Después de dos semanas de huelga, con piquetes de decenas de miles de trabajadores a todo lo largo y lo ancho del país, los camioneros de la UPS —la mayor empresa de encomiendas de los Estados Unidos— obtuvieron una formidable victoria.
Bajo la presión de una huelga que se mantenía vigorosamente —y que amenazaba con extenderse a los pilotos de los aviones de la compañía— y del respaldo popular a los huelguistas, la patronal debió ceder en casi todos los puntos en disputa: conversión de trabajadores de tiempo parcial en trabajadores de tiempo completo, salarios, jubilaciones, tercerización (ver recuadro).
La huelga de los 185.000 ‘Teamsters’ (camioneros) de la UPS fue la mayor paralización que protagonizó el movimiento sindical norteamericano en los últimos treinta años, mostró la tensión social existente en los Estados Unidos y los enormes esfuerzos de su movimiento obrero para imponer un límite decisivo a la ‘flexibilización’ y a la pérdida de conquistas.
Una huelga popular
Toda la prensa, sin excepción, resalta que "uno de los hechos más remarcables de la huelga fue la extensión del apoyo del público a los huelguistas y a sus reivindicaciones" (The New York Times, 21/8).
Este respaldo popular fue un elemento decisivo porque "galvanizó a los huelguistas en los piquetes" e "impulsó a la empresa a realizar grandes concesiones" (ídem).
La amplitud de este apoyo obedece al hecho de que los reclamos levantados por los ‘Teamsters’ —igualdad de pago para todos los trabajadores, estabilidad laboral, basta de precarización— tocaron el ‘nervio’ de una población trabajadora agobiada y agotada después de una década de ‘reestructuraciones’,‘reducción de los costos laborales’ y proliferación de ‘empleos basura’.
Perspectivas
Después de la huelga, Ron Carey, presidente del sindicato de los ‘Teamsters’, fue enfático: "esta victoria, dijo, marca un viraje histórico para el movimiento sindical". John Sweeney, presidente de la AFL-CIO, la central sindical norteamericana, agregó que "el movimiento sindical está de nuevo en carrera". ¿Cómo evalúa la gran burguesía norteamericana la derrota de la patronal de la UPS?
Algunos han señalado que el acuerdo creará "presiones inflacionarias", sobre todo si los aumentos y conquistas logrados en UPS tratan de extenderse a otras empresas. En otras palabras, que esperan un ascenso del movimiento reivindicativo; la ‘congelada’ huelga de los ferroviarios de Amtrack (ver aparte) lo confirma. The Wall Street Journal (20/8) es especialmente cáustico con el "costoso" acuerdo firmado por la patronal de la UPS. El diario de los financistas de Nueva York señala que el crecimiento económico ininterrumpido de los últimos seis años y el ‘boom’ de los beneficios y los valores bursátiles está basado en los bajísimos costos laborales y en la utilización masiva del ‘trabajo basura’, para deprimir sistemáticamente los salarios. Los especuladores temen que las ‘presiones salariales’ derrumben el delicado castillo de naipes de la especulación financiera. Otra vez, la Bolsa o la vida.
La mayoría de los comentaristas, sin embargo, sostiene que la victoria obrera no tendrá efectos de largo plazo, porque los sindicatos no podrán alterar el cuadro que les ha permitido a las empresas imponer la precarización del empleo y la masiva utilización de ‘part-timers’ y trabajadores contratados.
La cuestión de si la victoria de los camioneros de la UPS abre una "nueva etapa" para el movimiento sindical norteamericano se reduce a esta otra: ¿apoyándose en esta importantísima victoria, en la disposición de lucha demostrada por los camioneros y en el apoyo de la población trabajadora, el movimiento sindical norteamericano será capaz de ‘organizar a los desorganizados’?
La política de la burocracia sindical
Salta a la vista que, en la actual situación del movimiento sindical norteamericano, la política de las organizaciones obreras asume una importancia decisiva.
La política de la ‘nueva’ dirección de la AFL-CIO, encabezada por John Sweeney y Ron Carey, está enderezada a recuperar el papel de ‘grupo de presión’parlamentario y de ‘columna vertebral’ del partido Demócrata que los sindicatos tenían a mediados de la década del 70, y del que fueron desplazados durante los gobiernos de Reagan y Bush. Por eso, la burocracia respalda firmemente a Clinton, gastó 35 millones de dólares en su campaña reeleccionista, a la que destinó, además, varios miles de organizadores sindicales rentados. Desde que asumió en la AFL-CIO, la dirección de Sweeney ha llevado adelante un activo ‘lobby’ parlamentario, llenando el Congreso y la Casa Blanca de ‘asesores’ sindicales. Según la prensa, el propio Sweeney cena una vez al mes con Clinton.
El retroceso del ‘lobby’ sindical en el Congreso, en la Casa Blanca y en el partido Demócrata había llevado a un sector minoritario de la burocracia sindical a lanzar la formación de un Labor Party (Partido de los Trabajadores), aunque no presentó candidatos en las últimas elecciones y autorizó a sus afiliados a votar por los demócratas.
Contrariamente a las posibilidades de organización que abre la victoria de los camioneros de la UPS, la burocracia sindical la utilizará para acentuar su política de colaboración con el gobierno, de apoyo a los demócratas y de ‘lobby’ parlamentario. Ya comenzó a hacer circular el ‘argumento’ de que Clinton‘resistió’ el reclamo de la patronal de la UPS y de buena parte de los legisladores y gobernadores, para imponer el levantamiento de la huelga por decreto, como una ‘prueba’ de que su política de ‘lobby’ en la Casa Blanca ‘rinde’. Claro que deberá ‘tragarse’ la intervención contra la huelga de los ferroviarios y, sobre todo, la descentralización del gasto social, consensuada entre demócratas y republicanos. La ‘transferencia’ del gasto social a los estados significará, como sabemos aquí por experiencia propia, su drástica reducción y hasta su eventual privatización.
Así, contradictoriamente, la victoria de los trabajadores de la UPS reforzará la subordinación de la burocracia a la política imperialista ‘democrática’.
Serán necesarios todavía nuevos choques entre la clase obrera y la burguesía, y nuevas convulsiones en el movimiento sindical, como consecuencia del inevitable fracaso de la política de ‘lobby’ parlamentario, para que en la vanguardia sindical norteamericana madure la necesidad de superar definitivamente a la burocracia sindical y de organizarse en un partido propio.
El acuerdo
Puntos claves del acuerdo tentativo entre los Teamsters y la UPS:
• Contrato: el sindicato quería un acuerdo de dos o tres años de duración, pero aceptó un convenio por cinco años.
• Empleo: la compañía proponía crear 1.000 empleos de tiempo completo. El acuerdo establece que UPS creará 10.000 empleos de tiempo completo, a partir de los existentes (de tiempo parcial durante la vigencia del contrato).
• Salarios: la base de 8 dólares la hora se aumenta en 50 centavos. El salario promedio de un camionero de UPS (19,95 dólares la hora) aumentará 3,1 dólares durante la vigencia del contrato. El salario de los trabajadores de tiempo parcial aumentará 4,1 dólares la hora.
• Jubilación: la compañía quería retirarse del fondo de pensión administrado por el sindicato y que cubre a todos los trabajadores de la rama, para crear un nuevo plan de jubilaciones exclusivamente para los trabajadores de UPS. Según el acuerdo, UPS retira su propuesta y acuerda mantenerse en el actual sistema.
• Tercerización: la empresa se compromete a reducir los trabajos subcontratados a terceras compañías (no sindicalizadas), con excepción de las fiestas de fin de año.
Clinton: decreto de necesidad y urgencia
Apenas dos días después de la victoria de los camioneros de la UPS, Clinton se vio obligado a decretar la suspensión de la huelga ferroviaria anunciada para el próximo 5 de setiembre.
Los trabajadores de Amtrak, una empresa ferroviaria semiestatal, habían votado ir a la huelga por la renovación de su convenio colectivo. La intervención de Clinton obliga a los trabajadores a suspender la huelga por 60 días. Si hasta entonces no se llega a un acuerdo, "el Congreso puede votar una ley que imponga un arreglo a la disputa" (El Cronista, 22/8).
La potestad del Congreso para liquidar definitivamente el conflicto sólo después de cumplidos los 60 días de ‘congelamiento’ decretados por Clinton, explican el ‘apuro’ presidencial para decretar la suspensión de la huelga. "Un vocero de la Casa Blanca dijo que Clinton actuó antes de la fecha límite del 5 de setiembre para asegurar que el Congreso estuviera en sesiones después de la expiración del plazo de congelamiento; ‘si la situación no está resuelta entonces, el Congreso podrá actuar’ (…)" (Financial Times, 22/8). En pocas palabras, el gobierno norteamericano está dispuesto a impedir, por los medios que sea, la huelga de los ferroviarios.
La rápida intervención de Clinton contra los ferroviarios es enormemente instructiva, porque confirma lo que señalamos hace apenas dos semanas: que"cada vez con mayor frecuencia, las huelgas se están convirtiendo en un asunto político de la mayor magnitud" (Prensa Obrera, n° 552, 13/8).