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En Defensa del Marxismo N° 10

1 de diciembre de 1995 · 16 notas

Notas de este número

1 de diciembre de 1995
Florestán Fernandes

El 10 de agosto por la madrugada, falleció el famoso sociólogo y diputado federal del PT, Florestán Fernandes, poco más de una semana después de haber sido sometido a un trasplante de hígado. La noticia cayó como una bomba, pues en los días siguientes a la operación los informes médicos afirmaban que no existía ningún indicio de rechazo del nuevo órgano. El informe oficial mencionó un colapso general de las funciones renales. Sin embargo, en la tarde del mismo jueves 10, cuando se iba a proceder a la cremación, oficiales de justicia interrumpieron la ceremonia con una orden de autopsia, derivada de la sospecha de error médico o falla en el sistema de hemodiálisis, planteada por el jefe del servicio del Hospital de Clínicas de San Pablo, Silvano Raia. Hace más de una década, Florestán fue por primera vez víctima del colapso del sistema brasileño de salud pública, cuando después de una operación sin riesgos, le fue realizada una transfusión con sangre contaminada por el virus de la hepatitis B. A partir de ese momento comenzó a tener sistemáticos problemas de salud, originados en el hígado, que lo llevaron en los últimos tiempos al borde de la muerte. Los sistemas de detección del virus de la hepatitis B ya eran bien conocidos en la época de la transfusión, pero no aplicados en el sistema estatal de salud, esto en plena época del ‘milagro brasileño. Desde entonces, la situación empeoró hasta niveles de paroxismo, llevando a la salud pública brasileña a ostentar índices situados entre los peores del mundo, comenzando por una epidemia sistemática de “infecciones hospitalarias”, que llevan a miles de pacientes a la muerte como consecuencia de cosas tan simples como una operación de apendicitis. Es obvio que se trata de una política consciente de destrucción de la salud pública, al servicio de la privatización de la salud, que asistió a la constitución de enormes monopolios de mercaderes del cuerpo (cuyas empresas no pagan impuesto a los réditos por ser (‘servicios de interés general’), que ahora, como la empresa Amil, pretenden también invadir el promisorio mercado argentino (otra consecuencia del Mercosur). Florestán Fernandes siempre rehusó cualquier privilegio derivado de su condición de figura pública y de diputado (como el famoso expediente de ‘saltear el orden' de los transplantes) y exigió ser tratado por el sistema de salud pública, como ejemplo de lucha para su defensa. Rehusó recientemente, inclusive la oferta de un tratamiento ‘vip’ en el exterior, sin gastos, que le hiciera su antiguo alumno y discípulo, el ahora presidente Femando Henrique Cardoso. En el entierro de Florestán, cuando aún no se sabía de la sospecha planteada, hicieron discursos el rector de la Universidad de San Pablo, el diputado federal del PT, Ivan Valente, y el compañero Osvaldo Coggiola, como representante del sindicato docente de la Universidad (ADUSP). Este último saludó la memoria del luchador muerto, y llamó a continuar sus dos grandes frentes de batalla (en defensa de la educación y de la salud públicas, y contra la discriminación racial, en especial de los negros) a través de la independencia política de los trabajadores y de la lucha de clases. También se refirió a la proyección nacional y latinoamericana de la obra de Florestán.

1 de diciembre de 1995
Pantallazo de fin de año

Cuando a fines de diciembre se cumpla el primer aniversario del ‘efecto tequila´ se podrá constatar que la mayoría de los países de América Latina se encuentra en los niveles más profundos de la crisis económica. Las 'grandes reformas’ de supuesto carácter liberal, destinadas a provocar un crecimiento económico sin paralelo en la historia, han resultado ser un completo fracaso. Los 'planes’ que, con pequeñas variantes, fueron aplicados uniformemente en América Latina, sirvieron para dar una salida transitoria al gran capital financiero internacional, en especial a los bancos y fondos de pensiones e inversiones, pero convirtieron otra vez más a este continente en el sumidero del imperialismo. La expresión más acabada de este proceso lo constituye, sin duda, el crecimiento explosivo de la deuda externa en los últimos años, y especialmente durante 1995, a pesar de las refinanciaciones que tuvieron lugar bajo los esquemas previstos en el 'plan Brady’, y de las privatizaciones a cambio de títulos de la deuda extranjera. El ‘plan Brady’ fue, en realidad, un mecanismo para permitir la contratación de nueva deuda «eterna. A pesar de las privatizaciones, los contratos de nueva deuda pública han superado a los de endeudamiento privado con el exterior, poniendo de manifiesto la profundidad de la crisis capitalista, lo que se explica por la necesidad de cubrir bancarrotas bancarias o financiar presupuestos deficitarios, cuya carga principal la constituyen los pagos de intereses de esa deuda y los subsidios al capital privado. La situación mexicana es elocuente: el peso se ha devaluado en un 50% en el curso del año, mientras que los pronósticos aseguran, casi con unanimidad, que la desvalorización continuará sin pausa; el Banco Central inyectó, durante 1995, unos 12.000 millones de dólares en el sistema bancario, lo que es más del doble del valor patrimonial de los bancos asistidos; el PBI cayó un 10% en el tercer trimestre (The New York Times, 22/11). En consecuencia, “el mercado se encuentra preocupado por la mala calidad de los activos en poder de los bancos mexicanos’’ (The Financial Times, 24/11). Los préstamos vencidos constituyen el 14% de la cartera bancaria y exceden holgadamente el valor del patrimonio de los bancos, a pesar de que están excluidos del cálculo los bancos intervenidos por el gobierno. La descomunal crisis bancaria impide un descenso de las tasas de interés, y la especulación contra el peso se ha transformado en el principal medio que utilizan los capitalistas para “licuar” (desvalorizar) sus deudas en moneda local. La adopción de un régimen de conversión directa entre el peso y el dólar, que se acaba de aconsejar a México, impediría los subsidios oficiales a la banca y la llevaría directamente a la quiebra, por lo cual antes sería necesario un plan Bonex que sustituya compulsivamente las deudas privadas (depósitos y préstamos) por títulos públicos, en cuyo caso el único crédito que habría deberían aportarlo los bancos extranjeros. México se enfrenta a la perspectiva de que la banca norteamericana se apodere de la banca nacional, y de que su economía quede anexada a la de Estados Unidos. Esto deberá provocar, naturalmente, conmociones sociales y políticas aún mayores que las que se están viviendo en la actualidad. El descubrimiento del fenomenal saqueo económico perpetrado por el ex presidente Salinas y su familia, refleja la exacta naturaleza de los ‘planes liberales’ y la hondura de la debacle económica mexicana, pues está claro que la crisis ha permitidoy hasta forzado la aparición de toda clase de negocios ilegales, último recurso —como se sabe— de los capitales en bancarrota. Si se tiene en cuenta que entre 1996 y 1998, México debe cancelar vencimientos de deuda externa por 50.000millones de dólares, sin contarlos intereses, resulta claro que el gobierno de los Estados Unidos deberá fungir de nuevo de operador de rescate, aun antes de haber recuperado el dinero del rescate anterior. A pesar de la catástrofe mexicana, la preocupación de los analistas financieros estuvo volcada en los últimos meses hacia Brasil, elogiado ‘urbi et orb, por el éxito del plan real y por su pantagruélico programa de privatizaciones. Es que la economía brasileña se encuentra también dopada por el crédito y por la especulación, lo que concluyó por manifestarse en una extraordinaria crisis bancaria. El principal banco estatal, Banespa, tiene un 'rombo’ de 12 000 millones de dólares, que deberá ser íntegramente financiado por el presupuesto. La quiebra de los bancos Económico y Nacional, obligó a echar mano de los fondos del Banco Central; en el caso del Nacional, el Banco Central se hizo cargo de los créditos incobrables, valuados en 4.000 millones de dólares En la fila de los quebrados se encuentra el Bamerindus, tercero en el ritnkine cuyo principal accionista es el actual ministro de Agricultura (Veja 22/11) También en Brasil, el patrimonio de los bancos es considerablemente inferior a sus carteras irregulares. Para dar una salida a esta situación, el Banco Central sigue colocando títulos a un alto interés, que son comprados y usados especulativamente por el sistema bancario. Los altos intereses incentivar) el ingreso de capital externo, dando lugar a una ‘bicicleta financiera’ que es pagada por el presupuesto nacional. En un solo mes, octubre pasado, el Banco Central tuvo un perjuicio de 2,3 mil millones de dólares por la diferencia entre los intereses que recibe de la colocación de sus reservas en el exterior y los que paga por la deuda que emite en Brasil. Tampoco faltan los negociados, pues además del ‘curro' que se acaba de descubrir en torno a un contrato de instalación de radares en la Amazonia, el gobierno de Cardoso emitió un ‘decreto de necesidad y urgencia (medida provisoria), que ofrece subsidios a los bancos que adquieran a os que están en quiebra, además de la estatización de la deuda cobra e de estos. Naturalmente, se ha invocado para el caso al interés nacional, pues los bancos quebrados son apetecidos por la banca norteamericana, en especial el Boston y el Citi. Existe la expectativa, claro, en los círculos capitalistas, de que el programa de privatizaciones se transforme en un estímulo económico de envergadura, y seguramente esta posibilidad ánima el optimismo de algunos capitanes de la industria de Argentina. Esas privatizaciones, sin embargo, deberán ser financiadas seguramente por deuda externa y mayor ingreso de capital especulativo, cuyo costo presupuestario puede superar a los ingresos por privatizaciones. Por otro lado, los 80 ó 100 mil millones de dólares de patrimonio que se ponen en juego, darán paso con seguridad a una gigantesca lucha de intereses, que requerirá de la capacidad de arbitraje del débil gobierno de Cardoso. La crisis bancaria y las continuas denuncias de corrupción que se ventilan en Brasil, son apenas un anticipo de lo que se viene. Es que como las privatizaciones no son otra cosa que confiscaciones patrimoniales que tienen lugar en momentos de crisis agudas, dan lugar a una dura lucha monopolista y rompen los equilibrios económicos tanto externos como internos. En Argentina, mientras tanto, se asiste a la enésima proclamación oficial de que la crisis ha sido superada, formulada por primera vez una semana después del *efecto tequila’. Se da como prueba el éxito de la moratoria impositiva y el ascenso que experimentó la Bolsa en las dos últimas semanas. Pero la producción industrial, la inversión y el consumo siguen cayendo en picada. De acuerdo al informe del Banco de Quilmes, los despachos de cemento vienen cayendo sin parar desde marzo hasta un 20%, y un 18% en agosto y setiembre; las importaciones de bienes de capital caen desde principios de año con extremos del 30 y 31% mensuales, y la venta de utilitarios ha retrocedido mes por mes en el orden del 50%. “La inversión global del tercer trimestre sería inferior a la del segundo, acercándose a una caída del 20% (en el segundo cuarto del año fue del 16,3%)”. Si se deja de lado a los alcahuetes del menemismo, el conjunto de los economistas ha advertido que la moratoria constituye un caso de concesiones excepcionales, que (decimos nosotros) rayan en el delito. Se permite saldar deudas impositivas y previsionales en hasta 60 meses, sin multas ni intereses por los atrasos, e incluso se ofrece financiación bancaria a tasas de interés especiales para cumplir con los pagos. La condonación de intereses prevista en la moratoria asciende a un 200% del total de la deuda a declarar, es decir, 6.000 millones sobre los 4.000 millones de dólares que se esperan (El Economista, 1/ 12). Para la mayoría de los observadores, el éxito de la moratoria recién se podrá ver cuando las cuotas se paguen efectivamente, cosa que no ocurrió con ninguna de las moratorias anteriores; una moratoria de abril pasado también recibió declaraciones por 4.000 millones, pero su fracaso fue tal que obligó a la moratoria actual (ídem). Con relación a la Bolsa, y en particular al mercado de títulos públicos, se ha señalado que es una manifestación rezagada del alza en los títulos del Tesoro norteamericano, lo cual ha ampliado el diferencial de interés entre los títulos locales y los externos, que es actualmente el más alto de todos los tiempos, lo que indica un aumento de la tasa de riesgo. Esto explica que la suba bursátil no haya estado acompañada por ingreso de capitales, como lo demuestra el estancamiento de las reservas del Banco Central. Para una gran parte de la burguesía, y para la mayoría de sus economistas, no existe ninguna posibilidad de un ingreso de capitales de corto plazo que reactive la economía, lo que se ve confirmado por el señalado crecimiento de la tasa de riesgo de Argentina. Los depósitos bancarios aún son inferiores en un 22% a los de principios de año, sin contar los intereses perdidos correspondientes. La prosecución de la crisis industrial y financiera se manifiesta en el crecimiento de la cartera irregular de los bancos, que pasó de los 16.000 millones en agosto {El Cronista, 20/11), superior en un 20% al total del patrimonio bancario del país. Esta situación puede agravarse como consecuencia del adelanto de mil millones de dólares que el gobierno pidió a los bancos locales, contra los ingresos futuros de la moratoria. Como lo señaló un economista {La Nación, 26/11), a partir de ahora se plantea la posibilidad de que la insolvencia fiscal arrastre a una insolvencia bancaria. El gobierno ha contraído numerosos préstamos en los últimos 90 días en el exterior para hacer frente al déficit fiscal. Como consecuencia, la deuda externa pública ha superado los 90.000 millones de dólares, que sumada a la deuda privada y a los dólares depositados en los bancos, da un total de 130.000 millones. La caída de la recaudación impositiva, la salida de capitales y el endeudamiento creciente han determinado un déficit del Tesoro que, para 1996, se proyecta en 7.000 millones de dólares. El conjunto del déficit financiero se proyecta a los 20.000millones cuando se incluyen los déficits de las provincias. Se estima, por último, que el ‘sector privado’ deberá afrontar vencimientos, el año próximo, por 5.000 millones de dólares. Excluidas las provincias, se plantea una necesidad de financiamiento externo de 12.000 millones de dólares. Para hacer frente a la situación, el gobierno ha exigido poderes de emergencia, algo ya previsto en estas páginas, cuya finalidad es aumentar los impuestos, despedir personal masivamente y proceder a privatizaciones irregulares (Yaciretá, usina de Atucha). El planteo ha chocado en el Congreso con la resistencia al tema impositivo, lo cual se explica dada la recesión industrial, que provocó una caída del 11% de la producción en octubre respecto al año anterior. Se habla de la intención de aumentar el impuesto a los combustibles. A pesar de la manifiesta caída de ventas en el mercado interno. La ‘emergencia económica’ retrata a un gobierno incapaz de confeccionar un presupuesto de gastos y recursos, luego de haberse jactado varios años al respecto. La descomposición del ‘plan Cavallo’ se manifiesta en la crisis bancaria, en la crisis industrial, en la crisis de las finanzas públicas, en la elevada desocupación, en la caída de las inversiones, en el aumento brutal de la pobreza, en la crisis política y en las grandes luchas populares. Pero se manifiesta igualmente en la cuestión del régimen de la convertibilidad. La llamada ‘convertibilidad’ no existió nunca fuera del papel, debido a que la conversión entre pesos y dólares nunca fue directa, pues se emitió moneda para financiar bancos en crisis y déficits fiscales, lo que era compensado contablemente con préstamos del exterior. Durante la crisis bancaria de marzo, se otorgaron cerca de 3.000 millones de dólares en redescuentos, contra garantías de dudosa validez. Broda acaba de denunciar que el Banco Central financió al gobierno, operando a través del Banco Nación. Durante 1995, la condición de que la base monetaria estuviera respaldada en un 80% como mínimo con oro y divisas no fue cumplida en varias oportunidades (informe del Banco de Quilmes de octubre); en la actualidad, estaría en el mínimo legal. Las necesidades fiscales de 1996 no podrían ser, entonces, financiadas dentro de los términos de la ley de convertibilidad —menos aún cuando hay riesgos de crisis bancarias. La UCR y el Frepaso están proponiendo, por esto, abandonar la convertibilidad, lo que seguramente significa reducir el mínimo de respaldo requerido. La oposición pretende con esto financiar, además del déficit fiscal, el crédito bancario interno. Pero la extrema ‘prudencia’ de los opositores revela el temor a provocar una fuga de capitales, y expresa la enorme debilidad en que se encuentra el régimen político para proceder a una autorreforma del sistema. Hasta los ‘liberales’ más ortodoxos ven en peligro a la ‘convertibilidad’, sea por causas fiscales o de la recesión (Juan C. de Pablo, El Cronista, 18/10; Broda, El Economista, 1/12). Un enfoque diferente, aunque complementario, de abandono de la ‘convertibilidad’, lo presentó nada menos que Alsogaray, lo que está indicando que el asunto está instalado en el corazón del menemismo y de los grandes capitales. Alsogaray propone mantener los requisitos actuales de respaldo de la base monetaria, pero abandonarla obligación del Banco Central de asegurar la paridad de la moneda (El Cronista, 23/11). Esto permitiría, devaluación mediante, desvalorizar la base monetaria y disminuir el requisito de reservas que debe mantener el Banco Central, permitiendo de este modo el uso de una parte de ellas para financiar el déficit fiscal o el socorro a los bancos. De acuerdo a un informe (La Voz del Interior, 15/10), en la última asamblea anual del FMI se estableció que si la recesión no se supera en el primer trimestre del 96, dejaría de haber financiamiento para el ‘modelo’. Como la ‘convertibilidad’ se ha convertido en el sistema de funcionamiento de todo el régimen actual, su abandono equivaldría a un derrumbe político completo. Dentro de este cuadro se inscribe el reclamo de la UIA de aumentar la protección comercial de la industria (“entre 1 y 5 puntos”, ver El Cronista, 24/ 11) y aumentar los subsidios a la exportación, algo que fue apoyado por el economista Calvo, conocido también por sus sólidas ligazones con el capital norteamericano. Cavallo ha tomado medidas en esta dirección, erráticamente, desde fines de 1992, sin importarle que esto hace superflua a la 'convertibilidad’ ya que la regulación del comercio exterior y, por lo tanto, de los precios, pasaría a manos del Estado. De cualquier manera, los planteos proteccionistas ponen en crisis al Mercosur, incluso si fueran compartidos por Brasil para hacer frente a la competencia extranjera. Esto ocurre cuando, según el informe del Banco Quilmes, “el ritmo expansivo de las exportaciones es insostenible” y “se desaceleran las ventas de manufacturas de origen industrial y las compras brasileñas”. Las tendencias centrífugas del4plan’ se encuentran, como puede apreciarse, en plena acción. Esto explica la prosecución de la crisis política, que algunos comentaristas niegan luego de la aparente tregua que sufrió la disputa entre Menem y Cavallo. Pero la aparición de Duhalde en función de candidato a presidente para 1999, revela que existe un vacío de poder que el gobernador de Buenos Aires se siente llamado a cubrir, en especial porque representa con más consecuencia los intereses de la UIA y de los sectores afectados por la caída del mercado interno. El ingreso de la provincia de Buenos Aires al pelotón de las afectadas por el déficit fiscal y por los reclamos populares, refuerza la tendencia de Duhalde a polarizar una alternativa política. Sin embargo, la característica fundamental de la situación política es la incapacidad de llevar a la práctica la menor forma de oposición política, para no cargar con la responsabilidad de estar desatando una crisis incontrolable. Esto se manifiesta en forma extraordinaria en las organizaciones sindicales de la oposición, cuya tarea principal ha sido la de oficiar de bomberos en las grandes crisis provinciales, pero principalmente en Córdoba, Río Negro, Neuquén y Buenos Aires. Con la consigna de ofrecer ‘alternativas políticas’, los burócratas de la oposición asumen como propias las responsabilidades capitalistas de la crisis y pretenden sustituir la acción directa por las negociaciones sin salida, que es lo que ha provocado el hundimiento de Ctera, por ejemplo, o el retroceso de las movilizaciones cordobesas desde la asunción de Mestre. ¿Existe, acaso, en el marco internacional, una perspectiva de conjunto que pueda oficiar como cuadro de salida para países como la Argentina? Ciertamente no es el caso si se considera a Japón, financieramente en bancarrota (600.000 millones de deudas bancarias incobrables), que en el quinquenio último ha crecido a menos del 1% anual. En Japón se manifiestan más agudamente que en ningún otro lado las consecuencias de la 'excesiva’ acumulación de capital durante las décadas pasadas, y el ´excesivo’ aumento de su productividad. La fuerza de las tendencias deflacionarias en la economía traducen el peso descomunal de este capital muerto ‘excesivo’ y, por lo tanto, la inestabilidad de quiebras y bancarrotas. El temor a que los bancos japoneses se lancen a la masiva liquidación de títulos del Tesoro norteamericano en su poder, con el respectivo hundimiento de la Bolsa de Nueva York, ha determinado el inusual hecho de que el Banco Central norteamericano haya salido a financiar las necesidades de los bancos japoneses en crisis, contra la garantía de esos títulos, que de ese modo no saldrían a la venta. Sin embargo, cualquiera puede darse cuenta del impacto inflacionario y dislocador que significaría poner en marcha el método de rescate diseñado por la Banca de Japón y la Reserva Federal. En lo que se refiere a Europa, existe el peligro de una recesión, al para algunos países e industrias, especialmente Francia e Inglaterra sacudiría aún más a sus finanzas públicas y monedas. Las grandes huelgas francesas pueden ser un golpe de gracia para el pomposo ‘franco fuerte’, y abrir una crisis seria, e incluso definitiva, para el establecimiento de una moneda única europea. Es natural que, ante tal panorama, la vista se dirija a EEUU, donde parece vivirse el mejor de los mundos, al menos si se lo mira por el índice Dow Jones. Pero no todo lo que reluce es oro. Porque resulta que lo que hace subir a los títulos norteamericanos son las compras del Banco de Japón y de los países del Sudeste asiático, que pretenden con ello impedir la caída del dólar y mejorar la posición de sus bancos privados, que tienen valores norteamericanos; en los primeros seis meses del 95, las adquisiciones de bonos en dólares de este origen totalizaron 116,4 mil millones de dólares (The Financial Times, 8/11). La consecuencia de este movimiento puramente especulativo, dictado por la necesidad, es que los valores norteamericanos, en términos reales, se encuentran un 30% por encima de los anteriores al crash bursátil de 1987 (ídem, 23/ 11). El precio de una acción de la Boeing es 77 veces superior a los dividendos que paga, o sea que rinde 0,013%; para evitar la liquidación masiva de sus acciones en el mercado, la Boeing debe asegurar un crecimiento de sus beneficios —por ejemplo, por arriba del 8/10%, es decir, varias veces por encima del crecimiento previsto del PBI. ¿Es posible? The Financial Times no vacila en calificar de “distorsión estructural seria” al mercado de títulos de Estados Unidos, debido a que las cotizaciones han subido por compras extranjeras “que no obedecen a motivos de inversión”. Destaca, de paso, que el mercado de valores norteamericano ha pasado de exportador a importador de liquidez, que es lo que se manifiesta en la continua ausencia de capitales extranjeros en la Bolsa de Buenos Aires. Otro hecho distorsivo es que los consumidores de EE.UU. registran un endeudamiento del orden del 95% de sus ingresos, cuando son precisamente ellos los que alimentan en un 30% a los fondos de inversión en la Bolsa. Se ha construido, entonces, un gigantesco castillo de naipes, donde capitales quebrados y consumidores hipotecados buscan salvarse mediante operaciones financieras. Ya desde un ángulo más profundo, un reciente estudio demuestra que el capitalismo norteamericano se encuentra en franca decadencia, como resultado de las tendencias que afectan al capitalismo mundial en su conjunto (The Financial Times, 22/11). El estudio señala que el promedio de los salarios horarios viene cayendo a una media del 1% anual desde 1974; que la tasa de mortalidad infantil es una de las más altas del mundo desarrollado; que los estudiantes norteamericanos ocupan el último lugar entre esas naciones en la comprensión de ciencias y matemáticas, y que el costo de un graduado ha crecido en tal medida que supera por lejos la capacidad de las familias de financiarlo. ¿Cuáles son las razones estructurales de esta decadencia? “Al mismo tiempo, las corporaciones norteamericanas han reducido el gasto en inversiones de capital y en investigación y desarrollo, al menos en términos relativos. El gasto en capital es actualmente del 2% del PBI, la mitad del nivel de 1980. Los gastos en investigación y desarrollo, que crecían a un ritmo tres veces superior al del conjunto de la economía en el período 1953-68, desde entonces se encuentran a su zaga. “Desde la guerra civil hasta 1973, el crecimiento anual promedio del PBI real fue del 3,4%. Desde entonces es del 2%. Medido por año la diferencia es mínima, con el tiempo es mayúscula”. El informe destaca que la disminución de los gastos en investigación supera a la reducción operada en el área de Defensa. Da el ejemplo de la General Electric, que simplemente ha abandonado la investigación básica por improductiva. Ahora están disminuyendo los demás proyectos de investigación, en favor de otros de interés inmediato. La explicación de esto es importantísima: ha caído drásticamente el periodo en que un descubrimiento ofrecía beneficios de monopolio. El tiempo de vida útil de las nuevas tecnologías es cada vez más corto. Pero esto significa que el método fundamental del capitalismo para incrementar la plusvalía obrera ha dejado de operar. Digamos de paso que, según el propio informe, la preocupación de los Estados Unidos por imponer leyes de patentes o inventos a todo el mundo, obedece a la pretensión de alargar el período de monopolio más allá de su vigencia económica. El fracaso de las nuevas tecnologías para asegurar beneficios monopólicos, así como su rápida depreciación, explican la presión descomunal para la reducción nominal de los salarios y la extensión de la jomada de trabajo, así como las crisis de las finanzas públicas y de la posibilidad de solventar gastos sociales. Pero una economía que reposa sobre el aumento absoluto de la plusvalía (reducción de salarios), está condenada al estancamiento y a la decadencia. En este marco se produce, al cierre de esta revista, el huelgazo francés y el crecimiento de las luchas y de las crisis en todo el mundo. Las próximas elecciones en Rusia abrirán un nuevo capítulo, en el Oriente, de esta única crisis mundial.

1 de diciembre de 1995
Las consecuencias de la Reforma Constitucional

La aprobación por el Senado de la ley de ‘autonomía’ para la Capital permitió apreciar el carácter monstruosamente reaccionario de la reforma constitucional votada en agosto de 1994. El Senado ‘despachó’ en media hora el proyecto que le asegura el enorme negociado inmobiliario de la Capital al menemismo (tema en tomo al cual gira el debate sobre la autonomía), sin tener que enviarlo en ‘segunda revisión’ a la Cámara de Diputados, a pesar de que había eliminado todas las modificaciones planteadas por ésta, que alteraban el texto original del gobierno. Es que el reformado artículo 81 de la nueva Constitución ha liquidado de hecho la Cámara de Diputados. A partir de los cambios en el texto constitucional y de los pactos políticos entre justicialistas y radicales, la mayoría en la Cámara de Senadores (que el PJ tiene asegurada hasta el año 2001) le basta al gobierno para aprobar cualquier ley, a condición de presentar el proyecto a través del Senado. Este pasa a convertirse en ‘cámara de origen’ permanente en el proceso de formación de leyes, una facultad que estaba hasta ahora reservada, en el 50% de los casos, a la Cámara de Diputados, en su calidad de ‘representante del pueblo’. Para llegar a esto, el menemismo y la UCR consumaron un sigiloso golpe de estado en dos tiempos. Borraron del texto constitucional lo que se llamaba ‘segunda revisión’, que obligaba a enviar por segunda vez el proyecto de ley a la Cámara que tuviera objeciones, bajando de cinco a tres los pasos necesarios en la formación de las leyes. Por otro lado, pactaron la mayoría menemista en el Senado hasta fines del 2001. La nueva Constitución establece que los senadores se elegirán en forma directa y por seis años, pero recién a partir… del año 2002. Hasta entonces, se ‘respetará’ el ‘mandato’ por nueve años de los senadores nombrados y las legislaturas seguirán eligiendo a los nuevos senadores hasta fines del 2001. En este arreglo de mafias, la UCR obtuvo su parte con la elección de un tercer senador por la minoría en cada distrito. De este modo y por este solo punto de la reforma constitucional, la cámara oligárquica por excelencia pasa a tener la iniciativa en la formación de las leyes. Los senadores han quedado como una institución semivitalicia. Son nombrados por las legislaturas y no en base al voto popular, tienen ‘mandato’ por seis y nueve años, expresan un mapa político des actualizado (la elección de un senador por minoría en cada legislatura, por ejemplo, favorece a la UCR, que fue demolida electoralmente en el 93, 94 y 95 y pasa de 10 a 20 senadores). ¿Esto es todo? Los escribas del Pacto de Olivos dejaron abierta la puerta para que el Senado nacional pueda vetar lo resuelto por las legislaturas provinciales y aun nombrar un candidato alternativo. La legislatura chaqueña eligió como senadora a una representante del partido Acción Chaqueña y la mayoría menemista rechazó su designación y se apresta a nombrar en su lugar a un peronista, defendiendo el monopolio político entre el P J y la UCR, dos de las tres minorías en la provincia. Esto solo revela el alcance antidemocrático que ha tenido la reforma constitucional. El punto de partida fue la reelección de la camarilla menemista, es decir, de los que fueron más lejos en la violación de la ‘Carta Magna’ y de las propias leyes de la burguesía, para consumar una confiscación histórica de la clase obrera y los explotados. Reelección El corazón de la reforma constitucional ha sido la reelección del gobierno. Ninguna democracia capitalista es consecuentemente representativa, ya que la burocracia civil, militar o judicial no es elegida por el voto popular y los que son electos no son revocables; pero la reelección introduce una figura claramente antidemocrática y antirrepublicana, porque da la posibilidad de sucederse en el cargo a quien es el titular y dueño de la poderosa maquinaria estatal. El Pacto de Olivos decidió la continuidad de la camarilla menemista bajo presión de la burguesía, para resolver la contradicción entre la prohibición constitucional a la reelección y el reforzamiento alcanzado por la camarilla menemista como representante de los círculos privatizadores y de los capitanes de la industria. Pero “el factor más general que explica la emergencia de este pacto es la extrema fragilidad económica que ha creado el plan Cavallo al llevar la dependencia financiera a un nivel sin precedentes en la historia del país… (la) inevitabilidad de estallidos financieros … derrumbe de las provincias, acrecienta la dependencia del Estado respecto al Ejecutivo, concretamente encarnado en la camarilla menemista” (PO, 27/12/93). Si este solo punto de la reelección alcanza para definir de conjunto la naturaleza de la reforma constitucional, ello se debe a las características burocráticas y centralistas del régimen político argentino, donde la reelección equivale a autorizar la suma del poder público al Presidente, es decir, reforzar su capacidad para confiscar el esfuerzo diario de los trabajadores y reprimir su resistencia. El Presidente, antes de la reforma, ya tema capacidad de veto casi absoluta sobre las leyes salidas del Paramento, posibilidad de gobernar por decreto bajo estado de sitio, injerencia plena en la constitución del poder judicial… Con la reforma ha quedado habilitado para gobernar por decreto y legislar e intervenir provincias. Los gobiernos radical y peronista apelaron al estado de sitio, los decretos de necesidad y urgencia, las reglamentaciones vaciadoras de leyes, revelando que la burguesía no puede gobernar con arreglo a los principios del estado de derecho. Decretos de necesidad y urgencia Menem recurrió a los decretos de necesidad y urgencia “en más de 330 ocasiones entre 1989 y 1994… entre 1853 y 1989 (los presidentes constitucionales) habían dictado no más de 35” (Ferreira Rubio, Goretti, Contribuciones, abril ’95); en cinco años, diez veces más decretazos que en toda la vida institucional desde Juan Manuel de Rosas. Pero aun así, éstos estaban vedados por la Constitución de 1853/60. Ahora son admisibles en todas las materias imaginables (salvo cuatro), lo que faculta al Presidente para actuar por sí y ante sí en materia de convenciones colectivas, organización de los sindicatos, estado de sitio, salarios, productividad. Estos poderes no sólo son amplios, son omnímodos. Los ‘constitucionalistas’ del Pacto determinaron que los decretos de necesidad y urgencia debían ser sometidos a una comisión bicameral del Congreso en diez días, pero con la salvedad de que “el trámite y los alcances de la intervención del Congreso” serán regla-mentados por “una ley especial sancionada con la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara”, lo que puede no ocurrir nunca. De cualquier modo, Menem ha hecho uso y abuso de los ‘decretos… sin apelar al Parlamento, invocando justamente la ausencia de esa comisión bicameral que ahora figura en el texto constitucional y sin que la ‘oposición’ pasara del reclamo formal. La reforma ha consagrado un régimen supra-constitucional de hecho, en un caso raro de contradicción en sus propios términos. Además, generaliza una facultad, gobernar por decreto, que en la Constitución de 1853 se admitía por excepción, bajo el imperio del estado de sitio. Como ahora, entre los ‘decretos de necesidad y urgencia’ está incluida la posibilidad de establecer el estado de sitio, la ciudadanía argentina sólo goza de libertad vigilada. El Ejecutivo legisla… El artículo 76 de la nueva Constitución consagra la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo «en materias determinadas de administración o de emergencia pública con plazo fijado para su ejercicio y dentro de las bases… que el Congreso establezca”. Menem ya ‘legisló’ a través de los decretos basados en las leyes de emergencia, que le delegaron facultades legislativas para ‘privatizar´ las empresas públicas. Las facultades que el Congreso deriva al Presidente son supuestamente por plazo, por eso la nueva Constitución se preocupa en precisar que el transcurso del plazo “no importará revisión de las relaciones jurídicas nacidas al amparo de la… delegación legislativa”, lo que significa que las medidas que establezcan los decretos tendrán carácter de derecho adquirido, serán decretos-leyes. Pero en esto consiste precisamente una dictadura. El Congreso va quedando para los homenajes a los próceres y las visitas guiadas. El nuevo artículo 80 permite al Ejecutivo el veto y la promulgación parcial de las leyes. En la vieja Constitución, cuando el Presidente vetaba una ley, todo el conjunto debía volver al Congreso para que éste decidiera si admitía la observación o insistía en su sanción. Ahora, el Presidente está habilitado para mutilar a su gusto una ley votada por el Parlamento “siempre que no se altere el espíritu y la unidad de la ley”. Pero, ¿quién declarará que se ha alterado el espíritu y la unidad del proyecto?. No se sabe” (Natale, en Foro Político, diciembre ’94). La demolición del parlamentarismo va más allá de los términos de la reforma constitucional o de la violación a los propios términos de esta reforma. El gobierno lanzó la ley de la jubilación privada, que derogó el 82%, y estableció en su lugar un régimen basado en un beneficio mínimo (PBU) y una jubilación proporcional a los años aportados. El sistema planteado era inviable, porque los fondos de los trabajadores que optaban por la AFJP salían del régimen estatal y colocaban a éste en quiebra, pero fue el modo de sellar el ‘consenso’ con los diputados para sacar la ley adelante. Obtenido esto, poco tiempo después, Menem-Cavallo sacan la ley de ‘solidaridad’ previsional, declarando que el sistema no puede repartir más de lo que recauda, condicionando los montos jubilatorios a las partidas del presupuesto de cada año. La oposición terminó votando la nueva confiscación a los jubilados. ¡Pero en este caso no hay, en la nueva constitución, ningún artículo que consagre los derechos adquiridos por los jubilados! Por medio de esta ‘reforma’ el régimen político argentino ha perdido en la práctica su condición de ‘representativo’ para pasar a ser un régimen de poder personal. Para las fuerzas opositoras presentes en la Constituyente, sin embargo, la reforma fue un avance de la democracia. No se debe pasar por alto la tentativa del Ejecutivo de reglamentar la ley de patentes aun antes de que ésta saliera del Congreso. Alegó para ello que la ley existía, en virtud de que la nueva constitución consagra los tratados internacionales de Argentina, para este caso el que creó la Organización Mundial del Comercio, que estableció la normativa sobre patentes. Aunque la facultad para aprobar los tratados internacionales corresponde al Congreso, el Ejecutivo ya se considera dueño de su interpretación. Pero la suplantación de la legislación interna por los tratados internacionales equivale a la consagración del colonialismo. Habría que ver el pronunciamiento que alguna vez deba hacer el poder judicial. Régimen federal: Kaputt Aunque la Constitución declara que la intervención a las provincias es “atribución del Congreso”, nada impide, vía “necesidad y urgencia”, que la establezca el Ejecutivo, incluso si el Congreso está en sesiones, como ya lo hizo, inconstitucionalmente, con anterioridad a la reforma. La reforma dejó planteado el hundimiento del régimen de coparticipación federal. Los firmantes del Pacto de Olivos se negaron expresamente a incluir los porcentuales de coparticipación en el texto constitucional, lo que esconde un movimiento para abolir este régimen impositivo y entregar al gobierno nacional el monopolio de los impuestos indirectos. A esto alude La Nación al decir que se evitó “imponer un elemento de rigidez en cualquier política económica” (14/8/94). La reforma asesta otro golpe a las autonomías provinciales al autorizar que las provincias puedan formar “regiones”, con la consiguiente ‘racionalización’ de los estados provinciales. La justicia no cambia de dueño La UCR y el FREPASO hirieron especial hincapié en las posibilidades de crear una “justicia independiente” a partir de la nueva Constitución. El ‘hallazgo’ fue la creación del Consejo de la Magistratura, que tendría a su cargo la selección de los jueces mediante concursos públicos y cuya composición quedó sujet,a una vez más, a una futura ley del Congreso. En cualquier caso, el Consejo será elegido por partes entre la burocracia del Poder Judicial, la corporación de abogados y el Ejecutivo, jamás por el voto popular. Pero el menemismo obtuvo todo lo que quería: “la cláusula transitoria decimotercera (de la Constitución) otorgó un año a partir de la vigencia de la reforma para que el Poder Ejecutivo siguiera designando jueces y, por decreto firmado por Barra, el gobierno se propone eternizar esta situación” (Página12,14/5/95). Por estas razones, los alfonsinistas han dejado de reclamar una justicia independiente’ (algo imposible para un régimen que funciona por medio de decretos de ‘necesidad y urgencia’), para pasar a reclamar ‘apenas’ una Corte que impida que los menemistas puedan dejar de cumplir los acuerdos suscriptos con los radicales para instrumentar la Constitución. Algo que tampoco sería fácil de lograr, si se confirma que el menemismo está volcado a ocupar con un hombre propio el sitio que deje Ubre Levene en la Corte. El aporte histórico del Frente Grande La propuesta constitucional del Frente Grande (FG) vino a cubrir una necesidad imperiosa de la jerarquía eclesiástica, que no quería abrir debate público sobre la parte ‘dogmática’ de la Constitución, donde figura el sostenimiento pecuniario del “culto católico apostólico romano”, y quería a la vez introducir el rechazo al derecho al aborto y la defensa de la enseñanza privada. La propuesta del FG resolvió este problema, al plantear la incorporación de los tratados internacionales de derechos humanos a la Constitución. Esta inclusión colocó al Estado argentino bajo la jurisdicción de la OEA: proscribió el derecho al aborto, al establecer la protección de la vida “desde la concepción” (sin hacerse cargo de los mil abortos diarios que destruyen física y síquicamente a la mujer), estableció la enseñanza religiosa, reafirmó el derecho a la propiedad privada, reprimió la libertad de asociación “en interés de la seguridad nacional o el orden públicos”, prohibió el derecho de asociación a miembros de las fuerzas armadas y de la policía. El FG tuvo, si cabe, un planteo a la derecha de los propios pactistas. Planteó una propuesta claramente proimperialista, de sometimiento de la soberanía nacional a la OEA, clerical, opresora de la mujer y represiva. La(s) reforma(s)… No es apresurado plantear que la reforma constitucional ha parido un régimen político ‘semi-de facto’ que encubre estas características con el llamado a elecciones… fraudulentas (fraude informático y de los otros). La finalidad de una reforma constitucional es la misma que la política general de los partidos y de las clases sociales que la impulsan. Los campeones de la entrega y de la superexplotación se internaron en el tema ‘constitucional’ para ir a fondo en ese rumbo, consagrar un arsenal ‘jurídico’ aún más vasto contra las masas que lo enfrentan y prevenirse contra la bancarrota del ‘plan’ Cavallo. No casualmente, el ‘paquete’ de la reforma decidió la reelección y la entrega de la ‘suma del poder público’ al Ejecutivo, la entrega de las Cajas provinciales a las AFJPs, la destrucción del régimen de coparticipación federal, la ‘promoción de la productividad’, la privatización de la enseñanza y la mutilación de las libertades de reunión y asociación. Antes de la reforma constitucional del 94, se reformaron doce constituciones de provincia, revelando una política de conjunto de la burguesía. Antes de Menem, Alfonsín hizo elaborar un proyecto de reforma constitucional cuyos trazos gruesos se plasmaron luego en la fallida reforma radical-cafierista: elecciones cada cuatro años, legitimación del gobierno por decreto, prohibición constitucional del aborto, etc. El propósito es profundizar la centralización burocrática del Estado, acentuar el gobierno por decreto y recortar las libertades democráticas y los derechos de organización. Por otro lado, viabilizar las exigencias del FMI, la banca internacional, los capitanes de la industria y el clero. Reforma y crisis La nueva constitución fue fruto del Pacto de Olivos, una conspiración política urdida entre la gran crisis del ‘plan’ Cavallo de fines del 92 y el santiagueñazo —diciembre del 93. Premonitoriamente, el análisis del PO señaló que “el pacto (de Olivos)” es una tentativa de solución a una crisis potencial, pero de manera alguna constituye la solución de esa crisis” (PO, 27/12/93). El pacto logró la reelección de Menem, selló una ‘unidad nacional’ transitoria en torno a las privatizaciones y al pago de la deuda externa establecido en el ‘plan Brady’, fijó en la Constitución un conjunto de modificaciones reaccionarias, pero no pudo alumbrar un ‘’gobierno fuerte’ capaz de imponer un disciplinamiento a todas las clases frente a la impasse capitalista. Una vez más, el carácter de un régimen político no está determinado por las elucubraciones en una ‘hoja de papel’, sino por la solidez del régimen social en que se apoya. Todas las fantasías sobre la inauguración de un ‘régimen bipartidista* se han estrellado contra la crisis de los aparatos justicialista y radical, que tiene como escenario la lucha entre los grupos capitalistas por el pillaje de los recursos de la economía y del Estado, frente al desbarranque del ‘plan’ Cavallo y las rebeliones populares provinciales. El mismo Alfonsín, que impulsó el otorgamiento de rango constitucional a “la defensa del valor de la moneda”, proclama hoy “que hay que dejar el miedo a la hora de atacar el plan de convertibilidad (La Nación, 12/11). El pronóstico planteado por el PO dos años atrás mantiene toda su vigencia: “en ausencia de una perspectiva de prolongada estabilización económica… el pacto deberá resolverse (crisis mediante) en un corto episodio en la tendencia al bonapartismo personal (fujimorización incluida) o a una crisis de alcances generales y, eventualmente, revolucionarios” (PO, CEN). La jefatura de gabinete ha cobrado relevancia por el desarrollo de la crisis política y los enfrentamientos entre las camarillas de Menem y de Cavallo. Pero no constituye límite alguno al «presidencialismo”, desde el momento que el jefe de gabinete es nombrado y removido por el titular del Poder Ejecutivo y que su dependencia respecto a éste es absoluta. Además, “es hipotético pensar en un voto de censura del Congreso, ya que reunir el voto de la mayoría absoluta de miembros de cada una de las cámaras suena a misión imposible… qué pasa si el nuevo presidente no nombra a nadie como jefe de gabinete. Nada” (Natale, en Foro Político, diciembre ’94). Todos los ataques contra la democracia, que son la columna vertebral de la nueva Constitución, fueron ‘empaquetados’ con una serie de ‘derechos’ ecológicos, femeninos, aborígenes, de *iniciativa popular’, que sirvieron para que los ‘líderes’ del centroizquierda se declararan ‘gratamente sorprendidos’ por la Constituyente. Todos estos ‘derechos’ no han salido aún del papel, porque están entre las leyes que debe dictar el Congreso para sancionar su vigencia. Por si acaso, los ‘constitucionalistas’ se cuidaron en no ponerles plazos a su reglamentación… Pero es significativo lo que quedará de estos derechos si se toma en cuenta lo que está ocurriendo con el más publicita-do de todos por el centroizquierda, es decir, la ‘iniciativa popular´. Según un dictamen suscripto por “todos los bloques legislativos”, lo que incluye al FRESPASO y a la Corriente Grande de Solanas todo reclamo de iniciativa popular queda en manos del Congreso, con el único límite de “darle tratamiento dentro de los (siguientes) 12 meses”. Además, “no podrán ser objeto de iniciativa popular los proyectos referidos a reforma constitucional, tratados internacionales, impuestos, presupuesto y materia penal” (¿qué quedará fuera?). Los legisladores rechazaron expresamente la posibilidad de un ‘plebiscito’ si el Congreso no se expidiera dentro del año de plazo. La reforma constitucional se propuso despolitizar la vida social, vaciar aún más a las instituciones representativas, incrementar los poderes excepcionales del Ejecutivo. Es decir, reforzar el régimen de poder personal frente a la quiebra capitalista y la descomposición política. Para consumar la reforma a los responsables del Pacto y los partidos llamados democráticos apelaron al reparto de prebendas, la violencia y la infamia. Pero ésta se ha revelado estéril a la hora de contener la descomposición política del gobierno, como se aprecia en la guerra de mafias, el fraude electoral directo y los mecanismos de fraude ‘indirectos’—ley de lemas—, todos signos de una crisis que se acerca al desenlace. Ruptura del Foro Sindical de La Rioja El llamado Foro Sindical de La Rioja ha dejado de existir. “La Corriente Clasista y Combativa (CCC) —en función de adecuarse al proyecto político del PTP— abandonó de hecho el marco del Foro para sumarse a la Mesa de Enlace, que constituye un espacio liderado por la conducción del MTA y los grupos hegemónicos del CTA, expresados por De Gennaro, que actúan bajo las claves político ideológicas del FREPA-SO”, plantea el PC a través de Propuesta (23/11). Para la ‘jornada’ del 20, el Foro se presentó dividido: el PC y la agrupación Io de Mayo de Córdoba, denunciaron a la corriente del ‘Perro’ Santillán por integrar la Mesa de Enlace y acordar una jornada trucha de movilización; el ‘Perro’, desde la tribuna, llamó a encolumnarse sin fisuras detrás de la Mesa de Enlace y exaltó el acto (desmoralizante) de la Plaza de Mayo. El balance del 20 siguió dividiendo las aguas: para el PC, “los organizadores no garantizaron ni alentaron la presencia de… los luchadores del interior del país” (ídem), para el PTP, fue “un actazo”. El Foro (“de organizaciones que luchan contra el ajuste y el modelo de entrega”) se constituyó cuatro meses atrás, sobre la base de un acuerdo entre el PC y el PTP, que actuaron juntos en la Alianza Sur para apoyar la candidatura de Pino Solanas en las elecciones presidenciales, y que sumó a la agrupación 1° de Mayo de Córdoba y a las corrientes Patria Libre y Quebracho. ¿Había que entrar o no a la Mesa de Enlace CTA-MTA? La Corriente del ‘Perro’ Santillán integra la Mesa de Enlace y apoyó de la A a la Z una jornada en la que no hubo paro, movilización nacional ni Marcha Federal, y que terminó siendo un paso atrás para las tendencias de lucha que decía representar. Esto es así, pero no es nada nuevo. La actitud del PC y otras corrientes de desgarrarse las vestiduras por el ingreso de la CCC a la Mesa de Enlace, es un acto de ocultamiento o de mala memoria. La integración de la corriente sindical del PTP en la Mesa de Enlace se produjo hace exactamente seis meses, a raíz del paro semitrucho CTA-MTA del 21 de abril, y no se alteró desde entonces, aunque Palacios y De Gennaro no tuvieron en cuenta al ´Perro’ cuando pactaron con la CGT el ´cese’ del 6 de setiembre. Cuando el Foro sindical tuvo su acta de bautismo, en una reunión cerrada al activismo en la ciudad serrana de Carlos Paz el 16 de julio, la cooptación de la Corriente del ‘Perro’ a la Mesa de Enlace era un hecho desde hacía tres meses. El propio programa y la declaración votados allí son la prueba de esta política en común del PC y el PTP. Se llama a “unir fuerzas y aportar al reagrupamiento de sectores opositores al modelo de Menem-Cavallo”, es decir, un frente procapitalista con la UCR y el FREPASO. Se propone el “cierre de importaciones de productos terminados” o “una ley de compre nacional”, reclamos de todo un sector del gran capital nativo que levantan Palacios, De Gennaro o José Rodríguez. No hay una sola palabra de delimitación respecto del CTA o MTA, no hablemos de caracterizarlas como burocracias. No hay un llamado a organizar el paro activo nacional sino a “nacionalizar las luchas”, entendido como la subordinación de la lucha obrera al frente de “todos los opositores”. La corriente del ‘Perro’, en todo caso, “cumplió” con el mandato fundacional del Foro, y el PC no puede alegar sorpresa alguna por su conducta. Ahora, ¿fue un error o no integrar la Mesa de Enlace? Significativamente, la CCC se integró en ocasión del anuncio del paro del 21 de abril, que respondió a una maniobra política para crear el frente sindical bordonista. El CTA y el MTA ‘arreglaron’ con 32 horas de anticipación el paro con un sector de la burocracia de la UOM, que también evaluaba la conveniencia de tomar distancia del gobierno en caso de una segunda vuelta entre Menem y Bordón. Las alternativas del paro revelaron que los centroizquierdistas del CTA y los neoperonistas del MTA fueron los principales saboteadores de su propia medida, oponiéndose a que el paro tuviera un carácter activo, a la formación de piquetes y a la organización de la huelga en sus propios gremios, porque la única ambición era crear un ‘globo de ensayo’ en favor del frente proimperialista y clerical de Bordón-Alvarez. Esto ocurría cuando Solanas (candidato de la Alianza Sur, integrada por el PC y el PTP) anunciaba a los cuatro vientos su decisión de votar por Bordón en la segunda vuelta y el propio ‘Perro’ llamaba a votarlo, sin nombrarlo, en la primera vuelta (acto del 1° de Mayo en San Lorenzo). El ingreso a la Mesa de Enlace fue, por lo tanto, para el PTP, una decisión en función de una política consciente de unidad “contra el proyecto neoliberal” que, en ese momento encamaba en el bordonismo (y hoy en “fuerzas muy diversas” que incluyen a “la gran burguesía nacional… que trata de hacer jugar a Menem un papel bonapartista”, Hoy, 13/9). Para apoyar el paro improvisado del CTA-MTA no era necesario pasar a formar un bloque con su burocracia; al revés, era más necesario que nunca delimitarse de su política y de sus métodos, porque llevarían inexorablemente a nuevas derrotas populares. Adviértase simplemente lo que ocurrió después El CTA y el MTA traicionaron la lucha clave de Córdoba contra la ‘emergencia! capitalista y el ascenso del cavalliano Mestre. Fueron no sólo cómplices sino protagonistas de la ‘tregua’ que hundió la huelga general activa, en acuerdo con el gobierno y el clero. En las filas del CTA revista la dirección de ATE, que debería ser expulsada del movimiento obrero por su conducta ignominiosa frente a los despidos en masa de Área Material Córdoba, y Bazán, socio potencial de Roggio en la privatización en ciernes de Obras Sanitarias. La misma conducta se reveló en la crisis de Río Negro o en la gravedad de lo ocurrido en Neuquén, donde el CTA y el MTA hicieron causa común con el gobierno y los partidos patronales en la condena a la movilización de los desocupados. Ambas burocracias, además, aniquilaron el paro activo planteado luego del ‘cese’ del 6 de setiembre, apuñalando una vez más al movimiento popular. Sobre la responsabilidad fundamental del MTA y CTA en esta política de derrota del movimiento obrero, el Foro Sindical de La Rioja no dijo media palabra. Objetivamente, el ingreso del ‘Perro’ a la Mesa de Enlace significó encubrir el papel de la burocracia ‘opositora’ en la lucha de clases. Fue un acto de blanqueo y jamás un frente único sobre la base de una acción común y una delimitación franca y abierta de posiciones. La corriente sindical del1Perro’ se sumó a la Mesa en términos de cooptación, es decir sobre la base de la plataforma de las dos corrientes de la burocracia ‘opositora’, y no tuvo una sola voz condenatoria de la conducta de ésta en las luchas provinciales, en relación a los desocupados o a la CGT ‘traidora’. Un caso de disolución política en el campo de los supuestos aliados del campo popular. El pasaje directo de la corriente sindical del ‘Perro’ al campo de la burocracia revela que toda una franja de la izquierda ingresó a la etapa de crisis decisiva del régimen político como furgón de cola de la burguesía nativa y sus expresiones en el movimiento sindical, y no como un factor revolucionario. Una ruptura sin principios Ni el PC ni las corrientes que se sumaron al Foro pueden declararse sorprendidas y acusar a la corriente sindical del ‘Perro’ deportarse sola porque ni éste ni el PTP escondieron su política. Dijo Santillán, en el encuentro de La Rioja del Foro Sindical, el 26 de agosto: “Hay compañeros que no entienden que hay una primera etapa en la que todos los sectores nos tenemos que unir contra el proyecto neoliberal… el movimiento obrero está dividido… hay que sumar fuerzas. Luego de esta primera etapa llegará el momento para la clase obrera y su programa”. Primero, por lo tanto, “con todas las fuerzas opositoras” (Hoy, 13/9), ¿Frepaso, UCR… Menem? Ninguno de estos temas fue materia de debate entre el PC y el PTP en los tramos previos a la ruptura. Un mes antes, un encuentro en el Miniestadio de Atlanta reafirmó la vigencia del Foro Sindical. Horas antes, ambas corrientes llamaron a extenderlo ciudad por ciudad, barrio por barrio, gremio por gremio. El Foro se hundió con la vertiginosidad del Titanic por razones que sus protagonistas se empeñan en ocultar, pero sobre las que da una pista la forma que tomó la ruptura. Dice el PC: “La Mesa de Enlace convocó a la CCC con la intención de sumarla como apoyatura de sus planes y con el objetivo inocultable de romper el Foro, dejando fuera de las negociaciones en primer lugar al MPS Liberación (es decir, la corriente sindical del PC)”. Debía ser “el Foro como tal, la tercera parte de la Mesa de Enlace” (Propuesta, ídem). ¿Qué divergencias? A esto conduce la falta de clarificación política. El fracaso de una política El Foro no ha resistido la primera prueba de la lucha de clases. Han sido Córdoba, Río Negro y el resto de las luchas provinciales, las que ha confirmado la absoluta esterilidad de un movimiento mimetizado detrás de un bloque de la burocracia sindical, que está jugando un papel consciente de freno y de rescate de los gobiernos provinciales vaciadores. Detrás de la consigna de la “central sindical alternativa”, se quiso amalgamar a activistas empeñados en la recuperación de los sindicatos y en una política independiente, con entregadores históricos de la lucha de los trabajadores (Garcetti). La política de alianzas con la burguesía y la burocracia sindical, puso un límite al desarrollo del Foro y despertó resistencias en su propio seno. El encuentro de Atlanta prácticamente no superó la concurrencia del de La Rioja, siendo que se hizo en el centro neurálgico de la clase obrera. La propia prensa del PTP señala que “fueron derrotadas las posiciones de grupos trotskistas que plantearon… ampliar el golpe no sólo a la CGT de Martínez sino también a las direcciones del CTA y MTA… estas posiciones causaron confusión en sectores participantes del Foro” (Hoy, 30/8). Cada encuentro repitió un escenario de impasse política, a la espera de que las direcciones del CTA y MTA alumbren la esperada Marcha Federal II, y sin una sola resolución que traduzca un rumbo político alternativo al de la burocracia en la lucha de las provincias, un planteo de organización de los desocupados o un comando de recuperación de los sindicatos en manos de la burocracia. Hay que sacar todas las conclusiones de la quiebra del Foro. Que la vanguardia debata públicamente un programa y un plan de acción. Para esto es necesario un Congreso Nacional de Trabajadores, con delegados electos en asambleas de fábrica y empresas. Un congreso obrero para debatir la situación popular y trazar una perspectiva de lucha, para que la crisis la paguen ellos.

1 de diciembre de 1995
El 19° congreso del PC argentino

El acto inaugural del 19° congreso del Partido Comunista, más las resoluciones que fueron aprobadas durante su desarrollo, llevan a la conclusión de que se ha producido en el PC una profunda regresión teórica, una pérdida de rumbo táctico en lo político y en lo sindical, y un desbarranque organizativo. Si el 16° congreso del PC fue autoproclamado como el de la ‘autocrítica’ el ‘viraje’ de este 19° congreso representa un retomo al stalinismo, pero ahora en condiciones de descomposición en todos los planos. Los delegados Si bien el semanario Propuesta asegura que “la edad promedio fue de 45 años”… “83 por ciento de varones, 17 por ciento de mujeres” (9/ 11), la realidad es que había una abrumadora mayoría de delegados de avanzadísima edad. A la ausencia manifiesta de compañeras delegadas se le sumó la inexistencia de juventud. Luego de una introducción muy superficial de Kreymes, sobre el significado de la revolución rusa, que evitó las precisiones políticas, el congreso comenzó realmente con el discurso de Fanny Edelman. Esta vieja militante del PC reivindicó de conjunto, en homenaje a los “internacionalistas del partido y la juventud”, la política del PC de todas las épocas. Pasaron a ser internacionalistas, en boca de Fanny Edelman, los que apoyaron la “Unión Democrática”, y fue emocionadísimo el recuerdo que brindó a Codovilla, y a los responsables de la política del PC en las dictaduras militares. En las primeras filas, emocionados hasta las lágrimas, se aplaudían a sí mismos a través del discurso, los mismos que plantearon “gabinete cívico militar” durante la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Se puede decir que el discurso de Edelman fue estratégico, pues dio su apoyo total e incondicional, sin visos de autocrítica alguna, a toda la política internacional del stalinismo. Así reivindicó la política del stalinismo en España, Brasil, América del Sur y Centroamérica, ante el festejo de una concurrencia que había sido activa participante de la política nacional e internacional de aquellos tiempos. Luego que Fanny Edelman reivindicó abiertamente toda la ‘vieja’ política staliniana, los representantes de los PC vietnamita y cubano se encargaron de reivindicar la ‘nueva’ política. El vietnamita, en correcto español, señaló el apoyo, clásico, a los movimientos nacionalistas, sin hacer ninguna diferenciación de clases dentro de las naciones oprimidas. Claro que el dirigente vietnamita no sabía que, días más tarde el mismo partido que lo aclamó en el congreso apoyaría, no ya los movimientos nacionalistas, sino la represión a los mismos, porque el PC de Echegaray apoya la posición del PC de Israel que dice que “NO puede haber unidad nacional entre los que hacen la paz y los que trabajan para sabotear el proceso de paz” reclamando de hecho la represión de esos movimientos nacionalistas que dicen apoyar. Luego de esta consideración reivindicó abiertamente la penetración de capitales europeos y norteamericanos en Vietnam (“más de 50 países capitalistas tienen hoy fuertes inversiones en Vietnam”). La intervención del representante del PC cubano fue una defensa integral de la política del castrismo. Reivindicó el régimen de partido único como el estadio ideal de una democracia política para las masas en la actual situación y defendió la estrategia económica de asociación con capitales extranjeros, aunque mucho más moderadamente de lo que lo hiciera el entusiasta vietnamita, reflejando, claro, los diferentes estadios en que se encuentra uno y otro en materia de negocios. El informe de Echegaray Echegaray, sin éxito, trató de resumir las 60 páginas que constituyen las “tesis* del comité saliente. Cuando llevaba una hora de exposición, la concurrencia se empezó a desgranar (suponemos que por el cansancio que debieron producir las muchas horas de reunión en personas muy mayores). Ante esto, se concentró en dos aspectos de las tesis: la cuestión sindical y la estrategia política. En relación a la cuestión sindical, la principal resolución del congreso fue la formación del llamado Movimiento sindical y político de Liberación (MSP-L). El MSP-L pretende ser una construcción similar a la de la llamada Corriente Clasista Combativa del PCR. El nucleamiento está 'pensado’ para disputar espacios sindicales, convocatorias de gremios, ‘foros’ y otros eventos similares. Pero esta nueva búsqueda de un sello sindical propio es una confesión de la quiebra de la anterior política sindical. El PC había caracterizado al CTA como la gran central obrera alternativa a la CGT y se lanzó entusiastamente a apoyarlo. Esta estrategia ‘sindical’ iba como anillo al dedo con la política de apoyo del PC al Frente Grande. Cuando el ‘Cavallo’ Alvarez expulsó al PC del Frente y fue adoptando, al igual que el CTA, un curso cada vez más derechista, los sindicalistas del PC siguieron enganchados en el CTA. Tanto las ‘tesis´ como el informe al 19° congreso no analizan la bancarrota del CTA, ni la política nefasta de CTERA ante la liquidación de la educación pública, ni la política estéril de ATE frente a la destrucción de las empresas del Estado y el despido de miles de estatales. Tampoco el PC hace el balance de la elección trucha de la dirección del CTA ni de toda la política seguida a partir del paro del 2 de agosto del ‘94. Por el contrario, tanto el informe como las ‘tesis’ siguen planteándose una política a la rastra del CTA. “Fortalecer el CTA”, fue la propuesta de Echegaray en su informe. Echegaray hace una abierta reivindicación de las alianzas del CTA con la burguesía, como si le hubieran dado algún resultado: “reivindicamos los esfuerzos realizados en torno de los congresos de la Cultura, el Trabajo y la Producción, que se han mostrado como un ámbito interesante (sic) para construir la unidad popular contra el ajuste y el modelo” (Informe). El apoyo del PC a la ‘política’ de ‘alianzas' del CTA empalmó con los petepistas en el “foro de organizaciones que luchan contra el modelo de entrega”. En el informe al congreso, Echegaray reivindica abiertamente este ‘foro’ “Nuestra participación en el foro de las organizaciones que luchan contra el modelo de entrega tiene por objeto agrupar parte del espacio militante combativo, principalmente de izquierda, que se define por el clasismo y que… no participan del CTA” (Informe) (Propuesta, 11/11). La ‘estrategia’ del Ptp está ligada al otro sector delaburocracia, el MTA. Pero no se había secado aún la tinta del fervoroso apoyo al ‘foro’ cuando Santillán lo rompió para hacer un acuerdo con el CTA, el MTA y el Frepaso, dejando afuera a sus nuevos socios. Todas estas volteretas no frieron bien recibidas por parte de la militancia del PC. Negando todas las evidencias Echegaray dijo, sin embargo, que “En esta etapa de nuestro trabajo tiene que quedar claro una cosa: no se trata de que estamos poniendo huevos de una política ecléctica en cada canasta de las que se están armando por ahí” (Informe). Conclusión: el MSP-L es un intento espurio de salir, sin balance alguno, de la política de apoyo incondicional a la burocracia del CTA, y de las alianzas sin principios con el Ptp. El MSP-L tira la pelota para adelante sin abordar la conclusión de fondo, que es que la llamada política de alianzas con la burocracia sindical y con la burguesía han dejado al PC sin cuadros sindicales. El PC ha abandonado el movimiento obrero industrial y los obreros han abandonado al PC; hoy es muy difícil encontrar compañeros del PC en los cuerpos de delegados o en alguna comisión interna. Esto hace estéril la creación de un sello sindical, por lo que una de las principales resoluciones de las 'tesis’ y del Informe está condenada antes de nacer. La cuestión política La estrategia política no le va a la zaga a la sindical en lo que a desorientación se refiere. Al igual que con el MSP-L, las 'tesis’ y el Informe hacen el eje en una consigna que resumiría la estrategia política del PC: “La asamblea nacional de la resistencia”, entendida como un agrupamiento de todos los movimientos que se resisten al ‘ajuste’ y se transformaría en la nueva alternativa política del país. Teóricamente, la consigna de “asamblea nacional de la resistencia” incluye dos conceptos: el movimientismo, que diluye al partido, ya que “La unidad que planteamos se debe dar en todos los niveles de actuación de la militancia y debe asumir la forma movimientista para asegurar el protagonismo de las bases en la construcción del proyecto político popular revolucionario” (Informe). El segundo concepto de la consigna es la alianza con la burguesía. Para esto, los seguidores de Echegaray han establecido una tercera clase de programa, que supera mínimos y máximos de la segunda internacional y del stalinismo. Pero a este tercer programa él lo denomina, significativamente, 'común’. Con lo cual tendría un programa ‘estratégico’, que las ‘tesis’ aclaran que es para el “largo plazo”, y un programa “común”, con el cual realmente interviene. El programa común parece salido de una cámara empresaria o de algún ‘lobby’ comercial, porque después del clásico apoyo a las Pymes y a los agricultores, reclama créditos y reestructuraciones fiscales, y en el punto clave de la Deuda Externa plantea la RENEGOCIACION SOBERANA DE LA DEUDA EXTERNA EN FORMA INDEPENDIENTE DEL FMI. Esta fórmula es más tramposa de lo que parece y hasta le cabría el calificativo de deshonesta. Echegaray recurre a estas expresiones forzadas de “renegociación soberana” (como si un país sometido pudiera negociar realmente) o la “independencia del FMI” (pero no, claro, de los bancos acreedores), para adaptarse a la realidad de que su ‘maitre á penser’, Fidel Castro, se encuentra renegociando los 10.000 millones de dólares de deuda que, irresponsablemente, contrajera con la banca internacional entre 1980y 1985. Sólo por el momento Cuba no negocia con el FMI, debido a que no tiene deudas con el Fondo, pero en las negociaciones con la banca ya ha presentado las cuentas nacionales de Cuba, de acuerdo a la metodología del FMI. El PC ha dejado el no pago e incluso a la moratoria de lado, pero si admite renegociar con los acreedores tendrá que hacerlo también con el FMI, al cual Argentina le debe varias decenas de miles de millones de dólares. El PC ya no plantea la ruptura con el FMI, se ha 'aggiornado’, pero precisamente por esto ha inviabilizado cualquier independencia, no sólo con el Fondo, sino simplemente nacional. Como se ve, el stalinismo 'demodé’ esgrime el tema nacional como demagogia o para justificar su subordinación a la burguesía, pero en realidad ha abandonado hasta la mera fórmula de las reivindicaciones nacionales. La “Asamblea Nacional de la resistencia” queda convertida, de este modo, en algo que no tiene 'cáscara’, es decir, representatividad, ni fondo, es decir, un programa nacional. La plata de los “créditos para la industria” que reclama Echegaray, no podrá venir de los bancos acreedores, sino simplemente del bolsillo de los consumidores argentinos, como lo plantea un Cavallo cualquiera. De todos modos, no hay que dejar pasar por alto que esta ‘innovación’ de los tres programas políticos (el Ptp, por su lado, también plantea “tres clases de frente”, por lo tanto de programa) contrasta con la falta de referencia, en las 61 páginas de las 'tesis’, al apoyo al ‘arrepentido’ Solanas y al Frente Grande. Esto no es algo menor, pues ese apoyo le provocó una brutal sangría de militantes. Sus principales 'referentes’ se fueron al campo burgués, por ejemplo Barcesat, hasta hace poco un PC ‘clásico’, Mosquera, que por muchos años fue 'delfín’ de Echegaray, y Zárate, dirigente de la Coordinadora de jubilados. Los obreros se fueron a sus casas. En toda la 'tesis’, el PC no se postula como dirección política, ni siquiera como una variante electoral. Tampoco postula un frente de izquierda. El movimientismo de las ‘tesis’ sólo prepara alianzas con la burguesía. Después de todo el palabrerío que acompañó regularmente a la llamada ‘acumulación de fuerzas la cuestión central para el PC es que la clase obrera debe participar diluida dentro de los llamados movimientos ‘sociales’. Desbarranque La parte final del informe de Eche garay fue un llamado desesperado a la ‘vuelta’ a un partido estructurado, sin reparar o sospechar de que todo su informe es un llamado al liquidacionismo. En el PC, dijo, “debemos recuperar atributos elementales de una organización política revolucionaria como son la disciplina, el respeto por todas las decisiones de la mayoría, instalando un verdadero centralismo democrático que impida la actual práctica (tan perniciosa) de que cada uno hace aquello con lo que está de acuerdo y si no está de acuerdo patea el tablero” (Informes- Propuesta, 11/11) (cursivas nuestro). Es la radiografía de una bancarrota. Pisándole la cola a todos los planteos de su informe, Echegaray dice que “las exigencias de una política que se plantea aportar a la creación de poder popular … no pueden materializarse desde centros sodaldemócratas, ni desde formas partidarias movimientistas o basadas en la influencia de referentes” (Informe) ¡Pero a esto lleva el informe! En el ‘viejo’ PC tampoco existía el centralismo militante, pero la ‘estructura’ quedaba asegurada por la frondosa burocracia. No es casual que la política del PC haya provocado la huida en masa de la juventud “El golpe recibido por nuestro partido ante las sucesivas crisis, dijo Echegaray, se manifiesta principalmente en la desestructuración de la FEDE” (Informe). Después de estas confesiones, no es extraño que el secretario general del partido haya sido el menos votado del comité ejecutivo.

1 de diciembre de 1995
La crisis mexicana y la guerrilla zapatista

El Io de enero de 1994, la rebe lión campesina incubada durante largos años en el sur mexicano, en especial en el estado de Chiapas, tomó forma definitiva bajo la dirección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), cuando miles de milicianos tomaron San Cristóbal de las Casas (capital del estado, con más de 100.000 habitantes) y las principales ciudades del estado: Ocosingo (también con más de 100.000 habitantes), Chanal, Altamirano y Las Margaritas. El EZLN también atacó el cuartel de Rancho Nuevo, que resistió 50 minutos, luego de los cuales los zapatistas lo invadirán apropiándose de 200 armas pesadas. Muy cerca, el EZLN invadió una prisión, liberando a los prisioneros, en su mayoría indios, lo que también sucedió en las ciudades tomadas. En las ciudades, las alcaldías y radios fueron los primeros lugares tomados, junto con las prisiones, edificios públicos, bancos y empresas importantes. Los zapatistas poseían ya mensajes grabados para las radios, llevaban potentes armas modernas y se intercomunicaban por radio. Los combates más sangrientos fueron en Ocosingo, donde el Ejército Federal consiguió llegar a través de un puente que el EZLN no consiguió derribar: la retomada de Ocosingo era vital para las fuerzas federales, y fue allí donde ocurrieron los peores crímenes de guerra: prisioneros ejecutados con las manos esposadas a sus espaldas, acostados boca abajo, con tiros en la nuca. En las ciudades, la mayoría de la población apoyó a los insurgentes, participando de la toma de los locales estratégicos. La mayoría del EZLN está compuesta por las cuatro etnias de Chiapas: tzotzil (85.553 personas), tzeltal (95.953), tojolabal (12.660) y cholos (47.529). El “subcomandante Marcos” comandó el ataque a la capi tal y fue el principal portavoz del EZLN, concediendo una conferencia de prensa frente al palacio municipal ocupado. En los días siguientes, y tras la retirada del EZLN, una violenta represión del Ejército se abatió sobre la población urbana y rural, cobrando centenares de muertes, siendo ejecutada con armas pesadas, incendios y bombardeos aéreos. Retroceso del gobierno El cese del fuego fue ordenado el 12 de enero, después de 10 días de violenta represión. El cese oficial no impidió que la represión continuase y que el gobierno del PRI (Partido Revolucionario Institucional) estacionase en Chiapas efectivos militares en número 10 veces superior a los del EZLN. El ‘diálogo’ posterior, oficialmente aceptado por el gobierno priista, e intermediado por la oposición burguesa (el PRD —Partido de la Revolución Democrática—, de Cuau-htémoc Cárdenas) y por la Iglesia, se estancó totalmente con el correr del tiempo: “No hubo avance en las cinco rondas de diálogo realizadas en los últimos 7 meses. Los rebeldes están cercados por el Ejército mexicano” (1). La primera opción del gobierno priista fue aplastar la insurrección a sangre y fuego, lo que fue evidente por la criminal acción militar y por el juicio sobre la rebelión y los que la apoyaban, emitido por el filósofo oficial del estado del PRI, Octavio Paz— “somos testigos de una recaída en ideas y actitudes que creíamos enterradas bajo los escombros del muro de Berlín” (2)—, el mismo que, pocos días después, afirmaba que “todos debemos esforzarnos para que estas conversaciones no se estanquen, se desvíen o se conviertan en una disputa estéril” (3). El gobierno, sus ideólogos y el propio imperialismo no demoraron en comprender que no se encontraban sólo frente a la acción de un grupo foquista fuera de época, sino frente a una insurrección campesina dirigida contra las bases económicas y sociales del dominio de la oligarquía del sur mexicano. Entre 400 y 500 grandes propiedades agrarias fueron (y permanecen hasta ahora) ocupadas por los campesinos sin tierra, en toda la región. Algo más, con la continuidad de una política puramente represiva se amenazaba extender nacionalmente el conflicto y dar inicio a una verdadera guerra civil en el sur mexicano: “Al ocupar las pequeñas ciudades de la región, aunque efectuó algunas operaciones de rastrillaje, el Ejército federal no se atrevió a perseguir en serio a la guerrilla en el campo, donde la rebelión goza de enorme apoyo entre la población y el terreno también favorece al ejército rebelde. No iba a ser fácil acabar militarmente con la guerrilla en el campo, e intentarlo podría desestabilizar aún más al ya de por sí tambaleante régimen reaccionario. Así que el gobierno optó, como le aconsejaron varios representantes del imperialismo norteamericano, por decretar el cese del fuego el 12 de enero… El levantamiento alumbró a toda la Nación. Entre las masas, sobre todo las más pobres, era común escuchar el comentario: ‘si llegan aquí, le entro’. En cambio, entre la gente acomodada reinaba la consternación” (4). El papel del PRD No se trató, sin embargo, de una sustitución de la represión por el diálogo, como pretende hacerlo creer la gran prensa, sino de una complementación de la represión (que incluye hasta el asesinato de opositores burgueses, como Antelmo Robledo, candidato del PRD a la alcaldía de Jaltenango, Chiapas) (5) con un ‘diálogo’ destinado a neutralizar a la dirección guerrillera. El papel central en esa maniobra política le cabe a la oposición burguesa, en especial al PRD y a su líder Cuauhtémoc Cárdenas (directamente asesorado en la materia por el ex-trotskista del Secretariado Unificado de la IVa Internacional, Adolfo Gilly), mucho más que al ‘dialogador’ oficial, Camacho Solís, un hombre directamente impuesto por el imperialismo, o aun que a Don Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal de las Casas. El PRD, en un primer momento, hizo coro con el gobierno condenando los ‘excesos’ de la guerrilla, para posteriormente, junto con el propio gobierno y el imperialismo, cambiar de política. Debe decirse, además, que la posibilidad de esa maniobra fue determinada por la propia política del EZLN, que reclamó correctamente su reconocimiento como ‘fuerza beligerante’, pero no denunció a la coalición gobierno-oposición (o sea, de la totalidad del régimen) contra la insurrección armada, y al no desenmascarar a la segunda, permitió su 'reciclaje político’ indoloro. De acuerdo con el “subcomandante Marcos”: “Hablando con el Ingeniero Cárdenas le reiteramos nuestra disposición como ejército zapatista a buscar una salida política de paz con dignidad. Saludamos su interés, el esfuerzo que para él significó venir hasta acá. Por mi voz, el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del EZLN, declara que reconoce al Ingeniero Cárdenas como interlocutor político válido del EZLN y declara que la palabra de Cuauhtémoc Cárdenas será siempre recibida con respeto y dignidad, y analizada por nuestros compañeros en todas sus implicaciones. Hacemos un reconocimiento a él y a las personas que lo acompañan por haber tenido la valentía de tomar esta iniciativa en la búsqueda de una salida pacífica y digna al conflicto. “Enseguida, Cárdenas declaró: ‘Bueno, en parte aquí lo dijo ya el subcomandante (que de ‘insurrecto’ pasó a ‘subcomandante’, OC). Ante la-ausencia de iniciativas por parte del gobierno, y el evidente estancamiento de la situación en Chiapas, el que no estemos viendo que se den avances a pesar de la existencia de un Comisionado de Paz y de que hay una nueva comisión de intermediación. El que no veamos que se den pasos que conduzcan a lo que la mayoría de los mexicanos queremos: una solución con dignidad para todos los conflictos que se han presentado desde el 1° de enero, cuando se da el levantamiento del ejército zapatista, Para eso hemos venido aquí’” (6). Las limitaciones del EZLN Esta supuesta ‘astucia’ política, destinada a ganar a Cárdenas (un político originado en el propio riñón del régimen) para el ‘frente democrático’, fue reafirmada en la “Asamblea Democrática” de Chiapas, donde el EZLN llamó a Cárdenas y al PRD a encabezar un ‘"Movimiento de Liberación Nacional”. Esta lavada de cara de la capituladora oposición cardenista, no tiene nada de astuta, como lo revelarían los resultados de la elección presidencial de 1994, cuando, pese a que por primera vez en la historia del régimen el candidato priista obtuvo (a pesar de los reiterados fraudes) menos del 50% de los votos emitidos (48,77%), esto benefició principalmente al candidato de la oposición derechista (PAN), Fernández Cevallos, con casi el 26% de los votos, mientras Cárdenas, que había vencido realmente en las elecciones de 1988 (victoria de la que fue despojado por el fraude que consagró al priista Carlos Salinas de Gortari), retrocedió espectacularmente hasta poco más del 16%, esto pese a las enormes movilizaciones antigubernamentales de 1994 y a la imparable descomposición del régimen del PRI. En el punto central del debate electoral (la integración al NAFTA norteamericano), Cárdenas defendió una posición semejante al PRI. Las mismas masas que simpatizan con la rebelión de los campesinos indígenas chiapanecos sancionaron en las urnas al PRD, que en todo el ‘diálogo’ EZLN-gobiemo se comportó como un aliado de este último, inclusive en la cuestión clave de la campaña de los monopolios de la comunicación contra la insurrección en Chiapas: “El EZLN vetó la participación de Televisa en las conferencias que todos los días ofrecía al país desde la iglesia de San Cristóbal de las Casas, sede de las negociaciones. Los zapatistas siguieron firmes en su veto a Televisa. En cambio, el PRD y otros partidos de oposición en el Congreso se sumaron a una iniciativa del PRI que condenaba la posición ‘intransigente’ del EZLN y llegaron incluso a firmar una declaración conjunta en que se pedía ‘tolerancia’ en relación a esta empresa privada” (7). Conciliacionismo La táctica política de alianza con el PRD revela una estrategia de conciliación con el régimen burgués en su conjunto. La ‘novedad’ del EZLN, en relación a otras corrientes militaristas de América Latina en los años 70 y 80, consiste en que si éstas se caracterizaban por un programa de conciliación de clases encubierto por el ‘radicalismo’ metodológico, el zapatismo tiene también de salida un programa de conciliación política. Las posiciones políticas del EZLN incluyen la lucha por “Democracia, Libertad y Justicia” y sus “10 puntos”: “trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”. En sus comunicados iniciales, su demanda central era “la renuncia del gobierno ilegítimo de Carlos Salinas de Gortari y la formación de un gobierno de transición democrática, el cual garantice elecciones limpias en todo el país y en todos los niveles de gobierno”. Al mismo tiempo, esclarece que: “Un gobierno de transición democrática NO es un gobierno transitorio, NO es un gobierno temporal, NO es un gobierno interino, NO es un gobierno de excepción. Un gobierno de transición democrática es un gobierno con un programa político de democratización de la vida política del país” (8). El horizonte político del EZLN es, por lo tanto, la 'democracia’. Lo que esto significa es esclarecido por el propio ‘Marcos’'. “Le permiten a un banquero (Roberto Hernández) decir que si no gana el PRI va a haber fuga de capitales. Entonces nadie dice nada. Son iguales de absurdas las dos premisas. Los zapatistas no hemos dicho: ‘Bueno, si no sale el que yo quiero entonces me voy a alzar en armas’, pero igual de absurda es la otra declaración. Debe de haber algo en el medio que sirva de contrapeso y sujete a uno y otro de los extremos. Nomás que el banquero no está dispuesto a ceder y nosotros sí estamos dispuestos a ceder” (9). Se trata de una estrategia de reconciliación del conjunto del régimen político y social, lo que incluye no sólo al PRD, sino también a la Iglesia, al PRI y hasta, según el propio EZLN, “sectores honestos del PAN” (derecha y ultraderecha). Fue legítimo concluir, como lo hizo el Partido Obrero inmediatamente después de iniciada la insurrección, que “el zapatismo debuta en el punto donde terminaron el M19 colombiano, el FMLN salvadoreño o la UNG de Guatemala: en las negociaciones para una salida política”, pronosticando que “la contradicción estridente entre el carácter objetivo de la rebelión que desnudó la fractura del aparato estatal y puso en primer plano las reivindicaciones agrarias y sociales de los campesinos mexicanos y la política democratizante del EZLN, y la no menos estridente contradicción entre la descomposición del régimen político y su necesidad de proceder a una política de reconstrucción (fortalecimiento) del Estado, plantean en México un período de prolongada y aguda crisis política” (10). Origen de la guerrilla La verdad es que, aunque algunos autores hagan remontar el origen del EZLN y de la propia insurrección a más de una década atrás, a las divisiones de los grupos foquistas de entonces que dieron origen a las FLN (Fuerzas de Liberación Nacional, 'par-tido político’ del EZLN) (11), la creación del EZLN y la decisión de lanzar la insurrección en 1994 anteceden en menos de un año a los hechos, lo mismo que el envío del grueso de los cuadros ‘militares’ del zapatismo a la selva Lacandona. Lo que sí era bien anterior era la agitación campesina (9.000 indios, por ejemplo, desfilaron en 1992 en San Cristóbal de las Casas, contra las celebraciones del Quinto Centenario), y esos años, significativamente, son para las FLN (luego PFLN) de ‘depuración’ de muchos cuadros urbanos, vinculados al movimiento obrero, incluido “un dirigente, al que llamamos Panchón, (que) desertó con muchos obreros y simpatizantes de la Ciudad de México” (12). Es superficial y unilateral el análisis de un investigador francés: “A pesar de la injusticia que reina en sus zonas agrarias, México es el único país de América Latina que no conoció la guerrilla durante las 'tres décadas revolucionarias’ (1959-1989). Por tres razones: su larga tradición antiimperialista, su estatuto de santuario para la mayoría de los jefes guerrilleros, y sus buenas relaciones con Cuba. Con la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio norteamericano (TLC) el 1ro de enero (fecha simbólicamente elegida por los zapatistas), esas tres razones caen. México parece renegar de América Latina y elegir el Norte; al mismo tiempo, toma distancia de Fidel Castro, que controla menos que nunca los movimientos revolucionarios. Sólo entonces, la cólera de los indios miserables y explotados de Chiapas puede finalmente explotar” (13). La rebelión de Chiapas, originada en el sector más explotado y miserable de México, da una válvula de escape a la cólera acumulada durante largos años por el conjunto de los trabajadores contra el régimen político. Según el periodista Francis Pis-ani, “la mayoría de los mexicanos han reaccionado favorablemente al alzamiento de los zapatistas y la solidaridad se expresa espontáneamente de múltiples maneras (pintadas, manifestaciones). Son millones los mexicanos que, sin la menor relación con el zapatismo, apoyan sus reivindicaciones, no sólo para Chiapas” (14). Agotamiento del régimen En estas condiciones, el alzamiento consagra el fracaso de las políticas de ‘aggiornamiento’ del régimen político, complemento necesario y exigido por el imperialismo para la ‘integración norteamericana’ de México, en especial del Pronasol (Programa Nacional de Solidaridad) dirigido principalmente al Estado de Chiapas, que llegó a ser saludado como un gran éxito por los sociólogos… exactamente en la víspera del levantamiento: “El Pronasol representó un marco de acción para asignar recursos efectivos en las áreas más necesitadas de infraestructura y para el desarrollo de condiciones dignas de vida. Con esquemas innovadores de responsabilidad social y participación de organizaciones tradicionales y modernas, los resultados son alentadores en términos de creación de infraestructura, beneficio social, descentralización (fortalecimiento municipal) y recuperación de la gobernabilidad” (15). El fracaso de ese programa en Chiapas es un fracaso nacional, pues “es sabido que el máximo despliegue del Pronasol se dio en el estado de Chiapas. Antes de resolver los problemas de pobreza extrema y alta, como anunciaban sus metas públicas, el programa gubernamental tenía el propósito de atemperar los efectos sociales de la política económica y, muy especialmente, asegurar un estrecho control sobre las comunidades indias y campesinas” (16). Nacional e internacionalmente, el esfuerzo por desactivar la 'bomba chiapaneca’ era bien antiguo (lo que desmiente la supuesta 'sorpresa’ del alzamiento): “Desde los años 50 la región de Altos de Chiapas se convirtió en el principal experimento de la política indigenista instrumentada por el gobierno federal. En los 70, varias instituciones realizaron estudios y propuestas de desarrollo para incorporar los pueblos indios a la sociedad nacional. En esos años, la región fue el escenario de un programa pionero en México por la participación de una amplia gama de secretarías de estado y organismos internacionales como la UNI-CEF, UNESCO, OMS y FAO. Se trata del Programa Socioeconómico de Desarrollo de los Altos de Chiapas (PRODESCH), cuyo objetivo era contribuir al desarrollo económico, social y cultural para mejorar los niveles de vida de la población indígena del área, aprovechando sus recursos naturales, para lograr su incorporación al desarrollo nacional. Posterior a 1976, la región fue también escenario privilegiado del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados (COPLAMAR)” (17). En las condiciones de crisis capitalista internacional y nacional, esta política equivalió a la tentativa de curar el cáncer con aspirinas. A pesar de los paliativos, la miseria social creció geométricamente en la década del 80. En Chiapas, la tasa de analfabetismo y de viviendas sin servicios sanitarios y electricidad duplica los ya elevados promedios nacionales. La concentración de riquezas se exacerbó en los últimos años: el 10% más rico posee el 41% de la renta nacional (contra el 33% de una década atrás) y la cuarta parte de la población (40% más que hace una década) gana menos de dos dólares diarios (600 anuales). En Chiapas, 94 de los 111 municipios tiene índice de pobreza 'alta’ o ‘muy alta’. Pero estos rasgos también se encuentran en la mayoría de los países latinoamericanos, por lo que se puede afirmar que “el levantamiento de Chiapas es una expresión particular, aguda, de un problema general que recorre toda América Latina: la rebelión popular contra los regímenes patronales en descomposición y contra la profundización de la miseria, que es la necesaria consecuencia de la penetración imperialista que se ha agudizado bajo la cubierta de las ‘democracias’’. Más allá de todas sus particularidades, entre los campesinos mexicanos y el pueblo santiagueño hay un hilo conductor: la necesidad impostergable de defender su propia existencia empuja a las masas a atacar el poder político de la burguesía” (18). Se entiende entonces el rápido cambio de actitud del gobierno priista, una vez que detectó las enormes limitaciones políticas de la dirección del EZLN (disimuladas tras las pintorescas actitudes y declaraciones de ‘Marcos’), e inclusive el saludo del intermediario gubernamental, quien agradeció al EZLN “por haber cumplido la parte a la que se comprometió” (19). Combinado esto con la extraordinaria radicalización campesina y la monumental crisis del régimen, no existe ninguna exageración en concluir que “la insurrección campesina de Chiapas expuso a los ojos del mundo la fractura del Estado mexicano y la oposición irreconciliable entre el régimen político y las reivindicaciones elementales de millones de campesinos. El gobierno y el propio imperialismo están a la defensiva, pero se valen de las limitaciones de la dirección política democratizante de los campesinos para dictar su salida, política o militar, a la crisis” (20). Pero no se trata solamente de una 4crisis mexicana’, ni podría serlo en condiciones en que “la economía mexicana reveló un déficit en cuenta corriente que se aproximaba a los 30 mil millones de dólares anuales. Acumuló, además, pasivos en moneda extranjera, en el sector público y en la esfera privada, que pueden llegar a 200 mil millones de dólares. Entre esos débitos, los más problemáticos, a corto plazo, son los Tresobonos, que vencen a la velocidad de 700 millones de dólares por semana a lo largo de 1995” (21). La insurrección comenzó exactamente en el primer día de vigencia del TLC (Tratado de Libre Comercio), que consagra legalmente la sujeción colonial de México a los EE.UU., procesada especialmente durante la dé cada del 80, cuando el gobierno de Salinas recaudó 21 mil millones de dólares con la venta de las empresas estatales, lo que no impidió que el peso mexicano se mantuviese a flote por la continua inyección de fondos yanquis, que ganan en México lucros superiores entre 5 y 6 veces al que obtendrían en Nueva York. La sangría financiera que esto significa para México se verifica en el aumento de su deuda externa (que puede llegar a cerca de los 200 mil millones de dólares, cuando en 1988 era de 100 mil millones), a pesar de las privatizaciones y del Plan Brady, el colosal déficit comercial anual y tasas de interés reales del 17%. Este panorama permitió al Partido Obrero caracterizar y pronosticar, en la víspera del alzamiento, que “si México perdió en el siglo pasado una parte de su territorio para los EE.UU., el NAFTA completará la anexión, ya que no es otra cosa que un tratado colonial. México no podrá adoptar de ahora en más ninguna disposición que comprometa su integración a la economía norteamericana… A medida que esta dependencia se agudice como consecuencia del desequilibrio comercial y financiero, México deberá entregar el petróleo o permitir que los bancos norteamericanos se apropien del sistema bancario y de seguros mexicano. El proceso de la crisis capitalista será al mismo tiempo el de la absorción de México por los EE.UU., y la revuelta popular que generará será también el inicio de la revuelta popular en los EE.UU.” (22). La crisis mexicana es la crisis del NAFTA, esto porque según el Director de Asuntos Mexicanos de la Cámara de Comercio Exterior de los EE.UU., “el NAFTA se tornó posible por una revolución económica que ocurrió en México a partir de mediados de la década del 80, bajo el liderazgo del presidente Miguel de la Madrid. Sin eso, los EE.UU. no se hubiesen mostrado dispuestos a iniciar y llevar adelante las negociaciones sobre el NAFTA” (23). Sólo que el NAFTA es la pieza maestra de la reconstitución de la política comercial norteamericana a escala internacional, frente a la competencia de los imperialismos europeo y japonés. La crisis mexicana está en el centro de la crisis mundial. Sumisión al imperialismo Si la crisis mexicana y, en consecuencia, el agravamiento de las condiciones de vida de las masas, estuvieron en el origen de la crisis política y del levantamiento popular, éstos, a su vez, se transformaron en factores de aceleración de la propia crisis económica. Esto se comprobó con la espectacular crisis bursátil, financiera y monetaria de fines de 1994, que obligó al gobierno yanqui a echar mano del recurso inédito de ofrecer una garantía de 50 mil millones de dólares para las ‘inversiones mexicanas’ (desatando una brutal crisis Ejecutivo-Parlamento en los EE.UU.), al mismo tiempo que precipitó la debacle del ‘plan’ Cavallo y la ruina del ‘plan Real’ en Argentina y Brasil, respectivamente, y el abandono de toda veleidad ‘independiente’ o nacionalista de la burguesía mexicana: “La garantía por 40 mil millones de dólares que el gobierno norteamericano ofreció a México tiene el propósito de evitar la inminente cesación de pagos mexicana o, lo que es lo mismo, la bancarrota de sus acreedores, el gran capital financiero norteamericano. La garantía es un salvataje para Wall Street, no para México” (24). Como lo pronosticara Prensa Obrera, la entrega, bajo forma de prenda, del petróleo mexicano, fue la única salida: “México estaba produciendo268 mil barriles por día, contra apenas 86 mil de los EE.UU. De los 19 subproductos del petróleo, quedan apenas ocho bajo control del Estado mexicano, sin contar las joint-ventures para las nuevas refinerías, ya en marcha. Los EE.UU. importan 73% de la producción petrolífera mexicana y ahora quieren el control de Pemex y de las reservas, como ya lo consiguieron en Argentina y, en breve, en Venezuela. Las reservas mexicanas aumentarían en 20 años la autonomía energética de los EE.UU.” (25). El régimen burgués mexicano, que defendió el monopolio estatal del petróleo, incluso durante la cesación de pagos de la deuda de 1982, se dirige ahora a transformar la economía mexicana en un apéndice de la yanqui, al mejor estilo centroamericano. Junto con las crisis brasileña y argentina, esto derriba el mito de los ‘grandes mercados emergentes’ de América Latina. Chiapas, lejos de ser una expresión aislada y anacrónica, muestra el futuro de la desintegración del Estado para el conjunto de América Latina. La izquierda sometida De todo lo anterior se deriva el carácter criminal de la conducta de la mayoría de la izquierda latinoamericana, en especial de su principal agrupamiento continental, el Foro de San Pablo (que cuenta como principales componentes, además del propio PRD mexicano, al PT brasileño y al PC cubano), que se limitó a expresar 'preocupación’ (!) frente al levantamiento de Chiapas, evitando cualquier apoyo explícito (siquiera formal) a los insurgentes, actitud que sólo el Partido Obrero condenó en ese exacto momento (incluidas en esta omisión tanto la izquierda que está dentro del Foro como la que está fuera de él) en una declaración específica: “Lo singular de la declaración del Foro es que no saluda, ni apoya, ni reivindica, ni defiende, el levantamiento campesino de Chiapas. ‘Diplomáticamente’ se limita a decir que los miembros del Grupo de Trabajo (dirección del Foro) acompañan con gran atención los acontecimientos de Chiapas’, como si pudiesen, por ventura, haberlos evitado. No es necesario ‘acompañar los acontecimientos de Chiapas’, porque ellos aparecen solos: los que deben ser ‘acompañados con atención’ son los integrantes del Grupo de Trabajo. “Esto es, la cúpula del Foro de San Pablo se niega a solidarizarse con un levantamiento popular del continente. Como si no bastase, los redactores de la declaración evitan hablar de levantamiento, rebelión o insurrección popular. “La rebelión de Chiapas es un levantamiento contra un régimen que se presenta como ‘ejemplo’ de ‘política neoliberal’ y de ‘integración’ al imperialismo yanqui; contra el NAFTA, el tratado comercial que subordina colonialmente a México a los EE.UU.; y contra los grandes latifundistas. Precisamente por eso, la prensa mexicana no vaciló en calificarla como ‘una rebelión contra todo el orden político y social existente’. “Al negarse a apoyar y defender a los campesinos de Chiapas contra los latifundistas y el gran capital internacional, el GT revela la hipocresía de su 'crítica a las políticas ‘neoliberales del capitalismo salvaje’ y, sobre todo, su complicidad con los gobiernos capitalistas que las implementan. “El GT no dedica una sola palabra para denunciar la masacre de los campesinos en Chiapas por el régimen salmista. Para el GT no hubo asesinatos, ni secuestros, ni torturas, ni bombardeos a la población civil, ni existieron los ‘guardias blancos’ de los latifundistas para aterrorizar a los campesinos, todo lo que fue abundantemente documentado por la prensa. “La recomendación de una ‘salida política y negociada en Chiapas’ choca con las repetidas afirmaciones del EZLN de que no existe ninguna negociación en curso, sino apenas un ‘diálogo’, ya que el gobierno se niega a reconocerle el status de ‘fuerza beligerante’. El GT no reclama el reconocimiento del EZLN, ni lo reconoce él mismo, pues no lo menciona siquiera una vez en toda su extensa ‘Declaración’. “El GT apoya las ‘salidas políticas y negociadas’ en Colombia, El Salvador y Guatemala, que terminaron sin excepción en el estrangulamiento de los movimientos populares. En relación a las masacres contra el pueblo que ocurrieron en esos países, el GT se limita a ‘constatarlos’, y hace eso porque apenas una palabra de denuncia lo obligaría también a denunciar las criminales ‘políticas de pacificación’ de los ex-movimientos guerrilleros. Estas masacres no son más que la consecuencia de esas ‘salidas negociadas’, que se reducen a la rendición de las fuerzas guerrilleras, a la integración de sus burocracias al Estado burgués y al desarme político de los explotados” (26). Ausencia del trotskismo La deserción de la izquierda latinoamericana y mexicana, lamentablemente, no fue compensada por la presencia política del trotskismo en México. Los grupos que se reivindican de esa orientación en el país compitieron en materia de capitulación y desorientación políticas. La medalla de oro se la lleva el grupo del ex-posadista y ex-mandelista Adolfo Gilly, ahora integrado al PRD, quien en nombre de la ‘democracia’, se situó en la derecha de ese partido burgués: “Gilly censuró a su partido por haberse solidarizado con la causa del EZLN, afirmando que el PRD debería solidarizarse con las ‘demandas’ del EZLN. Es decir, no habría que confundirlas ‘demandas’ por las cuales lucha el PRD con las del EZLN. En el fondo de la cuestión está la opción por la democracia por parte del PRD. En esta opción (según Gilly), ‘la democracia no es una vía hacia un fin, paralela con otras vías, sino que es uno de los fines. Y algunos no creemos que el fin justifica los medios, sino que los medios revelan y determinan los fines. Esta es nuestra causa. Otras causas, son otras causas”' (27). Sin la menor duda. Pero, ¿a qué ‘fin’ sirve el ‘medio’ de bombardear la población civil? La sección del Secretariado Unificado de la IVa Internacional, el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) fue un furgón de cola del planteo desmovilizador e hipócrita del Foro, o sea, en última instancia, del imperialismo, del régimen priista y de la Iglesia: “El PRT desea como otros sectores de la sociedad que se encuentre una solución negociada para el enfrentamiento armado en el Estado de Chiapas, una solución que se pueda realizar a través de la mediación de una autoridad moral como la de los obispos de la región. Para eso hace falta una tregua” (28). Para esta ala trotskista del Vaticano, no hubo levantamiento popular, sino un “enfrentamiento armado” (¿entre quién y quién?). El PRT reclamó también “formas civilizadas de expresión” (condena implícita del levantamiento) y evitó cualquier apoyo explícito a los campesinos combatientes y al propio EZLN, o sea, pretendió ser neutral en un enfrentamiento entre explotadores y explotados, lo que lo pinta de cuerpo entero como fuerza política. UNIOS, sección de la recién creada UIT (Unidad Internacional de los Trabajadores), del morenista Mst de Luis Zamora; se distinguió por impulsar el voto y la coalición con Cárdenas y el PRD en la “Asamblea Democrática” de Chiapas, contra la resistencia de sectores de la propia base zapatista, y por apoyar la expulsión de esa Asamblea de cualquier corriente que abogase por una orientación de independencia de clase. ¿Es necesario decir más? La sección oficial de la LIT (Liga Internacional de los Trabajadores, también morenista), el POS-Zapatista, se dedicó a contraponerlas declaraciones del EZLN, en los que éste propone una “revolución socialista”, con aquéllas en las que se limita a la “democracia”. Ejercicio inútil, pues el propio POS-Z caracteriza que “se abrió en México la posibilidad concreta de que ocurra una revolución democrática”, lo que sería más que una posibilidad, dado que “el proceso de revolución democrática que vive México es parte de las revoluciones que derribaron regímenes de partido único en otras partes del mundo” (29), o sea que además del exabrupto de criticar al EZLN por no defender consecuentemente una orientación que él mismo no defiende, el POS-Z defiende la caracterización imperialista de los procesos del Este europeo (revoluciones democráticas contra el totalitarismo). Está planteada la estructuración de un núcleo revolucionario en México, con base en el programa trotskista de la IVa Internacional, a partir del balance de la bancarrota política de todos estos grupos. El fin del régimen del PRI La bancarrota económica y políti ca de México remata un proceso situado en el cuadro de la crisis económica y política mundial iniciada en la década del 70, cuando esa crisis fue responsable por el fin del ‘milagro mexicano’, inaugurando un déficit crónico y creciente de la balanza de pagos y aumentando su deuda externa de poco más de 4 mil millones de dólares en 1971 a 12 mil millones en 1975 (30) (actualmente ya superó largamente la friolera de 150 mil millones, superior a la brasileña, pese a que el Brasil duplica a México en número de habitantes). La política ‘nacionalista’ priista puso al país a merced del imperialismo yanqui, tanto a través de la deuda, como por el hecho de que los EE.UU. representan el 70% del comercio exterior mexicano (mientras México sólo representa el 4% del comercio exterior norteamericano) (31). La rebelión de Chiapas se inscribe en un largo proceso de movilización campesina en México: “A partir de 1970 se hizo evidente que tras la movilización campesina alentaba no sólo una demanda de clase sino también una profunda crisis estructural” (32). No sólo la movilización popular, sino también la crisis de la clase dominante escapaba ya al control del régimen originado en la revolución agrarionacional de 1910-1917, lo que fue consagrando el inicio de una desintegración del Estado, por ejemplo, en el propio Estado de Chiapas, donde ya en la década del 70, “el temor se extendió entre las autoridades y los inspectores; para proteger sus vidas, empezaron a abandonar sus recorridos por la zona indígena” (33). A pesar del deterioro de sus condiciones de vida, el proletariado mexicano aún no ha dicho su palabra en la crisis, con sus organizaciones integradas al Estado por la burocracia 'charra’ de Fidel Velázquez y, luego del retroceso de las corrientes ‘anti-charristas’ de los años ’70, por ausencia de una dirección clasista y revolucionaria. Pero es sólo cuestión de tiempo la puesta en marcha de ese gigante que reúne actualmente a los empleados “en la maquila norteña y la economía subterránea, la gran industria y el trabajo a domicilio, la fábrica altamente automatizada y robotizada y la microindustria” (34), expresión del desarrollo combinado de la economía mexicana integrada al imperialismo mundial. La amenaza del superburócrata Velázquez de decretar una huelga general, evidencia las tendencias profundas que anidan en el proletariado mexicano, además de mostrar la extensión de la crisis gubernamental. Perspectivas revolucionarias Desde 1994, la crisis del régimen asume proporciones galopantes, con la persecución penal del ex-presi-dente Salinas y sus familiares (por robo, corrupción, tráfico de drogas y asesinato); el asesinato del candidato presidencial del PRI, Colosio, en marzo de ese año; del mandamás del PRI, Ruiz Massieu, en setiembre (todos los asesinatos oriundos de diversas camarillas del PRI), y la salida de crisis de la victoria de Zedillo, caracterizado como el “gobierno más débil de la historia de México contemporáneo”. La propia oposición, cómplice, sufre la crisis: luego de Chiapas, 3.000 militantes del PRD de Puebla lo abandonaron por el EZLN. Bajo el marbete ‘zapatista’, la dirección actual de la rebelión popular se pone bajo el signo de un proceso histórico agotado, para eludir el programa de la independencia de clase y la alianza obrero-campesina. Esto conduce la lucha a una impasse, capitalizado por un régimen quebrado para lanzar una nueva ofensiva militar en febrero de 1995, que también entró en un callejón sin salida. El EZLN aceptó, sin embargo, nuevamente, en setiembre, la participación en una discusión sobre reformas políticas con el gobierno, en San Andrés de Larrainzar. Este fue, en definitiva, el contenido político de la “Gran Consulta Nacional” organizada por el EZLN en agosto de este año, en la que las cinco preguntas planteadas apuntaban a la obtención de una ‘cauciónpopular’-para, su integración al “proceso político” (o sea, al propio régimen reformado al estilo de lo que ya hicieron el M-19 en Colombia, el FMLN en El Salvador, el propio sandinismo, el MIR y otros grupos en Venezuela, etc.). La superación de las limitaciones del EZLN sólo podrán surgir de la estructuración de una corriente revolucionaria en el movimiento obrero mexicano. La rebelión popular mexicana retoma el hilo de la revolución latinoamericana por la liberación nacional y social, y se combina ahora directamente, a través de ella, con la insurgencia de la clase obrera y de todos los explotados norteamericanos contra la regresión social, el desempleo y todas las formas de opresión, abriendo perspectivas revolucionarias inéditas para nuestro continente y para la retomada del internacionalismo proletario. NOTAS: 1. O Estado de Sao Paulo, 20 de agosto de 1995. 2. Octavio Paz. “La recaída de los intelectuales”, El País, Madrid, 8 de febrero de 1994. 3. Octavio Paz. “Chiapas: hacia las negociaciones”. La Nación, Buenos Aires, 17 de febrero de 1994. 4. Meche Sierra Rojas. “El levantamiento campesino en Chiapas”, Un Mundo que Ganar N° 20, Londres, 1995, p. 32. 5. Folha de Sao Paido, 19 de setiembre de 1995. 6. La Palabra de los Armados de Verdad y Fuego, México, Fuenteovejuna, 1995, p. 221. 7. S. Tigüera Sobrinho. “El Zapatismo y la Democracia Popular en Nuestra América”, en Noam Chomsky et al. Chiapas Insurgente, Txalaporta, Tafalla, 1995. p. 37. 8. La Palabra…, p. 9 9. Idem, p. 47. 10. Luis Oviedo. “La rebelión recién comienza”, Prensa Obrera n° 411, Buenos Aires, Io de febrero de 1994. 11. Carlos Tello Díaz. La Rebelión de las Cañadas, México, Cal y Arena, 1995. 12. “De cómo el EZLN se organizó…”, Proceso n° 976, México, 17 de julio de 1995. 13. VictorienLavou. “Pourquoi larévolte au Chiapas ?”, Le Monde Diplomatique, París, febrero de 1994. 14. Francis Pisani. “El alzamiento zapatista engancha al país”, Cuatro Semanas, Madrid, febrero de 1994. 15. D. A. Gault y E. C. Mendoza. “Reforma do Estado no México: novas relacoes Estado-Sociedade”, RAP 28 (3), Río de Janeiro, julio de 1994. 16. Héctor D. Polanco. “La rebelión de los indios zapatistas y la autonomía”, en N. Chomsky et al., Op. Cit., p. 95. 17. D. V. Solis y M. C. García Aguilar. “Los Altos de Chiapas en el contexto del neoliberalismo”, en Silvia S. Hernández, A Propósito de la Insurgencia en Chiapas, México, Ardich, 1994, p. 83. 18. Luis Oviedo.“¡ Viva México! ”, Prensa Ofcreran°410,Buenos Aires, 6 de enero de 1994. 19. Síntesis, México, marzo de 1994. 20. Luis Oviedo. “Entre la salida política y la masacre anunciada”. Prensa Obrera n° 412, Buenos Aires, 24 de febrero de 1994. 21. Folha de Sao Paulo, 8 de enero de 1995. 22. Julio Magri. “Echan NAFTA a la caldera norteamericana”, Prensa Obrera n° 409, 22 de diciembre de 1993. 23. Robert Fischer. “NAFTA: urna perspectiva norte-americana”, Enfoque Económico n° 2, USIS, 1993. 24. Luis Oviedo. “La crisis recién comienza”, Prensa Obrera n° 437, Buenos Aires, 26 de enero de 1995. 25. Informativo Divida Externa n° 49, Sao Paulo, marzo de 1995. 26. Partido Obrero. El Foro de SanPablo y la Rebelión de Chiapas, febrero de 1994. 27. S. Tigüera Sobrinho, Op. Cit., p. 63. 28. Inprecorn0 376, París, enero de 1994. 29. Gustavo Sánchez. “O fracasso do modelo mexicano”, Correio Internacional n° 66, San Pablo, mayo de 1995. 30. Lorenzo Meyer. “El último decenio”, in Daniel Cosio Villegas et al. Historia Mínima de México, México, El Colegio de México, 1974, p. 171. 31. Werner Altmann. A Trajetória Contemporánea do México, San Pablo, Pensieri, 1992, p. 85. 32. Arturo Warman. “La lucha social en el campo de México”, en Pablo González Casanova, Historia Política de los Campesinos Latinoamericanos, México, Siglo XXI, 1984. v. I, p. 36. 33. Manuel Mejido. México Amargo. México, Siglo XXI, 1979, p. 367. 34. José M. C. Rodríguez. “México”, en Mario T. Bolio, Organización y Luchas del Movimiento Obrero Latinoamericano (1978-1987), México, Siglo XXI, 1988. p. 274.

1 de diciembre de 1995
Bolivia: Tribunal Moral Internacional

Rechaza acusaciones contra Bacherer Se reunió en La Paz, del 20 al 23 de noviembre, el Tribunal Moral Internacional convocado para esclarecer las acusaciones levantadas por el dirigente máximo del POR —Partido Obrero Revolucionario—, Guillermo Lora, contra Juan Pablo Bacherer y otros ex-militantes de aquel partido. Sus sesiones fueron realizadas en los salones de la Universidad de La Paz y como miembros participaron Esteban Volkof, nieto de León Trotsky, residente en México, como presidente; Waldo Albarracín, presidente de la Asamblea de Derechos Humanos de Bolivia; Catalina Guagnini, fundadora de la Comisión de Familiares de Desaparecidos de la Argentina; José María de Almeida, miembro de la Ejecutiva Nacional de la CUT; Ricardo Catoira, dirigente de la Central Obrera de Santa Cruz; Osvaldo Coggiola, historiador, vice-presidente del Sindicato Docente de la USP —Universidad del Estado de Sao Paulo— y Raúl Liendo, profesor universitario y ex-candidato por la URDA-URUS (frente integrado por el POR), y obtuvo una gran repercusión en la prensa boliviana. El Tribunal se realizó en medio de grandes movilizaciones que paralizaron la mayoría de las universidades bolivianas —en las cuales, más de dos mil estudiantes, profesores y funcionarios, se encuentran en huelga de hambre—, contra la "Reforma Universitaria” que el gobierno intenta imponer. El Tribunal recibió amplia cobertura también de la prensa burguesa local. El porqué del Tribunal En 1994, en la conferencia nacional del POR, Guillermo Lora, 73 años y hace más de cuatro décadas, el principal dirigente del partido, reivindicó la expulsión de Juan Pablo Bacherer Solís, 45 años, profesor de Economía de la Universidad de La Paz, militante del POR, desde 1975, y que durante 20 años integró los más altos puestos dirigentes del POR primero del comité regional de La Paz (1976) y, después, del comité central (a partir de 1980). Bacherer, que había presentado al POR una serie de documentos conteniendo críticas a la línea impuesta al partido por Lora, fue expulsado bajo el alegato de que era un “delator” y su exclusión acatada mediante un ultimátum de Lora a los delegados de la Conferencia, en el sentido de que en caso que no acatasen su propuesta, sería él quien se retiraría del partido para siempre. Según el relato de diversos militantes del POR, Bacherer exigió en la propia Conferencia que se formase un tribunal partidario a fin de investigar las acusaciones hechas por Lora. Esa posición inicialmente aceptada por los delegados, fue rechazada por Lora, que exigió que la exclusión se procesase inmediatamente, sin que el acusado pudiese defenderse, lo que fue acatado por una diferencia de dos votos. Cerca de seis meses después de su exclusión, Bacherer apeló la decisión al Comité de Enlace, organización internacional integrada por el partido boliviano y por otros tres inexpresivos agrupamientos políticos, reclamando que el mismo estructurase un tribunal internacional en el cual le fuese asegurado un amplio derecho de defensa. Tal como ocurriera en el POR, el agrupamiento internacional se rehusó a recibirla petición de Bacherer siguiendo la determinación de Lora. A partir de ese momento, Bacherer tomó la iniciativa de proponer públicamente la conformación de un Tribunal Moral Internacional compuesto por militantes independientes de las dos fracciones en pugna, a fin de que se estableciese un juicio acerca de las gravísimas acusaciones presentadas por Lora. Con tal finalidad se formó una comisión por el Tribunal, la cual procuró divulgar la situación y crear las condiciones para la realización del evento. Funcionamiento La estructuración del Tribunal procuró repetir determinados caminos adoptados en la década del 30 por León Trotsky, que ante los procesos de Moscú creados por Stalin, quién lo acusaba entre otras cosas de agente del imperialismo alemán, estructuró un tribunal independiente, llamado Comisión Dewey, para considerar y juzgar las acusaciones que le fueron imputadas. El Tribunal invitó para sus sesiones a Guillermo Lora y a cuantos quisiesen exponer cuestiones relevantes sobre el tema. En la carta en que los miembros bolivianos del Tribunal comunican a Lora las fechas, composición y procedimientos del mismo, se afirma el “deseo que éste viniese a tomar parte del mismo”, a fin de que “contribuya con esta causa que tiene como única finalidad establecer la verdad”. Este, en tanto, se excusó de comparecer, limitándose a publicar en su boletín partidario (Masas) insultos contra Bacherer (“delator rufián”) y los miembros del Tribunal (“canallas”, “antitrotskistas”, “contrarrevolucionarios”, etc.). Lora no se limitó a no comparecer y a dirigir agresiones contra el Tribunal durante su realización. Informado de la participación en el mismo de dirigentes sindicales bolivianos simpatizantes del POR, Lora procuró intimidarlos y convencerlos para que no participaran. Conclusiones Después de una serie de sesiones, donde tomó declaración al propio Bacherer y a otros ex-militantes y simpatizantes del POR, y en los cuales tuvo acceso a un abudante material publicado, tanto por el POR, bajo orientación de Lora, como por Bacherer, acerca de la militancia del compañero y de las acusaciones en su contra (material éste que, según el relato final del propio Tribunal, “se encuentra abierto a la consulta del público”), el Tribunal “emitió una resolución afirmando claramente que no encontró prueba de peso para justificarla expulsión de Bacherer” (Post Meridium, 23/11). El tribunal “concluyó que la acusación de ‘delación* y de ‘colaboración con los organismos de seguridad del gobierno y del imperialismo*, no encuentran sustento en ningún tipo de pruebas, de hecho o de circunstancias”, por lo que “considera falsas las acusaciones contra Juan Pablo Bacherer y sus compañeros”, y “considera que éstos son merecedores, por parte del movimiento obrero popular y democrático, de la misma confianza que goza cualquier militante honesto del mismo”. Además de la conclusión acerca de las acusaciones, el Tribunal condenó los métodos utilizados por Guillermo Lora en la lucha política contra las críticas levantadas por Bacherer y otros compañeros que le hacían oposición, destacando que “bajo ningún pretexto, tales acusaciones pueden ser lanzadas contra militantes obreros y populares sin el debido fundamento y más aún para sustituir el debate de las diferencias políticas”, para enseguida agregar que su actuación estaba ampliamente justificada en función de que “las acusaciones (presentadas) extrapolan el estricto marco político-partidario para transformarse en un problema de todo el movimiento obrero, popular y democrático, lo que torna un deber para la parte acusadora la presentación de pruebas”, para concluir que “la gran lección dejada por este episodio… es la total incompatibilidad entre la democracia obrera y este tipo de acusaciones lanzadas sin fundamento, que caen en el campo de la calumnia y dan armas a la reacción, para dividir y desvirtuar al movimiento obrero y popular”.

1 de diciembre de 1995
Una gran victoria política

Tanto la realización del Tribunal Moral Internacional en Bolivia, cuanto su propio fallo, constituyen no sólo una victoria política de la democracia obrera, sino del propio trotskismo. Para entenderlo, es necesario tener en cuenta una serie de elementos. 1) El Tribunal fue convocado a partir de un llamado del compañero Juan Pablo Bacherer y de la Oposición Trotskista del POR, entonces extremadamente minoritarios (no más de media docena de militantes). Después de diversas escisiones derechistas (Filemón Escobar, Víctor Sosa, etc.), se produjo una escisión a la izquierda del POR, que se plantó frente a las injurias de Guillermo Lora y decidió hacerles frente desde una posición de principios, creando un precedente histórico en Bolivia y en la historia del POR. Lora rió inicialmente de la ‘pretensión’ del Tribunal (“Al pendejillo le hacen consentir que pueden armar nada menos que un tribunal internacional para limpiarle de toda mancha”, escribió Lora respecto de su acusación de ‘delación’, en Masas n°1461, artículo “Ladillas y garrapatas nos hacen cosquillas”), para posteriormente usar todo su peso y el del POR contra su realización, lo que no impidió que la Oposición Trotskista consiguiera reclutar para su realización a importantes dirigentes del movimiento obrero y democrático boliviano (con la única defección del dirigente docente rural Raúl Nina), para lo que incidió también el éxito de la campaña internacional por el Tribunal. 2) El trotskismo, representado por el PO en la Argentina, fue la única corriente que realizó una campaña internacional por el Tribunal (ausente, por ejemplo, en los periódicos morenistas fuera del boliviano, para no hablar del mutismo del Secretariado Unificado y del lambertismo), esto junto al hecho de haber sido la única que organizó una campaña contra la represión y el Estado de Sitio en Bolivia, a mediados de año, con actos públicos y la ocupación, por ejemplo, del consulado boliviano en San Pablo (Brasil), cuando fue entregado un petitorio con 8 mil firmas por la libertad de los presos. Los grupos del "Comité de Enlace” patrocinado por el POR se limitaron a colgarse de esas actividades y a protestas formales contra “la persecución a Guillermo Lora” (que no revistaba entre los 600 detenidos), sin ninguna acción práctica. Después de no hacer campaña internacional (ni financiera), el morenismo fue arrastrado al Tribunal: su representante inicial, Ricardo Napurí, había defeccionado bajo pretextos formales (haber tenido enfrentamientos políticos con Lora en el pasado, lo que, si valiese como justificativo, dejaría fuera del Tribunal a toda la izquierda nacional e internacional). Fue la certeza de su realización lo que lo reincorporó, con un representante internacional. La campaña del trotskismo revolucionario dio difusión internacional al llamado de los militantes de la Oposición Trotskista. 3) Instalado el Tribunal en Bolivia, Lora multiplicó las amenazas físicas y políticas, con “cartas abiertas” de repudio al Tribunal de Vilma Plata y Raúl Nina; desplazando a Miguel Lora (dirigente docente), de Oruro, y a la propia Vilma Plata, sobre la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, para presionar por la salida de su presidente del Tribunal (lo que no consiguió), y hasta con amenazas de bomba a los medios de difusión que se hiciesen eco del mismo. Una ex-presa política, actual dirigente de derechos humanos, apoyó materialmente al Tribunal, pero sin ser parte de él, por temor declarado a represalias físicas de Lora y sus adláteres. Nada de eso impidió la realización del Tribunal. El fracaso de Lora fue medido por la prensa, que constató la desaparición de Lora durante la semana del Tribunal (“Lora… desapareció de la circulación pública”, escribió Post-Meridi.um., La Paz, 23/11/95): en vano la TV lo buscó para entrevistarlo. 4) La presencia y presidencia de Esteban Volkov, nieto de León Trotsky, garantizaron gran parte del impacto del Tribunal frente a la opinión pública y los medios de difusión. Lora pretende ahora explicar el éxito del Tribunal como fruto de un golpe publicitario, basado en amistades personales. Sucede que Volkov aceptó presidir el Tribunal, no porque obtuviera cualquier ventaja (¿cuál?), sino, como lo dejó claro en repetidas declaraciones a la prensa (Ultima Hora, Hoy ,Post-Meridium) y a la TV (Canal 2 y Canal 9), para dar continuidad a la lucha del ‘Viejo’ y de toda su familia contra la calumnia en el movimiento y las organizaciones obreras, lucha en la cual buena parte de su familia (su abuelo, su madre Zina, su tío León Sedov, sil padre Platón Volkov, y otros) dejaron su sangre y su vida. La falta de respeto de Lora por esa tradición (llegó a afirmar, para desprestigiar a Volkov, que “el trotskismo no se transmite genéticamente”), la calificación de 'Seua’ Volkov y de Catalina Guagnini como ‘ingenuos’ e ‘idiotas útiles’, revelan la soberbia burocrática e ignorante del personaje, así como su impotencia. Desesperado, llegó a insinuar que obtuvieron ventajas pecuniarias (cuando, al contrario, hicieron sacrificios para estar presentes): Lora se ha vuelto calumniador multidireccional, lo que evidencia su descomposición política. También es importante la lucha política que, junto a Seva, libramos desde 1990 (cuando defendimos conjuntamente a Trotsky y al trotskismo en el Simposio Internacional “50° Aniversario del Asesinato de Trotsky”, que organizamos en San Pablo) y en 1991, cuando hicimos lo mismo en Buenos Aires (en la Universidad y en el acto en la Federación de Box), lo que creó la tradición y la confianza de una lucha en común, factor que nos llevó a proponerle la presidencia del Tribunal. 5) En las propias sesiones del Tribunal hubo lucha política, victoriosa, contra las propuestas de que todo concluyese con un llamado a la reconciliación, contra que el fallo se limitase a constatar la ‘falta de pruebas’ de la 'delación’ de Bacherer (el fallo afirma claramente la falsedad de la acusación), contra que se dejase sin sanción la actitud de Lora (que fue calificada de calumniadora), y liasta contra la posición morenista de calificar la ‘delación’ y la colaboración’ como ‘acusaciones morales’ (como si ser policía fuera una ‘condición moral’, y no material y social). La posición conciliadora citada fue defendida públicamente por el periódico morenista Chasqui Socialista (n° 162, julio de 1995, artículo “El carácter del Tribunal Moral”); el carácter moral del Tribunal no implica que la acusación) contra la posición de Bacherer y la Oposición Trotskista también lo fuese. No fue por ‘vocación de manija’ que defendimos, contra ciertas maniobras, a Volkov y Coggiola como portavoces del Tribunal frente a la prensa y la TV. Por todos los motivos enunciados, el Tribunal consagra la victoria de una larga y profunda lucha política —y de todos sus antecedentes históricos—, que debe ser una plataforma para la estructuración de una fuerte corriente trotskista en Bolivia, en la perspectiva de una auténtica tendencia trotskista internacional.

1 de diciembre de 1995
La crisis del POR en Bolivia
Corresponsal

Entrevistamos al compañero Juan Pablo Bacherer Solis, 45 años, profesor de economía de la Universidad de La Paz. Incorporado al POR—Partido Obrero Revolucionario—, de Bolivia, en 1975, cuando se encontraba como refugiado político en París, después de haber sido arrestado en Chile donde se refugió de la persecución de la dictadura del general Hugo Banzer luego del golpe de Pinochet en 1973, bajo la acusación de formar parte de las brigadas internacionales de apoyo a la revolución chilena. Durante 20 años, Bacherer integró los más altos puestos dirigentes del POR, primero en el comité regional de La Paz (1976) y, después del comité central (a partir de 1980), participando de acontecimientos de enorme importancia de la lucha de clases boliviana como en el caso de la lucha contra la dictadura de Banzer, contra el golpe de estado de Natush-Bush, en 1979, que cayó como consecuencia de una huelga general insurreccional. En 1980, después del golpe del general García Meza, Bacherer fue expulsado de su cargo de profe sor de la universidad de La Paz, encarcelado y permaneciendo, como en varías otros momentos, en la semi-clandestinidad. El año pasado después de presentar un conjunto de críticas a la política mayoritaría en la dirección del partido y, en particular de su principal dirigente, Guillermo Lora, y de iniciarla estructuración de la Oposición Trotskista del POR, Bacherer fue expulsado del POR por exigencia de Lora que lo acusó de delación. Esta entrevista fue realizada en Sao Paulo, antes que se reuniese el Tribunal Moral para juzgar su caso. Causa Operaría’. ¿Cómo era su militancia en el POR? Bacherer: Cuando retorné a Bolivia, en 1976, casi directamente pasé a la dirección del partido porque se vivía una situación de clandestinidad, varios militantes habían sido expulsados, exiliados, había algunos en Brasil. Había muy poca gente en el trabajo y era necesario sustituirlos. Y después, hasta prácticamente 1993, cuando se realizó un congreso en que nos alejaran de la dirección, en plena lucha interna, en todo este tiempo prácticamente, con pequeños intervalos, estuvimos en la dirección. Inicialmente, desde 1976, en el comité regional de La Paz, posteriormente en el Comité Central. Causa Operaría: ¿Qué tipo de responsabilidades políticas tenía como dirigente? Bacherer: Durante más de una década fui el colaborador más próximo a Guillermo Lora en la dirección general del partido. Esto no significa que yo participase en la toma de decisiones pues el ‘jefe’ de la secta cuida celosamente que todos los hilos queden en sus manos. Viendo desde afuera muchos consideraban que yo sería el ‘sucesor’ del jefe supremo, aunque éste siempre procurase que sus seguidores no pasaran a de las tareas administrativas. Causa Operaría: ¿Desde cuándo es predominante el trabajo en la clase media en el POR? Bacherer: Más o menos coincide con el período en que participo del POR, que estaba saliendo de la última escisión, en 1974/75. Me incorporé en 1975, justamente cuando el POR vivió su tercera escisión, que fue con Escobar, Víctor Soza, etc. De tal manera que el POR, a partir de esta última escisión, prácticamente abandona su trabajo en el interior de la clase obrera a pesar de que estábamos viviendo la época de las movilizaciones masivas de los obreros, un momento en que, en ese sentido, sería normal un desenvolvimiento y el POR abandonó ese trabajo. Este dato tiene mucha importancia para lo que después vamos a discutir. Causa Operaría: ¿Usted fue el principal dirigente del trabajo universitario durante todo este período? Bacherer: Aveces el principal y a veces no, éramos varios dirigentes en el sector que, por períodos estábamos. Causa Operaría: ¿Qué llevó a su expulsión del POR? Bacherer: En 1981 el POR aprobó una tesis que planteaba la necesidad de un crecimiento acelerado, no sólo la necesidad, sino también la posibilidad de un crecimiento muy acelerado. En ese momento en que éramos algunas unidades, unos pocos militantes, el POR propuso la posibilidad de crecer y transformarse en un partido primero de mil y después de dos mil para llegar a un momento convulsivo y dar un salto hasta veinte mil militantes. Más o menos este era el plan que el partido aprobó siguiendo la propuesta de Guillermo Lora. Causa Operaría: ¿Cuántos militantes tenía el POR en este momento? Bacherer: Unas pocas unidades. Como militantes había pocos compañeros. Seguramente éramos dos decenas. Causa Operaría: ¿Cuántos ejemplares se vendían del periódico dd POR? Bacherer: Muy poco. Ahora, el POR no vende más de 500 ejemplares; debe estar vendiendo 200 o 300 ejemplares. Claro que Bolivia es un país que es un tercio de Sao Paulo. Siete millones de habitantes. Bien, éramos esas pocas unidades y se presentaban estas tesis de la posibilidad de pegar estos saltos. Pasaron dos años, y el proyecto había fracasado de una manera total. No se alcanzó el objetivo y la desesperación de Lora llegó a punto que en 1983, defendió la disolución del POR, quiere decir que el POR podría disolverse. Tengo documentos que prueban que Lora participa en el Congreso defendiendo la disolución del POR. Causa Operaría: ¿Y qué se haría en lugar del partido? Bacherer: Nada. Disolverlo simplemente. Implicaba un reconocimiento del total fracaso del partido. Pero no solamente de la construcción del partido, sino que todo lo que antes habíamos defendido, pues si tenemos que disolver el partido eso significaría la imposibilidad de la revolución proletaria .Quiere decir, una posición definitivamente contrarrevolucionaria. Liquidacionista del partido y contrarrevolucionaria. Era así de tal manera que en 1983, el partido se encontraba totalmente fracasado, sin iniciativas. Como consecuencia se tenía un balance político de características determinadas. Causa Operaría: ¿Cuáles son los aspectos centrales de este balance? Bacherer: En 1981, cuando Lora presentaba la tesis de que las masas habían abandonado la UDP, este frente popular, dirigido por Siles Suazo, era un frente poderoso. Era un frente que estaba contra la dictadura y las masas estaban por detrás de Siles Suazo. Por lo tanto, el balance político del POR sobre lo que pasó hasta 1981 fue totalmente equivocado. Las masas con la UDP y el POR sin condiciones de desarrollarse. En esta condiciones, más o menos en octubre de 1982, Siles Suazo toma el poder. En 1983, cuando las masas comienzan a separarse de Siles Suazo, el POR, Lora, está desesperado porque no consiguió transformar el POR en partido de masas. Esta posición adoptada por Lora va a conducir a una crisis definitiva, y cuando las masas se separen totalmente, y hasta pasen a combatir la UDP, el POR estará prácticamente desarmado para poder llevar adelante una política de crecimiento. Tanto es así que en 1985 cuando las masas, y particularmente los mineros toman La Paz, el POR estaba desarmado para poder siquiera intentar conducir esas masas. Definitivamente, esta fue la prueba maestra de toda la táctica adoptada por el POR. Las masas tomaron La Paz de una forma muy radical, reclamando que Siles Suazo se fuera. En las calles los obreros gritaban: “obreros al poder”, “salario mínimo vital”. Fue momento decisivo que el POR no pudo aprovechar. Prácticamente era el fracaso de toda una línea ultraizquierdista que se venía aplicando y que objetivamente demostró su fracaso en 1985. Causa Operaría: ¿Y qué hizo Lora? Bacherer: Lora, para tratar de justificas esta situación, nuevamente echó mano de la tesis de 1952, de la tesis de 1971, donde había afirmado que las masas no conseguirían colocarse a la altura del programa para poder tomar el poder. Y es la tesis preferida de las sectas, incapaces de penetrar en las masas y plantearse su liderazgo en la lucha por el poder. Causa Operaría: ¿Cuál era la influencia del POR en la COB —Central Obrera Boliviana en ese momento? Bacherer: Cero. Ninguna. Tanto es así que, ni siquiera dentro del movimiento de los mineros, que era el corazón de todo ese conflicto, el POR no produce ningún intento. Teníamos cuatro militantes en el movimiento minero y planteamos la necesidad de estructurar un comité de bases. Ocurre que para ese comité no fue elegido ningún trotskista, se eligieron todos los secretarios generales de los sindicatos mineros, la burocracia, la capa media de la burocracia y el POR en ningún momento puede intervenir. De tal manera que el POR, que por lo menos desde 1974 ya había abandonado el movimiento obrero, no tuvo oportunidad de influenciar de manera decisiva aquellos acontecimientos revolucionarios. Causa Operaría: ¿Cuál fue la razón de ese fracaso? Bacherer: Creo que en ese momento, el POR entró en un proceso degenerativo, exponiendo su incapacidad de penetrar en el interior de la clase obrera; agrupaba simplemente sectores de la clase media, sectores intermedios. Es fundamentalmente un problema de las concepciones de Lora. Como ustedes saben Lora es decisivo en el POR, porque todo lo que propone, es acatado de manera prácticamente incondicional, sin ningún tipo de discusión. Esto ocurre porque la concepción de Lora parte de la idea de que lo importante sería apenas extender a un pequeño grupo de militantes, de una manera muy firme, el programa, trabajando prácticamente 24 horas por día. Para la secta de tipo lorista lo que es necesario es una especie de justificación de la necesidad de hacer este trabajo, completamente sacrificado, abnegado, sin tener las condiciones objetivas del trabajo político. Sin tener en consideración la situación de las masas; cuales son los límites y las condiciones… Eso no interesa a una secta. La única cosa que interesa a ella es cómo vamos a hacer para que el militante pueda tener una entrega total. Tendríamos que hacer un anuncio y decir que la revolución deberá ser acelerada. Defendemos la dictadura del proletariado y tenemos que crecer. De aquí a poco tiempo, tenemos que ser diez mil militantes. Pero las masas están con la UDP. Eso no importa, lo importante es que los militantes estén convencidos de que tienen que trabajar, de que tienen que esperar. Quiere decir, es la lógica propia de una secta. No quieren comprender el desarrollo de la situación política, el desarrollo de las masas y tampoco tienen una respuesta a este desarrollo de las masas. Se fijan apenas en lo que tienen en mente, se fijan en su propia convicción. Por eso es que hablo de un proceso de sectarización. Se transformaron en una auténtica secta, en la que la única cosa que importa es autoconvencerse de la necesidad de la revolución, más que de convencer a las masas y dirigirlas. Causa Operaría: ¿Cuál era la propuesta política? Bacherer: Lora dice que las masas habían abandonado la UDP antes de que ésta hubiese llegado al poder, cuando la UDP estaba contra la dictadura. Pero para Lora no: “las masas están abandonando la UDP”, “se está desarrollando la influencia política del POR”, etc. Por lo tanto, decía, “podemos crecer. Las masas ya no están con el Frente Popular, están con nosotros. La única cosa que hace falta es que trabajemos duro, que luchemos, que ganemos a las personas. Que expliquemos a todo el mundo”. ¿Esta es la propuesta? Por lo tanto, el balance político que está en la base de ese planteo es un balance político falso. Causa Operaría: Faltaba una política para impulsar la independencia política de los trabajadores en relación a la burguesía. ¿Y eso era dado como una tarea ya concluida? Bacherer: Exactamente. Lo único que nosotros decíamos es que lo que restaba en esas condiciones era que todo militante se entregase totalmente a la vida revolucionaría y organizase a los obreros, a la dase media, porque las masas están esperando; nada más que eso. Causa Operaría: ¿Era una posición impresionista, en el sentido de que se debería llevar la lucha adelante y los obreros irían a golpear la policía y derrumbar el gobierno? Bacherer: Automáticamente. Lo que hace falta es que usted se organice para ir a organizar a las masas en el partido de manera directa y todo se incorpora a esa táctica y la táctica que se presenta son reivindicaciones. En aquel momento las reivindicaciones por mejores salarios, por ejemplo, vinculada a la lucha por el poder. Luchar por el salario mínimo vital, luchar por el poder, por lo tanto incorporarse al POR. Esa era la consigna. Tenía una lógica propia, la cual retrata de manera directa el funcionamiento de una secta. Esas son las conclusiones que sacamos, posteriormente, después de analizar todo este período. Causa Operaría: ¿En relación al pronóstico de una inminente insurrección, pretendía estimular esta política, dando la idea que no había tiempo para un trabajo de construcción del partido obrero junto al movimiento obrero, sería necesario prepararse para una insurrección? Bacherer: Exactamente. Todo el tiempo debería ser para eso. Causa Operaria: En verdad, lo que parece ser interesante es que la revolución aparece como un problema político resuelto; lo que faltaría sería la voluntad de llevarla cosa a su conclusión. Ya prácticamente estaría todo dado: la situación revolucionaria, las masas rompen con la burguesía, las masas van hacia la insurrección, ellas ya tiene un partido que es el POR. Basta un decreto para que el POR incorpore estas masas dentro del partido —lo que sería un acto administrativo, mecánico—y tomar el poder. ¿Quiere decir que no hay contradicciones políticas? Bacherer: La única cosa que importa para Lora es que usted quiera trabajar. Que usted se sacrifique, que no tenga hijos, que no se dedique absolutamente a nada porque las masas están esperando. Usted, debe organizar esas masas y así conquistaremos el poder político. Es una cosa realmente, increíble. El eje de todo está colocado en ver como el militante tiene que estar preparado. Causa Operaría: ¿Cómo evolucionó esta crisis? Bacherer: El año de 1985 marca una verdadera derrota para el POR; para el partido, para su táctica, su concepción, etc. A partir de este año se va gestando el des arrollo de una crisis espectacular. Porque esa derrota fue complementada por una cosa muy importante: después de las jomadas de marzo de 1985, viene un proceso electoral, en el cual el POR participa. Esperaba obtener 150.000 votos y obtiene sólo 13.000 votos. Quiere decir, la derrota de marzo del 85 se completó con la derrota electoral. Causa Operaría: ¿Era la primera vez desde el fin de la dictadura que participaba de las elecciones? Bacherer: Sí. Y, naturalmente no alcanzó el número mínimo de votos y el registro partidario fue cancelado, por la inexpresiva votación. Aquí se constató una expresión electorera de la dirección de Guillermo Lora. Causa Operaría: La ley obligaba a los partidos que no obtuviesen un número mínimo a pagar una multa… Bacherer: Era preciso. Pero el Partido no podía pagar. Ocurre que a partir de 1985, se produce ese fenómeno que también es propio de una secta: en el POR nada podía ser discutido. No es que en los estatutos esté prohibido, pero de hecho nada se discute. Porque si usted diverge con alguna táctica, entonces usted es pro-stalinista, pequeño-burgués y un contrarrevolucionario. Pero no hay un debate, porque los militantes no pueden intervenir. Los militantes utilizan su astucia. En Bolivia, muchos de nosotros somos de origen campesino, y los campesinos sonmuy astutos. Ellos no formularon un balance, no comprendieron lo que pasó, pero ya no confiaban. Había una desmoralización lamentable dentro de la organización. Y va tomando posiciones poco a poco. En 1990 se comienza a delinear de modo dramático, una crisis política: el Comité Central se reúne, delibera, toma resoluciones y nada. Cada uno va a hacia su célula, se pone de acuerdo y no ocurre nada. Se llega a una situación tan alarmante que el propio Lora dice que había una oposición dentro del partido, pero que no se manifestaba. Causa Operaría: Lo que era una verdad… Bacherer: Era totalmente cierto. No hay documentos, no se manifiesta, pero hay oposición. Porque los acuerdos no son cumplidos. Lo que es una forma concreta de manifestación de crisis. Causa Operaría. ¿Ese fenómeno no muestra también una despolitización de la militancia? Bacherer: Absoluta. El militante del POR no es ese hombre que hace análisis de la realidad a partir de un programa, de una comprensión política. Simplemente la única cosa a que todos estaban obligados era a repetir los dogmas, a repetir las verdades de manera dogmática. Es claro que eso es una de las formas de despolitización, porque si usted repite el Manifiesto Comunista, pero no es capaz de analizar la realidad que está viviendo la clase obrera en Brasil y continúa repitiendo y hace cursos y vuelve a repetir el Manifiesto Comunista, pero no es capaz de analizar la situación brasileña, esto es una manera formal de hacer política, una despolitización. Causa Operaría: ¿Cuál es la caracterización del POR sobre los acontecimientos internacionales, principalmente los del Este Europeo y de la URSS? Bacherer: La caracterización es que pueden continuar dando las espaldas a la situación internacional. Por ejemplo, esta discusión tan interesante que plantean sectores marxistas aquí respecto de cuál es el problema de la globalización, cual el significado de las nuevas tecnologías, si la clase obrera va a desaparecer aquí o la clase obrera allá… no se procesa esa discusión, porque teníamos que seguir repitiendo lo que dice el marxismo, convirtiendo en dogmas, independientemente del desarrollo de la realidad. Lora, la secta, parte necesariamente de la transformación de los principios del marxismo en dogmas. En esa época, Lora escribe un documento sobre la perestroika, en el cual afirma que la perestroika era la apertura capitalista. Pero esta es una cosa que él escribe, pero la organización no vive ese problema, no discute, no asimila, no se toma posición. Causa Operaría: ¿Está dada la batalla moral para siempre? Bacherer: Para siempre. Como ya dije. Tenemos que estar repitiendo dogmas. Prácticamente las modificaciones de la realidad poco interesan, por eso el POR se volvió una organización totalmente dogmatizada, y yo digo que la base de la secta es el dogma. Entonces, en ese sentido, prácticamente no hay nada. Entretanto, quiero mencionar una cosa importante. A partir de ahí se establece una crisis. Nosotros que éramos los dirigentes no nos atrevíamos a plantear una posición esquemática, sin que los militantes comprendieran lo que es una caracterización totalmente cristalizada. Pero no se puede debatir, no se puede discutir, porque hay un temor, un pavor de que un dirigente superior diga que usted es un contrarrevolucionario, que se está oponiendo al partido. No se trata de que en una discusión política usted pueda darse cuenta de que su posición es contrarrevolucionaria… nada, nada, por simple definición. Todo lo que usted produce será contrarrevolucionario. Causa Operaría: ¿Se trata de un anatema político? Bacherer: Exactamente. A partir de eso comienza a desenvolverse una verdadera discusión política. Ocurre en un congreso, donde Lora afirma que la oposición no se manifiesta pero que boicotea el partido, etc. En esa oportunidad, en 1992, fue que surgió el debate. Comienzo el debate y reivindico una discusión. Digo: “el camarada Lora tiene una concepción mecánica de relación entre programa y organización”. Lora creía que si tuviésemos un programa y luchábamos por tenerlo, automáticamente, iría a nacer una organización revolucionaria. Que bastaba reivindicar en determinadas circunstancias, por ejemplo, “luchemos por un salario mínimo vital”, “viva la revolución proletaria”, etc., que éste sería el camino para la reestructuración del partido revolucionario. Entonces yo digo que lo que Lora defiende representa una concepción mecánica entre el programa y la construcción del partido. A partir de ese momento comienza a desenvolverse toda una discusión. Los que estábamos en la dirección fuimos reelectos para el comité central en este congreso, a pesar de que no hubiesen sido aprobadas nuestras posiciones. Pero en la secta basta que Lora diga que tal persona debe ser dirigente para lo que sea. Fuimos derrotados y éramos oposición porque nuestros principales documentos fueron rechazados. Pero Lora dijo que deberíamos estar en la dirección. Causa Operaría: ¿La oposición se convirtió en dirección del POR ? Bacherer: Claro. El (Lora) tenía una perspectiva. Quería colocamos como blancos, como responsables, cómo los únicos responsables. Cuando presionamos por un balance, que sería una cuestión fundamental, entonces Lora afirmó que “el problema es que estos señores (la oposición) son pequeños burgueses, son pro-stalinistas y son ellos los causantes de la situación actual por la cual pasa el partido”. Así quería liquidar a la oposición. Por lo tanto, la explicación que da es que nosotros somos contrarrevolucionarios. Y, sobre esta base se va a dar toda la batalla. “Atención”, decía, “ellos son el peligro y los responsables por el fracaso del partido”. A pesar de que cuando el partido fracasó, nosotros todavía no habíamos manifestado ninguna discrepancia. En un documento respondemos que esta conducta no era seria pues la única cosa que habíamos hecho era aplicar la política de la dirección del partido. Al final del año de 1992, nosotros —ahora sí— comenzamos a elaborar un documento de la dirección, sobre nuestra polémica con Lora. Y él decide anular esa dirección. En esas condiciones surgen, más o menos en setiembre/octubre de 1992, las acusaciones. El manda una carta al comité central donde dice textualmente: “este señor es un delator”. Causa Operaría: ¿Lora está fuera del Comité Central? Bacherer: Fuera del comité central, desde el congreso, donde nos coloca como blancos para combatirnos. Causa Operaría: ¿Incluso fuera dd CC continuaba siendo el dirigente determinante del partido? Bacherer: Obviamente. Nosotros, como dirigentes, lo que hacíamos era leer lo que decía Lora en ‘La Colmena’, una publicación política particular suya, para escribir el periódico del partido, o sea, definitivamente, en ningún momento Lora dejó de ser el dirigente máximo. Causa Operaría: ¿Cuál es la responsabilidad de Lora, dónde él militaba en ese momento? Bacherer: Lora no milita, no tiene célula, no interviene, digamos, en ninguna lucha concreta, no trabaja por la organización de las personas. Cuando el está escribe todo el periódico. Elabora la línea, después, seguimos esta línea y él hace el balance. No consulta a nadie. Ni para determinar la línea y ni para sacar un balance. Causa Operaría: ¿En ese período Lora no colaboraba con el periódico? Bacherer: No colaboraba porque éramos nosotros los que estábamos en la dirección. Causa Operaría: ¿Lora interviene en la orientación de los frentes? ¿Se reúne con una célula o comité para discutir los problemas? Bacherer: Cuando éramos el comité central, digamos que se discutía en el comité central lo que se debería hacer en los sectores más importantes, cuales eran las tareas y reivindicaciones, etc. Pero no existe una discusión democrática. No se discute la línea política. Esta línea es indiscutible. No por la autoridad, porque también podría ocurrir que teniendo mucha autoridad su posición sea victoriosa en el interior del partido. Aquí, por ejemplo, el problema es un fenómeno diferente porque lo que ocurre es que tenemos que hacer la discusión en la medida en que acusa a los adversarios de contrarrevolucionarios, es un medio de bloquear la discusión. Por eso pasó tanto tiempo desde 1985, hasta que estalló la crisis interna del partido. Entonces, en el momento en que Lora llega a la conclusión de que hay una oposición y que en el interior del comité central se forma una tendencia, resuelve intervenir como forma de eliminarla tendencia que virtualmente se había estructurado. No nos proclamamos tendencia, apenas escribimos un documento con críticas a Lora. Entonces, en ese momento, el determina que esos compañeros vuelvan a la base del partido, pasando así a dominar nuevamente la dirección. El CC, controlado por Lora, no me sancionó, pero, en este momento se estructura una camarilla que pasa a controlar todo el trabajo del partido para combatimos sin, empero, entrar debate. Sólo continúa diciendo que somos reaccionarios, contrarrevolucionarios. A espaldas de la dirección, ellos ya estaban trabajando como una camarilla, de tal modo que el CC daba una determinada orden, discutida, acordada para un determinado sector y no sucedía nada, hay un sabotaje por parte de esta camarilla que se organizó para tomar el CC. Causa Operaría: ¿Ellos elaboraron algún documento político? Bacherer: No. Simplemente nos acusaban. Cuento un caso ocurrido en este período. Había una famosa asamblea de nacionalidades organizada por el MBL, que era un organismo lanzado por organizaciones indígenas y campesinas burocratizados de diversas regiones. La línea del partido fue clara, esa es una organización burocrática, que el MBL pretendía convertir en una especie de parlamento de asesoramiento de iniciativas campesinas, al lado del parlamento central, del Estado burgués. La criticamos como electoralista, parlamentarista, legalista, etc. El MBL tenía por esa vía mucha influencia en el sector campesino. Entonces para montar esta asamblea de nacionalidades tenían la obligación de hacer la pantomima de llevar algunos representantes de esos campesinos. Decidimos ir a esa asamblea de nacionalidades y defender nuestra línea. Distinguir nuestra posición. Que nos hiciéramos presentes para luchar contra esta barbaridad y destruirla no quería decir que estuviéramos avalando. No obstante, Lora dice que no deberíamos concurrir. Teníamos la misma posición política al respecto de la asamblea nacional. Nosotros decíamos que era preciso ir, intentar destruirla, con la vista puesta en los sectores de base que están allí. Causa Operaría: ¿Provocar una ruptura en su interior? Bacherer: Claro. Fueron muchos los campesinos de base que no permitieron que el MBL dirigiese la Asamblea Nacional y como el MBL procuro luchar por su dirección, los campesinos lo mandaron a la mierda. O sea, la asamblea no funcionó gracias a la presión de las bases. No obstante, Lora dice que nuestra posición de participar para impulsar a las bases para que la destruyesen era una posición contrarrevolucionaria. O sea, se actuaba con absurdos a la luz del día, combatiéndonos, atacándonos. A partir de ese momento, nos reunimos y convocamos un congreso. Aquí ya no existía más dirección, la camarilla de Lora estaba destruyendo el partido, por eso convocamos un congreso extraordinario. En ese congreso, Lora no dice nada. Ya debía haber “escogido sus cartas”, preparando su calumnia. Causa Operaría: ¿Cuál sería exactamente esta calumnia? Bacherer: La calumnia era que yo había delatado, cometido delito de delación del trabajo clandestino. Por lo tanto, yo no podía decir nada porque se trataba de un trabajo clandestino. Todo estaba perfectamente armado. Todo esto no fue, no obstante, suficiente para que me excluyeran del partido. En el congreso del 93, Lora no dijo nada, ni siquiera presentó la denuncia de delación y ustedes saben muy bien que en un partido leninista cuando alguien delata tiene que ser expulsado de inmediato porque representa un peligro que, en cualquier momento, puede destruir la organización. El permaneció en silencio en el congreso. Causa Operaría: ¿En ese congreso usted fue electo para la dirección? Bacherer: No. En ese congreso nosotros estábamos trabajando y denunciando como Lora organizó una camarilla y que, de esta forma, no tenía razón de existir el CC. Fuimos al congreso y, por primera vez en la historia del POR, Lora no participa del congreso. No solo no participa, sino que además que la camarilla que el dirige reclama al inicio de los trabajos que sea electo el comité central antes de los debates. Sin ningún debate. Dicen: “no queremos debate, no queremos discusión”, “la única cosa que reclamamos es que se elija una nueva dirección”. ¿Una monstruosidad? No querían discutir ni siquiera el balance del trabajo realizado por el CC y a partir de ese balance deliberar por su reformulación o no. Causa Operaría: ¿Y también a partir de la orientación política? Bacherer: Exactamente. Entonces, nosotros que habíamos presentado los documentos para la discusión los obligamos a realizar una discusión política. Sin la presencia de Lora, el congreso aprueba nuestros documentos. Toda nuestra línea fue aprobada porque la camarilla que estaba tramando Lora no era capaz de defender sus posiciones. Aprobaron nuestros documentos y Lora es electo para el comité central en ese congreso. Causa Operaría: ¿Y ustedes quedan afuera? Bacherer: En ese momento nos volvemos a las bases, no disputamos la dirección. Causa Operaría: ¿Ustedes no presentaron una lista propia? Bacherer: Nosotros decidimos que ellos debían tomar la dirección. Hay muchos errores políticos que hemos cometido, muchos. En el congreso anterior estuvo presente un argentino, Fernando Armas, que en ese momento estaba casi de acuerdo con nosotros, que nos acusó de capitulación política. Bien, dejamos la dirección en manos de Lora y así la dirección había de destruirse a si misma. En cuanto a la oposición, algunos salieron del partido, otros fueron para ciudades del interior y los otros, que estaban enla universidad continúan en la lucha política. Yo quede solo en el partido, en el interior de mi célula. Entonces durante 1993, fuimos luchando, haciendo un boletín interno y militando, hasta que en febrero de 1994 la dirección que había asumido con Lora convoca una conferencia nacional. Lora la abre diciendo “este señor es un peligro para el partido”, denunciando que yo había cometido delito de delación y exige que yo sea expulsado. Causa Operaría: ¿Y por qué volvió a la carga? ¿Había algo cosa especial? Bacherer: El problema concreto estaba en que no quería que prosiguiese el debate político sobre nuestras propuestas. Causa Operaría: ¿Usted va a la conferencia con un documento? Bacherer: Si. En el curso de ese año 93, entramos en huelga de hambre, hay un documento que se llama “lunes negro” que es un balance de la huelga de hambre Escribí internamente una serie de documentos y, en este momento, estaba defendiendo la estructuración de una tendencia en el interior del Partido. Causa Operaría: ¿El objetivo de Lora con esta acusación era desmoralizarlo? Bacherer: Claro. Lo que el quería era impedir que se desenvolviese una discusión amplia y profunda en el interior del POR y, para eso, lo primero que intentó fue anular nuestra tendencia, dispersarnos. La finalidad de la calumnia era impedir que se estructurase y se desenvolviese una discusión interna. Yo creo que eso obedece a todo un proceso degenerativo porque en otras circunstancias el POR permitió una discusión. Ahora, su tentativa fue evitar el debate, que se estructurase una tendencia, una fracción en el interior del partido. Lora opta por la perspectiva de impedir la discusión, impedir el debate, de estrangular y consolidar la verticalidad, la obediencia incondicional de toda la organización en relación a él. Como no consiguió su objetivo en la primera oportunidad, porque todo el CC rechaza la acusación, Lora, procura restablecer el control sobre el CC para después expulsarme. Todavía él aún pensaba que yo podía quebrarme como aconteció con muchos compañeros que estaban en el CC o, alejarme de la organización. Causa Operaría: ¿Cómo se da la expulsión? Bacherer: En 1994, en la conferencia nacional, reclama mi inmediata expulsión. Lora comunica a la conferencia que se retira del POR y que tienen que expulsarme como condición para que" retome. Afirma que, si no me expulsasen, nunca volvería. La conferencia queda con un grave problema en las manos porque yo había defendido que se formase un tribunal, que yo tenía derecho a defenderme en un tribunal de mi propio partido. Los militantes dicen, en principio que aceptan. Pero, después, se dan cuenta de que Lora había dicho, que no iría a aceptar ningún tipo de tribunal. Por lo tanto la conferencia votó las dos posiciones y por la diferencia de dos votos ganó la posición de Lora. Así se consumó totalmente el golpe de Lora. Causa Operaría: ¿Usted presentó un recurso? Bacherer: Más o menos seis meses des pués, hubo una reunión de organización internacional formada por Atilio (Brasil, NR), Fernando (de Argentina) y Lora. Presenté a esta reunión una carta exigiendo que la organización internacional estructurase un tribunal internacional suponiendo que una organización internacional, el congreso de una organización internacional está encima de los comités centrales. Lora, en tanto, los instruyó en el sentido que ni siquiera recibiesen la carta y, definitivamente, no la recibieron. Causa Operaría: ¿Ellos siquiera consideraron la carta? Bacherer: No. Por eso es que yo, en la carta a Atilio, le preguntó de que organización central, de que internacionalismo hablan cuando son siervos obedientes a Lora. Ellos tenían la obligación de considerar la carta y de estructurar un tribunal de la organización internacional. A partir de este momento comenzamos a estructurar un tribunal. Primero se formó una comisión de organización del tribunal y después, poco a poco, se formó el tribunal internacional. Causa Operaría: ¿Quién toma parte del tribunal? ¿Quiénes son sus miembros? Bacherer: Son altas personalidades. Cuatro de nivel internacional; Estevan Volkov, nieto de León Trotsky, que vive en México; Catalina Guagnini, famosa madre de desaparecidos de la Asociación de desaparecidos de la Argentina; el dirigente morenista, metalúrgico, José María de Almeida, secretario de organización de la CUT y Osvaldo Coggiola. Tenemos cuatro bolivianos: el presidente de la Asamblea de Derechos Humanos , Waldo Albarracín; una persona muy importante que es el dirigente sindical del magisterio, Raúl Nina, que tiene un trabajo en común con el POR en el movimiento de profesores (Lora intentó de todas las maneras evitar que el tribunal se estructurase y se comenta que ese compañero, Raúl Nina, recibió amenazas por parte del lorismo para que no participe del tribunal); integró también Daniela Gusmao, de una Asociación de Mujeres, también un literato que escribe sobre folklore boliviano, Antonio Alves. Estamos enviando una carta invitación para observadores internacionales para que asistan al funcionamiento del tribunal. El tribunal tendrá más o menos las mismas características que tuvo el tribunal o la comisión Dewey que juzgó las acusaciones de Stalin contra Trotsky. En las primeras sesiones explicó cual era el contexto de toda la discusión, el contexto político, después vino la acusación como tal, la defensa y en la tercera fase el tribunal deberá tomar las resoluciones concretas sobre que posición deberá adoptar. Naturalmente que los miembros del tribunal son miembros completamente independientes tanto de Lora como del POR. Ni siquiera conozco a Volkov y Catalina, y el tribunal que trataremos de hacer es un tribunal independiente. Se trata de garantizar, en la medida de lo posible, una independencia del tribunal en relación al acusado y al acusador. Causa Operaría: ¿Cuándo y dónde funcionara este Tribunal? Bacherer: En La Paz, Bolivia, desde el día 20 al 23 de noviembre. Causa Operaría: Si el tribunal decide que las acusaciones contra usted son calumniosas, ¿qué espera que ocurra en cuanto a Guillermo Lora? Bacherer: Todo lo que puedo esperar es que el calumniador sufra el flagelo del escarnio de toda la vanguardia obrera internacional…

1 de diciembre de 1995
Al supuesto “Tribunal Moral”
Prof. Vilma Plata

Escribo estas líneas desde un cochino calabozo, encerrada por elementos del Servicio de Inteligencia. Sólo tengo una lata para hacer mis necesidades fisiológicas, moretones en todo el cuerpo, un brazo inmovilizado por las golpizas; es el resultado de la brutal represión contra los maestros. Asimismo, tres diligentes trotskistas de la Federación Departamental llevan nueve días en huelga de hambre dura, sólo toman agua, su salud está totalmente deteriorada. Todos los que estamos en las cárceles y perseguidos somos militantes del POR, único partido trotskista en Bolivia. Llevamos a la práctica la honradez y consecuencia de las ideas de Marx, Lenin y Trotsky. Nosotros, reunidos en Congreso Nacional y aplicando los Estatutos, hemos expulsado de nuestra organización a Juan Pablo Bacherer por delator. Ni aunque quisiéramos podríamos presentar pruebas, pues se trata de la delción de un trabajo clandestino que quedaría al descubierto. Esolo sabe Bacherer, se aprovecha de la situación y engaña a los incautos. Nadie, ni la corte celestial, puede meter sus narices en la vida interna de nuestro Partido. Bacherer utiliza al “tribunal” para hacer un show, y a Bacherer lo usan todos los enemigos del POR, la izquierda quebrada, las astillas de ex-trotskistas y quienes 110 pudieron aguantar la dura militancia, llena de sacrificios, simplemente porque prefieren las delicias de la pequeña burguesía. Las resoluciones de tal “tribunal moral” nos tienen sin cuidado; Bacherer jamás volverá al POR: es un delator y traidor. ¡Desperdicios! Júntense todos para atacar al POR. “Cuando los perros ladran, señal que cabalgamos” ¡Viva la lucha del pueblo boliviano! ¡Viva su dirección política! ¡Viva el POR! Desde el calabozo del Alto, 24 de noviembre de 1995 Prof. Vilma Plata Secretaria de Relaciones de la Federación de Maestros Nota: es copia fiel del manuscrito que envió Vilma Plata desde su prisión.

1 de diciembre de 1995
Carta abierta de César Uscamaita
César Uscamaita

A la compañera Vilma Plata Compañera: Desde la cárcel, donde he sido recluido como consecuencia de la lucha universitaria por acabar con la ley de reforma educativa y con todas las leyes malditas, escribo estas líneas sorprendido por las cosas que señala la compañera en su carta al Tribunal Moral Internacional. 1) Me sorprende que la compañera V. Plata, a la que considero una luchadora, se preste al juego de G. Lora, que ha buscado colocar una cortina de humo al decir que se trataba de un trabajo “clandestino”; G. Lora ha intentado, con ese argumento, impedir que se le descubra la calumnia que realizó. Si no sería una simple cortina de humo, pido a la compañera V. Plata que explique lo siguiente: ¿Por qué no se aceptó la constitución de un Tribunal dentro del POR con los compañeros que participaron en ese trabajo o mediante la Comisión de Control, como señalan los propios estatutos del POR? En el POR, el militante no tiene derecho a la defensa, contra toda la tradición del bolchevismo. En cualquier momento podrá echarla también a Ud., como ya la ha amenazado, cuando aceptó la posibilidad de candidatear. ¿No caerá ud. misma víctima de la guillotina de G. Lora ? El Tribunal Moral Internacional ha analizado con detalle la acusación de G. Lora y para ello no necesitó abrirla seguridad del Partido a nadie, como venía pregonando G. Lora, ni mostrar ante el mundo entero el supuestamente gigantesco aparato del partido. 2) Además, G. Lora acusó a Bacherer de “trabajar con los servicios de inteligencia del imperialismo”. Sin embargo, tampoco presenta pruebas. Se trata de una nueva calumnia, más grave aún que la anterior. Suponemos que no nos dirán que esto también es 'clandestino’. Ya está establecido que la ‘política’ de G. Lora no es más que una montaña de calumnias, al más puro estilo stalinista. Esos métodos los repudio como auténtico seguidor del gran León Trotsky. 3) El Tribunal Moral Internacional ha demostrado definitivamente que son falsas las acusaciones de G. Lora contra J. P- Bacherer. Por ello que G. Lora pasará ala historia del movimiento obrero como un calumniador, pero más grave que eso es que él ha sido el principal causante de la degeneración del Partido Obrero Revolucionario, que se ha convertido en una secta inoperante. Convoco a V. Plata a sacudirse de su sometimiento ovejuno y servil a G. Lora. Es una conducta que no corresponde a una revolucionaria que entrega su vida con coraje a la causa revolucionaria. Esa conducta le hace daño al partido y a la revolución proletaria en Bolivia.

1 de diciembre de 1995
“Acerca de las nuevas tecnologías y la clase obrera”
Dante Wojtiuk

En el artículo de O. Coggiola, publicado en En Defensa del Marxismo de octubre, uno de los temas en debate es la progresiva desaparición del proletariado como “motor central del sistema productivo” y aun la eliminación del trabajo asalariado en su conjunto. También en el artículo se cita a Trotsky: “Es imposible para el capitalismo realizar universalmente la tecnocracia”. Quisiera analizar más en detalle este tema, desde un punto de vista ‘técnico’. El mito del toyotismo La refutación más fácil de los argumentos citados (desaparición del proletariado…) sería que en ningún lugar del mundo; en ninguna rama productiva, salvo proyectos experimentales, ha sido eliminado el trabajo humano. Ante esto los defensores de estas tesis lejos de buscar las raíces del problema, fabrican una explicación ecléctica de la *complejidad* de factores intervinientes; entre otros, la presión sindical o la política ‘social’ de las empresas. Efectivamente, una serie de factores complican el problema. No obstante, cabe la pregunta: de ser considerablemente más rentable, ¿ninguna empresa o grupo industrial ha logrado en el mundo imponer la robotización completa? Por ejemplo, en Argentina, ¿por qué las automotrices, en lugar de aprovechar la entregada burocrática para reemplazar mano de obra (con sus ‘altos costos laborales´ por tecnificación, han concentrado todas sus baterías en precarizar y superexplotar a la primera? Si bien la tecnificación completa (erradicación de la mano de obra del proceso productivo) está vedada al capitalismo (al liquidar al proletariado, liquida también á éste en su carácter de consumidor, tomando ociosa una producción automatizada masiva), no lo está para la empresa individual, que no renunciaría a aplicarla de la misma manera que no se priva de contaminar el ambiente o violar las leyes laborales, etc. Pero bien mirada; la automatización ha sido aplicada en ciertas etapas de los procesos productivos pero no en éstos en su conjunto, sirviendo más bien como complemento 'patrón’ a la manufactura o a la línea de producción. Aun en la industria electrónica, por ejemplo, en la fabricación de microchips, proceso casi automático en lo que a elaboración del componente se refiere, interviene mano de obra en el encapsulado, envasado, etc. Lo mismo se puede decir de la industria química. Hay un solo ejemplo, superficialmente hablando, en el cual la automatización es casi completa: la operación de las usinas nucleares, esto merced a la intratabilidad del producto por operadores humanos directos. Pero sólo superficialmente, porque gran parte de las operaciones son controladas humanamente a distancia (servomecanismos, telemandos), lo que las diferencia sustancialmente de un proceso automático. En la tarea administrativa, un componente estadísticamente superior de trabajo ha sido tecnificado (computación). Pero aquí también sólo como auxiliar de los empleados, cajeros, vendedores, etc. La implementación masiva de la electrónica sólo ha aumentado la superexplotación de los trabajadores. Especialmente en el comercio, en el ‘emergente’ rubro de los supermercados, junto con la introducción de nuevas cajas, códigos de barras, etc., se ha reducido el ‘tiempo libre’ de los trabajadores (ir al baño, descanso, etc.). Es decir que en el rubro donde las ‘nuevas tecnologías’ se han impuesto en mayor medida, no sólo se ha mantenido la mano de obra sino que ha aumentado de la misma manera que la superexplotación. Pero volvamos al nudo del debate con la así citada escuela del ‘conformismo catastrófico’: la desaparición pura y simple del proletariado. Y para avanzar ayudémonos con un análisis (muy esquemático, por cierto) de una de las industrias más promocionadas en cuanto a avance tecnológico se refiere. La industria automotriz En la Argentina; Volkswagen está instalando, luego de la ruptura de Autolatina, una planta ‘modelo’ en Pacheco (Buenos Aires). Muy mentada es la alta robotización. Efectivamente, toda una sección (montaje de laterales y ensamble de carrocerías) está casi totalmente robotizada. En esta planta ‘model’ la automatización es alta en sólo dos secciones de todo el proceso. Veamos el esquema comparativo del funcionamiento de una planta automotriz (Pacheco) y una totalmente automatizada (se analizan las secciones productivas, no las accesorias: mantenimiento, matricería, etc.). En la primera, hay un componente alto de trabajo manual, dividido en dos grandes categorías: el operario de línea y el personal técnico (Mantenimiento, etc.), cuyos valores salariales horarios aparecen en el esquema. Hay dos secciones altamente tecnificadas donde el proceso es casi automático. Ante la aparición de un desperfecto, una falla en cualquier lugar de la línea, existe la posibilidad de que los operarios sean destinados a otra tarea, bien corrigiendo los defectos existentes, bien ‘acumulando stock' en otro sector. En el intervalo, el personal de mantenimiento corrige o repara la falla. Al haber menor cantidad de maquinarias, dispositivos, etc., por operación, se disminuye el tiempo de diagnóstico y predicción de la falla. Es decir, mientras se repara el componente capital fijo, el capital variable (mano de obra) es potencialmente utilizable. Este mismo capital variable operario puede sintetizar una serie de operaciones de manera continua. Por ejemplo, la verificación de terminación y acabado en la superficie de las piezas, el operario la hace 'a ojo’ cuando un procedimiento robotizado análogo conllevaría la introducción de nuevas secciones (metrología), que controlarían cada una de las piezas y el ensamblado de éstas luego de cada operación, con una fidelidad inferior al 'vistazo’ del operario. Y luego, máquinas especiales para la reparación, en lugar del operario que controla y repara. Todo esto multiplicaría la utilización de capital constante, para reducir o anular la mano de obra. Ahora bien, ante el incremento de la tecnificación, tiende a crecer la probabilidad de falla mecánica, independientemente de que la probabilidad de falla en cada uno de los componentes sea reducida. Por ejemplo, si en una línea o sección el índice de falla promedio es de una cada cien días, y existen 100 componentes o pasos, la expectativa de fallo es de uno por día. En este caso, no existe la posibilidad de rotar u orientar el resto de la producción, ya que unos dependen de otros. Ciertas partes pueden seguir funcionando, pero si determinada operación está parada, se puede avanzar sólo hasta allí. El índice de falla tiene un efecto multiplicador, que conlleva a colocar ociosamente a una proporción mayor de capital (constante). No existe la posibilidad de adaptación ‘plástica’ del operario. El salario del personal técnico crece (concretamente, el montaje y la puesta a punto de las líneas robotizadas, en el ejemplo señalado, lo ejecutan técnicos y operarios alemanes con el jornal promedio señalado); pero no deja de ser secundario: el perjuicio mayor consiste justamente en el parate productivo; la rentabilidad disminuye. Tanto más cuanto mayor es el capital (constante) instalado y menor es la productividad realmente adquirida. Una manera de evitar (precisamente, de disminuir) el paro productivo es duplicar las líneas, lo que significa duplicar el capital fijo instalado en referencia a la producción deseada, lo que disminuye aún más la rentabilidad. Conste que hacemos la concesión respecto del personal técnico, sin considerar la multiplicación de aún mayor tecnología instalada para lograr una reparación automática. Una de las plantas automotrices más automatizadas del mundo (Fiat, Sicilia) no baja de 400 operarios. No obstante, si el producto se realiza como mercancía (puede ser efectivamente vendida), la empresa capitalista optaría en hacer esta inversión, que le garantizaría una rentabilidad superior a la competencia (si ésta no cuenta con el mismo método productivo). Pero es justamente la expectativa incierta de venta la que bloquea esta variante. Para que el capital constante se amortice, debe transferir su valor a cierta masa de mercancía. Pero la maquinaria puede tener un tiempo de vida técnico, que no necesariamente coincide (es mayor) con el tiempo de vida comercial, de mercado (en el ejemplo, la necesidad de cambiar modelos cada dos o tres años), con el subsiguiente reemplazo o modificación de líneas, etcétera. En síntesis: la implementación tecnológica integral en gran escala está bloqueada por las características del propio capital, a saber: la caída de la tasa de ganancia y la anarquía del mercado. Actualmente la expectativa capitalista general es de profundización de la crisis, y esto refuerza los ataques contra las conquistas laborales y el objetivo de precarizar al proletariado. Todas las teorías ‘fordistas toyotistas', son un blanqueo; o mejor dicho, un arrendamiento ideológico a la burguesía, que pretende mostrarse a sí misma interesada en la producción’, cuando en realidad ésta es para ella un mero accidente en la búsqueda de ganancias, abstrayendo (como se señala en el artículo mencionado) el sistema productivo de la distribución y adquisición. Es decir, del sistema capitalista en su conjunto.

1 de diciembre de 1995
Marx, Engels y la democracia de este fin de siglo

En los últimos 25 ó 30 años fue publicado abundantísimo material sobre la cuestión de la democracia prácticamente en el mundo entero. Podría decirse que ha sido el tema preferido de los dentistas políticos. Aunque parezca pedante, casi la totalidad de ese material es irrelevante desde el punto de vista teórico, y una de las manifestaciones más impresionantes de desperdicio intelectual. ¿Qué es lo que tiene que ver todo lo escrito en ese período con las conclusiones realmente científicas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky? Un ejemplo ilustrativo ha sido la reivindicación de la democracia como un valor universal. Cualquier cosa que se catalogue un valor universal, y no sólo la democracia, es obvio que no está relacionada a la historia. La historia no acepta valores universales. En la historia, según las características de sus diferentes períodos históricos, de la conciencia acerca de ellos, según el nivel del desenvolvimiento a de las fuerzas productivas y del nivel correspondiente de civilización, la producción intelectual varía, cambia, adquiere su peculiaridad. Postularla democracia como un valor universal es un retroceso grotesco a Hegel, para quien la realidad era la manifestación de una idea absoluta aunque, incluso para Hegel, forzada a moverse en el espacio y el tiempo. Hegel era un idealista, pero era al mismo tiempo realista. Entonces, la reivindicación de la democracia como un valor universal, una idea completamente ajena a Marx y Engels, no tiene status teórico, es una idea ahistórica, que puede corresponder a una utopía, a algunos valores éticos particulares o incluso a fantasías de algunas personas. Otra característica del pensamiento de moda del último cuarto siglo fue clasificar como derechos ciudadanos (o civiles) las reivindicaciones sociales parciales de los explotados contra la explotación capitalista. Por ejemplo, el campesino brasileño y su lucha por la tierra, que fue rebajado de su condición de lucha de clase contra el gran capital latifundista al carácter de reivindicación ciudadana o de igualdad civil. Pero la ciudadanía es una categoría política que tiene que ver son las relaciones mercantiles y la organización constitucional del Estado. Si la condición ciudadana no es capaz de superar la relación de explotación existente, ello no quiere decir que pueda ser extendida, como categoría, hasta incluir la utopía de la igualdad social bajo el capitalismo. Las reivindicaciones sociales contra el capitalismo no son reivindicaciones ciudadanas (civiles). No se las puede hacer entrar forzadamente en las categorías del Estado burgués. Es, en ese sentido, diría que como consideración filosófica, una idea kantiana, quiero decir, anterior a Hegel, que consiste en atribuir subjetivamente imperativos morales a las acciones de los hombres. Sin embargo, en la inmensa mayoría de los países, el derecho político ciudadano no existe como tal y es obvio que su conquista representaría un gran progreso, pero aun así no deja de ser una forma determinada y más precisamente alienada de la existencia social en la esfera del Estado. Esa reivindicación de la democracia, esa revaluación de la democracia carente de status teórico, es decir, sin que ella esté colocada en la historia, sin que sea la expresión del desenvolvimiento de la propia historia, por lo tanto de las condiciones materiales y espirituales que caracterizan cada período histórico, esa revaluación fue inspirada, en cierto modo, por lo que en cierta época fue llamado el eurocomunismo. En las usinas intelectuales del PCI (Partido Comunista Italiano) se cocinó el tema de la revaluación de la democracia. La falta de ese status teórico se revela también aquí en el hecho de que el PCI de ningún modo aspiraba a una reformulación de la idea comunista, como que era en verdad una manifestación de travestismo político para dejar afuera cualquier ideal comunista y convertirse en lo que es ahora, el Partido Democrático de Izquierda, un partido burgués como cualquier otro, que después de un cuarto de siglo de revaluación de la democracia participa de las trenzas propias del régimen italiano, donde la mitad son pactos políticos espurios y la otra mitad es corruptela y clientelismo. Otra manifestación de esa ausencia de status teórico del charlatanerismo democrático se manifiesta en su reivindicación de la preeminencia de la sociedad civil. Es decir que el Estado Moderno podría ser cambiado radicalmente si, por lo menos, se impusiese esa preeminencia. Esa es una idea notable porque, en verdad, en el Estado Moderno, domina precisamente la sociedad civil. Es lo que Marx explicó en sus Escritos de Juventud. El dominio de la sociedad civil significa el dominio del interés particular, y como esa sociedad civil no es otra cosa que la expresión jurídica de las relaciones económicas capitalistas, consagra la hegemonía del capital y la explotación del trabajo por el capitalista. Marx escribió un documento impresionante, tan impresionante que fue ocultado durante un cuarto de siglo, la Crítica del Programa de Ghota, donde refuta de un modo definitivo la idea del proyecto del programa de la socialdemocracia respecto del Estado del pueblo entero, la idea de que el Estado debería ser la representación de la sociedad civil, esto significa de todo el pueblo, cuando en verdad, todo el pueblo, o la sociedad civil, no son más que la preeminencia o dominio, la hegemonía, del interés particular, burgués, lo cual queda más claro en alemán, donde la misma palabra se usa para civil y para burgués. Durante treinta años la humanidad fue azotada por una literatura completamente anticientífica que, en ciertos casos, representaba un retroceso fantástico. Por ejemplo, la división constitucional de la organización del Estado en tres poderes era confundida con la libertad. Naturalmente que quien hacía esa confusión era diputado o senador, el único completamente libre en un régimen parlamentario. Es curioso que se hubiera discutido tanto sobre antigüedades, superadas en el terreno teórico y en el terreno práctico. No importa para el caso que las grandes revoluciones que en la práctica superaron la democracia burguesa hubieran retrocedido ulteriormente: ello es perfectamente posible. ¿O la Revolución Inglesa del siglo XVII, que impulsó enormemente el desarrollo democrático, no retrocedió y la monarquía volvió a Inglaterra por varios siglos todavía, bajo el dominio de la aristocracia? El desenvolvimiento de la humanidad no es lineal. ¿O la Revolución Francesa no conoció después de Robespierre un Napoleón Bonaparte, no conoció un Luis XVIII, o no conoció un Carlos X? Puede retroceder, pero la Revolución Francesa acabó con el régimen feudal, mostró la superioridad de un tipo de sociedad en relación a otra; la misma cosa aconteció en Inglaterra y lo mismo ocurrió en la Revolución de Octubre. Las causas de su degeneración son una cosa diferente que para nada invalida lo que fue superado por los acontecimientos revolucionarios, entre otras cosas, la democracia. Actualidad Entonces: ¿cuál es la actualidad de un debate que, desde el punto de vista teórico, es completamente estéril? Porque es cierto que las personas pueden hablar tonterías pero, ¿por qué concentraron sus energías en un asunto que procuraba involucionar el proceso teórico? En los años 30, la literatura política había dejado la cuestión de la democracia completamente de lado. Se hablaba, en la literatura política burguesa, de las ‘revoluciones totalitarias’. Y no sólo ocurría esto en la literatura académica. En países como Bolivia, Argentina, Brasil y Paraguay, los movimientos nacionalistas proclamaban con orgullo formar parte del proceso de “la revolución totalitaria contemporánea”. La democracia burguesa y su hijo reformista habían caducado a ojos vistas, atenazados por el derrumbe económico, el desmoronamiento político y las guerras civiles. Con el desenlace de la II Guerra Mundial, reaparecen los planteos de características democráticas. Hay un político, ya fallecido, Nahuel Moreno, que definió al año ‘45 como el comienzo de “una revolución democrática”. Interesa el planteo, porque es la primera vez que un dirigente marxista admite el florecimiento de la democracia en los países imperialistas, teniendo en cuenta que, para Lenin, el imperialismo era la negación de la democracia. Y no sólo por eso: el imperialismo, incluso cuando defiende la democracia en la metrópolis, niega completamente esa democracia para los países que oprime. Se da curiosamente, el caso de una persona que proclama la ‘revolución democrática’ en Francia, donde cae el régimen de Vichy y se va a formar la IV República, en el mismo momento en que esa IV República, está aplastando a los tunecinos, a los marroquíes, argelinos, vietnamitas… en África y Asia. Este replanteo de la democracia sirve para una función política excepcional. Es con esas consignas de la democracia que el imperialismo-que vence en la II Guerra Mundial, combate a la revolución proletaria en los países de Europa. Hay una película que relata el atentado contra Palmiro Togliati en 1948 y cómo Togliati, al borde de la muerte, cuando la noticia del atentado ya había provocado una sublevación general en Italia, llama a que se detenga ese levantamiento popular y que se asegure el plebiscito que iría a escoger entre la monarquía y la república. En nombre de la república, contra la monarquía, los dirigentes de la clase obrera italiana frenan la sublevación de masas, mayoritaria, del proletariado y de las masas oprimidas de Italia. Es con esas importantes consignas democráticas que el imperialismo enfrenta la gran crisis revolucionaria de pos-guerra. Y vemos aquí una conclusión a la cual Engels ya había llegado en sus escritos finales sobre la formación del partido social demócrata alemán: que la consigna de la contrarrevolución, en las vísperas de la revolución proletaria, iba a ser la democracia. Un análisis teórico, para ser tal, debe plantearse en un terreno concreto, no basta para desenvolver una categoría política adjudicarle a determinadas palabras un juicio de valor. Ellas deben ser analizadas en su contenido, por lo que representan en el movimiento histórico concreto. Aquí, en Brasil, se estableció en 1946 un régimen oligárquico que puso fin a una tentativa totalitaria, que había sido, por otra parte, una tentativa de independencia nacional. Las consignas democrático-formales, como la consigna de Constituyente, fueron aquí, en Brasil, como en Argentina y Bolivia, las consignas del imperialismo norteamericano para colocar a América Latina a remolque del imperialismo norteamericano. El caso de Perón en Argentina, un caso claro de totalitarismo, pero al mismo tiempo un caso de tentativa de independencia nacional, fue enfrentado por el imperialismo y por la embajada norteamericanos con consignas democráticas. Y, de un modo general, las consignas democráticas tuvieron esa función en Europa y en los EE.UU., y en la política de esos estados para las colonias y semicolonias. En un balance político general tendríamos que discutir si esos procesos democráticos de posguerra tuvieron éxito. En los EE.UU., su resultado práctico, hasta casi los años 60, fue el macartismo, la mayor caza de brujas de la historia norteamericana. Nadie podría hablar de una victoria de la democracia en los EE.UU. desde 1945 hasta los años 60. Esto fue sufrido fundamentalmente por el movimiento obrero; finalmente las libertades democráticas son un instrumento que importa especialmente a los oprimidos como medio de defensa frente a la explotación. Y el movimiento obrero norteamericano sufrió una dura represión interna en el período del macartismo. Con relación al destino de la democracia en F rancia, la IV" República fue de crisis en crisis hasta acabar con un golpe de estado en 1958, que instauró, hasta los días de hoy, un régimen bonapartista (presidencialista), donde el parlamento es una cámara de registro de los planteos del presidente de la república. En relación a Alemania (Federal), fue considerada por todo el mundo como un Estado policial. Por ejemplo, las personas con ideas marxistas no podían ser funcionarios públicos y la represión ideológica, de un modo general, era impresionante. En esa época, Italia era el país más democrático de Europa, pero era un régimen de opereta, porque la democracia italiana era una ficción, en el sentido de que era un sistema de trenzas, maniobras, pactos espurios. De otro lado, el patrón de la democracia italiana era el Vaticano, que por primera vez en la historia tenía un partido político propio, la democracia cristiana, que quedó vitalicia en el poder político. Ha sido examinado este hecho de que la reivindicación de la democracia fue la consigna de la contrarrevolución; fue la manera en que el imperialismo defendió sus propias fortalezas. No es que eso sea una novedad. De un modo general, son excepcionales los casos históricos en que la democracia no sea una expresión de la contrarrevolución. Por ejemplo, es el caso del único país independiente de América Latina en el período de emancipación de España y Portugal, que es Paraguay. Paraguay fue una nación independiente y al mismo tiempo una dictadura feroz. Cuando los ejércitos de Brasil, Argentina y Uruguay acabaron con la dictadura y con la independencia de Paraguay, este país conoció la democracia. Sólo que era una democracia de mujeres, pues los hombres habían sido muertos en la carnicería de los ejércitos de 'nuestra’ Triple Alianza. En la Argentina, la organización nacional a partir de los años de 1853 y 1860, sobre la base de las consignas democráticas, fue la tentativa más profunda y, en ese caso, la de mayor éxito del imperialismo inglés, que transformó a la Argentina en su colonia. La democracia francesa (IIIo República) fue 'conquistada’ por las armas de Bismarck, quien impuso, con la derrota de Francia en 1871, la República Francesa, después de haber acabado con la Comuna de París. Sobre la tumba del proletariado parisino, se proclamó la III° República francesa. No es el primer caso, pero debe ser observado, pues en los comienzos de las grandes luchas obreras (cartismo, 1846), la burguesía rechazó los planteos democráticos, porque temía que fueran un paso en la completa destrucción del régimen de explotación. Pero cuando las masas fueron aplastadas, cuando la posibilidad de una revolución victoriosa no afectaba la imaginación de la burguesía, entonces la burguesía puso en práctica esas tentativas democráticas (limitándolas). Democracia y Restauración Cuál es el significado del de bate democrático en el último cuarto de siglo, específicamente, y cuál es la pertinencia de esa cuestión para el pensamiento marxista y para el programa socialista? Las consignas democráticas, que parecen oriundas del eurocomunismo, en realidad tienen su origen en otro lado. El eurocomunismo fue apenas el mensajero de un planteamiento fundamental del imperialismo para imponer la restauración del capitalismo en Europa del Este y en la URSS. Será una ofensiva ideológica, mediática y diplomática. Porque de esa ofensiva van a salir los famosos tratados de Helsinki (1975), que la burocracia de la Unión Soviética va a firmar con las principales potencias imperialistas, donde reconoce la vigencia del derecho internacional (imperialista) y del estado de derecho (burgués). En esa época, pocas organizaciones políticas, o casi ninguna, hicieron una evaluación de su significado. Organizaciones adversarias del PO en la actualidad, pero aliadas en esa época, tuvieron la perspicacia de señalar que aquellos tratados internacionales delataban la tendencia de la burocracia stalinista a la restauración capitalista en la Unión Soviética. Esos tratados internacionales de la década del 70, la firma de los pactos de Alemania Federal con la URSS (1970) y con Polonia (1972), y el Tratado de Helsinki (1975), transformaron en derecho nacional de la URSS el derecho internacional (capitalista). Por ejemplo, la libertad de comercio, el derecho de propiedad, la libre circulación económica —que el imperialismo encubría con la libre circulación de las personas, aunque ahora no le importa impedir la inmigración de personas de Yugoslavia, de Turquía y hasta la expulsión de ciudadanos de Alemania de origen no alemán. Circulación de personas, para el capital, es su circulación en calidad de mercancías. Si la Peugeot de Francia precisaba mano de obra barata para la producción, había libre circulación, pero si la fuerza de trabajo es excedente, terminó la libre circulación. Por lo tanto, para el derecho internacional, las personas son fuerza de trabajo. El gran significado de la literatura democrática fue acompañar este fenómeno internacional mucho más amplio, de una importancia histórica extrema, que era la organización de la restauración capitalista en Europa del Este. Ese fue el servicio de la ‘teoría’ de la democracia como valor universal, del predominio de la sociedad civil y de la ciudadanía. Cumplía una función ideológica, es decir, encubierta, de un planteo donde el imperialismo y la burocracia andaban del brazo. Esos tratados no sólo estaban mostrando un esquema internacional dirigido a la instauración del régimen capitalista en la URSS y en Europa del Este, sino que estaban revelando un hecho aún más profundo: la tendencia a la restauración capitalista de la propia burocracia, la cual procuraba apoyos legales, de derecho, diplomáticos e internacionales, para proceder ella misma al proceso de restauración capitalista. En la literatura de mi partido político se puede encontrar ese pronóstico ya en 1973, 1975, 1977 y así en adelante. Lo que importa en política, porque los historiadores pueden analizar incluso con brillantez sólo los hechos consumados, es la capacidad, incluso corriendo el riesgo de errores groseros, de hacer pronósticos alternativos y formular las líneas principales tentativas de los procesos históricos en curso. No podemos dejar de mencionar el caso de China, bajo el liderazgo de Mao, que en esa misma época firma los acuerdos con Nixon y Kissinger y entra en el juego de la diplomacia de la restauración capitalista, porque ayuda al imperialismo en ese juego de roces entre dos Estados donde la propiedad capitalista había sido abolida. Diría que hasta podemos fechar el comienzo del proceso de restauración capitalista en China, que es evidente en la actualidad, en los acuerdos entre el gobierno chino y Margaret Thatcher, que cede Hong-Kong a China, y en los cuales el Estado chino se compromete a respetar la propiedad privada y los monopolios de los capitalistas de Hong-Kong, lo que quiere decir lo siguiente: que el Estado chino, re-unificado con Hong-Kong, ya es un Estado capitalista, porque protege en una parcela de su territorio las relaciones capitalistas de producción. Creo que ahora se entiende mejor lo que en un comienzo pudo haber chocado en mi ataque a la literatura democrática. Es una literatura anticientífica, apologética, al servicio de ciertos intereses, que cobró actualidad y una vigencia tan aguda porque respondía a un proceso que estaba desarrollándose a espaldas incluso de sus propios apologistas, de una importancia colosal, la restauración capitalista. La democracia no es lo mismo que el Estado capitalista, la democracia es una forma de organización del Estado, es un régimen político. No podemos confundirla con el Estado, porque hay estados capitalistas que son democracias y hay estados capitalistas que son dictaduras; hay estados que son bonapartistas, semi- constitucionales, y algunos constitucionales. De otro lado, esa organización del Estado puede estar descripta en una Constitución y con seguridad en un conjunto de normas (códigos) que resumen el estado de derecho, es decir, un conjunto de normas que reglan la organización política del Estado y la organización jurídica de la sociedad, donde la ley reglamenta y, por lo tanto, protege relaciones que en verdad se han estructurado en la base social, incluso antes del surgimiento o del pleno desenvolvimiento del Estado. Desde 1960, la burocracia de la URSS comenzó a desenvolver una teoría que cobró un desarrollo pleno con Gorbachov, referida a un “estado de derecho socialista”, que traducía, y así fue calificado al menos por nosotros en su momento, como una manifestación de la tendencia a la restauración capitalista en el seno de la burocracia soviética. Para otros, como el recientemente fallecido Mandel, eran manifestaciones de una tendencia a la ‘autorreforma’ o ‘democratización’. Porque socialismo y estado de derecho es una contradicción en sus términos: el estado de derecho es el estado de derecho individual; por lo tanto, es la reglamentación de antagonismos de los individuos entre sí: el socialismo sólo puede ser tal cuando significa la abolición de los antagonismos sociales, por lo tanto, la ausencia de una lucha de clases, por lo tanto, la falta de necesidad de un Estado que reglamente esos antagonismos de clase inexistentes y, por lo tanto, el carácter superfluo del derecho en general. En este último caso, las relaciones entre las personas adoptan un carácter práctico y positivo, consciente, no reglamentado por una fuerza exterior a la vida social, sino surgido espontáneamente de la propia vida social. La burocracia — ella que es totalitaria, ella que ha regimentado a toda la sociedad, ella que no autoriza las libertades de expresión y de prensa, de organización partidaria, ella que es una feroz dictadura—, cuando habla de estado de derecho, está pensando en el reconocimiento formal, jurídico, de los derechos que ha acumulado después de 40 años de existencia del Estado obrero en aquellos países. Derechos en la forma de privilegios en la apropiación de bienes de consumo, posiciones de mando, mayores ingresos, diferenciación social. La burocracia proclama la necesidad de un estado de derecho y se integra con el derecho internacional para defender sus derechos acumulados como privilegios frente a las masas trabajadoras y, por lo tanto, explotadas, del régimen burocrático. Se trató, por lo tanto, de una manipulación ideológica y de modo alguno de un proceso real de democracia. Se puede percibir ahora que la burocracia, tomando esos derechos y el aparato del Estado anterior que no fue destruido ni desmantelado, se está apropiando de los medios de producción en calidad de propiedad privada y se está transformando en capitalista: éste ha sido el sentido fundamental del ‘estado de derecho socialista (perestroika). Hay muchas personas que critican el capitalismo mañoso en la Unión Soviética. ¿Pero por qué la sorpresa? Necesariamente tiene que ser mañoso. No podría ser de otra manera. Porque con un capitalismo que baja del Estado, la apropiación privada de los medios de producción es el resultado de trenzas entre fracciones, mafias, grupejos, que envuelven incluso a los organismos de seguridad y donde el proceso de acumulación privada capitalista sólo puede ser asegurado o por el Estado, o por el capital internacional. Naturalmente, tiene y tendrá ese carácter por mucho tiempo, sino por la vida entera. Lo que en una época fue considerado como un proceso progresivo de las libertades individuales, etcétera, oculta, en realidad, el proceso de restauración capitalista . ¿Pero entonces no hay ahora libertades que no existían en el pasado? Sí, existen: se puede gritar, pero el derecho de prevalecer con el grito, el derecho a que la opinión mayoritaria se imponga, esto es, el derecho que arranca de la soberanía popular, no existe en la ex-URSS, es una manipulación mediática, organizativa, estatal, en una escala absolutamente impresionante. Marxismo y revolución Marx y Engels ya habían señala do estas características alienantes, manipuladoras de la democracia. Está en la Crítica al Programa de Gotha, está en la crítica de Engels al Programa de Erfurt, está en la visión aguda de Marx, pero especialmente de Engels, que después va a ser profundamente desarrollada tanto por Lenin como por Trotsky, acerca de la importancia de la intervención de los partidos obreros en las instituciones del Estado (incluidas las fuerzas armadas) para agudizar al máximo la posibilidad de delimitación de las masas explotadas en relación a la burguesía, y no, como plantean los partidos reformistas, como un escalón de arribismo y de privilegios del Estado. Sino de aprovechar las elecciones, el parlamento, las cámaras municipales, la participación en las guerras y luchas armadas, para forzar a la burguesía a discutir con el partido obrero, a desenmascararse ante la actividad de ese partido y, por lo tanto, desnudar el verdadero carácter de esos partidos burgueses ante los ojos de las masas obreras. Esa es la función que el partido obrero debería tener para Marx y Engels en el seno de la democracia, nunca reivindicada como un valor universal. Para Marx y Engels, los procesos políticos son procesos históricos, por lo tanto condicionados, y el proceso político debe culminar en su propia abolición, es decir, eliminando el carácter de poder de la organización de la sociedad, que no es más que la expresión del antagonismo que está en la base de esa sociedad. Corresponde la distinción entre la democracia y el estado de derecho, porque uno y otro son dos aspectos ligados, aunque diferentes, de los regímenes constitucionales. La Constitución es al mismo tiempo la definición de la democracia y la proclamación de los derechos y garantías. La división de poderes tiene la función de adaptar la organización del Estado a la preservación de los derechos ‘fundamentales’ (propiedad, circulación). La función principal de esta división es impedir que el régimen electivo o el sufragio universal adquirieran supremacía sobre el derecho existente, o sea que se consagre la soberanía popular. Es la soberanía popular la que se divide en tres o en cuatro (últimamente aparecieron los Tribunales Constitucionales, distintos del poder judicial). Por ejemplo, si aquí en Brasil el gobierno o el congreso decidiesen una expropiación de tierras en favor de los campesinos que no las poseen, los latifundistas recurrirían al Tribunal Superior y con certeza ganarían la causa o serían, por lo menos, escandalosamente indemnizados a costas del contribuyente brasileño. Esta división de los poderes es la organización que corresponde al derecho de propiedad. Lo que Marx señala después de la experiencia de la Comuna de París, es que la clase obrera que lucha por la expropiación de la burguesía opone a la democracia la soberanía popular. Esto quiere decir, dentro de ciertos límites (¡los propios derechos de las masas!), que el derecho surge de la soberanía popular, no al revés, no es anterior a ella ni reduce su posibilidad de decisión a los condicionamientos supra-políticos de un derecho. Es el régimen que en la Revolución Rusa fue conocido como el régimen de los soviets. Es el régimen de la Comuna de París, donde la división de poderes es abolida, donde se busca abolir la burocracia mediante la revocación de los cargos, esto es, el derecho a la revocabilidad y la igualdad de remuneraciones. La producción del derecho (leyes) está condicionada a la voluntad mayoritaria, es decir, a la soberanía popular, y en esa medida se trata del tránsito a una sociedad donde el derecho gradualmente deja de existir y deja de existir el Estado. Porque en verdad, derecho y Estado, presentados por la teoría política como antagónicos —el derecho frente a la prepotencia del Estado—, son sinónimos. El Estado sólo existe para hacer cumplir los derechos y es la expresión material de la realidad jurídica. Naturalmente, la experiencia rusa ha producido una literatura crítica, como los trabajos de León Trotsky, La Revolución Traicionada, donde se interroga, sin dar respuesta concluyente, sobre los mecanismos que puedan evitar la burocratización del nuevo Estado, que emerge en condiciones de atraso y diferenciación social agudos. Naturalmente, tenemos que tener en cuenta que una experiencia internacional común de las naciones más avanzadas impediría el proceso de la burocratización, debido al mayor desenvolvimiento cultural, económico y político de los países que están al frente en el desenvolvimiento histórico. ¿Qué significa todo esto para el proceso convulsivo que la humanidad está viviendo en el momento? El proceso de restauración capitalista está lejos de haber terminado. La contrarrevolución todavía no consumó sus propósitos y sólo podría lograrlo, no a través de la democracia, sino de una contrarrevolución directa. Así como para el proletariado, algunas veces las consignas democráticas son un paso en la lucha por la revolución social, también para la burguesía la cuestión democrática es un intermedio, un interregno. Los burócratas rusos, que procuran transformarse en capitalistas privados, precisan aplastar a las masas para poder imponer un plan político y económico que prevé un desempleo del 20 al 50%. En este proceso, ¿cuáles deberían ser las consignas de los explotados? ¿El estado de derecho? No. Tienen que ser las consignas soviéticas, porque estas consignas soviéticas significan, en primer lugar, la expropiación de la burocracia. El primer acto democrático de una revolución en Europa del Este y en la Unión Soviética debe ser la proscripción política de los que aprovecharon el totalitarismo para consagrar sus derechos a expensas de la población. Sólo acabando con estos derechos burocráticos y con la burocracia es que puede desenvolverse un sistema socialista. La consigna en la ex-URSS, en relación a un desarrollo histórico progresivo, son los soviets, no los soviets de Stalin, que en verdad no existían sino los soviets de la revolución. Esto ya existe como una tendencia. En la huelga de los mineros rusos, de 1991 en todas las ciudades mineras se formaron comités de huelga a los que la población recurría para resolver sus problemas más elementales. Esto fue característico de los soviets anterior mente existentes en Rusia, y lo mismo en Bolivia de 1952 con la COB y en 1971 con la Asamblea Popular. La discusión que rodea a este seminario de Engels, acerca de las nuevas tecnologías, es ociosa, pues ninguna es discutida desde el punto de vista que debería ser tenido en cuenta. Discuten las nuevas tecnologías para explicar una crisis del movimiento obrero, que existe naturalmente, pero como resultado del hundimiento de las mayores tentativas históricas que ese proletariado procuró en escala mundial. El problema de la clase obrera mundial no es un resultado de la tercerización… es esa crisis histórica, esa cuestión de la democracia, del estado de derecho; sociedad civil, democracia o dictadura del proletariado.

1 de diciembre de 1995
Petrogrado en 1917: el panorama desde abajo
Steve A. Smith

La ciudad, su industria y los trabajadores Petrogrado fue la capital del Imperio Ruso y el centro financiero e industrial más importante en una sociedad primordialmente agraria. En 1917 tenía una población de 2,4 millones de habitantes, llegando así a ser la ciudad más grande de Rusia. La ciudad había sido construida por Pedro el Grande como la “ventana al Oeste” de Rusia. Su arquitectura y diseño occidentales simbolizaban la incorporación de Rusia a la cultura occidental y al sistema europeo de estados. Aquí se encontraba el asiento del gobierno, la corte de Nicolás y Alejandra, las más importantes instituciones de la educación y de las artes, las leyes, el comercio y la industria. En los barrios centrales del Almirantazgo, Kazan y Litcinyi, se erigían los palacios de las familias aristocráticas más eminentes, los departamentos de la nobleza y burguesía acaudalada, las tiendas elegantes, los bancos y las oficinas de las empresas. Sin embargo, apenas al otro lado del río Neva, al nordeste, se encontraban los barrios pobres y las abundantes fábricas del barrio Vyborg, y rodeando la ciudad (en el sentido de las agujas del reloj) se encontraban los barrios predominantemente proletarios de Okhta, Nevski, Moscú, Narva-Peterhofy Vasilevsld, donde abundaban la pobreza, el hacinamiento y las enfermedades. Con el estallido de la guerra en 1914, Petrogrado llegó a ser el centro de producción de armamentos más importante de Rusia -abasteciendo los dos tercios de las necesidades nacionales de defensa. La fuerza laboral creció en un 60%, hasta alcanzar 392.800 obreros en 1917 (ó 417.000, si se incluyen las fábricas de los suburbios de la ciudad). La mayor parte de esta expansión tuvo lugar en las industrias que producían directamente para la guerra. En 1917, no menos del 60% de los trabajadores estaban empleados en las industrias metalúrgicas, en comparación con el 11% en las textiles y el 10% en las químicas. Aproximadamente la mitad de la fuerza laboral era novata en la industria, compuesta por campesinos, atraídos por la perspectiva de un trabajo remunerativo en la industria, y por las mujeres, que mantenían a sus familias, ahora que sus maridos y hermanos se encontraban en el frente. Muchos de estos obreros novatos tenían fuertes lazos con el campo y su experiencia de la vida urbana y fabril era limitada. Eran muy diferentes de los obreros calificados que habían trabajado en las fábricas durante muchos años, con sueldos bastante buenos y que tenían un nivel razonable de educación y eran políticamente despiertos. No menos del 68% de la fuerza laboral de la ciudad trabajaba en empresas de más de mil obreros -un grado de concentración sin paralelo en todo el mundo. La concentración de obreros experimentados y politizados en grandes unidades de producción fue crítica para facilitar la movilización de la clase obrera de 1917. Bajo el antiguo orden, los obreros rusos gozaban de pocos de los derechos que sí gozaban los obreros de occidente —el derecho a huelga, a formar gremios independientes y a negociar colectivamente con la patronal. Durante la guerra, el régimen disciplinario en la industria —especialmente en aquellas empresas de propiedad del mismo gobierno— se tornó especialmente represivo. Aunque los salarios de la mayoría de los obreros de Petrogrado subieron hasta el invierno de 1916-17, por lo general las condiciones de trabajo se deterioraban. Los horarios de trabajo se incrementaron junto con la intensidad del trabajo, dando como resultado un salto enorme en la cantidad de accidentes industriales. Los que tenían el coraje suficiente para cuestionar la situación, corrían el riesgo de ser transferidos al frente, arrestados o despedidos. Los trabajadores con conexiones conocidas con el movimiento revolucionario clandestino se encontraban en una situación especialmente arriesgada. Sin embargo, a pesar de las represalias despiadadas de la patronal y del estado, el nivel de huelgas y de actividades revolucionarias subió progresivamente, de acuerdo con el deterioro en las condiciones de trabajo y con el crecimiento en los niveles de exterminio en el frente. Aun así, en el invierno de 1916, a pesar de las ruidosas protestas contra la falta de pan, las subas en los precios de los comestibles y la guerra, que parecía no tener fin, pocos se hubieran atrevido a vaticinar que la dinastía Romanov caería estrepitosamente en los próximos meses. La Revolución de Febrero: relevo en las fábricas La Revolución de Febrero de 1917 llegó inesperadamente.Comenzó el 23 de febrero (8 de marzo), el Día Internacional de la Mujer, cuando miles de amas de casa y obreras, desoyendo los llamados de los dirigentes sindicales de mantener la calma, ganaron las calles. Un obrero de los talleres mecánicos Nobel, en el barrio Vyborg, recordaba: “Podíamos oír las voces de las mujeres en el callejón al que daban las ventanas de nuestra sección. ‘¡Abajo la carestía!', ‘¡Abajo el hambre!’, ‘¡Pan para los trabajadores!’. Varios camaradas y yo nos asomamos de golpe a las ventanas… Las puertas del molino número 1 Bolshaia Sampsonievskaia se abrieron estruendosamente. Masas de obreras con un espíritu militante llenaron el callejón. Las que nos vieron comenzaron a agitar las manos, gritando '¡Salgan!' ‘¡Paren!’. Por las ventanas entraron bolas de nieve. Decidimos unimos a la manifestación”. Al día siguiente, 200.000 obreros estaban en huelga en Petrogrado. Para el 25 de febrero, ejércitos de manifestantes chocaban contra las tropas; había comenzado la revolución. El 27 de febrero llegó al punto culminante, cuando regimientos enteros de la guarnición desertaron y pasaron al lado de los insurgentes. El mismo día, los altamente respetables líderes de la Duma rehusaron obedecer una orden del zar de dispersarse y, con el apoyo a regañadientes de los generales del ejército, se declararon Comité Provisional (“Gobierno”, después del 3 de marzo). El 3 de marzo, finalmente, Nicolás II aceptó abdicar y Rusia fue Ubre. En 1905. la autocracia había soportado al movimiento revolucionario por casi doce meses antes de tomar finalmente la iniciativa de aplastarlo; en febrero de 1917, la autocracia capituló en menos de doce días. La diferencia se hallaba en el hecho de que en 1905 el ejército había sido básicamente leal al zar, mientras que en 1917, después de tres años de guerra sangrienta y sin sentido, los soldados hicieron causa común con los insurgentes en las calles. La victoria quedó asegurada cuando la oposición liberal-conservadora accedió a desprenderse del zar, creyendo que solamente así se podía ganar la guerra y frenar al movimiento revolucionario. La caída de Nicolás ‘El Sangriento’ llenó de júbilo y exaltación a los obreros y soldados de Petrogrado. Para ellos no tenía sentido entender la revolución como 4burguesa* todo lo que eso implicaba. En vez de eso creían que Rusia se embarcaba en una revolución democrática que traería enormes beneficios al pueblo. Una asamblea en los talleres Dínamo declaró: “El pueblo y el ejército salieron a las calles no para reemplazar un gobierno por otro, sino para implementar nuestras consignas. Las consignas son: ‘Libertad.’, ‘Igualdad’, ‘Tierra y Libertad’ y ‘Fin de la Guerra Sangrienta’. Para nosotros, las clases desposeídas, la masacre sangrienta es innecesaria”. En esta etapa, la mayoría de los trabajadores, confiando sin reservas en el Soviet como 'su’ representante, y renuentes a provocar desacuerdos en las filas revolucionarias, apoyaba la política de los socialistas moderados de dar su apoyo incondicional al Gobierno Provisional. No ocultaban, sin embargo, su desconfianza en éste. La actitud típica se sintetiza perfectamente en una resolución de los talleres Izhora: “Todas las medidas del Gobierno Provisional que destruyen los restos de la autocracia y fortalecen la libertad del pueblo deben ser totalmente apoyadas por la democracia. Todas las medidas que llevan a la conciliación con el antiguo régimen y que van contra el pueblo deben enfrentarse con protestas decididas y represalias”. Desde el comienzo, entonces, los trabajadores desconfiaban en el Gobierno Provisional, al que veían atado con mil hilos a los intereses comerciales y de los dueños de la tierra. Con respecto al problema acuciante de la guerra, los obreros en Petrogrado también tendían en esta etapa a consentir la política del Comité Ejecutivo de los Soviets. En contraste con los bolcheviques, quienes después de abril denunciaron la guerra como “imperialista” y llamaron a los trabajadores a impulsar la guerra civil contra sus propios gobiernos, los mencheviques y socialistas-revolucionarios -a pesar de estar divididos en alas 'defendisteis’ e 'internacionalistas’- tendieron a no hacer hincapié en la oposición a la guerra, sino en trabajar para la paz. Presionaron al nuevo gobierno a trabajar seriamente para conseguir una paz democrática entre los beligerantes, quienes renunciarían a las reparaciones y anexiones. La Revolución de Febrero fortaleció el apoyo a esta política entre los trabajadores y soldados de Petrogrado. Lenin describió esta política como “defensismo revolucionario”, en tanto aceptaba seguir la guerra hasta tal momento en que se alcanzara la paz, con el objeto de defender la Rusia revolucionaria frente al militarismo austro-alemán. Revolución en las fábricas Al volver a sus puestos de trabajo después de las huelgas de febrero, los trabajadores procedieron a desmantelar la estructura autocrática de dirección en las fábricas, de la misma manera en que había sido desmantelada en la sociedad de conjunto. La creación de una fábrica ‘constitucional’ fue vista como el pre-requi-sito de una mejora en el prestigio y la dignidad de los obreros dentro de la sociedad. La democratización de las relaciones laborales en las fábricas asumió formas variadas. Primero, los capataces y los administradores odiados huyeron o fueron expulsados. En los gigantescos talleres Putilov, por ejemplo, trabajaban aproximadamente 30.000 obreros; los trabajadores metieron al antiguo líder de las ‘Centurias Negi'as’ (1) de la fábrica, Puzanov, en una carretilla, le untaron la cabeza con plomo rojo y lo llevaron á un canal cercano, donde le amenazaron con arrojarlo en castigo por sus antiguas fechorías. Segundo, fueron anulados los reglamentos de las fábricas, con sus multas punitivas y la práctica frecuente y humillante de palpar a los trabajadores. Tercero, y más importante, se crearon comités de fábrica para representar los intereses de los obreros frente a la dirección. En las grandes empresas del estado, los nuevos comités tomaron provisoriamente la administración de las fábricas, ya que la antigua administración había huido. El 13 de marzo, miembros de los comités de fábricas pertenecientes al Departamento de Artillería definieron el objetivo del nuevo orden fabril como la “autogestión de los obreros en la escala más amplia posible”, y las funciones de los comités fueron especificadas como la “defensa de los intereses del trabajo frente a la dirección de la fábrica y el control sobre sus actividades”. A nuestros oídos, la palabra ‘control’ suena como si los obreros echaran a los gerentes y manejaran ellos mismos la administración de todo, pero en Rusia la palabra 'control’ tiene el sentido más modesto de supervisión o inspección. Lo que estos obreros de las plantas estatales pretendían no era que los comités manejasen las empresas en forma permanente, sino que tuvieran el derecho de supervisar las actividades de la administración oficial y de ser informados de todo lo que pasaba. En el sector privado, las actividades de los comités durante la primavera de 1917 no llegaron tan lejos. Allí funcionaban virtualmente como sindicatos, dado que los sindicatos propiamente dichos no se establecieron hasta principios del verano. La primera medida de los comités fue la introducción unilateral de la jornada de trabajo de ocho horas, algo que se les había negado en 1905, y la limitación o abolición de horas extras. Bajo presiones enormes, el Soviet y la Sociedad de Dueños de Fábricas y Talleres de Petrogrado aceptaron formalmente la introducción de la jornada laboral de ocho horas el 10 de marzo. Los comités luego exigieron grandes aumentos salariales para compensar la carestía del período de guerra. En los seis meses anteriores a la Revolución de Febrero, los salarios habían caído un 10% en términos reales, como resultado de los enormes y repentinos aumentos de precios. Entonces, una acción combinada de comités y huelgas espontáneas obligó a la patronal a acordar aumentos en los salarios de entre 30 y 50%. Después de haber logrado estos aumentos, los comités se dedicaron a un amplio espectro de actividades, incluyendo la protección de la propiedad de la fábrica y el mantenimiento de la paz y el orden en los barrios obreros; el con-trol de eximición legítima de servicio militar entre los trabajadores; la organización del suministro de comestibles; el mantenimiento de la disciplina laboral en los talleres; la organización de actividades educativas y culturales, y la campaña contra el alcoholismo. Los trabajadores y el Gobierno Provisional Las primeras señales de una creciente ruptura entre las masas y el Gobierno Provisional aparecieron en abril – sobre la cuestión de la guerra. Aunque el gobierno había afirmado su apoyo a la política de paz del Comité Ejecutivo de los Soviets, el 18 de abril, el ministro de Asuntos Externos, P. N. Miliukov, envió una nota a los Aliados, que se hizo pública el día veinte, en la que se retiró la determinación de Rusia de continuar su participación en la guerra hasta conseguir la victoria, y de cumplir los tratados con los Aliados, según los cuales Rusia obtendría Constantinopla y los Dardanelos. La publicación de esta nota fue la chispa de una explosión de indignación en las fábricas y en los cuarteles. Obreros y soldados salieron a las calles el 20 y 21 de abril, y se registraron violentos choques con ‘contra manifestantes burgueses. El efecto de las ‘Jornadas de Abril’ fue profundizar la desconfianza popular en el gobierno. Dos mil trabajadores de la planta de Siemens-Halske reclamaron “el fortalecimiento del control sobre el gobierno” por parte del Comité Ejecutivo de los Soviets, y “la exclusión de los partidarios de la guerra anexionista”, en particular Guchkov (ministro de Guerra en el primer gobierno Provisional) y Miliukov. Resoluciones de “otros trabajadores” reclamaron la denuncia de los trabajadores secretos y la formulación de una propuesta de paz inmediata. En un esfuerzo por recuperar su popularidad entre las masas, el Gobierno Provisional propuso al Comité Ejecutivo de los Soviets que se le uniera en una nueva coalición gubernamental. Al principio, los líderes del Soviet se opusieron a la propuesta, porque temían quedar comprometidos a los ojos de las masas actuando como ministros. El líder del Comité Ejecutivo, I. G. Tsreteli, sin embargo, pronto se convenció de las ventajas de un gobierno de coalición y, el 1° de mayo, el Comité Ejecutivo acordó con la propuesta por cuarenta y cuatro votos contra diez, con dos abstenciones (la oposición provino de los bolcheviques internacionalistas y los socialistas revolucionarios de izquierda). Seis socialistas, entonces, ocuparon caros en el gobierno, junto con los diez ministros ‘capitalistas’. Parece que la mayoría de los trabajadores consideró que el Comité Ejecutivo había tomado la decisión correcta para, como lo señalaron los trabajadores del Almirantazgo, “aumentar la influencia socialista sobre los órganos de poder”. Sin embargo, una muy importante minoría condenó la coalición como “un ministerio de compromiso con la burguesía”. Al momento de la Revolución de Febrero, el Partido Bolchevique estaba en una considerable confusión Sus líderes más capaces estaban en el exterior o en el exilio; sus miembros habían disminuido como resultado de la persecución de tiempos de guerra, y la organización del partido estaba fragmentada, tanto geográfica (había poca coordinación centralizada de las organizaciones regionales) como políticamente (el faccionalismo era corriente). La Revolución de Febrero tomó a los bolcheviques por sorpresa, y su actitud ante el Gobierno Provisional fue dividida. Sólo después del regreso de Lenin desde Suiza, el 4 de abril, se restauró un grado significativo de unidad política en el partido. Las Tesis de Abril de Lenin representaban un extremo pero perspicaz análisis de la situación política en Rusia, que romp10 agudamente con la concepción socialdemócrata ortodoxa de la revolución en dos etapas. Lenin considero que la Vieja fórmula bolchevique es que “la revolución burguesa todavía no está completada” era “obsoleta”. Argumentó que una transición a socialismo estaba a la orden del día en Rusia, porque era el eslabón más débil en la cadena del imperialismo y porque la revolución en Rusia podrís precipitar la revolución en los países más avanzados. En consecuencia, no debería apoyarse al Gobierno Provisional capitalista: en su lugar, el poder debía pasar a las manos del proletariado y del campesinado pobre por la vía de la república de los soviets. Mientras tanto, argumentaba Lenin, la guerra continuaba siendo un “bandidaje imperialista”, al cual los bolcheviques debían oponerse inflexiblemente. El partido aceptó esta nueva perspectiva estratégica en su Conferencia de Abril sólo después de superar una considerable oposición; la nueva visión se concretaba en las consignas: ‘Todo el poder a los soviets” y “Abajo la guerra”. Estas perspectivas tuvieron un tremendo impacto, porque concordaban con las aspiraciones más profundas de los elementos más radicales del proletariado de Petrogrado -los metalúrgicos calificados del distrito de Vyborg y, en un grado menor, de la isla de Vasilievski. Las actitudes de esos trabajadores encuentran una vivida expresión en la resolución aprobada por las asambleas generales de los trabajadores de las fábricas Puzyrev y Ekval, durante las ‘Jornadas de Abril’: “El gobierno no puede y no quiere representar los intereses del conjunto del pueblo trabajador, y por lo tanto demandamos su inmediata abolición y el arresto de sus miembros, con el objeto de neutralizar su ataque a la libertad. Reconocemos que el poder debe pertenecer sólo al pueblo mismo, es decir, al Soviet de Diputados Obreros y Soldados como la única institución con autoridad que goza de la confianza del pueblo”. El apoyo a los bolcheviques comenzó a crecer a partir de ese momento, no sólo en reacción a los acontecimientos políticos sino también a los económicos. En el verano, la economía nacional desfallecía bajo las aplastantes cargas de la guerra. La producción de combustible y materias primas se desplomó, provocando una aguda escasez en los centros de producción industrial -escasez que la parálisis del sistema de transporte agravaba. El resultado fue que las fábricas comenzaron a cerrar, y miles de trabajadores enfrentaron la sombría perspectiva del desempleo. Mientras tanto, la declinación de la producción de granos, combinada con el caos de los ferrocarriles y las vías de agua, provocaron una creciente escasez de pan y alimentos básicos en las ciudades. Finalmente, la carestía de los artículos de primera necesidad, junto con una mal concebida política financiera del gobierno, impulsaron la inflación al punto que el sistema monetario colapso. El historiador soviético Z. V. Stepanov, estima que en Octubre de 1917 el costo de vida en Petrogrado fue 14,3 veces más alto que en 1913, y que los salarios reales de los trabajadores habían caído entre el 10 y el 60% de su nivel de febrero de 1917. Algunos trabajadores estaban al borde de la indigencia. Los sindicatos fueron restablecidos en el verano de 1917 y fueron los que encabezaron la batalla por la recuperación de los niveles de vida de los trabajadores. A lo largo de 1917 ejercieron una menor influencia que los comités de fábrica, pero se habían convertido en importantes organizaciones de masas. La mayoría eran sindicatos industriales, representantes de los intereses de todos los trabajadores en una industria dada, sin importar su oficio. Al principio del verano, comenzaron a negociar con la respectiva sección de la Sociedad de Propietarios de Fábricas y Talleres para alcanzar contratos en el ámbito de la ciudad, que regularan los salarios de todos los trabajadores de una rama determinada de la industria. A pesar de las duras negociaciones con los empleadores, la mayoría de los sindicatos tuvo éxito en alcanzar tales contratos; pero aunque parecían acordar importantes aumentos de sueldos, especialmente para los peor pagos, una destructiva inflación devoró estos aumentos casi antes de que se secara la tinta del contrato. El deterioro de la condición material de los trabajadores, especialmente los de bajos salarios, produjo una radicalización en las actitudes políticas de los menos calificados, de los mal remunerados trabajadores provenientes del campo y de las mujeres trabajadoras. Esto fue especialmente manifiesto en la fábrica Putilov, donde los trabajadores de bajos salarios expresaron su bronca y frustración contra los dirigentes del sindicato y del comité de fábrica, a los que juzgaban como demasiado dilatorios en la defensa de sus intereses. I. N. Sokolov, un bolchevique de Putilov, informó: “La masa de trabajadores de la fábrica … está en estado de agitación como consecuencia de los bajos salarios, al punto que, incluso a nosotros, miembros del comité de fábrica, nos tomaron por el cuello, nos arrastraron a los talleres y nos gritaron ‘dénnos dinero’. En general, sin embargo, el descontento económico tendía a hacer a los trabajadores receptivos a los ataques de los bolcheviques contra el sistema capitalista, la guerra imperialista y el gobierno de la burguesía y los terratenientes. El 20 de junio, S. M. Gessen informó al comité bolchevique de la ciudad que: “La fábrica Putilov se ha puesto decisivamente de nuestro lado. El espíritu militante de la fábrica tiene profundas raíces económicas. La cuestión de los aumentos salariales es aguda. Desde el mismo comienzo de la revolución, las demandas de los trabajadores por aumentos salariales no han sido satisfechas. Gvozdev (un menchevique y adjunto del ministro de Trabajo) vino a la fábrica y prometió satisfacer las demandas, pero no cumplió sus promesas. En la demostración del 8 de junio (organizada por el Comité Ejecutivo de los Soviets, supuestamente en su apoyo), los trabajadores de Putilov llevaban carteles que decían 'Ustedes nos han decepcionado’. La creciente corriente de militan-cia entre los trabajadores alcanzó un pico al comienzo de julio. Las manifestaciones armadas del 3 y 4 de julio -conocidas como "Jornadas de Julio’- tuvieron como trasfondo las dificultades económicas que empeoraban, el funesto fracaso de la ofensiva lanzada por Kerensky para impresionar a los aliados, el intento del gobierno de enviar al frente a los regimientos estacionados en Petrogrado, y la quiebra del gobierno de coalición después de la renuncia de cuatro ministros kadetes. Las demostraciones fueron organizadas desde abajo, pero el partido bolchevique, después de una vacilación inicial, aceptó asumir su liderazgo. Los deseos de los miles de trabajadores y soldados que salieron a la calle eran aparentemente claros -forzar la renuncia de los “diez ministros capitalistas” y obligar al Comité Ejecutivo de los Soviets (o más correctamente, desde el primer Congreso de los Soviets de todas las Rusias, el Comité Ejecutivo Central) a formar un gobierno. Los acontecimientos rápidamente tomaron un rumbo avieso. Se registraron choques entre los manifestantes, contra manifestantes y tropas del gobierno, en los cuales murieron o fueron heridas al menos 400 personas. En la noche del 4 al 5 de julio, el gobierno —ahora bajo el liderazgo de Kerensky—, en un evidente esfuerzo para mostrar a las clases poseedoras su capacidad de gobierno, arrestó a importantes líderes bolcheviques como Trotsky y Lunacharski, forzó a Lenin y a Zinoviev a ocultarse, saqueó la sede del partido bolchevique, cerró Pravda y requisó las armas en poder de los trabajadores. Poco después, el gobierno de Kerensky reinstauró la pena de muerte en el frente y anunció su intención de restaurar la disciplina en las fuerzas armadas. Las Jornadas de Julio terminaron no en un gobierno soviético, sino con un profundo giro a la derecha del Gobierno Provisional”. Aunque demostraron dramáticamente la hostilidad sin reservas de la mayoría de los trabajadores y soldados hacia el gobierno, las Jornadas de Julio subrayaron su ambivalencia frente a los socialistas moderados que controlaban la red nacional de soviets. Los manifestantes esperaban forzar al Comité Ejecutivo Central a tomar el poder; pero el Comité estaba determinado a no hacerlo y denunció a los manifestantes como “contrarrevolucionarios’’. Esto creó confusión entre los trabajadores, evidenciada en la intervención de uno de los cuatro trabajadores que se presentaron ante el Comité Ejecutivo Central en representación de cuarenta y cuatro fábricas: “Es extraño leer el llamado del Comité Ejecutivo Central: los trabajadores y soldados son llamados contrarrevolucionarios. Nuestro reclamo -el reclamo general de los trabajadores- es todo el poder a los Soviets de diputados obreros y campesinos… Reclamamos el retiro de los diez ministros capitalistas. Confiamos en el Soviet pero no en aquellos en quienes el Soviet confía. Nuestros camaradas, los ministros socialistas, entraron en un acuerdo con los capitalistas, pero esos capitalistas son nuestros enemigos mortales. ¡La tierra debe pasar inmediatamente a los campesinos! ¡El control obrero de la producción debe ser instituido inmediatamente! Reclamamos una lucha contra el hambre que nos amenaza”. “Confiamos en el Soviet pero no en aquellos en quienes el Soviet confía”. En su excelente estudio, David Mandel llamó a esto la “paradoja” de las Jornadas de Julio. Los manifestantes creían que el Comité Ejecutivo Central podía ser persuadido a tomar el poder, puesto que no podían ver la otra alternativa, que el Comité Ejecutivo Central estuviera dispuesto a perder apoyo popular antes que a tomar el poder. Es verosímil que una mayoría de los trabajadores todavía no abandonara la expectativa en el Comité Ejecutivo Central; la matanza y la lucha fraternal de las Jornadas de Julio fortalecieron el sentimiento por la unidad contra la contrarrevolución movilizada abiertamente. Por un corto tiempo, los bolcheviques perdieron apoyo porque los trabajadores reaccionaron contra sus políticas divisorias. Sin embargo, una vez que todos tuvieron tiempo de retomar la confianza, los trabajadores-especialmente los metalúrgicos- llegaron a la conclusión de que los miembros del Comité Ejecutivo Central eran ‘traidores’ que se habían unido a las filas del enemigo de clase. Control de los trabajadores y Bolchevismo Mientras tanto, durante el vera no fue surgiendo un movimiento por el control obrero de la producción. El control obrero es descripto frecuentemente como un ensayo de inspiración anarquista para que los trabajadores se apoderen de las fábricas. De hecho, el movimiento por el control obrero se originó en un esfuerzo eminentemente práctico por enfrentar el desorden económico y mantener las fábricas funcionando. Los agentes del control obrero, los comités de fábrica, inicialmente se limitaron a conseguir combustible y materias primas y a mantener un vigilancia general sobre los gerentes. Durante el verano, sin embargo, como la crisis económica se profundizó, los comités se convencieron de que los empleadores estaban exacerbando deliberadamente la crisis con el objeto de reprimir la militancia de los trabajadores y hacerlos 'entrar en razones’. En un intento por quebrar el ‘sabotaje capitalista’, los comités establecieron formas de control de un más amplio alcance. Comenzaron a intervenir activamente en los asuntos de dirección, examinando los libros y las cuentas contables, e insistiendo en que todas las decisiones de la administración debían ser ratificadas por los comités. Haciendo esto, los comités buscaban mantener las fábricas en funcionamiento y evitar el desempleo masivo. El historiador soviético M. L. Itkin estima que en octubre, 289.000 trabajadores de Petrogrado —o el 74% de la fuerza laboral— trabajaba en empresas bajo alguna forma de control obrero. Esto, sin embargo, debe tomarse en perspectiva, porque Itkin calcula que el control obrero operaba en sólo 96 empresas, lo que significa que cerca del 90% de las empresas de Petrogrado -principalmente las pequeñas y medianas-no estaban alcanzadas por el control obrero. Los grandes empleadores no toleraron semejante incursión en su ‘derecho’ a dirigir las empresas a su voluntad. Consecuentemente, presionaron al ministro de Trabajo, M. I. Skobelev, a tomar medidas para reprimir los esfuerzos de los comités de fábrica por imponer el control obrero. Skobelev respondió redactando dos circulares que prohibían a los comités de fábrica interferir en la contratación o en el despido de trabajadores y reunirse durante el horario de trabajo —una medida que provocó ruidosas protestas entre los trabajadores. Los trabajadores de Langenzippen resolvieron: “La circular de Skobelev tiene un carácter puramente político y es contrarrevolucionaria. Impide al movimiento sindical seguir un curso organizado y apoya la marcha organizada de la contrarrevolución, que desea sabotear la industria y reducir al país al hambre. Estamos forzados a concluir que el ministro para la ‘protección del trabajo se ha convertido en el ministro de la 'protección de los intereses capitalistas’. Como menchevique, Skobelev creía que el control de los trabajadores sólo agravaría el desorden económico, porque se trataba de acciones no coordinadas de grupos de trabajadores atomizados. Los socialistas moderados argumentaban que sólo una regulación centralmente planeada de la economía por el estado podía comenzar a anular el daño provocado por la guerra. Los bolcheviques, también, creían que sólo una acción centralizada podía restaurarlas fuerzas productivas destruidas, pero argumentaban que era una locura confiar esto al gobierno capitalista, porque entonces cualquier restauración del orden económico inevitablemente sería a expensas del pueblo trabajador. Apoyaban el control obrero, esencialmente como un medio para mitigar el desorden económico hasta el momento en que un gobierno de los trabajadores tomara el poder. Su apoyo al control obrero fue la causa del mayor crecimiento de su popularidad. En realidad, los comités de fábrica fueron las primeras organizaciones populares en pronunciarse en favor de las políticas de los bolcheviques. Tan pronto como a fines de mayo, en la primera Conferencia de Comités de Fábrica de Petrogrado, una resolución redactada por Lenin “sobre las medidas para combatir la desorganización de la economía” ganó por 297 votos contra 21, con 44 abstenciones. La oposición de los mencheviques y socialrevolucionarios al control obrero, por su parte, les hizo perder una gran parte de su apoyo popular. Como el conflicto de clases se polarizaba cada vez más profundamente, el gobierno de Kerensky fue quedando desamparado, sin ningún apoyo social. Comparada con los cataclismos que convulsionaban a la sociedad, la política quedó crecientemente reducida cada vez más a una suerte de juego de sombras. Odiada por las masas radicalizadas, la nueva coalición de Kerensky buscó apoyo en la derecha, sólo para descubrir que también la derecha estaba radicalizada. Oficiales del ejército, industriales y liberales de clase media ahora despreciaban a Kerensky por considerarlo débil, irresoluto y ‘suave’ con la izquierda. Después del fracaso de la ofensiva de junio, comenzaron a coordinar la búsqueda de un hombre ‘fuerte’ que pudiera aplastar la'anarquía’ en la sociedad, revitalizar el ejército y restaurar el orden en la economía. En agosto, encontraron su'hombre en un caballo blanco* en el general Lavr Korailov, recientemente designado Comandante en Jefe por Kerensky. Korailov no escondía su deseo de imponer una dictadura militar que pudiera aplastar a los soviets, y se trazaron planes. El golpe, lanzado el 28 de agosto, fracasó a poco de iniciado, como consecuencia de la pobre organización, de las divisiones en las filas contrarrevolucionarias y de la heroica resistencia de los trabajadores ferroviarios y de los telégrafos. En Petrogrado, los soviets de distrito y los comités de fábrica ayudaron a organizar grupos de trabajadores armados para patrullar la ciudad, cavar trincheras o levantar fortificaciones en los suburbios. Aunque las fuerzas de Korailov nunca estuvieron a distancia de tiro de la capital, el espectro de la contrarrevolución asustó a los trabajadores comunes, que acusaron a Kerensky por haber permitido que las cosas llegaran a semejante trance. Muchos estaban convencidos de que la situación extrema requería una solución extrema. Después de la rebelión de Kornilov, el apoyo a los bolcheviques creció a pasos agigantados. El 31 de agosto, el soviet de Petrogrado aprobó, por primera vez, una resolución bolchevique, por 279 votos contra 115 (con 51 abstenciones). Esta resolución llamaba a un gobierno de los representantes del proletariado revolucionario y de los campesinos, a inmediatas negociaciones de paz, a la confiscación de las grandes propiedades y a la introducción del control obrero en la industria. El 5 de setiembre, el presidium menchevique-socialista-revolucionario del Soviet renunció, y los bolcheviques fueron elegidos en la mayoría de los puestos del nuevo presidium, con Trotsky como presidente. La mayoría de los trabajadores en las fábricas ahora apoyaba el programa bolchevique. El gobierno de Kerensky —intentando desesperadamente mantener unida a la nueva coalición— fue caracterizado, en las palabras de los trabajadores del Almirantazgo, como “un gobierno de la dictadura de la burguesía y los terratenientes y de la guerra civil, que está conduciendo una política de traición a la revolución y de decepción del pueblo”. Los socialistas moderados del Comité Ejecutivo Central, por su parte, fueron inequívocamente denunciados por la “ruinosa política de compromiso con las clases propietarias, que buscan estrangular a las masas trabajadoras con la huesuda mano del hambre”. Los bolcheviques habían abandonado la consigna “Todo el poder a los Soviets” después de las Jornadas de Julio, porque no había ninguna posibilidad de que los soviets asumieran el poder bajo el liderazgo de los socialistas moderados, llamando en su lugar a un “gobierno revolucionario del proletariadoylos campesinos pobres”. Algunas fábricas siguieron este cambio de táctica, y la hostilidad de clase con la burguesía y el capitalismo se volvió mucho más explícita. El 10 de agosto, por ejemplo, los trabajadores de la Erikson reclamaron “la organización de un genuino poder revolucionario apoyado en los obreros, los soldados y los campesinos pobres, es decir, un poder que será una dictadura dirigida directamente contra la burguesía contrarrevolucionaria”. No todas las fábricas los siguieron: muchas continuaron llamando a un gobierno basado en los soviets, o a un “gobierno socialista homogéneo”, o a un “gobierno homogéneo de la democracia revolucionaria”. Un nuevo tema surgió en el discurso de los trabajadores en setiembre, a saber, la necesidad de los trabajadores de armarse a sí mismos para prevenir una repetición de la aventura de Korailov. Junto a los reclamos de la libertad de los bolcheviques todavía presos desde las Jomadas de Julio, de la destitución de los mandos kornilovistas, de la abolición de la pena de muerte, y de la disolución de la Duma del estado y del Consejo del Estado, figuraba el reclamo “la entrega de armas a los trabajadores para que podamos organizar una Guardia Roja”. Las Guardias Rojas eran destacamentos armados basados en las fábricas, formadas principalmente por jóvenes leales a los bolcheviques. Las Guardias Rojas se describían a sí mismas como una “organización de las fuerzas armadas del proletariado para la lucha contra la contrarrevolución y por la defensa de las conquistas del proletariado”. Pero se volvió evidente, cuando setiembre se convirtió en octubre, y Kerensky continuaba aferrándose a los vestigios del poder, que las unidades que se entrenaban cada tarde en los patios de las fábricas se impacientaban. Así como aumentaba el apoyo al programa de los bolcheviques, así los trabajadores afluían a unirse al partido. En abril, la organización de Petrogrado tenía alrededor de 16.000 miembros; en octubre, sus miembros habían crecido a 43.000, de los cuales las dos terceras partes eran trabajadores. La mayoría de esos reclutas eran varones jóvenes (había relativamente pocas mujeres) que se unían a un partido político por primera vez. Algunos, sin embargo, venían de otros partidos. Una mujer menchevique de la fábrica Siemens-Schuckert, interrogada sobre su ingreso al partido, respondía: “Los líderes del partido menchevique han olvidado su programa y no están dando satisfacción a los intereses del proletariado y de los campesinos pobres. Han restaurado la pena de muerte y han metido a nuestros líderes más populares en ‘cárceles democráticas’. Un socialista-revolucionario de la fábrica Aivaz, escribió al periódico Rabocii (El Obrero), puntualizando: “Como consecuencia de una profunda incomprensión, me uní al partido socialista-revolucionario, que ahora se ha pasado al lado de la burguesía y tiende su mano a nuestros explotadores. Por eso, no me quedaré clavado a este mástil de la vergüenza, abandono las filas de los chovinistas. Como un proletario consciente, me uno a los camaradas bolcheviques que son los únicos genuinos defensores del pueblo oprimido”. Es fácil, en retrospectiva, asumir ahora que la victoria bolchevique era inevitable, pero ciertamente Lenin no lo creía así. Su profunda comprensión de la dinámica social que sostenía por la base el sistema de ‘poder dual’, permitió al partido sacar ventajas de las sucesivas crisis políticas y ganar un cada vez más amplio círculo de apoyo popular, pero Lenin estaba convencido que el poder no caería en el regazo de los bolcheviques. Había que tomarlo. Desde fines de setiembre, en consecuencia, desde su escondite Lenin, impulsó implacablemente al Comité Central a preparar el levantamiento armado. El derrocamiento del gobierno de Kerensky resultó ser un asunto relativamente indoloro. A las 10 de la mañana del 25 de octubre, el Comité Militar Revolucionario emitió el siguiente mensaje triunfal: “El Gobierno Provisional ha sido derrocado. El poder del estado ha pasado a manos del órgano del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado: el Comité Militar Revolucionario, que está a la cabeza del proletariado de Petrogrado y de la guarnición. “La causa por la cual el pueblo luchó —mía inmediata propuesta de paz democrática, abolición de los derechos de propiedad de los terratenientes sobre la tierra, control obrero sobre la producción, la creación de un gobierno soviético—, esta causa está asegurada. “Viva la revolución de los obreros, soldados y campesinos”. Las mayores fábricas de Petrogrado y las principales organizaciones sindicales dieron la bienvenida al nuevo gobierno. Es verdad que una minoría de trabajadores se opuso a lo que veían como una toma del poder violenta e ilegal que amenazaba con sumir a Rusia en la guerra civil. Estos fueron principalmente los tipógrafos, cerca de la mitad de los trabajadores ferroviarios, la mayoría de los trabajadores de oficina (por ejemplo, los empleados de banco), y una singular fábrica como la textil Pal, ubicada en el distrito mayoritariamente burgués de Alejandro-Nevski. Hay pocas dudas, sin embargo, de que la mayoría de los trabajadores estuvieron complacidos al escuchar que Kerensky había huido de la ciudad. Sentían que finalmente un gobierno genuinamente revolucionario, representante de los obreros y campesinos y basado en los soviets, había llegado al poder. Las tareas inmediatas de este gobierno eran claras: poner fin a la guerra, dar la tierra a los campesinos y restaurar el orden en la economía. Pero observando las tareas de largo plazo, había menos acuerdo. Algunas resoluciones aprobadas por los trabajadores percibían al nuevo gobierno como una simple administración temporaria hasta que se reuniera la Asamblea Constituyente. En el otro extremo, algunos percibían al gobierno bolchevique como una dictadura del proletariado que podría reordenar rápidamente la sociedad de acuerdo a lineamientos socialistas. Entre una y otra posición, la mayoría de las resoluciones eran muy vagas: algunas hablaban de socialismo, otras de democracia revolucionaria. La mayoría -al menos inicialmente-favorecía una coalición gubernamental que comprendiera a todos los partidos soviéticos, porque, a pesar de la masiva desilusión con los mencheviques y los socialistas-revolucionarios, continuaban siendo vistos como legítimos partidos democráticos. Al comienzo de noviembre, sin embargo, nadie preveía que el país pronto sería gobernado por una dictadura unipartidista y estaría suspendido en el umbral de la guerra civil. Conclusión Hasta hace poco, muchos historiógrafos occidentales presentaron la insurrección de Octubre como un golpe militar llevado a cabo por un partido minoritario unido estrechamente, dirigido por un hombre con un deseo casi nietzcheano del poder. Hay un importante grado de verdad en esta visión. El derrocamiento de Kerensky fue en verdad un bien organizado golpe de estado llevado a cabo por el partido bolchevique bajo el mando de Lenin. En este sentido, la Revolución de Octubre fue muy diferente a la Revolución de Febrero, cuando las masas por sí mismas precipitaron directamente la crisis final del ancien regime. Pero describir la insurrección de Octubre como un golpe puro y simple es desconocer completamente su esencia. La caracterización dominante de los hechos del 24/25 de octubre merece un estudio más cuidadoso. En octubre de 1917, los bolcheviques todavía eran un partido minoritario. En las elecciones nacionales para la Asamblea Constituyente en noviembre, ganaron sólo una cuarta parte de los votos, contra 38% para los socialistas-revolucionarios y 13% para los kadetes. El sentimiento popular, sin embargo, estaba cambiando en favor de los bolcheviques. En junio, sólo 105 bolcheviques fueron elegidos al Primer Congreso de los Soviets de todas las Rusias, contra 283 socialistas revolucionarios, 248 mencheviques y 73 delegados sin partido. En el segundo Congreso de los Soviets de todas las Rusias, el 25 de octubre —antes del abandono de los soviets por los socialistas moderados— había 390 bolcheviques, 160 socialistas revolucionarios, 72 mencheviques, 14 intemacionalistas, 6 socialdemócratas unidos, 7 socialde-mócratas ucranianos. En octubre, el apoyo a los bolcheviques era abrumador en las grandes ciudades industriales, especialmente en Petrogrado, en las guarniciones de la retaguardia y en el frente. Los obreros y los soldados eran los más sólidos apoyos del partido. La mayoría de los grupos de trabajadores —con la excepción de ciertos ‘aristócratas obreros’ y trabajadores de oficina—había girado hacia el partido, comenzando con los calificados metalúrgicos, pero rápidamente seguidos por los campesinos sin calificación y las mujeres. Era en las vastas áreas rurales donde las fuerzas de los bolcheviques continuaban siendo débiles. Pero incluso allí, los campesinos que votaron por el partido socialista-revolucionario en las elecciones de la Asamblea Constituyente, votaron por las políticas del ala izquierda de ese partido (que ya había roto con el ala ‘conciliacionista’) y, en las cruciales cuestiones de la tierra y de la guerra, las políticas de la izquierda de los socialistas-revolucionarios no diferían de las de los bolcheviques. Hasta hace poco, en Occidente se veía el papel que jugaron los obreros, soldados y campesinos en la revolución como esencialmente destructivo, anarquista y elemental. Esas son las “masas sombrías” capaces de demoler, pero no de construir. Un exponente típico de esta visión es el comentario de Theodore von Laue de que “la política rusa desde mayo de 1917 a la primavera de 1921… debe ser vista primeramente en los términos de un mecanismo social hobbesiano, en términos de cruda violencia entre masas desarraigadas por la guerra y la revolución”. Los trabajos recientes de historiadores como Diane Koenker, David Mandel, Ronald Suny, William Rosenberg y Alexander Rabinowitch, disienten de esta visión. Las cambiantes actitudes y actividades de los obreros de Petrogrado, en última instancia, son perfectamente comprensibles en términos esencialmente racionales, sin recurrir a algún modelo hobbesiano. Los obreros tenían necesidades y expectativas muy concretas, que el Gobierno Provisional fracasó en satisfacer. Se volvieron hacia los bolcheviques porque sus políticas parecían representar la única alternativa política viable. Por supuesto, los intereses propios y nacionales no agotan el significado de la revolución: no son más que una insípida explicación de la conducta de la clase trabajadora en 1917. Los obreros estaban motivados por más que meros cálculos de medios y fines. Su racionalidad estaba profundamente imbuida con moralidad e incluso con utopismo. La conciencia revolucionaria tiene bases tanto emocionales y morales como racionales. La esperanza, el sentido de justicia, de odio, de miedo, de indignación, jugaron su parte en la movilización de los trabajadores. Sin embargo, en un análisis final, la radicalización de los obreros de 1917 puede ser explicada muy simplemente: creció como consecuencia de que sus esperanzas en que el Gobierno Provisional pudiera defender los intereses del pueblo y la situación de los trabajadores en sus trabajos y en la sociedad, alcanzar un rápido acuerdo de paz y darle la tierra a los campesinos, fueron amargamente decepcionadas. Por el contrario, di Gobierno parecía defender los intereses de los privilegiados y del sistema de explotación y militar en el cual se apoyaba su poder. Como los empleadores y terratenientes eran percibidos como prolongando deliberadamente la guerra, perpetrando sabotajes en la industria y creando artificialmente escasez de alimentos, creció la hostilidad de la clase obrera a las clases propietarias y se incrementó el apoyo a los bolcheviques. Relacionada con la visión de las ‘masas sombrías’ está la noción de que los bolcheviques ganaron su influencia 'manipulando’ los instintos básicos de las masas mediante una temible combinación de demagogia y mentiras. Seguramente, la agitación y organización bolcheviques jugaron un papel crucial en la radicalización de las masas. Pero los bolcheviques por sí mismos no crearon el descontento popular o el sentimiento revolucionario. Este creció desde la propia experiencia de las masas ante los complejos sucesos económicos, sociales y políticos. La contribución de los bolcheviques fue formar a los trabajadores en la comprensión de la dinámica social de la revolución y nutrir su conocimiento de cómo los problemas urgentes de la vida cotidiana estaban relacionados con el orden político y social más amplio. Los bolcheviques ganaron apoyo como consecuencia de que sus análisis y sus propuestas de solución parecían tener sentido. Un trabajador del taller Orudniinyi, anteriormente un bastión del defensismo, donde incluso a los bolcheviques no se les permitía hablar, declaró en septiembre que “los bolcheviques siempre dicen: no seremos nosotros los que te convenceremos sino la vida misma. Y ahora los bolcheviques han triunfado porque la vida ha probado que sus tácticas son correctas”. Respecto de la misma cuestión, es claro que más que el partido bolchevique, fue la propia clase obrera el mayor factor en la política de Petrogrado en 1917. Los trabajadores crearon una gama de organizaciones y una inmensa variedad de prácticas revolucionarias que, en cierto grado, constituyeron el embrión de un nuevo orden social. No sólo pusieron en pie la red nacional de los soviets, primero los obreros, luego los soldados y más tarde los campesinos, sino también comités de fábrica (probablemente la más importante de las organizaciones proletarias), sindicatos, milicias obreras, Guardias Rojas, cooperativas de consumidores y organizaciones educativas y culturales. Medido en referencia a esta poderosa red de organizaciones interrelacionadas, el aparato del partido bolchevique era pequeño. Los bolcheviques no estaban en consecuencia, antes de octubre, en ninguna posición efectiva para manipular o controlar las organizaciones populares. En realidad, los bolcheviques ganaron el apoyo de esas organizaciones tomando sus preocupaciones como propias, y gradualmente ascendieron a posiciones de dirección dentro de las organizaciones, en gran medida por medios democráticos. Por relacionarse exitosamente con las organizaciones populares, los bolcheviques, en un sentido, ya habían ‘tomado el poder’ incluso antes de derrocar al Gobierno Provisional. Finalmente, la noción del partido bolchevique como el ‘manipulador’ de las masas tiene otra fuente en la imagen estereotipada del propio partido. Esta visión proyecta al partido en 1917 como si hubiera sido la exacta réplica del modelo de partido delineado por Lenin en 1902 en ¿Qué hacer? En su folleto, Lenin argumentaba a favor de un partido de revolucionarios profesionales, altamente disciplinado y centralizado y con métodos conspirativos. En 1917, para mejor o para peor, la realidad del partido bolchevique era muy diferente. En primer lugar, era un partido de masas, con quizá más de 300.000 miembros para el mes de octubre, trabajando abiertamente. En segundo lugar, era una organización débilmente estructurada, en la que el Comité Central tenía sorprendentemente poco control sobre las organizaciones de las ciudades y provincias. Tercero, la muy renombrada disciplina del partido era una ficción. En cada cuestión importante del día, había agudas divergencias y facciones que no se detenían ante desafíos frontales al liderazgo de Lenin (más dramáticamente, la oposición de Kamenev y Zinoviev a la toma del poder en octubre). El partido, entonces, estaba caracterizado en 1917 por un debate vigoroso, a la medida de la democracia interna, y una considerable flexibilidad en sus relaciones con las masas. En relación a sus rivales (que sufrieron fatales fracturas y masiva hemorragia de miembros), es verdad que el partido bolchevique estaba más unificado y centralizado, pero había una gran distancia de la dilecta 'arma organizacional’ de ciertos sociólogos políticos. Haciendo una consideración final de la toma del poder en Octubre, uno está forzado a concluir que los hechos del 24/25 fueron mucho más que un golpe militar. Fueron la resolución de una larga y extendida crisis social, cuyos orígenes se remontan tan lejos como 1905. La guerra liberó las tensiones dentro de la sociedad rusa, y la Revolución de Febrero profundizó la división entre las masas populares y la sociedad propietaria. Esta división corrió tan profundamente a través de la sociedad que, la posibilidad de superarla, incluso en marzo de 1917, eran muy limitadas. El Gobierno Provisional, ayudado por el Comité Ejecutivo de los Soviets, intentó hacerlo durante varios meses, pero fracasó en resolver con la suficiente rapidez y energía las cuestiones que preocupaban a las masas. Perdió por lo tanto toda base social potencial que pudiera haber tenido. En realidad, se condenó a sí mismo hacia un único objetivo —la preservación de su alianza con los propietarios—y fracasó incluso en eso. Cuando en octubre, los bolcheviques derrocaron al gobierno de Kerensky, a las sufridas masas les pareció menos un soplo letal de la muerte para el cuerpo político que un acto de eutanasia.

1 de diciembre de 1995
300 años de la muerte del Espartaco negro brasileño (Ia parte)

Después de casi un siglo de sucesivos fracasos, el 20 de diciembre de 1695, una tropa mercenaria, contratada por la Corona portuguesa y los señores del azúcar de la entonces capitanía de Pemambuco, en el nordeste brasileño, aplastaban el último foco de la resistencia armada de los esclavos que pasaría a la historia como el Quilombo de Palmares. Su líder, conocido por el nombre de guerrero africano, Zumbi, fue muerto en un combate heroico y desigual. Su cadáver sería decapitado y su cabeza clavada en una estaca y exhibida en la plaza principal de Olinda, hasta descarnarse totalmente, para mostrar que el gran líder negro no era inmortal y para aterrorizar a los esclavos y prevenir futuras rebeliones. La represión contra el Quilombo no se agotó con la muerte de Zumbi. La historiografía oficial procuró restar legitimidad histórica a la resistencia negra, con el argumento de salir victoriosos, los quilombolas habrían transformado a Brasil en otro Haití, o sea, liquidado la cultura europea, portuguesa, sustituyéndola por la barbarie africana y condenando al país a un atraso sin perspectivas de redención, concepción ésta que ignora el atraso nacional existente causado justamente por la predominancia y la larga supervivencia de la esclavitud: “De todas las cuestiones, la más indiscutible es el relevante servicio prestado por las armas portuguesas y coloniales, destruyendo de una vez la mayor de las amenazas a la civilización del futuro pueblo brasileño, en ese nuevo Haití, refractario a todo progreso e inaccesible a toda civilización, que Palmares victorioso habría plantado en el corazón del Brasil”(l). En la década del 40, se inician en el Brasil los estudios dedicados a recuperar la verdad histórica sobre la esclavitud, la situación del negro y de sus luchas. Uno de los pioneros de este género de historiografía, Edison Carneiro, escribe el clásico “Quilombo dos Palmares” donde, por primera vez, es relatada la historia de la epopeya de los esclavos, sobre la base de una documentación rigurosa y un método científico. Escrito en pleno Estado Novo -que fue, entre otras cosas, un régimen de segregación racial-, el libro es prohibido y su primera edición tiene que ser publicada en el extranjero. En la década del 70, la lucha de los esclavos será estudiada por las tendencias nacionalistas y foquistas, que transforman a Zumbi en un símbolo de la resistencia nacional al imperialismo, de la misma manera que en otros países latinoamericanos lo fueron los líderes de las grandes rebeliones indígenas, como Tu-pac Amaru o Tupac Catari. Los historiadores de este período son Décio Freitas (2) y Clovis Moura (3). La crisis de la dictadura militar, donde nuevamente se intensificó la opresión del negro, con manifestaciones de abierta segregación racial, llevó al surgimiento de un nuevo movimiento negro como parte de la lucha antidictatorial del movimiento obrero y estudiantil. Esta nueva ola de la movilización política del negro brasileño tendrá mayor envergadura que la del período 45/ 64, expresada en los Congresos negros de la década del 40, inspirados por el propio Edison Carneiro y otros, cuya actividad política se colocaba claramente en los marcos del nacionalismo burgués varguista. El movimiento de fines de la década del 70 llevará a la constitución del Movimiento Negro Unificado, un primer esfuerzo por dar un carácter unificado y nacional a las tendencias políticas del movimiento negro y, por primera vez, de claras características nacionalistas, o sea de afirmación del negro como parte oprimida de la sociedad y de condena de las tentativas de ‘integración racial’ que, en absolutamente nada, modificaron la suerte de la segunda mayor población negra del planeta, mayor que la de todos los países africanos con excepción de Nigeria. La impasse del incipiente movimiento nacionalista negro -que nunca consiguió definir un programa o crear una verdadera organización política, a pesar de su comienzo vigoroso en la lucha contra la dictadura-, no impidió el crecimiento de una conciencia y una movilización negra, impulsada por la situación general del negro, que forma la capa más miserable de la población, que abarca a la mayoría de los desempleados, de los ‘sin techo*, que gana salarios más bajos que los blancos, que sigue siendo la víctima preferida de la violencia judicial y 1 violencia policial y que tiene bloqueadas todas las posibilidades de ascenso social, comenzando por la propia universidad, donde los negros, que constituyen cerca del 60% de la población del país, constituyen menos del 5% del total de las matrículas. La gran repercusión de los 300 años del martirio de Zumbi, al que la propia prensa burguesa lo reconoce como un “héroe ignorado por la historia”, incluso con la inédita bendición oficial, es la expresión del crecimiento de las contradicciones sociales y de la revuelta del negro (Fernando Henrique Cardoso, flanqueado por el ex rey del fútbol y ministro de Deportes, Pelé, y la senadora petista, Benedita da Silva, concurrió al municipio de Unión de Palmares, en el Estado de Alagoas, en la sierra de Barriga, próximo al legendario Mocambo de Macaco, centro de la resistencia palmarina, a rendir el cínico homenaje de los opresores a los oprimidos). Las manifestaciones políticas y culturales de la cultura negra -que se rehúsa a ser enterrada según los deseos de la clase dominante, que se considera más próxima de Europa que de África o de las Antillas-, muestran que el pasado está alcanzando al presente y que la cuestión negra, así como en África del Sur o en los Estados Unidos, se desplaza hada el centro de la crisis política, como consecuencia de la gigantesca crisis capitalista, que acentuó las tendencias a empujar a los sectores más oprimidos y explotados de la población al último grado de miseria y violencia. La esclavitud africana en el Brasil La esclavitud africana en Brasil fue una parte fundamental de uno de los mayores emprendimientos mercantiles de los orígenes del capitalismo, la industria del azúcar, superada solamente por la extracción de metales preciosos en la América hispana y, posteriormente, en el propio Brasil. El atraso brasileño fue una consecuencia directa de la excelencia de las condiciones naturales, que permitían el monocultivo de productos tropicales de gran valor comercial en la Europa de los siglos XVI y XVII. Los objetivos comerciales de la colonización determinaron el monopolio de la tierra, de alto valor como inversión, y la reunión de la mano de obra esclava necesaria para las grandes plantaciones de caña y los ingenios azucareros. De la misma forma en que las tierras relativamente poco fértiles de Nueva Inglaterra terminaron dando lugar a la pequeña propiedad agrícola y a una acumulación de capital nativo, las tierras tropicales del nordeste brasileño, de extraordinaria capacidad productiva, dieron lugar al latifundio esclavista que bloqueó el camino a un desenvolvimiento capitalista propio. La mano de obra africana fue traída al país por medio de una violencia sin paralelo en la historia de la humanidad, en los célebres navíos negreros, donde se amontonaban seres humemos en una bodega infecta, en viajes de dos y tres meses, que transformaban a una parte de la carga en cadáveres y mutilaba definitivamente a otra, de tal manera que la contabilidad de los traficantes de esclavos siempre preveía una pérdida como resultado del viaje. En los tiempos del embargo al tráfico de esclavos, se volvió común que los navíos negreros arrojaran su carga de miseria humana al mar para evitar la represión de la marina británica. En las plantaciones de azúcar, la suerte del esclavo africano no mejoraba en nada. Los administradores hacían trabajar a los esclavos hasta el límite de sus fuerzas, y para disciplinar las tentativas de rebeldía hacían uso de las más violentas formas de tortura, que iban desde latigazos hasta las más podridas formas de mutilación, como arrancar dientes, ojos, dedos, orejas y senos, en el caso de las mujeres. La violación de las negras se volvió una verdadera institución, practicada incluso por los piadosos frailes de la Iglesia Católica, lo que dio origen al abominable comercio que los padres hacían con los propios hijos, como ocurrió con el notable líder abolicionista y poeta Luiz Gama, hijo de un comerciante portugués con una esclava y que fue vendido por su propio padre. Este martirio increíble llegó al extremo de dar lugar a una forma de resistencia pasiva, conocida como banzo, en la que los negros morían de una inanición espiritual, que era en realidad una forma de suicidio por falta de voluntad de vivir. Ese cuadro dantesco de horrores increíbles no impidió que buena parte de la intelectualidad burguesa, inclusive del modernismo del siglo XX, difundiera la extraordinaria versión de que la esclavitud en el Brasil habría sido una dominación “blanda y humanitaria” (Gilberto Freyre) y exaltase el carácter naturalmente “cordial” (Sergio Buarque de Hollanda) del hombre y de la cultura brasileña, lo que habría desembocado en una sociedad que sería un modelo de “democracia racial”. Se calcula que cerca de 50 millones de almas fueron traídas al Brasil durante los más de 300 años de esclavitud, principalmente de las posesiones portuguesas de Angola, Mozambique, Cabo Verde y Guinea-Bissau. El salvajismo inaudito del régimen esclavista -que no daba al esclavo ninguna alternativa- despertó una dura y permanente resistencia de los negros, que se traducía en millares de revueltas de todos los tamaños y por todo el país, algunas de las cuales, como las revueltas de los negros islámicos, los malés y hussás en Bahía, a comienzos del siglo XIX, e incluso los levantamientos de esclavos, realizados como parte de la campaña abolicionista, como la gran marcha a Sao Paulo y las rebeliones en Campos (Río de Janeiro), al final del mismo siglo, asumieran la forma de verdaderas insurrecciones contra el régimen esclavista. Las rebeliones esclavas, sin embargo, asumieron más comúnmente la forma de los quilombos, los cuales, durante los tres siglos de esclavitud, brotaron en todos los estados del país como hongos después de la lluvia, sin exceptuar a los estados más distantes y menos poblados, como los del norte del país o la región amazónica. En los estados originales de la colonización portuguesa, los esclavos rebelados crearon centenares de quilombos, ocurriendo lo mismo en Minas Gerais, Río de Janeiro, Sao Paulo y hasta Santa Catarina, en el sur del país, algunos de los cuales sobrevivieron hasta la actualidad como comunidades que reivindican la propiedad de las tierras de los antiguos quilombos que les dieran origen. Los quilombos han sido descriptos por muchos historiadores, de manera completamente equivocada, como una forma subalterna de la resistencia a la esclavitud, en la medida en que no tenían una concepción de conjunto, un ‘proyecto político’, etc., sino que se ‘limitaba’ a agrupar esclavos fugados de las plantaciones. En realidad, el quilombo, o sea, la fuga y creación de un foco de resistencia en forma de comunidad productiva, es la forma más tradicional de revuelta de los esclavos en la historia de la humanidad. Al principio de las guerras serviles en Roma, se encontraba el mismo método inevitable: la fuga de los esclavos, muchas veces con la liquidación de los dueños, daba lugar a comunidades fortificadas que, inevitablemente, en la medida en que crecían, eran obligadas a entablar un combate de vida o muerte contra el régimen esclavista para poder sobrevivir. La atribución de un carácter inocuo a los quilombos como instrumento de destrucción del régimen esclavista, parte de una ilusión óptica. La mayoría de los quilombos fueron focos relativamente aislados de resistencia, porque la revuelta de los esclavos no había podido aprovecharse de una crisis interna del régimen o, para utilizar una expresión conocida, la crisis “por abajo” no se había combinado con una crisis “por arriba”, o también, aunque “los de abajo” ya no pudiesen ser gobernados como antes, “los de arriba” continuaban consiguiendo mantener su dominación como antes. Justamente, la importancia histórica del Quilombo de Palmares es que muestra que, frente a la crisis del régimen colonial, la revuelta esclava presentaba un alto potencial subversivo en relación al régimen esclavista en su conjunto. La crisis de las metrópolis y de la colonia Portugal se constituyó como reino independiente de Castilla recién en 1385, cuando un levantamiento nacional inauguró, con Juan I, la dinastía de Aviz. Con la victoria de las fuerzas portuguesas en la batalla de Aljubarrota, se consolidó el nuevo reino, que conocería su fase de mayor prosperidad a partir de 1415, cuando con la conquista de Ceuta, se inicia el expansionismo portugués que, después de la conquista del pasaje del Cabo de las Tormentas (Africa del Sur) por Bartolomé Dias, alcanzará su apogeo en el reino de Manuel I (1495/1521), conocido como “el afortunado”, durante cuyo reinado se realiza el ciclo principal de las navegaciones portuguesas, con el famoso viaje de Vasco da Gama estableciendo el camino marítimo hacia Oriente. El descubrimiento y el inicio de la colonización de Brasil vinieron a culminar esta obra. A fines del siglo XVI, la dinastía Aviz inicia su caída, extinguiéndose con la muerte del rey Sebastián I (1557/1578), muerto con buena parte de su ejército en las cruzadas, en la batalla de Alcácerquibir, contra los moros. A partir de ese momento, debilitada, la nobleza mercantil de Portugal se somete a la Corona española, entonces la mayor potencia europea, en busca de estabilidad política y económica, y así permanecerá desde 1580, con Felipe I (Felipe II de España), hasta 1640, cuando el levantamiento de la aristocracia portuguesa contra Felipe III (Felipe IV de España) separa los dos reinos, estableciendo en el trono portugués a la dinastía bragantina, con Juan IV (1640/1656). En 1624, los holandeses, a través de la llamada Compañía de las Indias Occidentales, invaden Bahía, centro de la colonia, y son expulsados por una fuerza conjunta hispano-portuguesa. En una segunda tentativa, seis años después, los holandeses consiguen apoderarse de la Capitanía de Pemambuco, segundo centro productor de las posesiones portuguesas, permaneciendo en ella hasta 1654. Es en este marco, de la que fue probablemente la mayor crisis de la colonia portuguesa, con los holandeses apoderándose simultáneamente de las tierras africanas de Portugal, que se da el crecimiento del Quilombo de Palmares. La guerra lleva al extremo la debilidad del régimen esclavista, a tal punto que los portugueses ofrecen a los negros la emancipación a cambio de participar en la guerra contra los Países Bqjos y se forma el “tercio” (formación militar tradicional del ejército español de la época) del comandante negro Henrique Dias que, gracias a los servicios prestados, no sólo contra los holandeses sino también contra el propio Palmares, alcanza la condición de hidalgo negro en una tierra de esclavos. Las formaciones quilombolas de la región de Palmares databan de fines del siglo XVI. Allí se reunían los esclavos escapados de las plantaciones de la región, indios e incluso hombres blancos que, por un motivo u otro, sufriesen la opresión o la persecución del régimen colonial. Durante la guerra contra la ocupación holandesa, las comunidades embrionarias recibieron el refuerzo de un incremento de las fugas y de varías rebeliones que, no era raro, terminaban con la muerte de los dueños y administradores de los ingenios, y la fuga en masa de los esclavos. A partir de esto, el Quilombo de Palmares ya no era una comunidad única, sino un conjunto de quilombos llamados mocambos, los cuales pueden haber alcanzado una población de cerca de treinta mil personas, un número extraordinario para la época. Según Décio Freitas (4), “conocemos el nombre y la localización de once poblaciones palmarinas. Macaco, sobre la sierra de Barriga, en un punto al sudoeste de la actual ciudad alagoana de Unión de los Palmares, era la mayor y más importante. Poseía 1.500 casas y una población de cerca de ocho mil habitantes. Estratégicamente era casi inexpugnable y por eso vino a convertirse en la capital de la república negra. Le seguía Amaro, 54 kilómetros al noroeste de Serinhaém, con una extensión de seis kilómetros, mil casas y una población estimada en cinco mil habitantes. En las cabeceras del río Satuba y en las inmediaciones de la sierra de Juyara, a una distancia de 36 kilómetros de Macaco, se levantaba Subupira. Medía 6 kilómetros de extensión y se encontraba a distancia de tres montes. Entre los afluentes Paraibinha y Jundiá, cerca del lugar donde más tarde existió la ‘colonia del limoneroestaba la población de Osenga, 20 kilómetros al oeste de Macaco. Zumbi se encontraba a 96 kilómetros al noroeste de Porto Calvo. Acotirene estaba a 30 kilómetros al norte de Zumbi y 180 kilómetros al noroeste de Porto Calvo. Había dos poblaciones contiguas llamadas Tabocas, y Acotirene, al este de Zumbi. Danbrabanga se levantaba a 84 kilómetros de Taboca, en el lugar donde después existió el poblado de Sabalangá, en el camino de la sierra Dos Hermanos, actual municipio de Viosa. Al noroeste de Alagoas, 150 kilómetros, en la sierra del Cafuxi, quedaba Andalaqui-tuche. En las cercanías de la actual ciudad de Garanhuns estaban las poblaciones de Alto Magano y Curiva” (5). Palmares La organización social y política de los quilombos dio lugar a innumerables especulaciones y confusiones entre los historiadores de diversas tendencias. Algunos creen que Palmares fue una república, otros una monarquía. Aparentemente, los líderes eran elegidos por un consejo de características militares y había una autoridad personal que sería el rey de los quilombos, lo que da a entender que se trataría de una monarquía electiva, como señalaron algunos historiadores. En el período final del quilombo, este puesto fue ocupado por Ganga Zumba, nombre que para algunos designaría al cargo pero que para otros sería el nombre propio del rey. Lo mismo ocurre con Zumbi, que algunos historiadores consideran como la designación de un cargo militar que correspondería al puesto de general. La historiografía más moderna estableció, de manera relativamente sólida, que ambos personajes existieron realmente y que sus nombres no se refieren a cargos y posiciones políticas. Lejos de haber sido un aglomerado caótico, los Palmares parecen haber tenido una organización social y política compleja y muy bien estructurada, con instituciones, leyes y costumbres definidas. Más aún, esas instituciones habrían sido rigurosas, reflejando el estado de guerra permanente del quilombo'. “todos los negros fugitivos que conquistaron su libertad, la conserva-van entre los habitantes de Palmares; todos los que se apartaban de los sembradíos quedaban esclavos. Esta política se desenvolvió mejor y se perfeccionó en la defensa externa e interna, en un esbozo de organización de la justicia y de la guerra. Allí el homicidio, el adulterio y el robo eran castigados con la muerte; también eran condenados a muerte aquellos que, ya siendo libres en Palmares, regresaran voluntariamente al cautiverio a casa de sus antiguos señores; menor era la pena en que incurrían los esclavos de Palmares que se evadían. Debía ser así. La suprema ex en la defensa de Palmares era la capacidad de mantener la libertad adquirida: faltar a ese deber era desertar y traicionar la causa común, y la máxima pena debía utilizarse en su defensa, para erguir y sostener a los ánimos dubitativos” (6). El historiador, hostil a los quilombolas, retrata la extraordinaria tensión de las fuerzas en la lucha por la libertad y el principio constitutivo de la organización del quilombo de manera indiscutible. Desde el punto de vista económico, los quilombos se habían organizado a través de la producción agrícola y del artesanado -muchos esclavos tenían conocimiento de profesiones técnicas, inclusive había armeros y. metalúrgicos- volcado hacia las necesidades de la comunidad, y realizados comunitariamente; parece no haber dudas del éxito económico del quilombo, retratado en los diversos relatos del intenso comercio entre los habitantes del quilombo y los de las regiones próximas, con los cuales los ex esclavos cambiaban principalmente productos agrícolas y ganado por armas y municiones. Según Edison Carneiro, “una de las actividades principales de los negros palmarinos era la agricultura. Los hombres del quilombo labraban la tierra, beneficiándose de la experiencia que traían como trabajadores de filas, en las plantaciones y cañaverales de los blancos”. “El cultivo más importante era el del maíz, que plantaban y recolectaban dos veces por año, descansando después de dos semanas, ‘entregándose sólo al placer’ pero también plantaban, de acuerdo con Bar-leus, arroz, batata, mandioca. La expedición Blaer-Reijmbach (1645) encontró grandes plantaciones, ‘en la mayor parte de maíz nuevo’. Cultivos igualmente importantes eran el de la banana y el de la caña de azúcar. Los holandeses, en 1645, tuvieron que atravesar, en el camino de los Palmares, ‘un denso cañaveral de una extensión de dos millas’ y después de pasar el ‘viejo’ Palmares, anduvieron cerca de una milla y media, ‘siempre por dentro de sembradíos o plantaciones abandonadas’ donde encontraron bananas y cañas para matar el hambre” (7). El mismo autor señala también que “la expedición holandés a de 1645 encontró cuatro forjas en los Palmares y el gobernador Fernao Coutinho, en 1671, decía que los negros rebelados ya poseían 'ferreterías’ y otros talleres, con las que podían hacer armas, además usan algunas de fuego que se llevaron; y este ser-tón es tan rico en metales y en salitre, que les ofrece todo para su defensa, si no les faltan la industria, que también pueden tener con los muchos que huyen, ya prácticos en todos los oficios…” (8). En contraste con esta situación, señala que “Fuera del quilombo, los habitantes llevaban una existencia miserable, empobrecidos por el dominio holandés y por las continuas contribuciones, más tarde, para la guerra contra los palmares. Especialmente los habitantes de las villas de Alagoas, Porto Calvo, Serinhaém y Río de San Francisco (Penedo)”. La guerra contra Palmares Durante todo el período de existencia del quilombo, la Corona portuguesa y, por un período, el gobierno holandés del Brasil, enviaron decenas de expediciones contra Palmares, de las cuales más de 30 tuvieron lugar después de la expulsión de los holandeses de Pernambuco. Terminado el largo período de guerra contra los holandeses, los señores de los ingenios y el gobierno portugués intensificaron la campaña contra Palmares, recogiendo en la mayoría de las ocasiones resonantes fracasos a manos de los quilombolas, decididos, bien armados y fortificados. Los reductos de los pal-marinos estaban protegidos por las condiciones naturales, en medio de selvas y montañas que dificultaban el acceso de las expediciones represivas, así como el transporte de armamentos y la comunicación con las ciudades. La primera expedición exitosa, que abre una aguda crisis en el quilombo, fue dirigida por Femao Carrilho, en 1677. Soldado de carrera, Carrilho conquistó la patente de capitán de infantería a través de la represión de los mocambos y quilombos de la región. Después de una serie de incidentes, en que perdió la mitad de sus hombres, la expedición consiguió invadir la población de Amaro, hiriendo al jefe Ganga Zumba, matando a varios importantes líderes quilombolas y haciendo cerca de 200 prisioneros. De vuelta en Porto Calvo, Carrilho presentó el resultado de su expedición como “destruidos los Palmares y vencidos los negros”, lo que estaba lejos de ser verdad. Sin embargo, el éxito relativo de la expedición provocó una escisión en el interior de los Palmares. El jefe Ganga Zumba decide establecer una negociación con los blancos y procurar un tratado de paz. Una delegación es enviada a la ciudad para negociar con el gobernador general, que la recibe como a una delegación gubernamental. A partir de ese momento, queda establecido un acuerdo en el que el gobierno se compromete a respetar la libertad y la autonomía de los palmarinos, con la condición de que éstos abandonen los Palmares -cuyas tierras fértiles eran codiciadas por los blancos-, estableciendo una comunidad en el interior, en un lugar llamado Ca-caú, que entregasen todos los esclavos fugados no nacidos en los Palmares y depusiesen las armas. El acuerdo final fue firmado en Recife, capital de la Capitanía, personalmente por el propio Ganga Zumba, el 5 de noviembre de 1678. Zumbi La mayoría de los quilombolas acabará dando la espalda al jefe Ganga Zumba y continuará la lucha bajo el comando de un nuevo jefe, Zumbi, comandante militar del quilombo. La incertidumbre respeto de la historia de Palmares son todavía mayores en el caso del famoso jefe negro. Algunos historiadores sostienen que se llamaba Francisco, que había sido esclavo de un sacerdote que lo educó y le enseñó a leer, a escribir y algún conocimiento de latín para el oficio de monaguillo. Según esta versión, el chico, educado en el catolicismo, habría huido, abandonando sus creencias y adoptando un nombre africano. Es más probable que, como sostiene Dédo Freitas, habría nacido libre en Palmares, estuviera casado y tuviera hijos. Más recientemente, el antropólogo Luis Mott levantó la hipótesis de que el líder negro habría sido homosexual, lo que provocó una injustificada y reaccionaria respuesta agresiva de varios sectores del movimiento negro. Lo que es cierto es que alrededor de Zumbi se agrupó la mayoría de los quilombolas y apenas mil personas siguieron a Ganga Zumba a Cacaú. Zumbi retornó a Macaco impidiendo la colonizadón planeada por los latifundistas; y organizó un plan para destruir Cacaú, que se erguía como una amenaza a la lucha contra el opresor blanco. Contra lo que pensaban los señores de los ingenios y el gobierno colonial, el quilombo todavía estaba lejos de terminar. Serían necesarios otros dieciocho años de lucha. Los adeptos de Zumbi se infiltraron entre los habitantes de Cacaúy elaboraron un plan para envenenar a Ganga Zumba y, a partir de ahí, lanzar una insurrección que tomase a cargo a la población, llevándola de vuelta a Palmares. Según la versión presentada por Edison Carneiro, los conspiradores llegaron a envenenar a Ganga Zumba, pero la conspiración fue descubierta prematuramente por algunos de los hombres de confianza del antiguo jefe, lo que posibilitó la intervención de las tropas gubernamentales que aplastaron la insurrección, lo que de cualquier manera llevó a la destrucción de Cacaú. Enfrentando una situación de emergencia, Zumbi estableció en los Palmares una especie de gobierno de salvación pública, o sea, una dictadura revolucionaria, imponiendo la ley marcial, la militarización de todo el quilombo y la pena de muerte para los desertores. Según Décio Freitas, “hay informaciones precisas de que sin pérdida de tiempo Zumbi subordinó toda la vida de Palmares a las exigencias de la guerra implacable que se anunciaba. Desplazó poblaciones enteras a lugares más remotos, incorporó a las milicias y sometió a adiestramiento intensivo a todos los hombres sanos. Multiplicó los puestos de vigilancia y de observación en los bordes de la selva. Despachó agentes para reunir armas y municiones. Reforzó las fortificaciones de Macaco, a punto de tornarla casi inexpugnable. Finalmente decretó la ley marcial: los que intentaran desertar hacia Cacaú serían pasados por las armas” (10). El giro en la situación de los acuerdos concluidos por Ganga Zumba con el gobierno colonial ponen en evidencia el valor de Zumbi como líder político y militar, y una determinación revolucionaria que justifica plenamente la comparación con el gran líder de las revueltas esclavas de la Antigüedad, que casi puso al imperio romano de rodillas, Espartaco. NOTAS: 1. Nina Rodrigues, Os Africanos no Brasil 2 . Décio Freitas, Palmares, la guerra de los esclavos, originalmente Palmares, la guerrilla de los esclavos 3 . Clovis Moura, Quilombos y rebelión negra 4 . Decio Freitas, Op. Cit. 5 . Decio Freitas, La Guerra de los Esclavos 6 . Nina Rodrigues, Op. Cit. 7 . Edison Carneiro, O Quilombo dos Palmares 8 . Idem 9 . Idem 10 Decio Freitas, Op. Cit.

1 de diciembre de 1995
‘La Tragedia de Bujarin’ de Donny Gluckstein

‘La Tragedia de Bujarin’, de Donny Gluckstein (1), es una bien documentada biografía política de quien fuera —hasta su fusilamiento por Stalin en el ‘Tercer Proceso de Moscú’, de 1938— uno de los principales dirigentes del Partido Bolchevique ruso. “Excepto el propio Stalin, Bujarin fue el individuo que más contribuyó a la victoria del sistema stalinista” (2). El biógrafo, por cierto, no es condescendiente con su personaje. Como señala Gluckstein, la importancia de Bujarin excede a su papel histórico para alcanzar ciertas cuestiones de actualidad. A mediados de la década del '70, comenzó un movimiento de *re valorización’ de sus escritos de 1924/29 por parte de académicos occidentales y de elementos de la propia burocracia soviética. “Bujarin fue un prominente bolchevique que participó en la Revolución de Octubre y editó el Pravda, el periódico del partido. Después de la muerte de Lenin en 1924 promovió vigorosamente el desarrollo más amplio de las relaciones de mercado … (lo que lo) cubría con la necesaria credibilidad para ser el campeón del nuevo credo del socialismo de mercado” (3). El clímax de la ‘revalorización’ de Biyarin llegó con el ascenso de Gorbachov, quien encontró en Bujarin “una figura con autoridad que pudiera justificar el giro hacia un capitalismo basado en el mercado, desde dentro de las tradiciones del partido comunista”. Con el golpe de 1991 en la URSS y el hundimiento de Gorbachov, terminaron también las ‘revalorizaciones’: con Yeltsin, la burocracia asumió en forma abierta su objetivo de restaurar el capitalismo en la ex URSS y ya no necesitó de la ‘autoridad’ de Bujarin … Otra vez, como en 1924/29, las teorías de Bujarin fueron un arma de la burocracia contra los trabajadores. I. Bujarin ultraizquierdista Hasta fines de 1921, Bujarin fue un notorio ultraizquierdista, algo que sistemáticamente omiten sus ‘revalorizadores’. Negaba la vigencia de la lucha por las reivindicaciones parciales y, en los países oprimidos en particular, negaba la vigencia de las reivindicaciones nacionales y democráticas. En sus propias palabras: “La época imperialista es una época de absorción de pequeños estados por grandes estados… Por lo tanto es imposible luchar contra la esclavización de las naciones de otra manera que luchando contra el imperialismo, ergo contra el capital financiero, ergo contra el capitalismo en general. Cualquier desvío de la ruta, cualquier promoción de tareas ‘parciales’, de la ‘liberación nacional’ dentro del dominio de la civilización capitalista, significa un desvío de las fuerzas del proletariado de la actual solución del problema” (5). … “El centro de gravedad de la lucha del proletariado debe cambiar de la esfera de la lucha en favor de las consignas democráticas generales a la esfera de las consignas socialistas del proletariado – socialistas en el estricto sentido de la palabra” (6). Gluckstein señala como la base del ultraizquierdismo de Bujarin sus teorías sobre el imperialismo y el estado. En un artículo publicado poco después de completar El imperialismo y la economía mundial, plantea, por ejemplo, que ‘el proceso de organización suprime gradualmente la anarquía de los distintos componentes del mecanismo económico nacional…” (7); de la imposibilidad de obtener conquistas sociales estables en la época imperialista deduce el abandono de estas luchas. El internacionalismo de Bujarin asume, algunas veces, características semi-caricaturescas. Trotsky recuerda con relación a la firma del tratado de Brest-Litovsk, que “Bujarin estimaba que era inadmisible cerrar ningún género de convenio con los imperialistas” (8), porque “si cualquier contingente de trabajadores rechaza luchar contra el imperialismo aquí y ahora, está rompiendo las filas del frente común; actúa como un rompehuelgas” (9). ¿Cómo se transformó este ultraizquierdista en el ‘socialista de mercado’ que reivindican sus ‘revalorizadores’? Aunque parezca paradójico, el ‘comunismo de guerra’ jugó un papel en esta transformación, porque Bujarin convirtió lo que era una maniobra dictada por las necesidades de la guerra en la ‘teoría’ general del desarrollo de la sociedad socialista. Cuando el estado soviético, obligado por las circunstancias, se vio obligado a abandonar el ‘comunismo de guerra’ para retornar a los “métodos comerciales” (10), el ultraizquierdista Bujarin se convirtió en el campeón del ala derecha de la burocracia. Bujarin y la Nep: “Enriqueceos” Gracias al ‘comunismo de guerra’, los bolcheviques realizaron la proeza de ganar la guerra civil. Pero el costo fue altísimo: la producción cayó —en 1921— al 20% del nivel de 1913; el sistema monetario estaba desquiciado. El fin de la guerra agudizó la crisis: los campesinos —pasado el temor a la restauración del poder de los nobles y los terratenientes— se negaban a seguir aceptando las requisiciones de granos; el hambre azotaba a las ciudades; la industria nacionalizada estaba al borde del colapso y la clase obrera diezmada por el hambre, el desempleo y la pérdida de sus elementos más activos (en la guerra o integrados al aparato estatal). La rebelión de Kronstad —un antiguo bastión revolucionario—fue la señal de que un giro político era inevitable. En marzo de 1921, la autorización de la circulación de mercancías en la agricultura —política conocida como Nep (Nueva Política Económica)— tuvo como primer propósito la restauración de las relaciones económicas entre la ciudad y el campo, que permitiera el abastecimiento de las ciudades y la industria. Los éxitos iniciales de la Nep fueron espectaculares: a partir de 1923, gracias al impulso proveniente del campo, la industria se reanimó a paso vivo. La producción se dobló en 1922 y en 1923, y en 1925 recobró el nivel previo a la guerra, lo que significaba que se había quintuplicado desde 1921. Para Trotsky, “la verdadera esencia de la Nep consiste tanto en la colaboración como en la competencia entre las tendencias capitalistas y socialistas en nuestra economía” (11), que, en última instancia, sólo puede ser resuelta por una lucha a escala nacional e internacional. Bujarin, en cambio, vio en el automatismo de las fuerzas del mercado, establecidas en un marco meramente nacional, la vía para un desarrollo pacífico y sin sobresaltos hacia el socialismo, “un mecanismo auto-regulado de transición hada el socialismo. En lugar del voluntarismo, estableció la noción de que sólo es necesario sentarse y esperar que el mecanismo económico genere el socialismo” (12). Pero la pequeña producción y la circulación de mercancías no son neutrales: engendran a cada paso la anarquía de la producción, la explotación y la acumulación privada, es decir, engendran el capitalismo en pequeña escala. En 1922, Bujarin planteó desmontar el monopolio estatal sobre el comercio exterior. Según Lenin, “en la práctica, Bujarin actúa como abogado de los especuladores, de la pequeño-burguesía y del estrato superior de los campesinos en oposición al proletariado industrial (13). En 1923, la Oposición advirtió que si el ritmo de desarrollo industrial continuaba retrasándose, el Estado no podría abastecer al campesino de los bienes que éste requería. Por este camino estaba amenazada la alianza obrero-campesina que cimentaba el poder de los Soviets. La política del Estado soviético debía oscilar entre la necesidad de la industrialización y la de mantener el equilibrio social entre el campo y la dudad. La Oposición, en consecuencia, planteó la necesidad de lanzar un plan de industrialización financiado mediante impuestos a los campesinos ricos y a los especuladores. Trotsky puntualizaba además que ni la industrialización ni la planificación centralizada podrían resolver los problemas provocados por el aislamiento del Estado soviético, los cuales se dirimirían en el terreno de la revolución mundial. Bujarin, en cambio, fomentaba conscientemente la diferenciación social en beneficio de los campesinos ricos. “La relación entre los kulaks, los ‘nepmen’ y la política de Bujarin era obvia. Mientras la Oposición de Izquierda priorizaba los intereses internacionales de la clase obrera y, a partir de éstos, elaboraba los compromisos impuestos por las circunstancias, Bujarin comenzaba por priorizar la expansión del poder de compra del campesinado. Esto lo llevó inevitablemente a favorecer a aquéllos que comerciaban los mayores excedentes de las granjas más ricas, porque, como él mismo planteó: ‘es patentemente claro que la acumulación está absolutamente confinada a la estructura de las secciones más ricas’.” (14). Para Bujarin, la expansión de la economía mercantil en el campo garantizaría la industrialización del país y el desarrollo del socialismo… aunque fuese ‘a paso de tortuga “Enriqueceos”: la famosa fórmula con que Biyarin alentó a los campesinos ricos a aumentar la producción, es una síntesis perfecta de su política. En 1925/26, la política bujarinista llegó a su clímax. “Se advertía en todas partes la corriente ascendente del capitalismo” (15). El 60% de los granos comercializables estaba en manos del 6% de los agricultores: los campesinos ricos no sólo podían someter a las ciudades al hambre sino que, además, tenían en su puño el comercio exterior soviético, que dependía de las exportaciones de granos para la importación de maquinarias. Las consecuencias de la política de Bujarin fueron catastróficas para la revolución. Trostky las resume así: “Impidiéndola industrialización y perjudicando a la gran mayoría de los campesinos, la política de orientación hacia los kulaks reveló sin equívocos sus consecuencias políticas, desde 1924/26: al inspirar una confianza extraordinaria a la pequeño burguesía de las ciudades y el campo, la condujo a apoderarse de numerosos soviets locales; acrecentó la fuerza y la seguridad de la burocracia; aumentó su peso sobre los obreros; provocó la supresión completa de toda democracia en el partido y enla sociedad soviética” (16). Al dar “libertad a las tendencias capitalistas en la agricultura” (17), la política de Bujarin volvió a plantear el espectro del hambre en las ciudades. Fueron necesarias ‘medidas excepcionales’ -es decir, nuevas requisiciones de granos- para alimentar a las duda-des. En las crisis de 1927 y 1928, las 'fuerzas autónomas del mercado’ se revelaron incapaces de resolver la cuestión clave del desarrollo industrial. La política de Bujarin había llegado a su límite. III. Bujarin, destructor del Partido Bolchevique “El segundo capítulo de la Revolución de Octubre no se caracteriza simplemente por el desarrollo del status económico de la pequeño-burguesía en la dudad y en el campo, sino por un infinitamente agudo y más peligroso proceso de desarme político y teórico de la clase obrera” (17). La ‘teoría del socialismo en un solo país’ —es decir por primera vez por Stalin en 1924, después de la derrota del proletariado alemán, pero sistematizada y propagandizada por Bujarin— significa la proclamación de los ‘intereses nacionales’ de Rusia —es decir, de su burocracia- por encima de los intereses de la clase obrera mundial, y el reemplazo del internacionalismo por el nacionalismo. Según la ‘nueva teoría podría organizarse el socialismo en un Estado nacional aislado a condición de que no se produjera una intervención armada dd imperialismo, lo que constituía una completa ruptura con la tradición política y teórica del Partido Bolchevique. La ‘fuerza’ de las ideas de Bujarin provenía de la capa social que representaba —la todopoderosa burocracia— y de los medios materiales y represivos a su disposición. La crítica de Bujarin a Trotsky fue acompañada de la ‘crítica práctica’: del alejamiento de los oposicionistas de los puestos de relevancia y, luego, las deportaciones, los arrestos, la reclusión en campos de concentración y los fusilamientos. En esto, existió una verdadera ‘división del trabajo’ entre Bujarin y Stalin. Gluckstein puntualiza que: “(Bujarin) rivalizó con el secretario general (Stalin) por el papel de cazador de bribas general, persiguiendo toda oposición interna y defendiendo a la burocracia gobernante de la herejía. No hay laureles que redamar por esta conducta, pero es importante enfatizar que en el terreno de la teoría y de la estrategia política, Bujarin nunca fue un vocero de Stalin… En otras palabras, Bujarin no fue engañado; ayudó a Stalin por su propios motivos y con los ojos bien abiertos” (19). IV. El gran coorganizador de derrotas Uno de los capítulos más importantes —y más logrados— del libro de Gluckstein es el referido a la actuación de Bujarin como principal dirigente de la Internacional Comunista entre 1925 y 1928. “Las absolutas calamidades que provocó demuestran mejor que nada la ciénaga en que había caído Bujarin” (20). El autor hace notar que sus ‘revalorizadores’ omiten sistemáticamente referirse a la actuación de Biyarin como dirigente de la IC. La política seguida por Bujarin al frente de la IC fue un factor de primer orden en la degeneración del Estado obrero soviético y en el aplastamiento del proletariado. "… como formación dirigente y privilegiada, (la burocracia soviética) aprenda infinitamente más la ayuda y la amistad de los radicales burgueses, de los parlamentarios reformistas y de los burócratas sindicales, que la de los obreros separados de ella por un abismo” (21). Las dolorosas catástrofes de la IC en Gran Bretaña y China son la prueba más expresiva del papel de Bujarin como ‘gran co-organizador de derrotas’ del proletariado mundial. El desastre de la huelga británica y, sobre todo, el de la revolución china, repercutió hondamente en la situación interna de la URSS. La Oposición de Izquierda fue definitivamente derrotada, y sus cuadros y militantes expulsados del partido, encerrados y deportados masivamente; Trotsky fue desterrado al Asia Central. Distorsión histórica y política Apartar de 1927/28 —bajo el látigo de la crisis— la burocracia se vio obligada a recurrir a nuevas requisiciones de granos para alimentar a las duda-des. Ante la resistencia de los campesinos ricos, las ‘medidas excepcionales’ se convirtieron en norma y dieron paso, sin que nadie lo esperara, a una ‘colectivización’ forzada de la agricultura. Sin preparación política o técnica, sin medios materiales a su disposición, llevada adelante con medios salvajes, la ‘colectivización’ provocó una verdadera guerra civil en el campo. Paralelamente, y con los mismos métodos, la burocracia lanzó una ‘industrialización’ que implicó un sacrificio devastador para la dase obrera. Derrotada la Oposición de Izquierda, y como ésta había pronosticado, se rompió el bloque entre Stalin y Buja rin. Trotsky distinguió entre un “ala derecha” (Bujarin) y un “centro" (Stalin) déla siguiente manera: “la actitud de esos elementos (bujarinistas) hacia la Oposición es de un odio orgánico. Esta fracción conservadora, que constituye el más poderoso apoyo de Stalin en su lucha contra la Oposición, es partidaria de ir mucho más lejos a la derecha, en dirección de los nuevos elementos propietarios, que Stalin mismo, o que el núcleo fundamental de su fracción” (22). A diferencia de la Oposición de Izquierda, la fracción bujarinista no libró lucha política alguna contra la fracción stalinista —a pesar del enorme poder político con que contaba (Bu-jarin era miembro del buró político y editor del diario del partido, mientras que sus aliados dirigían la central sindical —Tomsky—, el aparato estatal —Rikov— y el aparato partidario de Moscú —Uglanov—. Su declaración de ruptura con Stalin (enero de 1929) y su 'Nuevo Programa,’ no salieron del papel. Bujarin y sus aliados derechistas capitularon casi de inmediato; poco después, el propio Bujarin reconoció que “no luché y no lucharé” (23). Los derechistas fueron 'reabsorbidos’ y el propio Bujarin —sumado al coro de glorificadores del 'gran conductor’— ocupó altos puestos en el Estado y el partido hasta el día de su detención, en marzo de 1937. Un año después fue fusilado. Donny Gluckstein concluye que a partir de la victoria de Stalin sobre las oposiciones de Izquierda y de Derecha, la URSS dejó de ser un Estado Obrero degenerado para convertirse en un régimen “capitalista de estado”, y que su burocracia gobernante dejó de ser una capa social parasitaria para transformarse en una “nueva clase social explotadora”. El autor no hace ningún esfuerzo por explicar en qué consistiría precisamente ese ‘capitalismo de estado’. A diferencia del rigor sociológico de Trotsky, apela a las ‘frases fuertes’. Donde más se acerca a una caracterización, Gluckstein señala que “el resultado de la contrarrevolución (stalinista) fue una forma de gobierno sin precedentes en la historia… el régimen stalinista no es una burocracia ordinaria (porque) tiene el control de considerables medios de producción y ahora, en 1928/29, secciones de ella son capaces y están listas para actuar independientemente no sólo de los trabajadores, sino también de los campesinos” (24). El argumento de Gluckstein no demuestra nada. ¿Qué relación guarda con los medios de producción, la'nueva clase social explotadora’, si no es el mero parasitismo del ‘control’, como el mismo Gluckstein reconoce? Trotsky ya había señalado que “bajo ningún otro régimen, la burocracia alcanza semejante independencia… en este sentido, no se puede negar que es algo más que una simple burocracia. Es la única capa social privilegiada y dominante, en el sentido pleno de estas palabras, en la sociedad soviética”. Pero esto, advertía inmediatamente, no la convierte en una “nueva clase social explotadora”, porque “la burocracia no le ha creado una forma social a su dominio bajo la forma de condiciones particulares de propiedad” (25). Debatiendo la tesis del 'capitalismo de estado’, Trotsky escribió que “En el plano de la teoría, podemos representarnos una situación en que la burguesía entera se constituyera en sociedad por acciones para administrar, por medio del Estado, a toda la economía nacional. El mecanismo económico de un régimen de esta especie no ofrecería ningún misterio. El capitalista, lo sabemos, no recibe bajo forma de beneficio la plusvalía creada por sus propios obreros, sino una fracción de la plusvalía del país entero, proporcional a su parte de capital. En un ‘capitalismo de estado’ integral, la ley del reparto igual de los beneficios se aplicaría directamente, sin concurrencia de los capitales, por medio de una simple operación de contabilidad. Jamás ha existido un régimen de este génerot ni lo habrá jamás, a causa de las contradicciones profundas que dividen a los poseedores entre sí… La primera concentración de los medios de producción en manos del Estado conocida por la historia, la realizó el proletariado por medio de la revolución social y no los trusts capitalistas estatizados (26). Habiendo definido al “régimen stalinista (como) una forma de gobierno sin precedentes en la historia” y al proceso que lo hizo nacer como “una contrarrevolución”, el ‘capitalismo de estado’ soviético sería la primera formación social en la historia que surge, no de una revolución, sino de una contrarrevolución. Más aún, el ‘capitalismo de estado’ —o “sistema stalinista”, como también lo llama Gluckstein— habría sido la única formación social en la historia capaz de alterar de coiy unto las relaciones sociales existentes —volviendo a convertir a la clase obrera en una clase explotada y transformando a la burocracia en una nueva capa social explotadora— sin alterar las relaciones de propiedad, las que, por lo tanto, habrían dejado de ser—según las conocidas palabras de Marx— “la expresión jurídica” de las primeras. La concepción que sostiene Gluckstein del ‘capitalismo de estado’ revela una completa incomprensión política e histórica: junto a una contrarrevolución, que habría producido una transformación de las relaciones sociales pero no de las formas de propiedad (1928/29), tendríamos ahora (con Gorbachov/Yeltsin) otra contrarrevolución que, al revés, transformaría las formas de propiedad (de 'capitalismo de estado’ al capitalismo privado), pero no las relaciones sociales, ya capitalistas desde 1928. Según Gluckstein, aunque Trotsky fue el único que vio el carácter de la burocracia como árbitro entre los trabajadores, de un lado, y la burguesía, del otro, y también señaló que la burocracia, como capa social diferenciada, tenía intereses sociales específicos, “el error de Trotsky fue no desarrollar más allá sus análisis cuando la burocracia tomó una dirección completamente inesperada… (Trotsky no comprendió que)… bajo la guía ideológica de Buj arin y el puño administrativo de Stalin, la degeneración (del Estado Obrero) alcanzó el punto en que la cantidad se transforma en calidad” (27). Debatiendo con la tendencia que caracterizaba a la URSS como un ‘capitalismo de estado’ (que se desarrolló en el SWP norteamericano a fines de la década del '30), Trotsky planteaba así el problema: “¿Pasaron estos cambios (que ha sufrido el Estado soviético durante su existencia) de la etapa cuantitativa a la cualitativa? Es decir: ¿crearon una dominación históricamente necesaria por parte de una nueva clase explotadora?" (28). “Trotsky también podría ser criticado por subestimar la amenaza de Stalin.(29). Para Gluckstein es falso que la fuerza motriz de la reacción restauracionista proviniera del kulak, cuyo fortalecimiento era el corazón de la política bujariniana. Al contrario, “después de 1928, Bujarin no debe ser colocado a la derecha de Stalin sino entre Stalin y Trotsky” (30). Pero si Bujarin estaba ubicado en el ‘centro’, ¿entre qué polos oscilaba? ¿Entre el kulak y el proletariado? ¿Entre la burocracia y la clase obrera? ¿Entre los campesinos ricos y los burócratas? Gluckstein no lo define, porque le sería imposible encontrar la menor señal de tal oscilación. Gluckstein presenta a Bujarin como un centrista, a pesar de reconocer que “(en 1928) Bujarin no ha cambiado fundamentalmente sus posiciones” (). Al contrario, “si el gobierno hubiera llevado a cabo el programa (de 1928) de Bujarin, su control de la situación hubiera sido extremadamente tenue y expuesto a sacudidas brutales … (En tales circunstancias) no hubiera sido posible evitar explorar una nueva línea de acercamiento para ganar la buena voluntad de la capa superior del campesinado, abriéndole avenidas de influencia política … Bsgo la influencia del capitalismo internacional, esto abriría el camino a un capitalismo privado integral en la URSS” (32). Si Bujarin hubiera sido el ‘centrista’, como pretende Gluckstein, hubiera debido correrse de la derecha a la izquierda… pero, como puede verse, su programa frente a la crisis planteaba una profundización del curso derechista que había sostenido hasta entonces. Por el contrario, fue la burocracia stalinista la que abandonó la política ‘hacia los kulaks’ y pegó un giro hacia la industrialización (es decir que protagonizó un zig-zag hacia el programa que venía sosteniendo la izquierda); esto la tipifica como centrista y demuestra el acierto de la caracterización de Trotsky que Gluckstein impugna. Lo hizo con sus propios métodos y objetivos, empíricamente, b^jo los golpes de la crisis… pero esto no hace sino resaltar su carácter centrista. La distorsión histórica que presenta Gluckstein se percibe en que cuando la fracción stalinista pega objetivamente un 'viraje a izquierda’, el autor la presenta moviéndose a la derecha; cuando la fracción bujarinista profundiza su orientación 'hacia los kulaks’, la presenta evolucionando hacia el centro… “El error de Trotsky fue ver esta amenaza de largo plazo (Bujarin) como más seria que la inmediata y directa contrarrevolución de Stalin. Esto plantea la cuestión de si un bloque con Bujarin, que Trotsky consideró y rechazó, hubiera sido una táctica útil”(33). Aunque no se pronuncia tajantemente, el autor parece sugerir que un ‘bloque 7Voís%-5iyorm'podríahaber-se basado en una comunidad de intereses entre la clase obrera y los campesinos ricos contra la burocracia: “Cuando Bujarin depende los derechos de los campesinos contra Stalin en 1928 — dice— existe una importante diferencia con lo que hizo antes: defender al campesino pequeño-burgués contra la contrarrevolución… el mayor enemigo de la clase trabajadora… no significa ahora debilitar a los trabajadores” (34). Aunque restauracionista, Bujarin sería para Gluckstein no ya un ‘peligro lejano’ sino incluso un ‘aliado’ de los trabajadores y del socialismo, porque ayudaría a ‘debilitar a su mayor enemigo de dase’. Por este camino —que comenzó con la caracterización de la URSS como un régimen ‘capitalista de Estado’- Gluckstein se ha convertido en un ‘revalorizador’ de Bujarin… aunque a diferencia de los gorba-chovianos —que lo reivindicaban por restauracionista—, él lo reivindica como un virtual obstáculo a la restauración … Es claro que un ‘bloque Trots-ky-Bujarin’e staba por coinpleto ‘fuera de agenda’ por una muy sencilla razón de clase: la imposibilidad de conciliar, en un programa común, a una tendencia burocrática y restauracionista con otra proletaria y socialista. La distorsión histórica que produce el autor tiene su raíz en la caracterización que hace de la colectivización stalinista como una contrarrevolución capitalista. Es decir que el 'Thermidor’ no hace su debut en 1923/24, sino en 1928/29. ¿Pero la colectivización stalinista no dio una respuesta a la amenaza de capitalismo integral’ del programa de Bujarin? La pretensión de Gluckstein de que la política restauracionista de Bujarin sólo representaba un peligro ‘en el largo plazo’ es arbitraria. En primer lugar, porque, como el propio Gluckstein reconoce, nuevas concesiones económicas a los campesinos ricos sólo podían ir de la mano de concesiones políticas, que acelerarían la restauración. En segundo lugar, porque no es posible —como hacía Bujarin— ‘abstraerse del factor internacional’. Tomemos un solo ejemplo, el del pacto Hitler-Stalin, firmado apenas un año después del fusilamiento de Bujarin. Si la política de concesiones económicas —y políticas— a los campesinos ricos que preconizaba Bujarin hubiera seguido su curso, con la firma del tratado el campesino rico habría encontrado en el capitalismo alemán una vía para restablecer rápidamente sus nexos con el mercado mundial, dándole de esta manera yina base económica y política poderosísima a la restauración. Lo mismo podría afirmarse que hubiera sucedido en los territorios soviéticos ocupados por los nazis en la segunda guerra mundial. La consecuencia de los ‘errores’ de Trotsky—que le adscribe Gluckstein—, es que “sus pronósticos de 1928/29 en adelante se probaron errados casi en su totalidad”. Para probarlo, reproduce a Trotsky: “Una política derechista es posible, llevando a obvias y relativamente rápidas ‘ganancias’ para el capitalismo. Una política de izquierda es igualmente posible, una política sistemática de dictadura del proletariado, construcción socialista y revolución mundial. Lo que no es una política posible ni durable (es) el 'combinacionismo’ centrista mientras mantiene suprimido al partido y continúa reprimiendo a su ala izquierda” (35). Pero esto estuvo lejos de ser un desacuerdo, porque precisamente, después de perseguir sus propios intereses sociales mediante una política derechista, la burocracia pegó un ‘giro’ y pasó a defender esos mismos intereses combatiendo a la derecha. Esto es una prueba adicional de que la fracción de Stalin constituía verdaderamente el ‘centro’. Gluckstein presenta el enfrentamiento entre Bujarin y Stalin como la expresión del enfrentamiento entre dos formas de propiedad capitalista (privada versus estatal). Pero como en 1928 la Oposición de Izquierda ya estaba derrotada, debería concluirse, siguiendo a Gluckstein, que la transformación del Estado Obrero degenerado en un ‘capitalismo de estado’ se habría producido como consecuencia de la derrota de la fracción que expresaba la tendencia a la restauración capitalista privada, a manos de la que representaba la restauración capitalista estatal… Según Gluckstein, la suerte del Estado Obrero no habría sido decidida por el enfrentamiento a escala internacional entre la burguesía y el proletariado, sino por el enfrentamiento, en un plano estrictamente nacional, entre dos fracciones igualmente procapitalistas. Las contradicciones a que conduce la ‘teoría del capitalismo de estado’ son interminables. Gluckstein acusa a Trotsky de “no desarrollar más allá sus análisis”. Pero si el autor hubiera ‘desarrollado más allá’ los suyos propios, debería concluir que la restauración del capitalismo en la URSS se produjo, no en 1928, sino en 1923/24, cuando el bloque Stalin-Bujarin (es decir, el frente de los partidarios de la restauración capitalista, con independencia de sus formas) derrotó a la Oposición de Izquierda, o al finalizar el comunismo de guerra. Pero si Gluckstein —sigue considerando al Estado soviético hasta 1928 como un Estado Obrero degenerado, ¿por qué habría de alterar esa naturaleza social la victoria de la fracción stalinista sobre la bujarinista? Más aún, si Gluckstein continuara 1desarrollando más allá’ sus ideas acerca de que la 'industrialización* es el punto de partida decisivo del nuevo régimen ‘capitalista de Estado', debería colocar a Trotsky no en la 'izquierda' sino en el 'centro’ porque como el propio Trotsky recuerda, la Oposición fue la primera en abogar por un plan de industrialización y por combatir a los kulaks. Si Gluckstein 'fuera afondo’ con su análisis, estaría obligado a presentar a Stalin a la derecha, a Trotsky en el centro y a Bujarin a la izquierda, es decir, la misma disposición de fuerzas que presentó la ‘historia oficial’ de la burocracia gorbachoviana respecto de las tendencias del Partido Bolchevique. O lo que es lo mismo, coincidir con los 'revalorizadores’ gorbachovianos de Bujarin, a los que explícitamente, en la primera página de su libro, se propone criticar. NOTAS: 12345. Nicolai Bujarin, reproducido por Donny Gluckstein, op. cit 6 . Nicolai Bujarin, reproducido por Donny Gluckstein, op. cit. 7 . Donny Gluckstein, Op. Cit 8 . León TVotsky, Mi Vida, Juan Pablos Editor, México, 1937 9 . Donny Gluckstein, Op. Cit 10. LeónTVotsky, LaRevolución Traicionada, Editorial Crux, La Paz. 11. LeónTVotsky, El desafio de la Oposición de Izquierda, reproducido por Donny Gluckstein, Op. Cit 12 . Donny Gluckstein, Op. Cit 13 . Lenin, reproducido por Donny Gluckstein, Op. Cit 14. Donny Gluckstein, Op. Cit 15. León Itotsky, La Revolución Traicionada, Editorial Crux, La Paz 16 .idem 17 .ídem. 18 . León lYotsky, reproducido por Donny Gluckstein, Op. Cit 19 . Donny Gluckstein, Op. Cit 20. Donny Gluckstein, Op. Cit 21. Leónliotsky, LaRevolución Traicionada, Editorial Crux, La az 22. Reproducido por Donny Gluckstein, Op. Cit 23 .Idem 24 . Donny Gluckstein, Op. Cit 25 . León TVotsky, La Revolución Traicionada. 26 .Idem 27 . Donny Gluckstein, Op. Cit 28 . León Ttotsky, En defensa del Marxismo, Editorial El Yunque, Buenos Aires, 1975 29 . Donny Gluckstein, Op. Cit 30 . Donny Gluckstein, Op. Cit. 31. Donny Gluckstein, Op. Cit 32. A. Erlich, The Soviet Industrializaron Debate, reproducido por Donny Gluckstein, Op. Cit. 33 . Donny Gluckstein, Op. Cit. 34. Idem 35 . Reproducido por Donny Gluckstein, Op. Cit

1 de diciembre de 1995
Otra historia morenista del morenismo

Del GOM a la Federación Bonaerense del PSRN (1943-1955) Lamentablemente, un nuevo esfuerzo de la corriente morenista por reconstruir su propia historia ha vuelto a quedar trunco, según lo que surge del libro “El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina", coordinado por Ernesto González. El tomo 1 abarca el período 1943-55, desde que se fundó el GOM —Grupo Obrero Marxista— hasta el golpe que derribó a Perón en 1955, y reúne materiales de archivo, relatos y desgrabaciones de militantes de ese período, de características anecdóticas, superficiales y auto-justificativas. Los problemas políticos que llevaron a los supuestos aciertos y errores que se reconocen en la presentación, no están analizados. No se toman en cuenta las investigaciones históricas sobre el morenismo que hicimos en Prensa Obrera y En Defensa del Marxismo (números 2 y 3, diciembre de 1991 y abril de 1992), o el trabajo de Osvaldo Coggiola, lo que no habla bien de la honestidad intelectual o política del libro, aunque es evidente que los autores conocen estas investigaciones porque procuran justificarse ante las innumerables críticas que fueron hechas. El primer grupo morenista, el GOM, se fundó en 1943, en momentos en que emergía en el país un movimiento nacionalista de masas. “La inmadurez del grupo —se dice en varias partes del libro (pág. 103) — impidió tener una caracterización acertada del nuevo fenómeno provocado por el golpe del 4 de junio, pero utilizó un método correcto: el de buscar las razones de clase”. ¡El juicio es típicamente morenista, ‘nos equivocamos pero tuvimos razón’. El supuesto método de clase correcto que llevó a una caracterización errada, consistió en caracterizar que el golpe de 1943 y luego el peronismo representaban “a la vieja estructura del país, ligada a la producción agro-ganadera y su dependencia del imperialismo inglés” (pág. 11). El método era correcto porque hacía referencia a una de las clases sociales, pero la caracterización resultó falsa porque se había equivocado de clase. En realidad, por este camino no lograrían ‘pegarla’ ni hoy, esto porque ni las clases existen en sí mismas, sino en relación con otras clases, y en segundo lugar porque la relación entre los fenómenos políticos y la economía no es lineal, sino dialéctica, es decir, contradictoria. A partir de esto, se entiende que el golpe y el peronismo hayan surgido en condiciones de una ruptura interna de la viej a oligarquía y ante la presencia de un proletariado masivo que, como estaba ocurriendo en todo el mundo, superaba el retroceso de la década del 30. La caracterización errónea no tuvo, sin embargo, según los autores, ninguna consecuencia sobre la política práctica del grupo. Es así que dicen que “al GOM le resultó difícil comprender el proceso que culminó el 17 de octubre de 1945. Sin embargo, tuvo una actitud diferente ante el obrero peronista desde el mismo día del surgimiento de ese nuevo e imprevisible fenómeno que vino a arrasar con las tradiciones clasistas del viejo movimiento obrero. Toda la izquierda sólo veía en las movilizaciones a los burócratas, a la policía abriendo paso y permitiendo el ingreso de las columnas de las fábricas y a un coronel, supuestamente nazi-fascista. Pero el GOM, a diferencia de las otras corrientes, fue adonde estaban los obreros peronistas, y educó a sus militantes y simpatizantes en que el respeto a la voluntad de la base era una cuestión decisiva de la democracia obrera, tan importante como su independencia de los patrones y el Estado” (pág. 119). Más todavía. “Nuestro grupo hizo lo fundamental que tiene que hacer todo grupo que se dice obrero. Fuimos los que dijimos que el lugar preferencial de trabajo de los trotskistas debían ser los sindicatos peronistas y supimos entender este fenómeno decisivo. Y lo hicimos sin capitularle, porque denunciamos el carácter totalitario y reaccionario de la burocracia sindical y del control estatal que ejercía sobre los sindicatos. Ese acierto es la página fundamental que escribió nuestro grupo y la razón última de que subsista hasta la fecha: el haberse ligado al movimiento obrero” (pág. 138). En síntesis, el GOM tenía instinto de clase pero ninguna calidad marxista. Ha logrado sobrevivir, subsistir, gracias a esta característica empírica y a su nula base teórica. Sin embargo, tanto autocastigo es sospechoso. Ocurre que los autores tergiversan los hechos y saben lo que están haciendo, esto porque citan 9 renglones de un frondoso folleto de Nahuel Moreno, de 1949, es decir que no pueden alegar que lo ignoran. No se trata de un artículo ocasional, sino de un texto central, clave, que resume la polémica sostenida por Moreno y el GOM con los demás grupos trotskistas de la época. Allí se afirma algo que los autores evitan cuidadosamente reproducir, a saber que el 17 de octubre “no se trató por lo tanto de una movilización de clase ni de una movilización antiimperialista, sino de una movilización fabricada y dirigida por la policía y los militares, y nada más. Es decir que la acusación del libro a “toda la izquierda (que) sólo veía en las movilizaciones a los burócratas, a la policía abriendo paso y permitiendo el ingreso de las columnas de las fábricas y a un coronel, supuestamente nazi-fascista”, ¡es una acusación al GOM! ¿Es así como el Mas quiere enfrentar su historia? Que Moreno hubiese escrito esto en 1949, 4 años después de 1945, revela que se trataba de una caracterización meditada que impregnó toda la orientación política del morenismo, resumiendo cuatro largos años de polémica del GOM. Los autores tampoco citan textos claves del periódico del GOM ("Frente Proletario"), donde se señalaba que el peronismo era “la vanguardia de la ofensiva capitalista contra las conquistas obreras”, y donde los sindicatos surgidos en 1945 fueron caracterizados del siguiente modo: “En cuanto a su esencia son sindicatos estatizados, es decir, los sindicatos oficialistas son sindicatos fascistas o semifascistas” (Frente Proletario N° 7, pág.2). En 1951, en el folleto de Nahuel Moreno “GCI, agente ideológico del peronismo”, se cita la tesis sindical del GOM de 1947, donde se decía que los sindicatos son fascistas o semifascistas, para reivindicar un informe político interno de diciembre de 1949, que señala: “Estos nuevos sindicatos no fueron el fruto de un mayor empuje del proletariado, sino una claudicación, una derrota, producto de la incapacidad por parte de los obreros de defender la legalidad del sindicato al cual pasivamente apoyaban: el sindicato stalinista… Sintetizando: la CGT, pese a la afiliación de grandes sectores obreros, apoyo pasivo y acicateado por el gobierno, fue y es una organización creada, fundada y estructurada con el apoyo, la protección y el control estatal. Es una forma de organización no impuesta por la lucha de la clase obrera contra el capitalismo, sino por el Estado y en beneficio de la burguesía. Esto es lo esencial de la CGT y sobre esa base tenemos que comprenderla y combatirla” (.Revolución Permanente N° 7-8, pág. 57-58). Moreno escribió que “lo esencial es que para nosotros es un gobierno reaccionario desde su surgimiento en 1943 y su continuación en 1945, no habiéndose transformado nunca en un régimen progresivo o revolucionario, producto de un movimiento anticapitalista o antiimperialista” (Revolución Permanente N° 7-8, pág.45). Moreno no intuía siquiera el carácter nacionalista burgués del peronismo, a pesar de los abundantes choques que éste tenía con el imperialismo yanqui, y a pesar de la experiencia latinoamericana y las enseñanzas de Trotsky sobre los gobiernos militares o semi-militares de características bonapartistas, que buscan el apoyo regimentado del proletariado (es decir, bajo su control) para lo cual otorga concesiones que a veces son importantísimas. Para el GOM, el peronismo había estructurado un Estado policial, semifascista, oligárquico y pro-inglés. 'FrenteProletario’N°7, agosto de 1947, decía que “los militares… incitaban al proletariado a ir contra la burguesía. Se produjo al calor de tal demagogia todo un movimiento obrero artificial que era alentado y apoyado por funcionarios estatales y policiales. Al decir artificial queremos decir que no fue consecuencia de la situación desesperada del proletariado o de su experiencia o conciencia”. El GOM estuvo muy lejos de impulsar estas reivindicaciones obreras “artificiales”, coincidiendo en esto con la Unión Democrática, que acusaba a Perón de demagogo. Sin solución de continuidad, los autores dicen, sin embargo, que “toda la izquierda y el trotskismo, incluido nuestro partido, ignoró el aspecto progresivo del Partido Laborista” (pág. 121), el cual habría consistido en la “posibilidad de (un) partido reformista clasista” (pág. 120). Pero no fue que lo ignoraron, sino que lo combatieron, porque era la fachada electoral del supuesto movimiento reaccionario-fascista. En segundo lugar, no se presentó como la posibilidad de un partido reformista clasista, sino de la burocracia sindical estatizante. Por eso duró unos meses, fue disuelto por Perón y el 99% de los burócratas acató la orden y se integró al Partido Unico y luego al Partido Peronista. La burocracia que impulsó el PL había abandonado el reformismo hacía más de una década, es decir al partido socialista, y por eso fue reclutada por Perón. El análisis sigue en la onda de la autojustificación y la autocomplacencia, cuando dice, pero no demuestra, que “más allá de las unilateralidades (sic), nuestro grupo intentó hacer una definición de clase del nuevo fenómeno y aplicó un método correcto para interpretar esta realidad” (pág.123) o “El posadismo se convirtió en el ‘agente ideológico del peronismo’, mientras que nosotros participamos en la creación de los sindicatos peronistas sin capitular, aunque tuvimos una política sectaria” (ídem). En esta frase hay más errores y mentiras que palabras. Porque si caracterizaban a los sindicatos peronistas de fascistas y “participamos en la creación de los sindicatos peronistas”, como se dice, no sólo capitulaban sino que creaban el frente sindical del fascismo. Una cosa es militar en los sindicatos fascistas para separar a las masas del fascismo, otra cosa es ser los fundadores del sindicalismo facho. ¿En qué consistía la política sectaria? Es imposible saberlo. También se dice que fueron 'unilaterales’ pero que tuvieron un método de clase y que aplicaron un método correcto para interpretar la realidad. En síntesis, nos equivocamos, pero tuvimos razón, no capitulamos… De este modo, un libro que debería ayudar a las nuevas generaciones a entender el pasado, es un cúmulo de justificativos, coartadas, citas elegidas a dedo, ocultamiento de documentos esenciales, etc. Pero hay más. Los autores dicen que “durante sus primeros años de existencia, nuestra corriente tuvo una interpretación equivocada, sectaria, del peronismo. Veíamos básicamente un solo aspecto: que representaba a la vieja estructura del país, ligada a la producción agroganadera y su dependencia del imperialismo inglés. El peronismo de 1945, como dirección burguesa, efectivamente la representaba. Pero no comprendimos que, por esa misma razón, éste ofrecía una relativa resistencia a la penetración del imperialismo yanqui en ese entonces, y que ese elemento era determinante…” (pág. 11). Pero la caracterización de Perón como un agente inglés por parte del GOM no alcanza para explicar que dijeran que el 17 de octubre de 1945 fue una movilización policial o que los sindicatos peronistas eran fascistas. Esta era, por cierto, la caracterización de la Unión Democrática y del PC y el PS. El libro en cuestión oculta la vasta literatura morenista de apología al PC y al PS, esto con la finalidad de poder decir que “evidentemente cometimos muchos errores, pero no le capitulamos al stalinismo ni a la socialdemocracia, a pesar de que nuestro grupo recién se estaba formando” (pág. 107). Es ridículo, si compartieron las caracterizaciones de la Unión Democrática y del stalinismo en relación al peronismo, capitularon al menos en el plano de la teoría, la propaganda, la educación y la lucha de ideas. Para los autores, resulta evidente que este ‘tipo’ de capitulación es ‘abstracta’ Pero si no capitularon ni ante el stalinismo, ni ante el socialismo, ni ante la burocracia peronista, de qué errores están hablando. Veamos. En el folleto “El GCI y el problema sindical”, págs.52-53, del GOM, se decía: “En cambio, la burocracia reformista contrariamente a la anterior (a la nacionalista) depende fundamentalmente de los obreros. Refleja en cierta medida su presión y diferentes estados de ánimo por los que atraviesan aquéllos… Su sumisión ideológica a la burguesía, que no la fiviTr>ft de roces con ella, sobre todo en las cuestiones tácticas a adoptar frente al movimiento obrero, no indica para nada sumisión a los gobiernos, sectores o partidos dominantes”. El desatino es descomunal. Se caracteriza a la burocracia sindical en función de desvíos ideológicos y no de intereses materiales, lo que demuestra, dicho sea de paso, que el morenismo no sabía lo que era una caracterización de clase. Por otro lado, la caducidad del reformismo se expresa en que sus representantes no pueden sustraerse a la presión de los Estados y gobiernos, por lo que terminan convirtiéndose en sus agentes (¡ ¡'lugartenientes de la burguesía’W— Lenin). Esa fue, precisamente, la trayectoria de la burocracia que se hizo peronista. El burócrata sindical del peronismo era un caso extremo de burócrata reformista, pero que estaba sujeto también a las oscilaciones y crisis del nacionalismo burgués que lo tutelaba. Se colocaba de este modo en una escala superior, bordeando la independencia obrera, a la burocracia stalinista o socialdemócrata, cuando éstas formaban parte de la Unión Democrática dirigida por la embajada norteamericana. ¡El libro no dice que la corriente morenista llamó a votar por el PC y el PS en 1948, 1950 y 1951! “Nuestro partido debe utilizar las elecciones para propugnar las soluciones clasistas contra la ofensiva gubernamental. La única salida que da satisfacción a todos los problemas planteados es el apoyar al PS y al PC…”, decía, por ejemplo, la resolución del grupo morenista ante las elecciones en la Provincia de Buenos Aires. Bolivia El libro de historia morenista dedica varias páginas a la cuestión boliviana, arrancando de 1946, con la aprobación de la Tesis de Pulacayo. Pero omite que Moreno caracterizó al gobierno nacionalista de Villarroel, surgido en 1943, de “reaccionario”, y que apoyó luego al régimen rosquero (oligárquico)-stalinista, conocido como el 'sexenio*. Para Moreno, el sexenio fue “un período democrático, de verdaderas libertades democráticas aseguradas por la presión del proletariado y la pequeño-burguesía”. El GOM no denunció la colaboración stalinista con la rosca ni el estrangulamiento del levantamiento popular por parte del stalinismo. En la revolución boliviana de 1952, el morenismo fue a la rastra de los acontecimientos, pero los autores de esta historia no la presentan así, ni mucho menos. Veamos. “El POR argentino (el GOM había cambiado de nombre), desde mayo-junio de 1952 ya empezaba a plantear el control del gobierno por la COB” (pág. 201). No el gobierno de la COB, sino el ‘control’ obrero al gobierno burgués, como lo habían planteado los mencheviques bajo el gobierno provisional ruso de febrero a octubre de 1917. Justamente, en eso consistía la capitulación: en el apoyo crítico al gobierno burgués de Paz Estenssoro. El morenismo no planteó en abril de 1952 que la COB derrocara al gobierno burgués y tomara el poder, sino “exigid la integración del gabinete de Paz Estenssoro con ministros obreros elegidos y controlados por la Federación de Mineros y la nueva central obrera…” (ídem, pág. 200/201). Es decir la colaboración estatal directa. Esta consigna partía de la caracterización del gobierno del MNR como una forma indefinida de poder, de pugna entre el proletariado y la burguesía, y no como un gobierno burgués, que debía enfrentar a una revolución proletaria y a una situación de doble poder (milicias obreras, destrucción del ejército). El 15 de mayo de 1952, el grupo morenista escribió: “Las dos alas existentes en el seno del MNR (se refiere a la sindical y a la pequeño burguesa, JNM) expresan actualmente los intereses del proletariado y la burguesía”; de esto desprendía la consigna de rodear al gobierno de “ministros obreros”. A fines de 1952, se reconoce en el libro, el morenismo sostuvo que “no tenemos elementos como para precisar la vía organizativa por la cual se concreta” el problema del poder, con lo cual se admite que todavía en esa fecha se negaba que la COB fuera una alternativa de poder. Recién en enero de 1953, el morenismo planteó la consigna “Todo el poder a la COB”, pero entonces se había disipado la dualidad de poderes, el movimiento obrero estaba en reflujo y la COB se había burocratizado. El golpe de 1955 En 1953, como resultado de tantos desaciertos, el morenismo pegó un viraje de 180 grados y decidió hacer entrismo en un movimiento legal creado al calor oficial —el PSRN—, Partido Socialista de la Revolución Nacional, fundamentalmente debido a los ‘éxitos’ que había logrado con esa táctica el grupo de Esteban Rey en Tucu-mán, Salta y Jujuy. El entrismo se concretó en 1954. Este entrismo coincidió con los preparativos golpistas contra Perón. En junio de 1955 se produjo la primera tentativa; en agosto Perón presentó la renuncia a la presidencia, en una clara capitulación ante los golpistas, y finalmente fue derrocado en setiembre de 1955. El libro, como toda la literatura morenista, presenta la actuación de esos años como sus jornadas gloriosas. Sin embargo, ante la renuncia de Perón, el grupo morenista planteó en un volante que la clase obrera discutiera si se le aceptaba o no la renuncia, y que en caso afirmativo, “el gobierno debe pasar a manos de la clase obrera a través de uno de los senadores de la CGT” (pág. 244). Evidentemente, había aquí más errores que palabras. Primero. La aceptación de la renuncia de Perón era el triunfo del golpe. El morenismo alentaba esta posición. Segundo. Una eventual designación de un senador de la CGT en la presidencia no era un gobierno de la clase obrera, sino un gobierno burgués surgido de la capitulación ante los golpistas. De este modo, en la confusión, el morenismo concluyó sus primeros 12 años de vida.