El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires acaba de levantar la consulta popular contra la re-reelección que presentó ante la ciudadanía como el “golpe final” a la intentona menemista, luego del aplastamiento electoral del saadismo en Cata marca. De la Rúa se valió de un fallo del Tribunal de Justicia de la Ciudad que planteaba sólo corregir la forma de la pregunta planteada en la consulta, tras declarar solemnemente que el plebiscito era ilevantable a no ser que hubiera un fallo “contundente” de la Suprema Corte de Justicia contra la re-reelección (que no se produjo) o un renunciamiento por escrito del propio Menem ante los jueces (que tampoco se dio). El candidato de la Alianza se deshizo de la consulta como una brasa ardiente en las manos, ni bien percibió el “voto” en contra de las grandes patronales y el clero. Estos, aunque puedan tener sus fichas en diferentes tableros respecto de la re-reelección, no están dispuestos a crear una crisis política que abrevie el mandato de Menem, a pesar de todas las características de maniobra que tenía la convocatoria de la Alianza. En esta línea se pronunció el 70% del propio aparato radical, el arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires y el empresariado. El seudo opositor La Nación tituló un editorial “La consulta popular debe ser cancelada”, el mismo día del levantamiento. La consulta fue concebida de entrada como un mecanismo para encubrir la decisión política de no movilizar al pueblo para echar a Menem y alimentar un chantaje político según el cual los trabajadores y los explotados no tendrían otra opción más que la Alianza para sacarse de encima al régimen hambreador. Preguntado por el llamado a una marcha nacional contra la re-reelección, Chacho Alvarez fue absolutamente explícito: “el problema no es convocar a la marcha sino qué hacer el día después”. El temor al “día después”, es decir a una movilización política que exprese el profundo odio al menemismo y los reclamos contenidos de las masas, retrata de cuerpo entero el carácter maniobrero y desmovilizador de la consulta. El desarrollo de la crisis ha puesto de relieve que la función de la Alianza y de Duhalde es preservar al gobierno menemista en medio de la crisis. Horas antes del levantamiento de la consulta, el gobernador bonaerense anunció la firma de un decreto convocando a un plebiscito para el 25 de abril y “sujeto a las circunstancias”, es decir, a la negociación con el menemismo “porque siguen los contactos reservados entre el gobernador y el presidente” (La Nación, 23/3). De la Rúa “entregó” la consulta, como Duhalde “entregó” el plebiscito el año pasado, porque los grandes capitalistas no quieren poner en peligro la continuidad de Menem ni su control del proceso electoral. Por la misma razón, los “opositores” han dejado en pie la continuidad futura de las maniobras del menemismo en función de cómo evolucione la crisis política. Con un gobierno golpeado por la elección de Catamarca, con encuestas que plantean un 80% de repudio a la re-reelección, Duhalde y De la Rúa no han pasado de los “recursos” contra el juez de Córdoba que habilitó a Menem en la interna del PJ. Peor, la Alianza votó con el PJ el retomo de los edictos en la Capital, selló un acuerdo con el derechista Partido Demócrata de Mendoza, dejó correr el tarifazo de los trenes privatizados (cuyas concesiones extendió Menem por 20 años más) y se ha llamado a silencio frente a la verdadera masacre social que están produciendo el gobierno y las grandes patronales. Inmunidad para los estafadores “Esto recién empieza, si no conseguimos una tregua vendrán los pedidos de informes a Kohan por IBM, a Alderete por el Pami y a vos por el manejo de los ATN (Adelantos del Tesoro Nacional)” (Clarín, 14/3). El planteo de Roggero, jefe de los diputados del PJ, ante Carlos Corach confirma que uno de los “motores” de la ofensiva re-reeleccionista es asegurar la impunidad de la camarilla después de una década de privatizaciones truchas y negociados. Menem, sus ministros y su jefe de ejército están en el banquillo de los acusados por todos estos temas y por muchos otros (envío de armas a Ecuador y Croacia, Yabrán, blanqueo de capitales, perdón a la evasión impositiva de la industria automotriz, privatizaciones arregladas). Lo que preocupa a la dique menemista es, en primer lugar, la impunidad para los estafadores, que no considera asegurada ni siquiera por las garantías que le ofrecen la Alianza y el duhaldismo, ante la potencialidad de la crisis económica y los desgarramientos que produce en el seno de la burguesía. Detrás del debate re-reeleccionista está la búsqueda del indulto para la camarilla junto a la feroz pelea de intereses económicos en medio de la crisis. Menem tiene el respaldo de los pulpos que han copado las telecomunicaciones y el sector financiero, a quienes ofrece, en este caso, la privatización de los dos grandes bancos del Estado. Duhalde está asociado con bancos europeos (el Santander acaba de pronunciarse contra la re-reelección) y tiende a alinearse con la fracción de la gran patronal nativa que está reclamando un plan de salvataje estatal. Duhalde y Palito fueron los invitados de honor a la inauguración de la planta de cemento en la que la Fortabat y el grupo Techint se presentaron como los únicos grupos que no se dejaron comprar por los pulpos extranjeros. Se ha producido un desplazamiento en la dirección de la UIA, que iría a manos de dos empresarios vinculados al duhaldismo, en momentos en que está en debate “la necesidad de que la central fabril inicie una ‘guerra santa’ contra los bancos y las altísima´ tasas de interés” e incluso “que la UIA renuncie a participar del Grupo de los 8, cuya orientación ideológica la fijan los banqueros de Adeba y la Bolsa de Comercio” (Clarín, 19/3). Asamblea Nacional Él fraude de la oposición patronal al menemismo sólo es posible por la completa adaptación de las centrales obreras a los partidos patronales. El Partido Obrero llama a movilizarse no sólo contra la re-reelección, el golpe de estado con el que el menemismo busca la impunidad para el régimen de las privatizaciones truchas y las estafas sino para acabar con este régimen ahora. La continuidad de este régimen —incluso de aquí a diciembre— sólo traerá más desocupación, más miseria, más avasallamientos de derechos y conquistas de las masas. Por eso: Fuera Menem ya!, plan de lucha por la prohibición de los despidos, el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario, la reincorporación de los cesantes, el subsidio al parado de 500 pesos. Que El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires acaba de levantar la consulta popular contra la re-reelección que presentó ante la ciudadanía como el “golpe final” a la intentona menemista, luego del aplastamiento electoral del saadismo en Cata- marca. De la Rúa se valió de un fallo del Tribunal de Justicia de la Ciudad que planteaba sólo corregir la forma de la pregunta planteada en la consulta, tras declarar solemnemente que el plebiscito era ilevantable a no ser que hubiera un fallo “contundente” de la Suprema Corte de Justicia contra la re-reelección (que no se produjo) o un renunciamiento por escrito del propio Menem ante los jueces (que tampoco se dio). El candidato de la Alianza se deshizo de la consulta como una brasa ardiente en las manos, ni bien percibió el “voto” en contra de las grandes patronales y el clero. Estos, aunque puedan tener sus fichas en diferentes tableros respecto de la re-reelección, no están dispuestos a crear una crisis política que abrevie el mandato de Menem, a pesar de todas las características de maniobra que tenía la convocatoria de la Alianza. En esta línea se pronunció el 70% del propio aparato radical, el arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires y el empresariado. El seudo opositor La Nación tituló un editorial “La consulta popular debe ser cancelada”, el mismo día del levantamiento. La consulta fue concebida de entrada como un mecanismo para encubrir la decisión política de no movilizar al pueblo para echar a Menem y alimentar un chantaje político según el cual los trabajadores y los explotados no tendrían otra opción más que la Alianza para sacarse de encima al régimen hambreador. Preguntado por el llamado a una marcha nacional contra la re-reelección, Chacho Alvarez fue absolutamente explícito: “el problema no es convocar a la marcha sino qué hacer el día después”. El temor al “día después”, es decir a una movilización política que exprese el profundo odio al menemismo y los reclamos contenidos de las masas, retrata de cuerpo entero el carácter maniobrero y desmovilizador de la consulta. El desarrollo de la crisis ha puesto de relieve que la función de la Alianza y de Duhalde es preservar al gobierno menemista en medio de la crisis. Horas antes del levantamiento de la consulta, el gobernador bonaerense anunció la firma de un decreto convocando a un plebiscito para el 25 de abril y “sujeto a las circunstancias”, es decir, a la negociación con el menemismo “porque siguen los contactos reservados entre el gobernador y el presidente” (La Nación, 23/3). De la Rúa “entregó” la consulta, como Duhalde “entregó” el plebiscito el año pasado, porque los grandes capitalistas no quieren poner en peligro la continuidad de Menem ni su control del proceso electoral. Por la misma razón, los “opositores” han dejado en pie la continuidad futura de las maniobras del menemismo en función de cómo evolucione la crisis política. Con un gobierno golpeado por la elección de Catamarca, con encuestas que plantean un 80% de repudio a la re-reelección, Duhalde y De la Rúa no han pasado de los “recursos” contra el juez de Córdoba que habilitó a Menem en la interna del PJ. Peor, la Alianza votó con el PJ el retomo de los edictos en la Capital, selló un acuerdo con el derechista Partido Demócrata de Mendoza, dejó correr el tarifazo de los trenes privatizados (cuyas concesiones extendió Menem por 20 años más) y se ha llamado a silencio frente a la verdadera masacre social que están produciendo el gobierno y las grandes patronales. Inmunidad para los estafadores “Esto recién empieza, si no conseguimos una tregua vendrán los pedidos de informes a Kohan por IBM, a Alderete por el Pami y a vos por el manejo de los ATN (Adelantos del Tesoro Nacional)” (Clarín, 14/3). El planteo de Roggero, jefe de los diputados del PJ, ante Carlos Corach confirma que uno de los “motores” de la ofensiva re-reeleccionista es asegurar la impunidad de la camarilla después de una década de privatizaciones truchas y negociados. Menem, sus ministros y su jefe de ejército están en el banquillo de los acusados por todos estos temas y por muchos otros (envío de armas a Ecuador y Croacia, Yabrán, blanqueo de capitales, perdón a la evasión impositiva de la industria automotriz, privatizaciones arregladas). Lo que preocupa a la dique menemista es, en primer lugar, la impunidad para los estafadores, que no considera asegurada ni siquiera por las garantías que le ofrecen la Alianza y el duhaldismo, ante la potencialidad de la crisis económica y los desgarramientos que produce en el seno de la burguesía. Detrás del debate re-reeleccionista está la búsqueda del indulto para la camarilla junto a la feroz pelea de intereses económicos en medio de la crisis. Menem tiene el respaldo de los pulpos que han copado las telecomunicaciones y el sector financiero, a quienes ofrece, en este caso, la privatización de los dos grandes bancos del Estado. Duhalde está asociado con bancos europeos (el Santander acaba de pronunciarse contra la re-reelección) y tiende a alinearse con la fracción de la gran patronal nativa que está reclamando un plan de salvataje estatal. Duhalde y Palito fueron los invitados de honor a la inauguración de la planta de cemento en la que la Fortabat y el grupo Techint se presentaron como los únicos grupos que no se dejaron comprar por los pulpos extranjeros. Se ha producido un desplazamiento en la dirección de la UIA, que iría a manos de dos empresarios vinculados al duhaldismo, en momentos en que está en debate “la necesidad de que la central fabril inicie una ‘guerra santa’ contra los bancos y las altísima´ tasas de interés” e incluso “que la UIA renuncie a participar del Grupo de los 8, cuya orientación ideológica la fijan los banqueros de Adeba y la Bolsa de Comercio” (Clarín, 19/3). Asamblea Nacional Él fraude de la oposición patronal al menemismo sólo es posible por la completa adaptación de las centrales obreras a los partidos patronales. El Partido Obrero llama a movilizarse no sólo contra la re-reelección, el golpe de estado con el que el menemismo busca la impunidad para el régimen de las privatizaciones truchas y las estafas sino para acabar con este régimen ahora. La continuidad de este régimen —incluso de aquí a diciembre— sólo traerá más desocupación, más miseria, más avasallamientos de derechos y conquistas de las masas. Por eso: Fuera Menem ya!, plan de lucha por la prohibición de los despidos, el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario, la reincorporación de los cesantes, el subsidio al parado de 500 pesos. Que las organizaciones obreras y populares rompan con el gobierno y los partidos patronales y tomen en sus manos la lucha por las reivindicaciones obreras. No a las maniobras de los seudo opositores fondomonetaristas de la Alianza, que son incapaces de enfrentar la re-reelección con la movilización popular, porque quieren salvar a este régimen antiobrero y avalan la misma política de impunidad hacia los represores y hacia los capitalistas que están hundiendo al pueblo. A la calle: marchas, paros y movilizaciones en función de esta perspectiva, autoconvocándonos en una Asamblea Nacional de Activistas, para poner en pie una alternativa propia de los trabajadores.