El viernes 30 de enero se realizó la asamblea abierta contra el punto final convocada por el PO. Con una concurrencia de 250 compañeros, la asamblea fue presidida por nuestra compañera Catalina Guanigni. El panel estuvo integrado, además por representantes del Frente de Derechos Humanos de Almirante Brown; del PI -Centro Argentina Liberada; de la Comisión de Derechos Humanos de la Asociación Bancaria; del Movimiento Judío por los Derechos Humanos. Adhirieron y participaron de la Asamblea, representantes de la Asociación de ex-detenidos desaparecidos, de la comisión interna del Banco Credicoop y del PC de la zona novena del Capital. Luego de un amplio debate, la asamblea aprobó una resolución política que transcribimos en estas páginas y un plan de movilización que culminará el próximo 20 en una concentración callejera. Existió coincidencia unánime en la necesidad de ganar la calle, de manifestar contra los poderes del Estado y romper el bloqueo político de las direcciones burguesas y democratizantes empeñadas en evitar que el punto final sea derrotado por la movilización democrática. El pasado fin de semana se realizaron diversos actos (Pque. Centenario, Plaza Mármol, Lanús, etc.) y se colocaron mesas en las calles contra el punto final. Esta tarea debe redoblarse para confluir el 20 en una gran movilización. El régimen constitucional no ha dudado en violentar su propio orden jurídico para cumplir con una de sus metas más preciadas: amnistiar al aparato represivo de la dictadura. En estos tres años montó un calculado andamiaje político y jurídico para que quedaran impunes los responsables de los secuestros y asesinatos. Pero el régimen constitucional necesitaba franquear otro paso: darle garantías a los represores de que sus crímenes están judicialmente cerrados y que los “derechos humanos” son una causa archivada. No bastaba que la Corte Suprema sacara de sus “jueces naturales” las causas contra los militares, como lo hizo con el del Primer Cuerpo de Ejército. Tenía que impedir el menor atisbo de parodia de juicio (como lo fueron el de Camps, Astiz, Juntas Militares) y absolver de conjunto a toda la casta militar. La democracia se ha revelado ante los ojos de la inmensa mayoría de la población como una operación de rescate de la dictadura militar, coronando de este modo lo que ha sido el objetivo estratégico de la institucionalización pactada con las Fuerzas Armadas y el imperialismo. Ahora el gobierno ha enviado instrucciones a los fiscales con el objetivo de remachar el punto final instruyendo a aquéllos a limitar los Juicios a un reducido grupo de oficiales y exonerar masivamente (obediencia debida) al conjunto del aparato genocida. El plan fue concienzudamente trazado y también los tipos de implementación. La saturación por los medios, la política económica, los modernos modos de manipulación de masas, fueron implementados para preparar el camino de la amnistía (un punto culminante en este sentido) que hoy se expresa en el punto final. El alfonsinismo ha planteado por un lado “somos la vida y la paz" y por el otro el ascenso y libertad de los genocidas; las instrucciones a los fiscales, el limitado juicio a las juntas y a Camps y la mantención como rehenes de los presos políticos (aun encarcelando y persiguiendo a nuevos militantes). La creación del CEPOC, el mantenimiento de los “Servicios”, el Plan Austral, la. supeditación a los intereses del FMI, el salario como variable de ajuste, todo esto da cuenta de un mismo estado de dominación por el imperialismo, al tiempo que demuestra la complicidad y connivencia del actual régimen de gobierno con quienes aplicaron el terrorismo de estado. El punto final es una conclusión del proceso democratizante. La función de las condenas a Videla y Massera la sintetizó el radical Juan Carlos Pugliese al señalar que a lo sumo diez o doce debían pagar el precio para exonerar al conjunto del aparato terrorista. Videla. y Massera son los “chivos expiatorios”, y aun así de un modo simbólico, puesto que sus condiciones de detención son de lujo, mientras se está trabajando por una amnistía para éstos, mientras se mantienen también los presos políticos tanto de la dictadura como de la “democracia”. Este proceso ha sido avalado y respaldado públicamente por el imperialismo al señalar su completo apoyo a la política de derechos humanos y a la “política militar” del alfonsinismo. Este punto final es un movimiento destinado a preservar al brazo armado del estado capitalista. Por ello es que se trata de un movimiento de clase, burgués, proimperialista y que por lo tanto es sostenido por la burguesía nacional y el conjunto de sus partidos. Esto lo dice el propio gobierno cuando sostiene al fundamentar las instrucciones a los fiscales que “el estado ejerció su competencia para decidir... qué juicios y condenas eventuales son socialmente convenientes”. Aquí está dicho, blanco sobre negro, cuál es el límite infranqueable para la clase explotadora: ninguna medida que ponga en peligro intereses y posiciones de la clase dominante, y entre ellos, y fundamentalmente, la intangibilidad de su cuerpo de oficiales. Estas conclusiones son capitales para el movimiento contra el punto final y por el efectivo encarcelamiento y castigo de todos los responsables del genocidio. Es que estas banderas bajo ninguna circunstancia pueden ser un terreno de confraternización política con la burguesía, en cualquiera de sus variantes, oficialistas y opositoras. Cuando alguna de sus fracciones interviene en las inevitables movilizaciones contra la impunidad genocida, lo han hecho para dictarle su contenido; esto es, bloquearlas, llevarlas a una vía muerta y evitar que adopten un curso independiente y de denuncia del conjunto del régimen político. No hay que olvidar que todos los partidos burgueses votaron el ascenso por vía parlamentaria de los militares genocidas, el mantenimiento de los Jueces y del 90 por ciento de la legislación de la dictadura. Lejos de ampliar el movimiento de lucha por el juicio y castigo, la aparición con vida y contra el punto final, la burguesía interviene como freno de esas luchas para enchalecarlas dentro de su política, encubriendo así la responsabilidad de todo el régimen político democratizante en la impunidad de los genocidas. La lucha contra el punto final, por el juicio y castigo, por la aparición con vida sólo puede prosperar como una movilización democrática contra el régimen capitalista y proimperialista. De allí que la ampliación de la lucha democrática depende de su integración al torrente de luchas que llevan adelante el movimiento obrero y los explotados en general. Es decir, que se desarrolle como lucha de clase, independiente de la burguesía y sus partidos. En función de estas consideraciones, la Asamblea Abierta contra el Punto Final convocada por diversas organizaciones de derechos humanos y agrupaciones, organizaciones sindicales y estudiantiles y partidos políticos RESUELVE: 1. Impulsar un plan de movilizaciones barriales y zonales con el objetivo de ganarla calle para generar las condiciones que quiebren el punto final, la impunidad y la amnistía. (Para ello se propone tomar como referente las siguientes zonas...) 2. Participar en las movilizaciones ya convocadas en barrios y zonas por las org. de derechos humanos. 3. El día 20, a las 18 hs., a escasas horas del pretendido cierre de las causas por el punto final, convocar a una gran movilización callejera, para: a. Exigir el Juicio y Castigo a todos los culpables. b. Cárcel para todos los genocidas. c. No al punto final. Se resuelve asimismo continuar después del 20 el Plan de movilización aprobado, por el mismo objetivo. Frente Derechos Humanos Almirante Brown. Frente Derechos Humanos Lanús., Partido Obrero. Partido Intransigente. Centro Argentino Liberada. Partido Comunista de Lanús. Adhieren al acto y movilización: Movimiento Judío DH. Comisión D.H., Asociación Bancada (Capital), Partido Comunista Sección Novena (Capital) ¿Presos? “Condenados” de lujo Sobran los dedos de las manos para contar los militares que han merecido alguna condena. Pero si por un lado se absuelve a miles de torturadores y asesino, por el otro, las condiciones de detención de los “condenados” provocarían con razón la envidia de más de un individuo “en libertad” El diario La Nación informa (5-2) que los “generales Jorge Rafael Videla, Roberto Viola y Ovidio Pablo Richeri, el brigadier General Orlando Ramón Agosti, el Almirante Eduardo Emilio Massera y el comisario general Miguel Etchecolatz comparten un chalet en el que disponen de dependencias individuales”. “Los generales tienen valet” “Los condenados pueden jugar al tenis o al ping pong, pero no tienen pileta de natación” “Según las mismas referencias gozan de un régimen de visitas permanente. Las fuentes consultadas coincidieron en que acuden a visitarlos políticos y militares -todos ellos retirados- pero declinaron identificarlos” “Videla -añaden las referencias- recibe visitas en diferentes horarios. Su esposa Raquel Hartridge ha sido alquilado una modesta vivienda en las proximidades de la unidad y concurre asiduamente a visitar a su esposo… “Todo el personal de la unidad guarda el respeto correspondiente al rango de los condenados de alta graduación, de manera que el cuadrarse y saludar con un buen día mi general es ceremonia corriente para la suboficialidad de esa cárcel.” No hacen falta más comentarios. El gobierno acaba de ponerle “el moño” a la ley de punto final. El procurador de la Nación, siguiendo directivas de Alfonsín, instruyó a los fiscales a limitar la acción penal a un reducidísimo grupo de militares, los llamados “casos materialmente probados”, para los cual durante todos estos tres años se negó a investigar y a abrir los cuarteles y archivos militares, y especuló con la prescripción de las causas. El gobierno ha realizado la proeza de violentar su propia ley infame -con la inmensa mayoría de los “grupos de tareas” judicialmente exonerados. Todo debe quedar reducido, esa es la directiva, a una decena de casos. Se trata del vaciamiento más colosal operado en los últimos tres años. Las miles de denuncias formuladas por las organizaciones de derechos humanos, los 1.300 inculpados por la CONADEP, se han convertido en una decena de casos, los que, en su mayoría, quedarán seguramente absueltos. Con estas nuevas instrucciones, el gobierno le ha dado satisfacción al reclamo de los oficiales de la Escuela de Mecánica de la Armada y de los “grupos de tareas” que abiertamente proclamaron que no se presentarían a las citaciones judiciales. Alfonsín ha convertido la insubordinación militar en ley de la Nación. El aparato de la dictadura: ley suprema El punto final es la culminación de una deliberación política llevada adelante estos tres años cuyo objetivo es preservar el aparato represivo de la dictadura. Para el régimen explotador la preservación de su brazo represivo es la ley suprema y por eso el régimen constitucional no ha titubeado en violentar su propio ordenamiento jurídico para cumplir con esa meta preciada. Los tres poderes del Estado han actuado en coordinación. El poder Judicial se sometió a las directivas del Ejecutivo y el Parlamento dictó con el voto de los radicales y peronistas, ortodoxos y renovadores, su propia amnistía al ascender de grado en tres períodos sucesivos a torturadores y asesinos confesos, para dictar finalmente la ley infame. Los tres poderes del Estado han pisoteado la voluntad popular manifestada en las calles, en la repulsa abierta contra un Parlamento obsecuente o ante la libertad de Astiz. Todos los principios que se proclaman a diario quedaron como trapo de basura ante las “razones de Estado”: preservar el aparato represivo. Alfonsín lo dijo claramente: pagaremos todos los precios políticos, pero el punto final es ley de la Nación. Movilizarse es la única alternativa Contra el punto final no hay argucia legal. Quienes la plantean lo único que pretenden es anestesiar la voluntad de lucha del pueblo argentino. La ley del punto final no puede ser emparchada; tiene que ser derogada. Cien mil personas se manifestaron contra la ley infame en diciembre. Pero esa movilización fue concebida como una “paseada”, no como el inicio de un plan de lucha hasta que la ley fue retirada. Se la concibió como un terreno de confraternización con partidos patronales comprometidos con todo el curso amnistiador del régimen constitucional. Es por ello, que llamamos a una campaña de agitación en fábricas, talleres, plazas y calles, que culmine el próximo viernes 20 a las 18 hs. en una concentración en Congreso. NO AL PUNTO FINAL. CÁRCEL A LOS GENOCIDAS. JUICIO Y CASTIGO A TODOS LOS CULPABLES. CONCENTRACIÓN PREVIA: 18.30 HS. CORRIENTES Y CALLAO Resolución de la Asamblea Abierta del Partido Obrero 30-1-87 CONVOCAN: Partido Obrero Partido Comunista (Lanús) Partido Intransigente-Centro Argentina Liberada Frente de Derechos Humanos de Lanús Frente de Lucha por los Derechos Humanos de Alte. Brown Adhieren: Partido Comunista (Sección 9ª Capital) Movimiento Judío por los Derechos Humanos