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En Defensa del Marxismo N° 22

1 de diciembre de 1998 · 14 notas

Notas de este número

1 de diciembre de 1998
Argentina: Una evaluación de la situación política

Derrumbe del régimen político Cuando la semana pasada culminó la elección interna abierta de la Alianza, uno de los comentarios más difundidos consistió en caracterizarla como una manifestación del grado de la madurez democrática alcanzado por las instituciones políticas del país e inclusive la propia ciudadanía. Naturalmente, el comentario era muy interesado. Un viejo proyecto de los grandes capitalistas es producir lo que podríamos llamar la despolitización de la política. Por medio de las elecciones internas abiertas, se pretende vaciar a los partidos de contenido político y permitir que cualquier candidato ajeno al programa y a la tradición del partido, a condición de que se encuentre bien financiado por un grupo capitalista para conquistar al electorado independiente, pueda ganar la candidatura de un partido. Los capitalistas, de este modo, podrían simplemente, como en un mercado de cereales, de acciones o de chinchulines, comprar y alquilar candidatos y partidos políticos. Quieren reformar el sistema político actual para que las internas abiertas, con la posibilidad de que vote cualquiera que no pertenezca a un partido, sean obligatorias, como ya ocurre en Uruguay. Tendríamos, por ejemplo, que un partido revolucionario y socialista, a la hora de elegir sus candidatos, debería hacer internas abiertas, y permitir a gente que no es ni revolucionaria, ni socialista, que venga a determinar quién debe ser el candidato de ese partido obrero y socialista. La Alianza da pie así, como ya ocurriera en el pasado, a un proceso de privatización de la política. La política pasa ahora a ocupar el lugar de los teléfonos, de los ferrocarriles, del agua y el gas. Esto es lo que Cavallo llama las transformaciones de segunda generación para completar y asegurar las transformaciones de la primera generación. Tienen razón. En la lucha para que el capital domine total y completamente la estructura social, cultural y económica, es necesario también que pueda, directamente, comprar y vender candidatos y partidos. Al mismo tiempo que se producían estas elecciones, en el Congreso metían tres senadores truchos ¡Qué fortalecimiento democrático! Esto es muy instructivo; fuimos el único partido político que le dio su debida importancia a aquel incidente con el primer diputado trucho, hace tres o cuatro años, que fue puesto con la finalidad de lograr el quórum para votar la privatización del gas. En aquel momento, dijimos que ése era el único auténtico diputado del Congreso porque a ese viejito lo habían puesto para entregar el gas y el viejito votó para entregar el gas. En cambio, a los otros trescientos infelices, el pueblo los votó para defender la soberanía del país y estaban entregando el gas como el viejito. Vivimos en un régimen que por definición tiene que ser trucho. Para que haya democracia en Argentina o en un régimen capitalista, esa democracia tiene que ser trucha. Ahora que metieron estos senadores truchos, tenemos otra manifestación de cuán impotente es la poderosa oposición. Dicen que otro país es posible, que van a cambiar la Argentina, pero les meten tres senadores truchos y no saben qué hacer para sacárselos de encima. Cuando les convino, porque había una fuerte lucha de intereses económicos, mandaron a golpear cacerolas contra Yabrán. ¿Por qué no mandaron a golpear cacerolas y a hacer paros contra los senadores truchos? Un régimen político que tiene que apelar al truchaje de los senadores está demostrando la razón del mensaje que fue enviado a este acto por los compañeros de Ciccone Calcográfica, cuando hablan del derrumbe de las instituciones… Miren qué fantástico: los compañeros de Cicone Calcográfica son políticamente más sagaces y más agudos que los editorialistas de La Nación, los de Clarín, los de Ambito Financiero, que dicen "que las instituciones se fortalecen en la Argentina". Los senadores truchos podrían ser un hecho aislado, pero no. El gobierno entero está acusado de asociación ilícita en el contrabando de armas, es decir que se organizaron para delinquir. Es un régimen que vive del contrabando. Hay una putrefacción completa del régimen político actual; la clase obrera tiene una salida, pero este régimen no tiene ninguna. Otra manifestación aguda de la descomposición política actual es el derrumbe de las instituciones policiales. En Río Negro, en la Provincia de Buenos Aires, en Capital, en Mendoza, en todo el país. La principal organización delictiva de este país está constituida por los encargados de prevenir y reprimir el delito. La trascendencia de esto es enorme. La función de la policía es proteger la propiedad privada y la policía se dedica al saqueo de la propiedad privada. ¿Cómo puede funcionar un régimen de propiedad privada custodiado por saqueadores de la propiedad privada? Otra característica de la descomposición política actual es la contínua división del peronismo, con dos jefes de partido y una potencial división en la provincia de Buenos Aires. Las descomposición es tan brutal que pocos se han dado cuenta de la confusión política que tienen los gobernantes. Hace dos meses, el Ministerio de Educación prohibió que los chicos de la secundaria aprendieran tiro deportivo en el Tiro Federal… Sesenta días después, Duhalde dice que la población puede armarse para matar a los delincuentes. Esta gente ha perdido la noción de lo que quiere; el candidato futuro a presidente es partidario de la carnicería general. Pero ahora es el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Benavídez queda en la Provincia de Buenos Aires. Con esto está confesando que en Buenos Aires manda cualquiera menos el Gobernador de la Provincia. Con ese título, de incapaz para gobernar su provincia, dice: soy el mejor para presidente de la Nación. El llamado de Duhalde a que la gente se arme no sólo es una invitación a que los delincuentes maten a cualquiera que se quiera defender sino que también es una invitación a resolver con métodos fascistas el problema de la delincuencia, el problema de los compañeros marginados y los múltiples problemas que crea la enorme miseria que han causado los capitalistas. Duhalde le está diciendo a la gente: Salgan a matar. ¿Esto también es un fortalecimiento de las instituciones democráticas? La primera conclusión es que estamos ante un derrumbe brutal del sistema democrático, que la burguesía no puede mantener. La burguesía no puede gobernar de ninguna otra forma que con medios ilícitos, violentos, corruptos. O no gobernar del todo. Es un síntoma que esta sociedad no funciona más en las condiciones presentes; que este sistema se acabó a cualquier fin social útil. Esto lo tiene que tener claro cualquier trabajador. No cabe albergar una expectativa. Un proceso continental La utopía reaccionaria es la de ellos, el régimen que está sin salida es el de ellos. Un botón de muestra es lo que está pasando en Venezuela: un coronel, con posiciones nacionalistas, con tres años de cárcel, a fuerza de despotricar contra los yanquis y los partidos corruptos, el domingo va a ganar las elecciones con el 60% de los votos y va a barrer a todos los partidos tradicionales. Ustedes me dirán: ¿pero ese militar, ese coronel le va a dar una salida a Venezuela? No. Pero es un síntoma clarito de la descomposición del régimen político de Venezuela. Este coronel no tiene ningún planteo que realmente asuste a los capitalistas, que sólo están asustados por el hecho de que una acción de este tipo sea capaz, de la noche a la mañana, de barrer con el peronismo, con el radicalismo y con el cavallismo de Venezuela en 48 horas. De que la gente baja de los cerros a la calle a hacer política. Lamentablemente, la izquierda de Venezuela ha estado gobernando con la partidocracia oficial y es su capitulación la que permite que ocupe el lugar un militar nacionalista. En la Argentina, está el Partido Obrero y esas experiencias políticas de liquidación de la política corrupta se van a producir, pero en términos socialistas, no en términos de militares nacionalistas. En Chile, hay un gobierno de cristianos y socialistas mendigándole a la reina que libere a Pinochet. Es oprobioso ver a las víctimas mendigando a la reina de Inglaterra que libere a este verdugo, cuando la simple detención y la difusión internacional de esta detención sirvió para profundizar la conciencia política en las capas más atrasadas de Chile acerca de lo que significó el pinochetismo. El régimen democrático chileno que sale a defender a Pinochet está en una crisis completa, la peor crisis… una crisis moral; ha perdido toda autoridad entre su gente, entre su base. El fin de las ilusiones Esta profunda descomposición de los regímenes políticos es un fenómeno que se da en toda América Latina. Cualquiera sea el próximo gobierno, e incluso en el tránsito al próximo gobierno, se van a manifestar todas las consecuencias de esta descomposición política. El ejemplo más claro es la propia interna de la Alianza, que nos enseña sobre muchas cuestiones. En primer lugar, naturalmente, sobre cuáles son las posibilidades que ciertos pequeño-burgueses tienen de transformar el país. Cuando Graciela Fernández Meijide y el Chacho Alvarez debutaron como izquierdistas, se querían comer vivos a todo el mundo. Chacho sacó un libro de denuncia a la corrupción que se llamaba La carpa de Alí-Babá. Ahora está buscando una bolsa de dormir para meterse en la carpa. Con el apoyo del Partido Comunista y del Ptp, formaron el Frente del Sur; después formaron el Frente Grande. Toda esta estrategia política ha terminado llevándolos a ser vicepresidentes de De La Rúa. Ahora, la consigna es lo que no es posible es otro país, por lo menos de parte nuestra. Hemos vuelto al punto de partida: Alfonsín y Menem; De la Rúa y Duhalde, lo mismo de siempre. Esta pequeña burguesía, en su afán de llegar, acusó al Partido Obrero de utópico, principista, sectario, radical; ellos eran los piolas, los cancheros, los realistas. Se pasaron de vivos. Aceptaron el plan de convertibilidad de vivos que eran. Empezaron a viajar en el jet de Soldati; a bailar tango con Soldati, a nombrar a Machinea futuro ministro de Economía. Fernández Meijide nombró como su principal asesor económico a Gustavo Caraballo, el jefe de Bunge y Born, que fue el que armó la subida de Menem. Toda esta asimilación, esta entrega, este vuelco de esta pequeña burguesía al imperialismo, ha concluido con esta farsa de que volvemos al bipartidismo de radicales y peronistas. No pasó nada, ni siquiera produjeron un tercer partido. Es la completa impotencia de la pequeña burguesía. Y con De la Rúa como candidato, puede ganar Duhalde, y con un senado de senadores truchos, Menem tiene controlado el Congreso. Y en diez años de chachismo, tenemos una especie de menemismo renovado bajo la forma de De la Rúa, el gobierno de la Iglesia, los capitalistas, etc. Una farsa, una tremenda farsa. Esta pequeña burguesía fracasa porque no le puede dar una salida a nadie. Considera cualquier planteo mínimo de cambio como una subversión. ¿Oponerse al plan de convertibilidad? Hiperinflación. ¿Suspender un pago de la deuda externa? Hiperinflación. Todo mínimo cambio recibe la acusación de que nos lleva a la catástrofe; la pequeña burguesía se achica… se entrega. La pequeña burguesía fracasa en todo esto también porque ella es socia de un régimen en descomposición. Cuando nosotros decimos: no hay salida con Menem, con Duhalde, con la Alianza, con el Chacho estamos señalando la situación forzada, el desemboque obligado de un sistema podrido, que no da más; de un sistema de truchaje, de corrupción, de venalidad. De un sistema minado hasta la raíz, sin poder judicial, sin policía, sin ejército, con una asociación ilícita como gobierno. De la Rúa está gobernando en la Capital Federal y nadie vio que entrara en choque con el menemismo. Cuando se proclamó la victoria de De la Rúa, Menem y Duhalde dijeron gran victoria de la democracia, los chorros vamos a quedar libres. Es el retrato de la descomposición del sistema. La clase obrera tiene que tener presente que toda la situación del país empuja, cada vez más, a que un firme liderazgo obrero tome el toro por las astas y encamine el sufrimiento, la angustia y la desesperación de las masas ante tanta porquería. Está inscripta en la realidad la necesidad de un partido de la clase obrera. Crisis mundial La razón de fondo de esta descomposición es que hay una crisis capitalista mundial imparable. No existe ninguna posibilidad, esta vez, de que el capitalismo pueda esquivar una catastrófica crisis mundial. ¿Qué sería esquivar una crisis? Un banco, por ejemplo, va la quiebra. Lo compra otro banco, con plata propia o con plata del gobierno, como en la Argentina. Naturalmente, hubo una crisis, pero esa crisis se resolvió con la compra de ese banco quebrado por otro banco. No existe esa posibilidad. Los bancos y las industrias van a quebrar y nadie las va a poder comprar, porque hay una crisis de sobreproducción tan brutal que la única salida es la liquidación de ramas enteras de la industria y de bancos enteros. Les sobran 30.000.000 de automóviles, les sobran millones de toneladas de acero; la industria de la computación tiene excesos descomunales. No hay ninguna industria que no esté completamente saturada y el propio capital financiero está saturado en una gran especulación. La industria más quebrada en este momento es la japonesa; es el caso de los diecinueve grandes bancos japoneses. Durante diez años, el Estado japonés ha estado gastando plata en salvarlos. La consecuencia es que hoy en Japón están en quiebra las industrias, los bancos y el propio Estado que salió a rescatarlos. Japón es un país que tiene un producto bruto anual de 4 billones de dólares y el Estado tiene una deuda pública de 8 billones de dólares. ¡Dos años de trabajo en Japón no alcanzan para pagar la deuda pública japonesa, que se formó para rescatar a la industria japonesa! Meten plata para salvarlos y no logran hacerlo. Por eso el FMI y el gobierno norteamericano les dicen que no hay otra salida que dejarlos quebrar. Hay una crisis en la que inevitablemente tienen que proceder a una cirugía extraordinaria de la economía, de la industria y del campo. El Banco Mundial acaba de advertir algo que cualquier lector de Prensa Obrera lo sabe desde hace 4 ó 5 años: "La crisis va a derribar a las AFJP en todo el mundo". Con la quiebra de las AFJPs arrasarán, como nunca en el pasado, con las economías familiares, con la posibilidad de la jubilación. El Estado va a tener que re-nacionalizar todo el sistema jubilatorio porque sólo el gobierno va a poder pagar las jubilaciones. El año pasado, en julio del año 97, el derrumbe de las bolsas comenzó con un problema que se produjo en Tailandia. Ahora, por primera vez, las bolsas caen en todo el mundo por un problema ocurrido en los Estados Unidos de América: la fábrica Boeing, la más grande industria del capitalismo moderno, anunció el despido de miles de trabajadores. Miren lo que ha progresado la crisis mundial. Crisis económica No hay salida para los capitalistas. Sí hay una salida, pero es la de la clase obrera. Naturalmente esto se siente en el país. El grupo de Cavallo opina que la única forma de encarar la crisis económica en la Argentina es aboliendo definitivamente el peso; que en la Argentina sólo circule el dólar. Esto, primero es una demostración del hundimiento del plan Cavallo, que se hizo para salvar a la moneda argentina. Lo que Cavallo dice es que hay que liquidar aquella moneda que él dijo que vino para salvar, porque no tiene salvación ni con él ni con nadie. Pero el otro día, Cavallo se peleó con Roque Fernández porque éste se niega a emitir más pesos argentinos para rescatar bancos e industrias en la Argentina. El hombre que quería suprimir el peso está pidiendo a los gritos que el Banco Central emita más pesos, para salvar a Alpargatas que está en quiebra, a los bancos. ¿No es ésta una manifestación del hundimiento económico de la Argentina? Hundimiento económico que, ligado a lo de Brasil, ligado a lo del Mercosur, ligado a la caída de la producción industrial en el mes de octubre del 7 u 8%, a la caída de las exportaciones, al aumento del déficit comercial, a la salida de capitales, a la falta de préstamos en el exterior, va determinando esta ola de suspensiones y despidos que estamos sufriendo y que ha abierto un nuevo período de confrontación directa entre las masas y los capitalistas. Esta crisis económica es la que explica el hundimiento del régimen político, que no puede dar nada. No puede dar una ley de incentivo docente para pagarle a un maestro 60 pesos más. Tuvo una crisis política por 60 pesos para un maestro. ¿Qué dice la Alianza? No puede decir nada, porque en la Capital los docentes hicieron huelga contra el gobierno de la Alianza, que no les aumenta nada, o les condiciona un aumento a la reforma del estatuto para aplicar la flexibilidad laboral en la educación. ¡Imagínense la flexibilidad laboral en la educación! Es la destrucción de la educación, la liquidación del maestro. Esta también es unareforma de segunda generación. Esta destrucción del docente forma parte de un proceso profundo de destrucción de la educación. Están en juego los valores de la cultura y de la civilización; no sólo el salario; está en juego toda una serie de conquistas que la humanidad fue acumulando gracias a la lucha de los trabajadores y que el capitalismo es incapaz de mantener en pie. Dual-de El Partido Obrero quiere fervorosamente que este análisis se discuta, se lo examine a fondo; porque de este análisis desprendemos todas estas orientaciones políticas que vamos a proponer hoy acá. La dualidad de Duhalde es tan grande, si se puede llamar así, que motivó un chiste de Landrú que decía Dual-de, Dual-de. El Cabezón acaba de sacar un afiche que es un golpe publicitario: "vuelva y luche". En lugar del "luche y vuelve" de los años 70; la consigna es vuelva, usted que se fue del peronismo porque somos todos unos traidores, y acá va a encontrar un lugar para luchar. Vuelva y luche, juntando las dos palabras, da a entender de que se viene de nuevo el malón, la gran montonera peronista arrasando con todo. Pero no se terminó de secar el engrudo del afiche, cuando Duhalde le propuso una alianza a Cavallo por TN. ¿Se dan cuenta? ¿Saben a quién va dirigido el afiche? A Cavallo: "vuelva, Cavallo, y luche". El peronismo es hoy una minoría electoral, lo cual deja planteada la disputa por la conquista política de los trabajadores históricamente vinculados al peronismo. Elecciones de Córdoba El 20 de diciembre hay elecciones en Córdoba. Todas las encuestas dicen que el radicalismo pierde 15 puntos respecto de la elección anterior y el justicialismo pierde 10. Mestre dice que con el 33% de los votos gana; Angeloz ganó con el 50%, ahí hay una caída de 17 puntos. El peronismo baja 10 puntos. Entre los dos, con suerte, pueden llegar al 55% del electorado de Córdoba. Es una caída descomunal. Entonces fíjense la política que se han dado Mestre y Menem. Mestre está anunciando que el segundo lugar en las elecciones lo va a ocupar el voto en blanco; y desde el gobierno se hace campaña por el voto en blanco. Esta sería la única forma en que Mestre y De la Sota pueden conservar el primer y segundo puesto de votos positivos, porque si en Córdoba no hay voto en blanco, el ganador de las elecciones en Córdoba es cualquiera menos Mestre y De la Sota. Al mismo tiempo, Menem dijo que "hay que abolir la obligatoriedad del voto". Es decir, hay que estimular que la gente no vaya a votar. ¿Ven cómo se cierra? Del senador trucho, de la justicia corrupta, de la asociación ilícita, al voto en blanco, al no voto. Quieren un sistema electoral como el de Estados Unidos, donde vota el 38% y, como las clases altas votan masivamente, es una oligarquía perfecta: a los representantes solamente los eligen los ricos. Los Menem y los Mestre no pueden mantener su actual sistema: éste es el cuadro político en que se desenvuelven las elecciones en Córdoba. Los que no quieren ver esto, cuando nosotros llamamos a que "rompan con la patronal", no lo quieren ver porque están atados a intereses, pero de ninguna manera tienen una perspectiva. Su perspectiva era que ganara Graciela Fernández Meijide y así les fue. Su perspectiva fue que el Frepaso ganara por lo menos en Neuquén y no ganó ni en Neuquén. En la provincia del Cutralcazo, en la provincia de la huelga general de estudiantes, en la provincia de la huelga de los docentes, fue a votar el 7% del padrón. El Partido Obrero está librando una lucha política a brazo partido en Córdoba. En la onda del voto en blanco se mete mucho revolucionario, sin darse cuenta de que es la consigna de Mestre para la oposición. La bancarrota de la burocracia Esta situación política ha herido de muerte total y completamente a la burocracia de los sindicatos. Ctera hace dos años que tiene una carpa por 60 pesos de aumento. Les dijimos: "no lo van a conseguir con esa ley, no es el camino". Ahora, Menem veta los artículos que hay que vetar… "No, pero se comprometió la palabra de la Decibe". Pero eso se resuelve; nosotros ya sacamos un artículo hace varias semanas que decía "Decibe renuncia". No han podido conseguir 60 pesos en dos años. Atacaban a Tribuna Docente, a la Lista Rosa, diciendo que no ofrecía una salida. No, ustedes no ofrecían una salida. ¡Miren qué desgaste! ¡Dos años de carpa desgastan física y moralmente! Por décima vez, entraron en el juego de aceptar la maniobra del gobierno para llegar al fin del año escolar. Ahora prometen la huelga indefinida para marzo del año que viene. Pero en marzo del año que viene van a decir "No le hagamos el juego a Menem, que quiere que haya quilombo para impedir que triunfe De la Rúa". Entonces, la huelga va para marzo del 2000, pero entonces va a ser todavía la luna de miel con el nuevo presidente. Y nos iremos al marzo del 2001 por 60 miserables pesos. Es la traducción clara de la bancarrota de la burocracia sindical. Su política, allí donde fue llevada con alguna tenacidad, con el apoyo de Joan Manuel Serrat, del Papa, de Gerardo Romano, de Mariano Grondona, del obispo Laguna, del país entero, con todo el país entero, ¡no pudieron sacarle 60 pesos a Menem, porque es una política podrida! ¡Porque lo único que puede obligar a Menem es una huelga general en defensa de la educación! A la luz de esto, la burocracia docente no tiene autoridad para llevar a nadie detrás de De La Rúa, no tiene autoridad para llevar a los trabajadores detrás del partido patronal. En el plano político, se destaca la completa incapacidad del Mta y de la Cta para arrancar la más mínima concesión programática a la Alianza y la completa marginalización de sus dirigentes en sus filas. ¿Y la Uocra? Los compañeros se siguen cayendo de los andamios. El sistema privado de accidentes sigue provocando asesinatos, mutilaciones y no han logrado cambiar nada. ¡No han logrado siquiera reformar la ley para que se incorporen enfermedades de clara causa laboral en el padrón de la invalidez que debe ser objeto de indemnización! ¡No han logrado introducir absolutamente nada! Siguen con un régimen donde a cambio de un seguro mínimo, las patronales se desentienden de la seguridad laboral, y las compañías de seguro hacen su agosto, cobrando las primas de seguro y especulando en la bolsa, y luego pagando nada a los trabajadores. Todos los días se siguen matando los obreros. La Uocra sacó en un momento 10.000 compañeros a la calle, otra vez sacó 5.000 compañeros a la calle, otra vez paró las obras del Estadio de La Plata, pero no salió nada. La burocracia de la Uocra se ha hundido en este reclamo tan sentido de los trabajadores de la construcción, como la burocracia de Ctera con los propios docentes. ¿A qué trabajador va a llevar Gerardo Martínez? Son problemas vitales de las masas. Si la burocracia no les da solución, las masas las van a tomar por su cuenta. El Partido Obrero llama a despertar las energías y la indignación de los trabajadores ante el atropello que llega hasta el crimen y la muerte. Compañeros, estamos perdiendo la salud e incluso la vida, en regímenes de flexibilidad laboral: 12 horas de trabajo, vacaciones partidas, salario de 400 pesos, ya no hay más indemnización, podemos ser despedidos en cualquier momento. Gracias a este régimen de flexibilidad laboral, las patronales ganaron mucha plata. ¿Qué justificación daban cuando exigían tan duramente el régimen de flexibilidad laboral? Decían que necesitaban tener permanentemente en movimiento el capital. La rotación del capital invertido fue la razón más importante que dieron para la flexibilidad laboral. Ahora en Córdoba, toda la industria automotriz, una inversión de 10.000 millones de dólares, está parada. Los obreros están despedidos y suspendidos. El capital está inmovilizado. ¿Y la flexibilidad laboral no era para que el capital no estuviera inmovilizado? ¿El sacrificio del obrero no era para que el capital girara y rindiera? Ni en términos capitalistas han podido resolver la situación. Los capitalistas podrán imponer la flexibilidad laboral, pero no pueden evitar la crisis del sistema capitalista, no pueden evitar el paro, la quiebra, el parate de la producción. Para eso, mueren trabajadores, para eso se deja la salud, para eso se destruye la familia. No, dice el Partido Obrero, ni en vuestros propios términos capitalistas, esta sociedad funciona, esta sociedad se cae por arriba y por abajo, por derecha y por izquierda está clamando un cambio y nosotros somos conscientes del cambio que hay que producir. El gran argumento de José Rodríguez, el secretario general del Smata para firmar el convenio de flexibilidad laboral entre Fiat y el Smata fue el siguiente: aceptemos la flexibilidad laboral; entonces, cuando Fiat, GM y Chrysler se instalen en Córdoba y empiezan a producir, reclamamos aumento salarial, reducción de jornada, etc. Ahora todos los compañeros están despedidos en Córdoba. La producción automotriz ha caído virtualmente a cero y los trabajadores no tienen ninguna compensación, porque lo que se dice del 75% del salario para los suspendidos es falso, porque se refiere al básico, y no a lo que sacan por las 12 horas ni por los premios. Es decir, que ese 75% apenas puede representar doscientos o trescientos pesos para un obrero calificado de la industria automotriz. Es una situación insostenible. Romper con la burguesía En estas condiciones, nosotros decimos: Que las organizaciones obreras rompan con los partidos patronales y formemos una única gran columna de trabajadores. Al lanzar esta consigna, nos estamos dirigiendo, no a los dirigentes, e incluso ni siquiera a las propias masas. Nos estamos dirigiendo a esta realidad, que condiciona incluso a las masas. Porque incluso si las masas demoran en movilizarse, la realidad les está reclamando que lo hagan, so pena de morirse de hambre. El planteo del Partido Obrero no es superestructural, va dirigido a la realidad profunda del país, a una necesidad terrible de movilizarse, de resolver problemas, de encontrar un canal político. No es una consigna para que la burocracia cambie de bando sino para que las masas y los activistas se movilicen dentro y fuera de sus organizaciones por otra perspectiva, o sea, otra estrategia política. Naturalmente, los burócratas van a votar por De la Rúa o por Duhalde. No tienen la posibilidad de hacer otra cosa. La burocracia es conservadora, inclusive aquella que es lúcida, aquella que discute en una mesa redonda con nosotros, y admite esto y aquello; en el corazón y en las venas está con este sistema. No nos hemos engañado nunca sobre esto, pero las organizaciones son de la clase obrera, y la clase obrera necesita rescatarlas y ponerlas al servicio de otra causa. Y si para eso tiene que tirar a los burócratas, tirará a los propios burócratas. Las reivindicaciones del momento deben estar unidas al planteo político de romper con los partidos patronales y formar una organización independiente, para evitar que se desangren y permitir que crezcan y se desarrollen. Esa es la fuerza de nuestra consigna. Hay distintos síntomas de desarrollo de esta consigna. La consigna del Partido Obrero por el reparto de las horas de trabajo, prohibición de despidos y suspensiones sin afectar el salario, es una bomba atómica en la clase obrera, en la campaña política en Córdoba. En cambio, Mestre y De la Sota en Córdoba ¿qué pueden proponer? No pueden proponer nada. ¿Qué puede proponer Cavallo? Ese famoso partido nuestro, al que se acusaba de que no tenía propuestas, de que era crítico, de que no le gustaba nada, que siempre estaba insatisfecho, es decir, nosotros, es el único partido que tiene una salida. Hemos logrado, en una campaña política, poner el partido que tiene una salida de un lado, y a los que no tienen ninguna salida del otro. Y los partidos del orden son los que no tienen ninguna salida y los revolucionarios somos los que tenemos una salida. En la campaña electoral de 1989, hicimos un aprovechamiento impresionante de los espacios televisivos. Dijimos cosas contundentes, brutales y claras, y la gente se prendía a la televisión para vernos. Pero en el curso de la campaña, me di cuenta de que no nos iba a votar nadie porque, como dije en un discurso, "la clase obrera peronista no nos ve ni nos oye". Iban a votar a Menem porque creían que él sacaba el país adelante. El otro día, de nuevo en Córdoba, me invitaron a un programa de televisión en Villa María. Cuando me interrumpió el periodista para decirme que había un televidente que nos estaba llamando, el televidente dijo: "Soy un obrero peronista, todo lo que dice Altamira es lo que pasa en esta zona, nos cansamos de Menem, necesitamos un Partido Obrero, gracias, buenas noches". El programa siguió, los televidentes siguieron llamando, ¡todos eran obreros peronistas! ¡Todos querían construir un Partido Obrero! Hoy la clase obrera nos ve y nos oye; hoy necesita oír y quiere escuchar. Es nuestra tarea ir con nuestros planteamientos, ir a organizarla con la certeza de que nuestras consignas son una semilla que abona un terreno fértil. Ha culminado una etapa de la experiencia política de las masas. El Partido Obrero la ha sufrido con ella, ha caído con ella, ha retrocedido con ella, ha vivido la crisis con ella, se ha restablecido por ella, y ahora vamos a crecer, precisamente por ella. Por una lista electoral de representantes de las organizaciones obreras Todo este análisis tiene que llegar a una conclusión. La propuesta que lanza el Partido Obrero es comenzar a partir de hoy una campaña política que, como ninguna otra campaña política en el pasado, depende de cada uno, depende de cada organización local, depende de la iniciativa que tengamos todos. Las cúpulas del movimiento popular, del movimiento obrero, etc., con su silencio, con su cobardía, ya han dicho que van a seguir a los partidos patronales. No es lo que dicen los delegados, no es lo que dicen los compañeros de ATE de la zona norte, ni los compañeros del Hospital Eva Perón; no es lo que dicen los compañeros de la junta vecinal de Avellaneda, ni lo que dice el Movimiento de Trabajadores Desocupados de Varela. A ellos no les entra en la cabeza que la alternativa sea Duhalde o sea De La Rúa. ¡No les entra en la cabeza! Quieren una alternativa independiente. El Partido Obrero propone construir en cada localidad, primero un comité, y después directamente una lista electoral compuesta por los representantes de las organizaciones obreras de cada localidad. Apelar directamente a la base del movimiento obrero, y a la base de las organizaciones obreras para formar una alternativa independiente; primero abajo, en todas las localidades, hasta culminar más adelante en una gran lista nacional. Lo podemos hacer. Tenemos que ganarlos a que se integren, llamando a organizar comités por una alternativa obrera independiente. Pero no comités, simplemente de personas, no; yendo a las organizaciones obreras locales, a reclamar que esas organizaciones y su gente lo integre. Voy a dar un ejemplo: el secretario general de Luz y Fuerza de Córdoba no es un activista revolucionario, es un hombre del PJ. El PJ en Córdoba en esta campaña electoral plantea privatizar la empresa Estatal Provincial de Energía. El, como dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba, está en contra. Entonces dijo "no voto al justicialismo". Pero no ha habido forma de que dé un paso más. Y entonces uno dice: ¿y de qué sirvió el llamado con este burócrata? Pero la semana que viene sale un volante, firmado por 35 delegados de Córdoba, incluso el presidente del Cuerpo de Delegados de Luz y Fuerza, llamando a las organizaciones sindicales de Córdoba a romper con los partidos patronales y formar un partido obrero. Podemos hacerlo en todas las localidades. El compañero, que con tanta elocuencia habló en esta tribuna, del Sindicato de la Carne de Tres Arroyos, denunció que, en un momento en que las patronales piden la descentralización de los convenios de trabajo, al Sindicato de la Carne de Tres Arroyos no lo están autorizando a discutir el convenio de la carne para los Trabajadores de la Carne de Tres Arroyos. ¿Y por qué? ¿No es que quieren la descentralización? Pero el Sindicato de la Carne de Tres Arroyos no es un sindicato de vendidos y va a defender los intereses de los trabajadores. Ese compañero hoy estuvo aquí, a partir de su experiencia, y dijo lo siguiente: "Yo tenía una actividad gremial, pero me pareció que hoy debía estar aquí. ¿Por qué? Porque hoy tenemos un problema político sin el cual no voy a poder resolver esa actividad gremial". Eso que dijo el compañero hoy aquí es lo que piensan todos los compañeros en todo el país. Vamos a demostrar que el Partido Obrero puede construir una alternativa de masas desde los cimientos, a partir de un planteo claro y de una posición consecuente. ¿Qué tiene este planteo de vigoroso? Que en nombre de una alternativa obrera independiente, nosotros propongamos una organización y un programa y la realización de ese programa por medio de la acción directa de los trabajadores que hemos organizado o que se han organizado inmediatamente. Que los desocupados corten las rutas, que los compañeros de la industria automotriz ocupen las fábricas contra las suspensiones y despidos, ¡que se ocupen los bancos contra la entrega al capital extranjero, o contra el despido a los compañeros! Es decir, transformamos la consigna estratégica de organización, no en una consigna electoral, sino en una consigna que pedagógicamente reúna las fuerzas de los trabajadores para la lucha directa frente a la crisis inmediata y al ataque inmediato que están sufriendo los trabajadores. Porque hay que entender que esta crisis y estos problemas no van a marchar al ritmo del cronograma electoral. No. Acá se va a bailar al ritmo de las necesidades de la clase obrera, al ritmo de la respuesta que hay que hacer a la crisis y al ritmo de la lucha. Y esta consigna sirve para esa lucha. Hemos hecho un análisis para llegar a una conclusión. Así es como entendemos en el Partido Obrero la actuación de los revolucionarios: un análisis para llegar a una conclusión. La conclusión es la organización obrera independiente frente a esta crisis mortal, y a partir de esta organización y de su programa, una lucha feroz. Utilizar los problemas políticos y electorales para introducir la necesidad de que el obrero se organice en forma política independiente para aplastar a la burguesía en todos los terrenos, para construir una dirección, para elaborar una conciencia de clase. Y en el proceso vivo de la lucha, convertir a la clase obrera en la vanguardia de toda la nación explotada. Nada más, compañeros (Aplausos). * Versión reducida del discurso pronunciado por Jorge Altamira en el acto convocado por el Partido Obrero en el estadio cubierto de Argentino Juniors el 5 de diciembre de 1998

1 de diciembre de 1998
El mayo neuquino

Los antecedentes Sobre el Cutralcazo se han escrito ríos de tinta. Pero se ha resaltado muy poco un hecho que, por su significación, es uno de los antecedentes más firmes del Mayo Neuquino: el papel protagónico de los estudiantes secundarios en el origen de las puebladas. Muchos de ellos habían estado en los congresos de la Coordinadora de Estudiantes Secundarios (CES) y eran activos factores del proceso de recomposición del movimiento estudiantil que se viene gestando desde hace unos 3 años aproximadamente. Este papel jugado al marchar tempranamente desde los colegios a la ruta y nutrir la fila de los fogoneros (junto a centenares de jóvenes desocupados), la masiva presencia estudiantil en la gran huelga docente y en el corte de los puentes, junto a una sostenida seguidilla de luchas reivindicativas (por el boleto, por los problemas edilicios, contra la represión y las amenazas, etc.) evidencian que el Mayo Neuquino no fue una reacción espontaneísta, una pura rebelión juvenil, sino que, como todo profundo proceso de reorganización y maduración política, está jalonado por pasos previos que van superándose en calidad. Sin haber comprendido esta perspectiva, no se podía, ni en este caso ni en ningún otro, ser un factor activo en la gestación y el propio desarrollo del Mayo neuquino. El Mayo Neuquino ni siquiera fue el primer capítulo de lucha contra la Resolución 597, y menos aún del enfrentamiento al reciclaje de los Institutos de Formación Docente (IFD). En realidad, el primer capítulo contra la 597 se libró en diciembre de 1997. Según comenta el propio Consejo Provincial de Educación: "Fruto de un acuerdo celebrado en el Consejo Federal de Cultura y Educación, a fines de 1997, vio la luz el Documento A 14…", a través del cual, "fueron acordados los títulos que las instituciones de formación docente otorgarán en el futuro … en el marco de la Ley Federal de Educación y la Ley de Educación Superior". (Revista Educación Informa del Consejo Provincial de Educación (CPE) de Neuquén, Nº 6, mayo de 1998). Este documento A 14 fue ampliamente analizado y criticado en un artículo de la compañera Silvia Cochet, publicado en el boletín nacional de la corriente Tribuna Docente, casi al momento en que "viera la luz". Por lo tanto, el "reordenamiento de los IFD" no era una novedad, ni una sorpresa. La Resolución 597 de abril de 1998, en realidad, reflotan de apuro una resolución de diciembre del año anterior, concordante con la fecha en que el A 14 "vio la luz". (A tal punto que, en la urgencia por aprobarlo, no corrigieron el texto, y la resolución votada en abril de 1998, figura en el papel como 597/97: sólo cambiaron el número de la resolución y el año quedó preimpreso). En diciembre de 1997, la Dirección de Nivel Terciario había presentado un "Proyecto de Reordenamiento de los IFD". Tal "Proyecto" era una simple excusa ya que el CPE tenía en carpeta la resolución 597 ya preparada. Ese mismo mes, los docentes y los alumnos (nucleados en la recientemente formada Coordinadora Estudiantes Terciarios) de los Institutos de Formación Docente Nº 12 de Neuquén y Nº 9 de Centenario (éstos tomaron el edificio) se movilizaron a la sede del CPE, ingresaron a la sesión que debía tratar el punto y arrancaron lo que en aquel momento se vivió como "el retiro del Proyecto" (ahora sabemos que incluso ya estaba redactada la Resolución) y la suspensión de su tratamiento hasta el inicio del ciclo lectivo siguiente, previo una ronda de consulta con los IFD. La lucha de los docentes y estudiantes de los IFD en pleno diciembre logró impedir el reciclaje de los Institutos, a pesar del aislamiento en que estuvieron, ya que, según la opinión de las directivas de ATEN tanto provincial como de capital, "en vacaciones no da para luchar" (ver Prensa Obrera Nº 570 del 29/12/97). El boletín local de Tribuna Docente de diciembre de 1997 dedica casi todo su contenido a … ¡analizar qué implica el reordenamiento de los IFD y de los títulos universitarios! Como noticia de último momento el boletín incluye el balance de la lucha dada por los docentes y alumnos de los IFD y dice: "Esta postergación no implica un triunfo final, pero permite prepararnos para el año que viene …. Ahora en febrero, con los docentes y estudiantes en pleno en las escuelas, se abre un nuevo capítulo en esta lucha por impedir adecuar (destruir) la educación pública a la LFE y la LES". (Las cursivas son del autor). Eso decía Tribuna Docente en diciembre de 1997 (¡cuatro meses antes del Mayo Neuquino!), preparando el terreno y preparándose para "el nuevo capítulo". Lo cual desmiente por completo las pavadas que han escrito corrientes de todo tipo que ni vieron venir la lucha y que, luego de transcurrida, en sus balances sobre las "enseñanzas revolucionarias del Mayo Neuquino", lo adjudican a la espontaneidad. Es el caso del Pts La Verdad Obrera, En Clave Roja (o Mojuvor o Ceprodh o Comité Contra la Represión y la Impunidad… y muchos etcéteras, incluido su última creación: BREA) en su Boletín Nº 3 del 24/6/98. También de una desconocida hasta ese momento Tendencia Estudiantil Revolucionaria Socialista (POR), que en su balance adjudica el proceso de ocupaciones a la espontaneidad. Actúan como la prensa patronal, para la cual el Mayo Neuquino tuvo existencia en sus páginas recién el 5 de mayo, cuando en realidad ellos mismos deben reconocer que el proceso de ocupaciones había comenzado "el jueves anterior", es decir, apenas horas después de conocerse la aprobación de la Resolución 597. Y no por casualidad, el primer IFD que es tomado es el Nº 9, uno de los que en diciembre de 1997 también había sido ocupado por el mismo tema. A esa toma se sumaron rápidamente el IFD 12, Bellas Artes y el IFD 6, protagonistas también de la lucha de diciembre. Ya en la primera semana de ocupaciones se realizó una asamblea general estudiantil en Bellas Artes (ocupada) que "decidía si la medida de fuerza se generalizaba a otros edificios escolares. Allí estaban presentes también los chicos de la Coordinadora de Estudiantes Secundarios" (Río Negro, 6/5/98). El mismo diario, el 8/5 informa que las tomas incluyen a "numerosos colegios secundarios", la mayoría de ellas impulsadas por la CES, en tanto los colegios donde tiene influencia o dirige el MUS-Ptp acordaban el levantamiento de las tomas con el gobierno, que eran por razones edilicias y ajenas al reclamo contra la 597. Desde el inicio mismo del movimiento, surge el proceso de coordinación y unificación estudiantil, encarnado en la Asamblea General de Estudiantes de todos los niveles, órgano de funcionamiento abierto y democrático que fue el sostén de la propagación de la lucha. Asambleas generales estudiantiles de distintos niveles que sostienen y extienden las ocupaciones, organizando y unificando la lucha, Coordinadoras Secundaria y Terciaria, asambleas en las facultades que votan tomas en Ciencias de la Educación y en Humanidades, desmienten lo del espontaneísmo. Desmienten también que la lucha no tenía un elemento de organización, unificación y coordinación hasta que nació la lnterestudiantil. Es que para los partidarios de la tesis del espontaneísmo, la lucha no comienza hasta que ellos no la bendicen. La versión interesada del Pts (y varios etcéteras) se explica porque ocultan que la lucha y las tomas se sostuvieron y extendieron desde el 30 de abril, en gran medida por el trabajo y la militancia de la CET y la CES. Organizaciones éstas a las cuales el Pts y otros partidos, imbuidos de sectarismo, se empecinan en desconocer como centrales estudiantiles. Para ellos la única y primera medida de organización y coordinación de la lucha fue la lnterestudiantil (que se formó el 16 de mayo, cuando las tomas llevaban ya más de dos semanas). ¿Qué había ocurrido hasta entonces? Además de la extensión de las ocupaciones, entre muchas otras movilizaciones, se destacan la del 12 de mayo, cuando más de 3.000 manifestantes fueron al CPE y a la Legislatura (el 90% eran estudiantes, otra parte eran docentes en paro) y la del día 15 cuando otra movilización de más de 5.000 personas es relatada por el diario Río Negro de esta manera: "Una multitud de universitarios, estudiantes terciarios y secundarios y docentes de ATEN marchó anoche por la calles del centro para reclamar la anulación de la resolución 597…" (16/5). Todo esto fue organizado desde las masivas asambleas conjuntas de estudiantes y dio lugar a una multisectorial de la que participaron los gremios, arrastrados a medidas de fuerza (aisladas y limitadas, pero que abrían un camino a la unidad de estudiantes y trabajadores, junto a la militancia de los activistas opositores de esos gremios). Para el Pts, Ptp (que venía de carnerear la lucha al levantar las tomas y acordar con el gobierno), Mst y Patria Libre, recién la lnterestudiantil vino a "poner en pie organismos de democracia directa". Una democracia con riguroso voto calificado (sólo dos por establecimiento y donde ni la CES, ni la CET ni la FUC tenían voto) para poder disfrazar de democrático el aparateo de todo el arco que se unificó contra las centrales estudiantiles existentes, y para romper todo frente de acción con los sindicatos (dirigidos aún, mal que nos pese, por quienes han traicionado) y reemplazar esa acción por una puteada como toda política. Una puteada ni siquiera dirigida a la burocracia sino al gremio como tal: "Por más que los gremios se caguen en nuestra lucha les seguimos exigiendo que convoquen a un plan de lucha y paro provincial por tiempo indeterminado, pero como somos conscientes que a ellos les importa una mierda nuestra pelea …" (volante de los CPEM 21/18) a instancias del Pts y Patria Libre. Una exigencia en abstracto, para posar de combativos. Mientras, abandonaban ir a la pelea por las medidas de acción en las asambleas sindicales, en especial de ATEN, y también el único organismo de acción común (limitado, pero el único) que había coordinado y organizado movilizaciones multitudinarias y paros conjuntos. Los que fuimos a dar la lucha en las asambleas sindicales, logramos, por ejemplo, que se voten paros y aún la preparación de la huelga por tiempo indeterminado, como ocurrió en la asamblea de ATEN Capital, contra las posiciones de las direcciones traidoras, que son las únicas que se cagan en la lucha. Las asambleas generales estudiantiles (recalco que unificaron, coordinaron y extendieron la lucha) tampoco existieron para esta gente. Esos verdaderos organismos de democracia directa, tan molestos a los oportunistas y los aparatos, y que no lograban manipular ni unos ni otros, fueron contrapuestos artificialmente con la lnterestudiantil de voto calificado. En forma artificial pero no inocentemente. El objetivo era y es, como lo demostró groseramente el unilateral Encuentro Nacional de Estudiantes en Lucha que promocionó el Pts, montar un trampolín para toda clase de aventuras y provocaciones. Por ejemplo, el putchismo del encadenamiento en el CPE cuando la lucha había recluido, que al darse marginada del movimiento estudiantil terminó sin pena ni gloria, en el mayor de los aislamientos y dio al gobierno el único episodio de victoria sobre el estudiantado. Ese encadenamiento martirizó a unos pocos estudiantes con el solo objetivo de propagandizar el Encuentro Nacional del Pts. Es el propio Pts (etc. etc.) el que se pisa la cola en La Verdad Obrera (etc., etc.) cuando reconocen que "De Humanidades a la Interestudiantil van dos posturas…". Lógicamente, como el lector lo imagina: una la que ganó la asamblea y mandató a los delegados y otra la… del Pts, que como ellos mismos dicen "van a ir a retrucar". Dos meses después del Mayo Neuquino, el Pts en un pomposo como fraudulento "Manifiesto" reconoce la verdad: la lnterestudiantil fue para "superar la estrechez de las viejas organizaciones existentes (fundamentalmente la FUC, la CES y el MUS)" (cursiva del autor). El Pts pretendió hacer creer, fuera de Neuquén, que la lnterestudiantil había votado su Encuentro Nacional (tan trucho que la asistencia no superó la que cabe en un aula), convocado bajo la genérica consigna de "Defender la Educación Pública" y que luego se mejoró presentándolo como el Encuentro "contra las leyes del Banco Mundial". Es interesante destacar que el empeño (reconocido abiertamente) puesto por el Pts para destruir la CES (y otras organizaciones) era compartido plenamente por el gobierno sapagista que sacó a sus punteros a pintar las paredes contra la Coordinadora. Y no sólo eso. Esta reacción del gobierno no era ni por asomo espontaneísmo, era la reacción que le dictaban los informes de sus alcahuetes en los colegios, sobre quién impulsaba y quién no el proceso de ocupaciones. El diario Río Negro del 8/5 informa de una marcha organizada por la CES hacia el CPE. Un día después informa de 7 colegios de Neuquén ocupados, casi todos bajo el impulso de la CES. El 11/5 informa que los colegios dirigidos por el MUS levantaban la toma por un acuerdo con el CPE. El 12/5 hubo paro docente con movilización conjunta y una gran columna estudiantil de la CES y los terciarios. Siempre el mismo diario, el día 13/5 publica una foto que toma de lleno la bandera de la CES. El 14/5 informa que la Subsecretaría de Educación "mantuvo una discusión pública con los chicos de la CES". El viernes 15/5, ante un acto multitudinario, hablaron en representación de los secundarios un integrante de la CES y por los terciarios un integrante de la CET, en el marco de un paro de 48 horas de ATEN para la semana siguiente. El diario Río Negro del 24/5, en plena campaña de intimidación con la colocación de las faltas pretendiendo dejar libres a los ocupantes, habla de 23 colegios ocupados y que "Para los chicos de la CES esto es una clara amenaza por parte de los directivos, que atenta contra su derecho de protesta…". El del 25/5 reconoce que "a pesar del tiempo transcurrido y del terreno cedido por el gobierno con la suspensión de la resolución de la polémica, la toma y ocupaciones de edificios educativos no mermó con el pasar de los días sino que se incrementó". El del 6 de junio pone sobre el tapete el problema de las faltas y amonestaciones y publica un reportaje a un integrante de la CES que informa del petitorio al CPE. Es claro que es el gobierno el interesado en desarmar la CES y que el Pts le hace de ladero jugando el papel de provocador de turno. Es claro que el Mayo Neuquino no fue, ni lo serán los próximos, un episodio del espontaneísmo, sino un capítulo más del proceso de maduración política (y por lo tanto organizativa) de la juventud en general y del estudiantado en particular. Una consigna justa mueve multitudes En un principio, a la Resolución 597 se la rechazaba con la consigna "No a la Ley Federal de Educación" y el reclamo por su derogación. El gobierno lanzó una campaña planteando que mal podía exigirse al Consejo Provincial de Educación la derogación de una norma que era nacional y que los reclamos debían dirigirse, por lo tanto, al gobierno central. Con esto el sapagismo confundió en los primeros días a algunos sectores y otros se dejaron confundir (por ejemplo, la agrupación Venceremos: bien adentrado el conflicto, un volante titulado "Tomemos las calles" se pronuncia en defensa de la educación pública, pero no levanta la consigna de anulación de la 597. Luego quedó en evidencia que eran partidarios de la suspensión). Estos sectores, desde el inicio, no levantaron el reclamo de anulación de la Resolución 597. Fue muy comentada y difundida, en su momento, una polémica en un programa de TV entre miembros del MUS y la CES, donde estos últimos hicieron eje en el reclamo de la anulación de la 597, en tanto los del MUS se iban en reclamos generales contra la LFE. ATEN Capital, en un boletín a más de un mes de lucha, no reivindica la anulación de la Resolución 597 y se limita a pedir la derogación de la LFE. Y lo que lo pinta de cuerpo entero (¡después de un mes de ocupaciones, marchas, corte de puentes, etc.!) plantea que "no queremos otro conflicto en educación", en la misma sintonía que la CTA y los bloques opositores de la Legislatura que le critican al gobierno "fabricar conflictos sociales". Uno de los múltiples sellos del Pts (el Comité contra la represión y la impunidad) en un volante del 11/5, llama "a tomar el ejemplo de los terciarios que se han conformado como coordinadora…" (después desconocerán esa CET), pero ni una palabra sobre el reclamo de anular la Resolución 597. Luego tratarán de corregir estasomisiones con el exabrupto del encadenamiento. Siempre a contramano del movimiento. Fueron precisamente las asambleas generales estudiantiles las que pusieron el dedo en la llaga. Estas razonaron de la siguiente manera: es cierto que hay que derogar la LFE y es cierto que la Resolución 597 forma parte de la adecuación de los IFD a dicha ley, pero hay algo que sí podemos exigir aquí en la provincia y ahora mismo y ese algo es exigir la anulación de la Resolución 597. Así nació la consigna que será el reclamo central y motor de la movilización general contra el gobierno provincial y el CPE. El acto multitudinario del 15/5, organizado por la Multisectorial (CES, CET, IFD 12 y 6, CTA, Coordinadora de Padres, FUC, HIJOS, Coordinadora de Desocupados, PO, Patria Libre, Mst y PC), se realizó con la consigna central de anular la resolución 597/98, a instancias de la asamblea general estudiantil que en el volante que lo convoca plantea "ocupación hasta la anulación de la resolución 597/98". Firmado por CET, IFD 6 y 12, CES, CPEM 21 y estudiantes de Ciencias de la Educación y de Humanidades. En el mismo sentido, Tribuna Docente volanteó masivamente las escuelas el 7 de mayo reclamando un paro y movilización al CPE para obligarlo a "revocar la resolución 597/98". La consigna hallada por la asamblea general estudiantil fue un punto de apoyo que motorizó todo el movimiento. Luego fue adoptada por todos los que se sumaron a la lucha, incluso llegó a ser votada por el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias de la Educación a instancias del consejero estudiantil de la UJS (Resolución 030 del 28/5) y fue reclamada a la Legislatura por nota avalada por la CET, IFD 6 y 12, Escuela Superior de Música, CES, ATEN, ATE y CTA. ¿Autoritarismo vs. pluralidad democrática? En el seno del CPE, pugnaban dos estrategias para imponer la reforma educativa. Una encabezada por la subsecretaria de Educación y Cultura Hebe Adala y otra encabezada por el presidente del CPE, Guillermo Viola. La sorda disputa en el seno del CPE quedó reflejada en un suplemento especial sobre el Mayo Neuquino de La Mañana del Sur del 7/6. La Adala, de excelente relación con ATEN y los vocales gremiales en el CPE, abogaba por una imposición consensuada, a tal punto que "el 13 de diciembre de 1997 el CPE aprobó una pomposa resolución (la 1945) determinando el año 1998 como período de transición para la reforma de la escuela pública en el marco de la ley federal. Este puntapié pro-ley federal tuvo una particularidad: fue apoyado por el entonces vocal por el Nivel Medio y Terciario Antonio Salvador Richter, uno de los dos docentes pertenecientes al gremio ATEN en este órgano colegiado" (ídem). Y activo militante de la lista Celeste, agregamos nosotros. Por esa Resolución, "el CPE aceptó que la Subsecretaría de Educación (a cargo de la Adala. N de la R.) se haga cargo de la elaboración de un documento base del denominado Proyecto Educativo Neuquino … el cual ya estaba, llamativamente, escrito desde el mes anterior en la Dirección Provincial de Planeamiento" (ídem). Dicho documento, tras un planteo esencialmente retrógrado describe una realidad de "incertidumbre", "cambios que no alcanzamos a comprender" y que desorienta, tras lo cual propone su Proyecto porque "este conflictivo contexto hace peligrar los valores sociales tradicionalmente reconocidos…", recomendando ese Proyecto para "educar… (y) para consolidar el orden social". Todo esto, por supuesto, en "el marco de la transformación educativa nacional". La Adala pretende alcanzar tales objetivos reaccionarios por medio del "consenso social", la "concertación" y el "proceso de consulta", para lo que plantea la realización, hacia fines de 1998, de una especie de Congreso Pedagógico Provincial, con la participación de ATEN y las "organizaciones intermedias". El suplemento de La Mañana del Sur destaca que "nada de esto pudo concretarse. Nadie sabe muy bien por que el gobierno decidió pisarlo…". Un mes después de pisarlo, procediendo de improviso, fuera del orden del día, el oficialismo votó en el CPE la Resolución 597/98. El mismo diario caratula este viraje como la "Oscura mano que cambió las reglas del juego" y lo define como " … lo que va del autoritarismo a la pluralidad democrática", tomando partida por el método Adala. Todo indica que el frente Azul-Celeste y ATEN Capital (Mas-Ptp) en la Lista Granate, ha tomado partida por la estrategia de consenso de la Adala, en detrimento del autoritarismo de Viola (repitiendo el esquema de Ctera en la disputa Decibe-Fernández). Al menos así lo han escrito sus propios integrantes. La directiva de ATEN Provincial, en un documento que llevó a la escuelas para su debate en la jornada institucional del 23 de junio, se autojustifica diciendo que "el análisis estuvo basado en la comprensión de que, en esta etapa de la lucha contra la Ley Federal de Educación, el protagonismo pasó fundamentalmente por los estudiantes…" y que "… no alcanzaron para respaldar las ocupaciones con un paro por tiempo indeterminado como exigían algunos sectores, ya que los trabajadores de la educación no estaban decididos a tomar una acción de estas características en este período de lucha…" Rechazaron la conformación de la Comisión mixta que propuso el gobierno "…ya que éste pretende una falsa democracia donde siempre tendría mayoría el gobierno". Pero esto no lo priva de participar de las vocalías del CPE donde siempre tiene mayoría el gobierno. Así que el motivo no es éste. No hay que darle mucha vuelta para comprender a su vez que están diciendo que no va la lucha sino el consenso, pero a condición de que pueda presentarse como algo mínimamente democrático. (¿El Congreso Pedagógico Provincial de la Adala?). ATEN Capital en el boletín ya mencionado también denuncia la creación de un Equipo Técnico para "analizar la transformación introduciendo un cambio estructural y curricular en los CPEM con planes de 3 y 4 años", porque "el gobierno propone formar comisiones donde se supone que habrá participación y que finalmente termina enviando como documentos consensuados los documentos elaborados hace ya tiempo en el marco del Pacto Federal, desconociendo el trabajo y las propuestas que se vienen realizando desde hace mucho tiempo desde los establecimientos educativos a través de los proyectos institucionales…". En un argumento de este tipo se basó el gobierno para decir que los IFD aceptaban el reciclaje al haber elaborado sus proyectos institucionales. Pero ATEN Capital reclama mayor participación ya que denuncia "Que se está desvirtuando el proceso amplio y participativo en el que habían comenzado a trabajar los CPEM…" y que la conformación del Equipo Técnico propone "un falso consenso". En la misma línea, el Frepaso se pronunció en su momento por la "búsqueda del consenso como condición necesaria para tomar cualquier decisión" (Río Negro, 15/5). En síntesis, ATEN Capital, como el Frepaso, reclama: verdadero consenso con el CPE y participacionismo no desvirtuado, y como "No queremos otro conflicto en educación", tenemos… ¡Otro candidato para el Congreso Pedagógico de la Adala! Rechazar el conflicto de antemano es anticiparle al enemigo que no se está dispuesto a pelear. Eso explica la conducta de ATEN Capital durante el Mayo Neuquino. No quería otro conflicto y se borró. Esta gente especula con que a fin de año hay elecciones en ATEN y que un nuevo conflicto los expondrá a un mayor descrédito ante la base. Pero la lucha de clases no acepta una agenda previamente establecida. La circular 011; otra consigna justa En este marco, el CPE por presidencia sacó la Circular 011 que exigía a los directores de colegios la confección de listas negras, la colocación de faltas y amonestaciones a los que ocupaban colegios. También amenazó con dar por concluido el ciclo lectivo en los colegios e IFD tomados. Ninguna de estas medidas dividió la lucha o la frenó. Pero a medida que el conflicto se prolongaba, la cuestión de las faltas iba dando al gobierno una carta de triunfo: como el sector del MUS había levantado rápidamente las tomas, en los secundarios quedaban impulsándolas la CES y otros colegios no integrados a ella, con esa medida podían descabezar lo mejor del activismo estudiantil. La consigna del no cómputo de las faltas y el retiro de todas las sanciones colocadas a los huelguistas y ocupantes, pasó a ser también una cuestión vital, en defensa del movimiento. Una cuestión básicamente democrática y un factor para definir, luego de la suspensión por 180 días de la 597, si estábamos ante un triunfo o una derrota. Respecto de esta consigna, el frente que contrapuso artificialmente la lnterestudiantil a las Coordinadoras y asambleas generales estudiantiles, la ignoró por completo. Para entonces contraponían, también artificial pero no inocentemente "ganar la calle" a la más elemental medida de defensa de las ocupaciones: el no cómputo de inasistencias y sanciones a los ocupantes. Nuevamente fue la CES, los militantes de la UJS en la universidad y Tribuna Docente los que tomaron la iniciativa y en apenas un par de días se juntaron más de 5.000 firmas en un petitorio exigiendo dejar sin efecto la circular 011. Este petitorio fue entregado al CPE con motivo de una movilización que los demás abandonaron porque como había que ganar la calle, no se podía esperar que el petitorio se presentara porque había urgencia de marchar al puente. En su concepción, todo se reducía a un problema de tener o no güevos y los que presionaban para impedir el descabezamiento del movimiento, no los tenían. Ese día marcharon dos columnas al puente: la dirigida por los que tienen güevos en vez de cerebro y la de los que tiene güevos en función de un programa y la preservación de la organización estudiantil. En relación con este punto, cabe destacar un hecho. En el curso del Mayo Neuquino se conformó en Plottier (localidad vecina a Neuquén) la CES local, lo cual constituyó una nueva extensión de la organización estudiantil. Estos colegios de Plottier ante la insistencia del CPE en mantener en vigencia la Circular 011, decidieron, a partir del 16 de junio, primer día hábil de esa semana, profundizar su lucha y pasaron de la ocupación a cerrar todos los accesos a los colegios y se atrincheraron en su interior, reclamando por el no cómputo de inasistencias y sanciones y por la anulación de la 597. Con los colegios de Plottier sellados, los estudiantes doblaban la apuesta de su lucha en medio de un proceso que se había extendido como reguero de pólvora, incluso al interior de la provincia. Esta vuelta de tuerca de los estudiantes de Plottier puso un ingrediente que potenció la situación. El CPE mandó inmediatamente a la directora de Enseñanza Media con un escribano a amedrentar a los estudiantes, los que rechazaron toda intimidación y sostuvieron la medida. El día siguiente (el 17 de junio), en el marco de otra masiva movilización a Casa de Gobierno, ante una delegación estudiantil y los medios de prensa, la subsecretaria de Educación firmó un acta donde en el punto 1 se obtiene "el no cómputo de faltas y sanciones desde la fecha de ocupación y/o toma hasta el día 18 del corriente", otorgando aun 24 horas (hasta el 18 de junio) para levantar las medidas y compromete una sesión del CPE para tratar la Resolución 597/98, con la presencia de directivos, docentes y alumnos de los IFD y las Escuelas de Bellas Artes y de Música. A esta altura, 13 sobre 14 Institutos se pronunciaban por la anulación de la Resolución. De modo que sólo un irresponsable político, alguien a quien le interesa más su maniobra de aparato que la preservación del movimiento, puede considerar una distracción de la lucha el reclamo por dejar sin efecto faltas y sanciones. Y como a pesar de la lucha, no se consiguió anular la 597, sino la suspensión por 180 días, que el movimiento quede entero, sin represalias y con todo el activismo en los colegios, es la mejor garantía para preparar el capítulo que viene. El Post-Mayo Neuquino Viola, presidente del CPE, se negaba a sesionar tal cual lo había comprometido en el acta del 17 de junio la subsecretaria Adala, sacando a la luz la sorda disputa de aparatos y trenzas entre los funcionarios de educación del Movimiento Popular Neuquino. Dentro del CPE, esperando la sesión, estaban las representaciones de los IFD y los funcionarios. Una movilización estudiantil rodeó el CPE y le puso sitio desde la tarde hasta la madrugada, cuando un amplio sector era partidario de aceptar la suspensión, en la convicción de que no se podía, a esa altura de la lucha, arrancar la anulación. Ha sido una victoria. El gobierno debió retroceder, como acababa de hacerlo respecto de la fulminante y masiva huelga de los hospitales (el mismo día que se votó la Resolución 597, el 28 de abril, obtenían una recomposición salarial). Del mismo modo que tuvo que retroceder respecto de los reclamos de los desocupados de la construcción de Cutral Co, cuando la marcha a pata y pulmón en agosto del 97. El movimiento estudiantil se preservó. Se eligieron varios Centros de Estudiantes. En pleno Mundial (el 4 de julio), la CES pudo organizar su Tercer Congreso Regional con la participación de las Coordinadoras de Neuquén, Plottier, y de Cipolletti y Roca en Río Negro. Esta última venía de protagonizar una lucha por el boleto estudiantil y obtener un triunfo sobre el gobierno de Verani. El movimiento estudiantil sigue su curso de organización y politización y esto es la mejor garantía de que la suspensión de la 597 será su anulación, en definitiva. En el gremio docente el descontento de amplios sectores con la actitud restringida, al principio, y de borrada luego de las direcciones, ha fortalecido el balance de la gran huelga que hace un sector de la docencia sobre las actuales conducciones de ATEN y ha obligado al Mst y Patria Libre, finalmente, a riesgo de quedar pagando, a sumarse a la lista Rosa Nacional. Del lado opuesto, la conducta frente al Mayo Neuquino acrecentó los lazos entre las direcciones que traicionaron la gran huelga de 1997. Ya estuvieron en lista única para las vocalías gremiales en el CPE y volvieron a hacer lista común para la elección de Ctera. Y esto tiene directa relación con el futuro de la Resolución 597 por la sencilla razón de que esas direcciones han mantenido reuniones secretas, en plena lucha, con titulares del CPE (La Mañana del Sur, 7/6). Sapag ya sabe que los Azul-Celestes en esta etapa dejan el protagonismo a mano de los estudiantes, porque los docentes no están decididos y que ATEN Capital no quiere otro conflicto y quiere participacionismo en serio (¿reclamarán que sea rentado?). También sabemos que la CTA ha declarado al año en curso como el de los reclamos legales por el salario quitado y esto dicho en plena lucha del Mayo Neuquino (Río Negro, 12/5). En la universidad, el rector radical Rabassa ("soy un rector que encarna el proyecto de la Alianza" dijo a La Revista de Calf) prepara también su especie de Congreso Pedagógico para un proyecto alternativo de LFE y LES. Según Patria Libre, éste es el rector que "adhiere a los reclamos" estudiantiles. Para el activismo estudiantil, es crucial dejar atrás cualquier ilusión en la política de las variantes aliancistas y su "pata social". Es vital comprender el papel que juegan en el seno del movimiento las organizaciones aventureras y provocadoras. A superar estas trabas está apuntado este trabajo. Neuquén, 16 de agosto de 1998

1 de diciembre de 1998
El Frente Revolucionario del doctor James Tobin

El Frente Revolucionario del doctor James Tobin ¿Es posible que dos organizaciones que se reivindican trotskistas (al menos por ahora), puedan suscribir un acuerdo político sin que aparezcan ni una sola vez las expresiones socialismo, gobierno de los trabajadores, acción directa o expropiación de los capitalistas? Pues esto es lo que acaba de ocurrir en Francia, no en un país subdesarrollado semi-capitalista, entre la Liga Comunista Revolucionaria y Lucha Obrera. Se repudia la perspectiva del socialismo y de la dictadura del proletariado en un continente, Europa, donde la elevada tasa de desocupados, los despidos continuos, los cierres de empresas, las fusiones, los monopolios y la productividad decreciente, y las crisis internacionales y las guerras, muestran en forma palpable el agotamiento histórico del capitalismo y su imparable marcha hacia la barbarie. El «acuerdo sobre un proyecto de profesión de fe», publicado en forma simultánea en la prensa de esas organizaciones, tiene como objetivo la formación de una lista común para las elecciones parlamentarias europeas que tendrán lugar en marzo próximo. Esperan, de ese modo, obtener un porcentaje superior al 5% de los votos para, con ello, «conmover el panorama político de la izquierda francesa», o sea al partido comunista y a los ecologistas. Tanto por su programa como por sus objetivos políticos, el acuerdo está en consonancia con la política de la mayoría de la Liga, favorable a abandonar toda referencia al comunismo y reagrupar al conjunto de la izquierda sobre una bandera democratizante. Un análisis de la «profesión de fe», pone al desnudo incluso algo peor: el descomunal confusionismo que reina en la llamada extrema izquierda europea. «Europa democrática» En el primer punto de la profesión… se reivindica «una Europa de derechos democráticos, donde las poblaciones controlen las decisiones». Este planteo alude a la circunstancia de que en la Unión Europea no existen autoridades electas, pues el parlamento europeo carece de atribuciones reales y la gestión político-económica recae sobre una Comisión no electa, responsable ante un Consejo de Ministros, mientras que las autoridades del Banco Central Europeo gozan de una inamovilidad que las hace inmunes incluso a las directivas de los gobiernos que componen la Unión. ¿Pero qué vendría a ser esta «Europa democrática» que reclaman los trotskistas franceses sino una réplica de sus respectivos estados nacionales imperialistas, «donde las poblaciones control(a)n las decisiones» a través del sufragio universal, de sus representantes electos, de sus tribunales constitucionales y de sus jueces y magistrados? Los eurofóbicos ingleses que conduce Margaret Thatcher acusan también a esta Europa de Maastricht de mancillar la sacrosanta soberanía de la Cámara de los Comunes y de violentar las prácticas democráticas británicas. En la misma línea del democratismo formal que ignora la desigualdad entre las clases y la explotación social, la profesión… reclama «una Europa de igualdad real, social y cívica…». Pero la igualdad social es un contrasentido bajo el capitalismo y la cívica es sinónimo de discriminación, ya que supone la exigencia de la ciudadanía para ejercer derechos políticos, lo cual es un ataque a los trabajadores inmigrantes de otras naciones. Lo curioso del caso es que los redactores de la profesión… parecen no darse cuenta de la oposición que hay entre la reivindicación de la «ciudadanía», que hacen en cuanta oportunidad tienen a mano, y el derecho al voto para todos los que viven en el país. La ciudadanía discrimina (según las fronteras nacionales). Si todos estos planteos de la profesión… no son una ficción, testimonian entonces una confusión insuperable. Igualmente revelador es el planteo de «una Europa que anularía las deudas del Tercer Mundo, ya varias veces pagadas a los banqueros, una Europa que planificaría el desarrollo con los países del Tercer Mundo con el objetivo de satisfacer las necesidades fundamentales de todos». Es que una Europa que no haya expropiado al capital sólo podría renunciar al cobro de los créditos de carácter público, no los privados, y si incluyera a estos últimos debería resarcir a los banqueros con una indemnización equivalente a cargo del Tesoro. Si no ocurriera así se estarían violando los «derechos democráticos» de los banqueros y se estaría apelando a métodos propios de una dictadura proletaria, algo que los firmantes de la profesión… rechazan con todas sus ganas. En el marco de una Europa capitalista, la propuesta de planificar con el Tercer Mundo tendría un inocultable carácter imperialista, pues no podría haber una relación social de igualdad entre el opresor y el oprimido. Para que el futuro elector no tenga que albergar dudas sobre el carácter social de la profesión…, en el párrafo que reclama detener las privatizaciones de los servicios públicos «de calidad», se plantea «extender el sector público a las empresas que se benefician con las necesidades elementales de la población». Pero la extensión del sector público no es otra cosa que la nacionalización o estatización capitalista, o sea que, por un lado, debe ser resarcida de acuerdo al valor presente del capital invertido (es decir, pagada por los trabajadores), y por el otro, debe estar en consonancia con el funcionamiento de conjunto de ese sistema capitalista, incluida la viabilidad de esa indemnización. Capitulación ante Maastricht La propuesta de una Europa democrática no es otra cosa que el intento de darle un contenido electivo a las instituciones de la Unión Europea que fueran diseñadas en los tratados de Maastricht y de Amsterdam (unión monetaria y pacto de estabilidad). Es lo que hay detrás de la repetida fórmula de la Liga acerca de romper con la lógica liberal… de esos tratados. Es por esto que no hay en ninguna parte de la profesión… reivindicaciones referidas a los estados nacionales, como si éstos ya estuvieran suprimidos por aquellos acuerdos. La realidad, sin embargo, es la contraria; los tratados europeos son por ahora creaciones puramente artificiales para organizar una política común entre los principales monopolios europeos, mientras que los Estados nacionales siguen siendo el cuadro verdadero de la lucha de clases en Europa. Con referencia a la Europa de artificio, la profesión… no tiene ninguna consigna de poder, precisamente porque no existe como realidad política, es decir superior a los Estados y gobiernos nacionales. Esto explica que la profesión… tenga un marcado carácter constitucionalista, es decir que es una profesión de fe acerca de una estado democrático europeo eventual. Pero la razón por la que no tiene consignas de poder; la razón por la que no plantea abajo los estados capitalistas o fuera los gobiernos de colaboración de clases o que los partidos obreros rompan con los capitalistas y sus gobiernos; la razón de esto, es que la llamada extrema izquierda francesa se ha fugado de la realidad de los Estados nacionales y aceptado sin chistar la ficción europea, la cual no tiene otro estado que los Estados nacionales que la componen. Tenemos así el resultado paradojal de que los campeones de la lucha contra los tratados que definen la Unión Europea, no hacen otra cosa que aceptar esa unión artificial como un hecho consumado y negar la realidad política fundamental, es decir, de poder, que siguen siendo los Estados nacionales. Esto le permite a la profesión… evadir la cuestión central de la política europea actual, que son los gobiernos centroizquierdistas de frente popular. A este punto, la profesión… no le dedica una línea, a pesar de reivindicarse de una corriente política internacional cuyo programa fundacional asegura que los frentes populares son un recurso último del imperialismo contra la revolución proletaria. El texto critica vagamente al gobierno francés de Jospin, porque «multiplica los regalos a la gran patronal», pero en ningún lado lo caracteriza como contrarrevolucionario, imperialista, ni llama a los partidos socialista y comunista a romper con los capitalistas (el derechista Chirac sigue siendo presidente de la República) y formar un gobierno de los trabajadores. Es precisamente esta capitulación ante el hecho consumado de los tratados europeos lo que plantea el principal mentor de la Liga en Le Monde Diplomatique de diciembre. «Es el momento de renegociar (esos tratados) dice Daniel Bensaid ahora o nunca. ¿Si no para qué sirve la izquierda y su tridente de gobiernos en Europa?». De modo que el llamado que hacen los trotskistas a los partidos obreros contrarrevolucionarios de Europa (PS y PC) es: renegocien Maastricht… Una verdadera vergüenza. Revolucionarios del impuesto Tobin En setiembre pasado, Rouge, el periódico de la Liga, anunció su adhesión a una campaña internacional en favor de un impuesto al movimiento especulativo de capital, conocido como impuesto Tobin, por su autor, un Premio Nobel de Economía. Esto ocurría cuando desde numerosos ámbitos capitalistas, incluido el Banco Mundial, se atribuía la crisis internacional a la volatilidad de los capitales de corto plazo. Pues bien, este impuesto es también el eje del planteo de la profesión…. Desde ya que un impuesto al capital especulativo supone la preservación del régimen del capital. Pero un impuesto Tobin no resolvería ningún problema a las masas, sea porque el impuesto sería transferido finalmente al consumo, sea porque atenuaría los movimientos de capital. En este último caso, la exuberancia financiera sería reemplazada por una sequía del mismo tipo, que no sería más que la otra cara de la crisis, bajo la forma de una deflación generalizada. No está de más señalar que los especuladores internacionales podrían beneficiarse directamente con este impuesto, en especial luego que la volatilidad especulativa provocara la quiebra de uno de los principales Fondos aplicados a la especulación, el Long Term Management Capital. El periódico de la Liga asegura que «los gobiernos de los países industrializados se encuentran en una encrucijada (porque) les cuesta romper con los dogmas del liberalismo a pesar de que comprenden que es necesaria una intervención estatal para evitar los desarreglos». Es decir que los capitalistas se dejan llevar por una ideología en detrimento de sus intereses. Por eso Rouge los llama a «romper con el dogma liberal» (5/11). Oficia de consejero del capital especulativo, depredador e imperialista. El artículo en cuestión hace verdaderamente el ridículo cuando pronostica que los gobiernos centroizquierdistas europeos no podrán imponer una rebaja de las tasas de interés debido a su encadenamiento a la lógica liberal o debido a que cedieron la soberanía sobre la política monetaria al Banco Central Europeo. Tres semanas más tarde, exactamente, el susodicho banco con los respectivos gobiernos anunciaban una espectacular reducción de tasas, esto en plena correspondencia con el interés del capital aunque no con la lógica de los trotskistas franceses. El impuesto Tobin del trotskismo francés no es un simple tiro al aire; es un programa. Lo dice claramente Bensaid: «Una verdadera política de reformas reclamaría una reforma fiscal amplia, una imposición seria a la fortuna acumulada, dejada en barbecho especulativo, una baja (sic) drástica del IVA, una progresividad del impuesto sobre el capital, a fin de redistribuir la riqueza sin cebar la demanda». Se trata de un planteo de gestión capitalista, no solamente porque no plantea el gobierno de trabajadores sino porque ni siquiera roza la dominación del capital. De una u otra forma, en parte mayor o menor, esa verdadera política está en vigencia en los países capitalistas, en particular en los Estados Unidos donde no hay IVA, donde las ganancias de capital están gravadas y donde existe progresividad en el impuesto a los ingresos. Bensaid es conciente de lo que propone, por eso habla de «reforma»; por eso rechaza como a la peste la posibilidad de «incursiones violentas en el derecho de propiedad» (Trotsky) o siquiera de los impuestos confiscatorios al capital (Manifiesto Comunista). Se encuentra incluso por detrás de los extremos radicales de Lord Keynes, quien en su Tratado… preveía la incapacidad del capitalista particular para mantener en pleno empleo los recursos productivos. La consigna radical de Bensaid es: «oponer los ciudadanos al mercado» (Le Monde Diplomatique). No hay nada inocente en todo esto, pues se trata de borrar el planteo de clase. En marzo pasado, Lucha Obrera decía de la Liga que ni «moral ni políticamente, se reivindica del comunismo». La profesión de fe es una confirmación de esta caracterización, sólo que ahora Lucha Obrera se ha metido adentro de ella. Refundar la IVª Internacional El acuerdo entre Lucha Obrera y la Liga ha sido bien recibido en la mayoría de la llamada extrema izquierda de Francia. Pero no con buenas razones. Ignora el programa del acuerdo, es incapaz de criticarlo, ni siquiera vislumbra la profunda incomprensión que tiene de la crisis que se ha abierto entre la ficción de la unidad europea, de un lado, y los Estados capitalistas nacionales, del otro. Lo saluda porque lo ve como un paso hacia la discusión, hacia la unión en la diversidad, hacia el ocaso del sectarismo. Pero tanto en Francia como en Argentina esta forma de raciocinio denuncia a los grupos que han fracasado políticamente; que han perdido su tradición; que no pueden reivindicar programa o trayectoria; y que pretenden que todos los demás empiecen de nuevo a partir del mediocre nivel en el que ellos han caído. Lucha Obrera tiene todo el derecho a establecer un acuerdo electoral con la Liga, pero no a prostituir el programa revolucionario, que es lo que la Liga ha hecho ya hace mucho tiempo y que ha vuelto a ratificar en ocasión de este acuerdo. Porque precisamente el Comité Central de la Liga aprobó por 40 votos una resolución que establece que el acuerdo con LO se inscribe en el cuadro de las orientaciones de su último congreso, donde la mayoría votó por cambiar su nombre por el de Izquierda Democrática Revolucionaria. Es decir en la vía de la completa liquidación de la IVª Internacional. Lucha Obrera debería rechazar este acuerdo anti-socialista y votar por la realización de un congreso internacional para refundar en forma inmediata la IVª Internacional.

1 de diciembre de 1998
La LCR pide la intervención del FMI

En referencia a la propuesta del acuerdo LCR-LO, de un desarrollo común entre la Europa capitalista y el Tercer Mundo, en enero de 1997 una resolución del Comité Ejecutivo Internacional al que pertenece la Liga planteaba: u6. Un vasto programa de reparaciones y de reconstrucción de Rwanda es indispensable. Debe estar a cargo del Banco Mundial, del FMI y de los gobiernos imperialistas cómplices del genocidio. Este programa debe estar completamente a cargo de estas instituciones y gobiernos. Se trata aquí de un pago por daños e intereses». Pero en el punto 8 se decía: “Exigimos que se pare el programa de ajuste estructural impuesto por el Banco Mundial y el FMI a Rwanda. Este programa constituye un obstáculo para la reconstrucción de Rwanda y aumenta su dependencia respecto de los países imperialistas” (Imprecorr N° 411, marzo de 1997). Este descomunal cambalache de ideas responde, con todo, a una lógica: es posible e incluso inevitable lograr que el imperialismo en algunas oportunidades no actué como imperialismo. Es decir, que los políticos y las instituciones del imperialismo podrían ´romper’ con la ´lógica’ del imperialismo. Pero Incluso si en lugar de programas de ‘ajuste’ se aplicaran programas de ‘reconstrucción’ como el plan Marshall en 1947-50, ¿no serla esto igualmente en beneficio del imperialismo? Además, ¿quién pagarla esa reconstrucción si no la masa de los contribuyentes formada por los trabajadores? Un sector de la prensa norteamericana denunció la semana pasada que las instituciones’ internacionales están condicionando la ayuda a los países que fueron afectados por el huracán Mitch, a la aplicación de ajustes estructurales’- Las instituciones en cuestión alegan que, de lo contrario la ’ayuda’ irla a los cofres de los corrompidos gobiernos de Honduras y Nicaragua (o para el caso anterior de Rwanda). Es lo que ha pasado recientemente en Rusia ¿Qué hacer? Ajuste o robo. A este dilema se condenan los Izquierdistas que cambiaron de campo, porque la salida no es el Imperialismo ni los gobiernos nacionales sino la organización política independiente de las masas que para eso deben lograr que sus organizaciones rompan con el imperialismo y con los gobiernos capitalistas nacionales.

1 de diciembre de 1998
El «libro negro del comunismo»… realmente negro

Acaba de publicarse en español, el libro que, sobre el final del 97, provocó un enorme revuelo en el continente europeo y, en particular en Francia, el país en el cual fue originalmente editado por sus autores. Su impacto tuvo un alcance mediático muy extenso, con notas, artículos y entrevistas del más diverso carácter en la prensa escrita, en las radios y en la televisión. Hasta el presidente de la República el socialista Lionel Jospin se vio obligado a intervenir en la polémica. La obra tiene un volumen monumental son casi 900 páginas y una pretensión acorde: se propone demostrar científicamente que el comunismo es el responsable de los mayores crímenes de la historia de la humanidad, levantando un tabú que habría escamoteado hasta el momento una evidencia tan cierta y verdadera como la transparencia del agua pura. En su apego a la investigación y a la mera difusión de los hechos, el titulado El libro negro del comunismo (1) no vacila en cuantificar: 100.000.000 de cadáveres serían el testimonio, en el siglo XX, de un caso excepcional, por su "dimensión criminal, de un régimen político sin precedentes en el largo recorrido de la civilización", dada su naturaleza específica que "erigió (precisamente) el crimen en masa como forma de gobierno". Estafa histórica, estafa El fraude, sin embargo, es tan monumental como la extensión de la obra y la verdadera operación de prensa con la cual fue lanzada como negocio editorial y como campaña política. No hay una sola idea original en todo el trabajo, que es una colección de artículos de varios autores, coordinados por un renegado ex maoísta, de nombre Stèphane Courtois. La pretensión de agregar algo nuevo en función de la consulta de archivos ahora disponibles en Rusia es absolutamente falsa y siquiera se ocupan de indicarlo, al margen del autobombo que, al respecto, se hace en la introducción. El libro negro repite lo que innumerables textos, autores, folletos y libelos dijeron en los últimos 80 años y, en particular, la saga de obras anticomunistas elaboradas y/o financiadas por la CIA y los servicios yanquis aunque, como señaló algún comentarista, con el nivel propio del Readers Digest de la década del 50 (2). A pesar de su extensión, no estamos frente a una obra de largo aliento. Fue elaborada a las apuradas, en tres años con el propósito de que su lanzamiento coincidiera con el 80º aniversario de la Revolución de Octubre y con el aditamento propagandístico de reclamar un Juicio de Nüremberg para el comunismo. Llegados a este punto, los propios autores debieron retroceder. Cuando semejante propuesta fue alentada por el dirigente fascista francés Jean Marie Le Pen, temieron que su propio negocio se derrumbara, hundiendo todo el marketing del operativo montado: la defensa de la democracia ante el totalitarismo. De todos modos, el asunto no quita un gramo a las conclusiones fascistoides de El libro negro (sic), como tendremos oportunidad de verificarlo. La pretensión de constituirse en una expresión de "historia científica" es una farsa, inclusive en términos formales. El texto, en este sentido, escapa a las normas académicas más vulgares. La extensión de los capítulos (están divididos por continentes y países) en los cuales se desenvolvieron los crímenes es completamente arbitraria, carece totalmente de unidad y, de un modo general, no se señalan las fuentes utilizadas ni se revela o polemiza con los estudios y la extensa bibliografía sobre el tema. El tono monocorde y la pontificación sin fundamento que recorren toda la obra recuerdan el tono staliniano de la producción literaria de la vieja URSS aunque, obviamente, con un ángulo distinto (ya veremos, asimismo, otras coincidencias más significativas). No hay en, realidad, ninguna historia sino un inventario de asesinatos sin ton ni son, en una contabilidad completamente ridícula donde un muerto en la guerra civil, un muerto por hambre, un muerto bajo el terror stalinista, la ejecución de un torturador, en cualquier latitud y en cualquier época, se suman de un modo absurdo (3). Esta misma contabilidad es un puro golpe publicitario. Cuando el organizador de El libro negro fue interrogado sobre cómo llegaba a la "shockeante" cifra de 100 millones de muertos por los comunistas, que no surge de los propios textos reunidos en la obra, respondió sin sonrojarse que se trataba de una "estimación personal". Para calificar semejante estimación, téngase en cuenta que en ella se incluyen, por ejemplo, a las víctimas de las guerras imperialistas, como es el caso de Corea; de modo tal que los coreanos muertos por los marines norteamericanos son parte del genocidio de los comunistas que serían los causantes de la guerra. En China, el absurdo llega al paroxismo porque la mayor parte de los muertos son el resultado de hambrunas provocada por… los comunistas. Esto cuando lo poco que cualquier individuo sabe sobre China es que la Revolución del 49 logró una solución sin precedentes a la escasez alimentaria que diezmó históricamente al pueblo de este país continental. Con relación a Cuba, se habla de 15.000 a 17.000 muertos ante los pelotones de fusilamiento de Castro y Guevara; una cifra que, al margen de cualquier otra consideración, multiplica en casi diez veces las víctimas de los tribunales revolucionarios, encargados del juicio a los esbirros de Batista y el imperialismo yanqui, que organizó la invasión a la isla en 1961. En el mismo texto, luego de citar como fuente a Amnesty International, se habla de la existencia de 12.000 a 15.000 presos políticos en la misma Cuba a mediados de los años 80. Para esa época, los informes oficiales de Amnesty denuncian una cifra total de 450 detenidos por "razones de conciencia" (4). A matar las ideas o el demócrata fascista Toda esta grosera falsificación de los hechos, cuya sola denuncia podría superar las páginas del propio El libro negro, tiene un propósito de naturaleza inconfundiblemente nazófila. Porque sucede que, después de la cuenta macabra y puestos a tratar de explicar lo que sería un desvarío loco de la humanidad, la explicación oficial del libro para semejante carnicería es una sola: se trata de las consecuencias de una teoría y aun de un hombre, de la "voluntad de Lenin de poner en práctica su idea sobre la construcción del socialismo". Este es el "auténtico motor del terror": la "ideología leninista" (5) e inclusive "la idea misma de la revolución" (6). Naturalmente El libro negro, en función de esto, protesta contra "los activos grupos revolucionarios… que se expresan con toda legalidad" (sic), buscando dejar claro que si las "ideas" matan, lo primero que debiéramos hacer es matar a las ideas, proscribiendo en masa a sus portadores. Un argumento de este tipo tiñó el accionar de los Pinochet y Videla que, como se sabe, al igual que los autores de El libro negro justificaron su acción en nombre de la democracia y de la tradición occidental y cristiana. Uno de los prohombres de la derecha argentina Alvaro Alsogaray acaba de justificar el secuestro y robo de niños en la Argentina del 70 porque los militares debían evitar que las criaturas volvieran a sus familias para "ser educados como guerrilleros". Pero, claro, El libro negro es un libro a la mode, lo que significa que sus planteos más reaccionarios deben disfrazarse de democráticos y centroizquierdistas. Para justificar sus anatemas, el mentor de la obra no vacila en apelar al anarquismo y a teóricos o representantes de la socialdemocracia, mientras declara su repudio a la extrema derecha. En su visión groseramente maniquea, Courtois divide el mundo entre Lenin, el criminal, y el resto de la humanidad, partidaria de la paz y la democracia; entre los cuales deberíamos sumar a Bakunin y a Kautsky, convenientemente citados por el ex maoísta. Rescata por eso al "marxismo de la IIª Internacional" y, jugando a presentarse como historiador, nos informa de sus bondades puesto que ya "en vísperas de la Guerra del 14, (el socialismo segundointernacionalista) se orientaba hacia soluciones pacíficas sustentadas en la movilización de masas y en el sufragio universal" (7). Semejante afirmación es propia, no de un historiador sino de un delincuente: la Primera Guerra Mundial se transformó en una enorme carnicería imperialista sólo por medio de la colaboración de… la socialdemocracia, en particular del partido alemán que Kautsky, entre otros, encabezaba y que votó los créditos de guerra el 4 de agosto del 14 en beneficio del Kaiser y la burguesía alemana. Los criminales reagrupados en torno de Lenin son los que denunciaban la guerra intercapitalista, pregonaban la paz y llamaban a los trabajadores a liquidar no a sus hermanos de clase sino a acabar con el dominio de los explotadores. Un pedacito de historia verdadera Fue la incondicional oposición contra la guerra imperialista, a favor de la paz entre los pueblos, lo que constituyó el factor decisivo en la conquista del poder por parte de los bolcheviques. Cuando el zar es derrocado, en febrero de 1917, los demócratas y buena parte del propio partido bolchevique son partidarios de mantener a Rusia en el bloque anglofrancés para seguir la guerra, por supuesto, ahora en nombre de la… democracia. Era, apenas, una excusa de los hipócritas demócratas rusos (la hipocresía democratizante tiene un carácter general en nuestra época): la democracia suponía la revolución agraria y la entrega del poder a las instituciones que expresaban la movilización de masas que liquidó al zar, es decir, los soviets. Pero era esto precisamente a lo que se oponía el gobierno democrático que, entre febrero y octubre, tomara la forma de kerenskismo (por Kerensky, socialdemócrata que llegará a la jefatura del entonces gobierno provisional). Cuando Lenin y los bolcheviques toman el poder, lo primero que concretan es el ofrecimiento de paz, una paz sin anexiones, a los carniceros del imperialismo germano. Ahí tenemos, pues, al Lenin… criminal. ¿Qué le importa, sin embargo, la historia al historiador Courtois? Un año después de la publicación de su libro, nos acaba de resumir su versión sobre el punto: "mientras que la revolución de febrero de 1917 vio emerger estructuras democráticas y una reorganización espontánea de las relaciones sociales en el campo, es el putsch de Lenin y los bolecheviques el que quebró las esperanzas nacidas de esta revolución. En el sentido literal del término, Lenin fue un putschista contrarrevolucionario que debe ser considerado como uno de los principales responsables de la tragedia rusa en el siglo XX, el reintroductor de una nueva forma de servilismo, tanto de los obreros como de los campesinos" (8). Sin saberlo u, ocultándolo, el demócrata-fascistizante retoma aquí una de las tesis de la historiografía-ficción del stalinismo: la de la llamada teoría de la revolución por etapas, según la cual, precisamente, la revolución de febrero de 1917 fue una revolución democrática; cuando lo cierto es que llevó al poder a la burguesía, incapaz de asegurar las condiciones elementales del régimen democrático. Como en el caso de Courtois, la versión stalinista no está fundada por el apego a la historia o idea alguna de cualquier carácter; surgió apenas como un expediente para combatir al bolchevismo, es decir, a Trotsky y la oposición de izquierda y, por sobre todas las cosas, para justificar la colaboración del stalinismo con la burguesía en el caso de la revolución china (1927). Recordemos que, en función de esto, Stalin llegó a designar al demócrata-fascistizante Chiang Kai-shek como presidente de la Internacional Comunista stalinista. La revolución y el diablo Un punto alto y relevante de la estafa de El libro negro se plantea casi de pasada cuando, en menos de un renglón, Courtois tiene que admitir que "hasta el momento, los crímenes del comunismo sólo habían sido denunciados (entre otros), por los disidentes trotskistas". Algo que no le impide incluir poco después a Trotsky entre los mismos criminales; una evidencia de la seriedad y rigor con la cual los autores pretenden hacer pasar al mamotreto como obra de ciencia. Este procedimiento por medio del cual se suman así como así víctimas y victimarios, es típico de la impostura del demócrata fingido, que juzga los hechos desde el sillón en el que escribe o desde el cual le pagan para que escriba y desde el cual observa como un espectador lo que sucede arriba y abajo, a izquierda y derecha como si el escriba y su sillón fueran el centro mismo de la historia. Así han juzgado nuestros demócratas, por ejemplo, los crímenes sin igual de los 60 y los 70 en América Latina. Un extremista por aquí, otro por allá; un terrorista o guerrillero a la izquierda, un represor o un torturador a la derecha; un violento arriba, un revolucionario desbocado abajo. En el medio, siempre el sillón y su escriba, o el político correspondiente, el que pontifica contra todos los totalitarismos, el que rechaza los extremos definidos a su arbitrio, el que esboza teorías sobre los "dos demonios", el que juega a colocar los soldaditos del fascismo de un lado y los del comunismo del otro y repudia a ambos porque le afecta una digestión tranquila y sus propios negocios o placeres con la democracia. Una democracia que no tiene nombre, que no reviste contenido social, que carece de historia porque es como una divinidad abstracta que la humanidad hubiera perseguido siempre, forzada por una compulsión indefinible. Pero no es todo, puesto que los demócratas juegan al "justo medio" en tanto su neutralidad es apenas de papel: sin su colaboración directa o indirecta los fascistoides y dictadores criminales no hubieran progresado como lo sabe cualquier historiador serio, entre los cuales, debemos excluir, naturalmente, a nuestros criticados en esta oportunidad. El libro negro no puede ni aproximarse a la historia real porque su función ideológica es distorsionarla en función del macartismo barato que informa toda su configuración. Por este motivo el historiador Courtois tiene que ocultar, por sobre todas las cosas, a un personaje clave en la historia de este siglo y de los acontecimientos que ocupan al propio El libro negro. Nos referimos, claro está, a León Trotsky. En contrapartida, la culpa de todo es de un solo individuo, loco y endiablado, sediento de poder y de sangre: Vladimir Ulianov Lenin. Nadie más. El planteo es absurdo, pero funcional a la demonización que se empeña en promover el mamotreto con una energía digna de mejores causas. No hay nada que en esto se conecte con la historia tal como fue: El libro negro nos pinta el desatino del Hombre que, no se sabe ni por qué ni cómo, es sometido por el Mal. Para que el Bien triunfe hay que exorcizar a la humanidad, habitada por el demonio Lenin. El Papa canoniza; Courtois organiza la inquisición purificadora contra el Diablo Lenin, el asesino más brutal de todos los tiempos (para completar el burdel, Courtois ni siquiera se priva de disculpar a la propia Inquisición medieval ante, una vez más… "los crímenes del comunismo"). El Cielo y sus dioses agradecen al Torquemada de las letras en este final de siglo. En el ámbito más sólido de la terrenalidad, importa, sin embargo, entender el por qué del ocultamiento deliberado del papel del principal líder de la Revolución de Octubre, junto a Lenin. Es que esto supera a los autores de El libro negro que tampoco en esto pueden invocar originalidad. Siguen aquí una suerte de mandato que informa a todos los analistas, historiadores, cientistas políticos y demás integrantes de la diversa fauna intelectual moderna. Courtois y sus compinches tienen que impedir que Trotsky aparezca por el simple motivo de que no hay nada en los descubrimientos de El libro negro que ya no haya sido dicho por Trotsky; claro que no en los términos de una afirmación fraudulenta, no en términos de historia-ficción, caprichosa y amañada, sino en términos de historia, es decir, de examen de las fuerzas sociales en pugna, del análisis de las contradicciones vivas, de la lucha real de intereses y hombres de carne y hueso. Nazismo y comunismo Tomemos, en particular, el caso del nazismo y el comunismo que los autores del libelo grueso que comentamos colocan como hermanos gemelos de la criminalidad del siglo XX. Aclaremos, de entrada, que hacemos una concesión porque, en numerosos párrafos del texto, el nazismo es considerado como una "singularidad", mientras que el comunismo es un "sistema mundial", y porque, en las cuentas de cadáveres a la que se dedica El libro negro, los comunistas se cargan cuatro muertos por cada asesinado por los nazis. Fascistas menores y no tan menores como Batista o como Franco son, a su turno, presentados como partícipes del mundo occidental y cristiano. ¡Y El libro negro se considera a sí mismo como fiel representante del principio y juramento que proclama encarnar "la verdad y sólo la verdad…"! En cualquier caso, fue Trotsky el que más de medio siglo atrás puso en evidencia el carácter criminal del comunismo stalinista, es decir, de la política anticomunista y antiobrera de la burocracia que expropió en su beneficio las conquistas de la revolución. Poner en evidencia significa que explicó y analizó las implicancias del desarrollo particular que tomó la Revolución de Octubre, como resultado del desangre resultante de la monstruosa guerra civil, del apoyo a la reacción contrarrevolucionaria de un batallón de países capitalistas, del aislamiento de la revolución como consecuencia de las derrotas del movimiento obrero en el resto del mundo, de las dificultades planteadas por el enorme atraso del país, de la brutal fractura en el seno de la propia clase obrera como producto de este conjunto de circunstancias, de la naturaleza excepcional de un fenómeno inédito por el cual el capital carecía de fuerzas para imponer directamente la restauración de un modo directo y el proletariado de las fuerzas para imponer una gestión colectiva, de la realimentación de este conjunto de factores y la política conservadora y crecientemente hostil a la revolución de la misma casta gobernante, etc… Todo esto Trotsky lo desenvolvió no como un espectador sino como un protagonista activo de un proceso que, cualquiera sea la trinchera política o ideológica, es considerado como uno de los signos marcantes del siglo XX. Nada de esto importa al colectivo de estafadores que organizaron El libro negro. Cuando más lejos de la vida y de los acontecimientos, de su concatenación, de las contradicciones que expresan, de las fuerzas sociales que encarnan, más se facilita su tarea de… historiadores. Pues bien, en 1936, sesenta años antes del gris El libro negro, Trotsky dijo que la represión stalinista contenía, por sus métodos bárbaros, analogías semejantes a la represión hitleriana (9). Más aún: señaló que el salvajismo de la burocracia del Kremlin podía ser aún mayor, en la misma medida en que se trataba de una burocracia más libre, menos restringida en relación con los hombres del nazismo, que nunca dejaron de ser los mandantes de la gran burguesía alemana. Cuando ahora el presidente socialista de Francia se horroriza de que en El libro negro se compare al nazismo con el stalinismo, que al igual que los autores de la obra en cuestión llama… comunismo, demuestra hasta qué punto la pacífica IIª Internacional es cómplice del horror staliniano y de la deshonestidad intelectual de los autores del mamotreto. De todos modos, Jospin salió al cruce del libro que comentamos por motivos bastante más pedestres que los que tienen que ver con la verdad histórica porque simplemente trataba de salvar a sus propios ministros comunistas, empeñados en enfrentar las huelgas y el ascenso obrero del proletariado francés. Si es por la verdad histórica, recordemos que los partidos obreros franceses, los demócratas y fascistas galos han hecho un oficio propio del ocultamiento de las masacres del imperialismo francés, que probablemente no tiene parangón. Es, por lo menos, lo que se desprende de lo que dice Perrault en un reciente artículo (10) al plantear que, si se trata de contabilizar cadáveres, las masacres de los colonialistas franceses en Indochina, Argelia, Madagascar y otros territorios de ultramar, con relación a la población nativa no hay estado más criminal y genocida que la Francia democrática que los autores de El libro negro toman como modelo de civilización. Reacción política y capitalismo La verdad elemental que ni El libro negro ni muchos de sus detractores quieren plantear es que el nazismo y el stalinismo pueden ser comparados en términos de fenómenos derivados de una misma causa: la sobrevida, hasta la descomposición, del sistema capitalista. Los monopolios, el capital financiero, su asociación directa con el aparato bélico más sofisticado de la historia, la tendencia a suprimir la competencia en el campo nacional para llevarla al paroxismo en el campo internacional, la lucha despiadada por los mercados, el aplastamiento a sangre y fuego de las rebeliones en los países periféricos, las intervenciones e invasiones militares en los más variados puntos del planeta, las catástrofes económicas, los millones de niños y seres humanos condenados a una existencia ya no infrahumana sino infra-animal, las guerras mundiales; todo esto es el testimonio de un modo de producción que ha llevado hasta el extremo posible el carácter social de la producción y, al mismo tiempo, el carácter privado de la propiedad de los medios de esa misma producción y de sus resultados, que ha desenvuelto hasta límites inimaginables la producción planificada al interior de la gran empresa moderna mientras la anarquía se glorifica como el método propio de regulación de la enorme ingeniería social del mundo productivo en su conjunto. La manifestación de toda esta putrefacción de la sociedad contemporánea ha sido, en un polo, el genocidio nazi y, en el extremo opuesto, la brutalidad stalinista. En un caso para afirmar y no para negar el monopolio capitalista aunque el nazismo mismo se encubriese con veleidades sociales, en el otro para negar el gobierno de los trabajadores y la expropiación del capital y establecer el dominio de una casta completamente criminal. No es la revolución socialista sino el atraso de la revolución, la fuente de la barbarie propia del siglo XX. No por casualidad, El libro negro, puesto a medir la "dimensión criminal" de la historia contemporánea, no menciona el signo emblemático de las dos matanzas masivas y planetarias de los últimos 100 años, es decir, las dos Guerras Mundiales. ¿A quién adjudicarles sus millonarias víctimas? Hasta el manual más imbécil le explica a nuestros escolares el drama moderno de la lucha de nuestras democracias por los mercados y por la conquista del planeta. Un registro, sin embargo, que no han anotado nuestros historiadores, que reivindican la tradición "occidental y cristiana". Los muertos de la democracia permanecen vivos en el cielo de los negros autores del oscuro libro sobre el comunismo. De otra manera, serían aplazados en el examen de su misión específica de contadores de cadáveres. No hay peor ciego… En ese ejercicio rutinizado para no decir nada que sea novedoso, El libro negro repite la vieja vulgaridad de que los crímenes del comunismo no han sido dimensionados ni apreciados debido a la "ceguera de Occidente". Se trata de una mentira por partida doble. En primer lugar, porque Occidente no sólo no fue ciego a la Revolución sino que organizó una fenomenal expedición contrarrevolucionaria, financiada por más de una decena de países capitalistas, que llevó a la devastación al territorio de la recién constituida Unión Soviética. Sin este apoyo de la burguesía mundial, la guerra civil que siguió a la toma del poder por parte de los bolcheviques es simplemente incomprensible, salvo, claro está, para nuestros grises historiadores de El libro negro. Por supuesto, no se trató de un paseo ni de un torneo de esgrima entre caballeros sino de una monstruosa matanza (¿qué otra cosa es una guerra civil?): la revolución no sucumbió, pero fue terriblemente golpeada. Por eso, tres años después de la toma del poder, la situación era desesperante: la población de Moscú y Petrogrado era apenas de un tercio de la existente en octubre del 17, restaban 80 mil proletarios de un total de 460 mil, la producción en ramas claves de la economía era una décima parte de la que correspondía a la de los últimos años del zarismo. ¿Saben, acaso, nuestros historiadores de qué están hablando? Citémoslos: "Las insurrecciones campesinas (se refiere a 1919) desempeñaron un papel determinante en la victoria sin futuro de las tropas blancas… Sus consignas no admitían equívocos: …fuera los bolcheviques y judíos… libertad de empresa y de comercio… (y) derivaron en decenas de progroms contra las comunidades judías… asesinando a todos los representantes del poder soviético…" (11). ¿Qué debían hacer los revolucionarios ante esta situación? ¿Entregar el poder pacíficamente, para ahorrarse el trago amargo de la guerra civil impuesta por la feroz resistencia de los propietarios expropiados en un territorio continental, apoyados en todos los recursos del bandidismo capitalista occidental y democrático? ¿O pretenden una guerra civil basada en las reglas de la moral y las buenas costumbres? Ninguna pregunta que importe será respondida por los cuentacadáveres. El libro es tan deshonesto que es hasta deshonesto consigo mismo: "la violencia no había esperado para desencadenarse a la llegada de los bolcheviques al poder… En el verano de 1917, la violencia era omnipresente… una violencia urbana reactivada por la brutalidad de las relaciones capitalistas en el seno del mundo industrial; una violencia campesina tradicional y la violencia moderna de la Primera Guerra Mundial, portadora de una extraordinaria regresión y una enorme brutalización de las relaciones humanas… una combinación explosiva… (12) ¿Entonces? El autor de esta cita (Nicolás Werth) es quien redacta el artículo más voluminoso y documentado de El libro negro que acabó casi a las trompadas con su editor, en medio de los debates suscitados por la obra. Pero su propio trabajo reitera todas las afirmaciones sobre los crímenes del comunismo, no explica nada sobre las características posteriores de la guerra civil, atribuye los "asesinatos en masa" a la naturaleza sanguinaria de… Lenin e identifica a Stalin con la continuidad del bolchevismo del 17. Nada nuevo bajo el sol. Por otra parte, en segundo lugar, hablar de la ceguera de Occidente es un enorme encubrimiento de lo que fue la colaboración de la burguesía mundial y el comunismo; así entre comillas, es decir, el anticomunismo de la burocracia stalinista. Lo cierto es que Occidente vio muy bien la naturaleza contrarrevolucionaria del stalinismo y se apoyó sistemáticamente en la colaboración con la burocracia del Kremlin para aplastar las tendencias revolucionarias urbi et orbe. Se trata de algo tan banal que apenas nos referiremos solamente al caso paradigmático de la historia contemporánea. Cualquier manual de historia tiene, por ejemplo, la foto de Churchill, Roosevelt y Stalin, cuando en 1945 acordaron la división del mundo, la masacre del pueblo alemán para que no diera cuenta del nazismo, el lanzamiento de la bomba atómica sobre el Japón derrotado, el desarme de las guerrillas europeas, la reconstrucción de los Estados capitalistas en Europa, la conformación de un aparato clerical mafioso en Italia, el aplastamiento de cualquier rebeldía en sus respectivos cotos de caza, la colaboración contrarrevolucionaria con las oligarquías de los países periféricos contra los movimientos nacionalistas (recordemos la entente del PC argentino y la embajada norteamericana contra el peronismo en 1945), etc… Sobre todo esto y los respectivos cadáveres de esta colaboración entre el stalinismo y la democracia occidental, ni una palabra en El libro negro consagrado al "drama criminal" del siglo XX. Como se ve, cuando se trata de omitir y engañar, nuestros historiadores no se andan con pequeñeces. Una empresa frustrada Los negociantes de El libro negro no tuvieron demasiada suerte en un aspecto nada despreciable. La obra fue concebida en el apogeo de la propaganda derivada de la desaparición de la ex URSS y en plena euforia capitalista. A mediados de los 90 proliferaban las teorías sobre el destino irreversible y final de la humanidad, eternizado en los moldes propios de la sociedad burguesa. La historia había llegado, entonces, a su estación terminal. Los economistas y sociólogos del capital celebraban la expansión de la economía mundial y pronosticaban, inclusive, el desarrollo cíclico y las crisis como una rémora del viejo capitalismo. Los tigres asiáticos se presentaban como la evidencia misma de la posibilidad de los países atrasados de alcanzar un desenvolvimiento moderno. Brasil, el país continente latinoamericano en nuestras latitudes, se plegaba a la globalización bajo la dirección de un intelectual progresista y estudioso ni más ni menos que de El Capital de Marx. Como en aquellas calles estrechas que abandonan la doble mano para transformarse en rutas de una sola dirección, la humanidad avanzaría por un sendero definitivo y ya trazado. Se había acabado, en consecuencia, con la era de los grandes cambios, la utopía de las transformaciones violentas y súbitas y hasta con las grandes catástrofes del siglo. La vida se tornaría más cómoda y aburrida. No más alternativas. La ocasión parecía bienvenida para una suerte de ajuste final. Celebrar, con el 80º aniversario de la Revolución de Octubre, el entierro definitivo del horror que no habíamos querido mirar. Más que la fanfarria de combate, los autores de El libro negro nos acercaban la música de un funeral y celebraban la vida, para siempre, del Occidente victorioso. Sin embargo, el mamotreto tuvo la desdicha de aparecer cuando el castillo de naipes comenzaba a derrumbarse. La crisis, dada por muerta, surgió con una virulencia inusitada allí donde se dijo que el capitalismo presentaba sus mejores frutos. En Indonesia un viejo dictador caía bajo el telón de fondo de una insurrección popular. En Rusia colapsaba de un modo virulento el cuento del mercado para revelarse como una empresa depredadora al mejor estilo de cualquier debut del capitalismo, es decir, "chorreando sangre y lodo" por los cuatro costados; de un capitalismo que ahora se presenta no como un bebé robusto, con perspectiva vital, sino más bien como un individuo senil con su existencia agotada. En el sufrido pueblo ruso se difundía la historia conocida ahora como una suerte de chiste trágico: los comunistas mintieron siempre respecto de la naturaleza del propio comunismo… pero sobre el capitalismo nos habían dicho la verdad. En la propia tierra de El libro negro el movimiento obrero comenzó a levantar cabeza en la misma medida en que los historiadores pretendían acabar con su propia historia: la huelga de los camioneros abrió, sobre el final del 95, una nueva etapa de la situación política francesa. En estas condiciones, la fiesta de El libro negro quedó relativamente aguada, como aquellas bebidas convenientemente adulteradas. Su finalidad más sutil, atacar al movimiento obrero, su tendencia instintiva a la revolución, su lugar irreemplazable en la labor de poner en pie un nuevo orden social, quedó opacada por los nuevos acontecimientos. Esta finalidad de El libro negro se expresó por sobre todas las cosas en el esfuerzo por poner un signo igual entre el marxismo revolucionario y sus enterradores contrarrevolucionarios, entre Lenin, Trotsky y Stalin, entre la lucha contra el capital y la colaboración con los explotadores. La cosmética científica de la parte más elaborada del mamotreto, vinculada a la revelación de los datos ocultos que aparecieron con la apertura de los archivos de la ex URSS estaba al servicio de tal empresa fundamental: probar que el comunismo siempre mató; que Lenin, al frente de la guerra civil contra la contrarrevolución mató, que Stalin como agente de esa misma contrarrevolución mató, que Trotsky mató y luego lo mataron como consecuencia de que él mismo mató. Los cadáveres inundan la historia del comunismo y nada más hay que decir: queda la versión más penosa de la moderna historia cuantitativa, numerar a los muertos. No por casualidad el libro comienza con una frase que define a la historia como "la ciencia de la desgracia de los hombres" (13). Expurgar la desgracia en el altar de la democracia, con la colaboración de estos investigadores era la función que se autoimpusieron nuestros autores, en el 80º aniversario del 17. Democracia y revolución Mucho antes que los escribas de El libro negro, fue un auténtico comunista el que habló no de la desgracia sino de la "prehistoria" del hombre, para resumir la explotación secular de la humanidad, en las sociedades divididas entre explotadores y explotados. Fueron los comunistas los que pusieron de relieve la lógica implacable de la civilización que conducía a una sociedad humana a través de la inhumanidad. Hace un siglo y medio, Marx y Engels nos mostraron, entonces, cómo, bajo el extremo de vidas masacradas, territorios arrasados y guerras monstruosas, el capitalismo ponía en pie la base material la única posible para terminar con la lucha por la vida, para sustituir el penoso trabajo directo por la herramienta y la máquina que sustituye la labor del propio hombre; mostraron cómo el capitalismo creaba el mercado mundial y las escalas de producción susceptibles de hacer del hombre y su entorno una potencia, humana y natural, universal, planetaria. Fueron los comunistas los que comprendieron que el pasaje de la prehistoria a la historia no tendría otra forma que la revolución, puesto que se trataba de liquidar el viejo orden, es decir, los intereses y las clases dominantes que los encarnaban. Una enseñanza, por otra parte, heredada del pasado, bárbara y también bestial, pero inevitable. Nadie ha descubierto hasta ahora otro remedio mejor para acabar con la miserable subsistencia de un sistema que sólo puede sobrevivir a costa de la victimización creciente del hombre. Nadie va a una revolución porque quiere o porque lo desea. Ya se sabe, y esto no lo inventaron los comunistas, se trata del momento culminante de una sociedad, cuando una parte de la misma trata de imponer a la otra la razón de su historia o la razón de su barbarie. Es una lucha. Daniel Bensaid, dirigente del Secretariado Unificado de la IVª Internacional, reacciona defensivamente ante los demócratas fascistoides: quiere salvar la revolución y la democracia burguesa; todo al mismo tiempo y se pone a dar recetas: "la defensa del pluralismo político no es una cuestión de circunstancias sino una condición esencial de la democracia socialista" (14). Pero la revolución misma es la abolición del pluralismo en el sentido corriente y normal (es decir, burgués, del término) y también es una condición de la democracia socialista. La dictadura del proletariado es sinónimo de revolución, en el sentido de que, en la instancia decisiva de la lucha por el poder, no son las leyes y los códigos sino la fuerza de los contendientes lo que, precisamente, decide. Esto no puede ser resuelto por fórmulas convencionales donde se combinan en forma armónica dosis convenientes de pluralismo, autoritarismo y algo de dulzona moral genérica. Peor es cuando Bensaid trata de aplicar su fórmula y cita el caso de Nicaragua, omitiendo que el pluralismo de la dirección sandinista acabó por hundir la revolución y devolvió el poder a la reacción y a los empresarios y amigo de la… contrarrevolución. Flaco favor le prestamos al desenmascaramiento de los demócratas fascistoides con semejantes respuestas. Bolchevismo, es decir, comunismo y stalinismo La identificación entre stalinismo y comunismo o bolchevismo es naturalmente una vulgar reiteración de la política criminal del… stalinismo. Aun más, es un hecho que el stalinismo surgió en el seno mismo del viejo partido bolchevique. Sobre esto no hacía falta esperar a El libro negro hace décadas que se procura buscar en el bolchevismo el secreto último de su posterior degeneración. La conclusión normal es una vulgaridad: "un Partido revolucionario es malo cuando no lleva en sí mismo garantías contra su degeneración". "Enfocado con un criterio semejante, comunismo y bolchevismo están condenados: no poseen ningún talismán. Pero ese mismo criterio es falso. El pensamiento científico exige un análisis concreto: ¿cómo y por qué el partido se ha descompuesto? Hasta el momento nadie ha hecho este análisis fuera de los bolcheviques. No por eso han tenido necesidad de romper con el bolchevismo. Por el contrario es en el arsenal del propio bolchevismo donde han encontrado todo lo necesario para explicar su destino. La conclusión a la cual llegamos es la siguiente: evidentemente el stalinismo ha surgido del bolchevismo, pero no surgió de una manera lógica sino dialéctica; no como su afirmación revolucionaria sino como su negación thermidoriana. Que no es una misma cosa. Buscar el origen del stalinismo en el bolchevismo o en el marxismo es exactamente la misma cosa, en un sentido más general, que querer buscar el origen de la contrarrevolución en la revolución". Fue escrito hace 60 años. Por León Trotsky. Notas: 1. Stèphane Courtois y otros, El libro negro del comunismo crímenes, terror y represión, Editorial Planeta-Espasa, España, 1998. 2. Mario Maestri, Livro Negro: Um titanic contra o comunismo, Paper, Porto Alegre, Brasil, febrero de 1998. 3. Idem. 4. Ver comentarios de diversos autores en Le Monde Diplomatique, diciembre de 1997. 5. Stèphane Courtois, op. cit., pág. 825. 6. Idem, pág. 37. 7. Idem, pág. 827. 8. Stèphane Courtois, "Comprendre la tragédie communiste", en Le Monde Diplomatique, noviembre de 1998. 9. Pablo Rieznik, "Genocidio y Trabajo esclavo en la URSS", en En Defensa del Marxismo, Nº 13, julio de 1996. 10. Giles Perrault, en Le Monde Diplomatique, noviembre de 1997. 11. Stèphane Courtois, op. cit., págs. 116, 117 y 130. 12. Idem, págs. 75 y 76. 13. Idem, pág. 13. 14. Daniel Bensaid, Communisme et stalinisme, une réponse au Livre Noir…

1 de diciembre de 1998
El ‘demócrata’ Courtois y sus escribas

La difusión que mundialmente ha suscitado la reciente publicación de El libro negro del comunismo (1) ha sido inversa a la que, no casualmente, recibió la documentada y monumental Historia criminal del cristianismo (2) que un investigador alemán ha escrito, durante los últimos años, en 10 tomos y que ha provocado una cruzada contra él. La comparación está dirigida a llamar la atención sobre el texto que aquí comentamos, porque lo que se nos presenta como un elaborado producto de indagación científica e impecable hechura democrática, bien mirado parece, a la luz de aquella otra "historia criminal" tan extendida como desconocida, un exorcismo de la Santa Inquisición. Ahora frente a la revolución socialista y la emancipación humana que se yergue en el presente contra las cadenas del capitalismo. Blanqueo del fascismo… y de la democracia Estamos en presencia de una colosal impostura, producto de un conjunto de sicofantes que posan de historiadores, muchos de los cuales sirvieron en el pasado al stalinismo y que hoy han encontrado mejor paga bajo el credo del neoliberalismo. El texto es un cínico panegírico sobre las virtudes del capitalismo y su civilizado respeto por las normas morales y el derecho. Carroña maccartista, bajo forma de mamotreto, dirigida a ocultar, desde sus orígenes, todo el proceso histórico que ha transformado a la democracia occidental en el más sutil y perfeccionado sistema de opresión social jamás conocido antes, responsable de los mayores crímenes y genocidios contemporáneos, incluidos por supuesto los que se imputan en la cuenta del comunismo (bien dicho, de la burocracia totalitaria que usurpó su nombre). En el texto de marras, el comunismo, tras cuyas banderas desde el alzamiento de Babeuf bajo la gran revolución francesa se han elevado todas las grandes gestas populares contra la explotación moderna, es presentado como la mayor monstruosidad: en nombre del comunismo, sólo durante este siglo, se habrían cometido atropellos y atrocidades, una "esclavitud" y "violencias" que "parece(n) haber superado al respecto a los siglos anteriores" (3). El fascismo, por supuesto, queda muy por detrás, sus víctimas son minimizadas y reducidas a un cuarto de las que habría provocado el comunismo (100 millones contra 25 millones, según el compilador de la obra, Stèphane Courtois). El libro negro sugiere, incluso, que el fascismo elípticamente sería un subproducto del comunismo, porque éste "existió antes que el fascismo y el nazismo, y los sobrevivió" (4). ¡La violencia detrás de la cual las naciones más democráticas ¡imperialistas! dieron origen al fascismo, ejercen su dominio mundial con los ejércitos mejor pertrechados, sojuzgan a la humanidad entera, violan la soberanía y la democracia sobre cuatro quintas partes del planeta y que sólo en la hoguera de Hiroshima y Nagasaki, en cuestión de minutos, provocaron una matanza como no se vio siquiera bajo las hogueras de la Inquisición, esta violencia no existe! ¡Las supuestas matanzas de los comunistas sirven para blanquear todo, incluso las de aquella magna institución medieval, cuya misión, ¡claro!, habría sido "mucho menos abominable" (5). Buen comienzo: ¡he aquí la basa de estos demócratas! ¡Los genocidios que pavimentaron el ascenso de la sociedad capitalista, que la Inquisición practicó durante siglos, que diezmaron la población de Europa y América Latina como ningún otro genocidio y que constituyeron la noche más larga y terrible de la historia humana según opinión unánime de cualquier fuente científica, esos genocidios que hasta el Vaticano ahora reexaminaría, los demócratas ya los han blanqueado en nombre del horror comunista! Tras el ataque al "proyecto marxista de reunificación de la humanidad", cuya "dimensión mesiánica" (6) supuestamente se nos viene a descubrir, los historiadores-Mesías del capitalismo han rezumado las peores lacras de éste, en un nuevo afán por ocultar las bases científicas y humanas del marxismo, del socialismo revolucionario, del comunismo. La democracia fue responsable y encubridora del totalitarismo burocrático La acusación contra el comunismo a secas se formula amalgamando sin ninguna precisión a líderes, ideologías y regímenes, unos que defendieron los ideales comunistas y otros que los usurparon y enlodaron. Los choques, rupturas y enfrentamientos que explican cómo nacieron y evolucionaron y qué transformaciones sufrieron esos regímenes o sus jefes, por qué unos terminaron como verdugos y restauracionistas del capitalismo y otros como sus víctimas defendiendo el programa de una humanidad libre de ataduras de clase y de toda opresión no existen. Sobre todo esto, no hay mención o se lo presenta como un ajuste de cuentas entre diferentes grupos "criminales". A excepción de un capítulo del trabajo de Werth, el historiador que se ocupa de la ex-Unión Soviética, en el libro brilla por su ausencia la lucha de las masas, de las clases, de los programas que son sometidos a la acción histórica. El texto es una construción al estilo de los maniqueos, la secta persa que, en el siglo III de nuestra era, fundó la concepción que decía que la historia estaba guiada por los principios del bien (dios) y del mal (el diablo) (7). El libro negro es una monumental abstracción atemporal sobre la violencia (en el acotado espacio de los países donde el capital fue expropiado), en diferentes momentos y circunstancias bajo los últimos 80 años, sin importar quiénes son las víctimas, qué posición ocupaban, qué fin se perseguía ni las condiciones concretas que determinaron esa violencia. Detrás de la condena moral genérica se escamotean todos los problemas que importan. Los historiadores que manipulan a piaccere hechos, cifras y muertos, se muestran dicen "sorprendidos", sin embargo, por la supuesta falta de reacción que habría existido hasta el presente por esos crímenes. Lo que debiera sorprender, sin embargo, es la ceguera que lleva a ignorar que el imperialismo, por un lado, acompañó en sus propias ciudadelas y en la periferia del capitalismo, la labor contrarrevolucionaria del totalitarismo burocrático y que, por el otro, y más importante aún, fue también su principal responsable. Mientras la gerontocracia china se esmeraba en acordonar, primero, y en aplastar, después, la revolución política antiburocrática (la "revolución cultural"), en Indonesia el imperialismo, para evitar cualquier contagio revolucionario que extendiera la ola china, armaba allí el golpe que llevó al poder a Suharto, el más sangriento de toda la década del 60 en el mundo occidental y oriental, cristiano, musulmán y judaico, bajo su entero dominio. De manera parecida sucedió en 1953 en Berlín oriental, cuando en la zona occidental-capitalista era aplastada una gran huelga metalúrgica. Esta fue la norma con cada uno de los grandes levantamientos antiburocráticos, en Polonia, Hungría, Checoslovaquia… ¡La apertura de los archivos secretos en toda Europa del Este ha permitido descubrir que el aplastamiento de la Primavera de Praga, como las otras, fueron todas concertadas por las fuerzas del ex-Pacto de Varsovia con los estados mayores de la Otan! La ceguera de gente de esta calaña va siempre de la mano de la inmoralidad política. El thermidor burocrático y la represión totalitaria se dieron en el cuadro del cerco imperialista, de la explotación que la burguesía a nivel mundial hizo de las contradicciones de esos diferentes regímenes, para domesticarlos, someterlos y destruirlos; de las enormes presiones que ejerció para afirmar las tendencias restauracionistas y desmoralizar siempre, en cambio, la tendencia a la revolución política antiburocrática. Cuando ocurrieron los peores crímenes del stalinismo, los únicos que salieron a denunciarlos fueron los verdaderos comunistas ¡el leninismo-trotskismo!; el imperialismo calló, los tapó igual que el stalinismo y hasta evitó que las masas de occidente pudieran manifestarse contra ellos sólo los explotó de la forma más pérfida cuando las circunstancias se lo permitieron. Todo esto El libro negro evita cuidadosamente decirlo. Está ausente el análisis más elemental y concreto de los fines de los "crímenes y matanzas" que se imputan al comunismo, la indagación sobre la cadena de responsabilidades políticas y su finalidad histórica (8). No hay un solo crimen descubierto que no haya sido motivo, mucho antes, cuando ocurrió en la mayoría de los casos de una denuncia por parte del trotskismo. Lo que el fraudulento libro negro… viene a tapar Calumniare audacter, semper aliquid haeret (no seas timido en calumniar, siempre queda algo), decían bajo la Santa Inquisición, lo mismo decía Goebbels… lo mismo hacen estos supuestos demócratas. Marx ya explicó hace mucho tiempo que la violencia es inherente a toda sociedad fundada en la desigualdad social. Lógicamente, la democracia no puede ser la excepción, aunque los autores de El libro negro la hagan desaparecer mágicamente. Siglos de genocidios que pavimentaron la democracia capitalista no pueden ser borrados para eregir en su lugar una vulgar patraña. El blanqueo del pasado capitalista y el ocultamiento de su colaboración con el totalitarismo burocrático cumplen una función acuciante frente al presente. Aunque El libro negro exhiba a la democracia occidental con sus principios morales y su Estado de derecho como la estación terminal del desarrollo humano y un paraíso sin igual, este señuelo es precisamente el que se está viniendo abajo. El postrer servicio que El libro negro pretende prestarle acompaña muy tardíamente el ya retrasado remozamiento neoliberal de fines de la década anterior. En forma infinitamente más acelerada que en el pasado, el régimen democratizante se está demostrando un remedo inservible e incapaz de dar satisfacción a los reclamos del 90% de la humanidad, ante la aguda descomposición y putrefacción del capitalismo actual y tras el derrumbe del socialismo real y de la coexistencia pacífica entre los regímenes burocráticos y el imperialismo. La estabilización que mediante esa coexistencia se había alcanzado después de las dos grandes carnicerías imperialistas de este siglo está derrumbada y los recursos de la democracia no bastan ya para hacer frente a esta crisis mayúscula. La humanidad está nuevamente frente al fantasma del comunismo verdadero, que la burguesía y el imperialismo aprecian como la hierba mala que inevitablemente reverdecerá de la catástrofe capitalista en curso. De ahí el esmero en la confusión y el oscurantismo democrático puesto en marcha en la obra de El libro negro. Ya en la época de ascenso del capitalismo, y especialmente bajo su esplendor liberal, la democracia burguesa afirmó sus reales desatando las mayores guerras civiles. Por ejemplo, en el curso de unos pocos años, a mediados del siglo pasado, Gran Bretaña, la potencia capitalista hegemónica durante casi todo ese siglo y primera democracia de Occidente, para colonizar la China, desató las guerras del opio, que poco tiempo después en China suscitaron "la guerra civil más sangrienta de todos los tiempos en números absolutos": "no menos de cincuenta millones de muertos sobre una población que hacia 1850 se calcula en poco más de cuatrocientos" millones (9). La democracia capitalista, al mismo tiempo que desarrolló el militarismo y la violencia más brutales aquí sí, como ninguna otra sociedad en el pasado, dialécticamente, aparece bajo una cobertura de igualdad formal que es necesario desenmascarar para descubrir tras el velo de la democracia la sociedad más agudamente dividida y violenta. En la época en que la humanidad ha alcanzado, por el extraordinario desenvolvimiento de las fuerzas productivas, la estatura para emanciparse de toda forma de dominación, es decir, de toda explotación, esa democracia, sin embargo, exhibe más profusamente sus rasgos reaccionarios. Al pretender endosarle a su enterrador histórico, el comunismo, el calvario que acarrea a la humanidad su intento por perpetuarse vivo bajo sus días seniles, el capital ilustra aquí la pérdida de todos sus rasgos revolucionarios originales. Los "crímenes y matanzas" que El libro negro adjudica al comunismo son imputables en el 99% de los casos a la cuenta del capital, esto es, a las crisis y situaciones revolucionarias que cercó, estranguló y desangró. Aunque El libro negro se cubra de cordero democrático, los pelos del lobo del fascismo y del oscurantismo inquisitorial brotan por todas partes. Blanqueo de las mafias burocráticas reconvertidas al capitalismo Pretendiendo haber descubierto la pólvora, resulta ser que, en ningún plano, El libro negro puede elevarse por encima de la época del arco y la flecha. Entre el blanqueo de la Inquisición y el fascismo, salta a la vista que el reclamo de "un nuevo Nüremberg", ahora para el comunismo, es un saludo a la bandera. Nüremberg hizo la vista gorda a los pactos de Munich, que abrieron paso a la ocupación nazi de Europa central, a los crímenes de las democracias, del fascismo y del stalinismo y permitió la reconstrucción capitalista y del militarismo europeo y el reciclaje de las burguesías imperialistas alemana, japonesa e italiana que habían colaborado enteramente con el fascismo; a cambio de esta pavadita, se sancionó a un grupo menor de nazis, usados como chivos expiatorios (el imperialismo yanki, especialmente, antes claro se apropió de sus principales cerebros). El historiador polaco, que en la obra se ocupa del escenario de Europa central, no parece coincidir siquiera con el reclamo del nuevo Nüremberg que propone Courtois. A casi 10 años de la caída del Muro, en vez de un balance del proceso de la conformación de los gobiernos restauracionistas llevado a cabo sobre la base del viejo personal burocrático, el autor hace una apología de "las democracias nacientes de la Europa central y del sureste, tras el derrumbamiento de los regímenes comunistas" (10). No puede evitar hacer una consideración sobre la magnanimidad habida con el pasado de terror y violencia, pero sucede dice que ¡"han querido evitar las purgas, que habrían recordado los antiguos procedimientos comunistas"! (11). ¡Qué bárbaro! El objetivo aquí también es escamotear las conclusiones que conducen a acusar al capitalismo mundial en esta monstruosa tarea de protección y reciclaje de los viejos aparatos totalitarios. Cuando le viene en ganas al historiador, el pasado bien vale no recordarlo; cuando es útil para tapar alguna fechoría presente de sus mandantes capitalistas, es explotado abusivamente, endosándole cualquier cosa. Véase esta observación sobre Yugoslavia: "la guerra que acaba de terminar habría sido la prolongación de las luchas fratricidas de los años que precedieron a la instauración del poder comunista y donde la memoria manipulada podría ser una de las causas del conflicto" (12). El despedazamiento de la vieja Yugoslavia emprendido por todas las potencias imperialistas que hicieron de las nuevas republiquetas y de los viejos burócratas peones suyos… de esto no se habla. La madre de todos los totalitarismos y de todas las violencias contemporáneos ha estado siempre en el régimen social capitalista. Los escribas a su servicio están incapacitados para descubrir el más mínimo rasguño contra la humanidad. Violencia, guerra civil, revolución El libro negro pontifica que la humanidad tendría una garantía para no caer en la violencia, evitando las guerras civiles y, sobre todo, el "comunismo leninista" que le habría dado al socialismo moderno, un sesgo contrario al ideario de Marx y Engels. El marxismo, según Courtois, habría perdido su faceta "humana" y "pacífica", que en tiempos de la revolución de octubre estaba encarnado en el líder de la socialdemocracia alemana, Carlos Kautsky. Courtois sigue los textos de éste, en su ataque a los bolcheviques, en 1918 y 1919, y va más lejos aún en la defensa del marxismo adocenado de Kautsky, inventando a un Marx que habría atacado a los comuneros de París por su intentona revolucionaria y que habría sido mal interpretado por una expresión (¡la dictadura del proletariado!) que utilizó "por casualidad en su correspondencia" (13). Nos presenta, finalmente, a un Lenin que por esta vía se habría transformado en el padre de todos los crímenes del comunismo, ya que el terror stalinista no habría sido más que la prosecusión del terror rojo practicado durante la guerra civil y que la GPU staliniana estaría en línea sucesoria con la Cheka que actuó entonces. Como se ve, la vieja cantinela de bolchevismo igual a stalinismo, que Trotsky respondió enérgicamente durante todos sus últimos años; del mismo modo que, él mismo y Lenin lo habían hecho antes con las patrañas de Kautsky durante la guerra civil. Nos pretenden vender el viejo buzón de una humanidad vacunada contra toda violencia y que podría evitar el drama de las guerras civiles si ciñe su acción a las normas de la moral y el derecho y no recurre a la acción revolucionaria. ¿Puede pretenderse que las masas conducidas a la desesperación por la sociedad capitalista, enfrentadas al drama del hambre y de la resistencia armada de los explotadores más poderosos de todos los tiempos, sigan estos consejos a la hora de defender sus derechos? Si así lo hicieran estarían firmando por anticipado su acta de defunción. Cuando triunfó la Revolución de Octubre, en forma virtualmente pacífica como vimos lo ilustró Werth, el viejo régimen desplazado con el apoyo de toda la furia del capitalismo mundial, desató una sangrienta guerra civil. Para estos menesteres no dudó en recurrir al terror, a la organización de progroms, a la movilización de todos los prejuicios más reaccionarios: el mismo Werth ilustra esto magistralmente (14) (aunque omite indicar la intervención extranjera). Esto mismo ocurrió toda vez que las masas iniciaron alguna acción histórica. La violencia que las masas y sus organizaciones en estas circunstancias ejercen no sólo es legítima, es una cuestión de vida o muerte en su defensa. Courtois nos predica un pacifismo vacuo y contrarrevolucionario. Si en estas circunstancias un socialista o un anarquista sigue los consejos de Kautsky-Courtois, hace causa común con la burguesía que predica las libertades democráticas (las que niega, todas, bajo los regímenes dictatoriales, y las más importantes, bajo la democracia; pero que en estas circunstancias explota, demagógicamente, mientras fomenta el ataque armado contra las conquistas de las masas) y se estaría sumando a la tarea de destruir la dictadura proletaria que se ejerce sobre las minorías explotadoras desplazadas. En síntesis, estaría actuando como un canalla. Courtois nos dice que el leninismo golpeó a los partidos socialistas y al anarquismo, lo que así formulado es una monumental falsedad. La inmensa mayoría de los obreros que los seguían y muchos de sus militantes se sumaron durante la guerra civil al campo bolchevique Trotsky ilustra en su Terrorismo y Comunismo sobre el caso de un anarquista que, en una primera etapa de la revolución, sigue engañado a su partido y fue opositor al régimen, que luego se transformó en uno de los principales jefes del Ejército Rojo. Fue cuando esos partidos adoptaron la postura que señalamos que fueron ilegalizados, después de haber perdido masivamente a los trabajadores y al haberse transformado, en medio de la guerra civil, en agentes de la contrarrevolución, llevando in extenso e in extremis la política chauvinista que habían desarrollado entre febrero y octubre (que provocó finalmente que los obreros les dieran la espalda). El mismo Werth también ilustra cuál fue el origen de la Cheka bolchevique, una comisión para garantizar los suministros para el Ejército Rojo, es decir para sostener la alimentación de la flor y nata del proletariado que se encontraba combatiendo contra la contrarrevolución, en un país donde el sabotaje de los capitalistas había desorganizado completamente la producción y los abastecimientos más elementales. ¿Qué tiene que ver esto con el terror staliniano? El libro negro hace una vieja y tramposa amalgama de moral y derecho contra la historia viva, real y concreta de la lucha de clases. Se trata de confundir las acciones imprescindibles de autodefensa de los grandes procesos revolucionarios con la faena de sus verdugos. Desde la Comuna de París de 1871 y la gran revolución de Octubre de 1917, los socialistas-comunistas con Marx y Engels a la cabeza, en un caso, y Lenin y Trotsky, en el otro salieron siempre en defensa de la acción de las masas contra el interesado argumento de los demócratas sobre la supuesta violación de los derechos humanos por la revolución. Cuando tienen que actuar en ésta, arman sus ejércitos, sus progroms, su terror para aplastar a las masas. Una vez que aplastan la revolución, los demócratas quieren dar sus clases de moral. Nada más cínico. La moral y el derecho son funciones ideológicas de la lucha de clases, ambos tienen su origen en la violencia de esta sociedad: la clase que impone su dominación impone sus fines al resto y "acostumbra a considerar como inmorales los medios que contradicen sus fines" (15). El libro negro esgrime una supuesta defensa de los métodos democráticos contra los dictatoriales, de la democracia pura contra la revolución. Se trata de un viejo refrito contrarrevolucionario: el ocultamiento de las fuerzas sociales que llevan inevitablemente a los levantamientos revolucionarios y, sobre todo, a la negación de la dinámica de la guerra civil, a la encarnizada lucha de clases que se expresa más desembozadamente que nunca en las guerras y revoluciones contemporáneas. Es la negación de la experiencia histórica del presente y aun del pasado. ¡Como si la democracia capitalista no se hubiera conquistado por medios revolucionarios! Históricamente, la democracia fue el fruto de la acción dictatorial de la burguesía revolucionaria frente a sus enemigos feudales: la nobleza, las monarquías, el clero. La revolución inglesa y francesa no habrían sobrevivido sin la dictadura de Cromwell y Robespierre, la emancipación norteamericana y el triunfo del norte contra el sur esclavista, en la Guerra de Secesión, no hubieran tenido lugar sin los métodos revolucionarios de Washington y Lincoln. Todo El libro negro es un alegato contra las revoluciones y contra la necesidad de comprender su dinámica, la disposición de las fuerzas sociales en ellas y de ocultamiento de los verdaderos campos en pugna. La vieja cantinela de Lenin y Trotsky igual a Stalin. El Termidor soviético originado en octubre del 17, el terror rojo igual al terror stalinista, y de aquí en más todo en la misma sintonía: la liberación partisana contra el fascismo bajo la bandera del comunismo igual que su estrangulamiento posterior por los partidos stalinistas; la lucha de las masas españolas contra el franquismo igual que su desmoralización desde el campo republicano-stalinista-anarquista; la lucha emancipadora contra el imperialismo japonés en China y la puesta en pie del Estado Obrero contra las directivas de Moscú, igual que el aplastamiento de los trotskistas por el maoísmo. El libro negro calumnia a las víctimas del terror stalinista, con lo cual se coloca objetivamente en el campo de los verdugos. Mucho antes que esta historia de crímenes y matanzas viniera a ser descubierta por estos eruditos, Trotsky ya había denunciado al stalinismo como producto de la presión del imperialismo sobre un Estado Obrero atrasado y aislado, "un complemento simétrico del fascismo". De ahí que "el filisteo demócrata y el burócrata stalinista decía son, si no gemelos, por lo menos hermanos espirituales. Políticamente, pertenecen en todo caso al mismo campo" (16), enlodando a las víctimas de la revolución como a sus victimarios. No es casual que el combate político del trotskismo contra el stalinismo brille por su ausencia en El libro negro. Al ocultar esto se finge originalidad en el descubrimiento y se da rienda suelta al macaneo y a todo tipo de adulteraciones. El leninismo aparece entonces como un agente que ocultó largamente su carácter criminal para hacer, una vez en el poder, su fechoría. No como lo que fue: la expresión más alta de la conciencia humana en medio de una de las gestas emancipadoras más importantes de este siglo, de la lucha contra la guerra y el militarismo; la encarnación más profunda de las aspiraciones de las masas en el cuadro de la pavorosa descomposición y carnicería imperialistas (que acompañaron todos los partidos de la IIª Internacional). Qué duda puede haber que el terror rojo, la eliminación del sufragio universal, la existencia de víctimas inocentes, en medio de la guerra civil, resultó de la necesidad de enfrentar a la contrarrevolución: fueron medidas dictadas en defensa de las grandes banderas emancipadoras que llevaron a la revolución. Presentar lo primero como el programa del bolchevismo y el comunismo, e ignorar lo otro es decir, el verdadero programa es propio de la peor canallada. La revolución no se puede enfrentar con normas morales. No se puede engañar a las masas: "la guerra civil es la más cruel de las guerras". Quienes condenan a priori toda violencia niegan en lo fundamental que "la revolución misma es producto de una sociedad dividida en clases y de ello lleva necesariamente impresas las huellas. Desde el punto de vista de las verdades eternas, la revolución es naturalmente inmoral. Pero eso sólo significa que la moral idealista es contrarrevolucionaria, es decir, se halla al servicio de los explotadores" (17). Courtois, posando de demócrata, condena por esto al líder de los sans-culottes Robespierre por la matanza de La Vendée, en 1793, dirigida bajo su dictadura durante la gran revolución francesa. Es que la matanza de La Vendeé habría sentado el precedente para la acción del primer y gran "sanguinario" de este siglo Lenin cuya "matriz" después se imitaría por doquier. En La Vendée, como sucedió más tarde en otras revoluciones, un sector de las masas campesinas fue utilizado por la nobleza contrarrevolucionaria. Como resultado de esto, la revolución produjo una gran represión, con víctimas inocentes. Courtois, por supuesto, la impugna. Jean Jaurès, el socialista francés y gran estudioso de la revolución que impregnó su Historia (18) del espíritu con que identificó al socialismo con la democracia Courtois, no casualmente, recurre también a Jaurès en defensa de su humanismo (19) reconoce, sin embargo, el carácter necesario e inevitable de esa represión ejecutada por los patriotas para salvar a la revolución de los peligros que la acechaban. Curiosamente, que sepamos, ningún crítico de El libro negro ha llamado la atención acerca de que otro Courtois (20), bajo el thermidor de esa gran revolución, fue el encargado por el Comité de los Doce que juzgó a Robespierre de presentar las pruebas que lo condujeron a la guillotina. Notas: 1. Stèphane Courtois, Nicolas Werth y otros, Ed. Planeta-Espasa, España, 1998. 2. Karlheinz Deschner, Ed. Martinez Roca, 1995/8. 3. El libro negro… ed. cit., prefacio de Stèphane Courtois, pág. 15. 4. Id.ant. 5. El libro negro… ed. cit., postfacio de Stèphane Courtois, pág. 843. 6. Id.ant., pág. 836. 7. Casi como en un lapsus, sin embargo, en ese capítulo señalado, Nicolás Werth desmantela, sin darse cuenta por supuesto, todo esto. Informa así, por ejemplo, sobre la popularidad que van alcanzando los bolcheviques y el escenario de la inmensa revolución en marcha en el curso de 1917. Casi exagerando, diríamos, nos revela cómo triunfa en sus inicios el Octubre rojo: "raros enfrentamientos", "un número de víctimas insignificantes", "un golpe de Estado esperado, cuidadosamente preparado y perpetrado sin oposición" (pág. 66). 8. Es interesante llamar la atención sobre la manipulación ideológica que históricamente ha hecho el capital de los más diversos regímenes sociales, de acuerdo con sus necesidades. Así como hoy la tendencia dominante es a vestirse con el ropaje de la democracia parlamentaria, cuando le fue necesario y para estos menesteres no faltó la colaboración de la burocracia stalinista, también ella explotó la popularidad de las banderas del socialismo y del comunismo. Toda una serie de burguesías nacionales se cubrieron con su manto, como ocurrió en China con Chiang Kai-shek; en América Latina, primero con Haya de la Torre y 40 años después con Perón; en Egipto con Nasser, etc. ¡Si hasta lo hizo Hitler, explotando la cobardía y la traición de los partidos socialdemócrata y comunista (stalinista)! La burocracia staliniana no ha hecho más que perfeccionar las mañas que otros poderosos han utilizado en otros momentos de la historia, lo que comenzó cuando la burocracia de los conventos y abadías se apropió del mensaje de Cristo. 9. A. Escohotado, Historia de las drogas, Tº 2, Alianza. 10. El Libro Negro… ed.cit., pág. 502, cap. de A. Paczkowski y K. Bartosek. 11. Id.ant. 12. Id.ant., pág. 503. 13. Id.ant., pág.828. 14. En el curso de varias páginas, Werth ilustra, por ejemplo, sobre las consignas antisemitas y a favor del zar que impulsan las movilizaciones campesinas antibolcheviques, instigadas por los ejércitos blancos. 15. Trotsky, Su moral y la nuestra, Ed. Amerindia, 1959. 16. Idem ant. 17. Idem ant. 18. Historia socialista de la Revolución Francesa, en 8 tomos, Ed. Poseidón, 1946. 19. Courtois cita deliberadamente una crítica de Trotsky a Jaurès, en defensa de la concepción de Kautsky, con cuyo socialismo identifica también al líder francés. Courtois olvida, sin embargo, que Juarès fue uno de los más grandes críticos del militarismo moderno. 20. E. B. Courtois, citado en Robespierre, el primer revolucionario, David P. Jordan, Vergara, 1985.

1 de diciembre de 1998
Cómo un reaccionario escribe un libro de historia

La manipulación de cifras de El libro negro del comunismo es constante y está mal disimulada. El extremo de esta manipulación se encuentra en el capítulo dedicado a China, país donde se llega a la terrible suma de 73 millones de muertos "que hay que cargar en la cuenta del régimen". Sin embargo, se empieza reconociendo "la ausencia de cualquier tipo de contabilidad mínimamente fiable" al respecto, lo cual no impide que estos contabilizadores empíricos sigan adelante. Por eso Stèphane Courtois, en la introducción del libro, reduce por su cuenta la contabilidad cadavérica en apenas 12 millones de muertos, para alcanzar un total de 65 millones. De todos modos, se admite que "las estimaciones serias llegan a citar de 6 a 10 millones de víctimas directas" (1). Pero aún siendo tan serias las estimaciones, nuestros autores nunca citan ninguna fuente de referencia o información. ¿Dónde leyeron entonces esas cifras y por qué no aparece ninguna referencia como nota al pie? Oscuridad absoluta. De los contrarrevolucionarios encarcelados "tal vez" 20 millones murieron en la cárcel: la estimación seria remite ahora tal vez al estado de éxtasis del historiador. Finalmente se deben agregar entre 20 y 43 millones de muertos en la hambruna de 1959-1961, producto de la irracional política del "gran salto adelante" preconizada por Mao en esos años. La cifra de 20 millones "sería" la cifra cuasi oficial que circula en China desde 1988, la de 43 millones la citan los autores de El libro negro del comunismo en base a un autor inglés, Jason Becker. Pero esa cifra es superior a la mortalidad total en China en esos 3 años, que arrojaría, según un cruce de datos oficiales con los del mismo libro negro, la cifra de 36 millones de chinos (9 millones en 1959, 18 millones en 1960 y 10 millones en 1961). Entonces, si deducimos de esa cifra la mortalidad media en la década, que rondaba el 1% de la población (6 millones por año), obtenemos cerca de 18 millones de muertos por las condiciones excepcionales de crisis económica. Quiere decir, en resumen, que de los 73 millones de víctimas del régimen comunista chino, como estimaciones serias no podemos contabilizar más que 30 millones, de los cuales 18 van a cuenta del hambre de 1959-1961, tal vez de 10 a 12 millones de contrarrevolucionarios muertos en la cárcel y quizás 5 millones de muertos directos en la guerra civil antes de la toma del poder. Pero estos 5 millones se contabilizan en una larga guerra civil que sufrió China desde 1927 hasta 1949, luchando contra japoneses y nacionalistas chinos. De ellos, ¿qué porcentaje es responsabilidad del ejército comunista? Según los autores, la totalidad, por haber cometido el pecado de iniciar una guerra civil. Lo mismo plantean en Corea, en ocasión de la guerra que dividió definitivamente al Norte comunista del Sur capitalista. Como la que inició el ataque fue Corea del Norte, los muertos "deben ser cargados en la cuenta del comunismo" (2), aunque los autores no se interrogan acerca del hecho de que el 90% de las víctimas sea norcoreana o china. Vemos entonces que las estimaciones serias de estos historiadores mentirosos no es otra cosa que la manipulación de cifras con el único objetivo de acumular cadáveres en la cuenta de las revoluciones obreras, cuando en realidad es la misma cantidad la que debiera ser puesta en la responsabilidad de las agresiones militares y económicas imperialistas. Otra manera de atacar al comunismo consiste en embellecer los regímenes capitalistas previos a la revolución. El caso más patético, quizás, es el de Cuba. "Con Batista en el poder, Cuba experimentó un evidente despegue económico" y "ocupaba el tercer lugar entre los veinte países latinoamericanos en cuanto al producto nacional bruto por habitante" (3). Además Batista había promulgado en 1940 una constitución liberal y hasta era apoyado por el stalinismo (Partido Socialista Popular). ¡Qué maravilla! Sólo la obstinación de cuatro estudiantes locos podía oponerse a semejante paraíso. Pero la verdad es que Cuba fue durante todo el siglo uno de los países más pobres de América. Si se toma el "producto nacional bruto por habitante", Kuwait o Brunei también pueden figurar entre los primeros países del mundo en el marco de un aumento en el precio internacional del petróleo. Eso no impide que sigan siendo parte del mundo subdesarrollado. La sinrazón de la maldad Aunque el libro se dedica a analizar el terror comunista en cada país del mundo, ningún proceso es analizado como una lucha de clases. No hay grupos sociales con intereses particulares, no hay corrientes ideológicas. Todo son grupos con avidez de poder que matan a quien se le oponga. Como ejemplo se puede ver la descripción de los procesos en China, Corea, Vietnam, Camboya. En la Revolución Cultural china, por ejemplo, todo el proceso es caricaturizado como grupos de guardias rojos y estudiantes tratando de desbancar al burócrata de turno para encumbrarse ellos, en nombre del apoyo a Mao. No hay consignas, no hay reivindicaciones, no hay clases sociales. La ilación de los sucesos no es algo que le preocupe a este historiador, sólo existen la maldad comunista y sus víctimas. Las revoluciones son golpes de estado, nos dicen, es decir golpes audaces de pequeñas camarillas, que actúan cobijadas por un estado previo de caos (como en el caso de Rusia) o por un estado de caos deliberadamente provocado por esas camarillas (Vietnam, Corea, Cuba, etc.). Pero nada más lejos de la verdad: el sueño de Auguste Blanqui, que consistía en que una minoría conspirara para tomar el poder y luego adoctrinara a las masas, fue sólo eso, un sueño. Las revoluciones (y finalmente la toma del poder) son convulsiones que afectan a millones de personas. El hecho de que el capitalismo y sus partidos burgueses no puedan presentar una salida coherente a sus crisis económicas y sociales es ya un indicio de que las revoluciones obreras no son golpes de estado sino productos necesarios de la descomposición social. Hasta tal punto es así que reiteradas veces la burguesía abandonó literalmente el poder en manos del proletariado, como sucedió en la Comuna de París de 1871, o en la revolución húngara de 1919. No hay ninguna audacia en tomar un poder que se deshace, la única audacia consiste en tener un programa de gobierno y una perspectiva de sociedad que supera al podrido capitalismo y su cara más bondadosa, la democracia. Esto entronca con el declarado propósito de los autores de no dedicarse a la historia política, sino a la impugnación moral, más allá de las motivaciones políticas de los actores sociales. Pero la moral no está reñida con la política sino que está determinada por ésta. Las grandes conmociones de la historia, las grandes revoluciones de los siglos XIX y XX, no pueden ser empequeñecidas por el rasero de la moral de las burguesas mientras toman el té. La burguesía y sus historiadores deberían recordar simplemente que este sistema económico tiene su origen en la piratería, en el robo y en el sometimiento de pueblos enteros, y además que la democracia que ellos (y sólo ellos) disfrutan no surgió de la galante invitación de gentilhombres a los monarcas para que abdiquen su trono sino de revoluciones dirigidas por gente ruda y dispuesta a cualquier sacrificio moral con tal de conformar la sociedad libre que su clase buscaba. ¿Qué sería de estos petimetres sin Cromwell, sin Robespierre, sin Washington? ¿Qué sería de América Latina sin San Martín y Bolívar? Otra característica graciosa del libro es que nadie conspira contra los regímenes comunistas, todas son víctimas inocentes. No hay actividad del imperialismo, no hay ejércitos de ocupación. Si los gobiernos soviéticos o revolucionarios actuaran en un mar de paz y tranquilidad, entonces quizás les daríamos la razón. Pero la realidad es que la violencia que el capitalismo descerraja contra los regímenes obreros es tan brutal, tan acerba, tan salvaje, que el terror rojo que estas revoluciones tienen que desarrollar es una imposición del mismo imperialismo. Así las cosas, las descripciones de estos burgueses de mala fe resultan paródicas e ininteligibles. Por ejemplo, en el caso de la revolución húngara de 1919, se detienen en algunos crímenes de Szamuelly, ministro de Guerra, reprimiendo una sublevación campesina contra el gobierno. Pero no dicen que cuando cayó el gobierno soviético, entre los rumanos, los italianos y las bandas fascistas mataron 300.000 obreros (todo aquél que encontraran con un arma era fusilado). Esta violencia es totalmente obviada. ¿Qué debía hacer el gobierno soviético húngaro? ¿Respetar las reglas del protocolo diplomático y solicitar a los campesinos que por favor no se levantaran en armas? ¿O intentar por todos los medios, incluso los más violentos, evitar esa segura matanza posterior? Esto nos lleva también a lo que irónicamente podríamos llamar la guerra de los cadáveres. Se compara si Stalin mató más millones de personas que Hitler, como si esto por sí mismo pudiera determinar una opinión sobre Stalin. ¿Pero por qué no se informa, en el capítulo sobre Vietnam, que mientras murieron 25.000 soldados norteamericanos, fueron eliminados 4.000.000 de vietnamitas? Aquí mismo, en Argentina, mientras Famus habla de los 2.500 muertos por la subversión, el terrorismo de Estado debe rendir cuenta por 30.000 desaparecidos y asesinados. El canon de las Fosas Ardeatinas de Roma (100 fusilados por cada soldado alemán) parece ser una constante de los ejércitos capitalistas reprimiendo insurrecciones nacionales y sociales. Notas: 1. Stèphane Courtois, El libro negro del comunismo, pág. 516. 2. Idem, pág. 617. 3. Idem, pág. 725.

1 de diciembre de 1998
La Alianza y un comunista ilustre

Eric Hobsbawm, el conocido historiador y ex miembro del Partido Comunista británico (q.e.p.d.), fue galardonado como ciudadano ilustre por el gobierno capitalino y fue distinguido por la Cámara de Diputados, en su reciente visita a Buenos Aires. El ilustre dictó una serie de conferencias en el Teatro General San Martín y en el Colegio Nacional de Buenos Aires y obtuvo la atención periodística de numerosos medios de radio, televisión y prensa escrita. Claro que no se trata de un mero hecho académico sino que tanto homenaje tiene olor a operativo político: la aparición en escena de un arrepentido, erudito e ilustre, que ha sido descubierto por todo un sector de la intelligentsia. En su último libro, Hobsbawm se había propuesto escribir la historia de este siglo que aún no concluyó (1). El apuro de Hobsbawm, octogenario ya, por hacer terminar el siglo no se debe, sin embargo, a razones de edad, sino a su inquebrantable convicción de que la humanidad ha vivido un siglo corto iniciado en 1914 y finalizado en 1991. La filiación stalinista del supuesto es clara: el fallido golpe de agosto del 91 y la posterior desaparición de la URSS habrían provocado, no el fin de la Historia sino el fin del Siglo. Hobsbawm admite tomar el concepto de siglo corto de un tal Ivan Berend, antes presidente de la Academia de Ciencias de Hungría, ahora seguramente rezagado en la carrera por reconvertirse de burócrata a propietario. El proceso de restauración del capitalismo no deja de ser, con todo, ciertamente traumático para la burocracia… Así, hay quienes como Viktor Chernomyrdin han rapiñado monopolios del gas, y otros, menos afortunados (como Mikhail Gorbachov), que se dedican a subsistir filmando comerciales para la filial rusa de Mc Donalds. Quienes estén familiarizados con su extensa obra, habrán podido notar que cuanto más se acercaba Hobsbawm al análisis contemporáneo, más evidentes se hacían sus falencias como historiador (2). Sin embargo, no es la novel incursión de Hobsbawm por la historia reciente, y su consiguiente falta de perspectiva histórica, lo que explica las enormes limitaciones de sus planteos. Por el contrario, serán las posiciones y la trayectoria política de Hobsbawm, desconocidas en estas pampas, las que las expliquen. Antaño comprometido con el movimiento comunista, Hobsbawm es hoy otro barco a la deriva de la auto-disuelta flota stalinista, y sólo busca una playa donde amarrar. La memoria progre (estafa para desprevenidos) Historiador de una enorme erudición, Hobsbawm escribe (tal como decía Engels sobre su polemista Dühring) de todas las cosas existentes y de algunas más también… Pero con tan sólo repasar algunos tópicos o hitos, tendremos una radiografía del historiador. Para Hobsbawm, la sociedad entera necesita a los historiadores porque "son los incordiadores profesionales de aquello que sus conciudadanos desean olvidar". En primer lugar, las clases dominantes no parecen tener ninguna intención de olvidarse del arte de la dominación de clase, aprendido con sangre y fuego durante siglos. En todo caso, la comprensión global que los trabajadores necesitamos en camino hacia la emancipación social, será misión del partido revolucionario (logrando convertirse en la memoria de la clase). En segundo lugar, veremos que si hay alguien que desea olvidar es justamente nuestro historiador. Hobsbawm ni siquiera se anima a refutar a Fukuyama, y en su retirada sólo se atreve a sostener que "la única generalización completamente certera acerca de la historia es que seguirá desarrollándose en tanto exista una raza humana". La decepción política le hace sostener una rara concepción acerca de la ligazón entre relaciones de producción y desarrollo de las fuerzas productivas, porque Hobsbawm prefiere resaltar que el último cuarto de siglo marcó el fin de ocho milenios de historia humana donde la abrumadora mayoría vivió del cultivo y el cuidado de su propio ganado, situación comparada con la cual "la historia de la confrontación entre capitalismo y socialismo (…) será considerada quizás de un interés histórico más limitado". Será quizás por las implicancias de este pensamiento que el Financial Times calificó su obra como "un libro brillante y estimulante". Apañando al movimiento comunista al cual pertenecía, Hobsbawm sostiene que "una de las ironías de este extraño siglo es el hecho de que el resultado más duradero de la Revolución de Octubre, cuyo objetivo era el derrocamiento global del capitalismo, fue la de salvar a su antagonista". Claro que para justificar históricamente el ascenso de la burocracia no hace falta cantarle loas a Stalin, alcanza con algo de sutileza: así, la derrotada revolución alemana no habría sido más que "una ilusión", por lo cual Hobsbawm no siente la necesidad de referirse a la sucia labor de la socialdemocracia, que ahogó la revolución bajo las banderas democráticas. Así, a nuestro ilustre historiador no le resta más que volcar sus prejuicios acerca del temperamento de las masas: "la mayoría de los soldados, marinos y obreros revolucionarios permanecían moderados y obedientes a la ley". Las preferencias políticas de Hobsbawm tampoco le permiten apreciar cómo el precio del aplastamiento de la revolución alemana no fue la anémica República de Weimar sino el mismísimo Tercer Reich. Luego, Hobsbawm plantea que "fue en 1920 que los bolcheviques cometieron lo que en retrospectiva parece un error grave, la división permanente del movimiento obrero internacional" ¿Cuál error? Ni más ni menos que la IIIª Internacional. Y esto a pesar de que él mismo señala que los primeros gobiernos de coalición, o enteramente socialdemócratas, surgieron en 1917/19; resaltando que "la moderación de tales partidos fue fundamentalmente una reacción ante el bolchevismo, como también lo fue la premura del viejo sistema político (sic) por integrarlos (a los socialdemócratas)". Hobsbawm rinde culto a la cohesión monolítica de los PC, comparándolos con las permanentes escisiones en las otras tendencias de la izquierda. Resulta curioso, porque él mismo participó de una purga de cuadros revolucionarios (la tendencia Militant) al interior del Labour Party británico. Hobsbawm apoyaba a la derecha laborista para quienes "un gobierno Thatcher era preferible a un gobierno laborista reformista", mientras atacaba a la izquierda por su "radicalismo miope y sectario" y aprobaba la idea de marchar hacia un pacto entre el laborismo y los liberales del SDP/Liberal. Precursor de una Alianza a la argentina, Hobsbawm aconsejaba al movimiento obrero emprender "la construcción del más amplio conjunto de alianzas contra el thatcherismo, lo cual implica, en primera instancia, posiblemente objetivos bastantes modestos". ¿Capitulará el ilustre aliancista también frente a los genocidas? Claro que sí, ya que el centroizquierdismo es congénitamente cobarde. Se explica así su planteamiento de que "Pinochet debe ser el problema de la justicia chilena". Simpatía por el demonio Hobsbawm critica la táctica stalinista del Tercer Período, pero querer presentar, contra todas las evidencias fácticas, al Frente Popular como la táctica contra el fascismo, difícilmente pueda llamarse historia"… Admite que no era únicamente el franquismo el que quería estrangular la revolución, puesto que "el gobierno español, y especialmente los comunistas … insistían que la revolución social no era su objetivo, e inclusive hicieron todo lo posible para controlarla y reprimirla". Pero Hobsbawm comparte esta política porque "lo interesante es que no era mero oportunismo o, como pensaban los puristas de la ultra-izquierda, traicionar la revolución. Reflejaba el rechazo deliberado de la vía insurreccional al poder, por una vía gradualista; el cambio de una vía confrontacional por una vía de negociación, más concretamente, una vía parlamentaria de llegar al poder". Manchar con sangre obrera las clásicas premisas del reformismo (desde Bernstein hasta el Kautsky senil) le parece "interesante" al profesor Hobsbawm… Empecinado en hallar en el terreno de la metafísica lo que no se anima a buscar en el ámbito de la lucha de clases, Hobsbawm sostendrá que "el pensamiento racionalista y humanista compartido por el capitalismo liberal y el comunismo hizo posible su breve pero decisiva alianza contra el fascismo". Naturalmente que Hobsbawm exigía la más estricta unidad nacional contra el nazismo, elogiando al violento anti-comunista Churchill por ser un "gran romántico". Cuesta creer que Hobsbawm no sepa que la burguesía británica no tenía intención de luchar contra el nazismo, de allí su política de apaciguamiento; y que el pacto de Munich (que él tanto demoniza) era un eslabón más en las difíciles negociaciones para fijar los límites del dominio nazi en la Europa central y oriental, sobre todo si Alemania finalmente se decidía a extender su "espacio vital" hacia la URSS. Pero no sólo ante la amenaza nazi es que Hobsbawm le capitula al nacionalismo (imperialista) británico. En 1982, apoyará a la Inglaterra democrática contra la Argentina fascista cuando, en épocas de Malvinas, Hobsbawm aconsejaba que "la izquierda debe empezar a pensar más concretamente… sobre la identidad nacional y los intereses nacionales", so pena de que el thatcherismo se apoderara de las banderas nacionales. La guerra en las Falklands le hacía recordar los buenos viejos tiempos de la Segunda Guerra Mundial, donde se había logrado "la victoria contra la reacción, tanto en el extranjero como en casa, la victoria laborista y la derrota de Churchill". En realidad, la reacción de posguera triunfó en Grecia aplastando a los partisanos griegos (los kapetanios de las EAM-ELAS), con la invalorable ayuda del imperialismo británico y, en cuanto al gobierno laborista de Clement Attle, rápidamente dio tranquilidades al gran capital… La revolución en el Tercer Mundo Hobsbawm aprueba la estrategia del stalinismo en el Tercer Mundo: para "los partidos alineados con Moscú, el capitalismo no era el enemigo, sino el pre-capitalismo, y los intereses locales y el imperialismo (yanqui) que lo apoyaban". Por esto, los satélites moscovitas repudiarán la lucha armada y trabajarán por un frente con la burguesía nacional. "Esta estrategia, que enfurecía a los que preferían el camino de las armas, a veces parecía imponerse, como en Brasil, Indonesia y Chile". Pero Hobsbawm no puede obviar que "quizás no por sorpresa fueron abortados por golpes militares seguidos del terror". Tampoco el historiador se atreve a ahondar sobre por qué no fueron sorpresas los desenlaces de las aventuras de los PC bajo los gobiernos de Goulart, Sukarno y Allende. Para peor, Hobsbawm se (nos) confunde, porque le adjudica al maoísmo una política distinta. En realidad, Indonesia 1965 significará para Mao el equivalente a la derrotada revolución china de 1925-27 para Stalin. En su defensa de la linea justa de la burocracia, tampoco se salva el foquismo, culpable básicamente porque "subestimaba el rol de los golpes militares izquierdistas, que parecían imposibles en Europa hasta que ocurrió en Portugal en 1974; pero que eran muy comunes en el mundo islámico y no eran para nada imprevisibles en América Latina". ¡¡Con el MFA, Nasser y Velasco Alvarado, al socialismo!! Adiós, camarada Hobsbawm Para nuestro ilustre arrepentido, "el mundo que se hiciera añicos a finales de los 80 era el mundo modelado por el impacto de la Revolución Rusa". La liberación social de los explotados ya no estaría, entonces, a la orden del día… Peor aún, "el debate que confrontaba al capitalismo y al socialismo como mutuamente excluyentes, como polos opuestos, será visto por las generaciones futuras como una reliquia de la Guerra Fría ideológica del Siglo XX". ¿De veras el dominio social de la burguesía y el dominio de la clase obrera, no son mutuamente excluyentes? La descomposición del stalinismo adquiere aquí su verdadero significado. Hobsbawm cree que "el fracaso del modelo soviético reaseguró a los seguidores del capitalismo en su convicción de que sin mercado ninguna economía puede funcionar; el fracaso del modelo ultra-liberal reaseguró a los socialistas en la creencia de que los asuntos humanos, incluyendo la economía, son demasiado importantes como para ser dejados en manos del mercado". El intelectual bienpensante quiere ganarse un lugar en el cielo criticando los excesos del capitalismo, pero nada más… Hobsbawm prefiere expresarlo en términos de modas intelectuales: "Marx vuelve (pero) no como alternativa de organización social". Está claro que, para Hobsbawm, el mercado es una política económica y no una relación social, y su progresismo se limita a reivindicar el intervencionismo estatal keynesiano contra el fundamentalismo de mercado; es decir, no sale nunca del dominio de la explotación capitalista. Generalizando el escenario político nacional, es como si Hobsbawm se limitara a un apoyo a los gobiernos aliancistas (Blair, Jospin, DAlema, etc.), en contra de los gobiernos menemistas (Kohl, Thatcher, etc.). ¡Tanta cháchara contra el neoliberalismo, y pensar que Hobsbawm bien sabe que fue en realidad el gobierno laborista de James Callaghan (1974-79), quien en primer término llevó adelante las políticas monetaristas thatcherianas de las cuales tanto se lamenta! ¿Qué impostura, no? En concreto: primero por la inmadurez de las condiciones; luego por el frente antifascista; o por la lucha contra el pre-capitalismo; o por la desaparición del proletariado; o por la lucha contra el neoliberalismo; es claro que para Hobsbawm nunca llega la hora de la independencia política de los trabajadores, convirtiéndonos así en víctimas, en el mejor de los casos, de los El o Ella de turno. Bien mirado el asunto, en realidad no llama tanto la atención el homenaje para alguien como Eric Hobsbawm sino que uno se pregunta asombrado… ¿cómo es que se demoraron tanto? Notas: 1. Age of Extremes – The short Twentieth Century 1914-1991, Londres. Hay traducción al castellano, titulada Historia del Siglo XX, por Editorial Crítica, Madrid. 2. Brillantemente señaladas por Osvaldo Coggiola, en su artículo sobre el anterior libro de Hobsbawm, "Naciones y nacionalismo desde 1780", En Defensa del Marxismo, Nº 3.

1 de diciembre de 1998
Sobre marxismo y la cuestión judía

1. "Para los discípulos de Marx y para la clase obrera", dijo una vez Rosa Luxemburgo (1), "una Cuestión Judía como tal no existe". La afirmación suena cínica, incluso como una acusación después de Shoa (2) y Auschwitz. Viniendo de una de las más nobles figuras judías revolucionarias en la temprana historia del movimiento socialista, puede tener, sin embargo, un significado ambivalente, contradictorio. Por un lado, manifiesta un verdadero descuido y/o debilidad de la tradición marxista en relación con la Cuestión Judía, incluyendo la debilidad de las peculiares posiciones planteadas por Luxemburgo sobre las minorías nacionales y la opresión nacional en general. Por otro lado, es absolutamente cierto que la Cuestión Judía, es decir la cuestión histórica de la constante persecución de los judíos bajo las más diversas formaciones económico-sociales y regímenes políticos a lo largo de la historia y el enigma de su supervivencia, no puede ser explicada abstraída y divorciada de la historia, estudiada "como tal", en forma suprahistórica. Si dejamos de lado las explicaciones teológicas (o demonológicas) que ven la tenaz supervivencia del pueblo judío como la voluntad de Dios (o del diablo), la única aproximación científica y metodológicamente correcta al problema es aquella ya adoptada por Marx en su temprana controversia con Bruno Bauer: "El pueblo judío se conservó y se desarrolló a través de la historia, en y con la historia", y no "a pesar de la historia" (3). 2. En primer lugar, es necesario hacer aquí un breve comentario preliminar sobre la polémica de Marx con Bauer respecto de la Cuestión Judía. Es considerada erróneamente como la prueba definitiva del fracaso de Marx y del marxismo para enfrentar el problema. Para los cuadrados stalinistas La cuestión judía de Marx es la última y eterna verdad arrojada sobre el tema. Desde el otro lado, este artículo del joven Marx es descripto como un libelo típicamente antisemita o como una "demostración del auto-desprecio judío" (4), ¡incluso como un "llamado al genocidio"! (5). Enzo Traverso presentó una estimación bastante diferente y mucho más balanceada, situando la controversia, como un todo, en su contexto histórico-cultural en la Alemania en la década de 1840, así como en su lugar en el desarrollo del pensamiento de Marx, ejecutando un sobrepasaje del sistema hegeliano y abriendo el nuevo horizonte del materialismo dialéctico-histórico (6). En un espíritu similar se encuentra la presentación del tema hecha por la docente brasileña Arlene E. Clemesha (7). La controversia entre Marx y Bauer (8) era parte de las intensas discusiones entre los demócratas radicales en general y los hegelianos de izquierda en particular, en la históricamente atrasada Alemania unos años antes de la tempestad de la Revolución Europea de 1848. El desarrollo tardío del capitalismo en la estancada Alemania comenzaba a acelerarse bajo el impacto de los cambios históricos mundiales. En la propia comunidad judía, como señala Traverso, se estaba desarrollando una diferenciación social, con la formación de una inteligentsia judía paria, frecuentemente en conflicto con la burguesía comercial y financiera judía un choque que encuentra su eco en la violencia de algunos comentarios de Marx en sus artículos de ese período. El punto central en la controversia con Bruno Bauer no era la Cuestión Judía como tal sino los límites históricos de la democracia burguesa y la necesidad de romper con el liberalismo en una dirección comunista revolucionaria. Esta reorientación política más allá de la democracia burguesa estaba intrínsecamente ligada a la necesidad filosófica de superar el límite alcanzado por la conclusión del sistema hegeliano. Bruno Bauer, un epígono de Hegel, había reducido la Cuestión Judía a lo estrictamente religioso y veía a las Tablas de la Ley como un impedimento reaccionario para la implementación de las prácticas racionales del Estado cristiano-prusiano. Se opuso a la emancipación de los judíos en nombre de la emancipación política general. Karl Marx hizo la distinción crucial entre emancipación política y emancipación humana o social. Mientras apoyaba el derecho de los judíos a la emancipación política introducida por la Revolución Francesa, Marx destacaba correctamente que el problema en su conjunto sólo podía ser resuelto a través de la resolución del problema social general. Superando tanto la teología como el secularismo burgués, Marx puso en el centro la cuestión de la relación real entre la sociedad civil y el Estado moderno, estableciendo la primacía de la primera, de la esfera de los intereses materiales, e invirtiendo de forma materialista toda la concepción hegeliana de la relación entre Estado y sociedad. 3. Los tempranos escritos de Marx sobre la Cuestión Judía no representan, por supuesto, una verdad eterna y final. No son aun siquiera completamente marxistas, en el sentido de que Marx mismo estaba todavía en el camino de romper sus ataduras con los hegelianos de izquierda y otros demócratas radicales, superando el Sistema en una dirección nueva y nunca vista hasta el momento: el Comunismo basado en la dialéctica revolucionaria y en la concepción materialista de la historia. La disputa con Bauer era un momento de ese proceso, sin lugar a dudas, pero previo al salto. Marx no había descubierto aún el rol revolucionario del proletariado como la clase universal. Sin este concepto ninguna ruptura real con el liberalismo es completa. De estos primeros escritos, lo que debe ser comprendido y desarrollado es principalmente el punto metodológicamente avanzado: que es un error idealista a la Bauer "explicar a los judíos reales por la religión judía en vez de explicar el misterio de la religión judía a partir de los judíos reales" (9). Marx no deja de observar la dimensión religiosa y cultural de la cuestión: "De ninguna manera se negó, como pretende Herr Bauer, que la Cuestión Judía es también una cuestión religiosa. Por el contrario, se demostró que Herr Bauer sólo logra comprender la esencia religiosa del Pueblo Judío pero no la base secular, real, de esa esencia religiosa" (10). Los marxistas después de Marx, aparte de algunas excepciones (como Trotsky en los años 30), no investigaron completa y profundamente esta real base secular. Su enfoque estaba atado a la camisa de fuerza positivista de la así llamada "ortodoxia marxista" de la Segunda Internacional (K. Kautsky) o estaba perdido en algún lugar de la nebulosa austromarxista neo-kantiana o, peor aún, había sido amputado en el lecho del stalinismo. A estas interpretaciones pseudo-materialistas, eran contrapuestas principalmente concepciones idealistas-culturalistas. El intento más serio de una aproximación materialista histórica de la Cuestión Judía fue, sin lugar a dudas, el trabajo del joven trotskista judío Abraham León, que escribió La concepción materialista de la Cuestión Judía (11) cuando tenía 24 años, sólo dos años antes de perecer en Auschwitz. Abraham León consideraba que la base secular de la supervivencia de los judíos fue provista por un proceso de formación social de un grupo social específico, el pueblo-clase de los judíos comerciantes. Los judíos como pueblo-clase de comerciantes emergieron por primera vez después de la destrucción del Primer Templo (586 a.C.) y el Exilio de Babilonia, y luego se desarrollaron durante la Antigüedad tardía y el período Carolingio "el apogeo de la clase de los judíos comerciantes". El entorno histórico natural del pueblo-clase judío fue el pre-capitalismo. Este grupo social de comerciantes y usureros, de portadores de valor de cambio, proliferó en los poros de las sociedades precapitalistas basadas en economías naturales orientadas al valor de uso. Esta contradicción hizo a los Judíos objeto del odio social y víctimas de recurrentes olas de represión. El Capitalismo moderno continúa León en su análisis destruye la base secular del pueblo judío. Lo que sigue, es asimilación o destrucción, como lo ha probado la moderna barbarie antisemita del nazismo. El análisis de Abraham León se convirtió en el blanco de muchas críticas, incluso de marxistas. Como remarcaron muchas de éstas, León reduce la particularidad judía a una función económica, desestimando el rol crucial que juega la vida religiosa y cultural en la sobrevivencia del pueblo judío. Algunas críticas van tan lejos que rechazan completamente la relevancia de cualquier base económica secular específica, insistiendo en que sólo la religión y la cultura aseguró la continuidad judía en la historia. Maxime Rodinson adopta una posición intermedia (12). Acepta la noción de pueblo-clase pero sólo después del siglo XI y las cruzadas. Arlene Clemesha remarca correctamente, contra Rodinson, que en los siglos XI y XII lo que había comenzado no era el surgimiento de la clase judía comerciante sino una transición por la cual los judíos comerciantes y usureros ya existentes evolucionaron hacia un grupo cuasi-exclusivamente de usureros (13). De acuerdo con Rodinson, la persistencia de una entidad judía autónoma se debe al "carácter pluralista de estas sociedades, de la insuficiencia de sus fuerzas unificadoras" así como a "la coherencia étnico-religiosa del pueblo judío con su fuerte particularismo y una religión con aspiraciones universalistas". El enfoque de múltiples factores, cuasi-weberiana, de Maxime Rodinson es internamente débil. No desafía siquiera la noción de pueblo-clase de León en el período posterior a las cruzadas. Pero, en primer lugar, ¿es históricamente posible tal formación social de una clase única? ¿Fueron alguna vez los judíos una monolítica entidad mono-clase? Incluso cuando los comerciantes se convirtieron en el estrato predominante siempre hubo una cohorte de artesanos subalternos, pequeños agricultores, portadores, etc., a su alrededor. Más aún: ¿qué ocurrió con los judíos antes del siglo VI a.C., antes de la aparición del llamado pueblo-clase? ¿Qué hay respecto de su historia social, la estructura económica y social de su vida, sus orígenes, su desarrollo histórico, su tradición cultural, la relación con la historia posterior al Exilio? No hay duda de que la Diáspora en la Antigüedad, como León y Rodinson destacan correctamente, no se debió principalmente a las represiones en Judea sino que se basó, por sobre todo, en la expansión del comercio en los países mediterráneos más allá de Palestina. Las comunidades judías en el exterior jugaron un rol significativo en este comercio mediterráneo. Su función económico-social tenía por cierto una fuerte conexión con la expansión del valor de cambio. Pero esta conexión, así como sus relaciones con la misma Palestina, era contradictoria, llena de tensiones no resueltas. La tensión entre las comunidades judías mercantiles en la Diáspora y el pueblo judío en la Tierra, donde los principios de la Torah eran reconocidos como los principios organizadores de la vida social, ha dejado sus marcas en el propio Talmud (escrito precisamente en el período de la Antigüedad tardía y completado hacia el siglo VI d.C.), así como en su comentario por Rashi (circa 1040-1105). En Ketubot 110b, por ejemplo, comentando el Levítico 25:37-38 ("No le darás tu dinero a cambio de un interés, tampoco le prestarás tus provisiones por un incremento. Soy tu Dios el Eterno, el que te sacó de la tierra de Egipto, para darte la tierra de Canaan, y para ser tu Dios") está escrito que "quienquiera que resida fuera de Palestina es como si no tuviera un Dios". Rashi, en su comentario de la misma cita bíblica, cita Ketubot 110b y explica que la Tierra fue dada para cumplir los mandamientos de Dios y que, por esa razón, "para aquel que mora en la tierra de Israel yo soy Dios, mientras que aquel que parta será visto como si fuera un idólatra", como si cometiese avoda zara (sic). (Sobre avoda zara, un punto extremadamente importante, volveremos luego). Los comentarios de Rashi y del Talmud sobre aquellos que residen afuera del área en donde la Torah regula la vida social están conectados con aquella parte del Libro del Levítico donde las relaciones monetarias se encuentran bajo escrutinio y la usura es condenada, pero incluso todo el status de propiedad privada es desafiado; junto con el Jubileo y la cancelación de deudas se introduce la perspectiva mesiánica de una Redención en la Tierra de todos los explotados y oprimidos. El gran líder revolucionario anarco-comunista de la condenada al fracaso República Soviética Bavaria de 1918, Gustav Landauer, estaba absolutamente en lo cierto cuando se refirió al Jubileo ¡como a la introducción de la revolución social en La Biblia! Incluso en la Tierra Prometida la propiedad no está indefinidamente conectada con su propietario sino que pertenece, en última instancia, al Dios Liberador (ver por ejemplo salmo 24:1 "La Tierra es del Señor y de su plenitud"); será finalmente superada en el Shabbat Shabbaton, en el mundo igualitario por venir (Olam aba), en la Era Mesiánica del fin de la Historia dentro de la Historia. El misterio de estas líneas no puede ser reducido a una suma de supersticiones religiosas o a una serie de datos empíricos. Hay una "base histórica material secular, real", que debe ser descubierta y analizada junto con la dimensión cultural y social determinada por ella. Esta es una tarea irresuelta que debe ser emprendida por un genuino materialismo histórico que no tiene realmente nada que ver con su caricatura economicista y la concepción lineal de la historia. 4. Nuestro enfoque se opone tanto al de los culturalistas, que niegan de forma idealista la primacía de las contradicciones históricas materiales en la determinación de la existencia de los judíos como un pueblo diferenciado, como al de los economicistas, que reducen la particularidad judía a las actividades de un pueblo-clase o casta de comerciantes. El concepto de un grupo nacional casi homogéneo compuesto por una única clase social (o una casta) basada en la ancestral relación entre el pueblo judío y el comercio (y/o la usura), es una construcción sociológica, ahistórica y antidialéctica que debe ser rechazada. La llamada dimensión cultural no debe absolutizarse ni disminuirse; su base histórica material, que no es estática sino que está en movimiento y constante cambio, debe ser aprehendida e investigada en sus complejas relaciones con la totalidad de la vida y existencia judías a través de la historia. Esta existencia debe enfocarse como un organismo en desarrollo, una totalidad en proceso. Como destacamos en un trabajo anterior (14), la Cuestión Judía es una cuestión profundamente de clase no porque los Judíos pertenezcan a un pueblo-clase particular (A. León) o a una casta (K. Kautsky) desarrollando la exclusiva función económica del comercio (y/o la usura) dentro de las sociedades precapitalistas, sino porque su génesis y desarrollo como grupo étnico-religioso particular coincide y esta conectada con la génesis y el desarrollo de la sociedad de clases como tal, como un todo. El surgimiento de los judíos fue una manifestación de la ruptura de la comuna primitiva y una forma particular de transición entre la sociedad pre-clases y una sociedad proto-clases que emergía junto con los proto-Estados de la región de Medio Oriente. Los judíos aparecieron demasiado temprano y demasiado tarde a la vez. Demasiado temprano, en la frontera del desarrollo histórico como una de las primeras formas de transición hacia una sociedad dividida en clases y hacia el surgimiento de la propiedad privada y el valor de cambio. Demasiado tarde porque el espacio histórico ya había sido ocupado por otras formaciones económico-sociales regidas por grupos étnicos más poderosos, sobre todo en los conflictivos despotismos del Cercano Oriente. Los judíos se vieron atrapados en los antagonismos de un ambiente hostil mientras sus relaciones sociales eran la negación necesaria y viviente del mundo circundante dominado por el modo asiático de producción. Nacido en una trampa histórica, el grupo étnico-religioso judío tuvo que desarrollar una estrategia para sobrevivir, encontrando líneas de fuga. Su nacimiento (o re-nacimiento) como nación particular coincide con un Exodo de la prisión de la despótica sociedad asiática que subyugaba a las tribus nómades de la región a la esclavitud. Esta liberación de la casa de la esclavitud (Bet avadim) y la transición a una nueva sociedad en la Tierra Prometida marcó al mismo tiempo la transición del modo asiático de producción a las primeras formas de la propiedad privada de la tierra y relaciones basadas en el dinero-mercancía. F. Tökei (15) trajo a discusión el tema de la génesis de la propiedad privada a partir de este tipo de sociedades y enfatizó correctamente la necesidad de localizar el grupo social específico que pudo haber sido vehículo de esta transición. Ni la burocracia del Estado, ni los agricultores en las dispersas comunidades agrarias, ni los esclavos, tenían la fuerza social o el interés necesarios para romper la forma asiática de propiedad comunal, con toda su inercia histórica, para introducir formas de relación basadas en la propiedad privada, especialmente en la principal esfera de la producción, el cultivo de la tierra. Sólo un grupo social, dice Tökei, era capaz y tenía interés en tal transición: los esclavos emancipados. El Exodo es una representación de la Emancipación y de la victoriosa marcha de los esclavos emancipados hacia la tierra de la libertad donde iban a adquirir propiedad privada y regular sus intercambios de acuerdo con este nuevo principio económico. Sin embargo, como ya dijimos, en los textos bíblicos donde esta transición se inscribe, la propiedad privada está lejos de ser presentada como el objetivo final y encarnación de la liberación. Por el contrario, se remarca el carácter históricamente transitorio de la propiedad privada y se profetiza su abolición en una Era Mesiánica universal. En La Biblia, la conexión entre la propiedad y el trabajo es bastante clara. Pero al mismo tiempo esta relación y sus dos polos se convirtieron en objeto de crítica. En la Torah (16), está escrito contra todos aquellos que consideran la propiedad privada en la Tierra Prometida como su meta final así como el producto derivado solamente de su propio trabajo: "…entonces tu corazón se erguirá y olvidarás al señor tu Dios que te sacó del país de Egipto, de la casa de la servidumbre (…) Y dirás en tu corazón: mi propia fuerza y el poder de mi mano me han dado esta riqueza. Pero debes recordar al señor tu Dios pues es él quien te ha dado la fuerza para obtener la riqueza…" La propiedad no es legitimada por el trabajo, a pesar de que es vista como producto del trabajo. La fuente de la riqueza no es la realización de los poderes humanos por sí mismos sino que la fuente de esos poderes, es al mismo tiempo, la fuente de la liberación de estos poderes de la casa de la esclavitud, del trabajo esclavo bajo un modo de producción asiático. La legitimación de la propiedad privada se remonta al momento inicial de la emancipación del trabajo esclavo por la Fuerza de la Liberación. La división de la tierra en parcelas privadas iguales entre los miembros de las tribus de Israel se efectuó "de acuerdo con los nombres de las tribus de sus padres" (17), como explica Rashi, de acuerdo con los nombres de "aquellos que escaparon de Egipto. Las escrituras diferenciaron esta herencia de toda otra herencia en la Torah, pues en todas las herencias los vivos heredan a los muertos, mientras que aquí los muertos heredan a los vivos (…) su herencia se retrotrajo a los padres de sus padres y dividieron todo en partes iguales y tal es el significado de lo que está escrito como de acuerdo, etc." (18). En otras palabras, los derechos de un miembro de una tribu a la propiedad privada de la tierra provienen de su descendencia como esclavo emancipado, de su conexión con este momento inicial de la emancipación. Contrariamente, en la forma griega antigua de transición entre la sociedad pre-clases y la sociedad de clases, el derecho de los ciudadanos libres a la propiedad privada de la tierra surge de su derecho a cultivar la tierra común de la tribu, el ager publicus del antiguo modo de producción. En la transición griega de las comunidades agrarias, cuya decadencia Hesiodo lamentó en sus Los trabajos y los días, a la Ciudad Estado hubo todo un período de agitación revolucionaria, el staseis (en griego) El protocomunista Phaleas de Calcedonia agudamente criticado, como era de esperar, por Aristóteles (19) había apuntado correctamente que la fuente de las revoluciones, del staseis, debe ser hallada en el conflicto por el derecho a la propiedad privada en la principal esfera de la producción, la tierra. Mientras según la visión griega de Phaleas, la revolución es introducida por la lucha para establecer la propiedad privada, en la visión hebrea presentada en la Torah, el elemento de la revolución social es introducido, como dijo Landauer, por el Jubileo, por la cancelación no sólo de las deudas sino de los mismos derechos de propiedad que regulan el pago de las deudas. En La Biblia, la propiedad privada es transitoria, está parada en el aire, o mejor, suspendida sobre el abismo de la voluntad de Adonai que la otorgó bajo ciertas condiciones y que iría a abolirla en el Mundo-por-Venir. Estas diferencias son muy importantes ya que las antiguas sociedades griega y hebrea fueron las primeras en transitar desde una sociedad pre-clases a una sociedad de clases basada en la propiedad privada. De la forma griega de transición surgió la Ciudad Estado, Polis y políticos, diálogo y dialéctica. Del camino hebreo de transición, el monoteísmo y la concepción mesiánica de la historia, la visión bíblica universal de una humanidad emancipada en un mundo totalmente cambiado. Matthew Arnold vio correctamente la dialéctica entre lo griego y lo hebreo como el eje central del proceso de formación de lo que se denomina modernidad. El propio marxismo es el resultado de esta dialéctica histórica que no es otra cosa que la dialéctica de la propia sociedad de clases, desde sus orígenes hasta su última forma antagónica, el capitalismo basada materialmente en todos los avances de la ciencia y la cultura humanas. En La Biblia hay un primer pensamiento crítico sobre la propiedad y el trabajo, sobre su relación y por sobre todo respecto de la necesidad que tienen ambos de transformarse en fuente de alienación. No es por accidente que en la eterna disputa sobre qué es lo que determina la identidad judía, la única definición indisputable, en fuentes bíblicas y talmúdicas, es que los judíos son "todos aquellos que rechazan la avoda zara". Usualmente avoda zara es traducido como idolatría. Pero una traducción literal nos ofrece algo más profundo: avoda=trabajo, zara=enajenado o extrañado, por ende avoda zara significa trabajo enajenado o extrañado. Debido a que los hebreos como grupo étnico-religioso diferenciado surgieron, junto con los dolores del parto de la sociedad de clases, en el seno de la sociedad preclases del despotismo asiático, este proceso de formación determinó las condiciones en las que el trabajo de las comunidades agrícolas y todos aquellos esclavizados en las obras públicas de irrigación, etc., trabajo y plustrabajo extraído, enajenado y centralizado por las burocracias autocráticas y legitimado por los ritos paganos de los sacerdotes, se convirtió en objeto de odio y oposición sociales, especialmente por aquellos que se movilizaron por una emancipación desde la Casa de la Esclavitud. El reflejo de este proceso está inscripto en la tradición bíblica. La ruptura del círculo vicioso de vida en una sociedad basada en la economía natural del modo de producción asiático, el surgimiento de la propiedad y el valor de cambio, en este proceso de ruptura, el trauma de la génesis de la sociedad de clases, el sufrimiento social y la profunda necesidad de oponerse a toda forma de alienación, vieja y nueva, la debida al viejo barbarismo asiático o la que emergía con las nuevas relaciones sociales basadas en la propiedad privada y el intercambio esta convulsión histórica hubo de reflejarse en La Biblia y la tradición judía; por sobre todo en su totalmente nueva y revolucionaria concepción de una interrupción mesiánica de la continuidad del tiempo histórico. El mito del Eterno Retorno, de un tiempo cíclico, central en la vida sociocultural de todas las antiguas sociedades precapitalistas basadas en una economía natural, (un mito que, por otra parte, regresa nuevamente cuando el capitalismo entre en la época de su decadencia histórica) es radicalmente opuesto por primera vez por los judíos y La Biblia, precisamente por las razones históricas que brevemente mencionamos. Los judíos, por cierto, devinieron, desde una determinada etapa de su evolución como grupo étnico-religioso, portadores de la relación del valor de cambio en contradicción con un ambiente precapitalista. Pero, al mismo tiempo, por su posición contradictoria en los poros de formaciones sociales hostiles, representaban, en sus tradiciones y vida cultural, la viva crítica de estas condiciones y el Principio de Esperanza (Ernst Bloch) para su transformación radical. 5. Todo modo de producción, todo modo de apropiación de plustrabajo, toda forma histórica de explotación genera sus propias formas de exclusión social. Exclusión no es un sustituto de explotación como algunos franceses contemporáneos posmodernos claman sino su corolario necesario: un mecanismo para sostener y promover las relaciones de producción dominantes, la relación dominante de explotación. Mientras los judíos evolucionaban, siguiendo el desarrollo de las sociedades de clases, viviendo en sus intersticios, en el intermundo por decirlo de algún modo, en los puntos de interconexión y transición entre lo más avanzado y lo más arcaico, lo sincronizado y lo no sincronizado (E. Bloch), eran permanentemente excluidos por la propia estructura de clases, como tal, de la sociedad, por el predominio de los intereses de clases dirigentes que pertenecían a otras colectividades étnicas. La función económica social de los judíos está principalmente determinada por otros, por una estructura social de clases dirigida por no-judíos. Cambió en consonancia con los cambios históricos de los otros. La posición de excluidos creó para los judíos condiciones favorables para adoptar profesiones rechazadas por los otros o impuestas a ellos por otros. Se convirtieron en portadores del valor de cambio en sociedades orientadas al valor de uso y más adelante, cuando la crisis del feudalismo y la transición al capitalismo había comenzado, el rol de usurero fue impuesto a los judíos por medios violentos, ya que estaba prohibido por la Torah y el Talmud. Un ejemplo característico es lo que ocurrió en la Italia renacentista. Con el advenimiento de los tiempos modernos, el antisemitismo cambió su naturaleza. Este cambio fue fundamental en el surgimiento y desarrollo del propio capitalismo. El anti-judaísmo religioso de las condiciones precapitalistas se transformó en antisemitismo racista. La institucionalización de los Estatutos de Limpieza de Sangre (en castellano en el original) en el juicio a los Marranos en Toledo en 1449 fue un punto de inflexión necesario para el capitalismo naciente y, como Etienne Balibar señaló correctamente (20), era el preludio de la conquista del Nuevo Mundo por la Raza purificada. Esta transición desde las condiciones precapitalistas a las que la Diáspora Judía se había adaptado, al capitalismo, fue extremadamente traumática. Pero la transición entre la etapa ascendente del Capitalismo y su etapa de decadencia probó ser, con mucho, la tragedia más inhumana de todas. 6. El caso Dreyfuss fue uno de los primeros signos de un nuevo cambio en el contenido del antisemitismo proveniente de la transición entre el apogeo del capitalismo de mediados del siglo XIX y su declinación, los comienzos de la etapa imperialista de decadencia. Fue un primer gran choque a las ilusiones sobre la asimilación judía cultivadas por el Iluminismo y, por sobre todo, por la Revolución Francesa. Mientras era un asimilacionista, Marx había predicho que la "emancipación política" en la democracia burguesa no debía ser igualada con la emancipación humana. El caso Dreyfuss fue una de las primeras demostraciones del hecho de que la asimilación de los judíos promovida por el capitalismo se volvía imposible producto del propio capitalismo. La asimilación de las capas medias y altas del pueblo judío es bloqueada en general, por aquellos no judíos que ya ocupan las posiciones dirigentes, y las capas bajas son también excluídas en su miseria. La única asimilación que puede volverse posible es una desde abajo, en la lucha común de todos los oprimidos y explotados por la emancipación social humana. Inicialmente y por un largo período, los marxistas no reconocieron el cambio. Guesde tomó una posición neutral frente al "reaccionario oficial burgués" Dreyfuss. Otros, incluyendo a Jaures, defendieron a Dreyfuss como parte de la defensa de los valores democrático-republicanos de la Revolución Francesa. El antisemitismo era visto como el socialismo de los tontos, principalmente como una manipulación por parte del capital de los restos de los prejuicios feudales y de los sentimientos pequeño-burgueses anticapitalistas, utilizando nuevamente a los judíos como chivo expiatorio. Contra el antisemitismo, la perspectiva propuesta era, o bien la asimilación o, a partir del último período del siglo XIX, el sionismo. En el movimiento socialista de los trabajadores, donde los judíos fueron siempre destacados, Ber Borokhov pone cabeza abajo a Kautsky y a su estrategia de la asimilación y ve a la normalización de la Nación Judía, a su transformación de una nación sin territorio ni economía en una nación con un Estado Nacional y su propia economía, como la única solución. El sionismo como fenómeno histórico no es solamente el último de los nacionalismos del siglo XIX. Marca un cambio de época en el capitalismo su decadencia, la amenaza naciente de la revolución socialista, la necesidad de la burguesía de detenerla, incluyendo la desorientación hacia un nacionalismo sin salida al creciente número de trabajadores judíos empobrecidos, artesanos e intelectuales radicalizados que se unían al movimiento revolucionario internacional. Desde sus orígenes, el sionismo era más popular, nacional-populista que demócratico. Su estrategia estaba siempre conectada con alianzas con las fuerzas imperialistas. Hay documentos históricos que demuestran que los planes racistas para una transferencia de la población arabe palestina fuera de su tierra natal ya eran discutidos por los dirigentes sionistas en los años 30. Más sale a la luz de la investigación de una nueva generación de historiadores israelíes. Pero este sionismo nacional-popular-imperialista había tenido que referirse al mismo tiempo, a una mitología del trabajo, utilizando una fraseología socialista e incluso, en un período temprano, ¡proclamando compartir los mismos objetivos históricos de colectivismo y de la emancipación humana universal que la Revolución de Octubre de los bolcheviques! El sionismo no podía existir fuera del carácter contradictorio de nuestra época transicional. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la ideología sionista era enfrentada por la mayoría de los judíos tanto seculares como religiosos y por casi la totalidad de las corrientes socialistas, especialmente por los bolcheviques, Trotsky y la organización de los trabajadores judíos, el Bund. Trotsky fue el único marxista que, en los 30, desarrolló una oposición combinada tanto al sionismo como a las ilusiones en la asimilación. Difiriendo de la corriente principal de la tradición socialista y comunista, observó que el antisemitismo moderno no es sólo el resurgimiento de los prejuicios precapitalistas sino la "quintaesencia de la moderna cultura imperialista" (21). Sobre esta base, Trotsky había predicho en una etapa muy temprana, tras la llegada de Hitler al poder, la pesadilla de los campos de exterminio y de la Shoa. No fue la destrucción del precapitalismo por el capitalismo lo que condujo a este genocidio, como pensó Abraham León. Por el contrario, la Shoa era, como predijo León Trotsky, la manifestación más bárbara de la transformación de las fuerzas sociales de producción en fuerzas de destrucción masiva en la época de decadencia imperialista. "Arbeit macht frei" ("el trabajo libera", en alemán en el original) era no sólo un cínico chiste nazi o un cliché de filisteos germanos. Es el resultado de la lógica de la alienación del trabajo, del avoda zara real, bajo las condiciones de la última forma antagónica de la sociedad de clases en declinación. Declinación significa también transición. La época de transición, en la que la humanidad se viene batiendo desde hace cien años, es, ante todo, la época de la revolución socialista mundial. Sólo la victoria de esa revolución puede lograr la conclusión de la transición hacia una sociedad sin clases, terminando con todas las formas de explotación, opresión, exclusión y humillación, resolviendo al mismo tiempo el problema judío como problema universal, la condensación de todas las contradicciones del mundo en nuestra épica y trágica época de guerras y revoluciones. Notas: * Presentado por primera vez como introducción a un taller especial durante la Conferencia sobre los "150 años del Manifiesto Comunista" organizada por el Centro para el Estudio de la Teoría, Movimientos y Crítica Socialistas en la Universidad de Glasgow, el 22 de mayo de 1998. 1. Citado en Enzo Traverso, The Marxists and the Jewish Question, Humanities Press, New Jersey, 1994, pág. 9. 2. Nombre hebreo para el Holocausto. 3. Karl Marx-F. Engels, The Holy Family (La sagrada familia), en Marx-Engels Collected Works (MECW), Progress, Moscow, Vol. 4, pág. 109. 4. Maximilan Rubel, Karl Marx, Ensayo de biografía intelectual, Buenos Aires, Paidós, 1970. 5. Robert Misrahi, Marx et la Question Juive, Paris, Gallimard, 1972. 6. Enzo Traverso, Op. cit., págs. 13-31. 7. Arlene E. Clemesha, ¿"Marx anti-semita?", en En Defensa del Marxismo, Nº 12, Buenos Aires, Mayo de 1996, págs. 56-68. 8. Ver K. Marx, "On the Jewish Question and The Holy Family", en MECW, vol. 5 y 14. 9. The Holy Family, op. cit., pág. 109. 10. Idem. 11. Abraham León, La Conception Materialiste de la Question Juive, EDI, Paris, 1980. 12. Maxime Rodinson, "Preface in Abraham Leon", op. cit. pág. 14. 13. A. E. Clemesha, op. cit., pág. 59. 14. Savas Michael, Figures of the Messianic (en griego), Athens, Agra, 1998. 15. Tökei Ferenc, Les conditions de la proprieté foncière dans Chine de lepoque Tcheu Acta Antiqua 1958, ver también el comentario por Gilles Deleuze Felix Guattari in Mille Plateaux, Minnit, Paris, 1980, págs. 560-561. 16. Deuteronomio 8, versículos 14 y 17-18. 17. Números 25:55. 18. The Pentateuch and Rashis Commentary, S.S. and Publishing Company, Brooklyn NY, 1977. 19. Aristóteles, Política B 1266b. 20. Etienne Balibar Immanuel Wallerstein, Race, Nation, Classe, La Decuverte, Paris, 1978, pág. 75. 21. León Trotsky, Imperialist War and World Revolution, Emergency Conference of the Fourth International, Pathfinder Press, New York, 1973, pág. 321.

1 de diciembre de 1998
Trabajo improductivo

Notoriamente, en EDM Nº 21 se desarrollan sendas polémicas múltiplemente conexas, que tienen por trasfondo la situación mundial, y que en algunos artículos, aparecen como un debate "ideológico", o como respuesta a posiciones producidas por otras organizaciones o corrientes intelectuales. Me refiero más precisamente al artículo "Trabajo productivo…" de Pablo Rieznik, y "Sobre universitarios…" de Osvaldo Coggiola. Trabajo productivo Desde el punto de vista capitalista como bien lo sostiene Pablo, es trabajo productivo todo aquel que reporte plusvalía para el capitalista que lo explotó. Capital es todo valor que genera plusvalía, pero no es cierta la recíproca: toda plusvalía no es capital; lo es sólo si se reinvierte en el proceso de producción, explotando (directa o indirectamente) mano de obra asalariada, obteniendo de ésta una mercancía realizable, ensanchando a su vez al mercado con más mercancías, más asalariados, etc. La mercancía tiene un doble valor: de uso y de cambio. Sólo realizará su valor de uso si previamente realiza su valor de cambio. Y no porque el valor de uso dependa del valor de cambio sino porque sencillamente no circulará si no reporta ganancia al capitalista que la produjo: un ejemplo son las cosechas quemadas, tiradas al mar, etc., en los mismos países donde crece la desnutrición infantil. Entonces se llega a la diferenciación que Marx hace del "proceso de circulación", del "proceso productivo", propiamente dicho. Esta breve reseña nos conduce a donde quisiera detenerme un momento; porque si los compañeros portugueses son bien citados, y Política Proletaria caracteriza que sólo son proletarios los que intervienen en el proceso productivo creando mercancías "útiles", la revolución no tiene futuro. Porque, sucede que como producto de su propia descomposición histórica, el capital tomado como un todo tiende a incrementar las inversiones del "proceso de circulación" (que bien podríamos parafraseando un término de la hidrodinámica, denominar "trabajo de circulación"), en detrimento del capital invertido en la producción misma. Esto es así porque el mercado está saturado, tanto en su capacidad adquisitiva, como en acceso de cada capitalista a una porción del mismo, debido a sobreconcurrencia. Entonces tenemos en desarrollo todas las expresiones globalizadas; legiones de vendedores, vigiladores, proliferación de oferentes de todos los servicios, industrialización de la prostitución, etc. No reportan nada desde el punto de vista productivo, no crean cosas , pero reportan plusvalía a sus patrones. Por medio de esta fuerza de trabajo proletarizada, estos capitalistas comerciales intervienen en la realización de los valores que los capitalistas industriales han hecho producir a sus obreros, etc. y en ese sentido participan de una fracción de la plusvalía. (Para más precisión: cita 10, pág. 174, En Defensa del Marxismo Nº21). Es decir la tendencia a explotar cada vez más parasitariamente a una fracción creciente del proletariado en detrimento de la parte pura del proletariado tiene que ver con las tendencias históricas del capital (mayor productividad para la misma producción, mejoría técnica, sobreabundancia de capital respecto de la posibilidad de extracción de plusvalía, etc.). Pero veamos un poquito el otro aspecto de la contradicción; incrementando el trabajo de circulación, ha proletarizado también a fracciones enteras de la pequeño-burguesía en 30 años, sectores importantes de las "profesiones liberales" (docentes, empleados, médicos, etc.) han protagonizado dos procesos importantes: la sindicalización masiva, a su vez la proletarización de sus métodos de organización y lucha. (Al respecto hubo un rico debate en estas páginas: las nuevas tecnologías, la clase obrera, etc.). Si antes había más obreros en las industrias y hoy millones de desocupados, si antes se industrializaba masivamente la producción básica y hoy el comercio y la prostitución, es producto ¡qué duda cabe! de la descomposición capitalista. Pero esta descomposición afecta también al imperialismo: si bien la parte parasitaria del proletariado no deja de depender (como toda la sociedad) de la parte productiva del proletariado, importa ver qué intereses que en definitiva determinan la política actuarán en cada componente ante la agudización de la crisis capitalista. ¿Es que acaso son una especie de pequeños burgueses empobrecidos? Por numéricamente importante que pueda ser, y aún por el peso político que pudiera tener, la pequeño burguesía es socialmente un resabio de formas precapitalistas de producción. Que la burguesía no pueda liquidar a estos resabios precapitalistas es propio de su naturaleza ("Incapaz de llevar ninguna de sus tendencias hasta el fin", Trotsky). No puede proletarizar (y por lo tanto en cierto sentido, racionalizar) toda la población, toda la producción, por las razones antes citadas: la extensión de la proletarización en sectores históricamente pequeñoburgueses tiene que ver con el bloqueo de ensanchar el mercado en la producción y el consumo industrial. Pero en este desarrollo se crean condiciones explosivas; la más importante desde el punto de vista político es que el grueso de los explotados adoptan métodos proletarios en la lucha por sus reivindicaciones. ¡Aun los desocupados! En un memorable artículo cuyo nombre no recuerdo (pero los editores de En Defensa del Marxismo deben conocer y creo muy oportuno tengan a bien reproducir), Lenin criticaba la visión escolar que muchos marxistas tenían de la dialéctica. "Por ejemplo, el trigo"; "Por ejemplo, el huevo", para ilustrar las leyes dialécticas de la negación de la negación o la transformación de la cantidad en calidad, como si la dialéctica no sirviera para otra cosa que para una pedagogía muy primaria por cierto del reino natural. Esta crisis y esta etapa de la descomposición capitalista es harto pródiga en ilustrar dialécticamente a la clase obrera, cosa que su vanguardia debiera aprovechar. Los compañeros portugueses, o el compañero que sostiene esta posición, derivan de una premisa sociológica una conclusión sectaria derrotista (¿O bien a la inversa, una conclusión sociológica de una premisa derrotista?). A partir de una interpretación escolástica de Marx, traducen una corriente que comienza a agotarse y que extiende las conclusiones implícitas en el artículo de marras: la clase obrera se reduce, las posibilidades revolucionarias merman, etc. El centroizquierdismo y no sólo él han hecho abuso de estos argumentos, asi que no me voy a extender. La descomposición del capitalismo no sólo es un obstáculo para la tarea histórica de la clase obrera sino también para la propia burguesía, para su tarea histórica de preservar bárbaramente el sistema capitalista y de bloquear la revolución proletaria. De la asimilación consciente que hagan las vanguardias de las clases fundamentales de la sociedad depende el desenvolvimiento de la crisis.

1 de diciembre de 1998
Brasil: La cuestión agraria y la lucha del M.S.T.

La vigencia renovada de la cuestión agraria en América Latina testimonia, contra teóricos posmodernos y globalizados, la incapacidad histórica del capitalismo para resolver los problemas elementales de la constitución de la nación en los países atrasados, y aún más de integrarlos armónicamente en un supuesto "capitalismo global". La actual cuestión agraria en el Brasil no sólo retoma los problemas irresueltos del pasado colonial e imperial sino que plantea su reformulación bajo las condiciones de la era imperialista del capital y de su actual crisis mundial. Origen del latifundio La colonización del Brasil, como la del resto de América Latina, fue un episodio mayor de la acumulación capitalista primitiva a escala mundial. La especialización del país como productor de materias primas para el mercado mundial en formación sentó las bases de su atraso histórico. Brasil ingresó al mercado mundial como productor y no como consumidor, sometido al "exclusivo colonial" de Portugal, intermediaria a su vez de la hegemonía inglesa en Europa. El tipo de producción correspondiente a una economía de exportación de materias primas es el cultivo extensivo de la tierra (plantaciones). El tipo de propiedad correspondiente a esa cultura es el latifundio. En una situación de escasez de mano de obra, debida a la hecatombe demográfica de los pueblos precolombinos, el latifundio está inseparablemente unido a las diversas formas de trabajo forzado: "La esclavitud del negro fue la fórmula encontrada por los colonizadores europeos para el aprovechamiento de las tierras descubiertas. En la franja tropical, la gran propiedad de monocultivo y esclavista se convirtió en la base de la economía, que giró en torno de la exportación de productos tropicales para las metrópolis, de donde provenían los productos manufacturados necesarios para la vida de la Colonia. En las haciendas de algodón, en los EE.UU., en los ingenios y cañaverales de las Antillas y del Brasil, el esclavo representó la principal fuerza de trabajo. El sistema esclavista estuvo desde los orígenes de la colonización vinculado a la labranza. Esclavitud y labranza constituyeron en muchas áreas la base sobre la cual se irguió el sistema colonial que se consolidó por más de tres siglos" (1). Las tierras americanas recibidas por Portugal (el actual Brasil) carecían de metales preciosos y de culturas lo suficientemente desarrolladas para suministrar mano de obra. El problema para la Corona consistió en encontrar el tipo de explotación que contribuyera a financiar los gastos resultantes de la posesión de tierras tan extensas y distantes. Factores muy especiales ocasionaron el establecimiento de la producción de azúcar: el dominio de su técnica de producción, aprendido de los italianos y que ya había sido aplicado en las Azores, la ruptura del monopolio comercial del azúcar, detentado por Venecia en colaboración con los holandeses, lo cual abre a los portugueses los mercados del Atlántico Norte. La esclavización del indígena permite el establecimiento de los primeros engenhos. Según Alberto Passos Guimarães, "bajo el signo de la violencia contra las poblaciones nativas, cuyo derecho congénito a la propiedad de la tierra nunca fue respetado y mucho menos ejercido, es que nace y se desarrolla el latifundio en Brasil. De ese estigma de ilegitimidad que es su pecado original, Brasil jamás se redimiría". Adquirida una mayor rentabilidad, esa mano de obra fue sustituida por el negro africano. La plantación azucarera, utilizando el trabajo esclavo, constituyó la base de la primera colonización del Nordeste del Brasil, llegando a su auge a fines del siglo XVI y comienzos del siguiente. Con ella quedaron fijadas las bases del latifundio brasileño. Cuando Don Juan III dividió sistemáticamente el territorio en latifundios denominados capitanías, ya existían en Brasil "capitanes" nombrados para ellas. Lo que se hizo entonces fue demarcar el suelo, atribuir o declarar los derechos y deberes que los colonos tenían que pagar al rey y a los donatarios, con la suma de los poderes conferidos por la Corona portuguesa autorizándolos a expedir fueros, que eran una especie de contrato en virtud del cual los sesmeiros o colonos se constituían en perpetuos tributarios de la Corona y de sus donatarios o capitanes. La tierra dividida en señoríos, dentro del señorío del Estado, es el esbozo general del sistema administrativo en la primera fase de la historia de Brasil. Gran propiedad y trabajo esclavo Como complemento necesario de la producción de azúcar, se desarrolla la ganadería, fuente principal de alimentos, que utiliza poca mano de obra, en este caso indígena. No requiere, al contrario de los engenhos, grandes capitales iniciales. Se convierte así en la actividad predilecta de los colonos recién llegados y consolida la estructura latifundista de propiedad de la tierra. "Los depredadores de ganado, como Cristóvão Pereira y tantos otros que, en el inicio del ciclo depredador, son apenas cazadores nómades de rebaños alzados, sienten necesidad, para el mayor éxito de sus empresas, de crear puntos permanentes de fijación donde pudiesen acorralar al ganado", escribió Oliveira Viana en su clásico Populações Meridionais do Brasil. De acuerdo con Dante de Laitano, "los estancieros de la Frontera de Río Grande recibirán sesmarías desde 1738. Es una concesión de tierra por la cual se da al sesmeiro el dominio sobre un área que varía entre tres leguas en un sentido por otra de largo. Resulta una superficie total entre 10 y 13 mil hectáreas. La sesmaría era la estancia; nacía la propiedad privada, entonces revestida de las características jurídicas de donación oficial y gubernamental. El latifundio, la fazenda, estaba creada". En Brasil, se verificó desde el comienzo el predominio de la gran propiedad, a través del latifundio, ya que no hubo límites para las concesiones de tierras. Solamente a fines del siglo XVII, en 1695, una carta regia, recomendaba no conceder a cada morador más de cuatro leguas de largo por una de ancho. Dos años después, esa extensión fue restringida a sólo tres leguas de largo por una de ancho. En el siglo XVIII se fijaron nuevas disposiciones. En 1729, una provisión limitó las concesiones de sesmarias a tres leguas de largo por una de ancho, o a tres de ancho por una de largo, o a una legua cuadrada. Fue éste el límite que predominó a partir de entonces, pero ya para esta época las tierras de Brasil se hallaban completamente ocupadas. Extensas sesmarías, aunque escasamente pobladas, tenían propietario conocido. El descubrimiento del oro, a fines del siglo XVII, inaugura un ciclo nuevo, el de la colonización minera (la exportación de azúcar estaba en crisis por la competencia de las Antillas anglo-francesas). A diferencia de la colonización española del Alto Perú (el Potosí, en la actual Bolivia) no se explotan minas a través de una técnica compleja y abundante mano de obra. Se trata de un trabajo artesanal: retirar el metal aluvional, depositado en el cauce de los ríos, y se utilizan pocos esclavos (no obstante llegan muchos colonos blancos, cuya población supera por primera vez a la africana). Este nuevo ciclo colonizador amplía el área colonizada al penetrar el interior en la búsqueda de ríos auríferos. El latifundio, como vasta extensión de tierra adquirida a la espera de su valorización, y cuya principal función es la especulación inmobiliaria y no la producción agrícola, también es característica de la América española. La despoblación posibilitó la formación de extensas propiedades del grupo étnico dominante. La escasez de mano de obra, junto a la abundancia de tierra, generó la utilización de esta última como forma de garantizar la primera. Se institucionalizó el minifundio (posesión de minúsculas extensiones de tierra) en el interior del latifundio, para asegurar mano de obra barata y constante. A la par de ese proceso, se vio la minifundización de la periferia de la formación social. La consecuencia fundamental de la despoblación, es que el trabajo y no la tierra pasó a ser el factor de producción más escaso. Las instituciones claves de la Colonia fueron aquellas que garantizaban trabajo y no las que garantizaran tierra. En esa situación, el trabajo libre tendría que ser necesariamente bien remunerado. Dada la condición histórica de que el trabajo manual era poco aceptable para los peninsulares y dada la desigualdad fundamental en el sistema de fuerzas, debida a las diferencias de armamento y entrenamiento, la esclavitud se impuso como la solución lógica. Las instituciones de la Colonia obedecieron a ella, que no derivó de las características intrínsecas del tipo de actividad económica minería, plantación de azúcar sino del hecho de que el trabajo era el factor escaso de la producción. El área cultivada fue tremendamente reducida, dándose origen al latifundio improductivo y, en las regiones más apartadas de los centros consumidores y de las rutas de transporte, las tierras fueron simplemente abandonadas, ya que su valor como bien de producción o bien de inversión era cero. Independencia y atraso Cuando el Brasil se torna independiente, junto al resto de América Latina, las bases de su atraso ya estaban echadas: "La irrelevancia de América Latina a mediados del siglo XIX era incontestable. A pesar de ser, fundamentalmente, una exportadora de productos agrícolas, en contraste con Europa que se industrializaba, su producción agrícola era una fracción de la europea. La producción total europea, en 1850, era por lo menos 30 veces superior a la latinoamericana". Esto pese a que "aunque la participación de América Latina en el comercio mundial haya declinado claramente de 11% en el siglo XVIII a 5,1% al final del siglo XIX en términos absolutos las exportaciones latinoamericanas aumentaron mucho" (2). En el caso brasileño, las exportaciones se decuplicaron durante el siglo XIX. La independencia, en realidad, consolidó la estructura latifundista y, con ella, las propias bases del atraso: "Desde el siglo XVII, Portugal tiene una colonia principal: Brasil. Y el Africa portuguesa se convierte más en colonia de Brasil que de la madre patria, para la cual no constituye sino una subcolonia. En efecto, Guinea y Angola y, hasta cierta época, Africa Oriental, fueron los abastecedores de esclavos del Brasil. No podían vivir sin éste, ni éste sin ellas" (3). La transferencia de la Corte portuguesa al Brasil en el momento de las invasiones napoleónicas es operacional para el sistema colonial debido a ese hecho. La apertura de los puertos brasileños a las "naciones amigas" (1808) sucede al estancamiento de las exportaciones debido a la crisis europea, pero asesta un golpe mortal al Pacto Colonial que, mostrando su anacronismo, trasciende aquella circunstancia. Por el tratado comercial de 1810 con Gran Bretaña, Brasil se volvía colonia económica inglesa, y necesitó varias décadas para eliminar el tutelaje que, gracias a sólidos acuerdos internacionales, mantenía Inglaterra. La llegada en masa de comerciantes ingleses desfavorece a numerosos portugueses que habían quedado desconectados de sus proveedores en la metrópoli ocupada por Napoleón. La aristocracia latifundista se siente solidaria con los burócratas desplazados y viceversa. Si el movimiento por la independencia ampliaba así sus bases, ganaba también en profundidad: "El año de 1817 registra para el Nordeste un amplio movimiento insurreccional, en relación con el cual no fueron indiferentes las masas populares. Ya no se trata de movimientos circunscriptos a los núcleos urbanos o a las elites insatisfechas con el peso tributario. Fue esbozado un proyecto revolucionario y se intentó la desarticulación del orden esclavista, sin éxito: el poder fue tomado el 6 de marzo, y en Recife, polo dinamizador del vasto hinterland, los insurgentes permanecieron 74 días dirigiendo la República…" (4). Con el retorno de la Corte a Portugal (1821), Brasil, declarado reino en 1815, se veía bruscamente disminuido a la antigua categoría de colonia. La reintroducción de las viejas normas del Pacto Colonial configuraba un mercantilismo doblemente anacrónico: a) porque era ejecutado por una potencia en retroceso, tributaria económica de Inglaterra, b) porque estaba en contradicción con la expansión del comercio mundial, consecuencia de la consolidación del capitalismo industrial en los países europeos más adelantados. El cuadro mundial es definido así por María Odila Silva Días: "La lucha entre los intereses mercantilistas y del liberalismo económico se procesaba de forma intensiva en Inglaterra de 1815 a 1846, afectando drásticamente la política de todos los países coloniales directamente relacionados con la expansión del imperio británico del comercio libre". Brasil era uno de ellos. En menos de un año las clases poseedoras se rebelarían contra esa situación. La convocatoria, en Portugal, de las Cortes (parlamento) por la Revolución de Porto daría ocasión a la convergencia de la agitación de los grandes propietarios con la administración colonial, inclusive en la figura de su jefe (Don Pedro), declarado emperador del Brasil independiente (1822). Latifundio y oligarquía "Independencia o Muerte" fue la respuesta de la burocracia colonial al grito lanzado 30 años antes por los independientistas "inconfidentes", encabezados por Tiradentes (Independencia y República). Pero el movimiento de independencia era más vasto que el compuesto por los burócratas, comerciantes y por la aristocracia fazendeira, la que, a su vez, se subdividía en fracciones, frecuentemente regionales. La crisis y la disolución de la Asamblea Constituyente de 1823 reflejó esa diversidad y abrió definitivamente el juego de las contradicciones políticas internas en Brasil. La impasse se resolvió a través de la Carta Otorgada (Constitución elaborada desde arriba por el poder imperial) y de la monarquía (semi) constitucional, con una representación limitada de las clases poseedoras, con derecho de voto a partir de un cierto nivel económico. La cámara de representantes era controlada por dos organismos vitalicios Senado y Consejo de Estado en los cuales estaban representados los sectores más tradicionales de la oligarquía (los ligados a la explotación del oro y del azúcar), todo bajo el poder de veto del Emperador. Si en un país latifundista la democracia plena ciudadanía para todos los habitantes no tenía raíces, en uno latifundista y esclavista, menos todavía. En 1842 expiró el acuerdo con Inglaterra. El pasivo político de la colonia portuguesa estaba liquidado. Pero la presión inglesa continuó, y en 1845, con el decreto de Aberdeen, Inglaterra prohibía unilateralmente el tráfico de esclavos. La prohibición no fue acatada por los hacendados (el tráfico llegó a ser mayor después de esa fecha), pero encontró aliados en Brasil, multiplicando los frentes de conflicto social: "La burguesía comercial se esforzaba por ampliar el círculo de los consumidores que pagaran en moneda y, en consecuencia, trataba de debilitar la servidumbre y la esclavitud. Trataba de debilitar el lazo entre los señores y los dependientes, a la caza de clientes. De allí surge su abolicionismo de apariencia humanitaria al que se entregó después de 1850. Le interesaba romper los vínculos de servidumbre, preocupada en hacer de la propiedad rural un objeto libre de negocios, sin los estorbos de lealtades personales que sostenían el buen rendimiento agrícola" (5). En los conflictos internos de las clases poseedoras se cuestionaba la esclavitud, la distribución de la renta nacional y hasta las características del sistema político, pero no la base de la economía nacional: el latifundio, del cual todos (hacendados y señores, comerciantes y burocracia estatal) sacaban provecho. El latifundio no se vio afectado sino consolidado por la independencia. Según Emilia Viotti de Costa, "como toda la extensión del latifundio no se utilizaba con fines comerciales, el propietario podía mantener un cierto número de arrendatarios ligados a la economía de subsistencia, lo que creó una red de relaciones personales entre arrendatarios, propietarios y la Corona. Esto contribuyó a aumentar el prestigio personal del propietario, dado que poseía poder sobre los hombres libres que vivían en sus tierras y también sobre sus esclavos" (6). "Uno de los grandes obstáculos que se han opuesto en esta provincia al desarrollo de la agricultura e inclusive al de la población es la existencia de grandes estancias o, mejor, de grandes desiertos, cuyos dueños, ocupándose solamente del ganado, tienen derecho a echar de sus campos familias desamparadas que no tienen adónde ir. El hacendado que posee una sesmaría tiene por cuenta propia un desierto de tres leguas cuadradas. Si posee dos, tres o más sesmarías, es dueño de seis, nueve o más leguas de desierto en donde ya nadie vivirá. Unos pocos hacendados vecinos transforman en desierta una porción de terreno mayor que la ocupada por algunos estados de Alemania y las familias pobres andan errando pidiendo techo por todas partes sin que nadie los proteja" (teniente general Francisco José de Souza Soares e Andrés, presidente de la provincia de Río Grande, en el informe a la Asamblea Legislativa, junio de 1849). La economía de exportación primaria, agilizada por la independencia (quiebra del monopolio) consolidó el latifundio. El valor de los productos brasileños exportados, que en 1812 fue de 1.233.000 libras esterlinas de oro, se elevó en la década de 1821 a 1830 a un promedio anual de 3.190.000; en la década de 1831 a 1840 a 4.921.000 y en la de 1841 a 1850 a 5.468.000. Las importaciones, a su vez, pasaron de 770.000 en 1812 a un promedio de 5.429.000 de 1831 a 1840. En estas condiciones, la Ley de Tierras de 1850 tendió a dar una base jurídica definitiva a la gallina de los huevos de oro: el latifundio, donde a partir de la década de 1831 a 1840, el café es el principal cultivo. Así, en vez de favorecer el acceso a la tierra y a la pequeña propiedad (como la Homestead Act en los EE.UU.), la Ley de Tierras favoreció a la gran propiedad. La ley norteamericana propiciaba la ocupación de tierras, la brasileña la dificultaba. Los medios tradicionales de acceso a la tierra, co-propiedad, arriendo, ocupación, fueron proscriptos, las tierras no utilizadas volvieron al Estado que, por su parte, vendía las tierras por un precio más alto. En EE.UU. surgieron instituciones de crédito para facilitar el acceso a la pequeña propiedad, y ésta, una vez consolidada, dio lugar a instituciones regionales autónomas para defenderla. De esta forma, se contrapesaba el poder central, ya restringido por el principio federativo. En Brasil, la normativa para la ocupación de la tierra (la ley de 1850) no da lugar a pequeñas propiedades sino que simplemente favorece el abastecimiento de trabajo libre (y barato) a los latifundios, por medio de la evacuación de los pequeños ocupantes. Sin instituciones de crédito a las que recurrir, sin organismos regionales para defenderlo, sin poder instalarse en forma independiente, no hay otra salida para el campesino que colocarse bajo la protección del señor (clientela). Con este sistema coronelismo coexisten el poder central de la monarquía y un fuerte poder regional de hecho de los dueños de la tierra: esta "descentralización" atenúa en la práctica la contradicción poder central versus poderes regionales que presidió el nacimiento del Brasil independiente. "La ciencia política, en Brasil, encuentra su límite en la bala del capanga" (Machado de Assis). El régimen político y el régimen de propiedad de la tierra forman una unidad. Los resultados de los diferentes regímenes de los EE.UU. y de Brasil pueden ser medidos en cifras: mientras en el primero el número de manufacturas pasa de 123.000 a 354.000 entre 1848 y 1870, en este último año tenemos en Brasil… sólo 200. Mientras en los EE.UU., en 1861, 32.000 millas de vías férreas unifican el territorio, ya casi totalmente ocupado, en el mismo año estaba comenzando la construcción de la primera vía de ferrocarril en el Brasil de los latifundios semideshabitados. En el Brasil, la unidad fue producto de un poder central fuerte que debilitó políticamente a la Nación (sometida a los poderes regionales de hecho y a la presión extranjera). Si en los EE.UU. la ocupación de tierras (sobre todo del Oeste) fue resuelta, por la presión de la burguesía industrial del norte, en favor de la pequeña propiedad (y por lo tanto, de la ampliación del mercado interno), en Brasil fue resuelta en favor del latifundio (o sea de la reducción del mercado interno), por la ausencia de una burguesía industrial o de una clase social suficientemente fuerte como para luchar contra el latifundio (como los granjeros de EE.UU.), inexistentes en la época colonial. La ausencia de esa clase hace que el latifundio sea una fuente estrecha de acumulación capitalista y no la extensión en sí de la propiedad agraria (si no fuera así, la estructura latifundista de vastas regiones norteamericanas habría impedido el desenvolvimiento del capitalismo industrial en los EE.UU.). Renta agraria y capitalismo En el siglo XX, la era del imperialismo, el desarrollo brasileño experimentaría todas las dificultades vinculadas a "la desproporción creciente entre la industria, de desarrollo formidable, y la agricultura, atrasada", en la palabras de Bujarin (La economía mundial y el imperialismo). La agricultura es la primera rama productiva que entra en la crisis crónica típica de la era de los monopolios, como ya constataba Kautsky, a inicios del siglo, en el clásico La cuestión agraria: "Desde hace 20 años, los economistas liberales nos profetizan el próximo fin de la crisis agraria. Y sin embargo, cada día aumenta, se agrava y se extiende el mal. No hay que ver en ello un fenómeno pasajero sino un fenómeno constante, una verdadera revolución político-económica". Las posibilidades de acumulación a partir de la capitalización de la renta agraria están desde ahora limitadas crecientemente por la caída progresiva de los precios agrícolas internacionales (el "deterioro de los términos de intercambio"), y por la exigüidad del mercado interno de los países exportadores de productos agrarios pues, como ya decía Kautsky, "no es en el proletariado obrero donde el capitalismo industrial busca su más importante mercado sino en la masa no proletaria, ante todo la campesina". El poder de los propietarios agrícolas descansa en la renta absoluta de la tierra. La distribución en cuotas proporcionales de la ganancia que se forma en la agricultura es impedida por la propiedad de la tierra, la cual, siendo un monopolio, pretende para sí una parte de dicha ganancia y se apropia de la diferencia entre valor y costo de producción. La propiedad de la tierra hace, por lo tanto, aumentar el precio de los productos agrícolas (no su valor) en una cantidad igual a la renta absoluta, que viene a constituir una especie de impuesto que recae sobre toda la sociedad. El atraso de la agricultura en relación con la industria constituye una de las manifestaciones fundamentales de la ley del desarrollo desigual del capitalismo, y no se desprende de la naturaleza del suelo sino de las relaciones sociales. La renta absoluta puede ser eliminada en el régimen capitalista mediante la nacionalización de la tierra. La nacionalización, aboliendo la propiedad privada, no eliminaría la renta diferencial sino que la transferiría al Estado, mas permitiría, con la supresión de la renta absoluta, reducir el precio de los productos agrícolas en una magnitud igual a la de la renta absoluta. Aboliendo el monopolio de la propiedad privada de la tierra, haría posible un mayor desarrollo de la agricultura: por eso fue defendida aun por economistas burgueses. La burguesía, según Marx, no tuvo la osadía de nacionalizar la tierra, pues el ataque contra la propiedad privada de la tierra hubiera resultado peligroso para las otras formas burguesas de propiedad. Además, el capitalista industrial se ha vinculado como clase a la propiedad privada de la tierra. No puede haber, pues, un movimiento burgués serio a favor de la nacionalización de la tierra por la simple razón de que ninguna clase social actúa contra sí misma. Ricardo no tomó en consideración la renta absoluta; aún más, la negó, admitiendo sólo la renta diferencial. La formación de la renta absoluta está vinculada al hecho de que a causa del atraso de la agricultura respecto de la industria, la composición orgánica del capital agrícola es más baja que la del capital industrial. En la agricultura, la cuota del capital variable (salarios) es proporcionalmente más alta que en la industria. Como consecuencia de esto, en la agricultura la plusvalía es más elevada que la media, y el valor de los productos es, en general, superior. La renta absoluta es común a todos los terrenos, independientemente de su localización o calidad. Dejada de lado la inferioridad de la composición orgánica del capital, la propiedad del suelo solamente crearía renta dentro de la especulación. Así, toda renta fundiaria deriva del monopolio, y "la única barrera al superbeneficio agrícola es el mercado. La tierra bajo la forma de monopolio de cantidad limitada explica la renta absoluta. Bajo la forma de monopolio de calidad diferenciada, explica la renta diferencial. El mecanismo social que crea la renta es unificado y el superbeneficio agrícola, único. Las dos formas de renta tienen la misma causa, el monopolio relativo de la tierra" (7). Para Lenin, "la teoría de la renta presupone que toda la población agrícola haya sido dividida completamente en latifundistas, capitalistas y trabajadores asalariados, lo que es el ideal del capitalismo, pero no la realidad" (8). Latifundio y modernidad El desarrollo capitalista, aun atrasado, implica una transferencia del poder del latifundista a la burguesía, en la medida en que "gran parte de la producción campesina es absorbida por el arriendo y diversos tipos de acuerdo para compartir la cosecha. No obstante, la explotación del campesinado no se limita a los terratenientes; diversos grupos sociales comparten la producción campesina a través de la renta, los intereses sobre préstamos, los impuestos, etc. Los términos del comercio desfavorable para el productor campesino transforman el intercambio de mercado en otro canal de explotación del campesinado por parte de la sociedad urbana en general. El capital generado en la agricultura es, frecuentemente, absorbido por el sector terciario urbano, con una nueva burguesía urbana tomando a su cargo gran parte de la función de los terratenientes tradicionales. Gran parte de los intermediarios cumple funciones en la economía política de las sociedades campesinas. Representan a los terratenientes (inspectores, etc.) o a las grandes organizaciones burocráticas (compradores, recaudadores de impuestos). En algunos casos son empresarios libres. Sin embargo, no se trata de simples mediadores, agentes honestos entre los diferentes grupos sociales y poderes. Su posición social entre los poderosos y los oprimidos hace que sus tendencias explotadoras se dirijan contra los campesinos como una cuestión de hecho" (9). La forma más transparente de sumisión de la agricultura al capital está en la agroindustria. Es una situación de monopolio, donde un conjunto de productores agrícolas independientes se sitúan como proveedores de insumos frente a monopolios industriales. No es el capital industrial invertido en la producción agrícola sino la subordinación de la agricultura para transformar el proceso de reproducción del capital industrial. La producción capitalista en la agricultura posee especificidades: la importancia del factor natural, la tierra, el mayor tiempo de rotación del capital y la dificultad de compatibilizar el flujo de gastos con el de ingresos determinan un tipo diferente de financiamiento en relación con el industrial. En Brasil, hasta 1950, la necesidad de capital dinero en la agricultura era pequeña debido a la desmonetización parcial de la producción: relaciones de producción atrasadas, bajo nivel técnico, producción de diversos insumos dentro de la propia unidad productiva. Para algunos cultivos existían fuentes de financiamiento diferenciadas con institutos estatales (azúcar, café), pero no líneas de crédito especiales para el conjunto de la agricultura. Con el desarrollo capitalista, la necesidad de capital dinero acompañó el uso creciente de herramientas e insumos en la producción. Surgen, entonces, los financiamientos subsidiados del Banco del Brasil, de los bancos oficiales y particulares, junto con la tecnificación y la eliminación de los cafetales viejos y deficitarios de San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais. El programa de erradicación del café, completado en los años 60, eliminó los cafetales antiguos, de baja productividad y calidad, carentes de mercado. Fueron expulsados, de las fazendas, los colonos residentes, acabando con el sistema de colonato que imperara durante setenta años, después de la abolición de la esclavitud (1888). Lo mismo sucedió en el Nordeste, donde la modernización tecnológica expulsó a los moradores para recuperar las tierras en que producían sus propios alimentos: surgen los clandestinos, o bóias-frias. En la década del 60, también, comienza en el Amazonas la expulsión de posseiros y seringueiros (productores independientes de caucho). En 1965, se creó el Sistema Nacional de Crédito Rural: con créditos subsidiados, se aseguró que parte de las captaciones bancarias fuese hacia la agricultura, garantizando el uso de insumos modernos y la articulación de los propietarios rurales con la industria y la agroindustria. En la década del 60, surge un departamento productor de insumos agrícolas y, con ello, la industrialización de la agricultura, que pasa a operar como un ramo industrial. Simultáneamente, en toda América Latina, se redujo proporcionalmente la fuerza de trabajo agrícola: en 1950, la población económicamente activa en la agricultura representaba 54,7% del total; en 1970, 40%, y en 1980, 34,9%. La población que vivía de la agricultura era, al final de la década del 80, de 126 a 130 millones de personas: 30-40 millones en Brasil, 25-30 millones en México, 10 millones en Colombia. La fuerza de trabajo era de 40 millones, incluidos los pequeños propietarios y los trabajadores sin tierra. Latifundio y monopolio La concentración de la producción hizo surgir los monopolios agrícolas. La renta de la tierra se fue fundiendo con el lucro del monopolio. La explotación del campesino se da a través de la venta de productos con precio (alto) de monopolio y la compra a precios artificialmente rebajados; el surgimiento de una capa de intermediarios capitalistas, que lucran a expensas del trabajador rural y del urbano; la ruina de los campesinos durante las crisis, cuando se ven obligados a vender sus tierras a precios ínfimos. Monopolios industriales y bancos se benefician a través de los altos precios de los productos industriales, de la duras condiciones de crédito, con el Estado contribuyendo vía altos impuestos. Los campesinos se endeudan, viven precariamente, pierden tierras y bienes, concluyendo por engrosar las filas del proletariado (agrícola o industrial). El excedente pasa a ser retenido por los oligopolios, vía elevación de los precios de los insumos (producción) y atribución de costos mayores a la comercialización (circulación). Los pequeños productores no pueden formar un fondo de acumulación. Sus productos deben ser baratos, para garantizar el poder de compra del trabajador industrial y de servicios, que no es beneficiado por aumentos salariales. En los años 70, como consecuencia de los Planes Nacionales de Desarrollo (PND) hubo varios megaproyectos de inversión, en cuyo cuadro se situaron los proyectos de agricultura irrigada para el Nordeste, con vistas a atenuar las disparidades regionales y las "desigualdades sociales". Su resultado fue apenas una redistribución monopolista. La política de crédito rural subsidiado ilustró la triple alianza entre industrias, bancos y latifundios. Sólo los grandes propietarios tienen acceso al crédito, en los programas más ventajosos, porque sólo ellos pueden comprar los insumos requeridos: tractores, abonos y agrotóxicos en gran escala, cosechadoras, etc. Los bancos ganan haciendo el préstamo y también lucran los fabricantes industriales de esos insumos. En toda América Latina, el desarrollo capitalista refuerza el latifundio: "El área media de los establecimientos varía entre 8 hectáreas (ha) en la República Dominicana y 379 en Bolivia… En Argentina, Chile y Brasil, las áreas medias son superiores a 100 ha (368, 227 y 112)" (10). El concepto de área media deforma la realidad, al contrapesar el peso del latifundio con los numerosos minifundios, ambos valiendo una unidad en el cómputo del promedio. En Brasil, en 1978, las grandes explotaciones superiores a 1.000 ha, representando 1,8% del total, ocupaban 57% del área total, con 3.200 propiedades gigantes que reunían 102 millones de ha, tres veces más que el área de 2 millones de minifundios. En 1989, 6.700 latifundios tenían el mismo número de hectáreas (más de 127 millones) que 4.166.000 pequeños productores. En cuanto a la participación en la renta agrícola, el 1% más rico tenía 10% en 1970, y 30% en 1980, mientras el 50% más pobre tenía 22% en 1970 y sólo 15% diez años después (11). Mientras la producción per capita de alimentos básicos disminuía en relación con 1964, aumentaba la exportación de productos agro-industriales, y también la pobreza de toda la población, especialmente en las áreas rurales (73% abajo de la línea de pobreza en 1990). Junto a los latifundios, los minifundistas agrupaban 3.200.000 activos, más del 20% de la fuerza de trabajo agrícola, con 1.400.000 unidades productivas (12). Desarrollo desigual y parasitismo El desarrollo capitalista no eliminó el atraso agrario y el desarrollo desigual, al contrario, lo aumentó. Mundialmente, la agricultura usa 69% del agua disponible, la industria 23% y las residencias 8%. En los países atrasados, la agricultura llega a usar 80% del agua, con gran uso de agrotóxicos y fertilizantes, que contaminan los ríos. En Brasil, además, el Sudeste representa 59,2% del PBN, con San Pablo que produce 35,4% (44% de la producción industrial), en un área relativamente pequeña del territorio brasileño. Otro índice del parasitismo latifundista: según el INCRA (Instituto Nacional de la Colonización y Reforma Agraria), los minifundios representaban 72% de las propiedades en 1972, pero ocupaban 12% del área total y, aun así, eran responsables por casi 50% del área plantada con productos básicos de alimentación (arroz, porotos, habas, mandioca y maíz) y también por más de 30% del área plantada con productos de transformación industrial. En cuanto al inmenso Nordeste, la política estatal la especializó en frutas y vegetales de exportación. El semi-árido nordestino es la mayor área semi-árida tropical del mundo, con condiciones ideales de agua, luz (más de tres mil horas de sol anuales) y calor (temperaturas altas y regulares entre 25 y 30 grados, con baja humedad relativa del aire) para aquellas culturas. La disponibilidad hídrica se debe a que los ríos nacen en lugares más húmedos y se dirigen para el NE. El resultado de décadas de megaproyectos es que el NE es hoy la segunda región más poblada del país, con el mayor porcentaje regional de población rural, con el menor producto per capita, y la mayor "concentración de renta" (polarización social): el producto bruto per capita del NE equivale al 47,2% del promedio brasileño. La dictadura militar fue la época de oro del latifundio: en 1978, las explotaciones de más de mil hectáreas (1,8% de los inmuebles catastrados) ocupaban 57% del área total. La expansión del área total catastrada entre 1967 y 1978 fue de 47.700.000 ha, de los que correspondían a las explotaciones gigantes (más de 10.000 ha)… 45 millones (más de 95% de la expansión de la frontera agrícola en la década)! El "superlatifundio", 3.200 propiedades gigantescas, reunió 102 millones de hectáreas, una superficie semejante a la del Perú, Bolivia o Colombia (y superior a casi todos los países de Europa Occidental, considerados separadamente). El Estado fue el agente de ese avance, a través del crédito rural, que llegó a alcanzar un monto semejante al valor total de la producción agraria, y del que fue sistemáticamente excluido el 80% de los propietarios rurales (4 millones). En el millón restante, persiste la desigualdad: los "menores" (50%) recibían 7,4% del crédito (1969) y 5,2% (1979), mientras que los "mayores" (apenas 1%) recibieron 25,7% en 1969 y 38,5% en 1979: los 5% "más ricos" aumentaron, en ese período, su participación en el ingreso rural de 27,7% a 42,2%, una orgía latifundista. El desarrollo desigual llegó al máximo: "De los poco más de 362.000 tractores producidos en la última década, 78.800 fueron al estado de San Pablo, 70.700 a Río Grande do Sul. Paraná, Minas, Santa Catarina y Goiás se distribuyeron 40 mil tractores entre 1970 y 1980, con el resto distribuido entre los otros estados. Lo mismo ocurrió con el uso de fertilizantes químicos y agrotóxicos, que se concentra en el Sur: 73,6 kilos por hectárea para el Brasil, en promedio, pero 180 kilos para el estado de San Pablo" (13). Latifundio y atraso Además de suministrar mano de obra barata para los monopolios industriales, por la expropiación de los pequeños productores, el latifundio crea el minifundio (porque el desarrollo industrial nunca acompañó la velocidad de la concentración agraria): "Monopolizando parte importante de las tierras, siempre las más fértiles y accesibles, la población rural expulsada debe dividir una parte ínfima, la menos fértil, la más accidentada y distante. Los minifundios son también producto de la desintegración de los grandes dominios que agotaron la tierra mediante técnicas depredadoras, y se fragmentaron. La microexplotación es el complemento funcional del latifundio. Da a su propietario lo que no es producido en el latifundio, pero no en cantidad suficiente para sobrevivir, lo que lo ata a su parcela y al mismo tiempo lo obliga a emplearse en el gran dominio. El minifundio contribuye a fijar la mano de obra que el gran propietario precisa para realizar la agricultura comercial" (14). El desarrollo capitalista implica, entonces, también la fijación de relaciones precapitalistas, de producción familiar, o sea, es el desarrollo del atraso: en 1950, los miembros no remunerados de la familia eran 54,8% de la población ocupada en la producción agropecuaria (casi 11 millones de personas); en 1975, ya eran 80,5% (de un total bastante superior a 20 millones). En la década del 80, salarios y precios recibidos por los agricultores se mantuvieron casi constantes, mientras el precio de la tierra se duplicó (15). El minifundio y la producción familiar crecieron en el cuadro de la peculiaridad brasileña de la constante expansión de la frontera agrícola. Los establecimientos basados en trabajo familiar (en el Brasil, hasta 20 ha) pasaron de 3,2 millones en 1970 a 4,3 millones en 1980. En el mismo período, los posseiros (sin título legal de propiedad) pasaron de 811 mil a casi 900 mil: es el campesino expulsado el que fue hacia áreas inhabitadas (la mata), o sea, que no emigró a la ciudad ni fue absorbido como asalariado por la fazenda. La gran propiedad capitalista es básicamente especulativa e improductiva, lo que contribuye a la carestía de la vida, la estrechez del mercado interno y el bloqueo consecuente de las fuerzas productivas: el valor de la producción capitalista es apenas 24,4% del producto agrícola; el de la pequeña producción, que cultiva 32,5 millones de hectáreas (66,2% del área cultivada total) era de casi 51% del producto agrícola total, a finales de la década del 80. El crecimiento agrícola en la fase del milagro quedó muy atrás del industrial (menos del 5% anual) y se concentró en las áreas de exportación, reduciendo relativamente la oferta interna de alimentos: en 1966/67, las exportaciones no llegaban a 12% de la producción agrícola, mientras en 1973 ya eran responsables por casi 19%. En la década del 70, la población urbana creció a un ritmo del 4,5% anual, muy superior al de la oferta alimentaria. Así se explica que, mientras el valor y el volumen de la producción agraria crezcan, el salario real caiga junto al nivel de vida. En 1968, el consumo de arroz por habitante era de 49,5 kg anuales, en 1978 de 47. En el mismo período, el feijão (frijol) cayó de casi 27 kg a 21, y llegó a 18,3 en 1979. En 1971, el salario medio mensual adquiría 46 kilos de carne bovina, o 69,3 de carne avícola, o casi 43 de porcina; en 1979, 28,7, 50,2 y 28,6, respectivamente (17). El predominio social de la producción familiar no es un índice de su superioridad frente a la capitalista: "Esos establecimientos, de escasa productividad, albergan a la aplastante mayoría de la población rural bajo condiciones de vida muy precarias. La salida del asalariamiento en la economía rural es muy estrecha cuantitativamente, y muy precaria en materia de condiciones de vida y trabajo" (18). La reproducción de toda la fuerza de trabajo (urbana y rural) queda entonces comprometida: en términos de disponibilidad para el consumo humano, hubo una caída de 20% por habitante-día, siendo las peores en feijão (ítem básico) y mandioca. En 1965, la disponibilidad calórica por habitante-día era de 3.148; en 1967 de 3.033; en 1979, de 2.986 (19). Latifundio y Estado La valorización del capital de la burguesía agraria, cada vez más ligada a la realización de la plusvalía en el mercado mundial, estrecha sistemáticamente el mercado interno: entre 1977 y 1983, la producción de alimentos por habitante cayó más de 25%, mientras que los exportables crecían 7%, con la caña de azúcar creciendo casi 57% (20). El crecimiento de este último rubro, basado en el programa de alcohol (para sustituir la nafta) fue una monumental operación de saqueo del Estado por los usineiros y los bancos: en 1980, los financiamientos eran otorgados con tasas del 25% anual, contra una inflación del 110%. El barril-equivalente de alcohol era producido a un costo de 72,5 dólares, en el mismo momento en que la gasolina de mejor calidad era vendida a 40 dólares el barril en Rotterdam (21). El alcohol es crecientemente exportado para obtener divisas para el pago de la deuda externa: atraso agrario, obsolescencia industrial, déficit público, deuda externa e interna, e inflación, estaban unidas en una cadena, en cuyas puntas se encuentra siempre el capital financiero internacional. Esto explica "todas las distorsiones que hacen de la Petrobrás la vaca lechera no sólo de los barones del alcohol sino también de las empresas extranjeras del sector petroquímico. El precio de la nafta petroquímica es comercializado a 170/180 dólares la tonelada. El gobierno obliga a Petrobrás a venderla a 99,3 la tonelada, con plazo de 30 días para el pago de las facturas (en la época de la inflación, OC). Este subsidio es uno de los elementos de liquidación de la Petrobrás, representa la pérdida de 5 mil millones de dólares anuales" (22). La inversión estatal no escapa a las leyes del mercado capitalista, que en período de contracción convierte al activo inmovilizado por el Estado en un peso muerto para la valorización del capital en su conjunto (de ahí la ola actual de privatizaciones), esto porque la inversión estatal, canalizando los flujos de inversión, nunca sometió a una racionalidad a la inversión capitalista: al contrario, aquélla siempre estuvo sometida a la anarquía propia del ciclo del capital. Históricamente, la burguesía se propuso resolver la "cuestión agraria" para quebrar el dominio político de las oligarquías, valorizar el conjunto del territorio nacional y contener las sistemáticas revueltas campesinas. El Estatuto de la Tierra y del Trabajador Rural, promulgado por el golpe de 1964, se proponía, en las palabras de Delfim Netto, "un plan de integración nacional que representa la conquista de un nuevo país, dentro de la nación brasileña. Vamos a empujar la frontera para conquistarlo" (23). El balance histórico de la burguesía es un completo fracaso en la eliminación del latifundio, promover el acceso democrático a la tierra y generalizar las relaciones capitalistas: "La remuneración de la fuerza de trabajo en el agro asume hasta hoy formas no capitalistas o precapitalistas de asalariamiento indirecto, parcial o en especie; el colonato de la cafecultura paulista, diversos tipos de aparcería o arrendamiento, así como otras modalidades semejante de subordinación" (24). La Revolución de 1930 programó "reducir al mínimo posible todas las formas de latifundio, especialmente en las fajas de territorio próximas al litoral y a las vías de comunicación", creando una legislación impositiva y de desapropiación que quedó en el papel. Nacieron después "las iniciativas reformistas, radicales o moderadas, que se redujeron durante décadas a una dimensión retórica con proliferación de propuestas disueltas en los canales de circulación del poder, olvidadas en los programas, mensajes de gobierno, discursos públicos y comisiones parlamentarias" (25). La fusión de la burguesía industrial con la oligarquía agraria se dio bajo la égida del capital financiero internacional, que se transformó en uno de los mayores latifundistas (con las propiedades de las multinacionales o el Proyecto Jari). Democracia y dictadura El Estatuto de la Redentora multiplicó el trabajo por pieza (empreitada) del bóia-fria, al tiempo que la expansión de la frontera "hacia áreas donde la mano de obra es escasa y se recrean formas diversas de esclavitud, incompletas pero incuestionables", con "tasas altísimas de renta de la tierra, exorbitantes en cualquier país capitalista desarrollado" (26). Lejos de ser una variante específica del capitalismo (salvaje), el caso brasileño constituye una variante extrema de las características parasitarias que rigen mundialmente al capital financiero. La evasión impositiva es típica del latifundio: durante la dictadura alcanzó 72% del Impuesto Territorial Rural (ITR) cifra que será superada por la democracia representando apenas 0,044% del valor de las propiedades rurales. Casi 67% de los propietarios de mas de 10 mil hectáreas ignoraban al ITR (27). Vulgarmente se afirma que, en la Constituyente de 1988 (la ciudadana) los capitalistas modernos "fueron capaces de derrotar al presidente (Sarney) y su Centrão en cuestiones económicas importantes (pero) una decisión controvertida demostró la fuerza de los conservadores. En mayo, los abogados de la reforma agraria sufrieron una severa derrota en la definición del papel de la tierra en la Constitución" (28). En realidad, la Constituyente apenas sancionó el entierro previo de la reforma agraria, con la connivencia de los modernizadores. El régimen militar había promovido un remate de las tierras públicas, entre latifundistas, empresarios del Centro-Sur y multinacionales. So pretexto de estímulo a la inversión, redujo el impuesto a los réditos en el campo en un 50% e hizo la vista gorda a la evasión del ITR. Los efectos de esas medidas fueron drásticos y rápidos. Pueden constatarse si se compara la forma en que se distribuyeron las tierras nuevas a lo largo de varios años, en las zonas pioneras, dentro de todo el país. Entre 1950 y 1960, el 84,6% de tales tierras fueron ocupadas por establecimientos agrícolas que tenían un máximo de 100 hectáreas, y sólo el 15,4% representó a los establecimientos con más de 100 hectáreas. Entre 1960 y 1970, cuando ya estaban vigentes el Estatuto de la tierra y la política de incentivos fiscales para el desarrollo de la Amazonia, se incorporó el 35% de esas tierras a establecimientos con menos de 100 hectáreas contra un 65% a establecimientos con más de 100 ha. Finalmente, sólo un 0,2% de tierras nuevas se destinaron a establecimientos con menos de 100 hectáreas, mientras que el 99,8% se destinó a los de más de 100 hectáreas (el 75% de esta última área fue ocupada por establecimientos con más de 1.000 hectáreas). Como resultado, no más de 50 mil personas (2,6% de los propietarios) quedaron dueños de 286 millones de hectáreas cultivables (47% del total). En consecuencia, de 600 millones de hectáreas cultivables, apenas 40 son cultivadas; se creó un caos jurídico en relación con la posesión de la tierra, con títulos fraudulentos equivalentes a 3 o 4 veces el área existente; hubo un principio de disgregación del Estado, pues en las zonas en conflicto, jagunços armados asumieron la represión, con sus financiadores latifundistas organizándose nacionalmente en la UDR (Unión Democrática Ruralista); la lucha de los posseiros y de los sin tierra se tornó nacional y explosiva. Bajo esas condiciones, el gobierno de transición decretó el PNRA (Plan Nacional de Reforma Agraria) para evitar la descomposición de la situación y resolverla a través de decretos-ley. La izquierda burguesa (moderna) se prestó al juego, asumiendo el MIRAD (Ministerio de la Reforma Agraria) y el INCRA, defendiendo el "choque capitalista", contra el "patrimonialismo". Nélson Ribeiro calmó a los latifundistas "el Brasil es una sociedad capitalista, la invasión de propiedad es un crimen" alertándolos sobre "las razones políticas que tornan impostergable la reforma agraria". El PNRA preveía el asentamiento de 1,4 millones de trabajadores hasta 1989: un defensor del plan admitió que "en los años 70, 15 millones fueron expulsados del campo. En los próximos 15 años, que es cuanto va a durar la reforma, otros millones serán expulsados por la dinámica capitalista de la agricultura" (29). El presidente Sarney, sin embargo, decretó la desapropiación de apenas 23% del área prevista. Uno de los responsables por el PNRA (jefe del INCRA) concluyó que "fue un fracaso total. Menos de 50 mil familias recibieron su lote, en condiciones precarias" (30). Con 4 ministros en dos años (todos de izquierda) el gobierno de la democracia enterró de hecho la reforma por el decreto-ley de 23 de octubre de 1987. El año siguiente, la Asamblea Constituyente se limitó a sancionar lo sucedido. Desde el inicio de la República (1889), los conflictos agrarios estuvieron en el centro de la lucha de clases en Brasil: "La República no fue inmune a la lucha por la tierra, con características diferenciadas, debido a los cambios habidos en la sociedad, que fortalecieron el poder local de los coroneles, agudizando el deseo de apropiarse de nuevas tierras, sometiendo a las poblaciones y aumentando las tensiones sociales. Hubo fuertes luchas en la Iª República, con los coroneles engrosando y mejorando el armamento de sus jagunços para dominar a los pequeños productores, moradores de sus propiedades, y para disputar espacios territoriales y políticos a sus competidores" (31). Las luchas agrarias Las luchas agrarias fueron el telón histórico de las luchas generales de los explotados. De los quilombos antiesclavistas a las revueltas antigubernamentales del pasaje hacia el siglo XX (quebra-quilos, Canudos, Contestado) se verifica el rechazo a la presencia del Estado en las relaciones sociales, destinada a reglamentar, contra los sectores dominados, la creciente mercantilización de las relaciones económicas, la valorización de la tierra y la unificación del mercado interno. Era la rebelión de clases ligadas a formas precapitalistas de producción, que no conseguían superar el nivel local, ni presentar sus intereses como nacionales (32). En la primera mitad del siglo XX, el eje fue la lucha por la posesión de la tierra, subordinando al conflicto entre patrones y asalariados rurales, frente a la expropiación provocada por el avance del latifundio. Conflictos violentos permanecieron localizados, no se transformaron en nacionales: "Los pequeños propietarios buscaron organizarse en cooperativas y sindicatos, luchando en torno de los precios agrícolas, de los intereses bancarios, como manera de preservar la propiedad familiar. Los posseiros han luchado por la regularización de su situación jurídica, por el respeto a sus posses, por su no traslado a otras áreas. Los arrendatarios y aparceros por el reconocimiento de sus derechos, abriendo procesos judiciales, postergando desalojos, insistiendo en su derecho de permanencia: luchan básicamente por su autonomía y libertad" (33). En la década del 40, el campesinado comienza a adoptar formas sindicales de organización: en 1946 se crea un sindicato en Campos (Río de Janeiro) seguido de otros en Bahia, Pernambuco y San Pablo. "La agricultura de exportación (caña, café, cacao) que exige elevado número de trabajadores, sobre todo en los períodos de zafra, concentró la inversiones de capital, cuya acumulación implicó la sustitución de las viejas relaciones de moradía por el trabajo asalariado, en un proceso acentuado en los años 50, cuando crece la zona cañera y la expulsión de la mano de obra residente en las grandes propiedades. Esta proletarización, iniciada con la expropiación de los foreiros y moradores, contribuyó para la formación de entidades de clase, como las Ligas Campesinas, a mediados de la década del 50, y los sindicatos rurales, al comienzo de la década siguiente" (34). En 1940, había más de 200 mil posseiros; en 1960, 356 mil; llegando en 1980 a 900 mil. En 1959, en un balance de la ULTAB (sindicato rural organizado por el PCB) se relacionan 122 organizaciones independientes, con 35 mil trabajadores rurales, y 50 sindicatos, con 30 mil (35). Fue, sin embargo, "con las Ligas Campesinas, en las décadas del 50 y 60, que la lucha ganó dimensión nacional" (36). Rompiendo con la ULTAB, formularon propuestas de movilización y autodefensa armada, pero no consiguieron romper (así como el propio movimiento obrero) con la política nacionalista de la época, y fueron derrotadas por el golpe de 1964: "La fuerza de la Ligas se reveló una realidad decepcionante. Sólo una pequeña resistencia fue intentada por algunos líderes populares con trabajadores rurales y foreiros del NE, rápidamente vencida por la represión. Las Ligas, con la sindicalización rural, estaban en decadencia" (37). Dictadura y movimientos agrarios De cualquier modo, el periodo de la democracia populista marcó un salto en las luchas agrarias: "De 1955 a 1964, el movimiento campesino se extendió por todo el país, en Maranhão, Goiás, Paraná, San Pablo, Bahia, Pernambuco, Paraíba, con características propias en cada estado. El movimiento fue debilitado por las luchas entre partidos e instituciones, como la Iglesia Católica, el PCB, las Ligas Campesinas, el Movimiento Sin Tierra, así como de personalidades, como Francisco Julião, Padre Melo, Padre Crespo, Gregório Bezerra, etc. La lucha, inicialmente política, degeneró hacia el exterminio de líderes y trabajadores, como Pedro Teixeira… En áreas como el oeste de Maranhão, el este de Pará y el Bico de Papagaio, en el actual Tocantins, hubo gran matanza de trabajadores" (38). Luego se produjo el viraje de la Iglesia hacia los conflictos agrarios: "Su gran temor era que los comunistas estuvieran preparando la guerrilla en el campo, situación que no era posible porque desde 1958 la política del PCB era de alianza con la burguesía nacional y otros sectores, con el fin de combatir el imperialismo y promover la concretización de una etapa democrático-burguesa dentro del desarrollo brasileño. No fue hasta 1965 que la Iglesia tomó una posición menos ambigua con relación al problema del latifundismo al admitir que la expropiación, con fines de lograr una reforma agraria, no constituiría un atentado al derecho de la propiedad mientras la indemnización fuera justa, ya sea en dinero o en títulos" (39). La represión, violenta, fue diferenciada: las Ligas fueron barridas, la CONTAG (sindicato creado en 1963) fue intervenida durante 4 años (64-68), el trabajo sindical posterior se ajustó al Estatuto de la Tierra y al del Trabajador Rural, promulgados por los militares. Después de una década de retroceso, los conflictos pasaron a multiplicarse: a partir de 1974, hay conflictos rurales en todos los estados, y los posseiros llegan a 1,05 millones en 1985, al mismo tiempo que el avance grileiro crea una situación jurídicamente insustentable: "Fuimos a visitar a Tancredo Neves, ya elegido presidente, y él decía que en el sur de Pará nadie aguantaba más, había que hacer la reforma porque nadie sabía quién era el dueño de la tierra, él lo decía, y no era ningún radical" (40). El proletariado rural pasó de 124.341 personas en 1970 a 1.511.774 en 1976 (17% de los trabajadores rurales) (41), afectando a los estados industriales. Un trabajador migrante de la expansión latifundista nordestina, "sobreviviente de la alta mortalidad infantil, poco desarrollado física e intelectualmente, marginalizado en la periferia de las ciudades, en condiciones precarias, sin saneamiento básico, que se levanta a las 4 de la mañana, se alimenta mal, usa el alcohol como fuente de energía, es transportado en camiones mal adaptados, sin contrato de trabajo regular, sin asistencia médica ¡el bóia-fria es ante todo un fuerte!" (42). Con la lucha de este sector superexplotado, la cuestión agraria golpea las puertas de la ciudad, poniendo la alianza obrero-campesina al alcance de la mano: la huelga de Guariba (en Riberão Preto, estado de San Pablo, la "California brasileña") en 1984, la ocupación de la hacienda Annoni en Río Grande do Sul el mismo año, fueron hitos de ese proceso. Surgen entonces los primeros congresos nacionales de trabajadores sin tierra, que dan origen al MST, en Curitiba y Brasilia, así como se incrementa la participación campesina en los congresos de la CUT (Central Unica de Trabajadores, surgida en 1983): "El MST ponía el dedo en la llaga y quebraba la aparente unidad en torno de la reforma agraria. El Estatuto de la Tierra no resolvía el problema creado por los latifundios modernos, como en Ribeirão Preto: representaba la política de modernización del latifundio, pues diseñaba como ideal a la empresa rural" (43). La cuestión agraria cambiaba su carácter de clase. Frente a esta cuestión decisiva, "el IVº Congreso de la CONTAG fue usado como plataforma de lanzamiento de la propuesta oficial… Escondió la autoría militar del Estatuto, y propuso como iniciativa un proyecto que el ministro Nelson Ribeiro traía en su portafolio" (44). Pero contrariando todos los pronósticos acerca de la democracia como calmante de los conflictos de clase, la Nova República fue el teatro de su agudización: en 1986, 768 conflictos implicaron 567 mil personas en un área de más de 10 millones de hectáreas. En ese año y en 1986, 524 trabajadores murieron en conflictos, contra poco más de 50 en 1982, con la UDR latifundista usando abiertamente métodos de guerra civil. El gobierno de la democracia hizo su opción: habiendo reconocido oficialmente la existencia de 12 millones de labradores sin tierra, y de 170 millones de hectáreas ocupadas por latifundios improductivos, de las que 10 millones en situación de conflicto implicando casi 90 mil familias, desapropió apenas 620 mil hectáreas, dando posesión de poco más de 130 mil a 5 mil familias, cifras ínfimas frente a la magnitud del problema. Orígenes del MST Según Thomas Skidmore, el papel de la Iglesia en la cuestión agraria, especialmente en el Amazonas, en el Centro-Oeste y el NE (que motivó la expulsión y hasta el asesinato de varios padres extranjeros) se debe a que "otras instituciones de la sociedad civil estaban ausentes o no podían funcionar eficientemente" (45). Esta descripción oculta la profunda crisis de la Iglesia Católica, que se dividió verticalmente (CNBB) y horizontalmente (Comunidades Eclesiásticas de Base, CEB) en torno de la crisis brasileña, luego de haber prestado todo su apoyo al golpe militar de 1964. Ya en las huelgas obreras de 1978-1980, la izquierda católica jugó un papel moderador e intermediario entre el movimiento y el poder militar, al tiempo en que era colocada crecientemente bajo fuego cerrado del Vaticano, lo que hizo pronosticar a un especialista que "sería sorprendente que ganasen más espacio (dentro de la Iglesia)" (46). El actual MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) surgió de una doble crisis: la del trabajo agrario de la Iglesia (Pastoral de la Tierra y CEBs) y del sindicalismo conciliacionista de la CONTAG, mayoritario en la década del 70: "Teóricamente, son miembros de la CONTAG todos los que no son empleadores rurales, o sea, los asalariados, los pequeños productores, aparceros y arrendatarios, hasta los propietarios minifundistas" (47). En la práctica, en cambio, sucedió otra cosa. Según João P. Stédile, principal dirigente del MST, "el MST existe hace más de 15 años. En un primer período (1979-1983), de retomada de la lucha por la tierra, ocurrieron ocupaciones y movilizaciones en muchas regiones, pero aisladas entre sí. Después de un proceso de mutuo conocimiento y articulación, se constituyó un movimiento nacional, con la realización de un encuentro nacional, en enero de 1984, en Cascavel (Paraná), con representantes de 16 estados" (48). En el Documento Político Básico del MST se insiste en la importancia de la Iglesia en ese origen: "Tuvo un papel no sólo de apoyo o de aliada sino de dirección de las luchas. La CPT (Comisión Pastoral), sus agentes, padres y hasta obispos, por su trabajo de concientización, capacidad intelectual e influencia de masas, y su vínculo directo con las luchas, asumieron durante cierto tiempo la dirección". Dos ocupaciones, en 1979, dieron nombre al MST: "Por causa del Movimiento de Agricultores Sin Tierra (Master) de Brizola y el PTB, la prensa local dijo: ¡los sin tierra volvieron! Funcionó: fue la prensa que nos bautizó. Esas dos ocupaciones originaron el MST, el 7 de setiembre de 1979. En 3 o 4 meses, los agricultores fueron asentados y fue una gran victoria" (49). No fue un movimiento local sino nacional, el cual pasó al margen del sindicalismo conciliacionista existente: "Las luchas que marcaron el origen del MST fueron las ocupaciones de las glebas Macali y Brilhante, en Ronda Alta (Río Grande do Sul) en 1979; la ocupación de la estancia Burro Branco, en Campo Erê (Santa Catarina) en 1980, el mismo año del conflicto en Paraná entre 10 mil familias y el Estado, por causa de la inundación de tierras con la construcción de Itaipú; en San Pablo, la lucha de los posseiros de Fazenda Primavera en Andradina, Castilho y Nova Independência; en Mato Grosso do Sul (Naviraí y Glória de Dourados), miles de arrendatarios desarrollaban una intensa lucha de resistencia al desalojo. Otras luchas acontecían en Bahia, Río de Janeiro y Goiás" (50). Fue la lucha en San Pablo la que dio al MST notoriedad nacional: "El descubrimiento del Pontal de Paranapanema por el MST, una enorme área de asentamiento, con lugar para 25 mil familias, donde la propiedad no está siendo disputada en tribunales (pues ya fue probada la ilegalidad de la ocupación por los actuales hacendados) sino solamente el valor de la indemnización, trajo al MST a San Pablo, le dio cuerpo social y nitidez a los ojos de las elites políticas. El MST nació nacionalmente a partir de un hecho estadual" (51). Este origen pone en su debido lugar la imaginación del inefable James Petras (reproducida en Argentina por Cuadernos del Sur): "El MST, como sus sosias en América Latina (zapatistas mexicanos, movimientos campesinos de Bolivia y Paraguay) representan el rostro humano de las políticas revolucionarias en el mundo pos-Guerra Fria y pos-comunismo". A 13 años de su fundación formal, el MST está organizado en 21 estados, donde ya asentó en ocupaciones de áreas ociosas a 138 mil familias, con 3,7 salarios mínimos mensuales promedio (el promedio brasileño es de 3,82 salarios mínimos por familia). De acuerdo con el MST, hasta 1996 se realizaron 1.564 asentamientos, ocupando un área de 4.870.171 ha, con 145.712 familias. Según Stédile, "la reforma agraria sólo será posible en el marco de la lucha contra el neoliberalismo, el imperialismo y la dependencia del capital. Con un nuevo modelo de desarrollo nacional: nacional, porque atiende a todos los brasileños; popular, porque atiende las necesidades básicas de todo el pueblo". Estrategia del MST Al mismo tiempo que privilegia la acción directa, hasta transformarse en sinónimo del radicalismo intransigente en el Brasil, el MST plantea su lucha en el marco de la Constitución de 1988, que legisló, como vimos, en favor del latifundio: "Concordamos con lo que establece la Constitución. Aunque mucha gente diga que el Estatuto de la Tierra era más avanzado, y lo era, si el gobierno realiza un proceso masivo de desapropiaciones, se debe respetar lo que establece la Constitución. Las mejorías deben ser pagadas en dinero, pues se presume que han sido fruto del trabajo. Es una medida justa, pero es necesaria una buena inspección… La tierra se paga en 15 años, con títulos de la deuda pública. Habrá 15 cuotas, lo que también es justo, porque la sociedad precisa tiempo para aumentar la producción y recuperar esos valores. Aceptamos esos criterios" (52). Los títulos indexados de la deuda pública son una gigantesca operación de saqueo del Estado por toda la burguesía (no es un secreto que existen muchos latifundistas interesados en semejante expropiación). Limitar constitucionalmente la lucha por la tierra no es sólo una astucia legalista sino que la encuadra en los límites del régimen político existente. Pero éste ya probó su incapacidad de realizar la reforma agraria, así como su hostilidad a los explotados de la tierra. Sarney (1985-1990) fijó el objetivo de asentar 1,4 millón de familias, pero sólo lo hizo con 90 mil, en una hipótesis optimista, o sea 6% de su objetivo (insuficiente). Collor (1990-1992) prometió 500 mil, pero frenó la inscripción de nuevas tierras y las desapropiaciones: sólo 23 mil familias recibieron nuevos títulos. Itamar Franco (1992-1994) prometió menos todavía: 20 mil en 1993 y 60 mil en 1994, y benefició a apenas 12.600 en los dos años. Fernando Henrique Cardoso (FHC) prometió en campaña 400 mil títulos, que redujo a 260 mil después de elegido, y se quedó atrás también de esa cifra: 42.912 en 1995, 62.044 en 1996, 21 mil en 1997 (53). Stédile critica las mentiras ocultas por las de por sí limitadas cifras oficiales: "Se suma toda la historia del Brasil, desde Getúlio Vargas, el primero que colonizó oficialmente, hasta hoy. Las cifras indican proyectos de colonización, que no tienen nada que ver con asentamiento: hay consenso en que hay 150 mil familias asentadas en los últimos 15 años, todas como producto de la lucha, en ningún caso por iniciativa del gobierno". También el PT plantea una reforma en el cuadro del desarrollo capitalista, "articulada con una política de desarrollo territorial y complementación agroindustrial (que) constituye una opción para la dinamización político-económica del interior, de las ciudades pequeñas que gravitan en torno de la economía agraria: 3.300 municipios con menos de 25 mil habitantes" (54) (hay en Brasil poco más de 5.000 municipios). Por ahora, la burguesía brasileña no parece muy interesada en esa dinamización. Sometido a la influencia eclesiástica y del propio PT, el MST se define como "movimiento no institucional", lo que significa que no plantea una alternativa política general (la actual "Consulta Popular" junto a otros "movimientos populares" no llega a ese nivel). Esto desmiente el panegírico de que "el MST está desarrollando una efectiva estrategia contra-hegemónica y un bloque político poderoso integrando la ciudad y el campo" (55). Al no hacerlo, la reforma agraria, inclusive los asentamientos conquistados por la acción directa, pasan a depender del visto bueno del propio gobierno, o sea, de la liberación de créditos rurales de todo tipo, incluidos los de la reforma agraria, así como numerosos programas complementarios (Procera, PRONERA, etc.). Reforma agraria y crisis del capital En las condiciones de crisis capitalista mundial, los gastos sociales son sistemáticamente cortados, y lo que queda es usado como elemento de chantaje sobre el movimiento agrario. La consigna del MST es "ocupar, resistir, producir". A medida que se llega a la última fase, el crédito pasa a ser esencial, lo que, en las condiciones de una de las más altas tasas de interés del planeta, significa que los asentamientos se transforman en rehenes del capital financiero (que da todo tipo de ventajas al latifundio) y ante la perspectiva de su estrangulamiento y quiebra por el capital. Stédile defiende que "el pequeño productor no puede competir con las grandes propiedades exportadoras, pero no es incompatible con ellas". El MST propone entonces que la pequeña propiedad sea estimulada a producir alimentos, e integrada a pequeñas y medias agroindustrias. Pero este año, la Coordenación Nacional del MST denunció, en setiembre, lo que cabe esperar de la política oficial: "El gobierno gastó apenas 28% del presupuesto aprobado para la Reforma Agraria. Ahora, comprometido en garantizar los elevados beneficios de los bancos, el gobierno retira 181 millones de la Reforma, 14% de todo el presupuesto. Nunca pensó en cortar el pago de intereses, el envío de dólares para el exterior, el pago de las deudas interna y externa. Siempre quiere cortar gastos sociales". En cuanto al Pronera, el presupuesto garantizaba proyectos de educación de jóvenes y adultos en 1.538 asentamientos, con 100 mil alumnos, en colaboración con 39 universidades. Los cortes del último paquete retiraron 90% de los recursos. Sólo 3 millones de reales serán ejecutados, lo que alcanza para alfabetizar 7 mil trabajadores, en vez de 100 mil. Pero en el mismo paquete, FHC autorizó la renegociación de la deuda de los grandes productores, con alargamiento de los débitos en 20 años y rebaja de las tasas de interés, así como que 100% de los recursos tomados por los bancos para la agricultura sean usados para comprar títulos públicos con corrección cambial. La Anti-Reforma de FHC Bajo el gobierno socialdemócrata, el capital promovió una verdadera anti-reforma agraria, acelerada por la propia crisis económica. En 1985, había (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística) 23,4 millones de personas ocupadas en el campo, número que cayó a 16,6 millones en 1996. En el mismo período, el número de establecimientos agrícolas cayó de 5,8 millones a 4, 98 millones: casi un millón menos, de los que 600 mil fueron en el sector mayoritario de la agricultura familiar (con menos de 10 hectáreas). El INCRA, a su vez, registra 300 millones de hectáreas improductivas, pero el ITR de 1997, con previsión de 1,2 millones de reales, recaudó sólo 200 millones (¡menos de una coca-cola por hectárea improductiva!). Entre 1985 y 1995 fueron eliminados 5,24 millones de puestos de trabajo en el campo, y en 1996 (FHC) 1,5 millón: bajo FHC también fueron suprimidas 400 mil pequeñas propiedades (para un total de 600 mil en toda la década). En 1997, Brasil pasó a importar U$S 7,5 mil millones de productos agrícolas (antes producía 90% del trigo que consumía, ahora 66%): actualmente cultiva 7,1 millones de hectáreas menos que en el inicio de la década del 90. Bajo FHC, el área plantada cayó de 38,5 a 35,7 millones de hectáreas (menos del 7,2%): entre 1994 y 1997, los precios recibidos por los agricultores aumentaron 37,5%, mientras que los insumos aumentaron 60,1% (la renta agrícola cayó 59%). El Pronaf (programa de apoyo a la agricultura familiar) liberó 2,5 mil millones, para una demanda de 4 mil millones. La concentración agraria avanzó como nunca en toda la historia contemporánea, aprovechando la crisis agrícola y la caída del precio de la tierra (menos del 40-50% bajo el Plan Real). Ligado a esto está el avance de los grupos paramilitares de los latifundistas, ahora más integrados con la policía: bajo FHC, fueron ya asesinados más de 150 trabajadores agrarios, con dos masacres, la de Corumbiara (11 muertos) y la Eldorado dos Carajás (19 muertos). Nadie fue preso, como también sucedió con el asesinato de dos líderes del MST en Pará (abril de 1998), continuación de la masacre de Eldorado, pues encabezaban 550 familias que estaban juntándose a otras 690, sobrevivientes de la masacre que se encontraban en el asentamiento Palmares. Y FHC, con sus supuestos 100 mil asentados (fantasías), ¡se proclama el campeón de la reforma agraria! No es de extrañar que la lucha agraria haya sido más importante que nunca bajo FHC, ahora ya como movimiento nacional organizado, como nunca antes: el MST, originario del Sur, tiene ahora más de 50 mil familias asentadas en el NE. Sus marchas, especialmente la que concluyó con la ocupación de Brasilia el 17 de abril (en el primer aniversario de la masacre de Eldorado), con más de 100 mil personas, se transformaron en el canal de protesta de toda la población explotada del país. Frente Popular Es frente a la cuestión agraria que el Frente Popular orquestado alrededor del PT se reveló como una tentativa de estabilización burguesa, al punto de ahuyentar a una parte del electorado petista. En el programa de la União do Povo-Muda Brasil, el capítulo significativamente titulado "Paz en el Campo" propone asentar 1 millón de familias e irrigar un millón y medio de hectáreas, en 4 años, previendo un costo de U$S 12-15 mil por familia asentada (indemnizaciones mediante) sin contar gastos en salud, educación e infraestructura. Todo esto estaba por detrás de las necesidades objetivas inmediatas, de la explosividad de la situación agraria y de los propios reclamos del MST: asentamiento de 4 millones de familias, créditos de U$S 18 mil por familia, pagables en 20 años (y no en 7), desapropiación inmediata de toda tierra improductiva con potencial agrícola, cobro en tierras de todos los grandes deudores de la Sudene (Superintendencia de Desarrollo del Nordeste), frentes de trabajo en el NE para 2 millones de personas, controladas por comunidades y sindicatos, aumentos salariales y canasta familiar para todas las familias. El programa petista no era claro siquiera acerca de los medios necesarios para su reforma: en la práctica, el PT privilegió, durante la campaña electoral, las relaciones con la moderada Contag (ahora afiliada a la CUT); su Encuentro Nacional Extraordinario rechazó la moción presentada por la izquierda de legalización de las ocupaciones de tierra ya realizadas. Toda la política de la reforma agraria legal tiene una base falsa, no sólo por la falsedad de los números de FHC sino porque también es falsa la base de cálculo: "El Censo Agropecuario de 1985, del IBGE, apuntó la existencia de 24,5 millones de hectáreas productivas no utilizadas, grandeza sustancialmente diferente a la del INCRA" (56). El uso del ITR como medio de limitar el latifundio improductivo se ha revelado ridículo: la pequeña y mediana propiedad siempre han pagado más impuesto que la grande; en 1994, menos de 40 millones de reales (U$S 32 millones) fueron recaudados con ese impuesto. El impasse del MST Los trabajadores rurales forman casi 40% de la población económicamente activa, en sus diferentes categorías. Sobreviven 5 millones de establecimientos familiares, que producen la mayor parte de lo que el mercado interno consume. El sector agrícola produce 50 mil millones de dólares (12% del PNB). La caída de 27% de los precios ha perjudicado a los pequeños agricultores, pues éstos producen para el mercado interno, lo que se agravó con el Mercosur, que eliminó tasas de importación para productos más baratos de los tres socios del Brasil. Hay también 6 millones de asalariados en el campo, temporarios o permanentes, sometidos a migraciones y abandono de sus familias. Una investigación de la UERJ (Universidad Estadual de Río de Janeiro) muestra que más de la mitad de los habitantes rurales vive por debajo de la línea de pobreza (menos de un cuarto de salario mínimo 25 dólares por cabeza). Son 18.756.494, 3,4 millones de familias de pequeños propietarios, aparceros, medieros, asalariados y trabajadores sin remuneración, 53% de los habitantes del campo: en estados como Ceará, Paraíba y Piauí, suman más de 70% de la población rural. Frente a ello, la estrategia del MST está frente a un impasse objetivo, por su dependencia frente al Estado en el crédito rural (y su consecuencia combativa, la ocupación de bancos de crédito agrícola y edificios del INCRA), ínfimo frente a la miseria aplastante, del que no se sale promoviendo el cooperativismo socialista en los asentamientos, definido como "la cooperación que nace con el objetivo del autosostén y para intervenir en el mercado (esfera de la circulación), iniciando su liberación del transportista (camionero) y del intermediario (comerciante)" (57). Tampoco se resuelve planteando que "nuestra gran diferencia es sobre los objetivos económicos, políticos y sociales en las cooperativas, que es cuestión de principios internos" (organización de los cooperativistas en núcleos, distribución democrática de los excedentes). Ni planteando "en términos de organización espacial y geográfica las agrovillas, que permiten la urbanización y facilitan las inversiones sociales en luz eléctrica, agua potable, en escuelas más próximas de los niños" (58). Cerca de 900 escuelas primarias, 1.500 profesores, 300 monitores de alfabetización, 35 mil niños y adolescentes, representan la estructura educacional del MST. En la práctica, en los sectores cooperativos más antiguos, ya se desarrollan relaciones asalariadas con los campesinos llegados más recientemente. "Nuestro futuro está ligado a la agroindustria", dice José Rainha, símbolo del MST, en relación con la cooperativa más desarrollada, la Cocamp (del Pontal de Paranapanema), que ha recibido créditos para instalar una fábrica de frutas elaboradas, otra lechera y otra de procesamiento de granos, y que espera plantar 2 millones de pies de café en 1999, "transformando al Pontal en la principal región cafetera del estado" (59). Con la reelección de FHC y la crisis económica, estas perspectivas comenzaron a hundirse, con lo cual el MST "rompió la tregua establecida con el gobierno" y recomenzó las invasiones: un ingenio en Pernambuco, tres haciendas en el NO de Paraná y otras tres en el Pontal de Paranapanema. Todo el mundo sabe, y ahora una investigación demostró, que "la gran mayoría de los asentamientos entre 1994 y 1997 fue consecuencia de invasiones: de 352 en San Pablo, Pernambuco, Goiás, Espíritu Santo, Paraná, Santa Catarina y Mato Grosso do Sul, 304 fueron de invasiones y sólo 48 de iniciativa del gobierno federal" (60). Perspectivas Es bastante idiota criticar al MST, como lo hace un grupejo académico argentino, por su "total irresponsabilidad" (sic) al no organizar milicias campesinas (la burguesía brasileña lo acusa cotidianamente de lo contrario) y, para peor, dictando la norma de que los problemas del campesinado tendrán solución "sólo con un programa que provenga del proletariado" (re-sic) (61). Como eso todavía puede demorar un poco, cabe concluir que ese grupo pretende que los campesinos brasileños se aprieten el cinto todavía más, hasta que no aparezca el "programa" y no sean anunciadas públicamente las "milicias", lo que retrata a un grupo puñetero. La crisis mundial y la catástrofe económica brasileña acentúan la lucha de clases, llevando el conflicto agrario a una situación explosiva, que repercute en el movimiento obrero. Los asalariados rurales vuelven a estar a la cabeza: cerca de 130 mil cañeros están en huelga en Pernambuco, los patrones les ofrecen 3,16% de reajuste, si aumentan su productividad en… 33% (aumentando la jornada de trabajo), lo que es una provocación. La alianza obrero-campesina es la base de la revolución agraria y ésta, la base de la revolución del país-continente. Las impresionantes luchas campesinas han sido, en los últimos años, la clave de la radicalización obrera (huelgas petroleras y universitarias) y de la existencia de una corriente clasista en su seno. El desarrollo consecuente de ese combate, con el programa de la nacionalización de la tierra y de la expropiación sin pago del latifundio, conduce hacia la unidad de los explotados, por el gobierno obrero y campesino y la unidad socialista de América Latina. Diciembre de 1998 Notas: 1. Emília Viotti da Costa. Da Senzala à Colônia, San Pablo, Difel, 1966. 2. Glaucio Ary D. Soares. 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José de Souza Martins. Os Camponeses e a Política no Brasil, Petrópolis, Vozes, 1986, pág. 144. 34. Lia Pandolfi. Nordeste: movimentos sociais, Terra Firme 2, Río de Janeiro, 1985, pág. 22. 35. Élide Rugai Bastos. As Ligas Camponesas, Petrópolis, Vozes, 1984. 36. Ariovaldo U. de Oliveira. A Geografia das Lutas no Campo, San Pablo, Contexto, 1988, pág. 25. 37. Caio Navarro de Toledo. O Governo Goulart e o Golpe de 64, San Pablo, Brasiliense, 1984, pág. 110. 38. Manuel Correia de Andrade. Op. Cit., pág. 14. 39. José de Souza Martins, Pablo González Casanova (org.). Historia Política de los Campesinos Latinoamericanos, México, Siglo XXI, vol. 4, 1985, pág. 67. 40. Francisco Weffort et al. A Constituinte em Debate, San Pablo, Sofia, 1987, pág. 237. 41. Paul Singer. Dominação e Desigualdade, Río de Janeiro, Paz e Terra, 1981, pág. 129. 42. J. E. Dutra de Oliveira. Bóias-frias: uma realidade brasileira, ACIESP 30, San Pablo, CNPq, 1981. 43. José Graziano da Silva. Op. Cit., pág. 59. 44. Isaac Akcelrud. Reforma Agrária, San Pablo, Global, pág. 59. 45. Thomas Skidmore. Brasil: de Getúlio a Castelo, Río de Janeiro, Paz e Terra, 1988, pág. 576. 46. Scott Mainwaring. Igreja Católica e Política no Brasil (1916-1985), San Pablo, Brasiliense, 1989, pág. 280. 47. José Graziano da Silva, Op. Cit., pág. 88. 48. João P. Stédile. A luta pela Reforma Agrária, Revista ADUSP 9, San Pablo, junio 1997. 49. João P. Stédile. O MST e a questão agrária, Estudos Avançados 11(31), San Pablo, IEA-USP, 1997, pág. 71. 50. Bernardo M. Fernandes. Formação, especialização e territorialização do MST, João P. Stédile (org.), A Reforma Agrária e a Luta do MST, Petrópolis, Vozes, 1997, pág. 134. 51. Zander Navarro. Sete teses equivocadas sobre as lutas sociais no campo, João P. Stédile, Op. Cit., pág. 120. 52. João P. Stédile, Estudos Avançados, ed. cit., pág. 82. 53. B.A. David et al. Atlas dos beneficiários da Reforma Agrária, Idem, pág. 52. 54. Maria da Conceição Tavares, Folha de S. Paulo, 27 de abril de 1997. 55. Cuadernos del Sur, Buenos Aires, octubre de 1997. 56. Francisco Graziano. Qual Reforma Agrária?, San Pablo, Geração, 1996, pág. 77. 57. MST. Uma Concepção de Desenvolvimento Rural, s.d.p., pág. 28. 58. João P. Stédile. Entrevista, Universidade e Sociedade 13, San Pablo, s.d.p., pág. 57. 59. O Estado de S.Paulo, 22 de marzo de 1998. 60. Idem, 12 de octubre de 1998. 61. Estrategia Internacional Nº 9, Buenos Aires, julio 1998.

1 de diciembre de 1998
Un nuevo papel para la OTAN

A mediados de setiembre, en una reunión a puertas cerradas, Clinton y la cúpula del Pentágono acordaron aumentar el presupuesto militar norteamericano en 20.000 millones de dólares anuales durante los próximos diez años. Así, a fines de la primera década del próximo siglo, el gasto militar norteamericano habrá aumentado más del 50% respecto del nivel actual de 270.000 millones de dólares. Llegará entonces a 420.000 millones, es decir, una suma superior a valores constantes que su máximo pico histórico, alcanzado a mediados de los años 80, en la época de la guerra de las galaxias de Reagan contra el imperio del mal soviético. La noticia del sustancial aumento del gasto militar hizo trepar fuertemente las acciones de las empresas de la industria de la defensa. Fuera del complejo militar-industrial y de su lobby político, sin embargo, la medida recibió el unánime rechazo de los principales medios de prensa, que la calificaron como un desperdicio de dinero. "Los militares dice uno de ellos continúan dilapidando dinero en armas () que no son necesarias por el momento" (1). Otro agrega que "siete años después del colapso de la URSS () el ejército puede arreglarse con algunos tanques menos, la fuerza aérea puede vivir sin docenas de aviones adicionales y la marina no enfrenta amenazas que requieran la producción de nuevos submarinos. La idea de agregar 20.000 millones al año al presupuesto militar () es un insulto a los contribuyentes" (2). Los generales del Pentágono justificaron el aumento con el argumento de que "los Estados Unidos deben tener suficiente capacidad para pelear simultáneamente y ganar dos guerras del tamaño de la del Golfo" (3), probablemente contra Irak y Corea del Norte. Semejante amenaza, sin embargo, no justifica ni de lejos el aumento del presupuesto militar. En su nivel actual de 270.000 millones, el gasto militar norteamericano es ¡54 veces superior! al gasto militar conjunto de Irak (2.000 millones) y de Corea del Norte (3.000 millones). Y esto sin tomar en cuenta a sus aliados de la Otan y a sus aliados extra-Otan, algunos de los cuales estarían llamados a jugar un papel decisivo en una guerra de esta naturaleza. El presupuesto militar de Corea del Sur triplica al de Corea del Norte y el de Arabia Saudita es cuatro veces superior a los presupuestos combinados de las destruidas Irak e Irán. La desproporción entre las supuestas amenazas y los medios a disposición de los militares norteamericanos es tan manifiesta que la hipótesis de dos guerras del Golfo simultáneas no puede ser considerada seriamente como la causa del aumento del presupuesto militar norteamericano. Otros analistas, como Thomas Friedman (4), parecen justificar el aumento del gasto en los "peligros" provocados por "el derrumbe de los pilares que estabilizaron el mundo de la posguerra fría", es decir, por el agravamiento de la crisis mundial. Friedman cita cuatro "pilares" de esa estabilización: "la idea de que Rusia había dado un salto irreversible desde el comunismo hacia el capitalismo de libre mercado"; "la derrota de Saddam a manos de Estados Unidos en la guerra del Golfo"; "el modelo económico neoliberal"; y, finalmente, "los líderes mundiales" que condujeron la salida de la guerra fría. Es claro que el completo empantanamiento del régimen yeltsiniano y el derrumbe de la Rusia reformista, la crisis económica mundial que llevó a la quiebra de instituciones financieras fundamentales, como la norteamericana LTM, al derrumbe del sudeste asiático y al estallido de gruesas crisis políticas, e incluso de revoluciones, en ese subcontinente, y la crisis política en los principales países, que llevó a la "desaparición de los líderes que forjaron el mundo de la posguerra fría" (5), como la Thatcher, Kohl o Rabin y que debilitó a los que lograron mantenerse en el poder, como Yeltsin (¿por cuánto tiempo más?) o Clinton, son factores de enorme desestabilización mundial. No puede afirmarse lo mismo, sin embargo, de la permanencia de Saddam en el poder. Hussein se mantiene en el poder o para decirlo más estrictamente, el imperialismo decidió no derrocarlo, incluso en los días que siguieron a la guerra del Golfo precisamente porque el dictador iraquí es un factor de estabilización en todo el Medio Oriente y el Golfo Pérsico. Saddam es, antes que nada, el represor de los kurdos, una minoría nacional oprimida que vive en los territorios de Irak, Irán y Turquía. La caída de Saddam plantearía la emergencia de un levantamiento nacional kurdo, que necesariamente se extendería a sus hermanos de Turquía e Irán. Así, la caída de Saddam tendría un efecto desestabilizador sobre toda la región del Mar Caspio y los Balcanes, dos zonas altamente sensibles para el imperialismo norteamericano. El derrocamiento de Hussein tendría, además, un efecto desestabilizador sobre Arabia Saudita, donde "existe desde hace varios años una crisis política muy seria dentro de la familia reinante, que en gran parte está vinculada a la ocupación militar del país por parte de los Estados Unidos luego de la llamada guerra del Golfo de 1991" (6). La caída de Saddam fortalecería, entonces, al grupo "que reclama el retiro de las tropas yankis, un planteo que está ligado a la necesidad de independizar relativamente al país, en momentos en que la deuda externa y la caída de los precios del petróleo amenazan con provocar la bancarrota de la economía saudita" (7). Los norteamericanos necesitan el espantajo de Saddam para justificar su ocupación militar del Golfo Pérsico. Finalmente, los efectos desestabilizadores de la caída de Hussein, extendiéndose por toda la región, alcanzarían a Medio Oriente, donde ya la crisis política es manifiesta. Arafat cuenta, cada vez menos, con el respaldo de los palestinos mientras que las fracturas provocadas por los acuerdos de paz en el bando sionista abren, incluso, la perspectiva de una guerra civil. En este sentido, el asesinato de Rabin a manos de un derechista israelí y los choques de los colonos sionistas con la policía son toda una señal. Vigencia de la política democratizante El error de Friedman, sin embargo, no se reduce a su apreciación del régimen de Saddam Hussein; tiene un carácter más general. Al ligar los "peligros" creados por el "derrumbe de los pilares del orden de posguerra" con el incremento del gasto militar, Friedman parece sugerir que el imperialismo se plantea una salida de fuerza frente al agravamiento de la crisis mundial. Semejante hipótesis implicaría un giro sustancial de la política norteamericana: el abandono de la política democratizante, que ha dominado durante las últimas dos décadas el escenario mundial. La estrategia democratizante, ciertamente, le ha rendido enormes beneficios al imperialismo norteamericano. Le permitió hacer frente a las crisis revolucionarias planteadas por el derrumbe de los regímenes burocráticos de Europa Oriental y Rusia. Es el vehículo de una vasta penetración económica imperialista en los ex Estados obreros, en particular en los de Europa Oriental y China. La política democratizante es el ariete con que el imperialismo pretende derrumbar al régimen cubano y la que le permitió enterrar las situaciones revolucionarias en América Central, en Sudáfrica, en Angola y en Medio Oriente. Hasta en la propia Europa, la política democratizante ha jugado su papel, como lo prueban los acuerdos de paz que han hundido la lucha nacional irlandesa. En América Latina, el ciclo democratizante es el de la penetración financiera, económica y política del imperialismo y de liquidación de las conquistas sociales de las masas más profundo del que se tenga memoria. La monopolización económica del continente y la subordinación política de sus regímenes al imperialismo norteamericano no tiene precedentes. Estados Unidos adoptó la política democratizante, además, por sus propias consideraciones internas. La burguesía norteamericana llevó adelante una salvaje reducción del salario obrero y de las conquistas sociales de los trabajadores en el cuadro de la contrarrevolución democrática reaganiana. Habiéndose agotado el ciclo reaganiano, la burguesía norteamericana todavía tiene por delante la llamada segunda generación de reformas: la privatización de los sistemas de salud, de educación y de jubilación y la destrucción de la seguridad social. Frente a estas tareas, los ataques clintonianos con una fraseología igualitaria y con el respaldo de la burocracia sindical son enormemente más efectivos para la burguesía que la política de la derecha republicana y religiosa. ¿El imperialismo norteamericano se apresta a abandonar una política que le ha dado resultados tan clamorosos para adoptar una salida de fuerza? La respuesta es un rotundo no. El imperialismo enfrentó cada una de las crisis planteadas por "el derrumbe de los pilares del orden de posguerra" profundizando la política democratizante. En Rusia, después del colapso bursátil y de la caída del fugaz gabinete de Kirilenko, los comunistas cogobiernan el país. El primer ministro Primakov subió con el respaldo explícito del PC, que además ubicó algunos de sus miembros más prominentes en el gabinete y en la presidencia del Banco Central. La entrada de los opositores al gobierno explica el fracaso de la última huelga general, convocada por esos mismos opositores. En Indonesia, frente al derrocamiento de Suharto por la movilización estudiantil, fue privilegiada la salida de un gobierno de emergencia encabezado por el vicepresidente de Suharto, encargado de implementar ciertas reformas constitucionales democratizadoras y convocar a elecciones presidenciales en el plazo de un año. Incluso, fue descabezada el ala militar partidaria de una salida golpista. En Corea del Sur, gobierna la centroizquierda que ha logrado imponerles a los sindicatos una ley para forzar los despidos en masa que reclaman las patronales. La política democratizante fue usada a destajo también en Albania frente a la revolución que, en marzo de 1997, derrocó al gobierno derechista de Sali Berisha. Cuando las masas exasperadas salieron a la calle, desarmaron al ejército y derrocaron al gobierno, el imperialismo reconoció como primer ministro interino al izquierdista Fatos Nanno, quien inmediatamente convocó a elecciones. El imperialismo, incluso, buscó la colaboración de los jefes de los comités que representaban a la población armada y que ejercían el poder en las ciudades del sur de Albania: el primer ministro italiano viajó con ese fin a Albania en los días más calientes de la revolución. Las elecciones convocadas por Nanno marcaron el cierre de una etapa de la revolución albanesa. En Europa, la crisis de los regímenes políticos no ha dado lugar a victorias de la derecha que está fragmentada y en retroceso en todos los países importantes sino al ascenso de gobiernos de centroizquierda y hasta de gobiernos frentepopulistas, como el de la izquierda plural francesa, que incluye al PC. Incluso, cuando estos gobiernos centroizquierdistas han entrado en crisis como el del Olivo en Italia la salida que se ha impuesto no ha sido el retorno de la derecha sino la reconstrucción del centroizquierda. En Ecuador, el Congreso, con el respaldo de las fuerzas armadas, montó una salida constitucional para deshacerse del presidente Bucaram y evitar su derrocamiento a manos de una movilización popular sin precedentes en la historia del país. En Colombia, el imperialismo norteamericano impulsa abiertamente las negociaciones de paz del gobierno de Pastrana con la guerrilla de las Farc. Con todo, la prueba más evidente de la vigencia de la política democratizante ha ocurrido en los propios Estados Unidos, donde un presidente como Clinton, débil y jaqueado por una profunda crisis política, logró una resonante victoria en las elecciones parlamentarias apelando al espantajo de la derecha. "El paso de las expectativas de una destitución de Clinton a la derrota electoral del partido republicano indica que el régimen capitalista norteamericano rechaza a la derecha confesional como una alternativa peligrosa en la actualidad, para su estabilidad y sus intereses () la dominación política por medios democratizantes sigue siendo la opción fundamental del imperialismo a nivel mundial" (8). La política democratizante, es decir el engaño democrático, tiene todavía una amplia viabilidad, en última instancia, porque las direcciones de las organizaciones de las masas la burocracia sindical, la socialdemocracia, los ex stalinistas reconvertidos, la izquierda democratizante y hasta corrientes que se reclaman del trotskismo están integradas a la política del imperialismo democrático. Ante la falta de independencia política del proletariado, la creciente polarización social no se traduce en una polarización política sobre ejes de clase. En este cuadro, el sistemático ascenso de las luchas obreras que se manifiesta en los Estados Unidos, en el sudeste de Asia y, en forma menos marcada, en América Latina y Europa, es una razón adicional para que la burguesía evite las salidas extremas. La burocracia sindical y los partidos de la izquierda democratizante se han revelado infinitamente más efectivos que la derecha para hacer retroceder y llevar a la derrota las luchas de los explotados. El aumento del presupuesto militar y el rearme de los Estados Unidos debe ser explicado, entonces, en el cuadro de esta estrategia democratizante, de la cual forma parte integral, y no en oposición a ella. La tendencia al fortalecimiento de los aparatos represivos estatales en el cuadro democratizante no debería sorprender. En el plano interno de los Estados Unidos, por ejemplo, la verborragia liberal de Clinton ha ido acompañada de un fenomenal reforzamiento del aparato policial-carcelario contra los explotados (crecimiento de la población carcelaria, crecimiento del número de condenas a muerte y de los crímenes castigados con la pena capital, sistemática violencia policial). Sólo un cretino puede suponer que cuando una condena es dictada por un juez o cuando el bombardeo de un país atrasado es ordenado por un organismo internacional no es represión y masacre sino justicia. El orden mundial democratizante es un orden de opresión nacional, de desigualdades crecientes, de masacres contra los pueblos, de expropiación, desocupación y miseria para las 9/10 partes de la humanidad. Este orden no nos habla de un supuesto carácter democrático del imperialismo como sostienen los centroizquierdistas sino, por el contrario, del carácter imperialista de la democracia. ¿Terminó la guerra fría? En contra de la opinión más comúnmente escuchada, lo cierto es que el gasto militar norteamericano no se ha reducido desde el fin de la guerra fría. Como hace notar Gilbert Achcar en su muy detallado estudio sobre el presupuesto militar norteamericano y las hipótesis estratégicas que se desprenden de él (9), el actual gasto militar norteamericano equivale (en valores constantes) al 85% del gasto promedio durante todos los años de la guerra fría (1945/91). Incluso, si se excluyen los años de Reagan, el gasto actual resulta superior al que se registró durante ese período (con la excepción de los picos de las guerras de Corea y de Vietnam). Achcar concluía acertadamente, incluso antes del aumento que acaba de autorizarse, que "lo que realmente está buscando la administración centrista de Clinton es estabilizar el gasto militar hasta el comienzo del siglo próximo, en los niveles de la guerra fría…" (10). El nivel del gasto militar, sin embargo, no dice mucho respecto de la verdadera capacidad de combate de las fuerzas armadas norteamericanas, hoy infinitamente superior que en cualquier otro período de la guerra fría. Esto porque, aunque los armamentos actuales son mucho más costosos por unidad que los de antaño, su poder destructivo es infinitamente superior. Si bien es cierto, como argumentan los militares, que el aumento de los precios de los armamentos es superior al de la inflación, lo que realmente importa es que el aumento de su capacidad destructiva es todavía mayor que el de sus precios. Si en términos absolutos, el gasto militar norteamericano no se ha reducido, en términos relativos ha crecido de una manera desmesurada. El gasto militar norteamericano es superior al gasto combinado de las seis potencias con los mayores presupuestos militares después de los Estados Unidos (Rusia, Japón, Alemania, China, Francia y Gran Bretaña). No se trata, sin embargo, sólo de una cuestión de dinero: como reconoce un diario británico, "la brecha tecnológica entre Estados Unidos y Europa está aumentando exponencialmente" al punto que las grandes potencias europeas han debido reconocer que no pueden ir a la guerra sin el respaldo norteamericano. "Tanto Francia como Gran Bretaña continúa el mismo diario tácitamente aceptan que cualquier operación futura requerirá alguna forma de involucramiento norteamericano" (11). Este cálculo, sin embargo, encubre la real potencia de la maquinaria militar norteamericana, porque no considera las alianzas militares que los Estados Unidos integran y dirigen. El gasto militar conjunto de Estados Unidos y sus principales aliados militares (los países de la Otan y Japón), representa el 63% de gasto militar mundial (representaba el 50% en 1985). Pero además de estos aliados principales, Estados Unidos cuenta con otros aliados menores Israel, Arabia Saudita, Indonesia, Australia, Brasil cuyos gastos militares son también significativos. En este cuadro, no es arriesgado señalar que Estados Unidos controla, por sí mismo o a través de sus aliados, entre el 80 y el 85% del gasto militar mundial. Es decir, que se trata de una potencia militar abrumadora. A esto, Clinton y el Pentágono le acaban de agregar 200.000 millones de dólares, distribuidos a lo largo de la próxima década. Citando a los propios estrategas e institutos de defensa norteamericanos, Gilbert Achcar concluye que la hipótesis estratégica que está detrás de este enorme presupuesto militar no son Irak y Corea del Norte sino Rusia y China. Achcar escribe que "la afirmación de que el presupuesto militar norteamericano está ajustado al escenario de dos grandes guerras regionales con enemigos como Irak y Corea del Norte dos países debilitados, con escasa capacidad militar parece muy probablemente una mistificación (). No hay que ser particularmente suspicaz para imaginar que el escenario de dos guerras regionales con enemigos del tipo de Irak/Corea del Norte puede ser un artificio para ocultar los postulados estratégicos que realmente dominan las opciones militares norteamericanas. En cualquier caso, sospechas de este tipo inevitablemente han comenzado a crecer en los propios Estados Unidos, en los círculos que estudian las relaciones internacionales y las cuestiones estratégicas () en este cuadro, Irak es en cierto sentido un nombre en código para Rusia y Corea del Norte un nombre en código para China () El nivel (de gasto y de equipamiento) que mantienen las fuerzas armadas de Estados Unidos se corresponde mucho mejor con dos guerras simultáneas con China y Rusia que con dos guerras limitadas (con Irak y Corea del Norte). Obviamente, las razones detrás de esta codificación (de Rusia y China) no son difíciles de comprender" (12). Rusia y China Tanto en China como en Rusia, el proceso de la restauración capitalista está lejos de haber concluido y enfrenta la perspectiva de enormes crisis políticas y sociales. Su comportamiento político futuro es, por lo tanto, incierto. Estos gigantes, cuyo futuro político es impredecible, cuentan con misiles intercontinentales, armas nucleares y satélites espías y de comunicación que cubren toda la superficie del globo. Ningún otro problema presenta semejante desafío potencial para Estados Unidos, en la calidad de Estado capitalista rector. Esta opción estratégica norteamericana no sólo explica el nivel de sus gastos militares sino también la dominación militar que ejerce sobre sus aliados (Europa, Japón) y su cerrada negativa a posibles alianzas militares regionales (como la defensa europea reclamada por Francia) que sean capaces de cuestionar la hegemonía militar norteamericana. En función de este planteamiento estratégico, Estados Unidos extendió la Otan hacia el Este: incorporó a Polonia, Hungría y la República Checa y dejó la puerta abierta para futuras incorporaciones de otros países del difunto Pacto de Varsovia. Además, reforzó la presencia de su flota en el Mediterráneo y, sobre todo, en el Mar Negro, hasta hace poco considerado virtualmente un mar interior de Rusia, e incorporó a Rumania y Bulgaria dos ex países comunistas con costas sobre el Mar Negro a la Unión Europea Occidental (WEU), una asociación con estrechos lazos con la Otan. Como compensación a esta expansión militar hacia sus fronteras, Rusia recibió algunos premios consuelo: su aceptación, completamente formal, en el G-7; la comprensión occidental a su injerencia política y militar en las repúblicas de la ex URSS (¡Chechenia!) y la firma del llamado acuerdo Rusia-Otan. Según este acuerdo, la Otan "no tiene intención" de instalar armas nucleares en los países recién incorporados" (pero sí puede hacerlo en el futuro) y puede establecer unilateralmente el número de tropas estacionadas permanentemente en estos países y de los desplazamientos temporales (aunque afirma que "no tiene intención" de excederse más allá de los "niveles adecuados"). Peor aún, la Otan no renuncia a la incorporación de nuevos miembros hacia el Este, incluso de repúblicas que formaron parte de la antigua Unión Soviética, como las del Báltico o Ucrania. Esto no es todo. Además, "este particular acuerdo no es legalmente vinculante para la Otan y no requerirá aprobación del Senado (norteamericano). Los funcionarios de la administración lo califican como un acuerdo político, que es otra manera de decir que los Estados Unidos y sus aliados europeos pueden ignorarlo si sienten que su seguridad está amenazada" (13). Frente a semejante perspectiva, la autorización para que un representante de Moscú tenga voz en las deliberaciones anuales de la Otan suena a chiste. Uno de los puntos de fricción internacionales más delicados es la llamada frontera sur de Rusia, donde en las costas del Mar Caspio, se extiende uno de los mayores campos petrolíferos del mundo. Las principales compañías norteamericanas firmaron contratos de varios miles de millones de dólares para explotar los campos gasíferos y petroleros de Azerbaiján, de Kazajstán y de toda la cuenca del Caspio. Los norteamericanos, se presentan por este motivo como los adalides de la independencia de estas naciones. La cuestión de los oleoductos que llevarán el crudo extraído en el Caspio a Occidente ha desatado incluso una dura lucha entre el gobierno y las compañías norteamericanos que prefieren una ruta económica y no política . El lobby petrolero norteamericano presiona por un restablecimiento de las relaciones con Irán, como una vía alternativa para sacar el petróleo del Caspio. La extensión de la Otan hacia el Este pretende ser, en este cuadro, una garantía para las inversiones norteamericanas en la esfera petrolera. La disputa por el Caspio cambió las prioridades estratégicas de la Otan de su frente oriental (Europa Oriental) a su frente sur (el Mediterráneo). Como reconoce la propia Revista de la Otan, "frecuentemente considerada como zona de calma estratégica en la Europa de tiempos de la guerra fría, (el frente sur) podría aparecer, para Occidente, como la nueva línea de crisis frente a los desafíos estratégicos de la pos-guerra fría. Es allí que podrían estallar buen número de crisis susceptibles de amenazar la seguridad de Europa" (14). La cuestión del Caspio, incluso, replanteó la importancia estratégica de los Balcanes para el imperialismo norteamericano. "El colapso del Pacto de Varsovia informaba hace ya un tiempo un diario británico redujo la importancia estratégica de Yugoslavia para Washington. A Yugoslavia se le dijo en 1989 que ya no era de importancia estratégica " (15). Con la firma de los contratos petroleros, esto ha cambiado: los Balcanes importan, no ya como tapón frente a la URSS, sino como trampolín hacia Turquía, el Mar Negro y el Caspio. La importancia que adquirió el frente sur explica la cerrada oposición de los Estados Unidos al reclamo francés de que su comandante, como los de los frentes occidental y oriental, sea un militar europeo. Se trata de un reclamo, como los propios franceses lo reconocen, puramente formal porque, como los restantes comandantes de frente, estaría subordinado al comandante supremo aliado, un militar norteamericano. Sin embargo, ni siquiera esa formalidad están dispuestos a tolerar los norteamericanos. "La respuesta norteamericana no tuvo ambigüedades: ese comando jamás será entregado a un europeo en razón de la importancia que la región representa para los intereses de Washington y porque la VIª Flota norteamericana en el Mediterráneo (con armas nucleares) se estaciona allí" (16). Los norteamericanos sostuvieron su oposición aún cuando ella abriera la posibilidad del retiro de Francia de la Otan: "(en vista del fracaso), se puede pensar que la participación francesa en el Consejo de Ministros de Defensa y en el Comité Militar de la Otan ha perdido su sentido y sería lógico ponerla en cuestión" (17). Frente a China, Estados Unidos ha reforzado su acuerdo militar con Japón, que se ha convertido en la segunda potencia militar del Pacífico (y en la primera en Asia). Las tareas que el acuerdo norteamericano-nipón establece para las fuerzas navales y aéreas del Japón son lo suficientemente amplias y vagas como para que China sienta amenazada su seguridad en el propio continente. Al mismo tiempo, el imperialismo norteamericano juega la carta de Taiwán para imponerle a China una serie de concesiones comerciales, fundamentalmente en cuanto a la apertura de China en el área de las telecomunicaciones y de la propiedad intelectual y patentes, y respecto de la venta de armamento y tecnología nuclear a países no recomendables como Pakistán e Irán. Mientras penetraba aceleradamente en China a través de las inversiones externas, Estados Unidos azuzó la carrera armamentista regional y todas las divergencias y disputas territoriales que mantienen los países asiáticos con China. Así, "en esta parte del mundo, el fin de la guerra fría, lejos de reducir la tensión, parece haberla incrementado. El colapso de la URSS provocó en el Este de Asia un giro de la polarización contra Moscú y sus aliados indochinos, por parte de la mayoría de los países, respaldados por Estados Unidos y China, al ascenso de las crecientes tensiones entre una China de rápido crecimiento y el resto de la región, respaldada por los Estados Unidos" (18). Amén de Taiwán, donde la tensión entre Estados Unidos y China es "real y peligrosa" (19), China mantiene disputas territoriales con todos sus vecinos, a excepción de Rusia y Tadjikistán (India, Corea del Norte, Malasia, Brunei, Indonesia, Vietnam y Filipinas). El Mar del Sur de la China es el principal escenario de estas tensiones: allí China, Vietnam, Indonesia, Malasia y Brunei se disputan el dominio de las islas Spratly, en las que presumiblemente existen grandes reservas petroleras y gasíferas. Acotación al margen: tanto China como Vietnam establecieron contratos con compañías norteamericanas y británicas para la potencial explotación petrolífera en las Spratly y en las aguas que las rodean. Queda en claro en qué consiste el nacionalismo de los burócratas reconvertidos. La otra potencia que interviene activamente en esta disputa es el Japón, que aunque no plantea ningún reclamo sobre las islas, está decidido a impedir que caigan en manos de China. Esto porque por las aguas del Mar del Sur de la China circula el 80% del petróleo que importa Japón y el grueso de sus exportaciones hacia Europa, Africa y la India. Además de reducir su dependencia de las importaciones de petróleo, el dominio de las islas le daría a China un control estratégico sobre las vitales importaciones energéticas y las exportaciones manufactureras de Japón e incluso también sobre los movimientos de su flota militar. El enfrentamiento entre China y Japón se está trasladando, crecientemente, al campo de la competencia militar y al de los choques diplomáticos. Aunque ha cortado en seco la carrera armamentista, la crisis económica que comenzó con la devaluación tailandesa no ha hecho más que acentuar todas estas tensiones comerciales, políticas y diplomáticas en la región. La fractura del imperialismo norteamericano La extensión de la Otan y la firma del acuerdo militar con Japón despertaron una enorme oposición en sectores fundamentales del propio imperialismo norteamericano. George Keenan, uno de los ideólogos de la guerra fría, sostuvo que el acuerdo con Rusia es "el más desgraciado error de la política norteamericana en toda la pos Guerra Fría" (Clarín, 29/5). Lo mismo opina Caspar Weinberger, ex secretario de Defensa de Reagan, y una parte sustancial del Congreso. Para este sector, el acuerdo es una aventura que debilitará la capacidad de intervención efectiva de la Otan. Otros, al revés, lo critican por enclaustrar a Rusia, lo que sólo serviría para fortalecer las tendencias más nacionalistas y anti-occidentales de la burocracia. La alternativa a este acuerdo sostienen sus defensores, entre los que se cuentan los ex secretarios de Estado Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski y Anthony Lake era el retiro de Estados Unidos de Europa y la conformación de una defensa europea, una alternativa que el imperialismo norteamericano pretende impedir a toda costa. Esto porque transformaría en un bloque militar a uno de los bloques comerciales que pretenden disputarle el predominio al capital norteamericano. El ostracismo norteamericano y la creación de una fuerza militar europea independiente serían un factor de enorme agudización de la crisis mundial. No menores fueron las divergencias provocadas por la política frente a China, algo comprensible dado el nivel que allí registran las inversiones norteamericanas. Lo más notable es que los más estridentes partidarios de la extensión de la Otan hacia el Este defienden, al mismo tiempo, una política de apaciguamiento hacia China y son furiosos opositores de cualquier acuerdo militar con Japón. Al revés, los que plantean contener a China revistan en el campo de los opositores a la extensión de la Otan. Esta aparente contradicción se explica por el hecho de que todos los analistas de la estrategia militar norteamericana los partidarios de extender la Otan y sus opositores, los que defienden el acuerdo militar con Japón y los que lo critican temen que una política de hostigamiento simultáneo hacia Rusia y hacia China termine alumbrando una alianza ruso-china contra Estados Unidos. El eje Moscú-Pekín aparece todavía lejano porque, como señala Achcar, "en lo inmediato cada uno necesita más de Estados Unidos que del otro" (20). Sin embargo, las relaciones entre los dos países han entrado en una nueva etapa: las tensiones del pasado han dado lugar a una serie de cumbres en las que se han resuelto las antiguas disputas fronterizas y se estableció una sustancial reducción de las tropas situadas a ambos lados de las fronteras. Rusia, además, es el principal proveedor militar de China, a la que le ha vendido docenas de barcos y aviones de combate y varios submarinos. A principios de julio, por ejemplo, se realizó en Alma Ata, la capital de Kazajstan (una ex república soviética de Asia Central), una reunión entre los presidentes de China, Kazajstán, Kirguistán y Tadjikistán (otras dos ex repúblicas soviéticas del Asia central) y el entonces canciller y ahora primer ministro ruso, Evgueny Primakov. Allí se establecieron acuerdos para la exportación de petróleo de las ex repúblicas soviéticas a China que, "en el plano estratégico no hace sino reforzar la creación de un bloque defensivo ruso-chino, que incluya también a las repúblicas de Asia Central () como respuesta a la expansión de la Otan hacia el Este" (21). La hipótesis que unánimemente rechazan los estrategas norteamericanos el hostigamiento simultáneo a Rusia y a China es precisamente la que han adoptado el Pentágono y Clinton. Todas estas divergencias y choques dentro del imperialismo norteamericano desnudan la ausencia de un planteamiento estratégico común. Hipótesis políticas ¿Cuál es la naturaleza concreta de la amenaza que representan Rusia y China para el imperialismo norteamericano? La hipótesis más difundida, según un estudio realizado por la Rand Corporation para la Fuerza Aérea norteamericana, es la de que "Rusia y China podrían tener un comportamiento maligno () solamente si fracasan económicamente" (22). En otras palabras, si las reformas se hunden, Occidente debería temer. Esta posibilidad, que ha sido crecientemente analizada como consecuencia del marasmo en que se encuentra la economía rusa y la crisis mortal del gobierno de Yeltsin y la virtual quiebra del sistema bancario chino y de sus grandes empresas estatales, tiene la ventaja de que conforma el prejuicio ideológico en boga que sostiene que la restauración del capitalismo en Rusia y China debería traer la paz mundial. El único problema con esta hipótesis es que no tiene asidero. En caso de que el proceso restauracionista fracase y de que Rusia y China se hundan en un caos económico, social y político, no serían para Occidente una amenaza militar sino política. Lo que las potencias occidentales deberían temer entonces no es una agresión militar sino la llamada implosión de Rusia y de China: la desintegración de los Estados y de los ejércitos centralizados, la emergencia de guerras entre los distintos componentes de los viejos estados y el estallido de revoluciones en el amplísimo territorio que se extiende desde el este de Polonia hasta el Mar de la China. A esta perspectiva parecía apuntar la secretaria de Estado norteamericana, Margaret Allbright, cuando señaló que las crisis de Bosnia y de Albania serían el modelo de las que debería enfrentar la Otan en el futuro. En este sentido, la expansión de la Otan y el acuerdo militar con Japón apuntan a crear un cordón sanitario ante la eventualidad de que el proceso de la restauración capitalista desemboque en una serie de levantamientos populares o en grandes crisis político-militares. Resulta evidente, sin embargo, que la Otan no bombardeará Moscú para impedir la caída de Yeltsin o la desintegración de Rusia. Al revés, "el gobierno que preside Boris Yeltsin puede caerse de espaldas sin que Washington haga gesto significativo alguno", señalaba un comentarista argentino refiriéndose a recientes declaraciones de la canciller norteamericana Margaret Allbright y de su segundo, Strobe Talbott, acerca de las condiciones impuestas por Estados Unidos a la futura asistencia financiera a Rusia (23). Un diario británico brinda una pintura verdaderamente escalofriante del mundo que plantearían un colapso de Rusia o China y de la política de defensa que entonces aplicaría la Otan. "La inestabilidad política en Asia, en el Medio Oriente y en Rusia explica ha comenzado a clarificar la importancia de estrechas relaciones políticas y de seguridad entre Estados Unidos y Europa. El resultado es una mentalidad de fortaleza Europa () (La Otan) deberá centrarse en integrar plenamente a los importantes Estados de Europa central recién incorporados y construir altas murallas contra el creciente caos exterior. Los gritos de los que queden fuera de la muralla (de la Otan) crecerán ruidosamente, pero los Estados de la Otan comprenderán cada vez más que el peligro planteado por Rusia es más el de una implosión que el de una agresión externa. () Las potencias de la Otan estarán cada vez menos inclinadas a intervenir militarmente en los puntos calientes del globo. Los africanos deberán resolver sus disputas por sí mismos. Nadie intervendrá en Camboya, menos en Burma. Malasia o Indonesia pueden destruirse a sí mismas, aquellos que estén dentro de la fortaleza Atlántica estarán sentados () Nadie querrá que Occidente intervenga para frenar conflictos en Estados que están más allá de su pantalla de radar () Si India y Pakistán quieren usar sus nuevas armas nucleares, es posible que nadie intente detenerlos () ¿Quién frenará a China demostrando su preocupación por sus compatriotas que viven en Indonesia y Malasia? () Algunas veces, el vacío de poder será reemplazado por la privatización de la seguridad, (como) ya se ha visto en Africa y Yugoslavia" (24). Sepa el lector disculpar la extensión de la cita precedente, que se justifica porque muestra por boca de sectores del propio imperialismo que la perspectiva que abriría un derrumbe económico y político de Rusia o de China no es, precisamente, la de un enfrentamiento militar con Occidente, como sostiene la mayoría de los analistas norteamericanos. En realidad, Rusia y China juntos o por separado sólo pueden convertirse en una amenaza real para la hegemonía norteamericana si antes logran convertirse en potencias económicas. Sólo sobre una base industrial y financiera fortalecida y amplificada, podrían dedicar los recursos necesarios para aplicar a la investigación de nuevas armas capaces de competir con las norteamericanas y para poner en pie un aparato militar de la envergadura necesaria. Esta es, sin embargo, la hipótesis menos publicitada. Como hace notar The Economist (25), "hay poco estudio público de la posibilidad más sombría: que la riqueza y la estabilidad política en Rusia y en China sean compatibles con el objetable comportamiento del tipo de una superpotencia tradicional". El camino más directo para la reconstrucción económica de Rusia y China y el menos doloroso para sus pueblos sería la expropiación de la burocracia reconvertida en capitalista, la instauración del monopolio del comercio exterior y de las finanzas, el control obrero de la producción y la planificación democrática y centralizada de sus economías. Esto, claro, presupone el triunfo de la revolución. En las vísperas de la Primera Guerra Mundial, los cálculos de los estrategas de las potencias imperialistas descansaban en que la guerra no desataría la revolución social porque, en todos los países, las organizaciones de las masas estaban dominadas por elementos entregados al gran capital. No parecía faltarles razón: en esos momentos, "los revolucionarios de Europa cabíamos en dos coches", escribiría más tarde León Trotsky refiriéndose a los participantes del primer intento de reagrupamiento internacionalista durante la guerra, la Conferencia de Zimmerwald. Pero las matanzas en el frente y las penurias en la retaguardia llevaron a la victoria de la revolución en Rusia, a estallidos revolucionarios en toda Europa y a la fundación de la IIIª Internacional. ¿Acontecimientos de una escala histórica equivalente la restauración del capitalismo en dos países que cuentan con un tercio de la población del planeta, la crisis económica más profunda desde la posguerra y los furiosos ataques capitalistas contra los trabajadores pasarán sin producir huellas en la conciencia de la clase obrera y en su organización política? Las leyes de la historia son más fuertes que los aparatos. El análisis del presupuesto militar norteamericano pone de manifiesto, otra vez, el carácter estratégico de la dirección internacional y revolucionaria de la clase obrera. La crisis histórica de dirección del proletariado es el nudo candente de la política mundial. Notas: 1. Time, 5/10/98. 2. The New York Times, 2/10/98. 3. Time, 5/10/98. 4. The New York Times, 31/08/98. 5. Idem anterior. 6. Prensa Obrera, 27/08/98. 7. Idem anterior. 8. Prensa Obrera, 12/11/98. 9. Gilbert Achcar, "La tríada estratégica: Estados Unidos, Rusia y China"; en The New Left Review. 10. Gilbert Achcar, Op. Cit. 11. Financial Times, 9/07/98. 12. Gilbert Achcar, Op. Cit. 13. The New York Times, 16/05/97. 14. "La seguridad en la cuenca mediterránea. Nuevos desafíos y nuevas tareas", Revista de la Otan, mayo de 1996, reproducido en André Dumoulin, "¿Cuál es el futuro de la Otan", en Problèmes Politiques et Sociaux, La Documentation Francaise, marzo de 1997. 15. Financial Times, 2/3 de setiembre de 1995. 16. Le Monde Diplomatique, julio de 1997. 17. Idem anterior. 18. Gilbert Achcar, Op. Cit. 19. Gilbert Achcar, Op. Cit. 20. Gilbert Achcar, Op. Cit. 21. El Cronista, 3/07/98. 22. The Economist, 1/07/98. 23. Clarín, 21/11/98. 24. Financial Times, 24/09/98. 25. The Economist, 1/07/98.

1 de diciembre de 1998
La base teórica de una política contrarrevolucionaria

El maoísmo y la cuestión agraria argentina El maoísmo y la cuestión agraria argentina A modo de introducción La situación de las masas y sus necesidades La creciente descomposición del régimen politico menemista, producto de la gigantesca crisis económica nacional y mundial, plantea no sólo la oportunidad sino la necesidad objetiva de las masas de intervenir activamente en la lucha de clases. Los estallidos populares que se suceden a lo largo y ancho del país expresan esta necesidad de intervención en defensa de los derechos y conquistas más elementales de los trabajadores. En este escenario, la cuestión del poder empieza a aparecer en primer plano. Baste recordar los asaltos a los supermercados durante el período hiperinflacionario alfonsinista, para advertir una diferencia cualitativamente significativa: desde el Santiagueñazo, las rebeliones populares se dirigen directamente a los distintos centros de poder del estado. Esto implica, sin duda alguna, una politización de los conflictos y un avance en la conciencia de clase de las masas. Esto último no significa que el conjunto de los trabajadores haya llegado a la conclusión de la necesidad de tomar el poder, ni mucho menos. Significa que las propias condiciones objetivas del actual derrumbe capitalista colocan en el centro del debate la cuestión del poder y que es la obligación de todo partido que se reclame revolucionario intervenir en los conflictos con un programa que apunte a la organización independiente de la clase obrera y, estratégicamente, a la toma del poder. Lo acertado o no de las distintas caracterizaciones y, por lo tanto, la orientación que se le dé a la lucha de clases pueden ser la diferencia entre la victoria y la derrota del proletariado. Por eso es que la cuestión programática adquiere una importancia vital. Sobre la intervención política del maoísmo La izquierda argentina tiene una larga historia de intervenciones y programas que no representan y hasta son contrarios a los intereses objetivos de la clase obrera. Pero hay un caso, que llama especialmente la atención: hablamos del Partido del Trabajo y el Pueblo (Ptp) o Partido Comunista Revolucionario (Pcr), como se prefiera. El apoyo al gobierno de Isabelita-López Rega, la conformación de listas comunes con Menem en 1989, la defensa de Rico y Seineldín como sectores nacionalistas de las Fuerzas Armadas, el sabotaje sistemático a la conformación de agrupamientos obreros independientes de la patronal y del Estado, en beneficio de mesas multisectoriales (policlasistas), la subordinación permanente a un sector de la burocracia sindical (Cta, Mta), y el apoyo incondicional a distintos sectores de la pequeño-burguesía y burguesía nacional (Fedecámaras, Pymes, Federación agraria), por sólo nombrar una breve lista de políticas impulsadas por el maoísmo en el país, transforman el accionar de este partido en un verdadero prontuario político. Pero pasemos a analizar el razonamiento del maoísmo. Fundamento teórico Desde el punto de vista teórico, podemos asimilar las posiciones del Ptp a la teoría stalinista de la revolución por etapas. Según este planteo, en los países atrasados (no imperialistas), no se ha producido aún la revolución burguesa que se produjo en los países del primer mundo, y es por eso, que no se han desarrollado plenamente las fuerzas productivas capitalistas, frenadas por el poder imperialista. Según esta teoría, la tarea del proletariado en los países oprimidos es, entonces, acompañar y apoyar a las burguesías nacionales en su lucha contra el imperialismo, para poder romper el cerco de la dependencia. Una vez cumplida esta tarea, es decir, después de triunfar en esta "revolución burguesa pendiente", el proletariado podrá plantearse la tarea de luchar por el socialismo. De allí se desprende la táctica stalinista (no sólo del Ptp) de buscar sistemáticamente la alianza con la burguesía nacional, para poder superar el atraso, y romper con la dependencia. ¿Donde visualiza este tipo de teóricos el atraso y la dependencia de los países oprimidos? En el agro. Como dice Eugenio Gastiazoro: "El desarrollo de la actividad primaria… condiciona el desarrollo general de una sociedad (…) el modo en que se organice la actividad primaria depende… del grado de desarrollo de las fuerzas productivas materiales…" (1). A continuación, analizaremos en profundidad el pensamiento agrario del Ptp, en particular el tema de la renta, las clases sociales y el carácter de la producción. Nos proponemos, de esta manera, desentrañar los fundamentos teóricos de un programa y un accionar definitivamente contrarrevolucionarios. Tomaremos como referencia fundamental la caracterización que hace Eugenio Gastiazoro, que será complementada por otros autores ligados al Ptp, como Azcuy Ameghino, y escritores filo-stalinistas en general. Modo de producción Para el Ptp, como decíamos más arriba, el atraso de los países dependientes se visualiza en el agro. En el libro Argentina hoy. Capitalismo dependiente y estructura de clases (1972), la caracterización de Gastiazoro sobre el modo de producción es insinuada desde el mismo título: Argentina es un país capitalista dependiente. Los vínculos del sector terrateniente con el imperialismo son muy estrechos y sus ingresos son derivados al sector servicios, al consumo e importación de artículos extranjeros, estrangulando la actividad del sector productivo. La tarea que se plantea en este libro es la de romper con el imperialismo, para acabar con la dependencia, y poder desarrollar libremente el capitalismo. En El problema agrario argentino y sus soluciones, del mismo autor, publicado cuatro años después del libro citado arriba, la caracterización es diferente. Aquí se plantea el carácter semi-feudal o precapitalista de la explotación agraria argentina. Este cambio de caracterización no carece de importancia: marca un giro a la derecha en las posiciones teóricas del Ptp, como veremos en esta sección del trabajo. Para Marx, el dominio del capitalismo implica el surgimiento de un nuevo tipo de propiedad en el agro. Ya no se trata del antiguo señor, de mentalidad tradicional y poderes absolutos en el marco de su feudo. "La propiedad moderna de la tierra dice Marx es… la propiedad del suelo modificada por la producción capitalista" (2). En este esquema, el terrateniente representa una clase propia del sistema capitalista, que detenta un tipo de propiedad diferente a la detentada por el señor feudal, una propiedad al servicio de la acumulación capitalista. Pero en el esquema de Gastiazoro, el terrateniente del agro argentino es identificado como un resabio feudal de una sociedad donde aún no se ha producido la "revolución burguesa". El agro argentino estaría caracterizado por la propiedad latifundista. Este "monopolio" de la tierra impediría la introducción de la agricultura y garantizaría la producción para el mercado externo, incentivada por la inversión imperialista. Todo esto no haría más que reforzar los lazos de la dependencia (3). Gastiazoro lo explica así: "Las pocas posibilidades de acceso a la tierra y de asentamiento de gente dedicada a la producción agrícola hizo que el arribo a la Argentina fuera poco atractivo para las grandes corrientes inmigratorias del siglo pasado, que optaban por afluir fundamentalmente hacia Estados Unidos, donde la puesta en producción de las tierras se efectuaba a un ritmo vertiginoso, al no encontrar los productores restricciones institucionales para el acceso a ellas. Esto explica el atraso relativo de la expansión del mercado interno argentino, la retracción y mantenimiento de relaciones de producción semifeudales en el campo y las escasas posibilidades de desarrollo industrial…" (4). El párrafo arriba citado es muy ilustrativo del pensamiento del Ptp. Procedamos a analizarlo detenidamente. a) Constatemos, en primer lugar, que la frase "el arribo a la Argentina (fue) poco atractivo (para) las grandes corrientes inmigratorias del siglo pasado" es sencillamente una mentira. Argentina fue, después de Estados Unidos, el país que mayor cantidad de inmigrantes recibió en el período que va de 1870 a 1915. Durante su transcurso, la inmigración neta alcanzó los 2,5 millones y, durante cuarenta años, el 70 por ciento de la población adulta de Buenos Aires fue así oriunda de países extranjeros (5). b) Nótese, en segundo lugar, que las restricciones planteadas para el acceso a la tierra en la Argentina son fundamentalmente institucionales. Podemos decir que Estados Unidos, un país burgués, interesado en el desarrollo de sus fuerzas productivas capitalistas, no levantó barreras institucionales para la ocupación productiva de sus vastos territorios sino que, al contrario, incentivó la colonización de sus tierras vírgenes para garantizar el mejor desarrollo de la naciente nación capitalista. En la Argentina, en cambio, "predominan (y por supuesto, predominaban) relaciones de producción semifeudales", y como afirma un conocido dirigente del Ptp, Otto Vargas, "…las oligarquías locales (…) procuraron impulsar un amplio frente único que aislase a los beneficiarios directos del régimen colonial, manteniendo lo esencial de las relaciones feudales y esclavistas de producción" (6). Después de la independencia, esta "…clase terrateniente de indudable origen colonial" (7), levantó todas las trabas institucionales que le fueron posibles para evitar el asentamiento y el desarrollo capitalista del agro ya que esto hubiese afectado sus intereses. La otra opción, que, según Azcuy Ameguino, era la de "…reformar el régimen latifundista de ocupación del espacio rural" para "…favorecer (…) un proceso de formación originaria de las clases sociales que en el campo expresaran al nuevo modo de producción" (8), fue abortada. Muy lejos de esto, para este autor, "…la apropiación terrateniente, predominantemente latifundista, de las tierras se correspondía con la existencia de un campesinado mayoritariamente sujeto y dependiente de aquellos señores…" (9). Lo que aparece aquí es un modo de producción feudal o precapitalista, una clase terrateniente, feudal o precapitalista, que mantiene "lo esencial de las relaciones feudales y esclavistas de producción" e impide el asentamiento y el desarrollo capitalista del agro. Ni siquiera estamos hablando de capitalismo dependiente, como se hacía en el primer libro que mencionamos al comenzar el capítulo. Dentro del esquema etapista del Ptp, esto significa que la lucha por el socialismo deberá ser aplazada todavía un poco más. La tarea que se propuso el Ptp es exigirle a la burguesía que haga una revolución (un argentinazo), contra el imperialismo y los terratenientes feudales supuestamente ligados a él, y al mismo tiempo plantearle al proletariado que se subordine a la dirección burguesa. La experiencia histórica, en este sentido, ha sido sin ninguna duda nefasta, como tendremos oportunidad de ver más adelante. La cuestión de la renta Renta absoluta En el esquema de Gastiazoro acerca del agro argentino, la propiedad privada del suelo traba el desarrollo del capitalismo y ésta es su verdadera preocupación. Primero, la renta absoluta, renta que percibe el terrateniente en calidad de dueño de la tierra, quita al capitalista una parte de su ganancia. Segundo, si el capitalista logra arrendar la tierra, no introducirá mejoras, ante la obligación de devolver las tierras al vencimiento del contrato. Tercero, el terrateniente que actúe como capitalista tampoco invierte. En palabras textuales de Gastiazoro: "Su falta de interés en realizar este tipo de inversiones responde a la intención de poder conservar como terrateniente la facultad de retirar en cualquier momento la tierra de la producción, cuando mediante su actividad no logre la renta amén de la tasa normal de ganancia" (10). Todos estos factores hacen, siempre según el autor, que la propiedad privada del suelo constituya una traba para el desarrollo capitalista en el campo. Sucede que este autor, que parece un capitalista preocupado por su ganancia, pasa por alto una cuestión fundamental: la propiedad privada de los medios de producción es inherente al sistema capitalista. El capitalismo necesita, por un lado, expropiar a los campesinos para eliminar su autosubsistencia y obligarlos de esta manera a vender su fuerza de trabajo en el mercado y, por el otro, superar los límites de la pequeña propiedad campesina, para poder introducir economías de escala que multipliquen la racionalidad de la explotación y, por lo tanto, la ganancia del capitalista. Por otra parte, la defensa del sacrosanto derecho a la propiedad privada es la esencia del modo de producción capitalista; esto es lo que obliga a una enorme mayoría de explotados a venderle su fuerza de trabajo a los explotadores. La tierra, si bien es un factor limitado, finito, no escapa a esta característica. Pero analicemos punto por punto los problemas planteados por nuestro amigo. En primer lugar, que la renta absoluta quita al capitalista parte de su ganancia es falso. Parte del costo de producción de los productos agrícolas es la renta y este costo es trasladado a los precios. Por lo tanto, en principio, no afecta la ganancia capitalista. Eleva, esto sí, el costo de reproducción de la mano de obra, que consume los productos alimenticios. Pero, en este caso, la elevación del costo de reproducción de la mano de obra se da en todos los sectores y no sólo para el agro, ya que todos necesitan consumir los productos del agro para subsistir. En cualquier caso, la plusvalía no se ve afectada. Por otra parte, la renta no desaparece en el aire: va a parar al sistema financiero y financia a la burguesía. Es decir, que la renta no sólo no afecta la ganancia de los capitalistas sino que contribuye, a través del sistema de créditos, a la inversión y la acumulación de capital en todas las ramas de la economía. En relación con el segundo punto planteado por Gastiazoro, notemos que choca con la evidencia empírica más elemental. Si es cierto lo que él dice, que si el capitalista logra arrendar la tierra no introducirá mejoras, ante la obligación de devolver las tierras al vencimiento del contrato, ¿cómo se explica el enorme desarrollo tecnológico, en cuanto a maquinaria, técnicas de riego, etc., que caracteriza al agro argentino? La zona pampeana, en particular, es testigo de un proceso de elevado desarrollo del capitalismo. Desde 1880, la incorporación de capital constante y variable sienta las bases de una producción fuertemente competitiva. Las gigantescas trilladoras, primero, y más adelante, la introducción de cosechadoras, camiones y tractores a gran escala (a partir de 1920) ponen a la región pampeana dentro de los primeros lugares del mundo en cuanto a tecnología y rendimiento. La condición necesaria para lograr este enorme desarrollo es la propiedad latifundiaria, que garantizaba, debido a las grandes extensiones que configuraba, una eficiente utilización de la moderna tecnología, aprovechando economías de escala (11). ¿Qué lugar ocupan estas transformaciones que revolucionaron el agro como nunca antes en la historia de la humanidad? No esperemos ninguna respuesta. El tercer punto es directamente un disparate. El terrateniente que actúa como capitalista tampoco invierte. Resulta que el terrateniente es un señor feudal aun cuando es un capitalista. El terrateniente (vaya uno a saber por qué extraño mecanismo de la mentalidad feudal) prefiere la renta a la ganancia capitalista y no invierte para poder retirar su tierra de la producción, en caso de que la renta no alcance el nivel correspondiente según la ganancia media. Además de chocar con la evidencia empírica, este planteo va en contra del sentido común: si el terrateniente decide actuar como capitalista, va a ser, efectivamente, un capitalista: va a invertir e intentará percibir la mayor ganancia posible, como cualquier capitalista. La renta es una categoría subordinada a la ganancia y no al revés. La renta sólo aumenta si crece la ganancia. Es decir, el valor de la tierra (y el costo de su arrendamiento) depende del margen de utilidades que esa tierra pueda arrojar. En el caso de que la renta sea baja, la tierra será arrendada de todas maneras: el terrateniente prefiere tener ingresos bajos a no tener ningún ingreso. La renta diferencial Analicemos ahora la cuestión de la renta diferencial. Las tierras que, ya sea por su mayor productividad o por su cercanía a los mercados (lo cual disminuye los costos de transporte), son mejores en relación con otras tierras, aportan al terrateniente una renta diferencial. Significa esto que el precio de arrendamiento de estas tierras es mayor, ya que la ganancia que las mismas arrojan es mayor, en relación con otras tierras. Esto lo refleja Gastiazoro, cuando plantea "la diferente fertilidad del suelo y la distancia entre las propiedades y los mercados permiten, a quienes explotan las mejores tierras y/o las más cercanas a los mercados, una ganancia extraordinaria o diferencial respecto de los que explotan peores tierras, ya sea en calidad o en distancia de los mercados" (12). La renta diferencial es una característica del capitalismo, en donde domina el mercado mundial, y en donde las mercancías (en este caso, productos agrícolas) son producidas para la venta en el mercado. Sólo en un contexto de estas características es posible pensar en la renta diferencial. "La aparición de este beneficio extraordinario presupone la incorporación del campo al mercado capitalista…" (13). El concepto teórico de renta diferencial es inimaginable para una sociedad feudal, en donde la producción de alimentos no es para el mercado sino que es, básicamente, para la autosubsistencia. Pero resulta que los terratenientes feudales, desinteresados por la ganancia capitalista, ignorantes de las mayores posibilidades económicas que ofrece la agricultura, aparecen ocupando las mejores tierras para asegurarse la renta diferencial. La contradicción es insalvable. La conclusión es rechazada a coro por todos los maoístas del Ptp, porque destruiría su imagen del campo argentino dominado por los terratenientes feudales. Sin embargo, la impone el rigor de los hechos: los actuales terratenientes del agro argentino no son una clase feudal, remanente de la colonia, sino que, muy por el contrario, constituyen una clase del moderno capitalismo. Son los propietarios del principal objeto de producción del agro: la tierra. Las clases sociales El carácter de clase de los terratenientes Analicemos ahora un elemento que evidencia, para Gastiazoro, el carácter de clase de los terratenientes argentinos. Según este autor, existe una "tenaz" (14) oposición de los mismos a la introducción de la agricultura. Para Gastiazoro, esto se debe al desarrollo hegemónico de la ganadería, actividad que sólo beneficiaría al imperialismo, que es quien invirtió en este rubro. Esta afirmación es sostenida planteando que a pesar de que la agricultura incorpora más valor agregado que la ganadería, "…sólo un 9% de la tierra apta se dedica a la agricultura…" (15). Según Gastiazoro, "ese 9% de la tierra aporta más de la mitad del valor agregado por el sector agropecuario, mientras que la otra mitad corresponde al resto (91%) de la tierra apta del país" (16). Analicemos este problema de la ganadería versus la agricultura. Si damos por ciertos los grotescos porcentajes aportados por Gastiazoro (9% de la tierra abocada a la agricultura, 91% abocada a la ganadería), salta a la vista la siguiente pregunta: ¿Por qué, si la agricultura incorpora más valor agregado que la ganadería, las tierras dedicadas a la primera actividad ocupan tan poca parte del total de las tierras explotadas? La primera respuesta que se puede dar, en forma inmediata, es que la actividad ganadera necesita una extensión de tierra mucho más grande que la agrícola. Pero si pasamos por alto este dato elemental, y nos seguimos interrogando, como hace el autor: ¿por qué los terratenientes no introducen la agricultura a gran escala? Las respuestas no son muchas. Podemos pensar que los terratenientes no leyeron el libro de Gastiazoro y, por lo tanto, no se les ocurrió, que su mentalidad precapitalista los hace desinteresarse por las ganancias, o bien podemos pensar que la ganadería ofrece mayores ganancias y es por eso que pesa tanto en el porcentaje total de tierras explotadas. Esta última opción, tan evidente como sencilla, no se le ocurre al autor porque quebraría su imagen precapitalista de la explotación agraria argentina. Y sin embargo, que la agricultura aporte más valor agregado no significa que aporte más ganancia. La producción agropecuaria argentina está indisolublemente ligada al mercado mundial, y la orientación de su producción depende de las ventajas comparativas en relación con los demás países productores de productos primarios, es decir, está ligada a la competencia internacional y a las posibilidades de ganancia, más alla del valor agregado que puedan contener los diferentes productos. Sólo un individuo muy fantasioso o verdaderamente necio puede concebir a una clase terrateniente que opera independientemente del mercado mundial, y que "(decide que) se quita parte de la tierra a los cultivos y se echan vacas" (17). Los campesinos y la clase obrera rural Bien diferenciados de los terratenientes, y como clases antagónicas de los mismos, aparecen los campesinos, por un lado, y el proletariado rural, por el otro. Vale la pena aclarar, sin embargo, que dependiendo del libro que se analice, e inclusive de la página que se esté leyendo, la caracterización puede variar notablemente. Tal es así que en algunos tramos del libro Argentina hoy: capitalismo dependiente y estructura de clases, encontraremos a una burguesía "rica" urbana, a otra rural, y las correspondientes medias y pequeñas burguesías, todas con una capa "inferior", y otra "superior" (18). Notamos no sólo que la anterior caracterización diferencia tajantemente a los capitalistas rurales de los urbanos, ignorando por completo la realidad de la intensa movilidad del capital, de determinadas ramas hacia otras, sino que ninguna de estas categorías aparece en el libro posterior que estamos analizando en profundidad. Detrás de este cambio u omisión inocente, se esconde el viraje a la derecha que ya mencionamos, y sobre el que volveremos enseguida. Centrémonos en el análisis de las clases antagónicas a los terratenientes, en su caracterización de 1976 (El problema agrario argentino y sus soluciones). Tenemos, por un lado, a los campesinos, que se subdividen en cuatro categorías (19): a. Campesinos parcelarios o semiproletarios, que son los que no alcanzan a cubrir sus necesidades. b. Campesinos pobres, que son los que logran cubrir sus necesidades, pero no consiguen acumular excedente. Contratan jornaleros sólo esporádicamente. c. Campesinos medios, que son los que pueden lograr un excedente y transformarlo en capital. d. Campesinos ricos, que son los que tienen tierras suficientes como para actuar como capitalistas. Contratan varios jornaleros. Por último tenemos a la clase obrera rural, asimilable a los jornaleros. Está claro que este último esquema no resiste el menor análisis. Dentro de los campesinos, tenemos categorías tan diferentes entre sí, que lo único que comparten, junto con los obreros agrícolas, es el hecho de estar vinculadas al agro. Fuera de esto, las categorías 3 y 4, si contratan mano de obra asalariada y acumulan capital son claramente burguesía, una clase sin duda opuesta a los trabajadores rurales, puestos por Gastiazoro como sus aliados, ya que estos últimos son explotados por sus patrones capitalistas, campesinos en el esquema anterior. Pero no sólo esto, sino que dentro de los campesinos, la categoría 1, que se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a las categorías 3 y 4, e incluso en algunos casos a la categoría 2, ya que no logran cubrir sus necesidades elementales bajo la autosuficiencia, está enfrentada en la lucha de clases con las otras tres categorías, especialmente con la 3 y la 4, que son las que la explotan directamente. Toda esta arbitraria construcción de las clases sociales en el agro es más fácil de comprender si consideramos el único enfrentamiento de clases que el Ptp quiere ver: El de los sectores explotados (incluyendo aquí a amplios sectores de la burguesía) con el imperialismo y los terratenientes. De esta forma, se explica cómo lo que figuraba en el primer libro de Gastiazoro como "burguesía agraria", aparece ahora mezclado en el campesinado, una clase que no se desprende del modo de producción capitalista, y que le sirve al Ptp, en este giro derechista, para ignorar teóricamente la lucha irreconciliable que existe entre capital y trabajo, burgueses y proletarios, campesinos medios o ricos y campesinos semiproletarios o proletarios agrícolas. Esta construcción teórica es profundamente reaccionaria, ya que pretende diluir a la clase trabajadora junto con el enemigo de clase, saboteando de esta manera toda organización independiente de los trabajadores, para condenarnos a soportar la explotación capitalista, a la espera de que nos llegue el turno. Sobre la manipulación de datos La distribución de la tierra En El capitalismo agrario pampeano, Alfredo Pucciarelli, un férreo defensor de la teoría de la dependencia, coincide con Gastiazoro en que "…el capitalismo agropecuario en la Argentina nace doblemente condicionado por la orientación económica que le impone el latifundio y por las oscilaciones y condiciones de expropiación externa trazadas desde el mercado exterior" (20). A pesar de esta coincidencia inicial, y de otras posteriores, llama la atención el manejo que se hace de las fuentes estadísticas en uno y otro caso. En ambos casos, se quiere probar el "efecto distorsionante" de la presencia del latifundio en la estructura productiva argentina. Pucciarelli va a tomar los datos del tercer Censo Nacional, año 1914, tomo V, y va introducir una primera diferenciación: En las regiones marginales, tanto la concentración de la tierra como la cantidad de minifundios es mucho mayor que en las zonas más productivas. En La Rioja, por ejemplo, las explotaciones de 0 a 25 hectáreas representan el 64% de las explotaciones, y ocupan un 0,8% de la superficie explotable. En la región pampeana, tenemos que los minifundios (0-25 ha), ocupando el 0,8% de tierra, representan el 22% de las explotaciones. En relación con los latifundios (más de 5.000 ha), en La Rioja representan el 3% de las explotaciones y ocupan el 56% de la superficie económicamente apta, mientras que en la región pampeana ocupan un 32,2% y representan el 0,6 de las explotaciones (21). Para resumir, dice Pucciarelli: "(En la región pampeana) No sólo es menor el peso relativo de los grandes latifundios sino que las parcelas minifundiarias apenas superan el 20% del total. Pero, además, entre unas y otros hay una serie de categorías intermedias … que agrupan el 75% de los establecimientos y más del 40% de la tierra explotada". Y concluye: "A pesar de desenvolverse en el marco de una economía dominada por el latifundio, la región pampeana presenta una característica diferencial en relación con las estructuras más arcaicas del capitalismo dependiente: el coeficiente de concentración de la tierra explotada en agroganadería es menor" (22). Gastiazoro empieza planteando "…el 47% de la tierra económicamente explotada del país … aparece concentrada en el 1,2% de las explotaciones, que son las que tienen más de 5.000 hectáreas. En el otro extremo, el 38,4% de las explotaciones, que son las que tienen menos de 25 hectáreas cada una, cubre solamente el 1% de la tierra censada.". Y continúa: "Si a las explotaciones de más de 5.000 hectáreas agregamos las que van de 1.000 a 5.000, nos encontramos con que el 74,4% de la superficie se encuentra en manos del 5,6% de las explotaciones." Los datos fueron extraídos de los trabajos efectuados sobre el censo por CONADE-CFI (23), Gallo Mendoza y N. Tadeo, y por el que realizó CIDA, algunos de los cuales son utilizados por Pucciarelli. ¿De dónde surgen, entonces, números y datos tan disímiles? En primer lugar, vemos que Gastiazoro mete en la misma bolsa a regiones de tan bajo rendimiento como son La Rioja o Salta, junto con la región pampeana. Como hemos visto en Pucciarelli, los coeficientes de concentración no son los mismos para unas y para otras. Esto hace que el nivel de concentración aparezca abultado en los totales de Gastiazoro (24). No sólo esto sino que al medir con la misma vara a tierras de capacidad productiva tan desigual, este autor convierte su lectura en inútil por completo, ya que, en este caso, las tierras deben medirse por su capacidad productiva y no por su extensión. El mismo autor reconoce, más adelante, que "…200 hectáreas en una zona de riego … pueden ser tanto o más importantes que 5.000 hectáreas de jarilla en San Luis o en La Rioja" (25). A pesar de esto, todo aparece compensado: las superficies relativamente extensas pero no tan productivas, no entran en la categoría de latifundio, pero se ven compensadas por tierras no tan extensas pero que, de acuerdo con su capacidad económica, entran en la categoría de latifundio. El criterio es definitivamente antojadizo y anticientífico. Pero volvamos un poco hacia atrás. Gastiazoro junta a las explotaciones de 5.000 ha con las de 1.000 a 5.000 ha, y concluye que el 74,4% de la superficie se encuentra en manos del 5,6% de las explotaciones. Pero más adelante, nos habla de los campesinos ricos con explotaciones de 2.000 ha de promedio (26). ¿Pero cómo, más de 1.000 hectáreas no eran latifundio? Si esto último es cierto, entonces el propietario de esas 2.000 ha es un terrateniente latifundista y no un campesino rico. La dificultad radica en que, a pesar de que Gastiazoro repite sistemáticamente la palabra latifundio, no sabe muy bien lo que es. No hay, de hecho, en todo el texto una sola definición precisa de latifundio. Por momentos se refiere a las explotaciones de más de 5.000 ha, en otras ocasiones, como vimos más arriba, se les suman las que van de 1.000 a 5.000 ha, en otros momentos son las que tienen un promedio de 9.000 ha. Algo similar ocurre con la categoría de minifundio. Esta definición se corresponde alternativamente con explotaciones de hasta 25 ha, o de hasta 200 ha: "…si a las explotaciones de hasta 25 hectáreas agregamos las que van de 25 a 200, nos encontramos con que el 77% de las explotaciones tiene sólo el 10,4% de la tierra explotada" (27). No es nuestra intención, desde ya, negar el peso del latifundio en nuestro país. No obstante, desenmascarar la manipulación sistemática de datos en la que incurre Gastiazoro contribuye en el estudio de la imagen del campo argentino que dista mucho de ser la que el Ptp pretende construir. (VER RECUADRO EN PDF) Hacia una síntesis Un esquema sin sustento empírico e insostenible teóricamente Las fantasiosas elucubraciones de Gastiazoro son el resultado de pretender ajustar la realidad del agro argentino a un esquema preconcebido. Este autor ignora por completo cuál fue la evolución del agro argentino y cuáles son las clases sociales que intervienen en este proceso. Lamentablemente para él, las cosas son bastante diferentes de lo que se imagina. Ya desde 1870, se comienza a registrar una fuerte expansión del área sembrada. Al mismo tiempo, se empiezan a incorporar a la explotación los últimos adelantos tecnológicos (trilladoras y segadoras mecánicas), proceso que se profundiza hacia 1920, con la adquisición cada vez mayor de cosechadoras, lo que redundó en un fuerte aumento de la composición orgánica del capital agrario (28). La implementación de estos adelantos por parte de la burguesía agraria argentina demuestra no sólo que la propiedad latifundiaria no constituyó una traba para el desarrollo del capitalismo sino que, por el contrario, lo favoreció. La propiedad privada garantizó el acceso al arrendamiento por parte de los chacareros capitalistas, quienes obtuvieron enormes beneficios, en base a la explotación del trabajo asalariado. La extensión de las propiedades posibilitó la implementación de economías de escala, incorporando tecnología fija que arrojaba un gran rendimiento por área sembrada. Estos factores son los que determinaron no ya el desarrollo del capitalismo en el agro sino la hegemonía argentina en los mercados cerealeros mundiales hasta la crisis del 30 (29). Resumamos, pues, lo que tenemos hasta aquí. En primer lugar, lejos de lo que pretende el Ptp, el carácter capitalista del agro pampeano es indiscutible. Los chacareros (campesinos medios o ricos, en el esquema de Gastiazoro) conforman una clase burguesa que llegó a ser altamente competitiva a nivel mundial, introduciendo importantes innovaciones tecnológicas (al revés de lo que propone el mismo autor), por un lado, y explotando a los jornaleros (aliados de los campesinos, en el modelo que analizamos), por el otro. En segundo lugar, los terratenientes no sólo no trabaron este proceso sino que lo acompañaron e impulsaron, arrendando sus tierras y recibiendo a cambio una porción de la plusvalía extraída a los trabajadores agrarios. Justamente en este punto cobra sentido el concepto de renta. Esta sólo existe como una categoría subordinada a la ganancia. Si no hay ganancia, la tierra no se arrienda y, por lo tanto, no da renta. La renta diferencial es el producto de las mejoras introducidas por la burguesía agraria, en su lucha por la competencia en los mercados mundiales. Tercero, el carácter capitalista del agro, y sus correspondientes relaciones sociales, enfrentan a los obreros rurales con la burguesía agraria, y con la clase terrateniente. La burguesía nacional (agraria o no) es un estrecho aliado del imperialismo (aunque le pese al Ptp), dado que la existencia y reproducción de ambos se basa en una constante coincidente: el monopolio de los medios de producción y la explotación de los trabajadores. Por último, apuntemos que el predominio de una determinada actividad agropecuaria (ganadería, por ejemplo) se relaciona con la obtención de la mayor ganancia posible, dadas las condiciones de competencia en el mercado mundial, y no con el deseo de un caprichoso señor feudal, por otra parte inexistente. Comentarios finales La lucha de clases y las etapas. Algunos ejemplos históricos La burguesía, enfrentada con los trabajadores, se encuentra atada por innumerables lazos al imperialismo y a la gran propiedad agraria. Cualquier levantamiento de los trabajadores oprimidos por el capitalismo hace peligrar el sistema de acumulación del que se benefician la burguesía, los terratenientes y el imperialismo. Es por eso que una verdadera revolución nacional antiimperialista sólo puede estar dirigida por el movimiento obrero. En palabras de Trotsky: "…la dictadura del proletariado se convertiría en el instrumento para la realización de los fines de una revolución burguesa históricamente retrasada. Pero las cosas no podían quedar aquí. Al llegar al poder, el proletariado veríase obligado a hacer cortes cada vez más profundos en el derecho de propiedad privada, abrazando con ello las reivindicaciones de carácter socialista" (30). Los ejemplos de Cuba y México confirman con exactitud estas palabras. En el primer caso, la dirección obrera que se terminó imponiendo no sólo consumó la revolución nacional sino que, para defenderla, se expandió al plano social, y terminó consumando una revolución socialista. En México, por el contrario, la dirección burguesa que finalmente preponderó liquidó la revolución (31). En relación con el programa y accionar contrarrevolucionarios que propone el maoísta Ptp, el ejemplo mismo de la revolución china es tremendamente ilustrativo. Hacia 1924, y aduciendo que se estaba produciendo una revolución de carácter nacional, y que por lo tanto la dirección del movimiento le correspondía a la burguesía, el stalinismo reconoció como partido dirigente al Kuomintang, partido de la burguesía nacional. No sólo esto, sino que se obligó al Partido Comunista Chino a ingresar al Kuomintang y a someterse a su disciplina. Los resultados fueron catastróficos. El movimiento obrero y campesino fue reprimido salvajemente por el Kuomintang, y quedó completamente desarticulado y desmoralizado. La revolución, obviamente, fue abortada. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, y con el territorio chino dividido por el control del PC, por un lado, y del Kuomitang, por el otro, el estalinismo insiste una vez más con su política contrarrevolucionaria, y se dispone a frenar las reformas agrarias de fondo, y a concertar un gobierno de coalición con el Kuomintang. Mao acata esta política, pero se ve desbordado por todos los flancos: por un lado, el Kuomintang rompe los acuerdos auspiciados por el estalinismo y el imperialismo yanki, y ataca a las brigadas rojas del PC. Por el otro, la rebelión campesina se vuelve cada vez más intensa y obliga al PC a introducir las reformas tan esperadas por las masas y tan contenidas por el PC. En definitiva, la revolución china triunfó porque derrotó a la burguesía y no porque ésta la dirigió. Triunfó porque la alianza obrero-campesina se alzó con el poder ignorando las sagradas etapas stalinistas, y obligando a Mao a modificar su estrategia y a romper, en este sentido, con Stalin. ¿En qué estará pensando la dirección del Ptp cuando busca alianzas electorales con sectores de la burguesía nacional, o cuando intenta sabotear todo intento de organización independiente de los trabajadores, impulsando mesas multisectoriales (multiclasistas) por doquier? Analicemos, por último, la propia experiencia de la Revolución Rusa. En Rusia, las últimas conquistas de la técnica y de la estructura capitalista son implantadas en unas relaciones de barbarie feudal y prefeudal, de la mano del imperialismo, transformándolas y dominándolas. Justamente, esto es lo que permite que triunfe una revolución proletaria en una nación más atrasada económicamente que los países de la Europa Occidental. La inversión del capital extranjero y del Estado generaron en Rusia el desarrollo de un potente y concentrado proletariado, frente a una débil burguesía que se pasó al campo de la contrarrevolución, por miedo a la acción revolucionaria del proletariado, organizado en un partido propio e independiente, como era el partido bolchevique. El gobierno provisional, nacido de la revolución burguesa de febrero, fue incapaz de satisfacer las necesidades más elementales del pueblo, y ni siquiera pudo llevar adelante la reforma agraria, es decir, no pudo implementar su propio programa burgués. Va a ser la Revolución de Octubre y la dictadura del proletariado las que se van a encargar de dar curso a las tareas propias de la revolución burguesa. El campesinado, por su carácter de clase contradictorio (mitad propietario, mitad proletario), no tuvo ni pudo tener un programa propio e independiente para tomar el poder: los kulaks (campesinos ricos) arrastraban al campesinado a una alianza con la burguesía, mientras que los campesinos pobres, se inclinaban hacia al proletariado. Sólo el proletariado fue capaz de aglutinar detrás suyo a todas las clases oprimidas y cumplir así con las tareas de la revolución. ¿Aceptaría, sin embargo, el proletariado, después de haberse armado y conquistado el poder, dejarse explotar por los capitalistas? Definitivamente, no. Por eso es que, una vez conquistada la revolución agraria, el proletariado pasó directamente a imponer las reivindicaciones socialistas. En este sentido, la revolución es permanente: las tareas de la revolución burguesa se combinan, sin etapas, con las de la revolución socialista. Hay, sin embargo, una diferencia entre los ejemplos mencionados y el caso argentino. Sucede que, fundamentalmente en México y en China, el peso del campesinado es verdaderamente significativo. No sucede esto en Argentina, en donde el campesinado como clase no existe. Sí existen, como se explicaba más arriba, terratenientes (pero no de carácter feudal), burguesía, pequeñoburguesía y proletariado rurales. Esto se debe simplemente a que las relaciones capitalistas, en la inmensa mayoría de las tierras de nuestro país, se hallan vastamente extendidas. Partiendo desde aquí, el panorama político se clarifica aún más: el carácter de clase ambiguo (proletario-pequeñoburgués) del campesinado no ejerce su influencia sobre las masas, y la necesidad de derrocar a la burguesía y tomar el poder se convierte en un objetivo muy claro para un auténtico revolucionario. La política del Ptp apunta, como hemos visto, a subordinar a los trabajadores a los partidos, las organizaciones y los programas de la burguesía. Ellos mismos se subordinaron cuando entraron en las listas de Menem en 1989, o más recientemente en las listas del Mid de San Juan, un partido igualmente menemista, en las últimas elecciones a diputados de octubre de 1997. En el turbulento período que se avecina, la vanguardia obrera debe actuar con firmeza y claridad política. La existencia de un aliado seguro y probado de la burguesía, dentro del campo popular, es un hecho que no puede ser ignorado ni minimizado. En este momento, más que nunca, tenemos que plantear el problema de la organización de los trabajadores con total claridad. Aquella organización que no luche por la independencia política de los trabajadores en la perspectiva de la toma del poder, se coloca consciente o inconscientemente en el campo de la reacción política. Notas: 1. Gastiazoro, Eugenio, El problema agrario argentino y sus soluciones, Paidós, Buenos Aires, 1976, pág. 10. 2. Marx, Karl, Teorías sobre la plusvalía, Cartago, Bs.As., 1974, tomo II, pág. 205. Ver también El Capital, tomo III, cap. XXXVII a XLVII. 3. Idem 1, pág. 51. 4. Idem 1, pág. 12. Destacado nuestro. 5. Ver Glade, William. "América Latina y la economía internacional", 1870-1914 en Leslie Bethell (ed), Historia de América Latina, pág. 31. Ver también Romero, J.L., Latinoamérica: Las ciudades y las ideas, México, Siglo XXI, 1984 y Halperín Donghi, T., Historia contemporánea de América Latina, Madrid, Alianza, 1993. 6. Ver cit. Azcuy Ameghino, E., Historia de Artigas y la independencia argentina, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1993, págs. 53 y 54. 7. Azcuy Ameguino, E., "Comercio exterior y comercio de cueros en el Virreinato del Río de la Plata", en CIHES, Doc. Tr. Nº 3, 1988, pág. 26. 8. Idem 6, págs. 69 y 70. 9. Idem 6, pág. 69. 10. Idem 1, pág. 44. 11. Para un mayor desarrollo sobre la cuestión de la tecnología en el agro argentino, ver Sartelli, Eduardo, "Ríos de oro y gigantes de acero", en Razón y revolución, Nº 3,1997. 12. Idem 1, pág. 46. 13. Idem 1, pág. 46. 14. Idem 1, pág. 12. 15. Idem 1, pág. 20. 16. Idem 1, pág. 20. 17. Idem 1, pág. 50. 18. Gastiazoro, Eugenio, Argentina hoy: capitalismo dependiente y estructura de clases, Polemos Editorial, Bs. As., 1972, págs. 113 a 115. 19. Idem 1, pág. 28. 20. Pucciarelli, Alfredo R., El capitalismo agrario pampeano 1880-1930, Hyspamérica, Bs. As., 1986, pág. 47. 21. Pucciarelli, op. cit. Ver cuadro V1, pág. 252. 22. Pucciarelli, op.cit., págs. 254 y 255. 23. Idem 1, pág. 22. 24. Ver cuadro de página 118. 25. Idem 1, pág. 22. 26. Idem 1, pág. 23. 27. Idem 1, pág. 21. 28. La incorporación de tecnología siguió un ritmo verdaderamente vertiginoso. Los censos nacionales establecen la cantidad de 2.500 cosechadoras para 1908, 8.444 para 1914, 21.755 para 1927, y 40.414 hacia 1937. Fuentes: Censos nacionales, Anuario de Comercio Exterior y Conti, M, "Lo que deben conocer nuestros agricultores sobre la cosecha de trigo", en Boletín Nº 2 de UBA, Fac. de Agric. y Veterinaria, Bs.As., 1929, pág. 46. 29. Ver Sartelli, Eduardo, "Ríos de oro y gigantes de acero", en Razón y Revolución, Nº 3, 1997 30. Trotsky, León, La revolución permanente, Hyspamérica, Bs.As., 1988, pág. 28. 31. Para profundizar este tema, ver Adolfo Gilly, La revolución interrumpida, Ediciones Era, México, 1994.

1 de diciembre de 1998
El fetichismo del lenguaje

Esta dialéctica se detiene simplemente en el lado negativo del resultado, y abstrae de aquello que realmente tiene ante los ojos un resultado determinado, que es una pura nada. G.W.F. Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas En un artículo publicado en esta revista, Paola Valderrama intenta establecer un diálogo entre el marxismo y las teorías del psicoanalista francés Jacques Lacan. En un lugar central de sus teorías, coloca una nueva concepción del lenguaje: "Lo que el psicoanálisis ha descubierto es cierta relación esencial del hombre con el lenguaje" (1). La concepción lacaniana del lenguaje, al menos según Valderrama, se basa en que "cada sujeto es determinado por el lenguaje" (2). "El lenguaje no es un instrumento que vendría a dar expresión a una idea, es decir, a un concepto, a algún significado previo. Los significados, las ideas, son generados, producidos, por el lenguaje". El hombre, "más actuado que actor", "habita el lenguaje sin comprender las determinaciones que lo rigen" (3). Es decir que, lejos de la concepción vulgar, según la cual son los significados los que producen el sentido del discurso, al contrario, es el lenguaje el que produce el significado. Nótese que no se plantea esto con algún tipo de condicionalidad, ni se lo relativiza. Los significados (todos) son producidos por el lenguaje. Llevado esto a su extremo lógico, si yo digo "la niña es buena", previamente no había niña, no había bondad y, más importante, no había un sujeto que en su cerebro tenía la idea de plantear que la niña era buena sino que fue la misma frase la que "creó" el sentido. Así Marx primero escribió El Capital, y luego, al leerlo, se dijo: "Qué ideas tan interesantes se le ocurrieron a mi texto", y lo dio a la imprenta. Esta concepción del lenguaje no hace más que retomar una idea común a todo el pensamiento posestructuralista, que destinó gran parte de sus energías a cuestionar la idea del lenguaje como transparente, es decir una concepción ingenua y vulgar que cree que así como tenemos un pensamiento, consecuentemente lo expresamos con una palabra, con una frase, con la cual comunicamos nuestro pensamiento a los demás, sin pérdida, sin alteración con respecto a su origen. Así para Foucault, y se puede ver en toda su obra, el lenguaje es en verdad una cárcel, en la cual el sujeto está siempre encerrado y que conforma su horizonte de posibilidades discursivas. También en Lacan el lenguaje es determinante sobre la actividad del sujeto. Debemos desprendernos, afirma, "de la ilusión de que el significante responde a la función de representar al significado" (4). Es "en el universo de sentido de una lengua" donde "el universo de las cosas viene a ordenarse" (5). También afirma que "el lenguaje nos interroga sobre su naturaleza" (6), y aquí se puede notar una marca común a todo el posestructuralismo: el lenguaje es, incluso gramaticalmente, sujeto de la oración. Como diría Foucault, no hablamos sino que el lenguaje nos habla: para traducirlo a un lenguaje comprensible (operación que frecuentemente hay que realizar con este grupo de pensadores), el lenguaje nos hace decir cosas que no sabemos previamente. Es por eso que Valderrama termina planteando que el lenguaje no es una herramienta sino que en realidad el lenguaje es "una casa que el sujeto habita". Según cómo esté construida esa casa, así concebiremos el mundo. Es frecuentemente citado el caso de los esquimales, para quien, hay varias clases de color blanco, producto de su monótono paisaje, mientras que para el individuo medio urbano hay sólo uno: el blanco. Pero esto es parcialmente falso si consideramos todos los "blancos" que puede distinguir un imprentero, un diseñador de modas o un químico. La práctica y la ciencia a menudo nos dan una visión más real de los fenómenos que la que acepta la tolerancia media del sentido común. Entonces, ¿cuál es la realidad? Aquí se acepta como "realidad" sólo la vivida como realidad subjetiva por cada individuo, pero la ciencia y la praxis humana es justamente la superación de la subjetividad a través de la interrelación de la experiencia. Por ejemplo da el caso de Japón, donde hay 30 maneras de decir "no" y otras tantas de decir "mujer", por lo tanto la realidad es distinta. ¿Qué se quiere decir con esto? ¿Qué existen realmente varias clases de mujeres distintas? ¡Singular país el Japón, diez tipos de mujeres y un solo tipo de varón! Pero seguramente quienes más lamentan la "casa que habitan los japoneses" deben ser los dueños de restaurantes, puesto que no pueden hacer como aquí dos baños públicos sino once: diez para las diferentes mujeres y una para los varones. No obstante, convengamos una cosa: si sólo hacen dos baños públicos (uno para varones y otro para todas las mujeres), como en la casa que habitamos en Occidente, entonces el marxismo tiene razón: la praxis y la ciencia son la comprensión de la realidad que determina el pensamiento y no, como dicen los lacanianos, que es el lenguaje el que determina la realidad. Lingüística y marxismo Se puede afirmar que la ciencia de la lingüística, tal como la conocemos hoy, se consolida con Ferdinand de Saussure (7), quien a principios de siglo estableció cuál era el objeto de la lingüística: el signo lingüístico. El signo, mínima unidad de significación, está compuesto por el significante y el significado. El significado es el concepto, representación mental de una realidad externa. El significante es la representación sonora, lo que vulgarmente entendemos como palabra pura y simple, sin su significación. Para Saussure el signo era una unidad cerrada y mutuamente implicada, esto quiere decir que si pensamos en una "rosa", inmediatamente nos viene a la mente el significante "rosa", y viceversa. Ambos elementos del signo son inseparables, y por ser el lenguaje un instrumento de comunicación, sólo se van modificando lentamente, con parsimonia a veces de siglos. Los lacanianos, que dicen retomar a Saussure cuando en realidad son sus exactos negadores, consideran que el signo no es una unidad cerrada y no está mutuamente implicado, es decir que rompen la unidad del signo, y plantean que el significado circula libremente en la cadena de significantes. Es decir que los significados no se hallan fijos en las palabras sino que se desparraman por el conjunto de las frases de un escrito, de un discurso, etcétera. Esta introducción nos sirve para comprender entonces por qué Valderrama afirma que "el significante actúa como una causa material sobre los sujetos" (8). Ya no es el lenguaje en general el que determina al hombre (al sujeto), son simplemente "los significantes", las puras palabras en su sonoridad, las que actúan como un "gran cerebro" de la humanidad (la casa que habitamos) que nos hace decir a cada uno de nosotros lo que ese gran cerebro quiere. "El lenguaje es fascista", dijo Roland Barthes. Pero para Lacan el fascista es el significante, para quitar todo rastro de "significado" en las concepciones mentales que el lenguaje nos hace pensar. Saussure representa en la lingüística la lógica formal: el signo es congelado abstractamente en el tiempo, siempre igual a sí mismo, y se ofrece un esquema que resultó muy productivo, pero no dinámico, es decir no dialéctico. Saussure mismo plantea las bases de una visión historicista y evolucionista del lenguaje en la lingüística histórica, pero su concepción del signo no consideró la totalidad de determinaciones que actuaban entre el pensamiento, el lenguaje y la realidad. Para retomar al Marx de la Ideología alemana, debemos decir que el lenguaje es la primera determinación del pensamiento. Es decir que el lenguaje es un pensamiento determinado. "El lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real, que existe también para los otros hombres y que, por tanto, comienza a existir también para mí mismo" (9). Sin embargo, el lenguaje no es la única forma en que se determina (se fija, se objetiva) el pensamiento: también lo son los gestos, los ademanes, las actividades, la praxis en su conjunto. Juzgamos a los hombres no sólo por sus palabras sino también por sus actos. En general, más por sus actos que por sus palabras. Porque los dos (actos y palabras) son las únicas expresiones objetivas de su pensamiento. Es decir que el lenguaje expresa el pensamiento, y si por una parte lo empobrece (reduciéndolo, como las ideas reducen la realidad a un concepto), lo congela, por la otra lo objetiva (es decir, lo hace útil y práctico para los demás y para sí mismo), y le permite al hombre no sólo comunicarse (mal que le pese a Valderrama) sino también hacer operar su pensamiento, a través de su lenguaje, con el pensamiento de los otros hombres. El lenguaje es una actividad simbólica comunicativa. Al remarcar que es una actividad estamos diciendo que está sujeta a todas las determinaciones de una praxis, con su componente incluso físico. Es simbólico como característica principal: el lenguaje se presenta como una metáfora del mundo que describe. Es comunicativo porque ésa es su función original, ya en el reino animal: comunicar, decir algo, anunciar un peligro, llamar a la hembra en el cortejo, etc. Esta definición que ofrecemos se opone totalmente a la concepción posestructuralista, según la cual el lenguaje es la única determinación que opera sobre nuestro pensamiento. Para nosotros el lenguaje es una actividad como otras del ser humano y la determinación mayor para el hombre sigue siendo la satisfacción de su necesidad primera: el alimento, la vivienda, el abrigo. Según las relaciones que adoptemos con la naturaleza y con los otros hombres para satisfacer nuestras necesidades primeras, así estaremos determinados como seres humanos y así se determinará nuestra conciencia. ¿Pero estamos planteando entonces que el lenguaje no determina en ninguna medida nuestra conciencia? De ninguna manera. Pero lo primero que hay que destacar es que el lenguaje está determinado por la conciencia, así como ésta lo está por la realidad. Existe la palabra "rosa" porque existen las rosas en el mundo exterior. Parafraseando a Aristóteles, diremos que nada hay en el mundo del lenguaje que no haya pasado antes por el mundo real. Y más específicamente, que, en términos generales, nada hay en el lenguaje que no haya pasado antes por la conciencia. Pero es verdad que el lenguaje es una fuerza poderosa, donde la humanidad entera parece haber depositado su sabiduría (o su ignorancia) y obliga a los individuos a decir lo que no quieren (o no saben que no quieren). Hablamos con las palabras que nos han legado las generaciones anteriores a nosotros y, en forma inconsciente o espontánea, transmitimos las ideas y los sentimientos que nos son dados por el pasado. Podemos decir que "la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla la lengua de los vivos". Pero cada individuo, cada generación, no sólo vive oprimido por ese pasado sino que además lo debe recrear a cada momento. Al recrearlo, lo inventa de nuevo. Imprime su propio sello a las concepciones establecidas y lleva tanto más allá las posibilidades del lenguaje (del pensamiento) cuanto sus fuerzas se lo permiten. La relación es dialéctica. Me inscribo en el lenguaje de los otros, pero a la vez soy un artífice del lenguaje de los demás y de las próximas generaciones. Dios los cría y el viento los amontona El lenguaje no es una cárcel todopoderosa que determina nuestro pensamiento. Y tampoco lo son las relaciones de producción. Es interesante ver cómo se unen aquí las ideas de Althusser (que hizo una interpretación estructuralista del marxismo) con las de los lacanianos, y no en vano Valderrama lo cita como un teórico importante en este terreno (10). En la concepción de Althusser, el individuo desaparece, sobredeterminado por la superestructura y las condiciones de vida. El individuo es sólo una pieza de ajedrez movida por las estructuras sociales, que son las verdaderas protagonistas no sólo de la historia sino incluso del cambio social. Dice Althusser: "La estructura de las relaciones de producción determina lugares y funciones que son ocupados y asumidos por agentes de la producción, que no son otra cosa sino los ocupantes de estos lugares, en la medida en que son los portadores de estas funciones." (11). Es por eso que tanto Althusser, como Lacan, como Valderrama, como todos los posestructuralistas, no hablan de individuos sino de sujetos: las personas están sujetadas por el lenguaje, por la ideología, por el lugar que ocupan en la estructura de producción. Desaparece toda posibilidad de inscribirse en forma personal o individual en esa estructura. Desaparece la actividad del hombre, creadora y destructiva de esa alienación. Y no estamos planteando aquí que la libertad del hombre supera todas las trabas sociales, transformándonos en liberales individualistas. Pero no se puede caer en el error contrario de negar la posibilidad del hombre de interactuar con la presión social y ayudar al cambio y a la revolución de la sociedad. El hombre mismo ha creado las relaciones de producción y es la práctica del hombre la que llegará a quebrarlas. Hablar del "sujeto" alienado y sobredeterminado es negar esa posibilidad. La alienación del hombre en la ideología imperante (Althusser) o en el lenguaje estratificado (Lacan) es un hecho incontrastable, el error consiste en desarrollar una teoría a partir de ese solo elemento. La dialéctica consiste en analizar los procesos en su misma evolución, descartando la apariencia de los fenómenos, tratando de hallar su fundamento necesario y poniendo en relación los dos polos de la contradicción: la alienación y la conciencia, el significante (las generaciones pasadas, la sociedad, los otros) y el significado (las posibilidades de evolución de la sociedad, el individuo). Los posestructuralistas han cometido el error que creemos vislumbrar en la cita de Hegel que abre este artículo: es un pensamiento que abstrae de las contradicciones sólo el lado negativo de los procesos, resultando una pura nada. Y el lado negativo es aquí el que se opone a la positividad de la cosa dada, de la evidencia empírica natural y realista del lenguaje como expresión y comunicación. La pura nada en que deviene el lacanismo se observa en la oscuridad proverbial de los textos ininteligibles tanto de Lacan como de sus seguidores, llenos de sonido y de furia, pero carentes de sentido, que sólo son creíbles por el efecto de insistencia con que son educados los iniciados. Efecto de insistencia corroborable en el artículo de Valderrama, puesto que, por ejemplo, ¿cuál es la crítica a la concepción del lenguaje como instrumento de comunicación? Que es un "cuento remanido" (12), que lo planteó Stalin, que lo planteó Boileau en el siglo XVII, es decir, una pura nada. No hay crítica, sólo se acumulan adjetivos y se ofrece, por la vía de la insistencia, un "efecto de demostración" carente de sustancia. Valderrama descarga su artillería contra la concepción del lenguaje como una nomenclatura (una etiqueta o nombre para cada cosa), pero no entiende que la nomenclatura, la terminología, es un elemento de la lucha de clases. Las revoluciones son justamente eso: transformar la realidad y hacer general y masivo el uso de nombres nuevos para designar la realidad nueva. Pero no es el nombre el que crea las cosas sino la praxis humana. No es el lenguaje el que crea la realidad, como afirma taxativamente Valderrama, sino la realidad la que da lugar a un nuevo lenguaje. Los revolucionarios lo han comprendido siempre. Dice el Manifiesto liminar de la Reforma Universitaria de Córdoba, de 1918: "Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen" (13). Y casi con las mismas palabras, León Trotsky afirmaba que una de las reglas de la IVª Internacional era "llamar a las cosas por su nombre" (14). Lejos de esta actitud, el posmodernismo trata en vano de descubrir la realidad en el estrecho marco del nombre que la realidad ya tiene. Es importante recalcar que el error consiste en considerar como real sólo el lado negativo de la contradicción dialéctica. Es el mismo error que Marx analizó como "fetichismo de la mercancía". El comerciante vive aferrado a su religión del dinero y considera a la mercancía como un objeto mágico, que vale más cuanta más magia lleva en sí misma. Pero Marx evidenció que el carácter mágico de la mercancía consistía pura y simplemente en mostrar la cantidad de trabajo humano que estaba incluido en ella, proyectando una relación social como si fuese un carácter material de los propios objetos. "La forma mercancía", dice Marx, "no tiene absolutamente nada que ver con su carácter físico ni con las relaciones materiales que de este carácter se derivan. Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres" (15). Ahora podemos entender lo que significan las ideas de Valderrama. Nos convocaba a analizar el lenguaje como una pura materialidad (análisis de los significantes) y a no caer en el idealismo de pensar que los contenidos ideales (significados) determinaban el lenguaje concreto y material. Pero he aquí que Marx se permite analizar un fenómeno (la mercancía) no por sus características físicas sino por las relaciones (ideales) que evidencia. Marx critica la visión de la mercancía como "una relación entre objetos materiales", y Lacan afirma que "un significante es lo que representa al sujeto para otro significante" (16). Si el lector dispone de mucho tiempo libre, podrá comprender que para Lacan las relaciones de representación se establecen entre los significantes, como si fueran individuos, mientras que el sujeto es el verdadero sujetado en esta relación. A partir de la inversión de la relación real se inventa una dialéctica negativa que resulta en nada. El materialismo de Valderrama es abstracto y antidialéctico. Si bien en términos generales afirmamos que primero está lo material y luego las ideas, que primero tiene que existir un cerebro y un hombre con su praxis y luego se crean los pensamientos, que el cuerpo humano es el vehículo necesario y único de toda la vida espiritual del hombre, cuando analizamos las ideas en sí mismas no podemos considerar que su parte material sea determinante con respecto a la parte ideal. En el terreno de las ideas, es lo contrario de lo que el marxismo afirma del hombre. La parte material de las ideas no es su parte determinante sino determinada: la parte material de un texto es la hoja, la tinta, la escritura, el alfabeto, el idioma utilizado, etc. Lo determinante son las ideas que han querido ser expresadas, la representación mental que ha querido ser reproducida, como metáfora de un pensamiento incluso previo. En el análisis del lenguaje, son las ideas las que determinan la materia, y no al revés. Porque lejos de fórmulas seudomaterialistas congeladas, la dialéctica consiste en el análisis de los fenómenos en su propia complejidad. Lenguaje y sociedad El mensaje del sujeto sólo es concluido, interpretado, sancionado, por el otro (la sociedad). Eso hubiera sido una línea interesante de análisis, a la que Lacan alude pero no sigue. Porque considerar que es el otro (y no una supuesta estructura) quien sanciona el significado del discurso, es mostrar la dimensión social del fenómeno del lenguaje. El otro, la sociedad, son quienes sancionan y aún controlan las emisiones de lenguaje. De analizar esto, habrían visto que el significado no circula libremente por la cadena de significantes, sino que es la sociedad quien reintegra el significado a su lugar correspondiente. Veamos tres situaciones. 1) En la comunicación normal, habitual, cotidiana, textual, cuando escuchamos o leemos la palabra "rosa", pensamos inmediatamente en una flor determinada. Es decir que el significante nos remite directamente y en forma cerrada a un significado. 2) En la poesía, un escritor puede estar diciendo "rosa" para remitirse al significado "mujer". Es decir que aunque difieren significante y significado, son la costumbre, las tradiciones, las normativas poéticas y las estéticas las que nos hacen unir convenientemente ambos términos. El significado no ha viajado libremente sino controlado ("término siniestro de control", se lamenta Lacan) por una serie de normas sociales y, mejor aún, poéticas. El poeta lo ha escrito originalmente pensando que la sociedad (el otro) reinstalarían el signo correspondiente. La sociedad lo reinstala y se produce la comprensión del texto poético. El significado no se rebeló (con "b" de rebeldía). Si se rebelara y fuera libre, la sociedad no comprendería el texto poético y éste pasaría por hermético. Lógicamente, las estéticas se complican en estos dos últimos siglos y lo que aplicamos en forma esquemática y sencilla a un signo (rosa) terminamos aplicándolo al conjunto de técnicas poéticas y a la economía general de los signos en el texto. Así, por ejemplo, en el caso del surrealismo, debemos comprender que cada imagen no corresponde a un significado particular sino que la intención del poeta surrealista es expresar, a través de una serie de técnicas específicas, lo que podríamos llamar su imaginación en crudo, una catarata de imágenes que quieren acercarse (en definitiva, como una actitud consciente y deliberada) al texto del sueño, o a lo que bien despiertos podemos considerar como el texto de un sueño. Pero aún así seguimos dentro de la lógica que señalábamos antes: es la sociedad la que repone el significado de esos textos, aún cuando ese significado no sea reductible a una fórmula definida. Es unilateral, o sea falso, lo que plantea Valderrama acerca del arte: "Si existe la poesía es porque una misma palabra puede decir infinidad de cosas" (17). Se busca demostrar que es justamente en el texto poético donde el significado circula libremente en la cadena de significantes. Pero el arte es mucho más que juego de palabras, y para muestra baste el poema de Brecht con el que Valderrama encabeza su texto: no hay allí ningún juego con el significante (quizás lo haya en el original alemán, no importa) y, sin embargo, lo consideramos un texto artístico. El juego con el significante prevalece sólo en algunas corrientes de vanguardia (y no todas) desde el simbolismo hasta ahora, y no constituye la esencia necesaria del arte. No es el lugar adecuado para extenderse en esta polémica (que sin embargo ocupa para los lacanianos un lugar central, al punto que muchos psicoanalistas han devenido sólo críticos literarios), pero queremos dejar expresada nuestra impugnación a la pretensión de Valderrama de considerar al arte piedra basal de su teoría. 3) Sin querer introducirnos en el tema de las enfermedades mentales, debemos señalar que también en el lenguaje alienado es la sociedad la que repone el significado de los textos, cuando significante y significado no coinciden. Es el terapeuta el que determina que el discurso de una persona padece tal o cual desviación de la normal, y aún más, es el terapeuta quien determina qué grado de desviación tiene, y recompone el significado oculto del discurso del paciente. Es la sociedad, en definitiva, la que determina qué discursos están desviados de una cierta normalidad y deben considerarse como alienados, enfermos, perturbados, angustiados, etc. Así es la realidad, y por más que defendamos los derechos de los enfermos (mentales o no) frente a sus terapeutas, por más que exijamos a la sociedad que respete la enfermedad de individuos que ella misma ha enfermado, por más que compartamos la preocupación de muchos sectores progresistas por las políticas de marginamiento de esos otros que no se pueden defender, no podemos menos que reconocer que el loco, el enfermo, es definido, controlado y sancionado por la sociedad, y no al revés. La sanción vale tanto para su discurso como para su categorización social: se afirma que habla como un enfermo, y se lo confina al hospital correspondiente para su marginalización. A Frastraslafra le sarapia el calimestrol ¿Qué hemos querido debatir? No podemos discutir con los psicoanalistas cuestiones relativas a la clínica. Ese es un problema propio de los psicoanalistas, donde poco tiene que decir el marxismo. Pero cuando una teoría psicoanalítica como la de Lacan se adentra en cuestiones epistemológicas, filosóficas, ideológicas, y cuando esa teoría quiere redescubrir desde su lugar el mundo e imponerse a las demás ciencias como un "paradigma", es decir un modelo para las otras ciencias, entonces el marxismo no puede menos que establecer un diálogo con aquellos que plantean una visión antidialéctica del mundo. Las teorías de Lacan tienen más relación con Kant que con Hegel. Así como, para Kant, el mundo era un caos incognoscible que sólo podíamos aprehender a partir de las formas previas que la razón tenía en forma innata y la filosofía era el estudio de esas formas innatas de la razón, así para Lacan la realidad es una ilusión ingenua de los pre-lacanianos, que sólo podemos aprehender a través del análisis del lenguaje, el verdadero determinante y creador de la realidad. ¿No es esto un fetichismo del lenguaje? ¿No es una consideración mágica del lenguaje como si fuera el verdadero dios posmoderno? En vez de considerar el lenguaje como una parte de la realidad, consideran la realidad una parte del lenguaje. El del posestructuralismo es un saber invertido y estéril. Invertido, porque quieren interpretar la realidad a través del prisma estrecho de los "significantes"; estéril, porque por tan pequeña abertura no se puede acceder a la enorme tarea de comprender el conjunto de la realidad. Ahora bien, ¿es esto parte de una teoría clínica? De ninguna manera. Si Lacan ha dicho cosas significativas en el campo de la clínica, serán los psicoanalistas quienes deban rescatarlas. Pero se deberán desembarazar de todo el lastre filosófico kantiano, idealista y antidialéctico que las teorías de Lacan arrastran. Así como Marx y Engels supieron leer en el idealista Hegel todo el tesoro que escondía en su dialéctica, y así como un gran científico como Mendel descubrió las bases de la genética pensando que era el designio de Dios, así podemos ver en cualquier científico aquello que responde a la ideología burguesa de su tiempo y, por otro lado, el tesoro realmente científico que anida en sus investigaciones. En realidad, hay que ver en las concepciones sobre el lenguaje de los lacanianos una deformación profesional: el terapeuta no conoce el mundo real del paciente, ni a la gente que lo rodea, ni si son verdaderas las circunstancias que relata sobre su vida. Pasa así a considerar toda su historia como un relato, una narración, con una lógica interna que hay que desentrañar y allí adentro, en ese relato, se encontrarán todas las realidades de la que podrá dar cuenta el terapeuta. Es por eso que, siendo Lacan anterior al posestructuralismo, anticipó en todas sus líneas la concepción que hoy en día se tiene sobre el lenguaje y la realidad. Su concepción del lenguaje no es más que una fantasía producto de su propia ubicación en el mundo profesional e intelectual. De todas formas, Lacan mismo fue criticado por los lingüistas. Para defenderse, Lacan dijo que él no hacía lingüística sino "lingüisterique", es decir una mezcla (en francés) de lingüística e histérica, broma que no lo absuelve de haber iniciado un camino equivocado en el análisis del lenguaje. También intentó utilizar fórmulas matemáticas, por lo cual se convirtió en el hazmerreír de investigadores de las ciencias duras (ver Alan Sokal). Se dijo estructuralista, pero fue objetado por el padre del estructuralismo, Lévi-Strauss, como se pudo observar en una entrevista de hace algunos meses en el diario Clarín. ¿Se puede construir una filosofía sobre bases tan débiles? No podemos hacer otra cosa, al dialogar desde el marxismo con el psicoanálisis, que llamar a los psicoanalistas marxistas a rediscutir las bases filosóficas y epistemológicas del lacanismo, para borrar todo vestigio de estructuralismo y de kantismo. Acabar con la ideología posmoderna que, como hemos dicho en un artículo de Prensa Obrera, es "un saber invertido: el discurso prevalece sobre los hechos, la forma prevalece sobre el contenido, la estructura prevalece sobre los procesos, el análisis subjetivo prevalece sobre una objetividad en la que ya no creen" (18). Sólo el marxismo, verdadero horizonte epistemológico de nuestra época, puede terminar con esta decadencia científica. Notas: 1. "Psicoanálisis y marxismo. ¿Un diálogo imposible?", en En Defensa del Marxismo, Nº 20, mayo de 1998, pág. 177. 2. Idem, pág. 178. 3. Idem, pág. 183. 4. Escritos, Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 1987, 2 vol., pág. 478. 5. Idem, pág. 265. 6. Idem, pág. 478. 7. Curso de lingüística general, Losada, Buenos Aires, 1986. 8. Paola Valderrama, artículo citado, pág. 185. 9. La ideología alemana, Pueblos Unidos, Buenos Aires, 1985. 10. Paola Valderrama, artículo citado, pág. 186. 11. Louis Althusser, Para leer El Capital, Siglo Veintiuno, México, 1985, pág. 194. 12. Paola Valderrama, artículo citado, pág. 186. 13. Carlos Mangone y Jorge Warley, El manifiesto, Biblos, Buenos Aires, 1993, pág. 104. 14. León Trotsky, El programa de transición, Yunque, Buenos Aires, 1983, pág. 67. 15. Carlos Marx, El Capital, Tº I, Cartago, Buenos Aires, 1965, pág. 62. 16. Escritos, pág. 799. 17. Paola Valderrama, artículo citado, pág. 183.9 18. Prensa Obrera Nº 590, 25/06/98.