El asunto viene de antaño. Hace algo más de un lustro, Villa Tessei, en el partido de Hurligham, era un barrio tranquilo y seguro. ¿Por qué? Como se supo después, allí funcionaban varias "cocinas" de cocaína manejadas por restos de la banda del Gordo Valor, protegidas, por supuesto, por la Policía Bonaerense. En ese entonces, el intendente de Hurlingham era Juan José Alvarez; hasta hace unos días, como se sabe, ministro de Seguridad de la provincia, duhaldista y punta de lanza de su jefe contra Néstor Kirchner.
Luego, como suele suceder, alguien dio orden de dejar caer a los muchachos. Seguramente fue parte de alguna interna, porque el procedimiento contra las "cocinas" no lo hizo la Bonaerense sino la Federal. Desde entonces, Tesei se convirtió casi en tierra de nadie y la inseguridad empieza a volverse intolerable. Lógicamente, los protegidos de la "narcodemocracia" imponían allí su propio orden y, como donde se come no se caga, nadie robaba en el barrio. Eliminadas las "cocinas", se quebró ese orden y comenzaron a imperar las zonas liberadas para bandas y banditas de todo tipo y pelaje, siempre, claro está, que se pagara el debido peaje en la comisaría de la avenida Vergara. El intendente aún era el señor Alvarez.
El autor de esta nota trabajaba en ese tiempo en la revista Pistas, dirigida por Enrique Sdrech, y por razones de oficio debió meter la nariz en aquel sumidero. Así, por ejemplo, escuchó el relato que de uno de los procedimientos hizo un oficial de la Federal.
En una de las "cocinas" allanadas, encontraron pistolas 9 mm y varios fusiles FAL. Ese mismo oficial tomaba nota del material incautado y, sorprendido, dijo a uno de sus colegas:
—Che, estos fusiles no tienen marca ni número.
—Seguro que son afanados de Campo de Mayo —contestó el otro.
Esto es: la marca y el número de las armas no estaban limados. Simplemente, nunca los habían tenido.
Los rateros menores
El modus operandi es más o menos así: los arsenales militares están provistos con repuestos para el armamento empleado. El cañón de un FAL, por citar un caso, queda arruinado después de unos 500 disparos y debe ser reemplazado. El suboficial armero tira la pieza estropeada y coloca en su lugar una nueva. Luego, graba en el repuesto el número y sello correspondiente al arma en cuestión. Ahora bien, de esos arsenales desaparecen metódicamente piezas de fusil; luego, fuera del cuartel, se arma uno nuevo y se lo vende en el mercado negro.
Se trata de operaciones menores, rateríos de suboficiales tolerados por la oficialidad a cambio de una parte en un negocio que nunca llega a montos importantes. No obstante, esos fusiles van a parar a manos criminales vinculadas con fuerzas de seguridad: una de esas armas, por ejemplo, mató al cabo de la Federal que custodiaba el restaurante Nolly, asaltado por miembros del Servicio Penitenciario que salían a robar junto con presos de diversas unidades penales.
Un poco más allá, se tienen los asaltos contra camiones blindados llevados a cabo por el propio Valor, en los cuales empleó munición perforante que sólo puede encontrarse en el Batallón de Arsenales 601, en Boulogne.
En octubre de 2000, un camión de Aguas Argentinas fue asaltado en Belgrano con fusiles FAL y con una ametralladora antiaérea Browning, calibre 12,7 mm, montada sobre un vehículo. Se trata de un arma de apoyo, de fuego cercano, usada por el Ejército para proteger transportes de infantería. Un arma similar fue empleada para asaltar un blindado en La Boca, más o menos para la misma fecha.
"Días atrás fue hallado otro arsenal - incluidos FAL - en la Capital. Por ese hecho hay un coronel retirado prófugo" (La Nación, 24/11).
Pero aún estamos en los negocios chicos, en actividad de rateros.
El negocio grande
Allá por 1992, en plena guerra de Croacia, un batallón de "cascos azules" argentinos - enviados por Menem en obediencia a una orden de Washington - intervino para desarmar a un grupo de milicianos croatas. Cumplida la operación, el jefe de aquella unidad se llevó una buena sorpresa: los fusiles incautados eran FAL, y nadie se había tomado la molestia de borrarles el escudo del Ejército Argentino. Allí empezó la trama del contrabando de armas, incluida artillería pesada y toneladas de municiones, que es cosa bien conocida y no vale la pena volver a contar aquí.
Sí conviene recordar otro detalle que todo el mundo sabe: el titular del Ejército en esa época era el general Martín Balza, procesado y hasta detenido por el contrabando de armas, no sólo a Croacia sino también a otros países en conflicto. Y bien: ¿dónde está Balza ahora? Es embajador de Kirchner en Colombia, nada menos. El hombre estará en su salsa, porque Colombia es tal vez el principal mercado negro de armas en toda América Latina.
Sobre ese particular, también conviene recordar lo que siempre se supo y ahora es oficial: las explosiones en Río Tercero, donde voló la planta de Fabricaciones Militares y siete personas resultaron asesinadas, fueron provocadas ex profeso para ocultar pruebas de aquel contrabando masivo en tiempos de Balza. En ese punto se ha sabido algo más: las contraexplosiones simultáneas a la explosión principal tuvieron por objetivo hacer que la onda expansiva se dirigiera hacia la ciudad, de modo de proteger las plantas de Atanor y de Petroquímica Río Tercero. Imposible concebir mayor criminalidad.
Y la fiesta sigue: semanas atrás la policía de Río de Janeiro secuestró armamento a una de las principales bandas de narcotraficantes cariocas. ¿Qué armas tenían? Por supuesto, fusiles FAL del Ejército Argentino. Tampoco se habían molestado en borrarles el escudo.
Así las cosas, si en todos los secuestros de los últimos tiempos se usaron fusiles FAL, ¿a quién puede extrañar que el procurador general de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Matías de la Cruz, denuncie comunicaciones cruzadas entre secuestradores, la Casa Rosada, el Edificio Libertador y el Ministerio de Defensa? ¿A quién puede extrañar que, en ese caso, el "narcodemócrata" metido a denunciante, Gustavo Béliz, haya puesto el grito en el cielo contra De la Cruz? ¿A quién puede extrañar que todo el gobierno de Kirchner se haya apurado tanto en descalificar las denuncias del procurador aun antes de que la investigación avance?
Entretanto, mientras el Presupuesto recientemente aprobado hace lo que hace con la educación, la salud y otros rubros, aumenta en 100 millones de pesos las partidas destinadas a la Side, donde siguen trabajando "batatas" de las barras bravas de Chacarita y de Los Andes, y de la murga Los mimositos de Burzaco.
Por su parte, el procurador De la Cruz declaró sobre la cuestión de las llamadas entre secuestradores y organismos de gobierno: "También hay gente de la Bonaerense. La relación con la policía no es nueva. Comenzó durante la última dictadura. Por eso, sospechamos que también hay militares retirados en la maniobra".
Seguramente es así. Pero quienes contrabandearon armas a Croacia no estaban retirados y uno de ellos, su jefe, ahora es embajador. Los que sacan de los cuarteles armamento que va a parar a los narcos brasileños tampoco están retirados. Los que venden fusiles a los secuestradores, menos.
En esas manos está la seguridad de los argentinos; o, mejor dicho, la inseguridad nos gobierna en cuanto nos encontramos gobernados por mafias criminales de marca mayor. Cuando se habla de luchar contra el delito, por ahí hay que empezar.