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World Revolution N° 1

1 de octubre de 2018 · 17 notas

Notas de este número

1 de octubre de 2018
¿Por qué “Revolución Mundial”?

La clase obrera internacional y todas las masas populares, oprimidas, empobrecidas y socialmente excluidas de todo el mundo están experimentando una devastación social, guerra, migraciones en masa, batallas feroces en múltiples frentes, una lucha permanente por la vida. El drama no termina. Los desafíos más grandes en la historia están de frente. Diez años después del colapso de Lehman Brothers, la fusión financiera mundial y la Depresión que la siguió, la aún irresuelta crisis capitalista global – “la peor de la historia” de acuerdo a Ben Bernanke, ex-Presidente de la Reserva Federal de los EEUU – avanza a través de convulsiones hacia nuevas explosiones. Las extraordinarias medidas tomadas por los bancos centrales y gobiernos (“flexibilización cuantitativa”, tasas de interés cercanas a cero o negativas, paquetes de estimulo, etc.) para parar el descenso al abismo fracasaron en proveer una salida viable par la catástrofe en marcha. Produjeron, por el contrario, nuevas, monstruosas “burbujas” especulativas, peores que aquellas que estallaron en 2007-2008, enormes bombas de tiempo listas para explotar con enormes implicaciones sociales y políticas. Los intentos del los capitalistas para evitar las amenazas venideras poniendo marcha atrás, terminando con la flexibilidad cuantitativa, incrementando globalmente las tasas de interés, etc., así como el alza del nacionalismo económico, el proteccionismo y la escalada de guerras comerciales y monetarias internacionalmente, acerca la caída a nuevas profundidades de depresión. Las economías y monedas de Argentina y Turquía en caída libre son solo los primeras señales avanzadas de la tormenta que viene en la arena global. La tan celebrada “globalización” del capital llevo a la globalización de todas sus contradicciones y finalmente a su propia implosión. En el bicentenario del nacimiento de Karl Marx, sus análisis y pronósticos, en su obra magna Das Kapital , encuentra su más dramática reivindicación histórica. “ La verdadera barrera de la producción capitalista es el capital mismo ”. La insolubilidad de la crisis está fortaleciendo tanto la tendencia a la guerra imperialista como la tendencia a levantamientos sociales, rebeliones populares – y a la revolución. El orden mundial internacional, como fue establecido después de la Segunda Guerra Mundial, se cae a pedazos bajo el impacto de la crisis global y la agudización de los antagonismos imperialistas y los conflictos internacionales. Ninguna institución capitalista, nacional o internacional, permanecerá intacta. Los Estados Unidos de Trump achicaron el Tratado Trans Pacífico (TPP en inglés), amenaza a Canadá y México con la disolución del NAFTA, está acelerando la desintegración de la UE, incluso la existencia de la OTAN se está poniendo en cuestión. Donald Trump y sus políticas no son un caso aislado de locura sino el síntoma, la manifestación brutal de las fuerzas históricas de desintegración desatadas por los EEUU y el capitalismo mundial en descomposición avanzada. La Unión Europea ha entrado en proceso irreversible de descomposición: la crisis de deuda de la Eurozona, Grecia, el Brexit, la Italia de Salvini, las divisiones entre el este y el oeste, el norte y sur de Europa, la ruptura del eje Franco-Alemán de la EU con un régimen político en crisis en ambos países. Desde el volcán de guerras del Medio Oriente a los Balcanes y las fronteras orientales de Europa en Ucrania, del Cáucaso al Asia Central al Mar del Sur de China y Corea, el imperialismo ya se enfrenta, directa o indirectamente, con Rusia y China para fragmentar y recolonizarlos, absorbiéndolos en el capitalismo mundial. Por otro lado, un nuevo levantamiento de masas está en camino. En el Medio Oriente y el Norte de África, a pesar del retroceso de la primera marea revolucionaria y el infierno de la agresión imperialista y las guerras, hay una serie de revueltas en 2018 contra la miseria social y el desempleo en Túnez, Marruecos, Irán, Irak, Jordania, la Gran Marcha del Retorno de la juventud palestina en Gaza, hasta movilizaciones de masas en el mismo Israel contra el apartheid de nuevo estilo con la Leyes Callejeras Básicas. Se hace claro, incluyendo los reportes del FMI, que las fuerzas motrices que produjeron las revoluciones del 2011 aún trabajan. En Europa, la polarización se manifiesta por las crisis de régimen, el ascenso de la extrema derecha, -y la decadencia de la democracia burguesa, de un lado, y, del otro, un malestar entre las masas que resisten: continuas huelgas obreras en Francia contra las leyes anti-laborales, la crisis nacional catalana y la caída del gobierno de derecha de Rajoy en España, la revuelta popular en Rumania contra el gobierno corrupto, etc. En América Latina, el agotamiento, declinación y caída de los gobiernos burgueses “nacionales y populares” no corresponden a un agotamiento del potencial revolucionario como las luchas en Brasil contra el golpe de derecha, el tremendo movimiento de las mujeres en Argentina por el derecho al aborto legal, seguro, y gratuito contra la colusión del Estado y la Iglesia o la rebelión popular y derrocamiento del gobierno en Haití lo demuestran. La cuestión central planteada por la crisis y las luchas que irremediablemente genera no es la capacidad de lucha de las masas que derrotistas y escépticos profesionales en una izquierda desmoralizada y la extrema izquierda usualmente subestiman. El tema crucial es el de la orientación política, la consciencia, la estrategia, tácticas, programa, es decir de la organización revolucionaria, un partido de combate capaz de aprender a través de su intervención constante en la lucha de clases cómo ganar y dirigir a las masas a su propia emancipación. Ya desacreditado por el rol y la función de las tradicionales máquinas burocráticas del estalinismo y la social democracia, después de la no gloriosa aunque trágica muerte de la Unión Soviética en 1991, el concepto del Partido revolucionario compartió el destino de todos los principios y conceptos asociados con la Revolución de Octubre y su distorsión en el así llamado “(no) Socialismo real”. Fue rechazado junto con las perspectivas de revolución social –particularmente de una revolución socialista mundial – del Socialismo, y el Comunismo, falsamente identificado con crímenes horrendos, retórica formalista, fracaso histórico y colapso final de los regímenes burocráticos estalinistas. Los mitos de 1989-1991 celebrando “el fin de la Historia” y la “final y completa victoria del capitalismo liberal”, particularmente luego de la irrupción de la crisis global en 2007, parecieron completamente ridículos y han sido abandonados. Pero todo tipo de ilusiones fetichistas desde los grandes momentos de la globalización financiera global permanecen y la confusión y desorientación histórica aún prevalecen en la izquierda. Le mort saisit le vifl El pesimismo histórico post 1991 y el escepticismo político alimentan, entre los trabajadores y el movimiento popular, la desmoralización, el derrotismo, la parálisis. Así como las contradicciones de la globalización capitalista comenzaron a emerger, los movimientos sociales experimentaron un revivir a comienzos del siglo 21, y los sistemas parlamentarios burgueses establecidos fueron sacudidos por la crisis post 2007, la respuesta preponderante en la izquierda fue intentar encontrar un sustituto “radical” a la revolución, que era considerada una opción no realizable ni deseable que pertenecía irremediablemente al pasado siglo. Las tendencias dominantes en una revivida izquierda “radical” y social eran o virar hacia el fetichizado, llano “movimientismo” o, luego de su fracaso, buscar una senda más allá de la línea divisoria histórica entre reforma y revolución, combinando la lucha parlamentaria-electoral por la conquista del poder del gobierno (burgués) con apoyo de movimientos sociales extraparlamentarios. Los “movimientistas” e “izquierdistas radicales” cultivaron la ilusión de una salida a la crisis capitalista, por la creación gradual de “espacios emancipados” dentro del marco del capitalismo y su Estado. En todos los casos, la política de clase y la independencia política de la clase obrera de las fuerzas burguesas fueron abandonadas, en nombre de una indefinida “multitud” o de un “frente amplio” o de “partidos amplios” y otras coaliciones heterogéneas sueltas. La bancarrota política de tales “experimentos” para evitar la senda revolucionaria, la estrategia marxista, y la organización de un Partido de combate es ahora claro para todos, desde América Latina varios tipos de “populismo” en Brasil, Uruguay, Argentina, Ecuador, Bolivia o Venezuela a las desastrosas experiencias europeas de la capitulación de Syriza en Grecia o del curso derechista de Podemos en España y del Bloco de Esquerda en Portugal, o el patético fracaso de los “partidos amplios” como el NPA en Francia. La imagen invertida del espejo del liberalismo y el oportunismo liquidacionista de izquierda es la fosilización sectaria, la inercia de grupos enmascarando su parasitismo bajo la pomposa auto-proclamación de “revolucionarios” y escondiendo su abstencionismo de la lucha política de clases viva con denuncias estériles de otras organizaciones en el movimiento obrero, el ultimatismo, el rechazo a cualquier acción unida de la clase y la repetición propagandística ecléctica, fuera de contexto, de citas clásicas marxistas. Estos agrupamientos y círculos sectarios ignoran completamente las advertencias de León Trotsky que el marxismo es un materialismo dialéctico “ método de análisis de relaciones sociales, no de textos” (En Defensa del Marxismo), “ la más alta apreciación crítica cuantitativa y cualitativa de la realidad objetiva desde el punto de vista de la acción revolucionaria” (El Nuevo Curso). No puede haber un movimiento y/o partido revolucionario sin aprender de las recientes experiencias estratégicas así como de todas las revoluciones y contra-revoluciones del pasado, sin una valoración crítica y una ruptura decisiva con el estalinismo desde la izquierda, el punto de vista marxista revolucionario, no desde el punto de vista de derecha o liberal. El desplazamiento al liberalismo de izquierda en condiciones donde la propia social democracia se estaba desintegrando y convirtiendo en neo-liberal se convirtió en la principal forma de capitulación al status quo capitalista. Contra el nihilismo político en la izquierda, que fue una rendición vergonzante al triunfalismo burgués de finales del siglo 20, lo que se necesitó y se necesita es una reapropiación creativa del legado teórico-político de Marx, de la Revolución de Octubre y del marxismo revolucionario. Una indispensable herencia teórica a ser tomada no como el fin metafísico del pensamiento sino como el cimiento necesario para el desarrollo ulterior de la teoría y la práctica revolucionaria, una apertura no dogmática a lo que es nuevo en la historia, a toda experiencia liberadora de lucha por la emancipación humana universal, el comunismo. Una ruptura de la izquierda liberal, con o sin el disfraz “radical”, necesita prestar gran atención a lo que Lenin enfatizo de nuevo, en 1923, contra Zukanov y la “ortodoxia marxista” mecánica, kautskyana, de la Segunda Internacional: “No han entendido para nada que es lo esencial en el marxismo: su dialéctica revolucionaria”. Esta es la línea de demarcación más profunda entre Marx y el marxismo, de un lado, y sus caricaturas liberales o socialdemócratas o estalinistas, del otro. Ningún movimiento revolucionario y/o partido puede ser construido con amnesia histórica, ni ninguna teoría revolucionaria viva, solo por improvisaciones empíricas en la lucha de clases cotidiana o por el auto-aislamiento sectario en una prisión ideológica auto-construida de esquemas muertos. Más tarde o más temprano tal esquematismo empirista o dogmático, activismo sindical o ceguera política abstencionismo sectario termina en la adaptación oportunista y la capitulación a las limitaciones y presiones del medio nacional burgués. “ como es imposible construir el socialismo en un solo país, es también imposible tener una política socialista revolucionaria en un solo país”. Esta afirmación de León Trotsky es más actual y sólida que nunca ante nuestra época imperialista de decadencia capitalista, especialmente mientras la globalización capitalista produjo la interconexión internacional más profunda y el carácter mundial domina los desarrollos históricos desiguales y combinados. Un partido obrero revolucionario verdadero, de combate, puede ser construido solo como parte de la lucha por construir una Internacional obrera revolucionaria. Las características específicas de cada formación nacional juegan, indudablemente, un rol esencial para la elaboración de una estrategia, tácticas y programa revolucionario. Pero estas características tienen que ser integradas en el proceso histórico mundial. Esta es la base material para el internacionalismo militante en la práctica concreta, no solo por una abstracta “solidaridad de los pueblos”, en términos moralistas. Y un internacionalismo organizado, activo, revolucionario, es decir una Internacional, es la única fuerza que puede realmente dirigir la lucha para derrotar al capitalismo mundial en decadencia, el impulso de la guerra imperialista y el ascenso de las tendencias de extrema derecha nacionalista contra-revolucionaria producido por su crisis global. Nuestra corriente internacional está formada por la convergencia de partidos y organizaciones marxistas revolucionarias de América Latina, Europa, y más tarde del Medio Oriente, viniendo de diferentes orígenes en el fragmentado movimiento trotskista internacional. Surgió de las secuelas de la desintegración de la Unión Soviética, en oposición al prevaleciente derrotismo en la izquierda, luchando, por la refundación de la Cuarta Internacional, primero como movimiento (MRCI) y luego, después de su Congreso de Fundación en 2004 en Buenos Aires, como la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional (CRCI). Nuestro reagrupamiento estaba basado definidamente sobre análisis de la situación mundial y el programa revolucionario votado en 2004. Pero también, primer y principal, se basó en la estimación histórica estratégica que nuestra época transicional, el ciclo histórico abierto mundialmente por la revolución socialista de octubre de 1917 NO estaba cerrado con el colapso de la Unión Soviética y el giro hacia la restauración capitalista en Rusia, China, y Europa central y oriental. Esto fue y es la línea divisoria fundamental entre nosotros y la mayoría de otras tendencias y organizaciones de izquierda internacionalmente. Desde éste punto de vista de la época, la Cuarta Internacional fundada por Trotsky y sus camaradas en 1938 tuvo como tarea histórica no solamente luchar contra el estalinismo –ahora, después de 1991, en ruinas – sino completar a escala mundial el trabajo de transformación revolucionaria y transición hacia el comunismo mundial comenzado en 1917. La crisis de la transición histórica, el retraso prolongado de la revolución social particularmente en los centros metropolitanos del capitalismo mundial, la degeneración burocrática en la URSS con todas sus implicaciones desastrosas y su muerte final, la fragmentación y desorientación de la Cuarta Internacional después de Trotsky, son tremendos obstáculos, pero de cuales debemos y podemos superar por medios internacionales revolucionarios de las masas proletarias y de su vanguardia organizada. Las necesidades más hondas de la vida social humana chocan irreconciliablemente con la barrera del orden global capitalista en decadencia, como lo demuestra la actual crisis global irresuelta del modo más irrefutable. Las tareas incumplidas planteadas por la misma historia deben ser completadas. Son más urgentes hoy que nunca. Esto hace necesario el renacimiento de la Internacional nacida, bajo las condiciones más difíciles en 1938, de la necesidad de completar la revolución mundial comenzada en octubre de 1917, y fundada por la última vanguardia de oponentes bolcheviques al estalinismo – la Cuarta Internacional. Ningún otro reagrupamiento de sectas o una federación suelta de grupos orientados nacionalmente sino una verdadera Internacional, peleando en la arena mundial para cambiar el mundo. Nuestro órgano teórico-político internacional Revolución Mundial, cuya publicación fue decidida en la Conferencia Internacional llamada por el Partido Obrero de Argentina, el Partido de los Trabajadores de Uruguay, el EEK de Grecia, y el DIP de Turquía en Buenos Aires en abril de 2018, viene a servir a esta causa histórica. Su ambición y objetivo es convertirse en punto de referencia internacional del marxismo militante para el debate principista, la clarificación política, la delimitación política, el reame teórico con la dialéctica revolucionaria materialista-histórica como guía para la acción, el reagrupamiento y la unificación de los luchadores revolucionarios de vanguardia hoy dispersos internacionalmente en luchas fragmentarias. Nuestro grito de batalla es: ¡por la Revolución Permanente y el comunismo, construyamos la Internacional de la revolución socialista mundial!

1 de octubre de 2018
El carácter de la guerra en el siglo XXI: ¿Rusia y China son un objetivo o un bando de la guerra?
Levent Dölek

La promesa de lograr un desarrollo capitalista pacífico bajo el disfraz de la «globalización», que constituyó el componente más significativo del ataque ideológico por parte del capitalismo, se ha evaporado. El mundo entero se da cuenta de que estamos al borde de una nueva guerra. Ahora está ampliamente aceptado que los Estados Unidos constituirán un bando de las fuerzas combatientes, mientras que Rusia y China, de una forma u otra, se posicionarán contra los Estados Unidos. El nuevo ataque ideológico bajo estas circunstancias se enfoca en la propagación de la creencia de que Rusia y China, como las dos potencias mundiales en ascenso, representan una amenaza para la paz mundial. Aproximadamente durante dos décadas, los medios de comunicación del imperialismo, como Newsweek Time o The Economist , han predicado consistentemente que el siglo XXI será el siglo de China. Putin, como «el nuevo zar ruso en ascenso», recientemente está bajo la luz de las portadas de los mismos medios de comunicación. No hay razón para creer que estos medios de comunicación tengan buenas intenciones detrás de su «propaganda» de Rusia y China. El objetivo de esta propaganda es oscurecer la agresión imperialista de los Estados Unidos al presentar a Rusia y China más fuertes y agresivas de lo que realmente son. El reflejo de esta propaganda imperialista en la izquierda, sea consciente o no, es describir a Rusia y China como potencias imperialistas. Transpuesto desde la esfera teórica a la práctica política, esto resulta en graves errores, incluyendo la posición extremadamente reaccionaria de defender a las organizaciones sectarias en Siria en nombre de un llamado a luchar contra el «imperialismo ruso», y en errores relativamente reparables, como en el caso de adoptar una actitud indecisa hacia el imperialismo estadounidense. Creemos que podríamos iniciar un debate significativo y progresivo con aquellos que adoptan una postura irreconciliable hacia el imperialismo yanqui y sus aliados, adoptando al mismo tiempo una actitud cautelosa sobre la posibilidad de que Rusia y China se conviertan en potencias imperialistas. Por lo tanto, es de gran importancia analizar la estructura socio-económica de Rusia y China para discutir el carácter del imperialismo y la guerra en el siglo XXI. Este artículo examina los principios generales del abordaje marxista a la cuestión de la guerra, cómo se formularon estos principios durante las diversas etapas del desarrollo capitalista y cuál debería ser la postura de los marxistas en las circunstancias actuales. Hemos presentado previamente un análisis completo del abordaje marxista a la cuestión de la guerra en un dossier en Devrimci Marksizm , número 25. En este artículo, nos limitamos a una explicación general de cuál debería ser la posición de los marxistas frente a la guerra que se acerca con rapidez. No vamos a entrar en un debate exhaustivo sobre la cuestión de la estrategia y las tácticas. Sin duda, asumimos a los EE. UU. como un bando de la guerra junto con la Unión Europea, Gran Bretaña y Japón, que están en una posición subordinada hacia los EE. UU., pero que también cargan con un carácter imperialista. Al analizar el carácter de Rusia y China, nos centramos específicamente en las características distintivas del imperialismo que existen en estos países, en lugar de ofrecer una explicación exhaustiva de su estructura socioeconómica. Entre los dos, estamos principalmente interesados ​​en China. Esto se debe a que nuestro punto de partida esencial, que es la teoría leninista del imperialismo, sitúa a la economía en el centro de su análisis. Conceptualiza la lucha imperialista por partir y repartir [el mundo] como uno de los resultados de la etapa imperialista del capitalismo. China está muy por delante de Rusia en términos de su desarrollo económico, tanto que ni siquiera es comparable con este último. Por lo tanto, si China no puede ser caracterizada como una potencia imperialista, también será posible decir lo mismo para Rusia. Debido a que el poder militar y la capacidad de China y Rusia, así como su posicionamiento en el Medio Oriente y el Pacífico, merecen ser examinados por sí mismos, no serán el centro de nuestro debate en este artículo. Presentaremos nuestra posición sobre estos asuntos bajo el subtítulo del carácter de guerra, donde nos referiremos a las decisiones tomadas por el IV Congreso del Partido Obrero Revolucionario (DIP). La postura marxista sobre las guerras en general Lenin comienza su libro Guerra y Socialismo planteando que los marxistas siempre ven la guerra entre los pueblos como bárbara y monstruosa, y la rechazan. Luego abre un paréntesis, dentro del cual se puede encontrar el contenido del resto de su libro. El carácter monstruoso y bárbaro de la guerra crea la necesidad de tomarla en serio, planteando a los marxistas como críticos verdaderos y coherentes de la guerra para que se abstengan de adoptar una posición pacifista, librando en cambio una «guerra contra la guerra». Lanzar una «guerra contra la guerra» es participar en una lucha revolucionaria que esencialmente purgna por la liquidación de una sociedad de clases, porque ésa es la raíz de la guerra. Esta pelea requiere una evaluación de cada guerra en sus propios términos. La distinción entre guerras justas y defensivas y guerras agresivas e injustas se basa en esta base. Como el marxismo hace esta distinción, considera la guerra no desde la perspectiva de un periodista, sino desde la perspectiva de un funcionario, lo cual significa que los análisis y las evaluaciones de un marxista están orientados a la acción. Marx y Engels evaluaron las guerras en su propio período como los “oficiales” de la clase obrera, se posicionaron y actuaron en consecuencia. Evaluaron las guerras con el propósito de liderar la lucha de clases hacia un final exitoso o, en otras palabras, desde el punto de vista del interés de la revolución mundial, y determinaron su postura en consecuencia. El objetivo invariable de la guerra es desarmar a tu enemigo, forzándolos a ceder a tu voluntad. Si la guerra es emprendida por naciones, dentro de las cuales hay divisiones a lo largo de las líneas de clase, y si un bando no es un Estado obrero, esa guerra lleva a arrastrar a millones de trabajadores al campo de batalla, pero resulta en un triunfo del voluntad de una clase dominante sobre la de otra, mientras que son los miembros de la clase trabajadora los que pagan una gran parte del costo. Sin embargo, sería un error para la clase trabajadora permanecer indiferente a las guerras. Incluso cuando los tomadores de decisiones y los ejecutores de una guerra son clases dominantes, esa guerra puede producir resultados progresivos y reaccionarios para el proletariado internacional y las clases trabajadoras como resultado del desarrollo desigual de las naciones. No solo un partido marxista lucha por un resultado con consecuencias favorables para las masas trabajadoras, sino que también se involucra en una intervención activa y bien planificada con ese fin. El car ácter de la guerra en el per íodo pre-imperialista Marx y Engels, con esta perspectiva, apoyaron las guerras de naciones y pueblos explotados contra los colonialistas. Tomaron partido a favor de los afganos, los indios, los chinos contra los británicos, y a favor de los egipcios y los mexicanos contra los franceses. La razón principal detrás de esta actitud es que el colonialismo constituyó el principal obstáculo para el desarrollo social y la transformación de las tierras coloniales. En la guerra entre Francia y Prusia, Marx y Engels se pusieron del lado de los alemanes, que lucharon una guerra defensiva contra la agresión de Bonaparte III. Para ellos, este último era enemigo no solo de los alemanes sino también de la Revolución Francesa. Marx y Engels saludaron a la República proclamada gracias a la derrota de Bonaparte III. Sin embargo, tan pronto como la guerra de las clases dominantes alemanas perdió su carácter defensivo y se volvió agresiva contra la República Francesa, no dudaron en oponerse a ella.1 Durante este período de tiempo, Marx y Engels emitieron declaraciones, abogando por la colaboración de la clase obrera en los partidos de combate bajo el paraguas de la Asociación Internacional de Trabajadores (Primera Internacional). Invariablemente intentaron alejar a la clase trabajadora de las ilusiones nacionalistas y establecer una línea política independiente de la burguesía y las clases terratenientes. Marx y Engels respaldaron a los otomanos en la Guerra de Crimea. El despotismo otomano, sin duda, fue reaccionario, y Marx y Engels se opusieron a este despotismo y sus manifestaciones basadas en la clase y en la nación. También percibieron al zarismo ruso, junto con otros actores reaccionarios, como una amenaza para todas las fuerzas progresistas y revolucionarias. Por esta razón, favorecieron la derrota rusa por el bien de las luchas revolucionarias y progresistas, así como por los intereses del proletariado internacional. En última instancia, no solo debemos evaluar cada guerra en sus propios términos, sino que también debemos considerar las circunstancias históricas de cada guerra. En la era de las revoluciones burguesas, todos y cada uno de los desarrollos para disolver el orden feudal fue progresivo en términos de preparar el terreno para la victoria histórica del proletariado. Es debido a esta perspectiva que Marx y Engels apoyaron no sólo las guerras contra el colonialismo que obstruyen el desarrollo social y la transformación, sino también las guerras contra las estructuras despóticas, las barreras en el camino del desarrollo de las sociedades frente al feudalismo. Lenin explica el contexto histórico que determinó la postura de Marx y Engels de la siguiente manera: «La época de 1789-1871 dejó tramos profundos y recuerdos revolucionarios. Antes de que el feudalismo, el absolutismo y la opresión extranjera fueran derrocados, el desarrollo de la lucha proletaria por el socialismo estaba fuera de discusión. Cuando hablaban de la legitimidad de la guerra «defensiva» en relación con las guerras de esa época, los socialistas siempre tenían en mente precisamente estos objetos, que equivalían a una revolución contra el medievalismo y la servidumbre «. Imperialismo: La etapa superior del capitalismo El capitalismo adquirió un carácter monopolista y entró en su etapa imperialista desde el último cuarto del siglo XIX en adelante. Aunque las naciones beligerantes no cambiaron, este fenómeno cambió el carácter de la guerra. Lenin enfatizó que las guerras de la burguesía libradas en nombre de la libertad ya se habían convertido en historia y la lucha inter-imperialista por dividir el mundo es lo que se volvió predominante. Esta transformación no tuvo lugar debido al cambio en los gobiernos de las naciones o la disociación ética de estas naciones de los valores de la revolución burguesa como la igualdad, la libertad y la fraternidad. Estas naciones se convirtieron en fuerzas que oprimían y esclavizaban a la mayoría de los pueblos y naciones del mundo debido al desarrollo y la maduración del capitalismo. Lenin señala que tanto el colonialismo como el imperialismo existieron antes de la era del capitalismo moderno e incluso antes del capitalismo mismo. El Imperio Romano tenía colonias y practicaba el imperialismo en el sentido de expansión territorial. Sin embargo, después de alcanzar la etapa más alta del capitalismo, es imposible comprender el imperialismo independiente de la política colonial e imperialista del capital financiero. En este sentido, Lenin afirma que «las disquisiciones» generales «sobre el imperialismo, que ignoran o ponen en segundo plano la diferencia fundamental entre los sistemas socioeconómicos, inevitablemente se convierten en la banalidad o fanfarronería más insulsa, como la comparación:» Gran Roma » y Gran Bretaña ‘. «1 El imperialismo no es la política expansionista de los países individuales, sino la etapa superior del capitalismo. Lenin explica las características de la etapa del imperialismo basado en la transformación estructural del capital y el capitalismo. Como explicó Marx en El capital , en el proceso de acumulación de capital, la competencia condujo a la intensificación y centralización del capital, y como resultado surgieron monopolios. El capitalismo monopolista reemplazó al capitalismo competitivo. La unificación del capital financiero y el capital industrial creó el capital financiero, que es la unidad característica del capital imperialista. La exportación de capital se hizo más dominante y decisiva que la exportación de mercancías. Los gigantescos grupos capitalistas monopolistas internacionales dividen el mundo entre ellos. Los poderosos Estados capitalistas completan la división territorial del mundo. En la era del imperialismo, las grandes potencias definen el acto de guerra y llevan a cabo la división territorial del mundo. Sin embargo, el análisis del imperialismo requiere hacer distinciones entre estos grandes poderes. Según Lenin, entre los seis grandes poderes que dividieron el mundo, Estados Unidos, Alemania y Japón eran Estados capitalistas (imperialistas) jóvenes y emergentes, e Inglaterra y Francia eran los Estados capitalistas (imperialistas) viejos. Con una estructura socioeconómica dominada por las relaciones precapitalistas y rodeada por las fuerzas imperialistas capitalistas modernas, Rusia era bastante diferente de las demás.1 Mientras definía la posición de Rusia en la Primera Guerra Mundial como imperialista, Lenin enfatizó esta diferencia crucial: «En Rusia, El imperialismo capitalista del último tipo se ha revelado plenamente en la política del zarismo hacia Persia, Manchuria y Mongolia; pero, en general, el imperialismo militar y feudal predomina en Rusia «. Los elementos del militarismo y el feudalismo que dominaron al imperialismo ruso también estuvieron presentes en el imperialismo otomano. Sin embargo, el Imperio Otomano era una semicolonia y no poseía las características distintivas del imperialismo definido como la etapa superior del capitalismo. Por lo tanto, ni Rusia ni el Imperio Otomano no pueden ser vistos como potencias imperialistas que hayan definido el carácter (imperialista) de la Primera Guerra Mundial. Ellos dependían de grandes potencias imperialistas y por lo tanto ocupaban una posición secundaria (en el mejor de los casos) en la rivalidad inter-imperialista. Por lo tanto, el imperialismo de Rusia y los otomanos se parecía al imperialismo de la Gran Roma en lugar del imperialismo capitalista. Los énfasis de la teoría del imperialismo de Lenin en el capitalismo monopolista, el capital financiero y la exportación de capital muestran los fundamentos principales de las grandes potencias que luchan por la división y la división del mundo. Grandes ejércitos, territorios expansivos y poblaciones relativamente altas fueron las fuentes de poder de los imperios precapitalistas. En la era del imperialismo, la exportación de capital tomó el lugar de las campañas militares y el capital financiero que invadía los mercados tomó el lugar de los ejércitos invasores. En el plano internacional, los ejércitos imperialistas (que son financiados por super-ganancias derivadas del saqueo de las materias primas y de la explotación de la fuerza de trabajo barata, y utilizando las capacidades técnicas y tecnológicas suministradas por la industria capitalista) se volvieron dominantes en todos los campos. Los ejércitos de los imperios precapitalistas orgullosos de su omnipotente pasado fueron derrotados por los invasores imperialistas (como se vio en el caso de China) o se convirtieron en potencias auxiliares al servicio del imperialismo (como se vio en los casos de Rusia, los otomanos, y Austria-Hungría). El car ácter de la guerra en la época del imperialismo y la revoluci ón proletaria La postura en contra de la guerra en la era del imperialismo llevó al movimiento obrero y al marxismo a un punto de inflexión. Contra los socialdemócratas que distorsionaron la perspectiva de «guerra de defensa» de Marx y Engels para legitimar el apoyo de sus propios gobiernos imperialistas burgueses, los socialistas internacionalistas como Lenin, Trotsky, Luxemburgo y Liebknecht tomaron una postura firme contra la guerra imperialista. Entre los socialistas internacionalistas, Lenin se convirtió en el representante más consistente de la perspectiva revolucionaria de Marx y Engels. Lenin unió el planteo contra la guerra imperialista con la estrategia de convertir la guerra imperialista en una guerra civil. La victoriosa Revolución de Octubre fue el resultado de esta estrategia. La revolución proletaria que triunfó en Rusia en 1917 también puso fin a la Primera Guerra Mundial. El sistema mundial imperialista experimentó un quiebre después de la Revolución de Octubre. Se abrió la era de las revoluciones proletarias. Las guerras posteriores se pueden entender (y se entendieron) en este contexto histórico. En la guerra franco-alemana de 1870-71, atestiguamos que el carácter de una guerra en curso puede cambiar. De manera similar, la Revolución de Octubre cambió el carácter de la Primera Guerra Mundial. Después de la Revolución de Febrero, se hizo posible convertir la guerra imperialista en Rusia en una guerra revolucionaria. La guerra revolucionaria llegó concretamente a la agenda después de la Revolución de Octubre. El Tratado de Brest-Litovsk descartó una guerra revolucionaria contra Alemania. Sin embargo, la guerra del imperialismo contra el estado obrero recientemente fundado continuó en forma de guerra civil. La Guerra Civil Rusa que comenzó en 1918 fue una guerra en la que las clases lucharon visiblemente entre sí. Fue una guerra revolucionaria y justa del proletariado, y una guerra reaccionaria e injusta de la burguesía y los terratenientes rusos. El carácter de la guerra también cambió para el Imperio Otomano/Turquía al final de la Primera Guerra Mundial. Junto con Austria-Hungría, el estado otomano se unió a la guerra en el bloque imperialista liderado por Alemania. Después de perder la guerra, el estado otomano fue desmembrado e invadido. Después de esa etapa, la guerra adquirió un carácter nacionalista y defensivo burgués. Con esta perspectiva, Lenin y Trotsky apoyaron la lucha nacional en Anatolia. En la era de las revoluciones proletarias que se abrieron después de la Revolución de Octubre, la Unión Soviética se convirtió en el frente más importante y estratégico de la revolución mundial. Después de ese punto, el imperialismo dejó de ser un sistema verdaderamente universal. Las guerras anti-coloniales del siglo XIX fueron instrumentos de la destrucción de las formas socio-económicas y políticas pre-capitalistas en las colonias y del avance de las sociedades colonizadas. Después de la Revolución de Octubre, las guerras nacionales contra el imperialismo se convirtieron en parte de la revolución proletaria mundial. Lenin entendió y abogó por el derecho de las naciones a la autodeterminación, no como un principio abstracto, sino en estrecha relación con los requisitos de la revolución proletaria mundial. En el Segundo Congreso de la Internacional Comunista en 1920, el famoso eslogan del movimiento revolucionario de la clase trabajadora desde la publicación del Manifiesto Comunista , «¡Trabajadores del mundo, uníos!» Fue revisado como «¡Trabajadores y naciones oprimidas del mundo, uníos!” La coexistencia de un imperialismo en declinación y una revolución proletaria en ascenso determinó el contexto histórico de la Segunda Guerra Mundial. Como la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial tuvo el carácter de una rivalidad interimperialista por la división del mundo. La Segunda Guerra Mundial no fue simplemente un conflicto entre el nazismo alemán y el fascismo italiano, por un lado, y las democracias inglesa, francesa y estadounidense, por el otro lado. Fue una guerra entre dos campos imperialistas por la repartición del mundo. En este contexto, la postura del marxismo contra la Segunda Guerra Mundial fue similar a la posición de los bolcheviques contra la Primera Guerra Mundial, lo que significa que la clase trabajadora de cada país tuvo que rechazar colaborar con sus clases dominantes imperialistas. Como Francia estuvo ocupada al comienzo de la Segunda Guerra Mundial y el poder capitalista invasor (frente a la nación francesa y la clase obrera francesa) apareció bajo la forma del nazismo, la resistencia contra la ocupación y el fascismo / nazismo cobraron importancia. Para todos los demás países imperialistas, convertir la guerra imperialista en una guerra civil (para triunfar sobre sus burguesías nacionales y establecer estados obreros) fue una estrategia revolucionaria relevante. El carácter de la guerra cambió después del asalto de los nazis contra la Unión Soviética en 1941. La guerra de la Unión Soviética contra el nazismo fue una guerra defensiva y justa. La política del derrotismo revolucionario contra los aliados imperialistas de la Unión Soviética debía continuarse, pero de manera modificada. Sin olvidar el hecho de que los aliados imperialistas de la Unión Soviética eran esencialmente los enemigos de la Unión Soviética y la revolución proletaria, se debían desplegar tácticas adecuadas que priorizaran la victoria militar del Estado obrero. El objetivo directo e inmediato del proletariado mundial era la victoria militar de la Unión Soviética. Por lo tanto, la segunda ola de la revolución mundial comenzó con la victoria del Ejército Rojo sobre el fascismo, las guerras partidistas en toda Europa y la guerra contra la invasión japonesa en China. De acuerdo con el carácter de la época, las revoluciones socialistas detuvieron la guerra imperialista. ¿Qu é define el car ácter de las econom ías rusa y china: la exportaci ón de commodities o la exportaci ón de capital? El imperialismo es una etapa del capitalismo en la que la exportación de capital, en lugar de la de las mercancías, se vuelve determinante. En el siglo XXI, la exportación de capital se ha vuelto más fácil tanto técnica como tecnológicamente. Los ataques neoliberales del imperialismo, con el tiempo, han desmantelado considerablemente las barreras frente a la circulación del capital. La exportación de capital en estas circunstancias no se limita a un puñado de potencias imperialistas, sino que se ha generalizado. Además, la profundización de la integración del mundo imperialista ha llevado a un aumento en la exportación de capital entre las economías imperialistas y Estados Unidos y Gran Bretaña ahora reciben un alto nivel de inversión extranjera directa, además de ser líderes en la exportación de capital como grandes potencias imperialistas. Que los niveles de inversión que Estados Unidos y Gran Bretaña exportan y reciben, cada uno, son aproximadamente iguales no cambia la característica imperialista del capital financiero de estos países. Por el contrario, están en el centro de un sistema capitalista mundial cada vez más integrador. Los países imperialistas como Alemania, Francia y los Países Bajos, más la Unión Europea en su conjunto y Japón son exportadores netos de capital en términos del stock de inversión extranjera directa. Por otro lado, Rusia y China son importadores netos de capital en términos del stock de inversión extranjera directa. Mientras que el stock de la inversión extranjera directa de China es igual al 24 por ciento de su PIB, su exportación de capital alcanza solo el 12 por ciento de su PIB. Este porcentaje, para Rusia, es respectivamente del 30 por ciento y del 26 por ciento, y esto a pesar de ser el primer exportador de capital número uno para las ex repúblicas soviéticas, lo que demuestra que también es un importador neto de capital. Un examen minucioso de China y Rusia muestra que el carácter de sus economías no se define por la exportación de capital, sino por la exportación de productos básicos. La situación de Rusia es bastante obvia. El 40% del ingreso presupuestario de Rusia proviene del petróleo, el gas y sus derivados. Su desempeño económico depende en gran medida de la fluctuación de los precios del petróleo. Sin embargo, a escala global, Rusia con sus ingresos totales de exportación de 353 mil millones de dólares está en la parte inferior de la liga de países exportadores, compitiendo con los Emiratos Árabes Unidos. Por esta razón, no discutiremos más la situación de Rusia debido a la claridad de su posición, mientras que la situación de China parece ser más controvertida y merece ser evaluada con más detalle. Con un ingreso de 2,3 billones de dólares por la exportación de productos básicos, China se encuentra en la cima de la lista de exportadores. Si sumamos los 550 millones de dólares de las exportaciones de Hong Kong a esta cifra, los ingresos de exportación de China duplican los ingresos de exportación de países como los EE. UU. (1,5 billones) o Alemania (1,4 billones). Nuestro punto es que la exportación de capital desde China es complementaria a la gigantesca estructura económica exportadora de productos básicos del país. En otras palabras, la economía china exporta bienes y capital, pero lo que es determinante en el caso de China es la exportación de commodities, no el rasgo distintivo del imperialismo que es la exportación de capital. Por ejemplo, la exportación de capital por parte de China mediante la compra de puertos y terminales es diferente de la conducta del capital financiero imperialista que busca encontrar mano de obra barata en el exterior. Los puertos de China no son un medio para transferir los excedentes de ganancias adquiridas por el capital mediante la explotación de mano de obra barata. Más bien, China los usa para vender productos al mundo, bienes producidos en China utilizando su mano de obra barata. Es como una extensión de su posición en la economía mundial como el principal país exportador que China invierte en puertos de todo el mundo. A pesar de estas inversiones, los monopolios comerciales del estado chino, que poseen 29 puertos en 15 condados y 47 terminales en 13 países, están aproximadamente a la par, o incluso rezagados, de la empresa danesa Maersk (41 países, 76 puertos), los suizos Mediterranean Shipping Co. (22 países, 35 terminales) y DP World con sede en Dubai (40 países, 77 puertos). Mientras que el 40% de las exportaciones chinas directas de capital se concentra en los sectores de minería, petróleo y energía, solo el 4% se destina a la industria manufacturera. China es uno de los principales clientes de materias primas y energía y esta demanda surge de la producción orientada a la exportación dentro de las fronteras de China, es decir, fuera del impulso de la exportación de productos básicos. La variable determinante en las inversiones directas de China en el exterior es el ingreso nacional del país en el que se exporta el capital chino. Las inversiones extranjeras de China apuntan no a mano de obra barata sino a mercados grandes. Los grandes mercados significan una mayor demanda de productos chinos, lo que demuestra que la exportación de capital chino es una extensión de su exportación de mercancías y que esta característica de la economía china no puede definirse como un indicador del imperialismo. También existe una seria fuente de malentendidos con respecto a los datos sobre las exportaciones chinas de capital. Cuando Hong Kong, una antigua colonia británica, fue entregada a China en 1997, China y Gran Bretaña llegaron a un acuerdo conocido como «un país, dos sistemas», según el cual el mercado libre y la estructura liberal de Hong Kong obtuvieron inmunidad. Por esta razón, las inversiones de China en Hong Kong se calculan como parte de la exportación de capital de China. Además, las inversiones extranjeras de Hong Kong en China están en el estado de capital extranjero. China ofrece muchos incentivos para atraer inversiones extranjeras. Por esta razón, la capital china que inicia un negocio en Hong Kong regresa a China («round trip») y aprovecha los incentivos proporcionados para la inversión extranjera. La participación de Hong Kong en la exportación de capital chino alcanza el 70 por ciento y se estima que el capital que se reinvierte en China como resultado de un viaje de ida y vuelta alcanza el 40 por ciento de la exportación de capital chino. El car ácter contradictorio del capital financiero ruso y chino Tres gigantes del petróleo y el gas natural, Gasprom, Lukoil y Rosneft, y dos bancos nacionales que cotizan en bolsa, Sberbank y VTB Bank, son las compañías rusas que se encuentran entre las 500 compañías más grandes del mundo. China, por otro lado, ingresa a la lista como uno de los países líderes, con aproximadamente 20 compañías en la lista de las 500 principales. Por lo tanto, si sumamos la creciente actividad bursátil en China y Rusia a la creciente importancia del capital de los bancos, podemos decir fácilmente que el capital financiero, característico de la era del imperialismo, existe en Rusia y China. Sin embargo, casi todas esas empresas son corporaciones de propiedad estatal o sociedades anónimas en las que el estado es el principal accionista. La única compañía privada china que llegó a la lista es Noble Group, con sede en Hong Kong, que en realidad es una compañía británica fundada por un gran comerciante de carbón llamado Richard Elman. La razón por la cual esas compañías se encuentran entre las 500 mejores del mundo no es el capitalismo desarrollado de China y Rusia, sino el liderazgo ruso en recursos naturales y el enorme mercado de China debido a que tiene la población más grande del mundo. Podemos observar un patrón en la propiedad estatal que no es compatible con las tendencias clásicas del capital financiero, especialmente cuando se trata de China. La tendencia prominente en las inversiones extranjeras de China no es del tipo «greenfield», lo que significa construir nuevas fábricas, unidades de producción, plantas, etc. desde cero, sino el modelo de joint venture en el que las empresas se compran en partes o al por mayor. Sin embargo, los inversores chinos han ganado notoriedad. Si bien el capital financiero clásico opera con el objetivo de maximizar las ganancias, las motivaciones políticas y burocráticas de China a veces pueden llevar la rentabilidad de la inversión a un segundo plano. El ejemplo emblemático de esto fue el caso de una compañía estatal china, Angbang Insurance Group, que compró el famoso Hotel Waldorf Astoria en Nueva York. Después de la restauración, Waldorf Astoria permaneció cerrada durante meses debido a la suspensión del director del grupo, Wu Xiaohui, en el curso de una investigación. Este incidente resultó en una pérdida de más de mil millones de dólares. Tales incidentes no solo despiertan sospechas contra los inversores chinos, sino que también empujan al propio gobierno chino a imponer serias restricciones a la inversión extranjera. En 2017, el gobierno chino prohibió las inversiones en casinos y similares, al tiempo que introdujo restricciones a la exportación de capital en bienes raíces, hoteles y lugares de entretenimiento. A diferencia de sus contrapartes estadounidenses, alemanes, franceses y japoneses, ni Rusia con sus monopolios de petróleo y gas, sus bancos estatales ni sus oligarcas en constante crecimiento debido al saqueo del estado obrero, ni en China con sus finanzas gigantescas pero prematuras, el capital puede formar la base de una potencia imperialista. Sin embargo, tal conclusión no implica que la situación actual seguirá siendo la misma para siempre. Aunque el capital financiero ruso está lejos de tener un carácter imperialista, el desarrollo del capital financiero chino requiere un escrutinio minucioso. Sin embargo, no podemos hablar de imperialismo a menos que China eleve su economía a un nuevo nivel en el que la exportación de capital, no la exportación de mercancías, se convierta en dominante. Además, es imposible para China ascender a la liga de países imperialistas siempre que no busque mano de obra barata más allá de sus fronteras, sino que continúe ofreciendo salarios entre los más bajos del mundo y siga siendo un país en el que el capital fluya y salga de los cuales se mueve su propia población. En relación con esto, debemos mencionar que Lenin también agregó el fenómeno de la migración a los indicadores del imperialismo: «Una de las características especiales del imperialismo conectadas con los hechos que describo es el declive en la emigración de los países imperialistas y el aumento en inmigración en estos países de los países más atrasados donde se pagan salarios más bajos”. En el mundo de hoy si no hay trabajadores migrantes estadounidenses, alemanes, daneses, holandeses, canadienses, británicos o franceses, la razón es que estos países son potencias imperialistas. Y la relación inversa también debe tomarse como verdadera. Resultados y perspectivas Lenin afirmaba que la lucha por la repartición del mundo entre las grandes potencias en la era del imperialismo se desarrolla en la base formada por el capitalismo monopolista, el capital financiero y la exportación de capital: «La época de la etapa final del capitalismo nos muestra que ciertas relaciones entre las asociaciones capitalistas crecen, basadas en la división económica del mundo; mientras que paralelamente y en conexión con ella, ciertas relaciones crecen entre alianzas políticas, entre estados, sobre la base de la división territorial del mundo, de la lucha por las colonias, de la lucha por las esferas de influencia». Cuando estamos tratando de dar sentido a la guerra en nuestra época, esta comprensión clara nos lleva a investigar la infraestructura económica de Rusia y China, que obviamente son uno de los polos de las contradicciones políticas y las tensiones militares. Hemos demostrado en su esquema básico que la infraestructura económica de Rusia y China no es de carácter imperialista. La posición defensiva de Rusia y China, como partes en las tensiones militares que sacudieron al mundo en la actualidad, está determinada por la infraestructura antes mencionada. En realidad, la posición defensiva de Rusia y China puede observarse fácilmente sin ese análisis. Lo que determina el carácter de la guerra en el siglo XXI es el cerco de Rusia y China por parte del imperialismo estadounidense, en alianza con sus aliados subordinados del imperialismo europeo y japonés, para integrar a los antiguos países en el sistema mundial imperialista de una manera desenfrenada, el proceso de restauración capitalista en estos países hasta su finalización. Esta posición, sin duda, puede cambiar con el tiempo. Sin embargo, para que esto ocurra, el capital financiero de Rusia y China debería desarrollarse de tal manera que la exportación de capital se convierta en dominante mientras que la exportación de productos básicos caiga en una posición secundaria en la economía. Solo bajo esa condición pueden estos países competir con los EE. UU. Y sus aliados en la lucha imperialista de dominación como potencias imperialistas independientes. Un desarrollo más probable sería que Rusia y / o China pelearían junto con un campo imperialista en el caso de una división dentro del campo imperialista. Esta última situación significa una posición similar a la de Rusia y el estado otomano durante la Primera Guerra Mundial. Considerando la situación actual del mundo y los acontecimientos políticos, se puede decir que la probabilidad de tal alternativa es muy baja. Aunque Rusia y China están en una posición justa y defensiva contra el bloque imperialista dirigido por Estados Unidos, ni el despotismo de Putin ni el PCCh ni el Partido «Capitalista» de China son una alternativa para que el proletariado mundial siga y ofrezca apoyo político. El interés del proletariado mundial radica en la derrota del imperialismo. El poder militar de Rusia y China reduce la posibilidad de una invasión imperialista a casi imposible. Sin embargo, antes de un ataque militar, estos países enfrentan el riesgo de un colapso económico y político, como resultado de la destrucción de todos los logros de la revolución proletaria y la fuerte movilización de todas las dinámicas de crisis capitalista en esos países. Es decir que, aunque esos poderes puedan resistir al imperialismo, no pueden vencerlo. Por otro lado, la derrota de Rusia y China a manos del imperialismo daría lugar a resultados regresivos en todo el mundo. Por lo tanto, no es posible la imparcialidad entre el imperialismo y estos países. Por el contrario, cada golpe recibido por el imperialismo allanaría el camino para la dinámica revolucionaria. Lo que finalmente conducirá a la derrota del imperialismo del siglo XXI es la revolución proletaria, como fue el caso en la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial. [1] Levent Dölek es vicepresidente del DIP (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y ex profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Estambul antes de ser expulsado con uno de los primeros Decretos del Estado de Emergencia en Turquía en 2016 debido a su lucha política. Es escritor en Devrimci Marksizm (Marxismo Revolucionario) y su edición anual en inglés Revolutionary Marxism, y el periódico Gerçek (Verdad).

1 de octubre de 2018
Argentina bajo la tutela del FMI

“La vuelta al mundo de la Argentina”, uno de los slogans de campaña del macrismo, se corporizó bajo una forma muy particular: la vuelta a los pedidos de rescate al FMI. Que esto haya ocurrido cuando el gobierno transcurre ya más de la mitad de su mandato, y cuando asoma cercana una nueva competencia electoral que pondrá a prueba la capacidad de Mauricio Macri de lograr su reelección, muestra a las claras que asistimos al fracaso de una política. En las estimaciones oficiales se esperaba para esta etapa un crecimiento económico sostenido y una caída de la inflación -los esperados “segundos semestres”. Pero ocurrió exactamente lo contrario. El pedido de rescate fue impuesto por una corrida cambiaria y una fuga de capitales de dimensiones considerables, demostrando que el ‘círculo rojo’ de capital financiero internacional le daba la espalda a uno de sus gobiernos más afines. El peso fue la moneda que más se devaluó a nivel internacional en lo que va del año, superado sólo por Venezuela. Los límites que separan a las crisis cambiarias y financieras de las crisis económicas, se superan con facilidad, así como también las fronteras que separan a éstas de las crisis políticas. No debe soslayarse que la crisis estalló luego de que el gobierno ganara las elecciones y de que muchos avizoraban el éxito del llamando “operativo perdurar” -la reelección de la santísima trinidad del PRO: Macri-Vidal-Larreta. En estas condiciones, el préstamo solicitado de emergencia al FMI operó como un salvavidas que buscó rescatar al gobierno macrista de lo que podía haber sido su salida anticipada. Como demostraremos en este artículo, sin embargo, el acuerdo con el Fondo Monetario está muy lejos de haber cerrado la crisis. El gobierno deberá probar su capacidad de superar la crisis económica y, por sobre todo, de doblegar la capacidad de resistencia de los trabajadores y de las masas populares. Como tituló el diario El País, luego de las jornadas del 18 de diciembre, Argentina es un país difícil para hacer un ajuste. La vuelta al mundo En la prometida ‘vuelta al mundo’ de Macri radica buena parte de la explicación de la crisis de argentina. Sucede que ésta no puede tomarse bajo ningún concepto como una cuestión meramente nacional, resultante de cuestiones fiscales o de restricciones transitorias de financiamiento. Ya, a simple vista, lo prueba el hecho de que con las diferencias que son propias por las determinaciones locales, la corrida cambiaria, la fuga de capitales y la devaluación de la moneda abarca a una serie de países periféricos, entre los que se destacan Turquía y Brasil, pero también alcanza a Rusia y Sudáfrica, entre una lista más larga. En todos estos países, la matriz de la crisis en lo esencial ha seguido un camino similar: las devaluaciones monetarias son el resultado de una salida de capitales de la periferia hacia los países centrales, en primer lugar hacia Estados Unidos. El macrismo y la mayoría de los economistas que responden de una u otra manera al gobierno suelen consolarse con que esta fuga de capitales fue la consecuencia de la suba de la tasa de interés de Estados Unidos. Presentan como explicación aquello que debe ser explicado, ya que la suba de la tasa de interés es el resultado de la crisis y no su causa primera. Ocurre que la suba de la tasa de la Reserva Federal es la expresión de la enorme deuda pública acumulada por Estados Unidos, de unos 20 billones de dólares, y también de las corporaciones privadas que, según un estudio reciente, señala que el 40% de éstas tienen un endeudamiento calificado como “elevado”. Al igual que la Argentina, Estados Unidos tiene déficits gemelos (fiscal y comercial) y los enfrenta del mismo modo: subiendo su tasa de interés para poder financiar su propio déficit. Esta suba, además, se ve potenciada por la guerra comercial y financiera encabezada por el gobierno de Donald Trump. La política de repatriación de capitales anunciada por el magnate requiere de una tasa superior a la que regía hasta el momento. Incluso en estas condiciones, muchos sectores del capital norteamericano prefieren mantenerse en el exterior por los beneficios impositivos que han logrado. La suba de la tasa va acompañada, por ello, de una rebaja de impuestos al capital dentro de Estados Unidos, lo cual a su turno es un factor de agravamiento de la crisis fiscal. Esta repatriación no sólo es a expensas de los países periféricos sino, por sobre todas las cosas, de las otras potencias imperialistas. Estamos ante una lucha despiadada entre las principales potencias imperialistas asociadas a sus respectivos monopolios por imponer un nuevo reparto del mundo y dirigir el proceso de restauración capitalista en los ex Estados obreros, empezando por China y Rusia. La guerra comercial y financiera es el resultado de la sobreproducción mundial, tanto de mercancías como de capitales. Así, la suba de la tasa, lejos de reducirse a una cuestión financiera menor, es la expresión de fondo de la bancarrota capitalista mundial. Si en 2008 esta bancarrota tuvo su principal manifestación en la crisis hipotecaria, ahora parece concentrarse con mayor fuerza en las economías de los países periféricos. La crisis de fondo de Estados Unidos, con su endeudamiento público y privado impagable, debiera llevar a una desvalorización del dólar en vez de una apreciación. Un dólar más débil también sería favorable al comercio exterior de Estados Unidos, que tiene un déficit comercial gigantesco. Muchos economistas del macrismo, viendo esta tendencia de fondo, afirman que la crisis argentina es coyuntural y que en el mediano plazo el dólar deberá revertir su ciclo ascendente. Sin embargo, una desvalorización del dólar agravará por otra vía la crisis de los países periféricos. En primer lugar, sus débiles economías, caracterizadas por una baja productividad, deberán hacer frente a una guerra comercial aún más intensa que la actual. Una devaluación del dólar, además, llevará hacia arriba la inflación mundial, que será ‘importada’ por distintas vías por el resto de los países. Para la Argentina, que cuenta ya con una alta inflación y un déficit comercial que es récord en su historia, el pasaje de una revaluación a una devaluación del dólar será otra forma de agravamiento de la crisis. Made in Argentina Este impacto de la crisis mundial en Argentina opera sobre una realidad concreta, que actúa como agravante. El llamado ‘gradualismo’ no fue otra cosa que asegurarles a los capitalistas la continuidad de subsidios millonarios, ante la imposibilidad de aplicar un tarifazo de mayores proporciones, dada la dolarización de los llamados precios regulados de los servicios públicos. Para ello se recurrió a un endeudamiento superior a los 100.000 millones de dólares en dos años y medio de gestión, sumado al ingreso de capitales especulativos de corto plazo -el llamado carry trade . Este negociado entró en crisis en diciembre del año pasado, cuando luego del gran choque de las jornadas de diciembre, el gobierno operó una devaluación que consumió una parte importante de los beneficios de este capital financiero invertido en Argentina. Cuando todos hablaban de que la reelección de Macri estaba asegurada, los capitalistas votaban con los pies llevándose sus fondos a países como Egipto, que ofrecían rendimientos superiores de corto plazo. Otro factor ‘autóctono’ de la crisis argentina es el nivel de quiebra alcanzado por el Banco Central. Esta fue el resultado de una creciente acumulación de pasivos, las llamadas Lebac, que crecieron bajo el gobierno macrista en casi un 600%. El gobierno argumentaba que las Lebac tenían un efecto anti-inflacionario, al ser utilizadas para quitar de circulación los pesos emitidos por el Banco Central para comprar los dólares que entraban por endeudamiento o por la especulación financiera a corto plazo. Sin embargo, contrariamente a lo que se sostenía, la montaña de Lebac, que en la actualidad supera el billón de pesos, es un factor adicional que incrementa la suba de precios. Esto porque la renovación de las mismas, puestas mayormente a corto plazo, reclama un pago de intereses enorme que sólo es posible con nueva emisión. Y para asegurarse que, al momento del vencimiento la renovación se realice, deben ofrecerse tasas de interés cada vez más altas. Así, el combo final es más emisión y tasas altas, que tienden a elevar el costo financiero de todo el sistema de tasas de interés de la economía, agravando sus costos. Bastó, sin embargo, que no se le pueda asegurar a los especuladores un tipo de cambio estable para que, al finalizar su bicicleta, la ganancia obtenida se realice en dólares, para que la fuga de capitales se acelere y se consume una devaluación significativa. Quedó desmentida la especie difundida por el ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, para quien las Lebac no presentaban un peligro pues su emisión tenía como contraparte la acumulación de reservas. Cuando la corrida se desató, al tipo de cambio del momento, las Lebac con vencimientos a menos de dos meses representaban aproximadamente 65.000 millones de dólares, casi un 70% más que las reservas netas del Banco Central. Las Lebac fueron un medio parasitario para acumular reservas que sirvan como garantía al pago de la deuda, comprometiendo al conjunto de la economía, y en particular al patrimonio del Banco Central. La dolarización de tarifas, naftas y más en general de la casi totalidad de los precios de la economía, incluido los alimentos que se exportan, transformó a la economía argentina en una bomba de tiempo con mecha corta. La devaluación ejecutada luego de la corrida se transfiere con velocidad a los precios, incentivando aún más la inflación. La dolarización no está dictada por una necesidad objetiva, como lo prueba el hecho de que el 80% del gas que se consume es producido en el país. Algo parecido ocurre con las naftas. En lo que concierne a los alimentos, la dolarización fue el resultado directo de la eliminación o la reducción de las retenciones, depende de los granos y los productos exportados. Las retenciones no sólo tienen un papel recaudatorio, cuya reducción tienen un impacto fiscal, sino también que sirven para desenganchar el precio interno del precio internacional. Lejos de un monopolio del comercio exterior que establecería un gobierno obrero, las retenciones, sin embargo, son un principio de regulación para evitar la importación de la inflación mundial a la economía nacional. Bajo el gobierno kirchnerista, las retenciones fueron utilizadas como una fuente de recaudación para pagar más de 200.000 millones de dólares de deuda externa y parar financiar los subsidios a otras ramas del capital. La dolarización y la eliminación de las retenciones son factores que agravan el rodrigazo en marcha, abriendo la posibilidad de desatar directamente una hiperinflación que llevaría a la caída de Macri. Ante esto, el gobierno busca aplicar el rodrigazo en cuotas, negociando con los sectores capitalistas un traslado más gradual de la devaluación a los precios. Esta política de intervención fue causante de varias crisis y choques entre el macrismo con su base social capitalista, que concluyeron en general imponiendo su punto de vista al gobierno. Son también la causa de fondo que explican las crisis de gabinete, que llevaron a la salida de Aranguren y Cabrera -ministros de Energía y Producción, respectivamente- y al cambio en la cúpula del Banco Central. Un ejemplo claro fue lo que sucedió con la suspensión de reducción de retenciones a la soja, que Nicolás Dujovne había pactado con el FMI. El capital sojero, pilar fundamental del gobierno y que colocó como ministro de Agricultura al presidente de la Sociedad Rural, amenazó con una nueva Resolución 125, que hizo retroceder de inmediato a Dujovne. Con las petroleras y privatizadas, la situación enfrenta contradicciones más agudas. Según lo acordado previamente, dada la devaluación ocurrida hasta el momento, el aumento de la tarifa de gas en setiembre debiera ser superior al 60%, lo que impactaría de inmediato en el precio de la electricidad, ya que la matriz de generación eléctrica es sobre la base del gas. Un tarifazo de estas proporciones sería realmente un golpe demoledor sobre toda la economía. En relación con las naftas ocurre algo similar. La devaluación y el aumento del barril en el mercado mundial dejó el precio ‘atrasado’ en un 40% -si se toma en cuenta el sendero de precios armado por el ex ministro Aranguren. Sin embargo, ante el peligro que representa la aplicación de un tarifazo de estas proporciones, el nuevo ministro vino con el programa de re-discutir los contratos y los aumentos establecidos. La respuesta inmediata fue una caída de la Bolsa y un nuevo salto en el dólar, que lo llevó al umbral de los 30 pesos. El valor accionario de YPF retrocedió casi un 70%. Con las empresas de electricidad y gas ocurrió otro tanto. Ante esto, el gobierno reculó de inmediato: informó que los contratos con las petroleras se respetarán y autorizó aumentos de las naftas superiores a los que estaban previstos en el plan de Aranguren. La cadena de fracasos no se limita a la cuestión energética y tarifaria. El reemplazante de Sturzenegger, Luis Caputo, no ha podido avanzar con el compromiso firmado con el FMI de reducir el stock de Lebac. Debió llevar la tasa de interés a niveles aún más altos y postergar indefinidamente la recompra por parte del Tesoro de las llamadas letras intransferibles en poder del Banco Central. Esto porque sencillamente el gobierno no tiene capacidad de financiarse en el mercado para conseguir los fondos que le permitan recomprar esas letras. La dupla Caputo-Dujovne avanza en una dolarización de la economía, reemplazando deuda en pesos por otra emitida en dólares, lo que a término representará un salto de la crisis más grave y un defol. Ya en la actualidad, los seguros contra defol de Argentina superan los de Grecia. La dolarización de las deudas y los contratos, en un país que enfrenta una crisis estructural para generar divisas, está condenada a producir crisis mayores. No es casual que el inspirador de estas medidas no haya sido otro que Domingo Cavallo. 1 La crisis ha llegado al punto donde no es posible hacérsela pagar exclusivamente a los trabajadores. Dicho de otro modo, hay sectores capitalistas que deberán sufrir, ellos mismos, el costo de la factura. Toda crisis capitalista es una desvalorización de capitales y destrucción de la parte sobrante mediante un proceso de quiebras y fusiones. Durante los dos primeros años del gobierno macrista se recurrió a un endeudamiento voraz que apalancó la economía, creando una burbuja que ahora se pinchó. La caída de la Bolsa es la expresión de que los beneficios capitalistas en retroceso no se condicen con el valor inflado de las acciones. Así, la crisis toca su núcleo: la caída de los beneficios del capital, que sólo transitoriamente pueden ser superados mediante un endeudamiento, al costo de preparar crisis mayores. Este proceso está llevando a una crisis en la base social del macrismo y una división en la burguesía. Las petroleras chocan con las empresas de transporte y distribución de gas y electricidad por el precio que se paga en boca de pozo. La Unión Industrial Argentina protesta por las tasas de interés usuarias que benefician a los bancos. La Cámara de la Construcción amenaza con despidos masivos ante el parate de la obra pública que el gobierno ha dispuesto para cumplir con las metas fiscales suscriptas con el FMI, mientras los sojeros no quieren que se les toque la reducción de retenciones, a pesar del enorme beneficio que implica la devaluación del 60% en lo que va del año. Estos choques se dan en un cuadro de una recesión económica que ya ha comenzado con enorme brutalidad y que está produciendo un derrumbe económico y social. Esta recesión amenaza con afectar los compromisos suscriptos que deberán ser enmendados con nuevos ajustes. Es lo que ha sucedido en Grecia, donde los ajustes económicos llevaron al incumplimiento de las metas impuestas por el FMI, que impuso, entonces, nuevas metas de ajuste, que al no cumplirse tampoco reforzaron ajustes posteriores. La cuestión política Toda crisis se convierte en tal cuando alcanza una dimensión política. La política es economía concentrada, según rezaba la máxima de Lenin, que de manera brillante lograba así graficar la dialéctica entre la economía y la política. En el caso de Argentina, el principal factor de crisis política es la resistencia de los trabajadores a pagar la factura de la crisis capitalista. Esta resistencia se manifestó de manera abierta en las recientes jornadas de diciembre del año pasado, cuando en dos oportunidades una multitud copó las inmediaciones del Congreso Nacional desafiando, tanto a la burocracia sindical pejotista como a la represión policial desatada por el gobierno. El llamado de la cúpula de la CGT a no concurrir a la movilización convocada por la izquierda y sectores combativos del movimiento obrero y popular fue directamente desoído por amplísimos sectores de los trabajadores, dentro de los que hay que incluir también a sectores intermedios de la burocracia que controlan seccionales de sindicatos o comisiones internas. El enfrentamiento callejero con las fuerzas de seguridad, ocurrida en las jornadas del 14 de diciembre, a su vez, estuvo lejos de afectar negativamente la movilización que iba a realizarse cuatro días después. Por el contrario, la represión incentivó la movilización, que creció en número y consistencia. La tendencia latente a la rebelión popular estuvo presente de distintas formas bajo el gobierno macrista. La multitud que copó la Plaza de Mayo ante el beneficio del 2×1 a los genocidas, otorgado por la Corte Suprema con el aval abierto del gobierno, obligó rápidamente a que el Congreso se reúna en sesión de emergencia y anule esa posibilidad. Otras manifestaciones del estado de rebelión popular fueron las crecientes movilizaciones de las mujeres, que conquistaron, gracias a su tenacidad, la apertura del debate parlamentario sobre el derecho al aborto y luego la media sanción en la Cámara de Diputados. La lucha de la mujer, que tiene una dimensión internacional, adquirió en la Argentina una persistencia que la destaca. Las movilizaciones contra la violencia de género y por el derecho al aborto tomaron una dimensión de masas, especialmente en la juventud. El paro de mujeres del 8 de Marzo también mostró que dentro de un movimiento que se caracteriza por su composición policlasista se destacó un ala favorable a los intereses de los trabajadores. El documento leído ante una multitud en la Plaza de los Dos Congresos refleja esa influencia de una manera muy nítida. No por nada mereció el repudio de la derecha, y hasta editoriales contra la influencia trotskista entre las mujeres. El grupo fundador del movimiento Ni Una Menos se escindió y una parte de él, vinculada con el macrismo, denunció que el movimiento estaba ‘politizado’ y que se había alejado de las banderas originales. Sectores de las mujeres pertenecientes a los estratos de la burguesía o la pequeña burguesía más acomodada acompañan los reclamos hasta el punto de que cuestionan el régimen capitalista de dominación. Su programa es el ascenso de la mujer burguesa en la sociedad burguesa, pero rechazan la transformación social general necesaria que las mujeres deben protagonizar para emanciparse de todo tipo de explotación y opresión. El macrismo habilitó el debate parlamentario del aborto legal, ante la necesidad de recuperar la iniciativa política y evitar nuevas manifestaciones en su contra. Pero el movimiento, en su composición real, está colocado en la vereda opositora al gobierno. El kirchnerismo, que opera sobre él, lleva encima el lastre de haber negado este derecho durante sus doce años de gobierno. El peso adquirido por la izquierda no es dominante, pero sí destacado. Aunque el macrismo haya sido quien habilitó el debate, lo cierto es que un movimiento de masas como el de la mujer, ganando la calle de manera recurrente, es un obstáculo objetivo y subjetivo para un gobierno que debe aplicar un plan de guerra del FMI. En este cuadro de creciente movilización popular, lo distintivo del 14 y 18 de diciembre de 2017 consistió en que en el centro de la rebelión estuvo la clase obrera. Esta acción enérgica tuvo un impacto más importante que el triunfo electoral que el macrismo había logrado hacía menos de dos meses antes, al punto que abrió una crisis general que creó una nueva situación política en el país. Todas las fuerzas y partidos debieron reconsiderar sus estrategias y su presentación ante las masas a partir de esta rebelión popular. El peronismo-kirchnerismo, garante de la gobernabilidad macrista que le votó al gobierno más de cien leyes en el Congreso Nacional, comenzó un proceso de diferenciación para no quedar descolocados ante la nueva situación creada. La burocracia sindical, cuyas fracciones principales habían pactado una unificación de la CGT mediante la designación de un triunvirato que integraba a sus alas más importantes, sufrió el impacto de la rebelión de manera directa. Primero, con la quiebra de su triunvirato, que pasó a mejor vida, y luego con la separación del sector moyanista, que después de haber votado y respaldado al macrismo, pasó a la oposición impulsando acciones limitadas de aparato en coordinación con el kirchnerismo. Esta resistencia popular, que impuso límites muy claros a la ofensiva capitalista contra las masas, entrelaza la crisis política y la económica, pues la ‘salida’ económica a la bancarrota capitalista pasa por una modificación radical de las relaciones entre las clases sociales -o sea, entre el capital y la clase obrera. La rebelión de diciembre impidió la aprobación de la reforma laboral, uno de los principales reclamos de la clase capitalista contra los trabajadores. La pretensión de eliminar el régimen de indemnizaciones, las horas extras y, más en general, terminar con la ultra-actividad (la renovación automática de los convenios colectivos) debió ser postergada porque el gobierno comprobó que carecía y carece de los recursos políticos adecuados para hacerlo. La amplitud de la acción obrera atemorizó a la burocracia sindical, que tiene plena conciencia que sus intereses de casta parasitaria, y en buena medida empresaria, entra en total contradicción con la soberanía de los trabajadores sobre sus organizaciones sindicales. El pacto sellado por el sector mayoritario de esta burocracia con el gobierno, permitiéndole firmar paritarias a la baja y aislando a los conflictos que se desarrollaron contra los despidos en el Estado, estuvo lejos de ser instrumentos útiles para superar la crisis. Fue así que ni las paritarias del 15% en cuotas ni la derrota transitoria de algunas luchas abrieron un nuevo ciclo de valorización del capital. Lejos de ello, la baja de la tasa de interés anunciada en diciembre dio lugar a un proceso especulativo contra el peso y una fuga de capitales. El peronismo y el kirchnerismo, en sus distintas vertientes, sufrieron también el impacto de la rebelión obrera de la que no formaron parte. El sector mayoritario del PJ, que en el Senado está dirigido por Miguel Angel Pichetto, votó la ley del robo a los jubilados. El kirchnerismo no lo hizo, pero su estrategia política es bregar por la unidad de todo el peronismo, es decir con los Pichetto y compañía. Luego de la rebelión popular, todas las fracciones buscaron reacomodarse, buscando no aparecer ante la población como colaboradores activos con el macrismo. El llamado a concretar un frente único anti-macrista con la vista puesta en las elecciones de 2019 no sólo representa una forma de presionar a la izquierda y al activismo obrero para que renuncie a una política independiente, sino también es una forma de disimular el boicot a las luchas en curso. Ante la envergadura de la crisis en marcha, el programa del kirchnerismo se limita a proponer distintos tipos de “emergencias” (alimentaria, tarifaria, etc.), como una forma de amortiguar las consecuencias sociales del ajuste, pero sin ofrecer un programa de fondo alternativo. En su discurso, eso quedaría postergado para cuando recuperen el gobierno a fines de 2019. De ese modo, se convierten en garantes de la gobernabilidad de Macri, toda vez que no cuestionan su política general y mucho menos plantean la tarea de derrotarla en las calles. Ante el pacto con el FMI, el pejotismo y la oposición patronal en general acordaron con el gobierno que su aprobación no pase por el Congreso. De ese modo, buscaron evitar una gran movilización nacional contra el FMI y, a la vez, eluden fijar una posición política clara. Sin embargo, resta ahora la elaboración y aprobación del Presupuesto 2019, que debe contener el plan de ajuste pactado con el FMI. Si el peronismo vota a favor quedará desenmascarado ante los trabajadores como cómplice del ajuste macrista; si vota en contra corre el riesgo de chocar con el capital financiero internacional; y si se divide, como posiblemente ocurra, terminará siendo un golpe a la política de unidad opositora de cara a las elecciones de 2019, orientación que en particular promueve el kirchnerismo. La crisis política se trasladó con toda su fuerza al interior del oficialismo. Las disputas ya no son sólo entre la UCR y Elisa Carrió 2 , o entre ésta y el gobierno, sino en la mesa chica del PRO, donde se vive una división entre la dupla Larreta-Vidal y Marcos Peña 3 . El ajuste pactado con el FMI llevó al gobierno a querer transferir los servicios de agua, gas y electricidad a la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Así, serán Larreta y Vidal los que deban asumir de manera directa la responsabilidad del tarifazo. Una agudización de la crisis podría hacer escalar los choques políticos dentro del partido de gobierno y su camarilla más íntima. Hay un ala del gran capital que pretende una modificación drástica del gabinete, que llegue incluso a Marcos Peña y su reemplazo por algún gobernador del pejotismo. La variante de un gobierno de coalición está inscripto como una medida de emergencia, aunque choca con las disputas y divisiones que se multiplican en el seno de la burguesía. Pacto con el FMI. La crisis continúa Contra los que suponen que el acuerdo con el FMI elimina o reduce las contradicciones en la oposición, en realidad, ocurrirá lo contrario: dejará expuesto de manera más clara los intereses de clase opuestos que representan cada sector de la oposición. El gobierno se ha lanzado a chantajear a la oposición, mostrándose ante el capital financiero como el único sector que garantiza la defensa de los intereses capitalistas. Sin embargo, los límites de estas maniobras del gobierno son enormes y están dictadas por el hecho de que el acuerdo con el FMI está muy lejos de asegurar que la crisis sea superada. Lejos de ello, el pacto con el FMI traerá aparejado nuevas crisis y choques con las masas, pero también al interior de la clase capitalista. La posibilidad de una nueva corrida cambiaria y una fuga de capitales siguen latente, y podrá dispararse, ya sea por eventos de la crisis internacional o local, o por una combinación de ambas. De hecho, cuando ya habían transcurrido varias semanas de anunciado el pacto y luego de que se conociera la calificación de “mercado emergente” para la Argentina, tuvimos varias corridas más que llevaron al dólar al borde de los 30 pesos, las acciones siguieron cayendo y la tasa de interés del Banco Central subió en el mercado secundario al 60%. A pocos días de ese anuncio, el Banco Central debió volver a intervenir para evitar una mayor devaluación, pero como las veces anteriores, sin éxito. Este intento de contener el rodrigazo puede dar origen a una nueva corrida, que haga retroceder nuevamente al gobierno, y que lleve al dólar a niveles impensados. Carlos Melconian 4 , que representa un ala del macrismo, habla de un dólar a 41 pesos. El propio préstamo de 50.000 millones de dólares anunciado por el FMI y el gobierno está en cuestión. Sucede que su desembolso será en cuotas, condicionado a la marcha general del ajuste económico y del cumplimiento de las metas establecidas. La reducción significativa del gasto público para el año que viene deberá superar al tipo de cambio actual los 220.000 millones de pesos. Se trata de una cifra elevadísima que sólo es posible con una parálisis de la obra pública y una reducción de los salarios reales de los trabajadores del Estado en todos sus estamentos. La inflación para el año en curso, que superará seguramente el 30%, también impactará en el nivel de consumo de las familias. Se abre un escenario recesivo promovido por el propio gobierno, para tratar por esa vía de hacer pasar el plan de guerra contra los trabajadores. La inflación creciente planteará una presión adicional sobre el tipo de cambio, para evitar una nueva apreciación del peso, que repita la historia de lo sucedido con las devaluaciones de 2014 del kirchnerismo y la de 2015-6 del macrismo. Una mayor devaluación creará mayor presión sobre las tarifas y las naftas, echando más leña al fuego del rodrigazo. En síntesis, el pacto con el FMI es un capítulo más de la crisis en desarrollo; de ninguna manera significa su cancelación ni mucho menos su superación. Los desembolsos comprometidos, aún si se ejecutasen en su totalidad, están lejos de cubrir los distintos tipos de déficits que tiene la economía argentina. La dolarización que el gobierno decidió impulsar, reemplazando deuda en pesos por otra nominada en dólares, no ha servido para bajar la tasa de interés que sigue por las nubes. Esta dolarización representa una hipoteca enorme para el país y anticipa nuevos defol -de hecho, ya los seguros contra defol de Argentina superan a los de Grecia. A futuro se abren escenarios de choques más duros entre las clases y de divisiones al interior de la clase capitalista. Del resultado de esos choques y del impacto de la crisis mundial sobre la Argentina dependerá la suerte del macrismo. La propia supervivencia del gobierno está en juego, ya sea porque no concluya su mandato o porque la agudización de la crisis económica lo condene anticipadamente a una derrota electoral. Un ‘pato cojo’ no es el gobierno más adecuado para manejar un rodrigazo. La lucha del movimiento obrero El peso específico de la situación política se ha desplazado al movimiento obrero y de las masas populares. El plan de guerra contra los trabajadores diseñado por el FMI generará con seguridad una intensificación de la lucha de clases. La calle pasará a ser el escenario privilegiado de la política, condicionando la acción del conjunto de las fuerzas en presencia. La oposición ha intensificado su activismo político, buscando congraciarse con el giro subjetivo contra el gobierno. Quienes votaron las leyes de Macri ahora aparecen en escenarios montados en la Plaza de Mayo. La propia CGT, que ha estado en la primera fila de los garantes de la gobernabilidad macrista, ha debido realizar un paro general sin entusiasmo, ante la evidencia de que su tarea de contención no puede realizarse desde la total pasividad. A pesar de la pasividad de la dirección, el paro del 25 de junio fue masivo por donde se lo mire. Los intentos patronales por debilitarlo fracasaron por la disposición obrera a parar. Ahora bien, los reclamos mínimos llevados por la CGT al gobierno no fueron atendidos, porque hubiesen contrariado lo firmado con el FMI. No tanto en términos económicos como sí en los políticos. Macri debe intentar ahora restablecer la autoridad presidencial golpeada por la crisis si quiere salvar a su gobierno. Para ello requiere pasar por la prueba de una pulseada con los trabajadores, que buscará ganar con el apoyo del capital financiero internacional y de los Estados imperialistas, que por el momento sostienen al macrismo para influir más decididamente en América Latina. Se trata, sin embargo, de la ofensiva de un gobierno en crisis, dividido y cuestionado por su propia base social. En estas condiciones, la posibilidad de derrotar esta ofensiva está en el orden del día. De una manera muy nítida, la cuestión que se presenta es la de la dirección de los trabajadores y sus organizaciones para derrotar la ofensiva de Macri, los gobernadores y el FMI. Este planteo debe presidir la actividad de esta etapa, y delimita campos con las fuerzas burguesas, en especial el kirchnerismo, que se coloca en el campo de los que pretenden asegurar la gobernabilidad de Macri. La burocracia sindical, tanto de la CGT como la que milita más claramente en el campo opositor, no tienen por eje preparar al movimiento obrero para una batalla decisiva. Su política pasa por un desgaste del gobierno en vistas a las elecciones de 2019, apuntalando alguna variante del pejotismo. En definitiva, son un factor de freno y contención. El largo camino recorrido por la burocracia sindical en su integración al Estado y al régimen le ha dado perfecta conciencia de sus intereses de casta parasitaria, que en muchos casos adquiere un contenido incluso capitalista. Los burócratas ven una acción independiente del movimiento obrero como un peligro directo a estos privilegios. El ya famoso robo del atril de la CGT fue la metáfora perfecta de este antagonismo entre la burocracia y los trabajadores. La lucha contra el rodrigazo en marcha plantea, objetiva y subjetivamente, la cuestión de una nueva dirección del movimiento obrero. En Argentina, en los últimos años, se ha ido forjando un nuevo activismo obrero, que en sus mejores expresiones adquiere una clara orientación clasista, que es un factor político actuante en la lucha de clases. Este activismo ha tenido triunfos rutilantes, como la conquista de la dirección del Sutna, un sindicato industrial ganado al ala izquierda de la burocracia sindical -el kirchnerismo yasquista. Una parte de este activismo también hizo su experiencia con el sindicalismo alternativo de la CTA, que mostró sus limitaciones insalvables mostrando que es otra variante de la estatización de los sindicatos. Este activismo, por lo tanto, llegó a un punto muy alto de evolución política luego de haber atravesado experiencias y batallas en la lucha de clases. La lucha por una nueva dirección del movimiento obrero no se da entonces en el vacío, sino que debe partir de la proyección de estas experiencias mediante nuevas iniciativas de acción y organización. El Plenario Nacional de Trabajadores del 23 de junio, que surgió a partir de una convocatoria del Sutna, votado en un plenario de delegados con mandato, apunta justamente en esa dirección. No es casual que los sindicatos, comisiones internas, delegados y agrupaciones que concurrieran a la convocatoria colocaran como consigna central “Por una nueva dirección del movimiento obrero”. Así, mostraron la absoluta compresión de la total incompatibilidad que existe entre la burocracia sindical en todas sus variantes y la necesidad que tienen los trabajadores de desarrollar una acción independiente contra el plan de guerra en marcha. El llamado a luchar y reagruparse por una nueva dirección del movimiento obrero convierte a las fuerzas organizadoras del Plenario Nacional de Trabajadores en una alternativa de poder al interior de los sindicatos. Este planteamiento estratégico no significa dejar de impulsar las acciones limitadas y encuadradas que eventualmente puede convocar la burocracia sindical sino, por el contrario, es un llamado a participar de ellas de la manera más decidida, como parte de una estrategia política independiente. El programa que vote el Plenario Nacional de Trabajadores tendrá fuera de toda duda una gran importancia, porque una nueva dirección del movimiento obrero requiere superar las limitaciones de experiencias anteriores, que nunca fueron más allá de nacionalismo burgués, incluso con redacciones radicalizadas que buscaban emparentarse con el socialismo. El programa en la actualidad requiere mostrarle a los trabajadores y al país entero cuál es la estrategia de la clase obrera para enfrentar la crisis actual y evitar una nueva quiebra nacional. La cuestión del no pago de la deuda externa y su total investigación y confiscación de los responsables del endeudamiento; la nacionalización de los recursos estratégicos, empezando por el petróleo y el gas, pero también la generación, transporte y distribución eléctrica, como la nacionalización y planificación general del transporte público y de cargas; la nacionalización del comercio exterior, en momentos donde las importaciones son usadas por el capital como un instrumento para destruir conquistas y bajar salarios, y cuando la guerra comercial internacional se intensifica a costa, en primer lugar, de los países periféricos; la nacionalización de la banca, para evitar las corridas cambiarias y la fuga de capitales, y concentrar el ahorro nacional para un plan de desarrollo industrial. Un programa de este tipo, acompañado de reivindicaciones inmediatas, como la reapertura de todas las paritarias, no a los despidos y suspensiones, tiene un valor de lucha política y delimitación, que muestra que la lucha por una nueva dirección del movimiento obrero significa un cambio de estrategia política, que sepulte de una vez por todas la experiencia del peronismo y abra el camino a la fusión del movimiento obrero con la izquierda. El Frente de Izquierda Es indudable que el crecimiento de las tendencias combativas en el movimiento obrero se dio junto al desarrollo en Argentina del Frente de Izquierda. Fueron fenómenos que se retroalimentaron mutuamente, del mismo modo que sucedió en el movimiento estudiantil y de la mujer. Desde su fundación, en 2011, el Frente de Izquierda pasó por distintas etapas, que incluyeron retrocesos electorales y hasta políticos, pero sin nunca perder una presencia política que permitió incrementar la visibilidad de la izquierda revolucionaria en la Argentina. Esta conquista enorme, en un país con gran tradición del nacionalismo, al cual la izquierda le hizo un seguidismo sistemático, debe ahora revalidarse a la luz de la nueva situación política creada. En síntesis, el Frente de Izquierda debe tomar la iniciativa. Se están reuniendo las condiciones para un giro subjetivo de las masas hacia la izquierda. La experiencia kirchnerista concluyó en una derrota electoral con la derecha, es decir que fue desautorizado por las propias masas. Ahora, el gobierno macrista vive su propia crisis y deberá aplicar el pacto con el FMI de final incierto. Para el Frente de Izquierda se presenta la oportunidad de ofrecer una estrategia opuesta a ambos bloques patronales, destacando, en primer lugar, la necesidad de enfrentar y derrotar el plan de guerra contra los trabajadores. Para ello debe movilizarse el propio FIT, para asegurar el éxito de Plenario Nacional de Trabajadores del 23 de junio. La agitación de un programa, por fuera de la lucha de clases, llevaría al FIT a una campaña electoral anticipada, exactamente lo mismo que quiere la oposición patronal y el macrismo. Las grandes crisis engendran también los grandes giros subjetivos de las masas. Pero esos giros requieren de una acción consciente de las fuerzas políticas, porque de otro modo pueden disiparse o ser neutralizados. Es lo que marca la experiencia de Grecia, o más cercano a nosotros, de Bolivia y Venezuela, donde la izquierda no pudo enfrentar las experiencias nacionalistas. En Argentina, el Frente de Izquierda ha crecido batallando contra el kirchnerismo; ése fue su bautismo de fuego. Ahora debe probar su progresividad, cuando el gobierno derechista que relevó a éste enfrenta su primera gran crisis. Nuestro llamado al FIT a impulsar una campaña nacional, que incluya la defensa del Plenario Nacional de Trabajadores, y un plan de actos en las provincias y un gran acto nacional apunta en esa dirección, del mismo modo que una acción unificada en los parlamentos. Este plan de acción debe estar presidido por el programa de transición que hemos desarrollado, lo que plantea, a su turno, una cuestión de poder: si la Argentina vivirá una nueva experiencia de gobiernos burgueses, que nos condenarán a fracasos seguros, o si gobiernan los trabajadores. Gabriel Solano, dirigente nacional del Partido Obrero, es legislador por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires NOTAS 1. Ministro de Economía bajo la presidencia de Menem y luego de De la Rúa. Fue el autor del plan de convertibilidad bajo el menemismo, que debutó con una enorme devaluación y trajo como consecuencia un gran ataque a los trabajadores. Es conocido también por haber dispuesto el “corralito” (prohibiendo el retiro de depósitos), que provocó un confiscación de los ahorros, en momentos en que el plan de convertibilidad estaba agotado y el país estaba al borde del defol. Las medidas confiscatorias de Cavallo fueron el detonante de la rebelión popular, el llamado “Argentinazo”, en el años 2001, que precipitó la caída del gobierno de la Alianza presidida por De la Rúa. 2. Líder de la Coalición Cívica, uno de los partidos que forma parte de la coalición gobernante de Cambiemos. 3. Horacio Larreta, jefe de Gobierno porteño; María Eugenia Vidal, gobernadora de la provincia de Buenos Aires; Marcos Peña, jefe de Gabinete del gobierno de Macri. 4. Asesor económico de Macri, quien estuvo al frente del Banco Nación en la primera etapa de su mandato. Se viene distanciando del gobierno, reclamando un ajuste más drástico.

1 de octubre de 2018
Karl Marx y el Futuro

En memoria de Christian Rath, “el Colo”, un gran revolucionario del Partido Obrero de Argentina. ¡Hasta la victoria, siempre! El respetable periódico burgués New York Times , el 30 de abril de 2018, ha publicado un artículo de Jason Barker, un profesor de filosofía asociado, con el alegre título de: ¡Felíz cumpleaños, Karl Marx, estabas en lo cierto! Muy pronto, el 4 de mayo de 2018, la voz de la City de Londres, el igualmente respetable y burgués Financial Times acogió una reseña de un libro del historiador económico Adam Tooze bajo el impresionante título “Por qué Karl Marx es más relevante que nunca”. En 3 de mayo de 2018, otra voz británica del gran capital, el bien conocido jornal Economist publicó también un artículo sobre el bicentenario de Marx, esta vez muy venenoso, ignorante y de mal gusto pero no obstante con una advertencia valiosa en su título: “La segunda como, una farsa- ¡Gobernantes del mundo, lean a Karl Marx! En su bicentenario el diagnostico de Marx de las fallas del capitalismo es sorprendentemente relevante “. Una pregunta es inevitable: ¿por qué estos órganos de prensa de poderosas secciones de la clase capitalista influyentes internacionalmente publican tales artículos dedicados al peor enemigo revolucionario de la historia de la misma clase capitalista? Se hace claro de ver para todos, y sorprendente para sus enemigos declarados y ex simpatizantes decepcionados, que el legado de Marx está aún vivo y coleando, relevante inclusive para el campo del enemigo de clase. El mantra de su muerte, dominando en todos lados en las décadas luego del colapso de la Unión Soviética, no se puede mantener más. Marx se consideró enterrado hace largo tiempo, junto con el comunismo, la revolución, aún la misma historia. Ahora, aparentemente el “Caballero Rojo regresa”. Ya no como un “espectro” o como múltiples “espectros”, como en el famoso, en un sentido incluso profético, libro de Jackes Derrida en 1993; Marx vuelve reivindicado en sus análisis y pronósticos (“¡Estabas en lo cierto!). Es considerado incluso “sorprendente”, “más relevante que nunca” como podemos leer en la prensa, la más hostil a sus ideas revolucionarias y de la praxis revolucionaria inspirada en su teoría. El New York Times , el Financial Times o el extremadamente hostil Economist , obviamente no se han hecho marxistas o “marx-friendly”. La razón de la publicación de tales artículos, puede encontrarse en un pasaje en artículo mencionado arriba de New York Times . Se refiere a Nouriel Roubini, el economista y financiero en boga quien se hizo famoso post festum , como uno de los muy pocos de sus colegas que estaba advirtiendo la catástrofe en camino: la erupción de la crisis capitalista mundial, después del colapso del mercado de las hipotecas sub-prime de los EEUU en 2007, la debacle de Lehman Brothers en 2008 seguida por el derrumbe financiero mundial y la Gran Recesión (o “Tercera Gran Depresión”). “Incluso economistas liberales”, escribe Baker en el New York Times, tales como Nouriel Roubini acuerdan que la convicción de Marx que el capitalismo tiene una tendencia inherente a destruirse a sí mismo permanece tan presciente como siempre” . Una declaración así es frecuentemente desestimada como “catastrofista” por auto-proclamados “marxistas” escépticos o ex marxistas que prueban ser más optimistas por el futuro del capitalismo que los mismos capitalistas que tienen de hecho “algo” que perder, ¡la riqueza social usurpada producida por otros! El artículo viciosamente anti-marxista, anti-comunista en el Economist advierte: “la reacción contra el capitalismo se alza –si más frecuente en la forma de odio populista que de solidaridad proletaria. Hasta ahora los reformistas liberales se prueban tristemente inferiores a sus predecesores en términos de tanto su comprensión de la crisis como en su habilidad para generar soluciones. Deberían usar el 200º aniversario del nacimiento de Marx para reencontrarse con el gran hombre – no solo para entender las serias fallas que el brillantemente identificó en el sistema, sino para recordarse del desastre que espera si fallan en confrontarlas.” Este forzado reconocimiento tardío de la relevancia de Marx por sus oponentes tiene más que ver con el mismo fracaso histórico de los economistas burgueses para prever la crisis capitalista global que con real entendimiento del mismo Marx, de sus descubrimientos de las contradicciones internas del capital, de los límites inmanentes del capitalismo como un modo social de producción, llevándolo a crisis y a su condena histórica. De la manera más espectacular, el fracaso fue demostrado en el legendario encuentro de economistas burgueses líderes convocado por la reina Isabel como resultado de la estallido global de 2008, y donde todo el mundo permaneció en silencio, incapaz de responder a la pregunta de la reina : ¿por qué todos ellos –economistas, “think tanks” , bancos y banqueros, instituciones tales como el FMI- fracasaron completamente en ver, predecir o advertir de la catástrofe financiera global venidera? Más de una década después, el mundo es aún sacudido por una continua, e irresuelta crisis capitalista mundial, amenazando ahora, en 2018, con nuevas, más devastadoras explosiones económicas, políticas, y geopolíticas. La pregunta de la reina sigue sin respuesta. No sólo la economía burguesa no puede explicar el pasado – la falta de pronóstico de la crisis global del 2007 y la falta de entendimiento de sus causas más profundas; a su vez no puede comprender el presente – porque la crisis sigue sin solución a pesar de las medidas extraordinarias, heterodoxas de paquetes de estímulo gigantescos, flexibilización cuantitativa y tasas de interés de casi cero, tomadas por los bancos centrales y gobiernos; y, por último pero no menos importante, no puede prever el futuro aunque ya aparezcan señales siniestras en el horizonte. “Mientras apenas reunimos los paliativos para sobrevivir el desplome previo, no hay confianza que tengamos suficiente en la alacena para la próxima vez” dice Tom Clark contestando Sí a la pregunta del Financial Times (24/4/2018) “¿Ha fracasado la economía?”. Contestando No a la misma pregunta el economista Chris Giles , no obstante comenta: “El futuro es incierto. El presente es incierto. El pasado es incierto” (op.cit.) ¿Minsky o Marx? Vale la pena volver a ver una interesante presentación de Janet Yellen, ex presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, el 16 de abril de 2009, a la 18ª Conferencia Anual Hyman P. Minsky sobre el estado de Estados Unidos y las economías mundiales bajo el título de “Una fusión Minsky: Lecciones para Banqueros Centrales”. Ella enfatiza que el estallido representa una más seria “ruptura sistémica”. Desafía aproximaciones superficiales que culpan a “la complacencia con los inversores”. También rechaza como estrecho, basado en una perspectiva nacional limitada, la hipótesis del “exceso de ahorro” adelantada por su predecesor Presidente de la FED, Ben Bernanke. De acuerdo a este admirador de Milton Friedman, la fuente de la crisis fue “un exceso de ahorro extranjero mayormente generado en los países en desarrollo tales como China e India [que] alimentó la demanda por acciones denominadas en dólares” (…) combinado con una baja tasa de ahorro personal de Estados Unidos, grandes déficits del gobierno de Estados Unidos, y ganancias de alta productividad para producir un enorme déficit de cuenta corriente”. Yellen basa su aproximación a la “hipótesis de inestabilidad financiera” de Hyman Minsky –bastante popular luego de 2008. Pone acento en que, en 2008 “la fusión Minsky es global en su naturaleza reflejando la interconectividad siempre creciente de los mercados financieros e instituciones alrededor del mundo. La recesión es la primera durante el período de posguerra en ver contracciones simultáneas en salida en Europa, Japón, y Norteamérica”. Siempre basada en la aproximación minskyiana, Yellen, desde el primer momento, y en su discurso de 2009, apoyó todas las medidas heterodoxas tomadas, luego de la debacle de Lehman Brothers, por la FED (y mucho más tarde por el BCE) para restringir la caída al abismo al introducir enormes “paquetes de estímulo”, tasas de interés cercanas a cero, y esquemas relajamiento cuantitativo (QE en Inglés) que proveyeron billones de dólares de liquidez. Para Yellen todas estas eran “prescripciones de la política de Minsky”. Cita aprobatoriamente a Paul Mc Culley, quien enfatiza la importancia del QE refiriéndose a este como “el camino inverso de Minsky”, revirtiendo la producción de burbujas Ponzi y alto riego financiero (Paul Mc Culley, “Salvando a la Banca Capitalista de Sí Misma”, Global Central Bank Focus, PIMCO febrero de 2009). El problema es que, diez años después, todas estas prescripciones de la política Minsky, alabadas por Yellen y todos los minskianos, liberales o de izquierda, fracasaron . Aún peor: produjeron burbujas financieras especulativas más gigantescas que aquellas que estallaron en 2007-2008 amenazando con nuevas explosiones devastadoras. Los debates actuales sobre una política monetaria y de incremento de tasas de interés más “activista” o una más “prudente” para el manejo de “burbujas” da una sensación de un déjà vu desesperanzador. Los mismos argumentos fueron intercambiados infructuosamente hace diez años también, y fueron mencionados en el discurso de 2009 de Janet Yellen. No es solamente que un agraciado e introspectivo post keynesiano institucionalista como Minsky o sus admiradores, como Yellen quienes son refutados por la realidad. Durante la década pasada, tanto las políticas del enfoque neoliberal sobre la circulación monetaria sin medidas fiscales versus los post keynesianos apoyando la combinación de intervenciones centrales fiscales y monetarias, demostrativamente fracasaron. Ambas estrategias económicas elaboradas por competentes escuelas de economía burguesas luego del crack de 1929 y la gran depresión, keynesianismo y neoliberalismo, en todos sus matices y combinaciones, probaron durante la crisis capitalista global en marcha, totalmente incapaces de tratar con ésta y con las contradicciones globales que las impulsan. Como señalamos en otra ocasión, el fracaso de la economía burguesa representa un impasse estratégico para el capitalismo, lo que hemos descripto, en un ensayo previo, como la agonía de muerte del homo economicus . La superioridad del método de Marx es reflejada en el colapso de su opuesto, el individualismo metodológico, común en las diferentes o conflictuadas hebras de la economía política burguesa comenzando de un agente individual haciendo elecciones racionales luego de estimar riesgos y ganancias. Para ponerlo en pocas, simples palabras: la clase capitalista se está quedando sin opciones económicas estratégicas. Una situación tal donde las agudas contradicciones polarizantes no pueden ser resueltas, impulsa a los mandantes del sistema hacia intentos de una “solución” extra-económica, brutal, militar, que significa: agresión imperialista y guerra. Una nueva etapa de la crisis Los resultados de este impasse están aquí para que todos los vean. El reverso ahora de las medidas desesperadas, tomadas luego del colapso de Lehman Brothers, prueba ser un remedio peor que la enfermedad. Comenzando por la reserva de Estados Unidos y pronto seguido por el BCE, un reverso del “camino inverso de Minsky” está sucediendo ahora, al terminar con los programas QE y elevar las tasas de interés. Pero esta vuelta en “u” evoluciona en un ambiente cambiado dramáticamente: proteccionismo en ascenso, unilateralismo trumpiano, guerras comerciales, antagonismos internacionales agudizándose, explosiones geopolíticas incrementándose peligrosamente, guerras internacionales expandiéndose de Asia Central a Medio Oriente, el Mediterráneo y las fronteras de Europa (los Balcanes, Ucrania). En un contexto así, esta aparente “reversa del reverso del camino Minsky” ya crea estragos. La nueva etapa dramática de la crisis en Argentina y Turquía son síntomas de la crisis global en deterioro, marcada por el colapso de las monedas, sobre-endeudamiento, déficits y o el giro desesperado una vez más hacia el chaleco de fuerza draconiano del FMI, acertadamente maldecido por sus víctimas. No sólo desastres económico-sociales y guerras barbáricas están en la agenda sino levantamientos populares y revoluciones también. La marea revolucionaria de movilizaciones populares tremendas en Europa del Sur y el Norte de África en 2011-2013, desde la Puerta del Sol a la Plaza Syntagma, de Tahrir al Parque Gezi, surgió del impacto del shock de la primera ola del terremoto económico global de 2008. Aunque siguió un retroceso, ligado a las agresiones imperialistas y el fomento de guerras civiles reaccionarias, como en el caso de Siria, y el Medio Oriente, estas luchas de masas de la primera etapa de la crisis mundial representan el preludio del verdadero drama que llega en el próximo período. Es este último prospecto que asusta a las clases dominantes y hace que los economistas liberales, viendo también el peligro, reconozcan a regañadientes, a través de la crisis mundial presente, la superioridad del análisis del capitalismo de Karl Marx. Están temerosos por el hecho que su pronóstico de la tendencia del capitalismo a su autodestrucción sea empíricamente confirmada. No significa que tomen su método de dialéctica materialista histórica u, obviamente, que compartan sus conclusiones revolucionarias. Declive y Transición Muchos analistas liberales, conservadores, incluso algunos de izquierda pueden ver hoy, en condiciones de crisis mundial sin resolver, que es bastante posible un final histórico del declinante sistema capitalista plagado en crisis. Lo que es impensable para ellos, incluso imposible de considerar, particularmente luego de 1989-91, no es el final de un sistema mundial, viejo, agotado históricamente sino el comienzo de uno nuevo. Hegel, aunque en términos idealistas, pudo tomar y teorizar la contradicción, en su Filosofía del Derecho: declive histórico, decadencia de los viejo es la forma negativa de aparición de la emergencia de lo nuevo, una transición a través de las agudizaciones de las contradicciones inmanentes en la vieja formación . Sí no están las condiciones de la resolución de las contradicciones, sí una abrogación ( Aufhebung en el original, nota del traductor) dialéctica es imposible, entonces, el resultado es la ruina mutua de los polos opuestos. Una real, abrogación dialéctica, de acuerdo a Marx, no es una reconciliación de los opuestos, una pseudo-negación de la negación hegeliana (K. Marx, Manuscritos de 1844 ), sino un quiebre en continuidad – una Cesura ( Cäsur en el original, nota del traductor) para usar el término de Hörderlin – un salto cualitativo, una transformación revolucionaria de ambos polos de la contradicción. Esta senda dialéctica de conocimiento es considerada como “metafísica” por el pensamiento positivista dominante, particularmente entre economistas y sociólogos. En su crítica de la economía política burguesa, Marx mostró que su principal falla metodológica fue su incapacidad para ir más profundo que las apariencias, para distinguirlas de la esencia, las contradicciones motrices internas específicas. En la crisis mundial post 2007, los economistas neoliberales o post-keynesianos (incluyendo a Minsky o teóricos de la “financiarización”, liberales o de izquierda) ven principal o únicamente una crisis del sector financiero dominante, desregulado, sobre-expandido de la economía capitalista separándolo de la esfera de la producción, de la producción de valor excedente como la forma específica de expropiación de plusvalía de los productores directos por aquellos que dominan los medios y los procesos de producción. Lógicamente las teorías de “financiarización” están ligadas o llevan a las teorías de “desaparición” del proletariado o su sustitución por una nueva clase, el “precariado” (la cual, en realidad, es una parte estructural-constitutiva del proletariado, como ha demostrado Marx en el Manuscrito de 1861-63 así como en su análisis de la sobrepoblación relativa en el Capital ). La fetichización de las finanzas (el capital ficticio es considerado por Marx como el “fetiche absoluto”), separándolas, o confundiéndolas con, o sustitutas de, la producción propiamente dicha, oculta su dependencia mediada del proceso de acumulación del capital como un todo, chocando con sus límites inmanentes; en última instancia, los economistas de hoy del mainstream , heterodoxos, o auto proclamados marxistas separan el dinero del capital de la relación de valor dominante basada en la doble naturaleza interna, abstracta y concreta, del trabajo social. Declive de la forma del valor y la Vida Sin una crítica de la teoría del valor trabajo de la economía política clásica, como Marx alcanzó en su obra máxima, Das Kapital, es imposible tener una concepción científica de las mediaciones entre valor, dinero, capital dinero, crédito y finanzas. Por esta razón, Marx es más actual que nunca antes como la brújula teórica y guía metodológica indispensable en la crisis de hoy, histórica, estructural y sistémica del capital globalizado. La causa primaria de la crisis presente no es la “desregulación irresponsable de las finanzas sobre-expandidas globalmente” en todas sus exóticas ramificaciones a ser resueltas por una suerte de re-regulación minskyana. “ Die wahre Schranke der kapitalistischen Production ist das Kapital selbst”( Das Kapital , III, ME Werke vol. 25 p. 260), “La verdadera barrera de la producción capitalista es el mismo capital”. Marx enfatiza “Es que el capital y su auto-expansión aparecen como el punto de partida, el motivo y el propósito de la producción; esa producción es sólo producción para el capital y no viceversa, los medios de producción no son simples medios para una constante expansión del proceso vital [Lebenprozesses] de la sociedad de productores […] Los medios – desarrollo incondicional de las fuerzas productivas de la sociedad- están continuamente en conflicto con el propósito limitado, la auto-expansión del capital existente” ( Capital 3, Progress in English, p. 250). Es el declive histórico de la relación de valor misma como principio regulador de la vida socio-económica bajo el capitalismo, que se manifiesta a sí mismo en el impasse financiero-económico presente con todas sus implicaciones catastróficas. La globalización capitalista de las últimas tres décadas, que llevó a la implosión de 2007, ha impulsado a sus extremos este conflicto en marcha en la relación invertida entre medio y propósito. La sobreacumulación de capital exacerbada por la liberalización y la globalización de las finanzas alcanzaron un punto crucial de incompatibilidad irreconciliable con las demandas acuciantes, ilimitadas de lo que Marx llama el proceso vivo –Lebensprozess- de la sociedad, incluyendo la naturaleza viva. Contra toda forma de distorsiones economicistas del pseudo-marxismo mecánico de la Segunda Internacional y el estalinismo, tenemos que comprender de nuevo que La vida es la categoría central de la teoría revolucionaria de Marx. Está desafortunadamente olvidado o enterrado bajo el peso de los viejos texto soviéticos estalinistas que Marx mismo definió, en La ideología alemana, el “ modo de producción ” , la categoría clave del materialismo histórico, como Lebenweise , forma o modo de existencia o modalidad de vida social. Modos específicos del “metabolismo” social evolucionando históricamente ( Stoffwechsel) entre el ser humano y la naturaleza. La vida es el hilo rojo a través de la afiebrada búsqueda teórica de Marx, desde los Manuscritos de 1844 y La ideología alemana a los Grundrisse y Das Kapital. El omnipresente, recurrente leitmotiv es la vida, el proceso vivo, trabajo vivo ( dominado por el trabajo muerto, el capital) de cuerpos vivos, la vida determinando la conciencia. Crisis de Deuda como Transición Marx ha analizado profundamente y previsto el tremendo papel del crédito tanto para una “ monstruosa” [Ungeheure , en alemán. Kapital III, p. 452], expansión de la escala de la producción [capitalista] y de las empresas ” (p. 436 en la edición en inglés), así como a la explosión de las crisis: “ El crédito acelera las violentas erupciones de ésta contradicción –crisis- y de allí los elementos de desintegración del viejo modo de producción ” (op.cit. p. 441). Aquí se puede ver claramente la naturaleza de la actual crisis mundial. No solo una crisis de sobreproducción de capital como salida de ésta sino “elementos de desintegración del viejo modo de producción” – y, aún más importantes momentos de transición más allá del viejo mundo capitalista en desintegración hacía un nuevo modo de producción: “Las dos características inmanentes en sistema de crédito son, de un lado, desarrollar el incentivo de la producción capitalista, el enriquecimiento a través de la explotación del trabajo ajeno, a la más pura y colosal forma de juego y estafa, y reducir más y más el número de los pocos que explotan la riqueza social; del otro, constituir la forma de transición a un nuevo modo de producción” (op.cit.). Todos, no solo los economistas profesionales, pueden ver el mundo de hoy tomando la forma de un colosal casino de timba y estafa financiera; todos pueden ver, también, la siempre creciente monstruosa inequidad, cuando, en 2017, de acuerdo a Oxfam, el 82 % de la riqueza generada el año pasado fue a una oligarquía parásita del 1% del mundo más rico. Lo que no se puede ver es la transición más allá de este infierno , a un nuevo mundo, realmente humano, es decir comunismo mundial, una nueva comunidad sin explotación, opresión, humillación de seres humanos por seres humanos. El mito falaz tardío de Tatcher Tina (sigla en inglés para There Is No Alternative, nota del traductor), “no hay alternativa”, desafortunadamente aún domina, a pesar de la bancarrota irreversible del neoliberalismo thatcherista en 2007. La importancia actual, la mayor contribución de Marx hoy es precisamente proveer un método guía para comprender las fuerzas impulsoras de nuestra época de transición en el momento histórico presente de los más grandes peligros para la humanidad. Presente, pasado, futuro Los representantes del viejo mundo moribundo repiten hasta la náusea la afirmación del ya arriba mencionado analista del británico Financial Times : “ El futuro es incierto. El presente es incierto. El pasado es incierto”. Sólidamente basados en el legado de Marx aquellos que luchan por un nuevo mundo liberado pueden proclamar lo opuesto. El presente de una crisis sistémica de todos lados y todas las formas de conflicto social, es el presente a ser comprendido en la teoría y peleado en práctica revolucionaria como una viva, no predeterminada, ni lineal historia de la lucha social. “La Historia -advirtió Marx en La Sagrada Familia- no es, como fue, una persona aparte, usando al hombre como medio para alcanzar sus propios objetivos ; la historia no es más que la actividad del hombre persiguiendo sus objetivos” . Y la meta objetiva de los oprimidos y explotados sigue siendo la emancipación humana universal –el final de todas las formas de alienación, lo que quiere decir comunismo mundial. El pasado no es una carga de decepciones y derrotas a ser olvidadas. La amnesia no es una virtud. Marx es crucial para entender las distorsiones de su propia teoría hecha por epígonos y burócratas, usándola tanto para la colaboración de clase y para acomodamiento reformista al capitalismo o como una ideología de Estado de auto-justificación estalinista burocrática. Sin Marx, no podemos descubrir las preciosas lecciones del pasado revolucionario con todas sus demandas inconclusas aún vivas. No podemos salvar la “tradición de los oprimidos” , como la llamó Walter Benjamin, el legado de todas las victorias épicas y derrotas trágicas de la revolución socialista mundial que siguieron a su comienzo en Octubre de 1917 en Rusia. El legado y el método de Marx, el nuevo horizonte que el expresó teóricamente y abrió a la vista y acto para la humanidad, es crucial no sólo para comprender el pasado como un depositario de lecciones sino como una guía al presente por un salto al futuro –incluyendo pelear contra la confusión y la pérdida de orientación histórica luego de 1991. A través de Marx, es posible comprender que pasó realmente en la Unión Soviética, por qué pasó, por qué este quiebre en la continuidad de la historia mundial inició una transición, que fue bloqueada llevando a desastres y luego a la desintegración, el deceso de la URSS. De hecho dos líneas incompatibles estuvieron en conflicto ya desde los años ‘20 del siglo pasado, como Stalin mismo admitió: la teoría de la revolución permanente de Trotsky y la teoría del “socialismo en un solo país”. La última era la opuesta de lo que Marx insistió a través de su vida y lucha. La teoría marxiana post 1848 de la revolución permanente que Trotsky desarrollo más tarde, luego de 1905, bajo las condiciones de una nueva época, es esencialmente una teoría materialista dialéctica de una transición histórica mundial más allá de la sociedad de clase por medio de la revolución socialista mundial –una transición inaugurada en 1917. La “teoría” (¿?) bujarinista-estalinista de “socialismo” completado “en un solo país” es la negación burocrática de esa transición mundial – y de cualquier transición. Es la ideología de la parálisis burocrática y un dogma de la inmovilidad. La restauración capitalista en el espacio post-soviético, luego del trágico caos bajo Yeltsin, entró en conflicto y, particularmente ahora, colisiona con la explosión de las contradicciones globalizadas del mundo capitalista en decadencia y su impulso de guerra imperialista. ¡No hay salida, no hay futuro bajo el capitalismo senil, moribundo! Marx no era un adivino o un astrólogo; odiaba, como dijo, preparar recetas para las cocinas del futuro. Pero esta afirmación fue un ataque polémico contra el utopianismo abstracto, como explicó Ernst Bloch, no un rechazo de una utopía concreta, tomándose a sí misma en la tierra y en el universo. El comunismo, no como una suma total de nacionalizaciones manejadas burocráticamente bajo un Estado-Leviathan, sino como la superación del trabajo alienado, de las clases y de la forma estatal, el fin de la vida alienada, es la demanda, expectativa y sueño más profundo de liberación de todos los procesos de la vida. Lenin, tal vez el más realista de todos los revolucionarios bolcheviques, citando, en el ¿ Qué Hacer? el poema de Nekrásov, insistió: Necesitamos soñar. Soñar el futuro, pensar el futuro, actuar por el futuro. Karl Marx, primero y principal, pertenece al futuro. 15 de Mayo de 2018 Traducción, Rubén Tuseddu

1 de octubre de 2018
El Capital: el libro para el comunismo

Es imposible comprender por completo el Capital de Marx, y especialmente su primer capítulo, sin haber estudiado y comprendido a fondo la totalidad de la Lógica de Hegel. ¡Consecuentemente, medio siglo después ninguno de los marxistas entendió a Marx! Lenin (1914) Comencemos haciendo algunas preguntas. En su Imperialismo. Fase superior del capitalismo , ya en el «Prefacio», Lenin plantea la siguiente idea: «El imperialismo es la víspera de la revolución social del proletariado». ¿Por qué es así? Lenin explica esto en varios puntos del libro al afirmar que el «monopolio», el concepto que más claramente nos da el meollo del imperialismo, es un presagio de la transición del capitalismo al socialismo: El imperialismo surgió como el desarrollo y la continuación directa de las características fundamentales del capitalismo en general. Pero el capitalismo solo se convirtió en imperialismo capitalista en una etapa definida y muy elevada de su desarrollo, cuando algunas de sus características fundamentales comenzaron a cambiar en sus opuestos, cuando las características de la época de transición del capitalismo a un sistema social y económico superior habían tomado forma y se habían revelado en todas las esferas. Económicamente, lo principal en este proceso es el desplazamiento de la libre competencia capitalista por el monopolio capitalista. Como puede verse, Lenin está hablando aquí de «las características de la época de transición del capitalismo a un sistema social y económico más elevado» . ¿Cuáles son estas características? ¿En qué trabajo u obras de la voluminosa literatura del marxismo han sido expuestas? Otra pregunta. Trotsky comienza el último párrafo de la primera sección del texto que generalmente se llama el «Programa de Transición», escrito por él en 1938 para la fundación de la Cuarta Internacional, con el siguiente pasaje: Los parloteos en el sentido de que las condiciones históricas no han “madurado” todavía para el socialismo son producto de la ignorancia o del engaño consciente. Los requisitos previos objetivos para la revolución proletaria no sólo han “madurado”; empiezan a pudrirse un poco. Sin una revolución socialista, y además en el periodo histórico inmediato, toda la civilización humana está amenazada por una catástrofe. ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo es que habla con tanta confianza sobre la «maduración» de las condiciones para la revolución socialista con tanta confianza? ¿Cuáles son las «precondiciones objetivas» de la revolución proletaria? ¿Por qué la civilización está bajo la amenaza de la destrucción a menos que se materialice la revolución socialista? Trotsky debe tener algunos criterios a mano para hacer estas afirmaciones audaces. Debe haber bases conceptuales de la maduración del capitalismo para la transición al socialismo o las condiciones objetivas de la revolución proletaria. Trotsky obviamente ha llegado a la conclusión de que el tiempo del socialismo ha llegado al mirar el mundo en el que vive basándose en criterios tomados de estos conceptos. ¿Dónde en la vasta literatura del marxismo, en qué obras, podemos encontrar estas bases conceptuales y estos criterios? No olvidemos que, para este revolucionario, imponente sobre el resto junto con Lenin en el siglo XX, un marco, un conjunto de criterios que servirán de base para afirmar que ha llegado el momento de la revolución será más vital que cualquier otra cosa. La tesis principal que defenderemos en este artículo es la siguiente: la fuente de las principales características y criterios que evocan Lenin y Trotsky con respecto a la transición del capitalismo al socialismo es El Capital de Marx. El año pasado fue el 150 ° aniversario de la publicación del Volumen Uno del chef d’oeuvre de Marx. Este año es el bicentenario de su nacimiento. Nuestro objetivo es establecer que este producto del trabajo de la vida de Marx no es solo un trabajo de economía, sino que al mismo tiempo un libro político y, además, que no es un libro sobre el capitalismo, sino un trabajo sobre el socialismo o comunismo. Pasemos, entonces, al Capital . «La ley económica del movimiento de la sociedad moderna» En el texto introductorio que se colocó al principio del Volumen Uno, publicado en septiembre de 1867, ahora conocido como «Prefacio a la Primera Edición Alemana», Marx enunció la siguiente idea concisa: «… es el objetivo final de este trabajo , para dejar al descubierto la ley económica del movimiento de la sociedad moderna … «Aquellos que estén familiarizados con el debate sobre el Capital inmediatamente comentarán que la literatura pertinente generalmente toma las « leyes del movimiento del capital», es decir, en el plural . De hecho, el mismo Marx habla de las « leyes de la producción capitalista» en otro lugar del mismo prefacio. Estas se recogen en diferentes partes y secciones de El Capital , nunca nombradas la «primera ley» o la «segunda ley», etc., pero, no obstante, se puede decir cómo El Capital explica realmente las leyes del movimiento de la producción capitalista. Desde la «ley general de acumulación capitalista» (a medida que el capital se acumula en un polo, la miseria se acumula en el otro) hasta la formación del ejército de reserva de trabajo, desde la concentración y centralización del capital hasta la caída tendencial de la tasa de ganancia, explicada en el Volumen Tres, estas y muchas otras leyes están expuestas en las páginas de El Capital , a veces explícitamente llamadas leyes, en otras sin que se las llame así. ¿Por qué entonces Marx está hablando de una sola ley precisamente al tiempo que establece el objetivo final de su trabajo? Nos encontramos con alguna pista que apunta a una respuesta a esta pregunta en el texto que se publicó bajo el título «Epílogo de la Segunda Edición Alemana». En las etapas iniciales de este Epílogo, Marx comenta lo siguiente sobre la ciencia de la economía política que le ha precedido: En la medida en que la Economía Política permanezca dentro de ese horizonte, es decir, mientras se considere al régimen capitalista como la forma absolutamente definitiva de la producción social, en lugar de como una fase histórica pasajera de su evolución, la Economía Política puede seguir siendo una ciencia solo mientras la lucha esté latente o se manifieste solo en fenómenos aislados y esporádicos. Sabemos que la propia crítica de Marx a la economía política necesita no temerle a la lucha de clases, porque «solo puede representar a la clase cuya vocación en la historia es derrocar el modo de producción capitalista y la abolición de todas las clases: el proletariado». La clave aquí es la siguiente: Marx distingue su propia crítica de la economía política fundamentalmente por dos motivos. Por un lado, la economía política es burguesa, mientras que la crítica marxista se basa en el proletariado, representa esa clase. Por otro lado, precisamente por esa razón, la economía política considera «el régimen capitalista … como la forma absolutamente definitiva de la producción social» y la crítica de Marx hace todo lo contrario. ¿Cómo hace esto? Encontramos la clave de esta pregunta en el mismo «Epílogo», en lo que escribió un autor ruso sin nombre sobre la obra de Marx: Lo único que es crucial para Marx es encontrar la ley de los fenómenos de los que se ocupa; y no solo esa ley de importancia para él, que gobierna estos fenómenos… De importancia aún mayor para él es la ley de su variación, de su desarrollo, es decir, de su transición de una forma a otra, de una serie de conexiones a otra diferente… consecuentemente, Marx solo se preocupa por una cosa: mostrar, mediante una investigación científica rígida, la necesidad de sucesivos órdenes determinados de condiciones sociales. Para esto es suficiente, si demuestra, al mismo tiempo, tanto la necesidad del orden actual de las cosas, como la necesidad de otro orden en el cual el primero inevitablemente debe disiparse… El autor ruso constantemente regresa al mismo punto: lo que él ve como el aspecto más importante del enfoque de Marx es la necesidad de que un orden social ceda el paso a otro. Él dice esto tres veces completas. Incluso llega a decir que Marx «solo se molesta» con esto. ¿Podría ser tal vez que el autor ruso tenga en mente la transición del feudalismo al capitalismo? Si seguimos leyendo algo, vemos que está en juego algo totalmente diferente: «El valor científico de tal investigación radica en la divulgación de las leyes especiales que regulan el origen, la existencia, el desarrollo, la muerte de un organismo social dado y su reemplazo por otro, y más alto «. Por lo tanto, según nuestro autor, El Capital estudia la génesis, la existencia y el desarrollo de un organismo social. Ese feudalismo se discute en El Capital solo con referencia al pasado y en la discusión de la génesis histórica del capitalismo (más sobresalientemente en el proceso de acumulación primitiva) o, en otras palabras, solo en la etapa de su muerte es claro. Su génesis (es decir, su surgimiento del seno de la sociedad esclava) o su existencia y desarrollo casi nunca se discuten, a excepción de algunas referencias momentáneas. El organismo social del que habla nuestro autor es, entonces, el capitalismo. Por lo tanto, según nuestro autor, Marx estudia en El Capital el fallecimiento del capitalismo y su reemplazo por un organismo social superior (el comunismo). Pero, puede exclamar el lector, esta puede ser la opinión solamente del autor ruso. ¿Significa eso necesariamente que Marx está de acuerdo con él? Después de haber citado un pasaje mucho más extenso del autor en cuestión, Marx agrega: «Mientras el escritor describe lo que él considera que es mi método, en esta sorprendente y [en lo que respecta a mi propia aplicación] generosa manera, ¿qué otra cosa está describiendo más que el método dialéctico? Creemos que el asunto es muy claro: lo que es más importante que todos los demás para Marx, su «único problema», es el fallecimiento de un orden social, es decir, el capitalismo, y su reemplazo por otro de orden superior, es decir, el comunismo. Esta es la ley en singular. «La ley económica del movimiento del capital», esa ley aislada, es la producción del comunismo por el capitalismo. «La transformación de los instrumentos del trabajo en instrumentos del trabajo solo utilizables en común» ¿Cómo, entonces, el capitalismo produce el comunismo? La respuesta a esta pregunta, para aquellos que desean verla, se explica a través de una dialéctica que está contenida e integrada en todo el corpus del Volumen Uno del Capital. En efecto, el Volumen Uno termina con un capítulo que eleva toda esta explicación a un crescendo: «Tendencia Histórica de la Acumulación Capitalista». ¿Por qué el volumen uno? Porque, como lo explicamos detalladamente en otra parte, la esencia de la producción y reproducción de la relación capital-trabajo asalariado en la sociedad capitalista se trata aisladamente de los factores intervinientes en este volumen. El segundo volumen se refiere al proceso de circulación de toda la relación entre capital y trabajo asalariado, cuyo proceso de reproducción ya se ha explicado en el primer volumen, y el tercer volumen profundiza en la transformación en formas superficiales de apariencia y la división de la plusvalía entre capitales. Por lo tanto, es perfectamente apropiado, en el marco del movimiento dialéctico del argumento, que la ley histórica de movimiento del modo de producción capitalista se deduzca de la relación capital-trabajo asalariado, en sí misma la esencia de la relación de capital, en el final del Volumen Uno. El capítulo «Tendencia histórica de la acumulación capitalista» pone ante nuestros ojos, de manera concisa en apenas tres páginas, el camino del desarrollo de la historia moderna en la forma de un movimiento necesario sobre la base de un texto extremadamente denso. Hasta este momento, Marx ha retomado el proceso de acumulación de capital en todo su alcance y profundidad y luego, en los últimos seis capítulos que conducen a este capítulo, lo que él llama «acumulación primitiva», es decir, el proceso que ha resultado en la separación de los productores directos, es decir, de los campesinos, de los artesanos y otros, de la tierra y de otros medios de producción, convirtiéndose ellos mismos en proletarios, todo el proceso preparando la relación fundamental del modo de producción capitalista. Ahora estamos listos para una síntesis. En el capítulo sobre la «Tendencia histórica de la acumulación capitalista», Marx explica primero cómo el capital destruye por completo la unidad histórica entre el productor directo y los medios de producción, cómo esto posteriormente desencadena la dinámica de un nuevo modo de producción, cómo la cooperación, la división técnica del trabajo en el lugar de trabajo y la producción fabril hacen que la producción sea un proceso colectivo. Dentro y gracias a este proceso, con la producción a gran escala creando resultados cada vez más eficientes, productivos y rentables, los capitalistas, habiendo destruido antes la existencia independiente de los productores directos en el pasado, ahora se tragan a otros capitalistas que son más débiles que ellos. Ahora es el momento de que los capitalistas expropien a los capitalistas. Prestemos atención a Marx por el resto: Esta expropiación se logra mediante la acción de las leyes inmanentes de la producción capitalista misma, mediante la centralización del capital. Un capitalista siempre mata a muchos. De la mano con esta centralización, o esta expropiación de muchos capitalistas por pocos, se desarrolla, en una escala cada vez mayor, la forma cooperativa del proceso de trabajo, la aplicación técnica consciente de la ciencia, el cultivo metódico del suelo, la transformación de los instrumentos de trabajo en instrumentos de trabajo solo utilizables en común, la economización de todos los medios de producción por su uso como medio de producción de trabajo combinado y socializado, el enredo de todos los pueblos en la red del mercado mundial , y con esto, el carácter internacional del régimen capitalista… [P]ero con esto también crece la revuelta de la clase obrera, una clase siempre creciente en números, disciplinada, unida, organizada por el propio mecanismo del proceso de la producción capitalista en sí. El monopolio del capital se convierte en una traba para el modo de producción, que ha surgido y florecido con y debajo de él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se vuelven incompatibles con su integumento capitalista. Este integumento se rompe en pedazos. El toque de la propiedad privada capitalista suena. Los expropiadores son expropiados. Lo que se explica aquí es cómo el modo de producción basado en el capital destruye sus propias bases de acuerdo con la lógica de su propio desarrollo. La producción colectiva, social, a gran escala e internacionalizada, sobre la base de su propia dinámica, está centralizando la producción eliminando a los capitalistas más pequeños con cada día que pasa y socializando el trabajo de tal manera que, desde su aislamiento en unidades de pequeña escala, el proceso de trabajo crece en un estado integrado donde el trabajador ahora pasa a ser considerado como el «trabajador colectivo». Las decisiones de producción ahora se toman a escala de grandes unidades (es decir, corporaciones) y, por lo tanto, la producción se planifica a gran escala y a nivel internacional. Esto es lo que Marx llama la socialización de la producción y del trabajo. Esta socialización entra en contradicción con la lógica del capital, basada en la apropiación privada y el mercado. La producción socializada requiere planificación; la propiedad capitalista es una barrera en el camino de la planificación al por mayor. Es cierto que las llamadas compañías «multinacionales» realizan una planificación a gran escala, pero cada una es una isla en sí misma en un mar de relaciones de mercado. La planificación dentro de las corporaciones coexiste con la anarquía que reina en las relaciones entre las capitales y dentro de la economía mundial. ¿Cómo se puede superar esta contradicción? El capitalismo no produce mercancías, técnicas de producción y producción a gran escala solamente. Como resultado de su lógica que se basa en la expropiación en una escala creciente, simultáneamente genera una clase cada vez mayor de desposeídos. Con cada día que pasa, el pequeño campesino y, en parte, el pequeño comerciante y el artesano de las ciudades ceden su lugar al proletariado. Y, como explica el pasaje antes citado, gradualmente los capitalistas más pequeños o más débiles se desposeen de los medios de producción. El proletariado, este producto específico del modo de producción capitalista, se distingue de todas las clases anteriores de productores directos de la historia por el hecho de que no disfruta de la menor participación en los medios de producción. El siervo o el reaya (los súbditos del gobernante oriental), así como el miembro de la corporación artesanal, disfrutaban de cierto nivel de posesión de la tierra u otros medios de producción. En otras palabras, el interés de estas clases tenía que definirse necesariamente en cierta medida en oposición a los otros miembros de la misma clase. El proletariado, por otro lado, es, por definición, una clase que está privada y completamente separada de la propiedad de los medios de producción. Por lo tanto, sus intereses radican en la dirección de la defensa, no de la propiedad, sino de los propietarios de la fuerza de trabajo. Es por eso que es una clase universal. Y esa es también la razón por la cual el proletariado es la agencia más adecuada para la abolición de la propiedad privada, en sí misma la condición previa para satisfacer la necesidad de superar la fragmentación creada por la propiedad privada y la camisa de fuerza del mercado. Llamemos la atención del lector sobre el hecho de que, al comienzo del pasaje citado anteriormente, Marx subraya el hecho de que todo el proceso avanza sobre la base de «las leyes inmanentes de la producción capitalista misma». El Capital ha determinado el desarrollo histórico estableciendo las leyes del funcionamiento de una sociedad basada en el capital («leyes» en plural, es decir, «las leyes del desarrollo del capitalismo» que hemos visto anteriormente en el «Prefacio a la Primera Edición Alemana»). Es por eso que Marx habla constantemente de «necesidad». Según este análisis, una vez establecido, el capitalismo necesariamente avanza hacia este punto final sobre la base de sus propias leyes. En otras palabras, el capitalismo genera, dentro de su seno, las fuerzas que lo destruirán, de acuerdo con las leyes de su funcionamiento. Los efectos de estas leyes pueden ser mitigados, detenidos temporalmente, e incluso revertidos durante un cierto período. Sin embargo, mientras el capitalismo continúe siendo capitalismo, mientras se desarrolle según su naturaleza, en una determinada etapa de su desarrollo, definitivamente socavará su propia existencia. En el punto donde hemos llegado, hemos establecido que el resultado más significativo que fluye de todo el edificio científico de El Capital es que el capitalismo crea las condiciones históricas de su propia desaparición. El capitalismo inevitablemente prepara las condiciones para el surgimiento de una civilización que es superior a ella, una civilización que en adelante se someterá a planificar las fuerzas productivas que la humanidad ha desarrollado hasta ahora, que por esta razón eliminará la propiedad privada en los medios de producción, que eliminará tanto a las clases como al estado, productos de esa propiedad privada, del escenario de la historia, una civilización llamada comunismo que promete sacar a la sociedad humana de su prehistoria para comenzar la verdadera historia de la humanidad. Esta, entonces, es la ley económica del movimiento de la sociedad moderna. Es muy importante saber cómo funcionan las leyes del movimiento del capital bajo el capitalismo. La más importante de estas leyes es el estado de ser interconectado para la humanidad en su totalidad a través del abrazo del mundo entero por el mercado como resultado de la mercantilización en constante crecimiento, la proletarización, la constante revolución de las fuerzas productivas por el capital, la formación del trabajador colectivo, la internacionalización del capital y la formación de la economía mundial, todo lo cual conduce incontrovertiblemente a la actualización del comunismo. Para Marx, esa ley única sintetiza y forma el vértice de todo el resto. Este es el propio tema de El Capital . Es por eso que es, como indicamos en el título de este artículo, el «libro para el comunismo». «¿Qué más… sino el método dialéctico?» Si Marx no dejó detrás de él una «Lógica» (con una letra mayúscula), dejó la lógica de El Capital , y esto debería ser utilizado al máximo en esta cuestión. En El Capital , Marx aplicó una sola lógica de la ciencia, la dialéctica y la teoría del conocimiento del materialismo [tres palabras no son necesarias: es una y la misma cosa] que ha tomado todo lo valioso en Hegel y lo ha desarrollado aún más. Lenin (1915) En el punto donde hemos llegado, hemos captado por qué al anónimo autor ruso citado en el «Epílogo de la Segunda Edición Alemana», cuando este último dice que Marx «solo se molesta…» por mostrar el reemplazo de un orden social por otro, Marx reacciona escribiendo «el escritor describe… mi método en este sorprendente… modo». Porque esta es precisamente la pregunta central sobre la que Marx se preocupa, sino la única pregunta. Pero aún no hemos explicado todas y cada una de las ideas que Marx expresa en respuesta a la opinión del autor ruso. Echemos un vistazo a esa frase una vez más: «Mientras el escritor describe lo que él considera que es mi método, en esta sorprendente y [en cuanto a mi propia aplicación] generosa, ¿qué más describe sino el método dialéctico?» Para explicar por qué Marx enfatiza la dialéctica aquí, en este mismo contexto, permítanos primero detenernos en el lugar de la dialéctica en El Capital de una manera más general. Le pedimos al lector licencia para citar un escrito anterior sobre una dimensión del asunto en cuestión: La principal categoría de la dialéctica, la contradicción, es decir, la idea de que una entidad involucra en sí misma su opuesto, es el hilo rojo que conecta todo el libro de principio a fin. El Capital se abre con el análisis de la mercancía, que se caracteriza como la unidad de valor de uso y valor. Esta contradicción asume entonces formas diferentes como las dualidades sucesivas entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto, el producto y el dinero, la producción y la circulación, el proceso de trabajo y el proceso de valorización (o, lo que es lo mismo en una traducción al inglés diferente, el proceso de la autoexpansión del valor), entre la subsunción formal del trabajo y su subsunción real, etc. Es la tensión y la interpenetración de estos pares lo que inevitablemente empuja el análisis hacia adelante en cada etapa. La razón por la que hemos citado este pasaje tan largo es para que el lector pueda comprender mejor una idea de Marx con la que vamos a tratar en el presente. Sin embargo, antes de entrar en esa idea, planteemos la siguiente pregunta: si se preguntara qué aspecto o aspectos del Capital con respecto al análisis que Marx realiza del modo de producción capitalista se destacan como lo más importante o característicamente específico, ¿qué responderían la mayoría de las personas que están familiarizadas con el libro? Probablemente la respuesta más popular sería «desenmascarar la plusvalía». Podría haber otras junto a esta: por ejemplo, podría mencionarse el impacto revolucionario del capitalismo sobre las fuerzas productivas, así como el fetichismo de la mercancía, el ejército de reserva de mano de obra o la caída tendenciosa de la tasa de ganancia. Veamos lo que Marx tiene para decir sobre esta cuestión. La carta que vamos a citar en este momento fue escrita en 1867. Mientras se corresponde con Engels después de haber completado la preparación del primer volumen de El Capital para su publicación, Marx tiene esto que decir: Los mejores puntos de mi libro son: 1) el doble carácter del trabajo , según se exprese en valor de uso o valor de cambio. ( Todo entendimiento de los hechos depende de esto.) Se enfatiza inmediatamente, en el primer capítulo; 2) el tratamiento de la plusvalía independientemente de sus formas particulares, como ganancia, interés, renta, etc. Esto se verá especialmente en el segundo volumen. El tratamiento de las formas particulares por parte de la economía clásica, que siempre las mezcla con la forma general, es un lío regular. Debe admitirse que aquí Marx toma la pregunta desde el ángulo de su diferencia con la economía política clásica y de manera bastante técnica. Pero pedimos a todos los que están familiarizados con El Capital que respondan la siguiente pregunta con seriedad: Cuando planteamos la pregunta sobre el aspecto distintivo, la dimensión más importante de El Capital , ¿habrían pensado en el primer punto al que se refiere Marx? El segundo es perfectamente comprensible porque la explotación solo puede desenmascararse sobre la base de la plusvalía. ¿Pero el primero? Aquellos que, incluso entre los expertos, atribuirían un significado más profundo a la naturaleza dual del trabajo en otro sentido que no sea técnico, probablemente equivaldrían a un puñado. Y no olviden que « todo entendimiento de los hechos depende de esto». ¿Por qué es que el carácter dual del trabajo es importante? Hagamos la pregunta de una manera más correcta. No es el carácter dual del trabajo, es más bien que «… se enfatiza de inmediato, en el primer capítulo». Para entender la razón, proponemos mirar una vez más el pasaje que hemos citado más arriba de nuestra propia escritura con respecto al lugar de la contradicción dialéctica: « El Capital se abre con el análisis de la mercancía, que se caracteriza como la unidad de valor de uso y valor. Esta contradicción asume diferentes formas, como las dualidades sucesivas entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto, etc. etc. «En otras palabras, si Marx subraya el hecho de que analiza el carácter dual del trabajo como trabajo abstracto y concreto, la razón es que este el carácter es la base de la contradicción que abarca El Capital de un extremo al otro como un principio rector. Todas las categorías que Marx desarrolla abarcarán dos dimensiones, combinadas pero contradictorias, una que se refiere a la relación de los humanos con la naturaleza, la otra se centra en la relación entre los humanos. En resumen, El Capital es simplemente la elaboración de este mapeo dialéctico. En otras palabras, El Capital es dialéctico de principio a fin. Ahora podemos volver al diálogo entre el autor ruso y Marx. ¿Por qué Marx enfatiza la dialéctica en este contexto ? Para comprender esto, tenemos que volver a la «Tendencia histórica de la acumulación capitalista». Después del párrafo que hemos citado más arriba, donde él habla de la contradicción entre la socialización de los medios de trabajo y del trabajo mismo, por un lado, y la propiedad privada en los medios de producción, por el otro, y que él termina al afirmar que «los expropiadores son expropiados», Marx continúa así: El modo de apropiación capitalista, el resultado del modo de producción capitalista, produce propiedad privada capitalista. Esta es la primera negación de la propiedad privada individual, como basada en el trabajo del propietario. Pero la producción capitalista engendra, con la inexorabilidad de una ley de la Naturaleza, su propia negación. Es la negación de la negación . ¡Aquí tenemos la dialéctica en todo su esplendor! ¿Está claro por qué Marx pregunta, en relación con el autor ruso, «qué más… sino el método dialéctico»? «¡Medio siglo más tarde, ninguno de los Marxistas entendió a Marx!» Ahora podemos pasar a la cita de Lenin citada al comienzo de este artículo. En 1914, cuando estalló la Gran Guerra, Lenin, en busca de una comprensión más robusta de la situación mundial en su totalidad, procedió a leer febrilmente a Hegel, en particular su Lógica. Está muy claro lo que estaba tratando de hacer: aprender la dialéctica desde su origen. Es a la luz de este estudio que Lenin sintió la necesidad de presentar en una nota en sus propios «cuadernos filosóficos» (no destinados a ser publicados) que «Medio siglo después [es decir después de la publicación de El Capital ], ¡ninguno de los marxistas entendió a Marx! » Ahora estamos a un siglo y medio. Es difícil decir hasta qué punto exageró Lenin con respecto a las generaciones anteriores a él y las suyas. Que había mucha verdad en lo que dijo nos parece indudable. ¿Cuál es la situación en nuestros días? Este no es el lugar para una encuesta exhaustiva sobre esta cuestión. No es un objetivo de este artículo examinar la literatura sobre El Capital de Marx en los últimos 150 años. El objetivo es realmente mostrar, en esta coyuntura, que El Capital no es simplemente un libro de economía y, lo que es más importante, no es únicamente sobre el capitalismo, sino también sobre el comunismo. Pero podemos realizar una encuesta simbólica. No es necesario echar un vistazo a la literatura técnica sobre El Capital y la «literatura marxista». Esta literatura está obsesionada con el llamado «problema de transformación». Está repleto de variantes del argumento de que este «problema» condena el fracaso del sistema económico de Marx. El menos malo entre estos examina, con la ayuda de ecuaciones simultáneas, evidentemente inapropiadas para el propósito, cómo salvar la teoría del valor laboral de Marx de sus «contradicciones». Todo esto es un ejercicio inútil al tratar de atribuirle respetabilidad a Marx, a expensas de una eliminación de la importancia revolucionaria de su teoría del valor del trabajo. La palabra «comunismo», por ejemplo, es anatema para estas personas dignas. ¿Cuál es la situación entre los escritores que son considerados como los principales expertos de El Capital de Marx por la generación más joven? Elegiremos tres entre los más populares. Primero, veamos a David Harvey. De los muchos libros que ha escrito en el campo de la teoría económica de Marx (cada uno de los cuales parece estar repitiendo, bajo un título diferente, lo que el autor ya ha dicho en obras anteriores), elegimos el más relevante para nuestro tema : el Acompañamiento que ha escrito en el Volumen Uno de El Capital de Marx. ¡En este libro, la palabra «comunismo» nunca se menciona! La palabra «comunista» está presente, pero solo en el título de la inevitable referencia al Manifiesto Comunista . Sin embargo, lo que es más importante para nuestros propósitos es lo que Harvey tiene para decir sobre la «Tendencia histórica de la acumulación capitalista». No olviden que esta es una especie de guía para Capital y, por lo tanto, se supone que debe mostrarnos el camino. En un libro de 350 páginas, este capítulo se asigna a menos de una página, la mayor parte dedicada a citas de El Capital mismo. Después de citar lo que hemos citado hasta ahora de ese capítulo, Harvey comenta: «Este llamado a las barricadas de la revolución es la retórica del Manifiesto Comunista traída de vuelta a la política del Capital . Es una afirmación política y polémica que, seguramente, debe proporcionar el capítulo culminante a una asombrosa obra de profundo análisis animado por un espíritu revolucionario». ¿Pueden sentir la ligereza en estas líneas? «Esta llamada a las barricadas de la revolución», «la retórica del Manifiesto Comunista traída de vuelta», «declaración polémica», «espíritu revolucionario», etc. Después de haber ventilado sus sentimientos, Harvey recurre a una regurgitación, por enésima vez, a nebulosas especulaciones sobre su propio concepto de «acumulación por desposesión» por páginas enteras, ¡lo que demuestra que es más una guía sobre sí mismo que sobre Marx! Harvey no ha entendido nada del capítulo «Tendencia histórica de la acumulación capitalista». Por lo tanto, no ha entendido que El Capital es un libro revolucionario. Él no ha entendido el lugar del libro en el proyecto general de Marx. Por lo tanto, ¡él no ha entendido El Capital ! Pasemos a Ben Fine, posiblemente el decano de la versión académica de la economía marxista en Gran Bretaña. Su Capital de Marx , en coautoría con Alfred Saad-Filho y casi en la naturaleza de una guía de El Capital , es considerablemente más avanzada que la del Acompañamiento de Harvey. Por un lado, la palabra «comunismo» aparece seis o siete veces en el libro, mostrando que Fine y su coautor no se han «olvidado» de mencionar el concepto. Más importante aún, la última subsección de tres páginas del penúltimo capítulo del libro discute, bajo el título «socialismo», el orden social que es una alternativa al capitalismo. Aquí, un poco al pasar, por así decirlo, se menciona la socialización de la «vida». Sin embargo, en un libro que pretende mostrar el camino al lector de El Capital , que pretende acompañar al lector en la difícil experiencia que constituye una lectura de la obra maestra de Marx, nada remotamente parecido a la contradicción que surge entre las fuerzas productivas y la apropiación privada del producto social, en sí mismo una consecuencia de la propia lógica del capital, se retoma siquiera de manera superficial. Ahora llegamos a un verdadero decano de la profesión, Paul Sweezy. Un clásico en el sentido completo del término, The Theory of Capitalist Development (La teoría del desarrollo capitalista), engloba todas las deficiencias del subconsumismo y de la marca peculiar del marxismo de la escuela Monthly Review , así como algunos lados fuertes (encuestas más exhaustivas de la literatura sobre el “problema” de la transformación y teorías de crisis que se pueden encontrar en cualquier fuente similar, estropeada naturalmente por el hecho de que el libro ahora está totalmente fechado). Sin embargo, con respecto a la cuestión que nos ocupa, llama la atención que, en un libro de casi 400 páginas, Sweezy nunca toca cuestiones como la socialización de las fuerzas productivas o la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. No se encuentran rastros de las ideas de Lenin en la sección de 20 páginas del libro que Sweezy, autor, junto con Paul Baran, del conocido y citado libro Monopoly Capital, dedica al concepto de monopolio. En la «Conclusión» del libro, encontramos el siguiente juicio: «Expresada esquemáticamente, la contradicción interna fundamental de la producción capitalista conlleva expansión y contradicción». Vemos aquí cuánto se ha distanciado Sweezy de la «inmanente» contradicción de Marx. En resumen, parece que Lenin tiene razón después de otro siglo completo. No solo medio siglo, sino 150 años después, los marxistas insisten en no entender a Marx. Sería apropiado contrastar esto con el enfoque de Lenin a esta misma pregunta. En 1914 (irónicamente incluso antes de haber leído la Lógica de Hegel), en una entrada de enciclopedia que escribió sobre la vida y el pensamiento de Marx, Lenin relata la «Doctrina económica de Marx» en una parte de 10-15 páginas. Esta sección tiene solo dos subsecciones: valor y plusvalía. Pero incluso en esta sección muy breve, Lenin ha dedicado una página y media (es decir, el diez por ciento de toda la sección sobre la economía) a la «Tendencia histórica de la acumulación capitalista». Quizás la imagen no sea tan sombría hoy como Lenin temía que fuera. De muchos marxistas que toman en serio el capítulo sobre la «Tendencia histórica», citemos solo uno que la generación más joven de marxistas lee ampliamente: Ernest Mandel. En su «Introducción» a una nueva traducción al inglés del Volumen 1 de El Capital en la década de 1970, de once secciones, la última se titula « El Capital y el destino del capitalismo» y dedicada al capítulo «famoso» sobre la «Tendencia histórica de Acumulación Capitalista». Hay, en nuestra opinión, varias maneras en las que se puede probar si Capital ha sido captado adecuadamente por un estudiante. La que es relevante para nosotros en este artículo es la más decisiva. Si un alumno que ha leído El Capital no puede ir a la «Tabla de contenidos» del Volumen 1 y trazar la construcción y despliegue de la contradicción de la que Marx habla en el capítulo sobre «Tendencia histórica …» paso a paso en la tabla de contenido, entonces ese estudiante aún no ha captado adecuadamente El Capital . ¡Regresa a la casilla uno y comienza de nuevo! 1845-1848-1859-1867 Sin embargo, las proposiciones que nuestros economistas ignoran o no pueden captar forman una unidad indisoluble con la comprensión general del mundo que se encuentra en el centro del pensamiento de Marx. Quien rechaza o ignora a uno, le da la espalda al otro también. Pasemos ahora nuestra atención a este aspecto. Si lo que se ha dicho hasta ahora sobre El Capital es cierto, en otras palabras, si el descubrimiento más importante del Capital con respecto al capitalismo es que las fuerzas productivas creadas como resultado del desarrollo de este modo de producción a lo largo de las líneas de sus propias leyes resultan en una etapa determinada, la entrada de estas fuerzas en contradicción con las relaciones de producción capitalistas mismas es, entonces, una verificación, ante todo, de la concepción materialista de la historia de Marx o, lo que es lo mismo, del materialismo histórico en forma llamativa. . En su «Prefacio» a la Contribución a una crítica de la economía política, escrito en 1859, Marx explicó cómo su investigación lo llevó a encontrar la clave del desarrollo histórico en las «condiciones materiales de la vida» y resumió las conclusiones generales que alcanzó en de la siguiente manera: En la producción social de su existencia, los hombres inevitablemente entran en relaciones definidas, que son independientes de su voluntad, es decir, relaciones de producción apropiadas para una etapa determinada en el desarrollo de sus fuerzas materiales de producción. La totalidad de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la verdadera base sobre la cual surge una superestructura jurídica y política y a la cual corresponden formas definidas de conciencia social … En una determinada etapa de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes … De las formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en sus cadenas. Entonces comienza una era de revolución social. Este es precisamente el tipo de proceso analizado en el capítulo sobre la «Tendencia Histórica…» al final del Volumen Uno del Capital. El modo de producción capitalista, como resultado de su tendencia a revolucionar constantemente las fuerzas productivas de la sociedad, los ha llevado a tal nivel, tiene tanto trabajo socializado, que estas fuerzas ya no pueden ser contenidas por la propiedad privada capitalista. En otras palabras, o uno comparte la concepción materialista de la historia de Marx y también toma en serio la tesis de la socialización de las fuerzas productivas, como una confirmación y una instancia de esta tesis cuando lo que está en juego es la transición del capitalismo al socialismo, o uno las rechaza ambas. No solo eso. En efecto, El Capital , en esta dimensión esencialmente importante, no es más que la demostración de la verdad, en detalle, de una conclusión que Marx y Engels ya habían alcanzado en 1848. Es un hecho bien conocido que Marx se comprometió con el estudio de la economía política después que la tormenta de las revoluciones de 1848 había disminuido, con el fin de fundamentar los reclamos sobre la lucha de clases y la revolución y de poner al descubierto el verdadero carácter de la sociedad moderna desde el punto de vista de la clase trabajadora. Ahora, dos décadas más tarde, en 1867, un punto fundamental que había presentado en el Manifiesto Comunista , junto con Engels, está siendo reforzado poderosamente por los instrumentos extremadamente avanzados del edificio teórico proporcionado por la crítica de la economía política. Esto es lo que tenían para decir en el Manifiesto Comunista: La sociedad burguesa moderna con sus relaciones de producción, de intercambio y de propiedad, una sociedad que ha conjurado medios gigantescos de producción y de intercambio, es como el hechicero, que ya no puede controlar los poderes del mundo inferior al que él ha llamado con sus hechizos. Para muchos, una década después, la historia de la industria y el comercio no es más que la historia de la revuelta de las fuerzas productivas modernas contra las condiciones modernas de producción, contra las relaciones de propiedad que son las condiciones de la existencia de la burguesía y su gobierno. Es obvio que aquí tenemos un resumen de la conclusión final del edificio teórico que se expondrá a lo largo de toda la arquitectura del Capital dos décadas después. Por lo tanto, gracias al intenso trabajo de esas dos décadas, Marx ha proporcionado la prueba científica de la tesis que había (junto con Engels) expuesto anteriormente. Hay aún otro presagio en el Manifiesto Comunista de esa rica exposición teórica que se encuentra en el capítulo sobre la «Tendencia histórica de la acumulación capitalista». El capital no solo genera las fuerzas productivas que socavan su propia base, sino que también produce la clase que derrumbará todo el orden social establecido por él: El avance de la industria, cuyo promotor involuntario es la burguesía, reemplaza el aislamiento de los trabajadores, debido a la competencia, por su combinación involuntaria, debido a la asociación. El desarrollo de la Industria Moderna, por lo tanto, corta de sus pies la base sobre la cual la burguesía produce y se apropia de los productos. Lo que la burguesía produce, sobre todo, son sus propios sepultureros. Vemos así que, en cierto sentido, El Capital proporciona al Manifiesto Comunista una infraestructura. Permitamos a David Harvey pontificar sobre la «retórica» del Manifiesto Comunista. Lo que no puede entender es que El Capital es un texto tan revolucionario como el Manifiesto Comunista . Los dos están en perfecta armonía. Finalmente, la idea de que el capitalismo genera comunismo a través de la socialización de las fuerzas productivas es la base científica perfecta para la actitud adoptada por Marx y Engels muy temprano en relación con el socialismo utópico. Es un hecho bien conocido que, a pesar de su apreciación del papel pionero desempeñado por los socialistas utópicos (notablemente Saint-Simon, Owen y Fourier), Marx y Engels encontraron su esfuerzo por remodelar el mundo en la línea de los «ideales» desarrollados en sus propias mentes ingenuas y poco realistas. El siguiente pasaje de la Ideología Alemana , publicado en 1845, presenta de la manera más brillante posible la diferencia entre el socialismo científico y el utópico: «El comunismo no es para nosotros un estado de cosas por establecer, un ideal para el cual la realidad [ tendrá] que ajustarse. Llamamos al comunismo el movimiento real que suprime el estado actual de las cosas. Las condiciones de este movimiento son el resultado de la premisa ahora existente «. El Capital también ha confirmado este reclamo. No solo ha demostrado que el comunismo viene en el horizonte de la humanidad dentro del movimiento real de la sociedad. También ha demostrado que las condiciones para este movimiento son el producto necesario de la premisa (es decir, el modo de producción capitalista) que existe en el presente. Entonces podemos sacar la conclusión: aquellos que no captan el significado vital, repito vital, de lo que se explica en el capítulo sobre la «Tendencia Histórica de la Acumulación Capitalista» simplemente no han entendido en absoluto no solo El Capital , sino todo el pensamiento de Marx y Engels. Lenin obviamente subestimó su caso. El significado histórico de la tendencia histórica El tema de este artículo es corroborar la idea de que la conclusión más importante del Capital de Marx desde el punto de vista político y teórico es que el capitalismo genera comunismo. En otras palabras, el artículo tiene un alcance teórico. Nos abstendremos de hacer lo siguiente en el contexto de este artículo. Primero, dado que esta proposición ha sido formulada en el alto nivel de abstracción en el que Marx opera en el Volumen Uno del Capital , podría haber habido una discusión adicional sobre cómo esta ley se manifiesta concretamente. No entraremos en este aspecto de las cosas. En otras palabras, no investigaremos cómo la contradicción entre la socialización de los medios de producción y trabajo y la naturaleza privada de la apropiación bajo el capitalismo se manifiestan en el movimiento concreto de la sociedad. Opinamos que, en el enfoque de Marx, el papel clave aquí se atribuye a las crisis económicas y ya hemos explicado este mecanismo en términos claros en un estudio anterior. En segundo lugar, no investigaremos si las circunstancias que se obtienen en el mundo de hoy verifican o refutan la tesis de Marx, presentada en un alto nivel de abstracción y como una proposición histórica mundial. Esto lo abordaremos en un artículo planeado para este otoño, con motivo del décimo aniversario de lo que hemos preferido llamar la Tercera Gran Depresión, cuando dibujaremos un balance de la situación mundial en sus aspectos económicos y políticos. Este tipo de estudio requiere la evaluación de datos concretos que van mucho más allá del nivel de abstracción teórica propia de este artículo. Al resumir este artículo, nos gustaría subrayar otro tema teórico muy importante que a menudo se ignora. Con su proposición teórica plasmada en el capítulo sobre «Tendencia histórica de la acumulación capitalista», pero realmente expandida por todo el edificio del Capital , Marx anticipa una etapa completamente nueva en la historia humana. Por primera vez desde el surgimiento de la sociedad de clases, en otras palabras, desde el comienzo de la historia escrita, las bases materiales de la lucha por los intereses dentro y entre las sociedades humanas desaparecerán . Más allá de la importancia para la humanidad de la socialización de las fuerzas productivas con respecto a la transición del capitalismo al comunismo, esta proposición implica que el interés colectivo se ha convertido en la mediación más alta que puede satisfacer el interés individual de la mejor manera posible . Para explicar brevemente, desde el momento en que un producto excedente vio la luz del día, la existencia comunal de comunidades humanas que están ampliamente clasificadas como sociedad comunal primitiva cede terreno a fisuras, tensiones, conflictos de interés. Con el tiempo, la lucha entre las clases propietarias que viven del trabajo excedente de otros gracias a su control sobre los medios de producción, por una parte, y la clase de productores directos que lleva a cabo la producción de objetos que satisfacen las necesidades de la comunidad en y a través de la naturaleza, pero que se vuelve dependiente en su acceso a los medios de producción de las clases anteriores, en el otro, asume un carácter de importancia decisiva. Por lo tanto, los conflictos de intereses que surgen dentro de las comunidades humanas toman la forma de luchas de clases, pero la lucha de clases no consiste en este conflicto fundamental, ni los conflictos de intereses consisten únicamente en la lucha de clases. Por un lado, las luchas de clase también involucran clases intermedias y contradicciones dentro de las clases mismas. Por otro lado, fuera de la lucha de clases, los conflictos de intereses asumen una multitud de formas, desde las luchas a nivel macro entre los imperios hasta la competencia entre individuos dentro de la misma clase. Esta tendencia alcanza su ápice en la era del capitalismo. La disolución de todos los mecanismos de protección tradicionales y todos los lazos de carácter comunitario como consecuencia del surgimiento del nexo de efectivo desnudo convierte a la sociedad burguesa en una jungla basada en «la guerra de cada uno contra todos» (Engels). Esta es la razón por la cual la ideología burguesa y la teoría social toman de la teoría de la evolución de Darwin el peor aspecto posible: como en la naturaleza, en la sociedad todos perseguirán su propio interés y la vida social se convertirá en un teatro de guerra donde cada individuo es propenso, más bien, condenado a luchar contra todos los demás. La vida social se reduce a la lucha por la «supervivencia». Nadie puede o tendrá el interés de la sociedad o de las comunidades por encima de sus propios intereses. Dentro de los parámetros de este pensamiento, el individualismo burgués se convierte en la norma ideológica. Los economistas pretenden elogiar la competencia y atribuirle la consistencia del mejor sistema económico posible que la humanidad puede alcanzar, a saber, el capitalismo. En este contexto, el comunismo se ve naturalmente como condenado al fracaso. Incluso si ocurrieran revoluciones exitosas, una vez que el fermento y el entusiasmo disminuyan, una vez que el idealismo del impulso para construir una sociedad más justa ceda su lugar al materialismo grosero pero necesario de la existencia cotidiana, todos comenzarán a buscar el interés propio y el igualitarismo y la justa sociedad que fue el objetivo de la revolución será erosionada por la corriente oculta de los intereses individuales y finalmente dará paso a una sociedad de competencia y contienda. La tesis de Marx de la «socialización de las fuerzas productivas» crea una brecha profunda en todo este esquema de cosas. Marx es el pensador que más claramente sostuvo que todos los aspectos de la vida social se forman bajo el impacto de intereses materiales y los conflictos sobre estos intereses, que, por complejo que sea el nivel de mediación, no se forma ninguna relación, institución o idea independientemente del conflicto de intereses y, lo más importante, las luchas de clases, que cada uno está condicionado por estos intereses materiales. Por lo tanto, es impensable que no debería haber considerado las objeciones planteadas con respecto al impacto disolvente del propio interés individual. Démonos un paso más: Marx seguramente no puede haber creído que un salto de época del tipo de socialismo, comunismo, el surgimiento de una sociedad sin clases que seguramente cambiará el curso completo de la historia y el destino de la humanidad puede materializarse exclusivamente como resultado del entusiasmo revolucionario y el idealismo creado por el anhelo de una sociedad justa. De hecho, este no es el caso. La razón por la cual Marx concibió el comunismo como posible y necesario no fue su rechazo al hecho de que el interés individual es la principal fuerza impulsora del comportamiento humano. Es la realización de que, por primera vez en la historia, hemos entrado en una época en la que el interés individual se puede satisfacer mejor a través de métodos colectivos que a través de la competencia y la lucha contra el ser humano . Para decirlo de otra manera, el comunismo no es la época en la que la validez de la visión materialista de la historia ha llegado a su fin y la era del idealismo finalmente se ha establecido. Es la época en que, gracias al nivel alcanzado por las fuerzas productivas de la humanidad, la satisfacción colectiva del interés material cambia el trato. Es por eso que la frase clave en el capítulo sobre la «Tendencia histórica de la acumulación capitalista» realmente anticipa el acceso de la humanidad a una era totalmente diferente: «la transformación de los instrumentos de trabajo en instrumentos de trabajo que solo se pueden usar en común» . El capitalismo ha creado para la humanidad un nivel de productividad laboral sin precedentes en la historia. Los marxistas nunca lo han negado; por el contrario, han estado a la vanguardia de quienes lo destacaron. Basta leer la primera parte del Manifiesto Comunista para ver esto. Esto significa que la humanidad se enfrenta a la oportunidad de crear una vida más próspera, más segura, más plena que nunca. Pero, al mismo tiempo, el capitalismo se levanta como una barrera en el camino de la realización de estas oportunidades para la abrumadora mayoría de la sociedad. Según la ideología burguesa, las revoluciones que abolieron el dominio del capitalismo se encuentran cara a cara con una contradicción: estas revoluciones pueden brindar igualdad, un futuro seguro y la paz a la mayoría, pero porque es el capitalismo el que proporciona la base para el desarrollo de las fuerzas productivas, tarde o temprano el deseo de alcanzar una sociedad más rica llevará a estos países de vuelta al capitalismo. La tesis de Marx de la socialización de las fuerzas productivas sostiene que esta contradicción ha sido eliminada. Por primera vez en la historia, la organización de la producción y la distribución en modo colectivo, sobre la base de la propiedad pública y un plan central proporcionará a cada individuo más de lo que puede proporcionar la competencia, el mercado y la propiedad privada, en corto, más de lo que puede ser proporcionado por una sociedad donde cada individuo persigue su propio interés. ¡Porque los instrumentos del trabajo, aunque desarrollados originalmente por el capitalismo, de ahora en adelante solo son «utilizables en común»! Se puede ver que aquí ha surgido una extraña relación entre lo individual y lo colectivo, que nunca antes se había visto en la historia. Sin comprender esto, es imposible entender por qué el comunismo está a la orden del día para el futuro de la humanidad. Anteriormente explicamos esta relación empleando el concepto de mediación: el interés colectivo se ha convertido en la más alta mediación del interés individual. El comunismo se describe generalmente como una sociedad en la que el interés social rige exclusivamente, donde todo se ha colectivizado, donde no existe otro que lo colectivo que tiene derecho a existir. Para los burgueses, esto es una crítica, un reproche. Los que están de parte del comunismo, por otro lado, lo declaran con orgullo frente al individualismo burgués. Muy bien, entonces. Pero la relación es algo más compleja en Marx. Ahora volvemos al capítulo de Marx sobre la «Tendencia histórica de la acumulación capitalista». Marx ya ha explicado que el capitalismo ha generado el tipo socializado de fuerzas productivas que socavan su propia base, que al mismo tiempo ha creado al proletariado como una fuerza formidable en oposición a su propio poder, que todo esto desencadenará un proceso que solo llegará a su fin cuando «los expropiadores sean expropiados», y llamará la atención sobre la naturaleza dialéctica de todo el proceso al señalar que esta es la «negación de la negación». La primera negación, como se recordará, es la destrucción de la unidad entre el productor directo y los medios de producción. El capitalista está, en efecto, saqueando hasta la destrucción incluso a los capitalistas que son más débiles. La expropiación del capitalista a gran escala es la segunda negación. Ahora, teniendo todo esto en cuenta, continuemos donde lo habíamos dejado: Es la negación de la negación. Esto no restablece la propiedad privada del productor, sino que le otorga propiedades individuales basadas en las adquisiciones de la época capitalista: es decir, en la cooperación y la posesión en común de la tierra y de los medios de producción. ¡»Propiedad individual»! Una observación sorprendente seguramente, si alguna vez hubo una. Marx, que ha defendido él mismo, frente a los anarquistas y el mutualismo de Proudhon, la imposibilidad de la defensa de la «propiedad individual» frente a la producción a gran escala generada por el capitalismo, ahora caracteriza la forma de propiedad del comunismo como «propiedad individual». ¡Qué ironía! Incluso se puede sospechar un desliz de la pluma, pero sucesivas ediciones alemanas, las ediciones en francés, inglés y rusa … ¿Es concebible que este desliz de la pluma no haya llamado la atención de Marx, Engels u otros? El secreto de la ironía radica en el hecho de que esta particular «propiedad individual» posee características que le son peculiares: esta es una propiedad individual que surge sobre la base de la propiedad común en los medios de producción. Partimos de la propiedad individual a pequeña escala, atravesamos la propiedad privada capitalista (la escala gigantesca de la propiedad privada que pertenece a la minoría junto con la falta de propiedad de la mayoría), ahora estamos volviendo a la propiedad individual como una negación de la última (la negación de la negación), pero esta vez no como propiedad a pequeña escala, sino como propiedad individual basada en propiedad común. En este texto inmensamente denso (¡la historia humana en apenas tres páginas!), Marx también toca un punto de vital importancia en una frase breve pero clave: «basada en las adquisiciones de la era capitalista». Por lo tanto, hay un retorno al individuo, pero no sobre la base de una negación total del capitalismo. Un retorno que conserva las «adquisiciones» de la época capitalista. En otras palabras, tanto supresión como conservación. Aufhebung . Hegel. Dialéctica. Lenin. Esta es la expresión, en términos de relaciones de propiedad, de nuestra proposición de que ahora hemos entrado en una época de la historia en la que, por primera vez en la historia, el interés individual está en adelante mediado por el interés colectivo.

1 de octubre de 2018
La tierra de la revolución de Octubre: un país de mujeres caminando en la ruta de la emancipación
Armağan Tulunay

Tomar la posición de las mujeres. En este terreno, ni un solo partido democrático en el mundo, ni siquiera en la más avanzada república burguesa, ha hecho en décadas tanto como una centésima parte de lo que hicimos en nuestro primer año en el poder. Realmente arrasamos con las infames leyes que ponían a las mujeres en una posición de desigualdad, restringiendo el divorcio y rodeándolo con asquerosas formalidades, negando el reconocimiento de niños nacidos fuera del matrimonio, forzando una búsqueda de sus padres, etc., leyes numerosas sobrevivientes de las que, para la vergüenza de la burguesía y del capitalismo, se encuentran en todos los países civilizados. Tenemos mil veces el derecho de estar orgullosos de lo que hemos hecho en este terreno. Pero mientras más concienzudamente limpiamos el terreno de las maderas de las viejas leyes e instituciones burguesas, más claro es para nosotros que solo limpiamos el terreno para construir pero aún no estamos construyendo. Vladimir I. Lenin [1] 2017 es el centenario de la revolución de Octubre, la más grande revolución victoriosa de la clase obrera a la fecha [2] . Luego de la revolución de octubre, el joven poder soviético inmediatamente dio pasos para completar las demandas de la clase obrera y los oprimidos. NO solo alcanzó sus demandas, sino que también en la dirección del programa de la revolución socialista, reconoció una serie de derechos, de los cuales los oprimidos no podían siquiera imaginar su existencia y conocer su importancia, y dio un esfuerzo consciente para asegurarse que sean ejercidos. El joven poder obrero trataba de poner los cimientos de la emancipación de la clase obrera junto con los otros oprimidos. Las mujeres, junto con las naciones oprimidas, estaban en lo alto de estos grupos. A principios del 1900 es casi imposible hablar sobre derechos políticos de las mujeres en el mundo. Este fue un período en que las mujeres no solo luchaban por el derecho a presentarse para elecciones sino todavía por el derecho a voto. Y en muchos países esta lucha continuó por muchos años. En países como Suiza, llamada una cuna de la democracia, las mujeres ganaron el igual derecho a votar y presentarse a elecciones en 1971. Solo después que las mujeres en Arabia Saudita ganaron este derecho en 2015, aunque limitado a elecciones locales, si se hizo posible decir que las mujeres tienen este derecho en todo el mundo. Después de la revolución de octubre, el poder soviético se convirtió en el primer estado en reconocer este derecho para las mujeres garantizando inmediatamente los más amplios derechos políticos en términos equitativos a los hombres. Similarmente, el aborto en muchos países occidentales se hizo legal solo en la segunda mitad del siglo XX (Inglaterra 1967, EEUU 1973, Francia 1975, Italia 1978). Incluso hoy, en muchos países no es legal o solo puede ser hecho dependiendo de ciertas condiciones. No hemos olvidado todavía que Erdogan azotó contra el aborto diciendo “cada aborto es como un Uludere” [3] en 2012 y su ataque fue repelido por la lucha de la mujer. Y aún luchamos por el libre acceso al aborto legal y seguro bajo condiciones higiénicas. Aunque el anti-abortismo fue dominante en su propia tierra y alrededor del mundo, el poder soviético reconoció este derecho con las condiciones virtualmente que nosotros luchamos aún hoy. El joven estado obrero consagró un número de leyes que cambiaron las vidas de las mujeres, firmaron decretos. En este artículo, trataremos de evaluar los efectos de la revolución de octubre sobre las vidas de las mujeres y qué tipo de consecuencias tiene. Dentro de los límites de este artículo, primer trataremos de proveer un marco de trabajo de pasos prácticos que fueron tomados en el poder soviético en diferentes aspectos desde la participación en la fuerza de trabajo a la educación, desde las leyes que regulan el matrimonio y el divorcio a la colectivización del trabajo doméstico y el cuidado de los niños, desde el salto en la escena política al aborto, etc. Luego nos concentraremos sobre la cuestión de sí era posible preservar la continuidad de estos derechos o no, trataremos de explicar las razones para la emergencia de una nueva situación. Y finalmente apuntamos a trazar lecciones sobre la capacidad del programa de la clase obrera en términos de la emancipación de las mujeres en el contexto de la experiencia soviética. Antes de esto, será útil tomar una breve mirada a las condiciones en las que las mujeres habían estado viviendo en Rusia antes de la revolución de octubre. La situación de la mujer durante el periodo zarista Durante el periodo zarista, las mujeres eran las primeras esclavas de sus padres, luego de sus esposos. Se casaban antes de tener 12. El día de la boda, el padre de la novia daba al novio un látigo como regalo, y casi en todas las casas había una tradición que el látigo se colgaba en los dormitorios. Las mujeres no tenían derecho a divorcio. Si una mujer abandonaba a su esposo, le era devuelta a su esposo por la fuerza policial. Una mujer casada no tenía su propio pasaporte. Era registrada en el pasaporte de su marido [4] . No tenía derecho a tener su propia propiedad. No tenía derecho a tomar decisiones con las propiedades de la familia. No solo las propiedades, tampoco la mujer tenía poder sobre sus hijos. Sin el permiso de su esposo, una mujer casada no podía siquiera buscar un trabajo. Las condiciones de vida y trabajo de las mujeres que podían trabajar con el permiso de su esposo eran así mismo muy pesadas. Con el incremento en la mecanización, los empleos que no requerían potencia física creaban un área de empleos para las mujeres, pero los salarios de las mujeres eran solo como la mitad de los de un hombre. No había derechos tales como la licencia por maternidad o permiso por amamantamiento. Muchas fuentes que describen el periodo cuentan que las mujeres trabajaban en las fábricas escondiendo el embarazo hasta el comienzo de los dolores de parto, o hasta a veces las mujeres daban a luz en sus butacas de trabajo y luego continuaban con su trabajo. El 95 por ciento de las mujeres daba a luz sin asistencia médica, en promedio 30 mil mujeres morían cada año durante el parto, Rusia lideraba entre los países europeos en términos de mortalidad infantil [5] . Ningún método era aplicado para que las mujeres tuvieran acceso a prevenir el embarazo. Porque el aborto también estaba prohibido, las mujeres embarazadas apelaban a mujeres con experiencia de la villa quienes pudieran terminar con el embarazo con agujas y ganchos. [6] Naturalmente, este procedimiento estaba poniendo las vidas de las mujeres en peligro y causando enfermedades, heridas y reventando mujeres de joven edad. Como en otros países capitalistas, la prostitución era un problema muy serio en combinación con la dominación masculina, las dificultades económicas, y haciendo el cuerpo de la mujer una mercancía que se podía vender y comprar. El hecho que las mujeres estuvieran en una posición precaria, para decirlo con la lógica de su tiempo, que las mujeres no puedan poseer estaba imponiendo la prostitución como un medio de vida. Un estudio hecho en 1889 confirma este hecho al demostrar que el 83.5 por ciento de las prostitutas registradas en Rusia son mujeres del último estrato, y un 65 por ciento son mujeres que fueron sirvientas alguna vez en los hogares burgueses y aristocráticos. [7] En la Rusia zarista, una así llamada batalla contra la prostitución es llevada adelante. En realidad, las prostitutas son registradas y la prostitución fue institucionalizada. Por otro lado, las mujeres eran condenadas a la prostitución por el resto de sus vidas por una especie de lista negra. Las mujeres estaban también muy subdesarrolladas en educación. De acuerdo al último censo de 1913, hecho antes de la revolución de octubre, un 83 por ciento de las mujeres no sabían siquiera leer y escribir. Casi todas las mujeres restantes eran mujeres de las clases altas, y se estima que casi todas esas mujeres fueron enviadas al exilio con la revolución, así que la proporción de mujeres alfabetizadas ha caído al 5 por ciento inmediatamente después de la revolución. [8] En el caso de los Pueblos del Este, esto se torna aún peor, y usualmente no es posible encontrar siquiera una sola mujer alfabetizada. La situación de la mujer era relativamente peor en esta región que estaba bajo la influencia del islam y contendrá a las Repúblicas Soviéticas de Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kazajistán y Azerbaiyán, que en otras partes de Rusia. Las mujeres eran consideradas como bienes que se compraban y vendían. Había un sistema llamado « kalim » que era equivalente a la riqueza de la mujer [dote]. Las mujeres eran compradas por este sistema por sus maridos, y luego el esposo tenía autoridad sin límites sobre la mujer. Si él quería, el hombre podía casarse con más de una mujer. Luego que su esposo muriera, la mujer no tenía derecho a hablar de su propia vida, y esta vez se convertía en propiedad del hermano mayor de su esposo. Si él quería, podía quedarse con la mujer para sí, o venderla a otro hombre. Las mujeres que vivían en el Este tenían que cubrirse. Además del burka, las mujeres en Uzbekistán y Tayikistán tenían que cubrir sus rostros con un velo especial negro que es tejido de pelo de caballo. «de este modo una mujer que es cubierta con paranjas (burka) luce completamente como un fantasma, un espacio oscuro con pies. Su imagen oscura y amorfa formaba una gran, inconcebible contradicción con los luminosos bazares y palacios y los hombres coloridamente vestidos de Samarcanda, Taskent y Bukhara.» [9] Por supuesto no es posible hablar de derechos políticos de la mujer en un país donde las mujeres eran empujadas al fondo. Durante la era opresiva del zarismo, las mujeres sintieron la mayor parte de esta opresión en derechos políticos. Las mujeres no tenían derecho a votar o postularse. Las mujeres eran completamente excluidas de la vida política porque no estaban permitidas a trabajar en muchas ocupaciones y tampoco se les permitía trabajar en áreas administrativas. Eso quiere decir, que la revolución de octubre se levanta en las tierras de un país casi infernal para las mujeres; el poder soviético estaba luchando contra las estructuras represivas, reaccionarias, hábitos, tradiciones, reglas que habían arraigado por siglos para la salvación de las mujeres y la clase obrera. La mujer como actor de la revolución Así que, ¿Qué hizo la mujer acerca de su condición tan subdesarrollada? ¿Se doblaron bajo la presión de las dificultades y presiones o comenzaron a luchar? Mientras contestamos esta pregunta, necesitamos retroceder de 1895 a 1917, vemos que hay cuatro mujeres incluyendo a Krupskaya como líderes de la organización llamada «Unión de Lucha por la Liberación de la Clase Obrera» la que fue formada por Lenin. A la luz de las experiencias de esta organización que puede ser considerada como primeras semillas del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), en 1900 Krupskaya escribe un folleto ilegal llamado La mujer como trabajadora que se refería a la situación de la mujer y sus tareas políticas. [10] En 1905, estaban luchando en las filas de la revolución junto a los hombres. Entre 1905 y 1907, los bolcheviques estaban haciendo agitación sistemática y trabajo de organización entre las obreras, y organizando reuniones donde los problemas de la mujer eran discutidos y las demandas de las mujeres eran alzadas. Aunque la mayoría eran intelectuales entonces, el porcentaje de miembros femeninos del POSDR eran del 15 por ciento, aún mayor al del Partido Socialdemócrata Alemán, el cual tenía una historia mucho más larga y una tradición más fuerte. [11] El periodo de represión y reacción entre 1908 y 1912 llevo al arresto de muchas líderes femeninas, la expulsión de ellas al exilio, y el movimiento retrocedió a un área completamente ilegal. Después de este periodo, mientras el movimiento obrero revivía y las oportunidades de hacer manifestaciones legales crecieron, los productos de los estudios sistemáticos llevados adelante entre las obreras también comenzaron a mostrarse. El 8 de marzo de 1913, el POSDR decidió celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora por primera vez en San Petersburgo con una manifestación de masas, y un encuentro entusiasta se llevó a cabo dirigido por obreras, especialmente obreras textiles. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora fue celebrado con un número especial de Pravda que se publicó ese día. [12] Un año después las cartas de mujeres a Pravda crecieron como avalancha, el 8 de marzo de 1914, Rabotnistsa (Trabajadora) que era el primer periódico para la mujer bolchevique comenzó a publicarse por comité de publicación de revolucionarias mujeres como Nadezda Krupskaya e Inessa Armand. [13] Después de publicar siete números, Rabotnitsa fue cerrada junto con toda otra publicación revolucionaria, con el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Con el efecto de su posición contra la guerra imperialista, el poder bolchevique dentro del campesinado y las trabajadoras que mayormente habían sufrido por la guerra creció. El quiebre más grande hasta entonces sucedió con el despido de mujeres en el amanecer de la revolución de febrero, que de nuevo tomó lugar un 8 de marzo el día de la mujer. Como Trotsky cuenta en la Historia de la Revolución Rusa, un día antes, nadie pensaba que el «Día de la Mujer» podía comenzar la revolución: «Aunque el hecho es que la revolución de febrero comenzó desde abajo, superando la resistencia de sus propias organizaciones revolucionarias, la iniciativa tomada por su propio acuerdo por la más oprimida y pisoteada parte del proletariado – las obreras textiles, entre ellas sin duda muchas esposas de soldados. Las desbordadas colas de pan han proveído el último estimulo. Cerca de 90.000 obreros, hombres y mujeres, estaban de huelga ese día. El ánimo de lucha expresado en manifestaciones, reuniones, encuentros con la policía. El movimiento comenzó en el distrito de Vyvorg con sus grandes establecimientos industriales; luego cruzó por el lado de Petersburgo. No había huelgas o manifestaciones en otro lugar, de acuerdo al testimonio de la policía secreta. Ese día destacamentos de tropas fueron llamadas a asistir a la policía – evidentemente no muchas de ellas – pero no hubo encuentros con ellos. Una masa de mujeres, no todas obreras, marcharon a la duma municipal demandando pan. Era como pedirle leche a una cabra macho. Banderas rojas aparecieron en diferentes partes de la cuidad, e inscripciones en ellas mostraban que los obreros querían pan, tampoco querían la autocracia ni la guerra. El Día de la Mujer pasó exitosamente, con entusiasmo y sin víctimas. Pero lo que concebía en sí misma, nadie había imaginado aun al anochecer. « [14] Luego de esa primera noche, los soldados tenían que unirse a la revolución para que el levantamiento sea exitoso. Las mujeres también se involucran en esta lucha, incluso formando las divisiones más valientes, heroicas de la lucha, y dirigiéndolas. Trotsky lo cuenta así: «Un gran papel es jugado por las trabajadoras en relación entre obreros y soldados. Van a los cordones más osadamente que los hombres, toman los rifles, imploran, casi ordenan: «Depongan sus bayonetas -únanse». Los soldados están excitados, avergonzados, intercambian miradas ansiosas, saludan; alguno se decide primero, y las bayonetas se alzan con culpa sobre los hombros de la muchedumbre que alcanza. La barrera es abierta, un alegre y agradecido «Hurra!» sacude el aire. Los soldados están rodeados. En todos lados discusiones, reproches, llamados a la revolución que da otro paso adelante.» [15] Cuando el Zar, que parecía incólume, cayó después de la revolución de febrero que irrumpió debido a la lucha de la mujer, la lucha de la mujer fue saludada en Pravda con tan entusiastas líneas: «Salud por las Mujeres! Salud a la Internacional! Las mujeres fueron las primeras en salir a las calles de San Petersburgo el Día de la Mujer … Salud por las mujeres!» [16] Luego de la revolución de febrero, hasta que la clase obrera tomó el poder con la Revolución de Octubre, las mujeres tomaron una participación activa tanto en proteger lo alcanzado con la revolución de febrero como en la lucha por la revolución de octubre. Participaron en comités de fábrica y en las milicias. Rabotnitsa, que fue prohibida en 1914 después de la gran huelga de las lavanderas en Petrogrado, donde 5000 mujeres se unieron, comenzó a publicarse de nuevo. Cuando fueron reprimidos luego de los eventos de julio de 1917, la única publicación legal en manos de los bolcheviques era la Rabotnitsa publicada cada diez días y 40000 copias eran publicadas. [17] A pesar de toda esta vitalidad, los prejuicios, que se habían profundamente arraigado por siglos, seguían existiendo. Estos prejuicios no afectaron solo a los trabajadores hombres, afectaban también a la base bolchevique. Las mujeres, sin ninguna tradición o experiencia, organizaban huelgas efectivas, y formaban comités de huelga ellas mismas. Pero incluso las obreras no creían que la mujer tenga la capacidad para participar de los soviets y representar a todos los trabajadores. Por ejemplo, aunque los obreros textiles eran abrumadoramente mujeres, solo 2 de los 15 líderes sindicales textiles eran mujeres. Mientras que la mitad de los trabajadores de Petrogrado eran trabajadoras, la proporción de delegadas mujeres en los órganos soviéticos era solo alrededor de un 5 por ciento. [18] Cuando la clase obrera tomó el poder con la ayuda de campesinos junto con la dirección de los Bolcheviques, el 7 de noviembre, de acuerdo al calendario de hoy, 25 de octubre de acuerdo al viejo calendario, las mujeres participaron a la cabeza de la revolución. Y el poder Soviético, el producto de la más grande revolución obrera victoriosa de la historia, enfrentaba una lucha para proveer un futuro a las mujeres que habían luchado por los Soviets en las condiciones más duras, después de cientos de años de tradiciones opresivas y reaccionarias, bajo el dominio de las reglas y girando sus rostros hacia los bolcheviques con la esperanza de la salvación. Los pasos y efectos del poder Soviético hasta el ascenso a la dominación de la burocracia El poder Soviético, desde sus primeros días, inmediatamente promulgó medidas que aniquilaban la injusta legislación que mantenía las mujeres bajo control. Sin embargo, no solo dieron a las mujeres los derechos previamente dados a los hombres, tomaron decisiones y leyes que removerían las reglas sociales sexistas que sacudieron a las mujeres y los hombres, cortaron las ataduras reaccionarias y abrieron el camino para la construcción de una nueva sociedad. Matrimonio y divorcio Solo dos meses después de la revolución de octubre, en diciembre de 1917 dos promulgaciones sobre el divorcio, matrimonio, el decreto sobre los hijos de hombres y mujeres fue publicado. Tanto el matrimonio como el divorcio se hicieron enteramente voluntarios. El casamiento por iglesia no se prohibió, pero fue invalidado en términos del sistema legal. Después de eso, solo el matrimonio civil era reconocido por la ley. El registro de los matrimonios por iglesia que fue hecho antes de la revolución fue necesario para ellos para poder ser reconocidos legalmente. De este modo, el gobierno Soviético intentó romper la influencia de la iglesia en la regulación de la vida social, mientras por otro lado estaba llevando a cabo esta lucha de manera cuidadosa, sin herir las creencias de la gente. Las obligaciones de las mujeres casadas como tomar el apellido de su esposo, necesitar el permiso del esposo para buscar empleo y trabajar, se removieron. El cambio más grande que trajeron esas promulgaciones fue la provisión de igualdad a los hijos de matrimonio y fuera de este ante la ley. Antes de la revolución de octubre, las mujeres no tenían derecho a reclamar mantención por hijos extra matrimoniales, esta promulgación reconoció este derecho a las mujeres e hijos. Igual derecho de expresión y autoridad se dio a hombres y mujeres en decisiones sobre los hijos. Así como con el matrimonio, el divorcio también era monopolizado por la iglesia y era extremadamente difícil. Porque traía una carga financiera muy seria, era casi imposible para hombres de las clases trabajadoras, solo hombres de las clases altas podían usar ese derecho. Las mujeres no tenían derecho de cualquier modo. El poder Soviético inmediatamente hizo del divorcio un procedimiento igual y extraordinariamente fácil tanto para hombres como mujeres. La aplicación de sólo una de las partes era suficiente para el divorcio, -si no era de acuerdo-, las decisiones tomadas en la corte local de acuerdo con los pleitos legales. El hecho que las partes no se les permitieran intervenir en la vida del otro luego del divorcio puede ser considerado como una de las importantes medidas del poder Soviético contra la dominación masculina cuando las presiones enfrentadas por las mujeres que se divorciaban o querían divorciarse aun hoy son consideradas. El 17 de octubre de 1918, aproximadamente un año después de la revolución, el «Código sobre el Matrimonio, la Familia y la Potestad» fue promulgado. Este código se basaba en la separación de las posesiones antes y después del matrimonio de los esposos. La adopción es prohibida para proteger los derechos de los niños, especialmente en áreas rurales, por la extendida adopción para usarlos como fuerza de trabajo y para prevenir la vivada de obtener más parte en la reorganización de la sociedad haciendo más numerosa a la familia. Era declarado que los niños que fueran adoptados antes del código, tenían derechos iguales con otros hijos. Se decidió que las decisiones respecto a la educación de los niños, la custodia será tomada de mutuo acuerdo de los padres. Disciplinar a los niños con sanciones físicas fue prohibido. Este código, aceptado en 1918, fue válido hasta que un nuevo código fue promulgado el 1° de enero de 1927, y en el periodo entre los dos códigos, se introdujeron promulgaciones que trajeron algunas regulaciones secundarias en el área. [19] El derecho al aborto y el control de natalidad Por decreto del 18 de octubre de 1920, el aborto fue aceptado como derecho, gratis y legal para todas las mujeres a condición que se realizaran en hospitales estatales en los tres primeros meses de embarazo. Entonces, por primera vez en el mundo, las mujeres tuvieron del aborto legal en los territorios de la revolución de octubre, bajo el poder obrero. El poder Soviético estaba otorgando aborto accesible en condiciones de salud e higiene a las mujeres que han previamente arriesgado su salud y tomaron el riesgo de aborto espontaneo. En un mundo donde la iglesia y la oposición dominante habla de «el derecho a vivir del feto», el decreto publicado por el gobierno obrero pone el derecho de vivir y de salud de la mujer en el centro y castiga no al aborto, sino a los que arriesgan a las mujeres por el aborto ilegal. Estas palabras se escribieron en el Decreto sobre el Aborto que se declaró en 1920: Pero como las supervivencias morales del pasado y las difíciles condiciones económicas del presente aún obligan a muchas mujeres a recurrir a esta operación [20] , el Comisariado del Pueblo para la Salud y la Justicia, ansioso de proteger la salud de las mujeres y considerando que el método de la represión en este terreno fracasa enteramente en alcanzar su objetivo, ha decidido: 1. Permitir tales operaciones sean libremente y sin ningún cargo en los hospitales Soviéticos, donde las condiciones están garantizadas para minimizar el daño de la operación. 2. Está absolutamente prohibido para nadie excepto un doctor para llevar adelante esta operación. 3. Cualquier enfermera o partera encontrada culpable de realizar tal operación será desprovista del derecho a su práctica, y será llevada a juicio en la Corte del Pueblo. 4. Un doctor que lleve adelante un aborto en su práctica privada para los propósitos de lucro será llamado a comparecer por la Corte del Pueblo. [21] El poder Soviético, en reconocimiento de este derecho, también realizó actividades de propaganda para decir que el aborto no debe usarse como método de control de natalidad y que esa es una operación seria que involucraba varios riesgos. La razón por la que el poder Soviético desarrollo esas actividades de propaganda es porque el aborto de hecho se convirtió un método de control natal debido a lo inadecuado de otros métodos de control natal. Era común para una mujer Soviética de 30 años haber abortado de 5 a 7 veces. [22] En este punto, cuando es dicho que las mujeres carecían de acceso a métodos anticonceptivos, este punto debe ser enfatizado: muchos métodos de control natal usados hoy no se conocían en el tiempo de la legalización del aborto, incluso la píldora de control natal no se había encontrado aún. La implementación de métodos de control de natalidad, como el aborto, está prohibido no solo en Rusia sino en todo el mundo, era un periodo cuando el trabajo científico sobre el tema estaba prohibido en el mundo. En este sentido, la Unión Soviética fue el primer país en conducir la investigación médica con claro control y apoyo del estado para desarrollar métodos de control de natalidad para así minimizar el número de abortos e investigaciones de amplio espectro para llevar adelante los abortos con el menor riesgo en términos de la salud de la mujer. Educación En la Rusia zarista, el 70 por ciento de la población es analfabeta. Esta proporción es incluso superior entre campesinos y mujeres. En 1920, la tasa de analfabetismo entre la población general era del 67 por ciento y entre las mujeres del 77.5 por ciento. [23] Los bolchevique se embarcaron en una gran movilización de toda la sociedad con el «Decreto sobre Educación y Analfabetismo» publicado con la firma de Lenin el 26 de diciembre de 1919. Las mujeres tenían que participar de la vida social y la fuerza laboral para remover la opresión sobre la mujer y, esto solo podía ser provisto con educación. Así que los bolcheviques fueron sobre este tema de manera más sistemática. 125 mil escuelas de lecto-escritura fueron establecidas. Muchas mujeres aprendieron como leer y escribir escribiendo las consignas de los bolcheviques en los pizarrones. [24] La proporción de analfabetismo cayó rápidamente a través de los años. En 1932 solo el 9.2 por ciento de las obreras era analfabeta, tres años después esta proporción cayó debajo del 6 por ciento. [25] En el periodo zarista, incluso entre las mujeres de las clases altas, la proporción de educación superior era muy baja. Esto fue porque las estudiantes no eran aceptadas en la mayoría de las universidades, las chicas de familias ricas podían obtener educación superior solo en el extranjero. Diez años después de la revolución de octubre mostró una imagen completamente diferente. Durante 1927-28, el 28 por ciento de los estudiantes que estudiaban en la universidad eran chicas estudiantes. Aproximadamente una década más tarde, en 1939-40, este número se elevó al 49.3 por ciento. [26] Es necesario decir que el quiebre en el campo de la educación es el efecto de decenas de miles de mujeres llegando a las ciudades de las villas y aprendiendo a leer y escribir en las fábricas. En aquel tiempo los Comités de Educación eran establecidos en las fábricas. No solo el alfabetismo era enseñado en estos comités, sino que también muchas actividades en el terreno de la cultura y el arte fueron organizados. Los obreros organizaron varias obras de teatro, noches de lectura de poesía, organizaron orquestas y realizaron conciertos ellos mismos. El efecto de esta situación es mencionado en una fuente como sigue: Tanto el hombre como la mujer obrera empezaron a ir en masa a los teatros, ballet y conciertos, que eran previamente áreas privilegiadas para las clases altas. En el arte, una situación así surgió, como si cada persona tomara un pincel y expusiese una pintura. Experimentos estaban siendo conducidos en cada área de la vida. En 1918, las escuelas abrieron un mes más tarde que las vacaciones de verano, porque los maestros debían encontrar soluciones en una serie de discusiones y desarrollar acuerdos para el desarrollo de la nueva educación de los futuros fundadores del socialismo de acuerdo a los más modernos métodos de los más avanzados educadores del mundo. En cada esquina, las discusiones se llevaban a cabo sobre cada aspecto del mundo. [27] Familia y trabajo de cuidado Uno de los prerrequisitos para la emancipación de la mujer por el liderazgo de la revolución de octubre era unirse a la fuerza laboral, y la otra era colectivizar las cuestiones hogareñas que las mantenían en la casa. Se estaban moviendo desde la idea, que sin estas dos, no sería posible para las mujeres construir su propio futuro junto con la nueva sociedad. Es esta dirección, una serie de pasos fueron dados después de la revolución. Casas de maternidad, centros de cuidado infantil, lavaderos, centros de reparación de lavadoras y costura y comedores fueron abiertos. Casa-comunas fueron establecidas para gente que vivía sola y parejas casadas. Estos centros colectivos fueron siendo abiertos dentro de las oportunidades, sus números solo crecieron con el tiempo. Por esta razón, pasos de largo plazo eran tomados para colectivizar el trabajo doméstico y crianza, mientras que se luchaba ideológicamente contra la división sexista del trabajo dentro de la familia. El trabajo doméstico, enfermedad, chicos, y el cuidado a mayores era aceptado como tareas de la mujer como un hábito de una bien establecida sociedad de dominio machista; y estos hábitos seguían continuando hasta en las casas de militantes del partido. Lenin insistió en este tema, generalmente dentro de la clase obrera, pero especialmente dentro del partido. Clara Zetkin cita las palabras de Lenin en Reminiscencia de Lenin : Desafortunadamente es aún cierto de muchos camaradas, ‘raspa un comunista y encuentra un filisteo’. Claro, debes raspar en el punto sensible, su mentalidad en relación a la mujer. ¿Puede haber una maldita prueba más grande de esto que el calmo consentimiento de los hombres que miran como las mujeres se desgastan en la lastimoso, monótono trabajo doméstico, su fuerza y tiempo disipado y malgastado, sus mentes haciéndose más estrechas y duras, sus corazones latiendo lentamente, su voluntad debilitada? Por supuesto, no estoy hablando de las damas de la burguesía que pasan a los sirvientes la responsabilidad del trabajo doméstico, incluyendo el cuidado de los niños. Lo que digo se aplica a la abrumadora mayoría de las mujeres, de las mujeres de los obreros y a las que pasan el día en la fábrica. Así que pocos hombres -incluso entre en proletariado -se dan cuenta de cuánto esfuerzo y drama podrían ahorrar a la mujer, incluso iría bastante bien, si estuvieran para dar un mano en el «trabajo de las mujeres». Pero no, eso es contrario al «derecho y dignidad de un hombre». Quieren su paz y tranquilidad. La vida hogareña de las mujeres es un sacrificio diario en mil trivialidades sin importancia. El viejo derecho de amo del hombre aún vive en secreto. [28] Además de esta lucha ideológica, debía ser enfatizado que aun cuando los pasos dados por los centros colectivos fueron inadecuados en términos tanto de cantidad como de calidad y en términos de necesidad, pero que el joven estado obrero no abandonó estos pasos dentro de las posibilidades. Entre 1917 y 1926, el número de guarderías, primero en la Rusia Soviética (RSFRF) y después en la Unión Soviética de conjunto era como a continuación: [29] Año RSFRFR URSS 1917 14 – 1918 78 – 1919 126 – 1920 565 – 1921 668 769 1922 914 967 1923 447 535 1924 503 615 1925 536 708 1926 610 824 Vemos en esta tabla que el número de guarderías estaba constantemente en aumento desde 1917 a 1922, y el número hubo caído entre 1922 y 1923. Mientras no sea posible exactamente explicar la razón de este retroceso, puede ser pensado como resultado de la aplicación del periodo NEP al mercado o el cambio y/o centralización del sistema de guarderías. Después de 1923, la tendencia de alza continua reemerge. Si miramos en el largo plazo, podemos decir que la capacidad en cuidado infantil alcanzó un nivel muy alto en la URSS con el paso de los años. [30 ] Año 1914 Año 1937 N° de camas en guarderías regulares 550 627.817 N° de centros de parto 9 4.175 N° total de visitas por año a los centros de parto (en miles) 44 39.300 Número de centros de nutrición de bebés (cocinas de leche) — 1.509 Comedores fueron abiertos para la colectivización del trabajo doméstico. En 1919-1920 el 90 por ciento de la población de Petrogrado, el 60 por ciento de la población de Moscú, un total de 12 millones de personas estaba alimentándose en esos comedores. [31] Cuando llegamos a 1932, este número estaba alrededor de 15 millones en la Unión Soviética y cerca de 30 millones de platos de comida eran servidos cada día. [32] A pesar de estos números, es importante enfatizar que las mujeres también resistían el nuevo sistema con sus viejos hábitos. Porque del hecho que la comida en los centros colectivos era insatisfactoria, el uso sin cuidado de materiales comunes, las condiciones desorganizadas e inadecuadas; las mujeres no abandonaban sus ollas individuales. [33] Trotsky explica que el ambiente creado por gente que no había aún absorbido la vida colectiva y habían sido formada por la vieja sociedad, así: «muchas casas que han sido asignadas para familias que viven en comunas terminaron en condiciones de suciedad y se hicieron inhabitables. La gente que vivía en ellas no consideró la vivienda comunitaria como el comienzo de nuevas condiciones. Miraban sus viviendas como barracas provistas por el estado.» [34] Sin importar la imagen que emerge, debe enfatizarse aquí que, desde el primer día del estado obrero, el estado era consciente de la doble carga que llevaba la mujer sobre sus hombros, y trató de socializar esta carga levantándola de los hombros de las mujeres. El trabajo que la mujer realizaba en la casa nunca ha sido invisible para los bolcheviques. Participación en la fuerza laboral La política de la revolución de octubre y de sus líderes, especialmente Lenin, estaba basada en la idea de que los factores como el analfabetismo que no permitían a las mujeres ser una parte de la producción social tenían que ser abolidos para poder abrir el camino de la salvación de la mujer. A este respecto, las promulgas emitidas inmediatamente después de la revolución de octubre trajeron regulaciones que permitieron a las mujeres tener derechos iguales con los hombres en esta área en vez de leyes de la pre-revolución Rusa que prohibían a las mujeres participar de la fuerza laboral. Por supuesto, el primero de ellos fue el derecho igualitario al trabajo y a un igual pago por igual trabajo. En 1914, el salario diario de las mujeres era solo el 44 por ciento del salario diario de los hombres. Con la revolución de octubre, la discriminación en la clasificación salarial basada en el sexo fue abolida y prohibida. Aunque esta igualdad es proveída en la ley y diferentes cargos no son aplicados al mismo empleo, cuando llega el año 1918, el salario promedio de la mujer es solo la mitad del promedio de un hombre. Sin embargo, esto no surgió del hecho que el principio de «igual pago por igual trabajo» no se aplicó prácticamente. Esto ocurrió por el hecho que las mujeres trabajaban en trabajos menos calificados, en sectores que requerían menor entrenamiento, y porque los salarios de estos sectores eran menores que en otras áreas. ¿Es posible decir que la separación de empleos de mujeres y empleos de hombres en el terreno de la producción social en el joven estado obrero continua? Sí. Los bolcheviques estaban tratando de atraer a las mujeres, que son en su mayoría analfabetas y no recibieron entrenamiento vocacional, a la producción social y como resultado las mujeres habían sido empleadas en terrenos donde no podían hacer su trabajo mejor conocido en la dirección de la vieja división sexista del trabajo de siglos en la sociedad. En otras palabras, ya que las mujeres no eran lo suficientemente competentes para trabajar en empleos calificados apenas después de la revolución, la discriminación entre el trabajo de mujeres y trabajos de hombres era una necesidad. Pero es frecuentemente repetido en decisiones tomadas por los órganos Soviéticos que esta es una situación que necesita ser cambiada cuando se construía una nueva sociedad, y más importante, una lucha consciente y organizada se llevaba adelante para hacer el trabajo de las mujeres más calificado. Solo cuatro días después de la revolución de octubre, el 29 de octubre de 1917, la decisión de prohibir el empleo de mujeres en más de 50 empleos que amenazaban su salud puede ser considerada como una de las razones para esta distinción. Pero esta prohibición es abolida en el siguiente periodo en tanto la mecanización se incrementaba en la industria, la decisividad del poder físico se reduce, y condiciones higiénicas de trabajo para la salud de la mujer fueron proveídas. La Unión Soviética se había convertido el país donde la fuerza laboral femenina es utilizada en mayoría en las profesiones que eran vistas como «trabajos masculinos». Los números en el sector minero, donde casi solo hombres trabajan aun hoy, son fuertes, especialmente al ser comparados a los números de varios países occidentales en años similares: «Las mujeres juegan un papel muy despreciado en la industria minera capitalista. La proporción de mujeres en el número total de empleados en las industrias mineras es, para Francia (1931), 2.7 por ciento; para Italia (1931), 1.8 por ciento; para Alemania (1932), 1.0 por ciento; EEUU (1930), 0.6 por ciento; y en Gran Bretaña, 0.6 porciento. En la URSS las mujeres representaban el 27.9 por ciento del número total de personas trabajando en la industria minera.» Para poder hacer el trabajo de la mujer más calificado, el entrenamiento básico y entrenamiento vocacional se llevó adelante en las fábricas mientras que la educación superior de la mujer fue apoyada al mismo tiempo. En la década posterior a la revolución, las mujeres formaban cerca de un tercio de los estudiantes universitarios. Aunque era casi imposible encontrar una mujer ingeniera o técnica antes de la revolución, y solo 3 de 848 ingenieros en Petersburgo era mujeres en 1899, de acuerdo las censo de 1939, 24.000 de 76.000 ingenieros en el país eran mujeres. Mas de un millón de mujeres trabajaban en el terreno médico, y 126.000 de ellas eran doctores. Sin embargo, antes de la revolución había solo 2.000 doctoras en Rusia. En Rusia antes de la revolución, uno de los más grandes obstáculos para la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo era el embarazo y el parto. Como se mencionó más arriba, las mujeres obreras tenían que trabajar en su butaca casi hasta el parto. Esta situación causó muertes de mujeres e infantes durante el parto. Ya que la mujer comenzaba a trabajar inmediatamente después del parto, no tenían el cuidado suficiente y a veces las muertes de infantes eran por hambre. Una de las primeras promulgaciones después de la revolución fue sobre este tema. Está prohibido para las mujeres embarazadas ser emplearan en trabajos agotadores, de ser removidas de su trabajo, y de ser enviadas a otros lugares de trabajo sin su consentimiento. Las mujeres les fueron dadas 16 semanas de licencia por embarazo, parto y maternidad obligatorias. En ciertos trabajos o en embarazos de gemelos, este periodo podía ser extendido. Durante este periodo de licencia, era obligatorio pagar a las mujeres el salario completo. Así, se apuntó a que este derecho no sea dejado en papel, y que la necesidad de trabajar para la mujer no emergiera. Las mujeres que empezaban a trabajar después de la licencia por maternidad y continuaban amamantando les daban un descanso para amamantar cada 3.5 horas que eran tomadas como horas de trabajo y no menores a media hora cada uno. Las madres y los niños tienen el derecho a la salud gratuita en hospitales y clínicas, y si no hay lugar para el niño enfermo, el doctor dará a la madre licencia paga mientras dure la enfermedad del niño. Las decisiones que comenzaron inmediatamente después de la revolución y era tomadas en varias ocasiones fueron sistematizadas en la Acta Laboral, aceptada en 1922; este representaba los derechos más desarrollados que las mujeres hayan tenido alrededor del mundo en esta área. Participación en la vida política La revolución de octubre ha sido la primera en el mundo en términos de la participación femenina en la política. Muchas fuentes cuentan que después de la revolución de octubre, a las mujeres le eran dados derechos iguales a ser elegidas y elegir, además que «estos derechos existieron solo en Noruega y Dinamarca en aquella época.» Sin Embargo, en esos dos países, era el derecho a voto lo que vino a la agenda con movimiento sufragista levantándose en todo el mundo. En 1913 en Noruega, en Dinamarca en 1915, las mujeres tenían solo el derecho a votar. Por primera vez en el mundo, las mujeres en Rusia tenían el igual derecho a votar y a presentarse a elecciones con los hombres. Lo que es más, este derecho fue obtenido durante los eventos de julio después de la revolución de febrero, en la víspera de la revolución de octubre. Y después de la revolución, el joven estado obrero también hizo un gran esfuerzo para usarlo en la práctica, no solo un derecho escrito en papel. En el verano del 21 de febrero de 1920, publicada en Pravda bajo el título de «Trabajadoras» Lenin dijo: «Donde no hay terratenientes, capitalistas y mercaderes, donde el gobierno de los trabajadores está construyendo una nueva vida sin estos explotadores, donde la equidad entre el hombre y la mujer existe en ley. ¡Pero eso no es suficiente! Es un lejano grito de igualdad en ley a igualdad en vida. Queremos que las trabajadoras alcancen la igualdad con los trabajadores no solo en leyes, sino en la vida también. Para esto, es esencial que las trabajadoras tomen un parte siempre creciente en la administración de empresas públicas y en la administración del estado. ¡Al comprometerse en el trabajo de la administración la mujer aprenderá rápidamente y alcanzaran a los hombres! Entonces, elijan más mujeres obreras, tanto comunistas como sin partido, al Soviet. Si solo es una honesta trabajadora que es capaz de manejar el trabajo sensata y conscientemente, no hace diferencia si no es un miembro del partido – ¡Elegidla para el Soviet de Moscú! ¡Dejen que haya más mujeres obreras en el Soviet de Moscú! ¡Dejen que el proletariado de Moscú muestre que está preparado para hacer y está haciendo todo para la pelea hasta la victoria, por la lucha contra la vieja inequidad, contra la vieja, burguesa, humillación de las mujeres! ¡El proletariado no puede alcanzar la libertad completa, a menos que alcance la completa libertad para la mujer! » Estaban llamando a las mujeres que eran la mitad de la sociedad pero que han sido ignoradas por siglos para unirse a la administración del país. Estaban también luchando contra la opresión de las tradiciones educativas, y a los prejuicios del pasado. Por supuesto los bolcheviques eran conscientes que esta era una tarea difícil, pero era también una tarea irremplazable. Esta perspectiva puede ser vista de la forma más sorprendente en el artículo de Lenin, “¿Serán capaces los bolcheviques de retener el poder en sus manos?”: “No somos utopistas. Sabemos que un obrero no calificado o un cocinero no pueden inmediatamente hacerse con el trabajo de la administración del estado… Sin embargo, demandamos que las tareas de administración del país sean enseñadas inmediatamente a todos los cocineros.” Estos esfuerzos de los bolcheviques al nivel de la propaganda y la agitación eran apoyados por grupos educacionales establecidos en fábricas y villas. Este trabajo sistemático ha comenzado a dar sus frutos desde los primeros años de la revolución. Miles, decenas de miles, cientos de miles de mujeres se unían a las filas de la revolución. Aquí, los encuentros de delegadas eran usados como una herramienta importante para asegurarse que las mujeres que nunca se habían involucrado en política, se unieran a los soviets y al partido. El sistema de encuentros de delegadas funcionaba así: En cada fábrica, en cada barrio, en cada villa, todas las mujeres eran invitadas a una reunión, un promedio de una delegada cada 40-50 mujeres es seleccionada para la centralización de tópicos discutidos en estos encuentros, estas delegadas participaban de las reuniones de delegadas de distrito. Luego que las mujeres eran seleccionadas, eran delegadas por periodos que iban de 3 a 6 meses. Las mujeres que eran elegidas delegadas eran enviadas a escuelas políticas. En 1922, de cada 10 mujeres eran representadas por una delegada así que más y más mujeres podían ser incluidas en este sistema. En 1925, la propuesta organizativa presentada al 14º Congreso del partido muestra cuán masivo el encuentro de delegadas era: La característica más importante del periodo repostado es – así como en todos los otros campos organizativos – el desarrollo de los encuentros de delegadas para tomar una forma masiva. Notamos que durante el periodo repostado las mujeres electoras de mujeres se incrementaron en la cuidad y en la villa. El número de votantes femeninas en la ciudad se incrementó un 30 por ciento durante el periodo repostado, un total de 1.600.000. Sin embargo, el número de votantes femeninas en las villas se ha incrementado en un 70 por ciento, un total de 7.000.000… Un progreso significativo se ha hecho en la participación de las mujeres en los soviets, comités ejecutivos y congresos. La proporción de mujeres en los soviets de aldea se incrementó de 2 por ciento a 9 por ciento, de 0.6 por ciento a 7 por ciento in comités ejecutivos de provincia. Hay también un incremento en el porcentaje de mujeres en los sindicatos, desafortunadamente este no es un proceso rápido. En las comisiones sindicales de empresa, de 14 por cien a 16.5 por ciento, pero a un incremento más remarcable en los comités centrales de sindicatos, de 4 por cien a 15 por cien. Vladimir Mayakovski dice la verdad que las mujeres se están convirtiendo una creciente parte mayor de la vida política, demostrándose en los números organizativos que fueron presentados en el congreso: Desde los tornos Desde los arados Cientos de miles de flacas mujeres Con pañuelos rojos Aprendiendo a preparar Y a administrar Estos desarrollos son también confirmados por el incremento en la proporción de miembros mujeres del partido del número total de miembros del partido. Año Proporción de mujeres miembro (%) 1898 15 I Congress (POSDR) 1918 7.8 VII Congres (PCR/B) 1924 9 XIII Congress (PCUS) 1925 10.3 XIV Congress (PCUS) 1927 13 XV Congress (PCUS) El hecho que el primer congreso haya tenido el mayor porcentaje de miembros femeninos, en 1918 esta proporción sería de casi la mitad de la proporción de 1898 y luego comenzó a incrementarse, atrae la atención. La razón para ello es el hecho que en su fase de establecimiento, el partido estaba formado mayormente por intelectuales y no podía acceder a los obreros aún. Durante la revolución, y casi inmediatamente después de ésta, el partido creció entre los obreros, y porque los hombres tenían que participar en masas mucho mayores, in 1918 la proporción de mujeres era casi la mitad de la del primer congreso, pero luego el partido ganó fuerza entre las mujeres paso a paso. Cerremos este título refiriéndonos al último punto. Aunque el partido llevo adelante un esfuerzo consciente para adquirir una política para la mujer antes y después de la revolución de octubre, no es posible decir que la misma consciencia es igual en todos los militantes del partido y en todos los representantes del Soviet. Hasta los miembros del partido hablaban con grandes palabras cuando se trataba del lenguaje sobre la emancipación de la mujer, pero en la realidad trataban de evitar que sus esposas participaran en las actividades del partido y a veces se lo prohibían. Las palabras de una mujer enfrentando una situación similar son sorprendentes en términos de resumir la situación: Porque el temía que yo me convirtiera en una persona real – todo lo que necesitaba era una chef y una ama de casa -, que me prohibió, y tuve que escabullirme de la casa en secreto para ir a las reuniones, donde él estaba hablando sobre la función de las mujeres en atronadoras palabras y urgiendo a las mujeres a tomar más tareas efectivas. Los líderes del partido se han acercado a este tema sensatamente en el partido y en los soviets y lucharon para que los hombres abandonasen sus prejuicios del pasado, para terminar con la opresión sobre las mujeres, para cambiar las condiciones de vida de las mujeres en la familia. En su artículo “De la vieja familia a la nueva” datado el 13 de julio de 1923, Trotsky dice: Instituir la igualdad política de hombres y mujeres en el estado soviético era un problema y el más simple… pero alcanzar la igualdad de hecho de hombre y mujer dentro de la familia es un problema infinitamente más arduo. Todos nuestros hábitos domésticos deben ser revolucionados ates de que eso pueda suceder. Y aún es bastante obvio que a menos que haya igualdad de hecho de marido y mujer en la familia, en un sentido normal como en las condiciones de vida, no podemos hablar seriamente de su igualdad en el trabajo social o incluso en la política. Mientras la mujer este encadenada a el trabajo doméstico, el cuidado de la familia, cocinar y coser, todas sus chances de participación en la vida social y política se cortan en el extremo. En los primeros años de la revolución de octubre, como tratamos de convenir más arriba, un quiebre muy serio tenía lugar. Todos los pasos necesarios para la salvación de las mujeres estaban escritas en el programa y los bolcheviques trataron de progresar en esa dirección. Si ponían un objetivo y fracasaban, era porque en aquellos días el joven estado obrero estaba luchando por su existencia, el periodo del comunismo de guerra contra los blancos y las imposibilidades causadas por la guerra civil. Querríamos tocar dos temas específicos más abajo, antes de discutir que estaba sucediendo en el próximo periodo. Uno de estos es la experiencia de Zhenotdel, la organización de las mujeres del partido, que tiene un lugar especial en la participación y organización de la mujer en la actividad del partido. El otro es el significado de la revolución de octubre y su producto, el estado obrero, para las mujeres musulmanas. La Experiencia Zhenodtel De hecho las raíces de Zhenodtel están basadas en un folleto llamado La mujer como un obrero escrito por Krupskaya en 1900. Desde aquella fecha, con los esfuerzos conscientes de Krupskaya, Armand y Kollontai, las actividades entre las obreras continuaron. Varios grupos locales de obreras fueron creados. Rabotnitsa fue usada como un centro de atracción y como herramienta de organización. Luego de la revolución de octubre, uno de los objetivos de la nueva sociedad era mover esta lucha organizada un paso adelante, eso es permitir al poder obrero dar pasos que resultarán en la salvación de la mujer. En 1918, La propuesta de Kollontai de organizar el Primer Congreso de Toda Rusia de Trabajadoras y Campesinas fue aceptada. Un comité de nombres como Armand, Kollontai, Sverdlov tomaron la tarea de organizar este congreso. Aunque 300 delegados se esperaba que participen, aparecieron más de 1.000, multitud variada de mujeres empañoladas-en-rojo – en su mayoría obreras -vistiendo pieles de oveja, vestidos locales coloridos, o sobretodos del ejercito. Luego de Kollontai y Armand, salió Lenin al escenario con aplausos de la multitud y después del discurso de Lenin las mujeres cantaron la marcha Internacional con gran entusiasmo. El congreso fue seguido por comisiones que más tarde se convertirían en los órganos locales de Zhenodtel. Finalmente, en el 8° Congreso del partido que se realizó en 1919, Zhenodtel, que significa «Sección de la Mujer», fue fundada como una organización de las mujeres afiliada al comité central e Inessa Armand se convirtió en la primer presidente de Zhenodtel. Formas especiales de departamentos son creados para las formas especiales del Partido (para asuntos nacionales, para la mujer, para la juventud, etc.) Estos departamentos son formados al nivel de comités de Partido y están directamente conectados a los comités. El esquema de organización de estos departamentos es determinado por líneas de guía específicas aprobadas por el Comité Central. 22 mujeres militantes de tiempo completo estaban estacionadas en los cuarteles generales que están en Moscú. Zhenodtel, coperó con varias organizaciones en los asuntos que conciernen a la mujer. Unidad de Madre e Hijos, comisionado de salud, Comisiones contra la Prostitución, Komsomol y subdepartamentos del Soviet son solo alguna parte de las organizaciones con las que Zhenodtel cooperó. Rabotnitsa actuó como el órgano central de comunicación y el Kommunistka (Mujer Comunista) era publicado en el terreno de la teoría, que era editado bajo el liderazgo de Krupskaya. Folletos en varios temas, boletines internos, revistas preparadas por organizaciones locales eran publicadas. Por ejemplo, en 1930, Campesina, Delegada, Mujer Siberiana Roja y otras 18 revistas más publicadas 670 mil veces, y estas revistas usadas para propósitos de propaganda y usadas como una herramienta de la organización entre las obreras y aldeanas. La expectativa del partido de Zhenodtel se dividió en dos. Primero, la adquisición de más mujeres en las filas de la revolución así las necesidades del estado obrera podían ser satisfechas, y segundo estaba la lucha contra factores vistos como obstáculos para la salvación de la mujer en la sociedad novelmente establecida. En línea con esta perspectiva Zhenodtel trabajó para el Ejército Rojo y la movilización de mujeres para defender la revolución durante la guerra civil. Los grupos de agitación y propaganda de Zhenodtel recorrieron casi toda Rusia, con trenes y viajes en botes a lo largo del Río Volga, donde se establecían en carpas. Alentaron a las mujeres para participar en los subbotniks. Después de la muerte de Armand en 1920, Kollontai tomó la presidencia de Zhenodtel y la lucha de Zhenodtel por aquel entonces se extendía especialmente al área geográfica donde vivían las mujeres musulmanas. Cómo se mencionó más arriba, trataremos de explicar el trabajo hecho en estas regiones como una sección separada más abajo. Debe enfatizarse que las militantes de Zhenodtel estaban peleando a expensas de sus vidas para la salvación de estas mujeres que sufrían enormemente por las crueles y horribles costumbres en los territorios del Soviet. Las militantes de Zhenodtel continúan sus actividades aunque las apalearon o masacraron en las aldeas que visitaban. Desde el mismo principio Zhenodtel era la razón de un debate y lucha en dos direcciones dentro del partido. De un lado estaba una tendencia que creía que Zhenodtel es innecesaria en condiciones transicionales y creían que Zhenodtel debía ser abolida. Del otro lado había una tendencia para convertir Zhenodtel en una estructura independiente del Partido y ambos de estos argumentos tenían contra-argumentos que creaban una lucha dentro del Partido. Antes del 16° Congreso del Partido, realizado en 1930 que fue después de la dominación de la burocracia en la Unión Soviética, Zhenodtel y sus organizaciones afiliadas fueron cerradas y la razón dada era «reorganizar el mecanismo del partido». El reporte organizativo presentado por el Comité Central al congreso del partido alegó que esta decisión no creaba ningún despertar entre los estudios de las mujeres: Tengo que subrayar aquí que la reorganización del mecanismo del Partido ha llevado a una tendencia por la eliminación de las ramas de la mujer y desensamblar el trabajo de la mujer. Desde mi punto de vista, esta reorganización del Partido no significa que tiene que minar el trabajo de la mujer para nada. Por el contrario, el trabajo entre las mujeres debe ser acelerado. Si el trabajo entre las mujeres es una tarea «especial» que «transferida» a las ramas de la mujer, luego después de la reorganización del Partido, toda la organización del Partido está obligada a tomar a la mujer, a trabajar entre las mujeres para poder sumarlas al Partido. El resultado, sin embargo, es que el contenido del trabajo entre las mujeres cambió de dirección, y los pasos de Zhenodtel hacia la salvación de la mujer son también alimentados a los intereses de la burocracia. Entre 1917 y 1930, 301 artículos fueron encontrados en varias decisiones y resoluciones concernientes a los derechos y demandas de las mujeres, entre 1930 y 1967, el número era solo 3. La revolución de octubre fue también la revolución de las mujeres musulmanas Considerando en términos de Rusia en general, las mujeres que vivían en sociedades en las cuales eran llamadas como los Pueblos del Este, donde las mujeres que vivían en las circunstancias más duras especialmente debido a presiones y tradiciones religiosas antes de la revolución. La asignatura por delante de la revolución era hacer estas vidas de estas mujeres vivible, asegurar que dejaran de ser mujeres esperando por rescate entonces se convirtió el tema de esta lucha. Los derechos que eran reconocidos a todas las mujeres después de la Revolución de Octubre, también eran válidos para las mujeres que vivían en esas tierras, aunque las mujeres que vivían en el Este no eran siquiera conscientes de que derechos poseían mucho menos usar estos derechos. El Estado Obrero primero que nada hizo un salto para especificar el contenido y la forma del trabajo de estas mujeres. En 1921 la «Comunistas de Mujeres Comunistas y Organizadoras del Este» fue convenido para la participación de las mujeres de la región quienes iban a continuar organizando la actividad. En la conferencia donde las provincias formadas por Tartaria, Bashkir, Turkestán, Azerbaiyán, Crimea, Kirguizistán, Cáucaso, Siberia, Turk, y otros pueblos de las montañas fueron representados, 45 mujeres organizadoras reunidas, la Zhenodtel, que había sido establecida un tiempo antes de esta conferencia ya había comenzado sus actividades en la región. Desafortunadamente, las mujeres comunistas pagaron el precio de aprender las circunstancias de la región y como la actividad organizada debiera ser llevada a cabo en la región con sus vidas. Entre los años 1918-1919, cientos de mujeres que fueron del oeste de Rusia para llevar a cabo la actividad en estas regiones, fueron muertas debido a las provocaciones de los mulás en estas regiones. El pasaje en una carta de una administradora de Zhenodtel explica sorpresivamente que tipo de dificultades las mujeres habían confrontado pero al mismo tiempo con cuanta determinación ellas realizaron: Una tarde fuimos a un Aul (asentamiento más pequeño de la aldea) alrededor de Poltorazk. Yo, una chica estudiante de la Universidad del Este y una mujer de la milicia. Fuimos directamente a la casa del mukhtar, había tres hombres. Estaban bebiendo té. después que el mukhtar escuchó lo que dijimos, el dijo, ‘No puedes tener un encuentro con nuestras mujeres, sus esposos no las dejarán’. Mientras tanto, sin embargo, uno de los hombres le guiño y dijo en lenguaje turcomano: ‘No las envíes de vuelta, pueden ser útiles esta noche’. Yo entendía la lengua de los turcomanos muy bien, pero hice como si no entendiera. Así que hicimos una guardia nocturna toda la noche, con armas en nuestras manos. El mukhtar que vio nuestra obstinación y capacidad de protegernos, cambió su idea al día siguiente y llamó a las mujeres al encuentro. Las mujeres que no salían de sus casas, que no iban al mercado para no cruzarse con hombres, por supuesto no asistían a las reuniones que Zhenodtel arreglaba. Entonces, la Zhenodtel comenzó a probar diferentes métodos. Estableció clubes de mujeres. Para que las mujeres puedan asistir fácilmente, la entrada de los hombres fue estrictamente prohibida. No obstante lo cual, las mujeres bajo el chador cuyas identidades no podían ser entendidas, estaban esperando afuera de las puertas de estos clubes con prioridad para entrar, mirando alrededor temiendo que alguien pudiera ver. Para poder llegar a las mujeres las miembros de Zhenodtel hasta atendían almacenes en estas regiones, en estos almacenes solo mujeres trabajaban, afiches de «los hombres no tienen permiso de entrada» colgaban sobre la ventana del almacén y cuando una mujer entraba al almacén a comprar algo, las mujeres comunistas trataban de inspirar consciencia a través de la plática con ella. Las actividades llevadas a cabo en el Este primariamente apuntaban a informar a las mujeres sobre las nuevas leyes y derechos que poseían. Además de esto, cursos de lecto-escritura, servicios de salud y varias actividades socio-culturales se apuntaban. De forma diferente del resto del país en el Este asegurar la participación de la mujer en la fuerza laboral, por consiguiente, integrar a la mujer en la educación profesional requería una lucha mucho más difícil y larga. Las demandas más básicas de las mujeres eran la prohibición de tomar por esposas jóvenes a una muy corta edad, la poligamia (en este caso la posibilidad de un hombre de casarse con más de una mujer) y la riqueza de la novia [dote]. Era relevante que eran incitadas a aceptar la poligamia debido a las dificultades económicas que enfrentaban ya que llevó tiempo romper las tradiciones y la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo era muy limitada. Los que demandaban o pagaban la dote eran castigados, hasta eran expuestos en los periódicos. Además de esto, a medida que las actividades de Zhenodtel se expandieron, a medida que comenzó a mejorar su efecto, las mujeres comenzaron a alcanzar la consciencia de sus derechos e incluso si era lentamente comenzaron a usar estos derechos. Usaban su derecho a divorcio levantándose contra sus esposos que las golpeaban y fortalecían la poligamia. Serios progresos se hicieron en el terreno del alfabetismo. También fueron muy lejos usando sus derechos políticos, sino que además estaban cerrando la brecha rápidamente. En 1924-25, el 27 por ciento de las mujeres participaban en las elecciones del soviet de la ciudad. Solo el 2 por ciento de los delegados electos al Congreso de los Soviets de 1920 eran mujeres, pero en 1931 se incrementó al 23.2 por ciento. Uno de los temas importantes de la lucha en el Este fue la lucha contra el chador y el velo. Se estaban acercando al tema con gran atención y rigor, considerando la lucha contra el velo de las mujeres comunistas a través de la prohibición no producirían resultados; por el contrario, impediría su progreso. El acercamiento hacia el tema, encontró su mejor expresión en estas palabras de Lenin: Debemos ser extremadamente cuidadosos en pelear los prejuicios religiosos; algunos causaron mucho daño en esta lucha al ofender sentimientos religiosos. Debemos usar la propaganda y la educación. Por ser demasiado filosos en la lucha solo podríamos soliviantar el resentimiento popular; tales métodos de lucha tienden a perpetuar la división de la gente en líneas religiosas, mientras que nuestra fuerza reside en la unidad. Con esta perspectiva Zhenodtel llevó a cabo un actividad contra el chador el velo por pazones como que es una tradición que no respetaba la dignidad de la mujer, dañaba su salud, las mujeres no podían trabajar en fábricas porque vestían chador entonces no podían usar sus derechos contra sus esposos ya que no poseían ningún poder económico y aunque vestían o se forzaban a vestir chador o velo debido a sus creencias religiosas, ponerse el velo no estaba escrito en el Corán, esta tradición fue traída luego. El 8 de marzo de 1926, con la consigna «Abajo el burqa y el paranja», fue un día histórico para las obreras del Este. Una mujer que estaba experimentando esta protesta recuenta aquel día de la siguiente manera: Hoy, miles, decenas de miles de mujeres fueron por las calles de Asia Central -Samarcanda, bukara, tachkent, Kokand, etc. -con sus burqas y paranjas – y sus preparaciones comenzaron con varios meses de adelanto – como una enorme y peligrosa avalancha. Pero había un mar de banderas sobre esta multitud oscura y sin dirección: Una protesta contra una tradición de odio. Y en el medio de esta rara caminata, justo como una parcela de flores rojas en una tierra yerma y enmalezada, un grupo de mujeres camino con caras abiertas, rojo-empañueladas, y con pasos determinados: ¡El que ya mostró el coraje para trazar una línea hacia su pasado y las que no tenían que mirar al cielo detrás de la caja negra nunca más! La masa de gente que no puede ser no vista, acompañada de música, tomó su lugar en la plaza decorada con banderas junto con muchos hombres y niños en sus filas, y las mujeres comenzaron a esperar en un suspenso asombroso. Luego la marcha masiva comenzó. Nuevas, inconvencionales palabras eran alzadas, encantadoras pero alentadoras, acicateando la tribuna alrededor de la plaza. Palabras que creaban un entusiasmo sin fin para los corazones… Y cuando la tormenta fortalecedora no podía calmarse y los gritos de ‘Larga Vida’ se esparcieron de las viejas, arruinadas murallas de la ciudad al campo -ahí es cuando el ataque comenzó. Aquí, allí, volando! inicialmente temblando y tímidamente, pero luego con creciente entusiasmo, las mujeres lanzaron los símbolos de la esclavitud frente al público -burqas y paranjas! Pronto se acumularon como una naciente montaña, echaron gasolina sobre ellos y súbitamente comenzaron a ver, llamas de liberación de la tierra de la tradición centenaria comenzaron a alzarse al brillante cielo… Pero frente a este fuego sin precedentes, los corazones de estas mujeres estaban llameando de miedo, alegría y vergüenza aquellas mujeres que se atrevieron a mostrar sus rostros por primera vez desde su infancia, que habían sobrevivido a la prisión… En los días que prepararon la Revolución de Octubre, a través de la revolución e incluso en las etapas tempranas luego de la revolución las mujeres del Este no fueron parte de este proceso. No obstante, la Revolución de Octubre también se convirtió en su voz y dio pasos para organizar su liberación las mujeres del Este también escucharon a esta voz. Dos pasos adelante, un paso atrás: El Termidor y después Después de todo lo que fue explicado arriba, ¿podemos decir que la mujer soviética, ¿quién tuvo los más avanzados derechos en el mundo, en muchas áreas, se ha emancipado? Hay una respuesta objetiva a esta pregunta: ¡No! ¿Por qué? Porque algunos de los derechos que han sido dados a las mujeres inmediatamente después de la revolución, fueron retiradas en los años siguientes. El salto en los primeros años fue un muy importante comienzo, pero no fue permanente. La reputación de algunas estructuras que se alimentaron de la opresión de la mujer se restauró. En este caso. Si el socialismo, a diferencia del capitalismo, no se lleva con la dominación masculina y si esta ideología cree en una sociedad sin discriminación de género, debe ser explicado porque algunos pasos fueron dados contra las mujeres bajo el control del estado obrero y que algunos derechos son retirados. Antes de que expliquemos esta situación, veamos brevemente cómo y cuándo son hechos los cambios. El primer paso atrás no fue solo sobre las mujeres, la NEP (Nuevo Política Económica), la cual incluyó pasos atrás obligatorios en el programa revolucionario fue aceptada para poder mantener vivo el estado obrero. La inadecuación de recursos llevó al cierre de algunos de los comedores, lavanderías, jardines de infantes, centros de cuidado de niños y pacientes que se habían abierto para la participación de la mujer en la producción social y la colectivización del trabajo invisible de la mujer. Luego, en 1928, con el Plan Quinquenal, las prioridades de la comunidad cambiaron casi instantáneamente. En 1930 el departamento Zhenodtel de mujeres del partido se cerró porque el partido creyó que no había necesidad para un trabajo especial en esta área. Un número de arreglos relacionados al nacimiento habían sido cambiados. El principio de recibir pago completo durante la licencia de maternidad comenzó a depender de varias condiciones. Las mujeres que trabajaron durante los últimos tres años antes del nacimiento, aquellas que pasaron los dos últimos años en su último trabajo y las mujeres quienes son miembros de un sindicato tenían el derecho a tomar su salario completo. El periodo de licencia paga, que era 8 semanas de cuidado prenatal y 8 a 12 semanas después del parto, se redujo a 5 semanas y luego a 4 semanas. Había una necesidad de una grande y controlada población para poder incrementar la producción. Para esto una nueva manera de pensar, una nueva ideología debía ser adoptada por la sociedad. LA manera más fácil era revitalizar los viejos hábitos. El 27 de junio de 1936, un decreto llamado “Defensa de la Madre y el Niño” se publicó y con este decreto, el concepto de familia fue promovido por el gobierno, la maternidad alentó así una misión especial dada a la mujer. Con este decreto y el posterior fortalecimiento de este decreto en 1944, los conceptos y prejuicios de la era zarista se pusieron a la orden del día de nuevo. La importancia de la familia enfatizada una y otra vez. La igualdad entre relaciones registradas oficialmente y las relaciones de hecho se abolió. Conceptos como el adulterio, hijos fueran del matrimonio e ilegítimos se alzaron de nuevo. La idea que la familia, no la sociedad, era responsable por la educación de los niños fue propagada. El divorcio se convirtió en un proceso costoso que las familias obreras no podían costear. La homosexualidad se prohibió, definida como un crimen castigable con prisión. El aborto también se prohibió. Sin embargo, la prohibición en papel, por supuesto, planteo una seria amenaza a la salud y la vida de la mujer porque la prohibición no evitó que la mujer se hiciera un aborto. De 100 mil mujeres que murieron en las ciudades, la razón para el 12.7 por ciento de estos eran procedimientos de abortos conducidos secretamente. En línea con la política apuntada a alcanzar una población más grande, se hizo más difícil poder divorciarse; la homosexualidad y el aborto fueron prohibidos y el gobierno también alentó a la población a tener más chicos. Tener un alto número de niños era premiado con medallas y alguna ayuda financiera. Aquellos con 5-6 hijos se les daban “Medalla a la Maternidad de Primera y Segunda Clase”, aquellos con 7-9 hijos se les daban “Honor de Maternidad de Primera, Segunda, y Tercera Clase”, y aquellos con más de 10 tenían el título de “Madre Heroína”. No solo las familias populosas eran premiadas, sino que, al mismo tiempo, las familias pequeñas, los individuos sin familia, eran castigadas con impuestos adicionales. El derecho de las mujeres a demandar al padre para que tome el cuidado de hijos extra matrimoniales se omitió. La coeducación terminó en 1944 para poder consolidar en rol social de los chicos y muchachas en la nueva “familia soviética”, y por 10 años las chicas y los muchachos se educaron en escuelas separadas. No es posible entender como este cambio ocurrió de movimientos radicales para asegurar la libertad de toda la clase obrera y los oprimidos después de la Revolución de Octubre al estancamiento, de forma separada de los cambios que sucedían en la Unión Soviética. La contrarrevolución burocrática que tuvo lugar en la Unión Soviética en los años 30, eso es, la burocracia que emergió de la clase obrera, que desarrollo sus propios privilegios y que tomo el poder político en sus manos luego comenzó a toma acciones contra tanto contra las mujeres y obreros bajo el dominio de Stalin. El estado obrero que está ahora bajo control de la burocracia, fue degenerado mientras protegía su propia existencia a expensas de derrocar a los obreros del poder paulatinamente y finalmente abriendo las puertas para el retorno del capitalismo. El restablecimiento y exaltación de las relaciones sociales reaccionarias y sexistas, también tuvo lugar paralelamente con esta corrupción. Y bajo el mando de la burocracia, no es solo un pequeño paso hacia atrás por necesidad como en el periodo de la NEP, va más allá de eso. Y más importante, la burocracia estalinista los presentó como valores de la nueva sociedad, no como “pasos atrás”. El sacrificio de la salvación de la mujer junto con la clase obrera a los intereses de la burocracia no debe llevarnos a la conclusión que la revolución de octubre no tuvo programa que pueda proveer salvación a la mujer. Porque la Revolución de Octubre ha demostrado tener el programa adecuado con los decretos que se habían publicado solo 4 días después de la revolución. Y desde los años 30 el principal tema no eran los pasos que llevaban hacia atrás, sino los pasos que llevaron al programa de la revolución en una ruta completamente diferente. Trotsky es uno de los dos grandes líderes de la revolución de octubre, el único defensor del estado soviético y el programa de la Revolución de Octubre entre el ex elenco contra la corrupción burocrática y queremos pasar sobre algunos pasajes de La Revolución Traicionada de Trotsky: El borrador de la ley que prohíbe el aborto fue sometido a la llamada discusión popular universal, e incluso a través del fino tamiz de la prensa Soviética muchas amargas quejas y protestas sofocadas irrumpieron. La discusión se cortó tan súbitamente como se había anunciado, y el 27 de junio el Comité Ejecutivo Central convirtió el vergonzante borrador en una tres veces más vergonzante ley… En realidad, la nueva ley contra la mujer –con una excepción a favor de las damas –es el fruto lógico y natural de una reacción termidoriana. El retroceso no solo asume formas de desagradable hipocresía, sino también va infinitamente más allá que las necesidades económicas de hierro demandan… El motivo más convincente del presente culto a la familia es sin dudas la necesidad de la burocracia de relaciones jerárquicas estables, y para el disciplinamiento de la juventud por medio de 40 millones de puntos de apoyo para la autoridad y el poder. La familia genuinamente socialista, de la cual la sociedad removerá la diaria vejación de cuidados insoportables y humillantes, no tendrá necesidad de ninguna regimentación, y la sola idea de leyes sobre aborto y divorcio no sonarán mejor dentro de sus murallas que la recolección de casas de prostitución o sacrificios humanos. La legislación de octubre dio un paso audaz en la dirección de tal familia. El atraso económico y cultural ha producido una cruel reacción. La legislación termidoriana es batiendo una retirada a los modelos burgueses, cubriendo su retirada con falsos discursos sobre la santidad de la “nueva” familia. Sobre esta cuestión, también, la bancarrota socialista se cubre a sí misma con respetabilidad hipócrita. Y con todos estos hallazgos, Trotsky dijo que las mujeres a quienes la burocracia estalinista proclamó como “muchachas libres e iguales de los pueblos de la URSS” no “eran aún libres”. Hubo pasos dados para la salvación de la mujer sin embargo bajo el mando de la burocracia estos pasos llegaron a su fin. Aquí, no iremos en detalle sobre los desarrollos que sucedieron en los años siguientes y hasta el colapso de la Unión Soviética. Sin embargo, es necesario enfatizar que, luego de la Segunda Guerra Mundial y luego que las políticas que hacían blanco en una población mayor hubieron cambiado, algunos arreglos y mejoras nuevas se hicieron, comenzando a fines de los años 50, Después de la muerte de Stalin, el aborto se legalizó de nuevo. Aunque es parte de la estructura burocrática, una organización de mujeres se estableció bajo el nombre de Soviet de la Mujer. En vez de poner la perspectiva de construir una mejor vida para las mujeres en el centro, la burocracia vio a la mujer como una fuente de poder, en términos de la competición de la Unión Soviética con el Oeste. No obstante, muchos de los pasos que se dieron para estos propósitos indirectamente trajeron mejoras en la vida de las mujeres. Por ejemplo, pensaron que, para una economía más fuerte, era necesario que la mujer participara más en la fuerza de trabajo. En la Segunda Guerra Mundial, la muerte de 20 millones de personas, la mayoría hombres, hizo de esta participación una necesidad. También en esta dirección, desde la segunda mitad de los 50, el número de guarderías, hogares, etc. se incrementó. Más énfasis se puso en la educación de la mujer. Como resultado, por ejemplo, cuando llegamos a 1970, no había mujer menor de la edad 50 analfabeta. En Turquía de acuerdo a los datos de TURKSTAT (Instituto de Estadísticas Turco) de 2015, la proporción de analfabetismo en la mujer de más de 25 años es del 9 por ciento. Después de la Segunda Guerra Mundial, la participación de la mujer en la economía en la URSS se elevó al 70 por ciento que estaba alrededor del 50.5 por ciento en 1970 y permaneció alrededor del mismo nivel por un periodo de 20 años. Más de la mitad de los miembros de los sindicatos eran mujeres. El mismo año en EEUU esta proporción era del 20 por ciento. En la Unión Soviética el 72 por ciento de los doctores eran mujeres. Aún hoy este es un dato fascinante. Solo el 0.5 por ciento de los altos ingenieros y 3.5 por ciento de abogados en los Estados Unidos eran mujeres. El principio de igual pago por igual trabajo se implementó, y la diferencia en los haberes promedio de los hombres y mujeres era debido a su trabajo en distintos sectores. El 8 de marzo, y en varias áreas de la lucha por la salvación de la mujer, la demanda por “trabajo para cada mujer que quiera trabajar”, que es imposible de alcanzar en la sociedad capitalista, se encontró como una completa seguridad laboral para las mujeres bajo el techo de la Unión Soviética. En la elección de 1970, 463, o el 31 por ciento de los miembros electos al Soviet Supremo de la URSS eran mujeres. En el periodo 1969-1971, solo el 2 por ciento del 91º congreso de los EEUU lo constituían miembros mujeres. Muchas más comparaciones se pueden hace con ejemplos. En breve, a pesar del Termidor, la Unión Soviética se ha convertido en un país donde las mujeres atletas que conquistaron éxito mundial en varios deportes, la primera mujer que fue al espacio, y mujeres que trabajaban en muchas profesiones con una proporción sobre el promedio mundial para su periodo. Conclusión La relación entre la revolución de octubre y la salvación de la mujer es un tema que merece un examen mucho más detallado por sus especificidades o diferentes formas de opresión de la mujer. Como mencionamos más temprano en este artículo, tratamos de evaluar el programa de la clase obrera en términos de la emancipación de la mujer a la luz de la experiencia soviética considerando los pasos dados por la Revolución de Octubre hacia la salvación de la mujer. Como concluimos, hacemos las siguientes determinaciones sobre los temas que discutimos arriba, algunos de los cuales son más detallados y algunos de cuales son más concisos. Primero, la opresión de la mujer y terminar con la dominación machista estaban entre los temas prioritarios de la Revolución de Octubre. Luego de la revolución el joven partido obrero, a pesar de las dificultades, trató de terminar con la dominación machista e hizo ajustes para terminar con la opresión de la mujer y cuando el gobierno tuvo que hacer concesiones a la vieja dominación y al machismo, lo expresaron con el corazón abierto. Segundo, en los primeros años de la Revolución de Octubre el derecho de la mujer se expandía rápidamente y una nueva sociedad estaba tratando de construirse sin embargo este progreso no fue permanente por causa de la burocracia. Sobre la base de una contradicción entre los intereses de la clase obrera y la salvación de la mujer, los derechos de las mujeres no fueron sacrificados para la clase obrera y para el socialismo. No hay contradicción entre estos dos. El programa, en el cual los derechos de la mujer son sacrificados, es el programa del “socialismo en un solo país” de la burocracia termidoriana. Trotsky explica la revolución permanente en tres niveles: continuidad entre la revolución democrática y reconstrucción socialista de la sociedad, continuidad de la revolución socialista y continuidad de la revolución mundial en línea con el carácter internacional de la revolución socialista. Ya que la Unión Soviética no mantuvo la continuidad de la revolución socialista con el Termidor, hubo muchos campos que retrocedieron, y los quiebres que podía llevar a la salvación de la mujer sigue la misma tendencia de retroceso. La revolución no ha sido sostenida alrededor del mundo porque la continuidad de la revolución socialista se contradice con el interés de la burocracia del Termidor entonces la burocracia aplicó el programa de “socialismo en un solo país” el cual se alineaba con su interés. Entonces es necesario enfatizar que la Revolución de Octubre no dio algunos derechos a las mujeres para atraer a las mujeres para su lado y la Revolución de Octubre no traicionó a la mujer. La verdad es que la burocracia traicionó a la revolución de Octubre y a las mujeres. La incapacidad de evitar bajar a la burocracia por una revolución política ha inevitablemente concluido con una situación regresiva para la mujer así como en otras áreas. Tercero, es posible decir que incluso bajo el dominio de un estado obrero burocráticamente corrupto, las mujeres están en una posición mucho mejor que en los países capitalistas más avanzados. La remoción de la propiedad privada, la colectivización de la carga de trabajo de la mujer, aunque no es completamente satisfactoria, seguridad laboral incondicional, estudios especiales en los terrenos de salud y educación para responder las necesidades de las mujeres y otras varias prácticas indican que la mujer está en una posición mucho mejor en un estado obrero comparado a países capitalistas avanzados. Cuarto, mayormente expresado en los discursos de Lenin, y basados en la necesidad de participar en el “trabajo” y “deshacerse de la carga del trabajo doméstico” para la salvación de la mujer, hay una crítica a los bolcheviques y a Lenin y a la Revolución de Octubre de que no pudieron ver los problemas específicos de la mujer y que reducían el problema de la mujer a una relación económica y esta crítica no es verdad. Lenin dice que si todas las mujeres no pueden salir de la casa, en el terreno de la producción social, las mujeres serán prisioneras en la casa, y la salvación de la mujer es más compleja que las razones dadas. La Revolución de Octubre se probó a sí misma, luchando contra la prostitución, por el aborto, contra la violencia hacia la mujer y también por su lucha contra el prejuicio social que insulta a la mujer y su intento de incluir a la mujer en la política. Estas razones prueban que la Revolución de Octubre comprende los problemas específicos que la mujer experimenta y de allí la Revolución de Octubre forma un programa acorde. La Revolución de Octubre abrió la puerta a una vida que ningún otro país capitalista puede proveer a la mujer. Las mujeres no solo entraron por esta puerta con gran entusiasmo, también reconocieron y comprendieron su interés común con la clase obrera y se unieron a la lucha de construir una nueva sociedad socialista para su propia salvación. Si la mujer no puede ser libre en territorio soviético, es la razón de la contrarrevolución burocrática abrió el camino para la reconstrucción y recaudación clasista del capitalismo, no solo en términos de relaciones de producción sino también en otras relaciones sociales, de conjunto, bajo la forma de explotación y opresión. Este proceso, la reconstrucción del capitalismo, duró por décadas pero al final resultó en el retorno del capitalismo justo como trostsky lo previó. Marxismo Revolucionario, desde el primer momento, ha preservado el legado de la Revolución de Octubre y cuidadosamente estudia la experiencia Soviética incluyendo las ideas de la contrarrevolución burocrática. De allí que hoy el marxismo revolucionario es el portador del programa que llevará tanto a obreros como mujeres a la salvación. Tradujo: Rubén Tuseddu bilching@hotmail.com NOTAS [1] V.I. Lenin, “A great beginning”, 1919, https://www.marxist.org/archive/lenini/works/1919/jun/19.htm [2] Este artículo primero apareció en turco en Devrimci Marksizm, número 32-33, otoño-invierno 2017. Fue luego publicado traducido al inglés en Revolutionary Marxism 2018. [3] Uludere/Roboski es una masacre donde 34 campesinos kurdos fueron bombardeados hasta la muerte por la fuerza aérea turca en 2011. Ni una sola persona fue procesada. [4] Aquí, el pasaporte se refiere a un documento específico usado para viajar dentro de Rusia. [5] Chanie, Rosenberg, Kadinlar ve Perestroyka [La Mujer y la Perestroika], çev. Osman Akinhav, Istanbul: Pencer Yayinlari, 1990, p. 88. [6] Sheila Rowbotham, Kadinlar, Direnis ve Devrim [Mujer, Resistencia y Revolución], çev. Nilgün, Sarman, Istanbul: Peyel Yayinlari, 1994, p. 161. [7] Gül Özgür, Rusya’da 1917 Sosyalist Ekim Devrimi ve Kadinlarin Kurstulusu Cilt:I [La Revolución Socialista de Octubre y la Emancipación de la Mujer en Rusia, Volumen I ], Istanbul: Dönüsüm Yayinlari, 1993, p. 394. [8] George St. George, Sovyetler Birliginde Kadin [Nuesta Hermana Soviética], çev. S. Ózbudum –O. Yener, Istanbul: El yayinlari, 1987, p. 23. [9] Gül Özgür, Rusya’da 1917 Sosyalist Ekim Devrimi ve Kadinlarin Kurstulusu Cilt:2 [La Revolución Socialista de Octubre y la Emancipación de la Mujer en Rusia, Volumen 2] , Istanbul: Dönüsüm Yayinlari, 1993, p. 92. [10] Ibid,. p. 103. [11] Ibid., p.109. [12] Alexandra Kollontai, Birçok hayat yasdim [He vivido muchas vidas], çev. Saliha Nazl1- Süheyla Kaya, Ïstanbul: Agora Kitapligi, 2010, p. 115. [13] Özgür, Volumen 1, p. 111. [14] Lev Trotsky, Rus Devrim Tarihi, Volume 1, Subat Devrimi; Çarligin devrilmesi [La historia de la Revolución Rusa”, Volumen I, La Revolución de Febrero: El derrocamiento del Zarismo] , çev. Bülent Tanatar, Ïstanbul: 1998, p. 112. [15] Ibid., p. 119. [16] Özgür, Volume 1, p. 113. [17] Ibid., p. 116. [18] Rosenberg, p. 98. [19] Afirmamos aquello con un decreto emitido en diciembre de 1917, el poder Soviético abolió la necesidad de usar el apellido del hombre como el apellido común de las esposas. Un decreto emitido en 1921 extendió este derecho y permitió a las esposas usar sus propios apellidos o apellidos de mujer/hombre como apellidos comunes, para dar a los hijos sus apellidos. De estos tipos y resoluciones similares, sin hacer cambios fundamentales, trajo nuevo anexos a la ley que se llamó el Código de la Familia de 1918. [20] Aquí operación se refiere a aborto clandestino e ilegal. [21] “Decreto Soviético sobre el Aborto (1920”, http://alphahistory.com/russianrevolution/soviet-decree-on-abortion-1920/ [22] Goerges Duby, Michelle Perrot, Françoise Thèbaud, Kadinlarin tarihi Cilt V: Yirminci Yüzylda Kültürel Bir Kimlige Dogru [Una Historia de la Mujer, Volumen V: Hacia una Identidad Cultural en el Siglo Veinte], çev. Ahmet Fethi, Ïstanbul: Türkiye Ïs Bankasi Kültür Yayinlari, 2005, p.230. [23] Serebrennikov, G.N., “La posición de la mujer en la URSS”, 1937, p. 80. http://revolutionarydemocracy.org/archive/womenUSSR.pdf [24] Rsenberg, p. 104. [25] Serebrennikov, p. 80. [26] Nina Popova, Sosyalizm diyarinda kadin [Las Mujeres en la Tierra del Socialismo], çev. Murat Günesdogdu-Ïsmail Yarkin, ÏStanbul: Ïnter Yayinlari, 1991, p 70. [27] Rosenberg, s. 105. [28] Clara Zetkin, Reminiscences of Lenin, 1924, http://marxists.org/archive/zetkin/1924/reminiscences-of-lenin.htm [29] Özgür, Volume 2, p. 28. [30] Popova, p. 81. [31] Rosenberg, p. 103. [32] Serebrennikov, p. 68. [33] Ibid., p. 170. [34] Ibid., p 172.

1 de octubre de 2018
Presentación del libro El marxismo y la lucha por la liberación de las mujeres trabajadoras
Jorge Altamira · Cintia Frencia · Olga Viglieca

Presentación del libro El marxismo y la lucha por la liberación de las mujeres trabajadoras El 24 de mayo se organizó una mesa-debate en el Congreso Nacional con motivo de la presentación del libro “El marxismo y la liberación de las mujeres trabajadoras”, de Cintia Frencia y Daniel Gaido. A continuación, las intervenciones de los tres disertantes, Olga Viglieca, Cintia Frencia y Jorge Altamira. Tenemos el privilegio de vivir un período de grandes luchas de las mujeres y somos testigos de algo que no sucedió ni durante el auge del movimiento sufragista ni durante la llamada segunda ola del feminismo en los años ’60: es el curioso empeño por fundir en uno solo al movimiento de mujeres -incluidas las mujeres socialistas- y al movimiento feminista. Y en renombrar al primero como segundo. Del mismo modo, existe el propósito de categorizar a toda lucha de las mujeres por sus propias reivindicaciones como una “lucha feminista”. Sin embargo, el feminismo es sólo una de las fragmentadas corrientes políticas que existen dentro del movimiento de mujeres. Este intento de apropiación olvida que los caminos de las mujeres trabajadoras y del movimiento feminista no sólo no fueron siempre coincidentes sino que muchas veces han sido enfrentados. Un ejemplo clarísimo es el de las socialistas y anarquistas en relación con el sufragismo a principios del siglo XX. O el de las huelguistas del Centenario y el Primer Congreso Internacional Feminista, realizado en Buenos Aires en 1910. O el de las trabajadoras y el feminismo ruso entre febrero del ’17 y después. Y vale la pena detenerse un minuto en esto, porque el documento que se leyó en Plaza Congreso el 8 de marzo afirma que la revolución de febrero en Rusia fue una revolución “feminista”. Y no es verdad: La Liga Rusa por la Igualdad de las Mujeres, que agrupaba decenas de grupos feministas o sufragistas en todo el Imperio, estaba a favor de continuar la guerra, porque sostenía, como gran parte del movimiento sufragista, que la oportunidad de entrar al mercado de trabajo y ocupar puestos en la gestión del Estado le iba a garantizar más tarde a las mujeres el derecho al voto, los derechos políticos. Las obreras rusas, en cambio, y las soldatki -las mujeres que tenían a los hombres de la familia en el frente- anhelaban desesperadamente que volvieran a casa, que la guerra se terminara, que se terminara la carestía. Y en el camino para conseguir esto, lograron derribar, como sabemos, un milenio de zarismo. También hubo diferencias entre el amplio movimiento de mujeres y el movimiento feminista en la segunda ola. Un ejemplo es la relación de las feministas norteamericanas y las mujeres negras de Estados Unidos, que denunciaron el racismo y el clasismo del “feminismo blanco”. Otro ejemplo son los pequeños grupos en Buenos Aires de los años ’70, como la Unión Feminista Argentina, que llegaron al extremo -según cuentan dos de sus integrantes, la psicoanalista Nancy Caro Hollander o la poeta Hilda Rais-, de negarse a repudiar la masacre de Trelew o el golpe de Pinochet en Chile porque los hombres de izquierda también tenían prácticas patriarcales. 1 Tampoco las organizaciones feministas se sintieron atraídas por el alza del movimiento de mujeres que se expresó con el movimiento piquetero. ¿Y la incomodidad que generó el ingreso de miles de piqueteras en los Encuentros Nacionales de Mujeres, donde se pretendió que hablaran como individuas, controlar sus intervenciones para que hablaran “de cuestiones de género y no sociales” y se despojaran de sus identificaciones políticas? ¿Alguien vio a grupos feministas en la Comisión de mujeres de la III Asamblea Nacional de Trabajadores, que elaboró el más acabado programa de género de la clase obrera desde fines del siglo XIX a la fecha? Sin embargo, las diferentes corrientes feministas suelen reivindicar como propia la lucha de todas las mujeres. Un ejemplo es el de las hermanas Mirabal, asesinadas por su resistencia a la dictadura de Trujillo en República Dominicana. No por reivindicaciones específicas de género. Todas las corrientes feministas sostienen que las mujeres tenemos intereses comunes, estamos unidas por la sororidad, por el sisterhood , más allá de nuestra pertenencia de clase. La unidad de género, y consecuentemente el enfrentamiento sexo contra sexo y no clase contra clase, está colocada por encima de la lucha de clases y, a veces, hasta por encima de nuestra expresa voluntad. Para que la noción de sororidad sea creíble es necesario borrar -¿resignificar?- la historia de las explotadas. La de la socialista utópica franco-peruana, Flora Tristán, y en su llamado a construir partidos obreros que integraran a las trabajadoras a la lucha por el socialismo en la primera parte del siglo XIX. Para que la sinonimia lucha de las mujeres/lucha feminista sea posible tenemos que olvidar 150 años de militancia de las socialistas, desde la I Internacional a la anarquista Luisa Mitchel, en la Comuna de París y, por supuesto, al programa de liberación de las mujeres, llevado a la práctica por la clase obrera rusa en la Revolución de Octubre. Y por último, pero no menos importante, travestir a las ideólogas y protagonistas de esas batallas de la clase obrera. Por eso muchos historiadores “con perspectiva de género” presentan como feministas desde las obreras rusas que iniciaron la revolución de Febrero hasta Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, o Alexsandra Kollontai, Inessa Armand, la propia Krupskaia. Todas militantes socialistas que han escrito lo suficiente como para disipar cualquier confusión respecto de cuál era su compresión sobre la opresión de lax mujeres y el camino de su emancipación. Y por casa, también se han convertido en feministas post mórtem a las obreras anarquistas de la época heroica -Virginia Bolten, Juana Rouco Buela, Pepita Guerra-, militantes de la clase obrera, juzgadas por la Ley de Residencia, oradoras de actos del 1° de mayo desde 1890 y durante las dos primeras décadas del siglo XX. ¡Ninguna de ellas -a diferencia de las dirigentes del Partido Socialista- participó del Primer Congreso Internacional Femenino, celebrado en Buenos Aires durante los fastos de 1910. Estaban ocupadas en las huelgas del Centenario. Este tipo de confusiones son las que el libro de Cintia Frencia y Daniel Gaido viene a reparar. Un libro que salda una deuda pendiente con Clara Zetkin, seguramente la constructora más importante del movimiento de mujeres socialistas de los siglos XIX y XX. No hemos trabajado lo suficiente para rescatar ni su historia militante ni sus aportes teóricos. Eso permitió que algunas biógrafas definan como una “feminista sin fronteras” a la informante de la Tesis para la propaganda entre las mujeres en III Congreso de la III Internacional. La iniciativa de Cintia Frencia y de Daniel Gaido reubica a Zetkin, a Kollontai, a Armand, en el lado de la vereda de donde tienen que estar y no donde las colocaron las corrientes feministas, que quisieron ver en ella feministas socialistas, como si las socialistas no fuéramos socialistas y las feministas, feministas. Muchas veces, mujeres muy combativas, mujeres claramente compañeras de ruta, pero que creen que la opresión femenina se resuelve por la vía de la conciliación de clases hacia adentro del universo de mujeres, y en lucha, por lo tanto, contra los hombres, sean de la clase que fueren, que serían los ejecutores universales de la opresión de un sistema social transhistórico, el patriarcado. Cintia y Daniel rescatan una definición luminosa de Zetkin: “separación tajante” entre las mujeres de las clases explotadoras y explotadas, y este principio -dicen los autores- sentó las bases programáticas para el desarrollo de un movimiento de masas de trabajadoras. Porque la condición de existencia de un movimiento de las mujeres trabajadoras es su conciencia de clase, la autonomía política, la delimitación “tajante” de las corrientes que promueven el enfrentamiento entre explotadas y explotados, y la alianza de explotadas y explotadoras. Clara Zetkin no cuestiona la demanda de las mujeres feministas de las clases acomodadas, su deseo de no vivir encerradas -dice ella- como si fuera en una casa de muñecas. Considera que sus aspiraciones de participar en el desarrollo de la cultura, tanto en el aspecto económico como desde el punto de vista moral o espiritual, están totalmente justificadas. Pero destaca que “la lucha por la liberación de la mujeres proletarias no tiene nada que ver con la lucha por la liberación de la mujeres burguesas contra el hombre de su clase. No tiene nada que ver con la libre competencia. El objetivo final de la lucha de las trabajadoras -dice la alemana- es la conquista del poder político por parte del proletariado, y la mujer proletaria combate, codo a codo, con el hombre de su clase” . Y hace hincapié en los límites infranqueables de la igualdad legal y la democracia para sacar a las mujeres de la doble opresión. Sus análisis son de una actualidad feroz: “En este período revolucionario, las ideologías feministas de todos los partidos y poderes burgueses son utilizadas para impedir que las mujeres del pueblo trabajador se agrupen bajo las banderas del comunismo, para el asalto contra el capital y su Estado. Las concepciones feministas que los partidos burgueses solían repudiar antes como una herejía, son hoy en día atesorados como una piedra basal del muro ante el cual se romperá la marea roja del bolchevismo. El feminismo les sirve para inocular entre las masas más amplias de mujeres, la fe supersticiosa en la democracia burguesa” (Zetkin, 1921, pág. 665). Casi un siglo después, el feminismo de la igualdad sigue reclamando que el capitalismo le otorgue “una ciudadanía de mujeres” y se reconvierta a un capitalismo con cara de mujer -¿de qué clase sería esa mujer -por la vía de la “perspectiva de género”? El libro parte de analizar la traición de la burguesía a las mujeres a pesar de que fueron protagónicas en el derrocamiento de absolutismo: la prohibición de participar en la cosa pública, la privación al derecho a trabajar, a estudiar, a la herencia, sobre sus hijos. Muestra una burguesía que encerró a las hermanas de clase en la minoridad, la salita, el bordado, la obediencia. Pero arrojó a las obreras a los talleres y al socavón, y en el mismo acto en que instauró la doble opresión, les dio, nos dio, la llave maestra para intervenir en la producción social, combatir el capital, avanzar en la construcción de un régimen sin opresores ni oprimidos. Desde allí, Cintia y Daniel nos llevan a la Comuna de París y a las Luisa Mitchel -otra feminista post mortem-, a los debates respecto de cómo acercar a las mujeres trabajadoras en las distintas Internacionales. Zetkin, Luxemburgo, el periódico La Igualdad , las conferencias anteriores a la guerra, las bolcheviques, la delimitación socialista con el sufragismo y con la misma dirección del Partido Socialdemócrata, la revolución de Febrero, el Octubre rojo, el Estado obrero. En El marxismo y la liberación de las mujeres trabajadoras , Gaido y Frencia trabajaron en la reconstrucción de nuestro linaje, del linaje de las trabajadoras socialistas construyendo una visita guiada por nuestro pasado, pero que habla y ordena las tareas de nuestro presente. Esas discusiones son el fundamento de una organización como el Plenario de Trabajadoras. Y estamos frente a un trabajo meticuloso y medular que viene con regalo incluido, porque los compañeros tradujeron textos que ni siquiera se hallan en inglés. Ante los reproches -algunos de mala fe, otros pura ignorancia- de que la izquierda se acerca como recién llegada y de forma oportunista a medrar de la lucha “feminista” por los derechos de las mujeres, podemos responder que la cuestión de la mujer recorre la historia entera de las corrientes socialistas desde su génesis. La diferencia es que, para los marxistas, la doble opresión y la esclavitud doméstica son la marca distintiva de la situación de las mujeres bajo este el capitalismo, que devolvió a mujeres a la producción social como parte de la clase obrera pero sin relevarnos de la esclavitud doméstica. Al trabajo asalariado se sumó el trabajo en el hogar para la reproducción de la fuerza trabajo -o sea, también en beneficio del capital- aunque el hombre sea un beneficiario indirecto de esta situación. Tempranamente, Marx advierte, en las Cartas al Dr. Kugelmann que “la mujer se ha convertido en parte activa de nuestra producción social. Alguien que sepa algo de historia sabe que son imposibles las transformaciones sociales importantes sin la agitación entre las mujeres” . Un protagonismo evidente en todas las revoluciones de la edad época: en la Revolución Francesa, en la Primavera de los Pueblos en el ’48, en la Comuna de París y, desde luego, en las revoluciones de Febrero y Octubre. Cintia y Daniel hacen un relevamiento riguroso de los debates en las Internacionales sobre el lugar de las trabajadoras, cómo ganarlas a una perspectiva revolucionaria, las formas organizativas que debe adquirir este propósito. El Tercer Congreso de la III Internacional, la de Lenin y Trotsky, en 1920, es una respuesta ejemplar a esas preguntas. Las tesis sobre la mujer, presentadas por Zetkin y defendidas por Lenin, son de una actualidad estremecedora. Las tesis “deben subrayar con rigor que la verdadera emancipación de la mujer sólo es posible a través del comunismo. Es preciso esclarecer profundamente el nexo indisoluble entre la situación de la mujer como persona y miembro de la sociedad y la propiedad privada sobre los medios de producción. Así delimitaremos con toda precisión los campos entre nosotros y el movimiento burgués por la ‘emancipación de la mujer’” . Sus resoluciones “proponen educar a las mujeres en las ideas comunistas, atraerlas a las filas del partido”, “luchar contra los prejuicios existentes entre el proletariado masculino hacia las mujeres, e incrementar la conciencia de los trabajadores y trabajadoras para hacerles comprender que tienen intereses comunes”, “poner el tema en el orden del día del partido”, “llevar adelante una lucha organizada contra el poder de la tradición, las costumbres burguesas y las ideas religiosas, preparar el camino para unas relaciones entre los sexos más sanas y armoniosas, garantizando la vitalidad física y moral de la clase obrera” . La revolución de Octubre, va a decir Trotsky, cumplió honradamente el programa de la mujer. El termidor estalinista hizo añicos estas conquistas y disolvió los organismos que debían ocuparse de organizar y orientar la lucha de las mujeres trabajadoras. Eso explica la fuerza del feminismo de la segunda ola en el alza impresionante de las mujeres en los años ’60. La politización de la sexualidad, de la estructura familiar, de la vida cotidiana, los derechos de la diferencia sexual, la impugnación de la biología como un destino, la impugnación de la maternidad como función social primordial de las mujeres, no hubieran sido novedad ni para Zetkin ni Kollontai, ni Inessa Armand ni Eliazarova. Tampoco para las anarquistas, pioneras en los debates sobre esos aspectos de la opresión femenina desde fines del siglo XIX. El marxismo y la emancipación de las mujeres trabajadoras es una hoja de ruta, una reconstrucción de nuestra historia que yo invito a leer, a discutir y también a completar, porque mucha parte de nuestra historia necesita ser restaurada. Los debates que tenían lugar en París, en Londres, en Berlín, también estaban siendo dados en la clase obrera argentina en 1890, en 1900. Las organizaciones sindicales fundacionales en la Argentina, como la Fora y la UGT, no establecían un distingo entre el programa general de la clase obrera y el programa de las mujeres: la lucha contra la trata, el derecho al divorcio, la lucha contra la prostitución, por la salud, por la educación, estaban presentes y sólo se perdieron en el proceso de burocratización de los sindicatos y de la injerencia del Estado y del clero en ellos. Lo que está en discusión, hoy como entonces, es si la opresión de clases es la dominación sobre la que se levantan cualquiera de las otras dominaciones. O si, como sostiene el feminismo y explicó taxativamente Shulamith Firestone: “El patriarcado es un sistema de dominación sexual, que es el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como el de la clase y de la raza”. El libro de Cintia y Daniel es una sólida respuesta a esa pregunta. * Olga Viglieca es periodista y escritora, fundadora y dirigente nacional del Plenario de Trabajadoras. Guionista de La cena blanca de Romina y de Nenina. 1. Verónica Giordano: La celebración del Año Internacional de la Mujer en Argentina (1975). Ed. Estudios feministas, Florianópolis, pág. 80 y ss. Entrevista a la psicoanalista Nancy Caro Hollander. http://www.psicomundo.com/foros/genero/ddhh.htm. 2. Elvira López, en el discurso de apertura: con respecto al congreso expresó: “En su programa se ha dado cabida a todos los asuntos de interés humano y para proponerlos no se necesita estar afiliado a ninguna secta determinada, ni profesar ningún credo… No es católico ni liberal, ni socialista ni conservador (…) es simplemente femenino, lo que significa que se propone exponer los intereses de la humanidad por boca de las mujeres”. ______________________________________________________________ Recuperar la historia de la organización socialista de la mujer Cintia Frencia Como señaló Olga Viglieca, este libro intenta hablar del pasado, pero sobre el presente, teniendo en cuenta de que muchos de los debates que se tratan de recuperar en este libro, tienen mucha vigencia en la actualidad. Este libro recoge la experiencia de la organización del movimiento sufragista y particularmente del movimiento socialista de mujeres en Europa durante las últimas décadas del siglo XIX y principios del siglo XX, que coincide con la primera ola feminista, en donde la lucha por los derechos democráticos se habían convertido en una cuestión política de primer orden para las mujeres, por eso todo el movimiento va a estar atravesado por la lucha por el derecho al voto. Los debates que atraviesan el conjunto del movimiento de mujeres para nada tenían un carácter marginal, porque estamos hablando de movimientos de características de masas, por un lado, el movimiento sufragista era efectivamente un movimiento de masas, con epicentro en Inglaterra y presencia en toda Europa y, por el otro, el movimiento socialista de mujeres, organizado fundamentalmente por la socialdemocracia alemana y por Clara Zetkin, que llegó a tener más de 120 mil mujeres organizadas en 1914, que se reivindicaban no solamente luchadoras por los derechos democráticos de las mujeres, sindicalistas, etcétera, sino que abrazaban la causa del socialismo. Estamos hablando de movimientos de masas en torno de los cuales incluso se logró estructurar una experiencia de organización internacional, con al menos tres reuniones internacionales de mujeres socialistas, a las que se convocaba al conjunto de las mujeres organizadas en distintas organizaciones que reconocían el principio de la lucha de clases y que todas tuvieron una importancia crucial en el momento de su desarrollo. Entonces, teniendo un movimiento de mujeres en ascenso, a nivel internacional, y con nuestro país también en el centro de la escena política, porque, sin dudas, el movimiento NiUnaMenos en Argentina es referencia para muchas de las luchas que están desarrollando las mujeres a nivel internacional. Me parece fundamental que podamos recuperar no solamente esta tradición de organización de las mujeres a estos debates, sino sacar las conclusiones para poder mejor emprender ese camino hacia su liberación. Dicho esto, éste es nuestro aporte, junto con Daniel, que no ha podido participar de esta presentación, y que apostamos que sea materia de estudio y que sea completado, como decía Olga. Las mujeres socialistas alemanas, que es donde se origina esta experiencia más fuertemente, tenían un bagaje teórico muy importante en ese momento. Ya, en 1879, August Bebel, uno de los líderes de la socialdemocracia alemana, había editado un libro, La mujer y el socialismo , previo al libro de Engels y Marx, por todos conocido, pero, dice Zetkin, “más allá de las lagunas teóricas que pueda tener este libro, es la primera vez que, desde el socialismo, desde las organizaciones de los trabajadores, se intenta sistematizar una definición en torno de cuál es el origen de la opresión de la mujer y cuál debería ser la estrategia para emprender la lucha por su liberación”. Esto, naturalmente, va a ser completado y desarrollado más acabadamente con El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado , de Engels y Marx, en 1884, y que eran los insumos con los que contaban en general las mujeres socialistas y las organizaciones obreras para poder enfrentar y pararse frente al problema de la mujer y al problema de la mujer trabajadora en particular. Sin embargo, la cuestión de la mujer no era una cuestión nueva que hubiera aparecido a mediados del siglo XIX, sino que -como dijo Olga- las mujeres habían sido protagonistas en las principales revoluciones burguesas, tuvieron un rol importantísimo en la Revolución francesa, una intervención política muy activa en la Comuna de París, aunque no haya sido registrado como tal, pero sí tuvieron una participación muy activa y hubo un intento, un esfuerzo, por establecer una equiparación entre los derechos de las mujeres y de los trabajadores en esa breve experiencia obrera. Sin embargo, el problema de la mujer aparece como cuestión política con el desarrollo y la irrupción de la revolución industrial. Con la incorporación de grandes capas de mujeres al mercado laboral se establece lo que Marx y Engels señalaron, el principio base para poder avanzar en la liberación de las mujeres, devolviéndoles su rol dentro de la producción social. Este aspecto es de suma importancia, porque es lo que convierte que una reivindicación de derechos civiles, que venían levantando las mujeres, generalmente de la pequeño burguesía o de la burguesía durante períodos anteriores, adquiera características de masas y sea un problema no solamente de la pequeño burguesía y la burguesía, sino fundamentalmente de las trabajadoras, que habían sido arrastradas al mundo del trabajo, pero que estaban excluidas de derechos políticos y civiles, y privadas de poder organizarse política y sindicalmente frente a las condiciones de explotación que les imponía el capital. Es sobre esas bases que Clara Zetkin va a hacer un esfuerzo por dirigirse a esas mujeres y va a establecer la necesidad hacia los partidos socialistas de tomar fuertemente la organización de la mujer trabajadora, particularmente de las de sectores industriales, que se habían ganado un lugar en la industrial textil y en la alimentación. Esto trajo muchos debates, dentro del movimiento obrero en general, pero también dentro de la I Internacional; es decir, no todos los que se reclamaban defensores de organizaciones obreras entendían que el rol de la mujer estaba dentro de la producción y que se debía organizarlas junto con los hombres trabajadores. Uno de los ejemplos más claros son los dichos de Proudhon, quien consideraba que la mujer tenía dos destinos, ser cortesana o ser ama de casa, por tanto, las organizaciones obreras y socialistas de ninguna manera debían apoyar la inclusión de la mujer al mundo laboral ni mucho menos organizarlas. Marx y Engels van a polemizar fuertemente con esto y ya en la II Internacional no solamente se va a ver superada esta discusión sino que también, a iniciativa de los líderes de la socialdemocracia alemana, se va a incluir el reclamo de los derechos civiles, del derecho al voto, universal, libre y secreto para todos los y las trabajadoras, con lo cual se da un salto enorme, porque se entiende que no solamente hay que organizarlas políticamente sino que hay que luchar abiertamente por la conquista de los derechos civiles. Sin embargo, no consideraban que la conquista de los derechos civiles y democráticos de las mujeres, dentro de los marcos del sistema capitalista, permitieran efectivamente una liberación de las condiciones de opresión en que vivían. Entonces, todo el proceso de desarrollo de la organización de mujeres de la socialdemocracia alemana y posteriormente de la Internacional Socialista de mujeres va a estar atravesado por un fuerte debate, que está expresado en el folleto de delimitación tajante, que escribió Clara Zetkin desde el exilio, y va a polemizar con las feministas porque considera que, a diferencia de éstas, no existe una única cuestión de la mujer sino que existen varias cuestiones, y que la cuestión de la mujer va a estar determinada por la clase social a la que pertenecen. Para graficar esto va a tomar el ejemplo del análisis de la lucha por el sufragio universal, no es lo mismo el reclamo del sufragio universal para la pequeña burguesía, para la gran burguesía y para la clase trabajadora. En la gran burguesía, las mujeres que lideraban de hecho el movimiento sufragista estaban reclamando, en última instancia, el derecho a administrar sus propiedades, es decir, tener los mismos derechos de explotación que tenían los hombres de su clase. De ninguna manera, el reclamo del derecho al voto para estos sectores de mujeres tenía que ver con mejorar las condiciones de explotación infrahumanas que tenían las trabajadoras en los talleres textiles o en las fábricas, o los trabajadores en general, sino que era la última etapa de la liberación de la propiedad privada, de emancipación de la propiedad privada. La pequeña burguesía tenía otros problemas, la mujer necesitaba incorporarse al mercado laboral, dentro de las profesiones liberales, entonces, tampoco el derecho al voto o la lucha por los derechos democráticos implicaba lo mismo que para la gran burguesía ni para las mujeres trabajadoras; finalmente, lo que ellas estaban reclamando era la igualdad de competencia en el mercado laboral que los hombres, que se les permitiera, por supuesto, el derecho a la educación, el acceso a las profesiones liberales, que tuvieran los mismos derechos que los hombres para poder acceder a estas profesiones, demandaban la ‘libre competencia’. Ahora, las mujeres trabajadoras ya tenían las mismas condiciones que los hombres para acceder al mercado laboral, porque estaban siendo explotadas en las mismas o en peores condiciones que los hombres dentro de las fábricas, su problema no era la independencia económica, ellas ya la habían conquistado, su problema era tener derechos civiles y políticos para luchar contra la explotación capitalista que les imponía el régimen laboral de las fábricas, de los talleres textiles y otros. Es decir que para ellas no era un fin último sino una herramienta, una herramienta muy necesaria para organizarse política y sindicalmente en iguales condiciones, junto a sus compañeros trabajadores. “Al menos hay tres cuestiones de la mujer -dice Clara Zetkin-, naturalmente, nos une que todas queremos el derecho al voto, entonces podremos marchar separadas pero golpear juntas”, y es así que las mujeres socialistas y las sufragistas se encontraron en muchos momentos en instancias decisivas y en movilizaciones masivas. También hay que rescatar acerca de los métodos con los que luchaban las sufragistas, que eran de movilización, de acción directa y de lucha callejera. La virulencia con las que ellas defendían el derecho al voto era algo que nos encontraba en las calles junto a las socialistas en muchas oportunidades; sin embargo, la estrategia o el fin que sufragistas y socialistas entendían por el derecho al voto tenían diferencias abismales, y esto también se vio en algunas polémicas en relación de cuáles eran las tácticas que debían desarrollar en determinados momentos. Hubo un debate en el seno de la socialdemocracia alemana por la publicación de una petición a la monarquía alemana por el reconocimiento de los derechos civiles, democráticos y políticos de las mujeres, de las que estaban excluidas; un grupo de feministas hizo esta petición en nombre de todas las mujeres alemanas. Esto fue reproducido por Vorwärts , que es como la Prensa Obrera de la socialdemocracia alemana, llamando a firmar la petición y a defenderlo, todas las mujeres de todos los partidos políticos pidiéndole el derecho al voto a la monarquía. Clara Zetkin lo reprodujo en su periódico, La Igualdad , que fue el estructuró todo el movimiento de mujeres, y llamó a cualquier compañero y compañera que reconozca la lucha de clases a no firmar dicho petitorio. Para Zetkin, la columna vertebral de la lucha de la mujer no podía acompañar esta petición a la monarquía alemana, en primera instancia, por no haber sido producto efectivamente de un debate de las trabajadoras y, segundo, marca una diferencia sustancial en la táctica, “nosotros no vamos a ir a pedir a la monarquía, que viene proscribiendo a la socialdemocracia alemana y a las mujeres de la vida política y civil de este país desde hace años, permiso para obtener derechos civiles y políticos, nosotros tenemos que arrancarlos, organizando a las fábricas, a los centros de trabajadoras, organizando sindicalmente y políticamente a las mujeres en una perspectiva independiente y así imponer el derecho al voto. Fue rechazado por Clara Zetkin y, finalmente, fue rectificada esta posición, es decir que la posición sobre el cual fue estructurado el movimiento de mujeres de la socialdemocracia alemana permitió inclusive ubicar en muchos casos las propias direcciones, en este caso, del Partido Socialdemócrata alemán, que cedía frente a las presiones de la burguesía y la pequeño burguesía en torno de los derechos democráticos. Esta experiencia permitió poner en pie, como dije al principio, tres conferencias internacionales socialistas de mujeres, en 1907, en 1910 y en 1915, las tres tuvieron un rol muy importante. En 1907, que fue la primera conferencia, se resolvió hacer propia una legislación para la protección laboral de las mujeres trabajadoras, esto había sido un punto de debate muy fuerte también con las feministas, particularmente con la pequeño burguesía, quienes consideraban que una legislación laboral protectora para las trabajadoras iba a poner trabas en esta aspiración del ingreso a las profesiones liberales; es decir, “si ustedes nos ponen licencia por maternidad, igual salario a igual trabajo, jardines maternales -una legislación que hoy estaríamos discutiendo en cualquier gremio-, una serie de medidas protectoras a la maternidad, esto implicaría dificultades en la competencia del mercado laboral respecto del hombre”. En principio, las feministas rechazaron esta legislación. Otilie Baddier va a señalar esto como el punto de inflexión o de quiebre definitivo con el feminismo pequeño burgués, porque dice “si no reconocemos las condiciones de sobre-explotación que tienen las mujeres trabajadoras y no batallamos por una protección, no solamente en su condición de trabajadoras sino también de madres, estamos admitiendo la explotación capitalista sin resguardo”. En la primera Conferencia Internacional Socialista de Mujeres se hizo propio este programa de legislación laboral de protección para las trabajadoras; en la Conferencia de 1910 se va a votar el problema del día internacional de la mujer trabajadora, que se vota a raíz de una iniciativa de las socialistas estadounidenses, que ya habían desarrollado una experiencia de organización de un día específico para salir a batallar por los derechos de las mujeres trabajadoras. Hacen propia esta experiencia y lo interesante de la votación en relación con el día internacional de la mujer trabajadora es que si bien se da colocando como eje, como centro, la lucha por el derecho al voto, se hace en la perspectiva de entender que la lucha por el derecho al voto era una lucha democrática, parcial, en la perspectiva de dotar a las mujeres de las herramientas necesarias para sumarlas a una lucha por el socialismo; entonces, entendían que era necesario establecer una jornada particular de organización por los derechos de las mujeres, pero no desligadas de organizarlas bajo las banderas del socialismo. Esto luego va a ser abrazado por el conjunto del movimiento de mujeres. Y la de 1915 fue clave, entiendo yo, porque fue justo un año después del estallido de la guerra y también del estallido en la II Internacional. La II Internacional, que había resuelto la declaración contra el militarismo y rechazar las tendencias a la guerra mundial, finalmente, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, va a estallar ella misma también en mil pedazos y los partidos agrupados allí se van a volcar a votar créditos de guerra de las burguesías de sus propios países, no solamente las sufragistas, en muchos casos salieron a defender a sus partidos nacionalistas, sino también muchos de los partidos que se reclamaban socialistas. A raíz de una propuesta de las socialistas rusas se va a convocar a una Tercera Conferencia Internacional, muchas de sus participantes tuvieron que hacerlo clandestinamente y contra las propias direcciones de sus partidos socialistas que, en ese momento, estaban apoyando las guerras de sus burguesías nacionales; esta tercera conferencia va a votar un rechazo a la guerra, va a haber un fuerte debate, las rusas con una posición de guerra a la guerra y vamos al derrotismo revolucionario; las inglesas, las alemanas, con posiciones más moderadas, pero finalmente se vota por el rechazo categórico a la guerra y hacen un llamado a recuperar la unidad socialista internacional de los trabajadores en rechazo a la guerra imperialista. La ubicación y la experiencia de la socialdemocracia alemana en la estructuración de ese movimiento, que tuvo características de masas y expansión mundial, no solamente fue un aporte enorme al movimiento de mujeres, sino que fue un aporte a la propia organización socialista del movimiento de trabajadores en general, que permitió ubicar a los partidos socialistas siempre en una posición de vanguardia revolucionaria, de unidad del proletariado, incluso cuando muchas de sus organizaciones habían claudicado frente a la Primera Guerra Mundial. Todas las aspiraciones del movimiento socialista de mujeres, inclusive el movimiento feminista, fueron concretadas en la Revolución Rusa, el primer país en legalizar el aborto, en facilitar el divorcio, en despenalizar la homosexualidad, una revolución que no solamente otorgó todos los derechos democráticos que reclamaban las sufragistas y el movimiento de mujeres socialistas, sino que intentó llevar a la práctica, lo que entendían los socialistas, era la base necesaria para establecer efectivamente la eliminación de la opresión que pesa sobre las mujeres, que es la socialización de las tareas domésticas y de la crianza de los niños. Fueron experiencias del tipo de comedores comunitarios, guarderías comunitarias, etcétera. Las condiciones propias de la revolución en cuanto al límite de su desarrollo estaban atravesados por la guerra civil, por la guerra mundial y, luego, la asunción del estalinismo terminó llevando al fracaso todos estos intentos por establecer la socialización del trabajo doméstico, de la crianza de los niños y, por ende, las bases materiales para avanzar en la liberación efectiva de la mujer, no solamente en el terreno formal, democrático, civil hacia la ley, sino que el estalinismo produjo un gran revés en todas estas conquistas, volvió a penalizar la prostitución, volvió a penalizar el aborto, volvió a empujar a las grandes masas de trabajadoras a la miseria y, por ende, hubo un resurgimiento de la prostitución; toda una serie de retrocesos, pero creo que lo más dañino del estalinismo es borrar toda la experiencia de organización mundial que tuvieron las socialistas durante el final del siglo XIX y principios del siglo XX, que habían hecho aportes teóricos y prácticos enormes al movimiento de mujeres en general y al movimiento de trabajadores en particular. Muchas veces, cuando de repente leemos a teóricas de la segunda ola recoger cosas como si fuesen una novedad del movimiento de mujeres, uno dice: “Estas mujeres en 1907, en 1910, ya estaban discutiendo el problema de los derechos sexuales, de los derechos reproductivos, de la autonomía sobre nuestros cuerpos, etcétera”. Creo que recuperar esta historia es clave, nosotros tenemos un desafío enorme, estamos nuevamente frente a una lucha por un derecho democrático, porque el derecho al aborto lo es. No derrocaremos al capital con el derecho al aborto, pero sí lograremos poner en pie un gran movimiento de mujeres contra el Estado, contra el gobierno, capaz de levantar una estrategia política de organización independiente que no solamente nos permita, por supuesto, conquistar el derecho al aborto sino fundamentalmente avanzar en la organización política y sindical de las mujeres contra el Estado, contra el gobierno, contra la opresión capitalista. * Cintia Frencia, ex legisladora del Partido Obrero en Córdoba y dirigente del Plenario de Trabajadoras, es docente en la Universidad Nacional de Córdoba y co-autora del libro El marxismo y la liberación de las mujeres trabajadoras: de la Internacional de Mujeres Socialistas a la Revolución Rusa. ______________________________________________________________ Una delimitación clara con el feminismo de género Por Jorge Altamira Buenas noches. Es muy frecuente, en los programas de televisión y en los diarios, ver que los periodistas subrayan, cuando hay una reunión de carácter político y, a veces, de carácter cultural, el escaso número de mujeres y, a veces, la ausencia completa de mujeres. Lo señalan como una expresión del lugar subordinado de la mujer. Entonces señalan ese hecho como una manifestación, según el diario, de distintas cosas, como puede ser el patriarcado, el machismo, etc. En esta reunión nuestra de hoy, por el contrario, hay una escasez de varones. En un marco de politización de la clase obrera, en Argentina, revela un atraso político. La cuestión de la mujer y de su lucha tiene una importancia política enorme para la clase obrera. Existe una acción política organizada de la Iglesia, en el movimiento obrero, para apartarla de esa lucha. La burocracia de los sindicatos es, en este país, clerical. De otro lado, el abordaje del movimiento femenino desde el “género” opera en la misma dirección, a veces incluso en forma explícita, de separar a la clase obrera de esta lucha, cuya misma unidad pondría de manifiesto su carácter social y político. La exposición que sigue está dirigida a desarrollar, en forma polémica, las bases de una estrategia socialista para la clase obrera en un marco de ascenso de la lucha de la mujer y también de proliferación de tendencias que caracterizan a esta lucha en un marco ajeno a la lucha de clases, a la decadencia de la sociedad capitalista y a las crisis políticas. Las colas de Febrero del ’17 En el libro de los compañeros Cintia [Frencia] y Daniel [Gaido] se hace un relato que debo haber leído mil veces. Tiene que ver con la historia, archi-conocida, de que las obreras rusas salieron a la huelga el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en febrero del año ‘17, contra la opinión, la advertencia y la posición de todos los partidos políticos. Citan hace una descripción de los hechos por parte de un participante -creo que del comité del barrio Viborg- que me llamó la atención de un modo especial. Este testimonio explica que las mujeres salieron a la huelga desoyendo a todo el mundo, agobiadas por las colas interminables que debían hacer frente a las panaderías en las madrugadas del invierno ruso -y muchas veces cargando a sus niños. Una partidaria de la lucha de la mujer con perspectiva de género habría reclamado, ante semejante situación, que los hombres compartieran el sacrificio que demandaba la situación -y no habría estado equivocada. Habría dicho: “Vayan a la fábrica donde están los hombres y repártanse la cola, un día uno, un día el otro”. No es lo que se les ocurrió a las mujeres rusas: decidieron tomar el ‘atajo’ de ir a la huelga y marchar a las fábricas colindantes, con predominio masculino, para desatar una movilización política de masas, que desató una revolución y el derrocamiento del zar. En la revolución más grande de la historia, la cuestión de la mujer fue encarada, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con el método de la lucha de clases y de la revolución social. Triunfante en octubre de ese año (nueve meses de embarazo), dictó la legislación femenina y de derechos más radical y abarcadora de la historia. Este es el debate que tenemos aquí. Si hay que decirle a los hombres que vayan a hacer la cola -como corresponde-, como un objetivo estratégico que pondría fin a la subordinación de la mujer o unir a la clase obrera y a los trabajadores, varones y mujeres fusionados, para preparar metódicamente una revolución socialista -en el ejemplo que tomamos, la huelga general y, a término, la insurrección, para terminar con el zar, o más en general la dictadura del capital y de la burguesía. De aquí que la atención que reclama el libro de Cintia y Daniel, hacia la fórmula de Clara Zetkin, la líder socialista, luego bolchevique y enseguida comunista, a favor de “una ruptura clara” de la vanguardia de la mujer obrera y socialista con el feminismo de género -o sea, con la estrategia que propugna un frente pluriclasista de la mujer y que confina al movimiento femenino al marco del Estado burgués y la sociedad capitalista. La expresión ‘rupturas claras’ es también muy poderosa, porque no hay progreso político posible sin el ejercicio de la delimitación de estrategias y programas -o sea, sin claridad. De clases y géneros La idea de Clara Zetkin de que el movimiento de mujeres trabajadoras debía separarse del movimiento de mujeres burguesas, ya está inspirada históricamente en la Circular [del Comité Central a la Liga Comunista] de 1850, de Carlos Marx, que llama al proletariado a construir un partido independiente de la burguesía. Porque Marx había participado, como comunista que era, en la Revolución de 1848, como ala izquierda del movimiento burgués. Después de la derrota de esas revoluciones y de la masacre que se cometió en París, en junio de 1848 contra los obreros franceses, concluye que “hay que romper”, con ‘absoluta claridad’, en particular con el ala “socialista” de esa burguesía, representada por Louis Blanc y otros, por el centro-izquierda francés, que quería ser el representante de todas las clases, en una suerte de Estado social, sin la necesidad de derrocar al capitalismo. Este es el punto de vista fundamental también en relación con el movimiento de la mujer. Como bien han dicho Olga y Cintia en sus exposiciones, la cuestión de la condición de la mujer en una sociedad explotadora, donde una minoría se apropia del trabajo de la mayoría, atraviesa a las mujeres de todas las clases. Es por eso que estamos discutiendo el problema de la mujer y el carácter de los movimientos feministas. Pero esta comunidad tiene que ser vista en forma concreta. Para arrancar con un ejemplo, las mujeres de la burguesía y las mujeres de la clase obrera no asumieron una posición homogénea frente al golpe del ’76; la condición de clase, no de género, marcó la conducta de unas y otras, tomadas en su conjunto. El desarrollo político escinde en campos irreconciliables a las mujeres que, por otro lado, comparten algunos y ciertos intereses comunes. La lucha de clases y los procesos políticos que engendran prevalecen en el conjunto de la sociedad y definen los campos en disputa. El feminismo, como movimiento policlasista, es un movimiento condenado a la división, ante los problemas de la sociedad tomada en su conjunto. Militante del socialismo Por eso, Clara Zetkin no sólo desarrolla el punto de vista marxista sobre la cuestión del feminismo y de la mujer, sino que parte del punto de vista del proletariado internacional y del punto de vista del Partido. La cuestión de la revolución proletaria enmarca la política frente a la cuestión de la mujer -no es una derivación de ella. El libro demuestra que hay un esfuerzo sistemático de las mujeres socialistas para que las mujeres se incorporen al Partido y el Partido se fortalezca en el seno del movimiento de la mujer. La mujer debe militar para ensamblar la lucha por la emancipación de la mujer con la lucha por la emancipación de la explotación social. Para eso debe convertirse en militante política y en líder política socialista. Ella es una mujer socialista desde el socialismo , no desde el feminismo. Del libro uno se lleva la conclusión de que examina la cuestión de la mujer como socialista y no que examina el socialismo, digamos, como mujer; aunque hay una relación dialéctica que enriquece la lucha por el socialismo como lo que realmente es y debe ser: una lucha por la emancipación universal. La emancipación particular, en este caso de género, es una contradicción en términos. Es muy importante este libro como una recuperación crítica de una historia, pero en especial si uno tiene la capacidad de leerlo en clave actual. Resuenan fuertemente en el libro debates actuales, e incluso diría que en aquel momento tuvieron mayor nivel o envergadura que los de ahora. Porque de las citas que se hacen -de los contendientes en esta lucha política-, los textos del feminismo burgués o pequeño burgués del pasado superan en a los actuales. Ocurre con el movimiento feminista lo que ocurre con la burguesía en general: intelectualmente vigorosa en su época de ascenso, tiende a descomponerse en su época de decadencia. Lo cual nos lleva al carácter desigual del desarrollo político. Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Nadezhda Krúpskaya, Aleksandra Kollontai, para mencionar a aquéllas que aborda el libro, se adelantaron intelectual y políticamente en los temas que abordaban, como en este caso la condición de la mujer, en un período de luchas revolucionarias y de organización revolucionaria. Tiene una etapa de ascenso a partir del ’68 mundial. Estamos asistiendo a un nuevo período y a nuevas tentativas, como se vio en las manifestaciones últimas del 8 de Marzo, en numerosos países del mundo. O las grandes manifestaciones de la mujer en Estados Unidos. Es en este marco de rebelión popular que encaramos las nuevas/viejas polémicas. Género El punto de vista fundamental que nos separa, de este otro feminismo, o de las concepciones burguesas y pequeño burguesas de la mujer, es esta tesis de la teoría del género. Que no es una tesis basada en una diferenciación social producto del desarrollo histórico de la sociedad, sino que es una ideologización de una condición femenina. Como muy bien dicen ellas mismas: el género es una construcción cultural. El método de la “construcción cultural”, en contraposición al desarrollo histórico antagónico de la condición humana, atraviesa a la pseudo-ciencia actual en la mayor parte de sus ramas. Estamos frente una definición . Es un a priori . No es la historia real de la mujer y, por lo tanto del hombre, a través de la historia y de sus relaciones recíprocas en distintas sociedades de explotación, sino que es el descubrimiento de algo, como construcción cultural, como una ideología, ‘de lo que es la mujer’, no de lo que la mujer realmente es a través de su práctica, sino de lo que la mujer es por este artificio ideológico. Varias corrientes que reclaman su condición de marxistas se han apropiado de estas ideologías, como una manifestación del carácter ‘abierto’ del materialismo histórico. Estamos ante una confusión vulgar entre el carácter abierto de la ciencia y la mistificación ideológica, porque el marxismo simplemente parte del carácter infinito de la capacidad de conocimiento humano y de la consiguiente condicionalidad del conocimiento actual, pero no admite status científico para la representación especulativa. El planteo de género recoge la aspiración a la igualdad social de la mujer, no solamente en derechos, dentro del marco de una sociedad explotadora que se distingue por el crecimiento exponencial de la sociedad. Esa igualdad se manifiesta, por eso, solamente en una parte de la burguesía y la pequeña burguesía, y de una manera irregular e inestable. En lugar de acabar con la sociedad explotadora y abrir el paso a las mujeres y a los hombres, dicen, “conservemos esta sociedad y luchemos para que la mujer se integre a ella de acuerdo con nuestras definiciones”. Entonces, por ejemplo, una obrera que consigue un aumento de salario se estaría desarrollando como mujer a igual título que una mujer que es nombrada en el directorio ejecutivo de General Motors. Mañana, sin embargo, la directora de General Motors le va a bajar el salario a la obrera de la General Motors. Estamos en presencia de una construcción a-histórica. Las sufragistas inglesas del siglo XIX, de donde descienden las corrientes de género de la actualidad, adoptaron un punto de vista directamente político, que recogía una lucha que había inaugurado el primer partido obrero de la historia, el cartismo inglés. Era una lucha por los derechos de las mujeres, que habían rechazado los líderes de la Revolución Francesa. Era una lucha entre el sufragio censitario y el universal -dos desarrollos del Estado burgués. Este mismo movimiento sufragista se convirtió, en la Primera Guerra Mundial, en una corriente defensora de la burguesía imperialista de su propio país. La conquista del derecho al voto y a ser elegido no debe confundirse con la paridad de género en las instituciones del Estado, que apunta a reforzar al personal político de la burguesía y cooptar a una fracción del feminismo. El empoderamiento de la mujer -un punto central del programa de género- sustituye la conquista del poder político, por parte de la mujer trabajadora, en el marco de un gobierno de trabajadores, por un escalafón restringido a las mujeres burguesas o profesionales. La conquista del sufragio universal tiene lugar cuando el Estado se ha asegurado la colaboración de la clase obrera a través de los partidos reformistas y la burocracia de los sindicatos. La Organización de las Naciones Unidas tiene distintos programas de desarrollo, que es anunciado ‘con perspectiva de género’, en alusión a la integración de la mujer. Es instructivo este lenguaje mistificador de parte de una organización cuyos programas tienen por base la explotación social y privilegios económicos para las corporaciones. Los llamados Cascos Blancos han sido denunciados en forma sistemática por los abusos contra mujeres y niños. Porque cualquier programa de desarrollo de las Naciones Unidas es un programa de explotación social, que incluya a la mujer , ‘con perspectiva de género’. Un plan de educación sexual ‘con perspectiva de género’ atiende a las diversas orientaciones sexuales, pero hace abstracción de la condición social de esa relación, condicionada por la explotación y la pobreza, la falta de horizonte humano. Es curioso que se publicite una educación sexual con adjetivos, en una sociedad alienada. La educación sexual “con perspectiva socialista” atendería a esta alienación, en primer lugar, y a la lucha revolucionaria para acabar con ella. La educación es propaganda -explica Trotsky-, es una lucha de clases en el plano cultural, incluida la educación política. Bajo el capital sirve a la reproducción de la ideología dominante. La educación soviética también es propaganda, porque todavía es una sociedad que no ha abolido la explotación, pero donde el poder ha sido tomado por el proletariado para destruir la opresión de la burguesía. Entonces, la educación es una educación anti-capitalista, socialista. Los partidos revolucionarios tenemos que defender la educación, la educación sexual, el desarrollo, etc., en la perspectiva del gobierno obrero y del socialismo. Patriarcado Del mismo modo, hay una mistificación con el tema del patriarcado. El capitalismo proclama, ya desde la Revolución Francesa, su condición de sistema de igualdad formal. El patriarcado es un sistema de dominación personal. Las revoluciones burguesas liquidan todas las formas de dominación personal. Por lo tanto, el patriarcado se distingue claramente, como principio de construcción social, de la explotación capitalista. Ahora, los procesos históricos no son puros, no es que se hace un corte, como decía Clara Zetkin, una ruptura, con la claridad. Cualquiera sabe que en Brasil la esclavitud se abolió a finales del siglo XIX. Los descendientes de esclavos, y no sólo ellos, se encuentran más esclavizados hoy que bajo el régimen esclavista. Pero ya no pueden darse por objetivo la lucha para abolir la esclavitud, sino el capitalismo. Lo mismo ocurre en Estados Unidos, con los negros y los inmigrantes (‘ilegales’). Entonces, en muchas familias, las mujeres son tratadas peor que cuando no tenían ningún derecho, ahora que tienen derechos, ¿por qué? Porque un régimen de explotación tiende, por sus tendencias conservadoras, a perpetuar los elementos de explotación que fueron formalmente sustituidos por otra forma de explotación social. Pero ya no se trata del patriarcado, sino de la disolución de la familia como unidad económica y del patriarcado como dominación personal. Una cosa que llama la atención en los textos relativos al género es la falta de consideración sobre la familia -a la cual Marx y Engels le prestan toda la atención: la propiedad privada, la familia y el Estado, la Santísima Trinidad . Porque la familia es donde se produce o se desarrolla la esclavitud doméstica de la mujer. ¿Es decir que la mujer va a salir de esa esclavitud doméstica «por medio de una construcción cultural», y no por medio de la abolición de la familia, o sea, la socialización de la actividad doméstica? El salario doméstico para la mujer reproduce esta forma de esclavitud, más allá de la perspectiva de los salarios en un sistema capitalista que tiende a liquidar las conquistas obtenidas. Allí donde rige como una asignación especial, no ha detenido el avance de la miseria. Entonces, nuevamente, la abolición de esta familia opresiva, en cuyo seno ocurren cosas atroces, requiere la abolición del capitalismo. Porque con la abolición del capitalismo se socializan todas las actividades económicas, y se le quita base económica a la relación entre el hombre y la mujer, que pasa a ser una relación auténticamente personal. El Estado Ahora, aquí tenemos un problema que es muy interesante. En esta ‘construcción cultural’ se producen deformaciones instructivas. El 8 de Marzo, en las marchas en el País Vasco, muchas jóvenes marchaban cantando las canciones de la Revolución Española o las canciones de la Resistencia al franquismo. Lo cual me provocó una viva emoción. Tuve la sensación de que las ‘instituciones revolucionarias’ -y la música forma parte, la música revolucionaria, es una institución- volvían al frente. Pero cuando presté más atención, la canción decía ‘al Estado machista’. Es decir que en esta ‘construcción cultural’, el Estado viene a jugar el papel del varón, y entonces tenemos una organización política de los varones asentada enteramente en el sojuzgamiento de las mujeres, y no un Estado capitalista asentado enteramente en la explotación, por parte de una oligarquía capitalista, de la masa de los proletarios. El hecho de que se oscurezca el carácter de clase del Estado, en estos términos, muestra la función del feminismo de género en la teoría social, como una absolución del carácter de clase que explica la existencia del Estado, en una época de guerras y barbaries. ¿La finalidad de estas guerras es producir atrocidades de género o reforzar el poder punitorio del Estado para el cumplimiento de objetivos imperialistas? Ahora, si ‘todo es una construcción cultural’, ¿cómo luchamos contra la violencia contra la mujer? Que me digan cuál es la herramienta cultural para luchar contra la violencia a la mujer. Todas las propuestas de protecciones de las mujeres, post-violencia, no funcionan; y pre-violencia, por definición no van a funcionar porque están en la matriz del presente régimen social. En nuestro Partido hemos llamado sistemáticamente, hace mucho tiempo, a la organización socialista de las mujeres trabajadoras con características militantes , de manera que están en los barrios, en las fábricas, etc., movilizadas contra la violencia. Movilizadas desde el punto de vista de la propaganda y movilizadas desde el punto de vista de la acción directa. Digo ‘de la propaganda’ porque hay que persuadir a muchos obreros a que el camino de la emancipación pasa, en primer lugar, por el respeto a su compañera y por el respeto a cualquier mujer en general. Los socialistas tenemos que librar una lucha política dentro de nuestra clase y, en primer lugar, movilizar al proletariado en apoyo a la lucha de la mujer trabajadora y de la mujer ‘tout court’. Mujer, clase y partido Ahora, ustedes fíjense que ¿cuál es la diferencia que tenemos en este enfoque de género con lo que explicaron Olga [Viglieca] y Cintia [Frencia]? Había un Partido Socialista en Alemania que crecía a raudales, y prácticamente era un Estado dentro del Estado. Tenía cinco periódicos por Estado (está dividida Alemania en varios Estados), tenía cooperativas, sindicatos, periódicos, corales, orquestas sinfónicas… Había dos Estados: la monarquía y el Partido Socialista. Y estaba la organización socialista de las mujeres, que entró rápidamente en conflicto -cuentan ellas- con la burocracia del Partido y con la burocracia de los sindicatos socialistas. Lo mismo que tiempo después protagonizaría la juventud con el aparato del Partido. En las discusiones entre las obreras del PS y las feministas, en más de una oportunidad el aparato del Partido apoyó a las feministas, en especial cuando se trataba de tejer una alianza entre socialistas y feministas -o sea a desarrollar un frente policlasista sobre la base de las reivindicaciones femeninas. La organización de la mujer del PS se identificó con la izquierda del Partido. La colaboración de clases se explicitó antes en el movimiento de la mujer, y luego en la guerra se va a explicitar en la colaboración política en el Estado con el capital alemán, los feudales alemanes, contra el proletariado de los otros países y contra el proletariado alemán. Pero comenzó como una propuesta de colaboración de clases en el movimiento de la mujer. Es decir: detrás de esto está el problema de convertir al movimiento de la mujer en el punto de partida de un Frente Popular. El feminismo de género representa, en este punto, una vía de desvío político para las masas en su conjunto. Los obreros más avanzados deben disputar este terreno, convirtiéndose, en primer lugar, en los sostenedores más enérgicos de la lucha de la mujer. Tenemos acá, para terminar, el siguiente punto: en la izquierda argentina están completamente asentadas la teoría de género, la construcción cultural, la alianza con la mujer burguesa y la colaboración de clases. Inclusive en el Frente de Izquierda. Como en esa película de Julia Roberts, dormimos con un adversario ideológico y estratégico potencial. La deliberada acción de evitar la delimitación clara del feminismo de género, así como la adopción de su método teórico, es un rasgo común del izquierdismo trotskista, que debe ser combatido en la teoría y en la acción política. El izquierdismo de la paridad de género como la vía para la igualdad de derechos es un planteo completamente antagónico al punto de vista de aquellas socialistas, y nada en la historia ha desmentido a aquellas socialistas. Aquellas socialistas hicieron la Revolución de Octubre. La conciliación entre el marxismo y el feminismo de género se manifiesta en forma directa en el campo político de la izquierda con la promoción de los partidos amplios, ideológicamente ‘plurales’, que incorpora a ese feminismo. Desde el campo del género, la pequeña burguesía ha impuesto su posición de clase: no al partido obrero, sí al partido plural y al movimientismo. Los partidos amplios -en Europa se llaman así -no tienen una ideología ni un programa. Aglutinan construcciones identitarias. ¿Qué quiere decir ‘identitarias’? Que se ordenan por un criterio ajeno al desarrollo social en el campo del trabajo -étnicos, géneros, naciones. Todo lo que no es una entidad generada históricamente por la lucha de clases, sino definida al margen de esa lucha de clases. Aunque está condicionada por la lucha de clases -y los marxistas la toman como parte de la lucha de clases-, en cambio, es definida por otros como no vinculantes a ella -que lo justifican como una superación del reduccionismo . Entonces, se forman partidos feministas, ecologistas, “con perspectivas plurales. Cada uno tiene una perspectiva diferente. Obviamente, con una perspectiva diferente de todo el mundo, el capitalismo puede quedarse tranquilo: nunca se va a reunir la fuerza necesaria para poder derrocar al sistema capitalista. Ya este concepto, esto que estamos criticando y que el libro de Frencia y Gaido tan bien desarrolla, lo vemos en partidos trotskistas que se disuelven en formaciones ajenas o practican en ellas un seguidismo estratégico. En lugar de esto, es necesaria una campaña con este libro, para desarrollar una conciencia de clase en el proletariado acerca de la lucha de la mujer. Con una gran concurrencia de varones. ¿Cuál es el punto de cierre de esta exposición? La lucha por el derecho al aborto. Un elemento decisivo en esta lucha es que la clase obrera intervenga a favor del derecho al aborto. En particular, por el hecho de que la Iglesia y la burocracia sindical están en contra. Acá tenemos un fenómeno un poco inverso al que estuvimos describiendo con Cintia y Olga. Ahora no se trata de que hay mujeres burguesas y mujeres socialistas, ahora se trata de que hay obreros que siguen a la burocracia y obreros con independencia de clase frente al movimiento de la mujer por el derecho al aborto. El movimiento de la mujer por el derecho al aborto es un movimiento masivo, pero entre los obreros, una parte sigue a la burocracia, en forma pasiva o no tomando partido, porque tampoco la burocracia lo incita a que tome partido en contra del derecho al aborto, porque tiene miedo que si los incita a tomar partido, los obreros van a empezar a discutir, alguien va a venir con alguna idea, y en el camino va a volver a casa o en donde sea, le va a decir a la mujer: “Vieja, hoy tuve todo un debate político: me sumo a la lucha ésta”. Y descubre una nueva aproximación política. El que el obrero se interese por la lucha de la mujer y la tome como propia equivale a la conciencia de clase. Es un obrero con una conciencia de clase porque ha salido de sí mismo y ha comprendido que su propia emancipación es una lucha de carácter universal, y que tiene que ver con la emancipación del género humano, como dice la canción de “La Internacional”. Entonces, hay muchas tareas por realizar. Impulsar este movimiento para que triunfe o para que sea muy masivo. Interesar, digamos, a los trabajadores. Y desarrollar una intensa propaganda. Porque la construcción de la mujer -cultural, psicológica, humana- será obra de las mujeres mismas , en las condiciones de la libertad que ellas mismas contribuyan a crear, luchando por el gobierno de los explotados y por el socialismo internacional. No hay nadie que les vaya a decir cómo es una mujer. Es la experiencia de la vida; y nosotros luchamos para que esa experiencia de vida no tenga obstáculos, pueda desarrollarse con amplitud, para descubrir su personalidad femenina, su personalidad humana, su personalidad social, a través de su propia experiencia . Jorge Altamira es fundador y dirigente nacional del Partido Obrero y de su corriente internacional, la CRCI. Fundó y dirigió Prensa Obrera y esta revista. Autor entre otros libros de La estrategia de la izquierda en Argentina, El Argentinazo, el presente como historia y No fue un martes negro más.

1 de octubre de 2018
La estrategia del Partido Comunista del Uruguay entre 1968-1973

Introducción El período 1968-1973 ha sido objeto de numerosos estudios, pues concentra sucesos claves para el campo popular y la vida nacional, enmarcada en una coyuntura particularmente aguda a nivel internacional. Estos años estuvieron sacudidos por crisis económicas, políticas y sociales como producto de la gran crisis de posguerra, que ponía fin al pretendido período dorado del siglo pasado, conocido como los “treinta años gloriosos” que se inician a partir de 1945. El estallido revolucionario del convulsivo año 1968 expresó la gran crisis mundial que se iniciaba, marcando un hito en la historia moderna porque tuvo una dimensión de características globales (Rieznik, 2009). En enero fue el comienzo de la ofensiva del Tet, que arrinconó en Vietnam a las tropas invasoras, dando un golpe decisivo a pesar de sus objetivos inmediatos. En Estados Unidos, el impacto de este hecho fue enorme, donde se había desarrollado un enorme movimiento contra la guerra, liquidando la reelección del entonces presidente Lyndon Johnson, y golpeó el corazón del régimen político norteamericano sacudido por dos “magnicidios”: el de Martin Luther King en abril y el de Robert Kennedy algunos meses después. El Mayo francés se inscribe en este cuadro, donde el levantamiento juvenil fue la chispa que encendió la más importante huelga general del proletariado de ese país en su historia, que paralizó Francia durante un mes. En agosto de este mismo año, por un nuevo estallido, pero en el este europeo: cinco mil tanques rusos y doscientos mil soldados invadían Checoslovaquia para aplastar la llamada “Primavera de Praga”, momento clave en las rebeliones que sacudían el territorio dominado por el stanilismo y sus gobiernos títeres de Europa Oriental. La clase obrera del este europeo se rebelaba contra los usurpadores que decían gobernar en su nombre. En nuestro continente, la policía y el ejército mexicano reprimen a sangre y fuego una masiva concentración estudiantil, asesinando a centenas de estudiantes en la conocida masacre de Tlatelolco. Más al sur, en Brasil, el estudiantado se levantaba contra la dictadura en masivas ocupaciones y movilizaciones; en Argentina comenzaban las huelgas que terminarían en el Cordobazo. En las huelgas, en las plazas y en las calles se aprecia el escenario común de un final de época: la quiebra de los equilibrios políticos y económicos armados al finalizar la Segunda Guerra Mundial, que habían sido negociados por las potencias económicas victoriosas y la URSS, gobernada por el régimen de Stalin. El período abierto en 1968 se extiende hasta principio de los emblemáticos años setenta. En este contexto, los partidos comunistas a nivel internacional ingresan a este período marcados por el proceso de debates iniciados con el ascenso de Kruschev -y luego Breznev- y la llamada “desestanilización” en la URSS a partir del XX Congreso del año 1956. Braz (2006) afirma que en la década del ‘60 el PCUS perdió su condición de ejercer total supremacía sobre los rumbos del movimiento comunista-stalinista internacional, asistiendo al final de la década a su pulverización y fragmentación. La cuestión de la estrategia revolucionaria fue objeto central de varias perspectivas -al interior y exterior del movimiento comunista-stalinista-, enfrentando variantes insurreccionales y reformistas. El presente trabajo se divide en dos secciones: en la primera sección se abordan algunos antecedentes específicos de la estrategia de los partidos comunistas, en particular lo que luego se denominó como eurocomunismo, que emergió durante la década de los sesenta y setenta, que significa el abandono hasta formal del leninismo y de la concepción de la dictadura del proletariado, adaptándose cada PC no en forma incondicional a la política de la burocracia del Kremlin, sino también a las necesidades de la burguesía de cada país. Se puede tomar como antecedente los planteos reformistas y oportunistas de la II Internacional de principios del siglo XX y, lógicamente, de la III Internacional bajo el comando de Stalin en la década de los treinta; a continuación se repasan los ejes que hacen al planteo sobre la naturaleza de la revolución en América Latina y Uruguay formulada por el PCU en los sesenta, en especial la caracterización del capitalismo local como dependiente, atrasado y con rasgos semifeudales, constreñido por el peso de los monopolios extranjeros y la oligarquía terrateniente, y las razones por las cuales planteó la necesidad de una revolución “democrático-burguesa, agraria y antiimperialista”, es decir, una revolución por etapas. En la segunda sección se analiza la táctica del PCU en las huelgas de 1968-69 frente a las Medidas Prontas de Seguridad, la política hacia las elecciones de 1971 y su posición frente a los comunicados 4 y 7 de las Fuerzas Armadas, que dan cuenta del planteo estratégico de fondo que se sostuvo en este período en su convocatoria a formar acuerdos con sectores de la burguesía nacional. La “vía democrática” al socialismo En las décadas de los ‘60 y ‘70 emergieron, con cierta fuerza, los planteos dentro de los partidos comunistas sobre la renuncia a la revolución y el desarrollo de las “vías democráticas” al socialismo, entre cuyos principales impulsores se encontraba el Partido Comunista italiano -pero que luego integraron el PC español y PC francés- y la aparición del gobierno de Allende como referencia ineludible de esta vía. De este modo, en medio de convulsiones sociales y políticas de enorme envergadura, emergió el llamado eurocomunismo, que colocaba como estrategia política central la ampliación de las alianzas de clase con la burguesía nacional y la cuestión electoral-parlamentaria como tarea fundamental de la etapa. Las reformas serían presentadas como momentos políticos que promoverían avances graduales y permitirían la acumulación de fuerzas sociales, necesarias para la construcción del proceso de cambio revolucionario. La vía insurreccional para la revolución social y la conquista del poder de la clase obrera era reemplazada directamente por victorias parciales en el parlamento, en gobiernos municipales, nacionales y la institucionalidad burguesa. La inserción gradual en el Estado burgués permitiría la conquista de la hegemonía del conjunto de la sociedad, incluyendo las organizaciones políticas de la sociedad civil. De este modo: “La transición hacia el socialismo suponía, entonces, la conjunción de estrategias que, al adecuarse a la realidad nacional, articularían alianzas en la sociedad que permitirían la acumulación de conquistas sociales, vía reformas permanentes y progresivas, a fin de tornar la revolución en un proceso histórico que se desarrollaría en la vida nacional hasta la conquista de la hegemonía pactada entre diversas fuerzas sociales, sobre el comando del partido. Tal hegemonía sería conquistada por un proceso de democratización profunda de la sociedad que posibilitaría al proletariado tornarse, por del partido, dirigente del proceso revolucionario, a través del control del Estado. La vía hacia el socialismo, según las ideas de los eurocomunistas, se daría por medios pacíficos y democráticos” (Braz, 2006:282). Según Mandel (1978), la orientación política del eurocomunismo con centro en la alianza de la clase obrera con la burguesía nacional y la estrategia parlamentaria tienen sus raíces históricas en el viraje dado por la Tercera Internacional en su séptimo Congreso de 1935, en torno de las definiciones sobre el Frente Popular, cuya función política se manifestó en las alianzas de los PC’s con la socialdemocracias y con la burguesía liberal en los Frentes Populares de España y Francia como recurso para impedir la insurrección proletaria. En este sentido, la noción directriz de fondo del Frente Popular que retoma el eurocomunismo era la colaboración entre las clases “progresistas” contra las clases reaccionarias en los marcos de la defensa de las instituciones del Estado, en el supuesto de que tales instituciones cambiarían su contenido particular de clase. La conquista de espacios estatales podría permitir que aumente el peso y poder de las masas en la democratización y gestión del Estado, desenvolviendo reformas estructurales que transformarían por etapas la naturaleza del régimen capitalista a través de la conquista de mayorías parlamentarias. En este aspecto, el eurocomunismo retoma las tesis de Kautsky en torno de una transformación gradual del capitalismo, a partir de la realidad nacional de las relaciones capitalistas. Renunciando a un abordaje de lucha internacionalista, se hace centro en las estrategias de orden nacional. Se trata de la tesis etapista -retomada por el stalinismo-, en la cual se concibe el proceso revolucionario como la articulación previa de fuerzas que actúen por la modificación progresiva del capitalismo hasta el momento en que se reúnan las condiciones para tomar el poder. Para Mandel, buena parte de estos contenidos son una vuelta a la socialdemocracia reformista de 1914-1929, convirtiendo a los PC’s en un elemento de estabilización del “orden burgués en el Estado capitalista”, porque buscaban asegurar la bases para la suavización de la lucha de clases del movimiento obrero hacia una salida en los marcos de institucionalidad. La tentativa de edificar sociedades nacionales democráticas y pacifistas sugería un tipo de socialismo (democrático) nacional que rehabilitaba la tesis del “socialismo en un solo país” de Stalin. En América Latina, el marxismo tuvo que confrontar como problema principal la definición del carácter de la revolución en el continente -que resultaba del análisis de las formaciones sociales latinoamericanas y el punto de partida para definir estrategias y tácticas políticas (Lowy, 2007). Cuestiones políticas fundamentales como las alianzas de clase, los métodos de lucha, las etapas de la revolución se deducen de la caracterización central de la naturaleza de la revolución. Entre 1930-1959 existe en América Latina una hegemonía de la interpretación stalinista consistente en la teoría de la revolución por etapas, definiendo la etapa como nacional-democrática. Esta caracterización, que predominó en los PC’s latinoamericanos, llega a una conclusión central: las condiciones económicas y sociales en América Latina no están lo suficientemente maduras para una revolución socialista, siendo el objetivo concretar una etapa histórica democrática y de desarrollo del capitalismo nacional, superando los resabios “feudales”. Por ello, en los países atrasados, la revolución no era la proletaria, sino una revolución “intermedia”, ni burguesa ni proletaria, que en nuestro continente era llamada “revolución agraria y antiimperialista” o democrático-burguesa. Para llevar adelante esta conclusión, el objetivo era conformar la alianza del proletariado con la pequeña burguesía y la burguesía nacional progresista contra el imperialismo norteamericano y los terratenientes, sus socios burgueses nacionales. En la década de los sesenta, diversos autores como Gunder Frank, Ruy Mauro Marini, Aníbal Quijano, Luis Vitale o Rodolfo Stavenhagen cuestionaron la teoría del feudalismo latinoamericano, caracterizando la estructura colonial histórica y la estructura agraria presente como esencialmente capitalistas. Criticaron también el concepto de “burguesía nacional progresista” y la perspectiva de un desarrollo capitalista independiente en los distintos países latinoamericanos, señalando que esta burguesía “raquítica” era incapaz de llevar adelante las tareas nacionales pendientes. Para ellos, el atraso económico no estaba dado por los resabios feudales ni en obstáculos precapitalistas, sino en el propio carácter del desarrollo capitalista dependiente en América Latina. Esta premisa señalaba una conclusión determinante y opuesta a la formulada por los PC’s latinoamericanos: la imposibilidad del camino “nacional-democrático” y del papel revolucionario de un sector de la burguesía nacional para el desarrollo social en América Latina y la necesidad de una revolución dirigida por la clase obrera que rompiera con la dependencia y el subdesarrollo, y se uniera al torrente de la revolución socialista mundial. El carácter de la revolución en Uruguay: alianza de clases y parlamentarismo En Uruguay, la tesis del carácter feudal o semifeudal de la economía colonial de América Latina y de sus resabios fue sostenida por el PC del Uruguay (PCU) en la pluma de su secretario general, Rodney Arismendi. En un breve ensayo, La economía feudal en América Latina , de 1962, señala que los rasgos esenciales de la sobrevivencia feudal son el régimen latifundista de la propiedad de la tierra y la supeditación de la economía colonial a la economía metropolitana. Para Arismendi, el imperialismo subordina a las economías de origen colonial desencadenando un desarrollo capitalista deformante, bloqueando la transición del feudalismo o semifeudalismo colonial al capitalismo, que se materializa sobre la base de mantener “el latifundio de cara al mercado exterior, para adaptarse luego, a través de la exportación de capitales, de la extensión de la vías férreas, de la navegación, como factor condicionado y condicionante del pasaje del capitalismo a su fase imperialista” (Arismendi, 1962). El resultado es la imposibilidad de un poderoso desarrollo del mercado interno y del capitalismo nacional (proletariado y burguesía nacional). Esta visión nacional de la necesidad de un desarrollo capitalista independiente, de las tareas de la etapa y alianza de clase se encuentra expresada en la “Declaración Programática de 1958”, aprobada por el XVII Congreso del PCU. Las premisas estratégicas establecidas en este documento se verán, luego, en la actuación del PCU durante los sucesos que van del 1968-1973. La declaración comienza afirmando que con sus “riquezas naturales, el Uruguay podría construir una economía independiente y desarrollada y asegurar una vida feliz, de bienestar material y cultural, incluso a una población varias veces mayor que actualmente lo habita”, sin embargo, estas posibilidades contrastan con “el atraso de la economía, el lento desarrollo social y cultural y los sufrimientos de los trabajadores y el pueblo”, cuya causa es “la apropiación de los principales medios de producción por los monopolios extranjeros y una minoría privilegiada de grandes explotadores: latifundista y grandes capitalistas; ello les permite apoderarse de los frutos del trabajo nacional, trabar el progreso, condenar a los obreros a una dura explotación y hacer vegetar a las masas populares en una vida sin horizontes”. La “Declaración” identifica la dependencia de Uruguay en la penetración de los capitales monopolistas extranjeros, especialmente, los norteamericanos, que controlan los grandes frigoríficos, bancos, fábricas textiles, metalúrgicas, transporte de ultramar, medios de comunicación, etc. La dependencia se expresa también en la deuda externa como medio de dominación y saqueo, sustrayendo al país millones de dólares que se fugan por la vía de los beneficios de las empresas, y de los intereses y amortizaciones de la deuda 1 . El imperialismo se apoya -según la Declaración-, en la escena nacional, en los grandes terratenientes y grandes capitalistas, que son “sus agentes y cómplices” en la explotación del pueblo uruguayo. Sin embargo, el documento establece que a raíz de la crisis económica y la política norteamericana se produce una diferenciación en la gran burguesía en dos capas: “Una, de grandes capitalistas vendidos en cuerpo y alma al imperialismo norteamericano (…) la otra, está formada por grandes burgueses, que tienen sus capitales invertidos principalmente en la industria nacional y se ven golpeados por los intereses de la política expoliadora norteamericana”. En consecuencia, una de las tareas fundamentales de la etapa consistía en la ampliación de la alianza de clases, que debía incluir a la gran burguesía nacional, “que se ven golpeados por el capital norteamericano”. El resumen del planteo etapista de la revolución democrático-burguesa para Uruguay es formulado en los siguientes términos “La contradicción principal de la estructura económico social del Uruguay es la contradicción entre las fuerzas productivas que pugnan por desarrollarse y las relaciones de producción, basadas en la dependencia del imperialismo y el monopolio de la tierra, que frenan ese desarrollo. Ella se expresa también en la contradicción entre el imperialismo, los latifundistas y los grandes capitalistas antinacionales, y todo el pueblo uruguayo, los obreros, agricultores y ganaderos pequeños y medios, los intelectuales y estudiantes, los empleados del Estado y privados, los jubilados y pensionistas, los artesanos y pequeños comerciantes, y la burguesía nacional” (pág. 15). La revolución “agraria y antiimperialista” abriría paso a un amplio desarrollo de las fuerzas productivas en el marco capitalista, recién después sería posible la revolución socialista. La lucha de la etapa era la conformación, en base a esta correlación de fuerzas de clase, de un “gobierno democrático de liberación nacional” que llevaría adelante la primera etapa histórica, siempre garantizando la propiedad privada: “la propiedad de los industriales y comerciantes nacionales (léase gran burguesía conciliadora) y de los campesinos y arrendatarios no latifundistas que no conspiren contra el poder popular, será respetada y defendida por la ley” (pág. 16). Finalmente, la “Declaración Programática” establece la “vía uruguaya” de la revolución, señalando que aunque una revolución social no puede hacerse de manera “gradual, evolucionista, reformista (…) Ello no significa, sin embargo, que sea obligatoria la vía de la guerra civil”, sino que “es posible conquistar el poder político por vías pacíficas y convertir al parlamento en un auténtico órgano ejecutor de la voluntad popular” (pág. 17). El PCU entraría a la década del ‘60 con la orientación de ganarse a un sector de la gran burguesía nacional a una revolución “agraria y antiimperialista” y privilegiando la estrategia parlamentaria como una vía pacífica para el cumplimiento de estas tareas históricas, mediante la táctica de la unidad política de la izquierda con las fuerzas políticas ‘progresistas’ en un Frente Popular -es decir, de la clase obrera con la burguesía local. De las huelgas del ‘68 a las elecciones del ‘71 Desde mediados de la década del ‘50 comenzó en Uruguay una aguda crisis económica. Desde 1957 crece la inflación, el salario real comienza a caer aceleradamente, se produce un descenso y estancamiento del PBI. Se trató de la crisis del denominado modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones. El impasse de la economía y el descontento popular se reflejó en las urnas con el triunfo del Partido Nacional en 1958, luego de 94 años de gobiernos colorados. La crisis se agudizará durante los ocho años siguientes del gobierno blanco, potenciando la movilización de las masas. Hacia mediados de la década, en 1966, se produce la unificación del movimiento sindical uruguayo en la Central Nacional de Trabajadores (CNT). La inestabilidad política del régimen y el ascenso de las luchas populares unifican a los distintos sectores de la burguesía internacional y nacional detrás de una perspectiva de un gobierno de “mano dura” contra los trabajadores. En este cuadro, en 1967 se aprueba una nueva constitución de características represivas (y presidencialista) y, a fines de ese año, asume Pacheco Areco como presidente. La orientación política que el PCU desarrolló en los convulsivos años del gobierno de Pacheco Areco es significativa en tanto muestra su rol e intervención en un período de fuerte crisis social y política. El ‘Pachecato’ se caracterizó por una consolidación del método autoritario por el cual el gobierno atacó las condiciones de vida del movimiento obrero y popular, y cercenó las libertades democráticas, de expresión y de reunión mediante las Medidas Prontas de Seguridad . La represión y asesinato de manifestantes, la persecución política mediante detenciones, la clausura de diarios, la ilegalización de organizaciones y partidos de izquierda, las detenciones arbitrarias, los despidos, destituciones y militarizaciones de huelgas fueron moneda corriente durante este período, que tuvo sus puntos más álgidos en 1968 y ‘69. La política represiva de Pacheco contra el movimiento obrero tenía como objetivo garantizar la política de congelamiento salarial, en medio de una inflación galopante, que redujo brutalmente las condiciones de vida de los trabajadores en beneficio del capital financiero. En estas condiciones se produce un fenomenal ascenso de las luchas obreras entre junio del ‘68 hasta finales del ‘69: ocupaciones de fábricas, huelgas indefinidas en diversos sindicatos, combates callejeros y en oportunidad del velatorio del estudiante comunista Líber Arce, la manifestación más grande de la historia; casi media población montevideana. En abril del ‘69 se desata la huelga indefinida de los obreros frigoríficos que dura cuatro meses. En junio, un paro general nacional de la CNT reclama la solución a los conflictos, reposición de los destituidos, ajuste de los salarios al costo de vida, y en lo sucesivo se desatan huelgas en la mayoría de los sindicatos (Agrupación de Funcionario de UTE -Aute-, la Asociación de Bancarios, los municipales, gráficos, periodistas, etc.). El Poder Ejecutivo recrudece la represión, encarcelando a más de 800 militantes sindicales, estudiantiles y políticos, despliega la movilización militar en UTE, Ancap, OSE y Telecomunicaciones, y clausura nuevos diarios. Según Héctor Rodríguez -integrante del Congreso Obrero Textil (COT)-, éste no hizo retroceder a la clase obrera, desde las bases sindicales sólo llegaban reclamos de medidas de lucha. La COT propone, el 25 de junio, que se declare la huelga general indefinida de la CNT; el Secretariado primero y la Mesa Representativa luego -con mayoría del PCU- votan en contra de esta propuesta. En este marco, la polémica que se desarrolló en seno del movimiento sindical 2 en la reciente conformada CNT, sobre la táctica que el potente movimiento obrero organizado de la época debía desenvolver frente al avance autoritario, dejó de manifiesto la existencia de dos posiciones divergentes. El debate giró en torno de la necesidad de dar una respuesta de conjunto mediante la aplicación de una huelga general de todo el movimiento sindical para quebrar la política de Pacheco. La corriente mayoritaria de la dirección de la CNT vinculada con el PCU se opuso a esta propuesta defendiendo la línea de avanzar con un plan de acciones concretas que evitara un desenlace definitivo y frontal contra el gobierno. El dirigente sindical del Sunca y del PCU, Mario Acosta, lo coloca en estos términos: “La situación del país es tan tensa y las disyuntivas económicas están tan cerradas dentro de los actuales carriles, que en cierta medida es cuestión de vida o muerte para la oligarquía el imponer esa política (…) En tal situación, que el contendiente relativamente más débil acepte ir a una batalla decisiva, es suicida”. Y continúa, “el movimiento obrero y popular, en vez de embretarse en un choque frontal con un gobierno que evidentemente está dispuesto a pagar un alto precio político por la aplicación rígida de su línea y que seguía controlando las fuerzas estatales, debía zafar del cepo y hallar otra salida” 3 . En el primer Congreso de la CNT, realizado en mayo de 1969, se cristaliza en varios documentos presentados por sindicatos y por dirigentes sindicales, una crítica al accionar de la mayoría de la dirección de la Central, reprochándole el llevar adelante una táctica de contención del real potencial que podía adquirir la movilización popular. El informe al primer Congreso de la Asociación de Bancarios del Uruguay de mayo de 1969 dice: “La táctica desarrollada, en muchos de sus aspectos por la forma de su aplicación, no ‘desgastó al enemigo’ tanto como a los mismos sindicatos en su aplicación (…) En nuestro criterio, la preocupación de no agravar la situación política desembocó en la aplicación de una táctica que fue oscilando de la inefectividad al quietismo” 4 . Por su parte, Héctor Rodríguez va más allá en la crítica, manifestando que el fundamento de la táctica que se oponía a la huelga general buscaba evitar la confrontación directa con el gobierno, aduciendo que no existían condiciones en el movimiento obrero para tal acción. Dirigiendo la salida a la crisis hacía una “salida política” que se manifestaría en las elecciones de 1971. Para realizar esta afirmación, Héctor Rodríguez se apoya en un artículo publicado en El Popular , el 30 de enero de 1970, por el senador del PCU, Enrique Rodríguez, que, en referencia a la táctica desarrollada, afirma: “Si esta táctica fue justa, si ella condujo no a una confrontación total prematura sino a lograr el desgaste del enemigo, empujándolo a que se enrede en sus contradicciones inevitables, mientras el pueblo mantiene en lo esencial su prestancia combativa, el resultado de esa táctica debe expresarse con cierta claridad, ahora cuando se abre lo que llamaríamos ‘la salida política’. Dicho de otro modo, ¿la táctica empleada cumplió el papel de crear unas mejores condiciones para que el pueblo actúe en el período político que ahora se acerca? De alguna manera, ése era uno de los fundamentos de la conducta asumida ante las ‘medidas’. Y bien: puede dudarse que también en este terreno -el estrictamente político electoral- los resultados de la táctica empleada rendirán sin falta frutos maduros, nosotros no lo dudamos” 5 . De este modo, para el PCU, la discusión sobre la táctica a utilizar por el movimiento sindical para enfrentar al gobierno estaba subordinada a la conformación de una alternativa electoral para las elecciones de 1971, de ahí el rechazo a la posición de que la CNT descartara la huelga general para quebrar al gobierno de Pacheco. Se estaba en vísperas de la conformación del Frente Amplio, que resultaría de una alianza de los principales partidos con influencia en el movimiento popular -especialmente los partidos Comunista y Socialista- con partidos que representaban sectores de la pequeño burguesía y la burguesía nacional, como el Partido Demócrata Cristiano (PDC) y la Lista 99. La alternativa del FA era consecuente con los fundamentos de la estrategia del PCU, esbozados en 1958. La alianza policlasista en el terreno de las elecciones que representó el Frente Amplio tenía, según sus promotores, claros objetivos: “Lo electoral es importante en la medida que constituye un medio para hacer realidad un programa. No importa mucho, además, en cuanto represente el único esfuerzo verdadero para evitar en Uruguay una revolución violenta”, declaraba Rodríguez Camusso -que salía del Partido Nacional- en el periódico Marcha , en 1970, para incorporarse luego al FA. La vía gradual y democrática de integración al Estado fue la estrategia definida en sus propios inicios: “El FA será una fuerza política que lucha por el poder para realizar transformaciones por vías democráticas [se trataba de] instrumentar un aparato político capaz de aglutinar las fuerzas populares auténticamente nacionales para agotar las vías democráticas a fin de que el pueblo, mediante su lucha y su movilización, realizara las grandes transformaciones por las que el país clama” (Declaración constitutiva del FA, febrero de 1971). Cuando las elecciones de noviembre de 1971 se acercaban, el debate continuó y se clarificó en el movimiento sindical. En el 2º Congreso de la CNT se volvió a desarrollar la polémica sobre la táctica sindical de los años anteriores. El informe central de la mesa representativa se pronunciaba contra el voto a los partidos tradicionales y señalaba su apoyo al recién creado Frente Amplio de la siguiente forma “las acciones que fuimos capaces de cumplir, los triunfos alcanzados, la unidad lograda han sido los factores que han permitido que hoy el pueblo se una a una expresión política antioligárquica y antiimperialista y que su acceso al poder sea una alternativa concreta y próxima” 6 . En oposición a este informe, once gremios 7 presentaron un documento en minoría, cuestionando la orientación de la mesa, colocando que los conflictos “fueron orientados y dirigidos por la mayoría de la CNT, pero en realidad estuvieron aislados por la mayoría de la dirección”. En el mismo informe se clarifica sobre el rol que debe jugar el movimiento sindical frente a las elecciones, también cuestionando el informe de la mayoría de la mesa de la CNT: “Se plantea claramente en líneas generales una salida política electoral pretendiendo desviar la lucha de los trabajadores y a la vez poner a la CNT al servicio de las elecciones. Debemos tener claro que la lucha sindical no tiene de ninguna manera el límite de un acto electoral” 8 . De este modo, los once sindicatos criticaban la táctica de la mayoría de la CNT, dominada por el PCU, de imponer un reflujo a las luchas obreras como forma de canalizar el creciente descontento popular hacia el parlamentarismo, ahogando a los sectores más radicalizados del activismo obrero y estudiantil que podrían llegar a conducir a las masas a una situación insurreccional. Así, el PCU afirmaba su pretensión de que por medio del Frente Amplio se realizaría una experiencia de “paso pacífico al socialismo” en base al retroceso de las grandes movilizaciones de masas del ‘68-’69. “Unidad de civiles y militares”: el PCU frente a los comunicados de febrero de 1973 En las elecciones de 1971 triunfa Bordaberry, del Partido Colorado, con escaso apoyo parlamentario, y continua en los trazos decisivos con lo realizado por Pacheco Areco. En los primeros meses de 1972, la Asamblea General aprueba la suspensión de las garantías individuales y declara el “Estado de Guerra Interna”, dando curso libre a la represión de todos los opositores. En este marco, arremete y derrota al movimiento tupamaro, que en 1970 había alcanzado su mayor envergadura y movilización; asedia y balea la Seccional 20º del Partido Comunista, donde mueren ocho comunistas (Nahum, et. al.; 1997). La carestía sigue en aumento y, durante ese año, se producen diez paros generales de la CNT, sin operar una ofensiva de conjunto por parte del movimiento sindical. En tanto, las Fuerzas Armadas habían asumido la conducción de la lucha “antisubversiva” y comenzado a delinear su propia estrategia política, frente al impasse del régimen político. En febrero de 1973, la designación, por parte del gobierno de Bordaberry, de Antonio Francese como ministro de Defensa Nacional desató una crisis institucional. En respuesta a esta designación, el 8 de febrero, el Ejército y la Fuerza Area se acuartelan y salen a las calles con tanques y armados para la guerra, toman canales de televisión y emisoras de radio. En la ocupación de Canal 5 transmiten un comunicado en el que argumentan su oposición a la designación de Francese que “retrotraería (a las FF.AA.) a la superada época de ser brazo armado de intereses económicos y políticos, de espaldas al cumplimiento de sus misiones específicas de seguridad nacional y a los intereses de la nación” (Alvaro Rico, 2008:717). La Armada se mantuvo fiel a Bordaberry y al día siguiente bloqueó el puerto de Montevideo, atrincherándose en la Ciudad Vieja. Sin éxito para torcer el brazo de los sublevados, Bordaberry terminó aceptando la renuncia de Francese. El 12 de febrero tuvo lugar el llamado pacto de Boizo Lanza, que dio por cerrada la crisis, donde se resolvió la creación del Consejo de Seguridad Nacional (Cosena) que tendría como secretario general al general Gregorio Alvarez. La crisis reveló que las Fuerzas Armadas veían la necesidad de arbitrar en la crisis social y política que se había abierto. Un mes antes, un documento de la Junta de Comandantes en Jefe del 12 de diciembre de 1972 señalaba: “El poder político aspiraría a que las FF.AA. regresen a ‘sus cuarteles’, esto es, a su status tradicional, y que no graviten en la conducción nacional. Los Mandos Militares, compenetrados con la grave situación nacional, de la expectativa popular por las grandes soluciones nacionales y de sus responsabilidades respecto de la seguridad nacional, han decidido gravitar en la conducción nacional”. La pretensión de arbitrar por encima de ‘todo interés sectorial’, de no ser ‘el brazo armado de los grupos económicos’ revela que pretendían regimentar al conjunto de la sociedad, en primer lugar a la clase obrera, para salvaguardar los intereses del Estado y la burguesía. En el marco del enfrentamiento con Bordaberry, los militares sublevados emiten los comunicados 4 y 7, el 9 y 10 de febrero, respectivamente. Esos documentos presentan las ‘intenciones’ de las Fuerzas Armadas y un programa social, económico y político que incluye una serie de medidas de características presuntamente ‘nacionalistas’. Entre las medidas económicas se encuentran: “eliminar la deuda externa opresiva, mediante la contención de todos aquellos gastos de carácter superfluo; erradicación del desempleo mediante la puesta en ejecución coordinada de planes de desarrollo; redistribución de la tierra; creación, fomento y defensa de nuevas fuentes de trabajo y el desarrollo de la industria de base; establecer disposiciones que permitan combatir tan eficazmente como sea posible los monopolios, instrumentando medidas que posibiliten la mayor dispersión de la propiedad y un mayor control público de los medios de producción. En relación con el movimiento obrero se plantea una política de regimentación: mantener a las FF.AA. al margen de los problemas sindicales y estudiantiles salvo que lleguen por su intensidad, a poner en peligro la seguridad; proceder en todo momento de manera tal, de consolidar los ideales democrático-republicanos en el seno de toda la población, como forma de evitar la infiltración y captación de adeptos a las doctrinas y filosofías marxistas-leninistas, incompatibles con nuestro tradicional estilo de vida” (Comunicado 4). A través de estos comunicados, las Fuerzas Armadas lograron crear expectativas en la izquierda y amplios sectores del movimiento obrero respecto de la existencia de grupos progresistas o peruanistas 9 dentro de las Fuerzas Armadas -que se oponían a los brasileñistas de derecha. En la visión del PCU, la situación del país confrontaba dos bloques: la oligarquía -compuesta por el imperialismo, los terratenientes y la gran burguesía compradora- y el pueblo -compuesto por trabajadores, jubilados, estudiantes, pequeños productores y la gran burguesía nacional progresista. El programa de este sector de las Fuerzas Armadas, expresados en los comunicados 4 y 7, venía a colocarse dentro de las fuerzas progresistas de la sociedad -es decir, del lado del pueblo. Por ello, el PCU planteará la “unión de los orientales honestos” y que la contradicción no es “militares-civiles”, sino “oligarquía-pueblo”, llamando a las Fuerzas Armadas a converger con el pueblo contra la oligarquía, bajo el planteo de “Fuera Bordaberry”. En El Popular del 9 de febrero, el PCU fija su posición: “¿Por qué nos parece, en general, positivo el documento de las Fuerzas Armadas? (…)” y responden señalando su apoyo a las medidas económicas planteadas en los comunicados, aunque aconsejan a las Fuerzas Armadas sobre el “error” de considerar a los marxistas-leninistas contrarios a los ideales democrático-republicanos que señala el último punto del comunicado. Para el PCU: “Se trata de un evidente error, que incluso contradice el resto del documento que podría llevar a confusión a gran parte de los trabajadores que se sentirían discriminados, en perjuicio de la mejor compresión de los objetivos de las Fuerzas Armadas, restringiendo su repercusión en las masas (…) El marxismo-leninismo no es incompatible con los ideales democráticos y republicanos ni con nuestro estilo de vida”. Finalmente, afirman que “los marxistas-leninistas, los comunistas, integrantes de la gran corriente del Frente Amplio, estamos de acuerdo en lo esencial con las medidas expuestas por las FF.AA., como salidas inmediatas para la situación que vive la república y por cierto no incompatibles con la ideología de la clase obrera (…) se necesita el esfuerzo de todos los orientales honestos, sin distinción de civiles y de militares con la única determinación de ser patriotas de creer en el PUEBLO”. De este modo, la crisis de febrero puso en evidencia la estrategia del PCU de querer colocar en la dirección de una revolución “agraria y antiimperialista” a un sector del aparato represivo del Estado burgués, como el ejército. Es decir, con su conducta, el PCU apostó a una supuesta variante peruanista del golpe, desarmando políticamente a la clase obrera y obstaculizando su intervención independiente en la crisis abierta. Se reveló la ilusión de que los militares, como parte esencial de la alianza de la clase obrera con la burguesía nacional, podían liquidar a los terratenientes y los resabios feudales e impulsar un desarrollo capitalista independiente en el agro (reforma agraria) y la industria. ¿Tenía sentido esta ilusión, incluso en el caso de que una corriente militar “peruanista” hubiera ganado la interna de las Fuerzas Armadas? No. Pues, el problema consistía en que en la base de la posición se encontraba la caracterización etapista de revolución “democrático-burguesa, agraria y antiimperialista”: en Uruguay, la gran burguesía nacional (y sus diferentes capas) se encontraba profundamente entrelazada con los terratenientes y la banca, asociados para la explotación de mano de obra barata; se trata de una burguesía nacional raquítica, incapaz de llevar adelante cualquier transformación social profunda. Es decir, no existe la clase capaz de hacerse cargo de la tarea de desarrollar el capitalismo en el agro y la industria. La resolución de la cuestión agraria y el desarrollo de las fuerzas productivas sólo pueden ser resueltas por una revolución dirigida por la clase obrera, que no sólo cumple con las tareas democráticas no resueltas sino que comienza a transitar por tareas socialistas, como parte de la revolución latinoamericana y mundial. Conclusiones En el desarrollo de este artículo se intentó desentrañar la estrategia y táctica del PCU frente a un período de agudización sin precedentes de la lucha de clases. En el sentido en que lo entendían los bolcheviques, mientras la táctica se limita a medidas relativas a un problema particular de la lucha de clases, los problemas de la estrategia revolucionaria implican un sistema combinado de acciones que, tanto en su relación, sucesión y desarrollo, deben llevar al proletariado al poder y en torno del cual se subordinan los métodos tácticos del momento. Desde este plano, el PCU careció de una estrategia revolucionaria, pues se empeñó en amputar la independencia política del proletariado y en llevar a la capa “progresista” de la gran burguesía nacional al poder; en primer lugar, mediante la “vía democrática”, frenando la lucha sindical y de acción directa de las masas hacia las elecciones del 1971, y en segundo lugar, en el apoyo a una fracción de los militares en febrero del ‘73. Se reveló, finalmente, en un rol de estabilización del orden burgués en el Estado capitalista. Las enseñanzas de esta experiencia son de enorme importancia para los trabajadores y los explotados que luchan por la emancipación social. Nicolás Marrero es docente de la cátedra de Economía Política y Extensión Universitaria de la Universidad de la República (Uruguay) y dirigente nacional del Partido de los Trabajadores de Uruguay. Notas: 1.Distinta es la posición actual del PCU, que apoya el pago de la deuda externa por parte del gobierno del Frente Amplio. 2. Tanto en la prensa, el diario El Popular y el semanario Marcha, como en los congresos de la CNT de 1969 y 1971. 3. CNT: Documentos y Congresos/2, “Lucha y polémica sindical, 1968-1973”, tomo I. Centro Uruguay Independiente, Montevideo, 1985, págs. 90. 4. Informe al Primer Congreso de la Asociación de Bancarios del Uruguay, de mayo de 1969 en CNT: Documentos y Congresos/1, “Lucha y polémica Sindical, 1968-1973, tomo II. CUI, Montevideo, 1985. 5. CNT: Documentos y Congresos/2, “Lucha y polémica sindical, 1968-1973”, tomo IV. Centro Uruguay Independiente, Montevideo, 1985. págs. 50-51. 6. Idem, págs. 25-26. 7. Sindicato de Obreros y Administrativos de General Electric; Sindicato Unico de Enrique Ghiringheli SA; Unión de Obreros y Empleados CICSSA; Unión de Obreros de Seral; Sindicato de Frutas y Verduras de Salto; Plenario Intergremial de Mercedes; Federación Uruguaya de la Salud; Unión de Obreros, Empleados y Supervisores de Funsa; Sindicato de la Industria del Medicamento y Afines; Unión de Obreros y Empleados de TEM. 8. Idem, 73. 9. Por peruanismo se hacía referencia al régimen militar de Velasco Alvarado en Perú, que dio un golpe de Estado en 1968 y gobernó hasta 1975. Alvarado impulsó una serie de medidas de características nacionalista-burguesas, como la estatización de la Banca Nacional, yacimientos petrolíferos, siderúrgica, pesca y cemento, y dispuso una reforma agraria. Bibliografía Arismendi, R. (1962): La economía feudal en América Latina, en Löwy, Michael (2007): El marxismo en América Latina, Chile: LOM. Braz, M. (2006): Partido Proletario e Revolução: sua problemática no século XX. Tesis de doctorado de la Escola de Serviço Social de la Universidade Federal do Rio de Janeiro. Löwy, Michael (2007): El marxismo en América Latina, Chile: LOM. Mandel (1978): Crítica del eurocomunismo. Lisboa: Antídoto. Nahum, B.; Cocchi, A.; Frega, A.; Trochón, Y. (1997): El fin del Uruguay liberal (1959-1973). Montevideo, Banda Oriental. Rico, A. (2008): Investigación histórica sobre la dictadura y el terrorismo de estado en el Uruguay (1973-1985), Montevideo, Udelar. Rieznik, P. (2009): “Sobre el carácter histórico de la actual crisis mundial” en Revista En Defensa del Marxismo Nº 37. Disponible en http://www.po.org.ar/uploads/edm/pdf/4.pdf Schultze (2015): “El Partido Comunista del Uruguay como objeto de estudio: problemas, novedades y desafíos”, en Cuadernos del CLAEH, segunda serie, año 34, Nº 101. Siola, L. y Girona, M. (2016): Historia y Memoria de COFE a 50 años de su fundación, Montevideo, COFE. Fuentes Declaración programática del PCU de 1958. Disponible en www.pcu.org.uy Declaración constitutiva del Frente Amplio, febrero de 1971. Disponible en www.frenteamplio.org.uy Comunicados 4 y 7 de las Fuerzas Armadas. El Popular, 1968-1973. Seminario Marcha, 1970. Política Obrera, Abril-Agosto 1968/ Noviembre 1971/Febrero-Marzo, 1973. Documentos sindicales Nº 4: “¿Cómo luchar por el programa? Lucha y polémica Sindical 1968-1973”, tomo I, Centro Uruguay Independiente (CUI), Montevideo, 1985. Documentos sindicales Nº 7: Documentos y Congresos/1, Lucha y polémica Sindical 1968-1973, tomo IV, Centro Uruguay Independiente (CUI), Montevideo, 1985.

1 de octubre de 2018
Encuentro Euromediterráneo de emergencia, julio 2018
Conferencia Euromediterránea

1. La doctrina de Trump “Hacer a América grande de nuevo” es una declaración de guerra contra la Unión Europea, Rusia, China, Irán, y el resto del mundo – incluyendo, finalmente, a Norteamérica misma. Esto se volvió más que claro, incluso entre los más escépticos, con el último viaje del presidente de los EEUU a Europa entre el 11 y 16 de julio de 2018, que acertadamente fue descripto como “cinco días de matanza diplomática”. Al aterrizar en el aeropuerto de Bruselas, el 11 de julio, para asistir a la cumbre de la OTAN, Trump anunció una escalada en la guerra comercial contra China al imponer otros u$s 200 billones en impuestos sumados a los anteriores u$s 50 billones ya decididos y/o en marcha. Al mismo tiempo, insultó a Angela Merkel y a Alemania por ser “rehenes de Rusia” por la participación alemana en el proyecto del gasoducto Nordstream II; luego Trump amenazó con la retirada de EEUU de la Alianza del Atlántico si los miembros de la OTAN no duplican su contribución a los gastos militares. De visita en Gran Bretaña, luego de la crisis en la cumbre de OTAN, Trump se inmiscuyó en la crisis del gobierno británico al insultar a la Primer Ministro Theresa May por su plan de un “Brexit suave”, alabando también como “un excelente futuro Primer Ministro” a su oponente Boris Johnson quien recientemente renunció a su cargo como Ministro de Exterior en protesta a la cuestión del Brexit. También chantajeó a May al afirmar que un tratado comercial entre EEUU y el Reino Unido era condición para un Brexit duro (una afirmación de la que luego, como de costumbre, se retractó). Lo que es más, Trump lanzó, a través de un ataque al primer alcalde musulmán de Londres, de origen pakistaní, una ofensiva xenófoba y racista de extrema derecha contra la inmigración en Europa, poniéndola como responsable del incremento en … ¡la criminalidad! Antes de dejar Gran Bretaña para encontrarse con Putin en Helsinki, en una entrevista en la CBS, Trump declaró que “la Unión Europea es un enemigo” para EEUU, ¡así como lo son Rusia, China o Irán! Por último pero no por esto menos importante, su actuación en la conferencia de prensa, luego de una reunión uno a uno a puertas cerradas con Vladimir Putin en Helsinki el 16 de julio, atacando las investigaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos y a todos sus oponentes domésticos, provocó el caos y agudizó la crisis de régimen en el mismísimo EEUU… 2. Donald Trump no es solo un caso aislado de un demente político burgués “pluto-populista”. Él es el síntoma de un sistema capitalista senil en decadencia en los EEUU y en el mundo entero. Él es el caso más emblemático de locura que ha tomado el control de los países imperialistas que busca la solución a las contradicciones insuperables del capital a nivel mundial en un atrincheramiento agresivo en la esfera nacional, basado en la búsqueda de la dominación del mercado mundial para las naciones individuales en cuestión. Los movimientos de extrema derecha que están en alza en todas las naciones occidentales, en particular en Francia, Alemania, Holanda, Austria, Italia, Dinamarca, etc. son expresión de la misma urgencia por dar primacía a “su” salida nacional a expensas de sus antiguos “aliados” y “compañeros” en vez de una solución en común para todo el mundo capitalista en su totalidad. El “América primero” de Trump se vuelve el “primi gli Italiani” con Salvini. El punto más alto alcanzado por el desarrollo histórico del capitalismo mundial es los EEUU, y ahora se convirtió en la expresión más acabada de la crisis mundial. El panorama social se volvió alarmante – enormes inequidades entre el 1 por ciento y el resto, estancamiento del ingreso de los obreros durante cuarenta años, trabajo extremadamente precario, deudas, sin un sistema de salud pública en regla. Por primera vez desde la revolución industrial, un país capitalista avanzado – el país capitalista más avanzado y poderoso – muestra en 2016 una declinación en el promedio nacional de expectativa de vida. Desde su ascenso a la hegemonía mundial, los EEUU no pueden tener un equilibrio interno sin controlar las contradicciones de la economía y política capitalista mundial. La explosión de todas las contradicciones capitalistas globalizadas, manifiesta en la crisis mundial irresoluble luego de 2007, tuvo como punto de partida y epicentro a Norteamérica. Esta se convirtió en la última década, en la fuerza impulsora que brutalmente desintegra todo el orden mundial, produciendo una exacerbación de todas las rivalidades internacionales y choques sociales, entre países y dentro de cada país. La globalización capitalista, saludada como “el fin de la historia” luego del deceso de la Unión Soviética, alcanzó ella misma sus límites históricos, atrapada en un impasse, que no puede ser superado sin superar el sistema capitalista en sí mismo. La tendencia defensiva de retornar a los límites restringidos de la nación-estado es fútil en las condiciones de hoy de conectividad internacional de la vida económica y social, mucho más avanzada que en los 1930. El peligroso ascenso del nacionalismo y el proteccionismo, envenenando la vida social económica y la política, alimentando la xenofobia, el racismo, y el fascismo, exacerba la crisis, al ser totalmente incapaz de resolverla. La socialización de la producción a escala mundial alcanzó un punto tal que el fracaso de lidiar con esa socialización lleva a una mayor desintegración. La Unión Europea y la Eurozona entraron en un proceso irreversible de descomposición (manifiesta en la insolvencia del sistema bancario europeo, la bancarrota de Grecia, el Brexit, ahora en la Italia de Salvini, el fracaso de las propuestas de Macron de reparar el dañado eje francogermano y la parálisis de la débil coalición gobernante en Alemania, el choque entre Europa del norte y del sur, entre el centro-este de Europa y los países del occidente europeo, etc.) La Norteamérica de Trump redujo el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, amenaza a Canadá y México con la disolución del NAFTA, acelera la desintegración de la UE, incluso la existencia de la OTAN está siendo cuestionada. El viejo orden imperialista impuesto por el acuerdo Skyes-Picot durante la Primera Guerra Mundial en Medio Oriente ha desaparecido hace largo tiempo, con las guerras imperialistas y guerras subsidiarias que destruyeron a Irak, Libia, Yemen y Siria, particularmente en un intento de frenar las revoluciones árabes de 2011. 3. La guerra comercial en ascenso entre Norteamérica, Europa, Rusia, y China intensifica el impulso de guerra imperialista en todas partes. Desde el volcán bélico del Medio Oriente hasta los Balcanes y los límites orientales de Europa en Ucrania, desde el Cáucaso a Asia central al sur del mar de China y Corea, el imperialismo ya es una confrontación, que amenaza la humanidad y a toda criatura viviente sobre la Tierra con la guerra mundial y la extinción nuclear : declaramos la guerra contra la guerra imperialista de recolonización de Rusia y China, sin apoyar ni cultivar ilusiones en el bonapartismo restauracionista (las elites del Kremlin o Beijing). ¡Expropien a la oligarquía, quinta columna del capital global! ¡Todo el poder a los genuinos soviets – consejos obreros!¡Por una renovación socialista y revolucionaria de las tierras de los octubres ruso y chino! 4. La Cuarta Conferencia Euromediterránea de mayo de 2017 había enfatizado las implicancias del primer viaje de Trump fuera de los EEUU en Arabia Saudita e Israel: la formación de un eje pro guerra imperialista de Israel, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Sudán contra Irán y sus aliados en la región, en primer lugar Hezbollah en el Líbano y el régimen sirio de Bashar al Assad. Ineludiblemente, el primer objetivo y víctima de tal alianza nefasta es el pueblo palestino, su derecho a la autodeterminación nacional, incluyendo el derecho al retorno de todos los refugiados palestinos. Un año más tarde, el diagnóstico ha sido confirmado, y la agresión imperialista está en completo despliegue, haciendo necesario este Encuentro Euromediterráneo de emergencia a fines de julio de 2018. Pasos cruciales interrelacionados de la escalada en la agresión imperialista son: la decisión de Trump de destruir el tratado nuclear de 2015 con Irán; la provocación de trasladar la embajada de EEUU a Jerusalén en vísperas del aniversario del éxodo palestino de 1948; la masacre del pueblo palestino de Gaza durante la pacífica Marcha del Retorno a manos de las sionistas Fuerzas de Defensa de Israel; la votada Ley Básica del Estado Sionista como “la patria nacional de (solo) el pueblo judío” destruyendo así el remanente de los ya muy restringidos derechos de los ciudadanos palestinos árabes, legalizando la segregación de acuerdo a la etnia y religión y restringiendo incluso las libertades democráticas de los judíos israelitas. En el centro de esta estrategia contrarrevolucionaria para imponer un nuevo orden imperialista en la región, que reemplace el viejo y arruinado acuerdo Skykes-Pîcot, es el infame “Plan Kushner” pomposamente alabado por su padrino Trump como “el Gran Acuerdo del Siglo”. Detrás del tándem Trump- Netanyahu, Kushner, el príncipe de la corona saudí Mohamed bin Salman, y el príncipe Mohammed bin Zayed de los Emiratos Árabes Unidos, con el apoyo del dictador egipcio al Sissi quieren prácticamente coimear a las autoridades burguesas en Palestina para que abandonen el reclamo palestino de independencia nacional a cambio de inversiones en infraestructura en el Banco Occidental e incluso en Gaza, nuevos trabajos para la población empobrecida y dinero para las autoridades locales de Quisling, fundada por las monarquías del Golfo. 5. Enterrando la cuestión palestina pretenden abrir camino a un ataque a lo que consideran su presa principal, Irán. La cuestión central no es el programa nuclear y de misiles. Como enfatizaron públicamente Pompeo y Bolton, lo que realmente separa a EEUU de Irán es la Revolución Iraní de 1979. Por esta razón los EEUU culpan a Irán como la fuente de todo levantamiento revolucionario antiimperialista en la región, y apoyan por todos los medios la guerra genocida de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en Yemen. Para que fructifiquen sus planes necesitan la colaboración del régimen de Putin para sacar de Siria a las fuerzas militares iraníes y el Hezbollah libanés, la única fuerza militar en Medio Oriente que derrotó al ejército israelí en 2006. El intercambio prometido sería la aceptación por parte de Israel de la continuidad del gobierno de Bashar al Assad en Damasco, sobre la base del acuerdo de 1974 de separación de fuerzas en el área del Golán, firmado por su padre Hafez al Assad, y sobre todo un acuerdo entre EEUU y Rusia sobre Ucrania, para acabar con las sanciones de Occidente contra Rusia. Las recientes visitas de Netanyahu y de Ali Akbar Velayati en Moscú, en vísperas de la reunión del 16 de julio en Helsinki, están directamente vinculadas a estos temas candentes. 6. Una guerra liderada por Israel y Arabia Saudita contra Irán está lejos de ser una tarea sencilla para los agresores. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, con sus ejércitos fuertes, alta tecnología militar, gastando billones de dólares, son incapaces, por ya más de tres años, de aplastar a los rebeldes Houthi en la devastada Yemen, el país más pobre de la región. Irán es un país enorme, marcado por su revolución popular anti-Shah incompleta y distorsionada, y su pueblo, a pesar de todos los sufrimientos sociales por las sanciones y las penas del régimen teocrático de Teherán, no está dispuesto a capitular ante el imperialismo. Por el momento el choque entre Israel con las fuerzas iraníes se mide en el suelo y el espacio de Siria. Ni las negociaciones y concesiones mutuas con el imperialismo pueden traer una paz duradera en Siria y el Medio Oriente, o prevenir, a largo plazo, incluso una agresión militar contra la misma Rusia. La mayor barrera con la cual se enfrentan los promotores de la guerra ahora son las masas populares empobrecidas, los trabajadores, los pobres urbanos, los campesinos, y sobre todo la generación joven de los oprimidos. En un informe reciente, el FMI advertía que las causas sociales de la revolucionaria “Primavera Árabe” del 2011, con el centro en el desempleo joven, a pesar del retroceso provisional, la agresión imperialista, las guerras civiles, y los golpes de estado, están todavía presentes y encendidas por la profundización de la crisis mundial. La evidencia es clara con las rebeliones incesantes, en 2018, de la juventud desempleada, de los obreros y los pobres urbanos rebelándose contra la pobreza y la austeridad de Medio Oriente y África del Norte, en Túnez, Marruecos, Irán, Jordania, Irak… Incluso en Israel, miles de judíos israelitas se han movilizado contra el nuevo apartheid del Estado Nacional. En Gaza también, en el frente de la Gran Marcha del Retorno, está una nueva generación de luchadores palestinos, chicos y chicas, pasando por alto en gran número a las organizaciones políticas palestinas tradicionales, tanto seculares como islamistas, intentando a veces incluso establecer contacto con los activistas por la paz israelitas del otro lado de la valla. Son la esperanza del futuro. Para ganar, necesitan estrategia, organización, una perspectiva y un programa, un liderazgo verdaderamente revolucionario que reemplace las viejas elites burguesas que capitularon ante el sionismo, el imperialismo, y los monarcas árabes reaccionarios, y dictadores. Un frente de combate internacional es necesario a través de la región y más allá para fortalecer y marchar junto a las fuerzas revolucionarias en ascenso, con independencia política de las elites burguesas locales y el imperialismo, en solidaridad en la lucha con los palestinos, árabes, iraníes, kurdos y todos los pueblos oprimidos. ¡Fuera los imperialistas de Siria, Yemen, y de todo el Medio Oriente! ¡Abajo el sionismo, total apoyo a los derechos nacionales del pueblo palestino, incluyendo su derecho al retorno, por una Palestina libre, secular, socialista en una Federación Socialista de los pueblos libres de Medio Oriente! 7. El descubrimiento de enormes depósitos de gas en el Mediterráneo oriental y las nuevas rutas de conexión energética hacia los Balcanes y Europa se convirtió rápidamente en una peligrosa manzana de la discordia y un foco de conflicto entre las compañías multinacionales en competencia, intereses imperialistas antagonistas y potencias regionales rivales. La amenaza de una expansión de la guerra desde el volcán de Medio Oriente hacia los Balcanes y Europa es inminente. Las tensiones y la retórica belicista entre Grecia, Chipre y Turquía van in crescendo. La Turquía de Erdogán, ya involucrada en operaciones de guerra contra el pueblo kurdo en Siria e Irak, amenaza el Tratado de Laussane de 1923 y alimenta las ilusiones neo-otomanas en la región. La profundización de la crisis política luego del intento de golpe en 2016 contra Erdogan, las fricciones con los EEUU, la UE y la OTAN, y el impacto del empeoramiento de la crisis capitalista mundial en la sobre endeudada economía de Turquía y la lira, intensifica las rivalidades regionales con Grecia en Chipre y el Egeo. De la otra parte, en la económicamente quebrada y socialmente devastada Grecia, sectores de la clase dominante y el gobierno de seudo-izquierda de Syriza con los nacionalistas de ultra derecha de los Griegos Independientes tratan de encontrar una salida mediante la unión a los planes imperialistas agresivos de los EEUU y la OTAN en la región. El gobierno de Tsipras ya está conformado y participa en una alianza con la Israel de Netanyahu, la Chipre de Anastasiades del ala derecha, y la dictadura egipcia de al Sissi para compartir partes de la ganancia de los nuevos depósitos de gas. Regularmente, participan de operaciones y ejercicios militares conjuntos en la región. La ambición confesa de la burguesía griega y de su gobierno de seudo-izquierda es transformar a Grecia en una “Israel de los Balcanes” hegemónica a nivel regional. Es una locura de los gobernantes, una pesadilla para el pueblo griego, y una receta para un desastre histórico. Una confrontación militar entre Grecia y Turquía será una guerra totalmente reaccionaria de ambos lados y una catástrofe para ambos pueblos: el turco y el griego, que ya son víctimas de los efectos devastadores de la crisis capitalista. De ambos lados del Egeo, los obreros griegos y turcos y los pobres deben unirse y luchar mediante movilizaciones masivas, la solidaridad internacional y los medios revolucionarios para frenar el impulso reaccionario belicista, la amenaza en común de catástrofe. Si este crimen tiene lugar, ambos pueblos deben convertir la guerra de los gobernantes en una revolución social de los explotados y los oprimidos contra todos los opresores. El enemigo principal, la clase capitalista dominante, está dentro de nuestros respectivos países – y debe ser derrocada. ¡Nuestro futuro en común depende del internacionalismo militante y el socialismo internacional! En relación a la Chipre ocupada y dividida, todos los planes imperialistas y maquinaciones, adelantados por las Naciones Unidas que perpetúan, en otras formas, la división de la isla y la presencia de bases imperialistas y tropas extranjeras (turcas, griegas, Naciones Unidas, británicas) deben ser rechazados. ¡Por una Chipre unida y socialista de los obreros y campesinos pobres chipriotas griegos y turcos! 8. La colaboración activa del gobierno griego con la iniciativa de la OTAN, apoyada por la UE, de un arreglo entre Atenas y Skopje acerca de la vieja disputa de 27 años acerca del nombre de la República de Macedonia, para terminar con el veto griego y permitir a este pequeño país de los Balcanes unirse a estas dos alianzas imperialistas, llevó al acuerdo Zaev-Tsipras el 17 de junio de 2018. Este acuerdo promovido por los EEUU, la OTAN y la UE ya han hechado leña al fuego del nacionalismo griego y de los Balcanes, explotado por los fascistas, la derecha, los militares y la iglesia. Las fuerzas antiimperialistas y anticapitalistas, sin dejar de luchar contra estas fuerzas reaccionarias, sin concesiones al nacionalismo, con un ala derecha o cubierta de “izquierda”, deben rechazar el acuerdo Euro-OTAN Zaev-Tsipras. Ellos no pueden traer la paz sino la guerra. La OTAN, el agresor que destruyó Yugoslavia mediante una bárbara agresión de guerra para reemplazarla por un archipiélago de protectorados impotentes, incluyendo la otrora República Socialista Yugoslava de Macedonia, no puede traer otra cosa que nuevos desastres. Su presión para resolver la llamada “disputa por el nombre” derivó de su necesidad de establecer una base militar en Macedonia para completar la encerrona sobre Rusia. Con Macedonia unida a la OTAN el valle del río Vardar puede ser usado para transferir, fácilmente y rápidamente, tropas desde la bahía de El Pireo al interior de los Balcanes. No pueden traer fraternidad entre los pueblos sino el conflicto fraticida y la histeria nacionalista – como ya es visible en las movilizaciones chauvinistas lideradas por las fuerzas más contrarrevolucionarias. No pueden traer libertad al pueblo sino el gobierno de los enemigos de la libertad y los fascistas. Contra el ingreso de la República de Macedonia a la OTAN y la UE, nosotros defendemos la libertad y el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo macedonio de nombrar su país de acuerdo a su elección. Ninguna nación o estado, incluyendo a Grecia, tiene el derecho de imponer un nombre a otra nación. Nosotros defendemos la libertad y la equidad de todos los pueblos de los Balcanes, de todas las etnias oprimidas y minorías religiosas en la península, incluyendo la minoría étnica macedonia en Grecia. Debemos hacer nuestro nuevamente el slogan antifascista de la revolución socialista en Yugoslavia, Albania y Grecia durante la ocupación nazi de los Balcanes: ¡Muerte al fascismo! ¡Libertad al pueblo! Y lo que es más, el nuestro debería ser, contra las grandes potencias de dominación y contra las clases dominantes locales chauvinistas, en línea con el sueño del siglo XV del comunista Bedreddin de unir los pueblos de los Balcanes de toda raza y religión y con el objetivo estratégico del Rigas, y luego de Christian Rakovsky y de todos los revolucionarios en los Balcanes: ¡por una Federación Socalista de los pueblos libres de los Balcanes! 9. La importancia geoestratégica de los Balcanes no puede ser subestimada, ya que están situados en las puertas de Europa hacia el Medio Oriente y en el vientre de Rusia, en el cruce de todas las contradicciones y antagonismo internacionales. Se convirtió varias veces en la historia, en campo de batalla de guerras nacionales e internacionales. Ahora, son campo de nuevas preparaciones de guerra, y la peligrosa entrada a Europa para multitudes de refugiados/migrantes , las víctimas de la guerra imperialista y la devastación en Medio Oriente, Asia central y África. Los verdaderos culpables de la tragedia, los forajidos y agresores imperialistas occidentales, construyeron una “Europa Fuerte” para prevenir que sus víctimas encontraran refugio de una muerte segura. El río Evros, el Egeo y el Mediterráneo se transformaron en el cementerio de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos inocentes. La UE ha clausurado la llamada ruta de los Balcanes Occidentales en 2016, firmó el infame acuerdo con la Turquía de Erdogan, y estableció un archipiélago de “puntos calientes”, de campos de concentración para aquellos atrapados en Grecia y en otras partes, bajo las condiciones más inhumanas. Un continente de 51 millones de personas encuentra imposible recibir a un millón de refugiados de Siria, mientras el pequeño Líbano, con una población de menos de 5 millones, recibió un millón y Jordania 3 millones de refugiados… La histeria antiinmigrante no solo en Europa central, oriental, pero también en Austria, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, etc. está cambiando el mapa político en Europa, llevando al ascenso de la ultra derecha y las fuerzas fascistoides en posiciones líderes en el gobierno y/ó la oposición. El falso término “populismo” es usado convenientemente, por la clase dominante, para cubrir la verdadera naturaleza social-política del fenómeno y sus raíces materiales. En última instancia, es el proceso de desintegración de la UE producto de la crisis capitalista mundial y la implosión de la globalización del capital que lleva a la emergencia del nacionalismo económico y político, fuerzas centrífugas, el autoritarismo estatal – y la producción redituable de chivos expiatorios personificados en los refugiados, todas las minorías, y las capas más débiles de la sociedad. Ahora, luego de la elección de la ultra derecha xenófoba en el gobierno de Italia, el camino del Mediterráneo central ha sido clausurado también. La UE en junio de 2018, fue incapaz incluso de reformar el infame Tratado de Dublin y solo decidió establecer “campos de desembarque” infernales fuera de la UE, principalmente entre los caudillos militares y los mercados de esclavos de la destruida Libia. Esto es sin dudas una prueba definitiva de la decadencia avanzada de la civilización en Europa – similar al crimen de separación de los niños mexicanos y latinos de sus madres por el barbarismo de Trump. El veneno anti-inmigrante ingresa, desafortunadamente, también en las filas de la izquierda, que en sus formas parlamentarias reformistas fue incapaz de repeler el peligro y en algunos casos contribuyó al ascenso del nacionalismo, la xenofobia y el racismo. La clase obrera no se puede emancipar sin actuar como una clase universal: para liberarse a si misma debe liberar a todos los oprimidos en la sociedad. Los refugiados/migrantes no son “competidores” sino víctimas del mismo mercado de trabajo dirigido por el capital. Es el capital el que destruye los puestos de trabajo, los salarios, las pensiones, todos los derechos de los trabajadores, no sus víctimas, los refugiados. Es el imperialismo de las potencias europeas y los EEUU que ha creado en primer lugar las condiciones materiales de inequidad extrema entre los pueblos de los países imperialistas y los desdichados del mundo. Los obreros y los movimientos populares en Europa deben luchar en solidaridad con los refugiados no solo por la igualdad de derechos sino antes que nada por fronteras abiertas, abolición de todas las leyes anti-inmigrantes en UE, la abolición de los “puntos calientes” y los campos de concentración, por grupos de auto-defensa contra las tropas de asalto fascistas que atacan a los refugiados y a los migrantes. El destino de los refugiados muestra el destino de todos los explotados y los oprimidos que están amenazados de ser enterrados bajo las ruinas del fracaso del proyecto de la UE de la burguesía europea. El camino a un futuro y civilización verdaderamente humanos debería ser abierto por una lucha internacional en común ¡por la unificación socialista de Europa desde Lisboa hasta Vladivostok! 10. Los altibajos en la últimas décadas en Europa, los movimientos Occupy en EEUU, las revoluciones Árabes en Medio Oriente y África del Norte fueron un preludio. Luego de un período de retiradas, un nuevo levantamiento de las masas está en camino como demuestran las rebeliones de 2018 en Túnez, Irán, Jordania e Irak y la crisis capitalista mundial ingresa en una nueva fase de convulsiones. La crisis global sistémica conduce tanto a la tendencia hacia la guerra como hacia la revolución. La tarea estratégica hacia el movimiento obrero internacional es superar las limitaciones de la espontaneidad del período anterior y armarse con la necesaria perspectiva, las tácticas de estrategia y programa, es decir, un liderazgo revolucionario consciente. En las condiciones actuales de profunda interconexión internacional y crisis capitalista globalizada donde el orden mundial previo como fuera establecido luego del fin de la Segunda Guerra Mundial se está cayendo a pedazos, necesitamos más que nunca una INTERNACIONAL revolucionaria para organizar y liderar la victoria de las luchas obreras revolucionarias y de todos los oprimidos hacia la emancipación humana universal: el comunismo. Eretria, 25 de Julio de 2018

1 de octubre de 2018
Why “World Revolution”?

Foreword Why “World Revolution”? Savas Michael-Matsas [1] The international working class and all popular, oppressed, exploited, impoverished and socially excluded masses all over the world are experiencing social devastation, war, mass migration, fierce battles on multiple fronts, a permanent struggle for life. The drama is not ending. The greatest challenges in history are in front. Ten years after the collapse of Lehman Brothers, the world financial meltdown and the Depression that followed, the still unresolved global capitalist crisis- “the worst in history” according to Ben Bernanke, former Chairman of the US Federal Bank- leads through convulsions towards new explosions. The extraordinary measures taken by central banks and governments (“quantitative easing”, near zero or negative interest rates, stimulus packages etc) to halt the descent into the abyss failed to provide a viable exit from the on-going catastrophe. They produced, on the contrary, new, monstrous speculative “bubbles”, worse than those that burst in 2007-2008, huge time bombs ready to explode with enormous social and political implications. The attempts of the capitalists to avoid the coming threats by turning into a reverse course, by ending quantitative easing, globally raising interest rates etc. as well as the rise of economic nationalism, protectionism and the escalation of trade and currency wars internationally, brings nearer the fall to new depths of depression. Argentina’s and Turkey’s economies and currencies in free fall are only the first advanced signs of the thunderstorm coming on the global arena. The much celebrated “globalization” of capital led to the globalization of all its contradictions and finally to its own implosion. In the Bicentenary of Karl Marx’ birth, his analysis and prognosis, in his magnum opus Das Kapital, find their most dramatic historical vindication: “The real barrier of capitalist production is capital itself”. The insolubility of the crisis is strenghtening both the tendency towards imperialist war as well as the tendency towards social upheavals, popular rebellions- and revolution. The international world order, as it was established after World War II, is falling apart under the impact of the global crisis and the sharpening imperialist antagonisms and international conflicts. No capitalist institution, national or international, will remain intact. Trump’s America downsized the Trans Pacific Partnership(TPP), is threatening Canada and Mexico with dissolution of NAFTA, is accelerating the disintegration of the EU, even the existence of NATO is being put under question. Donald Trump and his policies are not an isolated case of insanity but the symptom, the brutal manifestation of the historical forces of disintegration unleashed by US and world capitalism in advanced decay. The European Union has entered an on-going irreversible process of decomposition: the Eurozone debt crisis, Greece, Brexit, Salvini’s Italy, the splits between Eastern and Western, Northern and Southern Europe, the breaking up of the French-German axis of the EU with a political regime crisis in both countries. From the war volcano of the Middle East to the Balkans and the Eastern borderlands of Europe in Ukraine, from the Caucasus to Central Asia to South China Sea and Korea, imperialism is already in confrontation, directly or indirectly, with Russia and China to fragment and re-colonize them, absorbing them in world capitalism. From the other side, a new upsurge of the masses is on the way. In the Middle East and North Africa, despite the retreat of the initial revolutionary tide and the inferno of imperialist aggression and wars, there is a series of revolts in 2018 against social misery and unemployment in Tunisia, Morocco, Iran, Iraq, Jordan, the Great March of Return of the Palestinian youth in Gaza, even mass mobilizations in Israel itself against the new apartheid style Basic State Law. It is becoming clear, including in IMF reports, that the driving forces that produced the 2011 revolutions are still at work. In Europe, polarization manifests itself by regime crises, the rise of the far right, and the decay of bourgeois democracy, from the one side, and, from other side, the unrest among the resisting masses: continuing workers struggles in France against the anti-labor laws, the Catalan national crisis and the fall of the right wing Rajoy government in Spain, the popular revolt in Romania against the corrupt government etc. In Latin America, the exhaustion, decline and fall of the “national-popular” bourgeois governments do not correspond to an exhaustion of the revolutionary potential as the struggles in Brazil against the right wing coup, the tremendous women’s movement in Argentina for the right to a legal, safe and free abortion against the collusion of the State and the Church or the popular rebellion and overthrow of the government in Haiti demonstrate. The central question posed by the crisis and the struggles that it inescapably generates is not the fighting capacity of the masses that defeatists and professional skeptics in a demoralized Left and far Left usually underestimate. The crucial issue is one of revolutionary orientation, consciousness, strategy, tactics, program, i. e. of a revolutionary organization, a combat Party able to learn through its constant intervention in the class struggle how to win and lead the masses to their own self-emancipation. Already discredited by the role and function of the traditional bureaucratic machines of Stalinism and social democracy, after the inglorious although tragic demise of the Soviet Union in 1991, the concept of the revolutionary Party shared the fate of all concepts and principles associated with the October Revolution and its distortion in the so-called “actually (non-)-existing Socialism”. It was rejected together with the prospects of social revolution- particularly of a world socialist revolution- of Socialism, and Communism, falsely identified with the horrendous crimes, formalist rhetoric, historical failure and final collapse of the Stalinist bureaucratic regimes. The 1989-1991 myths celebrating “the end of History” and the “final and complete victory of liberal capitalism”, particularly after the eruption of the global crisis in 2007, look completely ridiculous and have been abandoned. But all kinds of fetishist illusions from the high moments of finance-capital globalization remain and historical disorientation and confusion still prevail in the Left. Le mort saisit le vif! Post-1991 historical pessimism and political skepticism feed, within the workers and popular movement, demoralization, defeatism, paralysis. As the contradictions of capitalist globalization started to emerge, social movements experienced a revival early in the 21st century, and the established bourgeois political parliamentary systems were shaken by the post-2007 crisis, the prevailing response on the left was to try to find a “radical” substitute to revolution, which was considered as a non feasible and non desirable option belonging irremediably to the past century. The dominant tendencies in a revived “radical” and social Left were either to turn to a fetishized, sheer “movimentism” or, after its failure, to seek a path beyond the historical dividing line between reform and revolution, combining the parliamentary electoral struggle for the conquest of government (bourgeois) power with support by extra-parliamentary social movements. “Movimentists” and “radical leftists” cultivated the illusion of a way out of the capitalist crisis, by the gradual creation of “emancipated spaces” within the framework of capitalism and of its State. In all cases, class politics and the political independence of the working class from bourgeois forces were abandoned, in the name of an indefinite “multitude” or of a “broad front” or of “broad parties” and other heterogeneous loose coalitions. The political bankruptcy of such “experiments” to avoid a revolutionary path, Marxist strategy, and combat Party organization is now clear for all to see, from the Latin American various types of “populism” in Brazil, Uruguay, Argentina, Ecuador, Bolivia or Venezuela to the disastrous European experiences of Syriza’s capitulation in Greece or of the right wing course of Podemos in Spain and of the Bloco de Esquerda in Portugal, or of the pathetic failure of “broad parties” like the NPA in France. The inverted mirror image of left liberalism and opportunist liquidationism is sectarian fossilization, the inertia of groups masquerading their parasitism under a pompous self-proclamation as “revolutionary” and hiding their abstentionism from the living political class struggle with sterile denunciations of other organizations in the workers movement, ultimatism, rejection of any united class action and eclectic propagandist repetition, out of context, of classical Marxist quotations. These sectarian groupings and circles ignore completely the warnings of Leon Trotsky that Marxism is a dialectical materialist “method of analysis of social relations, not of texts” (In Defense of Marxism), “the highest qualitative and quantitative critical appreciation of objective reality from the standpoint of revolutionary action” (The New Course). There cannot be a revolutionary movement and/or Party without learning from the recent strategic experiences as well as from all revolutions and counter-revolutions of the past, without a critical assessment and decisive break with Stalinism from the left, the revolutionary Marxist standpoint, not from the right or liberal view. The slide to left liberalism in conditions where social democracy itself was disintegrating and converting into neo-liberalism became the main form of capitulation to the capitalist status quo. Against political nihilism on the Left, which was a shameful surrender to the bourgeois triumphalism of the late 20th century, what was and is needed is a creative re-appropriation of the theoretical-political legacy of Marx, the October Revolution and revolutionary Marxism. An indispensable theoretical heritage to be taken not as the metaphysical end of thought but as the necessary foundation for further development of revolutionary theory and practice, a non-dogmatic opening to what is new in history, to every liberating experience of struggle for universal human emancipation, Communism. A break from the liberal left, with or without a “radical” disguise, necessitates paying great attention to what Lenin emphasized again, in 1923, against Soukhanov and the mechanical, Kautskian, “Marxist orthodoxy” of the Second International: “They have not understood at all what is essential in Marxism: its revolutionary dialectics”. This is the most profound demarcation line between Marx and Marxism, on the one hand, and their liberal or social democratic or Stalinist caricatures, on the other. No revolutionary movement and/or Party can be built with historical amnesia, nor without living revolutionary theory, just by empirical improvisations in the everyday class struggle or by sectarian self-isolation in a self-made ideological prison of dead schemata. Soon or later such an empiricism or dogmatic schematism, blind political or syndicalist activism or sectarian abstentionism finishes up in opportunist adaptation and capitulation to the limitations and pressures of the national bourgeois milieu. “As it is impossible to build Socialism in a single country, it is also impossible to have a revolutionary socialist policy in a single country”. This statement by Leon Trotsky is more actual and solid than ever before in our imperialist epoch of capitalist decline, especially as capitalist globalization produced the deepest international interconnection and the world character dominates the uneven and combined historical development. A real, combat workers revolutionary party can be built only as a part of the struggle to build the workers revolutionary International. The specific characteristics in every national social formation play, undoubtedly, an essential role for the elaboration of a revolutionary strategy, tactics and program. But these characteristics have to be integrated in the world historical process. This is the material basis for militant internationalism in concrete practice, not just for an abstract “solidarity of the peoples”, in moralistic terms. And an organized, active, revolutionary internationalism, i. e. an International, is the only force which can really lead the struggle to defeat world capitalism in decline, the imperialist war drive and the rising counter-revolutionary far right nationalist trends produced by its global crisis. Our international current is formed by the convergence of revolutionary Marxist parties and organizations from Latin America, Europe, and later the Middle East, coming from different origins in the fragmented international Trotskyist movement. It emerged in the aftermath of the disintegration of the Soviet Union, in opposition to the prevalent defeatism on the Left, struggling, for the re-foundation of the Fourth International, first as a Movement (MRFI) and then, after its founding Congress in 2004 in Buenos Aires, as the Coordinating Committee for the Refoundation of the Fourth International (CRFI). Our re-groupment was based definitely on an analysis of the world situation and revolutionary program voted in 2004. But also, first and above all, it was based on the historical strategic estimation that our transitional epoch, the historical cycle opened world-wide by the October 1917 socialist Revolution was NOT closed with the collapse of the Soviet Union and the turn to capitalist restoration in Russia, China, and Central-Eastern Europe. This was and is the fundamental dividing line between us and most other tendencies and left organizations internationally. From this vantage point, the Fourth International founded by Trotsky and his comrades in 1938 had as a historical task not solely to fight Stalinism- now, after 1991, in ruins- but to complete on a world scale the work of revolutionary transformation and transition to world Communism started in 1917. The crisis of the historical transition, the protracted delay of the social revolution particularly in the metropolitan centers of world capitalism, the bureaucratic degeneration in the USSR with all its disastrous implications and its final demise, the fragmentation and disorientation of the Fourth International after Trotsky, are tremendous obstacles, but ones which should and could be overcome by the international revolutionary means of the proletarian masses and of their organized vanguard. The deepest needs of human social life collide irreconcilably with the barrier of a decayed global capitalist order, as the current unresolved global crisis demonstrates in the most irrefutable way. The unfulfilled tasks posed by history itself have to be fulfilled. They are more urgent than ever today. This makes necessary the rebirth of the International born, under the most difficult conditions in 1938, out of the necessity to complete the world revolution started in October 1917,and founded by the last vanguard of Bolshevik opponents to Stalinism- the Fourth International. Not another re-groupment of sects or a loose federation of nationally oriented groups but a real International, fighting in the world arena to change the world. Our international theoretical-political organ World Revolution, whose publication was decided at the International Conference called by the Partido Obrero of Argentina, the Partido de los Trabajadores of Uruguay, the EEK of Greece, and the DIP of Turkey in Buenos Aires in April 2018, comes to serve this historical cause. Its ambition and aim is to become an international reference point of militant Marxism for principled debate, political clarification, programmatic demarcation, theoretical re-arming with revolutionary materialist-historical dialectics as a guide of action, regrouping and unification of the revolutionary vanguard fighters now dispersed internationally in fragmentary struggles. Our battle cry is: for the Permanent Revolution and communism, build the International of world socialist revolution! [1] Savas Michael Matsas is the General Secretary of EEK (Workers’ Revolutionary Party) and a writer in newspaper Nea Prooptiki (New Perspective), and one of the founders of the Christian Rakovsky Balkan Socialist Center and RedMed web network.

1 de octubre de 2018
The Character of War in 21st Century: Are China and Russia a target or a side of the war?
Levent Dölek

The promise to bring about a peaceful capitalist development in the guise of “globalization”, which constituted the most significant component of the ideological attack by capitalism has evaporated. [1] The whole world realizes that we are on the precipice of a new war. It is now widely accepted that the US will constitute one side of the fighting forces, whereas Russia and China, in one way or another, will position themselves against the US. The new ideological attack under these circumstances focuses on the propagation of the belief that Russia and China, as the two rising global powers, pose a threat to the world peace. For approximately two decades, the media outlets of imperialism, such as Newsweek, Time, or The Economist, have consistently preached that the 21 st century will be the century of China. Recently, Putin, as “the new rising Russian Tsar”, is under the limelight on the covers of the very same media outlets. There is no reason to believe that these media outlets have good intentions behind their “propaganda” of Russia and China. The aim of this propaganda is to obscure the imperialist aggression of the US by portraying Russia and China stronger and more aggressive than they actually are. The reflection of this imperialist propaganda on the left, be it consciously or otherwise, is to describe Russia and China as imperialist powers. Transposed from the theoretical sphere to political practice, this results in grave mistakes, including the extremely reactionary position of defending the sectarian organizations in Syria in the name of a call to fight against “Russian imperialism”, and in relatively reparable mistakes, as in the case of adopting an indecisive attitude toward US imperialism. Our belief is that we could spark a meaningful and progressive debate with those who embrace an irreconcilable stance towards US imperialism and its allies, adopting at the same time a cautious attitude about the possibility of Russia and China becoming imperialist powers. It is thus of great importance to analyze the socio-economic structure of Russia and China in order to discuss the character of imperialism and war in the 21st century. This article examines the general principles of the Marxist approach to the question of war, how these principles were formulated during the various stages of capitalist development, and what the stance of Marxists should be under the present circumstances. We had previously presented a thorough analysis of the Marxist approach to the question of war, in a dossier in Devrimci Marksizm, issue number 25. In this article, we confine ourselves to a general explanation of what the stance of Marxists should be in today’s fast-approaching war. We will not go into a thorough debate on the question strategy and tactics. Without doubt, we assume the US as one side of the war along with European Union, Britain and Japan, which are in a subordinate position towards the US, but also carry an imperialist character. As we analyze the character of Russia and China, we specifically focus on which distinctive features of imperialism exist in these countries rather than offering an exhaustive explanation on their socio-economic structure. Between the two, we are primarily concerned with China. This is because our essential point of departure, which is the Leninist theory of imperialism, locates the economy at the center of its analysis. It conceptualizes the imperialist struggle for partition and repartition as one of the outcomes of the imperialist stage of capitalism. China is way ahead of Russia in terms of its economic development, so much so that it is not even comparable with the latter. Hence, if China cannot be characterized as an imperialist power, it will also be possible to say the same for Russia. Because the military power and the capacity of China and Russia, as well as their positioning in the Middle East and the Pacific, deserve to be scrutinized on their own, they will not be the focus of our debate in this article. We shall present our position pertaining to these matters under the subtitle of the character of war, where we will refer to the decisions taken by the 4th Congress of the Revolutionary Workers’ Party (DIP). The Marxist stance on wars in general Lenin begins his book Socialism and War by stating that Marxists always view war among peoples as barbarous and monstrous and decry it. He then opens up a parenthesis, within which can be found the content of the rest of his book. The monstrous and barbarous character of war creates the necessity of taking it seriously, directing Marxists as true and coherent critics of war to refrain from adopting a pacifist position, waging “war against war” instead. To wage “war against war” is to be involved in a revolutionary fight that essentially strives for the liquidation of a class-based society because that is the root cause of war. This fight requires an evaluation of each war on its own terms. The distinction between defensive and just wars and aggressive and unjust wars lies on this basis. As Marxism makes this distinction, it views the war not from the perspective of a journalist but from the perspective of a staff officer, meaning that the analyses and evaluations of a Marxist are action-oriented. Marx and Engels evaluated the wars in their own period as the staff officers of the working class, took their stand and acted accordingly. They evaluated wars with the purpose of leading class struggle to a successful end or, in other words, from the point of view of the interest of world revolution, and determined their stance accordingly. The invariable aim of war is to disarm your enemy, forcing them to concede to your will. If war is waged by nations, within which there are divisions along the lines of class, and if one side is not a workers’ state, that war leads to the dragging of millions of workers to the battlefield, but results in a triumph of the will of one dominant class over that of another, whereas it is the members of working class who pay a great part of the cost. It would, nonetheless, be wrong for the working class to remain indifferent to wars. Even when the decision-makers and executors of a war are dominant classes, that war can produce progressive and reactionary outcomes for the international proletariat and laboring classes as a result of the uneven development of the nations. Not only does a Marxist party strive for an outcome with favorable consequences for the toiling masses, it also engages in active and well-planned intervention to that end. The character of war in the pre-imperialist period Marx and Engels, with this perspective, supported the wars of exploited nations and peoples against the colonialists. They took sides with the Afghans, Indians, Chinese against the British and the Egyptians and Mexicans against the French. The primary reason behind this attitude is that colonialism constituted the main obstacle to the social development and transformation of the colonial lands. In the war between France and Prussia, Marx and Engels sided with the Germans, who fought a defensive war against the aggression of Bonaparte III. For them, the latter was the enemy not only of the Germans but also of the French Revolution. Marx and Engels saluted the Republic which was proclaimed thanks to the defeat of Bonaparte III. However, as soon as the war of the German dominant classes lost its defensive character and turned aggressive against the French Republic, they did not hesitate to oppose it. [2] During this period of time, Marx and Engels issued declarations, advocating the collaboration of the working classes of the fighting parties under the umbrella of International Workingmen’s Association (First International). They invariably tried to steer the working class on either side away from nationalist illusions and to establish a political line independent of the bourgeoisie and the land-owning classes. Marx and Engels backed the Ottomans in the Crimean War. Ottoman despotism, without doubt, was reactionary and Marx and Engels opposed this despotism and its class- and nation-based manifestations. They also perceived Russian Tsardom, along with other reactionary actors, as posing a threat to all progressive and revolutionary forces. For this reason, they favored Russian defeat for the sake of revolutionary and progressive struggles as well as the interests of international proletariat. [3] Ultimately, not only should we evaluate each war on its own terms, but we should also consider the historical circumstances of each war. In the age of bourgeois revolutions, each and every development to dissolve the feudal order is progressive in terms of preparing the ground for the historic victory of the proletariat. It is due to this perspective that Marx and Engels supported not only wars against colonialism obstructing social development and transformation, but also wars against despotic structures, barriers in the way of the development of societies in the face of feudalism. Lenin explains the historical context which determined Marx’s and Engels’ stance as follows: “The epoch of 1789-1871 left deep tracts and revolutionary memories. Before feudalism, absolutism and alien oppression were overthrown, the development of the proletarian struggle for Socialism was out of the question. When speaking of the legitimacy of “defensive” war in relation to the wars of such an epoch, Socialists always had in mind precisely these objects, which amounted to revolution against medievalism and serfdom.” [4] Imperialism: The highest stage of capitalism Capitalism acquired a monopolistic character and entered into its imperialist stage from the last quarter of the 19 th century on. Although the warring nations did not change, this phenomenon changed the character of war. Lenin stressed that the bourgeoisie’s wars waged in the name of freedom had already become history and inter-imperialist struggle for dividing the world came into prominence. This transformation did not take place due to the change in the governments of the nations or these nations’ ethical dissociation from the values of bourgeois revolution such as equality, freedom, and fraternity. These nations became forces oppressing and enslaving the majority of the peoples and nations of the world because of the development and ripening of capitalism. [5] Lenin notes that both colonialism and imperialism existed before the age of modern capitalism and even before capitalism itself. The Roman Empire had colonies and practiced imperialism in the sense of territorial expansion. However, after reaching the highest stage of capitalism, it is impossible to understand imperialism independent from the finance-capital’s colonial and imperialist policy. In this regard, Lenin states that “‘general’ disquisitions on imperialism, which ignore, or put into the background, the fundamental difference between socio-economic systems, inevitably turn into the most vapid banality or bragging, like the comparison: ‘Greater Rome and Greater Britain’.” [6] Imperialism is not the expansionist policy of individual countries but the highest stage of capitalism. Lenin explains the characteristics of the stage of imperialism based on the structural change of capital and capitalism. As Marx explained in Capital , in the process of capital accumulation competition led to the intensification and centralization of capital, and monopolies emerged as a result. Monopoly capitalism replaced competitive capitalism. The unification of financial capital and industrial capital created the finance-capital, which is the characteristic unit of imperialist capital. Export of capital became more dominant and decisive than the export of commodities. Giant international monopoly capitalist groups divide the world among themselves. Powerful capitalist states complete the territorial division of the world. [7] In the age of imperialism, great powers define the act of war and carry out the territorial division of the world. However, the analysis of imperialism requires making distinctions between these great powers. According to Lenin, among the six great powers that divided the world, the United States, Germany, and Japan were young and emerging capitalist (imperialist) states and England and France were the old capitalist (imperialist) states. With a socio-economic structure dominated by pre-capitalist relations and surrounded by modern capitalist imperialist forces, Russia was quite different from others. [8] While defining Russia’s position in the World War I as imperialist, Lenin stressed this crucial difference: “In Russia, capitalist imperialism of the latest type has fully revealed itself in the policy of tsarism towards Persia, Manchuria and Mongolia; but, in general, military and feudal imperialism predominates in Russia.” [9] The elements of militarism and feudalism that dominated Russian imperialism were also present in Ottoman imperialism. However, the Ottoman Empire was a semi-colony and did not possess the distinct characteristics of imperialism defined as the highest stage of capitalism. Therefore, neither Russia nor the Ottoman Empire cannot be seen as imperialist powers that defined the (imperialist) character of the World War I. They were dependent on great imperialist powers and therefore occupied a secondary position (at best) in the inter-imperialist rivalry. Hence, the imperialism of Russia and the Ottomans resembled the imperialism of the Greater Rome rather than capitalist imperialism. [10] The emphases on monopoly capitalism, finance-capital, and capital export in Lenin’s theory of imperialism displays the main foundations of the great powers struggling for the division and re-division of the world. Large armies, expansive territories, and relatively high populations were the sources of power of the pre-capitalist empires. In the age of imperialism, the export of capital took the place of military campaigns and finance-capital invading the markets took the place of invading armies. On the international plane, imperialist armies (that are financed by super profits derived from the plunder of raw materials and exploitation of cheap labor power and using the technical and technological capabilities supplied by capitalist industry) became dominant in every field. The armies of the pre-capitalist empires proud of their almighty past were either defeated by the imperialist invaders (as seen in the case of China) or became auxiliary powers in the service of imperialism (as seen in the cases of Russia, the Ottomans, and Austria-Hungary). The character of war in the age of imperialism and proletarian revolutions The stance against war in the age of imperialism brought the working class movement and Marxism to a turning point. Against the social democrats who distorted Marx and Engels’ “war of defense” perspective in order to legitimize the support of their own imperialist bourgeois governments, internationalist socialists like Lenin, Trotsky, Luxemburg and Liebknecht took a firm stand against the imperialist war. Among the internationalist socialists, Lenin became the most consistent representative of the revolutionary perspective of Marx and Engels. Lenin united the stance against the imperialist war with the strategy of turning the imperialist war into civil war. The victorious October Revolution was a result of this strategy. The proletarian revolution that triumphed in Russia in 1917 also ended the World War I. [11] The imperialist world system experienced a break following the October Revolution. The age of proletarian revolutions opened up. The subsequent wars can be (and were actually) understood in this historical context. In the French-German war of 1870-71, we witnessed that the character of an ongoing war can change. Similarly, the October Revolution changed the character of World War I. After the February Revolution, turning the imperialist war in Russia into a revolutionary war became possible. Revolutionary war concretely came to the agenda following the October Revolution. The Brest-Litovsk Treaty ruled out a revolutionary war against Germany. However, the war of imperialism against the recently founded workers’ state continued in the form of civil war. The Russian Civil War that started in 1918 was a war in which classes visibly struggled against each other. It was a revolutionary and just war of the proletariat and reactionary and unjust war of the Russian landlords and bourgeoisie. The character of the war also changed for the Ottoman Empire/Turkey at the end of the World War I. Along with Austria-Hungary, the Ottoman state joined the war in the imperialist bloc led by Germany. After losing the war, the Ottoman state was dismembered and invaded. After that stage, the war acquired a bourgeois nationalist and defensive character. With this perspective, Lenin and Trotsky supported the national struggle in Anatolia. In the age of proletarian revolutions that opened up after the October Revolution, the Soviet Union became the most important and strategic front of the world revolution. After that point, imperialism ceased to be a truly universal system. Anti-colonial wars of the 19 th century were instruments of the destruction of the pre-capitalist socio-economic and political forms in the colonies and advancement of the colonized societies. After the October Revolution, national wars against imperialism became part of the world proletarian revolution. Lenin understood and advocated nations’ right to self-determination not as an abstract principle but in close relation to the requirements of the world proletarian revolution. In the Second Congress of the Communist International in 1920, the famous slogan of the revolutionary working class movement since the publication of the Communist Manifesto , “Workers of the world, unite!” was revised as “Workers and oppressed nations of the world, unite!” The coexistence of declining imperialism and rising proletarian revolution determined the historical context of World War II. Like World War I, World War II had the character of an inter-imperialist rivalry for the division the world. World War II was not simply a conflict between the German Nazism and Italian fascism on the one side and the English, French and American democracies on the other side. It was a war between two imperialist camps for the division of the world. In this context, the stance of Marxism against World War II was similar to the Bolsheviks’ stance against World War I, meaning that the working class of each country had to reject to collaborate with its imperialist dominant classes. Since France was occupied at the onset of World War II and the invading capitalist power appeared (in front of the French nation as well as the French working class) in the form of Nazism, resistance against occupation and fascism/Nazism came into prominence. For all other imperialist countries, turning the imperialist war into civil war (in order to triumph over their national bourgeoisies and establish workers’ states) was a relevant revolutionary strategy. The character of the war changed after the Nazis’ assault against the Soviet Union in 1941. The Soviet Union’s war against Nazism was a defensive and just war. The policy of revolutionary defeatism against the imperialist allies of the Soviet Union were to be continued but in a modified form. Without forgetting the fact that the Soviet Union’s imperialist allies were essentially the enemies of the Soviet Union and the proletarian revolution, suitable tactics prioritizing the military victory of the workers’ state were to be deployed. The direct and immediate target of the world proletariat was the Soviet Union’s military victory. Hence, the second wave of the world revolution started with the Red Army’s victory over fascism, partisan wars across Europe, and the war against Japanese invasion in China. In conformity with the character of the age, socialist revolutions stopped the imperialist war. What defines the character of the Russian and Chinese economies: Export of commodities or export of capital? Imperialism is a stage of capitalism in which the export of capital, rather than that of commodities, becomes determinant. In the 21 st century, the export of capital has become easier both technically and technologically. The neoliberal attacks of imperialism have, over time, considerably dismantled the barriers in front of the circulation of capital. The export of capital under these circumstances is not limited to a handful of imperialist powers but has rather become more widespread. Moreover, the deepening integration of the imperialist world has led to an increase in the export of capital among imperialist economies and the US and Britain now receive a high level of direct foreign investment, as well as being leaders in the export of capital as major imperialist powers. That the levels of investment the US and Britain export and receive, each, are approximately the same does not change the imperialist characteristic of the finance-capital of these countries. On the contrary, they are at the center of an increasingly integrating world capitalist system. Imperialist countries such as Germany, France and the Netherlands, plus the European Union as a whole and Japan are net capital exporters in terms of the foreign direct investment stock. On the other hand, Russia and China are net capital importers in terms of the foreign direct investment stock. Whereas the stock of the foreign direct investment of China is equal to 24 per cent of its GDP, its export of capital reaches only 12 per cent of its GDP. This percentage, for Russia, is respectively 30 per cent and 26 per cent, and this despite it being the unrivalled number one exporter of capital to the former Soviet republics, which demonstrates that it is also a net capital importer. [12] A close scrutiny of both China and Russia shows that the character of their economies is defined not by the export of capital but by the export of commodities. The situation of Russia is quite obvious. 40per cent of Russia’s budget income stems from oil, gas and their derivatives. Its economic performance is highly dependent on the fluctuation of oil prices. [13] On a global scale, however, Russia with its total export income of 353 billion dollars is at the bottom of the league of exporting countries, competing with the United Arab Emirates. For this reason, we shall not discuss further the situation of Russia due to the clarity of its position, whereas China’s situation seems to be more controversial and deserves to be evaluated in more detail. With an income to the amount of 2.3 trillion dollars from its export of commodities, China is at the top of the league of exporters. If we add the 550 million dollars of Hong Kong’s exports to this figure, China’s export income stands at twice the export income of countries such as the US (1.5 trillion) or Germany (1.4 trillion). [14] Our point is that the export of capital from China is complimentary to the country’s gigantic commodity-exporting economic structure. In other words, the Chinese economy exports both goods and capital but what is determinant in the Chinese case is the export of commodities, not imperialism’s distinctive feature of the export of capital. For instance, the export of capital by China by means of buying ports and terminals is different from the conduct of imperialist finance-capital which seeks to find cheap labor overseas. Ports for China are not a means of transferring the excess profits acquired by capital through the exploitation of cheap labor. Rather, China uses them to sell goods to the world, goods produced in China using its cheap labor force. It is as an extension of its position in the world economy as the top exporting country that China invests in ports worldwide. Despite these investments, the Chinese state’s commercial monopolies, which own 29 ports in 15 countires and 47 terminals in 13 countries, are approximately on a par with, or even fall behind, the Danish company Maersk (41 countries, 76 ports), the Swiss Mediterranean Shipping Co. (22 countries, 35 terminals) and the Dubai-based DP World (40 countries, 77 ports). [15] While 40% of Chinese direct capital export concentrates on the mining, oil and energy sectors, only 4% of it goes to manufacturing industry. China is one of the major customers of raw materials and energy and this demand emerges out of export-oriented production within the borders of China, that is, out of the impetus for the export of commodities. The determinant variable in China’s direct investments abroad is the national income of the country into which the Chinese capital is exported. [16] Foreign investments of China target not cheap labor but large markets. Large markets mean more demand for Chinese goods, which demonstrates that the export of Chinese capital is an extension of its export of commodities and that this characteristic of the Chinese economy cannot be defined as an indicator of imperialism. There is also a serious source of misunderstanding regarding the data on the Chinese export of capital. When Hong Kong, a former British colony, was turned over to China in 1997, China and Britain made an agreement known as ‘one country, two systems’, according to which the free market and the liberal structure of Hong Kong earned immunity. For this reason, investments of China in Hong Kong are calculated as part of China’s capital export. Additionally, foreign investments of Hong Kong in China are in the status of foreign capital. China offers many incentives so as to attract foreign investment. For this reason, the Chinese capital that starts a business in Hong Kong returns to China (“round tripping”) and takes advantage of the incentives provided for foreign investment. The share of Hong Kong in the export of Chinese capital reaches 70 per cent and the capital that is re-invested in China as a result of round tripping is estimated to reach 40 per cent of the export of Chinese capital. [17] The contradictory character of Russian and Chinese finance capital Three petroleum and natural gas giants, Gasprom, Lukoil and Rosneft, and two publicly traded national banks, Sberbank and VTB Bank, are the Russian companies which are amongst the world’s biggest 500 companies list. China, on the other hand, enters the list as one of the leading countries, with approximately 20 companies in the top 500 list. Thus, if we add the increasing stock market activity in both China and Russia to the increasing importance of the banks’ capital, we can easily say that finance-capital, characteristic of the age of imperialism, exists in Russia and China. However, almost all of those companies are either state-owned corporations or joint-stock companies in which the state is the main share-holder. The only private Chinese company which made it to the list is the Hong-Kong based Noble Group, which is in fact a British company founded by a big coal trader named Richard Elman. The reason why those companies are among the top 500 in the world is not the developed capitalism of China and Russia, but Russian leadership in natural resources and China’s huge market due to the fact that it has the biggest population in the world. We can observe a pattern in state ownership that is not compatible with the classical tendencies of finance-capital, especially when it comes to China. The prominent tendency in China’s foreign investments is not the “greenfield” type, which means building new factories, production units, plants etc. from scratch, but instead the joint venture model in which companies are bought in parts or wholesale. However, Chinese investors have gained serious notoriety. While classical finance-capital operates with the motive of maximizing profit, China’s political and bureaucratic motivations can sometimes push the profitability of the investment into the background. The emblematic example of this was the case of a Chinese state company, Angbang Insurance Group, that bought the famous Waldorf Astoria Hotel in New York. After going through restoration, Waldorf Astoria stayed closed for months due to the suspension of the group’s director, Wu Xiaohui, in the course of an investigation. This incident resulted in a loss of more than one billion dollars. [18] Such incidents do not only spark suspicion against Chinese investors, but also pushes the Chinese government itself to impose serious restrictions on foreign investment. In 2017, the Chinese government banned investments on casinos and the like, while introducing restrictions on the export of capital on real estate, hotels and entertainment venues. [19] Unlike their American, German, French and Japanese counterparts, neither Russia with its oil and gas monopolies, its state banks as well as its ever-growing oligarchs due to the plundering of the workers’ state, nor China with its giant but premature finance-capital can form the basis for an imperialist power. However, such a conclusion does not imply that the current situation will remain the same forever. Even though Russian finance-capital is far from having an imperialist character, the development of Chinese finance-capital requires close scrutiny. Nonetheless, we cannot talk about imperialism unless China elevates its economy to a new level in which the export of capital, not the export of commodities, becomes dominant. Additionally, it is impossible for China to rise up to the league of imperialist countries as long as it does not seek cheap labor beyond its borders, but continues to offer wages among the lowest in the world and remains a country into which capital flows and out of which its own population moves. In connection with this, we must mention that Lenin also added the phenomenon of migration to the indicators of imperialism: “One of the special features of imperialism connected with the facts I am describing, is the decline in emigration from imperialist countries and the increase in immigration into these countries from the more backward countries where lower wages are paid.” [20] In today’s world if there is no such thing as American, German, Danish, Dutch, Canadian, British or French migrant workers, the reason is that these countries are imperialist powers. And the converse relation must also be taken to be true. Results and Prospects Lenin states that the struggle for repartition of the world among great powers in the age of imperialism develops on the base formed by monopoly capitalism, finance capital, and the export of capital: “The epoch of the latest stage of capitalism shows us that certain relations between capitalist associations grow up, based on the economic division of the world; while parallel to and in connection with it, certain relations grow up between political alliances, between states, on the basis of the territorial division of the world, of the struggle for colonies, of the “struggle for spheres of influence.” [21] When we are trying to make sense of war in our age, this clear comprehension directs us to investigate the economic infrastructure of Russia and China, which are obviously one of the poles of political contradictions and military tensions. We have demonstrated in its basic outline that the economic infrastructure of Russia and China are not of an imperialist character. The defensive position of Russia and China, as parties to military tensions shaking the world today, is determined by the aforementioned infrastructure. In reality, the defensive position of Russia and China can easily be observed without such an analysis. What determines the character of war in the 21 st century is the encirclement of Russia and China by US imperialism, in alliance with its subordinate allies of European and Japanese imperialism, in order to integrate the former countries into the imperialist world system in unrestrained fashion by bringing the process of capitalist restoration in these countries to its completion. To repeat, this position may undoubtedly change over time. However, for this to occur, the finance-capital of Russia and China should develop in such a manner that the export of capital becomes dominant whereas the export of commodities falls to a secondary position in the economy. Only under that condition can these countries compete with the US and its allies in the imperialist struggle of domination as independent imperialist powers. A more probable development would be that Russia and/or China will fight alongside an imperialist camp in the case of a division within the imperialist camp. This latter situation means a similar position to that of Russia and the Ottoman state during World War I. Considering the current situation of the world and political developments, it can be said that the probability of such an alternative is very low. Even though Russia and China are in a just and defensive position against the imperialist block led by the USA, neither Putin’s despotism nor the CPC or the “Capitalist” Party of China is an alternative for the world proletariat to follow and offer political support. The interest of the world proletariat lies in the defeat of imperialism. The military power of Russia and China reduces the possibility of an imperialist invasion to almost impossible. However, prior to a military attack, these countries are faced with the risk of an economic and political collapse, resulting from the destruction of all the achievements of the proletarian revolution and the sharp mobilization of all the capitalist crisis dynamics into those countries. That is to say that, even though those powers may resist imperialism, they cannot defeat it. On the other hand, the defeat of Russia and China at the hands of imperialism would give rise to retrogressive results worldwide. Thus, no impartiality is possible between imperialism and these countries. On the contrary, each blow received by imperialism would pave the way for revolutionary dynamics. What ultimately will lead to the defeat of 21 st century imperialism is the proletarian revolution, as was the case in World War I and World War II. Levent Dölek is the Deputy Chairperson of DIP (Revolutionary Workers’ Party) and a former lecturer at the Faculty of Economics of Istanbul University before he was expelled with one of the first Decree Laws of the State of Emergency in Turkey in 2016 because of his political struggle. He is a writer in Devrimci Marksizm (Revolutionary Marxism) and its annual English edition Revolutionary Marxism, and newspaper Gerçek (Truth) [1] This is a slightly abbreviated version of the same article in Turkish, published in Devrimci Marksizm, issue No. 35, Summer 2018. It was translated into English by Burak Başaranlar. [2] See the “Second Address of the General Council of the International Working Men’s Association on the Franco-Prussian War (Marx)”, http://hiaw.org/defcon6/works/1871/civil-war-france/ch02.html . [3] For Marx’s views on this question see Karl Marx, Türkiye Üzerine (Şark Meselesi) [On Turkey (The Eastern Question)], translated by Selahattin Hilav and Attila Tokatlı, İstanbul: Gerçek Yayınevi, 1974. [4] V. I. Lenin, Socialism and War, https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1915/s+w/ch01.htm#v21fl70h-299 . [5] Ibid. [6] V.I. Lenin, Emperyalizm Kapitalizmin En Yüksek Aşaması [Imperialism: The Highest Stage of Capitalism], translated by Cemal Süreya, Ankara: Sol Yayınları, 1998, pp. 92-93. [7] Ibid., pp. 100-101. [8] Ibid., p. 92. [9] V.I. Lenin, Sosyalizm ve Savaş [Socialism and War], p. 18. [10] Lenin continuously stressed this distinction especially with regard to Russia. On the other hand, Lenin used the tactic of “revolutionary defeatism” and strategy of “transforming war into civil war” in the struggle against Russia which joined World War I on the side of English and French imperialism and waged a war with a colonial/plunderer character. This struggle undoubtedly necessitated stressing the unjust and imperialist character of the war led by the dominant classes of Russia. The mistake of those claiming that Russia has always been imperialist stems from a misreading of this emphasis. [11] For a detailed analysis of Lenin and the Bolsheviks’ position, tactics, and strategies regarding the war, see Levent Dölek, “Devrimci Marksist savaş politikası” [“Revolutionary Marxist Policy on War”], Devrimci Marksizm, no. 25, Winter 2015-2016, pp. 11-39. [12] https://data.oecd.org/fdi/fdi-stocks.htm#indicator-chart . [13] https://financialtribune.com/articles/world-economy/66149/russia-says-economy-less-dependent-on-oil . [14] https://www.statista.com/statistics/264623/leading-export-countries-worldwide/ . [15] https://www.forbes.com/sites/wadeshepard/2017/09/06/chinas-seaport-shopping-spree-whats-happening-as-the-worlds-ports-keep-going-to-china/#14ab39244e9d . [16] Wade Shepard, “China’s Seaport Shopping Spree: What China Is Winning By Buying Up The World’s Ports”, https://www.cmi.no/publications/file/3332-what-determines-chinese-outward-fdi.pdf. [17] Chia Le, “China’s numbers don’t tell full story on foreign investment”, Nikkei Asian Review, https://asia.nikkei.com/Economy/Xia-Le-China-s-numbers-don-t-tell-full-story-on-foreign-investment . [18] Xie Yu, “Chinese Overseas Acquirers Export Capital and Leave Black Eye”, South China Morning Post, http://www.scmp.com/business/china-business/article/2113872/chinas-overseas-acquirers-export-capital-and-leave-black-eye. [19] http://www.xinhuanet.com/english/2018-01/16/c_136900334.htm . [20] https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1916/imp-hsc/ch08.htm . [21] https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1916/imp-hsc/ch05.htm .

1 de octubre de 2018
Argentina under the tutelage of the IMF

«The return to the world of Argentina», one of the slogans of the campaign of macrism, was embodied under a very particular shape: the return to rescue orders to the IMF. The fact that this had happened when the government is already over half of its mandate, and when a new electoral competition testing Mauricio Macri’s ability to achieve his re-election appears nearby, shows clearly that we are witnessing the failure of a policy. In the official estimations, sustained economic growth and a fall in inflation were expected for this stage – the expected «second semesters». But the exact opposite happened. The rescue order was imposed by bank runs and an outflow of capital of considerable dimensions, demonstrating that the ‘red circle’ of international financial capital turned its back on one of its closest governments. On an international level, the peso has been the most devalued currency so far this year, surpassed only by Venezuela. The limits separating exchange and financial crises from economic crises are easily overcome, as well as the borders that separate them from political crises. It should not be ignored that the crisis erupted after the government won the elections and that many foresaw the success of the so-called «endure operative» -the reelection of the holy trinity of the PRO: Macri-Vidal-Larreta. Under these conditions, the emergency loan requested from the IMF operated as a lifeline that sought to rescue the Macrist government from what could have been its early departure. As we will demonstrate in this article, however, the agreement with the Monetary Fund is far from having closed the crisis. The government must prove its ability to overcome the economic crisis and, above all, to bend the ability of resistance of the workers and the popular masses. As the newspaper El País titled, after the days of December 18, Argentina is a difficult country to make an adjustment. The return to the world In Macri’s promised ‘return to the world’ lies a good part of the explanation of the Argentine crisis. It is clear that this can under no circumstances be taken as a purely national issue, resulting from fiscal issues or temporary restrictions of financing. Already, at first glance, it is proved by the fact that, with the differences that are proper because of local determinations, the run exchange, the outflow of capital and the devaluation of the currency include several peripheral countries, including Turkey and Brazil, but also reaches Russia and South Africa, out of a longer list. In all these countries, the crisis matrix, essentially, has followed a similar path: monetary devaluations are the result of an outflow of capital from the periphery to the central countries, first to the United States. Macrism and most of the economists who respond in one way or another to the government are usually consoled with the fact that this outflow of capital was the consequence of the rise in the interest rate of the United States. They present as an explanation what must be explained, since the rise in the interest rate is the result of the crisis and not its first cause. It occurs that the increase of the rate of the Federal Reserve is the expression of the enormous public debt accumulated by the United States, of about 20 trillion dollars, and also of the private corporations since 40% of them have a debt classified as «high», according to a recent study’s indications. Like Argentina, the United States has twin deficits (fiscal and commercial) and is facing them in the same way: raising its interest rate in order to finance its own deficit. This rise, in addition, is enhanced by the commercial and financial war led by the government of Donald Trump. The policy of repatriation of capital announced by the tycoon requires a higher rate than the one that prevailed so far. Even in these conditions, many sectors of US capital prefer to stay abroad because of the tax benefits they have achieved. The increase in the rate is accompanied, therefore, by a reduction of taxes on capital within the United States, which in turn is a factor of aggravation of the fiscal crisis. This repatriation is not only at the expense of the peripheral countries but, above all, of the other imperialist powers. We are facing a ruthless struggle between the main imperialist powers associated with their respective monopolies to impose a new division of the world and lead the process of capitalist restoration in the former worker states, starting with China and Russia. The commercial and financial war is the result of global overproduction, both of goods and capital. Thus, the rise in the rate, far from being reduced to a minor financial issue, is the bottom expression of the world capitalist bankruptcy. If in 2008 this bankruptcy had its main manifestation in the mortgage crisis, now it seems to concentrate more strongly in the economies of the peripheral countries. The deep crisis of the United States, with its unpayable public and private indebtedness, should lead to a devaluation of the dollar instead of an appreciation. A weaker dollar would also be favorable to US foreign trade, which has a gigantic trade deficit. Many macrist economists, seeing this underlying trend, affirm that the Argentine crisis is conjunctural and that, in the medium term, the dollar should reverse its upward cycle. However, a devaluation of the dollar will aggravate in another way the crisis of the peripheral countries. In the first place, its weak economies, characterized by low productivity, will have to face an even more intense trade war than the current one. A devaluation of the dollar, in addition, will lead up world inflation, which will be ‘imported’ in different ways by the rest of the countries. For Argentina, which already has high inflation and a trade deficit that is a record in its history, the passage from a revaluation to a devaluation of the dollar will be another form of aggravation of the crisis. Made in Argentina This impact of the global crisis in Argentina operates on a concrete reality, which acts as an aggravating factor. The so-called ‘gradualism’ was nothing more than assuring the capitalists the continuity of millionaire subsidies, given the impossibility of applying a fee of greater proportions, given the dollarization of the so-called regulated prices of public services. For that, over $100 billion in debt were used in two and a half years of management, in addition to the inflow of short-term speculative capital – the so-called carry trade. This bargain came into crisis in December of last year, when after the great shock of the days of December, the government operated a devaluation that consumed an important part of the benefits of this financial capital invested in Argentina. When everyone talked about Macri’s re-election being assured, the capitalists “voted with their feet”, taking their funds to countries like Egypt, which offered superior short-term returns. Another ‘native’ factor of the Argentine crisis is the level of bankruptcy reached by the Central Bank. This was the result of a growing accumulation of liabilities, the so-called Lebac, which grew under the Macrist government by almost 600%. The government argued that the Lebac had an anti-inflationary effect, since they were used to remove from circulation the pesos issued by the Central Bank to buy the dollars that came in for debt or for short-term financial speculation. However, contrary to what was maintained, the mountain of Lebac, which currently exceeds one trillion pesos, is an additional factor that increases the price rise. This is because its renewal, put mostly in the short term, requires a huge interest payment that is only possible with a new issue. And to ensure that, at the time of expiration, the renewal is made, higher interest rates must be offered. Thus, the final combo is more emission and high rates, which tend to raise the financial cost of the entire system of interest rates of the economy, aggravating its costs. It was enough, however, that speculators could not be assured a stable exchange rate so that, at the end of their bicycle, the profit obtained would be made in dollars, so that the outflow of capital is accelerated and a significant devaluation is consumed. The species disseminated by the former president of the Central Bank, Federico Sturzenegger, was denied, for whom the Lebac did not represent a danger because its issuance had as counterpart the accumulation of reserves. When the bank run broke out, at the current exchange rate, the Lebac with maturities of less than two months represented approximately 65,000 million dollars, almost 70% more than the net reserves of the Central Bank. The Lebac were a parasitic means to accumulate reserves that serve as collateral for the payment of the debt, compromising the economy as a whole, and, in particular, the Central Bank’s patrimony. The dollarization of tariffs, gasoline and more in general of almost all the prices of the economy, including the food that is exported, transformed the Argentine economy into a time bomb with a short fuse. The devaluation executed after the run is transferred with speed to the prices, stimulating even more the inflation. Dollarization is not dictated by an objective need, as evidenced by the fact that 80% of the gas consumed is produced in the country. Something similar happens with naphtha. As far as food is concerned, dollarization was the direct result of the elimination or reduction of withholdings, depending on the grains and the products exported. Withholdings do not only have a collection role, whose reduction has a fiscal impact, but also serve to disengage the internal price from the international price. Far from a monopoly of foreign trade that a workers’ government would establish, withholdings, however, are a regulatory principle to prevent the importation of world inflation into the national economy. Under Kirchner’s government, the retentions were used as a source of revenue to pay more than 200,000 million dollars of foreign debt and to finance subsidies to other branches of capital. The dollarization and the elimination of withholdings are factors that aggravate the ongoing binge, opening the possibility of directly unleashing a hyperinflation that would lead to the fall of Macri. Given this, the government seeks to apply the Rodrigazo in installments, negotiating with the capitalist sectors a more gradual transfer of the devaluation to prices. This policy of intervention was the cause of several crises and clashes between Macrism and its capitalist social base, which ended up, in general, imposing its point of view to the government. They are also the underlying cause of the Cabinet crises, which led to the exit of Aranguren and Cabrera -ministers of Energy and Production, respectively- and the change in the leadership of the Central Bank. A clear example was what happened with the suspension of the reduction of withholdings on soybeans, which the Minister of Finance, Nicolás Dujovne, had agreed with the IMF. The soya capital, a fundamental pillar of the government and which placed the president of the Rural Society as Agriculture Minister, threatened with a new Resolution 125, which immediately pushed Dujovne back. With the oil companies and the privatized ones, the situation faces more acute contradictions. As previously agreed, given the devaluation that has occurred so far, the increase in the gas tariff in September should be more than 60%, which would immediately impact the price of electricity, since the electricity generation matrix is ​​on the base of gas. A rate hike of these proportions would really be a crushing blow to the entire economy. In relation to naphtha, something similar happens. The devaluation and the increase of the barrel in the world market left the price ‘backward’ by 40% – if one considers the price path armed by the former minister, Aranguren. However, given the danger represented by the application of a rate of these proportions, the new minister came with the program to re-discuss the contracts and the increases established. The immediate response was a fall in the stock market and a new jump in the dollar, which brought it to the threshold of 30 pesos. The share value of YPF fell by almost 70%. With the electricity and gas companies, the same happened. Given this, the government immediately retracted: it reported that the contracts with the oil companies will be respected and authorized the increases in gasoline higher than those that were provided in Aranguren’s plan. The chain of failures is not limited to the energy and tariff issue. Sturzenegger’s substitute, Luis Caputo, has not been able to advance with the commitment signed with the IMF to reduce the stock of Lebac. He had to take the interest rate to even higher levels and postpone indefinitely the repurchase by the Treasury of the so-called non-transferable bills held by the Central Bank. This is because the government simply does not have the capacity to finance itself in the market to obtain the funds that allow it to buy back those letters. The Caputo-Dujovne pair advances in a dollarization of the economy, replacing debt in pesos with one issued in dollars, which, at the end, will represent a more serious crisis leap and a default. Already at the present, the insurance against Argentina’s default surpasses those of Greece. The dollarization of debts and contracts, in a country that faces a structural crisis to generate foreign exchange, is doomed to produce major crises. It is not by chance that the inspirer of these measures was none other than Domingo Cavallo. [1] The crisis has reached the point where it is not possible to make, exclusively, the workers pay for it. In other words, there are capitalist sectors that must suffer, themselves, the cost of the invoice. Any capitalist crisis is a devaluation of capital and destruction of the surplus part through a process of bankruptcies and mergers. During the first two years of the Macrist government, a voracious debt that leveraged the economy was used, creating a bubble that was now punctured. The fall of the stock market is the expression that the capitalist profits in retreat are not conditioned by the inflated value of the shares. Thus, the crisis touches its core: the fall of the benefits of capital, which can only be transitorily overcome by means of debt, at the cost of preparing major crises. This process is leading to a crisis in the social base of macrism and a division in the bourgeoisie. The oil companies collide with gas and electricity transportation and distribution companies for the price paid at the wellhead. The Argentine Industrial Union protests against the user interest rates that benefit the banks. The Chamber of Construction threatens massive layoffs before the public works site that the government has arranged to comply with the fiscal targets signed with the IMF, while the soy producers do not want the reduction of withholdings to be touched, despite the huge benefit that is implied by the devaluation of 60% so far this year. These shocks occur in a picture of an economic recession that has already begun with enormous brutality and is causing an economic and social collapse. This recession threatens to affect the subscribed commitments that should be amended with new adjustments. This is what happened in Greece, where the economic adjustments led to the failure to comply with the goals imposed by the IMF, which imposed, then, new adjustment targets, which also failed to reinforce subsequent adjustments. The political issue Every crisis becomes such when it reaches a political dimension. Politics are concentrated economy, according to Lenin’s maxim, which brilliantly managed to graphize the dialectic between economics and politics. In the case of Argentina, the main factor of political crisis is the resistance of workers to pay the bill for the capitalist crisis. This resistance was manifested openly in the recent days of December last year, when on two occasions a crowd gathered around the National Congress, challenging both the Pejotist union bureaucracy and the police repression unleashed by the government. The call of the leadership of the CGT to not to attend the mobilization convened by the left and combative sectors of the workers’ and people’s movement was directly ignored by very large sectors of the workers, within which we must also include intermediate sectors of the bureaucracy that control sectional unions or internal commissions. The street confrontation with the security forces, which occurred in the days of December 14, in turn, was far from negatively affecting the mobilization that was to take place four days later. On the contrary, repression encouraged mobilization, which grew in number and consistency. The latent tendency to popular rebellion was present of different forms under the macrist government. The crowd that filled Plaza de Mayo against the benefit of 2×1 for genocides, granted by the Supreme Court with the government’s open endorsement, quickly forced the Congress to meet in an emergency session and annul that possibility. Other manifestations of the state of popular rebellion were the growing mobilizations of women, who conquered, thanks to their tenacity, the opening of the parliamentary debate on the right to abortion and then the half sanction in the Chamber of Deputies. The struggle of women, which has an international dimension, acquired in Argentina a persistence that highlights it. The mobilizations against gender violence and for the right to abortion took a mass dimension, especially in the youth. The women’s strike of March 8th also showed that, within a movement that is characterized by its polyclassist composition, a wing favorable to the interests of the workers was highlighted. The document read before a crowd at Plaza de los Dos Congresos reflects that influence in a very clear way. Not just because did it deserve the repudiation of the right and even editorial articles against the Trotskyist influence among women. The founding group of the movement Ni Una Menos split and a part of it, linked to Macrism, denounced that the movement was ‘politicized’ and had moved away from the original flags. Sectors of women belonging to the strata of the bourgeoisie or the wealthier petty bourgeoisie accompany the claims to the point of questioning the capitalist regime of domination. Its program is the rise of bourgeois women in bourgeois society, but they reject the necessary general social transformation that women must play in order to emancipate themselves from all types of exploitation and oppression. Macrism enabled the parliamentary debate of legal abortion, before the need to recover the political initiative and avoid new manifestations against it. But the movement, in its real composition, is placed in the path opposing the government. Kirchnerism, which operates in it, carries the burden of having denied this right during its twelve years in office. The weight acquired by the left is not dominant, but it is prominent. Although macrism was the one that enabled the debate, the truth is that a mass movement like that of women, winning the street in a recurrent manner, is an objective and subjective obstacle for a government that must apply an IMF war plan. In this picture of growing popular mobilization, the distinctive feature of December 14 and 18, 2017 was that the working class was at the center of the rebellion. This energetic action had a more important impact than the electoral triumph that Macrism had achieved less than two months before, to the point that it opened a general crisis that created a new political situation in the country. All the forces and parties had to reconsider their strategies and their presentation to the masses since this popular rebellion. Peronism-Kirchnerism, guarantor of the Macrist governance that voted for the government more than one hundred laws in the National Congress, began a process of differentiation so as not to be dislocated before the new situation created. The union bureaucracy, whose main fractions had agreed to a unification of the CGT through the designation of a triumvirate that integrated its most important wings, suffered the impact of the rebellion directly. First, with the rupture of his triumvirate, which passed to a better life, and then with the separation of the Moyanist sector, which after having voted and backed Macrism, passed to the opposition promoting limited actions of the apparatus in coordination with Kirchnerism. This popular resistance, which imposed very clear limits on the capitalist offensive against the masses, intertwines the political and economic crisis, since the economic ‘exit’ to capitalist bankruptcy involves a radical modification of the relations between social classes – that is, between capital and the working class. The December rebellion prevented the approval of the labor reform, one of the main demands of the capitalist class against the workers. The claim to eliminate the compensation regime, overtime and, more generally, end the ultra-activity (the automatic renewal of collective agreements) should be postponed because the government found that it lacked and lacks adequate political resources to do that. The breadth of the workers ‘action frightened the union bureaucracy, which is fully aware that its parasitic caste interests, and to a large extent entrepreneurial, enters in total contradiction with the workers’ sovereignty over their union organizations. The pact sealed by the majority sector of this bureaucracy with the government, allowing it to sign low wage increases and isolating the conflicts that developed against dismissals in the State, was far from being useful instruments to overcome the crisis. It was thus that neither the wage negotiations of 15% increase in installments nor the transitory defeat of some struggles opened a new cycle of valorization of capital. Far from it, the low interest rate announced in December led to a speculative process against the peso and a flight of capital. Peronism and Kirchnerism, in its different aspects, also suffered the impact of the workers’ rebellion of which they were not part. The majority sector of the PJ, which in the Senate is headed by Miguel Angel Pichetto, voted the law of robbery to retirees. Kirchnerism did not, but its political strategy is to fight for the unity of all Peronism, i.e., with Pichetto and company. After the popular rebellion, all the fractions sought to rearrange themselves, seeking not to appear before the population as active collaborators with the Macrism. The call to form a united anti-Macrist front with an eye on the 2019 elections not only represents a way to put pressure on the left and workers’ activism to renounce an independent policy, but also a way to disguise the boycott to the struggles in progress. Given the magnitude of the crisis in process, the program of Kirchnerism is limited to proposing different types of «emergencies» (food, tariff, etc.), as a way to cushion the social consequences of the adjustment, but without offering an alternative fund program. In his speech, that would be postponed for the time when they recover the government at the end of 2019. In this way, they become guarantors of Macri’s governance, since they do not question his general policy and much less pose the task of defeating it on the streets. Before the pact with the IMF, the pejotism and the employer opposition in general agreed with the government that its approval did not happen through the Congress. In this way, they sought to avoid a large national mobilization against the IMF and, at the same time, avoid establishing a clear political position. However, the preparation and approval of the 2019 Budget now remains, which must contain the adjustment plan agreed with the IMF. If Peronism votes in favor, it will be unmasked before the workers as an accomplice to Macrist adjustment; if they it votes against, it risks colliding with international financial capital; and if it is divided, as it may possibly happen, it will end up being a blow to the policy of the opposition unity towards the elections of 2019, an orientation that, in particular, is promoted by Kirchnerism. The political crisis moved with all its strength to the interior of the ruling party. The disputes are not only between the UCR and Elisa Carrió [2] , or between it and the government, but at the small table of PRO, where there is a division between the couple Larreta-Vidal and Marcos Peña [3] . The adjustment agreed with the IMF led the government to want to transfer water, gas and electricity services to the City and the province of Buenos Aires. Thus, Larreta and Vidal will be those who must assume directly the responsibility of the rate. A worsening of the crisis could escalate the political clashes within the ruling party and its most intimate clique. There is a wing of the great capital that seeks a drastic modification of the cabinet, which even reaches Marcos Peña and his replacement by some governor of Pejotism. The variant of a coalition government is inscribed as an emergency measure, although it clashes with the disputes and divisions that multiply within the bourgeoisie. Pact with the IMF. The crisis continues Against those who assume that the agreement with the IMF eliminates or reduces the contradictions in the opposition, in fact, the opposite will happen: it will expose in a clearer way the opposing class interests that represent each sector of the opposition. The government has launched to blackmail the opposition, showing itself before financial capital as the only sector that guarantees the defense of capitalist interests. However, the limits of these government maneuvers are enormous and are dictated by the fact that the agreement with the IMF is far from ensuring that the crisis is overcome. Far from it, the pact with the IMF will bring with it new crises and clashes with the masses, but also within the capitalist class. The possibility of a new exchange rate run and a capital flight are still latent, and may be triggered, either by events of the international or local crisis, or by a combination of both. In fact, when it had been several weeks since the pact was announced and after the «emerging market» rating for Argentina was known, we had several more runs that led the dollar to the edge of 30 pesos, the stock continued to fall and the interest rate of the Central Bank rose in the secondary market to 60%. A few days after that announcement, the Central Bank had to intervene again to avoid further devaluation, but as on previous occasions, without success. This attempt to contain the Rodrigazo can give rise to a new bank run, which will push back the government, and bring the dollar to unthinkable levels. Carlos Melconian [4] , who represents a wing of macrism, speaks of a dollar at 41 pesos. The $50 billion loan itself announced by the IMF and the government is in question. It happens that their disbursement will be in installments, conditioned to the general progress of the economic adjustment and the fulfillment of the established goals. The significant reduction in public spending for next year must exceed the current exchange rate of 220,000 million pesos. This is a very high figure that is only possible with a paralysis of public works and a reduction of real wages of state workers in all its estates. Inflation for the current year, which will surely exceed 30%, will also impact on the level of consumption of families. It opens a recessive scenario promoted by the government itself, to try by that route to pass the war plan against the workers. Increasing inflation will pose additional pressure on the exchange rate, to avoid a new appreciation of the peso, to repeat the history of what happened with the 2014 devaluations of Kirchnerism and the 2015-6 of Macrism. A greater devaluation will create more pressure on tariffs and gasoline, adding fuel to the fire of the bank run. In short, the agreement with the IMF is one more chapter of the developing crisis; in no way does it mean its cancellation, much less its overcoming. The committed disbursements, even if they were executed in full, are far from covering the different types of deficits that the Argentine economy has. The dollarization that the government decided to promote, replacing debt in pesos with another one denominated in dollars, has not served to lower the interest rate that continues to skyrocket. This dollarization represents a huge mortgage for the country and anticipates new default – in fact, Argentina’s default insurance outperforms Greece’s. In the future scenarios of tougher clashes between classes and divisions within the capitalist class open up. On the outcome of these clashes and on the impact of the global crisis on Argentina will depend the fate of Macrism. The very survival of the government is at stake, either because it does not complete its mandate or because the worsening economic crisis condemns it in advance to an electoral defeat. A ‘lame duck’ is not the most appropriate government to handle a Rodrigazo. The struggle of the workers movement The specific weight of the political situation has shifted to the workers’ movement and the popular masses. The war plan against the workers designed by the IMF will surely generate an intensification of the class struggle. The street will become the privileged stage of politics, conditioning the action of all the forces in presence. The opposition has intensified its political activism, seeking to ingratiate itself with the subjective turn against the government. Those who voted Macri’s laws now appear in stages mounted at Plaza de Mayo. The CGT itself, which has been in the first row of the Guarantors of Macrist governance, has had to make a general strike without enthusiasm, before the evidence that its task of containment cannot be carried out from the total passivity. Despite the passivity of the leadership, the strike on June 25th was massive wherever you looked. Employers ‘attempts to weaken it failed because of the workers’ willingness to stop. However, the minimum claims brought by the CGT to the government were not taken care of, because they would have contradicted what was signed with the IMF. Not so much in economic terms as in political. Macri must now try to reestablish the presidential authority hit by the crisis if he wants to save his government. For this, it requires going through the test of a struggle with the workers, which he will seek to win with the support of international financial capital and the imperialist states, which meanwhile are supporting Macrism to influence more decisively in Latin America. It is, however, the offensive of a government in crisis, divided and questioned by its own social base. Under these conditions, the possibility of defeating this offensive is on the agenda. In a very clear way, the question that arises is that of the leadership of the workers and their organizations to defeat the offensive of Macri, the governors and the IMF. This approach should preside over the activity of this stage, and delimit fields with bourgeois forces, especially Kirchnerism, which is placed in the field of those who seek to ensure Macri’s governance. The union bureaucracy, both CGTs and the one that militates more clearly in the opposition field, do not have as an axis to prepare the workers movement for a decisive battle. Its policy goes through a deterioration of the government in view of the elections of 2019, underpinning some variant of Pejotism. In short, they are a factor of restraint and containment. The long path traveled by the union bureaucracy in its integration to the State and the regime has given it a perfect awareness of its parasitic caste interests, which in many cases acquire an even capitalist content. The bureaucrats see an independent action of the workers’ movement as a direct danger to these privileges. The already famous robbery of the CGT lectern was the perfect metaphor for this antagonism between the bureaucracy and the workers. The fight against the ongoing struggle raises, objectively and subjectively, the question of a new direction of the workers movement. In Argentina, in recent years, a new workers’ activism has been forged, which in its best expressions acquires a clear class orientation, which is a political factor acting in the class struggle. This activism has had brilliant triumphs, such as the conquest of the direction of Sutna, an industrial union won against the union bureaucracy’s left wing – the Yasquyist Kirchnerism. A part of this activism also made its experience with the alternative unionism of the CTA, which showed its insurmountable limitations showing that it is another variant of the nationalization of the unions. This activism, therefore, reached a very high point of political evolution after having gone through experiences and battles in the class struggle. The struggle for a new leadership of the labor movement does not take place in a vacuum, but it must start from the projection of these experiences through new initiatives of action and organization. The National Plenary of Workers of June 23rd, which emerged from a call by the Sutna, voted some points precisely in that direction, in a plenary of delegates with a mandate. It is no coincidence that the unions, internal commissions, delegates and groups that attended the call placed as central slogan «For a new direction of the workers movement.» Thus, they showed the absolute understanding of the total incompatibility that exists between the union bureaucracy in all its variants and the need that workers must develop an independent action against the war plan in progress. The call to fight and regroup for a new leadership of the workers movement turns the organizing forces of the National Workers’ Plenary into an alternative of power within the unions. This strategic approach does not mean to stop promoting the limited and framed actions that the union bureaucracy can eventually call, but, on the contrary, it is a call to participate in them in the most determined manner, as part of an independent political strategy. The program voted by the National Plenary of Workers will undoubtedly be of great importance, because a new leadership of the workers’ movement needs to overcome the limitations of previous experiences, which never went beyond bourgeois nationalism, even with radicalized essays that sought to become related to socialism. The program currently requires showing the workers and the entire country what is the strategy of the working class to face the current crisis and to avoid a new national bankruptcy. The question of the non-payment of the external debt and its total investigation and confiscation of those responsible for the indebtedness; the nationalization of strategic resources, starting with oil and gas, but also electricity generation, transport and distribution, such as the nationalization and general planning of public transport and cargo; the nationalization of foreign trade, at a time when imports are used by capital as an instrument to destroy conquests and lower wages, and when the international trade war intensifies at the expense, first of all, of the peripheral countries; the nationalization of the banking, to avoid the runs exchange rates and the flight of capital, and to concentrate national savings for an industrial development plan. A program of this kind, accompanied by immediate demands, such as the reopening of all wage negotiations, the reject of dismissals and suspensions, has a value of political struggle and delimitation, which shows that the struggle for a new direction of the workers movement means a change of political strategy, that bites once and for all the experience of Peronism and opens the way to the fusion of the workers’ movement with the left. The Left Front Undoubtedly, the growth of the combative tendencies in the workers’ movement occurred alongside the development of the Left Front in Argentina. They were phenomena that gave each other feedback, in the same way that it happened in the student and women’s movement. Since its founding in 2011, the Left Front went through different stages, including electoral and even political setbacks, but without losing a political presence thatallowed to increase the visibility of the revolutionary left in Argentina. This enormous conquest, in a country with a great tradition of nationalism, to which the left made a systematic follow-up, must now be revalidated in the light of the new created political situation. In short, the Left Front must take the initiative. The conditions for a subjective turn of the masses towards the left are gathering. The Kirchnerist experience ended in an electoral defeat with the right, that is to say, it was disavowed by the masses themselves. Now, the Macrist government is experiencing its own crisis and should apply the pact with the IMF of uncertain end. An opportunity is presented to the Left Front, this is to offer a strategy opposed to both employer blocks, highlighting, first, the need to confront and defeat the war plan against workers. To do this, the FIT itself must mobilize to ensure the success of the National Workers’ Plenary on last June 23rd. The agitation of a program, outside of the class struggle, would lead the FIT to an early electoral campaign, exactly what the bosses’ opposition and macrism want. The great crises also engender the great subjective turns of the masses. But these turns require a conscious action by political forces, because otherwise they can dissipate or be neutralized. It is what marks the experience of Greece, or closer to us, of Bolivia and Venezuela, where the left could not face nationalist experiences. In Argentina, the Left Front has grown up battling against Kirchnerism; that was his baptism of fire. Now it must prove its progressivity, when the right-wing government that relieved Kirchnerism faces its first great crisis. Our call to FIT to promote a national campaign, which includes the defense of the National Plenary of Workers, and a plan of events in the provinces and a great national act, points in that direction, in the same way as a unified action in the parliaments. This action plan should be presided over by the transition program we have developed, which, in turn, raises a question of power: if Argentina will live a new experience of bourgeois governments, which will condemn us to assured failures, or if the workers will govern. Gabriel Solano, national leader of Partido Obrero, is a legislator for the Autonomous City of Buenos Aires. [1] Minister of Economy under the presidency of Menem and then De la Rúa. He was the author of the convertibility plan under Menem, which debuted with a huge devaluation and brought, as a consequence, a major attack to the workers. He is also known for having arranged the «corralito» (prohibiting the withdrawal of deposits), which caused a confiscation of the savings, at a time when the convertibility plan was exhausted and the country was on the verge of default. The confiscatory policies of Cavallo were the trigger for the popular rebellion, the so-called «Argentinazo», in the year 2001, which precipitated the fall of the government of the Alliance, presided by De la Rúa. [2] Leader of the Civic Coalition, one of the parties that is part of the ruling coalition, Cambiemos. [3] Horacio Larreta, head of Buenos Aires Government; María Eugenia Vidal, governor of the province of Buenos Aires; Marcos Peña, Chief of Staff of Macri’s government. [4] Macri’s cconomic adviser, who was in charge of Banco Nación in the first stage of his mandate. It is distancing itself from the government, demanding a more drastic adjustment.

1 de octubre de 2018
Karl Marx and the Future

The respectful bourgeois American newspaper New York Times , on April 30, 2018, has published an article by Jason Barker, an associate professor of philosophy, with the cheerful title: Happy Birthday, Karl Marx, You Were Right! Soon after, on May 4, 2018, the voice of the City of London, the equally respectful and bourgeois Financial Times hosted a book review by the economic historian Adam Tooze under the impressive headlines “ Why Karl Marx is more relevant than ever ”. On May 3 rd , 2018, another British voice of big capital, the well known journal Economist published also an article on Marx’s Bicentenary, this time very venomous, ignorant and of bad taste but neverthelles with a noteworthy warning in its title: “ Second time, a farce- Rulers of the world, read Karl Marx ! On his bicentenary Marx’s diagnosis of capitalism’s flaws is surpisingly relevant ” A question is unavoidable: why these internationally influential Press organs of powerful sections of the capitalist class publish such articles dedicated to the worst revolutionary enemy in history of this same capitalist class? It becomes clear for all to see, and surprizing for its declared enemies and disappointed former supporters, that Marx’s legacy is is still alive and well, relevant even for the class enemy’s camp. The mantra of his death, dominating everywhere the decades after the collapse of the Soviet Union, cannot stand any longer. Marx was considered to be buried long ago, together with communism, revolution, even History itself. Now, apparently the “ Red Knight returns ”. No more as a «specter» or as multiple «specters», as in the famous, in one sense even prophetic, book by Jacques Derrida in 1993; Marx comes back vindicated in his analysis and prognosis(“ You were right !”). He is considered even “ surprisingly ”, “ more relevant than ever ” as we can read in the Press the most hostile to his revolutionary ideas and to the revolutionary praxis inspired by his theory. The New York Times, Financial Times or the extremely hostile Economist , obviously did not become Marxist or “Marx-friendly”. The reason of the publication of such articles, can be found in a passage in the above mentioned article in NYT . It refers to Nouriel Roubini, the mainstream economist and financier who became famous post festum , as one of the very few among his coleagues who was warning for the coming catastrophe: the eruption of the world capitalist crisis, after the collapse of the US sub-prime mortgage market in 2007, the debacle of Lehman Brothers in 2008 followed by the global financial meltdown and the Great Recession (or “ Third Great Depression ”). “ Even liberal economists ”, Barker writes in NYT , “ such as Nouriel Roubini agree that Marx’s conviction that capitalism has an inbuilt tendency to destroy itself remains as prescient as ever ”. Such statement are often dismissed as » catastrophist » by self-proclaimed skeptic «Marxists» or former Marxists who prove to be more optimistic for capitalism’s future than the capitalists themeselves who have indeed “something” to lose, the usurped social wealth produced by others! The vicioulsy anti-Marxist, anti-communist article in the Economist warns: » The backlash against capitalism is mounting-if more often in the form of populaist anger than of proletarian solidarity. So far liberal reformers are proving sadly inferior to their predecessors in terms of both their grasp of the crisis and their ability to generate solutions. They should use the 200th anniversary of Marx’s birth to reacquaint themselves with the great man- not only to understand the serious faults that he brilliantly identified in the system, but to remind themselves of the disaster that awaits if they fail to confront them. » This belated, after the event, forced recognition of Marx’s relevance by his opponents has more to do with the historic failure of bourgeois economics itself to forsee the global capitalist crisis than with a real understanding of Marx himself, of his discoveries of the inner contradictions of capital, of the immanent limits of capitalism as a social mode of production, driving it to crises and to its historical doom. In a most spectacular way, the failure was shown in the legendary meeting of leading bourgeois economists called by the Queen Elisabeth in the aftermath of the 2008 global crash, and where everybody remained silent, unable to answer to the question of the Queen: why all of them – economists, think tanks, bankers and banks, institutions such as the IMF- failed completely to see, predict or warn for the coming global financial catastrophe? Ten years later, more than a decade after, the world is still shaken by an on-going, still unresolved, global capitalist crisis, threatening now, in 2018, with new, more devastating economic, political and geopolitical explosions. The Queen’s question remains unanswered. Not only bourgeois economics cannot explain the past – the lack of prognosis of the 2007 global crisis and the lack of understanding of its deepest causes; also it cannot understand the present – why the crisis remains unresolved despite the extraordinary, heterodox measures of gigantic stimulus packages, quantitative easing, and nearly zero interest rates, taken by central banks and governments; and, last but not at all least, it cannot forsee the future although sinister signs appear already in the horizon. “ While we just about mustered the palliatives to survive the previous slump, there is no confidence we ‘ve got enough left in the cupboard for next time ” says Tom Clark answering YES to the question of Financial Times (24 April 2018) Has economics failed? Answering NO to the same question the optimist economist Chris Giles , neverthelles comments: “ The future is uncertain. The present is uncertain. The past is uncertain ”(op.cit) Minsky or Marx? It is worthy looking back to an interesting presentation by Janet Yellen, former Chair of the US Federal Reserve, on April 16, 2009, to the 18 th Annual Hyman P. Minsky Conference on the State of the US and World Economies under the title A Minsky Meltdown: Lessons for Central Bankers . She emphasizes that the crash represent a most serious » systemic breakdown «. She challenges superficially approaches blaming « complacency by investors «. She rejects also as narrow, based on a limited national perspective, the » savings glut » hypothesis advanced by her predecessor Chairman of the Fed Ben Bernanke. According to this admirer of Milton Friedman, the source of the crisis was» a glut of foreign saving mainly generated in developing countries such as China and India [that] fuelled demand for dollar-denominated assets «[…] combined with a low US personal saving rate, large US government deficits, and high productivity gains to produce a huge current account deficit «. Yellen bases her approach to Hyman Minsky’s « financial instability hypothesis » – quite popular after 2008. She stresses that in 2008 » the Minsky meltdown is global in nature reflecting the ever-increasing interconnectedness of financial markets and institutions around the world. The recession is the first during the post war period to see simultaneous contractions in output in Europe, Japan, and North America » Always based on the Minskyan approach, Yellen, from the first moment, and in her 2009 speech, supported all the heterodox measures taken, after the Lehman Brothers debacle, by the Fed (and much later by the ECB) to restrain the slide to the abyss by introducing huge «stimulus packages», near zero interest rates, and quantitative easing (QE) schemes that provided trillions of dollars in liquidity. For Yellen all these were « Minsky’s policy prescriptions «. She approvingly quotes Paul Mc Culley who emphasized the importance of QE refering to it as » the reverse Minsky journey «, reversing the production of high risk finance speculative and Ponzi bubbles ( Paul Mc Culley, Saving Capitalistic Banking from Itself , Global Central Bank Focus, PIMCO February 2009). The problem is that, ten years after, all these Minsky’s policy prescriptions, praised by Yellen and all Minskyans, liberal or left, failed . Even worst: they produced more gigantic financial speculative bubbles than those that burst in 2007-2008 threatening to new devastating explosions. The current debates about a more «activist» or a more «prudent» monetary and interest increase policy for «bubble» management give a feeling of a hopless déjà vu. The same arguments were exchanged fruitlessly also ten years ago, and they were mentioned in the 2009 speech by Janet Yellen. It is not solely a gifted and insightful post-Keynesian- Institutionalist like Minsky or his admirers like Yellen who are refuted by reality. During the past decade, both the policies opposing neo-liberal monetarists focusing on money circulation without fiscal measures versus the post-Keynesians supporting the combination of fiscal and monetary central interventions, demonstratively failed. Both economic strategies elaborated by competing schools of bourgeois economics after the 1929 Crash and the Great Depression, Keynesianism and neo-liberalism, in all their shades and combinations, proved during the on-going global capitalist crisis, totally unable to deal with it and with the global contradictions driving it. As we have stressed in other occasion, the failure of bourgeois economics represent a strategic impasse for capitalism, what we had described, in a previous essay, as the death agony of homo economicus . Marx’s method superiority is reflected to the collapse of its opposite, methodological individualism, common in all different or conflicting strands of bourgeois political economy starting from an individual agent making rational choices after estimating risks and profits. To put it in a few, simple words : the capitalist class is running out of economic strategic options. Such a situation where the polarizing sharpening contradictions cannot be resolved drives the rulers of the system towards attempts for a «solution» by extra-economic, brutal, military means: imperialist aggression and war. A new stage of the crisis The results of this impasse are here to be seen by all. The reversal now of the desperate measures taken after Lehman Borthers collapse proves to be a medication worst than the disease. Starting from the US Fed and soon followed by the ECB, a reversal of the «reverse Minsky journey» is taking place now, by ending QE programs and increasing interest rates. But this U-turn evolves in a dramatically changed environment: rising protectionism, Trumpian unlilateralism, trade wars, sharpening international antagonisms, dangerously increasing geopolitical explosions, internationally expanding wars from Central Asia to the Middle East, the Mediterranean and the borders of Europe(the Balkans, Ukraine). In such a context this apparently prudent «reversal of the reverse Minsky journey» already creates havoc. The new dramatic stage of crisis in Argentina and Turkey are symptoms of the deteriorating global crisis, marked by the collapse of currencies, overindebtedness, deficits and or the desperate turn once more to the IMF draconean straitjacket, rightly cursed by its victims. Not only social economic disasters and barbaric wars are in the agenda but popular uprizings and revolutions as well. The revolutionary tide of tremendous popular mobilizations in South Europe and Northern Africa in 2011-2013, from Puerta del Sol to Syntagma Square to Tahrir to Gezi Park, came out of the impact of the shock of the first wave of the post 2008 global economic earthquake. Although a retreat followed, linked to imperialist aggressions and fomenting of reactionary civil wars,as in the case of Syria, and the Middle East, these mass struggles of the first stage of the global crisis represent the prelude of the real drama which comes in the next period. It is this last prospect that frightens the ruling classes and makes the liberal economists, seeing also the danger, to reluctantly aknowledge throughout the on-going global crisis, the superiority of Karl Marx’s analysis of capitalism. They are frightened by the fact that his prognosis of the the tendency of capitalism to self-destruction is empirically confirmed/ It does not mean that they grasp his method of historical materialist dialectics,or, obviously, that they share his revolutionary conclusions. Decline and Transition Many liberal, conservative,including some left analysts can see today, in conditions of unresolved global crisis, that it is rather possible a historical end of the crisis-ridden declining capitalist system. What is unthinkable for them, even impossible to consider, particulalry after 1989-91, it is not the end of an old, historically exhausted world system but the beginning of a new one. Hegel, although in idealist terms, could grasp and theorize the contradiction , in his Philosophy of the Right : historical decline, decadence of the old is the negative form of appearance of the emergence of the new, a transition through the sharpening of the contradictions immannent in the old formation. If there are not the conditions of resolution of the contradictions, if a dialectical Aufhebung is impossible, then the outcome is the mutual ruin of both opposite poles. A real, dialectical Aufhebung, according to Marx is not a reconciliation of the opposites, a Hegelian pseudo-negation of negation (K.Marx, 1844 Manuscripts ) but a break in continuity – a Cäsu r to use the term of Hölderlin- a qualitative leap, a revolutionary transformation of both poles of the contradiction. This dialectical path of cognition is considered as «metaphysics» by the dominant positivist thought, particulalry among economists and sociologists. In his Critique of bourgeois political economy, Marx showed that its main methodological flaw was its incapacity to go deeper than appearances, to distinguish them from essence, the specific inner driving contradictions. In the post-2007 global crisis, neoliberal or post-Keynesian economists (including Minsky or theorists of «financialization, the liberal or left) see mainly or solely a crisis of the dominant, deregulated, overexpanded finance sector of the capitalist economy separating it from the production sphere, from production of surplus value as the specific form of expropriation of the surplus of the direct producers by those who dominate the means and the process of production. Logically the theories of «financialisation» are linked or lead to the theories of the «disappearance» of the proletariat or of its substitution by a new class, the «precariat»( which, in reality it is a structural-constitutive part of the proletariat, as Marx has demonstrated in the Manuscript of 1861-63 as well as in his analysis of relative over-population in Capital ). The fetishization of finance, ( fictitious capital is considered by Marx as the » absolute fetish») separating it, or confusing it with, or substituing it from production proper, obfuscates its mediated dependency from the capital accumulation process as a whole clashing with its immanent limits; at the last instance, mainstream, heterodox, or self-proclaimed Marxist economists today separate money and capital from the dominant value relation based on the inner twofold nature, abstract and concrete, of social labor. Decline of the value form and Life Without a critique of the labor theory of value of the classical political economy, such as Marx has achieved in his magnum opus, Das Kapital , its is impossible to have a scientific conception of the mediations between value, money, money capital, credit and finance. For this reason, Marx is more actual than ever before as the theoretical compass and indispensable methodological guide in today’s global, historical, structural and systemic crisis of globalized capital. The primary cause of the current crisis is not «irresponsible de-regulation of globally overexpanding finance» in all its exotic ramifications to be solved by a kind of Minskyan re-regulation. « Die wahre Schranke der kapitalistischen Production ist das Kapital selbst «( Das Kapital , III, ME Werke vol. 25 p.260)- « The real barrier of the capitalist production is capital itself » Marx emphasises» It is that capital and its self-expansion appear as the starting point, the motive and the purpose of production; that production is only production for capital and not vice versa , thre means of production are not mere means for a constant expansion of the life process [Lebenprozesses] of the society of the producers […] The means -unconditional development of the productive forces of society- comes continuously in conflict with the limited purpose, the self -expansion of the existing capital » ( Capital 3, Progress in English, p. 250). It is the historical decline of the value relation itself as regulative principle of social economic life under capitalism that manifests itself in the current finacial-economic impasse with all ist catarophic implications. Capitalist globalization of the last three decades leading to the 2007 implosion has driven to its extremes this on-going conflict in the inverted relation between means and purpose . The over-accumulation of capital exacerbated by liberalization and globalization of finance reached a crucial point of irreconciliable incompatibility with the pressing, illimited demands of what Marx calls the life process – Lebensprozess – of society, including living Nature. Against all forms of economicist distortions of the mechanical pseudo-Marxism of the Second International and of Stalinism, we have to grasp again that Life is the central category of Marx’s revolutionary theory. It is unfortunately forgotten or burried under the weight of the old Stalinist Soviet textbooks that Marx himself defined, in German Ideology , the « mode of production «, the key category of historical materialism, as Lebensweise , form or mode of existence or modality of social life. Specific modes of the historically evolving social «metabolism» ( Stoffwechsel ) between the human being and nature. Life is the red thread thoughout Marx’s feverish theoretical search, from the 1844 Manuscripts and German Ideology to Grundrisse and Das Kapital . The omnipresent, recurrent leitmotiv is life , life process , living labor (dominated by dead labor, capital) of living bodies, life determining consiousness. Debt Crisis as Transition Marx has profoundly analyzed and foreseen the tremendous role of credit both to a « monstruous » [ Ungeheure , in German. Kapital III, p. 452], expansion of the scale of [capitalist] production and of enterprises » ( p. 436 in the English edition), as well to the explosion of crises: » credit accelerates the violent eruptions of this contradiction-crises- and thereby the elements of disintegration of the old mode of production «( op. cit p. 441) Here the deepest nature of the current global crisis can be clearly seen. Not only a crisis of capital over-production as a way out from it but » elements of disintegration of the old mode of production»- and, even more important moments of transition beyond the disintegrating old world capitalist system to a new mode of production : » The two characteristics immanent in the credit system are, on one hand to develop the incentive of of capitalist production, enrichment through exploitation of the labor of others, to the purest and most colossal form of gambling and swindling and to reduce more and more the number of the few who exploit the social wealth; on the other hand, to constitute the form of transition to a new mode of production «(op.cit). Everybody, not only professional economists, can see today’s world taking the form of a most colossal casino of financial gambling and swindling; every body can see, as well, the monstruous ever growing inequality, when, in 2017, according to Oxfam, 82 per cent of the global wealth generated last year went to a parasitical oligarchy of the world richest 1 per cent. What cannnot be seen is the transition beyond this hell , to a new, realy human world, namely world communism, a new community without exploitation, oppression, humiliation of humang beings by human beings. The falacious myth of late Thatcher TINA, there is no alternative, unfortunatley still dominates, despite the irreversible bankruptcy of Thatcherite neoliberalism in 2007 . The actual importance, the most important contribution by Marx today is precisely to provide a guiding method to grasp the driving forces of our epoch of transition in the present historical moment of the greatest dangers for humankind. Present Past Future The representatives of the old dying world repeat ad nauseam the statement of the already above mentionned FT British analyst : “ The future is uncertain. The present is uncertain. The past is uncertain ”. Solidly based on Marx’s legacy those fighting for a new liberated world can proclaim quite the opposite. The present of an all sided systemic crisis and of all forms of social conflict, is the present to be grasped in theory and fought in revolutionary practice as living, not predetermined, non linear history of social struggle. “ History » warned Marx in Holy Family “ is not, as it were, a person apart, using man as a means to achieve its own aims nothing but the activity of man pursuing his aims «. And the objective aim of the oppressed and exploited remains universal human emancipation- the end of all forms of alienation i.e. world communism The past is not a burden of deceptions and defeats to be forgotten. Amnesia is not a virtue. Marx is crucial to understand the distortions of his own theory by epigons and bureaucrats, using it either for class collaboration and reformist accomodation to capitalisn or as a State ideology of Stalinist bureaucratic self-justification. Without Marx, we cannot discover the precious lessons of the revolutionary past with all its uncompleted demands still alive. We cannot save the « Tradition of the Oppressed «, as Walter Benjamin called it, the legacy of all the epic victories and tragic defeats of the world socialist revolution following its beginning in October 1917 in Russia. The legacy and the method of Marx, the new horizon that he expressed theoretically and opened to see and act for humakind, is crucial not only to grasp the past as a depository of lessons but as a guide to the present for a leap to the future- including to fight back against confusion and the loss of historical orientation after 1991. Through Marx , it is possible to grasp what really happened in the Soviet Union , why it happened, why this break in the continuity of world history initiated a transition , which was blocked leading to disasters and then to disintegration, the demise of the USSR. As a matter of fact two incompatible lines were in conflict already from the 1920s, as Stalin himself admited: Trotsky’s theory of permanent revolution and the theory of «socialism in a single country». The later was the opposite of what Marx had insisted upon throught his life and struggle. The post-1848 Marxian theory of permanent revolution that Trotsky developed further after 1905, under the conditions of the new epoch, is essentially a dialectical materialist theory of a world historical transition beyond class society by means of the world socialist revolution- a transition inaugurated in 1917. The Bukharinite-Stalinist «theory»(?) of «socialism» completed «in a single country» is the bureaucratic denial of such a world transition- and of any transiton. It is the ideology of bureaucratic paralysis and a dogma of immobility. Capitalist restoration in the post-Soviet space, after the tragic chaos under Yeltsin, came into conflict and, particularly now, it collides with the explosion of the globalized contradictions of the decayed world capitalism and its imperialist war drive. No way out, no future under a senile, dying capitalism! Marx was not a soothsayer or an astrologist; he hates , as he said, to prepare recipes for the kitchens of the future. But this statement was a polemical attack against abstract utopianism, as Ernst Bloch explained, not a rejection of a concrete Utopia, realizing itself on Earth and in the universe. Communism, not as a sum total of bureaucratically managed nationalizations under a State-Leviathan, but as the overcoming of alienated labor, of the classes and of the State form, the end of alienated life, is the deepest demand, expectation, and dream for liberation of all processes of Life. Lenin, perhaps the most realist of all Bolshevik revolutionaries, quoting, in What is to be done? the poem by Nekrasov, insisted: We have to dream. To dream the future, to think the future, to act for the future. Karl Marx, first and above all, belongs to the future. Savas Michael Matsas is the General Secretary of EEK (Workers’ Revolutionary Party) and a writer in newspaper Nea Prooptiki (New Perspective), and one of the founders of the Christian Rakovsky Balkan Socialist Center and RedMed web network.

1 de octubre de 2018
Das Kapital: The book for communism

It is impossible to completely understand Marx’s Capital, and especially its first chapter, without having thoroughly studied and understood the whole of Hegel’s Logic. Consequently, half a century later none of the Marxists understood Marx! Lenin (1914) [2] Let us start out by asking a few questions. [3] In his Imperialism. The Highest Stage of Capitalism , as early as the “Preface”, Lenin puts forth the following idea: “Imperialism is the eve of the social revolution of the proletariat.” [4] Why is that so? Lenin elaborates on this at various points in the book by stating that “monopoly”, the concept that most clearly gives us the crux of imperialism, is a harbinger of the transition from capitalism to socialism: Imperialism emerged as the development and direct continuation of the fundamental characteristics of capitalism in general. But capitalism only became capitalist imperialism at a definite and very high stage of its development, when certain of its fundamental characteristics began to change into their opposites, when the features of the epoch of transition from capitalism to a higher social and economic system had taken shape and revealed themselves in all spheres. Economically, the main thing in this process is the displacement of capitalist free competition by capitalist monopoly. [5] As may be seen, Lenin is here talking about the “ the features of the epoch of transition from capitalism to a higher social and economic system ” What are these features? In which work or works of the voluminous literature of Marxism have they been expounded? Another question. Trotsky begins the last paragraph of the first section of the text that is usually called the “Transitional Programme”, penned by him in 1938 for the foundation of the Fourth International, with the following passage: All talk to the effect that historical conditions have not yet “ripened” for socialism is the product of ignorance or conscious deception. The objective prerequisites for the proletarian revolution have not only “ripened”; they have begun to get somewhat rottened. Without a socialist revolution, in the next historical period at that, a catastrophe threatens the whole culture of mankind. [6] How does he know? How is it that he talks so confidently about the “ripening” of the conditions for socialist revolution so confidently? What are the “objective preconditions” of proletarian revolution? Why is civilisation under the threat of destruction unless socialist revolution materialises? Trotsky must have some criteria at hand in order to make these bold assertions. There must be conceptual bases of the ripening of capitalism for transition to socialism or the objective conditions of proletarian revolution. Trotsky has obviously reached the conclusion that socialism’s time has come by looking at the world he is living in on the basis of criteria drawn from these concepts. Where in the vast literature of Marxism, in which works, can we find these conceptual bases and these criteria? Let us not forget that for this revolutionary, towering over the rest along with Lenin in the 20 th century, a framework, a set of criteria that will serve as the grounds for claiming that the time of revolution has arrived will be more vital than anything. The main thesis that we will defend in this article is the following: the source for the main characteristics and criteria that both Lenin and Trotsky evoke with respect to the transition from capitalism to socialism is Marx’s Capital . Last year was the 150 th anniversary of the publication of Volume One of Marx’s chef d’oeuvre . This year is the bicentenary of his birth. We aim to establish that this product of Marx’s life work is not a work of economics alone , but at the same time a political book through and through and, furthermore, that it is not a book on capitalism but even more a work on socialism or communism . Let us then turn to Capital . “The economic law of motion of modern society” In the introductory text that was placed at the beginning of Volume One, published in September 1867, now known as “Preface to the First German Edition”, Marx enunciated the following concise idea: “…it is the ultimate aim of this work, to lay bare the economic law of motion of modern society…” [7] Those who are familiar with the debate on Capital will immediately remark that the relevant literature ordinarily takes up the “ laws of motion of capital”, that is, in the plural. In fact, Marx himself also talks of the “ laws of capitalist production” elsewhere in the very same preface. [8] These are taken up in different parts and sections of Capital , never named the “first law” or “second law” etc., but, nonetheless, it can comfortably be said that Capital really explains the laws of motion of capitalist production. From the “general law of capitalist accumulation” (as capital accumulates at one pole, misery accumulates at the other) [9] to the formation of the reserve army of labour, [10] from the concentration and centralisation of capital [11] to the tendential fall of the rate of profit, explained in Volume Three, [12] these and many other laws are exposed in the pages of Capital , sometimes explicitly called laws, at others without being called that. Why is it then that Marx is talking about a single law precisely while establishing the ultimate aim of his work? We come across some clue that points to an answer to this question in the text that was published under the title “Afterword to the Second German Edition”. In the initial stages of this Afterword, Marx comments as follows on the science of political economy that has preceded himself: In so far as Political Economy remains within that horizon, in so far, i.e., as the capitalist regime is looked upon as the absolutely final form of social production, instead of as a passing historical phase of its evolution, Political Economy can remain a science only so long as the struggle is latent or manifests itself only in isolated and sporadic phenomena. [13] We know that Marx’s own critique of political economy need not fear class struggle, for it “can only represent the class whose vocation in history is the overthrow of the capitalist mode of production and the abolition of all classes: the proletariat.” [14] The clue here is the following: Marx distinguishes his own critique from political economy fundamentally on two grounds. On the one hand, political economy is bourgeois, while the Marxist critique bases itself on the proletariat, represents that class. On the other hand, precisely for that reason, political economy regards “the capitalist regime… as the absolutely final form of social production” and Marx’s critique does the opposite. How does it do this? We find the clue to this question in the same “Afterword”, in what an unnamed Russian author wrote about Marx’s work: The one thing which is of moment to Marx, is to find the law of the phenomena with whose investigation he is concerned; and not only is that law of moment to him, which governs these phenomena… Of still greater moment to him is the law of their variation, of their development, i.e. of their transition from one form into another, from one series of connexions to a different one… Consequently, Marx only troubles himself about one thing: to show, by rigid scientific investigation, the necessity of successive determinate orders of social conditions… For this it is quite enough, if he proves, at the same time, both the necessity of the present order of things, and the necessity of another order into which the first must inevitably pass over… [15] The Russian author constantly returns to the same point: what he sees as the most important aspect of Marx’s approach is the necessity of one social order giving way to another. He says this a full three times. He even goes so far as to say that Marx “only troubles himself” with this. Could it be perhaps that the Russian author has in mind the transition from feudalism to capitalism? If we read on somewhat, we see that something totally different is at stake: “The scientific value of such an inquiry lies in the disclosing of the special laws that regulate the origin, existence, development, death of a given social organism and its replacement by another and higher one.” [16] Hence, according to our author, Capital studies the genesis, the existence and the development of a social organism. That feudalism is discussed in Capital only with reference to the past and in the discussion of the historical genesis of capitalism (most saliently in the process of primitive accumulation) or, in other words, only at the stage of its passing away is clear. Its genesis (i.e. its emergence from the bosom of slave society) or its existence and development are almost never discussed, except for some momentary references. The social organism of which our author is talking is, then, capitalism. Hence, according to our author, Marx studies in Capital the passing away of capitalism and its replacement by a higher social organism (communism). But, may exclaim the reader, this may be the opinion only of the Russian author. Does that necessarily mean that Marx agrees with him? After having quoted a much lengthier passage from the author in question, Marx adds: “Whilst the writer pictures what he takes to be actually my method, in this striking and [as far as concerns my own application of it] generous way, what else is he picturing but the dialectic method?” [17] We think that the matter is crystal clear: what is more important than all others for Marx, his “only trouble”, is the passing away of one social order, i.e. capitalism, and its replacement by another of higher order, i.e. communism. This is the law in the singular. “The economic law of motion of capital”, that law standing alone, is the production of communism by capitalism . “The transformation of the instruments of labour into instruments of labour only usable in common” How, then, does capitalism produce communism? The answer to this question, for those who wish to see it, is explained through a dialectic that is contained and embedded in the entire corpus of Volume One of Capital . In effect, Volume One ends with a chapter that raises this whole explanation to a crescendo: “Historical Tendency of Capitalist Accumulation”. Why Volume One? Because as we have explained at length elsewhere, [18] the essence of the production and reproduction of the capital-wage labour relation in capitalist society is treated in isolation from intervening factors in this volume. The second volume is concerned with the circulation process of the whole relationship between capital and wage-labour, whose process of reproduction has already been explained in the first volume, and the third volume delves into the transformation into superficial forms of appearance and the division of the surplus-value among capitals. Thus, it is perfectly appropriate, in the framework of the dialectical movement of the argument, that the historical law of motion of the capitalist mode of production should be deduced from the capital-wage labour relation, itself the essence of the capital relationship, at the end of Volume One. The chapter “Historical Tendency of Capitalist Accumulation” lays before our eyes, in a concise manner in a mere three pages, the path of development of modern history in the form of a necessary movement on the basis of an extremely densely knit text. Up until this moment, Marx has taken up the process of capital accumulation in all its scope and depth and then, in the last six chapters that lead up to this chapter, what he calls “primitive accumulation”, i.e. the process that has resulted in the separation of the direct producers, that is to say, of peasant farmers, of artisans and still others, from the land and other means of production, thereby themselves becoming proletarians, the whole process preparing the fundamental relationship of the capitalist mode of production. We are now ready for a synthesis. In the chapter on the “Historical Tendency of Capitalist Accumulation”, Marx first explains how capital destroys completely the historical unity between the direct producer and the means of production, how this subsequently sets off the dynamics of a new mode of production, how cooperation, the technical division of labour in the workplace and factory production render production a collective process. Within and thanks to this process, with large-scale production creating ever more efficient, productive and profitable results, capitalists, having earlier destroyed the independent existence of the direct producers in the past, now move on to swallow other capitalists that are weaker than them. Now, it is time for capitalists to expropriate capitalists themselves. Let us lend an ear to Marx for the rest: This expropriation is accomplished by the action of the immanent laws of capitalistic production itself, by the centralisation of capital. One capitalist always kills many. Hand in hand with this centralisation, or this expropriation of many capitalists by few, develop, on an ever-extending scale, the co-operative form of the labour-process, the conscious technical application of science, the methodical cultivation of the soil, the transformation of the instruments of labour into instruments of labour only usable in common, the economising of all means of production by their use as the means of production of combined, socialised labour, the entanglement of all peoples in the net of the world-market, and with this, the international character of the capitalist regime… [B]ut with this too grows the revolt of the working-class, a class always increasing in numbers,and disciplined, united, organised by the very mechanism of the process of capitalist production itself. The monopoly of capital becomes a fetter upon the mode of production, which has sprung up and flourished with, and under it. Centralisation of the means of production and socialisation of labour at last reach a point where they become incompatible with their capitalist integument. This integument is burst asunder. The knell of capitalist private property sounds. The exporpriators are expropriated. [19] What is explained here is how the mode of production based on capital destroys its own bases in accordance with the logic of its own development. Collective, social, large-scale, and internationalised production, on the basis of its own dynamics, is centralising production by eliminating the smaller capitalists with each passing day and socialising labour to such an extent that from its isolation in small-scale units the labour process grows into an integrated state where the worker now comes to be regarded as the “collective worker”. Production decisions are now made on the scale of vast units (i.e. corporations) and hence production is planned on a very large scale and at an international level. This is what Marx calls the socialisation of production and of labour. This socialisation enters into a contradiction with the logic of capital, based as it is on private appropriation and the market. Socialised production requires planning; capitalist property is a barrier in the way of wholesale planning. It is true that the so-called “multinational” companies do conduct planning on a large scale, but each is an island onto itself in a sea of market relations. Planning within corporations co-exists with anarchy that reigns in relations between capitals and within the world economy. How is this contradiction to be overcome? Capitalism does not produce commodities, techniques of production and large-scale production alone. As a result of its logic that is based on expropriation on an increasing scale, it simultaneously generates an ever-growing class of dispossessed. With each passing day, the small-holder peasant and, partially, the petty merchant and the artisan of cities yield their place to the proletariat. And, as the above-quoted passage explains, gradually the smaller or weaker capitalists themselves become dispossessed of the means of production. The proletariat, this specific product of the capitalist mode of production, distinguishes itself from all the preceding classes of direct producers in history by the fact that it does not enjoy the least share in means of production. [20] The serf or the reaya (the subjects of the oriental ruler), as well as the member of the artisanal corporation, did enjoy a certain level of possession of the land or other means of production. In other words, the interest of these classes had necessarily to be defined to a certain extent in opposition to the other members of the same class. The proletariat, on the other hand, is, by definition, a class that is deprived of and separated completely from the property of means of production. Hence, its interests lie in the direction of the defence not of property but the owners of labour power. That is why it is a universal class. And that is also why the propletariat is the most adequate agency for the abolition of private property, itself the precondition for meeting the need of overcoming the fragmentation created by private property and the straitjacket of the market. Let us draw the reader’s attention to the fact that, at the beginning of the passage quoted above, Marx underlines the fact that the entire process advances on the basis of “the immanent laws of capitalistic production itself.” Capital has determined the historical development by establishing the laws of the functioning of a society based on capital (“laws” in the plural, that is, “the laws of development of capitalism” that we have earlier seen in the “Preface to the First German Edition”). That is why Marx constantly talks of “necessity”. According to this analysis, then, once established, capitalism necessarily proceeds towards this end-point on the basis of its own laws. In other words, capitalism generates, within its bosom, the forces that will destroy it, in accordance with the laws of its functioning. The effects of these laws may be mitigated, temporarily arrested, even reversed for a certain period. However, as long as capitalism continues to remain capitalism, as long as it develops according to its nature, at a certain stage of its development, it will definitely undermine its own existence. At the point where we have reached, we have established that the most significant result that flows from the entire scientific edifice of Capital is that capitalism creates the historical conditions of its own demise. Capitalism inevitably prepares the conditions for the emergence of a civilisation that is superior to itself, a civilisation that will henceforth submit to planning the productive forces that humanity has so far developed, that will for this reason do away with private property in the means of production, that will thus eliminate both classes and the state, themselves the products of such private property, from the scene of history, a civilisation called communism that promises to take human society out of its prehistory to begin the true history of humankind. [21] This, then, is the economic law of motion of modern society . It is very important to know how the laws of motion of capital function under capitalism. The most significant of these laws are the interconnected state of being for humanity in its entirety through the embrace of the whole world by the market as a result of ever-growing commodification, proletarianisation, the constant revolutionising of productive forces by capital, the formation of the collective worker, the internationalisation of capital, and the formation of the world economy, all leading incontrovertibly to the actualisation of communism. For Marx, that single law both synthesizes and forms the vertex of all the rest. This is the very subject of Capital . That is why it is, as we indicate in the title to this article, the “book for communism”. “What else… but the dialectic method?” If Marx did not leave behind him a “ Logic ” (with a capital letter), he did leave the logic of Capital , and this ought to be utilised to the full in this question. In Capital , Marx applied to a single science logic, dialectics and the theory of knowledge of materialism [three words are not needed: it is one and the same thing] which has taken everything valuable in Hegel and developed it further. Lenin (1915) [22] At the point where we have arrived, we have grasped why to the nameless Russian author quoted in the “Afterword to the Second German Edition”, when the latter says that Marx “only troubles himself…” about showing the replacement of one social order by another, Marx reacts by writing “the writer pictures… my method in this striking… way”. For this is precisely the central question Marx troubles himself about if not the sole question. But we have not yet explained each and every idea that Marx expresses in response to the Russian author’s opinion. Let us look at that sentence once more: “Whilst the writer pictures what he takes to be actually my method, in this striking and [as far as concerns my own application of it] generous way, what else is he picturing but the dialectic method?” In order to explain why Marx stresses the dialectic here, in this very context, let us first dwell on the place of dialectics in Capital in a more general way. We ask the reader for license to quote from an earlier writing on one dimension of the matter at hand: The main category of the dialectic, contradiction, that is to say the idea that an entity involves within itself its opposite, is the red thread that connects the whole book from beginning to end. Capital opens with the analysis of the commodity, which is characterised as the unity of use value and value. This contradiction then assumes different forms suıch as the successive dualities between concrete labour and abstract labour, the commodity and money, production and circulation, the labour process and the valorisation process (or, what is the same thing in a different English translation, the process of the self-expansion of value), between the formal subsumption of labour and its real subsumption etc. It is the tension between and the interpenetration of these pairs that inevitably push the analysis forward at every stage. [23] The reason why we have quoted this longish passage is to make it possible for the reader to understand better an idea of Marx’s that we are going to deal with presently. Before we go into that idea, though, let us pose the following question: if the question of which aspect or aspects of Capital regarding the analysis Marx conducts of the capitalist mode of production stand out as most important or characteristically specific were asked, what would the majority of the people who are familiar with the book answer? Probably the most popular answer would be the “unmasking of surplus value”. There could be others alongside this: for instance the revolutionary impact of capitalism on productive forces could be mentioned, as well as commodity fetishism, the reserve army of labour, or the tendential fall of the rate of profit. Let us see what Marx has to say on this question. The letter we are going to quote right now was written in 1867. While corresponding with Engels after having completed the preparation of the first volume of Capital for publication, Marx has this to say: The best points in my book are: 1) the two-fold character of labour , according to whether it is expressed in use value or exchange value. ( All understanding of the facts depends upon this.) It is emphasised immediately, in the first chapter; 2) the treatment of surplus value independent of its particular forms, as profit, interest, rent etc. This will be seen especially in the second volume. The treatment of the particular forms by classical economy, which always mixes them up with the general form, is a regular hash. [24] It must be admitted that here Marx takes the question up from the angle of his difference from classical political economy and in quite technical fashion. But we ask all who are familiar with Capital to reply to the following question earnestly: When we posed the question as to the distinguishing aspect, the most important dimension of Capital , would you have thought of the first point that Marx refers to? The second is perfectly understandable because exploitation can only be unmasked on the basis of surplus value. But the first? Those even among experts who would attribute a deeper meaning to the dual nature of labour any other sense than a technical one would probably amount to a handful. And do not forget that “ All understanding of the facts depends upon this.” Why is it that the dual character of labour is important? Let us ask the question in a more correct manner. It is not the dual character of labour, it is rather that “… it is emphasised immediately, in the first chapter”. In order to understand the reason, we propose to look once again at the passage we have quoted above from our own writing regarding the place of the dialectical contradiction: “ Capital opens with the analysis of the commodity, which is characterised as the unity of use value and value. This contradiction then assumes different forms such as the successive dualities between concrete labour and abstract labour etc. etc.” In other words, if Marx stresses the fact that he analyses the dual character of labour as abstract and concrete labour, the reason is that this character is the basis of the contradiction that fathoms Capital from one end to the other as a guiding principle. All the categories Marx develops will embrace two dimensions, combined but contradictory, one referring to the relationship of humans to nature, the other focussing on the relationship between humans. To sum up, Capital is simply the elaboration of this dialectical mapping. In other words, Capital is dialectic through and through. We can now go back to the dialogue between the Russian author and Marx. Why does Marx stress the dialectic in this context ? In order to grasp this we have to go back to the “Historical Tendency of Capitalist Accumulation”. After the paragraph that we have quoted above, where he talks about the contradiction between the socialisation of the means of labour and of labour itself, on the one hand, and private property in the means of production, on the other, and which he finishes by stating “the expropriators are expropriated”, Marx continues thus: The capitalist mode of appropriation, the result of the capitalist mode of production, produces capitalist private property, This is the first negation of individual private property, as founded on the labour of the proprietor. But capitalist production begets, with the inexorability of a law of Nature, its own negation. It is the negation of the negation . [25] Here we have the dialectic in all its splendour! Is it now clear why Marx asks, in regard to the Russian author, “what else.. but the dialectic method?” “Half a century later, none of the Marxists understood Marx!” We can now turn to the quotation from Lenin cited at the beginning of this article. In 1914, when the Great War broke out, Lenin, in search of a more robust grasp of the world situation in its entirety, proceeded to read Hegel feverishly, in particular his Logic . It is very clear what he was trying to do: learn the dialectic from its source. It is in the light of this study that Lenin felt the need to put down in a note in his own “philosophical notebooks” (not meant to be published) that “Half a century later [i.e. after the publication of Capital -ss] , none of the Marxists understood Marx!” Now we are at a century and a half. It is difficult to say to what extent Lenin exaggerated with respect to the generations that went before him and his own. That there was a great deal of truth in what he said seems to us to be indubitable. What is the situation in our own day? This is not the place for an exhaustive survey on this question. It is not an aim of this article to survey the literature on Marx’s Capital in the last 150 years. The aim is really to show, at this juncture, that Capital is not merely a book of economics and, more importantly, it is not solely on capitalism, but equally on communism. But we can perform a symbolic survey. There is no need to even take a glance at the technical literature on Capital and the “Marxian literature”. This literature is obsessed with the so-called “transformation problem”. It is replete with variants of the argument that this “problem” condemns Marx’s economic system to failure. The least bad among these examine, with the help of simultaneous equations, patently inappropriate for the purpose, how to save Marx’s labour theory of value from its “contradictions”. All this is a futile exercise in trying to attribute respectability to Marx, at the expense of an erasure of the revolutionary import of his labour theory of value. The word “communism” for instance is anathema to these dignified people. What is the situation among those writers who are regarded as the major experts of Marx’s Capital by the younger generation? We will choose three among the most popular. First, let us look at David Harvey. Out of the very many books he has written in the field of Marx’s economic theory (each of which seems to be repeating, under a different title, what the author has already said in earlier works), we choose the one most relevant to our topic: the Companion he has written to Volume One of Marx’s Capital . In this book, the word “communism” is never mentioned! The word “communist” is present, but only in the title of the inevitable reference to the Communist Manifesto . What is more important for our purposes, though, is what Harvey has to say on the “Historical Tendency of Capitalist Accumulation”. Do not forget that this is a guide of sorts to Capital and hence is supposed to show us the way. In a 350-page book, this chapter is allotted less than a page, most of it devoted to quotations from Capital itself. After quoting what we have so far quoted from that chapter, Harvey comments: “This call to the barricades of revolution is the rhetoric of the Communist Manifesto brought back to bear on the politics of Capital . It is a political and polemical statement that should, surely, provide the culminating chapter to an astonishing work of deep analysis that is animated by a revolutionary spirit.” [26] Can you feel the lightness in these lines? “This call to the barricades of revolution”, “the rhetoric of the Communist Manifesto brought back”, “polemical statement”, “revolutionary spirit” etc. After thus having vented his feelings, Harvey then turns to a regurgitation, for the umpteenth time, to misty speculations about his own concept of “accumulation by dispossession” for pages on end, which shows that he is more of a guide onto himself than to Marx! Harvey has understood nothing of the chapter “Historical Tendency of Capitalist Accumulation”.He therefore has not understood that Capital is a revolutionary book. He has not understood the place of the book in Marx’s overall project. Hence, he has not understood Capital ! Let us turn to Ben Fine, arguably the doyen of the academic version of Marxist economics in Britain. His Marx’s Capital , co-authored with Alfred Saad-Filho and almost in the nature of a guide to Capital , [27] is considerably in advance of Harvey’s Companion . For one thing, the word “communism” appears six or seven times in the book, showing that Fine and his co-author have not “forgotten” to mention the concept. More importantly, the three-page-long last subsection of the penultimate chapter of the book discusses, under the title “socialism”, the social order that is an alternative to capitalism. Here, a bit in passing as it were, there is mention of the socialisation of “life”. However, in a book that aims to show the way to the reader of Capital , that aims to accompany the reader in the difficult experience that constitutes a reading of Marx’s masterpiece, nothing remotely resembling the contradiction that arises between the productive forces and private appropriation of the social product, itself a consequence of the very logic of capital, is taken up in even cursory manner. We now come to a real doyen of the profession, Paul Sweezy. A classic in the full sense of the term, The Theory of Capitalist Development embodies all the shortcomings of underconsumptionism and of the peculiar brand of Marxism of the Monthly Review school, as well as some strong sides (more comprehensive surveys of the literature on the transformation “problem” and theories of crisis than can be found in any similar source, marred naturally by the fact that the book is now totally dated). However, regarding the question at hand, it is striking that in a book that is close to 400 pages long, Sweezy never once touches questions such as the socialisation of productive forces or the contradiction between productive forces and relations of production. No trace of Lenin’s ideas can be found in the 20-page section of the book that Sweezy, author, together with Paul Baran, of the well-known and oft-quoted book Monopoly Capital , devotes to the concept monopoly. In the “Conclusion” to the book, we come across the following judgment: “Expressed schematically, the fundamental inner contradiction of capitalist production carries in it expansion abroad and contradiction.” [28] We see here how much Sweezy has distanced himself from Marx’s “immanent” contradiction. In short, Lenin seems to be right after another full century has passed. Not only half a century, but a full 150 years later Marxists insist in not understanding Marx. It would be appropriate to contrast this with Lenin’s own approach to this self-same question. In 1914 (ironically even before he has read Hegel’s Logic !), in an encyclopaedia entry he wrote on Marx’s life and thinking, Lenin recounts “Marx’s Economic Doctrine” in a part that is 10-15 pages long. This section has only two subsections: Value and Surplus Value. But even in this very short section, Lenin has devoted one and a half pages (i.e. ten per cent of the whole section on the economy) to the “Historical Tendency of Capitalist Accumulation”! Perhaps the picture is not as bleak today as Lenin feared it would be. Of many Marxists who do take the chapter on the “Historical Tendency” seriously, let us cite only one that the younger generation of Marxists reads widely: Ernest Mandel. In his “Introduction” to a new English translation of Volume One of Capital in the 1970s, out of eleven sections, the last is titled “ Capital and the destiny of Capitalism” and devoted to the “famous” chapter on the “Historical Tendency of Capitalist Accumulation”. [29] There are, in our opinion, several manners in which one can test whether Capital has really been grasped adequately by a student. The one that is relevant to us in this article is the most decisive one. If a student who has read Capital cannot then go to the “Table of Contents” of Volume One and trace the building up and unfolding of the contradiction that Marx speaks of in the chapter on the “Historical Tendency…” step by step in the table of contents, then that student has not yet grasped Capital adequately. Return to square one and start all over again! 1845-1848-1859-1867 Yet the propositions that our economists either ignore or cannot grasp form an indissoluble unity with the overall comprehension of the world that lies at the centre of Marx’s entire thinking. Whoever rejects or ignores one has, thereby, turned their back to the other as well. Let us now turn our attention to this aspect. If what has been so far said about Capital is true, in other words, if the most important discovery of Capital regarding capitalism is that the productive forces created as a result of the development of this mode of production along the lnes of its own laws result at a certain stage the entering of these forces into contradiction with the capitalist relations of production themselves, this, then, is a verification, before all else, of Marx’s materialist conception of history or, what is the same thing, historical materialism in striking fashion. In his “Preface” to the Contribution to a Critique of Political Economy, written in 1859, Marx explained how his research led him to find the key to historical development in the “material conditions of life” and summarised the general conclusions he thus reached in the following manner: In the social production of their existence, men inevitably enter into definite relations, which are independent of their will, namely relations of production appropriate to a given stage in the development of their material forces of production. The totality of these relations of production constitutes the economic structure of society, the real foundation, on which arises a legal and political superstructure and to which correspond definite forms of social consciousness… At a certain stage of development, the material productive forces of society come into conflict with the exisiting relations of production… From forms of development of the productive forces these relations turn into their fetters. Then begins an era of social revolution. [30] This is precisely the kind of process analysed in the chapter on the “Historical Tendency…” at the end of Volume One of Capital . The capitalist mode of production, as a result of its tendency to constantly revolutionise the productive forces of society, has brought them to such a level, has so much socialised labour that these forces can no longer be contained by capitalist private property. In other words, either one shares Marx’s materialist conception of history and also takes seriously the thesis of the socialisation of productive forces, as a confirmation and an instance of this thesis when what is at stake is the transition from capitalism to socialism or one refuses them both. Not only that. In effect, Capital , in this essentially important dimension, is but the demonstration of the truth, in detail, of a conclusion that Marx and Engels had already reached back in 1848. It is a well-known fact that Marx committed himself to the study of political economy after the storm of the 1848 revolutions had subsided with the purpose of substantiating the claims on class struggle and revolution and of laying bare the real character of modern society from the standpoint of the working class. Now, two decades later, in 1867, a fundamental point that he had put forward in the Communist Manifesto , together with Engels, is being powerfully buttressed by the extremely advanced instruments of the theoretical edifice provided by the critique of political economy. Here is what they had to say in the Communist Manifesto : Modern bourgeois society with its relations of production, of exchange and of property, a society that has conjured up such gigantic means of production and of exchange, is like the sorcerer, who is no longer able to control the powers of the nether world whom he has called up by his spells. For many a dcade past the history of industry and commerce is but the history of the revolt of modern productive forces against modern conditions of production, against the property relations that are the conditions of the existence of the bourgeoisie and its rule. [31] It is obvious that here we have a summary of the ultimate conclusion of the theoretical edifice that will be exposed throughout the entire architecture of Capital two decades later. Thus, thanks to the intense labour of those two decades, Marx has provided the scientific proof for the thesis he had (together with Engels) put forth earlier. There is yet another harbinger in the Communist Manifesto of that rich theoretical exposition that one finds in the chapter on the “Historical Tendency of Capitalist Accumulation”. Not only does capital generate the productive forces that sap its own basis, but it also produces the class that will bring down the whole social order established by it: The advance of industry, whose involuntary promoter is the bourgeoisie, replaces the isolation of the labourers, due to competition, by their involuntary combination, due to association. The development of Modern Industry therefore cuts from under its feet the very foundation on which the bourgeoisie produces and appropriates products. What the bourgeoisie produces, above all, are its own grave-diggers. [32] We see thus that in a certain sense Capital provides the Communist Manifesto with an infrastructure. Let David Harvey pontificate on the “rhetoric” of the Communist Manifesto . What he cannot grasp is that Capital is as revolutionary a text as the Communist Manifesto ! The two are in perfect harmony. Finally, the idea that capitalism generates communism through the socialisation of productive forces is the perfect scientific grounding for the attitude adopted by Marx and Engels very early on vis-a-vis utopian socialism. It is a well-known fact that despite their appreciation of the pioneering role played by the utopian socialists (notably Saint-Simon, Owen and Fourier), Marx and Engels found their effort to reshape the world along the lines of the “ideals” developed in their own minds naïve and unrealistic. The following passage from the German Ideology , published in 1845, presents in the brightest manner possible the difference of scientific socialism with the utopian one: “Communism is for us not a state of affairs which is to be established, an ideal to which reality [will] have to adjust itself. We call communism the real movement which abolishes the present state of things. The conditions of this movement result from the now existing premise.” [33] Capital has confirmed this claim as well. Not only has it shown that communism comes on the horizon of humanity within the real movement of society. It has also proved that the conditions for this movement are the necessary product of the premise (i.e. the capitalist mode of production) that exists in the present. We can then draw the conclusion: those who do not grasp the vital, repeat vital, significance of what is explained in the chapter on the “Historical Tendency of Capitalist Accumulation” have simply not understood at all not only Capital , but the whole thinking of Marx and Engels. Lenin obviously understated his case. The historic significance of the historical tendency The subject matter of this article is to substantiate the idea that the most important conclusion of Marx’s Capital from the political and theoretical viewpoints is that capitalism generates communism. In other words, the article has a theoretical scope. We will refrain from doing the following in the context of this article. First, since this proposition has been formulated at the high level of abstraction on which Marx operates in Volume One of Capital , there could have been an additional discussion on how this law manifests itself concretely. We will not go into this aspect of things. In other words, we will not enquire into how the contradiction between the socialisation of the means of production and labour and the private nature of appropriation under capitalism plays itself out in the concrete motion of society. We are of the opinion that, in Marx’s own approach, the key role here is attributed to economic crises and we have already explained this mechanism in clear terms in an earlier study. [34] Secondly, we will not look into whether the circumstances that obtain in today’s world verify or refute Marx’s thesis, itself put forward at a high level of abstraction and as a world historical proposition. This we will take up in an article planned for this fall, on the occasion of the 10 th anniversary of what we have preferred to call the Third Great Depression, when we will draw a balance sheet of the world situation in its economic and political aspects. This type of study requires the assessment of concrete data that lie way beyond the level of theoretical abstraction proper to this article. In summing up this article, we would like to underline another very important theoretical issue that is very often ignored. With his theoretical proposition that is embodied in the chapter on “Historical Tendency of Capitalist Accumulation” but really spread throughout the entire edifice of Capital , Marx anticipates a whole new stage in human history. For the first time since the rise of class society, in other words since the dawn of written history, the material bases of the struggle over interests within and between human societies will be disappearing . Beyond the importance for humanity of the socialisation of productive forces with respect to the transition from capitalism to communism, this proposition implies that collective interest has become the highest mediation that can meet individual interest in the best manner possible . To explain briefly, from the moment a surplus product saw the light of day, the communal existence of human communities that are widely classified as primitive communal society cedes ground to fissures, tensions, conflicts of interest. In time, the struggle between the propertied classes that live on the surplus labour of others thanks to their control over the means of production, on the one hand, and the class of direct producers that carries out the production of objects that meet the needs of the community in and through nature, but become dependent in their access to the means of production on the former classes, on the other, assumes a character of decisive importance. Thus, the conflicts of interest that arise within human communities take on the form of class struggles, but neither do class struggles consist of this fundamental conflict, nor do conflicts of interest consist solely of class struggle. On the one hand, class struggles also involve intermediate classes and contradictions within the classes themselves. On the other, outside of class struggle, conflicts of interest assume a multitude of forms, from the macro level struggles between empires all the way down to the competition between individuals within the same class. This tendency reaches its apex in the age of capitalism. The dissolution of all traditional protective buffer mechanisms and all bonds of a communal character as a consequence of the rise of the naked cash nexus turns bourgeois society into a jungle based on “the war of each against all” (Engels). This is why bourgeois ideology and social theory borrow from Darwin’s theory of evolution the worst possible aspect: as in nature, so in society, all will pursue their self-interest and social life is converted into a war theatre where each individual is prone, nay condemned to struggle against all the others. Social life is reduced to the fight for “survival”. No one can or will hold the interest of society or of communities above their own interest. Within the parameters of this thinking, bourgeois individualism becomes the ideological norm. Economists proceed to eulogise competition and attribute to it the consistency of the best possible economic system that humanity can attain, viz. capitalism. In this context, communism is naturally seen as condemned to failure. Even if successful revolutions should occur, once the ferment and enthusiasm subside, once the idealism of the drive to build a more just society cedes its place to the crass but necessary materialism of everyday existence, everyone will start to pursue self-interest and the egalitarian and just society that was the goal of the revolution will be eroded by the undercurrent of individual interests and finally give way to a society of competition and contest. Marx’s thesis of the “socialisation of productive forces” creates a deep breach in this entire scheme of things. Marx is the thinker who most clearly held that all aspects of social life are formed under the impact of material interests and the conflicts over these interests, that, however complex the level of mediation, no relationship, institution or idea is formed independently of the conflict of interests and, most importantly, class struggles, that each is conditioned by these material interests. It is unthinkable , therefore, that he should not have considered the objections raised regarding the dissolving impact of individual self-interest. Let us take one further step: Marx can surely not have believed that an epoch-making leap forward of the kind of socialism, communism, the emergence of a classless society that will surely change the whole course of history and the destiny of humanity can materialise exclusively as a result of revolutionary enthusiasm and the idealism created by the longing for a just society. Indeed this is not the case. The reason why Marx conceived communism as possible and necessary was not his rejection of the fact that individual interest is the main driving force of human behaviour. It is the realisation that for the first time in history, we have entered an epoch in which individual interest can be satisfied better through collective methods than through competition and struggle against the fellow human being . To put it somewhat differently, communism is not the epoch in which the validity of the materialist view of history has come to an end and the age of idealism has finally set in. It is the epoch when, thanks to the level attained by the productive forces of humanity, the collective satisfaction of material interest changes the deal. That is why the key phrase in the chapter on the “Historical Tendency of Capitalist Accumulation” really anticipates the accession of humanity to a totally different age: “t he transformation of the instruments of labour into instruments of labour only usable in common ” Capitalism has created for humanity a level of labour productivity unprecedented in history. Marxists have never denied this; on the contrary, they have been in the forefront of those who stressed this. One need only read the first part of the Communist Manifesto to see this. This means that humanity is faced with the opportunity of creating a life more prosperous, more secure, more fulsome than ever. But at the same time, capitalism rises as a barrier in the way of the realisation of these opportunities for the overwhelming majority of society. According to bourgeois ideology, revolutions that abolish the rule of capitalism find themselves face to face with a contradiction: these revolutions can deliver equality, a secure future and peace to the majority, but because it is capitalism that provides the basis for the development of the productive forces, sooner or later the desire to attain a wealthier society will lead these countries back to capitalism. Marx’s thesis of the socialisation of productive forces contends that this contradiction has now been eliminated. For the first time in history, the organisation of production and distribution in a collective mode, on the basis of public property and a central plan will provide for each individual more than that can be provided by competition, the market, and private property, in short more than can be provided by a society where each individual pursues their own self-interest. For the instruments of labour, albeit developed originally by capitalism, are henceforth only “usable in common” One can see that here a bizarre relationship has emerged between the individual and the collective, one that has never been seen before in history. Short of grasping this, it is impossible to understand why communism is the order of the day for the future of humanity. We earlier explained this relationship by employing the concept of mediation: collective interest has become the highest mediation of individual interest. Communism is usually depicted as a society in which social interest rules exclusively, where everything has become collectivised, where none else than that which is collective has the right to exist. For the bourgeois, this is a criticism, a reproach. Those who side with communism, on the other hand, declare this with pride in the face of bourgeois individualism. Very much rightly so. But the relationship is somewhat more complex in Marx. Now we go back to Marx’s chapter on the “Historical Tendency of Capitalist Accumulation”. Marx has already explained that capitalism has generated the socialised type of productive forces that undermine its own basis, that at the same time it has created the proletariat as a formidable force in opposition to its own power, that all this will set off a process that will only come to an end when “the expropriators are expropriated”, and drawn attention to the dialectical nature of the whole process by pointing out that this is the “negation of the negation”. The first negation, it will be remembered, is the destruction of the unity between the direct producer and the means of production. The capitalist is, in effect, now pillaging into destruction even those capitalists who are weaker. The expropriation of the large-scale capitalist himself is the second negation. Now, holding all this in mind, let us continue where we had left off: It is the negation of the negation. This does not re-establish private property for the producer, but gives him individual property based on the acquisitions of the capitalist era: i.e. on co-operation and the possession in common of the land and of the means of production. [35] “Individual property”! An astonishing remark surely, if there ever was one. Marx, who has himself defended, as against the anarchists and the mutualisme of Proudhon, the impossibility of the defence of “individual property” in the face of the large-scale production generated by capitalism, now characterises the property form of communism as “individual property”. What irony! One may even suspect a slip of the pen, but successive German editions, the French, English and Russian editions… Is it conceivable that this slip of the pen should not have drawn the attention of either Marx or Engels or others? The secret of the irony lies in the fact that this particular “individual property” possesses characteristics that are peculiar to it: this is an individual property that rises on the basis of common property in the means of production . We started out from individual small-scale property, went through capitalist private property (the gigantic scale of private property belonging to the minority coupled with the propertylessness of the majority), now we are returning to individual property as a negation of the latter (the negation of the negation), yet this time not as small-scale property, but as individual property based on common property. In this immensely dense text (human history in a mere three pages!), Marx also touches upon a point of vital importance in a brief but key phrase: “based on the acquisitions of the capitalist era”. Hence, there is a return to the individual, but not on the basis of a wholesale negation of capitalism. A return that conserves the “acquisitions” of the capitalist epoch. In other words, both supersession and conservation. Aufhebung . Hegel. Dialectics. Lenin. This is the expression, in terms of property relations, of our proposition that we have now entered an epoch of history in which, for the first time in history, individual interest is henceforth mediated by collective interest. [1] Sungur Savran is the chairperson of DIP (Revolutionary Workers’ Party), writer in journals Devrimci Marksizm (Revolutionary Marxism) and its annual English edition Revolutionary Marxism, and newspaper Gerçek (Truth), and one of the founders of RedMed web network [2] V. I. Lenin, “Conspectus of Hegel’s Book The Science of Logic”, Collected Works, vol. 38, Moscow: Progress Publishers, 1976, p. 180. [3] This article was first published in Turkish in Devrimci Marksizm, issue No. 32-33, Fall-Winter 2017.b It has been translated into English by the author himself [4] This is not the preface to the original Russian edition of the book, but the “Preface to the French and German Editions” written in 1920 and first published in 1921. Collected Works, op. cit., vol. 22, p. 194. [5] Ibid, p. 265. Emphasis added. [6] Leon Trotsky, The Transitional Program for Socialist Revolution, New York: Pathfinder Press, 3 rd Ed., 1977, p. 112. [7] Karl Marx, Capital, Volume I, translated by Samuel Moore and Edward Aveling, New York: International Publishers, 1967, p. 10. Emphasis added. [8] Ibid, p. 8. Emphasis added. [9] Ibid, Chapter 25, Section 4, pp. 640-47. [10] Ibid, Chapter 25, this time section 3, pp. 628-640. [11] Ibid, pp. 625-28. [12] Karl Marx, Capital, vol. III, Moscow: Progress Publishers, 1971, Part III, pp. 211-266. [13] Capital, vol. I, op.cit., p.14. [14] Ibid, p. 16. [15] Ibid, pp. 17-18. Emphasis added. [16] Ibid, p. 19. [17] Ibid. [18] For a brief overall explanation of this proposition, see Sungur Savran, “Das Kapital: The Book of Communism”, Revolutionary Marxism 2018, in particular the section on “The Architecture of Capital”, pp. 260-265. [19] Capital, vol. I, op. cit., p. 763. [20] This is certainly not true of the slave. However, there was another kind of unity between the slave and the means of production: the slave himself was a “talking means of production”! [21] I am abstracting here, for the sake of brevity, from the seminal ideas Marx expressed in his Grundrisse. See, in particular, pp, 409-410, 540, 692-695, among many others, in Karl Marx, Grundrisse. Outlines of a Critique of Political Economy, Harmondsworth: Penguin, 1973. [22] “Plan of Hegel’s Dialectics (Logic)”, Collected Works, vol. 38, Moscow: Progress Publishers, 1976, p. 317. [23] “Das Kapital: The Book of Communism”, op. cit., pp. 257-58. Marksist Klasikleri Okuma Kılavuzu, a.g.y., s. 221. [24] “Marx to Engels in Manchester”, August 24, 1867, Marx Engels Selected Correspondence, Moscow: progress Publishers, Third revised edition, 1975, p. 180. Also: “Correspondance sur le ‘Capital’”, Le Capital, Livre premier, Tome III, Paris: Editions Sociales, 1971, s. 231. [25] Capital, vol. I, op. cit., p. 763. [26] Ibid, p. 301. [27] Ben Fine/Alfredo Saad-Filho, Marx’s Capital , Turkish translation: Marx’ın Kapital ’i, translated by Nail Satlıgan, Expanded second edition, Istanbul: Yordam Kitap, 2011. A clarification is in order: due to the difficulties of the life of a militant, we have no access, at this moment, to the original English text of three sources cited here (Fine & Saad-Filho, Sweezy, and Mandel, see below). The passages that we quote here from these three sources are retranslations from Turkish back into English of the original texts. Done in good faith, these, nonetheless, are not one hundred per cent reliable, as all who are well-versed in the delicate profession of translation will attest to. [28] Ibid, s. 347. [29] Ernest Mandel, Marx’ın Kapitali, Istanbul: Yazın Yayıncılık, 2008, pp. 107-116. [30] Karl Marx, A Contribution to the Critique of Political Economy, New York: International Publishers, 1970, pp. 20-21. [31] Karl Marx and Friedrich Engels, The Communist Manifesto, New York: Monthly Review Press, 1998, p. 11. [32] Ibid, p. 24. A.g.y., s. 32. [33] Karl Marx/Friedrich Engels, The German Ideology, Collected Works, vol. 5, London: Lawrence & Wishart, p. 49. [34] Sungur Savran, “Capitalist Crisis or the Crisis of Capitalism?” in E. Ahmet Tonak (ed.), Critical Perspectives on the World Bank and the IMF, Istanbul: Istanbul Bilgi University Press, 2011. [35] Capital, vol I, op. cit., p. 763. Emphasis added.

1 de octubre de 2018
The land of the October revolution: a country of women walking on the road to emancipation
Armağan Tulunay

Take the position of women. In this field, not a single democratic party in the world, not even in the most advanced bourgeois republic, has done in decades so much as a hundredth part of what we did in our very first year in power. We really razed to the ground the infamous laws placing women in a position of inequality, restricting divorce and surrounding it with disgusting formalities, denying recognition to children born out of wedlock, enforcing a search for their fathers, etc., laws numerous survivals of which, to the shame of the bourgeoisie and of capitalism, are to be found in all civilized countries. We have a thousand times the right to be proud of what we have done in this field. But the more thoroughly we have cleared the ground of the lumber of the old, bourgeois laws and institutions, the clearer it is to us that we have only cleared the ground to build on but are not yet building. Vladimir I. Lenin [1] 2017 is the 100th anniversary of the October revolution, the greatest victorious revolution of the working class to date. [2] After the October revolution, the young Soviet power immediately took steps to fulfill the demands of the working class and the oppressed. Not only did it meet the their demands , but also in the direction of the socialist revolution program, recognized a series of rights, which the oppressed could not even imagine the existence and know the importance of, and gave conscious effort to make sure that they were exercised. The young workers’ power was trying to lay the stones of the emancipation of the working class along with the other oppressed. Women, along with oppressed nations, were at the top of these groups. At the beginning of the 1900s it was almost impossible to talk about women’s political rights in the world. This was a period when women struggled not only for the right to stand for election but even for the right to vote. And in many countries this struggle has continued for many years. In countries like Switzerland, a so-called cradle of democracy, women gained the equal right to vote and stand for election in 1971. Only after women in Saudi Arabia gained this right in 2015, albeit limited to local elections, did it become possible to say that women have this right all around the world. After the October revolution, the Soviet power became the first state that recognized this right for women by immediately granting the widest political rights on equal terms to men. Similarly, abortion in many Western countries became a legal right only in the second half of the 20th century (England 1967, USA 1973, France 1975, Italy 1978). Even today, in many countries it is not legal or it can only be done depending on certain conditions. We haven’t forgotten yet that Erdogan lashed out against abortion by saying «every abortion is like an Uludere» [3] in 2012 and his attack was repelled by the struggle of the women. And still we struggle for free access to safe and legal abortion under hygienic conditions. Although antiabortion was dominant in its own land and all around the world, the Soviet power recognized this right with the conditions we are virtually fighting for the sake of even today. The young workers’ state made a number of laws that changed the lives of women, signed decrees. In this article, we will try to evaluate the effects of the October revolution on women’s lives and what kind of consequences it has. Within the limits of this article, we will first try to provide a framework of practical steps that were taken in the Soviet power in different aspects from participation to work force to education, from laws regulating marriage and divorce to collectivization of domestic house work and child care, from the leap in the political scene to abortion, etc. We will then focus on the question whether it was possible to preserve the continuity of these rights and if not, we’ll try to explain the reasons for the emergence of a new situation. And finally we aim to draw lessons on the capacity of the working class program in terms of the emancipation of women in the context of the Soviet experience. Before this, it will be useful to have a brief look at the conditions women had been living in Russia before the October revolution. The situation of women during the Tsarist period During the tsarist period, women were first slaves of their fathers, then their husbands. They were getting married before they were 12. On the day of the wedding, the bride’s father gave the groom a whip as a gift, and in almost every house there was a tradition that the whip was hung in bedrooms. Women did not have right to divorce. If a woman abandoned her husband, she was handed back to her husband by police force. A married woman did not have her own passport. She was registered to her husband’s passport. [4] She did not have the right to have her own property. She did not have the right to make decisions on the family’s properties. Not only on the properties, neither did women have power on their children. Without the permission of her husband, a married woman could not even look for a job. The living and working conditions of women who were able to work with her husband’s permission were also very heavy. With the increase in mechanization, jobs that do not require physical power were creating an employment area for women, but women’s salaries were only as half as men’s salaries. There weren’t rights such as maternity leave or breast-feeding permission. Many sources that describe the period tell that women have worked in factories by hiding their pregnancies until the beginning of severe birth pain, or even sometimes working women gave birth at their workbenches and then continue to their work. 95per cent of women were giving birth without any medical help, on average 30,000 women were dying every year during childbirth, Russia was leading the way among European countries in terms of child death. [5] No methods were applied that a woman can access in order to prevent pregnancy. Because abortion was also forbidden, pregnant women were appealing to experienced women of village who can end pregnancy with nails and hooks. [6] Naturally, this procedure was putting women’s lives under danger and causing diseases, injuries and the frazzling of women in young ages. As in other capitalist countries; prostitution was a very serious problem in combination with male domination, economic difficulties, and making the female body a commodity that could be bought and sold. The fact that the women were in a precarious position, to say it with their logic at the time, women being ownerless was imposing prostitution as a way of livelihood. A study conducted in 1889 confirms this fact by showing that 83.5per cent of the registered prostitutes in Russia are women in the worst-case strata, and 65per cent are women who were servants once in the bourgeois and aristocratic homes. [7] In Tsarist Russia, a so-called struggle against prostitution is being carried out. In reality, prostitutes were registered and prostitution was institutionalized. On the other hand, women were convicted to prostitution in the rest of their lives by a kind of blacklisting. Women were also very underdeveloped in education. According to the last census of 1913, made before the October revolution, 83per cent of women did not even know how to read and write. Almost all of the remaining women were women from the upper classes, and it is estimated that most of those women have been sent to exile with the revolution, so the proportion of literate women has fallen to 5per cent immediately after the revolution. [8] In the case of the Peoples of the East, this is getting even worse, and it usually is not even possible to find a single woman who is literate. The situation of women were relatively worse in this region which is under the influence of Islam and will contain Soviet Republics of Kyrgyzstan, Tajikistan, Uzbekistan, Turkmenistan, Kazakhstan and Azerbaijan, than other parts of Russia. Women were considered as goods which were being bought and sold. There was a system called “ kalim ” which was an equivalent of bride wealth. Women were bought with this system by their husband, and then the husband had unlimited authority over the woman. If he wanted, a man he could marry more than one woman. After her husband had died, a woman had no right to speak about her own life, and this time she became the property of her husband’s eldest brother. If he wanted, he could have kept the woman for himself or could sell her to another man. Women living in East had to cover themselves up. In addition to burqa, women in Uzbekistan and Tajikistan had to cover their faces with a special black veil which is woven from horse hair. “In this way a woman covered with paranjas (burqa) looks completely like a ghost, a dark room with feet. Her dark and amorphous image was forming a great, inconceivable contradiction with the luminous bazaars and palaces and colorfully dressed men of Samarkand, Tashkent and Bukhara.” [9] Of course it is not possible to talk about political rights of woman in a country where women are pushed into the background. During the oppressive era of Tsarist, women felt most of this oppression in political rights. Woman did not have the right to vote or stand for election. Women were completely excluded from political life because they were not allowed to work in many occupations and also not allowed to work in administrative areas. That is to say, the October Revolution rises in the lands of an almost hellish country for women; Soviet power was struggling against the repressive, reactionary structures, habits, traditions, rules that have rooted for centuries for the salvation of women and the working class. Women as an actor of the revolution So, what did women do about their condition being so underdeveloped? Did they buckle under the difficulties and pressure or did they begin struggle? While answering this question, we need to go back to 1895 from 1917, we see that there were four women including Krupskaya as leaders of the organization named “Union of Struggle for the Liberation of Working Class” which was formed by Lenin. In the light of the experiences of this organization which can be considered as first seeds of Russian Social Democratic Labour Party (RSDLP), in 1900 Krupskaya wrote an illegal brochure named Woman as a worker which was addressing the situation of women and their political duties. [10] In 1905, they were struggling in the ranks of the revolution alongside with men. Between 1905 and 1907, Bolsheviks were doing systematic agitation and organization work among woman workers, and organizing meetings where women problems were discussed and women’s demands were risen. Although the majority was intellectuals at that time, the rate of female members of the RSDLP was 15per cent, even higher than the German Social Democratic Party, which has a much longer history and stronger tradition. [11] The period of repression and reaction between 1908 and 1912 led to the arrest of many female leaders, the expulsion of them to exile, and the movement retreated to a completely illegal area. After this period, as the working class movement revived and the opportunities of making legal demonstrations increased, the products of the systematic studies carried out among the women workers also started to show themselves. On 8 March 1913, RSDLP decided to celebrate International Working Women’s Day for the first time in St. Petersburg with a mass demonstration, and an enthusiastic meeting was held on the lead of woman workers, especially textile workers. International Working Women’s Day was celebrated with a special issue of Pravda which was published that day. [12] A year after the women’s letters to Pravda grew like an avalanche, on March 8, 1914, Rabotnitsa (The Woman Worker) which was Bolsheviks’ first journal for women began to be published by a publishing committee of female revolutionaries such as Nadezhda Krupskaya and Inessa Armand. [13] After publishing seven issues, Rabotnitsa was closed together with all other revolutionary publications, with the beginning of the World War I. With the effect of their position against the imperialist war, Bolsheviks’ power within the peasant and working women who have suffered the most from the war increased. The biggest breakthrough until that time took place with the firing of women in the wake of the February revolution, which again took place in 8th of March Women’s Day. As Trotsky tells in the History of Russian Revolution, one day before, no one thought “Women’s Day” could start the revolution: Thus the fact is that the February revolution was begun from below, overcoming the resistance of its own revolutionary organizations, the initiative being taken of their own accord by the most oppressed and downtrodden part of the proletariat – the women textile workers, among them no doubt many soldiers’ wives. The overgrown breadlines had provided the last stimulus. About 90,000 workers, men and women, were on strike that day. The fighting mood expressed itself in demonstrations, meetings, encounters with the police. The movement began in the Vyborg district with its large industrial establishments; thence it crossed over to the Petersburg side. There were no strikes or demonstrations elsewhere, according to the testimony of the secret police. On that day detachments of troops were called in to assist the police – evidently not many of them – but there were no encounters with them. A mass of women, not all of them workers, flocked to the municipal duma demanding bread. It was like demanding milk from a he-goat. Red banners appeared in different parts of the city, and inscriptions on them showed that the workers wanted bread, but neither autocracy nor war. Woman’s Day passed successfully, with enthusiasm and without victims. But what it concealed in itself, no one had guessed even by nightfall. [14] After that first night, the soldiers had to join the revolution for the uprising to be successful. Women are involved also in this struggle, even forming the bravest, most heroic divisions of the struggle, and leading it. Trotsky tells like this: A great ro1e is played by women workers in relationship between workers and soldiers. They go up to the cordons more boldly than men, take hold of the rifles, beseech, almost command: “Put down your bayonets – join us.” The soldiers are excited, ashamed, exchange anxious glances, waver; someone makes up his mind first, and the bayonets rise guiltily above the shoulders of the advancing crowd. The barrier is opened, a joyous and grateful “Hurrah!” shakes the air. The soldiers are surrounded. Everywhere arguments, reproaches, appeals the revolution makes another forward step. [15] When the Tsar, which seemed to be unshaken, fell after February revolution which erupted due to women’s struggle, the struggle of women was saluted in Pravda with such enthusiastic lines: Salute to the women! Salute to the International! Women were the first to go out to the streets of St. Petersburg on Women’s Day… Salute to the women! [16] After the February revolution, until the working class took power with the October Revolution, women took an active part both in protecting the achievements of the February revolution and in the struggle to organize the October revolution. They participated in factory committees and militia. Rabotnitsa, which was banned in 1914 after the great laundering strike in Petrograd, where 5,000 women workers joined, started to be published again. When they were repressed after the events of July 1917, the only legal publication in the hands of the Bolsheviks was Rabotnitsa published every 10 days and 40,000 copies were published. [17] Despite all this aliveness, the prejudices, which have been deeply rooted for centuries, continue to exist. These prejudices did not affect only male workers, they had effects also on Bolsheviks’ base. Women, without any tradition or experience, were organizing effective strikes, and forming strike committees themselves. But even women workers did not believe that women had the capacity to take part in soviets to represent all workers. For instance, even though textile workers were overwhelmingly female, only 2 of the 15 textile workers’ unions’ leaders were woman workers. While half of the workers of Petrograd were women workers, the proportion of female delegates in the soviet organs was only around 5 per cent. [18] When the working class took power with the help of peasants together with the lead of Bolsheviks, on 7 November, according to today’s calendar, 25 October according to old calendar, women participated in the leading of the revolution. And the Soviet power, the product of the greatest victorious worker’s revolution of history, was facing a struggle to provide a future for women who have struggled for Soviets in all the toughest conditions, after hundreds of years of reactionary, oppressive traditions, under the dominance of the rules and turning their faces to Bolsheviks with the hope of salvation. The steps and effects of Soviet power until the rise to domination of the bureaucracy The Soviet power, from the beginning of its earliest days, immediately passed enactments that annihilated the unjust legislations kept women under control. However, they did not only give women the rights previously granted to men, they made decisions and laws that would remove the sexist social rules that shook the women and the men, cut the reactionary ties and open the way for the construction of a new society. Marriage and divorce Only two months after the October revolution, in December 1917 two enactments about divorce, marriage, women’s and men’s decree on children were published. Both marriage and divorce made entirely voluntary. Church marriage was not banned, but was invalidated in terms of the legal system. After that, only civil marriage was recognized by law. Registration of church marriages that was made before the revolution was necessary for them in order to be recognized legally. In this way, the Soviet government attempted to break the influence of the church on the regulation of society’s life, while on the other hand it was carrying out this struggle in a careful way, not to hurt people’s beliefs. Obligations for married women such as taking her husband’s surname, needing her husband’s permission to look for a job and work, were removed. The biggest change those two enactments brought was the provision of equality of marital and non-marital children before the law. Before the October revolution, women did not have a right to demand maintenance for non-marital children, this enactment recognized this right to women and children. Equal right of speak and authority was given to men and women in decisions about children. Just like marriage, divorce was also monopolized by the church and was extremely difficult. Because it brought a very serious financial burden, it was almost impossible for men from the working classes to use, only men from the upper class could use that right. Women did not have this right anyway. The Soviet power immediately made divorce an equal and extraordinarily easy procedure for both women and men. Application of only one of the parties was enough for divorce. If all the issues were agreed between the parties, application was enough for divorce, if not agreed, decisions taken at the local court in accordance with the lawsuits. The fact that the parties were not allowed to intervene in each other’s life after the divorce can be regarded as one of the important measures of Soviet power against male dominance when the pressures faced by women who are divorced or want to divorce even today is considered. On October 17, 1918 approximately one year after the revolution, “Code on Marriage, the Family and Guardianship” was enacted. This code was based on the separation between the before marriage assets and after marriage assets of spouses. Adoption is banned in order to protect children’s rights, especially in rural areas, because of the widespread adoption to be used as labor force and to prevent the craftiness of getting more share in the reorganization of the society by making the family population more crowded. It was declared that children who were adopted before the code, had equal rights with other children. It has been decided that decisions regarding children’s education, custody should be taken with mutual agreement of the parents. To discipline children by physical sanction was banned. This code, accepted in 1918, was valid until a new code was enacted on January 1, 1927, and in the period between the two codes, enactments were introduced which brought some secondary regulations on this area. [19] The right to abortion and birth control By a decree of October 18, 1920, abortion was accepted as a free and legal right for all women on condition that they were performed in state hospitals in the first three months of pregnancy. Thus, for the first time in the world, women had the right of legal abortion in the territories of the October revolution, under the workers’ power. The Soviet power was providing an accessible abortion on healthy and hygienic conditions to women who had previously risked their health and took the risk of miscarriage. In the world where the church and the dominant opposition against abortion speaks of «the right to live of the fetus», the decree published by the workers’ government puts the right to live and health of the woman at the center and punishes not the abortion, but those who risk the woman by illegal abortion. These words were written in the Abortion Decree that claimed in 1920: But as the moral survivals of the past and the difficult economic conditions of the present still compel many women to resort to this operation [20] , the People’s Commissariats of Health and of Justice, anxious to protect the health of the women and considering that the method of repressions in this field fails entirely to achieve this aim, have decided: 1. To permit such operations to be made freely and without any charge in Soviet hospitals, where conditions are assured of minimizing the harm of the operation. 2. It is absolutely forbidden for anyone but a doctor to carry out this operation. 3. Any nurse or midwife found guilty of making such an operation will be deprived of the right to practice, and tried by a People’s Court. 4. A doctor carrying out an abortion in his private practice for the purposes of profit will be called to account by a People’s Court. [21] The Soviet power, in recognition of this right, also carried out propaganda activities in order to state that abortion should not be used as a birth control method and that it is a serious operation involving various risks. The reason Soviet power ran those propaganda activities is because abortion actually became a birth control method due to inadequacy of other birth control methods. It was ordinary for a 30 year old Soviet woman to have abortion averagely 5-7 times. [22] At this point, when it is said that women have a lack of access to contraceptive methods, this point should be emphasized: Many birth control methods used today were not known at the time of the legalization of the abortion, even the birth control pill had not been found yet. Implementation of birth control methods, such as abortion, is prohibited not only in Russia but all over the world, it was a period when scientific work about this topic was banned around the world. In this sense, Soviet Union was the first country to conduct medical research with clear control and support of the state to develop birth control methods in order to minimize the number of abortions and wide-ranging researches to carry out the abortion with the least risks in terms of women’s health. Education In the tsarist Russia, 70 percent of the population was illiterate. This proportion was even higher among peasants and women. In 1920, the rate of illiteracy among the general population was 67per cent and among women it was 77.5per cent. [23] The Bolsheviks embarked on a great mobilization of the whole society with the «Decree on Eradication of Illiteracy» published in Lenin’s signature on December 26, 1919. Women had to participate in social life and labor force in order to oppression of women to be removed and, this could only be provided with education. So Bolsheviks went over this topic with a more systematic way. 125 thousand reading and writing schools were established. Many women learnt how to write and read by writing the slogans of Bolsheviks on blackboards. [24] The proportion of illiteracy decreased quickly over the years. In 1932 only 9.2per cent of woman workers were illiterate, three years later this proportion fell below 6per cent. [25] In tsarist period, even among women from the upper classes, the proportion high education was very low. This was because girl students were not accepted in most of the universities, girls from rich families can only get higher education abroad. Ten years after the October revolution a completely different picture showed up. During 1927-28, 28per cent of the students who were studying at the university were girl students. Approximately a decade later, in 1939-40, this number rose to 49.3per cent. [26] It is necessary to say that the breakthrough in the field of education is the effect of tens of thousands of women coming to the cities from the villages and learning to read and write in the factories. At that time Education Committees were established in the factories. Not only literacy was taught in these committees, but also many activities in the field of culture and art were organized. Workers organized various theatrical works, poem reading nights, organized orchestras and performed concerts themselves. Effect of this situation is mentioned in a source as follows: Both man and woman workers began to flock to theaters, ballets and concerts, which were formerly privileged areas of the upper classes. In the art, a situation such as this had arisen, as if every person was taking a brush and putting a picture. Experiments were being conducted in every area of life. In 1918, schools opened a month later than the summer holidays, as teachers had to search for solutions in a series of discussions and develop an arrangement to develop the new education of future founders of socialism according to the most modern methods of the most advanced educators in the world. At every corner, discussions were being held in every aspect of the world. [27] Family and care work One of the prerequisites for the emancipation of women for the leadership of the October revolution was to join the social labor force, and the other was to collectivize the household affairs that keeps them in the house. They were moving from the idea, that without these two, it would not be possible for women to build their own future together with the new society. In this direction, a series of steps were taken after the revolution. Maternity houses, child care centers, laundry facilities, laundry repairs and sewing centers and dining halls were opened. House-communes were established for people living alone and married couples. These collective centers were opening up within opportunities, their numbers have only increased over time. For this reason, long-term steps were taken to collectivize housekeeping and care work, while ideologically struggling against sexist division of labor within the family. Domestic housework, sick, child, and elderly care were accepted as duties of women as a habit of a well-established male-dominated society; and these habits were continuing even in the homes of the party militants. Lenin insisted on this issue, generally within the working class, but especially within the party. Clara Zetkin quotes Lenin’s words in Reminiscence of Lenin: Unfortunately it is still true to say of many of our comrades, `scratch a Communist and find a Philistine.’ Of course, you must scratch the sensitive spot, their mentality as regards woman. Could there be a more damning proof of this than the calm acquiescence of men who see how women grow worn out in the petty, monotonous household work, their strength and time dissipated and wasted, their minds growing narrow and stale, their hearts beating slowly, their will weakened? Of course, I am not speaking of the ladies of the bourgeoisie who shove on to servants the responsibility for all household work, including the care of children. What I am saying applies to the overwhelming majority of women, to the wives of workers and to those who stand all day in a factory. So few men – even among the proletariat – realize how much effort and trouble they could save women, even quite do away with, if they were to lend a hand in `woman’s work.’ But no, that is contrary to the `right and dignity of a man.’ They want their peace and comfort. The home life of the woman is a daily sacrifice to a thousand unimportant trivialities. The old master right of the man still lives in secret. [28] In addition to this ideological struggle, it should be emphasized that even though the steps taken for the collective centers were inadequate in terms of both quantity and quality and in terms of meeting the need, but that the young workers’ state did not abandon these steps within the opportunities. Between 1917 and 1926, the number of nurseries, first in the Soviet Russia (briefly RSFSR) and after in the Soviet Union as a whole was as follows: [29] Year RSFSR USSR 1917 14 – 1918 78 – 1919 126 – 1920 565 – 1921 668 769 1922 914 967 1923 447 535 1924 503 615 1925 536 708 1926 610 824 We see in this table that the number of nurseries was constantly increasing from 1917 to 1922, and the number has fallen between 1922 and 1923. While it is not possible to exactly explain the reason of this regression, it can be thought as a result of the application of the NEP period to the market or the change and/or centralization of the nursery system. After 1923, the continuous-rising tendency is reemerging. If we look at the longer term, we can say that the capacity in child care has reached a very high level in the USSR over the years. [30] 1914 1937 Number of beds in regular nurseries 550 627.817 Number of birth centers 9 4.175 Total number of visits per year in birth centers (thousands) 44 39.300 Number of baby nutrition centers (milk kitchens) – 1.509 Dining halls were opened for the collectivization of house work. In 1919-1920 90per cent of the Petrograd population, 60per cent of the Moscow population, a total of 12 million people were eating in these dining halls. [31] When we arrived in 1932, this number was around 15 million in the Soviet Union and about 30 million cups of food were served every day. [32] Despite these numbers, it is important to emphasize that women were also resisting the new system with their old habits. Because of the fact that the food in the collective centers were unsatisfactory, the careless use of common materials, the disorganized and inadequate conditions; women did not leave their individual pots. [33] Trotsky explains the environment created by people who have not yet absorbed the collective life and have been kneaded by the old society like this: “Many houses which had been allotted to families living in communes got into filthy conditions and became uninhabitable. People living in them did not consider communistic housing as a beginning of new conditions. They looked upon their dwellings as upon barracks provided by the state.” [34] Regardless of the emerging picture, it should be emphasized here that, from the first day of the workers’ state, the state was aware of the double burden women carries on their shoulders, and has tried to socialize this burden by lifting it from the shoulders of women. The labor the woman spends in the house has never been invisible to the Bolsheviks. Participation in the workforce The policy of the October revolution and of its leaders, especially Lenin, was based on the idea that factors such as illiteracy which avoids women from being a part of the social production have to be abolished in order to open the way for the salvation of women. In this respect, the enactments issued immediately after the October Revolution brought regulations that enables women to have equal rights with men in this area instead of laws of pre-revolution Russia that was prohibiting women from participating in the labor force. Of course, the primary of them was equal right to work and equal pay for equal work. In 1914, daily wage of women was only 44per cent of men’s daily wage. [35] With the October revolution, sex-based discrimination in wage classifications has been abolished and forbidden. Although this equality is provided in the law and different charges are not applied for the same job, when the year 1918 comes, the average wage of women is only half of the average wage of men. [36] However, this did not arise from the fact that the principle of «equal pay for equal work» was not practically applied. This occurred because of the fact that women were working in less qualified jobs, in sectors that require less training, and because wages in these sectors were lower than in other areas. Is it possible to say that the separation of women’s job and men’s job in the field of social production in the young workers’ state continues? Yes. Is it because the workers’ state has a sexist understanding of this issue? No. Bolsheviks were trying to attract women, who are mostly illiterate and have not received vocational training, to the social production and as a result women have been employed in fields where they can do their best known work in the direction of the centuries’ old sexist division of labor in society. In other words, since women were not competent enough to work in qualified jobs right after the revolution, discrimination between women’s work and men’s work was a necessity. But it is often repeated in decisions taken by Soviet organs that this is a situation that needs to be changed when building a new society, and more importantly, a conscious and organized struggle was carried out to make women’s labor more qualified. Only four days after the October Revolution, October 29, 1917, the decision to ban the employment of women in more than 50 jobs threatening their health can be considered as one of the reasons for this distinction. But this prohibition is abolished in the next period as mechanization increased in the industry, the decisiveness of physical power is reduced, and hygienic working conditions for women’s health were provided. [37] The Soviet Union has become the country where the female labor force is used the most in the professions which are seen as «male jobs». The numbers in the mining sector, where almost only male workers are working even today, are striking, especially when compared to numbers from various Western countries in similar years: Women play a very negligible role in capitalist mining industry. The proportion of women to the total numbers employed in the mining industries is, for France (1931), 2.7 per cent; for Italy (1931), 1.8 per cent; for Germany (1932), 1.0 per cent; USA (1930), 0.6 per cent; and in Great Britain, 0.6 per cent. In the USSR women represent 27.9 per cent of the total number of people working in the mining industry. [38] In order to make women’s labor more qualified, basic training and vocational training was carried out in the factories while women’s higher education was supported at the same time. In the decade after the revolution, women were forming nearly one-third of the university students. Even though it was almost impossible to find a female engineer or technician before the revolution, and only 3 of 848 engineers in Petersburg were women in 1899, according to the 1939 census, 24.000 of 76.000 engineers in the country were women. More than 1 million women worked in the medical field, and 126.000 of them were doctors. However, before the revolution there were only 2.000 female doctors in Russia. [39] In Russia before the revolution, one of the biggest obstacles to women’s participation in the labor force was pregnancy and childbirth. As mentioned above, female workers had to work by hiding their pregnancies, they were taken out of the job when they are noticed or worked at the workbench almost until birth. This situation caused woman and infant deaths during childbirth. Since women started to work immediately after birth, they could not get enough care and sometimes infant deaths were happening because of starving. One of the first enactments after the revolution was about this topic. It is forbidden for pregnant women to be employed in tiring jobs, to be removed from work, and to be sent to other work places without their own consent. Women were granted a 16-week mandatory pregnancy, birth and maternity leave. In some jobs or in twin infant pregnancies, this period could be extended. During this leave period, it was mandatory to pay the women in full rate. Thus, it was aimed that this right should not be left on paper, and that the necessity of actually working for the women not to emerge. Women who began to work after maternity leave and continued to breastfeed were given breastfeeding break every 3.5 hours that was excepted as work hours with no less than half an hour each. Mothers and children have the right to free health care in hospitals and clinics, and if there is no place for the sick child, the doctor will give the mother a paid leave during the illness of the child. The decisions that started immediately after the revolution and were taken at various times were systematized with the Labor Act, accepted in 1922; this represented the most developed rights that women had all around the world in this area. [40] Participation in political life The October revolution has been a first in the world in terms of women’s participation in politics. Many sources tells that after the October revolution, women were given equal rights to be elected and elected, adding that «these rights existed only in Norway and Denmark at that time.» However, in those two countries, it was the right to vote which came to the agenda with the Suffragette movement rising all over the world. In 1913 in Norway, in Denmark in 1915, women had only the right to vote. For the first time in the world, women in Russia have the equal right to vote and stand for election with men. [41] Moreover, this right was obtained during the events of July after the February revolution, on the eve of the October revolution. And after the revolution, the young workers’ state also made a great effort to use it in practice, not just a right written on paper. In the summer of 21 February 1920, published in Pravda under the title «Women workers», Lenin said: Where there are no landlords, capitalists and merchants, where the government of the toilers is building a new life without these exploiters, there equality between women and men exists in law. But that is not enough! It is a far cry from equality in law to equality in life. We want women workers to achieve equality with men workers not only in law, but in life as well. For this, it is essential that women workers take an ever increasing part in the administration of public enterprises and in the administration of the state. By engaging in the work of administration women will learn quickly and they will catch up with the men! Therefore, elect more women workers, both Communist and non-Party, to the Soviet. If she is only an honest woman worker who is capable of managing work sensibly and conscientiously, it makes no difference if she is not a member of the Party–elect her to the Moscow Soviet! Let there be more women workers in the Moscow Soviet! Let the Moscow proletariat show that it is prepared to do and is doing everything for the fight to victory, for the fight against the old inequality, against the old, bourgeois, humiliation of women! The proletariat cannot achieve complete freedom, unless it achieves complete freedom for women! [42] They were calling on women who were half of the society but who have been ignored for centuries to join the administration of the country. They were also struggling against the oppression of the educational traditions, and to the prejudices of the past. Of course the Bolsheviks were aware that this was a difficult task, but it was an irreplaceable task too. This perspective can be seen in its most striking form in Lenin’s article, «Will the Bolsheviks be able to hold it in the hands of power?»: “We are not utopians. We know that an unskilled labourer or a cook cannot immediately get on with the job of state administration… However, we demand that the task of managing the country be taught immediately to all cooks.” [43] These efforts of the Bolsheviks at the level of propaganda and agitation were supported by educational groups established in factories and villages. This systematic work has begun to bear its fruits from the first years of the revolution. Thousands, tens of thousands, hundreds of thousands of women were joining the ranks of the revolution. Here, delegate meetings were used as an important tool to ensure that women who had never been involved in politics, joins the soviets and the party. The delegate meetings system worked like this: In every factory, in every neighborhood, in every village, all women are invited to a meeting, an average delegate for every 40-50 women is selected for the centralization of the topics discussed at these meetings, these delegates were attending the district delegate meetings. After the women were selected, they were delegates for periods ranging from 3 to 6 months. Women who were elected as delegates were sent to politics schools. In 1922, every 10 women were represented by a delegate so that more and more women could be included in this system. In 1925, the organizational proposal presented at the 14th Congress of the party shows how massive the delegate meetings were: The most important feature of the reporting period is – as in all other organizational fields – the development of delegate meetings to take a massive form. We note that during the reporting period women’s electors of women delegates increased in the city and in the village. The number of female voters in the city increased by 30per cent during the reporting period, a total of 1,600,000. However, the number of female voters in the village has increased by 70 per cent, a total of 7,000,000… Significant progress has been made in the participation of women in soviets, executive committees and congresses. The proportion of women in the village soviets increased from 2 per cent to 9 per cent, from 0.6 per cent to 7 per cent in provincial executive committees and from 4 per cent to 7 per cent in provincial executive committees. There is also an increase in the percentage of women in the unions as well, unfortunately this is not a rapid progress. In the union enterprise commissions, from 14 per cent to 16.5 per cent, but there is a more remarkable increase in the central committees of unions, from 4 per cent to 15 per cent. [44] Vladimir Mayakovski tells the truth that women are becoming an increasingly larger part of political life, showing themselves in the organizational numbers that was presented in the congress: From turning machines from plows hundreds of thousands of lean women with red kerchiefs and to manage [45] These developments are also confirmed by the increase in the proportion of women party members to number of total party members. [46] Year Ratio of woman members (per cent) 1898 15 I. Congress (RSDLP) 1918 7,8 VII. Congress (RCP/B) 1924 9 XIII. Congress (CPSU) 1925 10,3 XIV. Congress (CPSU) 1927 13 XV. Congress(CPSU) The fact that the first congress has the highest percentage of female members, in 1918 this proportion would be almost half of the 1898 ratio and then it started to increase attracts attention. The reason for that is the fact that in its establishment phase, party was formed mostly of intellectuals and could not access workers yet. During the revolution, and almost immediately after it, the party grew among the workers, and because men had to participate in much larger masses, in 1918 the women ratio was almost as half of the first congress, but then the party gained strength among step-by-step women. Let’s close this title by referring to a last point. Although the party carried out a conscious effort to acquire women politics before and after the October revolution, it is not possible to say that the same consciousness is one by one in all party militants and all Soviet representatives. Even the party members did speak big when it came to the idiom about the emancipation of women, but in reality they were trying to prevent their spouses from participating in party activities and sometimes banned it. The words of a woman facing a similar situation are striking in terms of summarizing this situation: Because he was afraid that I would become a real person – all he needed was a chef and a housewife-, who forbid me, and I had to sneak in secretly to the meetings, where he was talking about the function of the woman in thunderous remarks and urging women to take on more effective tasks. [47] Party leaders have approached this issue sensitively in the party and in the Soviets and struggled for men to abandon prejudices of the past, to end the oppression on women, to change the living conditions of women in the family. In his article «From the Old Family to the New» dated July 13, 1923, Trotsky said: To institute the political equality of men and women in the Soviet state was one problem and the simplest… But to achieve the actual equality of man and woman within the family is an infinitely more arduous problem. All our domestic habits must be revolutionized before that can happen. And yet it is quite obvious that unless there is actual equality of husband and wife in the family, in a normal sense as well as in the conditions of life, we cannot speak seriously of their equality in social work or even in politics. As long as woman is chained to her housework, the care of the family, the cooking and sewing, all her chances of participation in social and political life are cut down in the extreme. [48] In the first years of the October revolution, as we have tried to convey in the general lines above, a very serious breakthrough has taken place. All of the necessary steps for the salvation of women were written in the program and the Bolsheviks tried to progress in this direction. If they put a goal and failed it, it was because at those days the young workers’ state was struggling for existence, the period of war communism against the whites and the impossibilities caused by the civil war. We would like to touch on two specific topics below, before discussing what was going on in this area in the next period. One of these is the experience of Zhenotdel, the women’s organization of the party, who has a special place in the participation and organization of women in party activity. The other is the meaning of the October revolution and its product, the workers’ state, for Muslim women. The Zhenotdel experience Actually the roots of Zhenotdel are based on a brochure named Woman as a worker written by Krupskaya at 1900. Since that date, with the conscious efforts of Krupskaya, Armand and Kollontai, activities among the woman workers continued. Various local workers’ groups of women were created. Rabotnitsa was used as a center of attraction and tool of organization. After the October revolution, one of the objectives of the new society was to move this organized struggle one step forward, thus allowing the workers’ power to take steps that will result with the salvation of women. In 1918, Kollontai’s proposal to organize the First All-Russia Congress of Women Workers and Peasants was accepted. A committee of names such as Armand, Kollontai, Sverdlov took on the task of organizing this congress. Although 300 delegates were expected to attend, over a 1.000 appeared, a motley array of red-kerchiefed women – mostly workers – wearing sheepskins, colorful local costumes, or army greatcoats. [49] After Kollontai and Armand, Lenin came out to the stage with applauses from the crowd and after Lenin’s speech women sang International march with great enthusiasm. This congress was followed by commissions that would later become the local organs of Zhenotdel. Finally, at the 8th Congress of the party which held in 1919, Zhenotdel, which means “Women’s Section”, was founded as a women’s organization affiliated to the central committee and Inessa Armand became the first president of Zhenotdel. Special forms of departments are created for the special forms of the Party (for national issues, for women, for youth etc.) These departments are formed at the level of Party committees and are directly connected to committees. The organization scheme of these departments is determined by specific guidelines approved by the Central Committee. [50] 22 full-time women militants were stationed in the headquarters which is at Moscow. Zhenotdel, cooperated with various organizations in the issues that concern women. Mother and Child Unit, health commissioner, Commissions against Prostitution, Komsomol and Soviet’s sub-departments are only some part of the organizations that Zhenotdel cooperated. Rabotnitsa acted as the central media organ and the Kommunistka (Communist Woman) was published in the field of the theory, which was issued under the leadership of Krupskaya. Brochures in various topics, internal bulletins, magazines prepared by local organizations were published. For instance in 1930, Peasant Woman, Delegate, Red Siberian Woman and 18 more magazine published 670 thousand times, and these magazines used for propaganda purposes and used as a organization tool among the workers and villagers. [51] The party’s expectation from Zhenotdel was divided into two. First, the acquisition of more women in the ranks of the revolution so that the needs of the workers’ state can be fulfilled, and the second was the struggle against factors seen as obstacles for women’s salvation in the newly established society. In line with this perspective Zhenotdel worked for the Red Army and the mobilization of women to defend the revolution during the civil war. Zhenotdel’s agitation and propaganda teams roamed almost all of Russia, with trains and trips on boats along the Volga River, where they settled in tents. They encouraged women to participate in subbotniks. After Armand’s death in 1920, Kollontai took over the presidency of Zhenotdel and Zhenotdel’s struggle to that time was extended especially to the geographical area where Muslim women lived. As mentioned above, we will try to explain the work done in these regions as a separate section below. It should be emphasized that Zhenotdel militants were fighting at the expense of their lives for the salvation of these women who suffered enormously because of the cruel and horrible customs in the Soviet territories. Zhenotdel militants carry on their activities even though they got beaten or massacred in the villages they visit. From the very beginning Zhenotdel was the reason of a two-way debate and struggle within the party. On the one hand there was a tendency that believed Zhenotdel is unnecessary in transitional conditions and they believed Zhenotdel should be abolished. On the other side there was a tendency to turn Zhenotdel into a independent structure from the Party and both of these arguments had a counter argument which created a struggle within the Party. Before the 16th Party Congress, held in 1930 which was after the domination of the bureaucracy in the Soviet Union, Zhenotdel and its affiliated organizations were closed and the given reason was “reorganizing the party mechanism.” The organizational report presented by the Central Committee to the party congress alleged that this decision didn’t create any weakening among the women studies: I have to underline here that the reorganization of the Party mechanism has led to a tendency for the elimination of women’s branches and disassemble women work. In my view, this reorganization of the Party does not mean that it has to undermine the working of women at all. On the contrary, work among women has to be accelerated. If the work among women is a “special” task that “transferred” to the woman branches, then after the reorganization of the Party, the whole Party organization is obliged to deal with women, to work among women in order to add them to the Party. [52] The result, however, is that the content of the work between women changes direction, and Zhenotdel’s steps towards women’s salvation are also fed to the bureaucracy’s interests. Between 1917 and 1930, 301 articles were found in various decisions and resolutions concerning women’s rights and demands; between 1930 and 1967, this figure was only 3. [53] The October revolution was also the revolution of Muslim women Considering in terms of Russia in general, the women living in societies which were called as the People of East, were the women who lived under the toughest circumstances especially due to religious pressures and traditions before the revolution. The revolution’s one assignment ahead was to make these women’s lives livable, to ensure that they cease to be women waiting for rescue then become the subject of this struggle. The rights that were recognized to all women after the October Revolution, was also valid for women living in these lands, although women living in the East were not even aware of which rights they possessed let alone using these rights. Workers’ State first of all made a stride to specify the content and form of the work among these women. In 1921 “Communist of Communist Women and Organizers of the East» was arranged for the attendance of the women in the region who were going to carry on organizing activity. In the conference where provinces formed by Tatar, Bashkir, Turkistan, Azerbaijan, Crimea, Kirghizstan, Caucasia, Siberia, Turk, and other peoples from mountains were represented, 45 organizer women gathered. [54] Zhenotdel, which had been established a while before this conference had already begun its activities in the region. Unfortunately, communist women paid the price of learning the region’s circumstances and how the organizing activity should be carried out in the region with their lives. Among the years 1918-1919, hundreds of women who went from Russia’s West to carry out activity in these regions, were killed due to the provocations of the mullahs in these regions. The passage in a Zhenotdel administrator’s letter strikingly explains what kinds of difficulties the women have confronted but at the same time how much determination they have performed: One afternoon we went to an Aul (smaller settlement from the village) around Poltorazk. Me, a girl student of East University and a woman from the militia. We went directly to the mukhtar’s house, there were three men. They were drinking tea. After the mukhtar heard what we said, he said, ‘You cannot have a meeting with our women, their husbands will not let you.’ In the meantime, however, one of the men blinked at him and said in the Turkmen language: ‘Do not send them back, they can be useful tonight.’ I understand Turkmen language very well but I pretended like I did not understand. So we did a night watch all night, with guns in our hands. The mukhtar who saw our stubbornness and capability to protect ourselves, changed his mind the next day and called the women to the meeting. [55] Women who don’t go outside their houses, who don’t go to the marketplace in order not to run into men, of course were not attending to the meetings which Zhenotdels arranged. Thereupon, Zhenotdel began to try different methods. It established women’s clubs. In order for women to attend easily, entrance of men to the club got strictly banned. Nevertheless, women under chador whose identities were could not be understood, were waiting outside these clubs’ doors prior to entering, watching around fearing that someone could see. In order to reach the women Zhenotdel members even ran grocery stores in these regions, in these grocery stores only women were working, “men are not allowed to enter” posters were hung on the grocery store’s window and when there is a woman who enters the store for shopping, the communist women tries to inspire awareness through chatting with her. [56] The activities carried out in the East primarily were aimed at informing women about the new laws and the rights they possess. In addition to this, reading-writing courses, health services and various socio-cultural activities were being arranged. Differently from the rest of the country in the East ensuring women’s participation to work force, hence integrating women into professional education was requiring a much more difficult and long struggle. Women’s most basic demands were the forbiddance of getting young girls married off at a very little age, polygamy (in this case the man’s ability to marry more than one woman) and bride wealth. It was relevant that they were prompted to accept polygamy due to the economic difficulties they confronted because it took time to break the traditions and women’s participation to workforce was very limited. The ones who demand or pay bride wealth were being punished, were even being exposed in newspapers. In addition to this, as Zhenotdel’s activities expanded, as it began to enhance its effect, the women had started to achieve the awareness of their rights and even if it was slowly they had started to use these rights. They were using their rights to divorce rising up against their husbands who beat them up and enforce polygamy. Serious progress has been made in the field of literacy. They also came very far in terms of using their political rights, but they were closing the gap quickly. In 1924-25, 27per cent of women participated in city soviet elections. Only 2per cent of the selected delegates to the Soviet Congress in 1920 were women, but in 1931 it increased to 23.2per cent. [57] One of the important topics of struggle in the East was the struggle against chador and veil. They were approaching the topic with great attention and rigor, considering that struggle against communist women’s veiling through law and prohibition would not produce results; on the contrary it would hinder their progress. The approach towards the topic, found its best expression in these words of Lenin: We must be extremely careful in fighting religious prejudices; some people cause a lot of harm in this struggle by offending religious feelings. We must use propaganda and education. By lending too sharp an edge to the struggle we may only arouse popular resentment; such methods of struggle tend to perpetuate the division of the people along religious lines, whereas our strength lies in unity. [58] With this perspective Zhenotdel carried out an activity against chador and veil because of reasons like it is a tradition that disregarded women’s dignity, harmed their health, women could not work in factories because they wore chador therefore they could not use their rights against their husbands since they did not possess any economic power and although they wore or forced to wear chador or veil due to their religious beliefs, veiling oneself was not written in Quran, this tradition was brought afterwards. 8th March of 1926, with the slogan of “Down With Burqa and Paranja”, it was a historical day for the worker women of the East. A woman who was experiencing this protest recounts that day in the following way: Today, thousands, tens of thousands of women flowed through the streets of Central Asia- Samarkand, Bukhara, Tashkent, Kokand etc.-with their burqas and paranjas – and their preparations had started several months in advance- like an enormous and dangerous avalanche. But there was a sea of flags on this dark and directionless crowd: A protest against a hatred tradition. And in the middle of this weird walk, just like a red flower parcel on a bare and weeded land, a group of women walked in with open faces, red-kerchiefs, and with determined steps: The one that already shown the courage to draw a line to their past and the ones that do not have to look to the sky behind the black cage anymore! The mass of people that cannot be unseen, accompanied by music, took their place in the square decorated with flags along with many men and children in their ranks, and women began to wait in a breathtaking thrill. Then the massive rally started. New, unconventional words were rising, enchanting but encouraging, spurring the tribune surrounding the square. Words that create an endless enthusiasm for the hearts… And when the strengthening storm was not able to calm down and the cries of ‘Live Long’ spread from the old, ruined city walls to the wilderness – that is when the attack began. Here, there, flying! Initially shaky and shy, but then with increasing enthusiasm, women throw out the symbols of slavery in front of the public – burqas and paranjas! They quickly stacked them up like a rising mountain, poured gasoline on them and suddenly flames started to seen, flames of the liberation of the land from centennial tradition has begun to rise to the glittering sky… But in the face of this unprecedented fire, women’s hearts were flaming with fear, joy and shame those women who dare to show their faces for the first time since their childhood, who have survived from the prison… [59] In the days that prepared the October Revolution, throughout the revolution and even in the earlier stages after the revolution Eastern women were not part of this process. Nevertheless the October Revolution also became their voice and as it took steps to organize their liberation Eastern women also listened to this voice. Two steps forward, one step back: Thermidor and after After everything that been explained above, can we say that the Soviet woman, who had the most advanced rights in the world in many areas, had emancipated? There is one objective answer to this question: No! Why? Because some of the rights that have been given to women immediately right after the revolution, were withdrawn in the following years. The leap in the early years was a very important beginning, but it wasn’t permanent. Reputation of some structures that fed by the oppression of women was restored. In this case, if socialism, unlike capitalism, does not get along with male domination and if this ideology believes in a society without gender discrimination, it must be explained why some steps were taken against women under the control of the workers’ state and that some rights are withdrawn. Before we explain this situation, briefly let’s see how and when changes are made. The first step back was not just only about women, the NEP (New Economic Policy), which included mandatory steps back in the revolutionary program was accepted in order to keep the workers’ state alive. The inadequacy of resources led to the closure of some of the dining halls, laundries, kindergartens, child and patient care centers that been opened for women’s participation in social production and the collectivization of the invisible labor of women. Then, in 1928, with the First Five-Year Plan, the priorities of the community changed almost instantaneously. In 1930 party’s women department Zhenotdel was shut down because the party believed there is no need for a special work on this area. A number of arrangements related to birth have been changed. The principle of receiving full pay during maternity leave started to depend on various conditions. Women who worked in the last three years before birth, those who spent the last two years in their last job and the women who are members of a union had the right to take their full salary. The paid leave period, which was 8 weeks of prenatal care and 8 to 12 weeks after delivery, was reduced to 5 weeks and then to 4 weeks. There was a need for a large controlled population in order to increase the production. For this a new way of thinking, a new ideology should be adopted to the society. The easiest way was to revitalize the old habits. In 27 June 1936, a decree called “Defense of the Mother and Child” was published and with this decree, family concept got promoted by the government, motherhood encouraged therefore a special mission was given to the women. With this decree and further strengthening of this decree in 1944, the concepts and the prejudices of the tsarist era become an agenda again. The importance of family emphasized again and again. Equality between officially registered relationships and actual relationships has been abolished. Concepts such as adultery, out-of-marriage and illegitimate children had been raised again. The idea that the family, not the society, was responsible for the child’s education was propagated. Divorce has become a costly process that workers’ families cannot afford. Homosexuality was banned, defined as a crime punishable by imprisonment. Abortion was also banned. However, the prohibition on paper, of course, posed a serious threat to women’s health and life because prohibition did not prevent women from having an abortion. Of the 100 thousand women who died in the cities, the reason for 12.7 per cent of these was abortion procedures that were secretly conducted. [60] In line with the policy aimed at reaching a larger population, it was made more difficult to get a divorce; homosexuality and abortion were prohibited and also government encouraged the population to have more children. Having a high number of children was rewarded with medals and some financial support. Those with 5-6 children were given the «First and Second Class Motherhood Medal», those with 7-9 children were given the «First, Second and Third Class Motherhood Honor», and those with children over 10 had the title of » Mother Heroine.» Not only crowded families were rewarded, but at the same time, small families, individuals with no family, were being punished with additional taxes. Women’s right to demand the father to take on the care of non-marital children was omitted. The coeducation was ended in 1944 in order to consolidate the social role of girls and boys in the new “Soviet family”, and for 10 years girls and boys educated in separate schools. It is not possible to understand how this change occurred from radical moves in order to ensure the freedom of all working class and the oppressed after the October Revolution to stagnancy, separately from the changes occurring within the Soviet Union The bureaucratic counter-revolution that took place in the Soviet Union in the 1930s, that is, the bureaucracy that emerged from the working class, which developed its own privileges and which took political power into its hands then started to take actions against both women and workers under the rule of Stalin. The workers’ state which is now under the control of the bureaucracy, was degenerated while protecting its own existence at the expense of overthrowing the workers from power over time and finally opening the gateway to the return of capitalism. [61] The reestablishment and exaltation of the reactionary and sexist social relations, also took place parallel with this corruption. And under the rule of the bureaucracy, it is not just a little backward step of necessity like in the NEP period it goes beyond that. More importantly, the Stalinist bureaucracy presents them as values of the new society, not as «back steps». The sacrifice of the salvation of women along with the working class to the interests of the bureaucracy should not lead us to the conclusion that the October revolution did not have a program that can provide salvation to women. Because the October Revolution has shown it has the proper program with the decrees that been published only 4 days after the revolution. And since 1930’s the main subject was not the steps that taken backwards, but the steps that taken the program of revolution on completely different road. Trotsky is one of the two great leaders of the October revolution, the only defender of the Soviet state and the program of the October Revolution among the former staff against the bureaucratic corruption and we want to pass on some passages from Trotsky’s The Revolution Betrayed : The draft of the law forbidding abortion was submitted to so-called universal popular discussion, and even through the fine sieve of the Soviet press many bitter complaints and stifled protests broke out. The discussion was cut off as suddenly as it had been announced, and on June 27th the Central Executive Committee converted the shameful draft into a thrice shameful law… In reality the new law against women—with an exception in favor of ladies—is the natural and logical fruit of an Thermidorian reaction. [62] The retreat not only assumes forms of disgusting hypocrisy, but also is going infinitely farther than the iron economic necessity demands… The most compelling motive of the present cult of the family is undoubtedly the need of the bureaucracy for a stable hierarchy of relations, and for the disciplining of youth by means of 40 million points of support for authority and power. [63] The genuinely socialist family, from which society will remove the daily vexation of unbearable and humiliating cares, will have no need of any regimentation, and the very idea of laws about abortion and divorce will sound no better within its walls than the recollection of houses of prostitution or human sacrifices. The October legislation took a bold step in the direction of such a family. Economic and cultural backwardness has produced a cruel reaction. The Thermidorian legislation is beating a retreat to the bourgeois models, covering its retreat with false speeches about the sacredness of the «new» family. On this question, too, socialist bankruptcy covers itself with hypocritical respectability. [64] And with all these findings, Trotsky said that the women whom the Stalinist bureaucracy proclaimed as «free and equal girls of the peoples of the USSR» were «not yet free». [65] There were steps taken for the salvation of women however under bureaucracy’s rule these steps come to an end. Here, we will not go into detail about the developments that happened on the following years and until the collapse of the Soviet Union. However it is necessary to emphasized that, after the Second World War and after the politics of large population target had changed, some new arrangements and improvements were made, starting in the late 1950’s. After Stalin’s death, abortion legalized again. Even though it is a part of the bureaucratic structure, a women’s organization was established under the name Women Soviet. Instead of putting the perspective of building a better life for women in the center, the bureaucracy saw women as a source of power, in terms of the competition of the Soviet Union with the West. However, many of the steps that were taken for this purpose was indirectly led improvements in women’s life. For example, they thought that for a stronger economy, it was necessary for women to participate more in the workforce. In World War II, the death of 20 million people, most of whom were men, made this participation a necessity. Along with this direction, since the second half of the 1950’s, the number of nurseries, nursing homes, etc. had been increased. More emphasis was placed on women’s education. As a result, for example, when we arrived in 1970, there were no women under the age of 50 who were illiterate. In Turkey according to TURKSTAT’s (Turkish Statistical Institute) 2015 data, the rate of illiteracy in women over 25 years is 9per cent. After World War II, women’s participation to the economy in USSR rose to 70per cent which was about 50.5per cent in 1970 and remained at about same rate for 20-year period. More than half of union members were women. Same year at USA this ratio was 20per cent. In Soviet Union 72per cent of doctors were women. Even today this is a fascinating data. Only 0.5per cent of high engineers and 3.5per cent of lawyers in the United States were women but in Soviet Union more than 30per cent of high engineers and 35.4per cent of lawyers were women. [66] The principle of equal pay for equal work was implemented, and the difference between the average wages of men and women was due to their work in different sectors. On 8 March, and in various areas of the women’s salvation struggle, the demand for «work for every woman who wants to work», which is impossible to meet in the capitalist society, was found to be a full job security for women under the roof of the Soviet Union. In the 1970 election, 463, or 31per cent of the members elected to the Supreme Soviet of the USSR were women. In the 1969-1971 period, only 2per cent of the 91st US Congress was made up of women members. [67] Many more comparisons can be made with examples. In short, despite the Thermidor, the Soviet Union had become a country where women athletes who have won worldwide successes in various sports, the first woman to go to the space, and women who work in many professions with a rate above the world average for their period. Conclusion The relationship between the October revolution and the salvation of women is a topic that deserves a much more detailed examination because of its specificities of different forms of oppression of women. As we mentioned earlier in this article, we tried to evaluate the working class program in terms of the emancipation of women in the light of the Soviet experience by considering the steps taken by the October Revolution towards the salvation of women. As we conclude, we are making the following determinations about the topics we discussed above, some of which are more detailed and some of which are more concise. First, oppression of woman and ending male domination were among the priority topics of October Revolution . After the revolution the young worker party, despite the all difficulties, tried to end male domination and made adjustments in order to end the oppression of woman and when the government had to make concessions to the old ruling and the male dominance, they expressed this with open heartedness. Second, in the early years of October Revolution women’s right were rapidly expanding and a new society was trying to be built however this progress was not permanent because of the bureaucracy. On the basis of a contradiction between the interests of the working class and the salvation of women, the rights of women have not been sacrificed for the working class and for socialism. There is no contradiction between these two. The program, in which women’s rights are sacrificed, is the «single-country socialism» program of the Thermidor bureaucracy. Trotsky explains the permanent revolution on three levels: continuity between the democratic revolution and socialist rebuilding of the society, continuity of the socialist revolution and continuity of the revolution worldwide in line with the international character of the socialist revolution. Since the Soviet Union did not maintain the continuity of the socialist revolution with Thermidor, there have been many field that goes backwards, and the breakthroughs that can lead to the salvation of the women follows the same backwards trend. The revolution had not been sustained around the world because the continuity of socialist revolution contradict with the interest of the Thermidor bureaucracy therefore bureaucracy applied “socialism in one country” program which aligned with their interest. Therefore it is necessary to emphasize that the October Revolution did not give some rights to women in order to attract women on their side and October Revolution did not betray to women. The truth is bureaucracy betrayed to the October Revolution and to women. The inability to prevent the bureaucracy from being brought down by a political revolution had inevitably concluded with a regressive situation for women as well as for other areas. Third, it is possible to say that even under the rule of a bureaucratically corrupt workers’ state, women are in a much better position than the advanced capitalist countries . The removal(?) of private property, collectivization of women’s workload even though it is not fully satisfactory, unconditional job security, special studies in health and education fields in order to answer the needs of woman and other various practices indicate woman are in much better position in workers’ state compare to advanced capitalist countries. Fourth, mostly expressed on Lenin’s speeches, and based on the necessity of participating in «labor» and «getting rid of the burden of domestic work» for the salvation of women, there is a criticism to the Bolsheviks and to Lenin and to October Revolution that they could not saw the specific problems of the women and that they reduced the women problem to an economic relationship and this criticism is not true. Lenin says that if all women cannot get out of the home, into the field of social production, women will be imprisoned in the house, and the salvation of the women will not be possible. In Lenin’s perspective, the road to women’s salvation is more complex than the given reasons. The October Revolution had proved itself, by struggling against prostitution, abortion, violence to women and also by its struggle against social prejudice that insults women and its attempt to include women to politics. These reasons proves that October Revolution understands the specific problems that women experience and therefore October Revolution forms a program accordingly. The October Revolution opened the door to a life that no other capitalist country can provide for women. Women did not only enter this door with great enthusiasm, they also recognized and understood their common interest with the working class and joined the struggle of building a new socialist society for their own salvation. If women cannot be free on Soviet territory, this is why the bureaucratic counter-revolution had opened the way for class-based collecting, rebuilding of capitalism, not only in terms of production relations but also in other social relations, as a whole, in the form of exploitation and oppression. This process, rebuilding of capitalism, lasted for decades but in the end it resulted with the return of capitalism just as Trotsky foresee. Revolutionary Marxism, from the very first moment, has preserved the legacy of October Revolution and carefully studies the Soviet experience including the ideas of bureaucratic counter-revolution. Therefore today revolutionary Marxism is the carrier of the program that will lead both workers and women to salvation. Armağan Tulunay is a leader of DIP (Revolutionary Workers’ Party), one of the founders of the party and a writer in Devrimci Marksizm (Revolutionary Marxism) and its annual English edition Revolutionary Marksizm, and newspaper Gerçek (Truth) [1] V. I. Lenin, «A Great Beginning», 1919, https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1919/jun/19.htm [2] This article first appeared in Turkish in Devrimci Marksizm, issue number 32-33, Fall-Winter 2017. It was subsequently published in English translation in Revolutionary Marxism 2018. [3] Uludere/Roboski is a massacre where 34 Kurdish peasants were bombarded to death by the Turkish air force in 2011. Not one single person has been prosecuted. [4] Here, passport refers to a specific document used to travel within Russia. [5] Chanie Rosenberg, Kadınlar ve Perestroyka [Women and Perestroika], çev. Osman Akınhay, İstanbul: Pencere Yayınları, 1990, p. 88. [6] Sheila Rowbotham, Kadınlar, Direniş ve Devrim [Women, Resistance and Revolution], çev. Nilgün Şarman, İstanbul: Payel Yayınları, 1994 p. 161. [7] Gül Özgür, Rusya’da 1917 Sosyalist Ekim Devrimi ve Kadınların Kurtuluşu Cilt:1 [The Socialist October Revolution and the Emancipation of Women in Russia, Volume1], İstanbul: Dönüşüm Yayınları, 1993, p. 394. [8] George St. George, Sovyetler Birliğinde Kadın [Our Soviet Sister], çev. S. Özbudun- O. Yener, İstanbul: El Yayınları, 1987, p. 23. [9] Gül Özgür, Rusya’da 1917 Sosyalist Ekim Devrimi ve Kadınların Kurtuluşu Cil:2 [The Socialist October Revolution and the Emancipation of Womenin Russia, Volume2], İstanbul: Dönüşüm Yayınları, 1993, p. 92. [10] Ibid., p. 103. [11] Ibid., p. 109. [12] Alexandra Kollontay, Birçok hayat yaşadım [I have lived many lives], çev. Saliha Nazlı-Süheyla Kaya, İstanbul: Agora Kitaplığı, 2010, p. 115. [13] Özgür, Volume 1, p. 111. [14] Lev Trotskiy, Rus Devrim Tarihi, Volume 1, Şubat Devrimi: Çarlığın devrilmesi [The history of the Russian Revolution, Volume I, The February Revolution: The overthrow of the Tsardom], çev. Bülent Tanatar, İstanbul: 1998, p. 112 [15] Ibid., p. 119. [16] Özgür, Volume 1, p. 113. [17] Ibid., p. 116. [18] Rosenberg, p. 98. [19] We stated that with a decree issued in December 1917, Soviet power abolished the necessity of using the man’s surname as the common surname of the spouses. A decree issued in 1921 extended this right and allowed the spouses to use their own surnames or surnames of women/men as common surnames, to give their children their surnames. These kinds of and similar resolutions, without making any fundamental changes, brought new annexes to the law which was called the Family Code of 1918. [20] Here, the operation refers to hidden and illegal abortion [21] “Soviet Decree on Abortion (1920)”, http://alphahistory.com/russianrevolution/soviet-decree-on-abortion-1920/ [22] Georges Duby, Michelle Perrot, Françoise Thébaud, Kadınların tarihi Cilt V: Yirminci Yüzyılda Kültürel Bir Kimliğe Doğru [A History of Women, Volume V: Toward a Cultural Identity in the Twentieth Century], çev. Ahmet Fethi, İstanbul: Türkiye İş Bankası Kültür Yayınları, 2005, p. 230. [23] Serebrennikov, G.N., «The position of women in the U.S.S.R», 1937, p. 80. http://revolutionarydemocracy.org/archive/womenUSSR.pdf [24] Rosenberg, p. 104. [25] Serebrennikov, p. 80. [26] Nina Popova, Sosyalizm diyarında kadın [Women in the Land of Socialism], çev. Murat Güneşdoğdu- İsmail Yarkın, İstanbul: İnter Yayınları, 1999, p. 70. [27] Rosenberg, s. 105. [28] Clara Zetkin, Reminiscences of Lenin, 1924, https://www.marxists.org/archive/zetkin/1924/reminiscences-of-lenin.htm [29] Özgür, Volume 2, p. 28. [30] Popova, p. 81. [31] Rosenberg, p. 103 [32] Serebrennikov, p. 68 [33] Ibid., p. 170. [34] Ibid., p. 172. [35] Serebrennikov, p. 11. [36] Özgür, Volume 1, p. 49. [37] Serebrennikov, p. 6. [38] Tony Cliff, “Class Struggle and Women’s Liberation”, 1984, https://www.marxists.org/archive/cliff/works/1984/women/09-revrus.htm [39] Popova, p. 73. (In the book, the author didn’t write the exact year, instead wrote «50 years ago». Since it was published in 1949, 1899 was written as our assumption) [40] Rosenberg, p. 101. It can be said that these rights are highly advanced even after 100 years, even the rights of women in the most developed capitalist societies are taken into account. Even today, in many countries women are fighting for these rights. It cannot even be said that none of these countries can provide same state guarantee that can be provided by the workers’ state. The only criticism to the workers’ state may be that they cannot impose an inalienable paternity leave among all these decisions. However, this criticism can be made because we have had a 100-year more experience after the October revolution. [41] Finland is the first country in the world where women joined the parliament. In the elections held in 1907, 19 parliamentary deputies were elected to the 200-seat parliament. In Russia, the age of election started at 18, while in Finland it was 24. The principle of equal voting and the right to stand for elections, regardless of gender, applied only to parliamentary elections. Municipal elections were subject to property-based distinctions. More importantly, women did not have equal rights with men. It was only in 1930 that married women had equal rights with their husbands (Jason Lavery, The History of Finland, Westport, CT: Greenwood Press, 2006, p. (Jason Lavery, The History of Finland, Westport, CT: Greenwood Press, 2006, p. 77) [42] V. I. Lenin, «To the working Women» 1920, https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1920/feb/21.htm [43] St. George, p. 23. [44] Özgür, Volume 1, p. 171. [45] St. George, p. 32. [46] Özgür, Volume 1, p. 149. [47] Rowbotham, p. 173. [48] Lev Trotsky, «From the Old Family to the New», 1923, https://www.marxists.org/archive/trotsky/women/life/23_07_13.htm [49] Richard Stites, «Zhenotdel: Bolshevism and Russian Women, 1917-1930», Russian History, Vol. 3, No: 2, 1976, p. 177. [50] From the statue accepted in 8th All-Russia Conference of the RCP(b) between 2-4 December 1919, Özgür, Volumet 2, Belgeler Bölümü [Documents Section], p. 6. (The author has included several documents as a separate section at the end of the second volume of the book, which also starts with a page number from 1. In the following pages, the references belong to this section will be written as written in this reference.) [51] Stites, p. 183. [52] L.M. Kaganoviç, «XVI. Parti Kongresi’ne Merkez Komitesi’nin Örgütsel Raporu» [The Organizational Report of the Central Committee to the 16th Congress of the Party], Özgür, ibid., p. 21. [53] Rosenberg, p. 124. [54] Kollontay, p. 365. [55] Fannina W. Halle, Frauen des Ostens : vom Matriarchat bis zu den Fliegerinnen von Baku, Zürih: Europa Verlag, 1938, p. 133, Özgür, Volume2, p. 111. [56] Ibid., p. 111. [57] Ibid., p. 116. [58] V. I. Lenin, «Speech at the First All-Russia Congress of Working Women», 1918 https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1918/nov/19.htm [59] Özgür, Volume 2, p. 135. [60] Rosenberg, p. 123. [61] It’s impossible to analyze the control of bureaucracy in Soviet Union and its betrayal to working class and revolution. The Revolution Betrayed, by Trotsky, is like a masterpiece to be read in this regard. Also see the articles written by Sungur Savran and Özgür Öztürk, published in Devrimci Marksizm, No. 28/29, Fall-Winter 2016) [62] Lev Trotsky, İhanete Uğrayan Devrim [The Revolution Betrayed], p. 207. [63] Ibid., s. 209. [64] Ibid., p. 212. [65] Ibid., p. 212. [66] St. George, p. 62. [67] Ibid., p. 63.

1 de octubre de 2018
Marxism and the liberation of working class women
Olga Viglieca · Jorge Altamira · Cintia Frencia

Book launch: “Marxism and the liberation of working class women” On May 24th a discussion panel lectured in the National Congress on the occassion of the presentation of the book “Marxism and the liberation of working class women”, by Cintia Frencia and Daniel Gaido. Below, the contribution of the three speakers: Olga Viglieca, Cintia Frencia and Jorge Altamira. A strict separation between exploiter and exploited women Olga Viglieca We have the privilege of living in a period of great women struggles and we are witnesses of something that did not even happen during the climax of the suffragist movement nor during the so called second wave of feminism in the `60s: it is a curious effort in order to fuse into a single unity the women’s movement – including socialist women- and the feminist movement. And in renaming the first one as the second one. In the same way, there exists the purpose of categorizing every women struggle for their own claims as a “feminist struggle”. Nevertheless, feminism is just one of the fragmented political currents that exist within the women movement. This attempt of appropriation forgets that the paths of working class women and the feminist movement not only were not always coincidental but many times have been confronted. A very clear example is the one of socialists and anarchists in relation to suffragism at the beginning of the XX century. Or the strikers of the Centennial and the First International Feminist Congress, held in Buenos Aires in 1910. Or working women and Russian feminism between February 1917 and afterwards. And it is worth stopping a minute on this because the document that was read in Plaza Congreso on March 8 th states that the February revolution in Russia was a “feminist” revolution. And it’s not true: The Russian League for Women Equality, which grouped tens of feminist or suffragist groups all over the Empire supported the perpetuation of war, because it stated, as great part of the suffragist movement, that the opportunity of entering the labor market and occupying places in the State’s administration was later going to guarantee women the right to vote – political rights. Whereas Russian women workers and the soldatky – women whose men in the family were on the front – desperately wished for them to come home, for the war to stop, for the shortage to stop. And on their way to achieve this, they managed to bring down, as we know, a millennium of czarism. There were also differences among the wide women movement and the second wave feminist movement. One example is the relation of the American feminists and the black women of the United States, who denounced the racism and the classism of the “white feminism”. Another example comes from the little groups in Buenos Aires in the ‘70s, as the Argentinian Feminist Union, who went as far as – told by two of its participants, the psychoanalyst Nancy Caro Hollander and the poet Hilda Rais – denying to repudiate the Trelew’s massacre or the Pinochet coup in Chile because the leftist men also had patriarchal practices. [1] Nor did the feminist organizations felt attracted by the rise of the women movement expressed by the piquetero movement. And what about the discomfort that was generated by the entering of thousands of picketer women in Women National Encounters, where it was expected that they spoke as individuals, in order to control their interventions so that they referred to “gender questions and not social issues” and to rip them off their political identities? Did anyone see feminist groups in the women commission of the III Worker’s National Assembly, which elaborated the most thorough gender programme of the working class since late XIX Century until now? However, different feminist currents usually claim as their own the struggle of all women. For example, the Mirabal sisters, assassinated for their resistance to Trujillo’s dictatorship in the Dominican Republic – not because of specific gender demands. For the notion of sorority to be credible it is necessary to erase – resignify?- the history of the female exploited. The one of the Franc-Peruvian utopian socialist, Flora Tristán, and her call to build working class parties which integrate women workers to the struggle for socialism in the first half of the XIX Century. For the synonymy women struggle/feminist struggle to be possible we have to forget 150 years of socialist militancy, from the I International to the anarchist Luisa Mitchel in the Paris Commune and, of course, the women liberation program, taken to practice by the Russian Working class in the October Revolution. And at last, but not least, we have to cross-dress the ideologs and protagonists of those battles of the working class. That’s why many historians “with a gender perspective” present as feminist everyone from Russian women workers that started the February revolution to Clara Zetkin and Rosa Luxemburg, or the bolshevik Alexandra Kollontai, Inessa Armand, even Krupskaia. All socialist militants who have written enough as to dissipate any confusion regarding their comprehension about the oppression of women and the route to their emancipation. And here at home, they have also turned into post mortem feminists the anarchist women workers of the heroic epoch – Virginia Bolten, Juana Rouco Buela, Pepita Guerra -, working class militants, judged by the Residence Law, speakers in the May 1 st acts since 1890 and for the first two decades of the XX Century. None of them – unlike the leaders of the Socialist Party – participated in the First International Feminist Congress, celebrated in Buenos Aires during the feasts of 1910! [2] They were busy with the Centennial strikes. This type of confusion is the one Cintia Frencia and Daniel Gaido’s book sets to amend. A book that cancels a pending debt with Clara Zetkin, surely the most important builder of the socialist working women movement of the XIX and XX Century. We haven’t worked enough to rescue neither her militant history nor her theoretical contributions. This allowed some women biographers to define as “a feminist across borders” the informant of the Thesis for the propaganda among women in the III Congress of the III International. Cintia Frencia and Daniel Gaido’s initiative to relocate Zetkin, Kollontai, Armand, at their correct place in history and not where the feminist currents locate them – who want to see in them feminist socialists, as if the socialist weren’t socialists and the feminist, feminists. Many times, strongly combative women, women who are clearly road partners, but who believe that the feminine oppression is resolved via a class conciliation towards the inside of the women universe, and in struggle, thus, against men, whatever class they belong to, whom they identify with the universal executors of the oppression of a transhistorical social system, patriarchy. Cintia and Daniel rescue an elightning definition by Zetkin: “sharp separation” between women of the exploiter classes and women of exploited classes, and this principle –say the authors- settled the programmatic basis for the development of a working women mass movement. The condition for the existance of a movement of working women is its class consciousness, its political autonomy, a “sharp” delimitation from the currents that promote the confrontation between the exploited women and men, and the alliance of exploited and exploiter women. Clara Zetkin does not question the demands of feminist women from the well-off classes, their desire of living unlocked –she says- as if they were in a doll house. She considers that their aspirations of participating in the development of culture, in an economic aspect as well as from the moral or spiritual point of view, are completely justified. But she stands out that “ the struggle for the liberation of proletarian women has nothing to do with the struggle for the liberation of the bourgeois women against men from their class. It has nothing to do with free competition. The final objective of the struggle of working women – says the German woman- is the conquest of the political power by the proletariat, and the proletarian woman combats, elbow to elbow, with the man from her class”. And she emphasizes the insurmountable limits of legal equality and democracy to pull women out of double oppression. Her analyses have a ferocious actuality: “In this revolutionary period, the feminist ideologies of all parties and bourgeois powers are used to prevent women of the working people to be grouped under the flags of communism, for the assault against the capital and its State. The feminist conceptions that the bourgeois parties used to repudiate before as a heresy, are nowadays treasured as a cornerstone of the wall against which the red wave of bolshevism will crash. Feminism comes in handy for them to inoculate among the wider mass of women the superstitious faith in the bourgeois democracy” (Zetkin, 1921, p. 665). After almost a century, equality feminism continues demanding capitalism “a women’s citizenship” and a transformation into a capitalism with womanly features – which class would that woman be from? – via “a gender perspective”. The book starts by analyzing the treason of the bourgeoisie on women despite they were the protagonists of the overthrow of absolutism: the prohibition of participating in public life, the deprivation of the right to work, to study, to inherit, their rights over their children. This shows a bourgeoisie that locked up its class sisters in minority, in a little room, in embroidery, in obedience. But it threw women workers away to the workshops and mine holes, and in the same act in which it installed the double oppression, gave them, gave us, the master key to intervene in social production, to combat capital, to move forward in the construction of a regime without oppressors nor oppressed. From this point, Cintia and Danial take us to the Paris Commune and Luisa Mitchel –another post mortem feminist-, to the debates regarding the issue of how to bring working women closer in the different Internationals. Zetkin, Luxemburg, The Equality paper, the pre-war conferences, the Bolsheviks, the socialist delimitation with suffragism and with the Socialdemocrat Party itself, the February revolution, the red October, the worker’s State. In Marxism and the liberation of working class women, Gaido and Frencia worked in the reconstruction of our linage, the linage of the socialist working class women, putting together a guided tour through our past, but one that speaks about and orders the tasks of our present. Those discussions are the foundations of an organization as the Plenario de Trabajadoras. And we are in front of a meticulous and central work which comes with a present included, because the comrades translated texts which are not even translated into English. In view of the reproaches –some in bad faith, others the result of plain ignorance- that the left has recently showed up in an opportunistic manner to thrive from the “feminist” struggle for women’s rights, we can answer that the question of women is present throughout the entire history of socialist currents right from their genesis. The difference is that, for Marxists, double oppression and domestic slavery are the distinctive features of the situation of women under capitalism – which returned women to social production as part of the working class, but without relieving us from domestic slavery. On top of salaried labor, work at home was added in order to reproduce labor force – i.e. also of benefit to capital- though man would be the indirect beneficiary of this situation. Soon enoguh, Marx warns, in a letter to Dr. Kugelmann that “ woman has turned into an active part of our social production. Someone that knows anyhing about history knows that the important social transformations are impossible without the agitation among women”. They have an evident protagonism in every revolution of the epoch: in the French Revolution, in the People’s Spring in ’48, in the Paris Commune and, of course, in the February and October revolutions. Cintia and Daniel make a rigorous recount of the debates in the Internationals about the place of working class women, how to win them over to a revolutionary perspective, and the organizational ways that this purpose must acquire. The Third Congress of the III International, Lenin and Trotsky’s one, in 1920, is an exemplary answer to those questions. The theses on the woman, presented by Zetkin and defended by Lenin, are of a shivering actuality. The theses “must underline rigorously that the truly emancipation of the woman is only possible though communism. Is it precise to clarify deeply the insoluble link between a woman’s situation as person and member of society and private property of the means of production. As so we’ll delimit with all precision the fields between us and the bourgeois movement for “women’s emancipation”. Its resolutions “propose to educate women in communist ideas, attract them to the party ranks”, “struggle against existing prejudices among the male proletariat towards women, and to increase the consciousness of men and women workers to make them understand they have common interests”, “include the issue in the party’s agenda”, “to carry on an organized struggle against the power of tradition, the bourgeois customs and religious ideas, prepare the road for more sane and harmonious relationships between sexes, guaranteeing the physical and moral vitality of the working class”. The October revolution, Trotsky will say, honorably complimented the woman program. The Stalinist Thermidor shattered those conquests and dissolved the organisms that were in charge of organizing and direct the struggle of women workers. That explains the strength of the feminism of the second wave in the astounding rise of women in the ‘60s. The politization of sexuality, of the family structure, of daily life, the rights of sexual dissidents, the impugnation of biology as a fate, the impugnation of motherhood as the prime social function of women, wouldn’t be new to Zetkin nor Kollontai, nor Inessa Armand nor Eliazarova. Nor for the anarchists, who were pioneers in the debates on these aspects of the feminine oppression since late XIX century. Marxism and the emancipation of working class women is a roadmap, a reconstruction of our history that I invite you to read, to discuss and also to complete, because great part of our history needs to be restored. The debates that took place in Paris, London, Berlin, were also held by the Argentine working class in 1890, in 1900. The union founding organizations in Argentina, as the Fora and the UGT, didn’t establish a difference between the general program of the working class and the women’s program: the struggle against white slavery traffic, the right to divorce, the struggle against prostitution, for health, for education, were present and were only lost after the bureaucratization process of the unions and the State’s and clergy interference in them. What is in discussion, today as then, is that if the oppression of classes is the domination over which rises any other dominations. Or if, as hold the feminism and was explained by Shulamith Firestone sharply: “The patriarchy is a system of sexual domination, which is the basic system of domination over the rest of the dominations rises, as the class and race ones”. The book of Cintia and Daniel is a solid answer to that question. [1] Verónica Giordano: La celebración del Año Internacional de la Mujer en Argentina (1975). Ed. Estudios feministas, Florianópolis, page 80 and followings. Interview to the psychoanalyst Nancy Caro Hollander. http://www.psicomundo.com/foros/genero/ddhh.htm. [2] Elvira López, in the opening speech regarding the congress expressed: ”Its program has given place to all matters of human interest and to propose them it is not necessary to be affiliated to any determined sect, neither to profess no creed… it’s not catholic nor liberal, not socialist nor conservative (…) it’s simply feminine, which means that it proposes to expose the interests of humanity by mouth of women”. ___________________________________________ Presentation of the book Marxism and the liberation of working class women Reconstructing the history of the socialist organization of women Cintia Frencia As Olga Viglieca pointed out, this book tries to talk of the past, but from the present, taking into account that many debates are still current nowadays. This book picks up the experience of the organization of the suffragist movement and particularly of the socialist movement of women in Europe during the last decades of the XIX century and the beginning of the XX, which coincide with the first feminist wave, where the struggle for democratic rights had turned into a political question of prime order for women, that’s why the whole movement will be marked by the struggle for the right to vote. The debates that take place among the whole of the women movement didn’t have a marginal character at all, because we are talking of movements of massive characteristics, on the one hand, the suffragist movement was actually a mass movement, with its epicenter in England and presence in all Europe and, on the other, the socialist women movement, organized fundamentally by the German social-democracy and by Clara Zetkin, which reached the number of more than 120 thousand oorganized women in 1914, who claimed themselves not only as strugglers for women’s democratic rights, as union activists, etc, but they embraced the cause of socialism. We are talking of mass movements from which it was possible to structure an international organizational experience, with at least three international meetings of socialist women, to which the whole of organized women in different organizations- which acknowledged the principle of class struggle – were convened and all of which had a crucial importance at the moment of this development. Then, having a women’s movement in ascent, internationally speaking, and with our country also at the centre of the political scene – because, no doubt, the movement NiUnaMenos in Argentina is a reference for many of the struggles that are women are developing at an international level -, it seems fundamental to recover not only this tradition of women’s organization to these debates, but to come up with conclusions that allow us to set out on the road towards their liberation in better shape. Having said that, this is our contribution, together with Daniel, who couldn’t take part in this presentation, and we expect that this will be matter of study and it will be completed, as Olga said. The socialist women in Germany – where this experience began more strongly – had a very important theoretical background in that moment. Already, by 1879, August Bebel, one of the leaders of the German Social-democracy, had edited a book, Woman and socialism, previous to Marx and Engels’ book, known by everyone, but, Zetkin says, “beyond the theoretical blanks that this book may have, it is the first time that, from socialism, from the working class organizations, there is an attempt to systematize a definition of which is the origin of the oppression of women and which should be the strategy to undertake the struggle for their liberation”. This, naturally, will be completed and developed more exactly in The origin of the family, private property and the State, by Engels and Marx, in 1884, and these were the sources with which socialist women and working class organizations could count on to be able to face and take a stand on the question of women in general and working class women in particular. Nonetheless, the question of women was not a new one that showed up at the midst of the XIX century, but –as Olga said- women had been protagonists of the main bourgeois revolutions, they had a very important role in the French Revolution, a very active political intervention in the Paris Commune, though it was not registered as such, but they did have a very active participation and there was an attempt, an effort, to establish an equalization between the rights of women and workers during that brief working class experience. However, the problem of women appears as a political issue with the development and the irruption of the industrial revolution. With the incorporation of large layers of women to the labor market, what Marx and Engels pointed out becomes a reality – the basic principle to be able to go further in the liberation of women- that is, they are given back their role within social production. This aspect is of most importance, because it is what allows a civil rights demand – which women were struggling for, generally from the petit bourgeoisie and the bourgeoisie in former periods – to acquire massive characteristics an to become a problem not only of the petit bourgeoisie and the bourgeoisie, but fundamentally of women workers, that had been dragged to the world of labor, but were excluded from the civil and political world, and prevented them from being able to organize themselves politically, as in unions, in view of the conditions of exploitation that capital imposed on them. It’s on these bases that Clara Zetkin will make an effort to speak to those women and will establish the necessity towards the socialist parties to strongly embrace the organization of working class women, particularly those from the industrial sections, which had gained room in the textile and food industries. This encouraged many debates within the working class movement in general, but also within the I International; i.e. not all of whom claimed themselves as defenders of working class organizations understood that the role of women was within production and it was necessary to organize them together with the men workers. One of the clearest examples are the sayings of Proudhon, who considered that women had two destinies, either to be a courtesan or a house keeper, so, working class and socialist organizations in no way should support the inclusion of women in the labor world and much less organize them. Marx and Engels will strongly debate this, and already in the II International not only this discussion will be settled but also, by initiative of the leaders of the German Socialdemocracy, the civil rights claim will be included: the right to vote – universal, free and secret to all men and women workers. This means a great leap forwards, because it is understood that women not only have to be organized politically, but that it is necessary to struggle openly for the conquest of civil rights. Nevertheless, they don’t consider that the conquest of civil and democratic rights for women, within the frame of the capitalist system, would effectively allow a liberation from the conditions of oppression which they lived under. Then, all the process of development of the women organization of the German Socialdemocracy and afterwards of the women Socialist International will be marked by a strong debate, which is expressed in the sharp delimitation pamphlet, which Clara Zetkin wrote in exile, and she will establish a polemic with feminists because she,unlike them, considers that there is not a single woman question but that there are several questions, and that the woman question will be determined by the social class they belong to. To make this palpable she will take the example of the analysis of the struggle for universal suffrage: the claim for universal suffrage is not the same for the petite bourgeoisie, for the great bourgeoisie and for the working class. In the great bourgeoisie, the women that actually lead the suffragist movement were claiming, ultimately, the right to managing their properties, that is, to have the same right of exploitation that the men from their classes had. In no way, the claim of the right to vote for these sections of women has to do with improving the infrahuman conditions of exploitation that working women put up with in the textile workshops or in factories, or workers in general, but it was the last stage of liberation for private property, of emancipation for private property. The petite bourgeoisie had other problems, women needed to enter the labor market, within the liberal professions, then, neither the right to vote or the struggle for democratic rights implied the same as to the great bourgeoisie nor to the working class women; finally, what they were claiming for was the equality of competence in the labor market with men, to be allowed, of course, to have the same rights than men, to be able to access these professions, they demanded “free competence”. Now, working class women already have the same conditions than men to access the labor market, because they were being exploited in the same or worst conditions than the men inside the factories; their problem was not economic independence, they had already conquered it, their problem was to have civil and political rights to struggle against capitalist exploitation which imposed on them the labor regime at the factories, textile workshops and others. That means that for them it was not a final goal but a tool, a very necessary tool to organize themselves politically and in unions under equal conditions, along with their fellow men workers. «At least there are three questions on the woman: -says Clara Zetkin- naturally, it unites us that all of us want the right to vote, then we might march separated but strike together», and so socialist women and suffragists came together on many occassions and at decisive instances and in massive demonstrations. We must also highlight the methods with which the suffragists struggled, which were the ones of mobilization, direct action and street fight. The virulence with which they defended the right to vote was something that made us socialists meet with them on the streets many times; however, the strategy or the goal that suffragists and socialists saw in the right to vote was abysmally different, and this was also true of some polemics related to which were the tactics that should be developed at certain times. There was a debate in the bosom of the German socialdemocracy which arose from the publication of a petition to the German monarchy for the recognition of the civil, democratic and political rights of women – the ones that were excluded; a group of feminists made this petition in the name of all German women. This was reproduced by Vorwärts , which is like the Prensa Obrera of the German socialdemocracy, summoning readers to sign the petition and defend it – all women of all political parties asking the right to vote to the monarchy. Clara Zetkin reproduced it in her paper, The Equality , which was the one that structured the whole women movement, and called any comrade or comradess who acknowledged the existance of class struggle not to sign such a petition. For Zetkin, the pilars of the women’s struggle couldn’t accompany this petition to the German monarchy, firstly, for not being produced effectively out from a debate with working class women, and secondly, she marks a substantial difference in the tactic, «we won’t ask the monarchy, which has proscribed German socialdemocracy and women from the political and civil life of this country for years, for permission to obtain civil and political rights, we have to uproot them, organizing the factories, the centres of working class women, organizing women in unions and politically in an independent perspective and so imposing the right to vote. The petition was rejected by Clara Zetkin and, finally, this position was rectified; this means that the position over which the women movement of the German socialdemocracy was structured allowed even to put in their place in many cases the very directions, in this case, from the German Socialdemocratic Party, which gave in to the pressures of the bourgeoisie and the petite bourgeoisie as regards democratic rights. This experience allowed to hold, as I said at the beginning, three international socialist women conferences, in 1907, 1910, and 1915; the three of them had a very important role. In 1907, when the first conference took place, it was decided to embrace a legislation for the labor protection of working class women; this had also been a torrid point of debate against feminists, particularly against the little bourgeoisie, which considered that a protectionist labor legislation for women workers would settle obstacles to their aspiration of entering the liberal professions; i.e. «if you put on us maternity licenses, equal salary to equal labor, maternal kindergartens -a legislation that we today would be discussing in any union-, a series of protective measures to motherhood, this will imply difficulties as competence in the labor market in relation to men». Firstly, feminists rejected this legislation. Otilie Baddier will point out this as a definitive inflexion point or break point with the petite bourgeoisie feminism, because she says «if we don’t acknowledge the over-exploitation conditions that women workers endure and we don’t battle for protection, not only in their condition as women workers but as well as mothers, we are admitting capital exploitation with no limits». The First International Socialist Women Conference made this labor protection legislation for women workers part of its program. In the 1910 Conference the problem of the international day of the working class woman will be voted due to an initiative of the American socialists, which had already gone through the experience of organizing a specific day to go out to battle for the rights of working class women. The women at the Conference make this experience their own and the interesting thing about the voting is that, though it establishes as its axis, as its centre, the fight for the right to vote, there is a clear understanding of the partial, democratic nature of this fight, in the perspective of giving women the necessary tools in order to integrate them to a struggle for socialism; then, they understood it was necessary to establish a particular day of organization for the rights of women. And the 1915 Congress was fundamental, I believe, because it was right an year after the break out of the war and also the explosion of the II International. The II international, the one that had voted the statement against militarism and rejected the tendencies to world war, finally, with the break out of World War I, it’s going to split up too into a thousand pieces and the parties grouped there will turn to vote the war credits of the bourgeoisies from their own countries, not only suffragists defended their nationalist parties, but many of the self claimed socialists. From a proposal of the Russian women socialists a Third International Conference will be called, many of its participants had to do it in secrecy and against their own socialist parties’ directions which, by that time, were supporters of the wars of their national bourgeoisies; this third conference was to vote a rejection to war, a strong debate will take place, the Russian women held the position of war on war and revolutionary defeatism; the English ones, the German ones, with more moderate positions, but finally a categorical rejection to war is voted and a call is made for recuperating the international socialist unity of workers in rejection to the imperialist war. The location and the experience of the German socialdemocracy in the structuring of this movement, which had mass and world expansion characteristics, was not only a huge contribution to the women’s movement, but it was a contribution to the very own socialist organization of the workers in general, which allowed to locate the socialist parties always in a revolutionary vanguard position of unity of the proletariat, even when many of its organizations had already surrendered to World War I. All the aspirations of the socialist women’s movement even in the feminist movement, were made real under the Russian Revolution: the first country to legalize the abortion, in facilitating divorce, in decriminalizing homosexuality; a revolution that not only gave all the democratic rights that the suffragists and the socialist women’s movement claimed for, but tried to put into practice, what socialists understood was the necessary basis to effectively establish the elimination of the oppression that weighs on women, which is the socialization of the domestic duties and children raising. They were experiences of the kind of communal feeding places, communal nurseries, etcetera. The own conditions of the revolution regarding the limits of its development were marked by civil war, by world war and, later, the ascent of Stalinism ended up leading to the failure of all these attempts at establishing the socialization of domestic work, children care and, thus, the material bases to advance in the effective liberation of women, not only in the formal field, democratic, civilian to the law, but Stalinism produced a great setback in all these conquests, it criminalized prostitution again, criminalized abortion again, once more pushed great masses of working women to misery and, thus, there was a great revival of prostitution; a whole set of regressions, but I think the most harmful of Stalinism is to erase all the experience of world organization that socialist women went through during the end of the XIX century and beginning of the XX, which has made huge theoretical and practical contributions to women’s movement in general and working class women in particular. Many times, when we suddenly read theorists of the second wave pick up things as if they were a novelty of the women’s movement, one says: «These women in 1907, in 1910, were already discussing the problem of sexual rights, reproductive rights, autonomy over our own bodies, etcetera». I believe that recovering that history is fundamental. We have a huge challenge, we are again facing a struggle for a democratic right, because the right to abortion is that. We won’t overthrow capitalism with the right to abortion, but we will achieve to build a great women’s movement against the State, against the government, capable of developing a political strategy of independent organization which will not only allow us, of course, to conquer the right to abortion, but fundamentally to move forward in the political and union organization of women against the State, against the government, against capitalist oppression. _________________________________________ A straightforward delimitation with gender feminism Jorge Altamira * Good evening. It is usual, on TV programmes and newspapers, to observe that journalists highlight, when there is a political meeting, and, sometimes, cultural, the scarse number of women and, occassionally, the complete absense of women. They point this out as an expression of the subordinate role of women. Then they mark this fact as a manifestation, depending of the newspaper, of different aspects, such as patriarchy, misoginy, etc. At our meeting today, on the contrary, there is a scarse number of men. In a context of politicization of the working class in Argentina, this reveals a political backwardness. The question of women and their struggle has a major political importance for the working class. There is a coordinated political action on the part of the church among the working class movement to deviate it from that struggle. The bureaucracy in the unions is clerical in this country. On the other hand, the approach towards the femenine movement from the point of view of “gender” run in the same direction, sometimes even in explicit terms, in order to separate the working class from this struggle, whose unity would bring to light its social and political nature. The following exposition is aimed at developing, in the form of a polemic, the basis for a socialist strategy of the working class in view of the rising struggle of women and also of the proliferation of tendencies that characterize this struggle within a framework that leaves aside class struggle, the decadence of the capitalist society and political crises. The queues of February 1917 In the book by the comrades Cinti [Frencia] and Daniel [Gaido] there is a tale that I must have read a thousand times. It is connected to the story, very well known, of the Russian women workers who went on strike on the International Day of Women Workers, in february 1917, against the opinion, the warning and the stand of all political parties. They quote a description by a participant of these evnts – Ithink that from the comittee of Viborg neighbourhood – that caught my attention in a special way. This testimony explains that women went on strike turning a deaf ear to everyone, overwhelmed by the endless lines they had to endure outside bakeries during dawn in the Russian winter – and many times carrying their children. A partisan for women struggle with a gender perspective would have claimed, in view of such situation, that men shared the sacrifice imposed on by the situation – and she would not have been wrong. She would have said: “Go to the factories where men are and split up the line, one day one of you, one day the other”. It is not what Russian women came up with: they took the “shortcut” of going on strike and marching towards the nearby factories, predominantly male, to unravel a mass political mobilization, that triggered the revolution and the overthrow of the tsar. In the greatest revolution in history,the question of women was faced, on the International Day of Women Workers, with the method of class struggle and social revolution. Triumphant in October of that same year (nine months pregnant), it passed the more radical and all-encompassing female legislation and rights in history. This is the debate that we have here. If we have to tell men to join the queue – as it should be -, as a strategic goal that would put an end to women’s subordination or unite the working class and workers, men and women merged, to prepare methodically a socialist revolution – in the example that we take, the general strike, and, in turn, insurrection, to finish off the tsar, or more in general capitalist and bourgeois dictatorship. From here comes the special attention that Cintia and Daniel’s book puts on the formula by the socialist, then bolshevik and right away communist leader, Clara Zetkin, in favour of “a clear breakup” of the vanguard of women workers and socialists with gender feminism – that is, with the strategy that puts forward a pluriclass front of women and that confines the female movement to the boundaries of the bourgois Estate and capitalist society. The expression “clear breakup” is also very powerful, because there is not possible political progress without the exercise of delimitation of strategies and programmes – that is, without clarity. On class and gender Clara Zetkin’s idea that the women workers’ movement had to split up from the bourgois women’s movement, it is already historically inspired by the Circular [of the Central Comittee of the Communist League] of 1850, by Karl Marx, who summons the proletariat to build a party independent from the bourgeoise. Because Marx had taken part in, as the communist that he was, in the 1848 Revolution, as the left wing of the bourgeois movement. After the defeat of those revolutions and the massacre that took place in Paris, in June 1848 against the French workers, he concludes that “we must break up”, with “absolute clarity”, in particular with the “socialist” wing of that bougeoise, represented by Louis Blanc and others, by the French centre-left, that wanted to represent all classes, in a sort of social Estate, without the need to overthrow capitalism. This is also the fundamental point of view as regards the women’s movement. As Olga and Cintia have said so well during their presentations, the question of the condition of women in an exploitative society, where a minority confiscates the work of the majority, concerns women from all classes. That is why their class condition, not gender, determined the conduct of the ones and the others, taken as a whole. Political development divides into incompatible fields women who, on the other side, share some and certain common interests. Class struggle and political processes given birth by them remain in society and define the fields under dispute. Feminism, as a pluriclass movement, is a movement doomed to division, in the face of the problems of society taken as a whole. A socialist activist That is why Clara Zetkin not only develops the marxist point of view on the question of feminism and women; she takes as her basis the point of view the international proletariat and the Party’s point of view. The question of proletariat revolution is the frame for the politics on the question of women – not a diversion from it. The book proves that there is a sistematic effort on the part of socialist women so that women join the Party and the Party becomes stronger at the core of women’s movement. Women must be active in merging the struggle for women liberation and the fight for the emancipation from all social exploitation. In order to do this, a woman should become a political activist and a socialist political leader. She is a socialist woman of socialism, not of feminism. From the book, one concludes that it examines the question of women as a socialist, and not that it examines socialism, say, as a woman; though there is a dialectical relation that enriches the struggle for socialism as what it really is and must be: a struggle for universal emancipation. Emancipation in particular, in this case of gender, is a contradiction in terms. This book is very important as a critical recovery of history, but specially if one has the capacity of reading it in the key of the present. Current debates have a strong echo in the book, and I would even say that back then they took a higher level or bigger magnitude than today. Because the quotes trancribed – from the contenders in this political struggle -, show that the texts from bourgeois and petit bourgeois feminism from the past are far superior than those of the present. What happens to the feminist movement is what happens to the bougeoise in general: intelectually vigorous in its period os ascention, it tends to decompose in its period of decadence. Which takes us to the uneven political development. Clara Zetkin, Rosa Luxemburg, Nadezhda Krúpskaya, Aleksandra Kollontai, just to mention those included in the book, were intelectually and politically ahead of their times in the themes that they adressed, as in this case the condition of women in a period of revolutionary struggle and revolutionary organization. There is a period of ascention since ’68. Now we face a new period and new attempts, as it can be seen from the last mobilizations on March 8 th , in numerous countries around the globe. Or the grand mobilizations of women in the USA. It is in this context of popular rebellion that we confront the new/old disputes. Gender The fundamental point of view that breaks us apart from this other feminism, or the bourgeois and petit bourgeois concepts of women, is this thesis of the gender theory; which is not a thesis based on a social difference produced by the historical development of society, but an ideologization of a femenine condition. As they say: gender is a cultural construct. The method of “cultural construct”, in contrast to the antagonistic historical development of the human condition, influences all the current pseudo-science in most of their branches of knowledge. We face a definition. It is an a priori. It is not the real story of women, and hence of men, through history and their reciprocal relations in different societies of exploitation, but the discovery of something, as a cultural construct, as an ideology, “of what woman is”, not of what woman really is through her practice, but what woman is because of that ideological scheme. Severalcurrents that claim their belonging to marxism have taken these ideologies as their own, as a manifestation of the “open” character of historical materialism. We are in the face of a vulgar confusion between the open character of science and ideological mistification, because marxism simply starts off from the infinite character of the human capacity for knowledge and the consequent conditional state of current knowledge, but it does admit scientific status for speculative representation. The gender assumption embraces the aspiration for social equality for women, not only in rights, within the framework of a society of exploitation that is distinguished by the exponential growth of society. That equality is manifested, therefore, only in a part of the bourgeoise and the petit bourgeoise, and in an irregular and unstable manner. Instead of putting an end to the society of exploitation and opening the way for women and men, they say “let’s keep society as it is and fight for women to become integrated in it in line with our definitions”. Then, for example, a woman worker that receives a raise would be developing as a woman just like a woman that is appointed for the executive directoy of General Motors. Tomorrow, however, the director of General Motors will reduce the salary of the General Motors’ woman worker. We are in the presence of an ahistorical construct. English sufragists in the XIX century, from whom these present gender currents descend, adopted a directly political point of view, which picked up a fight that was inaugurated by the first working class party in history, English chartism. It was a fight for women’s rights that had been rejected by the leaders of the French Revolution. It was a fight between censitary suffrage and universal suffrage – two developments of the bourgeois Estate. This same suffragist movement became, during the First World War, a current that stood up for the imperialist bourgeiose of its own country. The conquest of the right to vote and be chosen must not be confused with gender equality in Estate institutions,which aim at reinforcing the political personnel of the bourgeoise and to co-opt a fraction of feminism. Women empowerment – acentral aspect of the gender programme – substitutes the conquest of political power, on the part of women workers, in the context of a workers government, for a hierarchy reserved to bourgeois or professional women. The conquest of universal suffrage takes place when the Estate has ensured the collaboration of the working class through reformist parties and the bureocracy in unions. The UN carries on different programmes of development which are announced as having “gender perspective”, meaning the integration of women. This is enlightening on the mistifying use of language on the part of an organization whose programmes are based on social exploitation and economic privileges for corporations. The so called White Helmets have been sistematically dennounced for commiting abuse on women and children. Because any programme of development from the UN is a programme of social exploitation that includes women “with a gender perspective”. A programme for sexual education “with a gender perspective” fosters diverse sexual orientations, but abstracts itself from the social conditions of that relation, which is constrained by exploitation and poverty; the lack of a human horizon. It is curious that a sexual education with adjectives is advertised in an alienated society. Sexual education”with a socialist perspective” would deal with this alienation, in the first place, and with the revolutionary struggle necessary to give it an end. Education is propaganda -Trotsky explains -, it is class struggle in the cultural arena, including political education. Under capitalism it serves to the reproduction of the dominant ideology. Soviet education is also propaganda, because it is still a society that has not abolished exploitation, but where power has been taken by the proletariat to destroy the oppresion of the bourgeoise. Then, education us an anti-capitalist socialist education. Revolutionary parties must defend education, sexual education, development, etc., in the perspective of a working class government and socialism. Patriarchy In the same line, there is a mistification of the theme of patriarchy. Capitalism claims, since the French Revolution, its condition of a sytem of formal equality. Patriarchy is a system of personal domination. Bourgeoise revolutions take down all forms of personal domination. Therefore, patriarchy is clearly distingushed, as a principleof social construction, from capitalist exploitation. Now, historical processes are not pure, it is not a clearcut interruption, as Clara Zetkin said, a rupture with clarity. Anyone knows that in Brazil slavery was abolished by the end of the XIX century. Slaves descendants, and not only them, are more eslaved today that under the slavery system. But they can’t propose to abolish slavery anymore, but capitalism. The same happens in the USA with African Americans and (“illegal”) immigrants. So, in many families, women are treated worse than when thay had no rights now that they have rights, why? Because a regime of exploitation tends, because of its conservative tendencies, to perpetuate the elements of exploitation that were formally substituted by other form of social exploitation. But it is not about patriarchy anymore, but about the dissolution of the family as economic unity and patriarchy as personal domination. One thing that strikes my attention about texts on the topic of gender is the lack of thought about the family – to which Marx and Engels pay all their attention: private property, family and Estate; its the Holy Trinity. Because family is where the domestic slavery of women is produced or derveloped. Does this mean that women are going to escape from this domestic slavery “by means of a cultural construct”, and not by means of the abolition of the nfamily, that is, the socialization of domestic activity? A domestic salary for women who reproduce this form of slavery, leaving aside the perspective of salaries in a capitalist system that tends to finish off the conquests gained by the masses; there where it functions as a special allowance,it has not stopped the expansion of misery. Then, again, the abolition of this oppresive family, in which hedious events occur, requires the abolition of caapitalism. Because with the abolition of capitalism all the economic activities are socialized, and the economic basis of the man and women relation is erased, it becomes a truly personal relation. Estate Now, here we have a very interesting problem. Within this “cultural construct” some enlightening deformations are produced. On March 8 th , during the mobilizations in the Basque Country, many youngsters marched singing the songs from the Spanish Revolution or the songs from the Resistance to the Franco regime. This caused on me a vivid emotion. I had the feeling that the “revolutionary institutions” – and music is part of this, revolutionary music is an institution – were back at the front. But when I listened harder, the song said “to the misogynistic Estate”. This means that in this “cultural construct”, the Estate plays the part of the male, and then we have a political organization of males based entirely on the subjugation of women, and not a capitalist Estate settled completely on the basis of exploitation, on the part of a capitalist oligarchy, of the masses of the proletariat. The fact that the class nature of the Estate is obscured, in these terms, shows the function of gender feminism in social theory, as an absolution of the class nature that explains the existance of the Estate, in a time of wars and barbarism. Is the aim of these wars to produce gender horrors or to reinforce the punitive power of the Estate for the fulfilment of imperialist objectives? Now, if “everything is a cultural construct”, how do we fight against violence towards women? Tell me what is the cultural tool to struggle against violence towards women! All the proposals to protect women, post-violence, do not function; and pre-violence, by definition are not going to work because they are at the core of the current social regime. In our Party we have sistematically encouraged, since long ago, the socialist organization of women workers with an active approach, so that they are in the neighbourhoods, in factories, etc., mobilized against violence. Mobilized from the point of view of propaganda and mobilized from the point of view of direct action. I say “propaganda” because we must persuade many workers that the path towards emancipation is forged, in the first place, by respect towards their partners and respect towards any woman in general. Socialists must put up a political fight within our own class and, first and foremost, mobilize the proletariat in support of the struggle of women workers and women “ tout court ”. Women, class and party Now, think, what is the difference between this gender approach and what Olga [Viglieca] and Cintia [Frencia] have explained? There was a Socialist Party in Germany that kept growing incesantly, and it was practically a Estate within a Estate. It had five newspapers per Estate (Germany is divided in several Estates), it had coperatives, unions, papers, choirs, symphonic orchestras… There were two Estates: monarchy and the Socialist Party. And there was the socialist organization of women, that rapidly clashed – so they say – against the bureaucracy of the Party and the bureaucracy of the socialist unions. The same would later happen to the youth with the Party bureaucracy. In the debates between the women workers of the SP and feminists, on more than one occasion the party apparatus supported feminists, specially when an alliance between socialists and feminists was being hatched – that is, to develop a pluri-class front on the basis of femenine demands. The organization of women in the SP was identified with the left of the Party. Class colaboration was first explicit in the women’s movement and then during war it will be explicit in the Estate’s political collaboration with German capital, German feudal landlords, against the proletariat from other countries and against the German proletariat. But it began as a proposal of class collaboration in the women’s movement. That is, behind this is the problem of turning the women’s movement in the starting point for a Popular Front. Gender feminism represents, on this point, a way of political deviation for the masses as a whole. The most advanced workers must dispute this field, becoming themselves, in the first place, the most energic supporters of women’s struggle. Here, finally, there is the following issue: within the left in Argentina, gender theories are completely settled in – the cultural construct, the alliance with bourgois women and class collaboration. Even in Frente de Izquierda (the Left Front). Just like in that Julia Roberts’ movie, we sleep with a potential ideological and strategic adversary. The deliberate action of avoiding a clear delimitation with gender feminism, just as the adoption of its theoretical method, is a common feature of the trotskist leftism, which must be battled in theory and political action. The “gender equality” leftism as a way for the equality of right is a completely antagonistic strategy to those socialist women who have never been refuted by history. Those socialists carried out the October Revolution. Conciliation between marxism and gender feminism is directly manifest in the political field of the left which fosters broad parties, ideologically “diverse”, incorporating that feminism. From the gender field, the petit bourgeoise has imposed its class position: not on the Partido Obrero, but on the diverse party and on movimentism. Broad parties – as they are called in Europe – have no ideology or programme. They merge identitary constructs. What does “identitary” mean? That they are organized around a criteria that is separated from social development in the field of work – ethnic, gender, nation. Anything that is not an entity historically generated by class struggle, but defined outside of class struggle. Although it is conditioned by class struggle – and marxists take it as part of class struggle -, contrarily, it is defined by others as non related to it, justifying this as an improvement from reductionism. Then, feminist, ecological parties are created “with diverse perspectives”. Each one has a different perspective. Obviuosly, if everyone holds a different perspective, capitalism can be at ease: we will never gather the necessary force to be able to overthrow the capitalist system. We can already see this, this that we are criticizing and which Frencia and Gaido’s book deals with so clearly, we see it in trotskist parties that become blurred within alien organizations or practice within them a strategic bandwagoning. Instead of this, we need tocarry out a campaign with this book, in order to develop a class consciousness on women’s struggle in the proletariat. With a big male attendance. What is the closing point of this presentation? The struggle for legal abortion. A decisive element in this struggle is the intervention of the working class in favour of legal abortion. In particular, because of the fact that the church and the union bureaucracy are against it. Here we have a phenomenon which is quite the opposite of what we have described with Cintia and Olga. Now the point is not that there are bourgois women and working women, now the point is that there are workers that follow bureaucracy and workers who are class independent in face of the women’s movement for the right to abortion. The women’s movement for the right to abortion is a massive movement, but among worker, a part follows bureaucracy, in a passive way or not taking a stand, because bureaucracy does not encourage them to take a stand against it, because they are scared that if they encourage them to take a stand, workers will begin to debate, someone will come up with an idea, and on his way home or wherever to, he is going to tell his wife: “Dear, today I took part in a political debate: I am going to fight for this one.” And hence he discovers a new political aproximation. That the male worker becomes interested in women’s struggle and takes it as his own equals to class consciousness. He is a worker with class consciousness because he has come out of himself and understood that his own emancipation is a struggle of universal nature, and it is related to the emancipation of humankind, as the lyrics of “The International” say. So, there are many chores ahead. To encourage this movement towards victory or massiveness. To interest, say, workers. To develop an intense propaganda. Because the construction of women – cultural, psicological, human – will be the work of women themselves , under the conditions of freedom that they contribute to create, struggling for the government of the exploited and for international socialism. No one can tell you what a woman is like. It is a life experience; and we struggle so that this life experience has no obstacles, can be developed in full capacity; so that women discover their femenine personality, their human personality, their social personality, through their own experience . Olga Viglieca is a journalist and a writer, founder and national leader of the Plenario de Trabajadoras. Script writer of the film La cena blanca de Romina and the play Nenina . Cintia Frencia, former legislator of the Partido Obrero in Córdoba and leader of the Plenario de Trabajadoras, she is a teacher at the Universidad Nacional de Córdoba and co-author of the book Marxism and the liberation of working class women: from the Socialist Women International to the Russian Revolution. Jorge Altamira is founder and national leader of Partido Obrero and its international current, the CRFI. Altamira founded and directed Prensa Obrera and this magazine. Author of La estrategia de la izquierda en Argentina (The strategy of the left in Argentina) , El Argentinazo, el presente como historia (Argentinazo, the present as history) and No fue un martes negro más (It wasn’t just another black Tuesday), among others.

1 de octubre de 2018
The Uruguayan Communist Party strategy between 1968 and 1973

Introduction The period between 1968 and 1973 has been object of numerous studies, because it concentrates key events for the popular field and the national life in particularly severe international circumstances. Those years were shaken by economical, political and social crisis as the result of the great postwar events , that put an end to the allegedly golden period of the last century, known as the “thirty glorious years” that started in 1945. The revolutionary outbreak of the convulsive year 1968 expressed the great globlal crisis that was starting , setting a landmark in modern history because it had the dimension of global carachteristics (Rieznik, 2009). In January started the offensive of Tet, that cornered in Vietnam the invading troops, giving a decisive strike despite their immediate objectives. In the USA the impact of that fact was capital, where a huge movement against the war had taken place and liquidated the re-election of that time President Lyndon Johnson and hit the heart of the USA politic regime shaken by two “magnicides”: Marthin Luther King´s in April and Robert Kennedy´s a few months later. French May fits in this scene, where the youth rising was the sparkle that litten up the most important general srike in the history of the french proletariat, which paralyzed France during a month. In august of 1968, by a new explosion , but this time in Eastern Europe : five thousand Russian tanks and two hundred thousand soldiers invaded Czechoslovakia to crush the so-called “Prague Spring” a key moment for the rebellions, that shook the territory dominated by the stalinism and its Eastern Europe puppet goverments. The Eastern Europe working class rebelled against the usurpers who claimed to govern in their name. In our continent, the police and the Mexican army fiercely repressed a massive student concentration, assassinating hundreds of students in the well-known massacre of Tlatelolco. Further south, in Brazil the student mass rises against the dictatorship in massive occupations and mobilizations; in Argentina started the strikes that later will end in the Cordobazo. In the strikes, in the squares and in the streets there is a common scenario of the end of the period: the breakdown of the armed political and economic equilibrium at the end of the Second World War, which had been negotiated by the victorious economic powers and the USSR. governed by the Stalin regime. The period opened in 1968 extends until the beginning of the emblematic 1970s. In this context, the Communist Parties at an international level enter to this period marked by the process of debates initiated with the rise of Khrushchev – and then Breznev – and the so-called «de-stanilization» in the USSR from the XX Congress in 1956. Braz (2006) states that in the 1960s the CPSU lost its condition of exercising total supremacy over the course of the international Stalinist-communist movement, witnessing its pulverization and fragmentation at the end of the decade. The matter of revolutionary strategy was the central object of several perspectives – inside and outside the communist-Stalinist movement – facing insurrectionary and reformist variants. The present work is divided into two sections: in the first section, some specific antecedents of the strategy of the Communist Parties are addressed, in particular what was later called Eurocommunism that emerged during the sixties and seventies, which means the even formal abandonment of the Leninism and the conception of the dictatorship of the proletariat, adapting each CP not unconditionally to the policy of the Kremlin bureaucracy, but also to the needs of the bourgeoisie of each country. One can take as a background the reformist and opportunist proposals of the Second International in the beginning of the 20th century and, logically, of the Third International under the Stalin´s command in the thirties; then, the axis that makes the proposal about the nature of the revolution in Latin America and Uruguay formulated by the PCU in the sixties is reviewed, especially the characterization of local capitalism as dependent, backward and semifeudal, constrained by the weight of the foreign monopolies and the landed oligarchy and the reasons why it raised the need for a «bourgeois-democratic, agrarian and anti-imperialist» revolution, that is, a revolution in stages. In the second section, the tactics of the PCU in the 1968-69 strikes are analyzed in relation to the Prompt Security Measures, the policy towards the 1971 elections and its position in relation to communiques 4 and 7 of the Armed Forces, which give account of the background strategic plan that was held in this period in its call to form agreements with sectors of the national bourgeoisie. The «democratic path» to socialism In the sixties and seventies the proposals within the communist parties emerged with a certain force; the renunciation to the revolution and the development of the «democratic routes» to socialism, among whose main promoters were the Italian Communist Party – that later integred the PCE and PCF- and the appearance of Allende´s goverment as an inescapable reference of this route. Thus, in the midst of social and political upheavals of great magnitude, emerged the so-called Eurocommunism that placed as a central political strategy the expansion of class alliances with the national bourgeoisie and the electoral-parliamentary issue as a fundamental task of the stage. The reforms would be presented as political moments that would promote gradual advances and allow the accumulation of social forces, necessary for the construction of the revolutionary change process. The insurrectional route for social revolution and the conquest of the power of the working class was replaced directly by partial victories in the parliament, in municipal and national governments and bourgeois institutions. The gradual insertion in the bourgeois state would allow the conquest of the hegemony of the whole society, including the civil society political organizations. In this way, “The transition towards socialism supposed, then, the conjunction of strategies that, by adapting to the national reality, would articulate alliances in society that would allow the accumulation of social gains through permanent and progressive reforms in order to turn the revolution into a historical process that would develop in the national life until the conquest of the hegemony agreed between various social forces on the command of the party. This hegemony would be conquered by a process of deep democratization of society that would enable the proletariat to become, for the party, leader of the revolutionary process, through the control of the State. The way towards socialism, according to Eurocommunists ideas, would be by peaceful and democratic mean” (Braz 2006:282) According to Mandel (1978), the political orientation of Eurocommunism, centered on the alliance of the working class with the national bourgeoisie and the parliamentary strategy, has its historical roots in the turn taken by the Third International in its seventh Congress of 1935 around the definitions on the Popular Front, whose political function was manifested in the alliances of the CPs with the social democracy and with the liberal bourgeoisie in the Popular Fronts of Spain and France as a resource to prevent the proletarian insurrection. In this sense, the basic guiding notion of the Popular Front that takes up Eurocommunism was the collaboration between the «progressive» classes against the reactionary classes within the framework of the defense of State institutions, on the assumption that such institutions would change their particular class content. The conquest of state spaces could allow the weight and power of the masses to increase in the democratization and management of the State, developing structural reforms that would transform in stages the nature of the capitalist regime through the conquest of parliamentary majorities. In this aspect, Eurocommunism takes up Kautsky’s thesis about a gradual transformation of capitalism, based on the national reality of capitalist relations. Renouncing to an internationalist fight aproach, it becomes center in the strategies of national order. It is about the stagist thesis -turned by Stalinism- in which the revolutionary process is conceived as the previous articulation of forces that act by the capitalism progressive modification until such time as the conditions for taking power are met. For Mandel, much of this content is a return to the reformist social democracy of 1914-1929, making PCs an element of stabilization of the «bourgeois order in the capitalist state», because they sought to ensure the basis for the softening of the fight of classes of the workers’ movement towards an exit within institutional frameworks. The attempt to build democratic and pacifist national societies suggested a kind of national (democratic) socialism that rehabilitated the thesis of Stalin’s «socialism in one country» In Latin America Marxism had to confront as a main problem the definition of the character of the revolution in the continent -that resulted from the analysis of Latin American social formations and the starting point to define strategies and political tactics- (Lowy, 2007). Fundamental political issues such as class alliances, methods of struggle, the stages of the revolution are deduced from the central characterization of the nature of the revolution. In latin America between 1930-1959, exists a hegemony of the Stalinist interpretation consisting of the theory of the revolution by stages, defining the stage as national-democratic. This characterization that predominated in the Latin American CPs reaches a central conclusion: the economic and social conditions in Latin America are not mature enough for a socialist revolution, the objective being to concretize a historical and democratic stage of development of national capitalism, overcoming the “feudal” remnants. Therefore, in the backward countries, the revolution was not proletariat, but an «intermediate» revolution, neither bourgeois nor proletarian, which in our continent was called «agrarian and anti-imperialist revolution» or bourgeois-democratic. To carry out this conclusion, the objective was to shape the alliance of the proletariat with the petty bourgeoisie and the progressive national bourgeoisie against US imperialism and the landowners, their national bourgeois partners. In the 1960s, several authors such as Gunder Frank, Ruy Mauro Marini, Anibal Quijano, Luis Vitale or Rodolfo Stavenhagen questioned the theory of Latin American feudalism, characterizing the historical colonial structure and agrarian structure as essentially capitalist. They also criticized the concept of the «progressive national bourgeoisie» and the perspective of an independent capitalist development in the different Latin American countries, pointing out that this «rickety» bourgeoisie was incapable of carrying out the pending national tasks. For them, the economic backwardness was not given by the feudal remnants, nor by pre-capitalist obstacles, but in the very character of dependent capitalist development in Latin America. This premise pointed a determinant and opposite conclusion to that formulated by Latin American Communist parties: the impossibility of the «national-democratic» path and the revolutionary role of the national bourgeoisie sector for social development in Latin America and the need for a revolution directed by the working class which would break with dependence and underdevelopment and joined the torrent of the world socialist revolution. The character of the revolution in Uruguay: class alliance and parliamentarism In Uruguay, the thesis of feudal or semi-feudal character of the colonial economy of Latin America and its livelihoods by the UCP, written by its general secretary, Rodney Arismendi. In a brief essay, La economía feudal en América Latina (The Feudal Economy in Latin America) of 1962, points out that the essential features of feudal survival are the latifundian land ownership regime and the subordination of the colonial economy to the metropolitan economy. For Arismendi, imperialism subordinates the colonial origin economies, unleashing a deforming capitalist development, blocking the transition from feudalism or colonial semi-feudalism to capitalism that is materialized on the baisis of mantian “The latifundium facing the foreign market, to later, through the export of capital, the extension of the railways, navigation, as a conditioning and conditioned factor of the passage of capitalism to its imperialist phase» (Arismendi, 1962) The result is the impossibility of a strong development of the internal market and national capitalism (proletariat and national bourgeois) This national vision of the need of an independent capitalist development, of the stage tasks and class alliance is expressed in the «1958 Programmatic Declaration » approved by the XVII UCP Congress. The strategic premises established in this document will be seen, later, in the performance of the UCP during the events between 1968 and 1973. The declaration begins to affirm that it has its «natural riches, Uruguay could build an independent and developed economy and ensure a happy life, of material and cultural well-being, even a several times larger poblation than it currently inhabits», however, these possibilities contrast with the «the economy backwardness, the slow social and cultural development and the sufferings of the workers and the people «whose cause is» the appropriation of the main production means by foreign monopolies and a privileged minority of large exploiters: landowners and great capitalists, it allow the seizure of the fruits of the national labor, block progress, condemn the workers to a tough exploitation and to make the popular masses vegetate in a life without horizons «. The «Declaration» identifies Uruguay’s dependence in the penetration of foreign monopoly capital, especially North Americans who control the great meat refrigeration, banks, textile factories, metallurgical, overseas transport, media, etc. The dependence is also expressed in the foreign debt as a mean of domination and looting, subtracting millions of dollars from the country that escape through the profits of the companies and the interests and the debt amortizations [1] . The imperialism is supported – according to the Declaration – by the national scene, by the big landowners and big capitalists, who are «its agents and accomplices» in the exploitation of the Uruguayan people. However, the document establishes that as a result of the economic crisis and the North American policy there is a differentiation of the big bourgeoisie in two layers: «One of great capitalists sold in body and soul to North American imperialism (…) the other, is formed by big bourgeois, who have their capital invested mainly in the national industry and are beaten by the interests of the American plundering policy.” In consequence, one of the fundamental tasks of the stage consisted in the expansion of the class alliance which should include the big national bourgeoisie «beaten by north America capital» The summary of the staging of the bourgeois-democratic revolution for Uruguay is formulated in the following terms: «The main contradiction of Uruguay’s social-economic structure is the contradiction between the productive forces that strives to develop and the relations of production, based on the dependence of the imperialism and the monopoly of the land, which hold back that development. It also expresses itself in the contradiction between imperialism, the large landowners and the great anti-national capitalists, and the Uruguayan people, the workers, little and medium farmers and ranchers, the intellectuals and students, the state and private employees, the retired, artisans and small merchants, and the national bourgeoisie «(p15). The «agrarian and anti-imperialist» revolution would open the way to a broad development of the productive forces within the capitalist framework, and only later would the socialist revolution be possible. The struggle of the stage was the conformation, based on this correlation of class forces, of a «democratic government of national liberation» that would carry forward the first historical stage, always guaranteeing private property: «the property of industrialists and merchants nationals (the great conciliatory bourgeoisie) and peasants and tenants who are not large landowners who do not conspire against popular power, will be respected and defended by law «(page 16). Finally, the «Programmatic Declaration» establishes the «Uruguayan path» of the revolution, pointing out that although a social revolution can not be carried out in a «gradual, evolutionary, reformist (…) way, , however, it does not mean that is obligatory the civil war» but «it is possible to conquer political power through peaceful means and convert the parliament into an authentic organ that executes the popular will «(p.17). The UCP would enter the 1960s with the aim of winning a sector of the national big bourgeoisie to an «agrarian and anti-imperialist» revolution and privileging the parliamentary strategy as a peaceful way to fulfill these historical tasks, through tactics of the political unity of the left with the ‘progressive’ political forces in a Popular Front, that is, of the working class with the local bourgeoisie. From the 68s strikes to the 71s elections Since the mid-1950s, an acute economic crisis began in Uruguay. Since 1957, inflation has risen, the real wage has begun to fall rapidly, there has been a decline and stagnation of the GDP. It was about the crisis of the so-called Industrialization Model by Import Substitution. The impasse of the economy and popular discontent was reflected in the urns with the «National Party» triumph of the in 1958, after 94 years of the «Colorado Party» in the government. The crisis will worsen during the next eight years of the white government (National Party), promoting the masses mobilitation. Towards the middle of the decade, in 1966, the unification of the Uruguayan trade union movement took place in the CNT (national worker´s central). The political instability of the regime and the rise of popular fights unify the different sectors of the international and national bourgeoisie behind a perspective of a «hard-line» government against the workers. In this picture, in 1967 a new constitution of repressive (and presidential) characteristics was approved and at the end of this year Pacheco Areco assumed as president. The political orientation which the UCP developed in the convulsive years of Pacheco Areco’s government, is significant in that it shows its role and intervention in a period of strong social and political crisis. The ‘Pachecato’ (Pacheco Areco´s goverment) was characterized by a consolidation of the authoritarian method by which the government attacked the workers’ living conditions, and curtailed democratic liberties, of expression and of reunion through the Prompt Security Measures. Repression and killing of protesters, political persecution through arrests, the closure of newspapers, the banning of organizations and parties of the left, arbitrary arrests, dismissals and militarizations of strikes were commonplace during this period that had its most important points in 1968 and ’69. Pacheco’s repressive policy against the workers ‘movement was aimed at guaranteeing the wage freeze policy, in the midst of an enormous inflation, which brutally reduced workers’ living conditions for the benefit of financial capital. Under these conditions there is a phenomenal rise of the workers’ struggles between June of ’68 until the end of ’69: factories occupations, indefinite strikes in various unions, street fighting and on the occasion of the funeral of the communist student Liber Arce, the greatest history manifestation; almost half of Montevideo´s population. In April of 1969 the indefinite strike of the meat processing industry workers that lasts four months is unleashed. In June, a national general strike of the CNT demands the solution to the conflicts, replacement of the dismissed, adjustment of the salaries to the living cost and in the future strikes are unleashed in the majority of the unions (AUTE, the Banking Association, municipal workers, graphics, journalists, etc). The Executive Branch intensifies the repression, imprisoning more than 800 trade union leaders, students and political activists, deploys the military mobilization in UTE, ANCAP, OSE and Telecommunications and closes new newspapers. According to Héctor Rodríguez, member of the Textile Workers’ Congress (COT), this did not push back the working class, from the union bases only claims of measures of struggle arrived. The COT proposes on June 25 to declare the indefinite general strike of the CNT; The first Secretariat and the Representative Board then – with a majority of the UCP – vote against this proposal. In this context, the controversy that developed within the trade union movement [2] in the recent CNT, on the tactics that the powerful organized workers movement of the time, had to develop in the face of authoritarian advancement revealed the existence of two positions divergent. The debate revolved around the need to give a joint response through the application of a general strike of the entire trade union movement to break Pacheco’s policy. The mainstream of the leadership of the CNT linked to the UCP opposed this proposal, defending the line of moving forward with a plan of concrete actions that would avoid a definitive and frontal outcome against the government. The trade union leader of SUNCA and the PCU, Mario Acosta puts it in this terms: «The situation in the country is so tense and the economic dilemmas are so closed within the current lanes, that to a certain extent it is a matter of life or death for the oligarchy to impose that policy (…) In such a situation that the relatively weaker contestant accepts to go to a decisive battle, it is suicidal. «And continues,» the workers’ and popular movement, instead of becoming embroiled in a frontal clash with a Government that is evidently willing to pay a high political price for the rigid application of its line and that continued to control the state forces, should get out of the trap and find another way out « [3] . In the first Congress of the CNT held in May 1969 is crystallized in several documents presented by unions and union leaders, a criticism of the actions of the majority of the management of the Central criticizing him to carry forward a tactic to contain the real potential that could acquire popular mobilization. The report to the first Congress of the Banking Association of Uruguay of May 1969 says: «The tactics developed, in many of its aspects by the form of its application, did not ‘wear away the enemy’ as much as the unions themselves in their application ( …) In our opinion, the concern not to aggravate the political situation led to the application of a tactic that was oscillating from ineffectiveness to quietism «. [4] For his part, Hector Rodriguez goes further in the criticism by stating that the basis of the tactics opposed to the general strike was to avoid direct confrontation with the government, arguing that there were no conditions in the workers’ movement for such action. Leading the way out of the crisis made a «political exit» that would manifest itself in the 1971 elections. To make this statement, HR relies on an article published in El Popular on January 30, 1970 by the senator of the PCU, Enrique Rodríguez. reference to the tactic developed states: «If this tactic was fair, if it led not to a premature total confrontation but to achieve the erosion of the enemy by pushing him into entanglement in his inevitable contradictions while the people maintain in the essentials their fighting presence, the result of that tactic must be expressed with some clarity, now when what we would call «the political exit» opens up. In other words, the tactics used fulfilled the role of creating better conditions for the people to act in the political period that is now approaching? In some way that was one of the foundations of the behavior assumed before the «measures». And well: it can be doubted that also in this terrain – strictly political electoral – the results of the tactic used will yield without fail mature fruits, we do not doubt it ” [5] Thus, from UCP´s point of vew, the discussion on the tactics to be used by the trade union movement to confront the government was subordinated to the formation of an electoral alternative for the 1971 elections, hence the rejection of the position that the CNT should discard the general strike to break the government of Pacheco. It was on the eve of the conformation of the Broad Front, which would result from an alliance of the main parties with influence in the popular movement -especially the Communist and Socialist Party- with parties representing sectors of the petty bourgeoisie and the national bourgeoisie, such as the PDC and the list 99. The alternative of the FA was consistent with the foundations of the strategy of the PCU, outlined in 1958. The polyclassic alliance in the field of elections that represented the Frente Amplio, had according to its promoters clear objectives: «The electoral it is important insofar as it constitutes a means to make a program a reality. It does not matter much, in addition, as it represents the only real effort to prevent a violent revolution in Uruguay, «declared Rodriguez Camusso, who was leaving the National Party, in the newspaper Marcha in 1970 and then joined the FA. The gradual and democratic way of integration to the State was the strategy defined in its own beginnings: «The FA will be a political force that fights for power to carry out transformations through democratic means» -these was- «to implement a political apparatus capable of agglutinating the genuinely national popular forces to exhaust the democratic ways so that the people, through their struggle and their mobilization, could carry out the great transformations for which the country claims «(Constitutive Declaration of the FA, February 1971). When the elections of November 1971 approached, the debate continued and became clear in the trade union movement. In the 2nd Congress of the CNT the controversy over trade union tactics of previous years was again developed. The central report of the representative table was pronounced against the vote to the traditional parties and indicated its support to the recently created Frente Amplio in the following way: «the actions that we were able to fulfill, the achieved triumphs, the achieved unity have been the factors that they have allowed the people today to join an anti-oligarchic and anti-imperialist political expression and that their access to power be a concrete and close alternative « [6] In opposition to this report, eleven guilds [7] presented a document in minority questioning the orientation of the table, stating that the conflicts «were directed and directed by the majority of the CNT, but in reality they were isolated by the majority of the leadership». The same report clarifies the role that the trade union movement must play in the face of the elections, also questioning the report of the majority of the CNT board «clearly outlines an electoral political solution intended to divert the struggle of the workers and at the same time put the CNT at the service of elections. We must be clear that the union struggle does not have in any way the limit of an electoral act « [8] In this way, the eleven unions criticized the tactics of the majority of the CNT, dominated by the PCU, to impose a reflux to the workers’ struggles as a way to channel the growing popular discontent towards parliamentarism, drowning the most radicalized sectors of workers and students activism that could lead the masses to an insurrectional situation. Thus, the UCP affirmed its claim that through the Frente Amplio, an experience of «peaceful passage to socialism» would be made based on the retreat of the great mass mobilizations of 68-69. «Unit of civilians and the military»: The UCP in front of the communiqués of February of 1973 In the elections of 1971 Juan María Bordaberry of the Colorado Party triumphs, with little parliamentary support, and continues in the decisive lines with what was done by Pacheco Areco. In the first months of 1972, the General Assembly approved the suspension of individual guarantees and declared the «State of Internal War», giving free rein to the repression of all opponents. In this context, it attacks and defeats the tupamaro movement that in 1970 had reached its greatest size and mobilization; The 20th Section of the Communist Party, where eight Communists die (Nahum et al., 1997) besieges and bullets. The rise in the price of food continues to increase and during that year, ten general strikes of the CNT are taking place, without a joint offensive by the trade union movement. In as much, the Armed Forces had assumed the conduction of the fight «antisubversiva» and begun to outline its own political strategy, against the impasse of the political regime. In February 1973, the appointment by the Bordaberry government of Antonio Francese as Minister of National Defense unleashed an institutional crisis. In response to this designation, on February 8 the Army and the Air Force are quartered and take to the streets with tanks and armed for war, take television channels and radio stations. In the occupation of national televition channel 5 they transmit a statement in which they argue their opposition to the designation of Francese that «will take back (to the Armed Forces) the overcome time of being an armed arm of economic and political interests, of backs to the fulfillment of their specific missions of national security and the interests of the nation «(Alvaro Rico, 2008: 717). The Navy remained loyal to Bordaberry and the next day blocked the port of Montevideo, barricading itself in the Old City. Without success to twist the arm of the insurgents, Bordaberry ended up accepting the resignation of Francese. On February 12, the so-called Pact of Boizo Lanza took place, which closed the crisis, where the creation of the National Security Council (COSENA) was resolved, with General Gregorio Álvarez as general secretary. The crisis revealed that the Armed Forces saw the need to arbitrate in the social and political crisis that had opened up. A month before, a document of the Board of Commanders-in-Chief of December 12, 1972, stated: «Political power would aspire to the Armed Forces returning to ‘their barracks’, that is, to their traditional status, and not gravitating in the national leadership. The Military Commands, permeated with the serious national situation, the popular expectation for the great national solutions and their responsibilities with respect to national security have decided to gravitate in the national leadership «. The pretension to arbitrate over ‘all sectoral interest’, if not ‘the armed arm of the economic groups’ reveals that they intended to regiment the whole of society, first of all the working class, to safeguard the interests of the State and The bourgeoisie. In the context of the confrontation with Bordaberry, the incited rebels issue communiques 4 and 7, on February 9 and 10 respectively. These documents present the ‘intentions’ of the Armed Forces and a social, economic and political program that includes a series of measures of presumably ‘nationalist’ characteristics. Among the economic measures are: «eliminate oppressive external debt, by containing all those expenses of a superfluous nature»; «Eradication of unemployment through the coordinated implementation of development plans»; «Redistribution of the land»; «Creation, promotion and defense of new sources of work and the development of the base industry»; «Establish provisions that allow monopolies to be fought as effectively as possible, by implementing measures that allow greater dispersion of property and greater public control of the means of production»; in relation to the workers’ movement, a regimentation policy is proposed: «Keep the Armed Forces out of union and student problems unless they arrive by their intensity, to endanger security», «Proceed at all times in such a way , to consolidate the democratic-republican ideals in the bosom of the entire population, as a way to avoid the infiltration and capture of adherents to Marxist-Leninist doctrines and philosophies, incompatible with our traditional way of life «(Communiqué 4). Through these communications, the Armed Forces managed to create expectations on the left and broad sectors of the workers’ movement regarding the existence of progressive or peruanist groups [10] within the Armed Forces – which opposed the right-wing Brazilianists. In the vision of the PCU, the situation of the country confronted two blocks: the oligarchy – made up of imperialism, the landowners and the big buyer bourgeoisie – and the people – made up of workers, retirees, students, small producers and the progressive national big bourgeoisie . The program of this sector of the Armed Forces expressed in communiques 4 and 7 came to be placed within the progressive forces of society, that is, on the side of the people. Therefore, the PCU will propose the «union of honest Orientals» and that the contradiction is not «military-civilians», but «oligarchy-people» , calling on the Armed Forces to converge with the people against the oligarchy; under the proposal of «Fuera Bordaberry». In El Popular on February 9 the PCU fixes its position: «Why do we think, in general, the document of the Armed Forces is positive? (…)» and respond by pointing out their support for the economic measures proposed in the communiqués, although they advise the Armed Forces about the «mistake» of considering the Marxist-Leninists contrary to the democratic-republican ideals that the last point of the statement. For the UCP «This is a clear mistake, which even contradicts the rest of the document that could lead to confusion for a large part of the workers who would feel discriminated against, to the detriment of better understanding the objectives of the Armed Forces, restricting their repercussion on the masses (…) Marxism-Leninism is not incompatible with democratic and republican ideals or with our way of life « . Finally, they affirm that «the Marxist-Leninists, the Communists, members of the broad current of the Frente Amplio, agree in essence with the measures set forth by the Armed Forces as immediate solutions for the situation that the republic is experiencing and, of course, not incompatible with the ideology of the working class (…) it takes the effort of all honest Orientals, without distinction of civilians and military with the sole determination to be patriotic to believe in the PEOPLE « In this way, the crisis of February highlighted the strategy of the UCP of wanting to place in the direction of an «agrarian and anti-imperialist» revolution a sector of the repressive apparatus of the bourgeois state, such as the army. That is to say, with its behavior the UCP bet on a supposed Peruvian variant of the coup, disarming politically the working class and impeding its independent intervention in the open crisis. The illusion was revealed that the military, as an essential part of the alliance of the working class with the national bourgeoisie, could liquidate the landlords and the feudal remnants and promote an independent capitalist development in agriculture (agrarian reform) and industry. Did this illusion make sense, even in the event that a «Peruvianist» military current had won the internal army of the Armed Forces? No. Well, the problem was that on the basis of the position the stageist characterization of «bourgeois-democratic, agrarian and anti-imperialist» revolution was: in Uruguay the big national bourgeoisie (and its different layers) was deeply intertwined with landowners and banks, associated for the exploitation of cheap labor; it is a rickety national bourgeoisie incapable of carrying out any deep social transformation. That is to say, there is no class capable of taking charge of the task of developing capitalism in agriculture and industry. The resolution of the agrarian question and the development of the productive forces can only be solved by a revolution led by the working class that not only fulfills the unresolved democratic tasks but also begins to travel through socialist tasks, as part of the Latin American revolution and worldwide. By Peruvianism reference was made to the military regime of Velasco Alvarado in Peru, which gave a coup d’etat in 1968 and governed until 1975. Alvarado promoted a series of measures of bourgeois nationalist characteristics, such as the nationalization of the National Bank, oil deposits, iron and steel , fishing and cement and had an agrarian reform. Conclusions In the development of this article, an attempt was made to unravel the strategy and tactics of the UCP in the face of a period of unprecedented aggravation of the class struggle. In the sense in which the Bolsheviks understood it, while tactics are limited to measures relating to a particular problem of the class struggle, the problems of revolutionary strategy imply a combined system of actions which, in their relation, succession and development, must bring the proletariat to power and around which the tactical methods of the moment are subordinated. From this point of view, the UCP lacked a revolutionary strategy, since it insisted on amputating the political independence of the proletariat and on taking the «progressive» layer of the national big bourgeoisie to power; firstly, through the «democratic way», stopping the union struggle and direct action of the masses towards the 1971 elections; and in second place in the support to a fraction of the military in February of ’73. It was revealed, finally, in a role of stabilization of the bourgeois order in the capitalist State.The lessons of this experience are enormously important for the workers and the exploited who fight for social emancipation. *Leader of the Workers´ Party of Uruguay. Sociologist and Professor of the Cathedra of Political Economy at the “Universidad de la República” (UdelaR). Notas [1] Different is the current position of the UCP that supports the payment of external debt by the Frente Amplio government. [2] Both in the press, the newspaper «El Popular» and the weekly magazine «March», as well as in the congresses of the CNT of 1969 and 1971. [3] CNT: Documents and Congresses / 2, Fight and trade union controversy 1968-1973, Volume I. Uruguay Independent Center, Montevideo, 1985, pp.90 [4] Report to the First Congress of the Banking Association of Uruguay of May 1969 in CNT: Documents and Congresses 1 Fight and Trade Union controversy 1968-1973 Volume II. CUI, Montevideo, 1985. [5] CNT: Documents and Congresses / 2, Fight and trade union polemic 1968-1973, Volume IV. Uruguay Independent Center, Montevideo, 1985. pp. 50-51. [6] ídem. pp. 25-26. [7] Union of Workers and Administrators of General Electric; Unique Union of Enrique Ghiringheli S.A; Union of Workers and Employees CICSSA; Union of Workers of SERAL; Fruit and Vegetable Syndicate of Salto; Intergremial Plenary of Mercedes; Uruguayan Health Federation; Union of Workers, Employees and Supervisors of FUNSA; Syndicate of the Medicines and Related Industries; Union of TEM Workers and Employees. [8] Idem. 73. Bilbiografía – Arismendi, R. (1962) La economía feudal en América Latina en Löwy, Michael (2007) El marxismo en América Latina, Chile: LOM – Braz, M. (2006) Partido Proletario e Revoluçao: sua problemática no século XX. Tesis de doctorado de la Escola de Serviço Social de la Universidade Federal do Rio de Janeiro. – Löwy, Michael (2007) El marxismo en América Latina, Chile: LOM. – Mandel (1978) Crítica del eurocomunismo. Lisboa: Antidoto. – Nahum, B., Cocchi, A., Frega, A., Trochón, Y. (1997) El fin del Uruguay liberal (1959-1973). Montevideo: Banda Oriental. – Rico, A. (2008) Investigación histórica sobre la dictadura y el terrorismo de estado en el Uruguay (1973-1985), Montevideo: UDELAR. – Rieznik, P. (2009) Sobre el carácter histórico de la actual crisis mundial en Revista En Defensa del Marxismo Nº 37. Disponible en http://www.po.org.ar/uploads/edm/pdf/4.pdf – Schultze (2015) El Partido Comunista del Uruguay como objeto de estudio: problemas, novedades y desafíos en Cuadernos del CLAEH, Segunda serie, año 34, nº 101. – Siola, L. y Girona, M. (2016) Historia y Memoria de COFE a 50 años de su fundación, Montevideo: COFE. Fuentes – Declaración programática del PCU de 1958. 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