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Prensa Obrera N° 1555

4 de julio de 2019 · 10 notas

Notas de este número

4 de julio de 2019
[Editorial] La continuidad histórica del Partido Obrero

English version En los últimos días, la situación interna del Partido Obrero ha sido materia de debate político en los principales medios de comunicación del país y ha tenido amplia difusión por las redes sociales. La cuestión ha ocupado la primera plana de los diarios y decenas de programas de radio y televisión se interesaron por el debate, requiriendo la opinión de dirigentes del PO. Más importante, aún, es la preocupación -que compartimos- que ha abierto en el seno de amplias capas de los trabajadores y la juventud la ruptura que ha anunciado públicamente Altamira con el Partido Obrero. Bien visto, esta amplia cobertura refleja el lugar ganado por el Partido Obrero en el país, ante los sectores más combativos y politizados, pero también ante el conjunto de la población y las distintas clases sociales. Esta característica del Partido Obrero lo distingue de otras organizaciones que se reclaman de la IV Internacional e incluso de la izquierda radical, tanto en la Argentina como a nivel internacional. En resumen, el Partido Obrero es una construcción histórica con raíces profundas y un programa que, al menos parcialmente, ha logrado una influencia de masas. Este lugar único conquistado por el Partido Obrero obliga a caracterizar la fractura llevada adelante por el grupo que comanda Jorge Altamira como un atentado criminal, no solo contra la organización que fundó hace 55 años, sino también contra el proletariado de nuestro país y las masas explotadas. Esta caracterización se agrava aún más cuando se tiene en cuenta la metodología con la que es llevada adelante, poniendo en duda por medio de denuncias públicas el carácter democrático de nuestro partido. Es imposible ignorar que este hecho ocurre en medio de la campaña electoral, atentando también contra la lucha que el Frente de Izquierda-Unidad debe librar contra todos los bloques capitalistas. Debemos admitir acá una línea política coherente de parte de Jorge Altamira, quien previo a protagonizar esta ruptura había atacado públicamente a su partido por el balance electoral de Córdoba, acusando de desvíos políticos ‘policlasistas’ y ‘feministas’ que, por supuesto, jamás se encargó de demostrar. Hizo lo mismo luego de otras elecciones provinciales, y más importante aún, cuestionó también el programa de formación del Frente de Izquierda-Unidad, a pesar de que los 22 puntos de la plataforma acordada se colocan de modo categórico en la defensa del gobierno de los trabajadores en oposición a todas las variantes capitalistas. XXVI Congreso La ruptura provocada por Jorge Altamira se da a solo dos meses de finalizado el XXVI Congreso del PO que, sin lugar a dudas, fue una escuela de debate político y ejemplo de democracia interna. Entre enero y abril se publicaron 17 boletines internos de debate, con más de 300 textos elaborados por la militancia. Por su extensión, estos textos podrían ocupar varios tomos de una biblioteca. Se puso a consideración la situación política nacional, la internacional y el balance de actividades del propio partido. El aporte al debate fue del conjunto de la militancia, abarcando a dirigentes con más experiencia y compañeras y compañeros más nuevos. Los debates fueron procesados en las reuniones de círculos y en plenarios realizados especialmente para considerar los documentos y votar sobre las conclusiones alcanzadas. A fin del debate congresal se votaron delegados que concurrieron al XXVI Congreso. Allí, durante cuatro días, se debatió y se resolvieron las tesis políticas y las orientaciones de trabajo y se votó el Comité Nacional del Partido Obrero. Durante el proceso del debate congresal se realizó también una Conferencia Electoral Nacional con delegados electos, que votó un impulso a la campaña del PO y del FIT, y nominó varios candidatos, entre ellos a Romina Del Plá para la fórmula presidencial. Acusar de burocrático a un partido que despliega una democracia interna de esta intensidad es una calumnia, que ya sería indignante si viene de nuestros adversarios políticos, pero se convierte es absolutamente repudiable cuando el calumniador es un dirigente histórico de la organización. Durante el debate congresal, Jorge Altamira pudo llevar adelante la defensa de sus posiciones políticas. Presentó un documento alternativo al de la dirección nacional sobre la situación política argentina. Votó el documento internacional que elaboraron los miembros de la Comisión Internacional sin su colaboración y rechazó el documento de informe de actividades pero sin presentar uno alternativo o una crítica de conjunto. Durante el desarrollo del propio XXVI Congreso se le otorgó un tiempo preferencial para defender sus posiciones. Las posiciones de Altamira, sin embargo, quedaron en franca minoría y no fue electo para el Comité Nacional. Los documentos presentados por la dirección obtuvieron el 80% de los votos de los delegados y un porcentaje similar votó la tesis presentada por la dirección en la Conferencia Electoral Nacional. Una posterior Conferencia Electoral de la Ciudad de Buenos Aires, realizada a mediados de junio, votó la candidatura a jefe de Gobierno de Gabriel Solano por el 94,5% de los votos contra el 5,5% obtenido por Marcelo Ramal. A pesar de la relación de fuerza abrumadora que expresó la posición de la militancia, Jorge Altamira atacó públicamente en su Facebook esa votación como un acto antidemocrático. Concluido el XXVI Congreso, el Comité Nacional electo les propuso a Altamira y Ramal que continúen en las tareas de que venían llevando adelante, uno en la comisión internacional y el otro en el comité de redacción de Prensa Obrera. Ambos rechazaron esta propuesta integradora. En vez de reivindicar la amplia democracia interna del PO, sus congresos anuales y sus debates por escrito y en plenarios en todo el país, contrastándolo con el punterismo de la política capitalista, Altamira está dedicando su tiempo a cuestionar a su propio partido por los medios de comunicación, echando mano a las mentiras y falsificaciones más groseras. Debates Los debates que cruzaron el XXVI Congreso comenzaron mucho antes de los tres meses fijados en el Estatuto partidario. Hacia fin de 2018, y de modo algo casual, se desenvolvió un debate por escrito acerca de lo se denominó “la iniciativa estratégica de la burguesía”. A raíz de una polémica suscitada por un artículo de Altamira en nuestra revista En Defensa del Marxismo, que afirmaba que en Brasil y en América Latina la burguesía había perdido la iniciativa y que ella pasaba a manos potencialmente de la clase obrera y la izquierda revolucionaria, se desenvolvió una polémica altamente clarificadora sobre cuestiones políticas, de estrategia y de método. La tesis de Altamira contrastaba con el resultado electoral en Brasil, donde Bolsonaro se había logrado imponer en las elecciones, mientras la izquierda que se reclama revolucionaria había quedado reducida a una marginalidad absoluta. El grupo de Altamira defendió tozudamente esa tesis, afirmando que, en la época imperialista, la burguesía estaba imposibilitada de tener una iniciativa estratégica. Así, las guerras mundiales, el fascismo para evitar la extensión del bolchevismo a toda Europa, las guerras fratricidas armadas por el imperialismo -como sucedió en Yugoslavia-, la restauración capitalista en los Estados obreros, eran presentadas como expresiones de la crisis mundial y no como acciones de la propia clase capitalista para defender con uñas y dientes su dominio de clase. En un desbarranque ajeno al marxismo, Marcelo Ramal llegó a afirmar que el fascismo no era la estrategia contrarrevolucionaria de la clase capitalista sino una manifestación de la crisis. La lucha de clases real era sacrificada y se invertía los términos fundamentales del marxismo: el motor de la sociedad dejaba de ser la lucha de clases y ese lugar lo ocupaba la “crisis capitalista”. El sujeto se transformaba en objeto pasivo de la determinación material. El grupo de Altamira pretendió encubrir esta ruptura con el marxismo, acusando a la dirección del partido de un giro “anticatastrofista”. Pero el giro es de Altamira. Como varios se lo señalaron en textos publicados en nuestros boletines internos, se confundía deliberadamente la crisis mundial y la bancarrota capitalista, como categoría específica que muestra una decadencia histórica del régimen social actual -y cuya profundización plantea desestabilizaciones y crisis políticas, y la emergencia de situaciones revolucionarias- con la incapacidad de acción de la burguesía y el imperialismo. Se ignoraba las conclusiones fundamentales presentadas por Trotsky en el III Congreso de la Internacional Comunista, cuando en su famoso texto titulado “Una escuela de estrategia revolucionaria” demuestra cómo contradictoriamente la burguesía alcanza su mayor perspicacia política, lograda sobre la experiencia de siglos de ejercer su acción de clase dirigente, cuando las bases materiales de su dominación están perimidas y se demuestra incapaz de desarrollar la fuerzas productivas de la sociedad. Esta contradicción sirve para mostrar la vigencia de la revolución socialista, en oposición a quienes la han archivado en nombre del triunfo del capitalismo, y refuerza la necesidad de la construcción de partidos revolucionarios a nivel nacional e internacional, pues la burguesía no va a entregar su poder por el simple hecho de que su régimen esté en decadencia, sino que habrá que arrebatárselo por medio de una revolución social. Esta conclusión, a simple vista elemental para un militante de la IV Internacional, fue calificada como “anticatastrofista” por Altamira y su grupo, mostrando su retroceso a posiciones fatalistas o mecanicistas que ignoran la centralidad de la lucha de clases y las tareas de la construcción del partido y de una vanguardia obrera. Este debate tuvo una manifestación en la Conferencia Latinoamericana, realizada en noviembre pasado. Allí Altamira y su grupo desarrollaron una argumentación curiosa, que no pudieron sostener hasta el final. Imbuidos de la tesis equívoca de la incapacidad de la burguesía de tener iniciativa, dieron un paso más y negaron que exista en Argentina y en América Latina una “ofensiva capitalista”. Los intentos de avanzar en las reformas laboral y previsional en Brasil y en nuestro país, y más en general las disputas entre las potencias por la apropiación de los recursos naturales de la región, eran simplemente negados en nombre de la “crisis”. Esto porque justamente la hondura de la crisis, lejos de negar la ofensiva la potencia, en tanto la única vía de salida que tiene la clase capitalista es reforzar la explotación de la clase obrera para incrementar la tasa de beneficio. De espaldas a las masas Cuando aún esta polémica no había concluido, comenzó formalmente el período de debate del XXVI Congreso del PO, lo que permitió juzgar su verdadero alcance. Ante la tesis política presentada por la mayoría del Comité Nacional saliente, Altamira presentó un texto propio en el que estaba ausente por completo un análisis de la lucha de clases del país, las relaciones de fuerzas establecidas y las posiciones de las distintas tendencias que actúan en el movimiento de las masas. El documento admitía esta falencia y prometía subsanarla en un futuro, cosa que a seis meses de su presentación aún no sucedió. Pero la omisión era coherente con el debate que se había suscitado meses atrás. Es que si finalmente el sujeto pasa a ser la “crisis” y no las clases en la lucha que desarrollan entre sí, entonces qué importancia tiene analizar el estado de situación del movimiento obrero y su vanguardia. Teníamos el fatalismo y el mecanicismo en su concepción más pura expresado en un documento congresal. El desconocimiento de la lucha de clases llevó a que el grupo referenciado en Altamira considere que la máxima leninista de tener “el oído pegado a las masas” conduce a la adaptación… a la democracia burguesa. ¡La sorpresa entre los cuadros y la militancia no podía ser mayor! Dirigentes históricos del PO revisando el ABC del marxismo. Ni cabe decir que las consecuencias de esta posición se hicieron sentir de inmediato. Ignorando las evidencias más irrefutables, el grupo de Altamira negaba que el kirchnerismo y el nacionalismo sean un obstáculo para la conquista de las masas. Mientras el Partido se esforzaba, mediante la acción y la agitación políticas, en superar los bloqueos del kirchnerismo o la burocracia sindical y piquetera, Altamira rechazó el planteo de “derrotar el plan de ajuste de Macri y los gobernadores” como “derrotista” (!). Mientras la militancia se esforzaba con todo en sacar las durísimas luchas del período (Interpack o Textilana) de su aislamiento, Altamira negaba que estuvieran aisladas. Mientras el PO intervenía en todas las luchas y organizaba enormes movilizaciones, como las del Polo Obrero, Altamira denunciaba a su propio partido por electoralista, teorizando sobre una tendencia a la rebelión popular que sería un resultado de la crisis de régimen y no de la intervención concreta de los sectores combativos. Mientras tanto, proponía las consignas utilizadas por el PO en 2001 (Fuera Macri, Asamblea Constituyente), ignorando la diferencia entre una situación marcada por la rebelión popular y la crisis actual, donde la burocracia, el PJ y la expectativa electoral en un sector de las masas le han garantizado una tregua al macrismo. Siguiendo la tesis de que el peronismo no es un bloqueo para la izquierda, Altamira propuso la consigna“Fuera Macri” para elecciones provinciales en donde el macrismo no pasó el 20% de los votos, como en Tucumán o Córdoba. El Partido Obrero se jugó durante todo el gobierno de Macri a promover la rebelión popular contra el macrismo, pero no vamos a caer en la trampa de utilizar este eslogan como una consigna electoral que sea funcional al recambio fondomonetarista del PJ. Altamira afirmaba, por ejemplo, que el movimiento de la mujer ya había roto con los partidos burgueses y chocaba directamente contra el Estado, cuando el Plenario de Trabajadoras combatía dentro del movimiento de mujeres contra la influencia del kirchnerismo. Pronosticó una “situación prerrevolucionaria” si el proyecto del aborto era rechazado en el Senado. Luego, se opuso en forma vergonzante a la propuesta del PdT de una consulta popular por el aborto, sosteniendo que debían presentarse las firmas “en sede judicial” para evitar el Parlamento. ¡Cuando la ley debe ser votada por el Congreso! Altamira ha rechazado la reivindicación política que el PO y el PdT hacen de toda la marea verde, criticando aspectos parciales como las leyes de reforma de ESI o el uso del lenguaje inclusivo. En el fondo, rechaza que desarrollemos una intervención revolucionaria y de clase en el movimiento de mujer, descartando el protagonismo que ha suscitado en el propio PO y FIT como una presión “feminista”. Al rechazo al Frente de Izquierda, Altamira sumó luego la denuncia del Plenario Sindical Combativo, tildándolo de ser un acuerdo con “sectas”. El PSC ha reagrupado a la inmensa mayoría de los sectores de lucha en el movimiento obrero argentino y posibilitado una intervención común en conflictos obreros y paros nacionales. El grupo de Altamira ha ninguneado sistemáticamente el desarrollo del Polo Obrero, tildando de “asistencial” a una fuerza que ha conmovido al país con sus planes de lucha, tejiendo un frente único de acción muy importante contra la cooptación de Macri, Carolina Stanley y el triunvirato papal de organizaciones sociales. La posición de Altamira se opone a las vías de desarrollo político que el partido se abre en las masas. Propagandismo y elecciones Estas afirmaciones descabelladas fueron luego evolucionando a posiciones antielectorales. En un documento del grupo altamirista se afirmaba que “preferimos 2.000 obreros a 10 diputados”, como si la conquista de la clase obrera en esta etapa puede oponerse a la intervención revolucionaria en el proceso electoral. Este cretinismo antielectoral, viniendo de Altamira, fue especialmente llamativo, dado que fue quien en 2011 desarrolló la posición de que la formación del Frente de Izquierda permitió recuperar la política socialista en las elecciones, priorizando y permitiendo una demarcación de clase sobre las peleas entre la izquierda. El cambio de posición, sin duda, estuvo motivado por el lugar que a Altamira le tocó jugar en cada momento. Cuando era él el candidato, la intervención electoral de los revolucionarios tenía determinado peso, y cuando él no fue candidato otro. Así, la subjetividad reemplazó el análisis objetivo de la acción política. Conforme desarrollaba estas posiciones, Altamira fue virando a una crítica ultrista y fantasiosa de la política del PO en las legislaturas y parlamentos. Denunció el voto en favor de la ley Micaela, ignorando nuestra propia posición, explicando los límites de esa iniciativa y el hecho de que la ley fue un reclamo concreto de familiares de víctimas de femicidios. Denunció el proyecto de Guillermo Kane de juicio político a la gobernadora Vidal por la masacre de Sandra y Rubén en Moreno, sosteniendo que el mismo, para prosperar, debía contar con el aval del PJ y el massismo. ¡Cuando, justamente, el proyecto sirvió para desenmascarar el sostén de estos bloques a Vidal! Mientras nuestros parlamentarios estaban en las calles enfrentando el plan de ajuste, Altamira desarrolló la tesis de una adaptación “parlamentarista” del PO. Un sinsentido que sostuvo recurriendo a la falsificación de las intervenciones parlamentarias de Romina Del Plá en el debate interno. Este retroceso político y teórico del grupo de Altamira mostró su tendencia a convertirse en un grupo propagandista, ante las dificultades y bloqueos que objetivamente presenta la lucha de clases para conquistar a las masas para nuestras posiciones y organizar a la vanguardia en un partido revolucionario. Esta involución política manifiesta vino de la mano de las consignas que este grupo planteó y de una revisión del método del Programa de Transición de la IV Internacional. Mientras éste busca trazar un puente entre la conciencia actual de los trabajadores y la toma del poder por la clase obrera, superando por esa vía la contradicción entre las madurez de las condiciones objetivas de la revolución y la inmadurez subjetiva, el grupo de Altamira renuncia a estas consignas transicionales en nombre de “planteos de poder”, como la Asamblea Constituyente que, para colmo, son consignas que deben usarse de modo episódico, en tanto se trata de planteos democrático-burgueses que pueden ser usados por las fuerzas del régimen en su propio beneficio. El método del Programa de Transición es otro: la cuestión del poder atraviesa el conjunto del programa, articulando un sistema de consignas que impulsa la intervención de la clase obrera en choque con la clase capitalista. El Programa de Transición incluso valora las consignas llamadas ‘mínimas’, en tanto éstas sirvan para movilizar a los trabajadores contra el Estado, sus partidos y la clase capitalista. El eje del programa de transición es la conquista de las masas para superar el atraso subjetivo que impide terminar con el régimen de dominación del capital, largamente perimido por la historia. El grupo de Altamira ignora este método simplemente porque ha renunciado a conquistar a las masas a través de una lucha implacable de partido. Régimen interno y partido de combate El debate del XXVI Congreso conectó esta polémica de fondo con el régimen interno del Partido. Lo hizo de un modo peculiar, ante la denuncia sin fundamento de Altamira de que el partido estaba en un estado avanzado de burocratización. Pero la amplitud de la polémica por sí misma alcanzaba a refutar la tesis altamirista. Más aún, el debate suscitado en el partido, las polémicas en el Comité Nacional que eran de conocimiento de toda la militancia, los congresos regulares realizados anualmente, junto con conferencias especiales convocadas para distintos temas, mostraba una superación del régimen existente en el pasado, que tenía una impronta personalista extrema por parte de Altamira. El crecimiento del partido, de su influencia y de su militancia había impactado positivamente dentro del PO, pasando de un régimen de dirección fuertemente personal a uno colectivo. Esa transición no se hacía sin superar resistencias. El grupo altamirista vio en esa modificación un retroceso estratégico porque identificaba al programa del Partido Obrero con el propio Altamira. En un texto interno, Marcelo Ramal llegó al extremo de calificar a Altamira como el “hombre programa”. El retroceso a grupo propagandista fue acompañado con una alta dosis de mesianismo personalista. Luego de quedar en minoría en el reciente XXVI Congreso, Altamira y su grupo pretenden ahora una nueva modificación del régimen interno, pero que modifica radicalmente el carácter del propio partido. El PO es un partido de combate, basado en un programa revolucionario. Su régimen interno está adaptado a esa definición estratégica. El Estatuto del PO habilita el derecho de tendencia y fracción, para desarrollar lealmente el debate interno en el partido que puede asumir, en determinadas situaciones, la forma de una dura lucha política. A la vez, este amplio debate interno que, repetimos, puede alcanzar la formación de tendencias o fracciones, va de la mano de la defensa de la unidad de acción del partido sobre la base de lo que se vota democráticamente en los organismos partidarios. La realización de congresos anuales del PO es la expresión consecuente de este método político. Ahora bien, el grupo de Altamira se ha autoproclamado “fracción pública” para actuar como un partido propio, desarrollando hacia fuera de la organización sus propios planteos y actividades. Pero nuestro Estatuto no habilita tal “fracción pública” por una cuestión estratégica y no disciplinaria, que tiene que ver con la defensa de la unidad de acción de Partido. Un principio innegociable, que proyecta al interior de la organización la defensa del frente único de clase. Por otro lado, la diferencia entre una fracción y una organización separada es el reconocimiento obligatorio para la fracción del congreso y el Comité Nacional que el congreso elige, algo que el grupo de Altamira se ha negado a hacer. El planteo de Altamira pretende modificar drásticamente el carácter del PO. Con su nueva concepción, en vez de un partido de combate pasaríamos a ser un “partido de tendencias”, del tipo el PSOL de Brasil o el Partido Anticapitalista de Francia. En estos partidos, las tendencias actúan como partidos independientes, con su programa, propaganda y actividades. Sus congresos no son la instancia suprema de resolución de lo que el partido hará unificadamente, sino un registro de la relación de fuerzas establecida entre las distintas tendencias. Una versión de este partido nos fue propuesto por el PTS el año pasado. El Comité Nacional del PO rechazó dicho planteo, mostrando que la propuesta encubría un retroceso programático a posiciones movimientistas y democratizantes. En cambio, Jorge Altamira por su cuenta, en un “Altamira responde”, le pareció que la propuesta era saludable y llamó a abrir un debate para concretarla. El carácter del partido está determinado por sus objetivos estratégicos. Los llamados 'partidos de tendencias' que acabamos de enumerar se han formado sobre la base de renunciar al programa revolucionario. En el caso del Secretariado Unificado, esto llegó al extremo de que retiren de su programa la dictadura del proletariado. En el caso de Altamira y su grupo, la involución cobra otra forma: la de pretender transformar al PO en un grupo propagandístico, que renuncie a la conquista de la vanguardia obrera y a través de ella de las masas. En ese sentido, Altamira sigue un curso similar al de Guillermo Lora, dirigente histórico del POR boliviano, que nunca renunció de palabra al programa revolucionario pero destruyó al POR hasta reducirlo a una secta impotente. En el POR, ese retroceso estuvo determinado por las dificultades que encontró para superar al nacionalismo burgués boliviano, que al día de hoy sigue primando sobre las masas obreras y campesinas. Lora decidió reemplazar al Programa de Transición y su método político por el llamado a las masas a que se eleven al programa revolucionario, condenando al POR a la pasividad. Los cuadros del PO tuvieron la posibilidad de ver esta involución del POR y crearon los anticuerpos para evitar que la historia se repita en nuestro partido. Las divergencias planteadas por el grupo rupturista bien podrían ser parte del debate del propio partido. Nuestro método de congresos anuales regulares y la publicación de las posiciones en boletines internos ofrecían el marco para desarrollar una lucha política leal. La decisión de Altamira de avanzar en una ruptura, autoproclamando una fracción pública que es, de hecho, otro partido, muestra un grado pronunciado de descomposición política. La tesis del hombre programa defendida hasta el bochorno por Ramal ha encubierto con un barniz revolucionario una posición pequeñoburguesa de priorizar apetitos personales sobre el propio partido. La vigencia del PO La asimilación crítica de esta experiencia del POR fue reforzada por la acción del Partido Obrero, que ha conquistado para sus filas a cuadros revolucionarios probados de distintas generaciones de revolucionarios. En el PO están los cuadros que vienen de los '60 y '70, que fundaron la organización y atravesaron la criminal dictadura de Videla y Massera, junto con quienes se incorporaron en la lucha contra la experiencia democrática del alfonsinismo, los que enfrentaron la década del '90, en momentos de restauración capitalista a nivel internacional. Estos cuadros y la inmensa mayoría de la militancia es la protagonista ahora de una lucha de importancia histórica y estratégica: defender al Partido Obrero contra una fracción liquidacionista impulsada por su fundador. La vitalidad de nuestro partido, su carácter revolucionario y sus reservas enormes de lucha están permitiendo lograr lo que ningún otro partido que se reclama de la IV Internacional lograra hasta el momento, que es superar las tendencias liquidacionistas cuando éstas vienen de su dirigente fundador. El golpe que implica para el Partido Obrero la ruptura precipitada por Altamira deja, sin embargo, este saldo favorable, que pasa a ser parte de nuestro acervo político y teórico. La vigencia histórica de nuestro partido está asegurada por sus cuadros y su militancia, que han asimilado las lecciones de la lucha de clases, incluso cuando ésta impacta dentro de su propia organización. La política de nuestro Partido Obrero, frente a esta escisión artificiosamente provocada es y será que todos aquellos dirigentes y compañeros que quieran reincorporarse, con honestidad a la lucha revolucionaria del Partido Obrero, tienen aquí su lugar. Más que nunca, ¡viva el Partido Obrero! ¡Vamos por la unidad internacional de los trabajadores, por la refundación de la IV Internacional y el socialismo!

4 de julio de 2019
La campaña electoral del Frente de Izquierda Unidad esta en marcha
Redacción

Se multiplican en todo el país las actividades de presentación del Frente de Izquierda-Unidad. Conferencias de prensa unitarias ciudad por ciudad. Centenares de agitaciones en todo el país. Charlas en locales y barrios para explicar nuestro programa de reivindicaciones obreras y nuestros planteos de transformación social. Plenarios de obreros, jóvenes, mujeres y disidencias, se reunieron con los candidatos a discutir iniciativas para agitar nuestro programa de salida obrera y socialista. Es que la campaña del Frente de Izquierda es una herramienta necesaria para los activistas para defender un terreno de reagrupamiento independiente de los partidos del Estado. Por todas las vías se ejerce una presión durísima sobre los trabajadores para que voten al frente pejotista para sacarse de encima a los hambreadores que están en la Casa Rosada. Sin embargo, sus listas están llenas de cómplices del ajuste macrista de todo tipo y color. El FMI calificó de “positiva” su reunión con Alberto Fernández, porque coinciden con Macri, Lavagna y todas las cámaras patronales en una agenda de devaluar los salarios, congelar paritarias, regir la economía por el pago de la deuda y avanzar con una reforma laboral y previsional. El reagrupamiento político que logremos con el Frente de izquierda-Unidad será la base para la intensa lucha que deberá desenvolver el movimiento obrero argentino contra esta nueva etapa de ofensiva. Así lo discuten y lo toman en sus manos miles de compañeras y compañeros. Los capitalistas empujan a una polarización para emblocar a las masas detrás de sus variantes. Quienes le quitan el hombro a esta pelea, anteponiendo intereses de capilla al fortalecimiento de un polo político de la clase obrera debilitan la perspectiva de los trabajadores en las conmociones que se avecinan. Más que nunca, ¡Que la crisis la paguen los capitalistas! O con el Frente de Izquierda-Unidad y sus candidatos o con los partidos del FMI.

4 de julio de 2019
El activismo obrero enciende los motores
Redacción

Con un asado que tuvo lugar en el Club Paraguayo, ubicado en el barrio de Constitución, y del que participaron cientos de compañeros, la Coordinadora Sindical Clasista prendió los motores de cara a la campaña electoral del Frente de Izquierda en la Ciudad de Buenos Aires. En la actividad, que comenzó con un emotivo homenaje a Rubén Schoffrin (dirigente de la Naranja de Prensa y secretario adjunto del Sipreba), tomaron la palabra Ileana Celotto (secretaria general de AGD-UBA), Gabriel Solano (candidato a jefe de Gobierno), Vanina Biasi (dirigente del Plenario de Trabajadoras y delegada no docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA) y Pablo Eibuszyc (delegado telefónico y miembro de la Agrupación Naranja), ambos candidatos a diputados nacionales; y también Amanda Martín (secretaria adjunta de Ademys) y Christian Paletti (delegado del Subte), candidatos a legisladores. También estuvieron presentes las candidatas y candidatos Ana Clara Moltoni (de Músicos Organizados), Melania Buero (integrante de la agrupación Actuemos), Jorge Pachamé (de la Asociación de Médicos Municipales del Hospital Sardá), Alejandro Lipcovich (de la Junta Interna del Hospital Garrahan), Juliana Cabrera (dirigente del Plenario de Trabajadoras) y Facundo Lahitte (asesor parlamentario de la bancada del FIT). Y numerosos compañeros de otros sectores del movimiento obrero (docentes universitarios, científicos precarizados, trabajadores de prensa, no docentes, telefónicos, actores, municipales) que integran las listas para comuneros. Contrastes La enumeración marca un contraste con las listas de Cambiemos y el Frente de Todos, en las que priman los grandes empresarios, funcionarios y todo tipo de arribistas. El FIT defiende esta impronta obrera en todo el país. El mismo día que se realizaba la actividad, el diario Clarín publicó un artículo que cuestiona la integración de Daniel Ruiz en las listas chubutenses de la izquierda, obrero petrolero que se encuentra detenido por enfrentar la represión del 18 de diciembre de 2017, en medio del debate parlamentario sobre la reforma previsional. Solano no sólo defendió la presencia de Ruiz en las listas, sino que reivindicó la participación de todos los candidatos del FIT en aquella gigantesca jornada de lucha. Uno de los propósitos de la campaña del FIT será, precisamente, “poner la campaña al servicio de la clase obrera”, según señaló Néstor Pitrola (candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires) en una breve intervención que hizo como paréntesis de una intensa gira por el interior. Esa campaña al servicio de la clase obrera implica la vinculación con las luchas y la agitación del planteo de paro activo de 36 horas. La burocracia sindical hace al revés: quiere poner a la clase obrera al servicio de la campaña electoral de los partidos patronales, en especial de la fórmula Fernández-Fernández. El 12 de junio pasado, un conjunto de sindicatos ligados al PJ-kirchnerismo (UTE, ATE, Sitraju y Sadop, entre otros) realizó una movilización y acto frente a la Legislatura de características electorales. Allí, se llamó a “pelear en las calles y en las urnas”, lo que es una impostura, dado que la burocracia bajó la persiana hace rato para concentrarse en la candidatura de F-F. Es el apoyo a una fórmula que postula una renegociación con el FMI, que vendrá atada a un enorme ataque contra los trabajadores -o sea, las llamadas “reformas estructurales” (laboral y previsional). Luchadores y luchadoras Los principales conflictos del distrito estuvieron presentes en las intervenciones y en las delegaciones. Amanda Martín, de Ademys, reivindicó la lucha que logró frenar el cierre de las escuelas nocturnas por parte del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta. Christian Paletti, delegado del Subte, informó la batalla contra la contaminación con asbesto, cuyo próximo paso es una audiencia pública con los legisladores del FIT en la Legislatura porteña. Y también se destacó la presencia de las luchadoras de enfermería por el pase a la carrera profesional. Asistió una delegación de las cuadrillas del Polo Obrero. En el movimiento piquetero se están dando grandes desplazamientos, con asambleas enteras que rompen con organizaciones punteriles para sumarse al Polo y a la lucha. El proceso de lucha de las mujeres trabajadoras merece una mención especial. Participaron decenas de compañeras de diversos gremios. Vanina Biasi cuestionó el alineamiento de la burocracia con la Iglesia y las patronales, así como su hostilidad a la lucha por el aborto legal. Y llamó a erradicar la influencia de la Iglesia, “cáncer ideológico que arrasa las cabezas de la clase obrera y la quiere someter al ajuste”. Las listas del FIT defienden incondicionalmente el derecho al aborto legal, denunciando la integración en listas con elementos “celestes” que lleva a deponer las reivindicaciones de la mujer. La conquista por el voto del activismo obrero y de la masa de trabajadores es clave en el momento político. Se debe usar el proceso electoral para avanzar en la conquista de los trabajadores al partido revolucionario y para evitar que éstos voten por sus verdugos. “El que dice que no le importan las elecciones renuncia a la conquista de los trabajadores”, señaló Solano en su intervención. La CSC sale a la cancha electoral. O los candidatos del FMI o los trabajadores y la izquierda.

4 de julio de 2019
"Los intendentes cambiemitas y pejotistas son cómplices en el ajuste"
Corresponsal

La gira de Néstor Pitrola, precandidato a diputado nacional por el FIT-U, en la Segunda Sección electoral de la provincia de Buenos Aires, arrancó con todo. La misma comenzó con un imponente acto de más de 200 compañeros en la plaza central de San Nicolás. Entre la concurrencia había trabajadores, jóvenes y una nutrida columna del Polo Obrero. Allí, al cumplirse un nuevo aniversario de la Masacre de Avellaneda, denunció no sólo la continuidad de las políticas represivas, sino que los responsables políticos de las muertes de Maxi y Darío hoy forman parte de las listas de los Fernández-Fernández. Por la tarde, ya en Ramallo, se acercó al acampe que realizan los trabajadores en lucha de Bio Ramallo (fábrica aceitera), quienes hace 15 días se instalaron en la puerta de la fábrica reclamando la reincorporación de todos los despedidos, donde la patronal no cumple la conciliación obligatoria dictada por la Secretaría de Trabajo, la cual plantea la reincorporación de los mismos. Lo que ocurre en Bio Ramallo no es sólo allí, se iguala a lo que sucede en Alba y otras tantas fábricas, donde las patronales no están en crisis pero se valen de la misma para imponer una política de flexibilización y ajuste. En todas las localidades se destaca el gran interés de los medios locales por las posiciones y planteos del Partido Obrero. Una veintena de radios, televisión y diarios de las tres localidades destacaron la visita de Pitrola, al tiempo que algunos de los trabajadores de los medios se reclamaron votantes del FIT-U y férreos seguidores de Pitrola. En Pergamino, la jornada comenzó muy temprano y culminó por la noche resultando ser una gran actividad no sólo de campaña sino también de organización política de la clase obrera en sus reclamos. Pasado el mediodía se reunió con un destacado grupo de científicos del INEVH Maiztegui, quienes están luchando contra las políticas de ajuste y por la defensa de su lugar de trabajo. El Maiztegui es un instituto de investigación sumamente reconocido no sólo en la Argentina sino a nivel internacional, allí se realiza la producción de la vacuna contra la fiebre hemorrágica y su tratamiento, como también de la fiebre amarilla y el hantavirus. Junto a ellos realizaremos un proyecto de ley en la defensa del Maiztegui y de las condiciones laborales de los científicos y trabajadores. La defensa de la investigación y la de la salud públicas son banderas que el Partido Obrero y que el FIT-U defenderá. Los familiares de “Justicia por los siete” (víctimas de muertes en la Comisaría primera de la localidad) se acercaron a charlar con Pitrola y lo invitaron a la quinta movilización nacional contra el gatillo fácil. Por la tarde, se efectuó una conferencia de prensa en el local del PO de Pergamino. La misma contó con la presencia de los candidatos locales del FIT-U. Ante los medios locales, Pitrola destacó: “Nuestra campaña une la lucha de la clase obrera en sus reivindicaciones cotidianas por el trabajo, la salud y la educación con una plataforma electoral y política basada en un programa de poder de los trabajadores”. Para finalizar la jornada, se realizó una exitosa charla política junto a jóvenes, trabajadores tarjeteros en lucha del municipio y compañeros del Polo Obrero, quienes relataron descarnadamente la realidad del "Pergamino de los trabajadores", como ellos mismos lo denominaron. Allí explicaron el rol de la burocracia sindical que se acomodó en las listas del PJ, colocándose de espalda a las necesidades de la clase obrera, denunciaron al intendente Javier Martínez (Cambiemos) y a la oposición pejotista que son cómplices del ajuste y del hundimiento que se vive en los barrios populares del distrito. Los compañeros resolvieron colocar todos estos puntos en una plataforma electoral distrital que sea el puntapié de un reagrupamiento y desarrollo político propio; la charla por su contenido político y sus conclusiones se transformó en una verdadera asamblea de trabajadores que votó una cantidad de iniciativas y resoluciones para poner en marcha desde ahora y pelear el voto al FIT-U y, al mismo tiempo, ser un factor de organizar a la clase obrera en una intervención política independiente. Las tareas que tenemos por delante desde el Partido Obrero FIT-U son gigantescas, vamos a una pelea por el voto pero, al mismo tiempo, son por la elevación de la conciencia de la clase obrera como factor político propio. Resoluciones de la asamblea de Pergamino Las resoluciones aprobadas por unanimidad son un plafón para nuestra campaña electoral local y nuestro desarrollo de partido, votamos: -El apoyo al Plenario del Sindicalismo Combativo. Paro activo de 36 horas. -Las consignas: “Que la crisis la paguen los capitalistas”. Ruptura con el FMI. -Rechazamos la consigna de Fuera Macri, que en etapa electoral es funcional al peronismo. -Por el Aborto legal, seguro y gratuito. Por la implementación de la ESI. -Votar al FIT-Unidad por una salida de los trabajadores y la izquierda. -Apoyo a la Campaña Financiera del Partido Obrero. -Contra Martínez y los cómplices del PJ, contra los candidatos del FMI.

4 de julio de 2019
Gran lanzamiento en la zona norte

El sábado 29 de junio se realizó un asadazo en la zona norte con la presencia de Romina Del Plá, para llevar adelante la presentación de candidatos del movimiento obrero, del Partido Obrero y la Coordinadora Sindical Clasista de la zona norte, en las listas del Frente de Izquierda Unidad. Unos 400 compañeros de toda la zona dijeron presente para escuchar a los principales referentes del movimiento obrero de la zona. De la actividad participaron compañeros de Fate, de la directiva del Sutna, de la comisión interna de Inti, Atuc (sindicato de la carne), delegados de Siderca, Unilever, Sealy, docentes de Suteba Escobar, Tigre y delegados de toda la zona norte, trabajadores y despedidos de Alba que se encuentran en lucha por su reinstalación, también compañeros del Polo Obrero que son candidatos en nuestras listas. Abrió con su intervención "Lolo" Domínguez, que además de ser candidato a concejal en Vicente López, también es el secretario general de la junta interna de ATE-Inti. Planteó la necesidad de llevar adelante una campaña militante, recorriendo todas las fábricas de la zona, con los métodos de la clase obrera, sumando a nuevos sectores del activismo obrero a esta campaña, dando una lucha para armar comités de base en las fábricas, y cuestionó el aislamiento de las luchas por parte de la burocracia sindical y su integración a las listas patronales. Por su parte, José Meniño, candidato a diputado nacional y secretario ejecutivo de Sutna San Fernando, señaló que las representaciones gremiales genuinas de la clase obrera, “venimos haciendo campaña todo el tiempo, porque la campaña del Frente de Izquierda que venimos llevando adelante es la campaña de los intereses genuinos de los trabajadores. La consigna 'que la crisis la paguen las patronales' fue el eje de intervención de cara a la crisis que se desató en Fate, cuando la patronal de Madanes Quintanilla intentó meter un procedimiento preventivo de crisis con la amenaza de casi 500 despidos y un intento de ataque al convenio colectivo de trabajo. Como teníamos tan incorporado que la crisis la paguen las patronales, fuimos a preparar la lucha, conscientes de que no íbamos a entregar ni una coma del convenio y que si intentaban avanzar, ocuparíamos la fábrica. Ibamos a defender a los trabajadores hasta hacer retroceder a la patronal de Fate, que el día de ayer [por el viernes 28], en una audiencia, retiró todas las amenazas de despidos, no hubo ninguna modificación a la baja del convenio y se cerró definitivamente la historia de recurso preventivo de crisis”. Planteó que la dirección del gremio es consciente de las políticas que nos tenemos que dar y de la política que está llevando adelante el Frente de Izquierda para el conjunto de los trabajadores. Cerró con la idea de que la dirección del gremio lleva adelante las consignas del Frente de Izquierda, un salario igual a la canasta familiar, que “el ajuste no lo vamos a pagar los trabajadores de neumáticos, porque tenemos el propósito de que el aumento salarial no reduzca el poder adquisitivo de los trabajadores, las consignas no son vacías”. Planteó que muchos trabajadores del Neumático votaron al macrismo por la desilusión en la etapa anterior y ahora reniegan de Macri y están buscando un lugar, qué posición toman en la elección. Ahora ven un desconcierto muy grande, no saben si están votando al macrismo, al peronismo, porque dentro de unos están los otros. Los trabajadores saben que la próxima etapa va a ser de lucha, porque va a haber que enfrentar la reforma laboral y nuevos ataques. El debate que están dando es que la única salida es que gobiernen los trabajadores. El cierre de Romina Del Plá Cerró la diputada nacional y candidata a vicepresidenta, Romina Del Plá, quien señaló que partiendo del hartazgo con los Macri y Vidal hay que mostrar que el camino para verdaderamente sacárnoslos de encima es el del paro activo de 36 horas y un plan de lucha, y el de la independencia política. Señaló que los Fernández-Fernández, con su nuevo frente con Massa, se presentan como quienes podrían desplazar al macrismo. “Lo que hay que explicar es que todos los gobernadores han mandado a firmar a sus diputados el ajuste de Macri, por eso el problema serio que tenemos que enfrentar es cómo superar la variante del peronismo que aparece como alternativa, con un disfraz de que van a resolver los problemas del pueblo, cuando hace unos días Alberto Fernández se reunió con el FMI para darle tranquilidad de que si son gobierno les va a pagar todo, pidiendo una renegociación de la deuda. Estamos en presencia de una estafa política fenomenal”. Esta presentación de candidatos es el puntapié inicial para llevar adelante en el conjunto de la zona norte una campaña militante con toda la energía para recorrer las fábricas y lugares de trabajo, armar comités de base, en los barrios, con casas electorales, para salir más reforzados en este proceso político, con el programa del Partido Obrero en el Frente de Izquierda, para reorganizar la economía sobre otras bases sociales y abrir el curso para un gobierno de los trabajadores.

4 de julio de 2019
No hay vuelta al 2015

Entre las grandes masas trabajadoras, la completa debacle del gobierno Macri y su consecuencia devastadora en el nivel de vida, la desocupación, la caída del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, la miseria social e incluso el hambre, ha puesto en el tapete la cuestión de que “estábamos mejor en 2015”. Irrefutable. ¿Estábamos bien en 2015? No, por eso perdió la candidatura de Scioli, que encarnaba la salida “hacia los mercados” desde adentro del peronismo y aún del kirchnerismo, resignado a colocar de vice a Zanini. Franjas enteras de trabajadores votaron a Macri contra el impuesto al salario, por la recesión y contra una inflación que, siendo mucho menor a la actual, era ya importante y las paritarias venían a la baja. Pero como consecuencia del estrepitoso fracaso de la tentativa macrista, y en particular desde la caída en las garras del FMI, se empezó a revalorizar un peronismo dividido y atravesado por las causas de corrupción y la cooptación de gobernadores por la caja macrista. Así, los adelantos electorales provinciales, como consecuencia de la crisis política y de régimen, fueron el ensayo para rearmar una tentativa de recambio, hoy corporizada en la fórmula Fernández-Fernández. Ante la catástrofe social, gran parte del pueblo argentino firmaría ya la vuelta al estado en que estábamos. Pero eso no será así aunque ganen los F-F. La propia fórmula ya denota que no será así. Cristina protagonizó en sus últimos años lo que caracterizamos desde el PO como un “bonapartismo tardío”. Es decir un reforzamiento del régimen de poder personal, mayoría parlamentaria mediante, para pilotear la crisis de sus últimos cuatro años. De la mano de ese régimen final vino “la vuelta a los mercados”, tras el saqueo de la Anses agotando las posibilidades de la política de la deuda “interestatal”: el repago usurario al Club de París y a Repsol, así como el reconocimiento de los juicios del CIADI. De sobrepique, el cepo cambiario por la caída internacional del precio de la soja, como parte de la caída del precio del petróleo y de todos los commodities, que llevaron al abismo también al régimen chavista, poniendo de relieve los límites insalvables de los nacionales y populares de América Latina. El punto es que ese bonapartismo tardío tampoco vuelve. Cristina ha puesto, para asumir la presidencia, a un hombre de confianza del capital financiero y del establishment. No hay bonapartismo de vicepresidentes. Menos todavía con el sándwich político de la incorporación de Massa con destino a la presidencia de la Cámara de Diputados, que fue un pilar de las leyes macristas y de mano dura. Nada menos que el hombre que acompañó al novato Macri a Davos, para garantizar su acompañamiento ante la burguesía mundial. Aún así, el cambio de un eventual gobierno F-F-M, con respecto al régimen de 2015 no termina allí. Para Economía, ya no va Kicillof que, de ganar, tendrá que bailar con la explosiva provincia en tiempos de ajuste: van Nielsen y un equipo que se pasan dando garantías de repago y ajuste a la nac&pop. Especialmente, la idea de un congelamiento de precios y salarios que ate a los sindicatos después de una devaluación ya anunciada crípticamente por Alberto F., al decir que el precio del dólar es artificial (o sea bajo). ¿Y el Parlamento? ¿Volverá a ser el de 2015, en caso de ganar la fórmula Fernández, Fernández, Massa? Tampoco. Ni parecido. Los gobernadores promacristas del peronismo como Manzur, Bordet, Uñac o el flamante Perotti, manejaron la “lapicera” de las listas federales a diferencia del pasado. Y en el extremo caso cordobés, en el que el kirchnerismo entregó los votos a Schiaretti, éste va con boleta corta, mostrando que la rendición K para votarlo fue incondicional. Por otro lado, en la provincia, Máximo manejó la lapicera pero resignó cuatro bancas de La Cámpora de ocho que renuevan. Como verán, a estas alturas, del “bonapartismo tardío” de 2015 no queda ni rastro. Y Fernández Alberto se la pasa dando garantías al FMI, como ocurrió días pasados, lo que nos llevará al default que él dice rechazar. Las cesaciones de pago no se buscan, ocurren en las naciones que pagan una deuda que en un momento no pueden seguir pagando, nunca en un gobierno capitalista es una decisión consciente. El “contrato social” que ha ideado con Cristina, rememorando el nefasto pacto social de Perón, Rucci y Gelbard, es la vía nacional y popular de conducirnos a las reformas antiobreras que prepara toda la clase capitalista: las reformas laboral, previsional e impositiva, que no completó Macri y que acompañan el reforzamiento de los compromisos asumidos con las privatizadas en torno de la dolarización de tarifas. La campaña electoral del PO en el FIT-Unidad será una poderosa palanca para las futuras luchas de los trabajadores al preparar a los activistas en esta línea de independencia de clase, de allí la importancia del planteo estratégico “que la crisis la paguen los capitalistas” para desenvolver el programa de poder de los trabajadores para que la crisis la paguen ellos.

4 de julio de 2019
El acuerdo Mercosur-Unión Europea

Los funcionarios del gobierno nacional anunciaron con bombos y platillos, desde Bruselas, la firma de un acta acuerdo entre el bloque del Mercosur y la Unión Europea, celebrándolo como “un hecho histórico”. En realidad, se trata de una cortina de humo para intentar mostrar algún logro en una campaña electoral marcada por la recesión económica, la precaria situación financiera del país y las penurias que padecen cotidianamente los trabajadores. La calificación de lo firmado como “un avance estratégico en el posicionamiento argentino en la escena internacional” (según el canciller argentino Jorge Faurie) es simplemente una farsa. Lo que firmaron hoy representantes de ambos bloques es un acuerdo político, más parecido a una declaración de intenciones, que patea finiquitar los aspectos comerciales para dentro de al menos seis meses. Muy lejos está aún un tratado de libre comercio, el cual para concretarse deberá navegar en las turbulentas aguas de la guerra comercial que domina el mercado mundial. Sin embargo, a pesar del manijazo de campaña que es, realmente, la firma de un acuerdo plantea problemas no menores. Un sector de la clase capitalista ha salido a cuestionarlo, porque a pesar de no conocer el texto suscripto, sí estaba claro que la Unión Europea no cedería en los aspectos más importantes que traban el tratado desde hace veinte años. Considerando esto, más que un acuerdo es una capitulación. Capitulación De movida, un tratado de libre comercio entre dos bloques económicos con una desproporción evidente serviría para reforzar la injerencia del bloque imperialista sobre el otro semicolonial. Por este motivo, el anuncio despertó el recelo de un amplio sector de los capitalistas sudamericanos. El aspecto central es la cuestión arancelaria. Hoy en día, las exportaciones argentinas pagan al entrar a Europa aranceles de 4 o 5%, mientras que el promedio del gravamen que pagan los productos europeos que ingresan en Argentina es del 20%, y en Brasil es del 27%. Es por esto que varios analistas económicos aseguran que con la eliminación de las barreras arancelarias se facilitaría el ingreso de productos de la Unión Europea, pero no incentivaría nada las exportaciones sudamericanas. En este sentido, alzaron la voz distintos sectores de la burguesía local. La Corporación Vitivinícola encendió el alerta ante la posibilidad de que esto incentive la importación de vinos franceses, italianos, portugueses y españoles, los cuales contarían con la ventaja de subsidios millonarios de sus Estados. Las autopartistas también se quejaron por la eventual reducción de los aranceles (hoy en el orden del 18%) y cuestionan las exigencias de la Unión Europea sobre las normas de origen, que consisten en que alcance con un 50% de componentes locales en los vehículos para que sean considerados europeos, por más que utilicen la otra mitad de las autopartes de países como China. El sector automotriz, en especial carioca, buscaba fijar un límite a las importaciones de automóviles, pero ello no habría sido incorporado por la negativa de Alemania. Paralelamente, tampoco estaría contemplado un aumento en la cuota de carne vacuna que se exporta a Europa, por la oposición del gobierno francés a ceder en perjuicio de los productores galos. Similar límite pesaría sobre los productos agrarios, que significan la mayor parte de los productos que se venden a Europa. Los laboratorios nacionales también ven el tema con preocupación, ya que la igualación de las reglas de propiedad intelectual favorecería a la industria farmacéutica del viejo continente, que tendría mejores condiciones para imponer la protección de sus patentes. El fracaso de la burguesía nacional La claudicación de los gobiernos argentino y brasileño, urgidos por mostrar algún progreso en sus países -surcados por profundas crisis políticas y económicas- es una muestra más de la incapacidad de la burguesía nacional en desarrollar autónomamente a la región y lograr una ubicación más favorable en el mercado mundial. Ese fracaso es agudizado por la guerra comercial y la contracción del mercado a nivel global. El descontento de un sector de la burguesía nativa intentará ser capitalizado por los Fernández que, con un discurso seudonacionalista, buscan emblocar a los trabajadores detrás de la defensa de la “producción nacional”, es decir de las patronales que pujan por la reforma antilaboral. El planteo en pos de una nueva devaluación, que Alberto trasmitió al FMI en la reunión donde volvió a asegurar que pagará la deuda, apunta a congraciarse justamente con los exportadores que advierten sobre el atraso cambiario que genera contener al dólar a fuerza de tasas usurarias y la fuga de divisas. El nacionalismo burgués latinoamericano de los Chávez y los Kirchner, de todas maneras, carga en sus espaldas con el fracaso de la tan patrocinada integración regional, habiendo convertido al Mercosur en un compendio de acuerdos aduaneros y cláusulas de flexibilización laboral en distintos sectores de la industria, y en paraguas de los negocios de los sojeros y el capital financiero en la región, sin avanzar en desarrollar ninguno de los proyectos que se había trazado como el Banco del Sur o el Gasoducto del Sur. El desarrollo independiente de América Latina y una verdadera integración regional sólo podrán ser obra de un plan económico elaborado y dirigido por la clase obrera, en dirección a erigir una federación de repúblicas socialistas de Latinoamérica. Grobocopatel, Fernández y la reforma laboral

4 de julio de 2019
Grobocopatel, Fernández y la reforma laboral

Las declaraciones del “rey de la soja”, como le llaman a Gustavo Grobocopatel, que celebró el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea y afirmó, en respuesta a quienes recibieron la noticia con resquemores, que “hay que permitir que haya sectores (productivos) que desaparezcan”, tuvieron una ruidosa repercusión. Grobocopatel, uno de los principales exportadores de soja y maíz del país, puso así el dedo en la llaga. Es que, de llegar a implementarse realmente el tratado de libre comercio con la Unión Europea, un amplio sector de la burguesía argentina y sudamericana vería peligrar sus negocios, sometida a una competencia desigual contra pulpos imperialistas. Alberto Fernández, entre otros, le salió al cruce para hacer demagogia como el defensor de la industria y la producción nacional, buscando cosechar apoyo entre los sectores capitalistas que se verían afectados por este acuerdo. No obstante estas divisiones, tanto quienes celebran el avance hacia un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea como quienes plantean “revisarlo” (en palabras de Alberto), enfatizan en la necesidad de una Argentina “más competitiva”. No hay que ser muy perspicaz para advertir a qué se refieren, pero para echar luz están los dichos del ministro de Producción, Dante Sica, quien destacó que “esto va a obligar a que todos los actores políticos, sindicales, económicos, tengamos que empezar a dialogar programas de reformas aceleradas que permitan tener esa competitividad para acceder a esos mercados” (El Cronista, 2/7). Bajo la presión de la competencia de los pulpos europeos, la burguesía reforzará la extorsión al movimiento obrero a que acepte la reforma laboral flexibilizadora. De la mano de la flexibilización laboral, los capitalistas nativos reclaman, por supuesto, una reforma tributaria para barrer las contribuciones patronales y eximir de impuestos a las empresas, además de una nueva reforma jubilatoria que profundice la que fuera votada ante un inmenso repudio obrero y popular en diciembre de 2017. Pero quizá más importante aún sea el consenso que se va generando -ante el reconocimiento de las notorias desventajas comparativas de los capitalistas sudamericanos- en torno de la necesidad de proceder a una nueva devaluación. Por todo esto, el movimiento obrero debe levantar la guardia. No existe un interés común entre los trabajadores y la defensa de la negrera burguesía nacional, como nos quieren vender los Fernández y la burocracia sindical. La campaña del FIT-Unidad tiene el objetivo fundamental de esclarecer esto y ganar a la vanguardia obrera a un campo de independencia de clase. Que la crisis la paguen los capitalistas. El acuerdo Mercosur – Unión Europea, entre el “humo” y la entrega

4 de julio de 2019
La tregua precaria de Trump y China

La reunión del G20 en Osaka, Japón, alumbró una tregua entre Trump y Xi Jinping. El mandatario yanqui dejó en suspenso la aplicación de aranceles por 325 mil millones de dólares a las importaciones chinas y levantó el veto que había ordenado en la venta de componentes a Huawei, mientras que su par chino se comprometió a aumentar las compras de soja y gas licuado -entre otros productos- del gigante americano. Con todo, se mantienen los aranceles que ya habían dictado ambos países. El acuerdo fue recibido con alivio por las bolsas, dado que un salto en la guerra arancelaria amenazaba con profundizar las tendencias a la recesión económica. Estas tendencias, sin embargo, prosiguen su desarrollo: la consultora Nomura pronostica una desaceleración económica en Estados Unidos e incluso una mayoría de directores financieros se preparan para una recesión a finales de 2020 (Clarín, 29/6). En este contexto, la Reserva Federal norteamericana ha anunciado una pausa en su política de suba de la tasa de interés y se estima que procederá a una rebaja. Por otra parte, “el ciclo bursátil estadounidense pasó de estar en una fase de expansión a ubicarse en uno de ‘recesión’ por primera vez desde 2007” (El Cronista, 4/6), según un informe de Morgan Stanley. La desaceleración económica ya es una realidad en los llamados países emergentes. En Europa, el presidente del Banco Central, Mario Draghi, ha reconocido que serán necesarios “estímulos monetarios adicionales” para enfrentar el riesgo de una deflación. El Banco de Pagos Internacionales, por su parte, ha llamado en su informe de junio a impulsar el gasto para contrarrestar estas tendencias. Y afirma que “la rentabilidad media en un gran número de economías avanzadas es ahora ‘sustancialmente menor’ que a principios de la década de 2000” (El País, 1°/7). Poco más de diez años después de Lehman Brothers, el capital no puede escapar de su crisis. Recule La decisión de Trump de levantar el veto sobre Huawei, instituido con el pretexto de resguardar la “seguridad nacional”, constituye su segundo recule en pocas semanas, tras la abortada agresión militar contra Irán. Trump ha llegado a esa medida empujado por las propias compañías tecnológicas de su país, que venden software y componentes a la compañía china por 11 mil millones de dólares anuales. “La batalla contra Huawei despeñó, a niveles pocas veces visto, el rendimiento de las tecnológicas norteamericanas”, informa Clarín (30/6). Algunas de las tecnológicas venían evadiendo, inclusive, con diferentes ardides, el decreto del mandatario. Un decreto que planteaba, por otra parte, la posibilidad de represalias chinas, que es el principal productor de los metales raros que sirven en la fabricación de celulares. La guerra comercial lanzada por Trump se ha transformado, en muchos aspectos, en un búmeran. Por lo pronto, son numerosas las corporaciones empresarias que se han expresado públicamente por los perjuicios que les causa esa guerra comercial. Colonización Todo esto no quiere decir que Estados Unidos haya renunciado al propósito de fondo que esconden las subas arancelarias. Y que no refiere solamente -ni principalmente- al problema del déficit comercial norteamericano: se trata del intento de frenar el desarrollo tecnológico chino y proceder a un salto en la restauración capitalista, cuyo proceso la burocracia quiere pilotear en sus propios términos. Como parte de esta disputa, se producen la puja por el dominio comercial y militar del Mar de China Meridional y por el status de Taiwán. Las recientes protestas de masas en Hong Kong también han disparado las tensiones. Por todas estas tensiones de fondo, la tregua alcanzada en Japón reviste un carácter precario. Ocaso del G20 Si el foco de los reflectores del G20 estuvo puesto en la reunión bilateral de Trump-Xi, en buena medida ha sido por la “insustancialidad” del documento discutido, otro compromiso precario entre sus participantes. Aunque, a su modo, registra el cuadro de crisis, al referirse a "la intensificación de las tensiones geopolíticas y comerciales", no logró una posición común sobre el cambio climático y omitió toda crítica al proteccionismo, lo que no sólo es resultado de las presiones de Trump sino también del rumbo que asumen las potencias en la etapa. Emmanuel Macron, el presidente francés, ha llamado, a la luz de los límites de la reunión, a "cambiar el formato del G20". La crisis capitalista hace mella en todos los armados políticos y diplomáticos.

4 de julio de 2019
La lucha docente-estudiantil en Costa Rica

Hace más de un mes que en las calles de Costa Rica se producen paros docentes escalonados en contra de la ley de Empleo que restringe el derecho a huelga y contra la ampliación de la lista de servicios públicos esenciales, entre ellos la educación. Estos paros se han dado en simultáneo con la gran huelga de los profesores chilenos, que entró en su quinta semana por reclamos salariales y contra una reforma que implica un recorte en materias clave. En las últimas horas se conoció la renuncia del ministro de Educación costarricense, Edgar Mora. “Criminaliza la protesta social, amenaza con disolver los sindicatos y despedir a funcionarios que defiendan sus derechos, lo que dejará indefensa a la clase trabajadora ante los abusos que ocurran desde el gobierno”, informa la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE) en su página web sobre la ley de Primer Empleo. Entre tanto, el otro proyecto busca ampliar la lista de servicios esenciales donde la huelga será prohibida, incluyendo sistema hospitalario y la educación pública en ese listado. Por esa razón, el jueves 6 de junio se lanzó, por parte de esta asociación, un paro con cese de actividades que inició acompañado por una movilización nacional por las calles de San José, capital del país. Los días 7, 11, 18 y 25 de junio, los docentes protagonizaron estos paros con el apoyo central de los estudiantes secundarios, que acompañan con sus reclamos la lucha educativa, contra las pruebas estandarizadas y los problemas de infraestructura escolar. Un dato a tener en cuenta es que la lucha callejera, con barricadas para enfrentar la represión estatal, está recogiendo apoyos. Los transportistas salieron a bloquear el acceso al principal puerto comercial del país, en rechazo a la entrada en vigor de un nuevo impuesto, y también reclamaron la renuncia del ministro de Educación en apoyo a las reivindicaciones de estudiantes y maestros. Para tratar de desactivar la ola de protestas, el presidente centroizquierdista Carlos Alvarado (del Partido Acción Ciudadana), que se ha valido innumerables veces de la represión, anunció ahora la realización de una mesa de diálogo. La ruta del FMI Estas huelgas se vienen desarrollando en un país convulsionado por la aplicación de los planes del FMI, que incluyó en diciembre pasado la aprobación de una reforma tributaria que aumentó los impuestos al consumo y recorta el gasto público, después de sortear una huelga de tres meses de los trabajadores estatales. Las movilizaciones que realizan ahora los transportistas son un coletazo de aquel proceso. En esa oportunidad, las dificultades para seguir la lucha tenían que ver con el rol de las direcciones sindicales que fueron varias veces superadas en votación para continuar la huelga y las expectativas colocadas en la Justicia, que actuaron como un freno para darle continuidad a la intervención de los trabajadores. La región centroamericana se encuentra conmovida también por las protestas en Honduras contra las reformas educativa y de salud, frente a las cuales el gobierno proimperialista de Juan Orlando Hernández sacó a las calles al Ejército. Los manifestantes reclaman que se vaya el gobierno. En Nicaragua, el intento de imponer una reforma previsional a la medida del FMI desató el año pasado una insurrección. Haití también fue sacudido por grandes levantamientos contra el gobierno de Jovenal Moïse. En Costa Rica es necesario avanzar en la lucha por el derecho a huelga, por todas las reivindicaciones educativas, el esclarecimiento del asesinato del dirigente indígena Sergio Rojas, contra los planes del FMI, el no pago de la deuda externa y una salida independiente de los trabajadores a la crisis.