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El Obrero Internacional N° 3

1 de julio de 2005 · 18 notas

Notas de este número

1 de julio de 2005
Campaña en defensa de la revolución boliviana

Por la nacionalización del petróleo en toda América Latina Los acontecimientos bolivianos han dejado muy en claro que la lucha consecuente por la nacionalización de los recursos naturales estratégicos plantea la revolución social. La nacionalización del petróleo y del gas, en Bolivia, es una condición absoluta para su desarrollo nacional y al mismo tiempo incompatible con la dominación del imperialismo y del gran capital. La cuestión de los hidrocarburos es al mismo tiempo, sin embargo, una cuestión internacional. Hay por los menos dos guerras internacionales que se están librando por el control de ese recurso, en Irak y en Chechenia. El petróleo ha sido, igualmente, el protagonista indiscutido de la crisis política en Rusia y en la ex zona soviética, como Uzbekistán o Kirguistán. Cuando no se trata del control de su extracción, se trata del transporte del fluido, por oleoductos y gasoductos. La reciente crisis en Ucrania no derivó en una guerra civil cuando la llamada ‘rebelión naranja’ pactó con Putin, por recomendación de Washington y de la Unión Europea, la continuidad de los gasoductos rusos que atraviesan Ucrania. La cuestión palestina es también, al menos en última instancia, una cuestión petrolera, porque la instalación del sionismo en el Medio Oriente ha tenido por objetivo servir de cuña del imperialismo en el mundo árabe y en el Golfo Pérsico. La completa privatización del petróleo y del gas boliviano, bajo el gobierno de Sánchez de Losada, se inscribe en una ofensiva privatizadora planetaria, en particular por parte del imperialismo yanqui, para desmantelar las estatizaciones petroleras que tuvieron lugar en distintas etapas con posterioridad a la última guerra mundial. La cuestión boliviana no puede ignorar el carácter internacional de la lucha por la nacionalización. En América Latina, los hidrocarburos han pasado al centro de la escena por .más de un motivo, aunque la cuestión boliviana se encuentra al frente. En 2002 el imperialismo organizó un sabotaje de dos largos meses contra Venezuela, que tenía por objeto, precisamente, dejar en pie los planes de vaciamiento de PDVSA que habían dejado en marcha los gobiernos que. antecedieron al de Chávez. A mediados de los ‘90, el gobierno de Menem, en Argentina, con la complicidad del actual; presidente Kirchner, entonces gobernador de la provincia petrolera de Santa Cruz, remató virtualmente la empresa YPF, sobre la base dé una valuación del barril de petróleo de diez dólares. En Colombia, la defensa de la privatización a ultranza de la explotación privada del petróleo ocupa un lugar tanto o más importante que cualquiera de los otros objetivos contrainsurgentes del Estado, En Ecuador, los recursos excedentes de la empresa estatal de petróleo iban a parar hasta hace pocas semanas a un fondo especial para el pago de la deuda externa; el procedimiento era, al mismo tiempo, objetivamente, un modo de vaciar a la empresa estatal y privatizar por completo la explotación del recluso. En Perú, como lo demuestra el proyecto Camisea, la explotación del gas y del petróleo se van transformando en un negocio fundamentalmente privado. En Brasil, Petrobras, aunque estatal, se encuentra controlada por la Bolsa, donde cotizan sus acciones; la cuarta parte del capital pertenece a fondos norteamericanos. Independientemente de esto, la empresa brasileña emula lo que se intentó hacer con PDVSA, o sea usarla como canal de salida de capital al exterior por medio de su ‘internacionalización’. Por último, está al frente la gran batalla por la privatización de la mexicana Pemex, a la que se la ha hecho incurrir en los déficits monstruosos que son el preludio de la privatización. Para esto seguramente hace falta que en México gobierne la centroizquierda, lo que ocurrirá el año que viene con López Obrador, del PRD (aunque él diga lo contrario). Incluso fuera de América Latina, la codicia del capital por el gas se ha acrecentado como consecuencia de la posibilidad de enviarlo licuado al mercado de los Estados Unidos. Es lo que hará Perú a partir de Camisea y lo que estaba previsto para Bolivia, a través de un puerto chileno. La lucha por los recursos bolivianos decidirá la que se libra en toda América Latina. En este aspecto, es necesario destacar que las experiencias estatistas burguesas en la materia y los gobiernos nacionalistas han operado en la crisis boliviana a favor del imperialismo y de la privatización. El papel de Petrobras y del gobierno capitalista de Lula contra la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos, está muy por delante de lo que haya hecho el gobierno de Bush. La burguesía brasileña goza de un poder de arbitraje sin igual, poique influencia como ningún otro la política de la provincia de Santa Cruz de la Sierra e incluso sus movimientos pretendidamente secesionistas. Petrobras estuvo a la cabeza de las presiones contra la nacionalización y fue la que luego viabilizó los acuerdos políticos que pusieron fin a la crisis que provocó la caída de Mesa, cuando decidió, la primera, allanarse a la nueva ley de hidrocarburos de Bolivia. Un papel igual jugó la española Repsol, que no actúa sino en connivencia con Kirchner, y Techint, que participa del negocio del fluido por medio de la fabricación de los caños sin costura para los ductos, aunque también tiene inversiones gasíferas. Una función de extorsión a Bolivia cumplió el gobierno peruano de Toledo, que reunió a los ministros del cono sur del continente para discutir la posibilidad de que Camisea sustituya a Bolivia en la provisión de gas para Chile y Argentina. La nacionalización del petróleo boliviano plantea, entonces, una lucha continental, que al mismo tiempo no puede dejar de ser una lucha por la nacionalización integral del petróleo de Argentina, Perú y Brasil y la gestión obrera de los hidrocarburos. El rol de cada cual en la crisis boliviana pone de manifiesto el carácter ilusorio de la propuesta del presidente Chávez, de conseguir la independencia energética de América del Sur por medio de una alianza de PDVSA, Petrobras y Enarsa, un engendro de Kirchner para desviar recursos del presupuesto nacional hacia una caja controlada por sus compinches. Chávez quiere un Petrosur saltándose la tarea de la expropiación de los pulpos petroleros y su transformación en empresas dé gestión obrera. Una reciente tentativa de formar Petrocaribe terminó en fracaso ante la oposición de Trinidad Tobago, seguramente por exigencia de los yanquis y los ingleses. Aunque Chávez recuperó la autonomía nacional para PDVSA (en esto consiste un aspecto fundamental del contenido nacional del chavismo), es necesario señalar que los pulpos internacionales ya son responsables de la tercera parte de la producción de petróleo en Venezuela y los que quedarían a cargo de la explotación del combustible pesado del Orinoco,'a partir de nuevos procedimientos de destilación. Una inversión de la tendencia internacional de los precios del petróleo colocaría seguramente a Venezuela bajo una dependencia, incluso extrema, de las inversiones de las compañías extranjeras. Todo este encuadre explica que Chávez se haya convertido en el mentor de Evo Morales en la tarea de oponerse a la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, a la cual ha opuesto el control de los pulpos en boca de pozo por una inexistente YPF boliviana. La línea de compromiso con el imperialismo que ha seguido Evo Morales corresponde integralmente a la política del mismo Chávez. Pero con esta política, ni Venezuela conseguirá la mentada independencia energética de América Latina, ni Bolivia sus hidrocarburos. Una vez Colocada la cuestión de la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia en su contexto real, resulta claro que una campaña por este objetivo debe tener, por un lado, un carácter continental y hasta internacional, y que su contenido, por el otro lado, no puede ser otro que la nacionalización de los hidrocarburos en toda América Latina y en cada uno de sus países, entendiendo por esto: a) la confiscación de los pulpos; b) la expulsión de las camarillas capitalistas de la dirección de las empresas total o parcialmente estatales; c) el control y la gestión obreras. La apropiación de los recursos energéticos por los explotados latinoamericanos significa ni más ni menos; que controlar los medios que harían posible una gigantesca industrialización de América Latina. En tomo a la nacionalización de los hidrocarburos en todo el continente se pondría en marcha el propio objetivo de la unidad política continental, la Unión Socialista de América Latina.

1 de julio de 2005
Estados Unidos: General Motors amenaza con 25.000 despidos
Ron Smith y Peter Johnson

Las perspectivas de un contraataque de los trabajadores automotrices El 6 de junio, el presidente y director ejecutivo de General Motors (GM), Rick Wagoner anunció a la reunión anual de los tenedores de acciones de GM que la compañía cerraría plantas y eliminaría puestos de trabajo hasta 2008. Dijo que GM debía reducir les costos laborales, preferentemente con el acuerdo de Trabajadores Automotrices Unidos (UAW), o unilateralmente si la dirección sindical se negara a cooperar. Solicitó que los costos de obra social, tanto de trabajadores en actividad como de jubilados, fueran reducidos. El “discurso duro” de Wagoner fue, en parte, una impostación ante los tenedores de acciones insatisfechos con la declinante participación de GM dentro del mercado automotriz norteamericano, las ganancias en baja y ios precios de las acciones en picada, así como ante los prestamistas alarmados parque las más importantes agencias de calificación acababan de bajar la calificación de los bonos de GM y Ford al status de “basura”. Las “tres grandes” compañías automotrices norteamericanas (GM, Ford y Chrysler; ahora DaimlerChrysler) han estado perdiendo participación en el mercado, en beneficio de Toyota, Honda, y otras compañías japonesas y (en menor medida) europeas: Las “tres grandes” han intentado atraer a los compradores con descuentos muy importantes, para luego cambiarlos en el futuro por “SUV” (vehículos deportivos/todo propósito) y camionetas. Estos últimos brindan grandes ganancias, pues se producen atornillando varias cajas de metal en chasis y trenes de transmisión de camión, que no han cambiado demasiado en los últimos cincuenta años. Esta estrategia está fracasando, en tanto la§ compañías japonesas han comenzado a construir sus y camionetas, mientras los precios del petróleo se han duplicado en los últimos dos años, tornando menos populares los vehículos que consumen demasiada gasolina. El discurso de Wagoner fue en parte una toma de posición ante las negociaciones del convenio entre la UAW y GM en 2007. Las patronales automotrices todavía esperan recuperar participación en el mercado y rentabilidad, reduciendo costos. Wagoner ha amenazado con graves consecuencias si la UAW no otorgaba concesiones. Los dirigentes de la UAW se negaron “valientemente” a reabrir las negociaciones de los contratos automotrices para realizar concesiones, pero señalaron su voluntad de realizarlo en el futuro, diciendo que “entendían” los problemas de GM y que estaban predispuestos a discutir soluciones. Pero, principalmente, el discurso de Wagoner fue una declaración acerca de hacia dónde pretende ir GM, si los trabajadores automotrices lo permiten. La excesiva capacidad internacional de producción automotriz, la crisis capitalista en general y la arrogancia, estupidez y avaricia de la empresa están forzando a GM a convertirse en una compañía más pequeña. GM es una parte demasiado grande del capital norteamericano como para quebrar o ser comprada en el corto plazo. Pero, en un intento de colocar un almohadón para amortiguar la caída de las ganancias, GM pretende dejar caer el martillo sobre la cabeza de los trabajadores. Empresas vaciadas Mientras las “tres grandes” reducen los puestos de trabajo, la mayoría de los trabajadores más antiguos se aferrará a la mayor parte de sus pensiones y otros beneficios jubilatorios; pero los empleos de los que se retiran están menguando, y los puestos que quedan están degenerando. La tendencia es hacia empresas vaciadas, donde la compañía fachada maneja el diseño y el marketing, y las compañías proveedoras que pagan pésimos sueldos realizan todo el proceso de manufactura, con excepción del ensamblado final. Incluso en el ensamblado final, algunas partes pueden ser instaladas por proveedores externos. Las compañías automotrices norteamericanas han intentado durante mucho tiempo lograr una disciplina “japonesa” en las plantas, a través de “equipos” de colaboradores de clase, y una eficiencia “japonesa” a través de sistemas de inventario “justo a tiempo” y otras medidas. Las “tres grandes” también van hacia el modelo corporativo japonés, reduciendo la compañía central y tercerizando gran parte de su producción. Las compañías proveedoras están compuestas en su mayoría por jóvenes, mujeres y trabajadores que pertenecen a minorías, mal pagados y a menudo con contratos de corto plazo. Los inmigrantes, incluyendo los “ilegales”, son contratados cada vez más por los proveedores tercerizados, como es el caso del proveedor “Industrias Mexicanas” de Detroit, ahora en bancarrota. Esta estrategia se desarrolla por medio de las tercerizadas de GM y Ford, Delphi y Visteon. Estos proveedores están reduciendo aún más los salarios o poniéndose a la venta por partes a otros proveedores. Mientras los empleos se van a otro lado, los trabajadores más antiguos han sido, hasta ahora, pasados a retiro sin que el recorte sea tan grande como para hacerlos pelear. El peso se descarga en los futuros trabajadores, quienes ocuparán los mismos puestos de trabajo por la mitad del sueldo, ahora en compañías proveedoras. Los trabajadores más jóvenes y los más viejos están tomando cada vez mayor conciencia de la estrategia de la compañía. Pronto se llegará al punto en el que las “tres grandes” recorten lo suficiente entre los trabajadores más viejos como para hacerlos luchar junto a los jóvenes trabajadores de autopartes. Muchos trabajadores de auto-partes están listos para luchar ahora. El último verano, una planta de Visteon en Indiana, representada por la Unión Internacional de Trabajadores Electrónicos (IUE), una división de Trabajadores Norteamericanos de la Comunicación (CWA), utilizó carneros para romper una huelga entre golpes de puño y autos volcados. Hubo fuerte evidencia de que algunos carneros habían sido traídos en ómnibus desde cárceles de Michigan. La derrota llevó a que los jornales de los nuevos contratos cayeran a 10 dólares la hora, menos de la mitad de lo que se pagaba cuando Visteon era todavía parte de Ford. Este es el futuro para los trabajadores más jóvenes de las automotrices norteamericanas si las compañías logran su cometido. Cuando DaimlerChrysler vendió una planta a Metaldyne, los empleos de 26 dólares por hora bajaron a 16 dólares. No hay dudas de que los nuevos contratados perderán una gran fracción incluso de eso. Obra social de los jubilados La noticia más importante, desde el anuncio de los despidos, es la amenaza de GM de eliminar el seguro de salud de los jubilados. Podría decirse que esto es legal en los Estados Unidos, porque a las empresas se les requiere negociar sólo los beneficios de los trabajadores activos, no de los jubilados, una movida tan drástica, sin embargo, involucraría seguramente algún tipo de huelga de la UAW e incluso medidas de acción directa por parte de jubilados enfurecidos, y sería demasiado impopular para el público y los políticos norteamericanos, ya disgustados con GM. Es más probable que GM esté amenazando con usar este agujero legal para causar un efecto de shock. GM espera que entonces la UAW acepte una reducción menor en el seguro de salud de los jubilados pero también una mayor cantidad de concesiones en otros beneficios y pagas, tales como la asignación por costo de vida. Esto a pesar del convenio existente de la UAW, culminando en salvajes reducciones en el contrato de la UAW en 2007. Las concesiones previstas en el seguro de salud de GM son demasiado complejas como para tratarlas con detalle en este artículo. El cuadro de conjunto en los Estados Unidos es que al menos 45 millones de personas no tienen seguro de salud. Los sindicatos y otras fuerzas progresistas piden un sistema nacional de salud, algo que, entre las potencias capitalistas del G7, sólo le falta a los Estados Unidos. Mientras tanto, GM (durante largo tiempo la primera corporación industrial de los EEUU), y la UAW están planeando un retroceso en el seguro de salud. Antes la UAW solía mostrar el camino a todos los trabajadores norteamericanos en la conquista de nuevos beneficios. Ahora muestra el camino de la entrega del terreno conquistado. ¿Huelga en GM? La falta de una respuesta de lucha por parte de la burocracia de la UAW a los despidos y a las amenazas al seguro de salud es tan pusilánime que incluso la prensa capitalista liberal, como el New York Times, se pregunta en voz alta si la UAW realizará alguna huelga. Los ‘90 vieron importantes huelgas en la GM en torno a temas que incluían puestos de trabajo, salud y seguridad. La huelga más importante fue en Flint, Michigan, en 1996, liderada por el presidente de la UAW Local 599 y líder del movimiento reformista, el recientemente fallecido Dave Yettaw. Pero hoy la principal queja de la dirección de la UAW es que los planteos de la GM no han sido presentados con suficiente detalle. En las entrevistas de los medios masivos de comunicación los trabajadores más viejos de la GM han dado respuestas pasivas, asumiendo que la UAW les asegurará un aterrizaje sin sobresaltos. En la izquierda del espectro de trabajadores de GM hay un puñado de socialistas revolucionarios, pero no suficientes como para conformar un “ala” revolucionaria de los trabajadores automotrices dentro de la UAW, incluso si los revolucionarios se pusieran de acuerdo entre ellos. Por lo tanto, para señalar una muestra lo suficientemente amplia de trabajadores de orientación similar, ilustrativa de la vanguardia en su conjunto, tenemos que enfocar a lo que se conoce como el movimiento “reformista” de la UAW. Los “reformistas” ponen el énfasis en los reclamos de democracia interna y en la corrupción de la burocracia sindical, antes que en la acción huelguística. Pero esto cambiará apenas los trabajadores se tornen más combativos. Política de frente único No hay en la actualidad señales abiertas de un sentimiento de huelga de masas. Esto se debe en par te a que los trabajadores están todavía esperando a ver cuán lejos realmente pretende ir la GM y en parte porque dudan que la burocracia de la UAW vaya a luchar sin que importen las consecuencias. Algunos reformistas se oponen a cualquier huelga liderada por la burocracia. Pero lo que se necesita es una política de frente único que realice demandas abiertas a la burocracia y actúe unida con ella cuando sus dirigentes respondan favorablemente, mientras intenta reemplazar a la burocracia donde sea posible. Los recortes pueden ser tan drásticos y los trabajadores estar tan enojados que puede darse una huelga nacional, al menos brevemente, la primera en la GM desde 1970. Esto significa que la actitud de los reformistas de la UAW hacia el frente único con la burocracia es crucial. La insatisfacción con la burocracia ha llevado a la elección de algunos militantes sindicales reformistas a un nivel por debajo del radar de incluso la mayoría de los medios de izquierda. Estos funcionarios sindicales rara vez “aparecen en público'’ fuera de sus propios locales. Pero se expresan a menudo en el boletín nacional del movimiento reformista sindical, Labor Notes (www.labomotes.org). En Visteon, un desprendimiento de la Ford (ahora a punto de ser vendida por partes, por lo menos las operaciones en los EE.UU.). algunos funcionarios sindicales recientemente electos dicen que las tensiones están al rojo vivo, puertas adentro, entre los niveles altos y bajos de la burocracia sindical, si no más. La reducción en los puestos de trabajo significa, como mínimo, menos cargos burocráticos. Aquellos que pierden sus cargos se vuelven contra sus ex compañeros de camarilla en las elecciones subsiguientes. La forma de ganar las elecciones es pareciendo más militante. Esto significa que lo que está ocurriendo en esta capa de funcionarios sindicales refleja, en forma distorsionada, la ira de las bases. El movimiento reformista en la UAW despegó en los ‘80, cuando Victor Reuther, hermano del icono de la UAW Walter Reuther, Jerrv Tucker, un ex dirigente regional, y algunos presidentes clave de sindicatos locales se montaron en la furia de las bases ante las concesiones otorgadas a principios de los ‘80 para formar la oposición, en ese momento grande, del Movimiento Nuevas Direcciones de la UAW. Esto llevó a la huelga de Yettaw en Flint y a huelgas por parte de la corriente dominante de la burocracia. Las concesiones ahora contempladas serían incluso mayores a aquellas de principios de los ‘80. Podríamos ver a otra capa de burócratas haciendo causa común con las bases. Internacionalismo Un proyecto interesante por parte de algunos reformistas sindicales es la solidaridad con la campaña de organización en la planta Toyota en Georgetown, Kentucky. Si la UAW no puede organizar las plantas de Toyota, Honda, Nissan y Mercedes en los Estados Unidos, las consecuencias son obvias para los trabajadores norteamericanos. El hecho de que estas plantas no estén todavía organizadas pesa bastante en la respuesta atenuada de los trabajadores de la GM a los despidos y las concesiones. Pero los trabajadores en la planta de ensamblado NUMMI, compartida por la GM y Toyota, situada en la lejana Fremont, California, han comprado espacios de publicidad pro-sindicalización en Georgetown, urgiendo a los trabajadores de Toyota en Kentucky a votar por formar la UAW.1 Los más activistas de los Trabajadores de NUMMI y Toyota involucrados en esta solidariad no tienen ilusiones en la burocracia de la UAW. Pero se dan cuenta de que si los trabajadores votan “sí” a un sindicato que está dirigido hoy por la burocracia de la UAW, dejarían a las automotrices internacionales sin chances de impedir la formación de sindicatos en los Estados Unidos. Esto podría ayudar a los militantes a ganar poder en toda la UAW. La solidaridad obrera necesita ir más allá. La falta de solidaridad internacional es hoy en día un problema central para todos los trabajadores automotrices. Lo que se necesita son convenios conjuntos y huelgas activas más allá de las fronteras. Eso, a su vez, abriría más posibilidades para las ideas socialistas revolucionarias dentro de la vanguardia, incluso en los Estados Unidos. Algunos reformistas dicen que la UAW puede vencer los despidos y las concesiones exigidas por la GM mediante el retorno a la militancia y a la democracia de los primeros tiempos de la UAW. Pero hoy eso no funcionará en ausencia de la solidaridad obrera internacional. A menos que tengamos sindicatos sin fronteras, tendremos fronteras sin sindicatos. Mientras hoy falta un sentimiento huelguístico abierto entre los trabajadores de la GM, éste puede estar más cerca de la superficie de lo que parece, y existen al menos algunos signos de que los trabajadores están comenzando a reconocer la necesidad de la solidaridad obrera internacional. No sólo las “tres grandes” sino también Delphi y Visteon son internacionales. Por ejemplo, Visteon tiene su planta de montaje justo fuera de la planta Ford en Pacheco, Argentina, y está adentro de la nueva planta Ford-Brasil en Bahía. Incluso entre los trabajadores norteamericanos afectados por la ideología imperialista puede haber un cambio. En la Planta Fort Rouge, donde trabaja uno de los autores de este artículo, un funcionario de bajo nivel de la UAW fue antes un marino guardaespalda del expulsado dictador nicaragüense Anastasio Somoza, después de que lo voltearan. Sin embargo, hoy este trabajador dice que lo que está mal es que “Las compañías se globalizaron. Nosotros [los sindicatos] no”.

1 de julio de 2005
De la refundación comunista a la refundación socialdemócrata
Marco Veruggio

VI Congreso Nacional de Refundación Comunista El congreso nacional del Partido de la Refundación Comunista, que se desarrolló en Venecia del 3 al 6 de marzo, ha confirmado plenamente todos el carácter de la opción progubemamental de Fausto Bertinotti. Dos son los aspectos fundamentales de esta opción. En primer lugar, un proyecto político que hace de la alianza con los liberales y de la capacidad de “condicionamiento” en el marco de sus internas el eje político central. Todo en nombre “de lo concreto y lo realista”, condimentado con una serie de referencias simbólicas inequívocas entre las cuales se destacan, por un lado, la revalorización de la izquierda socialista y la experiencia de los gobiernos de centroizquierda de los primeros años ‘60, así como el replanteo de las “reformas de estructura” como instrumento de “transformación del capitalismo”; por otro, dejando de lado el “asalto al Palacio de Invierno” en nombre de la “no violencia” y, de hecho, una reedición de la “revolución democrática” y del “partido de lucha y de gobierno” inventados en la posguerra por el Partido Comunista Italiano. En segundo lugar, una restricción de la democracia interna funcional al gobierno de un partido en el cual, si bien desde ángulos diversos y estratégicamente alternativos, los cuatro documentos por la minoría recogen un 41% de los consensos, en un cuadro viciado, además, por una campaña que en pocos meses ha reclutado a cerca de 20.000 afiliados (sobre 100.00) en apoyo de Bertinotti. Un 26% corresponde al Ernesto, de procedencia togliattiana, que luego de haberse batido hasta el final para poder enmendar el documento de Bertinotti, se vio forzado a presentar un texto alternativo en el cual critica el acuerdo con Prodi porque el programa de gobierno no es lo suficientemente incisivo. Un 6,51% (3.317 votos en los congresos seccionales) (1) pertenecen a Progetto Comunista, que reclama romper con Prodi y lanzar un llamamiento a todas las fuerzas de la izquierda social y política para construir un polo autónomo de clase y anticapitalista, así como la oposición a todas las políticas liberales. Otro 6,5% va para Erre, sección italiana del Secretariado Unificado, que sostiene una posición intermedia: un acuerdo político-electoral con la centroizquierda ligado a la anulación de las contrarreformas de Berlusconi y al retiro inmediato de las tropas italianas de Irak (a lo cual Pro-di ya ha dicho repetidamente que no), o bien el apoyo externo (o la oposición constructiva) a un eventual gobierno de centroizquierda, posición que podríamos definir como “partido ni de lucha ni de gobierno”. Finalmente, el 1,6% es para Falce e Martello (Hoz y Martillo), una pequeña organización que forma parte de la corriente marxista de Ted Grant y Alan Woods y que, a diferencia de los otros dos sectores, no proviene de la vieja mayoría del V congreso, sino que surge de la ex minoría luego de una ruptura con Progetto Comunista. Falce e Martello se declara en contra del acuerdo con Prodi, pero a favor de una alianza con fuerzas incluso de la izquierda liberal, para dar vida a “gobiernos de la izquierda” según el modelo español de Zapatero. Progetto Comunista ha denunciado el carácter estratégicamente no alternativo de las otras tres minorías respecto de la propuesta de Bertinotti, a la vez que ha lanzado en la misma Venecia el desafío de conformar un frente único de las minorías, para valorizar ese 41% que gran parte de la base del partido ve, si bien de manera ingenua, como un instrumento de oposición a la “deriva” del PRC; y para desenmascarar a aquellos dirigentes de la minoría que no persiguen la construcción de una dirección alternativa, sino el “condicionamiento” a la mayoría. El desafío se ha concretado, por un lado, en una propuesta de candidatura alternativa de las minorías a la secretaría nacional y de batalla común contra la modificación antidemocrática del estatuto del PRC; y por otro, en una serie de consignas, en particular una sobre el retiro inmediato de las tropas de Irak y otra sobre la necesidad de construir un documento de la izquierda sindical para el próximo congreso de la CGIL (la mayor central sindical italiana, con cerca de cinco millones de afiliados). La respuesta de las otras tres corrientes fue oscilante. No a una candidatura alternativa de las minorías para la secretaría nacional, pero sí a un voto común en contra de la reconfirmación de Bertinotti . Sí a la batalla contra la modificación del Estatuto, en nombre de una plena posibilidad de acción democrática de todas las corrientes internas, y a la moción sobre Irak; no al documento sobre el sindicato. Aquí emergen las contradicciones y la falta de futuro de sectores que, de hecho, tienen por única perspectiva la de influenciar a un Bertinotti que no tiene la más mínima intención de dejarse influenciar, rompiendo con el secretario sin romper con su proyecto. En este sentido, el perfil de Progetto Comunista como la única verdadera oposición en el PRC fue registrado con bastante fidelidad por los medios. Ya terminado el congreso nacional, la verdadera batalla para ganar a los miles de compañeros desorientados por estas contradicciones a posiciones clasistas comienza justamente ahora. Todo esto ocurre en un partido que, luego de haber celebrado en el V congreso el desplazamiento (completamente declamativo) del centro de gravedad de las instituciones a los movimientos, ha elegido zambullirse de cabeza en el pantano de una alianza de gobierno con los liberales, una alianza que no puede más que alejarlo de aquellos movimientos. Es significativo el hecho de que Haidi Giuliani, madre de Cario, asesinado por los esbirros de Berlusconi en Génova en julio de 2001, haya anunciado al Congreso Provincial genovés del PRC que, luego del acuerdo con la centroizquierda en las elecciones regionales, “no estará a nuestro lado”. Un partido que corona simbólicamente su reencontrada confiabilidad en la burguesía italiana e internacional celebrando como a un héroe a Nicola Calipari, el funcionario de los servicios secretos militares muerto en Irak durante la liberación de la periodista Giuliana Sgrena, y “revalorizando a aquellos aparatos del Estado hacia los cuales alimentábamos una instintiva desconfianza. El binomio entre no violencia y servicios secretos es una de las tantas perlas del “nuevo comunismo” bertinottiano: luego de haber rehabilitado a los aparatos represivos que en el G8 de Génova habían intentado reprimir una de las más imponentes movilizaciones en contra del gobierno de los últimos años, que abriera el camino a un nuevo ciclo de luchas (cuyo punto álgido sería la manifestación de cerca de 3 millones de trabajadores convocada por la CGIL en marzo de 2002); Bertinotti está listo para corresponsa-bilizar a los comunistas en un gobierno que no podrá más que enfrentarse a los trabajadores y los movimientos de masas en lucha, más o menos conscientes, contra los efectos de la reorganización capitalista internacional. Tbdo ello en la vana ilusión de que se puede construir “una alternativa de sociedad” (tal el título del documento congresal de la mayoría) sin construir una alternativa -real- de gobierno, es decir, un gobierno de los trabajadores y las clases oprimidas, no un gobierno de los industriales y los banqueros. (1) El resultado de Progetto Comunista puede ser visto bajo distintos aspectos. Desde el pinato de vista porcentual es obviamente insatisfactorio. Pero este dato se encuentra en referencia directa con lo dicho anteriormente sobre la “leva (reclutamiento) Bertinotti'' de afiliados inactivos a último momento y, en menor medida, con la capacidad del ala neotoghattiana de reaccionar llevando a afiliados inactivos (sobre todo provenientes del viejo Partido Comunista Italiano, disuelto en 1991) a votar en nombre de la defensa de la “tradición comunista” contra el revisionismo de la mayoría. En efecto, bastante más positivo es el dato numérico que nos devuelve, con algún incremento, el voto del anterior congreso (una vez separados los sectores centristas que entonces nos apoyaban, no sólo “Falce e Martello”, sino también otros que se han ubicado, con enmiendas críticas, en el sector neotogíiattiano o en aquél dirigido por los pablistas de Erre). Por otra parte, es muy positivo el dato cualitativo. Muchos de nuestros votos son nuevos. Estos han sustituido principalmente a compañeros inactivos que nos habían dado un apoyo verbal y que hoy se han vuelto pasivos totalmente, en muchos casos no reafiliándose al partido (el PRC tiene en general un recambio muy alto entre los afiliados pasivos i. Mientras, los compañeros y compañeras que hemos conquistado son en general más activos y, en gran medida, obreros o jóvenes. En este cuadro se insertan dos éxitos importantes en el congreso, con la victoria ampliamente mayoritaria en los círculos del PRC de dos grandes fábricas, centrales en la reciente lucha de clases en Italia. Se trata de la Fiat de Melfi, en el sur de Italia, que el año pasado quebró con una enérgica huelga a la patronal de la mayor empresa industrial italiana; y de la Fincantieri de Génova, astillero con participación estatal que, también el año pasado, logró doblegar al gobierno en una ardua lucha, forzándolo a un acuerdo sindical. En esencia, se puede decir que -a nuestro juicio- Progetto Comunista sale de este congreso no con una derrota sino con un avance, si bien modesto, que por otra parte es reconocido implícitamente por los dirigentes de la mayoría y de las otras mociones, que saben que con nuestra batalla en el el futuro cercano deberán seguir haciendo cuentas.

1 de julio de 2005
La crisis europea

Luego del referendo francés Tony Blair y su colega francés, Jacques Chirac, estuvieron a punto de enredarse en una pelea a trompadas, como vulgares matones, durante la última reunión de la Unión Europea en Bruselas. Discutían, según la prensa, el presupuesto siempre deficitario de la UE y los aportes británicos. Londres no quiere poner una moneda más porque el Reino Unido no subsidia a sus agricultores mientras el eje París-Berlín sí lo hace, con lo cual, dice Blair, perjudican a todos los demás. El presidente de tumo de la Unión, el luxemburgués Junker, lo dijo sin cortapisas: “Estamos en una profunda crisis”. Es cierto, y tal profundidad tiene esa crisis que se arrastra desde hace 30 años; es, por tanto, anterior a la formación de la UE. Y una crisis de tres décadas no expresa simplemente problemas de coyuntura. Nada de eso: estamos ante una crisis estructural que hunde raíces en el proceso histórico de construcción de la Unión Europea, en su fracaso para recomponer el resquebrajamiento de los delicados equilibrios internacionales posteriores a la II Guerra Mundial. Toda crisis implica un proceso, no se produce de la noche a la mañana. Sin embargo, aun con cierta cuota de arbitrariedad, resulta posible situar el comienzo de esta cuasi bancarrota cuando los precios petroleros estallaron en los primeros años de la década de 1970 y provocaron una recesión que ha mantenido su eficacia hasta la actualidad, salvo en períodos convulsivos que sólo prepararon una nueva caída. Desde entonces, ha sido sistemática la ofensiva de la burguesía europea contra las conquistas de las masas, ejecutada por gobiernos de todo color, fuesen de derecha, de centroizquierda o de la llamada “izquierda plural”. El derrumbe de aquellos equilibrios de posguerra quiso encontrar una respuesta en los intentos de la burguesía imperialista europea de reforzar su coalición. Así, la Comunidad Económica Europea dio paso a la Unión Europea, que, en principio, constituyó una nueva Santa Alianza contra la clase obrera de Europa, atacada ahora de manera racional y unificada en todos los países. Además, ese acuerdo intentó amortiguar las contradicciones entre los distintos imperialismos europeos. Finalmente, aunque no menos importante, la UE buscó re-equilibrar su papel político y su espacio económico para mejor competir con el imperialismo norteamericano. Casi nada de eso pudo lograrse. La UE no consiguió jamás superar sus propias contradicciones. El eje franco-alemán, tendiente a construir progresivamente una Europa con suficiente cohesión para contraponerse -incluso desde el punto de vista militar- al imperialismo norteamericano, chocó siempre con los intereses de Gran Bretaña, aliada y subordinada a los Estados Unidos desde el fin de la guerra. Europa continental no fue suficientemente fuerte para prescindir del Reino Unido ni para empujarlo a la integración europea. “Hasta qué punto estaremos en crisis, que ha caído el imperio soviético y ninguno de nosotros tiene ánimo para festejar”, declaró en su momento Henry Kissinger, ex secretario de Estado de Richard Nixon, actual “lobbista” de grandes corporaciones de su país e ideólogo permanente de la política exterior norteamericana. En efecto, poco o nada había para festejar. El derrumbe de la URSS y de los regímenes stalinistas de Europa oriental y central, lejos de traer un nuevo equilibrio al capitalismo mundial, agravó la situación de inestabilidad y contradicciones a nivel mundial y europeo. No La catástrofe del proyecto de Constitución europea en el plebiscito francés ha sido un claro rechazo de la clase obrera a una Unión Europea de ataque al salario, a la previsión y seguridad social, a la salud y educación públicas; en fin, a las condiciones de vida y trabajo de las masas. Si el voto francés se discrimina por clases sociales, se tiene que el 80 por ciento del proletariado industrial votó No, así como la amplísima mayoría de los trabajadores, fuesen obreros o no. Esto es: se trató de un voto indudablemente de izquierda. Ese desastre de la burguesía imperialista hace recrudecer los conflictos, y por eso pierden la calma ‘mister’ Blair y ‘monsieur’ Chirac, quieren pelear y hay que separarlos como si fueran un par de borrachínes a la salida de un tugurio. En principio, el tratado constitucional ya no existe, y eso es para el imperialismo europeo un desastre por donde se lo mire. Ahora sí, queda a la vista de todos que la Europa de las burguesías imperialistas está hoy en completa crisis. La Unión Europea cruje por todas partes y, al mismo tiempo, los Estados europeos no pueden prescindir de ella porque si actuaran solos les iría peor ¿Qué harán? No puede saberse, pero lo seguro es que continuarán sus ataques contra la clase obrera: en ese punto no tienen divergencias. La loza de las direcciones obreras La política imperialista de la UE encuentra hoy sus defensores más decididos en los partidos centroizquierdistas, como el SPD alemán, el PS francés o la DS italiana. Por eso, esas corrientes han resultado las primeras derrotadas por el plebiscito francés. Otros, que votaron No, como una minoría del PS francés y varios partidos comunistas y socialistas agrupados en el Partido de la Izquierda Europea, dirigido por Fausto Bertinotti, no ofrecen respuesta positiva alguna a la crisis europea. Es más, muchos de ellos respaldaron el avasallamiento a la clase obrera en nombre de “los intereses de Europa”. Su posición actual, contraria a la Constitución de la UE, es puramente oportunista. Por ejemplo, el Partido de la Refundación Comunista italiano ha regresado a la coalición centroizquierdista conducida por el ex primer ministro Romano Prodi. Seguramente, si el Olivo toma al gobierno en 2006, tal como se espera, los “refundadores” echarán mano a algún ministerio en ese gobierno burgués imperialista. Parecido camino sigue el PC francés. Por su lado, la “extrema izquierda” del No, como es el caso de la Liga Comunista Revolucionaria, adherida al llamado Secretariado Unificado de la IV Internacional, no va un paso más allá de proponer una Europa perfectamente capitalista pero “democrática y social”, extremo tan reaccionario como utópico cuando el capitalismo se descompone aceleradamente. No se distinguen de ellos sectores como Attac, que bregan por el objetivo irrealizable de una “Europa social y democrática”. Todos ellos sueñan con el regreso al “Estado de bienestar” de la posguerra, debidamente idealizado, que' no puede volver. Pero, en nombre de esa utopía, se preparan para gobernar con la burguesía. Por los Estados Unidos Socialistas de Europa El proletariado necesitará buscar a partir del importante éxito obtenido en el plebiscito francés, su propia salida a la crisis. Es decir: su plena independencia de clase. La crisis de la UE muestra que Europa no podrá unirse sobre una base capitalista. .Su necesaria unidad sólo podrá ser unidad socialista. Resulta preciso que las fuerzas políticas y sindicales del movimiento obrero se unan independientemente en un frente único de lucha para hacer frente a las contrarreformas de la Unión Europea, por un plan de defensa de las necesidades y las condiciones de vida de las masas populares, contra las reducciones salariales directas y las indirectas, la flexibilidad laboral, los ataques al Estado social y a las jubilaciones; contra la desocupación, por la reducción de la jornada de trabajo sin flexibilidad y por salario para los desocupados. Se necesita luchar unitariamente contra la guerra imperialista, por el retiro inmediato de las tropas de todos los países de toda nación ocupada (Irak, Afganistán, Balcanes y otras). A cada gobierno burgués, del color que sea, opongamos la perspectiva del gobierno de los trabajadores (dictadura del proletariado). Así responderemos coherentemente a la cuestión de una alternativa a la Europa del capital que ya ha sido formulada por el voto del proletariado francés, cuestión que no puede hallar respuesta definitiva en otro contexto que no sea el de los Estados Unidos Socialistas de Europa. La indispensable construcción de partidos revolucionarios en los países europeos, en la perspectiva de la refundación de la IV Internacional, no podrá tener otra perspectiva. (Escrito sobre la base de una resolución internacional del Comité Ejecutivo de la Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

1 de julio de 2005
Finlandia no es un paraíso
Marxilainen Tyováenliitto

Los mitos y la realidad en el capitalismo escandinavo Ha aparecido en este último tiempo una cantidad de artículos en la prensa internacional y también de los gobiernos burgueses acerca del modelo finlandés. Si alguien lee Le Monde, no le es difícil darse cuenta de que el modelo sueco es más popular en Francia que en Finlandia. En Grecia, con el objeto de privatizar la educación universitaria, se promueve el modelo finlandés de evaluación para las becas en los estudios superiores. En realidad, usan cifras y sistemas que no son bien conocidos a fin de confundir a los propios lectores. Estos países tienen una larga historia de Estado de bienestar y de mediación en las contradicciones de la lucha de clases. En la mayoría de los casos utilizan cifras que se refieren a situaciones pasadas. Estafar es la única intención de todos estos defensores. La gente piensa: “Estos países de Escandinavia se manejan muy bien a pesar de la crisis. Nosotros queremos ser como ellos”. En realidad, “estos países” van a caer “al abismo del colapso” desde una gran altura. No existe optimismo en Finlandia dentro del malestar de la Unión Europea. Después del colapso de la Unión Soviética, también colapso el comercio exterior de Finlandia. 500.000 desempleados (20%) fueron el precio de la crisis. El empobrecimiento de los trabajadores creó las condiciones para la obtención de grandes beneficios en la industria durante los años 1997/2000. El desempleo está ahora oficialmente por debajo del 10%, pero en realidad es de alrededor de 12%. Los desempleados “se sientan” en los escritorios de entrenamiento sin ninguna esperanza de encontrar trabajo. Es verdad que Finlandia invierte mucho en investigación y desarrollo. Es un pequeño país con una gran división del trabajo y una elevada composición orgánica de capital. Además, depende de las exportaciones. Los principales competidores vienen de Suecia, pero Finlandia tiene una base industrial más pequeña. Por otra parte, su base industrial es más joven y más moderna que la de los vecinos occidentales. Toda su industria nació después de la Segunda Guerra Mundial, enfocada en el sector del papel y del metal. Más tarde, una hábil reorientación hacia las innovaciones de alta tecnología produjo un profundo giro de la Compañía de Neumáticos Nokia hacia Nokia Electrónica. Más tarde, Nokia pasó a cotizar en las Bolsas más grandes, y ahora solamente el 10% de su capital es de propiedad finlandesa. Este fue el precio de la globalización; pero la casa matriz está todavía en Finlandia y paga sus impuestos al Estado finlandés. Cuando Nokia se resfría, el mercado accionario de Helsinki escupe sangre. Cuando Nokia exige, Finlandia escucha cuidadosamente. Economía. Algunas cifras Recientemente la OECD (Organización de Cooperación Económica y Desarrollo) modificó su pronóstico para el año en curso. Las cifras no permiten el lujo del optimismo. El pronóstico para el desarrollo en la Unión Europea es del 1,2% y para Finlandia 2,1%. Las importaciones crecerán un 6% y se usarán casi todas para producir las exportaciones. Un euro fuerte y altos precios del petróleo no dan posibilidades de crecimiento. El curso hacia la recesión parece real. Las fuerzas centrífugas se han fortalecido después de que los referendos Francia y Holanda dividieran el eje entre Alemania y Francia, y paralizaran el proceso de integración y también la integración monetaria. De acuerdo con una nueva investigación, la inmediata salida de la Unión Monetaria sería ventajosa para Alemania, Italia y Holanda. A pesar de los recortes presupuestarios y otros sucios proyectos de la burguesía, hasta ahora no han ido muy lejos en sus grandes objetivos: los contratos de trabajo flexibles, la cuestión de los trabajos regulares, la libertad de horario de apertura de los negocios, son algunos de ellos. La solución al problema de las jubilaciones, alto desempleo, bajo nivel de consumo, bajo crecimiento económico, la productividad y la competitividad laboral, son otros. China era hasta ahora un área muy importante para la producción y consumo de mercaderías. Los letras del Tesoro de Estados Unidos fueron aceptados por China, que puso sus ganancias en bancos yanquis. Miles de puestos de trabajo finlandeses han escapado hacia China por estas razones. Las inversiones finlandesas de la industria del papel están orientadas: a) a China, y b) a Sudamérica. En un futuro cercano también está abierta la opción de la India. Las inversiones a Rusia están condicionadas y son todavía tímidas, a pesar de que Rusia tiene la fuente de recursos de madera más grande del mundo. Política En política la burguesía finlandesa le ha echado el ojo a la Otan, pero todavía no se ha unido a ella por la fuerte oposición popular. Sin embargo, está por cerrar trato vía la Unión Europea. Hay actualmente una nueva “ley policial” en Finlandia. El asunto es la ley “antiterrorismo”. La libertad de reunión ha sido limitada. La policía tiene un derecho institucional a infiltrarse en organizaciones izquierdistas, a intervenir las llamadas telefónicas y a informar a los jueces después. Las tropas de acción rápida son el embrión del ejército de la UE. Tienen derecho a operar dentro de un radio de 7.000 kilómetros de Bruselas. Finlandia se comprometió a dos fuerzas de tareas; una con Suecia, Estonia y Noruega. El pacto sobre esto se firmó el 23 de mayo de 2005 y las tropas estarán listas para el ataque en el año 2008. Los políticos pro Otan se están regocijando de que haya una fuerza bajo la dirección de la Otan. En la otra fuerza de tareas, Finlandia está participando con Alemania y Holanda. Este acuerdo será firmado el próximo otoño y las fuerzas estarán listas para el ataque en el año 2007. Las tropas provinciales (Maa-kuntajoukot) son un plato recalentado de las notorias Guardias nacionales (Suojelukunnat) fascistas de antes de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, están tratando de crear un nuevo ejército contra el enemigo interior. Estas tropas provinciales tienen una base de voluntarios. El reclutamiento está basado en las solicitudes de la gente interesada. Este proyecto fracasó. El objetivo de 20.000 hombres para todo el país hasta el año 2010 está transformándose en una farsa. Huelgas Todos estos mecanismos, que median las contradicciones y amortiguan los intentos de lucha de la clase obrera, están en una profunda crisis. Dentro de los partidos laboristas hay varias tendencias con enormes desacuerdos sobre este punto. Finlandia es conocida como un país donde raramente hay huelgas, ni mencionar una huelga general. Un punto de inflexión estuvo claramente a la vista el último año y también éste. Un gran cambio está ocurriendo, cualitativo y también cuantitativo. Hay más huelgas en este período que en los últimos diez años. Muchos sindicatos rechazaron firmar los acuerdos de los llamados comités tripartitos. Estos comités están compuestos por delegados de los patrones, de los empleados y del Estado, y están siempre de acuerdo con plataformas conservadoras, que atan a los trabajadores por los tres años siguientes. Durante esos tres años toda huelga es ilegal. Hubo huelgas, como la del transporte, en la cual los huelguistas lucharon por los intereses de los empleados part-time, no directamente por sus propios intereses. Esta huelga fue declarada ilegal, el sindicato tuvo que pagar 200.000 euros, pero los trabajadores no se entregaron. Dos factores hacen que los cambios cualitativos tengan un gran significado: a) están volviendo las huelgas solidarias. Esto ocurrió en los comienzos de este verano (junio 2005) a una escala transeuropea. b) El acento puesto en las huelgas está haciendo retornar la intervención de la clase obrera industrial clásica. Tal fue el caso de la huelga en la industria del papel. Fue la primera huelga bajo la sombra de la globalización de las luchas. Contra los trabajadores, se levantaba sólo el poder de los capitalistas sin la ayuda de sus comités tripartitos o del Estado. Cuando la devaluación de la moneda es imposible, la preocupación mundial de los capitalistas es solamente tener que hacer frente a los trabajadores. La cuestión aquí no era el destino de los trabajadores finlandeses del papel sino el de todos los trabajadores del mundo en esta rama. Las luchas más significativas de la clase obrera finlandesa fueron: a) en 1948, en las fábricas de Arabia; las fábricas fueron tomadas y la policía disparó; b) huelga general en 1956; c) la llamada revolución de la medalla (Medal) en 1977; d) trabajadores en áreas técnicas (diseñadores, etc.) en 1977; e) trabajadores estatales en 1984; f) enfermeras en 1995; g) los médicos en 2001, que lucharon durante doce semanas. Hasta los ‘70 el énfasis de las huelgas estaba en la industria. Después de esto, tuvimos una transición hacia áreas como los trabajadores de oficinas. Ahora volvemos a las fábricas. Los capitalistas saben que están apostando. Por eso declararon el lock-out, que les resultó muy caro. Esta forma de lucha es algo muy nuevo para los capitalistas finlandeses, una nueva estrategia. Sobre la mesa había mucho en juego para el futuro de la industria del papel. Las condiciones para recurrir al laborismo no son diferentes de las condiciones en un país rival. Un gran avance ocurrió en las formas de. la lucha de los trabajadores el miércoles 8 de junio de 2005, cuando hubo una reunión internacional en Helsinki. El sindicato de los papeleros de Finlandia llamó a una reunión de solidaridad y decenas de jóvenes sindicalistas de todo el mundo vinieron y comenzaron a participar. Desde Alemania los trabajadores dijeron que los capitalistas exigían flexibilidad, 40 horas semanales de trabajo en vez de las 38. y cortes en los ingresos totales del 10%. Dijeron que era posible una huelga en Alemania. En Austria las mismas exigencias fueron instantáneamente rechazadas por los trabajadores. En la conferencia de prensa había representantes de 20 países. Nadie recordaba algo así en Europa. Vinieron también los representantes de Canadá, donde la fábrica en Miramich, perteneciente a la finlandesa UPM, estuvo en huelga por seis meses. El delegado Iduigues Martins, del sindicato Sinap de Brasil, dijo que debido a que en Brasil las leyes de medio ambiente son muy elásticas y los salarios muy bajos, por debajo de los 100/150 euros al mes, los capitalistas finlandeses explotan fuertemente a los trabajadores. “Nosotros esperábamos de los escandinavos mejor tratamiento y mejores condiciones sociales en la fábrica. Estábamos equivocados”, dijo. La situación es similar en Uruguay, donde los capitalistas finlandeses están prestos a invertir mil millones de euros. En la reunión de Helsinki, los representantes de 14 países europeos, entre otros, Alemania, Austria e Inglaterra, prometieron una huelga de solidaridad si los empleadores no ponían fin inmediatamente al lock-out en Finlandia. En Suecia empezaron una huelga, que puso en discusión las horas extras. Después de seis meses, la huelga ha terminado. Los trabajadores no obtuvieron mucho pero no fueron derrotados. Los capitalistas tampoco ganaron. Fue una confrontación en la cual cada uno de los dos contrincantes midió el poder del otro. Fue el primer paso, la primera etapa de una nueva era de luchas.

1 de julio de 2005
Irak: El imperialismo organiza su “retirada”

A dos años de su entrada en Bagdad, el imperialismo norteamericano ha fracasado en imponer los objetivos estratégicos que impulsaron la invasión. No logró “rehacer” el mapa del Medio Oriente; al contrario, debió recurrir a la “buena voluntad” de Siria e Irán para estabilizar las fronteras iraquíes. Detrás de la retirada sionista de Gaza asoma el fracaso norteamericano en Irak. Tras dos años de combate, el ejército más poderoso de la historia no pudo derrotar a una resistencia que según la propia CIA, “es cada vez más numerosa y peligrosa”. El Pentágono no sólo debió sufrir 2.000 muertos y 12.000 heridos en una ocupación que había sido caracterizada, antes de su inicio, como “un paseo”. Sobre todo, enfrenta una crisis militar de envergadura: enfrenta el fracaso del ejército profesional (voluntario), que reemplazó al ejército basado en la conscripción obligatoria, hundido en las junglas de Vietnam. “El ejército voluntario no está funcionando”, advierte The New York Times (27/6), en una nota editorial; la razón es que no hay suficientes nuevos reclutas dispuestos a hacerse matar en Irak. Retirada “No estamos perdiendo la guerra”, se vio obligado a responderles Rumsfeld a varios senadores republicanos (el partido del propio Bush), que acusan al gobierno de “estar desconectado de la realidad”. No son los únicos que opinan esto. John Deutch, ex jefe de la CIA entre 1995 y 1996, afirma: “No creo que estemos progresando en ninguno de nuestros objetivos en Irak” (AFXNews, 15/7). El imperialismo está considerando las condiciones para su retiro de Irak. “Mientras la popularidad de George Bush cae en su país, aumenta su desesperación para reducir sus fuerzas en Irak”, escribe el ex canciller británico Robin Cook (Clarín, 16/7). Agrega que “según se indica en un memo que se filtró, la administración Bush piensa reducir a un tercio sus fuerzas para el primer trimestre de 2006”, lo que obligaría a Gran Bretaña a hacer lo mismo. En la reciente conferencia sobre Irak realizada en Bruselas, “Estados Unidos y la Unión Europea pusieron fin a las divisiones abiertas por la guerra” y se unieron “en respaldo a la transición”, es decir a la preparación de la salida. Condiciones Un portavoz del Pentágono anticipó que “una reducción masiva de las tropas norteamericanas en Irak está ligada a condiciones sobre el terreno (…) la adopción de una Constitución, elecciones y una fuerza de seguridad iraquíes suficiente en cantidad y calidad (…) y no a una fecha determinada de antemano” [Le Monde, 12/7). Para imponer estas condiciones, el imperialismo desarrolla una implacable campaña represiva contra el pueblo iraquí. Claro que enunciar estas condiciones es mucho más fácil que reunirías efectivamente. El gobierno surgido de las elecciones, según un curtido diplomático europeo, “no controla la situación y no tiene un plan para sacar al país adelante” (El País, 27/6). Las divergencias acerca de la Constitución (e incluso acerca de la conformación del cuerpo encargado de redactarla) son agudas, reflejando las profundas disputas entre las diferentes camarillas por el control del país y de sus recursos petroleros, e incluso las diferencias nacionales. Los kurdos se oponen, naturalmente, a que el texto constitucional consagre la “identidad árabe”. La puesta en pie de una “fuerza iraquí” es una “misión improbable”, al menos en un futuro cercano (The Washington Post, 13/6). “Las fuerzas iraquíes son mucho más débiles de lo que afirma Bush, con mucho menos de 160.000 hombres entrenados y equipados” (ICH, 15/7). Como advierte un oficial encargado de la instrucción de la milicia iraquí, “las cosas no avanzan de acuerdo con los tiempos de las necesidades políticas (de Washington)” (The Washington Post, 13/6). La “estabilización” de Irak requiere, además, un conjunto de compromisos de los Estados regionales. Pero esos Estados -Irán, Arabia Saudita, Siria, Turquía- tienen intereses contradictorios en Irak. La amenaza de Turquía de ingresar en el norte de Irak para perseguir a la guerrilla kurda del PKK, la victoria del candidato “antinorteamericano” en Irán, el fracaso de la operación de desarme del Hezbollah libanés y la crisis del régimen Saudita ponen en evidencia las enormes dificultades que enfrenta el imperialismo. Incluso el acuerdo con Europa no pasa de ser una fachada ya que consiste en apoyar la preparación de una retirada… sobre cuyas condiciones prácticas las divergencias son mayúsculas. Es que, aunque el portavoz del Pentágono no lo diga, una de las condiciones esenciales para el retiro es la monopolización de los recursos petroleros y de las tareas de “reconstrucción” de Irak por el gran capital norteamericano. Fuera el imperialismo de Irak y de Medio Oriente Para las masas iraquíes, el “nuevo Irak” será una pesadilla: el retiro en las condiciones establecidas por los ocupantes no significará la independencia nacional, ni la democracia. Para las masas de la región, la retirada en las condiciones establecidas por los ocupantes significará un reforzamiento de los regímenes reaccionarios existentes. Pero el fracaso estratégico de la ocupación y las enormes dificultades que enfrenta el imperialismo norteamericano para preparar el retiro plantean perspectivas revolucionarias en el Medio Oriente. Estas perspectivas se encuentran condicionadas, en otro plano, por el carácter clerical-burgués de la mayor parte de las fracciones de la resistencia. Esto se manifiesta, por una actividad militar que masacra a la población. En algunos casos, existe una deliberada política de guerra civil sobre líneas sectarias-religiosas. En otros, la lucha armada está al servició de intereses de clanes, tribus y camarillas en el reparto del poder en el “nuevo Irak”; por eso, combinan la resistencia armada con la participación en el “proceso constitucional” e incluso, como reconoció el propio Blair, en negociaciones directas con los ocupantes. Frente al definitivo derrumbe de la ocupación militar norteamericana, la IV Internacional se empeñará en colaborar con la formación de una dirección obrera y socialista, que tiene en Irak una tradición de más de medio siglo. Estados Unidos: un gendarme sin reclutas Durante cuatro meses consecutivos, el ejército norteamericano no logró alcanzar la cuota mínima de nuevos reclutas. A pesar de que se redujeron los requerimientos mínimos para la admisión y se elevaron los beneficios económicos, los reclutas siguen sin aparecer. La razón es que no sobran los jóvenes dispuestos a enlistarse para hacerse matar en Irak. Esto ha llevado a un analista de temas militares (The New York Times, 27/6) a señalar que el “ejército voluntario” sirve para “tiempos de paz”, donde ofrece una “salida laboral” para miles de jóvenes provenientes de los estratos más bajos de la sociedad, pero que “no sirve” en tiempos de guerra. Es una condena brutal porque, al fin de cuentas, ¿para qué sirve un ejército que no sirve en tiempos de guerra? Además del natural instinto de supervivencia, la falta de reclutas está demostrando el carácter absolutamente impopular de la guerra de Irak. En guerras pasadas, como la Segunda Guerra Mundial, una guerra popular en los Estados Unidos, los voluntarios se presentaban en masa a los centros de reclutamiento. Para completar las filas, el Pentágono se ha lanzado a lo que fue calificado como “una caza de potenciales reclutas con una ferocidad alarmante” (ídem). Oficiales reclutadores recorren las escuelas secundarias, utilizando “tácticas pesadas” para que los chicos firmen. El Pentágono les ha dado a estos reclutadores -y a empresas privadas a las que se les tercerizó parte del trabajo de reclutamiento- una base de datos que contiene la filiación de todos los jóvenes del país entre los 16 y los 25 años, sus relaciones e ingresos familiares. Con esto, los reclutadores pueden presionar a los pibes de las barriadas más empobrecidas y en condiciones familiares más difíciles para unirse al ejército. La presión del Pentágono está llevando a muchos padres a organizarse para “resistir las tácticas de reclutamiento agresivo” (ídem). “Ahora, que la guerra está yendo mal y el ejército está cazando potenciales reclutas con una ferocidad alarmante, se está desarrollando una reacción que puede liquidar la capacidad de la nación de llevar adelante una guerra sin la conscripción obligatoria” (ídem). Pero Vietnam demostró que Estados Unidos no puede llevar adelante una guerra impopular con la conscripción obligatoria. Después del fracaso del ejército de conscriptos en Vietnam, fracasó el ejército de profesionales voluntarios en Irak. El “gendarme mundial” enfrenta una crisis militar de fondo. Escuadrones de la muerte Resulta inocultable la existencia de “escuadrones de la muerte” en Irak. Los llamados “comandos policiales” están integrados por miembros de las milicias de los partidos que integran el gobierno. Recorren las ciudades y los barrios a la caza de “sospechosos” de pertenecer a la resistencia, que luego aparecen asesinados. Sólo en la última semana se reportaron dos casos de asesinatos masivos por parte de los escuadrones. En el primero, fueron asesinadas ocho personas que se encontraban bajo ‘‘custodia policial”. En el segundo, otras once aparecieron muertas con disparos en la cabeza y evidencias de tortura; habían sido detenidas por personal uniformado. Estos “comandos” actúan a la luz del día, bajo la protección del gobierno “iraquí” y de las tropas de ocupación norteamericanas.

1 de julio de 2005
39.000 iraquíes asesinados

Más de 39.000 iraquíes murieron como consecuencia directa de combates o violencia armada desde el comienzo de la invasión norteamericana en el 2003. La estimación, realizada por el Instituto de Estudios Internacionales de Suiza, arroja cifras considerablemente más altas que las realizadas anteriormente: el Iraqi Body Count, basado en los informes de prensa, por ejemplo, estimó que el número de iraquíes muertos violentamente en los últimos dos años es de 28.000. La estimación del instituto suizo se basa (y complementa) en la realizada por la revista médica británica The Lancet hace unos meses, que estimó en 100.000 el número de muertos causados por la invasión, comparando las tasas de mortalidad previa y actual. Los suizos se refieren sólo a las víctimas de actos de guerra; la diferencia entre su estimación y la de la revista británica obedece al empeoramiento de las condiciones de vida y sanitarias como consecuencia de la invasión. Estas estimaciones son necesarias porque el alto mando norteamericano jamás se preocupó por llevar la cuenta de los civiles asesinados por sus tropas. Otras estimaciones indican que los bombardeos de ciudades y barrios, el fuego de los blindados y las ametralladoras pesadas y las incursiones norteamericanas causaron “más del doble de muertos” que los ataques de la resistencia (El País, 16/7).

1 de julio de 2005
Fallujah: vuelve la resistencia

En noviembre pasado, durante la mayor operación militar urbana desde la guerra de Vietnam, las tropas norteamericanas destruyeron la ciudad de Fallujah con el declarado objetivo de “extirpar la resistencia”. Miles de civiles fueron asesinados por los bombardeos indiscriminados; decenas de miles fueron obligados a huir. Los “marines” cantaron victoria en medio de las ruinas de la ciudad y pilas de cadáveres. Ocho meses después, a pesar de que los marines establecieron un verdadero “estado policial”, “la insurgencia vuelve a crecer en Fallujah” y las tropas de ocupación “no logran tener el control” (El País, 16/7). En las últimas semanas, estallaron al menos cuatro coches bomba y dos de las cinco fortalezas policiales fueron objeto de ataques. La resistencia crece conforme vuelve la población desplazada; “…después de la injusticia con que las fuerzas estadounidenses e iraquíes trataron a los residentes de la ciudad, ahora (los pobladores) prefieren a la resistencia” (ídem).

1 de julio de 2005
Chile: La situación política y el Podemos

El sistema electoral binominal en Chile, que permite elegir en una lista candidatos con una minoría de votos, ha consagrado dos bloques mayoritarios (Concertación por la Democracia y Alianza por Chile), que administran política, social y económicamente el 'modelo*, perfeccionándolo de algunas “rigideces” y modificándolo para hacer más eficiente la dictadura del capital sobre el trabajo. Se ha llevado adelante, dado el relativo empate de fuerzas en el Parlamento entre estos dos bloque de fuerzas partidarias, una “política de consenso”. La Concertación, en estos dieciseis años de gobierno con tres distintos presidentes, ha probado hasta la saciedad que el centroizquierdismo gobierna con el imperialismo. El lento proceso de toma de conciencia de la clase obrera luego de casi cuarenta años de derrotas se demuestra en el aumento de las luchas reivindicativas que todavía son parciales, no unificadas y sectoriales; en una pérdida de confianza en la Concertación; en el desgaste del bloque en el gobierno y la aparición de fisuras al interior de estos conglomerados. En este año electoral (se elige el presidente, se recambian todos los diputados y la mitad de los senadores ), la izquierda está agrupada en la coalición Juntos Podemos. Este frente es uno más de los tantos que ha formado el PC con el resto de la izquierda que se encuentra atomizada en pequeños grupos como el MIR, Izquierda Cristiana, grupos del PS. Lo único nuevo del Juntos Podemos es que se produce en un contexto de desgaste del bloque en el gobierno y el Parlamento. En la Asamblea Nacional por la Democracia y la Soberanía Nacional donde participaron los grupos integrantes del Juntos Podemos, el PC impuso el candidato a presidente (Tomás Hirsch, del Partido Humanista), el programa, y se reservó lo realmente importante, los candidatos a senadores y diputados. La “Plataforma programática para un Chile justo, solidario, soberano y democrático” demuestra el contenido democratoide del Podemos: “En Chile, en Latinoamérica y en todo el mundo, un pequeño porcentaje de la población posee grande riquezas (…). Estas minorías se han apoderado sistemáticamente del poder político, la fuerza económica y la tecnología. Este proceso demoledor de las soberanías e independencias nacionales alcanza su máxima expresión en los tratados de libre comercio (TLC), o específicamente en la intención de imponer el Area de Libre Comercio para las Américas (Alcam) . No existe aquí ni una palabra sobre el capitalismo, los monopolios y el predominio del capital financiero características centrales de la descomposición del sistema capitalista en su fase imperialista, ninguna palabra sobre unificar la clase obrera en pos de sus objetivos inmediatos e históricos. Las luchas actuales del pueblo no son un avance hacia un Chile justo, solidario y democrático, sino que es la defensa desesperada de condiciones de sobrevivencia mínimas. “Una política nacional para el cobre exige regular su producción para evitar la sobreproducción mundial y caída de su precio; cobrar una compensación de al menos 10% sobre el valor del cobre fino extraído y hacer efectiva la tributación a las 19 empresas transnacionales que hoy están en nuestro país, al mismo tiempo que avanzamos decididamente hacia su renacionalización; incentivar la fundición y refinación en Chile, expandiendo y fortaleciendo Codelco y traspasar al Presupuesto Nacional el 10% de las ventas del cobre que se entrega a las Fuerzas Armadas.” El antiimperialismo del PC sólo alcanza para cobrar impuestos, es menos que un programa nacionalista burgués, porque defiende incluso el precio internacional del cobre que producen los monopolios en Chile y fuera de Chile. Frente a esta nueva tentativa del PC, crear un frente, el Juntos Podemos, que sería un germen de frente popular, en el momento en que las masas y el pueblo chileno comienzan lentamente a retomar sus luchas en pos de la liberación nacional y social, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, sección chilena de la Coordinadora polla Refundación de la Cuarta Internacional, denuncia y declara: 1) Que el origen y raíz de la penuria de los trabajadores y las masas no se encuentra en un pretendido “neoliberalismo” creado por una mente enferma en las centrales intelectuales del imperialismo, sino que es producto de la crisis capitalista mundial que se profundiza producto de la caída de la tasa de beneficio, y que conducirá a la humanidad a nuevas catástrofes, guerras y revoluciones. 2) Que la profundidad de la crisis del imperialismo se manifiesta en América Latina y en Europa en su necesidad de cooptar a la izquierda, incluyendo la izquierda nacional y “radical”, para defender al poder burgués del asalto de las masas. 3) Que la liberación de la explotación del capital sobre el traba-o y la liberación nacional sólo es posible en Chile, América Latina y el mundo por el socialismo, entendido éste como un gobierno obrero-campesino, construido sobre la destrucción del Estado burgués, sustentado en los órganos de poder popular. 4) Que sólo la movilización directa por las reivindicaciones mínimas del pueblo, unida a las reivindicaciones transitorias, podrá levantar a los trabajadores como un actor legítimo en la sociedad chilena. Votar por la Alianza por Chile o la Concertación es votar por mayor esclavitud. 5) Que aquellos que se dicen seguidores del marxismo revolucionario y se encuentran integrando, a través del Bloque por el Socialismo, el Juntos Podemos dejen de engañar a sus militantes y sus sectores de influencia, y se integren decididamente a la construcción de un partido revolucionario, que luche por la independencia política de la clase obrera y los trabajadores. 6) Estamos por la expropiación sin pago del cobre y todas nuestras riquezas mineras bajo control obrero y de los trabajadores. Asimismo, estamos por la expropiación sin pago y bajo control obrero de todas las industrias energéticas y petroleras desde México hasta Tierra del Fuego. ¡Viva la lucha del pueblo boliviano por sus recursos naturales y energéticos! 7) No a la alianza del gobierno procapitalista de Lagos con el imperialismo norteamericano. ¡Fuera las tropas chilenas de Haití! ¡Por la Unidad Socialista de América Latina! Partido revolucionario de los trabajadores Sección chilena de la CRCI [ 1 ]-[2] Revista Pluma y Pincel N° 185. edición junio de 2005.

1 de julio de 2005
La política del Partido Comunista chileno
Carola-Carola

Para cualquier observador externo, la política del Partido Comunista chileno resulta a contramano de la que llevan los demás PC de América Latina y el mundo, pues en vez de formar frentes con el centroizquierda ha conformado un frente de izquierda, el Juntos Podemos (Poder Democrático y Social), que en las elecciones municipales de 2003 obtuvo el 10% de los votos. Esto, que parece la excepción que confirma la regla, es la misma regla aplicada en otras condiciones. En primer lugar, es el propio centroizquierda, la Concertación, el que ha excluido al PC de sus alianzas, a pesar del apoyo crítico de éste, como en la segunda vuelta Lagos-Lavin en el ‘99. Por otro lado, el resto de la izquierda emergió de la dictadura totalmente atomizado y sin orientación política clara, que permite un predominio casi completo del PC. Frentes como el País, IU, Mida, que siempre han nacido alrededor de algún evento eleccionario, luego son olvidados. En ese sentido, lo que el Podemos tiene como novedoso es el momento político en el cual se forma, de desgaste de la Concertación, paulatinas luchas como la de los estudiantes o el rechazo a la visita de Bush en noviembre de 2004, es decir un lento proceso de izquierdización de las masas. En este año eleccionario, donde se elige presidente, se recambian todos los diputados y la mitad de los senadores, parecía que íbamos a asistir a una gran lección de democracia ya que el Podemos iba a internas abiertas y asambleas de base con cinco precandidatos a presidente de distintos sectores, hasta que el PC… perdón, el diablo, metió la cola. Asustado quizá con tanta democracia, el precandidato del Partido Comunista, Tomás Moulián, renunció y el PC apoyó a Tomás Hirsch, precandidato del Partido Humanista, una figura de bajo perfil que en la elección presidencial de 1999 sacó menos del 1% de los votos. Esto produjo el retiro de los otros dos componentes mayoritarios del bloque, la Surda y Fuerza Social, que criticaban a Hirsch por conservador y derechista, y la correspondiente renuncia del resto de los precandidatos. Con esto, que el presidente del PC, Teillier, quiso tomar en broma, el ahora Juntos Podemos Mas quedó reducido a un virtual pacto PC-PH. La política del PC de apoyar a un candidato de bajo perfil y de desinflar el Podemos, sólo puede ser entendida como una “ayudita” a la candidata de la Concertación, Michelle Bachellet, en su competencia con Piñera y Lavin, candidatos de la derecha, a cambio de una reforma en el sistema binominal [1], que le permita conseguir alguna banca parlamentaria. En honor a la verdad, toda la política del PC gira en tomo a la reforma del binominalismo, escondida en la lucha contra la “exclusión social y política” como demuestran la marcha en Valparaíso “Por la democratización de Chile” y la proclama de la CUT (Central Unitaria de Trabajadores )en el mismo sentido. Sin ir más lejos, el discurso de Guillermo Teillier al proclamar candidato a Hirsch, dice: “Es imprescindible poner término a la exclusión política y social de la cual son objeto millones de chilenos, por la persistencia del sistema electoral binominal…” [2J . Ya en marzo de este año Teillier se reunió con el presidente de la Cámara baja, Gabriel Ascencio, de la Concertación, para presentarle “una propuesta que buscaba una distribución proporcional y no excluyente, que entregue oportunidad a la izquierda y a grupos laborales de estar representados, aumentar el número de diputados y senadores, y aprobar el voto de los chilenos en el exterior” [3] . Precisamente, la reforma constitucional aprobada el 15 de julio de 2005, si bien no pone fin al sistema binominal, lo quita de la Constitución, lo cual hace que se necesite sólo el 50% de los votos del Congreso para reformarlo, contra el 66% que se necesitaba antes. El programa del Podemos En la Asamblea Nacional por la Democracia y la Soberanía Nacionales, donde participaron numerosos grupos integrantes del Juntos Podemos (Izquierda Cristiana, Coordinadora Mirista, Andes, Partido Refundación Socialista, Generación Ochenta, Movimiento Oveja Negra, Partido Radical de Chile, Partido Humanista, Partido Comunista Acción Proletaria, MIR, Colectivos Popularios, Oceanía, Asambleas Populares, Bloque por el Socialismo, donde participan el MPS-LIT-CI, Izquierda Socialista, etc.), se votó la “Plataforma programática para un Chile justo, solidario, soberano y democrático”. Como programa, la plataforma hace eje en la necesidad de combatir el “modelo neoliberal” y el Alca, en planteos sobre “construir desde la diversidad” y por supuesto la lucha contra la exclusión social y política. Es decir un programa para “domesticar” el capitalismo salvaje. Donde más se pone de manifiesto la adaptación al régimen del programa es en el punto referido al cobre. En resumen, la política del Podemos formar parte de la tendencia mundial a la cooptación de la izquierda por parte del Estado capitalista, que se agudiza con el alza de la lucha de las masas. Frente a esto oponemos la formación de un partido revolucionario basado en la verdadera independencia de clase. [ 1 ] En Chile rige un sistema llamado binominal por el cual, tanto en Diputados como en Senadores, los cargos son apropiados por el primero y el segundo, lo que hace virtualmente imposible conseguir un cargo parlamentario para la izquierda. [2] Revista El Siglo, 10/5/05. [13] El Mercurio, 16/7/05.

1 de julio de 2005
Brasil y la izquierda

Crisis del gobierno de Lula ¿qué salida? La izquierda del PT, la burocracia de la Central de los Trabajadores (CUT), la direcciones de los Sin Tierra (MST) y de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) publicitaron recientemente una “Carta al Pueblo Brasileño” para denunciar el “golpe de la derecha” contra Lula, que se escondería bajo el disfraz de la campaña contra la corrupción. La “Carta…” convoca a “defender al gobierno” que ha reforzado la presencia de esa misma derecha en el gabinete y reafirmado la política fondomonetarista. El documento contra los “golpistas” es más que una contradicción formal, porque en el gabinete reformado ahora con más “neoliberales”, Lula ha nombrado para el Ministerio de Trabajo al secretario general de la CUT. Uno de los dirigentes de este bloque y uno de los vicepresidentes del PT, Walter Pomar, creyó oportuno recordar que años atrás una campaña similar contra la corrupción acabó con los principales líderes del gobierno italiano de centroizquierda y dio como resultado… el gobierno de Berlusconi. El recordatorio significa que ha encontrado una excusa para seguir apoyando al gobierno de los banqueros que preside Lula, y significa que la ‘movilización’ de la izquierda es una tarea sucia que la dirección del PT no podía realizar por sí misma. En Italia el ‘maní pulite’ llevó a Berlusconi al gobierno, simplemente porque no era tal ‘pul i te’, desde que dejó en libertad al corrupto N" 1. Las coimas y chanchullos que están vaciando al PT son la consecuencia de un método de gobierno: la coalición con una derecha de ladrones. El PT había participado de una colaboración abierta con el capital y el imperialismo, con el argumento, entre otros, de que evitaba el colapso social y viabilizar su propia “gestión". El 24 de julio de 2004, el presidente del Citibank explicó en el Financial Times que cuando Lula aceptó un acuerdo de conjunto con la banca internacional, ésta le renovó los créditos de comercio exterior, cuya suspensión habría provocado un colapso en Brasil. La corrupción “es el método necesario de gobierno de un frente de colaboración de clases, en el que el ‘proletariado’ corrompe) a la burguesía que ya había corrompido a ese ‘proletariado’ durante largos años y que lo corrompe definitivamente al tolerar su acceso formal, condicionado y parcial al ‘poder’”(Jorge Altamira en Prenso Obrero N- 908, 13/7). Una historia El desmoronamiento del PT debe medirse a la escala de una construcción política de más de un cuarto de siglo; toda ella dirigida a preparar el acceso de una representación de los explotados al gobierno del Estado capitalista, con la pretensión de gerenciarlo mediante una inyección de moral y reglas éticas. Acabó en un desastre cuando apenas pasaron poco más de dos años. El derrumbe, total, plantea una crisis de poder que está en pleno desarrollo. El Partido Socialismo y Libertad (PSOL), formado por líderes expulsados del PT y militantes que renunciaron al partido, caracteriza el argumento de una amenaza de golpe como una excusa. Pero lo que no es una excusa es que el gobierno de colaboración de clases ha entrado en una crisis terminal, que las masas necesitan una salida, incluso porque votaron a este gobierno burgués de un partido de trabajadores. La respuesta de que “son todos lo mismo” no resuelve nada, incluso porque, aún ahora los trabajadores no ponen en el mismo plano a Lula con la derecha. El planteo del PSOL de unir la lucha por las reivindicaciones populares con la lucha “contra la corrupción y el FMI"con el agregado de votar al PSOL en el 2006, es una evasiva y es inmovilismo. Algo parecido plantea el PSTU. Por eso, preparan un acto político nacional, donde intentarán avanzar con la adhesión de nuevos desprendimientos del PT y del gobierno que consideran “terminado”. La “terminación” de este proceso, sin embargo, debería formularse como salida a la crisis abierta en el poder y de cara a las propias masas. Se agota una experiencia de más de dos décadas. La burguesía quiere usar la crisis del gobierno del PT para desmoralizar a las masas y sus organizaciones completamente. Es necesario una política propia de los trabajadores y una línea de acción: que el PT rompa con la burguesía, expulse a los corruptos y fondomonetaristas, eche a los ministros capitalistas y del FMI, y adopte un plan de reorganización bajo la dirección de la clase obrera. Para viabilizar estos propósitos es necesario disolver el congreso corrupto no representativo y plantear la convocatoria a una Constituyente impuesta por la movilización popular. A la izquierda brasileña se le presenta la oportunidad de abrir una gran deliberación política sobre la salida a la actual situación, un debato que replantee los términos en que los trabajadores y explotados pueden desarrollar una alternativa propia, independiente de la burguesía y sus representantes. Es el balance de una política que marca una época y la base para abrir paso a una superación.

1 de julio de 2005
Brasil: Los coimeros reorganizan el gabinete

Con la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) de los correos, el escándalo de la “mensualidad”, la caída del ministro-jefe de la Casa Civil, y la caída catastrófica de la dirección del PT, la crisis política brasileña entró en un tramo inédito, obligando a Lula da Silva a una reforma ministerial que, al mismo tiempo que se inclina más hacia la derecha, evidenció el desvanecimiento del proyecto político centroizquierda. Para el editorial de O Estado de Sao Paulo (26/6), “el presidente dio muestras de comprender que la conquista de un nuevo mandato ya no puede ser más su proyecto prioritario”: lo que se impone es la simple supervivencia del propio gobierno. La Bolsa festejó con una notable recuperación el anuncio de la renuncia del jefe de gabinete y mano derecha de Lula. Al día siguiente, el ministro de Economía, Antonio Palocci, anunció un ambicioso plan de exenciones fiscales, que implican subsidios por 625 millones de dólares para empresas exportadoras e inmobiliarias. El propio Palocci fue considerado como reemplazante del derrumbado José Dirceu; lo que no se concretó para no sembrar dudas sobre la continuidad de la política económica. Palocci fue uno de los ministros denunciados por el diputado Roberto Jefferson en el festival de corrupción: serán los propios corruptos los que decidirán los cambios en el equipo de gobierno de Lula. El régimen de compra de diputados y negociados tiene como base el capital financiero, que alcanzó beneficios históricos con el gobierno del partido llamado “de los trabajadores”. A mediados de junio, “una reunión de los principales banqueros del país y de la oposición” (PSDB) concordó en que las denuncias de corrupción debían ser controladas, para no “afectar la economía”. “Los inversores no ven claramente cuál sería el rumbo abierto por los acontecimientos”, dijo el Financial Times, portavoz del gran capital financiero internacional. Dentro de la burocracia petista, la situación es de implosión. Una parte de la bancada parlamentaria desobedeció la orden de bloquear la conformación de una CPI en el Congreso. Se proyecta la perspectiva de un gobierno de Lula cada vez más distante de su propio partido. El gerente de los fondos de pensión, Luiz Gushiken, había sugerido en la Dirección Nacional del PT que Lula saliese del PT y gobernase como “sin partido”, para ampliar su margen de maniobra. La descomposición del PT y de su gobierno fondomonetarista se impone a todos los protagonistas de la crisis. Dirceu era afín a la gran burguesía y los monopolios que reclaman una mayor desvalorización del real. Palocci, “blindado”, es un agente del gran capital financiero internacional. Según el analista Tarcísio Holanda, existe la posibilidad de impeachment del presidente, y “el PSDB espera que Lula llegue al final sangrando de tal modo que desista de la intención de luchar por la reelección”. La alternativa “sería construir una candidatura capaz de garantizar la continuidad del programa petista: el nombre contemplado sería el de Antonio Palocci, cuya sensatez y equilibrio son reconocidos hasta por la oposición” (13/7). La continuidad del neoliberalismo sería, entonces, total y explícita. Para evitarlo, lo que quedó del gobierno de Lula (ahora con la presencia cada vez más importante del PMDB) intenta imprimir desde ahora un rumbo semejante, procurando sellar alianzas con la Fiesp y llegando a enarbolar el plan de Delfim Neto, de “déficit nominal cero”, que elevaría sin techo previsible el superávit primario, transformando el Estado brasileño en un rehén directo del capital financiero internacional, y de las tasas de interés fijadas por la FED (Banco Central) de los EEUU. En América Latina, el gobierno de Lula (a través de Petrobrás) ha sido el principal “bombero” de la in-surgencia de masas contra las multinacionales en Bolivia, así como de la resistencia antiimperialista en Venezuela, sin hablar de su fallido papel de sustituto de las tropas colonialistas yanquis en Haití. En retribución, el Parlamento paraguayo acaba de votar el permiso de asentamiento de tropas norteamericanas en la región de la Triple Frontera: Brasil quedaría rodeado de tropas de los EEUU, por el Sur (Paraguay) y por el Norte (Plan Colombia). Debido a la crisis, se profundizó también la política de cooptación y colaboración de clases. A ese objetivo obedece la nominación del dirigente cutista Luiz Marinho para ministro de Trabajo, confirmando la completa integración de la CUT al Estado. Con la crisis, la política de desgaste de la militancia popular alcanzó su ápice, llevando una reunión de los movimientos sociales, realizada en la misma noche de las denuncias efectuadas por el diputado Jefferson, a emitir una “Carta al pueblo brasileño", que se pronuncia “contra la desestabilización política del gobierno y contra la corrupción: por cambios en la política económica, por la prioridad a los derechos sociales”. La “Carta” lleva las firmas de la CUT, del MST, de la UNE, de la CMP, además de decenas de ONG y otros movimientos sociales. Ahora, en el medio de la crisis, el gobierno de Lula comenzó a “estabilizarse”, abriéndose más para la derecha, y “blindando” la política económica a través del retuerzo (“blindaje”) de su principal representante. Ese es el rumbo del gobierno: la defensa del gobierno conduce a los “movimientos sociales" a tornarse cómplices de la orientación neoliberal y derechista, que interactúa con la corrupción que se declara querer combatir. En verdad, la propia corrupción es un producto de esa orientación, pues es el único método posible para gobernar con los representantes del gran capital internacional y nacional, bajo las recetas del FMI. En la reunión referida, solamente la delegación del Andes-SN combatió explícitamente la aprobación de una “Carta” de semejante tenor, que el sindicato nacional no firmó, rescatando un camino independiente para el sindicalismo combativo. Defender el gobierno de una supuesta “conspiración de derecha” en curso, en nombre de un “proyecto de cambio”, significa olvidar que el gobierno de Lula encabeza, no un proyecto de cambio progresivo, sino de regresión social e histórica de Brasil. Debemos denunciar todas las tentativas de “empujar la crisis”, transformándola en una gigantesca pizza a través de CPI controladas por los congresistas de la “mensualidad”. La suerte de Brasil depende más que nunca de la acción independiente del movimiento de masas. Es necesario abrir una perspectiva política independiente para el movimiento de los trabajadores urbanos y rurales y de la juventud. Impulsando nuestra lucha específica, debemos convocar a todos los movimientos sociales a romper con el gobierno de Lula y con el Estado, y contribuir a abrir un debate en la sociedad toda que atienda la base de esos movimientos, independientemente de la orientación política de su dirección. La “defensa de la ética”, marco restringido en el cual se pretende encerrar la reacción popular contra el espectáculo descarnado de la monumental corrupción política, debe ser colocada en términos de lucha antiimperialista y contra el capital: no habrá ética en un país en el que los corruptores, en primer lugar al gran capital financiero, continúen apropiándose privadamente de la riqueza social producida por los embajadores.

1 de julio de 2005
Uruguay: El Frente Amplio contra los piqueteros
Corresponsal

Al asumir en marzo pasado, el gobierno del Frente Amplio-Espacio Progresista-Nueva Mayoría de Uruguay comenzó como lo había prometido: con un feroz “ajustazo” contra el pueblo trabajador. Anunció una disminución del 10% en las inversiones públicas, y el aumento de los combustibles en un 8% y la energía eléctrica en un 12% promedio (9% para el consumo residencial; 15% para el industrial). Este plan de “austeridad” tenía el objeto -según el semanario frenteamplista Brecha (1/4)- “de enviarle un mensaje fuerte y claro al FMI del compromiso del gobierno en pleno acerca de la implementación de una política fiscal rigurosa (que) no se aparta sustancialmente de la que desarrolló (el gobierno precedente de Batlle)”. Dentro de ese mismo plan figura la “independencia del Banco Central”, es decir, su completa dependencia de los bancos que manejan el paraíso financiei’o de Montevideo. El gobierno, dice Brecha, “parece haber asumido plenamente (las conclusiones) del seminario sobre la ‘experiencia brasileña’ que Anoop Singh, un alto funcionario del Fondo, realizara en enero con el actual gabinete”. Una vez cumplidas las tareas con el FMI y los yanquis, el presidente del FA, Tabaré Vázquez, fue a “confesarse”: en abril visitó a la cúpula de la Iglesia para prometer que vetaría una eventual ley de legalización del aborto; lo cual provocó la reacción de numerosas organizaciones de defensa de los derechos humanos y de la mujer. Con la cruz y con la espada para guerrear al pueblo, en abril, el gobierno dejó claro que no respetará los plebiscitos de los últimos años contra las privatizaciones de las empresas estatales. El viceministro de Economía, Mario Bergara, aseguró, en un seminario organizado por el Banco Mundial y el BID, que con el gobierno del Frente Amplio ya no habrá estas consultas al pueblo: “Ahora sería mucho más difícil pensar en que alguien pueda activar mecanismos de democracia directa”. Agregó que el Frente en el gobierno no se opondrá a los negocios de las estatales con el capital privado: “ahora, que lo vamos a hacer nosotros, lo podemos apoyar” (diario frenteamplista La República, 12/6). En esta línea privatizadora, el gobierno ha autorizado el traspaso del control de la empresa Gaseba (distribución de gas en Montevideo) a una asociación del grupo Gaz de France con Petrobras, y apunta a lo mismo con la aerolínea Pluna, que pasaría de manos de Varig a la británica Ashmore (que se ha abierto de la empresa Uair, luego de haberla fundido). Esta política ha generado las protestas de los sindicatos estatales, que también rechazaron la entrega al sector privado de nuevas bandas para telefonía celular, así como la pretensión de privatizar el ferrocarril. Tomar nota: los diarios argentinos han comenzado a preocuparse porque con el Frente Amplio, el Uruguay a comenzado una “importación” no tradicional: la de los piqueteros de la otra orilla del Río de La Plata.

1 de julio de 2005
Derrumbe de los Fondos de Pensión en los EEUU

Muchas agencias de noticias reprodujeron el artículo de The Washington Post (12/6) titulado “Pensiones derrumbadas significan gran sufrimiento humano”, referido a los efectos de la eliminación del fondo de pensión de la United Airlines sobre los trabajadores. Mostrando la foto de Ellen Saracini, viuda del piloto Víctor J. Saracini, que murió cuando su vuelo 175 fue estrellado contra el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, el artículo añadía: “Ahora ella enfrenta la pérdida de más de la mitad de su pensión en una colisión estrepitosa de otra índole: el default de United frente a sus obligaciones jubilatorias de más de 9 mil millones de dólares… el más grande en la historia de los EEUU”. El default del fondo de pensión de la United no es sólo el mayor de la historia de los Estados Unidos. Es por sobre todo, un anticipo de lo que vendrá: “Este fallo podría ser el preludio de una sucesión de decisiones similares en el transporte aéreo, en la rama automotriz y en el conjunto de la industria” (Le Monde, 11/7). Es que, según un estudio independiente, el 81% de los fondos de pensión privados de empresa se encuentra subfinanciado; entre ellos, se encuentran monstruos como la GM. Ford. IBM, Motorola, US Steel, y la Lockheed Martin (ídem). En realidad, el procentaje de fondos con problemas de financiamiento es todavía mayor dado que “las empresas sobreestiman voluntariamente los activos de sus fondos de pensión” (ídem). Hace un año, la burguesía decía que la crisis de los fondos de pensión ya había encontrado su solución: “No hay nada mejor que una bolsa de valores en alza para aliviar los fondos de pensión” (CFO Magazine, 4/8/04). Pero durante 2004, “más de 40 bancarrotas en la industria del acero y las de cinco aerolíneas contribuyeron a un déficit de 23 mil millones de dólares en el PBGC (Corporación de Garantía de los beneficios jubilatorios)”, un déficit que los analistas del Congreso prevén que llegará a 71 mil millones en esta década. El PBGC es un organismo público que se encarga de pagar las jubilaciones de los fondos de pensión privados cuando éstos, como la United, declaran la cesación de pagos. Ya paga las jubilaciones de más de un millón de trabajadores. En 2004, el número de empresas cuyas jubilaciones fueron pagadas por este organismo saltó de 155 a 192. El pasaje de un fondo de pensión al PBGC es, para los trabajadores, una confiscación de sus aportes previsionales: el seguro paga una jubilación máxima de 45.000 dólares anuales, muy por debajo de lo comprometido por los fondos de pensión (que están en relación con los salarios de los trabajadores en actividad). La Oficina de Auditoría Congrecional estima que “el déficit conjunto de- los fondos de pensión privados llega a "600 mil millones” {Denver Post, 12/6). Aun el artículo “optimista” de CFO admitía que “la posibilidad de que el default de más aerolíneas grandes golpee a la PBGC, hace surgir el miedo de algunos analistas a una crisis en los fondos de pensión similar a la crisis de la industria de cajas de ahorro de los años ‘80”. Associated Press (7/6) dice: “El problema de los déficit en los fondos de pensión recuerda la crisis de la industria de cajas de ahorro de los años ochenta, cuando centenares de cajas se vaciaron y la deuda fue asumida por el gobierno. Un estudio del Congreso norteamericano de 1996 determinó que el costo total de ese rescate fue de 480,9 mil millones de dólares”. La causa, explica The New York Times (6/6), es muy sencilla: “Más de la mitad de las compañías más grandes de la nación, que tienen planes de pensión, voló alto durante el boom de los años ‘90 y de los mercados en alza de aquella época sin efectuar contribuciones a sus fondos de pensión, usando subterfugios permitidos por las leyes federales para evitar cuotas anuales”. La revista Forbes (7/7) agrega que “311 de las 365 (compañías clave con planes de pensión) dejaron sus fondos en déficit el año pasado”. Este desfinanciamiento consciente de los fondos de pensión anticipa el default: “No significa que todas las empresas no estén en condiciones de pagar las jubilaciones sino que esperan, un día, no hacerlo” (Le Monde, 12/7). La revista explica lo que va a pasar en el mejor de los casos: “Las contribuciones patronales representaban 2% de sus gastos hace 5 años. Eso dejaba mucha plata para mejoras salariales e inversiones”. Pero el año pasado las contribuciones representaron el 10%: “Eso deja mucho menos”. Bush ha propuesto una nueva ley de “reforma” que obligaría a un incremento en las contribuciones patronales a sus propios fondos y al PBGC, pero que también obligaría a los planes en déficit a entrar en default. Las compañías dicen que si las obligan a pagar sus contribuciones, tendrán que entrar en bancarrota. Por ejemplo, Gerald Grinstein, presidente de Delta Airlines, habla de la posibilidad de declarar la bancarrota de su compañía dentro de cuatro meses (Cincinnati Enquirer, 8/6). Pero las jubilaciones son, apenas, un aspecto de la “crisis de la seguridad social” norteamericana; el otro son los fondos de salud. La GM declara que el financiamiento de los planes de salud de sus empleados y jubilados agrega un costo adicional de 1.500 dólares a cada auto producido. Presiona a la burocracia sindical a aceptar, en el próximo convenio, reducciones sustanciales en los planes de salud. “Si no llegamos a un acuerdo, amenazan, deberemos considerar otras soluciones; la más extrema es la declaración de quiebra (del plan de salud)” (Le Monde, 12/7). Ahora que la situación se ha vuelto “insostenible”, la burguesía norteamericana viene a descubrir que “el principio de ligar el plan de salud al empleo es discutible y perverso”. Claro que no lo pensaba cuando el número de beneficiarios era bajo y se embolsaba la diferencia entre los descuentos de los salarios y las prestaciones. La burocracia sindical rehúsa plantear un plan de lucha. La declaración más reciente (30/6) del Consejo Ejecutivo Maestro de la Asociación de Asistentes de a Bordo (http://www.unitedafa.org/) -que denuncia que el default fue permitido a cambio de un pago de 1,5 mil millón de dólares de United al PBGC-, demuestra una preferencia por “desafiar a la patronal y al PBGC en la Justicia” antes de ir a la acción directa, y dice que va a considerar un llamado a la huelga “si es la única manera de restaurar nuestros planes de pensión”. La incapacidad de la burguesía norteamericana de hacer frente a los compromisos jubilatorios y de salud con sus empleados es la manifestación de la debilidad de la tasa de beneficio. Su recuperación exige la liquidación de conquistas históricas de la clase obrera norteamericana. Como dijo Prensa Obrera N" 905 en el artículo titulado “General Motors: Cierre de plantas y 25.000 despidos”, “la crisis mundial pone al proletariado norteamericano ante choques fundamentales”.

1 de julio de 2005
Bolivia, de cara a las elecciones
César Uscamaita

Las masas bolivianas -en mayo y junio pasado- se lanzaron otra vez a la lucha en forma contundente y, una vez más, la profundidad de la movilización no ha estado equiparada con los logros alcanzados. A diferencia de octubre de 2003, las movilizaciones se han extendido a importantes regiones del Oriente, e incluso, por diversas razones, al Chaco mismo. Sin embargo, un recuento cabal de los sectores movilizados nos lleva a la conclusión de que los sectores urbanos -principalmente en el interior del país- han estado casi al margen, concentrándose el grueso del conflicto en la ciudad de El Alto, y el bloqueo de caminos en manos de los sectores campesinos, maestros rurales, cooperativistas y mineros asalariados. Santa Cruz, una vez más, se ha convertido en la fortaleza de las corrientes de derecha, las cuales apostaron en los últimos días del conflicto a la eventualidad de salidas de fuerza. La ausencia de una dirección, la relativa fortaleza de la burguesía cruceña, la gran dispersión de las direcciones del conflicto, el notable peso específico de las direcciones centristas y oportunistas, la irresponsabilidad de las direcciones ultraizquierdistas (tratando de mantener la lucha alteña cuando se iniciaba la desmovilización), son factores que demuestran claramente que las masas combatientes no hubieran podido tomar el poder. Frente a ellas, tenemos con certeza una burguesía profundamente lastimada, aunque de ninguna manera derrotada. Datos recientes nos llevan a afirmar que el conflicto entre sus diversas facciones tiende a ser superado. De ser así -habida cuenta de la creciente polarización de posiciones dentro de la clase media-, el movimiento popular deberá estar como nunca preparado. Ha quedado claro que el radicalismo por el radicalismo, la toma del poder como consigna a toda hora y a todo momento, sin el análisis de la situación concreta, no sirve para nada. También queda claro que no es dirección el grupo político que grita más fuerte o que plantea la ejecución de las tareas más “revolucionarias”. Las tareas para el movimiento popular -si quiere evitar la masacre y el triunfo de la reacción, y no permanecer otros 60 años en el limbo de los radicales- son arduas e implican un trabajo serio y responsable. A partir del desenlace de la crisis, las organizaciones revolucionarias deben discutir alejadas del dogmatismo que niega la realidad y fortalece el reformismo, si participan o no en las elecciones generales de diciembre. Creemos -como enseñaban los bolcheviques-que cualquier perspectiva revolucionaria debe combinar el trabajo legal (posibilidad de utilizar en determinados momentos los espacios democráticos para potenciar la lucha revolucionaria) con el trabajo clandestino e ilegal. Los resultados del reciente conflicto nos muestran el potencia-miento de la democracia directa de los trabajadores, por un lado, y las limitaciones en el nivel de conciencia de amplias capas sociales que aún creen en formas democratizantes (Asamblea Constituyente, convocatoria a elecciones, etc.), por el otro. La posibilidad de triunfo de un gobierno de obreros y campesinos radica -por supuesto- en el potenciamiento ante todo de la primera tendencia: esto implica trabajar entre las bases para ajustar cuentas con los oportunistas y traidores, y luchar por organizaciones que no sirvan sólo para promocionar a sus eventuales dirigentes. Por otro lado, la neutralización del Parlamento, la tarea de “hacerlo explotar desde dentro”, como explicaba Lenin, no está peleada con la lucha por estructurar los órganos de poder de las masas. Sin duda alguna, la posibilidad de llegar al Parlamento y de participar en las elecciones debe discutirse en forma más profunda, ya que no se trata de ganar sólo votos sino de efectivizar una línea revolucionaria que permita superar el gran obstáculo de la revolución boliviana: la ausencia de dirección. Lora y la cuestión electoral Desde 2000, el debate político estuvo centrado sobre la salida política que se debe dar al actual “derrumbe económico, político y social” (así califica el empresariado la actual situación del país). Las jomadas de mayo y junio han dado paso a un nuevo proceso de salida democrática, adelantamiento de elecciones, y plantea nuevas tareas al proletariado y la vanguardia de nuestro país. La corriente política del lorismo (POR) nuevamente ha planteado su posición inalterable de rechazo a cualquier posibilidad de participar en esta elección, dejando -sin quererlo o queriéndolo- el campo político para que el reformismo (MAS) salga potenciado de esta coyuntura. Inviabilidad de la democracia burguesa Para los revolucionarios la democracia burguesa, estrechamente representativa, es históricamente inviable, ya pasó el período donde ésta cumplió su rol revolucionario. “La época del parlamentarismo burgués ha terminado”, señala Lora. El octogenario diligente del POR afirma: “Bajo el largo predominio de las ramificaciones del liberalismo, prácticamente desde 1900 hasta después de la guerra chaqueña, no pudo lograrse la estructuración de la democracia formal”. Para Lora, “el liberalismo naufragó y se agotó políticamente al no poder construir una generosa democracia burguesa, pese a ser en ese momento la expresión política de los sectores más avanzados. Tampoco pudo materializar el desarrollo integral e independiente del capitalismo”. Los liberales entraron en escena como “el partido más popular y más nacional hasta ese momento”. La democracia burguesa boliviana no se asemejó nunca a las “democracias clásicas (donde) el voto servía y sirve para perpetuar la dictadura de clase, pero dentro del juego equilibrado de sus diferentes tendencias” y así puede ser “árbitro supremo de la política, sino de los intereses generales de la clase dominante”. Ahora, cualquier perspectiva democrática, para Lora, “alienta la ilusión de que ésta pueda aún estructurarse”. Es en este punto donde nosotros nos alejamos de Lora, para retomar el marxismo. Las ilusiones democráticas Cuando la discusión se centra en la superación de las ilusiones democráticas, ahí es donde existe una distancia enorme entre los planteos del POR y la realidad y la táctica revolucionaria. Se trata de si el “parlamentarismo ha caducado políticamente”, no se trata de tomar el deseo de Lora y de sus devotos, como “una realidad objetiva” para la clase obrera y las demás amplias capas de la población. Todo partido revolucionario, si quiere ser de masas, debe estar inserto en ellas. No significa rebajar la táctica revolucionaria a los prejuicios “democrático-burgueses y parlamentarios” de los trabajadores; se trata de “observar serenamente el estado real de conciencia y de preparación de la clase entera” para que ésta pueda superar esas “ilusiones democráticas”. Lo que el POR demuestra en estos momentos es una separación profunda entre las masas y su partido, de ahí que atribuya sus deseos a las más amplias capas de ella. Ese es el caso de las ilusiones que ha despertado la convocatoria a nuevas elecciones en los trabajadores del campo y la ciudad. Por otra parte, aunque sea una minoría la ilusionada de obreros, campesinos, maestros, con el democratismo, corresponde que el partido revolucionario levante una tribuna revolucionaria en las nuevas elecciones o, en el futuro, en la Asamblea Constituyente. Lenin y el parlamentarismo burgués Aunque no le guste a Lora, los revolucionarios tenemos algunas experiencias acumuladas sobre la táctica frente al parlamentarismo, del cual la Asamblea Constituyente es su máxima expresión. Para los bolcheviques la realidad era más rica y las tácticas más concretas. Una vez parado el régimen de los soviets, éstos en ningún momento dijeron que el “parlamentarismo ha caducado políticamente”, sino que educaron a los trabajadores ideológica, política y prácticamente “para aceptar el régimen soviético y disolver o admitir la disolución del Parlamento democrático burgués”, “pues no se trata de si los parlamentos -coronados por una Asamblea Constituyente- llevan mucho tiempo de existencia o existen desde hace poco”. Los bolcheviques incluso participaron, posteriormente al triunfo de la República Soviética, en la elección a la Asamblea Constituyente, una Asamblea con claros objetivos reaccionarios: “Hacer ver a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos facilita el éxito de su disolución, facilita la ‘eliminación política’, del parlamentarismo burgués”. Esta táctica revolucionaria está mucho más lejos de los desvarios nacionalistas de Lora y sus chupamedias; la excepcionalidad boliviana; una creación teórica de Lora, es en realidad la ilusión. El programa revolucionario en ningún momento deja a un lado las reivindicaciones democráticas, incluso mínimas, de las clases trabajadoras. El abstencionismo electoral El abstencionismo electoral siempre ha sido utilizado como un parámetro que verifica la postura de Lora, dado el índice de personas que no votan, atribuyéndole un carácter revolucionario. Los nuevos estudios sobre el abstencionismo no han podido identificar las tendencias dominantes dentro de los dos millones de personas que no votan. Lora nunca ha estudiado con profundidad este fenómeno y por tanto no puede de manera científica precisar su postura, salvo el subjetivismo al que tiene acostumbrada a la militancia porista.

1 de julio de 2005
Argentina: Por la expropiación y gestión obrera de Zanón

Ya hace más de tres años que Zanón, la principal empresa de cerámicos del país, ubicada en la localidad de Neuquén, viene siendo gestionada por sus propios obreros. En su momento, previo al Argentinazo, los trabajadores de la fábrica ocuparon la planta y el 2 de marzo de 2002 comenzaron a producir, abriendo una primera línea de producción. Durante este lapso, los trabajadores han multiplicado por 20 la producción de la fábrica, que en la actualidad asciende a 350.000 metros cuadrados de cerámicos, duplicando, al mismo tiempo, el número de trabajadores, que pasó de 200 a 450 compañeros. Es decir, han demostrado en la práctica la superioridad de los métodos de organización de la clase obrera frente a la inoperancia y el parasitismo empresarios, responsables del vaciamiento y abandono de la fábrica. Los compañeros de Zanón, en este intervalo, han resistido varias tentativas de desalojo. La defensa de Zanón se ha convertido en una causa popular incluso más allá de Neuquén. La patronal ha fracasado en todas sus maniobras por recuperar el control de la planta; entre ellas, el concurso de acreedores, que fue pergeñado por los propietarios de Zanón ya en 2001, en el marco del vaciamiento que venían orquestando. La última de esas maniobras consistió en el armado de una empresa fantasma que oficiaba de testaferro de los antiguos dueños de la empresa, es decir, del propio Zanón (sus principales accionistas eran su esposa y uno de sus hijos), la cual se presentó, sorpresivamente, al concurso en calidad de grupo inversor interesado en comprar la fábrica. La Cámara de Apelaciones denegó la solicitud y, como consecuencia de ello, el juzgado está obligado a dictar la quiebra. La quiebra de Zanón abre una nueva etapa: va a acentuar la presión capitalista, y en particular del Estado, contra la gestión obrera. A partir de la quiebra se abren dos alternativas: que el juez decrete la continuidad de la empresa, o que directamente proceda al remate de los bienes. En la primera de ellas, que luce como la más improbable, la ley abre la posibilidad de que los trabajadores organizados en forma cooperativa se hagan cargo de la empresa. Pero esta administración obrera queda bajo supervisión y debe ajustarse a un plan previamente acordado con los acreedores, explicitando el modo en que se van a cancelar las deudas. El remate de los bienes, por su lado, replantea la perspectiva del desalojo. Esta variante constituye un terreno ideal para que prosperen propuestas como la compra de la fábrica por parte de los propios obreros de Zanón, como ya ha ocurrido con otras fábricas recuperadas. La propuesta será exhibida, por supuesto, como “un mal menor”. En el caso del remate, los trabajadores deberían competir por la compra con otros grupos capitalistas, y hasta con los ex dueños. El proceso de liquidación judicial de la empresa es un campo minado y se presta a un sinfín de maniobras de capitalistas que podrían manipular los precios de los bienes, digitar las bases de la subasta y condicionar integralmente el proceso que conduce al remate final y adjudicación de los activos. Bajo estas condiciones, una eventual adquisición de la planta por parte de los obreros de Zanón podría transformarse en una victoria a lo Pirro. En la actualidad, los compañeros vienen cobrando un salario de alrededor de 1.000 pesos, es decir, un 60 por ciento de la canasta familiar, y vienen perdiendo poder adquisitivo si se compara con los sueldos que per cibían dos años atrás. ¿Qué pasaría con la ecuación actual si hubiera que sumarle el pago de la deuda originada por la compra de la fábrica? La operación de compra debería hacerse seguramente al contado. La gestión obrera estaría obligada a contratar un préstamo, o sea, caer en una fuerte dependencia de grupos empresarios. Si no hubiera más remedio que llegar a un compromiso, es importante evitar presentarlo -como una salida exitosa o estratégica como el estadio final. Si aceptamos esos compromisos forzados por las circunstancias, debemos, sin embargo, seguir luchando por los objetivos estratégicos de una gestión obrera que mantenga su independencia hasta un próximo levantamiento popular. Más allá de los compromisos que estemos forzados a adoptar, tenemos que tener claro que la administración obrera judicial, por un lado, como la compra, por el otro, son perspectivas ajenas a nuestros intereses de clase. En oposición a ellas, reivindicamos la expropiación sin compensación alguna y la gestión obrera independiente. Planteamos subsidios, garantía salarial y la participación de directores obreros en una banca nacionalizada. En síntesis, un programa que se inscribe en un proceso de transformación integral del país sobre nuevas bases sociales. Esto plantea un plan de lucha del conjunto del movimiento obrero. El sindicato ceramista de Neuquén tendría que ponerse a la cabeza de este reclamo y exigir a las centrales obreras y sindicatos neuquinos un plan de lucha, que incluya el reclamo de la expropiación de Zanón. Hay que aprovechar la quiebra para darle un nuevo impulso a la expropiación de Zanón, en momentos en que se viene incubando, en la provincia, una rebelión contra el gobierno de Sobisch.

1 de julio de 2005
Victoria en Parmalat Argentina
Corresponsal

Los coletazos de la crisis de Parmalat golpearon a numerosos países de la periferia. La casa matriz, intervenida por el gobierno italiano, se desembarazó de sus filiales, vendiéndolas con extrema celeridad. Estos traspasos, a las apuradas, en muchos casos a precios irrisorios, han despertado la sospecha, por cierto fundada, de que han tenido un carácter fraudulento. Por esta vía, la casa central descargó toda la crisis en las naciones afectadas, y en primer lugar sobre las espaldas de los propios trabajadores. Parmalat hizo lo que ya habían hecho el Santander, el Bilbao Vizcaya, la Banca del Lavoro o el Citibank. Cuando se trataba de llevarse las ganancias y girar las utilidades consideraron a las sucursales como parte de una misma unidad económica con la casa matriz. Cuando llegó el default, se lavaron las manos y dejaron a las sucursales libradas a su suerte. Como parte de este proceso, el 17 de diciembre de 2004 Taselli se hizo cargo de Parmalat Argentina, comprando la sucursal por un euro (¡I). Taselli es un conocido empresario vaciador. El vaciamiento fue la tarea que ejecutó en la productora de carbón Río Turbio, el Ferrocarril San Martín y la metalúrgica Altos Hornos Zapla. Operó de la misma forma en todos los casos: se apropió de las empresas en crisis por un precio vil, usufructo los subsidios o beneficios económicos del Estado, se guardó en el bolsillo los fondos que debían ser aplicados a inversiones, mantenimiento y seguridad, y atacó a los trabajadores y promovió despidos masivos. Al final de su gestión, quedaba un tendal de deudas y empresas descapitalizadas y fundidas. El precio mayor de este manejo lo pagaron los trabajadores. Catorce mineros del Turbio murieron como resultado del abandono en que se encontraban los socavones luego de la gestión de Taselli. Recientemente, dos obreros de Altos Hornos Zapla fallecieron por la falta de inversiones imprescindibles en materia de seguridad industrial. Consecuentemente con ello, lo primero que hizo Taselli con Parmalat fue presentarse a concurso. Presentó un plan para convertirla en una procesadora de leche en polvo, para lo cual solamente necesita un 30% del personal de producción. En la medida en que Parmalat contaba con 1.200 trabajadores, esto implicaba despedir a 840 compañeros. El plan de Taselli se vio frustrado por la lucha de los trabajadores. Luego de seis meses de lucha encarnizada, los trabajadores de Parmalat pararon los despidos e impidieron que se les aplicara una rebaja salarial y se desconociera el convenio. Sólo un sector minoritario, proveniente fundamentalmente del sector de administración, optó por el retiro voluntario. Acaba de firmarse un acta que legitima este acuerdo. Taselli no escatimó recursos para derrotar a los trabajadores: apretadas, intimidaciones, despidos, represalias económicas, no pago de los salarios, agresión física, un asalto con armas de la planta de Carapachay (donde funcionaba la logística de la empresa), que venia siendo ocupada por sus trabajadores. Todo fue en vano frente a la resistencia aguerrida y obstinada de los compañeros de Parmalat. Marchas, movilizaciones, agitación, recorridas incansables de lugares de trabajo y estudio en las que se recabó la solidaridad con la huelga; fondo de huelga y, en primer lugar, la ocupación de la planta. El acuerdo firmado es el primer capítulo de una batalla de mayores proporciones. Los planes de Taselli son incompatibles con los niveles salariales actuales y más aún con los 1.200 puestos de trabajo. Lo que está en discusión, y va a colocarse al rojo vivo en un futuro bastante próximo, es sobre qué bases debe ser reorganizada Parmalat. Está claro que Taselli prepara un verdadero desmantelamiento. Frente a ello, los trabajadores tienen que oponer una salida que privilegie sus intereses, lo que pone sobre el tapete la lucha por la expropiación y la gestión obrera de la empresa. No hay ninguna razón fundada que justifique el derrumbe de este centro industrial. Parmalat es una empresa viable. Su rama industrial está en expansión. Existe un mercado y una demanda insatisfecha para la amplia y variada gama de productos de Parmalat. El obstáculo, por lo tanto, no proviene de la parte laboral sino de la gestión capitalista. Conscientes de la nueva etapa que se inicia, los aguerridos compañeros de Parmalat han aprobado una serie de incitativas de acción: mantener la salida del boletín de huelga, impulsar la formación de una tendencia a escala de todo el gremio, y mantener la campaña por el fondo de huelga. La CRCI, en la reciente reunión de su Comité Ejecutivo Internacional, ha aprobado plegarse a esta iniciativa y ha lanzado una campaña internacional en apoyo a los compañeros.

1 de julio de 2005
Rusia: La transición al capitalismo, en crisis

La aparente estabilización del régimen restauracionista con Putin en Rusia y la amplia difusión de la leyenda acerca de la “popularidad” de su Presidente han recibido un poderoso golpe por parte de las masas populares rusas en la primera gran confrontación social, a comienzos de 2005. Simbólicamente, ocurrió en el centesimo aniversario del “Domingo Sangriento”, el comienzo de la primera revolución rusa en enero de 1905. Trescientos mil jubilados, trabajadores y jóvenes se lanzaron a una movilización sin precedentes con actos, cortes de ruta en las principales autopistas, manifestaciones que abarcaron más de 70 regiones de Rusia, en más de 120 centros urbanos densamente poblados, desde Moscú y Leningrado a Arkangel en el lejano norte e Irkutsk (Siberia) en el lejano este. La causa inmediata que detonó la explosión fue la implementación de la infame Ley 122, que deroga los beneficios sociales de los trabajadores y jubilados, incluyendo el transporte gratuito para los mayores, que reemplazó por una insignificante “compensación” monetaria. Aunque en los últimos catorce años, después del colapso de la Unión Soviética, hubo otros movimientos de protesta, huelgas, incluso rebeliones locales (por ejemplo, el levantamiento en Moscú en 1993 o, más recientemente, la campaña de los sindicatos independientes contra el Código de Trabajo y la revuelta en Novgorod), todas estas luchas estuvieron más o menos localizadas y dispersas. Por primera vez hubo una gran movilización social a escala nacional, con el apoyo de la mayoría de la población. En contraste con la llamada “revolución naranja” en Ucrania, fue un levantamiento social espontáneo, que no estuvo manipulado por clanes oligárquicos opositores u ONG pro-occidentales. Muy rápidamente adquirió un carácter político: por primera vez desde el ascenso de Putin al poder, el llamado a la renuncia del Presidente y de su gobierno se transformó en la consigna popular de las masivas manifestaciones en las principales ciudades de Rusia. Después de los acontecimientos de enero de 2005, naturalmente, las más variadas fuerzas políticas y sociales han intervenido para influenciar el curso de este movimiento popular masivo, el cual, por ahora, supera las barreras que tratan de imponerle los aparatos en desintegración del liberalismo, stalinismo y populismo nacionalista (incluyendo algunos oligarcas detrás de bambalinas). El conflicto no pudo ser frenado a pesar de las confusas reacciones del régimen, que fueron desde una abierta represión estatal a concesiones. La abolición de subsidios al servicio social y la “monetización” de las jubilaciones es un paso crucial y necesario a ser tomado por el proceso restauracionista para volver a convertir a la fuerza de trabajo rusa en una mercancía, cuya reproducción, hasta ahora, se apoya principalmente (cerca del 70%) en los subsidios estatales del pasado soviético. La entrada a la Organización Mundial de Comercio en 2006 hizo obligatoria la implementación de la Ley 122, la abolición de todos los beneficios sociales remanentes, la privatización de la vivienda, salud, servicios, transporte, jubilaciones, etc. Se debe establecer urgentemente un mercado de trabajo real con fuerza de trabajo subvaluada como una mercancía. Esta es la exigencia del capital extranjero y las fuerzas restauracionistas internas. En un sentido, la naturaleza y profundidad del presente conflicto demuestra que el proceso de restauración que comenzó hace quince años no es ni lineal ni sin contradicciones no resueltas. Pasó a través de sucesivas crisis y fases, ha entrado ahora en un nuevo y crucial punto de inflexión. La periodización del proceso restauracionista hasta ahora puede ser esquematizado en las siguientes líneas generales: 1991/1993 El giro hacia la economía capitalista de mercado se vuelve más y más dominante; una estrategia consciente de supervivencia de la burocracia privilegiada en los últimos años del período de Gorbachov, a fines de los ‘90. La liberalización parcial del ge-renciamiento de las empresas soviéticas permitió que la burocracia ge-rencial, en connivencia con la corrupta burocracia estatal, vendiera las baratas mercancías soviéticas, particularmente de las industrias petrolera y gasífera, a los precios más altos del mercado mundial, acumulando enormes riquezas; una práctica que se incrementaría en los años ‘90 con Yeltsin, dirigida a la formación de la rapaz élite de los “oligarcas”. Después de un período inicial preparatorio, la contrarrevolución capitalista restauracionista comenzó oficialmente con la “terapia de shock” impuesta por el FMI e introducida en la antigua economía soviética por el gobierno de Gaidar-Yeltsin, el 2 de enero de 1992. El intento de introducir el libre funcionamiento de la ley del valor mediante la liberalización de precios produjo hiperinflación. Los ahorros populares se evaporaron, la producción se hundió dramáticamente. La miseria social se extendió de una forma rápida y sin precedentes. La antigua burocracia stalinista se dividió en grupos de intereses enfrentados y clanes que se enriquecieron principalmente mediante actividades parasitarias basadas en el robo de la propiedad pública. Sus antagonismos fueron mediados por una enorme y corrupta maquinaria burocrática estatal que se levantó por sobre la sociedad. En su primera fase de 1991/1993, incluso antes del comienzo de la orgía de las privatizaciones a mediados de los ‘90, una riqueza fabulosa fue acumulada por la especulación y el arbitraje con los precios nacionales y mundiales: mercancías, particularmente metales, otras materias primas, petróleo, gas, etc. fueron compradas muy baratas a los bajos precios regulados por el Estado y exportadas y vendidas a precio de mercado mundial. En el mismo período, mientras la inflación era del 2.500%, el Banco Central emitió créditos al 10/25% anual, transformando el ingreso público en privado. Una tercera manera de hacer mucho dinero en 1991/92, cuando el miedo al hambre fue muy real y el Estado todavía proveía subsidios para alimentos, fue para el conjunto de los especuladores (entre ellos, los especuladores del mercado negro) importar alimentos del exterior pagando sólo el 1% sobre de tasa de cambio en curso y revendiéndolos libremente en el mercado interno, embolsándose el subsidio. (Ver el artículo de Anders As-lund, consejero de Yeltsin en ese período, en Foreign Affairs, septiembre/octubre de 1999.) Estas tres actividades comerciales parasitarias representaron el 79% del PBI en 1992 (ídem). Esta economía híbrida estaba basada en la diferencia existente entre el entorno capitalista mundial y el medio económico interno de una transición en crisis: la relación diferencial entre los precios controlados por el Estado y los precios mundiales, la falta de un apropiado criterio capitalista de otorgamiento de créditos, la ausencia de un apropiado mercado laboral en el cual los trabajadores pudieran ser contratados y despedidos libremente (a los trabajadores no les fueron pagados sus salarios, así como las pensiones a los jubilados, por largos períodos de tiempo, pero las todavía existentes viejas estructuras soviéticas del Estado, que subsidian los servicios sociales, dieron una solución al problema de subsistencia). La acumulación de dinero (no capital) condujo a la emergencia de un poderoso sector financiero de especuladores, así como a una fuga permanente de capital desde el país a los paraísos fiscales en Occidente, en Suiza, Nueva York, Chipre o las islas Caimanes; una hemorragia que continúa hasta ahora. Este primer período exacerbó las diferenciaciones sociales que condujeron al empobrecimiento de las masas y al surgimiento de los nuevos líos, los “nuevos rusos”, que unieron a la burocracia estatal, gerentes, especuladores y a la mafia en una maquinaria infernal, agudizando las contradicciones sociales sin posibilidad de su regulación política. La transición fue bloqueada, el FMI tuvo que declarar el fracaso de la “terapia de shock”, Gaidar tuvo que renunciar y las tensiones sociales terminaron en una explosión política en el otoño de 1993, con la ocupación de la Casa de los Soviets en Moscú, el sitio militar y la masacre que le siguió. Esto marcó un importante punto de inflexión. Para estabilizar la situación, Yeltsin abolió los remanentes del viejo sistema burocratizado de los soviets, estableciendo una Cámara alta y una baja del Parlamento (Duma), y transformó las autoridades locales convirtiéndolo en guaridas de señores cuasi-feuda-les y gobernadores locales burocráticos corruptos. La primera guerra post-soviética en Chechenia, un factor importante para tomar nuevamente el control de la situación en todo el país por parte de la burocracia restauracionista gobernante, fue lanzada a fines de 1993, con trágicas consecuencias. 1993/1998 El segundo período que siguió y duró hasta el crack financiero de agosto de 1998 estuvo caracterizado sobre todo por las olas de privatizaciones iniciadas por Anatoli Chubais, entonces viceprimer ministro de Yeltsin. El primer intento para la privatización mediante la distribución de cupones (“vouchers”) a gerentes y trabajadores de colectivos no dio los resultados esperados. La segunda ola aplastante de privatizaciones en 1995 fue mucho más exitosa, aunque fue un producto y un factor de crisis. El creciente sector financiero y la burbuja de la Bolsa rusa se expandieron sin la necesaria base material en la producción y con una profunda crisis fiscal. A finales de 1995, los acuerdos “de créditos por acciones”, la extensión de créditos por parte de bancos del Estado para financiar sus deudas y déficit a cambio de acciones de empresas estatales, condujo a una escandalosa privatización a gran escala, particularmente de la mayoría de las grandes compañías petroleras, Yukos, Sibneft y Sidenko, y la concentración de los principales recursos del país en manos de una pequeña minoría, los “oligarcas”, que ya habían acumulado enormes cantidades de dinero gracias a la especulación con la dicotomía entre los precios internos y los mundiales. A través de estos acuerdos entre la burocracia estatal y los oligarcas les fue permitido a unos pocos bancos privatizar las más grandes empresas en licitaciones controladas por ellos mismos. Pero como puntualiza Aslund: “Ningún cambio cualitativo acompañó estas adquisiciones. Los nuevos propietarios mayoritarios no actuaron como propietarios preocupados por el desarrollo empersario sino que continuaron el gerenciamiento del robo, fundamentalmente por la venta de productos por debajo del precio de mercado a sus propias compañías (privadas), dejando que las viejas compañías del Estado se deterioraran (…) Los críticos más severos de las privatizaciones han sido siempre aquellas élites que parecían beneficiarse con ello, desde que la aparición de los derechos reales de la propiedad privada amenazan su forma estatista de hacer dinero. El problema no es que los negocios son formalmente privados sino que las intervenciones arbitrarias y amplias de los funcionarios del Estado limitan severamente los derechos de propiedad privada” (op. cit., p. 69). Zbigniew Brzezinki, el conocido ex asesor de seguridad del presidente Cárter y uno de los principales arquitectos de la guerra de Afganistán y de la política imperialista para desintegrar a la Unión Soviética y los ex estados obreros, ha enfatizado el carácter formal de esos derechos de propiedad privada e incluso sugirió la necesidad de una re-nacionalización como un paso necesario hacia una adecuada transformación de esta ex propiedad pública soviética a la propiedad capitalista (un consejo que fue tomado muy seriamente bajo la administración centralista de Putin). Más burocracia que nunca Los derechos de propiedad privada en la Rusia post-soviética estuvieron siempre mezclados con la interferencia administrativa del Estado y con prácticas sistemáticas de corrupción oficial. El stalinismo colapso en 1991, pero después de ello la burocracia conoció un tremendo crecimiento al tratar de regular las contradicciones que se desataron. Más que nunca ocupó todos los centros de decisión y los intersticios de la sociedad post-soviética. Hay un asombroso número de agencias estatales locales, regionales y federales, autorizadas a inspeccionar y regular los negocios, que reciben coimas como una regla aceptada por todos. “Para abrir un comerció”, escribe Daniel Treisman, “un típico comerciante minorista debe primero ser aprobado por la oficina de licencias, la inspección de edificios, la policía, departamento de bomberos, inspección de salud, inspectores de impuestos, policía de impuestos (fiscal), inspección de comercio, inspección de trabajo, oficina de derechos del consumidor, centro de pesos y medidas, comité de protección ambiental, y el fondo de seguro médico. Un empresario dijo recientemente al diario Novie Izvestia que pasó por 24 oficinas, pagó cerca de cinco mil dólares en impuestos, reemplazó las bombitas de 35 lámparas en la calle y repavimentó parte de su calle antes que se le permitiera construir un pequeño anexo a su cafetería” (Foreign Affaire, noviembre/diciembre 2002, pág. 66). El robo masivo de la propiedad pública efectuado con el intercambio de “los créditos por acciones” y su concentración en manos de los oligarcas financieros exacerbaron todas las contradicciones de una transición en crisis; en el nuevo entorno financiero global después del crack internacional de julio de 1997, centrado en la región Asia-Pacifico, la Bolsa de Comercio rusa tuvo un “colapso en cámara lenta” desde octubre de 1997, cuando el índice cayó un 20%, que culminó en una explosión en agosto de 1998, cuando dicho índice cayó 94% respecto de su pico en 1997 y el gobierno cesó el pago de las Letras del Tesoro y declaró una moratoria de 90 días sobre los pagos de la deuda externa. Esto marcó el punto de inflexión más dramático después del colapso de la Unión Soviética. Putin La burocracia estatal tuvo que dar un giro de 180 grados. Bajo el ministro Primakov se reinició el proceso de re-centralización y re-nacionalización de los recursos rusos. El reemplazo del gobierno en el Kremlin del alcohólico Yeltsin y de su infame “familia” por el sobrio, relativamente joven, ex funcionario de la KGB Vladimir Putin, el clan de burócratas de San Petersburgo y el gobierno abrumador de la KGB el 1 de enero de 2000 dieron una nueva orientación a todo el desarrollo post-soviético. El relanzamiento de la guerra de Chechenia, después de una serie de misteriosos atentados en áreas populosas de Moscú y otras ciudades, consolidó el poder del nuevo gobernante en el Kremlin. Comenzaba una tercera fase en el proceso de restauración capitalista. Con Putin, se intensificaron las tendencias centralizadoras para enfrentar la crisis de la transición y estabilizar la situación. Las 89 regiones del país fueron centralizadas en siete distritos administrativos, cada una con un prefecto nombrado por el Presidente. El Kremlin reafirmó su “derecho” a nombrar o echar a los gobernadores. Se cambió el sistema de designación de la Cámara alta del parlamento federal. Se reformó el sistema de impuestos; la parte de las regiones en el ingreso fiscal se redujo a favor del centro. Pero por sobre todo, Putin entró en conflicto con los oligarcas: no con todos ellos (mantuvo algunos aliados y con otros estableció una distancia de neutralidad), sino principalmente con Berezovsky y Goushinsky, quienes debieron huir del país, y sobre todo con Khodor-kovsky, el barón de Yukos, quien actualmente está en prisión y “su” compañía en manos del Estado, parte de Gazprom, la mayor compañía petrolera del mundo. El esfuerzo de re-nacionalización no se debe confundir con ningún aparente retomo al pasado soviético: sigue la línea ya trazada por Brazezinski como una etapa necesaria para superar los obstáculos que obstruyeron el proceso de restauración capitalista. La política exterior es una extensión de la política interior: las políticas exteriores pro-imperialistas del régimen de Putin, especialmente después del 11 de septiembre, de un apoyo total a la “guerra contra el terrorismo” imperialista lanzada por el gobierno de Bush, suministrando por primera vez a la maquinaria militar de Estados Unidos las instalaciones de sus bases en la ex Asia Soviética y el Cáucaso, está en total armonía con el proyecto restauracionista para reintegrarse al mercado capitalista mundial. El alza astronómica del precio del petróleo fue de gran importancia para el éxito del “programa de estabilización” de Putin. Esto fue el opuesto al que tuvo en el rencor Gorbachov, cuando la caída del precio del petróleo diezmó el Tesoro soviético y precipitó la implosión de 1991. No obstante, a pesar del crecimiento del ingreso por el petróleo, la economía rusa vio, en el primer trimestre de 2005, fugas de capitales por 19 mil millones de dólares y una caída en la tasa de crecimiento al 4,9% (anualizada), por debajo del 7,4% durante el mismo período en 2004. Como hizo notar la agencia de inteligencia privada norteamericana Stratfor el 28 de abril de este año: “La tasa de crecimiento de Rusia ha ido declinando gradualmente desde fines del año 2003, no por casualidad se da al mismo tiempo el arresto de Khodorkovsky que desencadenó el desmantelamiento de Yukos, pero las cifras recientes muestran la primera declinación de real magnitud durante este período. En otras palabras, la tendencia de la dirección económica para Rusia en este momento no parece buena (…) La declinación del crecimiento de la economía rusa a pesar de los altos precios del petróleo ilustra que mucho del resto de la economía esta en recesión, una recesión lo suficientemente grande como para comenzar a aplastar el fuerte sector exportador de energía”. En tales condiciones internas, en un mundo que se hunde en un nuevo ciclo de crisis financieras, una profunda crisis estructural en la Unión Europea, revelada y exacerbada por el triunfo del “no” en el referéndum francés, permanentes guerras imperialistas, y rebeliones sociales desde Bolivia a Francia, la burocracia restauracionista observa, con miedo, que su sueño de estabilización bajo Putin se apaga, que el cerco imperialista y las presiones se vuelven sofocantes y amenazan en el corazón de Rusia después de los acontecimientos de Ucrania y, sobre todo, que sus sepultureros, la clase obrera rusa y las masas populares, despiertan y se movilizan en lucha. La Historia, definitivamente, no ha terminado en 1991, ni en Rusia ni en el mundo entero. Por el contrario, su ritmo se acelera conduciendo ineludiblemente a un desenlace. Como enfatizan las tesis fundacionales programáticas de la Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional, contra todas las corrientes capituladoras y derrotistas de la izquierda, el ciclo histórico abierto en octubre de 1917 no se ha cerrado.