Un pacto contra las paritarias, las huelgas y los jubilados Redacción
Un pacto contra las paritarias, las huelgas y los jubilados La reforma de la legislación laboral es un objetivo de vieja data de los capitalistas, con el propósito esencial de incorporar en la legislación los atropellos patronales perpetrados en los últimos años, en especia; bajo la dictadura. No en vano el régimen constitucional ha mantenido en pie el 90 % de la legislación antisindical de la dictadura y se negó obstinadamente en estos 3 años a convocar a las paritarias. El año pasado el radicalismo anunció que en 1987 se convocarían las paritarias, pero en el marco de una nueva ley, pomposamente llamada de “relaciones laborales”. La misma convertía a las paritarias en una mera cámara registradora de las decisiones salariales y laborales del gobierno, desde el momento que estipulaba: 1) la “emergencia económica” por un período de 18 meses sobre un período de 36, en cuyo lapso podía anular los convenios y reducir los incrementos salariales que se hubieran pactado. 2) Durante la negociación de los convenios y una vez firmados, los trabajadores no podrían realizar ningún tipo de huelga. La cláusula de “paz social”, además estaría implícita en cada convenio. 3) Se establecía el arbitraje obligatorio y si hubiera paros podía ordenarse la reanudación del trabajo de un modo definitivo. 4) Bajo la emergencia, los salarios se fijarían en base a las bandas establecidas sobre una hipotética inflación futura, claro está siempre inferior a la real.,. 5) La frecuencia de las negociaciones paritarias se reducían pues en lugar de anuales se llevaban a dos años. No hace falta demasiada visión para darse cuenta de que la voluntad de los trabajadores queda reemplazada por las decisiones del equipo económico del gobierno y el Ministerio de Trabajo. Receptividad Apenas se conoció este engendro reaccionario y fascista, la burocracia sindical se mostró bastante receptiva. “Antes de discutir los cambios en la legislación obrera —sostuvo la CGT— queremos hacerlo sobre el modelo de sindicalismo existente en el país”. En pocas palabras, la burocracia declaraba su disposición a participar de esta nueva regimentación a cambio de tener asegurados sus privilegios en una ley sindical. A partir de ahí, radicales y peronistas se dedicaron a negociar las paritarias por la ley sindical, concediendo el gobierno los reclamos antiobreros de la burocracia y ésta las pretensiones reaccionarias del gobierno. Así, por ejemplo, el gobierno eliminó de su proyecto la representación de la minoría en los consejos directivos de los sindicatos y la burocracia aceptó que existiera la “emergencia económica”. La semana pasada, estas negociaciones fueron reflotadas, a partir de la decisión del gobierno de sacar, sí o sí, este año este engendro. Según los diarios, la negociación estaba empantanada porque la UCR reducía el plazo de la “emergencia” de 18 a 12 meses y el peronismo la admitía por 6 meses. Respecto a las “bandas” el peronismo coincidía con ellas, pero con algún reajuste posterior si la inflación superaba holgadamente el aumento salarial. Un frente parlamentario antiobrero La burocracia, mientras tanto, decidió articular su línea de “acción” —no convocando a los trabajadores sino a los partidos llamados de oposición. El miércoles 18, el consejo directivo de la CGT se reunió con el PI, el peronismo renovador, la DC, el MID y la Democracia Progresista suscribiendo todos sus asistentes un acuerdo que bien puede ser llamado de frente contra las paritarias, las huelgas y los jubilados. El escueto comunicado no plantea la vigencia Irrestricta de la ley 14.250 sino la necesidad de una nueva ley que no imponga limitaciones “irrazonables y arbitrarias” el derecho de fijar salarios. Lo que para esta gente es “razonable” si vio de inmediato porque propusieron la aceptación de la emergencia económica por un lapso de 9 meses, comenzando a partir de abril, o sea, que regiría todo 1987. Osvaldo Borda, peronista renovador y burócrata, sintetizó eta impostura diciendo que la “emergencia nacional debe ser asumida por todos” (La Razón, 19-2) y pagada, por supuesto, por los trabajadores. Este frente tampoco reclamó el cumplimiento de la ley con los compañeros jubilados —82 % móvil— sino que sancione una nueva legislación, que es lo que quiere el oficialismo y el conjunto de la burguesía, para proseguir con la confiscación de los haberes jubilatorios. No en vano, el secretario de Trabajo Caro Figueroa saludó este acuerdo porque “es importante —dijo— que consideren a la emergencia económica como una realidad” (Crónica, 20-2). “Opositores” y burócratas La coincidencia de burócratas y supuestos partidos opositores con lo esencial de una ley antiparitarias y antihuelgas se explica porque ambos responden a las necesidades esenciales de la clase capitalista que quiere y necesita arrebatar con las conquistas históricas del movimiento obrero. Para los renovadores, el PI y la DC es, adicionalmente, una demostración de que apuntalan el régimen explotador y por esa vía pretenden ganar la confianza del gran capital. La burocracia sindical, por su parte, vive Integrada al Estado burgués, de donde emanan sus prebendas. La burocracia sindical necesita del arbitraje y la intervención del Estado en las organizaciones obreras, como modo de regular y regimentar al movimiento obrero. Esta burocracia ya aceptó en la práctica esta ley antiparitarias, ya que firmó todas las “bandas salariales” Impuestas por el gobierno, con las cláusulas de paz social. Mientras la burocracia se desvive en las negociaciones secretas con los radicales y los pactos con la llamada “oposición”, la clase obrera no figura ni por casualidad en la mira cegetista. Pero mientras burócratas y burgueses buscan amordazar al movimiento obrero, la crisis económica va erosionando todos estos acuerdos y los trabajadores son empujados a la lucha. No va a ser la primera vez que los juristas laborales de la burguesía se olviden de lo más importante: la realidad. Sobre esta tendencia inexorable a la crisis económica y a la lucha obrera que de ella emerge es que se deben impulsar asambleas en las fábricas y los sindicatos en repudio a todas estas negociaciones antiobreras que apuntan a liquidar las paritarias y el derecho de huelga. “Gatillo”: disparen contra el salario La burocracia sindical está haciendo espuma porque el gobierno reconocería un reajuste salarial por el evidente desfasaje inflacionario. Lo que, por supuesto, la burocracia sindical no dice es que, a cambio de esto, aceptará incluir en la próxima ley de paritarias la figura de la “emergencia económica”, por la que el Poder Ejecutivo puede hacer y deshacer a su antojo todas las cláusulas de los convenios, incluido el reajuste salarial. Pero lo que tampoco dicen los burócratas es que el mencionado reajuste cláusula “gatillo” es un mecanismo que solo recompone la pérdida salarial si se aplica integralmente y en forma mensual (en épocas hiperinflacionarias debería ser quincenal o semanal). No es esto lo que la burocracia está discutiendo con el gobierno. El “gatillo” funcionaría trimestralmente pero no será retroactivo, lo que significa que no se recuperará lo perdido en los tres meses pasados. Además, se aplicará si la pérdida salarial es muy elevada. En Brasil, por ejemplo, los trabajadores debían aceptar hasta un un 29 % de pérdida salarial y solamente se “accionaba el gatillo” si la pérdida superaba ese 20 %. Que de esto se trata lo dijeron con claridad los partidos parlamentarios y la CGT en el acuerdo firmado la semana pasada: los salarios no deben ser “irrazonablemente” limitados. En buen criollo; hasta un límite “razonable” (¿15 %? ¿29 %?) a nuestros burócratas y parlamentarios les parece muy bien que caiga el salario. ¿Qué tiene de extraño entonces que el artífice de la ley contra las paritarias -el diputado radical Terrile- diga que don Sourroulille la cláusula “gatillo” le parece “razonable”?