politicaobrera.com Archivo de Política Obrera
En Defensa del Marxismo › En Defensa del Marxismo N° 51

En Defensa del Marxismo N° 51

1 de agosto de 2018 · 16 notas

Notas de este número

1 de agosto de 2018
Panorama mundial

La prensa internacional abordó con bastante perplejidad el giro que registró la confrontación entre los Estados Unidos y Corea del Norte, que pasó de la amenaza de un bombardeo nuclear de parte de Donald Trump a una ‘reunión de paz’ en Singapur – de características bufonescas. Los comentarios ulteriores acerca de este viraje fueron igualmente ambiguos, tanto por parte de los protagonistas como de los observadores. Las conclusiones que se dieron a conocer apuntaron a una perspectiva de negociaciones prolongadas sobre la “desnuclearización de la península coreana” – una fórmula gelatinosa que no aclara si se refiere a Corea del Norte o involucra también a las bases norteamericanas en Corea del Sur. De otro lado, Trump aseguró que las sanciones económicas contra el régimen de Kim Jong-un continuarían hasta alcanzar los objetivos de una desarme nuclear completo de Norcorea. Enseguida, sin embargo, anunció una suspensión de los ensayos militares conjuntos con Surcorea y Japón. Por último, si esto fuera posible, la prensa norteamericana denunció que el centro de investigación nuclear de Corea del Norte había sido promovido. ¿Existe una tendencia a la guerra o solamente asistimos a una política de extorsiones y violencias que pretenden, por el contrario, evitarla? Una versión atribuye el encuentro Trump-Kim a un éxito de las sanciones económicas adoptadas contra Corea del Norte en forma conjunta por Estados Unidos, China, Rusia y otras potencias. Una fracción minoritaria de la burocracia de China habría planteado incluso apoyar una acción militar para frenar el plan atómico de Kim – según reportó en varias ocasiones el Financial Times . Evidencias circunstanciales aportadas por los medios de comunicación, señalaron una caída casi completa del comercio inter-fronterizo entre China y Corea del Norte en este período, que se revirtió en vísperas de las tratativas Trump-Kim. De acuerdo a otro enfoque, Trump y el chino Xi Jinp-pin se vieron obligados a transitar la vía diplomática, una vez que concluyeron que Norcorea había conquistado un status nuclear irreversible, que solamente podía ser contenido. La iniciativa del presidente de Corea del Sur, al invitar al Norte a asistir a los Juegos Olímpicos en Seúl, se realizó con el asentimiento de todas las partes en disputa. El centro-izquierda surcoreano retomaba de este modo una política que había fracasado dos décadas antes, a pesar de avances considerables en materia apertura comercial por parte de Corea del Norte, incluido el establecimiento de “zonas económicas” para la inversión extranjera. La iniciativa del surcoreano Kim Moon cuenta con un elevado consentimiento en el Sur. Esa operación puso de manifiesto los intereses sociales de la burocracia gobernante norteña, a favor de emprender el camino capitalista adoptado por la burocracia de China hacia finales de la década de los 70 del siglo pasado. La estrategia de Corea del Norte – al menos la que se expone en forma oficial -, es alcanzar una reunificación del conjunto del país, bajo la forma política de una confederación asentada en bases y perspectivas sociales similares. Sería una variante del régimen “un país, dos sistemas”, que inició China con Hong Kong y que marcó el principio de transformación capitalista del estado chino. Para evitar perderse en las conjeturas diplomáticas es necesario analizar a las fuerzas en presencia en su conjunto. La crisis capitalista mundial y de la acentuación extraordinaria de las rivalidades económicas y políticas ha acelerado ha puesto de manifiesto un impasse en la política mundial que reclama un desenlace. La relevancia de la cuestión nuclear norcoreana tiene que ver con su status social ambiguo en la política mundial. Pakistán o la India, por caso, son estados que no enfrentan extorsiones en materia nuclear, simplemente porque son capitalistas y porque, en su momento, fueron utilizados como contrapeso a una China cuyo régimen social era la propiedad estatizada. Irán, aunque diferente, se encuentra proscripta en materia nuclear desde la Revolución de 1979, no lo había sido con anterioridad, bajo el régimen del Sha. Irán se encuentra enfrentado con el estado sionista, que es la pieza estratégica del imperialismo, no solamente en el Medio Oriente. Es claro, sin embargo, que el imperialismo norteamericano ha impuesto límites al desarrollo atómico militar de las potencias que son sus aliadas, en función de hacer respetar su hegemonía mundial. El status atómico de China fue tolerado o alentado antes de la transición al capitalismo, para explotar el enfrentamiento ruso-chino, que se desató en la década del 60. Durante un largo período, Corea del Norte contó con la protección militar de la República Popular China. La única ‘paridad nuclear’ que tuvo que tolerar EEUU ha sido con la ex Unión Soviética. La disputa nuclear acerca de Corea del Norte tiene que ver, por lo tanto con la contradicción entre su status social y político, por un lado, y la economía y política mundiales, por el otro. En el cuadro mundial presente, sin embargo, la adopción de un ‘camino chino’, por parte de Corea del Norte, está condicionada por la disputa económica creciente entre Estados Unidos y China. Una ‘apertura’ coreana bajo la batuta de China, significaría, en primer lugar, un relegamiento de Japón y, en segundo lugar, un crecimiento de la influencia de China en la economía y la política de Corea del Sur. No hace falta decir que se trata de una salida inadmisible para el imperialismo norteamericano. Es Japón, precisamente, el que lleva la delantera en la oposición a un entendimiento con Kim Jong-un. En sentido contrario, el establecimiento de una ‘relación especial’ entre el régimen norcoreano y Trump, sería intolerable para China; el Pentágono no ha dejado de incrementar las operaciones militares y de espionaje contra China. Las críticas de la burguesía norteamericana al acercamiento entre Trump y el régimen norcoreano, condicionan las negociaciones a la posibilidad de un segundo mandato para Trump, y se han convertido por eso en campo de disputa política interna en EE.UU. Trump no ha levantado las sanciones a Corea del Norte – lo contrario de lo que viene haciendo China, que de hecho ha liberado el comercio inter-frontera y provocado, de paso, una súbita especulación inmobiliaria en esa zona y una reactivación de la economía más allá de la frontera. La ofensiva norteamericana contra China, en las últimas semanas, con una escalada arancelaria que amenaza alcanzar los u$S200 mil millones, tiene en vista también el propósito de imponer una ‘pax americana’ en la península de Corea. Japón no ha tenido otra opción que jugarse con Trump. Se asiste a una partida de cinco, con Japón y Corea del Sur, y hasta de seis – Rusia -, que comparte frontera con Corea del Norte. Putin no dejará de presentar su propia factura en estas negociaciones – como la anulación de las sanciones que sufre por la ocupación de Crimea, o para contrarrestar el intento de Trump de reemplazar el gas de Rusia para Europa, y en especial Alemania, con el gas no convencional que se encuentra en aumento en Texas. A medida que se va tirando del ovillo, aparecen todos los conflictos de la crisis mundial y todos sus protagonistas. El problema no es “el hombre-cohete”, como Trump bautizó a Kim Jong un, sino el conjunto de choques y rivalidades internacionales de un capitalismo en bancarrota. Un porcentaje elevado de la población de Corea del Sur vuelve a apoyar una perspectiva de acuerdo con el Norte e incluso una reunificación en determinadas condiciones. En caso de prospere la transición ‘china’ de Corea del Norte y una reunificación condicional, los trabajadores del norte deberán enfrentar las carestías y desigualdades crecientes de una privatización de la economía y de su propia reconversión en fuerza de trabajo. La unidad capitalista de la península afectará aún más los derechos laborales de los trabajadores del Sur. Esta perspectiva plantea la necesidad de la unión de los obreros de Corea, con un programa propio. La clase obrera tiene planteada frente a si una lucha internacional para que el destino nacional coreano sea decidido por los trabajadores. La lucha por la autodeterminación nacional de Corea, sobre la base de la preservación de conquistas sociales y una Asamblea Constituyente Libre y Soberna, convertirá al proletariado de la península en una fuerza decisiva, y será un puente hacia los trabajadores de China y Japón. Las clases y burocracias dominantes de la región son altamente conscientes del ‘peligro’ que representaría un desmadre de las ‘negociaciones’ y una intervención de las masas. Oculto por parte de los medios, es el principal factor histórico en presencia. Medio Oriente Mientras en Asia-Pacífico se diseña un escenario bélico potencial de proporciones gigantescas y, asimismo, de desafíos revolucionarios, la guerra en el Medio Oriente crece en magnitud y opera como un ensayo general de una perspectiva de guerra para el mundo en su conjunto. La consolidación relativa del eje Putin-Bashar al Assad-Irán en Siria ha sido respondida por una escalada militar del estado sionista, que incluye a Gaza y Líbano. Las masacres en Gaza responden al objetivo de larga de data de erradicar a la población palestina; el gobierno sionista ha rechazado en forma oficial la salida de “dos estados”. También se ha producido un agravamiento colosal de la guerra y las masacres en Yemen, de parte de Arabia Saudita y Estados Unidos. El desconocimiento, por parte de Trump, del acuerdo de “los seis” (Rusia, Alemania, Francia, China, Gran Bretaña, USA), que impone un techo al desarrollo nuclear de Irán, ha creado una crisis en las relaciones económicas y política de EE.UU y la Unión Europea. Trump, reclama que la Guardia Revolucionaria de Irán, Hizbollah y otras fuerzas chiitas se retiren de Siria y dejen de apoyar a sus aliados en Yemen. Exige, asimismo, interferir en el acuerdo Rusia-Turquía-Iran para acerca de la salida político-constitucional en Siria. Trump y Netanyahu denuncian la intención del régimen iraní de imponer una ‘zona de influencia’ que se extendería desde Teherán al Mediterráneo. De este modo buscan justificar una guerra que asiente una dominación política y militar de Usa, Israel y Arabia Saudita en la región. La Unión Europea, por su lado, junto a China y Rusia, reclama a Teherán que ceda a las exigencias norteamericanas, con el pretexto de salvar el acuerdo nuclear y que cesen las sanciones económicas. La aceptación de esta suerte de ultimátum se convertiría, sin duda, en el primer paso de la debacle del régimen iraní, acosado también por la burguesía nativa, duramente golpeada por el bloqueo internacional de la economía. Publicaciones notorias, como The Economist y Financial Times , han caracterizado que Trump ha emprendido una política de ‘regime change’, o sea acabar con el régimen político iraní – lo que, en última instancia, significa un ataque militar. El reforzamiento de las sanciones económicas, por parte de Trump, ha vuelto a convertir a Irán en un terreno de disputa contra las compañías, especialmente, de Europa, que habían aprovechado la firma del tratado para invertir macizamente en la explotación petrolera, que se encuentra obsoleta en aspectos fundamentales. El veto norteamericano a empresas como Total, ha puesto de manifiesto la dominación del sistema monetario centrado en el dólar sobre el conjunto de la economía mundial. De promotor de un ‘comercio global’, en la posguerra, se ha convertido en su traba principal. Las previsiones acerca de una transición del dólar al yuan, como eje del sistema monetario internacional, forman parte de las ilusiones pacifistas. Todas las transiciones monetarias, desde el florín holandés en adelante, han atravesado guerras internacionales. De todos modos, la Bolsa de Shangai ha sido la más golpeada por la actual guerra financiera. En contraste con esta ofensiva contra Irán y Europa, ha seguido avanzando la alianza precaria tejida entre Siria, Turquía y Rusia, para imponer, en sus propios términos, la llamada “salida política” a la guerra en Siria. Turquía colisiona con el resto de la Otan y en especial con Estados Unidos, por su política de erradicar al movimiento kurdo del territorio kurdo del norte de Siria. En medio de esta guerra se percibe un acuerdo no escrito que divide a Siria, por un lado en zonas de control por parte de Turquía, en el norte, Israel en el sur, y el llamado “territorio fértil” para Bashar al Assad. La autodeterminación nacional que esgrimen los ‘nacionales y populares’ en casi todo el mundo, para justificar su apoyo al régimen masacrador de Siria, es un mero relato. Los acuerdos de Astrana, por un lado, entre Erdogan, Rohani y Putin, y los establecidos entre Putin y Netanyahu, por el otro,, no dejan dudas sobre el arreglo de partición precaria de Siria, encubierta con la fraseología de la “salida política”. En el afán de cohesionar su frente interno, luego del golpe militar de 2016, Erdogan ha desatado otros conflictos internacionales, fuera de Siria e Irak, por ejemplo en relación a la explotación gasífera en las costas de Chipre, donde disputan asimismo Grecia e Israel. Tsipras (el ex ‘amigo’ de los palestinos) ha llegado a un acuerdo con Netanyahu. La cuestión chipriota vuelve a enfrentar a Turquía con Grecia. Las revoluciones árabes de 2011 pusieron de manifiesto la inviabilidad definitiva de los regímenes políticos que emergieron en el Medio Oriente, luego de las derrotas sufridas en las dos últimas guerras con Israel. La crisis económica mundial vuelve a golpear a Egipto, Irán, Jordania, Turquía, y también a la petrolera Arabia Saudita Las ilusiones, de parte de la burguesía ‘islámica’ de la Anatolia turca, de forjar una hegemonía propia en el territorio del ex Imperio Otomano, han quedado fulminadas. Es imposible trazar un pronóstico para el Medio Oriente sin integrar la desintegración del régimen de Erdogan al escenario en su conjunto. El conflicto centrado en la guerra en Siria, se ha alargado al choque entre Arabia Saudita y Qatar, cuya causa oficial es la explotación conjunta de los yacimientos de gas del Golfo Pérsico, que el emirato desarrolla con Irán. Los Sauditas han llegado a planificar una invasión de su vecino con un ejército mercenario, que detuvieron ante la oposición del Pentagono. EEUU ha evitado alinearse de modo oficial con el reino saudita en este punto, e incluso presiona por un arreglo. A cambio exige un cese del apoyo de Qatar a Hamas, en Gaza. Erdogan apoya a los qataríes y ha destacado una fuerza militar para apoyar al Emir de Qatar. Pompeo trata de desarticular el conflicto que crece día a día. Un eventual ataque a Iran sería un conflicto regional varias veces la magnitud del de Siria Es notoria, sin embargo, la tendencia a la desintegración política del régimen saudita, que se ha manifestado en la purga desatada por el nuevo gobierno Mohammed bin Salam contra jeques del reino. La caída del precio internacional del petróleo, hace dos años, dejó al desnudo la vulnerabilidad de la economía petrolera saudita, con déficits fiscales en aumento y un crecimiento imparable de la deuda pública – y, por sobre todo, del desempleo. De aquí emergen los planes de ofertar un porcentaje del monopolio petrolero Aramco en los mercados bursátiles y proceder a una improbable “diversificación de la economía”. La intención de poner en venta una parte de Aramco ha desatado una disputa fuerte entre la City de Londres y el New York Exchange. La pelea por la injerencia y un control eventual de esta compañía gigantesca, podría golpear al conjunto del mercado petrolero. El acercamiento de Arabia Saudita a Rusia e incluso a China (principal importador internacional de combustibles), no es ajeno a este impasse insoluble de la monarquía saudita. La postergación de la anunciada venta en oferta pública de Aramco durante 2018, es la resultante de los enfrentamientos en el reino. Una participación privada pondría al descubierto la corrupción que envuelve a su directorio y las prebendas de los jeques. Las últimas noticias dicen que la venta de acciones será en la bolsa de Arabia Saudita – el Tadawul Exchange. La academia y el periodismo político tienden a magnificar la solidez del estado sionista, en contraste con las crisis de sus llamados ‘enemigos históricos”. Netanyahu no ha podido evitar, sin embargo, el ingreso ‘exitoso’ de Rusia al escenario de Siria, el avance del chiismo pro-iraní (con independencia de la crisis imparable del régimen de los ayatollas), la ruptura de su alianza histórica con Turquía y, por último y más importante, la desintegración precisamente de todos sus estado vecinos, e incluso la irrupción revolucionaria de masas en varios de ellos. La crisis del viejo régimen en Medio Oriente aparece como un respiro que el sionismo confunde con viabilidad, cuando es todo lo contrario, porque el sionismo no puede llenar el vacío de ese hundimiento. La alternativa de la guerra generalizada es simplemente una pesadilla para la población judía. Esto explica los repetidos pronunciamientos del aparato de seguridad del estado sionista y de ex jefes del ejército, contrarios a la política de expansión de los asentamientos coloniales y la sistemática expulsión de los árabes palestinos. La limitación histórica del sionismo no va a ser salvada por una alianza con Trump – solamente puede precipitar un derrumbe. Las movilizaciones populares en Irán y Túnez, a principios de año, en especial de los obreros de las fábricas de todas las magnitudes, e incluso las huelgas metalúrgicas parciales en Turquía (en general victoriosas), ponen de manifiesto que los golpes contrarrevolucionarios y la represión no han puesto fin a la tendencia a la rebelión popular. En este cuadro, las consignas históricas de la IV Internacional tienen aún más vigencia que en el pasado; nos referimos a la Federación Socialista de Medio Oriente, a través de la revolución proletaria. Las llamadas divisiones étnicas son esencialmente de carácter político, no tienen la entidad que le asignan las sectas confesionales. Serán superadas por alianzas de los explotados dirigidas por la clase obrera, sobre una base y una perspectiva internacionalista. Esa Federación Socialista hará viable el desmantelamiento del estado sionista y la efectivización del derecho al retorno del pueblo palestino. La transición a una crisis mundial de mayor escala La economía mundial ha ingresado en una etapa de enfrentamientos comerciales y financieros sin precedentes. Es una consecuencia del desarrollo que ha tenido la crisis desde la bancarrota internacional de 2007/8. Sobresalen, en esta nueva fase, las represalias entre las principales potencias. Se manifiesta una reversión de flujos financieros que afecta al conjunto de la economía mundial, no solamente a las llamadas ‘economías emergentes’. La ‘normalización’ de la política monetaria ha llegado demasiado tarde para contener el derrumbe de las deudas pública sy el endeudamiento extraordinario de bancos y compañías industriales. Una acentuación de la guerra económica, principalmente financiera, en este último caso podría derribar a varios regímenes políticos y crear situaciones revolucionarias. Los economistas burgueses presentan el desenvolvimiento de la crisis como un fenómeno “macroeconómico”, que atañe a desequilibrios de cuentas públicas y balance de pagos. Como lo muestra la caída de las inversiones a nivel mundial, hay una crisis de la tasa de beneficio anticipada. A espaldas de los derrumbes “macroeconómicos” y del fracaso de las políticas económicas, opera la ley fundamental del capitalismo, que es la tendencia a la desvalorización del capital invertido. La pretensión de superar este límite mediante una valorización ficticia, amplia el alcance del desplome subsiguiente: las rentas consumen las ganancias industriales – los dividendos se están pagando por medio de préstamos. La crisis mundial es un método anárquico de reestructuración de las relaciones sociales de producción, que han entrado en una contradicción cada vez más explosiva con el desarrollo de las fuerzas productivas. Acentúa la lucha de clases y la tendencia a la guerra, de un lado, y a la revolución, del otro. Existe una tendencia al repliegue nacional, que no es más que la evidencia que el Estado es el recurso último del capital frente a la bancarrota. Pero la crisis que el rescate capitalista provoca en los estados nacionales, solamente puede ser resuelta en la arena de la rivalidad internacional. De aquí deriva la tendencia al fascismo y a la guerra. Las medidas proteccionistas que ha disparado el régimen de Trump apuntan en un sentido inverso al de un amurallamiento del mercado interno. Tanto frente a México y Canadá, como frente a la Unión Europea y la zona euro, y muy especialmente, claro, frente a China, el gobierno norteamericano pretende, por un lado, imponer un mayor acceso de sus capitales, y por sobre todo bloquear el desarrollo de sus rivales. Se ha agotado, relativamente, la etapa de ganancias extraordinarias ofrecidas por la integración al mercado mundial de Rusia y China – los rendimientos de la ‘globalización’ son decrecientes. La camarilla de Trump exige, nada menos, que China ponga un límite al desarrollo de la escala de valor de su industria, que amenaza quebrar el monopolio que tiene Estados Unidos en el campo de los semi-conductores – el núcleo de la tecnología moderna (“China 2025”). Exige, también, que se ponga un techo a la expansión de la llamada ‘ruta de la seda’, que es un plan de infraestructuras a lo largo del territorio que une a China con Europa, a través de diversos corredores. Son los mismos que la Unión Europea planificó en la década de 80/90, sin éxito. Al plantear estas exigencias en términos de seguridad nacional, Trump ha oficializado una política de guerra contra la República China. La cuestión de Corea del Norte, como ya ha sido dicho, se encuentra entrelazada con la evolución de este conflicto estratégico. No menor es la importancia del choque con Europa, donde cada vez son más claras las ventajas decrecientes de la zona euro – el vano intento de la burguesía europea de crear una moneda de reserva competidora del dólar. El derrumbe de Grecia, el Brexit, ahora la crisis italiana y más en general el crecimiento de las tendencias al repliegue nacional de la ultra-derecha de Europa, constituyen evidencias claras de una ralentización o directamente caída de la tasa de beneficio capitalista, a pesar de la gigantesca destrucción de derechos sociales que se ha producido especialmente en Europa. El desenvolvimiento de la crisis mundial ha desatado un choque de fuerzas sociales al interior de la burguesía mundial, y especialmente de la burguesía norteamericana. La burocracia restauracionista de China y la clase capitalista que se ha desenvuelto con esa restauración no tienen los medios para construir un imperialismo nuevo – “en un solo país”. Enfrentan, y esto a corto plazo, el estallido de una crisis financiera, que ya tuvo su primera explosión entre 2014 y 2015. Esa crisis sobrevuela como consecuencia de una gigantesca especulación inmobiliaria; su financiamiento por bancos ‘desregulados’, que se encuentran en estado de insolvencia; una exceso de capacidad instalada en industrias saturadas; una inmovilización gigantesca de capital en bonos del Tesoro norteamericano y de otros países. Al lado de sus planes de ‘expansión’, la burocracia china ha desenvuelto otros planes – lograr la asistencia del sistema financiero internacional para venir al rescate de las finanzas de China. No hay que olvidar que la restauración del capitalismo en China, no importa cuán importante sea su territorio y en especial su población o su potencial de desarrollo, tiene lugar con los métodos del capitalismo decadente y senil – el capitalismo de los monopolios y de un capital ficticio gigantesco. Los grandes proyectos de China enfrentan sus propios límites. Esto explica los reiterados intentos del gobierno de producir una reforma bancaria y bursátil de largo aliento, que atraiga el financiamiento internacional de sus objetivos – tanto tecnológicos como de infraestructura. Una parte, probablemente mayoritaria, del capital mundial, sería propugna asociarse, en sus propios términos, a esos objetivos, y no de bloquearlos, como ha venido ocurriendo desde los inicios de la restauración capitalista. Lo demuestra la asociación de varios países al Banco del Bric (Brasil, Rusia, India, China), y al Banco de Infraestructura montado por China, del cual se han excluido solamente EE.UU y Japón – incluso antes del ascenso de Trump. Es cierto, de todos modos, que tampoco esa ‘vía’ podría cancelar la tendencia a la rivalidad por la repartición de los beneficios y, en última instancia, la tendencia a sus rendimientos decrecientes. Mientras Trump se dedica a amenazar a todo el mundo por medio de tuits, en el mercado mundial tienen lugar acuerdos, todos los días, entre empresas internacionales y chinas. El objetivo es entrar en los mercados de mayor valor en China e incluso reunir el capital necesario para ello por medio de asociaciones. Francia y Alemania, en los años recientes, han procurado, sin embargo, bloquear la asociación de capitales chinos, con la consigna “defendamos nuestros campeones nacionales”. Por otro lado, se esfuerzan para que China abra aún más sus mercados a las inversiones europeas. Otro blanco importantísimo de la ofensiva de Trump es la zona euro, y en especial Alemania, a la que acusa de acumular un superávit comercial inadmisible. Trump, un agente de las petroleras, quiere imponer el ingreso del gas no convencional norteamericano en Europa, que hasta ahora se ha alimentado de África del Norte y Rusia. Se trata de un conflicto capitalista de envergadura, con alcances en los alineamientos políticos internacionales. El régimen de la Alianza Atlántica, impuesto después de la última guerra, está amenazado de explosión. Trump ha declarado que cualquier intento de Europa para dotarse de una fuerza militar independiente, sería considerado ‘causus belli’. La crisis italiana y el cambio político de frente que tuvo lugar en Italia en las últimas elecciones, inauguran una nueva fase de la desintegración de la UE y la zona euro. Así lo demuestra su impacto en Alemania, donde tambalea el gobierno de Merkel, ya golpeado por el rechazo que obtuvo en las últimas elecciones. A diferencia de Grecia y, naturalmente, del Brexit, Italia tiene en carpeta un ‘plan B’, que prevé la circulación de una moneda paralela al euro, que seguiría operando como unidad de cuenta de activos y patrimonios financieros, para reemplazarla en el momento oportuno, y poner fin a la unidad monetaria de la zona. La crisis mundial viene demoliendo, sin piedad, todo el edificio ‘institucional’ montado por el imperialismo, y ha abierto las venas de una disolución del mercado mundial. El aspecto singular de esta crisis es la división que ha suscitado en la burguesía norteamericana, lo que en Argentina se bautizaría como “la gran grieta”. La oposición a Trump no deja de remachar sus contradicciones ‘mercantilistas’ – por ejemplo, que una ‘nivelación’ del comercio con China perjudicaría las exportaciones a Estados Unidos, por parte de compañías norteamericanas instaladas allí. En oposición al ‘equilibrio’ del balance comercial, reclaman atender al balance de pagos, donde se registra un superávit marcado a favor de USA, en concepto de repatriación de dividendos, intereses y diversos servicios en el exterior. Analistas destacados subrayan que EEUU no tiene la capacidad de producción para atender a la diferencia de u$s350 mil millones que se necesitaría para corregir el déficit comercial con China. Estas diferencias de enfoque dejan traslucir el desierto industrial que ha creado, en Estados Unidos, la internacionalización del capital norteamericano y su conversión en la etapa última de la escala de valor desde las naciones con fuerza de trabajo más barata; la dimensión colosal de su capital ficticio ha hipertrofiado su desarrollo industrial. Los rendimientos decrecientes de la ‘globalización’ para el capital norteamericano se entrelazan con la obsolescencia en que ha sido dejada la infraestructura y gran parte de la industria, en Estados Unidos, donde el deterioro social es creciente. Los trabajadores de Europa y Estados Unidos han sido los más golpeados, relativamente, por la ‘globalización’. La incompatibilidad entre la forma del estado nacional, por un lado, y la economía mundial, por el otro, ha alcanzado un grado explosivo sin precedentes. Aunque los analistas financieros destacan que la guerra económica que se ha desatado, no ha afectado aún a los mercados financieros, la reversión del “rally alcista” de la deuda pública y del mercado accionario es evidente desde diciembre pasado. La tasa de interés del bono a diez años del Tesoro de Estados Unidos, ha subido en dos años del piso de 1.30% a 3.1%. El apalancamiento con este bono, que se usa como garantía de deuda por parte de los bancos, ha comenzado bajar, para evitar el riesgo de pérdidas extraordinarias. Esta es la evolución de la tasa de interés del bono de 2 años de Italia – de una tasa negativa -0.25% anual a 0.50% anual. El derrumbe de los bonos es una señal de que los ‘mercados’ consideran que la deuda pública de Italia, de casi dos billones y medio de euros ha entrado en zona de ‘defol’. Al mercado de acciones de los países desarrollados no le va mejor que a los “emergentes”, no importa la suba de calificación que le otorguen a unos y otros. Hablar de estabilidad de los mercados financieros es desconocer que es lo que está sucediendo. Este Índice de Mercados Emergentes, EEM, acumula desde comienzos de año una baja de más de 10%. Con una secuencia diferente a la crisis del 30, la tendencia a un nuevo colapso es clara. En China, el Banco Central acaba de abrir la canilla de la liquidez para socorrer a las compañías y bancos insolventes, mientras que Rusia ha debido salir al rescate de varios conglomerados golpeadas por las sanciones de Trump.. La reducción de impuestos impulsada por el gobierno de Trump ha provocado un flujo de dinero hacia los EEUU y creado una cierta iliquidez a nivel internacional, que golpea a los mercados más endeudados. En contrapartida, aumenta la deuda pública norteamericana, para financiar un déficit del Tesoro y de los estados del orden del 6/7% del PBI – que se aproxima al billón y medio de dólares, con tendencia naturalmente creciente. Esta política de reactivación económica constituye un reconocimiento de los límites de los intentos de superar el ciclo recesivo desatado por la crisis de 2007/8, e incluso antes, por la crisis asiática (1997). La Reserva Federal ha iniciado el repliegue de la financiación monetaria del déficit, para evitar la pulverización del dólar como moneda de reserva internacional. Dado este cuadro general, son muchos los que prevén que las fugas de dinero de varios países ‘emergentes’, como Turquía, Brasil, Argentina y potencialmente México, se conviertan en detonantes de un nuevo colapso financiero generalizado. Las crisis, los colapsos y las guerras han sido las madres de todas las revoluciones, que no son otra cosa, al fin de cuentas, que la expresión de la rebelión de las fuerzas productivas contra el orden social y político existente. La izquierda, de un modo ampliamente generalizado, ha recurrido al pretexto de que ningún régimen social ni político cae en forma automática, para desarrollar un planteo puramente empírico ante la crisis mundial, y rechazar convertirla en el punto de partida granítico de cualquier estrategia revolucionaria en el período presente. Las revoluciones árabes, las guerras civiles, en unos casos, e imperialistas, en otros, han sido, si no el producto, sí la resultante de la crisis mundial, del mismo modo que el ‘argentinazo’, el derrumbe de las gestiones ‘populistas’ en América Latina, o en tiempo presente, el derrumbe de las gestiones ‘neo-liberales’ y la insurrección en curso en Nicaragua contra un gobierno ‘bolivariano’ sostenido por el imperialismo yanqui. “Derecha, dre” Uno de los desarrollos políticos más relevantes del período actual ha sido el ascenso de la llamada ‘extrema derecha’ en un número sustancial de países. De un modo general, esta derecha ha formado gobiernos bonapartistas o semi-bonapartistas, de poder personal y parlamentos ficticios. La galería va desde Putin y Xi Jing-pin a Trump y pasa por Erdogan o el egipcio Al Sissi (se ha sumado, recientemente, el saudita Mohammed bin Salman), y se manifiesta por sobre todo en los estados de Europa del este, creciendo en Italia y Alemania. Aunque fuertemente marcada por peculiaridades políticas, nacionales e históricas intransferibles, tiene como hilo conductor el desenvolvimiento de la crisis mundial. El caso de Putin es emblemático, porque emerge como una salida de los servicios de seguridad del Estado ante la amenaza de desintegración nacional que implicaba la restauración capitalista bajo la batuta de la camarilla de Yeltsin y especialmente los Estados Unidos, y la dirección de los Clinton y la gran banca internacional. El derrumbe de la Bolsa de Moscú y las quiebras bancarias de 1997, en la estela de la crisis del sudeste asiático, enlaza el bonapartismo ruso con la bancarrota capitalista internacional. La promesa de la democracia que esgrimía la restauración capitalista, queda enterrada antes que forme siquiera un embrión. El bonapartismo putiniano apunta a contener, asimismo, procesos nacionales de autodeterminación y el desarrollo de organizaciones obreras independientes. La impronta bonapartista excluye que se trate de un fenómeno fascista, cuyas huestes han quedado en los márgenes, porque no existe un escenario de guerra civil. El fenómeno de la extrema derecha no debe ser confundido con el fascismo, que es siempre una movilización de masas desclasadas por la misma crisis capitalista, contra el proletariado, con métodos de guerra civil. En condiciones excepcionales concretas, sin embargo, el bonapartismo puede emerger como una breve transición o un puente hacia el fascismo. Los fenómenos derechistas en Europa oriental tienen una raíz similar al ruso, aunque atenuado, primero, por su integración a la Unión Europea, y acentuado, ulteriormente, por esa misma pertenencia, que fue agravada por el estallido de la crisis de hace una década. Tanto en este caso como en el ruso, la derecha se consolida luego del pasaje por experiencias social-democráticas, que son las que hacen punta con la privatización de la economía y los programas de ajuste. El centro-izquierda termina por ser identificado con la miseria y la pérdida de autonomía nacional – una característica común a todos los procesos de derechización, allí donde no se manifiesta la influencia de un partido revolucionario. Las posibilidades de un renacimiento bolchevique en el área del ex campo socialista, quedaron agotadas, en forma transitoria, por la derrota de las rebeliones obreras en el este y Rusia, en la década de los 70 y 80, y especialmente por el pasaje de la izquierda al campo de la restauración capitalista. No es posible concebir siquiera el desarrollo de una izquierda revolucionaria sin la crítica más implacable al planteo democratizante, que ha encubierto y sigue encubriendo al capital y su política. A pesar de la acentuada diversidad de los fenómenos bonapartistas y en especial del ascenso de la derecha o “extrema derecha”, la prueba ácida de la derechización política ha tenido por centro a los países que han formado el núcleo de la llamada “unidad europea”. En este sentido, esa derechización aparece en forma temprana como reacción a la llamada pérdida de soberanía nacional y a las crisis que enfrenta, desde el comienzo, la formación de un área económica y política única. Desde la “comunidad del acero”, en el comienzo, al “mercado común” y a la “zona euro”, esa “unidad” ha avanzado a golpes de crisis, que han intensificado sus contradicciones insuperables – a saber, la imposibilidad de una asociación capitalista internacional o “ultraimperialismo”. La tentativa derechista enfrenta, sin embargo, una limitación decisiva, que es la imposibilidad de superar el impasse de la “unidad europea” por medio de un retorno a las viejas fronteras económicas, y por lo tanto políticas, nacionales. La derechización amenaza hacer explotar esa “unidad” desde su centro mismo de gravitación. Esta contradicción insuperable se ha manifestado, con el estallido de la crisis mundial, en Grecia, luego Gran Bretaña y varias veces en Italia. El impasse creciente del Brexit pone en evidencia la precariedad de cualquier tentativa de marcha atrás, incluso para una potencia como Gran Bretaña. Hacia adelante o hacia atrás, la UE y la zona euro se acercan a una implosión de alcance enorme, que tendrá consecuencias revolucionarias o contrarrevolucionarias, en función de las fuerzas en presencia y del contexto internacional. Esta implosión determinara la posibilidad de un fenómeno fascista, no antes; el ascenso de la derecha o ‘extrema derecha’ al gobierno constituye un intento anticipatorio, confinado a “un control de daños”, bajo una forma bonapartista. El fenómeno derechista más ‘temerario’ es, sin duda, el alemán, con el ascenso de la Afd, la Alternativa por Alemania, que reivindica la tradición del nazismo. De factor de contención del nacionalismo de viejo cuño en Europa y defensor de una identidad política supra-nacional, Alemania podría convertirse en lo contrario. La corriente reaccionaria ha cobrado impulso a partir de los sectores desempleados y empobrecidos de los estados que se encontraban bajo el control stalinista, antes de la ‘unificación’. Gran parte de ellos se han convertido en desclasados. El régimen político ha perdido el apoyo electoral, que ha pasado del 80% a menos del 50, para los dos partidos principales del sistema. Las divergencias sobre la cuestión inmigratoria no son la causa de esta descomposición política, sino apenas el taparrabos de lo fundamental: la desintegración de la UE y la zona euro – una moneda que no ha conseguido el propósito de competir con el dólar como moneda de reserva. El ataque y la represión a los inmigrantes es una herramienta demagógica pre-fascista para desviar la rebelión popular contra la miseria social creciente y la ausencia de salidas. Al final, el gigantesco desplazamiento de masas, desde el Medio Oriente y África del Norte, es la consecuencia de guerras de masacre del capital mundial y sus estados, que no está previsto hacer cesar. El ascenso de la derecha y ‘extrema derecha’ tiene lugar sobre las espaldas de la socialdemocracia y el stalinismo, en Europa, que han retrocedido al nivel de sectas, o que, como en España y Portugal, gobiernan en minoría con el respaldo de maoístas, ‘trotskistas’ e ‘indignados’ (Podemos). El centro-izquierda, la izquierda y la ‘extrema izquierda’, en Europa, han sido los protagonistas activos de la llamada ‘construcción europea’ – unos desde el gobierno, otros ‘críticamente’, o sea en forma hipócrita. La ‘extrema izquierda” europea es, posiblemente, la que más ha degenerado políticamente en todo el mundo. Plantea una “Europa social” o incluso una “Europa socialista”, como una prolongación de la pseudo internacionalización de los estados europeos, y no como la ruptura de la UE y del euro, con la perspectiva de los Estados Unidos Socialistas de Europa, incluyendo a Rusia. La demagogia derechista no enfrenta respuestas revolucionarias sino democratizantes, dejando a las masas sin una perspectiva anticapitalista de combate al fascismo. El hundimiento democratizante ha arrastrado incluso a las derechas tradicionales de Francia, Italia y hasta España (Sarkozy, Berlusconi, Rajoy); la desintegración del sistema político italiano lleva décadas – desde el derrumbe de democristianos y comunistas, y lo mismo ha ocurrido en Francia. El crecimiento derechista, o sea la desintegración europea, ha dado lugar a desarrollos políticos nuevos; por un lado, a acuerdos políticos de esta derecha con Putin; por otro lado, más importante aún, al cortejo de la derecha ‘anti-europea’ por parte de Trump, que se integra a los ataques que propina a los partidos tradicionales y a la guerra económica que ha desatado contra los países del euro. La guerra económica se convierte en una guerra política. El chovinismo europeo podría ver en Trump un ‘contrapeso’ a la resistencia que ofrece el ‘establishment’ tradicional: en ese caso, cambiaría de un amo colonial atenuado a otro infinitamente más agresivo – llevaría la desintegración de Europa a un paroxismo. Los antagonismos del proceso capitalista hacen inviables una “Internacional” chovinista, pre-fascista, de ‘extrema derecha’, desde Trump a Putin, pasando por Europa, ni qué decir que pueda sumar a Erdogan, a Xi Jing-pin o al norcoreano Kim Jong-un. Lo que deja en claro esta ‘fantasía’, de todos modos, es la tendencia de la burguesía a la reacción política y a la guerra. Además de centro de la bancarrota capitalista internacional, Estados Unidos se ha convertido también en el centro de una salida bonapartista y chovinista a la crisis política profundizada por la crisis mundial. Lo que se puede concluir con seguridad frente a la crisis política desatada en EE.UU por el ascenso de Trump y a la resistencia que le opone un fuerte sector de la burguesía norteamericana, es que un retroceso del bonapartismo norteamericano desembocaría en una contra-tendencia democrática muy transitoria – pues Trump es un resultado de la decadencia de Estados Unidos y de la decadencia de su democracia de contenido imperialista. La derecha bonapartista ha sido llevada al gobierno, en varios países, como consecuencia de la crisis mundial, pero no ha resuelto, ni siquiera encarado, los problemas sociales creados por esa crisis; a pesar de su virulencia verbal y de la represión policial y de los servicios, están aquejada por un gran inmovilismo. En Hungría o Polonia, ha sido desafiads, en más de una oportunidad, por movilizaciones multitudinarias. Las crisis que las han llevado al gobierno, se encargarán, mediante nuevos estallidos, de sacarla, sea por vías populares o vías más reaccionarias, pero siempre con nuevos choques de clases y nuevas experiencias políticas. Será la oportunidad para que renazcan las tradicionales revolucionarias de esos pueblos. Los socialistas debemos preparar, política y organizativamente, la irrupción de las masas y un desenlace revolucionario. América Latina América Latina ha ofrecido, a lo largo de todo el desarrollo de esta crisis mundial, un panorama propio. La crisis mundial ha barrido con sus experiencias bolivarianas o nacionales y populares, y puesto de manifiesto, una vez más y por enésima vez, su incapacidad para llevar a término una tentativa de real autonomía nacional. Desde el debut mismo de la presente crisis, los años setenta, la pobreza se ha multiplicado diez veces, y la miseria social, que añade a la supervivencia precaria la precariedad laboral y la explotación intensificada, a niveles sin precedentes. La contraofensiva derechista o ‘neo-liberal’, que ha provocado este fracaso, no se ha asentado en ningún país: ni en Argentina, ni en Brasil, ni en Ecuador o Chile. Las elecciones que tendrán lugar en México harán girar el péndulo en un sentido contrario, sin por ello reabrir una perspectiva de independencia nacional. Mientras López Obrador procura apaciguar a los magnates mexicanos, el colapso que amenaza al tratado de comercio con Canadá y Estados Unidos, impulsará una intervención excepcional de todas las clases sociales. México enfrenta la posibilidad de una fragmentación del estado nacional. Luego de una tregua benevolente de parte de los mercados internacionales, la guerra económica internacional y sus derivaciones financieras, han provocado una estampida de capitales hacia el exterior. En Argentina ha dejado planteada la posibilidad de un colapso político y una salida coaligada con el peronismo; en Brasil, la crisis política mostrará toda su amplitud cuando las próximas elecciones dejen al desnudo la ingobernabilidad del país. En ambos países se han producido sacudidas sociales de envergadura; en Argentina la movilización obrera contra la reforma previsional y la femenina por el derecho al aborto, además de numerosas luchas parciales con métodos de ocupación de los lugares de trabajo. En Brasil, además de las luchas parciales, un reciente paro de camioneros, de sindicatos autónomos y de los empresariales, dejó al país al borde del colapso y dio un golpe severo a la ‘desregulación’ petrolera y a la privatización. América Latina atraviesa una etapa que se caracteriza por la descomposición de los regímenes sociales y políticos a lo largo de todo el continente. Esta es una de las peculiaridades del momento político actual. En Argentina, una inviabilidad del macrismo dejaría planteada, por un lado, la alternativa de una coalición del macrismo y el peronismo; del otro, una coalición del peronismo con el kirchnerismo, que podría aceptar, en el límite, el lugar de segundo violín. Es lo que ocurre también en Brasil, donde el lulismo rechaza un retorno al gobierno por medio de la movilización y la acción directa, y se encuentra empeñado en candidaturas sustitutivas de Lula dentro de un amplio espectro político de la burguesía. Responsables directos de una crisis monumental y entrelazados con la gran burguesía durante su gestión de gobierno – incluidas las coimas y la corrupción -, el kirchnerismo y el lulismo pretenden funcionar como un recurso de salvataje del régimen capitalista de última instancia, con ‘programas’ keynesianos de reactivación de la economía, vía exportaciones. Por ahora la burguesía por ahora les niega ese retorno, y apuesta a que parte de la agenda la tome el ‘neoliberalismo’. Uno y otro han lanzado una campaña frentista – de “unidad democrática” en Brasil y ‘anti-macrista en Argentina, que ganado el respaldo de varios sectores de la izquierda – por caso el Psol, en Brasil. Cualquiera sea el curso que tenga este planteo frentista, su vuelo será corto, dada la envergadura de la crisis y el agotamiento reciente de las experiencias respectivas. El chavismo latinoamericano, en recule, esgrime una amenaza de ascenso o reforzamiento de la derecha, para atacar el planteo de una alternativa independiente de los trabajadores; curiosamente, la derecha hace lo mismo, para evitar nuevos ‘argentinazos’. La pelea política por una caracterización adecuada de la etapa actual en América Latina, es un aspecto fundamental para determinar una política revolucionaria. Tomados todos los elementos en su conjunto, la burguesía ha perdido la iniciativa estratégica y ha pasado, potencialmente, a la izquierda independiente de los bloques capitalistas. Un resumen adecuado de esta caracterización se refleja en la rebelión popular en Nicaragua, que está asumiendo un carácter insurreccional. El régimen de Ortega, chavista nominal, es un agente directo del FMI y de la gran patronal ‘nica’ y extranjera, que lo han premiado como el mejor alumno de la inversión foránea en América Latina. Combate la rebelión popular con los métodos fascistas de los ‘grupos de tareas’. Las masas en lucha, por cierto, no han llegado a esta situación con una perspectiva política propia, lo cual da margen a las maniobras ‘democráticas’ del empresariado y del clero orteguista, que coquetean con la rebelión. En tanto el pueblo en lucha exige la caída inmediata de la familia Ortega, el clero y la burguesía han aceptado la convocatoria a elecciones adelantadas para mediados del año que viene, o sea la continuidad de la camarilla criminal. Esta es también la posición oficial del Departamento de Estado de Trump y de la secretaría general de la OEA. El flamante sucesor de Raúl Castro en Cuba, también se ha inclinado a este campo contrarrevolucionario. Todo el campo democratizante ‘nica’ apoya salidas ‘negociadas’ o ‘por medio del diálogo’, aceptando la ‘protección’ de las bandas orteguistas hasta que se complete una eventual transición política. La degeneración contrarrevolucionaria del chavismo continental se aprecia, claro, en Venezuela. Se ha implantado una economía confiscatoria del pueblo, sin visos de salida alternativa, en vista de que China y Rusia condicionan el apoyo a una reforma de la economía a un acuerdo con Washington y al precio de una privatización completa de la cuenca del Orinoco, como ha impuesto, aunque en otras condiciones, Brasil con Petrobrás y el petróleo pre-sal. La cuestión del poder está planteada para el proletariado y los campesinos en América Latina en términos de etapa. La izquierda asume una posición revolucionaria cuando desarrolla una delimitación política frente al poder del capital, en su sentido más amplio, y prepara políticamente a los obreros más avanzados y al conjunto de la clase en lucha para esta perspectiva. La conquista de espacios electorales por la izquierda revolucionaria, en oposición a lo que sostiene el cretinismo anti-parlamentario, constituye una gran victoria política y ha potenciado la capacidad para desarrollar la conciencia revolucionaria de las masas y la determinación de luchar por el poder mediante la acción directa de los explotados. La contradicción entre la acción parlamentaria, por un lado, y el planteo revolucionario por el poder, por el otro, debe ser resuelto por medio de la propaganda y la agitación, sin concesiones al parlamentarismo. La etapa a la que ha ingresado América Latina, en el contexto implacable de la crisis mundial, exige una política continental internacionalista y la unidad de acción de las fuerzas revolucionarias. Es necesaria una Conferencia Internacional de la izquierda en América Latina. Se trata de un planteo de método, que sirve para fortalecer la delimitación política con la izquierda democratizante o la centrista, porque se desarrolla en el terreno histórico concreto. Es una delimitación que colabora para desarrollar la comprensión de las perspectivas revolucionarias. Pontificar para los amigos es estéril y desmoralizante. No existe un solo sector de la izquierda latinoamericana que desenvuelva un planteo de poder, frente a la maduración de la crisis económica y política, en los términos de la reciente Conferencia Internacional que un conjunto de partidos cuartainternacionalistas han realizado en Buenos Aires, a principios de abril pasado. Estamos frente a un Panorama Mundial de características excepcionales, que desafía al conjunto de vanguardia obrera internacional. 3 de junio de 2018 Jorge Altamira es fundador y dirigente nacional del Partido Obrero y de su corriente internacional, la CRCI. Fundó y dirigió Prensa Obrera y esta revista. Autor, entre otros libros, de La estrategia de la izquierda en Argentina, El Argentinazo, el presente como historia y No fue un martes negro más.

1 de agosto de 2018
Argentina bajo la tutela del FMI

“La vuelta al mundo de la Argentina”, uno de los slogans de campaña del macrismo, se corporizó bajo una forma muy particular: la vuelta a los pedidos de rescate al FMI. Que esto haya ocurrido cuando el gobierno transcurre ya más de la mitad de su mandato, y cuando asoma cercana una nueva competencia electoral que pondrá a prueba la capacidad de Mauricio Macri de lograr su reelección, muestra a las claras que asistimos al fracaso de una política. En las estimaciones oficiales se esperaba para esta etapa un crecimiento económico sostenido y una caída de la inflación -los esperados “segundos semestres”. Pero ocurrió exactamente lo contrario. El pedido de rescate fue impuesto por una corrida cambiaria y una fuga de capitales de dimensiones considerables, demostrando que el ‘círculo rojo’ de capital financiero internacional le daba la espalda a uno de sus gobiernos más afines. El peso fue la moneda que más se devaluó a nivel internacional en lo que va del año, superado sólo por Venezuela. Los límites que separan a las crisis cambiarias y financieras de las crisis económicas, se superan con facilidad, así como también las fronteras que separan a éstas de las crisis políticas. No debe soslayarse que la crisis estalló luego de que el gobierno ganara las elecciones y de que muchos avizoraban el éxito del llamando “operativo perdurar” -la reelección de la santísima trinidad del PRO: Macri-Vidal-Larreta. En estas condiciones, el préstamo solicitado de emergencia al FMI operó como un salvavidas que buscó rescatar al gobierno macrista de lo que podía haber sido su salida anticipada. Como demostraremos en este artículo, sin embargo, el acuerdo con el Fondo Monetario está muy lejos de haber cerrado la crisis. El gobierno deberá probar su capacidad de superar la crisis económica y, por sobre todo, de doblegar la capacidad de resistencia de los trabajadores y de las masas populares. Como tituló el diario El País, luego de las jornadas del 18 de diciembre, Argentina es un país difícil para hacer un ajuste. La vuelta al mundo En la prometida ‘vuelta al mundo’ de Macri radica buena parte de la explicación de la crisis de argentina. Sucede que ésta no puede tomarse bajo ningún concepto como una cuestión meramente nacional, resultante de cuestiones fiscales o de restricciones transitorias de financiamiento. Ya, a simple vista, lo prueba el hecho de que con las diferencias que son propias por las determinaciones locales, la corrida cambiaria, la fuga de capitales y la devaluación de la moneda abarca a una serie de países periféricos, entre los que se destacan Turquía y Brasil, pero también alcanza a Rusia y Sudáfrica, entre una lista más larga. En todos estos países, la matriz de la crisis en lo esencial ha seguido un camino similar: las devaluaciones monetarias son el resultado de una salida de capitales de la periferia hacia los países centrales, en primer lugar hacia Estados Unidos. El macrismo y la mayoría de los economistas que responden de una u otra manera al gobierno suelen consolarse con que esta fuga de capitales fue la consecuencia de la suba de la tasa de interés de Estados Unidos. Presentan como explicación aquello que debe ser explicado, ya que la suba de la tasa de interés es el resultado de la crisis y no su causa primera. Ocurre que la suba de la tasa de la Reserva Federal es la expresión de la enorme deuda pública acumulada por Estados Unidos, de unos 20 billones de dólares, y también de las corporaciones privadas que, según un estudio reciente, señala que el 40% de éstas tienen un endeudamiento calificado como “elevado”. Al igual que la Argentina, Estados Unidos tiene déficits gemelos (fiscal y comercial) y los enfrenta del mismo modo: subiendo su tasa de interés para poder financiar su propio déficit. Esta suba, además, se ve potenciada por la guerra comercial y financiera encabezada por el gobierno de Donald Trump. La política de repatriación de capitales anunciada por el magnate requiere de una tasa superior a la que regía hasta el momento. Incluso en estas condiciones, muchos sectores del capital norteamericano prefieren mantenerse en el exterior por los beneficios impositivos que han logrado. La suba de la tasa va acompañada, por ello, de una rebaja de impuestos al capital dentro de Estados Unidos, lo cual a su turno es un factor de agravamiento de la crisis fiscal. Esta repatriación no sólo es a expensas de los países periféricos sino, por sobre todas las cosas, de las otras potencias imperialistas. Estamos ante una lucha despiadada entre las principales potencias imperialistas asociadas a sus respectivos monopolios por imponer un nuevo reparto del mundo y dirigir el proceso de restauración capitalista en los ex Estados obreros, empezando por China y Rusia. La guerra comercial y financiera es el resultado de la sobreproducción mundial, tanto de mercancías como de capitales. Así, la suba de la tasa, lejos de reducirse a una cuestión financiera menor, es la expresión de fondo de la bancarrota capitalista mundial. Si en 2008 esta bancarrota tuvo su principal manifestación en la crisis hipotecaria, ahora parece concentrarse con mayor fuerza en las economías de los países periféricos. La crisis de fondo de Estados Unidos, con su endeudamiento público y privado impagable, debiera llevar a una desvalorización del dólar en vez de una apreciación. Un dólar más débil también sería favorable al comercio exterior de Estados Unidos, que tiene un déficit comercial gigantesco. Muchos economistas del macrismo, viendo esta tendencia de fondo, afirman que la crisis argentina es coyuntural y que en el mediano plazo el dólar deberá revertir su ciclo ascendente. Sin embargo, una desvalorización del dólar agravará por otra vía la crisis de los países periféricos. En primer lugar, sus débiles economías, caracterizadas por una baja productividad, deberán hacer frente a una guerra comercial aún más intensa que la actual. Una devaluación del dólar, además, llevará hacia arriba la inflación mundial, que será ‘importada’ por distintas vías por el resto de los países. Para la Argentina, que cuenta ya con una alta inflación y un déficit comercial que es récord en su historia, el pasaje de una revaluación a una devaluación del dólar será otra forma de agravamiento de la crisis. Made in Argentina Este impacto de la crisis mundial en Argentina opera sobre una realidad concreta, que actúa como agravante. El llamado ‘gradualismo’ no fue otra cosa que asegurarles a los capitalistas la continuidad de subsidios millonarios, ante la imposibilidad de aplicar un tarifazo de mayores proporciones, dada la dolarización de los llamados precios regulados de los servicios públicos. Para ello se recurrió a un endeudamiento superior a los 100.000 millones de dólares en dos años y medio de gestión, sumado al ingreso de capitales especulativos de corto plazo -el llamado carry trade . Este negociado entró en crisis en diciembre del año pasado, cuando luego del gran choque de las jornadas de diciembre, el gobierno operó una devaluación que consumió una parte importante de los beneficios de este capital financiero invertido en Argentina. Cuando todos hablaban de que la reelección de Macri estaba asegurada, los capitalistas votaban con los pies llevándose sus fondos a países como Egipto, que ofrecían rendimientos superiores de corto plazo. Otro factor ‘autóctono’ de la crisis argentina es el nivel de quiebra alcanzado por el Banco Central. Esta fue el resultado de una creciente acumulación de pasivos, las llamadas Lebac, que crecieron bajo el gobierno macrista en casi un 600%. El gobierno argumentaba que las Lebac tenían un efecto anti-inflacionario, al ser utilizadas para quitar de circulación los pesos emitidos por el Banco Central para comprar los dólares que entraban por endeudamiento o por la especulación financiera a corto plazo. Sin embargo, contrariamente a lo que se sostenía, la montaña de Lebac, que en la actualidad supera el billón de pesos, es un factor adicional que incrementa la suba de precios. Esto porque la renovación de las mismas, puestas mayormente a corto plazo, reclama un pago de intereses enorme que sólo es posible con nueva emisión. Y para asegurarse que, al momento del vencimiento la renovación se realice, deben ofrecerse tasas de interés cada vez más altas. Así, el combo final es más emisión y tasas altas, que tienden a elevar el costo financiero de todo el sistema de tasas de interés de la economía, agravando sus costos. Bastó, sin embargo, que no se le pueda asegurar a los especuladores un tipo de cambio estable para que, al finalizar su bicicleta, la ganancia obtenida se realice en dólares, para que la fuga de capitales se acelere y se consume una devaluación significativa. Quedó desmentida la especie difundida por el ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, para quien las Lebac no presentaban un peligro pues su emisión tenía como contraparte la acumulación de reservas. Cuando la corrida se desató, al tipo de cambio del momento, las Lebac con vencimientos a menos de dos meses representaban aproximadamente 65.000 millones de dólares, casi un 70% más que las reservas netas del Banco Central. Las Lebac fueron un medio parasitario para acumular reservas que sirvan como garantía al pago de la deuda, comprometiendo al conjunto de la economía, y en particular al patrimonio del Banco Central. La dolarización de tarifas, naftas y más en general de la casi totalidad de los precios de la economía, incluido los alimentos que se exportan, transformó a la economía argentina en una bomba de tiempo con mecha corta. La devaluación ejecutada luego de la corrida se transfiere con velocidad a los precios, incentivando aún más la inflación. La dolarización no está dictada por una necesidad objetiva, como lo prueba el hecho de que el 80% del gas que se consume es producido en el país. Algo parecido ocurre con las naftas. En lo que concierne a los alimentos, la dolarización fue el resultado directo de la eliminación o la reducción de las retenciones, depende de los granos y los productos exportados. Las retenciones no sólo tienen un papel recaudatorio, cuya reducción tienen un impacto fiscal, sino también que sirven para desenganchar el precio interno del precio internacional. Lejos de un monopolio del comercio exterior que establecería un gobierno obrero, las retenciones, sin embargo, son un principio de regulación para evitar la importación de la inflación mundial a la economía nacional. Bajo el gobierno kirchnerista, las retenciones fueron utilizadas como una fuente de recaudación para pagar más de 200.000 millones de dólares de deuda externa y parar financiar los subsidios a otras ramas del capital. La dolarización y la eliminación de las retenciones son factores que agravan el rodrigazo en marcha, abriendo la posibilidad de desatar directamente una hiperinflación que llevaría a la caída de Macri. Ante esto, el gobierno busca aplicar el rodrigazo en cuotas, negociando con los sectores capitalistas un traslado más gradual de la devaluación a los precios. Esta política de intervención fue causante de varias crisis y choques entre el macrismo con su base social capitalista, que concluyeron en general imponiendo su punto de vista al gobierno. Son también la causa de fondo que explican las crisis de gabinete, que llevaron a la salida de Aranguren y Cabrera -ministros de Energía y Producción, respectivamente- y al cambio en la cúpula del Banco Central. Un ejemplo claro fue lo que sucedió con la suspensión de reducción de retenciones a la soja, que Nicolás Dujovne había pactado con el FMI. El capital sojero, pilar fundamental del gobierno y que colocó como ministro de Agricultura al presidente de la Sociedad Rural, amenazó con una nueva Resolución 125, que hizo retroceder de inmediato a Dujovne. Con las petroleras y privatizadas, la situación enfrenta contradicciones más agudas. Según lo acordado previamente, dada la devaluación ocurrida hasta el momento, el aumento de la tarifa de gas en setiembre debiera ser superior al 60%, lo que impactaría de inmediato en el precio de la electricidad, ya que la matriz de generación eléctrica es sobre la base del gas. Un tarifazo de estas proporciones sería realmente un golpe demoledor sobre toda la economía. En relación con las naftas ocurre algo similar. La devaluación y el aumento del barril en el mercado mundial dejó el precio ‘atrasado’ en un 40% -si se toma en cuenta el sendero de precios armado por el ex ministro Aranguren. Sin embargo, ante el peligro que representa la aplicación de un tarifazo de estas proporciones, el nuevo ministro vino con el programa de re-discutir los contratos y los aumentos establecidos. La respuesta inmediata fue una caída de la Bolsa y un nuevo salto en el dólar, que lo llevó al umbral de los 30 pesos. El valor accionario de YPF retrocedió casi un 70%. Con las empresas de electricidad y gas ocurrió otro tanto. Ante esto, el gobierno reculó de inmediato: informó que los contratos con las petroleras se respetarán y autorizó aumentos de las naftas superiores a los que estaban previstos en el plan de Aranguren. La cadena de fracasos no se limita a la cuestión energética y tarifaria. El reemplazante de Sturzenegger, Luis Caputo, no ha podido avanzar con el compromiso firmado con el FMI de reducir el stock de Lebac. Debió llevar la tasa de interés a niveles aún más altos y postergar indefinidamente la recompra por parte del Tesoro de las llamadas letras intransferibles en poder del Banco Central. Esto porque sencillamente el gobierno no tiene capacidad de financiarse en el mercado para conseguir los fondos que le permitan recomprar esas letras. La dupla Caputo-Dujovne avanza en una dolarización de la economía, reemplazando deuda en pesos por otra emitida en dólares, lo que a término representará un salto de la crisis más grave y un defol. Ya en la actualidad, los seguros contra defol de Argentina superan los de Grecia. La dolarización de las deudas y los contratos, en un país que enfrenta una crisis estructural para generar divisas, está condenada a producir crisis mayores. No es casual que el inspirador de estas medidas no haya sido otro que Domingo Cavallo. 1 La crisis ha llegado al punto donde no es posible hacérsela pagar exclusivamente a los trabajadores. Dicho de otro modo, hay sectores capitalistas que deberán sufrir, ellos mismos, el costo de la factura. Toda crisis capitalista es una desvalorización de capitales y destrucción de la parte sobrante mediante un proceso de quiebras y fusiones. Durante los dos primeros años del gobierno macrista se recurrió a un endeudamiento voraz que apalancó la economía, creando una burbuja que ahora se pinchó. La caída de la Bolsa es la expresión de que los beneficios capitalistas en retroceso no se condicen con el valor inflado de las acciones. Así, la crisis toca su núcleo: la caída de los beneficios del capital, que sólo transitoriamente pueden ser superados mediante un endeudamiento, al costo de preparar crisis mayores. Este proceso está llevando a una crisis en la base social del macrismo y una división en la burguesía. Las petroleras chocan con las empresas de transporte y distribución de gas y electricidad por el precio que se paga en boca de pozo. La Unión Industrial Argentina protesta por las tasas de interés usuarias que benefician a los bancos. La Cámara de la Construcción amenaza con despidos masivos ante el parate de la obra pública que el gobierno ha dispuesto para cumplir con las metas fiscales suscriptas con el FMI, mientras los sojeros no quieren que se les toque la reducción de retenciones, a pesar del enorme beneficio que implica la devaluación del 60% en lo que va del año. Estos choques se dan en un cuadro de una recesión económica que ya ha comenzado con enorme brutalidad y que está produciendo un derrumbe económico y social. Esta recesión amenaza con afectar los compromisos suscriptos que deberán ser enmendados con nuevos ajustes. Es lo que ha sucedido en Grecia, donde los ajustes económicos llevaron al incumplimiento de las metas impuestas por el FMI, que impuso, entonces, nuevas metas de ajuste, que al no cumplirse tampoco reforzaron ajustes posteriores. La cuestión política Toda crisis se convierte en tal cuando alcanza una dimensión política. La política es economía concentrada, según rezaba la máxima de Lenin, que de manera brillante lograba así graficar la dialéctica entre la economía y la política. En el caso de Argentina, el principal factor de crisis política es la resistencia de los trabajadores a pagar la factura de la crisis capitalista. Esta resistencia se manifestó de manera abierta en las recientes jornadas de diciembre del año pasado, cuando en dos oportunidades una multitud copó las inmediaciones del Congreso Nacional desafiando, tanto a la burocracia sindical pejotista como a la represión policial desatada por el gobierno. El llamado de la cúpula de la CGT a no concurrir a la movilización convocada por la izquierda y sectores combativos del movimiento obrero y popular fue directamente desoído por amplísimos sectores de los trabajadores, dentro de los que hay que incluir también a sectores intermedios de la burocracia que controlan seccionales de sindicatos o comisiones internas. El enfrentamiento callejero con las fuerzas de seguridad, ocurrida en las jornadas del 14 de diciembre, a su vez, estuvo lejos de afectar negativamente la movilización que iba a realizarse cuatro días después. Por el contrario, la represión incentivó la movilización, que creció en número y consistencia. La tendencia latente a la rebelión popular estuvo presente de distintas formas bajo el gobierno macrista. La multitud que copó la Plaza de Mayo ante el beneficio del 2×1 a los genocidas, otorgado por la Corte Suprema con el aval abierto del gobierno, obligó rápidamente a que el Congreso se reúna en sesión de emergencia y anule esa posibilidad. Otras manifestaciones del estado de rebelión popular fueron las crecientes movilizaciones de las mujeres, que conquistaron, gracias a su tenacidad, la apertura del debate parlamentario sobre el derecho al aborto y luego la media sanción en la Cámara de Diputados. La lucha de la mujer, que tiene una dimensión internacional, adquirió en la Argentina una persistencia que la destaca. Las movilizaciones contra la violencia de género y por el derecho al aborto tomaron una dimensión de masas, especialmente en la juventud. El paro de mujeres del 8 de Marzo también mostró que dentro de un movimiento que se caracteriza por su composición policlasista se destacó un ala favorable a los intereses de los trabajadores. El documento leído ante una multitud en la Plaza de los Dos Congresos refleja esa influencia de una manera muy nítida. No por nada mereció el repudio de la derecha, y hasta editoriales contra la influencia trotskista entre las mujeres. El grupo fundador del movimiento Ni Una Menos se escindió y una parte de él, vinculada con el macrismo, denunció que el movimiento estaba ‘politizado’ y que se había alejado de las banderas originales. Sectores de las mujeres pertenecientes a los estratos de la burguesía o la pequeña burguesía más acomodada acompañan los reclamos hasta el punto de que cuestionan el régimen capitalista de dominación. Su programa es el ascenso de la mujer burguesa en la sociedad burguesa, pero rechazan la transformación social general necesaria que las mujeres deben protagonizar para emanciparse de todo tipo de explotación y opresión. El macrismo habilitó el debate parlamentario del aborto legal, ante la necesidad de recuperar la iniciativa política y evitar nuevas manifestaciones en su contra. Pero el movimiento, en su composición real, está colocado en la vereda opositora al gobierno. El kirchnerismo, que opera sobre él, lleva encima el lastre de haber negado este derecho durante sus doce años de gobierno. El peso adquirido por la izquierda no es dominante, pero sí destacado. Aunque el macrismo haya sido quien habilitó el debate, lo cierto es que un movimiento de masas como el de la mujer, ganando la calle de manera recurrente, es un obstáculo objetivo y subjetivo para un gobierno que debe aplicar un plan de guerra del FMI. En este cuadro de creciente movilización popular, lo distintivo del 14 y 18 de diciembre de 2017 consistió en que en el centro de la rebelión estuvo la clase obrera. Esta acción enérgica tuvo un impacto más importante que el triunfo electoral que el macrismo había logrado hacía menos de dos meses antes, al punto que abrió una crisis general que creó una nueva situación política en el país. Todas las fuerzas y partidos debieron reconsiderar sus estrategias y su presentación ante las masas a partir de esta rebelión popular. El peronismo-kirchnerismo, garante de la gobernabilidad macrista que le votó al gobierno más de cien leyes en el Congreso Nacional, comenzó un proceso de diferenciación para no quedar descolocados ante la nueva situación creada. La burocracia sindical, cuyas fracciones principales habían pactado una unificación de la CGT mediante la designación de un triunvirato que integraba a sus alas más importantes, sufrió el impacto de la rebelión de manera directa. Primero, con la quiebra de su triunvirato, que pasó a mejor vida, y luego con la separación del sector moyanista, que después de haber votado y respaldado al macrismo, pasó a la oposición impulsando acciones limitadas de aparato en coordinación con el kirchnerismo. Esta resistencia popular, que impuso límites muy claros a la ofensiva capitalista contra las masas, entrelaza la crisis política y la económica, pues la ‘salida’ económica a la bancarrota capitalista pasa por una modificación radical de las relaciones entre las clases sociales -o sea, entre el capital y la clase obrera. La rebelión de diciembre impidió la aprobación de la reforma laboral, uno de los principales reclamos de la clase capitalista contra los trabajadores. La pretensión de eliminar el régimen de indemnizaciones, las horas extras y, más en general, terminar con la ultra-actividad (la renovación automática de los convenios colectivos) debió ser postergada porque el gobierno comprobó que carecía y carece de los recursos políticos adecuados para hacerlo. La amplitud de la acción obrera atemorizó a la burocracia sindical, que tiene plena conciencia que sus intereses de casta parasitaria, y en buena medida empresaria, entra en total contradicción con la soberanía de los trabajadores sobre sus organizaciones sindicales. El pacto sellado por el sector mayoritario de esta burocracia con el gobierno, permitiéndole firmar paritarias a la baja y aislando a los conflictos que se desarrollaron contra los despidos en el Estado, estuvo lejos de ser instrumentos útiles para superar la crisis. Fue así que ni las paritarias del 15% en cuotas ni la derrota transitoria de algunas luchas abrieron un nuevo ciclo de valorización del capital. Lejos de ello, la baja de la tasa de interés anunciada en diciembre dio lugar a un proceso especulativo contra el peso y una fuga de capitales. El peronismo y el kirchnerismo, en sus distintas vertientes, sufrieron también el impacto de la rebelión obrera de la que no formaron parte. El sector mayoritario del PJ, que en el Senado está dirigido por Miguel Angel Pichetto, votó la ley del robo a los jubilados. El kirchnerismo no lo hizo, pero su estrategia política es bregar por la unidad de todo el peronismo, es decir con los Pichetto y compañía. Luego de la rebelión popular, todas las fracciones buscaron reacomodarse, buscando no aparecer ante la población como colaboradores activos con el macrismo. El llamado a concretar un frente único anti-macrista con la vista puesta en las elecciones de 2019 no sólo representa una forma de presionar a la izquierda y al activismo obrero para que renuncie a una política independiente, sino también es una forma de disimular el boicot a las luchas en curso. Ante la envergadura de la crisis en marcha, el programa del kirchnerismo se limita a proponer distintos tipos de “emergencias” (alimentaria, tarifaria, etc.), como una forma de amortiguar las consecuencias sociales del ajuste, pero sin ofrecer un programa de fondo alternativo. En su discurso, eso quedaría postergado para cuando recuperen el gobierno a fines de 2019. De ese modo, se convierten en garantes de la gobernabilidad de Macri, toda vez que no cuestionan su política general y mucho menos plantean la tarea de derrotarla en las calles. Ante el pacto con el FMI, el pejotismo y la oposición patronal en general acordaron con el gobierno que su aprobación no pase por el Congreso. De ese modo, buscaron evitar una gran movilización nacional contra el FMI y, a la vez, eluden fijar una posición política clara. Sin embargo, resta ahora la elaboración y aprobación del Presupuesto 2019, que debe contener el plan de ajuste pactado con el FMI. Si el peronismo vota a favor quedará desenmascarado ante los trabajadores como cómplice del ajuste macrista; si vota en contra corre el riesgo de chocar con el capital financiero internacional; y si se divide, como posiblemente ocurra, terminará siendo un golpe a la política de unidad opositora de cara a las elecciones de 2019, orientación que en particular promueve el kirchnerismo. La crisis política se trasladó con toda su fuerza al interior del oficialismo. Las disputas ya no son sólo entre la UCR y Elisa Carrió 2 , o entre ésta y el gobierno, sino en la mesa chica del PRO, donde se vive una división entre la dupla Larreta-Vidal y Marcos Peña 3 . El ajuste pactado con el FMI llevó al gobierno a querer transferir los servicios de agua, gas y electricidad a la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Así, serán Larreta y Vidal los que deban asumir de manera directa la responsabilidad del tarifazo. Una agudización de la crisis podría hacer escalar los choques políticos dentro del partido de gobierno y su camarilla más íntima. Hay un ala del gran capital que pretende una modificación drástica del gabinete, que llegue incluso a Marcos Peña y su reemplazo por algún gobernador del pejotismo. La variante de un gobierno de coalición está inscripto como una medida de emergencia, aunque choca con las disputas y divisiones que se multiplican en el seno de la burguesía. Pacto con el FMI. La crisis continúa Contra los que suponen que el acuerdo con el FMI elimina o reduce las contradicciones en la oposición, en realidad, ocurrirá lo contrario: dejará expuesto de manera más clara los intereses de clase opuestos que representan cada sector de la oposición. El gobierno se ha lanzado a chantajear a la oposición, mostrándose ante el capital financiero como el único sector que garantiza la defensa de los intereses capitalistas. Sin embargo, los límites de estas maniobras del gobierno son enormes y están dictadas por el hecho de que el acuerdo con el FMI está muy lejos de asegurar que la crisis sea superada. Lejos de ello, el pacto con el FMI traerá aparejado nuevas crisis y choques con las masas, pero también al interior de la clase capitalista. La posibilidad de una nueva corrida cambiaria y una fuga de capitales siguen latente, y podrá dispararse, ya sea por eventos de la crisis internacional o local, o por una combinación de ambas. De hecho, cuando ya habían transcurrido varias semanas de anunciado el pacto y luego de que se conociera la calificación de “mercado emergente” para la Argentina, tuvimos varias corridas más que llevaron al dólar al borde de los 30 pesos, las acciones siguieron cayendo y la tasa de interés del Banco Central subió en el mercado secundario al 60%. A pocos días de ese anuncio, el Banco Central debió volver a intervenir para evitar una mayor devaluación, pero como las veces anteriores, sin éxito. Este intento de contener el rodrigazo puede dar origen a una nueva corrida, que haga retroceder nuevamente al gobierno, y que lleve al dólar a niveles impensados. Carlos Melconian 4 , que representa un ala del macrismo, habla de un dólar a 41 pesos. El propio préstamo de 50.000 millones de dólares anunciado por el FMI y el gobierno está en cuestión. Sucede que su desembolso será en cuotas, condicionado a la marcha general del ajuste económico y del cumplimiento de las metas establecidas. La reducción significativa del gasto público para el año que viene deberá superar al tipo de cambio actual los 220.000 millones de pesos. Se trata de una cifra elevadísima que sólo es posible con una parálisis de la obra pública y una reducción de los salarios reales de los trabajadores del Estado en todos sus estamentos. La inflación para el año en curso, que superará seguramente el 30%, también impactará en el nivel de consumo de las familias. Se abre un escenario recesivo promovido por el propio gobierno, para tratar por esa vía de hacer pasar el plan de guerra contra los trabajadores. La inflación creciente planteará una presión adicional sobre el tipo de cambio, para evitar una nueva apreciación del peso, que repita la historia de lo sucedido con las devaluaciones de 2014 del kirchnerismo y la de 2015-6 del macrismo. Una mayor devaluación creará mayor presión sobre las tarifas y las naftas, echando más leña al fuego del rodrigazo. En síntesis, el pacto con el FMI es un capítulo más de la crisis en desarrollo; de ninguna manera significa su cancelación ni mucho menos su superación. Los desembolsos comprometidos, aún si se ejecutasen en su totalidad, están lejos de cubrir los distintos tipos de déficits que tiene la economía argentina. La dolarización que el gobierno decidió impulsar, reemplazando deuda en pesos por otra nominada en dólares, no ha servido para bajar la tasa de interés que sigue por las nubes. Esta dolarización representa una hipoteca enorme para el país y anticipa nuevos defol -de hecho, ya los seguros contra defol de Argentina superan a los de Grecia. A futuro se abren escenarios de choques más duros entre las clases y de divisiones al interior de la clase capitalista. Del resultado de esos choques y del impacto de la crisis mundial sobre la Argentina dependerá la suerte del macrismo. La propia supervivencia del gobierno está en juego, ya sea porque no concluya su mandato o porque la agudización de la crisis económica lo condene anticipadamente a una derrota electoral. Un ‘pato cojo’ no es el gobierno más adecuado para manejar un rodrigazo. La lucha del movimiento obrero El peso específico de la situación política se ha desplazado al movimiento obrero y de las masas populares. El plan de guerra contra los trabajadores diseñado por el FMI generará con seguridad una intensificación de la lucha de clases. La calle pasará a ser el escenario privilegiado de la política, condicionando la acción del conjunto de las fuerzas en presencia. La oposición ha intensificado su activismo político, buscando congraciarse con el giro subjetivo contra el gobierno. Quienes votaron las leyes de Macri ahora aparecen en escenarios montados en la Plaza de Mayo. La propia CGT, que ha estado en la primera fila de los garantes de la gobernabilidad macrista, ha debido realizar un paro general sin entusiasmo, ante la evidencia de que su tarea de contención no puede realizarse desde la total pasividad. A pesar de la pasividad de la dirección, el paro del 25 de junio fue masivo por donde se lo mire. Los intentos patronales por debilitarlo fracasaron por la disposición obrera a parar. Ahora bien, los reclamos mínimos llevados por la CGT al gobierno no fueron atendidos, porque hubiesen contrariado lo firmado con el FMI. No tanto en términos económicos como sí en los políticos. Macri debe intentar ahora restablecer la autoridad presidencial golpeada por la crisis si quiere salvar a su gobierno. Para ello requiere pasar por la prueba de una pulseada con los trabajadores, que buscará ganar con el apoyo del capital financiero internacional y de los Estados imperialistas, que por el momento sostienen al macrismo para influir más decididamente en América Latina. Se trata, sin embargo, de la ofensiva de un gobierno en crisis, dividido y cuestionado por su propia base social. En estas condiciones, la posibilidad de derrotar esta ofensiva está en el orden del día. De una manera muy nítida, la cuestión que se presenta es la de la dirección de los trabajadores y sus organizaciones para derrotar la ofensiva de Macri, los gobernadores y el FMI. Este planteo debe presidir la actividad de esta etapa, y delimita campos con las fuerzas burguesas, en especial el kirchnerismo, que se coloca en el campo de los que pretenden asegurar la gobernabilidad de Macri. La burocracia sindical, tanto de la CGT como la que milita más claramente en el campo opositor, no tienen por eje preparar al movimiento obrero para una batalla decisiva. Su política pasa por un desgaste del gobierno en vistas a las elecciones de 2019, apuntalando alguna variante del pejotismo. En definitiva, son un factor de freno y contención. El largo camino recorrido por la burocracia sindical en su integración al Estado y al régimen le ha dado perfecta conciencia de sus intereses de casta parasitaria, que en muchos casos adquiere un contenido incluso capitalista. Los burócratas ven una acción independiente del movimiento obrero como un peligro directo a estos privilegios. El ya famoso robo del atril de la CGT fue la metáfora perfecta de este antagonismo entre la burocracia y los trabajadores. La lucha contra el rodrigazo en marcha plantea, objetiva y subjetivamente, la cuestión de una nueva dirección del movimiento obrero. En Argentina, en los últimos años, se ha ido forjando un nuevo activismo obrero, que en sus mejores expresiones adquiere una clara orientación clasista, que es un factor político actuante en la lucha de clases. Este activismo ha tenido triunfos rutilantes, como la conquista de la dirección del Sutna, un sindicato industrial ganado al ala izquierda de la burocracia sindical -el kirchnerismo yasquista. Una parte de este activismo también hizo su experiencia con el sindicalismo alternativo de la CTA, que mostró sus limitaciones insalvables mostrando que es otra variante de la estatización de los sindicatos. Este activismo, por lo tanto, llegó a un punto muy alto de evolución política luego de haber atravesado experiencias y batallas en la lucha de clases. La lucha por una nueva dirección del movimiento obrero no se da entonces en el vacío, sino que debe partir de la proyección de estas experiencias mediante nuevas iniciativas de acción y organización. El Plenario Nacional de Trabajadores del 23 de junio, que surgió a partir de una convocatoria del Sutna, votado en un plenario de delegados con mandato, apunta justamente en esa dirección. No es casual que los sindicatos, comisiones internas, delegados y agrupaciones que concurrieran a la convocatoria colocaran como consigna central “Por una nueva dirección del movimiento obrero”. Así, mostraron la absoluta compresión de la total incompatibilidad que existe entre la burocracia sindical en todas sus variantes y la necesidad que tienen los trabajadores de desarrollar una acción independiente contra el plan de guerra en marcha. El llamado a luchar y reagruparse por una nueva dirección del movimiento obrero convierte a las fuerzas organizadoras del Plenario Nacional de Trabajadores en una alternativa de poder al interior de los sindicatos. Este planteamiento estratégico no significa dejar de impulsar las acciones limitadas y encuadradas que eventualmente puede convocar la burocracia sindical sino, por el contrario, es un llamado a participar de ellas de la manera más decidida, como parte de una estrategia política independiente. El programa que vote el Plenario Nacional de Trabajadores tendrá fuera de toda duda una gran importancia, porque una nueva dirección del movimiento obrero requiere superar las limitaciones de experiencias anteriores, que nunca fueron más allá de nacionalismo burgués, incluso con redacciones radicalizadas que buscaban emparentarse con el socialismo. El programa en la actualidad requiere mostrarle a los trabajadores y al país entero cuál es la estrategia de la clase obrera para enfrentar la crisis actual y evitar una nueva quiebra nacional. La cuestión del no pago de la deuda externa y su total investigación y confiscación de los responsables del endeudamiento; la nacionalización de los recursos estratégicos, empezando por el petróleo y el gas, pero también la generación, transporte y distribución eléctrica, como la nacionalización y planificación general del transporte público y de cargas; la nacionalización del comercio exterior, en momentos donde las importaciones son usadas por el capital como un instrumento para destruir conquistas y bajar salarios, y cuando la guerra comercial internacional se intensifica a costa, en primer lugar, de los países periféricos; la nacionalización de la banca, para evitar las corridas cambiarias y la fuga de capitales, y concentrar el ahorro nacional para un plan de desarrollo industrial. Un programa de este tipo, acompañado de reivindicaciones inmediatas, como la reapertura de todas las paritarias, no a los despidos y suspensiones, tiene un valor de lucha política y delimitación, que muestra que la lucha por una nueva dirección del movimiento obrero significa un cambio de estrategia política, que sepulte de una vez por todas la experiencia del peronismo y abra el camino a la fusión del movimiento obrero con la izquierda. El Frente de Izquierda Es indudable que el crecimiento de las tendencias combativas en el movimiento obrero se dio junto al desarrollo en Argentina del Frente de Izquierda. Fueron fenómenos que se retroalimentaron mutuamente, del mismo modo que sucedió en el movimiento estudiantil y de la mujer. Desde su fundación, en 2011, el Frente de Izquierda pasó por distintas etapas, que incluyeron retrocesos electorales y hasta políticos, pero sin nunca perder una presencia política que permitió incrementar la visibilidad de la izquierda revolucionaria en la Argentina. Esta conquista enorme, en un país con gran tradición del nacionalismo, al cual la izquierda le hizo un seguidismo sistemático, debe ahora revalidarse a la luz de la nueva situación política creada. En síntesis, el Frente de Izquierda debe tomar la iniciativa. Se están reuniendo las condiciones para un giro subjetivo de las masas hacia la izquierda. La experiencia kirchnerista concluyó en una derrota electoral con la derecha, es decir que fue desautorizado por las propias masas. Ahora, el gobierno macrista vive su propia crisis y deberá aplicar el pacto con el FMI de final incierto. Para el Frente de Izquierda se presenta la oportunidad de ofrecer una estrategia opuesta a ambos bloques patronales, destacando, en primer lugar, la necesidad de enfrentar y derrotar el plan de guerra contra los trabajadores. Para ello debe movilizarse el propio FIT, para asegurar el éxito de Plenario Nacional de Trabajadores del 23 de junio. La agitación de un programa, por fuera de la lucha de clases, llevaría al FIT a una campaña electoral anticipada, exactamente lo mismo que quiere la oposición patronal y el macrismo. Las grandes crisis engendran también los grandes giros subjetivos de las masas. Pero esos giros requieren de una acción consciente de las fuerzas políticas, porque de otro modo pueden disiparse o ser neutralizados. Es lo que marca la experiencia de Grecia, o más cercano a nosotros, de Bolivia y Venezuela, donde la izquierda no pudo enfrentar las experiencias nacionalistas. En Argentina, el Frente de Izquierda ha crecido batallando contra el kirchnerismo; ése fue su bautismo de fuego. Ahora debe probar su progresividad, cuando el gobierno derechista que relevó a éste enfrenta su primera gran crisis. Nuestro llamado al FIT a impulsar una campaña nacional, que incluya la defensa del Plenario Nacional de Trabajadores, y un plan de actos en las provincias y un gran acto nacional apunta en esa dirección, del mismo modo que una acción unificada en los parlamentos. Este plan de acción debe estar presidido por el programa de transición que hemos desarrollado, lo que plantea, a su turno, una cuestión de poder: si la Argentina vivirá una nueva experiencia de gobiernos burgueses, que nos condenarán a fracasos seguros, o si gobiernan los trabajadores. * Gabriel Solano, dirigente nacional del Partido Obrero, es legislador por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires 1. Ministro de Economía bajo la presidencia de Menem y luego de De la Rúa. Fue el autor del plan de convertibilidad bajo el menemismo, que debutó con una enorme devaluación y trajo como consecuencia un gran ataque a los trabajadores. Es conocido también por haber dispuesto el “corralito” (prohibiendo el retiro de depósitos), que provocó un confiscación de los ahorros, en momentos en que el plan de convertibilidad estaba agotado y el país estaba al borde del defol. Las medidas confiscatorias de Cavallo fueron el detonante de la rebelión popular, el llamado “Argentinazo”, en el años 2001, que precipitó la caída del gobierno de la Alianza presidida por De la Rúa. 2. Líder de la Coalición Cívica, uno de los partidos que forma parte de la coalición gobernante de Cambiemos. 3. Horacio Larreta, jefe de Gobierno porteño; María Eugenia Vidal, gobernadora de la provincia de Buenos Aires; Marcos Peña, jefe de Gabinete del gobierno de Macri. 4. Asesor económico de Macri, quien estuvo al frente del Banco Nación en la primera etapa de su mandato. Se viene distanciando del gobierno, reclamando un ajuste más drástico.

1 de agosto de 2018
Mayo francés, sólo el comienzo

Con el Mayo francés ocurre lo que con otros tantos acontecimientos que marcaron su época: para unos, ha sido una falsa salida, el choque de la utopía contra el muro del realismo; para otros, un giro histórico, el preludio o el ensayo general de virajes históricos subsiguientes, que serán la consecuencia de las contradicciones insuperables de la sociedad presente. En este caso vale la muletilla de tantos analistas mediocres: las tomas de posición, en uno u otro sentido, no distinguen derecha de izquierda. Para un sector representativo de la derecha francesa, como ha sido el caso de Sarkozy y es el de Macrón, la vigencia del Mayo francés se manifiesta en el empecinamiento con que la clase obrera resiste a las ‘reformas’ que apuntan a una ‘modernización’ -otra más- del capitalismo. Esta versión contrasta con la que, por el contrario, adjudica, al Mayo francés, un efecto ‘modernizador’, que habría expandido las reformas capitalistas -fundamentalmente, el establecimiento del euro y la Unión Europea. Uno y otro, sin embargo, vienen sufriendo los embates de la bancarrota capitalista de 2007/8, cuyas ondas expansivas están alterando todo el orden político mundial y acicateando rebeliones populares en un número creciente de países. Por el otro lado, para un sector de la izquierda, aquellas jornadas del ‘68 están “políticamente muertas”, como acaba de precisar Alain Krivine, un líder de aquellos acontecimientos y dirigente, en la actualidad, del Nuevo Partido Anticapitalista. Krivine y su corriente, en realidad se repiten, porque ya habían sentenciado el “agotamiento” del ciclo abierto por la Revolución de Octubre. A medio siglo de aquel Mayo, este balance ha provocado un giro copernicano, de sustituir la necesidad de un partido revolucionario de la clase obrera, por la promoción de formaciones ‘amplias’ que mezclan, como en un potpourri o guiso francés, al guevarismo, el ecologismo, el feminismo y el animalismo-para citar sólo algunas tendencias en boga. Sin embargo, la crisis revolucionaria que, cincuenta años atrás, provocaron las movilizaciones de la juventud y la mayor huelga general de toda la historia del capitalismo, incluida la ocupación de fábricas, no arribó a su conclusión, por la ausencia de un partido realmente independiente del proletariado. “El ’68 largo” El Mayo francés no fue de ningún modo un rayo en cielo sereno ni se limitó a las fronteras nacionales. Medio siglo más tarde, debe ser considerado desde al ángulo de una crisis mundial -y su vigencia histórica actual desde el desarrollo de esa crisis mundial. Fue la culminación del agotamiento de las condiciones de desarrollo capitalista de la posguerra, que encontraría su expresión mayor en la declaración de la inconvertibilidad del dólar y en la gran crisis mundial de 1973/85. Recibió el impulso de la guerra revolucionaria en Vietnam, en la que se involucró gran parte de la juventud europea y estadounidense; meses antes, la guerrilla había estado peleando, calle por calle, en Saigón, la ciudad capital. Europa misma había atravesado ensayos previos, como la huelga general en Bélgica, en 1960, o el enorme militantismo obrero en Gran Bretaña. El año 1968 inaugura un período político revolucionario -e incluso contrarrevolucionario: en ese mismo 68 se produce la masacre de millones de militantes en Indonesia y de la Plaza de las dos Culturas, en México, y años más tarde, el golpe de Pinochet en Chile. Es el período del Cordobazo, en Argentina, de las grandes huelgas generales en Uruguay, de la Asamblea Popular en Bolivia, del giro antiimperialista en Perú, la victoria de la Unidad Popular en Chile y el subsiguiente desarrollo de los “cordones industriales” (formas de poder obrero), y del ascenso combativo de la juventud y el movimiento negro en Estados Unidos. En Europa asistimos a los veranos calientes en Italia y a un cambio de etapa en España, con la expectativa de que una onda de luchas obreras ponga fin a la dictadura de Franco. En abril de 1974 estallará la revolución portuguesa, que liquidará en un par de horas el Estado construido por la larga dictadura de Salazar. Una caracterización del Mayo francés, por cierto el punto más alto alcanzado por la acción de masas en ese período, al margen del conjunto de este mismo período, lleva necesariamente a conclusiones distorsionadas. Este período potencialmente revolucionario registra el agotamiento de los partidos comunistas, incluso en el marco de la guerra de Vietnam, conducida por un partido comunista. La generación que se moviliza en esta etapa, a diferencia de las precedentes, ha aprendido que los partidos comunistas son un freno para la revolución y un instrumento de la colaboración de clases. Reconocen los choques que, en diversos momentos, oponen al PC de Vietnam con la burocracia china o la rusa. Lo caracterizan como una fuerza política independiente. Se observa, en este proceso, la influencia de la Revolución Cubana, cuya victoria es atribuida, precisamente, a que no fue dirigida por el stalinismo de las Antillas. En forma empírica o deformada, la nueva generación se plantea la construcción de partidos revolucionarios independientes de la burocracia stalinista. Es esto lo que va imprimir un aire libertario a los acontecimientos de Mayo, caracterizado por discusiones infinitas sobre política, arte, cultura y sociedad. El ’68 agarró a esta generación sin todavía la necesaria maduración política y una insuficiente, muy insuficiente, ligazón con las masas. En este marco, la acción potencialmente más revolucionaria se desenvuelve en Checoslovaquia, en el mismo año ’68, donde es derribada la dictadura burocrática de Novotný y comienza un proceso de democratización sumamente contradictorio, donde al lado de la burocracia de reemplazo, que propugna la integración al mercado y la política mundiales, se desarrolla un movimiento vigoroso en la clase obrera de la Europa controlada por la burocracia del Kremlin. Se desenvuelve, en estas condiciones, un fenómeno revolucionario original, a saber, la posibilidad de la unión de la lucha de las clases obreras del oeste y este de Europa -de la revolución social y de la revolución política. Una crítica al Mayo francés, si cabe esta expresión, ha sido la falta de unión internacional de estas luchas, la falta de una política internacional de la clase obrera, la falta de la Internacional. El conjunto del sistema mundial de ‘coexistencia pacífica’ se ve amenazado. Es el principio del viraje que va a llevar al acuerdo mundial entre el imperialismo y la burocracia rusa a considerar la restauración del capitalismo en los Estados que procedieron a la expropiación del capital. A principios de agosto de 1968 se reúne un congreso extraordinario del Partido Comunista de Checoslovaquia, en una fábrica de Praga, con delegados libremente electos por la base, lo cual marca una ruptura definitiva con el aparato stalinista. El ejército ruso invade el país, bajo la mirada complaciente del imperialismo, menos de tres meses después del levantamiento de la huelga general en Francia, pero en el marco de continuación de luchas parciales. La discusión sobre el “ensayo general” de hace cincuenta años, no debería confinarse al Mayo francés sino a la misma revolución europea. El horizonte revolucionario abierto por este período es la fuerza propulsora más importante que llevará al capital (y a las burocracias rusa y china) a plantearse una reorganización de las relaciones sociales de alcance mundial. El “’68 largo” es también el período de la Revolución Cultural en China, una verdadera conmoción histórica, en el que la fracción de la burocracia encabezada por Mao Tse-tung librará una batalla contra-corriente para frenar una restauración capitalista en el país más poblado de la tierra, y el más acuciado por la crisis y los antagonismos sociales. La Revolución Cultural desata un desmantelamiento gigantesco del Estado, que tendrá dos consecuencias fundamentales: una, el propio Mao restablecerá el ‘orden’ y pactará con Nixon las condiciones de una restauración capitalista; dos, el desmantelamiento parcial del viejo Estado ofrecerá a la burocracia los instrumentos políticos para iniciar esa restauración -de una amplitud sin precedentes. La “crisis conjunta” del orden mundial gestionado por el imperialismo, de un lado, y las burocracias rusa y china, del otro, determina la contraofensiva del capital contra las masas del período subsiguiente, no sin nuevos choques y nuevas crisis. En 1962, el semanario The Economist había saludado a su estilo, en su tapa, con un Marx convocando a los “proletarios de todos los países, desuníos”, la posibilidad de una guerra entre las burocracias de China y Rusia, que alegaban conflictos fronterizos. El Mayo francés y el “’68 largo” refutaron esta perspectiva, que recobraría su carácter estratégico, a partir de la década siguiente.La crisis conjunta de la burocracia y el imperialismo daría paso a una colaboración estratégica de alcance internacional. El viraje de la etapa va a tener lugar en la década crucial del ’73 al ’85, en primer lugar con los golpes de Pinochet y Banzer -en Chile y Bolivia. Este resultado va a ser esgrimido para justificar el ‘compromiso histórico’ del eurocomunismo con el imperialismo mundial. La batalla fundamental, que se va a librar en Gran Bretaña, ahora bajo el gobierno de Margaret Thatcher, es muy instructiva. Es que contra el relato en boga, este gobierno, que asumió en 1979, estaba agotado en 1982; las luchas obreras, de un lado, y la crisis en el partido ‘tory’, del otro, hacían prever su caída. La tentativa thatcheriana de reorganización capitalista fue rescatada por la guerra de Malvinas, la cual se desenvolvió también en medio de grandes crisis, dentro de la burguesía británica, que temía un fracaso epocal, y con el gobierno norteamericano de Reagan, que apoyaba a la dictadura de Argentina. El rearmado del frente interno, incluido el partido Laborista, y el internacional, con el pacto Thatcher-Reagan, dio al régimen inglés una oportunidad excepcional de rearme político, que luego usaría con toda tenacidad para derrotar la huelga minera, de un año de duración, en 1985. Los que entierran al Mayo francés y al “’68 largo”, incluso, digamos, prematuramente, es obvio que no advierten su vigencia, al menos como espectro. Para asegurar que aquella irrupción revolucionaria ha caducado como posibilidad histórica es necesario, primero, demostrar que el capitalismo ha superado sus contradicciones históricas (y que no las ha convertido aún en más graves); que los explotados no reaccionan ni van a reaccionar cada vez a las manifestaciones y consecuencias de este agotamiento, y que una nueva revolución volverá a ser una salida falsa. El derrumbe de Wall Street, en 1987, la crisis asiático-rusalatinoamericana de 1997/2001; el desplome de los grandes fondos norteamericanos en 2000; la bancarrota de 2007/8; trazan un claro agotamiento de las expectativas abiertas por la restauración capitalista en China y Rusia, del mismo modo que la desintegración de la Unión Europea y el Brexit, y la ruptura del orden financiero internacional, en especial a partir de Trump. Los agoreros aseguran que el desenlace lo capitaliza la derecha, lo que es manifiestamente parcial, tanto política como territorialmente. Pero como la dictadura de Primo de Rivera, España 1930, ellas también caerán por la marcha de la propia crisis. La actualidad del ’68 largo enfrenta un desafío, que es la dirección de las masas, o sea la estrategia política: adaptación a un capitalismo decadente de militarismo y guerras crecientes, o un ’68 internacional y definitivo. En suma, la crisis de dirección. El gallo francés El Mayo francés reúne varios rasgos originales. El primero es que fue un ‘segundo’ ensayo general, luego de la huelga general, con ocupaciones de fábrica, en 1936. Es decir que responde a una tradición anclada en la conciencia o en el subconsciente del proletariado francés -la clase obrera que dejó al mundo el legado de la Comuna. Con diez millones de trabajadores en huelga, durante veinte días, superó al junio- julio del ’36. El segundo es que tuvo lugar en una metrópoli imperialista, durante un período de revoluciones confinado a las colonias y semi-colonias. Abolló la descalificación del aburguesamiento de la clase obrera metropolitana, a partir de la reconstrucción económica de pos-guerra. Finalmente, y el rasgo de mayor importancia, fue que revirtió las secuencias golpistas que, entre 1958 y 1962, llevaron al poder al bonapartista De Gaulle y quebraron su proyecto de establecer un régimen corporatista -o sea, de estatización del movimiento obrero. El ascenso de De Gaulle, primero como primer ministro y luego como presidente, constituyó una derrota política fundamental para el proletariado; el Mayo francés, la réplica de la clase obrera. El referendo a favor del régimen presidencialista-bonapartista fue apoyado por los partidos Comunista y Socialista, que diez años más tarde se iban a esforzar en preservar, y 13 años después, cuando triunfa la Unidad de Izquierda, la base de gobierno de François Mitterand. 1958/68 fue una década de luchas, algunas de mucha envergadura, como la de los mineros de Lorraine. Los recules y derrotas acentuaron la convicción de los trabajadores de que era necesaria una lucha de conjunto -‘tousensemble’. “Francia se aburre”, la frase que caracteriza que el Mayo fue inesperado, solamente es válida para el régimen político: había entrado en el completo inmovilismo. Un bonapartismo que vegeta se inclina a la caída. Los grandes combates del movimiento estudiantil contra la represión, entre el 3 y el 10 de mayo, encendieron la pradera: el paro de ‘protesta’ de 24 horas de la CGT se convirtió a partir de la ocupación de una gran empresa en Nantes en huelga general -que la burocracia nunca iba a declarar como tal, con la intención de guardar las manos libres para un arreglo sin principios con el gobierno. El Mayo francés fue un acontecimiento social y político; creó una situación revolucionaria y planteó la cuestión del poder. Disolverlo en un fenómeno “cultural” cumple una función distorsionadora doble: por un lado, convertir un evento de alcance histórico en un ‘discurso’ o más bien en una cháchara, un anticipo de la tesis que pregona la revolución ‘sin tomar el poder’, algo que el bolchevismo había combatido en la revolución de 1905 contra los mencheviques que proponían desarrollar un sistema de autogestión en lugar de derrocar al zar. Por otro lado, desnaturaliza los debates políticos que involucraron a la juventud obrera a instancias de la juventud estudiantil, que eran bloqueados por el partido Comunista. El empuje que conoció el movimiento de la mujer en el ’68 largo sólo puede ser encapsulado como un ‘despertar cultural’ por parte de quienes enseguida lo convertirían en un asunto de ‘género’, que podría resolverse por medio de una igualdad de derechos, la discriminación positiva y el empoderamiento femenino -todo esto sin cuestionar la dominación del capital y el Estado. La emancipación de la mujer de la doble opresión capitalista es una cuestión fundamentalmente política, o sea de poder -capitalista u obrero. Las direcciones obreras establecidas habían perdido la autoridad que la Revolución de Octubre les confería aún en 1936, pero no por eso dejaban de controlar las grandes organizaciones del proletariado de Francia. Es así que se esforzaron por copar la huelga general; pretendieron convertirla en ‘dominguera’; deformaron la consigna de comité nacional de huelga en el comité de los propios burócratas; y se esforzaron, incluso por medio de la violencia, en bloquear el contacto entre los grupos revolucionarios y los trabajadores. Del ensayo general del ’36 habían aprendido a terminar una huelga política de masas a cambio de concesiones salariales -pero esta vez no sucedió. Lo que pudieron décadas antes los acuerdos de Matignon, no lo pudieron esta vez los de Grenelle -fueron rechazados y la huelga se radicalizó, mostró en forma abierta su carácter político. El gabinete de De Gaulle nunca perdió sus contactos con el PC, con el cual ya había gobernado entre 1945 y 1947; el joven Chirac de entonces negociaba, entre otros ‘emisarios’, con los stalinistas en secreto, en una cocina, el levantamiento de la huelga. La creciente precariedad del poder obligó a la oposición de centroizquierda a reclamar la partida de De Gaulle, en medio de la huelga general, pero nunca presentó un frente unido; el partido Comunista apoyó estas propuestas como furgón de cola. Era claro que se buscaba el desemboque electoral de la huelga. De Gaulle advirtió, mejor que nadie, que el piso se abría bajo sus pies, por eso desapareció durante 24 horas, cuando fue a consultar al alto mando militar, instalado en las bases francesas en Alemania. Nadie en el gabinete apoyaba un golpe, pero el 30 de mayo, De Gaulle insinuó lo contrario en un discurso en cadena, cuando también convocó a la movilización a la pequeña burguesía patriotera y antiobrera. Ella también había ensayado a partir de la huelga del ’36, cuando acabó pactando con los nazis la ocupación alemana de Francia. En lugar del golpe, De Gaulle convocó a elecciones parlamentarias, rápidamente aceptadas por la oposición. La huelga fue desarmada políticamente. Al año siguiente de ganar estas elecciones, un referendo lo echó del gobierno, que sin embargo seguirá en manos del ‘gaullismo’ hasta la victoria de la Unidad de Izquierdas, en 1981. Efecto retardado, que se convirtió en farsa. Los sucesos políticos describen una crisis de poder, aunque el gobierno no hubiera perdido el control del Estado. Una situación revolucionaria puede no desembocar en una revolución, pero no por eso la alternativa es la derrota -sea ‘pacífica’ o violenta. La reunión de la clase obrera en Consejos de Trabajadores y en un Comité Central de Consejos; la caída del gobierno y el ataque a sus instituciones antidemocráticas y represivas, como el gobierno personal, la disolución de las fuerzas de represión, el establecimiento de una Asamblea Constituyente, el control o supervisión obrera en las empresas, el salario mínimo igual al costo de la canasta familiar; todo esto no es aún una revolución, no gobierna todavía la clase obrera, pero establece un desarrollo transicional, que abre perspectivas más amplias. Nada de esto intentó el stalinismo, ni tampoco preparó, antes o durante los acontecimientos, ninguna organización revolucionaria. Es una lección poderosa para lo que viene. Los ensayos generales se repiten hasta que los actores creen haber reunido las condiciones necesarias para anunciar el estreno, y no por eso dejan de perfeccionarse en cada representación. Hay estrenos que revelan una preparación general insuficiente. Habrá entonces nuevos ensayos e incluso nuevos actores -o sea, partidos. El Mayo francés y el ’68 largo son las claves para caracterizar la etapa siguiente que impuso el capitalismo, por medio de crisis y ataques sin paralelo. Es una etapa largamente agotada, que abre nuevas y grandes perspectivas, porque es el Socialismo o la Barbarie.

1 de agosto de 2018
Mayo francés en la Argentina
Laura Vázquez

El 50° aniversario del Mayo Francés convoca a revisitar aquel masivo levantamiento de obreros y estudiantes que paralizó a un país entero y cautivó a observadores de todo el mundo. Convoca a reflexionar sobre la vitalidad y complejidad de los grandes movimientos de masas de la Historia, sobre la inexorable decadencia de un régimen de posguerra que no se deshacía del medio siglo de guerras, crisis y revoluciones que le precedía, sobre las contradicciones estructurales del capitalismo mundial que, fagocitando pueblos enteros, intentaba en vano contener su propia tendencia a la catástrofe. Todas éstas y otras temáticas son convocadas a la reflexión y es quizá por eso justamente que observamos tan pocas reflexiones en torno de estos temas. Se cumplen 50 años no sólo del Mayo francés sino también de sus lecturas tendenciosas y maniqueas. Se cumplen 50 años de notas de opinión, editoriales, suplementos especiales y libros que buscan oscurecer la claridad con que los distintos actores sociales comprendieron su rol histórico en aquel mayo de 1968, así como las circunstancias a partir de las cuales lo hicieron. Este artículo parte de un trabajo de archivo, cuyo propósito es poner de manifiesto que desde su primer minuto los acontecimientos del Mayo francés fueron condenados por la perspectiva burguesa a través de la prensa a permanecer en las coordenadas del espontaneísmo, la voluntad estética y la puerilidad. Veremos, por el contrario, que desde el materialismo dialéctico, la caracterización ya temprana de Política Obrera respecto de los acontecimientos no sólo les hace justicia, sino que explica en gran parte la necesidad de despolitizarlos que tienen quienes no están dispuestos, ni ayer ni hoy, a confrontar con su verdadero potencial revolucionario. Ociosidad de la crisis Un denominador común a las lecturas que de los acontecimientos de mayo de 1968 hizo la prensa argentina e internacional parece ser el carácter espontáneo e inusitado de los mismos. A la aparente solidez del régimen construido por Charles De Gaulle se suma la ociosidad del contexto económico mundial, que parece no haber estado gestando la crisis que acabaría por hacer eclosión apenas unos años más tarde. Respecto de lo primero, el propio De Gaulle se había encargado de construir y proyectar una imagen de solidez y estabilidad a través de un bonapartismo autoritario que trascendía, incluso para el ’68, las barreras nacionales y se proponía como árbitro internacional en la guerra del sudeste asiático. Un ejemplo bien claro de la adopción acrítica de esta representación del mandatario francés la encontramos en el contexto de la prensa argentina en una nota editorial del diario Clarín : “La tan usual caracterización que opone a la política de De Gaulle, tildada de nacionalista, otra que se titularía europea, constituye una notoria simplificación de la verdad. En realidad, quien tiene en Europa una genuina política ‘europea’ es De Gaulle. (…) De Gaulle quiere construir un sistema europeo que comprenda a todos los países situados al oeste de los Urales. (…) Si los pasos en esta dirección no han sido más audaces, ello se debe, en buena medida, a que los países de Europa oriental no fueron nunca democracias en el sentido occidental de la palabra. (…) Pero todos estos pasos son posibles porque la política mundial ha cambiado, porque la guerra fría ha entrado en su ocaso y porque la división europea que se consolidó en 1948 (…) ya no responde a los intereses nacionales de todos los involucrados. Eso es lo que De Gaulle previó con más claridad que ningún otro y es esa previsión la que le permite aprovechar los frutos de su acierto”. 1 En cuanto a la ociosidad del contexto económico mundial y su impacto en Francia, la perspectiva predominante en la prensa puede resumirse justamente de esta manera. No hay mención al principio de descomposición de la economía capitalista que, para 1968, ya había liquidado los acuerdos de Bretton Woods y empujaba a una crisis monetaria global. Tampoco se mencionan los mecanismos, tan caros a la clase obrera francesa, mediante los cuales De Gaulle había logrado contener una caída del franco en el contexto devaluatorio mundial. Sin lugar a dudas, este silencio ha alimentado uno de los mitos más difundidos sobre el Mayo francés, que es el de su contexto de prosperidad capitalista. Nuevamente, en el contexto argentino una nota editorial del diario Clarín parece advocar por esta lectura, a pesar de reconocer con marcada mezquindad los efectos de la política económica de De Gaulle: “Las reivindicaciones salariales y las que pretenden cambios en la propia estructura de la empresa francesa obedecen, en algún aspecto, a la pretensión de paliar cierta consecuencia de la severa política de acumulación de capital que ha hecho posible el actual renacimiento de Francia. Es verosímil que en esta materia tenga el gobierno que otorgar algunas concesiones, aunque en términos internacionales resulte bastante desmedida la queja de sectores que en los últimos lustros no han recibido otra cosa que promoción constante”. 2 Desde las páginas de Política Obrera , en cambio, se exponía con claridad aquello que de otra manera resulta inexplicable: “El capitalismo francés hace rato que le viene vendiendo al mundo el tranvía de su estabilidad. Por esto mismo, se vanagloriaba de ser cada vez más una democracia. Frente a la devaluación de la libra esterlina y la crisis del oro mostraba la “solidez” del franco; frente a las huelgas en Inglaterra y a la lucha de las masas negras en Estados Unidos mostraba un cuadro de “armonía” entre las clases. Pero el imperialismo francés aparecía, de este modo, no por su vitalidad sino por el callejón sin salida en que la burocracia sindical y el Partido Comunista habían metido a la clase obrera. Hoy, las reivindicaciones estudiantiles de democratización de la enseñanza y las reivindicaciones obreras por un aumento general de salarios, democratización política, restitución de derechos sindicales, restitución de la seguridad social, etc., nos muestran que el capitalismo francés se había sostenido frente a la presión yanqui, y había encontrado su “solidez” mediante la represión política y sindical y mediante el estancamiento y reducción del nivel de vida de las masas. (…) El agravamiento relativo de la situación social en Francia es un reflejo de las tendencias a descargar sobre las masas populares la crisis mundial que se incuba. La crisis financiera internacional ha obligado al capitalismo francés a incrementar su ritmo de superexplotación obrera para evitar la inflación y la devaluación de la moneda.” 3 Ociosidad de la juventud Inexorablemente, la naturaleza repele el vacío y un fenómeno de dimensiones mayúsculas, como el Mayo francés, no lo tolera mejor. Para aparentar al menos cierta verosimilitud, el relato de los acontecimientos debe encontrar algún motivo, alguna causa. Si las causas no se encuentran en el orden de lo objetivo, entonces, la creatividad, por más acotada que ésta sea, no tiene mejor remedio que dirigirse a la subjetividad. Desde el minuto uno de los acontecimientos de Mayo de 1968, la burguesía mundial a través de su prensa, violentando los hechos, despolitizó de forma tendenciosa y reaccionaria uno de los estallidos insurreccionales más grandes de la historia de Francia. El blanco más claro de esta desfiguración fue el movimiento estudiantil: “No queremos analizar las razones que tengan los estudiantes para criticar el funcionamiento de las universidades (…). Esos problemas son de orden técnico, son específicamente franceses y pensamos que podría hallárseles solución por medio de un diálogo entre todos los interesados, cuando los estudiantes hayan comprendido que deben dar pruebas de realismo sin complacerse en interminables y estériles discusiones. Lo que interesa al mundo es ver cómo toda una juventud se enfrenta con la sociedad actual a la que reprocha no proporcionarle ideales. Quieren en forma absoluta que ‘las cosas cambien’, pero cuando se le pide que defina su intención, no sabe qué contestar. Su anarquía termina en nada, en lo que se refiere a problemas políticos y sociales. (…).” 4 Cuando la infantilización del estudiantado no parecía la respuesta más adecuada, la prensa recurrió a explicaciones de orden más práctico, aunque de extraña verosimilitud, siempre en el contexto de prosperidad social que dominaba la época: “Entre automóviles incendiados y heridos diseminados por el suelo sin atención, los jóvenes gozaban al sacar la lengua ante los furibundos rostros de los uniformados. La agitación pasaba a ser una fiesta: las perspectivas eran aún mejores: las aulas seguirían desiertas mientras quedara un adoquín suelto (…) el grupo de choque estudiantil está compuesto por 150 desaforados que no son estudiantes, 3.800 combatientes de grupos izquierdistas familiarizados con los métodos de guerrilla urbana, 2.000 estudiantes regulares politizados y una masa cercana a los 10.000, siempre dispuestos a apoyar cualquier motín que signifique la evasión de las aulas. Este es, finalmente, uno de los motivos principales de los disturbios que azotan a Europa y los Estados Unidos: cansados de conseguir todo lo que quieren, los estudiantes se hallan ante el problema insoluble de no tener problemas. Una ola de insatisfacción social invade a 600.000 estudiantes franceses, a 6 millones de estadounidenses y se extiende por Alemania, Checoslovaquia, Polonia, España, Italia (…).” 5 Sin embargo, la caracterización del movimiento estudiantil que sería llamada a perdurar y transformarse en el mito de la “revolución cultural” con la que se asocia mayormente al Mayo francés, ya sea desde la crítica o desde una intención reivindicativa, podemos encontrarla en un bosquejo temprano nuevamente en el ámbito argentino en una nota editorial del diario Clarín : “Debe tenerse en cuenta, en definitiva, que las pretensiones de reforma social enarboladas por los estudiantes no superaban las formas más pueriles del anarquismo de hace cuarenta años. No parece que semejante muestra de irresponsabilidad pueda cubrirse con la simpatía romántica con que algunos contemplan los actos de la juventud. Estos estudiantes, que hacen del tema de subdesarrollo del Tercer Mundo una bandera de lucha y agitación, son beneficiarios de la sociedad industrial de la que participan. Desde el punto de vista del mundo subdesarrollado, sus explosiones de protesta suenan huecas y hasta grotescas. Una juventud que idealiza el mito del Che Guevara en sociedades que gozan de dos mil dólares de renta por habitante merece bastante menos respeto que los jóvenes norteamericanos del ‘Peace Corps’. (…) Por añadidura, la ‘rebelión’ de estos estetas de la subversión por la subversión misma ha tenido lugar en momentos en que se iniciaban en París las conversaciones por la paz en Vietnam (…).” 6 Resulta evidente la encrucijada en que se introducen estas lecturas una vez que se determinan a negar el resquebrajamiento del orden de posguerra. La única salida posible consiste en violentar los acontecimientos y reconstruirlos como un acto de voluntad estética (o aventurismo estetizante). Desde las páginas de Política Obrera , en cambio, el estudiantado reaccionaba ocupando un espacio históricamente concebido, prescindiendo así de un espontaneísmo que le era ajeno: “El estudiantado revolucionario francés ha jugado un rol extraordinario. Este rol, sin embargo, no le nació por generación espontánea. Surgió por factores históricos bien concretos. En primer lugar, hay que considerar el creciente aplastamiento de la intelectualidad por la maquinaria económica y política del capitalismo imperialista. Esto se refleja en la total pérdida de independencia y autonomía de los intelectuales, y su conversión en asalariados. Por otro lado, la desocupación que reina en este sector es particularmente explosiva porque ha sido preparado para ascender en la escala social, y la realidad lo asimila al destino del proletariado. Junto a esto, el destino reaccionario de la universidad y las instituciones académicas en la época imperialista agudiza la represión ideológica y anula la libertad de crítica en la actividad académica. Este fenómeno social y político escinde al estudiantado y vuelca a su ala popular a las filas políticas de las masas explotadas. Pero, en segundo y fundamental lugar, hay que considerar las experiencias concretas del estudiantado de izquierda europeo y francés. El estudiantado de izquierda francés ha pasado la experiencia y ha sufrido las consecuencias de la guerra colonial en Argelia y de la capitulación del PC francés ante esta guerra colonial. Sobre la tremenda crisis dejada en la juventud francesa por la guerra colonial han trabajado luego la crisis chino-soviética, el triunfo de la revolución cubana, el auge heroico de la revolución vietnamita, la rebelión negra en Estados Unidos, el Che Guevara y la Organización Latinoamericana de Solidaridad (Olas). Todas estas influencias prepararon los programas y las respuestas del estudiantado francés ante la creciente prepotencia del degaullismo. Las manifestaciones estudiantiles vienen creciendo en Francia desde el año pasado. Preparados por la experiencia política anterior y por las influencias revolucionarias recibidas, el estudiantado comenzó a dirigir sus manifestaciones hacia las barriadas obreras. Aquí, en este esfuerzo consciente del estudiantado revolucionario por salir del marco académico y pequeño burgués y por formar parte del pueblo explotado, empalma su lucha revolucionaria con la de la juventud obrera.” 7 Además de la evidente ventaja de incorporar los hechos, esta lectura integral del movimiento estudiantil adelanta lo que será otro aspecto conflictivo de las caracterizaciones de la prensa burguesa, el rol de la clase obrera en los acontecimientos de Mayo de 1968. De la ociosidad al oportunismo El lugar que cabe a la clase obrera en la opinión de la prensa burguesa es un tanto confuso. Si bien en la cobertura diaria de los acontecimientos, los actores sociales se encuentran en general diferenciados e identificados, en lo que hace a las notas de opinión y editoriales pareciera haber ocurrido alguna suerte de espasmo. En la revista argentina Primera Plana , la nota de Mariano Grondona atraviesa varios de estos espasmos. En primer lugar, identifica el surgimiento de una nueva clase social: “Francia, como sociedad industrial, sufre un fenómeno que es mundial: la aparición de una nueva clase social que no encuentra su lugar en las estructuras existentes. Esta clase es la de los técnicos, profesores y estudiantes, que hoy son irremplazables (…) Son los nuevos proletarios. Dueños como los antiguos de un arma decisiva: la mano de obra -diríamos los ‘cerebros’ de obra- de la sociedad industrial. Y, al mismo tiempo, radicalmente disconformes con su suerte.” 8 Grondona pareciera acercarse a la idea de que la descomposición capitalista empuja a un sector importante de la intelectualidad a compartir la suerte del proletariado, pero la fineza del análisis lo evade. Da luz, en cambio, a una inesperada “nueva clase social”, un “nuevo proletariado” que sería propio de las “sociedades industriales”. En cuanto al proletariado “tradicional”, éste está o bien ausente o, lo que es más probable, en identidad absoluta con el sindicalismo: “En Francia, el fermento estudiantil encontró el ambiente propicio de un sindicalismo y una oposición que vieron en los disturbios la oportunidad para obtener nuevas ventajas: en el caso de los sindicalistas, aumentos de salarios y disminución del esfuerzo.” 9 Resulta confusa esta identidad entre obreros y dirigentes sindicales, principalmente porque son muy extensas, a lo largo de la cobertura de los acontecimientos por la prensa, las declaraciones y menciones respecto del desencuentro entre ambos y más aún respecto de los es fuerzos de la Confederación General del Trabajo (CGT), dirigida por el stalinismo, de contener el movimiento huelguístico. Ya sea como cómplices o como oportunistas, los obreros, protagonistas de uno de los movimientos huelguísticos más grandes de la historia de Francia, enarbolan en la prensa burguesa reclamos salariales genéricos sobre los cuales no merece la pena emitir juicio de valor: “Conviene señalar, no obstante, que los trabajadores no han querido hacer causa común con los estudiantes, sino que han aprovechado la ocasión para presentar reivindicaciones profesionales”. 10 “Para entonces, el fulmíneo complot que los estudiantes, los obreros y los dirigentes opositores habían tratado de montar, empezó a perder altura. De Gaulle todavía era más poderoso que sus enemigos. En realidad, es más hábil, más sereno, un estadista frente a una banda de improvisados. (…) si hay un sector de los comprometidos en la asonada que acaso obtenga ventajas de ella, ese sector es la clase baja.” 11 “Los obreros apuntan a más corta distancia y más concretos objetivos. Mientras que los estudiantes quieren liberarse de lo que denominan desdeñosamente la civilización del automóvil, los aparatos electrodomésticos, los obreros aspiran precisamente a comprarse coches y refrigeradores y aparatos de televisión.” 12 Resulta interesante señalar que la escasa o nula atención que mereció en las notas de opinión el accionar de la clase obrera, aún a pesar de haber recibido extensiva cobertura en las noticias de los acontecimientos, se fue acentuando con el paso de los años hasta llegar al oxímoron. En el libro 1968, un año revolucionario , un relevo de las publicaciones de la prensa argentina convocadas con motivo del cuadragésimo aniversario del Mayo francés reveló que: “En efecto, entre decenas de artículos que contabilizamos en los diarios porteños, en ninguno se hace referencia al acontecimiento decisivo del año 1968 en Francia: la huelga general más grande de la historia del país, acompañada de una ocupación masiva de fábricas, que colocó al proletariado galo en el centro de un sacudimiento revolucionario sin precedente en las décadas previas y sólo comparable al levantamiento obrero de 1936. Esta omisión grosera domina absolutamente todos los enfoques de las notas que aluden al célebre Mayo, violentando la condición más elemental de un artículo o comentario historiográfico: presentar los hechos concretos en cuestión”. 13 Del oportunismo a la contrarrevolución El lugar que cabe al stalinismo, a través del Partido Comunista francés (PCF) y la CGT en la caracterización de los acontecimientos de Mayo de la prensa burguesa es, cuando menos, contradictorio. Como ya adelantamos, tuvieron extensa cobertura mediática, tanto las declaraciones que desde el PCF condenaban el accionar estudiantil como aventurista y ultraizquierdista, así como el arribo tardío de la CGT al movimiento huelguístico y sus intentos por contenerlo. Un ejemplo particularmente claro de ello lo encontramos en la prensa alemana: “Diez años después de asumir el poder el general, tendrá que cambiar su posición y realizar básicas reformas. Si no lo hace, pudiera ser que los partidos de izquierda y los sindicatos no logren contener más a los jóvenes trabajadores y estudiantes.” 14 También así en la prensa argentina: “La rebelión estudiantil ha perdido fuerza a causa de la actitud de los dirigentes sindicales, que miran con cierto recelo el comportamiento de los estudiantes y no están dispuestos a comprometer su lucha que tiene claros objetivos de carácter salarial y laboral, en un movimiento revolucionario cuyas motivaciones de raíz filosófica van mucho más lejos de lo que el realismo de los sindicalistas persigue en lo inmediato.” 15 “El movimiento estudiantil va perdiendo fuerza en la medida en que va quedando aislado. Por una parte, hacen oír su voz grupos moderados, que quieren pasar sus exámenes aunque sea con retraso y, por la otra, está el repudio de los excesos estudiantiles por parte de los dirigentes sindicales, en especial los comunistas de la CGT, que acusan a los estudiantes de ‘aventurismo político’ (…).” 16 “El Partido Comunista francés, uno de los más poderosos de Occidente y fiel intérprete de la línea soviética, se ha convertido en el principal freno de las violentas demostraciones callejeras de estudiantes y obreros.” 17 Lo que resulta contradictorio es que, salvo contadas excepciones, la tendencia en la reconstrucción del Mayo francés es a asignarle a los sindicatos y al PCF un rol inflamatorio en el desarrollo de los acontecimientos. Desde las páginas de Clarín , con indignada reprobación se sostiene que: “Aquí han coincidido muchas complicidades, aunque ninguna tan importante como la de los comunistas franceses. Toda la filosofía y la literatura promovidas acerca de la paz han sido olímpicamente dejadas de lado por intereses electorales inmediatos, en la mejor de las tradiciones del ‘oportunismo’, que es, como se sabe, una de las más descalificadas herejías en la ortodoxia comunista. La actitud oportunista se puso de manifiesto con el cambio de posición del Partido Comunista, que, renuente primero a apoyar la rebelión de los estudiantes, se sumó a ella con alegre entusiasmo cuando aquella demostró ser más seria de lo pensado al comienzo. Así puede explicarse la impresionante organización puesta de manifiesto por los sindicatos franceses donde la influencia del comunismo es tan significativa.” 18 Más allá de la certera identificación de los intereses electoralistas del PCF, la caracterización del rol jugado por éste en el desarrollo de los acontecimientos invierte las responsabilidades. Diametralmente en contra del sentido común, que se transparenta en la cobertura mediática del día a día de los hechos, sostiene que el accionar del comunismo francés propició las masivas jornadas de huelga que paralizaron a Francia. Algo similar se proponía desde las páginas de El Litoral de Santa Fe: “Las voces populares pierden sentido al carecer de eco y de resonancia en las alturas. El parlamento deja de ser tal si se tiene en cuenta la etimología de la palabra con que se nombra. Entonces, entran en función las llamadas fuerzas de presión marginales del sistema parlamentario. Entre éstas cabe destacar, en el caso de Francia particularmente, a las organizaciones sindicales y las estudiantiles protagonistas de la rebelión desatada.” 19 Este tipo de lecturas, en extremo simplificadoras, reniega de los hechos, pero más fundamentalmente, como señalábamos al comienzo de esta nota, es víctima de las dificultades que supone explicar lo imposible. La ociosidad de todos los elementos estructurales que convergen en el desarrollo de una crisis de dimensiones históricas relega cualquier verosimilitud de los acontecimientos a las coordenadas de lo que sería esperable, aún cuando en los hechos no suceda. Sería esperable que la organización sindical de los trabajadores actuara en defensa de los intereses políticos de éstos. Sería esperable que la potencia comunista más grande de la historia apoyara y fomentara las luchas obreras en el mundo bajo la consigna del autogobierno obrero, actuando así como vanguardia de la clase trabajadora mundial. Sería esperable que las masas en lucha no tuvieran que movilizarse en contra de las voluntades de sus dirigentes. Pero no puede taparse con un dedo el sol y ciertamente no se puede pretender que los 46 años de burocratización del régimen soviético no lo convierten en un instrumento de la contrarrevolución. Una lectura seria y comprometida con los acontecimientos no sólo hace justicia a los hechos, sino que pone de manifiesto el verdadero carácter de la hora de aquel mayo y, en consecuencia, la envergadura y vitalidad del movimiento de masas que lo protagoniza. Así se analizaba en la declaración, del 10 de junio de 1968, del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, reproducido en las páginas de Política Obrera : “La determinación de centenares de miles de estudiantes universitarios y secundarios y de jóvenes obreros de echar abajo el régimen capitalista estalló de modo tan resonante que nadie se preguntó con seriedad qué había sucedido. Los obreros también manifestaron de un modo igualmente espectacular su determinación de combatir no sólo por reivindicaciones inmediatas y contra el régimen degaullista, sino también para derribar el de la burguesía y el capitalismo. Esta determinación fue demostrada por las ocupaciones de fábricas, de estaciones ferroviarias, de usinas y oficinas de correo, sobre las cuales se izó la bandera roja. Fue demostrada por las consignas llamando al ‘poder obrero’, reclamando el ‘poder para los obreros’, que se repetían cada vez con más frecuencia en los estribillos y carteles de manifestantes. Fue demostrada por numerosos llamados espontáneos a tomar el control o a apoderarse de los medios de producción, por los llamados a tomar el poder hechos por comités o grupos colectivos de obreros y ciudadanos. (…) Si esto no sucedió, si el Estado burgués fue finalmente capaz de tomar las riendas del poder, esto se debió exclusivamente a la traición cometida por los dirigentes obreros, sobre todo por los dirigentes del Partido Comunista francés (PCF) y de la Confederación General del Trabajo (CGT), que controlan a la gran mayoría de la clase obrera. Los dirigentes del PCF y de la CGT hicieron todo lo posible para aislar a los estudiantes y a la vanguardia revolucionaria de la masa de los obreros, dirigiendo las huelgas y ocupaciones de fábricas hacia objetivos puramente económicos, obstaculizando una medición de fuerza en la calle, donde la relación de fuerzas era altamente favorable a la revolución, paralizando la reacción contra la violencia represiva, obstaculizando el armamento de piquetes y la organización de una milicia estudiantil y obrera, presionando para la aceptación de elecciones ofrecidas por un poder acosado, y dividiendo y ahogando las huelgas, hasta que su propia actitud vacilante y el decidido discurso de De Gaulle provocaron la primera pausa. Esta traición es una consecuencia de su adhesión a la doctrina de la ‘coexistencia pacífica’ del Kremlin. El Kremlin piensa que De Gaulle debilita la posición del imperialismo norteamericano en Europa, y el Kremlin teme mortalmente la perspectiva de un alza revolucionaria en Francia.” 20 La caracterización del accionar del stalinismo es aquí coincidente con los registros de los observadores internacionales que desde la prensa registraban el día a día de los acontecimientos. El carácter contrarrevolucionario de la burocracia sindical y de la dirigencia del comunismo francés nos acerca a la temática central y final de este artículo: ¿cuál es el carácter del Mayo francés? De la crisis política a la revolución cultural La perspectiva más generalizada desde la prensa burguesa es la que tiende a minimizar los acontecimientos de 1968. En parte, porque desconoce las causas estructurales que descomponen el régimen de posguerra y las contradicciones inexorables del desarrollo capitalista que operan detrás de la cada vez más aparente prosperidad de fines de los ’60. En parte, porque allí donde le es posible escinde movimientos, luchas y estallidos sociales unos de otros. Pero principalmente porque entiende, producto de la experiencia, el carácter pedagogizante que tienen las grandes luchas de tendencia revolucionaria. La negación de la crisis ocupa, sin lugar a dudas, el mayor acto de voluntarismo de la prensa burguesa. Desde las páginas de Clarín : “No resulta fácil formular una apreciación convincente que dé razones de esta grave crisis. Nos sentimos inclinados a pensar que ella es más aparente que real, más espectacular que profunda. Y que, en consecuencia, habrá de producir resultados mucho menos decisivos que los que anticipan algunos observadores inquietos o interesados.” 21 Es quizá por la inverosimilitud de una “crisis aparente” que la lectura contemporánea de los hechos que parece ser predominante en la prensa es otra. La idea de que el Mayo francés se trató de una crisis política producto de la necesidad de atrasadas reformas parlamentarias de tendencia democratizante, fue reproducida en numerosos medios periodísticos: “El desorden callejero es el sustituto trágico del orden parlamentario desvirtuado. Desde este punto de vista, el parlamento funciona como válvula de seguridad. Puede evitar o disminuir, cuando menos, el poder de la explosión del descontento en las situaciones críticas. Personalidades con menos de excelencia política y patriótica que De Gaulle cayeron víctimas del monólogo y del coro complaciente que lo acompañaba. (…) Con todos sus vicios e imperfecciones, la democracia sigue siendo más eficaz que los sustitutos concebidos para reemplazarla.” 22 “En todo caso, vistas las cosas desde el exterior, se comprueba que cuando en un régimen no existen válvulas de seguridad y se trata con desdén a los cuerpos representativos, los grupos que quieren hacer oír sus protestas, al no disponer de tribuna apropiada, ocupan la calle. Si la Quinta República no es capaz de renovarse, no durará mucho. Tal es la lección que todo demócrata debe extraer de estos acontecimientos.” 23 “¿Quién quiere ahora un De Gaulle británico? Mientras el viejo general estuvo en lo alto, era fácil para algunos británicos envidiar la firme actitud de su régimen autoritario. Pero no es fácil también olvidar el precio que un país como Francia ha de pagar por ello.” 24 Las lecturas en clave “política” como las aquí reproducidas cuentan con varias ventajas respecto del punto de vista argumentativo. En primer lugar, contienen los acontecimientos dentro de las coordenadas de la política burguesa, desembarazándose de la problemática del potencial revolucionario de la clase obrera y el estudiantado en lucha. En el peor de los casos, el desarrollo de los acontecimientos llevaría a la caída del régimen de De Gaulle y la instauración del Frente Popular. En segundo lugar, permite presentar las bondades de la democracia como el horizonte inexpugnable que garantiza la paz social. Y, por último, mantiene a la crisis en cuarentena dentro de Francia. Más allá de todas estas bondades, lo emblemático del Mayo del ’68 trascendió las páginas de los diarios y penetró en la conciencia colectiva. Las interpretaciones y representaciones de aquella masiva movilización de masas debieron aggiornarse . Siendo imposible despojarla totalmente de su carácter revolucionario, surge, de lo que parece una extraña combinación de múltiples de los elementos hasta aquí señalados, la noción complaciente de revolución “cultural” que predomina entre intelectuales y especialistas 25 . Un entrecruzamiento de un contexto político autoritario y poco democrático con la energía de los jóvenes estudiantes que enarbolan banderas de lucha ajenas, inspirados por el Che Guevara y la lucha vietnamita, pero que se traducen en un aventurismo estético que desafía los patrones de la cultura de posguerra. Las enseñanzas del Mayo francés Como no es de extrañar, resulta triste el lugar que la burguesía reserva en sus anales a las luchas que los explotados le disputan con voluntad revolucionaria. Peor que el olvido es la desfiguración inverosímil con que trata a sus más dignos oponentes. Por ello es justamente necesario revisitar los acontecimientos, revisitar las virtudes, los aciertos, pero también las insuficiencias. Disputar la vigencia de lo que aquel Mayo tuvo para enseñar sobre la vitalidad revolucionaria de la clase obrera y la tarea inexorable de su organización. Laura Vázquez es docente de historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA e investigadora independiente. Clarín: “De Gaulle, Rumania, Europa”, 19 de mayo de 1968. Clarín: “La crisis francesa”, 24 de mayo de 1968. Política Obrera: “Los acontecimientos franceses reflejan toda la situación internacional”, N° 31, 10 de junio de 1968. René Payot: “La desubicación del estudiantado”, en Le Journal de Geneve, publicado en Clarín, 24 de mayo de 1968. “Estudiantes: un 10 en disturbios”, Primera Plana, de mayo de 1968. Clarín, “La crisis francesa”, 24 de mayo de 1968. Política Obrera: “Seguir el ejemplo…”, N° 31, 10 de junio de 1968. Primera Plana, “Claves para Francia”, 4 de junio de 1968. Ibídem. René Payot: “La desubicación del estudiantado”, en Le Journal de Geneve, publicado en Clarín, 24 de mayo de 1968. Primera Plana: “La segunda Revolución Francesa”, 23 de mayo de 1968. Clarín: “Cede la presión del estudiantado”, 22 de mayo de 1968. Rieznik, P., et al. (2010), 1968, un año revolucionario, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. “Rundschau”, Francfort, publicado en Clarín, de mayo de 1968. Clarín: “Cede la presión del estudiantado”, 22 de mayo de 1968. Clarín: “La habilidad de Charles De Gaulle”, 24 de mayo de 1968. Clarín: “Los comunistas franceses no apoyan los desórdenes”, 27 de mayo de 1968. Clarín: “La crisis francesa”, 24 de mayo de 1968. El Litoral: “Experiencias para la reflexión”, 4 de junio de 1968. Política Obrera: “Las primeras lecciones del alza revolucionaria en Francia”, 1° de julio de 1968. Clarín: “La crisis francesa”, 24 de mayo de 1968. El Litoral: “Experiencias para la reflexión”, 4 de junio de 1968. Le Journal de Geneve: “La desubicación del estudiantado”, publicado en Clarín, 24 de mayo de 1968. “Daily Sketch”, publicado en Clarín, 21 de mayo de 1968. Rieznik, P., et al (2010): 1968, un año revolucionario, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

1 de agosto de 2018
1968, un año revolucionario. Cincuenta aniversario revisitando la Primavera de Praga

1968 En el marco de un nuevo aniversario de los sucesos de 1968, diferentes analistas políticos, historiadores y cientistas sociales (convocados por la prensa o por algunas universidades para la realización de diversas actividades académicas) han salido a reflejar lo ocurrido en 1968 como una curiosidad histórica. Un happening juvenil de una sociedad joven “cansada de vivir bien”; un hartazgo respecto de la pacatería de la sociedad heredada de sus padres; una liberalización en las formas de expresión; e incluso entre aquéllos que se animan a llegar más lejos, un reclamo por mayor participación política. Sin embargo, en todos se repite la misma conclusión: 1968 habría sido un hecho coyuntural, un “algo” histórico irrepetible que, de una u otra forma, habría terminado en fracaso. Los sucesos ocurridos ese año, no obstante, fueron el momento de mayor convulsión a escala global de un ascenso de masas que había iniciado años antes. La revolución china (hecha en contra las directivas del Kremlin); la revolución cubana, y su influencia en los movimientos insurgentes a lo largo de toda América Latina; las crecientes protestas en Estados Unidos contra la guerra que el imperialismo llevaba adelante en Vietnam o, incluso antes, los diferentes movimientos contra la segregación racial y la sumisión de la mujer. Del otro lado de la cortina de hierro, las sublevaciones de 1953 en Berlín; el octubre polaco y la revolución húngara, ambas de 1956. Todo ese proceso de crisis global se expresó de conjunto en 1968. Fue inaugurado cuando “la ofensiva del Têt” dejó en claro el empantanamiento de la guerra de Vietnam y abrió una crisis de Estado que limitó la posibilidad de reelección de Lyndon Johnson. El Mayo francés, la Primavera de Praga, los momentos más álgidos de la revolución cultural china, las insurrecciones en México que culminaron con el asesinato de centenares de jóvenes en la Plaza de Tlatelolco. Serán un fracaso todos los intentos del imperialismo y de la burocracia por cerrar los hechos forjados durante 1968. Los mismos encontrarán su continuidad con el Cordobazo argentino; el “Verano caliente” italiano; las huelgas obreras en los astilleros polacos de 1970; la llegada de Salvador Allende a la presidencia de Chile y la “Asamblea Popular” boliviana, entre otros. La experiencia elaborada durante esos años entre los jóvenes y los trabajadores será reelaborada de continuo en años posteriores, manifestando la importancia de una revuelta global que buscó delimitarse y superar sus direcciones políticas. Los que deciden abordar este 50° aniversario del ’68 desde un análisis “coyuntural” no pueden dar explicación sobre el impacto mundial de los levantamientos y (en un sospechoso olvido) al rol determinante de la clase obrera durante todo el proceso. Los sucesos de 1968 no fueron una crítica ocasional hacia éste o aquel “inconformismo”, fue el momento bisagra en el que se expresó el colapso de un orden pactado por las direcciones políticas del imperialismo y del stalinismo, luego de la mayor destrucción de fuerzas productivas de la historia. Era el fin de Yalta y Postdam, era el principio del fin del mundo bipolar y una manifestación impactante de la crisis del capitalismo en Occidente y de la restauración capitalista en manos de la burocracia soviética. Los antecedentes Checoslovaquia era, hasta mediados de la década de 1960, el país del bloque soviético del que menos se podía esperar una revuelta contra la dirección del Kremlin. Los juicios de Praga y la consecuente dirección de Antonín Novotný (quien ejercería como secretario general del partido desde 1953 y presidente desde 1957) parecieron surfear la crisis más general que debió afrontar la burocracia de Moscú, luego de la muerte de Josef Stalin y los levantamientos ocurridos en Alemania Oriental, Polonia y Hungría durante la década de 1950. El estallido en Berlín Oriental fue el primer levantamiento pos Stalin. Los trabajadores de la construcción protestaron contra el aumento en las cuotas de producción exigidas sin su consecuente aumento salarial. “Fue un fósforo en un polvorín, alimentado por las pésimas condiciones de vida de la población, agobiada por la carestía, la falta de productos de primera necesidad y una enorme confiscación de recursos para sostener el aparato de seguridad”. 1 La insurgencia obrera continuó con la huelga y la movilización de miles de trabajadores. La dirección del Partido Comunista de la República Democrática Alemana tuvo que pedir la intervención de Moscú para derrotar el levantamiento. Fueron entonces las tropas y los tanques soviéticos, junto a la policía local, quienes intervinieron dejando centenares de muertos, intentando, infructuosamente, cerrar los levantamientos obreros contra la burocracia. La insurrección de Berlín fue recuperada tres años después por otros dos países satélites del bloque soviético. En junio de 1956, un nuevo levantamiento tuvo su origen en Poznań (ciudad industrial de Polonia), pero se transformó rápidamente en un movimiento antiburocrático que abrió todo un período histórico en la vida política polaca. La lucha entre los sectores “duros” y “renovadores” dejó virtualmente paralizado al Comité Central, que esperaba las órdenes del Kremlin para saber qué línea seguir. Fue un campo fértil para que, entre los meses de agosto y septiembre, se formaran consejos obreros y asambleas estudiantiles de apoyo. La “salida” para la burocracia llegó de la mano de Wladyslaw Gomulka, un viejo héroe de la resistencia de la Segunda Guerra, purgado por el estalinismo y rehabilitado por Nikita Kruschev a cambio de garantías de subordinación, y un programa de liberalización política y económica que incluyó el abandono de la colectivización del campo, mayores libertades para el clero y de restricción para los consejos obreros. Los sucesos se repetirían ese mismo año en Hungría. Una verdadera revolución comenzó a fines de octubre cuando, una primera movilización en solidaridad con el pueblo polaco, se expandió a todo el país. A continuación se formaron milicias populares derrotando los intentos represivos de las tropas rusas que patrullaban la región. Se formaron comités revolucionarios y consejos obreros en todas las fábricas y pueblos. “Con el triunfo de la insurrección, Hungría vivió una semana de completa libertad política”. 2 La movilización había llegado muy lejos y no podría solucionarse apenas con una “reforma”. Moscú decidió una nueva invasión, dejando miles de muertos para cerrar finalmente el proceso. Cualquier reclamo contra la censura, contra los ritmos de producción o por aumentos salariales dentro de bloque soviético redundaba en una crítica abierta a la burocracia gobernante, y esa crítica era capaz de poner en jaque a todo el aparato armado por el estalinismo. En Checoslovaquia, el régimen de Novotný había impuesto un férreo control sobre la población, respondiendo, en forma directa, a las órdenes de Moscú. Pero el proceso “revisionista” de los crímenes del estalinismo (a partir de los cuales Novotný y su camarilla había alcanzado el poder), además de una serie de fracasos en la política económica a principios de la década de 1960, abrió paso a un nuevo sector “renovador” dentro de la burocracia que quebrantó el monolitismo gobernante. En Checoslovaquia, “la demora del proceso liberal sólo sirvió para acumular presión en la caldera social”. 3 La primavera se anuncia Las primeras manifestaciones de envergadura se dieron en torno de los estudiantes universitarios, quienes desde 1967 comenzaron a elevar protestas en contra de los regímenes de estudios y la censura imperante. El movimiento superó rápidamente los límites del medio estudiantil para extenderse a escritores, artistas y científicos. La represión no se dejó esperar, por primera vez, jóvenes nacidos y educados bajo el “comunismo” eran reprimidos por levantarse en contra del orden instituido. Pero la represión, lejos de apaciguar las protestas, las incrementó. Los obreros, que veían con entusiasmo este movimiento, lograron sumarse y, a partir de marzo de 1968, centenares de asambleas en sus lugares de trabajo destituyeron a las viejas direcciones burocráticas elevando a nuevos activistas que sostenían el reclamo por aumentos salariales y contra los abusos y privilegios de los burócratas. La crisis económica y su impacto sobre la clase obrera, la revisión de los crímenes de la burocracia y la organización independiente de los trabajadores y la juventud en sus asambleas terminó por derrumbar el aparentemente solido régimen de Novotný, quien, en enero de 1968, fue destituido de la dirección del Partido y (debilitado y cercado por la renovación exigida desde las asambleas de trabajadores) debió renunciar a la presidencia en marzo de ese año. El Comité Central del partido (desde enero bajo la conducción de Alexander Dubček) se reunió los primeros días de abril. Bajo directivas del Kremlin se permitió al sector de los renovadores ocupar cargos en la dirección siempre que se respetara preservar posiciones en los órganos dirigentes para la fracción de Novotný. En paralelo se presentó un “programa de acción” compatible con los reclamos de Moscú, todas las fracciones del Comité Central renovado lo aprobaron por unanimidad. “El programa de acción” de los renovadores definía una perspectiva restauracionista, bajo la cobertura de otorgarle racionalización al “socialismo”: planteaba “abrir la economía al mercado mundial con el objetivo de crear las condiciones para la convertibilidad de la moneda checoslovaca” y señalaba “El Partido continuará al frente del proceso de democratización como la mejor garantía contra las tendencias anarquistas”. 4 La dirección del PC checoslovaco (conservadores y renovadores por igual) tildaba de “anarquía” al proceso de deliberación de masas que discutía ponerle límites a la burocracia, tomando la tarea de las decisiones en sus propios organismos. Ya era primavera en Praga. Idas y vueltas entre “renovadores” y “conservadores”. Maniobras La nueva mayoría “renovadora” del Comité Central decidió convocar al XIV Congreso del Partido para septiembre. La intención era terminar de “barrer” a los viejos conservadores para hacerse con el control. Sólo Alexander Dubček dudaba de esta estrategia. Recién retornado de Moscú, Dubček pensaba que la convocatoria al congreso podía romper los frágiles acuerdos con el ala conservadora y reiniciar la crisis, frustrando las promesas hechas al secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Leonid Brézhnev. La calma aparente en la que entró el proceso luego de la convocatoria al congreso fue alterado por la publicación de un texto conocido como el “Manifiesto de las 2.000 palabras”, firmado por importantes referentes en diversas áreas. En éste se planteaba una salida restauracionista, eliminando al ala conservadora. La propuesta de salida en favor de los renovadores instauraba la perspectiva del restablecimiento de una democracia “burguesa”. Los conservadores reaccionaron exigiendo la prohibición del manifiesto y la cárcel para sus firmantes. La tensión entre los reformistas movilizados y los conservadores obligó a una reunión de los máximos dirigentes del Pacto de Varsovia, exigiendo la normalización del país y la proscripción de los grupos “contrarrevolucionarios”. Se abría la doble perspectiva sobre si intervenir militarmente, tal como en Hungría, o dar rienda suelta a los renovadores, en una especie de reiteración de lo ocurrido en Polonia doce años antes. La decisión parecía cantada. Desde junio, tropas conjuntas del Pacto de Varsovia realizaban prácticas militares en la frontera del país. Dubček, concluidas las primeras reuniones, se apuró en anunciar que se había alcanzado un acuerdo, lo que generó una mayor movilización de los checoslovacos, primero de júbilo, luego de vigilia, exigiendo conocer en qué constaba el acuerdo y tratando de defender los derechos conquistados. La promesa poco realista de Dubček, de contener la situación en Checoslovaquia, forzó a una nueva negociación con el Kremlin, donde la burocracia estipuló su “deber internacional común de asistencia fraternal” -es decir, a intervenir militarmente si la situación se tornaba incontrolable. En ese cuadro, llegaron a Praga en los primeros días de agosto, los líderes de dos países distanciados de la burocracia de Moscú, preocupados por el acuerdo firmado, el rumano Nicolae Ceaușescu y el yugoslavo Josip Broz (Tito). “El 10 de agosto se publicó la propuesta de reforma de los estatutos partidarios, que debía ser discutida en el inminente Congreso Extraordinario del PC checoslovaco. La reforma reconocía derechos para las minorías y establecía el voto secreto para la elección de los cargos de dirección y límites temporales en su permanencia. Un informe interno sobre dicho Congreso Extraordinario del Partido advertía que el grueso de la vieja dirección antirreformista y prosoviética sería barrida, y que la burocracia reformista no tenía control de la situación. Estalló la crisis y el Presídium checoslovaco prácticamente se disolvió. Se planteaba una carrera contra el tiempo. Para los dirigentes soviéticos, la principal prioridad era ahora evitar que se reuniera el congreso. El 17 de agosto, el Politburó soviético tomó la decisión. La invasión estaba en marcha.” 5 La burocracia en peligro Para la burocracia, los riesgos de la invasión eran preferibles a la posibilidad de que la insurrección contagie al resto de los países de su glacis (bloque). De hecho, el movimiento checoslovaco había generado ciertas movilizaciones solidarias en la ya problemática Polonia. El peligro radicaba en la posibilidad de una revolución política que contagie al resto de los países, incluyendo a la URSS. La invasión no se ejecutaba directamente contra los “renovadores”, con quienes el Kremlin había pactado la posibilidad de aplicar reformas restauracionistas. La invasión se dirigía contra los trabajadores y los estudiantes, a quienes el sector renovador evidentemente ya no podía controlar. No deja de ser admirable el acelerado proceso a partir del cual la burocracia restauracionista checoslovaca pasó de ser la opción de recambio a ser superada por la iniciativa de las masas. La insurgencia polaca y húngara de 1956 había brindado su experiencia. La invasión soviética (y del Pacto de Varsovia) a Checoslovaquia cobra sentido en ese marco. Y fue postergada hasta que resultó inminente que la realización del XIV Congreso de PC checoslovaco sería sostenido por los trabajadores dispuestos a superar las propias negociaciones que Dubček y los renovadores habían sostenido con Brézhnev. El ingreso de los tanques y los soldados rusos se concretó el 20 de agosto, sin ningún tipo de reparo en su avance. Dubček, a pesar de contar con las tropas mejor equipadas del Pacto de Varsovia (después de la URSS), dio la orden de no oponer ninguna resistencia. La tarea inmediata de los ocupantes constaba en desplazar al Presídium, detener a sus dirigentes e instalar a sus interventores. Las detenciones se llevaron adelante, pero las tensiones existentes entre renovadores y conservadores imposibilitaron una resolución inmediata generando, a pesar de los tanques, un vacío de poder. Los filosoviéticos no se atrevían a tomar el control, los renovadores se limitaron a protestar exigiendo la libertad de los detenidos. En ese contexto, el Comité Central de Praga decidió convocar por radio, sin el aval del Presídium ni del Comité Central checoslovaco, a una conferencia con los delegados del XIV Congreso. La crisis obligó a nuevos acuerdos pactando la suspensión del congreso, ya era tarde… “El XIV Congreso se reuniría clandestinamente. La situación pegará un violento viraje. ‘No ponemos al socialismo en peligro -dirá uno de los protagonistas del momento-; por el contrario, ponemos en peligro a la burocracia que está enterrando al socialismo a nivel mundial. Es por eso que no podemos esperar ninguna cooperación o comprensión fraternales de la burocracia’”. 6 La resistencia, el Congreso clandestino La demostración flagrante de que las bases ya no respondían a ninguna de sus direcciones burocráticas se manifestó de conjunto luego de la invasión. Por un lado, con la resistencia de jóvenes, de estudiantes y de trabajadores contra los invasores, a pesar de las órdenes dadas por el mismo Dubček de no resistirlos. Por otro, con la realización del congreso extraordinario… en manos de los trabajadores y en la clandestinidad. La resistencia demostró el sentimiento de unidad frente a los invasores. Tanto en Eslovaquia como en la región de la actual República Checa, los jóvenes (estudiantes y trabajadores de conjunto) enfrentaron las tropas soviéticas desoyendo las órdenes de su dirección burocrática. Era un duelo desigual; tropas, tanques y ametralladoras, por un lado; barricadas, ladrillos y bombas molotov, por el otro. Los enfrentamientos provocaron varias muertes entre los que resistían la invasión, generando aún más indignación y movilizaciones contra las tropas. Los locales desafiaban y cuestionaban a los invasores en un ruso básico que habían sido obligados a aprender en las escuelas. Cuando el ejército logró reducir Radio Praga (hasta ese momento en manos del comité de la ciudad), las emisiones comenzaron a realizarse en la clandestinidad. Se reclamaba por el fin de la invasión y la libertad de los detenidos. Entre las pintadas que aparecían en la calle podía leerse: “Moscú a 2.000 Km”, “Libertad a Dubček” y “Socialismo Sí, invasión No”. Según Jiří Pelikán, dirigente del ala reformista, la intervención armada tenía como objetivo impedir la realización del congreso extraordinario. La dirección soviética sabía que en el comité que saliera de allí elegido no se encontrarían integrantes dispuestos de prestarse a un golpe de fuerza. 7 Con la ocupación en marcha, la mañana del 22 de agosto, miembros del Comité Central y del Presídium se reunieron con el fin de entablar negociaciones por la libertad de Dubček, desconociendo la convocatoria al XIV Congreso. Sin embargo, ni la invasión soviética ni el desconocimiento de la convocatoria por parte del Comité Central logró detener la realización del congreso. “La invasión se había transformado rápidamente en un fracaso. No habían pasado 48 horas cuando se puso en marcha el XIV Congreso del Partido Comunista. Era precisamente lo que los burócratas del Kremlin querían evitar. Los delegados sesionaron ante la impotencia de los ocupantes bajo la activa protección del movimiento obrero”. 8 Luego de la destrucción de Radio Praga por parte de los tanques, la convocatoria continuó por la radio clandestina, apropiada por los trabajadores y miembros del comité de la capital, reservada frente a un posible ataque desde occidente. Cuando las fuerzas rusas intervinieron el Comité Central de la ciudad, desde la radio clandestina se alertó a los delegados, dándoles las directivas para saber dónde sería el lugar de reunión. Finalmente, el congreso se realizó en una fábrica de Vysočany, pueblo cercano a Praga. Tuvo una asistencia casi perfecta (1.026 delegados sobre 1.050 elegidos). Sólo ocho dirigentes conocidos estaban en la fábrica, el resto estaba conformado por una camada de jóvenes luchadores y otros más viejos separados del Partido durante las purgas de 1948. Pierre Broué describe el hecho de la siguiente manera “[Era] un acontecimiento capital, sin precedentes en la historia del movimiento comunista internacional: el movimiento de masas retomando el aparato de su Partido”. 9 El congreso rechazó a todos los dirigentes afines a Moscú. No obstante, la carencia de un sector independiente obligó al congreso a mantener ciertos compromisos con el sector “reformista”. Dubček, preso, terminó siendo el integrante más votado del nuevo Comité Central, el resto fueron, en su mayoría, nuevos integrantes “fogueados” en la militancia desde el inicio de la “primavera”. El congreso decidió rechazar la intervención, pidió por el reconocimiento de sus autoridades y la libertad de los presos. Para impulsar dichas exigencias convocó, para el día siguiente, a la huelga general. La situación política se había vuelto inmanejable para los burócratas del Kremlin y naufragaba la tentativa de imponer un gobierno de facto. La novedad radicaba en la movilización de la clase obrera, con huelgas, con boicot al transporte (impidiendo la llegada de pertrechos militares), resistiendo la invasión. La maniobra final estipulada desde Moscú consistió en liberar a los detenidos, reinstaurar a Dubček en el lugar del que ellos mismos lo habían quitado y retirar las tropas. A cambio, los reformistas debían firmar un documento secreto despidiendo a los jefes de la radio y la televisión, la renuncia de los funcionarios “radicales”, el cese de la campaña contra los dirigentes de la URSS y declarando ilegal el XIV Congreso. Con la vuelta de los dirigentes renovadores al gobierno (desconociendo la dirección elegida en el congreso clandestino), se reconvocó al XIV Congreso desconociendo la iniciativa de los trabajadores. Fue un duro golpe para las masas. La “democratización” se presentaba como el instrumento para desarrollar un programa de restauración capitalista en Checoslovaquia, en manos de los renovadores. El camino de la restauración La Primavera de Praga mostró, de forma explosiva, los límites que arrastraban al régimen de la burocracia stalinista a una descomposición imparable. El estancamiento económico y el descontento popular se extendían por todo el territorio y sobre sus países satélites, colocando a la burocracia en un estado de deliberación permanente. León Trotsky ya había previsto esta divergencia entre una burocracia cada vez más alienada de los intereses de los trabajadores y una clase obrera oprimida por su dirección política. Cuando alertaba sobre este problema anunciaba (en ese momento para la URSS): “La revolución que la burocracia prepara en contra de sí misma no será social como la de octubre de 1917, pues no tratará de cambiar las bases económicas de la sociedad ni de reemplazar una forma de propiedad por otra. (…) La subversión de la casta bonapartista tendrá, naturalmente, profundas consecuencias sociales; pero no saldrá del marco de una transformación política”. 10 Los obreros checoslovacos (tal como en Hungría y en Polonia antes que ellos) superaron a su dirección burocrática, pero carecieron de un partido independiente de Moscú que ofreciera una profundización del socialismo luego del proceso que llevó a la revolución política de 1968. Las consecuencias fueron letales. Un nuevo grupo dirigente, encabezado por Alexander Dubček, tomó el control del proceso y pactó con Moscú, enterrando la primavera. El análisis de Trotsky continuaba así: “No se trata de reemplazar un grupo dirigente por otro, sino de cambiar los métodos mismos de la dirección económica y cultural. La arbitrariedad burocrática deberá ceder su lugar a la democracia soviética”. 11 La organización y la conciencia política alcanzada por la clase obrera checoslovaca no habían alcanzado el punto suficiente para conquistar su independencia política. El carácter clandestino de la organización de su congreso mostró la voluntad de los trabajadores, y los delegados en general, de no abandonar su herramienta política y organizarse en forma independiente. Los invasores eran usurpadores de esa independencia y su salida venía de la mano de la restauración capitalista. La necesidad histórica de las tareas desarrolladas durante la Primavera de Praga fue confirmada poco tiempo después. En diciembre de 1970, nuevamente como producto de presiones económicas (aumento en los productos de primera necesidad que no venían acompañados por un aumento salarial). En las ciudades portuarias de Polonia, los obreros de los astilleros declararon la huelga general. La burocracia de Wladyslaw Gomulka (quien había alcanzado la dirección del Partido como producto de las necesidades renovadoras, luego del levantamiento de 1956) optó por no negociar con los huelguistas; a cambio, reprimió usando al ejército y la policía, asesinando a huelguistas y transeúntes ocasionales. Gomulka fue destituido pocos días después y en su lugar fue nombrado Edward Gierek, otro renovador que utilizará los mismos métodos de su antecesor. En 1976, nuevos aumentos de precios generaron nuevas protestas. El gobierno se montó en el ejército, ahogando de forma brutal las huelgas obreras en Radom y Ursus. Se conformaron sindicatos independientes que intentaron reorganizar a los trabajadores, pero la transición en manos del ejército y la Iglesia ya estaba en marcha. El régimen de Wojciech Jaruzelski (un antiguo líder militar) concluirá con esta tarea, abriendo una nueva etapa en la economía y política mundial. Daniel Duarte es docente en la Facultad de Filosofía y Letras y de Ciencias Sociales de la UBA. Referente de la Asociación Gremial Docente, es co-autor del libro 1968, un año revolucionario. 1. Rieznik, Pablo y otros. 1968, Un año revolucionario. Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, 2010, pág. 90. 2. Rieznik, op. cit., pág. 95. 3. “Moscú y los renovadores estrangulan la revolución en Checoslovaquia”, en Prensa Obrera N° 150, 14 de agosto, 1986. 4. Rieznik, op. cit., págs. 101 y 102. 5. Rieznik, op. cit., pág. 113. 6. Rieznik, op. cit., pág. 125. 7. Jiří Pelikán (transl. by G. Theiner and D. Viney): The Secret Vysocany Congress: Proceedings and Documents of the Extraordinary Fourteenth Congress of the Communist Party of Czechoslovakia, 22 de agosto, 1968. 8. Rieznik, op. cit., págs. 125 y 126. 9. Broué, Pierre: Le printemps des peuples commence a Prague: Essai sur la revolution politique en Europe de l’est. Paperback, 1969. 10. Trotsky, León: La revolución traicionada. Ed. Crux, sin fecha, pág. 253. 11. Trotsky, op. cit., pág. 254.

1 de agosto de 2018
Clase obrera y revolución política en la Primavera de Praga
Edgardo Azevedo

Medio siglo después del proceso revolucionario, recordado como la Primavera de Praga, prevalece la idea de que, en resumidas cuentas, se trató de la circunstancia histórica que enfrentó la vocación democrática a la opresión estatal, la libertad a la rigidez burocrática, una lucha de principios abstractos universales de naturaleza superior, reduciendo la lucha de clases a apenas una manifestación superficial de la realización histórica de ese combate. Esa visión, compartida por intérpretes del más variado pelaje en la prensa, los medios académicos y políticos, tiende a reducir también los acontecimientos de Checoslovaquia a un proceso temporalmente binario, en el cual el período que va de enero a julio de 1968 habría abierto un efímero reino de la libertad, clausurado en agosto por la entrada de los tanques soviéticos en Praga para reinstaurar la pesadilla totalitaria. En efecto, esos elementos son referencias ineludibles en el drama revolucionario, pero insuficientes para comprender la naturaleza histórica de los hechos y su dinámica profunda. Lo que es omitido, evitado, opacado en ese “relato” es nada menos que el protagonista fundamental: la clase trabajadora. El balance de la Primavera de Praga como experiencia revolucionaria reclama, como condición, recuperar la búsqueda, las iniciativas y los métodos de los obreros checoslovacos para encontrar el camino de la revolución política. Las antinomias de la “revolución desde arriba” A la salida de la Segunda Guerra Mundial, en el marco de la ola revolucionaria que siguió a la debacle del nazismo, el stalinismo promovió en Checoslovaquia una política frentepopulista que relegó a los líderes de la resistencia, para poner en su lugar a los dirigentes del Partido Comunista Checoslovaco (PCCh) refugiados en Moscú y a los cuadros políticos de la burguesía que regresaban del exilio. Entre 1945 y 1948, el gobierno del Frente Nacional encarnó el “camino especial” al socialismo de la “democracia popular”, postergando para un futuro incierto las tareas de la revolución proletaria. La clase trabajadora, protagonista principal de la lucha contra la barbarie fascista, debió ceder el poder a una burguesía que en muchos casos había colaborado con el nazismo. 1 En ese período, los consejos obreros checoslovacos jugaron un papel revolucionario al presionar por la nacionalización. Los mineros del carbón de Ostrava y del norte de Bohemia, a través de huelgas y manifestaciones, pusieron en claro que no apoyarían a un gobierno que dejara las minas en manos los capitalistas. Del mismo modo, los empleados de centrales eléctricas, bancos y otros sectores exigieron la nacionalización. Cuando en febrero de 1948 las tensiones entre la burocracia soviética y el imperialismo llevaron a una crisis en la coalición de gobierno, una convención nacional de consejos obreros levantó la exigencia de una socialización radical de la economía. 2 Tras el golpe de Praga en 1948 y la formación de un gobierno del Partido Comunista Checoslovaco, la expropiación de la burguesía no resultó en el control obrero de los medios de producción, que fue abortado por la burocracia. Los consejos obreros fueron disueltos en 1949 en beneficio de la gestión unipersonal en las empresas, asumida por los jerarcas de la camarilla encabezada por Klement Gottwald, el líder histórico de los stalinistas checos. Aunque Checoslovaquia contaba con las precondiciones de desarrollo industrial para un proceso de socialización de una sofisticación inédita, Stalin impuso un retroceso económico al país. “Por más paradójico que pueda parecer, Checoslovaquia, uno de los diez países más industrializados del mundo, sufrió en el período 1949-1963 una segunda fase de industrialización muy similar en métodos a aquella de la Unión Soviética en los ’30”. 3 Como en Rusia, el “plan quinquenal” fue acompañado de violentas purgas, procesos farsescos contra revolucionarios comunistas y la represión en gran escala de los sectores más combativos de la clase trabajadora. 4 El régimen del terror impuesto por la burocracia conduciría a sucesivas crisis. En paralelo al levantamiento de Berlín oriental de 1953, en las primeras manifestaciones de las tendencias a la revolución política en el Este europeo, una rebelión obrera en Bohemia conmovió a Checoslovaquia en junio de ese año. A partir de 1949, cuando el gobierno de Gottwald comenzó a concentrar la producción en la industria pesada, especialmente en la producción de armamento, el sector agrícola fue colectivizado por la fuerza. El resultado fue la escasez de alimentos, acompañada de inflación. Con el deterioro de la situación, la burocracia anunció en mayo de 1953 una reforma monetaria, que resultó en la devaluación de ahorros y salarios. En Plzeň, la principal ciudad industrial de Bohemia oriental, los obreros de Škoda se declararon en huelga. El 1° de junio, miles de trabajadores marcharon al centro de la ciudad, construyeron barricadas, levantaron consignas contra el PCCh y reclamaron el fin de la regla del partido único. Cerca de 2.000 estudiantes, comunistas y policías locales se plegaron a la rebelión. 5 El gobierno montó una operación de guerra para reprimir el levantamiento, 220 rebeldes resultaron heridos, más de 2.000 manifestantes fueron presos y fue impuesta la ley marcial. Los líderes de la rebelión fueron sentenciados a largas penas de prisión y uno de ellos ejecutado. En 19 grandes plantas de Bohemia y Moravia, en ciudades industriales como Kladno y Ostrava, 360.000 trabajadores declararon la huelga en apoyo a los obreros de Plzeň. El Ejército advirtió que cualquier levantamiento futuro sería reprimido de inmediato, y la burocracia stalinista reforzó su control sobre las organizaciones obreras. Tras la desaparición de Gottwald y del propio Stalin, muertos ambos en marzo de 1953, una nueva ola de purgas se abatió sobre el PCCh. Encabezado por Antonin Novotný, sucesor de Gottwald, el stalinismo checoslovaco se convertiría durante una década en adoptar la política de “destalinización”, iniciada por Nikita Kruschev en 1956, y en guardián del “monolitismo” burocrático. Checoslovaquia y Alemania Oriental eran puentes naturales entre la revolución política en el Este y la revolución europea, por lo que el régimen policial era la expresión de los intereses convergentes del imperialismo y la burocracia. En los años siguientes, la estabilidad política de Checoslovaquia fue favorecida por sus ventajas económicas, que le permitieron un crecimiento sostenido en un momento en que las economías húngara y polaca se encontraban en graves problemas. El crecimiento promedio estimado en el período 1953-63 fue del 8% anual, en gran medida basado en la producción de bienes industriales pesados y sostenido por la demanda de los otros países del “bloque socialista” menos industrializados. 6 Crisis económica y disgregación de la burocracia La situación comenzó a cambiar a principios de la década de 1960. El desarrollo industrial en Alemania del Este, Polonia y otros países aumentó la oferta de bienes de capital previamente comprados en Checoslovaquia. Además, habían sido relajadas las limitaciones para comprar productos occidentales. Como consecuencia, en 1963, la economía checoslovaca sufrió una grave crisis, con una caída real en el ingreso nacional superior al 2%. Las demandas sociales resurgieron, y la burocracia se vio obligada a salir de su inmovilismo. A la larga, las imposiciones del Kremlin al “campo socialista” y la gestión económica burocratizada acabaron provocando un estancamiento industrial, frente al cual la burocracia checoslovaca buscaría una salida hacia el mercado mundial capitalista, siguiendo los pasos del modelo yugoslavo. El economista Ota Šik recibió la tarea de diseñar un programa de reformas para tornar “competitiva” a la economía checa. Los primeros pasos en la dirección restauracionista eran el reflejo defensivo de la burocracia al desarrollo de las fuerzas productivas y al crecimiento de la articulación social de la clase obrera. Se introdujeron cambios con el objetivo de liquidar los sectores más atrasados e ineficientes de la economía, y concentrar inversiones en las áreas que correspondían a las necesidades del comercio exterior. Tal enfoque tuvo un efecto secundario importante. Mientras que las reformas económicas en Polonia y Hungría, a mediados de los años ’50, significaron un aumento del nivel de vida de la masa de trabajadores, el impacto en Checoslovaquia apuntaba en el sentido contrario. El eje principal de la reforma era, al aumentar el papel del mercado, reducir la influencia del plan central rígido. El diagnóstico era que la falla básica en la planificación central estaba en las decisiones no informadas y arbitrarias tomadas por la burocracia política y económica. En lugar de someterse a la planificación central, las empresas deberían ahora competir entre sí, y serían constituidos comités de gestión con participación de los trabajadores, que debían actuar como “emprendedores” orientados al mercado. Varios cientos de empresas comenzaron a operar siguiendo las nuevas normas en 1965 y, a fines de 1967, después de dos años de aplicación gradual y selectiva, la planificación central había perdido su omnipotencia. 7 Toda la dirección del PCCh apoyaba el Nuevo Modelo Económico: la perspectiva de abrir lazos con el mundo capitalista había sido iniciada por la propia burocracia soviética y se desenvolvía en diferentes grados en los demás Estados obreros, como Polonia y Alemania Oriental. Pero las reformas no tuvieron el efecto esperado. Los precios aumentaron un 29% en lugar del previsto 19%. Los “reformadores” culparon a los obstáculos políticos en la burocracia estatal para la implementación del programa reformista y lanzaron una campaña contra los conservadores. Una fisura cada vez más profunda se abrió en el aparato burocrático. Los reformadores, liderados por Alexander Dubček, los tecnócratas, como Šik, y los rehabilitados, como Josef Smrkovský, desafiaron a Novotný. 8 En el pasado, la burocracia había enfrentado las amenazas a su poder al interior del partido utilizando la fuerza física y, ante la crisis política, se aprestó a preparar un ataque violento contra los reformadores. Novotný apeló primero a Moscú en busca de apoyo, pero Leonid Brézhnev se mantuvo neutral, por lo que se volvió hacia el Ejército. A fines del ’67 organizó una tentativa de golpe, tras el cual más de mil opositores debían ser arrestados, incluidos nombres como Dubček, Oldrich Černík, Smrkovský, Šik y los generales Martin Dzúr y Václav Prchlík. El golpe proyectado nunca se materializó, debido a la acción preventiva de Prchlík. El episodio fue una advertencia para el ala reformista, que comprendió que el desenlace sería decidido no por argumentos abstractos sino por fuerzas sociales reales. Novotný trató de agrupar fuerzas más allá del rango superior de la burocracia. Su principal punto de apoyo eran decenas de miles de viejos burócratas, cuyos cargos podían verse amenazados si los reformadores prevalecían. Pero también intentó apelar a las organizaciones obreras, azuzando los temores sobre las consecuencias de los cambios económicos. Crecientemente aislado, Novotný buscó atraer a las masas para arbitrar en una disputa entre burócratas. 9 El ala reformista, a su vez, no tuvo más remedio que buscar aliados fuera de las filas de la burocracia. En la necesidad de poner en minoría a la fracción ortodoxa, la fracción Dubček-Šik buscó una base social en los sectores más avanzados de la intelectualidad y la juventud, que demandaban el fin de la censura y libertades políticas. Los estudiantes se manifestaban en las calles. Los reformadores representaban los intereses “independientes” de la burocracia checoslovaca ante Moscú y se apoyaron en el odio acumulado en la sociedad checoslovaca contra el despotismo de la era Novotný. Los partidarios de Dubček recorrieron las fábricas para contrarrestar la campaña de sus rivales con sus propias promesas. Finalmente, los reformadores consiguieron apartar a Novotný aliándose con la sección eslovaca de la burocracia. En el proceso, la disgregación del aparato abrió un escenario de intensa politización y despertó la actividad de las masas: la revolución política llamaba a la puerta. Los trabajadores en la Primavera del ’68 A pesar del mentado “socialismo con rostro humano”, propalado por los reformadores, el desplazamiento del ala ortodoxa de la cúpula del poder no representaba ningún cambio drástico con el pasado, puesto que Dubček era un miembro típico del aparato. A principios de los años ’50, había sido cómplice de las mentiras en las purgas partidarias, pasando tres años en un centro de formación del partido en Moscú, aprendiendo los métodos stalinistas de primera mano, y era amigo personal de Kadar, el carnicero de la revuelta húngara de 1956. Pero las masas tomaron la caída de Novotný como una victoria propia. En poco tiempo, las tradiciones culturales y políticas del país ganaron nueva vida, y la experiencia histórica reprimida, pero presente en la conciencia de las masas, dieron lugar a un desarrollo revolucionario y explosivo. La juventud desconfiaba profundamente de las generaciones anteriores, “encontraba pocas personas en las que podían creer, puesto que muchos, incluso de los reformadores, tenían un pasado stalinista u oportunista”, y eran conscientes de las responsabilidades del stalinismo en la tragedia de la ocupación nazi de Checoslovaquia. 10 El 20 de marzo, el líder estudiantil Lubos Holecek, en una manifestación en Praga, dijo que el apoyo a los reformadores no debía tomarse como algo definitivo, y que si “el monopolio político del Partido Comunista no garantizaba la actividad de las masas”, los jóvenes buscarían un modelo de socialismo diferente a la visión de los reformadores. 11 Las reformas tuvieron una acogida inicial fría entre la clase obrera que, en la introducción de la competencia, avizoraba un descenso en su nivel de vida y, en el vínculo con el mercado mundial, la vulnerabilidad del país a la penetración económica imperialista. En el clima de efervescencia al inicio de 1968, los trabajadores buscaron primero recuperar el terreno perdido en años anteriores y democratizar al movimiento sindical. En pocas semanas, el Consejo Central del Trabajo recibió 1.600 resoluciones de cuerpos locales reclamando derechos perdidos y contra la estructura antidemocrática del órgano. Estaba claro que el ala conservadora había perdido todo apoyo popular, pero también que los trabajadores eran reacios a respaldar todos los aspectos del movimiento de reforma y requerían más tiempo y sobre todo, más información para desarrollar su propia posición. Uno de los motivos del “atraso” en el protagonismo obrero fue que los intelectuales que controlaban los medios de comunicación hicieron eje en la cuestión de los derechos civiles. Además, el gobierno Dubček sabía que era mucho menos costoso satisfacer las demandas de los intelectuales que las obreras, que fueron puestas en un segundo plano. La primera reacción organizada, sin embargo, a la creciente crítica del partido a los “excesos” en los medios de comunicación no provino de la intelligentsia , sino de la clase obrera. A fines de abril se formaron los Comités de Trabajadores para la Defensa de la Libertad de Expresión, un movimiento espontáneo que se extendió rápidamente. 12 En abril, el PCCh adoptó el Programa de Acción, que propuso la participación obrera en gestión de la propiedad social, llamando a formar consejos que serían responsables de garantizar una administración competente. Ota Šik asumió como viceprimer ministro, a cargo de la aplicación de la reforma. El obstáculo era nuevamente doblegar a la burocracia central, para lo cual apeló a la iniciativa de los trabajadores. El 15 de mayo, cuando comenzaron a reunirse comisiones para redactar una ley sobre la empresa socialista, estallaron huelgas contra la incompetencia de la administración burocrática. Federaciones de artesanos y nuevos sindicatos surgieron por todas partes. El gobierno publicó sus “principios provisionales de democracia en las empresas”, que definían por primera vez el área de competencia de los consejos, pero no les asignaban la última palabra en las decisiones económicas ni otorgaban ningún poder a las asambleas obreras. En cuanto a la composición de los consejos, la idea dominante era “el concepto de los tercios”, según el cual los trabajadores elegirían la tercera parte de los miembros del consejo, un tercio serían expertos externos y un tercio representaría a la burocracia estatal. Los consejos irían mucho más lejos a la hora de redactar sus propios estatutos. Una conferencia de organizaciones de base definió, en junio, que debían ejercer la gestión colectiva y disponer de poder de veto, de modo que la dirección de las empresas debían ocupar apenas una función ejecutiva. La conferencia reintrodujo el derecho de huelga, apenas dos meses antes de que fuera utilizado a nivel nacional tras la intervención soviética. A principios de junio, las gigantescas plantas de CKD Praga y Škoda Plzeň dieron marcha a la constitución de sus consejos obreros. 13 En el transcurso de la primavera, la posición de Šik cambió considerablemente, pasando a aceptar, en vez del “concepto de los tercios”, que los consejos fueran integrados por mayoría de trabajadores. La evolución de las opiniones de Šik tuvo lugar bajo la presión de la actividad práctica, como una reacción al intento de introducir la reforma, lo que ejemplifica un fenómeno mucho más amplio: la erosión de posiciones liberales y tecnocráticas durante la Primavera de Praga. 14 Con los avances en la democratización, la política del movimiento revolucionario se concentró en reclamar la convocatoria anticipada a un Congreso extraordinario del PCCh, dos años antes del cronograma previsto. Después de intentar ignorar el reclamo, Dubček acabará cediendo en mayo, fijando la fecha para el 9 de setiembre, con lo que fueron iniciados los debates en la base que concluiría en la elección de delegados. De inmediato, la burocracia rusa entró en alerta y envió un ultimátum a Dubček, exigiendo poner límites, preservar al ala prosoviética del partido y mantener la política exterior subordinada a Moscú. Las burocracias de los países del Este eran las primeras en entrar en estado de alerta frente a las repercusiones de la Primavera checoslovaca en sus propios países, donde también las masas habían entrado en movimiento. Luego de un relativo reflujo en vista de las concesiones del gobierno, a fines de junio, un centenar de personalidades lanzó el “Manifiesto de las 2.000 palabras” que, además de declarar su apoyo al Programa de Acción, convoca a ajustar cuentas “con los que abusaron del poder y se comportaron de manera deshonesta y brutal”. Se trata del primer manifiesto político de la Primavera de Praga apuntado directamente contra la burocracia. De contenido democratizante, era una expresión del grado de conciencia alcanzado por el movimiento revolucionario hasta ese momento. 15 Con resoluciones y proclamas, los trabajadores también declararon apoyo al “Manifiesto de las 2.000 palabras”, así como a la Carta Abierta de los representantes checoslovacos que negociaban con los líderes soviéticos en Cierna. El surgimiento de huelgas motivadas políticamente mostraba la tendencia de los trabajadores a intervenir en la crisis y un impulso decisivo en el sentido de la revolución política. 16 La proximidad del XIV Congreso Extraordinario fue el motivo central que precipitó la decisión de Moscú de intervenir militarmente. En particular, la publicación del proyecto de reforma de los estatutos partidarios a inicios de agosto y un informe secreto que revelaba inequívocamente que el resultado del Congreso sería el relevo del aparato burocrático de la dirección del PCCh. La movilización militar del Pacto de Varsovia desnudó la desesperación de la burocracia internacional frente al espectro de la revolución. Los Gomulka, los Kadar, los Ulbricht, fueron los primeros en reclamar medidas drásticas en Checoslovaquia, conscientes de que el avance revolucionario sería la chispa de un incendio en todo el “bloque soviético”, incluyendo la URSS. La intervención no tuvo como objetivo inicial el programa económico de los reformadores, sino las concesiones democráticas que abrieron un escenario de lucha de clases que, a los ojos del Kremlin, estaba desbordando la capacidad de contención de la fracción Dubček. 17 La Primavera de Praga era también una preocupación para el imperialismo, que se mantenía expectante, apostando a que la burocracia procedería al sofocamiento de la revolución política. Estados Unidos y los países de la Otan respetaban la división del mundo en “esferas de influencia” entre los países imperialistas y la Unión Soviética. Los servicios prestados por Moscú a través de la traición del PC francés a la huelga general francesa serían retribuidos dando libertad de acción a la burocracia. El secretario de Estado, Dean Rusk, dio carta blanca de forma explícita al canciller ruso Andréi Gromyko un mes antes de la invasión, al declarar que la administración de Lyndon Johnson sería “cautelosa” ante los sucesos de Checoslovaquia y que “de forma alguna desea verse involucrada en esos acontecimientos… un asunto de los checos y los demás miembros del Pacto de Varsovia”. 18 La dialéctica de la revolución política bajo la ocupación En la noche del 20 al 21 de agosto, las fuerzas del Pacto de Varsovia (URSS, Polonia, Hungría y Bulgaria) 19 ocuparon Praga y luego otras ciudades, con un total de medio millón de soldados y 7.000 tanques. El rechazo de la población checoslovaca, que enfrentó a los invasores con métodos de resistencia pacífica, fue unánime. Los soldados soviéticos reaccionaban perplejos ante la multitud desarmada que les hacía frente. La Operación Danubio fue un gigantesco fracaso político, evidenciando la total falta de apoyo interno a la burocracia soviética. Sin que haya habido combates, cerca de 140 muertos y más de 500 heridos graves fue el saldo en los primeros días. La invasión resultó en la prisión de Dubček y otros reformadores, llevados primero a Ucrania y luego a Moscú para “negociaciones”, a raíz del fracaso en la tentativa de formar un nuevo gobierno de burócratas adictos y la resistencia masiva en toda Checoslovaquia. La amplitud del movimiento de masas contra la ocupación obligó a los rusos a abandonar el plan de proclamar un gobierno fantoche “obrero-campesino” y a conducir, por tiempo indeterminado, la lucha en el propio terreno en que había llegado al impasse, en torno de Dubček y de sus colaboradores, el terreno del partido y de su legalidad. 20 Antes que la radio fuera tomada por las tropas invasoras, el Comité de Praga del PCCh consiguió convocar, en una emisión radial, a los delegados electos dos semanas antes para una conferencia el 22 de agosto, y decidir por sí mismos si se constituían en Congreso del partido o no. La iniciativa fue propiciada por el director de la radio, Zdeněk Hejzlar, entre otros líderes, que será uno de los presidentes y principales animadores del XIV Congreso Extraordinario. 21 Las tropas armaron una celada para impedir la conferencia, pero fueron descubiertas, y la radio previno a los delegados para que se dirigieran a las industrias de la capital, donde los esperaban militantes y milicianos encargados de conducirlos al lugar clandestino de reunión. La mayoría de los delegados electos, llegados de todas las partes del país, comparecieron al distrito obrero de Vysočany, en la planta de CKD Praga. Sobre un total de 1.250 delegados electos, 1.026 estuvieron presentes. “El hecho de haber conseguido, en tan gran número y en las condiciones que prevalecían, llegar hasta Praga y reunirse como instancia suprema del partido, constituían, en efecto, un acontecimiento capital, sin precedente en la historia del movimiento comunista internacional: la victoria del movimiento de masas arrancando el partido del aparato , poniendo el partido reconquistado al servicio de la clase obrera y de sus objetivos políticos, la muerte del partido como aparato stalinista, su reconstrucción como partido comunista potencial, aún confuso en sus perspectivas, pero manifestando la firme voluntad de cortar el cordón umbilical del aparato enfeudado por el ocupante”. 22 La conferencia se constituyó en XIV Congreso Extraordinario, declarando que no había en Checoslovaquia “ni contrarrevolución ni peligro para el socialismo”, y que no aceptaría “una autoridad militar de ocupación ni un poder colaboracionista apoyado en la fuerza de los ocupantes”. El Congreso tenía planteadas dos tareas principales, la elección de un nuevo Comité Central y la discusión de dos borradores de resolución, sobre las tareas para reconstruir la sociedad socialista, su democratización, la redefinición del rol del partido y la creación de nuevas estructuras sociales, económicas, políticas y culturales. Si bien hubo poco tiempo para discutir esos problemas a fondo, el XIV Congreso votó un modelo para los consejos obreros aplicable no sólo a nivel de las empresas como de sectores de la economía, con la conformación de cámaras por actividad, a un paso de la perspectiva del control obrero sobre los mecanismos de la centralización económica. 23 Los acuerdos de Moscú, mantenidos en secreto, establecían que Dubček preservaría el aparato del partido, la anulación de las decisiones del XIV Congreso Extraordinario y el fin de los consejos obreros. A partir de entonces, el término “normalización” aparece con creciente asiduidad en los textos y discursos oficiales. A su regreso, Dubček fue reconocido como primer secretario del PCCh, con la misión de implementar los acuerdos. La dualidad de los dos comités centrales sería resuelta a través de la invitación de cierto número de delegados a los debates de la dirección “oficial”. El 31 de agosto fue convocado oficialmente el antiguo Comité Central, y 80 delegados electos en Vysočany habían sido cooptados. La resolución del XIV Congreso sobre los consejos obreros fue repudiada. 24 La invasión desató un notable ascenso del movimiento de los consejos. Las fábricas se convirtieron en los puntos más fuertes de la resistencia contra la intervención, y fue precisamente la nueva situación que, después de absorbido el shock inicial, causó una aceleración en el desarrollo de consejos obreros en la industria. Hacia setiembre, sólo 19 consejos habían sido creados, junto a algunas decenas de comités preparatorios, mientras que otros 260 nacieron entre el 1° de octubre y el final del año. “El temor a los consejos, sin dudas, no fue una razón importante para la intervención soviética; fue, sin embargo, una de las principales causas de normalización”. 25 Lo que puede parecer una paradoja de este período, de hecho, fue una consecuencia lógica de los acontecimientos: “en el mismo momento en que el liderazgo soviético (sólo unos días después de la invasión) exigió entre sus primeras demandas la suspensión de los consejos, surgió un impulso espontáneo aún más fuerte en las fábricas a su favor”. 26 Al bloquear el curso de la renovación institucional (la intervención) daría un alcance más amplio a la actividad del movimiento social y su expresión directa: la política de las bases. De esta manera, los consejos obreros, que habían sido bastante raros antes de agosto, se fortalecieron entre diciembre de 1968 y junio de 1969 bajo el nombre más inocuo de ‘consejos de empresa’. 27 Los meses posteriores a la invasión fueron un período de confrontación directa entre las fuerzas burocráticas y las masas populares, cada vez más radicalizadas. No se trataba más de una lucha entre “conservadores” y “progresistas”, sino que pasó a ser una lucha más clara entre revolución y contrarrevolución. El espacio para un “camino intermedio”, para algunas reformas menores, disminuyó rápidamente. A raíz de la invasión, los reformadores liberales y tecnocráticos fueron un anacronismo. Muchos se volcaron a una adaptación “realista” al “hecho consumado” de la invasión. A mediados de setiembre, la Asamblea Nacional restableció la censura, los intelectuales se retrajeron y el movimiento de masas refluyó, pero en las semanas siguientes gradualmente recuperó sus fuerzas. En septiembre, el primer ministro Černík declaró que la aplicación de la reforma económica continuaría, pero advirtió que “todas las medidas, tales como la reorganización de las empresas, su integración, el experimento de los consejos obreros y medidas similares, deben ser evaluadas minuciosamente”. 28 A fines de octubre, el gobierno anunció “que no sería apropiado ampliar más este experimento”, en un esfuerzo más decidido para deshacerse de los consejos. En respuesta, los sindicatos inundaron a los órganos del gobierno con resoluciones de protesta. La presión obligó a Černík a dar marcha atrás y declarar todo el asunto como un “malentendido”. La ambivalencia política de los reformadores respondía al objetivo de impedir a toda costa que el movimiento llegara al punto de abandonar sus expectativas en el gobierno. El 19 de octubre, en ocasión de la ratificación de los acuerdos de Moscú por la Asamblea Nacional, una multitud reclamó en las afueras del edificio que fueran rechazados. Los dirigentes conciliadores, signatarios de los acuerdos, asistían al derrumbe lento, pero continuo, de su prestigio y de su autoridad política. Al mismo tiempo, el ala izquierda de la fracción reformista, en minoría dentro del aparato, se aproximó a las organizaciones obreras. Adaptándose a los cambios en el ánimo de las masas, cumpliría un papel contrarrevolucionario al retrasar la posibilidad del surgimiento de una política obrera independiente, dando tiempo a la reconstitución del aparato. Consejos obreros vs. “normalización” Entre los obreros, el velo que encubría a los reformadores se abría a cada nueva etapa del proceso revolucionario, y la experiencia de los consejos era el eje en torno del cual se concentraba su experiencia política. En su informe al Plenum del CC en noviembre, Dubček declaraba que “la crítica justificada al burocratismo no debe conducir a ataques simplistas y distorsionados contra la gestión empresarial o el aparato económico estatal. La demanda legítima de una mayor participación de los trabajadores en la gestión no debe tomar la forma de una democracia espuria en la producción que es perjudicial para la inevitable disciplina del trabajo”. 29 En noviembre, una huelga estudiantil recibió el apoyo de los trabajadores, que paralizaron muchas fábricas en solidaridad. Los estudiantes lanzaron un manifiesto de diez puntos, sin ninguna demanda propia específica, mientras que el reclamo por la continuidad de los consejos obreros era prominente. De hecho, el logro más importante de la huelga fue la creación de una alianza entre obreros y estudiantes. El 19 de diciembre, Jiri Muller, líder de la SVS, la central estudiantil checa, firmó un acuerdo con la Central de Trabajadores Metalúrgicos, en su congreso de constitución, que reunía a 900.000 obreros del metal. El texto del acuerdo, dijo Erban, el presidente del Frente Nacional, hacía que “las ‘2.000 palabras’ parecieran una ‘cancioncilla inocente’”. 30 En la práctica, los “puntos operativos” del acuerdo condujeron a la emergencia de comités de acción conjunta entre trabajadores y estudiantes. Los comités no simplemente organizaron el intercambio de información, la difusión de materiales prohibidos por la censura y la coordinación de acciones en apoyo de los objetivos respectivos, sino que también ayudaron a establecer lazos entre diferentes fábricas. Esa acción era fundamental, porque los trabajadores aún no habían superado el aislamiento impuesto por el régimen de Novotný, cuando no existían comunicaciones horizontales, incluso entre dos fábricas vecinas, y mucho menos entre diferentes industrias. A su debido tiempo, los estudiantes retrocedieron a un segundo plano, dejando que los obreros intensificaran los contactos directos. En el nivel de base surgía una red informal y espontánea de trabajadores conscientes, que burlaba la burocracia sindical oficial y la presionaba. 31 En noviembre, un balance encargado por Brezhnev admitía el fracaso político de la invasión, que había tenido resultados “extremadamente insatisfactorios”. El balance concluía con una serie de medidas para asegurar la “normalización”, que los rusos veían en serio peligro sin dar un giro y profundizar su intervención. En defensa de sus privilegios y colocando como blanco de sus investidas la actividad revolucionaria en el seno de la clase obrera, la burocracia acusaba a la lucha contra la “normalización” de “contrarrevolucionaria” y “derechista.” El informe criticó las actividades encubiertas soviéticas, especialmente el fracaso de la KGB para llevar a cabo una penetración más extensa de la “clandestinidad contrarrevolucionaria”. Las recomendaciones finales del informe incluyeron la propuesta de “establecer de 10 a 12 centros de inteligencia poderosos y clandestinos en puntos clave de todo el país”. 32 El documento, desclasificado muchos años después, es una obra maestra de la escuela de falsificación stalinista y un verdadero programa para la contrarrevolución política. “La situación política en Checoslovaquia en la actualidad es bastante complicada, y se deben tomar medidas para complicarla aún más. Para ello, es necesario diseñar un amplio programa de medidas especiales de desinformación. Debemos fortalecer la desconfianza popular hacia los líderes derechistas, emprender acciones que los comprometan y establecer los contactos más amplios posibles con estos mismos elementos derechistas para que las amplias masas tengan la oportunidad de acusar a los líderes derechistas de colaboracionismo”. 33 Al mismo tiempo que ponía como prioridad la reconstitución del aparato, la burocracia rusa confesaba que no conseguía identificar lazos del movimiento revolucionario con el imperialismo. “Por ahora, lamentablemente, todavía no tenemos a nuestra disposición hechos y materiales suficientemente convincentes que nos permitan emprender una amplia labor para exponer los lazos contrarrevolucionarios subterráneos con el imperialismo y su participación en la actividad contrarrevolucionaria de los centros de inteligencia imperialistas extranjeros”. 34 El diagnóstico era que “sin una purga de gran alcance, será imposible estabilizar la situación en el país, pero debemos llevar a cabo esta purga a través de los propios checos, es decir, a través de los órganos del Ministerio del Interior”. Advertía, al mismo tiempo, que se debía evitar a toda costa la posibilidad de una escisión en el PCCh, “ya que cualquier división impedirá claramente los esfuerzos para estabilizar la situación”. 35 En línea con la visión de Moscú, la plenaria de noviembre del CC del PCCh creaba un gabinete para la “dirección de los trabajos del partido en las regiones checas” bajo la dirección de Lubomir Strougal, ex ministro del Interior de Novotný. Otro punto clave era mejorar la situación del Ejército checoslovaco, completamente desorganizado “gracias a los esfuerzos de los derechistas”, y buscar el reagrupamiento social en todos los ámbitos de los sectores “saludables” -es decir, alineados con Moscú o pasibles de ser corrompidos. En especial, un trabajo en ese sentido debía apuntar a la Asamblea Nacional y el CC del PCCh, usando “todos los medios disponibles: apelaciones ideológicas, el compromiso de los individuos, la desmoralización, incentivos económicos, etc.”. 36 Mientras la burocracia se reagrupaba, la creación de consejos avanzaba en olas. Después de alcanzar su punto máximo en septiembre, había disminuido en octubre y noviembre. El surgimiento de nuevos consejos retornó con más fuerza en diciembre, cuando fueron creados más que en cualquier otro mes. En su mayoría, los trabajadores representaban entre dos tercios y cuatro quintos en la composición, ignorando en la práctica la regimentación que buscaban imponer los reformadores. Era el síntoma más expresivo de que los objetivos de la invasión estaban lejos de ser alcanzados. 37 A esa altura, la actividad por abajo en las fábricas y el avance de la conciencia de los obreros, sin embargo, se mantenía aún en los marcos definidos por la burocracia reformadora, apostando en su ala izquierda. A fines de 1968, el veto a la permanencia de Smrkovský, el dirigente reformador más próximo del movimiento de masas, como presidente de la Asamblea Nacional, impulsó la primera campaña de la alianza obrero-estudiantil, que salió en su defensa, incluyendo la amenaza de una huelga general de los metalúrgicos. Aunque indicaba una nueva fase del proceso revolucionario, continuaba siendo una política de presión sobre el aparato burocrático. El lema de Smrkovský había sido desde el principio “protestas sí, oposición no”, bajo esa orientación firmó los acuerdos de Moscú y continuó defendiendo la necesidad de su aplicación. Intimidado por sus pares de la burocracia estatal ante la radicalización de obreros y estudiantes, Smrkovský acabaría capitulando a comienzos de enero. 39 Un acontecimiento fundamental fue la realización, el 9 y 10 de enero de 1969, de la primera Conferencia Nacional de los consejos obreros y comités preparatorios, que reunió en Škoda Plzeň a representantes de 190 empresas y 890.000 trabajadores, más de una sexta parte de la fuerza de trabajo del país. La Conferencia defendió la unificación nacional de los consejos y eligió un “grupo de consultores” permanente para coordinar sus actividades futuras. Muchas de las fábricas comenzaron a imitar los estatutos modelo de Škoda Plzeň, Slovnafta Bratislava y Synthesia Pardubice, que iban más allá de las propuestas de los reformistas, y daban a los consejos todo el poder de decisión en las empresas. El espíritu de Plzeň fue resumido por el presidente del consejo de la fábrica checa de motocicletas en Strakonice, S. Blazek, quien concluyó su discurso con un “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Haciéndose eco de la famosa consigna del Mayo Francés, los obreros checoslovacos le otorgaban su verdadero horizonte histórico y político. A partir de entonces, el movimiento obrero protegió a la izquierda política, de la misma forma que los obreros de CKD Vysočany habían protegido el Congreso clandestino de agosto. 40 La declaración final de la Conferencia declaró que “los consejos obreros pueden ayudar a humanizar tanto el trabajo como las relaciones dentro de las empresas, y dar a cada productor el sentimiento apropiado de no ser sólo un empleado, un mero elemento de trabajo en el proceso de producción, sino también el organizador y creador conjunto de este proceso. Por eso es que queremos reenfatizar aquí y ahora que los consejos deben preservar siempre su carácter democrático y sus vínculos vitales con sus electores, previniendo la formación de un casta especial de ‘ejecutivos profesionales de gestión’”. 41 Días después de la Conferencia de Plzeň, un hecho inesperado electrizó nuevamente al país. Cuando el joven estudiante Jan Palach se inmoló a lo bonzo, el 19 de enero de 1969, en protesta contra la política de concesiones del gobierno Dubček a la burocracia soviética, más de 800.000 personas se movilizaron, y la burocracia volvió a temer la ola revolucionaria. A fines de enero de 1969, la situación en el país estaba más clara que nunca: la política aplicada por el PCCh iba contra la voluntad de la mayoría de la población y, en particular, de los trabajadores. La mayoría de los militantes del partido manifestaba todos los días hostilidad a los dirigentes que le habían sido impuestos. “La realidad del stalinismo aparece claramente y sin retoques en esta situación excepcional; el ‘partido’ cuya ‘democratización’ había sido emprendida por Alexander Dubček, a fin de darle, junto al socialismo, ‘un rostro humano’, no es nada más que la correa de transmisión de los dirigentes de la burocracia que impera en Moscú. No es ‘el partido de la clase obrera’, y su autoridad adviene apenas de la presencia en Checoslovaquia de las tropas rusas de ocupación y de la reorganizada seguridad del Estado”. 42 En febrero, la perspectiva abierta por la Conferencia de Plzeň fue reflejada en el popular semanario cultural Listy, que significativamente tituló su tapa: Todo el poder a los consejos obreros . El autor apuntaba que, a partir de la experiencia de los consejos, los trabajadores estaban perdiendo confianza en los esquemas abstractos del Programa de Acción de los reformistas y comenzado a comprender que “ahora tenemos la tarea de encontrar nuestro camino en condiciones desconocidas, experimentando, dando al desarrollo socialista una nueva forma”, tomando como referencia la creación de soviets en la revolución de febrero de 1917. “Los consejos obreros se están creando espontáneamente, en algo muy semejante a una necesidad histórica. Al comienzo de la Revolución Rusa, los soviets estaban bajo la dirección de los socialistas revolucionarios y los mencheviques, pero fueron los bolcheviques quienes comprendieron su significado: acuñaron la consigna ‘Todo el poder a los soviets’ y en pocos meses vencieron. Luego vino la cuestión del comunismo de guerra y las cosas tomaron otra dirección. Los políticos de hoy son cautos. Pero todo nos tienta a repetir el viejo slogan ‘Todo el poder de los soviets’. Todo el poder a los trabajadores, los campesinos, los jóvenes, los intelectuales. Como si una vez más pudiéramos abrir las primeras páginas del manual revolucionario y después de todas las decepciones y la desesperación, una vez más poder luchar por la libertad en este mundo.” 43 El movimiento de los consejos ganaba en densidad y se multiplicaba de forma imparable. Ratificado en un Congreso sindical en marzo, el modelo obrero seguía siendo la referencia para la actividad de organización en decenas de nuevas empresas. Más del 52% de los representantes electos en los consejos o comités preparatorios eran miembros del PCCh, en su mayoría militantes de base. A pesar de esta alta proporción de miembros del partido, a muchos otros se les negaba la participación en los consejos o excluidos de sus reuniones por ser reconocidos como “funcionarios del viejo tipo”. 44 Esa radicalización no llegó, sin embargo, a expresarse en una verdadera delimitación política. Los obreros habían depositado sus esperanzas en la aprobación del proyecto de ley de Empresas Socialistas que, confiaban, daría fuerza legal a los derechos de los consejos según los moldes definidos por los propios trabajadores. El proyecto fue modificado en febrero por una resolución de los gobiernos checo y eslovaco. La federalización del país, establecida en enero, hizo que Eslovaquia, que representaba sólo el 5% del total de consejos, tuviera un papel decisivo para neutralizar a la izquierda de Bohemia-Moravia. La resolución retomó el modelo de gestión compartida, que otorgaba un tercio de los asientos en los consejos a trabajadores, técnicos y a funcionarios estatales. Después de tal desnaturalización, el borrador fue enviado de vuelta al Parlamento para su consideración. El proyecto fue objeto de una discusión pública sin precedentes. Según Karel Kovanda, uno de los líderes del movimiento estudiantil, “nunca en la memoria reciente se había discutido con tal intensidad” en el país. Por un lado, estaba el gobierno checo, junto con el gobierno eslovaco y muchos tecnócratas de la burocracia económica; por otro lado, defendiendo el proyecto original de autogestión, el movimiento obrero, la juventud y la intelectualidad de izquierda. Todos los testimonios de la época indican que los obreros obtuvieron una formidable victoria ideológica, ganando el apoyo de la mayoría de la población. 45 En esas circunstancias, la burocracia dio el paso final para ahogar la revolución. Černík fue invitado a Moscú para una reunión de un día con líderes soviéticos el 13 de marzo, cuando le ofrecieron el puesto de primer secretario del PCCh. Černík rechazó la oferta, alegando que carecía del estómago necesario para las medidas que el sucesor de Dubček debería tomar. Cuando Brezhnev preguntó quién haría el trabajo, Černík recomendó a Gustav Husák. El gobierno aprovechó la ocasión de una explosión de júbilo popular provocada por el triunfo del equipo de hóckey sobre hielo checoslovaco sobre el ruso. Las oficinas de la aerolínea rusa Aeroflot fueron incendiadas en Praga, lo que habría sido obra de la propia policía. Moscú anunció nuevas maniobras del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia y Vladimir Semionov, viceministro de Relaciones Exteriores, llegó a Praga con “instrucciones del gobierno soviético”. Alexander Dubček, desgastado a ojos de las masas, fue destituido como primer secretario del PCCh y reemplazado por Husák. 47 La restauración contrarrevolucionaria El ascenso de Husák en abril se tradujo en un esfuerzo decidido para imponer los objetivos iniciales de la invasión a nivel político. Con relación a los consejos, la camarilla sobreviviente de la era Novotný se había negado a aceptarlos en ninguna de sus formas. Las demandas de la burocracia soviética, apoyados por ese grupo numéricamente débil de ultras, fueron finalmente asumidas por el nuevo liderazgo del PCCh en el verano de 1969. El proyecto de ley que debía ser adoptado por la Asamblea a fines de mayo fue archivado, y nada propuesto en su lugar. Según reconoció Černík en un discurso al Congreso, hacia junio, el número de consejos había trepado hasta cerca de 500. 48 La alianza obrero-estudiantil fue uno de los principales blancos de la burocracia “normalizadora”, y atacada por el propio Husák en su discurso inaugural: “Algunas personas van a las fábricas a despertar tendencias antipartidistas; en cada ocasión aparecen slogans como ‘estudiantes y trabajadores unidos’, ‘¡estudiantes, intelligentsia, trabajadores, uníos!’. Todos sabemos que esta plataforma es contradictoria con la política de nuestro partido y el Frente Nacional”, con el habitual cinismo burocrático. Meses más tarde, Husák declaró que el bloque obrero-estudiantil y todos sus acuerdos y actividades serían considerados ilegales. 49 Los consejos no fueron atacados de forma directa en esa primera fase y siguieron existiendo durante varios meses en un estado de limbo incómodo. Durante un tiempo, el gobierno siguió insistiendo en la posibilidad de aprobar el proyecto de ley de Empresas Socialistas. Pero la primera decisión adoptada por el Consejo Nacional checo, el 29 de abril, fue la suspensión de toda discusión sobre el proyecto. Enseguida, las organizaciones de masas convocaron a numerosas reuniones de base, pero no lograron cambiar el curso de la situación. El grupo de trabajo responsable por la coordinación de los consejos, designado en la Conferencia de Plzeň, no consiguió mantener sus actividades. La dirección sindical fue decapitada y en su lugar fueron puestos antiguos burócratas y agentes de la policía. Como indica Vladimir Fišera, el principal estudioso de los consejos, la burocracia “reformadora” reconvertida en “ortodoxa” asumió públicamente y sin pudor que lo que estaba en juego: “El 31 de mayo, Černík, perdiendo todo sentido de la vergüenza, declaró en CKD Praga, ante Husák y una audiencia de miembros del partido elegidos a dedo, que la autogestión industrial debía ser rechazada porque ‘reabriría la cuestión del poder’”. 50 La tentativa de resistir la disolución de los consejos impulsada se hizo cada día más difícil, pero continuó de diversas formas. Los ataques a las organizaciones obreras tuvo como respuesta una rebelión de los trabajadores de Ostrava, Brno, Praga y otras ciudades, reconocida como una seria amenaza por la burocracia. En medio de la atmósfera represiva, una huelga de cinco minutos fue convocada el 21 de agosto de 1969, en el aniversario de la invasión, y hubo manifestaciones callejeras en Praga y otras ciudades. Los manifestantes pintaban «21 de agosto – Día de la Vergüenza”. La represión dejó decenas de muertos, y cientos de activistas, en su mayoría obreros, fueron presos por distribuir panfletos contra la “normalización”. Hubo huelgas espontáneas, que en la jerga burocrática eran definidas como “violaciones de la disciplina laboral”. Husák declaró que no permitiría que el país se convirtiera en el “salvaje Oeste”. El ataque a las manifestaciones en agosto de 1969 demostró que la “democratización” del año anterior había mantenido intocados los principales instrumentos represivos del régimen: la policía, el Ejército y el aparato judicial. 51 El 14 de octubre, el mismo Husák hizo un discurso furioso contra el programa de Škoda Plzeň, dirigido a altos directivos de empresas, en el acto de reconstituir los ministerios de la rama industrial abolidos el 1° de enero de 1968. El 11 de noviembre, el consejo de Škoda Plzeň se autodisolvió, para evitar que fuera usurpado por colaboracionistas. La táctica de la burocracia de desarticular gradualmente los consejos llegó a su fin en julio de 1970, cuando el Ministerio de Industria declaró prohibidos los consejos obreros. Junto a argumentos de naturaleza tecnocrática, como invocar la necesidad de “gestión científica”, la burocracia justificó la prohibición alegando que los consejos habían intentado “eliminar la planificación central y la influencia del Partido Comunista, el Estado socialista y los sindicatos en la gestión de la economía nacional”, y que éste era “el objetivo principal de la derecha”. El legado de la Primavera de Praga El curso abierto por la fisura en el aparato burocrático checoslovaco desató las fuerzas reprimidas por dos décadas de despotismo. Forjada en la lucha por la independencia nacional a fines del siglo XIX, y por su independencia de clase en la fase republicana, entre 1918 y 1939, en la resistencia contra la invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y en la situación revolucionaria abierta en la posguerra, la clase trabajadora checoslovaca intentó destruir la camisa de fuerza impuesta por el stalinismo. El desenvolvimiento acelerado del movimiento revolucionario, la gradual diferenciación que se produjo al calor de la lucha y el papel central de la actividad desplegada por la clase obrera tras la invasión expusieron en toda su profundidad la contradicción insalvable entre los intereses de la casta parasitaria y los intereses de las masas. El proceso de la revolución política en Checoslovaquia fue abortado en el mismo momento en que se reunían las condiciones para que la clase trabajadora pudiera pasar en limpio sus conclusiones y condensarlas en un programa independiente como resultado de su experiencia. La lucha contra la degeneración burocrática en la URSS ya había definido el fundamento del programa para la revolución política, consagrado en el Programa de Transición: sólo la expulsión de la burocracia, inconcebible sin un levantamiento revolucionario, podría regenerar la lucha de las distintas tendencias y partidos en los órganos de la clase obrera. En 1938, Trotsky se había visto llevado a reforzar ese punto decisivo ante las objeciones de sus compañeros de ruta: “Durante largo tiempo mantuvimos la postura de reformar el régimen soviético. Teníamos la esperanza de que organizando la presión de los elementos avanzados, la Oposición de Izquierda podría, con la ayuda de los elementos progresistas de la propia burocracia, reformar el sistema soviético. No se podía saltar esta etapa. Pero el curso posterior de los acontecimientos refutó la perspectiva de transformación pacífica del Partido y de los soviets. De la posición de reforma pasamos a la de revolución , es decir, el derrocamiento violento de la burocracia”. 52 En la posguerra, el revisionismo pablista-mandelista, al otorgar un carácter históricamente progresivo a la burocracia, sembró expectativas en la posibilidad de “auto-reforma” de la casta parasitaria. La IV Internacional fue desarmada, privando a la clase trabajadora en los Estados obreros de la orientación indispensable para enfrentar sus desafíos. La crisis de dirección del proletariado, en la encrucijada histórica que combinó la crisis simultánea de la burocracia y del imperialismo, se manifestó en una forma aguda y trágica en la Primavera de Praga. En el balance del ’68-’69 checoslovaco y todo el ciclo de la revolución política en los Estados obreros burocratizados, lo que está en juego, en el fondo, es la vigencia misma de la estrategia de la revolución proletaria. La identificación de la dictadura bonapartista con su enemigo mortal, la dictadura del proletariado, ha sido la operación ideológica fundamental que comparten el imperialismo, la izquierda democratizante y la pequeño burguesía académica. Derrotada en sus objetivos inmediatos, la Primavera de Praga dejó un legado de valor estratégico al desnudar en el terreno práctico el carácter contrarrevolucionario y parasitario de la burocracia, incluyendo a los “reformistas” y “democratizadores”. Se trató de la verificación histórica de las tesis originadas en la lucha de la Oposición de Izquierda contra la degeneración burocrática del primer Estado obrero en los años ’20, continuadas en la obra teórica y política de Trotsky y sus compañeros, y lanzadas al futuro en la tarea estratégica de poner en pie la IV Internacional. El legado de la lucha de los obreros checoslovacos por la revolución política instruye a las jóvenes generaciones sobre la falsificación de que ha sido objeto la experiencia de un siglo de revoluciones y luchas del proletariado mundial por su emancipación, y refuerza la vigencia del ciclo abierto por la revolución de Octubre. * Edgar Azevedo. Periodista y escritor, simpatizante de la CRCI en Brasil. 1. En vísperas de la guerra, Trotsky había previsto la posibilidad de que la burocracia procediera a “la expropiación de los expropiadores” en los territorios ocupados por el Ejército Rojo, pero que sería llevada a cabo por métodos burocrático-militares. Sin la llamada a la actividad independiente de las masas, alertó: “Es imposible construir un nuevo régimen” y su iniciativa “será sustituida por medidas políticas de rutina, destinadas a asegurar la preponderancia de la burocracia sobre las desilusionadas masas revolucionarias”. En defensa del marxismo, Barcelona: Fontamara, 1977. 2. Vitak, Robert: “Workers control: The Czechoslovak experience”. Socialist Register 8 (1971): 247-8. 3. Selucky, R.: Czechoslovakia, the Plan that Failed. Nelson 1970. Citado en Vitak, p. 249. 4. Entre las numerosas víctimas estuvo Zavis Kalandra, uno de los líderes trotskistas checos junto a Josef Guttman y Jan Sverma. En los años ‘30 desarrolló una amplia campaña para denunciar los crímenes de Stalin y los procesos de Moscú, y durante la guerra fue internado en varios campos de concentración por sus actividades antinazis. Durante el ascenso de los consejos obreros, en 1945-48, defendió un gobierno basado en los consejos. Ejecutado en 1950, fue rehabilitado post mortem en 1964. Uno de sus amigos políticos, Zdeněk Hejzlar, tendrá un papel fundamental en el proceso revolucionario de la Primavera de Praga. 5. Mcdermott, Kevin: “Popular Resistance in Communist Czechoslovakia: The Plzeň Uprising, June 1953”. Contemporary European History, 19, N° 4 (2010), p. 287-307. 6. Harman, Chris: Bureaucracy and Revolution in Eastern Europe. London: Pluto Press, 1976, pp. 193-4. 7. Kovanda, K.: “Czechoslovak Workers Councils (1968-1969)”. Telos, 1976, N° 28 (1976), p. 39. 8. Harman, op. cit., p. 195. 9. Ibíd., p. 197. 10. La ocupación nazi de los sudetes y luego del resto de Checoslovaquia ocurrió al inicio de la guerra en el marco del pacto Hitler-Stalin. El stalinismo checoslovaco pintó por dos años a los invasores con tonos benévolos, lo que paralizó a los comunistas. Esa orientación sólo cambió en junio de 1941, con la Operación Barbarrosa y la invasión de la URSS por los nazis. 11. Golan, Galia: Reform Rule in Czechoslovakia: The Dubček Era 1968-1969. Cambridge: Cambridge University Press, 2008, p. 71. 12. Kavan, Jan: “Czechoslovakia 1968: Workers and Students”. Critique, Vol. 2, N° 1 (1974), p. 65. 13. Fišera, Vladimir: “The Workers Councils: The Second Prague Spring”. New Left Review I/105, September-October 1977, p. 87. 14. . Kovanda, op. cit., p. 46. 15. Para un análisis del manifiesto, ver “Las 2.000 palabras del verano en Praga”, Prensa Obrera Nº 1.047, 24/7/2008. 16. Kavan, op. cit., p. 65. 17. Sobre el proceso decisorio en el seno de la burocracia rusa, ver: Dawisha, Karen: The Kremlin and the Prague Spring, Berkeley, Univ. of California Press, 1984; Kramer, M.: “The Kremlin, the Prague Spring, and the Brezhnev Doctrine”, in Tismăneanu, Vladimir. Promises of 1968 Crisis, Illusion, and Utopia. Budapest: Central European University Press, 2011. 18 . Skilling, Harold Gordon: “Czechoslovakias Interrupted Revolution”. Princeton: Princeton University Press, 2016. 19. Tropas de Alemania del Este se apostaron en la frontera con Checoslovaquia, mientras que Albania y Rumania, también integrantes del Pacto de Varsovia, se opusieron a la operación. 20. Broué, Pierre: A Primavera dos Povos começa em Praga. São Paulo: Kairós, 1979, p. 141. 21. Hejzlar, deportado a Buchenwald por los nazis en su juventud, se convirtió en presidente de la Juventud Comunista en la posguerra. Amigo de Kalandra, fue excluido del PCCh por “trotskista” en 1949, entonces, se fue a trabajar a las minas. Preso en 1961, fue liberado en 1965 y reintegrado en abril de 1968. Tras la derrota de la Primavera de Praga se exilió en Suecia y murió en 1993 sin haber regresado nunca a su país. 22. Broué, op. cit., p. 146. 23. Dolack, Pete: “Prague Spring: Workers Control in a State-Owned Economy”. Working USA 16, N° 3, 2013: p. 377-8. 24. Broué, op. cit., p. 148-9. 25. Fišera, Vladimir: “The Workers Councils: The Second Prague Spring”. New Left Review I/105, September-October 1977, p. 88. 26 . Kosta, Jiři: “Workers’ Councils in the Prague Spring of 1968”. The Economics of Co-Determination, 1977, p. 63. 27 . Fišera, op. cit., p. 84. 28 . Citado en Kovanda, p. 48. 29. Fišera, op. cit., p. 84. 30. Citado en Kavan, op. cit., p. 67. De la huelga estudiantil surgiría el Movimiento Socialista Revolucionario, de tendencia trotskizante, que lanzará un manifiesto político en junio de 1969. El grupo, liderado por Petr Uhl, pasará a la clandestinidad, pero será infiltrado por la policía y 19 de sus miembros detenidos, ya bajo el gobierno Gustav Husák. 31. Tomalek, Pavel: “The Prague Student Strike”. New Left Review I/53, January-February 1969: 13-20. 32 . “The Soviet Politburo’s Assessment of the Lessons of Operation Danube and the Tasks Ahead, November 16, 1968”, en: Navrátil, Jaromír. The Prague Spring 1968: A National Security Archive Documents Reader. Budapest: Central European University Press, 2006, p. 547. 33. Ibíd., p. 552. 34 . Ibíd., p. 554. 35 . Ibíd., p. 555. 36 . Ibíd., p. 552. 37 . Ibíd., p. 552. 38 . Dirigente destacado en la resistencia comunista contra la ocupación nazi durante la guerra, Smrkovský negoció en 1945 la rendición de las tropas hitlerianas en Praga. En 1951 fue acusado de participar de una conspiración y condenado a cadena perpetua en el contexto del “affair” Slansky. Liberado en 1955, fue rehabilitado por el PCCh, retomando sus derechos políticos en 1963. En abril de 1969 asumió la presidencia de la Asamblea Nacional. 39 . Broué, op. cit., 180-4. 40 . Hruby, Peter: Fools and Heroes: The Changing Role of Communist Intellectuals in Czechoslovakia. Oxford: Pergamon P., 1980, p. 124-25. 41 . Fišera, Vladimir: “Workers Councils in Czechoslovakia, 1968-9: Documents and Essays”. New York: St. Martins Press, 1979, p. 70-1. 42. Broué, op. cit, p. 200. 43 . Chaloupecky, J.: “Všechnu moc dělnickým radám” (Todo el poder a los consejos obreros), Listy, 20 Feb., 1969. 44 . Kosta, op. cit., p. 70. 45 . Kovanda, op. cit., p. 54. 46 . Williams, Kieran: “The Prague Spring and Its Aftermath: Czechoslovak Politics, 1968-1970”. Cambridge: Cambridge Univ. Press, 1999, p. 194. 47 . Husák había sido uno de los líderes del Levantamiento Nacional Eslovaco de 1944 contra los nazis, pero acabó siendo víctima de las purgas stalinistas en la década del 50, permaneciendo preso entre 1954 y 1960. Reintegrado en 1963, se alineó a la fracción Dubček, enfrentó al ala de Novotný y llegó a primer ministro en abril de 1968. Después de la invasión fue uno de los ideólogos de la “normalización” prosoviética, con apoyo directo de Brezhnév. 48 . Fišera, Vladimir: The Second Prague Spring, p. 89. 49 . Kavan, op. cit., p. 68. 50 . Fišera, op. cit., p. 89. 51 . Hruby, op. cit., p. 186. 52 . “Hay que expulsar a la burocracia y a la aristocracia obrera de los soviets”, en Trotsky, León: El programa de transición, p. 54-55. Disponible en http://www.marxistarkiv.se/espanol/clasicos/trotsky/programa_de_transicion.pdf. Acceso el 20/05/2018.

1 de agosto de 2018
Presentación del libro “El marxismo y la liberación de las mujeres trabajadoras”
Redacción

El 24 de mayo se organizó una mesa-debate en el Congreso Nacional con motivo de la presentación del libro “El marxismo y la liberación de las mujeres trabajadoras”, de Cintia Frencia y Daniel Gaido. A continuación, las intervenciones de los tres disertantes, Olga Viglieca, Cintia Frencia y Jorge Altamira.

1 de agosto de 2018
Separación tajante entre las mujeres de las clases explotadoras y explotadas
Olga Viglieca

Tenemos el privilegio de vivir un período de grandes luchas de las mujeres y somos testigos de algo que no sucedió ni durante el auge del movimiento sufragista ni durante la llamada segunda ola del feminismo en los años ’60: es el curioso empeño por fundir en uno solo al movimiento de mujeres -incluidas las mujeres socialistas- y al movimiento feminista. Y en renombrar al primero como segundo. Del mismo modo, existe el propósito de categorizar a toda lucha de las mujeres por sus propias reivindicaciones como una “lucha feminista”. Sin embargo, el feminismo es sólo una de las fragmentadas corrientes políticas que existen dentro del movimiento de mujeres. Este intento de apropiación olvida que los caminos de las mujeres trabajadoras y del movimiento feminista no sólo no fueron siempre coincidentes sino que muchas veces han sido enfrentados. Un ejemplo clarísimo es el de las socialistas y anarquistas en relación con el sufragismo a principios del siglo XX. O el de las huelguistas del Centenario y el Primer Congreso Internacional Feminista, realizado en Buenos Aires en 1910. O el de las trabajadoras y el feminismo ruso entre febrero del ’17 y después. Y vale la pena detenerse un minuto en esto, porque el documento que se leyó en Plaza Congreso el 8 de marzo afirma que la revolución de febrero en Rusia fue una revolución “feminista”. Y no es verdad: La Liga Rusa por la Igualdad de las Mujeres, que agrupaba decenas de grupos feministas o sufragistas en todo el Imperio, estaba a favor de continuar la guerra, porque sostenía, como gran parte del movimiento sufragista, que la oportunidad de entrar al mercado de trabajo y ocupar puestos en la gestión del Estado le iba a garantizar más tarde a las mujeres el derecho al voto, los derechos políticos. Las obreras rusas, en cambio, y las soldatki -las mujeres que tenían a los hombres de la familia en el frente- anhelaban desesperadamente que volvieran a casa, que la guerra se terminara, que se terminara la carestía. Y en el camino para conseguir esto, lograron derribar, como sabemos, un milenio de zarismo. También hubo diferencias entre el amplio movimiento de mujeres y el movimiento feminista en la segunda ola. Un ejemplo es la relación de las feministas norteamericanas y las mujeres negras de Estados Unidos, que denunciaron el racismo y el clasismo del “feminismo blanco”. Otro ejemplo son los pequeños grupos en Buenos Aires de los años ’70, como la Unión Feminista Argentina, que llegaron al extremo -según cuentan dos de sus integrantes, la psicoanalista Nancy Caro Hollander o la poeta Hilda Rais-, de negarse a repudiar la masacre de Trelew o el golpe de Pinochet en Chile porque los hombres de izquierda también tenían prácticas patriarcales. 1 Tampoco las organizaciones feministas se sintieron atraídas por el alza del movimiento de mujeres que se expresó con el movimiento piquetero. ¿Y la incomodidad que generó el ingreso de miles de piqueteras en los Encuentros Nacionales de Mujeres, donde se pretendió que hablaran como individuas, controlar sus intervenciones para que hablaran “de cuestiones de género y no sociales” y se despojaran de sus identificaciones políticas? ¿Alguien vio a grupos feministas en la Comisión de mujeres de la III Asamblea Nacional de Trabajadores, que elaboró el más acabado programa de género de la clase obrera desde fines del siglo XIX a la fecha? Sin embargo, las diferentes corrientes feministas suelen reivindicar como propia la lucha de todas las mujeres. Un ejemplo es el de las hermanas Mirabal, asesinadas por su resistencia a la dictadura de Trujillo en República Dominicana. No por reivindicaciones específicas de género. Todas las corrientes feministas sostienen que las mujeres tenemos intereses comunes, estamos unidas por la sororidad, por el sisterhood , más allá de nuestra pertenencia de clase. La unidad de género, y consecuentemente el enfrentamiento sexo contra sexo y no clase contra clase, está colocada por encima de la lucha de clases y, a veces, hasta por encima de nuestra expresa voluntad. Para que la noción de sororidad sea creíble es necesario borrar -¿resignificar?- la historia de las explotadas. La de la socialista utópica franco-peruana, Flora Tristán, y en su llamado a construir partidos obreros que integraran a las trabajadoras a la lucha por el socialismo en la primera parte del siglo XIX. Para que la sinonimia lucha de las mujeres/lucha feminista sea posible tenemos que olvidar 150 años de militancia de las socialistas, desde la I Internacional a la anarquista Luisa Mitchel, en la Comuna de París y, por supuesto, al programa de liberación de las mujeres, llevado a la práctica por la clase obrera rusa en la Revolución de Octubre. Y por último, pero no menos importante, travestir a las ideólogas y protagonistas de esas batallas de la clase obrera. Por eso muchos historiadores “con perspectiva de género” presentan como feministas desde las obreras rusas que iniciaron la revolución de Febrero hasta Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, o Alexsandra Kollontai, Inessa Armand, la propia Krupskaia. Todas militantes socialistas que han escrito lo suficiente como para disipar cualquier confusión respecto de cuál era su compresión sobre la opresión de lax mujeres y el camino de su emancipación. Y por casa, también se han convertido en feministas post mórtem a las obreras anarquistas de la época heroica -Virginia Bolten, Juana Rouco Buela, Pepita Guerra-, militantes de la clase obrera, juzgadas por la Ley de Residencia, oradoras de actos del 1° de mayo desde 1890 y durante las dos primeras décadas del siglo XX. ¡Ninguna de ellas -a diferencia de las dirigentes del Partido Socialista- participó del Primer Congreso Internacional Femenino, celebrado en Buenos Aires durante los fastos de 1910. Estaban ocupadas en las huelgas del Centenario. Este tipo de confusiones son las que el libro de Cintia Frencia y Daniel Gaido viene a reparar. Un libro que salda una deuda pendiente con Clara Zetkin, seguramente la constructora más importante del movimiento de mujeres socialistas de los siglos XIX y XX. No hemos trabajado lo suficiente para rescatar ni su historia militante ni sus aportes teóricos. Eso permitió que algunas biógrafas definan como una “feminista sin fronteras” a la informante de la Tesis para la propaganda entre las mujeres en III Congreso de la III Internacional. La iniciativa de Cintia Frencia y de Daniel Gaido reubica a Zetkin, a Kollontai, a Armand, en el lado de la vereda de donde tienen que estar y no donde las colocaron las corrientes feministas, que quisieron ver en ella feministas socialistas, como si las socialistas no fuéramos socialistas y las feministas, feministas. Muchas veces, mujeres muy combativas, mujeres claramente compañeras de ruta, pero que creen que la opresión femenina se resuelve por la vía de la conciliación de clases hacia adentro del universo de mujeres, y en lucha, por lo tanto, contra los hombres, sean de la clase que fueren, que serían los ejecutores universales de la opresión de un sistema social transhistórico, el patriarcado. Cintia y Daniel rescatan una definición luminosa de Zetkin: “separación tajante” entre las mujeres de las clases explotadoras y explotadas, y este principio -dicen los autores- sentó las bases programáticas para el desarrollo de un movimiento de masas de trabajadoras. Porque la condición de existencia de un movimiento de las mujeres trabajadoras es su conciencia de clase, la autonomía política, la delimitación “tajante” de las corrientes que promueven el enfrentamiento entre explotadas y explotados, y la alianza de explotadas y explotadoras. Clara Zetkin no cuestiona la demanda de las mujeres feministas de las clases acomodadas, su deseo de no vivir encerradas -dice ella- como si fuera en una casa de muñecas. Considera que sus aspiraciones de participar en el desarrollo de la cultura, tanto en el aspecto económico como desde el punto de vista moral o espiritual, están totalmente justificadas. Pero destaca que “la lucha por la liberación de la mujeres proletarias no tiene nada que ver con la lucha por la liberación de la mujeres burguesas contra el hombre de su clase. No tiene nada que ver con la libre competencia. El objetivo final de la lucha de las trabajadoras -dice la alemana- es la conquista del poder político por parte del proletariado, y la mujer proletaria combate, codo a codo, con el hombre de su clase” . Y hace hincapié en los límites infranqueables de la igualdad legal y la democracia para sacar a las mujeres de la doble opresión. Sus análisis son de una actualidad feroz: “En este período revolucionario, las ideologías feministas de todos los partidos y poderes burgueses son utilizadas para impedir que las mujeres del pueblo trabajador se agrupen bajo las banderas del comunismo, para el asalto contra el capital y su Estado. Las concepciones feministas que los partidos burgueses solían repudiar antes como una herejía, son hoy en día atesorados como una piedra basal del muro ante el cual se romperá la marea roja del bolchevismo. El feminismo les sirve para inocular entre las masas más amplias de mujeres, la fe supersticiosa en la democracia burguesa” (Zetkin, 1921, pág. 665). Casi un siglo después, el feminismo de la igualdad sigue reclamando que el capitalismo le otorgue “una ciudadanía de mujeres” y se reconvierta a un capitalismo con cara de mujer -¿de qué clase sería esa mujer -por la vía de la “perspectiva de género”? El libro parte de analizar la traición de la burguesía a las mujeres a pesar de que fueron protagónicas en el derrocamiento de absolutismo: la prohibición de participar en la cosa pública, la privación al derecho a trabajar, a estudiar, a la herencia, sobre sus hijos. Muestra una burguesía que encerró a las hermanas de clase en la minoridad, la salita, el bordado, la obediencia. Pero arrojó a las obreras a los talleres y al socavón, y en el mismo acto en que instauró la doble opresión, les dio, nos dio, la llave maestra para intervenir en la producción social, combatir el capital, avanzar en la construcción de un régimen sin opresores ni oprimidos. Desde allí, Cintia y Daniel nos llevan a la Comuna de París y a las Luisa Mitchel -otra feminista post mortem-, a los debates respecto de cómo acercar a las mujeres trabajadoras en las distintas Internacionales. Zetkin, Luxemburgo, el periódico La Igualdad , las conferencias anteriores a la guerra, las bolcheviques, la delimitación socialista con el sufragismo y con la misma dirección del Partido Socialdemócrata, la revolución de Febrero, el Octubre rojo, el Estado obrero. En El marxismo y la liberación de las mujeres trabajadoras , Gaido y Frencia trabajaron en la reconstrucción de nuestro linaje, del linaje de las trabajadoras socialistas construyendo una visita guiada por nuestro pasado, pero que habla y ordena las tareas de nuestro presente. Esas discusiones son el fundamento de una organización como el Plenario de Trabajadoras. Y estamos frente a un trabajo meticuloso y medular que viene con regalo incluido, porque los compañeros tradujeron textos que ni siquiera se hallan en inglés. Ante los reproches -algunos de mala fe, otros pura ignorancia- de que la izquierda se acerca como recién llegada y de forma oportunista a medrar de la lucha “feminista” por los derechos de las mujeres, podemos responder que la cuestión de la mujer recorre la historia entera de las corrientes socialistas desde su génesis. La diferencia es que, para los marxistas, la doble opresión y la esclavitud doméstica son la marca distintiva de la situación de las mujeres bajo este el capitalismo, que devolvió a mujeres a la producción social como parte de la clase obrera pero sin relevarnos de la esclavitud doméstica. Al trabajo asalariado se sumó el trabajo en el hogar para la reproducción de la fuerza trabajo -o sea, también en beneficio del capital- aunque el hombre sea un beneficiario indirecto de esta situación. Tempranamente, Marx advierte, en las Cartas al Dr. Kugelmann que “la mujer se ha convertido en parte activa de nuestra producción social. Alguien que sepa algo de historia sabe que son imposibles las transformaciones sociales importantes sin la agitación entre las mujeres” . Un protagonismo evidente en todas las revoluciones de la edad época: en la Revolución Francesa, en la Primavera de los Pueblos en el ’48, en la Comuna de París y, desde luego, en las revoluciones de Febrero y Octubre. Cintia y Daniel hacen un relevamiento riguroso de los debates en las Internacionales sobre el lugar de las trabajadoras, cómo ganarlas a una perspectiva revolucionaria, las formas organizativas que debe adquirir este propósito. El Tercer Congreso de la III Internacional, la de Lenin y Trotsky, en 1920, es una respuesta ejemplar a esas preguntas. Las tesis sobre la mujer, presentadas por Zetkin y defendidas por Lenin, son de una actualidad estremecedora. Las tesis “deben subrayar con rigor que la verdadera emancipación de la mujer sólo es posible a través del comunismo. Es preciso esclarecer profundamente el nexo indisoluble entre la situación de la mujer como persona y miembro de la sociedad y la propiedad privada sobre los medios de producción. Así delimitaremos con toda precisión los campos entre nosotros y el movimiento burgués por la ‘emancipación de la mujer’” . Sus resoluciones “proponen educar a las mujeres en las ideas comunistas, atraerlas a las filas del partido”, “luchar contra los prejuicios existentes entre el proletariado masculino hacia las mujeres, e incrementar la conciencia de los trabajadores y trabajadoras para hacerles comprender que tienen intereses comunes”, “poner el tema en el orden del día del partido”, “llevar adelante una lucha organizada contra el poder de la tradición, las costumbres burguesas y las ideas religiosas, preparar el camino para unas relaciones entre los sexos más sanas y armoniosas, garantizando la vitalidad física y moral de la clase obrera” . La revolución de Octubre, va a decir Trotsky, cumplió honradamente el programa de la mujer. El termidor estalinista hizo añicos estas conquistas y disolvió los organismos que debían ocuparse de organizar y orientar la lucha de las mujeres trabajadoras. Eso explica la fuerza del feminismo de la segunda ola en el alza impresionante de las mujeres en los años ’60. La politización de la sexualidad, de la estructura familiar, de la vida cotidiana, los derechos de la diferencia sexual, la impugnación de la biología como un destino, la impugnación de la maternidad como función social primordial de las mujeres, no hubieran sido novedad ni para Zetkin ni Kollontai, ni Inessa Armand ni Eliazarova. Tampoco para las anarquistas, pioneras en los debates sobre esos aspectos de la opresión femenina desde fines del siglo XIX. El marxismo y la emancipación de las mujeres trabajadoras es una hoja de ruta, una reconstrucción de nuestra historia que yo invito a leer, a discutir y también a completar, porque mucha parte de nuestra historia necesita ser restaurada. Los debates que tenían lugar en París, en Londres, en Berlín, también estaban siendo dados en la clase obrera argentina en 1890, en 1900. Las organizaciones sindicales fundacionales en la Argentina, como la Fora y la UGT, no establecían un distingo entre el programa general de la clase obrera y el programa de las mujeres: la lucha contra la trata, el derecho al divorcio, la lucha contra la prostitución, por la salud, por la educación, estaban presentes y sólo se perdieron en el proceso de burocratización de los sindicatos y de la injerencia del Estado y del clero en ellos. Lo que está en discusión, hoy como entonces, es si la opresión de clases es la dominación sobre la que se levantan cualquiera de las otras dominaciones. O si, como sostiene el feminismo y explicó taxativamente Shulamith Firestone: “El patriarcado es un sistema de dominación sexual, que es el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como el de la clase y de la raza”. El libro de Cintia y Daniel es una sólida respuesta a esa pregunta. * Olga Viglieca es periodista y escritora, fundadora y dirigente nacional del Plenario de Trabajadoras. Guionista de La cena blanca de Romina y de Nenina. 1. Verónica Giordano: La celebración del Año Internacional de la Mujer en Argentina (1975). Ed. Estudios feministas, Florianópolis, pág. 80 y ss. Entrevista a la psicoanalista Nancy Caro Hollander. http://www.psicomundo.com/foros/genero/ddhh.htm. Elvira López, en el discurso de apertura: con respecto al congreso expresó: “En su programa se ha dado cabida a todos los asuntos de interés humano y para proponerlos no se necesita estar afiliado a ninguna secta determinada, ni profesar ningún credo… No es católico ni liberal, ni socialista ni conservador (…) es simplemente femenino, lo que significa que se propone exponer los intereses de la humanidad por boca de las mujeres”.

1 de agosto de 2018
Recuperar la historia de la organización socialista de la mujer

Como señaló Olga Viglieca, este libro intenta hablar del pasado, pero sobre el presente, teniendo en cuenta de que muchos de los debates que se tratan de recuperar en este libro, tienen mucha vigencia en la actualidad. Este libro recoge la experiencia de la organización del movimiento sufragista y particularmente del movimiento socialista de mujeres en Europa durante las últimas décadas del siglo XIX y principios del siglo XX, que coincide con la primera ola feminista, en donde la lucha por los derechos democráticos se habían convertido en una cuestión política de primer orden para las mujeres, por eso todo el movimiento va a estar atravesado por la lucha por el derecho al voto. Los debates que atraviesan el conjunto del movimiento de mujeres para nada tenían un carácter marginal, porque estamos hablando de movimientos de características de masas, por un lado, el movimiento sufragista era efectivamente un movimiento de masas, con epicentro en Inglaterra y presencia en toda Europa y, por el otro, el movimiento socialista de mujeres, organizado fundamentalmente por la socialdemocracia alemana y por Clara Zetkin, que llegó a tener más de 120 mil mujeres organizadas en 1914, que se reivindicaban no solamente luchadoras por los derechos democráticos de las mujeres, sindicalistas, etcétera, sino que abrazaban la causa del socialismo. Estamos hablando de movimientos de masas en torno de los cuales incluso se logró estructurar una experiencia de organización internacional, con al menos tres reuniones internacionales de mujeres socialistas, a las que se convocaba al conjunto de las mujeres organizadas en distintas organizaciones que reconocían el principio de la lucha de clases y que todas tuvieron una importancia crucial en el momento de su desarrollo. Entonces, teniendo un movimiento de mujeres en ascenso, a nivel internacional, y con nuestro país también en el centro de la escena política, porque, sin dudas, el movimiento NiUnaMenos en Argentina es referencia para muchas de las luchas que están desarrollando las mujeres a nivel internacional. Me parece fundamental que podamos recuperar no solamente esta tradición de organización de las mujeres a estos debates, sino sacar las conclusiones para poder mejor emprender ese camino hacia su liberación. Dicho esto, éste es nuestro aporte, junto con Daniel, que no ha podido participar de esta presentación, y que apostamos que sea materia de estudio y que sea completado, como decía Olga. Las mujeres socialistas alemanas, que es donde se origina esta experiencia más fuertemente, tenían un bagaje teórico muy importante en ese momento. Ya, en 1879, August Bebel, uno de los líderes de la socialdemocracia alemana, había editado un libro, La mujer y el socialismo , previo al libro de Engels y Marx, por todos conocido, pero, dice Zetkin, “más allá de las lagunas teóricas que pueda tener este libro, es la primera vez que, desde el socialismo, desde las organizaciones de los trabajadores, se intenta sistematizar una definición en torno de cuál es el origen de la opresión de la mujer y cuál debería ser la estrategia para emprender la lucha por su liberación”. Esto, naturalmente, va a ser completado y desarrollado más acabadamente con El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado , de Engels y Marx, en 1884, y que eran los insumos con los que contaban en general las mujeres socialistas y las organizaciones obreras para poder enfrentar y pararse frente al problema de la mujer y al problema de la mujer trabajadora en particular. Sin embargo, la cuestión de la mujer no era una cuestión nueva que hubiera aparecido a mediados del siglo XIX, sino que -como dijo Olga- las mujeres habían sido protagonistas en las principales revoluciones burguesas, tuvieron un rol importantísimo en la Revolución francesa, una intervención política muy activa en la Comuna de París, aunque no haya sido registrado como tal, pero sí tuvieron una participación muy activa y hubo un intento, un esfuerzo, por establecer una equiparación entre los derechos de las mujeres y de los trabajadores en esa breve experiencia obrera. Sin embargo, el problema de la mujer aparece como cuestión política con el desarrollo y la irrupción de la revolución industrial. Con la incorporación de grandes capas de mujeres al mercado laboral se establece lo que Marx y Engels señalaron, el principio base para poder avanzar en la liberación de las mujeres, devolviéndoles su rol dentro de la producción social. Este aspecto es de suma importancia, porque es lo que convierte que una reivindicación de derechos civiles, que venían levantando las mujeres, generalmente de la pequeño burguesía o de la burguesía durante períodos anteriores, adquiera características de masas y sea un problema no solamente de la pequeño burguesía y la burguesía, sino fundamentalmente de las trabajadoras, que habían sido arrastradas al mundo del trabajo, pero que estaban excluidas de derechos políticos y civiles, y privadas de poder organizarse política y sindicalmente frente a las condiciones de explotación que les imponía el capital. Es sobre esas bases que Clara Zetkin va a hacer un esfuerzo por dirigirse a esas mujeres y va a establecer la necesidad hacia los partidos socialistas de tomar fuertemente la organización de la mujer trabajadora, particularmente de las de sectores industriales, que se habían ganado un lugar en la industrial textil y en la alimentación. Esto trajo muchos debates, dentro del movimiento obrero en general, pero también dentro de la I Internacional; es decir, no todos los que se reclamaban defensores de organizaciones obreras entendían que el rol de la mujer estaba dentro de la producción y que se debía organizarlas junto con los hombres trabajadores. Uno de los ejemplos más claros son los dichos de Proudhon, quien consideraba que la mujer tenía dos destinos, ser cortesana o ser ama de casa, por tanto, las organizaciones obreras y socialistas de ninguna manera debían apoyar la inclusión de la mujer al mundo laboral ni mucho menos organizarlas. Marx y Engels van a polemizar fuertemente con esto y ya en la II Internacional no solamente se va a ver superada esta discusión sino que también, a iniciativa de los líderes de la socialdemocracia alemana, se va a incluir el reclamo de los derechos civiles, del derecho al voto, universal, libre y secreto para todos los y las trabajadoras, con lo cual se da un salto enorme, porque se entiende que no solamente hay que organizarlas políticamente sino que hay que luchar abiertamente por la conquista de los derechos civiles. Sin embargo, no consideraban que la conquista de los derechos civiles y democráticos de las mujeres, dentro de los marcos del sistema capitalista, permitieran efectivamente una liberación de las condiciones de opresión en que vivían. Entonces, todo el proceso de desarrollo de la organización de mujeres de la socialdemocracia alemana y posteriormente de la Internacional Socialista de mujeres va a estar atravesado por un fuerte debate, que está expresado en el folleto de delimitación tajante, que escribió Clara Zetkin desde el exilio, y va a polemizar con las feministas porque considera que, a diferencia de éstas, no existe una única cuestión de la mujer sino que existen varias cuestiones, y que la cuestión de la mujer va a estar determinada por la clase social a la que pertenecen. Para graficar esto va a tomar el ejemplo del análisis de la lucha por el sufragio universal, no es lo mismo el reclamo del sufragio universal para la pequeña burguesía, para la gran burguesía y para la clase trabajadora. En la gran burguesía, las mujeres que lideraban de hecho el movimiento sufragista estaban reclamando, en última instancia, el derecho a administrar sus propiedades, es decir, tener los mismos derechos de explotación que tenían los hombres de su clase. De ninguna manera, el reclamo del derecho al voto para estos sectores de mujeres tenía que ver con mejorar las condiciones de explotación infrahumanas que tenían las trabajadoras en los talleres textiles o en las fábricas, o los trabajadores en general, sino que era la última etapa de la liberación de la propiedad privada, de emancipación de la propiedad privada. La pequeña burguesía tenía otros problemas, la mujer necesitaba incorporarse al mercado laboral, dentro de las profesiones liberales, entonces, tampoco el derecho al voto o la lucha por los derechos democráticos implicaba lo mismo que para la gran burguesía ni para las mujeres trabajadoras; finalmente, lo que ellas estaban reclamando era la igualdad de competencia en el mercado laboral que los hombres, que se les permitiera, por supuesto, el derecho a la educación, el acceso a las profesiones liberales, que tuvieran los mismos derechos que los hombres para poder acceder a estas profesiones, demandaban la ‘libre competencia’. Ahora, las mujeres trabajadoras ya tenían las mismas condiciones que los hombres para acceder al mercado laboral, porque estaban siendo explotadas en las mismas o en peores condiciones que los hombres dentro de las fábricas, su problema no era la independencia económica, ellas ya la habían conquistado, su problema era tener derechos civiles y políticos para luchar contra la explotación capitalista que les imponía el régimen laboral de las fábricas, de los talleres textiles y otros. Es decir que para ellas no era un fin último sino una herramienta, una herramienta muy necesaria para organizarse política y sindicalmente en iguales condiciones, junto a sus compañeros trabajadores. “Al menos hay tres cuestiones de la mujer -dice Clara Zetkin-, naturalmente, nos une que todas queremos el derecho al voto, entonces podremos marchar separadas pero golpear juntas”, y es así que las mujeres socialistas y las sufragistas se encontraron en muchos momentos en instancias decisivas y en movilizaciones masivas. También hay que rescatar acerca de los métodos con los que luchaban las sufragistas, que eran de movilización, de acción directa y de lucha callejera. La virulencia con las que ellas defendían el derecho al voto era algo que nos encontraba en las calles junto a las socialistas en muchas oportunidades; sin embargo, la estrategia o el fin que sufragistas y socialistas entendían por el derecho al voto tenían diferencias abismales, y esto también se vio en algunas polémicas en relación de cuáles eran las tácticas que debían desarrollar en determinados momentos. Hubo un debate en el seno de la socialdemocracia alemana por la publicación de una petición a la monarquía alemana por el reconocimiento de los derechos civiles, democráticos y políticos de las mujeres, de las que estaban excluidas; un grupo de feministas hizo esta petición en nombre de todas las mujeres alemanas. Esto fue reproducido por Vorwärts , que es como la Prensa Obrera de la socialdemocracia alemana, llamando a firmar la petición y a defenderlo, todas las mujeres de todos los partidos políticos pidiéndole el derecho al voto a la monarquía. Clara Zetkin lo reprodujo en su periódico, La Igualdad , que fue el estructuró todo el movimiento de mujeres, y llamó a cualquier compañero y compañera que reconozca la lucha de clases a no firmar dicho petitorio. Para Zetkin, la columna vertebral de la lucha de la mujer no podía acompañar esta petición a la monarquía alemana, en primera instancia, por no haber sido producto efectivamente de un debate de las trabajadoras y, segundo, marca una diferencia sustancial en la táctica, “nosotros no vamos a ir a pedir a la monarquía, que viene proscribiendo a la socialdemocracia alemana y a las mujeres de la vida política y civil de este país desde hace años, permiso para obtener derechos civiles y políticos, nosotros tenemos que arrancarlos, organizando a las fábricas, a los centros de trabajadoras, organizando sindicalmente y políticamente a las mujeres en una perspectiva independiente y así imponer el derecho al voto. Fue rechazado por Clara Zetkin y, finalmente, fue rectificada esta posición, es decir que la posición sobre el cual fue estructurado el movimiento de mujeres de la socialdemocracia alemana permitió inclusive ubicar en muchos casos las propias direcciones, en este caso, del Partido Socialdemócrata alemán, que cedía frente a las presiones de la burguesía y la pequeño burguesía en torno de los derechos democráticos. Esta experiencia permitió poner en pie, como dije al principio, tres conferencias internacionales socialistas de mujeres, en 1907, en 1910 y en 1915, las tres tuvieron un rol muy importante. En 1907, que fue la primera conferencia, se resolvió hacer propia una legislación para la protección laboral de las mujeres trabajadoras, esto había sido un punto de debate muy fuerte también con las feministas, particularmente con la pequeño burguesía, quienes consideraban que una legislación laboral protectora para las trabajadoras iba a poner trabas en esta aspiración del ingreso a las profesiones liberales; es decir, “si ustedes nos ponen licencia por maternidad, igual salario a igual trabajo, jardines maternales -una legislación que hoy estaríamos discutiendo en cualquier gremio-, una serie de medidas protectoras a la maternidad, esto implicaría dificultades en la competencia del mercado laboral respecto del hombre”. En principio, las feministas rechazaron esta legislación. Otilie Baddier va a señalar esto como el punto de inflexión o de quiebre definitivo con el feminismo pequeño burgués, porque dice “si no reconocemos las condiciones de sobre-explotación que tienen las mujeres trabajadoras y no batallamos por una protección, no solamente en su condición de trabajadoras sino también de madres, estamos admitiendo la explotación capitalista sin resguardo”. En la primera Conferencia Internacional Socialista de Mujeres se hizo propio este programa de legislación laboral de protección para las trabajadoras; en la Conferencia de 1910 se va a votar el problema del día internacional de la mujer trabajadora, que se vota a raíz de una iniciativa de las socialistas estadounidenses, que ya habían desarrollado una experiencia de organización de un día específico para salir a batallar por los derechos de las mujeres trabajadoras. Hacen propia esta experiencia y lo interesante de la votación en relación con el día internacional de la mujer trabajadora es que si bien se da colocando como eje, como centro, la lucha por el derecho al voto, se hace en la perspectiva de entender que la lucha por el derecho al voto era una lucha democrática, parcial, en la perspectiva de dotar a las mujeres de las herramientas necesarias para sumarlas a una lucha por el socialismo; entonces, entendían que era necesario establecer una jornada particular de organización por los derechos de las mujeres, pero no desligadas de organizarlas bajo las banderas del socialismo. Esto luego va a ser abrazado por el conjunto del movimiento de mujeres. Y la de 1915 fue clave, entiendo yo, porque fue justo un año después del estallido de la guerra y también del estallido en la II Internacional. La II Internacional, que había resuelto la declaración contra el militarismo y rechazar las tendencias a la guerra mundial, finalmente, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, va a estallar ella misma también en mil pedazos y los partidos agrupados allí se van a volcar a votar créditos de guerra de las burguesías de sus propios países, no solamente las sufragistas, en muchos casos salieron a defender a sus partidos nacionalistas, sino también muchos de los partidos que se reclamaban socialistas. A raíz de una propuesta de las socialistas rusas se va a convocar a una Tercera Conferencia Internacional, muchas de sus participantes tuvieron que hacerlo clandestinamente y contra las propias direcciones de sus partidos socialistas que, en ese momento, estaban apoyando las guerras de sus burguesías nacionales; esta tercera conferencia va a votar un rechazo a la guerra, va a haber un fuerte debate, las rusas con una posición de guerra a la guerra y vamos al derrotismo revolucionario; las inglesas, las alemanas, con posiciones más moderadas, pero finalmente se vota por el rechazo categórico a la guerra y hacen un llamado a recuperar la unidad socialista internacional de los trabajadores en rechazo a la guerra imperialista. La ubicación y la experiencia de la socialdemocracia alemana en la estructuración de ese movimiento, que tuvo características de masas y expansión mundial, no solamente fue un aporte enorme al movimiento de mujeres, sino que fue un aporte a la propia organización socialista del movimiento de trabajadores en general, que permitió ubicar a los partidos socialistas siempre en una posición de vanguardia revolucionaria, de unidad del proletariado, incluso cuando muchas de sus organizaciones habían claudicado frente a la Primera Guerra Mundial. Todas las aspiraciones del movimiento socialista de mujeres, inclusive el movimiento feminista, fueron concretadas en la Revolución Rusa, el primer país en legalizar el aborto, en facilitar el divorcio, en despenalizar la homosexualidad, una revolución que no solamente otorgó todos los derechos democráticos que reclamaban las sufragistas y el movimiento de mujeres socialistas, sino que intentó llevar a la práctica, lo que entendían los socialistas, era la base necesaria para establecer efectivamente la eliminación de la opresión que pesa sobre las mujeres, que es la socialización de las tareas domésticas y de la crianza de los niños. Fueron experiencias del tipo de comedores comunitarios, guarderías comunitarias, etcétera. Las condiciones propias de la revolución en cuanto al límite de su desarrollo estaban atravesados por la guerra civil, por la guerra mundial y, luego, la asunción del estalinismo terminó llevando al fracaso todos estos intentos por establecer la socialización del trabajo doméstico, de la crianza de los niños y, por ende, las bases materiales para avanzar en la liberación efectiva de la mujer, no solamente en el terreno formal, democrático, civil hacia la ley, sino que el estalinismo produjo un gran revés en todas estas conquistas, volvió a penalizar la prostitución, volvió a penalizar el aborto, volvió a empujar a las grandes masas de trabajadoras a la miseria y, por ende, hubo un resurgimiento de la prostitución; toda una serie de retrocesos, pero creo que lo más dañino del estalinismo es borrar toda la experiencia de organización mundial que tuvieron las socialistas durante el final del siglo XIX y principios del siglo XX, que habían hecho aportes teóricos y prácticos enormes al movimiento de mujeres en general y al movimiento de trabajadores en particular. Muchas veces, cuando de repente leemos a teóricas de la segunda ola recoger cosas como si fuesen una novedad del movimiento de mujeres, uno dice: “Estas mujeres en 1907, en 1910, ya estaban discutiendo el problema de los derechos sexuales, de los derechos reproductivos, de la autonomía sobre nuestros cuerpos, etcétera”. Creo que recuperar esta historia es clave, nosotros tenemos un desafío enorme, estamos nuevamente frente a una lucha por un derecho democrático, porque el derecho al aborto lo es. No derrocaremos al capital con el derecho al aborto, pero sí lograremos poner en pie un gran movimiento de mujeres contra el Estado, contra el gobierno, capaz de levantar una estrategia política de organización independiente que no solamente nos permita, por supuesto, conquistar el derecho al aborto sino fundamentalmente avanzar en la organización política y sindical de las mujeres contra el Estado, contra el gobierno, contra la opresión capitalista. * Cintia Frencia, ex legisladora del Partido Obrero en Córdoba y dirigente del Plenario de Trabajadoras, es docente en la Universidad Nacional de Córdoba y co-autora del libro El marxismo y la liberación de las mujeres trabajadoras: de la Internacional de Mujeres Socialistas a la Revolución Rusa.

1 de agosto de 2018
Una delimitación clara con el feminismo de género

Buenas noches. Es muy frecuente, en los programas de televisión y en los diarios, ver que los periodistas subrayan, cuando hay una reunión de carácter político y, a veces, de carácter cultural, el escaso número de mujeres y, a veces, la ausencia completa de mujeres. Lo señalan como una expresión del lugar subordinado de la mujer. Entonces señalan ese hecho como una manifestación, según el diario, de distintas cosas, como puede ser el patriarcado, el machismo, etc. En esta reunión nuestra de hoy, por el contrario, hay una escasez de varones. En un marco de politización de la clase obrera, en Argentina, revela un atraso político. La cuestión de la mujer y de su lucha tiene una importancia política enorme para la clase obrera. Existe una acción política organizada de la Iglesia, en el movimiento obrero, para apartarla de esa lucha. La burocracia de los sindicatos es, en este país, clerical. De otro lado, el abordaje del movimiento femenino desde el “género” opera en la misma dirección, a veces incluso en forma explícita, de separar a la clase obrera de esta lucha, cuya misma unidad pondría de manifiesto su carácter social y político. La exposición que sigue está dirigida a desarrollar, en forma polémica, las bases de una estrategia socialista para la clase obrera en un marco de ascenso de la lucha de la mujer y también de proliferación de tendencias que caracterizan a esta lucha en un marco ajeno a la lucha de clases, a la decadencia de la sociedad capitalista y a las crisis políticas. Las colas de Febrero del ’17 En el libro de los compañeros Cintia [Frencia] y Daniel [Gaido] se hace un relato que debo haber leído mil veces. Tiene que ver con la historia, archi-conocida, de que las obreras rusas salieron a la huelga el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en febrero del año ‘17, contra la opinión, la advertencia y la posición de todos los partidos políticos. Citan hace una descripción de los hechos por parte de un participante -creo que del comité del barrio Viborg- que me llamó la atención de un modo especial. Este testimonio explica que las mujeres salieron a la huelga desoyendo a todo el mundo, agobiadas por las colas interminables que debían hacer frente a las panaderías en las madrugadas del invierno ruso -y muchas veces cargando a sus niños. Una partidaria de la lucha de la mujer con perspectiva de género habría reclamado, ante semejante situación, que los hombres compartieran el sacrificio que demandaba la situación -y no habría estado equivocada. Habría dicho: “Vayan a la fábrica donde están los hombres y repártanse la cola, un día uno, un día el otro”. No es lo que se les ocurrió a las mujeres rusas: decidieron tomar el ‘atajo’ de ir a la huelga y marchar a las fábricas colindantes, con predominio masculino, para desatar una movilización política de masas, que desató una revolución y el derrocamiento del zar. En la revolución más grande de la historia, la cuestión de la mujer fue encarada, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con el método de la lucha de clases y de la revolución social. Triunfante en octubre de ese año (nueve meses de embarazo), dictó la legislación femenina y de derechos más radical y abarcadora de la historia. Este es el debate que tenemos aquí. Si hay que decirle a los hombres que vayan a hacer la cola -como corresponde-, como un objetivo estratégico que pondría fin a la subordinación de la mujer o unir a la clase obrera y a los trabajadores, varones y mujeres fusionados, para preparar metódicamente una revolución socialista -en el ejemplo que tomamos, la huelga general y, a término, la insurrección, para terminar con el zar, o más en general la dictadura del capital y de la burguesía. De aquí que la atención que reclama el libro de Cintia y Daniel, hacia la fórmula de Clara Zetkin, la líder socialista, luego bolchevique y enseguida comunista, a favor de “una ruptura clara” de la vanguardia de la mujer obrera y socialista con el feminismo de género -o sea, con la estrategia que propugna un frente pluriclasista de la mujer y que confina al movimiento femenino al marco del Estado burgués y la sociedad capitalista. La expresión ‘rupturas claras’ es también muy poderosa, porque no hay progreso político posible sin el ejercicio de la delimitación de estrategias y programas -o sea, sin claridad. De clases y géneros La idea de Clara Zetkin de que el movimiento de mujeres trabajadoras debía separarse del movimiento de mujeres burguesas, ya está inspirada históricamente en la Circular [del Comité Central a la Liga Comunista] de 1850, de Carlos Marx, que llama al proletariado a construir un partido independiente de la burguesía. Porque Marx había participado, como comunista que era, en la Revolución de 1848, como ala izquierda del movimiento burgués. Después de la derrota de esas revoluciones y de la masacre que se cometió en París, en junio de 1848 contra los obreros franceses, concluye que “hay que romper”, con ‘absoluta claridad’, en particular con el ala “socialista” de esa burguesía, representada por Louis Blanc y otros, por el centro-izquierda francés, que quería ser el representante de todas las clases, en una suerte de Estado social, sin la necesidad de derrocar al capitalismo. Este es el punto de vista fundamental también en relación con el movimiento de la mujer. Como bien han dicho Olga y Cintia en sus exposiciones, la cuestión de la condición de la mujer en una sociedad explotadora, donde una minoría se apropia del trabajo de la mayoría, atraviesa a las mujeres de todas las clases. Es por eso que estamos discutiendo el problema de la mujer y el carácter de los movimientos feministas. Pero esta comunidad tiene que ser vista en forma concreta. Para arrancar con un ejemplo, las mujeres de la burguesía y las mujeres de la clase obrera no asumieron una posición homogénea frente al golpe del ’76; la condición de clase, no de género, marcó la conducta de unas y otras, tomadas en su conjunto. El desarrollo político escinde en campos irreconciliables a las mujeres que, por otro lado, comparten algunos y ciertos intereses comunes. La lucha de clases y los procesos políticos que engendran prevalecen en el conjunto de la sociedad y definen los campos en disputa. El feminismo, como movimiento policlasista, es un movimiento condenado a la división, ante los problemas de la sociedad tomada en su conjunto. Militante del socialismo Por eso, Clara Zetkin no sólo desarrolla el punto de vista marxista sobre la cuestión del feminismo y de la mujer, sino que parte del punto de vista del proletariado internacional y del punto de vista del Partido. La cuestión de la revolución proletaria enmarca la política frente a la cuestión de la mujer -no es una derivación de ella. El libro demuestra que hay un esfuerzo sistemático de las mujeres socialistas para que las mujeres se incorporen al Partido y el Partido se fortalezca en el seno del movimiento de la mujer. La mujer debe militar para ensamblar la lucha por la emancipación de la mujer con la lucha por la emancipación de la explotación social. Para eso debe convertirse en militante política y en líder política socialista. Ella es una mujer socialista desde el socialismo , no desde el feminismo. Del libro uno se lleva la conclusión de que examina la cuestión de la mujer como socialista y no que examina el socialismo, digamos, como mujer; aunque hay una relación dialéctica que enriquece la lucha por el socialismo como lo que realmente es y debe ser: una lucha por la emancipación universal. La emancipación particular, en este caso de género, es una contradicción en términos. Es muy importante este libro como una recuperación crítica de una historia, pero en especial si uno tiene la capacidad de leerlo en clave actual. Resuenan fuertemente en el libro debates actuales, e incluso diría que en aquel momento tuvieron mayor nivel o envergadura que los de ahora. Porque de las citas que se hacen -de los contendientes en esta lucha política-, los textos del feminismo burgués o pequeño burgués del pasado superan en a los actuales. Ocurre con el movimiento feminista lo que ocurre con la burguesía en general: intelectualmente vigorosa en su época de ascenso, tiende a descomponerse en su época de decadencia. Lo cual nos lleva al carácter desigual del desarrollo político. Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Nadezhda Krúpskaya, Aleksandra Kollontai, para mencionar a aquéllas que aborda el libro, se adelantaron intelectual y políticamente en los temas que abordaban, como en este caso la condición de la mujer, en un período de luchas revolucionarias y de organización revolucionaria. Tiene una etapa de ascenso a partir del ’68 mundial. Estamos asistiendo a un nuevo período y a nuevas tentativas, como se vio en las manifestaciones últimas del 8 de Marzo, en numerosos países del mundo. O las grandes manifestaciones de la mujer en Estados Unidos. Es en este marco de rebelión popular que encaramos las nuevas/viejas polémicas. Género El punto de vista fundamental que nos separa, de este otro feminismo, o de las concepciones burguesas y pequeño burguesas de la mujer, es esta tesis de la teoría del género. Que no es una tesis basada en una diferenciación social producto del desarrollo histórico de la sociedad, sino que es una ideologización de una condición femenina. Como muy bien dicen ellas mismas: el género es una construcción cultural. El método de la “construcción cultural”, en contraposición al desarrollo histórico antagónico de la condición humana, atraviesa a la pseudo-ciencia actual en la mayor parte de sus ramas. Estamos frente una definición . Es un a priori . No es la historia real de la mujer y, por lo tanto del hombre, a través de la historia y de sus relaciones recíprocas en distintas sociedades de explotación, sino que es el descubrimiento de algo, como construcción cultural, como una ideología, ‘de lo que es la mujer’, no de lo que la mujer realmente es a través de su práctica, sino de lo que la mujer es por este artificio ideológico. Varias corrientes que reclaman su condición de marxistas se han apropiado de estas ideologías, como una manifestación del carácter ‘abierto’ del materialismo histórico. Estamos ante una confusión vulgar entre el carácter abierto de la ciencia y la mistificación ideológica, porque el marxismo simplemente parte del carácter infinito de la capacidad de conocimiento humano y de la consiguiente condicionalidad del conocimiento actual, pero no admite status científico para la representación especulativa. El planteo de género recoge la aspiración a la igualdad social de la mujer, no solamente en derechos, dentro del marco de una sociedad explotadora que se distingue por el crecimiento exponencial de la sociedad. Esa igualdad se manifiesta, por eso, solamente en una parte de la burguesía y la pequeña burguesía, y de una manera irregular e inestable. En lugar de acabar con la sociedad explotadora y abrir el paso a las mujeres y a los hombres, dicen, “conservemos esta sociedad y luchemos para que la mujer se integre a ella de acuerdo con nuestras definiciones”. Entonces, por ejemplo, una obrera que consigue un aumento de salario se estaría desarrollando como mujer a igual título que una mujer que es nombrada en el directorio ejecutivo de General Motors. Mañana, sin embargo, la directora de General Motors le va a bajar el salario a la obrera de la General Motors. Estamos en presencia de una construcción a-histórica. Las sufragistas inglesas del siglo XIX, de donde descienden las corrientes de género de la actualidad, adoptaron un punto de vista directamente político, que recogía una lucha que había inaugurado el primer partido obrero de la historia, el cartismo inglés. Era una lucha por los derechos de las mujeres, que habían rechazado los líderes de la Revolución Francesa. Era una lucha entre el sufragio censitario y el universal -dos desarrollos del Estado burgués. Este mismo movimiento sufragista se convirtió, en la Primera Guerra Mundial, en una corriente defensora de la burguesía imperialista de su propio país. La conquista del derecho al voto y a ser elegido no debe confundirse con la paridad de género en las instituciones del Estado, que apunta a reforzar al personal político de la burguesía y cooptar a una fracción del feminismo. El empoderamiento de la mujer -un punto central del programa de género- sustituye la conquista del poder político, por parte de la mujer trabajadora, en el marco de un gobierno de trabajadores, por un escalafón restringido a las mujeres burguesas o profesionales. La conquista del sufragio universal tiene lugar cuando el Estado se ha asegurado la colaboración de la clase obrera a través de los partidos reformistas y la burocracia de los sindicatos. La Organización de las Naciones Unidas tiene distintos programas de desarrollo, que es anunciado ‘con perspectiva de género’, en alusión a la integración de la mujer. Es instructivo este lenguaje mistificador de parte de una organización cuyos programas tienen por base la explotación social y privilegios económicos para las corporaciones. Los llamados Cascos Blancos han sido denunciados en forma sistemática por los abusos contra mujeres y niños. Porque cualquier programa de desarrollo de las Naciones Unidas es un programa de explotación social, que incluya a la mujer , ‘con perspectiva de género’. Un plan de educación sexual ‘con perspectiva de género’ atiende a las diversas orientaciones sexuales, pero hace abstracción de la condición social de esa relación, condicionada por la explotación y la pobreza, la falta de horizonte humano. Es curioso que se publicite una educación sexual con adjetivos, en una sociedad alienada. La educación sexual “con perspectiva socialista” atendería a esta alienación, en primer lugar, y a la lucha revolucionaria para acabar con ella. La educación es propaganda -explica Trotsky-, es una lucha de clases en el plano cultural, incluida la educación política. Bajo el capital sirve a la reproducción de la ideología dominante. La educación soviética también es propaganda, porque todavía es una sociedad que no ha abolido la explotación, pero donde el poder ha sido tomado por el proletariado para destruir la opresión de la burguesía. Entonces, la educación es una educación anti-capitalista, socialista. Los partidos revolucionarios tenemos que defender la educación, la educación sexual, el desarrollo, etc., en la perspectiva del gobierno obrero y del socialismo. Patriarcado Del mismo modo, hay una mistificación con el tema del patriarcado. El capitalismo proclama, ya desde la Revolución Francesa, su condición de sistema de igualdad formal. El patriarcado es un sistema de dominación personal. Las revoluciones burguesas liquidan todas las formas de dominación personal. Por lo tanto, el patriarcado se distingue claramente, como principio de construcción social, de la explotación capitalista. Ahora, los procesos históricos no son puros, no es que se hace un corte, como decía Clara Zetkin, una ruptura, con la claridad. Cualquiera sabe que en Brasil la esclavitud se abolió a finales del siglo XIX. Los descendientes de esclavos, y no sólo ellos, se encuentran más esclavizados hoy que bajo el régimen esclavista. Pero ya no pueden darse por objetivo la lucha para abolir la esclavitud, sino el capitalismo. Lo mismo ocurre en Estados Unidos, con los negros y los inmigrantes (‘ilegales’). Entonces, en muchas familias, las mujeres son tratadas peor que cuando no tenían ningún derecho, ahora que tienen derechos, ¿por qué? Porque un régimen de explotación tiende, por sus tendencias conservadoras, a perpetuar los elementos de explotación que fueron formalmente sustituidos por otra forma de explotación social. Pero ya no se trata del patriarcado, sino de la disolución de la familia como unidad económica y del patriarcado como dominación personal. Una cosa que llama la atención en los textos relativos al género es la falta de consideración sobre la familia -a la cual Marx y Engels le prestan toda la atención: la propiedad privada, la familia y el Estado, la Santísima Trinidad . Porque la familia es donde se produce o se desarrolla la esclavitud doméstica de la mujer. ¿Es decir que la mujer va a salir de esa esclavitud doméstica «por medio de una construcción cultural», y no por medio de la abolición de la familia, o sea, la socialización de la actividad doméstica? El salario doméstico para la mujer reproduce esta forma de esclavitud, más allá de la perspectiva de los salarios en un sistema capitalista que tiende a liquidar las conquistas obtenidas. Allí donde rige como una asignación especial, no ha detenido el avance de la miseria. Entonces, nuevamente, la abolición de esta familia opresiva, en cuyo seno ocurren cosas atroces, requiere la abolición del capitalismo. Porque con la abolición del capitalismo se socializan todas las actividades económicas, y se le quita base económica a la relación entre el hombre y la mujer, que pasa a ser una relación auténticamente personal. El Estado Ahora, aquí tenemos un problema que es muy interesante. En esta ‘construcción cultural’ se producen deformaciones instructivas. El 8 de Marzo, en las marchas en el País Vasco, muchas jóvenes marchaban cantando las canciones de la Revolución Española o las canciones de la Resistencia al franquismo. Lo cual me provocó una viva emoción. Tuve la sensación de que las ‘instituciones revolucionarias’ -y la música forma parte, la música revolucionaria, es una institución- volvían al frente. Pero cuando presté más atención, la canción decía ‘al Estado machista’. Es decir que en esta ‘construcción cultural’, el Estado viene a jugar el papel del varón, y entonces tenemos una organización política de los varones asentada enteramente en el sojuzgamiento de las mujeres, y no un Estado capitalista asentado enteramente en la explotación, por parte de una oligarquía capitalista, de la masa de los proletarios. El hecho de que se oscurezca el carácter de clase del Estado, en estos términos, muestra la función del feminismo de género en la teoría social, como una absolución del carácter de clase que explica la existencia del Estado, en una época de guerras y barbaries. ¿La finalidad de estas guerras es producir atrocidades de género o reforzar el poder punitorio del Estado para el cumplimiento de objetivos imperialistas? Ahora, si ‘todo es una construcción cultural’, ¿cómo luchamos contra la violencia contra la mujer? Que me digan cuál es la herramienta cultural para luchar contra la violencia a la mujer. Todas las propuestas de protecciones de las mujeres, post-violencia, no funcionan; y pre-violencia, por definición no van a funcionar porque están en la matriz del presente régimen social. En nuestro Partido hemos llamado sistemáticamente, hace mucho tiempo, a la organización socialista de las mujeres trabajadoras con características militantes , de manera que están en los barrios, en las fábricas, etc., movilizadas contra la violencia. Movilizadas desde el punto de vista de la propaganda y movilizadas desde el punto de vista de la acción directa. Digo ‘de la propaganda’ porque hay que persuadir a muchos obreros a que el camino de la emancipación pasa, en primer lugar, por el respeto a su compañera y por el respeto a cualquier mujer en general. Los socialistas tenemos que librar una lucha política dentro de nuestra clase y, en primer lugar, movilizar al proletariado en apoyo a la lucha de la mujer trabajadora y de la mujer ‘tout court’. Mujer, clase y partido Ahora, ustedes fíjense que ¿cuál es la diferencia que tenemos en este enfoque de género con lo que explicaron Olga [Viglieca] y Cintia [Frencia]? Había un Partido Socialista en Alemania que crecía a raudales, y prácticamente era un Estado dentro del Estado. Tenía cinco periódicos por Estado (está dividida Alemania en varios Estados), tenía cooperativas, sindicatos, periódicos, corales, orquestas sinfónicas… Había dos Estados: la monarquía y el Partido Socialista. Y estaba la organización socialista de las mujeres, que entró rápidamente en conflicto -cuentan ellas- con la burocracia del Partido y con la burocracia de los sindicatos socialistas. Lo mismo que tiempo después protagonizaría la juventud con el aparato del Partido. En las discusiones entre las obreras del PS y las feministas, en más de una oportunidad el aparato del Partido apoyó a las feministas, en especial cuando se trataba de tejer una alianza entre socialistas y feministas -o sea a desarrollar un frente policlasista sobre la base de las reivindicaciones femeninas. La organización de la mujer del PS se identificó con la izquierda del Partido. La colaboración de clases se explicitó antes en el movimiento de la mujer, y luego en la guerra se va a explicitar en la colaboración política en el Estado con el capital alemán, los feudales alemanes, contra el proletariado de los otros países y contra el proletariado alemán. Pero comenzó como una propuesta de colaboración de clases en el movimiento de la mujer. Es decir: detrás de esto está el problema de convertir al movimiento de la mujer en el punto de partida de un Frente Popular. El feminismo de género representa, en este punto, una vía de desvío político para las masas en su conjunto. Los obreros más avanzados deben disputar este terreno, convirtiéndose, en primer lugar, en los sostenedores más enérgicos de la lucha de la mujer. Tenemos acá, para terminar, el siguiente punto: en la izquierda argentina están completamente asentadas la teoría de género, la construcción cultural, la alianza con la mujer burguesa y la colaboración de clases. Inclusive en el Frente de Izquierda. Como en esa película de Julia Roberts, dormimos con un adversario ideológico y estratégico potencial. La deliberada acción de evitar la delimitación clara del feminismo de género, así como la adopción de su método teórico, es un rasgo común del izquierdismo trotskista, que debe ser combatido en la teoría y en la acción política. El izquierdismo de la paridad de género como la vía para la igualdad de derechos es un planteo completamente antagónico al punto de vista de aquellas socialistas, y nada en la historia ha desmentido a aquellas socialistas. Aquellas socialistas hicieron la Revolución de Octubre. La conciliación entre el marxismo y el feminismo de género se manifiesta en forma directa en el campo político de la izquierda con la promoción de los partidos amplios, ideológicamente ‘plurales’, que incorpora a ese feminismo. Desde el campo del género, la pequeña burguesía ha impuesto su posición de clase: no al partido obrero, sí al partido plural y al movimientismo. Los partidos amplios -en Europa se llaman así -no tienen una ideología ni un programa. Aglutinan construcciones identitarias. ¿Qué quiere decir ‘identitarias’? Que se ordenan por un criterio ajeno al desarrollo social en el campo del trabajo -étnicos, géneros, naciones. Todo lo que no es una entidad generada históricamente por la lucha de clases, sino definida al margen de esa lucha de clases. Aunque está condicionada por la lucha de clases -y los marxistas la toman como parte de la lucha de clases-, en cambio, es definida por otros como no vinculantes a ella -que lo justifican como una superación del reduccionismo . Entonces, se forman partidos feministas, ecologistas, “con perspectivas plurales. Cada uno tiene una perspectiva diferente. Obviamente, con una perspectiva diferente de todo el mundo, el capitalismo puede quedarse tranquilo: nunca se va a reunir la fuerza necesaria para poder derrocar al sistema capitalista. Ya este concepto, esto que estamos criticando y que el libro de Frencia y Gaido tan bien desarrolla, lo vemos en partidos trotskistas que se disuelven en formaciones ajenas o practican en ellas un seguidismo estratégico. En lugar de esto, es necesaria una campaña con este libro, para desarrollar una conciencia de clase en el proletariado acerca de la lucha de la mujer. Con una gran concurrencia de varones. ¿Cuál es el punto de cierre de esta exposición? La lucha por el derecho al aborto. Un elemento decisivo en esta lucha es que la clase obrera intervenga a favor del derecho al aborto. En particular, por el hecho de que la Iglesia y la burocracia sindical están en contra. Acá tenemos un fenómeno un poco inverso al que estuvimos describiendo con Cintia y Olga. Ahora no se trata de que hay mujeres burguesas y mujeres socialistas, ahora se trata de que hay obreros que siguen a la burocracia y obreros con independencia de clase frente al movimiento de la mujer por el derecho al aborto. El movimiento de la mujer por el derecho al aborto es un movimiento masivo, pero entre los obreros, una parte sigue a la burocracia, en forma pasiva o no tomando partido, porque tampoco la burocracia lo incita a que tome partido en contra del derecho al aborto, porque tiene miedo que si los incita a tomar partido, los obreros van a empezar a discutir, alguien va a venir con alguna idea, y en el camino va a volver a casa o en donde sea, le va a decir a la mujer: “Vieja, hoy tuve todo un debate político: me sumo a la lucha ésta”. Y descubre una nueva aproximación política. El que el obrero se interese por la lucha de la mujer y la tome como propia equivale a la conciencia de clase. Es un obrero con una conciencia de clase porque ha salido de sí mismo y ha comprendido que su propia emancipación es una lucha de carácter universal, y que tiene que ver con la emancipación del género humano, como dice la canción de “La Internacional”. Entonces, hay muchas tareas por realizar. Impulsar este movimiento para que triunfe o para que sea muy masivo. Interesar, digamos, a los trabajadores. Y desarrollar una intensa propaganda. Porque la construcción de la mujer -cultural, psicológica, humana- será obra de las mujeres mismas , en las condiciones de la libertad que ellas mismas contribuyan a crear, luchando por el gobierno de los explotados y por el socialismo internacional. No hay nadie que les vaya a decir cómo es una mujer. Es la experiencia de la vida; y nosotros luchamos para que esa experiencia de vida no tenga obstáculos, pueda desarrollarse con amplitud, para descubrir su personalidad femenina, su personalidad humana, su personalidad social, a través de su propia experiencia . *Jorge Altamira es fundador y dirigente nacional del Partido Obrero y de su corriente internacional, la CRCI. Fundó y dirigió Prensa Obrera y esta revista. Autor entre otros libros de La estrategia de la izquierda en Argentina, El Argentinazo, el presente como historia y No fue un martes negro más.

1 de agosto de 2018
La estrategia del Partido Comunista del Uruguay entre 1968-1973

Introducción El período 1968-1973 ha sido objeto de numerosos estudios, pues concentra sucesos claves para el campo popular y la vida nacional, enmarcada en una coyuntura particularmente aguda a nivel internacional. Estos años estuvieron sacudidos por crisis económicas, políticas y sociales como producto de la gran crisis de posguerra, que ponía fin al pretendido período dorado del siglo pasado, conocido como los “treinta años gloriosos” que se inician a partir de 1945. El estallido revolucionario del convulsivo año 1968 expresó la gran crisis mundial que se iniciaba, marcando un hito en la historia moderna porque tuvo una dimensión de características globales (Rieznik, 2009). En enero fue el comienzo de la ofensiva del Tet, que arrinconó en Vietnam a las tropas invasoras, dando un golpe decisivo a pesar de sus objetivos inmediatos. En Estados Unidos, el impacto de este hecho fue enorme, donde se había desarrollado un enorme movimiento contra la guerra, liquidando la reelección del entonces presidente Lyndon Johnson, y golpeó el corazón del régimen político norteamericano sacudido por dos “magnicidios”: el de Martin Luther King en abril y el de Robert Kennedy algunos meses después. El Mayo francés se inscribe en este cuadro, donde el levantamiento juvenil fue la chispa que encendió la más importante huelga general del proletariado de ese país en su historia, que paralizó Francia durante un mes. En agosto de este mismo año, por un nuevo estallido, pero en el este europeo: cinco mil tanques rusos y doscientos mil soldados invadían Checoslovaquia para aplastar la llamada “Primavera de Praga”, momento clave en las rebeliones que sacudían el territorio dominado por el stanilismo y sus gobiernos títeres de Europa Oriental. La clase obrera del este europeo se rebelaba contra los usurpadores que decían gobernar en su nombre. En nuestro continente, la policía y el ejército mexicano reprimen a sangre y fuego una masiva concentración estudiantil, asesinando a centenas de estudiantes en la conocida masacre de Tlatelolco. Más al sur, en Brasil, el estudiantado se levantaba contra la dictadura en masivas ocupaciones y movilizaciones; en Argentina comenzaban las huelgas que terminarían en el Cordobazo. En las huelgas, en las plazas y en las calles se aprecia el escenario común de un final de época: la quiebra de los equilibrios políticos y económicos armados al finalizar la Segunda Guerra Mundial, que habían sido negociados por las potencias económicas victoriosas y la URSS, gobernada por el régimen de Stalin. El período abierto en 1968 se extiende hasta principio de los emblemáticos años setenta. En este contexto, los partidos comunistas a nivel internacional ingresan a este período marcados por el proceso de debates iniciados con el ascenso de Kruschev -y luego Breznev- y la llamada “desestanilización” en la URSS a partir del XX Congreso del año 1956. Braz (2006) afirma que en la década del ‘60 el PCUS perdió su condición de ejercer total supremacía sobre los rumbos del movimiento comunista-stalinista internacional, asistiendo al final de la década a su pulverización y fragmentación. La cuestión de la estrategia revolucionaria fue objeto central de varias perspectivas -al interior y exterior del movimiento comunista-stalinista-, enfrentando variantes insurreccionales y reformistas. El presente trabajo se divide en dos secciones: en la primera sección se abordan algunos antecedentes específicos de la estrategia de los partidos comunistas, en particular lo que luego se denominó como eurocomunismo, que emergió durante la década de los sesenta y setenta, que significa el abandono hasta formal del leninismo y de la concepción de la dictadura del proletariado, adaptándose cada PC no en forma incondicional a la política de la burocracia del Kremlin, sino también a las necesidades de la burguesía de cada país. Se puede tomar como antecedente los planteos reformistas y oportunistas de la II Internacional de principios del siglo XX y, lógicamente, de la III Internacional bajo el comando de Stalin en la década de los treinta; a continuación se repasan los ejes que hacen al planteo sobre la naturaleza de la revolución en América Latina y Uruguay formulada por el PCU en los sesenta, en especial la caracterización del capitalismo local como dependiente, atrasado y con rasgos semifeudales, constreñido por el peso de los monopolios extranjeros y la oligarquía terrateniente, y las razones por las cuales planteó la necesidad de una revolución “democrático-burguesa, agraria y antiimperialista”, es decir, una revolución por etapas. En la segunda sección se analiza la táctica del PCU en las huelgas de 1968-69 frente a las Medidas Prontas de Seguridad, la política hacia las elecciones de 1971 y su posición frente a los comunicados 4 y 7 de las Fuerzas Armadas, que dan cuenta del planteo estratégico de fondo que se sostuvo en este período en su convocatoria a formar acuerdos con sectores de la burguesía nacional. La “vía democrática” al socialismo En las décadas de los ‘60 y ‘70 emergieron, con cierta fuerza, los planteos dentro de los partidos comunistas sobre la renuncia a la revolución y el desarrollo de las “vías democráticas” al socialismo, entre cuyos principales impulsores se encontraba el Partido Comunista italiano -pero que luego integraron el PC español y PC francés- y la aparición del gobierno de Allende como referencia ineludible de esta vía. De este modo, en medio de convulsiones sociales y políticas de enorme envergadura, emergió el llamado eurocomunismo, que colocaba como estrategia política central la ampliación de las alianzas de clase con la burguesía nacional y la cuestión electoral-parlamentaria como tarea fundamental de la etapa. Las reformas serían presentadas como momentos políticos que promoverían avances graduales y permitirían la acumulación de fuerzas sociales, necesarias para la construcción del proceso de cambio revolucionario. La vía insurreccional para la revolución social y la conquista del poder de la clase obrera era reemplazada directamente por victorias parciales en el parlamento, en gobiernos municipales, nacionales y la institucionalidad burguesa. La inserción gradual en el Estado burgués permitiría la conquista de la hegemonía del conjunto de la sociedad, incluyendo las organizaciones políticas de la sociedad civil. De este modo: “La transición hacia el socialismo suponía, entonces, la conjunción de estrategias que, al adecuarse a la realidad nacional, articularían alianzas en la sociedad que permitirían la acumulación de conquistas sociales, vía reformas permanentes y progresivas, a fin de tornar la revolución en un proceso histórico que se desarrollaría en la vida nacional hasta la conquista de la hegemonía pactada entre diversas fuerzas sociales, sobre el comando del partido. Tal hegemonía sería conquistada por un proceso de democratización profunda de la sociedad que posibilitaría al proletariado tornarse, por del partido, dirigente del proceso revolucionario, a través del control del Estado. La vía hacia el socialismo, según las ideas de los eurocomunistas, se daría por medios pacíficos y democráticos” (Braz, 2006:282). Según Mandel (1978), la orientación política del eurocomunismo con centro en la alianza de la clase obrera con la burguesía nacional y la estrategia parlamentaria tienen sus raíces históricas en el viraje dado por la Tercera Internacional en su séptimo Congreso de 1935, en torno de las definiciones sobre el Frente Popular, cuya función política se manifestó en las alianzas de los PC’s con la socialdemocracias y con la burguesía liberal en los Frentes Populares de España y Francia como recurso para impedir la insurrección proletaria. En este sentido, la noción directriz de fondo del Frente Popular que retoma el eurocomunismo era la colaboración entre las clases “progresistas” contra las clases reaccionarias en los marcos de la defensa de las instituciones del Estado, en el supuesto de que tales instituciones cambiarían su contenido particular de clase. La conquista de espacios estatales podría permitir que aumente el peso y poder de las masas en la democratización y gestión del Estado, desenvolviendo reformas estructurales que transformarían por etapas la naturaleza del régimen capitalista a través de la conquista de mayorías parlamentarias. En este aspecto, el eurocomunismo retoma las tesis de Kautsky en torno de una transformación gradual del capitalismo, a partir de la realidad nacional de las relaciones capitalistas. Renunciando a un abordaje de lucha internacionalista, se hace centro en las estrategias de orden nacional. Se trata de la tesis etapista -retomada por el stalinismo-, en la cual se concibe el proceso revolucionario como la articulación previa de fuerzas que actúen por la modificación progresiva del capitalismo hasta el momento en que se reúnan las condiciones para tomar el poder. Para Mandel, buena parte de estos contenidos son una vuelta a la socialdemocracia reformista de 1914-1929, convirtiendo a los PC’s en un elemento de estabilización del “orden burgués en el Estado capitalista”, porque buscaban asegurar la bases para la suavización de la lucha de clases del movimiento obrero hacia una salida en los marcos de institucionalidad. La tentativa de edificar sociedades nacionales democráticas y pacifistas sugería un tipo de socialismo (democrático) nacional que rehabilitaba la tesis del “socialismo en un solo país” de Stalin. En América Latina, el marxismo tuvo que confrontar como problema principal la definición del carácter de la revolución en el continente -que resultaba del análisis de las formaciones sociales latinoamericanas y el punto de partida para definir estrategias y tácticas políticas (Lowy, 2007). Cuestiones políticas fundamentales como las alianzas de clase, los métodos de lucha, las etapas de la revolución se deducen de la caracterización central de la naturaleza de la revolución. Entre 1930-1959 existe en América Latina una hegemonía de la interpretación stalinista consistente en la teoría de la revolución por etapas, definiendo la etapa como nacional-democrática. Esta caracterización, que predominó en los PC’s latinoamericanos, llega a una conclusión central: las condiciones económicas y sociales en América Latina no están lo suficientemente maduras para una revolución socialista, siendo el objetivo concretar una etapa histórica democrática y de desarrollo del capitalismo nacional, superando los resabios “feudales”. Por ello, en los países atrasados, la revolución no era la proletaria, sino una revolución “intermedia”, ni burguesa ni proletaria, que en nuestro continente era llamada “revolución agraria y antiimperialista” o democrático-burguesa. Para llevar adelante esta conclusión, el objetivo era conformar la alianza del proletariado con la pequeña burguesía y la burguesía nacional progresista contra el imperialismo norteamericano y los terratenientes, sus socios burgueses nacionales. En la década de los sesenta, diversos autores como Gunder Frank, Ruy Mauro Marini, Aníbal Quijano, Luis Vitale o Rodolfo Stavenhagen cuestionaron la teoría del feudalismo latinoamericano, caracterizando la estructura colonial histórica y la estructura agraria presente como esencialmente capitalistas. Criticaron también el concepto de “burguesía nacional progresista” y la perspectiva de un desarrollo capitalista independiente en los distintos países latinoamericanos, señalando que esta burguesía “raquítica” era incapaz de llevar adelante las tareas nacionales pendientes. Para ellos, el atraso económico no estaba dado por los resabios feudales ni en obstáculos precapitalistas, sino en el propio carácter del desarrollo capitalista dependiente en América Latina. Esta premisa señalaba una conclusión determinante y opuesta a la formulada por los PC’s latinoamericanos: la imposibilidad del camino “nacional-democrático” y del papel revolucionario de un sector de la burguesía nacional para el desarrollo social en América Latina y la necesidad de una revolución dirigida por la clase obrera que rompiera con la dependencia y el subdesarrollo, y se uniera al torrente de la revolución socialista mundial. El carácter de la revolución en Uruguay: alianza de clases y parlamentarismo En Uruguay, la tesis del carácter feudal o semifeudal de la economía colonial de América Latina y de sus resabios fue sostenida por el PC del Uruguay (PCU) en la pluma de su secretario general, Rodney Arismendi. En un breve ensayo, La economía feudal en América Latina , de 1962, señala que los rasgos esenciales de la sobrevivencia feudal son el régimen latifundista de la propiedad de la tierra y la supeditación de la economía colonial a la economía metropolitana. Para Arismendi, el imperialismo subordina a las economías de origen colonial desencadenando un desarrollo capitalista deformante, bloqueando la transición del feudalismo o semifeudalismo colonial al capitalismo, que se materializa sobre la base de mantener “el latifundio de cara al mercado exterior, para adaptarse luego, a través de la exportación de capitales, de la extensión de la vías férreas, de la navegación, como factor condicionado y condicionante del pasaje del capitalismo a su fase imperialista” (Arismendi, 1962). El resultado es la imposibilidad de un poderoso desarrollo del mercado interno y del capitalismo nacional (proletariado y burguesía nacional). Esta visión nacional de la necesidad de un desarrollo capitalista independiente, de las tareas de la etapa y alianza de clase se encuentra expresada en la “Declaración Programática de 1958”, aprobada por el XVII Congreso del PCU. Las premisas estratégicas establecidas en este documento se verán, luego, en la actuación del PCU durante los sucesos que van del 1968-1973. La declaración comienza afirmando que con sus “riquezas naturales, el Uruguay podría construir una economía independiente y desarrollada y asegurar una vida feliz, de bienestar material y cultural, incluso a una población varias veces mayor que actualmente lo habita”, sin embargo, estas posibilidades contrastan con “el atraso de la economía, el lento desarrollo social y cultural y los sufrimientos de los trabajadores y el pueblo”, cuya causa es “la apropiación de los principales medios de producción por los monopolios extranjeros y una minoría privilegiada de grandes explotadores: latifundista y grandes capitalistas; ello les permite apoderarse de los frutos del trabajo nacional, trabar el progreso, condenar a los obreros a una dura explotación y hacer vegetar a las masas populares en una vida sin horizontes”. La “Declaración” identifica la dependencia de Uruguay en la penetración de los capitales monopolistas extranjeros, especialmente, los norteamericanos, que controlan los grandes frigoríficos, bancos, fábricas textiles, metalúrgicas, transporte de ultramar, medios de comunicación, etc. La dependencia se expresa también en la deuda externa como medio de dominación y saqueo, sustrayendo al país millones de dólares que se fugan por la vía de los beneficios de las empresas, y de los intereses y amortizaciones de la deuda 1 . El imperialismo se apoya -según la Declaración-, en la escena nacional, en los grandes terratenientes y grandes capitalistas, que son “sus agentes y cómplices” en la explotación del pueblo uruguayo. Sin embargo, el documento establece que a raíz de la crisis económica y la política norteamericana se produce una diferenciación en la gran burguesía en dos capas: “Una, de grandes capitalistas vendidos en cuerpo y alma al imperialismo norteamericano (…) la otra, está formada por grandes burgueses, que tienen sus capitales invertidos principalmente en la industria nacional y se ven golpeados por los intereses de la política expoliadora norteamericana”. En consecuencia, una de las tareas fundamentales de la etapa consistía en la ampliación de la alianza de clases, que debía incluir a la gran burguesía nacional, “que se ven golpeados por el capital norteamericano”. El resumen del planteo etapista de la revolución democrático-burguesa para Uruguay es formulado en los siguientes términos “La contradicción principal de la estructura económico social del Uruguay es la contradicción entre las fuerzas productivas que pugnan por desarrollarse y las relaciones de producción, basadas en la dependencia del imperialismo y el monopolio de la tierra, que frenan ese desarrollo. Ella se expresa también en la contradicción entre el imperialismo, los latifundistas y los grandes capitalistas antinacionales, y todo el pueblo uruguayo, los obreros, agricultores y ganaderos pequeños y medios, los intelectuales y estudiantes, los empleados del Estado y privados, los jubilados y pensionistas, los artesanos y pequeños comerciantes, y la burguesía nacional” (pág. 15). La revolución “agraria y antiimperialista” abriría paso a un amplio desarrollo de las fuerzas productivas en el marco capitalista, recién después sería posible la revolución socialista. La lucha de la etapa era la conformación, en base a esta correlación de fuerzas de clase, de un “gobierno democrático de liberación nacional” que llevaría adelante la primera etapa histórica, siempre garantizando la propiedad privada: “la propiedad de los industriales y comerciantes nacionales (léase gran burguesía conciliadora) y de los campesinos y arrendatarios no latifundistas que no conspiren contra el poder popular, será respetada y defendida por la ley” (pág. 16). Finalmente, la “Declaración Programática” establece la “vía uruguaya” de la revolución, señalando que aunque una revolución social no puede hacerse de manera “gradual, evolucionista, reformista (…) Ello no significa, sin embargo, que sea obligatoria la vía de la guerra civil”, sino que “es posible conquistar el poder político por vías pacíficas y convertir al parlamento en un auténtico órgano ejecutor de la voluntad popular” (pág. 17). El PCU entraría a la década del ‘60 con la orientación de ganarse a un sector de la gran burguesía nacional a una revolución “agraria y antiimperialista” y privilegiando la estrategia parlamentaria como una vía pacífica para el cumplimiento de estas tareas históricas, mediante la táctica de la unidad política de la izquierda con las fuerzas políticas ‘progresistas’ en un Frente Popular -es decir, de la clase obrera con la burguesía local. De las huelgas del ‘68 a las elecciones del ‘71 Desde mediados de la década del ‘50 comenzó en Uruguay una aguda crisis económica. Desde 1957 crece la inflación, el salario real comienza a caer aceleradamente, se produce un descenso y estancamiento del PBI. Se trató de la crisis del denominado modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones. El impasse de la economía y el descontento popular se reflejó en las urnas con el triunfo del Partido Nacional en 1958, luego de 94 años de gobiernos colorados. La crisis se agudizará durante los ocho años siguientes del gobierno blanco, potenciando la movilización de las masas. Hacia mediados de la década, en 1966, se produce la unificación del movimiento sindical uruguayo en la Central Nacional de Trabajadores (CNT). La inestabilidad política del régimen y el ascenso de las luchas populares unifican a los distintos sectores de la burguesía internacional y nacional detrás de una perspectiva de un gobierno de “mano dura” contra los trabajadores. En este cuadro, en 1967 se aprueba una nueva constitución de características represivas (y presidencialista) y, a fines de ese año, asume Pacheco Areco como presidente. La orientación política que el PCU desarrolló en los convulsivos años del gobierno de Pacheco Areco es significativa en tanto muestra su rol e intervención en un período de fuerte crisis social y política. El ‘Pachecato’ se caracterizó por una consolidación del método autoritario por el cual el gobierno atacó las condiciones de vida del movimiento obrero y popular, y cercenó las libertades democráticas, de expresión y de reunión mediante las Medidas Prontas de Seguridad . La represión y asesinato de manifestantes, la persecución política mediante detenciones, la clausura de diarios, la ilegalización de organizaciones y partidos de izquierda, las detenciones arbitrarias, los despidos, destituciones y militarizaciones de huelgas fueron moneda corriente durante este período, que tuvo sus puntos más álgidos en 1968 y ‘69. La política represiva de Pacheco contra el movimiento obrero tenía como objetivo garantizar la política de congelamiento salarial, en medio de una inflación galopante, que redujo brutalmente las condiciones de vida de los trabajadores en beneficio del capital financiero. En estas condiciones se produce un fenomenal ascenso de las luchas obreras entre junio del ‘68 hasta finales del ‘69: ocupaciones de fábricas, huelgas indefinidas en diversos sindicatos, combates callejeros y en oportunidad del velatorio del estudiante comunista Líber Arce, la manifestación más grande de la historia; casi media población montevideana. En abril del ‘69 se desata la huelga indefinida de los obreros frigoríficos que dura cuatro meses. En junio, un paro general nacional de la CNT reclama la solución a los conflictos, reposición de los destituidos, ajuste de los salarios al costo de vida, y en lo sucesivo se desatan huelgas en la mayoría de los sindicatos (Agrupación de Funcionario de UTE -Aute-, la Asociación de Bancarios, los municipales, gráficos, periodistas, etc.). El Poder Ejecutivo recrudece la represión, encarcelando a más de 800 militantes sindicales, estudiantiles y políticos, despliega la movilización militar en UTE, Ancap, OSE y Telecomunicaciones, y clausura nuevos diarios. Según Héctor Rodríguez -integrante del Congreso Obrero Textil (COT)-, éste no hizo retroceder a la clase obrera, desde las bases sindicales sólo llegaban reclamos de medidas de lucha. La COT propone, el 25 de junio, que se declare la huelga general indefinida de la CNT; el Secretariado primero y la Mesa Representativa luego -con mayoría del PCU- votan en contra de esta propuesta. En este marco, la polémica que se desarrolló en seno del movimiento sindical 2 en la reciente conformada CNT, sobre la táctica que el potente movimiento obrero organizado de la época debía desenvolver frente al avance autoritario, dejó de manifiesto la existencia de dos posiciones divergentes. El debate giró en torno de la necesidad de dar una respuesta de conjunto mediante la aplicación de una huelga general de todo el movimiento sindical para quebrar la política de Pacheco. La corriente mayoritaria de la dirección de la CNT vinculada con el PCU se opuso a esta propuesta defendiendo la línea de avanzar con un plan de acciones concretas que evitara un desenlace definitivo y frontal contra el gobierno. El dirigente sindical del Sunca y del PCU, Mario Acosta, lo coloca en estos términos: “La situación del país es tan tensa y las disyuntivas económicas están tan cerradas dentro de los actuales carriles, que en cierta medida es cuestión de vida o muerte para la oligarquía el imponer esa política (…) En tal situación, que el contendiente relativamente más débil acepte ir a una batalla decisiva, es suicida”. Y continúa, “el movimiento obrero y popular, en vez de embretarse en un choque frontal con un gobierno que evidentemente está dispuesto a pagar un alto precio político por la aplicación rígida de su línea y que seguía controlando las fuerzas estatales, debía zafar del cepo y hallar otra salida” 3 . En el primer Congreso de la CNT, realizado en mayo de 1969, se cristaliza en varios documentos presentados por sindicatos y por dirigentes sindicales, una crítica al accionar de la mayoría de la dirección de la Central, reprochándole el llevar adelante una táctica de contención del real potencial que podía adquirir la movilización popular. El informe al primer Congreso de la Asociación de Bancarios del Uruguay de mayo de 1969 dice: “La táctica desarrollada, en muchos de sus aspectos por la forma de su aplicación, no ‘desgastó al enemigo’ tanto como a los mismos sindicatos en su aplicación (…) En nuestro criterio, la preocupación de no agravar la situación política desembocó en la aplicación de una táctica que fue oscilando de la inefectividad al quietismo” 4 . Por su parte, Héctor Rodríguez va más allá en la crítica, manifestando que el fundamento de la táctica que se oponía a la huelga general buscaba evitar la confrontación directa con el gobierno, aduciendo que no existían condiciones en el movimiento obrero para tal acción. Dirigiendo la salida a la crisis hacía una “salida política” que se manifestaría en las elecciones de 1971. Para realizar esta afirmación, Héctor Rodríguez se apoya en un artículo publicado en El Popular , el 30 de enero de 1970, por el senador del PCU, Enrique Rodríguez, que, en referencia a la táctica desarrollada, afirma: “Si esta táctica fue justa, si ella condujo no a una confrontación total prematura sino a lograr el desgaste del enemigo, empujándolo a que se enrede en sus contradicciones inevitables, mientras el pueblo mantiene en lo esencial su prestancia combativa, el resultado de esa táctica debe expresarse con cierta claridad, ahora cuando se abre lo que llamaríamos ‘la salida política’. Dicho de otro modo, ¿la táctica empleada cumplió el papel de crear unas mejores condiciones para que el pueblo actúe en el período político que ahora se acerca? De alguna manera, ése era uno de los fundamentos de la conducta asumida ante las ‘medidas’. Y bien: puede dudarse que también en este terreno -el estrictamente político electoral- los resultados de la táctica empleada rendirán sin falta frutos maduros, nosotros no lo dudamos” 5 . De este modo, para el PCU, la discusión sobre la táctica a utilizar por el movimiento sindical para enfrentar al gobierno estaba subordinada a la conformación de una alternativa electoral para las elecciones de 1971, de ahí el rechazo a la posición de que la CNT descartara la huelga general para quebrar al gobierno de Pacheco. Se estaba en vísperas de la conformación del Frente Amplio, que resultaría de una alianza de los principales partidos con influencia en el movimiento popular -especialmente los partidos Comunista y Socialista- con partidos que representaban sectores de la pequeño burguesía y la burguesía nacional, como el Partido Demócrata Cristiano (PDC) y la Lista 99. La alternativa del FA era consecuente con los fundamentos de la estrategia del PCU, esbozados en 1958. La alianza policlasista en el terreno de las elecciones que representó el Frente Amplio tenía, según sus promotores, claros objetivos: “Lo electoral es importante en la medida que constituye un medio para hacer realidad un programa. No importa mucho, además, en cuanto represente el único esfuerzo verdadero para evitar en Uruguay una revolución violenta”, declaraba Rodríguez Camusso -que salía del Partido Nacional- en el periódico Marcha , en 1970, para incorporarse luego al FA. La vía gradual y democrática de integración al Estado fue la estrategia definida en sus propios inicios: “El FA será una fuerza política que lucha por el poder para realizar transformaciones por vías democráticas [se trataba de] instrumentar un aparato político capaz de aglutinar las fuerzas populares auténticamente nacionales para agotar las vías democráticas a fin de que el pueblo, mediante su lucha y su movilización, realizara las grandes transformaciones por las que el país clama” (Declaración constitutiva del FA, febrero de 1971). Cuando las elecciones de noviembre de 1971 se acercaban, el debate continuó y se clarificó en el movimiento sindical. En el 2º Congreso de la CNT se volvió a desarrollar la polémica sobre la táctica sindical de los años anteriores. El informe central de la mesa representativa se pronunciaba contra el voto a los partidos tradicionales y señalaba su apoyo al recién creado Frente Amplio de la siguiente forma “las acciones que fuimos capaces de cumplir, los triunfos alcanzados, la unidad lograda han sido los factores que han permitido que hoy el pueblo se una a una expresión política antioligárquica y antiimperialista y que su acceso al poder sea una alternativa concreta y próxima” 6 . En oposición a este informe, once gremios 7 presentaron un documento en minoría, cuestionando la orientación de la mesa, colocando que los conflictos “fueron orientados y dirigidos por la mayoría de la CNT, pero en realidad estuvieron aislados por la mayoría de la dirección”. En el mismo informe se clarifica sobre el rol que debe jugar el movimiento sindical frente a las elecciones, también cuestionando el informe de la mayoría de la mesa de la CNT: “Se plantea claramente en líneas generales una salida política electoral pretendiendo desviar la lucha de los trabajadores y a la vez poner a la CNT al servicio de las elecciones. Debemos tener claro que la lucha sindical no tiene de ninguna manera el límite de un acto electoral” 8 . De este modo, los once sindicatos criticaban la táctica de la mayoría de la CNT, dominada por el PCU, de imponer un reflujo a las luchas obreras como forma de canalizar el creciente descontento popular hacia el parlamentarismo, ahogando a los sectores más radicalizados del activismo obrero y estudiantil que podrían llegar a conducir a las masas a una situación insurreccional. Así, el PCU afirmaba su pretensión de que por medio del Frente Amplio se realizaría una experiencia de “paso pacífico al socialismo” en base al retroceso de las grandes movilizaciones de masas del ‘68-’69. “Unidad de civiles y militares”: el PCU frente a los comunicados de febrero de 1973 En las elecciones de 1971 triunfa Bordaberry, del Partido Colorado, con escaso apoyo parlamentario, y continua en los trazos decisivos con lo realizado por Pacheco Areco. En los primeros meses de 1972, la Asamblea General aprueba la suspensión de las garantías individuales y declara el “Estado de Guerra Interna”, dando curso libre a la represión de todos los opositores. En este marco, arremete y derrota al movimiento tupamaro, que en 1970 había alcanzado su mayor envergadura y movilización; asedia y balea la Seccional 20º del Partido Comunista, donde mueren ocho comunistas (Nahum, et. al.; 1997). La carestía sigue en aumento y, durante ese año, se producen diez paros generales de la CNT, sin operar una ofensiva de conjunto por parte del movimiento sindical. En tanto, las Fuerzas Armadas habían asumido la conducción de la lucha “antisubversiva” y comenzado a delinear su propia estrategia política, frente al impasse del régimen político. En febrero de 1973, la designación, por parte del gobierno de Bordaberry, de Antonio Francese como ministro de Defensa Nacional desató una crisis institucional. En respuesta a esta designación, el 8 de febrero, el Ejército y la Fuerza Area se acuartelan y salen a las calles con tanques y armados para la guerra, toman canales de televisión y emisoras de radio. En la ocupación de Canal 5 transmiten un comunicado en el que argumentan su oposición a la designación de Francese que “retrotraería (a las FF.AA.) a la superada época de ser brazo armado de intereses económicos y políticos, de espaldas al cumplimiento de sus misiones específicas de seguridad nacional y a los intereses de la nación” (Alvaro Rico, 2008:717). La Armada se mantuvo fiel a Bordaberry y al día siguiente bloqueó el puerto de Montevideo, atrincherándose en la Ciudad Vieja. Sin éxito para torcer el brazo de los sublevados, Bordaberry terminó aceptando la renuncia de Francese. El 12 de febrero tuvo lugar el llamado pacto de Boizo Lanza, que dio por cerrada la crisis, donde se resolvió la creación del Consejo de Seguridad Nacional (Cosena) que tendría como secretario general al general Gregorio Alvarez. La crisis reveló que las Fuerzas Armadas veían la necesidad de arbitrar en la crisis social y política que se había abierto. Un mes antes, un documento de la Junta de Comandantes en Jefe del 12 de diciembre de 1972 señalaba: “El poder político aspiraría a que las FF.AA. regresen a ‘sus cuarteles’, esto es, a su status tradicional, y que no graviten en la conducción nacional. Los Mandos Militares, compenetrados con la grave situación nacional, de la expectativa popular por las grandes soluciones nacionales y de sus responsabilidades respecto de la seguridad nacional, han decidido gravitar en la conducción nacional”. La pretensión de arbitrar por encima de ‘todo interés sectorial’, de no ser ‘el brazo armado de los grupos económicos’ revela que pretendían regimentar al conjunto de la sociedad, en primer lugar a la clase obrera, para salvaguardar los intereses del Estado y la burguesía. En el marco del enfrentamiento con Bordaberry, los militares sublevados emiten los comunicados 4 y 7, el 9 y 10 de febrero, respectivamente. Esos documentos presentan las ‘intenciones’ de las Fuerzas Armadas y un programa social, económico y político que incluye una serie de medidas de características presuntamente ‘nacionalistas’. Entre las medidas económicas se encuentran: “eliminar la deuda externa opresiva, mediante la contención de todos aquellos gastos de carácter superfluo; erradicación del desempleo mediante la puesta en ejecución coordinada de planes de desarrollo; redistribución de la tierra; creación, fomento y defensa de nuevas fuentes de trabajo y el desarrollo de la industria de base; establecer disposiciones que permitan combatir tan eficazmente como sea posible los monopolios, instrumentando medidas que posibiliten la mayor dispersión de la propiedad y un mayor control público de los medios de producción. En relación con el movimiento obrero se plantea una política de regimentación: mantener a las FF.AA. al margen de los problemas sindicales y estudiantiles salvo que lleguen por su intensidad, a poner en peligro la seguridad; proceder en todo momento de manera tal, de consolidar los ideales democrático-republicanos en el seno de toda la población, como forma de evitar la infiltración y captación de adeptos a las doctrinas y filosofías marxistas-leninistas, incompatibles con nuestro tradicional estilo de vida” (Comunicado 4). A través de estos comunicados, las Fuerzas Armadas lograron crear expectativas en la izquierda y amplios sectores del movimiento obrero respecto de la existencia de grupos progresistas o peruanistas 9 dentro de las Fuerzas Armadas -que se oponían a los brasileñistas de derecha. En la visión del PCU, la situación del país confrontaba dos bloques: la oligarquía -compuesta por el imperialismo, los terratenientes y la gran burguesía compradora- y el pueblo -compuesto por trabajadores, jubilados, estudiantes, pequeños productores y la gran burguesía nacional progresista. El programa de este sector de las Fuerzas Armadas, expresados en los comunicados 4 y 7, venía a colocarse dentro de las fuerzas progresistas de la sociedad -es decir, del lado del pueblo. Por ello, el PCU planteará la “unión de los orientales honestos” y que la contradicción no es “militares-civiles”, sino “oligarquía-pueblo”, llamando a las Fuerzas Armadas a converger con el pueblo contra la oligarquía, bajo el planteo de “Fuera Bordaberry”. En El Popular del 9 de febrero, el PCU fija su posición: “¿Por qué nos parece, en general, positivo el documento de las Fuerzas Armadas? (…)” y responden señalando su apoyo a las medidas económicas planteadas en los comunicados, aunque aconsejan a las Fuerzas Armadas sobre el “error” de considerar a los marxistas-leninistas contrarios a los ideales democrático-republicanos que señala el último punto del comunicado. Para el PCU: “Se trata de un evidente error, que incluso contradice el resto del documento que podría llevar a confusión a gran parte de los trabajadores que se sentirían discriminados, en perjuicio de la mejor compresión de los objetivos de las Fuerzas Armadas, restringiendo su repercusión en las masas (…) El marxismo-leninismo no es incompatible con los ideales democráticos y republicanos ni con nuestro estilo de vida”. Finalmente, afirman que “los marxistas-leninistas, los comunistas, integrantes de la gran corriente del Frente Amplio, estamos de acuerdo en lo esencial con las medidas expuestas por las FF.AA., como salidas inmediatas para la situación que vive la república y por cierto no incompatibles con la ideología de la clase obrera (…) se necesita el esfuerzo de todos los orientales honestos, sin distinción de civiles y de militares con la única determinación de ser patriotas de creer en el PUEBLO”. De este modo, la crisis de febrero puso en evidencia la estrategia del PCU de querer colocar en la dirección de una revolución “agraria y antiimperialista” a un sector del aparato represivo del Estado burgués, como el ejército. Es decir, con su conducta, el PCU apostó a una supuesta variante peruanista del golpe, desarmando políticamente a la clase obrera y obstaculizando su intervención independiente en la crisis abierta. Se reveló la ilusión de que los militares, como parte esencial de la alianza de la clase obrera con la burguesía nacional, podían liquidar a los terratenientes y los resabios feudales e impulsar un desarrollo capitalista independiente en el agro (reforma agraria) y la industria. ¿Tenía sentido esta ilusión, incluso en el caso de que una corriente militar “peruanista” hubiera ganado la interna de las Fuerzas Armadas? No. Pues, el problema consistía en que en la base de la posición se encontraba la caracterización etapista de revolución “democrático-burguesa, agraria y antiimperialista”: en Uruguay, la gran burguesía nacional (y sus diferentes capas) se encontraba profundamente entrelazada con los terratenientes y la banca, asociados para la explotación de mano de obra barata; se trata de una burguesía nacional raquítica, incapaz de llevar adelante cualquier transformación social profunda. Es decir, no existe la clase capaz de hacerse cargo de la tarea de desarrollar el capitalismo en el agro y la industria. La resolución de la cuestión agraria y el desarrollo de las fuerzas productivas sólo pueden ser resueltas por una revolución dirigida por la clase obrera, que no sólo cumple con las tareas democráticas no resueltas sino que comienza a transitar por tareas socialistas, como parte de la revolución latinoamericana y mundial. Conclusiones En el desarrollo de este artículo se intentó desentrañar la estrategia y táctica del PCU frente a un período de agudización sin precedentes de la lucha de clases. En el sentido en que lo entendían los bolcheviques, mientras la táctica se limita a medidas relativas a un problema particular de la lucha de clases, los problemas de la estrategia revolucionaria implican un sistema combinado de acciones que, tanto en su relación, sucesión y desarrollo, deben llevar al proletariado al poder y en torno del cual se subordinan los métodos tácticos del momento. Desde este plano, el PCU careció de una estrategia revolucionaria, pues se empeñó en amputar la independencia política del proletariado y en llevar a la capa “progresista” de la gran burguesía nacional al poder; en primer lugar, mediante la “vía democrática”, frenando la lucha sindical y de acción directa de las masas hacia las elecciones del 1971, y en segundo lugar, en el apoyo a una fracción de los militares en febrero del ‘73. Se reveló, finalmente, en un rol de estabilización del orden burgués en el Estado capitalista. Las enseñanzas de esta experiencia son de enorme importancia para los trabajadores y los explotados que luchan por la emancipación social. Nicolás Marrero es docente de la cátedra de Economía Política y Extensión Universitaria de la Universidad de la República (Uruguay) y dirigente nacional del Partido de los Trabajadores de Uruguay. Notas: 1.Distinta es la posición actual del PCU, que apoya el pago de la deuda externa por parte del gobierno del Frente Amplio. 2. Tanto en la prensa, el diario El Popular y el semanario Marcha, como en los congresos de la CNT de 1969 y 1971. 3. CNT: Documentos y Congresos/2, “Lucha y polémica sindical, 1968-1973”, tomo I. Centro Uruguay Independiente, Montevideo, 1985, págs. 90. 4. Informe al Primer Congreso de la Asociación de Bancarios del Uruguay, de mayo de 1969 en CNT: Documentos y Congresos/1, “Lucha y polémica Sindical, 1968-1973, tomo II. CUI, Montevideo, 1985. 5. CNT: Documentos y Congresos/2, “Lucha y polémica sindical, 1968-1973”, tomo IV. Centro Uruguay Independiente, Montevideo, 1985. págs. 50-51. 6. Idem, págs. 25-26. 7. Sindicato de Obreros y Administrativos de General Electric; Sindicato Unico de Enrique Ghiringheli SA; Unión de Obreros y Empleados CICSSA; Unión de Obreros de Seral; Sindicato de Frutas y Verduras de Salto; Plenario Intergremial de Mercedes; Federación Uruguaya de la Salud; Unión de Obreros, Empleados y Supervisores de Funsa; Sindicato de la Industria del Medicamento y Afines; Unión de Obreros y Empleados de TEM. 8. Idem, 73. 9. Por peruanismo se hacía referencia al régimen militar de Velasco Alvarado en Perú, que dio un golpe de Estado en 1968 y gobernó hasta 1975. Alvarado impulsó una serie de medidas de características nacionalista-burguesas, como la estatización de la Banca Nacional, yacimientos petrolíferos, siderúrgica, pesca y cemento, y dispuso una reforma agraria. Bibliografía Arismendi, R. (1962): La economía feudal en América Latina, en Löwy, Michael (2007): El marxismo en América Latina, Chile: LOM. Braz, M. (2006): Partido Proletario e Revolução: sua problemática no século XX. Tesis de doctorado de la Escola de Serviço Social de la Universidade Federal do Rio de Janeiro. Löwy, Michael (2007): El marxismo en América Latina, Chile: LOM. Mandel (1978): Crítica del eurocomunismo. Lisboa: Antídoto. Nahum, B.; Cocchi, A.; Frega, A.; Trochón, Y. (1997): El fin del Uruguay liberal (1959-1973). Montevideo, Banda Oriental. Rico, A. (2008): Investigación histórica sobre la dictadura y el terrorismo de estado en el Uruguay (1973-1985), Montevideo, Udelar. Rieznik, P. (2009): “Sobre el carácter histórico de la actual crisis mundial” en Revista En Defensa del Marxismo Nº 37. Disponible en http://www.po.org.ar/uploads/edm/pdf/4.pdf Schultze (2015): “El Partido Comunista del Uruguay como objeto de estudio: problemas, novedades y desafíos”, en Cuadernos del CLAEH, segunda serie, año 34, Nº 101. Siola, L. y Girona, M. (2016): Historia y Memoria de COFE a 50 años de su fundación, Montevideo, COFE. Fuentes Declaración programática del PCU de 1958. Disponible en www.pcu.org.uy Declaración constitutiva del Frente Amplio, febrero de 1971. Disponible en www.frenteamplio.org.uy Comunicados 4 y 7 de las Fuerzas Armadas. El Popular, 1968-1973. Seminario Marcha, 1970. Política Obrera, Abril-Agosto 1968/ Noviembre 1971/Febrero-Marzo, 1973. Documentos sindicales Nº 4: “¿Cómo luchar por el programa? Lucha y polémica Sindical 1968-1973”, tomo I, Centro Uruguay Independiente (CUI), Montevideo, 1985. Documentos sindicales Nº 7: Documentos y Congresos/1, Lucha y polémica Sindical 1968-1973, tomo IV, Centro Uruguay Independiente (CUI), Montevideo, 1985.

1 de agosto de 2018
A 100 años, el desafío es superar la Reforma Universitaria

“La reforma fue todo lo que pudo ser. No pudo ser más de lo que fue, en drama y actores. ¡Dio de sí, todo! Dio pronto con sus límites infranqueables. Y realizó un magnífico descubrimiento. Esto sólo la salvaría: al descubrir la raíz de su vaciedad y de su infecundidad notoria dio con este hallazgo: ‘reforma universitaria’ es lo mismo que ‘reforma social’” Deodoro Roca (1936) “¿Puede ser un hecho la Reforma Universitaria? (…) ¿Es capaz un gobierno de los que tiene hoy la América en casi todas sus naciones abrazar íntegramente los principios de la Revolución Universitaria? Afirmamos que es imposible. ¿Puede la juventud universitaria imponer ella, de por sí, los principios nuevos en las universidades? En algunas de sus partes sí, pero en otras no. (…) En lo que a Cuba se refiere, es necesario primero una revolución social para hacer una revolución universitaria” Julio Antonio Mella (1925) Introducción El centenario de la Reforma Universitaria ha dado lugar a homenajes y reivindicaciones de todo el arco político. El presidente Mauricio Macri decretó el 2018 como el año del Centenario de la Reforma Universitaria. Los rectores de toda América Latina, que acaban de viajar a Salamanca a tomar lecciones del Banco Santander y el Rey de España, se van a reunir el 15 de junio en Córdoba a proclamar su política como la actualización de la Reforma. Franja Morada, que después de 2001 se había escondido detrás de sellos vacíos, tratando de borrar su vínculo con el partido radical, se proclama orgullosa heredera del gobierno que habría habilitado la Reforma Universitaria. Hasta el peronismo, que entregó la educación pública a la Iglesia, intenta ahora una reivindicación de la Reforma en clave nacionalista. La izquierda, en general, se limita a denunciar la inconsecuencia de los reformistas y a plantear la necesidad de retomar la Reforma sin definir en qué consistiría su actualidad. El primer problema que se nos presenta, entonces, es juzgar el carácter de la Reforma Universitaria. ¿Cuál fue su contenido histórico, de clase? ¿Cuál es su vigencia? ¿En qué sentido podemos identificarnos con los reformistas del ’18? ¿Cuándo los Juri y los Barbieri reivindican la Reforma, son impostores o están revelando algo de su carácter? La Universidad de Buenos Aires, como homenaje a la Reforma, editó un libro que se titula La Universidad Reformada . Esto nos plantea un segundo problema. ¿Es posible hablar de una Universidad Reformada, es decir, de una universidad regida ampliamente por los principios reformistas? ¿Fue la Reforma una obra victoriosa que nos dejó un piso de conquistas o sus aspiraciones aún deben ser realizadas? ¿De ser así, en qué manos está su realización? La irrupción del movimiento estudiantil La Universidad Nacional de Córdoba, fundada en 1613 por los jesuitas, se mantiene prácticamente idéntica hasta la Reforma. La universidad, dominada por la Iglesia a través de la Corda Frates y las academias profesionales vitalicias es un monasterio. Los planes de estudio reproducen las concepciones medievales y oscurantistas, sin incorporar la ciencia moderna y se mantiene una regimentación abusiva sobre el estudiantado. Las universidades de Buenos Aires y La Plata (las otras dos universidades nacionales que existían entonces), creadas durante el siglo XIX bajo estándares más modernos, ya entre 1903 y 1906 viven un movimiento de estudiantes y profesores que va a lograr un desplazamiento parcial de las academias vitalicias en favor de los profesores liberales y una modernización de los planes de estudio. Pero en la Universidad de Córdoba (UNC), hasta 1917, nada ha cambiado. Naturalmente, trescientos años de quietud tenían que explotar y ésta va a ser la base de la forma radical que adquiere la Reforma Universitaria. A fines de 1917, la supresión del internado en el Hospital de Clínicas enciende la chispa. Rápidamente, el conflicto va a empalmar con el reclamo de modernización de los planes de estudio y renovación del profesorado. Con este programa, los estudiantes fundan, en marzo de 1918, el comité Pro Reforma y llaman a un “no inicio”. La aspiración de los estudiantes es modernizar a la UNC, colocándola a la altura de Buenos Aires y La Plata, para lo cual apuestan a una intervención del gobierno radical. Las autoridades responden al “no inicio” con el cierre de la universidad, lo cual radicaliza la movilización estudiantil. El 11 de abril, el gobierno designa a José Nicolás Matienzo como interventor y, el mismo día en Buenos Aires, los estudiantes fundan la Federación Universitaria Argentina (FUA). La intervención Matienzo restablece el internado y deja vacantes los cargos de consejeros, decanos y rector y a los miembros de las academias profesionales. Durante mayo se producen las elecciones de consejeros y decanos donde se imponen los candidatos apoyados por los estudiantes. Todo parece seguir un camino sin sobresaltos y el 15 de junio se consagraría, en la Asamblea Universitaria, el rector que apoyan los estudiantes. Sin embargo, en la Asamblea Universitaria, bajo la presión de la Iglesia y la oligarquía local, los profesores se terminan inclinando por Antonio Nores, el candidato de la Corda Frates. Este hecho rompe con la ilusión de que la Reforma iba a realizarse a través del profesorado liberal y da lugar a una etapa de radicalización creciente. Los estudiantes irrumpen en la asamblea y declaran la huelga general, que rápidamente va a lograr un alcance nacional. En este contexto, la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) (ex comité Pro Reforma) publica el “Manifiesto Liminar”, escrito por Deodoro Roca, y se realiza el primer Congreso Nacional de Estudiantes (en Córdoba), que empieza a configurar un programa más amplio del movimiento estudiantil. El Congreso aprueba una propuesta de Ley Universitaria y de bases estatutarias. Tras la frustración con el profesorado liberal se va imponer la concepción del estudiantado como el demos universitario y su necesaria participación en el gobierno. Aparece también el planteo de la extensión universitaria, como un primer intento de trascender los límites de la universidad y la cátedra libre como garantía para la libertad de pensamiento. Hay una moción por la gratuidad, pero el Congreso se limita a “encomendar a los poderes públicos se aboquen al estudio del costeo de la enseñanza superior para los estudiantes que no puedan hacerlo”. El ingreso irrestricto no figura entre los debates. A la par que se radicaliza el movimiento estudiantil, crece la solidaridad del movimiento obrero, lo que se va expresar en movilizaciones en Córdoba, que congregan 15.000 personas cuando los estudiantes no superan los 1.000. El punto más alto de este movimiento va ser la ocupación y puesta en funcionamiento de la universidad por parte de los estudiantes entre el 9 y el 11 de septiembre, que converge con la huelga general de los obreros cordobeses. Se designan tres estudiantes como decanos de Derecho, Medicina e Ingeniería, y conforman tribunales examinadores. La ocupación termina con la intervención del Ejército que derriba las puertas de la universidad y el procesamiento de los 83 ocupantes por “sedición”, en simultáneo con la segunda intervención de Hipólito Yrigoyen. Con la intervención del ministro de Instrucción Pública, José Santos Salinas, termina una primera etapa de la Reforma. El nuevo estatuto incorpora la participación estudiantil en el gobierno (en paridad con los profesores titulares), la docencia libre y la extensión universitaria. Hay una fuerte renovación del claustro docente y muchos reformistas ingresan como profesores. La explosión cordobesa va a poner de manifiesto que mucho del “pasado monástico” también estaba presente en las universidades más modernas y los estudiantes de todo el país van a reclamar la reforma de sus propios estatutos. En Buenos Aires, un mes antes de la intervención de Salinas en la UNC, la participación estudiantil era incorporada. Las universidades de Tucumán y Santa Fe son nacionalizadas e incorporan a sus estatutos cláusulas similares a Córdoba. En La Plata, la Reforma se va a imponer en 1919, luego de una intensa lucha contra las autoridades. Desde las universidades argentinas, la Reforma se expande rápidamente por toda América Latina constituyendo un movimiento estudiantil con una identidad compartida. En 1922, tras la derrota de lo que algunos historiadores llaman el “trienio rojo” de 1918-1921, marcado por grandes huelgas y levantamientos obreros (la Semana Trágica, la Patagonia Rebelde, La Forestal, etc.), en el país se impone el ala derecha del partido radical encabezada por Alvear. El gobierno de Alvear rápidamente interviene las universidades y anula la mayoría de las conquistas de la Reforma. De allí en adelante, sucesivas intervenciones militares y “democráticas” van a limitar cada vez más el cogobierno, la autonomía y la libertad de cátedra. La Reforma va a tener, en toda América, un carácter tremendamente efímero. En algunos países, los mismos gobiernos que habían promovido ciertas reformas se encargan de destruirlas, como el caso de Augusto Leguía en Perú, y en otros van a tener que pasar décadas para que los principios reformistas sean consagrados, adquiriendo, desde el vamos, un carácter mucho más limitado. Obreros y estudiantes Para 1918, la clase obrera argentina ya tenía un desarrollo importante. En 1896 crea su primer partido (el PS) y en 1901 su primera central obrera (la Fora), y hacia el centenario ya había protagonizado importantes huelgas (Semana Roja). La Ley Sáenz Peña y la llegada de Yrigoyen al poder son consecuencia, en parte, de este ascenso obrero que fuerza a la burguesía a un cambio de régimen. El gobierno radical va intentar una política de arbitraje y estatización de los sindicatos con un éxito muy breve. A partir la huelga ferroviaria de 1917, que paraliza el comercio exterior durante tres semanas y con las grandes huelgas que se desarrollan a partir de la Semana Trágica, la burguesía exige un cambio de orientación que lleva a la formación de la Liga Patriótica y luego a la derechización del partido radical con el ascenso de Marcelo T. de Alvear. En septiembre de 1917, al calor de la huelga ferroviaria, se funda en Córdoba la Federación Obrera local. La mayoría de la dirigencia sindical cordobesa forma parte del grupo que al interior del Partido Socialista defiende la neutralidad y que posteriormente se va a identificar con la Revolución Rusa (Partido Socialista Internacional). El principal adversario del socialismo en el movimiento obrero cordobés, cuya composición estaba menos marcada por la inmigración europea que en Buenos Aires o Rosario, no es el anarquismo ni el sindicalismo revolucionario, sino la Iglesia, que interviene a través del Círculo de Obreros Católicos. Esto va a favorecer la identificación con el movimiento estudiantil que es, ante todo, anticlerical. Frente a la represión a los estudiantes que se produce el 30 de julio, la Federación Obrera se pronuncia e incita a los estudiantes a “perseverar en la lucha contra el jesuitismo y el dogma, en pro del liberalismo científico y la más alta libertad de pensar” . Pero, además, el año 1918 se caracteriza por un gran movimiento huelguístico en Córdoba que coexiste con la Reforma. A principios del año triunfa una huelga en el principal molino harinero imponiendo la jornada de 8 horas y mejoras salariales. A los molineros les siguen los obreros del calzado, que desarrollan una huelga que se extiende durante julio y agosto. La Unión de Industriales del Calzado declara un lock-out y la Federación Obrera responde con un paro general el 2 y 3 de septiembre. La preparación del paro culmina con un acto el 1º de septiembre, del que es orador Deodoro Roca. La huelga se prolonga y hay distintos registros de la participación de los dirigentes reformistas en acciones callejeras del movimiento obrero en los días previos a la ocupación de la universidad. Es decir que el momento de máxima radicalización estudiantil converge con una huelga general en Córdoba. La segunda intervención de Yrigoyen, incorporando las principales demandas estudiantiles al estatuto, sería inexplicable sin está intervención de la clase obrera. Esta convergencia del movimiento estudiantil con el movimiento obrero cordobés, generalmente ignorada o menospreciada en los análisis del ’18, es un rasgo distintivo de la Reforma sin el cual difícilmente habría logrado el alcance que tuvo. Ahora bien, esto no significa que la Reforma haya adoptado un programa obrero y socialista. Es necesario distinguir la unidad obrero-estudiantil, que en sí misma no contiene una estrategia política, de un programa socialista para la juventud que debe subordinar a ésta a la estrategia política de la clase obrera. La mayoría de los reformistas, incluso los que fueron más lejos en la necesidad de desarrollar el frente único de estudiantes y trabajadores, le asignaban siempre a estos últimos un papel relegado. En este punto, se rompe la analogía entre la Reforma y el Cordobazo, donde el papel dirigente lo tiene la clase obrera y la unidad obrero-estudiantil va a estar signada por la perspectiva de un gobierno obrero y popular. En cualquier caso, esta experiencia de lucha común generó lazos entre los reformistas de Córdoba con el movimiento obrero socialista que van a marcar al naciente movimiento estudiantil cordobés. Frente a la Semana Trágica, la FUC publicaba un manifiesto en el que declaraba su adhesión al “paro obrero de protesta por los sucesos de Buenos Aires”. Cuando a fines de 1919 la Iglesia convoca a una colecta “pro paz social”, la FUC (también la FULP, federación de La Plata) llama al boicot de la colecta y el Centro de Estudiantes de Medicina de Córdoba resuelve “expulsar de la institución a todo estudiante que dentro del plazo de 24 horas no se separe de la Liga Patriótica”. No ocurre lo mismo con la Fuba (federación de Buenos Aires) que va a reivindicar su carácter “apolítico”, consintiendo la participación de la juventud en la Liga Patriótica, y en mayo de 1919 se retira de la FUA, porque ésta no sancionaba las actividades “no universitarias” que venía realizando la federación cordobesa. Así que si bien la participación obrera durante la Reforma no basta para modificar su carácter, sí va a abrir un debate al interior del movimiento estudiantil sobre la pertinencia de vincularse con la clase obrera y sobre el carácter que debía tener ese vínculo. Forma y contenido ¿Cuál fue el contenido de la Reforma Universitaria? El “Manifiesto Liminar” empieza proclamando “Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica” . Es decir, que el documento fundacional de la Reforma parte de una ilusión: el control clerical de la universidad era “la última cadena” de una “república libre”. Es la ilusión de que con la Ley Sáenz Peña y el gobierno de Yrigoyen se había conquistado la democracia plena en el país y la Reforma consistía en llevar esa obra a la universidad, en darles a los estudiantes “el derecho a darse el gobierno propio” (“Manifiesto Liminar”). Esta concepción sitúa a la Reforma en el terreno de la burguesía. En términos generales, la aspiración de los reformistas era modernizar la universidad, romper con el dominio de la Iglesia y la oligarquía, y ponerla a la altura de las universidades europeas. Siguiendo la historia de nuestro país, esta aspiración se puede inscribir en una tradición laicista de la burguesía que, bajo el gobierno de Roca, impuso la Ley 1.420, de educación pública y el matrimonio civil. Pero, al mismo tiempo, el movimiento reformista adquiere una forma radical que lo llevó a vincularse con la clase obrera y a chocar, incluso físicamente, con el Estado. ¿Cómo se explica esta contradicción? La llegada al poder de Yrigoyen expresó un cambio de frente de la burguesía que no podía garantizar más su dominio a través del fraude y la represión, pero no alteró las bases de una economía dominada por el imperialismo ni le quitó el poder a la oligarquía terrateniente. La ilusión la “república libre” era eso, una ilusión. La burguesía argentina había clausurado, hacía años, la revolución democrática, incluso en aspectos relativamente marginales como la modernización de la universidad. La Reforma Universitaria era, entonces, una tarea burguesa que la burguesía no estaba dispuesta a acometer. Eso llevó a que el movimiento estudiantil, para abrirse paso, tuviera que apoyarse en la movilización de los trabajadores y adoptar métodos en extremo radicales, llegando a la ocupación y puesta en funcionamiento de la universidad. ¿Esta forma radical cambia el contenido de la Reforma? Sí y no. En primer lugar, la amplitud del movimiento, su radicalidad y su convergencia con la clase obrera le dio una trascendencia a la Reforma que sería imposible de entender si nos limitamos a estudiarla como un compendio de reivindicaciones democráticas. Además, este desarrollo le plantea al movimiento problemas que inicialmente no existían. La defensa de la paridad docente estudiantil en el gobierno universitario es el resultado de la frustración con el profesorado que sucumbe ante la presión de la derecha y la Iglesia. El problema de la extensión como forma de vincular a la universidad con las necesidades populares cobra fuerza a la luz de la propia experiencia de lucha junto a los trabajadores. Y la autonomía de la universidad frente al Estado no tendría sentido si el Estado hubiera sido el impulsor de la modernización universitaria. Sin embargo, la Reforma Universitaria no dejó de ser eso: una reforma de la universidad. Y ahí está su límite histórico. El carácter social de la juventud Toda la elaboración de la Reforma, empezando por el “Manifiesto Liminar”, le asigna a la juventud un carácter revolucionario per se. “La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura” (“Manifiesto Liminar”). En términos generales, quienes buscaron que la Reforma trascienda los límites de la universidad no hicieron más que trasladar a la política nacional esta lógica que ignora, o subordina, la lucha de clases en función de la lucha entre generaciones. En la literatura reformista, influenciada por el marxismo, esta reivindicación abstracta de la juventud se ve en la referencia a la “clase estudiantil”. ¿Pero es posible hablar de una clase estudiantil o juvenil? Lo único que define a la juventud es su edad, no un interés social común. Con esto no refutamos el “trance de heroísmo” que efectivamente puede caracterizar a la juventud, pero que ese heroísmo juegue un papel revolucionario o no dependerá del programa que adopte. Al mismo tiempo, la ilusión de la “nueva generación” tenía un fundamento en la experiencia de la Reforma Universitaria. Siendo la universidad una institución que se nutre de la burguesía y la pequeña burguesía, la cuestión generacional adquiere una significación especial. La pequeña burguesía, como clase intermedia, está “tironeada” por las dos grandes clases de la sociedad moderna: la burguesía y el proletariado. En este tironeo, los estudiantes (y la propia Reforma muestra eso) se vinculan y expresan con mayor facilidad los intereses de la clase obrera que los profesores e intelectuales, que ya han forjado lazos más sólidos con el capital. Esta cuestión fue analizada por Trotsky, cuando refuta la tesis del austríaco Max Adler, quien consideraba que la intelligentsia se iba a volcar al campo de la clase obrera, más allá de sus condiciones materiales, por el contenido cultural superior del socialismo. Trotsky muestra cómo la propia realidad refuta a Adler (en ningún lugar la intelligentsia se volcaba en masa al socialismo) y destaca la necesidad de que el partido revolucionario, si quiere influir en la intelectualidad, se dirija específicamente a su juventud. “En la clase obrera, la diferencia entre ‘padres’ e ‘hijos’ es simplemente de edad. En la intelligentsia, además de cronológica, es social. El estudiante, en contraste con su padre y también con el joven obrero, no cumple función social alguna, ni siente sobre él la dependencia inmediata del capital o del Estado y -por lo menos objetivamente, ya que no subjetivamente- es libre para discernir el bien del mal. En este período, todo hierve en él, sus prejuicios clasistas aún no están madurados ni tampoco sus inclinaciones ideológicas, los problemas de conciencia poseen especial fuerza, su pensamiento se abre por vez primera a grandes generalizaciones científicas y lo extraordinario es para él casi una necesidad fisiológica” (Trotsky, Literatura y Revolución ). Al trasladar la Reforma Universitaria al plano nacional (e internacional), los reformistas levantan a la pequeña burguesía al papel de clase dirigente y acaban invariablemente reproduciendo un planteo de reforma del régimen social -o sea, de integración al Estado capitalista. Y como la pequeña burguesía es incapaz de desempeñar un papel político autónomo, muchos de los partidos de la Reforma acabaron por convertirse en fuerzas del imperialismo, como ocurrió con la Alianza Popular Revolucionaria Americana (Apra) peruano o Acción Democrática en Venezuela. “Como las clases oprimidas no pueden ejercer el dominio estatal por falta de preparación para el gobierno, en el domino del Estado deben participar las clases medias campesinas y urbanas, pequeños comerciantes, artesanos, pequeños propietarios, intelectuales, etc. ” (Haya de la Torre, El antiimperialismo y el Apra ). La experiencia de Haya de la Torre y el Apra peruano es emblemática porque sigue el mismo camino que el joven pequeño burgués que, en su intento de ascender socialmente, va estrechando sus vínculos con el capital hasta convertirse en su férreo defensor. De partido nacionalista que planteaba la unidad política de América Latina, la nacionalización progresiva de tierras e industrias, y la acción contra el imperialismo yanqui, el Apra va a pasar a reivindicar el papel de “guardián de la libertad” de Estados Unidos en la previa de la Segunda Guerra Mundial y va a terminar presidiendo la Asamblea Constituyente de 1978. En Argentina, cuna de la Reforma, si no hubo lugar para que se desarrollara un partido político “reformista” fue porque en gran medida la UCR y el PS ya ocupaban ese lugar. Que el reformismo haya terminado apoyando el golpe de José Félix Uriburu y, más adelante, a la Unión Democrática contra Perón, más que una traición, es el derrotero de una estrategia que asignaba a la pequeña burguesía intelectual el papel de líder de la nación. Al mismo tiempo, demostró los límites del anticlericalismo como esencia de un planteo democratizador. La juventud del Cordobazo no se reivindica reformista porque representa una ruptura con esta perspectiva. La crítica socialista a la Reforma Investigaciones históricas recientes han rescatado una serie de grupos y revistas estudiantiles desplegadas en los años posteriores a 1918, fuertemente influenciados por la Revolución de Octubre, que configuraron un ala izquierda de la Reforma. Revistas como Bases o Insurrexit y, durante un período, la propia Gaceta Universitaria , de Córdoba, se caracterizaron por promover intensamente la unidad del movimiento estudiantil con la clase obrera y la defensa de la Revolución Rusa. Aunque están marcadas por un cierto eclecticismo (Bases combina la reivindicación de la Rusia de los Soviets con la de Alberdi y Sarmiento), estas revistas representan un intento considerable por superar los límites de la Reforma y darle al movimiento estudiantil una perspectiva revolucionaria. Insurrexit , que se inscribe la corriente del anarquismo que va a abrazar a la Revolución Rusa, plantea la dictadura del proletariado y la lucha por el comunismo internacional, polemiza con el sindicalismo y el anarquismo antibolchevique e interviene en el debate del Partido Socialista en favor de la alineación con Moscú. Varios de sus integrantes van a formar parte luego del Partido Comunista y algunos, como Mica Feldman, en su evolución posterior, van a terminar próximos al trotskismo. En La Plata, luego de la “huelga grande” de 1919, que impuso la renuncia del presidente de la universidad, el ala “bolchevique” de la Reforma asumió la dirección del Colegio Nacional con el rectorado de Saúl Taborda. En su breve gestión, Taborda organizó, junto con el centro de estudiantes, un ciclo de “actos culturales” con la presencia de obreros provenientes de sindicatos anarquistas y de Alberto Palcos, líder del Partido Socialista Internacional (PSI), partidario de la Revolución de Octubre. En 1921, estas experiencias van a confluir en Rosario en la fundación de una Federación de Estudiantes Revolucionarios. Se convoca un congreso para el año siguiente en Buenos Aires, pero nunca llega a realizarse. La derrota de las grandes huelgas del “trienio rojo” y el avance de la reacción que se impone con la Liga Patriótica y luego en el ascenso de Alvear van a abortar el desarrollo de esta ala izquierda del movimiento estudiantil, que queda, sin embargo, como un primer intento de superar la Reforma. El primer avance decisivo en esta dirección no va a ocurrir en la Argentina, sino en Cuba. En 1928, el principal dirigente de la Reforma Universitaria cubana, Julio Antonio Mella, escribe: “La reforma universitaria debe acometerse con el mismo concepto general de todas las reformas dentro de la organización económica y política actual. La condición primera para reformar un régimen -lo ha demostrado siempre la historia- es la toma del poder por la clase portadora de esa reforma. Actualmente, la clase portadora de las reformas sociales es la clase proletaria. Todo debe ir convergente a esta finalidad. Pero el hecho de que la solución definitiva sea, en esto, como en otras mil cosas, la revolución social proletaria, no indica que se deba ser ajeno a las reformas en el sentido revolucionario de las palabras, ya que no son antagónicos estos conceptos” (J. A. Mella, “El concepto socialista de la reforma universitaria”). Con esta concepción, Mella supera la estrechez estratégica de la Reforma, al subordinar sus reivindicaciones a la estrategia de la dictadura del proletariado. En su crítica al Apra, Mella destruye el planteo infantil de la “nueva generación” y la reivindicación abstracta de la juventud que caracterizaba al reformismo: “Como si la lucha social fuese fundamentalmente una cuestión de glándulas, canas y arrugas, y no de imperativos económicos y de fuerza de las clases, totalmente consideradas. La única revolución socialista triunfante hasta hoy en día, no ha sido una revolución de jóvenes y estudiantes, sino de obreros y de todas las edades” (J. A. Mella, “¿Qué es el Arpa?”). El cubano, además, critica el planteo nacionalista de Haya de la Torre, mostrando la unidad que existe entre la reivindicación de la juventud estudiantil como clase dirigente y el carácter capitalista del programa del Apra. Mella desnuda los límites insalvables de las burguesías latinoamericanas para emprender un camino de liberación nacional y recupera la concepción del programa de la Revolución Permanente. Citamos todo el desarrollo por considerarlo un gran aporte a la cuestión. “En su lucha contra el imperialismo -el ladrón extranjero-, las burguesías -los ladrones nacionales- se unen al proletariado, buena carne de cañón. Pero acaban por comprender que es mejor hacer alianza con el imperialismo, que al fin y al cabo persiguen un interés semejante. De progresistas se convierten en reaccionarios. (…) Nacionalizar puede ser sinónimo de socializar, pero a condición de que sea el proletariado el que ocupe el poder por medio de una revolución. Cuando se dicen ambas cosas: nacionalización y en manos del proletariado triunfante, del Estado proletario, se está hablando marxistamente, pero cuando se dice a secas nacionalización, se está hablando con el lenguaje de todos los reformistas y embaucadores de la clase obrera. (…) Mantener la independencia del movimiento obrero, su carácter de clase; de los partidos comunistas, para dar la “batalla final”, la lucha definitiva para la destrucción del imperialismo, que no es solamente la lucha pequeñoburguesa nacional, sino la proletaria internacional, ya que sólo venciendo a la causa del imperialismo, el capitalismo, podrán existir naciones verdaderamente libres” (J. A. Mella, “¿Qué es el Arpa”?) La experiencia boliviana Para ver la continuidad de la línea trazada por Mella, nos tenemos que trasladar a Bolivia. La Reforma del ’18, a diferencia de lo ocurrido en Perú o Cuba, no va a tener en Bolivia un impacto inmediato. Recién en 1928 se realiza el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, que va a sancionar un programa que se caracteriza por la verborragia antiimperialista y anticapitalista, pero mantiene el vicio de la lucha intergeneracional y el papel dirigente del estudiantado. Además de los principios clásicos de la Reforma (autonomía, participación de los estudiantes en el gobierno, docencia libre, popularización de la cultura mediante las universidades populares), el programa de la Federación Universitaria Boliviana (FUB) de 1928, bajo la influencia del stalinismo, proclama “la necesidad de la participación activa de la juventud en la lucha por la independencia económica y la justicia social”, y desarrolla una serie de reivindicaciones fuertemente antiimperialistas: “Nacionalización de las minas. Nacionalización del petróleo. Limitación del latifundismo. Supresión de monopolios que no beneficien a la colectividad”. Es interesante subrayar que la FUB, con este programa pretendidamente antiimperialista, apoya el golpe militar de Blanco Galindo, que representaba a la oligarquía boliviana. Así como ocurrió en Argentina, con el apoyo del reformismo a Uriburu y la década infame, queda de manifiesto que un programa se convierte en papel mojado si no está anclado en la clase revolucionaria. La autonomía universitaria fue consagrada en Bolivia por la Junta Militar y no arrancada por estudiantes y obreros. En 1938, tras la experiencia con las direcciones estalinistas que habían puesto al movimiento estudiantil detrás de los sucesivos gobiernos militares, se desarrolla la cuarta convención de la FUB, donde se aprueba un programa elaborado por el fundador del trotskismo boliviano, José Aguirre. El programa de 1938 no sólo plantea que “ninguna actuación universitaria es posible aislada de la lucha de clases” y desarrolla un planteo frente a la cuestión nacional, al problema agrario, a la educación, a la religión y frente al imperialismo y la guerra, sino que define a la Federación Universitaria Boliviana como “expresión de la parte más avanzada del proletariado en el campo de la enseñanza, de la cultura y de la universidad, tiene como finalidades específicas las de servir al proletariado en sus luchas por su emancipación social y cultural [por lo que] hace suya la táctica y la estrategia de la revolución social”. Se trata de una superación de los planteos del reformismo que, incluso en sus variantes más radicales, mantenía la ilusión de una transformación social dirigida por la juventud pequeño burguesa y que, por lo tanto, no rompía con régimen social capitalista. Algunas décadas más tarde, en la revolución de 1970-1971, la juventud boliviana, inspirada en este programa, va a ir muy lejos en la revolución universitaria. Así como la Reforma del ’18 estuvo enmarcada por la Revolución Rusa y su onda expansiva, cincuenta años después, la ola revolucionaria del ’68 va a sacudir nuevamente a la juventud latinoamericana. Y si en el Cordobazo ya vimos una juventud que sale de forma más o menos intuitiva a apoyar el levantamiento obrero y a corear “un gobierno obrero y popular”, en Bolivia, el movimiento estudiantil adopta activamente una estrategia obrera y revolucionaria. En el marco de un ascenso revolucionario de las masas bolivianas que en 1971 van a poner en pie la Asamblea Popular -donde estaba representada toda la clase obrera y el pueblo- y tras la destitución del decano de la Facultad de Derecho por el rector derechista Carlos Terrazas Torres, los estudiantes de la Universidad Mayor de San Andrés crean un Comité Revolucionario y toman el control de la universidad. El Comité Revolucionario sustituye a las autoridades individuales por cuerpos colegiados donde los estudiantes y docentes están representados en la misma proporción, postula la “nacionalización de las universidades privadas y su integración a las universidades nacionales” y su “identificación práctica con la lucha de la clase obrera, el campesinado y otras fuerzas populares, para alcanzar el poder político”. La Central Universitaria Boliviana adopta la tesis política de la Central Obrera Boliviana y se plantea en el seno de la Asamblea Popular la reestructuración de la universidad bajo la dirección política de la clase obrera. El movimiento estudiantil supera así la defensa abstracta de la autonomía para darle un claro contenido de clase: autonomía de la burguesía y su Estado, subordinación al proletariado revolucionario. Conclusión Iniciamos el artículo destacando la campaña de la burguesía por rescatar para sí la Reforma Universitaria. Llegado a este punto podemos decir lo siguiente. Por un lado, es evidente que los Barbieri y los Juri están a años luz de los reformistas del ’18. El “cogobierno” dominado por las camarillas profesorales es la negación del demos universitario, la defensa de la autonomía que hace el rector de la UBA para incumplir el Convenio Colectivo de Trabajo de los docentes universitarios es una malversación de la autonomía frente a la Iglesia y al Estado, así como los métodos de la movilización, la huelga y la ocupación que caracterizaron a la Reforma producen pavor en los reformistas de 2018. Pero sería un error que la crítica a esta degeneración del reformismo nos lleve a una reivindicación genérica del ’18. Por el contrario, es preciso destacar, en la esencia de la Reforma, aquellos elementos que dieron lugar al desbarranque derechista que inició muy tempranamente con el apoyo a Uriburu y la oposición gorila a Juan Perón. El hecho de que la burguesía y sus camarillas universitarias popularicen la Reforma, publiquen sus manifiestos y repitan sus consignas, muestra que ellos mismos no la perciben como algo incompatible con sus intereses. La reivindicación de todo el arco político de la Reforma contrasta con lo ocurrido con la Revolución de Octubre, cuyo centenario se cumplió pocos meses antes y ante el cual primó la tendencia contraria, a demarcarse, a mostrar su caducidad o su inviabilidad en la etapa actual. Pero mientras la reivindicación de la Reforma mira al pasado, al carácter inconcluso de la democracia política y la modernización del país, Octubre está vigente porque mostró las tareas universales que se le plantean a la sociedad moderna para su emancipación. ¿En qué sentido, entonces, podemos hablar de vigencia de la Reforma Universitaria? Sólo en que sus reivindicaciones, al no poder ser satisfechas por la burguesía, pasan a manos de la clase obrera, adquiriendo otro carácter. Como movimiento, la Reforma está históricamente agotada. Las citas que encabezan este artículo muestran que el agotamiento de la Reforma es casi fundacional. El desafío de una juventud revolucionaria es desarrollar una crítica a la Reforma Universitaria, que recupere sus métodos y sus aspiraciones, superando su estrechez estratégica y programática. Se trata de vincular la lucha por una transformación de la universidad a la lucha de la clase obrera por el gobierno de trabajadores y el socialismo. De esta forma, los principios de la Reforma se reformulan. El corazón de la Reforma, la autonomía universitaria es irrealizable en una sociedad de clases. Hoy, el Estado burgués ataca la autonomía para poner a la universidad bajo la órbita del capital financiero y mañana un Estado Obrero cuestionará la autonomía para poner a la universidad al servicio de los intereses del conjunto del proletariado y la nación oprimida. Nuestro programa no debe ser la reivindicación de la autonomía como principio abstracto, sino su defensa contra los intentos del capital por someter a la universidad. La democratización del cogobierno debe servir para colocar a la clase obrera en la dirección de la universidad y la defensa de la universidad laica y científica debe convertirse en un instrumento de lucha activa contra el clero y el oscurantismo que oprime a la población y, en particular, a las mujeres. Sólo así lograremos una revolución social y universitaria que le dé un carácter verdaderamente universal a la ciencia, la cultura y al conocimiento humano. Juan Winograd es dirigente nacional de la UJS, docente de matemática y consejero superior por el claustro estudiantil en la Universidad de Buenos Aires. Bibliografía Bustelo, Natalia: “Radicalizar la Reforma Universitaria. La fracción revolucionaria del movimiento estudiantil argentino, 1918-1922”. https://revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/article/view/64014/61586 Chabrando, Victoria: “La reforma universitaria en el ciclo de protesta cordobés”. https://rdu.unc.edu.ar/bitstream/handle/11086/419/Chabrando%2c%20%20Victoria.pdf Haya de la Torre, Víctor Raúl: “El antiimperialismo y el Apra”. http://www4.congreso.gob.pe/comisiones/2009/cem_VRHT/documentos/EL_ANTIPERIALISMO_Y_EL_APRA.pdf Lora, Guillermo: “Problemas de la Reforma Universitaria”. https://www.marxists.org/espanol/lora/1980/1980-reforma-universitaria.pdf Mella, Julio Antonio: “¿Puede ser un hecho la Reforma Universitaria?”. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20101109120509/23mella.pdf -.-: “El concepto socialista de la reforma universitaria”. https://www.rebelion.org/hemeroteca/argentina/mella021102.htm -.-: “¿Qué es el Arpa?” Pianetto, Ofelia: “Coyuntura histórica y movimiento obrero. Córdoba 1917-1921”. http://www.bibliotecavirtual.unl.edu.ar/ojs/index.php/EstudiosSociales/article/download/1986/3006 Portantiero, Juan Carlos: “Estudiantes y política en América Latina”. Rath, Christian: “A 100 años del primer gobierno de Yrigoyen”. http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/aniversarios/a-100-anos-del-primer-gobierno-de-hipolito-yrigoyen Roca, Deodoro: “¿Qué es la ‘reforma universitaria’?”. http://www.lanuevoderecho.com.ar/Politicas/IdRef/DRoca.htm Trotsky, León: “Haya de la Torre y la democracia”. http://www.ceip.org.ar/Haya-de-la-Torre-y-la-democracia Trotsky, León: “La intelligentsia y el socialismo”. https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1920s/literatura/8d.htm

1 de agosto de 2018
Las teorías clásicas del imperialismo: una introducción a su historia (Primera parte)
Daniel Gaido · Richard B. Day

En su libro, El marxismo occidental y la Unión Soviética (que está lejos de ser marxista), Marcel van der Linden comentó que “en la historia de las ideas las teorías marxistas no han recibido la atención que merecen” 1 . En un volumen anterior hemos demostrado que esto era cierto en cuanto a la historia temprana de la teoría de Marx acerca de “la revolución permanente”, que renació y fue elaborada como resultado de la Revolución Rusa de 1905 2 . También es cierto sobre el otro de los desarrollos más importantes de la teoría marxista, luego de la muerte de Marx, la teoría del imperialismo, que se originó durante la Guerra hispano-estadounidense y la Guerra Bóer (1898-1902), y alcanzó la madurez con la Primera Guerra Mundial, una década y media marcada por la acelerada carrera armamentista y un creciente temor ante el desastre que se avecinaba. Discovering Imperialism es la historia del “descubrimiento” del imperialismo, seguido por una notable presciencia por parte de los socialdemócratas europeos, que advirtieron en incontables oportunidades sobre sus implicancias sangrientas. La historiografía corriente sobre el imperialismo, como por ejemplo el libro de Brewer, descansa exclusivamente en los libros canónicos de Hobson, Hilferding, Luxemburg y Lenin, y es, por lo tanto, insatisfactoria sobre los estadios tempranos de la teoría 3 . Los primeros análisis alemanes sobre las teorías marxistas del imperialismo, de Kurt Mandelbaum y Hans-Christoph Schröder, han sido desplazados por el libro mucho más informado de Franco Andreucci, que versa exclusivamente sobre la socialdemocracia alemana hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial 4 . El libro de R. Craig Nation sobre Lenin y la izquierda de Zimmerwald contiene un excelente capítulo sobre el contexto intelectual inmediato, previo a la publicación en 1916 de la obra de Lenin, Imperialismo, fase superior del capitalismo , pero su principal interés reside en otra parte, en los “orígenes del internacionalismo comunista” 5 . Finalmente, se deben mencionar dos colecciones de fuentes primarias que incluyen varios documentos relacionados con el debate sobre el imperialismo: la antología de John Riddell, que cubre el período 1907-16 (una obra importante y valiosa que tiende, sin embargo, a exagerar el rol internacional de Lenin antes de 1914), y una antología más antigua de Olga Gankin y Harold Fisher sobre los orígenes de la Tercera Internacional, titulada Los Bolcheviques y la Guerra Mundial 6 . Nuestro libro, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I , incluye, por primera vez, versiones en inglés de los principales artículos y críticas sobre la teoría del imperialismo, escritos antes de la publicación del libro de Lenin. Los documentos provienen principalmente de órganos teóricos como Die neue Zeit y Der Kampf , a los cuales hemos añadido material de Vorwärts , de periódicos socialdemócratas de izquierda como Leipziger Volkszeitung y Bremer Burger-Zeitung , y de publicaciones más efímeras editadas por la izquierda de Zimmerwald luego del estallido de la Primera Guerra Mundial, como Lichtstrahlen, Neues Leben y Vorbote . Dado el período cubierto por Discovering Imperialism , no puede ser un trabajo exhaustivo. Por obvias razones, no pudimos incluir los textos exhaustivos más famosos – El capital financiero , de Hilferding; La acumulación del capital , de Luxemburg, e Imperialismo, fase superior del capitalismo , de Lenin-, todos los cuales están disponibles en castellano. Estamos convencidos, sin embargo, de que los documentos que hemos traducido darán a los lectores una visión precisa sobre los orígenes desconocidos y el contexto histórico y político en el que surgieron estas teorías marxistas clásicas. Hegel y Marx: el Estado y la economía mundial En la usanza de la política moderna, las teorías del imperialismo son típicamente marxistas o están sustancialmente influenciadas por el marxismo, a pesar de que Marx mismo nunca esbozó dicha teoría. En respuesta a la visión de Hegel sobre Rechststaat (“estado de derecho”) como “el fin de la historia”, Marx señaló que, más allá de los Estados individuales, yacía la totalidad del mercado mundial, reglada por la “ley de valor” mundial. Pero las implicancias sólo comenzaron a ser clarificadas en los años del expansionismo imperialista que culminó con la Primera Guerra Mundial. No es exagerado decir que esas mismas implicancias -diferentes en forma pero temáticamente conectadas- continúan siendo centrales para los debates de hoy, sólo que ahora se habla de “globalización”. En ese sentido, los documentos aquí traducidos representan una especie de “pre-historia” de la globalización o el primer capítulo de una historia continua. Una diferencia fundamental en las circunstancias de hoy y aquellas previas a la Primera Guerra Mundial es que hoy la forma del Estado capitalista, que se originó en Europa occidental, se ha vuelto universal. Es sobre estas bases que algunos escritores han revivido la visión de Hegel del Estado moderno como el fin (y propósito) de la Historia. Pero, mientras que para Hegel, el Estado era la forma política final, el propósito de los Estados era también hacer historia, y la historia del mundo era “el tribunal de Justicia del mundo” 7 . Hegel creía que algunas naciones y Estados en particular, en diferentes períodos, se vuelven “histórico-mundiales”, porque contribuyen a nuevas formas de civilización 8 . En su Filosofía de la Historia , Hegel explica el significado de la Inglaterra del siglo XIX en términos comerciales : “La existencia material de Inglaterra está basada en el comercio y la industria, y los ingleses han tomado la pesada tarea de ser los misioneros de la civilización al mundo…” 9 . La misión de Inglaterra era “crear conexiones con los pueblos bárbaros, crear necesidades y estimular la industria, y primero y principal, establecer entre ellos las condiciones necesarias para el comercio” 10 , lo cual significaba extender la forma europea de Estado y así establecer legalmente “el respeto por la propiedad” y “la civilidad para con los extraños”. 11 Hegel alababa al Estado moderno por especificar los “derechos” y “obligaciones” legales de todos sus elementos constituyentes. Marx, sin embargo, tenía una visión diferente. En el Manifiesto Comunista hace su famosa declaración de que el gobierno del Estado moderno no es más que “una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”. La “única y desalmada libertad de comercio” produjo su opuesto universal: “una explotación abierta, descarada, directa y brutal”. En su Filosofía del Derecho , Hegel escribió que “la nación civilizada es consciente de que los derechos de los bárbaros no son iguales a los suyos y considera su autonomía sólo como una formalidad” 12 . Marx amplificó ese comentario, también, al declarar que la burguesía “obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización -es decir, a hacerse burgueses. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza” 13 . Para Marx, la misión de la burguesía era crear un mercado capitalista mundial como preparación para la civilización universal que esperaba más allá de todos y cada uno de los Estados: el comunismo, en el cual el fenómeno inconsciente de las transacciones de mercado sería reemplazado por un planeamiento deliberado como ejercicio de la razón social. En su plan original para la crítica de la economía política, Marx proyectó seis volúmenes, el último de los cuales iba a lidiar con el mercado mundial y las crisis 14 . El primer libro iba a ser El capital , del cual Marx terminó sólo un volumen en vida; los volúmenes II y III fueron compilados por Engels a partir de las notas de Marx. Como Marx nunca terminó su obra, sus sucesores tuvieron que interpretar el imperialismo en términos de sus propias experiencias y de las proyecciones contenidas en el Manifiesto Comunista . Pero el Manifiesto Comunista contenía dos temas: por un lado, la misión “civilizadora” del capitalismo para con “las naciones bárbaras” y, por otro lado, los medios económicos por los cuales el capitalismo llevaría adelante su proyecto de transformación mundial. En el Manifiesto Comunista , Marx habló de “los bajos precios de sus mercancías” como la “artillería pesada” con la cual el capitalismo derrumbaría “todas las murallas chinas” 15 . Para el fin de siglo, los Estados capitalistas rivales se estaban volcando hacia un tipo diferente de “artillería pesada”, el expansionismo militarizado, en la lucha por mercados, materias primas y esferas de inversión. En los rincones institucionalmente “vacantes” del mundo -la periferia precapitalista que todavía podía ser considerada “bárbara”-, el acceso a los mercados y recursos parecía presuponer la conquista de territorio, porque sólo el poder armado podía garantizar la seguridad de las inversiones, tanto frente a los capitalistas rivales como ante los pueblos originarios. En ese contexto, el imperialismo era frecuentemente racionalizado en términos de superioridad racial y cultural. Hasta que los marxistas pudieron elaborar teorías más profundas, la primera inclinación de muchos fue recaer en la visión de que la expansión capitalista mundial llevaría la “civilización” a los pueblos atrasados. En Discovering Imperialism seguimos el desarrollo de la literatura de la socialdemocracia sobre el imperialismo con referencia a dos temas: las convicciones eurocéntricas con respecto a la superioridad cultural, seguidas por la emergencia gradual de teorías económicas más sofisticadas en línea con El capital de Marx. Los orígenes del término “imperialismo” La historia temprana de la palabra “imperialismo” fue estudiada por Richard Koebner y Helmut Dan Schmidt, quienes concluyeron que la palabra “imperialismo” fue introducida al inglés como una glosa a un régimen que había sido establecido en Francia-a saber, el Segundo Imperio Francés de Louis Napoléon (1852-70) 16 . La palabra impérialisme entró en uso como un neologismo junto con bonapartisme , indicando las varias maneras por las cuales el Segundo Imperio Francés de Louis Napoléon mantuvo su dominio sobre Francia. La palabra fue dos veces usada como sinónimo de bonapartismo en El 18 brumario de Louis Bonaparte (1852), donde Marx argumentó que “la parodia del imperio (des Imperialismus) era necesaria para liberar a la masa de la nación francesa del peso de la tradición y hacer que se destacase nítidamente la contraposición entre el Estado y la sociedad” 17 . El término “imperialismo” comenzó a ser utilizado más ampliamente en Gran Bretaña con la aprobación de la Ley de Títulos Nobiliarios de abril de 1876, la cual oficialmente reconocía a la reina Victoria como “emperadora de la India”. Ella asumió este título a instancias del primer ministro Benjamin Disraeli. A su vez, Victoria elevó a Disraeli al grado de noble en agosto de 1876, convirtiéndolo en el conde de Beaconsfield. Pero Koebner y Schmidt notan que “el término imperialismo estaba asociado en la mente británica con el detestado régimen de Napoleón III… el término ocasionalmente aparecía para denunciar una forma de gobierno extranjera que hacía uso de la apelación directa a las multitudes, el falso esplendor militar, las aventuras en el extranjero… y …el gobierno arbitrario y despótico; todo encajaba perfectamente con lo que los liberales sentían que Disraeli representaba, el fraude, el charlatán, como lo llamó la revista Punch 18 . Para 1878, Punch retrataba la palabra imperialismo como un zumbido irritante: ¡Imperialismo! ¡Cuelguen la palabra! Zumba en mi cabeza Como abejorros en tiempos de trébol. La charla sobre el tema es mayormente boberías; Pero uno quisiera liquidar esta cosa, así como los granjeros terminan con las plagas, Muchas grandes palabras colapsan, como gotas espesas, si se determina su sentido. 19 Casi dos décadas después de la gestión de Disraeli como primer ministro, un autor remarcaba que “por mucho que el imperialismo de Lord Beaconsfield pueda ser criticado en relación con los detalles, poca duda cabe ahora que él ha delineado la política general que debe seguir la raza británica, si va a sostener su lugar predominante en el mundo” 20 . Los escritores marxistas, cuyos trabajos hemos recopilado en Discovering Imperialism , asociaban los cambios en las actitudes británicas no sólo con la raza y las personalidades, sino también con el hecho de que los rivales de Gran Bretaña estaban adoptando crecientemente el proteccionismo. Abraham Lincoln había introducido una tarifa del 44 por ciento en Estados Unidos durante la Guerra Civil para financiar los ejércitos de la Unión, subsidiar a los ferrocarriles y proteger la manufactura doméstica. Francia aplicó impuestos prohibitivos en 1860 sobre el hierro, la maquinaria y los derivados de la lana provenientes de Inglaterra. En 1878-9, Bismarck impuso tarifas sobre el hierro y los granos para pacificar, tanto a la burguesía industrial emergente como a la aristocracia Junker. El interés británico en un imperio económico más coherente creció a medida que otros países buscaron salvaguardar sus mercados de los productos británicos. Las principales manifestaciones del nuevo imperialismo británico fueron la ocupación de Egipto bajo Gladstone en 1882, que anunció la partición de Africa en la década de 1880, y el establecimiento de la Liga de la Federación Imperial en Londres en 1884. La Liga esperaba compartir los costos de la defensa del imperio mediante el establecimiento de un Estado federal de todas las colonias del Imperio Británico. Ya en febrero de 1885, el marxista británico Ernest Belfort Bax publicó un artículo titulado “Imperialismo y socialismo” en The Commonweal , la revista de la Socialist League, en el que argumentaba que el imperialismo era el resultado de la búsqueda de mercados externos en los que deshacerse del excedente creado por la superproducción en los viejos países capitalistas 21 . La celebración del aniversario de diamante de la reina Victoria en 1897 condujo a un estallido de sentimiento imperialista, pero la verdadera apoteosis del imperialismo británico tuvo lugar con el inicio de la Guerra Bóer en 1899. Ese evento inspiró al “nuevo liberal”, John Hobson, a escribir su famoso libro Imperialismo y también tuvo como resultado la publicación de varios artículos y panfletos sobre el tema en la prensa socialista inglesa, asociando al imperialismo con los imperativos emergentes de la competencia capitalista 22 . El término fue similarmente dotado del más amplio significado económico cuando fue usado para describir el nuevo giro expansionista en la política internacional norteamericana, iniciado en 1898 con la Guerra hispano-estadounidense. Un periodista financiero y experto en la banca de Estados Unidos, Charles Arthur Conant (1861-1915), luego editor de la revista neoyorquina Bankers , saludó el nuevo rumbo de la política norteamericana con un artículo, en septiembre de 1898 en el North American Review , titulado “Las bases económicas del imperialismo” 23 . Conant atribuía la guerra al imperativo de expandir los mercados y las exportaciones de capital en respuesta al sobre-ahorro ( surplus savings ), la acumulación de bienes que no encontraban mercado y la caída de los márgenes de ganancia: El exceso de ahorro, con la resultante acumulación de mercancías sin consumir, en los grandes países industriales es uno de los grandes problemas de la situación económica de hoy. Es la raíz de gran parte del descontento industrial, y explica más lógicamente que los cambios en el mero mecanismo del intercambio [Conant está haciendo referencia a los aumentos de tarifas aduaneras y a las manipulaciones monetarias] las condiciones que se establecieron alrededor de 1870, cuando los grandes países industrializados parecen por primera vez haberse vuelto completamente capitalizados para satisfacer todas las demandas que los consumidores estaban dispuestos a realizar con sus ingresos. La historia económica mundial desde ese momento -la intensa actividad industrial en la producción de máquinas y la construcción de vías férreas hasta 1873; el largo período de estancamiento que siguió, interrumpido sólo por breves períodos de actividad, luego de que las mercancías excedentes habían sido consumidas; la gran acumulación de capital y dinero, las convulsiones que sufrieron los grandes países capitalistas, más allá de sus respectivas políticas tarifarias y estándares monetarios, y la caída continua de la tasa de ganancia del capital -todas estas tendencias indican un exceso de capital ahorrado por sobre la demanda efectiva de la comunidad como la causa subyacente… Bajo el presente orden social se está volviendo imposible encontrar en casa, en los grandes países capitalistas, un uso para el capital acumulado que sea, a su vez, seguro y remunerativo. 24 Un rol importante en la expansión del uso del término imperialismo, con sus connotaciones negativas modernas, fue jugado por la Liga Anti-Imperialista, establecida en Estados Unidos en junio de 1898, para luchar contra la anexión de las Filipinas. La Liga contaba entre sus miembros a personalidades destacadas como Carl Schurz y Mark Twain, así como al candidato presidencial demócrata William Jennings Bryan, quien en su discurso de aceptación a la nominación para la presidencia, del 8 de agosto de 1900, desaprobó fuertemente “la doctrina arrogante, abusiva, brutal del imperialismo” 25 . La plataforma electoral del Partido Demócrata establecía que “el tema candente del imperialismo que surgió de la Guerra Española involucra la existencia misma de la República y la destrucción de nuestras instituciones libres”. Los demócratas consideraban la nueva política imperialista de Estados Unidos como “el tema principal de la campaña” y advertían que “el imperialismo en el extranjero llevará rápida e inevitablemente al despotismo en casa”. 26 Debates marxistas tempranos sobre la cuestión colonial En Alemania, los primeros comentarios sobre el imperialismo también fueron influenciados por preocupaciones domésticas. El Partido Socialdemócrata (PSD), que emergió en 1875 no tenía nada en común con las nociones bismarckianas de la grandeza alemana. El historiador Carl Schorske remarca que el Partido se mantuvo comprometido con las tradiciones de la revolución democrática burguesa en favor de la unidad nacional de Alemania, al mismo tiempo que se oponía, tanto al militarismo prusiano como a las intervenciones militares zaristas, en apoyo a la reacción occidental europea. La “rusofobia” estaba combinada con un compromiso con la defensa nacional, pero la socialdemocracia pensaba que la responsabilidad sobre esta última debía reposar sobre el pueblo armado en un ejército democrático de ciudadanos o milicia 27 . Sólo gradualmente las nuevas realidades económicas y diplomáticas introdujeron cambios mayores en las convicciones del ala izquierda de la socialdemocracia sobre política exterior, incluyendo el abandono del slogan de la defensa nacional, el cual Friedrich Engels había apoyado para Alemania hasta entrado el año 1892. 28 La prehistoria de las teorías marxistas del imperialismo en Alemania cubre el período desde 1884 hasta 1898, comenzando con un debate acalorado sobre los subsidios a la flota [ Dampfersubventionsstreit ] en 1884-5. El 23 de mayo de 1884, un proyecto de ley fue remitido al Reichstag proponiendo subsidios a las compañías navieras para expandir el comercio alemán, mediante el establecimiento de líneas marítimas desde Hamburgo o Bremen hacia diferentes puntos de Asia, Australia y África. Una violenta confrontación estalló entre los socialdemócratas sobre su actitud frente a este proyecto de subsidio; es decir, si los subsidios propuestos debían ser tratados puramente como una cuestión de transporte, digna de apoyo en términos de creación de empleo en tiempos de dificultades económicas, o como una iniciativa de política extranjera que debía ser rechazada por principio. La primera postura era defendida por una mayoría de la fracción del Reichstag (18 de 24), mientras que la segunda era apoyada por una minoría liderada por August Bebel y Willhelm Liebknecht, quienes apelaron a los miembros del Partido en las páginas del periódico partidario Der Sozialdemokrat . La mayoría del grupo del Reichstag negó el derecho del periódico oficial a criticar su actitud y demandó el control sobre el periódico, pero fue derrotada en este punto. Sin embargo, su visión prevaleció en el parlamento el 23 de marzo de 1885, cuando el Reichstag aprobó los subsidios a las compañías navieras. 29 En el curso de la disputa hacia adentro del Partido, Wilhelm Liebknecht pronunció un discurso, el 4 de marzo de 1885, que encuadró la cuestión del colonialismo en términos político-económicos y argumentó que era meramente un vano intento de exportar la “cuestión social”: Preguntémonos con calma: ¿cuál es el actual propósito de la llamada política colonial? Si llegamos a la raíz de la misma, se proclama que su propósito es controlar la superproducción y superpoblación. Pero ¿qué es la superproducción y qué es la superpoblación? Estos son términos muy relativos… La superpoblación existe porque tenemos malas instituciones sociales y económicas, y lo mismo sucede con la superproducción. Los fabricantes se quejan de que no pueden vender sus productos. Sí, señores, ¿por qué no los pueden vender? Porque la gente no los puede comprar… la riqueza nacional va de la mano con la pobreza masiva… ¿La política colonial logrará algo en esta dirección? No, caballeros, ustedes sólo exportan la cuestión social y conjuran frente a los ojos de la gente una especie de espejismo en los desiertos y pantanos de África. 30 El rechazo al colonialismo era característico no sólo del PSD. Por ejemplo, una resolución sobre política colonial, adoptada en el XIII Congreso del Partido Obrero Francés, llevado a cabo en Romilly en septiembre de 1895, decía: Considerando que la política colonial es una de las peores formas de la explotación capitalista, que tiende exclusivamente a engrandecer el campo de ganancias de la clase propietaria a expensas de la sangre y el dinero del proletariado productivo, considerando que sus expediciones, llevadas adelante bajo el pretexto de la civilización y el honor nacional, llevan a la corrupción y a la destrucción de poblaciones primitivas y desatan sobre la misma nación colonizadora todo tipo de flagelos…; considerando que la única forma realmente humana de asegurar salidas a la producción mecánica moderna es abolir las diferencias de clase y permitir a los productores, dueños de las formas sociales de los medios de producción, consumir ellos mismos la riqueza producida por su trabajo manual e intelectual, el décimotercer congreso del Partido Obrero Francés protesta con todas sus fuerzas contra las filibusteras expediciones coloniales para las cuales ningún socialista consciente jamás votaría ni un hombre ni un centavo. 31 La cuestión colonial en la controversia revisionista Poco después, la cuestión de la expansión colonial jugó un rol prominente en la famosa controversia revisionista. El largo período de reacción que siguió al aplastamiento de la Comuna de París, en 1871, había llevado a un renacer de las ilusiones democrático-burguesas en los partidos socialistas de la Segunda Internacional y a un intento de revisar las doctrinas de Marx desde una perspectiva reformista-parlamentarista. Eduard Bernstein personificó esta tendencia, a la que defendió en una serie de artículos publicados en Die neue Zeit a fines de 1896 y seguidamente en su libro Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia . Bernstein había sido originalmente un amigo cercano de Engels, pero luego de la muerte de éste permaneció en Londres y cayó bajo el hechizo de la reformista Sociedad Fabiana. No es sorprendente, por lo tanto, que su primer choque haya sido con un marxista inglés, Ernest Belfort Bax, miembro de la Federación Social Democrática británica. En ese tiempo, la posición de Bax con respecto al colonialismo era extrema, no sólo por rechazar cualquier tipo de colonialismo sino también por abogar por una lucha armada conjunta con los pueblos colonizados contra los opresores europeos. 32 El 14 de octubre de 1896, Bernstein publicó en Die neue Zeit , el periódico teórico de la socialdemocracia alemana, un artículo sobre Turquía advocando un punto de vista diametralmente opuesto. Mientras algunos socialdemócratas ya estaban enmarcando la discusión del colonialismo en términos económicos, Bernstein -y ciertamente no era el único- pensaba que el tema no podía ser separado de cuestiones de raza y de la superioridad cultural de la civilización europea: Las razas hostiles o incapaces de civilización no pueden ser objeto de nuestra simpatía cuando se rebelan contra la civilización. Nosotros no reconocemos ningún derecho al robo, ningún derecho de los cazadores contra los agricultores. En resumen, por más crítica que pueda ser nuestra visión de la civilización contemporánea, así y todo reconocemos sus logros relativos y los tomamos como criterio de nuestra simpatía. Condenaremos y nos opondremos a ciertos métodos de subyugar a los salvajes. Pero no condenaremos la idea de que los salvajes deben ser subyugados y obligados a adaptarse a las reglas de la civilización más alta. 33 Los comentarios de Bernstein refieren a la retórica de Marx en el Manifiesto Comunista con respecto a la misión de la burguesía de civilizar pueblos “bárbaros”. Los puntos de vista de Bax desde esta perspectiva parecen extraordinarios, y Bernstein los desecha del siguiente modo: “Hace algún tiempo, fue… sugerido en el campo socialista que los salvajes y los bárbaros fueran asistidos en sus luchas contra la avanzada de la civilización capitalista, pero ése fue el resultado de un romanticismo que necesitó ser seguido hasta su conclusión lógica para ser probado insostenible”. Bernstein concluía: “Incluso entre pueblos capaces de civilización no podemos tratar cada revuelta con igual simpatía. La libertad de un pueblo insignificante en una región no europea o semi-europea no tiene el mismo peso que el libre desarrollo de las grandes y altamente civilizadas naciones de Europa”. 34 El debate entre Bernstein y Bax continuó en el periódico inglés Justice y en Die neue Zeit . Bax replicó que las afirmaciones de Bernstein sobre “una propuesta hecha por mí mismo para apoyar a las comunidades salvajes y bárbaras contra los avances hostiles del capitalismo agresivo”, significaban ¡afirmar que sólo los levantamientos que son factibles de resultar en la expansión de la civilización capitalista merecen la simpatía de los socialistas! Por otra parte, aquellos pueblos que no demuestran disposición a ser arrastrados a la vorágine del mercado mundial moderno, que resisten ser acallados por unos pantalones de algodón de segunda de Lancashire, bebidas alcohólicas adulteradas y otros productos excitantes de la ‘cultura más alta’ con la ayuda de una ametralladora Maxim -se nos dice- son hostiles a la cultura, o incapaces de desarrollo cultural 35 , y como tales no tienen derecho a recibir nuestra simpatía. 36 Bax introdujo otra cuestión, incluso más controversial, cuando cuestionó la visión marxista generalmente aceptada de que todos los países deben pasar por el capitalismo. En el Manifiesto Comunista , Marx había escrito que la burguesía “arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta las más bárbaras”. Bax, por el contrario, explicó que este deseo “de limitar, lo más posible, el área de la explotación capitalista” provenía no sólo de su oposición al intento del capitalismo de asegurarse “un nuevo lapso de vida de algunas décadas”, sino también de su convicción de que en el pasaje histórico “del capitalismo al socialismo no es de ningún modo esencial que todos los pueblos bárbaros y salvajes y todos los rincones alejados del mundo deben caer bajo el dominio del capitalismo, con la miseria humana que éste implica” 37 . En palabras que parecen la antítesis del Manifiesto Comunista de Marx, Bax concluyó que: “Nuestra tarea como socialistas es pelear con uñas y dientes contra todos los avances de la civilización en los países salvajes y bárbaros”. Esto también se aplicaba a las comunidades del África sobre las cuales la maldición de la civilización todavía no ha caído. Su lucha contra el hombre blanco, los misioneros, los comerciantes y los usurpadores es nuestra lucha. No reconocemos el ‘derecho’ de una potencia civilizada, bajo ninguna circunstancia, a subyugar razas que viven en un nivel más bajo de desarrollo social y a imponer la ‘civilización’ sobre éstas. La cháchara humanitaria en la prensa y en las tribunas para arrojar polvo sobre nuestros ojos y cubrir la agresión desenfrenada no nos impresiona en lo más mínimo. 38 John A. Hobson, Imperialism: A Study (Estudio del imperialismo) (1902) El demócrata radical británico John A. Hobson, mejor conocido hoy por su libro Estudio del imperialismo 39 , también jugó inintencionadamente un rol en la controversia revisionista. El primer artículo de Bernstein en su serie Problemas del socialismo , que inició el debate, contenía largas citas de un ensayo de Hobson, y el segundo artículo era de hecho una traducción de un trabajo de Hobson que apareció en el primer número de Progressive Review 40 . Dicha revista, que duró sólo dos años (1896-8), fue publicada por el Rainbow Circle, un grupo de “nuevos liberales” del cual Hobson era miembro fundador. Luego del estallido de la Guerra Bóer, los miembros del círculo se dividieron entre aquéllos que favorecían el imperialismo y los “anti-imperialistas” o “pro Bóer” 41 . Estos últimos sostenían las tradiciones radicales del norte industrial de Gran Bretaña y consideraban a los financistas de Londres como apéndices de la aristocracia y los principales arquitectos del imperialismo. Hobson asociaba al imperialismo con una mala distribución del ingreso y de la riqueza, la cual generaba la necesidad de exportar los ahorros “excesivos”. Mientras que los intereses financieros y comerciales apoyaban el uso de la fuerza para abrir países como China, Hobson objetaba, en 1898, que esto sería meramente “meter allí la cuña del Imperio, como lo testifican India, Egipto y África”. El comercio libre era un ideal meritorio, pero no debía ser extendido a las “patadas y golpeando a otros” 42 . La alternativa práctica a la expansión imperialista era el sindicalismo, para aumentar los salarios locales, y la redistribución del ingreso mediante impuestos progresivos sobre la renta. El estallido de la guerra sudafricana o Segunda Guerra Bóer ofreció a Hobson la oportunidad de estudiar los manejos del sistema colonial de primera mano. En el veranos de 1899 viajó a Sudáfrica como corresponsal especial del Manchester Guardian . Luego del viaje, publicó un libro llamado La Guerra en Sudáfrica , que incluía una nueva variante del racismo. Hobson describía el conflicto en Sudáfrica como un “diseño judeo-imperialista” 43 . Pero la judeofobia no era una parte integral de la visión del mundo de Hobson, y una mayor reflexión lo llevó a “revisar su descripción demasiado simplificada del factor judío en Sudáfrica. Cuando publicó su estudio completo del imperialismo en 1902, la referencia a una conspiración judía había desaparecido en gran parte”. Sin embargo, el daño había sido hecho por su anterior adopción de “la cómoda tradición de buscar al judío: tan persuasivo había sido que su visión original de la Guerra Bóer como un complot judío se volvió por un tiempo la creencia popular en los círculos anti-imperialistas”. 44 En octubre de 1902, Hobson publicó su obra más importante, Estudio del imperialismo , y atribuyó la nueva política exterior imperialista ya no a una conspiración judía, sino a la urgencia de invertir capital en el extranjero. “No es el progreso industrial lo que demanda la apertura de nuevos mercados y áreas de inversión -escribió-, sino la mala distribución del poder adquisitivo que impide la absorción de las mercancías y del capital dentro del país” 45 . Hobson creía que la única forma de eliminar el exceso de ahorro era “incrementar el estándar general del consumo local y abatir la presión por los mercados extranjeros”. 46 No es inherente a la naturaleza de las cosas que debamos gastar nuestros recursos naturales en el militarismo, la guerra y una riesgosa diplomacia inescrupulosa con el fin de encontrar mercados para nuestros productos y nuestro capital excedente. Una comunidad progresiva inteligente, basada en una sustancial igualdad de oportunidades económicas y educacionales, acrecentará sus estándares de consumo para que se correspondan con cada incremento del poder productivo y pueda encontrar pleno empleo para una ilimitada cantidad de capital y de mano de obra dentro de los límites del país que ocupa. Donde la distribución del ingreso es tal que permite a todas las clases de la nación convertir sus necesidades en una demanda efectiva de mercancías, no puede haber sobreproducción ni subempleo del capital y de la mano de obra ni necesidad de pelear por mercados extranjeros. 47 Las raíces intelectuales del programa reformista de Hobson estaban en los economistas ingleses clásicos tardíos, quienes, influenciados por la creciente fuerza del movimiento obrero, trataron de armonizar los postulados de la economía política con los reclamos de los trabajadores. El más famoso entre estos escritores, John Stuart Mill, argumentó que, mientras la producción está regulada por “leyes físicas”, la distribución de la riqueza es “una cuestión de costumbres humanas” y podía ser alterada políticamente. 48 El libro Estudio del imperialismo , de Hobson, fue subsecuentemente tenido en alta estima por Lenin, pero debe ser notado también que Hobson no tuvo mucho impacto inmediato sobre la prensa socialista continental. Investigando los periódicos del Partido Socialdemócrata alemán, Hans-Christoph Schröder encontró sólo una referencia al libro de Hobson: una crítica en Vorwärts , escrita por el marxista austro-británico Max Beer en 1906 49 . La influencia de Hobson sobre Lenin probablemente no estuvo, por lo tanto, mediada por la prensa del Partido Socialdemócrata alemán sino que fue más bien un resultado del propio exilio de Lenin en Londres. Krupskaya anota en sus memorias que Lenin llegó a Londres en abril de 1902, poco tiempo después de que Hobson publicara su libro 50 . En sus notas de 1915-16 para su propio trabajo sobre el tema, Lenin comentó que “el libro de Hobson sobre el imperialismo es útil en general, y especialmente útil porque ayuda a revelar la falsedad básica del kautskismo sobre este punto” 51 . Es bien sabido que, para 1915, Karl Kautsky descartaba los intentos de explicar el imperialismo en términos de necesidad económica, creyendo, en cambio, que los conflictos se resolverían mediante el desarme, el libre comercio y el arbitraje pacífico de las disputas internacionales. Lenin pensaba que los datos estadísticos de Hobson mostraban el desarrollo desigual de los respectivos dominios imperiales y, por lo tanto, probaban la imposibilidad de “extender los métodos de los cartels al terreno de la política exterior”, de este modo también excluyendo cualquier posibilidad de un desarme estable y general. Los primeros análisis marxistas del imperialismo Los análisis pioneros del imperialismo en la prensa socialista continental provinieron de dos escritores que permanecen virtualmente anónimos para la mayoría de los historiadores: Max Beer (1864-1943), un austríaco que emigró a Londres, y Paul Louis, un francés cuyo nombre real era Paul Levi (1872-1955). Hemos dedicado amplio espacio a ambos autores en Discovering Imperialism , con información apropiada sobre su biografía adjunta a los documentos traducidos 52 . Sólo señalaremos que ambos utilizaron inicialmente el término “imperialismo” en su sentido habitual de la época; es decir, para hacer referencia a la defensa de una federación imperial británica, al repudio al libre comercio y a la creación de una unión aduanera proteccionista. Luego extendieron su análisis a otros países europeos y a Estados Unidos, en un esfuerzo por explorar las bases económicas del imperialismo. Sus trabajos exploratorios parecen tentativos e inconclusos en vista de los libros posteriores de Hilferding, Luxemburg y Lenin pero, no obstante, contribuyeron a iniciar el debate que abrió camino a esos textos más exhaustivos. Otro analista temprano del imperialismo, cuyo trabajo hemos rescatado del olvido, es el socialista alemán Heinrich Cunow (1862-1936), quien fue el primero en usar el concepto de capital financiero. En su artículo “La política expansionista norteamericana en Asia Oriental” (incluido en Discovering Imperialism ), Cunow también refirió a sus lectores al trabajo mencionado más arriba de Charles Conant sobre las bases económicas del imperialismo norteamericano. 53 A pesar de que Karl Kautsky nunca escribió un estudio exhaustivo del imperialismo, su nombre fue frecuentemente invocado y casi tan frecuentemente denunciado en la literatura, particularmente a medida que se acercaba la Primera Guerra Mundial. Sus contribuciones abarcan más de cuarenta años e incluyen varios cambios de énfasis e incluso de dirección. De acuerdo con su propia descripción autocongratulatoria, en su folleto “Socialismo y política colonial” (1907): “En el primer volumen de Die neue Zeit , publicado en 1883, apareció un extenso ensayo mío sobre ‘Emigración y colonización’, en el cual ya formulaba el punto de vista que ha determinado la postura de nuestro partido sobre política colonial desde entonces al presente” 54 . Si bien el artículo de Kautsky de 1883 tenía la intención de incentivar la oposición a la política colonial alemana, contrastando favorablemente las instituciones políticas democráticas de las colonias de asentamiento inglesas con el sistema político aristocrático y militarista alemán, su indiferencia hacia el genocidio practicado en las colonias de asentamiento es sorprendente para un lector moderno. Kautsky contrastaba los logros de las “colonias de trabajo” asentamiento europeo (Estados Unidos, Canadá y Australia) con el nefasto registro de las “colonias de explotación” (como India y las colonias alemanas en África), donde las masas nativas eran explotadas por un pequeño grupo de comerciantes europeos, funcionarios y oficiales militares 55 . El eurocentrismo de muchos de los adherentes de la Segunda Internacional era particularmente evidente en un artículo subsiguiente de Kautsky sobre “Las vías férreas china y el proletariado europeo”, publicado en 1886, en el cual advertía que más poderoso que los ejércitos de Jerjes y Gengis Kan sería “aquel ejército que, como consecuencia de la construcción de las vías férreas chinas, amenazará nuestra civilización. ¡Una nueva invasión mongol nos amenaza! Y somos nosotros mismos los que estamos forzando a los chinos a caer sobre nosotros, quienes estamos allanando el camino para ellos”. 56 Para el fin de siglo, Kautsky retornó a los problemas de la política colonial en respuesta a las preparaciones navales alemanas. En ese contexto escribió varios artículos: “Vieja y nueva política colonial” (1898), “Jiaozhou”(1898), “La guerra en Sudáfrica” (1899), “Schippel, Brentano y los proyectos de ley naval” (1900) y “Las consecuencias de la victoria japonesa y la socialdemocracia” (1905) 57 . El artículo “Vieja y nueva política colonial” fue también parte del debate revisionista. En ese contexto, Kautsky rechazó la posición pro-colonialista de Bernstein mediante la afirmación de que, en vez de promover el progreso histórico, la política colonial moderna era llevada adelante por un estrato precapitalista reaccionario, principalmente junkers (nobles prusianos), oficiales militares, burócratas, especuladores y comerciantes, pasando por alto el rol de los bancos y de la industria pesada alemana. 58 En Discovering Imperialism hemos incluido varios artículos de Kautsky, los primeros dos fueron escritos bajo la influencia inmediata de la Guerra Bóer. En uno de ellos, “Alemania, Inglaterra y la política mundial” (1900), Kautsky mencionó el concepto de capital financiero, pero no en el sentido que le dio Rudolf Hilferding de una fusión entre el capital bancario e industrial. Para Kautsky, el capital financiero significaba el capital monetario y su política proteccionista, militarista e imperialista, que él contrastaba con el libre comercio pacifista y las inclinaciones supuestamente democráticas del capital industrial. 59 El congreso del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) en Mainz (17-21 de septiembre de 1900) Entre los socialdemócratas alemanes, el primer debate a gran escala sobre el imperialismo se dio en un congreso partidario llevado adelante en Maguncia (Mainz) del 17 al 21 de septiembre de 1900. El tópico era “política mundial”, incluyendo las implicancias de la Guerra Bóer y de la política colonial alemana en China 60 . Temas específicos eran la creación del protectorado alemán en Kiautschou (Jiaozhou), la represión al Levantamiento de los bóxers por los poderes occidentales y el discurso a los soldados del kaiser Wilhelm II en Bremerhaven (27 de julio de 1900) 61 . En dicho congreso, Rosa Luxemburg emergió como la crítica más perceptiva del imperialismo y su potencial catastrófico, describiendo la disputa por las colonias en términos históricos. Rosa caracterizó los eventos en China como “una guerra sangrienta de la Europa capitalista unida contra Asia” y como nada menos que “un punto de inflexión” en la historia mundial. Urgió a sus camaradas a llevar la agitación contra la guerra a las calles: “La guerra en China es el primer evento en la era de la política mundial en el cual todos los Estados desarrollados se han involucrado, y este primer golpe de la reacción internacional, de la Santa Alianza, debe ser respondido inmediatamente por una protesta de los partidos obreros unidos de Europa” 62 . Una visión similar expresó Georg Ledebour, quien asimismo describió al imperialismo no en términos de eventos contingentes sino como un fenómeno mundial, que podía variar en sus especificidades de país en país, “pero que esencialmente es el mismo en todas partes, en la Rusia absolutista y en la Inglaterra constitucional, en las repúblicas de Francia y Norteamérica, y en Alemania”. 63 La resolución adoptada por el congreso declaraba que los desarrollos recientes “abarcaban a todo el mundo”, y eran impulsados solamente “con el propósito de fomentar la explotación capitalista y el desarrollo del poder militar”. Las causas principales del imperialismo se dividían en dos: en el caso específico de Alemania, había una sed de gloria militar y una pasión chauvinista de crear una “Alemania más grande”, pero, en términos generales, la resolución también hablaba de las contradicciones inherentes al capitalismo y del imperativo resultante de “encontrar nuevas oportunidades de inversión” y de “abrir nuevos mercados para la venta”. El imperialismo era condenado como “una política exterior de conquista y robo” que violentaba a los pueblos originarios y amenazaba con nuevos conflictos internacionales a través de una carrera armamentista “intolerable” por tierra y mar. Los delegados en Maguncia repudiaron la intervención alemana en China y declararon que la conquista militar nunca podía ser considerada como un instrumento de civilización: La socialdemocracia, enemiga de cualquier tipo de opresión y explotación del hombre por el hombre, protesta enfáticamente contra esta política de robo y conquista. Demanda que las deseables y necesarias relaciones culturales y comerciales entre los pueblos del mundo sean llevadas adelante de tal modo que los derechos, libertades e independencia de estos pueblos sean respetados y protegidos, y que ellos sean ganados para las tareas de la cultura moderna y la civilización sólo mediante la educación y el ejemplo. Los métodos empleados en el presente por la burguesía y los dirigentes militares de todas las naciones son una burla sangrienta de la cultura y de la civilización. 64 El Congreso Internacional Socialista de París (23-7 de septiembre de 1900) Sólo días después del congreso partidario del SPD en Maguncia, los mismos temas reaparecieron en el V Congreso Internacional Socialista, llevado adelante en París del 23 al 7 de septiembre de 1900 65 . De acuerdo con el registro oficial del congreso, Rosa Luxemburg expuso sobre la cuestión de “la paz internacional, el militarismo y la supresión de los ejércitos permanentes. La ciudadana Luxemburg condenó el militarismo y el imperialismo” 66 . En dicha ocasión, Luxemburg también advirtió que los trabajadores enfrentaban “un nuevo fenómeno de la política mundial”, que “en los últimos seis años ha causado cuatro guerras sangrientas”. Sus síntomas eran idénticos en todas partes: “El mismo militarismo, las mismas políticas navales, la misma cacería de colonias, la misma reacción en todas partes y, sobre todo, un permanente peligro de guerra internacional o, por lo menos, un estado de animosidad permanente, en el cual todos los Estados desarrollados están igualmente envueltos”. El proletariado debía “oponer a la alianza de la reacción imperialista un movimiento de protesta internacional”, no sólo para luchar contra el militarismo, sino también porque “parece altamente probable que el colapso del orden capitalista será el resultado, no de una crisis económica , sino de una crisis política , de la política mundial” 67 . La resolución de Luxemburg, aclamada por el Congreso de París, describía al imperialismo como una consecuencia necesaria de las más recientes contradicciones del capital, que violentaba a los habitantes de tierras extranjeras y debía ser resistido en todas las formas por los trabajadores organizados: Considerando que el desarrollo del capitalismo necesariamente lleva a la expansión colonial, el cual causa conflictos entre los gobiernos; Que el imperialismo, que es su consecuencia necesaria, excita el chauvinismo en todos los países y los fuerza a realizar gastos militares siempre crecientes; Que la política colonial de la burguesía no tiene otro objetivo que incrementar las ganancias de la clase capitalista y mantener el sistema capitalista, malgastando la sangre y el producto del trabajo del proletariado, perpetrando incontables crímenes y crueldades contra los nativos de las colonias conquistadas por la fuerza de las armas; El Congreso Internacional Socialista de París declara: Que el proletariado organizado debe usar todos los medios disponibles para luchar contra la expansión colonialista de la burguesía y debe condenar, bajo toda circunstancia y con todas sus fuerzas, las injusticias y crueldades que necesariamente tienen lugar en todas las partes del mundo dejadas a merced del capitalismo rapaz, despiadado y desvergonzado. Con este objetivo, el congreso recomienda en particular las siguientes medidas: Que los diferentes partidos socialistas, donde las condiciones económicas lo permitan, se aboquen urgentemente al estudio de la cuestión colonial. Que se haga todo lo posible para incrementar la formación de partidos socialistas en las colonias, afiliados a las organizaciones metropolitanas. El establecimiento de lazos y estrecha colaboración entre los partidos socialistas de las diferentes colonias. 68 Analizando el Congreso de París para el periódico De Nieuwe Tijd, la socialista holandesa Henriette Roland Holst comentó que esta resolución finalmente probaba que “no hay, y no puede haber, una minoría imperialista en la socialdemocracia” 69 . Su comentario estaba claramente dirigido contra Bernstein, cuyas conclusiones eran ciertamente opuestas. En un artículo que criticaba las resoluciones adoptadas, tanto en Maguncia como en París, Bernstein remarcaba que el tono de las mismas le recordaba a su intercambio precedente con Belfort Bax 70 . También citó favorablemente al reciente panfleto de George Bernard Shaw sobre “fabianismo e imperio”, en el cual afirmaba que el imperio británico no podía ser manejado en base a “ideales de frontera fija” 71 . Shaw agregaba que “si los mismos chinos no pueden establecer el orden como lo entendemos nosotros, los poderes deben establecerlo por ellos”. La preocupación número uno de Shaw era que “si nos entrometemos en China, y nuestra interferencia no alivia la pobreza que produce la emigración, nos encontraremos en un embrollo amarillo que podría traer la guerra china a nuestras propias calles.” 72 El siguiente gran foro de debate acerca de la cuestión del colonialismo fue el Congreso de Dresden del SPD, llevado a cabo del 13 al 20 de septiembre de 1903, en el cual el Partido oficialmente condenó el revisionismo de Bernstein y acordó “llevar adelante más vigorosamente que nunca la lucha contra el militarismo, contra la política colonial e imperialista, contra la injusticia, opresión y explotación de todo tipo” 73 . El Sexto Congreso Internacional Socialista, llevado a cabo en Amsterdam del 14 al 20 de agosto de 1904, también adoptó una resolución que condenaba el colonialismo y tomaba como modelo la resolución del SPD en Dresden 74 . Pero la expansión colonialista se volvió una cuestión política más inmediata, tanto para el SPD como para el socialismo internacional, luego de la “elección de los hotentotes” en Alemania en 1907, la cual resultó en un revés desastroso para la socialdemocracia. “La elección de los hotentotes” en Alemania (13 de enero de 1907) Las elecciones al Reichstag de enero de 1907 tuvieron lugar en un marco de guerra colonial y genocidio en el suroeste de Africa, entonces bajo dominio alemán (Namibia en el presente); alrededor de 65.000 hereros fueron masacrados por tropas alemanas desde 1904 a 1908 75 . Rosa Luxemburg habló de un “paroxismo del entusiasmo imperialista” y de una “atmósfera de pogromo espiritual” que produjo un terremoto en la vida otrora plácida del partido alemán 76 . A pesar de que el SPD recibió 3.259.029 votos -casi un cuarto de millón más que el total de la elección anterior de 1903-, el gobierno movilizó un gran número de ciudadanos anteriormente indiferentes al despertar el entusiasmo nacionalista en apoyo a la apropiación colonial. El número de votantes se incrementó dramáticamente del 76,1% de aquellos con derecho a voto en 1903 al 84,7% cuatro años más tarde. De acuerdo con Nicholas Stargardt, “el levantamiento herero en África occidental en 1906 jugó un rol polarizador en Alemania, similar al de la Guerra Bóer en Gran Bretaña” 77 . El SPD sufrió severamente este surgimiento de sentimiento patriótico, perdiendo casi la mitad de sus representantes en el Reichstag (cayendo de 81 a 43 bancas). Karl Kautsky temía, con razón, que la clase dirigente había contrarrestado el atractivo del socialismo con “el efecto fascinante del Estado colonial del futuro” 78 . En su prefacio a Militarismo y anti-militarismo , escrito diecisiete días luego de las elecciones, Karl Liebknecht similarmente remarcaba que las “ridículas elecciones” de 1907 habían sido discutidas en términos de “palabrería nacionalista, palabrería colonialista, chauvinismo e imperialismo”, revelando “cuán miserablemente débil” era “la resistencia del pueblo alemán a las trampas pseudo-patrióticas” dispuestas por los “despreciables patriotas de negocios ( Geschäftspatrioten )” 79 . Siete años después, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, las implicancias de estos comentarios se volverían dramáticamente obvias cuando los trabajadores en todas partes corrieran a enlistarse en nombre de la defensa nacional. En términos de la literatura en desarrollo sobre el imperialismo, las elecciones de 1907 también llevaron a un importante estudio de Parvus, Política colonial y el colapso , dos capítulos que hemos incluido en Discovering Imperialism . A pesar del gran retroceso, Parvus sostenía con certeza que el sistema mundial del imperialismo colapsaría por sus propias contradicciones. El Kaiser y la burguesía habían presentado sus ambiciones imperialistas como una cuestión de “honor nacional”. Parvus contestaba que “si hay algún tipo de honor nacional involucrado, entonces en nuestra opinión sólo puede ser el de mantenernos al margen de estos procedimientos vergonzosos”. 80 El debate sobre colonialismo en el Congreso de Stuttgart (18-24 de agosto de 1907) Parvus publicó su libro con vistas al Congreso Internacional Socialista, que estaba agendado para agosto de 1907 en Stuttgart. Luego del revés sufrido en Alemania, los delegados estaban profundamente divididos en Stuttgart, y la mayoría de los representantes alemanes rápidamente se olvidó de la resolución contra el colonialismo adoptada en París hacía sólo siete años atrás. La mayoría de ellos ahora sostuvo una moción del revisionista holandés Henri van Kol, quien pensaba que la política colonial no debía ser condenada en principio, porque todavía podía jugar un rol civilizatorio -sino hoy bajo el capitalismo, entonces mañana bajo el socialismo. Una minoría en la comisión del congreso, liderada por Georg Ledebour y que incluía a los delegados polacos y rusos, replicó que “una política colonial socialista” no era más que una contradicción en los términos, a lo cual los miembros del ala derechista respondieron que Ledebour tenía “una actitud infructuosa y negativa” y carecía de un programa “práctico”. Una resolución en borrador, apoyada por la mayoría de la comisión, propuso revisar la decisión anti-imperialista tomada en París, en 1900, por iniciativa de Rosa Luxemburg. Ese mitin había declarado que “el proletariado organizado debe usar todos los medios a su disposición para luchar contra la expansión colonialista de la burguesía y debe condenar, bajo toda circunstancia y con todas sus fuerzas, las injusticias y crueldades que necesariamente tienen lugar en todas las partes del mundo, libradas a la merced del capitalismo rapaz, despiadado y desvergonzado”. Esta formulación iba a ser ahora reemplazada por la afirmación: “El socialismo se esfuerza por desarrollar las fuerzas productivas del globo entero y de elevar a los pueblos a la más alta forma de civilización. El congreso, por lo tanto, no rechaza en principio toda la política colonial. Bajo un régimen socialista, la colonización podría ser una fuerza civilizatoria”. En el debate sobre esta nueva propuesta, Henri van Kol posó de político maduro, quien, como Bernstein, ya “no creía en la teoría del colapso capitalista”. Tomando esta visión a largo plazo -es decir, asumiendo que el fin del capitalismo no estaba para nada a la vista- anunció que las colonias eran necesarias para aliviar a Europa de la sobrepoblación y la sobreproducción (a pesar de que también remarcó que la política colonial ya había originado dos guerras y que, por lo tanto, “la primera tarea de la socialdemocracia es enfrentarse al imperialismo, como los trabajadores ingleses lucharon contra el imperialismo de Chamberlain”) 81 . Su camarada revisionista, Bernstein, coincidió (al grito de ¡Bravo!) con que no deberíamos adoptar una posición puramente negativa frente a la política colonial, sino practicar una política colonial positiva y socialista. Debemos renunciar a la idea utópica de simplemente abandonar las colonias. La consecuencia última de tal visión sería darle los Estados Unidos de vuelta a los indios. [Conmoción] Las colonias están aquí. Cierto tutelaje de los pueblos incivilizados por parte de los civilizados es una necesidad que también los socialistas deberían reconocer. 82 Hablando por la minoría, Georg Ledebour se opuso “sobre todo, a la primera afirmación de la resolución de la mayoría, que reconoce, en principio, la necesidad de las colonias”. Con respecto a Bernstein, Ledebour remarcó: Recuerdo que Bernstein, junto con algunos fabianos y socialistas ingleses, tomó partido por los jingoístas ingleses durante la Guerra Bóer [¡Escuchen! ¡Escuchen!]. El era incluso más imperialista que los liberales ingleses. Estaba a favor de la subyugación de Transvaal por Inglaterra, como ese camarada [Robert] Blatchford, quien todas las tardes durante la Guerra Bóer quería que su hija tocara en el piano Rule Britannia [risas]. 83 Karski (Julian Marchlewski), un delegado del polaco Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania, y autor de varios artículos sobre imperialismo, algunos de los cuales han sido incluidos en Discovering Imperialism , coincidía con Ledebour en que una política colonial socialista era una contradicción en los términos: “Es tan imposible hablar de una política colonial socialista como de un Estado socialista. [El revisionista Eduard] David ha afirmado el derecho de una nación a ejercer tutelaje sobre otra. Pero, nosotros, los polacos, sabemos el significado real de este tutelaje, ya que tanto el zar ruso como el gobierno prusiano han actuado como nuestros guardianes [ ¡Muy bien! ].” Era notable que Karski-Marchlewski también rechazara, poco tiempo después del debate sobre la revolución permanente durante la Revolución Rusa de 1905, la afirmación de que “toda nación debe pasar por el capitalismo… Lo que dijo Marx fue que los países que ya habían comenzado su desarrollo capitalista tendrían que continuar el proceso hasta su compleción. Pero nunca dijo que ésta era una precondición absoluta para todas las naciones”. Respondiendo a Bernstein, agregó: “Nosotros, los socialistas, entendemos que hay otras civilizaciones además de las de la Europa capitalista. No tenemos fundamentos para ser engreídos sobre nuestra tan mentada civilización o para imponerla sobre los pueblos asiáticos y sus antiguas civilizaciones”. 84 Durante los debates en Stuttgart, Karl Kautsky también se opuso a la mayoría de los delegados de su propio partido, preguntándose cómo “la completa contradicción lógica” de una política colonial socialista podía tener tantos seguidores: Hasta ahora nunca habíamos oído nada sobre una política colonial socialista… La política colonial significa la conquista y saqueo por la fuerza de tierras extranjeras. Refuto la noción de que la democracia y la política social tengan algo que ver con la conquista y el dominio en el extranjero… [ ¡Bravo! ] Bernstein quiere persuadirnos que la política de conquista es una necesidad natural. Estoy bastante sorprendido de que defendiera aquí la teoría según la cual hay dos grupos de pueblos, uno destinado a gobernar y el otro a ser gobernado; que hay personas que son como niños e incapaces de gobernarse a sí mismos. Esta es sólo una variante del viejo refrán, que es el fundamento de todo despotismo, de que algunas personas nacen en este mundo para ser jinetes, con espuelas en sus pies, y otros con monturas en sus espaldas para llevarlos 85 . Esa ha sido siempre la argumentación de toda aristocracia, también fue el argumento de los poseedores de esclavos en Sudamérica, quienes afirmaban que la cultura descansaba sobre el trabajo forzado de los esclavos, y que el país recaería en el barbarismo si la esclavitud era abolida. No podemos adoptar semejante argumentación. 86 Algie Simons, representante del Partido Socialista de Norteamérica 87 , adoptó el mismo punto de vista a la luz de la experiencia norteamericana en Filipinas: “Para nosotros, los norteamericanos, la cuestión colonial es extremadamente importante, porque nosotros nos enfrentamos a una nueva política colonial norteamericana”. Simons denunció la brutal represión de la rebelión filipina, en la cual decenas y quizá hasta centenares de miles filipinos habían sido asesinados: “Ciertamente, Norteamérica ha enviado un ejército de maestros de escuela a Filipinas, pero también [muchos] más soldados y cañones. Ha provocado un baño de sangre en Filipinas al servicio de la civilización… [ ¡Escuchen! ¡Escuchen! ]. La resolución de la mayoría es, desde nuestro punto de vista, nada más que un voto en favor de [Theodore] Roosevelt”. 88 Cuando Henri van Kol retornó al podio, nuevamente habló en favor de la política colonial socialista y criticó a Kautsky por sostener la tesis de que la política colonial es conquista, es “imperialismo”. Esta fórmula es completamente falsa. ¡Debería aprender mejor su gramática! Hoy, ciertamente, la política colonial es imperialista, pero no tiene que ser así, puede ser democrática también. En cualquier caso, es un grave error por parte de Kautsky equiparar conceptualmente la política colonial con el imperialismo… Si nosotros, los europeos, vamos allí [a Africa] con herramientas y maquinaria, seríamos víctimas indefensas de los nativos. Por lo tanto, debemos ir allí con armas en la mano, incluso si Kautsky llama a eso imperialismo. 89 Luego de un largo debate, Kautsky y sus seguidores prevalecieron. En su resolución final, el congreso entero resolvió tachar la oración original del borrador y reemplazarla con los siguientes cuatro párrafos: El congreso considera, que por su naturaleza inherente, la política colonial capitalista debe conducir al esclavizamiento, al trabajo forzado o la exterminación de la población nativa de las regiones colonizadas. La misión civilizadora que la sociedad capitalista dice servir no es más que un velo para su apetito de conquista y explotación. Sólo una sociedad socialista ofrecerá la posibilidad a todos los pueblos de desarrollar plenamente la civilización. La política colonial capitalista, en vez de incrementar las fuerzas productivas mundiales, destruye la riqueza de aquellos países donde sus políticas son aplicadas, mediante la esclavización y el empobrecimiento de los pueblos nativos, así como también financiando guerras asesinas y devastadoras. De este modo, ralentiza e incluso impide el desarrollo del intercambio y la exportación de productos industriales de los Estados civilizados. El congreso condena los métodos barbáricos de la colonización capitalista. A fin de desarrollar las fuerzas productivas, demanda una política que garantice el desarrollo cultural pacífico y que ponga los recursos naturales de la tierra al servicio del desarrollo ulterior de toda la humanidad. 90 Reflexionando sobre “el extremadamente acalorado debate” de Stuttgart, en octubre de 1907, Lenin resumió los hechos de la siguiente manera para los lectores del periódico ruso Proletario , en su artículo “El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart”: Los oportunistas se agruparon en torno de Van Kol. En nombre de la mayoría de la delegación alemana, Bernstein y David propusieron que se reconociera la “política colonial socialista” y vapulearon a los radicales, acusándoles de estéril negación, incomprensión del significado de las reformas, falta de un programa colonial práctico, etc. Por cierto que Kautsky les objetó, viéndose precisado a pedir al congreso que se pronunciara contra la mayoría de la delegación alemana. Señaló con razón que no se trataba en modo alguno de negar la lucha por las reformas, pues en otras partes de la resolución que no habían suscitado ninguna discusión se hablaba de ello bien claramente. De lo que se trataba era de saber si debemos hacer concesiones al actual régimen burgués de expoliación y violencia. La actual política colonial debe ser discutida por el congreso, y esa política descansa en un sometimiento sin tapujos de los salvajes. La burguesía establece en las colonias un régimen de auténtica esclavitud, somete a los indígenas a escarnios y violencias sin precedentes y los “civiliza” difundiendo el alcohol y la sífilis. ¡Y se propone que, en tales condiciones, los socialistas se dediquen a pronunciar frases evasivas sobre la posibilidad de reconocer en principio la política colonial! Ello equivaldría a adoptar abiertamente el punto de vista burgués. Ello significaría dar un paso decisivo hacia la supeditación del proletariado a la ideología burguesa, al imperialismo burgués, que ahora levanta la cabeza con particular altivez. 91 A pesar de que el congreso derrotó la moción original de la comisión por 128 votos contra 108 (con diez abstenciones), presumiblemente poniendo fin a la noción de la misión civilizadora del capitalismo, Lenin remarcó que el resultado fue posible sólo por la combinación de los votos de los delegados de las naciones pequeñas. En otros Estados, el “afán de conquistas” había llegado “a contaminar un poco incluso incluso al proletariado”. En un comentario que anticipaba su posterior descripción de la “aristocracia obrera” en Imperialismo, fase superior del capitalismo , Lenin expresaba preocupación porque Stuttgart “había revelado un rasgo negativo del movimiento obrero europeo”, que él atribuyó al “oportunismo socialista” y a la posición privilegiada de los trabajadores europeos debida al “trabajo de los indígenas casi totalmente sojuzgados de las colonias”. 92 Militarismo y defensa nacional en el Congreso de Stuttgart (agosto de 1907) El Congreso de Stuttgart debatió un número de otras cuestiones en agosto de 1907, incluyendo el voto femenino, la emigración y las relaciones de los partidos socialistas con los sindicatos. Aparte de la cuestión del colonialismo, sin embargo, la resolución más importante para los propósitos del presente estudio versaba sobre el anti-militarismo. Si el imperialismo estaba ahora relacionado inseparablemente con la agresión y la conquista en interés de la explotación capitalista, parecía obvio que el uso del poder militar debía ser condenado con igual fuerza. El problema era que Marx y Engels nunca habían sido pacifistas; ellos apoyaron, por ejemplo, de manera entusiasta la lucha defensiva de los comuneros de París contra el gobierno de Thiers, luego de la derrota de Francia en 1871 bajo la Alemania de Bismarck. Apoyándose en las tradiciones revolucionarias que se remontaban al siglo XVIII, habían llamado al reemplazo de los ejércitos permanentes por “el pueblo armado” en la forma de una milicia permanente de ciudadanos. En el Congreso de Stuttgart, estas calificaciones escaparon a la atención de Gustave Hervé, un francés que presentó una de las cuatro resoluciones sobre el tema del militarismo. Lenin reportó a sus lectores rusos que: “El célebre Hervé, que tanto ha dado que hablar en Francia y Europa, defendió a este respecto un punto de vista semi-anarquista, proponiendo ingenuamente que se ‘responda’ a toda guerra con la huelga y la insurrección” 93 . Hervé era una figura curiosa, incluso bizarra. De su semianarquismo en Stuttgart hizo un giro violento a la defensa de “la patria amenazada” en 1914, y, finalmente, a la admiración por Hitler y Mussolini en la década de 1930 94 . Este fue el primer encuentro de Hervé con el liderazgo socialista internacional, y su resolución parece haber sido deliberadamente dirigida a molestar a los alemanes. Consideraba al reformismo un vicio peculiarmente alemán y asociaba al SPD con “el autoritarismo, una mentalidad burocrática, el conformismo y una falta de fervor revolucionario”. 95 El SPD, sacudido por su reciente revés electoral, no tenía intención de comprometerse con una huelga general en caso de una guerra. Como lo expresara August Bebel, “no debemos permitirnos ser presionados para utilizar métodos de lucha que podrían amenazar seriamente la actividad y, bajo ciertas circunstancias, la mismísima existencia del Partido” 96 . En su choque con Hervé, Bebel invocó la noción de autodefensa patriótica: “Hervé dice: ‘La madre patria es la madre patria de las clases dominantes. No es una preocupación del proletariado’. Una idea similar es expresada en el Manifiesto Comunista : ‘El proletariado no tiene patria’. Pero los estudiantes de Marx y Engels han declarado que ya no comparten los puntos de vista del Manifiesto ”. 97 Mientras Hervé se refería a la cuestión de la guerra en términos de clase, Bebel insistía en que la socialdemocracia debía determinar su actitud frente a cualquier guerra futura sobre la base de si ésta era ofensiva o defensiva: “Sostengo que es fácil ahora determinar en cualquier caso si una guerra es defensiva o si es de carácter ofensivo. Mientras que anteriormente las causas que llevaban a la catástrofe de la guerra permanecían oscuras, incluso para el político atento y entrenado, hoy éste ya no es más el caso. La guerra ha dejado de ser un secreto de los políticos de los gabinetes”. Además, en términos puramente prácticos la agitación antimilitarista de Hervé y sus tácticas eran “no sólo imposibles pero totalmente fuera de discusión” para el SPD. “El caso de Karl Liebknecht muestra cómo están las cosas hoy en Alemania. A pesar de que él claramente expresó sus diferencias con Hervé en su libro [ Militarismo y antimilitarismo ] y afirmó que los métodos de Hervé son impracticables, Liebknecht ha sido acusado de alta traición”. 98 Hervé replicó que el apoyo de Bebel a la defensa nacional en caso de una guerra contra Alemania permitiría al gobierno alemán manipular al SPD hacia una posición patriótica en el caso de un conflicto de toda Europa: Bebel traza una fina distinción entre las guerras ofensivas y defensivas. Cuando el pequeño Marruecos es desguazado, esto es fácilmente reconocido como una guerra ofensiva de brutalidad inocultable. Pero si estallara la guerra entre dos grandes potencias, la poderosa prensa capitalista desataría tal tormenta de nacionalismo que no tendríamos la fuerza para contrarrestarla. Entonces, sería demasiado tarde para sus finas distinciones. 99 Con desprecio hacia la dirección del SPD, Hervé explícitamente atribuyó su debilidad -dramatizada por “la elección de los hotentotes”- a su compromiso creciente con el parlamentarismo más que con la lucha revolucionaria: Ustedes se han vuelto ahora una máquina electoral y contable, un partido de cajas registradoras y bancas parlamentarias. Quieren conquistar el mundo mediante votaciones. Pero les pregunto: cuando los soldados alemanes sean enviados a restablecer el trono del zar en Rusia, cuando Prusia y Francia ataquen a los proletarios, ¿qué harán? Por favor, no contesten con metafísica y dialéctica, sino abierta y claramente, prácticamente y tácticamente, ¿qué harán? 100 La resistencia del SPD a la agitación antimilitarista, declaraba Hervé, lo llevaría eventualmente a “ir a la guerra por su Kaiser, sin ofrecer resistencia”: “Hoy, Bebel se pasó del lado de los revisionistas cuando nos dijo: ‘¡Proletarios de todos los países, mátense unos a otros!’ [ Gran conmoción ].” 101 En un florido final, Hervé le gritó a un enfurecido August Bebel: “Sigue la bandera de tu emperador, sí, síguela. Pero si entras a Francia, verás flotar sobre nuestras comunas insurrectas la bandera roja de la Internacional que has traicionado”. 102 Hervé contribuyó con una retórica ostentosa al Congreso de Stuttgart, pero la resolución final del congreso fue más moderada. Comenzó adhiriendo a “las resoluciones adoptadas por los congresos internacionales anteriores contra el militarismo y el imperialismo”. Entre otras cosas, reiteró el llamado a “sustituir al ejército permanente por una milicia popular”, un tema que el ala izquierda luego defendería al oponerse a las propuestas de Kautsky sobre el desarme y las cortes de arbitraje internacionales. La unánime resolución final también ignoraba sutilmente la distinción de Bebel entre guerras “ofensivas” y “defensivas”, declarando que “en caso de que estalle la guerra”, los socialistas estaban obligados “a intervenir por su rápida culminación y a luchar con todas sus fuerzas para utilizar la crisis económica y política creada por la guerra para incitar al levantamiento de las masas y así acelerar la caída de la clase capitalista dirigente” 103 . En su informe a los lectores rusos, Lenin enfatizó la última disposición, comentando que Hervé había olvidado la obligación del proletariado de tomar las armas en el evento de una guerra revolucionaria: “No se trata de impedir únicamente el desencadenamiento de la guerra, sino de aprovechar la crisis por ella provocada para acelerar el derrocamiento de la burguesía” 104 . En su libro Socialdemocracia alemana, 1905-1917 , el historiador Carl Schorske resumió el rol de los representantes del SPD en el Congreso de Stuttgart, haciendo notar que en dos temas fundamentales -imperialismo y militarismo- la experiencia devastadora de “la elección de los hotentotes” fue un factor decisivo que proveyó “el ímpetu externo que dio lugar a la reconciliación de la socialdemocracia con los hechos de la vida en la era del imperialismo”. Los poderosos sindicatos alemanes eran “el principal agente” que presionaba para la moderación y la reforma social pacífica, lo cual implicaba evitar cualquier provocación a los poderes imperantes. Detrás de las deliberaciones de Stuttgart estaba “la triple alianza de sindicalistas, revisionistas partidarios y ejecutivos partidarios que hicieron retroceder a los radicales alemanes en las cuestiones de la guerra y el colonialismo, así como anteriormente los habían derrotado en la táctica a seguir en el plano doméstico”. 105 El debate sobre militarismo y defensa nacional en Essen (septiembre de 1907) A pesar de las decisiones tomadas en Stuttgart, la disputa sobre el militarismo y la defensa nacional reapareció poco tiempo después en el Congreso del SPD llevado a cabo en Essen, del 15 al 21 de septiembre de 1907. El Parteitag tuvo lugar en el contexto del juicio inminente contra Liebknecht por las afirmaciones contenidas en su folleto “Militarismo y antimilitarismo” 106 . El foco de la renovada disputa fue el discurso que Gustav Noske había pronunciado en el Reichstag, el 25 de abril de 1907, cuando se debatía el presupuesto militar de Alemania. Noske, quien en 1919, como autoproclamado “perro de presa” contra los revolucionarios alemanes, sería responsable de los asesinatos de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg a manos de los “cuerpos libres” paramilitares de la derecha ( Freikorps , una suerte de Triple A alemana), había argumentado que los representantes del SPD no eran “vagabundos sin patria”, agregando: “Deseamos que Alemania sea tan capaz de defenderse [de estar armada, wehrhaft ] como sea posible, deseamos que el pueblo alemán tenga interés en la institución militar, que es necesaria para la defensa de nuestra patria” 107 . En el Congreso de Essen, Noske repitió esta postura patriótica y citó un discurso anterior, pero todavía famoso de Bebel. El 7 de marzo de 1904, Bebel había declarado en el Reichstag que en una “guerra ofensiva”, en la cual la existencia de Alemania podía estar en peligro, “nosotros, todos, hasta el último hombre, incluso los más viejos entre nosotros, estaremos listos para defender nuestro suelo alemán, no por vuestro bien sino por el nuestro y, si es necesario, a pesar de ustedes. Vivimos y luchamos en este suelo, por esta patria, que es tan nuestra, incluso más, que de ustedes”. 108 El ala izquierda del Partido enfáticamente rechazó la actitud patriótica de Noske y Bebel. Paul Lensch, editor del periódico Leipziger Volkszeitung , argumentó que la premura de Bebel para “cargarse un rifle al hombro” por la defensa nacional era “correcta cincuenta años atrás, pero hoy es absolutamente falsa”, porque la situación política internacional había cambiado completamente: Mientras tanto, un evento ha ocurrido que Noske no parece haber notado -es decir, la Revolución Rusa [de 1905]. Como resultado de la misma, el zarismo ruso ha sido eliminado como archienemigo, como un enemigo real; yace hecho trizas en el suelo. El militarismo ruso ya no es capaz de llevar adelante una gran guerra europea… Dada esta situación diferente, la protesta más aguda debe ser dirigida contra estos puntos de vista, que son hoy tan reaccionarios como antes fueron revolucionarios. 109 Karl Liebknecht también atribuyó los puntos de vista de Noske y Bebel al “efecto depresivo de los resultados electorales”, argumentando que “Noske ha sido fuertemente arrastrado por el alboroto nacionalista de la campaña electoral”. Liebknecht se maravillaba por el hecho de que el discurso de Noske no contuviera “una sola sílaba sobre la solidaridad internacional, ¡como si las tareas de la socialdemocracia acabaran en las fronteras alemanas!”. 110 En su propio discurso en Essen, Bebel respaldó a Noske y reafirmó que (…) debemos defender la patria si es atacada. En relación a esto, me han preguntado -y el camarada Kautsky, también, ha insistido con esta perorata- “¿qué es una guerra ofensiva?” Bueno, sería muy triste si hoy, cuando más y más grandes círculos de personas están interesadas en la política de todos los días, no pudiéramos juzgar en cada caso en particular si estamos enfrentando una guerra de agresión o no. Un engaño sobre tal punto podía ser posible en los 1870, pero ya no es posible hoy. Bebel repitió que él estaba listo para “ponerse el fusil al hombro” si estallaba una guerra con Rusia, “el enemigo de toda la cultura y de todos los oprimidos, no sólo en su propio país, sino también el enemigo más peligroso de Europa, y especialmente de nosotros, los alemanes”. 111 El principal crítico de Bebel en Essen fue Karl Kautsky, cuyo discurso Trotsky citó favorablemente, luego del estallido de la Segunda Guerra Mundial, en su obra La guerra y la Internacional . 112 Kautsky hábilmente desechó la cuestión de guerra ofensiva y defensiva al argumentar que los trabajadores no tenían la responsabilidad de defender la madre patria si no “estaban en peligro los intereses proletarios y democráticos”: Pensemos en Marruecos, por ejemplo. Ayer, el gobierno alemán fue ofensivo, mañana lo será el gobierno francés, y no podemos saber si pasado mañana lo será el gobierno inglés. Eso cambia constantemente. Marruecos, sin embargo, no vale la sangre de un solo proletario. Si estallara la guerra en Marruecos, deberíamos rechazarla de plano, incluso si fuéramos atacados. De hecho, una guerra no sería una cuestión nacional para nosotros sino internacional, porque una guerra entre grandes potencias se volvería una guerra mundial, implicaría a toda Europa y no sólo a dos países. Algún día, el gobierno alemán podría hacer creer a los proletarios alemanes que están siendo atacados; el gobierno francés podría hacer lo mismo con los proletarios franceses, y tendríamos entonces una guerra en la cual los trabajadores franceses y alemanes seguirían a sus respectivos gobiernos con igual entusiasmo y se matarían unos a otros y se cortarían la yugular unos a otros. Eso debe ser evitado, y será evitado sino adoptamos el criterio de la guerra ofensiva, sino el de los intereses del proletariado, que al mismo tiempo son intereses internacionales… Los trabajadores alemanes están unidos con los trabajadores franceses, y no con los belicistas alemanes y junker [aristócratas terratenientes prusianos]. 113 A pesar de que Kautsky esperaba haber resuelto el asunto reemplazando la cuestión de quién comenzó la guerra por el principio más importante del “interés proletario y democrático”, años más tarde, el debate sobre la guerra y la defensa de la patria todavía continuaba en las páginas de los periódicos del ala izquierda del SPD. Para representar esa disputa continua, hemos incluido en Discovering Imperialism un artículo titulado “Socialdemocracia y política exterior”, publicado anónimamente en el Leipziger Volkszeitung , en diciembre de 1912, cuya autoría hemos atribuido tentativamente al editor de dicho periódico, Paul Lensch. El artículo argumentaba que la principal tarea de los trabajadores alemanes era luchar contra el imperialismo alemán y no contra cualquier país extranjero. Lensch rechazaba el carácter vinculante de todas las alianzas y tratados entre los Estados capitalistas, particularmente la Triple Alianza, así como también la distinción de Bebel entre guerras ofensivas y defensivas. La única garantía de paz, afirmaba, era el miedo de la burguesía de que la guerra trajera la revolución. Lensch también advertía que los socialdemócratas alemanes jamás podían llamar a los trabajadores alemanes a tomar las armas contra Rusia porque “la Internacional sería destrozada de ese modo”. 114 Debate sobre el colonialismo en el Congreso de Essen (septiembre de 1907) El Congreso de Essen del Partido Socialdemócrata alemán mostró que la resolución adoptada unánimemente en Stuttgart sobre el militarismo había dejado muchos asuntos por resolver. Esto era igualmente cierto sobre otro de los grandes temas debatidos en Stuttgart, la cuestión del colonialismo y su relación, tanto con el socialismo como con el imperialismo. En Essen, Paul Singer informó sobre el Congreso Internacional de Stuttgart y trató de minimizar las diferencias expresadas allí sobre la política colonial socialista como meramente “una disputa verbal” 115 . August Bebel también intentó cubrir el rastro de la mayoría de la delegación alemana en Stuttgart, afirmando que “sobre esta cuestión no puede haber diferencias serias” y rechazando todo el debate como “bizantino” [ ein Streitum des Kaisers Bart ]: “Considero que la lucha sobre si es posible una política colonial socialista es una lucha totalmente improductiva que no vale el tiempo y el papel gastados en ella”. Bebel pensaba que la perspectiva de una política colonial socialista no ameritaba más discusión porque era meramente “música del futuro”. 116 El ala izquierda no tenía intención de abandonar el tema tan fácilmente. Heinrich Laufenberg señaló que “la posición de la mayoría en Stuttgart”, en apoyo a una política colonial socialista, era “incompatible con la resolución de Maguncia”, adoptada por el partido alemán tan tempranamente como en 1900, y que había “una clara contradicción entre la resolución de la mayoría en Stuttgart y la resolución finalmente adoptada”. Cuando Georg Ledebour había objetado en Stuttgart contra el colonialismo socialista, había sido criticado por sostener “un punto de vista negativo que llevaba a la idea de abandonar las colonias”. Emanuel Wurm, un diputado del Reichstag desde 1890, ahora declaraba irónicamente que los cargos contra Ledebour habían sido absolutamente correctos. Lo clarificaba añadiendo: “Queremos abandonar nuestras propias colonias también” 117 . Karl Liebknecht también demandó una explicación sobre por qué los socialistas debían “combinar la sucia y sangrienta expresión ‘política colonial’ con la sagrada palabra ‘socialdemocracia’”. Liebknecht continuó: Queremos llevar adelante una política de civilización, ¡de cultura! El lema “política colonial socialista” es una contradicción en los términos, porque la palabra “colonia” ya incluye el concepto de “tutelaje”, “dominación” y “dependencia”. Que la cuestión en discusión no es un debate filológico, que la expresión “política colonial” fue expresada en ese sentido por el mayor defensor de la resolución, van Kol, queda demostrado por el énfasis en la necesidad de tratar a los pueblos en un estadio más bajo de desarrollo como niños de ser necesario, de hecho confrontarlos con la fuerza armada. Por lo tanto, no fue sólo un forcejeo de palabras, sino un serio y sincero debate. 118 Cuando Karl Kautsky se sumó al debate, reiteró su oposición a una política colonial socialista: la idea de que era “necesario que los pueblos con una cultura más avanzada ejercieran control sobre los menos avanzados” contradecía la resolución del SPD de 1900 en Maguncia, que “exigía la independencia de los pueblos” 119 . Es notable que Kautsky también negó la aseveración del revisionista Eduard David de que “las colonias deben pasar por el capitalismo”. León Trotsky y Parvus ya habían adquirido fama y notoriedad en Rusia por la teoría de la revolución permanente. Habiendo colaborado a iniciar el debate ruso sobre este tema, Kautsky estaba convencido que las sociedades atrasadas podían saltearse etapas históricas y arribar al socialismo sin la necesidad de tener que soportar primero las tribulaciones del capitalismo. 120 El folleto “Socialismo y política colonial”, de Kautsky, y la crítica de Bernstein Los capítulos finales de la disputa de Essen sobre el colonialismo fueron escritos en un nuevo choque entre Kautsky y Bernstein. Kautsky desencadenó el intercambio con su panfleto “Socialismo y política colonial”, publicado en septiembre de 1907 en una gran edición de 11.000 copias. El folleto fue escrito inmediatamente luego de Stuttgart, con la intención de que apareciera antes de que el SPD retornara a las discusiones en Essen. Kautsky utilizó este ensayo para explicar en mayor detalle la posibilidad de que los pueblos coloniales se saltearan etapas históricas. Planteaba la cuestión de la siguiente manera: “¿Desean van Kol y David asegurar que todos los pueblos arribaron a su estadio de desarrollo presente por el mismo camino y que tuvieron que pasar por todos los mismos estadios tempranos de desarrollo que otras naciones igualmente desarrolladas o más altamente desarrolladas?” 121 . Respondía que una mirada a la política colonial bastaba para refutar semejante argumento: La política colonial actual, que depende de la exportación de capital, se distingue por el hecho de que lleva la explotación capitalista y la producción capitalista a todas las colonias sin importar su nivel de desarrollo. Por lo tanto, puede afirmarse que no hay una colonia que no se saltee uno o más estadios de desarrollo. 122 Kautsky añadía que las naciones atrasadas siempre habían aprendido de las más avanzadas, y que usualmente habían “sido capaces de saltearse de golpe varios estadios de desarrollo que habían sido escalados con cansancio por sus predecesores”. De ese modo, con infinitas variaciones se erigía el desarrollo en las diferentes naciones, “y estas variaciones se acrecientan aún más a medida que disminuye el aislamiento entre las naciones individuales, a medida que se desarrolla el comercio mundial, y que nos acercamos así a la era moderna” 123 . Se desprendía de esto que “extender el capitalismo en los países atrasados definitivamente no es un requerimiento para la expansión y la victoria del socialismo” 124 . Argumentar lo contrario era meramente suscribir al tipo de “orgullo y megalomanía europeo”, que dividía “a la humanidad en razas inferiores y superiores”. 125 Luego de explicar su problemática distinción entre colonialismo de asentamiento progresivo (“colonias de trabajo”) en áreas templadas y la mera ocupación (“colonias de explotación”) en áreas tropicales y subtropicales, Kautsky atacó explícitamente a la “idea imperialista” de “crear un imperio, autosuficiente económicamente, suficientemente amplio para ser capaz de producir todas sus materias primas y vender todos sus productos industriales en sus propios mercados, de modo de ser absolutamente independiente”. Esta ambición “había surgido simultáneamente con la aparición de los cartels , las nuevas tarifas proteccionistas, la combinación de militarismo y carrera armamentista naval, y la nueva era colonial desde 1880”. También era el fruto de la misma situación económica que ha transformado crecientemente al capitalismo de un medio de desarrollar la mayor productividad del trabajo en un medio de limitar este desarrollo. Mientras más crecen las barreras tarifarias entre los Estados capitalistas individuales, más siente cada uno de ellos la necesidad de asegurarse un mercado del cual nadie lo pueda excluir, y de obtener suministros de materia prima que nadie pueda suspender. 126 De allí la incesante “ansia de expansión colonial de los grandes Estados”, la acelerada carrera armamentista y “el peligro de una guerra mundial”. 127 La explicación del imperialismo de Kautsky apareció al poco tiempo de un artículo anterior, escrito por Parvus en junio de 1907, “Las colonias y el capitalismo en el siglo XX”, el cual hemos incluido en Discovering Imperialism . Como Parvus, Kautsky rastreó la cruzada por las colonias hasta el subconsumo de la clase obrera, comenzando en los 1880, cuando el modo capitalista de producción “parecía haber alcanzado su límite de capacidad de expansión y, por lo tanto, haber alcanzado su fin” 128 . Pero los capitalistas habían encontrado nuevos recursos para prolongar su dominio. El primero era limitar la competencia extranjera mediante tarifas proteccionistas y la eliminación de la competencia interna mediante el establecimiento de cartels y de los trusts (conglomerados). El segundo era deshacerse de la producción excedente mediante el consumo improductivo del Estado -la carrera armamentista y el militarismo. El tercero era exportar capital a países agrícolas atrasados, particularmente a las colonias. “En otras palabras, los capitalistas no exportan sus productos como mercancías a la venta en países extranjeros, sino como capital para la explotación de los países extranjeros”. 129 El principal vehículo de exportación de capital, explicaba Kautsky, era la construcción de vías férreas, transformando los modernos medios de comunicación en “medios de extraer más productos que antes de los países más pobres”. Pero eran tan grandes estos gastos, incluyendo los costos improductivos de defensa contra los levantamientos en las colonias y los competidores capitalistas, que el efecto total no era más que “un método de malgastar recursos y causar empobrecimiento” 130 . La expansión colonialista comenzó “como un medio de prolongar la existencia del capitalismo”, pero sus consecuencias negativas significaban que, en última instancia, no beneficiaba a nadie más que a la industria pesada y a los banqueros 131 . Sobre esta base, los socialistas “deben apoyar con igual entusiasmo todos los movimientos independentistas de los nativos de las colonias. Nuestro objetivo debe ser: la emancipación de las colonias, la independencia de las naciones que las habitan”. 132 Pero Kautsky se equivocaba, señalando que el objetivo podría no ser inmediatamente práctico, ya que en muchos casos los levantamientos en las colonias resultarían inútiles. Esto dejaba una “principal implicancia práctica”: rechazar toda extensión de las posesiones coloniales y trabajar celosamente para incrementar el autogobierno de los nativos. Los levantamientos de los nativos para expulsar a la dominación extranjera siempre contarán con la simpatía de los luchadores proletarios. Pero el poderío armamentista de las naciones capitalistas es tan inmenso que no puede esperarse que ninguno de estos levantamientos llegue ni cerca de su objetivo. Aunque comprendemos tales rebeliones, y por más profundamente que simpaticemos con los rebeldes, la socialdemocracia no puede incentivarlas, así como no apoya golpes de Estado proletarios sin sentido en la Europa misma. 133 Así como Bebel temía confrontar el poderío armado del Estado, Kautsky también creía que la fuerza militar limitaba casi totalmente la posibilidad de resistir al imperialismo y restringía a los partidos obreros a iniciativas tradicionales en el parlamento. La conclusión a la que arribó Kautsky era que las colonias debían ser consideradas un hecho: no iban a ser abandonadas en breve por los capitalistas, no podían ser respaldadas por los proletarios, y era improbable que lograran la independencia por sus propios medios. El cambio gradual era lo más razonable que se podía esperar. Cuando Kautsky reiteró estos puntos de vista en otro artículo en Vorwärts, el 5 de octubre de 1907, 134 Eduard Bernstein recogió el guante con su artículo “La cuestión colonial y la lucha de clases” 135 . En Stuttgart, Bernstein había dicho similarmente “las colonias están aquí” y serían evidentemente heredadas por el socialismo. Ahora repetía su apoyo al colonialismo, refiriéndose una vez más al “derecho de los pueblos a una cultura más elevada sobre aquellos de una cultura más baja”. El corolario era que “una cierta custodia de los pueblos cultos sobre los incultos” seguía siendo un deber de la humanidad que los socialistas debían abrazar positivamente: la cuestión colonial es una cuestión humana y cultural de primer orden. Es la cuestión de la extensión de la cultura y, mientras existan grandes diferencias culturales, es una cuestión de la propagación, o más bien la afirmación, de la cultura más elevada. Porque tarde o temprano, inevitablemente sucederá que las culturas altas y bajas chocarán, y con respecto a este choque, a esta lucha por la existencia entre culturas, la política colonial de los pueblos civilizados debe ser considerada un proceso histórico. El hecho de que usualmente se lleve adelante por otros motivos, con medios y en formas que nosotros, los socialdemócratas, condenamos, puede llevarnos a rechazarla y pelear en contra de ella en casos específicos, pero esto no puede ser motivo para cambiar nuestra opinión sobre la necesidad histórica del colonialismo. 136 El austromarxismo y la cuestión nacional Los intentos por conceptualizar el imperialismo se mantuvieron divididos entre aquellos que argumentaban en términos “culturales” y aquellos que querían que el imperialismo sea visto como un sistema mundial emergente con sus propios imperativos político-económicos. Estos dos temas estaban fuertemente conectados en la literatura del “austromarxismo”, la cual eventualmente produjo las primeras obras coherentes sobre el imperialismo, escritos por Otto Bauer y Rudolf Hilferding. Los marxistas austríacos veían que los debates sobre Weltpolitik articulaban prejuicios culturales que ya eran bastante familiares en discusiones sobre “la cuestión de la nacionalidad” en Europa Central. Esto era especialmente cierto en el Estado plurinacional de Austria-Hungría, con sus alemanes, húngaros, polacos, checos, rutenos, eslovacos, eslovenos, croatas, italianos y otras minorías, muchos de los cuales se consideraban “nativos” del dominio de Habsburgo. Por otra parte, los partidos de la burguesía usualmente hablaban del imperio de los Habsburgo como un puesto de avanzada de la cultura y un pilar del orden ante los resabios balcánicos belicosos del Imperio Otomano. Dado este conjunto de intereses “nacionales” rivales, los socialdemócratas austríacos se sintieron llamados a encarar la relación entre nacionalidad y clase social. Mientras que sus camaradas del SPD alemán estaban ocasionalmente tentados por las ambiciones de una “Gran Alemania”, los austromarxistas luchaban con el problema más inmediato de mantener simplemente intacto al Estado austrohúngaro. El Partido Socialdemócrata de los Trabajadores de Austria ( Sozialdemokratische Arbeiterpartei , SDAP) fue establecido en 1889 bajo el liderazgo de Víctor Adler. En su congreso de Viena de 1897, el Partido se transformó en una federación -una “pequeña internacional” como la llamó Adler- que incluía a partidos alemanes, checos, polacos, italianos y eslavos del sur. 137 En su programa de Brunner, de septiembre de 1899, el SDAP rechazó el derecho de las minorías oprimidas a escindirse de Austria-Hungría, pero respaldó los reclamos por una autonomía nacional-cultural (que involucraba entidades nacionales auto-administradas, pero no necesariamente contiguas con sus propios parlamentos nacionales, secretarios de Estado, escuelas, etc.). Luego de que el sufragio general para los varones fuera obtenido en 1907, los socialdemócratas lograron un éxito electoral significativo como derivado de una huelga general inspirada en la Revolución Rusa de 1905. En las elecciones para el Reichsrat, el SDAP ganó 87 de 516 bancas, convirtiéndose en la segunda fracción más fuerte en el parlamento. Sólo tres años después, sin embargo, el Partido comenzó a desmembrarse cuando los socialistas checos proclamaron su independencia del partido federal. El imperio plurinacional de la Rusia zarista enfrentaba los mismos problemas nacionales que Austria-Hungría, sólo que multiplicados varias veces. Dentro de la socialdemocracia rusa, el programa nacional austromarxista era abogado por el Bund, una organización judía que se oponía a la asimilación y al territorialismo sionista -aunque, irónicamente, Otto Bauer, el padre de la idea, dedicó un capítulo entero de La cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia a argumentar que la demanda por la “autonomía cultural-nacional” no podía ser aplicada a los judíos. Lenin también se opuso al reclamo del Bund de ser el representante exclusivo de los judíos rusos 138 , mientras simultáneamente denunció a los socialdemócratas austríacos por dos cuestiones: primero, por abogar por una transformación de Austria-Hungría en una federación de nacionalidades, en vez de apoyar el derecho de las naciones oprimidas asepararse del Estado austrohúngaro y, en segundo lugar, por adoptar una estructura partidaria federal en vez de unificada. 139 Los socialdemócratas austríacos fueron incapaces de dar una respuesta a la cuestión nacional, pero su experiencia única de lo que muchos consideraban una “colonización doméstica” conformó una perspectiva “austromarxista” particular sobre la cuestión más amplia del imperialismo. En el dominio de los Habsburgo, el imperialismo ya era un hecho de la vida política local. Poco tiempo después del estallido de la Primera Guerra Mundial, Karl Renner, líder del ala derecha del Partido, escribió en Der Kampf : “No es coincidencia que los llamados austromarxistas -Otto Bauer, Rudolf Hilferding y Karl Kautsky- reconocieran primero y analizaran con mayor agudeza la más reciente fase del desarrollo capitalista, el imperialismo nacionalista” 140 . Los austromarxistas fueron de los primeros en reconocer que los métodos utilizados para “proteger” al mercado local, que incluían la subordinación de áreas de las minorías nacionales, eran una réplica en miniatura de los métodos a escala mundial del imperialismo. El austromarxismo se convirtió en una tendencia identificable con el lanzamiento, en 1904, de la serie Marx-Studien , en la cual los libros, tanto de Bauer como de Hilferding, fueron publicados más tarde, y con la aparición del periódico teórico Der Kampfen 1907. 141 Marx sobre las crisis capitalistas y los mercados extranjeros La nacionalidad y la cultura, clase y civilización, militarismo y autodefensa, subconsumo y exportaciones de capital -todos estos temas reaparecían continuamente en los primeros intentos de la socialdemocracia por conceptualizar las causas y consecuencias del imperialismo. Para complicar aún más estas cuestiones, estaba presente la preocupación última de los aparatos partidarios de adaptar las resoluciones a la medida de un contexto electoral en el cual el imperio era asociado por muchos votantes, no meramente con una ventaja económica sino más aún con el orgullo nacional y con creencias arraigadas acerca del destino histórico. Como con cualquier gran debate, la clarificación dependía, en última instancia, del retorno a los primeros principios, y, para los marxistas, esto significaba reinterpretar las cuestiones inmediatas con referencia a la teoría económica de El capital . Marx nunca escribió su proyectado volumen sobre la economía mundial, pero El capital tenía mucho que decir sobre las crisis económicas cíclicas. Lo que es más, en el Volumen III, Marx explícitamente relacionó la tendencia decreciente de la tasa de ganancia con las tendencias compensatorias surgidas del mercado extranjero y de la exportación de capital a las colonias. La dificultad estaba en que El capital en sí mismo dejaba lugar a interpretaciones rivales. Antes de continuar nuestra exposición sobre los debates en la socialdemocracia acerca del imperialismo, será necesario, por lo tanto, revisar brevemente algunos de los pensamientos del propio Marx sobre la reproducción del capital, que se volvió en poco tiempo el tema principal de los sofisticados trabajos teóricos de Otto Bauer, Rudolf Hilferding y Rosa Luxemburg. Desde el inicio, la cuestión del imperialismo había sido relacionada periódicamente con las convicciones acerca de la imposibilidad del capitalismo de crear suficientes mercados para absorber el total de la producción. Este era el punto de vista de Wilhelm Liebknecht en 1885, cuando denunció los intentos capitalistas de exportar la “cuestión social”; del banquero norteamericano Conant en 1898, cuando festejó el expansionismo norteamericano; de John Hobson, en su alegato en favor del sindicalismo para redistribuir el ingreso nacional; así como de Karl Kautsky, Parvus y varios otros que hemos discutido. Para muchos lectores de El capital , parecía que también Marx asociaba las crisis periódicas del capitalismo con el subconsumo de la clase obrera. De hecho, Marx le dio cierta credibilidad a este pensamiento. En el Volumen III de El capital escribió que “la razón última de toda crisis real siempre es la pobreza y el consumo restringido de las masas”. Sin embargo, en el Volumen II, explícitamente desechaba las teorías del subconsumo de la siguiente manera: Decir que las crisis provienen de la falta de un consumo en condiciones de pagar, de la carencia de consumidores solventes, es incurrir en una tautología cabal (…) Pero si se quiere dar a esta tautología una apariencia de fundamentación profunda, diciendo que la clase obrera recibe una parte demasiado exigua de su propio producto y que, por ende, el mal se remediaría no bien recibiera aquélla una fracción mayor de dicho producto, no bien aumentara su salario, pues, bastará con observar que invariablemente las crisis son preparadas por un período en que el salario sube de manera general y la clase obrera obtiene realmente una porción mayor de la parte del producto anual destinada al consumo. Desde el punto de vista de estos caballeros del “sencillo”(!) sentido común, esos períodos, a la inversa, deberían conjurar las crisis. Parece, pues, que la producción capitalista implica condiciones que no dependen de la buena o mala voluntad, condiciones que sólo toleran momentáneamente esa prosperidad relativa de la clase obrera, y siempre en calidad de ave de las tormentas, anunciadora de la crisis. 143 ¿Cómo pudo Marx argumentar que un achicamiento de los mercados era “la razón última” de las crisis y simultáneamente afirmar que las teorías del subconsumo eran tautológicas? La aparente inconsistencia surgía del hecho de que “la razón última” -la contradicción entre producción y consumo- era expresión de un problema más general de “desproporciones” en la reproducción expandida del capital. Marx vio variar en el tiempo la capacidad absorbente de los mercados: los capitalistas achicaban el mercado cuando despedían trabajadores y reducían salarios en una crisis cíclica; creaban un mercado cuando retomaban la inversión, expandían la producción y empleaban más trabajadores. La creación de mercados y la destrucción de mercados eran tendencias dialécticamente opuestas en el peculiar proceso del ciclo económico capitalista. En el pico de una expansión cíclica, la falta de mano de obra creaba lo que Marx llamó “una desproporción entre el capital y la fuerza de trabajo explotable” 144 . Salarios temporalmente altos significaban que los obreros de hecho recibían “una porción mayor de la parte del producto anual destinada al consumo”, pero esto ocurría justamente en el momento en que la caída de la inversión iba a precipitar otra crisis. El resultado final debía ser el desempleo masivo y el consecuente consumo restringido de las masas. Marx creía que en una sociedad capitalista, donde la inversión no puede ser coordinada de antemano y en la cual “la racionalidad social se hace valer única e invariablemente post festum , pueden y tienen que producirse sin cesar grandes perturbaciones” 145 . La regulación espontánea mediante “la ley del valor” significaba que “dentro de la producción capitalista, la proporcionalidad entre los diversos ramos de la producción se establece como un proceso constante a partir de la desproporcionalidad”. 146 Marx consideraba al ciclo económico como la característica distintiva del capitalismo comparado con todos los modos de producción anteriores. Para rastrear los requerimientos de proporcionalidad y, por ende, los orígenes de la desproporción, en el Volumen II de El capital , Marx dividió el total de la producción en dos sectores, uno que produce los medios de producción, el otro, bienes de consumo. Mediante la coherente colocación de inversión en ambos sectores, los “esquemas de reproducción” mostraban la posibilidad abstracta de continuar la acumulación capitalista sin crisis cíclicas. Los esquemas de reproducción eran un modelo abstracto de capitalismo puro, que omitían cualquier referencia a la producción no capitalista y a los mercados extranjeros. La preocupación de Marx era establecer las condiciones necesarias para la expansión capitalista libre de crisis a fin de, por inferencia, ver más claramente las causas potenciales de las crisis periódicas. Para algunos lectores, como Eduard Bernstein, la explicación de Marx de las leyes del capitalismo parecía haber demostrado la posibilidad de superar las contradicciones inherentes del sistema. “En la sociedad moderna -declaraba Bernstein-, nuestra comprensión de las leyes del desarrollo, y particularmente del desarrollo económico, está creciendo. Este conocimiento está acompañado… por una habilidad creciente para dirigir el desarrollo económico” 147 . Bernstein nunca intentó dar una explicación económica del imperialismo porque estaba convencido de que el imperialismo no tenía causas económicas infranqueables: sólo un subjetivo “antagonismo de intereses” se interponía a la paz entre las clases, y con instituciones parlamentarias totalmente desarrolladas las clases rivales de la sociedad moderna podían moderar sus demandas y acordar, en última instancia, sobre la superioridad moral del socialismo. Los lectores más atentos de Marx eran menos optimistas, y desde 1905 hasta 1913, en los trabajos de Otto Bauer y luego de Hilferding y Luxemburg, los esquemas de reproducción aparecieron de forma destacada en los debates económicos cada vez más complejos que trataban el rol del imperialismo como una respuesta a la tendencia del capitalismo a las crisis. En los documentos que hemos traducido, esto se aplica particularmente a La acumulación del capital , de Luxemburg. Las grandes disputas en torno del trabajo de Luxemburg surgieron de sus diferencias con respecto a la explicación de Marx de las crisis periódicas en términos de crecimiento económico desproporcionado. Luxemburg creía, al contrario, que el capitalismo sufría de un problema crónico de mercados que sólo podía ser mitigado mediante la conquista continua de nuevos mercados en regiones precapitalistas. Bauer y Hilferding, por el contrario, relacionaban las exportaciones de mercancías y de capital “excedente” con intentos por moderar el ciclo económico y rectificar la tendencia secular hacia una tasa decreciente de ganancia. El peso del argumento de Marx claramente respaldaba a Bauer y Hilferding, no a Rosa Luxemburg. Cuando Marx desarrolló el rol de los mercados extranjeros, se refirió a la prevención temporal de la declinación de la tasa de ganancia mediante la inversión en negocios más lucrativos fuera del país y a través de la importación de alimentos y materias primas a bajo costo. 148 Dada la extensión de la nota, transcribimos la misma en dos partes. La segunda se publicará en el próximo número de nuestra revista. Daniel Gaido (danielgaid@gmail.com) es historiador y profesor en la Universidad Nacional de Córdoba, e investigador del Conicet. Autor de The Formative Period of American Capitalism (Routledge, 2006) y co-editor, junto con Richard B. Day, de Witnesses to Permanent Revolution: The Documentary Record (Brill, 2009), Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I (Brill, 2011) y Responses to Marx’s Capital: From Rudolf Hilferding to IsaakIllich Rubin (Brill, 2017). 1. Van der Liden, 2007, pág. 2. 2. Day y Gaido (eds.), 2009. 3. Brewer, 1990. 4. Mandelbaum, 1926, Schröder, 1975, y Andreucci, 1988. 5. Craig Nation, 1989. 6. Riddell (de.), 1984, Gankin y Fisher (eds.), 1940. 7. Hegel, 2003. 8. Hegel, 2003. 9. Hegel, 2001. 10. Hegel, 2001. 11. Ibíd. 12. Hegel, 2003, pág. 376. 13. Marx, 1970, pág. 36. 14. Rosdolsky, 1989, pág. 56. En los Grundrisse, Marx escribió que “el método científico correcto” de la economía política debe ascender de los conceptos más simples, como “trabajo, división del trabajo, necesidad, valor de cambio -hasta el Estado, el cambio entre las naciones y el mercado mundial”. Marx, 1973, págs. 100-1. 15. Marx, 1970, pág. 36. 16. Koebner y Schmidt, 1965, pág. 1. 17. Marx, 1978a, pág. 133: “Y esta misma burguesía clama ahora acerca de la estupidez de las masas, de la vilemultitude que la ha traicionado frente a Bonaparte. Fue ella misma la que consolidó con sus violencias las simpatías de la clase campesina por el Imperio (den Imperialismus der Bauernklasse), la que ha mantenido celosamente el estado de cosas que forman la cuna de esta religión campesina”. Marx, 1978a, pág. 128. 18. Koebner y Schmidt, 1965, pág. 147-8. 19. Punch, 23 de noviembre de 1878, vol. 75, pág. 233. Citado en Koebner y Schmidt 1965, pág. 156. Los principales documentos sobre los inicios del debate alrededor del imperialismo en Gran Bretaña están disponibles en Cain (de.) 1999, incluyendo la reimpresiones de “Imperialismo inglés”, Spectator (8 de abril de 1876), págs. 158-62; Robert Lowe, “Imperialismo”, Fortnightly Review, Vol. 24 (1878), págs. 453-65, y Frederic Seebohm, “Imperialismo y socialismo”, Nineteenth Century (abril 1880), vol. 7, págs. 726-36. 20. Rose, 1898, pág. 199, citado en Koebner y Schmidt, 1965, pág. 212. 21Ernest Belfort Bax: “Imperialism and socialism”, The Commonweal, February 1885, págs. 2-3. Otro analista socialista importante del imperialismo temprano residente en Gran Bretaña fue Theodore Rothstein, un judío de origen ruso que en la década de 1920 sirvió como embajador soviético. Ver su archivo en inglés en el Marxists Internet Archive, sus artículos para Die neue Zeit (disponibles online en la Bibliothek der Friedrich-Ebert-Stiftung) y, en particular, su libro Egypt’s Ruin: A Financial and Administrative Record (London: A.C. Fifield, 1910), disponible online en archive.org. 22. Ver los artículos en The Social Democrat (Federación Socialdemocrática 1900, 1901 y 1902). 23. Conant, 1898. 24. Conant, 1898, pág. 330. 25. Bryan, 1900, pág. 44. 26. Plataforma del Partido Demócrata de 1900. Para análisis tempranos del imperialismo en autores socialistas norteamericanos, ver, por ejemplo, Boothman, 1900; Wilshire, 1901. 27. Schorske, 1970, pág. 67. 28. Engels, 1892. 29. Sobre el Dampfersubventionsstreit, ver Mittmann, 1975, y Shwarz, 1884/85. 30. Reichstag, 1871-1918, VI. Legislaturperiode. I. Sessionsabschnitt, 58. Sitzung. Mittwoch den 4. Marz 1885, pág. 1.540, énfasis en el original (para el texto completo del discurso de Liebknecht, ver págs. 1.539-44). En 1900, Liebknecht trató el tema del imperialismo en el periódico socialista inglés The Clarion, editado por Robert Blatchford, un partidario del gobierno británico durante la segunda Guerra Bóer. Sin embargo, Liebknecht utilizó la palabra en el sentido que le dio Marx: “El imperialismo es el padre del militarismo. Digo imperialismo en el único sentido de la palabra que conozco, es decir, en el sentido de la extensión violenta del poder, de subyugación de otros países y naciones al Imperio, al Imperium… El militarismo no reside en el combate. Reside en el sistema político y su objetivo. Su peligro está en el imperialismo. Si no tienen éxito en detener la marea del imperialismo, tendrán militarismo, y podrán enterrar la libertad”. Liebknecht, 1900c, énfasis en el original (ver también Liebknecht, 1900a y 1900b). 31. Parti Ouvrier Français, 1897, págs. 47-8, énfasis en el original. Ver también Ageron, 1973. El uso original de “filibustero” refería a los intentos de Estados Unidos de tomar posesión de países formalmente en paz con Norteamérica mediante expediciones militares financiadas de forma privada. 32. Ver, por ejemplo, Bax, 1896 (disponible en línea en el Marxists Internet Archive). 33. Bernstein, 1988a, págs. 52-3. 34. Bernstein, 1988a, pág. 53. 35. Bax había dicho que estos pueblos eran “kulturfleindlich, oderkulturunfähig”. 36. Bax, 1988a, pág. 61. 37. Bax, 1988a, pág. 62. 38. Bax, 1988a, pág. 63. Bax resumió sus ideas en una contribución al Die neue Zeit que es particularmente importante porque enfatiza la posibilidad de saltearse etapas históricas que anticipa el debate posterior durante la Revolución Rusa de 1905 en torno de la teoría de la revolución permanente (ver Bax, 1988c). Esto motivó una respuesta de Bernstein censurando a Bax por proponer proveer “de armas a los salvajes para acrecentar su poder de resistencia” (Bernstein, 1988b, pág. 67). Bax respondió insistiendo nuevamente en la devastación causada por el capital en las áreas colonizadas (Bax, 1898. Ver también Kaarsholm, 1988). 39. Hobson, 1902b. 40. Bernstein, 1896ª, y Bernstein, 1896b (una traducción de Hobson, 1896b). 41. El Rainbow Circle incluía al colega y amigo de Hobson, J.M. Robertson, quien de acuerdo con P.J. Cain, el principal estudioso de Hobson, escribió el “análisis radical más completo sobre el imperialismo en las vísperas de la Guerra Bóer”. Cain, 2002, pág. 89, en referencia a Robertson, 1899. 42. Citado en Cain, 2002, pág. 68. 43. Hobson, 1900c, pág. 226. “El énfasis que mi análisis pone sobre el judío hace referencia a la clase de capitalistas financieros, de los cuales los judíos extranjeros deben ser tomados como el tipo principal”. Hobson, 1900c, pág. 189. 44. Hirshfield, 1980, pág. 629. El “anti-imperialismo” antisemita se esparció entre los círculos socialistas ingleses y fue sostenido, por ejemplo, por el líder de la Federación Socialdemócrata, Henry Hyndman, y su sucesor y editor del órgano del SPD, Justice, Harry Quelch. Belfort Bax denunció esta combinación de anti-imperialismo y antisemitismo con fuertes palabras: “Coincido enérgicamente con nuestro amigo [Theodore] Rothstein que estos gritos pidiendo la cabeza del judío financista, tomándolo como si estuviera fuera de la categoría de capitalista o incluso de financista en general, y su señalamiento como digno de una especial mala reputación, es una desgracia para nuestro movimiento; de hecho, si continúa mucho tiempo más, me sentiré obligado a pedir prestada una clásica frase de Rothstein y decir que constituye una ‘mancha indeleble abrasadora’ para el socialismo inglés”. El editorial sin firma comentando este texto, claramente escrito por Hyndman, dice: “Con alegría publicamos este texto para demostrar que no debemos temer que el movimiento socialista se vuelque al antisemitismo… pero los judíos capitalistas han sido especialmente prominentes en este perverso negocio, y es la prensa amarilla perteneciente a judíos la que ha sido especialmente virulenta en excitar a la muchedumbre patriotera y en incitar a los camorristas a la violencia”. Bax, 1899, pág. 6. 45. Hobson, 1902a, pág. 85. 46. Hobson, 1902a, pág. 91. 47. Hobson, 1902a, pág. 92. 48. Mill, 1868, Vol I., págs. 258-9. Cf. la crítica de Kautsky sobre Hobson, 1896b: “La posición de los trabajadores está determinada por su interés como productores, no como consumidores, y la principal preocupación del socialismo es abolir la explotación de los trabajadores, no la de los consumidores. Esto significa que el colectivismo ciertamente no será definido como lo define Hobson”. Kaustky a Adler, 12 de noviembre de 1896, en Tudor y Tudor (eds.), 1988, págs. 81-2. 49. Beer, 1906. Para una versión en inglés ver Discovering Imperialism, capítulo 16. Ver también Schröder, 1970, págs. 104-22. En un artículo anterior, Beer había analizado la base teórica del radicalismo de Hobson (particularmente su visión de la teoría del valor) y su intento por poner en pie “un partido reformista de los trabajadores y de los radicales -un partido del ‘socialismo sin doctrina’”. Beer, 1902a. Para una versión en inglés, ver Discovering Imperialism, capítulo 14. 50. Krupskaya, 1959, Parte I: Vida en Londres, 1902-1903. Ver también Federación Socialdemócrata, 1902. Lenin había hecho una crítica de uno de los trabajos de Hobson traducidos al ruso en 1899 (Lenin, 1899a, crítica a Hobson, 1894). 51. Lenin, 1939, anotador “P” (“Beta”): Nota sobre K. Kautsky versus imperialismo. 52. El libro de Paul Louis sobre colonialismo (Louis, 1905) está disponible en francés en el Marxist Internet Archive. 53. Ver los breves resúmenes biográficos de estos tres autores en las introducciones a los capítulos 1, 4 y 8 de Discovering Imperialism. 54. Kautsky, 1907b, pág. 13. 55. Kautsky, 1883. 56. Kautsky, 1886, pág. 544. 57. Kautsky, 1907b, pág. 14, en referencia a Kautsky, 1898a, 1898b, 1899c, 1900b, 1905. Para una versión en inglés de “Las consecuencias de la victoria japonesa y la socialdemocracia”, ver Day y Gaido (eds.) 2009, págs. 373-408. 58. Kautsky, 1898a. 59. Kautsky, 1900c. 60. Sozialdemokratische Partei Holanda, 1900, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 17, bis 21, Septiembre 1900, págs. 154-70:7. Die Weltpolitik. Berichterstatter: Paul Singer. 61. Cuando un regimiento de tropas alemanas fue enviado a China luego del asesinato del embajador alemán, el emperador Wilhelm II, en un discurso del 27 de julio de 1900, exhortó a estas tropas: “Así como los hunos bajo su rey Etzel crearon para sí mismos mil años atrás un nombre que los hombres aún respetan, ustedes deberían darle al nombre alemán una causa para ser recordado en China por mil años”. Esta exhortación se volvió conocida como el “Hunnenrede” o “Discurso de los hunos”. 62. Luxemburg, 1972, Vol. I/1, págs. 800-1. “La era proteccionista está conectada con el imperialismo y la reacción” (Luxemburg, 1972, Vol. I/1, pág. 804). Durante los debates sobre una resolución acerca de la política mundial presentada por Paul Singer, emergieron diferencias sobre si el imperialismo era una política de “la reacción” o representaba “quizás el último estadio del desarrollo capitalista”, como el delegado de Karlsruhe, Anton Fendrich, expresó. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1900, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 17, bis 21, Septiembre 1900, pág. 166. 63. Sozialdemokratische Partei Deutschlands 1900, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 17, bis 21, Septiembre 1900, págs. 166-7. Ledebour caracterizaba a Bernstein, a Max Schippel y a los otros escritores de Sozialistische Montschefte como simpatizantes “a medias de tal imperialismo entre nuestras filas”. Sozialdemokratische Partei Deutschlands 1900, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Mainz vom 17, bis 21, septiembre 1900, pág. 167. 64. Sozialdemokratische Partei Deutschlands 1900, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 17, bis 21, Septiembre 1900,17, pág. 245: Resolution zum Referat über Weltpolitik. 65. Congreso Internacional Socialista, 1901. 66. Congreso Internacional Socialista, 1901, pág. 94. 67. Luxemburg, 1972, vol. I/1, págs. 807-9, énfasis en el original. En su posterior libro La acumulación del capital, Luxemburg invertiría este orden de causalidades enteramente para enfatizar, en cambio, las contradicciones económicas del imperialismo. En su reporte del Congreso de París, Belfort Bax remarcó que “el gran problema práctico de la socialdemocracia actualmente es combatir el imperialismo en todos los países en el interés de la solidaridad internacional” (Bax, 1900, pág. 4). 68. Internationaler Sozialistenkongress vom 23, bi 27, Septiembre de 1900 en París, Resolution zur Kolonialpolitik, en Institut fur Marxismus-Leninismus 1975 (de.), Band IV: Marz 1898-Juli 1914, 1975, pág. 61. 69. Henriette Roland Holst: “Het V de International Soc. de. Kongress”, Nieuwe Tijd, V (1900), págs. 290-1, citado en Hansen, 1973, pág. 88, nota 22. 70. Bernstein, 1900c. 71. Shaw (de.), 1900, pág. 3. 72. Shaw (de.), 1900, págs. 47 y 49. 73. De Leon, 1904, págs. 96-7. 74. Congreso Internacional Socialista, 1976-85, tomos 14-15: VII. “Congrès socialiste international”, Amsterdam 14-20 août 1904 (ver el reporte y borrador de resolución del revisionista holandés Henri van Kol sobre política colonial en las págs. 36-63). Ver también la evaluación de van Kol del Congreso de Amsterdam en van Kol, 1904. 75. Drechsler, 1980. 76. Luxemburg, 1919, pág. 40. 77. Stargardt, 1994, pág. 58. 78. Kautsky, 1907, pág. 588, citado en Schorske, 1970, pág. 63. Para una evaluación revisionista de las elecciones, ver Calwer, 1907. 79. Liebknecht, 1907, pág. VI. Sobre la elección de los hotentotes, ver más adelante la introducción al capítulo 21. 80. Ver capítulo 21 en Discovering Imperialism. 81. Congreso Internacional Socialista, 1907, págs. 27-8. Pasajes en inglés en Riddell (de.), 1984, págs. 10-14. 82. Congreso Internacional Socialista, 1907, págs. 28-29. 83. Congreso Internacional Socialista, 1907, págs. 29-30. 84. Congreso Internacional Socialista, 1907, págs. 32-3. 85. Una perífrasis de la frase de Thomas Jefferson: “Algunas personas creen que nacieron con espuelas y que otros nacen con una silla de montar en la espalda”. 86 . International Socialist Congress, 1907, págs. 34-5. 87. El Partido Socialista de Norteamérica, formado en 1901 mediante la fusión del Partido Socialdemócrata de América y de disidentes del Partido Obrero Socialista, presentó a Eugene Debs como su candidato presidencial contra Theodore Roosevelt en 1904. 88. Congreso Internacional Socialista, 1907, pág. 35. 89. Congreso Internacional Socialista, 1907, pág. 37. El Congreso presenció otras diatribas racistas, notablemente el argumento del delegado norteamericano Morris Hillquit en favor de la restricción legal de la inmigración asiática a Estados Unidos. Congreso Internacional Socialista, 1907, págs. 36-7. 90. Internationaler Sozialisten kongress vom 18, bis 24, agosto 1907 en Stuttgart, Resolution zur Kolonialpolitik, en Institut fur Marxismus-Leninismus, 1975 (de.), págs. 212-13. 91. Lenin, 1907, pág. 76. 92. Lenin, 1907, págs. 76-7. 93. Lenin, 1907, pág. 79. 94. Ver Loughlin, 2003. 95. Loughlin, 2003, pág. 523. 96. Congreso Internacional Socialista, 1907, pág. 83, Riddell (de.), 1984, pág. 26. 97. Congreso Internacional Socialista, 1907, pág. 82, Riddell (de.), 1984, pág. 24. 98. Congreso Internacional Socialista, 1907, pág. 82, Riddell (de.), 1984, pág. 25. 99. Congreso Internacional Socialista, 1907, pág. 84, Riddell (de.), 1984, pág. 25. 100. Congreso Internacional Socialista, 1907, pág. 84, Riddell (de.), 1984, pág. 27. 101. Congreso Internacional Socialista, 1907, pág. 84, Riddell (de.), 1984, pág. 28. Sobre Hervé, ver más adelante el capítulo 51, nota 11. 102. Hervé citado por Loughlin, 2003, pág. 522. Loughlin también reporta (pág. 523), que a continuación de este encuentro en Stuttgart, Hervé resumió su experiencia de la siguiente manera: “Estaba excitado de conocer personalmente a la socialdemocracia alemana a la cual por años había conocido y descartado como si nada, por sus puntillosas y sutiles disputas sobre la exégesis de Karl Marx. Ahora he visto a los proletarios alemanes en las calles de Stuttgart. Mis ingenuas ilusiones están destruidas; son todos buenos, conformes y satisfechos burgueses”. 103. Resolución de Stuttgart sobre “Militarismo y conflictos internacionales”, en Joll, 1974, págs. 206-8. 104. Lenin, 1907, pág. 80. 105. Schorske, 1970, pág. 85. 106El juicio contra Liebknecht comenzó el 9 de octubre de 1907 y duró tres días: la Corte Suprema Imperial lo encontró culpable de abogar por la abolición del ejército permanente y lo sentenció a 18 meses de prisión por alta traición. 107. Citado en Schorske, 1970, pág. 77. El ministro de Guerra prusiano, Conde Karl von Einem, se regocijó ante esta declaración de patriotismo: “Acepto la aseveración del anterior orador, que el Partido Socialdemócrata está decidido, en caso de una guerra de agresión contra el Reich alemán, a defenderlo con la misma lealtad y devoción que los otros partidos”. Vorwärts (26 de abril 1907), citado por Paul Lensch en Sozialdemokrati sche Partei Deutschlands, 1907, pág. 263. 108 Discurso de August Bebel en el Reichstag del 7 de marzo de 1904. Reichstag, 1904, Stenographische Berichte über die Verhandlungen des Reichstags. XI. Legislaturperiode. I. Session, erster Sessionsabschnitt, 1903/1904, Zweiter Band, pág. 1588C (para el discurso completo de Bebel, ver págs. 1583C-1592A). 109. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1907, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 15, bis 21, Septiembre 1907, pág. 233. 110. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1907, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 15, bis 21, Septiembre 1907, pág. 246-7. 111. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1907, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 15, bis 21, Septiembre 1907, pág. 254-5. De acuerdo con Karl Retzlaw, el comentario era constantemente citado por los trabajadores alemanes durante la guerra y causó “inestimable daño” al proveer “una cohartada” para el defensismo. Retzlaw, 1972, pág. 29, citado en Craig Nation, 1989, pág. 252, nota 44. 112. Trotsky, 1918a, págs. 149-50. 113. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1907, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 15, bis 21,Septiembre 1907, pág. 261-2. En una carta escrita el 25 de septiembre de 1909 al escritor socialista americano Upton Sinclair en un inglés más bien torpe, Kautsky dijo más: “Puedes estar seguro que nunca llegará el día en que los socialistas alemanes pedirán a sus seguidores que tomen las armas por su madre patria… Si hubiera guerra hoy, no sería una guerra por la defensa de la patria, sería por propósitos imperialistas, y una guerra así encontrará al total del Partido Socialista de Alemania en vigorosa oposición. Eso podemos prometer. Pero no podemos ir demasiado lejos y prometer que esa oposición tomará la forma de una insurrección o de una huelga general, si es necesario, ni podemos prometer que nuestra oposición será tan fuerte como para prevenir la guerra”. Archiv des Vereins für Geschichte der Arbeiterbewegung, Wien. Citado en Steinberg, 1972, pág. 26. 114. Lensch, 1912c. Ver capítulo 41 de Discovering Imperialism. 115. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1907, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 15, bis 21, Septiembre 1907, págs. 266-7. 116. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1907, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 15, bis 21, Septiembre 1907, págs. 271-2. 117. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1907, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 15, bis 21, Septiembre 1907, págs. 281-2. 118. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1907, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 15, bis 21, Septiembre 1907, pág. 282-3. 119. Ibíd. 120. Sozialdemokratische Partei Deutschlands, 1907, Protokoll über die Verhandlungen des Parteitages abgehalten zu Essen vom. 15, bis 21,Septiembre 1907, pág. 290. Ver los artículos de Kautsky en Day y Gaido (eds.), Witnesses to Permanent Revolution: The Documentary Record (Brill, 2009). 121. Kautsky, 1907b, pág. 56. 122. Kautsky, 1907b, pág. 57. 123. Kautsky, 1907b, pág. 58. 124. Kautsky, 1907b, pág. 59. 125. Kautsky, 1907b, pág. 46. 126. Kautsky, 1907b, pág. 65. 127. Kautsky, 1907b, pág. 66. 128. Kautsky, 1907b, pág. 35. 129. Kautsky, 1907b, pág. 39. 130. Kautsky, 1907b, pág. 41. 131. Kautsky, 1907b, pág. 44. 132. Kautsky, 1907b, pág. 45. 133. Kautsky, 1907b, pág. 76. 134. Kautsky, 1907c. 135. Bernstein, 1907b. En esta ocasión, Bernstein agregó gratuitamente otro comentario racista, esta vez en referencia no a los nativos norteamericanos, como lo había hecho en Stuttgart, sino a los chinos: “Yo soy el último en exagerar el peligro mongol. Pero no por eso soy ciego a los avances del mongolismo [Mongolentums] y a los problemas que implica”. Bernstein, 1907b, pág. 996. 136. Bernstein, 1907b, pág. 989. 137. Víctor Adler proclamó, en 1900 en el V Congreso Socialista Internacional en París, que “nosotros, en Austria, tenemos nuestra propia pequeña Internacional”. Joll, 1974, pág. 120. 138. La actitud de Lenin frente a la cuestión judía oscilaba entre apoyar la máxima de Kautsky: “Los judíos en Galicia y Rusia son más una casta que una nación, y los intentos por constituir al judaísmo como una nación son los intentos por preservar una casta” y la propia definición de Lenin del judaísmo como “la única nación extra-territorial (que no tiene su propio territorio)”. Lenin, 1913c, pág. 248, y Lenin, 1913d, pág. 506. 139. Lenin, 1914a, pág. 398. Trotsky también argumentó que “a pesar de todas las profundas investigaciones realizadas a principio de siglo, el partido [austríaco] nunca hizo la distinción entre naciones opresoras y oprimidas, que era la clave de las políticas bolcheviques sobre la nacionalidad” (Trostky, citado en Low, 1986, pág. 14 y Kuhn, 2007, pág. 28). Roman Rosdolsky señaló que la socialdemocracia austríaca “proclamó a grandes voces su compromiso con el internacionalismo y el derecho de los pueblos a la autodeterminación, pero en la práctica, apoyó una política que dejó las posiciones decisivas del poder del Estado en manos de la minoría alemana”. Rosdolsky, 1987, pág. 184, citado en Kuhn, 2007, págs. 27-8, énfasis en el original. 140. Renner, 1915, pág. 10, citado en Lesser, 1968, pág. 174. A pesar de que Karl Kautsky pertenecía a una generación anterior, vivía en Alemania y trabajaba para el SPD, fue criado y educado en Viena, y luego de 1910 se volvió líder de la facción de centro de la socialdemocracia, cuyos principales teóricos eran austromarxistas. 141. En su estudio del austromarxismo, Norbert Leser escribió que el grupo “apareció como una variedad y una tendencia, en muchas maneras como la tendencia principal, del centro marxista, ese agrupamiento político que se ubicaba entre el reformismo y el bolchevismo, y cementaba teóricamente también esta postura media” (Leser, 1968, pág. 177). En 1927, Bauer describió el austromarxismo como una “tendencia intelectual internacional del centro marxista -no una particularidad austríaca sino una corriente dentro de la Internacional, que tiene sus representantes y seguidores en todo partido socialista” (Otto Bauer, 1927, pág. 550, citado en Leser, 1968, pág. 177). Ver también Bauer, 1978 y 1927b. Lenin condenaba a los austromarxistas por ocupar el “centro” de la socialdemocracia y tratar de “quedar bien con unos y otros”, simulando estar en desacuerdo con los oportunistas en teoría, pero acordando en todo con ellos en la práctica (Lenin, 1919). León Trotsky, quien vivió en Viena entre 1907 y 1914, fue aún más duro. Luego de la Revolución de 1917, llamó a Kautsky, quien se volvió el crítico más severo del bolchevismo, “el fundador y más consumado representante de la falsificación austríaca del marxismo”. En la opinión formada de Trotsky, el austromarxismo era “una teoría erudita y forzada de la pasividad y la capitulación”. Leo Trotzki, “Die Austromarxisten”, en Kommunistischen Partei Osterreichs (ed.), 1921, pág. 7, citado en Leser, 1968, págs. 177-9 (ver también la evaluación de Trotsky del austromarxismo en Trotsky, 1920, págs. 177-87 y en Trotsky, 1941, págs. 152-6). 142. Marx, 1992, pág. 615. 143. Marx, 1978b, págs. 486-7. 144. Marx, 1976, pág. 770. 145. Marx, 1978b, pág. 390. 146. Marx, 1992, pág. 365. 147. Bernstein, 1993, págs. 18-19. 148. Marx, 1992, págs. 344-5.

1 de agosto de 2018
Karl Marx y el Futuro

En memoria de Christian Rath, “el Colo”, un gran revolucionario del Partido Obrero de Argentina. ¡Hasta la victoria, siempre! El respetable periódico burgués New York Times , el 30 de abril de 2018, ha publicado un artículo de Jason Barker, un profesor de filosofía asociado, con el alegre título de: ¡Felíz cumpleaños, Karl Marx, estabas en lo cierto! Muy pronto, el 4 de mayo de 2018, la voz de la City de Londres, el igualmente respetable y burgués Financial Times acogió una reseña de un libro del historiador económico Adam Tooze bajo el impresionante título “Por qué Karl Marx es más relevante que nunca”. En 3 de mayo de 2018, otra voz británica del gran capital, el bien conocido jornal Economist publicó también un artículo sobre el bicentenario de Marx, esta vez muy venenoso, ignorante y de mal gusto pero no obstante con una advertencia valiosa en su título: “La segunda como, una farsa- ¡Gobernantes del mundo, lean a Karl Marx! En su bicentenario el diagnostico de Marx de las fallas del capitalismo es sorprendentemente relevante “. Una pregunta es inevitable: ¿por qué estos órganos de prensa de poderosas secciones de la clase capitalista influyentes internacionalmente publican tales artículos dedicados al peor enemigo revolucionario de la historia de la misma clase capitalista? Se hace claro de ver para todos, y sorprendente para sus enemigos declarados y ex simpatizantes decepcionados, que el legado de Marx está aún vivo y coleando, relevante inclusive para el campo del enemigo de clase. El mantra de su muerte, dominando en todos lados en las décadas luego del colapso de la Unión Soviética, no se puede mantener más. Marx se consideró enterrado hace largo tiempo, junto con el comunismo, la revolución, aún la misma historia. Ahora, aparentemente el “Caballero Rojo regresa”. Ya no como un “espectro” o como múltiples “espectros”, como en el famoso, en un sentido incluso profético, libro de Jackes Derrida en 1993; Marx vuelve reivindicado en sus análisis y pronósticos (“¡Estabas en lo cierto!). Es considerado incluso “sorprendente”, “más relevante que nunca” como podemos leer en la prensa, la más hostil a sus ideas revolucionarias y de la praxis revolucionaria inspirada en su teoría. El New York Times , el Financial Times o el extremadamente hostil Economist , obviamente no se han hecho marxistas o “marx-friendly”. La razón de la publicación de tales artículos, puede encontrarse en un pasaje en artículo mencionado arriba de New York Times . Se refiere a Nouriel Roubini, el economista y financiero en boga quien se hizo famoso post festum , como uno de los muy pocos de sus colegas que estaba advirtiendo la catástrofe en camino: la erupción de la crisis capitalista mundial, después del colapso del mercado de las hipotecas sub-prime de los EEUU en 2007, la debacle de Lehman Brothers en 2008 seguida por el derrumbe financiero mundial y la Gran Recesión (o “Tercera Gran Depresión”). “Incluso economistas liberales”, escribe Baker en el New York Times, tales como Nouriel Roubini acuerdan que la convicción de Marx que el capitalismo tiene una tendencia inherente a destruirse a sí mismo permanece tan presciente como siempre” . Una declaración así es frecuentemente desestimada como “catastrofista” por auto-proclamados “marxistas” escépticos o ex marxistas que prueban ser más optimistas por el futuro del capitalismo que los mismos capitalistas que tienen de hecho “algo” que perder, ¡la riqueza social usurpada producida por otros! El artículo viciosamente anti-marxista, anti-comunista en el Economist advierte: “la reacción contra el capitalismo se alza –si más frecuente en la forma de odio populista que de solidaridad proletaria. Hasta ahora los reformistas liberales se prueban tristemente inferiores a sus predecesores en términos de tanto su comprensión de la crisis como en su habilidad para generar soluciones. Deberían usar el 200º aniversario del nacimiento de Marx para reencontrarse con el gran hombre – no solo para entender las serias fallas que el brillantemente identificó en el sistema, sino para recordarse del desastre que espera si fallan en confrontarlas.” Este forzado reconocimiento tardío de la relevancia de Marx por sus oponentes tiene más que ver con el mismo fracaso histórico de los economistas burgueses para prever la crisis capitalista global que con real entendimiento del mismo Marx, de sus descubrimientos de las contradicciones internas del capital, de los límites inmanentes del capitalismo como un modo social de producción, llevándolo a crisis y a su condena histórica. De la manera más espectacular, el fracaso fue demostrado en el legendario encuentro de economistas burgueses líderes convocado por la reina Isabel como resultado de la estallido global de 2008, y donde todo el mundo permaneció en silencio, incapaz de responder a la pregunta de la reina : ¿por qué todos ellos –economistas, “think tanks” , bancos y banqueros, instituciones tales como el FMI- fracasaron completamente en ver, predecir o advertir de la catástrofe financiera global venidera? Más de una década después, el mundo es aún sacudido por una continua, e irresuelta crisis capitalista mundial, amenazando ahora, en 2018, con nuevas, más devastadoras explosiones económicas, políticas, y geopolíticas. La pregunta de la reina sigue sin respuesta. No sólo la economía burguesa no puede explicar el pasado – la falta de pronóstico de la crisis global del 2007 y la falta de entendimiento de sus causas más profundas; a su vez no puede comprender el presente – porque la crisis sigue sin solución a pesar de las medidas extraordinarias, heterodoxas de paquetes de estímulo gigantescos, flexibilización cuantitativa y tasas de interés de casi cero, tomadas por los bancos centrales y gobiernos; y, por último pero no menos importante, no puede prever el futuro aunque ya aparezcan señales siniestras en el horizonte. “Mientras apenas reunimos los paliativos para sobrevivir el desplome previo, no hay confianza que tengamos suficiente en la alacena para la próxima vez” dice Tom Clark contestando Sí a la pregunta del Financial Times (24/4/2018) “¿Ha fracasado la economía?”. Contestando No a la misma pregunta el economista Chris Giles , no obstante comenta: “El futuro es incierto. El presente es incierto. El pasado es incierto” (op.cit.) ¿Minsky o Marx? Vale la pena volver a ver una interesante presentación de Janet Yellen, ex presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, el 16 de abril de 2009, a la 18ª Conferencia Anual Hyman P. Minsky sobre el estado de Estados Unidos y las economías mundiales bajo el título de “Una fusión Minsky: Lecciones para Banqueros Centrales”. Ella enfatiza que el estallido representa una más seria “ruptura sistémica”. Desafía aproximaciones superficiales que culpan a “la complacencia con los inversores”. También rechaza como estrecho, basado en una perspectiva nacional limitada, la hipótesis del “exceso de ahorro” adelantada por su predecesor Presidente de la FED, Ben Bernanke. De acuerdo a este admirador de Milton Friedman, la fuente de la crisis fue “un exceso de ahorro extranjero mayormente generado en los países en desarrollo tales como China e India [que] alimentó la demanda por acciones denominadas en dólares” (…) combinado con una baja tasa de ahorro personal de Estados Unidos, grandes déficits del gobierno de Estados Unidos, y ganancias de alta productividad para producir un enorme déficit de cuenta corriente”. Yellen basa su aproximación a la “hipótesis de inestabilidad financiera” de Hyman Minsky –bastante popular luego de 2008. Pone acento en que, en 2008 “la fusión Minsky es global en su naturaleza reflejando la interconectividad siempre creciente de los mercados financieros e instituciones alrededor del mundo. La recesión es la primera durante el período de posguerra en ver contracciones simultáneas en salida en Europa, Japón, y Norteamérica”. Siempre basada en la aproximación minskyiana, Yellen, desde el primer momento, y en su discurso de 2009, apoyó todas las medidas heterodoxas tomadas, luego de la debacle de Lehman Brothers, por la FED (y mucho más tarde por el BCE) para restringir la caída al abismo al introducir enormes “paquetes de estímulo”, tasas de interés cercanas a cero, y esquemas relajamiento cuantitativo (QE en Inglés) que proveyeron billones de dólares de liquidez. Para Yellen todas estas eran “prescripciones de la política de Minsky”. Cita aprobatoriamente a Paul Mc Culley, quien enfatiza la importancia del QE refiriéndose a este como “el camino inverso de Minsky”, revirtiendo la producción de burbujas Ponzi y alto riego financiero (Paul Mc Culley, “Salvando a la Banca Capitalista de Sí Misma”, Global Central Bank Focus, PIMCO febrero de 2009). El problema es que, diez años después, todas estas prescripciones de la política Minsky, alabadas por Yellen y todos los minskianos, liberales o de izquierda, fracasaron . Aún peor: produjeron burbujas financieras especulativas más gigantescas que aquellas que estallaron en 2007-2008 amenazando con nuevas explosiones devastadoras. Los debates actuales sobre una política monetaria y de incremento de tasas de interés más “activista” o una más “prudente” para el manejo de “burbujas” da una sensación de un déjà vu desesperanzador. Los mismos argumentos fueron intercambiados infructuosamente hace diez años también, y fueron mencionados en el discurso de 2009 de Janet Yellen. No es solamente que un agraciado e introspectivo post keynesiano institucionalista como Minsky o sus admiradores, como Yellen quienes son refutados por la realidad. Durante la década pasada, tanto las políticas del enfoque neoliberal sobre la circulación monetaria sin medidas fiscales versus los post keynesianos apoyando la combinación de intervenciones centrales fiscales y monetarias, demostrativamente fracasaron. Ambas estrategias económicas elaboradas por competentes escuelas de economía burguesas luego del crack de 1929 y la gran depresión, keynesianismo y neoliberalismo, en todos sus matices y combinaciones, probaron durante la crisis capitalista global en marcha, totalmente incapaces de tratar con ésta y con las contradicciones globales que las impulsan. Como señalamos en otra ocasión, el fracaso de la economía burguesa representa un impasse estratégico para el capitalismo, lo que hemos descripto, en un ensayo previo, como la agonía de muerte del homo economicus . La superioridad del método de Marx es reflejada en el colapso de su opuesto, el individualismo metodológico, común en las diferentes o conflictuadas hebras de la economía política burguesa comenzando de un agente individual haciendo elecciones racionales luego de estimar riesgos y ganancias. Para ponerlo en pocas, simples palabras: la clase capitalista se está quedando sin opciones económicas estratégicas. Una situación tal donde las agudas contradicciones polarizantes no pueden ser resueltas, impulsa a los mandantes del sistema hacia intentos de una “solución” extra-económica, brutal, militar, que significa: agresión imperialista y guerra. Una nueva etapa de la crisis Los resultados de este impasse están aquí para que todos los vean. El reverso ahora de las medidas desesperadas, tomadas luego del colapso de Lehman Brothers, prueba ser un remedio peor que la enfermedad. Comenzando por la reserva de Estados Unidos y pronto seguido por el BCE, un reverso del “camino inverso de Minsky” está sucediendo ahora, al terminar con los programas QE y elevar las tasas de interés. Pero esta vuelta en “u” evoluciona en un ambiente cambiado dramáticamente: proteccionismo en ascenso, unilateralismo trumpiano, guerras comerciales, antagonismos internacionales agudizándose, explosiones geopolíticas incrementándose peligrosamente, guerras internacionales expandiéndose de Asia Central a Medio Oriente, el Mediterráneo y las fronteras de Europa (los Balcanes, Ucrania). En un contexto así, esta aparente “reversa del reverso del camino Minsky” ya crea estragos. La nueva etapa dramática de la crisis en Argentina y Turquía son síntomas de la crisis global en deterioro, marcada por el colapso de las monedas, sobre-endeudamiento, déficits y o el giro desesperado una vez más hacia el chaleco de fuerza draconiano del FMI, acertadamente maldecido por sus víctimas. No sólo desastres económico-sociales y guerras barbáricas están en la agenda sino levantamientos populares y revoluciones también. La marea revolucionaria de movilizaciones populares tremendas en Europa del Sur y el Norte de África en 2011-2013, desde la Puerta del Sol a la Plaza Syntagma, de Tahrir al Parque Gezi, surgió del impacto del shock de la primera ola del terremoto económico global de 2008. Aunque siguió un retroceso, ligado a las agresiones imperialistas y el fomento de guerras civiles reaccionarias, como en el caso de Siria, y el Medio Oriente, estas luchas de masas de la primera etapa de la crisis mundial representan el preludio del verdadero drama que llega en el próximo período. Es este último prospecto que asusta a las clases dominantes y hace que los economistas liberales, viendo también el peligro, reconozcan a regañadientes, a través de la crisis mundial presente, la superioridad del análisis del capitalismo de Karl Marx. Están temerosos por el hecho que su pronóstico de la tendencia del capitalismo a su autodestrucción sea empíricamente confirmada. No significa que tomen su método de dialéctica materialista histórica u, obviamente, que compartan sus conclusiones revolucionarias. Declive y Transición Muchos analistas liberales, conservadores, incluso algunos de izquierda pueden ver hoy, en condiciones de crisis mundial sin resolver, que es bastante posible un final histórico del declinante sistema capitalista plagado en crisis. Lo que es impensable para ellos, incluso imposible de considerar, particularmente luego de 1989-91, no es el final de un sistema mundial, viejo, agotado históricamente sino el comienzo de uno nuevo. Hegel, aunque en términos idealistas, pudo tomar y teorizar la contradicción, en su Filosofía del Derecho: declive histórico, decadencia de los viejo es la forma negativa de aparición de la emergencia de lo nuevo, una transición a través de las agudizaciones de las contradicciones inmanentes en la vieja formación . Sí no están las condiciones de la resolución de las contradicciones, sí una abrogación ( Aufhebung en el original, nota del traductor) dialéctica es imposible, entonces, el resultado es la ruina mutua de los polos opuestos. Una real, abrogación dialéctica, de acuerdo a Marx, no es una reconciliación de los opuestos, una pseudo-negación de la negación hegeliana (K. Marx, Manuscritos de 1844 ), sino un quiebre en continuidad – una Cesura ( Cäsur en el original, nota del traductor) para usar el término de Hörderlin – un salto cualitativo, una transformación revolucionaria de ambos polos de la contradicción. Esta senda dialéctica de conocimiento es considerada como “metafísica” por el pensamiento positivista dominante, particularmente entre economistas y sociólogos. En su crítica de la economía política burguesa, Marx mostró que su principal falla metodológica fue su incapacidad para ir más profundo que las apariencias, para distinguirlas de la esencia, las contradicciones motrices internas específicas. En la crisis mundial post 2007, los economistas neoliberales o post-keynesianos (incluyendo a Minsky o teóricos de la “financiarización”, liberales o de izquierda) ven principal o únicamente una crisis del sector financiero dominante, desregulado, sobre-expandido de la economía capitalista separándolo de la esfera de la producción, de la producción de valor excedente como la forma específica de expropiación de plusvalía de los productores directos por aquellos que dominan los medios y los procesos de producción. Lógicamente las teorías de “financiarización” están ligadas o llevan a las teorías de “desaparición” del proletariado o su sustitución por una nueva clase, el “precariado” (la cual, en realidad, es una parte estructural-constitutiva del proletariado, como ha demostrado Marx en el Manuscrito de 1861-63 así como en su análisis de la sobrepoblación relativa en el Capital ). La fetichización de las finanzas (el capital ficticio es considerado por Marx como el “fetiche absoluto”), separándolas, o confundiéndolas con, o sustitutas de, la producción propiamente dicha, oculta su dependencia mediada del proceso de acumulación del capital como un todo, chocando con sus límites inmanentes; en última instancia, los economistas de hoy del mainstream , heterodoxos, o auto proclamados marxistas separan el dinero del capital de la relación de valor dominante basada en la doble naturaleza interna, abstracta y concreta, del trabajo social. Declive de la forma del valor y la Vida Sin una crítica de la teoría del valor trabajo de la economía política clásica, como Marx alcanzó en su obra máxima, Das Kapital, es imposible tener una concepción científica de las mediaciones entre valor, dinero, capital dinero, crédito y finanzas. Por esta razón, Marx es más actual que nunca antes como la brújula teórica y guía metodológica indispensable en la crisis de hoy, histórica, estructural y sistémica del capital globalizado. La causa primaria de la crisis presente no es la “desregulación irresponsable de las finanzas sobre-expandidas globalmente” en todas sus exóticas ramificaciones a ser resueltas por una suerte de re-regulación minskyana. “ Die wahre Schranke der kapitalistischen Production ist das Kapital selbst”( Das Kapital , III, ME Werke vol. 25 p. 260), “La verdadera barrera de la producción capitalista es el mismo capital”. Marx enfatiza “Es que el capital y su auto-expansión aparecen como el punto de partida, el motivo y el propósito de la producción; esa producción es sólo producción para el capital y no viceversa, los medios de producción no son simples medios para una constante expansión del proceso vital [Lebenprozesses] de la sociedad de productores […] Los medios – desarrollo incondicional de las fuerzas productivas de la sociedad- están continuamente en conflicto con el propósito limitado, la auto-expansión del capital existente” ( Capital 3, Progress in English, p. 250). Es el declive histórico de la relación de valor misma como principio regulador de la vida socio-económica bajo el capitalismo, que se manifiesta a sí mismo en el impasse financiero-económico presente con todas sus implicaciones catastróficas. La globalización capitalista de las últimas tres décadas, que llevó a la implosión de 2007, ha impulsado a sus extremos este conflicto en marcha en la relación invertida entre medio y propósito. La sobreacumulación de capital exacerbada por la liberalización y la globalización de las finanzas alcanzaron un punto crucial de incompatibilidad irreconciliable con las demandas acuciantes, ilimitadas de lo que Marx llama el proceso vivo –Lebensprozess- de la sociedad, incluyendo la naturaleza viva. Contra toda forma de distorsiones economicistas del pseudo-marxismo mecánico de la Segunda Internacional y el estalinismo, tenemos que comprender de nuevo que La vida es la categoría central de la teoría revolucionaria de Marx. Está desafortunadamente olvidado o enterrado bajo el peso de los viejos texto soviéticos estalinistas que Marx mismo definió, en La ideología alemana, el “ modo de producción ” , la categoría clave del materialismo histórico, como Lebenweise , forma o modo de existencia o modalidad de vida social. Modos específicos del “metabolismo” social evolucionando históricamente ( Stoffwechsel) entre el ser humano y la naturaleza. La vida es el hilo rojo a través de la afiebrada búsqueda teórica de Marx, desde los Manuscritos de 1844 y La ideología alemana a los Grundrisse y Das Kapital. El omnipresente, recurrente leitmotiv es la vida, el proceso vivo, trabajo vivo ( dominado por el trabajo muerto, el capital) de cuerpos vivos, la vida determinando la conciencia. Crisis de Deuda como Transición Marx ha analizado profundamente y previsto el tremendo papel del crédito tanto para una “ monstruosa” [Ungeheure , en alemán. Kapital III, p. 452], expansión de la escala de la producción [capitalista] y de las empresas ” (p. 436 en la edición en inglés), así como a la explosión de las crisis: “ El crédito acelera las violentas erupciones de ésta contradicción –crisis- y de allí los elementos de desintegración del viejo modo de producción ” (op.cit. p. 441). Aquí se puede ver claramente la naturaleza de la actual crisis mundial. No solo una crisis de sobreproducción de capital como salida de ésta sino “elementos de desintegración del viejo modo de producción” – y, aún más importantes momentos de transición más allá del viejo mundo capitalista en desintegración hacía un nuevo modo de producción: “Las dos características inmanentes en sistema de crédito son, de un lado, desarrollar el incentivo de la producción capitalista, el enriquecimiento a través de la explotación del trabajo ajeno, a la más pura y colosal forma de juego y estafa, y reducir más y más el número de los pocos que explotan la riqueza social; del otro, constituir la forma de transición a un nuevo modo de producción” (op.cit.). Todos, no solo los economistas profesionales, pueden ver el mundo de hoy tomando la forma de un colosal casino de timba y estafa financiera; todos pueden ver, también, la siempre creciente monstruosa inequidad, cuando, en 2017, de acuerdo a Oxfam, el 82 % de la riqueza generada el año pasado fue a una oligarquía parásita del 1% del mundo más rico. Lo que no se puede ver es la transición más allá de este infierno , a un nuevo mundo, realmente humano, es decir comunismo mundial, una nueva comunidad sin explotación, opresión, humillación de seres humanos por seres humanos. El mito falaz tardío de Tatcher Tina (sigla en inglés para There Is No Alternative, nota del traductor), “no hay alternativa”, desafortunadamente aún domina, a pesar de la bancarrota irreversible del neoliberalismo thatcherista en 2007. La importancia actual, la mayor contribución de Marx hoy es precisamente proveer un método guía para comprender las fuerzas impulsoras de nuestra época de transición en el momento histórico presente de los más grandes peligros para la humanidad. Presente, pasado, futuro Los representantes del viejo mundo moribundo repiten hasta la náusea la afirmación del ya arriba mencionado analista del británico Financial Times : “ El futuro es incierto. El presente es incierto. El pasado es incierto”. Sólidamente basados en el legado de Marx aquellos que luchan por un nuevo mundo liberado pueden proclamar lo opuesto. El presente de una crisis sistémica de todos lados y todas las formas de conflicto social, es el presente a ser comprendido en la teoría y peleado en práctica revolucionaria como una viva, no predeterminada, ni lineal historia de la lucha social. “La Historia -advirtió Marx en La Sagrada Familia- no es, como fue, una persona aparte, usando al hombre como medio para alcanzar sus propios objetivos ; la historia no es más que la actividad del hombre persiguiendo sus objetivos” . Y la meta objetiva de los oprimidos y explotados sigue siendo la emancipación humana universal –el final de todas las formas de alienación, lo que quiere decir comunismo mundial. El pasado no es una carga de decepciones y derrotas a ser olvidadas. La amnesia no es una virtud. Marx es crucial para entender las distorsiones de su propia teoría hecha por epígonos y burócratas, usándola tanto para la colaboración de clase y para acomodamiento reformista al capitalismo o como una ideología de Estado de auto-justificación estalinista burocrática. Sin Marx, no podemos descubrir las preciosas lecciones del pasado revolucionario con todas sus demandas inconclusas aún vivas. No podemos salvar la “tradición de los oprimidos” , como la llamó Walter Benjamin, el legado de todas las victorias épicas y derrotas trágicas de la revolución socialista mundial que siguieron a su comienzo en Octubre de 1917 en Rusia. El legado y el método de Marx, el nuevo horizonte que el expresó teóricamente y abrió a la vista y acto para la humanidad, es crucial no sólo para comprender el pasado como un depositario de lecciones sino como una guía al presente por un salto al futuro –incluyendo pelear contra la confusión y la pérdida de orientación histórica luego de 1991. A través de Marx, es posible comprender que pasó realmente en la Unión Soviética, por qué pasó, por qué este quiebre en la continuidad de la historia mundial inició una transición, que fue bloqueada llevando a desastres y luego a la desintegración, el deceso de la URSS. De hecho dos líneas incompatibles estuvieron en conflicto ya desde los años ‘20 del siglo pasado, como Stalin mismo admitió: la teoría de la revolución permanente de Trotsky y la teoría del “socialismo en un solo país”. La última era la opuesta de lo que Marx insistió a través de su vida y lucha. La teoría marxiana post 1848 de la revolución permanente que Trotsky desarrollo más tarde, luego de 1905, bajo las condiciones de una nueva época, es esencialmente una teoría materialista dialéctica de una transición histórica mundial más allá de la sociedad de clase por medio de la revolución socialista mundial –una transición inaugurada en 1917. La “teoría” (¿?) bujarinista-estalinista de “socialismo” completado “en un solo país” es la negación burocrática de esa transición mundial – y de cualquier transición. Es la ideología de la parálisis burocrática y un dogma de la inmovilidad. La restauración capitalista en el espacio post-soviético, luego del trágico caos bajo Yeltsin, entró en conflicto y, particularmente ahora, colisiona con la explosión de las contradicciones globalizadas del mundo capitalista en decadencia y su impulso de guerra imperialista. ¡No hay salida, no hay futuro bajo el capitalismo senil, moribundo! Marx no era un adivino o un astrólogo; odiaba, como dijo, preparar recetas para las cocinas del futuro. Pero esta afirmación fue un ataque polémico contra el utopianismo abstracto, como explicó Ernst Bloch, no un rechazo de una utopía concreta, tomándose a sí misma en la tierra y en el universo. El comunismo, no como una suma total de nacionalizaciones manejadas burocráticamente bajo un Estado-Leviathan, sino como la superación del trabajo alienado, de las clases y de la forma estatal, el fin de la vida alienada, es la demanda, expectativa y sueño más profundo de liberación de todos los procesos de la vida. Lenin, tal vez el más realista de todos los revolucionarios bolcheviques, citando, en el ¿ Qué Hacer? el poema de Nekrásov, insistió: Necesitamos soñar. Soñar el futuro, pensar el futuro, actuar por el futuro. Karl Marx, primero y principal, pertenece al futuro. 15 de Mayo de 2018 Traducción, Rubén Tuseddu

1 de agosto de 2018
Richard Pipes, querellante contra la Revolución Rusa
Kevin Murphy

Richard Pipes, el más prolífico y notorio de una generación de anticomunistas de la Guerra Fría, ha muerto. Autor de veintisiete libros, Pipes también fue consejero en armas nucleares para la CIA y asesor de Ronald Reagan en el Concejo de Seguridad Nacional. En Vixi: Memoirs of a Non-Belonger (Vixi: Memorias de un desplazado), Pipes intentó presentarse como un inconformista, un forastero. Pipes, sin embargo, era el académico y político privilegiado por antonomasia. Harvard, de donde era graduado y luego profesor, fue el destacado think tank anticomunista durante la Guerra Fría con un nivel de conformidad ideológico que era reflejo de su contraparte soviética patrocinada por el Estado. Los guerreros fríos se movían fácilmente entre los trabajos de inteligencia y los puestos en la academia, incluyendo a Pipes. El director del Centro de Investigaciones Ruso, Abram Bergson, trabajaba para la Oficina de Servicios Estratégicos (precursora de la CIA) y el centro tenía un acuerdo con el FBI y su caza antisubversiva. La Guerra Fría “recluta a todos y llama a cada uno a asumir su parte” y “el historiador no está más libre de esta obligación que el físico”, imploraba el director de la Asociación Histórica Norteamericana. Pipes como un joven estudiante -y por el resto de su vida- estuvo más que dispuesto a hacer su parte. En uno de sus primeros libros, Social Democracy and the St. Petersburg Labor Movement, 1885-1897 (La Socialdemocracia y el movimiento obrero de San Petersburgo, 1885-1897), Pipes llegó a la asombrosa conclusión de que los trabajadores estaban tan desinteresados en el socialismo que un frustrado Lenin más tarde desarrolló la teoría “no marxista” y “blanquista” de “la revolución desde arriba” de los intelectuales que guiarían la práctica bolchevique más adelante. El anticomunismo implacable definía a Pipes como un propagandista más que como un historiador. Guerreros fríos más talentosos y honestos ocasionalmente admitían lo obvio, como Robert Conquest, que concedía que los bolcheviques ganaron “la masa de las clases obreras en las ciudades”. A pesar de su feroz anticomunismo, Conquest escribió varios libros dignos de leerse y participó de debates contenciosos con sus oponentes. Pipes, sin embargo, escribía sólo para los conversos ideológicos y rara vez hacía concesiones fácticas que socavaran su misión política. Tampoco Pipes debatió con sus críticos, tales como los historiadores sociales de los ’70 y ’80 que desplazaron a los anticomunistas. Porque habían prestado poca atención a su obra, escribió Pipes en sus memorias, él decidió “devolver la jugada e ignorar su trabajo también”. 1 Habiendo publicado cinco monografías a mediados de los ’70, Pipes era reconocido como la autoridad conservadora más destacada acerca de la Unión Soviética. En 1976, Pipes lideró un grupo de expertos militares y de política extranjera, conocido como el Equipo B para contrarrestar el Equipo A de la CIA en el análisis de la estrategia militar de Unión Soviética y las supuestas amenazas de “golpear primero” que planteaba Estados Unidos. El principal adversario de Pipes no era otro que Henry Kissinger, asesor de John Kennedy durante la campaña para las elecciones de 1960 y propulsor de una ficcional “brecha de misiles” con la Unión Soviética, que ayudaría a impulsar a Kennedy a la victoria. Kissinger había sido popularmente parodiado en la comedia de Stanley Kubrick de 1964, Dr. Strangelove, Or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba) , repleta de referencias a una “brecha del día final” y a una “brecha en pozo de mina” para los sobrevivientes designados en caso de un holocausto nuclear. Pipes afirmaba falsamente que la Unión Soviética en 1970 ya había alcanzado la “paridad” y estaba incrementando su arsenal, mientras Kissinger en 1976 había suavizado su postura, admitiendo que Estados Unidos tenía una ventaja nuclear seis veces superior y apoyaba la Détente (reducción de la tensión). En vez del apaciguamiento o la aniquilación nuclear, Pipes proponía “un camino medio razonable entre estos extremos: una política que requería sangre fría”. Pipes admitía que muchos en la comunidad de la inteligencia veían a sus “guerreros fríos” como “lunáticos peligrosos capaces de encender la Tercera Guerra Mundial”. El informe del Equipo B argumentaba que era incorrecto asumir que Moscú pensaba en términos de disuasión nuclear, ya que los líderes soviéticos piensan “primero y sobre todo ofensivamente” y si la guerra se presentaba inminente, ellos estaban listos para “golpear primero”. Incluso la CIA estaba consternada de que el informe no contuviera “datos duros” para solventar este análisis. Incluida en el informe, aunque no se menciona en sus memorias, estaba la afirmación de que aunque no se pudo encontrar evidencia al respecto de “un sistema antisubmarino no acústico”, sin embargo, “ello no quería decir que los soviéticos no pudieran construir uno, a pesar de que aparentaban no contar con el conocimiento técnico necesario”. “Para resumir, el problema era comprender a una cultura diferente”, comentó Pipes en sus memorias. El equilibrio estratégico estaba determinado “sobre todo por la mentalidad y las intenciones de las personas” que controlaban los arsenales nucleares. Esta evaluación también carecía de pruebas verificables y, en cambio, se basaba en las habilidades telepáticas de Pipes que asumía un régimen soviético inherentemente hostil y agresivo. La escasez de documentación fáctica no impidió que las divagaciones de Pipes influenciaran de hecho la política de Reagan, a pesar de que luego se comprobarán absolutamente falsas. Entrevistas anteriormente clasificadas con ex oficiales soviéticos no arrojaron evidencia alguna “en favor de los argumentos de Richard Pipes” acerca de que los oficiales soviéticos pensaban que “podían ganar” una guerra nuclear, pero en cambio pusieron de manifiesto que “todos los modelos desarrollados por los expertos militares soviéticos tenían un carácter defensivo y asumían un primer ataque de la Otan.” 2 En Survival is not Enough (Sobrevivir no es suficiente), Pipes describía “la habilidad única de los regímenes comunistas de imponer un ajustado control sobre sus dominios mientras desestabilizan al enemigo”. Esta noción de los comunistas como maestros manipuladores de las masas no se limitaba a los textos de Pipes acerca de la Revolución Rusa. En octubre de 1983, varios millones de alemanes inundaron las calles de Alemania occidental para repudiar el despliegue del Pershing II y misiles crucero, programado para comenzar ese diciembre. En sus memorias, Pipes recordaba “Moscú lanzó una campaña de propaganda masiva en Europa para frustrar estos despliegues, utilizando para este fin movilizaciones públicas a gran escala que sus agentes organizaron y financiaron”. El vicepresidente Bush “estaba preocupadísimo acerca de la perspectiva de tener que enfrentar muchedumbres anti-americanas”, y Pipes intentó convencerlo que “las muchedumbres eran manipuladas por profesionales de la movilización rentada”. Como miembro del Concejo de Seguridad Nacional de Reagan, Pipes era considerado como un extremista de derecha en política soviética por proponer “hacer todo lo que esté en nuestro poder para cambiar el sistema, principalmente mediante una política de bloqueo económico y un programa de armamento vigoroso”. De acuerdo con Pipes, “la ofensiva ideológica de Reagan y su reforzamiento militar desestabilizaron a los rusos y les quitaron la confianza, adquirida durante los ’60 y ’70, de que tenían a Estados Unidos contra las cuerdas”. Esta evaluación en sus memorias nuevamente falla en recalcular su estrategia nuclear a la luz de nueva evidencia soviética, a pesar de que Pipes se congratulara por haber “contribuido a la política exterior que colaboró en derrumbar a la Unión soviética, la fuerza más peligrosa y deshumanizante de la segunda mitad del siglo XX”. Luego de su incursión en el gobierno, Pipes regresó tiempo completo a Harvard, donde cambió su foco académico desde las relaciones Estados Unidos-Unión Soviética de vuelta hacia la historia rusa. Luego de completar The Russian Revolution (La Revolución Rusa) , Pipes se comparó a sí mismo con Chapman, traductor de Homero, “el trabajo para el que nací ya está hecho”. Un ex alumno de Pipes, Peter Kenez, fue menos empático en la que quizá haya sido la crítica más famosa y devastadora sobre un estudio soviético. El abismo político entre los archiconservadores y los liberales en 1991 era todavía bastante palpable. En el curso de la década anterior, la nueva historia social de académicos como Alexander Rabinowitch, Ronald Suny y David Mandel había reemplazado la narrativa simplista de la Guerra Fría y puesto en el centro del proceso revolucionario las acciones y sentimientos de los trabajadores comunes, los campesinos y soldados. Algunos de los alegatos de Pipes eran tan descabellados, que el lector “quiera leer cierta oración dos veces” porque “quizás el ‘querellante’ se deja llevar simplemente por su propia retórica”. Kenez acertadamente desafía y ridiculiza muchas de las afirmaciones de Pipes: que la ideología bolchevique no es más que un fino velo para personas hambrientas de poder, que las manifestaciones de abril y junio fueron intentos de “golpe” de los bolcheviques, que los bolcheviques iniciaron la Guerra Fría deliberadamente, que el terror rojo era más violento que el terror blanco. Pipes incluso sostenía que el campesinado era y se mantuvo monárquico luego de 1917 sin ofrecer “fuentes para esta afirmación, porque no puede haber ninguna”. Más problemático que su letanía de distorsiones históricas era el método histórico de Pipes. Su enfoque sobre la Revolución, sugiere Kenez, es ver “cada evento como una consecuencia de la siniestra manipulación de los revolucionarios, lo cual implica que no tiene sentido examinar los puntos de vista y los deseos de la gente común”. Desglosando la evidencia contraria, Pipes “despiadadamente excluye cada tópico y pizca de información” que no sea relevante para la “querella”. Esto significaba que Pipes “no tenía nada para decir de los objetivos emancipadores y la legislación de los bolcheviques…”. Su “odio hacia los revolucionarios es tan grande”, argumenta Kenez, que deja de ser un historiador y “se vuelve, en cambio, un querellante contra los revolucionarios”. Pipes también atribuía gran poder a la propaganda. Como sugiere Kenez, “Pipes cree que la gente no quiere lo que parece querer, porque sus puntos de vista y por lo tanto sus acciones han sido manipulados por otros”. El enfoque de Pipes es el de “un hombre extremadamente conservador” y las únicas figuras que no son descritas como villanos o tontos en La Revolución Rusa son el General Kornilov y Nicolás II, “remarcables excepciones”, escribe Kenez. Comentaristas conservadores han descrito incorrectamente a Pipes como el campeón de la democracia -obviamente sin haber leído este libro. La admiración de Pipes por viles señores de la guerra antisemitas no era para nada llamativo y sólo comprensible si se ubicaba su extremo conservadurismo no tan alejado del fascismo. En Communism: A history (Comunismo: una historia) , Pipes defendía el apoyo de Estados Unidos en 1973 al golpe de Pinochet contra Allende en Chile, y en abril de 1996, Pipes afirmó en el auditorio de la Universidad de Toronto que “el fascismo italiano no era tan malo”. “Yo viví allí, había mucha opereta y mala arquitectura, pero no era mucho peor que la Polonia que había dejado en 1940”. En su búsqueda de alternativas al bolchevismo, Pipes no hizo el intento torpe de inventar una alternativa “democrática” al poder soviético -se puso abiertamente del lado de las fuerzas de las clases dominantes que se habían involucrado en la represión masiva como una “solución” a la Revolución Rusa. Antes de la Revolución, el héroe de Pipes, Kornilov, era empático con las Centurias Negras antisemitas y durante la Guerra había hablado incesantemente de colgar “a todos esos Guchkovs y Milyukovs”, pero para agosto de 1917, tenía causa en común con los liberales, ya que ambos querían aniquilar la revolución. La tarde anterior a su intento de golpe, Kornilov dijo a sus generales: “Es tiempo de colgar a los agentes y espías alemanes, Lenin primero que todos” y juró que, si era necesario, “colgar a todos los miembros del Sóviet de los Diputados de Obreros y Soldados”. Pipes afirma que “el país anhelaba autoridad firme” queriendo decir que el deseo de las clases dominante, de ahogar la revolución en sangre, en su mente, representaba los intereses de la nación. Pipes acusaba a Kerensky por su “negativa a tomar medidas resolutivas contra los bolcheviques” pero, en realidad, esta solución de degolladero sobre la Revolución Rusa estaba destinada a fallar. La mayoría de los obreros se rehusaba al desarme, y las clases dominantes simplemente no tenían suficientes matones en las calles para convertir en realidad sus aspiraciones dictatoriales. La solución de represión masiva de Kornilov (y Pipes), sin embargo, reflejaba desarrollos reales que apuntalaron la política de los aliados en los años venideros. A pesar de los pronunciamientos acerca de la “democracia”, en diciembre de 1917, el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson comenzó a enviar millones de dólares a varios fortachones en un intento de instalar “una dictadura militar” -como lo expresó el secretario de Estado Robert Lansing- colaboracionista de los intereses norteamericanos. En una era de brutalidad, la violencia de clase contra los Romanovs y los pudientes era particularmente irritante para Pipes, a pesar de que la violencia masiva contra los rusos comunes no lo era. Mientras escribía La Revolución Rusa , “Sentía constante indignación de la duplicidad y brutalidad de los comunistas [quienes] me recordaban una y otra vez a los nazis”. Al escribir sobre la ejecución de la familia del zar, Pipes anotó en su libreta, “Huelo el tufillo del Holocausto (…) las chimeneas de Auschwitz”. Como partidario de los objetivos de guerra de Rusia, Pipes no tenía problemas con las 6.324 muertes diarias durante la guerra ni con el apoyo de Estados Unidos al masivo terror blanco. Como insiste Mike Haynes, “Sin gran asistencia de afuera, estos contrarrevolucionarios no tendrían ni la confianza ni los medios para continuar su guerra”. 3 A pesar de que todos sus libros fueron escritos desde una perspectiva de extrema derecha, Pipes, así y todo, fingió objetividad en sus memorias al afirmar que su “metodología histórica es deliberadamente ecléctica [porque] los eventos son impulsados por diversas fuerzas (…) Me acerco a las fuentes con una mente abierta y espero que me guíen. El estudio genuino (…) descansa en la voluntad del historiador de ponderar el tema desde todos los ángulos, y esto lleva tiempo”. Más precisa es su admisión del punto de vista del “gran hombre” y su desprecio por los rusos comunes. “En mi escritura histórica, mi interés central siempre ha sido determinar la mentalidad de los actores principales y luego demostrar cómo ésta influenció su comportamiento”. El corolario de este método era la “tajante distinción” que Pipes hacía entre “los rusos educados y la población en general”. Luego de la funesta recepción que obtuvo su libro La Revolución Rusa , el siguiente volumen de Pipes, Russian Under the Bolshevik Regime (Los rusos bajo el régimen bolchevique) fue recibido con mucha menos fanfarria. Los villanos bolcheviques eran demasiado predecibles. El editor de Pipes incluso permitió un alocado ensayo en el medio del texto, Communism, Fascism, and National Socialism (Comunismo, fascismo y nacionalsocialismo) , que comparaba los regímenes de Lenin, Mussolini y Hitler. Los héroes nuevamente son Kornilov, quien murió “trágicamente” a causa de un proyectil bolchevique y su reemplazante, Anton Denikin. Pipes se disculpa torpemente por Deniken, quien “combinaba la integridad personal con una profunda devoción a la causa”. Las tropas de Denikin cometerían algunas de las peores atrocidades de la guerra civil, como lo describe Bruce Lincoln, incluyendo la infame matanza de Kiev, en la que judíos indefensos en “enormes edificios de cinco y seis pisos comenzaron a dar alaridos desde la cima hasta el piso”. Asentamientos enteros de judíos siguieron al ejército rojo antes que enfrentarse a la ira de las fuerzas de Denikin. Muchos de los siguientes libros de Pipes, incluyendo A Concise History of the Russian Revolution (Una breve historia de la Revolución Rusa), The Three “Whys” of the Russian Revolution (Los tres “porqués” de la Revolución Rusa) y The Unknown Lenin: From Secret Archive (El Lenin desconocido: archivos secretos) son esencialmente los mismos aburridos trabajos que se enfocan en su obsesión con Lenin. De hecho, el Lenin de Pipes era todavía muy conocido en 1996, era la encarnación del mal, y Pipes proveyó algunas nuevas citas y notas al pie para probarlo. Su comentario en El Lenin desconocido incluye: “Lenin tenía poco aprecio por la opinión de Trotsky sobre cualquier asunto de importancia”, Lenin “tenía desprecio por los rusos”, trataba “su vasto reino como un principado” y repetía el alegato de que fueron fondos alemanes los que “ayudaron a Lenin a crear una prensa partidaria y una red de células en Rusia, así como su ejército privado (los guardias rojos)”. Las visitas de Pipes a Moscú en 1991 y 1992 vieron a “los rusos ebrios de libertad” pero, en 1993, la hiperinflación había hecho polvo decenas de millones de pensiones y ahorros en Rusia. Cualquier visitante en Moscú no podía evitar notar cada estación del subterráneo colmada de cientos de personas vendiendo los bienes de sus hogares, libros y mascotas en un intento de sobrevivir al colapso económico. Sin embargo, la preocupación principal de Pipes en sus memorias era un adelanto de las regalías por los derechos de traducción de Russia Under the Old Regime (Rusia bajo el antiguo régimen) “que podrían haber comprado una modesta cabaña en el campo, y ahora alcanzan para sólo dos porciones de pizza”. “Muchos rusos pensaban que tan pronto como descartaran el comunismo y se declararan demócratas del libre mercado iban a nadar en la riqueza: de hecho, Yeltsin prometió algo así en su llegada al poder”. Pero en cambio, opinaba Pipes “con el colapso del comunismo, toda la red de servicios sociales que tomaban como un hecho se había evaporado y estaban por su cuenta en un mundo desconocido y salvaje”. El desmantelamiento de los servicios sociales y el supuesto milagro del mercado, sin embargo, eran difícilmente una estrategia sólo de Yeltsin. De hecho, eran los colegas de Pipes del Harvard Institute for International Development (Instituto Harvard para el Desarrollo Internacional), quienes habían convencido al zar económico de Yeltsin, Anatoly Chubais, de los beneficios de “la terapia de shock”. Era “deseable -escribía el mismísimo Pipes en marzo de 1992- para Rusia continuar desintegrándose hasta que no quede nada de sus estructuras institucionales”. Como muestra Janine Wedel, esta estrategia eliminaba rápidamente “la mayoría de los controles de precios y los subsidios estatales que habían estructurado la vida de los ciudadanos soviéticos durante décadas”. Varios años más tarde, los oligarcas billonarios (y consejeros del Instituto Harvard para el Desarrollo Internacional) se encontraban entre los pocos beneficiarios financieros, mientras que los ciudadanos rusos se enfrentaban a la caída del estándar de vida en tiempos de paz más grande de la historia. 4 En mayo de 1993, durante una ponencia en Noruega sobre Communism: The Vanquished Specter (Comunismo: el fantasma derrotado) , Pipes alegremente pronunció que el fantasma de Marx y Engels, “que se había conjurado hace un siglo y medio sobre Europa, ha desaparecido de la noche a la mañana”. Nuevamente sugirió que “la bancarrota de la economía nacional, que en otros países traería el desastre, en Rusia tiene un rol positivo”. Esto era porque la gente se vería forzada a “tomar los asuntos en sus propias manos como debe ser si van a adquirir los hábitos de la democracia y el libre comercio”. Pipes se mantuvo notablemente silencioso acerca del escándalo del Instituto Harvard para el Desarrollo Internacional y su propio “consejo”, recurriendo a un conocido fantasma para culpar de toda la catástrofe. “Aparentemente, con toda mi reputación como ‘guerrero frío’, había subestimado el daño que siete décadas de gobierno comunista pueden causar sobre el país y la psiquis de las personas”. En 1996, Pipes estaba horrorizado frente al resurgimiento del Partido Comunista, escribiendo en la revista Commentary acerca de “nuestra” decepción de que Rusia no siguiera “el curso irreversible de la occidentalización”, que era ampliamente criticado como rusofóbico. El principal problema, de acuerdo con Pipes, era que “la política cultural de Rusia es hostil para con las instituciones políticas y económicas de occidente” y “hasta que los rusos sean conscientes de lo que deben cambiar en su propia cultura, es improbable que se conviertan en una sociedad ‘normal’”. Esto era lo mejor que Pipes podía ofrecer como explicación del colapso económico que él había alentado. Tan brutales eran los resultados de la transición que decenas de millones de rusos, para entonces, preferían a los stalinistas de siempre antes que “la terapia de shock”, mientras que el lacayo de Harvar, Chubais, era ampliamente reconocido como “el hombre más odiado en Rusia”. 5 En un artículo en The Nation , el historiador liberal William Rosenberg apreciaba “el destacado espectro intelectual, el estilo cristalino y la capacidad de reunir una extraordinaria masa de detalles probatorios” del profesor Pipes, pero se quejaba de “una erudición distorsionada por la pasión”. La erudición de Pipes no estaba distorsionada por la pasión sino por su ideología de extrema derecha como apologista de su clase. Rusofóbico, campeón de la violencia masiva contra la Revolución Rusa, admirador de matones antisemitas, más peligroso como chiflado nuclear que el Dr. Insólito y un propulsor de la desintegración económica de Rusia, Richard Pipes fue el intelectual más talentoso que los dirigentes norteamericanos tenían para ofrecer durante la Guerra Fría. Kevin Murphy es docente e investigador de Historia de Rusia en la Universidad de Massachusetts, Boston. Autor, entre otros libros, de Revolution and Counterrrevolution: clase struggle in a Moscow Metal Factory. https://www.jacobinmag.com/2016/08/robert-conquest-stalinism-soviet-union-collectivization https://nsarchive2.gwu.edu/nukevault/ebb285/index.htm https://www.jacobinmag.com/2017/07/lenin-trotsky-russia-1917-war-wwi https://www.thenation.com/article/harvard-boys-do-russia/ https://www.commentarymagazine.com/articles/russias-past-russias-future/

1 de agosto de 2018
Apareció El renacimiento de la Internacional
Equipo de Redacción de Prensa Obrera

Apareció El renacimiento de la Internacional , que a lo largo de casi 200 páginas recoge las principales conclusiones y documentos de la Conferencia Internacional desarrollada el 2 y 3 de abril en Buenos Aires por el PO, el PT de Uruguay, el EEK de Grecia y el DIP de Turquía. En aquella conferencia, que finalizó con un acto internacionalista en la Facultad de Ciencias Sociales el 7 de abril, participaron también compañeros de Brasil, Perú, Italia, Francia y Rusia, y recibió el saludo de organizaciones de otros numerosos países. El libro muestra las conexiones entre la crisis capitalista, las guerras y las rebeliones. “La guerra no es un ‘accidente’ del proceso político actual -se dice en el prólogo-. La guerra, por un lado, y la revolución, por el otro, son dos extremos del estallido de la sociedad capitalista”. El análisis del estado actual de la restauración capitalista en China y en Rusia es integrado a ese enfoque global, toda vez que “la recolonización de los viejos espacios ‘socialistas’ acentúa la rivalidad para apropiarse de sus recursos” por parte de las grandes potencias. En el caso de América Latina se examina con detenimiento una transición caracterizada por el ocaso de los regímenes “nacionales y populares” y la fragilidad de los regímenes políticos derechistas que los han relevado (basta ver la caída de Kuczynski en Perú). La gran cantidad de fotografías, mapas, testimonios y comentarios son una gran ayuda para el lector y le dan al material mayor agilidad y dinamismo. El renacimiento de la Internacional es un aporte a la lucha revolucionaria de los trabajadores. Conseguílo en los locales del PO.