La Conferencia del Partido Obrero de la Capital Federal, luego de debatir la situación política de la Ciudad y los ejes y métodos de la campaña, resolvió lanzar la campaña electoral y proclamar las candidaturas de Marcelo Ramal y Vanina Biasi para jefe y vicejefe de gobierno. La lista de legisladores será encabezada por Jorge Altamira. La Conferencia también proclamó como candidatos a legisladores a Néstor Correa, secretario general de la AGD-UBA; a Charly Pérez, dirigente del Cuerpo de Delegados de Metrovías; a Magdalena Castro, de Telefónicos-Atento; a Santiago Gima, de la Fuba; a Julia Sáenz, del Hospital Francés; a Flavio Cóndori, del Garrahan; a Jorge Pachamé, por el movimiento de la salud; a Mariela Solesio, presidenta del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras; a Norma Roca, Domingo Reinoso y Guillermo Leyenda por el movimiento de la vivienda y del Polo Obrero; a Claudia Ferrero de Apel. Caracterización Lo que distingue a las elecciones en la Ciudad es, por un lado, la dispersión de las candidaturas del campo patronal y, por el otro, la posibilidad de que sean ganadas por la oposición al gobierno nacional, en este caso representada por la derecha. En la mayoría de las provincias, en cambio, los candidatos principales se reivindican kirchneristas o, como ocurre en Santa Fe, existe, no una dispersión sino una polarización, que en este caso ofrece la posibilidad de una victoria del centroizquierda. Es decir que en la Ciudad se manifiesta con más claridad la crisis política por la que atraviesa el gobierno en su tentativa de construir una fuerza política hegemónica que debería consagrarse en las elecciones nacionales de octubre. Pero las elecciones en la Ciudad también reflejan otros aspectos de esta crisis política. En el caso de la derecha, Macri no puede mostrar los colores de una coalición política nacional de oposición. Las características de una coalición opositora a nivel nacional dependen del resultado electoral que tenga la derecha en el distrito porteño. Para forzar su lugar en esta coalición nacional, el neuquino Sobisch también adelantó las elecciones para el 3 de junio, con la expectativa de convertirse en el protagonista de un doble golpe al gobierno. La candidatura que atraviesa una crisis política de mayor alcance es la de Telerman, pues a partir de una alianza con la antikirchnerista Carrió, que aún no se ha concretado, se convertiría simultáneamente en una candidatura semi-oficialista y semi-opositora. La expectativa del explotador del negocio del espectáculo de la Ciudad es que el proyecto nacional de Carrió, su eventual aliada, naufrague por los cuatro costados, y que ello le evite pagar más tarde los compromisos que asuma con la chaqueña. De darse el acuerdo Telerman-Carrió tendríamos como resultado una coalición que debería hacer las ‘delicias’ de los analistas políticos, porque reuniría a Barrios de Pie con la Ucedé; recrearía el concubinato de la ex menemista Patricia Bullrich con la camarilla de Antonito de la Rúa de la UCR de la Capital; juntaría a la tropa de choque de Kirchner con la tropa de choque antikirchnerista representada por Carrió. Telerman tiene también el apoyo del partido socialista, aunque es notorio que una parte importante de la dirigencia del socialismo está borocotizada. Entre las candidaturas de Telerman y Macri existe, además, un vaso comunicante, al punto que los comentaristas fabulan de que al final podrían ir los dos con Lavagna para las presidenciales. Los dos quieren impresionar al electorado con gestos y poses; uno usa el amaneramiento; el otro se hace el canchero. Se jactan de lo que adolecen. Desde el punto de vista social plantean un ángulo similar: profundizar la colonización de la Ciudad por parte del capital financiero —el mercado de capitales, las operaciones bancarias, la especulación inmobliaria, la comercialización de la cultura, el desarrollo de los juegos de azar, así como el negocio del turismo con todas sus variedades sexuales y sus oportunidades para el reciclamiento del dinero ilegal. Observadas de conjunto, se trata de dos candidaturas capitalistas de derecha. No es casual que el gabinete de Telerman esté poblado de ex macristas. La candidatura oficial representa a la derecha del kirchnerismo: Alberto Fernández, Víctor Santa María. Los comentaristas coinciden en ubicar a Alberto Fernández como el operador de un acuerdo con la administración norteamericana, junto a Beatriz Nofal y Cristina Kirchner. En este esquema, Filmus no es más que un objeto decorativo; tiene la plasticidad del testaferro. Lo presentan como un reformador de la educación con tan poca fortuna que el lunes 9 deberá sufrir una huelga docente declarada por una burocracia de carneros que lo apoya políticamente con toda el alma. La orfandad de esta candidatura derechista obligó a los punteros del PJ porteño a tragarse el sapo de una alianza con Heller y con Aníbal Ibarra. Este contubernio pone al desnudo otra gran contradicción, a saber, que el Encuentro de Rosario, la coalición formada por el partido comunista, Heller, Ibarra, el socialista rosarino Binner, la radical Stolbizer y la arista María América Rodríguez, en la Ciudad es un pilar del gobierno (aunque el PS de la Ciudad apoya a Telerman), y en Santa Fe es opositor. O sea que el Encuentro se parte en cuatro o cinco, sin rumbo ni destino. El proyecto de formar una “izquierda-centro” (memorable galimatías de Patricio Echegaray) se disuelve en el aire como consecuencia de los limitados (o ilimitados) propósitos arribistas de un frente pequeño burgués que ha redescubierto al capitalismo. La prueba está en que antes de encontrarse como socios de la candidatura de Filmus, el ex cavallista Santa María y el ‘comunista’ Heller ya estaban asociados en la AFJP Previsol. El trazo común de estas candidaturas es la ausencia de partidos y de proyectos propios de un partido. Las campañas giran mediáticamente en torno a un candidato maquillado, que luego podrá ser tornado para un lado o para otro por las fuerzas reales del capitalismo y de los capitalistas. Esta falta de cohesión política de la clase capitalista es una expresión del carácter turbulento y explosivo del proceso económico capitalista efectivo y muestra una completa crisis en sus relaciones con los sectores populares, incluida la pequeña burguesía. No es casual que las campañas de los partidos oficiales se parezcan como gotas de agua. Esta mimetización de los Telerman y de los Filmus a la charlatanería modernizante, que expresa su mimetización real en los negocios de la Ciudad, favorece la victoria del candidato derechista Macri. La caracterización de estas tres candidaturas deja ver, sin embargo, que ellas se encuentran en contradicción con una difusa pero amplia tendencia de lucha y de orientación a la izquierda de la población porteña. Pero al mismo tiempo nos indica que las tres tienen confianza en su capacidad de cooptar a este electorado descontento con slogans modernizantes —en una suerte de retorno ‘nacional y popular’ a la pizza y el champán del menemismo. Política y método A diferencia de lo que ocurre en una mayoría de provincias, la dispersión del frente patronal, la crisis política que ella pone en evidencia y el carácter derechista de las candidaturas dentro de sus propias coaliciones, plantea una posibilidad electoral para la izquierda en la Capital. Es lo que pretendían explotar Claudio Lozano, Bonasso y el partido comunista con Heller antes de preferir el refugio más confortable que les ofertó el dúo de los consorcios inmobiliarios de la Ciudad —Alberto Fernández-Víctor Santa María. Claudio Lozano se ha quedado sin la sombra de su coalición pluriclasista. Para la izquierda se plantea entonces una cuestión electoral en la Ciudad que va más allá de aprovechar las elecciones como oportunidad de propaganda, agitación y reclutamiento. La posibilidad de conquistar una posición parlamentaria emerge de una situación objetiva, aunque contraste con lo que advierten las encuestas. De un modo general, es claro que hay una contradicción entre el copamiento derechista de las candidaturas patronales en sus respectivas coaliciones y las tendencias de lucha y de oposición a los planteos capitalistas de turno que existen en la ciudad de Buenos Aires. La consigna central que votó la Conferencia del Partido Obrero de la Ciudad es: “No a la ciudad del capital financiero, las megatorres, el trabajo en negro, precarizado y esclavo. Los trabajadores necesitamos una alternativa”. La consigna resume la caracterización social de la Ciudad (sus contradicciones) y de los alineamientos políticos en disputa. Este planteo de conjunto se concreta en un programa (ver recuadro). El método político de la campaña que votó la Conferencia es, en primer lugar, una lucha sistemática en los lugares de trabajo y de estudio, y en los barrios populares. Esto, más allá de su valor general, responde a una cuestión concreta de la campaña electoral, que es la política de cooptación intensa que desarrollan todos los candidatos patronales, incluso (o en especial) los más derechistas, entre los sectores populares. El nexo se los ofrecen la burocracia sindical, los piquetruchos y la miríada de punteros del peronismo capitalino que se ha repartido entre las tres candidaturas en cuestión. Una campaña de delimitación política en los términos del programa deberá servir para reforzar el conjunto de la campaña electoral con vistas a obtener una representación parlamentaria. La campaña electoral tiene características propias, pero de todos modos constituye una continuidad con la lucha política precedente. En este sentido, no se puede luchar por el voto de los trabajadores sin contrastar a fondo el programa de los socialistas revolucionarios con los planteos de los partidos patronales: el programa es un instrumento de delimitación política y solamente por medio de la delimitación política, lo más aguda posible, se puede conquistar realmente el voto popular. Por eso difundiremos a fondo el programa y cada uno de sus capítulos, y lanzaremos cartas abiertas polémicas en todos los lugares de trabajo y de estudio y en los barrios; polémicas, porque se trata de contrastar y de contrarrestar las tendencias que obran sobre los trabajadores para seguir a la burguesía, sea la ‘nacional y popular’, la ‘amanerada’ o la populista de derecha. No podemos olvidar ni por un momento, que la Ciudad protagonizó una lucha política de grandes alcances para poner fin a las camarillas universitarias y para poner la agenda de una revolución universitaria. Lo mismo ha ocurrido con las fábricas recuperadas, en numerosos sindicatos, hospitales, escuelas, transportes, en las grandes movilizaciones barriales (tanto por vivienda como por trabajo, o contra el gatillo fácil). Es sobre la base de este método y de ningún otro que nos planteamos la cuestión electoral en la Ciudad. Al final de la campaña debemos obtener un Partido Obrero más poderoso para intervenir en un cuadro de contradicciones más agudas del capitalismo y del Estado —incluido el plano internacional. La campaña electoral tiene su método y se encuadra en una perspectiva estratégica. Manos a la obra Este método de campaña implica un gran desafío y pondrá a prueba la calidad política del Partido Obrero en su capacidad para explicar, propagandear, resumir y organizar; o sea que es una escuela política. Como socialistas no vamos a la campaña electoral con los prejuicios anti-parlamentaristas de la izquierda, precisamente porque sabemos que la función de una campaña electoral es aprovechar la obligada confrontación política que ella implica para desarrollar un programa y para capacitar a los trabajadores y al Partido Obrero para luchas más grandes en el futuro. No se ha dicho nada hasta aquí de los medios formidables con que cuentan los candidatos patronales en contraste con los recursos del Partido Obrero. Pero nunca hemos pensado vencer si no en estas condiciones. La historia es más fuerte que los aparatos.