A diferencia de los K, que aseguran que no hay plata para pagar el proyecto de jubilaciones presentado por un sector de la oposición en el Congreso, el PTS se opone a luchar por imponerlo con el argumento contrario: que es insuficiente. El proyecto en cuestión eleva, por un lado, la jubilación mínima al 82% del salario mínimo y también reajusta las categorías superiores bloqueadas por las leyes de Cavallo, en 1993 y congeladas, luego, por Duhalde-Kirchner; además, modifica la movilidad trucha de los K por una basada en los aumentos de salarios. Ya hay negociaciones para desvirtuar este proyecto. Por un lado, la comisión respectiva del Senado ya le podó la eliminación del congelamiento, a pesar de que tiene fallo judicial favorable, y también la movilidad por salario. Por el otro, el 82% sobre el salario mínimo se daría en forma escalonada, en un período de varios años. La Auditoría, un órgano del Congreso, acaba de dictaminar que el 82% es infinanciable. Por lo tanto, cuando el PTS dice: "¿Quién puede creer -nos descubre el PT- que un trabajador retirado puede vivir con 1.230 pesos (que es el monto al que pasaría la jubilación mínima hoy en 895 pesos)? (La Verdad Obrera, 8/7), en el Congreso son mayoría los que piensan que puede vivir aún con menos. Para cargar las tintas, el PTS omite, con perfecto conocimiento, que el proyecto original generaliza el fallo Badaro contra el congelamiento que sufrieron las jubilaciones durante ¡17 años!, el cual establece la movilidad de acuerdo a los salarios. Está claro, el PTS está en contra del proyecto y boicotea la movilización para que sea aprobado. Eso sí, llama "a los sindicatos" a dejar de "apoyar, unos el discurso capitalista de los K de que ‘no hay plata' (Moyano y Yasky), y otros, el engañoso 8% de la oposición de derecha"; en su lugar propone "movilizar a los trabajadores por salarios iguales a la canasta familiar" (ídem, 15/7). Repetimos, más claro agua. No hay que apoyar el 82% "de la derecha" (el PTS nunca menciona los otros dos puntos fundamentales), sino reclamarle a la burocracia de los sindicatos, que se opone al 82% por excesivo, a que "movilice" por un salario mínimo de 4.000 pesos (canasta familiar). El método del PTS es viejo como la ruda: aumentemos la apuesta para justificar la inacción, incluso si la apuesta menor es apoyada por la masa de los jubilados. Pero la burocracia, toda K, ni siquiera está planteando aumentar el salario mínimo (no ya la jubilación mínima), que debería haberse fijado en julio y por el 25% del aumento de salarios que obtuvieron las paritarias más rezagadas. Si la jubilación mínima fuera aumentada de acuerdo al porcentaje que arrancaron los sindicatos de la Alimentación de Córdoba (el 35%) el salario mínimo se iría a 1.700 pesos y la jubilación a casi 1.400 pesos -un aumento del 85% sobre el mínimo actual. O sea que el PTS llama "a los sindicatos" (la burocracia) a luchar por el 82% para todos los salarios, cuando no lo hace siquiera por el salario mínimo, ocultando que si este salario mínimo fuera aumentado según los de convenio, el 82% móvil sobre el mínimo establecería una jubilación mínima del doble de la actual. El PTS se da cuenta, naturalmente, del contrasentido de su posición: que ‘los sindicatos luchen' por los objetivos máximos cuando están movilizados para impedir el objetivo mínimo, por eso va cambiando su lenguaje y, en lugar de ‘los sindicatos', propone ahora "encarar una gran lucha independiente de los jubilados y los trabajadores (...) para lograr un verdadero 82% móvil". "Los jubilados y los trabajadores sustituyen a ‘los sindicatos', pero ‘l os jubilados y los trabajadores' no pueden sustituir la fuerza organizada de ‘los sindicatos'. Estamos ante el ultimatismo clásico de las sectas: que las masas salgan. Una ‘lucha independiente' de los jubilados sin la dirección sindical, o sea sin la mayoría de los sindicatos, sería una lucha, no independiente, sino solitaria -que no es, claro, lo mismo. Pero mientras el PTS propone boicotear esta lucha por objetivos "que no alcanzan para vivir", en el Senado ya podaron las dos terceras partes del proyecto, con el acuerdo de sus autores, y la Presidenta sigue prometiendo el veto. Pregunta: ¿denunciará el PTS la mutilación del proyecto que repudia, o el veto de la Presidenta? ¿Saldrán los combatientes de la palabra a luchar contra este veto? De su análisis se desprende claramente que no. ¿Sería temerario concluir de esto que el PTS va de cabeza a un frente con el gobierno y los opositores contra el proyecto? Un mínimo salarial de 4.000 pesos o nada -ésta es la consigna radical con la que el PTS justifica su inacción. Mientras el proyecto sigue su trámite en Diputados, el Senado avanzó en una versión mutilada, que contempla exclusivamente el ajuste del haber mínimo al 82% del salario mínimo, pero que todavía será mutilado aún más. El PTS refuerza su radicalismo calificando a los autores del proyecto como derechistas. Con esta caracterización, abusiva y distorsionada, deja cómodamente en la izquierda del escenario oficial a los K -algo que el PTS viene desarrollando con cierta constancia desde que los obnubiló el desfile de carrozas del Bicentenario. En la versión petesista, tendríamos una derecha burguesa partidaria de convertir en ley las fuertes reclamos de los jubilados y una izquierda capitalista que quiere seguir cargando la crisis sobre este sector de los trabajadores. El PTS rechaza la lucha por el 82% sobre el salario mínimo, la extensión del fallo Badaro a 400 mil jubilados y la determinación de la movilidad jubilatoria por aumento de salarios. Estamos ante un tema que el PTS viene pifiando desde hace mucho. ¿Se acuerda el lector de que el PTS se oponía, en 1994, a la estatización de las jubilaciones y proponía que fuera un ente autónomo de propiedad de los trabajadores -o sea una privatización obrera del sistema previsional? El 82% sobre el salario mínimo, por Badaro y por otra movilidad, no es contradictorio, por el contrario, con la lucha por un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar. No sienta precedente. Pero preguntamos al lector: ¿no hubiera esperado usted esta posición infantilista del PTS? En definitiva, estamos ante un voto cantado. Que los doctrinarios no se inquieten: hay mucha tela para denunciar a ‘la oposición de derecha' en esta lucha para que se apruebe el proyecto en forma integral -como ya ocurre con la mutilación que ha pactado en el Senado. Tenemos la oportunidad de oponer a esa ‘derecha' su propio proyecto, sin que por ello renunciemos un milímetro a nuestro planteo de plena aplicación del 82% a todas las escalas salariales; por un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar; por una dirección obrera y de los jubilados de la Anses y del Pami; por el rescate de toda la deuda externa y privada que se ha forjado sobre la Anses, por medio de un impuesto especial a los bancos, grandes empresas -agrarias, comerciales e industriales. Los doctrinarios tienen el hábito de ignorar el abc del programa de transición: la necesidad de que nos valgamos de todo reclamo práctico que sirva para movilizar a los explotados contra la burguesía, incluso si este reclamo no está inscripto en nuestro programa, sino que aparece como consecuencia del proceso concreto.