D esde el secuestro de Jorge Julio López, el gobierno de Kirchner va de crisis en crisis; la derrota estruendosa en Misiones es apenas un episodio de este derrumbe, lo mismo que la patoteada contra los trabajadores del Francés o el escándalo de San Vicente. Estamos en presencia de un gobierno que ha agotado su línea de acción y que se encuentra operando un violento giro o adaptación a las presiones de la derecha y del capital internacional. Como dijimos en más de una oportunidad, el crecimiento del PBI no alcanza para superar las contradicciones del régimen social. Nada deja esto más claro que la vía libre que el gobierno le ha dado a Canicoba Corral para operar contra Irán, a partir de una exigencia del gobierno de Bush y del ‘lobby’ sionista de Estados Unidos. La irrupción de D’Elía en este escenario pone de manifiesto el punto al que ha llegado el gobierno en este compromiso. Adicionalmente, Kirchner se está alineando con Bush contra el gobierno de Chávez, una antigua exigencia de la oposición de derecha en Argentina, y, lo que es seguramente más grave, está embarcando a Argentina con el imperialismo norteamericano en el mismo momento en que las posiciones internacionales de éste se están derrumbando, y no solamente como consecuencia de su desastre en Irak. El santacruceño abandona la retórica chavista y se anima a ir a una ruptura con sus laderos nacionales y populares, como Barrios de Pie o Libres del Sur, aunque es difícil que estos larguen la porción del presupuesto que les ha tocado en suerte. En un plano más mediocre, la inestabilidad política en que ha entrado el kirchnerismo también pudo advertirse cuando reclamó el socorro del rey fantoche por las pasteras, sin importarle quedar a la merced, como consecuencia de esto, de Ence, Telefónica y Repsol. No es casual que, envalentonado, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, se animara, el miércoles pasado, a reclamar que se “termine con la demagogia”. La provocación del gobierno contra Irán es tan manifiesta, que incluso a La Nación le ha costado justificar la arbitrariedad judicial; los periodistas del diario no dejan de señalar, siempre que pueden, que el fallo no está apoyado en ninguna clase de pruebas. Sin embargo, siguiendo un libreto armado en común, tanto la derecha, La Nación , el gobierno, como este advenedizo que se hace llamar ‘rabino’ Bergman, coinciden en repetir que Irán podría desbaratar las acusaciones que se le propinan enviando a sus funcionarios como reos a Argentina (invierten el principio de inocencia); la derecha ataca con argumentos defensivos. No hay que sorprenderse por esto, porque el despropósito político de la provocación es de tal magnitud que el reclamo de extradición a Irán ocurre en el mismo momento en que Blair e incluso muchos alcahuetes de Bush reclaman ‘abrir el diálogo’ con los iraníes ¡para poder salir de Irak! La carencia de sentido de la oportunidad que ha puesto de relieve Kirchner es típica de un gobierno que ha perdido el rumbo. Para distraer a la opinión pública de este verdadero derrumbe político, a los oficialistas no se les ha ocurrido mejor cosa que mover la dama, como en un espectáculo de varieté. Lo que el gobierno parece haber concluido es que si la oposición se une cuando él se abroquela, echando lastre la podría mantener dividida. Es un típico razonamiento de puntero o de ‘operador’; el gobierno está capitulando en toda la línea ante la derecha y ante el imperialismo. Mientras tanto, López sigue sin aparecer. SanCor La otra manifestación destacada del derrumbe de la orientación oficial es la absorción de Sancor por parte del grupo Soros; este hecho ilumina la resistencia que había ofrecido el centroizquierdismo del rosarino Binner a una borocotización con Kirchner. Es que la bancarrota de Sancor ilustra el fracaso de la estrategia de “reconstruir la burguesía nacional”. En principio la cooperativa láctea fue entregada por una deuda de 160 millones de dólares, es decir dos mangos. El gobierno que se ‘asoció’ a Eurnekian para que éste cancele deuda sin poner plata, y que hizo lo mismo con Aerolíneas, dejó, sin embargo, caer a Sancor y que se impongan ‘las leyes de mercado’. Es manifiesto que esto también se arregló cuando lo de la campanita en Nueva York. Uno de los que dejó a la deriva a Sancor es el Banco de Santa Fe, controlado por un pingüino, el grupo Eskenazi, que se ha beneficiado de la mayor parte de los negocios ofrecidos por el dúo Kirchner-De Vido. La defunción de Sancor pone a la luz una alianza del gobierno con los fondos de especulación internacionales. Se vienen los grandes negocios de estos fondos, en especial en el sector eléctrico, encabezados por los ‘amigos’ de la Rosada: Petersen, Mindlin, Eskenazi, Macro, Werthein. Kirchner hizo con SanCor lo mismo que había hecho cuando ‘sacrificó’ a los ganaderos en beneficio de los frigoríficos exportadores. Ahora la industria láctea está completamente en manos extranjeras o de fondos especulativos, porque La Serenísima es de la francesa Danone. La incursión de Soros plantea una perspectiva de quiebra para numerosos productores lecheros, que ya son perjudicados por la brecha entre el precio de la leche y los de los productos derivados. Soros pretende integrar “verticalmente” a la industria, para lo cual utilizará la alimentación de las vacas en confinamiento y aprovechará el maíz residual para elaborar etanol. Se plantea una crisis agraria en Santa Fe y Córdoba. El centroizquierdismo fracasó en defender a SanCor porque la Federación Agraria pretendía una rebaja sustancial de las retenciones, es decir, que el pueblo pague más caros los lácteos y que los exportadores se queden con la totalidad de la ganancia extraordinaria de la devaluación del peso. Pero en ese caso, ¿cómo se pagaría la deuda externa? Era un planteo inviable para los trabajadores, por un lado, y para el capital financiero, del otro. La deuda que Sancor no pudo redimir demuestra que el cooperativismo se ha transformado en una vaca lechera para los bancos y para un grupo dirigente de capitalistas de la cooperativa. La posibilidad de la industrialización en beneficio de las masas pasa, en primer lugar, por la nacionalización de los bancos y AFJPs, sin indemnización. Las masas El componente fundamental que explica el agotamiento del gobierno y la necesidad de operar un giro político hacia la Iglesia, la derecha, Bush, es la implacable lucha popular, que no cesa, desde Gualeguaychú y los barrios porteños contra la especulación inmobiliaria hasta los petroleros y hospitales del sur, pasando por los docentes de Buenos Aires, Entre Ríos o Chaco. Sigue, asimismo, indoblegable la lucha del Francés, se vienen los choferes, como en la reciente huelga de la 60, y se preparan las paritarias en subtes, telefónicos, textiles. El gobierno ha fracasado en la contención de los precios, por eso está dejando caer el dólar, lo cual hace el lujo de los especuladores que están mandando montañas de dinero a Argentina, con lo cual creará nueva contradicciones, cada cual más explosiva. En este cuadro las recientes elecciones de la CTA dejan una caracterización indudable. La burocracia centroizquierdista es puro papel, no mueve a nadie, su proyecto patronal no tiene apoyo. No pudo mover más del 10% de su supuesto padrón y tuvo que recorrer al fraude más burdo. De otro lado, en numerosos lugares de trabajo, la construcción clasista de la Lista 3 mostró un arraigo muy importante, como también lo demostraron los compañeros de las listas combativas y la UJS-PO en las elecciones de la UBA. Las tendencias que abogan por ‘construir clasismo con la burocracia’, o sea llegar a acuerdos sin principios con ella y hacerse cooptar por el aparato de la burocracia, han salido divididas en fuerzas y menguadas en votos. La situación es esta: todas las fuerzas que se apoyan en el sistema existente buscan una vía de desarrollo pero no salen de su atomización. Las fuerzas que combaten al sistema existente crecen. La conclusión que emerge es: construyamos una alternativa obrera y socialista. Desde esta posición llamamos a una campaña por enfrentar las próximas paritarias con dos reivindicaciones: que los paritarios sean elegidos en asamblea y que los anteproyectos de convenio sean discutidos y aprobados de la misma manera. Desde esa misma posición llamamos a una campaña dirigida a los sindicatos y centrales sindicales para convocar a congresos de bases locales, regionales y nacionales, para luchar por el salario mínimo móvil de dos mil pesos, por el 82% móvil para los jubilados y por el control obrero, como única respuesta a la necesidad de seguridad laboral, higiene, contra la contaminación, por la estabilidad en el empleo, contra la flexibilización y la precariedad. Por un plan único (económico, social, ambiental), bajo la dirección de los trabajadores. Jorge Altamira