Con la privatización del sistema de salud –que se pretende disfrazar como una desregulación de las obras sociales, libre competencia entre prestadores de salud o libre elección– el gobierno centroizquierdista de la Alianza satisface una de las principales ambiciones del FMI, el Banco Mundial y los pulpos nativos y extranjeros que lucran con la salud.
La privatización persigue dos objetivos claves. Primero, darles en forma directa a los pulpos de la salud un negocio de 8.000 millones de dólares por año. Segundo, obligar a los trabajadores a poner de su bolsillo más dinero por encima del aporte obligatorio que hoy realizan, de manera de agrandar la torta que va a manos de la medicina privada.
La médula de la privatización arranca de un punto que parece menor pero que es crucial para entender la destrucción del sistema de obras sociales que está en marcha.
Hoy todos los trabajadores, en la obra social, reciben la misma atención médica –que es integral y universal, o sea que cubre todas las enfermedades– con independencia del sueldo del trabajador.
Lo que el gobierno quiere es que la atención médica dependa del valor del aporte del trabajador. Cada trabajador ‘dispondrá’ de su aporte obligatorio, que hoy equivale al 8% de su salario, con una garantía de 20 pesos por cada integrante de la familia. Así, para el gobierno puede existir una medicina buena y consistente por 20 pesos por mes.
Para un trabajador que gana 700 pesos, su aporte es de 56 pesos (8% de 700). Si está casado con un hijo, un Fondo especial pondrá 4 pesos, con lo cual esa familia tendrá 60 pesos (20 pesos x 3). Con esos 60 pesos podrá ‘elegir’ una obra social o una prepaga.
Quien gana 3.000 pesos, tiene un aporte de 240 pesos (8% de 3.000). En este caso el gobierno le descontará el 20% para financiar el Fondo especial. Entonces ese aporte bajará a 192 pesos (240 menos el 20%). Con ese dinero, deberá ‘elegir’ una prepaga o una obra social.
De más está decir lo que pasará. La familia del trabajador que gana 700 pesos podrá ‘comprar’ un plan de salud de 60 pesos. La familia del que gana 3.000 pesos, un plan de 192 pesos. El trabajador de menor salario tendrá un plan de tercera o cuarta y el de 3.000 pesos, un plan superior.
Aquí no termina la cosa. Como el trabajador que gana 700 pesos tendrá un plan de tercera, la ‘desregulación’ le permitirá realizar aportes ‘voluntarios’ para acceder a un plan superior. La "libre elección" no es otra cosa que un encarecimiento de la salud del trabajador y un aumento de la ‘torta’ para la medicina privada. Pero también el que gana 3.000 pesos podrá poner un adicional si quiere un plan de salud superior al que consiga. En definitiva, el objetivo es, a través de esta diferenciación de planes médicos, agrandar el dinero que se destina a la salud. Es decir, encarecimiento de la medicina para todos.
Está claro, también, lo que pasará en un primer momento. Las prepagas se concentrarán en atraer a los empleados de sueldos más altos, lo que los diarios llaman la ‘crema’ del negocio. Inevitablemente, los que ganan menos se quedarán en la obra social, que, al desertar los afiliados de mayores sueldos hacia las prepagas, pasará a recibir menos dinero de los aportes de sus afiliados.
Hay más. Para que el negocio rinda más frutos, habrá otra selección. Porque la ‘crema’ del negocio, por un lado, es tener afiliados de altos ingresos, pero, por el otro, afiliados jóvenes, sin enfermedades, sin hijos, para que utilicen poco el servicio.
En definitiva, la llamada ‘libre elección’ significa que:
• El grueso de los trabajadores tendrá planes de salud inferiores a los actuales en obras sociales que crecientemente se desfinanciarán aún más. De este modo, paulatinamente irán a la quiebra y todo el sistema de salud pasará a manos privadas.
• Los trabajadores con familias más numerosas, con mayores patologías, tendrán una cobertura inferior.
Conclusión: la salud cambia en el sentido exactamente inverso a las necesidades de la población. En lugar de asegurar la salud de los que menos ganan, m ás hijos tienen o son propensos a contraer mayores patologías, se privatiza la salud para agrandar los beneficios de un puñado de grandes pulpos.
Llamativamente, un gran sector de la burocracia sindical (Cavallieri, West Ocampo, Benegas –de rurales, que integra la CGT de Moyano–) no sólo no abrió la boca frente a todo esto sino que lo ven como razonable. La razón es que están negociando asociarse con los grandes pulpos en este saqueo a la salud.
El PO plantea:
• Derogación de los decretos de privatización de la salud.
• Plan de salud único bajo control de los trabajadores basado en el aporte exclusivo a cargo de las patronales.
• Nacionalización bajo control obrero de la medicina privada.