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En Defensa del Marxismo N° 36

1 de noviembre de 2009 · 11 notas

Notas de este número

1 de noviembre de 2009
La metástasis de la crisis capitalista mundial

La prensa financiera viene anunciando desde hace un tiempo “el fin de la crisis”. Las cifras que se anunciarán esta semana sobre el Producto Bruto de Estados Unidos deberán reconfortarla: un aumento de más del 3% en el trimestre de junio a septiembre. Mayor algarabía deberá producirle la noticia de que el alza viene acompañada de una disminución de los inventarios. Este dato, que en principio es un síntoma de desconfianza en la sustentabilidad de la reactivación, significa que no fue necesario un aumento de la demanda de stocks. Sea como fuere, una golondrina no hace verano: una salida de la crisis requiere más de un trimestre de recuperación y un retorno a los niveles de actividad anteriores de la crisis. Para eso hay por delante un camino largo y por sobre todo incierto. Todos los analistas coinciden en que el incremento de los últimos tres meses no es el resultado de un incremento de la demanda de consumo ni de inversión (“La medición núcleo – el gasto en bienes de capital no aplicados a la defensa ni a aviones- declinó entre julio y agosto, y está un 20 por ciento abajo respecto del año pasado” (Financial Times, 25/10). La ‘recuperación’ es el producto del aumento enorme de los gastos del Estado y de las exenciones impositivas otorgadas al consumo por un período limitado, o de las facilidades concedidas, igualmente circunscriptas en el tiempo, para refinanciar deudas hipotecarias. Cuando hace dos meses venció la facilidad para canjear autos usados por nuevos, las ventas de la industria automotriz cayeron en picada. Lo mismo podría volver a ocurrir. La dependencia de los gastos del Estado le ha hecho decir a un analista que se trata de una recuperación “con muletas”. Entre ellas, la más destacada es la tasa de interés: es de cero cuando se trata de adelantos a los bancos por parte de la Reserva Federal y del 2 por ciento en los préstamos a corto plazo. Para hablar de una salida efectiva de la recesión será necesario que la producción aumente en un mercado monetario y crediticio normalizado. Los gastos y subsidios del Estado han llevado el déficit fiscal norteamericano a cerca de dos billones de dólares y la deuda pública a catorce billones (equivalente al ciento por ciento del PBI). Por su lado, el balance de la Reserva Federal (emisión monetaria) subió de 0,3 billones a 2,1 billones desde el inicio de la bancarrota. Un ciclo económico es un movimiento general que no se limita a los indicadores de la producción. Dos elementos fundamentales, el crédito y el empleo, continúan en amplia tendencia recesiva. A pesar de que la mayoría de los Estados ha incrementado sus balances monetarios, el crédito cae en todos ellos. Una analista norteamericana ha calculado esa caída en dos billones de dólares para Estados Unidos, en tanto que esa caída fue, en Gran Bretaña, muy superior aún en términos relativos… Gran Bretaña, precisamente, se apartó de la ‘recuperación’ que abarca a varios países, con una nueva caída del PBI; también en agosto se produjo una recaída en el volumen del comercio internacional. La mayor parte de la emisión monetaria está guardada en los bancos o ha sido desviada hacia la Bolsa, sea porque los bancos no quieren prestar o porque la industria no desea endeudarse. Como las reservas de los bancos son remuneradas por la Reserva Federal, la emisión les ofrece un beneficio directo y a la banca central una pérdida. En lugar de ‘recuperación’, algunos analistas se refieren, con mayor propiedad, a una “contención” del derrumbe. Después de todo, el otro dato fundamental, el empleo, sigue cayendo, mientras los desalojos de viviendas aumentan y la crisis hipotecaria se ha extendido a la propiedad comercial. En definitiva, la crisis capitalista se encuentra en pleno desarrollo. La recuperación de beneficios que ha anunciado un conjunto de corporaciones obedece fundamentalmente a una reducción de costos, especialmente laborales, de ningún modo a un incremento de ventas e ingresos. Esto significa también que se está produciendo una concentración de la producción. Aunque tanto el aumento de la tasa de ganancia como la concentración son premisas para una recuperación económica, por sí solas afectan todavía más negativamente al consumo y a la inversión. Ninguna crisis capitalista puede desenvolverse en línea recta, pues es antes que nada un fenómeno regido por todas las contradicciones propias de la acumulación capitalista. Por eso, los datos del último trimestre no pueden ser considerados siquiera como un piso. De otro lado, la crisis presente se caracteriza, por sobre todo, por una bancarrota financiera generalizada. Pues bien, los balances de los bancos siguen sin sanearse y, por sobre todo, el derrumbe en el valor de sus activos (inversiones financieras y préstamos) no ha sido realizado en el mercado; las pérdidas que se han reconocido se limitan a un asiento contable. Por eso se sigue hablando de un sistema financiero ‘zombie’ – que sigue en pie pero no funciona. Los activos desvalorizados siguen contabilizados a los precios de adquisición original, no a los del mercado. Sin embargo, los bancos siguen pagando dividendos con la plata que recogen del Estado. Los planes para que el Estado comprara los llamados ‘activos tóxicos’ y les fijara un precio de mercado han fracasado sin atenuantes; los banqueros no han querido rematar sus tenencias. Para remediar esta situación, los Estados les han provisto fondos para aumentar sus capitales o garantías para que emitan nuevas acciones y deudas. Esta política supone que una ‘recuperación’ podría revalorizar las tenencias de los bancos y reanudar, en forma indolora, sin la quiebra de bancos grandes, el proceso financiero que condujo a la bancarrota (aunque ya han quebrado más cien bancos en Estados Unidos, además de Bear and Sterns y Lehman Brothers, más otro numeroso grupo de bancos europeos y en el sudeste de Asia). Pero esto ha producido un nuevo ciclo especulativo en medio de la bancarrota (por ejemplo en las Bolsas), con el Estado bancando la especulación con emisiones de dinero y endeudamiento público. Para morigerar este proceso inevitable se habla de introducir nuevas regulaciones, pero ha sido la industria la que más se ha opuesto a ellas. Una parte no menor, como Boeing o Caterpillar, ha advertido que mayores regulaciones a las operaciones financieras perjudicarían sus negocios, que necesitan protegerse de los vaivenes de largo plazo. Es que, en definitiva, la desregulación financiera no es, en sí misma, una causal de la crisis, sino un derivado de la quiebra de los patrones monetarios internacionales, con su secuela de devaluaciones de las monedas y volatilidad de las tasas de interés y de los precios. Si los Estados y sus bancos centrales le sacaran a los bancos la alfombra de sus pies, se desplomarían como el Perito Moreno en verano o como las torres gemelas. Pero, precisamente, la crisis fiscal y su impacto sobre las divisas de los países más importantes deberán llevar a un desfallecimiento en la capacidad de salvataje del Estado y a la creación de una nueva crisis financiera en el marco de la bancarrota actual. Como se puede apreciar, el desarrollo de la crisis y la intervención rescatista del Estado no es más que una metástasis progresiva que se desplaza por todo el cuerpo de la sociedad capitalista en la forma de una espiral, o sea desarrollando todas las contradicciones potenciales de la crisis. China Ya desde antes de la crisis asiática de 1997/98, China ha jugado un rol fundamental en la crisis capitalista. En realidad, históricamente hablando, la presente crisis está relacionada con el período abierto con la restauración capitalista en Rusia y en China. Las tendencias propias del capital financiero no se habrían desarrollado como lo hicieron sin el reaseguro político de la ‘derrota del comunismo’ y sin la perspectiva económica de esos mercados gigantescos. Los que gastan sus pestañas escudriñando la evolución de la tasa de beneficio en Estados Unidos para descifrar la clave de esta crisis, debieran partir del mercado mundial y de las alteraciones históricas que ha sufrido. La restauración capitalista ha abierto perspectivas de explotación y ganancias en gran escala, mediante el remate generalizado de la propiedad estatal y la confiscación del patrimonio colectivo de obreros y campesinos. El propio Alan Greenspan explicó el boom de las Bolsas en la década 1987-97 por la disolución de la URSS (ver biografía de Bob Woodward). Pero por la misma razón ha acentuado la lucha capitalista por la supremacía económica entre los monopolios capitalistas. China ha enfrentado la crisis con un ‘plan estímulo’ gigantesco: 600 mil millones de dólares, una suma similar a la de Estados Unidos, pero que equivale a casi el 20 por ciento del PBI chino (un 4,5 por ciento del PBI norteamericano). Además ha abierto la canilla de la emisión y del crédito, que ha crecido un 30 por ciento anual. Como ocurre en Estados Unidos, la mayor parte del subsidio financiero ha ido a la especulación inmobiliaria y bursátil, y la destinada a la industria o a la infraestructura ha aumentado la sobrecapacidad de producción prevaleciente. China también enfrenta las peripecias de un estallido financiero, solamente atenuado por su peso relativo menor en la economía. La cuestión central, sin embargo, es que esta política acentúa el desequilibrio que ha llevado a la presente crisis, pues pretende mantener la maquinaria exportadora a todo precio, con la contrapartida de una acumulación impresionante de reservas monetarias. Pero ahora Estados Unidos no puede absorber la exportación china ni garantizar la intangibilidad de las reservas. Por eso existe una presión mundial para que China reequilibre el negocio mediante la revalorización de su moneda y el aumento de las importaciones. China, en cambio, ha pegado su divisa al dólar. Pero tampoco tiene alternativa, porque una revalorización llevaría a la quiebra a los exportadores, que en su mayoría ensamblan material importado, y haría crecer la deuda interna medida en dólares, con la consiguiente posibilidad de una cadena de incumplimientos. A pesar de que Japón y China han firmado acuerdos de apoyo recíproco frente a la crisis, el comercio ha sido duramente golpeado como consecuencia de la devaluación de China y de la revalorización de la moneda japonesa. En una palabra, para reequilibrar a la economía mundial y ofrecer una salida a la crisis norteamericana, China debería abrir su mercado interno a la producción extranjera, y en primer lugar su sistema financiero. China intenta avanzar por este camino, en especial mediante la aceleración de los procedimientos capitalistas en el campo, donde se está creando un mercado de tierras. Pero por esta misma razón, China necesita contar con un activo desarrollo industrial que capture la fuerza de trabajo que libera el campo. En definitiva, la bancarrota mundial confronta a China con todas las contradicciones desatadas por la restauración capitalista. La metástasis de la crisis amenaza con llevar a la restauración china a una crisis revolucionaria (o contrarrevolucionaria). Europa La devaluación conjunta de Estados Unidos y de China deja como el pato de la boda a Europa y a Japón, cuyas maquinarias exportadoras empiezan a crujir como consecuencia de la revalorización del euro y del yen. Japón ya ha tenido su crisis política con el hundimiento del partido democrático liberal y un giro de orientación. En Europa, la cosa es más grave debido al desarrollo desigual de sus integrantes. Es así que el impacto de la crisis en España e Italia es enorme; la famosa solidez de los bancos españoles ha demostrado ser un mito fabricado por una campaña de información mentirosa. Su sistema bancario se encuentra descapitalizado y con un elevado padrón de incobrables. La situación en Europa oriental y el Báltico es mucho peor: Letonia, Rumania y Ucrania se encuentran al borde del abismo; los analistas más reputados insisten en que los planes del FMI en la región no resisten la crisis política y la desesperación popular que han creado, y que sería inminente la devaluación de diferentes monedas, con un fuerte impacto sobre el euro. El país que se encuentra relativamente peor es, sin embargo, Gran Bretaña, y esto por una razón muy simple: su principal industria es la ‘industria’ financiera. Su economía se ha contraído por un sexto trimestre consecutivo. “No se puede subestimar la gravedad de la crisis en Gran Bretaña – escribe el principal analista del Daily Telegraph. Estamos peor que en 1992 ó 1931”, con referencia a la fecha en que la economía británica tocó fondo en la Gran Depresión. “La caída de la libra puede desbocarse tan mal esta vez que acabe gatillando una corrida contra los títulos públicos. Pero hay riesgos hagamos lo que hagamos. Mi impresión – prosigue el columnista- es que el Banco de Inglaterra salvó al país de la depresión imprimiendo moneda sin medida e invitando a los mercados a vender la libra”. Aconseja, dado el nivel alcanzado por el deterioro monetario, dejar caer la libra todo lo que sea necesario, porque una contención de la caída llevaría a una enorme depresión. Para un ex director de la supervisión financiera inglesa, “los próximos seis meses van a ser muy delicados para el Reino Unido. Es claro que algo dramático tiene que ocurrir para controlar el gasto: ¿pero es la economía lo suficientemente robusta para sobrevivir a un apriete fiscal?” En el contexto de la economía mundial, la descalificación de la libra pone en apuros al dólar, de un lado, y al euro, del otro. Gran Bretaña deberá decidir si se acopla a uno u otro, lo que pone fin a su soberanía monetaria, artificialmente mantenida por la especulación financiera internacional. Cualquiera sea el rumbo que adopte, llevará la crisis mundial a una nueva etapa, sea dislocando a la Unión Europea, sea ayudando al hundimiento del dólar. La situación de Gran Bretaña es una descripción perfecta de la metástasis de la bancarrota capitalista. “Quién ha visto un dólar” En esta dialéctica de la crisis mundial, una recuperación norteamericana deberá operar como un factor de presión sobre Europa, Japón y, en especial, China. La devaluación del dólar es un arma del capital norteamericano para reafirmar su supremacía mundial haciendo uso de la crisis. Todas las maniobras o propuestas para desplazar la supremacía monetaria del dólar son funcionales a la política devaluatoria de Estados Unidos. Mediante la devaluación, Estados Unidos licua su deuda con el exterior. Al mismo tiempo, cuando sus acreedores insinúan un cambio en sus tenencias de reservas, le basta impulsar una suba de la tasa de interés para provocar un reflujo de capitales a su territorio y poner en jaque a las monedas rivales. La crisis mundial ha fortalecido la capacidad del capital norteamericano frente a sus rivales, aún más afectados por esta crisis y con menores recursos para hacerle frente. En las últimas semanas, la reducida tasa de interés en Estados Unidos ha impulsado un repetido casino internacional, que consiste en sacar prestado en dólares para especular en países con rendimientos superiores. Es así que se ha producido una ola de revalorizaciones de las monedas de los países emergentes. Brasil, por ejemplo, ha recibido cinco veces más dinero en la Bolsa que en inversiones directas; en Argentina, la suba de la deuda pública ha sido escandalosa. Esto significa que estos países han quedado sometidos a los vaivenes del dólar, pues una revalorización de éste provocaría un retorno de capitales a Estados Unidos. La crisis mundial no ha atenuado las tendencias especulativas, como aseguran los partidarios de la intervención del Estado en los rescates, sino que la ha acentuado. La cuestión fundamental de la crisis es, sin embargo, el destino de la restauración capitalista en China y Rusia (General Motors ya produce más autos en China que en Estados Unidos). La crisis presiona por el desmantelamiento de las estructuras estatales en estos países, para convertir a la restauración en curso en una colonización capitalista de escala superior. Japón y Europa van a recibir todos los golpes derivados de esta confrontación. El equilibrio interno de Estados Unidos solamente puede ser restablecido a costa de sus rivales y, en especial, de los nuevos mercados, gigantescos, abiertos por la restauración. En cualquier caso, Estados Unidos se convertirá con el tiempo en un centro de tormentas políticas, porque una cruzada de colonización de aquellos territorios irá acompañada por un reforzamiento del régimen de excepción y totalitarismo en Estados Unidos; y una crisis de esa cruzada deberá provocar la aparición de situaciones revolucionarias. La comprensión de las leyes que sigue la bancarrota capitalista será una gran ayuda para la clase obrera, que ya se encuentra en lucha en diferentes países.

1 de noviembre de 2009
Equilibrios, desequilibrios y catástrofe capitalista

Malentendidos y actualidad George Soros, en un breve artículo de marzo pasado (2008), después de pintar con trazos catastróficos la crisis económica internacional, planteaba que los índices de bancarrota económica que son propios del centro del mundo capitalista no se observaban todavía en China. Y concluía: si tal divergencia se mantiene resurgirá el proteccionismo, asistiremos a turbulencias muy serias en el mercado internacional o – textualmente- "cosas aún peores". El multimillonario especulador en los mercados bursátiles insinuaba entonces la posibilidad de una guerra planetaria como consecuencia de la eventual dislocación del comercio y de los flujos del capital internacional. Hay que admitir que no está nada mal el planteo y que da una pista para el abordaje de la crisis presente con una dialéctica que está ausente en gran parte de los análisis de la cuestión, incluidos los de quienes se declaran marxistas y hasta trotskistas. Porque señala la perspectiva de la catástrofe, no del hecho de que China sea arrastrada por la debacle económica de las principales potencias, sino de la eventualidad de que, al revés, pudiera evitarla. La economía mundial es una totalidad orgánica y una severa descompensación puede terminar de liquidar al paciente. No se trata de aislar sus componentes para clasificarlos a unos independientemente de los otros, sino de apreciar el carácter de los desequilibrios que le dan a la crisis un carácter de conjunto. A diferencia de Soros, quienes consideran la hipótesis improbable de una excepción "china" a la regla de la crisis mundial postulan, no un colapso general sino la emergencia de un nuevo eje de referencia del capitalismo, incluso de alcance histórico, algo así como un siglo XXI, asiático u oriental, que trazaría un rumbo ascendente para la civilización del capital, marcada por el siglo XX norteamericano y previamente por el siglo XIX inglés. Soros parte del "mejor" escenario, que China se salve del derrumbe del centro del capitalismo presente para pronosticar… la mayor catástrofe: la bancarrota de la economía global y un conflicto bélico sin precedentes. Por lo tanto, aun en la eventualidad de que China pudiera mantener su "crecimiento económico", lo que el mundo no se ahorraría es la consecuencia del terremoto emergente de un trastocamiento brutal de los ejes sobre los cuales se articuló el capitalismo en el período histórico reciente, dando lugar a un quebranto de alcance revolucionario del "orden mundial". En oposición a esta perspectiva se alinean no sólo diversos analistas e intelectuales del mundo capitalista; también marxistas de diverso tipo, incluidos "trotskistas" que han hecho profesión de fe "anticatastrofista". Entre estos últimos es muy habitual que se apele precisamente al mentado "crecimiento" de la economía china como un mentís a las teorías sobre el derrumbe capitalista. China, entonces, sería un ingrediente clave en la "estabilización" de una nueva etapa del capitalismo, de un nuevo "equilibrio" y hasta de una reversión en un sentido positivo de la curva declinante que registra la economía mundial desde la década del '70. Destacamos entre comillas las palabras "estabilización" y "equilibrio" porque son las mismas que utiliza Trotsky en un análisis sobre la dinámica del capitalismo contemporáneo y que es normalmente considerada como una evidencia de la posición "anticatastrofista" del líder bolchevique. El análisis de Trotsky fue desarrollado en dos conferencias del partido bolchevique previas a la reunión del III Congreso de la Internacional Comunista en 1921, donde el tema del "equilibrio" y la "estabilidad" capitalista adquirió una gran importancia política. Para Lenin y Trotsky estaba entonces claro que las expectativas sobre la extensión de la revolución de octubre habían sufrido un importante golpe. La burguesía había conseguido frenar los embates del proletariado en Europa, el comunismo alemán había fracasado en sus tentativas por concretar una alternativa a la crisis revolucionaria en su país, el Ejército Rojo había sufrido una seria derrota en Polonia y los partidos comunistas no habían todavía conquistado a la mayoría de la clase obrera en los principales países del viejo continente. Había que reconsiderar, por lo tanto, los problemas de la lucha revolucionaria y de la táctica política a la luz de las nuevas circunstancias: las batallas mal preparadas o prematuras no llevarían a ninguna parte o podían provocar un desastre. A esa cuestión y a ese nuevo cuadro político, luego de cumplida la primera etapa de la revolución de 1917, estaban dedicados los planteos de Trotsky, reunidos posteriormente, junto a algunos textos adicionales sobre la dinámica histórica del capitalismo mundial, en una pequeña obra llamada "Una escuela de estrategia revolucionaria". De modo que la cuestión de los equilibrios y desequilibrios en la actualidad remite también a una polémica de comienzos de los '20 del siglo pasado y al cual se recurre una y otra vez para tergiversarlo. Consideraremos aquí ambas cosas y comenzaremos por aclarar esta última. Las cosas en su lugar El problema que analiza Trotsky entonces tenía que ver con la caracterización política que correspondía a los problemas que enfrentaba la Revolución Rusa en el momento en que – como vimos- su onda expansiva había encontrado un límite y la lnternacional Comunista se veía obligada a ajustar los términos de su propia táctica. Contra el doctrinarismo ultraizquierdista que pintaba el panorama de una crisis permanente del capital y de una ofensiva permanente de los revolucionarios por la conquista del poder, Trotsky parte de admitir que no se puede negar teóricamente la eventualidad de un nuevo equilibrio del capitalismo y pasa a examinar con todo cuidado el conjunto de la situación. Admite de entrada que es imposible negar que la burguesía mundial se ha "tranquilizado", luego del impacto provocado por la Revolución Rusa, "después de un momento de pánico y desorden". De nada valía negarlo y proseguir con una "ofensiva permanente" por el asalto al poder, ignorando incluso los propios errores. Por el contrario, se trataba de mirar de frente la realidad, corregir el rumbo y preparar las condiciones para un nuevo curso ascendente de la revolución y, sobre todo, para avanzar en la conquista de la mayoría de la clase obrera. Para eso el Congreso de la lnternacional se apres-taba a discutir con el ala "izquierdista" el planteo del "frente único" dirigido a las organizaciones obreras no comunistas. ¿Cuál era el alcance del nuevo escenario al cumplirse tres años de Octubre? Ese es el interrogante clave que se propone aclarar Trostky. Por eso procede a indicar las contradicciones que marcan la nueva situación, en diversos planos: el económico, el de la lucha de clases, el de la política nacional e internacional. El análisis es muy minucioso. Indaga la situación planteada con el ascenso del capitalismo norteamericano, el retroceso del capital en el viejo continente y los enormes desequilibrios entre las propias economías europeas, desquiciadas por la guerra. Considera también los efectos del temprano resurgimiento del militarismo, los preparativos de una nueva hecatombe bélica. Su conclusión es que, a pesar de las derrotas políticas del proletariado en el lapso inmediatamente previo, "no se puede hablar de restablecimiento del equilibrio capitalista". Al contrario, un curso ascendente de la revolución resultaba inevitable, porque los equilibrios que se habían reconstituido en el plano económico, finalizada la guerra, eran de una enorme precariedad. Todavía se estaba muy lejos de alcanzar los niveles de producción del pasado y el desarrollo de un gigantesco capital ficticio planteaba perspectivas explosivas (las "burbujas" del capital no son sólo cosas del siglo XXI). En ese marco, las contradicciones sociales no tendían a atenuarse sino a agudizarse: "La riqueza y las rentas nacionales disminuyen, mientras el progreso de las clases aumenta. El número de proletarios aumenta, los capitales se concentran… cuanto más se restrinja la base material más crecerá la lucha entre las clases, y los diferentes grupos para el reparto de las rentas nacionales se encarnizarán luchando; no hay que olvidar nunca esta circunstancia". Retroceso productivo, desequilibrios económicos y financieros, agudización de las contradicciones sociales, preparativos para otra carnicería universal; de esto habla Trotsky en "Una escuela de estrategia revolucionaria" y cuestiona el planteo de que se ha alcanzado un nuevo "equilibrio" capitalista, que era el punto de vista… de la socialdemocracia ¡no de Trotsky! Sorprende entonces que se vuelva una y otra vez a ese texto para mostrar cómo su autor oponía el concepto de "equilibrio" al de catástrofe o derrumbe del capital. Algo absurdo, además, porque la historia ya mostró que lo que siguió, como decía Trotsky, no fue ningún equilibrio sino una completa catástrofe: la hiperinflación alemana, le revolución abortada del '23, el nazismo, el fascismo en Italia, el "crack" del '29 y luego la Segunda Guerra Mundial. ¡Un "equilibrio" bárbaro! Por lo tanto, sorprende más todavía que no se aprenda de Trotsky el método con el cual se aborda una realidad, no de equilibrio sino "catastrófica" como era a principios de la década del '20 y que luego fue confirmada plenamente. Un método que permite también aproximarnos como corresponde al examen de los "equilibrios" y de los "desequilibrios" que se engendran unos a otros; una crisis mundial sin precedentes y una fase más aguda de la descomposición histórica del sistema capitalista. El "centro de gravedad" La referencia al texto de Trotsky tiene un interés adicional porque consideraba que el "hecho decisivo" de aquel momento era el "traspaso del centro de gravedad de la economía capitalista y de la potencia burguesa de Europa a América". Un señalamiento que importa tener en cuenta al abordar la situación presente, marcada por el derrumbe de ese "centro de gravedad" y remate de todo un proceso histórico. Estados Unidos se convirtió definitivamente en el eje de la economía capitalista luego de la Primera Guerra. Se reforzó todavía más su papel protagónico consecuencia de los desequilibrios catastróficos de la Segunda Guerra Mundial, de los cuales emergió un nuevo y frágil equilibrio, con la colaboración del stalinismo y el objetivo de contener a las masas insurgentes, en Europa en particular, al concluir medio siglo de barbarie. Es el frágil equilibrio desafiado por la revolución que, en China primero, en 1949, y más tarde en Cuba, en 1959, extendió a medio planeta el ámbito en el cual el capital había sido expropiado. Un frágil equilibrio, por fin, que encontró sus límites poco después, cuando la década del '60 no había terminado. Por eso recordamos ahora el cuarenta aniversario del '68, año en el que crujió precisamente el mundo de la posguerra con la explosión conjunta a uno y otro lado del "muro", con el Mayo francés y la Primavera de Praga como señales emblemáticas. Es el '68, también, de la formidable ofensiva de los guerrilleros en Vietnam, que detona la cuenta regresiva del imperialismo en el sudeste asiático, indisociable de la profunda crisis del régimen político yanqui del momento, jaqueado por movilizaciones populares contra la guerra y por los derechos civiles de la población negra. Es a fines de los '60, por otra parte, cuando se produce la llamada crisis del dólar, que sufre de hecho entonces una primera devaluación (cuando las autoridades norteamericanas limitan el cambio de la divisa por oro). Puede plantearse la hipótesis de que el proyecto del "siglo estadounidense" quedó liquidado muy tempranamente en el sudeste asiático y con la crisis política y económica de finales de los sesenta. Ese "siglo norteamericano", según la denominación de los estrategas yanquis al finalizar la Segunda Guerra, que preten-dió evitar los "errores" de sus antecesores, no debía ser un imperio colonial pero sí imponerse por la fuerza de la colonización económica con el dólar como dinero mundial. El mito del imperio "sin colonias " se derrumbó rápidamente en la aventura vietnamita, y la quimera del dominio planetario del billete verde chocó con una barrera previsible cuando comenzaron a drenarse las reservas de oro que guardaba su banco central (la Reserva Federal) para sostenerlo. El "equilibrio" de la última posguerra, heredado de medio siglo de guerras, revoluciones y crisis gigantescas, consumió su combustible cuando no habían concluido los años sesenta y tomó forma explosiva en la gran crisis de la década siguiente. El nuevo "centro de gravedad" de la economía capitalista que emergió de la primera guerra no pudo echar un ancla histórica a un modo de producción que había ingresado en un período de decadencia y convulsiones económicas y sociales sin precedentes. Hoy, lo que está en cuestión es el "centro mismo de gravedad" del mundo capitalista y esto le da a la crisis una dimensión histórica única. Es cierto que el capital ha sobrevivido en su agonía más allá de todo pronóstico, pero por eso mismo las crisis recurrentes tienen un carácter potencialmente más explosivo. En la primera posguerra, Trostky ponía de relieve en su análisis la base completamente precaria de las economías que vivían del capital ficticio, las exacciones derivadas de la guerra y el endeudamiento, en contraste con la base en retroceso de la economía real. ¿Qué decir ahora de una economía que se arrastra desde hace muchas décadas sobre una especulación que tiene una dimensión diez veces superior a la del producto mun-dial? (los mercados financieros mueven un volumen financiero de billones de dólares contra los 50.000 que suma la producción de todos los países del planeta). Final de época Lo que estalla ahora, por lo tanto, es mucho más que una burbuja financiera que tuvo su epicentro en el mercado inmobiliario norteamericano y que The Economist consideró la mayor de toda la historia del capitalismo. Esta burbuja es el último de un conjunto excepcional de recursos al que tuvo que apelar el capital desde hace más de tres décadas para tratar de sostener la economía capitalista sin conseguir nunca la reversión de su tendencia declinante. Esto se manifiesta en el hecho de que todos los indicadores económicos de Estados Unidos, Europa occidental y Japón – crecimiento, inversión, empleo, salarios- han ido deteriorándose desde los años '70, década tras década y ciclo económico tras ciclo económico. Por eso mismo, en la última primavera de "expansión" económica desde 2002, el crecimiento del PBI de Estados Unidos ha sido el más bajo en comparación con cualquier otro período desde finales de los años '40. "Este declive del dinamismo económico del mundo capitalista avanzado hunde sus raíces en una caída sustancial de los beneficios, cuya causa primaria es una tendencia crónica a la sobreproducción en el sector manufacturero industrial a escala mundial que se remonta a finales de los años '60 y comienzos de los '70. La tasa de beneficio en la economía privada todavía no se ha recuperado en la primera década de este siglo, y sus niveles en la fase alcista del ciclo en los años '90 no llegaron a superar los de los años '70", planteó Robert Brenner en un texto de algún tiempo atrás, titulado "En las vísperas de una crisis devastadora". Es imposible, en consecuencia, comprender el momento histórico actual sin tener en cuenta los fracasos sistemáticos de la política capitalista en los últimos treinta años para terminar con la esencia de lo que puso de relieve la crisis de los setenta: una enorme crisis de sobreproducción. Sobreproducción que no es otra cosa que un exceso de capital y mercancías en relación con la posibilidad de garantizar las ganancias que le permitan reproducirse. El capital se derrumba porque enfrenta las contradicciones propias de su mismo desarrollo, "equilibrios" y "desequilibrios" cada vez más explosivos, para decirlo con las palabras de Trotsky. La sobreproducción es la barrera insuperable que el capital encuentra en la pobreza de las masas que explota, lo que explica en "última instancia", según las palabras de Marx, el límite recurrente con el cual se enfrenta la potencia productiva que el propio capital pone en movimiento. Para contrarrestar la tendencia al derrumbe, el capitalismo apeló, en las décadas que siguieron a la crisis del '70, a "remedios" de un alcance inusitado. Fue una "terapia de shock" global: desde la devastación de las conquistas de los trabajadores, que debutara en los años '80 con la "flexibilidad laboral" de los Reagan y Thatcher, al saqueo de las economías del llamado mundo periférico en esas mismas décadas, cuando las tasas usurarias y el creciente endeudamiento condujeron a la quiebra de países enteros. Fue el caso paradigmático de México en 1982, cuando tuvo que nacionalizar los bancos para proceder al rescate del capital financiero: la contratara de las nacionalizaciones del presidente Cárdenas en los años '30, porque aquellas fueron para limitar la voracidad de los pulpos imperialistas mientras las de los '80 se concretaron para salvar a gigantescos monopolios bancarios, cubriendo sus pérdidas con fondos públicos. En la "terapia de shock", luego de la crisis del '70, hay que incluir también la "recuperación" para el capital de una extensa región en la cual había sido expropiado, con la restauración capitalista en los viejos Estados obreros. Por lo tanto, si esta ofensiva planetaria no pudo revertir la curva declinante del capitalismo mundial, el fracaso debe medirse a la escala de los remedios cada vez más brutales aplicados y de los crecientes desequilibrios que tienden ahora a reunirse en una "crisis devastadora". El desequilibrio que se puso de manifiesto en la crisis de sobreproducción del final de los sesenta y comienzo de los setenta nunca fue superado. Una nueva crisis sobrevino en la década siguiente, cuando se produjo un derrumbe bursátil en las principales mercados capitalistas, en 1987. Un derrumbe que acabó por quebrar el proceso, que entonces se consideraba inevitable, de la supuesta transferencia del "centro de gravedad" de la economía mundial hacia un nuevo eje. Se decía entonces que la vieja y ya agotada locomotora del tren capitalista global – la norteamericana- sería sustituida por nuevas máquinas – japonesa y alemana – respectivamente. Pero en lugar de este supuesto "reequilibrio" lo que sobrevino fue la debacle de Japón por un lado, que entró en un letargo económico del cual aún ahora no ha salido casi dos décadas después. Por el otro lado, la economía alemana acabó sumándose a lo que se llamó la "euroesclerosis", para denominar a la decadente economía del viejo continente. Quienes en la actualidad pronostican que será China la nueva locomotora que remolcará al mercado mundial, olvidan el estrepitoso fracaso de los pronosticadores de la generación previa con metáforas ferrocarrileras. Conciben a la economía capitalista como una suerte de mecanismo de equilibrios y desequilibrios que se acomodan y desacomodan mecánicamente, no como la expresión de los límites históricos de un modo de producción que sobrevive a su tiempo con catástrofes y convulsiones crecientes. La aproximación metodológica de Trotsky en los debates que jalonaron las discusiones decisivas de la vanguardia revolucionaria, al comienzo de los años veinte del siglo pasado, sigue siendo insustituible; a condición, claro, de que sea correctamente asimilada. Otra vez China Volvemos al tema del principio de este artículo: el lugar de China en la crisis actual. Cuando decimos China, hablamos en realidad de la explotación de los trabajadores chinos y de los beneficios del "orden" impuesto por la burocracia gobernante, asociada a los negocios capitalistas en la mayor plataforma de exportación de toda la historia. Dicho esto, es claro que China contribuyó en los últimos años a evitar el marasmo de un derrumbe general que había comenzado en Tailandia en el '97, que se extendió luego a Rusia, que se declaró en "default" en el '98. Fue un "tsunami" que amenazó con arrastrar a Wall Street y recaló posteriormente en Brasil, sacudió como nunca a la Argentina y afectó igualmente al "coloso del norte" (recordar las quiebras de gigantes como Enron y Worldcom). El "crecimiento chino" pareció frenar el desastre en 2002 con un "equili-brio" particular: que el gigante asiático actúa como bomba demandante en el mercado mundial a condición de que sus exportaciones sean igualmente demandadas; algo que se sostuvo, decisivamente, con la contrapartida de un monstruoso déficit en el comercio exterior norteamericano. El "equilibrio" se sostuvo entonces en un enorme y en verdad doble desequilibrio de la economía yanqui. Porque hay que considerar también el déficit del presupuesto norteamericano, que entre otras cosas financia la industria bélica que llevar a la barbarie a Irak y al sudeste asiático. La deuda pública norteamericana servía para captar los dólares que salían del país por el descomunal exceso de importaciones sobre las exportaciones norteamericanas. La deuda absorbía los dólares que de otra manera derrumbarían el precio de la divisa norteamericana, del mismo modo que el precio de la papa cae cuando la cosecha es abundante. Los déficit "gemelos" de la economía yanqui, entonces, parecían complementarios, pero lo cierto es que incubaban una contradicción explosiva, porque la tendencia creciente a devaluar el dólar para corregir el déficit comercial y la competencia externa presionan en el sentido de desmantelar todo el circuito del financiamiento yanqui. Es que para mantener la captación de fondos se necesita un dólar que no se caiga o, alternativamente, tasas usurarias que terminan arruinando la especulación interna. Es esto lo que comenzó justamente a reventar a mediados del año pasado cuando la suba de las tasas de interés detonó la crisis hipotecaria, provocando el fenómeno dominó que caracteriza el panorama en la crisis actual, en pleno desarrollo. Es cierto que las tasas norteamericanas han vuelto a bajar desde mediados del año pasado, cuando comenzó el colapso que aún no cesa, para proceder a un salvataje del capital financiero en ruinas. Por eso mismo, no obstante, se debilita la toma de los dólares excedentes en el mercado mundial y la caída de la moneda norteamericana, porque su demanda cae y golpea al comercio internacional, que se desmorona. El alerta de Soros contra un derrumbe del mercado mundial está indisolublemente unido al peligro de las "devaluaciones competitivas". Ahora, el euro "fuerte" está paralizando a Europa, que se tornó poco competitiva en el mercado mundial. Y no sólo eso, porque el euro "fuerte" amenaza con derrumbar a la Unión Europea: los países más golpeados por la tendencia económica depresiva buscan sus propias "devaluaciones competitivas" para proteger sus mercados de la descomposición general. En la fila se anotan en cualquier momento Italia y España. Los desequilibrios económicos internacionales se desdoblan entonces en el agravamiento de las contradicciones internas en el plano económico, social y político. El retroceso industrial en los Estados Unidos, estimulado por el dólar alto que favorece la competencia de los productos procedentes del exterior, buscó ser combatido con la superexplotación de la mano de obra interna, en particular la de los inmigrantes, cuyos salarios miserables sostienen ramas y regiones enteras de la economía yanqui. Resultado: junto a la devastación de las viejas zonas industriales, como es el caso de Detroit, otrora orgullosa "capital automotriz", sede de la emblemática industria capitalista yanqui, asistimos al despertar de un gigante. Así fue llamada la enorme movilización del año pasado contra la legislación represiva que afecta especialmente a los hispanos. Por otro lado, la tentativa por "equilibrar" a la primera potencia del mundo con la invasión en Irak ha concluido con un empantanamiento, que no en vano es comparado una y otra vez con lo que fue Vietnam: un golpe brutal al régimen político yanqui. Un derrumbe histórico Al examinar, aun sumariamente, la situación actual a la luz del método con el cual se abordaban los problemas de la economía y la política mundial en el mencionado y tan malentendido como distorsionado trabajo de Trotsky, la peculiaridad actual es que en el derrumbe presente del "centro de gravedad" del mundo capitalista no aparece otra alternativa: la ruptura del antiguo equilibrio tomó la forma de una bancarrota general, algo que a su modo está presente en una enorme cantidad de análisis de la más diversa naturaleza. La reiterada ilusión de que China pueda cumplir el papel de nuevo "centro" no sólo omite que tal improbable eventualidad no excluiría una enorme crisis sino, más importante todavía, se niega a considerar a China misma como parte del problema y no de la solución. En el pasado, los países coloniales cumplieron un papel en la "globalización" del capitalismo como fuentes de recursos de materias primas, de absorción del excedente de mercancías en los países centrales e incluso como deudores del capital financiero metropolitano. Hoy, China demanda alimentos y materias primas y como plataforma de exportación llena el mundo con sus mercancías. Con su superávit comercial se transformó en acreedora del país más endeudado del mundo: ¡los Estados Unidos de Norteamérica! La crisis actual no derivará en un traslado más o menos armonioso del eje de la economía mundial de una punta a la otra del planeta, sino que amenaza con desestabilizar las bases de la restauración capitalista inconclusa de la economía estatizada en el gigante asiático. La globalización capitalista ha convertido las convulsiones de la decadencia del capitalismo en catástrofes planetarias. La tentativa de apelar a las ideas de Trotsky de la década del '20, cuando refluía la ola revolucionaria del final de la Primera Guerra Mundial, para oponer el concepto de "equilibrio" al de agotamiento histórico y catástrofe capitalista es francamente insólita y puramente hermenéutica, porque no sale del texto e ignora la realidad. Ni siquiera vale como hermenéutica porque contraria las propias palabras de Trotsky en esos mismos textos: "Actualmente estamos en plena crisis, crisis aterradora, desconocida en la historia del mundo… esta crisis marca hoy la ruina y el desastre de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa…". Se preguntaba entonces el propio Trotsky: "¿Quiere decir esto que el fin de la burguesía llegará automática y mecánicamente? De ningún modo" – se respondía- , indicando a sus camaradas la importancia de debatir los problemas de la táctica política revolucionaria y la necesidad de evitar que se vincularan los problemas del momento con un análisis embellecedor del capital, de su capacidad de alcanzar "equilibrios" y evitar las "catástrofes". En tal caso, el debate carecería de rigor y cuestionaría la estrategia del bolchevismo, que se encontraba a la cabeza de la Internacional Comunista. Como aporte metodológico a las discusiones del presente no debería ser olvidado porque apunta al mayor y más importante de los "desequilibrios": el que se presenta entre el viejo mundo en descomposición y el desarrollo de la vanguardia, el programa y la organización revolucionaria destinada a plantear su superación. Un desequilibrio que tiene su base material porque, como señala Trotsky, siempre en el discurso que nos ocupa, la burguesía se encuentra en el "maximum de su potencia, de la concentración de sus fuerzas y medios, medios políticos y militares, de mentira, de violencia y de provocación… en el mismo momento en que más amenazada está por su decadencia". Este desequilibrio no ha sido resuelto y su contenido es una histórica crisis de dirección del movimiento revolucionario. Para bien o para mal, esto no atenúa la catástrofe capitalista; nos obliga, por el contrario, a mirarla de frente y a luchar por dar cuenta del desafío. No hay otra posibilidad. Junio 2008

1 de noviembre de 2009
Resolución política de la Conferencia Latinoamericana de la CRCI
Varias firmas

1- América Latina está inmersa en la crisis capitalista internacional, que mina en forma sustancial las bases económicas y sociales del conjunto de experiencias continentales, sean nacionalistas o centroizquierdistas, sean burguesas o pequeño burguesas, o de los pocos países que aún están al margen de ellas. De esta manera, confrontará con nuevos desafíos históricos a las masas que han protagonizado y aún protagonizan esas experiencias. 2- En el período 1999/2003, América Latina fue afectada por un ascenso revolucionario, que tuvo su centro en un conjunto de países – Bolivia, Ecuador, Venezuela, Argentina. Este ascenso también estuvo vinculado con la crisis del capital mundial, que se había manifestado con la devaluación venezolana, el 'tequila' del '94 y la recesión industrial de Argentina en 1995/96, y finalmente la crisis asiática y rusa (1997/8), que golpearon con fuerza a Brasil y a Argentina. La política de privatizaciones en masa provocó una serie de levantamientos populares, desde el Caracazo de 1989, el Santiagueñazo del '93, la serie de insurrecciones en Ecuador, a partir de 2000, las rebeliones en Bolivia contra la privatización del agua, y finalmente la insurrección de octubre de 2003, el levantamiento popular en la Argentina en 2001, el levantamiento en Venezuela contra el golpe militar – abril 2002 y contra el lock-out patronal posterior, 2002/2003. Se produce un viraje político de enorme amplitud, caracterizado por la descomposición de los partidos burgueses tradicionales, la emergencia de gobiernos de la pequeño burguesía nacionalista, indigenista o centroizquierdista. Tiene lugar un apresurado cambio de frente de la pequeña burguesía, precipitado por el avance explosivo de las contradicciones de los explotadores y sus gobiernos con las masas. 3- Las experiencias nacionalistas han vuelto a fracasar en la tentativa de estructurar un Estado nacional independiente e iniciar un proceso de industrialización capitalista autónomo. Las nacionalizaciones parciales no solamente no han creado, ni hubieran podido crear, una burguesía nacional, ni han logrado estructurar una etapa de transición bajo la forma de un capitalismo de Estado. En lugar de una burguesía nacional han creado la 'boliburguesía' o el 'capitalismo de amigos'. Las nacionalizaciones fueron compensadas a los capitalistas extranjeros (incluso por encima del valor en Bolsa de sus capitales, en las vísperas de la bancarrota bursátil mundial), o sea que no apuntaron a concentrar un fondo de inversiones con fines industriales, ni tampoco revolucionaron la gestión económica, como hubiera sido el control o la gestión obrera colectivas de la propiedad nacionalizada. Esto habría implicado la estructuración política del proletariado y, por lo tanto, el gobierno de los trabajadores. Las nacionalizaciones han dejado al margen a los bancos, y por lo tanto un aspecto decisivo de la gestión del capital. Las nacionalizaciones asumen un carácter revolucionario cuando transfieren el capital acumulado por la oligarquía financiera a la nación y estructuran a los explotados como poder político. La utilización de los recursos fiscales para compensar a los capitales nacionalizados bloquea, en cambio, la posibilidad de un desarrollo independiente y obliga a la nación a mayores sacrificios; el capital extranjero que es forzado a salir de la esfera industrial, retorna bajo la forma de capital financiero, aplicando las indemnizaciones a la compra de deuda pública. El nacionalismo ha utilizado las nacionalizaciones para impedir la organización independiente del proletariado por medio de la tutela estatal. En Venezuela, el gobierno empeñó todas sus energías en estatizar al movimiento sindical. Asimismo, las nacionalizaciones parciales (en realidad pseudo-nacionalizaciones) han servido al Estado para cooptar a numerosos sectores sindicales y a la izquierda. En los países atrasados y sometidos, las medidas parciales de nacionalización pueden ser relativamente progresivas si el proletariado las aprovecha para acentuar su organización de clase y su independencia política. Es necesario hacer la crítica radical al fetiche de las nacionalizaciones burguesas, porque en la mayor parte de los casos sirven para reciclar al capital internacional de las ramas con tasas de beneficio declinantes hacia otras más rentables. En oposición a las nacionalizaciones burguesas parciales, reivindicamos la expropiación del capital por medio de la acción revolucionaria del proletariado. La crisis mundial ya está forzando a los gobiernos nacionalistas, por ejemplo al chavismo, a nuevos arreglos con el capital internacional en el área decisiva del petróleo, para atraer nuevos fondos y tecnología. Lo mismo ocurre con el gobierno del MAS boliviano. La crisis capitalista mundial, que sirvió como acicate para el surgimiento de movimientos y gobiernos nacionalistas o de centroizquierda, es ahora el látigo que acelera su declinación y coloca a las masas ante la necesidad de dar un salto político cualitativo. La historia vuelve a colocar a América Latina ante el mismo desafío histórico que, hace cuarenta años, se saldó con una serie de derrotas. La crisis mundial en curso hace emerger de nuevo en la superficie la cuestión de la crisis de dirección de la clase obrera. 4- En el período 2003/2009, los gobiernos nacionalistas lograron contener el ascenso de masas y neutralizar las conspiraciones golpistas de la derecha. Una cosa y la otra se alimentaron recíprocamente. A partir de fines de 2002, el resurgimiento del comercio y la producción y una abultada caja fiscal, gracias al ciclo internacional favorable, sirvió a los gobiernos latinoamericanos para lubricar los antagonismos sociales. Esta contención condicionó el alcance de vastos movimientos de masas, como la movilización estudiantil de los 'pingüinos', la gran huelga de los subcontratados de Co- delco en Chile, o la rebelión popular en Oaxaca y la lucha contra el fraude en las elecciones presidenciales en México. La llamada estabilización de los procesos nacionalistas implicó el reflujo de los trabajadores y el reforzamiento de la regimentación estatal. Esto vale asimismo para Brasil y para Uruguay, donde las victorias electorales de la izquierda reforzaron un período de reflujo de los trabajadores, más allá de algunos atisbos de resistencia de una minoría de sindicatos. El ascenso al gobierno del nacionalismo y del frente popular (ambos configuran una colaboración de clases) no fueron el prólogo de una insurrección proletaria sino el instrumento para confundir y neutralizar, en especial, a la clase obrera. Para que ocurra lo contrario es necesario que exista antes una sólida independencia de clase y un partido fuertemente delimitado de la izquierda democratizante y de colaboración de clases. El nacionalismo que despotrica contra el FMI y el centroizquierdismo que lo complace, tienen sin embargo en común la función esencial del colaboracionismo clasista. La diferencia entre unos y otros es un reflejo de las distintas estructuras sociales de los países en los cuales actúan y de la posición particular de la pequeña burguesía intelectual en ellas. Unos y otros recurren con fuerza a la asistencia social para apuntalar al Estado, no a la modificación radical de las condiciones de trabajo y de vida de las masas, y para ese fin asignan los recursos fiscales cuando son superavitarios. Las "misiones", en Venezuela, tienen la contraparte de las "bolsas familia" en Brasil. La pequeña burguesía ha su-plantado el lugar de la clase obrera en la dirección de los explotados a través de un complejo mecanismo. En Brasil tomó el control del PT; en Bolivia, los productores cocaleros y las direcciones indigenistas se pusieron al frente del movimiento popular que históricamente había seguido a la clase obrera y a la COB. A pesar de su enorme debilidad social, la pequeña burguesía intelectual ha sabido explotar su posición de bisagra. El papel más extraordinario lo ha cumplido en Cuba, donde fue la protagonista de todos los movimientos revo-lucionarios de su historia; los sectores más combativos de la clase obrera cubana han estado alienados con la dirección de la pequeña burguesía en todo el último medio siglo. 5- Las pequeño burguesías gobernantes, sean nacionalistas o centroizquierdistas, no han operado en medio de un vacío internacional, sino que, por el contrario, en los momentos decisivos encontraron sustento y orientación en la diplomacia internacional, en especial de los países vecinos, con vasos comunicantes con el imperialismo. Bajo la batuta de Lula, Venezuela, Bolivia y hasta Ecuador evitaron el salto a la guerra civil y tejieron los compromisos de los nacionalistas con la derecha. Las cancillerías de los países imperialistas y latinoamericanas (Brasil, Argentina, Europa, Estados Unidos) actuaron de común acuerdo para que los nacionalistas y los indigenistas contuvieran los procesos populares. Quedó planteada, de hecho, una colaboración política, inestable y plagada de choques, entre el imperialismo y los gobiernos nacionalistas. El gobierno de Lula fue la pieza maestra de esta coexistencia, porque antes había probado su capacidad para neutralizar a la clase obrera industrial más importante del continente: la de su propio país. 6- Los elencos nacionalistas y, en general, de la pequeña burguesía, no se han destacado solamente en Bolivia y Venezuela; se han expresado en Nicaragua, Honduras, El Salvador y hasta México – donde no solamente se produjo una escisión del PRI y el nacimiento del PRD (que integra el Foro de Sao Paulo), sino también el EZLN y el florecimiento de tendencias de izquierda en el PRD. El guerrillerismo centroamericano ha concluido gobernando con el gran capital; las FARC se encuentran en plena operación de respaldo a un frente entre el Polo Democrático y el Partido Liberal. El foquismo y el guerrillerismo a ultranza (o sea fuera de las condi-ciones concretas de la lucha de las masas y de la situación política) se ha reducido a una realidad espectral. La masa campesina e indígena que hoy está en el centro del escenario político de Bolivia tiene un contenido social contradictorio: tendencias conservadoras e incluso históricamente reaccionarias en cuanto a su organización social y la defensa de la pequeña propiedad y, por otro lado, un fuerte impulso de lucha contra la gran propiedad agraria y los monopolios internacionales. Esta masa colocó su expectativa (ilusiones) en las posibilidades transformadoras de la Constituyente. La pequeña burguesía académica o urbana ha impuesto a la masa indígena el programa del llamado capitalismo andino, una variante degenerativa del aprismo, que postula el entrelazamiento de la pequeña comunidad agraria indígena con el capital internacional y el Estado (a diferencia de Marx o Mariátegui, que planteaban la transición de la comunidad a la cooperación socialista por medio de la revolución proletaria). De este modo ha sido burlado el reclamo de la revolución agraria y la propiedad capitalista terrateniente ha recibido todas las garantías de subsistencia en el "nuevo" orden fijado por la Constitución pactada con la derecha (incluidos los terratenientes brasileños que 'colonizan' el oriente boliviano y el Matto Grosso paraguayo). La izquierda boliviana 'marxista' ha ignorado el ascenso del indigenismo. Mientras denuncia de palabra al gobierno de Evo, se emparenta ideológicamente con el indigenismo y le copia sus consignas. 7- La crisis mundial ya está golpeando con toda su fuerza al Brasil, donde los despidos se cuentan por centenares de miles y el desempleo bate récords históricos. Los superávits comerciales enormes pertenecen al pasado, y en los últimos meses el país ha registrado déficit fiscal. Los subsidios del gobierno de Lula al gran capital, industrial y financiero, suman miles de millones de dólares de "renuncia fiscal" y están comiendo las reservas en divisas. Eso plantea la perspectiva de una crisis financiera (cesación de pagos) y de una catástrofe social. Las centrales sindicales han sido incapaces del plantear una respuesta a la debacle capitalista o aún una movilización parcial en los sectores más afectados. La CUT, completamente burocratizada e integrada al Estado, se transformó en los últimos años en gestora directa de la acumulación capitalista y de la explotación, a través de la dirección de los fondos de pensión (AFPs) y de los fondos estatales. Ha impuesto un brutal aumento de los impuestos compulsorios sobre los salarios, que engordan el bolsillo de la burocracia sindical. Este proceso de integración supera todos los precedentes registrados en Brasil y aún en América Latina. La caída de la Bolsa está quebrando a los fondos de pensión, y los despidos minan las bases económicas de la burocracia cutista, cuya crisis y división es manifiesta. En la Embraer (interior de San Pablo) se produjeron 4.200 despidos, luego vetados por la justicia ordinaria. La Conlutas no debería, bajo ningún concepto, aceptar la reducción salarial y de la jornada laboral para revertir los despidos. La ola de despidos debe ser enfrentada con la consigna del reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario (escala móvil de horas de trabajo). Está planteada la estructuración de un plan de lucha nacional contra los despidos, por el salario, y para "que la crisis la paguen los capitalistas" – y por una alternativa obrera y campesina independiente frente a la crisis. La liquidación del PT – supuesto partido de gobierno- avanza a grandes pasos. Lula ha estructurado como base política y social de su gobierno a las ONGs y a los funcionarios encargados de gerenciar los "programas sociales" (en especial la Bolsa Familia), cuya extensión plantea ampliar, precisamente en el mismo momento en que la reducción de los ingresos fiscales mina sus bases. Está planteada una monumental crisis política en la sucesión presidencial de 2010. Lula y su aparato (incluida su pre-candidata Dilma Roussef), la encaran planteando una coalición frentepopulista "sin orilla derecha", frente a las candidaturas burguesas. El PSOL, con su candidata Heloís a Helena, busca cerrar la crisis con un programa burgués (reducción de la tasa de interés y devaluación) y sacrificando todo vestigio de independencia de clase, en alianza abierta con partidos burgueses y clericales. Este aliancismo derechista es la natural consecuencia de un 'partido de tendencias' que repudia la organización revolucionaria de los trabajadores y la lucha por la conciencia socialista de la clase obrera para reemplazarla por los acuerdos de caciques. Para el PSTU se plantea la alternativa de defender la independencia clasista o sacrificarla en nombre del "frente de izquierda" encabezado por el PSOL – y dominado por la alianza con la sombra de la burguesía. A partir del Estado, con la modificación de la legislación sindical y laboral, y la acción directa de burócratas y grupos represivos paraestatales, el gobierno del PT ha encabezado una ofensiva de destrucción del principal movimiento sindical independiente de América Latina. La crisis mundial y la creciente resistencia obrera han llevado esa ofensiva a una crisis, que se manifiesta cada vez más en los sindicatos y en los partidos de izquierda. La crisis brasileña abre la posibilidad de una vigorosa intervención revolucionaria, y posee una proyección continental y mundial inmediata. 8- La integración de América Latina a la economía mundial se reforzó muy fuertemente en los últimos cinco años, pero con características aún más unilaterales que en el pasado. En Brasil, el ingreso de capital financiero a la Bolsa impulsó la 'burbuja' de crédito más alta de la historia (su economía está entre las diez más apalancadas del mundo). La caída del comercio internacional y de los precios del mineral de hierro, de la soja, del gas, del petróleo, coloca a estos países al borde de la bancarrota. Las performances extraordinarias de Petrobras, en el campo de la exploración pre-sal, han quedado por ahora en la nada, porque el costo de extracción es incluso superior al actual precio internacional del barril de crudo. 9- La última década ha brindado otro testimonio de que la burguesía es incapaz de unificar América Latina. El Gasoducto del Sur, el Banco del Sur, el Mercosur, el Alba, no han sacado a América Latina de la órbita explotadora del capital financiero internacional, y hasta no llegaron a ver la luz. Brasil y México han tenido que apelar al socorro de la Reserva Federal para evitar su desintegración monetaria. En lugar del Alba, el gobierno de Cuba ha puesto sus expectativas en un deshielo comercial con Obama, el cual está siendo secundado en esta tarea por el capital y la diplomacia de Brasil. La bandera de la integración de América Latina funciona ahora como bisagra para llevar a las Farc a un compromiso con Uribe, en los términos estratégicos de éste; para el reintegro de Cuba al circuito del capitalismo; y para contener la fuerte crisis que despunta en Venezuela, Argentina y Bolivia. La unidad de América Latina solamente será posible como consecuencia de la alianza obrero-campesina, con el método de la revolución permanente. El fracaso del nacionalismo devuelve toda su actualidad a la reivindicación de la unidad socialista de América Latina, de una federación de Estados obreros del continente. Es necesario concretizar esta reivindicación en la agitación cotidiana. Por ejemplo, la defensa de la salida de Bolivia al mar o contra el saqueo de los recursos gasíferos o hidroeléctricos de Bolivia y Paraguay respectivamente por Brasil y Argentina. 10- La revolución cubana ha entrado en una nueva fase. Con Obama, el imperialismo quiere poner fin al último estribo de la 'guerra fría'. La crisis mundial refuerza la presión del capital para que se abra el mercado cubano, como plataforma de competencia en el mercado mundial. No por nada, la cabeza de la ofensiva para levantar el bloqueo es la Cámara de Comercio de los Estados Unidos. La dirección del Estado cubano no oculta su simpatía por el "modelo chino", o sea un régimen capitalista transitorio bajo la batuta de la burocracia formada por el Estado anticapitalista. Una restauración del capitalismo en Cuba confrontaría una etapa internacional diferente a la que precedió la restauración capitalista en el Este, por un lado, por la crisis mundial; por el otro, por la revitalización de los movimientos de masas desde la insurrección boliviana de 2003. 11- La crisis latinoamericana se desarrolla en el cuadro más general de la crisis política del imperialismo norteamericano, que se expresó claramente en el derrumbe del gobierno de Bush y en el giro político operado por el imperialismo con el ascenso de Obama a la presidencia. La combinación de la crisis norteamericana y latinoamericana fue obligando a Bush, luego del fracaso del golpe contra Chávez en Venezuela y de la caída de Sánchez de Lozada en Bolivia, a operar en América Latina a través de la mediación de algunos gobiernos del continente, en particular del de Lula. Esto se expresó en el acuerdo establecido por Bush y Lula acerca de los biocombustibles, que es manifestación de un acuerdo político más general. Esta tendencia se fortalece con la asunción de Obama y el acentuado papel continental jugado por Brasil. La Unasur, una vieja aspiración de la burguesía brasileña para promover en el continente a su industria armamentista y a sus contratistas, se está convirtiendo en un instrumento de esta diplomacia concertada. El acuerdo político entre Uribe, Chávez y Correa para la colaboración en el desmantelamiento de las Farc – establecido en la cumbre latinoamericana de Santo Domingo (con el respaldo de Lula, Kirchner y Bachelet)- cimentó el ingreso de Colombia a la Una- sur. En este armado continental, el punto crítico es Chávez. Como 'articulador' de este armado continental, Lula defiende los intereses de la burguesía brasileña y del capital invertido en Brasil. Esto lo ha llevado a chocar sucesivamente con los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Paraguay. La estrategia de concertación que anima el imperialismo está constantemente socavada por las agudas crisis políticas en los distintos países del continente. La 'cumbre de las Américas', a realizarse en los próximos días en Trinidad Tobago, dejará en claro el giro operado en la política norteamericana hacia América Latina. El tema central – el 'gran test', según el gobierno brasileño- será el encaminamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Brasil se presenta como la voz cantante del bloque latinoamericano que reclamará en la cumbre el cese del embargo. Para preparar esta reunión, Lula se reunió especialmente con el canciller cubano, que llegó a Brasil luego de reunirse en La Habana con un contingente de congresistas norteamericanos. 12- Los fondos del narcotráfico constituyen una de las mayores fuentes de financiamiento de la gran banca, más aún en un momento de desaparición del crédito por la crisis internacional. Sin el lavado de dinero por parte de los grandes bancos, el narcotráfico no podría operar. Esta actividad está bajo el control del capital financiero y el imperialismo. La DEA y otros organismos contribuyen al control político y represivo en América Latina por los centros de poder del capital financiero. El narcotráfico es un método de opresión política y desorganización social. A través de los aparatos de seguridad penetra en los barrios empobrecidos y se constituye en un factor de presión que empuja a los jóvenes a la descomposición. Es, por lo tanto, un elemento de desmoralización de la clase obrera; además, en países como México y Colombia, la penetración narcotraficante en el aparato estatal es un factor de las crisis políticas. 13- La huelga de Sidor, en Venezuela, en mayo de 2008, fue la mayor oportunidad que tuvo la clase obrera de Venezuela (y quizá de América Latina) para lanzar un sindicalismo independiente del Estado. La huelga destruyó los planes de estatización sindical del ex ministro Rivero y precipitó la nacionalización, como un recurso político para controlar al movimiento obrero. Propósitos similares tiene la creación de cooperativas o empresas de gestión social. El nacionalismo se sirve de las estatizaciones y las empresas sociales para enchalecar la lucha de clases. Chávez se ha lanzado a un decidido ataque contra la oposición derechista. Por la vía de la acción administrativa o la judicial, busca arrebatar las posiciones que perdió en las pasadas elecciones regionales y acorralar a la oposición derechista. Estos golpes dejaron a la oposición sin política. Mientras pretende seguir en un régimen representativo formal, Chávez le niega a la oposición cualquier lugar en ese régimen. Chávez intenta fortalecer su poder personal cuando arrecia la crisis económica. La caída de los precios del petróleo ha creado un agujero fiscal del orden del 25 por ciento. La caída del ingreso de dólares por las exportaciones petroleras y la fuga de divisas (unos 26.000 millones en 2008), promueven las presiones por la devaluación del bolívar. El gobierno pretende evitarla porque, con una inflación del 30 por ciento y muchos artículos de primera necesidad importados (dos tercios de los alimentos, por ejemplo), abriría el camino de la hiperinflación y a una crisis política de proporciones. La crisis presupuestaria pone en crisis las nacionalizaciones y a la propia PDVSA. El gobierno adoptó un conjunto de medidas contra los trabajadores. Elevó el IVA, que es una confiscación de una parte del salario del trabajador (incluidos los que están en negro y hasta de las changas que puedan realizar los desocupados). Anunció un aumento del salario mínimo del 20 por ciento en dos cuotas (cuando la inflación oficial es del 30 por ciento y la de la canasta alimentaria es del 40 por ciento). También se autorizó al Estado a duplicar su endeudamiento interno, lo que constituye un gran negocio para la banca privada venezolana. Ante los primeros coletazos de la crisis, el chavismo profundizó su política de regimentación y estatización del movimiento obrero y sindical. Congeló los convenios de cientos de miles de trabajadores (salud, docentes, empleados públicos). Chávez realizó una muy fuerte advertencia contra los obreros huelguistas y hasta amenazó con militarizar a los trabajadores de las empresas estatales que vayan a la huelga por el salario, contra los despidos o por cualquier otra reivindicación. Hasta anunció que ordenaría a los servicios de inteligencia espiar a los dirigentes y a las organizaciones sindicales. La clase obrera de Venezuela necesita a sus organizaciones sindicales para defenderse frente a los ataques de los capitalistas y, también, de los ataques del propio gobierno. Frente a la regimentación y la estatización de los sindicatos, reivindicamos la más plena independencia de las organizaciones obreras respecto del Estado y de los partidos patronales. Proponemos desarrollar una campaña por una UNT independiente, que podría tomar la forma de un Congreso de sindicatos, tendencias sindicales, delegados y activistas por la plena defensa de la vigencia de los convenios colectivos y la independencia política de los sindicatos. El problema esencial en Venezuela es la estructuración política del proletariado en oposición al nacionalismo burgués. Planteamos a todas las tendencias de oposición políticas y sindicales que rechazan la regimentación de los sindicatos y plantean la defensa de la independencia política del proletariado a plantearnos la construcción de un partido obrero socialista revolucionario, con un programa de independencia de clase, de reivindicaciones anticapitalistas frente a la crisis (prohibición de despidos, estatización de las empresas que cierren o despidan, salario igual a la canasta familiar, derogación de los impuestos al consumo) y un planteo estratégico de oposición al nacionalismo burgués (control y gestión obrera colectiva de las empresas estatizadas; nacionalización de la banca; plan económico único debatido por los trabajadores y aplicado bajo su control; gobierno de los trabajadores; unidad socialista de América Latina). 14- La ilusión de que América Latina quedaría al margen de la actual bancarrota capitalista está definitivamente enterrada. Ya han comenzado en diferentes países las primeras manifestaciones de resistencia obrera y popular a la crisis capitalista, como las huelgas en Argentina, la huelga de los empleados públicos de Chile o las movilizaciones de los campesinos paraguayos por la tierra. La consigna '¡Que la crisis la paguen los capitalistas!' se presenta como la reivindicación elemental en defensa de las condiciones de vida de los trabajadores y explotados: ni suspensiones ni despidos, que se repartan las horas de trabajo, que se expropie a los patrones que paralicen la producción y la actividad se mantenga bajo el control de los propios trabajadores, que cese el pago de la deudas usurarias del Estado con el gran capital y los subsidios al lucro patronal, que se corte la fuga de capitales mediante la nacionalización del sistema financiero y del comercio exterior. En las condiciones del actual derrumbe '¡Que la crisis la paguen los capitalistas!' se comienza a plantear como consigna en las movilizaciones que emprenden los trabajadores latinoamericanos. Es la bandera de un frente de lucha que se planteará una y otra vez frente a la tentativa de descargar sobre nuestros trabajadores y nuestros pueblos la bárbara reestructuración de un capital en ruinas y un medio para impulsar el desarrollo de la organización independiente del movimiento obrero y los ex-plotados, un frente anticapitalista: asambleas, encuentros, congresos de delegados y representantes de los explotados para luchar por la defensa imprescindible de nuestras vidas. Por una coalición obrera y campesina para enfrentar el derrumbe capitalista. 15- La delimitación del nacionalismo y del frente popular es la condición para construir partidos revolucionarios, y estos partidos son la condición para una lucha consecuente por la independencia del proletariado. La bancarrota mundial del capital y el estallido de las contradicciones del nacionalismo pone la lucha por la liberación nacional de América Latina, de nuevo, en el proletariado, y en la alianza de éste con los campesinos. Es necesario aprovechar el derrumbe del capital y la lucha de masas que habrá de suscitar, y el derrumbe del nacionalismo, para llamar a los obreros más avanzados y combativos a agruparse en torno a un nuevo eje histórico: el socialismo revolucionario y la construcción de partidos obreros revolucionarios. Estos partidos deben recoger la experiencia histórica en su programa, solamente así serán partidos de combate. El partido es el programa, no puede tener por base sólida la invocación a la lucha inmediata, que sólo provee resultados efímeros. La lucha por el poder es una actividad de preparación política sistemática. 16- El fracaso del nacionalismo y de la pequeña burguesía y la crisis mundial capitalista llevarán a miles de despidos y suspensiones, planes de austeridad, acuerdos con el FMI. Los Estados imperialistas no están en condiciones de propiciar golpes militares "restauradores", están forzados a operar por medio de sucursales centroizquierdistas desde el momento que son ellos mismos los que están enfrentando procesos de crisis agudas y movilizaciones de masas. La política de compromisos del imperialismo apunta a trasladar la crisis capitalista a los trabajadores y los explotados. La cuestión de fondo es afrontar la crisis de dirección. Es más necesario que nunca combinar la lucha a muerte contra el imperialismo con la independencia respecto de los movimientos nacionalistas y de la pequeña burguesía. La capacidad para ocupar la primera línea contra el imperialismo y para preparar en forma sistemática a la clase obrera para asumir la dirección de la movilización revolucionaria, mediante un trabajo paciente de delimitación política, respecto de la pequeña burguesía y el nacionalismo, es la clave de la victoria. La historia puede saltar etapas, pero la vanguardia revolucionaria no puede saltarse las etapas de la evolución de la conciencia de los trabajadores. Atravesamos el mismo problema político y metodológico que se le planteó a la vanguardia obrera en 1968/73: estructurar a la clase obrera y a las masas en forma independiente. Tenemos planteado el desafío de superar el nivel de conciencia política y actividad independiente alcanzado por la vanguardia obrera de aquel período (cordones industriales en Chile; huelga política de masas y coordinadoras fabriles en Argentina; huelga general contra dictadura en Uruguay; Asamblea Popular en Bolivia). Es necesario desenvolver una tarea tenaz de propaganda, agitación, divulgación del programa revolucionario y organización. Buenos Aires, 12 de abril de 2009 Anexo a la resolución política de la Conferencia Latinoamericana de la CRCI El propósito de este anexo es trazar una aproximación a las tareas que tenemos planteadas. 1- Uruguay: Cuando todavía faltan dos meses para las internas que definirán los candidatos presidenciales, ya se delinea una temprana polarización entre José Mujica (Frente Amplio) y Luis Alberto La- calle (partido blanco). En las internas del Frente Amplio, Mujica – respaldado por el MPP y el PC- enfrenta a Danilo Astori – respaldado por Tabaré Vázquez y la mayoría de su gabinete. Mujica se presenta como una versión uruguaya, tardía y devaluada, del chavismo; Astori se presenta como la continuidad del actual gobierno y como afín a Lula y Ba- chelet. La disputa abierta en la interna del FA es brutal; distintos funcionarios del gobierno anticiparon que no votarían por Mujica en la segunda vuelta y hasta que dudan de hacerlo en la primera. La violencia de este enfrentamiento y la incapacidad de Tabaré Vázquez para imponer su sucesor son la expresión de la enorme crisis política del Frente Amplio. Otra manifestación de la crisis política del FA, esta vez por izquierda, es la emergencia de agrupamientos y personalidades salidos del Frente Amplio (o tributarios de éste) que, por primera vez, aparecen dispuestos a enfrentar al candidato frenteamplista en las elecciones. Por ejemplo, la "Asamblea Popular", (integrada por el 26 de Marzo y otros grupos que han salido del FA). El Partido de los Trabajadores, oposición socialista al Frente Amplio, ya presentó candidatos y lista propia en ocasión de las presidenciales que ganó el FA. Está planteada la necesidad de un frente electoral de la izquierda. La conferencia electoral del PT, realizada en marzo, lanzó un llamamiento a discutir la presentación de una lista electoral común. La cuestión central es el programa. ¿Qué programa opondrá la izquierda frente a Mujica? ¿La versión 'izquierdizada' del nacionalismo chavista que reivindica el 26 de Marzo y del cual el propio Mujica se presenta como representante o un programa anticapitalista? ¿Oponemos a Mujica su propio programa o un programa propio de los trabajadores? En el primer caso, la izquierda se presentaría como una versión 'radical' del FA; en el segundo, podría abrir el curso para un reagrupamiento obrero independiente. El programa es decisivo a la hora de caracterizar el frente que eventualmente se forme y la posibilidad de que los revolucionarios uruguayos participan en él. Junto con una clara definición programática anticapitalista, el frente de izquierda debe asumir una clara posición de voto para la segunda vuelta de las presidenciales. "Asamblea Popular" esquivó toda definición al respecto, una clara indicación de que piensan votar a Mujica en el ballotage. Sin una indicación clara de que la izquierda no votará ningún candidato de los partidos patronales en la segunda vuelta, el frente de izquierda quedaría reducido a ser un lema (externo) o una colectora del Frente Amplio. 2- Chile: Como consecuencia de los golpes de la crisis mundial, el desempleo crece aceleradamente. El índice oficial, del 7 por ciento, no considera a los contratados, a los subocupados y a los agrícolas. En el último cuatrimestre de 2008, fueron despedidos más de trabajadores. En Valparaíso, el gran puerto chileno, el desempleo llega al 14 por ciento (el doble del promedio nacional), anticipando el derrumbe de las exportaciones. En otras cinco ciudades, el desempleo supera el 10 por ciento. El precio del cobre – la columna vertebral de la economía- cayó más del 60 por ciento; se anticipan grandes despidos en esta industria, así como en la madera, otros de los rubros de exportación. En muchos casos, cuando se trata de trabajadores calificados, los despedidos son recontratados, con salarios sustancialmente inferiores. Los analistas anticipan que en diciembre, cuando se realicen las elecciones, la desocupación duplicará los números actuales. La crisis mundial ha liquidado el sistema previsional privado, esfumando los aportes de millones de trabajadores. Frente a esta masacre social ni el PC, ni la CUT, bajo su orientación, plantean una sola consigna de acción. Han anudado un pacto con la Concertación para establecer listas comunes en las elecciones parlamentarias de diciembre y comprometer su apoyo en una eventual segunda vuelta presidencial. El PC y la coalición Juntos Podemos desenvolvieron una política de freno a la movilización popular para obtener del gobierno una reforma electoral que le permitiera retornar al parlamento y apuntar la reconstrucción de una Unidad Popular con un ala del PS. En función de esta política aislaron los levantamientos estudiantiles y las huelgas mineras, procesos de lucha de una envergadura inédita en los últimos años. El pacto del PC con la Concertación es la manifestación de un proceso de conjunto, de crisis y agotamiento de la Concertación y del régimen político con el que han gobernado durante casi veinte años demócratas cristianos, socialistas y radicales, un proceso que va a agudizarse bajo los golpes de la crisis mundial. El pacto apunta a preservar la "gobernabilidad" de la Concertación en la línea de la reconstrucción del frente popular. El PC busca resolver, mediante una mayor integración al Estado, su propia situación interna, que registra fuertes tendencias a la desintegración en el último período; al mismo tiempo, esta integración al Estado va implicar para el PC choques con su base popular. La CRCI impulsa un proceso de fusión de las organizaciones chilenas presentes en esta Conferencia latinoamericana. Esto es, la apertura de un proceso de debate orientado hacia la organización de un congreso de fundación de un partido común. Con acuerdos estratégicos firmes, las disidencias no tienen por qué impedir el desarrollo de la organización partidaria en la cual los pensamientos divergentes no impiden en la acción común. 3- Bolivia: El CRCI ha producido una elaboración sistemática sobre este país, que se expresa, en forma concentrada, en las resoluciones que dieron base a esta Conferencia, lo que incluye el debate contra las (crónicas) posiciones abstencionistas en Bolivia. El indigenismo proyectó la Constituyente para darle forma jurídica a un Estado plurinacional compatible con el "capitalismo andino". Este es el contenido histórico de la Constituyente y su contenido de clase. La oligarquía de la Media Luna – y hasta los pulpos petroleros- , tiene otro enfoque del Estado nacional: un "federalismo" de tinte secesionista. La crisis constitucional expresó esta contradicción, que solamente fue ignorada por la izquierda compuesta de sectas. La Asamblea tuvo que reunirse en un cuartel luego de sufrir una toma por asalto en Sucre; en respuesta, los campesinos asediaron a Santa Cruz de la Sierra. Al final se arribó a un compromiso que desconoció lo elaborado hasta ese momento por la Constituyente, estableciendo el respeto a la propiedad agraria y de los monopolios a cambio de un reconocimiento de la potestad, esencialmente fiscal, del gobierno nacional. Producido este compromiso, antes del referéndum, la oligarquía y la derecha se dedicaron a jugar sus roles respectivos de oficialismo y oposición. El núcleo de nuestro debate con las corrientes que llamaron a la abstención en el reciente referendo sobre la "nueva" Constitución es el siguiente: la abstención tiene un contenido político concreto, quien llama a la abstención deja de lado rechazar, a través del No, a una Constitución reaccionaria y al pacto del MAS con los "cívicos". No por casualidad, el POR, siguiendo una práctica de sesenta años, también llamó a la abstención. La posición tiene un hilo de continuidad con la enarbolada por las sectas frente a la Asamblea Constituyente, a la que llamaron a desconocer siendo que las expectativas por concretar sus reclamos de tierra y autonomía llevaron a las masas a movilizarse y provocaron una gigantesca crisis política que concluyó en un compromiso con la derecha. Los abstencionistas en Bolivia han batido todos los récords: absten-cionistas en las elecciones presidenciales, en los referendos sobre la autonomía, en la Asamblea Constituyente. Así se dejaron pasar las etapas más importantes de la crisis. Dieron como prueba de la inuti-lidad de intervenir en la Constituyente, su completa inacción posterior, pero es una prueba contra ellos mismos, desde el momento que la AC no funcionó porque era una bomba de tiempo que concentraba las expectativas abiertas por una lucha de más de diez años del movimiento indígena y campesino por sus reclamos históricos. La AMR y la totalidad de la izquierda boliviana – incluidos el POR y el PTS- miraron esta crisis política desde afuera. Los abstencionistas esbozan ahora un frente único para las elecciones de diciembre. La Conferencia se pronuncia contra esta perspectiva que llama a un frente único de los impotentes, una selección de los aliados en función de su capacidad para mantenerse ajenos a los acontecimientos y a las luchas. Se piensa en las elecciones en el molde vaciado por el MAS y la derecha, lo que no es otra cosa que recoger las migajas del 'sistema'. No se puede reclamar un frente circunscripto a los que renunciaron a intervenir durante todo el último período en lugar de disputarle al MAS la autoridad sobre las masas obreras, campesinas e indígenas. Llamamos desechar a los grupos abstencionistas y parasitarios, e ir hacia donde están las masas que siguen al MAS para orientarlas en la lucha por sus reivindicaciones, y en todo caso hacer acuerdos de independencia frente al gobierno y a su política, con sus corrientes más combativas, o sea las que traducen deformadamente el descontento de las masas. Llamamos a desechar el neutralismo político y a poner todos los esfuerzos en la construcción de un partido obrero socialista y revolucionario. 4- México: Esta Conferencia hace suyos los términos de la respuesta de la Comisión Internacional del PO al GAR de México. Caracteriza que el EZLN es una organización democratizante, no revolucionaria, limitada desde el origen por sus planteamientos, que excluyen la toma del poder. Sostiene que el indigenismo no es revolucionario como tal, pues expresa una defensa de relaciones pre- capitalistas y sólo puede jugar un papel revolucionario si es agente de la revolución agraria y aliado del proletariado. Un partido revolucionario es siempre socialista, o sea que critica el orden presente desde el punto de vista del socialismo internacional. Cuando se relaciona con masas precapitalistas, algo absolutamente imprescindible en nuestra América India, el partido se empeña en aliarlas al proletariado, no en cultivar sus prejuicios. Frente a la cuestión indígena levantamos la posición de la Revolución Permanente: liquidación del latifundio, dictadura del proletariado. El indigenismo es la base ideológica de movimientos pequeño burgueses declaradamente capitalistas, como los que encabezan Evo Morales y García Linera, su vicepresidente (un teórico de la autogestión indígena), y el ecuatoriano Correa, que es un indigenista clero-cristiano. Por otra parte, rechazamos el abstencionismo electoral invocando la debilidad de la democracia burguesa en México. No se trata de la participación electoral en función de imposibles transformaciones sociales producidas desde el Estado. El problema es, siempre, la intervención política. Un partido que pretende influir a las masas no puede declinar actuar invocando la existencia de una democracia de bajo rango, en la que actúan las principales fuerzas políticas del país. Es lo que opinamos desde la teoría y por sobre todo desde la experiencia práctica. En cuanto a la construcción del partido, nos pronunciamos por un "partido para la lucha", a condición de que sea un partido basado en un programa socialista (dictadura del proletariado), porque de otro modo "la lucha" puede convocar a las fuerzas más heterogéneas política y socialmente. Para unir a los que luchan está el frente único, pero la función de una organización que se reclama trotskista es desenvolver el programa de la IV Internacional. Un agrupamiento de fuerzas para la lucha es muy progresivo a condición de que no sustituya al partido, porque en este caso la confusión política neutraliza su rol combativo.

1 de noviembre de 2009
La explotación en los talleres clandestinos

Un programa contra el trabajo esclavo "El taller donde trabajo es, junto a otros cien talleres clandestinos en la dudad de La Plata, proveedor de la textil Tiza", cuenta Fredy, que es costurero desde que vino a este país desde Bolivia. "Trabajamos desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche y dormimos donde trabajamos. Ahora estamos haciendo camperas y nos pagan 6pesos por cada una. En mi taller trabajamos cinco personas". Fredy "vive" en Bajo Flores, aunque desde que consiguió este trabajo se va todos los lunes a La Plata y vuelve los viernes a la noche. Hace dos años consecutivos que gana el torneo de ajedrez del pic-nic anual del PO. Antes había salido segundo y es el realizador de un trabajo artesanal en papel con la figura de Carlos Marx que se exhibe en el local de Flores del Partido Obrero. Lee y se forma cuando deja el trabajo a las 9 de la noche. Y milita los fines de semana sin excepción. El juez Oyarbide, en un fallo que sobreseyó a los directivos de la empresa Soho, sostiene que el trabajo de entre 14 y 20 horas a los que son sometidos, los abusos, el dormir entre la mugre de un tallercito, son "costumbres culturales de los pobladores del altiplano boliviano". Así actúa la justicia cuando está acorralada ante la evidencia: insultan a los pueblos y disfrazan la barbarie capitalista de "costumbres" ajenas a ella. Se calcula que sólo en el partido de La Matanza hay instalados entre 3500 y 5000 talleres clandestinos. Luego del incendio de Luis Viale, donde murieron cuatro menores, un adolescente y un mayor, en Capital las cifras varían pero ninguna está por debajo de los 3500 talleres. El La Plata, sólo la textil Tiza vive del trabajo clandestino de unas quinientas personas dispersas en unos cien talleres. Un compañero del Polo Obrero de la Villa 20, cose con su familia buzos de 8 de la mañana a 8 de la noche. Las horas son muchas, pero tienen otras condiciones laborales desde que pudieron comprar su propia máquina; el compañero destaca que, por lo menos, al mediodía puede levantarse e ir a comer. Esto, en una actividad en la que llegan a estar encadenados al lado de la máquina, no es menor: con este esquema independiente ningún "compadre" o tallerista de otra nacionalidad los hostiga hablándoles a la nuca, ni regateando el pago para tenerlos atados al taller, ni psicopateándolos diciéndoles que gracias a él saben coser y que más que recibir una paga debieran pagarle a él. Cuando ingresa en el país, cada boliviano debe pasar por la explotación salvaje de un "compadre", o un argentino, paraguayo, peruano o coreano. Con el "compadre" comparten el idioma, y en general son éstos los que hicieron los contactos en Bolivia para la llegada de los trabajadores aquí. Los primeros pasos se realizan en condiciones de esclavitud completa, "sacrificio" que se realiza para aprender el oficio que les está predeterminado en estas tierras, cuando no les toca el de granjero, levantando miles de huevos diariamente, mierda de gallina y fumigando desde los tres años, como ocurre en granjas "ilegales" ubicadas en el Gran Buenos Aires. En este caso también el regenteador será un "compadre" o un argentino, y el beneficiario de la recolección seguramente se llamará Alfredo Coto o cualquier otro nombre estelar de la burguesía "nacional y popular", o de la burguesía francesa o española que han radicado "inversiones" en nuestro país. El sometimiento laboral viene acompañado de otras vejaciones: abusos sexuales, presiones psicológicas y enfermedades variadas. No podía ser de otra manera bajo un régimen social que sobrevive a costa de reconvertir el cuerpo humano en una mercancía en la que sólo le garantiza su existencia en la medida en que produce rindes económicos. Cari es el vicepresidente de la Junta Vecinal de la Villa Los Piletones, militante del Partido Obrero, costurero desde hace años, él y su familia, aunque algunos de ellos consiguieron otros trabajos que aparecen en la zona; por ejemplo, la construcción de viviendas, con salarios por debajo del convenio y bajo condiciones de hostigamiento también, esta vez a cargo del argentino Sergio Shocklender. Cari conoce el rubro y ha recorrido un camino: cuando se trabajó a destajo durante años y se tiene la propia máquina, la otra "tentación" para mejorar las condiciones de trabajo y los ingresos es armar la cooperativa de trabajo. Sin embargo, en general, esta forma "organizada" de la autoexplotación trae más problemas que soluciones y suelen no terminar bien. En ese punto coinciden los compañeros de la Villa 20 y los de Flores. En todos los casos el negocio contiene la esclavización, la super-explotación laboral en negro y la clandestinidad, en la que los abusos y los maltratos son la norma. El eterno trámite para sacar la documentación en la Argentina es un factor fundamental también para la explotación de estas condiciones laborales. Una de las amenazas más habituales de talleristas, policías y demás protagonistas de estas historias, es la deportación al país de origen. En la cadena "clandestina" el cortador cobrará 3 pesos por cortar la prenda; Fredy, el costurero, cobrará 6 pesos por coser la prenda que en este caso es una campera; el tallerista cobrará 12 pesos por entregar la prenda al comercializador y éste la colocará en la vidriera por 100 ó 150 ó 200 pesos o más. El comercializador deberá pagar algunos impuestos menores que siempre logrará reducir gracias a un contador amigo, pagará el alquiler del local y sueldos menores para la comercialización, que gracias al convenio de los trabajadores de comercio, gremio capitaneado por Cavalieri, serán terriblemente bajos. La base de la solución a esta forma de superexplotación no está exclusivamente en el reclamo de que el comercializador ceda en sus ganancias para que el resto de la cadena esté en mejores condiciones económicas. Este planteo tiene una raíz utópica en su sentido más estricto y literal. Antes que resignar sus ganancias, un capitalista traspasa sus inversiones a otros rubros más rentables: por ejemplo el agro, donde entre otros factores de superganancias, el de la mano de obra esclava o súper precarizada sigue intacto. Eso tampoco figura en las campañas mediáticas que hacen los gobiernos cuando desmantelan algunos talleres, sin ofrecer a sus trabajadores ninguna salida laboral. En estos casos el gobierno de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires y el kirchnerismo, lo único que hacen es demostrar su complicidad con la existencia de miles de trabajadores en negro o esclavos. Gobierno, burocracia sindical y justicia de los esclavistas Con posterioridad al incendio de un taller clandestino en Caballito, que fúncionaba en la calle Luis Viale, en el que trabajaban 60 personas y donde murieron seis, se abrieron una serie de demandas judiciales que si bien están siendo saldadas a favor de las grandes empresas implicadas, han provocado una peligrosa visibilidad de estas condiciones laborales explotadas por la Cámara de la Industria de la Indumentaria, que dirige De Mendiguren, aliado kirchnerista que comparte plenamente esa práctica con la Sociedad Rural que dirige Miguens y la Federación Agraria de Buzzi, coyunturalmente enemistados con el gobierno. El juez federal Oyarbide alegó "costumbres y pautas culturales de los pueblos originarios del altiplano boliviano, de donde proviene la mayoría de los talleristas y costureros" para sobreseer a Nelson Sánchez Anterino, Sofía Gabina Verón y Hermes Provenzano, dueños de la empresa Gilmer SA, que comercializa la marca Soho. Esos empresarios fueron denunciados en marzo de 2007 por trabajadores de La Alameda junto a los propios trabajadores de la empresa y a los que "se le imputaron los delitos de violación de la ley de migraciones, a la ley de trabajo a domicilio y reducción a la servidumbre" tal como señala un comunicado de La Alameda. No fue original Oyarbide: el sistema judicial argentino está plagado de esta infame e insultante forma de salir a defender a su clase capitalista, o de evitar que sean castigados quienes cometen abusos sexuales contra las mujeres. Cientos de casos en el norte del país muestran que aún se ejerce el "derecho de pernada", y es defendido en nombre de inexistentes "pautas culturales" en el sistema judicial. El caso Romina Tejerina estuvo atravesado por las declaraciones del juez Tizón, presidente del Tribunal Superior jujeño, justificando el abuso sexual como parte de las "costumbres culturales" en su tierra. Con las mismas prácticas, el Ingenio Ledesma en Jujuy, o el Ingenio El tabacal en Salta, contratan a trabajadores a los que esclavizan, matan y expropian sus tierras. La respuesta del gobierno "nacional y popular" no se hizo esperar, y es claramente una respuesta de encubrimiento de la "industria" de la esclavitud: se aprestan a modificar la Ley de Trabajo a Domicilio, que rige desde 1941, a favor de las empresas. Han aprobado el de abril una ley de trata de personas que exime a los tratantes con fines de explotación laboral y sexual de pagar por el delito de comprar y vender personas. Este tándem de leyes constituyen el cuerpo de "seguridad jurídica" que exigen los capitalistas para producir. Las leyes laborales jamás fueron aplicadas, su modificación permite sencillamente terminar de asegurar a las patronales la claridad jurídica que reclaman para completar el manto de impunidad que los cubre. La ley 12.713 de trabajo a domicilio, que entró en vigencia en mayo de 1942, establece en su artículo 4: "Los empresarios, los intermediarios y los talleristas que contraten un trabajo domicilio, son responsables solidariamente: a) Del pago de los salarios fijados por las comisiones respectivas (…); b) De los accidentes de trabajo, y de las condiciones en que éste se realice, excepto cuando el trabajo se ejecuta o cuando el accidente ocurra en el domicilio privado del obrero; c) De las obligaciones establecidas en el artículo 32 de esta ley. Los intermediarios y talleristas son considerados como obreros a domicilio con relación a las dadores del trabajo y como patronos sujetos a las obligaciones que les impone esta ley y las reglamentaciones que se dicten a quienes encarguen la ejecución del trabajo". Como se puede desprender del presente artículo la "responsabilidad solidaria" de los empresarios jamás se aplicó para hacerlos cumplir con sus obligaciones. La ley fue parida finalizando la llamada "década infame" en nuestro país, y está firmada entre otros por Robustiano Patrón Costas, miembro de la Cámara de Senadores de entonces, un apellido emblemático de explotadores de los trabajadores del norte de nuestro país, asesino de indígenas, esclavizador y apropiador de tierras. ¿Cómo vamos a denominar a la década del siglo XXI que pretende cerrarse otorgando una absoluta impunidad jurídica a los beneficiarios de la esclavitud laboral?. Los inspectores de habilitaciones de boliches y centros laborales de la ciudad son mandatados para hacer la vista gorda y habilitados para participar del mundo de la coima. La modificación de la Ley de Trabajo a Domicilio, que debería ser una norma aplicada a la actividad, no surge para evitar que se eluda su aplicación, sino exclusivamente para dar la tranquilidad jurídica que la patronal de la industria de la indumentaria reclama. El presidente de la Cámara Argentina de la Indumentaria de Bebés y Niños (Caibyn), Victor Benyacar, y el Ministerio de Trabajo de la Nación, ya se encuentran armando variantes que directamente legalizan el trabajo esclavo y eximen a los grandes empresarios de la responsabilidad sobre su utilización. La ley de trata de personas que impuso el gobierno nacional el 9 de abril último, de la mano de Aníbal Fernández, está directamente relacionada con el negocio de la indumentaria también, y con la cobertura legal de quienes esclavizan gente al servicio de la ganancia capitalista en el rubro "turismo" sexual en hoteles cinco estrellas, en la industria de la indumentaria, en el campo y demás finalidades de la trata de personas. "La forma es ir a buscarlos a Bolivia para que te trabajen. Si no, no rinden. No cierran los números, papi" explica a Gustavo Arrieta, periodista del diario La Nación (11/5/08), un tallerista que en su relato se define sin decirlo como un tratante de personas, sumado a que es un esclavizador declarado que vive, como él mismo dice, de "chuparles la sangre como las vinchucas" a los trabajadores que traslada hasta su taller, sumado a que es y se declara un abusador de mujeres. Por obra de la ley de Trata de Personas, aprobada el 9 de abril en los términos impuestos por Aníbal Fernández y Vilma Ibarra, este sujeto jamás será acusado de tratante (ni de violador, ni de abusador, ni de esclavista), sencillamente porque ante un juez demostrará que existió consentimiento de la víctima, algo que la ley se encarga de introducir con la única finalidad de otorgar, otra vez, tranquilidad jurídica a los tratantes que generan una gran negocio con participación estatal en diferentes niveles. La ley de Trata de Personas en su artículo segundo señala: "Trata de mayores de DIECIOCHO (18) años. Se entiende por trata de mayores la captación, el transporte y/o traslado -ya sea dentro del país, desde o hacia el exterior-, la acogida o la recepción de personas mayores de DIECIOCHO (18) años de edad, con fines de explotación, cuando mediare engaño, fraude, violencia, amenaza o cualquier medio de intimidación o coerción, abuso de autoridad o de una situación de vulnerabilidad, concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre la víctima, aun cuando existiere asentimiento de ésta." Este artículo obliga a definir el delito sólo en caso de que quede demostrado que la víctima no consintió con ser esclavizada. Un ejemplo escandaloso que ejemplifica claramente la cuestión del consentimiento de la víctima quedó retratado en el caso Gamarra y Ojeda en Santa Fe, dos jóvenes desaparecidas que fueron encontradas por el padre de Gamarra en un prostíbulo de La Rioja. Secuestradas con fines de prostitución por reconocidos proxenetas de su barrio, la familia Núñez, las familias de ambas fueron amenazadas cuando el caso tomó estado público. Una tía de Gamarra fue golpeada y la entonces fiscal Tessio recibió luego de la denuncia judicial por la desaparición a una de ellas, Ojeda, en su despacho, acompañada por un nuevo abogado. En esas circunstancias se retractó de las denuncias originales, manifestó haberse ido por propia voluntad y la fiscal del caso ni dio aviso a la familia ni realizó al respecto ningún otro tipo de investigación que mostrara que Ojeda había sido obligada a retractarse. La fiscal Tessio, proveniente del radicalismo provincial, fue la seleccionada por Binner para acompañarlo en la fórmula a gobernador y es hoy la vicegobernadora de la provincia de Santa Fe. El mecanismo usado en este caso muestra claramente lo que la ley de Trata brinda impunidad, permitiendo a proxenetas y tratantes coaccionar a sus víctimas para que declaren a su favor ante la Justicia. La ley impone aún en los casos en que se penalice al tratante penas irrisorias para semejante delito (3 años de mínima para quienes comercialicen cuerpos de mayores de 18 años), no incauta los bienes de los tratantes (con los cuales, por ejemplo, pagan a los abogados más costosos) y está totalmente inmersa en un contexto donde en todo momento se intenta separar el delito de la trata de la finalidad para la cual existe: la explotación sexual y laboral de mayores y menores de edad y el enorme negocio que esto implica. La ley de marras fue saludada por los Estado Unidos en un comunicado publicado por el embajador Earl Wayne. El apuro del gobierno argentino para aprobar algún marco legal estaba dado por la ratificación del Protocolo de Palermo, un convenio internacional amoldado a los intereses de la política exterior de EEUU, aprobado por unanimidad en el Congreso Nacional. Es posible que Marita Verón, secuestrada hace seis años en la provincia de Tucumán, esté aún con vida, y sea sometida a esclavitud sexual en un gran hotel de la Patagonia promocionado en Internet como la atracción de Sudamérica para la caza del cordero patagónico. Allí, un buen servidor le ofrecerá a un turista alemán un book donde posiblemente esté fotografiada Marita. La explotación de las Marita deja rindes superiores a los mil dólares mensuales por mujer. Aníbal Fernández y Vilma Ibarra defendieron a capa y espada una ley que encubre las espaldas del negocio del turismo, la vestimenta y otras ramas basados en el delito de la trata y de la explotación laboral y sexual, sencillamente porque las cajas oficiales superavitarias, las cajas negras de la política y la policía y demás ingresos oficiales y extra oficiales, son nutridas por este enorme negocio, y sus rendimientos gravitan de forma directa en la economía argentina. Fernández maneja a la policía que se nutre de las coimas a talleres textiles, prostíbulos y proxenetas, boliches no habilitados y también maneja las fuerzas que actúan en las fronteras, que cobrarán lo propio por traslados de mujeres al exterior o por la inmigración ilegal que se transformará en la mano de obra esclava de la industria nacional. El caso de Natalia, de 13 años, hija de una compañera de la agrupación Tribuna Docente de Santa Fe y delegada del gremio Amsafe, muestra que este "modus operandis" está intacto y que ningún juez está dispuesto a desmantelarlo. A través de un tratante que actúa por Internet, Natalia fue traspasada por la frontera entre Argentina y Uruguay sin que nadie los detuviera. Luego fue trasladada hasta Melo, Uruguay, en el límite con Brasil. Natalia fue regresada por la impresionante campaña inmediata que organizó su mamá. Sin embargo, no siempre se tienen los recursos y la capacidad para esto y finalmente prospera la venta de las personas. El juez Berbero caratuló la causa como "fuga inducida" y se dispone a cerrarla sin investigar nada. Quienes garantizan la mano de obra en el rubro industria de la indumentaria, emplean muchas veces a personas que han sido trasladadas y luego vendidas para ser esclavizadas en un taller o en una granja. En el norte de la provincia de Buenos Aires, cerca de Zárate, en el partido de Exaltación de la Cruz, fue noticia el descubrimiento de una granja avícola donde se esclavizaban a inmigrantes. "Oscar Taboada Ortuño, trabajador de la empresa avícola Nuestra Huella, denunció que son unas 20 las granjas donde habría en total 200 bolivianos. (…) según la queja de Taboada Ortuño- en la granja trabajaban 15 horas corridas (de 6.00 a 21.00), de lunes a lunes, sin feriados ni domingos, y no podían salir porque la cerca que rodea todo el lugar se encuentra electrificada. Valdez dijo que los niños, menores de 10 años, además de no asistir a la escuela, laboraban al igual que sus padres, pero el salario ($us 250) era el pago por la faena de toda la familia. Nacido en Potosí, Taboada Ortuño relató (…) que el propietario de la granja avícola sería Carlos Luaces. En la embajada presumen que éste sería argentino y que los obreros son potosinos (…). El fiscal, luego de ver las condiciones laborales, declaró: 'Hay veneno para las moscas en todas partes y es peligroso. Comprobamos que de todos los trabajadores que hay, de 50 a 60, sólo uno trabaja legalmente, el resto no y hay menores trabajando'. De los 60 obreros, 30 son de nacionalidad boliviana. Los empleados aprovecharon las cámaras de televisión y denunciaron que eran drogados para estar tranquilos por las noches" (http://www.embajadadebolivia.com.ar). La cara visible de las familias esclavizadas en Exaltación de la Cruz es ese perímetro electrificado, y esos niños trabajando desde los tres años y las torturas y los vejámenes. Sin embargo el gobierno de la provincia de Buenos Aires no ha informado sobre el destino de los miles de huevos que se producían allí, algo que mostraría que la única razón de existencia de esas granjas esclavistas son la explotación que del producto de esta forma de trabajo hace la gran burguesía argentina y extranjera subsidiada y mimada por el gobierno "nacional y popular". En la Ciudad de Buenos Aires, tal como relatan los compañeros de la Villa, el gobierno de Macri ofreció a la junta vecinal de la Villa Los Piletones armar un edificio donde los costureros cuenten con un espacio para coser. No urbanizan las villas, no construyen viviendas populares en la ciudad, entregan sus terrenos a la especulación inmobiliaria, no otorgan trabajo genuino, ni agilizan los trámites para que obtengan su documentación; sin embargo, ofrecen armar un "costureródromo" quizá con la finalidad de poder cobrarles la luz finalmente, reclamo histórico de las empresas proveedoras en las villas. Este "proyecto" macrista no tiene en cuenta que la primera condición de este negocio es la clandestinidad. La ropa que los compañeros producen es vendida en los shoppings y en los mejores circuitos comerciales con ganancias siderales para Soho, Montagne, Chiky y demás empresas que auspician al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Los funcionarios que se acercaron a la Villa Los Piletones no mencionaron, siquiera verbalmente, el compromiso de hacer cumplir la ley de trabajo a domicilio, que establece una responsabilidad "solidaria" entre el taller y la empresa que comercializa sus productos, algo que es prerrogativa del Gobierno de la Ciudad y el nacional. El año pasado, el gobierno de la ciudad compró un inmueble destinado al "Polo Textil de Barracas". Dicho predio fue destinado al Inti (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) para que allí funcionaran 200 trabajadores cooperativizados, una cifra insignificante dentro del universo de damnificados por esta actividad. No se ha avanzado hasta ahora en la refacción del lugar para ponerlo en marcha, sin embargo detrás de este tipo de propuestas se nota claramente la voluntad de los gobiernos de la ciudad de continuar con el sistema esclavizarte, negando un trabajo en blanco e introduciendo una variable absolutamente estéril como lo es la de la cooperativización. En febrero, la Federación Obrera de la Industria del Vestido y Afines (Foniva) firmó un convenio con la patronal de la indumentaria que otorga, al reducido grupo de trabajadores en blanco, un "aumento" en tres cuotas del 5% en febrero, 3% en abril y 3% en julio, puntos y medio por debajo del tope salarial impuesto por Moyano y el gobierno de Kirchner. La federación gremial y la cámara de la industria del vestido contabilizaban en 1993 en 40 mil a los "beneficiarios" del convenio colectivo firmado por las partes. En 2005, la Cámara Argentina de la Industria de la Indumentaria y Afines en su informe de "Posicionamiento de la indumentaria argentina" declara un total de 106.300 ocupados en la producción y 88.600 ocupados en el comercio de indumentaria. En 2007 fue reformado el convenio de la vestimenta y en el mismo las partes declaran un universo de "beneficiarios" de "25.708 trabajadores/as" (http://www.osvestido.com.ar/). Un nivel de producción industrial que según la Cámara de la Indumentaria, asciende a 3000 millones de dólares de valor de producción y 4978 millones de dólares de valor de comercialización de las prendas, parece difícil creer que haya sido alcanzado solamente por 100 mil personas, si tuviéramos en cuenta las cifras otorgadas por la Cámara de la Indumentaria. Sólo la inmigración boliviana, productora por excelencia del sector en negro de la vestimenta, asciende a más de un millón en nuestro país. Por la cantidad de talleres que se calculan existen en Capital y Gran Buenos Aires, no menos de 150 mil personas están siendo esclavizadas o superexplotadas y otras no cuantificadas funcionan en sus hogares a nivel familiar, como el caso de los compañeros de la Villa 20. Los gobiernos provinciales y el gobierno nacional son consumidores por excelencia de trabajo esclavo y super explotado. Donde existían, todos han desmantelado los sectores dedicados a la elaboración de vestimentas que estaban encuadrados dentro del municipio, cuyas trabajadoras y trabajadores cobraban salarios de convenio. En su lugar, han trasladado las necesidades del sector a compras a terceros: ¿quiénes son los terceros? Los que hacen producir las vestimentas de trabajo, los ambos, las sábanas, etc., al trabajo esclavo. Los que compraban las prendas terminadas al tallerista de Luis Viale en el barrio de Caballito antes del incendio. Sólo en la Capital Federal el gobierno destina grandes partidas presupuestarias a una deficitaria compra de ropa de trabajo (los reclamos gremiales para incrementar las mudas de trabajo y el estado de las sábanas en los hospitales, entre otros, muestran que siempre son insuficientes) que es elaborada del trabajo esclavo que se reproduce de a miles en la Capital y en el conourbano. Seguidamente al incendio del taller de Caballito, el ex jefe de gobierno de la Ciudad, Jorge Telerman, realizó una campaña para hacer como que combatía el trabajo esclavo: el resultado fue claro, los talleres cerraban sin pagar las deudas a sus trabajadores, los talleristas se trasladaron provincia, las penas impuestas siempre son del orden de lo laboral "llamados a regularizar la situación" (!), y a algunos costureros se los colocó en alguna cooperativa de trabajo. Una vez pasada la furia inicial todo volvió a su esclava normalidad. Nuestro programa Trabajo bajo convenio en el Estado, que el gobierno de Macri y el de Kirchner dejen de comprar trabajo esclavo a través de grandes compañías y otros proveedores y que contrate bajo convenio a los costureros y costureras, cortadores, diseñadores, planchadores y demás trabajadores del rubro para que directamente realicen la indumentaria necesaria para el conjunto de empleados y sectores necesarios del gobierno de la Ciudad, el nacional y los gobiernos provinciales. Blanqueo completo de la actividad con prohibición de despido. Puesta bajo control obrero de la fábricas del área de la industria de la indumentaria. No a la modificación de la ley 12.713 de trabajo a domicilio, que se aplique al conjunto de las patronales del país, que paguen salarios de convenio y que se haga responsables a los empresarios que comercializan, por las condiciones de trabajo en las que se produce el producto que venden. Cárcel a los vividores del trabajo esclavo en todos los rubros. Derogación de la Ley de trata de personas aprobada por el kirchnerismo, el macrismo y el ARI, que encubre a tratantes, esclavistas y proxenetas. Derogación del convenio hiperflexible y productivista de los empleados de la industria del vestido que está basado en un criterio de pago por productividad y está repleto de premios por presentismo y puntualidad que completan casi el 50% del salario. Abajo el fallo judicial infame de Oyarbide que absuelve a los empresarios de la industria de la indumentaria. Entrega inmediata de la documentación a los compañeros de otras nacionalidades. Blanqueo de todos los trabajadores en "negro". Salario igual a la canasta familiar. Con el norte de un programa clasista que combata las bases mismas de este sistema debemos poner en pie una corriente nacional de trabajadores de la indumentaria que se organice contra la esclavitud, por el trabajo en blanco, el salario igual a la canasta familiar y contra el fraude laboral de la industria de la indumentaria. Informe armado en base a una reunión con compañeros costureros del local de Flores, de la Villa 20 y de Piletones. Información extraída de los sitios de Internet de la Cámara Argentina de la Industria de la Indumentaria, convenios colectivos y actas y de comunicados de La Alameda.

1 de noviembre de 2009
La Cuarta Internacional y la división de Palestina
Cuarta Internacional

El 29 de noviembre de 1947, a dos años de su fundación, la Organización de las Naciones Unidas aprobó su Resolución 181/II, que estableció la partición de Palestina en dos Estados, uno judío y el otro palestino. Así, se consumaba el objetivo que la Organización Mundial Sionista proclamó desde su creación en Basilea, en 1897. Hasta la Primera Guerra Mundial, Palestina había estado bajo control del Imperio Otomano, pero desde 1922 quedó bajo dominio británico por mandato de la Liga de las Naciones. Ese año, el Reino Unido se comprometió a respaldar aquella aspiración de la OMS según los términos de la llamada «declaración de Balfour» (1917). En aquella época, la población judía en Palestina era apenas el 8 por ciento de la población y, desde siempre, palestinos y judíos habían convivido allí pacíficamente. A partir de la década de 1920, la OMS impulsó una inmigración masiva de colonos, amparada por Londres, de modo que al terminar la Segunda Guerra Mundial la población judía era el 30 por ciento del total y poseía entre el 9 y el 12 por ciento de las tierras cultivables, incluidos territorios públicos cedidos por la «potencia mandataria» (el Reino Unido). En 1947, Londres pidió a la ONU que se hiciera cargo de la cuestión palestina y así se llegó a la Resolución 181, impulsada por Estados Unidos y la Unión Soviética. El 14 de mayo de 1948 fue proclamado el Estado de Israel, reconocido inmediatamente por Washington y Moscú. De inmediato, comenzó la guerra. Más de 700 mil palestinos se vieron desplazados en los primeros días por la presión del ejército israelí y la acción de las bandas terroristas del sionismo. La Cuarta Internacional dio a aquellos acontecimientos la debida importancia, de modo que, apenas dictada la Resolución de noviembre de 1947, una conferencia de emergencia aprobó la declaración que se reproduce aquí, publicada por primera vez en la revista Fourth International de noviembre-diciembre de ese año. El voto en las Naciones Unidas no fue más que una formalidad(1) luego de que los «Tres Grandes»(2) alcanzaron un acuerdo, la partición de Palestina era prácticamente un hecho consumado. El imperialismo británico se retira en el cercano Oriente a una segunda línea de defensa, comparable a la que se puso en marcha cuando la India fue dividida. En los dos Estados, judío y árabe, Gran Bretaña conserva la totalidad de sus posiciones económicas y financieras. La Legión Árabe del hipotético Estado árabe, al igual que la Haganá(3), funcionará en estrecho acuerdo con la Oficina de Guerra Británica, al igual que los ejércitos de los hindúes y los musulmanes en la India. Y, como en India, la partición ha demostrado ser la forma más eficaz para desviar,(4) al mismo tiempo, la lucha de las masas árabes y el descontento de la población de trabajadores judíos de una explosión anti-imperialista a una lucha fratricida. Las maniobras del imperialismo británico han sido necesarias por la disminución de sus recursos imperialistas. Esto obligó a los imperialistas a reducir sus «compromisos internacionales», de manera de, al mismo tiempo, ahorrar dólares, tropas y tanques. Esto se presenta bajo un todavía más favorable aspecto en el caso específico de Palestina. El establecimiento de un Estado árabe independiente de Palestina es, en realidad, altamente improbable. Por esta razón, el rey Abdullah de Transjordania(5), el peón número uno de Londres en el mundo árabe, podría muy bien tener éxito en la unificación de Palestina del Este a su actual reino y así lograr la primera etapa hacia la formación del imperio de la Gran Siria, el objetivo final de su dinastía y de la burguesía británica en el cercano Oriente. Londres continuaría gobernando sin que a los contribuyentes británicos les cueste un centavo. Los únicos que sufrirán con esto, por supuesto, serán las masas de la propia Palestina. Para el imperialismo norteamericano, como para la burocracia soviética, aceptar la partición significa por encima de todo la liquidación del mandato británico y la apertura de una lucha por heredar la posición abandonada. El Kremlin da la bienvenida a la apertura de un período de problemas en el cercano Oriente, a través del cual hará su mejor esfuerzo tanto para debilitar las posesiones británicas como para preparar su propia penetración, ya sea bajo la cobertura de una «Comisión Mixta de las Naciones Unidas» o por una «Administración Fiduciaria de los Tres Grandes» sobre Jerusalén. El imperialismo norteamericano se encuentra a sí mismo ubicado en Palestina, como antes en Grecia, ante el problema de buscar un reemplazo para ocupar las posiciones en el frente imperialista cuyo aliado británico se encuentra obligado a abandonar. Luego de que las tropas británicas sean evacuadas, Haganá será la única fuerza militar que posea un equipamiento moderno, una fuerza extranjera al mundo árabe que serviría, si se presentara la ocasión, para combatir una insurrección nativa o a un empuje ruso que amenazara las fuentes del petróleo. No debemos, por tanto, sorprendernos si a partir de ahora los intentos del imperialismo norteamericano, ya sea por el método de financiar o por el de formar una «liga judía», para convertir en influencia predominante el liderazgo de Haganá y para que sea un instrumento de su propia política imperialista en el cercano Oriente. De todos modos, sigue siendo evidente en este momento que el Estado judío, al igual que el movimiento sionista que lo precedió, es considerado por las grandes potencias como una mera estaca en el juego de poder hacia el mundo árabe. Este Estado, lejos de recibir la abierta y permanente «protección» de alguno de estos poderes, nunca dejará de encontrarse a sí mismo en una precaria, incierta posición, y para su gente desde ahora se abrirá un período de privaciones, de terror y de una terrible tensión, lo cual sólo se hará más nítido cuando las fuerzas de emancipación del mundo árabe crezcan. La partición de Palestina y la clara derrota de las posiciones sionistas – incluyendo aquellas más extremistas- en la cara del imperialismo británico, han dado un golpe mortal a todas las teorías impresionistas que florecieron a la luz de las bombas de la Irgum(6). La solidaridad fundamental del movimiento sionista, de la Haganá, e incluso de la Irgum con el imperialismo contra las masas árabes se ha puesto de manifiesto en la forma más clara. El crimen de todo el sionismo aparece claramente en el hecho de que, gracias a su función reaccionaria, los primeros movimientos de las masas árabes en favor de una Palestina unida e independiente, están dirigidas contra la población judía y no directamente contra el imperialismo. Los más reaccionarios dirigentes del Comité Árabe de Palestina, por lo tanto, tienen la oportunidad de volver a dorar su escudo de armas derramando la sangre de los infortunados judíos que son víctimas del engaño sionista. Los líderes sionistas a través del mundo festejaron el establecimiento del Estado miniatura como una gran victoria. Qué error miserable: la trampa que Palestina constituye para los judíos, según las palabras de Trotsky, hoy simplemente se ha cerrado. Sin una inversión radical de la situación mundial y de la tendencia sionista en el movimiento de trabajadores judíos en Palestina, el completo exterminio del pueblo judío, por el estallido de la revolución árabe, será el precio a pagar por el pueblo judío por la triste victoria en Lake Success(7). Y, por una amarga ironía de la historia, el establecimiento de un Estado israelita independiente, lo cual, según los profundos teóricos sionistas, debería socavar definitivamente el antisemitismo en el mundo, ha sido el comienzo de un brote salvaje de pogroms en Adén y un nuevo aumento en el antisemitismo en todo el mundo. La posición de la Cuarta Internacional hacia el problema palestino sigue siendo lisa y simple como en el pasado. Será la vanguardia de la lucha contra la partición, por una Palestina unida, independiente, en la cual las masas, en forma soberana, determinarán su propio destino al elegir a una Asamblea Constituyente. Contra los effendis(8) y los agentes del imperialismo, contra las maniobras de las burguesías de Egipto y Siria, que intentan desviar la lucha por la emancipación de las masas en una lucha contra los israelíes, se lanzarán convocatorias por la revolución agrícola, por la lucha anticapitalista y anti-imperialista, que son las fuerzas motrices esenciales para la revolución árabe. Pero sólo se puede librar esta lucha con la posibilidad de éxito a condición de que asuma su posición, de manera inequívoca, en contra de la partición del país y del establecimiento del Estado judío. Más que nunca es necesario, al mismo tiempo, hacer un llamamiento a los trabajadores de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Australia, a los trabajadores de cada país, a luchar para que las fronteras de sus países estén abiertas sin discriminación alguna a los refugiados, a los desplazados, a todos los judíos que deseen emigrar. Es sólo con la condición de que continuemos esta lucha seriamente, eficazmente y con éxito que podremos explicar a los judíos las razones por las que no deben entrar en la emboscada palestina. La terrible experiencia que espera a las masas judías en el «mini-Estado» permitirá, al mismo tiempo, crear las premisas para que capas más amplias rompan con el sionismo criminal. Si esta ruptura no se hace a tiempo, el «Estado judío» se hundirá en sangre. Notas 1- El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea Plenaria de la ONU votó el plan de partición de Palestina, según había recomendado un informe del Comité Especial para Palestina emitido en agosto de ese año. La resolución disponía la creación de dos Estados, uno «judío» y otro árabe, con Jerusalén bajo administración internacional. La partición tendría efectos a partir del retiro de las fuerzas británicas que ocupaban la región. La creación del Estado de Israel fue aprobada por 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones. Los Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron entre quienes votaron a favor e impulsaron la división de Palestina y la imposición del Estado sionista. 2- Se refiere a los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética, y a sus líderes en ese momento: Harry Truman, Clement Attlee y José Stalin. 3- La Haganá era una fuerza de choque sionista que comenzó a operar en 1909 con el nombre de Hashoner («el guardián»), dedicado a proteger los asentamientos que los invasores habían comenzado a instalar a fines del siglo XIX. Cuando terminaba la década de 1920, la Haganá fue provista de armamento moderno y entrenamiento militar por el Reino Unido. En 1936, la Haganá ya tenía 10 mil efectivos y más de 40 mil reservistas, que luego constituirían la base del ejército israelí. Durante la Gran Revuelta Arabe (1936-1939), la Haganá colaboró activamente con las tropas británicas en la represión al levantamiento popular. Londres retribuyó esa cooperación con apoyo financiero y logístico para la organización de tres grupos terroristas sionistas: la Policía de los Asentamientos Judíos, las Fuerzas Auxiliares Judías y las Escuadras Nocturnas Especiales. Uno de los orientadores militares de la Haganá fue el general británico Orde Charles Wingate. 4- El poderoso movimiento independentista indio había recrudecido al terminar la II Guerra Mundial, reprimido fuertemente por el primer ministro conservador Winston Churchill. Por ejemplo, en 1942, Churchill hizo encarcelar a casi todos los líderes del independentista Partido del Congreso. Sin embargo, al terminar la guerra y en plena decadencia, el Reino Unido encontró que ya no podía sostener esa colonia y, en febrero de 1947, el primer ministro laborista Clement Attlee anunció que su país se retiraría de la India en junio del año siguiente, cosa que finalmente se acordó en una reunión del virrey inglés en la India, lord Mountbatten, con el líder de la Liga Musulmana, Ali Jinnah, y el del Partido del Congreso, Jawaharlal Nehru. En agosto de 1947 se estableció formalmente la Unión India, gobernada por Nehru. En 1949, la India se convirtió en una república federal, integrante de la Commonwealth. Esto es: siguió bajo dominio inglés. 5- Jordania, oficialmente Reino Hachemita de Jordania, se llamó Transjordania hasta 1950. Bajo dominación británica, el territorio jordano había sido partido en distritos. Hasta comienzos de la década de 1920, el emir Abdullah Ibn Husayn Ibn Ali se proponía unir a los árabes de Transjordania con un gobierno Hachemita. En un proceso escandaloso, el Alto Comisionado británico lo sobornó ante los ojos del mundo: le ofreció proclamarlo rey y le ofreció un jugoso subsidio, con lo cual lo puso a su servicio. Desde ese momento, Abdullah hizo de Transjordania un baluarte en defensa de los intereses británicos en Oriente Medio. 6- La Irgum, comandada por el futuro primer ministro Menahem Begin (premio Nobel de la Paz en 1978), y la Stern, dirigida por Isaac Shamir, quien también fue primer ministro, fueron grupos terroristas más brutales que la Haganá, de la cual se habían desprendido. El 9 de abril de 1948, la Irgum, al mando de Begin, cometió una masacre atroz en la aldea Deir Yassin, a poca distancia de Jerusalén. Entraron casa por casa y asesinaron a más de 200 palestinos, mutilados, saqueados, vejados y arrojados en fosas comunes. El delegado de la Cruz Roja para Palestina, Jacques Renier, encontró que la gran mayoría de los asesinados eran mujeres, niños y ancianos. Con esos métodos nacía el Estado de Israel. 7- Se refiere a la sede de la Asamblea de la ONU. Lake Success está en Long Island, Nueva York. 8- Se refiere a los escritos del Shoghi Effendi, un líder místico que defendía el orden mundial surgido de los acuerdos de posguerra.

1 de noviembre de 2009
Marx más allá de Rousseau

Esta afirmación suena hoy en día como una rareza incomprensible, un absurdo para los griegos y un escándalo para los judíos, un absurdo y un escándalo no solamente para todos los contrarrevolucionarios, también para los liberales y los demócratas de izquierda. Cuando el soviético Reissner la pronunció por primera vez durante los años tumultuosos que siguieron a la Revolución de Octubre, estaba en completa armonía con el llamado liberador del primer victorioso "asalto al paraíso". Anunciaba la extinción de la ley, el derecho y del Estado junto con la relación dinero-mercancía, en la transición – a través de una revolución socialista mundial- a la sociedad sin clases sociales, al comunismo a nivel mundial. La posición de Reissner coincidía con la crítica de la ley y del pensamiento legal elaborada por Yevgenyi Pashukanis en los inicios de la Rusia soviética, antes de ser incluído en la lista de los "traidores" que serían purgados por Vishinsky, su heredero como jefe de la comunidad legal soviética, un viejo menchevique convertido en el Gran Inquisidor del estalinismo y fiscal general en los infames juicios de Moscú. El derecho es el opio de los pueblos. Reisnner, parafraseando a Marx en su Introducción de 1844 y siguiéndolo en el sendero abierto por El Capital en 1867 para dilucidar el enigma de la categoría mercancía como un "jeroglífico social", trata también de explorar el acertijo de la ley tratando de encontrar una analogía en "las regiones cubiertas de niebla del mundo religioso" (2) , en el universo de los fetiches donde mercancía y ley se interconectan. Cada analogía tiene sus propios límites. Si la ley tiene una función fetichista y un efecto narcótico similar a la religión, esto no significa que la ley y el derecho posean también los otros aspectos que Marx descubre en la religión antes de llegar a su famoso dictum acerca del "opio de los pueblos". La ley, con seguridad, no es "el corazón de un mundo sin corazón" ni el derecho es "el espíritu en una era sin espíritu" (3) . La ley, por el contrario, fortifica y custodia el vacío que un mundo de explotación tiene en el lugar del corazón, mientras que el derecho se cierne sobre él, como un espíritu de venganza, santificando el crimen social permanente de extraer la plusvalía de los productores directos. Bajo el capitalismo, se transforma en el (no) espíritu en una era donde "todo lo sagrado es profanado" (4) , santificando la profanación de todas las relaciones humanas en el templo de la acumulación del capital. Respetando todas las analogías, sin embargo, el derecho es el opio de los pueblos. Si esas concepciones de la ley y el derecho parecen hoy en día un sacrilegio, es primero de todo porque están sepultadas bajo las ruinas de la Unión Soviética y del "socialismo real". Pero incluso antes de este suceso, fueron sepultados vivos hace décadas, junto con Pashukanis y el impulso del primer período revolucionario. Después de 1991, cualquier comentario acerca de una extinción del derecho y la ley aparece como un anacronismo; lo que re-emerge, en el caótico mundo posterior a la Guerra Fría, es una "ley natural, sin naturaleza", para utilizar la expresión de Ernst Bloch (5) . Las fuerzas más diversas, contradictorias y mutuamente conflictivas, cada una a su propia manera, tienden hacia esa desnaturalizada "ley natural". Aparte de la grotesca contraposición entre un "Estados Unidos hobbesiano" y una "Europa kantiana" (6) , la evocación ritualista de "los derechos humanos universales" se transforma en la ideología de todas las guerras imperialistas en una serie imparable, desde Yugoslavia hasta Afganistán e Irak. La "ley natural" es brutalmente maltratada, vaciada, no solamente de sus fundamentos ontológicos en la naturaleza sino también de todo contenido histórico implícito en todas las versiones del derecho natural, incluida la de Hobbes. Es una ley natural que evoca más su opuesto: "la ley antinatural" de Carl Schmitt. No es casual que la recepción del teórico de la "teología política" y del "estado de emergencia", el reconocido Gran Inquisidor de la contrarrevolución y el nazismo, se haya vuelto cada vez más entusiasta, tanto por parte de la derecha como de la "izquierda" del espectro político, durante el período posterior a la Guerra Fría, particularmente luego del 11 de septiembre, con la declaración oficial de las potencias de un ficticio "permanente estado de emergencia" en nombre de la "guerra al terror". Del lado opuesto, entre todos aquellos preocupados por los dramáticos acontecimientos, todos aquellos que resisten, radicalizados bajo las nuevas condiciones o que buscan nuevos senderos de emancipación, el peso de la irrevocable bancarrota del estalinismo y de sus despóticos regímenes burocráticos, así como el acotamiento de las libertades civiles en nombre de una "democracia antiterrorista", los conduce a una revalorización del legado del derecho natural y de su expresión más radical en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el ciudadano rousseauniana. Luego de la caída del muro de Berlín, Etienne Balibar introduce el concepto de égaliberté, de la completa identificación entre libertad e igualdad que, de acuerdo con él, es inmanente a la Declaración (7) . La Declaración en sí misma es considerada por Balibar no como una continuidad del derecho natural, incluso en la forma radicalizada dada por Rousseau, sino como una manifestación de sus crisis y una superación. Pero en su propia demanda de derecho, a pesar de las distancias que toma de la matrix histórica de la ley natural, a pesar de su rechazo explícito de todo esencialismo (essentialism), y referencia a la naturaleza, el núcleo central de la ley natural reaparece, y no solamente en la defensa de los principios del documento base de la Revolución Francesa. La problemática referencia a una ciudadanía sobredeterminada por la diferencia antropológica (8) , especialmente la llamada "diferencia de género", como la nombra Balibar, que nos trae de regreso el espectro de una ley natural sin naturaleza, esta vez en nombre de una ruptura con el esencialismo, el cual sin embargo regresa bajo un disfraz antropológico, con una concepción de "diferencia de género" completamente esencialista-fisicalista (essen- tialist-physicalist) en última instancia. La problemática de la egaliberté, la cual, por supuesto, necesita su propio análisis crítico detallado, es emblemática de un viraje más general luego de 1989, particularmente entre los marxistas que vieron desplomarse las certezas establecidas durante décadas. Con la transformación de las libertades, tradicionalmente consideradas "formales" y "burguesas" en el desafío fundamental en las luchas sociales, la extinción de la ley, el derecho e inevitablemente del Estado en sí mismo, se cancela. El concepto de derecho como el opio de los pueblos desaparece incluso como recuerdo, mientras prevalece el concepto de ley como garante del individuo en una sociedad democrática emancipada. En el ambiente social predominantemente ideológico, se abandona el concepto de la dictadura revolucionaria del proletariado, salvajemente traumatizado por la tiranía estalinista; el concepto de un Estado que se disuelve durante la transición en una sociedad comunista sin clases, sin Estado, derecho o ley. Es reemplazado por la visión de una radical "democracia por venir" (Derrida) identificada con la emancipación social. ¿Luego de Marx, el comunista, regresa nuevamente Rousseau, el demócrata radical? ¿Un Rousseau sin y contra Marx? Quizás, alguien podría preguntar ¿por qué no un Marx con Rousseau? Puede ser que tengamos que mirar más allá del horizonte de Rousseau, sin cesar de ver siempre enfrente nuestro, junto al Angel de la Historia de Benjamín, el cúmulo de ruinas producto de las catástrofes continuas, buscar para encontrar el punto donde la catástrofe histórica se encuentra con la Arcadia revolucionaria rousseaunista, un Marx más allá de Rousseau. Los espectros de Marx y Rousseau se han encontrado muchas veces, cara a cara, hace mucho, antes de los colapsos en el Este, anticipando los futuros acontecimientos. Entre los pensadores que forman una constelación alrededor del acontecimiento revolucionario de Mayo de 1968, Michel Foucault, el pensador del poder por excelencia, había advertido a los marxistas acerca de las consecuencias desastrosas que una "rousseaurización" de Marx tiene en la confrontación con el Estado y el poder, la cuestión central de la revolución social. En su conferencia sobre "Las redes del poder" en la Universidad de Bahía, Brasil, en 1976 (9) , Foucault remonta su abordaje a la cuestión del poder al análisis que hace Marx en El Capital, volumen II. Ambos distinguen las relaciones de poder y el Estado, viendo a las primeras emerger y desarrollarse en sociedad, mientras que el Estado es secundario, en contraposición a la moderna teoría burguesa del Estado, de Grotius a Rousseau, que ve a la sociedad estructurada como un cuerpo por un punto central de soberanía y relaciones de poder, que emanan en orden descendente del Estado (10) . El marxismo "oficial", particularmente tal cual fue codificado por el discurso Partido-Estado de los partidos comunistas estalinistas, funde poder y Estado, subordinando toda la red de diferentes y multiformes relaciones sociales de poder a la superestructura legal-Estado. "Si analizamos el poder dando una posición privilegiada al aparato estatal", dice Foucault, "si analizamos el poder considerándolo como un mecanismo de conservación, si consideramos el poder como una superestructura legal, entonces no hacemos nada más que repetir el argumento clásico del pensamiento burgués que considera el poder como un hecho esencialmente legal." Y concluye: "Dar una posición privilegiada al aparato del Estado, a la función de conservación, a la superestructura legal significa, finalmente rousseau-rizar (rousseauizer) a Marx. Significa re-inscribirlo en la teoría burguesa y legal del poder". (11) Previamente, en relación con Rousseau, ha subrayado lo siguiente: "Rousseau, cuando elaboró la teoría del Estado, trató de demostrar cómo el Soberano es generado, un Soberano colectivo, un Soberano como cuerpo social, o mejor, un cuerpo social como Soberano, comenzando por la cesión de los derechos individuales, su alienación y la formulación de leyes de prohibición que todo individuo debe reconocer, porque es el individuo en sí mismo que ha impuesto la ley en cuanto es miembro del Soberano, en cuanto él mismo es el Soberano (…) el Occidente nunca tuvo ningún otro sistema de representación, formulación y análisis del poder que este del Derecho, del sistema de ley (…) Creo que ahora debemos terminar con esa concepción legal del poder, con esa concepción del poder que comienza con la ley y el soberano, con la autoridad y la prohibición (rule/interdiction), si queremos avanzar en un análisis no de la representación sino de la función real del poder". (12) En otras palabras: "Rousseaunizar a Marx significa integrarlo en la teoría democrático burguesa de la soberanía y del poder, si bien en su forma radical, significa obscurecer la función real del poder y su relación real con el Estado; en consecuencia, significa desorientar completamente la praxis revolucionaria en relación con las tareas políticas estratégicas de emancipación y la perspectiva de Marx de una eliminación final de cualquier forma de Estado y poder. La "rousseaunización" de Marx fue inaugurada, como hace notar Foulcaut, "dentro de la social democracia europea a fines del siglo XIX, cuando el problema era, precisamente, encontrar cómo hacer que Marx funcionara dentro del sistema legal, que no era otro que el de la burguesía". (13) No es casual entonces que, cuando se produce el enfrentamiento entre la socialdemocracia y el bolchevismo y estalla la Revolución de Octubre, el pope de la "ortodoxia marxista" en la Segunda Internacional, Karl Kautsky, lidere la ofensiva con su libro Terrorismoy Comunismo, poniendo en el centro del conflicto ideológico la cuestión de la relación entre marxismo y el legado del derecho natural y la Declaración rosseauniana. La respuesta en nombre de la recientemente nacida Internacional Comunista fue dada por León Trotsky, quien escribió un libro con el mismo título en 1920. La devastadora contraofensiva de Trotsky contra la que denominó "metafísica de la democracia reformista" convirtió Terrorismo y Comunismo en un escándalo desde entonces hasta nuestros días, de "intervenciones en nombre de los derechos humanos" y "exportación de la democracia" por parte del imperialismo pero, también, de un "materialismo democrático" predominante en la izquierda, citando la aguda crítica de Alain Badious. En contra de todos los políticamente correctos exponentes de la izquierda democratizante, Slavoj Zizek es uno de los pocos que audazmente enfatizó la actualidad del libro de Trotsky. (14) Durante los años '30, con el estalinismo dominando la URRS y la Tercera Internacional, con la imposición de los puntos de vista legales de Vishinsky y el giro internacional de los partidos comunistas hacia la política de "frentes populares" en defensa de la democracia burguesa, se completó la eliminación de cualquier línea demarcatoria entre el discurso oficial marxista y la concepción burguesa-legal del poder y el Estado. Existe, por supuesto, dentro de este giro político, una brecha insalvable y una tensión creciente entre, de un lado, las concepciones de Vishinky y especialmente las purgas masivas en la URSS y, del otro lado, la posición tomada internacionalmente hacia la democracia burguesa, sus libertades y el reconocimiento parcial del pequeño burgués, de acuerdo con Vishinsky, Rousseau. Esta contradicción explotará durante la crisis del estalinismo de post guerra, sobre todo luego de 1956 y en los años '60, culminando luego del colapso de 1989-91. Foulcault no ha ocultado que fue el estalinismo como "una patología del poder" (15) , como la llamó, pero también el "estalinismo post- estalinista" luego de 1956 (16) – expresión suya también- , que lo llevó a reexaminar las relaciones de poder. Su insistencia en que "rousseaunizar" a Marx significaba su inclusión en el sistema legal burgués abre un camino en la lucha para liberar a Marx de su encarcelamiento letal en la teoría burguesa del Estado. Pero, simultáneamente, mediante este gesto se plantea el pedido de otro programa de investigación y acción, de resistencia y emancipación: liberarse de la concepción legal del poder, de este opio de los pueblos, liberarse de la representación burguesa del poder y de la falacia de la democracia radical burguesa: ¡de-rousseaunicemos a Marx, vamos a de-rousseaunizar a Marx! Una dirección totalmente opuesta, luego de los dramáticos acontecimientos de 1956, fue seguida por el partido comunista más grande del mundo capitalista, el Partido Comunista de Italia, abriendo el camino a lo que luego sería llamado "eurocomunismo". El fundamento filosófico del giro se basa en el libro Rousseau e Marx, de Galvano della Volpe, publicado en 1957, cuatro meses después del VIII Congreso del PCI, que bajo el liderarazgo de Palmiro Togliatti, en el espíritu del XX Congreso del PCUS, inauguró el pacífico y parlamentario "camino italiano al socialismo". Della Volpe claramente establece cuál es el desafío teórico-político que enfrenta: "Hoy en día, más que nunca antes es necesaria una nueva reflexión sobre las relaciones entre socialismo y libertad (y democracia) para orientarnos sin ambigüedades en los caminos nacionales hacia el socialismo que la realidad (la existencia de un sistema socialista mundial y consecuentemente la posibilidad de una competencia pacífica con el mundo capitalista) nos pide. (17) Y más adelante el filósofo italiano plantea como el primer criterio "dialéctico-histórico" de esta nueva reflexión lo siguiente: primero, la cara dual, las "dos almas" de la libertad y de la democracia moderna. La libertad civil (libertá civile) que es establecida por la democracia parlamentaria y teorizada por Locke, Montesquieu, Humbolt, Kant, Constant; y la libertad igualitaria (libertá igualitaria) que es establecida por la democracia socialista y teorizada explícitamente por Rousseau e implícitamente por Marx, Engels y Lenin. (18) Al distinguir los "dos aspectos de la democracia moderna" y contraponer al liberalismo de Locke y Kant la democracia "igualitaria" de Rousseau, Della Volpe extiende esta última democracia has el comunismo de Marx. La "libertad igualitaria" (que suena como la égaliberté de Balibar, si bien ésta se basa "experimentalmente" en la experiencia histórica, en las condiciones históricas ordinarias de posibilidad de existencia y extensión de la libertad y la igualdad, (19) mientras Della Volpe la integra en una de las dos tendencias institucionales-teóricas de la democracia moderna) ha sido definida explícitamente, de acuerdo con el filósofo italiano, inicialmente por Rousseau y está basada en el concepto de reconocimiento social del "mérito personal". Se presenta a la "democracia moderna" sin ninguna división en clases, mientras que entre la burguesía y la democracia de los trabajadores socialistas la mediación es la democrática "segunda alma" de la libertad de Rousseau, que "expresa un imperativo universal: significa el derecho de cada ser humano al reconocimiento social de su capacidad personal" (20) . Esta "libertad igualitaria no-niveladora" de la democracia de Rousseau, como la concibe Della Volpe, está conectada con el socialismo porque, en los términos de La crítica del Programa de Gotha, la ley burguesa todavía permanece durante la primera fase del comunismo, o en los términos del XX y XXII congresos del PCUS, gobierna la "legalidad socialista soviética". Desde esta "posición ventajosa" la problemática del socialismo científico es la continuación y el desarrollo – en otro nivel histórico e ideal- de la problemática igualitaria democrática moderna" (21) . En otras palabras, la misma línea se continúa y desarrolla hasta un punto desde dónde continúa hacia delante en otro nivel histórico y teórico. El único "salto" que el filósofo italiano ve consiste en un cambio de método: el reemplazo del "método de Rousseau, exhausto, burgués espiritualista o racionalista-voluntarista-abstracto y moralista, humanista (y consecuentemente interclasista)" por el "método materialista histórico de luchas de clases de Marx, Engels y Lenin" (22) . Pero tal "cambio", que es fundamentalmente un "cambio de método" en la misma continuidad hacia el mismo final, y la misma causa finalis aristotélica de igualdad igualitaria, permanece "espiritualista, moralista, humanista e interclasista": ignora la interrupción revolucionaria de la continuidad, en el nivel material-histórico de la lucha de clases, con el Estado y la ley, la ruptura radical entre la democracia burguesa radical y la dictadura del proletariado. Como una consecuencia lógica, Della Volpe considera "obsoleta" la posición de Lenin de "destruir el Estado (burgués)" (23) y espera ansiosamente una política renovada de cambios graduales, un nuevo "gradualismo" (24) . Saluda el hecho de que en el programa de 1961, el PCUS abandone la dictadura del proletariado sustituyéndola con el llamado "Estado de todo el pueblo" y esperando, de acuerdo con la perspectiva de Khrushchev, completar la transición al comunismo en un solo país, la Unión Soviética en los próximos de 20 años, por ejemplo en los años '80 (25) . Todos sabemos ahora lo que sucedió en los años '80 y cómo el PCUS y las predicciones de Della Volpe fueron "reivindicadas". Della Volpe, en los anexos escritos posteriormente a Rousseau y Marx, no solamente continuó elogiando la Constitución soviética estalinista de 1936 sino también la "legalidad socialista"; además, encontró allí la superación de la distinción entre los "dos aspectos de la democracia moderna", del liberalismo y de la democracia de Rousseau: "la síntesis histórica de Rousseau y Kant (la libertad como función de la igualdad y viceversa) que ha producido el marxismo”. (26) Entonces la "rousseaunización", finalmente, no trajo una democratización al "socialismo real" sino una nueva defensa del estalinismo existente real, un pretexto para la apertura a las relaciones mercancía-dinero, en nombre de una introducción de incentivos por "mérito personal" y "una igualdad no niveladora para los ciudadanos del Estado de todo el pueblo – procesos que luego de muchos zigzags llevaron al callejón sin salida de la parálisis breznevita y a la ciega aventura de la perestroika, hacia el mercado y la restauración capitalista. La "rousseaunización" en el propio PCI no renovó la perspectiva del socialismo sino que aceleró el deslizamiento del ala derecha hacia la social democracia y el liberalismo, el desastroso "compromiso histórico" con la democracia cristiana y finalmente, en 1989, a la liquidación y a una mutación monstruosa. El hecho de que este fenómeno no se haya restringido a Italia o específicamente a la corriente filosófica de Della Volpe, sino que haya sido un desarrollo internacional, especialmente europeo, se comprueba por sus recurrentes reapariciones en diferentes formas y tiempos de desarrollo en toda la izquierda, sus partidos y sus intelectuales. Es interesante, desde esta perspectiva, reconsiderar el famoso "debate sobre el humanismo" que surgió a mediados de los años '60 en el PCF alrededor de la obra de Louis Althusser, la Resolución de 1966 del comité central en Argenteuil, la respuesta de Althusser, etc. Un aspecto característico de este conflicto contra los filósofos oficiales del partido que pujaban en la misma dirección ya tomada con anterioridad por el PCI aparece indirectamente en las conferencias dadas por Althusser, en el mismo período 1965/66 en la Escuela Normal Superior sobre el Contrato Social de Rousseau. Entre líneas podemos advertir que Althusser responde a sus oponentes cuando demuestra el aporías del Contrato Social de Rousseau, la serie de discrepancias (décalages) que Rousseau realiza para superarlas mediante su continuo desplazamiento hasta el callejón sin salida final, lo cual lo lleva a la ideología y a la utopía de una regresión económica a la posición de pequeños productores. (27) Cuando llegó la hora del Mayo Francés y del "otoño caliente" italiano, la "rousseau-nización" y el "humanismo" francés, a pesar de todas sus particularidades como variaciones del estalinismo post-estalinista, se encontraron del otro lado de las barricadas, con los acuerdos de Grenelle o con el "compromiso histórico" y la colaboración de clases con el Estado burgués y la ley durante los "años de plomo". La dirección opuesta trazada por Foucault en el estudio del poder, el giro hacia la primacía de lo extra-jurídico, escandalizando a todas las "ortodoxias" a pesar de todos los legítimos desacuerdos históricos, filosóficos, ideológicos sobre distintos aspectos de la contradictoria, multidimensional y polifónica obra foucaultiana – sobre la cual hemos s expresado nuestras propias discrepancias en otras oportunidades (28) – es una dirección que converge con la marxista. Un Marx sin una ruptura con la teoría burguesa del Estado y la ley, con la teoría legal del poder, sin una ruptura incluso con sus formas más radicales; en otras palabras, un Marx sin una ruptura con Rousseau, no es más que una ficción ideológica de la izquierda democratizante, para usar la palabra en el sentido que le dan los revolucionarios de América Latina. No solamente en su temprana Zur Judenfrage (Sobre la cuestión judía) y su bien conocida crítica a la Declaración de 1789, sino a través de todo su recorrido desde La ideología alemana a los Grundrisse, El Capital o La crítica del Programa de Gotha, Marx continúa y agudiza su crítica, profundiza la ruptura. La disociación de Marx de la concepción de Rousseau de la volonté générale como fuente de derecho se torna clara como el agua en La ideología alemana: "Si se toma el poder como base del derecho, como hacen Hobbes y otros, entonces el derecho, la ley, etc., son simplemente el síntoma, la expresión de otras relaciones sobre las cuales descansa el poder del Estado. La vida material de los individuos que de ninguna forma depende simplemente de su 'voluntad', su modo de producción y forma de intercambio, las cuales se determinan mutuamente ésta es la verdadera base del Estado y permanece de esta forma en todas las etapas en las cuales la división del trabajo y la propiedad privada son todavía necesarias, completamente independientes de la voluntad de los individuos. Estas relaciones de ninguna manera son creadas por el poder estatal; al contrario, ellas son el poder”. (29) Primera observación. Marx aquí parece estar más cerca de Hobbes que de Rousseau, algo ya señalado por Ernst Bloch. (30) Segunda observación, y más importante. El modo de producción, el concepto fundamental del materialismo histórico que se discute aquí, es concebido por Marx en toda su profundad histórica natural, lo que es generalmente ignorado por la mayoría de los marxistas: "Este no debe ser considerado simplemente como la reproducción de la existencia física de los individuos (die reproduktion der physichen existenz der individuen). Es, más bien, una forma definida de actividad de esos individuos, una forma definida de expresar su vida, un modo de vida definido (lebenswise) por ellos. De acuerdo a cómo los individuos expresan su vida, así son ( wie die individuen ihr leben aubern, so sind sie ). (31) El poder (die macht) creando el poder estatal (staatsmacht) de acuerdo con Marx, son esas "relaciones reales" por las cuales se estructura y a través de las cuales se expresa un modo definido de vida (lebensweise). Un síntoma clínico de esas relaciones y una expresión de expresión, una expresión en segundo grado de la forma de expresión de la vida de los individuos definidas históricamente, son el derecho (recht) y la ley (gesetz). Esta expresión sobre el segundo grado de la base productiva, de la Lebensweise, "las expresiones idealizadas de esta base (como) se desarrollan en las relaciones jurídicas, políticas y sociales, son simplemente esta base a un poder superior. (32) No es una superestructura estática que inmutablemente se apoya en los fundamentos de una construcción inmutable, sino un momento relativamente autónomo de una dialéctica; por ejemplo, de un proceso contradictorio de auto-reflejo del modo de producción. Solamente a través de esta visión dialéctica podemos entender lo que El Capital, vol. III revela: "El secreto más profundo, las bases ocultas de toda la estructura social" por ejemplo "la forma económica específica, en la cual la plusvalía no pagada es extraída de los productores directos" y que "determina la relación entre explotadores y explotados, como deriva directamente de la propia producción y, a su vez, reacción sobre ella como un elemento determinante". (33) Existe interconexión e interprenetración entre las relaciones de producción y las relaciones de dominio, con la forma específica de la extracción de la plusvalía constituyendo el elemento determinante, en última instancia. Las relaciones de poder no trascienden más allá de la producción sino que se sumergen (plunge) en la imanencia de la vida material, en la mundanería (wordliness) del "poder creando poder estatal". Como está señalado en los Grundrisse, "en las profundidades se mueven procesos completamente diferentes, en los cuales esta aparentes igualdad y libertad individuales desaparecen (34) . Aquí, en el infierno de la producción capitalista, todo lo que está en la superficie de la circulación se hunde. Todo lo que hace al mercado mostrarse como la apariencia de un mítico Edén de los derechos innatos del hombre" (35) . La igualdad y la libertad en el capitalismo se basan en la producción generalizada de mercancías: "El intercambio de los valores de cambio es la base productiva real de toda igualdad y libertad". (36) El intercambio de equivalentes es "la forma económica" que "postula la igualdad total de sus sujetos", mientras "el contenido, el individuo, así como el material objetivo que lo dirige hacia el intercambio, es la 'libertad'. La igualdad y la libertad sobre una base capitalista es 'simplemente esta base a una potencia superior', 'una expresión ideal (…) que en realidad es solamente la proyección invertida (lichtbild) de esta realidad". (37) Pero no solamente la libertad o la igualdad están postuladas como una proyección invertida en el intercambio de valores de cambio entre los propietarios de mercancías. El Yo también emerge como un espectro a través de la relación especular de los individuos que intercambian: "Desde el acto de intercambio en sí mismo, el individuo, cada uno de ellos, se refleja en sí mismo como su sujeto exclusivo y dominante (determinante). Con esto, entonces, la completa libertad del individuo es postulada: transacción voluntaria; ninguna fuerza en ninguno de los lados, postulado del yo como medio, o sirviendo solamente como medio, a fin de postularlo como fin en sí mismo, como dominante y primario (ubergreifend) (38) . La emergencia del Yo como Lichbild, una proyección de espejo invertido en el acto de intercambio y de identificación de equivalentes – el paralelo aquí con el análisis de Lacan de la génesis y la distinción entre Sujeto del inconsciente y Ego inducido por el espejo es impresionante- no es otro que "el momento jurídico de la Persona" que entre en la escena del drama acompañada por la "libertad" (39) . La abstracción legal aparece como una proyección invertida de la realidad capitalista, de un "mundo invertido” (verkehrte welt), como lo llama Marx en El Capital. Está claro que la conexión entre el fetichismo legal y la función fetichista de las relaciones entre mercancía y dinero adelantadas por Pashukanis coincide con todo el análisis marxista del fetichismo de la mercancía, el dinero y el capital. La expresión legal de la expresión capital, la duplicación reflejada en un mundo invertido, duplica el fetichismo de la mercancía en fetichismo legal. En un sentido similar al de Pashukanis, Trotsky, en La revolución traicionada, habla del fetiche-dinero y del fetiche-Estado en el período post-revolucionario", los que se reducen en última instancia al problema de todos los problemas: la productividad del trabajo. La compulsión del Estado y la compulsión del dinero pertenecen al legado de la sociedad dividida en clases, que no puede regular las relaciones entre los seres humanos sin la ayuda de fetiches religiosos o seculares bajo la protección del más terrible de todos los fetiches, que lleva un gran cuchillo entre sus dientes: el Estado. En la sociedad comunista, el Estado y el dinero desaparecerán. Su extinción progresiva deberá comenzar en el régimen socialista". (40) La transición al comunismo coincide siempre con la caída de todos los ídolos. "El fetichismo de las mercancías tiene su origen", escribe Marx en El Capital, vol. I, "en el peculiar carácter social del trabajo que las produce". (41) En otras palabras, en el doble carácter del trabajo, en su división interna entre trabajo concreto y abstracto, el dominio del segundo sobre el primero, la inclusión del trabajo vivo a la forma de valor, al capital como relación social. La relación de capital es imposible sin una brecha entre la posibilidad (moglichkeit) y la realidad (wirklichkeit) del trabajo vivo, sin la división entre trabajo y fuerza de trabajo y su simultáneo disimulo mediante la relación fetichista dinero-salario. Como señala Marx, "la importancia decisiva de la transformación de valor y precio de la fuerza de trabajo-poder en la forma de salarios, o en el valor y precio del trabajo en sí. Esta forma fenoménica (phenomenal) que torna la relación invisible y, en realidad, muestra el opuesto directo de esa relación, forma la base de todas las nociones jurídicas del trabajador y del capitalista, de toda las mistificaciones del modo capitalista de producción, de todas sus ilusiones respecto a la libertad, de todos los virajes apologéticos de los economistas vulgares". (42) La libertad y la igualdad en la modernidad capitalista tienen sus bases, para el modo de producción capitalista, en el específico carácter social del trabajo. Son diferentes de la libertad y la igualdad en la antigüedad, pero no por el hecho de que "la ciudadanía en el mundo antiguo estaba subordinada a diferencias antropológicas" y "no sobre-determinadas" por ellas, como sostiene Balibar en su racionalización sobre la égaliberté. (43) La diferencia, como se demuestra claramente en los Grundrisse, consiste en las diferentes bases históricas materiales: la libertad y la igualdad en la antigüedad tenían como base la fuerza de trabajo directa, en la Edad Media, al trabajo como "privilegio" y en el capitalismo el trabajo asalariado libre. (44) Pero la libertad, la igualdad, el fetichismo de la ley y del Estado no son determinados por la base histórica material del trabajo en forma automática ni lineal sino mediante contradicciones, antes que nada a través de las contradicciones sociales y los conflictos, a través de la lucha de clases. La resistencia es lo primario. Este enunciado del obrerismo italiano formulado por Tronti y revivido por Foucault puede sustentarse en fundamentos más sólidos, si se lo aborda desde la posición ventajosa de la primacía del trabajo vivo (45) respecto de la dominación del trabajo muerto; por ejemplo, el capital como vampiro. Hablando de internamiento (internment) y capitalismo, en su curso La sociedad punitiva en el College de France, en 1972-73, Michel Foucault dijo: "Si es verdad que una estructura económica determinada por la acumulación de capital tiene la propiedad de transformar la fuerza de trabajo de los individuos en una fuerza productiva, entonces la estructura de poder del internamiento que toma como objetivo transformar, en una etapa anterior, el tiempo de vida en fuerza de trabajo". (46) La producción de disposición para la producción de plusvalía pasa por el establecimiento de relaciones de poder específicas con prácticas de "subordinación del tiempo de existencia de los seres humanos al sistema temporal del ciclo de producción, una producción que tiene su ley de movimiento, precisamente la ley del valor, el tiempo de trabajo socialmente necesario como principio regulador del intercambio. La subordinación del tiempo de existencia coincide con la fijación en el espacio de la movilidad del estrato desposeído y proletarizado, la represión de la delincuencia, disciplina, vigilancia, castigo, control, formación de un material humano adecuado para la explotación capitalista. Esos son los redes que median entre la separación de los productores directos de las condiciones de producción y de la extracción del excedente en la forma social específica de plusvalor". (47) Entonces, podemos ver que las relaciones de poder no se restringen a la reproducción del modo de producción, su conservación, su legitimación, sino que guardando siempre una relativa autonomía, emergen como elementos estructurantes de las relaciones productivas, como "poder creando el poder del Estado" en la extra-juridique subterránea. No son impuestas desde adentro ni desde abajo sino mediante las contradicciones que estructuran una formación económico-social específica. La dinámica generada por la contradicción entre las demandas de la acumulación de capital y las necesidades de las funciones vitales de las poblaciones proletarizadas les dan al poder burgués un carácter que estaba ausente (más precisamente, era el opuesto) en los poderes pre-modernos: se transforma en un bio-poder que desarrolla, especialmente en el contexto del liberalismo, bio-políticas para adaptar las presiones de la población a los requerimientos de la acumulación de capital. ( 48) Las redes de relaciones de poder, los "micro-poderes", en su desarrollo encuentran o presuponen en cada punto resistencias. Aparecen focos de conflicto móviles que permanecen incomprensibles, como correctamente, subraya Stéphane Legrand, si no se ven en su relación con la lucha de clases. (49) Por el otro lado, las "mallas" del plexus del poder tienen que "angostarse", como dice Foulcault, (50) para cerrar las vías de escape y de reagrupamiento de las fuerzas de resistencia, para desarrollar tecnologías de poder, estrategias, centros estratégicos. Es de esa manera que la moderna maquinaria de guerra de la clase dominante emerge para imponer su voluntad por encima de todas las otras clases y sobre todo al proletariado: el monstruoso Gran Idolo con el cuchillo entre los dientes es erigido, el Estado con su violencia mítica, como lo denomina Walter Benjamín, (51) la violencia que impone la ley y la violencia que preserva la ley . El Estado burgués moderno y el bio-poder plantean a las fuerzas de resistencia adversarias, la necesidad de una estrategia revolucionaria. Sin la "codificación" ("coding") de los puntos de resistencia no hay estrategia revolucionaria de emancipación ni revolución social, sino únicamente su dilución en un movimientismo reformista militante. Contra la violencia mítica emerge la necesidad de la violencia divina, en los términos de Benjamín, de los oprimidos, de las víctimas rebeldes de la explotación. La canción de caira y la danza de Carmagnole no han cesado de ser cantadas y bailadas desde la Revolución Francesa. Por lo tanto, lo que queda es simplemente repetir la advertencia presente en los Gnmdrisse contra "la tontería de esos socialistas, es decir los franceses, a quienes les gusta describir el socialismo como la realización de los ideales de la sociedad burguesa articulados por la Revolución Francesa" (52) . La pobreza de la filosofía de los derechos humanos y del "materialismo democrático" después de 1989, reivindica nuevamente la advertencia de Marx. ¿Significa esto que buscamos un Marx sin Rousseau? Diríamos que buscamos, más precisamente, un Marx sin la "rousseaunización", los daños que Foucault correctamente ha denunciado. Las consecuencias desastrosas de tal amalgama y de tal reinscripción de Marx en la moderna teoría legal burguesa del poder no puede ser pasada por alto: la subordinación a la democracia burguesa en la época de su declinación, el no el reconocimiento del poder del capital moderno, como bio-poder con la implicación adicional de la repetición de sus rasgos en nombre el socialismo no solamente por la social democracia escandinava "socialmente sensible", sino también por el estalinismo en la Unión Soviética y China, el amalgamiento del poder estatal con todas las otras relaciones de poder con el resultado de su conservación y esclerosis en el período post-revolucionario, particularmente en las condiciones de aislamiento de la revolución en un solo país. Los bolcheviques, luego de la Revolución de Octubre, apenas llegaron a tocar el candente problema antes de que la burocracia se volviera todopoderosa, como se muestra por el peso colosal de los Problemas de la vida cotidiana (53) , que Trotsky visualizó en la todavía joven Rusia soviética, pero también por el concepto de una Revolución Cultural introducida posteriormente por Lenin (54) y en la concepción de una revolución permanente dentro de la revolución hasta la victoria mundial del comunismo que siempre defendió Trotsky. (55) Lo que se necesita no es un aislamiento de evento-Rousseau del evento-Marx ni el aprisionamiento del segundo en el primero, sino un Marx más allá de Rousseau que asuma el excedente no completado que existe en realidad en el legado de Rousseau, como Ernst Bloch lo ha demostrado en forma clara y apasionada en su obra Derecho natural y dignidad humana, luego de su exilio forzado de Alemania Oriental. No es necesario volver a la vieja confusión y la ecuación corrupta de hombre y ciudadano, en la búsqueda de la égaliberté. Holderlin, mucho antes que Marx, había visto la terrible brecha que los separaba y su Hyperion será, como dice Bloch en el purificador Réquiem del ciudadano muerto. (56) Pero como el filósofo marxista del Principio de la esperanzanuevamente señala, Rousseau y la ley natural en su florecer (blooming) no solamente diseminaron ilusiones, sino que también anticiparon: si del ciudadano surge el burgués, el burgués será juzgado por el ciudadano. (57) Sólo que esta vez el ciudadano será llamado camarada y no será drogado por la ley ningún otro opio de los pueblos. Su imperativo categórico es "derrotar todas las condiciones por las cuales el hombre es transformado en un sujeto degradado, esclavizado, abandonado y despreciado (58) . La única ley que él o ella reconocen es la "ley del futuro" que fue anunciada por "la voz rebelde" (59) de la proto-feminista proletaria Claire Demard: "La ley de la libertad y la emancipación contra la ley de la sangre y el poder parental" (60) . Más precisamente, él y ella luchan por la extinción de todo derecho, porque el derecho es siempre el derecho de la desigualdad, por la extinción de la ley y el Estado en una sociedad comunista. Como dice la Crítica al programa de Gotha, él y ella no reconocen simplemente que "cuando el trabajo se desarrolla socialmente y en consecuencia se convierte en una fuente de riqueza y cultura, la pobreza y la indigencia se desarrollan entre los trabajadores y la riqueza y la cultura entre los no trabajadores", pero también que "ésta es la ley de toda historia hasta este momento" y que "se han creado al fin condiciones que permiten y obligan a los trabajadores a levantar esta maldición de la Historia". (61) Es hacia este totum novum que señala Marx más allá de Rousseau: hacia una justicia más allá de la ley. Notas 1. Citado en Ernst Bloch, Droit Naturel et Dignite Humaine, Payot-Paris, 1976, p. 226. 2. Karl Marx: Capital, Vol. I, Progress-Moscow, 1986, p. 77. 3. Karl Marx: Crítica de la filosofía del derecho y del Estado de Hegel, Introducción, edición griega, tr. B. Lycoudis, Papazizis, 1978, p. 17. 4. Karl Marx-Friedrich Engels: Le Manifeste du Parti Communiste, tr. Laura Lafargue, Le Temps de Cerises, 1995, p. 11. 5. Ernst Bloch, op. cit., p. 74. 6. Citado en Robert D. Kaplan: The Coming Anarchy in Greek, Roes, 2002. 7. Citado en Etienne Balibar: "'Droits de l'homme' et 'droits du citoyen': La dialectique moderne de l' egalite et de la liberte", Actuel Marx Nº 8, 1990, pp. 13- 32. 8. Op. cit., pp. 28-29. 9. Michel Foucault: As malhas do poder, Dits et Ecrits II, 1976-1988 (DE II), Quarto Gallimard, 2001, pp. 1.001-1.020. 10. Op. cit., p. 1.006. 11. Op. cit., p. 1.008. 12. Op. cit., p. 1.005. 13. Op. cit., p. 1.008. 14. Slavoj Zizek; “An Interview”, Historical Materialism Nº 7, Winter, 2000, p. 195. 15. Michel Foucault, Dits et Ecrits I, 1954-1975, Quarto Gallimard, 2001, pp. 1.625-1.626. 16. Michel Foucault, Dits et Ecrits II, op. cit., p. 142. 17. Galvano Della Volpe: Rousseau e Marx, Editori Riuniti, V edizione 1997, p. 53. 18. Idem. 19. Citado en Etienne Balibar, op. cit., p. 21. 20. Galvano Della Volpe, op. cit., p. 53. 21. Op. cit., p. 66. 22. Op. cit., p. 54. 23. Op. cit., p. 86. 24. Op. cit., p. 55. 25. Op. cit., pp. 91, 98. 26. Op. cit., p. 92. 27. Louis Althusser: "Sur le Contrat Social (Les Decalages) in L'impense de Jean Jacques Rousseau", Cahiers pour l Analyse 8, 1966, pp. 5-42. 28. Ver Savas Michael: “Michel Foucault and Marxian Dialectics: Thoughts on a Dangerous Liaison”, in Greek, Utopia Nº 72 November-December 2006, pp. 43- 50. 29. Karl Marx: The German Ideology, Marx-Engels Collected Works, Progress Moscow, 1976, vol. 5, p. 329. 30. Ernst Bloch, op. cit., p. 198. 31. Karl Marx: Deutsche Ideologie Marx Engels Werke, vol. 3, p. 21 and MarxEngels Collected Works, op. cit., vol. 5, p. 31. 32. Karl Marx: Grundrisse, Penguin 1973, p. 245 and Marx-Engels Collected Works, vol. 28, p. 176. 33. Karl Marx, Capital, Vol. III, Progress Moscow, 1977, p. 791. 34. Grundrisse, op. cit., p. 247, Marx-Engels Collected Works, op. cit., vol. 28, p. 179. 35. Capital, Vol. I, op. cit., p. 172. 36. Grundrisse, op. cit., p. 245, Marx-Engels Collected Works, op. cit., p. 176. 37. Grundrisse, op. cit., p. 245 and 249, Marx-Engels Collected Works, op. cit., p. 176 and 180. 38. Grundrisse, op. cit., p. 244, Marx-Engels Collected Works, op. cit., p. 176. 39. Grundrisse, op. cit., p. 243, Marx-Engels Collected Works, op. cit., p. 175. 40. Leon Trotsky: Revolution Betrayed, Allagi 1984, p. 61. Rivoluzione Tradita, edizioni Samona e Savelli, 1968, p. 61. 41. Karl Marx: Capital, Vol. I, op. cit., pp. 505-506. 42. Grundrisse, op. cit., p. 245, Marx-Engels Collected Works, op. cit., pp. 176- 177. 43. Etienne Balibar, op. cit., p. 28. 44. Grundrisse, op. cit., p. 296, Marx-Engels Collected Works, op. cit., p. 202. 45. Michel Foucault: La Societe Punitive, no publicado, copia en la Librería del College de France, p. 200. En Stephane Legrand, Les normes chez Foucault, PUF 2007, p. 11. 46. La Societe Punitive, op. cit., p. 185 y Stephane Legrand, op. cit., p. 108. 47. Michel Foucault, Histoire de la Sexualite 1- La Volonte de Savoir. 48. Michel Foucault, Histoire de la Sexualite 1- La Volonte de Savoir. 49. Stephane Legrand, op. cit., p. 147. 50. Dits et Ecrits II, op. cit., p. 1.009. 51. Walter Benjamin: Zur Kritik der Gewalt, Edición griega, tr. Leonidas Marsianos, Eleutheriaki Koultoura, 2002. 52. Grundrisse, op. cit., p. 248, Marx-Engels Collected Works, op. cit., p. 180. 53. Leon Trotsky: Problems of the Everyday Life, Pathfinder Press. 54. V. I. Lenin: Last Articles and Letters, Progress-Moscow, 1977. 55. Leon Trotsky: The Permanent Revolution, Allagi 1982, 2nd Edition, pp. 15- 16. 56. Ernst Bloch, op. cit., p. 178. 57. Op. cit., p. 53. 58. Karl Marx: Critique of Hegel's Philosophy of Right…, op. cit., p. 25. 59. Ver Eleni Varikas: With a different face-Gender, Difference and Universality, Katarti 2nd edition, 2005, pp. 206-227. 60. Op. cit., p. 226. 61. Karl Marx: Critique of the Gotha Programme, Marx-Engels Collected Works, vol. 24, p. 83.

1 de noviembre de 2009
La «creación heroica» de José Carlos Mariátegui

"El problema del indio es el problema de la tierra", Mariátegui A fines de 1926, el escritor argentino Enrique Espinoza (Samuel Glusberg), director de la revista La vida literaria, editada en Buenos Aires, le pidió a Mariátegui algunos datos autobiográficos. La respuesta llegó el 10 de enero de 1927, pero sólo se publicó, a modo de homenaje póstumo, en mayo de 1930, cuando el revolucionario peruano recién había fallecido. En esa nota, por cierto breve, se lee: "Aunque soy un escritor muy poco autobiográfico, le daré algunos datos sumarios. Nací en 1894. A los 14 años entré de alcanza- rejones (1) en un periódico. Hasta 1919 trabajé en el diarismo, (2) primero en La Prensa, luego en El tiempo, finalmente en La Razón. En este último diario patrocinamos la Reforma Universitaria. (3) Desde 1918, nauseado de la política criolla me orienté resueltamente hacia el socialismo, rompí con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y bizantinismo finiseculares, entonces en pleno apogeo. Desde fines de 1919 hasta mediados de 1923 viajé por Europa. Residí más de dos años en Italia, donde desposé una mujer y varias ideas. (4) Anduve por Francia, Alemania, Austria y otros países. Mi mujer y mi hijo me impidieron llegar a Rusia. (5) Desde Europa me concerté con algunos peruanos para la acción socialista. A mi vuelta en Perú, en 1923, en reportajes, conferencias en la Federación de Estudiantes, en la Universidad Popular, (6) etcétera, expliqué la situación europea e inicié mi trabajo de investigación de la realidad nacional, conforme con el método marxista. En 1924 estuve, como ya he contado, a punto de perder la vida. Perdí una pierna y quedé muy delicado. Ya habría seguramente curado del todo con una existencia reposada, pero ni mi pobreza ni mi inquietud espiritual me lo consienten. No he publicado más libros que el que usted conoce. (7) Tengo listos dos y otros dos en proyecto. He aquí mi vida en pocas palabras. No creo que valga la pena hacerla notoria, pero no puedo rehusarle los datos que usted me pide. Me olvidaba: soy autodidacta. Me matriculé una vez en Letras en Lima, pero con el único interés de seguir el curso de latín de un agustino erudito. En Europa frecuenté algunos cursos libremente, pero sin decidirme nunca a perder mi carácter extrauniversitario y, tal vez, hasta antiuniversitario. En 1925 la Federación de Estudiantes me propuso a la Universidad como catedrático en la materia de mi competencia, pero la mala voluntad del rector y, seguramente, mi estado de salud, frustraron la iniciativa". (8) Las ideas desposadas Los años que Mariátegui vivió en Italia resultaron decisivos en toda su evolución política ulterior, en sus méritos y en sus falencias. La dictadura de Augusto Leguía, llamada "el oncenio" (1908-1912 y 1919-1929), debe obligatoriamente tratarse al hablar de Mariátegui, porque bajo ese régimen transcurrió casi toda su vida política en el Perú. No se trató de cualquier dictadura, sino de un régimen con tendencias marcadas hacia el bonapartismo. Hizo frente a los gamonales (latifundistas) cuando se constituyeron en obstáculo para el desarrollo del capitalismo costeño y, sobre todo, para la penetración del imperialismo norteamericano al cual Leguía servía puntualmente. También él procuró hacer, desde la derecha, lo que Mariátegui intentó desde la izquierda: conocer al Perú. Se propuso atraer a las masas indígenas y lo consiguió en gran medida hasta que, al final, rebeliones campesinas y obreras lo derribaron. Mientras tanto, hizo concesiones a los pueblos originarios con la finalidad de obtener su consenso para el sometimiento: decía discursos en quechua y se dio a sí mismo el título de "Viracocha". (9) Mariátegui habrá aprendido de su enemigo Leguía el principio siguiente: en el Perú, tanto la revolución como la contrarrevolución necesitan el respaldo de la masa india y campesina, pese a la heterogeneidad de esa franja ampliamente mayoritaria. De ahí que la represión directa fuera en Leguía un recurso extremo, si bien no la ahorraba cuando la entendía necesaria. Así, se las compuso para enviar a Mariátegui al exilio con un argumento que le hacía aparecer como un demócrata bondadoso hasta con sus enemigos: le dio una beca para marchar a Europa a tratarse de su enfermedad, cuando Mariátegui ya había transformado al diario La Razón en portavoz casi oficial de la Federación Obrera Regional Peruana, de tendencia anarquista, en 1919. Allí, en Europa, más precisamente en Italia, empezaría la gran historia política de José Carlos Mariátegui. En enero de 1921, Mariátegui fue testigo y parte de la huelga general con ocupaciones de fábricas en Turín y se vinculó con el grupo de intelectuales revolucionarios agrupados en torno de L'Ordine Nuovo (El Orden Nuevo), dirigido por Antonio Gramsci. Era el grupo llamado "tercerista", porque propugnaba la salida del Partido Socialista Italiano de la II Internacional y su incorporación a la Internacional Comunista, aún conducida por Lenin y Trotsky. Pero no sería ésa la única influencia recibida por Mariátegui. También rescató el "idealismo historicista" de Benedetto Croce (10) y, sobre todo, el "humanismo" del anarquista Georges Sorel (1847- 1922), a quien Lenin había calificado de "embrollador" en su Materialismo y empiro criticismo (1908). Sorel fue uno de los creadores del anarcosindicalismo; esto es, del sindicato en cuanta herramienta revolucionaria única, con lo cual negaba la necesidad del partido. También fue impulsor de la huelga general, del empleo de los mitos (de la religiosidad) y de la "violencia sin límites". Sus ideas influyeron notablemente no sólo en Mariátegui: también en Benito Mussolini, quien hasta 1914 perteneció al ala izquierda del Partido Socialista y dirigió el periódico Avanti!, medio de prensa oficial del PS. Cuando, de la noche a la mañana, Mussolini comenzó a sostener ideas opuestas a las que había defendido hasta la víspera y fundó el Fasci di Combattimento, Sorel lo siguió y llegó a ser un dirigente fascista. Por supuesto no fue el caso de Mariátegui, pero se debe tener en cuenta la mezcolanza de posturas con las cuales trataría luego de organizar un peculiar sincretismo ideológico, aunque sin traspasar jamás dos fronteras definitorias: el internacionalismo proletario (la revolución latinoamericana, decía, sólo será una fase de la revolución mundial, lo cual de algún modo lo vincula con el ideario desarrollado por Trotsky en La revolución permanente) y su oposición cerrada a los frentes populares, a cualquier alianza con la burguesía, pero, especialmente, su convicción de la incapacidad burguesa en los países atrasados de desenvolver cualquier revolución democrática, todo lo cual, por supuesto, hizo que el estalinismo, especialmente el Secretariado Latinoamericano que tenía por presidente al argentino Vittorio Codovilla – un agente de la policía política de Stalin- lo combatiera primero, lo aislara después y, tras su muerte, lo borrara de la "historia oficial" del comunismo peruano y de América latina hasta hace poco tiempo, cuando, tras castrar cualquier aspecto revolucionario de sus postulados, decidió beatificarlo al igual que casi todo el reformismo. Así, la figura de Mariátegui fue abordada tardíamente en multitud ¡pobre de él! como si fuera el tren de las seis de la tarde. También conoció en Europa, y formó parte de su construcción intelectual, la obra de Friedrich Nietzche, crítico como pocos de la pereza mental de la burguesía decadente, enloquecido al no encontrar salida a la mediocridad; las teorías de Sigmund Freud, creador del psicoanálisis; a André Breton, quien años más tarde firmaría con Trotsky el Manifiesto por un arte independiente; y a Ortega y Gasset y a Romain Rolland, a quienes comparó en estos términos: "Ortega y Gasset habla del alma desencantada. Romain Rolland habla del alma encantada ¿Cuál de los dos tiene razón? Ambas almas coexisten. El alma desencantada de Ortega y Gasset es el alma de la decadente civilización burguesa. El alma encantada de Romain Rolland es el alma de los forjadores de la nueva civilización. Ortega y Gasset no ve sino el ocaso, el tramonto… Romain Rolland ve el alba". (11) Pero volvamos al invierno turinés de 1921. La organización del movimiento obrero italiano nació impregnada de ideas republicanas y jacobinas, incluso de los socialistas utópicos del siglo XVIII, llegadas desde Francia. Después de la guerra por la unificación nacional (1856) comandada por Giuseppe Garibaldi, la vanguardia proletaria de Italia recibió la fuerte influencia del anarquista ruso Mijail Bakunin, quien, con algunas interrupciones, actuó en el país entre 1864 y 1868, y entre 1872 y 1878. Cuando en la Asociación Internacional de Trabajadores (I Internacional) se produjo la ruptura entre marxistas y anarquistas, la mayoría de la sección italiana, integrada por republicanos garibaldinos y héroes de guerra como Giuseppe Mazzini, (12) se quedó con Bakunin. Esa influencia anarquista en Italia – allí y en España, el anarquismo tenía sus bastiones europeos- daría a Mariátegui buena experiencia para su propia polémica con los anarquistas peruanos. Sólo en 1892, fruto en gran parte de los esfuerzos del abogado y periodista Filippo Turati, se fundó el Partido de los Trabajadores Italianos, en el cual se agruparon quienes se declaraban partidarios del socialismo científico de Marx y Engels. En 1893 pasó a denominarse Partido Socialista de los Trabajadores Italianos; luego, en su III Congreso, que sesionó en Parma, tomó su nombre definitivo: Partido Socialista Italiano, que en 1889 se afilió a la Internacional Socialista. Así quedó formulada en Italia, en la constitución de organizaciones políticas, la división entre anarquistas y marxistas. El PSI fue desde su génesis un partido heterogéneo; esto es, un movimiento antes que un partido. El partido, por definición, agrupa a sus militantes en torno de determinado programa, de determinada estrategia de poder. En cambio, el socialismo italiano reunía a socialistas, liberales de izquierda, radicales burgueses e incluso a anarquistas disgustados con Bakunin. Más o menos rápidamente, el Partido Socialista hizo suyas las tesis del socialdemócrata alemán Eduardo Bernstein sobre el "tránsito pacífico" al socialismo. Pero aquella no era una institución estática: la lucha de ideas se desarrollaba en ella intensamente, fronteras adentro, definida por la lucha de clases nacional e internacional. Así se generó una fuerte fracción de izquierda que ganó la mayoría al producirse el debate sobre la guerra en la Internacional Socialista y, sobre todo, al estallar la Revolución Rusa en 1917. Cuando, impulsada por Lenin y Trotsky, se fundó la Internacional Comunista o III Internacional en 1919, que devolvió al lenguaje del mundo el vocablo "comunismo" por primera vez desde la Comuna de París (1871), el PSI fue el primero y el único de los grandes partidos de Europa que adhirió a la nueva Internacional, lo cual provocó, por supuesto, otra ruptura. En verdad, el debate sobre qué hacer ante la guerra se había adelantado en Italia por la primera invasión de ese país a Libia entre 1911 y 1912. El portavoz del ala izquierda, Benito Mussolini, por entonces de 28 años y agitador destacado en Forli, hombre de oratoria mediocre pero fogosa, propuso y logró que el XIII Congreso del partido, reunido en Reggia Emilia en julio de 1912, expulsara a las principales figuras del ala derecha, partidaria de respaldar la guerra. Así, quedaron separados del PSI los diputados Bonomi, Bissolati, Cabrini y Podrecca. Desde 1912 la dirección del partido quedó en manos de su ala izquierda y Mussolini se hizo cargo de la jefatura de redacción de Avanti! En 1914, para sorpresa de todos, Mussolini cambió de postura: se declaró partidario de la "defensa de la patria" y exigió que el partido impulsara el ingreso de Italia en la guerra para combatir junto con los aliados al imperio alemán de los Habsburgo. Mussolini fue expulsado de inmediato y la posición del partido no varió. Llamativamente, con Mussolini se fue buena parte de los anarcosindicalistas, que luego estarían entre los primeros cuadros del Fasci di Combattimento. En mayo de 1915 el PSI fue el único de los partidos socialistas de Europa occidental que votó por unanimidad contra el ingreso de su país en la guerra, que no aceptó tregua alguna en la lucha obrera durante el conflicto bélico y rechazó cualquier oferta de integrar un gobierno burgués, postura sólo comparable a la de los bolcheviques rusos y los socialistas serbios. Es más, durante mucho tiempo fue el único partido que envió a los Congresos de la III Internacional a su dirección oficial y no a una representación de la minoría de izquierda, cosa que ya había sucedido en las conferencias de Zimmerwald (1915) y Kienthal (1916), que, en disidencia con la conducción de la Internacional Socialista, prepararon una campaña contra la guerra y de algún modo colocaron los cimientos de la III Internacional. No obstante, los acontecimientos decisivos de la lucha comenzaron a principios del verano de 1919, con la constitución de la Repúblicas de Consejos (soviets) en Hungría y en Baviera, y el reguero de huelgas en Italia, Inglaterra y Francia contra la agresión de sus propios gobiernos a la Rusia soviética. En el Congreso de la Internacional Comunista de 1919, Lenin en persona envió "un ardiente saludo a los trabajadores italianos y a su partido", y añadió que el PSI, "en la práctica, se ha unido al comunismo". Empero, la lucha interna proseguía. Ni siquiera la llamada "ala izquierda" del partido lograba homogeneidad. Por un lado se agruparon los seguidores del ingeniero napolitano Amadeo Bordiga, editor del semanario Il Soviet. Influido por el anarquismo, se manifestaba en contra de toda intervención parlamentaria y sostenía que la Revolución Rusa demostraba que la transición socialista sólo podía lograrse mediante un acto de fuerza. Sostenía la consigna "imitemos a Lenin". Por cierto, no era ésa la posición del revolucionario ruso: por supuesto la revolución es un acto de fuerza y Lenin, como Marx, sostenía que la violencia es la partera de la historia, cosa probada por las revoluciones burguesas mucho antes de la toma del poder por los bolcheviques, pero eso no elimina la necesidad de la lucha parlamentaria. Por otro lado, la mayoría del partido, también del ala izquierda, tenía su punto de referencia en Avanti!, dirigido por Giacinto Menotti Serrati tras la expulsión de Mussolini. El programa de esa fracción aceptaba, igual que la otra, la dictadura del proletariado, pero sostenía que la revolución podía hacerse por diferentes vías, de acuerdo con las circunstancias: la insurrección armada o la conquista de la mayoría parlamentaria, una contradicción en sí misma y también ajena al pensamiento de Lenin, aunque todos se proclamaban "leninistas". Entretanto, en la ciudad industrial de Turín se había organizado, durante la guerra, un grupo de jóvenes intelectuales que se habían conocido en la universidad: allí estaban Antonio Gramsci, Palmiro Togliatti, Angelo Tasca, Umberto Terracini, Alfonso Leonet- ti y Piero Gobetti. Con ellos tomó contacto Mariátegui, sobre todo con Gobetti, de quien se hizo amigo. Allí comenzó a pensar Mariátegui en la necesidad de un vínculo creativo entre lo que llamó "marxismo europeo" y la realidad latinoamericana. Siempre se debe tener en cuenta que, al hablar de Mariátegui, se habla de una corriente de pensamiento que apenas comenzaba a gatear. No resulta prudente, antes de considerar globalmente sus ideas, pensar que intenta establecer una dicotomía, una suerte de "dos marxismos", uno útil en Europa y el otro en América latina. Por todo lo sostenido durante su vida política posterior, se infiere que no era tal el propósito de Mariátegui, sino aplicar el método de Marx a la realidad sobre la que él pretendía operar. Y, en ese punto, debía marchar sobre terreno virgen, porque nadie lo había intentado antes que él. Por eso, seguramente, llegó a decir que en Latinoamérica el marxismo es un acto de "creación heroica". Aquellos jóvenes turineses editaban su periódico, L'Ordine Nuovo (El Orden Nuevo), y propugnaban la constitución de consejos de fábrica en las plantas industriales de Turín. Su posición ante las elecciones tampoco era clara, al punto que en 1920 hicieron un pacto de circunstancias con Bordiga que permitió a éste mantener su mayoría en el comité central. En marzo y abril de 1920 empezaron en Turín y en diversas regiones italianas grandes revueltas obreras, que permitieron al grupo de Gramsci organizar la huelga general en todo el Piamonte y consejos de fábrica en las plantas tomadas, casi todas las de la ciudad. Esos consejos asumieron la conducción del movimiento y aceptaron la dirección política de L'Ordine Nuovo. Gramsci pidió al comité central que comenzara un plan de agitación en toda Italia para extender la huelga turinesa – lo cual no era en modo alguno imposible- en una perspectiva revolucionaria, pero el CC se negó, desautorizó lo hecho por el comité de Turín y dejó aislado al equipo político de Gramsci. Así fue que Gramsci redactó sus nueve tesis "Para una renovación del Partido Socialista Italiano", publicadas el 8 de mayo de 1920 en L'Ordine Nuovo. En ese escrito, Gramsci califica a los dirigentes del partido de "rutinarios", prisioneros de su propia molicie y de haber llevado a la organización a un estado de parálisis interna y externa, además de transformar el ingreso en la Internacional Comunista en un acto administrativo, porque no se aplicaba la línea política del Komintern (Comité Internacional o Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista). En el II Congreso de la IC, que sesionó en Moscú durante el verano (boreal) de 1920, Lenin avaló personalmente las tesis de Gramsci, que resultaron aprobadas. Bordiga, que no era miembro de la delegación oficial del partido a ese Congreso, asistió invitado por Lenin, quien le pidió que leyera su folleto, recién publicado, “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”, en el cual, precisamente, el jefe revolucionario ruso desarrolla su postura sobre la intervención electoral del partido revolucionario y de qué modo los comunistas deben emplear sus bancas para desarrollar en el parlamento burgués un trabajo de zapa orientado a la destrucción de ese mismo parlamento, y promover desde allí la organización y la acción directa de los trabajadores. Esto es: salvo en situaciones excepcionales, la actuación electoral del partido resulta obligatoria, pero, al mismo tiempo, jamás puede pensarse que la revolución se consumará sólo por lograrse mayoría parlamentaria. La actividad legislativa del partido revolucionario es propaganda, agitación y organización para contribuir a la preparación de ese acto de fuerza que es el estallido y la victoria de la revolución proletaria. Esas posturas leninistas fueron asimiladas y rescatadas por Mariátegui en su artículo “Lenin”, escrito, de regreso en el Perú, en la revista Amauta, que él dirigió y a la cual ya nos referiremos. Después de cuatro meses en Moscú, la delegación italiana regresó a su país sin haber superado las divisiones internas. El 1° de agosto de 1920 llegó a Italia la circular de la Internacional que obligaba a todos sus adherentes a aceptar las "21 condiciones" de pertenencia, entre ellas la de cambiar el nombre de la organización por el de Partido Comunista. En el caso específico de Italia, la Internacional exigió la expulsión del diputado Filippo Turati, líder del ala derecha del partido. Serrati se opuso a ambas posturas, así como en el Congreso de Moscú había hecho frente abiertamente a las posiciones de Lenin. Mariátegui, en medio de esa lucha política, fue delegado al XVII Congreso del Partido Socialista, convocado en la ciudad portuaria de Liorna en enero de 1921. Después de varios días de debates, la ruptura se produjo a trompadas. Los partidarios de la fracción comunista, entre ellos Bordiga, Gramsci y el propio Mariátegui, abandonaron la sala de sesiones y se dirigieron al teatro San Marco, donde, el 21 de enero, quedó fundado el Partido Comunista Italiano (PCI). Entretanto, la decisión del PSI de dejar solos a los huelguistas turineses derivó en catástrofe. Por cierto, no se da por supuesto que si la conducción partidaria hubiera hecho lo correcto el movimiento revolucionario habría logrado la victoria – nadie vende seguros contra derrotas- pero sí que se trataba de tomar el único camino que hacía posible el triunfo. Desde marzo-abril de 1920 las fábricas en Turín estaban ocupadas por sus trabajadores y se habían constituido milicias obreras armadas. Rápidamente, la huelga insurreccional se extendió a todo el Piamonte y comenzó a golpear fuerte en los principales centros industriales del país. El aislamiento – esto es, la traición del PSI- dejó solos a esos obreros y a la propia dirección regional del partido, lo cual permitió al gobierno aplastar militarmente la huelga. En este punto, se hace necesaria una reflexión: el fascismo no puede imponerse por la simple decisión de la extrema derecha. Al fascismo tienen que construirlo y esa construcción exige en todos los casos que antes se haya producido una revolución proletaria derrotada. Sólo entonces los fascistas pueden arrojar a las clases medias contra el proletariado y lograr que ya ni siquiera haga falta acudir a la policía para reprimir las huelgas sino a desclasados, a lúmpenes organizados, que eso eran los "camisas pardas" mussolinianos. José Carlos Mariátegui fue testigo y parte de todo ese proceso. Con él armó el bagaje que llevó de regreso al Perú, tras desposar, como él mismo dijo, una mujer y algunas ideas. El Amauta El 17 de marzo de 1923 Mariátegui se encontraba otra vez en Lima. Cuando dejó Italia, Mussolini estaba a punto de tomar el poder. En sus escritos de la época, sostuvo que el fascismo es una última respuesta a la crisis social – a la revolución en ciernes- , y que necesita del respaldo de las masas o, por lo menos, de una franja importante de ellas. La victoria fascista, añadía Mariátegui, es el precio que debe pagar un país por las contradicciones de la izquierda. Todavía entonces veía en la lucha política de las corrientes socialistas una tragedia, no la necesidad de depurar al partido revolucionario de quienes no quieren destruir al capitalismo sino conciliar con él. Luego, el propio Mariátegui comprendería eso como pocos y perdería todo temor a la lucha fraccional e incluso a las rupturas. En cuanto regresó a su país reanudó sus contactos con Raúl Haya de la Torre, líder de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). En octubre de 1923, Haya de la Torre debió exiliarse en México, perseguido por el régimen de Leguía, y dejó a Mariátegui a cargo de la dirección de la revista Claridad. En ese punto comienza la ruptura de Mariátegui con el APRA, cuando dedicó el quinto número de la publicación a difundir las ideas de Lenin, que el aprismo rechazaba explícitamente. El APRA, si tal comparación histórica nos está permitida por la diferencia de lugares y circunstancias, guarda cierta similitud con lo que luego sería el sandinismo nicaragüense: un movimiento nacionalista burgués dirigido por una franja de la pequeña burguesía radical. El APRA incluso pretendía dar un paso más y, como su nombre indica, procuraba constituirse en una corriente continental, ya no sólo peruana. El aprismo y su líder decían tomar su programa y su forma de organización del Kuomintang chino, dirigido por Chiang Kai-shek, hasta 1927 miembro simpatizante, u "observador", de la III Internacional, conducida ya por la camarilla de Stalin. Ese año, una insurrección obrera comenzada en Cantón fue masacrada por Chiang – incluso aniquiló físicamente al PC- quien giró rápidamente hacia el fascismo. Empero, Stalin insistió: cargó todas las culpas sobre el comité central del partido chino y éste sobre sus cuadros de base, la mayoría de los cuales estaban muertos. Trotsky, quien desde el primer momento había calificado de suicida el ingreso en el Kuomintang y de improcedente la presencia de Chiang en los congresos de la Internacional, dijo tras la masacre, respecto de Stalin, cuán sorprendente resultaba que un partido pudiera preverlo todo salvo que sus propios cuadros no serían capaces de responder a la situación. Allí se inauguró la teoría del "frente popular"; esto es, de la subordinación de los partidos comunistas a la burguesía "progresista" en los países atrasados (luego se vería que en las naciones avanzadas, como Francia en 1936, se aplicaría la misma línea, de modo que se trataba de una política contrarrevolucionaria empleada a escala universal). También se estrenó en China el "frente de las cuatro clases": burguesía nacional, pequeña burguesía, campesinado y clase obrera, bajo conducción política burguesa. Esas banderas fueron apropiadas por el APRA y, dicho sea al pasar, Juan Domingo Perón admitió muchas veces la influencia apasta en su movimiento. De ese hecho se extraen dos deducciones de importancia mayor: El nacionalismo, que de continuo califica al marxismo de "extranjerizante" o "eurocentrista", también importa sus ideas, sólo que, a diferencia de los marxistas, compra en el exterior ideas reaccionarias, contrarrevolucionarias. Conviene recordar, además, que la universalidad de la producción capitalista universaliza las ideas y la cultura. Desde ese punto de vista, nuestra época, la época del imperialismo – ya lo era en vida de Mariátegui- es efectivamente "global" aunque no en el sentido que dan a la palabra el imperialismo y los intelectuales a su servicio, quienes pretenden ver en esa llamada "glo- balización" – con sus guerras de rapiña, hambrunas y destrucción planetaria- la cúspide del progreso humano; El nacionalismo siempre ha sido incapaz de elaborar teoría: en ese punto abrevó históricamente, incluso sus vertientes más reaccionarias, del estalinismo. Por lo demás, al igual que el peronismo y el MNR boliviano, o los casos actuales de Evo Morales – cuyas tropas intervinieron en la masacre de Soleil City, Haití- o Hugo Chávez – con sus diferencias de grado- el nacionalismo de la burguesía supone que la contradicción entre la nación oprimida y el imperialismo anula o por lo menos reduce a una expresión mínima la lucha de clases dentro del país sometido. Es la nación en su conjunto, dicen, la que debe hacer frente, unitariamente, a la dominación imperialista. El marxismo, en cambio, sostiene que sólo el proletariado, transformado en caudillo nacional, puede dirigir esa lucha y conducirla al triunfo. Mariátegui rompería radicalmente con las ideas nacionalistas, y parte clave de esa ruptura fue su actitud de dedicar a Lenin un número completo de Claridad. El repudiaría enérgicamente la política de los "frentes populares" y sostendría, como veremos, que la raquítica burguesía peruana, por completo sometida al amo extranjero, no podía ni se proponía conducir proceso revolucionario alguno: ésa era tarea reservada a obreros y campesinos. Mariátegui no hacía mayores distinciones entre clase obrera y campesinado, con lo cual de algún modo tornaba a las posturas sostenidas por Lenin hasta poco antes de 1917, cuando el revolucionario ruso proponía una "dictadura democrática" de obreros y campesinos. Esas ideas de Lenin son anteriores a su Tesis de abril, en la que propugna abiertamente la dictadura del proletariado aun en un país de mayoría campesina. Ese había sido uno de los puntos clave de la árida polémica entre Lenin y Trotsky a comienzos del siglo XX; por eso, aquella Tesis señala la confluencia histórica de dos gigantes de la revolución. Otro punto decisivo de la ruptura de Mariátegui con el APRA fue el internacionalismo: Haya de la Torre sostenía que los trabajadores peruanos, y los latinoamericanos en general, nada tenían en común con los obreros norteamericanos ni con los europeos, seguidores fieles, según él, de sus burguesías imperialistas. Mariátegui había hecho su experiencia personal en la lucha de clases europea y consideraba disparatada esa tesis del APRA. El capitalismo es un modo de producción mundial, decía Mariátegui; por tanto, también debía serlo la lucha de clases, e izaba cual bandera la antigua consigna de El Manifiesto Comunista: "¡Proletarios del mundo, uníos!" De todos modos, Mariátegui no alcanzó a esbozar un plan sistemático de la revolución peruana como el elaborado por Trotsky por quien manifestó muchas veces su admiración- en La revolución permanente. Sin embargo, entraría en polémica frontal con las tesis "etapistas" – primero la revolución democrática, conducida por la burguesía; luego, la revolución proletaria para abordar las tareas socialistas en un futuro indefinido- impulsadas por la Internacional Comunista dominada por el estalinismo. Esa postura le atraería el odio cerril – lo cual habla muy bien de él- de Vittorio Codovilla. Empero, al tiempo de rechazar el "etapismo" de la corrompida socialdemocracia y de repudiar cualquier tipo de alianza con la burguesía nacional, Mariátegui no define qué tipo de gobierno – sólo habla de la unidad obrera y campesina- podría fusionar la fase democrática y burguesa de la revolución con la fase socialista. Al no dar ese paso, deja abierta una hendija al reformismo. Debe tenerse en cuenta, conviene insistir, que ése era entonces un problema teórico novedoso – la revolución proletaria en un país capitalista atrasado- , que duramente iba resolviéndose en la Internacional Comunista para destruirse tras la muerte de Lenin. Por eso las limitaciones de Mariátegui son, hasta cierto punto, las de su época. En cambio, sus aciertos resultan definitorios, enormes. En septiembre de 1926, Mariátegui fundó la revista Amauta (del quechua hamaufa, que significa sabio o maestro). En ella escribió varios artículos que luego formarían parte de su obra cumbre: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, publicado en 1928 y aún hoy de lectura indispensable. Ese año, precisamente, terminó de romper con Haya de la Torre y fundó el Partido Socialista Peruano (PSP), que luego de su muerte, en 1930, pasaría a llamarse Partido Comunista del Perú. Amauta no era ni podía ser todavía un órgano partidario; más bien, expresaba una tendencia hacia la idea de partido – Mariátegui la había traído de Europa- y en ella escribieron intelectuales de valía pero de posturas diversas, como José María Eguren, Martín Adán y Luis Alberto Sánchez, entre otros. Además, Amauta exhibe, desde su nombre, el intento de Mariátegui por buscar una suerte de sincretismo entre marxismo e indigenismo. En esa época dice que la aplicación del método marxista al análisis de la realidad latinoamericana es un acto de "creación heroica". Por otra parte, nadie suponga que Mariátegui fue sólo un pensador, un teórico. En él, como en pocos otros, se encuentra la síntesis magnífica entre teoría y práctica, entre ser y pensar. Desde muy joven los suburbios limeños conocieron al "renguito" que recorría casas y barrios para repartir panfletos y se apasionaba en discusiones sobre la necesidad de la organización y la unidad obrera. Ese esfuerzo empezó a minar su salud definitivamente, hasta que, en 1929, ya enfermo de muerte, logró su mayor conquista desde el punto de vista de la organización sindical de la clase, que jamás descuidó: ese año fundó la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP). Falleció el 16 de abril de 1930, a los 35 años, en vísperas de un siempre postergado viaje a Buenos Aires para hacerse tratar por complicaciones surgidas de la amputación de su pierna. Ya era tarde. Los Siete ensayos… Resulta indispensable subrayar que ningún resumen o comentario acerca de Siete ensayos de interpretaáón de la realidad peruana puede reemplazar la necesaria lectura del texto. (13) Aquí sólo podremos referirnos a algunos pocos aspectos centrales del libro. En principio, resulta de interés especial referirse al que Mariátegui denomina “El período del guano y del salitre” (I Ensayo). El guano (del quechua wanu: estiércol) es materia excrementicia de aves marinas, acumulada abundantemente en varias islas y en las costas de Chile y del Perú, empleada a modo de abono. Los abonos artificiales primero y los agroquímicos luego le hicieron perder casi toda utilidad, aunque su explotación se mantiene hasta hoy en escala menor. En cuanto al salitre, o nitrato, abunda en regiones del norte chileno, en Perú y en Bolivia, sobre todo en zonas donde profundos cambios geológicos elevaron a alturas de hasta cuatro mil metros o más plataformas que antaño formaban parte del fondo marino, transformadas ahora en enormes depósitos de sal. Así es, por ejemplo, que en los grandes salitrales del Altiplano boliviano se encuentran fósiles marinos en abundancia. Su importancia comercial también decayó por la elaboración de sales industriales. "El capítulo de la evolución de la economía peruana que se abre con el descubrimiento de la riqueza del guano y del salitre y se cierra con su pérdida, explica totalmente una serie de fenómenos políticos de nuestro proceso histórico, que una concepción anecdótica y retórica antes que romántica de la historia peruana se ha complacido tan superficialmente en desfigurar y contrahacer". (14) Añade Mariátegui: "España nos quería y nos guardaba como país productor de metales preciosos. Inglaterra nos prefirió como país productor de guano y salitre. Pero este diferente gesto no acusaba, por supuesto, un móvil diverso. Lo que cambiaba no era el móvil, sino la época… el guano y el salitre – que para anteriores civilizaciones habrían carecido de valor pero que para una civilización industrial adquirían un precio extraordinario- constituían una reserva casi exclusivamente nuestra… Mientras que para extraer de las entrañas de los Andes el oro, la plata, el cobre, el carbón, se tenían que salvar ásperas montañas y enormes distancias, el salitre y el guano yacían en la costa casi al alcance de los barcos que venían a buscarlos. La fácil explotación de este recurso natural dominó las otras manifestaciones de la vida económica del país. El guano y el salitre ocuparon un puesto desmesurado en la economía peruana. Sus sedimentos se convirtieron en la principal renta fiscal. El país se sintió rico. El Estado usó sin medida de su crédito. Vivió en el derroche, hipotecando su porvenir a las finanzas inglesas". (15) Hasta ahí un análisis casi puramente económico de la cuestión, en el cual, empero, se observa la filosa capacidad del autor para determinar los cambio económicos de su país en relación directa con la evolución de los mercados mundiales. Pero, de inmediato, señala que "el hecho económico es más complejo y trascendental de lo que parece"… En efecto, "El guano y el salitre, ante todo, cumplieron la función de crear un activo tráfico con el mundo occidental en un periodo en que el Perú, mal situado geográficamente, no disponía de grandes medios de atraer a su suelo las corrientes colonizadoras y civilizadoras que fecundaban ya otros lugares de la América indo ibérica. Ese tráfico colocó nuestra economía bajo el control del capital británico al cual, en consecuencia de las deudas tomadas con la garantía de ambos productos, debíamos entregar más tarde la administración de los ferrocarriles; esto es, de los resortes mismos de la explotación de nuestros recursos". (16) Esas explotaciones, prosigue Mariátegui, sacaron del primer plano de la economía y la política peruanas las relaciones de producción hasta entonces aristocrático feudales y, además de vincular al Perú con el mundo más avanzado, crearon los primeros elementos sólidos de capital comercial y bancario. Los excrementos de las aves y los depósitos salitreros parieron a la burguesía peruana y la determinaron. Esa burguesía se formó principalmente entre los sucesores de los encomenderos y terratenientes de la Colonia, pero se vio obligada, por su nueva función, a adoptar principios de la economía y la política liberales. Como diría Marx, la existencia determina la conciencia, y la burguesía, en todos los casos, hace suya la ideología que mejor conviene a su bolsa. Como se ve, dejamos a un lado aquí la vieja polémica sobre el modo de producción imperante durante la Colonia, que el propio Mariátegui tratará más adelante aplicando el principio del desarrollo desigual y combinado al analizar las particularidades de determinada formación económica y social. Sólo adelantemos que, como indicará el propio Mariátegui, esa burguesía, por su papel en la economía mundial – simple productora de materias primas que habrían de alimentar las industrias europeas, sin vínculos con el mercado interno- nació raquítica, nació vieja. Pedir a esa burguesía, como hace el estalinismo, que ejecute una revolución democrática – su propia revolución, como habían hecho en el pasado la burguesía europea y luego la norteamericana- sería pedir peras al olmo. En ese aspecto radica uno de los puntos más claros y valiosos de todo el pensamiento marxista de Mariátegui. El problema de la tierra La cuestión campesina, tratada por Mariátegui en su El problema agrarioy el problema del indio, (17) resulta un corolario de las tesis expuestas por él en su Siete ensayos…. Hay allí evidentes errores que han servido a ciertos "marxistas" para declarar inválidas todas sus posturas. Tal el caso, por ejemplo, de Liborio Justo, "Quebracho". (18) Por ejemplo, Mariátegui sostiene que el Imperio de los incas tuvo bases económicas y sociales comunistas. Eso no fue así: si bien la producción y la propiedad eran formalmente colectivas, y persistían y persisten hasta hoy resabios del viejo comunismo primitivo en algunas comunidades indígenas de Bolivia y Perú, el producto del trabajo enriquecía a la clase dominante que, como en el antiguo Egipto, tomaba la forma de una casta religiosa. Por otra parte, el poder del Estado era allí omnipotente, con poderes para intervenir incluso en la vida privada de la población. Empero, hacer hincapié en ese punto implica caer en el viejo y repetido error de observar determinada formación económica y social, con todos sus derivados culturales, con los ojos del moderno sociólogo occidental, por lo general incapaz de entender nada. Signo de atraso o lo que se quiera, la libertad individual no constituía en el Incario un valor importante. Sí, en cambio, lo era el hecho de que la población, incluido el bajo pueblo, tenía sus necesidades materiales satisfechas. Por supuesto – parece una perogrullada- esas necesidades cambian según las sociedades avanzan y ése ha sido más de una vez el gran problema de las revoluciones: crearon nuevas necesidades más rápidamente que medios para satisfacerlas. Pero tampoco es cierto que se tratara de una sociedad en quietud, que no transformaba de continuo su modo de producción. Quedó dicho que el dictador Leguía se dio a sí mismo el título de Viracocha, precisamente por la modernización en los sistemas de cultivo que aquel emperador introdujo con su consiguiente progreso económico. También se debe reiterar que cualquier evolución posterior quedó cortada de cuajo por la invasión conquistadora. En definitiva, el Incario parecía más un régimen de transición desde el comunismo primitivo hacia el feudalismo, sin pasar por la "etapa" esclavista – comparable con el que Marx llamó "despotismo asiático"- antes que una sociedad socialista. No obstante, Mariátegui, al hablar del "comunismo" incaico, pone el acento en instituciones del Imperio que sin duda habían sido heredadas del comunismo primitivo y aún subsisten en regiones campesinas de Bolivia: el ayllu y la minka, por ejemplo. En las comunidades agrícolas bolivianas, entre las parcelas individuales, propiedad de cada campesino, se encuentra una, más grande que las demás: he ahí el ayllu, tierra de propiedad colectiva, en la cual todos trabajan y todos se apropian igualitariamente de lo producido. Minka, vocablo quechua cuyo significado es "solidaridad", implica que, si un campesino de la comunidad sufre una desgracia o pierde su cosecha, todos los demás acuden en su ayuda. Tales tradiciones, naturalmente, deben emplearse a fondo en la transformación del agro en esos países, lo cual obliga a transformar al campesinado en aliado de la clase obrera para consumar la revolución proletaria. Puede discutirse el carácter social del Imperio del Inca, pero la sustancia del pensamiento de Mariátegui, la que mantiene plena actualidad, no es ésa sino la que sigue: "Quienes desde el punto de vista socialista estudiamos y definimos el problema del indio, empezamos por declarar absolutamente superados los puntos de vista humanitarios o filantrópicos, en que, como una prolongación de la apostólica batalla del padre Las Casas, (19) se apoyaba la antigua campaña pro indígena. Nuestro primer esfuerzo tiende a establecer su carácter de problema fundamentalmente económico… No nos contentamos con reivindicar el derecho del indio a la educación, a la cultura, al progreso, al amor y al cielo. Comenzamos por reivindicar, categóricamente, su derecho a la tierra… El problema agrario se presenta, ante todo, como el problema de la liquidación del feudalismo en el Perú. Esa liquidación debía haber sido realizada ya por el régimen democrático burgués formalmente establecido por la revolución de la independencia. Pero en el Perú no hemos tenido, en cien años de república, una verdadera clase burguesa, una verdadera clase capitalista". (20) "El problema del indio es el problema de la tierra", diría una y otra vez, de modo de colocar el debate en su justo punto. Luego desarrollaría la cuestión del modo combinado de producción, de la formación económica y social específica del Perú: la superposición, la interrelación dialéctica entre formas distintas de producción: el capitalismo costeño, predominante pese a su condición primaria y primitiva, con el feudalismo agrario y las resacas del comunismo primitivo en la región serrana. Pero Mariátegui ve y va más allá: dice que la eliminación del latifundio y su reemplazo por el minifundio es reaccionaria, cosa del pasado: "Yo pienso que la hora de ensayar en el Perú el método liberal, la fórmula individualista,ha pasado ya… considero fundamentalmente este factor incontestable y concreto que da un carácter peculiar a nuestro problema agrario: la supervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la agricultura y la vida in- dígenas". (21) Como se ve, claramente Mariátegui se propone rescatar instituciones como el ayllu y la minka y no en sentido indigenista sino para darles otra proyección, una perspectiva socialista, de explotación colectiva del campo. Puede quizá criticarse la táctica si él la considera de manera absoluta, pero de modo alguno la estrategia decididamente socialista, comunista. Hay, por cierto, mucho más que decir sobre José Carlos Mariátegui, tal vez el marxista latinoamericano sobre quien más se ha escrito después de Ernesto Guevara. Pero nos hemos propuesto rescatar esos aspectos centrales de su pensamiento que hacen de él un precursor, uno de nuestros mayores, una figura enorme hasta en sus errores. De ahí, también, la utilidad de estudiar a Mariátegui a la hora de analizar la cuestión agraria argentina, donde los problemas analizados por él, sustancialmente permanecen y se han agravado: "La expulsión de los campesinos de la tierra; el monopolio capitalista del agua de riego y la concentración de los medios de crédito financiero en manos de los grandes bancos vinculados con los terratenientes, siguen siendo en todo el norte de la Argentina las grandes cuestiones que enfrenta el movimiento campesino. La reactivación económica y el crecimiento de todos los índices de rentabilidad de las distintas ramas de la industria argentina, han azuzado aún más a los grandes capitalistas a despojar a los campesinos de la tierra para desarrollar sus producciones, en especial la sojera". (22) Esa nota enumera las demandas centrales del movimiento campesino hoy: "Estatización del agua bajo gestión de los campesinos y de los trabajadores de las ciudades; titularización gratuita e inmediata de las tierras en favor de los campesinos; prohibición de cesión de tierras a sociedades anónimas y explotaciones capitalistas". (23) He ahí la continuidad de las mejores tradiciones del pensamiento de Mariátegui. En cuanto a la colectivización, que de ninguna manera puede ni debe ser compulsiva, resulta posible acudir a fuentes socialistas más antiguas aún: "…el paso de la agricultura capitalista a la socialista es posible sin ninguna expropiación de los campesinos propietarios… El Estado (obrero) no sólo no quitará nada a los campesinos sino que les dará abundantemente. Los campesinos y los obreros agrícolas serán fuerzas de trabajo particularmente apreciadas al pasar de la sociedad capitalista a la socialista… El socialismo no asfixiará el deseo que tiene toda persona en su íntegro desarrollo a poseer una casa propia; al contrario, lo generalizará creando al mismo tiempo las condiciones para satisfacerlo. Que no tenga, pues, el campesino, ningún temor por su casa. El régimen socialista no dejará de imprimir su carácter peculiar en todos los dominios, incluido el hogar. Pero las modificaciones que traerá consigo – higiénicas y estéticas- en modo alguno perjudicarán el hogar del campesino… Las viviendas campesinas de otras épocas – por ejemplo las de los campesinos suizos o rusos- hacen las delicias de los arquitectos. Pero, hoy, es en las mansiones residenciales de la ciudad donde se perpetúa el arte de los campesinos, en cuyas casas las construcciones originales caen en ruinas sin ser reemplazadas. Sin embargo, bastaría con un poco de bienestar y de ocio creativo para devolver al campesino su gusto por el arte. El proletariado victorioso se lo dará. No sólo liberará a los esclavos asalariados de la industria, sino que el campo, cuyas grandes bellezas naturales contrastan hoy tan tristemente con la estupidez, la miseria y la suciedad… se convertirá, gracias a él (al proletariado triunfante), en un jardín floreciente, que albergará una generación libre, alegre y orgullosa". (24) Marxista "convicto y confeso” José Carlos Mariátegui (1894-1930) es considerado fundador del marxismo latinoamericano, lo cual constituye toda una definición porque ella nos conduce a un problema teórico de importancia mayor. AI estudiar los aspectos relevantes de sus 35 años, la pregunta surge por sí: ¿puede existir un marxismo específicamente latinoamericano, una suerte de "marxismo nacional", si hablamos de una corriente de pensamiento que parte del punto opuesto, del internacionalismo? Algunos mecanicistas – el marxismo no está libre de ellos y, por el contrario, abundan entre nosotros- contestarán automáticamente que no, que la sola definición condena al así definido a portar el mote de "nacionalista". Si acudimos al auxilio de René Descartes – esto es, a la duda en cuanto base del pensamiento crítico- e indagamos la cuestión con detenimiento, podemos aproximarnos a un asunto clave que hace a nuestra militancia cotidiana, a nuestra propia práctica revolucionaria. Nos hemos dado el objetivo de enviar un puñado de ideas a la polémica no sólo con la burguesía – desde cierto punto de vista, la revolución es una gigantesca polémica entre burguesía y proletariado- sino sobre todo entre quienes nos proponemos construir el socialismo y el comunismo, porque a nosotros, más que a ningún otro, nos interesa ese debate. Nadie pone en discusión que el capitalismo es un modo de producción internacional; por tanto, también lo son la burguesía y el proletariado, la lucha de clases en general, y Mariátegui reconocía esa realidad explícitamente. Es más, todo su análisis de la situación peruana comienza por situar a su país en los mercados mundiales, en su vínculo con ellos y con la lucha internacional de la clase obrera. Eso es especialmente así en nuestra época, la época del imperialismo, cuando un puñado de bandoleros propietarios del capital financiero (llamamos así a la fusión del capital industrial con el capital bancario) y de gigantescos monopolios, impone su predominio en el mundo con su secuela de guerras, hambrunas, catástrofes ambientales, luchas impiadosas entre ellos y de todos ellos contra la clase obrera internacional y contra los países que, de un modo u otro, se oponen o presentan resistencia a esa dominación. La vieja teoría del socialdemócrata alemán Eduardo Bernstein, quien a fines del siglo XIX sostenía que el "supenmpenalismo" – la centralización de capitales llevada a su punto extremo- daría orden al mundo y abriría las puertas al tránsito pacífico e indoloro hacia el socialismo, fue destruida teóricamente hace mucho tiempo por Lenin y Rosa Luxemburgo, pero en nuestros días, y sobre todo a partir de la II Guerra Mundial, ha quedado trágicamente ahogada en sangre. Las novedades técnicas en los modos de producir mercancías (25) por ejemplo la informática y la robótica, como en el pasado el carbón y después la electricidad- han generado modificaciones drásticas en la composición orgánica del capital; esto es, en la relación entre la masa de medios de producción y la cantidad de brazos obreros necesaria para ponerla en movimiento, al punto que, hasta poco tiempo atrás, ciertos "sociólogos" de la burguesía habían resuelto que el proletariado ya no existía. Esos pájaros nocturnos, que sólo chillan en la oscuridad y se llaman a silencio con la primera luz del día, han tenido que rendirse ante la evidencia y buscar otros argumentos para dar a la contrarrevolución algún contenido "ideológico", en lo posible travestido de "progresista". Por ejemplo, los trabajadores de Metrovías o del Metro de Nueva York paran y los trenes no funcionan a pesar de la informatización; los obreros de General Motors hacen lo propio y los autos no salen de planta mal que le pese a la robótica, o los telefónicos declaran la huelga y los sistemas se caen por más que las empresas hayan instalado sus fibras ópticas y sus redes satelitales, grandes avances de la humanidad, ciertamente, pero inservibles sin la fuerza de trabajo humana que hace funcionar todo el andamiaje. Novedosamente, así como el capital se centraliza y se transforma en capital financiero, en monopolios, en imperialismo, los trabajadores tienden a agruparse en sindicatos internacionales, lo cual, de lograrse, todavía estaría lejos de lo perdido por el proletariado cuando Stalin destruyó la Internacional Comunista hasta disolver, en 1943, lo que ya era desde hacía mucho un aparato burocrático y contrarrevolucionario. Aquella disolución se produjo por imposición de los Estados Unidos, que era entonces el "imperialismo democrático" según el gran organizador de derrotas. De ahí la necesidad urgente de refundar la IV Internacional, tarea a la cual nuestro partido dedica el mayor esfuerzo posible. En definitiva, el proceso de internacionalización del capital, ya descripto por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista, ha alcanzado un punto de inflexión: el desarrollo aluvial de las fuerzas productivas ya tiene un chaleco de fuerza insoportable en los límites estrechos y míseros, además de caóticos, del modo de producción capitalista, que necesita destruir esas fuerzas productivas y lo hace mediante guerras, masacres atroces, el hambre de más de media humanidad y, al mismo tiempo, no puede detener ese desarrollo porque es incapaz de controlarlo. Se trata del fenómeno que los pensadores burgueses al servicio del imperialismo llaman "globalización" o "aldea global". Aunque la realidad, por cierto tozuda, lo aplastó hasta obligarlo a desdecirse, quien más lejos llegó en esa línea fue Francis Fukuyama, uno de los productos más ridículos de Harvard, al proclamar el "fin de la historia". Es decir: después de la "globalización" capitalista, nada. Hasta aquí llegamos. Ahora bien: al hablar de Mariátegui nos referimos a un hombre fallecido hace casi 80 años, pero la pregunta que él nos dejó formulada sigue ahí, más vigente aún que en su tiempo. Si estamos ante un régimen internacionalizado de tal forma que la elaboración de una mercancía se desenvuelve a veces en tres o cuatro países antes de transformarse en producto terminado y concurrir al mercado, ¿puede hablarse de un "marxismo latinoamericano" o, más aún, de un "marxismo nacional"? En ese sentido, debe tenerse en cuenta un principio liminar: vivimos en un mundo determinado por la economía mundial, pero ese régimen internacional no afecta a cada país y a cada región de modo idéntico; por el contrario, hace impacto sobre formaciones económicas y sociales distintas, que se modifican radicalmente ante la invasión imperialista y se combinan y se interrelacionan de manera peculiar con ese modo de producción llegado desde afuera (hablamos ahora de las naciones oprimidas, como el Perú de Mariátegui o de nuestra Argentina). Por ejemplo: con toda su importancia y sus enormes luchas, el problema del indio y del campesino no tiene en la Argentina el peso social que sí tiene en Bolivia, Ecuador o Perú. No obstante, se trata de una cuestión clave, al punto que, cuando se habla en nuestro país de la distribución de la renta, se habla básicamente de la distribución de la renta agraria, y últimamente hemos asistido, como tantas veces, a peleas de perros por ese reparto. Se trata de particularidades que necesitan ser estudiadas con todo cuidado y minuciosidad, en sí y en sus vínculos con la economía mundial, siempre en pos de una estrategia única en todos los rincones de la Tierra: la dictadura del proletariado, porque ésta es la época de la revolución obrera y de ninguna otra. Debemos recordar otro principio básico: el marxismo no es un dogma ni un formulario de recetas, sino un método vivo de análisis de una realidad también viva, en constante movimiento y transformación. El marxismo es la luz que nos ilumina la escena, pero no la escena misma. Por eso Mariátegui decía que, especialmente en América latina, la aplicación del método marxista constituye un acto de "creación heroica". Con todas sus limitaciones, que en buena parte fueron las limitaciones de su tiempo y de su país, de su lugar de lucha, ése fue el mérito histórico y gigantesco de José Carlos Mariátegui: se proclamó y fue, como él mismo dijo, "un marxista convicto y confeso", un internacionalista convencido que procuró encender aquella luz para comprender la realidad que pretendía subvertir. Notas 1. En las viejas publicaciones impresas por sistema tipográfico, el alcanza-rejones, casi siempre poco más que un niño, era el encargado de llevar los originales desde la redacción hasta el taller donde el tipógrafo habría de componerlos. 2. Peruanismo que significa periodista de diarios. 3. Se refiere al movimiento gestado en Córdoba en 1918, que tenía abundantes antecedentes no sólo en la Argentina sino en varios puntos de América Latina, muy especialmente en la Universidad de Lima, Perú. 4. Después de múltiples problemas con la familia de su prometida, que lo despreciaba por su origen y su pobreza, se casó con quien sería su compañera por el resto de su vida: Ana Chiappe. 5. Mariátegui estaba obsesionado por conocer el país de los soviets y personalmente a Lenin, pero su esposa antes que su hijo (por entonces muy pequeño) pudo convencerlo de que sería suicida un viaje tan penoso y arriesgado (Rusia estaba bajo bloqueo militar) en su estado de salud, ya por entonces muy malo. 6. Se refiere a la Universidad Popular González Prada, primera universidad obrera de Latinoamérica. En ella no se enseñaban oficios sino política. La habían fundado el propio Mariátegui y Raúl Haya de la Torre, líder de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (Apra). 7. Habla de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, escrito entre 1925 y 1926, pero publicado sólo en 1928. Evidentemente, Mariátegui había hecho llegar a Espinoza una copia del original antes de su edición. 8. En José Carlos Mariátegui: apuntes autobiográficos. Fuente: Seminario internacional sobre la vida y la obra de José Carlos Mariátegui, Guayaquil, Ecuador, 1971. Puede consultarse en www.marxist.org/espanol/mariateg/autobio.htm. 9. Viracocha fue el nombre que adoptó al asumir el trono el príncipe inca Ripa Yupanqui, hijo de Yahuar Huaca, muerto hacia 1430. Viracocha sometió a muchos pueblos vecinos y extendió el Imperio hasta más allá del Callao, Arequipa y Moquegua, precisamente la ciudad donde nació Mariátegui el 14 de junio de 1894. Enorme caudillo y civilizador, Viracocha restauró los santuarios, sobre todo para el culto a sí mismo (el Inca era considerado hijo de Inti, el Sol, máxima deidad de una teogonía todavía vinculada directamente con la naturaleza), promovió la irrigación artificial de tierras eriales, hizo construir en los faldeos serranos las famosas terrazas convertidas en sembradíos y dio al Cuzco una belleza espléndida. Fue uno de los últimos incas precolombinos. 10. Filósofo, historiador y crítico literario italiano (1866-1952). Tuvo importante influencia en la cultura italiana durante la primera mitad del siglo pasado. En 1903 fundó la revista La Crítica, que revisó la historia y la literatura de Italia. Fue ministro, en 1944, del "gobierno de liberación": desde siempre se había opuesto de modo militante al fascismo y también se manifestó contrario a los postulados marxistas. Su pensamiento filosófico seguía ortodoxamente el idealismo de Hegel, sólo reconocía "la realidad del espíritu" e identificaba historia con filosofía. Sus obras más conocidas son El materialismo histórico y la economía marxista (1900), en el cual toma distancias definitivas respecto de Marx; Filosofía del espíritu, cuatro volúmenes editados entre 1902 y 1917; y Breviario de estética (1913). Cumplió un papel de primera línea en la reorganización de Italia después de la II Guerra, lo cual significa decir que contribuyó esforzadamente a aplicar en su país el Plan Marshall, orientado a reconstruir la Europa capitalista de acuerdo con los intereses norteamericanos. 11. Isa Conde, Narciso: El Amauta de la creación heroica, La Ventana, julio de 2006. Puede verse en: www.laventana.casa.cult.cu/modules.php 12. Mazzini (1805-1872) decía tomar la ideología de los jacobinos franceses, extrema izquierda de la Gran Revolución del siglo XVIII. Antes que revolucionario fue un aventurero novelesco, cuya vida transcurrió entre una larga serie de guerras, prisiones, trabajos forzados, destierros y conspiraciones: él mismo se decía un "conspirador profesional" (de algún modo, todo revolucionario lo es). Ocupó Roma y obligó al Papa a huir a Gaeta, hasta que las tropas francesas recuperaron la ciudad tras una cruenta batalla y Mazzini logró refugiarse en Suiza. Cumplió un papel destacado en la constitución de la unidad italiana. Luego, como casi todo el estado mayor de Garibaldi, ingresó en la I Internacional. Fue un demócrata consecuente, en tanto pensó y luchó continuamente por los derechos de los trabajadores, sin los cuales, sostenía, no podía haber una república parlamentaria que mereciera ese nombre. Si se quiere, se trató de un personaje trágico, en cuanto defendía posiciones de la burguesía más avanzada, de la burguesía revolucionaria, cuando el jacobinismo ya no tenía el menor resquicio histórico. En otras palabras: defendía los intereses sociales de una clase que había dejado de existir, extinguida por el devenir de los tiempos y el desarrollo del capitalismo. 13. La última versión castellana es la de la Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1979. También puede consultarse en www.yachay.com.pe/especiales/7ensayos/EN- SAYOS/htm. 14. Mariátegui, J.C.: El período del guano y del salitre (Ensayo I, cap. 3), en Siete ensayos…, www.yachay.com.pe/especiales/7ensayos/ENSAYOS/Ensayo 1C. htm, p. 1. En este sitio, las páginas están numeradas independientemente en cada ensayo. 15. Idem anterior. 16. Idem anterior, p. 2. 17. En patriagrande.net/peru/jose.carlos.mariategui/el.problema.de.la.tierra.htm 18. Véase Justo, Liborio: Bolivia: la revolución derrotada, Juárez Editor, Buenos Aires, 1971. 19. Se refiere al sacerdote católico Bartolomé de las Casas (1474-1566) quien, tras estudiar en Salamanca, se embarcó en condición de "doctrinero" en el buque Española, al mando del conquistador Nicolás de Ovando, en 1502. Ya en América recibió una encomienda (porción de territorio robado a los indígenas) que poco después abandonó para dedicarse a la defensa del indio, por lo cual se le dio el mote de "apóstol de los indios". En 1512 se ordenó sacerdote, en 1522 ingresó en la orden de predicadores y llegó a ser obispo de Chiapas, actual territorio mexicano. Entre sus obras más importantes pueden citarse Memoriales sobre la reformación de las Indias, en la cual denuncia las atrocidades a que eran sometidos los indígenas en las minas, y la más polémica de todas: Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en la cual desarrolla la teoría del "buen salvaje", corrompido al entrar en contacto con una cultura extraña. En ese texto también expone sus ideas sobre ética política, filosofía del derecho, filosofía social, derecho de conquista y derecho de guerra. 20. En www.patriagrande.net…, p. 1. 21. Idem anterior, pp. 2-3. 22. Prensa Obrera N° 977; 21/12/06: "Carta abierta a los compañeros y organizaciones del Mocase", del Partido Obrero de Santiago del Estero. 23. Idem anterior. 24. Kautsky, Karl: La cuestión agraria, Siglo XXI, México 1984, pp. 527 a 540. Ese texto, un clásico marxista en la materia, fue escrito por Kautsky en 1899. 25. Conviene recordar que el capitalismo es el primer modo de producción en la historia que tiene una base técnica revolucionaria, que el revolucionarse continuamente a sí mismo es condición de su existencia, a diferencia de los modos de producción anteriores cuya base técnica era conservadora.

1 de noviembre de 2009
Nacionalismo, indigenismo y socialismo en «Nuestra América»

El libro de Miguel Mazzeo, Invitación al descubrimiento: José Carlos Mariátegui y el socialismo de Nuestra América, tiene particular importancia política en tanto no se trata de un simple ensayo "académico": el autor es uno de los responsables de formación política del Frente Popular Darío Santillán, agrupación piquetera con presencia estudiantil en la UNLP. En la UBA, el libro fue promocionado y vendido por la agrupación La Mella, que publicó una reseña elogiosa del trabajo y organizó una presentación en la Facultad de Filosofía y Letras. Un problema de método El libro en cuestión tiene una seria deficiencia de método, que el autor intenta presentar como una virtud. Mazzeo admite de entrada que pretende hacer una "resignificación y actualización" de la obra de Mariátegui, en tanto la suya es una lectura "desde la actualidad". Dicha resignificación, dice, tiene un adversario político concreto: según Mazzeo, se trata de elaborar "la reformulación de un proyecto socialista para Nuestra América" que rechace los proyectos de la "izquierda tradicional" (págs. 49 y 50). Mazzeo asegura que su intención es elaborar un nuevo "proyecto socialista para Nuestra América. Paradójicamente, Mazzeo presenta esta operación política de "resignificación" de Mariátegui, según las necesidades de su argumentación política presente, como una superación de los tradicionales debates en el campo de la izquierda por "apropiarse" del legado del marxista peruano. Sucede que, en nombre de una supuesta "superación" del método staliniano de "recortar" ciertos aspectos del pensamiento de un autor y censurar otros, con la intención de crearse "próceres" a imagen y semejanza, Mazzeo reproduce exactamente la misma operación. Para "resignificar" a Mariátegui según sus propias necesidades… tienen que inventarse uno, a fuerza de extrapolar conceptos, fragmentar citas y sacar conclusiones históricamente anacrónicas. Para justificar su operación, Mazzeo sostiene que el suyo es un "ensayo" y que "los recortes son inevitables", siempre y cuando se atienda a "las motivaciones que los determinan". No es novedad: siempre son las inquietudes del presente las que guían las preguntas que cualquiera le hace al pasado. Pero eso no significa – no puede significar- una "carta blanca" para manipular a gusto y placer de cada quien los acontecimientos, el pensamiento de los militantes o los debates propios de una época. Mazzeo y La Mella pretenden "reformular el pensamiento socialista para Nuestra América", pero comienzan por mal camino si para hacerlo tienen que inventarse un Mariátegui tan inexistente como el que han construido, a su muerte, el Apra y el PCP stalinista. Como se sabe que quien busca algo siempre lo encuentra, a lo largo de las doscientas páginas del libro de Mazzeo elabora una cuidadosa operación para presentar a Mariátegui como antecesor de los "nuevos movimientos sociales", el "poder popular", el indigenismo y el chavismo. Mazzeo critica la manipulación histórica del stalinismo pero se apropia del mismo método, y "construye" un Mariátegui "a imagen y semejanza" suya. Eclecticismo Para encajar a Mariátegui en sus esquemas, Mazzeo se ve obligado a presentar al marxista de Lima como un ecléctico y un pragmático. A partir de la lectura del libro, el lector puede llevarse la impresión de que Mariátegui habría sido, en la práctica, una suerte de Bonaparte del pensamiento emancipatorio, capaz de colocarse por encima de múltiples corrientes… ¡incluso las surgidas después de su muerte! Según Mazzeo, Mariátegui "desplegó una inusual capacidad para contener, articular y superar positivamente otras tradiciones emancipatorias de Nuestra América, como el nacionalismo revolucionario, el agrarismo y el indigenismo radical (y también, de alguna manera, el afroamericanismo y al antillanismo radicales) y para prefigurar otras, como el guevarismo y la Teología de la Liberación" (págs. 45 y 46, subrayado nuestro). Según Mazzeo, la clave es que Mariátegui no habría puesto en primer lugar la "teoría" (algo característico de lo que llama marxismo "gélido") sino la experiencia y la práctica: "Mariátegui estuvo muy lejos de querer llenar los baches entre las clases subalternas y la política con intervenciones intelectuales. De ningún modo pretendió encontrar un reemplazo para la lucha de clases, la praxis, la experiencia y la identidad" (pág. 47). Para justificar a ese Mariátegui "pragmático" -por no decir oportunista- Mazzeo elabora la principal tesis de su libro: sostiene que el eje fundamental de toda la obra del marxista peruano es la noción de "elementos de socialismo práctico". Mazzeo extrapola así una noción que Mariátegui elaboró para referirse a las vinculaciones de solidaridad y reciprocidad que existían – y aún existen- entre las comunidades andinas, y la transforma en la columna vertebral de toda la obra intelectual y política del pensador peruano. Según Mazzeo, "tal vez, todo Mariátegui se pueda resumir en la noción de elementos de socialismo práctico. Laten en ella el socialismo como camino dinámico, intelectual, sentimental, místico y práctico: el optimismo de la acción, la fuerza creadora" (pág. 81). En realidad, la reivindicación que hace Mariátegui de los elementos comunales de las sociedades indígenas fue realizada – en el mismo sentido que las valoraciones de la comuna campesina rusa elaboradas por Marx en cartas a Vera Zasulich- en el contexto de una polémica con el indigenismo expresado en las corrientes nacionalistas de su tiempo, en particular el aprismo. En los Siete Ensayos, Mariátegui sostuvo que la cuestión indígena en Latinoamérica debía abordarse como cuestión agraria: el problema fundamental era la propiedad latifundista que había dislocado – sin destruirlas- a las comunidades indígenas. Para Mariátegui, cualquier retorno al pasado "incaico" estaba fuera de lugar, del mismo modo que lo estaba cualquier planteo de tipo etapista que plantease la necesidad de una reforma agraria capitalista. El problema del poder Como se trata de un "ensayo" en el cual "los recortes son inevitables", Mazzeo extrapola el concepto y pretende construir un Mariátegui que reivindica, en nombre del "socialismo práctico", una "estrategia emancipatoria" que soslaya el problema de la toma del poder político por parte de los explotados. "¿Qué entiende Mariátegui", se pregunta nuestro autor, "por elementos de socialismo práctico? En líneas generales podemos responder lo siguiente: un conjunto de prácticas sociales que se ratifican en torno a lo comunal, lo público y los valores de uso, también una 'mentalidad', un 'espíritu', en fin: una praxis" (pág. 93). Con una curiosa interpretación de un párrafo de Mariátegui sobre el Imperio incaico – en el cual el peruano sostenía que los incas, a diferencia de los españoles, no habían "violentado" la organización socioeconómica de las comunidades indígenas- , Mazzeo desarrolla sus propios argumentos sobre el problema del poder: "Su idea del socialismo es del mismo signo: un socialismo que 'no violente nada', que dé cuenta de las singularidades, que no sea el fruto de una imposición externa y compulsiva de una totalidad totalizante, de la normativización de la productividad política de las bases, del forzamiento de una totalización trascendente" (pág. 84). Sea lo que fuese que estas palabras grandilocuentes quieran decir, es claro que nada de ello se encuentra en Mariátegui, quien sostuvo, a lo largo de múltiples trabajos, que las tareas históricas del desarrollo nacional peruano sólo podían ser llevadas a cabo por la clase obrera y el campesinado, en el marco de una revolución que no era nacional ni democrática ni indigenista, sino socialista; es decir, que se plantease la lucha por el poder. El propio Mazzeo cita la carta de Mariátegui a Samuel Glusberg donde se lee: "Si la revolución exige violencia, autoridad, disciplina, estoy por la violencia, por la autoridad, por la disciplina. La acepto en bloque, con todos sus horrores, sin reservas cobardes" (pág. 84). Pero dado que el Mariátegui de Mazzeo no tiene por qué parecerse al auténtico – después de todo, "los recortes son inevitables"- el autor señala, sin sonrojarse, que "el socialismo, inquebrantablemente concebido como propiedad colectiva de los medios de producción, autoorganización de las clases subalternas (sic) y poder popular (sic), era para Mariátegui el sistema social llamado a restituir esos equilibrios y a impulsar el desenvolvimiento de la comunidad" (págs. 91 y 92). El problema del Estado Según Mazzeo, Mariátegui se habría opuesto no sólo a pensar el problema del poder según la lógica del marxismo europeo: también habría elaborado una revisión a la idea del Estado obrero, es decir a la dictadura del proletariado. "La comunidad, órgano específico del comunismo campesino-indígena, era para Mariátegui la institución nacional autóctona que se erigía en alternativa al latifundio, a la "feu- dalidad" y también al capitalismo" (pág. 94). Según Mazzeo "el 'comunismo agrario del ayllu' le sirve (sic) a Mariátegui como patrón de un socialismo no estatista. En efecto, Mariátegui no admite las representaciones que reducen al socialismo a la propiedad estatal de los medios de producción, que lo conciben como un epifenómeno de la misma" (pág. 96). El problema del Estado – su carácter de clase, las tareas que se le presentaban a la clase obrera en su estrategia revolucionaria- fue objeto de fundamentales discusiones en la mejor tradición del marxismo revolucionario. Mazzeo da cuenta, sin embargo, de un provincialismo asombroso cuando intenta abordar la cuestión. Sostiene correctamente que, si bien Haya de la Torre "compartía con Mariátegui el argumento favorable a la comunidad campesina y la 'tesis' del 'comunismo incaico'", los diferenciaba la perspectiva de la revolución en Perú, en tanto y en cuanto, según Haya, "el colectivismo agrario era función de una revolución democrático-burguesa y no de una revolución socialista" (pág. 118). Mazzeo, sin embargo, entiende que la posición de Mariátegui es divergente de la de Haya no sólo en cuanto al carácter de la revolución, sino en cuanto al "estatismo": la tesis de Haya de un "Estado antiimperialista" hegemoniza- do por la pequeño burguesía "es burdamente instrumentalista, tanto como la de la izquierda dogmática". Es decir que Mazzeo mete en la misma bolsa al nacionalismo burgués latinoamericano (cuya máxima expresión teórica fue, posiblemente, el aprismo) y al socialismo revolucionario (entendido por él como "izquierda dogmática") en tanto y en cuanto tienen una concepción "estadocéntrica" y "estadolátrica" (sic). Confúnde de esta forma lo esencial: el carácter de clase del Estado. Mientras el nacionalismo burgués fomenta la consolidación estatal en los marcos del capitalismo, el socialismo revolucionario plantea la necesidad histórica de un Estado obrero, para derrotar a la burguesía y avanzar hacia el socialismo. En ese punto, la idea leninista – que fue, en realidad, la superación de un debate donde la crítica al parlamentarismo kautskiano había sido iniciada por la izquierda de la socialdemocracia alemana- recuperó el punto de vista marxista sobre la necesidad histórica de destruir al Estado burgués para dar lugar a otro, de nuevo tipo, basado en las organizaciones de lucha de las masas. Mazzeo reduce el concepto a una tontería, al sostener que Mariátegui habría superado la "matriz estadocéntrica" al considerar a las comunidades como "la base de la nueva sociedad", borrando de un plumazo la necesidad de la revolución socialista, de la toma del poder y del papel de la clase obrera y de sus organizaciones en la destrucción del Estado burgués y la construcción de un régimen socialista. Obreros y campesinos Según Mazzeo, Mariátegui habría "superado", también, los planteos del marxismo europeo respecto de la relación entre la clase obrera y el campesinado, al advertir que en Latinoamérica las clases sociales son más "revolucionarias" que en otros continentes. En efecto, Mariátegui se habría apartado de la formulación de Lenin y Trotsky exponentes del "marxismo gélido", que procuraban una alianza entre obreros y campesinos donde "la hegemonía del proletariado está sobreentendida como el elemento principal"- en tanto "relativiza el rol de caudillo del proletariado y la condición de masa acaudillada del campesinado" (pág. 137). Mazzeo se anima incluso a más: la tradicional concepción marxista sobre la "ambigüedad" del campesinado y su posición "pendular" no sería aplicable al campesinado latinoamericano: "La matriz eurocéntrica, generalmente, no percibe que la clásica 'dualidad' del campesinado – inclinado alternativamente, y siguiendo el vaivén de los ritmos históricos, a los trabajadores y a los subalternos (sic) como explotado y hacia la burguesía como propietario o aspirante a tal condición- no cuenta en absoluto cuando estamos hablando de un campesinado de un país periférico, con fuertes tradiciones comunitarias asentadas en el igualitarismo de base, en la democracia rural y en la producción espontánea de órganos de poder popular" (pág. 138, subrayado nuestro). Así, según Mazzeo – que no se preocupa en este punto por proveer absolutamente ninguna cita para justificar una novedad teórica descomunal que nadie habría advertido hasta hoy-, habría "algo" en el campesinado latinoamericano que lo colocaría al margen de las contradicciones de clase que caracterizan al campesinado en toda la tradición marxista. Se lee en el programa del PSP, escrito por Mariátegui en 1928: "La emancipación de la economía del país es posible únicamente por la acción de las masas proletarias, solidarias con la lucha antiimperialista mundial. Sólo la acción proletaria puede estimular primero y realizar después las tareas de la revolución democrático-burguesa que el régimen burgués es incompetente para desarrollar y cumplir (…) Cumplida su etapa democrático-burguesa, la revolución deviene, en sus objetivos y su doctrina, revolución proletaria. El partido del proletariado, capacitado por la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa, realiza en esta etapa las tareas de la organización y defensa del orden socialista". (Agreguemos simplemente que, además de una cita, Mazzeo debería incluir cierto respeto por el campesinado europeo, que después de todo tiene siglos de resistencia a la opresión feudal, con levantamientos, rebeliones y guerras civiles incluidas.) ¿Es posible el conocimiento científico? Al Mariátegui de ocasión que tenemos la oportunidad de ver construido en el libro parece no haberle alcanzado con "superar" al "marxismo gélido" en lo que respecta al problema del Estado, del poder y de la alianza obrero-campesina, con puntos de vista curiosamente similares a los de los agrupamientos políticos que reivindica Mazzeo. Habría dado un paso más, enfrentando las bases teóricas mismas del materialismo histórico y del socialismo científico. Según Mazzeo, Mariátegui fue "reacio al economicismo", dado que "parte de los seres humanos concretos y sus experiencias". La idea de "socialismo práctico" también "muestra el interés de Mariátegui por lo cotidiano (el espacio de reproducción) como locus de la dominación y la explotación y también de la resistencia y la lucha por un orden alternativo" (pág. 94). Así es que Mariátegui, el autor de los “Siete Ensayos”, el fundador del Partido Socialista Peruano, el intelectual que elaboró una interpretación marxista de la historia de su país a partir de un enorme trabajo de análisis de las fuerzas sociales, de las luchas de clases y de la particular configuración de las estructuras históricas, es presentado como un teórico de lo "cotidiano", y además como un autor "reacio al economicismo". A esta altura ya casi nada sorprende, pero hay más: "La noción de elementos de socialismo práctico se contrapone a la racionalidad objetivista y al 'evolucionismo dialéctico', al 'determinismo mecanicista' o al 'reduccionismo tecnocrático' (presentes en el materialismo dialéctico) que caracterizan a la izquierda dogmática en todos sus formatos posibles y que, a veces, ligeramente, se denominan marxismo o marxismo-leninismo cuando en realidad son sólo diferentes formatos del marxismo unidimensional o, peor aún, remedos de una filosofía naturalista (…) El sujeto, concebido como sujeto 'lógico' (y no como sujeto para sí) para desarrollar su capacidad transformadora necesita una teoría global. Por lo general se supone que debe aportarla el partido" (pág. 152). Vuelve – en realidad nunca se había ido- el Mariátegui "pragmático", hostil a la teoría: "La noción de elementos de socialismo práctico disuade de invertir un solo instante en la determinación 'científica' del sector social, la idea o el acontecimiento con capacidad de revolucionar la sociedad" (pág. 158) ¡Pero Mariátegui invirtió mucho más que un solo instante en la determinación científica del sector social! Ahí están sus textos, por suerte, para probarlo. En realidad, detrás de todo este macaneo acerca del cientificismo, se esconde el tan remanido argumento en favor de una perspectiva que no centre la lucha revolucionaria en la clase obrera. "En síntesis", dice Mazzeo, "en Mariátegui no existe una definición objetivista del sujeto y la clase, no encontramos una delimitación a priori de los mismos y, por lo tanto, está ausente la tradicional adjudicación de funciones redentoras en función de las estructuras" (pág. 161). Si las "funciones redentoras" no están adjudicadas en "función de las estructuras", significa que la pequeño-burguesía latinoamericana, y no la clase obrera, puede dirigir el proceso revolucionario y la "emancipación" de "Nuestra América". ¿Para qué tanto palabrerío? El problema del partido Aunque ya es más que suficiente, todavía hay más. Como no podía ser de otro modo, Mariátegui también habría "prefigurado" la crítica a la organización de los trabajadores en la forma del partido. Veamos: "La noción de elementos de socialismo práctico choca con las concepciones dirigistas y partidocéntricas basadas en la realidad instrumental típica de la modernidad europea (…) Justamente porque no parte de situaciones óptimas para alimentar aparatos sino que se basa en espacios donde el socialismo acontece embrionariamente, en posibilidades fundadas en una lógica inherente: no vertical, no burocrática, a diferencia de los partidos de la vieja izquierda" (pág. 166). ¿Vieja izquierda? ¿No vertical? ¿Mariátegui vivió en Perú antes de 1930 o en la Interbarrial de Parque Centenario? Como ya todo empieza a perder sentido, Mazzeo debe reconocer que "aunque Mariátegui no teorizó demasiado sobre el partido, en líneas generales y fiel al tiempo en que actuó (sic), descuenta que es 'la forma' de organizar a las clases subalternas en pos de un objetivo socialista" (pág. 166). Es decir que si Mariátegui reivindicó al partido fue sin haber "teorizado demasiado" sobre el punto, y debido a que solía dedicar algún momento a analizar "el tiempo en el que actuaba", en los ratos libres que le dejaba, claro está, la tarea de "prefigurar" lo que le conviene a Mazzeo. Como ya es bastante claro, a esta altura del libro, que casi nada de lo que se plantea sobre Mariátegui tiene asidero en las obras del marxista peruano, Mazzeo tira la toalla y admite que ya no vale la pena citar nada: "Más allá de que las citas pueden avalar emplazamientos contradictorios y que una guerra de citas además de extensa podría ser pareja (sic), creemos que lo más significativo es determinar qué idea de partido podemos derivar de una concepción del socialismo como proyecto vital y no como 'canon', qué funciones le asigna Mariátegui en el marco de un proceso emancipatorio. Nos parece lícito un ensayo de deducción de su concepción de la organización partidaria a partir del conjunto de su obra" (pág. 167, subrayado nuestro). Puestos a "deducir", claro, todo vale: "Insistiendo en la necesidad de instancias de dirección-conducción, Mariátegui apostaba a que éstas surgieran orgánicamente articuladas a los movimientos sociales y las organizaciones de masas y en correspondencia con nuestro modo de ser. Este es otro aspecto que instituye su vigencia, que muestra al amauta prefigurando la dinámica de los nuevos movimientos sociales" (pág.171, subrayado nuestro). ¿Ya llegamos a la India? Hacia el final del libro, afortunadamente, Mazzeo deja de "resignificar" y desarrolla sus puntos de vista: el producto está terminado, ahora se trata de saber a quién representa el Mariátegui que ha construido. "Hablamos al comienzo de poder popular. El socialismo del siglo XX puso el énfasis en el poder más que en lo popular. En la actualidad, en Nuestra América, existe un conjunto de evidencias que nos plantean que el socialismo del siglo XXI pondrá el acento en lo popular más que en el poder (…) Ahora, recién ahora, cabe esperar el desenvolvimiento de la índole más recóndita y extraordinaria del indigenismo que en los últimos años se viene configurando también como componente de una cultura popular urbana, de un nuevo nacionalismo antiimperialista radical y de todas las tradiciones autogestivas de las clases subalternas" (pág. 191). Parece que vamos llegando al final del camino: Mazzeo sostiene que "Mariátegui está siendo 'ratificado' y 'repensado' por (y desde) las experiencias de resistencia y lucha de los pueblos de Nuestra América" y se decide, finalmente, a enumerar quiénes son los sujetos políticos para los cuales ha construido este Mariátegui a piaccere: Son "los municipios autónomos rebeldes y otras iniciativas de los zapatistas que cuestionan la centralidad del proletariado y no reducen lo político a lo estatal, o las modalidades autoorganizativas desarrolladas por indígenas, campesinos, obreros, amas de casa y estudiantes en la Comuna de Oaxaca"; "el MST de Brasil", "las organizaciones populares que bregan por una radicalización de los procesos iniciados en Venezuela y llaman a construir poder popular desde diferentes ámbitos, por ejemplo los compañeros y compañeras del Frente Nacional Comunal Simón Bolívar (FNCSB) y del Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora (FNCEZ)", "la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia". ¿Después de tanta resignificación, nos enteramos que quienes "repiensan" hoy a Mariátegui son los indigenistas del EZLN, un par de agrupaciones chavistas y organizaciones campesinas? Ahora vemos por qué tanto esfuerzo en "quitarle centralidad" a la clase obrera y no dejar que "las estructuras" adjudiquen las "funciones redentoras". ¿Era esta la 'reformulación del socialismo'? Señor Mazzeo, devuélvame el dinero. Notas 1- José C. Mariátegui: "El problema del indio" y "El problema de la tierra", en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (Lima, 1928); El problema de la tierra y otros ensayos ( La Habana, 1960); Programa del Partido Socialista Peruano (1928), en La organización del proletariado (Lima, 1967). 2- Mazzeo comete un error histórico de envergadura cuando dice que "este punto de vista no sólo distanció a Mariátegui del nacionalismo populista sino que generó contradicciones con la IC que también se pusieron de manifiesto en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana realizada en Buenos Aires" (119). En realidad, este error es producto de su constante manipulación de citas y conceptos y de su admitido desinterés por estudiar en serio la historia del marxismo, en nombre de prejuicios provincianos, apelaciones románticas a "Nuestra América" y críticas térmicas al supuesto "marxismo gélido". Mazzeo confunde, a lo largo de todo el libro, la política del Comintern antes y después del VI Congreso: durante la presentación del libro, señaló que antes de 1928 la política de la IC era el "frente popular". Advertido de su error por un militante de La Mella, se corrigió y aclaró que era el "frente único proletario". En realidad, como es sabido, la táctica de la IC durante esa etapa era la del "frente único anti-imperialista". Digamos que la incomprensión de este problema hace realmente dificultoso estudiar a Mariátegui, quien militó precisamente en el período clave de burocratización de la IC, y durante el cual se dieron los virajes más criminales que llevaron a esta organización a organizar las peores derrotas de la clase obrera. 3- Hay manipulaciones que están en condiciones de competir con el más pintado de los manuales soviéticos: Mazzeo incluye una cita de 1918, en la cual Mariátegui dice que "los partidos no son eternos", sino que deben responder "a una necesidad o una aspiración transitoria como todas las necesidades o aspiraciones" para sacar como conclusión que se trata de "una enseñanza significativa en estos tiempos en que los partidos de izquierda (a pesar de tanto, a pesar de todo) cultivan impúdicamente el fetichismo del aparato y hasta celebran el tiempo de su ineficacia, de su postración, de su falta de arraigo y de imaginación y de su idealización de divergencias interiores" (pág. 172).

1 de noviembre de 2009
Conversaciones con Trotsky
Fritz Sternberg

Publicado originalmente en Survey: A Journal of Soviet and East European Studies, N° 47, abril de 1963, pp. 146/59. Según las memorias de Jean Van Heijenoort (1) , en 1934 Trotsky invitó al economista marxista Fritz Sternberg a escribir un trabajo en común sobre la economía mundial: "En los primeros días de septiembre Trotsky mantuvo largas conversaciones con Fritz Sternberg, un economista alemán a quien Trotsky es- perabapersuadir para que escribiera la sección sobre la situación económica mundial del programa de la nueva Internacional.. Pero nada resultó de esta idea porque Sternberg se alejó del trotskismo"? Esta es la versión de Sternberg de esas reuniones. Con el beneficio de la visión retrospectiva, queda claro que Trotsky tenía razón y Sternberg estaba equivocado acerca de las perspectivas del régimen soviético. En 1954, la Cuarta Internacional publicó una revisión muy crítica de uno de los últimos escritos de Sternberg.. (2) Primero debo dar cierta explicación sobre cómo llegué a pasar alrededor de una semana con Trotsky en Francia, en 1934. Mi primer libro importante, Der Imperialismus, apareció en Berlín en 1926. Este trabajo, que tenía poco que ver con la política cotidiana, era en esencia una crítica tanto a la social- democracia alemana como al Partido Comunista de Alemania. En oposición a los comunistas, analizaba las razones por las cuales las clases obreras de Gran Bretaña, Europa Oriental y Estados Unidos gozaron, por prolongados períodos, de aumentos salariales; y, en oposición a los puntos de vista de la socialdemocracia, buscaba indicar por qué, aunque las crisis económicas habían disminuido en el pasado, estábamos entrando en un período en el cual esas crisis debían necesariamente volverse más agudas y en las cuales el creciente desempleo y la caída de los salarios podrían producir situaciones revolucionarias. El libro despertó amplia atención. La prensa oficial de los partidos comunistas de Alemania y Rusia naturalmente lo repudió porque contradecía muchos de sus dogmas. Un gran número de periódicos socialdemócratas porque, con la inflación alemana eliminada sólo algunos años antes, contaban con un boom económico de larga duración. Entonces, un análisis que buscaba probar que había más crisis por delante – y crisis que superarían por mucho a las que la antecedieron en violencia e intensidad- no se correspondía con la política prevaleciente de la socialdemocracia. El libro, sin embargo, ganó la aprobación entusiasta de los periódicos de izquierda dentro del rebaño socialdemócrata y la periferia comunista. De esta manera entré en contacto con muchos grupos que no estaban de acuerdo ni con el partido socialdemócrata de esos días ni con el partido comunista alemán (yo mismo nunca pertenecí a ninguno de los dos). En 1929 publiqué un libro más corto, titulado Der Imperialismus undseine Kntiker, en el cual desarrollaba ciertas líneas de pensamiento introducidas en Imperialismus, y al mismo tiempo respondía a algunos de los que criticaron mis puntos de vista. En 1932, en momentos en que los nazis se habían convertido en el partido más fuerte de Alemania, apareció un nuevo libro: Der Niedergang des deutschen Kapitalismus. Niedergang demostraba que muchas publicaciones socialdemócratas estaban intentando minimizar y reducir el alcance de la presente crisis; que los socialdemócratas no tenían una política adecuada para enfrentar una crisis de tales dimensiones; y que, por otra parte, los comunistas alemanes – que estaban atacando a los social- demócratas como "social-fascistas"- , habían perdido, por su política durante esos años, toda pretensión de la confianza de los trabajadores. Mientras tanto, me había unido al recientemente formado SAP o Sozialistische Arbeiterpartei (Partido Socialista Obrero). El SAP no tuvo éxito político. Cuando hablaba en actos y reuniones por todas las ciudades de Alemania, frecuentemente encontraba acuerdos con mi análisis de la situación política pero me decían que era equivocado o, en todo caso, demasiado tarde para que un nuevo grupo fundara un nuevo partido. O los socialdemócratas (SPD) y los comunistas (KPD) se combinaban, decía el argumento, o la victoria de los nazis sería inevitable. Fui frecuentemente contactado durante este período por trotskistas alemanes. Los trotskistas no tenían influencia política pero eran extremadamente francos en muchas cuestiones políticas, planteaban problemas para la discusión, y dedicaban una particular atención a cuestiones por las que el propio Trotsky todavía no se había preocupado. También fui visitado por Sedov, el hijo de Trotsky. Reverenciaba a su padre pero no se había vuelto un neurótico – como sucede tan frecuentemente con los hijos de personas brillantes y famosas- principalmente porque se sentía personalmente identificado con la misma causa. Cuando Sedov vino a verme por primera vez a Berlín, Trotsky ya había sido deportado de Rusia y estaba viviendo en Prinkipo. Le dije a Sedov que me gustaría mucho reunirme con su padre y, algún tiempo después, me hizo saber que Trotsky estaría contento de verme. Trotsky había ido a Dinamarca para una breve visita (creo que para dar una conferencia), y Sedov llamó varias veces a mi departamento en Berlín para discutir los preparativos. Nada resultó de ello, sin embargo. Trotsky tenía mucho que hacer durante su viaje y lo mejor que podía esperar de él era una simple entrevista de una hora o dos. En la creencia de que poco positivo podía ganarse, no fui (a Dinamarca). Recuerdo las visitas de Sedov claramente y siempre las registré en mi diario. En una de las múltiples campañas de mentiras de Stalin contra Trotsky, una vez se argumentó que Sedov había estado en Copenhague a una determinada hora de un determinado día, realizando preparativos para una reunión entre Ribbentrop (que llegaría a ser ministro de relaciones exteriores en la Alemania nazi) y su padre. Ese día y a esa hora, el hijo de Trotsky estaba, en los hechos, conmigo en mi departamento de Berlín. Acordé con ir a Prinkipo en una fecha posterior, pero la visita nunca tuvo lugar. Entonces los nazis llegaron al poder y, en marzo de 1933, emigré. Trotsky dejó Prinkipo y en 1934 fue a Francia, un país que yo visitaba frecuentemente aunque vivía principalmente en Suiza. La victoria nazi y el colapso total y sin resistencia del movimiento obrero alemán naturalmente estuvieron cargados de consecuencias en todos los niveles. El Partido Comunista alemán intentó escabullirse mediante mentiras de la derrota total, y hubo serias disputas entre los socialdemócratas. Como resultado de que los dos mayores partidos obreros de Alemania habían fracasado tan completamente, hubo un breve resurgimiento en el poder de atracción de los grupos que habían criticado a esos partidos antes de la debacle de 1933. Esto se aplicaba tanto al SAP como a los trotskistas. Además, existían fuera de Alemania partidos aislados y grupos que no pertenecían ni a la Segunda ni a la Tercera Internacional. Entre ellos estaban el Partido Laborista de Noruega, que agrupaba a la inmensa mayoría de los trabajadores noruegos, el ILP británico, un grupo holandés que había roto hacía mucho tiempo con el partido socialdemócrata holandés, trotskistas de muchas nacionalidades y el SAP alemán. En 1934, esos partidos y grupos – quizás haya omitido a algunos- realizaron una conferencia en París en la cual los trotskistas presentaron una resolución que llamaba a la fundación de una nueva, Cuarta Internacional. Asistí a esa conferencia como uno de los representantes del SAP, el cual – como la mayoría de los otros grupos- rechazó la propuesta trotskista considerándola totalmente utópica. Varias semanas después de esta conferencia, los grupos presentes en ellas (noruegos, ingleses y holandeses, así como también representantes del SAP) visitaron a Trotsky separadamente. Después de discutir la cuestión con algunos trotskistas, decidí que sería mejor que visitara a Trotsky sin acompañantes, principalmente porque tenía cierto temor de que de otra manera, él concentraría la discusión enteramente en su proyecto favorito, la fundación de la Cuarta Internacional. Un día dejé París con un destino desconocido. El sitio de residencia de Trotsky era mantenido estrictamente en secreto a causa de las persistentes amenazas de asesinarlo, tanto de los comunistas franceses como de la extrema derecha, que se habían opuesto ferozmente a que se le otorgara el asilo político. Un joven que pertenecía al grupo trotskista se reunió conmigo en mi hotel y me llevó a la estación. No fue sino hasta que compraron mi boleto que supe hacia dónde estaba yendo. Luego de realizar un largo vieja hasta la costa, me recibió otro joven trotskista que me llevó a un hotel cercano al mar. Trotsky, sin embargo, no estaba allí. El joven me indicó qué colectivo tomar hasta la casa donde vivía Trotsky. En futuras ocasiones, hice el viaje sin acompañantes. Aunque la seguridad de Trotsky había sido garantizada en Prinkipo por la presencia permanente de la policía turca, su refugio francés no estaba bajo protección policial. Pienso que su esposa estaba viviendo con él allí, aunque nunca la vi; sus otros acompañantes eran Sedov y varios jóvenes trotskistas que realizaban tareas de secretarios. Había también dos entrenados perros de guardia alsacianos. En la primera ocasión, mi visita se limitó a media hora y estuvo dedicada a discutir la agenda del día siguiente. El estudio de Trotsky era una amplia sala con un escritorio inusualmente ancho. Después de darme la bienvenida, nos sentamos uno enfrente del otro en ese escritorio para conversar. Nunca había visto a Trotsky antes, pero habría reconocido su cabeza en cualquier parte. No era, sin embargo, exactamente como lo imaginaba; era más alto y más ancho de lo que esperaba. El día era relativamente cálido, recuerdo, y Trotsky vestía un traje color crema. Habíamos intercambiado algunas escasas palabras de bienvenida cuando Trotsky comenzó: "Ustedes, los del SAP, votaron contra la fundación de la Cuarta Internacional en París". Intenté sacarlo del tema, pero él insistía en saber si yo simplemente seguía la línea de mi partido o si estaba personalmente opuesto a la creación de una Cuarta Internacional. Le respondí que en este punto estaba de acuerdo con el SAP y que me oponía a la fundación de la Cuarta Internacional en esta coyuntura, agregando que sólo podría explicar mi posición dándole un análisis realmente exhaustivo de varios problemas que había tocado sólo superficialmente en el debate sobre la fundación de la Cuarta Internacional, pero que, en mi opinión, habían sido analizados insuficientemente o que no habían sido analizados del todo. Trotsky entonces preguntó: "¿Usted también defiende el punto de vista de que la Segunda y la Tercera Internacional fracasaron sobre la cuestión alemana y por lo tanto comparten la responsabilidad de la victoria nazi en Alemania?". Respondí que, en mi opinión, no existían cosas tales como la Segunda y la Tercera Internacional, que el Partido Bolchevique de Rusia bajo el liderazgo de Stalin tenía la mayor parte de la responsabilidad por la derrota de la clase obrera alemana, y que la Segunda Internacional no había hecho más que aprobar resoluciones y mostrar un interés muy académico sobre el tema. "¿Está usted preparado – preguntó Trotsky entonces- a discutir y redactar, aquí y ahora, un memorando sobre el fracaso de la Segunda y la Tercera Internacional en la cuestión alemana, un fracaso que está afectando decisivamente a todo el movimiento obrero en cada país?". Respondí que sería muy feliz en trabajar en ese memorando pero sentía que, dado que la duración de mi visita había sido estipulada en apenas una semana, sería una tarea muy dura. Trotsky sonrió. (Tengo un recuerdo particularmente vivo de esto porque su expresión permaneció casi invariablemente grave durante nuestras discusiones.) "Querría contarle una historia de la época de la Guerra Civil", dijo. "No sólo tuvimos que derrotar a nuestros enemigos físicamente, sino que también tuvimos que enviar innumerables manifiestos y despachos a los rusos y a todo el resto del mundo, que todavía estaba en guerra cuando la revolución comenzó. También tuvimos que redactar un gran número de resoluciones para servir de guía a nuestro propio partido. Frecuentemente nos sentábamos en pequeños círculos en esos días – no en una mesa confortable como ésta, sino frecuentemente en una pequeña o incluso en ninguna- , y no nos sentábamos en sillones confortables sino en cajas de madera o en barriles. Cuando Lenin o yo encargábamos a un compañero la redacción de un memorando, o un decreto o un análisis de una situación particular, frecuentemente nos decían, en los primeros días, que el trabajo tomaría semanas. La respuesta de Lenin era: "No tenemos semanas, sólo algunas horas como máximo. Todos saben las condiciones en las que estamos trabajando, así que usted puede redactar como si fuera 'escrito sobre mis rodillas'… Esa frase – 'escrito sobre mis rodillas'- se aplica a todo el período revolucionario. "Y ahora, dijo Trotsky, no insistiré con que usted traiga el memorando con usted mañana, pero pienso que podría hacerse durante su actual estadía, e incluso si usted no está enteramente satisfecho con la composición de las frases, siempre recuerde 'escrito sobre mis rodillas'…". Esto concluyó nuestra primera conversación, aunque resolvimos algunos detalles técnicos antes de que me fuera. Trotsky me dijo que se levantaba temprano pero que prefería reservar la mañana para su propio trabajo. Sugerí que podía emplear el tiempo trabajando en el memorando o reflexionando sobre las cuestiones a ser discutidas por la tarde, aunque preferiblemente cuestiones relacionadas con el memorando. Después de la cena podríamos tener tiempo para una discusión más amplia. Me despedí y tomé el ómnibus de regreso a la ciudad en la que estaba parando. A la tarde siguiente me reuní con Trotsky a la hora acordada. Tanto como puedo recordar, nunca tuvo que esperarme. Aunque era un trabajador incansable, tenía una profunda conciencia del tiempo. Yo me había propuesto discutir tres temas principales: primero, el de la llamada aristocracia obrera; segundo, las crisis económicas; y, tercero, la cuestión de la Segunda y la Tercera Internacionales. Comencé por el primero. Comencé con la afirmación de Marx de que la clase obrera está sujeta a la ley del empobrecimiento absoluto y de que esa ley podría ser modificada por múltiples circunstancias en el curso de su realización. La fórmula de Marx, señalé, se ha vuelto completamente inadecuada. Estamos viviendo en 1934, y en los sesenta o más años desde que Marx publicó El Capital no ha ocurrido un empobrecimiento absoluto. Por el contrario, los centros industriales del mundo han sido testigos de un marcado aumento en los salarios. Es significativo, continué, que incluso en las últimas ediciones de El Capital, Marx omitió dar cualquier análisis del curso de los salarios desde mediados del siglo XIX. El programa del Partido Bolchevique previo a la Primera Guerra Mundial había eludido cuidadosamente este punto. Señalé que las exposiciones de Engels sobre esta cuestión eran imperfectas e inadecuadas. En su primer trabajo, La condición de la clase obrera en Inglaterra, que apareció antes que el Manifiesto Comunista, Engels dedujo del empobrecimiento de la clase obrera inglesa durante la tercera y la cuarta década del siglo XIX que habría una revolución social en Inglaterra. Pero asumió que una cierta combinación de factores que eran sintomáticos de la primera Revolución Industrial – en particular el crecimiento del desempleo y la creación de una reserva permanente de trabajo- eran una característica esencial y permanente del modo capitalista de producción y no podrían ser eliminadas en ese marco. En una nueva introducción a su trabajo, publicada luego de la muerte de Marx, Engels admitió algunos de sus tempranos errores y declaró que en Inglaterra, un país que explotaba al mundo entero, había crecido una aristocracia obrera. Sin embargo, aunque algunas secciones de la clase obrera inglesa ocasionalmente recibían una parte de los beneficios, la vasta mayoría de los trabajadores ingleses estaba en malas condiciones, y que la aristocracia obrera inglesa desaparecería cuando Inglaterra perdiera su status de potencia mundial porque los trabajadores ingleses se verían entonces reducidos a los niveles prevalecientes en Europa continental. Vi estos señalamientos como igualmente erróneos. No sólo los salarios de los obreros ingleses no cayeron, sino que los salarios ingleses, alemanes y franceses – para no hablar de los de los trabajadores norteamericanos- han crecido todavía más. Ahora llego a Lenin, y Trotsky, que había estado escuchándome, aunque más bien como uno escucharía una conferencia académica, asumió una expresión de atención inusualmente atenta. Escribiendo treinta años después de Engels, Lenin corporizó los mismos errores fundamentales en su Imperialismo. Introdujo muchas estadísticas en su libro, señalé, pero omitió dar una simple cifra de la evolución de los salarios reales en Inglaterra, Francia, Alemania o los Estados Unidos, y habló de una aristocracia obrera cuyas condiciones de vida han mejorado tanto bajo el imperialismo que votó los créditos de guerra en los países involucrados en la Guerra Mundial. De acuerdo con Lenin, en consecuencia, el objetivo comunista debería ser separar a las amplias masas de trabajadores, que representan la mayoría de la clase obrera, de la aristocracia obrera semi-burguesa. Contra esto argumenté que, aunque hay y hubo marcadas diferencias en los niveles de vida de los trabajadores, y de que puede ser válido hablar de una aristocracia obrera, tal aristocracia podría crecer bajo condiciones de reducción, estabilidad o aumento de los salarios. Fue característico de las décadas previas a la Guerra Mundial que los salarios de toda la clase obrera crecieran considerablemente y no en años particulares sino durante décadas y generaciones. Esta es la razón por la cual el punto de vista de Lenin sobre la inminencia de la revolución a escala mundial era ilusorio y por qué la Revolución de Octubre ha permanecido como un fenómeno aislado. Trotsky planteó entonces una serie de preguntas concretas sobre el movimiento de los salarios, todas las cuales fui capaz de responder con rapidez y precisión porque había dedicado varios años a esta cuestión. Cuando cité un número de libros y pequeñas publicaciones, Trotsky enfatizó: "Tengo un montón de terreno perdido para recuperar en este terreno. Era familiar con la mayoría de la literatura sobre el tema hasta comienzos de 1917, pero nunca logré hacer ningún estudio sistemático después de esa fecha. En primer lugar, tuve que ayudar a Lenin a organizar la revolución y a defenderla durante la Guerra Civil. Entonces vinieron los años de reconstrucción bajo las más arduas condiciones, luego la lucha contra Stalin, el destierro a Siberia y la deportación a Turquía. En Prinkipo, mi tiempo estaba completamente ocupado con la escritura de tres largos libros (su autobiografía y los libros sobre las revoluciones de febrero y octubre), pero ahora puedo ponerme al día y leer lo que se ha publicado desde 1917". Trotsky entonces me preguntó si yo pensaba que la revolución tuvo alguna posibilidad en Alemania. Quería saber el número de miembros de la Liga Espartaco, y si yo tenía alguna información sobre el tema más allá de lo que era generalmente conocido. Respondí que en mi nativa Breslau, que entonces tenía medio millón de habitantes y estaba representada en el Reichstag (parlamento) por dos diputados socialdemócratas, yo había visto sólo una vez un panfleto espartaquista, incluso aunque tenía mis ojos abiertos a todo lo que aparecía. Señalé entonces que Rosa Luxemburgo era intelectualmente muy superior a Ebert y Scheidemann. Si los dirigentes de la socialdemocracia realmente eran los representantes de una aristocracia obrera y no de la amplia masa de socialistas, ¿por qué la mayoría de los trabajadores los apoyaron, y por qué Luxemburgo y Liebknecht no lograron reunir ninguna sección sustancial de la clase obrera de su lado? Discutimos la cuestión de la aristocracia obrera durante algunos días. En aquel momento sentí que si no había convencido a Trotsky, al menos le había dado alimento para su pensamiento, pero un día, cuando estábamos discutiendo problemas relacionados con Rusia, dijo: "Stalin y los stalinistas siempre están tratando de presentarme como un antileninista. Es una sucia mentira, por supuesto. Tuve profundas diferencias de opinión con Lenin antes, durante y después de la Revolución, pero durante la propia Revolución y los años vitales de la Guerra Civil, los acuerdos siempre predominaron entre nosotros". Continuando con el tema, Trotsky declaró que no tenía deseos de darles a sus oponentes en Rusia una nueva arma al adoptar una posición contra el punto de vista de Lenin sobre la aristocracia obrera. Una vez que dejó en claro que, aunque sea por razones tácticas, no deseaba atacar las posiciones de Lenin sobre esta cuestión, abandonamos el tema y pasamos a la cuestión de la crisis económica. Comencé señalando que Marx no había tratado sistemáticamente el problema de la crisis en el primer volumen de El Capital, y que los volúmenes publicados luego de su muerte sólo habían tocado aspectos aislados de la cuestión. Entonces, si su teoría acerca del empobrecimiento absoluto de los trabajadores era correcta, debe concluirse que Marx no sólo había contado con la crisis sino con crisis de una severidad siempre creciente. Engels había enfatizado varias veces que Marx y él esperaban que la próxima crisis alimentara nuevos movimientos revolucionarios; sin embargo, esa crisis no tuvo lugar durante sus vidas. Enfaticé además que el celebrado artículo de Lenin sobre Marx para la Enciclopedia (Granat) no exploró esta cuestión más profundamente; todo lo que hizo fue escribir sobre las "crisis de sobreproducción que estallan periódicamente en los países capitalistas, inicialmente cada diez años en promedio y luego a intervalos de variada duración". Cuando Trotsky me preguntó sobre mi evaluación de la situación antes del estallido de la guerra de 1914/18, respondí que – aunque pueda sonar paradójico- la situación había estado marcada por una relajación de la tensión económica aunada a un agravamiento de la tensión económica. Las décadas en cuestión, continué, se caracterizaron por breves crisis económicas que representaron simplemente un freno temporario al inmenso crecimiento económico general. Antes de la Guerra Mundial, los trabajadores en los países industrializados de Europa no sólo gozaron de sustanciales aumentos salariales sino que formaron organizaciones sindicales que fueron poco afectadas por las fluctuaciones económicas. La conclusión que extraje de esto fue que los voceros-teóricos de la clase obrera tenían tres preguntas a responder: primero, ¿por qué fueron tan severas las crisis de mediados del siglo XIX (dejaron una impresión imborrable a Marx y Engels, que se extendió durante toda su vida)?; segundo, ¿por qué las crisis desde entonces disminuyeron en lugar de ganar en severidad, al punto que las grandes naciones industriales fueron a la guerra sin sacudidas económicas previas de extrema violencia? Tercero, ¿por qué la crisis de 1929 fue tan profunda que en Alemania, que fue más afectada que cualquier otro país europeo, hizo posible la victoria de un movimiento reaccionario, contrarrevolucionario como el nacional-socialismo? Trotsky me preguntó entonces acerca de la influencia de la Segunda y la Tercera Internacional. Yo, por mi parte, le pregunté a Trotsky si la Segunda y la Tercera Internacional habían existido realmente antes de que los nazis tomaran el poder en Alemania. Acordamos que hasta esa coyuntura, no lo habían hecho, pero yo no pensaba que hubiera ido lo suficientemente lejos. La importancia de la Segunda Internacional había sido enormemente exagerada en los folletos y libros publicados por Lenin durante y después de la guerra de 1914/18; nunca fue más que una laxa alianza entre varios partidos socialdemócratas europeos. Yo desconocía cualquier circunstancia en la que hubieran aprobado una resolución dirigida contra uno de los partidos nacionales y obligado a ese partido nacional a implementarla de acuerdo con los principios del socialismo internacional. Por lo tanto era equivocado, en mi opinión, atribuir el colapso de la Segunda Internacional al voto en favor de los créditos de guerra. Todo lo que había colapsado eran las ilusiones sobre la Segunda Internacional que habían sido fomentadas en muchas partes, ilusiones que su conducta antes de la guerra no hizo nada para sostener. Trotsky no estaba enteramente de acuerdo. Creía que las ilusiones habían sido un factor importante y que tenían que ser destruidas – como las había destruido Lenin- para abrir el camino a una Tercera Internacional. Respondí que eso habría sido correcto si la Tercera Internacional hubiera existido alguna vez, pero que ella, también, era igualmente inexistente. El Partido Bolchevique ruso, como depositario del poder en Rusia, dominó la Tercera Internacional tan completamente que la llamada Internacional y sus partidos nacionales constitutivos se convirtieron nada más que en una herramienta en manos rusas – un proceso que creció enormemente una vez que Stalin consolidó su control sobre Rusia. Su influencia sobre el Partido Comunista alemán y sobre el movimiento obrero alemán había sido considerable pero, en mi opinión, negativa. Aquí Trotsky me interrumpió: "Usted sabe que estamos de acuerdo en esto, pero yo no estuve en Alemania en el período en cuestión y usted sí. Quizá pueda darme algunos ejemplos concretos de dónde los efectos negativos de la influencia rusa sobre el PCA y sobre el movimiento obrero alemán fueron particularmente notables". Respondí que bajo Stalin la dirección del PCA fue cambiada constantemente de acuerdo con los requerimientos de sus propias luchas faccionales. Esto significó que todas las cabezas realmente independientes abandonaron el Partido Comunista o fueron excluidas. Esto significó también que, a largo plazo, la única gente que retuvo el poder dentro del PCA fueron los mandaderos stalinistas, nada más. Finalmente, esto significó que los rusos fueran engañados – e inevitablemente- sobre el verdadero estado de la situación en Alemania, desde el momento en que los dirigentes del PCA tenían que enmascarar el real progreso de la contrarrevolución nacional-socialista como un avance comunista. Recordé cómo – cuando estuve durante dos meses en Rusia en 1930, en momentos de las elecciones del Reichstag (en las cuales los nazis tuvieron un gran éxito y, con más de seis millones de votos, se convirtieron por primera vez en una fuerza significativa)- la prensa comunista de Rusia y de Alemania presentó las elecciones como una victoria comunista porque los comunistas habían ganado algún terreno a expensas de los socialdemócratas. Yo estaba en Tiflis en ese momento, y cuando hablé a algunos comunistas sobre la situación en Alemania, me preguntaron qué pensaba de la victoria del Partido Comunista alemán. Mi comentario de que los comunistas no habían obtenido ninguna victoria, y que las elecciones habían sido una victoria aplastante de los nacional-socialistas, fue recibido con una alarmante incredulidad. En ese momento, di por seguro que las provincias rusas desconocían los acontecimientos, pero encontré la misma actitud en Moscú. Cuando discutí la cuestión con otra gente a la cual consideraba mejor informada, admitieron que no creían que las fuentes comunistas alemanas pudieran dar un informe genuino porque cada dirigente comunista alemán tenía miedo de perder su empleo. Resumí mis puntos de vista diciendo que, mientras la Segunda Internacional no tuvo influencia en los acontecimientos alemanes, la política de Stalin se había probado como una asistencia directa al nacional-socialismo. En muchos círculos, le dije a Trotsky, la gente incluso decía que la victoria de Hitler habría sido imposible de no ser por la política de Stalin. Trotsky finalizó la discusión con unos pocos señalamientos para dejar en claro que, aunque manteníamos puntos de vista conflictivos en un buen número de puntos importantes, existía el suficiente terreno común para que él creyera que podríamos acordar en un memorando que tratara sobre la cuestión de la derrota alemana y el fracaso de la Segunda y la Tercera Internacional. Sugirió que yo debería redactar inmediatamente el documento. Lo hice puntualmente durante mi estadía, y cuando presenté el texto a Trotsky sólo hubo algunos puntos menores que corregir. El memorando analizaba los errores de la socialdemocracia alemana y del Partido Comunista desde la crisis mundial (de 1929) hasta el ascenso de los nazis al poder. Dedicaba particular atención al papel enteramente negativo jugado en Alemania por el Partido Bolchevique bajo la dirección de Stalin durante todo este período. Aunque el documento estaba, por lo tanto, expresamente dirigido contra la Tercera Internacional, no contenía ninguna recomendación, como la fundación de una Cuarta Internacional. Trotsky realizó repetidos intentos de convencerme en este punto, declarando, entre otras cosas, que al principio sólo habría pequeños grupos que, después del fracaso de la Segunda y la Tercera Internacional, harían hincapié en la formación de la Cuarta Internacional. Esos pequeños grupos no podrían ser cargados con la tarea de justificar los errores pasados de los partidos mayores y se les debía permitir dar una explicación sin inhibiciones para establecer los fundamentos de un renacimiento del movimiento obrero internacional. Empleando estos argumentos y otros similares, Trotsky intentó darme la impresión no sólo de que la creación de la Cuarta Internacional era necesaria, sino también de que los preparativos para ello comenzarían en el futuro cercano. Cuestioné la validez de este razonamiento, argumentando que había que hacer una distinción entre dos tipos de grupos dentro del movimiento obrero: los que existían en grupos como Italia y Alemania, donde el trabajo político sólo podía desarrollarse ilegalmente y el desarrollo político debía ser parcialmente apoyado por grupos de exiliados; y los que existían en países como Francia o Inglaterra, donde la clase obrera formaba parte de organizaciones de masas. Le dije a Trotsky que conocía algo de la relación entre los emigrados alemanes y los grupos proscriptos dentro de Alemania, y le dije que no creía que su trabajo se viera facilitado si unos pocos grupos de exiliados proclamaban la Cuarta Internacional. Era esencial combatir al stalinismo entre los grupos políticos que operaban ilegalmente en Alemania, pero una Cuarta Internacional no era un prerequisito para ello. Volviendo a los países donde la clase obrera todavía tiene partidos de masas, dije que la idea de una Cuarta Internacional me parecía totalmente utópica en el momento actual. En Inglaterra o en los países escandinavos, por ejemplo, la derrota comunista en Alemania no era vista como teniendo ninguna relación vital con ninguna de las dos Internacionales. Podría imaginarme bien que si la clase obrera conquistara y mantuviera el poder en otro país además de Rusia, su desarrollo tendría un efecto sobre la situación internacional, y que el país en cuestión bien podría convertirse en el centro del movimiento obrero extendiéndose más allá de sus propias fronteras, especialmente si no utilizaba los chabacanos métodos stalinistas en un intento de conquistar el control de la clase obrera de otros países. Esto, sin embargo, era algo de lo que se podrían sacar conclusiones concretas sólo cuando los hechos sucedieran realmente. El punto de vista de Trotsky sobre la cuestión divergía tan agudamente del mío que nunca intentamos superar esta divergencia particular. Era natural que durante nuestras horas de discusión diaria retornáramos repetidamente a la cuestión de la Unión Soviética. Yo estaba ansioso por recoger de él toda la información posible, particularmente acerca de la Revolución de Octubre y los años posteriores. Trotsky describió incidentes históricos exactamente como los había experimentado, e hizo grandes esfuerzos para evitar juzgarlos desde el punto de vista de la historia mundial. En realidad, en algunas ocasiones admitió que los eventos que jugaron un papel decisivo en la Revolución y en la historia mundial, lo sacudieron, que no sólo los vivió sino que jugó un papel activo en ellos, muy importante en aquel momento. Escuchar a Trotsky describir los años durante los cuales él y Lenin fueron el centro nervioso de la Revolución fue una experiencia trascendental, pero cuando nos movimos al pasado inmediato, los años 1929/33, mi confianza en sus juicios disminuía. Lo que comenzó como una serpenteante sospecha se convirtió en una creciente convicción de que Trotsky veía las cosas bajo una luz falsa. Trotsky mostró hacia mí la más extrema cortesía durante estas discusiones. Difícilmente me interrumpía, y ello principalmente cuando quería que explicara o clarificara una frase. Conversamos en alemán, en el cual él era totalmente experto. Si no encontraba una palabra, lo cual era muy ocasional, suplía la deficiencia con el francés; entonces tenía raramente alguna dificultad en comprenderme y raramente preguntaba el significado de una palabra. La única vez que me cortó en el medio de una frase fue cuando yo comencé diciendo "Stalin tenía razón en relación con…". Nunca completé la oración. Trotsky gruñó: "¡Stalin nunca tiene razón!" – y yo rápidamente abandoné el tema, y le pregunté por sus puntos de vista acerca de los desarrollos en Rusia en los últimos años. Trotsky era incapaz de un análisis sistemático sobre esta cuestión. Todos sus puntos de vista e interpretaciones estaban coloreados por su certeza de que el régimen stalinista estaba destinado a colapsar. Planteé objeciones a esta teoría de tanto en tanto, pero abandoné la lucha tan pronto comprendí que para Trotsky esta era una cuestión de supervivencia personal, de vida o muerte. Tenía sólo cincuenta y cinco años en aquellos momentos, pero sabemos ahora, por lo que escribió en su diario un año más tarde, en 1935, que ya estaba sufriendo períodos de inactividad forzada y profunda depresión. Trotsky evidentemente creía que no viviría mucho tiempo. Para Trotsky, los recientes acontecimientos en Rusia ya no podían ser analizados objetivamente sino que se habían convertido en componentes de una ecuación personal destinada a responder la pregunta: "¿Yo, Trotsky, volveré a Rusia, como lo hice en 1905 y 1917, y me convertiré en el dirigente de una nueva revolución contra el stalinismo?" Esta ecuación personal impregnaba todo lo que decía, incluso aunque nunca, por supuesto, lo expresó en muchas palabras. Esto, sin embargo, lo llevó a clasificar todo lo que escuchaba sobre Rusia – y tenía numerosas fuentes de información- de acuerdo con su relación con la posibilidad de un levantamiento revolucionario contra el stalinismo dentro de la Unión Soviética. Esto, por su parte, lo impulsaba a ver las condiciones internas general y económica de Rusia bajo una luz crecientemente sombría. Sus juicios eran por lo tanto extremadamente sutiles y unilaterales, incluso aunque podía ser, en ocasiones, extremadamente clarividente y objetivo sobre los acontecimientos pasados, como lo mostrará un ejemplo. Trotsky me explicó que uno de los muchos temas sobre los cuales él y Stalin tuvieron divergencias fue en la política hacia China en los años cruciales de 1926/27. El Partido Comunista Chino se unió a Chiang Kai-shek en su marcha victoriosa desde el sur de China, sólo para ser traicionado por él una vez que los llamados 'señores de la guerra' del norte hubieran sido derrotados. Muchos cuadros comunistas fueron entonces exterminados. Mientras no había dudas de que los comunistas chinos fueron tomados desprevenidos por la traición de Chiang Kaishek, era extremadamente dudoso si había sido necesario que ellos cayeran en esa trampa. Trotsky repetidamente enfatizó durante nuestra conversación que, en oposición a Stalin, él reclamó que los rusos pusieran en guardia a los comunistas chinos contra Chiang Kaishek y los urgieran a formar sus propias organizaciones independientes, para estar mejor preparados para todas las eventualidades una vez que la victoria en el norte hubiera sido obtenida. Los acontecimientos subsiguientes en China probaron que estaba absolutamente en lo cierto, continuó Trotsky. Recibió numerosas cartas de sus simpatizantes que lo felicitaban por su correcta apreciación de la situación china, y muchas personas le aseguraron, por escrito u oralmente, que su posición frente a Stalin, a quien la historia había repudiado tan patentemente, mejoraría como resultado de estos acontecimientos. Trotsky me dijo que él nunca había compartido este punto de vista optimista sobre su posición personal. Por el contrario, intentó explicar a sus partidarios que, en consecuencia de los acontecimientos chinos, su posición frente a Stalin había empeorado considerablemente. En aquellos momentos, toda esperanza de una revolución inminente en Alemania había sido abandonada, y ahora la esperanza de una temprana victoria comunista en China se había desvanecido. El resultado de la derrota comunista en China, de la cual la política de Stalin era, en opinión de Trotsky, parcialmente responsable, fue que la política general de Stalin gozara de una aceptación aún mayor entre las masas rusas que antes, porque se basaba en asumir que no habría un movimiento revolucionario de envergadura fuera de Rusia en el futuro previsible, y que la política interior de Rusia debía ser adaptada de acuerdo con eso. Entonces, Stalin se volvería todavía más fuerte en Rusia, especialmente en la medida en que la derrota comunista en China significaba que su política armonizaba mejor con la situación mundial que antes. ¿Qué importaba, preguntó Trotsky a sus amigos y simpatizantes, si unos pocos cientos o, en el mejor de los casos, unos mil o dos mil cuadros del Partido Bolchevique se unían a él? ¿Qué importaba que él hubiera demostrado su mayor capacidad para prever el curso de los acontecimientos y señalar un curso de acción apropiado? Los que se unirían a él no serían, en ningún caso, muy numerosos. La máquina del partido de Stalin ya era tan poderosa que cualquiera que desertara hacia el campo de Trotsky correría un riesgo personal, por lo que la mayoría de los que vieran la política china de Stalin como equivocada o desastrosa todavía permanecerían leales a Stalin. El resultado final de esto sería un pueblo ruso que, una vez que se le presentara la versión e interpretación stalinista de los acontecimientos chinos, vería la política de Stalin como correcta. El partido podría perder unos pocos cientos de sus miembros – quizá los mejores de ellos- hacia la oposición trotskista, pero en balance, la posición de Stalin saldría fortalecida, no debilitada. Menciono el resumen de Trotsky sobre la cuestión china porque muestra que, cuando hablaba del pasado, era muy capaz de analizar una combinación crucial de circunstancias objetivamente, incluso cuando hubieran operado en favor de Stalin y en su propio detrimento. Cuando analizaba los acontecimientos recientes en Rusia, la situación actual y el futuro inmediato, sin embargo, Trotsky estaba completamente errado. Estaba guiado por una simple consideración: cómo reconquistar el poder y llevar a Rusia una vez más por el camino de la revolución. Esta obsesión había creado un sistema de bloqueos mentales que impedía cualquier análisis objetivo de la actualidad en Rusia. Fue también lo que lo impulsó a focalizar todas sus energías en la formación de una Cuarta Internacional – la cual nunca, en los hechos, representó más que una laxa alianza entre trotskistas de distintos países. En la medida en que nuestras discusiones se desarrollaban, se me volvió crecientemente evidente cuán grandemente Trotsky menospreciaba sus propios logros del pasado y sobreestimaba sus actividades en el exilio. Su conmovedora franqueza sobre este punto emerge de sus diarios del año siguiente, en los cuales describe su participación en la Revolución de Octubre y su trabajo preparatorio para la Internacional: "Y todavía pienso que el trabajo en el que estoy embarcado ahora, a pesar de su naturaleza extremadamente insuficiente y fragmentaria, es el trabajo más importante de mi vida – más que 1917, más importante que el período de la guerra civil o cualquier otro. En honor a la claridad, lo plantearía de esta manera. Si yo no hubiera estado presente en 1917 en San Petersburgo, la Revolución de Octubre se habría llevado a cabo -a condición de que Lenin estuviera presente y al mando. Si ni Lenin ni yo hubiéramos estado presentes en San Petersburgo, no hubiera habido Revolución de Octubre; la dirección del Partido Bolchevique hubiera impedido que ocurriera – de esto no tengo la menor duda. Si Lenin no hubiera estado en San Petersburgo, tengo dudas de si yo habría logrado superar la resistencia de los dirigentes bolcheviques… Por lo tanto, no se puede hablar de la 'indispensabilidad' de mi trabajo, incluso en el período de 1917 a 1921. Pero ahora mi trabajo es 'indispensable' en el pleno sentido de la palabra. No hay nada de arrogancia en esta afirmación. El colapso de las dos Internacionales ha planteado un problema que ninguno de los dirigentes de esas Internacionales está equipado para resolver. No hay ningún otro, excepto yo, para llevar adelante la tarea de armar a la nueva generación con el método revolucionario por encima de las cabezas de los líderes de la Segunda y la Tercera Internacional". Las palabras de Trotsky no necesitan explicación. Veía su misión como el dirigente continuo de la revolución permanente como él mismo la entendía. Para ello, la Tercera Internacional debía ser superada, y con la finalidad de creer que esto no sólo fuera posible sino también probable durante la propia vida de Trotsky, tenía que juzgar todos los acontecimientos de Rusia en la década del '30 bajo la asunción de que el régimen de Stalin estaba siendo sacudido por severas convulsiones internas. En consecuencia, no era posible ninguna discusión genuina sobre la situación en Rusia o sobre la cuestión de la Cuarta Internacional. Nunca escuché a Trotsky en un acto, pero algunas veces, cuando estábamos juntos, los dos solos, pude entrever al gran orador, al tribuno del pueblo, al hombre que puede restaurar el orden en una situación confusa con una breve frase. La casa en la que Trotsky estaba viviendo no tenía custodia policial, a pesar de que siempre llegaban cartas con amenazas de los extremistas de derecha de la Acción Francesa. Como ya mencioné, tenía dos perros alsacianos entrenados y él, su hijo y sus secretarios poseían armas de fuego. Siendo la temperatura cálida, le pregunté si salía mucho, pero me respondió que sus salidas estaban limitadas al jardín y que él sentía que su salud estaba sufriendo. Cuando le pregunté sobre Prinkipo, respondió: "¡Oh, las cosas eran cien veces mejores allí! Tenía policías turcos en mi casa para mi protección y frecuentemente íbamos a pescar – no con cañas sino con botes y grandes redes. Capturábamos tantos peces que había suficientes no sólo para mí y mi familia y los policías, sino que también sobraban para que los policías los vendieran en la ciudad". Trotsky me dijo entonces que fue el aire saludable de Prinkipo lo que mejoró su capacidad para trabajar y le permitió escribir tres grandes libros en un período de tiempo comparativamente corto. "¿No estuvo preso en Turquía? – le pregunté- . ¿Stalin no reclamó eso cuando lo deportó?". "Oh sí, Stalin lo reclamó, pero Kemal Pasha se rehusó" – contestó Trotsky. "¿Por qué?"- pregunté. "Cuando Turquía estaba enfrentando a Grecia en la guerra, la ayudé con el Ejército Rojo. Los compañeros de armas no olvidan estas cosas. Por esta razón Kemal Pasha no me detuvo, a pesar de las presiones de Stalin". Me dio un extraño sentimiento escuchar esas palabras. Trotsky estaba sentado a mi lado con su saco blanco y su camisa abierta. Unas horas antes habíamos estado discutiendo si, después de la severa crisis internacional que había comenzado en 1929, podía esperarse otra crisis económica en el futuro cercano. El mismo hombre me estaba diciendo, casi casualmente, que Mustafá Kemal no lo había encarcelado porque él una vez lo apoyó militarmente contra los griegos. Esta extraordinariamente rara combinación de análisis económico y social y de acción política y militar fue característica de toda su existencia. Trotsky tenía un ojo inusualmente agudo para las debilidades de sus contemporáneos y los criticaba sin piedad. No puedo decir si tuvo un sentido del humor tan agudo en sus primeros años, pero su don para la caracterización satírica lo hace altamente probable. Querría, finalmente, recordar un incidente que ocurrió poco antes de mi partida. Trotsky acostumbraba alimentar a sus perros alsacianos personalmente con carne, y frecuentemente entre la finalización de nuestra sesión de la tarde y la cena. Generalmente discutíamos hasta que sonaba el timbre para la cena, lo que habitualmente ocurría alrededor de las seis y media. Yo usualmente usaba el tiempo dentro de la casa para leer diarios y periódicos. En una ocasión se hicieron las siete de la tarde sin los esperados llamados. Cuando el reloj sonó, pensé que no había escuchado el timbre y salí al jardín. Por alguna razón, Trotsky estaba allí más tarde de lo habitual y todavía estaba alimentando a los perros cuando yo salí. Tan pronto como me vieron, se abalanzaron sobre mí, pero Trotsky los sujetó por el pescuezo, diciendo con una sonrisa: "Todavía no deben hacerle nada a Sternberg. ¡No ha terminado el memorando!" Notas 1- Van Heijenoort fue secretario y custodio de Trotsky durante casi todo el último exilio del revolucionario ruso. Es autor del libro De Prinkipo a Coyoacán: Siete años con Trotsky. Jean Van Heijenoort: With Trotsky in Exile: From Prinkipo to Coyoacan, Cambridge: Harvard University Press, 1978, p. 56. 2- http://www.marxists.org/history/etol/document/swp-us/tannerstern.htm

1 de noviembre de 2009
Acerca de «Armas, gérmenes y acero», de Jared Diamond
Aníbal Martínez

A principios de los '70, un nativo de Nueva Guinea – isla en la que el biólogo y geógrafo Jared Diamond se dedicaba a avistar pájaros- ,preguntó a éste: "¿Por qué los europeos disponen de tanto cargo, y los que somos de Nueva Guinea de tan poco?" Traducido y ampliado: "¿Por qué las naciones de raza blanca originadas en Europa poseen tantos avances tecnológicos y disponen de tantos bienes (armas incluidas) con los que imponerse políticamente a otros pueblos originarios del Pacífico, de Oceanía, de África y de las Américas?" Como se recordará, abundan teorías acerca de que la raza "blanca" (o algunas de sus subdivisiones) es superior por su inventiva – la que provendría quizá de genes- , o por su religión judeo-cristiana, o su variante protestante, etc. ¿Por qué unos pueblos tienen y otros no? Diamond no encontró una respuesta sólida y dedicó los siguientes treinta años a elaborarla, empleando avances recientes en antropología, arqueología y lingüística, cruzados con mejoras en la datación temporal y análisis de ADN de los últimos lustros. El libro resultante se titula Guns, Germs and Steei, o sea Armas, gérmenes y acero. Una historia de todo el mundo en los últimos 13.000 años, y recibió el premio Pulitzer en 1998. Pizarro y Atahualpa Diamond toma como condensación paradigmática de conquista la imposición de Pizarro y sus trescientos soldados, en 1532, al emperador inca Atahualpa, quien se hallaba en el centro de un ejército de entre sesenta y ochenta mil hombres. Atahualpa concurrió al poblado de Cajamarca para celebrar una entrevista con Pizarro. Este y sus hombres habían pasado una noche de miedo a la vista de las hogueras diseminadas por las colinas vecinas, donde acampaba el ejército inca, que venía de librar una guerra civil por la sucesión al trono. Al día siguiente, Atahualpa recibió de manos de un cura una biblia que inicialmente no supo abrir – nunca había visto un libro. Una vez abierta, no pudo leerla – los incas desconocían no sólo el castellano sino, a diferencia de sus coetáneos aztecas, cualquier idioma escrito. Atahualpa arrojó el libro, y el cura dio orden de ataque. Se han apilado las razones históricas más diversas para explicar ese episodio (extremo entre muchos de ese tipo): la superioridad de las armas de fuego – pese a que eran arcabuces sin repetición- entre las más evidentes, u otras entre las que no era menor el que incas y aztecas comandaran civilizaciones en estado más avanzado de centralización y decadencia políticas que la más juvenil civilización cristiana-occidental europea. Pero las muchas explicaciones no terminaban de cerrar. El despegue agrícola Desde hace cientos de miles de años, la actividad económica principal de la especie de primates llamada homo sapiens fue la recolección de vegetales y caza de animales para comida y vestimenta de pieles. Hacia 40.000 años antes de Cristo (a.C.) nuestra especie se había expandido, merced a migraciones, desde el norte de África, y a través de Eurasia, hasta las Américas (vía Alaska) y Oceanía (por vía marítima, aunque esa sección hoy oceánica estaba elevada y "surcada" por canales). El gran despegue económico-cultural habría consistido, como todos los pensadores materialistas han supuesto, en el pasaje de recolección y caza a la agricultura y ganadería. Ese salto "primal", hasta hace poco perdido en la noche de los tiempos, probablemente se situaría por primera vez dentro de la masa continental eurásica y en tiempos prehistóricos: unos 13.000 años a.C. Tras pacientes y bien razonadas líneas de pensamiento, apoyadas en el estado actual de conocimientos – y a través de múltiples discusiones propias de cada área científica- , las síntesis de Diamond resultan contundentes: Hacia 13.000 a.C. los dos lugares del mundo en que comenzaron a iniciarse la agricultura y ganadería – en ese orden y de modo tentativo y discontinuo al principio- fueron "la Medialuna Fértil" -hoy territorios de Turquía, Líbano, Israel, Siria, Irak, Irán…- y en China. Dotada de condiciones excepcionales, la Medialuna contaba en estado silvestre con 32 de entre las 56 variedades de plantas actualmente engendradoras de semillas grandes – más aptas para agricultura- y, entre ellas, con seis (trigo y cebada los principales) entre las doce que han devenido cultivos mayores en el mundo contemporáneo, siendo la fundamental el trigo y su derivado más popular, el pan. El trigo, además, muestra relativamente pocos cambios – y por lo tanto poco tiempo de evolución- , en el pasaje de su variante silvestre a la "domesticada"; es decir, a la mejorada por los sembradores. En América, por contraste con la Medialuna Creciente, recién hacia 3.500 a.C. comenzaron los cultivos de maíz doméstico, el que mostró varios miles de años de cambios de régimen de plantación y selección, dirigida a partir de su variedad silvestre, que habría sido – aún en debate- una planta conocida como teosinte. En China el cultivo líder fue el arroz. El despegue ganadero De entre las 146 variedades de mamíferos cuyos adultos pesan más de 45 kilogramos, sólo catorce han podido ser domesticados como ganado; esto es, animales cuyo entero ciclo de vida cae bajo control humano. Quedan excluidos, por ejemplo, los elefantes, cuyos quince años de crecimiento los torna antieconómicos para la reproducción masiva en cautiverio. Hacia esa época sólo en la Medialuna – y en ninguna otra parte del mundo- se hallaban seis variedades silvestres, que devinieron en las más relevantes y universales: cerdo, vaca, caballo, oveja, cabra y asno. De las otras ocho, seis son localizadas originalmente dentro de Eurasia (los camellos árabe y bactriano – o de dos jorobas o dromedario- , búfalo de agua, yak, toro de Bali y mithan) tanto como el reno – aunque ha habido discusiones acerca de si éste se expandió vía Ártico hacia el norte de América. Diamond reseña varios intentos fallidos por domesticar otros grandes mamíferos: las cebras, animales de carácter demasiado combativo – probablemente producto de su evolución junto a los grandes felinos predadores en las sabanas africanas- ; los ciervos, inmanejables por su combinación de carácter nervioso y velocidad en carrera; los carnívoros, que harían necesaria a su vez la cría de ganados herbívoros para ser alimentados, lo que los torna antieconómicos; incluso menciona a los leopardos cheeta, a los que se intentó domesticar como animales de caza – son los corredores más veloces- pero cuyo cortejo sexual, que se prolonga por cientos de kilómetros, los torna inadaptables a un corral. América contó como variedad ganadera autóctona sólo con la llama, circunscripta al Imperio Inca, en tanto China contó con el cerdo, que se expandió, merced a migraciones de pueblos austronesios, a través del Océano Pacífico. En Australia no hubo especies silvestres autóctonas de plantas ni de animales susceptibles de ser domesticadas. El arranque de civilizaciones (sociedades dotadas de "administración política y económica – lenguaje escrito, constitución de Estados- sistemas de irrigación (el orden causal es motivo de debate)" en el centro de Eurasia se dio entonces hacia entre 6.000 y 4.000 a.C. Las civilizaciones centrales de los primeros milenios en la zona (sumerios, hititas, babilonios, egipcios en el norte de África) se erigieron sobre "paquetes" de cultivos – trigo a la cabeza- con ganados domésticos – a su vez alimentados con granos y sus plantas- , los cuales permitieron crecimientos poblacionales y, con éstos, divisiones de trabajo, organizaciones de administración y guerra, etc. Además, equinos, bovinos y asnos permiten el arado a tracción, que generó en el centro de Eurasia la siembra intensiva en surcos a diferencia de "al voleo"- y la mayor productividad de la tierra (Diamond considera la unción de animales a arados y carros una revolución tecnológica de tanta importancia como la creación y aplicación de la caldera de vapor). En América, el cultivo sobresaliente, el maíz, tras una relativamente lenta mutación – unos dos o tres mil años- pudo cimentar a mayas, yucatecas, incas, aztecas y otros; pero el único ganado existente fueron las llamas, privativas de los Incas. Curiosamente la rueda, común en juguetes de niños mexicanos, no se difundió en esos imperios porque incas y aztecas vivieron desconectados debido a la impenetrabilidad de las selvas en la zona del istmo centroamericano y/o porque las llamas no son aptas para tirar de carros ni arados. Ello habría impedido la mencionada revolución tecnológica y sus efectos cascada. La expansión intra-continental de cultivos y ganados El eje medio continental de Eurasia es Este-Oeste. La semejanza climática a lo largo de paralelos (en términos generales, modificables según terreno) favoreció la migración y difusión de cultivos y ganados – incluido el norte de Africa, históricamente integrado al mundo del Mar Mediterráneo. Además, la barrera continental más rigurosa que encuentran las migraciones, las cadenas montañosas del centro del continente, resultaba sorteable por el sur, la India – recordar a Alejandro Magno. Por el contrario, los ejes Norte-Sur de Africa y las Américas climáticamente dificultan (en términos generales, modificables según el terreno) esas migraciones de cultivos y ganados; tal es así que durante más de cuatro mil años (3.500 a.C.-1.000 d.C.) el maíz no llegó hasta el este de los actuales Estados Unidos – a la proto-civilización del Mississippi- , y nunca a California – que, como la pampa argentina, es un reservorio de tierra tan fértil como lo fue la Medialuna Creciente. Además, los pantanos del istmo centroamericano y los desiertos del sur de Estados Unidos en América, así como el del Sahara en África, funcionaron como murallas para el intercambio comercial y la propagación de cultivos y ganado. Los nativos de Oceanía no poseyeron, originalmente y en estado silvestre, ninguno de los cultivos y ganados devenidos más importantes, y sí principalmente bananas y taro. El cerdo, proveniente de China, fue difundido por el sudeste asiático y, a partir de 1.500 a.C., a través del Océano Pacífico con las migraciones polinesias, que alcanzaron su extremo, la Isla de Pascua, dos mil años más tarde. En Eurasia, entre 13.000 y 11.000 a.C. cultivos y ganados se expandieron, vía migraciones, por grandes sectores del continente, posibilitando el "arranque con ventaja" de sus pueblos. Diamond sustenta bien la tesis de que, dados períodos considerables y en buena medida por ensayo-error (consistente con las proposiciones de Darwin respecto de la biología), los diversos pueblos aprenden a maximizar los rendimientos de sus entornos geográficos y, hasta donde éstos se lo permitan, hacen crecer las poblaciones, condición necesaria para mayor división del trabajo y ulteriores despegues tecnológicos. Esta tesis fortalece las visiones de la historia humana fundadas en desafíos del mundo material y las diversas respuestas a ellos, en contra de las posturas "idealistas", que fatalmente terminan su causación en principios raciales y/o religiosos. A menudo, en foros "progresistas" se emplea el término "darwinismo social", merced a la "supervivencia del más apto", como sinónimo de "capitalismo salvaje" o "reducción de funciones re- distributivas del Estado". Pero el mecanismo de selección natural propuesto por Darwin (1809-1882) para las especies sexuadas no es el de la supervivencia del más apto en general sino del más apto para procrear. Animales genéticamente afectados por enfermedades equivalentes, por ejemplo, al Alzheimer en humanos, que suele manifestarse a edad avanzada, no ven disminuidas sus posibilidades de sucesión, a diferencia de los que padecen patologías visibles desde la infancia o juventud. Sexo y procreación como barrera divisoria natural entre aptos e inaptos en la naturaleza son componente esencial de la visión darwiniana, no proyectable a la economía de competencia entre empresas capitalistas, fuerzas de trabajo, y consumidores. Si se insiste en esas dudosas traspolaciones, la denominación "malthusianismo social" tiene más sentido, por cuanto el economista aludido enunció una tendencia – la de más veloz crecimiento de las poblaciones por sobre la de sus medios de subsistencia- y ajuste de la contradicción por hambre y muerte y explícitamente la aplicó tanto en el campo de la biología como en el de la economía, o quizá "lamarckianismo social", por cuanto las empresas que compiten en mercados realizan "aprendizajes" que modifican sus estructuras, cosa que en genética no ocurre. Ganado y gérmenes La crianza de variedades de ganado conlleva un "intercambio y convivencia de bacterias y virus" entre humanos y animales, lo que genera – vía selección darwiniana- resistencia a enfermedades. El transporte de ganados de Europa a las Américas ocasionó durante los siglos XVI y XVII epidemias – principalmente de viruela- que en casos documentados treparon hasta ¡un 95 por ciento de mortandad! Muchos Estados – el imperio Azteca- resultaron por ello materialmente desarticulados como para oponer guerras de resistencia centralizadas contra los inicialmente pocos conquistadores. La "civilización en marcha" indígena-norteamericana en torno al Mississippi, a la cual había llegado el maíz cinco siglos antes del desembarco europeo, habría entonces resultado arrasada, prácticamente sin enfrentamientos militares, debido a epidemias de viruela. El inesperado auxilio de las plagas no ha sido privativo de los europeos: las migraciones austronesias que, desde el sudeste asiático, zarparon hacia el Pacífico (hacia 1.500 a.C.) habrían portado inconscientemente el arma de la malaria con ellas. Esta enfermedad, a su vez, fue un gran obstáculo para las colonizaciones masivas de europeos en el África y sur de Asia en los dos siglos recientes; en tanto la mosca tsé-tsé funcionó como barrera interna contra el ganado que acompañaba migraciones conquistadoras de las razas negras contra los llamados hotentotes y los pigmeos. Los críticos de Diamond Diamond procura englobar y sistematizar las conclusiones de diversas investigaciones en muchos lugares del mundo; y ha tenido éxito tanto en el mundo editorial como en el científico. Este último, como es conocido, funciona en buena parte merced al "esponsoreo" de corporaciones. El National Geographic ha producido tres unitarios de Guns, Germs and Steel que resumen sus tesis, aunque carecen de los desarrollos fundamentados del libro y contienen alguno que otro golpe bajo publicitario. La pertinencia de las conclusiones hace necesario informar acerca de las múltiples disciplinas que los aportaron, a veces muy especializadas, así como sus autores. Por citar sólo dos ejemplos: la dendrocronología, que estudia anillos de cortezas de árboles, ayuda a reconstruir series de variaciones climáticas, año a año, a través de siglos y hasta milenios; el análisis de ADN de nidos de algunas variedades animales, elaborados con vegetación circundante, cristalizados con orina y de antigüedad de hasta cuarenta mil años, supera a la datación por análisis de polen. Estas y otras sofisticaciones posibilitan la reconstrucción de las distintas variaciones que el trabajo humano introdujo en especies vegetales o animales, en diversas épocas y lugares. Las posiciones públicas de Diamond quizá lo enrolan en el "conservacionismo ambiental" genérico, al estilo Club de Roma o Greenpeace. Determinismo. Entre sus críticos más obvios se cuentan quienes lo acusan de "determinismo geográfico", mote que habría podido alcanzar también a Montesquieu, Marx y otros. "Ludwig von Mises observó – señala uno de los críticos- que 'el modo en el que el hombre ajusta los métodos de su adaptación social, tecnológica y moral no se hallan determinados por factores físicos externos' (…) '… la misma situación ocasiona diferentes efectos sobre diferentes hombres (…) no es posible predecir qué influencias del mundo externo obrarán sobre nuestro entendimiento, o voluntad, y consecuentemente, sobre la acción'". Dentro del marxismo, esta "multi-posibilidad" de respuestas fue asunto ventilado, entre diversos debates, por el de Bernstein – Kautsky de fines del siglo XIX. A la acusación de "mecanicismo" en Marx por parte de Bernstein (la economía genera las ideas y las acciones de los hombres y mujeres) Kautsky respondió que el peso del pasado en sus mentes actuaba como otra fuente – muy amplia- de determinación. El pasado condiciona las respuestas a desafíos presentes; éstas, a su vez, ocasionan diversos posibles futuros. El presente obliga a respuestas inmediatas, del modo como lo anatómico comanda las necesidades de los seres vivos; pero dicha anatomía es producto de un programa codificado previamente en el ADN, así como las mutaciones actuales en éste generan variaciones anatómicas y hasta especiarías a futuro. La respuesta de Kautsky enlaza – al igual que observaciones de pensadores desde fuera del marxismo- con la incorporación de visiones darwinianas a la historia, propia del siglo XX: un desafío material a una población-sociedad-civilización genera en ésta simultáneamente múltiples respuestas, las cuales a veces hasta escinden distintos grupos o sociedades que conducen a diversas líneas de desarrollo. Diamond recuerda varias veces que particularidades y hasta accidentes tejen su porción en la historia, pero que son los entornos geográficos, en poblaciones numerosas y al cabo de varias tentativas a través de períodos prolongados, los causantes de las respuestas exitosas. Los críticos a su "determinismo" suelen encontrarse entre quienes sostienen que el capitalismo dominante en Estados Unidos fue causado por el protestantismo del noroeste europeo desde el siglo XVII. El mundo inglés y su expansión a los Estados Unidos habrían aventajado en la carrera al francés, holandés y español merced a la "superioridad" de sus ideas o religión. Esta creencia – que desemboca finalmente en teoría racial- suele encontrarse hasta en foros "marxistas". Que sólo el Noreste de los Estados Unidos, y por razones geográficas, dio a luz un polo artesano primero, luego industrial y anexionista, y finalmente imperial, puede ser sintéticamente revisado en Milcíades Peña, en su libro Antes de Mayo. Racismo. "Aunque Guns, Germs and Steel ha sido celebrado como un antídoto contra el racismo – la civilización occidental prevaleció no por su inherente superioridad, sino por su buena fortuna geográfica- algunos antropólogos ven esto como una excusa a los excesos de los conquistadores. Si no fueron sus genes, fue su geografía", señala un periodista. Pero Diamond, quien relata algunas matanzas cometidas por la conquista europea, no justifica o critica procesos históricos, sino simplemente explica por qué unos pueblos, mandados por sus elites, pudieron materialmente tomar ventajas respecto de y/o a costa de otros. La posición crítica mencionada se recuesta en una suerte de "racismo inverso", según la cual los europeos serían intrínsecamente "más malvados" que los pueblos indígenas conquistados. Según posición y evolución, casi todas las civilizaciones han desarrollado guerras; a la larga, quienes vencieron durante más tiempo fueron los menos – por ejemplo, Roma contra fenicios, persas, macedonios y egipcios entre III a.C. y V d.C.; incas contra huancas, tar-mas, collas, lupacas desde la expansión del Cuzco; aztecas contra olmecas, altepetls, zempoaltecas y tlaxcaltecas hacia la conquista española; Estados Unidos en el Pacífico, Asia, Latinoamérica y, comercialmente, en gran parte del mundo durante el siglo XX. Hay tesis de que las terribles torturas y mutilaciones a que los mayas sometieron durante miles de años a sus cautivos en combates intestinos podría deberse a que en su civilización, que duró quizá tres mil años, ningún reino o principado logró imponer finalmente a los demás el equivalente a una pax Augusta; la baja productividad de la tierra – en relación con otras civilizaciones- habría impedido despliegue de ejércitos y logística suficientes para conquistas duraderas. Algunos antropólogos tratan de presentar sociedades y hasta civilizaciones autóctonas de América, África u Oceanía como naturalmente "armónicas" o "no guerreras", lo cual es forzado y erróneo. Diamond simplemente explica por qué, a partir del siglo XVI, las naciones "vencedoras" provienen de la masa continental eurásica. En relación con el viejo Marx, este grupo crítico habría censurado con virulencia su apoyo a la ocupación británica de la India y al avance semicolonial en varios continentes. Como es sabido, fue Lenin quien introdujo sustancialmente en la "doctrina" la diferenciación entre naciones opresoras y oprimidas. Los conjuntos críticos sintetizados – determinismo" y "racismo"- adolecen, salvo excepciones, del aspecto de polemizar desde su propia "visión" contra la de Diamod, pero no contra los numerosos datos y procesos desarrollados por éste. Y en las excepciones que sí lo hacen, más allá del debate puntual, no se alcanza a proponer una refutación extensiva al conjunto. Simplificación. Entre los antropólogos, hay quienes proponen que Diamond simplifica las variables que vuelven a cada cultura específica, de modo de ensamblar una teoría unificada. "Para los antropólogos, las excepciones son más importantes que las reglas" señala un periodista ya citado. "Más que leyes generales, su intención es 'contextualizar', 'complejizar', 'relativizar', 'particularizar' y hasta 'problematizar', palabra que en su dialecto adquiere un sentido peculiarmente positivo". Contra esta tendencia dominante hacia la "particularización" – aunque referido a los historiadores- Steven Runciman anotaba, en el prefacio de su Historia de las Cruzadas, que "un simple autor no puede hablar con la gran autoridad de un panel de expertos, pero puede resultar exitoso en dar a su trabajo una cualidad de integrado y hasta épico, que ningún volumen de artículos diversos puede lograr (…) La historia escrita hoy día ha ingresado en una edad alejandrina, cuando el criticismo sobrepasó a la creación. Enfrentado a una montaña de minucias de conocimiento y atemorizado bajo la severa mirada de sus colegas, el historiador moderno a menudo se refugia en artículos conocidos o en disertaciones estrechamente especializadas, pequeñas fortalezas fácilmente defendibles en caso de ataque. Su trabajo puede ser de gran valor; pero no es un fin en sí mismo. El escritor suficientemente audaz para hacer el intento no debe ser criticado por su ambición, independientemente de lo censurable que fuere lo inadecuado de su preparación, o la inanidad de sus resultados". Diamond no abarca ni expone acerca de lucha entre grandes civilizaciones dentro de Eurasia, que se desarrolló – desde 4.000 a.C.- en tiempos no pre sino históricos. Por ello las menciones de episodios ocurridos durante estos últimos resultan simplonas. Sin embargo, de un lado, para quienes leen historia y proponen tesis "más" unificadoras, a veces despegar de la masa de datos y crónicas – es decir, de la política en cada momento- para proponer tendencias generales resulta conducente; a veces "ondas largas" en los acontecimientos no son advertidas por los contemporáneos o sus historiadores, lo que no implica que no subyazgan; no pueden a priori ser descartadas bajo el peyorativo de "simplificación". Pero, del otro lado, si en el arranque de procesos productivos o civilizaciones, buenas dosis de incertidumbre acompañan a la creatividad y la innovación, si dichos desarrollos tomaron vuelo, entonces generaron jerarquías de clases y capas sociales. Al momento de sobrepasar algún punto de madurez – cuando algunos o varios de los sistemas puestos en juego, económicos, ambientales, humanos, muestran obsolescencia o agotamiento- , hace ya tiempo los destinos de cada sociedad están en manos de elites más o menos concentradas – especialmente en fases avanzadas como Roma, Persia, incas, aztecas… Dichas elites conocen y controlan buena parte de los destinos en juego, en tanto las mayorías han perdido – en relación con los tiempos iniciales del desarrollo social- voz y poder. Ante la desigual distribución de propiedad, educación, información y responsabilidad en general, y en nuestro sistema imperialista moderno en particular, las exposiciones de Diamond se frenan un poco, y el hilo de su pensamiento público resulta empobrecido. Su fuerte es lo prehistórico: en consistencia con su falta de registros, el cómo de los procesos políticos era más simple. Armas, hierro, política, alfabeto, ganado, gérmenes La superioridad tecnológica con que estaba dotado el pequeño grupo de españoles comandado por Pizarro (armas de hierro y en base a pólvora); un sistema político mejor desarrollado, apto para la guerra; una retaguardia de economías productoras de más y mejores alimentos e industria, y ganado, entre los que se encontraban los caballos, también arma de guerra; el lenguaje escrito, que permitía un superior desarrollo de la red estatal y guerrera; y, finalmente, una ignorada dotación de epidemias que, ya antes de tomar contacto incas con españoles, habían alcanzado al imperio indio matando a uno de sus reyes – lo que dio como resultado una guerra civil de la cual Atahualpa recién emergía como sucesor- …; todos estos elementos marcan el desnivel de una balanza que en el caso peruano halló un punto extremo. Como es conocido, la enorme riqueza mineral de las Américas posibilitó a España un régimen de explotación colonial muy redituable. Pero la afluencia de metales preciosos afirmó el parasitismo español; la potencia marítima fue transformándose en un intermediario entre la plata y el oro de un lado, y los circuitos industriales que fueron "despegando" en Inglaterra y Francia. Seis naciones pertenecientes a la porción occidental de Eurasia se lanzaron en el siglo XVI a la carrera por el dominio de las Amé- ricas, resultando España, Inglaterra, Portugal y Francia las territorialmente vencedoras – y en ese orden- ; el continente americano proporcionó un aumento de escalas a sus respectivos imperios. En el otro extremo de Eurasia, China y Japón, dotados con aproximadamente las mismas ventajas, perderían sus posiciones futuras debido a decisiones de sus gobiernos centralizados. El cierre de sus economías al exterior – lo cual en sí podría no sólo no haber sido nocivo, sino hasta lo opuesto- fue combinado con la renuncia deliberada a las innovaciones técnicas, incurriéndose en ejemplos de "reversión tecnológica". En el siglo XVI, China suprimió el plan de expansión marítima de su flota, quizá la mayor del mundo, sobre los océanos Pacífico e Indico, por los que irradiaba fuertemente hasta el África. En tanto Japón, por presiones de los señoríos samurais, desmontó su industria de armas en base a pólvora, la mayor del mundo hacia el siglo XVII; los cañonazos del Comodoro Perry en 1853 mostrarían al shogunato el error cometido con una violencia que, a la vez, era perfecto ejemplo. A lo largo de la lectura de Diamond, varias veces uno pensó cuánto habrían interesado a Marx y Engels sus (relativas) precisiones al momento de escribir El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado – que, como se recordará, combinaba las teorías antropológicas de clanes, de Lewis Morgan, con las matriarcales de Johann Bachofen. Las tesis de Diamond de que han sido los surplus de alimentación los que re-alimentaron los crecimientos poblacionales, que a su vez dieron origen a mayores divisiones del trabajo, pérdidas de sociedades tribales, formación de Estados centralizados, alfabetos escritos, etc., "atornillan" bien con lo esbozado por Marx y Engels – aunque también con otros pensamientos históricos "materialistas". La convivencia de Diamond con nativos de distintas zonas, especialmente los de Nueva Guinea, le permite describir paso a paso algunos procesos de cambio social. En los sistemas tribales, por ejemplo, la disputa entre miembros de un mismo clan es resuelta por la autoridad del grupo familiar. A medida que se produce el desarrollo económico y por tanto urbano, el enlace de múltiples pueblos vuelve imposible ese sistema de justicia: en caso de disputa entre un extranjero con alguien perteneciente al lugar (y a su clan) la resolución probable sería el linchamiento. De allí la bienvenida a un Estado regulador por encima de los clanes – lo que origina a su vez la posibilidad que en éste y junto a éste aparezcan castas dedicadas a la apropiación de excedentes económicos. La datación prehistórica, acompañada con la precisión de qué cultivos, qué ganados, en qué zonas, a cargo de qué pueblos, difundidas en qué migraciones, pone mucha carne sobre aquel esqueleto pionero, audaz y relativamente solitario que fue El origen… Y explica, además, por qué dentro del continente eurasiático y hace unos quince mil años, comenzó a decidirse primero el juego de quiénes dominarían a quiénes varios milenios después.

1 de noviembre de 2009
Sobre «La crisis del trabajo abstracto», de John Holloway

La intención de este trabajo es presentar una crítica al trabajo de John Holloway "La crisis del trabajo abstracto". En ese sentido, esta tarea se ve amenizada por la sólida coherencia interna del mismo, que nos permite ver a las claras de dónde parten y hacia dónde se dirigen las afirmaciones que van sucediéndose. Sobre el "trabajo útil” y el "hacer útil” El primer problema del texto de Holloway es el concepto de "hacer útil" en lugar de trabajo útil, justamente para enfatizar la distinción entre trabajo abstracto y trabajo útil. Mientras uno hace referencia al proceso por el cual la labor obrera es reducida a la cuestión cuantitativa —puesto que el criterio objetivo por el cual las mercancías determinan su valor de cambio es el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas—, el trabajo útil debe entenderse, en palabras de Marx, como la "condición de vida del hombre (…) independiente de todas las formas de sociedad, una necesidad perenne y natural" (Marx, 2006, p. 53). Si bien Holloway dice aceptar esta independencia respecto de la formación socio-económica en la que participe y de su carácter productor de valores de uso, notamos que en realidad confunde esto, al afirmar que "la constitución de 'trabajo' como algo separado del flujo general del hacer es resultado de su abstracción", introduciendo de esta manera el concepto de hacer útil. Si profundizamos en lo que el autor afirma aquí, vemos que para él el concepto de trabajo debe ser utilizado ante todo para señalar la actividad vital productiva sólo en su forma enajenada, desdibujando este concepto como relación que el hombre establece con la naturaleza (y entre sí) para la reproducción de su existencia, y por la cual se erige ante todo como productor. Así, ya no se trata del elemento de salto ontológico que supo señalar Lukács, el "fenómeno originario" cuyos caracteres centrales son el modelo para el resto de las categorías o elementos sociales (Lukács, 2004). Es por esta asociación total del trabajo con su abstracción que se prefiere utilizar la categoría de hacer útil. Esto se realiza en detrimento de la especificidad del trabajo útil, estableciéndose como multiplicidad de actividades vitales, como "la riqueza enorme de la creatividad humana". Si ya no nos referimos al trabajo útil como la actividad de subsistencia del hombre, sino que, antes bien, hacemos referencia al concepto de "hacer", nos quedamos ante el conjunto de la actividad del hombre sin poder establecer categorías, prácticamente dejando de lado la enorme construcción antropológica que el marxismo ha sabido establecer a través del estudio de las condiciones materiales del hombre en su papel determinante. Un horizonte en el cual el marxismo y la fenomenología sartreana pueden ponerse de acuerdo: el hombre es lo que hace. Pero ¿qué es primariamente lo que hace? ¿Qué lo hace ser hombre? El marxismo ortodoxo dice "el trabajo", como modelo de la praxis, mientras que el concepto de "hacer" es simplemente la potencia indefinida de la humanidad y nos deja sin respuestas frente a esta pregunta. El catálogo de antagonismos Holloway se refiere ahora a la existencia del hacer útil, "en-con- tra-y-más-allá del trabajo abstracto". Desarrolla así el antagonismo que se establece por la subordinación de nuestra actividad diaria al trabajo abstracto (la abstracción del hacer), a la relación de oposición que se vive entre lo que se quiere hacer y lo que se debe hacer para subsistir. Y pone de manifiesto la existencia de un margen, de situaciones en las cuales logramos, individual o colectivamente, auto-determinarnos. Ambas afirmaciones tienen gran relevancia: nos encontramos con esta situación cotidianamente, es la conversión del hombre en animal o máquina y el "huir como de la peste" del trabajo (en palabras de Marx). Es la contradicción viva que se presenta entre la necesidad y la libertad, pero ya no en su carácter universal (quiero volar y no puedo) sino en su momento concreto de la pérdida de determinación de capacidades humanas por el conjunto de la clase trabajadora ("frustración": quiero/queremos decidir nuestro destino y se nos imponen leyes humanas que no lo permiten). El problema que estudia Holloway es el mismo que nosotros: no la castración psicoanalítica del sujeto, sino la enajenación capitalista. A este primer antagonismo, Holloway lo llama "lucha del hacer útil (…) contra el trabajo (y por lo tanto contra el capital, ya que es el trabajo que crea el capital)", pero a esto agrega otro. En el trabajo no se genera valor sino también plusvalía, que se acumula como capital a través de la explotación constante del trabajo asalariado; por lo tanto, se erige así el antagonismo del trabajo contra el capital. Lucha contra el trabajo y lucha del trabajo conforman el catálogo de antagonismos de Holloway. Ambas luchas supuestamente estructuradas contra el capital, pero en donde ha dominado la del trabajo. Así, el autor ya ha preparado el terreno para introducir su denuncia: que el trabajo abstracto ha dominado la lucha contra el capital, y que por tanto ésta ha estado sujeta a las formas burocráticas de organización y a la fetichización de las ideas. Aquí señala por un lado el papel de la lucha sindical, generalmente entendida como económica con un complemento político dado por la lucha partidaria en función del Estado; ambas con la tendencia a reproducir la organización jerárquica propia del trabajo abstracto. Por el otro, la concepción cosificante (el fetichismo) de las relaciones sociales en que nos encontramos inmersos, en particular en relación con el Estado, que es visto por el movimiento obrero como organizador de la sociedad cuando, en realidad, es un momento de la abstracción del trabajo. Todo esto conforma la "cárcel conceptual y organizativa que efectivamente sofoca cualquier aspiración revolucionaria". Veamos detenidamente las tesis que pone en juego el autor. Por un lado, la separación entre la lucha del hombre por liberarse de su enajenación y la lucha económico-política contra la burguesía no puede inscribirse en la tradición del marxismo más que violando su propia naturaleza. Los motivos por los que éstas han sido ligadas durante toda la historia deben ser señalados continuamente: la revolución (Holloway todavía habla de "aspiración revolucionaria") será hecha en base a los hombres reales de hoy, cuyas necesidades actuales no pueden esperar; la experiencia real y su estudio atento demuestran que las contradicciones del capitalismo no permiten que en él se desenvuelva una liberación de la potencia creativa del hombre (de sus "fuerzas productivas"); por último, la toma del poder del Estado (de la cual el autor ha renegado hace algunos años) es el punto nodal de una transformación social de raíz. De manera tal que la crítica de una organización partidaria, a pensar la política en torno al Estado, es el abandono (la "crítica") de una experiencia histórica de la clase obrera. El autor afirma: "Ya que el movimiento del hacer útil es el empuje hacia la creatividad socialmente autodeterminante, sus formas de organización son típicamente anti-verticales y orientadas hacia la participación activa de todos. Esta es la tradición consejista o asambleísta que siempre se ha opuesto a la tradición estadocéntrica y partidocéntrica dentro del movimiento anticapitalista." Coloca el eje donde tiene que ir: centralismo democrático para quienes quieran tomar el poder del Estado, horizontalismo para quienes no. Pero Holloway, que había trabajado en otro momento una seria caracterización del Estado para evitar su cosificación, terminó olvidando aquella parte del Estado que encierra el monopolio de la violencia, la asociación con los grandes monopolios y todos los caracteres que una concepción más "tosca" (pero mucho más centrada) pudo señalar. Se quiere combatir la fetichización, ya no por la vía del análisis y la praxis concretos, sino por la idealización. La pregunta es: el Estado es un momento del trabajo abstracto, pero ¿qué momento? El marxismo ortodoxo ve la unidad contradictoria de la violencia económica y la extra-económica, y apunta a cambiar el estado de cosas actual a partir de otra violencia, a partir de un Estado obrero que tenga un poder real y no una mera manifestación de principios que permite la reproducción capitalista. La crisis del fordismo La caracterización de la crisis del fordismo por parte del autor da en la tecla, porque revela hasta qué punto las transformaciones intelectuales son el efecto del desconcierto frente a la realidad de la crisis capitalista. Esta crisis se vinculó con un auge de la lucha de clases a nivel mundial, en donde la burguesía triunfó nuevamente sobre la clase obrera y logró recomponer parcialmente su dominio; pero que la ha colocado en una de las más intensas situaciones de su historia, en que cada día más se revela su incapacidad de hacer frente a sus propias contradicciones. Respecto de lo primero, Holloway dice: "Todo esto se entiende muchas veces como una derrota histórica de la clase obrera. Pero tal vez se debería ver más bien como una derrota para el movimiento obrero, para el movimiento basado en el trabajo abstracto, una derrota para la lucha del trabajo contra el capital y posiblemente una apertura para la lucha del hacer contra el trabajo. Si es así, entonces no es una derrota para la lucha de clases sino un desplazamiento hacia un nivel más profundo de lucha de clases. La lucha del trabajo está siendo remplazada por la lucha contra-y-más-allá del trabajo". Vemos que, para el autor, la crisis del fordismo es ante todo la revelación definitiva de la superioridad de la lucha contra el trabajo frente a la lucha del trabajo. No se trata, entonces, de realizar un balance crítico en pos de una perspectiva estratégica, sino de abandonar esta perspectiva (claro que con el aval de la crisis capitalista). Frente a las contradicciones crecientes de la burguesía, Holloway afirma: "La crisis del trabajo abstracto se puede ver en términos del marxismo clásico como la revuelta de las fuerzas de producción contra las relaciones de producción. Pero hay que entender las fuerzas de producción no como cosas, como tecnología, sino como la 'fuerza productiva del trabajo social', como nuestro poder-hacer social. Y el modo en el cual nuestro poder-hacer está rompiendo "su envoltura capitalista" (El Capital, I, p. 648) no es a través de la creación de unidades de producción cada vez más grandes sino a través de millones de grietas, espacios en los cuales la gente está diciendo que no van a permitir que sus capacidades creativas se encierren dentro del capital, sino que va a hacer lo que a ella le parece necesario o deseable." Vemos en todo esto que ya no se trata de realizar un análisis científico, a la vez económico y político, sino de proclamar a viva voz que "la gente" dice basta. Pero los contemporáneos vienen diciendo basta desde casi los albores del capitalismo, y sólo se han hecho grandes avances históricos en aquellos momentos en que se ha organizado la clase obrera, en conjunto con otros grupos y clases insurgentes, bajo las estructuras y formas que hoy se declaran caducas. De manera tal que la liberación del "poder-hacer social" se encuentra en la siguiente situación: sólo puede realizarse bajo la vía de un análisis concreto de la realidad capitalista, sólo puede ser si se reconoce y se orienta a su capacidad el sujeto que es capaz de llevarla adelante. La vía que escoge Holloway, por el contrario, es un callejón sin salida para todo el movimiento obrero, puesto que no se plantea algo que debe decirse lisa y llanamente: el fin del capitalismo. Conclusión Esto, que puede llamarse la disputa entre el marxismo crítico y el ortodoxo, desde ya no es un debate nuevo. Lo que aporta el actual trabajo de Holloway es clarificar el camino de pensamiento que se realiza para llegar a abandonar la toma del poder, el centralismo democrático, el permanente esfuerzo por orientar las luchas puntuales en una gran lucha general. Al desdibujarse la categoría de trabajo útil, se deja ante todo de lado la perspectiva del materialismo histórico, su premisa antropo-ontológica primera. Pues el trabajo útil tiene, como bien señala Lukács, un carácter fundamental no sólo por ser la única categoría transicional del ser natural al ser social, sino también porque en él opera el mecanismo teleológico que es modelo de las actividades humanas: la postulación de un fin. Este hecho doble, que marca la constitución primera del ser social, es el que explica a su vez su posibilidad de desarrollo inmanente, su posibilidad de expandirse (Lukács, 2004). De manera tal que nos sumimos en una confusión muy profunda si seguimos la línea planteada por Holloway, puesto que no puede caracterizarse correctamente la relación entre la potencia del hacer humano y el trabajo útil, y por tanto la enajenación capitalista, que empieza (en su esencia) por la enajenación del trabajo. Esto que planteamos se resume simplemente: el hombre necesita satisfacer sus necesidades y aspira a mejorar su calidad de vida, realizando esto primero por medio del trabajo, y de este hecho básico debemos partir para analizar la explotación capitalista. Es por ello que el desdoblamiento de luchas (del trabajo/contra el trabajo) no es válido: la lucha económico-política contra la burguesía (con el fin en la toma del poder) es la lucha, no contra la conversión del hacer en trabajo, sino contra la conversión del trabajo útil en trabajo enajenado, que oprime también todo el resto de las actividades humanas. El trabajo seguirá existiendo, pero puede reducirse drásticamente (quizá más de lo que podemos imaginar) y abrir el campo de la liberación de la potencia creativa del hombre. Esto, sin embargo, no puede ocurrir nunca en el marco del capitalismo, aunque queremos situarnos en sus márgenes. Es por esto que hoy día se mantiene vigente, como pensamiento avanzado de la lucha de clases, la alternativa de imponer el socialismo o recaer en la barbarie. La abstracción del trabajo no puede ver su fin hasta que no lo haga el sistema en el que se halla inmersa como elemento constituyente. Bibliografía Lukács, Gyorgy: Ontologia del ser social: El trabajo, Trad. de Miguel Vedda, Buenos Aires, Herramienta, 2004. Marx, Karl: El Capital, Trad. de Pedro Scarón, Buenos Aires, Siglo XXI, 2006. Holloway, John: La crisis del trabajo abstracto, edición electrónica en www.herra- mienta.com.ar. Este libro se terminó de imprimir en Noviembre de 2009 en Impresora Balbi SA, Av. Crisólogo Larralde 5820, Wilde Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina