenía sus orígenes en caracterizaciones anteriores del MLN-T (en lo esencial, idénticas al "socialismo nacional" de Trías). Si bien excede los objetivos de este trabajo, podemos citar el Documento Nº 5 del MLN, de mayo de 1971: "Los procesos peruano y boliviano son en líneas generales positivos y pueden devenir en plenamente revolucionarios (…). El triunfo electoral de la UP en Chile ha permitido alcanzar el gobierno y, por lo tanto, importantes resortes del poder. Pero la cuestión del poder está pendiente y se dilucidará cuando se defina la posición de la fuerza armada. La situación es tensa y los primeros pasos del gobierno popular parecen ir bien encaminados. Sea cual fuere el tránsito futuro en Chile nosotros no tenemos nada que perder frente a esa experiencia. El triunfo electoral ha demostrado la factibilidad de esa estrategia (frentista y electoral) para llegar al gobierno y aproximarse al poder en países de alta organicidad política (la Argentina, Brasil y Uruguay la tienen). (…) Los últimos hechos (Perú, Bolivia y Chile) han replanteado el problema de las vías de aproximación al poder y han demostrado la gama posible. La validez o no de estas vías para procesar cambios revolucionarios sólo podremos definirla en un período más largo de tiempo. No se puede afirmar aún que ellas sean pacíficas, aunque sí que son poco cruentas y que posibilitan, en caso de ser necesario, la violencia. Partir con un caudal de masas y resortes de poder que pueden hacer más rápida y segura la victoria. (…) Las FF.AA. de algunos países han demostrado que, frente al atraso de las masas y a la inexistencia de un fuerte proletariado, pueden asumir el rol de vanguardia y de partido (por ser el sector más poderoso, moderno, templado, coherente y disciplinado), desempeñando un buen papel en la defensa de la soberanía, la independencia y el desarrollo. Por ello, las FF.AA. no pueden ser descalificadas masivamente y no puede renunciarse a la política en su seno. Las declaraciones de dirigentes peruanos y bolivianos proclaman que su ideología es la del "nacionalismo revolucionario". Así subestimando otras cuestiones ideológicas, ha reverdecido un poderoso movimiento antiimperialista. Esto demuestra la necesidad de plantearse los problemas del nacionalismo y el socialismo, del carácter de nuestra revolución y de sus formas ideológicas. Debemos comprender que, en nuestro proceso, el nacionalismo no es una mera cobertura teórica para engañar burgueses y capas medias: América Latina puede ser una gran nación: significa una unidad geográfica y económica, cultural y lingüística. (…) Hoy como ayer, surgen en estos países nacionalismos que se plantean eliminar la dependencia, entroncar su acción con el pasado y construir una economía libre y una sociedad libre. No podemos dudar de la legitimidad de esos procesos ni de su valor, por el contrario, debemos profundizarlos hasta el socialismo como palanca esencial aun para el crecimiento económico y, por supuesto, para el nuevo orden social. (…) La contradicción fundamental hoy es imperialismo-nación, de ahí la importancia de la liberación nacional como tarea, para solo después poder plantearnos la construcción plena del socialismo. (…) El socialismo en América Latina será nacionalista y a la inversa. Esta misma problemática la han abordado hoy los cristianos, los movimientos nacionales, los militares y coincide con el resquebrajamiento del monolitismo ideológico del bloque socialista, resquebrajamiento que ha llegado incluso a posiciones antagónicas, coincide también con las vías heterodoxas hacia el socialismo seguidas por países árabes y africanos. (…) Las teorías del socialismo nacional son varias, nos encontramos ante una gama que conserva, empero, una identidad esencial: la nación y el socialismo". 48. Al parecer, la dirección del PS (y, en general, la izquierda uruguaya) está condenada a asesorar a las experiencias fracasadas de América Latina. Diversos intelectuales uruguayos (Trías, Couriel, Cardoso) asesoraron al allendismo, al velazquismo, al sandinismo, haciéndose por lo tanto corresponsables de los desastrosos resultados de estos procesos. 49. Al punto que la propia prensa burguesa hablaba de un pacto co-co: "colorado-comunista". 50. Todavía hoy sigue cerrado el transporte de pasajeros por ferrocarril. 51. La 99 fue fundada por Zelmar Michelini y Hugo Batalla, quienes en 1970 rompieron con el Partido Colorado y participaron de la fundación del Frente Amplio. En 1989, Batalla rompió con el FA y creó el Nuevo Espacio, para finalmente incorporarse nuevamente al Partido Colorado, en 1994, como candidato a la vicepresidencia en alianza con Sanguinetti. 52. El "Club Progreso", oriundo de la barriada obrera de La Teja. 53. Tribuna de los Trabajadores, 5/1/91. 54. La República, 17/1/91. 55. Cfr. "El maravilloso intendente de Montevideo", The Economist, 25/7/92: "Si el pueblo de Montevideo hiciera escuela, todos los políticos serían como su intendente, el doctor Tabaré Vázquez. (…) En el ejercicio de gobierno de su ciudad, el doctor Vázquez habla el lenguaje del socialismo del tercer mundo pero aplica las políticas de libre empresa del primer mundo o cualquier otra cosa por cierto que tenga la posibilidad de funcionar. Se queja de las desigualdades del capitalismo, pero ha roto los precedentes en Montevideo contratando compañías privadas para reparar las calles, limpiar los parques e iluminar las ciudades. Soy miembro del Partido Socialista, pero soy mucho más pragmático que ideológico, declara. Creo en los programas que den soluciones concretas a los problemas. (…) La posición del Intendente en las encuestas ha hecho suponer que el Frente Amplio lo candidatearía para presidente en 1994. Incluso algunos conservadores creen que puede ser el hombre capaz de sacudir a su país, al estilo de Felipe González de España o Carlos Menem de la Argentina. El doctor Vázquez, por su parte, dice que no aceptará a menos que tenga la seguridad de que los partidos y las facciones cooperarán con él. Además, dice el Intendente, preferiría ser médico". 56. La República, 8/5/99. 57. Idem. 58. La República, 7/9/98. 59. Idem. 60. Idem. 61. Idem. 62. La República, 26/6/99.

1 de diciembre de 1999
Los peligros profesionales del poder
Christian Rakovsky

I Querido camarada Valentinov: En sus "Meditaciones sobre las masas", fechada el 8 de julio, examinando el problema de la "actividad" de la clase obrera, usted trata una cuestión fundamental: la de la conservación por el proletariado de su papel dirigente en nuestro Estado. A pesar de que todas las reivindicaciones de la Oposición tienden hacia ese fin, estoy de acuerdo con usted en que no ha sido todo dicho sobre esa cuestión. Hasta el presente, nosotros la hemos examinado siempre en relación con el conjunto del problema de la toma y la conservación del poder político, mientras que, para esclaracerlo más, habría sido necesario tratarla separadamente, como asunto especial de valor propio. En el fondo, los mismos acontecimientos se han encargado de colocarla en primer plano. La oposición exhibirá siempre, como uno de sus méritos ante el partido, del cual nadie podría despojarla, el de haber dado la alarma a tiempo sobre la terrible declinación del espíritu de actividad de las masas trabajadoras, y sobre su indiferencia creciente hacia el destino de la dictadura del proletariado y del Estado soviético. Lo que caracteriza la ola de escándalos que acaban de ser revelados, lo que constituye el más grande peligro, es, precisamente, esta falta de actividad de las masas trabajadoras, y su indiferencia creciente hacia el destino de la dictadura del proletariado y del Estado soviético. Lo que caracteriza la ola de escándalos que acaban de ser revelados, lo que constituye el más grande peligro, es precisamente esta pasividad de las masas (pasividad superior aún entre las masas comunistas que entre las sin partido) hacia las manifestaciones de despotismo sin precedentes que se han producido. Los obreros han sido testigos, y las han dejado pasar sin protesta, o bien se han contentado con murmurar un poco, por temor de aquellos que estaban en el poder, o por indiferencia política. Desde el asunto de Chubarovsk (para no remontarnos más arriba) hasta los abusos de Smolensk, de Artiemovsk, etc., Usted escucha siempre la misma canción: "Nosotros lo sabemos ya desde hace tiempo…". Robos, prevaricaciones, violencias, garrafas de vino, increíbles abusos de poder, despotismo ilimitado, ebriedad, desocupación: se habla de todo esto como de hechos ya conocidos, no desde hace meses sino desde hace años, y también hay cosas que todo el mundo tolera sin saber por qué. Sólo tengo necesidad de explicar que cuando la burguesía mundial vocifera sobre los vicios del Estado Soviético, nosotros podemos ignorarla con tranquilo desprecio. Conocemos muy bien la pureza moral de los gobiernos y de los parlamentos burgueses del mundo entero. No podemos tomarlos como modelos. Entre nosotros se trata de un Estado obrero. Nadie puede ignorar los terribles daños ocasionados por la indiferencia política en la clase obrera. Además, la cuestión de las causas de esta indiferencia y de los medios para eliminarla se revela esencial. Pero esto nos obliga a tratarla de una manera fundamental, científica, sometiéndola a un análisis profundo. Tal fenómeno merece que le acordemos toda nuestra atención. Las explicaciones que usted da son, sin ninguna duda, correctas. Cada uno de nosotros las ha ya expuesto en sus discursos. Ya han encontrado en parte su lugar en nuestra Plataforma (1). Y sin embargo, estas interpretaciones y los remedios propuestos para salir de la penosa situación, han tenido y tienen aún un carácter empírico; se refieren a cada caso en particular sin ordenar el fondo de la cuestión. A mi juicio, esto se produce porque la cuestión misma es una cuestión nueva. Hasta el presente hemos sido testigos de un gran número de casos en que el espíritu de iniciativa de la clase obrera se ha debilitado y ha declinado hasta el punto de llegar al nivel de la reacción política. Estos ejemplos no habían aparecido, tanto aquí como en el extranjero, mientras duró el período en que el proletariado seguía combatiendo por la conquista del poder político. Carecemos de ejemplos de declinación del ardor del proletariado una vez conquistado el poder, por la simple razón de que el nuestro es el primer caso en la historia en que la clase obrera lo conserva durante tan largo tiempo. Sabíamos hasta ahora qué podía ocurrirle al proletariado, cuales podían ser las oscilaciones de su estado de espíritu, cuando es una clase oprimida y explotada; pero recién ahora podemos evaluar en base a hechos los cambios de su estado de espíritu cuando toma en su manos la dirección. Esta posición política como clase dirigente no está exenta de peligros; antes bien, los encierra muy grandes. No me refiero a las dificultades objetivas que emergen del conjunto de la situación histórica (el cerco capitalista exterior y la presión pequeño burguesa en el interior del país), sino a las que son propias de toda clase dirigente, a consecuencia de la toma y el ejercicio del poder mismo, de la capacidad o incapacidad de usarlo. Usted comprende que estas dificultades continuarían existiendo, hasta cierto punto, aún si el país se compusiese exclusivamente de masas proletarias, y sólo hubiera Estados Obreros en el exterior. Estas dificultades podrían ser denominadas "los peligros profesionales" del poder. II En verdad, la situación de una clase que lucha por el poder difiere de la de una clase que ya lo tiene entre sus manos. Repito que, al hablar de peligros, no aludo a las relaciones con las otras clases, sino, más bien, a las que se crean en las filas mismas de la clase victoriosa. ¿Qué representa una clase cuando ha pasado a la ofensiva? Un máximo de unidad y de cohesión. Todo espíritu de oficio o de grupo, sin hablar de los intereses personales, pasa a segundo plano. Toda la iniciativa está en manos de la masa militante misma y de su vanguardia revolucionaria, ligada a esa masa del modo más intimo y orgánico. Cuando una clase toma el poder, un sector de ella se convierte en el agente de este poder. Así surge la burocracia. En un Estado socialista, a cuyos miembros del partido dirigente les está prohibida la acumulación capitalista, esta diferenciación comienza por ser funcional y a poco andar se hace social. Pienso aquí, en la posición social de un comunista que tiene a su disposición un automóvil, un buen departamento, vacaciones regulares y recibe el salario máximo autorizado por el Partido; posición que difiere de la del comunista que trabaja en las minas de carbón y recibe un salario de 50 ó 60 rublos por mes. En lo que concierne a los obreros y a los empleados, usted sabe que ellos están divididos en dieciocho categorías diferentes … Otra consecuencia es que algunas de las funciones cumplidas en el pasado por el Partido en su conjunto y por la clase entera, se han convertido en atribuciones del poder, es decir, solamente de un cierto número de gente de ese Partido y de esa clase. La unidad y la cohesión, que antes eran la consecuencia natural de la lucha de clases revolucionaria, no pueden conservarse ahora sino por una serie de medidas destinadas a preservar el equilibrio entre los diferentes grupos de dicha clase y del partido, subordinando esos grupos al fin fundamental. Pero esto constituye un proceso largo y complicado. Consiste en educar políticamente a la clase dominante, de manera de volverla capaz de manejar el aparato estatal, el Partido y los sindicatos, y de dirigir esos organismos. Repito: es una cuestión de educación. Ninguna clase ha venido al mundo en posesión del arte de gobernar. Dicho arte se aprende por la experiencia únicamente, como lección de los errores cometidos. Ninguna constitución soviética, aunque sea ideal, puede asegurar a la clase obrera el ejercicio sin obstáculos de su dictadura y de su control gubernamental, si el proletariado no sabe utilizar los derechos que le acuerda esa Constitución. La falta de armonía entre la capacidad política y la destreza administrativa de determinada clase y la forma jurídica-constitucional que ella establece para su uso después de conquistado el poder, es un hecho histórico comprobable en la evolución de todas las clases, y en parte, también, en la de la burguesía. La burguesía inglesa, por ejemplo, libró varias batallas no solamente para rehacer la Constitución conforme a sus propios intereses, sino también para colocarse en situación de aprovechar sus derechos y de participar plenamente del sufragio. La novela de Carlos Dickens, "El Club de Pickwick", incluye varias escenas de esta época del constitucionalismo inglés, cuando el grupo dirigente, asistido de su aparato administrativo, volcaba el coche que conducía a las urnas a los electores de la oposición para que estos no pudiesen llegar a tiempo al comicio. Este proceso de diferenciación es perfectamente natural en la burguesía triunfante o que está a punto de triunfar. En efecto, tomado en el sentido más amplio del término, ella está constituida por una serie de agrupamientos y aún de clases económicas. Nosotros conocemos la existencia de la grande, de la media y de la pequeña burguesía industrial y de una burguesía agraria. Sucesos como las guerras y las revoluciones producen reagrupamientos en las filas de la propia burguesía. Nuevas capas aparecen y comienzan a desempeñar su papel, por ejemplo, los propietarios, los adquirentes de bienes nacionales, los llamados "nuevos ricos", que suelen surgir tras una guerra que ha durado cierto tiempo. durante la Revolución Francesa, en el período del Directorio, estos "nuevos ricos" constituyeron uno de los factores de la reacción. Examinada en su conjunto, la historia del triunfo del Tercer Estado en Francia, en 1789, es sumamente ilustrativa. En primer lugar, este Tercer Estado era considerablemente heterogéneo. Englobaba a todos aquellos que no pertenecían a la nobleza o al clero; no sólo a las diversas variedades de la burguesía, sino también a los obreros y a los campesinos pobres. Sólo gradualmente, tras larga lucha y sucesivas intervenciones armadas, el Tercer Estado adquirió, en 1792, grandes posibilidades de participar en la administración del país. La reacción política iniciada aún antes del Thermidor consistió en que el poder comenzó a pasar, tanto formal como materialmente, a manos de un número de ciudadanos cada vez más restringido. Poco a poco, primero por la fuerza de las cosas, y, en seguida, legalmente, las masas populares fueron eliminadas del gobierno del país. Verdad es que, en aquel caso, la presión de las fuerzas reaccionarias se hizo sentir ante todo sobre las ligaduras que vinculaban en un gran conjunto a las diversas clases del Tercer Estado. Y es seguramente cierto que, al examinar las diferenciaciones internas de la burguesía, no encontraremos contornos de clase tan acentuada como los que separan, por ejemplo, a la burguesía y al proletariado, es decir, dos clases que juegan un papel enteramente diferente en la producción. Además, en la Revolución Francesa, durante el período de declinación, el poder no intervino solamente para eliminar, siguiendo las líneas de diferenciación, grupos sociales que, ayer aún, marchaban juntos, unidos por un mismo fin revolucionario, sino que, además, desintegró masas sociales más o menos homogéneas. Por un proceso de diferenciación funcional, la nueva clase dirigente destaca de su seno a los círculos de altos funcionarios. Tales fisuras, ante la presión de la contrarrevolución, convirtiéronse en verdaderos abismos. Añádase a ello que la misma clase dominante engendra contradicciones en el curso de la lucha. III Los contemporáneos de la revolución francesa, quienes participaron en ella y, más aún, los historiadores de la época siguiente, se interesaron acerca de las causas de la degeneración del Partido Jacobino. Más de una vez, Robespierre puso en guardia a sus partidarios sobre las consecuencias de la intoxicación del poder. Dueños de él, los previno no volverse demasiado presuntuosos, no "inflarse", cómo él decía, no contagiarse de vanidad jacobina, como diríamos ahora nosotros. Pero, como abajo veremos, Robespierre mismo contribuyó grandemente al desplazamiento de la pequeña burguesía, que gobernaba con el apoyo de los obreros parisinos. Omitimos aquí los testimonios contemporáneos acerca de la descomposición del Partido Jacobino, por ejemplo, su tendencia a enriquecerse, su participación en los contratos, abastecimientos, etc. Mencionemos, más bien, un hecho extraño y conocido: la opinión de Babeuf, para quién la caída de los jacobinos se vio grandemente estimulada por la fascinación que sobre ellos ejercieron las damas de la nobleza. Babeuf se dirigía a los jacobinos en estos términos: "¿Qué hacéis pues, plebeyos pusilánimes? Hoy, ellas os estrechan en sus brazos, mañana, os estrangularán". Si hubieran existido automóviles en el tiempo de la Revolución Francesa, habríamos encontrado también el factor del "haren-automovil" indicado por el camarada Sosnovsky como uno de los que desempeñan un papel de primer orden en la formación de la ideología de la burocracia del Partido. Lo que juega el papel más serio en el aislamiento de Robespierre y del Club de los Jacobinos, aquello que los separa completamente de las masas de obreros y pequeños burgueses, es, además de la liquidación de todos los elementos de la izquierda, comenzando por los "rabiosos", los hebertistas y los chaumettistas, y la Comuna de París en general, la eliminación gradual de todo principio electivo y su reemplazo por el de los nombramientos. El envío de comisarios de los ejércitos a ciudades donde la contrarrevolución levantaba cabeza, no sólo era legítimo sino indispensable. Pero cuando, poco a poco, Robespierre comenzó a reemplazar los jueces y los comisarios en las diferentes secciones de París que, hasta entonces, habían designado mediante elección a dichos funcionarios, cuando llegó a nombrar presidentes de Comisión Revolucionarios e, incluso, llegó a sustituir por funcionarios a toda la dirección de la Comuna, todas estas medidas tuvieron por resultado reforzar el poder de la burocracia y matar la iniciativa popular. Así, el régimen de Robespierre, en lugar de impulsar la actividad revolucionaria de las masas ya oprimidas por la crisis económica y, ante todo, por la crisis alimenticia agravó el mal y facilitó el trabajo de las fuerzas antidemocráticas. Dumas, el presidente del Comité Revolucionario, se quejaba ante Robespierre de no encontrar jurados para el Tribunal; nadie quería cumplir esas funciones. Pero Robespierre concluyó por sufrir en carne propia esta indiferencia de las masas parisinas cuando, el 10 de Thermidor, lo llevaron por las calles de París, herido y sangrando, sin ningún temor de que las masas populares intervinieran en favor del dictador de la víspera. De toda evidencia, sería ridículo atribuir la caída de Robespierre y de la democracia revolucionaria al principio de los nombramientos. Sin embargo, sin ninguna duda, esto aceleró la acción de los otros factores. De todos ellos, el decisivo fueron las dificultades de aprovisionamiento causadas, en gran parte, por 2 años de malas cosechas. Añádanse las perturbaciones originadas por el traspaso de la gran propiedad rural de la nobleza al pequeño productor campesino, y el alza constante de los precios del pan y de la carne, debido a que, al comienzo, los jacobinos no quisieron recurrir a medidas administrativas para reprimir a los campesinos ricos y a los especuladores. Cuando, finalmente, y presionados por las masas, se resolvieron a sancionar la "Ley del Máximun", las condiciones del mercado libre y de la producción capitalista, impidieron que ella jugase otro papel que el de simple paliativo. IV Pasemos ahora a la realidad que vivimos. Creo, ante todo, que es necesario indicar que, cuando empleamos expresiones tales como "el Partido", "las masas", etc., no debemos perder de vista el contenido que la historia de los últimos diez años ha puesto en estos términos. La clase obrera y el Partido no ya físicamente, sino moralmente ya no son lo que eran hace diez años. No exagero cuando digo que el militante de 1917, habría tenido dificultad para reconocerse en la persona del militante de 1928. Un cambio profundo ha tenido lugar en la anatomía y en la fisiología de la clase obrera. A mi juicio, es necesario concentrar nuestra atención sobre el estudio de las modificaciones de los tejidos y de sus funciones. El análisis de los cambios sobrevenidos logrará mostrarnos el mejor modo de salir de la situación creada. No tengo la intención de presentar aquí este análisis; me limitaré solamente a algunas observaciones. Hablando de la clase obrera, es necesario encontrar respuestas a toda una serie de preguntas, por ejemplo: ¿cuál es la proporción de obreros y empleados que trabaja actualmente en nuestra industria que ha entrado después de la revolución, y cuál la de aquellos que trabajaban desde antes? ¿cuál es la proporción de obreros y empleados de la industria que trabaja sin interrupción? ¿Y cuál la de quienes sólo trabajan accidentalmente? ¿Cuál es la proporción en la industria de los elementos semiproletarios, semicampesinos, etc.? Si descendemos y penetramos en las profundidades mismas del proletariado, del semiproletariado y de las masas trabajadoras en general, sólo encontraremos sectores enteros de la población de los cuales nadie se ocupa entre nosotros. No quiero hablar aquí únicamente de los desocupados, que constituyen un peligro siempre creciente y que, en todo caso, es un sector que ha sido claramente indicado por la Oposición. Pienso en las masas reducidas a la mendicidad, en los semi-pauperizados que, gracias a los subsidios irrisorios entregados por el Estado, están en el límite del pauperismo, del robo y de la prostitución. No podemos imaginar cómo la gente vive, a veces a unos pasos apenas de nosotros. Llega la ocasión en que enfrentamos fenómenos cuya existencia no habría podido sospecharse en el Estado soviético y que dan la impresión de descubrirnos súbitamente, un abismo. No se trata de defender la causa del Poder de los Soviets invocando el hecho de que no ha logrado desembarazarse de la triste herencia legada por el régimen zarista y capitalista. No, pero en nuestra época, bajo nuestro régimen, descubrimos la existencia de fisuras en el cuerpo de la clase obrera, a través de las cuales la burguesía podría introducir una cuña. En ciertos períodos, bajo el régimen burgués, la parte conciente de la clase obrera arrastraba, detrás suyo, a esta masa numerosa, comprendida en los semivagabundos. La caída del régimen capitalista debía llevar la liberación al proletariado entero. Los elementos semivagabundos consideraban a la burguesía y al estado capitalista responsables de su situación. Estimaban que la revolución debía aportar un cambio a su condición. Estas gentes, ahora, están lejos de estar satisfechos; su situación no ha mejorado ni poco menos. Comienzan a considerar con hostilidad el poder de los Soviets, y a aquella parte de la clase obrera que trabaja en la industria. Se transforman, sobre todo, en los enemigos de los funcionarios de los Soviets, del Partido y de los Sindicatos. Se los escucha hablar a veces de la clase obrera como de la "nueva nobleza". No me detendré aquí en la diferenciación que el poder ha introducido en el seno del proletariado, y que he calificado más arriba de funcional. La función ha modificado el órgano mismo, es decir, la psicología de aquellos que se han encargado de diversas tareas de dirección en la administración y la economía del Estado ha cambiado hasta tal punto que no sólo objetiva, sino también moralmente, han cesado de formar parte de esta misma clase obrera. Así, por ejemplo, un director de fábrica hace de "sátrapa". A pesar del hecho de que es un comunista, a pesar de su origen proletario, a pesar de que aún trabajaba en la fábrica hace unos años, no encarna ante los ojos de los obreros las mejores cualidades del proletariado. Molotóv puede, con el corazón alegre, establecer un signo de igualdad entre la dictadura del proletariado y nuestro Estado, con sus instituciones burocráticas, y, lo que es peor, con los brutos de Smelensk, los estafadores de Tashkent y los aventureros de Arniemovsk. Al hacer esto, no logra más que desacreditar la dictadura sin desarmar el legítimo descontento de los obreros. Si, prescindiendo de los demás matices de la clase obrera, pasamos ahora al Partido mismo, nos encontraremos con los elementos provenientes de las otras clases sociales. La estructura social del Partido es más heterogénea que la del proletariado. Esto ha sido siempre así, naturalmente, con esta diferencia: que cuando el Partido tenía una vida ideológica intensa, la amalgama social se fundía en una sola aleación gracias a la lucha de la clase revolucionaria en movimiento. V Pero, el poder, tanto en el Partido como en la clase obrera, opera diferenciaciones sociales semejantes a las que separan a las diversas capas de la sociedad. La burocracia de los Soviets y del Partido constituye, de hecho, un nuevo orden. No se trata de casos aislados, de desfallecimientos en la conducta de un camarada, sino más bien de una nueva categoría social, a la que debería consagrársele un estudio específico. A propósito del Proyecto de Programas de la Internacional Comunista, yo escribía a León Davidovich (Trotsky) entre otras cosas: "En lo que concierne al capítulo 4º (el período transitorio). La manera con que ha sido formulado el papel de los partidos comunistas en tal período de la dictadura del proletariado es bastante débil. Sin la menor duda, esta manera vaga de hablar del papel del Partido hacia la clase obrera y el Estado no es un efecto del azar. La antítesis existente entre la democracia burguesa y la democracia obrera está claramente indicada; pero no se dice una sola palabra para explicar lo que el Partido debe hacer para realizar, concretamente, está democracia proletaria. Atraer las masas y hacerlas participar en la construcción, reeducar su propia naturaleza (Bujarín se complacía en desarrollar este último punto, entre otros, más especialmente en ligazón con la revolución cultural); son afirmaciones verdaderas desde el punto de vista de la historia y conocidas desde hace mucho tiempo; pero se reducen a simplezas si no introducimos la experiencia acumulada en el curso de los diez años de dictadura del proletariado. "Es aquí que se plantea el problema de los métodos de dirección, que juegan un rol tan importante. "Pero nuestros dirigentes no sienten agrado en hablar del asunto; bajo el temor de que resulte evidente que ellos mismos están lejos aún de haber reeducado su propia naturaleza". Si yo fuera el encargado de escribir un proyecto del programa de la Internacional Comunista, habría consagrado buen lugar, en este capítulo, a la teoría de Lenin sobre el Estado durante la dictadura del proletariado y el rol del Partido y su dirección en la creación de una democracia proletaria, tal como debería ser, y no de una burocracia de los Soviets y del Partido como la que existe actualmente. El camarada Preobrayenski ha prometido consagrar un capítulo especial en su libro Las conquistas de la dictadura del proletariado en el año II de la Revolución a la burocracia soviética. Espero que él no olvidará el papel de la burocracia del Partido, que es mucho mayor en el Estado soviético que el de su hermana, la burocracia de los Soviets. He expresado la esperanza de que él estudiaría este fenómeno sociológico específico, bajo todos sus aspectos. No hay un folleto comunista que, relatando la traición de la socialdemocracia alemana del 4 de agosto de 1914, no indique al mismo tiempo el papel fatal que las cumbres burocráticas del Partido y de los sindicatos jugaron en la historia de la caída de ese Partido. Por su parte, muy poco ha sido dicho, y esto en términos muy generales, sobre la función desempeñada por nuestra burocracia de los Soviets y el Partido, en la disgregación del Partido y del Estado Soviético. Es un fenómeno sociólogico de la máxima importancia que no puede, sin embargo, ser comprendido y profundizado en toda su gravedad si no examinamos las consecuencias que ha tenido el cambio de la ideología del partido de la clase obrera. VI ¿Usted pregunta qué ha sido del espíritu de actividad revolucionaria del Partido y de nuestro proletariado? ¿A dónde ha ido a parar su iniciativa revolucionaria? ¿Dónde están sus intereses ideológicos, su valor revolucionario, su orgullo proletario? ¿Está usted sorprendido de que haya tanta apatía, tanta mezquindad, pusilanimidad, arribismo y otras muchas cosas que podría añadir yo mismo?¿Qué ha ocurrido para que gente que tiene un pasado revolucionario estimable, cuya honestidad personal no arroja ninguna duda y que ha dado pruebas de su devoción a la Revolución en más de un caso, se encuentren convertidos en lastimosos burócratas? ¿De dónde viene esta horrible Smerkiakovstchina (2) de la cual habló Trotsky en su carta sobre las declaraciones de Antonov-Ovseenko? Pero si se puede esperar cualquier cosa de aquellos procedentes de la burguesía y de la pequeña burguesía, intelectuales, "individuos" en general, desde el punto de vista de las ideas y de la moralidad, ¿cómo explicar el mismo fenómeno cuando se trata de la clase obrera? Muchos camaradas, han observado esa pasividad y no pueden disimular su decepción. Es verdad que otros camaradas han visto, en el curso de una cierta campaña llevada por la cosecha de trigo, síntomas de una robustez revolucionaria, probando que los reflejos de clase viven aún en el Partido. Muy recientemente, el camarada Ischenko me ha escrito (o, más exactamente, ha escrito en tesis que debió haber enviado igualmente a otros camaradas) que la cosecha de trigo y la autocrítica se deben a la resistencia de la sección proletaria de la dirección del Partido. Desgraciadamente, es preciso decir que esto no es exacto. Los dos hechos, resultan una combinación urdida en las altas esferas, y no son debidos a la presión de la crítica de los obreros; es por razones políticas, y, a veces, por razones de grupo o digámoslo de fracción, que una parte de las cumbres del Partido pone en práctica esta línea. No se puede hablar más que de una sola presión proletaria: la dirigida por la Oposición. Pero, es preciso decirlo claramente, esta presión no ha sido suficiente para mantener la Oposición en el interior del Partido; más bien, ella no ha logrado modificar su política. León Davidovich ha demostrado con toda una serie de ejemplos irrefutables el rol revolucionario, verdadero y positivo que ciertos movimientos revolucionarios jugaron con su derrota: la comuna de París, la insurreción de diciembre de 1905 en Moscú. La primera aseguró el mantenimiento de la forma republicana de gobierno en Francia, la segunda abrió la vía a la reforma constitucional en Rusia. Sin embargo, los efectos de estas derrotas conquistadoras son de corta duración si no están reforzadas por una nueva ola revolucionaria. Lo más triste es que ningún reflejo se produce dentro del Partido y de la masa. Durante dos años, se ha venido librando una lucha excepcionalmente áspera entre la Oposición y las altas esferas del Partido. En el curso de los dos últimos meses, se han desarrollado acontecimentos que habrían debido abrir los ojos a los más ciegos. Sin embargo, nadie hasta el presente advierte que las masas del Partido estén interviniendo. VII También es comprensible el pesimismo de algunos camaradas, que percibo igualmente a través de su pregunta. Babeuf, al salir de la prisión de la Abadía, echando una mirada a su alrededor se preguntaba qué había sido del pueblo de París, de los obreros de los barrios de Saint-Antoine y Saint-Marceu, aquellos que el 14 de julio de 1789 habían tomado la Bastilla, el 10 de agosto de 1792, las Tullerías, que habían sitiado la Convención el 30 de mayo de 1793, sin hablar de tantas otras intervenciones armadas. Resumía sus observaciones en una sola frase, donde se siente la amargura del revolucionario: "Es más difícil reeducar al pueblo en el amor a la libertad, que conquistarla". Nosotros hemos visto por qué el pueblo de París olvidó la atracción de la libertad. El hambre, la desocupación, la liquidación de los cuadros revolucionarios (numerosos dirigentes habían sido guillotinados), la eliminación de las masas de la dirección del país, todo esto llevó a tan gran lasitud moral y física de las masas, que el pueblo de París y del resto de Francia tuvo necesidad de 37 años de respiro antes de comenzar una nueva Revolución. Babeuf formuló su programa en dos palabras (me refiero a su programa de 1794): "La libertad y la Comuna elegida". Debo hacer aquí una confesión: no me he dejado nunca arrullar por la ilusión de que era suficiente para los líderes de la Oposición presentarse en los mítines del Partido y en las reuniones obreras para hacer pasar a las masas al campo de la Oposición. Siempre he considerado tales esperanzas, que provenían sobre todo de los dirigentes de Leningrado (3), como cierta sobrevivencia del período en que ellos tomaban las ovaciones y los aplausos oficiales como expresión del verdadero sentimiento de las masas, y los atribuían a su popularidad imaginaria. Iré aún más lejos: esto explica, para mí, el brusco viraje de su conducta. Ellos pasaron a la Oposición esperando tomar rápidamente el poder. Es con ese fin que se unieron a la Oposición de 1923 (4). Cuando alguien del "grupo sin dirigentes" reprochó a Zinoviev y Kamenev haber dejado caer a su aliado Trotsky, Kamenev les respondió: "Nosotros teníamos necesidad de Trotsky para gobernar; para reingresar al Partido es un peso muerto". Sin embargo, el punto de partida, la premisa, habría debido ser que la obra de educación del Partido de la clase obrera, es una tarea larga y difícil, tanto más cuanto que los espíritus deben limpiarse de todas las impurezas introducidas en ellos por la práctica de los Soviets y del Partido, y por la burocratización de esas instituciones. No se ha de perder de vista que la mayoría de los miembros del Partido (sin hablar de los jóvenes comunistas) tiene la concepción más errónea de las tareas, de las funciones y de la estructura del Partido, debido a la concepción que la burocracia les enseña con su ejemplo, su conducta práctica y sus fórmulas estereotipadas. Todos los obreros que ingresaron al Partido después de la Guerra Civil, entraron, en su mayor parte, después de 1923 (la promoción Lenin); ellos no tienen ninguna idea de lo que era en otro tiempo el régimen del Partido. La mayoría entre ellos está desprovista de esa educación revolucionaria de clase, vivida durante la lucha, en la vida, en la práctica conciente. En el pasado, esta conciencia de clase se adquiriría en la lucha contra el capitalismo. Hoy, ella debe formarse por la participación en la construcción del Socialismo. Pero nuestra burocracia ha reducido dicha participación a una frase hueca, y los obreros no pueden adquirir en ninguna parte esta educación. Se entiende que excluyo como medio anormal de educar a la clase el hecho de que nuestra burocracia, bajando los salarios reales, empeorando las condiciones de trabajo, favoreciendo el desarrollo de la desocupación, empuja a los obreros a la lucha que eleva su conciencia de clase; pero, entonces, ella es hostil al Estado socialista. Según la concepción de Lenin y de todos nosotros, la tarea de la dirección del Partido consiste, precisamente, en preservar al Partido y a la clase obrera de influencias corruptoras de los privilegiados, de los favores y de las tolerancias inherentes al poder, en razón de su contacto con los restos de la antigua nobleza y pequeño burguesía, habría debido premunirse contra la influencia nefasta de la NEP (5), contra la tentación de la ideología y de la moral burguesas. Al mismo tiempo, nosotros teníamos la esperanza de que la dirección del Partido llegaría a crear un nuevo aparato, verdaderamente obrero y campesino, nuevos sindicatos, realmente proletarios, una nueva moral en la vida cotidiana. Debe reconocerse francamente, claramente, en voz alta e inteligible: el aparato del Partido no ha cumplido esa labor. En esta doble tarea de preservación y educación, ha demostrado la incompetencia más completa; ha fracasado; es insolvente. VIII Desde hace tiempo estamos convencidos de que lo pasado en estos últimos ocho meses pone en evidencia para todos que la dirección del Partido avanza por el más peligroso de los caminos. Aún hoy sigue por esa ruta. Los reproches que le dirigimos no conciernen, por así decirlo, al aspecto cuantitativo de su trabajo, sino. más bien, al cualitativo. Subrayamos esto pues, de otro modo, volveríamos a sumergirnos en cifras con los éxitos innumerables e integrales obtenidos por los aparatos partidario y soviético. Ha llegado el momento de poner fin a este charlatanerismo estadístico. Oíd las versiones del XV Congreso del Partido. Leed el informe de Kossior sobre la actividad organizativa. ¿Qué se encuentra? Cito literalmente: "El prodigioso desarrollo de la democracia del Partido … la actividad organizativa del Partido se ha extendido grandemente". Y luego, por supuesto, para reforzar todo esto: cifras, cifras y aún cifras. Y esto era dicho en el momento en que había en los expedientes del Comité central documentos que probaban la terrible desintegración de los aparatos del Partido y los Soviets, la sofocación de todo control de las masas, la opresión horrible, persecuciones y un terror jugando con la vida y la existencia de militantes y obreros. He aquí como la Pravda caracteriza nuestra burocracia: "Elementos arribistas, hostiles, perezosos e incompetentes, se empeñan en arrojar a los mejores inventores soviéticos más allá de las fronteras de la URSS. Si no se lanza un gran golpe contra estos elementos, con toda nuestra fuerza, nuestra determinación, nuestro coraje, etc. …" No obstante, conociendo nuestra burocracia, yo no estaría sorprendido de escuchar a alguien hablar nuevamente del desarrollo "enorme" y "prodigioso" de la actividad de las masas y del Partido, del trabajo organizativo del Comité Central implantando la democracia, etc. Estoy persuadido de que la burocracia partidaria y soviética que hoy existe, seguirá cultivando con el mismo éxito abscesos supurantes a su alrededor, a pesar de los ardientes procesos que han tenido lugar en el mes último. Esta burocracia no cambiará por el hecho de haberse sometido a una depuración. No niego, quede bien claro, la utilidad relativa y la absoluta necesidad de tal depuración. Deseo señalar, simplemente, que no es únicamente una cuestión de cambio personal, sino ante todo de cambio de métodos. A mi juicio, la primera condición para devolver a la dirección del Partido la capacidad de ejercer un papel educativo, es reducir la importancia de las funciones de esa dirección. Las tres cuartas partes del aparato deberían ser licenciadas. Las tareas del cuarto restante deberían tener límites estrictamente determinados. Análogo criterio debería aplicarse a las tareas, a las funciones y a los derechos de los organismos centrales. Los miembros del Partido deben recobrar sus derechos, que han sido pisoteados, y recibir garantías válidas contra el despotismo de los círculos dirigentes que ya conocemos. Es difícil imaginar lo que pasa en los niveles inferiores del Partido. Es especialmente en la lucha contra la Oposición donde se ha puesto en evidencia la mediocridad ideológica de eso cuadros, así como la influencia corruptora que ejercen sobre las masas proletarias del Partido. Si en las cumbres, existe aún una cierta línea ideológica, una línea especiosa y errónea, mezclada, es verdad, a una fuerte dosis de mala fe, en los niveles inferiores, en cambio, la demagogia más desenfrenada se ha empleado contra la Oposición. Los agentes del Partido no han vacilado en utilizar el antisemitismo, la xenofobia, el odio a los intelectuales, etc. Estoy persuadido de que toda reforma del Partido que se apoye sobre la burocracia se revelará utópica. IX Resumo: observando, como usted, la falta de espíritu de actividad revolucionaria en las masas del Partido, yo no veo nada sorprendente en este fenómeno. Es el resultado de todos los cambios que han tenido lugar en el Partido y en el proletariado mismo. Es necesario reeducar a las masas trabajadoras y a las masas del Partido, en el cuadro del Partido y de los sindicatos. Este proceso es largo y difícil; pero es inevitable; ya ha comenzado. La lucha de la Oposición, la lucha de centenares y centenares de camaradas, las detenciones, las deportaciones, a pesar de que no hayan hecho mucho por la educación comunista de nuestro Partido tienen, en todo caso, más efecto que todo el aparato tomado en su conjunto. En el fondo, los dos factores no pueden ser comparados. El aparato ha despilfarrado el capital del Partido legado por Lenin, no solamente de una manera inútil sino también nociva. Ha demolido, mientras la Oposición construía. Hasta ahora, he razonado por "abstracción", a partir de los hechos de nuestra vida económica y política que han sido analizados en la Plataforma de la Oposición. Lo he hecho deliberadamente, pues mi tarea era señalar los cambios que se han producido en la composición y la psicología del proletariado y del Partido en relación con la toma del poder misma. Estos hechos quizás han dado un carácter unilateral a mi exposición. Pero, sin proceder a este análisis preliminar, resultaría difícil comprender el origen de los errores económicos y políticos cometidos por nuestra dirección en lo que concierne a los campesinos y los problemas de la industrialización, del régimen interior del Partido, y, finalmente, de la administración del Estado. Astrakán, 6 de agosto de 1928

1 de diciembre de 1999
El origen de los saldos en libras esterlinas de Argentina (1939/1943)
Jorge Fodor

I Los saldos en libras esterlinas (1) jugaron un papel extremadamente importante en la determinación del curso de la política económica argentina en la posguerra. En particular, influyeron fuertemente la política económica exterior del primer gobierno de Perón y contribuyeron al retraimiento que mostraron sectores influyentes de la Argentina hacia una mayor integración a la economía mundial. En algunos momentos extremos, se consideraba incluso que no había mucha diferencia entre exportar a Gran Bretaña a cambio de libras esterlinas y tirar los productos al mar (2). En consecuencia, los saldos en libras esterlinas envenenaron las relaciones entre Gran Bretaña y la Argentina en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra. La Argentina reclamó concesiones verdaderamente modestas en este terreno, como un tasa de interés del 2,5% sobre sus créditos con Gran Bretaña, en un momento en que la inflación internacional era muy alta. Vistas desde Gran Bretaña, sin embargo, esas demandas eran totalmente inaceptables, no por su costo intrínseco, sino porque inevitablemente habrían desatado reclamos similares de otros países, poseedores de saldos en libras esterlinas a su favor mucho mayores. Para la Argentina, el estudio de la cuestión de los saldos en libras esterlinas tiene importancia no sólo por la luz que echa sobre ciertas decisiones controvertidas de la política económica de 1946/48, sino también sobre muchos problemas planteados por la propia guerra. A continuación serán tratados muchos aspectos y espero ser capaz de contribuir a una mejor comprensión de los problemas que la evolución de la guerra planteó a quienes determinaban la política en Argentina. La solución encontrada fue muy peculiar: neutralidad política combinada con una extrema generosidad hacia Gran Bretaña en cuestiones financieras. Es más exacto decir que este camino, probablemente el peor que la Argentina pudo haber tomado, no fue elegido por nadie en particular sino que fue el resultado de numerosos factores. La resultante fue que la Argentina fue considerada, especialmente en los Estados Unidos, como siguiendo una política pro-nazi cuando, en realidad, estaba proporcionando una ayuda sustancial a Gran Bretaña. La Argentina, un país independiente, acumuló saldos en libras esterlinas sin poner ningún límite; haciendo esto, creó muchos menos problemas a Gran Bretaña que ciertos Dominios (3), como Canadá y Sudáfrica, o que otros países independientes, como Estados Unidos, que exigieron el pago en dólares o en oro hasta que Gran Bretaña agotó sus reservas. ¿Pero por qué la Argentina estuvo dispuesta a aceptar la moneda de otro país además, una moneda que fue devaluada dos veces, en 1931 y en 1939? Vista desde este ángulo, la pregunta toca una de las cuestiones más importantes de la política monetaria internacional en este siglo: el patrón oro. El trabajo trata sobre el origen de los saldos en libras esterlinas hasta el golpe militar de junio de 1943. Durante este período, el Banco Central estuvo dirigido por el mismo grupo de gente, bajo la dirección de Raúl Prebisch, y hubo entonces una continuidad de política, aunque naturalmente el curso de los acontecimientos produjo modificaciones. Después del golpe hubo cambios abruptos y, aunque se aceleró la repatriación de la deuda externa, los saldos aumentaron a un ritmo todavía mayor. En ciertos aspectos, este segundo período debe ser visto como una caricatura del primero, combinando perversamente un aún mayor aislamiento político respecto de los aliados con aún mayores concesiones económicas a Gran Bretaña. Pero ése es, sin embargo, otro período, y no será tratado aquí. II En 1941, los economistas que trabajaban en el Gabinete de Guerra estimaban que la producción británica de armamentos era similar a la de sus enemigos, un logro sorprendente si se tiene en cuenta el retraso del rearme británico y el hecho de que la Gran Alemania tenía 79,5 millones de habitantes mientras que Gran Bretaña tenía sólo 45,5 millones (4). Alemania, sin embargo, estaba utilizando todavía el 27% de su población activa en la agricultura, comparada con menos del 5% de Gran Bretaña. Estas cifras todavía están lejos de darnos una imagen adecuada: mientras Alemania podía contar con los recursos de casi toda la Europa continental, Gran Bretaña se beneficiaba de los recursos de su vasto Imperio y de los de muchos otros países. Por ejemplo, podía obtener petróleo con muy poco esfuerzo de ricos campos de regiones distantes; Alemania tuvo que invertir mucho para construir plantas que producían petróleo sintético. Sin embargo, había complicaciones. Si por cada hombre en el exterior que producía bienes para Gran Bretaña, un trabajador británico tenía que producir exportaciones, los únicos beneficios que podrían haber surgido son los derivados de la especialización internacional. Podría alcanzarse una ventaja mucho más significativa si se encontrara un método que no requiriese la compensación de las importaciones con las exportaciones. En este caso, los trabajadores podrían ser transferidos desde los distintos sectores de la economía a la producción de armamentos o a los servicios de combate, mientras las importaciones continuarían fluyendo. Este fue el objetivo que llevó a las finanzas de guerra al centro del esfuerzo bélico. Si las importaciones no se pagaban con exportaciones, esto sólo podía ocurrir por una de las siguientes alternativas (o por una combinación de ellas): 1. pérdida de reservas; 2. venta de inversiones externas; 3. créditos del exterior; 4. donaciones del exterior. La pérdida de reservas era, en cualquier caso, inevitable y, en el otoño de 1941, Gran Bretaña casi había agotado sus reservas de dólares y oro. Fueron vendidas inversiones en el exterior de muy mala gana, pero no era nada fácil y fue hecho considerando que debilitaba la posición externa de Gran Bretaña después de la guerra. Las donaciones fueron importantes, especialmente la que hizo Canadá, en 1942, de mil millones de dólares y el componente crucial de transferencia unilateral contenido en la Ley de préstamo y arriendo (5). Pero todo esto no fue suficiente y resultaban necesarios los préstamos. No podían ser obtenidos en los Estados Unidos a causa de la aversión norteamericana a los acuerdos de pagos y porque la Johnson Act de 1934 prohibía préstamos a países que habían incumplido sus deudas con los Estados Unidos. Pero con otros países las cosas no eran tan difíciles. Con el estallido de la guerra en setiembre de 1939, Gran Bretaña enfrentó en sus relaciones con Argentina un gran problema: cómo pagar los alimentos que compraba. Como sus exportaciones hacia la Argentina estaban condenadas a disminuir por la transformación de su economía en una economía de guerra, esas compras podían ser pagadas en dólares o en oro (el método menos deseable para Gran Bretaña), en pesos argentinos o en libras esterlinas. Pagar en pesos planteaba dificultades, en la medida en que no estaba claro cómo obtener suficientes pesos. Habría sido necesario un préstamo en pesos y esto tenía inconvenientes. Pagar intereses y acumular deuda en moneda extranjera eran dos problemas obvios, pero además había otros. En primer lugar, habría implicado hacer de la cuestión un tema de debate público en la Argentina, en la medida en que el Banco Central no estaba autorizado por su carta orgánica a prestar pesos a gobiernos extranjeros. En segundo lugar, un crédito en pesos habría tenido un techo y una fecha de rescate. En tercer lugar, su tamaño probablemente habría estado condicionado por la limitada capacidad del mercado monetario argentino y del gobierno argentino para recaudar los montos necesarios. El pago en libras esterlinas era la mejor de todas las opciones: probablemente no se reclamaría ningún interés y, entretanto, habría tiempo para discutir otras cuestiones relacionadas, como la repatriación de los títulos argentinos mantenidos en Gran Bretaña. El problema surgió directamente el 4 de setiembre de 1939, al día siguiente de la declaración de guerra. Gran Bretaña quería comprar un millón de toneladas de trigo y quinientas mil toneladas de maíz, pero Argentina reclamaba el pago en pesos. Esto no debe sorprender pues la libra estaba en medio de una tendencia declinante en el mercado de Nueva York. El 24 de agosto, la Exchange Equalisation Account retiró su apoyo a la libra, con el resultado de que su cotización en dólares cayó de 4,68 a 4,04 (nivel en el que fue estabilizada a mediados de setiembre) (6). Las alternativas planteadas por el reclamo argentino fueron resumidas por el Ministerio de Hacienda en una carta al Departamento de Planes de Defensa en Alimentos: 1. aceptar; 2. negociar un crédito; 3. pagar en libras (7). Las cosas se alargaron hasta que la libra se estabilizó; poco después, mientras el ministro de Agricultura de Argentina le informaba al secretario de Comercio británico que la Argentina prefería el pago en pesos, el Banco Central acordó aceptar libras esterlinas, pero reclamó que los saldos a su favor fueran en dólares o usados para comprar bonos. "Usted verá que el último cable contempla el pago en libras esterlinas y estamos muy ansiosos en cerrar el acuerdo rápidamente", escribió Niemeyer el 28 de setiembre (8). Dos días más tarde, se hizo una oferta al Banco Central: las compras serían pagadas (en libras esterlinas) en una cuenta en el Banco de Inglaterra a nombre del Banco Central de la Argentina. Con esta cuenta, la Argentina podría pagar sus compras comerciales y servicios financieros en el Reino Unido. Los saldos serían convertidos en pesos a una tasa de 13,50 por cada libra esterlina y cancelados con bonos del Reino Unido a cinco años en pesos; se sugería un tasa de interés del 4%. En su respuesta el Banco Central aceptó el pago en libras esterlinas y la centralización de los pagos, pero no consideró la idea de un bono en pesos. En cambio, puso en claro un objetivo muy importante: "Nuestro gobierno desea destinar los excedentes de libras esterlinas, por encima de un saldo operativo mutuamente acordado, a la compra de los títulos argentinos en Gran Bretaña". Pero se enfatizaba que el gobierno sólo podría comprar de acuerdo con sus medios. La cuestión del uso de los saldos acumulados, si éstos excedían el monto que el gobierno argentino podía destinar a la compra de los títulos, fue dejado para una discusión posterior. Como no había préstamo en pesos, se requirió un seguro de cambio. En una comunicación previa, el Banco de Inglaterra sólo había ofrecido discutir la cuestión si la libra esterlina se depreciaba más del 10% respecto al dólar. Ahora, el Banco de Inglaterra acordaba garantizar por tres meses el valor de las esterlinas acumuladas por encima de 1 millón de libras, convirtiéndolas en oro para ese fin, para ser reconvertidas en libras esterlinas a la tasa vigente al final del acuerdo. En palabras de Niemeyer, el acuerdo "es provisional por tres meses, para hacer que algo empiece; y deja las mayores cuestiones para ser discutidas con mayor tranquilidad y, pienso, vía Meynell" (9). Meynell era socio de una firma de Buenos Aires que tenía estrechas relaciones con la banca Baring; era también el representante del Ministerio de Hacienda y del Banco de Inglaterra en Buenos Aires. La banca Baring, además, era asesor financiero del gobierno argentino. Desde el punto de vista británico, este estado de los negocios era satisfactorio; no se había concedido nada peligroso y el oro podría ser recuperado. El hecho de que la Argentina deseara recomprar sus propios títulos era tranquilizador; más satisfactorio todavía era que la Argentina no dijera explícitamente que estaba interesada en sus bonos. En el período que estaba por comenzar sólo unos pocos meses después, uno de los principales objetivos de Gran Bretaña en sus negociaciones con la Argentina fue convencerla de que comprara sus ferrocarriles y no su propia deuda externa pública. La esperanza de que las futuras negociaciones pudieran efectuarse a través de Meynell puede comprenderse mejor a partir de un telegrama que éste envió al Ministerio de Hacienda el 13 de octubre de 1939, mostrando su muy peculiar status en el Banco Central: "El Banco Central se encarga de mostrarme todos los telegramas recibidos y me ha solicitado colaborar con ellos en la redacción de sus respuestas. Le telegrafiaré a través de la Embajada sobre todos los puntos que afecten las negociaciones". La posición de Meynell era de gran utilidad para Gran Bretaña; podía anticipar lo que se estaba pensando en el Banco Central; una y otra vez fue consultado por Londres acerca de si era necesario efectuar ciertas concesiones a la Argentina; normalmente, fue capaz de concluir que esto no era necesario. Podía discutir cuánto se le podía reclamar a la Argentina sin pasarse de la raya. Su ayuda en la redacción de las respuestas argentinas podía ser valiosa en una situación donde una simple palabra en un telegrama crucial podía generar una gran diferencia. El Banco Central, desde su nacimiento, tuvo estrechos contactos con el Banco de Inglaterra. Su carta orgánica seguía muy estrechamente un proyecto redactado por sir Otto Niemeyer; Powell, también del Banco de Inglaterra, pasó un período considerable trabajando en el Banco Central antes de la guerra. En el Banco de Inglaterra había, por lo tanto, un muy preciso conocimiento del trabajo en el Banco Central, de las personas involucradas y de sus habilidades y debilidades. Esta no era una peculiaridad del Banco Central (argentino): mantener estrechos contactos con otros bancos centrales era una preocupación de larga data de Montagu Norman, gobernador del Banco de Inglaterra (10). Una cuestión que fue dejada en el aire fue el derecho de la Argentina a convertir una parte de sus libras esterlinas en dólares o en oro para pagar una parte de su deuda externa a terceros países. Desde el acuerdo de 1936, esta suma había sido reducida a 1,5 millones de libras, y hasta octubre de 1939 la cuestión no había sido planteada en las negociaciones del acuerdo de pagos. Niemeyer no pensaba que Gran Bretaña, bajo un régimen de control de cambios, estuviera dispuesta a liberar recursos del superávit de la Argentina para el pago de la deuda de ésta con Estados Unidos, y la Argentina no lo pidió: "Tenemos la esperanza que no lo hagan" (11). Cuando, pocos días más tarde, la Argentina reclamó por el 1,5 millón de libras, un funcionario del Ministerio de Hacienda anotó en el telegrama "Supongo que debemos acordar". La cuestión fue dejada ahí; algunos meses más tarde, cuando el acuerdo entre los bancos fue renovado, se le entregó a la Argentina su 1,5 millón de libras, pero a cambio aceptó libras esterlinas de Irlanda. Se pensaba que Gran Bretaña tendría un gran déficit con Argentina (12), pero la cuestión de qué haría ésta con sus libras esterlinas fue dejada sin resolución: "Se ha sugerido que Argentina podría comprar las acciones de los ferrocarriles, pero esto no ha sido recibido con mucho entusiasmo. El acuerdo, por lo tanto, ha sido hecho por un período de tres meses a partir de mediados de octubre y esta cuestión será resuelta en el interín" (13). La cuestión no fue resuelta tan fácilmente y finalmente llevó años; como comentó mucho después un funcionario del Ministerio de Hacienda, "sólo lo provisorio dura" (14). Mientras tanto, desde el punto de vista británico, las cosas eran muy satisfactorias. En palabras de la Historia Oficial: "El 27 de octubre de 1939, el gobierno británico realizó un acuerdo de pagos con la Argentina muy alentador, un país que tiene gran importancia como proveedor de alimentos (…) Su amplio efecto fue permitir al gobierno británico la continuación de sus importaciones sin realizar pagos inmediatos (…) Los neutrales argentinos, en consecuencia, se han mostrado dispuestos, como los miembros del área de la libra esterlina, a prestar sus recursos a la beligerante Gran Bretaña; o planteando las cosas a la inversa, los británicos han tenido éxito en ablandar una moneda que habían considerado originalmente como dura…" (15). Tradicionalmente, Inglaterra se valió de la importancia de su mercado para obtener concesiones de los países productores de materias primas. No debe sorprender, por lo tanto, que Leith Ross propusiera valerse de las compras en Argentina y en otros países sudamericanos para obtener algunas ventajas. Sugirió pedir un tipo de cambio favorable para las remesas de utilidades de las empresas de servicios públicos, matando de esta manera dos pájaros de un tiro. "Necesito puntualizarle enfáticamente que no solamente cualquier mejora en su condición reduciría la presión sobre el tipo de cambio y le daría a usted mayores ingresos por impuestos a las ganancias; sino además produciría un aumento del valor del capital de esas empresas si finalmente tiene que venderlas o empeñar títulos de las mismas a los gobiernos involucrados" (16). Inglaterra necesitaba el alimento, pero a Leith Ross le parecía que valía la pena intentar lo anterior. En el Ministerio de Hacienda esta propuesta no fue recibida con agrado: "Me parece que es muy difícil obtener alguna concesión comercial cuando estamos hablando de formas de pago, porque somos nosotros los que estamos, en un sentido, pidiendo favores, al tratar de obtener todo el crédito que podamos para evitar pagar en dólares" (17). No hubo ningún progreso definitivo en la negociación sobre el tema sobre qué había que hacer con los saldos en libras esterlinas de Argentina, y el acuerdo interbancario fue renovado dos veces por tres meses y una vez más por seis. Pero, al momento de su expiración, en octubre de 1940, muchas cosas habían cambiado. III La caída de Francia estaba destinada a tener un impacto sobre las negociaciones anglo-argentinas. Por algún tiempo, fue planteada tentativamente la idea de obtener concesiones de Argentina a cambio de una gran compra de sus productos agrícolas. Si Inglaterra hubiera comprado solamente lo que necesitaba, su posición en la negociación habría sido débil. Pero si hubiera garantizado la compra de grandes cantidades de la producción argentina, aun cuando no estuviera segura de poder transportarlas, podría haber pedido concesiones sustanciales. Debe recordarse que esto se hizo con algunos Dominios, y que Australia y Nueva Zelanda tenían asegurado el mercado para toda su esquila de lana a precios favorables, al comienzo de la guerra. En el caso de Argentina, Inglaterra esperaba valerse de la zanahoria de las compras para obtener concesiones financieras. Una buena ventaja es la que se procuró lograr a fines de junio, en un intercambio de correspondencia entre el Ministerio de Hacienda, el Banco de Inglaterra y el Ministerio de Alimentación. El 24 de junio, Waley, del Ministerio de Hacienda, consultó la opinión de Niemeyer sobre un "arreglo amplio" que estaba adecuadamente separado en dos partes: parte A, "Qué queremos", y parte B, "Qué ofrecemos". Se pretendían dos cosas de la Argentina: un crédito en pesos a largo plazo para la compra de cereales durante la guerra, y un tipo de cambio del peso favorable para la importación de carne. Se ofrecía la compra de toda la carne enlatada disponible y una cierta cantidad de maíz (posiblemente un millón de toneladas). Debe decirse que uno de esos dos útimos ítems no era una concesión, dado que era Inglaterra quien necesitaba urgentemente la carne enlatada para abastecerse mientras los ataques aéreos alemanes amenazaban sus comunicaciones. En este punto, el apuro era de Inglaterra. Lo que hace particularmente interesante la carta de Waley es que, sobre el punto más importante, ésta era deliberadamente confusa. El asunto tiene que ver con el efecto del crédito a Inglaterra sobre la economía argentina. ¿Era bueno o malo? La compra de los productos agrícolas, que de otra manera habrían quedado sin mercado, era claramente favorable para los productores argentinos; era también atractivo para el Tesoro argentino no tener que proveer recursos financieros para ayudar a los productores. En cambio, el efecto de un crédito sin aumento de impuestos era claramente inflacionario para la Argentina. Los productores agrícolas tendrían un mayor poder de compra, pero no se obtendrían bienes a través de la importación. A corto plazo, había un peligro y era que el efecto neto sobre la economía argentina no resultaba muy diferente de comprar toda la producción agropecuaria y tirarla al mar. Waley no comprendía el problema claramente, argumentando simultáneamente que ayudaría a la Argentina y que la perjudicaría. Después de decir que un objetivo de todo el asunto era "evitar la bancarrota argentina dándole un manotazo a Hitler", agregó: "Reconozco que un gran crédito a nosotros significa inflación y finanzas deficientes para la Argentina. Pero ¿no es tiempo de remedios desesperados?" (18). Con Alemania cerca de la victoria total, los tiempos eran efectivamente desesperados para Inglaterra y durante este período aparecen frecuentemente indicios de que las obligaciones financieras no importarían mucho si se perdía la guerra: "Si perdemos la guerra, no estaremos de humor para preocuparnos por la deuda argentina", así concluyó Mather Jackson una larga nota sobre toda la cuestión (19). El mismo día que Waley escribió su carta, Niemeyer escribió una aguda respuesta (el Ministerio de Alimentación se las arregló también para contestar en el día, un indicador de la eficiencia de la maquinaria gubernamental durante la guerra). Niemeyer expuso sin piedad la confusión de Waley: "Los argentinos están hoy dándonos un crédito de 6,25 millones de libras esterlinas (su saldo bajo el presente acuerdo) y si es correcto hablar de bancarrota argentina lo que consideré exagerado entonces ellos difícilmente serán atraídos; ni tampoco evitarán esa bancarrota por darnos un nuevo crédito en pesos (de largo plazo) por una cantidad y un período no especificados". Niemeyer tenía una idea muy clara de qué política quería de la Argentina, pero no creyó necesario mostrarla detalladamente. Se le dejó a Hutton, del Ministerio de Alimentación, el placer de darle una lección de claro pensamiento en el campo financiero a un alto funcionario del Ministerio de Hacienda: "Si usted cree que se deben encontrar medios de pago adicionales, entonces quizás podemos ayudarlo a encontrar los medios de persuadir o sobornar a la Argentina para que nos dé la ayuda financiera necesaria. Creería que todo lo que podamos hacer para ayudar a la posición fiscal de la Argentina sería importante, ya que está claro que el problema es de índole financiera interna antes que de transferencia. Esto significa inevitablemente, argumentaría, que nuestra política debe estar orientada a alentar la economía inflacionaria en la Argentina, más una devaluación (a tiempo) del peso argentino respecto de la libra. Esto será una tarea lenta y con grandes dificultades" (20). Claramente, es útil tomar el problema en dos partes, una la de las finanzas internas y otra la de las transferencias. Toda la discusión sobre las reparaciones alemanas, que tanto atrajeron la atención de los economistas en el período de entre-guerras, fue clarificada mediante esta diferenciación. El gobierno alemán podía recaudar recursos internos suficientes de sus contribuyentes para pagar las reparaciones, pero a menos que los otros países permitieran a Alemania obtener un gran excedente en otros rubros de su balanza de pagos, Alemanía no podría obtener las divisas en moneda extranjera necesarias para efectuar la transferencia (21). El problema para la Argentina era claramente el opuesto: ella tenía los bienes, e Inglaterra los quería. Pero el problema presupuestario interno quedaba completamente irresuelto. A menos que los recursos financieros fueran obtenidos de los consumidores, las exportaciones a crédito a Inglaterra significarían inflación en la Argentina. Quedaba planteada la cuestión de por qué convenía a Inglaterra una política inflacionaria en la Argentina. A primera vista se podría pensar que el caso sería el opuesto, ya que la inflación a menos que fuera acompañada de devaluación significaría precios en libras más altos para Inglaterra. La realidad era que la economía inflacionaria en la Argentina era conveniente para Inglaterra por ser menos visible que los impuestos, y por lo tanto tendía a provocar menos discusiones en la Argentina sobre el acuerdo de pagos entre los dos bancos centrales. En negociaciones con otros países Inglaterra también reclamó oficialmente que éstos aceptaran la inflación como un subproducto de sus exportaciones al Reino Unido. En el caso de Canadá, este problema amenazó con volverse serio y está registrado en la historia oficial de las finanzas de guerra. Canadá fue reacia a dar muchos dólares canadienses a Inglaterra si no podía obtener una cantidad similar del público, ya sea a través de impuestos, o de la venta de títulos. La inflación habría resuelto el conflicto entre los niveles de consumo y el esfuerzo bélico y, después de un período, los canadienses insinuaron que no querían reducir más los niveles de consumo; las exportaciones a Inglaterra tendrían que sufrir: "Londres opina firmemente lo contrario: Canadá debe enfrentar cierta inflación y reconocer la necesidad de los suministros de guerra como el factor determinante" (22). IV Keynes se trasladó al Ministerio de Hacienda en junio de 1940 y su impacto se hizo sentir inmediatamente en las discusiones sobre la Argentina. Enseguida comenzó a proponer una idea paradójica, pero brillante: la caída de Francia había aumentado la capacidad negociadora de Inglaterra con los países neutrales productores de materias primas: "Ha habido recientemente un gran aumento de la fuerza de nuestro poder negociador, el cual hasta ahora no hemos sabido aprovechar. Ya no existe la posibilidad de escasez de abastecimiento y de altos precios en el mercado internacional. Al contrario, en los productos básicos la perspectiva es la de un terrible excedente no vendido y el colapso del mercado. Razones de política y economía internas convertirán a la mayoría de los países de ultramar cuando hayan advertido completamente la nueva situación en nuestros proveedores, apasionadamente ansiosos por encontrar un mercado en casi cualquier condición para su pesado y desbordante excedente doméstico" (23). Sus ideas fueron recibidas con interés, pero también con reserva. Cuando explicaba al Banco de Inglaterra las ideas de Keynes, Waley tuvo cuidado de dejar en claro que estas ideas no le pertenecían: "(Keynes) me senaló que, ahora que los franceses no compran más en Sudamérica, estamos en una posición negociadora muy fuerte y, tan pronto como podamos, debemos revisar nuestra política de prometer a los países de Sudamérica una garantía en la forma de oro y patotearlos para que usen las libras esterlinas para comprar sus propios títulos" (24). En esa época, la posición de Keynes era considerada extrema aún por sus amigos. "Maynard piensa que estamos en una posición negociadora infinitamente fuerte y que podemos forzar los términos que querramos con los países sudamericanos", escribió Playfair a Richard Kahn en una carta borrador (25). Unos meses antes se creía que, como Inglaterra estaba pagando con libras esterlinas bloqueadas, la oferta de comprar cereales no podía ser presentada como un favor. Después de la caída de Francia, esto ya no era cierto y la oferta de comprar, aún con libras bloqueadas, era una importante ventaja. La fe en la esterlina no era firme ni siquiera en las jerarquías más altas del Foreing Office, como puede verse en la siguente anotación en el diario del subsecretario permanente, A. Cadogan: "Fui con Theo a elegir alfombras. Sólo para desprendernos de títulos del Tesoro, que no valdrán nada, a cambio de bienes que tienen valor" (26). Pero aun así, los países amenazados con excedentes invendibles se enfrentaban a una opción severa: o bien aceptar las libras esterlinas, que en el caso de la Argentina podían ser usadas por lo menos para repatriar la deuda externa, o bien dejar pudrir la cosecha. En este último caso, si no se les daba ninguna ayuda a los agricultores no habría inflación, pero todo el sector podría ir a la ruina; si se les iba a dar ayuda, entonces era mejor arriesgarse aceptando esterlinas de dudoso valor antes que practicar sólo una política inflacionaria. Si se ayudaba a los agricultores, el resultado en cualquier caso era la inflación. Dada esta situación, vender por esterlinas bloqueadas no era atractivo, pero era mejor que no vender nada. Además, durante la segunda mitad de 1940 era imposible prever la evolución futura de la balanza de pagos entre Inglaterra y Argentina. Semana a semana se producían grandes cambios en las intenciones británicas, dado que sus planes de compra debían tener en cuenta los cambios en el transporte, el efecto de los bombardeos alemanes sobre los puertos, etc. Aunque la parte argentina conocía sólo un aspecto de estas oscilaciones, lo que vio era más que suficiente para asegurar que el futuro sería más incierto; por un tiempo hasta pareció posible un déficit con el área de la libra esterlina. Argentina había perdido sus mercados en Francia, Bélgica y Holanda; todas las exportaciones a la Europa continental estaban sometidas al bloqueo británico. En las perspicaces palabras de un funcionario del Ministerio de Alimentación: "El Ministerio de Economía de Guerra está, por supuesto, ocupado, por un lado, en la cuestión económica y política mayor de hambrear a Europa y, por lo tanto, levantar excedentes invendibles en los países productores, por el otro (27). Argentina se enfrentó con una enorme cosecha de maíz invendible. Antes de la guerra, la exportación de maíz representaba más del 20% del total de exportaciones y, a pesar de cosechas excepcionales tanto en 1940 como en 1941, las exportaciones de maíz en 1941 representaban menos del 1% del total. El resultado fue un colapso del precio del maíz. El gobierno argentino intervino con varias medidas para ayudar a los agricultores: ya en abril de 1940 concedió créditos a través del Banco de la Nación; en mayo se fijó un límite máximo diario para las variaciones del precio del maíz; y en agosto el Congreso autorizó al gobierno a comprar toda la cosecha (28). Entonces se tomó la crucial decisión: dada la situación, era comprensible que el Banco Central aceptara gustoso las esterlinas si podía venderse la cosecha. Desde mediados de 1940 hasta los primeros meses de 1941, hubo largas negociaciones entre ambos países, en las que se discutieron todos los aspectos de su relación económica. Durante este período, la preocupación central de Argentina era la necesidad de aumentar la venta de cereales, mientras Inglaterra intentaba desesperadamente ahorrar todo el oro y los dólares que le fueran posibles para comprar armas y materias primas vitales en los Estados Unidos. Con la intensificación del combate, la prudencia financiera había desaparecido y todos los recursos fueron volcados a la batalla. Se daba curso a los pedidos franceses de armas a Estados Unidos, y las reservas de oro y dólares disminuían a un ritmo alarmante. Pronto se hizo evidente que, si la guerra continuaba, sería necesaria la ayuda financiera de Estados Unidos. Ya en mayo de 1940, Churchill había enviado su famoso mensaje a Roosevelt, "seguiremos pagando dólares hasta que podamos, pero me gustaría sentirme razonablemente seguro de que cuando no podamos pagar más nos darán las cosas igualmente". En esas circunstancias, una vez que Argentina aceptó la libra esterlina, no podía sorprender que Inglaterra tuviera como objetivos la suspensión de la convertibilidad del millón y medio de libras esterlinas por año de la deuda argentina con Estados Unidos, y la modificación de la garantía de cambio que inmovilizaba al oro. Era inevitable que el futuro de los ferrocarriles ingleses en la Argentina entrara en discusión. Su valor nominal era muy alto, cerca de 250 millones de libras esterlinas, y había existido un interés constante de la Argentina por comprarlos. Durante los años 30, el gobierno conservador había comprado el Central Córdoba, y se debieron abandonar planes más ambiciosos cuando la posición financiera de la Argentina se deterioró en 1938. El gobernador del Banco de Inglaterra, Montagu Norman, consideró con mucho cuidado la situación de los ferrocarriles, que eran una de las más importantes inversiones de Gran Bretaña en el exterior. En junio de 1940 se interesó activamente y envió una carta sobre el tema al ministro de Hacienda. Adjuntó un memorándum en el cual relacionaba el excedente de producción de maíz y los ferrocarriles, y sobre el futuro de éstos últimos, expresaba: "Hoy puede ser la última oportunidad favorable, en términos políticos, para negociar la cuestión de los ferrocarriles británicos en la Argentina". Pensaba que Ortiz, en los dos últimos años de su presidencia, no podía evitar esa gran cuestión y que, en el momento en que su sucesor llegara a la Presidencia, estaría cercana la expiración de las cláusulas relevantes de la Ley Mitre (que exceptuaban a los ferrocarriles de la mayoría de los impuestos). Esto pondría seriamente en riesgo la posición negociadora de los ferrocarriles. Lo que Montagu deseaba era valerse de la preocupación argentina sobre el excedente de maíz para resolver la cuestión de los ferrocarriles. Mencionó que Gran Bretaña podría comprar 10 millones de toneladas de maíz en dos años si la Argentina se comprometía a comprar los ferrocarriles, pagando una suma cada año: "Lo importante, desde el punto de vista británico, es que la presente preocupación sobre el maíz sirva para tomar ventaja y no se deje escapar la oportunidad sicológica de resolver la cuestión de los ferrocarriles" (29). Para conseguirlo, era necesario convencer a la Argentina de que no recomprara su propia deuda externa sino que destinara su saldo en libras esterlinas para comprar los ferrocarriles. No sólo era importante que la República no comprara gradualmente acciones de los ferrocarriles en el mercado; era necesario que la Argentina acordara un esquema por el cual se comprometía a comprar todo el sistema ferroviario. Esto era necesario por dos razones: una, porque en ese momento el valor de las acciones de los ferrocarriles en el mercado era muy bajo y, en conjunto, Gran Bretaña tenía muchas mejores posibilidades de obtener un precio mayor. La otra es que era importante lograr un acuerdo a largo plazo que resolviera la cuestión de los pagos por muchos años. Con la situación política muy fluida en Buenos Aires, era bastante probable que un nuevo ministro de Hacienda, no obligado por un acuerdo, podría revertir esto ordenando comprar las acciones gradualmente. El Banco de Inglaterra estaba pensando más claramente que el resto de la Administración británica; y lo que el banco había comprendido a mediados de 1940 recién fue aceptado por otros departamentos meses, y en algunos casos años, más tarde. Un mes más tarde, hubo mucha discusión en la Administración, sobre la necesidad de fomentar la repatriación de los títulos de Sudamérica y obtener un crédito en pesos. Se dejó a Niemeyer explicarle a Waley que era mucho mejor gozar del "crédito sin interés" representado por el saldo en libras esterlinas que el ceder los activos en divisas (30). Al día siguiente, Waley confesó que su idea no había sido muy brillante y agregó: "Aprecio la dificultad de sacarle la manteca de la boca al perro, pero siento que en el futuro no le ofreceremos la mejor manteca mientras el perro parece muy satisfecho con margarina" (31). Las largas negociaciones que siguieron entre Gran Bretaña y la Argentina fueron sobre el nivel de compras británicas y las concesiones que haría la Argentina si las compras de Gran Bretaña superaban cierto nivel. La línea británica fue que si la Argentina no le ayudaba, sus compras serían bajas; que estaban dispuestos a comprar más (especialmente cereales) sólo si se hacían concesiones financieras. Lo que pidió Gran Bretaña fue la suspensión de la entrega del 1,5 millón de libras esterlinas en oro para el pago de la deuda externa argentina con terceros países, tasas de cambio favorables para las empresas de servicios públicos y para ciertas exportaciones británicas y, finalmente, una modificación en la cláusula de la garantía en oro. Gran Bretaña necesitaba ese oro y ofrecía en su lugar garantizar el valor en oro del saldo en libras esterlinas. Esto significaba que si la libra se devaluaba, por ejemplo un 15% en relación con el oro, Gran Bretaña debía poner un 15% más de libras esterlinas en la cuenta del Banco Central. Aunque aparentemente similar, esta cláusula resultaba profundamente diferente. Si el oro hubiera sido de libre disponibilidad, Argentina podría haberlo usado para comprarle a cualquier país. De hecho, no estaba disponible, porque según un acuerdo debía ser revendido al Banco de Inglaterra. Pero su status era mucho mejor que el de las libras esterlinas bloqueadas. Se verá que eso significó una gran diferencia en la prioridad dada por Gran Bretaña a sus exportaciones hacia la Argentina. La línea de Gran Bretaña era muy dura y por el momento estaba buscando concesiones aunque comprara a crédito: "Parece que estamos en una posición fuerte para negociar con la Argentina y deberíamos ser inflexibles, si es necesario mostrarles la puerta, con la práctica certeza de que ellos se darán por vencidos" (32). V Una vez que Argentina acordó entrar en una situación que era de hecho idéntica a un acuerdo de compensación con Gran Bretaña, se encontró impotente. El extraño mundo de los acuerdos de compensación, como muchos países europeos habían descubierto en su perjuicio en sus relaciones económicas con Alemania, fue dominado por reglas muy diferentes a las que prevalecían en el mundo de las monedas de libre convertibilidad. Como Argentina no había impuesto ningún techo al monto de libras esterlinas que estaba dispuesta a acumular, no le resultaba urgente a Gran Bretaña exportar a la Argentina. Al mismo tiempo, se podían cargar precios muy altos; esto ayudaba a alcanzar el objetivo de cambiar las condiciones del acuerdo a favor de Gran Bretaña. No es sorprendente que éste haya sido un objetivo de largo plazo de los funcionarios británicos. "Para mí la cuestión esencial era que nosotros podíamos, y en realidad podemos cambiar los términos del comercio a nuestro favor, si uno lo calcula en pesos o en libras esterlinas", escribía Hutton y explicaba: "Nuestro objetivo, obviamente, es ver que una cierta proporción de los ahorros argentinos nos sean efectivamente transferidos" (33). Más tarde, cuando existió la compensación de facto, esto no fue difícil de alcanzar. Se dejó al descubridor del multiplicador, Richard Kahn, explicar el tema a los funcionarios que concurrieron a una reunión del Comité Interdepartamental de América del Sur y Central: "Mr. Kahn sugirió que allí donde los acuerdos de pago habían sido concluidos, el nivel de precios de nuestras exportaciones dejó de ser un factor importante. Los países participantes tenían que elegir entre comprar nuestras mercancías o mantener libras esterlinas bloqueadas (con una garantía en oro) y en consecuencia, de hecho, darnos crédito. No verían la ventaja de firmar un acuerdo de pagos si el oro pudiera ser retirado, y si el oro podía ser retirado no habría necesidad de promover las exportaciones" (34). A los representantes del Ministerio de Hacienda no les complacía discutir estas delicadas cuestiones tan abiertamente; estaban alarmados de que alguien de algún departamento ajeno a estas cuestiones técnicas como del Departamento de Comercio, pudiera expresar las cosas en forma clara: "El Ministerio de Hacienda era de la opinión que esta reunión resultaba demasiado amplia para una adecuada discusión sobre la materia", recuerda el acta de la reunión. Con el tiempo, en la medida en que las exportaciones británicas caían, resultaba cada vez más claro que la situación estaba peligrosamente desbalanceada: "Podría ser más desafortunado si una denuncia pública, fomentada por la propaganda alemana, se levantara en contra de que se pague por buena carne con libras esterlinas aparentemente inservibles", escribía el presidente del Departamento de Comercio al embajador británico en Buenos Aires (35). No obstante todas las seguridades regularmente enviadas por los funcionarios ingleses en Buenos Aires, que tenían frecuente contacto con las autoridades argentinas, Londres encontraba demasiado difícil creer que tal situación podría continuar indefinidamente, especialmente por las consecuencias inflacionarias para la Argentina: "Como ustedes saben, nosotros estamos comprando a la Argentina mucho más de lo que jamás podríamos pagar con exportaciones. Usted nos ha dicho, y Jerram lo ha repetido, que el actual gobierno de la Argentina no está preocupado por el rápido aumento del saldo en libras esterlinas. Me pregunto por cuánto tiempo esto continuará siendo cierto, si nosotros tenemos que cortar las exportaciones todavía más drásticamante. Es verdad que a largo plazo la Argentina podía considerar que podría usar sus libras esterlinas para adquirir las empresas públicas de propiedad británica, pero mientras tanto, tienen que enfrentar el hecho de que podrían perder en el intercambio de sus alimentos y materias primas, principalmente por medio de la inflación de su moneda". El hecho de que localmente los pesos fueran emitidos contra libras esterlinas bloqueadas (36) contrariaba todas las reglas de solidez de la banca central y creó constante perplejidad en Londres. En una minuta de 1941, Mather Jackson, del Foreign Office, comentó sobre "una puntualización hecha por Mr. Jerram en una reunión del 2 de agosto que nos sorprendió a Mr. N. Young, a Mr. Powell y a mí. Hemos discutido sobre el saldo en libras en el Banco de Inglaterra. Algunos han descripto a la libra esterlina como inservible en la actualidad, a cualquier tipo de cambio. Mr. Jerram no acuerda. Cuando le preguntamos por qué, dijo: porque el Banco Central usa estas libras para respaldar el aumento de las emisiones fiduciarias. ¿Es un signo de fe incondicional en nuestra capacidad no sólo de ganar la guerra sino también de que Inglaterra gozará de buena salud financiera después de ella? ¿O es el más grosero ejemplo de inflación encubierta que uno pueda buscar?" (37). VI Lo que es interesante discutir en este punto es quién se benefició en la Argentina con este estado de cosas. En Londres, había un claro conocimiento de los efectos redistributivos en la Argentina de la acumulación de saldos en libras esterlinas. Esto surge claramente de una discusión en el Foreign Office en setiembre de 1942, a partir de que un funcionario de primer rango señaló que era "de lo más repugnante" apaciguar al gobierno argentino (38), a lo que alguien agregó que era igualmente repugnante pagar precios exorbitantes por la carne, enriqueciendo de esa manera a los estancieros, que no eran de ninguna manera nuestros (de los británicos) mejores amigos en la Argentina". El alto funcionario del Departamento intervino en este punto con una observación muy pertinente: "Pero las objeciones de estar pagando de más son materialmente insignificantes (sean lo que fueran moralmente) o incluso irreales, desde el momento que nosotros, presumiblemente, pagaremos con libras esterlinas a las que la Argentina no les puede dar ningún uso, y que está de acuerdo en darnos la carne por nada en este momento?" (39). Butler, que no veía el argumento, no quedó para nada convencido. Objetaba (y al hacerlo utilizó un verbo interesante que habría causado una gran ofensa en muchas familias propietarias de tierras en la Argentina), "si nuestras libras esterlinas son de un valor insignificante, parece raro que los estancieros nos judaicen (actúen como judíos) por más" (40). Mather Jackson apuntó la explicación al margen de la página: "los estancieros tienen pesos; el Banco Central de la Argentina, libras esterlinas". Esta era la razón clave de todos los acuerdos de compensación: los exportadores eran indiferentes a las cláusulas técnicas que involucraban al Banco Central; lo que ellos querían era un buen precio en moneda local por sus productos, y esto lo conseguían por los acuerdos de compensación. La experiencia de los países del sudeste de Europa con Alemania, en la década del 30, mostraba que habitualmente los exportadores tenían suficiente poder político para implementar tales acuerdos. En la Argentina había muchos que aceptaban el acuerdo porque era de interés a largo plazo para el país; había otros que lo hacían porque se beneficiaban directamente con él. El gobierno argentino no tenía remordimientos de conciencia acerca de su preferencia por los sectores más enriquecidos de las clases rurales. En un muy interesante memorándum oficial enviado al gobierno británico que trata sobre los saldos en libras esterlinas, se habla acerca de "las clases rurales que forman el núcleo más sólido y estable de la organización social de la República" (41). Cuando recibió este memorándum, el embajador británico lo envió a Londres con un resumen; condensó el espíritu del párrafo de la siguiente manera: "puede encontrarse una solución, se piensa, que sea capaz de permitir la preservación de la estructura social de la República, basada como está esencialmente en las clases rurales" (42). Aunque las exportaciones no traían nada a cambio e incrementaban las presiones inflacionarias en la Argentina, enriquecían a los estancieros y consolidaban su poder político. La cuestión fue explicada en forma concisa en una minuta interna del Foreign Office: "Puede argumentarse, por supuesto, que el mantenimiento de las exportaciones de carne es más en interés de los propietarios de ganado que reciben altos precios en pesos que del país en su conjunto, que en la actualidad recibe a cambio sólo libras esterlinas bloqueadas. Pero los intereses ganaderos están tan bien representados en el gobierno y en los círculos influyentes que, en una gran medida, los intereses privados predominan sobre los públicos" (43). VII Como se ha visto, la Argentina acumuló un crédito sin interés en Gran Bretaña en lugar de recomprar su propia deuda en libras esterlinas. Eso fue un error, pero quizás pueda justificarse dada la falta de certeza que había en ese momento sobre el futuro del balance de pagos con el área de la libra esterlina. Si hubiera habido un déficit, se habría probado onerosa la emisión de un préstamo en época de guerra, especialmente en los términos de los favores que inevitablemente se habrían pedido. En esta perspectiva, el crédito sin interés puede ser visto como un seguro costoso ante un futuro desconocido. Había, sin embargo, otra oportunidad que fue inexplicablemente desperdiciada: por algún tiempo, Gran Bretaña estuvo dispuesta a permitir que la Argentina comprara con libras esterlinas los bonos argentinos en dólares que estaban en poder de residentes británicos. Si esta oportunidad hubiera sido puesta en práctica, las exportaciones argentinas al área de la libra esterlina habrían reducido las obligaciones en dólares de la Argentina, mejorando significativamente su balanza de pagos. Una cierta parte de la deuda en dólares de la Argentina estaba en manos de residentes británicos, y en mayo de 1940, previendo una aguda escasez de dólares para 1941, el gobierno argentino planteó la posibilidad de comprar esos bonos con libras esterlinas. "Se les ha ocurrido que el Gobierno de Su Majestad puede estar dispuesto a asistir por medio de la venta al gobierno argentino, a cambio de libras esterlinas, de los bonos de deuda argentinos nominados en dólares, en poder de inversionistas británicos. Se puede dar uno perfecta cuenta que, en ese caso, el Gobierno de su Majestad renunciaría a un potencial activo en dólares, pero se piensa que en la práctica la realización de tales activos puede ser larga y dificultosa" (44). Niemeyer era favorable a la propuesta en tanto "desde un punto de vista general, nosotros no queremos, pienso, que la presión de la Argentina por dólares se vuelva más aguda si podemos ayudar" (45). El monto total de bonos argentinos nominados en dólares en poder de residentes británicos era de alrededor de 15 millones; se envió un telegrama a Meynell aceptando el requerimiento argentino, pero como última esperanza se preguntó si se quería que el Ministerio de Hacienda comprara periódicamente bonos para el fondo de amortización o si se quería que el Ministerio de Hacienda comprara todos los bonos que pudiera. La sorprendente respuesta argentina fue que la idea del gobierno argentino era "sólo comprar bonos argentinos nominados en dólares con libras esterlinas bloqueadas en los montos necesarios para cubrir el fondo de amortización y cuando fuera oportuno" (46). Esto no sólo significaba perder la oportunidad más favorable, cuando la perspectiva de contar con dólares de la Argentina parecía particularmente sombría; la propuesta tenía serias dificultades administrativas. "No pienso que podamos contemplar compensar la muy considerable masa de bonos argentinos en poder de residentes británicos en pequeñas cantidades, y en la medida en que sea requerido por el fondo de amortización", escribió un funcionario del Ministerio de Hacienda (47). En el Banco de Inglaterra estaban de acuerdo. "Pero entregarlos cada medio año en forma separada es claramente absurdo y no muy conveniente, por lo menos por el momento" (48) Se le propuso a Meynell que el gobierno británico podría entregar esos bonos en dólares al fondo de amortización durante los próximos dos años mientras el gobierno argentino podría pagarlos simultáneamente a precio de mercado en libras esterlinas (49). Debe hacerse notar que esta propuesta era más favorable a la Argentina que lo que este país había solicitado. Los acontecimientos se sucedían muy rápidamente en el resto del mundo y estaba quedando muy claro que la caída de Francia había dejado a la Argentina en una posición muy débil. "A no ser por el gran cambio en la situación provocado por la defección de Francia pienso que sería justo, pero en las presentes circunstancias, obviamente, es menos atractivo. Sin embargo, pienso que podríamos tomar montos del fondo de amortización sólo por un período de seis meses" (50). La respuesta de Waley fue muy clara. "Estoy de acuerdo. Estamos muy comprometidos. La próxima vez seremos más duros". Se había perdido la oportunidad más favorable para fortalecer el balance de pagos de la Argentina. Argentina no sólo perdería rápidamente la posibilidad de tener oro a su nombre y recibir 1,5 millón de libras en oro para pagar su deuda externa en dólares; desde fines de 1940 suministró dólares a Gran Bretaña a través de su deuda externa en dólares, parte de la cual estaba en manos británicas. VIII Ya se ha mencionado que las cuestiones monetarias estaban íntimamente ligadas a la política británica de exportaciones. El esfuerzo de guerra era la prioridad a la que se supeditaba todo, por lo que exportaciones innecesarias podían significar el desperdicio de recursos productivos. Las exportaciones que producían o ahorraban dólares u oro eran las más útiles, en la medida que incrementaban la cantidad de bienes o armamentos que podían ser comprados en los Estados Unidos y eran indispensables para ganar la guerra. En el otro extremo estaban las exportaciones a las colonias. En este caso, las exportaciones eran un desperdicio porque no incrementaban la cantidad de bienes que Gran Bretaña podía utilizar en su esfuerzo bélico sino que lo disminuían, en la medida que esas exportaciones requerían el uso de maquinarias y mano de obra. Su único resultado era la reducción de los saldos en libras esterlinas a su favor de esas colonias. A veces los objetivos tuvieron que ser modificados. Podía ocurrir, por ejemplo, que los trabajadores en las colonias rechazaran trabajar en las plantaciones si con su dinero no podían comprar productos textiles. En tales casos, las consideraciones monetarias debieron ser abandonadas y esas exportaciones fueron realizadas allí donde fue necesario para obtener importaciones cruciales. Sin embargo, en general esta política fue mantenida, especialmente en los tres primeros años de la guerra. Esto podía plantear un difícil problema a los países que exportaban a Gran Bretaña. Reclamar el pago en dólares o en oro posibilitaba la compra de bienes en Estados Unidos, al menos así ocurrió hasta fines de 1941, y aseguraba una alta prioridad en el destino de las exportaciones británicas. Pero también podía significar no ser capaces de vender nada. Gran Bretaña, que tenía capacidad para gastar muy pocos dólares en otros países que no fueran los Estados Unidos, habría cambiado la mayoría de sus fuentes de abastecimientos hacia países que ofrecieran métodos más fáciles de pago. Por otro lado, aceptar libras esterlinas sin ningún límite significaba recibir menos bienes británicos y, por lo tanto, tener que comprar más en los Estados Unidos, y en consecuencia agravar la tensión sobre las reservas de divisas convertibles y de oro. La política británica de exportaciones inevitablemente cambió con las circunstancias. En una primera fase hubo optimismo acerca del futuro nivel de las exportaciones, y como todavía había desempleo, el costo de oportunidad de las exportaciones de bienes no muy industrializados no fue considerado alto. En la medida en que el esfuerzo bélico se hizo más agudo, y las reservas británicas de dólares y oro caían a un ritmo alarmante, se dio esencial preeminencia a las consideraciones monetarias cuando se estableció la lista de prioridades de exportación. Finalmente, después del préstamo y arriendo, cuando los dólares ya no eran escasos, las exportaciones no estuvieron guiadas por consideraciones monetarias sino por la necesidad de usarlas para obtener importaciones de países que reclamaban bienes como compensación, y no libras esterlinas y ni siquiera dólares. Las exportaciones a la Argentina fueron consideradas importantes cuando el Banco Central reclamó la inmovilización de oro a su nombre. Esta era la situación al comienzo de la guerra y hasta los últimos meses de 1940. Durante este período, la Argentina como mercado fue "de la mayor importancia" para el Reino Unido (51). Pocos meses después, la situación había cambiado ligeramente. En ese momento, el Banco de Inglaterra esperaba alterar el acuerdo de pagos con el Banco Central para terminar con la inmovilización de oro. La Argentina fue colocada, junto con Bolivia, en el grupo "difícil hasta que hagamos (o revisemos) el acuerdo de pagos". Estaba en un nivel de prioridad más bajo que Estados Unidos, Canadá, Japón o Irán. En noviembre de 1940, después de que el Banco Central aceptara cambiar la garantía en oro por la garantía del valor oro de las libras esterlinas, había tres grados de prioridad para las exportaciones británicas: el grupo 1 era el de los países que reclamaban oro; el grupo 2 era el de aquellos "países que mantienen saldos en libras esterlinas y no reclaman oro"; el grupo 3 eran los países que tenían pocas libras esterlinas y hacia los cuales normalmente se desalentaban las exportaciones (52). Argentina, al haber aceptado lilbras esterlinas, había descendido en la lista. En la lista publicada en enero de 1941, distribuida como circular por varios Departamentos, la Argentina estaba en el grupo 3 (sobre 5). El grupo 1 estaba compuesto por Estados Unidos, Suecia, Suiza y Canadá, países que reclamaban el pago en oro o en dólares. El grupo 2 consistía en países como Portugal y Egipto que reclamaban una parte del pago en oro. Bolivia, a la que se le pagaba parcialmente en oro, estaba en este grupo, en el que compartía su posición con Argentina. Argentina estaba en un grupo de muy baja prioridad, junto con India. En la medida en que se hizo claro que los saldos en libras esterlinas de Argentina crecerían rápidamente, se extendió una cierta inquietud por colocar a la Argentina en un lugar tan bajo de la lista. El Banco Central no traía problemas, pero otros podían ponerse intranquilos. "Sugiero que Argentina debe ir al grupo 2, no al grupo 3. Sentimos aquí en Inglaterra que esto es necesario, especialmente en vista de la clientela de la lista. Difícilmente seamos capaces de enviar mucho carbón y hojalata y estamos reduciendo las exportaciones de algodón, etcétera. La sensación aquí es que Argentina podría estar muy abajo perteneciendo al grupo 3, que debemos mantener ese mercado razonablemente bien; que si no lo hacemos, la acumulación de libras esterlinas, ya elevada, llevará (en la Argentina) a presiones por dólares u otros problemas, y que las perspectivas de un acuerdo sobre los títulos no son prometedores como para ser asistidos aún con una reducción de las exportaciones físicas" (53). El resultado de tales preocupaciones fue que en la segunda edición de la directiva de la Dirección de Exportaciones, de junio de 1941, Argentina fue llevada al grupo 2. Es claro que cuanto más problemático era el país en relación con la libra esterlina, se recibiría, probablemente, mejor tratamiento. En Londres, era imposible a los funcionarios británicos saber exactamente cuál era el método más efectivo de asignar exportaciones escasas. Un método bastante sensato era esperar las protestas: si un país se mantenía callado, era razonable asumir que era innecesario abastecerlo con más exportaciones. "Hablando en general, estamos inclinados a dejar que los países de ultramar protesten en la medida en que su posición se vuelva más difícil, como están protestando ahora los Dominios por la insuficiencia de sus cuotas de manufacturas de algodón" (54). El problema para Argentina era que sus autoridades no protestaban lo suficiente. Durante el tercer año de la guerra, se preveía que Gran Bretaña podría tener un gran déficit con Argentina y que esto "aumentaría sus enormes tenencias de libras esterlinas. ¡Todavía no logramos que Argentina acuerde el intercambio de carne enlatada por las perezosas libras esterlinas! Las exportaciones de manufacturas de algodón a Argentina pueden ser reducidas fuertemente" (55). En teoría, el desbalance con Argentina era muy preocupante. En una minuta fechada el 3 de setiembre de 1941, Richard Khan cuestiona la prudencia de darle prioridad a las exportaciones a los Estados Unidos, a Canadá y a Sudáfrica. Con el préstamo y arriendo, los Estados Unidos ya no eran más un problema; Sudáfrica estaba ahora dispuesta a vender oro con el objetivo de recomprar sus títulos y Canadá estaba dispuesto a aceptar algunas libras esterlinas. "¿Si existe un peligro real de que Argentina rehuse vendernos las cantidades de carne, etc., que queremos comprarle, esto no significa que la moneda argentina sea ahora más problemática que las monedas de Estados Unidos, Canadá o Sudáfrica?" (56). La respuesta a esta pregunta es esclarecedora. "La cuestión de Argentina nunca ha sido sobreestimada. Hay peligros allí, pero hasta ahora no ha pasado nada y de acuerdo con Mr. Jerram, nuestro secretario comercial, no es probable que pase mucho" (57). Cada vez que se consultó ansiosamente desde Londres la disposición de Argentina a seguir aceptando libras esterlinas en montos ilimitados, ellos siempre dieron respuestas tranquillizadoras, las que en gran parte estaban determinadas por la actitud del Banco Central. La opinión del Departamento de Comercio era similar a la del Ministerio de Agricultura: el Ministerio de Hacienda teme que "Argentina objete la acumulación de un superávit de al menos 14 millones de libras esterlinas, pero hasta donde yo sé los propios argentinos no han mostrado todavía mucha preocupación por este resultado" (58). IX Hasta ahora este trabajo concierne a las negociaciones y estuvo basado en fuentes oficiales. Este método puede presentar algunos inconvenientes (diferencias interdepartamentales incluidas): lo que se hará ahora es discutir un preconcepto de los funcionarios británicos que fue probablemente erróneo y colocar el problema de los saldos en libras esterlinas en su correcta perspectiva utilizando algunas estadísticas. Un supuesto básico ampliamente sostenido por Whitehall (la Administración británica) era que los saldos en libras esterlinas producían inflación. A pesar de que Keynes, Kahn y muchos otros fueron más sutiles en sus opiniones, muchos aceptaban una simple teoría cuantitativa del dinero. De acuerdo con esta opinión, un superávit de exportación era inevitablemente inflacionario al incrementar la cantidad de dinero en circulación y disminuir la cantidad de bienes disponibles. Es importante recordar, de cualquier forma, que dadas determinadas circunstancias, un incremento en las exportaciones puede tener un efecto muy positivo en la producción. Al comienzo de la guerra, Argentina sufría los efectos de la baja en la actividad económica mundial que había comenzado en 1937; el precio del trigo argentino en Liverpool era más bajo en junio de 1939 que en cualquier año previo de la desastrosa decada del 30. En el Banco Central, las ideas keynesianas eran sostenidas probablemente de modo más amplio que en el Banco de Inglaterra. Aquellos que querían trabajar en la Oficina de Investigación Económica en el Banco Central tenían que realizar un examen que incluía preguntas como: ¿Piensa que la teoría cuantitativa del dinero es de alguna manera válida en la Argentina? ¿Recuerda algún caso en el que esta teoría haya sido verificada? ¿Piensa que bajo un patrón oro la teoría cuantitativa es verdadera para la moneda argentina? Como dijo Prebisch en una audiencia en el Banco de México en 1944, éste era el tipo de pregunta que, más allá de probar una buena comprensión de la teoría, "indica si el aplicante ha meditado sobre estos problemas y si es capaz de pensar por sí mismo, juzgar las cuestiones con su propia cabeza" (59). De frases de Prebisch tales como "virus ortodoxo", resulta claro que él mismo pensaba que la teoría cuantitativa del dinero no era muy relevante para un país que tenía capacidad ociosa (60). No hay dudas de que comprendía que las funciones de un Banco Central incluían la atenuación de los ciclos económicos. En esto ya había estado en desacuerdo con Niemeyer en los 30 (61), pero las acciones del Banco Central fueron ampliamente aclamadas por el éxito de sus medidas anticíclicas entre 1936 y 1938. Así es como Nurkse sintetizaba su juicio en el estudio que hizo del sistema monetario internacional de entreguerras: "El ejemplo más impactante y exitoso de esta política lo dio, en el mismo período, el recientemente fundado Banco Central de la Argentina" (62). En 1944, el propio Prebisch recordó cómo las ideas económicas habían cambiado bajo el impacto de la crisis mundial; también remarcó que desde el estallido de la guerra hasta 1941, el principal problema económico para la Argentina era sostener el nivel de actividad mientras caía la demanda externa (63). Esto es importante para comprender una curiosa circunstancia: leyendo los archivos británicos uno puede tener la impresión de que durante este período la inflación en la Argentina era rampante. Debe destacarse, sin embargo, que los funcionarios británicos hablaban de acciones que pensaban que podrían crear inflación, nunca de una inflación real. De hecho, durante los primeros años de la guerra, la inflación en la Argentina fue moderada. Los precios de las importaciones aumentaron marcadamente desde el principio; a pesar de que el Banco Central había producido un memorándum sobre el tema, nada efectivo pudo hacerse al respecto. Lo que sí podía hacerse, sin embargo, era controlar la expansión monetaria, y así se hizo. Una comparación internacional en este punto es instructiva. De los 20 principales países seleccionados por el Banco de Acuerdos Internacional (Decimotercer informe anual, 1943), Argentina era el que menos había expandido su circulante. Otros países neutrales como Suiza, conocidos por su inflexibilidad monetaria, siguieron políticas más permisivas. En lo que respecta a América Latina, un estudio de la Junta de la Reserva Federal sobre el desarrollo monetario describe el incremento en la oferta monetaria y en el costo de vida para los principales 14 países del área. Cubre el período entre 1939 y 1944; a pesar de que para este último año la Argentina venía acumulando libras esterlinas a una tasa vertiginosa, sólo Venezuela y Uruguay tuvieron un menor incremento de la oferta monetaria, mientras que solamente Perú había tenido un menor incremento porcentual en sus reservas internacionales (64). Del incremento del 128% en la oferta monetaria de la Argentina, 116% se debía a tenencias crecientes de reservas internacionales; esto puede compararse con un 208% y 79% respectivamente para Brasil, 269% y 160% para México, y 153% y 66% para Chile. Mientras (visto desde Londres) la acumulación argentina de libras esterlinas parecía inflacionaria, visto desde el punto de vista del Banco Central la situación tenía un aspecto muy diferente, por lo menos hasta 1941 (ver tabla 9.1). En 1941, las divisas bloqueadas, incluida la libra esterlina, contribuyeron en menos de un 2% a la expansión original de medios de pago y fueron, por ende, insignificantes desde el punto de vista de las presiones inflacionarias. Para 1943, esto había cambiado dramáticamente y la acumulación de libras esterlinas produjo más del 40% de la variación original de los medios de pagos, es decir, antes de descontar los medios de pagos absorbidos en depositos a plazo, etcétera. X Las relaciones financieras anglo-argentinas deben ser vistas en perspectiva, a pesar de que debe recordarse que formaron parte de un cuadro más amplio; esto era cierto no sólo para Gran Bretaña sino también para Argentina. Muchos otros países terminaron acumulando saldos en libras esterlinas, aunque sus motivos pudieron a veces ser muy diferentes. La comparación con Brasil, por ejemplo, un país que solía tener déficit de balanza de pagos con Gran Bretaña, es particularmente interesante (65). Una descripción a grandes rasgos puede encontrarse en un documento escrito por Keynes hacia el final de la guerra, donde discute las implicancias para el resto del mundo: "Desde los primeros días de la guerra hemos tratado de evitar incurrir en deudas en moneda extranjera o en oro. En esto tuvimos éxito más allá de cualquier expectativa que hubiese sido razonable antes de este acontecimiento" (66). Esos fueron los préstamos Jesse Jones en dólares de los EE.UU., y un préstamo canadiense, sin interés, en dólares canadienses, pero ambos fueron cubiertos con títulos de esos países; finalmente, había una obligación en oro con Portugal que estaba siendo renegociada. Keynes continuó: "Aparte de esto, sólo debemos libras al resto del mundo; y está bastante bien comprendido por los afectados que están en nuestras manos y no pueden reclamar exitosamente la utilización de estas libras esterlinas excepto de acuerdo con principios a pactar con nosotros de aquí en adelante (su principal ansiedad es enterarse lo antes posible cuáles serán estos principios, su percepción actual y esto es bueno y seguirá siéndolo, esperamos nosotros, excesivamente pesimista). Bajo estas condiciones, con astucia y amabilidad, persuadimos al resto del mundo para que nos preste por encima del prodigioso total de 3.000 millones de libras. El gran tamaño de estas deudas en libras esterlinas es en sí mismo una protección. El viejo dicho se cumple. Débele a tu banquero 1.000 libras y estarás bajo su poder; débele 1 millón y esta posición se invierte" (67). La mayor parte de estos saldos en libras esterlinas estaban en manos de miembros del Area de la Libra Esterlina, en particular India. La acumulación de libras esterlinas de estos países frecuentemente siguió diferentes reglas; habitualmente surgían no de transacciones comerciales ordinarias, como en el caso de Argentina, sino del financiamiento de tropas. Sin embargo, en algún sentido las colonias estaban más protegidas quizás que Argentina, puesto que los funcionarios británicos podían sentir a veces algún grado de responsabilidad por el bienestar de las poblaciones coloniales, lo cual estaba naturalmente ausente cuando se negociaba con un país independiente y relativamente rico como Argentina. Esto puede verse claramente en el informe de un funcionario del Ministerio de Hacienda, Dunnett, en una reunión interdepartamental sobre Argentina a mediados de los 40: "Mr. Dunnett sugirió que Argentina y las colonias tenían problemas similares respecto de los superávits, pero las colonias difieren en no poder prestarnos dinero… Mr. Dunnett señaló que el pago por los productos excedentes de las colonias no podría hacerse en libras esterlinas bloqueadas pues los habitantes eran demasiado pobres" (68). Lo que quería era conseguir un préstamo de la Argentina, incluso si el balance de pagos entre los dos países volvía a ser equilibrado, en cuyo caso las exportaciones se redirigirían a las colonias. "Es poco probable que el productor colonial pueda en una medida apreciable aceptar un pago en moneda que no pueda ser rápidamente convertido en productos de algodón u otras cosas. En otras palabras, es mucho más fácil obtener un crédito de los argentinos que de los africanos, y las exportaciones que son útiles a los africanos no deben ser enviadas a los argentinos" (69). Esta era una posición personal y no la política del gobierno británico; al final el productor colonial no obtuvo mucho. Sin embargo, es indicativo de una actitud generalizada en algunos momentos extremos. No debe olvidarse que, durante este período, los funcionarios británicos estaban en medio de una guerra. Sus oficinas y casas estaban siendo bombardeadas, y a pesar de que se las arreglaron para continuar escribiendo agudas minutas, a sus amigos y parientes los estaban matando. Niemeyer, para tomar un caso entre tantos, tuvo un hijo muerto en acción mientras tenían lugar las negociaciones descriptas más arriba. El deber de estos funcionarios era obtener bienes a crédito de Argentina para continuar la guerra; era, también, cuidar la economía de posguerra de Gran Bretaña. Este era el objetivo; qué tipo de gobierno se preparaba en Argentina para acceder al poder era de una importancia secundaria. Después de todo, los funcionarios británicos estaban acostumbrados a las oscilaciones de la política argentina; y también estaban preparados para ellas. Un funcionario en la embajada en Buenos Aires, repasando un largo período de la política argentina, terminó su nota con una cita: "Finalmente, fue Manuel Quintana quien dijo hace más de 30 años que la política argentina siempre ha oscilado entre el caudillaje y la revolución inevitable que aquél provoca. Epílogo: la amnistía…" (70). NOTAS: (*) Para este trabajo fueron consultados los archivos de varios ministerios británicos. Las siguientes iniciales son usadas en las notas de pie de página: PRO para el Registro Público Oficial (Londres) y MP para los papeles de Henry Morgenthau en Hyde Park, Nueva York. Entre las referencias del PRO, pueden existir las siguientes subdivisiones: FO (Foreign Office, Ministerio de Asuntos Exteriores); BT (Departamento de Comercio); T (Tesorería [en este texto, Ministerio de Hacienda, nota del traductor]); MAF (Ministerio de Agricultura y Pesca). Cuando la cita es usada sin referencia del archivo, el documento citado figura en el mismo archivo que el documento anterior (a menos que sea parte del mismo documento citado en la nota al pie siguiente) [Las notas a pie de página del artículo son del texto original en inglés, a excepción de las que se indican como de autoría del traductor]. 1. Toda vez que en adelante se refiere a los saldos en libras esterlinas, el autor trata sobre los saldos comerciales favorables a la Argentina, del comercio con Gran Bretaña durante el período considerado [Nota del traductor]. 2. Un buen ejemplo de la confusión que se experimenta en las publicaciones argentinas en estas cuestiones es Perón y la crisis argentina, de Irazusta. Este es uno de los pocos autores que discute los saldos en libras esterlinas, dedicando todo un capítulo a ese tema. Concluye que "los créditos argentinos a Gran Bretaña (150 millones de libras) y a EE.UU. (500 millones de dólares) nos pusieron en una posición sólo inferior a la de EE.UU. a escala económica mundial, y prometían una prosperidad inmediata y un futuro predecible, ambos brillantes" (Bs. As., 1966, pág. 45). 3. El autor se refiere a los países que formaban parte de la Commonwealth, comunidad británicas de naciones, con instituciones políticas propias y una dependencia directa de la corona británica. [nota del traductor]. 4. W. K. Hancock y M. M. Gowing, British War Economy (London, 1953) págs. 101-2. 5. En marzo de 1941, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Lend-Lease Act (Ley de Préstamo y Arriendo) y asignó la cantidad inicial de 7.000 millones de dólares para ayudar a cualquier país que el presidente designara. De este modo, los estadounidenses esperaban asegurar la victoria sobre las potencias del Eje sin necesidad de enviar sus tropas a Europa [nota del traductor]. 6. Banco de Acuerdos Internacionales, 10º Reporte Anual desde el 1 de Abril de 1939 hasta el 31 de Marzo de 1940, pág. 19. 7. 4 de septiembre de 1939: PRO, T160.F18218/1. 8. Niemeyer era un alto funcionario del Banco de Inglaterra con aceitadas relaciones con el Banco Central de la Argentina [nota del traductor] 9. Carta de Niemeyer a Waley, 10 de octubre de 1939. 10. R.S. Sayers, The Bank of England 1891-1944, vol. 2 (Cambridge, 1976) pág. 518; A. Plumptre, Central Banking in the British Dominions (Toronto, 1947) págs. 147-8. 11. Niemeyer to Waley, 9 Oct. 1939: PRO, T160.1266.F18218/1. 12. Hall-Patch a Monick, en la Embajada francesa, 27 de octubre de 1939. 13. Hall-Patch a N. Young, en la Embajada británica en París, 27 de octubre de 1939. 14. En francés en el original [nota del traductor]. 15. Hancock y Gowning, British War Economy, pág. III. 16. Leith Ross a Waley, 21 de noviembre de 1939: PRO, T160. 1266.F18218/1. (Waley era una alta autoridad del Ministerio de Hacienda; Leith Ross era otro destacado funcionario inglés, que como muchos otros que se citan en adelante en este artículo, intervinieron en la toma de decisiones respecto a la Argentina. Nota del traductor). 17. Waley a Cobbold, 21 de noviembre de 1939, comentando la propuesta de Leith Ross. 18. Waley a Niemeyer, 24 de junio de 1940: PRO, FO 371.24200. 19. 9 de Julio: ibid., pág. 313. 20. Hutton a Waley, 5 de julio de 1940: ibid., pág. 376. 21. Ver el elegante tratamiento de Keynes sobre el tema en el Economic Journal (Marzo de 1929) págs. 1-7. Sobre la posición más clásica que sostiene que resolviendo el aspecto presupuestario del problema se resolvía también la cuestión de las transferencias, ver Rueff, "Les idées de M. Keynes sur le probléme des transferts", Revue d´Economie Politique (1929) págs. 1067-81. 22. R. S. Sayers, Financial Policy 1939-45 (Londres: HMSO,1956) pág. 338. 23. J.M. Keynes, "Foreign Exchange Control and Payments Agreements", 29 julio de 1940: PRO, FO 371.24200. 24. Waley a Cobbold, 11 de julio de 1940. 25. T.160.1143.F.16707/3. 26. David Dilks (ed.), The Diaries of Sir Alexander Cadogan, 1938-45; nota del 31 de mayo de 1940; (Londres, 1971) pág. 292. 27. Nota de Hutton en su visita a Londres, 14-18 de julio: PRO, MAF83/1067. 28. Pavel Egoroff, Argentinas Agricultural Exports during World War II (Stanford, Calif., 1945) págs. 9-11. 29. Norman a Wood, 10 de junio de 1940: PRO, T160.1266.18218/2. 30. Niemeyer a Waley, 17 de junio de 1940: PRO, T160.1143.f.16707/2. 31. Waley a Niemeyer, 18 de junio de 1940. 32. Fraser a Waley, 11 de octubre de 1940:PRO, T160.1266.f.18218/2. 33. Hutton a Jopson, 6 de febrero de 1940: PRO, FO 371.25702. 34. 12º encuentro del comité interdepartamental: PRO, BT 1395.C.R.T.8089. 35. 12 agosto de 1941:PRO, FO118.705. 36. Telegrama 207, de la Embajada Británica al Foreign Office, 28 de marzo de 1941: PRO, FO 371.25714. 37. Minuta, 2 de agosto de 1941: A.5856/1/2, en PRO, FO 371.25701. 38. Butler, citado por Mather Jackson en la minuta fechada el 14 de septiembre de 1942: A.8650/159/2, en PRO, FO371.30317. 39. Minuta de Perwne, 15 de setiembre de 1942. 40. Butler, 15 de setiembre de 1942. 41. Memorandum del Ministerio Argentino de Relaciones Exteriores, 7 de octubre de 1941, punto 11: A8998/125/2, en PRO, FO371.25715. 42. Telegrama 679 de Ovey a Eden, 8 de octubre de 1941: A.8128/125/2 en ibid. 43. Minuta de Gallop a Scott, 7 de agosto de 1942: A.7163/2442/51, en PRO, FO 371.30510. 44. Telegrama 275 desde Buenos Aires, conteniendo un telegrama de Meynell del 17 de mayo de 1940: PRO, T231.28.E.C.9. 45. Niemeyer a Rowe Dutton, 23 de mayo de 1940. 46. Telegrama de Ovey, 31 de mayo de 1940. 47. Rowe Dutton a Niemeyer, 4 de junio de 1940. 48. Rowe Dutton a Niemeyer, 7 de junio de 1940. 49. Telegrama 198 del Foreign Office a Buenos Aires, 11 de junio de 1940. 50. Rowe Dutton a Waley, 17 de julio de 1940. 51. Del FO a la Embajada, 19 de diciembre de 1939: PRO, BT 11.1395 ("muy ansioso de estimular exportaciones a la Argentina"). 52. Waley a Willis, 23 de noviembre de 1940: PRO, BT 11.1373. 53. Minuta sin firma para Grant y Turner, 20 de mayo de 1941. 54. Assessment of Overseas Requirements, 19 de febrero de 1942: PRO, BT 11, 1895. 55. Owen a Col. Llewellyn, 1º agosto de 1941: PRO, BT 11.1503. PRO, BT 11.1373 56. Minuta de Shannon, 14 de septiembre de 1941: en ibid. 57. Minuta de Knight, 24 de julio de 1941: PRO, MAF 83/1067. 58. Minuta de Knight, 24 de julio de 1941: PRO, MAF 83/1067. 59. R. Prebish, "La inspección de bancos y la oficina de investigaciones económicas. Conversaciones en el Banco de Mexico", 7 de marzo de 1944, en La creación del Banco Central y la experiencia monetaria argentina entre los años 1935-1943, vol. 2 (Bs. As., 1972), pág. 621. 60. "La moneda y los ciclos", en ibid, págs. 131-3. 61. Entrevista (subsecuentemente) con el autor, Milan, 9 de abril de 1983. 62. "International Currency Experience", en Liga de las Naciones, Lessons of the inter-war period (Princeton, N.J., 1944) pág. 136. 63. Creación del Banco Central, vol. 1, pág. 386. 64. Boletín de la Reserva Federal, vol. 31 (junio de 1945), págs. 523 y 529. 65. La referencia esencial es a Marcelo de Paiva Abreu, Brasil and the World Economy, 1930-45 (unpublished Ph. D., University of Cambridge, 1977). 66. Keynes, Collected Writings, vol. XXIV, pág. 257. 67. Ibid., pág. 258. 68. Minutas de la reunión interdepartamental sobre la Argentina, 15 de julio de 1940: PRO, T160.1266 F.18218/2. 69. Minuta de Dunnett, 16 de julio de 1940. 70. "Argentine politics: a Few Elementary Considerations", 26 de febrero de 1941: PRO, FO 118.703.