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En Defensa del Marxismo N° 1

1 de octubre de 1991 · 14 notas

Notas de este número

1 de octubre de 1991
Revolución y contrarrevolución en la URSS

Con la derrota del golpe militar, los acontecimientos en la URSS han entrado en una nueva etapa. El viejo régimen burocrático, completamente agotado, ha sido reemplazado por un nuevo régimen burocrático de carácter restauracionista. El viejo frente común de las masas y de una parte de la burocracia “democrática”, formado en oposición a la burocracia llamada “conservadora”, comienza ahora a escindirse, como consecuencia del hecho de que la política de restauración capitalista implica, en primer lugar, un violentísimo ataque, a las ya pésimas condiciones de vida de los trabajadores. El viejo aparato estatal de la Unión Soviética se ha quebrado, con el derrumbe del partido comunista y de la KGB. En su lugar hay un sistema estatal armado de retazos, que a partir de ahora oscilará entre un dislocamiento completo o una dictadura cívico-militar basada en las fuerzas burocráticas-restauracionistas que se enfrentaron al golpe. La Unión Soviética, en tanto unidad estatal efectiva, ha dejado de existir, y lo mismo debe decirse de la URSS como un Estado Obrero. Aunque la propiedad de los medios de producción continúa en manos del Estado, este hecho está vaciado de contenido desde el momento en que el régimen político es de carácter restauracionista. La victoria popular contra el golpe tiene un alcance revolucionario, pero el poder no ha pasado a manos de las masas sino de la fracción de la burocracia que se ha cubierto con las banderas democráticas. No es la primera vez en la historia que se produce una confiscación política de estas características; más bien parece una norma dentro de los procesos revolucionarios. Ahora las masas deberán hacer frente a quienes se presentaron ante ellas como los “enemigos de sus enemigos”. El desencadenamiento del golpe militar constituyó una manifestación cristalina de que el viejo régimen burocrático no podía ya gobernar como lo venía haciendo; más todavía, que había agotado sus recursos más allá de cualquier límite. El triunfo del golpe militar no hubiera significado de ningún modo la salvación del “comunismo”; todo lo contrario, al igual que su derrota, hubiera consagrado la muerte definitiva del viejo régimen basado en el monopolio de la burocracia por medio del partido comunista. La dictadura militar hubiera consagrado a un régimen bonapartista que ha roto todo vínculo con las bases históricas del Estado obrero, y que se limita a actuar como un árbitro destinado a prevenir una guerra civil. La necesidad de una salida bonapartista, que los golpistas fueron incapaces de establecer, será encarada ahora por los “reformistas” y por los “burócratas”, los que necesitarán contar para ello con el apoyo de las fuerzas armadas. El golpe militar tuvo un carácter típicamente “korniloviano”—en alusión al general zarista que en agosto de 1917 pretendió derrocar al gobierno provisional de Rusia que había llegado al poder luego del derrocamiento del zarismo. Al igual que en aquella oportunidad, -el golpe fue tramado por el propio poder oficial, en este caso Gorbachov, el cual fue desplazado, sin embargo, de la iniciativa debido a sus vacilaciones. Hacía tiempo que Gorbachov intentaba gobernar con leyes de emergencia y poderes de excepción, y que había colocado en los mandos del poder a los hombres decididos a pasar a la acción. No es casual que el 90% de sus ministros apoyara el golpe. Gorbachov era extremadamente consciente de la necesidad de establecer un régimen bonapartista (por encima de las facciones en pugna), y para ello buscaba desesperadamente el apoyo del imperialismo. Como ocurriera haca más de 70 años con la división entre Kornilov y Kerensky, también en este caso la división entre los golpistas y Gorbachov fue mortal para la suerte del golpe. Aunque la prensa ha presentado a los golpistas bajo un foco uniforme y grisáceo, lo cierto es que su composición era extremadamente heterogénea, y por sobre todo sus contradicciones internas lo condenaban al fracaso. En la proclama del Comité de Emergencia hay un único punto que hacía la unanimidad de las opiniones, y es el que se refería a la necesidad de adoptar medidas de excepción para restablecer las relaciones verticales y horizontales entre los distintos segmentos de la economía y de la industria. Este era el reclamo fundamental de los “capitanes de la industria”, reiteradamente planteado a Gorbachov. Fuera de este acuerdo (que implicaba la militarización de los trabajadores en huelga), en el resto las divergencias eran completas, en especial en lo relativo a restablecer por la fuerza los vínculos económicos entre las diferentes Repúblicas. Los diarios han coincidido en la apreciación de que el golpe fue precipitado por la inminente firma del Tratado de la Unión, que contemplaba un precario arreglo en el reparto de las funciones económicas y legales dentro de la URSS. Pero esa oposición al Tratado de la Unión fue su talón de Aquiles, esto porque para la masa del ejército, en particular, ese Tratado era la última posibilidad de salvar la unidad estatal. El golpe fue esencialmente un golpe de la KGB, no de las fuerzas armadas. Presentaba realmente el peligro de pretender hacer retroceder los Una radiografía de la burocracia restauracionista. “La batalla de la propiedad puso en escena a los capitalistas de Estado y a los nuevos negociantes, los ‘viejos zorros’y los ‘lobos jóvenes’. Se entabló a partir de 1990 con la irrupción en el comercio y las finanzas del ala moderna de la nomenklatura. Ni ésta ni tampoco el complejo militar-industrial son ya bloques monolíticos. A la muy conservadora Asociación de jefes de empresas del Estado, que dirige Al-exandre Tiziakov (uno de los golpistas) se opone la Unión científica e industrial de Arkadi Volski, una suerte de *patrón de los patrones* reformistas, figura central de un movimiento de capitanes de la industria y de la banca que reunió en un primer congreso, el 19 y 20 de febrero de 1991 en Moscú, a todas las formas de propiedad. “Otra punta de lanza de los adeptos del mercado: la Unión de empresarios y arrendatarios, a cuyo presidente, Pavel Bounitch, economista liberal-centrista, le gusta recordar que su asociación está sólidamente implantada en los países bálticos, a pesar de los separatismos políticos. “La gigantesca fábrica de camiones Kamaz (114.000 trabajadores), en el Tatarstan (Federación Rusa), ha vendido acciones a 1.284 empresarios por 1,2 millones de rublos antes de ofrecerlas en el mercado mundial por 15.000 millones de dólares. La fábrica de automóviles Autovaz, en Togliattigrad (que produce los Lada) propuso cuotas-partes a razón del 20% para el colectivo de la fábrica, 20% para el Estado, 20% a empresas soviéticas y 40% a socios extranjeros —en este caso la Fiat. “Estos no son más que algunos ejemplos espectaculares de una evolución que afecta a decenas de grandes unidades de Estado, transformadas en sociedades anónimas y comercializadas. ¿Revoque de fachada? Esto dependerá del sistema (precios, concurrencia, etc.) que se termine aplicando. Pero los grandes directores plantean desde ya su candidatura a la plena propiedad, invitando al capital extranjero a aprovechar esta ‘puesta en acontecimientos al periodo pre-Gorbachov —lo que para cualquier “hombre de Estado”, y en especial para las fuerzas armadas, significaba incubar la guerra civil. Esta falta de homogeneización de los golpistas se manifestó en forma mortal a la hora de las operaciones. Existe la falsa impresión de que los mandos militares y la industria militar son adversarios de una política de reconversión económica asistida por créditos del imperialismo y capitales extranjeros. Lejos de esto, son los que la han señalado como una necesidad con mayor vigor. La división profunda de los golpistas se transformó en fatal como consecuencia de la resistencia popular. Sin ésta hubiéramos asistido, con toda probabilidad, a una seguidilla de golpes de Estado. El vacío de poder creado con el fracaso del golpe de estado no ha sido colmado. Como consecuencia de ese vacío de poder, las distintas Repúblicas se han apresurado a proclamar la independencia. Pero no hay tal cosa: se trata, al menos en lo fundamental, de que las burocracias locales se ha apresurado a tomar el control del Estado ante la brusca falencia del poder central. La mayor parte de las burocracias republicanas se mantuvo a la expectativa durante el golpe, en la creencia de que seguramente podrían negociar con las nuevas autoridades. De manera que su reacción independentista no tiene nada de libertaria. Es un intento de querer asegurar el control de los estados locales e impedir que lo hagan en su lugar los trabajadores. Las Repúblicas de la URSS tienen hoy menos posibilidades de crear Estados nacionales realmente independientes que hace 75 años. El conjunto del espacio soviético forma el mercado común más integrado del mundo, incluso con las características de un mercado nacional. La ruptura de este conjunto económico llevaría a cada República a transformarse en un apéndice colonial del imperialismo. La coexistencia de nacionalidades diferentes en cada República exigiría de cualquier Estado nacional que se formara una extraordinaria ductilidad democrática. Debería asegurar la ciudadanía integral a todos sus habitantes, al mismo tiempo que se les garantiza la vigencia de sus diferencias culturales y lingüísticas. Las burocracias de turno son incapaces de llevar a cabo semejante tarea, de modo que la independencia degeneraría en los llamados “conflictos étnicos”. Sólo la revolución proletaria sería capaz de realizar la independencia real de las Repúblicas, pero en ese mismo momento postularía la unidad con las Repúblicas hermanas sobre una base socialista e internacionalista. Finalmente el Estado de la URSS es dueño de un enorme arsenal nuclear, que está bajo el control de fuerzas armadas únicas. La dislocación de la fuerza militar desataría una guerra civil y hasta una guerra internacional. Por eso las fuerzas armadas exigen un acuerdo entre las burocracias de, al menos, las principales Repúblicas, como Rusia, Ucrania y Bielorrusia, y en el jirón de esta unidad la incorporación de las Repúblicas asiáticas. Pero esta unidad solo podría tener un carácter temporal y solo podría lograrse en el marco de una suerte de dictadura civil. El despertar nacional (democrático) de las diversas naciones de la URSS es enorme y sólo podría ser encajonado nuevamente por medio de una contrarrevolución violenta. En oposición a la independencia que oculta la usurpación del poder por las burocracias que se aprovechan del vacío de poder, el proletariado debería luchar por la independencia socialista de las naciones de la URSS. La ausencia de un partido revolucionario en la URSS excluye la posibilidad de la victoria de una revolución proletaria en el próximo período. En estas condiciones, el régimen buscará arreglar su crisis de poder en el marco de una dictadura bonapartista cívico-militar. La política capitalista del nuevo régimen abrirá una nueva etapa de la lucha de clases y establecerá nuevos reagrupamientos de fuerzas. Sobre la base de una delimitación política clara en el marco de estos realineamientos, podría formarse de nuevo un partido bolchevique, partidario de reconstruir la Cuarta Internacional. Los primeros pasos del nuevo régimen, cuyos contornos (pero no su carácter) aun no están definidos, revelan su tendencia a la dictadura. Yeltsin gobierna hace tiempo por decreto, sin importarle su demagogia democrática. Amenaza a los otras Repúblicas con alteraciones de fronteras, lo que aparece como una prematura evidencia de que está desubicado para reemplazar a Gorbachov. La tendencia a la disgregación del poder se acentúa, y en la misma medida la posibilidad de un golpe militar “reformista”. El imperialismo mantuvo hasta el golpe una política de conservación de la unidad de la URSS, pero en el marco de un nuevo Tratado. El informe del FMI sobre la URSS, de principios de este año, es a este respecto, muy claro, en especial cuando defiende las propuestas centralistas en materia presupuestaria y monetaria — lo contrario de lo que preveía el Tratado cuya firma fue suspendida por el golpe, y que ahora se encuentra en revisión. Esto explica que el imperialismo hubiera apoyado virtualmente al golpe en los primeros momentos, y que sólo cambiara ante las evidencias de su derrumbe. Creía poder repetir en el URSS la película china, donde la masacre de los estudiantes hace dos años sirvió como marco de estabilidad para una más acentuada penetración del capital financiero. El imperialismo yanqui apoya a largo plazo la desintegración completa de la URSS, pero sólo si puede ser sustituida por Estados que garanticen debidamente la propiedad privada y la explotación del capital extranjero. El golpe y su fracaso señalan la muerte defintiva de la “perestroika”f lo cual constituye el canto del cisne para la posibilidad de la autor-reforma de la burocracia, del cambio desde arriba o “prusiano” (como lo han llamado algunos) y por lo tanto del “socialismo democrático”, es decir de la introducción de instituciones democráticas al Estado obrero burocrático. Los partidos comunistas, socialistas o reformistas que, fuera de la URSS, han abrazado la causa de Yeltsin o de los renovadores capitalistas, tienen que admitir que no existe el “tercer camino” entre la restauración capitalista y la revolución proletaria, y declararse partidarios de la primera. La posibilidad de “renovar el socialismo” ha muerto (esto es lo que realmente ha muerto), es decir la posibilidad de regenerar los regímenes burocráticos, no así la revolución socialista y el comunismo internacional, que son la única alternativa a la barbarie que representa la restauración del capitalismo. En la URSS ha culminado un largo trabajo de destrucción de las conquistas sociales dé la Revolución de Octubre por parte de la burocracia contrarrevolucionaria. Los inmensos recursos de la propiedad estatizada y de la planificación económica le sirvieron a la burocracia para dar un impulso inicial a la expansión de las fuerzas productivas, pero por sobre todo para resolver sus propias necesidades sociales a costa de las masas. Mientras se trató de un crecimiento en extensión y de saltar las primeras etapas de la industrialización la burocracia pareció jugar un rol "progresivo”, claro que a costa de enormes sacrificios de las masas y de espantosos derroches y despilfarros. Pero cuando hubo que entrar en un desarrollo más complejo y sofisticado la loza del despotismo burocrático reveló sus límites absolutos: sin libertad política no hay libertad de creación, y sin ésta es imposible el desenvolvimiento económico. A medida que se fue acentuando el estancamiento y luego el retroceso, el despilfarro en beneficio propio, el acaparamiento y el saqueo cobraron alturas gigantescas. Mucho antes de la perestroika, la planificación económica había perdido su contenido y lo mismo vale para la propiedad estatal. La salud seguía figurando como un derecho inalienable de los soviéticos, pero en los hospitales no había medicamentos ni camas, y aunque la producción agrícola en algunas ramas crecía, los productos no aparecían en el mercado. O la burocracia acaba con el Estado obrero o la revolución proletaria acaba con la burocracia — fue el pronóstico histórico de Trotsky. La burocracia, habiendo llevado su política de destrucción de las bases sociales de la Revolución hasta sus últimas consecuencias, hoy se proclama anti-comunista y partidaria del capitalismo. Necesita un nuevo ropaje para expresar estos intereses. La burocracia debutó como un factor de “orden” en el campo internacional, con el subterfugio de construir el “socialismo en un sólo país”. Está claro que fueron los primeros pasos y tanteos para encontrar en el imperialismo mundial un punto de apoyo para transformar en derechos de propiedad sus privilegios sobre el Estado obrero. Los que proclaman la muerte del comunismo, en estas condiciones, son el imperialismo, de un lado, lo que no nos dice nada nuevo, y los stalinistas desilusionados, lo cual nos confirma nuestras viejas sospechas acerca de que son contrarrevolucionarios. Mientras fue destruyendo las bases sociales del Estado obrero la burocracia también ayudó a poner contra sí a uno de los proletariados más numerosos y educados que haya habido en la historia. En las luchas de los últimos cinco años y en la derrota al golpe de los últimos días, las masas han abierto el camino de la revolución política y ahora abiertamente social. La historia funciona a pleno cuando se ha abierto un período de revolución y contrarrevolución.

1 de octubre de 1991
Una radiografía de la burocracia restauracionista
Jean-Marie Chauvier

Reproducido de “Le Monde Diplomatique”, setiembre de 1991 “La batalla de la propiedad puso en escena a los capitalistas de Estado y a los nuevos negociantes, los ‘viejos zorros’ y los ‘lobos jóvenes’. Se entabló a partir de 1990 con la irrupción en el comercio y las finanzas del ala moderna de la nomenklatura. Ni ésta ni tampoco el complejo militar-industrial son ya bloques monolíticos. A la muy conservadora Asociación de jefes de empresas del Estado, que dirige Alexandre Tiziakov (uno de los golpistas) se opone la Unión científica e industrial de Arkadi Volski, una suerte de “patrón de los patrones” reformistas, figura central de un movimiento de capitanes de la industria y de la banca que reunió en un primer congreso, el 19 y 20 de febrero de 1991 en Moscú, a todas las formas de propiedad. “Otra punta de lanza de los adeptos del mercado: la Unión de empresarios y arrendatarios, a cuyo presidente, Pavel Bounitch, economista liberal-centrista, le gusta recordar que su asociación está sólidamente implantada en los países bálticos, a pesar de los separatismos políticos. “La gigantesca fábrica de camiones Kamaz (114.000 trabajadores), en el Tatarstan (Federación Rusa), ha vendido acciones a 1.284 empresarios por 1,2 millones de rublos antes de ofrecerlas en el mercado mundial por 15.000 millones de dólares. La fábrica de automóviles Autovaz, en Togliattigrad (que produce los Lada) propuso cuotas-partes a razón del 20% para el colectivo de la fábrica, 20% para el Estado, 20% a empresas soviéticas y 40% a socios extranjeros —en este caso la Fiat. “Estos no son más que algunos ejemplos espectaculares de una evolución que afecta a decenas de grandes unidades de Estado, transformadas en sociedades anónimas y comercializadas. ¿Revoque de fachada? Esto dependerá del sistema (precios, concurrencia, etc.) que se termine aplicando. Pero los grandes directores plantean desde ya su candidatura a la plena propiedad, invitando al capital extranjero a aprovechar esta ‘puesta en venta’ de los bienes del Estado. Tallos ya tienen el mercado — se queja uno de los animadores del movimiento cooperativo— nosotros solo tenemos el bazar’, apreciando con desconfianza, al igual que otros nuevos empresarios, esta ‘privatización por medio de la nomenklatura’. ‘“Los nuevos bancos cooperativos —observa Valeri Pis-siguine, dirigente de la Federación interregional de cooperativas— no disponen sino de una ínfima parte de los nuevos fondos bancarios y la privatización por arriba quiebra las iniciativas de la base. Por ejemplo de los trabajadores que optan por la propiedad de grupo”. "Las leyes de privatización que fueron votadas a comienzo del verano de 1990 han acelerado un fenómeno que deberá afectar, hacia fines de 1992, al 60% de las pequeñas y medianas empresas. El trabajo individual y la empresa privada ocupaban a comienzos de 1991, cerca del 7% de la población activa. Las creaciones de empresas se cuentan por centenas cada mes, en la construcción, en el comercio y servicios de reparaciones. “La fiebre de la ‘desestatización´ se enfrenta con obstáculos que no sólo son administrativos: de acuerdo a ciertas estimaciones, el ahorro interno no podría cubrir más que el 10 al 20% del valor de los bienes privatizables. Las transferencias de propiedad a los colectivos de trabajo, que algunos consideran una buena fórmula transitoria, van a colocar a los trabajadores en condiciones muy desiguales. ‘Es previsible un hundimiento —nos ha declarado el economista Oleg Grigoriev— en la industria liviana y alimentaria. Solo podría sobrevivir la industria extractiva… en una economía que se asemejaría a la de Nigeria, o mejor aún, a la de Francia de hace cincuenta o sesenta años’. “Pero esta caída (‘spad’) es una estrategia deliberada de los liberales, que esperan poder ‘reestructurar’ de este modo la producción, es decir, modernizar los instrumentos de producción y reducir masivamente la mano de obra. Hay que destacar que si el FMI alienta una política de rigor y de cese de las subvenciones (lo que sin duda hubiera hecho el gobierno de los golpistas Ianaev y Pavlov), no presiona a favor de las privatizaciones, prefiriendo en una primera etapa una ´comercialización’ del sector público (se refiere a una autonomía financiera de las empresas que venden a precio de mercado).”

1 de octubre de 1991
El movimiento obrero en la URSS
K. S. Korol

Reproducido de “Página 12”, 6/6/91 “Gorbachov quería hacerse invitar a la cumbre de los siete en julio para discutir un paquete de medidas dirigidas a poner en marcha, en las mejores condiciones, una verdadera reforma de la economía soviética. Objetivo último: la integración en el mercado mundial. Su decisión de cambiar el sistema económico de la URSS no data de este año. Pero la experiencia le ha demostrado que podría realizarlo más rápido y de forma más segura si las potencias industriales interesadas por el enorme mercado soviético lo apoyaran de forma considerable. Como ha escrito un economista en Pravda, la URSS podría entonces atravesar el rubicón que la separa del nuevo sistema de forma segura y con un salvavidas sólido sin dar un salto peligroso. “¿Pero no hay en ello un optimismo un poco forzado? No parece muy fácil que el capital occidental fluya a un país en plena crisis. El Kremlin no tiene solución para los conflictos interétnicos que se enconan. Los drámaticos acontecimientos en la frontera entre Armenia y Azerbaiján lo prueban hasta la evidencia. Pero en las cuatro esquinas del país se incuban otros focos de propagación. Es un obstáculo terrible para la reforma económica. Exactamente igual que las fallas del sistema de distribución que jamás han producido efectos tan perversos como en la actualidad. Según los expertos americanos, la URSS dispone este año de suficientes productos alimenticios para satisfacer sus necesidades. Ahora bien, la penuria castiga más que nunca y, según las estadísticas oficiales, el aprovisionamiento de carne, por ejemplo, ha bajado el 14 por ciento en Moscú durante el primer trimestre de 1991; el 16 por ciento en Leningrado; el 25 por ciento en Georgia; el 50 por ciento en las repúblicas de Asia, y hasta el 73 por ciento en Armenia. Realmente inexistentes en las tiendas, la carne y otros productos se pueden encontrar en el mercado libre a precios inasequibles para un asalariado incluso bien pagado. ‘¿Por qué pecados padecemos una suerte tan injusta?’, pregunta en el Pravda un obrero de Kuzbas, G. Stepanov. Justo en esta región de Kuzbas (que se encuentra entre las más industrializadas del país), los mineros ya no esperan las respuestas del órgano central del PCUS. La reciente huelga minera ha terminado por apoderarse del país entero de forma muy rápida. En todas partes se han formado comités de huelga para todos los efectos incluso en las fábricas que todavía trabajan normalmente. Los sindicatos oficiales, al sentir la competencia de los movimientos sindicales independientes, son a menudo los organizadores más activos de estos comités que, sin embargo, les amenazan. No parecen impresionados por el reciente decreto de Gorbachov (aprobado por las repúblicas) que suspende el derecho de huelga en los sectores claves de la economía. Por otra parte, ha sido suficiente que el nuevo sindicato de controladores aéreos amenace con desencadenar una huelga para que el gobierno le haga onerosas concesiones. “‘Hemos contraído una deuda tan fuerte con nuestros obreros (mal pagados, mal alojados y mal aprovisionados) que, aunque nos arrodilláramos ante ellos durante cinco años, no sería suficiente’, me dijo un alto responsable muy próximo a Gorbachov. Pero los obreros no piden eso. Quieren beneficiarse del paso a la economía de mercado gestionando ellos mismos sus empresas, aunque la palabra autogestión no forme parte de su vocabulario. Piden una mejora de las prestaciones sociales que, en teoría, tienen garantizadas desde hace tiempo. Durante el mitin del 19 de Mayo en la Plaza Roja, los representantes de todos los sindicatos, si bien aceptaban el principio de economía de mercado y de las inversiones occidentales, se reservaban el derecho a veto sobre todo proyecto de privatización o de cambio de estatuto de sus empresas. Esta evolución es muy especial de la URSS. En China nunca ha habido semejante movilización de la base en vísperas de la reforma. En cualquier caso, no más que en Europa del Este. “Esto no significa que la URSS no vaya a atravesar el rubicón (ya se ha comprometido de sobra a ello), sino que debe hacer frente a un problema de consenso social que no es fácil de solucionar. Gorbachov ha necesitado la participación de Yeltsin para conseguir la vuelta al trabajo en las minas, pero la credibilidad de este último no es inagotable. Resumiendo, el acuerdo en la cumbre entre Gorbachov y las nueve repúblicas crea sólo premisas de un pacto social más amplio que engloba a los sindicatos y a todos los demás ‘interlocutores de la reforma’. Gorbachov ha hablado desde el principio de su voluntad de impedir la acentuación de las desigualdades sociales en la URSS, y debería, por tanto, ser receptivo a las reivindicaciones de una base que no quiere pagar los platos rotos del paso al mercado. ¿Pero ha encontrado el medio de distribuir el costo social de una manera aceptable tanto para los nuevos empresarios como para la gran masa de asalariados? Jugar sólo con la ayuda del ‘tío extranjero’, como dice Pravda, sería un error. Pero según Grigori Yavlinski (refrendado en este aspecto por Gorbachov), sin la participación de este tío, el país irá a la catástrofe. Por tanto, queda por establecer en qué condiciones se puede conceder esta participación y desempeñar un papel realmente determinante. Gorbachov quiere formar parte de la reunión del G-7 para negociarlo y para conseguir de ellos que la ayuda a la URSS se convierta en algo prioritario. Pero, por el momento, los tíos putativos no parecen dispuestos a alterar la agenda de la cumbre de Londres.”

1 de octubre de 1991
Los orígenes de la burocracia stalinista: nuevos datos de la investigación histórica
Aleksandr M. Podtchekoldin

Entendemos que la historia del pueblo, del Estado y del Partido Comunista soviéticos fue muy falsificada. Uno de los más destacados historiadores de la URSS, Yuri Afanasiev, escribió que no hay pueblo ni Estado con una historia más falsificada que la del pueblo y el Estado soviéticos. El período del stalinismo fue una tragedia para todos los pueblos que habitan la URSS. Mi interés profesional está justamente en los principios de ese fenómeno, en sus raíces, porque la historiografía habitualmente determinaba que el stalinismo o la llamada sociedad stalinista como tal, comenzó a desenvolverse a partir del año 1929, con la llamada colectivización. Yo creo que las raíces son más profundas y los acontecimientos son anteriores y, por eso, investigué el período de 1921-24, período que considero el más importante para que se pueda entender lo que sucedió en nuestro país. Hoy se habla mucho, incluso en nuestra prensa, sobre la llamada alternativa de Bujarin en 1929 y de otras alternativas más. Desde mi punto de vista, en 1929 ya no existía ninguna alternativa, pues todo ya había sido decidido anteriormente, entre los años 1923 y 1924. Como soy uno de los pocos historiadores de la URSS que tiene acceso a los archivos secretos del Partido, tengo la posibilidad de recoger documentos extremadamente importantes, incluyendo documentos de León Trotsky, que ya están siendo publicados en la Unión Soviética. Voy a mencionar apenas uno de ellos, la carta de Trotsky del 8 de octubre de 1923 (Revista Izvestia, Noticias del Comité Central). Nosotros, del Instituto de Marxismo-Leninismo, consideramos que lo más importante es recoger y publicar los documentos archivados, dando al público el máximo de informaciones posibles y, al término de uno o dos años, cuando muchos documentos estuvieran publicados, podremos ver con más claridad la realidad y la verdad históricas y comprender las raíces de la sociedad que existió en la URSS hasta 1985 y que, en cierta forma, existe hasta hoy. Pretendo* presentar algunos datos y cifras de los años 1923 y 1924. Cuando leí la carta de Trotsky, quedé sorprendido por la agudeza de su crítica contra el Politburó, escribiendo sobre la crisis del país y en el interior del Partido, y sobre la burocracia. Al mismo tiempo, leyendo los diarios de este período, como Pravda e Izvestia, se veía que el país estaba calmo y tranquilo y que todo se desenvolvía normalmente. La prensa no reflejaba la lucha muy aguda que ya ocurría en el interior del Partido, del Comité Central y del Politburó. El primer pleno del Comité Central después del XI Congreso, del 3 de abril de 1922, con votación abierta y con la participación de Lenin, aceptó por unanimidad la propuesta de Kamenev sobre el nombramiento de Stalin como Secretario General del Comité Central. Este cargo fue creado para dirigir el trabajo del Secretariado del Comité Central, sobre todo en lo referente a la rendición de cuentas, la selección y distribución de los cuadros partidarios. En el partido ya existía una jerarquía definida con directivas venidas de arriba y disciplina militar con relación a su cumplimiento. La colegialidad relativa se mantenía con Lenin en el Politburó, sólo que en un nivel más alto de decisiones políticas. El cargo de Secretario General objetivamente se convirtió en la conexión lógica de la jerarquía. Como justamente afirmó Tucker, “Lenin no consideró que el cargo de secretario era una posibilidad de concentración de todo el poder en las manos de una sola persona … El Secretariado, entretanto, podía influenciar sobre el orden de los debates, sobre la dirección política, y esto le permitió tener una posición estratégica importante en relación a las órdenes de la dirección, así como el derecho a nombrar cargos, lo que hacía del Secretariado un instrumento ideal de manipulaciones políticas” (1). No pasó mucho tiempo —menos de nueve meses— y ya en diciembre de 1922 Lenin propuso transferir a Stalin de este cargo, alegando que “tenía concentrado en sus manos un poder enorme” (2). ¿Qué sucedió en esos meses? ¿Qué hechos llevaron a Lenin a este juicio? El proceso de concentración de “poder ilimitado” en las manos de Stalin, sus aliados temporarios y funcionarios personalmente fieles se manifestaba en varias direcciones en 1922: 1) Crecimiento del aparato del partido y de los Soviets que pasó a ser la misma cosa; 2) Creación de un mecanismo rígido de sumisión al centro, no al Comité Central ni al Buró de Organización, sino directamente al Secretariado del Comité Central; 3) Aumento de los poderes y privilegios del aparato, y por consiguiente, la transformación Consideremos algunos aspectos de este proceso. Como es sabido, el 23 de mayo Lenin viajó a Gorki, donde dos días después tuvo la primera crisis, que lo llevó a la parálisis parcial de su brazo derecho y a dificultades en el habla. Lenin permaneció en Gorki hasta el 2 de octubre. Durante ese período casi no participó de la vida política, habiendo sido, en gran medida, aislado (el nuevo Secretario General lo visitó cinco días después de la crisis, y no volvió a aparecer por casi quince días). Parece que la situación de Lenin se constituyó en uno de los factores que llevaron a Stalin a actuar con decisión y rapidez. Asegurándose el apoyo de Kamenev y Zinoviev, comenzó el proceso de creación de la nomenklatura —(partidocracia). Ya el 6 de junio, en algunos lugares fue distribuido el texto de Molotov, aprobado por el Secretariado (Stalin, Kuibischev y Molotov) y por el Buró de Organización (Andreev, Djerzhinski, Kirov, Tomski) llamado “Situación de los Instructores del Comité Central”, según el cual se otorgaban al instructor amplios derechos sobre la elección de órganos partidarios locales, estando los propios instructores subordinados al Secretariado de Organización del Comité Central, o sea, al aparato. Rápidamente, un sistema análogo de dirección de instructores fue creado dentro de los núcleos inferiores del Partido. Según el texto, “el instructor analiza y dirige el funcionamiento de los comités del partido, los ayuda a seguir rígidamente las directivas de los órganos partidarios centrales” (3). En el transcurso de 1922, los instructores del Comité Central investigaron más de las dos terceras partes de las organizaciones regionales, y aunque oficialmente se afirmase que “no tienen derechos administrativos y de decisión”, no había prácticamente ningún caso en que el comité regional no aceptase las propuestas principales, las cuales, normalmente, eran hechas por los instructores del Comité Central. En julio fue creado el Departamento de Organización del Comité Central, como parte del Secretariado. Para la dirección del Departamento fue nombrado L.M. Kaganovich, cercano a Stalin. Entre las tareas del Departamento figuraban “la observación y fiscalización de las organizaciones del partido y su instrucción, la creación de directivas de carácter organizativo”, etc. Comenzó, entonces, la práctica de convocar secretarios para prestar declaraciones ante las organizaciones superiores, buscando “evitar posibles errores en las cuestiones importantes en la periferia” (4). Comenzó el flujo de informes escritos regulares de abajo para arriba. Así, se aconsejaba a los comités provinciales mandar al Secretariado del Comité Central tres informes diferentes: secreto, informativo y estadístico (5). Así fue creado el mecanismo de influencia del aparato central, más exactamente del Secretariado y personalmente de Stalin, sobre las organizaciones locales y su control. El 31 de julio, el Buró de Organización aprobó un documento sobre “La mejora de las condiciones de vida de los funcionarios activos del Partido” —documento que merece una atención y comentario especial, ya que fue publicado parcialmente. De acuerdo con él, se creaba una jerarquía estricta del salario de todos los funcionarios del Partido. Así, el salario mínimo para los secretarios de núcleos en las empresas y en el campo se fijaba en el nivel de la 12a calificación (30 rublos). Para miembros del Comité Central y para los secretarios de los comités regionales, 43 rublos. Tales eran, aproximadamente, los sueldos de los comunistas que trabajaban en los órganos económicos y en el Soviet. Exclusivamente para los funcionarios del partido se establecía una bonificación de 50% para una familia de tres personas y además otro 50% por trabajo extraordinario. Los impuestos a los altos salarios fueron simbólicos, constituían el 25-50% del excedente, que comenzaba a calcularse desde la 17″ calificación, o sea 67 rublos (6). El salario medio mensual, en la sociedad, era de 6 rublos y 88 kopeks. Junto con la remuneración, ‘los funcionarios activos del Partido”, y también los miembros de sus familias, recibían una distribución especial de productos. En los órganos centrales soviéticos, por ejemplo, durante el verano de 1922, esta distribución mensual incluía: 12 kilogramos de carne, 1,2 de azúcar, 4,8 de arroz, 100 gramos de té, etc. Para los funcionarios a nivel provincial, la ración fue muy inferior: 4,6 kilos de carne o pescado, 400 gramos de azúcar, 162 cigarros, 3 cajas de fósforos, etc. Además de esto, los primeros recibían (junto con los miembros de su familia), gratuitamente, casa, ropa, asistencia médica y hasta, de acuerdo con el cargo, transporte personal (7). Los funcionarios más “responsables” pasaban las vacaciones, periódicamente (de 1 a 3 meses por año), en casas de descanso fuera del país. Hacia allí viajaban, por motivos de salud, generalmente acompañados por la familia y por médicos personales, también por cuenta del partido. A falta de una estadística real, mencionaremos varios ejemplos. Según la decisión del Secretariado del 5 de mayo de 1922, correspondían 100-150 rublos de oro para gastos de transporte hasta el lugar de descanso. Durante el primer mes de estadía en el sanatorio, cien rublos de oro para alojamiento. Para pequeños gastos, también cien rublos de oro. Para cada mes siguiente, otros cien rublos de oro (8). En cada caso particular la decisión de descanso era tomada por el Secretariado. En general, se le daba una gran y permanente atención al descanso. Así, en julio, una comisión especial, presidida por el comisario del pueblo de salud, N.A. Semachco, consideró muy cara la manutención de dos casas de descanso en el exterior y propuso que en su lugar fuesen abiertas, en Crimea, dos casas semejantes. El 11 de julio, el Buró de Organización (el cual aprobaba las directrices del Secretariado casi mecánicamente) decidió no cerrar las referidas casas y abrir nuevas en Crimea. Mencionaremos, además, una decisión del Buró de Organización del 4 de octubre, según la cual, se llegó a un acuerdo que consistía en reservar 1200 camas, como mínimo, en los lugares de descanso, para los funcionarios del partido, durante la temporada de invierno y ceder 100 rublos (de antes de la guerra) adicionales para cada “cama partidaria” (9). Así fue creada la base de los sistemas de privilegios, de sobornos a funcionarios, cuya dirección —conforme demostramos anteriormente— pertenecía al secretariado, o sea, estaba en las manos de Stalin. Para ilustrar el contraste entre las formas de vida de los “funcionarios responsables del partido” y la población, en 1922, citaremos las memorias de un contemporáneo: “Recuerdo como, en 1922, nuestra familia regresaba de Poltava a Moscú. Mi tía, vieja bolchevique, con la ayuda de M. Frunze, nos consiguió lugares en el vagón especial, donde viajaban los representantes de la nueva elite —funcionarios del partido, jefes y comisarios del Ejército Rojo. El vagón olía a cuero, buena colonia y cigarros caros. Nosotros, después de dos años de hambre, estábamos vestidos como mendigos. Los pasajeros de la elite nos miraban con curiosidad, bebían vino, comían golosinas (frente al hambre generalizada en el país) pero ninguno me ofreció a mí, un niño que parecía un esqueleto, ni un pedacito de pan, para no hablar de chocolate, que generalmente podían ser conseguidos por los nuevos *dueños de la vida’”’ (10) De acuerdo con lo que fue divulgado, en el verano de 1922 el número de funcionarios que recibían su salario y facilidades presupuestarias del partido (la dirección partidaria) fue de 15.325, sumando las familias, 74.470. A estos debemos sumar 1920 miembros del partido, funcionarios de los soviets y órganos centrales. Según la decisión del Buró de Organización del 27 de setiembre de 1922, el número de funcionarios aumentó a 20.000 personas, y el número de personal de apoyo, incluyendo el técnico, que recibía también un abastecimiento especial, hasta 40.000 personas. Desde diciembre, en el mismo Secretariado del Comité Central, ya había 275 “funcionarios responsables” y 372 “funcionarios técnicos”(ll). Desde el verano de 1922, Stalin a través del Secretariado, efectúa activamente la selección e imposición de elementos fieles a su persona, política que él mismo, un año después, en el XII Congreso, formuló así: “Es necesario seleccionar los cuadros de tal manera que los cargos sean asumidos por personas capaces de seguir las orientaciones, que puedan asumir esas orientaciones como si fueran suyas y capaces de realizarlas en la práctica” (12). Con el paso de los años, fue cambiada la mayoría de los secretarios de los comités distritales y provinciales —algunas veces mediante una maniobra directa, generalmente bajo la forma de “recomendación” y “reelección”. Un proceso semejante se desenvolvía en los núcleos inferiores del partido, y no sólo en el aparato partidario como tal. En un informe respecto del trabajo partidario durante el año 1922, Kuibischev escribió que “cada nombramiento importante, tanto en el centro como en la periferia, sea ésta de algún dirigente empresarial o elección (!) del secretario del comité provincial o miembros del Buró es acompañada, cada vez con mayor frecuencia, de un proceso previo de selección (…) El partido tiene la posibilidad de designar incluso a los secretarios de los comités distritales, de organización e incluso a los secretarios de núcleos” (13). En el XII Congreso, Preobrazhenski, señaló con preocupación, que “aproximadamente el 30% de los secretarios de nuestros comités distritales son, como se acostumbra decir, ‘recomendados del Comité Central. No sé hasta dónde llegó este proceso” (14). Y “llegó” realmente muy lejos. Por ejemplo, en nuestra opinión (basada en estadísticas secretas), de 191 personas que ocupaban el cargo de secretarios de comité provincial desde el verano de 1922 hasta el otoño de 1923, apenas 97 fueron elegidas y el resto “recomendado” o nombrado directamente (15). Desde agosto, el nombramiento de los secretarios se convirtió, de hecho, en norma tada: aprobada por la XII Conferencia del Partido, fue creada una nueva reglamentación según la cual, a partir de entonces, los secretarios de los comités provinciales y distritales deberían ser aprobados por los órganos superiores. El rápido estrangulamiento de los elementos de la democracia interna del partido ocurría también en otra dirección. Así, según el nuevo reglamento, paralelamente a los comités provinciales (elegidos subordinados a las conferencias provinciales), se creaban burós provinciales (nombrados por el Comité Central y subordinados solamente a él). Los nuevos organismos seguían la decisión del X Congreso: fueron puestos, de hecho, bajo el control de los comités. También ocurría una paulatina liquidación de los clubes de discusión del partido, etc. En diciembre de 1922, por iniciativa de L. Kaganovich, como complemento de las “Circulares del Comité Central”, anteriormente editadas, se introdujo un nuevo tipo de orientación —“las Cartas circulares del Comité Central”. Un mes más tarde, también las “Orientaciones circulares del Comité Central”, que debían ser cumplidas de la misma forma “rápida y exacta” como las Circulares. Estas orientaciones eran habitualmente elaboradas por uno de los secretarios (Molotov o Kuibischev) y eran aprobadas por el Secretariado (también por Stalin) habitualmente sin ninguna coordinación con los miembros del Comité Central. No obstante, comenzaban con la fórmula “El Comité Central decidió Así, el Secretariado (y en gran medida el propio Stalin) usurpó definitivamente algunas funciones del Pleno del Comité Central. Dos años y medio más tarde, Kamenev reconoció que el Secretariado se había convertido en un órgano superior al Buró Político y |K Que “de hecho decide la política” (16). Un aparato represivo fue puesto al servicio del recién nacido monstruo del totalitarismo. A partir del verano de 1922, claramente, se ampliaron las funciones y competencias del Secretario General que, en principio, se encontraba bajo el control del Comité Central. Así, en agosto, la resolución de la XII Conferencia del partido sobre “Los partidos y la ola anti-soviética” dió “luz verde” a la represión contra los mencheviques y los socialistas revolucionarios pero también contra la intelectualidad no partidaria. Las resoluciones del 3 de agosto sobre “el registro de las asociaciones y uniones” significó la prohibición de todos los partidos, excepto el bolchevique. El decreto del 10 de agosto sobre “La implantación forzosa de las decisiones administrativas” abrió un precedente para la creación de comisiones especiales para ajustar cuentas con los que pensaban diferente. A fin de setiembre, el Buró Político decidió una mayor expansión de los derechos de la Secretaría General, y según la decisión del Buró Político del 16 de octubre, recibió, de hecho, el derecho de maniobrar independientemente de las normas judiciales. Así se dieron los primeros pasos en dirección al Estado totalitario. Como vimos, para el enfermo Lenin, en gran medida separado de la vida política, también gracias a los esfuerzos del Secretario General, había razones más que suficientes para dictar las palabras sobre “el poder ilimitado” de Stalin. Sin embargo, era demasiado tarde. A fines de 1922, el poder real en el partido ya estaba, en gran medida, en las manos de la partidocracia —“jerarquía de los secretarios”— en cuya cima se encontraba el Secretariado del Comité Central y, personalmente, Stalin. (*) Aleksandr Podtchekoldin es historiador e investigador sénior del Instituto de Marxismo-Leninismo de Moscú. Actualmente está investigando los documentos de los archivos secretos del CC del PCUS. Participó del Simposio sobre León Trotsky realizado en San Pablo en 1990. NOTAS: (1) Tucker, Robert. Stalin camino al poder – 1879-1929. Historia y Personalidad. 1990. p. 270 . (2) Lenin, V.I. Obras Completas, t. 45, p. 345 (3) Libro para el funcionario del Partido, curso 3, m., 1923, p. 108/118 (4) Si en 1922 el Departamento de Organización llamó para rendir cuentas a 16 secretarios de comités distritales, para los primeros meses de Í923, el número se elevó a 39 (5) Libro del funcionario del Partido, p. 118-1196. (6) Libro del funcionario del Partido, p. 126 (7) Argumenti i facti, 1990, n9 27, no podemos encontrar datos sobre el abastecimiento de los obreros (8) Allí también (9) 100 rublos de antes de la guerra equivalen a cerca de 500 rublos de oro’. (10) Kondratiev, V. Hablemos sobre ideales. Gaceta Li-teraria, 1989 (11) Argumenti i facti, 1990, n9 27 (12) XH Congreso del Partido Comunista (Bolchevique), versión taquigráfica, 1968, p. 63 (13) Recomendaciones sobre el trabajo partidario para el año, 1923, p. 50 (14) XII Congreso del Partido Comunista (Bolchevique), versión taquigráfica, 1968, p. 146 (15) Después de las transferencias masivas de funcionarios locales del partido en el verano de 1923, ya en el otoño prácticamente todo el aparato estaba bajo el total control del Secretariado. De esta manera, en el comienzo de la discusión de 1923, la formación de la jerarquía de la nomenklatura stalinista, a grosso modo, ya había culminado, y posteriormente, en nuestra opinión, apenas se fortaleció, se desenvolvió y se perfeccionó (16) XIV Congreso del Partido Comunista (Bolchevique), versión taquigráfica, 1926, p. 274.

1 de octubre de 1991
La burocracia stalinista y Trotsky, hoy

La “perestroika” y la “glasnost” expresan, respectivamente, la quiebra de la gestión burocrática de la economía y del Estado en la URSS. Frente a esta quiebra, la orientación de la burocracia sigue las previsiones realizadas por León Trotsky en “La Revolución Traicionada”, es decir, una profundización de la orientación contrarrevolucionaria tanto en el plano interno como en el externo. Así, son atacadas frontalmente las conquistas sociales de la Revolución de Octubre, a través de una política de privatizaciones que apunta conscientemente a provocar el desempleo (calculado oficialmente en 16 millones de personas para los próximos años) y acentuar la diferenciación social. Se pretende con esto, crear las condiciones para la integración de la economía soviética con la economía mundial, dominada por el capital financiero, designado portador de una mítica “revolución científico-tecnológica”, cuyas bondades serían capaces de sacar a la URSS del atraso tecnológico y del marasmo económico. Toda esta orientación justifica retrospectivamente la crítica histórica de León Trotsky al stalinismo, expresión de la burocracia emergente del aislamiento de la revolución proletaria: la imposibilidad de construir el “socialismo en un sólo país”, esto es, un sistema social capaz de superar, en el marco de las fronteras nacionales de un país dado y, gracias a sus bases económicas progresivas, a los países capitalistas avanzados, que detentan el poder en la economía y en el mercado mundial. La orientación política en curso busca simultáneamente preservar los privilegios conquistados por la burocracia a lo largo de seis décadas de dominación y preservar al Estado frente a su impasse político y la insurgencia de las masas, provocados por la propia crisis económica. Como ya anticipara Trotsky, la maniobra toma la forma del pasaje de un Estado considerado “de excepción” (el stalinismo) a un “estado de derecho”, que renuncia a algunas características del primero, sin por ello perder su naturaleza de dictadura burocrática, encabezada por el primer cónsul de la burocracia. Incluso los simpatizantes de la “perestroika” notan que “el refuerzo de los poderes del presidente, en la figura de Gorbachov, parece contradictorio con la línea de ampliación de los derechos democráticos” (1). En realidad, el reforzamiento de la dictadura burocrática, la “apertura democrática” y la penetración imperialista no son sino aspectos contradictorios, pero complementarlos, de la crisis de la burocracia: en Polonia, la dictadura desnuda y cruda del general Jaruzelsky preparó el terreno para el co-gobierno “democratizante” de la burocracia, del FMI y del Vaticano. Un aspecto esencial tiene que ver con la preservación de la columna vertebral del Estado burocrático: la policía política del Estado (KGB), que no por casualidad fue la cuna donde hicieron carrera previa los sucesores de Stalin, de Kruschev a Gorbachov, pasando por Andropov (así como los dictadores brasileños sólo se volvían viables después de una etapa de prueba en el SNI). El actual titular de la KGB dice más de lo que piensa cuando propone “formular principios cualitativamente nuevos de relaciones entre la sociedad, el Estado y el servicio de seguridad de modo de subordinar este último a los intereses del pueblo y del Estado y no viceversa”(2), lo que significa que, hasta el presente, fue el pueblo quien se subordinó a los intereses del servicio de seguridad — de la burocracia. Para Vladimir Kriutchkov, el actual jefe de la KGB, (el presente artículo fue redactado antes del golpe de agosto de 1991, nota del editor) lo esencial es que se elabore una “ley de seguridad nacional”: esta ley impediría la arbitrariedad existente hasta ahora, pues garantizaría “el control de la KGB por el Comité del Soviet Supremo de la URSS para la defensa y la seguridad nacional”. Pero recuerda inmediatamente que “la KGB fue uno de los fundadores de este nuevo organismo parlamentario”: ¡el policía se controla a sí mismo! El parlamento se revela claramente como la cobertura de una operación de auto-maquillaje de la burocracia. Kriutchkov revela la esencia de la “apertura” cuando confiesa que “la glasnost es necesaria para que podamos contar con el apoyo popular… es obligatoria para que el pueblo tenga respeto por nuestro trabajo” (subrayado del autor). La KGB “legal” no tendría menos atribuciones que la “stalinisía”, pues “la legislación reserva a la competencia de la KGB dieciocho figuras delictivas. Otras quince son, al mismo tiempo, competencia nuestra (de la KGB), del Ministerio del Interior y del Ministerio Público. La ley admite nuestra (de la KGB) participación en varios otros casos” entre los que se cuentan “los delitos de carácter ideológico”: ¡que ley tan generosa (con la KGB)! Para hacer pasar la operación, el burócrata ofrece una chispa de reconocimiento que más parece una confesión: “los órganos de seguridad desempeñaron un papel sumamente negativo, violando brutalmente la legalidad socialista. Hay que decir que no todos los funcionarios estuvieron implicados en actos ilegales. Millares de ellos se negaron a tomar parte y por eso fueron liquidados” (si ese era el destino reservado a los agentes de seguridad, hay que imaginarse lo que le esperaba al resto de la población). Empero, cuando se trata del esclarecimiento de esos crímenes y de sus responsables, “se precisa de una ley especial de los archivos para restablecer el orden y aclarar todo en esta cuestión. Leyes análogas existen en todos los países capitalistas desarrollados (que son el “modelo”para la burocracia, OC). En cuanto al destino de las víctimas, nuestra legislación no prevé que los familiares de los condenados tengan-acceso a los documentos judiciales respectivos”: ¡maravillas de la “ley” burocrática! El “Estado de derecho” absolvería así, de un plumazo, a la burocracia de todos sus crímenes. No es de extrañar que Kriutchkov esté satisfecho con el hecho de que el “Comité de Seguridad del Estado (KGB) y todos sus organismos participaran enérgicamente en la formación de un Estado de derecho y en la elaboración de las nuevas leyes”. La KGB de la “glasnost” no sólo preservaría todos los puntales de la opresión burocrática, sino que sería también un elemento central de la articulación de la burocracia con el imperialismo mundial. Así, frente al “incremento de la cooperación internacional”, la KGB debe “contribuir a la implementación de esta política”: esto a través del “establecimiento de contactos con los servicios secretos de los países capitalistas y del Tercer Mundo en favor de objetivos comunes” (sic). A pesar de este entrelazamiento declarado con la mafía policial de los países imperialistas, no se dejaran de castigar, en la URSS, los contactos con “algunas organizaciones anti-socialistas y anti-soviéticas (extranjeras)”; como este “anti” queda al arbitrio de la burocracia, queda en claro el contenido de la “legalización” de la KGB: legalizar su entrelazamiento con la CIA y, al mismo tiempo, prohibir toda actividad internacionalista del movimiento obrero y de las masas populares. La “glasnost” revela así su esencia: preservar los pilares de la dictadura burocrática, incorporándole lo peor de las dictaduras capitalistas. Es en este cuadro que es preciso situar la “operación Trotsky” de la burocracia, que es un aspecto fundamental de su viraje político (visto el gran espacio dedicado a la renovada condena de Trotsky, en el discurso pronunciado por Gorbachov en el 702 aniversario de la Revolución de Octubre, en 1987) en las dos cuestiones implicadas: 1) la del posicionamiento de la burocracia frente a la crítica trotskysta del Estado burocrático; 2) la de la responsabilidad de la burocracia en el asesinato del líder bolchevique y, por extensión, en la eliminación de casi toda la dirección bolchevique que condujo la Revolución de 1917. El hombre-clave de esta operación es el historiador e ideólogo de la burocracia, Nikolai Vassetsky, que todavía en 1986 acusaba a Trotsky de “tener partidarios suyos llamados por él a tomar contacto con la Alemania nazista”, pero que en un artículo (enero, 1989) publicado en Literaturnaya Gazeta (tiraje 4,7 millones de ejemplares) reveló oficialmente, por primera vez, al lector soviético que la orden de matar a Trotsky partió del propio Kremlin, de Stalin en persona, “que tomó él mismo la decisión, o se la dió a entender a sus hombres” (3). Paralelamente, Gorbachov decretó la “rehabilitación de todas las víctimas de Stalin”. Consultados los funcionarios soviéticos, respondieron que el decreto incluía también a León Trotsky. ¡Cabe suponer que Gorbachov “amnistió” al fundador del Ejército Rojo por omisión! Tanto el “reconocimiento” como la “amnistía por omisión”, son parte central de la maniobra burocrática descripta anteriormente. Así, Vassetsky retoma contra Trotsky las viejas calumnias stalinistas: “tenía concepciones marcadamente anti-campesinas… en 1932, Trotsky y sus familiares, que abandonaron la URSS fueron desnaturalizados (¿“abandonaron” o fueron desterrados contra su voluntad?), … “fue desterrado de Francia (en 1916) hacia España por hacer propaganda en favor de Alemania”, etc. A eso le suma unas gotas de stalino-fascismo: “la ideología y la práctica trotskysta evolucionaron hacia el cosmopolitismo”, o sea, no era ruso, o sea, era judío. Agrega todavía de su propia colección de mentiras y de cínica ignorancia burocrática: “pocos saben que Trotsky escribió diarios (personales) en tres ocasiones a lo largo de su vida, ni siquiera lo saben sus partidarios y biógrafos” ; “el diario de Trotsky (en España) del período de la primera guerra mundial no llegó al público” (en realidad, mereció varias ediciones en decenas de lenguas…); “(en 1938) Trotsky comprendió que el cerco se cerraba. Comenzó a pensar seriamente en suicidarse” (aquí tal vez Vassetsky esté trayendo sus ideas respecto de sí mismo). De la misma manera desvergonzada con que reconoce el asesinato de Trotsky, Vassetsky “informa” que “en setiembre de 1937, murió en Suiza I. Reiss, simpatizante de Trotsky”, en mayo, en España, “despareció” Erwin Wolf; el 13 de julio de 1938 “desapareció en circunstancias misteriosas el ciudadano alemán Rudolf Klement” (secretario de organización de la IVa Internacional): el lector soviético sabrá descubrir la mano asesina de la burocracia y la pluma del encubridor profesional en todos estos casos. Con tan originales ingredientes, Vassetsky hace una mezcla para ofrecernos el último coctel de la burocracia: ¡Trotsky habría sido no sólo el “hermano-enemigo” de Stalin sino también su precursor! Así, “es perfectamente sabido que Trotsky fue partidario del socialismo de cuartel, de la militarización del trabajo, del aparato represivo en el Ejército, del régimen de plena auto-limitación de la revolución”. Cómo “es sabido” todo esto “perfectamente” es un misterio para el lector soviético, privado del acceso a las obras de Trotsky, cuya posesión era penada hasta hace poco con una condena de seis años. Y si la política de Trotsky era “una obvia tentativa de implantar la justicia social complementaria a la de Stalin, por la represión y por la cohersión, no vale la pena discutir quién tuvo la primacía (si bien Trosky acusó a Stalin más de una vez de ser su epígono)”: Trotsky habría sido, entonces, el ideólogo de Stalin (al cual, de paso, se le atribuye el hecho positivo de “haber socialismo en un sólo país” y la subordinación a esta utopía (hoy demolida) del destino de todo el movimiento obrero mundial. Si la revolución estaba postergada “irreversiblemente”, la burocracia stalinista no hizo sino encamar la verdadera dinámica de la historia (en realidad, esta tesis es tan falsa como verdaderas fueron las revoluciones china y española). Así, Trotsky, “ambicioso”, “demagogo”, etc. no fue más que un “dictador fracasado”. Toda su lucha contra el stalinismo no hizo más que fortalecerlo: “Todo lo que Trotsky hizo entre 1923 y 1927 sirvió para llevar a Stalin al poder” … “Stalin alcanzó su objetivo: Trotsky ayudó a pasar la cuerda alrededor del cuello del partido” … “¡Estrechar filas y levantar la bandera del líder! ¡Todos deben pensar igual! Ese era el único efecto que producían los escritos de Trotsky”, etc. Para Radzijovsky era necesario aceptar la dictadura staliniana con la boca cerrada. La victoria de Stalin fue la consecuencia lógica de las circunstancias, pero no sólo de ellas, pues, conforme Radzijovsky, “la postura de los stalinistas fue, sin duda, más lógica y, en este sentido, más honesta”. (Proclamar la honestidad —incluso relativa— de aquéllos a los que se denuncia como responsables de millones de asesinatos revela la envergadura moral del “candidato”). La originalidad” de Radzijovsky consiste en hacer responsable a Trotsky, además de todo, … ¡por su propio asesinato! “Ese fue el papel histórico de Trotsky: promover, fortalecer, y llevar al poder al asesino de millones de seres humanos y de su propia cabeza en una infinita hilera d»e otras. Ese fue el precio que pagó —¡si hubiese sido solamente él!”. Solamente cabe decir que, evidentemente, Zeus enloquece a aquéllos que quiere perder. Para Radzijovsky, tanto como para Vassetsky, Trotsky fracasó por el criterio pragmático de no haber conseguido derrocar a Stalin y sustituirlo. Ahora bien, Trotsky no era partidario de derrocar a Stalin independientemente de las circunstancias y de los medios (podría haberlo destituido a través de un golpe militar), sino como parte de la lucha por la defensa de las conquistas sociales de Octubre y por el reagrupamiento revolucionario del proletariado soviético y mundial. Como todo revolucionario y a diferencia de los “candidatos” a chupamedias de los poderosos, Trotsky nunca midió la Historia por el criterio de “todo o nada”: “Los bolcheviques leninistas no podrían haber derrocado a la burocracia sin el apoyo de la revolución mundial. Pero esto no significa que su lucha no tuviera resultados. Sin la crítica de los oposicionistas y sin el temor de la burocracia por la Oposición, la alianza Stalin-Bujarin habría concluido con la restauración del capitalismo. Bajo el látigo de la Oposición, la burocracia fue forzada a tomar prestados algunos puntos de nuestra plataforma. Los leninistas no consiguieron salvar al régimen soviético de la degeneración y de las dificultades del régimen personal. Pero lo salvaron de su completa disolución e impidieron el camino de la restauración. Las reformas progresivas de la burocracia fueron derivaciones de la lucha revolucionaria de la Oposición. Para nosotros esto es insuficiente. Pero ya es algo” (5). Queda ahora, frente a la manifiesta disposición de la burocracia para entregar las conquistas revolucionarias, cumplir el resto de la tarea. Pero ¿para qué sirven a la burocracia los argumentos del “candidato” a delirante? Exactamente para la única crítica política que hace Radzijovsky: la de afirmar que Trotsky incurrió en un contrasentido al proponer más democracia para fortalecer a la dictadura proletaria. “Dió una respuesta absurda a la pregunta de qué democracia, dentro de qué límites y para qué: democracia para dar más fuerza a la dictadura política. ¡Democracia para la dictadura! Trotsky llegó al casuismo de afirmar que el régimen de Stalin era ruinoso porque debilitaba … a la dictadura”. Esto es un contrasentido sólo para los que consideran “democracia” y “dictadura” en forma abstracta, pero no para aquellos que, como Marx, Lenin y Trotsky, no consideran que exista la democracia o la dictadura desprovista de carácter de clase. Marx consideraba todo régimen como una dictadura de clase, con la salvedad de que la dictadura del proletariado tendía a la desaparición del Estado, justamente por ser la realización de la democracia plena para los explotados. De aquí que Trotsky propusiese más democracia para acabar con la dictadura burocrática y para fortalecer la dictadura proletaria. “Democracia” y “dictadura” son solamente antitéticos para el pensamiento burgués, que pretende ocultar el carácter de clase de su dominación. La “democracia” versus la dictadura del proletariado fue la bandera levantada por la contrarrevolución burguesa, zarista e imperialista contra la Revolución de Octubre, cuando pretedían imponer la “democracia” en las puntas de las bayonetas de la oficialidad monárquica y de catorce ejércitos imperialistas. No es por casualidad que Radzijovsky va a buscar fundamentos en aquéllos que durante la Revolución se pasaron con armas (literalmente) y bagages al campo de la contrarrevolución, “los mencheviques (que) enmendaron esta impasse, esta ambigüedad, esta tesis absurda (de la Oposición trotskysta).” El círculo se cierra: la “glasnost” burocrática significa, en referencia a Trotsky, la reunión de las viejas calumnias stalinistas en defensa de la dictadura burocrática con los viejos argumentos democratizantes de la contrarrevolución interna y del imperialismo contra Octubre. La “cuestión Trotsky” retrata toda la política de la burocracia gorbachoviana. Lamentablemente, en una trampa semejante caen los intelectuales e historiadores de la oposición antiburocrática que están bajo la influencia de la “apertura” gorbachoviana y de la política democratizante del imperialismo. Así Miklos Kun denuncia las viejas y las nuevas mentiras burocráticas, ataca la mentira de un Bujarin “democrático” que sería el legítimo antecedente de la democratización en la URSS, caracteriza a Stalin como un burócrata asesino y a Trotsky como un revolucionario, pero lo ataca por complicidad con la disolución de la Asamblea Constituyente y con la represión a los socialistas revolucionarios y a los mencheviques, sin considerar el papel de aquéllos y de éstos en la contrarrevolución. Si la Revolución de Octubre “se desvió” a partir de estos hechos, puede decirse que ella prácticamente no existió (o que duró un par de meses). Trotsky sería entonces el revolucionario de una revolución inexistente, algo que Kun pretende resolver describiéndolo como “un político talentoso y lleno de contradicciones”. Kun sólo reivindica en Trotsky al democratizador anti-stalinista y no al revolucionario. De allí que afirme que la publicación de los escritos de Trotsky no causaría hoy el impacto que habría tenido hace cinco años atrás, cuando el gran público soviético desconocía las informaciones referidas a las masacres, a la alianza con el nazismo y la descomposición económica del régimen staliniano. “Sorprende esta impresión cuando se tiene en cuenta que el trotskysmo es, antes que nada, el único programa que puede sacar a la URSS del marasmo actual, en oposición a la catástrofe social que provoca la tentativa de restauración capitalista” (6). O sea, que es un programa de revolución. Seis décadas después del exilio de Trotsky, la burocracia arregla los medios para pactar con los sectores más reaccionarios mientras gasta toneladas de papel y ríos de tinta para lanzar sobre Trotsky ataques desde todos los ángulos posibles. La burocracia reconoce al enemigo: la actualidad de Trotsky es la actualidad de su programa, la unidad de la revolución anticapitalista con la revolución política antiburocrática, la revolución permanente. La gigantesca crisis de la URSS tiene por causa el enfrentamiento entre fuerzas históricas irreconciliables, con independencia de que los trabajadores no tengan todavía una conciencia de conjunto de la situación. En la URSS ya hay manifestaciones de guerra civil y conflictos explosivos abiertos entre las masas y la burocracia. Como pronosticó Trotsky, las tentativas de restauración capitalista llevan a la URSS a la convulsión social y no habrá restauración capitalista en ningún país (véase Plaza Tienanmen) sin la victoria de la contrarrevolución. Los procesos de Europa Oriental están subordinados al enorme combate que se libra en la URSS. El stalinismo está descompuesto, pero no desapareció, pues para eso debería desaparecer la burocracia, derrocada por la burguesía o por la clase obrera. La burocracia no halló todavía una forma alternativa de dominación al stalinismo (7). No es verdad que la resistencia a la privatización provenga de la burocracia “conservadora” (Ligachov), que votó a favor de ella en el Congreso del PC ruso, donde tuvo mayoría. La resistencia principal viene de los trabajadores, cuyas huelgas en la URSS alcanzan niveles históricos, lo que se refleja en el temor y en la vacilación de todos los sectores burocráticos. Sólo el trotskysmo da expresión consecuente a esta lucha. Como afirmó Seva Volkov, su nieto, Trotsky no necesita ser rehabilitado sino reivindicado por la clase obrera mundial a través de la revolución contra la explotación capitalista y contra la opresión burocrática. (*)De la Cátedra de Historia de la Universidad de San Pablo, editor de “Estudos”, revista del Centro ”, San Pablo, de Estudios del Tercer Mundo EDUSP, 1990; 1) Lenina Pomeranz, “Perestroika, desafío de la transformación social en la URSS 2) Vladimir Kriutchkov, “La KGB tiene que estar subordinada a los intereses del pueblo”, Moscú, Novosti, 1989, así como las citas posteriores; 3) Nikolai Vassetsky, “Liquidación” (artículo en URSS?», Moscú, Novosti, 1990, así como las citas Literaturnaya Gazeta en “Trosky. ¿Regreso a la posteriores; 4) Leonid Radzijovsky, “El temor a la democracia” (artículo en Sotsiologuicheskie Issledovania), idem. ant., así como las citas posteriores; 5) León Trotsky, “Cómo Stalin derrotó a la Oposición”, Escritos 1935-36, Bogotá, Pluma, 1976; 6) Jorge Altamira en Prensa Obrera, n9 315,11/10/90; (7) Cf. Len Karpinsky, “¿Por qué el stalinismo no sale de la escena?”, en Lenina Pomeranz, op. cit.

1 de octubre de 1991
Socialismo a la china

Los dirigentes del partido comunista de Cuba no se pierden en ambigüedades cuando insisten en calificar como un “derrumbe del socialismo” a la desintegración de los regímenes burocráticos en Europa oriental. Tampoco se expresan confusamente cuando excluyen de esta hecatombe a la URSS, donde aun tienen la esperanza que los llamados “sectores duros” o “conservadores” retomen el control de la situación, inclusive de ser necesario mediante un golpe de Estado por ahora hipotético (1). Para el castrismo (como para su retrasado eco porteño, el partido comunista) los movimientos obreros de la URSS son simplemente contrarrevolucionarios, debido a que con sus organizaciones y sus luchas asestan los golpes más importantes contra el monopolio político y el privilegio social de la burocracia. Afirman que esos movimiento obreros “le hacen el juego” al capitalismo, pretendiendo ignorar que la destrucción de la planificación económica, el saqueo de la economía estatizada en beneficio de la acumulación privada y la restauración del capitalismo son tendencias propias de la burocracia gobernante, que se han manifestado incluso con todo su potencial antes de la irrupción de las masivas huelgas obreras y de las grandes movilizaciones nacionales. Los castristas y sus copiones locales escamotean que todas las leyes privatizantes aprobadas por el soviet supremo de la URSS contaron con el voto masivo de sus amigos “duros”. También escamotean que los principales beneficiarios de las privatizaciones parciales que se han producido hasta el momento, tanto en la URSS como en Polonia y en Hungría, han sido los ex-gerentes “comunistas” de las empresas estatales, quienes usaron para ello sus “conexiones” con los “tradings” capitalistas internacionales y los fondos mal habidos que tenían acumulados en el país y en el exterior. El acaparamiento “comunista” de las privatizaciones ha llegado a un extremo tal, que en Hungría el humor popular asegura que el comité central del viejo PC sigue vivito y coleando, sólo que ahora es un “consejo de administración”, en tanto que en Polonia, el anticomunista Walesa se ha visto obligado a lanzar una campaña de demagogia anticomunista, para desviar la ira popular que se ha desatado contra numerosos propietarios ex “comunistas”. Al poner un signo igual entre socialismo, de un lado, y burocracia y desigualdad social, del otro, el castrismo y sus corifeos atacan las huelgas obreras contra el despotismo y la miseria, e incluso fingen ignorar que la organización independiente del proletariado en la URSS es el único (ú-ni-co) obstáculo potencial a una restauración capitalista. Fidel Castro asegura que Cuba seguirá siendo un baluarte del socialismo. ¿Pero qué significado tiene esta afirmación? En términos rigurosos solo puede querer decir que Cuba pretende impulsar la revolución mundial. El “socialismo en un solo país” es simplemente un espejismo, en razón de que las fuerzas productivas de cualquier país considerado aisladamente son insuficientes para la creación de la riqueza social que supone el socialismo. Pero el gobierno cubano ha reiterado que no existen, a su modo de ver, posibilidades revolucionarías socialistas por más de cincuenta años; que las posibilidades del capitalismo se han ampliado; y que la política cubana es la integración económica y política con los regímenes políticos latinoamericanos. ¿En qué consiste, entonces, el “socialismo cubano”, al cual Fidel Castro se mantendría “irreductible” según la prensa mundial? En realidad, todo indica que el partido comunista de Cuba aprecia el socialismo no desde el punto de vista de la lucha de clases proletaria internacional, sino desde un ángulo geopolítico nacional. Se trata, por lo tanto, no de un planteamiento socialista sino nacionalista. Fidel Castro juzga los acontecimientos internacionales según los efectos que éstos tienen sobre el comercio cubano y sobre su capacidad militar. A la luz de esto, el castrismo demuestra una marcada preferencia por el “viejo orden” y , contra lo que opina la mayoría, un evidente realismo hacia el “nuevo”. ¡Pero la crisis cubana es el producto de aquel “orden viejo” ! Los propios dirigentes castristas atribuyen la crisis económica de Cuba a la copia del “modelo soviético” que han importado sin pensarlo dos veces, sin que hubieran importado para el caso los reiterados reclamos de originalidad que se adjudica a sí mismo el régimen cubano. Es decir que en este aspecto habrían actuado como un Honnecker, cuya caída en desgracia han sufrido mucho, esto aunque en los foros internacionales no objeten los elogios “a la caída de los muros”. La relación entre la crisis cubana y aquel viejo orden, está probada por la temprana fecha de la política de “rectificación”: 1986/ 87 — mucho antes del derrumbe del muro y del comercio “socialista”. Ya para esa fecha Cuba tenía una deuda externa relativamente elevada, aproximadamente 6.000 millones de dólares, que le bloqueaba el acceso al crédito internacional y a las importaciones. El mismo proceso habían sufrido los países “hermanos”. La utopía de una autarquía económica que, combinada con la coexistencia pacífica, asegurara para siempre el statu-quo burocrático estaba hecha trizas. El final de este nuevo fenómeno de “plata dulce” trajo a la superficie una crisis aguda del régimen burocrático en Cuba (no resultante de la de la URSS, como se pretende, sino paralela en términos de causas históricas). ¿Qué respuesta está elaborando Fidel Castro para esta crisis?¿Un régimen indefinido de austeridad y racionamiento? ¿Una política de fortaleza sitiada? El descubrimiento de China Una reciente declaración de Fidel Castro, reivindicando nada menos que el “socialismo” chino, puede servir para elaborar una respuesta. Esta declaración cobra incluso una importancia especial si se toma en cuenta el largo enfrentamiento entre los partidos comunistas de ambos países, a partir de cuando Cuba comenzó a girar en la órbita soviética y China en la norteamericana. Pues bien, para Fidel Castro “no se puede firmar el acta de defunción del socialismo (en el mundo, LO) porque en China viven 1.100 millones de personas bajo el socialismo”. El centroizquierdista Página 12 (23/6), que transcribe este concepto en un reportaje, un mes después no ha encontrado aún la oportunidad de comentarlo. El planteo de Fidel Castro es desde todo punto de vista excepcional, porque se produce dos años después de la masacre de Tienanmen y se refiere a un régimen que ha ido más lejos que nadie (sí, más lejos que Polonia o Hungría) en su transformación en colonia del imperialismo. A partir de aquí debería entenderse que para Castro el socialismo es igual al capitalismo más partido único o más el mantenimiento del monopolio político por el partido único y por la burocracia. La declaración es importante también porque está referida a un aliado de EEUU y de Japón en el continente asiático. Pero está claro que después de la masacre de Tienanmen, el régimen político chino es un régimen de guerra civil contra las masas, una dictadura apoyada en forma directa en el aparato policíaco-militar. A la fina sensibilidad de Fidel Castro con respecto a los sentimientos populares, no puede habérsele escapado que su afirmación desprestigia al socialismo miles de veces más que cualquier cosa que haga Yeltsin, que por otra parte se declara anticomunista (algo que seguramente fue toda su vida). Pero Fidel Castro está hablando aquí especialmente para los burócratas y para el imperialismo. Las afirmaciones de Castro son, por supuesto, aún más significativas porque a través de la dictadura china se está procesando el intento más osado, más profundo y más prolongado de restauración capitalista en todo el planeta. La penetración imperialista en China ha ido mucho más lejos que las “tímidas” (en comparación) medidas pro capitalistas de Gorbachov y Walesa. La burocracia estableció hace ya más de diez años “zonas francas” en las regiones costeras (algo que Gorbachov no pudo hacer en el Báltico) hacia las cuales fluyen miles de millones de dólares de capitales estadounidenses y japoneses (amén de una fracción de los “ahorros”—robos— de la burocracia). Estas “zonas” se han convertido en el corazón económico del país y en el motor de su “integración al mercado mundial” (la provincia de Guangdong, por ejemplo, con apenas el 8% de la población, produce más de un tercio de las exportaciones chinas). El “entrelazamiento” con los intereses capitalistas que se forjó a la sombra de estas inversiones, ha convertido a los burócratas en guardianes de un orden social progresivamente capitalista. La acumulación capitalista de los burócratas ha crecido como consecuencia de ello, y así lo revela el hecho de que el comercio mundial de la seda esté dominado por un consorcio propiedad de la familia de Deng Xiao Ping, el “hombre fuerte” chino (O Estado de Sao Paulo, 2/7/89). Esto explica la diferencia de trato que el imperialismo mundial dispensa a China por referencia a la URSS e incluso a los demás países de Europa Oriental. En efecto, Gorbachov puede asistir a las reuniones del G-7 y Walesa puede comer con la reina de Inglaterra … pero no hay inversiones, ni “auxilio financiero” ni ventajas comerciales para ellos. En cambio, la banca no ha cesado de otorgarle créditos a la burocracia china y el presidente Bush le impuso al Congreso —incluso a costa de una crisis— la renovación a China del status comercial de “nación más favorecida”. El mismísimo Wall Street Journal se puso del lado de Bush en esta crisis contra los pulpos que reclamaban protección contra las importaciones chinas y contra los liberales que protestaban por la represión, defendiendo precisamente la penetración de las mercancías y capitales norteamericanos en China y de las posibilidades del comercio exterior de… Hong Kong (Editorial, 3/6. “Revocar el trato preferencial, dice, va a perjudicar profundamente al Hong Kong de libre mercado, el cual maneja el 70% de las exportaciones chinas”). Otra manifestación del carácter de la evolución social de China, es el acuerdo suscripto entre la corona británica y la burocracia china, que le transfiere a ésta el control de Hong Kong a partir de 1997. ¿Cómo explica Fidel Castro que el imperialismo, que desató largas guerras para no “perder” a los paupérrimos Nicaragua y El Salvador, entregue su colonia de Hong Kong, corazón comercial de Asia, territorio con mayor proporción de capital por metro cuadrado y “el mayor monumento en Asia para el beneficio del comercio” (The Wall Street Journal, dixit). El acuerdo sobre Hong Kong revela el enorme grado que ha alcanzado la asimilación de la burocracia china al imperialismo. Las principales compañías estatales chinas, por ejemplo, son socias de las principales empresas de Hong Kong (como los teléfonos, su línea aérea o la hotelería) luego de haber comprado parte de sus paquetes accionarios con las divisas de su comercio de exportación, por un monto que supera los 10.000 millones de dólares. “De ser cierto esto —dice el International Herald Tribune (13/7)— China se transformaría en el mayor inversor extranjero en la colonia, por delante de EE.UU. y Japón” (!!). El autor de este artículo saca de todo esto una conclusión que si Castro no la desconoce por lo menos se la calla: “Para los empresarios comunistas (!!!) chinos la tentación de Hong Kong es obvia. Las pequeñas compañías municipales o provinciales escapan a la intratable burocracia continental, ganan acceso a la alta tecnología, aprenden los métodos de los negocios modernos y, no menos importante, consiguen la oportunidad de hacer mucho dinero”. ¿Qué se puede objetar a esta descripción del pasaje social de la burocracia al capitalismo? En todo caso muestra un proceso considerablemente más avanzado que el de la URSS. ¡Y esto ocurre, señores echegarayanos, porque la clase obrera china, a diferencia de la soviética, ha sufrido una derrota; porque no hay huelgas; y porque el monopolio de los “comunistas” chinos es más sólido (mucho más) que el de los moscovitas. ¿Y ustedes abogan por el reforzamiento de ese monopolio, con el objetivo de salvar al “socialismo”? Al revés, y cuanto más débil es la burocracia; cuanto menos garantía puede dar al capital; cuanto más huelgas y sindicatos independientes hay; cuando ocurre esto, menores son las posibilidades de una restauración capitalista y del propio capitalismo. ¡Pero también (¡y sobre todo!) “Las compañías más grandes y sofisticadas, agrega el IHT, como la CITIC, la China Resources o la China Merchants (la compañía naviera estatal); también están buscando beneficios”. “Pero sus grandes inversiones en las compañías de primer nivel tienen el beneficio adicional de permitir a Pekín mantener sus ojos sobre la elite de los negocios de Hong Kong en los años previos a 1997. Para los dirigentes empresariales, capitalistas, especialmente para aquellos cuyos intereses van más allá de 1997… tener al Banco de China en su directorio es como tener una garantía de Pekín”. ¡La burocracia es presentada por los propios capitalistas como la garante social de su propiedad y de su derecho a la explotación! En estas condiciones, la burocracia obrera se transforma en burocracia capitalista y sus núcleos “empresariales” tienden a convertirse, progresivamente, en capitalistas. Claro que un proceso de estas características lleva en sus entrañas la guerra civil, algo que estalló en varias oportunidades en China, obligando a la burocracia a recules y reajustes. Pero insistimos: el “secreto” de estas relaciones privilegiadas de la burocracia china con el imperialismo reside en que mientras en China las masas están aplastadas por una burocracia terrorista, en la URSS los trabajadores manifiestan en las calles, van a la huelga, levantan reivindicaciones políticas y ponen en pie sus propias organizaciones independientes del Estado. Movimientos como el encabezado por los estudiantes chinos ponen en jaque aquellas relaciones. La práctica confirma que las libertades democráticas y de organización que conquistan las masas con su lucha son una valla al retorno al capitalismo, y no una pasarela hacia él. La restauración —por las violentas contradicciones sociales que engendra— es inviable sin el concurso de una dictadura contra las masas, una conclusión a la que tuvieron que llegar los “libreempresistas” soviéticos que volvieron de Chile rescatando el “modelo pinochetista” de libre mercado. El “modelo chino” (y no la perestroika gorbachoviana) ha demostrado ser una vía más segura para el capital. Esto es, precisamente, lo que le da su importancia a los elogios de Castro. La política castrista Antes de fin de año deberá reunirse el 49 congreso del PC cubano para trazar un balance de la política de “rectificación” iniciada en 1987 y establecer un curso de acción frente al agravamiento de la crisis política y social. Al respecto, uno de sus dirigentes, Arturo Rodríguez, viceministro de Educación Superior, aunque se declaró “inflexible ante la posibilidad de que en Cuba se propicie el pluripartidismo”, afirmó que “la necesidad obliga a Cuba a reorientar su comercio exterior y sus producciones con el objetivo de encontrar un lugar en el mercado mundial con el fortalecimiento del capital extranjero” (La República, 14/7). La proyección hacia el suelo cubano de la reivindicación de China por parte de Castro, cobra en estos conceptos toda su dimensión. La fórmula castrista será partido único más capital extranjero. ¿Qué dirá el “magnánimo” Wall Street Journal con respecto a la versión caribeña que está apoyando en Asia? Los países latinoamericanos, Argentina en primera fila, que le reclaman a Cuba la democratización” de la isla, apuntan a este proceso capitalista, de ninguna manera a un desmantelamiento del estado que podría provocar una terrible guerra civil. Después de todo, la Chamorro gobierna, no con el estado somocista, sino con el estado sandinista. Wayne Smith, representante de Estados Unidos en La Habana desde hace quince años, le dijo a Página 12 (21/7) que en Cuba “hay cambios significativos”. “Se produce un flujo importante del capital privado extranjero y se han firmado contratos para 55 empresas mixtas. En comestibles se introducen cada vez más mecanismos de mercado”. Al mismo tiempo, “no hay alternativas políticas” a Castro. “Es un error pensar que todos los reformistas quieren derrocar a Fidel. Los reformistas tienen miedo a un futuro desconocido”. El yanqui, él también, prevé un “socialismo a la china”: penetración capitalista más partido único. El régimen de partido único delata la existencia de un régimen burocrático cristalizado. El PC es una simple extensión del aparato estatal, que le transfiere sus métodos característicos (jerarquías, mandonismo, obsecuencia). La pretensión de la “rectificación” de separar al partido del estado en el marco del partido único está condenada al fracaso. “Entre el paquete de medidas que aprobaría el próximo congreso figura la inclusión del voto secreto y directo para elegir a los miembros de la Asamblea del Poder Popular, quienes no tendrán que ser obligatoriamente miembros del PC” (Página 12, 10/7), pero esto en nada podría alterar el monopolio del poder por parte de la burocracia y del PC. La medida pondría a éste en la picota y confesaría vergonzosamente su responsabilidad en la crisis, al mismo tiempo que pretende seguir justificando su “papel dirigente”. Se trata, no de una contradicción sino de un contrasentido, que esconde un potencial enorme de estallido político. Es necesaria la libertad partidaria sobre la base de la defensa de las conquistas de la Revolución. En el plano económico, la “rectificación” impulsó el ingreso de capitales externos mediante la formación de empresas mixtas. Bajo el paraguas de una ley que asegura a los inversores externos reducciones impositivas y tarifarias y la posibilidad de tener una participación superior al 50%, se produjo un masivo ingreso de capitales, con destino fundamentalmente al turismo (al punto que el 70% de las construcciones hoteleras se realizan con capital externo). Pero frente a la crisis cambiaría, la dirección castrista está dispuesta a ir más lejos. “Los contratos recientemente firmados incluyen cláusulas que garantizan la libertad de remitir ganancias (en un país que sufre escasez de divisas) y que no se nacionalizarán los consorcios extranjeros” (Clarín, 9/3). En estas condiciones, la francesa Total obtuvo un contrato para explorar y explotar la cuenca petrolífera costera. “(El próximo congreso), informa Página 12 (10/7) desde La Habana, ampliará ( el ingreso de capitales externos) a otras áreas e incluso al canje de deuda externa por inversión, para recuperar las posibilidades de acceder al crédito entre los grandes bancos europeos” ¡Esta alternativa capitalista ciertamente no la tiene aún la URSS, ya que su estado de desintegración es incapaz de asegurar el equilibrio de las cuentas monetarias que exige una política de inversiones extranjeras por medio de títulos de la deuda externa! Pero todo este planteamiento de política (económica) deberá coronar políticamente (en el plano del Estado), pero a la china. Es así que el corresponsal de Página 12 (10/7), informa que “como contrapartida a los cambios internos, se dice que en la cumbre de Guadalajara Cuba encontrará un puente tendido por las principales naciones del continente… para propiciar un acercamiento con EEUU”. La “estación terminal” de la “integración” es, no hay otra, la Casa Blanca. Bush, por su parte, condicionó su asistencia a la URSS a que reduzca aún más su comercio con Cuba para arrancarle a ésta mayores concesiones y garantías. El PC cubano en la reunión de partidos de izquierda, en México reclamó “el ingreso de Cuba a la OEA”. Revolución política La revolución cubana enfrenta así una disyuntiva histórica, capital para los explotados de América Latina. En lugar de las pavadas de autosatisfacción de los panegiristas y de los viajeros con estadía completa, mostramos las contradicciones brutales provocadas por el régimen burocrático y el alcance de las políticas oficiales en curso. En oposición a las catástrofes que preparan el imperialismo con su presión y la burocracia con su incapacidad, prepotencia y derrotismo, señalamos el camino de la revolución política, es decir, la recuperación del poder por las masas. En lugar de una política de concesiones sin límites al capital extranjero planteamos la dictadura del proletariado (significa expropiación de los derechos políticos y de los privilegios de la burocracia); libertad partidaria para los que defienden las conquistas de la revolución; libertad e independencia sindicales; eliminación de las prohibiciones burocráticas al pequeño comercio; libertad económica para los consumidores; planificación económica democrática; alianza internacionalista de la clase obrera mundial.

1 de octubre de 1991
La segunda violación de Alemania

Anexión no es unidad Si las palabras aún conservan su valor, el 3 de octubre pasado no tuvo lugar la “unificación” de Alemania, sino la absorción de la Alemania stalinista por la RFA. Esto desde un punto de vista político. En el plano económico se ha producido la mayor confiscación que se conozca en la historia, y aun más que esto, una destrucción de recursos productivos efectivos impuesta por los grandes pulpos que controlan las decisiones estatales en la Alemania capitalista. En estas condiciones, los “costos” de la “unificación” son extraordinariamente elevados para el conjunto de los trabajadores de Alemania —tanto los “costos” políticos como los económicos. Es que, en definitiva, esta “unificación” siguió el curso de la ribera más derechista de ambos Estados alemanes y también la más expropiatoria con referencia a la clase obrera y a otras capas populares alemanas. La anexión perpetrada el día 3 se produjo de acuerdo a lo estipulado por el artículo 23 de la Constitución de la RFA, el cual admite la incorporación de los Estados regionales que lo pidan. De este modo, la RDA se disolvió en cinco estados federales que fueron anexados a la estructura estatal establecida de Alemania occidental. Se dejó de lado otra vía, también establecida por la Constitución de la RFA, que es la convocatoria a una asamblea constituyente. La conclusión de esto es que el conjunto del pueblo alemán fue privado de la posibilidad de expresar su autodeterminación nacional y su soberanía política, es decir, de concurrir a un proceso deliberativo y democrático. Esto no constituye ninguna anomalía, sin embargo, porque simplemente retrata el carácter confiscatorio de todo el “operativo unidad”. La consecuencia de las características políticas reaccionarias impresas a la “unificación” se manifiestan en dos cuestiones fundamentales, de un lado, en el mantenimiento de la legislación represiva occidental y del conjunto de su aparato burocrático de opresión, y del otro, en la asimilación de una gran parte de la burocracia germano-oriental al Estado “unificado”. Como resultado de esto se ha impedido el desmantela-miento de los servicios de represión y espionaje stalinistas, así como la publicidad de sus archivos, que los servicios occidentales pretenden ahora guardarse para sí. En esos archivos se encuentra la evidencia de que gran parte del personal político oriental que se ha pasado a la República “unificada”, está constituido por informantes del espionaje staliniano —no importa que ahora actúen como democristianos, socialdemócratas o democrático-socialistas. Pero al mismo tiempo esos archivos tienen importante información sobre los trabajadores disidentes u opositores al stalinismo, algo que la policía política de Kohl-Willy Brandt no se privará de usar. Este salvataje de la burocracia stalinista no impide, sin embargo, que se mantenga la vigencia de la ley de “prohibición profesional”, que impedía ocupar la función pública en el lado occidental a personas de ideas marxistas. Al mismo tiempo ha comenzado el ataque para derogar la progresiva ley de aborto, de vigencia relativamente reciente en la RDA, y por supuesto que ha quedado eliminada la garantía del pleno empleo. ¡Pero esto no significa que los trabajadores orientales puedan acogerse a los salarios e indemnizaciones sociales vigentes en el oeste, aunque sí deberán pagar por lo que compren “precios occidentales”! Los bancarios del este, por ejemplo, han pasado a cobrar un salario de 1.500 marcos (unos cinco millones y medio de australes) lo cual a “precio alemán reunificado” es un miseria. Se ha establecido así una Alemania con “dos velocidades” o de “dos categorías”. A la larga esto deberá llevar a una mayor polarización en todo el país, pues como lo reclamara hace poco el Financial Times (30/7), “en un verdadero sistema de libre mercado, el estrechamiento de las diferencias salariales entre el este y el oeste podría ser alcanzado, en parte, por cortes en los salarios occidentales…” La burocracia sindical ha realizado su propio operativo anexionista, copiando el modelo aplicado al nivel estatal: disolvió a la stalinista Central Sindical oriental, pero no para convocar a un congreso obrero de unidad, sino para absorber para sí a los diferentes sindicatos por industria, y por sobre todo a su extendida red de obras sociales y centros de vacaciones. Con todo, el interés principal de este operativo es acabar con las nuevas direcciones que han surgido en las fábricas y sindicatos del este como consecuencia de la movilización de los últimos dos años contra el régimen staliniano. Basta mencionar las características principales de todo este operativo anti-unitario contra los trabajadores y las masas alemanas, para reconocer en ellas los síntomas inconfundibles de una latente explosión social y política, que se intenta prevenir. La anexión del 3 de octubre no ha resuelto la cuestión de la unidad de Alemania, sino que simplemente es una expresión y un reconocimiento de que Alemania ha entrado por primera vez desde el fin de la guerra en una situación de características pre-revolucionarias. No por nada es el “nexo” entre el este y el oeste. Todo esto explica un hecho relativamente secundario, pero no por ello menos importante, como es la indefinición en que ha quedado la cuestión de la capital del Estado “unificado”, que debería ser la multitudinaria e histórica Berlín, y no la provincial e inexpresiva Bonn. Pero el retorno de Berlín a su condición de capital significaría darle un centro político a la protesta popular, del que ambas Alemanias han carecido hasta ahora. En la memoria de los explotadores aún se conserva la imagen de la revolución obrera berlinesa oriental de 1953, cuando ambos sectores de la ciudad estuvieron a punto de irrumpir en una acción común, por encima de las divisiones impuestas y los ejércitos de ocupación. La cuestión de la capital es una cuestión capital para el capital. Gorbachov y la URSS Es cierto que las masas orientales jugaron un papel decisivo y final en la desintegración de la RDA, pero esto no le quita nada a la evidencia de que esta desintegración forma parte de la gigantesca convulsión social y política por la que atraviesa la URSS y de la política de la burocracia rusa, encabezada por Gorbachov, para resolver esta enorme crisis con el concurso del imperialismo mundial. En este último sentido, la anexión de la RDA por la RFA ha sido un operativo concebido como una de las alternativas admisibles, por Gorbachov. Más allá de las presiones, viajes y “apretadas” de Gorbachov al extinto gobierno staliniano para que implemente la completa “apertura” hacia la RFA, en la crisis final de la RDA jugó un papel fundamental la fuga de alemanes orientales hacia Alemania oeste a partir de Hungría. Recientemente (Le Monde, 25/9/90), el ex primer ministro de Hungría, Miklos Nemeth, reveló en Londres haber tenido reuniones secretas con Kohl y Genscher, para hacerlos partícipes de la decisión de abrir la frontera entre sus dos países a los refugiados orientales. El gorbachiano o “renovador” fracasado Nemeth, dice textualmente que se dirigió al castillo de Gymnich, cerca de Bonn, para que Kohl “pudiera prepararse para los cambios políticos inevitables debidos a la apertura de la ‘cortina de hierro' (¡Cómo “cambian” de lenguaje los burócratas!). No olvidaré jamás, dice Nemet, la reacción del señor Kohl, quien visiblemente emocionado murmuró» ‘el pueblo alemán no olvidará nunca lo que usted ha hecho al tomar esta decisión Nemeth agrega que Kolh le ofreció “algo a cambio”, pero que su respuesta fue que no había que ligar este asunto a ninguna otra cosa, razón por la cual un préstamo de Bonn a Budapest fue reportado para más adelante!! Uno de los aspectos decisivos del operativo montado por Gorbachov para poner fin a la RDA, fue precisamente la necesidad de un gran préstamo occidental, que sólo la RFA podía tener interés en conceder, si mediaba la anexión oriental. La parte final del operativo ha sido, precisamente, la concesión de un crédito de cinco mil millones de marcos, sin condicionamientos económicos, que la burocracia moscovita ha dilapidado en un abrir y cerrar de ojos, ¡jen el pago de intereses atrasados de la deuda externa!! (The Wall Street Journal, 3/10/90). El sector oriental de Alemania ha pagado así, por segunda vez en cincuenta años, indemnizaciones económicas a la burocracia rusa, si se recuerdan las “reparaciones” forzosas arrancadas por Stalin y también por segunda vez la burocracia rusa será responsable del desmantela-miento de la industria de Alemania oriental, en 1945 a través del traslado a la URSS de las maquinarias y herramientas y ahora pagando con ese desmantelamiento el crédito de la RFA a Gorbachov! Los alemanes del este no han vivido, el 3 de octubre, su día de liberación, sino un segundo acto de su esclavización. Con todo, el lado económico de la crisis rusa y oriental es solo un aspecto de esta maniobra. En su ultimo viaje a la RDA antes de la caída del muro, Gorbachov señaló explícitamente que la peor de las variantes en el desarrollo de la crisis, era que “el poder (quedara) en la calle”. La anexión germano-occidental apunta, precisamente, a evitar que esto, una revolución, pudiera ocurrir. El alcance de esta política “de seguridad” se extiende a toda Europa oriental, para lo cual está prevista una conferencia de todos los Estados de Europa, Canadá y Estados Unidos, y los llamados acuerdos de “desarme”. A través de este proceso, el “este” y el “oeste" se prometen “socorro mutuo” contra la revolución, tal como lo demostró, anticipadamente, la invitación que Baker y Mitterrand hicieron a Gorbachov para que el ejército rojo invadiera Rumania, en oportunidad del golpe-revolución que derribó a Ceaucescu. El operativo “unificación” tuvo para su inspirador, Gorbachov, la contrapartida del apoyo del imperialismo al operativo de mantenimiento de las naciones del Báltico dentro de la URSS. Este toma y daca “persuadió” a los jefes militares soviéticos de que la “seguridad” de la URSS quedaba a salvo gracias a la política de Gorbachov. Mientras en Vilna, Lituania, los disidentes democratizantes celebraban la anexión alemana, desconocían seguramente, o fingían hacerlo, que esa anexión había sido pagada con la privación de la independencia nacional de Lituania! El “costo” económico de la “unificación” Es sorprendente que la ampliación económica de la explotación capitalista sea presentada como, o incluso pueda representar, un “costo” para sus beneficiarios. Que sepamos, la anexión económica de Argentina a Gran Bretaña, en las dos últimas décadas del siglo pasado, no significó un costo para el Tesoro inglés o para el contribuyente. Y no solamente esto, sino que esa anexión permitió al capital mundial una tasa extraordinaria de acumulación. ¿En el caso alemán, todo sería diferente? Primero se presentó el “costo” de la “unificación” para la RFA en diez mil millones de marcos, ahora se habla de cuarenta mil millones —pero de dólares, y no sería tampoco ésta <4la cuenta final” (O Estado de Sao Paulo, 9/10/90). La cifra de lo que se presente como un “rescate” se acerca al total del producto bruto oriental, lo cual equivale a la entrega de un indemnización de cinco mil dólares anuales a cada oriental o de diez mil dólares a cada persona activa. Ya muchos se preocupan por el impacto que este “costo” habrá de tener sobre el conjunto de la economía mundial, a la que acosan el déficit del presupuesto norteamericano (de 300.000 millones de dólares anuales, “por lo bajo”) y el déficit del presupuesto y del balance de pagos soviético (que simplemente es un inmenso “agujero negro”). En realidad, el “costo” de la “unificación” está expresando dos cuestiones fundamentales: de un lado, la falta de pujanza, el envejecimiento o la descomunal crisis del capitalismo mundial, y del otro, los métodos de destrucción económica que inevitablemente ha tenido que imponer para encarar la “unificación”. Por ejemplo, “una alta autoridad de Alemania oriental acusó a Alemania occidental de debilitar intencionalmente la economía de Alemania oriental, con el objetivo de adquirir sus empresas a precios más bajos”. Esa “autoridad” citada por el Financial Times (10/8/90), es un insospechable procapitalista, el “ministro de finanzas a cargo del partido socialdemócrata”, quien agregó que “todo indica que se quiere conseguir la economía de la RDA lo más barato posible”. Pero estas “acusaciones fueron corroboradas por el presidente de Peat Marwick, de Frankfurt, una de las principales firmas auditoras de Alemania occidental. Los inversores occidentales, deduce el Financial Times, calculan que no tiene sentido pagar altos precios ahora por algo que podrá ser comprado a precios de liquidación mañana”. En una economía como la oriental donde el presupuesto de las empresas que se llevan a la quiebra se confunde con el presupuesto del Estado, el hundimiento de aquéllas produce un déficit fiscal, que deberá cubrirse con préstamos o mayores impuestos. El “costo” de la “unificación” alemana está vinculado, así, con la política del saqueo capitalista. La descomposición del capitalismo mundial se revela aquí en el hecho de que la burguesía alemana no puede sumar sino que debe restar en el proceso de unidad económica, esto porque le interesa eliminar un competidor que actuaba en un mercado protegido por el Estado, y no acrecentar uno nuevo en un mercado mundial ya saturado y ante una inminente crisis de sobreproducción. Una manifestación peculiar de esta situación es la decisión de cerrar una eficiente empresa, la Pentacom GmbH, productora de las cámaras fotográficas Praktica, porque opera en un mercado cedido al monopolio japonés de aparatos fotográficos. Las brutales consecuencias de la anexión económica provocaron una crisis en el organismo encargado de la privatización de las empresas orientales, donde fue desplazado un capacitado especialista en estos procesos… por el presidente de la Hoesch. Es la historia del zorro en el gallinero. En el importantísimo mercado del seguro, la occidental Alianz se quedó con la totalidad de las pólizas del mercado oriental efectivamente solventes —las otras las pasó al Estado, que deberá anotarlas en sus cuentas de resultados negativos. Esto le permite a la Alianz obtener una renta extraordinaria, que podríamos bautizar como renta de anexión. Semejante saqueo económico no sólo está dejando varios millones de desocupados, sino un vaciamiento tal, que el Instituto de Investigación de Berlín Oeste prevé un déficit en cuenta corriente para la región oriental, de 37 mil millones de marcos, en 1990, y de 72 mil millones, en el '91, para una economía cuyo producto anual es de 270 mil millones de marcos. Es decir que la región este ha dejado de producir y se ha transformado en un gran receptor de mercancías del oeste. Resultado: la producción cae en Alemania oriental, un 30%, y sube en la occidental, un 4% del PBI. Gracias a la “demanda del este, las ventas minoristas de Alemania occidental han crecido un 5%, y aún más los beneficios” dice el International Herald Tribune (15/8/90). Incluso cuando los productores de carne orientales ofrecieron a los comercios un precio un 20% inferior al de la carne del oeste, el propietario rechazó la oferta ‘‘porque su contrato solo le permitía comprar a las compañías distribuidoras de Alemania occidental” (The Wall Street Journal, 22/8/90). “Alemanes orientales en estado de excitación creciente sospechan de la existencia de un complot para socavar sus compañías y granjas, de modo de poder después absorberlas a precio barato” (ídem). Cuando uno de esos productores del este redujo aún más el precio de la carne y estableció su propio puesto de venta, ‘las comercializadoras occidentales intentaron comprarle toda la producción” —para mantener los altos precios vigentes y eliminar la competencia (ídem). Es natural que esta quiebra organizada y el desempleo masivo concluyan como una enorme carga presupuestaria, que deberá ser pagada por contribuyentes y consumidores, a través de mayores impuestos o una inflación más alta. Todo esto importa, porque demuestra los límites insalvables de la penetración capitalista en eV este, y su tendencia a generalizar las condiciones revolucionarias al este y oeste de Europa. La tarea de la unidad democrática de Alemania y de Europa entera quedará en manos del proletariado, que la transformará en socialista. Pero el financiamiento del capitalismo en el este, se ha transformado en una carga, por la simple razón de que el pletórico capitalismo mundial está en quiebra, es decir, está enterrado e inmovilizado en negocios sin salida. Esta situación de exceso de capital que se encuentra a la vez inmovilizado, explica que suban las tasas de interés, o dicho de otro modo, porque el ahorro escasea y el riesgo de las inversiones es elevado. Se trata de una situación bien diferente a la que prevalecía durante la colonización económica inglesa de Argentina, cuando la existencia de posibilidades de inversión movilizaba un capital nuevo que provenía de los beneficios empresarios y de los ahorros líquidos individuales de capitalistas en potencia. Lejos de la posibilidad de que el capitalismo regenere a los sistemas burocráticos, lo más probable es que se entierren en ellos como en otras tantas operaciones que pasaron del beneficio a la pérdida. Solo a través de una contrarrevolución violenta el capitalismo podría imponer durablemente sus salidas, pero antes de que esto ocurra deberán generalizarse las condiciones revolucionarias provocadas por la crisis actual. Y entonces…

1 de octubre de 1991
Los partidos políticos en la Unión Soviética hoy
Alexei Gussev

Para un observador externo, la actual lucha de clases en Rusia (1) puede asemejarse a una competencia entre varias fracciones de los círculos dirigentes, por ejemplo, “radicales” y “conservadores”. Así es cuando se mira superficialmente. De hecho, la principal contradicción socio-política es el antagonismo de intereses entre los trabajadores y la burocracia parasitaria. Este antagonismo deja huella en todas las batallas políticas y va saliendo crecientemente en forma abierta. De un lado están los que proponen el mercado libre” y, del otro, aquellos del “socialismo real”, luchando por los puestos en los palenques del poder estatal. A pesar del rencor entre unos y otros, estos grupos están unidos en la cuestión principal —en referencia al mantenimiento de sus privilegios, recursos y poder contra la ingerencia de la clase obrera, oprimida y sin derechos, pero que sin embargo, está despertando a la vida política, y cuyo núcleo es la clase obrera industrial. Esta es la causa principal de la lucha política en Rusia. Por el momento es demasiado pronto para habíar de partidos rusos totalmente formados. El proceso de consolidación de las fuerzas políticas está, todavía, lejos de haberse completado y refleja un complejo cuadro de cristalización de la conciencia de clase de las fuerzas en conflicto. Aquí es necesario destacar que las fracciones burguesa y conservadora de la burocracia corren conjuntamente más rápido que la clase obrera. Es el resultado de años de política stalinista que destruyó consecuentemente la solidaridad de clase incentivando a las elites de trabajadores a expensas de las más bajas, después de haber privado a la clase obrera de toda autonomía política. Las masas trabajadoras están tan sólo restableciendo sus organizaciones independientes — sindicatos, etc.— mientras que los círculos dirigentes tienen de su lado todo el poder de la maquinaria del Estado, la experiencia de gobierno y e1 apoyo de las potencias extranjeras. Este factor predetermina ampliamente la actual relación de poder en la escena política rusa. ¿Cuáles son los principales campos políticos en Rusia? a – Ultraderecha reaccionaria: “Paymat”, “partidos ortodoxos”, organizaciones monárquicas, etc.; b – Burocrático burgués: Movimiento “Rusia Democrática” (un bloque de partidos “democráticos” y “liberales”, Partido Democrático de Rusia, Partido Republicano, Partido Social-Demócrata, etc.); c – Burocrático conservador: Partido Comunista de la Federación Rusa, Frente de Trabajadores Unidos; d – Social reformista: Partido Socialista, parte de los grupos sindicalistas de orientación sócialdemócrata de izquierda; e – Revolucionario socialista: este campo todavía tiene que formarse, por las razones ya dichas. Aún no es muy numeroso e incluye grupos marxistas de varias ciudades, el “Movimiento para la Creación de la Sección Soviética de la IVa Internacional” (Células Proletarias Revolucionarias de Leningrado, Comité para la Sección Soviética en Moscú, etc.), algunas organizaciones anarquistas y anarco-marxistas unidas (como la “Unión de los Comuneros” de Moscú) y algunos miembros del Partido Socialista. ¿Qué intereses expresan? a – Elementos no pertenecientes a ninguna clase social (principalmente de los medios de la intelectualidad), los sectores más reaccionarios de la burocracia (principalmente del Ejército y de la IGB) y la pequeñoburguesía. b – Una parte considerable de la burocracia, uchando —como escribió Trotsky en La Revolución Traicionada— “para encontrar una sustentación para sí mismos en las relaciones de propiedad”. La oficialmente legalizada “burguesía criminal”, que acumuló capital a través de la especulación en el mercado negro en el período precedente, así como los estratos pequeñoburgueses de la ciudad y del campo (“cooperativistas”, etc.), cuya acumulación primaria es estimulada por la política oficial, además de las capas superiores de la intelectualidad. c – El Partido (Partido Comunista de la URSS), los militares y parte de la burocracia estatal, el aparato de los sindicatos oficiales. d – Las capas más altas de la clase obrera (“aristocracia obrera”), estratos medios de la intelectualidad. e – Los obreros de niveles inferiores, la intelectualidad no privilegiada, sectores estudiantiles. ¿Cómo ven la sociedad actual y por qué sociedad luchan? a – Lo que existe ahora es la dominación de los judíos y el poder de los franc-masones. Hay que restablecer la monarquía, basada en el Ejército y en la Iglesia Ortodoxa. b – Es preciso una transición más activa desde el “totalitarismo comunista” a una sociedad de tipo occidental. c – Lo que existe es el socialismo. Hay que mejorarlo a través de la liberalización y las reformas, pero manteniendo intactos los fundamentos de la estructura social existente. d – No hay socialismo porque no hay democracia completa y hay “monopolio de Estado” en la economía. El socialismo significa libertades democráticas y auto-gobierno en la industria. e – No se puede hablar de socialismo mientras haya desigualdad, privilegios, privaciones; mientras la clase obrera esté despojada del poder. El socialismo, es decir, el sistema social en que todas las decisiones políticas, sociales y económicas son tomadas por los trabajadores mismos, sólo puede realizarse en escala global por la acción revolucionaria autónoma de las masas. ¿De qué sistema político son partidarios? a – Por la convocatoria del Zemsky Sobor (es decir, la restauración de la corporación medieval reperesentante de los estados feudales), que debe llamar a un zar de la dinastía Romanov. Por la prohibición de todos los partidos políticos, como “destructores de la nación”. La democracia es un invento de los masones que no es necesaria para el pueblo ruso. b – Por una república democrática normal. Se debe renunciar a la mera idea de soviets, el poder no debe concentrarse en un único lugar sino ser delegado de arriba hacia abajo, a partir del parlamento, donde se reunirían políticos profesionales. Los poderes serán distribuidos completamente entre las ramas legislativa, ejecutiva y judicial. Lo principal de una república democrática es el trabajo del aparato encabezado por el presidente. Este sistema es muy útil para suprimir de su interior a la clase trabajadora y, al mismo tiempo, engañarla. c – Lo que es necesario sobre todo es un poder presidencial fuerte, basado en el todopoderoso aparato del Partido Comunista y capaz de restaurar el orden y prevenir el advenimiento de la anarquía. d – Es necesario asegurar en primer lugar el pluralismo político total (una persona, un voto), con base en el sufragio secreto, esto quiere decir democracia. Deben existir también fuertes corporaciones de auto-gobierno y un sistema judicial independiente. En estas condiciones, la intelectualidad defenderá los intereses de los trabajadores en parlamentos y ayuntamientos. e – Por un Estado de democracia obrera, la República de los Soviets de arriba a abajo. Todo el poder en los niveles locales y central debe pertenecer a los soviets de diputados obreros, basados no en una masa atomizada de votantes anónimos sino en colectivos específicos de trabajadores. Por el derecho de los trabajadores a destituir a cualquier funcionario público. El salario de cualquier funcionario del estado no debe exceder el nivel del salario de un trabajador calificado. ¿Cuáles son sus actitudes frente a las “reformas de mercado" y los planes para privatizar la propiedad estatal? a – Los recursos no deben ser vendidos a extranjeros o judíos, en general es necesario renunciar al comunismo y restaurar la empresa nacional rusa en base a la colaboración de clases. Se necesita del mercado, pero bajo control estatal para que los elementos extranjeros no puedan aprovecharse. b – La economía debe basarse en el mercado libre y en la empresa privada. Dos tercios de la propiedad estatal deben ser desnacionalizados. Se debe ir cuanto antes al encuentro del sistema económico existente en Estados Unidos, Inglaterra y otros países desarrollados. Solamente la iniciativa privada y la regulación espontánea pueden asegurar el crecimiento económico y la abundancia. Sin duda, esto es para aquéllos que tienen las oportunidades (posición oficial o contactos) y serán los beneficiarios por la privatizacic i y por la introducción del mercado. c – Una economía en la cual el mercado se combine con la reglamentación estatal. Hay que dar más derechos en la gestión de la economía a los directores de fábrica y a los gerentes. Por la variedad de formas de propiedad, incluyendo la propiedad privada. Sin embargo, la propiedad estatal debe seguir predominando. Las empresas estatales, una vez colocadas ei condiciones de autonomía y en arrendamiento, deben competir en el mercado con las demás, bajo control de las burocracias central y local. d – La auto-gestión de la producción debe convertirse en la principal regla de la economía. La mayor parte de las empresas deben ser transferidas a la propiedad colectiva o municipal. Debe admitirse también al sector privado y al sector estatal operando en condiciones de planificación directiva. e – La propiedad nacionalizada es una gran conquista de la Revolución de Octubre, la base económica objetiva del Estado obrero. Esto puede asegurar, y debe hacerlo, el más alto crecimiento económico; sin duda solamente podrá hacerlo si es colocada bajo control directo de los trabajadores. La vía que puede sobrepasar el dictado burocrático y la norma burocrática en la economía no se basa en el caos del “libre mercado” sino en relaciones de producción basadas en la planificación democrática, por medio del diálogo entre los productores y consumidores, con el papel coordinador del centro económico. Por la producción, no para la extracción del máximo beneficio, sino para la satisfacción de las necesidades de la población. Esto, sin duda, no implica una “supresión” del mercado, cuya importancia para la actividad de las pequeñas empresas, el sector de los servicios, etc. está lejos de agotarse. ¿Es necesario mantener la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas? a – La Unión de Repúblicas Soviéticas está saqueando a Rusia. El imperio ruso se reestructurará dentro de los límites del Báltico al Pacífico sin ningún federalismo. ¡Ninguna clase de autodeterminación! Sólo la burocracia rusa y el ejército pueden dirigir adecuadamente a los pueblos de las “regiones fronterizas”. b – Es necesaria la desfederalización. Todas las repúblicas habrán de convertirse en estados nacionales separados. Solamente con esta perspectiva es posible la creación de algunas asociaciones interestatales. La liquidación de la URSS volverá posible (dividiendo e incitando a los trabajadores de distintas nacionalidades unos contra otros, debilitando la resistencia) la restauración del capitalismo. c – El Estado unitario debe ser preservado. Es preciso dar más derechos a las burocracias nacionales, sin embargo, el aparato central continuará jugando el papel principal. d – El acuerdo de la URSS debe ser reevaluado en base a una mayor democracia con iguales derechos para todas las naciones y nacionalidades. Para este fin, se hace necesario concluir un Tratado de la Unión. e – La existencia de una libre unión de repúblicas verdaderamente socialistas está en los intereses de la clase obrera y de todas las nacionalidades. Sin embargo, la transformación de la URSS en tal Unión sólo será posible si se derroca la dominación de la burocracia parasitaria en todas las repúblicas y se respeta el derecho a la autodeterminación en todas las naciones. El reconocimiento del derecho a la autodeterminación no significa estimular la actividad de los gobiernos de la burguesía nacional (en el Báltico, por ejemplo, que están restaurando el capitalismo bajo esta especie de “independencia nacional”). La última palabra en la resolución de la cuestión de la autodeterminación debe pertenecer a las propias masas trabajadoras. ¿Cuál es el objetivo inmediato y cómo conseguirlo? a – Establecer una dictadura militar policial para “salvar a Rusia”. La promoción vil de este objetivo es la incitación a los “progroms”, a la extensión del antisemitismo y del odio interétnico. b – Completa captura del poder en todos los niveles con el objetivo de instalar el principio capitalista. Liquidación de la resistencia de los trabajadores a través del reforzamiento del grupo dirigente del Estado. Campañas en los medios de comunicación para desacreditar al socialismo y glorificar el enriquecimiento, el “derecho del más fuerte” y el “arte” de hacer dinero. c – Implementar medidas de emergencia para “estabilizar la situación”, o sea, para la salvación del dominio del aparato. Posiblemente imposición del principio presidencialista, prohibición de huelgas, etc. d – Luchar por los puestos en los parlamentos y soviets locales para llevar adelante las reformas democráticas y sociales. e – Organizar las fuerzas del proletariado para la acción de masas contra el poder de la burocracia y de la burguesía —huelgas, manifestaciones, actos de protesta. Esta acción debe convertirse en una revolución política victoriosa del pueblo trabajador. (*) Alexei Gussev es un militante trotskysta soviético. Este artículo fue redactado en mayo de 1991, es decir, antes de la fracasada tentativa golpista de la burocracia rusa, y del inicio de su descomposición declarada. Fue extraído de En defensa del Marxismo n? 3 (julio de 1991), órgano de los militantes trotskystas españoles vinculados a la Tendencia Cuartainternacionalista. (1) Este artículo se concentra en la Federación Rusa, donde las contradicciones socio-políticas son más agudas. En el caso de otras repúblicas, donde existen fuertes movimientos nacionalistas, se requiere un análisis adicional especial.

1 de octubre de 1991
El simposio internacional sobre León Trotsky realizado en San Pablo

En el cincuenta aniversario Entre el 10 y el 14 de setiembre de 1990 tuvo lugar un Coloquio Internacional con motivo del 50a aniversario del asesinato de León Trotsky, organizado por el departamento de Historia y el Rectorado de la Universidad de San Pablo, Brasil. Durante esos cinco días se desarrollaron aproximadamente cuarenta exposiciones y debates referidos a dos tópicos fundamentales: uno, el aporte de las nuevas investigaciones históricas respecto a la lucha y a la obra de León Trotsky y la política de su época, en particular con relación al inicio de la degeneración del Estado obrero soviético; dos, la relación entre el planteamiento trotskista y de la IV5 Internacional y la realidad contemporánea, en particular la descomposición de los regímenes stalinistas, aunque también ocupó un lugar destacado, dado el país anfitrión, la historia del trotskismo en Brasil y la política del Partido de los Trabajadores. Entre las figuras extranjeras que concitaron una expectativa completamente natural figuraron los soviéticos Aleksandr Mikhailovich Podtchekoldin (del Instituto de Marxismo-Leninismo de Moscú, una institución académica oficial de la burocracia) y Valery Pisigin (presidente del Club Bujarin, de línea democratizante); el historiador húngaro Miklós Kun, nieto del presidente de la República Soviética Húngara de 1919, Bela Kun; y Pierre Broué, el principal biógrafo de Trotsky y autor de otras obras referidas al movimiento revolucionario internacional. Al coloquio asistieron como invitados Pablo Rieznik y Jorge Altamira, del Partido Obrero, los cuales tuvieron una participación destacada en varios debates. La presencia a partir del miércoles 12, del nieto de León Trotsky, Seva Volkov, le dió mayores bríos al evento e incluso lo tomó muy emotivo. La presencia física de Seva, ovacionado por centenares de estudiantes de la USP y de otros lugares de Brasil, y por trabajadores, daba una forma corpórea a la sensación de vigencia de León Trotsky otorgada por todo el curso de los acontecimientos mundiales de los últimos años. Cuando en la sesión de clausura del Coloquio, su organizador, Osvaldo Coggiola, hizo pasar un cassete con un discurso de Trotsky en inglés, que había traído su nieto, la atmósfera del desbordado auditorio de la Facultad de Historia de la USP podía cortarse con un cuchillo. En opinión de Seva Volkov, que asistió a encuentros similares, el Coloquio de la USP fue el más grande en términos de movilización del interés público y del entusiasmo juvenil. El origen del stalinismo Es absolutamente necesario dejar en claro que, con independencia de las manifestaciones de simpatía hacia la persona de León Trotsky, el Encuentro refractó el amplio predominio que las ideas “renovadoras” o “democratizantes” tienen en el escenario académico y político mundial. En el plano de las comunicaciones relativas a investigaciones históricas, importaron la de Podtchekoldin, un hombre que tiene acceso a archivos estatales soviéticos desconocidos por el público, y la de Kun, quien ha publicado Mi Vida, de Trotsky, en húngaro, y tiene en prensa una biografía, que se anuncia muy crítica, de Bujarin. El soviético dio a conocer una amplia documentación del Secretariado del PCUS, integrado por Stalin, Molotov y Kaganovich, de abril a diciembre de 1922, que muestra de un modo irrefutable cómo fue organizada una monstruosa burocratización partidaria en menos de ocho meses a partir de circulares de Stalin que eran desconocidas por el Comité Central. Los textos de esas circulares establecen inequívocamente la liquidación de la democracia partidaria, mediante la eliminación de la responsabilidad de los dirigentes regionales ante sus bases y la sustitución del sistema de elegibilidad por el de la nominación. Asimismo, a partir del mes de octubre, establece un sistema salarial para los funcionarios del partido que llega a diferenciarlo, sumados los diversos privilegios, en hasta sesenta veces del salario medio de los obreros. La conclusión que se extrae de esta comunicación es que la degeneración del partido bolchevique no fue un proceso espontáneo sino organizado a través de medidas de gran amplitud, y que esta burocratización partidaria ya estaba completa aun en vida de Lenin, quien precisamente llamó a Trotsky a formar un bloque para derribar a Stalin, al que caracterizó como “un cocinero que está preparando una salsa muy picante”. Podtchekoldin se refirió también a un importante artículo de Trotsky, de octubre de 1923, que da cuenta del avanzado estado de crisis del país y de avance de las fuerzas burocráticas y restauracionistas, en contraste completo con toda la información brindada por la prensa soviética de la época. El panorama descripto por Trotsky era, naturalmente, el fondo histórico del ascenso de la burocracia staliniana. Nada de todo esto, sin embargo, fue obstáculo para que el profesor soviético se manifestara, en el curso del debate que siguió a su exposición, como un gorbachiano de centro-izquierda, partidario de la perestroika y hasta adversario del “excesivo” igualitarismo que habría en la URSS. (En conversaciones privadas posteriores quedó perfectamente claro que en la Unión Soviética existe una violenta diferenciación social). La exposición de Miklós Kun estuvo vinculada a una cuestión similar. También en sus investigaciones en la URSS, país donde residió durante mucho tiempo, Kun documentó que ya en 1923 Stalin, Zinoviev, Kamenev y Bujarin constituían un fracción organizada en forma clandestina. Es decir que el fraccionismo fiie una política impulsada por el stalinismo. Más allá de esto, esta fracción había organizado un sistema de escucha telefónico de los “opositores” y de control de su correspondencia (de lo cual Trotsky estaba al tanto). Para Kun, esto es muy importante porque demuestra que Bujarin, tenido por los gorbachianos como el sector “democrático” de los bolcheviques, colaboró explícitamente en la formación de la burocracia y del régimen staliniano. Esta conclusión revela una tendencia anti-democra-tizante y trotskizante de parte de Kun. Kun considera, sin embargo, que la publicación de las obras de Trotsky en la URSS no causaría hoy el impacto que hubiera tenido hace cuatro años, cuando el gran público soviético aun no conocía las informaciones relativas a las masacres, pisoteos de derechos nacionales, colusiones con el nazismo y descomposición económica, del régimen stalinista. Sorprende esta impresión del profesor Kun cuando se tiene en cuenta que el trotskismo es ante todo el único programa que puede sacar a la URSS del marasmo actual, en completa oposición a la catástrofe social que provocaría la tentativa de restauración capitalista. Las perspectivas Pierre Broué, militante lambertista durante cuarenta años (expulsado hace un año) tuvo a su cargo la exposición inaugural. En el debate que le siguió dijo sin ambages que el trotskismo ya no tenía razón de ser en virtud de que su antónimo, el stalinismo, había desparecido, y que él, por su parte, ya no era trotskista, al cabo de un balance “triste” de su militancia. El Coloquio había comenzado, decididamente, con el pie izquierdo. Tanto en su comunicación referida a la historia de la “oposición unificada” de 1927, como en otras dos intervenciones, el leit-motiv de las opiniones de Broué fueron siempre las siguientes: 1) Trotsky subvaloró la amplitud y la profundidad del dominio de la burocracia, albergando ilusiones, primero en la posibilidad de reforma del partido comunista, después en las posibilidades de la revolución política; 2) no es de ningún modo indudable que las llamadas “conquistas de la revolución de Octubre” estén presentes en la conciencia de las masas soviéticas, en razón de que en la vida cotidiana esas conquistas no existen de un modo práctico (salud, educación, etc.); 3) esto significaría que el capitalismo podría ser restaurado sin guerra civil, como ya ocurre en Polonia; 4) desaparecido el stalinismo, el trotskismo no tiene razón de ser; se trata simplemente de ser socialista. Ciertamente, nada es históricamente indudable hasta que su validez no fue verificada en un ciento por ciento, y aún así… puede ser refutada, y lo será seguramente, por otros acontecimientos de escala histórica. Pero la gigantesca crisis que vive hoy la URSS no tiene otra causa que el enfrentamiento entre fuerzas históricas irreconciliables, esto con independencia de que los trabajadores no tengan aún una conciencia del conjunto de esta situación. La URSS ya conoce manifestaciones de guerra civil y de explosiones abieitas de conflicto entre las masas y la burocracia. Como acertadamente previo Trotsky, las tentativas de restauración capitalista llevan al país a la convulsión social. Los procesos de Euiopa oriental están lejos de haber concluido, pero por sobre todo son episodios secúndanos y subordinados con relación al enorme combate que se está librando en la URSS. Que el stalinismo está en descomposición no quiere decir que haya desaparecido, porque para ello debería desaparecer la burocracia, derribada por la burguesía o por la clase obrera. La burocracia no ha encontrado aún una forma alternativa de dominación con relación a la ofrecida por el stalinismo. No es cierto que la resistencia principal a la privatización económica parta, en la URSS, de la burocracia “conservadora”, la cual ha votado a favor de ella en el propio congreso reciente del partido comunista de la República Rusa, en el cual fue, sin embargo, mayoritaria. La resistencia principal viene de los trabajadores, que han batido records mundiales en materia de huelgas, lo cual se refleja en los temores y las vacilaciones de todos los sectores de la burocracia. Todo lo dicho vale para el trotskismo, el cual no podría ser sustituido nunca mientras no exista un programa político superior para la masas. Una petición de fe socialista, al margen de la lucha de tendencias y de ideas que ha recorrido al movimiento obrero mundial a través de su historia, es una mera declaración moral. La exposición de Valery Pisigin, un siberiano extremadamente joven y muy popular en la Unión Soviética, llama la atención por sus referencias a la “vocación trágica del alma rusa” (que impresiona como una expresión, precisamente, de que el país se hunde en una guerra civil) y por su ingenuidad, porque para Pisigin la propiedad es una realidad histórica insustituible, lo que solamente deja la opción de su distribución más democrática. Pero, históricamente, esa forma más democrática se manifestó en el período de la libre competencia… y ésta llevó a la época de los monopolios, del imperialismo… y de la revolución social. Pisigin reivindicó el cooperativismo, aunque criticó a las maffias que se ocultan tras ese nombre, y reivindicó el desarrollo económico de Suecia, pero varios asistentes opinaron que los planes de Gorbachov y compañía conducen más bien a la miseria polaca. La crisis mundial En el coloquio no se le dio dimensión a la crisis mundial, como el terreno concreto en el que se desarrolla la descomposición de los regímenes antisocialistas stalinianos. El tema fue abordado por Pablo Rieznik en vinculación con el tema de su exposición, referido a Trotsky y la crisis del capitalismo. Milton Santos Filho, petista, encargado de responderle, descartó que el capitalismo se encontrara en crisis, una posición en boga en el PT, prefiriendo ver un “proceso de reestructuración tecnológica”. A la luz de este enfoque, las perspectivas no serían de que la crisis revolucionaria en la URSS se propague a nivel mundial, sino que los Estados obreros estarían obligados a entrar en la órbita capitalista y deben precisamente hacerlo por haber demostrado su incapacidad para proceder a esa permanente reestructuración. Este planteo fue refutado metodológica y empíricamente. Desde el punto de vista del método, el capitalismo produce no solamente valores de uso (tecnología) sino fundamentalmente valores de cambio, cuya no realización en el mercado condena a la inutilidad a los primeros. Precisamente, la caída de la tasa de ganancia, el incremento de los beneficios ficticios, la sobreexpansión del crédito y el sobreendeudamiento, la creciente regulación estatal, la circulación monetaria sin respaldo, la inflación, la declaración de quiebra de Estados enteros y el hundimiento de los valores bursátiles —todo esto testimonia un cuadro de crisis y agotamiento que ha creado una perspectiva de situaciones revolucionarias generalizadas en las naciones capitalistas, crisis políticas internacionales crecientes y agudas, y una potenciación internacional de la situación revolucionaria en la URSS. Jorge Altamira participó como polemista en el tema “la cuestión nacional en Europa oriental”, a cargo de Istvan Jancsó, y en el tema “los acontecimientos de Petrogrado de 1927”, a cargo de Miklós Kun; integró una mesa redonda en el Instituto de Estudios Avanzados de la USP, sobre las perspectivas de la URSS, y presentó una comunicación sobre ‘los actuales acontecimientos soviéticos a la luz del análisis trotskista”, en el que tuvo como polemista a Pierre Broué. Finalmente participó de la Mesa Redonda de clausura junto a Seva Volkov, nieto de Trotsky, Pierre Broué, Michael Lowy y Aleksandr Podtchekoldin. En el curso del Coloquio participaron activamente los militantes trotskistas brasileños de Causa Operaría, y Rui Costa Pimenta intervino en dos mesas redondas relativas a los orígenes del PT y a la naturaleza de este partido.

1 de octubre de 1991
Balance del encuentro de la izquierda latinoamericana en México

La reunión de partidos de izquierda de América Latina y el Caribe (participó el PO), que se realizó en la ciudad de México entre el 12 y el 15 de junio pasado, sirvió como un registro del acentuado pasaje del conjunto de esos partidos hacia posiciones capitalistas y aún abiertamente proimperialistas. La reunión no osó asumir su nombre original de “Encuentro de Partidos y Organizaciones de Izquierda”, el cual fue reemplazado sin ninguna clase de inocencia por la tautología de “Encuentro de partidos y Organizaciones del Foro de San Pablo”, en referencia al lugar de la primera reunión, el año pasado. La política impulsada en esta segunda asamblea no toleraba siquiera el calificativo de izquierda, no digamos ya el de revolucionario. A este extremo se definieron sus planteamientos de inconfundible contenido capitalista e incluso reaccionario. La incapacidad del Encuentro para retener su nombre original, o para dotarse de otro con contenido político, es en sí misma una evidencia de la bancarrota de gran parte de la izquierda latinoamericana y en especial de su avanzada desmoralización. Es significativo que direcciones políticas que se ven obligadas a reemplazar su nombre político por un eufemismo geográfico, se hubieran jactado durante todo el Encuentro de representar una “nueva identidad”, no solamente política sino hasta cultural. Si esto fuera cierto habría que convenir en que la “vieja” También otras razones, más prosaicas por cierto, ayudan a explicar la mutilación operada en México. Ocurre que pocos días más tarde, una buena parte de los partidos que concurrieron al Encuentro debía trasladarse a otra reunión, esta vez en Santiago de Chile, convocada por la “Coordinadora de partidos políticos de América Latina”, la Coppal, para encontrarse con la mayor parte de los partidos gubernamentales o co-gobernantes de América Latina, empeñados en ejecutar con todo entusiasmo la política Neoliberal”. Liber Seregni, por ejemplo, que asistió a la reunión de México y que es presidente del Frente Amplio de Uruguay, es al mismo tiempo vice-presidente de la Coppal, de modo que puede decirse que la izquierda uruguaya cabalga sobre dos monturas; lo mismo ocurre con el PRD de México, quien tiene un acuerdo político con un ala del partido Demócrata de Estados Unidos; con el PS de Chile, que gobierna con el democristiano Aylwyn y Pinochet; o con el FSLN de Nicaragua, que confesó en el Encuentro que es un pilar del gobierno proimperialista de Chamorro. El PRD de México llegó a invitar al Encuentro “izquierdista” al presidente del partido gubernamental y entreguista de su país, Colosio Murrieta del PRI, precisamente en “su calidad de presidente de turno de la Coppal” (Excelsior, 11/6). A la luz de esta dualidad, la expresión “Foro de San Pablo” tiene los visos de un seudónimo que esconde la presencia de la Coppal, la que con nombre propio representa a los principales partidos burgueses nacionales y oficiales de América Latina. Un agudo comentario aparecido en el diario El Día, de México (14/6), señalaba que el Encuentro “(sugería) no tanto el nacimiento de un movimiento latinoamericano de oposición absoluta a la corriente efectivamente neo-liberal que invade América entera, como la habilitación calculada de un discurso (sic) reformista que vigile los excesos de la globalización capitalista emprendida en esta área por Estados Unidos… (una) función que no podrían hacer, por ejemplo, la Coppal ni mucho menos los partidos comunistas”. Viniendo de un diario oficialista, este comentario equivale a una bendición del Encuentro por parte del gobierno de Salinas de Gortari. Esta caracterización la recoge la declaración final del Encuentro, cuando afirma que a la reunión asistieron “fuerzas (que) tienen identidades (sic) nacionalistas, democráticas y populares” y “otras (que) llevan estos conceptos (sic) hacia identidades (sic) socialistas diversas” (sic), “todas comprometidas con las transformaciones estructurales requeridas para el cumplimiento de… la justicia social, la democracia y la liberación nacional”. Se trata, sin embargo, de una apología históricamente falsa del nacionalismo burgués y de un planteo que borra todas las diferencias de la izquierda con ese nacionalismo, lo cual demuestra que el derrumbe del aparato internacional del stalinismo no es sinónimo de derrota de la política stalinista de seguidismo a las burguesías nacionales. El escapismo político de la declaración hacia la nebulosa de las “identidades” y de los “conceptos”, incluso “diversos” (lo que reduce las estrategias políticas y la acción política a la condición de prejuicios), no hace más que traducir la impotencia de la política nacionalista, democrática e izquierdista para enfrentar al imperialismo y su imperiosa necesidad de arribar a un compromiso con éste. Después de todo, si los asistentes coincidieron con el planteo “¿Es que alguien tiene el monopolio de la verdad?” formulado en la ponencia presentada por Cuba, entonces, esta verdad bien podría estar del otro lado de la barricada. ¡Si no pregúntenle a Gorbachov! “Reestructuración hegemónica” Característica esencial del Encuentro fue el dejar de lado el balance de las luchas populares en América Latina, como la resistencia a la ocupación norteamericana en Panamá, o las huelgas contra los gobiernos democratizantes en Uruguay, Argentina, Brasil, Perú o la Dominicana, para plantear un debate académico sobre lo que se dió en llamar la “reestructuración hegemónica internacional”. Semejante temario constituye una definición política por sí misma, pues excluye, como ocurrió, la posibilidad de elaborar un programa de combate para los explotados, o incluso campañas de movilización política, tarea que fue sustituida por planteos de integración económica dentro de los marcos capitalistas, que en algunos casos llegaron a la propuesta de una alianza con el imperialismo norteamericano. Solamente un exceso de pudor logró evitar que se propusiera el “apoyo crítico” a la “Iniciativa Bush”, a semejanza del “apoyo crítico” del Frente Amplio de Uruguay al Mercosur. La especie de la “reestructuración hegemónica internacional” a cargo del imperialismo supone la posibilidad de un entendimiento “pacífico” y “democrático” entre los grandes monopolios que dominan el planeta. Lo que se verifica es, en cambio, una acentuada guerra comercial e incluso un recrudecimiento de los conflictos militares. La guerra del Golfo, aunque impulsada por un frente único oficial del imperialismo, tuvo como razón esencial la lucha interimperialista vinculada con el abastecimiento energético. En un documento presentado por el PRD de México, que se destaca, sin embargo, por plantear la necesidad de una alianza con el imperialismo norteamericano y que defiende la tesis de la “reestructuración”, se afirma, sin percibir las consecuencias del planteo, que “Las contradicciones entre esos bloques (EE.UU., Japón, Europa) pueden conducir, como en el pasado, a conflictos cuya naturaleza y alcances hoy no es posible prever”, es decir a una guerra mundial. “Son los peligros, sigue el texto, de un orden internacional dominado por grandes potencias con intereses antagónicos y conflictivos. La guerra del Golfo… es un adelanto de lo que puede venir”. Este sorprendente pronóstico de una situación revolucionaria de alcance planetario corresponde a una situación de crisis mundial y no de “reestructuraciones hegemónicas”. La política de insertarse en la “reestructuración” y la advertencia contra el peligro de aislarse de ella, no tiene ningún futuro, significa llevar a los pueblos al agujero negro de la barbarie. La catástrofe planteada no puede ser enfrentada ni superada por una política de “inserción independiente” en esos bloques económicos, lo que constituye una contradicción en sus propios términos. Solo una lucha internacional de clases para la reorganización socialista mundial constituye una estrategia realista frente a la catástrofe del capital. “América para los americanos” La declaración final del Encuentro plantea que “la transformación profunda (¿socialista?, ¿capitalista?) de nuestra sociedad” y ‘la integración política y económica de América Latina y el Caribe” son la “solución de fondo a las dificultades y problemas” y las que pueden “(evitar) la dependencia y la integración subordinada y pasiva con los países desarrollados”. Esta tesis supone que una integración latinoamericana en los marcos capitalistas y bajo la supremacía de los monopolios puede significar una superación del atraso de la región y la posibilidad de conquistar la independencia. Sin embargo, ciento cincuenta años de vida política independiente debieran haber alcanzado para persuadir de que las burguesías y oligarquías latinoamericanas son incapaces de una ruptura estratégica con el imperialismo. La realidad, por otra parte, está demostrando que el México “revolucionario” y el Chile “cristiano-socialista” están firmando acuerdos de libre comercio (entrega total) con el gobierno Bush, y que los países del Mercosur acaban de hacer lo mismo en los términos de un “acuerdo-marco”. La reivindicación de la integración en los marcos del monopolio capitalista significa simplemente el ingreso al famoso “bloque económico” norteamericano. Este es el alcance de lo aprobado en México. El PRD de México, saludado como partido anfitrión por todos los asistentes con las excepciones obvias, propone directamente “un pacto continental de desarrollo y comercio, que se conciba como instrumento para la construcción de un orden hemisférico y mundial equitativo y justo… ” (Discurso de Cuauhtémoc Cárdenas, ante la “Coalición Ar-coiris” de Estados Unidos, 6/6). Esta propuesta de una alianza con los Estados Unidos está explicada de la siguiente manera en la “contribución” presentada por ese partido al Encuentro: “… nuestros interlocutores económicos y políticos, dice su texto, son Estados Unidos y Canadá y no podemos aislarnos de los profundos entrelazamientos existentes entre esas economías y las nuestras (!!!), ni de las realidades continentales. La negociación, en particular con Estados Unidos, prosigue, es una necesidad ineludible, un dato de la realidad”. Por eso, “La integración latinoamericana no significa ignorar o excluir esa realidad, sino construir un marco de negociación conjunta… y no una integración subordinada a la hegemonía de Estados Unidos, donde éste negocia separadamente con cada uno de nuestros países”. Realistamente, el documento del PRD señala que ya no se puede volver atrás en los vínculos tejidos por las burguesías nacionales y las economías nacionales con el imperialismo y la economía mundial dominada por éste. Dentro de la sociedad capitalista no hay más remedio que tomarse la cicuta del capital financiero hasta el final. El PRD salta, sin embargo, al campo de la fantasía cuando pretende que la relación desigual con el imperialismo y la dominación político-social que éste ejerce sobre América Latina podría revertirse mediante una negociación global. Se olvida simplemente que está planteando esta posibilidad en el momento de mayor sometimiento económico, financiero y militar de toda la historia. La Declaración de México recoge esta línea política, claro que con cierto pudor. En ningún momento se diferencia de ella o la critica, ni tampoco ataca sus manifestaciones concretas como los tratados del Mercosur y del Merconor. Desarrolla la tesis de la posibilidad de una negociación de iguales con el imperialismo cuando pretende que una integración capitalista de América Latina podría “contribuir a forjar un nuevo orden internacional que respete nuestros valores nacionales y satisfaga las necesidades de nuestros pueblos”. Semejante “orden”, en las condiciones del imperialismo, no existirá jamás. Los firmantes de la declaración de México simplemente sólo tienen en cuenta el hambreamiento creciente de los pueblos a la hora de los discursos electorales o protocolares, pero de ningún modo como una expresión de la agonía del capitalismo y de la tendencia a la barbarie. Parecen creer que les alcanzaría con su reciente conversión a los principios democráticos más elementales (casi todos vienen del stalinismo o de los partidos nacionalistas “únicos”) para ejercer transformaciones milagrosas en la tendencia reaccionaria internacional del imperialismo. “Economía de mercado” En el primer encuentro realizado en San Pablo los convocantes se habían propuesto ofrecer un “modelo alternativo” de socialismo frente al derrumbe del “ socialismo real”. El intento terminó en la nada, esto porque lo único que pudieron ofrecer fue una entelequia: el reconocimiento de “la democracia” como “valor universal”, pero con la seria limitación de que nadie pudo definir a esa “democracia”. A este estéril resultado llegan todos los constructores de “modelos”, que soberbiamente pretenden sacar de la galera las recetas de la felicidad humana. Para superar el trance, el reciente II2 Encuentro resolvió englobar en el término “democracia” todo lo que encontró a mano, desde la “solidaridad social” hasta “la promoción de la identidad… nacional de los pueblos originarios de nuestro continente” y “la protección de la naturaleza”. Con lo cual venimos a enterarnos de que la “izquierda” latinoamericana impulsa no sólo la integración de América Latina sino también su desintegración, porque propugna la formación de nuevos estados nacionales allí donde existen agrupamientos indígenas. Que la democracia no es un “valor”, ni mucho menos “universal” (esto porque hasta los “valores” van mudando con el tiempo), lo prueba la conducta de varios de los partidos del Encuentro que apoyaron el bloqueo económico-militar a Irak. Los democratizantes latinoamericanos no pudieron conciliar aquí la contradicción entre el “valor universal” de la “democracia” norteamericana y europea (imperialista) y el “valor universal” de la “soberanía nacional” iraquí y de los países árabes en general (democrática). La democracia no es, por cierto, un “valor”, sino una forma históricamente determinada de organización del Estado. Traduce, entonces, la dominación política de la clase que controla los recursos económicos de la sociedad. La democracia constituye, en realidad, el más alto grado de perfeccionamiento que puede alcanzar el Estado como maquinaria de opresión, esto porque representa la forma acabada de separación entre el poder y la sociedad, la etapa histórica en que la división del trabajo entre la política y la producción social alcanza su mayor desarrollo. En oposición a la democracia el socialismo plantea la abolición del Estado y aquella división esencial del trabajo social. El socialismo no es “modelo” ni receta sino el resultado histórico del movimiento de lucha independiente del proletariado contra el capital, que se caracteriza por una constante crítica a sus experiencias y realizaciones. Si la izquierda latinoamericana fuera simplemente capaz de tener en cuenta esto, habría comprendido que la superación del “socialismo real” pasa por el desarrollo independiente del movimiento de lucha de los trabajadores soviéticos contra la burocracia, es decir por la revolución política. La incapacidad de la izquierda para apreciar las perspectivas revolucionarias (potenciales) del movimiento de masas en la URSS, la condena a apoyar la “perestroika” y a someterse al imperialismo. ¡En México, la preocupación por “re-definir” el socialismo se trastocó “mágicamente” en la defensa de la “economía de mercado”! Esto no debe sorprender, ya que está en consonancia con la “integración latinoamericana” y la “inserción” en la “reestructuración” o “nuevo orden” internacional. “En el campo económico, dice la declaración, se trata de que la organización democrática de la sociedad defina las funciones del mercado y la participación del Estado en la vida económica”. En la “contribución” del PRD de México el planteo se explícita más: “hay que crear condiciones de rentabilidad, dice, para impulsar la capacidad de inversión en sectores claves estratégicos y prioritarios… Se trata de impulsar una liberalización gradual. El problema no reside en la apertura per se, sino en los términos que se puede manejar”. Es el planteamiento típico de los “capitanes de la industria” y de los “clubes de exportadores”, que por otra parte están unidos por mil lazos al imperialismo. La “economía de mercado”, en las condiciones del monopolio capitalista, significa reafirmar la supremacía de este monopolio. Los firmantes de la declaración pretenden “definir las funciones del mercado”, algo que sin embargo no hacen, pero es en realidad la defensa del mercado capitalista la que define la función de los firmantes. Esto se ve claramente en la picante cuestión de la deuda externa, que la declaración cuestiona pero absteniéndose rigurosamente de proponer la medida “anti-mercado” de desconocerla o no pagarla. La declaración constituye un reconocimiento de principios de la obligación de pagar la deuda externa. El PRD de México, el PT de Brasil y el FA de Uruguay, entre otros, ya asumieron oportunamente esta posición. ¡Pero el pago de la deuda externa es ab-so-lu-ta-men-te incompatible con cualquier independencia de América latina, integrada o como sea! La alternativa al “socialismo real” ha quedado reducida al más crudo, prosaico y vulgar capitalismo. “Sociedad organizada” Pero el asunto de la “definición” de las “funciones del mercado” no termina aquí. El borrador de la declaración traducía más claramente el planteo de sus autores, esto porque hablaba de “(poner) límites consensúales a la acción del mercado”. Esta formulación que los izquierdistas lanzan mirando amenazantes a los monopolios capitalistas, apunta en realidad contra los trabajadores, ya que esos 'límites consensúales” no son otra cosa que el recorte de la libertad de los trabajadores para negociar el precio de la fuerza de trabajo en el mercado, sea a través de regulaciones legales, sea a través del “pacto social”. El único límite histórico a la acción del mercado capitalista es el que impone la acción de la clase obrera cuando se organiza como masa; la declaración la sustituye con “definiciones” y “consensos”. Esto le da un definido carácter reaccionario. En oposición a estos planteos patronales, la izquierda debió haber denunciado toda limitación a la acción de los sindicatos y la necesidad de luchar por direcciones clasistas y revolucionarias. La declaración no se limita, sin embargo, a encubrir con eufemismos la regimentación de los sindicatos. Pretenden proyectar esta reglamentación a la organización de la sociedad, de la que reclama que sea “justa, democrática y organizada”. Esta “sociedad organizada” es el sucedáneo de la “comunidad organizada” de Perón, o sea la integración al Estado (burgués) de las organizaciones que responden a las diversas clases sociales, pero en particular a los trabajadores. El planteo está sacado de la ponencia del PRD, el cual sin embargo se anticipa a la acusación de pretender una “opción o tentación corporativa. Hablamos, dice, de sociedad organizada independientemente del aparato estatal y frente a él”. Pero esto es, obviamente, pura verborragia, pues toda organización contra el Estado equivale a un doble poder y a la des-organización, así como la pretensión de unir a explotadores y a explotados, en oposición al Estado de los explotadores, tiene ya directamente que ver con el macaneo. Sería poco republicano, por otra parte, que un “demócrata” propugne la organización de la sociedad “frente" al parlamento. La pretendida “sociedad organizada” frente al Estado no puede existir, en la realidad, más que como la regimentación de la sociedad por el Estado o al servicio del Estado. La “contribución” del PRD —un partido que, como se puede ya ver, fue más que un anfitrión un guía— llega a plantear la “obsolescencia… de las organizaciones sindicales, campesinas y populares” (que se habrían convertido en “trabas”) y a proponer en su lugar “nuevas formas organizativas correspondientes a los desafíos actuales”. La vaguedad de la idea y lo que el PRD entiende por “desafíos actuales” llevan a la conclusión de que propone la liquidación lisa y llana de los sindicatos. No es ésta una deducción arbitraria cuando se tiene en cuenta que todo el “centro-izquierda” latinoamericano y la mayor parte de la burocracia sindical.han estado arremetiendo contra el “reivindicado-nismo” y el “sindicalismo reivindicativo”, a los que consideran desactualizados en las condiciones de la crisis capitalista. Esta gente, habla alternativamente de la crisis capitalista y de su “reestructuración”, según las conveniencias. Pero es precisamente la crisis capitalista y la tendencia del Estado a querer superarla por medios que no son para nada de “mercado”, lo que exige más que nunca sindicatos independientes, con el agregado de que deben ser revolucionarios para enfrentar la acción centralizada del Estado. La liquidación de los sindicatos (a eso equivale privarlos de independencia) es una necesidad emergente de la integración y de la “reconversión” que trae aparejada la crisis (cierres, despidos, destrucción de fuerzas productivas). En México, la izquierda ha ido muy lejos en su adaptación política al capitalismo y al Estado burgués. ¿“Solidaridad con Cuba”? Los asistentes se jactaron en innumerables oportunidades de que el Encuentro había sido un evento de solidaridad con Cuba. Hubo hasta quienes justificaron por esta razón su voto a favor de la declaración (“sotto voce”, claro). Pero pocas veces fue tan cierto aquello de “dime de lo que te jactas y te diré de lo que adoleces” Los “cubanistas” de nuestra América India, Echegaray “in testa”, se quedaron, en México, en pelotas. La reunión, en primer lugar, aprobó una agenda de actividades que contempla “seminarios”, “reuniones”, “celebraciones” y “foros” (foros especialmente), pero ninguna acción contra el bloqueo norteamericano contra Cuba, ninguna acción contra la violación de la soberanía cubana por parte de radio Martí, i) mucho menos una acción contra el sabotaje gorbachiano de incumplimiento de los compromisos comerciales con Cuba. La “solidaridad con Cuba” (y para el caso con Panamá, Haití, El Salvador, Nicaragua, Malvinas, etc.) fue, como dicen los chilenos, “un saludo a la bandera”. ¡Pero si sólo hubiera sido esto! El conjunto de la resolución aprobada por el Encuentro, en particular el planteo de integración en el marco capitalista, sea con vistas a la negociación con Estados Unidos o al nuevo orden mundial “justo”, lado a lado con el imperialismo, significa la marginalización internacional de Cuba o la exigencia de que liquide las bases sociales establecidas por la Revolución. Los asistentes vivaban a Cuba al mismo tiempo que ponían todo su empeño en cavarle la fosa. La reunión exhortó a Cuba, como ya fue dicho, a que “defina las funciones del mercado” y a que se someta a ese equivalente de terminal de la evolución humana que es el régimen de la democracia (burguesa). Los planteos del Encuentro reclaman a Cuba que se asimile social y políticamente “a la realidad” de la “reestructuración internacional”… sin hegemonía. La delegación cubana aceptó en forma más o menos integral estos planteos… y hasta fue un poquito más allá. En su “contribución” afirma que “La Revolución Científica Técnica… amplió los márgenes para la reproducción del capitalismo como sistema y se convirtió en un elemento determinante en las relaciones internacionales…” Es obvio que un contexto internacional de estas características hace imposible un proceso socialista, pues éste sólo puede prosperar cuando las fuerzas productivas se insurgen contra las relaciones de producción capitalistas, y nunca cuando éstas impulsan a aquéllas. Ciertamente, la delegación cubaba presentó una visión distorsionada de la realidad» y por este motivo interesada, ya que los incrementos en la productividad del trabajo (que no igual a una revolución técnica o industrial) han creado una sobreproducción crónica de capital y mercancías, que se manifiesta en la guerra comercial, las quiebras bancarias, el hundimiento de naciones enteras por el endeudamiento “excesivo” y hasta las guerras “calientes”. A pesar de los lógicos roces prácticos con Gorbachov, el planteo cubano es de cuño gorbachoviano. En otra parte, la ponencia afirma que “el desarrollo económico y científico se caracteriza por su globalización… la creciente interrelación de las economías, mercados, tecnologías, comunicaciones, problemas ecológicos y otros… Globalización e interdependencia empujan y arrastran (sic) al mundo entero hacia la integración”. Traducido al lenguaje de la ciencia social o de la lucha de clases, esto significa que Cuba no tiene alternativa social frente al imperialismo. Pero esta visión también es inadecuada e interesada, esto porque la crisis capitalista mundial, al mismo tiempo que ha profundizado la integración de determinadas ramas y países o regiones a la economía mundial, también ha acentuado la marginación de la inmensa mayoría del mundo del circuito económico internacional, como lo revela el creciente distanciamiento económico entre las metrópolis y las periferias y la descomunal caída de la participación de éstas en el comercio mundial. El imperialismo ha mundializado el saqueo económico y ha regionalizado aún más el desarrollo. Por último, el planteo cubano se inscribe en la tesis de la integración (capitalista) de América Latina: “… cómo puede un país pequeño, uno mediano o incluso un país grande de América Latina desarrollarse sin la integración económica… ” se pregunta Fidel Castro, citado en el texto. Si esto es así, Cuba no tendría más remedio que asimilarse al régimen social que impera en América latina. La tesis cubana pretende encontrar en la integración latinoamericana el sustituto a la perimida integración en el bloque soviético, sin reparar que las posibilidades de salida en este caso son monumentalmente inferiores a las que ofrecía el otro. En uno y otro caso, el régimen castrista busca una válvula de escape a una crisis que es anterior a la famosa “caída del muro” y que tiene que ver, en primer lugar, con el ahogo que sufren las fuerzas productivas cubanas como consecuencia de los desmanes burocráticos. En lugar del pozo ciego de la integración capitalista, Cuba necesita una revolución política que establezca un verdadero régimen político de los trabajadores y una enérgica liberación de las potencialidades de la pequeña producción. La política de asimilación social de América Latina fue claramente acuñada en la propuesta de solidaridad con Cuba redactada por la delegación de este país. En su párrafo final “exhorta a todos los gobiernos (¡ojo!) de la región a reivindicar, sin condicionamientos, el derecho de la República de Cuba a integrarse al sistema interamericano… ” (La República, Montevideo, 23/6). Se trata nada menos que de una reivindicación de la OEA, el ministerio de colonias de Estados Unidos. “Condicionamientos” o no (¿y cómo los “gobiernos” capitalistas podrían hacer alguna cosa sin “condicionar” a los pueblos ni dejarse “condicionar” por el imperialismo?), se trata de una asimilación a las instituciones políticas creadas por el imperialismo para ejercer la tutela diplomática, política y militar de las naciones latinoamericanas. A la luz de estas evidencias parece claro que la única solidaridad con Cuba y con la revolución cubana estuvo expresada en el único voto en contra que se manifestó en México: el del Partido Obrero de Argentina. “Los gobernantes del 94” A la hora de lo brindis y de las congratulaciones, los asistentes l Encuentro festejaron anticipadamente la que estimaron una victoria electoral cierta en 1994/95, al menos en Brasil, Uruguay, México y alguno más. En la reunión, los candidatos de la hazaña actuaron, ciertamente, como partidos del gobierno… Sin embargo, en los informes principales del Encuentro se tras+o in balance horripilante de la situación de América Latina. “Década perdida”, “la peor crisis desde 1930”, “fantástico retroceso social”, “hambre y pauperización”. Estos habían sido los “logros” de los procesos de democratización y de los regímenes democratizantes de Latinoamérica. Pero en lugar de ver en esto los síntomas de crisis revolucionarias, los expositores prefirieron destacar lo que definieron como incremento de “la participación política”. La deformación de esta conclusión no podría ser más alevosa cuando se piensa que en la mayor parte del sub-continente la democracia gobierna por decreto. Si con una “participación política” en aumento el imperialismo puede saquearnos a escala histórica, lo que sería con una “participación” en disminución. El desprecio de los asistentes al Encuentro por los resultados sociales de los procesos políticos, constituye por sí mismo una expresión del desprecio por el destino social de las grandes mayorías populares. Con toda evidencia, un sector de la pequeña burguesía, por minoritario que sea, parece haber escapado al flagelo por el momento. La aspiración de ser gobierno dentro del marco de los procesos políticos y sociales en crisis y descomposición, solamente puede ser interpretada como un intento supremo de salvar las condiciones políticas y sociales que han engendrado esa descomposición. Como lo dijo la Intendente de San Pablo, Brasil, oriunda del ala izquierda del PT, ella como ciudadana estaba a favor de los choferes de ómnibus en huelga, pero como Intendente debía contratar rompehuelgas para defender la administración del Estado. Para Jaime Pérez, secretario general del PC de Uruguay, una democracia que nos permite ser gobierno no puede ser calificada de tutelada ni restringida (según la versión de uno de los delegados de la delegación frenteamplista uruguaya). En el Encuentro de México se han esbozado las políticas con las que la izquierda pretende ser gobierno, y que en todos los casos pasan por “alianzas” con otros partidos y clases sociales del campo de la gran burguesía, y por sobre todo con el okey del imperialismo. Esto es lo que el Fral y el partido comunista de Argentina votaron y apoyaron con entusiasmo, luego de haber prometido que no se “bajarían” del nivel de definiciones del Encuentro de San Pablo. Pero finalmente el compañero Echegaray se “bajó’’ sl» pero los pantalones, esto se debe a que la línea democratizante de México (incluidos sus aspectos francamente contrarrevolucionarios) corresponde al programa y la política de un sector incapaz de dejar de ser staliniano.

1 de octubre de 1991
El Congreso del Partido dos Trabalhadores

Antes de fin del corriente año se realizará el 1er Congreso del Partido de los Trabajadores. De él fue excluido Causa Operaría, corriente fundadora del PT, cuyas Tesis no fueron publicadas en el “Diario del Congreso”. Esto siginifica que Causa Operaría “fue excluida del debate entre los militantes del partido en todo el país, un debate que fue presentado como una convocatoria general, no sólo para los militantes del partido sino también al movimiento obrero y a los representantes políticos de otras clases sociales” (Causa Operaría, n2 135, 21/6/91). No sólo eso, el mismo número de tesis publicadas (diecinueve), que pretende dar la impresión no ya de un debate amplio sino de una verdadera orgía democrática, es en realidad una cortina de humo. Es que el número de tendencias reconocidas es muy inferior al de las tesis presentadas, lo cual significa que otras tendencias, también no reconocidas (o para hablar con más precisión, que ni siquiera pidieron su reconocimiento, como es el caso del “PT Vivo” —Tesis 10— o del “Movimiento por la Tendencia Brasil Socialista” —Tesis 16) tuvieron sus tesis publicadas. ¿En el PT, entonces, hay dos pesos y dos medidas? Mucho más que eso. Causa Operaría ha señalado que “fuimos informados de que el veto es político”, algo que confirmó una publicación oficial del PT. “El ‘Diario del Congreso9 —señala Línea Directa, n- 44, 14/6/91— acaba de salir trayendo diecinueve pre-tesis al 1er Congreso. De las veintiuna presentadas a la Comisión del Congreso, no fueron aceptadas dos por no estar dentro de los criterios establecidos por el Directorio Nacional: una, de Timoteo-MG, por no traer el número suficiente de firmas; otra, por tener como signatarios a integrantes de una corriente no reconocida como tendencia por el Partido, Causa Ope-raria”. Así, simplemente, el órgano oficial del Congreso anunció un hecho de importancia capital en la discusión que precede al 1er Congreso: la exclusión sumaria de una tesis, presentada dentro de los plazos y normas reglamentarias, sólo por el hecho de estar firmada por miembros de Causa Operaría, tendencia no reconocida (a pesar de haber solicitado ese reconocimiento dentro de los plazos y normas vigentes). Causa Operaría ya presentó el recurso correspondiente ante las instancias partidarias. Como el lector podrá apreciar a través de la lectura de las tesis de CO (que reproducimos más adelante), éstas se sitúan firmemente en el terreno del socialismo revolucionario y de la lucha por un PT revolucionario. CO también presentó otra pre-tesis, sobre la “concepción y la práctica de construcción y actuación partidaria”, dentro de las normas congresales aprobadas por las instancias dirigentes, que también fue vetada. Por otro lado han sido publicadas pre-tesis situadas claramente fuera de estas normas, como la Tesis 14, destinada casi exclusivamente a discutir la cuestión de los parlamentarios petistas, como si la cuestión histórica del socialismo y la cuestión de la construcción del PT se redujera a eso (reducción que, en verdad, vale por todo un programa). Las direcciones del PT y del Congreso violaron las normas que ellas mismas establecieron, para no hablar del espíritu, que según esa dirección “sólo sería verdaderamente democrático si estuviéramos dispuestos a examinar e (intentar) comprender las contribuciones ajenas y no sólo a (intentar) convencer a nuestros interlocutores de la justeza de nuestras propias opiniones.” (Diario del Congreso, n2 2). Se está intentando impedir no sólo la comprensión sino también el conocimiento de la opinión de los militantes y de una corriente empeñados en la construcción del PT desde el nacimiento del partido, e incluso antes de eso. Si se continúa por este camino, el 1er Congreso del PT será realizado, a pesar de las apariencias, bajo el signo de la proscripción política declarada, abriendo un precedente que será usado de inmediato contra cualquier corriente o militante. Que esto no es una fantasía queda demostrado por el hecho de que una de las tendencias más promocionadas por la gran prensa, la Nueva Izquierda (Tesis 17), abrió el fuego — ¡después de la aprobación de una reglamentación de las tendencias ultra-restrictiva!— contra el hecho de que “dentro del PT, algunas supuestas tendencias (de hecho, fracciones) se consideran estratégicas, incluso más que el propio PT”. ¡Esta gente quiere más exclusiones, no vacilando en apelar al más castigado pretexto stalinista (“fraccionismo”), y tienen la cara de piedra de presentarse como los heraldos de la “democracia”! Todo militante petista democrático y comprometido con las luchas de la clase trabajadora tiene el deber de rebelarse contra esta comedia seudo-democrática y represiva. Una discusión contra el socialismo y la organización política de los trabajadores. La característica destacada de la discusión establecida es el hecho de que las tendencias que están de moda por la atención que les dispensa la prensa y por el hecho de ocupar posiciones en el aparato del Estado burgués —intendencias, parlamento federal —(Nueva Izquierda, Vertiente Socialista, PT Vivo y otras) aprovecharon la discusión pre-Congreso para una ofensiva en regla contra el socialismo y la lucha de clases. En la Tesis 4, presentada por la diputada Irma Passoni, se añrma que “no es más posible que pensemos en una sociedad sin instituciones, clases sociales y ninguna forma de dominación como un proyecto histórico realizable. Por esto, la cuestión de la democracia debe ocupar un lugar central y permanente en la lucha de los socialistas. Ya que el Estado existirá siempre”. Esta tesis, “Socialismo democrático y humanista”, defiende la “democratización de las empresas”, ya que, según estos futurólogos de turno, la propiedad privada de éstas también existirá siempre. Que en una discusión sobre el socialismo, exista una tendencia importante que considera a la propiedad privada de las empresas como el “nec plus ultra” del humanismo, revela el grado de distorsión de la discusión. Ya en la Tesis 10 (PT Vivo) es visible el pensamiento de la filósofa municipal, Marilena Chauí. Allí se afirma que “recuperar para el socialismo el carácter de utopía implica subordinarlo a la crítica de la democracia. El socialismo sólo tiene sentido como democracia} o no será impulsor de utopía. Sería bueno preguntarle a los autores de esta tesis si el despido de los conductores de ómnibus en huelga de la CMTC (transporte de San Pablo), o la utilización del aparato del Estado como máquina de intimidación de los huelguistas, forma parte de la “utopía” (de ellos). El contenido, sin embargo, es claro: el socialismo es un valor subordinado a la “democracia” (se trataría, por tanto, de una discusión sobre la democracia y no sobre el socialismo). Pero la democracia es un sistema político que surgió históricamente sobre la base de la opresión de clases. En su máxima expresión, como democia-cia plena para los explotados, la democracia continuará expresando una relación clasista (contra los explotadores) hasta que las clases desaparezcan y, por lo tanto, según las palabras de Marx, “el estado perderá su carácter político (o democrático)”. Suponer la eternidad de la democracia (o la eternidad de la polis) significa atribuirle eternidad a una creación histórica, y por lo tanto, perecedera. Pero aquí no se trata sólo de un nuevo “Dios en la tierra. El PT Vivo, que dedica sólo una línea a reivindicar “el papel de la propiedad privada en el proceso de construcción de una sociedad libre y democrática” (diferenciado en el original), gasta largos párrafos para condenar la estatización, origen aparente de todos los males de la sociedad contemporánea. El Dios del PT Vivo, como el Dios católico, es una Santísma Trinidad, con su Mesías (la democracia) y su Dios Padre (la propiedad privada de los medios de producción). Dejamos para la imaginación del lector adivinar quién es el Espíritu Santo. ¿Un congreso de derecha? Todo esto parecería una discusión de tenderos, cara a Marilena Chauí, se no fuese, como afirma Causa Operaría, que “la discusión sobre el socialismo, principalmente teniendo en cuenta el papel central que se le pretende conferir, aparece como un debate abstracto y sin consecuencias. Sin embargo, no es así, en torno a esta discusión se estructuran dentro del PT las líneas de acción del partido ante la situación política de hoy. Así, si la ‘democracia’ debe ser un valor a preservar en nuestro modelo de socialismo, se vuelve necesario asumir una posición sobre la democracia de hoy, preservarla, en partes o en todo.” La Tesis 12, Vertiente Socialista, tiene un título significativo: “Vida nueva para el PT”. Lo que significa que, de ahora en adelante, en lo que dependa de esta tendencia (y de otras) tendremos un nuevo partido. ¿En qué sería nuevo? No, evidentemente, en la renovada condena por parte de la VS al “leninismo”, a “la herencia de la IIIa Internacional” y a otros temas que, de tan llevados y traídos en los últimos diez años, resulta incluso agotador discutirlos. Lo “nuevo” sería un PT “con una visión ampliada de partido” (que de tan “ampliado” ya no sería lo que la palabra indica, una “parte” de la sociedad), “laico” (sin ideología, o sea, desarmado frente a la ideología de las clases dominantes, volcada cotidianamente sobre los trabajadores) y, sobre todo, un “partido de opinión que presenta proyectos para toda la sociedad”, o sea, un partido que no defiende intereses objetivos de clase (sino opiniones, necesariamente subjetivas), y que sirve a los intereses de todas las clases, lo que —en una sociedad de explotadores y explotados— significa defender objetivamente los intereses de los primeros. Para llevar a cabo esta supuesta “nueva utopía” (en verdad, más vieja que andar a pie), la VS da una novísima definición de “trabajadores”: “cuando nos referimos a trabajadores queremos designar al conjunto de aquéllos que pueden caminar bajo el influjo de la utopía socialista”. Ahora bien, la palabra “trabajador” proviene —según se sabía— de “trabajo” y no de “caminata”, “influjo” u otras del mismo género. Ser trabajador u obrero implica ocupar un lugar objetivo en la producción, no un lugar imaginario en la cabecita de los ideólogos de VS. Cuando los utopistas del pasado llamaban “trabajadores” a los empresarios industriales, lo hacían en oposición a la ociosidad aristocrática o feudal: los seudo-utopistas del presente ni siquiera tienen esa disculpa. El PT (?) de VS es un PT de cualquiera, lo que significa, hoy, un PT de la burguesía. Ese es el sentido de la afirmación de la Tesis de que “el PT está para ser reinventado, refundado, creado por segunda vez”: debe ser destruido como partido de los trabajadores. Y es para hacer pasar esta destrucción (o “refundación”) que la VS propone “un partido con derecho de tendencia pero no de fracción” (diferenciado del autor): después de golpearse el pecho y rasgarse las vestiduras con la “democracia”, la VS retoma el argumento más antiguo con el cual el stalinismo “depuró” a los PCs, hasta transformarlos en los aparatos de la burocracia. El bolchevismo reconocía el derecho de tendencia y de fracción (“último recurso para mantener la unidad partidaria”): que la VS critique al bolchevismo por ausencia de democracia revela que en los últimos tiempos el caradurismo carece de límites. La Nueva Izquierda, Tesis 17, también propone la “transformación del partido”, en un sentido todavía peor, si eso fuera posible. Para la NI, “el Congreso será la oportunidad para el PT para asumir una idea fundamental: la de que el tiempo libre es uno de los conceptos esenciales sobre los cuales se podrá estructurar un nuevo modo de vida”, algo que además de revelar las alturas etéreas en que se mueven estos dirigentes, suena como una broma siniestra en un país con más de un millón de desocupados sólo en el Gran San Pablo. La Nueva Izquierda es declarada y asumida-mente pro-capitalista, encubriendo su ideología con la cantinela habitual: “democratizar la propiedad, la renta y el mercado”. NI es la tendencia que representa en el PT a las sociedades anónimas y a la Bolsa de Valores. Para ella “la alternativa sería la combinación inteligente entre mercado y plan, con base en una diversidad de formas de propiedad. Esta combinación sería una garantía tanto de eficiencia como de democracia, expresada en la acción de los varios agentes económicos. Una acción que no es libre en términos absolutos sino regulada por el Estado, para no cristalizarse en nuevas (o viejas) formas de explotación.” Lo que esa “combinación inteligente” lo que todo eso, en suma, significa, nadie lo sabe, y la Nueva Izquierda menos que nadie. Pero toma sentido cuando la Nueva Izquierda condena “la idea íntimamente asociada a la escatología comunista que preconiza el fin mismo del Estado como institución, o sea, una sociedad "sin Estado”. ¡Y viva el Estado! La escatología (sin comillas) de la Nueva Izquierda tiene el mal olor de la guerra fría. Es una lástima que sus dirigentes no puedan ser invitados a participar de una asamblea obrero-anarquista de principios de siglo… Una Articulación desarticulada La Tesis 8, de la tendencia dirigente del Partido, revela la profunda crisis en que ésta se encuentra. Es, para comenzar, provisoria (“todavía en fase de discusión en la propia tendencia”), sorprendentemente pobre y no firmada por los miembros tradicionales de esa corriente, que firman otras tesis (o ninguna). Toda la Tesis está colocada bajo el signo estratégico de la conciliación de clases, frentepopulista: “propuestas que sirvan de base para una política de alianzas que envuelva al campo democrático-popular y sectores progresistas del Congreso Nacional y de la sociedad” (¿y las clases sociales?). La carnada es el famoso “Estado socialista de derecho”, que ya ni la burocracia gorbachoviana consigue sostener, sin hablar de que se trata de una contradicción en sus términos: el Derecho implica la existencia de desigualdades sociales (que éste reglamenta), o sea, que todavía no se alcanzó la fase socialista del desenvolvimiento social. Estado en el cual, a su vez, “los mecanismos de la democracia representativa” deben ser “conjugados con las formas de participación directa del ciudadano en las decisiones económicas, políticas y sociales”, formas éstas, subordinadas a aquéllas, que consagran la eternidad de la burocracia estatal propia del Estado burgués (“los representantes”). ¡Y pensar que el movimiento obrero moderno surgió con el Cartismo que, ya en la primera mitad del siglo XIX, reivindicaba la revocabilidad anual de los parlamentos! Pero todo eso no pasa de “discurso” para hacer pasar la propuesta real: la “reforma del Estado” (éste que está aquí) para lo que el PT debería “presentar propuestas de políticas públicas (salud, educación) que demuestren nuestra capacidad y aptitud para gobernar”. Aptitud esta que el PT debe “probar” para “toda la sociedad”, o sea, para los que controlan el Estado (las clases dominantes y su burocracia civil y militar). Como es habitual, hay un lugarcito para “las luchas sociales no institucionales y no siempre (!) legales”, pero resaltando que “el proceso electoral (es) un momento de máxima cristalización” (de la lucha por la hegemonía): un partido básicamente electoral. Pero es en el campo internacional donde se verifica el meollo de la posición de Articulación. Propone, contra el “capitalismo realmente existente”, “reconstruir la utopía socialista”, esto porque “las revoluciones que expropiaron el capital en varios países del globo, fracasaron en su intento de fijar un punto de partida y un camino para el desenvolvimiento del socialismo”. Lo importante aquí es que se responsabiliza por el fracaso a la expropiación del capital (revolución) y no a la contrarrevolución burocrática, producto, a su vez, de la presión capitalista sobre las revoluciones aisladas. Si esto fuera verdad, la conclusión es obvia: la “nueva utopía” debe partir de la no-expropiación del capital, o sea, será sólo, como las viejas utopías, la expresión ilusoria de la descarnada realidad actual. La afirmación de que “todas las relaciones internacionales establecidas después de la Segunda Guerra Mundial son hoy cosas del pasado” es, en este cuadro, falsa: la intervención imperialista en el Golfo Pérsico, el envío de tropas rusas a las repúblicas bálticas, la masacre de los palestinos por el Estado sionista revelan que, si el “orden” de Yalta y Postdam está en total crisis, está muy lejos de haber sido sustituido por un nuevo orden. Pero Articulación afirma esto para proponer “un nuevo movimiento de los trabajadores, a nivel nacional e internacional”. ¿Qué sería lo “nuevo”? “Una política de alianzas amplia y sin exclusivismo”, que consistiría en “superar los límites de la pura retórica solidarista” (adiós palestinos, salvadoreños, pueblos en lucha), por acciones como “el encuentro entre Lula, Cárdenas y Jesse Jackson en Estados Unidos”. O sea, una política internacional en la que el “realismo” consistiría en aliarse, no con los trabajadores en lucha sino con un miembro histórico de la dictadura priísta de México (gobernador durante largos años del Estado de Michoacan) y con un miembro “de izquierda” del esfeablishment del imperialismo norteamericana que, en un reciente reportaje en New Perspectives Quarterly ¡se pronunció sin pelos en la lengua por la intervención militar yanki en América Latina para “combatir el tráfico de drogas” (último pretexto imperialista) en virtud de la “debilidad de los ejércitos latinoamericanos”! Para quien piense que éstas son conclusiones exageradas a partir de un circunstancial “menage a trois”, resta aún lo más importante: “la CUT no puede dar la espalda a las profundas transformaciones en curso en el sindicalismo mundial, con la virtual extinción de la FSM (Federación Sindical Mundial)” (¿romper con la burocracia stalinista, entonces?) “y la expansión político-organizativa de la CIOSL (Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres)”: ¡aliarse, por lo tanto, a la histórica quinta columna del imperialismo contra el movimiento obrero independiente y las naciones latinoamericanas y cómplice de los golpes militares! Articulación traduce en política lo que la derecha partidaria propone teóricamente, pasando “de la retórica a la práctica” (derechista): esto está en la base de su crisis y de la crisis del propio PT. La seudo-izquierda Como es habitual, habrá en este congreso una “izquierda petista” incapaz, también como es habitual, de superar las posiciones pro-burguesas de las tendencias mayoritarias. En el caso de la Democracia Socialista (Tesis 9), es más que eso, pues hace un trabajo de verdadero encubrimiento de las tendencias derechistas, afirmando que las resoluciones mayoritarias son “una síntesis de culturas libertarias” y que, hasta hoy, predominaron en el PT “los elementos revolucionarios”. Para esta tendencia, que alguna vez se dijo trotskysta, se debe “incorporar críticamente el marxismo al lado de otras tradiciones revolucionarias y libertarias” (¿críticamente éstas también? ¿Será el marxismo una “tradición”? ¡Qué prostitución!), para crear, también, “una utopía socialista” (algo que parece estar de moda), que consistiría en “concebir el socialismo como una gran construcción de la democracia”: si se trata de eso, ¿por qué no construir una democracia, sin adjetivos, directamente? La DS saluda el programa “antimonopolista, antimperialista y antilatifundiario” que Articulación tomó prestado del stalinismo para justificar la “etapa democráticaSu papel esencial, sin embargo, es encubrir las posiciones antiobreras y antisocialistas de la derecha petista, disculpándolas bajo el argumento o pretexto de que “esta construcción de una posición revolucionaria mantiene una relación fraterna con los compañeros que, a partir de la indignación ante el salvajismo del capitalismo brasileño, trabajan en la expansión de la ciudadanía y las reformas democratizantes del orden.” Convergencia Socialista (Tesis 19) quiso hacer, en los Encuentros pasados, del optimismo “revolucionario” generalizado un eje de delimitación política, sin planteamientos estratégicos diferenciados. Esta vez se presenta hablando de una “contraofensiva del imperialismo”, que no dejaría de plantear la “ruptura revolucionaria”, lo cual exime a CS del análisis concreto de la situación concreta actual. CS no se diferencia estratégicamente de las tendencias antimarxistas, pues, aunque defiende el “socialismo” ( pero hasta la derecha se pronuncia ritualmente en ese sentido), no defiende los medios para alcanzarlo: la dictadura del proletariado (gobierno obrero y campesino). Se trata, por lo tanto, de un planteamiento democratizante seudo-revolucionario (“democracia de los nervios y los músculos”) que tiene su eje en la propuesta de “socialismo con democracia”, correctamente criticada por la Tesis 2: “La idea de democratizar la herencia burocrática se revela equivocada teóricamente e irrealizable prácticamente. La reforma del llamado socialismo real — tanto sustantiva, como ocurre con la expresión ‘socialismo con democracia' como adjetiva, que es el caso del ´socialismo democrático’ o ‘humanístico’— permanece todavía en el universo conceptual de la burocracia. Pero la CS no se detiene ante sus contradicciones y para hacer pasar su “socialismo con democracia” no vacila en mentir descaradamente: “Es el socialismo de las más amplias libertades de prensa, de organización, de libertad de pensamiento, de libertad absoluta para la cultura, el arte, la investigación científica. Un régimen así no es utópico. Existió de forma pionera y embrionaria durante un corto período, después de la Revolución Rusa de 1917. Fue el régimen de Lenin y Trotsky, antes de ser destruido por la contrarrevolución stalinista.” La CS sabe perfectamente que “el régimen de Lenin y Trotsky” suprimió “las amplias libertades de prensa”, y hasta los partidos . (incluso “socialistas”) de oposición, cuando pregonaban la caída del gobierno soviético, en el cuadro de la guerra civil y poco después de ella. Hizo esto porque el gobierno bolchevique no era “una democracia en general” sino una dictadura de clase (del proletariado) contra los explotadores, internos y externos. Y lo hicieron con un carácter temporario y excepcional que después el stalinismo volvió permanente (inclusive la prohibición de fracciones dentro del partido). Esta deformación conciente de la realidad histórica, realizada por Convergencia Socialista, pone en evidencia que el “socialismo con democracia” no pasa de una “democracia” con "colores sociales”, o sea, no pasa de una capitulación ante la moda democratizante en boga en el PT y en la izquierda, y que es en verdad una capitulación estratégica ante el Estado burgués. La CS cumple una función esencial en el PT: encubrir la política burguesa democratizante con argumentos “bolcheviques”. Se trata de una tendencia inconsistente, sin programa y dedicada a explotar en los últimos años el oportunismo “izquierdista”. Conclusión Entre una derecha osada y una *izquierdan inconsecuente, sumada a la proscripción política de los trotskystas, ¿qué esperanzas existen para los militantes petistas obreros y revolucionarios? Ellas se basan, en primer lugar, en el hecho que los planteamientos señalados chocan con las tendencias objetivas fundamentales de la lucha de clases, a nivel nacional e internacional. Pero esto no alcanza. Es necesario a) defender la plena vigencia de la democracia obrera en el PT, exigiendo el levantamiento de la prospcripción a Causa Operaría; b) encarar la discusión con vistas a la clarificación de una orientación y de un programa revolucionarios. Algunas pre-tesis defienden, correctamente, la dictadura del proletariado (Tesis 6), o el marxismo y la revolución proletaria (Tesis 18). Pero esto no se traduce en una crítica radical de la orientación mayoritaria de colaboración de clases, ni en una denuncia consecuente de la política de frente popular (alianza estratégica con representantes de la burguesía). La Tesis 11, por ejemplo, constata que “hay que concurrir a las disputas electorales , prioritariamente, con listas propias. En el caso de alianzas, éstas deben hacerse con los partidos que están en nuestro campo estratégico, excluyendo, por tanto, al PDT y al PSDB. (…) Ya la política de alianzas con partidos sin definición ideológica clara, llevada a cabo en los últimos años, con fines esencialmente electorales, sin apoyo de las bases, y muchas veces con su desconocimiento, han fortalecido el distanciamiento entre las bases y la dirección, además de llevar a las masas a no diferenciar entre la práctica del PT y la de los otros partidos.” Sucede que esos partidos no sólo tienen una “definición ideológica clara” sino también son partidos burgueses, y la alianza con ellos cristaliza una orientación anti-revolucionaria, de conciliación clasista. El “petismo” no puede ser, para la vanguardia obrera, un “valor" que se sobrepone a las orientaciones políticas y a los intereses de clase que estas orientaciones expresan. La orientación frentepopulista democratizante de Articulación y de su sombra derechista no es circunstancial ni reformable, sino estratégica. Sin sacar todas las conclusiones políticas y organizativas de este hecho, o sea, sin luchar por la estructuración revolucionaria de 1$ vanguardia obrera contra ese programa, sin concebir que la lucha política (incluso la lucha dentro del PT) es una expresión de la lucha de clases, los esfuerzos de millares de militantes para Mganar al PT para la revolución fracasarán inevitablemente y el “petismo”, de esperanza inicial, se transformará en la tumba de la revolución brasileña, frustrando la mayor esperanza del proletariado latinoamericano en la posguerra.

1 de octubre de 1991
Socialismo y revolución proletaria (Tesis)
Partido da Causa Operaria

I- ¿Un modelo de socialismo? 1. El 1er Congreso del PT plantea como debate central la discusión del “socialismo que queremosEn los debates que ya se están realizando, se vehiculiza la idea de un socialismo “petista” que no sería nada de lo que se conoce hasta ahora sino algo nuevo, sin las supuestas imperfecciones del pasado. Para este debate, se toma frecuentemente como paradigma del socialismo al mismo que se procura criticar, a los Estados Obreros del Este Europeo, China y Cuba. ¿Cuál sería nuestro modelo de socialismo? ¿Habría mercado, planificación centralizada, democracia, etc.? Este punto de partida, afirmado en medio de ruidosas críticas a un dogmatismo que sería característico del marxismo, es paradojal justamente por su dogmatismo. La pretensión de establecer un modelo de sociedad socialista, un proyecto de sociedad socialista que deberá ser implementado a partir de sus características racionales, es una tentativa de sustituir la realidad viva por un esquema prefabricado, una construcción racional artificial que debería ser aplicada a la realidad. 2. Marx, acusado de religioso y dogmático, nunca pretendió establecer un modelo de socialismo que debiese ser impuesto a la humanidad, como un proyecto a ser realizado en la práctica. Según Marx, el socialismo era tan solamente la expresión del movimiento real de la lucha de clases del movimiento obrero. Sus pocas definiciones sobre el socialismo no son construcciones racionales artificiales sino producto de la crítica al capitalismo existente y resultado de la experiencia histórica concreta del movimiento obrero. El debate sobre las características de la sociedad “que queremos” se transforma así en una discusión metafísica sobre entidades universales. 3. La sociedad socialista será un producto de la lucha de la clase obrera y de su capacidad de superar al capitalismo, y de realizar las tareas que corresponden e esta superación. Sus resultados no pueden ser previstos de antemano en todos los detalles sino solo en sus grandes líneas. Otras definiciones serán producto del choque de las fuerzas vivas que intervienen en este proceso histórico, político y social. 4. La discusión sobre el socialismo, principalmente teniendo en cuenta el papel central que se le pretende conferir, aparece como un debate abstracto y sin consecuencias. Sin embargo, no es así, en torno a esta discusión se estructuran dentro del PT las líneas de acción del partido ante la situación política de hoy. Así, si la “democracia” debe ser un valor a preservar en “nuestro” modelo de socialismo, se vuelve necesario asumir una posición sobre la democracia de hoy, preservarla, en partes o en todo. Este debate tiene innumerables derivaciones, no para la sociedad del futuro sino para la del presente. Se trata de un debate formulado de un modo abstracto pero que tiene consecuencias concretas con muchas ramificaciones: la posición del PT sobre los acontecimientos en curso en el Este europeo, la estrategia política del partido, su estructura, su posición frente a los regímenes actuales, su caracterización de la crisis del capitalismo. 5. El socialismo es, antes que nada, la expresión conciente de la tendencia real de la lucha de clases bajo el capitalismo. Con Marx, el socialismo se volvió la expresión de la lucha obrera contra el capital, a diferencia de los socialismos anteriores, caracterizados por la pretensión de convencer a las clases dominantes de la necesidad de la justicia social (llamaban a los empresarios ‘‘trabajadores”). Marx no criticó a los utopistas por ser soñadores sino porque “el ideal correctivo que gustarían aplicar al mundo no es sino el reflejo del mundo actual. Es totalmente imposible reconstruir la sociedad sobre la base de una sombra embellecida de ella misma. En la medida en que la sombra se vuelve cuerpo, se percibe que el cuerpo, lejos de ser el sueño imaginado, es sólo el cuerpo de la sociedad actual” (Miseria de la Filosofía). Pero esta crítica sólo fue posible a partir de la lucha obrera contra el capital (los empresarios): Marx no fue profeta ni reformador social, fue expresión del movimiento obrero combatiente. En las palabras de Marx: “Lo que hice fue demostrar: 1) que la existencia de clases está vinculada a fases determinadas, históricas, del desenvolvimiento de la producción; 2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; 3) que esta dictadura constituye solamente una transición para la abolición de todas las clases y para una sociedad sin clases (socialismo)”. 6. El marxismo es, por lo tanto, la expresión teórica de la tendencia objetiva del movimiento obrero. No es, como se pretende en el PT, un “ámbito teórico” más, entre otros, y menos todavía una “doctrina oficial”, concepción del mundo obligatoria, según la cual los que adhieren a ella formarían la comunidad espiritual de aquéllos que comparten una misma visión (ideológica) sobre las relaciones fundamentales de los hombres, etc., como pretenden (Línea Directa) los que dicen querer librarse de un dogmatismo que más parece un complejo de culpa. Se pretende que el PT no deba ser marxista porque sería un partido “laico”, esto es, no afecto a ninguna religión, ni siquiera al marxismo. Según esta afirmación, la tradición secular del movimiento obrero internacional, donde el marxismo se impuso en duras batallas, no pasaría de ser una religión más: sólo esto ya retrata la pretensión de los supuestos “renovadores del ideal socialista”, en especial su mesianismo (que sólo vino para arreglar un siglo y medio de errores), este sí de naturaleza religiosa. El marxismo no es religión ni profecía sino una expresión teórica de la lucha por la revolución proletaria. Contraponer al marxismo la utopía (incluso la “utopía concreta”) no es sólo ni principalmente pretender retroceder hasta períodos ya superados por el movimiento obrero: si los utopistas del pasado eran una expresión progresiva en una época de indiferenciación social del proletariado, los supuestos “renovadores utopistas” del presente son la expresión de una política antirevolucionaria de colaboración de clases, en condiciones de un proletariado plenamente desarrollado y activo. 7. El carácter revolucionario e intemacionalista del movimiento obrero no fue una invención del marxismo, al contrario: el marxismo expresó teóricamente aquel carácter, que lo antecedió. 8. Sucede que el capitalismo, y los propios Estados nacionales, nacieron en el cuadro de la economía mundial. Bien antes que quedaran estructurados los principales Estados modernos, el comercio internacional ya tenía un desarrollo bastante acentuado. Ese comercio internacional fue uno de los factores que impulsó la revolución inglesa del siglo XVII. El capitalismo y los Estados nacionales nacieron ya obligados a tener una política externa y a aliarse unos contra otros, en función de sus intereses comerciales contradictorios y en relación con la autodeterminación de las naciones atrasadas. Era incorrecto para el movimiento obrero limitarse al cuadro nacional, en la medida en que la fuerza de ese Estado nacional dependía esencialmente de las relaciones internacionales que tejía en el mundo entero. El movimiento obrero, por lo tanto, sólo podía triunfar en la arena internacional. De ahí también que el socialismo sólo es realizable en el cuadro internacional. La socialización de los medios de producción significa la abolición de las fronteras nacionales. La idea de que el socialismo pudiese ser construido en un sólo país es completamente ajena al marxismo. II- Crisis capitalista, barbarie capitalista 1. En ninguna otra época de la historia, la sociedad humana presentó contrastes tan violentos, contradicciones tan insoportables como hoy. No existe campo de la ciencia o de la técnica en los cuales los conocimientos y el poder del hombre no se dupliquen cada diez años, o menos. A través de la astronomía, de la biología molecular, de la medicina, de la arqueología, de la geología, de la electrónica, de la informática, de la ingeniería de alimentos, de la genética, etc., el hombre conquista los secretos de la naturaleza para gobernarla mejor. La humanidad devoró los frutos del árbol de la ciencia, volviéndose más poderosa que cualquiera de los dioses que ella imaginó aterrorizada por sus propios poderes. Los esclavos mecánicos y electrónicos que el genio del hombre creó están ahí, prontos a liberarlo para siempre de la necesidad de ganar el pan con el sudor de su frente: la sustitución del trabajo forzado por la libre actividad creadora. Las mil fuentes de la abundancia sólo piden paso para satisfacer totalmente las necesidades de los seis mil millones de seres humanos que habitan la Tierra, y diez veces esa cantidad si fuera necesario. 2. En las cuatro quintas partes de la humanidad, en los países atrasados e incluso en los crecientes bolsones de pobreza de los países industrializados, la población no tiene acceso durante toda su vida al mínimo vital biológico de dos mil calorías diarias y está condenada a una vida estrecha y corta. Epidemias de hambre todavía sacuden al Tercer Mundo: en Brasil y en Argentina enfermedades controladas por la medicina hace décadas (cólera, mal de Chagas), amenazan provocar catástrofes sociales. En los países adelantados, mientras tanto, los gobiernos no saben qué hacer con la sobreproducción de alimentos que amenaza con desbarrancar los precios, y subsidian la regresión de las fuerzas productivas. Hace más de cuarenta años que el creador de la cibernética demostró que con los medios técnicos de entonces la línea de montaje podría ser sustituida en menos de cinco años por un sistema automático en toda la gran industria del planeta. El capital financiero frenó desesperadamente ese progreso que llevaría a la quiebra a todo el capital no amortizado. Si hoy la competencia en el mercado mundial obliga a introducir la automatización en una escala creciente, esto no resulta en una reducción de la jornada de trabajo ni en una mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, Al contrario, en el capitalismo, “el perfecciona' miento ininterrumpido, y cada vez máí rápido del maquinismo, vuelve la situación del obrero cada vez más precaria” (Manifiesto Comunista): el capital sólo conoce las necesidades del beneficio. No existe para satisfacer las necesidades de la inmensa mayoría sino para engordar las ganacias de una ínfima minoría de grandes capitalistas. La automatización es, por eso, sinónimo de descalificación y de desempleo: lleva a la clase obrera a la decadencia profesional y a la incultura sin perspectivas. 3. Bajo el dominio del capital financiero, etapa senil y última del capitalismo, todos los progresos científicos y técnicos se transforman en su contrario. Los nuevos recursos energéticos y la utilización intensiva de los antiguos no traen consigo una mejoría en el bienestar sino que producen catástrofes ecológicas (petroleras o energía atómica). La casi totalidad de la investigación científica, especialmente en los países avanzados, está vinculada a la producción de armamentos. En 1985, los gastos militares mundiales llegaron a 940 mil millones de dólares, mucho más que toda la renta de la mitad más pobre del planeta. Ese gasto en armas aumenta más rápidamente que la expansión de la economía mundial y de la mayoría de las economías nacionales y no se reduce en períodos de recesión. Es sólo por el crecimiento gigantesco de la industria armamentista, de producción de las fuerzas destructivas, que la burguesía consigue impedir que las fuerzas productivas hagan explotar la camisa de fuerza de la propiedad privada de los medios de producción y de cambio y de los Estados nacionales que frenan absolutamente esas fuerzas. 4. De las cámaras de gas de Hitler a la guerra de Vietnam, el capitalismo es esencialmente el mismo. En Vietnam, el imperialismo norteamericano lanzó sobre el pequeño país más bombas que las que fueron lanzadas por todos los ejércitos durante la Segunda Guerra Mundial. ;Y algunos todavía llaman a la segunda posguerra “período de pciz” Recientemente, los Estados Unidos lanzaron sobre Irak el equivalente a decenas de bombas atómicas, eliminando “quirúrgicamente” (sic) a más de 150.000 personas, destruyendo los recursos productivos del país (lo que provocó millares de muertes), imponiéndoles pesadas deudas de guerra y preparando una plataforma militar para repetir la operación en todo Medio Oriente. Sin revolución socialista en el próximo período histórico, toda la humanidad estará amenazada de ser llevada a la catástrofe. 5. La burguesía consiguió detener la ola revolucionaria en Europa en la inmediata posguerra gracias a la colaboración del stalinismo, que tomó directamente en sus manos una parte del trabajo, y la ayuda, siempre presente, de la socialdemocracia. Los Estados burgueses se reconstruyeron en el Oeste y la burocracia extendió transitoriamente su control al Este de Europa a fin de estabilizar una nueva forma de equilibrio imperialista con los Estados Unidos como centro y eje de dominación. Las erupciones revolucionarias posteriores fueron contenidas todavía en condiciones de crisis políticas agudas. En estas décadas, el capitalismo encontró un cuadro de desenvolvimiento, una nueva fórmula de acumulación del capital, que agudizó el conjunto de sus contradicciones, aunque bajo una forma diferente de las explosiones de 1914 y 1939. Esta diferencia no constituye un crédito a favor del imperialismo: las guerras de Corea, de Vietnam, del Golfo y la multiplicidad de intervenciones armadas más localizadas deberían ser suficiente para probar que la guerra y la destrucción constituyen una necesidad histórica para este régimen, constituyen la forma de su dominación. 6. La reorganización de la economía mundial bajo la hegemonía de los Estados Unidos fue posible porque la economía de este país pudo concentrar los beneficios de la superexplotación imperialista y establecer una relativa solidez en sus relaciones interiores. En los otros países imperialistas, el proceso fue más caótico e inestable, aunque de la misma naturaleza. La economía militansta juega un papel central en este sentido. Estos países conocieron varias décadas de prosperidad capitalista y hasta aquí este hecho no contradice el análisis marxista, ni siquiera las previsiones de los revolucionarios. Lo que importa es indicar cuáles fueron las formas de esa prosperidad para responder a la siguiente pregunta: ¿estamos o no frente a un desenvolvimiento históricamente progresivo? 7. A pesar de ser prolongada en el tiempo, esta prosperidad fue extremadamente inestable y se encuentra sometida permanentemente a crisis; además de eso, desde el inicio de la década del "70, las condiciones son cada vez más críticas, temporarias y restrictivas. Las nuevas tecnologías, lejos de ser un sinónimo de estabilidad y expansión progresiva, dieron lugar a una forma de desenvolvimiento que desnuda el carácter crecientemente reaccionario del capitalismo. 8. Toda la literatura sobre la “democratización” de los países imperialistas se derrumba ante un estudio superficial de su realidad política, social y económica. La burguesía se vió obligada a una serie de concesiones al movimiento obrero en los años inmediatamente posteriores a 1945 como precio de su estabilidad política, y el hecho más notable es que las décadas posteriores de “prosperidad” fueron sistemáticamente acompañadas de una necesidad estructural por parte del Estado burgués de liquidar estas concesiones. La única barrera impuesta es la resistencia del proletariado. Hoy, más que nunca, el desenvolvimiento “espontáneo” del capitalismo significa el retroceso social y esto cuando las condiciones materiales de la producción permitirían el paso para un estadio cualitativamente diferente de satisfacción de las necesidades humanas. 9. El sistema político está abiertamente dominado por la burocratización y el militarismo. El estado es, efectivamente, el “Comité ejecutivo de la clase burguesa”, con los burócratas obreros como simples comparsas. Aquí también observamos que el desenvolvimiento capitalista se identifica con relaciones sociales y políticas necesariamente opresivas y que sólo pueden acentuarse; solamente la lucha de las masas puede arrancar algunas conquistas, permanentemente puestas en cuestión por la reproducción capitalista. El capitalismo no conoce ninguna forma de “humanización” y los críticos del marxismo confunden totalmente el crecimiento de la producción y la mejoría temporaria de las condiciones de vida de algunos sectores de la clase obrera de los países imperialistas, con una inversión en las leyes del movimiento de acumulación del capital. Como en la época de Marx, la única fuerza de resistencia a los efectos inmediatamente destructivos de esas leyes es la acción política y social de la clase obrera. 10. A escala mundial, los países atrasados y las semi-colonias se hunden en la miseria y en el hambre, sin ninguna perspectiva. Para la gran mayoría de la humanidad, la prosperidad capitalista de estas décadas ha significado un agravamiento cualitativo e irreversible de sus condiciones sociales, materiales y morales de vida. 11. El desenvolvimiento capitalista de las metrópolis está caracterizado también por un creciente retroceso social de su población. Por un lado, los altos niveles de desocupación constituyen un dato permanente del ciclo, que no es absorbido en los períodos de crecimiento y que se agrava en las etapas de recesión. Pero no se trata solamente de eso. Una parte cada vez mayor de la población queda completamente marginada del circuito de la “prosperidad capitalista” y el ejemplo evidente en este sentido son las decenas de millones de pobres en los Estados Unidos. Estas fracciones de las masas explotadas no ingresarán nunca en relaciones salariales “normales”; en el mejor de los casos tendrán empleos temporarios, sin calificación ni estabilidad. Esta forma de empleo pasa a ser característico de las relaciones de trabajo. El capital ya no transforma en obreros asalariados ni siquiera a las masas de las metrópolis imperialistas. La degradación urbana traduce ese retroceso del capitalismo y le da toda su significación como manifestación de un sistema que sólo puede desnudar sus tendencias reaccionarias. 12. El papel dominante del capital financiero es propio de la fase imperialista del capitalismo. Lo que caracteriza estas décadas es la extrema exacerbación del parasitismo. La producción material de plusvalía aparece totalmente subordinada a las necesidades de las fracciones más especulativas del capital, que regulan la igualación de la tasa de beneficio a su favor. Se produce así una sobre-expansión del crédito y del endeudamiento con la explosión de los beneficios ficticios que implica. Sin caricaturizar, se puede afirmar que actualmente el capital especulativo se expande sobre la base del propio capita especulativo; las montañas de deudas permiten la estructuración de nuevos instrumentos de apropiación de beneficios. El déficit estatal alimenta este engranaje. 13. El pasaje de la prosperidad a la crisis se está efectuando delante de nuestros ojos en el escenario mundial, abarcando al conjunto de los países y las fuerzas sociales que contribuyeron a edificar las relaciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sus formas de erupción no pueden ser previstas. La caída de la burocracia stalinista es una manifestación de la progresión de este movimiento, así como la absoluta falta de estabilidad en los regímenes burgueses de los países atrasados. La burguesía continuará disponiendo de tiempo y de iniciativa en tanto no haya un principio de solución en escala internacional de la crisis de dirección del proletariado, condenando a la humanidad al retroceso histórico. III – La vigencia histórica de la revolución de octubre de 1917 1. La victoria de la Revolución de Octubre, primer acto de la revolución proletaria mundial, inauguró la era histórica de la revolución socialista. Estalló en un país en el cual se mezclaban características de una nación imperialista y de un país atrasado, económica y políticamente. Las tareas de la revolución democrático-burguesa (incluida la reforma agraria), motor de la revolución, no estaban cumplidas, pero el proletariado estaba altamente concentrado. Pero si Rusia era el eslabón más débil de la cadena imperialista, su revolución no fue una excepción. Ella fue la respuesta contundente a la carnicería de la Primera Guerra imperialista mundial, evidencia de la caducidad histórica del capitalismo. Y las revoluciones proletarias (derrotadas) ocurrieron también en la mayoría de los países de Europa Oriental y Occidental. La victoria rusa se debió a la existencia de una dirección a la altura de la tarea (el bolchevismo), aunque esa dirección nada habría conseguido sin el movimiento revolucionario consciente de los trabajadores, materializado en su auto-organización en Consejos Obreros (Soviets). 2. Lenin no estaba expresando una idea personal sino la dinámica objetiva de un movimiento cuando afirmó que “Nuestra revolución es el prólogo de la revolución socialista mundial, un paso en dirección a ella. El proletariado ruso no puede, por sus propias fuerzas, concluir victoriosamente la revolución socialista. Pero puede dar a su revolución una extensión que cree mejores condiciones para la revolución socialista y, hasta cierto punto, comenzarla. Puede volver la situación más favorable para la entrada en escena, en las batallas decisivas, de su principal colaborador, y más seguro, el proletariado socialista europeo y norteamericano”. 3. El abandono de la perspectiva trazada arriba por Lenin, sustituida por la tesis stalinista de la “construcción del socialismo en un sólo país” fue el reflejo del retroceso y de la burocratización del Estado emergente de la revolución. Dos factores fueron decisivos: 1) el fracaso de la revolución internacional, debido a la traición histórica de la socialdemocracia y la inexperiencia de los jóvenes núcleos revolucionarios; 2) el agotamiento, desmoralización e incluso el hecho de que la clase obrera rusa fue diezmada después de años de sacrificios, de guerra civil y de intervenciones extranjeras. 4. La burocracia surge donde la lucha por la existencia individual ocupa un lugar dominante en las energías de la sociedad. Su función es aliviar los conflictos que esa lucha origina, obteniendo privilegios de esa función. La burocracia tiene como base de su autoridad la falta de artículos de consumo y la lucha de todos contra todos que resulta de esa carencia. Es contrario a la verdad y a la más leve sombra de inteligencia humana, afirmar que la alienación de los trabajadores (y la burocracia) son productos de la opción ideológica por la industria pesada en lugar de la industria liviana de consumo: la burocratización de la URSS y del partido bolchevique ya estaban más que consumadas antes de que se diese el menor paso en dirección a la industria pesada. 5. Todo Estado obrero tiene una doble naturaleza: socialista en la medida en que defiende la propiedad colectiva de los medios de producción, burguesa en la medida en que la distribución se realiza de acuerdo con normas capitalistas (“cada cual según su trabajo”). La fisonomía definitiva del Estado se define por la relación oscilante entre esas dos tendencias, socialista y burguesa. 6. La revolución fue derrotada pero no destruida. El nazismo y el fascismo hicieron pagar caro al proletariado internacional la osadía de haber hecho la Revolución de Octubre, pero la propiedad privada no fue restaurada en la URSS, lo que probó la profundidad de la ola revolucionaria, inclusive en la hora de la derrota. El régimen antiobrero stalinista y la gestión burocrática de la economía fue el duro precio pagado por el proletariado soviético a la burocratización, pero el mantenimiento de las conquistas económicas y sociales de la revolución (nacionalización de la industria y del suelo, monopolio estatal del comercio exterior, planificación centralizada) tuvo consecuencias inmensas. 7. La vigencia de la revolución en las relaciones de producción y en la conciencia de las masas se probó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la URSS estuvo a punto de ser aniquilada por el nazismo, con quien Stalin mantuvo una alianza privilegiada hasta 1941. Después de la espectacular derrota inicial, que diezmó al ejército soviético, la recomposición de la fuerza militar de la URSS fue una hazaña económico-social. Fue una victoria histórica de la planificación estatal, una victoria moral de los principios del socialismo. Victoria mundial, en la medida en que la derrota de Hitler en la URSS libró a la humanidad de la amenaza militar nazista, la mayor máquina de guerra de la historia humana hasta entonces. ¿Cómo afirmar, como lo hace el Secretario General de la Dirección Nacional del PT, que “no quedó históricamente probado que el socialismo es superior al capitalismo”? (Teoría y Debate). 8. La victoria fue mediatizada por la sobrevivencia del dominio burocrático, que la comprometió: 1) en el plano interno, por la superex-plotación de los trabajadores (racionamiento, bloqueo salarial con aumento del volumen monetario de 250%), por el aumento de los poderes burocráticos y el restablecimiento de los grados en el Ejército Rojo, que fortaleció al cuerpo de oficiales; 2) en el plano internacional, por el acuerdo contrarrevolucionario con el imperialismo mundial celebrado en Yalta y Postdam. 9. La burocracia, sin embargo, así como la burguesía, creó su propio enterrador. La sobrevivencia de las conquistas de Octubre, su extensión (burocrático-policial) a Europa del Este después de la Segunda Guerra generaron un enorme desarrollo de las fuerzas productivas. Con una consecuencia histórica central: el fortalecimiento social inédito del proletariado soviético y del Este europeo, como parte del proletariado mundial. Sólo en la URSS, la clase obrera pasó de 23,9 millones en 1940 a 79,6 millones en 1981; porcentualmente pasó del 36,1% de la población activa en 1941 al 61% en 1982. Incluyendo en la clase obrera a los campesinos de las granjas colectivas, este porcentaje se eleva al 74% de la población activa en 1982. Este proletariado inmenso, ahora puesto en marcha, será uno de los pilares de la revolución mundial. IV- El este europeo: agonía del stalinismo y crisis capitalista 1. Con el final de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación militar del Este europeo, el poder de la burocracia stalinista alcanza su cénit. Utilizó la lucha de la clase obrera mundial para cumplir sus compromisos contrarrevolucionarios con el imperialismo y, al mismo tiempo, presionarlo. Pero la propia crisis imperialista minó las bases de la política de presión: a partir de 1947 (Plan Marshall, 30 mil millones de dólares para salvar el capitalismo europeo) la política stalinista comienza a fracasar. La presión ya no surtía efecto: sólo el enfrentamiento revolucionario haría retroceder al imperialismo y la burocracia es visceralmente hostil a la revolución, que colocaría inmediatamente en jaque sus privilegios y su dominio. La crisis del stalinismo se evidenció con la ruptura Stalin-Tito (1948) y la toma del poder por el PC chino (1949) contra la política de “unidad nacional” preconizada por Stalin. 2. El proceso de revolución antiburocrática en el campo directamente dominado por el stalinismo, se manifestó inicialmente con la rebelión de los obreros de Berlín Oriental en 1953, contenida con el auxilio de las potencias occidentales y del entonces intendente de Berlín Occidental, Willy Brandt. La colaboración creciente con el imperialismo no fue episódica y complementó la centralización burocrática del “campo socialista”. La creación del Comecon, en 1948, consagró una política de saqueo, por la burocracia rusa de los países de Europa Oriental, que crearía una fuerza centrífuga, al volver a las burocracias impuestas por el Kremlin cada vez más atraídas por el mercado capitalista mundial. 3. Este proceso económico fue la base de la aproximación política creciente de la burocracia al imperialismo, lo que confirma que es una capa burguesa en el interior del Estado Obrero. En 1975, en los Acuerdos de Helsinski, la burocracia se comprometió junto a los representantes del imperialismo a mantener el statu-quo en Europa y a permitir la “libre circulación de mercancías y capitales”, en lo que el principal diario de esa ciudad llamó “una nueva Santa Alianza de fuerzas conservadoras”. 4. En 1989, la revolución política antiburocrática dió un salto cualitativo. Gigantescas movilizaciones de masas derrumbaron gobiernos burocráticos en Europa Oriental y sacudieron a la URSS, el corazón de la burocracia stalinista. El resurgimiento de elementos democratizantes anticomunistas (inclusive dentro de la propia burocracia) fue ampliamente difundido por la prensa del gran capital, que guarda silencio, mientras tanto, acerca de las poderosas tendencias de! proletariado a reorganizarse independientemente, que se expresan en las huelgas generales, en la organización de sindicatos y hasta centrales sindicales independientes y antiburocráticas en Hungría, Alemania Oriental, Checoslovaquia y en la propia URSS. 5. Después de 70 años de pretendida “construcción del socialismo en un solo país”, de régimen burocrático, de asfixia, de aplastamiento del movimiento obrero independiente, de represión y liquidación física de su vanguardia, de coexistencia pacífica con el capitalismo y de colaboración de clases a escala mundial, la economía soviética se encuentra en un profundo estancamiento. La productividad del trabajo es varias veces inferior a la de los países capitalistas; sectores enteros de la economía están completamente obsoletos, la cantidad y calidad de los artículos producidos no consigue satisfacer la demanda social y las colas interminables continúan siendo una realidad cotidiana para las masas. La Unión Soviética, a pesar de reunir todas las condiciones naturales, no es capaz de satisfacer sus necesidades de alimentación. 6. Cuando la cantidad de trabajo y de productos debía ceder su lugar a la calidad, cuando la productividad del trabajo debía crecer, cuando nuevos avances sólo eran posibles a través de nuevos métodos de trabajo e innovaciones, la burocracia demostró ser una traba absoluta al desenvolvimiento de la URSS. 7. El estancamiento de la URSS y de otros Estados Obreros permitió al imperialismo desarrollar una política de penetración, que apunta a disgregar la planificación, el monopolio del comercio exterior y la propiedad estatizada. De esa forma, muchos países de Europa del Este tienen una importante deuda externa que renegocian gracias a las concesiones a los intereses del gran capital y su sumisión al Fondo Monetario Internacional. Los temas del restablecimiento de la propiedad privada, de la importancia del mercado, de la disminución de los salarios y de la necesidad de liquidar unidades productivas y provocar desempleo están a la orden del día en cada uno de estos países, lo que es una adaptación a las presiones del capitalismo mundial. 8. La perfidia y la corrupción de la burocracia impidieron que el nivel de vida de las masas soviéticas mejorase en las últimas décadas. Sin embargo las bases sociales del Estado Obrero les habían permitido salvaguardar un mínimo de subsistencia material, que se amplió con el desenvolvimiento social del proletariado. Los obstáculos que existen en la actualidad deberían ser liquidados con la eliminación de los privilegios burocráticos, con el funcionamiento soviético de la sociedad con control obrero. Sin embargo, esto sólo es posible con una verdadera revolución política, que liquide el poder de la burocracia y su existencia como capa privilegiada. 9. Es preciso situar la crisis de la URSS en el contexto mundial. La descomposición de la burocracia stalinista y la aparición de movimientos de masas en la URSS y en Europa Oriental se combina con manifestaciones de profunda crisis económica en el conjunto de las naciones capitalistas y hasta con crisis políticas y luchas de masas: la caída del gobierno Thatcher, manifestaciones estudiantiles en Francia, huelgas en Italia, huelga ferroviaria en la zona oriental de Alemania. Frente a esto, el principal problema es la calidad del factor subjetivo, es decir, la existencia de una orientación y de un programa revolucionario. 10. Esto queda demostrado por la situación en la URSS, claramente revolucionaria desde cualquier punto de vista (luchas obreras y nacionales antiburocráticas), semejante en diversos aspectos al período ruso de febrero a octubre de 1917. Pero no existe un partido bolchevique que derroque a la burocracia e instaure una dictadura proletaria para poner fin a “la catástrofe que amenaza” a la URSS. La característica revolucionaria de la actual etapa se manifiesta en el rápido agotamiento que sufren las tentativas de derecha, por ejemplo en Polonia y en Alemania, tanto en el plano económico como en la resistencia que ofrecen las masas a los planes de privatización. Polonia no está evolucionando de una dictadura burocrática hacia una democracia parlamentaria, de acuerdo con el programa político de Solidaridad, que fuera redactado por intelectuales laicos y democratizantes como Kuron, Michnik y Geremek. Polonia se está transformando en una dictadura teocrática, sin haber desmantelado los atributos y privilegios de la antigua burocracia “comunista”. Lo que no debería sorprender pues existen grandes semejanzas entre la burocracia stalinista (formada en base a las nominaciones) y la burocracia clerical, la más perfecta “nomenklatura” de la historia. 11. Lo que se está hundiendo no es el comunismo sino el stalinismo, la pretensión de que el carácter transitorio del régimen de propiedad estatal se transformase en eterno. La pretensión de que la seguridad de la URSS y la unidad de los Estados Obreros es posible a través de concesiones estratégicas al imperialismo, del refuerzo de la capacidad militar y de acuerdos diplomáticos, es decir, a través del congelamiento de la lucha de clases. 12. La campaña de intoxicación del imperialismo mundial (¡con la complicidad de no pocos “comunistas”'.) sobre “la muerte del socialismo” tiene la función ideológica de disfrazar ante las masas el hecho de que la caída de la burocracia y la situación revolucionaria en la URSS no son sino un aspecto de la crisis mundial y un episodio de su desenvolvimiento. En la base de esta crisis está la aceleración de la tendencia del régimen capitalista a la disgregación. La crisis financiera y los síntomas de la recesión y deflación mundial son la contraparte dialéctica del hundimiento de los regímenes burocráticos. 13. Dos elementos indican la existencia de una crisis mundial: 1) la aparición en el escenario mundial del proletariado soviético, el segundo en importancia numérica y el primero en calificación profesional; 2) la quiebra del orden internacional creado por el imperialismo y la burocracia después de la Segunda Guerra Mundial, orden que asociaba a la burocracia rusa y su ejército en la tarea de aplastar al movimiento independiente de las masas, primero en Europa y después en todo el mundo. La caída del Muro de Berlín llevó a la anexión de la RDA por Alemania Occidental (y no a la unidad socialista de Alemania a través de la destrucción de la burocracia y la burguesía) pero, junto con la conquista de libertades democráticas en Europa Oriental, abrió un período cuya evolución depende del desenlace de la crisis en la URSS y de la entrada en escena del proletariado norteamericano. 14. La crisis económica en la URSS y en el Este europeo se vincula con la crisis económica mundial, como lo demuestra el endeudamiento externo de esos regímenes con la banca internacional, lo que los llevó a la suspensión de pagos (inclusive la URSS). Bastante antes de la perestroika, la tendencia de la burocracia a la restauración capitalista era evidente en la tentativa de salir del estancamiento económico mediante el endeudamiento con las altas finanzas internacionales. Ahora, recíprocamente, la crisis mundial capitalista se acelera como consecuencia de la quiebra económica y política de los regímenes burocráticos contrarrevolucionarios. 15. La gigantesca crisis que vive hoy la URSS es causada por el enfrentamiento entre fuerzas históricas irreconciliables, con independencia de que los trabajadores no tengan todavía una conciencia de conjunto de la situación. En la URSS ya hay manifestaciones de guerra civil entre las masas y la burocracia. Las tentativas restauracionistas llevan al país a la convulsión social. Hace un año se preveían 16 millones de desocupados en 1995; ahora ya se prevén 34,4 millones en la URSS y Europa del Este para 1992, de los cuales 30 millones sólo en la URSS. Los procesos de Europa Oriental todavía no están concluidos y están subordinados a la enorme lucha que se traba en la URSS. Que el stalinismo se haya hundido no significa que desapareció, pues para ello debería desparecer la burocracia, derrocada por la burguesía o por la clase obrera. La burocracia no encontró todavía una forma de dominación distinta del stalinismo. Lo más importante es que el derrocamiento de la burocracia por las masas es un hecho que revoluciona la conciencia del proletariado mundial, con independencia del predominio momentáneo de las tendencias democratizantes pro-capitalistas. 1. Todo y cualquier debate sobre el socialismo queda irremediablemente mutilado si no se señala cuales son los medios políticos para la conquista del socialismo. Para un partido político ésta es la cuestión clave de un programa socialista, de su estrategia política. El debate en el PT en torno del socialismo trajo a la superficie un conjunto de formulaciones tales como “socialismo con democracia”, “democracia socialista”, “alternativa democrática y popular”, etc. que tienen en común el hecho de abstenerse de una definición precisa acerca del carácter de clase de este socialismo, de su contenido social. La contrapartida de estas formulaciones es, también, el constante ocultamiento del carácter de clase de la democracia, concebida como una forma política sin contenido social definido, con lo que se impone la defensa del régimen democrático vigente, aunque rodeado de muchas reservas, lo que equivale a la defensa de la dominación política y social de la burguesía, a través de la defensa de la democracia en general. 2. La defensa de la democracia es la defensa del rescate de la burguesía, de una clase social y de un régimen social agotados. Esta es una posición rigurosamente reaccionaria. Claro que un régimen social agotado (lo que puede ser verificado por su incapacidad de solucionar los problemas sociales que amenazan la sobrevivencia misma de esta sociedad) solamente será agotado políticamente a través de la experiencia de las masas, la cual, al retardarse por motivos diversos, permite la sobrevivencia del régimen y de la clase social caducas a través de una decadencia permanente. 3. La dictadura del proletariado es la transformación del proletariado en clase dominante como paso imprescindible para la instauración de la sociedad sin clases. Rechazar la lucha por la dictadura del proletariado significa rechazar la necesidad de la supremacía política y social del proletariado y afirmar que la lucha entre las clases sociales no se resuelve por la victoria de una clase sobre otra y que, por lo tanto, la cuestión del poder queda reducida a la alternancia de los diferentes partidos existentes. Aquéllos que se oponen a la dictadura del proletariado, en muchos casos alegando una oposición a la “dictadura”, (en general), están dejando claro que no consideran al Estado presente como una dictadura de la burguesía y del imperialismo sobre el conjunto de los explotados. 4. La dictadura del proletariado no significa solamente la sustitución de la dominación de una clase por otra, de los explotadores por los explotados; significa también una completa revolución en la propia modalidad de dominación. El Estado burgués, incluso el más democrático, se caracteriza por la separación extrema entre el Estado y la sociedad; de esta manera se crea la ilusión de que el Estado es el representante del interés general. Las funciones del Estado se transforman, en función de esto, en tarea de una categoría especial de ciudadanos, los cuales, gracias a una serie de privilegios educacionales y sociales aparecen como los únicos capacitados para el ejercicio de una maquinaria cuya utilización se complica por medio de esta burocracia. El proletariado no puede ejercer su dominación sin simplificar esta gestión y, para eso, es necesario tender en dirección a la abolición de la separación entre el Estado y la sociedad, lo que comienza por la destrucción de la gestión burocrática y su transformación en gestión colectiva de las masas. El régimen de los Consejos Obreros, la abolición de los privilegios económicos de la burocracia estatal; el sistema de elegibilidad y revocabilidad de todas las funciones públicas; el armamento y entrenamiento militar de las masas; todo esto configura la destrucción del Estado burgués y la creación de un nuevo tipo de Estado, cuya característica es que tiende a disolver la oposición entre el Estado y la sociedad, o sea, extinguir al Estado. El Estado Obrero es, por lo tanto, la superación de las limitaciones del Estado burgués en relación a los métodos de la democracia política, pues con tales medidas comienza a realizar cabalmente el principio de la soberanía popular. 5. La dictadura del proletariado, concebida en la totalidad de sus determinaciones, sólo puede ser obra de la revolución proletaria, o sea, de la destrucción de la clase que hoy domina el Estado. La transformación del proletariado en clase dominante a través de la revolución significa que comienza la expropiación de la clase explotadora. De esta forma, la dictadura del proletariado constituye la transición política necesaria entre el capitalismo y el socialismo, no una nueva forma eterna de sociedad.

1 de octubre de 1991
El IV° congreso Mundial de la Liga Internacional de los Trabajadores
Luciano Avila

La LIT ha convocado a su cuarto congreso Mundial en una situación que ella misma define como de “crisis”. Para que no haya dudas, uno de los dos documentos de discusión es una especie de balance organizativo (1) que, en verdad, es sólo una autocrítica. Por su extensión, 45 páginas de compacta y menuda tipografía, se trata prácticamente de un libro. Un libro donde la dirección de la LIT se autoacusa de “errores y desvíos políticos, metodológicos, de régimen interno y hasta financieros… desvíos políticos propagandísticos, oportunistas y facilistas, con rasgos aventureros… análisis unilaterales y objetivistas… abandono del centralismo democrático sustituido por un régimen bonapartista, métodos burocráticos y de camarilla… antibolchevismo, cediendo al movimientismo”, etc. Los ejemplos que abonan estas caracterizaciones son más que abundantes, y no hay por qué dudar de ellos. El CEI de la LIT caracteriza que, en los últimos cuatro años, iba “en dirección del oportunismo total” (sic) sin, sin embargo, haberlo alcanzado. Daría la impresión de que una autocrítica tan extensa y detallada, no podría haber dejado de alcanzar la raíz de los problemas de esa organización. Para verificar esta posibilidad, es necesario hacer abstracción de una multitud de detalles, y concentrarse en la estructura de la explicación. En efecto, para su dirección la LIT tendría un balance altamente positivo entre 1982 (fundación) y enero de 1987 (muerte de su principal dirigente, Nahuel Moreno), pero con posterioridad ese balance es “categóricamente negativo”, lo que no es poco decir si tomamos en cuenta que se trata nada menos que de la mitad de la existencia de esa organización. La muerte de Moreno “es para la LIT lo que la muerte de Trotsky para la IVa Internacional” (sic) y “abrió una crisis histórica en la dirección internacional”, “un debilitamiento cualitativo de la dirección de la LIT”, etc. Dejemos de lado el supuesto “bolchevismo” de Moreno, cuya trayectoria política total fue objeto de detallada crítica (2). El hecho es que, según las afirmaciones de la LIT, la muerte de Moreno habría sido, guardadas las debidas proporciones, de una importancia cualitativamente superior, no sólo a la de Trotsky, sino también a la del propio Lenin (cuya muerte nunca fue considerada por Trotsky como factor decisivo para la degeneración stalinista. La viuda de Lenin, N. Krupskaia, llegó a decir, en pleno período de ascenso de Stalin, que “Lenin hoy estaría preso”). Más allá de un obvio exabrupto, el factor “muerte de Moreno” tiene todo el aire de un chivo expiatorio. Así, “la crisis de la LIT estalla ante la falta de respuestas y/o respuestas equivocadas rente a los fenómenos nuevos de la lucha de clases mundial (debidas a la) muerte de Moreno y al curso nacional-trotskista que se abre en la dirección argentina”. Moreno, por su parte, ya habría advertido acerca de las “tendencias nacionalistas” del Mas, sin conseguir evitar que éstas prevalecieran, porque “no dejó un equipo mínimamente consolidado a cargo de la dirección internacional”. ¿Qué clase de dirección formó el “super-bolchevique” Moreno, entonces, para que con su muerte, según la propia LIT, ésta se convirtiera en “un apéndice del Mas”? Peor todavía, la LIT pasó a ser la “tarea” de “un sector” de la dirección del Mas, “comisionado para ella, pues aquélla como tal no acompañó nunca la situación mundial” (¡lo cual no le impidió “teorizar** sobre la “situación revolucionaria mundial”!). “Los restantes cuadros de la LIT dejaron hacer”, dice el documento, agregando que los cuadros instalados en la dirección internacional se convirtieron en “ayudantes” (sic) del “sector” (sic) de la dirección del Mas. Sólo en broma puede llamarse a esto “Internacional el Partido Obrero caracterizó a ese “nacional-trotskismo” bien antes de la “crisis” (y de la propia muerte de Moreno). Sin quererlo, la dirección de la LIT no sólo relativiza el papel “histórico” de Moreno, sino que también cuestiona la propia realidad internacional de su corriente, que no habría pasado de ser una “idea” de Moreno (pues carecía de dirección “mínimamente” propia). Pero ¿por qué la dirección argentina (históricamente formada por Moreno) actuó de forma tan equivocada y contraria a las enseñanzas de su maestro (también argentino)? La LIT cita entonces… a Moreno: “Creo que tenemos la presión de nuestra clase, educada en el burocratismo y en la disciplina más tremenda… la clase obrera argentina (es) super disciplinada, no acostumbra a discutir nada y no es nada rebelde a las órdenes de la burocracia”. Caracterización confirmada por la dirección de la LIT post-mortem (o post-Moreno): “el régimen de la reacción democrática se apoya en la conciencia atrasada, burguesa, nacionalista y sindicalista de nuestra clase”. El círculo se cierra. La responsable de la “crisis de la LIT” sería… la clase obrera argentina. Es decir que: a) no considera a la clase obrera argentina como parte de la clase obrera internacional, lo que es el ABC del marxismo; b) repite el más vulgar de los pretextos stalinistas, ya denunciado por Trotsky (3): el de atribuir a la clase los errores de sus direcciones; c) ignora, no ya la historia secular de la clase obrera argentina, sino también su gran combatividad y tendencias independientes, inclusive bajo el régimen peronista (4), la clase de los “cordobazos y rosariazos” y también de la formidable huelga general de junio/julio 1975 (¡no decretada por la burocracia peronista!) contra la cual se instauró el régimen político más sanguinario que conoció América Latina, la dictadura militar (1976/1983); d) no explica porqué la supuesta “internacional revolucionaria” (la LIT) posee su sección más fuerte (en verdad, la única, al punto de transformar a la internacional en su apéndice) en el país que tiene la peor clase obrera del planeta; e) se constituye, por los motivos apuntados, en una explicación oportunista y autocomplaciente, donde el oportunismo es llevado hasta la frontera de la esquizofrenia política. De este modo, una explicación iniciada en el subjetivismo extremo (la muerte de Moreno como factor independiente de la crisis) concluye en un objetivismo extremado, una especie de repetición al revés del objetivismo pablista (para quien la revolución era tan fuerte que poco importaba la calidad de su dirección; en el caso de la LIT la clase obrera es tan atrasada que ni su partido revolucionario consigue huir de ese atraso). Está claro que ambas explicaciones se oponen por el vértice al marxismo. La del “factor Moreno” se opone a la teoría marxista sobre el papel del individuo en la historia, y la segunda, identifica al partido revolucionario con la clase obrera y con sus limitaciones políticas (no siendo, por lo tanto, el depositario del programa emergente del proletariado internacional), de manera que sería imposible, por ejemplo, para un partido obrero tener una política revolucionaria en un período contrarrevolucionario o, aún, de literal desintegración de la clase obrera (como fue el caso del partido bolchevique en el período 1918/1921). Pero objetivismo y subjetivismo son complementarios (no contradictorios) y sirven para absolver, en nombre de factores fuera de control (la muerte de un dirigente o la característica histórica de una clase), a una dirección política, con lo que decreta de paso su propia impotencia. Así, según el CEI de la LIT, “seis meses después (de la afirmación de Moreno citada arriba) nos quedamos sin Moreno. Su ausencia definitiva no le va a permitir a la dirección argentina terminar este proceso”. Esta suerte de limitación histérico-metafísica de la dirección argentina habría colocado a la LIT, siempre según la dirección, en una total impasse. El documento organizativo concluye afirmando que “las relaciones entre el viejo equipo de dirección nacional (argentino) y el equipo de conducción cotidiana de la LIT se deterioraron cada día más. El balance de lo actuado en este primer período colocó al (nuevo) CEI en el centro de la explosión, ahondando la crisis del nuevo equipo en el Centro”. Esto confirma el análisis que hicimos, poco después de decretada la crisis, caracterizando a ésta como “un proceso de descomposición política” (5). Chivo expiatorio El CEI de la LIT le asigna a un sector de la dirección del Mas la condición de chivo expiatorio, atribuyéndole pecados históricos e irreversibles, y uno tiene la impresión de que está dispuesto a sacrificarlo para salvar al conjunto de la organización. Esto nada tiene que ver con la discusión propia de un partido revolucionario, donde se discuten las orientaciones políticas (no las “culpas”) y la responsabilidad por ellas es asumida colectivamente por las direcciones. Pero se parece mucho a los ajustes de cuentas propias de los partidos fisiológico-burgueses (donde el precio de los errores es pagado por aquellos que “sacan los pies del plato”). A partir de la premisa apuntada, el CEI de la LIT procede a un verdadero rosario de autocríticas, tanto más detallado (y hasta masoquista) cuanto que el “culpable” ya fue designado de antemano. Pero está perfectamente equivocado en creer que, con ese ejercicio, supera el “nacional-trotskismo”. Pues el “discurso” actual se presenta como la reproducción en negativo del anterior. Si el “exitismo” de la “vieja dirección” consistía en concebir a la actividad internacional como proyección de la actividad argentina, la “autocrítica” de la “nueva dirección” consiste en privilegiar los errores cometidos en regiones donde la LIT carece de organizaciones y hasta de militantes (la URSS y el Este Europeo), o posee grupúsculos (Panamá), poniendo en segundo plano a la Argentina, donde la LIT ejerce reales responsabilidades políticas. Y, con relación a la Argentina (¡menos de media página entre 45!) se dice apenas que “el sector’ mencionado creía que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, para lo cual proponía, sin embargo, una organización única “con Echega-ray y Vicente” (o sea, con el stalinismo y con un político pequeño burgués sin eco popular), siendo la dirección de la LIT poseedora del secreto de cómo perspectivas tan contradictorias se conciliaban en la cabeza de ese machacado “sector de la dirección”. Aunque no hay por qué dudar de que la dirección del Mas concibió su propia autodisolución en un movimiento pequeño burgués stalinoide (con lo que la propia LIT habría desa parecido), no se dice una palabra sobre la política que llevó al Mas en esa dirección: el frente con el stalinismo y la sombra de la burguesía, hecho y deshecho varias veces (Frepu, Izquierda Unida, UTI, etc.) sobre la base del programa de aquéllos (“democracia con justicia social”), el voto a candidatos burgueses (peronistas o no), la apología de la burocracia rusa (“treinta años sin inflación en la URSS”, según Zamora), con vistas a mantener el frente con el stalinismo “corregido” (“socialismo con democracia”), el apoyo a los “26 puntos” de la burocracia peronista, la política democratizante en general. El CEI de la LIT saluda “la intervención del Mas en Semana Santa” (cuando los representantes de Izquierda Unida firmaron junto a Alfonsín la capitulación ante los- “cara-pintadas”), y calla sobre el vergonzoso papel del Mas" en la Tablada, cuando publicó solicitadas para denigrar a militantes (equivocados) que, en ese momento, eran masacrados por el ejército. En nombre de una autocrítica multinacional, se ocultan las responsabilidades políticas concretas de la LIT donde ella existe realmente: si lo anterior era “nacional-trotskismo”, ¡esto es “nacional-trotskismo al cuadrado”! La “nueva dirección” de la LIT, por lo tanto, propone seguir el mismo rumbo frente populista y democratizante en la Argentina, con una sola diferencia: eliminar sus aderezos ^revolu-cionarios”. “Es preciso desterrar esa concepción de nuevos octubres como perspectiva política concreta e inmediata”. Es decir que se corrige hacia la derecha, cuando en las filas del Mas se pretende dar la impresión de un giro a a la izquierda. La “nueva dirección” ha resuelto abolir la perspectiva (“inmediata” claro) de “revoluciones de octubre” (es decir socialistas), pero no de “revoluciones de febrero” (es decir burguesas). Sin embargo, toda revolución plantea en la época actual la posibilidad de la revolución proletaria, como alternativa histórica a lo que sería la contrarrevolución burguesa. Negar la perspectiva (“inmediata” ¡pero hablar de una perspectiva inmediata es una contradicción lógica!) a la revolución proletaria es negar la posibilidad de revoluciones y situaciones revolucionarias y plantear por lo tanto la perspectiva-perspectiva de la consolidación del capitalismo y de una derrota estratégica ya consumada del proletariado mundial. La LIT gira a la derecha y revela el acierto de la caracterización de que es incapaz de plantear, formular o simplemente comprender la teoría marxista de la revolución (6). O sea, cuando la crisis capitalista orilla lo insoportable (con una caída histórica del nivel de vida), cuando la crisis política coloca a gobiernos al borde de la caída (el de Collor, el de Menem y su familia de narcotraficantes), cuando la clase obrera protagoniza batallas anticapitalistas y antiburocráticas inéditas, en ese momento… ¡debe ser desterrada la revolución! La dirección de la LIT pretende salir de la crisis creada por la contradicción entre el discurso izquierdista y la práctica derechista…. profundizando el derechismo (o sea, el factor que provocó la crisis). Se trata de un proceso liquidacionista consciente. Acerca de la otra barbaridad teórica que produjo esta orientación oportunista (presentar la distinción entre “febrero” y “octubre” como dos fases de una misma revolución, y no como dos revoluciones diferentes o como, según Lenin y Trotsky, “la segunda y la tercera revoluciones rusas” ) remitimos al lector a la demoledora critica hecha hace diez años por Jorge Altamira y Julio N. Magri (7). No tenemos por qué poner en duda la caracterización que hace el CEI del régimen interno de la LIT como burocrático-bonapartista-aparatista. Pero el CEI no propone ninguna medida concreta para superarlo, de modo que la denuncia se remite a una abstracción. Por otra parte, para un marxista los desvíos organizativos nunca pueden ser considerados en sí mismos, sino como medios que desvían la organización de los objetivos (programa) y de la política revolucionarios. Este es exactamente el punto: el “nuevo” CEI no propone ninguna orientación programática o política diferente de la seguida por la “vieja dirección”. Frente populismo La orientación frente populista-democratizante seguida en Brasil y en la Argentina no merece ninguna crítica: eso hace que la LIT sea incapaz de caracterizar la base programática de las denunciadas capitulaciones frente a la burocracia sindical, el stalinismo y la dirección petista. En un documento anterior, se hablaba de “capitulación ante la democracia burguesa”, sin precisar en qué consistía. Ahora, en el “proyecto de documento sobre la situación mundial” del CEI (8), se achaca nuevamente ese pecado a la “antigua dirección”, pero se reafirma la base política de aquella capitulación: “enfrentar los golpes militares o las bandas de extrema derecha, y contra ese peligro concreto defender inclusive la democracia burguesa, pero con los métodos y la organización de la clase obrera, con las armas en las manos”. Este es un perfecto absurdo: el armamento del proletariado pone a la revolución proletaria a la orden del día. Defender, en este caso, a la democracia burguesa, es una política simplemente contrarrevolucionaria. Argumentar, para esa defensa, el “peligro” de golpe militar, implica proclamar una solidaridad de principios con el Estado burgués, pues mientras éste exista, existirá el “peligro” de golpe. Que no se trata de un error circunstancial, queda probado por el hecho de que el “Proyecto”, a pesar de descubrir que la democracia burguesa viene siendo usada contra la revolución (en América Latina), insiste en que los procesos de cambio de dictaduras militares por gobiernos constitucionales son “revoluciones democráticas”. El problema es que, en ese caso, se trataría de “revoluciones” dirigidas por la misma clase social que ya estaba en el poder (los grandes empresarios y sobre todo la banca acreedora) y que se transformó en la base social de la “democracia” después de haber sido la base social de la dictadura, y aún de la “transición” entre éstas y aquellas. Estos cambios, no pueden ser “revoluciones”: simplemente ponen en evidencia el inicio de la desintegración del estado burgués y la conquista por parte de las masas de un campo más amplio para actuar, el cual de nada les serviría si fueran sometidas a la política de los gobiernos y partidos democratizantes. El aparato totalitario de Estado no fue desmantelado, no “a pesar”, sino ”gracias” a la “revolución democrática”, pues la pretensión de las clases dominantes fue apenas cambiar la dirección del timón, nunca destruir el barco. La tesis de las “revoluciones democráticas” en la era de las revoluciones proletarias no es “una innovación” en relación a Trotsky, sino la revisión misma de los principios del marasmo: “la tesis del desenvolvimiento de la revolución democrática se opone por el vértice a las tesis de la revolución permanente. La esencia de éstas consiste en la caracterización de que en los países atrasados la dictadura del proletariado no puede ser la culminación de un largo período democrático, sino que la conquista de la democracia deberá pasar por la dictadura del proletariado” (9). La URSS La concepción democratizante del “Proyecto” se extiende a todos los terrenos. Así, con relación a la URSS y al este europeo, se dice que “está planteado el derrocamiento de la burocracia”. ¿Con qué programa? “Libertades democráticas plenas, de expresión, acceso a los medios de comunicación, de organización, de cultura y de religión”(!). Propone la reimplantación de las Iglesias (eso no hace falta, hasta Gorbachov invoca a Dios y se hace bendecir por el patriarca), pero no la revitali-zación de los soviets, o sea de la dictadura del proletariado. En el capítulo XI, “Ejes programáticos con los que lucha y se construye la LIT-CI”, no se propone la dictadura del proletariado (gobierno obrero y campesino) para la URSS, ni para los países imperialistas, ni para América Latina, ni para ningún lugar. Es el abandono de la piedra angular del marxismo y del Programa de Transición. La defensa de la organización y del armamento independiente de las masas (dictadura proletaria) es el único medio para preservar las conquistas de Octubre contra la catástrofe burocrática y la penetración imperialista, y también para suscitar la acción común con el proletariado internacional. Pero la “convergencia” de la LIT con la burocracia “democratizante” (proimperialista y represiva) no se detiene ahí. Todas las tesis de la LIT sobre la crisis del Este europeo son un rejunte de lugares comunes sacados de los arsenales ideológicos de la burocracia y del propio imperialismo. El principal de ellos es la caracterización del colapso burocrático como “la ^ebacle9 de las economías planificadas de los estados obreros”. En realidad, el colapso de la URSS no fue generado por sus elementos de planificación centralizada (socialistas), sino por sus elementos de anarquía (la gestión burocrática), agravados por la tentativa burocrática de huir de la crisis de esa gestión a través del entrelazamiento y del endeudamiento con las economías capitalistas, que se remonta, no a la “apertura” gorbachoviana, sino a la “estagnación” brezhneviana. Trotsky ya decía (La Revolución Traicionada) que la fisonomía y el rumbo de un estado obrero se definía por la relación cambiante entre sus tendencias socialistas (producción) y burguesas (distribución): el colapso de la URSS es la expresión de sus tendencias burguesas (capitalistas), no de lo contrario. La burocracia y el imperialismo coinciden (con la LIT) en que la “debacle” de la URSS es el colapso de la planificación económica. La gran ventaja de esto para ellos (sobre todo para el imperialismo), es que de esta manera aíslan la crisis burocrática de la crisis (económica y política) del capitalismo mundial, y de esta manera consiguen formular incluso la ideología de un capitalismo “liberal” en plena expansión, falsa desde todos los ángulos (el capitalismo está sumergido en la más profunda crisis de su historia, y el “liberalismo” desapareció a comienzos de siglo, con la hegemonía creciente de los monopolios, llevada hoy hasta el paroxismo). La “debacle” de la burocracia rusa y del este europeo es un aspecto de la crisis mundial, que hunde a uno de los pilares del orden imperialista surgido como producto del “reordenamiento” capitalista de la segunda guerra mundial: la burocracia parásita y antiobrera apoyada en las conquistas sociales de Octubre. Alemania Fue sin duda bajo la inspiración de las “novedades” de la “nueva” dirección de la LIT, que fue posible escribir esto, con respecto a la unificación alemana: “esa restauración tan rápida y amplia es un caso excepcional en la realidad del Este. Ella fue posible porque el pueblo alemán oriental, así como el occidental, querían la reunifícación del país —ésta fue una de las grandes banderas de la revolución que derrumbó el muro. A través de la unificación, los orientales tenían la esperanza y veían posible conquistar el mismo nivel de vida de los trabajadores de la rica Alemania Occidental. Y ahí entró el factor decisivo: la burguesía imperialista alemana, con todo su poder político, se dispuso a ser la dirección política de la unificación reclamada. Con eso, consiguió el ápoyo de los alemanes del este para su programa de restauración capitalista” (10). Así, la tendencia progresiva del pueblo alemán a oponerse a las fronteras burocrático-militares creadas por el imperialismo y la burocracia para impedir una revolución proletaria en Alemania como consecuencia del derrumbe del Estado nazi, es presentada como portadora natural de una restauración capitalista (¿Qué tiene entonces de progresiva?). La LIT ha perdido simplemente de vista que la restauración del Estado burgués alemán en el conjunto del territorio no fue el resultado político necesario de la movilización popular sino del acuerdo político-burocrático-militar de la burocracia de Gorbachov con el imperialismo —no solo el alemán, sino principalmente el yanqui— precisamente para prevenir el desarrollo de una revolución hasta sus últimas consecuencias. El documento de la “nueva dirección” reivindica sin pudor a la dirigente de la derecha conservadora argentina, Adelina de Viola, quien con un rotundo “socialismo, las pelotas”, retrucó las afirmaciones de Silvia Díaz, del Mas, cuando ésta pretendió que los alemanes querían “socialismo con democracia”. Ahora la “nueva dirección” reconcilia al Mas con Adelina: Sí, los alemanes querían la “sociedad de consumo”. El imperialismo y la burocracia han impuesto una restauración burocrática del Estado burgués, pero no han resuelto la cuestión de la unidad nacional de Alemania. La destrucción capitalista de fuerzas productivas a la que se ha librado la burguesía alemana ha acentuado la disparidad nacional, integrando este factor a la lucha de clases entre el capital y el trabajo. La LIT da por consumada una “restauración capitalista” cuando la cuestión decisiva recién se acaba de plantear: si la unidad nacional de Alemania será viable con el método histórico propio del capital o por la revolución proletaria. El curso de los acontecimientos de Alemania prueba, efectivamente, que el capital no podrá resolver su “cuestión oriental” sin atacar a fondo al proletariado del “oeste” e incluso plantearse el sometimiento político del centro de'Europa. La LIT no entiende una palabra sobre Alemania porque para ella, como para todos los pablistas, Alemania oriental era un Estado Nacional y no una maquinaria burocrática impuesta por el ejército rojo para bloquear la revolución alemana. De la “Situación revolucionaria mundial! a la “contrarrevolución permanente” El “nuevo” análisis de la situación mundial de la LIT es simplemente una enciclopedia del confusionismo: insiste en la existencia de una “situación revolucionaria mundial”, pero afirma simultáneamente que debe ser “desterrada” la perspectiva de revoluciones proletarias (“Octubres”). El “atraso del proletariado”, que ahora se enfatiza unilateralmente para justificar la segunda afirmación, allí donde existe, testimonia el carácter no revolucionario de la situación, pues la situación revolucionaria no es un fenómeno económico sino político, vinculado con la conciencia y la lucha de clases. En verdad, la “situación revolucionaria mundial” que se sobrepone a todas las coyunturas, afirmada por el morenismo desde hace décadas, en especial a partir de su fracasado y efímero matrimonio con el lambertismo, es apenas un engañabobos “revolucionario”. La tendencia (la LIT) que hizo del optimismo “revolucionario” su divisoria de aguas con el resto de la izquierda caracteriza concretamente a la situación mundial tal como lo hacen el imperialismo y la burocracia: victoria del imperialismo en toda la línea (golfo Pérsico, penetración en el Este y en la URSS). Ahora afirma la existencia de una “contrarrevolución económica permanente” (lo que, además de ser una nueva categoría que no se explica en ningún momento, significa una verdadera catástrofe del proletariado) y critica a la “antigua dirección” por “haber olvidado al Frente Contrarrevolucionario Mundial”: “ El imperialismo yanqui encabezó (en la Guerra del Golfo) una alianza contrarrevolucionaria con la que no contó en Vietnam. La participación y el apoyo político-militar de los otros imperialismos y de los gobiernos burgueses árabes y del Tercer Mundo (y) la diferencia cualitativa: el giro del Kremlin”. La alianza de los contrarrevolucionarios ya existía en la guerra de Vietnam, y fue derrotada no por el apoyo del Kremlin (que apoyó los acuerdos de Ginebra que perpetuaban la división de Vietnam) sino por la lucha del pueblo vietnamita y de las masas del mundo entero, inclusive en los EEUU. La guerra del Golfo, deflagrada después del ultimátum unilateral de los EEUU, fue el remate de una seria lucha interimperialista y el debut de una nueva fase más aguda de aquélla, que ya se manifiesta en las crisis abiertas en los gobiernos imperialistas europeos y en el Japón, lo que está bien lejos de configurar un “nuevo orden mundial“(ll). El impresionismo “contrarrevolucionario” tiene una base tan falsa como la del “revolucionario", ahora denunciado: “La LIT coloca en el Frente Contrarrevolucionario Mundial a todos quienes no plantean la revolución socialista. Esto la lleva a poner en el mismo plano histórico al imperialismo, la burocracia obrera, la burguesía de las naciones oprimidas y la pequeña burguesía democrática. Pero en tanto que el imperialismo es la expresión histórica de la contrarrevolución, la burocracia es una excrecencia contrarrevolucionaria por referencia a las tareas históricas e internacionales de la clase obrera, y la burguesía y la pequeño burguesía de los países atrasados procuran ampliar el margen del desarrollo capitalista a costa, relativamente, del imperialismo y de la clase obrera. “Solamente cuando todas estas clases han encontrado la solución para sus problemas sociales en el marco del Estado burgués y del orden internacional capitalista; o solamente en las vísperas de la revolución proletaria; solamente en estas condiciones forman un bloque contrarrevolucionario unido. “Es el caso de los países imperialistas que han integrado políticamente a la pequeño burguesía, y donde por este motivo los partidos pequeño burgueses no plantean reivindicaciones históricas progresivas. “Es el caso también de los “frentes populares” entre la burguesía y los partidos obreros en situaciones revolucionarias, que se estructuran como recursos últimos contra la revolución proletaria inminente. “El Frente Contrarrevolucionario que agrupe a todas las fuerzas sociales hostiles al proletariado y a la revolución proletaria, sólo puede tener lugar de un modo excepcional, es decir, concreto. La situación mundial actual no se caracteriza aún por la inminencia de revoluciones proletarias, sino por revoluciones, insurrecciones, huelgas generales y guerras revolucionarias que están dirigidas por partidos o frentes pequeño burgueses. Estas luchas no * tienen salida sino por medio de la victoria de la revolución proletaria mundial, y es en esa dirección que hay que luchar para superar sus presentes limitaciones políticas, a través de un partido revolucionario” (12). Si la “antigua” dirección de la LIT, siguiendo los pasos de Moreno, se especializó en derribar las “viejas” tesis de Trotsky (por ejemplo, con relación a la “revolución democrática”), la “nueva” pretende seguirla en ese camino. Ahora, la “ofensiva imperialista” sería tan poderosa (¡en el cuadro de una “situación revolucionaria !) que no confirmo la tesis de que sólo a través de una contrarrevolución violenta, que aplastase al movimiento de las masas, se podría conseguir la restauración del capitalismo en algún país”. Que lo digan los masacrados de la Plaza Tienanmen… No hay una expansión pacífica del capitalismo. Existe una crisis conjunta del capitalismo y de la burocracia (crisis mundial), que se desenvuelve con ritmos desiguales, y que retrata el destartalamiento del orden mundial de Yaltay Postdam: el ritmo acelerado de las crisis en cada región del planeta (URSS, Este Europeo ¡Yugoslavia!, Golfo Pérsico, Oriente Medio, América Latina, etc.) sólo puede ser entendido de esa manera. El “nuevo programa” de la LIT es tan impresionista como el anterior (lo que significa que carece de programa) pues cambia las caracterizaciones estructurales al calor de cada coyuntura. Sólo progresa en un rumbo definido: él de la negación de todas las conquistas programáticas y políticas del marxismo: “en la URSS, donde esperábamos que se mantuviese en el proletariado el hilo histórico de la Revolución de Octubre y el bolchevismo, nos encontramos con que el stalinismo lo cortó” (entonces: ¿hay o no hay revolución antiburocrática?), “la teoría marxista no podrá ser la misma que antes de la caída del muro de Berlín”. La afirmación de la LIT (que no dice cómo y porqué la teoría marxista debe cambiar después de la caída del muro), sólo puede ser entendida como la disposición para abandonar explícitamente el marxismo. Por su tentativa de autopreservarse ante la crisis total de su política, por su incapacidad de evaluar sus errores en base al programa trotskista, la dirección de la LIT encamina a su organización rumbo a su liquidación como corriente. La consumación de este objetivo reaccionario sólo deja para los militantes honestos y revolucionarios de la LIT la alternativa de la crítica radical del programa seguido hasta el presente, y la convergencia con los marxistas revolucionarios en la lucha por una auténtica tendencia trotskista internacional. (*) Luciano Avila es miembro de la Organización IV2 Internacional (Brasil) (**)Se trata de una versión corregida y ampliada del texto original que apareció en Estudos nQ 27, San Pablo, 1991. (1) LIT, Boletín de Discusión Internacional N1J 5, Hacia el IV Congreso Mundial, 7 de julio de 1991. * (2) Cf. Osvaldo Coggiola, Historia del trotskismo argentino (1929-1960), Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1985; El trotskysmo en Argentina (1960-1985), Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1986; así como Julio N. Magri y Aldo Ramírez, Los sindicatos en Argentina. Las posiciones de N. Moreno 1944/1954, Buenos Aires, Ed. PO, 1978. (3) V. León Trotsky, Clase, Partido y Dirección. San Pablo, Quil-ombo, 1986. (4) V. Osvaldo Coggiola, De Perón a Alfonsín. Movi miento Obrero Argentino 1945-1985, (5) Cf. Luciano Avila, "LIT-MAS, un proceso de descom- 25 de julio de 1991; y Causa Operaría N- 142, San Pablo, posición política", Prensa Obrera Ne 336, Buenos Aires, 2 de agosto de 1991. (6) La estrategia de la izquierda en la Argentina prólogo editorial (7) J. Altamira y ]. N. Magri, "Las tesis del Comité Internacional", Internacionalismo N-3, octubre de 1981. (8) LIT, Boletín de Discusión Internacional, N- 6, Hacia Congreso Mundial, 21 de junio de 1991. (9) Jorge Altamira, La estrategia de la izquierda en la Argentina, Buenos Aires, Ed. Prensa Obrera, 1989, p.130. (10) M. A. Ribeiro, "La particularidad de Alemania", Convergencia Socialista/ Nc302, San Pablo, 8 de agosto de 1991. (11) V. Luis Oviedo, "El nuevo desorden internacional", Prensa Obrera NL> 334, Buenos Aires, 27 de junio de 1991. (12) Jorge Altamira, "Crítica de las posiciones de la LIT", p.19, y "La estrategia de la izquierda…", pág. 168 y 169. Estudos N° 25, San Pablo , FFLCH/USP, octubre 1991,

1 de octubre de 1991
Las tendencias trotskystas en el origen del PT

El PT cuenta hoy en su interior con un conjunto de corrientes trotskystas, algunas de las cuales tienen apenas un puñado de adherentes. De ellas, cuatro fueron reconocidas recientemente por la dirección partidaria como corrientes oficiales, la Democracia Socialista, O Trabalho, Convergencia Socialista y la insignificante Voz Proletaria (posadista), más conocida por sus aspectos pintorescos y por la conducta extravagante de su fundador, el argentino Homero Cristaldi (J. Posadas). La quinta corriente trotskysta, Causa Operaría — a la cual el autor de este artículo está vinculado— es la única corriente de expresión del Partido de los Trabajdores a la que le fue negado el reconocimiento en función de las divergencias políticas con la línea oficial de partido. Estas corrientes se estructuran, sin excepción, en el período de crisis del régimen militar que se inició a mediados de la década der70 con el fin del “milagro brasileño” y con la expresiva derrota del partido oficialista, el ARENA, a manos del partido burgués oficial de oposición, el MDB. Su estructuración fue un lento proceso molecular de recomposición política, tanto del movimiento obrero derrotado por el golpe militar del '64, como del movimiento estudiantil desestructurado por la derrota del '68 y por la actividad desorganizadora de los grupos foquistas durante la década del '70. Su creación, aunque tenga bases en la reestructuración del proceso político nacional, fue —en gran medida— impulsada por la actividad de las organizaciones trotskystas internacionales, europeas y latinoamericanas. Así es que Democracia Socialista se formó a partir de la fusión de diversos grupos políticos regionales, algunos de los cuales, eran producto de la evolución y de la ruptura d' organizaciones semi-foquistas de la década de '70 como el POC (Partido Obrero Comunista) o el Polop (Política Operaría) y se vinculó al llamado Secretariado Unificado de la IVa Internacional dirigido por el belga Emest Mandel. La Convergencia Socialista, fundada por exiliados brasileños en Chile, fue creada bajo la inspiración del PST (Partido Socialista de los Trabajadores) de Argentina, dirigido por Nahuel Moreno, actual Mas. O Trabalho, actual nombre de la antigua OSI (Organización Socialista Intemacionalista) fue el resultado de una fusión entre grupos trotskystas como la OC-1- de Maio (Organización Comunista l2 de mayo), apoyada por el entonces CORCI (Comité de Organización por la Reconstrucción de la IVa Internacional), pero particularmente por la organización argentina Política Obrera y por el francés Partido Comunista Intemacionalista. Del interior de la OSI surgirá Causa Operaría, como resultado de una polémica internacional entre las organizaciones francesa y argentina en tomo al carácter de la burguesía en los países atrasados, la orientación a seguir en los sindicatos de los países atrasados e, incluso, la conducta a adoptar frente al PT. Ei “ala socialista” del MDB y el partido obrero independiente Las diferencias políticas de estos grupos en tomo a la cuestión crucial de la organización partidaria de los explotados, o sea, de la propia estructuración política de la clase obrera, se manifestaron de inmediato. La DS y la CS, ambas en aquel momento vinculadas al Secretariado Unificado, respectivamente a la mayoría y a la minoría del SU, adoptaron la táctica común de estructurar en el partido oficial de oposición a la dictadura, el MDB, un “ala socialista”. Ambas organizaciones compartían la concepción predominante en la burguesía democrática de aquella época de que el MDB era “un frente amplio de oposición” a la dictadura. Esta política de frente popular precoz denunciaba, al mismo tiempo, una concepción de la revolución de carácter etapista, donde en una primera fase, por la ausencia de libertades democráticas, el proletariado quedaría integrado política y organizativamente a la burguesía. En las elecciones del '78 lanzaron los llamados “candidatos obreros y socialistas” del MDB, los cuales tenían poco de obreros y nada de socialistas, como el burócrata Benedito Marcilio, presidente del Sindicato de Metalúrgicos de Santo André, apoyado por la Convergencia Socialista. La OSI, al contrario, va a lanzar ya a partir de 1977 la propuesta de construcción de un “partido obrero independiente”, la cual tenía el mérito innegable de señalar de inmediato la necesidad centi*al de separar al proletariado de la burguesía, organizándolo en partido propio opuesto al “frente amplio de oposición” dominado por la burguesía nacionalista y democratizante. Sin embargo, esta cuestión será uno de los puntos de discordia que llevaron al surgimiento de Causa Operaría. El motivo de la discusión fue la manera abstracta y sectaria con que era levantada la reivindicación: “… siempre que los revolucionarios plantearon la cuestión del partido obrero como algo distinto del partido revolucionario (dotado de un programa comunista más o menos acabado), este planteamiento tenía un objetivo preciso frente a organizaciones existentes, que agrupaban al proletariado y frente a las cuales los revolucionarios organizados constituían una pequeña minoría”. “La OSI, al contrario, inventó la consigna del partido obrero dirigida… a nadie. Y particularmente de un partido obrero no dirigido a los sindicatos, cuando exactamente lo contrario es lo que debería hacerse hoy debido a la revitalización de las organizaciones obreras a partir del ascenso de la lucha huelguística” (…). “Si mañana, por ejemplo, se reúne un congreso de organizaciones sindicales para aprobar la constitución del llamado Partido de los Trabajadores debemos intervenir en este proceso, luchando no por cualquier programa sino por una Verdadera plataforma’ obrera independiente.” (1) De esta forma, antes mismo del nacimiento del PT, cuando este apenas “estaba en el aire”, en el '78, ya se delineaban claramente tres posiciones entre las corrientes trotskystas: 1) La posición de los integrantes del SU —la DS y la CS— que proponían un “ala socialista” de un partido burgués, una vaga delimitación ideológica (en la medida en que el programa de esta “ala socialista” no se diferenciaba en nada de la estrategia democratizante de la oposición burguesa) en un partido no sólo burgués sino además de colaboración con el régimen militar; 2) Una propuesta de partido obrero, defendida por la OSI, no dirigida a provocar una evolución política en el interior de las organizaciones de masas del movimiento obrero, como los sindicatos, sino dirigida a una auto-proclamación de la propia organización; y 3) Una propuesta de partido obrero concebida como un llamado a la auto-organización de los trabajadores influenciados por la burgusía, donde los revolucionarios deberían intervenir críticamente con un programa de independencia de clase. La CS: del partido socialista con Almino Affonso al PT Los seguidores de Moreno en Brasil tomaron la iniciativa de plantear la construcción de un partido socialista. No se trataba de un partido programáticamente trotskysta ni siquiera obrero. La propuesta de construir un PS fue concebida por los morenistas como la forma de “realizar la síntesis de las variadas corrientes que aspiran al socialismo” (2), lo que significaba concretamente la reunión de varias figuras remanentes del viejo nacionalismo burgués del antiguo PTB varguista, como Almino Affonso, el vicegobernador de Orestes Quercia, Edmundo Moniz, Fernando Henrique Cardoso y otros con el objetivo de crear un “amplio y democrático Partido Socialista en el Brasil, usando para eso incluso las leyes vigentes en el país” (3). El objetivo estratégico de tal partido sería la lucha por establecer un “socialismo con libertad” (4). Esta propuesta de los morenistas, que fue presentada como una formulación precursora del PT, no tenía absolutamente nada que ver con la organización independiente de los explotados sino que constituía la continuación de la política seguida en el interior del MDB. En el mismo documento de propuesta del PS, explicaban que la participación de los “socialistas” en el MDB, concebido como “un frente electoral o frente de oposición democrática”, tenía como objetivo “la unidad de todas las fuerzas democráticas” para luchar por “el fin del régimen de excepción … a partir de un programa mínimo del MDB”. El objetivo de esta política sería que “el régimen militar debe ser sustituido por un gobierno provisorio, elegido por el frente democrático, y este tiene que tener un plazo que debe ser lo más breve posible, suficiente para la convocatoria de una Constituyente libre y democrática”). La política de encubrir los objetivos de-mocrático-burgueses con un lenguaje socialista es lo que caracteriza tanto a la política seguida por los morenistas en aquel momento como su actividad en torno al PS. En el II9 Congreso de Convergencia Socialista, surgida esta propuesta de construcción del PS, podemos leer en una de las resoluciones: “Nosotros, militantes de Convergencia somos socialistas, por eso, en esa Asamblea Constituyente lucharemos para que los trabajadores consigan votar una constitución que organice el país en nuevos moldes, dentro de una planificación socialista, o sea, lucharemos para que en la Constituyente se vote un gobierno de los trabajadores y una constitución socialista que siente las bases para la construcción de un Brasil socialista”(6). La idea de luchar en la Constituyente burguesa por un gobierno de los trabajadores y una constitución socialista revela con claridad que la política de los morenistas es una política de frente popular (el “frente amplio de oposición”) y de demagogia socialista, demagogia porque el socialismo es colocado aquí solamente para ocultar el carácter burgués de las reivindicaciones democráticas, toda vez que no se explican las condiciones concretas en que es posible realizar el socialismo. El viraje de la recién formada Convergencia hacia el PT ha sido señalado como un gran acierto de los morenistas en la época que caracterizaban al nuevo partido como “el embrión del partido socialista que está naciendo” y el núcleo de Convergencia Socialista se propone frente a él “luchar con todas las fuerzas para que este embrión crezca rápidamente y se transforme en verdadera opción para la democracia” (7). En realidad, entre la política de construcción del PS y el viraje en dirección al PT hay una política de carácter contradictorio. El viraje de la CS en dirección al PT es el resultado, en primer lugar, del fracaso de la propuesta de PS, que no conseguirá realizar la “convergencia” con los “socialistas” burgueses; el PT será el resultado de una ruptura entre la burocracia sindical encabezada por Lula y el ala “auténtica” del MDB (Fernando Henrique Cardoso, Alberto Goldman, etc.) causada por las imposiciones de la evolución de la situación política y de la lucha de clases. La continuidad está en que la CS llevará dentro del PT la misma política que presidió su actividad en torno del PS. La CS reivindicará desde el inicio, e incluso hasta el día de hoy, las “bases políticas originales del PT”, en las cuales, se dice, los morenistas habrían tenido participación directa. Los documentos iniciales del PT, sin embargo, no son una plataforma obrera y socialista sino formulaciones democráticas y burguesas. Allí se propone “la participación política de los trabajadores”, “la democratización de la sociedad”, pero en ningún momento son planteadas las cuestiones fundamentales de la lucha por la independencia de clase y los objetivos históricos de la clase obrera. La intervención de la CS en el interior del PT estará guiada desde el inicio por una adaptación a las tendencias oportunistas que estaban presentes en su fundación, en dirección a un partido “amplio”, “democrático”, o sea, el mismo tipo de partido que la CS proponía para su PS. La CS no proponía una adaptación transitoria al PT como forma de luchar por un partido de clase realmente independiente; así, la CS afirmará, sin rodeos, que “para la CS sólo hay un PT, el que lanzó Lula ante 80.000 metalúrgicos en abril de 1979. Defendemos este PT y sus banderas de lucha. Y vamos a combatir a los que quieren modificar los objetivos trazados desde el comienzo por los compañeros Lula, Bittar, Cicote, Ibrahim, Skromov y demás dirigentes sindicales. No queremos que el PT tenga todo nuestro programa.” (8) (Destacado por el autor). Con estas posiciones, la CS se presentó desde el principio no como una vanguardia revolucionaria que participa de la experiencia política de los trabajadores, con un programa y una política que les permita evolucionar hacia una organización propia de clase independiente, plenamente conciente de sus objetivos como clase, sino como un elemento adicional de confusión y fortalecimiento de las tendencias burguesas y pequeñoburguesas que convivían en el partido en aquel momento y que hasta hoy predominan en él. Posteriormente, en 1981, la CS efectuará un giro de 180 grados en algunas de sus posiciones iniciales. Va a caracterizar al lulismo como “una burocracia históricamente contrarrevolucionaria”, que “Lula es igual que Joaquim” (“pelego”del sindicato metalúrgico de Sao Paulo) y que entre ambos había sólo una “división del trabajo”, para plantear una línea de “entrismo” que “aproveche los aspectos progresivos del PT” (9), como si se pudiesen aprovechar aspectos “progresivos” de la contrarrevolución. Esta política, con mayores o menores variaciones, durará hasta el año '90, cuando la CS se enfrentará a la cuestión de la reglamentación de las tendencias y efectuará un nuevo viraje político. O Trabalho: pilar de la dictadura y partido obrero Cuando Lula lanzó en 1979 la propuesta de construir un Partido de los Trabajadores, la corriente O Trabalho, entonces OSI, la condenó sin medias tintas: “surgido en el interior del sindicato corporativista, aglutinando viejos burócratas (…) y burócratas más nuevos, el PT viene mostrando en cada huelga su verdadero papel: mantener la estructura sindical corporativista, quebrar al movimiento huelguístico (…) es una articulación burguesa, que juega, al lado del PCB, un papel de apoyo a la dictadura”(10). Este análisis de O Trabalho (que hoy es ocultado, de todas las maneras posibles, por sus integrantes de la época, algunos de los cuales son hoy miembros de la fracción mayoritaria del partido como Luiz Gushiken, Clara Ant y Glauco Arbix) no tenía nada que ver con la realidad sino que formaba parte dé un esquema abstracto y doctrinario que procuraba imponer a los hechos y cuyo centro era la concepción de que los sindicatos brasileños no eran organizaciones obreras sino de la burguesía. El análisis de O Trabalho reducía los sindicatos brasileños a una de sus características, la de su reglamentación jurídica y su control por el Estado, sin considerar que eran las únicas organizaciones formales de la clase obrera brasileña. Este análisis conducía a numerosas equivocaciones, la más importante de las cuales era la política de “destrucción de los sindicatos” existentes y la construcción de nuevos sindicatos, llamados “sindicatos libres”. Según Trotsky, “las tentativas sectarias de edificar y mantener pequeños sindicatos ‘revolucionarios’ como una segunda edición del partido significan, de hecho, renunciar a la lucha por la dirección de la clase obrera. Es preciso establecer aquí como principio irrenunciable: el auto-aislamiento sectario fuera de los sindicatos de masas equivale a una traición a la revolución y es incompatible con la afiliación a la IVa Internacional” (11). En el análisis de O Trabalho había también otro error, éste común al conjunto de los sectores petistas, pero desde otro ángulo. El PT no nació en el interior de ningún sindicato, fuese corporativo o no. El PT fue el resultado de todo un amplio proceso de recomposición política, no sólo en el interior de la clase obrera sino también en el interior de la izquierda pequeñoburguesa. Basada en este mismo argumento, que sirvió a O Trabalho para condenar al PT, el conjunto de la izquierda procuró presentar al PT como la expresión genuina del movimiento obrero, ocultando la predominancia en su interior de los elementos pequeñoburgueses nacionalistas y democratizantes. Lo mismo hará el propio O Trabalho en seguida, dando un viraje de 180 grados en relación a su política frente al PT, pero sin alterar esta apreciación. Cuatro meses después de la crítica que hacía al PT, O Trabalho cambia totalmente sus posiciones: “El PT es una respuesta del movimiento obrero en el sentido de su organización independiente (…) El PT nace como la articulación de agentes de la burguesía en el movimiento obrero, pero no evolucionó como un pilar de la dictadura. La fuerza motriz de su articulación es la lucha de los trabajadores y no los partidos burgueses ni la dictadura militar”(12). No tenemos aquí ningún verdadero análisis de la evolución del PT sino, simplemente una pérfida tentativa de adecuar las posiciones políticas a la realidad con un mínimo de daño para la credibilidad de la organización. No se puede considerar seriamente que los “agentes de la dictadura”, como era considerado el propio Lula, “evolucionan ya no en el sentido de luchar contra la dictadura sino en el sentido de la organización independiente del movimiento obrero”, o sea, de la lucha contra el capital. La pretensión de que la “fuerza motriz” del PT es la lucha de los trabajadores también carecía, como carece hoy, de sustentación. Una de las características más relevantes del PT es el hecho de haber elevado a un verdadero objeto de culto la no interferencia del partido en el movimiento organizado de los trabajadores a través de la teoría de la “autonomía de los movimientos sociales”. El PT careció siempre, y carece incluso hoy, de organización fabril e incluso de organización partidaria formal en los sindicatos. En realidad, las huelgas iniciadas en 1978 marcaron el despertar de la clase obrera frente a la dictadura y proyectaron a sus dirigentes, particularmente a Lula, a nivel nacional. El llamado de esta dirección a construir un Partido de los Trabajadores dio a la propuesta una importancia nacional y puso a la orden del día, objetivamente, la cuestión de la constitución de un partido independiente, sus métodos, su estrategia y su programa. Este fue un hecho totalmente progresivo en un país que, como Brasil, carecía completamente de una organización política de masas c la clase obrera y en el cual no había un partido revolucionario desarrollado. El conjunto de la izquierda —y a partir de ese momento también O Trabalho— dio la tarea por resuelta. Su caracterización será que “Lula y los que lo rodean están hoy marcados por las relaciones que establecieron con el movimiento obrero independiente (…) Lula cumple un enorme papel progresivo (…) después de más de un año de construcción de este partido obrero independiente que está siendo el PT” (13). La confusión que se presenta aquí es la de que plantear simplemente un partido de trabajadores que agrupa indiscriminadamente asalariados y pequeñoburgueses, no puede ser identificado automáticamente como un partido obrero independiente. La creación del PT constituyó, en aquel momento, un paso progresista, pero también un paso que precisaba ser completado con otros: actuar en forma independiente en el terreno electoral y, más importante aún, en el terreno de la agitación y de la propaganda en general, en el conjunto de la situación política, a partir de una estrategia y una táctica realmente obreras, lanzarse a la organización política de los trabajadores en su lugar de trabajo. El desenvolvimiento posterior de O Trabalho confirma las caracterizaciones establecidas an teriormente. La identificación del PT como partido obrero independiente lo llevará a reclamar su ingreso primero al PT y luego a su fracción mayoritaria. La falta completa de críticas de O Trabalho a la evolución del PT provocarán, más adelante, en su interior una ruptura vertical que hará que la mitad de la organización, ya bastante debilitada en función de sus zigs-zags políticos, se disuelva en la fracción lulista, incluyendo a todos sus principales dirigentes. Democracia Socialista: el partido obrero sin programa Al contrario de las corrientes analizadas más arriba, la DS no se caracterizó en los primeros tiempos de su existencia por proponer una organización partidaria separada del MDB. Acomodada en el “ala socialista” de ese partido burgués, la DS acogió al PT como la alternativa natural en el momento en que surgió. Los mandelistas brasileños caracterizaron enseguida al PT como un “partido obrero independiente, clasista”(14). Esta caracterización se postula como un axioma a partir del cual se estructura un conjunto de consideraciones, pero nunca fue explicada desde un punto de vista objetivo. La DS incluso llega a reconocer, contradictoriamente con esta caracterización fundamental, que el PT “no es un partido revolucionario”, “que no asimiló la lucha de clases” y que “es necesario luchar por un partido marxista revolucionario de masas”. Según el documento de la DS “para alcanzar los intereses históricos de la clase obrera el PT deberá adoptar el programa del marxismo-revolucionario”, aunque al mismo tiempo agrega esta consideración fundamental: “no podemos defender esto para el PT desde ya: esto sería estrecharlo. Por lo tanto, los marxistas defienden sus posiciones, organizan una corriente y procuran construir una organización. Con el avance cualitativo del grado de conciencia y de movilización de las masas, en una situación revolucionaria o pre-revolucionaria, ahí sí será posible luchar para que el PT adopte el programa del marxismo revolucionario. Esto exigirá una organización revolucionaria suficientemente fuerte y respetada para imprimir concretamente esta dirección al PT”(15). Esta curiosa caracterización abre de inmediato un conjunto de interrogantes: 1) Si no se debe defender un programa marxista-revolucionario de inmediato para el PT, ¿qué tipo de programa debe ser defendido para el PT, un programa no-marxista y no-revolucionario?; 2) Si el programa marxista-revolucionario no debe ser defendido para el PT, ¿para quién será defendido, una vez que las masas evolucionan por referencia al PT?; 3) Si no se debe defender un programa marxista-revolucionario para el PT, ¿cómo va a obtener éste “un avance cualitativo del grado de conciencia de las masas”, lo que equivale a la asimilación de este mismo programa?; 4) Si no defendemos el programa marxista-revolucionario antes de la situación revolucionaria, ¿cuáles serán las condiciones para defenderlo en una situación como ésta?; 5) ¿Cómo construir “una organización revolucionaria suficientemente fuerte y respetada para imprimirle al PT esta orientación” sin defender un programa marxista-revolucionario? No es posible construir un partido sin un programa, por más rudimentarios que sean sus posiciones políticas. Por definición, un partido político es un agrupamiento o una reunión de personas para defender una propuesta política determinada, cualquiera que ella sea. La teoría de la imposibilidad de defender “desde ya” un programa “marxista-revolucionario” tiene dos consecuencias absolutamente lógicas. La DS respondió a la cuestión de cuál debería ser el programa del PT con una cita recortada y desfigurada de Federico Engels, que se tornó una especie de apología de la conducta del conjunto de las corrientes de izquierda en el interior del PT: “El primer gran paso a ser dado en todos los países que hayan entrado recientemente en movimiento es la constitución de los obreros en partido político independiente, no importando cómo, bastando sólo que sea un partido obrero independiente separado. Este paso se dió antes de lo que esperábamos, y eso es lo más importante. Que el primer programa de este partido sea confuso y de los más incompletos es un inconveniente inevitable, pero pasajero. Las masas tendrán tiempo y oportunidad de defenderse, y esta oportunidad la tendrán en el momento en que posean un movimiento propio, donde ellas serán impulsadas por sus propios errores, volviéndose más sabias a su propia costa”(16). Esta cita sirvió para que una parte de la izquierda brasileña transformara a uno de los autores del Manifiesto Comunista en un apologista del “partido obrero sin programa” y en un instrumento de su propia orientación de no presentar un programa revolucionario para el PT. En realidad, esta es toda una deformación del propio pensamiento de Engels que en la misma carta señala que “lo que los alemanes (dentro del partido obrero norteamericano, N. de R.) deberían haber hecho era actuar de acuerdo con su propia teoría —si es que ellos comprenden lo que nosotros hacíamos en 1845-48, ir hacia todo movimiento real del conjunto de la clase obrera, aceptar el punto de partida como un hecho concreto y conducirlo gradualmente a nivel teórico, resaltando que cada falta cometida, cada derrota sufrida, era una consecuencia necesaria de los errores teóricos del programa original 17). La comprensión de la DS ante el fenómeno del PT es que este sería un partido “sin programa”, ocultando el hecho de que el PT sí tenía un programa, cuya estrategia era la “democratización del Estado” y que este programa debería ser sometido a una crítica “desde ya” por los revolucionarios, los que deberían oponer a esta “confusión inconveniente pero inevitable” su propio programa revolucionario señalando que “cada derrota sufrida era una consecuencia necesaria de los errores teóricos del programa original”. Así, la DS declaró, desde el inicio, que bajaba sus banderas ante el programa que los intelectuales pequeñoburgueses, de origen stalinista o nacionalista burgués, estaban imponiendo al partido (y que estaban lejos de constituir sólo “un error teórico”). La segunda consecuencia inevitable de esta elaboración teórica de un “partido sin programa” es que la DS dejó de lado cualquier programa propio, una vez que no lo defiende para el PT, lo que significaba adoptar el propio programa del PT, toda vez que un programa es un ser que sólo puede vivir a través de la lucha política. La idea de un programa que exista fuera de la lucha cotidiana por su aplicación en todos los terrenos es una idea metafísica y escolástica. El desenvolvimiento posterior de la DS estará marcado por una infinidad de crisis que le drenarán un gran número de militantes en favor de las corrientes mayoritarias del PT. Gradualmente, la DS adoptará casi integralmente todo el programa del ala pequeñoburguesa del partido en nombre de que ésta habría evolucionado hacia posiciones revolucionarias. Causa Operaría: por un PT obrero y de masas En 1978, Política Obrera, organización argentina que tuvo un papel decisivo en la lucha contra las posiciones adoptadas por la OSI-O Trabalho intemacionalmente y en Brasil, y por lo tanto, en el nacimiento de Causa Operaría, definía ya una posición clara frente a la cuestión del PT: “El proletariado, para participar como clase del actual proceso político, necesita de su propia organización, un partido obrero independiente, propuesta que debe ser desenvuelta bajo la forma de un programa y que debe ser levantada como exigencia a la burocracia sindical que rompe con la dictadura’ 18). En abril de 1979, el núcleo inicial que va a publicar a partir de ese año el periódico Causa Operaría, profundiza este análisis en un documento de balance de las divergencias con la orientación oficial de la OSI: “La experiencia histórica más destacada, la del Labour Party británico, demuestra que la derrota de los marxistas (la federación social-demócrata), debida en gran parte a su sectarismo antisindical y antiparlamentario, dio lugar a la captura del partido obrero de los sindicatos por los políticos de la burguesía enseguida después de haber puesto en peligro su formación. Las presiones contra un partido obrero independiente en Brasil son infinitamente más poderosas. Por lo tanto, sólo ayudando a la vanguardia obrara a orientarse, esto es, mediante un programa y un trabajo profundo de propaganda, agitación y organización, solamente así podrán quebrarse las maniobras y los ataques del gran capital y de los profesionales pequeñoburgueses. ¿Qué futuro le espera a un grupo que niega a los sindicatos su carácter de organizaciones de masas de la clase obrera, un grupo que niega la necesidad de un programa? ¿Qué futuro le espera sino el de caer en el ridículo y en el desprecio? Afirmar que no importa el programa es trabajar para la victoria política de los enemigos de clase que no quieren obviamente el partido obrero independiente (19). En su primer número, el periódico de la organización ponía el problema del PT en términos concretos frente a la evolución de la situación política: “La propuesta de construir un partido de la clase obrera es, sin dudas, progresivo. Sin embargo, la independencia política de un partido obrero no es una cuestión de forma sino de contenido: depende de su programa. Este programa debe partir de las reivindicaciones vitales del proletariado y de los explotados y proponer los métodos propios de organización destinados a llevar sus luchas en la dirección de la destrucción del Estado burgués, dirigiendo a las masas hacia la instauración de un gobierno obrero y campesino”. “Existe entre quienes se reivindican de la lucha por un PT una enorme confusión sobre las características de un programa consecuente. Por esto, es necesario abrir el debate sobre las tareas prácticas por la construcción de un verdadero partido obrero independiente”(20). Además de postular con claridad la relación entre el movimiento obrero, el partido y la cuestión del programa, se hacían consideraciones sobre el carácter y la forma de organización de este partido: “Un PT solamente podrá ser la representación política de los trabajadores si es de masas (…) si queremos un auténtico PT el camino es claro: tenemos que partir de las masas obreras organizadas y proyectar su movilización hacia un plano político junto a las comisiones de fábrica, a los cuerpos de delegados, esto es, a la extensión de las organizaciones obreras a partir de sus lugares de trabajo, tenemos que formar los núcleos del PT y multiplicarlos por mil”(21). Sobre esta base se postulaba el siguiente camino: “La perspectiva de un partido obrero y de masas depende en gran parte de la capacidad de la vanguardia obrera para intervenir en el debate actual con una clara posición de independencia de clase: por un auténtico PT sin los “auténticos” del MDB, organizado en un congreso de bases”(22). La relación entre el partido revolucionario y el PT era definida así: “Nosotros luchamos por un partido obrero revolucionario, y para éste no existe ningún sustituto. Pero esa lucha sólo puede darse a través de la intervención en el combate y en la experiencia de las masas. No luchamos por un PT centrista que quede a medio camino entre la revolución y la reacción. Decimos que, si el PT se transforma en un canal de masas, habrá dado un paso de ruptura con la burguesía y habrá abierto un espacio para luchar por transformarlo en un partido revolucionario”(23). Las cuestiones planteadas por Causa Operaría al inicio de la formación del PT nunca serán resueltas claramente por los dirigentes de éste. Incluso hoy, diez años después de la creación del PT, la dirección partidaria aún no llegó a una conclusión sobre cual es la concepción del partido sobre el socialismo, sobre su carácter de clase, sobre la estructura del partido y otras cuestiones fundamentales. El PT se guía por las resoluciones coyunturales que se aprueban en sus encuentros, las que acaban formando un programa político más o menos coherente, pero que no es presentado como tal. Cuestiones programáticas tan importantes como la de la formación de un frente con los partidos burgueses en la elección presidencial o el acuerdo con estos mismos partidos para la formación de un gobierno conjunto luego de una victoria de Lula, son presentados como resoluciones coyunturales, ocurriendo lo mismo con la orientación sindical del partido (Pacto Social) y con el apoyo a las candidaturas burguesas en las elecciones y con su política internacional. La dirección petista ha sustentado una situación de ambigüedad programática que le permite adoptar resoluciones que definen una estrategia extraña a los intereses de clase del proletariado sin establecer ninguna base programática clara que permita una diferenciación política clara en su interior. Causa Operaría, paradójicamente, fue la única de las corrientes aquí analizadas que no fue reconocida como tendencia oficial en nombre de que no reconoce al PT como “partido estratégico”, eso a pesar del hecho de haber sido la única corriente que definió claramente su concepción del PT y luchó por ella abiertamente en el interior del partido, dejando claro que las propuestas que hacía no eran para la construcción de un partido centrista sino para impulsar la evolución del PT como partido revolucionario, objetivo explícitamente abandonado por las demás corrientes en nombre de que “no es posible” luchar por un programa revolucionario en el interior del PT. En contrapartida, de un pequeño puñado de militantes que era en 1979, que habían salido de una costosa ruptura política, conoció un gran desarrollo hasta tomarse una de las más expresivas tendencias trotskystas en el interior del PT. Notas: (*) Rui Costa Pimenta es dirigente de Causa Operaría (Brasil) (1) En defensa del marxismo, 1979, Documento de (2) Revista Versu9^nu 22, 1978; ruptura de Causa Operaría con la OSI; (3) Idem; (4) Idem; (5) Idem. Documento presentado por la coordinación (dirección) nacional del Movimiento de Convergencia Socialista a la Convención Nacional del MDB donde fue elegido el general Euler Bentes Monteiro como candidato de la oposición a la presidencia. En aquel momento, Con vergencia se proponía apoyar al general sobre la base de un programa mínimo democrático en la línea presentada en este documento; (6) Periódico Convergencia Socialista, n- 5, noviembre de 1979; (7) Revista Versus; n° 6; (8) Periódico Convergencia Socialista, ns 9, marzo 1980 (9) Boletín de discusión, nc 2, 1981 (10) La lucha de clases, n- 2, órgano del Comité Central ele la OSI, setiembre de 1979 (11) La agonía mortal del capitalismo y las tareas de la IV-’ Internacional. Programa de Transición para la Revolución Socialista, León Trotsky, 1939 (12) La lucha de clases, n2 3, 1980 (13) La lucha de clases, ne 6, junio de 1981 (14) El PT y el partido revolucionario en Brasil, Cuader- (15) Idem; nos de En Tempo, nQl, setiembre de 1981; (16) Carta de Engels a la socialista norteamericana (17) Idem; Florence Kelly, 1886; (18) Periódico Política Obrera; organo de la organización (19) En defensa del marxismo; Política Obrera, hoy Partido Obrero, setiembre de 1978; (20) Periódico Causa Operaría, ns 0, junio de 1979; (21) Periódico Causa Operaría, n2 2, octubre de 1979; (23) Periódico Causa Operaría, n2 3, noviembre de 1979 (22) Idem;