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En Defensa del Marxismo N° 33

1 de abril de 2004 · 7 notas

Notas de este número

1 de abril de 2004
Tesis Programáticas para la IV° Internacional

I. Una nueva etapa en la época de la agonía del capitalismo 1. Las características que distinguen a la presente etapa histórica han sido determinadas a partir de la disolución de la Unión Soviética y de la restauración del capitalismo que se encuentra en curso, en distinto grado, en Rusia, en China y en el conjunto de los ex estados obreros degenerados. Aunque nunca hayan salido del marco de la economía capitalista mundial, como tampoco habrían podido hacerlo, su desaparición ha ampliado geográfica y socialmente la dominación del capital en una escala sin precedentes. La restauración capitalista ha reforzado la competencia dentro de la clase obrera mundial al reintegrar al mercado mundial a centenares de millones de trabajadores. La expropiación del capital, al limitar esa competencia por medios revolucionarios, había significado un progreso de la lucha de la clase obrera contra la clase capitalista por el reparto del ingreso mundial. 2. La restauración del capital en los ex estados obreros puso fin a una larga serie de tentativas del proletariado para acabar con los regímenes burocráticos con métodos revolucionarios. Las revoluciones políticas contra las burocracias gobernantes de todos los ex estados obreros, entre 1953 y 1989, debutaron como una rebelión de las fuerzas productivas que se habían desarrollado en el marco de la economía planificada contra su deformación y estrangulamiento por parte de las burocracias contrarrevolucionarias. Sin embargo, a partir de las crecientes alianzas económicas, políticas y diplomáticas de la burocracia contrarrevolucionaria con el imperialismo, esas revoluciones se fueron transformando, objetivamente, en una rebelión de fuerzas productivas contra el capital mundial. La restauración capitalista significa, de conjunto, o sea con independencia de los resultados parciales y relativos que pueda tener en este o aquel país, una regresión histórica de las fuerzas productivas impuesta por las relaciones sociales existentes. El ingreso de los regímenes burocráticos al sistema internacional de la deuda externa; los acuerdos cada vez más frecuentes de sus gobiernos con el FMI; los tratados internacionales que comprometían a la burocracia con la defensa de la propiedad y del mercado capitalistas (Helsinki, 1975, cesión de Hong Kong, 1982), fueron otras tantas manifestaciones de la tendencia de la burocracia a la restauración capitalista. La desintegración de los aparatos de estado en China y en Polonia, en el marco de la «revolución cultural», uno, y de las ocupaciones de fábrica de finales de los 70, el otro, marcaron los puntos de viraje que dejaron a los regímenes sociales «transitorios» sin una tercera opción entre la restauración del capitalismo y la revolución proletaria. Estas crisis revolucionarias no solamente reflejaron el agotamiento del socialismo en un solo país sino también el impasse de conjunto del capitalismo mundial. Tuvieron lugar cuando el llamado boom económico internacional de la posguerra se había agotado y una década después de la crisis internacional de 1971-75 que inició una declinación económica relativa muy prolongada y extensa. 3. La restauración del capitalismo, que se encuentra en las etapas iniciales, ha ampliado el radio de explotación del capital internacional. La apertura de los ex estados obreros le ha ofrecido al capital una nueva posibilidad de explotación, que involucra a centenares de millones de personas (China) o la posibilidad de apropiarse, además, de un sofisticado parque tecnológico (Rusia). Pero este principio de salida a la saturación del mercado mundial ha sido acompañado por una mayor saturación de ese mismo mercado mundial. Ocurre que en estrecha relación con esta ampliación se ha intensificado la competencia entre los monopolios capitalistas internacionales que procuran la conquista de esos nuevos mercados y un nuevo reparto del mercado mundial. La mayor movilidad geográfica ganada por el capital ha acentuado la competencia dentro del proletariado a nivel internacional. La competencia entre los trabajadores se manifiesta, indirectamente, por medio de la explotación de fuerzas productivas y trabajadores más baratos, y, en una forma directa, en la ola de inmigrantes hacia las metrópolis. En los países atrasados se agrava la sobrepoblación relativa que resulta de la quiebra de la pequeña producción y de la crisis agraria, en tanto que en las metrópolis se manifiesta un marcado retroceso social. Como el capital encara la restauración capitalista con los métodos que le son propios, se han reforzado también sus tendencias fundamentales: concentración de la riqueza en un polo y de la miseria social en el otro; acentuación de la anarquía económica y, por lo tanto, de las crisis financieras y comerciales; liquidación de los estratos intermedios y de la pequeña producción; incremento de las crisis agrarias y de los estallidos campesinos; un mayor bloqueo del desarrollo independiente de las naciones atrasadas. En última instancia, impulsando nuevas guerras y nuevas revoluciones. Con la restauración capitalista, la crisis histórica del capitalismo no se ha atenuado sino que se ha agudizado. Es que el derrumbe de los estados obreros degenerados se procesa en el marco de las tendencias de la crisis capitalista mundial. Desde la ex Alemania oriental a Rusia se desenvuelve un verdadero retroceso en el nivel de civilización. En China, la invasión del capital extranjero ha explotado el desnivel entre la economía mundial y el atraso histórico de China para dar lugar a un desarrollo tan explosivo como unilateral, pero que provoca, junto a una enorme polarización de la riqueza, la demolición de la economía estatal, todavía mayoritaria, y una gigantesca crisis agraria. Las economías más avanzadas, por su lado, sufren una seguidilla de crisis financieras cada vez más amplias e intensas, que arrastra a monopolios y naciones enteras a la bancarrota y a la explosión social y política. Por primera vez se encuentra amenazada la supervivencia de la Unión Europea como entidad política. La crisis histórica del capital ha avanzado varios peldaños, y ello ha reforzado la tendencia a la creación de situaciones revolucionarias y de revoluciones sociales. Se pone de manifiesto, de este modo, la tendencia del capital hacia su propia disolución. 4. La etapa abierta por el derrumbe de los estados obreros degenerados ha disuelto el sistema de relaciones internacionales establecido por los acuerdos de posguerra y, con ello, ha generado crisis internacionales cada vez más profundas. El agotamiento de la arquitectura diplomática de la llamada guerra fría es una expresión de una nueva etapa en las relaciones entre las clases sociales en su conjunto. Los partidos que respondían al aparato internacional manejado por Moscú han fracasado en su prolongado intento por reconvertirse en partidos reformistas nacionales y de un modo general se encuentran en desintegración. Asimismo, se han venido abajo numerosos estados clientes de la burocracia rusa, en especial en los Balcanes, Medio Oriente, Asia Central y Africa. La restauración capitalista en la ex URSS no solamente ha provocado una desorganización económica generalizada, sino que ha hecho saltar todos los antagonismos nacionales soterrados de su estado policial. Las naciones de Asia Central y del Cáucaso se han convertido en un gigantesco campo de disputa para el imperialismo mundial. En el plano de las relaciones políticas internacionales, la nueva etapa se caracteriza por crisis estatales y guerras generalizadas en todos los continentes. II. La ideología del imperialismo en la actual etapa 5. La caracterización de la etapa en curso, que realiza la academia oficial y semi-oficial, como una globalización (se refiere al capital) reviste de un carácter histórico progresivo a la restauración capitalista en los ex estados obreros. La globalización del capital, sin embargo, es un fenómeno que llegó a su apogeo histórico hace mucho tiempo, con la plena formación del mercado mundial y la emergencia del imperialismo. Expresa la declinación del capitalismo, no su ascenso. La regresión histórica, que tiene un punto de culminación con la restauración capitalista en curso, tuvo su inicio con la contrarrevolución burocrática, que no fue más que la expresión de la presión de la economía mundial capitalista sobre un «socialismo» aislado en «uno» o varios países históricamente retrasados. La globalización, en tanto restauración del capital allí donde había sido expropiado, no constituye un avance sino un retroceso histórico, y conlleva, de un lado, la pérdida de conquistas históricas y sociales en esos países así como a nivel internacional. La globalización es la expresión ideológica de la destrucción del socialismo como perspectiva, la cual que fue históricamente conquistada por el proletariado en dos siglos de lucha de clases. Adjudica la victoria transitoria del capital sobre los regímenes sociales no capitalistas dirigidos por una burocracia, a una capacidad del capital para revolucionar indefinidamente las fuerzas productivas, lo cual escamotea, de un lado, el carácter internamente contradictorio del capital y, del otro, su carácter históricamente condicionado; que el avance de la ciencia y la técnica, que el capital impulsa, no como una finalidad social consiente, sino por la necesidad de incrementar la explotación del trabajo ajeno, potencia sus contradicciones y las hace cada vez más explosivas. El eufemismo globalizador pretende poner un signo igual entre la liquidación de las formaciones económicas precapitalistas por parte del capital mundial en la época histórica de su ascenso (liberalismo) y la destrucción de la propiedad estatizada y de la economía planificada en la etapa del capital monopolista en disgregación. Presenta a la unificación capitalista del mercado mundial como una perspectiva aún no completada, y no como una realidad que ha agotado sus posibilidades históricas y que engendra crisis económicas explosivas, catástrofes sociales mayores y guerras todavía más destructivas. La globalización rechaza que la restauración capitalista tenga un carácter transitorio, cuyo desenlace será determinado por el desarrollo de la presente crisis mundial. 6. La globalización es una ficción ideológica que pretende igualmente encubrir el conjunto de tendencias dislocadoras del capital mundial. Por ejemplo, la extensión fenomenal del capital ficticio (endeudamiento público y privado, de inversores y consumidores, financiero y especulativo), que supera con creces el capital en su forma material y que lleva a la ruina los presupuestos estatales. El desarrollo del capital ficticio bajo la forma de una extensión sin precedentes de los mercados de capitales constituye un medio poderoso de confiscación económica adicional de los trabajadores, de los estratos sociales intermedios y de estados enteros. La llamada tercerización o subcontratación, otra característica de la mentada globalización, no representa una nueva fase histórica de la industrialización bajo el impulso de la división internacional del trabajo, sino un desarrollo parasitario de los grandes pulpos capitalistas, que sustituye la industrialización de los países atrasados por la implantación de maquiladoras y armadurías, para explotar la mano de obra barata y saquear fiscalmente a las naciones involucradas. El resultado de este conjunto de tendencias es la sobreproducción crónica de mercancías y capitales, la tendencia a la depresión económica, la generalización (esta sí global) de la deflación a escala internacional y la desocupación obrera más alta y permanente de la historia del capitalismo. La llamada globalización engloba a todas las formas del capital como un capital global, para ocultar, de este modo, su fase histórica específica, o sea el nivel excepcional que ha alcanzado su desarrollo parasitario y rentístico. 7. El desarrollo capitalista de las últimas décadas ha reforzado la contradicción entre el carácter mundial del desarrollo de las fuerzas productivas y del mercado, por un lado, y el carácter nacional de los capitales, los monopolios y los Estados. O sea que se ha acentuado la anarquía capitalista. El reforzamiento de la nacionalización de los capitales pone al desnudo el carácter interesado de las expresiones apologéticas tales como trasnacionales, multinacionales o globalización. La nacionalización del capital se manifiesta de forma especial en la supremacía que ha alcanzado el capital norteamericano, por sobre todo en la banca de inversión. La Unión Europea ha fracasado en su intento de crear un capital específicamente europeo en oposición a los capitales norteamericanos y japoneses e incluso con referencia a los capitales nacionales de los respectivos estados europeos, o sea franceses, italianos, alemanes o incluso griegos. La atomización nacional del capital monopolista en Europa no ha sido superada ni por la creación de un Banco Central ni por una moneda única; esta última ha exacerbado las contradicciones de sus economías nacionales, como consecuencia de sus acentuados des-niveles de desarrollo. La tentativa de establecer una moneda de reserva propia, en competencia con el dólar, es una manifestación muy destacada de las rivalidades nacionales del capital y constituye una constante fuente de choques internacionales, enfrentamientos diplomáticos y hasta guerras por interposición (fuera y dentro de las fronteras de Europa). La coalición que tiene lugar entre diversos pulpos económicos de nacionalidades diferentes tiene, casi unánimemente, un carácter transitorio. Es la manifestación del choque de unos bloques nacionales contra otros, que se disgregan, a su turno, con cada manifestación de la crisis económica en general. Los estados nacionales son más que nunca las herramientas de los monopolios en la lucha por la supremacía en el mercado mundial. Este fenómeno se ha acentuado con la política de libre comercio, la que priva a las naciones más débiles de la posibilidad de protegerse con medidas de orden político y las deja al arbitrio de las muy pocas naciones más poderosas, en especial los Estados Unidos. 8. La formación de la Unión Europea no ha sido un proceso histórico lineal. Ha representado, en diferentes etapas, los intentos de adaptación y de supervivencia de la burguesía imperialista europea a las condiciones cambiantes de la crisis mundial. Bajo denominaciones parecidas ha representado fenómenos sociales y políticos diferentes. Sea para contener la revolución social en la posguerra; sea como un marco que permitiera restablecer los viejos estados nacionales agotados por dos guerras mundiales, como las únicas formas concretas de dominación política del capital; sea para resolver la crisis de sobreproducción mediante una eliminación parcial de las barreras al comercio; sea como un método político para unificar la ofensiva contra los trabajadores luego del fin del boom de posguerra y el comienzo de la presente etapa de crisis; sea para organizar la lucha contra el capital norteamericano en el cuadro de esta misma crisis mundial; sea como un intento, finalmente, de los estados más poderosos, especialmente de Alemania, para adaptase al derrumbe de la URSS y de Europa oriental y anexar a los nuevos mercados del este y Rusia. El imperialismo europeo ha montado un conjunto de «corredores» (transportes, caminos y ductos), para enlazar al oeste de Europa con el Cáucaso y hasta Asia central, pasando por los países que componen la península de los Balcanes. Bajo la presión de la crisis económica mundial y de las luchas de los trabajadores, sin embargo, las tendencias centrífugas tienden a imponerse cada vez más sobre las centrípetas. La utilización de las rivalidades nacionales por parte del capital financiero norteamericano tiende a fracturar a la Unión Europea. El crecimiento de esta lucha interimperialista condiciona el conjunto de la crisis política mundial. Desde los Balcanes, Rusia y el Cáucaso hasta el lejano Oriente, Irak y Palestina, las crisis, los enfrentamientos nacionales y las guerras expresan, cada vez más, la creciente oposición entre los capitales y estados europeos, que están también divididos entre ellos, y el norteamericano. Las manifestaciones de una tendencia a la dislocación de la Unión Europea se han acentuado, sembrando la confusión entre quienes la consideraban irreversible y le aseguraban un progreso infinito. 9. Las tendencias centrífugas y el choque creciente con el imperialismo norteamericano han afectado los ritmos de desarrollo de las crisis políticas, con especial impacto en el viejo continente. Esta tendencia de conjunto condena al ridículo a quienes abogan por completar el desarrollo de la Europa imperialista con una «construcción más democrática». La penetración de los monopolios europeos en los países del este ha reforzado la tendencia imperialista de la UE, agudiza la competencia entre los pulpos internacionales, acentúa la disolución social creciente en los Balcanes y el este y potencia la ofensiva del capital y de sus Estados contra las condiciones del proletariado del oeste. La crisis económica que provocó el estallido de la burbuja financiera norteamericana, a principios del 2002, se ha manifestado con la mayor agudeza en la Unión Europea, en especial en la tendencia a la depresión económica que afecta a Alemania, Francia e Italia. La pérdida de posiciones de estos países en el mercado mundial, en beneficio del capital norteamericano, ha planteado una aguda tensión entre la burguesía y el proletariado, porque el capital europeo no puede hacer frente a la competencia internacional sin incursionar severamente contra las conquistas sociales y laborales de las masas. El ataque contra la seguridad social y la salud ha abierto una etapa de conflictos de clase violentos en Europa. El espacio para una construcción democrática, o sea en el marco imperialista, se achica de más en más. Idealizada por sus apologistas como un medio de superar los límites que imponen las fronteras nacionales al desarrollo de las fuerzas productivas, la Unión Europea se ha revelado rápidamente como un freno a ese desarrollo. Estalla, en cierto modo, el intento de encajar en un único molde institucional los agudos desniveles de desarrollo capitalista que caracterizan a la UE. La IV Internacional denuncia el carácter imperialista de la Unión Europea y de sus propósitos de expansión oriental; destaca que el imperialismo plantea una tendencia a la reacción política y no a la democracia; señala que ha fracasado en el intento de superar el escollo histórico de las fronteras nacionales para desarrollar las fuerzas productivas, y aun más, que ha creado escollos adicionales que tienen que ver con su artificialidad histórica; y pone de manifiesto que la tendencia imperialista y la tendencia a acentuar sus contradicciones conducen a un agravamiento de la lucha de clases en el interior de Europa. Este conjunto de factores refuerza la tendencia a crisis políticas de envergadura en los países europeos e incluso a que se plantee una cuestión de poder. La IV Internacional inscribe en este marco a la crisis política de abril del 2001 en Francia, cuando se produjo una licuación política de los partidos tradicionales de la derecha y de la izquierda, en combinación con grandes movilizaciones de masas, en especial de la juventud. Quedó al desnudo, en esa crisis, el agotamiento de la democracia imperialista. Sobre esta base la IV Internacional denuncia el carácter reaccionario de la consigna por una Unión Europea democrática y social y plantea la total vigencia de la unión del proletariado europeo por la expropiación del capital y el establecimiento de los Estados Unidos Socialistas de Europa. 10. La fase económica mundial que se inicia alrededor de los años 70 se distingue de la que tuvo lugar a partir de la posguerra, no solamente por una inversión de tendencia en la curva general del desarrollo de la producción. La caracterizan, por sobre todo, las recesiones cíclicas de características explosivas que se combinan con crisis financieras de inusitada amplitud, como consecuencia del estallido de las burbujas especulativas, del extraordinario endeudamiento de los Estados, y de los capitales individuales y de los consumidores, con los que se intenta cebar la recuperación económica. Los derrumbes financieros que van de 1997 al 2001 clausuran el ciclo especulativo extraordinario que se inicia con la euforia que provocó la disolución de la URSS. La economía mundial, en su conjunto, se caracteriza por la tendencia a mayores crisis financieras y a la deflación. La política mundial, a su vez, se encuentra condicionada por estas tendencias de la economía. 11. La guerra de los Balcanes, Afganistán, Irak, el Cáucaso, Palestina y diversos países de Africa ha inaugurado una etapa de guerras imperialistas de alcance internacional, que refutan por completo la pretensión universalista de la globalización, su carácter idílico, o sea puramente económico y pacífico, o la naturalidad de la supremacía del capitalismo en la presente etapa histórica. El derrumbe práctico e ideológico de la globalización se expresa en el resurgimiento de sus expresiones formalmente opuestas, como la del ´choque de civilizaciones, la necesidad de las construcciones nacionales o la especie del ´terrorismo internacional´ como una guerra mundial que no se presenta como un enfrentamiento entre estados. Esta nueva oleada de guerras es apenas la etapa preliminar de un nuevo período de matanzas. Ella es, antes que nada, una expresión eminente del empantanamiento del capital. No involucra solamente una rivalidad comercial relativa al petróleo y a los mercados de materias primas del Asia central. Es una manifestación irrefutable de que la restauración capitalista es un proceso de violencias y de guerras. Su hilo conductor es la lucha por la conquista económica y política del espacio dejado por la disolución de la Unión Soviética y por el control de la restauración capitalista en China. La hegemonía de la restauración capitalista por alguno de los bloques en disputa desequilibraría decisivamente las relaciones de fuerza entre las distintas potencias imperialistas. La lucha por la conquista de los mercados orientales de Europa y de Asia tiende a transformarse, por este motivo, en una lucha interimperialista sin paralelo en la historia. Esta lucha interimperialista, expresión de una crisis enorme en las relaciones entre las clases dentro de todos los estados, deberá potenciar las crisis y las luchas entre las clases en todas las naciones, incluidas las semi-colonias. Desde un punto de vista histórico de conjunto, la etapa actual forma parte de toda una época, que arranca con la primera guerra mundial y las revoluciones que la sucedieron, fundamentalmente la revolución de octubre del 17. Las contradicciones mortales de esta época, entre las guerras imperialistas y la revolución, no encontraron su salida en el curso de la segunda guerra mundial. Por un lado, la victoria del ejército rojo sobre el nazismo, la revolución china, la extensión de la URSS al este de Europa y varias revoluciones en las colonias pusieron un límite a una salida basada en la restauración del capital en la Unión Soviética. Por otro lado, la derrota de la revolución en Europa, el restablecimiento del capitalismo golpeado por la guerra y la prolongación de la dominación de la burocracia contrarrevolucionaria en los estados obreros bloqueó la salida histórica de la revolución socialista a escala internacional. En la fase ulterior, las revoluciones políticas, el derrumbe de la burocracia y la crisis capitalista mundial dieron al traste con la coexistencia pacífica o la convergencia de sistemas. El actual período histórico plantea la alternativa entre la restauración completa del capitalismo a través de la barbarie de las guerras y el retroceso social de las masas, o la victoria definitiva de la revolución socialista, que sería reforzada por los desastres de la restauración capitalista y que, por lo tanto, podría encontrar más que nunca un terreno fértil en las naciones imperialistas. Los reformistas y los centristas se han apresurado demasiado en dar por cancelada la época de guerras y revoluciones y en pontificar la aurora de una «paz infinita». III. La dirección del proletariado 12. La crisis de la dirección del proletariado ha sido el factor decisivo de la crisis en que ha entrado la humanidad. Para superar esta crisis de dirección, se plantea en la actualidad reconstruir una dirección de la clase obrera mundial. Ha transcurrido un largo período de tiempo y la experiencia de varias generaciones desde que la vanguardia de la clase obrera podía hablar aún en nombre de una dirección histórica del proletariado revolucionario. Las derrotas sufridas por la clase obrera, desde las que destruyeron sus organizaciones a las políticas, éstas no menos profundas, se han manifestado en un retroceso en la conciencia de clase de las masas; finalmente se ha producido la derrota de las revoluciones políticas y, como consecuencia de ello, la desintegración de los estados obreros. En el campo popular han resurgido las tendencias nacionalistas pequeño burguesas en sus formas más atrasadas e incluso reaccionarias. Las llamadas organizaciones políticas tradicionales de la clase obrera se encuentran, en la mayoría de los casos, copadas por la burguesía, incluso la burguesía imperialista; los partidos stalinistas se han reciclado penosamente al democratismo pro-imperialista. No se manifiesta en el seno de las organizaciones tradicionales la irrupción de movimientos obreros combativos o alguna tendencia real que reclame a su interior un «retorno a las fuentes históricas». Las organizaciones que se reclaman, de una u otra manera, de la IV Internacional han sucumbido a este recule de la conciencia de clase y desempeñan en la mayoría de los casos el papel político que le corresponde a la pequeña burguesía democratizante o nacionalista. Esto ocurre aún allí donde la defensa de la democracia burguesa y de la identidad nacional son planteos reaccionarios, como es el caso de los países imperialistas. Las largas décadas que han pasado desde que la bancarrota de la II Internacional dejó planteada la crisis de dirección del proletariado internacional, y desde la fundación de la III y IV Internacional, han dejado un gran vacío temporal, es decir teórico y organizativo, para la nueva generación del proletariado. La reiteración, por parte de algunos grupos, de que representan la continuidad revolucionaria, no es otra cosa que una petición de fe sectaria, que ha servido para encubrir diversos tipos de degeneración ideológica. Las condiciones subjetivas para la reconstrucción de la Internacional Obrera, cuyo punto programático más desarrollado aún se encuentra condensado en el programa de transición de la IV Internacional, han sufrido un considerable retroceso, que sólo podrá superarse en el marco de la lucha de clases internacional en su conjunto que caracteriza en forma creciente a la etapa que está en curso. 13. Desde la manifestación de masas de Seattle, en 1999, se ha puesto en evidencia un gran movimiento internacional de lucha contra el imperialismo. Esta irrupción constituye una de las expresiones de lucha más destacadas de la presente crisis mundial. El movimiento anti-globalización debutó denunciando «la dictadura» de las organizaciones financieras y comerciales internacionales, pero enseguida impulsó también movilizaciones multitudinarias contra la guerra imperialista en los Balcanes y en Irak. Objetivamente, ha sido un factor de intervención popular en las crisis políticas que han afectado a las potencias imperialistas involucradas en la guerra. Aunque la presencia de la juventud trabajadora es dominante en las movilizaciones anti-globalización, el proletariado no interviene en ellas como clase, con la conciencia de tal, o sea con sus banderas, sus reivindicaciones o incluso sus organizaciones. Cuando en algunas ocasiones aparece la burocracia de los sindicatos, la finalidad es arrastrar al movimiento al campo del imperialismo. No hay ninguna duda, sin embargo, que constituye una etapa en la maduración de la actual generación de trabajadores. La pluralidad que alega el movimiento no es óbice para que predomine en él una corriente política perfectamente organizada que plantea la regulación del capital financiero y el pacifismo entendido como factor de presión de la opinión pública o incluso pro-ONU. Como dentro de esta corriente participan, sin embargo, tendencias diversas, incluido el Secretariado Unificado, el grado de sus incoherencias es enorme. Por ejemplo, se opone al libre comercio agrícola, alegando la defensa del raleado campesino francés, pero apoya la libertad de comercio cuando lo plantean los países agrícolas subdesarrollados manejados por Cargill o Dreyfus. Denuncia a las organizaciones internacionales que se encargan de la regulación del capital pero ella misma exige esa regulación para enfrentar la anarquía capitalista creciente y hasta para acabar con la pobreza. Rechaza la globalización en nombre de la defensa de las «identidades nacionales», pero se enfrenta al nacionalismo, incluso de las naciones oprimidas, invocando la necesidad de «otra globalización». Es tanto «identitaria» (tribal) como cosmopolita o liberal (imperialista). Critica el Alca pero defiende el Mercosur, el cual, dominado por las grandes corporaciones, no pretende otra cosa que servir de puente para una alianza comercial con Estados Unidos o Europa. Sus foros internacionales se convierten cada vez más en tribunas de los representantes del imperialismo, en especial europeo, y en medio para el «diálogo» con los foros que también realizan la banca y el gran capital. 14. El curso pro-imperialista del PT de Brasil ha sido un golpe político descomunal que la corriente que defiende la llamada antiglobalización capitalista ha preferido ignorar. La experiencia previa del Congreso Nacional Africano, de Nelson Mandela, que gobierna para los grandes monopolios sudafricanos es, sin embargo, reivindicada por la tendencia dirigente del anti-global. Bertinotti, otra de sus principales espadas, pretende arribar a un acuerdo de gobierno con el imperialista Olivo. Esta corriente, que se ha rebautizado con el nombre de «otra-globalización», es internamente incoherente incluso en su pacifismo, ya que un sector lo reivindica en Irak pero no en los Balcanes y sólo hasta cierto punto para Afganistán. Propugna combatir la violencia de la guerra con métodos pacíficos, pero por sobre todo como un movimiento de opinión plural que no pueda transformarse, en ningún caso, en un factor de combate y de alternativa a los gobiernos imperialistas que impulsan la guerra. El alterglobal se caracteriza a sí mismo como movimientista (movimiento de movimientos), es decir que se opone a la construcción de un partido internacional, y más aún si es clasista. O sea que carece de un planteo de poder y que evita los medios para luchar por el poder y los combate con encarnizamiento. Es funcional al poder capitalista establecido. Confiesa, de este modo, que se niega a jugar un papel independiente en la crisis mundial y que no podrá intervenir en ella sino de un modo empírico y circunstancial. El ´alterglobal´ niega resueltamente la posibilidad de las situaciones revolucionarias que son engendradas por la descomposición del capitalismo. Denuncia las tentativas de convertirlas en revoluciones y en la vía histórica para la toma del poder por la clase obrera. Su ala trotskista (SU) añade, de su propia cosecha, que la época revolucionaria mundial iniciada con la revolución de octubre ha concluido. Este planteo viene del eurocomunismo, en 1970, y antes de él de la teoría del «socialismo en un solo país». Sin embargo, aún en un periodo de restauración del capitalismo, de retroceso de la conciencia de clase y de la pérdida de conquistas históricas cuya obtención marcó una larga época del proletariado mundial, las contradicciones insalvables del capital llevan a la creación de situaciones revolucionarias, que sólo pueden ser resueltas en forma favorable para la clase obrera si son transformadas en revoluciones proletarias y en el cuadro para la conquista del poder por los trabajadores y para el establecimiento de la dictadura del proletariado en el plano mundial. 15. La experiencia del gobierno del PT marca la bancarrota mortal de todas las corrientes políticas que se siguen reivindicando del Foro de San Pablo. El Foro de San Pablo se ha convertido en el principal factor de contención de las luchas de los trabajadores y de desmoralización política de los luchadores. En Brasil, ha formado el gobierno de mayor concentración de representantes capitalistas directos de toda la historia del país. En la reciente crisis revolucionaria boliviana jugó un papel decisivo para encaminar a las direcciones existentes a aceptar una salida constitucional, e incluso se ha transformado en un nexo directo entre Evo Morales y el imperialismo. No ha asumido siquiera una posición de defensa incondicional del gobierno de Chávez, en Venezuela, por el contrario ha sido el vehículo para la mediación del imperialismo en la crisis venezolana. Adelantándose incluso al gobierno argentino, el de Brasil se encuentra en la primera fila de la ocupación militar de Haití. Lo que ocurre con el PT repite lo ocurrido con los ex frentes guerrilleros o ex partidos stalinistas en Centroamérica, en especial el FSLN, de Nicaragua, y el FMLN, de El Salvador. El destino del PT brasileño confirma la naturaleza proimperialista de la pequeña burguesía profesional que se ha pasado del foquismo al democratismo, de un lado, y el carácter potencialmente contrarrevolucionario de la burocracia que se fue formando en los sindicatos, del otro. Desde un punto de vista programático, pone en evidencia el carácter proimperialista de los planteos democratizantes, es decir que postulan la posibilidad del progreso social en los marcos constitucionales de los países oprimidos, o sea de los que por la ausencia de independencia nacional y de un desarrollo capitalista interno no han conquistado las premisas históricas de la democracia. El PT se transformó en un partido totalmente confiable para la burguesía y el imperialismo al cabo de un prolongado período de integración de sus cuadros y burocracia al Estado, lo cual fue embellecido, por la teoría de moda, como la expresión de una «gran capacidad de construcción política». La participación política de la izquierda democratizante en las instituciones del Estado capitalista se ha vuelto a revelar como un poderoso factor de degeneración política. La participación parlamentaria y municipal del Partido Obrero, desde la Constituyente de Santa Cruz en 1995 y de las elecciones del 2001 en Salta y Buenos Aires, ha servido para la utilización revolucionaria de las instituciones estatales y para el desarrollo de la conciencia y de la organización revolucionarias. La bancarrota política del PT ha dado lugar a un proceso de diferenciación dentro de la izquierda democratizante, hasta ahora de reducida amplitud. Tampoco se trata de una diferenciación socialista, porque no critica los fundamentos programáticos democratizantes ni los condicionamientos políticos oportunistas que dieron origen al PT (desplazar a los trabajadores de una lucha de masas al campo electoral y encuadrar al proletariado en la normalización institucional iniciada por la dictadura de ese entonces). Se encuentra ausente también en esta diferenciación la comprensión del carácter potencialmente revolucionario de la situación de Brasil en su conjunto. La dirección del PT adjudicó como la finalidad fundamental de su ascenso al gobierno impedir la situación revolucionaria que podría engendrar una bancarrota financiera. O sea combatir el peligro de un argentinazo, que luego vio confirmado en Bolivia. En la crisis política que ha provocado en la izquierda latinoamericana y en el movimiento obrero el gobierno pro-imperialista del PT (y que tendrá una nueva edición en el gobierno del Frente Amplio en Uruguay) impulsamos construir partidos obreros revolucionarios, de un lado mediante la crítica implacable al democratismo o antiimperialismo nacionalistas y de contenido burgués, y del otro lado desarrollando la agitación en la clase obrera y las masas, especialmente las más explotadas, como los desocupados y campesinos sin tierras, de un programa de reivindicaciones inmediatas fundamentales y de reivindicaciones transitorias. Frente a la experiencia de gobiernos burgueses petistas o chavistas, en América Latina, exigimos la expulsión de los ministros capitalistas de los gobiernos que encabece la izquierda; la ruptura con el FMI y el repudio a la deuda externa; la nacionalización de la banca, de los grandes monopolios y de los latifundios bajo control obrero; el enfrentamiento del sabotaje capitalista mediante la ocupación de las empresas y la gestión obrera; el reemplazo de las organizaciones armadas de la burguesía por la organización armada de los obreros y de los campesinos; y una acción continental de lucha por los Estados Unidos Socialistas de América Latina. IV. Una etapa de guerras imperialistas y la lucha internacional contra la guerra 16. La guerra imperialista en los Balcanes ha dado inicio a un nuevo período mundial de crisis internacionales, guerras y revoluciones. La IV Internacional no pone un signo igual, como lo hace el pacifismo, entre las diferentes clases de guerras. Denuncia que las guerras son el producto de un régimen social determinado y expresan la explosividad de sus contradicciones, de ningún modo una tendencia particular de gobierno. Son engendradas por el régimen capitalista de producción y por las rivalidades entre los diferentes grupos capitalistas y son un instrumento de dominación económica y de opresión nacional del imperialismo. La IV Internacional combate las guerras imperialistas con el método de la revolución social. La IV Internacional señala la obligación de caracterizar a las guerras de acuerdo a la estructura social de las naciones enfrentadas. Combate las guerras entre naciones imperialistas mediante la organización de la guerra civil de los explotados contra la burguesía dominante del propio país, de un lado, y mediante la colaboración revolucionaria con los trabajadores de los países enemigos, del otro. Combate también como reaccionarias a las guerras entre naciones oprimidas y llama a la confraternización entre sus trabajadores y al frente unido contra el imperialismo. Denunciamos el apetito estrecho de las burguesías locales y su manipulación por parte del imperialismo para reforzar la dominación semicolonial prevaleciente. La IV Internacional apoya incondicionalmente las guerras de las naciones oprimidas contra el imperialismo y participa prácticamente del lado de la nación oprimida. Apoya asimismo la lucha organizada y de las masas contra el esfuerzo militar y político del imperialismo contra las naciones oprimidas. Dentro de estas últimas apoya toda colaboración política y militar con las tendencias que combaten al imperialismo con métodos populares y colabora efectivamente con ellas sin resignar en ningún momento la independencia política. Las situaciones nacionales donde la opresión del imperialismo mundial se combina con una opresión colonial o nacional interna, de parte de las burguesías o incluso pequeña burguesías locales (como, por ejemplo, en los Balcanes, en Siria o en los países del Golfo Pérsico), no se diferencian sino en cuestión de grado de las naciones oprimidas donde dominan dictaduras sangrientas. En todos estos casos apoyamos la unidad de la lucha contra el imperialismo, incluida la colaboración práctica con los opresores locales contra los opresores internacionales, sin resignar para nada, ni en ningún momento la reivindicación de la libertad nacional y de la democracia política contra los opresores nativos. La derrota del imperialismo capitalista internacional es la condición necesaria para la conquista de la libertad nacional. Defendemos la unidad de los pueblos de la ex Yugoslavia contra la OTAN, así como la libertad nacional para kosovares, macedonios, montenegrinos en el marco de una Federación socialista de los Balcanes (con Albania, Rumania, Grecia y Bulgaria). Impulsamos la unidad de todos los pueblos que componen Irak contra la coalición imperialista yanqui y la libertad y autodeterminación nacionales, por ejemplo para los pueblos turcomano y kurdo. Denunciamos las limitaciones insalvables del enclave kurdo apoyado por el imperialismo yanqui en Irak y las contradicciones insalvables, desde el punto de vista de la nación kurda, que supone el propósito de integrarlo en una federación iraquí bajo protectorado norteamericano. La libertad y unidad nacionales del pueblo kurdo suponen, antes que nada, el derecho a la unidad libre con los kurdos de Turquía (y de Siria, Irán e Irak), derecho que es incompatible con la dominación del capitalismo turco, del imperialismo yanqui y de la OTAN. La expulsión del imperialismo de Irak exige la movilización de todos los explotados del Medio Oriente por la independencia y liberación nacionales y plantea la lucha por una Federación Socialista del Medio Oriente. 17. La autodeterminación, unidad e independencia nacionales de Palestina constituyen el centro histórico de la cuestión del Medio Oriente. La guerra de Irak se inscribe en el marco de las tentativas reiteradas del imperialismo para liquidar los derechos nacionales palestinos. El imperialismo ha injertado en el Medio Oriente un monstruoso estado cliente, el Estado sionista, que se encuentra en las antípodas de la liberación y desarrollo nacionales de los pueblos de la región. La independencia nacional del Medio Oriente es incompatible con el Estado sionista; una derrota del imperialismo en la presente guerra lo barrería del escenario meso-oriental. La lucha del pueblo palestino resume la determinación histórica de la emancipación nacional en el Medio Oriente. Ha ganado este derecho en la lucha viva contra la opresión imperialista moderna. El sionismo no tiene un carácter nacional progresivo; su tarea histórica ha sido la confiscación económica y territorial de los pueblos nativos, financiado por una agencia internacional que es la propietaria del 99% del suelo que ocupa. El sionismo constituye un obstáculo contrarrevolucionario para un desarrollo libre y universal del pueblo judío. La situación social de las masas judías en el estado sionista ha empeorado enormemente, de un lado como consecuencia de la crisis económica internacional, del otro como consecuencia de la competencia económica entre los trabajadores inmigrantes, árabes y judíos. El nuevo impasse mortal que enfrenta el pueblo judío sólo puede ser resuelto por medio de la unión con los trabajadores árabes para destruir políticamente al estado sionista y forjar una República socialista única de Palestina en todo su territorio histórico, de uno y del otro lado del Jordán. La IV Internacional denuncia la posición que sostiene que la descomunal militarización del sionismo opone una barrera infranqueable a una lucha nacional palestina y condena a las masas palestinas a una larga colaboración histórica con el sionismo. Por el contrario, destacamos la artificialidad y fragilidad históricas del sionismo y señalamos su dependencia de la crisis mundial en curso. La lucha política contra el sionismo no se restringe al ámbito regional del Medio Oriente sino que debe tener un carácter internacional, tanto entre las masas de obediencia musulmana como entre los judíos, en especial los trabajadores y la juventud. La lucha contra el racismo y el antisemitismo debe servir para unir a los trabajadores musulmanes y judíos y para hacer avanzar la causa de la expulsión del imperialismo mundial y del sionismo del Medio Oriente. 18. La IV Internacional denuncia el carácter imperialista y opresor del laicismo en los Estados que han dejado atrás hace mucho tiempo su época de formación nacional y de combate contra el clero, y son, en la actualidad, Estados opresores de naciones y nacionalidades. La neutralidad religiosa en los Estados imperialistas, al igual que lo que ocurre con la democracia, tiene un contenido opresor. Es un arma de combate, no contra el clero y el oscurantismo clerical, sino contra el ateísmo y la ciencia. Es también un instrumento de la lucha de las confesiones de las naciones opresoras contra las confesiones de las naciones oprimidas. El laicismo occidental escamotea también los lazos que se refuerzan cotidianamente entre los Estados y la iglesia histórica oficial, así como con el Vaticano. Dada la hegemonía del capital financiero, esos lazos son históricamente más estrechos en la actualidad que en la época en que aún no se había sancionado la separación de la Iglesia del Estado. Toda una gama de corporaciones y fundaciones, que financian el progreso imparable del clero en el campo de la educación y la cultura y de la asistencia social, aseguran una relación estrecha creciente entre el clero y el estado democrático. La ofensiva del estado imperialista francés contra los jóvenes y trabajadores que no comulgan con las religiones establecidas, en especial contra los de obediencia musulmana, es una herramienta del capital contra la unidad entre los diversos sectores del proletariado y refuerza la tendencia comunitarista entre quienes no comulgan con la religión oficial, como lo es, a todos los fines prácticos, la católica. Los Estados imperialistas laicos se valen de la neutralidad religiosa, no como un medio de lucha contra el oscurantismo sino contra el ateísmo y el comunismo. La circunstancia de que esa neutralidad puede entrar en conflicto con tendencias confesionales extremas no atenúa en nada el hecho de que es un medio de dominación cultural y político de la burguesía imperialista e incluso de la religión oficial, a través del apoyo que recibe del capital financiero. La misma finalidad de división de la clase obrera expresa, en especial en los países imperialistas o desarrollados, la promoción del «multiculturalismo» por parte del Estado, alegando la necesidad de proteger las «diversidades» étnicas o religiosas. Se pretende, en realidad, confinar a los trabajadores inmigrantes y a sus descendientes en una suerte de ghettos, controlados por una burocracia tutelada por el Estado, y disimular de este modo la brutal discriminación de que son objeto tanto desde el punto de vista de los derechos formales como de las condiciones sociales. La IV Internacional llama a la clase obrera de los países imperialistas a fortalecer los lazos con los trabajadores de obediencia musulmana mediante la lucha de clases común contra el capital y a valerse de esa lucha y de la organización que ella exige para emanciparse a si mismos y a sus hermanos de clase de toda forma de oscurantismo religioso, en primer lugar contra la iglesia dominante, y de toda dominación clerical comunitarista. La IV Internacional llama a los trabajadores de obediencias no católicas a no dejarse engañar por los reclamos de la igualdad cultural y a poner en el primer plano de sus esfuerzos y de sus luchas las reivindicaciones sociales, contra el capital, por la igualdad de acceso a las conquistas obtenidas por los trabajadores del país en el curso de una larga lucha histórica. La IV Internacional destaca como un ejemplo la persistencia de oposición de las masas de Bolivia a la dominación clerical católica, y llama a convertirla en una bandera que sirva a la participación de millones de indígenas en la revolución social y de ningún modo para reivindicar un particularismo étnico que no tiene futuro positivo bajo el capitalismo. 19. La IV Internacional rechaza cualquier forma de subordinación política de los obreros y campesinos árabes respecto a sus burguesías y feudales, que es propiciada en nombre de la unidad de la Nación Arabe, y destaca la importancia de la lucha política contra los explotadores teniendo en cuenta las peculiaridades de los diferentes Estados árabes. Señala, fundamentalmente, que la lucha por la emancipación nacional sólo puede triunfar por medio de la toma del poder por los trabajadores, o sea que ponemos en un primer plano la lucha por el derrocamiento de las burguesías y feudales árabes y sus gobiernos. La liberación nacional palestina enfrenta una colosal crisis de dirección; la totalidad de su dirección pequeño burguesa ha pasado a un compromiso con el imperialismo y el propio sionismo. La llamada Autoridad Palestina es una barrera política para la lucha contra el sionismo y para la lucha por unir a los trabajadores de toda la región, en especial de Siria, Líbano y Jordania, contra la opresión del imperialismo y las dictaduras semi-feudales, burguesas o pequeño burguesas. La IV Internacional pone todas sus energías en la construcción de un partido obrero revolucionario en Palestina. 20. En el ámbito de las actuales guerras internacionales, denunciamos la colaboración entre el imperialismo y la burocracia restauracionista de Rusia en la guerra llevada adelante contra la nación afgana, que se manifiesta en el arriendo o cesión de bases militares a la OTAN en varios países de Asia Central. Esta colaboración fue comprada a la burocracia rusa a cambio de su derecho a continuar una de las guerras en curso más crueles y despiadadas, contra la nación y el pueblo chechenos. Denunciamos, asimismo, que esta guerra de opresión se lleva a cabo en el marco de una negociación inconclusa entre la burocracia rusa y el imperialismo yanqui, que puede detonar nuevas guerras regionales con alcance internacional, por el reparto económico y político de la región en torno al mar Caspio y del Cáucaso, en particular en relación a la explotación y el transporte de petróleo. La IV Internacional apoya la lucha guerrillera del pueblo checheno contra el opresor ruso, apoyado por la Unión Europea y Estados Unidos, por su derecho a la autodeterminación e independencia nacionales. La IV Internacional llama a los pueblos del Cáucaso a luchar en común tanto contra el imperialismo yanqui, la OTAN, la Unión Europea y la burocracia rusa, por la construcción de una Federación Socialista del Cáucaso. 21. El campo de lucha fundamental contra la guerra debe tener lugar en las propias metrópolis imperialistas. La lucha contra la guerra ha dado lugar a movilizaciones de masas extraordinarias y al inicio de crisis políticas de los gobiernos imperialistas. Esto ya ocurre en España e Italia y en una medida un poco menor en Gran Bretaña. La guerra tiene un efecto confiscatorio sobre los pueblos de las naciones de Europa, cuyos estados no pueden lidiar con déficits fiscales crecientes (¡Italia ha comenzado a poner en venta su patrimonio cultural!). Los botines que ofrece la guerra imperialista no compensan el costo que ésta le ocasiona a los golpeados presupuestos nacionales y el agravamiento de la bancarrota de los sistemas de previsión y de salud, tanto estatales como privados, e incluso de estos últimos especialmente. El acaparamiento de los principales negocios de la guerra por parte de los monopolios norteamericanos y el prodigio de los Estados Unidos para financiar la guerra y cebar una reactivación económica mediante el aumento de la deuda pública, acentúa aún más la vulnerabilidad de los Estados europeos. Estas contradicciones se encuentran potenciadas, a su vez, por la agudización de la rivalidad entre el imperialismo yanqui y, en particular, los imperialismos francés, alemán y, en parte, inglés. Se van acumulando de este modo la acción de los factores que precipitarán crisis políticas aún mayores y movimientos populares de lucha de mayor envergadura. La IV Internacional señala la incapacidad del pacifismo para acabar con las guerras que son engendradas inevitablemente por el régimen de explotación del hombre por el hombre, y denuncia, de un lado, su carácter homeopático y, del otro, su carácter, anestesiante. Los revolucionarios propugnamos convertir el crimen de la guerra en crisis políticas cada vez más intensas en las metrópolis, especialmente mediante el señalamiento a las masas de que esas crisis políticas crecientes son la consecuencia inevitable de sus luchas anti-bélicas y sociales y de que ellas representan, no solamente un mal menor con relación a la libertad de acción que pretende la burguesía para continuar sus guerras, sino el marco más propicio para acabar con la guerra mediante la acción revolucionaria obrera. En la lucha práctica contra la guerra, la IV Internacional plantea la huelga y el boicot a los envíos militares de los países imperialistas, desarrolla una agitación contra el imperialismo en las fuerzas armadas y reclama la inmediata nacionalización sin pago de todos los capitales promotores de la guerra, bajo control obrero, en primer lugar de la industria de armamentos, pero igualmente de la petrolera o la farmacéutica, conforme fueron denunciadas internacionalmente. En la medida del crecimiento de la conciencia y de la organización de los trabajadores, estas crisis políticas deben ser convertidas en revolucionarias. La lucha contra la guerra imperialista devuelve al primer plano a la lucha de clases en las naciones capitalistas avanzadas. 22. El imperialismo ha llevado adelante la guerra hasta ahora bajo el patrocinio, la cobertura y la protección de la democracia. No ha necesitado recurrir al fascismo. No solamente esto; ha actuado, además, para contener y disipar los brotes fascistizantes o nacional-imperialistas, como ha ocurrido en Alemania, Dinamarca, Francia y Austria. Ha preferido los recambios políticos de centroizquierda a los golpes de estado de la extrema derecha. El pseudo-fascismo actual, en el viejo continente, tiene un campo limitado de acción porque representa una tendencia de oposición nacionalista a la Unión Europea, que sigue siendo el arma principal de la burguesía para luchar por un lugar en el mercado mundial y para disputar la restauración capitalista en el este. La burguesía no tiende, en Europa, a una guerra entre sus intereses nacionales, sino que se orienta a la creación de un directorio político de sus Estados más fuertes. El imperialismo, en sus metrópolis de dentro y fuera de Europa, se considera mejor servido, por ahora, por la democracia. Esto demuestra el grado de la colaboración de clases de la socialdemocracia, la burocracia de los sindicatos y la pequeña burguesía izquierdizante. Lejos de ser un precio de libertad que le hubiera impuesto la burocracia obrera a su burguesía imperialista, es una extorsión del imperialismo para mantenerla como rehén de la política y de la guerra imperialistas. La democracia no es de ningún modo el sinónimo de la paz cuando se trata de la democracia burguesa y menos todavía de la imperialista. La guerra y la democracia imperialistas se encuentran, sin embargo, recíprocamente condicionadas por la capacidad para mantener la «paz social» en sus metrópolis. En la medida en que las contradicciones capitalistas y las de la propia guerra minan esa «paz social», el régimen democrático se ve comprometido. Se encuentra fuera del alcance de la burocracia obrera la posibilidad de regular o mitigar las contradicciones objetivas del capital; por eso, si aún quiere conservar la «paz social» en condiciones menos favorables para ello, debe recurrir a la división de las masas que hacen frente a la ofensiva capitalista, a la paralización de las organizaciones obreras y a la capitulación lisa y llana ante las patronales y el Estado. Es lo que han hecho los sindicatos y la izquierda en Europa y la AFL-CIO en los Estados Unidos. Desde mediados de los 90 la dirección de los sindicatos norteamericanos se encuentra en manos de una dirección reformista y centroizquierdista, que incluso llegó a coquetear con las manifestaciones de masas «contra la globalización». Un ala izquierda de esta dirección intentó plantear la construcción de un Labor Party. Esta nueva dirección ha sido un sólido baluarte del imperialismo yanqui en todo el curso de la presente crisis mundial. La medida en que va siendo minada la «paz social» en las metrópolis lo ofrece el creciente empobrecimiento de las masas, por un lado, y en particular el carácter crónico, con una curva creciente, de la desocupación de masa, y la fuerte tendencia al cercenamiento de las libertades democráticas, por el otro, con características propias de un Estado policial, que se desenvuelve en nombre de «la lucha contra el terrorismo». Desde el Pentágono norteamericano, especialmente, se procura convertir al anti-terrorismo en el pretexto para la completa subordinación de las fuerzas armadas del resto de los países. Por todo esto, mientras denunciamos la dependencia completa de la democracia burguesa al imperialismo, llamamos a la lucha por la defensa de las libertades democráticas formales y de organización en las naciones imperialistas, incluida especialmente la defensa del derecho de resistencia a las guerras y a la opresión étnica o nacional por medios revolucionarios. Denunciamos a la campaña «contra el terrorismo» como dirigida contra la independencia nacional de las naciones históricamente atrasadas. Denunciamos que la reacción política en las metrópolis se nutre del sometimiento nacional y señalamos que la lucha por la emancipación de estas naciones es la forma más alta del combate por la democracia formal. V. El carácter inconcluso de la restauración capitalista 23. El enorme avance de la restauración del capital en los ex Estados obreros no significa de ninguna manera que se trate de un proceso histórico que haya arribado a una conclusión. La importancia teórica de esta caracterización reside en que condiciona la caracterización de la crisis capitalista mundial en su conjunto. Es necesario distinguir los estadios que caracterizan el desenvolvimiento del capital y en especial el entrelazamiento de sus diferentes etapas. En esto consiste, precisamente, el análisis histórico concreto. La transferencia sin precedentes del patrimonio estatal a un puñado de acaparadores privados no le ha quitado todavía su lugar de arbitraje excepcional a la burocracia estatal oriunda del viejo régimen (con referencia a las burocracias de los países capitalistas, incluso los más estatizados). Esto es muy claro tanto en China como en Rusia, pero vale hasta cierto punto también para algunos países de Europa oriental. En Cuba, ese arbitraje es el más autónomo. En Cuba la restauración del capital ha seguido la vía de inversiones extranjeras limitadas y no ha habido virtualmente transferencia de propiedades estatales, aunque el patrimonio económico público se encuentra principalmente en manos de una corporación, las fuerzas armadas, que forma parte del Estado, pero que no es el Estado mismo. En China, ha tenido lugar una enorme penetración del capital extranjero y se han formado grandes capitales privados, pero el patrimonio económico del Estado aún supera al del capital privado, en especial en los bancos. En los ex Estados obreros prospera el capital privado, pero no se ha formado todavía una clase capitalista. La mediación de los capitales privados se realiza predominantemente a través de la burocracia y está condicionada por disposiciones administrativas de esta burocracia. Los parlamentos no constituyen, en ningún caso, la representación, o sea la mediación política, de los capitalistas como clase. Tampoco existe realmente una clase de capitalistas compradores que tenga el monopolio de la relación entre el capital y el mercado internacionales, de un lado, y el mercado interior, del otro; en China, Rusia y Cuba esa mediación corre, al menos principalmente, por cuenta de la burocracia del Estado. El acaparamiento de la propiedad estatal puede ser un paso hacia la formación de una clase capitalista, pero no es sinónimo de ella. El capital se sigue formando, en el mercado interior, por medio del saqueo del patrimonio y recursos del Estado. Aunque con gradaciones que varían entre sí considerablemente, el capital no es aún la potencia social dominante, o sea que es capaz de subordinar efectivamente todas las formas del trabajo social a la acumulación del capital. En China, donde esta potenciación social del capital es más intensa, este papel lo desempeña el capital extranjero no el nacional (la manifestación más desarrollada de un capital nacional chino tiene lugar en Hong Kong y se ramifica a las regiones costeras del sur). Las contradicciones propias de estas formaciones sociales entrelazadas, «sui-géneris», de los regímenes capitalistas transitorios, han tenido una manifestación excepcional en la semi-confiscación de los pulpos petroleros rusos Yukos y Sibneft, por parte del Estado. El gobierno de la burocracia rusa se postula a intermediario entre el capital petrolero internacional y los recursos petroleros de Rusia. Ha sido forzado a proceder de esta manera por la inminencia de una transferencia de propiedad de la oligarquía rusa, sin capital para competir en el mercado mundial, al capital petrolero internacional. En esta expropiación parcial de la oligarquía ha intervenido en forma decisiva la crisis política internacional, toda vez que los recursos, el transporte y los métodos de distribución de gas y petróleo plantean crisis internacionales en el Extremo Oriente, con referencia al abastecimiento de China y Japón; en el Artico, con referencia al transporte a Estados Unidos; en el Asia Central y el Mar Caspio, con referencia a sus yacimientos; en el Cáucaso con referencia al transporte a Europa, lo cual es también determinante con los ductos que atraviesan Bielorusia y Ucrania. Como ocurriera a lo largo de todo su pasado, Rusia vuelve a ser incapaz de relacionarse con el occidente capitalista por medio de un capital socialmente independiente. 24. La cuestión de la propiedad no ha sido resuelta, al menos en Cuba, China y Rusia, las naciones más importantes en la historia política revolucionaria. En Rusia los grandes conglomerados tecnológicos, las joyas de la corona de la ex URSS, siguen, parcial o totalmente, en manos del Estado. En la ex Yugoslavia se encuentran incluso en el limbo las soberanías estatales y los territorios, algunos de ellos incluso revisten la condición de protectorados. Entre el proceso de privatización que caracteriza a la restauración capitalista y las privatizaciones corrientes en las naciones burguesas existe mucho más que una diferencia de grado, en primer lugar por su escala, en segundo lugar por su peso en la economía mundial y en la redistribución de poder entre los monopolios capitalistas internacionales, en tercer lugar porque implica una catástrofe social para decenas y centenares de millones de personas. En China la transformación capitalista de la propiedad ha sido facilitada por la ausencia de una gran industria estatal moderna, al menos en comparación con la de Rusia. Pero aun tiene que resolver, por una parte, el destino del monopolio financiero y del crédito que aun conserva el Estado y, por la otra, el de la propiedad agraria de centenares de millones de campesinos que explotan la tierra en la forma de usufructo. Los bancos estatales se encuentran en bancarrota, con un monto de créditos incobrables que iguala al producto bruto interno de China. La privatización de los bancos estatales supone una declaración de quiebra financiera parcial del Estado, pero también plantea la amenaza del derrumbe de decenas de miles de empresas industriales financieramente quebradas, con su secuela inevitable de decenas de millones de cesantías. Un rescate estatal de estas empresas no plantearía solamente la perspectiva catastrófica de una hiperinflación sino también una catástrofe financiera internacional, que sería un resultado del retiro del capital en divisas que China tiene invertido en las deudas públicas de diferentes estados capitalistas. Las contradicciones extraordinarias que caracterizan a la restauración del capitalismo quedarán expuestas a fuego en las crisis financieras internacionales que se anuncian inminentes, como ya quedó de manifiesto, en una escala harto menor, en 1997-99, cuando la crisis asiática provocó la crisis rusa y el derrumbe, a término, del gobierno de Yeltsin. La perspectiva de la privatización agraria ya está dando lugar a la expulsión de los campesinos de la tierra por parte de las burocracias locales que hasta ahora los explotaban principalmente por la vía confiscatoria del impuesto, las tasas y los tributos. En China la concentración de la propiedad de la tierra ya se encuentra en marcha y, paralelamente, la intensificación de las rebeliones en el agro. El otorgamiento de rango constitucional al derecho a la propiedad privada apunta a consolidar la superestructura jurídica del proceso de privatización financiera, industrial y agraria, que se encuentra recién en los inicios. La restauración capitalista no podría ser nunca, fundamentalmente, un proceso orgánico interior. El capitalismo ha alcanzado un nivel histórico de desarrollo que pone un límite infranqueable a esa posibilidad. La restauración capitalista sólo puede desenvolverse como un proceso internacional, sometida a la hegemonía del capital financiero. Pero el capital internacional procede, en esta labor, conforme a su propia naturaleza. Está obligado a abordar y a condicionar la restauración capitalista a la lucha internacional por el control y la hegemonía del mercado mundial y por el monopolio de la redistribución de influencia que la restauración capitalista provoca en el mercado mundial. A partir de aquí pone en movimiento una contradicción importante; de un lado, una tendencia a valerse de la penetración en los nuevos mercados para intensificar la competencia por el monopolio del mercado mundial existente y, del otro, una tendencia a bloquear la restauración del capital para atenuar esa competencia mundial y frenar el ingreso de nuevos competidores. La penetración capitalista extranjera en los ex Estados obreros ha sido impulsada hasta ahora por el precio relativo menor de la fuerza de trabajo y de los recursos tecnológicos y naturales, agudizando la competencia en el mercado mundial entre los monopolios capitalistas establecidos. La re-colonización económica masiva del espacio interior de los ex Estados obreros se encuentra en gran parte condicionada al desenlace de la rivalidad comercial, financiera y política que se ha acentuado, entre esos monopolios y entre sus respectivos Estados. En resumen, la restauración capitalista constituye un episodio histórico concreto de crisis gigantescas y revoluciones. 25. Los trabajadores de los ex Estados obreros tienen frente a ellos una gama de tareas políticas: 1. La lucha contra la burocracia, porque la expoliación de la burocracia para acumular privilegios no ha desaparecido sino que se ha acentuado como consecuencia de la tendencia a la restauración del capitalismo; 2. La lucha contra la restauración del capitalismo, porque, de un lado, la privatización de la propiedad expropiada al capital todavía está en sus inicios y porque, del otro lado, las privatizaciones constituyen un largo proceso de lucha contra los trabajadores por parte del capitalista que ha entrado en posesión de la propiedad estatal para adaptar la explotación del trabajo a las nuevas condiciones de producción y a las nuevas condiciones de mercado; 3 . La lucha contra el capital. La IV Internacional rechaza las posiciones que: 1. Llaman a defender e incluso apoyar a la burocracia, atribuyéndole el carácter de un límite parcial a la restauración capitalista y una moderadora de la tendencia de ella a una intensificación de la explotación. Destacamos, por el contrario, la acentuación del parasitismo de la burocracia y de sus propias tendencias explotadoras, así como de una tendencia a estrechar relaciones con el capital internacional. Esta posición distorsionante acerca del rol de la burocracia se manifiesta principalmente con relación a Cuba, en menor medida en China y ha reaparecido en Rusia con posterioridad a los roces de Putin con la oligarquía que fue creada en el período de gobierno de Yeltsin. En conformidad con las peculiaridades que distinguen a los diferentes países y teniendo incluso en cuenta las características de las situaciones políticas del momento, la IV Internacional plantea el derrocamiento de las burocracias existentes y su reemplazo por gobiernos obreros y campesinos que repongan la dictadura del proletariado, confisquen a la burocracia y expropien al capital y establezcan un sistema de gobierno de consejos obreros. 2. Que oponen a la privatización integral de la propiedad estatal el establecimiento de un régimen social mixto o cooperativo, alegando que la asociación con el capital privado es indispensable para superar el atraso histórico que la burocracia fue incapaz de resolver o que pudo haber agravado. La perspectiva de una cooperación breve o relativamente prolongada con el capital internacional o incluso nacional en el terreno económico, que sirva a una causa histórica de progreso se encuentra, sin embargo, condicionada a varios factores: uno, a que esa negociación sea encarada por el gobierno obrero y no por la dictadura burocrática; dos, a consideraciones internacionales y no solamente nacionales, en primer lugar el estado y las perspectivas de victoria de la revolución mundial. El carácter social de una transición está determinado por el carácter del Estado; cuando éste ha pasado a manos de una burocracia, la privatización en masa lo convierte en una garantía, no de las viejas conquistas sociales, sino de las adquisiciones capitalistas. 3. Atribuyen los resultados destructivos de la restauración capitalista, tanto reales como potenciales, exclusivamente a la supervivencia de la burocracia y a que no se hubiera establecido una democracia efectivamente representativa. En realidad, sin embargo, ninguna democracia representativa ha podido prescindir, históricamente, de una burocracia y, lo que es más, la historia política de la democracia, o sea de la dominación de la sociedad civil, no ha sido más que la persistente estatización de las relaciones civiles. La reivindicación de la democracia formal ha sido, en todo el proceso preparatorio de la restauración capitalista, el mecanismo ideológico que ha encubierto la expropiación del patrimonio estatal por parte de la burocracia, los acaparadores privados y el capital internacional. La pretensión de desalojar las grandes revoluciones sociales de contenido proletario del siglo XX de la historia, en especial de la revolución del 17, por medio de un proceso indoloro, pacífico o gradual ya ha fracasado. Por el conjunto de factores que la condicionan, la restauración del capital deberá dar lugar a gigantescas conmociones sociales y políticas internacionales. De todos modos, una victoria del capitalismo sólo tendría la capacidad de retrasar la marcha de los minuteros de la historia. Esa victoria replantearía la lucha entre el capital y el trabajo en nuevas condiciones históricas; es decir, la competencia, la concentración de la riqueza en pocas manos, la socialización de la producción, las crisis, las contradicciones insolubles del capital, en fin un nuevo período de revoluciones socialistas. VI. La crisis social en los países capitalistas desarrollados 26. La expresión más contundente de la crisis mundial es la incapacidad de la burguesía para sostener la legislación laboral y los regímenes de protección social, que han sido la principal conquista popular de las luchas revolucionarias de la ante y la pos-guerra. Esta incapacidad obedece a la fenomenal caída de la tasa de beneficio, histórica, del capital. Esta caída es un reflejo de la incapacidad del capital de reproducirse sobre sus propias bases. La superación de la crisis de la acumulación capitalista exige un incremento drástico de la tasa de explotación del proletariado. De aquí resultan las tendencias a la flexibilización laboral en sus diversas formas y el desempleo en masa. También resulta de aquí la tendencia a la liquidación de la protección social (salud, previsión), porque ella forma parte del precio de la fuerza de trabajo que es necesario reducir drásticamente. La crisis de los presupuestos estatales son un reflejo de esta situación. El Estado intenta, primero, hacer frente a la crisis del capital mediante la transferencia de la carga impositiva a los consumidores, la privatización del patrimonio económico del Estado y mediante el endeudamiento público; en casos extremos, mediante la inflación y la hiperinflación. Luego, la carga de los intereses y de la deuda y los límites para una presión impositiva mayor plantean la crisis de las finanzas estatales y de los servicios públicos. La privatización representa el intento de la burguesía de asociar el financiamiento de la seguridad social al ciclo del beneficio capitalista y liquidar, de este modo, su carácter de norma de derecho que encarga al Estado la protección social de los trabajadores. En la época de crisis, el ideal de la burguesía es asociar el precio de la fuerza de trabajo al movimiento de los beneficios capitalistas (es decir de sus pérdidas). De aquí nace el planteo más extremo de determinar el salario como una parte del beneficio. La desocupación en crecimiento y la caída relativa de los salarios provocaron una considerable reducción de los aportes a las distintas formas de seguridad social. La privatización acentuó, en muchos países, la crisis, porque dejó al Estado con un menor financiamiento para la seguridad pública. Constituyó un formidable instrumento de confiscación de los trabajadores, porque los fondos recogidos financiaron grandes negocios capitalistas y una especulación financiera sin precedentes. El derrumbe bursátil del 2000, a su turno, provocó el derrumbe de los sistemas de protección social privatizados, en especial los referidos a los retiros y jubilaciones. El cuadro actual es de una bancarrota simultánea de la protección social tanto estatal como privada. En lo referido a la salud, sus costos se han incrementado en forma enorme debido a los superbeneficios de los monopolios farmacéuticos y a la privatización de la atención médica, que al adoptar un carácter de negocio capitalista significó al mismo tiempo un enorme encarecimiento. Los apologistas del capitalismo atribuyen esta crisis al envejecimiento relativo de la población, de lo que se deriva la necesidad de aumentar la edad de retiro. La falacia de la tesis se comprueba en que, con el aumento simultáneo del desempleo, el aumento de la edad de retiro solamente significa el aumento de la desocupación en masa. La protección que se niega al que debiera jubilarse habría que destinarla al desocupado; las cuentas cierran exclusivamente con el abandono de los desocupados. La dependencia recíproca entre el derrumbe de los derechos sociales y laborales, de un lado, y la crisis capitalista, del otro, se pone de manifiesto en el hecho de que a medida que aumenta la productividad del trabajo el capital exige el aumento de la jornada laboral y de su intensidad y la reducción de los salarios. A medida que aumenta la capacidad de creación de riqueza social, crece, por parte del capital, la exigencia de una mayor miseria social. Resulta claro, sin embargo, que el aumento de la tasa de explotación relativa del trabajador (mediante mejor tecnología) y de la absoluta (mayor flexibilidad laboral), lleva a limitar cada vez más la posibilidad de realizar el mayor valor que produce el capital. La salida para esta contradicción, que siempre será transitoria, reside, por un lado, en la restauración del capital en los ex Estados obreros y, por el otro, en una desvalorización del propio capital que haga más rentable su aplicación productiva. La primera salida implica guerras y catástrofes internacionales, la segunda una crisis económica sin precedentes, porque la desvalorización debe ser precedida por la quiebra. 27. La defensa de las conquistas sociales que implican la propia vida de los trabajadores reclama una lucha de alcances históricos, que plantea en definitiva el derrocamiento del capitalismo. Esto queda más claro todavía luego del fracaso de las tentativas pusilánimes de compromiso de la burocracia sindical, como canjear el mantenimiento de la seguridad social por mayores aportes de los trabajadores, disminución de prestaciones o elevación de la edad de retiro; o la admisión de la caída de los convenios laborales en el ámbito de las llamadas pequeñas y medianas empresas. La IV Internacional plantea la defensa de todas estas conquistas sociales mediante un sistema de reivindicaciones transitorias. Con relación a la seguridad social planteamos la estatización sin pago de todos los sistemas de retiro privado, bajo control de los trabajadores, y asegurar una prestación determinada igual al último salario, a las edades históricamente establecidas. El retiro, una parte del salario del trabajador a lo largo de su vida, debe ser íntegramente pagado por los capitalistas, como ocurre con el salario corriente. La posibilidad de aumentar la edad de retiro podría convertirse en un factor positivo de desarrollo humano en un régimen social sin desocupación, donde la organización del trabajo se encuentre bajo control obrero e integre las vocaciones personales, que garantice la educación, la salud y el esparcimiento, es decir, en el marco de una sociedad de decisiones libres. Con relación a la salud pública planteamos el control obrero de los monopolios farmacéuticos, una atención estatal de salud bajo la gestión de los trabajadores y su financiación a cargo directamente de las patronales. La defensa de la salud y del retiro de los trabajadores implica el cuestionamiento del monopolio del capital. Frente al flagelo de la desocupación reivindicamos, contra los despidos, la escala móvil de trabajo (reparto de las horas en la empresa sin afectar el salario), pero agregamos el reparto integral de las horas de trabajo de toda la sociedad, mediante una bolsa nacional de trabajo que integre a los trabajadores desocupados de acuerdo a su oficio, especialidad, residencia y condiciones de edad y de sexo. Si la escala móvil de las horas de trabajo plantea un desafío a la propiedad capitalista en el ámbito de la empresa, el reparto de las horas de trabajo en la sociedad lo plantea al nivel de todo el Estado. En oposición a la tendencia del capital a alargar la jornada de trabajo, intensificar su ritmo, violentar los periodos de descanso y vacaciones (anualización de los periodos laborales), establecer contratos laborales precarios, reducir los salarios mínimos y las escalas salariales, planteamos: salario mínimo vital y móvil igual al costo de la canasta familiar; jornada laboral de ocho horas; descanso y vacaciones colectivos, prohibición de los despidos; contrato de trabajo indeterminado; control obrero de las condiciones de trabajo por medio de comités de empresas; convenios colectivos de trabajo por medio de representantes obreros elegidos y revocables en asambleas. La IV Internacional denuncia las limitaciones de la semana de 35 horas pactada en Francia, en 1995, porque se otorgaron como compensación al congelamiento de los salarios nominales, restringieron el reconocimiento de las horas extras y se autorizó su calculo anualizado, permitiendo con ello la violación de la jornada de ocho horas y el derecho a vacaciones y feriados colectivos. En Francia, la desocupación y la precariedad del trabajo han crecido y la situación general de la clase obrera ha retrocedido. Para que la reducción de la semana laboral sea un instrumento real de lucha contra la desocupación debe ir acompañada con la prohibición del despido y de extender la jornada laboral o intensificar su ritmo, con la escala móvil de los salarios y con un control obrero capaz de determinar que el resultado social de la reducción de la semana laboral haya servido al progreso de los trabajadores. 28. En el curso de la presente crisis mundial se han producido enormes luchas sociales y nacionales, pero el proletariado de las principales naciones industriales ha estado relativamente ausente de ellas, con la excepción parcial de Corea del sur. Algunos choques importantes van marcando, sin embargo, un cambio de tendencia, por ejemplo las ocupaciones de la Fiat, en Italia, en 2002, o las que están en curso en los astilleros de España. Pero los amortiguadores sociales de la lucha de clases tienden a disolverse, en particular en Europa, porque han entrado en una contradicción cada vez más intensa con el capital. La IV Internacional reivindica la necesidad de ocupar un lugar destacado en todas las luchas provocadas por la opresión social o nacional y al lado de todas las clases, grupos o nacionalidades que sufran la opresión o la arbitrariedad. La lucha contra el capital envuelve a la totalidad de las contradicciones y antagonismos que crea o que refuerza la dominación capitalista mundial y entre las que se establece una relación de dependencia recíproca. Si Inglaterra hubiera sido derrotada en Malvinas, en 1982, digamos, el gobierno Thatcher no habría derrotado a los mineros británicos en 1985. La IV Internacional participa junto a los sin tierra de Brasil, Paraguay o Argentina, los campesinos cocaleros de Bolivia y Colombia, las mujeres asesinadas en México o golpeadas en todo el mundo, los inmigrantes sin papeles, los niños esclavizados, los jóvenes que reclaman el pleno derecho a la educación y los movimientos de trabajadores, en particular campesino, por la defensa y mejoramiento de su hábitat y medio ambiente, por la defensa de los derechos personales de todo orden contra el Estado policial que es todo Estado capitalista. La IV Internacional interviene en estas luchas, no en defensa de salidas de orden particular (que no son tales), sino para producir un único movimiento internacional por la victoria de la revolución socialista. Sólo participando en las luchas contra toda, absolutamente toda, forma de opresión puede una vanguardia obrera reclamar su lugar en las filas combativas del proletariado industrial internacional. Los cierres de empresa y la tendencia a la crisis industrial han planteado las ocupaciones de empresa y las plantearán todavía más en el futuro. Las ocupaciones de empresa han planteado, históricamente, un conjunto de cuestiones, que se encuentran vinculadas a las condiciones de conjunto de la lucha. Cuando tienen que ver con la bancarrota económica, oponen al cierre o al despido masivo el reclamo de la expropiación de la empresa y su puesta en funcionamiento bajo la responsabilidad de los propios trabajadores. La IV Internacional plantea, en estas circunstancias, la expropiación sin pago de los capitalistas, la confiscación de sus bienes privados, la puesta en marcha de la empresa con fondos estatales y la gestión obrera de la producción. De acuerdo con el nivel de generalización de la lucha, se plantea la formación de un frente de empresas ocupadas y gestionadas para, alternativamente, exigir fondos bancarios sin interés para el funcionamiento de la gestión obrera, la intervención de los trabajadores en la gestión de los bancos y la nacionalización sin pago del sistema financiero bajo la dirección obrera. Mientras que es claro que una gestión obrera de una empresa o un grupo de empresas no tiene destino bajo el capitalismo, la IV Internacional advierte contra el intervencionismo del Estado o incluso la estatización de las empresas que se encuentran ocupadas o gestionadas, porque implican un paso hacia la destrucción de la gestión obrera y, cuando las condiciones más generales son revolucionarias o prerrevolucionarias, un instrumento contra la revolución proletaria. A la estatización de empresas gestionadas, de un lado, y a la salida individual de la cooperativa obrera o de la autogestión, la IV Internacional opone la alternativa del frente de las empresas ocupadas y gestionadas; su intervención en los bancos estatales y privados, incluyendo la nacionalización financiera, para viabilizar la gestión obrera; su alianza con el conjunto del movimiento obrero en torno a las reivindicaciones comunes y en la perspectiva de una huelga política de masas. La IV Internacional establece la distinción entre las estatizaciones burguesas nacionales contra el capital extranjero, que tienen un carácter relativamente progresivo, y las que van dirigidas a sustituir a la gestión obrera, que van contra la posibilidad de una acción independiente del proletariado. Una tarea de importancia excepcional en la presente crisis es la organización de los desocupados. Esta organización no solamente atenúa la rivalidad entre los trabajadores que estimula el capital sino que tiene a convertirse en un poderoso arsenal revolucionario, dado que los desocupados representan el sector más golpeado y desesperado de las masas y el que concentra la disolución del capital en cuanto tal. Este potencial revolucionario explica la obstinada oposición de la burocracia de los sindicatos a su organización, que sin embargo es insustituible para acometer la tarea sindical por excelencia, que es la atenuación de la competencia entre los trabajadores. En la medida en que la vanguardia revolucionaria se esfuerza por organizar a los desocupados, mediante la presión en los sindicatos y fuera de ellos, y convierte a esta organización de los sin trabajo en un movimiento de solidaridad con los trabajadores empleados que luchan contra las cesantías y la flexibilidad laboral, esa vanguardia logra un acercamiento sin precedentes al conjunto de la clase obrera en el terreno más avanzado posible. La reivindicación fundamental de los desocupados es el derecho a la vida y al trabajo, o sea un seguro al desempleo, de una parte, y el acceso al empleo, de la otra. Frente a los intentos del Estado de adulterar el seguro al parado con formas de asistencia social clientelística, la IV Internacional reclama el control obrero, es decir de los desocupados, del seguro al desempleo y de cualquier forma de remuneración a los trabajadores que no tienen empleo. Denunciamos al Banco Mundial y a las ONG que reivindican la ayuda social para controlar a los trabajadores desocupados y convertir a esos planes sociales en una forma de explotación social que compita con el trabajador ocupado. Denunciamos, fundamentalmente, la campaña del centroizquierdismo internacional, en particular en Brasil, Argentina y Francia, que ha hecho suya la reivindicación del neo-liberalismo de un salario mínimo ciudadano. Este salario de subsistencia pretende convertir en statu-quo a la desocupación masiva y establecer como piso salarial para la fuerza de trabajo la remuneración de subsistencia que se adjudica a la familia desocupada. En oposición a estos ataques abiertos o perversos contra las condiciones de vida de los trabajadores, la IV Internacional lucha por el cese de la desocupación mediante el reparto de las horas de trabajo, el salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, el seguro al parado, la ocupación de las empresas que cierran, la escala móvil de las horas de trabajo contra los despidos, la adopción de planes de obras públicas bajo el control de los sindicatos o las organizaciones de desocupados, el impuesto progresivo al capital y la centralización de todos los recursos necesarios para hacer frente a la gran crisis social en manos de organizaciones controladas o gestionadas por los trabajadores. La IV Internacional llama la atención acerca de la actividad excepcional de la mujer y de los jóvenes en los movimientos y organizaciones de desocupados. Esta intervención obedece a que son los más golpeados por la desocupación. La acción de la mujer modifica no solamente el cuadro de lucha de los desocupados sino el conjunto del ámbito social, es decir que representa un sacudimiento más vasto, que atemoriza por sobre todo al clero y sus secuaces. La presencia de la mujer desocupada en la lucha de clases tiende a violentar los límites políticos de los movimientos feministas, al introducir en ellos la lucha contra el capital. La acción de la mujer influye también en la formación de la vanguardia obrera, de un lado porque incorpora a sus filas a un protagonista de mayor potencial revolucionario, del otro porque corrige la tendencia a la desmoralización que genera el desempleo, en especial el permanente, y que se manifiesta en el proletariado masculino. La IV Internacional recoge en sus conclusiones el enorme significado que tiene la presencia de la mujer en las luchas de los explotados, saluda su aporte y llama a extraer las consecuencias que esto impone a la tarea de reconstruir a la vanguardia del proletariado. El ataque contra la seguridad social, los cierres de empresa, la mayor flexibilización laboral, la reducción de los salarios darán lugar a un período de importantes luchas reivindicativas. La IV Internacional llama, especialmente en estas condiciones, a participar activamente en los sindicatos, incluso en los más reaccionarios; a formar en ellos fracciones clasistas; a incorporar a la lucha a las masas no sindicalizadas, reclamando para ellas la soberanía de las decisiones, mediante el régimen de asambleas, la formación de comités de huelga, la organización del enlace entre las empresas de una misma región con independencia de su filiación sindical. Sobre la base de este método de intervención es necesaria la expulsión de la burocracia de los sindicatos y la formación de direcciones sindicales clasistas y revolucionarias. La persistencia de la burocracia en la dirección de los sindicatos en el curso de las grandes luchas obreras que se avecinan, compromete las posibilidades de una victoria sobre las patronales y el Estado. VII. La cuestión del poder, del partido y de la Internacional 29. Tomada la situación mundial en su conjunto, es claro que la burguesía no puede seguir gobernando como lo ha venido haciendo, y que las condiciones sociales generales se han transformado para las masas en excepcionalmente insoportables. La cuestión de poder planteada por estas condiciones varía, incluso enormemente, de un país a otro, pero ha creado, al misma tiempo, una relación recíproca entre ellas. El empantanamiento del imperialismo en Irak ya ha creado una crisis política importante dentro de la burguesía y el Estado norteamericanos e incluso en el gobierno de Bush. Lo mismo ha ocurrido, incluso más acentuadamente en España, en combinación con las mayores manifestaciones de masas contra la guerra imperialista. El impasse económico en la Unión Europea ha determinado una fractura en la burguesía italiana y hasta una tendencia de ruptura de la fracción berlusconiana con su propio gobierno, al mismo tiempo que crece la movilización sindical. La crisis de los gobiernos de Francia y Alemania está fuera de duda, mientras se insinúan, y por momentos se profundizan, luchas de masas importantes. En otro continente, la presión imperialista sobre Bolivia ha dado lugar, en octubre pasado, a una revolución popular. La disgregación de un gobierno recién estrenado, el de Lula, es también manifiesta. El derrumbe de Aristide ha determinado una ocupación militar en Haití. El golpismo oligárquico contra el venezolano Chávez sigue atizando la crisis y las movilizaciones de las masas más pobres del país en defensa del gobierno nacionalista. El período de gracia de Kirchner se ha virtualmente acabado, al cabo de diez meses que se caracterizaron por un método de gobierno de crisis permanente. La acumulación de tensiones financieras en la caldera del Lejano Oriente ha provocado la destitución transitoria del presidente de Corea del sur por parte de los grandes monopolios nacionales que sienten amenazada su existencia por la penetración del capital financiero norteamericano. El Medio Oriente es un polvorín a la espera de un estallido, en especial en Arabia Saudita, Irán y Siria. La IV Internacional se diferencia de otras corrientes revolucionarias y obreras, en primer lugar, en esta caracterización de la situación mundial. Tomada como un conjunto, o sea en la perspectiva que ofrece y en sus relaciones recíprocas (entre las naciones y las clases), la situación mundial plantea, con ritmos, características históricas y peculiaridades diferentes, y una comprensión también dispar de las clases actuantes, la cuestión del poder. 30. A partir de esta caracterización, el gobierno obrero u obrero y campesino cobra toda su actualidad como reivindicación transicional. Esta consigna significa, antes que nada, una política que consiste en desenvolver en las organizaciones tradicionales de las masas y en aquellas que éstas crean en el curso de sus luchas, la comprensión de que está planteada una cuestión de poder y que la satisfacción real e integral de las aspiraciones populares exige la toma del poder por los trabajadores. Cuando en el curso de la propia lucha y como consecuencia de la experiencia de esa lucha, esas organizaciones conquistan una posición de autoridad política de conjunto, el gobierno obrero es la reivindicación que dirigimos a esas organizaciones para preparar la lucha directa por el poder político. La posibilidad, sin embargo, de que las direcciones tradicionales encaren esa lucha por el poder es remota o excepcional, incluso bajo una presión revolucionaria de las masas. La IV Internacional advierte contra el peligro de meter en una misma bolsa lo que son las masas, sus organizaciones y sus direcciones, porque por norma general las relaciones entre ellas son contradictorias. Los períodos de crisis política o revolucionarios acentúan esas contradicciones, porque estos períodos se caracterizan, de un lado, por un cambio fundamental en la conciencia de las masas y, del otro, por una agudización del sentido de supervivencia de las direcciones asentadas en las viejas relaciones políticas. En este sentido, la reivindicación del gobierno obrero es el método del cual se vale la IV Internacional, no para añadirle una nueva oportunidad de vida a las viejas direcciones, sino para conquistar la dirección de las masas y las organizaciones de su combate para la vanguardia revolucionaria. Aunque el parlamentarismo se encuentra desde hace largo tiempo en descomposición histórica y el gobierno real del Estado se encuentra en manos de un puñado de burócratas firmemente entrelazados con los principales trusts capitalistas, la participación parlamentaria (y, por lo tanto, las campañas electorales) es fundamental, incluso especialmente en un período de crisis de poder o pre-revolucionario. Esa participación debe servir no solamente para amplificar la agitación política cotidiana sino también como propaganda, o sea como educación política para la parte más militante de los trabajadores. La circunstancia de que el parlamento se haya convertido en la cobertura de la conspiración del Estado contra las masas (de ningún modo en su representación), refuerza la necesidad de la participación en él para proceder a un metódico trabajo de desenmascaramiento. Sin un trabajo revolucionario en el parlamento burgués es imposible hacer un trabajo realmente de masas. En las condiciones en que la vanguardia revolucionaria, allí donde existe y actúa, es extremadamente minoritaria y su radio de influencia se encuentra limitado a una audiencia sindical, es necesario explotar todas las oportunidades para intervenir en las campañas electorales y en el parlamento. El activismo sindical, incluso el más consecuente, puede resultar un sinónimo de metodología economicista; la participación electoral y en el parlamento puede servir, en cambio, para desenvolver una política realmente socialista, es decir, relacionada con los problemas de conjunto del capitalismo, de todas sus clases sociales y del Estado. La subordinación histórica del parlamentarismo con respecto a la acción directa de las masas no debe ser confundida con un desprecio a la acción parlamentaria; esa subordinación simplemente significa que el parlamento debe ser usado como tribuna revolucionaria de propaganda, de agitación y también de organización. La experiencia demuestra que la presencia de los revolucionarios provoca en las masas un interés por el parlamentarismo que no existía con anterioridad. Esta expectativa constituye un paso hacia el agotamiento de las ilusiones en el parlamentarismo, que se encontraban soterradas. La presencia de parlamentarios revolucionarios incentiva la tendencia popular a poner al parlamento bajo «la presión de la calle», contribuyendo de este modo a que la acción directa pase a ocupar el plano principal de los métodos populares de lucha. En numerosos países, la descomposición del parlamentarismo, que no es más que la del Estado burgués y de la sociedad capitalista, se manifiesta como «una crisis de representación política» o «una crisis de la política». Esto significa que los explotados no perciben el carácter de clase del parlamentarismo, ni caracterizan a las crisis políticas en curso como el resultado del carácter irreconciliable de los antagonismos de clase. Esta deformación se acentúa cuando la pequeña burguesía juega un papel político desmesurado con relación a su peso en el proceso productivo social. La crisis de poder asume en estos casos una característica formal, que tiene oculto su contenido social fundamental. La experiencia de las crisis y luchas recientes han enseñado que, en circunstancias como éstas, la consigna de la Asamblea Constituyente soberana podría desempeñar un gran papel político, entendida, primero, como un derrocamiento del parlamento y las instituciones ejecutivas nacionales y municipales cuestionadas por la «crisis representativa» y, segundo, como un vínculo al gobierno obrero y la dictadura del proletariado, si es impulsada a través de un programa de reivindicaciones transitorias de conjunto. El peso político de esta consigna se acentúa en los países en que el parlamentarismo y la democracia no han echado raíces sólidas o ninguna, y donde su larga existencia se ha combinado con crisis, golpes y dictaduras, o sea que está muy vivo el sentimiento favorable al sufragio universal. La rápida descomposición del Estado ha determinado que, en muchos países, se presente la necesidad de una «revolución política» con antelación a la conciencia de la necesidad de la revolución social. Lo que importa es que, de un lado, sirva para movilizar a las masas y, del otro, sirva para intervenir en la crisis de poder. Lo que importa, por sobre todo, es que sirva para sacar a la vanguardia obrera de una posición exclusivamente propagandística cuando está en desarrollo una crisis política que es parte de una crisis histórica pero que sigue etapas y ritmos diferenciados, en especial en lo que tiene que ver con la comprensión que las masas van adquiriendo de los acontecimientos. La disociación entre la crisis política del Estado y su contenido histórico concreto de agonía del capitalismo, ha dado lugar a una corriente que opone al parlamentarismo la «democracia directa». Se trata de otro episodio de la saga que denuncia a la democracia burguesa por su carácter representativo, o sea que delega la soberanía popular en una representación independiente. La «democracia directa» tiende a ocupar, en la opinión pública, el lugar de la «democracia participativa» o «social» de un pasado reciente. En un régimen que se caracteriza por el despotismo social (la dependencia absoluta de la fuerza de trabajo, en su calidad de mercancía, del capital, y la dictadura absoluta del capital en el lugar de trabajo), la democracia directa reproduce la ficción de la autonomía del individuo que caracteriza al constitucionalismo. Sin embargo, en la época en que la individualidad específicamente burguesa se encuentra en ruinas, la «democracia directa» tiene menos espacio que nunca y se transmuta en la pretensión de saltear al parlamentarismo por medio del plebiscito. La «democracia directa», que se encuentra relativamente de moda en la actualidad, tiene puntos de contacto con el anarquismo vinculado a la pequeña burguesía, no con el anarquismo que estuvo vinculado a la clase obrera, que subordinaba la democracia directa a la revolución social, estableciendo un punto de contacto con la dictadura del proletariado. El gobierno obrero que haya llegado al poder en la lucha por las reivindicaciones principales de los trabajadores y de la crisis política del Estado burgués, se confronta de inmediato con la oposición del conjunto de ese Estado, que representa la dictadura de clase de la burguesía. El gobierno obrero sólo puede representar, entonces, un breve interregno hacia la dictadura del proletariado. Su posibilidad de supervivencia depende del desarme de la burguesía y del armamento de la clase obrera, y de la expropiación de los pulpos capitalistas principales. Quienes, como el Secretariado Unificado, hablan de «poder obrero» pero se oponen a la dictadura del proletariado, simplemente no saben de qué están hablando. En realidad realizan un embuste conciente. Un «poder obrero» que se niegue al desarme de la burguesía y al armamento de las masas, no duraría nada. Dadas las circunstancias de crisis que determinaron su llegada al gobierno, no tendría la oportunidad de ser siquiera un gestor del Estado burgués, es decir un gobierno obrero de la burguesía. Un gobierno obrero que emerja de una lucha de masas por las reivindicaciones transitorias se confronta también con el conjunto del aparato del Estado su burocracia administrativa, judicial, municipal y el ordenamiento jurídico correspondiente. Debe quebrar el poder capitalista en el lugar de trabajo, que es la base real del poder del capital. Obligado a quebrar el aparato de Estado de un modo integral, se ve igualmente obligado a comenzar a transformar las relaciones sociales de explotación sobre las que se asienta. Estructura, de este modo, un nuevo Estado en la forma de una gestión obrera colectiva, que va desde la dirección gubernamental a cargo de los consejos obreros a la gestión obrera de las empresas, la salud, la gestión, la cultura, y que se manifiesta en un plan social de conjunto. La quiebra de la división del trabajo entre gobernantes y gobernados significa el principio de la disolución del Estado como tal. De todas las tendencias que hablan en nombre de la clase obrera, la IV Internacional es la única que lucha por un gobierno obrero u obrero y campesino en su sentido histórico completo de destrucción del Estado burgués y el establecimiento de la dictadura del proletariado. Para la IV Internacional, el gobierno obrero es un sinónimo de la dictadura del proletariado, y lo usa como tal en la agitación que realiza en el seno del pueblo. En la historia de la IV Internacional la reivindicación del gobierno obrero establecida en su programa de fundación, fue tempranamente distorsionada. Al menos desde la década de los 50 dejó de ser considerada como sinónimo de la dictadura del proletariado y la reivindicación del gobierno de las organizaciones tradicionales fue convertido en la estrategia sustituta de la IV Internacional. El paso siguiente fue plantear el gobierno obrero sobre una base parlamentaria, como ocurrió con la Unión de Izquierdas, en Francia, desde fines de los 70 (con el agravante de que se trataba de un frente popular con el partido radical). Con la conversión euro-comunista de los partidos stalinistas, la dictadura del proletariado fue reemplazada en el plano de la teoría por la «democracia socialista», que concilia el gobierno de los trabajadores con el parlamentarismo y el Estado burgués en general. La «democracia socialista» sirvió para embellecer el movimiento de la burocracia moscovita hacia la restauración del capitalismo, que realizaba con las consignas del estado de derecho, régimen constitucional, libertad electoral. En el arco iris de tendencias que se reclaman trotskistas existe una variada gama de posiciones sobre el Estado, pero todas han abandonado la reivindicación de la dictadura del proletariado. La degradación teórica ha llegado al extremo de que algunas de esas tendencias defienden a sus Estados imperialistas nacionales, alegando que representan conquistas de la civilización que deben ser protegidas contra la globalización, de un lado, y la regionalización, del otro. El reciente retiro, de los estatutos de la Liga Comunista Revolucionaria, de Francia, de la reivindicación de la dictadura del proletariado, es la culminación de una larga evolución política, pero que no atañe solamente al Secretariado Unificado sino a todas las tendencias que nacieron de la escisión de la IV Internacional a partir de los años 50. La IV Internacional rechaza la identificación de la dictadura del proletariado con la dictadura de la burocracia. No solamente se trata de una diferencia de métodos entre una y otra, sino de contenido social, porque la burocracia defiende a la dictadura del proletariado dentro de los límites de sus propios privilegios, es decir que en defensa de sus privilegios combate la supremacía social y política de la clase obrera. En defensa de sus privilegios, prepara la restauración del capitalismo y se convierte, como se ha convertido, en el agente principal de esa restauración. También rechazamos la identificación, de los aprendices de derechos humanos, entre el terror rojo o revolucionario y el terrorismo de Estado, lo que no es más que la vieja vulgaridad de poner en el mismo plano a la violencia revolucionaria y a la violencia de la reacción y del Estado capitalista. Incluso allí donde ha triunfado la revolución proletaria, el Estado que ejerce la hegemonía sigue siendo el Estado capitalista, que se manifiesta por medio del sistema internacional de Estados y agrede al Estado proletario empleando la fuerza organizada del sistema de Estados establecido de larga data. Toda guerra civil obliga a la revolución a militarizar sus instituciones y, dentro de estas condiciones, limita la democracia de los trabajadores, del mismo modo que en el curso de cualquier acción bélica la autoridad se concentra en un mando único. La dictadura proletaria sufre, así, la influencia del medio en el que es obligada a actuar. La dictadura del proletariado, como una democracia de trabajadores, florece cuando más amplio es el desarrollo internacional de la revolución, cuando mayores son los recursos económicos y culturales que hereda el proletariado triunfante, cuando mayor ha sido también la preparación política y la escuela de lucha de la clase obrera que se empeña en el derrocamiento de la burguesía. Toda ciudadela sitiada puede convertirse en Masada. Como dijera Lenin, el proletariado de las naciones más avanzadas hará mejor las cosas. 31. La lucha política es una lucha de partidos, más aún la lucha por el poder. La revolución social en general, y mucho más la proletaria, es un fenómeno histórico, o sea que resume y concluye una fase de la civilización humana. No puede ser emprendida sin una conciencia de ese carácter, la que se traduce en un programa. Pueden haber motines y rebeliones, y los hay con extraordinaria frecuencia cuando una determinada organización social entra en su fase de decadencia. Pero una revolución que sea capaz de poner fin a la dominación y explotación sociales, es imposible sin un programa y sin una organización. El capitalismo no permite un desarrollo generalizado de la educación general ni de la preparación política del proletariado; al revés estimula la competencia y la rivalidad entre los explotados. Solamente a partir de una vanguardia obrera puede acometerse la tarea de formar un proletariado revolucionario. Debido al papel estratégico sin rival del partido revolucionario en la revolución proletaria, la lucha contra la idea de construir un partido y contra el partido mismo, es el recurso último del capital, que en esta lucha se manifiesta principalmente por medio de la pequeña burguesía democratizante o a lo sumo socializante. A igual título que la colaboración de clases, en general, y el frente popular, en particular, el movimientismo es un recurso último del capital contra la revolución proletaria. Se trata de construir partidos, no sectas; organizaciones revolucionarias, no federaciones parlamentarias; organizaciones de combate, no solamente de propaganda; enraizadas en la clase obrera y en su historia, así como en la historia de las masas del país que se trate y de ese propio país. Las particularidades nacionales desempeñan un papel excepcional en la estrategia de los partidos revolucionarios. Teniendo en cuenta estas exigencias, la forma del desarrollo del partido revolucionario reconoce toda clase de variantes. En el estadio actual, de enorme dispersión de la vanguardia revolucionaria, la IV Internacional destaca la nueva etapa revolucionaria que ha abierto la presente crisis mundial; señala que la restauración capitalista acentúa, en última instancia, esta crisis mundial y desarrolla confrontaciones revolucionarias superiores en escala a las conocidas, incluso en los países desarrollados; destaca la vigencia de los programas históricos del comunismo, desde el Manifiesto de1848, los primeros cuatro congresos de la III Internacional y el programa de transición de la IV Internacional; y llama a los revolucionarios y a sus organizaciones a elaborar un programa internacional que dé cuenta de los cambios fundamentales de las últimas décadas. La reconstrucción de la Internacional obrera y revolucionaria parte de una clara filiación histórica, pero no puede reivindicar una continuidad organizativa. El Secretariado Unificado de la IV Internacional se ha convertido, al menos de conjunto, en un apéndice de la pequeña burguesía democratizante, incluso en los países imperialistas. La próxima Internacional obrera será diseñada por acontecimientos históricos de extraordinaria magnitud. Es ocioso especular sobre sus características. Sin embargo, no se puede luchar por esa futura internacional sin un programa y un partido. Nuestro llamado a refundar de inmediato la IV Internacional significa que rechazamos la política de la expectativa pasiva en los grandes acontecimientos por venir. Por eso nuestro planteo de reagrupar a la vanguardia obrera en un partido internacional que luche por la próxima gran Internacional Obrera Revolucionaria. En oposición al método de secta, que consiste en condicionar la refundación inmediata de la IV Internacional a la solución previa, puramente literaria por otro parte, de las discrepancias políticas que puedan existir, planteamos la organización de un partido revolucionario internacional, la IV, sobre la base de una delimitación política exacta de todas las divergencias. Construir el partido internacional es el punto del programa que deslinda a los marxistas revolucionarios de la secta. Jorge Altamira, 8 de abril de 2004

1 de abril de 2004
Resolución sobre las tesis programáticas
Comisión Internacional del XIV Congreso del Partido Obrero

Resolución sobre las tesis programáticas 1La Comisión Internacional caracteriza que el documento "Borrador de Tesis Programáticas para la Refundación la IV Internacional"1 presentado al debate del XIV Congreso del Partido Obrero, constituye una contribución a la actualización del programa revolucionario del proletariado internacional. I Proponemos al Congreso que vote elevar el "Borrador de Tesis…" al Congreso Mundial por la Refundación de la IV Internacional en nombre del Partido Obrero II Proponemos al Congreso que vote mandatar al próximo Comité Nacional a: a) Realizar una amplia difusión del documento y organizar su debate colectivo mediante la realización de charlas, cursos, artículos en la prensa y la revista; b) Convocar a una Conferencia Extraordinaria del Partido Obrero para su discusión y aprobación; c) Considerando que "las particularidades nacionales desempeñan un papel excepcional en la estrategia de los partidos revolucionarios" (punto 31 del "Borrador de Tesis…"), presentar, a la brevedad posible, un documento equivalente sobre la Argentina. 2La utilización por parte de las burocracias china y cubana de un código penal que establece medidas represivas extremas, incluida la pena de muerte, contra los delitos comunes e incluso contra los opositores políticos, no encontrándose esos países en una situación de guerra civil, no constituye en manera alguna una defensa de la revolución sino de los intereses de las burocracias gobernantes y una intimidación al pueblo que debe ser denunciada sistemáticamente. La intimidación contra el pueblo busca bloquear el desarrollo de una revolución política contra la burocracia; en esta misma medida, favorece la restauración del capitalismo en estos países, cuyo actor principal junto con el capital mundial es la burocracia estatal. 3Ratificamos la caracterización de reaccionarias de las guerras entre las naciones oprimidas y el llamado a la confraternización, a la unidad y al combate común de los pueblos contra las burguesías locales y el imperialismo. En particular, denunciamos que ante el temor de un nuevo levantamiento popular, la burguesía boliviana ha reflotado la agitación chovinista sobre la cuestión marítima. Señalamos que el atraso y la miseria de Bolivia no son la consecuencia de su enclaustramiento continental sino del saqueo imperialista, con la complicidad de la propia burguesía boliviana. Denunciamos que para los explotadores bolivianos, la reivindicación de la salida al mar está ligada a la exportación del gas, es decir a una nueva entrega nacional a cambio de sus jugosas "comisiones". Frente a la campaña chovinista de la burguesía boliviana, planteamos Fuera Mesa; estatización sin pago y bajo control obrero de la industria petrolera/gasífera, la minería y la banca; unidad de los pueblos de Bolivia, Chile y toda América del Sur contra el imperialismo y las burguesías locales. La resolución progresiva de la reivindicación marítima de Bolivia, que favorezca los intereses de los pueblos explotados de Bolivia y de América Latina, sólo puede tener lugar en el cuadro de la unidad socialista de América Latina. Los gobiernos obreros y campesinos de Bolivia, Chile y Perú establecerán un plan común para la explotación de los recursos del mar y de las riquezas de la región en beneficio del desarrollo económico, social y cultural de todos los pueblos. 4El derrocamiento de un gobierno (insurrección popular) es inconcebible sin la organización de ese derrocamiento. Si no se organiza el derrocamiento, lo máximo que puede ocurrir es que otros miembros del poder establecido lo reemplacen. Pero si de lo que se trata es de derrocar el poder oficial, el derrocamiento de ese poder tiene que ser una actividad organizada. La toma del poder es una tarea concreta, no es un resultado derivado, automático o espontáneo, de otras tareas. El levantamiento de los trabajadores debe ayudar a la tropa a acometer la desestabilización de las fuerzas armadas. Un pueblo que desarrolla enormes sacrificios y va a la lucha hasta las últimas consecuencias corre el riesgo de sufrir una derrota descomunal si no es capaz de producir el desenlace de la lucha, la derrota del enemigo. Ese desenlace, o sea, la organización de la toma del poder, es un arte o una técnica, tiene reglas, requiere disciplina, requiere de un trabajo previo. Una actividad organizada para tomar el poder en un momento culminante requiere de un partido político de la clase obrera. La finalidad estratégica del partido revolucionario es la lucha por la conquista del poder político. La estructuración de un doble poder no resuelve la cuestión de la toma del poder; la exacerba. El doble poder no es un objetivo estratégico; lo es el gobierno obrero y campesino. El desarrollo de un doble poder ha sido, en la historia revolucionaria, la variante más frecuente; pero no es una ley absoluta de ese desarrollo. Los límites del doble poder y el que históricamente tienen todas las organizaciones populares, sólo pueden ser superados por un programa y un partido, o sea por la organización política conciente. En el caso particular de Bolivia, señalamos que la reivindicación de la COB de la disolución del parlamento y su reemplazo por un Asamblea Popular no es un planteo de poder. Al contrario, es un planteo de co-poder con el régimen democratizante proimperialista (ya que no reclama el derrocamiento del gobierno), en el que la Asamblea Popular se reduciría a "controlar" al Ejecutivo, es decir que ésta tendría como misión ser el "comisario político" del gobierno burgués. El "co-poder" que plantea la COB una Asamblea Popular al lado de un gobierno burgués reproduce, de una manera empeorada, la experiencia de la Asamblea Popular de 1971, para cuya mayoría, nacionalista y democratizante, había que cogobernar con el Presidente, el general Torres, y convertir a la Asamblea Popular en el parlamento que le faltaba a éste. A diferencia del planteo de la COB, sin embargo, la Asamblea Popular de 1971 sí planteó el gobierno obrero y campesino, aunque sólo de un modo formal. Luego del golpe militar de Banzer, sus exponentes reconocieron que no se habría producido el armamento de las masas algo que nunca habían intentado En oposición a este co-poder, planteamos: Fuera Mesa, el parlamento y los jueces de la burguesía, la disolución de las fuerzas armadas y los organismos represivos y su reemplazo por el armamento del pueblo, una Asamblea Popular Constituyente convocada por las organizaciones populares en base a u programa de reivindicaciones transitorias, gobierno obrero y campesino. 5El levantamiento en curso en Irak es una manifestación del completo empantanamiento de la ocupación imperialista y del fracaso de los planes de "redibujar el mapa político del Medio Oriente" emprendido por el imperialismo norteamericano. La crisis desatada por la guerra y por el empantamamiento de la ocupación ya no se refiere, solamente, al enfrentamiento entre los imperialismos norteamericano y europeo. Ha creado una crisis política mayúscula dentro de la burguesía y el Estado norteamericanos e incluso, dentro del propio gobierno de Bush. Las acusaciones públicas de Richard Clarke, un ex jefe de los servicios de inteligencia, contra Bush por haber "despreciado" la "amenaza terrorista" y utilizarla como excusa para la invasión de Irak son una aguda manifestación de esta crisis en el corazón del régimen político, los servicios de inteligencia y el Ejecutivo. Otra manifestación son las declaraciones del senador Kennedy acerca de que "el problema es Bush", en lo que constituye una versión imperialista de la vieja consigna internacionalista de que "el enemigo principal está en nuestra propia casa". Ratificamos la necesidad y la obligación de utilizar las crisis políticas creadas por las guerras imperialistas en las metrópolis y el repudio popular a la masacre para organizar y movilizar a las masas para acabar con las guerras mediante el derrocamiento de los gobiernos imperialistas por la revolución proletaria. 6Destacamos la caracterización de la restauración capitalista como un proceso inacabado, transitorio y contradictorio como una de las claves de la caracterización de la presente etapa histórica. En particular, señalamos las propias contradicciones que el proceso de la restauración capitalista crea a cada paso. En Rusia, por ejemplo, la apropiación de los principales activos y yacimientos petroleros y minerales por una oligarquía altamente concentrada, salida de las entrañas de la propia burocracia gobernante, es una manifestación del proceso de la restauración y, al mismo tiempo, entra en contradicción con su ulterior desarrollo. Esto en la medida en que: a) bloquea el desarrollo de una clase media capitalista, base del desarrollo de una acumulación y desarrollo capitalista al interior de Rusia; b) es un factor de agudos choques con el capital externo, sin cuyo concurso el proceso de la restauración es inviable; c) tiene un carácter marcadamente parasitario y saqueador, en la medida en que se concentra en la explotación de las rentas extraordinarias provenientes de recursos naturales como el petróleo; d) es un factor de choques con la burocracia gobernante (como lo puso en evidencia la confiscación parcial por parte del gobierno de Putin de las petroleras Yukos y Sibneft) y, también, de bloqueo a la continuación del proceso de las privatizaciones (gas, electricidad, oleoductos). 7Destacamos como un importante aporte del "Borrador…" la caracterización de los distintos fenómenos políticos y sociales desarrollados bajo la común denominación de la llamada "integración europea". El fracaso de la Unión Europea en la constitución de un capital europeo como medida de defensa frente a los capitales norteamericanos y japoneses que caracteriza el "Borrador…", se manifiesta, por ejemplo, en la elevada integración de la industria armamentista británica (la principal del país) con la norteamericana y con el Pentágono, en la elevada penetración de los fondos de inversión norteamericanos en las principales industrias españolas (Repsol, Telefónica, Endesa) y en los acuerdos entre la Fiat (el principal grupo capitalista italiano) y la General Motors para la compra de la primera por la segunda. El gobierno francés, por su parte, está bloqueando la fusión del pulpo farmacéutico Aventis con el suizo-alemán Novartis con el argumento de que "el interés nacional de Francia" requiere que los centros de investigación y producción de vacunas de Aventis "permanezcan bajo el control de Francia". Otra manifestación de este fracaso es la no inclusión de Gran Bretaña, bajo la directa presión norteamericana y aún contra la voluntad de importantes sectores de la burguesía británica, en la moneda común europea. 8Destacamos la caracterización que realiza el "Borrador…" acerca del carácter central que tiene la participación en las elecciones y la lucha parlamentaria como un factor que permite desarrollar una vasta agitación política revolucionaria entre las más amplias masas, educar a la vanguardia obrera en la lucha política y organizar independiente a los explotados; y del carácter subordinado de la lucha parlamentaria a la acción de las masas. 9Saludamos la lucha que desarrolla el Partido de los Trabajadores del Uruguay contra el futuro gobierno del Frente Amplio-Encuentro Progresista, al que caracterizamos como un gobierno burgués, antiobrero y proimperialista. En particular, saludamos la campaña política que desarrolla el PT y de la cual su representante dio un amplio informe en la Comisión por la formación de un frente electoral de la izquierda clasista uruguaya que reagrupe políticamente a la vanguardia obrera en oposición al Frente Amplio, incluso antes de que éste llegue al gobierno. El punto central en Uruguay no pasa, desde un punto de vista revolucionario, por las ilusiones que aún despierte el FA (sometido al Encuentro Progresista con blancos y colorados), sino por la desilusión acelerada que sufre el centroizquierdismo latinoamericano, y el inevitable impacto que esto tiene en la legión de activistas y de luchadores populares. La izquierda uruguaya desprecia olímpicamente los dos factores que van a desgastar rápidamente al gobierno frenteamplista: el fracaso del centroizquierdismo latinoamericano y la emergencia de crisis financieras aún más violentas que las del pasado reciente. El PT de Uruguay apoya su delimitación del proimperialista FA-EP en esta perspectiva y se dirige a la vasta masa de militantes de izquierda y luchadores populares que son ya obligados, por estas circunstancias, a plantearse un enérgico realineamiento político. El Partido Obrero y la IV Internacional respaldan, con todas las medidas a su alcance, la lucha del Partido de los Trabajadores del Uruguay. 10Señalamos como otro de los aportes fundamentales del "Borrador…" la caracterización precisa que realiza acerca de la crisis de la dirección del proletariado en la actual etapa histórica, consistente en la ruptura de la continuidad política y organizativa del internacionalismo proletario y del retroceso de la conciencia socialista de la clase obrera como consecuencia de las derrotas sufridas por la clase obrera, la colonización de los llamados "partidos tradicionales" por el imperialismo y el resurgimiento de direcciones nacionalistas pequeño burguesas en sus formas más atrasadas e incluso reaccionarias. La combinación excepcional de factores que se presentan en la actual etapa histórica la crisis del capitalismo que amenaza a la humanidad con un retroceso civilizatorio, la tendencia de las masas a la rebelión, y la ausencia de una dirección política en el plano internacional plantean la oportunidad histórica de la refundación de la Internacional Obrera, que se desprende, no de preceptos ideológicos sino de la naturaleza de la propia situación. La tarea de refundar el internacionalismo obrero y la IV Internacional debe ser entendida como una tarea práctica concreta, con sus correspondientes consecuencias y conclusiones organizativas. 11Ratificamos el planteo formulado en el "Borrrador…" acerca de la validez de levantar, frente a los gobiernos de izquierda, la consigna de fuera los ministros capitalistas. Esta consigna expresa, de una manera práctica, el reclamo de que los partidos que se reclaman de los trabajadores rompan con la burguesía, y forma parte integral de la concepción de la consigna del gobierno obrero (u obrero y campesino) como una consigna transicional, cuyo objetivo consiste en la movilización sistemática de las masas para la revolución proletaria. "La acusación principal que la IV Internacional lanza contra las organizaciones tradicionales (…) es que no quieren separarse del semicadáver político de la burguesía (…) La reivindicación dirigida sistemáticamente a la vieja dirección: "rompan con la burguesía, tomen el poder" es un instrumento extremadamente importante para descubrir el carácter traidor (de estas direcciones) (…) Nosotros exigimos a todos los partidos y organizaciones que se apoyan en los obreros y campesinos, que rompan políticamente con la burguesía y tomen el camino de la lucha por el gobierno obrero y campesino…" (Programa de Transición). "Esta consigna (gobierno obrero) significa, antes que nada, una política que consiste en desenvolver en las organizaciones tradicionales de las masas y en aquellas que éstas crean en el curso de sus luchas, la comprensión de que está planteada una cuestión de poder y que la satisfacción real e integral de las aspiraciones populares exige la toma del poder por los trabajadores. Cuando en el curso de la propia lucha y como consecuencia de la experiencia de esa lucha, esas organizaciones conquistan una posición de autoridad política de conjunto, el gobierno obrero es la reivindicación que dirigimos a esas organizaciones para preparar la lucha directa por el poder político. La posibilidad, sin embargo, de que las direcciones tradicionales encaren esa lucha por el poder es remota o excepcional, incluso bajo una presión revolucionaria de las masas (…) En este sentido, la reivindicación del gobierno obrero es el método del cual se vale la IV Internacional, no para añadirle una nueva oportunidad de vida a las viejas direcciones, sino para conquistar la dirección de las masas y las organizaciones de su combate para la vanguardia revolucionaria" (Borrador…). 12Ratificamos la vigencia y validez de las consignas "que el PT rompa con la burguesía" y "fuera los ministros capitalistas" frente al gobierno encabezado por Lula. La situación brasileña se caracteriza por el hecho de que un partido que invocaba el nombre de los trabajadores no ha formado un gobierno de trabajadores sino, por el contrario, el gobierno de mayor concentración burguesa de la historia del país, que gobierna para la burguesía y el imperialismo y contra las mayorías explotadas. ¿Qué les decimos a las masas que votaron por Lula? Que la satisfacción de la más elemental de sus reivindicaciones es incompatible con el gobierno de la burguesía. Por eso reclamamos que el PT rompa con la burguesía, eche a los ministros de la burguesía del gobierno (lo cual incluye también a los elementos burgueses del PT). Es decir, una política que reivindique la expulsión de los banqueros, industriales y latifundistas del gobierno, como una consigna transicional en la agitación y la propaganda. Si el desenvolvimiento de la crisis capitalista y el descontento y la movilización popular fuerzan una crisis política en el gobierno de Lula, provocando la expulsión de los ministros capitalistas y del vicepresidente, se plantea en Brasil la cuestión del poder político: frente a ella planteamos la convocatoria de una Asamblea Constituyente sobre la base de un programa de reivindicaciones transicionales. Si, por el contrario, frente a la crisis y la presión de las masas, Lula refuerza su alianza con el capital, se va a desarrollar una lucha frontal contra el gobierno, la cual en su desarrollo, planteará también la cuestión del poder político. 13Denunciamos que los movimientos nacionalistas que libraron en el pasado luchas por la emancipación de sus países bajo tutela colonial están entregados al más abyecto colaboracionismo con el imperialismo, que los ha cooptado como factores de contención en sus áreas de influencia (es el caso, especialmente, del CNA en toda el África subsahariana, o de Khadafi en el Gran Magreb y en Medio Oriente). Esto ha llevado al derrumbe de estos movimientos, históricamente laicos (en su mayoría) y progresivos, abriendo cauce particularmente en África y en casi toda Asia a las tendencias "islámicas". Esta envoltura religiosa significa una involución ideológica y es el resultado, transitorio, de un conjunto de factores: las traiciones de las direcciones históricas y las presiones contradictorias del propio imperialismo y las masas. De un modo general, cuando estos movimientos llegan al poder, se someten a las reglas del "orden" internacional imperialista. La IV Internacional distingue claramente entre la retrógrada dirección clerical de estos movimientos, a la que combate, y la resistencia nacional anticolonial-antiimperialista, a la que presta un incondicional apoyo; y se empeña en construir secciones de la IV Internacional en estos países para disputar la dirección de las masas a estas direcciones. Denunciamos particularmente el daño que a la lucha nacional del Kurdistán hacen las direcciones nacionalistas burguesas, comprometidas con la ocupación imperialista de Irak. Comisión Internacional del XIV Congreso del Partido Obrero Aprobado en el plenario del XIV Congreso, por amplia mayoría (sin votos en contra y con 2 abstenciones) Notas: 1. Ver en la presente edición de En Defensa del Marxismo, "Tesis Programáticas, para la IV Internacional", pág. 5

1 de abril de 2004
Las colectivizaciones en Cataluña
Carlos Semprum Maura

En la "zona republicana" y particularmente en Cataluña y Aragón, las colectivizaciones constituyen, para mí, el fenómeno más importante en la trama de los acontecimientos revolucionarios de ese período1. Las colectivizaciones, violentamente calumniadas por sus adversarios, con los comunistas a la cabeza, prácticamente ignoradas durante mucho tiempo por los historiadores, o incluso idealizadas por la mayoría de los comentaristas anarquistas, constituyen una realidad contradictoria en la que aparece, más claramente que en el terreno "militar" o "político", lo que está en juego en la lucha en curso. Lo que se ataca acá es todo el orden social; con la transformación de las relaciones de producción, toda la vida económica está conmocionada, toda la pirámide jerárquica de la sociedad se derrumba. No sólo los principios "sacrosantos" de la propiedad privada, sino además aquellos juzgados como sacrosantos por los partidos llamados de "vanguardia" que justifican la división entre dirigentes y ejecutores, los que son felizmente arrasados. Pero veremos cómo, a lo largo de su experiencia, los trabajadores tendrán que luchar y cómo no hacerlo luchar eficazmente no solamente contra las dificultades inherentes, por ejemplo, a la guerra; no sólo, contra los adversarios declarados de las colectivizaciones, sino también contra los nuevos obstáculos surgidos de la propia experiencia. La primera comprobación que se impone es el carácter espontáneo de laa experiencias de colectivización. Es sin duda el movimiento masivo y espontáneo de las colectivizaciones sobre el que se basa mi afirmación sobre la importancia del "movimiento autónomo" de las masas obreras en Cataluña, que si no sería simple habladuría "ultraizquierdista". Efectivamente, los comités dirigentes de la CNT-FAI lanzaron el 18 de julio, la consigna de huelga general revolucionaria para enfrentar el levantamiento militar en Africa del Norte. "El 28 del mismo mes exactamente, los mismos comités dieron la orden pura y simple de retomar el trabajo2." Ahora bien, desde el 21 de julio, se producen las primeras incautaciones (tomas). El movimiento comienza en los servicios públicos. Ese mismo día, los ferroviarios catalanes colectivizan los ferrocarriles. El 25 los transportes urbanos. El 26, la electricidad, y continúan con otros. "Hasta los primeros días de agosto, la CNT no se ocupa, de manera oficial y organizada de canalizar las colectivizaciones3". La primera reacción oficial es por otra parte restringida: los dirigentes de la CNT intervienen para que no se colectivicen las empresas extranjeras, como lo reclamaban a gritos los consulados. En un gran movimiento entusiasta, los trabajadores, sobrepasan a sus "tutores", y se lanzaron a la colectivización de las industrias, transportes públicos, servicios públicos, comercios y salas e industrias del espectáculo, cafés, hoteles, peluquerías, etc.! Desde un comienzo las colectivizaciones constituyeron en cada momento casos particulares, pero se puede, sin embargo, clasificarlas en tres sectores principales (hablaré de la agricultura más adelante): 1. Las empresas en donde el propietario queda teóricamente en su lugar, pero en donde los trabajadores eligen un Comité de control obrero, cuyos poderes, por lo menos al principio, son tanto reales como extensos (se trata sobre todo de empresas extranjeras) 2. Las empresas en donde el patrón es pura y simplemente reemplazado por un Comité electo. 3. Las empresas socializadas. La diferencia fundamental entre las empresas colectivizadas y las socializadas es que estas últimas agrupan a todas las empresas de una misma rama de la actividad. El mejor ejemplo es, indudablemente, la industria maderera, que bajo la tutela del sindicato maderero (CNT) unificó todas las actividades en relación a la madera, desde el corte de los árboles hasta la venta, reorganizando por completo talleres y comercios. Las empresas socializadas constituyen sin embargo una minoría. Las empresas colectivizadas se desconocen unas a otras, incluidas las del mismo sector industrial, ya sea textil o metalúrgica. Estas colectivizaciones fueron ampliamente expandidas en toda Cataluña en donde más del 70% de las empresas industriales y comerciales fueron incautadas por sus trabajadores, unos días después del alzamiento militar del 19 de julio. En algunas ciudades chicas o pueblos- de la provincia catalana, especialmente en Aragón, se realizaron fórmulas originales en donde se unificaban colectivizaciones agrícolas e industriales, en el seno de una comuna libertaria. Los protagonistas de esta ola anti capitalista fueron sin duda alguna los trabajadores anarquistas y anarco sindicalistas de la CNT. Ciertamente, ellos no obedecieron ninguna consigna venida "de arriba" , ya que sus dirigentes se quedaron mudos sobre este tema, muy ocupados en "hacer política" (y también en organizar la guerra). Pero esto no les ocasionó ningún problema grave de conciencia, pues aplicaban tan sólo las ideas libertarias, en particular, las del reciente congreso de Zaragoza. Se separaron de sus dirigentes sobre el punto de que decidieron que era el momento de poner en práctica esas ideas, mientras que sus líderes decidían por su parte que hacía falta sacrificar el "programa del comunismo libertario" en el altar de la unidad antifascista. Hay que destacar que las colectivizaciones fueron objetivamente favorecidas por la fuga al extranjero o al campo franquista de una cantidad de patrones, gerentes o directores de empresas. En su libro Por qué perdimos la guerra Diego Abad de Santillán revela que en el curso de los 15 días que precedieron al levantamiento franquista, 90 millones de pesetas fueron retiradas de los bancos catalanes. Por supuesto, los capitalistas no iban a huir con las manos vacías. Los patrones que quedaron, que no fueron "eliminados de la esfera social" y que aceptaron el nuevo régimen, encontraron trabajo en su antigua fábrica, en función de su calificación profesional (se estima en un 10%). Fueron ingenieros, o contadores, o agentes comerciales, o simples operadores. Sus salarios eran los mismos que los de los demás empleados que ejercían las mismas funciones. Daniel Guerín no se equivoca cuando señala que los trabajadores catalanes tuvieron suerte, con respecto a otras experiencias del mismo tipo, de haber contado con la colaboración de una cantidad relativamente importante de ingenieros y de técnicos. "Durante más de cuatro meses, las empresas de Barcelona, en las que flameaba la bandera roja y negra de la CNT fueron administrada por los trabajadores agrupados en comités revolucionarios4." No obstante, en algunos sectores industriales, aparecieron rápidamente, serias dificultades dificultades originadas, entre otras, en la falta de materias primas y en la reducción de salidas, consecuencia de la guerra. "La situación no es tan buena en la industria textil, [importante en Cataluña en esa época CS-M]: por falta de materias primas no se trabaja más que 2 a 3 días por semana en muchas fábricas, pero los salarios son por 4 días. La prolongación de esta situación debilita a esas empresas. El ingreso de los obreros que cobran el salario de 4 días es insuficiente. No es consecuencia de la colectivización sino de la guerra. La industria textil de Cataluña ha perdido su principal salida. Una parte de Andalucía, Extremadura, Castilla la Vieja y todo el norte de España, con la populosa e industrial región de Asturias que se encuentra en mano de los facistas"5. Lo que el autor no dice es que el gobierno catalán encargaba en el extranjero las telas para los uniformes del nuevo ejército: tal era su desconfianza hacia las colectivizaciones. La situación mejora a comienzos de 1937, la industria textil catalana trabajaba en ese momento para el ejército republicano. Sin embargo, los trabajadores cometieron varios errores graves. Uno fue no tocar los Bancos, cayendo en el error de sus ilustres antecesores de la Comuna de Paris. Fue la "Generalitat [el gobierno Catalán-N de T] quien estableció el control sobre todos los Bancos catalanes. Esto le trajo inconvenientes con el Banco de España y por ende con el Gobierno central, como lo veremos más adelante, pero al mismo tiempo le permitió ejercer una presión muy eficaz hacia las empresas colectivizadas que tenían dificultades financieras, o simplemente problemas de caja. Las tomas El 27 de julio, los empleados de las agencias marítimas, adheridos a la UGT, se presentan en sus oficinas y proceden a la toma de la Compañía Transatlántica. Lo mismo pasó en las Compañías Mediterráneas, Ibarra, Ramos, etc. Esta toma constituye prácticamente el único ejemplo en el cual la UGT toma la iniciativa con respecto a la CNT. Recordemos que la UGT, organización esquelética en Cataluña, tenía sin embargo algunas secciones entre los empelados administrativos, funcionarios y demás proletarios "de corbata". De todos modos, la CNT participó desde un comienzo en el Comité Central de Control de la Compañía Transatlántica, compuesta de: 3 miembros de la CNT, 3 de la UGT y dos delegados gubernamentales, uno por el la Generalitat y el otro por el gobierno central. La flota de esta Compañía era de cien mil toneladas. La primera medida del Comité Central que dirigía la actividad de los comités de barcos, comercios, oficinas, etc., fue destituir al administrador gerente, a su adjunto y a la mayoría de los responsables de la anterior dirección. Se suspendió el pago a los accionistas. En Barcelona los servicios públicos de transportes, tranvías, subterráneos y autobuses, formaban una única empresa privada. Desde el 19 de julio, el Sindicato Único del transporte decidió la toma. La empresa fue dividida en tres sectores: tranvías, subtes y buses. A la cabeza de cada rama, se eligió un comité. La generalitat, también en este caso, nombró a un delegado, pero su rol, al menos al principio, sólo fue simbólico. La estructura organizativa creada por la sección de los tranvías sirvió de modelo para las otras secciones. Se eligió un Comité de fábrica formado por un delegado de cada rama o sección e trabajo. Cada sección tiene su comité, que organiza su trabajo en coordinación con el Comité de empresa. Unas de las medidas más importantes fue la equiparación de los salarios. Los ingenieros y técnicos que continuaban en su trabajo, por ejemplo, sufrieron una rebaja de sus sueldos, mientras que se aumentaron los salarios más bajos. Se reorganizó el trabajo, se suprimieron los puestos burocráticos, considerados inútiles. De julio de 1936 hasta el fin de la guerra los servicios de transportes urbanos de Barcelona, en manos de los trabajadores, funcionaron mejor que antes, según muchos testimonios.. Todas las redes catalanas del ferrocarril fueron colectivizadas por los ferroviarios organizados en Comités Revolucionaros de estaciones, depósitos, etc. Se les comunicó a los ex jefes de sectores que estaban licenciados. Algunos volvieron pero ya no en calidad de directores papel asumido por los comités sino en calidad de técnicos. En Cataluña, el servicio telefónico era propiedad privada de un pulpo norteamericano. Siguiendo las órdenes de la Generalitat y de sus propios dirigentes, los sindicatos telefónicos no colectivizaron esa empresa sino que instauraron un severo control obrero, dirigido por los comités de CNT-UGT, en cada central, en toda Cataluña. Los patrones norteamericanos o sus representantes españoles sólo se ocupaban de verificar los ingresos y los egresos de su negocio. Se les impuso, entre otras cosas, el despido de los directores y jefes considerados inútiles y de paga muy alta. Sería muy largo de enumerar la lista de las colectivizaciones. Antes de estudiar con detenimiento algunos casos concretos, señalemos que la ola colectivizadora invadió casi toda la actividad productiva de Cataluña incluidas las peluquerías: los peluqueros sindicalizados echaron a sus patrones y administraron ellos mismos sus salones de belleza, suprimieron las propinas e impusieron precios únicos. En algunos cafés y hoteles pasó lo mismo. Los comunistas, para demostrar la "locura colectivizadora" de los anarquistas, decían que los famosos burdeles del no menos famoso barrio chino de Barcelona fueron también colectivizado. Pero no hemos encontrado ninguna huella de esta interesante iniciativa en los documentos y libros que tratan este tema. Por el contrario, existe una documentación importante sobre las colectivizaciones realizadas por el sindicato del espectáculo-CNT. Toda la actividad teatral, cinematográfica, ballets, music-hall, efectivamente fue colectivizada. Productores, patrones y demás propietarios fueron licenciados y el sindicato administró directamente todas las actividades del espectáculo, ocupándose tanto de los programas como de los cachets de los artistas, del precio de las entradas, etc. El sindicato maderero El sindicato de la Madera realizó, como dije anteriormente, la "socialización" de dicha industria. Es lo que la CNT entendía entonces por socialización: la unificación de todas las empresas y actividades de una rama industrial en el seno de una única entidad socializada, directamente administrada por el sindicato correspondiente. El sindicato y no sólo el de los madereros, por supuesto cambia de "naturaleza". De organismo de "lucha revolucionaria y económica del proletariado" lo que era realmente en buen a medida, la CNT antes de 1936, se convierte en organizador y dirección de ramas importantes de la economía una vez que los "expropiadores fueron expropiados". En la Cataluña revolucionaria, el sindicato (CNT) va a jugar un papel prácticamente único en la historia del movimiento obrero internacional: en pocos días, se va a convertir en la primera fuerza política del país jugando un rol determinante desde el Comité Central de las milicias hasta el más pequeño comité revolucionario de barrio, la fuerza militar más importante, aunque más no sea por la cantidad de milicianos y al mismo tiempo el elemento primordial de la economía catalana, cuyas tres cuartas partes había sido colectivizada por los trabajadores mismos. Esta situación original va a dar nacimiento a toda una serie de problemas y de contradicciones. El primer y más evidente de todos es el surgimiento rápidamente liquidado por la derrota de una burocracia obrera. El 6 de octubre de 1936, el sindicato único maderero (CNT), publica un informe sobre su actividad que comienza así: "Queremos todo: Decíamos ya en otro artículo que debemos tomar todo, transformar todo lo que existe, que hay que liquidar los hogares de infección. Debemos dar una impresión de estabilidad reconociendo que ha llegado la última hora para el régimen burgués. Debemos resucitar la confianza entre los trabajadores. Debemos decirles y les decimos: Obreros de la madera, los patrones no existen más y para que sean conscientes, presentamos este balance. Los patrones carpinteros refugiados en las "trabucadas" de Fomento6, no existen más y en su lugar el sindicato de la madera ha instalado una de sus oficinas. La canallada ebanista que tenía su sede en la Escuela de Artes y Oficios, está hoy completamente desorganizada, destruida, no existe más y el local y los archivos están bajo nuestra custodia. La patronal embaladora y tapicera también ha desaparecido. Locales y documentos están en nuestra posesión. Queremos todo y tenemos el deber de imponernos y nos imponemos como sector revolucionario. Los pequeños patrones, los reagrupamos en grandes talleres. Una vez obtenido esto, controlamos toda la producción. Creamos nuestros talleres confederados, debemos impulsar nuestras actividades. Queremos y cuando lo decimos es porque estamos seguros de lograrlo a corto plazo controlar toda la producción. Todos los trabajos deben hacerse por intermedio del sindicato. Ya que fueron organismos de lucha contra el capital, hoy son ellos los que deben administrar la producción7." Igual vivacidad de tono lo vemos en el texto publicado el 25 de diciembre de 1936, en el Boletín CNT-FAI, pero esta vez no está dirigido sólo contra los patrones, y dice: "En lugar de proceder a verdaderas tomas, en lugar de dar plena satisfacción a las exigencias del pueblo, se obliga a los patrones a pagar el salario semanal, se aumentan los salarios y se reducen las horas de trabajo. ¡Y esto en plena guerra! La generalitat ha tomado todos los valores, se acepta el préstamo sobre inventarios imaginarios y se prestan sumas fabulosas, de lo que se arrepentirán cuando, balance hecho, se podrá demostrar la cantidad de millones que se gastaron por nada y cuánto esta sangría ha perjudicado a la economía. Se creó una enorme cantidad de burócratas parásitos [subrayado mío CS-M] que el sindicato maderero ha intentado reducir en las actividades que él controla. Hay demasiados comités de control que no producen y esto es intolerable (…)." En el sindicato de Bois, con un agudo sentido de nuestras responsabilidades, dándonos cuenta de las exigencias del momento, quisimos no solo seguir la marcha de la revolución, sino canalizar, teniendo en cuenta nuestra economía, la economía del pueblo. Es así que recogimos a los pequeños propietarios, esos pequeños propietarios arruinados, sin medios de subsistencia propios; estamos cargados con pequeños talleres microscópicos con un número insignificante de obreros, sin preguntarles cual era su sindicato, no viendo en ellos más que trabajadores cuya inactividad perjudicaba a la economía. Pues bien, de estos minusculos talleres, sólo con nuestros recursos y las cotizaciones de los trabajadores, hemos organizado talleres confederados de docientos y más trabajadores como no hubo nunca tan grandes en Barcelona y solo algunos en toda España. Cuando se dio cuenta de la incomprensión y del sabotaje que esta reorganización de la industria maderera levantó en todos los medios, se quejaron de la actitud de los comités de control gubernamentales con respecto a ellos. Estos les vendían las materias primas que necesitaban a precios exorbitantes. "Es pagando las deudas, continúa el texto, su vencimiento y cualquiera su monto" cosa que nadie debía estar haciendo en Cataluña que comenzaron a ser tomados en serio. Esto demuestra que no alcanza con algunas declaraciones de intención para eliminar el espíritu mercantil de las relaciones sociales. El texto termina así: "Hay un malentendido cuando se afirma que no aceptamos el decreto de colectivización. Por el contrario, lo aceptamos, pero en la práctica le damos una interpretación diferente. Lo que para algunos es fácil y lógico es hacer esta especie de colectivizaciones que no son más que cooperativas, en las que únicamente las industrias prósperas pueden continuar existiendo. Mientras que las demás, las que están en dificultades, están abandonadas a su suerte. Esto desemboca en la creación de dos clases: los nuevos ricos y los pobres de siempre. Una desigualdad que no se puede administrar de ninguna manera. Nosotros aceptamos la colectivización de todas las industrias, pero con una caja común y única para lograr una división equitativa. Lo que no aceptamos es que haya colectividades pobres y otras ricas. Este es el verdadero problema de la colectivización: o bien se colectivizan todas las ramas de la producción en general, o bien se deja la libertad de proceder con ensayos prácticos."8 El verdadero problema de las colectivizaciones es el planteado por la desigualdad provocada por toda clase de factores (falta de dinero, falta de salidas, de materias primas, etc.) entre las empresas colectivizadas que, en su inmensa mayoría, eran independientes, forman una entidad aislada, cada una actuando por si mismo. El problema de la coordinazión entre las empresas colectivizadas fue rápidamente percibido por numerosos sectores de la CNT y no solamente por el sindicato de la madera. En octubre de 1936 se realiza en Barcelona un congreso sindical, que representa a 600 mil trabajadores, que tiene por objetivo la socialización (en el sentido que se indicó anteriormente) de la industria. Se tomaron una serie de medidas prácticas que tendían a agrupar a todas las empresas de una misma rama industrial, y a coordinar las actividades de diversas ramas, todo esto bajo el ojo y control de los sindicatos. Pero esas medidas, que apuntaban a responder a dificultades reales, nunca fueron aplicadas. Además, el decreto de Colectivización del 24 de octubre de 1936 propuso una organización diferente en la que, por supuesto, el Estado cepillaba en todo el aparato de los sindicatos y los comités. Para luchar contra el problema de las colectividades "ricas" que se desinteresaban de la suerte de sus "hermanas pobres", todos, tanto la Generalitat como los sindicatos, multiplicaron las tareas administrativas y burocráticas, los organismos de control, etc. los burócratas parásitos denunciados por el sindicato maderero que no lograrán una verdadera planificación democrática, pero que sí harán proliferar los conflictos y abusos inherentes al funcionamiento obrero. El sindicato maderero no parece haber logrado resolver el problema de la coordinación. Como lo hemos visto, se desembarazaron rápidamente de los patrones, agruparon en vastos talleres a los pequeños artesanos, ebanistas y otros, con los obreros carpinteros, etc. Talleres que se ocupaban también de la venta de los productos que ellos fabricaban. El pasaje de las empresas microscópicas y desparramadas a los talleres confederados en donde estaban agrupadas las diversas actividades de la industria de la madera, permitía una planificación de la producción, una reducción de la burocracia improductiva y una equiparación de los sueldos de los trabajadores medida que encontramos en la mayoría de las experiencias de colectivización. Teóricamente, las condiciones parecen las requeridas para una verdadera gestión obrera de la producción. Pero el "gerente" es designado explícitamente, es el sindicato. Cuando en los textos del sindicato maderero se afirma que son los sindicatos los que deben hoy "administrar la producción", están en el camino exacto de la ortodoxia de la CNT. Como yo tengo una gran desconfianza hacia toda ortodoxia, me habría gustado ir más allá de las palabras y poder saber más concretamente lo que significaba la gestión sindical en la industria de la madera. Los documentos faltan o yo no los he sabido encontrar. Para mí, es evidente que no se puede confundir para nada sindicato maderero y trabajadores de esa industria. Tomemos un ejemplo banal: el sindicato puede tanto designar al secretario general y a los adjuntos como el conjunto de los trabajadores miembros de la CNT (o sea, la mayoría) que ejercen así democráticamente sus derechos y realizan real y colectivamente la gestión de la producción. En el primer caso, "en nombre del sindicato", los dirigentes de éste pueden imponer algunas medidas a los trabajadores, manipular las asambleas y los votos y en por último reconstruir el monopolio del saber y del poder en beneficio de la "dirección". Mecanismo conocido que yo resumo- que lleva a la jerarquización burocrática. En el segundo caso, hubiera sido interesante estudiar cómo se habría ejercido la democracia y la gestión obreras a través del sindicato y cuáles habrían sido las relaciones de la CNT con la minoría de la UGT y con los no sindicalizados al menos en las primeras semanas, pues la afiliación a un sindicato se volvió rápidamente, en la práctica, obligatoria. La ideología propia de la CNT constituye aquí un obstáculo para el análisis: ya que el sindicato es la forma superior de organización social y de democracia obrera, la gestión de una industria por medio del sindicato correspondiente, no puede ser más que eficaz y democrática! La palabra mágica de sindicato oculta entonces los conflictos que pudieran existir. La industria textil La industria textil es tradicionalmente una de las más importantes de Cataluña. Pero su estructura era, incluso para esa época, arcaica y los pequeños talleres, por ejemplo, pululaban. Les detallo aspectos del balance oficial de la colectivización en las textiles, según el informe del Sindicato único de Barcelona, (CNT) publicado, sin fecha, en el folleto de la CNT La obra constructiva de la revolución española : Una de las industrias más importantes de Cataluña, concentrada sobre todo en Sabadell y en Tarrasa, es la industria textil. El sindicato único controla, en Barcelona únicamente, 40.000 trabajadores de la CNT. El conjunto de los trabajadores controlados por las dos centrales sindicales suma 230 mil obreros, entre los cuales 170 mil pertenecen a nuestra confederación. Entre los trabajadores sindicalizados, 70% pertenecen a la CNT y 30% a la UGT. Jornadas: Antes del movimiento, los trabajadores de la sección tintorería percibían un salario de 68 pesetas por semana. Hoy reciben 78,2 pesetas, o sea un aumento del 15%. El mismo salario reciben los trabajadores de la sección mantenimiento. Tejeduría: Los trabajadores de esta subdivisión trabajaban por piezas y realizaban, antes del 19 de julio, semanas de 179 pesetas y hacían un promedio de 10 horas de trabajo por día. Hoy, ganan 135 pesetas por semana de 40 horas y trabajan por jornada. Los obreros que trabajan por piezas en "Estándar" y recibían entre 60 y 70 pesetas, reciben hoy un salario fijo de 65 pesetas por semana. Los salarios de los técnicos industriales pasaron de 250-350 pesetas a 200-250 pesetas por semana. El de los encargados de servicio de 125 a 125-130 pesetas. Parece que, de acuerdo a estas cifras, los salarios sufrieron una disminución. En realidad, hay una ventaja cierta para el obrero, ya que éste recibe un salario fijo y permanente, el trabajo por piezas ha desaparecido. Otro factor que debemos tener en cuenta es el de las horas de trabajo. Antes del 19 de julio, los obreros trabajaban en "Algodón" y "Estándar"; para obtener los salarios mencionados más arriba debían hacer semanas de 80 horas; hoy en las fábricas en las que no se adoptó la jornada reducida (por falta de materias primas) se trabaja sólo 40 horas. El coeficiente del salario horario es, entonces, por mucho, superior hoy, al que se daba en el régimen burgués [estos argumentos me parecen poco convincentes- CS M] Milicias y frente: La cantidad de afiliados a la CNT, sección textil, que han abandonado el trabajo en las fábricas y los talleres controlados por nuestra confederación para ir al frente es muy elevada. Podemos decir que, en el actual momento, la mano de obra está muy reducida en esta rama de la industria. En la ciudad de Barcelona, 20 a 25 mil hombres afiliados a la CNT partieron al frente como voluntarios. Contamos con 3000 afiliados a la UGT. (…) Donaciones para las víctimas del fascismo: El SUFT (Sindicato Único Fabril y Textil) aportó hasta la fecha al Comité por las víctimas del fascismo 2.500.000 pesetas. Debido a la disminución del trabajo, por falta de materias primas, las donaciones bajaron de 110.000 pesetas por semana a 55.000".9 Después de haber señalado que los trabajadores textiles cedían de un 5 a un 15% de sus sueldos, según el monto, al Comité de milicias para las necesidades de la guerra, el informe continúa describiendo la estructura organizacional de las empresas textiles colectivizadas. Lamentamos la falta de precisión en la fórmula "casi toda la industria textil está colectivizada en Cataluña", que no dice cuál era el porcentaje de la industria aun privada, ni las relaciones entre la industria colectivizada y los comités de control en la industria privada. Sin embargo, la segunda parte del informe comenzaba con: " Cuando hayan implantado la colectivización, los comités de control se convertirán en comités técnicos administrativos", lo que parece indicar que en el momento en que se redacta el informe (septiembre u octubre 1936, por las alusiones al Comité de milicias) la colectivización estaba lejos de haber terminado. La estructura organizacional es la clásica desde el punto de vista de la CNT. Se trata de una pirámide de comités: Comité de empresa, Comité local de delegados de los comités de fábrica de la localidad, comité de zona, comité regional (para la CNT, Cataluña siempre fue una "región") y Comité nacional Textil. Los textos insisten en el aspecto democrático de las estructuras de organización, no sólo porque todos los comités son elegidos, sino también porque, en caso de conflicto, el recurso a la asamblea plenaria de trabajadores de una empresa o incluso de una localidad está decidido, y es esta asamblea la que cuenta y decide. Sobre el papel: Pareciera haber una coordinación a través de los comités electos entre todas las empresas textiles catalanes, que permitía la lucha contra las desigualdades que he mencionado. El informe se limita a comprobar que debido al trabajo y a los salarios reducidos, los trabajadores de algunas empresas no podían aportar más que una cotización baja para las necesidades de la guerra. No se dice nada sobre las medidas que se toman para remediar este estado de cosas. ¿Dicha coordinación ha realmente sobrepasado el estadio de piadosos deseos? Por otra parte, no sabemos que es lo que subsistió una vez que el decreto sobre las colectivizaciones puso en pie otra estructura estatal-sindical. Quisiéramos tener más información sobre el hecho de que cada comité, a su vez subdividido en cuatro o cinco departamentos podía nombrar "al personal técnico y burocrático (sic) necesario para el cumplimiento de sus funciones". La industria metalúrgica En la metalurgia, las cosas no son tampoco más simples. Se debe señalar, ante todo, que una cantidad de fábricas metalúrgicas de cierta importancia, era extranjera y entonces esas fábricas no fueron colectivizadas. Algunas como la Barret SA, que lo había sido, tuvo que dar marcha atrás y pasar de la colectivización al control obrero, por la intervención del consulado belga que hizo saber que el 80% del capital era belga. Obviamente, la metalurgia catalana se volvió si no toda, casi toda, una industria de guerra que se esforzó en ponerla bajo el control directo del Comité de milicias, primera y de la Generalitat luego, y del gobierno central finalmente, como veremos después. Sin embargo, la iniciativa obrera se desarrolló, acá también, un poco por todas partes. Citemos el ejemplo de la fábrica Hispano-Suiza: "Los talleres de esta importante empresa son los que trabajan con mayor intensidad y en las ramas más diversas para el abastecimiento de las milicias obreras. Las organizaciones sindicales procedieron, desde los primeros momentos de la toma de la fábrica, a la organización de los trabajos bajo la dirección integral de los organismos creados por el proletariado, con el fin de adaptar la fabricación a las necesidades impuestas por la guerra civil. Nunca una modificación de los servicios fue tan completa y tan rápida transformando una producción de paz en producción de guerra. Los trabajos que salen de todos los establecimientos de la industria metalúrgica son para las necesidades de la guerra, al estar sometidos al control del Comité de milicias, éste funciona bajo la forma de un delegado directo especialmente nombrado para ello. El camarada que cumple dichas funciones tan complejas y delicadas es uno de los miembros más destacados del sindicato único de la metalurgia (CNT), Tiene sus oficinas instaladas en la misma fábrica Hispano-Suiza. La dirección de la producción metalúrgica de guerra está centralizada allí. Mil obreros trabajan bajo el régimen de empresa colectivizada. El total de los salarios de la semana remonta a 110.000 pesetas. La dirección interna de la fábrica está asegurada por un Comité de empresa formado por un representante de cada sección, incluidos los delegados de los técnicos, empleados administrativos, ingenieros, etc. Se construyeron en la fábrica, las siguientes especialidades: Camiones blindados, bombas de mano (granadas), ambulancias, soportes de ametralladoras, correas y mochilas. La fabricación de tanques y de obuses fue estudiada. Entre los trabajos corrientes, la fabricación de automóviles y motores de aviones continuó. Cierta cantidad de estos últimos fue entregada al aeródromo del Prat y al gobierno de Madrid. El ánimo de los trabajadores es admirable. Todos aportan la conciencia más grande para la confección de estos instrumentos especialmente útiles en el combate anti-fascista. Luego de los primeros 7 días, quince camiones fueron blindados con doble capa metalizada y una corteza aislante. Lo que representa un verdadero record. Todos estos camiones fueron enviados a los frentes de Aragón. La producción de granadas aumenta a 500 por día, terminadas y entregadas de inmediato para la carga. Es, superfluo subrayar que esas granadas son seguras y de gran poder asesino. No se puede por ahora establecer cuadros de comparación con la situación anterior, pues la diferencia de trabajo y circunstancias surgidas de la guerra civil falsearon los cálculos. Pero el orden de trabajo de esta empresa y la situación financiera permiten tener grandes esperanzas Esta es una de las expresiones más evidentes de las posibilidades del proletariado y de la nueva organización, tan llena de promesas para el futuro"10. El decreto sobre las colectivizaciones y sus consecuencias Algunos ejemplos de colectivizaciones que acabamos de leer sólo dan una idea somera y quizás abstracta sobre lo que fue realmente el movimiento de colectivización. Hay que poder imaginar lo que representaba ese movimiento: centenares de miles de trabajadores se van a encontrar de la noche a la mañana en una situación que sin duda habían soñado, pero nunca vivido. Los patrones han sido liquidados, la propiedad privada abolida, ellos son los dueños. Durante casi cuatro meses (desde fines de julio al 24 de octubre de 1936) ninguna autoridad patronal o estatal se atreverá a avanzar en este terreno conquistado por ellos. Todo está por inventarse. Cierto, inspirándose en ideas libertarias sobre la cuestión, pero esas ideas definen una línea de conducción general y no aportan la solución a problemas concretos. Y los problemas concretos de todo tipo, (cajas vacías, falta de materias primas, falta de salida, etc.) era lo cotidiano y la guerra civil hacía que la solución se vuelva aun más difícil. Hay que repetir que cada colectivización es un caso aparte. En la ebullición del primer período (hasta el decreto de colectivización) es en el día a día donde debemos encontrar las soluciones. Parece que en este período la democracia directa fue la más completa: las asambleas de trabajadores eligen los comités de fábrica o de control y deciden sobre las cuestiones importantes. En los servicios públicos (ferroviarios, transportes urbanos, electricidad, etc.) la naturaleza misma de su trabajo ligaba a los trabajadores de una ciudad, o hasta cierto punto, de toda Cataluña. Era casi lo mismo en la metalurgia, casi totalmente transformada en industria de guerra (pero aquí se plantearon problemas particulares de los que hablaremos más adelante). Se realizaron intentos de coordinación entre empresas de una misma rama industrial, no sin éxito, por ejemplo el sindicato maderero, o el conjunto de industrias de algunas ciudades catalanas. Pero frecuentemente, cada empresa autogestionada constituía una entidad autónoma, un bastión a la vez aislado (con problemas financieros u otros) y ligados al conjunto del movimiento a través de mil lazos. Esto se comprende fácilmente: los trabajadores de cada empresa se ocupan primero de reorganizar su vida y su trabajo en el seno de su empresa. Pero rápidamente, esta situación va a plantear problemas económicos (aunque los problemas puramente económicos sean sólo una ilusión más). La guerra, las necesidades de toda clase de la población, etc., exigían inclinar la producción en tal o cual sentido y algunas empresas continuaban produciendo los mismos objetos que antes de la guerra, sin llegar a hacerlos circular. Podemos dar un ejemplo pintoresco: en el entusiasmo por crear una "nueva vida", una sociedad "proletaria", se empezó una gran campaña, por cierto espontánea, contra la vestimenta burguesa (incluso los burgueses se vestían como obreros para no hacerse notar). Símbolo de la vestimenta burguesa de la época era el sombrero que entonces cayó en completo desuso. Ahora bien, los obreros fabricantes de sombreros, por medio de su sindicato protestaron contra esta "discriminación". Toda su vida, habían hecho sombreros, continuaban haciéndolo, pero ahora nadie se los ponía, ¿cómo vender?. Se encontraban en una situación sin salida… Este ejemplo "chaplinesco", elegido entre muchos otros, muestra en todo caso, que una reconversión de algunas ramas industriales era necesaria. No alcanzaba con seguir produciendo, también había que, sobre todo, producir de otra manera. "Producir de otro modo" exige, una vez más, saber quién decide qué, y cómo producir. "Producir por producir" no puede ser de ninguna manera el objetivo de una economía autogestionada. El fin habría sido el de producir para satisfacer cada vez más las necesidades libremente expresadas de las masas. Evidentemente, la inmensa mayoría de los catalanes estaban de acuerdo con algunas prioridades nacidas de la guerra: creación de una industria de guerra, abastecimiento de las milicias, etc. Pero todos los problemas no se detenían ahí. La coordinación, la reconversión de ciertas industrias, la nueva orientación que había que dar a la producción, la igualdad de las condiciones de vida y de salario, no sólo al interior de cada empresa, sino para el conjunto de los trabajadores catalanes, etc. Exigía crear puentes entre las islas del inmenso archipiélago que eran las empresas colectivizadas. Durante los cuatro meses de ese primer período, fueron los sindicatos (y sobre todo la CNT) los que constituyeron el único lazo entre trabajadores de diferentes empresas, de diferentes ciudades y de diferentes ramas de la industria (la CNT creará incluso un Consejo de Economía que tendrá un rol de consulta). Ese lazo, lo hemos visto y volveremos más adelante, se convertirá, cada vez más con el pasar de los días, en burocrático, pero parecía perfectamente normal para los trabajadores, quienes en su mayoría estaban afiliados a la CNT y aceptaban en una amplia medida la ideología cenetista según la cual los sindicatos después de la revolución se vuelven en órganos de gestión de la producción. Pero nosotros sabemos que los estados mayores de la CNT, no sólo no habían organizado las colectivizaciones, sino que éstas se hicieron a pesar de ellos. Habiendo el fenómeno tomado tal amplitud, la CNT, y también, la UGT e incluso la Generalitat, se conmovieron. La economía catalana estaba prácticamente en manos de los trabajadores, no se podía seguir ignorando este estado de cosas. Obvio, sobre estos errores y defectos de las experiencias, a veces reales, a veces inventados, se monta la recuperación de las colectivizaciones en manos del Estado catalán. Las "exigencias de la racionalización económica", acá también, van a ocultar las intenciones profundas de las burocracias políticas. ¿Quién dirigía la economía catalana, al estar los patrones despojados? Nadie, ese es el escándalo que no podían tolerar. Después de cuatro meses de creatividad, de democracia obrera, de tantear también, y por qué no de equivocarse, se podían encarar varias soluciones, ora para ir más lejos, ora para "poner orden". Fue la solución más autoritaria, en el contexto de la Cataluña revolucionaria., la que se eligió. El 24 de octubre de 1936, el gobierno catalán institucionalizó por decreto las colectivizaciones. Esto a menudo ha sido presentado, incluso por un buen número de exégetas de tendencia libertaria, como el reconocimiento de lo que había sido llevado a cabo por los propios trabajadores. En realidad, se trataba exactamente de lo contrario: el Estado toma en mano las colectivizaciones, para limitarlas primero, pero también y sobre todo para extender su propia influencia y control en detrimento de la autonomía obrera. Con el tiempo y debido a la acumulación de problemas que plantea inevitablemente la transformación radical de la vida económica en plena guerra civil, se podían haber encontrado distintas soluciones. El hecho de que se haya escogido las previstas por el decreto no tiene nada de sorprendente. No se puede aislar la cuestión de las colectivizaciones de los demás problemas que la situación revolucionaria planteaba cotidianamente. Aquí también, como lo veremos, los dirigentes anarquistas elegirán la autoridad, como escogieron o escogerán "la unidad antifascista" contra la revolución, el ejército contra las milicias, etc. El decreto fue preparado por el consejero económico del gobierno catalán, Juan P. Fabregas. Este, además, adhirió a la CNT recién en julio de 1936. Antes había sido director del Instituto de Ciencias Económicas de Barcelona, estaba políticamente ligado a los medios nacionalistas burgueses de la Lliga. Parece ser que el decreto fue ásperamente discutido por las diferentes tendencias políticas representadas en la Generalitat antes de ser aprobado. Algunos lo encontraban demasiado revolucionario… El decreto y la organización de la economía Artículo 1. De acuerdo con las reglas establecidas por el presente decreto, las empresas comerciales e industriales de Cataluña se clasificarán en: A. Empresas colectivizadas, en las que la responsabilidad de la dirección recae en los obreros que componen la empresa y que están representados por un Consejo de empresa. B. Empresas privadas, en las que el propietario está a cargo o administra, con la colaboración y control del Comité obrero de control. A. Empresas colectivizadas: Art. 2: Serán obligatoriamente colectivizadas todas las empresas industriales y comerciales que al 30 de junio de 1936 ocupaban a más de cien asalariados, como así las que ocupaban a una cantidad inferior de obreros pero cuyos patrones han sido declarados facciosos o hayan abandonado la explotación. Excepcionalmente, las empresas de menos de cien obreros podrán ser colectivizadas después de firmar un acuerdo entre la mayoría de los obreros y el o los propietarios. Las empresas de más de cincuenta obreros y de menos de cien podrán colectivizarse con el acuerdo de los tres cuartos de los obreros. El Consejo económico (del gobierno catalán CS M) podrá decidir además la colectivización de las demás industrias que, por su importancia en la economía nacional o por otras razones, tengan que ser retiradas de la acción privada." Recordemos a los que se tienten de encontrar estos artículos muy favorables a la idea de colectivización, que todo lo que allí se estipula ya había sido realizado por los obreros hacía cuatro meses y que además, era políticamente imposible volver atrás. Además encontramos un primer intento de limitación al querer dejar al margen de las colectivizaciones a las empresas de menos de 100 obreros. Esas empresas constituían la inmensa mayoría en la Cataluña de 1936 notemos que éstas ya estaban, en su gran mayoría, colectivizadas. De acuerdo al decreto, el sindicato maderero, por ejemplo, habría tenido que remitir al sector privado el enorme porcentaje de talleres que contaban con menos de 100 obreros el 30 de junio de 1936. No se hizo nada, por supuesto. Incluso desde el punto de vista de la productividad, se trata de un absurdo el dejar vegetar a una masa de empresas comerciales e industriales microscópicas, como era el caso de España, tan atrasada con respecto a los países industriales europeos. Su reagrupamiento y fusión constituían condiciones necesarias para la expansión como se dice hoy. Esta medida choca con la "filosofía" del decreto, que, sostenida por todos los estados mayores políticos, pretendía organizar la economía obedeciendo a los dictámenes de la producción. No era a los llamados "dictámenes de la producción" que obedecían, sino a los dictámenes políticos, buscaban no alienarse de las capas medias, entonces no atacaban los principios sacro santos de la propiedad privada, a los que ellas, como se sabe, están fuertemente atadas. La alianza con las "clases medias" campesinos, comerciantes, industriales formaba parte del programa de los estalinistas, era incluso el eje principal de su llamada estrategia de revolución "democrático-burguesa". El POUM también consideraba que esta alianza era necesaria en la etapa imaginaria en la que ubicaban la lucha: la etapa democrático-socialista. Amplios sectores de la dirección de la CNT eran sensibles a estos argumentos, no en la óptica de la teoría absurda de las "etapas" de la Vulgata marxista-leninista, sino en la de la unidad antifascista, considerada indispensable para ganar la guerra. En cuanto a los partidos "burgueses" y nacionalistas del Frente Popular, representantes políticos de dichas clases, estaban allí naturalmente para defender su derecho a la propiedad. Además de las empresas de menos de 100 asalariados, un sector privado subsistió efectivamente, en paralelo al sector colectivizado. De hecho, se trataba esencialmente de respetar a empresas extranjeras o que tengan una parte de capital extranjero en el sentido de no alterar a las democracias occidentales, para esto, por una vez, todos los estados mayores de las organizaciones políticas o sindicales estaban de acuerdo. Gran Bretaña, Francia y Bélgica estaban entre los países que tenían los más grandes intereses en Cataluña. En el sector privado se instauró el "control obrero". De acuerdo al decreto, los poderes del Comité de control obrero eran los siguientes: "(Art. 22): a. El control de las condiciones de trabajo y el cumplimiento estricto de las medidas vigentes en cuanto a salarios, horarios, obra social, higiene y seguridad, etc., así como el cuidado de la disciplina estricta en el trabajo. Todas las notificaciones y comunicados que el gerente debiera hacer al personal se encaminarán vía el Comité. b. Control administrativo: las cobranzas y los pagos tanto en especie como por intermedio de los Bancos, vigilando que éstos respondan a las necesidades del negocio, control de las demás operaciones comerciales. c. Control de la producción, en estrecha colaboración con el propietario de la empresa a fin de perfeccionar el desarrollo de esta producción. Los comités obreros de control mantendrán las mejores relaciones con los técnicos, teniendo como objetivo asegurar el buen funcionamiento del trabajo. Art. 23. Los patrones tendrán que presentar a los comités obreros de control, los balances y memorias anuales que ellos enviarán al Consejo general de la Industria correspondiente". Como se ve, este texto podía permitir ya sea a un patrón hábil y emprendedor de endosarle al comité obrero todas el trabajo pesado para el mantenimiento de una "disciplina estricta" y el "desarrollo de la producción" como a obreros decididos de ejercer un verdadero control. Pero ése es el destino de los textos legales, ser ambiguos y tratar de ocultar los conflictos reales. Hubo aquí, también, una evolución ligada a la evolución política general de Cataluña; al principio, los patrones no llevaban las de ganar, pero luego, con la ayuda de las autoridades gubernamentales, van a intentar de a poco, retomar su poder. (Sea lo que sea, la noción de control obrero es por lo menos ambigua pues nos hace decir frecuentemente que los obreros deben controlar ellos mismos, ¡su propia explotación!) El decreto estipulaba además, que los comités de control debían estar compuestos por delegados de todos los sectores: obreros, técnicos, empleados y cuadros administrativos. Eran elegidos, pero la representación de cada sindicato tenía que ser proporcional a la cantidad de afiliados respectivos en la empresa. Lo que aseguraba automáticamente el predominio de la CNT, dada la influencia mayoritaria en el seno de la clase obrera catalana. Volviendo a las empresas colectivizadas y a las medidas que limitaron la autogestión de los primeros meses: "Art. 15. En todas las empresas colectivizadas habrá un control la Generalitat, que formará parte del Consejo de empresa y que será nombrado por el consejero de Economía, en acuerdo con los trabajadores." Como el consejero económico era de la CNT, se puede lógicamente pensar, con el clima de la época, que el controlador lo fue también, la mayor parte del tiempo. Lo que no lo exime automáticamente del espíritu burocrático o de incapacidad pero al menos y en principio, no debía ser hostil a las colectivizaciones. Esto cambió como consecuencia y después de las Jornadas de mayo de 1937, donde se verá la restauración del poder del Estado en casi todos los campos, los "controladores" se volvieron, en muchísimas empresas, los verdaderos directores. Sobre todo en todas las empresas consideradas necesarias para el esfuerzo de guerra. Desde un comienzo, esos "controladores" que eran representantes de la autoridad suprema en Cataluña el gobierno autónomo, gozaban de una gran autoridad política, y ante las dificultades financieras de una cantidad importante de empresas y el control del Generalato sobre los Bancos, ellos la utilizaban como medio de presión y de chantaje, al otorgar o rechazar créditos. "Art, 14, Para velar de manera permanente por el buen funcionamiento de la empresa, el Consejo nombrará a un director, en el que delegará todo o parte de sus funciones [subrayado mío C.S-M] En las empresas en las que trabajan más de 500 obreros, en aquellas en las que se fabrican, transforman o venden material interesante para la Defensa nacional, el nombramiento del director deberá estar aprobado por el Consejo de Economía." Este articulito es muy significativo, pues anula de hecho, el ejercicio de la democracia directa basada en los consejos de delegados elegidos y revocables (incluso en este tema de la revocación, nos faltan detalles y no parece haber sido admitida más que en casos extremos en que la asamblea general de la fábrica debía decidir). La jerarquía de la producción se introduce aquí en su aspecto más tradicional y retrógrado: a la cabeza de una empresa como de un partido, como de un ejército ¿y por qué no de un país? se necesita un jefe. El esquema se repite, en forma incansable. A pesar de todos los discursos sobre la democracia, sobre la anarquía, concretamente se opone una jerarquía supuestamente buena a otra juzgada mala. Y son justamente los anarquistas, adversarios feroces de toda jerarquía, los principales autores de este proyecto. Pero, aquí no se detiene el control estatal. El decreto prevé igualmente, la creación de consejos generales de Industria: "Art. 24. Los Consejos generales por Industria estarán constituidos por: – 4 representantes del Consejo de empresa de esa industria, cuyo modo de elección se especificará oportunamente (subrayado mío, C.S-M) – 8 representantes de distintas centrales sindicales, designados de acuerdo a un porcentaje proporcional – 4 técnicos nombrados por el Consejo de Economía. Cada uno de dichos Consejos estará presidido por el representante de dicha rama en el Consejo de Economía (subrayado mío, C.S.-M) Art. 25. Los Consejos generales de Industria determinarán los planes de trabajo de la industria, planificarán la producción de su rama y regularán todas las cuestiones que le conciernen. Art. 26. Las decisiones adoptadas por los Consejos Generales de Industria son de ejecución. Ningún Consejo de empresa, ni ninguna empresa privada podrá oponerse a su ejecución. Podrán, a lo sumo, presentar un recurso ante el consejero económico, cuya decisión no podrá apelarse." Estos consejos de industria compartían con la asamblea plenaria de la empresa el privilegio de poder revocar todo o parte de los consejos de empresa. Pero cuando el Consejo de industria era el que había decidido la revocación de un Consejo de empresa, éste tenía únicamente el recurso de llamar al consejero económico, o sea al ministro si la asamblea lo apoyaba "pero la decisión de este último, una vez presentado el informe al Consejo Económico, era definitiva" (Art.20). Los consejos de Industria fijaban, además, "el plan general de producción" para los Consejos de empresa. "Para el establecimiento del margen de beneficio, fijará las condiciones generales de venta, la compra de materias primas y todo lo que se refiere a las reglas de amortización del material, la parte del capital en circulación, los fondos de reserva y la distribución de los beneficios, para todo ello se informará a los organismos de los consejos generales de Industria" (Art. 12)11. Notemos que de acuerdo al modelo de estatutos de las empresas colectivizadas, previsto para el gobierno catalán, el 50% de las ganancias tenía que ir a la Caja de crédito industrial de Cataluña (es decir la Generalitat); 15% a obras comunitarias de carácter colectivo; 15% debía ser puesto a disposición de los obreros, para que éstos, reunidos en asamblea, lo utilicen como sea necesario. El 20% restante estaba destinado al Fondo de reserva, amortización de las máquinas, etc. El poder se reestablece de arriba para abajo, la autonomía obrera se ve reducida, prácticamente a la nada. La pirámide burocrática en las empresas se vuelve a levantar: "controlador" del gobierno y director a la cabeza de las empresas, los consejos de industria por encima de ellos y por arriba de todos, como corresponde en el universo burocrático, el ministro y su Consejo de Economía. Sin embargo, una lectura rápida podría hacer creer que esos consejos de Industria, como teóricamente están dominados por los representantes de los trabajadores, estaba entonces la democracia obrera automáticamente garantizada. Pero esto es confundir, una vez más, burocracia con clase obrera. Confusión además corriente, sobre todo en esta época. Examinemos las cosas más a fondo: los únicos delegados de los trabajadores, los 4 representantes de los consejos de empresa, no sólo están en minoría, sino que aun su modo de elección no está especificado. ¿Por qué, si no es porque ellos serán elegidos directamente en las asambleas de trabajadores? Los 8 representantes de las centrales sindicales son funcionarios sindicales "no productivos" que dependen y obedecen a los jefes de la CNT y la UGT y en consecuencia al gobierno catalán pues son los líderes de esos sindicatos que los representan tanto en el gobierno autónomo catalán como ante el gobierno central. Por último hay 4 "técnicos" directamente nombrados por el gobierno catalán. Lo menos que se puede decir es que el gobierno catalán tenía un rol preponderante en esos consejos, rol reforzado y afirmado por el hecho de que en caso de conflicto, siempre era el ministro quien en definitiva decidía. Además, esto es lo que se afirma con todas las letras en el texto del convenio firmado en Barcelona el 22 de octubre de 1936 (dos días antes de la publicación del decreto), por la CNT-FAI y la UGT-PSUC: "1. Nosotros nos comprometemos formalmente a ejecutar los acuerdos y las decisiones del Consejo de la Generaitat, poniendo en juego toda nuestra influencia y nuestra fuerza organizacional, a fin de facilitar su aplicación. 2. Nosotros somos partidarios de la colectivización de los medios de producción, es decir de la expropiación sin indemnización de los capitalistas y de la transferencia de esa propiedad a la colectividad. Somos partidarios de la colectivización de todo lo que sea necesario para las necesidades de la guerra. Estamos de acuerdo en estimar que esta colectivización no dará el resultado deseado si no fuera dirigida y coordinada por un organismo, que sea una representación natural de la colectividad y quien, en este caso, no puede ser otro que el Consejo de la Generalitat (subrayado mío, C.S.-M). Con respecto a la pequeña industria, no estamos de acuerdo con la colectivización, salvo que fuera para un caso donde haya elementos facciosos o necesidades ineluctable de la guerra"12. Toda la filosofía del decreto está resumida aquí. La industria de guerra constituye un caso particular en el problema de las colectivizaciones. Si bien Cataluña era una de las regiones más industrializadas de España, las fábricas de armamento casi no existían. La primera tarea fue crear una verdadera industria de guerra. Lo que fue llevado a cabo. Y, por supuesto, fue el sindicato CNT metalúrgico que hizo el principal esfuerzo. El 21 de julio de 1936, el sindicato de la Metalurgia, según García Oliver, designa a Vallejo para organizar las fábricas de material de guerra. Desde el 19 de julio varias empresas de Barcelona se distinguieron al armar espontáneamente la fabricación de tanques, con más buena voluntad que tecnología. Vallejo recorrió todos los lugares de trabajo para organizar la producción y designar a los camaradas capaces de llevar adelante ese trabajo. Seis días después, los primeros tanques estuvieron a disposición del Comité de milicias13. Dichos "tanques" lo más a menudo, eran simples camiones blindados. Sea lo que fuese, se creó una verdadera industria de guerra, artesanal cierto, con todas sus piezas. El sindicato CNT de la Metalurgia y Vallejo, como delegado, tomaron las primeras medidas. En el Comité de milicias primero (con Isgleas como delegado en Defensa y Diego Abad de Santillán en Economía, los dos de la CNT, recordémoslo) y luego en la Generalitat, los responsables gubernamentales de la industria de guerra fueron dirigentes anarquistas. Esto cambió después de las jornadas de mayo, cuando el gobierno central tomó directamente en sus manos Defensa y la Policía en Cataluña, como veremos. Esta responsabilidad de los anarquistas en la muy nueva industria de guerra catalana no podía satisfacer a los estalinistas, quienes, en varias oportunidades lanzaron campañas de prensa contra el "sabotaje" y la "injuria" de la CNT en este esfuerzo bélico. La CNT contratacó vigorosamente en su propia prensa. Y el 15 de abril de 1937, José Tarradellas, siendo primer consejero de la Generalitat, refutó las insinuaciones y ataques de la prensa del PSUC, defendiendo los esfuerzos realizados en Cataluña para la industria armamentística. Después de mayo de 1937, los estalinistas, en la persona de Comorera, se dirigieron directamente al socialista de derecha Indalecio Prieto, ministro de Defensa del gobierno central, renovando sus acusaciones. Prieto escribió a Companys, presidente de la Generalitat, y éste respondió en una extensa carta defendiendo la obra emprendida, cuyo extracto sigue: "En Cataluña, debido a su situación industrial y económica, nuestras masas obreras sintieron, como reivindicación histórica, la necesidad de apoderarse de toda la industria. Esta toma, en particular en lo que se refiere a la metalurgia, no sólo obedeció al deseo de tenerla entre sus manos, ya que hay que reconocer inmediatamente se pensó en transformarla para que pueda producir material de guerra"14. La carta sigue con el reconocimiento de los conflictos surgidos entre el gobierno catalán y los comités obreros por la dirección y la organización de esta industria, conflictos que fueron "resueltos" a favor de la Generalitat. Companys hace un balance de la producción de guerra y recuerda todas las fábricas y el material de guerra que estaba puesto a disposición del gobierno central, de acuerdo al decreto de Prieto mismo, escrito después de los acontecimientos de mayo. Vemos, entonces, aquí también, reproducir el escenario clásico. Los sindicatos de la CNT toman la iniciativa de crear con todo una industria de guerra. Companys bendice esta iniciativa audaz, pero considera, por supuesto, muy peligroso dejar esta industria en las manos de los comités obreros. Logra que la Generalitat ejerza el control. Después de mayo, la autonomía de Cataluña será limitada tanto por ser demasiado revolucionaria como porque la corriente jacobina que predominaba en el gobierno central y en las organizaciones que lo apoyaban, exige el retorno al centralismo estatal. El gobierno central tomará en sus manos, poco a poco, lo esencial de la industria de guerra catalana. La campaña de difamación de los estalinistas tenía como único objetivo el de favorecer la expulsión de los comités obreros. ¿Cómo reaccionaron los trabajadores a las medidas del decreto de Colectivización? Parece ser que en la mayor parte de los casos rechazaron pura y simplemente, su aplicación. Juan Andrade nos da así su testimonio de la situación: "El 17 de mayo de 1937, (es decir algunos días después de la "semana sangrienta" de Barcelona CS-M) una comisión nombrada por la federación local de los sindicatos CNT Barcelona publicaba una nota sobre la reorganización económica de Cataluña, que declaraba sobre los factores de desorden: Es necesario ante todo subrayar como factor de perturbación el no cumplimiento estricto del decreto de colectivización vigente, cada vez que vastos sectores de trabajadores han hecho total abstracción del contenido y del espíritu del decreto y se han lanzado a colectivizaciones que no tenían ningún fundamento económico y científico (…) La preocupación desmesurada de colectivizar todo, especialmente las empresas que poseen reservas monetarias, ha despertado entre las masas una idea utilitaria o pequeño-burguesa incalificable. Al considerar cada colectividad como la propiedad particular de la empresa colectivizada y no como solo el usufructo, se ha hecho abstracción de los intereses del resto de la colectividad, se han comportado de una manera egoísta y cruel, y se ha puesto en práctica procedimientos que son el patrimonio del régimen capitalista. En lugar de avanzar rápidamente hacia la creación de los conejos generales de Industria, las mismas organizaciones sindicales lo han dilatado complicando el proceso de desarrollo y de perfeccionamiento prescripto por el decreto (…) Las empresas colectivizadas se preocuparon únicamente de su pasivo, produciendo un desequilibrio en las finanzas de las empresas, lo que implica otros elementos de perturbación (…) También existe un factor de indisciplina social: falta un estimulante moral para obligar a cada uno a un rendimiento indispensable para su mantenimiento (subrayado mío C.S-M) dejando bastante margen para sostener los otros gastos del frente y de la retaguardia" Entre las medidas susceptibles de remediar esta situación, la Comisión de la federación local de los sindicatos de la CNT de Barcelona, aconsejaba las siguientes: "Aplicación estricta y rigurosa del decreto de colectivización vigente, sin permitir la más mínima derogación. Concentración de las industrias y reducción del personal de cada una de ellas, siguiendo las necesidades concretas de la producción del momento. Obligación, para todas las colectividades, de liquidar su pasivo. Establecer un impuesto de guerra a todos los salarios con el fin de igualarlos lo más posible y evitar la existencia de obreros manuales de primera, de segunda y de tercer clase, así como funcionarios que perciben tres, cuatro y cinco veces más que los más elevados salarios de los obreros. Creación de un préstamo de guerra alto para las ganancias de todas las empresas, colectivizadas o no, para reducir esas ganancias al mínimo durante la guerra." Y la nota terminaba así: "La Comisión estima que se necesita aplicar rápidamente esas medidas si queremos evitar, antes de algunas semanas, el derrumbe que amenaza la economía de la región. Hay que obtener esta reacción favorable, asegurar el orden social e imponer la moral y la austeridad. Hay que fijar nuevamente la política económica que se va a seguir para salvar la experiencia que estamos realizando. La comisión insiste de nuevo sobre el hecho de que el crédito o el descrédito del decreto de colectivización vigente están íntimamente ligados a la CNT que es quien lo defendió, lo impuso y quien principalmente se encargó de su ejecución. La comisión estima que nuestros propios camaradas han creado las más grandes dificultades para la aplicación del decreto, haciendo constantemente abstracción de estos consejos, poniendo al decreto en una situación crítica en Cataluña y en otras partes" 15. No se puede evitar el golpe que produce el espíritu autoritario y burgués de este texto: un llamado vehemente a la autoridad del gobierno, insistiendo en los principios de disciplina, rentabilidad, productividad considerados como prioritarios. Únicamente quedan ideas libertarias en la cuestión de la igualación de los salarios. Y todo esto algunos días después que la contra revolución estalinista hubo intentado, y en parte lo logró, liquidar con sangre la revolución catalana. No he disimulado los defectos y las fallas de la experiencia colectivizadora en la industria catalana (ni sus dificultades de cualquier naturaleza), pero es por lo menos extraño ver en la resistencia a la aplicación del decreto un "resurgimiento del espíritu capitalista" siendo que se trataba esencialmente de una resistencia de los trabajadores a las medidas que liquidaban de hecho su autonomía y la autogestión de los primeros meses. A esto se mezclaba, por supuesto, intereses particulares egoístas de algunas colectividades "ricas" que querían conservar su autonomía y el statu quo les permitía compartir beneficios relativamente importantes. Pero debido a la situación difícil de la industria catalana en su conjunto, esos casos particulares eran de todos modos, muy pocos y lo que realmente estaba en juego, eran dos concepciones radicalmente distintas de las colectivizaciones: la democrática basada sobre la autonomía y la autogestión y la estatal que reintroducía la jerarquía burocrática en la economía. Una vez más la CNT estaba en los dos campos. Las colectivizaciones en la agricultura Algunas experiencias de colectivización agrícola tuvieron lugar en todas las regiones en donde se venció a la insurrección franquista. Hablaré aquí de las de Cataluña y Aragón la de Aragón está directamente ligada tanto militar como socialmente a la de Cataluña, por lo que es difícil separarlas, al menos para el período que estamos tratando acá. No hablaré de las colectivizaciones del Levante (Valencia, Alicante, etc.), la región de España más rica, sin duda alguna, desde el punto de vista agrícola, y en donde las colectivizaciones llegaron muy lejos. En Cataluña, las secciones agrícolas de los sindicatos CNT y UGT, no eran las únicas organizaciones campesinas importantes, como en otras regiones de España (incluida Aragón, dominada por la CNT). Existía igualmente una poderosa organización campesina, específicamente catalana y principal fuerza social y política de la Ezquerra: la Unión de los rabassaires. Estaba compuesta principalmente por aparceros y pequeños campesinos. Los "rabassaires" se oponían al principio de colectivización y eran partidarios de la distribución de tierras, de la liquidación del aparcero y de la creación de explotaciones agrícolas de tipo "familiar". Lo que, por otra parte, fue lo que se hizo. Desde julio de 1936, los campesinos catalanes quemaron las actas de propiedad de los grandes propietarios terratenientes y los aparceros se convirtieron en los propietarios de la parcela más o menos grande de tierra que cultivaban. Sin embargo, al realizarse el congreso regional de campesinos catalanes, en enero de 1937, la CNT intentó poner el punto "una política agrícola común" con los demás sindicatos agrícolas. Los rabassaires y los sindicatos agrícolas de la CNT se pusieron de acuerdo en un "pacto" cuyos puntos principales eran los siguientes: "1) Cada familia tendrá la tierra que le será asignada. Las demás tierras y los terrenos comunales podrán ser colectivizados con la condición de que haya individuos controlados por organizaciones responsables que voluntariamente quieran colectivizar. 2) La extensión de la explotación familiar se fijará en cada pueblo de acuerdo a las características propias y a la calidad de la tierra. 3) Los frutos de la tierra pertenecerán a los que la trabajen, y no podrán ser despojados de allí mientras cultiven convenientemente. 4) Para organizar las colectividades en los pueblos o localidad donde vayan a ser creadas, los colectivizadores pondrán en comunidad las tierras que poseen y todas las demás tierras no cultivadas individualmente, siendo como condición indispensable al entrar en una colectividad el ceder a ésta todas las tierras e instrumentos de trabajo que se posean." Otros puntos se refieren a la concentración de tierras, la cooperación en un sindicato agrícola único por localidad de las colectividades y campesinos individuales; el derecho para los obreros agrícolas sin tierra de ingresar en una colectividad aportando su "fuerza de trabajo" con los mismos derechos y deberes que los demás miembros, etc. En una palabra, se trataba de hacer coexistir e incluso hacer cooperar al sector individual y al sector colectivizado. Pero la UGT, bajo distintos pretextos, no asistió a ese congreso y no firmó el acuerdo. Como los rabassaires consideraban indispensable la firma de la UGT para ponerlo en práctica, se tuvo que convocar a una nueva reunión, y allí, la UGT declaró que no podía firmar el acuerdo pues estaba en contra de las colectivizaciones "no por principio sino en razón de las circunstancias". El rechazo de la UGT a firmar este acuerdo rompió las relaciones de las tres organizaciones en lo que se refiere a la tentativa de coordinar una política agrícola común16. Pero, evidentemente, las colectivizaciones habían sido creadas a partir del julio-agosto de 1936, en la agricultura y en la industria. Se realizaron la mayor parte del tiempo en forma espontánea, y a veces bajo la presión o el impulso de la CNT. Cuando la Columna Durruti penetró en Aragón, unos días después del aplastamiento militar en Barcelona, ésta constituyó un fermento de colectivizaciones y del "comunismo libertario" en la región. A pesar de la diversidad de las experiencias y los conflictos a veces armados entre colectivistas y campesinos individuales o más bien entre organizaciones favorables a una u otra solución se puede resumir los principios generales que dominaron la constitución y la actividad de las colectividades de la siguiente manera: La colectivización tenía que ser libre y voluntaria. En un pueblo dado, todos los campesinos y obreros agrícolas que lo desearan se reunían en colectividad agrícola autogestionada. Aportaban todo lo que poseían a la colectividad; tierras, instrumentos de trabajo, animales de laboreo, etc. obvio, los obreros agrícolas, como lo hemos dicho, sólo traían sus brazos. En un registro se inscribían los bienes que cada campesino donaba a la colectividad, para que cuando quisiera irse, derecho que tenía en todo momento, retomara sus bienes. No se podía expulsar a un miembro de la colectividad sin el acuerdo de la asamblea general de miembros y luego de una notificación o varias de parte de esa misma asamblea. Todas las tierras de la comuna eran colectivizadas, las de sus miembros, pero también las de los grandes propietarios terratenientes, así como las tierras comunales y municipales. Las únicas tierras no colectivizadas eran las que pertenecían a campesinos individuales que las trabajaran con sus familias pero que no tenían derecho a explotar el trabajo de un prójimo, o sea, no podían contratar obreros agrícolas. Por supuesto, estas normas generales chocaron a menudo con dificultades y provocaron conflictos. Por otra parte, tuvieron una importancia desigual, depende de la región. Allí en donde los rabassaires eran mayoría en Cataluña, lo que dominó fue la distribución de tierras entre campesinos individuales. En Aragón, por el contrario, gracias a la influencia de las ideas libertarias, las colectividades fueron numerosas. Con frecuencia se ha acusado a los anarquistas (obviamente sobre todo los estalinistas) de haber obligado, por medio del terror a los campesinos, a colectivizarse. Estas acusaciones calumniosas que obedecen a un partido político, han sido desmentidas por numerosos testimonios (los citaré más adelante). Es perfectamente ridículo hablar de terror cuando las comunas libertarias de Aragón (justamente allí en donde los supuestos excesos anarquistas tuvieron más alcance) estaban autogestionadas y en las cuales la asamblea de trabajadores elegía y revocaba sus comités y decidía directamente, en sus reuniones periódicas, sobre todas las cuestiones importantes. ¿Quién ejerce el terror y contra quién, cuando la inmensa mayoría de una comuna (aldea, pueblo o aun un gran poblado) participa directamente de su gestión? Ciertamente, encontronazos, a veces armados, existieron en Cataluña entre partidarios y adversarios de las colectivizaciones, entre miembros de la CNT y rabassaries o del sindicato agrícola creado por la UGT dominado por los estalinistas. Pero eran casos aislados y si hubo abusos, se cometieron contra minorías hostiles a las colectivizaciones, ya que lo que sobresale sobre todo en las colectivizaciones agrícolas (como en las industriales) es su carácter de masa, su creatividad, en una palabra su espontaneidad. Además como se verá en la última parte de este libro, cuando las tropas comunistas dirigidas por el inefable Lister entraron en el verano de 1937 en Aragón para liquidar por el terror a las comunas libertarias, no lo lograron, tan grande era la resistencia de los trabajadores agrícolas y otros. Los comunistas tuvieron que dar marcha atrás y suspender la "reorganización de la agricultura" (la liquidación de las comunas) bajo el pretexto de no "interferir en los trabajo de la cosecha". Por supuesto la intervención armada de las tropas de Lister frenó, limitó y redujo el movimiento de las colectivizaciones agrícolas en Aragón. Para liquidar el "terror imaginario de los anarquistas" largaron una verdadera represión armada sobre esta región y, a pesar de ello, no alcanzó su objetivo: involuntaria y sangrienta demostración de la adhesión de las masas campesinas a las colectivizaciones. Veamos algunos ejemplos de colectivizaciones en la agricultura en primer lugar, en Cataluña: "Pla de Cabra: Dos mil habitantes, una parte trabajaba en la fábrica textil Marti Llopart. En junio de 1937, la colectividad estaba constituida por apenas 270 personas. Cultivaban 45.000 hectáreas. La productividad aumentó un 75%. No había horario de trabajo fijo y obligatorio (esto era una norma bastante difundida entre las colectividades predominantemente libertarias). El salario era familia. Cada "colectivista" recibía 5 pesetas de salario por día, más 2 pesetas por cada miembro de su familia, sin tener en cuenta la edad. Producción de cereales, frutas tempranas, viñedos, árboles frutales. El excedente del consumo era vendido afuera, o intercambiado con productos manufacturados, por ejemplo: 500 gallinas para producción de huevos, nueve vacas, seis terneros y un toro. Los colectivistas organizaron un depósito en la iglesia. Abrieron comercios cooperativos para el abastecimiento. Faltaban máquinas agrícolas. La fábrica textil, también colectivizadas, estaba en crisis, por falta de materias primas y productos químicos. Los obreros formaban parte de la CNT y de la UGT. Septiembre 1936-agosto 1937 Ingresos Netos Gastos 1er. Trimestre 432.710,37 pst 416.973,09 pst 2do.Trimes. 910.756,81 pst 794.628,51 pst 3er. Trimes. 1.655.045,20 pst 1.312.305,10 pst 4to. Trimes. 2.007.992,80 pst 1.643.773,05 pst 5.006.505,18 pst 4.167.679,75 pst Hospitalet de Llobregat: Las tierras cultivadas por la colectividad representan una superficie de 15 km2. Más de 1000 colectivistas, hombres y mujeres. Se pagaban cerca de 90.000 pesetas semanales de sueldos. La cosecha de habas de 1937 fue de 555.000 kilos. Las tierras eran distribuidas en 38 zonas. 35 eran de Ragadio y las tres restantes de Secano 17. Desde su creación, la colectividad gastaba 7000 pesetas semanales en trabajos de interés general. En 10 meses se compró material agrícola y otro por un valor de 180.000 pesetas. Este es un balance muy ilustrativo de su administración. La colectividad envió al frente cerca de 8 vagones de alcauciles valuados en 30.000 pesetas y varios camiones de legumbres (evidentemente envíos gratuitos CS-M). También aportó su solidaridad a otras colectividades en dificultades. Cada 3 meses, la asamblea general se reunía para estudiar los resultados obtenidos y señalar las nuevas necesidades. Antes de las asambleas, el Consejo de administración presentaba a los miembros de la colectividad un balance detallado. Dicho Consejo de administración estaba compuesto por cinco miembros electos, con la colaboración de dos delegados de zona, uno sindical y el otro técnico. Los delegados técnicos se reunían cada 15 días para estudiar las necesidades del trabajo. De acuerdo a las informaciones de los delegados técnicos, el Consejo de administración determinaba cada día lo que debía ser transportado a los mercados de Hospitalet o de Barcelona. Los colectivistas tenían el proyecto de canalizar las orillas del río Llobregat para evitar las frecuentas inundaciones. Todos eran miembros de la CNT salvo unos 60 colectivistas. La colectivización de las tierras acá era total. Se compró un camión para el transporte de los productos." Estos dos ejemplos, sacados del libro de Peirats18 permiten hacerse una idea sobre el funcionamiento de las colectividades agrícolas en Cataluña. Los principios que rigen esas experiencias se inspiran en teorías anarquistas. Señalemos que el aspecto democrático y de autogestión de las colectividades, la asamblea general como "órgano supremo del poder", el Consejo de administración elegido y revocable; la igualdad de todos los miembros en derechos y deberes es absoluto. En general no se imponía horarios de trabajo rígido, sino que se compartían las tareas entre equipos de 5 o 10 personas. Señalemos además la racionalización del aumento de la producción, la ayuda al frente por medio de donación con comida ¡y en hombres!- etc. Un punto importante es el gran esfuerzo social en el plano de la educación y de la salud realizado por las colectividades agrícolas. Todos los informes señalan la creación de escuelas nuevas, cursos de alfabetización o de perfeccionamiento para adultos, la apertura de clínicas y hospitales, y la creación también de bibliotecas y de clubes culturales. En los pueblos en los que la colectividad agrupaba a la mayoría de los habitantes, colectividad y municipalidad se mezclaban de hecho o de derecho. En las demás, había una municipalidad formada por todas las organizaciones antifranquistas y según el informe de las fuerzas políticas, tensiones y fricciones habían existido. En regla general, se puede decir que, de julio de 1936 al verano de1937 en la mayoría de los casos, los comités revolucionarios y los comités de las colectivizaciones constituían los órganos del poder local; los consejos municipales o se integraban a los comités revolucionarios, o existían paralelamente pero como simples postizos o restos de un pasado momentáneamente abolido. A partir del verano de 1937, las autoridades gubernamentales intentarán y a veces lograrán volver a otorgar a los consejos municipales sus funciones legales. Estos consejos municipales apoyados por el gobierno no eran reelegidos sino cooptados en el seno de las organizaciones del Frente Popular. Hay que señalar en lo que se refiere a las colectivizaciones agrícolas en Cataluña y en otras partes una increíble discriminación en relación al salario de las mujeres, también en el caso de la industria. Aunque el sistema de sueldos no fuese uniforme, sino que se decidía en común en cada colectividad: salario familiar o salario individual o la combinación de los dos, las mujeres cobraban menos que los hombres. Cualquiera sea el pretexto invocado, encontramos aquí la sobrevivencia del pasado reaccionario que encaja con la experiencia profundamente liberadora de las colectivizaciones. El 14 y 15 de febrero de 1937 se realizo en Caspe, capital de la Aragón revolucionaria y sede del Consejo de Aragón, el congreso constitutivo de la Federación de las colectividades de Aragón. Veinticinco federaciones cantonales estaba representadas, o sea 275 poblados y 141.430 familias. Algunos meses más tarde, la cantidad de colectividades en Aragón llegará a 450 y agrupará a 433.000 trabajadores. Obviamente, el objetivo de la Federación de colectividades era el de coordinar y planificar la actividad de cada una de ellas, respetando su autonomía. "El 4to. Punto del orden del día fue el establecimiento de un Reglamento general que estipulaba las directivas del conjunto de colectividades aragoneses. Veamos su texto: 1. Bajo la denominación de Federación de colectividades agrícolas, se constituye en Aragón una Asociación que tendrá como objetivo defender los intereses de los trabajadores que componen esas colectividades. Las tareas de esta Federación consistirán en lo que sigue: a. Extender intensamente los beneficios del colectivismo basado en la práctica de la solidaridad. b. Controlar las granjas experimentales y las estaciones de ensayo que estarán organizadas donde convenga mejor. c. Favorecer la formación de los jóvenes más capacitados gracias a la organización de escuelas técnicas especializadas. d. Organizar un cuerpo de técnicos que estudiará la manera de obtener mejores rendimientos del trabajo en las diversas especializaciones agrícolas. e. Investigar la forma de establecer y mejorar las relaciones de intercambio fuera de la región. f. Organizar los intercambios a escala internacional, con el establecimiento de estadísticas relativas a los excedentes de producción de la región, se constituirá una Caja de resistencia a fin de recolectar fondos para los requerimientos de las colectividades federadas, siempre de acuerdo con el Consejo regional de Aragón. [La Federación se encargará también de:] a) Proveer a las colectividades de todos los elementos que favorezcan el ocio y el desarrollo de la cultura de cada uno. b) Organizar conferencias que contribuyan a la educación del conjunto del campesinado, y proyecciones de cine y funciones de teatro, salidas, excursiones y toda actividad de propaganda y cultura posible. c) Es, además, necesario, constituir en cada colectividad, establecimientos de cría para seleccionar animales de distintas razas, con los aportes de la ciencia moderna, para obtener mejores rendimientos de los obtenidos hasta hoy. (…) Todas estas actividades serán guiadas por técnicos calificados. d) Por otra parte, toda explotación agrícola debe englobar a la vez agricultura y animales. (…) Consideramos mejor la disposición de colectividades de diversos planos y de granjas experimentales10. La federación se ocupaba también de aconsejar una planificación de cultivos según la naturaleza de los suelos, de la relación de coexistencia con los campesinos privados, etc. El órganos "político" de la Federación era el Consejo de Aragón, presidido por el CeNeTista Joaquín Ascaso, quien reemplazaba al ex gobernador (o prefecto). Finalmente, ese mismo congreso de Caspe tomó posición con respecto a un decreto del gobierno por el cual debían constituirse en todas partes los consejos municipales. El congreso decidió aceptar el decreto, considerando "que los consejos municipales jugaban un papel diferente al de las colectividades" y "que ellos ejercían una función distinta a la de los comités administrativos de las colectividades". Recomendaba, sin embargo, a la CNT que estaba en todas partes la tarea de velar por el buen entendimiento entre estos dos organismos y controlar políticamente los consejos municipales. Aunque estos últimos tenían que representar al conjunto de la población, como no todos eran miembros de una colectividad, parece que el decreto no fue realmente aplicado en las comunas libertarias en donde la inmensa mayoría de la población pertenecía a una colectividad. En esos pueblos y aldeas, que consejos municipales no elegidos serán instalados, por la fuerza, con el ataque militar de los estalinistas contra las colectividades agrícolas de Aragón. Acá también, la democracia libertaria, tan expandida, va a coexistir con la "legalidad republicana" antes de ser brutalmente atacada por ésta. Esto confirma una vez más que un ataque es la mejor defensa y que habría que haber renovado radicalmente los miembros, los métodos y las funciones de los consejos municipales nombrados o no- y designarlos por vía democrática, por elecciones libres, y no por regateos entre partidos. Sea lo que sea, lo esencial, creo, no es esto sino la importancia y el triunfo de las colectivizaciones agrícolas de Aragón. El periodista socialista, Alardo Prats, que visitó la colectividad de Graus, en mayo del 37, cuenta lo que vió: "Aquí todo está colectivizado: forjas de la colectividad, talleres metalúrgicos, colectivos, almacenes de la colectividad, taller mecánico de la colectividad, molino de la colectividad. Todas las expresiones materiales, morales y económicas del pueblo están fundidas en el conjunto de la colectividad. El trabajo esta dividido. Cada sector, en sus asambleas, decide el trabajo que cada miembro debe realizar. Se podría pensar que estas asambleas por sector o por rama dan lugar al charlatanerismo: Por lo contrario. Se habla muy poco. Porque cada uno conoce su deber y no lo rehuye. Los hombres de mas de 60 años están dispensados de trabajar. Al principio temían las iniciativas de la juventud, que marcaba, siendo mayoría, las normas colectivistas como reglas a seguir. Temían ser aplastados por el trabajo. Sin embargo, pura y simplemente se los dispensó de éste (…).Entonces, los viejos, reunidos en asamblea, decidieron trabajar. Juzgaron necesario trabajar para no ser una carga demasiado pesada para los otros miembros de la colectividad y para contribuir a sacar al pueblo de la postración, con el objetivo de ubicarlo a la cabeza de los poblados de los alrededores . Para ayudar a ganar la guerra, la edad y las limitaciones físicas no podían ser consideradas como argumentos suficientes. Es así como los viejos del Graus decidieron la formación de una brigada de choque. Se la llamó la " Brigada Internacional". (…). Los progresos realizados por la colectividad son sorprendentes. Todos los sábados, los colectivistas van a la Caja central de la colectividad, a firmar su recibo y cobrar su salario. En las cooperativas de la colectividad, encuentran todos los objetos y alimentos necesarios para su subsistencia. Cuando un colectivista va a casarse, se le da una semana de asueto pago, se le busca una casa todas las casas están colectivizadas y se le procuran muebles gracias a la cooperativa correspondiente, cuyo valor puede amortizar a largo plazo y sin la menor dificultad.(…) Los niños son objeto de una particular atención. No trabajan hasta los 14 años, esto es redhibitorio .Las parturientas y las embarazadas también reciben mucha ayuda y no trabajan. Las muchachas trabajan todas, sea en los talleres donde cosen ropa para el frente, en el campo, o en las oficinas. Graus es una colmena de trabajadores, regulada por las sirenas que señalan las horas de trabajo y las de descanso para todos los habitantes.20 (…) Cuando el secretario general de la colectividad, el camarada Portella, me llevó al departamento de estadísticas y sacó un fichero para darme detalles de la marcha de los trabajos y las cifras de producción de todo el pueblo, no daba crédito a lo que veía! Cualquier organismo estatal, disponiendo de los más calificados funcionarios, los más rigurosos en la precisión de las cifras, estaría feliz, de parecerse un poco, a la organización de la colectividad de Graus. Los escépticos no tienen más que verificarlo en el lugar mismo. Todo esta organizado según un plan sistemático. Cada rama de la producción tiene su fichero con los datos exactos de su desarrollo y de sus posibilidades, día por día, hora por hora! (…). Esa organización facilitó todas las mejoras realizadas por la colectividad. Cerca del pueblo, por ejemplo, se construyó una granja para criar cerdos, en la que hay en este momento 2000 animales de edad y razas diferentes.(…) El próximo invierno, cada familia de Graus podrá faenar su cerdo. La granja está montada de manera ultramoderna. Los animales tiene duchas y todos los cuidados que la crianza científica del ganado exigen. Pregunté a los camaradas que se ocupan de la granja de donde habían tomado el modelo para una granja tan moderna. Sin darle mayor importancia, me explicaron, que una vez decidida la creación de la granja, estudiaron y discutieron distintos modelos, para elegir, finalmente un modelo americano, exactamente igual a las granjas porcinas de Chicago. En otra parte, en los alrededores del pueblo, hay una granja avícola que fue instalada, también muy bien organizada, equipada con un laboratorio ultramoderno. (…) Las mas variadas especies de aves se agitan en los distintos departamentos de la granja. Encaran para el próximo otoño, tener más de 10.000 especímenes en pleno rendimiento. Por ahora hay 6000. Aquí todo es nuevo y magnífico. Todo fue instalado según las exigencias de la técnica más avanzada y la experiencia de esta técnica. El director de la granja inventó una incubadora de mejor rendimiento que todas las conocidas. Miles de pollitos se agitan en los alveolos calefaccionados. Centenares de patos y de gansos. Pollos y gallinas igualmente por centenares. Como la granja porcina, todo aquí está perfectamente pensado y logrado. Vienen de todos los rincones de Aragón para estudiar sus realizaciones. Graus constituye un lugar de peregrinación para los trabajadores aragoneses y una escuela para la reconstrucción de nuestra patria. Todos los habitantes dieron rienda suelta a sus dotes creativas. Magnificas escuelas a las que se les dio el nombre de Joaquín Costa 21 y una biblioteca, muy bien provista de los libros más diversos, funcionan allí. La colectividad posee su propia imprenta y una librería. Abrieron una escuela de Artes y Oficios, donde estudian mas de sesenta jóvenes del pueblo, y donde todos pueden seguir cursos de perfeccionamiento. En el mismo edificio se instaló un museo de pinturas y esculturas. Graus tomó a su cargo una colonia de niños refugiados, con sus maestros, instalada en un gran castillo rodeado de un jardín y situado a cierta distancia del pueblo. (…). por lo demás, acogió más de 50 refugiados adultos. Graus figura a la cabeza de todos los pueblos de Aragón en lo concerniente a la ayuda a las exigencias de la guerra. Se arreglaron rutas y caminos. Se estudia la posibilidad de la explotación de algunas zonas de la región ricas en carbón y en pirita. El rendimiento de sus industrias ésta al máximo. Se construyó un nuevo molino con una instalación muy moderna. Se compraron nuevas máquinas agrícolas y en particular un modelo muy nuevo de cosechadora. Se industrializaron los derivados ganaderos.(…) la vida del pueblo se transformó, y por su ejemplo, transforma también la de los pueblos aledaños. Se hizo la revolución".22 El autor de este reportaje señala sin embargo, que Graus constituye una experiencia piloto y que otras colectividades visitadas por él no lograron resultados tan satisfactorios. Se trata, sin embargo, de un pueblo bastante chico: 700 habitantes, todos ellos miembros de la colectividad salvo 170. Se notará, que aquí el dinero no fue abolido. La caja central de la colectividad pagaba todos los sábados el salario de los colectivistas. El autor no precisa si el salario era individual o familiar. Había un banco en Graus, que fue abandonado tras la quema de sus registros. Los empleados trabajaban como contables de la colectividad, cuya caja central se ocupaba de todas las operaciones internas y externas. En las comunas libertarias, donde el dinero fue abolido, los salarios eran pagados en bonos, según el principio del salario familiar. "Las colectividades de la CNT se caracterizan, mayoritariamente, por la adopción del salario familiar. Se pagan los salarios según la necesidad de sus miembros y no sobre la base del trabajo de cada obrero.23." Cuando, en una colectividad había abundancia de vino, de pan o de aceite, por ejemplo, se distribuían raciones gratuitas, los otros artículos podían ser comprados con bonos, que en realidad, cumplían la función de "moneda interna", porque cuando había que comprar o vender externamente, el dinero retomaba sus derechos. Salvo, por supuesto, cuando dos colectividades anarquistas, intercambiaban entre sí. Kaminski describe la colectividad de Alcora: "Cada uno recibe lo que necesita, ¿ de quien? del comité, naturalmente. Sin embargo, es imposible aprovisionar a 5.000 personas, mediante un solo centro de distribución. Hay negocios en Alcora, donde uno puede proveerse lo necesario como antes. Pero estos negocios, nota Kaminski, no son más que centros de distribución: "Pertenecen al poblado entero, y sus antiguos propietarios ya no obtienen ganancias. Sobre todo no se paga con dinero, sino con bonos. Hasta el peluquero, solo afeita intercambiando bonos. Estos campesinos quieren tener "todo en común", como cuenta la Biblia de los anacoretas. Y consideran que la manera más segura de lograr la igualdad general es la abolición del dinero. Tanto en Alcora, como en otras comunas libertarias de Aragón, el dinero es reemplazado por bonos, distribuidos por el Comité. "La teoría según la cual las necesidades de cada uno serán satisfechas, solo se cumple en parte, ya que se parte del principio, de que todos tenemos las mismas necesidades. No se hacen diferencias individuales, o para ser exactos no se reconocen individuos: se reconocen familias. Solo, los solteros son considerados individuos." ¡Extraña actitud viniendo de anarquistas! Kaminski prosigue: "Cada familia y cada persona que vive sola recibe una tarjeta. Esta es marcada, día a día en el lugar de trabajo, así ninguno puede sustraerse. Se basan sobre esas tarjetas para la distribución de los bonos. Y aquí está el problema del sistema. A falta de otro forma de medida, se tuvo que recurrir de nuevo al dinero para calcular el equivalente del trabajo cumplido. Todos: obreros, comerciantes, médicos, perciben por cada día de trabajo bonos por valor de 5 pesetas." Notemos, además, que en la mayoría de las colectividades, los médicos, los maestros, ingenieros agrónomos, enfermeras, etc, se convertían en asalariados de la colectividad y sus prestaciones eran gratuitas para los miembros de dicha colectividad. " Una parte de los bonos lleva la mención "pan" (por ejemplo), siendo el valor de cada bono el de un kilo. Pero otra parte representa explícitamente un contra valor en dinero. Sin embargo no se pueden considerar estos bonos como billetes de banco. Sólo se pueden intercambiar por bienes de uso, y eso, en medida restringida. Aún si el monto de estos bonos fuera más grande, sería imposible adquirir medios de producción y convertirse en capitalista, aunque fuese a la escala más modesta, ya que solo los bienes de consumo están a la venta. Los medios de producción pertenecen a toda la comunidad." Hasta aquí, escribe Kaminski, el Comité es el representante elegido por toda la comunidad. Es el Comité el que tiene todo el dinero de Alcora, cerca de 100.000 pesetas. "El comité intercambia los productos del pueblo con otros productos faltantes, y lo que no se puede procurar mediante intercambio, es comprado. Pero el dinero solo es tenido en cuenta como mal menor, válido mientras el resto del mundo no se haya plegado al ejemplo de Alcora." Es el Comité, el que se ocupa de todo, el que dirige todo, el que posee todo, como una suerte de "pater familias". "Cada pedido especial, escribe Kaminski, debe serle sometido. Solo él juzga en última instancia. Se puede objetar que los miembros del Comité pueden convertirse en burócratas y hasta en dictadores. Esto no se les escapó a los campesinos. Por eso se previó que el Comité fuera renovado en breve plazo de manera que cada poblador forme parte de él durante cierto tiempo." Esto es común a la mayoría de las colectividades de Aragón y Cataluña. "Toda esta reglamentación tiene en su ingenuidad algo emotivo. Sería un error ver en esto sólo un intento campesino para establecer el comunismo libertario y criticarla demasiado seriamente. No hay que olvidarse que los obreros agrícolas y aun los pequeños comerciantes pueblerinos han tenido hasta ahora un nivel de vida extremadamente bajo. Sus necesidades están a penas diferenciadas. Antes de la revolución, un pedazo de carne ya era un lujo para ellos y sólo algunos intelectuales que viven entre ellos piden cosas que sobrepasen las necesidades inmediatas. Este comunismo libertario parte en realidad del estado actual de las cosas. La prueba es, que la tarjeta de familia deja al ser mas oprimido de España, la mujer, bajo la entera dependencia del hombre.24" En efecto, el salario familiar y la tarjeta de familia preconizados por la CNT como un gran progreso social, se revelan como profundamente retrógrados, ya que no sólo la mujer efectivamente el ser más oprimido de España está sujeta al hombre, sino también los niños al padre de familia. Pero los jóvenes y con más razón las muchachas de 18/20 años y algo más, sin duda quedan bajo la tutela paterna. Seguramente no es en Alcora, que se podía ser sexualmente liberado!!! Es el principio mismo de la familia, en lo que tiene de más conservador y tradicional, lo que, paradójicamente es afirmado como valor progresivo. Lo que demuestra, como lo nota con justeza Kaminski, "el estado actual de las cosas", es decir el atraso en que se encontraba España entonces, sobre todo en el campo, en el seno mismo de las transformaciones revolucionarias de Cataluña y de Aragón, en la conciencia misma de los protagonistas de estas transformaciones. Para volver a "la abolición del dinero", hay que destacar además de la conmovedora "ingenuidad " de la que habla Kaminski, lo extremadamente complicado que era el sistema de bonos. El autor cuenta con humor que si un joven trabajador de Alcora, quería visitar a su novia en el pueblo vecino, debía apersonarse al Comité para cambiar los bonos contra dinero para pagar el ómnibus. lo mismo, si se quería ir a la ciudad, al cine, o visitar un pariente. El Comité tenía derecho a negar, a decidir la cantidad de visitas a la novia, o de idas al cine, etc, que los colectivistas podían hacer! Es imaginable los abusos que un miembro rigorista del Comité podía permitirse. Otros testigos como Borkenau o Bolloten, con opiniones muy diferentes sobre las colectivizaciones, cuentan abusos de ese tipo. Es evidente que la abolición del dinero en Alcora y en otras comunas libertarias, constituye una operación fetichista, casi mágica. Siendo el dinero el mal absoluto, abolirlo, es abolir el MAL, reestablecer el BIEN. Tan así fue, que, en ciertas comunas se sacaron los cofres con billetes de banco para quemarlos en medio de la calle o para hacer fogatas. Nadie duda que fueron fogatas alegres, pero lamentablemente fueron incapaces de liquidar la "dominación del dinero". "Es imposible abolir el dinero en el seno de las colectividades, mientras siguiera dominando las relaciones sociales en el seno de la sociedad aledaña, es necesario para comprar y vender, para viajar, para ir al cine, etc. Mientras que las mismas colectividades vecinas, generalmente igual de libertarias, pagan sus salarios en dinero, y por lo tanto no reconocen los bonos. Si el dinero puede ser tomado a la vez como expresión de la penuria relativa (abundancia=gratuidad) y de la desigualdad social, la abolición del dinero sólo podría ser el resultado de la abolición de la desigualdad y de la penuria y no a la inversa. Hay un decreto del gobierno autónomo catalán para las Colectivizaciones agrícolas, cuyo texto fue publicado por Solidaridad Obrera los dias 4 y 6 de noviembre de 1937. Este decreto firmado por Luis Companys, presidente, y por José Calvet y Mora, consejero Agrícola, y líder de la Unión de los rabassaires, no tiene el interes del de la industria. En efecto, aquí se trata del reconocimiento del hecho ya concretado. Por supuesto, para justificar su existencia el decreto intenta establecer las normas generales y obligatorias para el funcionamiento de las colectividades agrícolas. Notamos en ellas la voluntad de un derecho a observación (y de disolución) por parte de las autoridades gubernamentales sobre la actividad de estas colectividades y la introducción de un "sector privado" en su seno. Se prevé la posesión particular para los miembros de la colectividad de una huerta, aves, ganado (cabras, cerdos, ovejas) como en los koljoses soviéticos. Sin embargo, nos parece que marca la amplitud y la importancia real de la colectividades agrícolas, que el gobierno catalán, después de las Jornadas de Mayo del 37, publique este decreto reconociéndolas y estableciendo normas, que grosso modo eran las que regían su actividad desde hacía más de un año. Intento de balance "La empresa se reveló como un éxito notable , hasta el momento en que fue aniquilada por las armas", escribe Naom Chomsky. En efecto es notable ver a las masas y a los trabajadores industriales y agrícolas transformar tan profundamente el orden social existente. No obedecieron a ninguna consigna venida "de arriba", pero debieron luchar contra las órdenes y las presiones de todo tipo venidas de los estados mayores de todas las organizaciones políticas y sindicales, y esto en plena guerra revolucionaria contra "el ejército de los grandes capitalistas y de los terratenientes." Todo el mundo, en efecto, estaba de una u otra manera contra las colectivizaciones, salvo los propios trabajadores. Cierto, la CNT- FAI reivindica las colectivizaciones como "su" creación y la mayor parte del tiempo fueron los militantes de estas organizaciones los que tomaron las iniciativa. Pero el decreto que las limitaba y desnaturalizaba también es en gran parte obra de la CNT. Y todas las medidas resultantes del decreto, administrativas y burocráticas, cuyo objetivo era liquidar la autonomía obrera, serán tomadas con la participación activa de la CNT- FAI. Y, cuando, como se verá más adelante, durante las Jornadas de Mayo, se intentará liquidar por la fuerza las colectividades y la democracia obrera en general, la CNT ira a defenderlas en las barricadas, y la CNT los ministros, los dirigentes, los burócratas, grandes y chicos predicará el compromiso, la paz civil, la capitulación en una palabra. La CNT va a ser dual a lo largo de los acontecimientos analizados aquí. Decir que los dirigentes traicionaban el impulso revolucionario de la "base", sin ser falso, no explica nada.¿ Por qué fueron generalmente seguidos , en una organización que, en principio no aceptaba la "disciplina de hierro", ni el "culto" a los dirigentes"? En la "base", los obreros y campesinos libertarios, colectivizan todo, desde los primeros días de la revolución: transportes, servicios públicos, comercio, industria, y agricultura. La autogestión está en todas partes, o casi. Al lado de éxitos notables, observé una falta de coordinación y de solidaridad entre "colectividades ricas" y colectividades pobres. No es lo único que falta: se puede señalar también la ausencia de reconversión de ramas industriales obsoletas, y un insuficiente cambio de orientación en la misma producción. Todo es, si se puede decir, normal en la primera etapa cuyo sentido general muy importante puede resumirse así: los trabajadores toman sus empresas en sus manos. Como es normal las más avanzadas experiencias de democracia directa se desenvolvieron en los pueblos y aldeas de Aragón y Cataluña, donde las asambleas de trabajadores podían reunirse periódicamente y decidir, todas las medidas necesarias. En la industria, el problema es más complejo aunque más no sea por la cantidad de trabajadores; la cuestión de la "delegación de poderes" se plantea, los sindicatos intervienen (la burocracia sindical aparece con sus propias finalidades), etc. Todos estos fenómenos cobran gran importancia apenas se "sale" de cada empresa. Al interior de cada una de ellas, por supuesto, la democracia directa es posible, y cómoda tan cómoda como en una comuna libertaria de Aragón. Y esto, explica, sin duda, muchas cosas. En las esferas dirigentes de la CNT, para paliar los defectos y "proteger" las colectivizaciones en realidad para dirigirlas se propone una organización cuya expresión es el decreto del 24 de octubre de 1936. El decreto limita las colectivizaciones mediante la exclusión de las empresas extranjeras (para agradar a las democracias occidentales) y de las de menos de 100 obreros. Un sector industrial importante (dado el escaso grado de concentración de la industria catalana de entonces) habría sido devuelto al sector privado. En realidad, no hubo nada de esto, salvo en lo concerniente a las empresas extranjeras. Además, el decreto reestablece la pirámide jerárquica de la producción, en cuya cúspide se encuentra el Estado, cuyo papel en la economía se vuelve determinante por primera vez en España (aunque, en distinto grado, este fenómeno sobrepasa netamente el cuadro de Cataluña). Paralelamente al intento de establecimiento de una autoridad estatal "de nuevo tipo", los círculos dirigentes anarquistas van a intentar implantar una autoridad sindical sobre las colectivizaciones. El decreto, hemos visto, les fija a los sindicatos un papel muy importante en la nueva organización económica, pero un papel subordinado al gobierno catalán, autoridad suprema (al menos en los papeles, el gobierno central no aceptará jamás del todo la autonomía catalana, logrando liquidarla casi totalmente a partir de junio 1937). Pero siempre hubo en la CNT una tendencia bastante fuerte que quería que los sindicatos gerenciaran directamente la economía, sin ingerencia del Estado. De más está decir que fue tendencia fue reforzada durante los períodos en lo que la CNT no tiene representación en los gobiernos catalanes y central, para debilitarse cuando está fuertemente representada en ellos, como es el caso en el gobierno catalán en el momento de la publicación del decreto. Esta tendencia, digamos "sindical", jamás del todo preponderante, no luchará, contrariamente a lo que se pueda creer, contra el fenómeno burocrático, sino que a su manera contribuirá con él. El Partido Comunista tiene sobre las colectivizaciones una posición mas "coherente": esta en contra, contra bajo el pretexto que no corresponden a "la etapa democrático burguesa" en la cual quiere encerrar a la revolución. pero, más profundamente, está en contra de la autogestión y de la autonomía obreras, como siempre lo estuvo y lo seguirá estando. Su posición es así resumida por José Díaz, secretario general del PC, en su discurso del 2 de febrero de 1937, pronunciado en el Teatro Olympia de Valencia, en un acto de homenaje a … Maurice Thorez: "Debemos cuidarnos de lo que se podría llamar la epidemia de las tomas, de las tomas de los bienes de pequeños industriales, de la "socialización" de pequeñas industrias, de todos los abusos de ese tipo. Y al mismo tiempo que hacemos esto, debemos plantear el problema francamente y hacer todo lo posible para lograr las nacionalizaciones de las grandes industrias, que las industrias de base pasen, como debe ser, a manos del Estado, que se decrete la nacionalización de todas las industrias necesarias a la guerra. (…) En las fábricas debe haber un control organizado de los obreros y de los sindicatos. esto es justo; pero los sindicatos, por su lado no deben olvidar tampoco que su deber, en los momentos presentes, es organizar e intensificar la producción cueste lo que cueste, bajo la dirección del gobierno, realizando todos los sacrificios necesarios para ganar la guerra."25 Por lo tanto, respeto a los pequeños y medianos industriales, "aliados naturales" del proletariado en la revolución democrático-burguesa;" control obrero" de la producción para, bajo la autoridad gubernamental, reforzar la disciplina y la productividad; y nacionalización reforzando el papel del Estado en la economía, lo que constituye el abono necesario para el desarrollo de la burocracia como clase dominante. Todo el mundo sabe, hoy, que las nacionalizaciones frutilla del postre habitual de los programas comunistas no contribuyen de ninguna manera a liquidar la explotación de los trabajadores, sino que simplemente refuerzan el capitalismo de Estado. Y esto tanto en los llamados países capitalistas (como si hubiera países que no lo fueran!) donde el sector estatizado convive con el sector privado (que lo es cada vez menos), como en los denominados países socialistas, donde todo es nacionalizado, donde se realizó la concentración total del capital, es decir en los países del capitalismo burocrático estatal. En el campo, el PC se alía con más firmeza aún con los pequeños y medianos terratenientes (los grandes, así como los grandes industriales y banqueros están todos del lado de Franco o huyeron del país). Vicente Uribe, dirigente del PC y ministro de Agricultura, llega a ofrecer los fusiles del partido para defender la propiedad campesina contra los colectivistas. "En los primeros momentos, el problema fundamental, para algunos, no era crear las bases de una nueva economía agraria, sino efectuar una especie de intento loco, forjado en la cabeza de gente que había perdido completamente el sentido de la realidad. Querían resolver el problema agrario mediante las colectivizaciones! 26" La indignación del Señor Ministro da pena! Su colega del gobierno catalán, Calvet y Mora, líder de la moderada Unión de los Rabassaires, que reconoció las colectividades agrarias de Cataluña como su amigo político, el presidente de la Generalitat, Companys son peligrosos revolucionarios al lado del comunista Uribe. Y de hecho, le gobierno central no reconoció nunca las colectivizaciones en la industria, ni en el campo. El ministro de Agricultura, Uribe, se limitó a legalizar ciertas divisiones de tierras de latifundistas, ya realizadas por los campesinos, y a luchar ferozmente contra las colectivizaciones. Si en el resto de España, la UGT era más bien favorable al control obrero, se vio al principio arrastrada, en Cataluña, por el poderoso movimiento de las colectivizaciones. Pero el cepo estalinista en la UGT catalana va pronto a hacer de ésta una aliada del PSUC, en la lucha contra la autonomía y la gestión obreras. El POUM no tiene, sobre este tema tampoco una posición muy clara. El Consejo Económico, mientras dependía del Comité Central de las Milicias, y en el seno del cual se encontraban Santillán (CNT) y Andrés Nin (POUM) publicó el 11 de abril de 1936, un plan económico con 11 puntos: 1- Reglamentación de la producción siguiendo las necesidades del consumo. 2- Monopolio del comercio exterior. 3- Colectivización de la gran propiedad agraria, la que será explotada por los sindicatos campesinos y sindicalización obligatoria de los campesinos individuales. 4- Desvalorización parcial de la propiedad urbana por la imposición de tasas y la reducción de los alquileres. 5- Colectivización de las grandes industrias, de los servicios públicos y de los transportes comunes. 6- Toma y colectivización de las empresas abandonadas por sus propietarios. 7- Extensión del régimen cooperativo en la distribución de los productos. 8- Control obrero de las operaciones bancarias, llegando hasta la nacionalización de los Bancos. 9- Control sindical obrero sobre todas las empresas que continúen siendo explotadas en forma privada. 10- Reubicación rápida de los desocupados. 11- Supresión rápida de diversos impuestos, para llegar al impuesto único. Según W: Solano, estos puntos fueron redactados por el propio Andrés Nin y pueden de alguna manera ser considerados como el punto de vista oficial del POUM. Como se ve, su posición es mucho más radical que la del PC y corresponde a su concepción del carácter democrático-socialista de la revolución: la revolución debía cumplir acabadamente los objetivos de la revolución democrático-burguesa, inconclusa, y, al mismo tiempo, llevar a cabo las premisas de la transformación socialista. Como los comunistas, quieren "respetar" la propiedad de la pequeña y mediana burguesía. Desgraciadamente para los esquemas de unos y otros, "el movimiento autónomo de las masas" había llegado mucho más lejos en la transformación radical de la sociedad. Y es con relación a esta verdad que la actitud del POUM difiere radicalmente de la del PC. Con la imperturbable tranquilidad de conciencia que infunde la mentira burocrática, los estalinistas se convirtieron en los enemigos más encarnizados de las colectivizaciones y de la democracia obrera. El POUM, por su parte, superado por la iniciativa obrera y subestimando sus realizaciones, se situó sin embargo -en los momentos importantes, como durante las Jornadas de Mayo- al lado de los obreros, sin dejar por ello de condenar particularmente a través de la pluma de Juan Andrade las realizaciones "espontáneas y carentes de un plan unificador" de la clase obrera en general y de los anarquistas en particular. Aquí también, su visión centralista-leninista los obligaba a subestimar una experiencia rica y llena de vida, en nombre de dogmas que la juzgaban imposible mientras no se realizara bajo la conducción de "un gobierno obrero y campesino" y la férula del partido de vanguardia. Por sorprendente que esto pueda parecer a los ingenuos que siguen creyendo que los comunistas se encuentran en la extrema izquierda, las fuerzas nacionalistas catalanas el Esquerra, los rabassaires se mostraron más perceptivas que los comunistas en la ponderación de los matices que ofrecían las colectivizaciones. La primera comprobación que parece hacer Lluis Companys en cuanto se producen las primeras expropiaciones, poco después del 19 de julio, es que la industria catalana ha vuelto a ponerse en marcha. En poder de los obreros, sin duda, pero esto es preferible a una parálisis total que sólo podría desembocar en el caos económico. Luego, poco a poco y sin precipitaciones, se tratará de "restablecer el orden", es decir, restaurar la autoridad del Estado. El único poder que tuvo la Generalitat durante los primeros meses de la revolución fue un poder financiero. Como ya lo he señalado, en las incautaciones y expropiaciones los Bancos fueron respetados (¿habrá sido a causa del desprecio de los anarquistas por el dinero?). Por su parte, la Generalitat se apresuró a implantar un control riguroso de todas las operaciones bancarias. La oficina reguladora de los pagos salariales concedió a las empresas controladas por los obreros préstamos por un valor de 44 millones de pesetas, mientras que la Caja oficial de préstamos y descuentos distribuyó 35 millones de pesetas entre julio y noviembre de 1936. […] Para poder atender las exigencias del frente de Aragón, ayudar militarmente al gobierno central, abastecerse de armas y municiones y subvenir a las necesidades de la población y de un país cuyas exportaciones habían quedado reducidas a cero, el gobierno catalán creyó legítimo exigir al gobierno central la autorización de girar 180 millones de pesetas sobre su cuenta en el Banco de España. Pero, en vez de responder a esta solicitud, el Tesoro nacional ordenó a la delegación de las Finanzas de Barcelona que le desembolsara 373 millones de pesetas. El viejo antagonismo regionalista volvió a exacerbarse en agosto [1936]. Como el poder obrero sólo existía aún en un estado embrionario, la única autoridad capaz de resolver el conflicto era el gobierno de la Generalitat. El 27 y 28 de agosto, el consejero financiero ordenó el embargo de la sucursal catalana del Banco de España […]. Después de haber confiscado, como represalia, 36.000 libras esterlinas que Cataluña poseía en París, el gobierno central cedió y declaró legales las operaciones efectuadas por la Generalidad, (pero, por otra parte, en el convenio concluido entre ambos poderes, se preveía que éste sólo era válido para el gobierno de la Generalitat!28. Esta última reserva no carece de importancia, ya que manifiesta la desconfianza rayana en el sabotaje que el gobierno central experimentaba hacia el comité central de las milicias emplazadas a la sazón y, de manera más general, hacia los comités obreros y las colectivizaciones. Único poder financiero de Cataluña, la Generalitat se valdrá de ello para desarrollar su creciente control sobre toda la vida económica del país. "La cuestión del crédito, verdadero "gollete" de las colectivizaciones, tampoco se resolverá de acuerdo con las opiniones de los revolucionarios. Es la crisis del crédito (…..) la que amenaza el funcionamiento mismo de las empresas colectivizadas. El Consejo de la Generalitat de Cataluña rechaza la creación de un Banco para la Industria y el Crédito que piden la CNT y el POUM. […] Los Bancos pueden reservar sus créditos sólo a las empresas privadas e incluso descontar previamente comisiones exorbitantes a las transferencias de fondos ordenadas por el gobierno. Juan Peiró propone la creación de una banca industrial para financiar las actividades de las plantas colectivizadas. Pero el Ministro de Finanzas Negrín se opone a esta iniciativa […..]. De esta manera, el movimiento de las colectivizaciones se encuentra restringido, primero, y estancado, después, con lo que el Gobierno sigue siendo el patrón de las empresas a través de los bancos. Poco a poco va consolidando su autoridad en las empresas incautadas (colectivizadas) y también en las intervenidas (bajo control obrero), a través de su elección de los contralores y directores. Su búsqueda de eficacia y sus preocupaciones políticas lo llevan con frecuencia a reponer en sus puestos con otros títulos a los antiguos propietarios o técnicos de las empresas29. Esta cita, extraída del libro de Broué y Temime, podría hacer creer en la liquidación total de las colectivizaciones antes de la derrota republicana. Pero no fue así. En Cataluña, sobre todo y contra viento y marea, sectores todavía importantes de la industria y servicios públicos habrían de seguir en manos de los trabajadores hasta el fin de la guerra. Sin duda que el gobierno catalán y el gobierno central incrementaron su influencia, en el sentido ya indicado, en una serie de sectores industriales y, además del sabotaje financiero, recurrieron a toda una serie de medidas legales para "disolver" las colectivizaciones. Así, en el mes de mayo y después de las jornadas de las barricadas, el gobierno central anuló el decreto de las colectivizaciones del 24.10.36, alegando para ello que la Generalitat carecía de competencia en la materia: el Art. 44 de la Constitución especificaba que sólo el Estado estaba facultado para expropiar y socializar y que la Generalidad no podía sustituir al Estado español. El 28.8.37 se dictó otro decreto por el cual el Gobierno central quedaba facultado para la intervención y control absoluto de las minas y del conjunto de las industrias metalúrgicas. En octubre del mismo año, Solidaridad Obrera denunció una decisión del servicio de compras del Ministerio de Defensa, según la cual éste sólo debía suscribir contratos de compra con aquellas empresas que funcionaran "bajo la dirección de sus antiguos propietarios o con arreglo al régimen equivalente asegurado por el control del Ministerio de Economía y Finanzas30". Repitamos entonces que ni el sabotaje financiero ni todas las demás medidas legales y presiones políticas lograron liquidar las colectivizaciones. Cuando, en agosto de 1937, las tropas comunistas avanzaron y trataron de liquidar a sus enemigos irreconciliables (las comunas libertarias de Aragón), fueron obligadas, como hemos visto, a retroceder. Las autoridades gubernamentales y los partidos políticos anti colectivistas también tuvieron que dar marcha atrás en el sector industrial, cediendo a la presión de los obreros, que no aceptaban ese retorno al capitalismo, aunque se tratara de un capitalismo de Estado. Por más que se designaran, por ejemplo, directores con plenos poderes, si los trabajadores se negaban a obedecerlos y seguían nombrando a sus propios representantes, esos directores no eran más que figuras decorativas gubernamentales. Así, las colectividades agrícolas e industriales hostigadas y sitiadas por todas partes se mantendrían sin embargo hasta la entrada de las tropas franquistas en Aragón y en Cataluña, que acabarían con sangre el retorno al orden intentado a veces también con sangre por las autoridades republicanas. Tenemos entonces que lo esencial en esta batalla de tantos frentes, de los que algunos y no ciertamente los menos importantes fueron producto del imaginario, nunca llegó a ser escrito. Se ha hablado, bien y mal, de las colectivizaciones, citando para ello cifras, hechos, etc.; se ha hablado del decreto, de su funcionamiento, de la organización sindical, de las disposiciones legales, a favor o en contra. En una palabra, se han hecho muchos esfuerzos para estudiar las instituciones, ya sea para encomiarlas y erigirlas como ejemplo al resto del mundo (¿no se dice acaso, con orgullo, que Yugoslavia llegó a inspirarse en ellas? Se ha citado, incluso, como ilustración en un derroche increíble de humor negro a la misma Argelia….!), ya sea para censurarlas y tratar de demostrar que la autogestión es un señuelo, cuando no se habla de otra cosa, justamente, de todo lo que se ha emprendido contra la autogestión. Pero jamás se ha hablado del estado de ánimo de los trabajadores ni de su relación con la autoridad. Si bien no me propongo compensar ese vacío ahora con algunas frases, no está de más señalarlo, pues es a mi juicio más importante que la rehabilitación nostálgica de "las buenas instituciones", que permiten un "mejor funcionamiento de la economía". Además, no existen que yo sepa "buenas" instituciones…! Pero, a través de los textos y los testimonios, de manera demasiado imprecisa y velada, lamentablemente, como para que podamos entrar en detalles, aparece un comportamiento masivo de "desobediencia civil". Esta democracia salvaje de la que ya he hablado (como las huelgas del mismo nombre, se afirma a la vez contra el Estado, los patronos y las burocracias "obreras" y no está institucionalizada) no está expresada, por supuesto, en ningún texto legal, en ningún programa de ninguna organización ni en ningún análisis de ningún investigador teórico, por la sencilla razón de que reconocerla equivaldría a una auto-negación en cuanto "ley", en cuanto "vanguardia dirigente" y a menudo también en cuanto "investigador teórico". Ha sido sin embargo el estado de ánimo revolucionario y libertario de los trabajadores el que hizo posible esta democracia salvaje, ese estado de ánimo que los impulsó contra los militares y los fascistas, que los impelió a colectivizarlo todo -o casi todo- y que alimentó su soberbia desobediencia a la Autoridad. ¡Claro que no bien se desmoronó el viejo mundo, todos los aparatos se apresuraron a reconstruir "el nuevo", que casualmente tomó del antiguo sus valores esenciales, donde se canonizan, apenas re-maquillados, los buenos y viejos principios de la esclavitud contemporánea: la Autoridad y la Disciplina, las Fuerzas Armadas y la Patria (¡ah sí, no nos olvidemos, por favor, de la Patria…!), la Productividad y el Orden, etc., etc…! Todo esto no es ninguna novedad. En cambio, lo que sin ser nuevo es al menos poco usual es la relación de las masas con la Autoridad en la Cataluña de aquel entonces. Ésta, sin embargo, trata de afirmarse por todos lados no sólo mediante la paciente y solapada restauración de un Estado totalitario, sino además por la sutil secreción de fantasmas; el espectáculo de los héroes y los caudillos; esos jóvenes generales cubiertos de cuero y cartucheras que descienden en línea directa del Año II 2, con su inevitable atuendo guerrero bolchevique. Kléber y Boudienny se llaman ahora Lister o Durruti (éste una vez muerto; en su caso era más prudente). La imagen de los líderes venerados (en cuya primera fila aparecía por supuesto Stalin, que no sólo era adorado por los estalinistas), esos "íconos" que aparecen sobre todos los muros de las ciudades derruidas y en los locales de todas las organizaciones políticas, cada uno con sus propias deidades que entregan como alimento a las masas para que, henchidas éstas de devoción, se mostraran más obedientes. Desde un afiche, un dedo vengador señala al campesino analfabeto y al obrero holgazán, quienes, obedeciendo a ese admirable "gesto heroico" se han lanzado imprudentemente a una aventura sin paralelo, tratando ingenuamente de cambiar su vida. No era ése su lugar. Ahora los acusan de sabotear la guerra. También los acusan (porque el gesto heroico está muy bien y es, incluso, indispensable, pero no lo es todo) de sabotear la producción y, por supuesto, el Orden, el Orden que exige que cada uno esté en su lugar y ejecute las tareas que le han sido asignadas por la Autoridad. Es inconcebible, dice la Autoridad desde alguna de sus múltiples facetas comunista, republicana o anarquista es inconcebible que las fábricas estén "en manos de los obreros". Eso no tiene ningún sentido. Para dirigir una fábrica hace falta un director. Eso cae de maduro. Para organizar y planificar la economía hay que contar con organizadores, especialistas y técnicos con autoridad y conocimientos especializados. Cada organización saca a relucir entonces a "sus" especialistas, a menudo, como se ha visto, a sus antiguos patrones, lo que no deja de tener cierta lógica: ¿acaso no han demostrado ellos su capacidad como patronos siéndolo? Pero el obrero "vago", acusado incluso de alimentar "intereses capitalistas" como no hace tanto tiempo en China, durante el sangriento ajuste de cuentas entre fracciones de la burocracia, púdicamente denominado "revolución cultural" y el campesino analfabeto oponen a todas las tentativas de la Autoridad una resistencia magnífica. Sencillamente, ellos no reconocen a esta Autoridad. Trabajan y luchan, diga lo que diga la mentira burocrática y, además, ¿cómo podrían proceder de otra manera? Ellos no rechazan las exigencias de la técnica y de la cultura al contrario, se sentirían más bien inclinados a respetarlas en exceso pero pretenden decidir y seguir siendo los artífices de su vida y de su trabajo, por duros e incluso miserables que éstos sean. Si ésta no es una actitud revolucionaria, ¿en qué consiste, entonces, la revolución?! ¿Cómo pudo ser restaurado el Estado autoritario aun obedecido a regañadientes dado este estado de espíritu rebelde y esa democracia salvaje impuesta por los trabajadores? ¿Cómo se pudo limitar si no liquidar el alcance del movimiento de las colectivizaciones? Es precisamente a través de cierta manera de vivir la solidaridad de clase, de una fidelidad a la organización y de una concepción de la militancia que la Autoridad pudo reintroducirse "en la cabeza" de los militantes, incluso de los más rebeldes; es esta fidelidad filial a la Organización (en este caso la CNT-FAI) la que, al fin de cuentas, limitó hasta un cierto punto el alcance extraordinario del gran rechazo. Y esto nos lleva naturalmente al tema del fenómeno burocrático en el movimiento de las colectivizaciones. El estudio de este fenómeno siempre está ausente de los textos que, a favor o en contra, dan cuenta de las colectivizaciones. Voy a referirme ahora a las transformaciones burocráticas que se produjeron en la CNT-FAI "al calor" del poder. Insistir en cuestiones demasiado conocidas como la burocracia estalinista, o la de los sindicatos dominados por ella, como fue el caso de la UGT en Cataluña no sería más que una pérdida de tiempo. En su folleto "Ne Franco, ne Stalin : Lattività sindacale nella transformazione sociale" 31, Gastón Leval retoma las acusaciones de un importante sector de los dirigentes de la CNT contra el "neo-capitalismo obrero" (sic) acerca de las empresas industriales y comerciales que desarrollaban sus actividades por su propia cuenta y por sus propios medios, las mismas que después del 19 de julio encontraron las cajas llenas de dinero y que, al haber podido colocar su producción en el mercado, se convirtieron en lo que dio en llamarse "las colectividades ricas" y dejaron de interesarse según Laval en el interés general. Pero, incluso las "colectividades pobres" son acusadas de neo-capitalistas, ya que, privadas de materias primas y de una demanda de sus productos, pedían dinero prestado al gobierno catalán para pagar a los obreros "que no hacían nada". ¡Qué vergüenza…! (El camarada Gastón no parece haber advertido que los capitalistas no suelen pagar a los obreros que "no hacen nada"…..). Para Leval, como para un sector de la CNT, la solución a ese problema se encuentra en lo que ellos llaman "la socialización" (¡viva la ambigüedad!), vale decir la gestión de las distintas ramas industriales integradas por los sindicatos correspondientes. Pero es justamente en la gestión sindical que el fenómeno burocrático adquiere en Cataluña un relieve en cierta medida original. Si nos trasladamos a esa época veremos que, contrariamente a lo que pasaba en la CNT antes de la revolución (cuando el único puesto remunerado, en una organización que tenía más de un millón de afiliados, era el del secretario general, que se iba renovando periódicamente; en una organización, en una palabra, que le tenía fobia al burocratismo y luchaba contra ese fenómeno inherente a toda organización), una nueva capa de funcionarios sindicales empezó a pulular en todos los organismos estatales o propiamente sindicales, los cuales se ocupaban o querían ocuparse de la gestión, coordinación, planificación y comercialización de la producción de las empresas colectivizadas. Esta nueva capa de responsables sindicales, separados del trabajo productivo, tenía un poder real y un poder que era a la vez económico, político, militar e incluso policial. En los consejos municipales, en la administración estatal hasta e incluso en el seno de los gobiernosen los organismos políticos de alianza antifascista o propiamente anarquistas (CNT-FAI-FIJL), en el seno de las asociaciones de las colectividades agrícolas e industriales, en el nuevo ejército creado sobre las ruinas de las milicias (volveremos a referirnos a este asunto), en la policía, paralela o no, en cada una de las áreas donde se sitúa el nuevo poder, en la cumbre de la nueva jerarquía, encontramos al mismo grupo de dirigentes, la capa de responsables sindicales con amplios y variados poderes cuya rotación por mecanismos electorales está substituida cada vez más por la cooptación (una vez más, la guerra obliga…!). No nos engañemos, a pesar de su bandera negra y roja y todo su palabrerío sobre la libertad, se trata en realidad de una burocracia, vale decir de una capa separada de dirigentes que se cristaliza alrededor de intereses específicos que derivan del ejercicio del poder, de un poder, por supuesto, económico y a la vez político que habla "en nombre" (o sea en lugar) del proletariado, mientras que éste se expresa cada vez menos, hasta ser reducido a un completo silencio…! "La burocracia es a nuestro juicio (escribe Claude Lefort) un grupo que tiende a hacer prevalecer un cierto modo de organización que se desarrolla en determinadas condiciones, en función de un cierto estado de la economía y de la técnica, pero que, en su esencia, sólo es lo que es en virtud de una actividad social. Por lo tanto, todo intento de comprensión de la burocracia que no ponga en evidencia un tipo de conducta específica nos parece condenado al fracaso. La burocracia sólo existe por los burócratas, por su intención común de formar un grupo aparte, a distancia de los dominados, de participar en un poder socializado, de determinarse los unos respecto de los otros en función de una jerarquía que garantice a cada uno ya sea un status material, ya sea un status de prestigio. Pero (sigue Claude Lefort) no se puede reducir la burocracia a una suma de comportamientos similares. El comportamiento del individuo aislado es "ininteligible" y sólo cobra sentido cuando se lo reubica en el marco del grupo. La burocracia se constituye, en efecto, dentro de una socialización inmediata de las actividades y de las conductas. El grupo no es, en ese caso, una categoría de actividad o de status socioeconómico, sino un medio ambiente concreto del que cada uno extrae su propia determinación. Pero esta observación permite percibir, además, el vínculo de la burocracia con la institución de masa; en ella ministerio, sindicato, partido, empresa industrial encuentra su forma adecuada, pues la unidad de cuadro, la interconexión de las tareas, la cantidad de puestos de trabajo, la proximidad de los hombres en el interior de cada sector, la perspectiva ofrecida de un desarrollo creciente de la organización y el volumen de los capitales involucrados circunscriben un campo social del poder. De ahí que la identificación del burócrata con la empresa a la que pertenece constituya una mediación natural en la conciencia que el grupo adquiere de su propia identidad. Pero esta identificación […] no debe disimular que en realidad la burocracia no encuentra su destino estrictamente impuesto por la estructura técnica de la institución de masa, sino que ésta, a su vez, le impone también el suyo. Agente de una estructuración muy particular, la burocracia multiplica los puestos y los servicios, divide con tabiques los diversos sectores de las actividades, crea artificialmente tareas de control y coordinación, desplaza hacia una función de puros ejecutores una masa siempre creciente de trabajadores para oponerles en todos los niveles una función de autoridad tratando de alcanzar su amplitud máxima mediante la creación de un sistema de relaciones de dependencia lo más diferenciado posible."32 Evidentemente, en plena guerra civil y en medio de la violencia de los conflictos sociales, la burocracia no pudo desarrollar en Cataluña sus rasgos definitivos y no fue más allá de lo que podríamos llamar "un borrador" de lo que acaba de describir Lefort. Pero su definición le sienta a la perfección. Esta burocratización "sindical" tampoco era monolítica. Ligada por momentos al aparato estatal, se confunde con éste y, al mismo tiempo, se le opone. Estallan conflictos entre funcionarios sindicales, colocados por la situación política en el aparato económico del Estado, y funcionarios que aunque sólo tengan responsabilidades sindicales, poseen de todas maneras un poder de gestión. Sin ir más lejos, podemos mencionar como ejemplo los "consejos industriales", donde los miembros de la CNT delegados por el gobierno catalán compartían bancas con otros miembros de la misma CNT, delegados éstos de los sindicatos de los distintos sectores industriales; los primeros encargados de defender la autoridad del Estado y los segundos de hacer valer la autonomía de los sindicatos y su influencia en la conducción económica (unos y otros enfrentados de todos modos a la resistencia de "las bases"). Y, por supuesto, no voy a referirme siquiera a las rivalidades, más enconadas aún, entre la CNT y la UGT, en este terreno y en todos los demás. Los responsables cenetistas ubicados en distintas ramas de la burocracia debían hacer un llamado, cada uno en su área, a "la disciplina de la organización". Los unos exigían respeto a la autoridad del camarada ministro (en Cataluña, las carteras que más tiempo estuvieron en manos de ministros anarquistas fueron las de Economía y Defensa); los otros exhortaban a acatar la del compañero secretario general del sindicato correspondiente. Se trata de algo más importante que una simple querella entre personas y atribuciones, mucho más allá del desorden y el papeleo derivados de esta proliferación de comités y comisiones que ejercían toda suerte de controles a la que se refieren todos los testigos de la época a veces estatales y otras sindicales (o de los partidos), que se superponían y disputaban unas con otras. Se trata más bien de una lucha por la hegemonía entre dos tendencias de la burocracia. La primera, que yo llamo "sindical" y que en Cataluña estaba casi exclusivamente representada por la CNT-FAI, y la segunda: la burocracia estatal donde participan todas las organizaciones políticas y sindicales antifascistas incluso la CNT pero donde, con el correr del tiempo, la influencia estalinista se fue haciendo cada vez más marcada. Se puede encontrar un interesante enfoque teórico de la primera tendencia en un artículo publicado en Solidaridad Obrera por Juan Peiró, uno de los líderes anarco-sindicalistas más influyentes (que no era miembro de la FAI), en ese momento ministro del gobierno central, lo que permite advertir debidamente la complejidad del fenómeno. Criticando, no sin lucidez, la ausencia de un plan general económico que abarcara todas las industrias de la zona republicana, Peiró declara sobre la gestión sindical: "Lo que siempre he querido decir y repito ahora, es que antes de programar las colectivizaciones y socializaciones que hoy han adquirido el gusto amargo del corporativismo, hay que dar prioridad a la creación de organismos capaces de dirigir y administrar [subrayado por mí, C.S.-M.] la nueva economía, sin que esto implique tutela alguna del Estado ni de sus instituciones. Pero crear los organismos que habrán de servirnos para estructurar la colectivización y socialización de la riqueza social equivale también a hacer una revolución, ya que el hecho de conquistar posiciones y de formarnos en su seno para que, una vez terminada la guerra, seamos capaces de organizar la nueva economía, es también una tarea profundamente revolucionaria, mucho más revolucionaria que destruir una economía expropiando, colectivizando o socializando sus industrias, tarea ésta para la que nadie estaba preparado, entre otras cosas por falta de organismos adecuados, únicos y necesarios para la realización de una tarea político-social tan noble y majestuosa."33 Buen ejemplo de lenguaje burocrático: las colectivizaciones que no vienen decididas de arriba destruyen la economía. De acuerdo con nuestro teórico, hay que dar prioridad a la creación de organismos directivos y administrativos. Y, aunque la palabra burocracia no aparezca en ese diagnóstico, no cabe duda de que, bajo la máscara de la eficiencia, de eso se trata: prohibido socializar, expropiar y colectivizar mientras no se haya instaurado la nueva jerarquía. En cuanto representante de la tendencia "sindical", el camarada ministro niega al Estado toda intromisión en la "nueva economía". El triunfo de esta tendencia habría exigido el triunfo de la CNT (esa "dictadura anarquista" que los dirigentes habían sacrificado en el altar de la unidad antifascista). Pero, como se sabe, y a pesar de que los dirigentes de la CNT-FAI consideraron en cierto momento la posibilidad de realizar un golpe de Estado…! 34, nada de eso ocurrió. La transformación burocrática de la CNT-FAI nos permite pensar que, aunque los anarquistas españoles hubieran querido y logrado tomar la economía, se habrían quedado en eso. Vale decir que habrían apartado del poder a las fracciones rivales de la burocracia política (comunistas, socialistas, republicanos) sin destruir por ello ese "poder". Seguramente, disfrazado bajo una denominación del tipo Consejo central obrero, habría sido un Estado burocrático el que habría surgido de semejante "victoria". La tendencia burocrática que a lo largo de toda la guerra civil pugnaría por lograr la hegemonía del Estado (de un Estado pretendidamente legal, republicano y democrático que prefiguraba sin embargo lo que serían los Estados de las "democracias populares") y que, de haber triunfado, habría puesto a los sindicatos nuevamente en su lugar, convirtiéndolos en meros mecanismos burocráticos al servicio del Estado. A pesar del constante fortalecimiento del Estado, éste nunca logró someter del todo a los sindicatos de la CNT ni a la autonomía obrera. Comorora, líder del PSUC, confesaba esta derrota que él esperaba pasajera en una reunión celebrada por su partido en Lérida, en enero de 1938: "Los sindicatos no pueden ser apartados de la dirección económica del país. En primer lugar, porque el gobierno no dispone aún de un aparato económico suficientemente bien montado que le permita asumir solo toda la responsabilidad de la dirección. Por otra parte, Cataluña es un país con una antigua y bien arraigada tradición sindical. No podemos quemar etapas […]. Hoy es absolutamente necesario que las centrales sindicales intervengan en la dirección económica del país 35." No olvidemos que en el seno de la tendencia "estatal" estaban representadas todas las organizaciones comprendida la CNT-FAI y que para concretar ventajosamente el reparto de responsabilidades en la dirección de la economía con los sindicatos, habría sido necesario ante todo que una organización, o bloque de organizaciones, hubiera logrado imponerse a las demás y asumir la totalidad del poder, primero en el aparato estatal y luego en todo el país. Los estalinistas y sus aliados lograron buenos resultados por esta vía, sin llegar empero a imponerse totalmente. Fue la victoria franquista la que resolvió negativamente el conflicto, pero no es absurdo suponer que, si la victoria hubiera sido republicana, la lucha entre las diversas tendencias de la burocracia se habría resuelto por las armas. Todo esto no está dicho para librarse al pequeño juego de las hipótesis históricas, sino simplemente para mostrar la diversidad de vías que podían conducir al capitalismo burocrático de Estado. Los trabajadores, que fueron quienes realizaron la obra al fin de cuentas ejemplar de las colectivizaciones y que tuvieron que hacer frente a mil dificultades y a los ataques de todas las burocracias, no supieron organizar el contraataque para la defensa y profundización de sus conquistas. Su resistencia fue pasiva y se limitó a no aplicar las cláusulas del decreto y a no obedecer las órdenes y exhortaciones de los dirigentes de la CNT y si, acuciados por la falta de dinero, aceptaban a un director nombrado por la Generalitat, después no lo obedecían. Y así sucesivamente. Cada resistencia "defensiva" favorecía, e incluso justificaba, el aislamiento de cada empresa, en cuyo seno (y seguramente en algunos casos incidieron motivos egoístas) los trabajadores se habían convertido en los nuevos patrones. En cuanto salían de la fábrica o se implementaba un nuevo proyecto local o regional, los burócratas sindicales y estatales se adueñaban de ella en nombre de la racionalidad, la planificación, las necesidades de la guerra o la razón de Estado. Sintiéndose desposeídos, los trabajadores volvían a refugiarse en sus empresas como en fortalezas sitiadas. Sólo en los pequeños pueblos y aldeas de Cataluña y Aragón se pudo implantar, como hemos visto, una democracia directa y, en consecuencia, un plan local general discutido y aprobado por todos, unificando las empresas industriales y agrícolas, las actividades culturales, etc. Sin embargo, los trabajadores jamás pusieron en duda la estructura sindical y no parecen haber tenido una clara conciencia del fenómeno burocrático. Para los militantes de la CNT su organización era algo sagrado, aunque algunos de sus dirigentes no entraran en esa categoría. Esto explica sin duda por qué no llegó a hacerse ningún esfuerzo serio para desbaratar la jerarquización de la CNT y hacer oír la voz de la masa de los trabajadores, así como para poner en pie una coordinación verdaderamente democrática. Sin embargo, en un cierto momento, se habría podido (por decirlo de alguna manera, sin duda, ya que, como los trabajadores ni siquiera se planteaban esta cuestión, esta posibilidad sigue siendo una abstracción) oponer a los funcionarios sindicales los delegados elegidos y revocables en cualquier momentode los trabajadores. Estos delegados, que no habrían abandonado su trabajo en sus respectivas empresas, habrían podido ser diferentes en cada reunión inter-empresaria y habrían estado en condiciones, por supuesto, de promover una coordinación y una solidaridad prácticas entre las distintas empresas y ramas industriales catalanas. De haber tenido lugar, esta iniciativa podría haber constituido un primer paso de la contra-ofensiva obrera contra la burocracia. Pero, dados los lazos de dependencia de los obreros revolucionarios con sus respectivas organizaciones (la CNT, en este caso) semejante iniciativa sólo podía parecer sacrílega, tanto a las "bases" (que se resistían y rehusaban, pero sin pasar nunca a la contra-ofensiva abierta y generalizada contra la burocracia) como a ésta misma, que, dicho sea de paso, no habría vacilado en arrestar como "saboteador fascista" a toda persona que se atreviese a cuestionar abiertamente la estructura sindical y "el derecho divino" de la organización. El problema de la burocracia no es un problema secundario de las sociedades contemporáneas en general ni de la Cataluña revolucionaria en particular. No se trata en absoluto de un fenómeno marginal que pueda ser reducido o superado por quién sabe qué buen funcionamiento de las "instituciones democráticas" o por "el derecho de tendencia". El problema de la burocracia es un problema central de nuestro tiempo. Por cierto que, después de la revolución española, la suma de experiencias burocráticas ha aumentado considerablemente con la victoria de las burocracias totalitarias en numerosos y vastos países, así como con la burocratización del capitalismo moderno. Y hoy debería ser perfectamente claro para todo el mundo que las diferencias que pueden existir entre los dos sistemas el "capitalista" y el "socialista" ya no pueden ocultar su tronco común, hecho de explotación y mentira. Pues la gestión burocrática se basa, tanto como y a veces más que la gestión capitalista, en la explotación y alienación de los trabajadores. Habría que acabar de una buena vez con los viejos y arcaicos mitos según los cuales la gestión burocrática (esa supuesta "propiedad socialista de los medios de producción") constituye un gran paso hacia la buena sociedad, porque ha suprimido "la propiedad privada de los medios de producción". La prueba la tenemos hoy en día (y con cuánta evidencia a través de la experiencia proveniente de todos los campos de trabajo que se conocen en un gran arranque paranoico como "países socialistas") en que la propiedad privada de los medios de producción no es ni "el freno al desarrollo de las fuerzas productivas", de acuerdo con la tesis marxista, ni la única forma moderna de explotación. Pero en 1936-1937, la única referencia, el único modelo existente de sociedad burocrática era, por supuesto la URSS. Hacia ese modelo de "socialismo" iban los estalinistas españoles por la vía indirecta de la legalidad republicana. Pero también a los miembros del POUM y a muchos socialistas de izquierda se les iban los ojos tras la sociedad soviética (con algunos retoques). Nadie advertía entonces el peligro ni veía claramente lo que se estaba jugando en la lucha que se desarrollaba en Cataluña, ni la verdadera naturaleza de la sociedad soviética. Incluso los sectores anarquistas que habían permanecido fieles a sus ideas y desconfiaban podríamos decir que instintivamente del aspecto dictatorial del régimen soviético y de los PCs, no habían analizado la importancia del fenómeno burocrático y sólo tenían una idea vaga y superficial aunque no falsa de la naturaleza de clase de la URSS. "La sociedad rusa es una sociedad dividida en clases [escribe pertinentemente Cornelius Castoriadis, alias Pierre Chaulieu], entre las cuales las dos fundamentales son la burocracia y el proletariado. La burocracia desempeña el papel de clase dominante y explotadora en todo el sentido de la palabra. No se trata tan sólo de una clase privilegiada cuyo consumo improductivo absorbe una parte del producto social comparable (probablemente superior) a la que absorbe el consumo improductivo de la burguesía en los países del capitalismo privado. Se trata de una clase que gobierna soberanamente la utilización del producto social total, determinando ante todo el reparto en salarios y plus-valía (tratando a la vez de imponer a los obreros los salarios más bajos posibles y de extraer de ellos el máximo de trabajo posible) y estableciendo después el reparto de esta plusvalía entre su propio consumo improductivo y las inversiones que habrán de realizarse en los distintos sectores de la producción. Pero la burocracia sólo puede gobernar la utilización del producto social porque es ella quien regula su producción. Es porque ella administra la producción en cada fábrica que puede obligar constantemente a los obreros a aumentar su producción por un mismo salario; es porque ella administra la producción a nivel de la sociedad que puede decidir que se fabriquen cañones y sederías en vez de viviendas y textiles de algodón. Se comprueba entonces que la esencia y el fundamento de la burocracia en la sociedad rusa consiste en el dominio que ejerce desde el interior de las relaciones de producción; al mismo tiempo se comprueba que esta misma función ha sido siempre la base del dominio de una clase sobre la sociedad. Dicho de otro modo, en cada momento, la esencia actual de las relaciones de clase en la producción es la división antagónica de quienes participan en ella en dos categorías fijas y estables: dirigentes y ejecutores. El resto se refiere a los mecanismos sociológicos y jurídicos que garantizan la estabilidad de la capa social dirigente; tales son la propiedad feudal de la tierra, la propiedad privada capitalista o esta extraña forma de propiedad privada impersonal que caracteriza al capitalismo actual; tales son en Rusia la dictadura totalitaria del organismo que expresa los intereses generales de la burocracia, el partido "comunista", y el hecho de que el reclutamiento de los miembros de la clase dominante se haga mediante una cooptación extendida a escala de la sociedad global 36". (Por supuesto, esto que hoy se aplica tanto a Rusia como a China, Rumania, Cuba, etc. es lo que estaba en juego en la lucha de clases de la Cataluña revolucionaria). Nada tiene de original afirmar que el nudo gordiano de la explotación se sitúa en las relaciones de producción. Estas relaciones de producción son dominadas por el antagonismo entre dirigentes y ejecutores, lo que significa que el trabajador, ubicado en el proceso de producción en un papel de simple ejecutor, se encuentra desposeído de toda decisión relativa a su trabajo, de toda intervención, reducido a un mero engranaje de una actividad decidida y organizada por otros los dirigentes que se adueñan de sus "frutos" y deciden soberanamente cómo utilizarlos. Es evidente que, a ese nivel, las relaciones de producción serán idénticas tanto si la fábrica pertenece a un trust capitalista con sus valores cotizados en bolsa como a un trust estatal. Las diferencias que puede haber entre los dos sistemas mucho más netas en la época que estudiamos, pero que posteriormente tienden a desdibujarse por la burocratización acelerada del capitalismo no cambian en nada esencial la explotación y la alienación del trabajador asalariado de las sociedades modernas. Si insisto aquí sobre la explotación y la alienación del obrero es porque éste es uno de los temas predilectos de la mentira burocrática (la de que los obreros prefieren la gestión burocrática . . . ¡Ése sí que es un chiste . . . !). Pero es evidente que, en grados diferentes, es el conjunto de la sociedad, el conjunto de las actividades humanas y la vida cotidiana en su conjunto que sufren y tienen que luchar contra la explotación, la alienación y la división jerárquica entre dirigentes y ejecutores, pues no será lógicamente en su calidad de ciudadano que el obrero desposeído (ni todos los demás) podrá intervenir eficazmente ni participar realmente en las decisiones de los Estados sobre la utilización de los frutos de su trabajo ni, más allá incluso, sobre su propia vida. En este aspecto, la comparación es aún más netamente desfavorable a los regímenes totalitarios ("socialistas" o no). Por más que los curitas "revolucionarios" se burlen de las libertades democráticas a las que tildan de "burguesas" cuando éstas se suprimen, la situación es todavía peor. Lo que llevamos dicho nos permite esclarecer en alguna medida el contenido de la lucha de clases en Cataluña. Detrás de la propaganda de los partidos de izquierda y de sus programas más o menos moderados (por razones políticas, conservemos importantes sectores del capitalismo privado), o más o menos "revolucionarios" (aceleremos la nacionalización de la economía), se transparenta la lucha entre la autogestión de los trabajadores y la gestión burocrática, con su versión en cierta medida original segregada por los círculos dirigentes de la CNT. La dominación estatal de la economía y de la vida social en general me parece inscrita en la evolución política y social de la república española durante la guerra civil. (Pero el triunfo franquista también representa, a su manera, una estatización de la sociedad y de la economía, con su corolario burocrático, que se aproxima hoy en día, no sin mal, a lo que ciertos sociólogos denominan "las sociedades industriales"). Por lo tanto, los trabajadores que habían realizado y defendido durante largos meses la autogestión de numerosos sectores industriales y agrícolas (aunque también de la cultura, la educación, etc.) no sólo tenían como enemigos a los militares y fascistas que representaban a las clases dominantes de la burguesía y de los latifundistas, sino, además, "objetivamente" a las nuevas capas burocráticas que, bajo sus mismas banderas, se aprestaban (ya habían empezado) a restablecer, a veces bajo nuevas formas, la vieja explotación del trabajo asalariado y la jerarquización totalitaria de la vida social. Una vez más, tenemos que comprobar, entonces, la sutil implementación, en la sociedad, de mecanismos que funcionan siempre aunque no siempre de idéntica manera para restablecer a nivel de la producción y de la sociedad en su conjunto la división entre dirigentes y ejecutores. El papel desempeñado en este caso (y en otros) por las organizaciones políticas y sindicales de "la clase obrera", en este proceso, es tan evidente que uno se pregunta qué nuevas pruebas habría que aportar para demostrar que partidos y sindicatos forman parte -hace ya mucho tiempo- de los instrumentos específicos de la coerción generalizada de las sociedades modernas. (*) Extraido del libro Revolución y contra-revolución en Cataluña. NOTAS: 1. Varios libros hablan de las colectivizaciones en la zona republicana en general y en Cataluña en particular. Citemos: Gaston Leval, La España Libertaria", 36-39, ed. de Cercle y ed. de la Tete des Feuilles, París 1972. Se trata de la versión francesa revisada y corregida del libro publicado en italiano bajo el título Ni Franco, ni Stalin. Frank Mintz, La Autogestión en la España Revolucionaria, Bélibaste, París, 1970. En Cataluña fueron publicadas en catalán. Albert Perez-Baro, 30 meses de colectivismo en Cataluña, Ariel, Barcelona, 1970. Joseph María Bricali, Política económica de la Generalitat -1936-1939, Edición 62, Barcelona, 1970. 2. José Peirats, en Presencia, nº 5 (Sept.-Oct. 1966). 3. Ibid. 4. Daniel Guérin, El Anarquismo, Gallimard, col. «Idées», p. 157. 5. A. Souchy, Colectivizaciones: La obra constructiva de la revolución Española 1036-1939 (documentos), Ediciones CNT, Tolouse, reeditado en 1965, p. 21. Durenta mucho tiempo este folleto fue el solo trabajo algo sistematico sobre la cuestión publicado en frances. 6. Trabucarios del Fomento, los bandidos de la organización patronal (Fomento). 7. Archivos personales. 8. Archivos personales. 9. A. Souchy, Colectivizaciones…, p., 48-50. Hay que señalar como "Vestigio reaccionario del pasado" que la discrimación salarial respecto a las mujeres (reflejo, sin duda de la discriminación más generalizada) persiste tanto en las colectivizaciones industriales como en las de la agricultura. 10. Ibid. p., 71. 11. El texto del decreto está reproducido entero en Baldomero Cerdi Richart, Empresas colectivizadas intervenidas, Bosch, Barcelona 1937. Ver también Peirats, op., cit., t., I. 12. Citado por J. Andrade, Los sindicatos en la revolución Española, Confrontación Internacional, nº 3 (1949). 13. Solidaridad Obrera, citado por Pierats, op., cit., t. II, p. 133. 14. Ossorio y Gallardo, op. cit., p. 210. 15. Juan Andrade, «La intervención de los sindicatos en la revolución Española», Confrontación Internacional (sept.-oct. 1949), p. 43. 16. Peirats, op. cit., p. 46-48. 17. Regadio, Tierras irrigadas. Secano: Tierras sin irrigación. 18. Peirats, op. cit., p.304. 19. Gaston Leval, España Libertaria, p. 83-88. 20. Contrariamente a lo que pasa, en otras colectividades, los horarios aquí parecen ser muy rígidos. 21. Joaquín Costa: Escritor y hombre político p. 85-93. 22. A. Prats, Vanguardia y Retaguardia en Aragón, folleto p. 85-93. 23. A. Souchy, en Tierra y Libertad (6 de agosto de 1930). 24. E. M. Kaminsky, op. cit., p. 118-121. 25. Folleto de la comisin nacional de Agit. Prot. del PC espaol, Valencia, 1937. 26. Ibid. 28. H. Rabassaire, op. cit., p. 228-229. 29. Brou y Temime, op. cit., p. 204. 30. Morrow, op. cit., p. 98. 31. G. Leval, op. cit., Mlan, 1948, p. 36-38 y 40-41. 32. Claude Lefort, Elementos de la crtica de la burocracia, Droz, Genve-Pars, p. 306. 33. Solidaridad Obrera, (26 de enero de 1937).. 34. Sobre esta tesis, ver nota anexa VI, p. 326. 35. Citado por G. Munis, Jalones de derrota, promase de victoria, Lucha Obrera, Mexico, 1948, p. 348. 36. Pierre Chaulieu, ÇSobre el contenido del Socialismo, en, Socialismo o BarbarieÈ, n¼ 17, p. 6-7. -Retomado por C. Castoriadis, La sociedad burocratica, 1018.

1 de abril de 2004
Poner en práctica el derecho al retorno
Salman Abu Sitta

Una de las lecciones más importantes aprendidas en los cincuenta y tres años de conflicto israelí-palestino es que éste consiste, esencialmente, en la expulsión del pueblo palestino de su patria y en la confiscación de su tierra. En otras palabras, se trata de una "limpieza étnica". Una minoría extranjera desembarcada en las costas de Palestina echó a la mayoría nacional, negándoles los derechos y la existencia y creando un estado sobre ese territorio. Este cataclismo ha provocado enormes devastaciones en toda el área: caída de regímenes, asesinatos de jefes políticos, el estallido de cinco guerras y de centenares de conflictos menores. El resultado ha sido la conquista de toda la Palestina del ex mandato británico, además de algunos otros territorios de cuatro países vecinos. Aún prófugos, dispersos, obligados a vivir en condiciones deplorables, muchos en el exilio, otros bajo el talón de la ocupación o virtualmente asediados, atacados por amigos y enemigos, continúan sobreviviendo. En la historia moderna del Medio Oriente, son la más imponente fuerza popular. El respeto (y la realización) de sus derechos inalienables es la base para una paz duradera. Todo lo demás, incluida la creación del Estado palestino, la llamada "cooperación regional" y otras estratagemas que oculten o no tengan en cuenta la cuestión fundamental del deuducto al retorno, es marginal. La reacción occidental a la Intifada de al-Aqsa1 es un índicador de la imagen distorsionada ("el Medio Oriente irracional") creados después de años de prejuicios favorables a los israelíes. La actual proliferación de artículos en la prensa norteamericana e israelí trata más sobre la sorpresa que sobre el reconocimiento del derecho de los palestinos al retorno; más sobre el miedo que sobre un verdadero interés por estos mismos derechos. Desde cualquier punto de vista que se considere la cuestión, los refugiados son el principal problema a resolver. El plan de la limpieza étnica Desembarazarse de los habitantes originarios de Palestina es desde hace mucho tiempo uno de los axiomas del sionismo2. Lo había anunciado claramente Yosef Weitz, cabeza del Comité para la transferencia y las operaciones de confiscación de tierras. Proyectaba la limpieza étnica a fines de los 40: "La única solución es la transferencia de los árabes de aquí a los países circundantes. No debe quedar ni una sola aldea ni una sola tribu"3. El plan Dalet apuntaba a "ocupar y expulsar"4 al pueblo palestino. La doctrina de Ben Gurion implicaba la destrucción de los palestinos y de su ambiente físico-cultural como presupuesto para la creación de un Estado israelí sobre sus ruinas5. La eliminación sistemática de los palestinos en 1948 asumió las formas que se describen a continuación: 1. Planes militares para la instalación judía A fines de enero de 1948, cuatro meses antes del inicio oficial de la guerra, los sionistas proyectaban instalar un millón y medio de nuevos inmigrantes otros 600.000 judíos ya estaban instalados, dos tercios de los cuales eran inmigrantes recientes en el hemitario bajo mandato británico sobre Palestina. Durante las operaciones militares judías que siguieron a la resolución de las Naciones Unidas para la partición (noviembre de 1947), y antes del fin del mandato británico, fue expulsada más de la mitad de los palestinos. La Agencia para la Instalación guiada por el Fondo Nacional Judío (FNJ) dirigió los ataques militares para conquistar las mejores tierras, por ejemplo, las aldeas de Indur, Qumiya, Malul, Mujaidil y Buteimat, en Galilea, que fueron destruidas sobre todo para conquistar la tierra6. 2. Eliminación física de los refugiados Casi todas las operaciones militares sionistas/israelíes (una treintena en total) estuvieron asociadas a masacres de civiles. Tenemos noticias de al menos treinta y seis masacres7, la mitad de las cuales tuvo lugar antes de que hubiera podido poner pie en Palestina un solo soldado regular árabe. La más infame de estas carnicerías es la de Deir Yassin, la mayor la de Dawayma, y la última descubierta por un investigador israelí, Teddy Katz, aunque los palestinos ya estuvieran al corriente es la de Tantoura. Pero no se disparaba a los civiles sólo en tiempos de guerra. Después del cese de las hostilidades, algunos refugiados intentaron retornar para salvar a los civiles que habían quedado atrás, para recuperar algunos de sus bienes, preparar la cosecha o cuidar a los animales. Estos repatriados eran detenidos y fusilados como "infiltrados". Los observadores de las Naciones Unidas encargados de hacer respetar la tregua han referido cientos de casos similares8. 3. Saqueos y destrucción de la propiedad Inmediatamente después de los ataques militares, se verificaron saqueos, en especial en ciudades como Haifa, Jaffa, Lydda y Jerusalén. Entre los saqueadores se encontraban miembros de los kibutz, comandantes de brigadas de la Fuerza de Defensa de Israel (FDI) y personajes políticos de nota del partido Mapai (laborista) en el gobierno9. A esto le siguió una maciza y prolongada (más de quince años) campaña de destrucción, bajo la cual fueron hasta sus cimientos el 53% de las 418 aldeas sometidas a examen; otro 32% fueron destruidas en gran parte y sólo el 12% parcialmente (los investigadores no han podido acceder al 3% restante)10. Estas destrucciones tenían como claro objetivo impedir el retorno de los refugiados. 4. Acción política Inmediatamente después de la creación del Estado de Israel (14 de mayo de 1948) y después de la protesta del mediador de las Naciones Unidas, el conde Folke Bernardotte, constató, en junio del mismo año, la expulsión de cerca de medio millón de palestinos; el gobierno provisorio israelí afirmó no poder aceptar el retorno de estos refugiados hasta después de la firma de un tratado, aduciendo como pretexto el hecho de que eso representaría una "amenaza para la seguridad". Incluso después del cese de las hostilidades, Israel rechazó readmitir a los refugiados, y todavía hoy mantiene esta posición frente al mundo. Y lo hace a pesar de que su propia admisión a las Naciones Unidas (mayo de 1949) sea totalmente especial, siendo el único miembro que puede participar "a condición" de que permita el retorno de los refugiados (Resolución 194) y se retire a los límites del plan de partición (Resolución 181)11. 5. Creación de una red legal ficticia para enmascarar las confiscaciones ilegales En primer lugar, durante y después de la guerra de 1948, Israel recurrió a numerosos estratagemas legales para realizar y justificar la confiscación de 18.700 kilómetros cuadrados (92% del Estado de Israel) de tierra palestina, así como de los bienes de propiedad ubicados en los 530 pueblos y aldeas despoblados. Tales bienes fueron entregados a la Custodia de los Ausentes (o sea de los refugiados) y luego devueltos a la Autoridad para el Desarrollo. Hoy, todas estas tierras, además de las del FNJ, son administradas por la Agencia de Tierras de Israel (ATI). En otras palabras, los "ausentes" son los refugiados palestinos que no pueden retornar. Pero la palabra se refiere también a los ciudadanos palestinos de Israel, que no están "ausentes" y que por lo tanto han sido redenominados "presentes ausentes": fue confiscada incluso gran parte de sus posesiones12. 6. Instalación de nuevos inmigrantes judíos para llenar las aldeas despobladas Mientras se desarrollaba la invasión de las aldeas palestinas, Israel puso en práctica un programa para el envío de agentes de la Mossad con el objetivo de organizar la transferencia a Israel de los judíos residentes en los países árabes. Estos fueron invitados a inmigrar con grandes promesas y variados incentivos, mientras que los que se mostraban reticentes debieron sufrir una serie de coerciones, entre las cuales se cuentan sabotajes y bombardeos13. Entre 1949 y 1952 llegaron 700.000. Muchos sin embargo no estaban contentos con la discriminación de la cual eran objeto por parte de los azkenazi. Su resentimiento es todavía hoy muy fuerte. Todas estas acciones tenían como objetivo impedir el retorno de los refugiados a sus casas. Pero si Israel ha logrado impedir su retorno, los refugiados han permanecido inflexibles. A menudo, están en condiciones de ver sus antiguas viviendas, más allá del alambre de púas que marca la línea del armisticio; en efecto, la mayoría de los refugiados vive todavía a un par de horas de autobús de distancia de sus propias viviendas. Así, el problema de los israelíes se ha convertido en deshacerse de los refugiados, donde sea que se encuentren. Los planes de reinstalación Hoy el 88% de los refugiados vive en Palestina y en los países vecinos: el 46% en la Palestina del ex mandato británico, el 42% en Jordania, Siria y Líbano, a un radio de 160 kilómetros de Israel. Sólo el 12%, igualmente disperso entre naciones árabes y otros países, reside más lejos. Según los datos de 1988, la población total de palestinos es de 4,9 millones, de los cuales 3,6 millones están registrados en la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para la asistencia y la ocupación), el instituto oficial creado a favor de los exiliados14. Más de dos tercios del pueblo palestino, por lo tanto, está constituido por refugiados, situación única en la historia moderna. La cercanía de los refugiados y su inextinguible deseo de retornar explican las febriles tentativas israelíes de llamar al mayor número de inmigrantes judíos de los más diversos países, de Etiopía a Rusia, para instalarlos en las tierras palestinas que han quedado despobladas. Existen alrededor de cuarenta proyectos similares15 (más de cien si se tienen en cuenta las variaciones menores). Son todos de origen israelí y se basan sobre una u otra de las siguientes premisas: los palestinos no son un pueblo en sí; podrían y deberían vivir en cualquier otra región; no tienen ningún derecho al retorno; su retorno no sería concretamente posible ni deseable porque sería una amenaza al "carácter judío" del Estado de Israel. La más reciente formulación de este proyecto pertenece a Donna Arzt16. También aparece como una versión unánime; se trata esencialmente de la continuación de la limpieza étnica iniciada por Ben Gurion, Yosef Weitz y Ariel Sharon. Prepara la transferencia de un millón y medio de refugiados a varias partes del mundo y el exilio forzado por medio de amenazas, obligación y corrupción de otro millón de personas17. Las propuestas del ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, más o menos de "largo aliento", durante las negociaciones finales de Camp David en el verano del 2000, baten sobre el mismo parche, con variaciones mínimas. Todos estos proyectos han fracasado y continuarán sin dar resultados: parece por lo tanto cada vez más necesario volver a las cuestiones fundamentales y encontrar soluciones creativas. En primer lugar, es necesario rechazar el tabú israelí según el cual no existe el derecho al retorno. ¿Por qué los refugiados deberían retornar? Antes que nada, porque esto está en perfecto acuerdo con el derecho internacional18. En el período 1948/2000, la célebre Resolución 194 de la ONU ha sido reafirmada 135 veces por la comunidad internacional, algo que no tiene equivalentes en la historia de las Naciones Unidas. El consenso universal eleva tal resolución al rango de "recomendación" a modo de expresión de una precisa y determinada voluntad de la comunidad mundial. Por otra parte, el derecho internacional veta la desnacionalización de un pueblo si el territorio en el cual vive sufre una mutación de soberanía19. Por lo tanto, los refugiados tienen el derecho de volver a sus casas perdidas y el derecho al restablecimiento de su nacionalidad. El derecho al retorno se funda sobre la Declaración Universal de los derechos humanos y sobre numerosas convenciones regionales que han hecho referencia a las leyes por los derechos humanos. Deriva también de la inviolabilidad de la propiedad privada, que no es recurrible por cambio de soberanía, de una ocupación o por transcurso del tiempo. En segundo lugar, el derecho al retorno es sagrado para todos los palestinos. Su determinación a permanecer firmes en este punto ha sobrevivido a guerras, sufrimientos, enormes cambios sociales y políticos. En tal óptica, el refugiado de Iqrit, que es ciudadano israelí, como el de Lydda, que es ciudadano jordano, como el de Haifa, que no tiene estado y vive en Siria o en Líbano, o el de Jaffa, que es ciudadano norteamericano, tienen el mismo objetivo. En tercer lugar, no existen motivos aceptables por los cuales no deban retornar. Los israelíes se oponen al retorno aduciendo como razón que contaminaría el "carácter judío" de Israel y provocaría una emigración de israelíes a otros países. Por otra parte, afirman que es imposible porque las aldeas de los refugiados han sido en gran parte destruidas y los límites entre las diferentes propiedades cancelados. Pero estas afirmaciones no resisten un análisis en profundidad. La cuestión demográfica Se afirma frecuentemente que, en Israel, no hay espacio para el retorno de los refugiados. Aunque esto fuera verdad, este derecho fundamental no se vería alterado. Pero no es verdad. Estudios realizados con anterioridad20 pueden ser resumidos de esta manera. Podemos subdividir las 46 regiones naturales de Israel en tres zonas (ver el mapa n° 1). La Zona A, 1.628 kilómetros cuadrados, tiene una población judía de poco más de tres millones (67% de la población israelí total)21. Esta área corresponde aproximadamente a la tierra comprada por los judíos en el período del mandato británico. Los asentamientos judíos después de la creación del Estado de Israel se han concentrado en su mayor medida en torno a este núcleo. La Zona B, 1.508 kilómetros cuadrados, es de las mismas dimensiones pero es un territorio distinto, respecto a las tierras que poseían los palestinos que permanecieron en Israel después de la guerra de 1948 (a partir de esa fecha, Israel confiscó dos tercios de las posesiones de sus ciudadanos palestinos). En la Zona B viven 436.000 judíos, esto es, el 9,6% de todos los israelíes junto a 92.000 ciudadanos palestinos. Por lo tanto, el 77% de los israelíes reside en el 15% del área israelí. Para ilustrar mejor la cuestión, examinemos este escenario: si/cuando los refugiados oficialmente registrados en Líbano (362.000) volvieran a sus viviendas en Galilea (todavía en gran parte árabe) y los refugiados registrados en la Franja de Gaza (759.000) regresaran a sus viviendas en el Distrito meridional (ahora casi vacío; la densidad de los granjeros judíos es de 6 habitantes por kilómetro cuadrado, respecto de los 5.500 habitantes por kilómetro cuadrado de la Franja de Gaza), su instalación tendría un efecto desdeñable sobre la densidad judía de la Zona A y los judíos mantendrían la mayoría numérica en las Zonas A, B y C. El número de inmigrantes judios rusos equivale al de los refugiados en Líbano y Gaza tomados en conjunto. Si los rusos no fueran inmigrantes y estos millones de refugiados palestinos hubieran tenido la autorización para retornar, Israel tendría la misma densidad demográfica actual. Al revés, los inmigrantes han sino acogidos mientras que los legítimos dueños de la tierra no han sido autorizados a retornar. La reintegración de las aldeas palestinas Otro argumento israelí es que se han perdido todos los trazados de las aldeas y que se ha construido sobre ellas para dar alojamiento a los nuevos inmigrantes. Nuevamente, incluso aunque fuera verdad, esto no cancelaría el derecho al retorno: el robo de la propiedad no constituye un carta de crédito y, por lo tanto, el argumento es falso. En las figuras 2 y 3, se han trazado todas las zonas actualmente reconstruidas, a las que se han superpuesto los sitios de los 530 pueblos y aldeas palestinos evacuados en 1948 por los israelíes. El resultado sorprendente es que la mayoría de los sitios de estas aldeas está todavía libre. Todos los sitios de las aldeas, con la excepción de algunos en las circunscripciones de Safas, Acre, Tiberíades y Nazareth, están vacíos. Obviamente, la zona más interesada por las construcciones es la faja costera, especie de suburbio de Tel Aviv. A consecuencia de la expansión urbana, se ha construido sobre una decena de sitios de las antiguas aldeas. Los refugiados de estas zonas reconstruidas son cerca de 110.000, aproximadamente el 3% de todos los exiliados registrados. Las aldeas mayormente golpeadas por esta diáspora son Salama, Yazur y Beit Dajan, que en conjunto suman 75.000 individuos. Se ha reconstruido también un cierto número de aldeas al oeste de Jerusalén, así como al norte y al sur de Tel Aviv. Todavía, más del 90% de los refugiados podría retornar, ocupando los lugares libres. El 75% de los sitios sometidos a una reconstrucción está situado en tierra completamente poseída por los árabes y en el 25% de las restantes tierras palestinas los judíos a lo sumo son sólo copropietarios. Sólo el 27% de las aldeas reconstruidas por los israelíes tiene actualmente una población de más de diez mil habitantes. El resto son mucho más pequeñas. El retorno de los refugiados a las aldeas reconstruidas es por lo tanto simple, al menos desde el punto de vista operativo; podrían conservar el derecho de propiedad sobre las tierras y concederlas en alquiler por cuarenta y nueve años a sus actuales ocupantes (que más que otra cosa, son instituciones). Mientras tanto, podrían establecerse alquilando o construyendo nuevas casas para sí mismos en terrenos adyacentes. Sin embargo, resta la feliz perspectiva según la cual la abrumadora mayoría de los refugiados podría retornar a las aldeas actualmente libres. Su establecimiento no podría ser un problema irresoluble. Frente a la decuplicación (debida a la inmigración o al aumento natural) de la población judía (que en 1948 era de 600.000 habitantes), podemos citar como ejemplo la expansión de Amman (que se ha decuplicado), la de Beirut (otro tanto) y la de Kuwait (se ha multiplicado por treinta y tres), en las cuales los refugiados palestinos han jugado un papel de primer plano. ¿Cuáles son los beneficios y las pérdidas? Si un conflicto histórico se soluciona haciendo retornar, en consonancia con el derecho internacional, a cinco millones de refugiados, ¿qué precio se debe pagar por este gran resultado? Los 160.000 residentes en los moshavim y en los kibutz involucrados podrían decidir quedarse y tomar en arriendo la tierra (de sus propietarios, no de la Administración de Tierras de Israel, mediante un simple cambio en el contrato de arriendo), o bien pueden decidir irse. Los habitantes de los kibutz siempre han sido considerados los pioneros del sionismo, la élite de la sociedad israelí. Un gran número de generales del ejército y de miembros de la Knesset (parlamento) está constituido por habitantes de los kibutz. Los mismos que han recibido la tierra (palestina) más fértil. Pero ahora la situación ha cambiado radicalmente. En 1917, el 90% de los inmigrantes iba a vivir a los kibutz, mientras hoy los habitan sólo el 3% de los israelíes. Continúan las defecciones y es difícil encontrar nuevos reclutas. Gran parte de los kibutz está al borde de la bancarrota: apenas el 26% de ellos produce el 75% de la producción agrícola22. El área de campos regados y cultivados por los habitantes de los kibutz disminuyó de 86.434 (1987) a 76.698 hectáreas (1991)23. El rédito económico de estos amplios recursos es escaso y está en continuo decrecimiento. De los 5.000 millones de deuda acumulada por los habitantes de los kibutz, el gobierno ha cancelado 2.000 millones, diferido el vencimiento de otros 2.000 millones se impulso al sector privado a contribuir con los mil millones remanentes. Recientemente, un viraje neto en la estrategia política respecto de la tierra de los moshavim y los kibutz ha mellado ulteriormente los derechos de los propietarios palestinos. Hasta no hace mucho tiempo, los terrenos pertenecían oficialmente a la ATI y eran dados en arriendo a los habitantes de los moshavim y los kibutz. A comienzos de los años 90, el entonces ministro de Infraestructura (Ariel Sharon) y el de Agricultura (Raphael Eitan) promovieron nuevas leyes para modificar la subdivisión de estas tierras agrícolas y favorecer la construcción de edificios residenciales para los nuevos inmigrantes rusos, o de negocios, centros comerciales y departamentos privados. Los miembros de los kibutz serían indemnizados con el 51% del valor de la transacción. Esto en poco tiempo enriqueció a los granjeros al borde de la quiebra, permitiéndoles embolsarse el precio de una tierra (palestina) que no era de su propiedad (al menos originalmente). Esta decisión irritó a los contribuyentes de las ciudades, la gran mayoría de la población israelí. Dos comités, uno nombrado en 1997 y el otro en el 2000, redujeron la indemnización al 25% del valor de la tierra. Así, la "sagrada propiedad espiritual" se había transformado en bienes inmobiliarios sujetos a transacciones. En 1997, la ATI comenzó a vender las tierras de los refugiados. Su contribución media anual alcanza a los mil millones de dólares, excluidas las indemnizaciones a los habitantes de los kibutz. Un dunam (alrededor de mil metros cuadrados) en el centro del país se vende por un millón de dólares24. En 1998, 110 kibutz recibieron autorización de ampliar en un 115% el área residencial (en otras palabras, de cambiar el destino de las tierras, de agrícolas a residenciales), y de venderlas a "otros". Con "otros", se entiende a los judíos, en cualquier lugar del mundo en que vivan. Un plan regulador para la construcción de 500.000 unidades residenciales que interezó, en efecto, a 150 kibutz. Sharon, que ha expropiado en su directo beneficio una granja de un par de miles de dunam en las cercanías de Iraq al Manshiya (Qiryat Gat), ha dicho: "El único modo de acoger a los inmigrantes era tomar la tierra de los kibutz… Era consciente de la dificultad (económica) que atravesamos… Es mejor construir sobre los terrenos y vender las casas"25. En junio de 2000, cincuenta y dos miembros de la Knesset presentaron un proyecto de ley que prevé la subdivisión en nuevas zonas de cuatro millones de dunam (el 80% de las posesiones registradas en la Comisión de Conciliación sobre Palestina de la ONU), de terrenos agrícolas a terrenos residenciales. En otras palabras, se busca cambiar el destino de las tierras de los refugiados registrados en la ONU: de propiedad alquilada al kibutz a propiedad vendida a empresarios con el objetivo de construir y vender departamentos a los israelíes o a los judíos de cualquier nacionalidad. La comunidad sefardí, que no ha recibido ninguno de los beneficios distribuidos abundantemente para los kibutz, planteó una objeción interesante. Los sefardíes han formado un grupo, llamado Hakeshet Hamizrait, que ha presentado una demanda a la Corte Suprema para protestar contra la venta de los terrenos de los kibutz, afirmando que "la tierra en cuestión había sido, en gran parte, expropiada a los palestinos; la transferencia de derechos de propiedad a los habitantes de la comunidad rural implica la negación perpetua del derecho del retorno para los palestinos"26. Por lo tanto, el retorno a su patria de cinco millones de refugiados de un conflicto histórico está siendo sacrificado por la supervivencia de 8.600 habitantes de los kibutz, un movimiento económicamente a la deriva, ahora abandonado por los propios israelíes. Agua y agricultura En Medio Oriente, por el agua se puede declarar una guerra. Muchos afirman que la invasión israelí a Siria y Cisjordania, en 1967, obedeció a la tentativa de controlar las nacientes del río Jordán, sus afluentes y las capas acuíferas de Cisjordania. La determinación israelí de mantener el control de estas fuentes hídricas es uno de los motivos principales de rechazo a firmar un acuerdo con Siria y los palestinos. El conjunto de estos recursos, desviados de las aguas sirias y cisjordanas, alcanza a 500 millones de metros cúbicos anuales, gran parte de la cual es malgastada, como puede demostrarse. Los recursos hídricos del territorio palestino sobre el cual en 1948 fue declarado el Estado de Israel suman 350 millones de metros cúbicos anuales. Esta cantidad ha sido aumentada con la perforación israelí del subsuelo cisjordano, y con el control total de las fuentes sirias y palestinas después de 1967. Ha alcanzado a los 2.020 millones de metros cúbicos anuales en 1990, de los cuales 1.471 millones provienen de fuentes situadas en territorio árabe27. ¿Para qué sirve esta agua? En 1995, 594 millones de metros cúbicos anuales se dirigieron a usos municipales (es decir, domésticos), 133 para usos industriales y 1.300 para usos agrícolas. Como ha demostrado Peter Beaumont28, esto significa una cuota constante de cien metros cúbicos anuales per cápita para usos domésticos, al momento de la creación del Estado de Israel (1948). La cifra supera el consumo per cápita en Jordania (60) y por mucho al de Cisjordania (37), que ha perdido a favor de Israel el 90% de sus propios recursos hídricos. La Franja de Gaza, superpoblada, se encuentra en una difícil situación de carencia hídrica, con un peligroso aumento de la salinidad. Israel ha mantenido el consumo de 1.200/1.400 millones de metros cúbicos anuales para uso agrícola. El extravagante consumo de 860 metros cúbicos por dunam (1 hectárea = 10 dunam) de los años cincuenta se ha reducido ahora a 600 metros cúbicos por dunam. Estos preciosos recursos son provistos a los granjeros al 70% de su costo (19 centavos el metro cúbico), mientras que el costo para un usuario doméstico oscila entre 1 y 1,76 dólares por metro cúbico29. De esta manera, los usuarios domésticos financian una amplia porción de los recursos hídricos de los agricultores, los cuales cultivan productos que necesitan grandes cantidades de agua, como papas, granos, algodón y melones. Después de la expulsión de los palestinos y la confiscación de sus tierras (1948), la cantidad de terrenos irrigados aumentó rápidamente, de cerca de 300.000 dunam en los primeros años de la década del 50 a 2 millones de dunam hacia fines de los años 70 (la diferencia entre las dos cifras equivale a las posesiones palestinas). En 1999, la cantidad se redujo a 1,1 millón de dunan a causa del decreciente interés por la agricultura30. La superficie total de tierra cultivada creció de cerca de un millón de dunam en 1950 a 4,2 millones de dunam en 1997, con el máximo alcanzado en 1990 (4,4 millones de dunam)31; la diferencia entre la primera cifra y las otras equivale a las propiedades palestinas confiscadas. ¿Quién explota estas amplias tierras? En 1998, había 72.500 individuos empleados en la agricultura32, de los cuales 36.800 eran judíos. De estos últimos, sólo 8.600 eran habitantes de los kibutz. Estos grandes recursos fundiarios, con su generosa provisión de agua, producen sólo el 1,8% del producto bruto interno33. Israel ha debido importar 24.300 trabajadores extranjeros (de Tailandia más que de ningún otro lado), negando al mismo tiempo a los palestinos el derecho a cultivar su propia tierra (En realidad, algunos campesinos palestinos admitidos en Israel trabajan su propia tierra como braceros, en beneficio de los israelíes.) El derroche de agua ha sido subrayado por otros autores. Algunos proponen la reducción de la actividad agrícola o su reconversión en cultivos más productivos, que dejarían el agua disponible para otros usos. En una investigación se revela que "las pruebas indican que la crisis hídrica israelí depende más de la mala distribución que de una escasez en sentido absoluto"34. Otro estudio sugiere la "venta" del agua derrochada, en el ámbito de un tratado de paz, a Jordania y Cisjordania. Prescindiendo del hecho de que Israel, irónica e ilegalmente, vendería agua robada a sus legítimos propietarios, está comprobado que los enormes recursos hídricos y fundiarios israelíes están siendo explotados por pocas personas, sin ser productivos. Si el agua y las tierras fueran restituidas a sus legítimos dueños, Israel perdería poco a pesar de la difundida opinión en contrario mientras ganaría en legitimación política, contribuyendo a la posibilidad de una verdadera paz en toda la región. El profesor Fadle Naqib, estudioso de la economía palestina, ex miembro de la Conferencia de la ONU para el comercio y el desarrollo, sostiene que, si bien las naciones en vías de desarrollo reducen la parte de su economía reservada a la agricultura, para Palestina por el contrario es necesario incentivar el sector agrícola35. En esta fase, las inversiones de capital serían limitadas, situación ideal para una economía en recuperación. La gran mayoría de los refugiados está constituida por campesinos y la agricultura es su ocupación desde tiempos inmemoriales. Volviendo a tener la posesión de sus tierras, estarán en condiciones de incrementar el valor de la producción agraria. Los refugiados de Gaza ya lo han hecho: a pesar de disponer sólo de recursos escasos de agua salina, cultivan verduras mejores y más baratas que las de los kibutz adyacentes. Es por esta razón que Israel no admite estos productos en sus mercados36. Obviamente con esto no intento decir que todos los refugiados deberían dedicarse a la agricultura o que la agricultura es su única ocupación. En el mundo árabe, están entre los más instruidos y han tenido éxito en un gran número de profesiones, incluso las más difíciles. De lo que se trata es de poner el acento sobre su profundo enraizamiento a la tierra que les pertenece y su capacidad de cultivarla de una manera más económica que los israelíes. Gracias a su instrucción, podrán vencer el desafío de la agricultura mecanizada, cuando alcancen esta fase económica. Otro sector en el cual sobresalen desde hace siglos los palestinos es el de las naranjas de Jaffa. Después de la conquista de esta región por parte de los israelíes (1948), "la abrumadora mayoría de las 150.000 dunam de árboles de cítricos ha quedado abandonada(…) En todo el país, se cultivaba todavía cerca de un quinto de los bosquecillos de cítricos abandonados"37. Los israelíes han requisado las bombas y las tuberías, reservando grandes parcelas para las construcciones edilicias. Lo que quedaba de los bosques de cítricos, que en 1975 producían 950.000 toneladas, se ha deteriorado a tal punto que en 1997 se produjeron solamente 340.000 toneladas, mientras que el año de la sequía (1991), hubo una caída a casi 250.000 toneladas38. Las famosas naranjas de Jaffa podrían volver al auge por los agricultores palestinos, los mismos que plantaron los bosques de cítricos. En realidad, los problemas no faltan. Muchos refugiados deberán cambiar nuevamente de ocupación, volviendo a la agricultura (la mayoría son ahora albañiles). Se deberán activar controles más rígidos sobre el consumo hídrico. En un cierto punto, digamos cuando se alcancen los 1.300 millones de metros cúbicos anuales, será obligatorio mecanizar la agricultura. Se debe mejorar el rendimiento de los nuevos cultivos. En esa perspectiva, las investigaciones israelíes pueden ser útiles. Con seguridad, los palestinos sabrán ponerlas en práctica de manera entusiasta, en la medida en que volverán a las tierras cultivadas durante siglos por sus familias. Todo esto, sumado al retorno a la paz y a la estabilidad de la región, superará fácilmente los problemas prácticos que puedan plantearse. El síndrome del "carácter judío" Tomando en cuenta la opresión de los judíos en la historia europea, el miedo de los judíos a los gentiles (no judíos) es comprensible. Sin embargo, cuando asume la forma de política activa, este temor es peligroso como lo demuestra el caso de Palestina. La expulsión y la expropiación de los palestinos, en tanto presupuesto para la creación del Estado de Israel, derivan de este temor paranoico. Era la doctrina de Ben Gurion, ahora documentada por todos los historiadores. Pero es esa doctrina la que todavía está aferrada. Propone la perpetración de un homicidio por temor a que la víctima, si permaneciera con vida, pudiera hacer mal al asesino. La amenaza al "carácter judío" de Israel tiene por único objetivo justificar la negación del derecho de los palestinos a poseer su tierra y su propiedad. ¿Pero qué se entiende por "carácter judío"? Si implica actos políticos que impiden el retorno de los refugiados y permite a un número ilimitado de israelíes instalarse en su lugar, la mejor definición dada es la de los célebres juristas Thomas y Sally Mallison: "La expresión carácter judío no es otra cosa que un eufemismo para ocultar las leyes sionistas y discriminatorias del Estado israelí, que viola las disposiciones de la partición. Las Naciones Unidas no están legalmente obligadas a defender el sionismo israelí más de cuanto lo están a mantener el apartheid en Sudáfrica"39. El Departamento de Estado norteamericano niega que tenga un significado especial para los ciudadanos judíos de Israel, afirmando "no reconocer la relación político-legal basada sobre la identificación religiosa de los ciudadanos norteamericanos… De manera análoga, debe ser claro que el Departamento de Estado no piensa que el concepto de pueblo judío sea válido para el derecho internacional"40. Pero esta no es una opinión aislada. En 1998, el Comité por los derechos sociales, económicos y culturales, inspirado en el tratado de la ONU, ha dicho que "el excesivo énfasis (puesto por Israel) sobre su Estado como Estado judío promueve la discriminación y confiere un status de segunda clase a los ciudadanos no judíos (…) El Comité observa con grave preocupación que la ley estatutaria de 1952 autoriza a la Organización Sionista Mundial/Agencia Judía y sus asociadas, incluido el Fondo Nacional Judío (FNJ) a controlar la mayor parte de la tierra de Israel, desde el momento en que estas instituciones persiguen beneficiar solamente a los judíos(…) El Comité piensa que la confiscación sistemática y en gran escala de las posesiones palestinas por parte del Estado y la transferencia de estas propiedades a esas agencias constituye una forma institucionalizada de discriminación, porque tales agencias niegan por definición el uso de la tierra por parte de los no judíos"41. Israel no podrá mantener por mucho tiempo esta posición. Antes o después, el peso moral y legal de los derechos humanos se hará sentir. ¿Cómo es posible que se crea que el concepto de "carácter judío" pueda ser una base aceptable para relaciones pacíficas? Algunos sostienen que el "carácter judío" se refiere a una sociedad en la cual los judíos son mayoría numérica. ¿Pero en qué territorio? ¿En la ex Palestina del mandato británico? Hoy, el 47% de la población de Palestina es árabe y el 53% es judía. En efecto, sin embargo, el porcentual se vería invertido si se tomara en cuenta el hecho de que la mitad de los inmigrantes rusos no son verdaderamente judíos. En el propio Israel, si examinamos el crecimiento demográfico judío en el período 1948/99 (1,6%) y la de los palestinos en Israel (4%), los dos grupos étnicos serían numéricamente iguales alrededor del 205042. ¿Quizás los israelíes están ganando tiempo? Si restringimos el territorio en cuestión al 15% de Israel, en el cual vive el 80% de los judíos, y donde los palestinos representan sólo el 11% de la población judía, la fecha futura en que los palestinos se convertirían en una minoría significativa debería ser notablemente postergada. Todos estos ejemplos indican que la idea de la superioridad numérica de los judíos es, en concreto, un juego cruel con el tiempo, en el cual los refugiados se pudrirán en sus campos hasta que los israelíes se den cuenta, o admitámoslo, que esta lucha es una terrible burla, que tiene por objeto mantener vacías las tierras conquistadas hasta el día en que los propietarios renuncien a ellas o se vean excluidos producto de una "solución final" al problema palestino. Lo más increíble es la afirmación de que el "carácter judío" consiste en una sociedad socialmente homogénea en la cual los judíos hablan la misma lengua, se visten y se comportan de manera similar, profesan valores idénticos, de modo que la presencia de un grupo nacional como el palestino contaminaría la uniformidad. Pero es difícil imaginar que sean muchos los israelíes que crean esto verdaderamente, dado que no existen rasgos comunes entre los rusos y los marroquíes, mizrahi y ashkenaziti, haredim (religiosos) y laicos. En Israel, se hablan treinta y dos idiomas y existen más de veinte partidos políticos, con otros tantos diarios, con una población un poco mayor que la de Los Angeles. El problema de una sociedad israelí fragmentada es serio y ya provoca conflictos internos, por el momento aquietados con el recurso de la propaganda contra el peligro árabe. Sobre este problema ya se ha desarrollado un gran número de investigaciones recientes43. Pero el retorno de los palestinos en el caso de darse, ciertamente, no agravará este problema. Los ciudadanos palestinos de Israel son ya (mapa 1) el 11% de la zona A, el 21% de la zona B y el 70% de la zona C. Si el "carácter judío" se refiere a la práctica religiosa, es necesario decir que el mundo árabe-islámico nunca ha creado dificultades particulares. Numerosos historiadores han demostrado que las naciones árabes han tratado a las minorías judías mucho mejor que los países cristianos. No existe justificación ética o legal para el mantenimiento de un "carácter judío" que niegue los derechos humanos o viole el derecho internacional. Las prácticas racistas israelíes son motivadas por el mantenimiento de la posesión del suelo palestino, también en vista de futuras inmigraciones israelíes. El 1º de marzo del 2001, los medios de comunicación israelíes difundieron la noticia de que el primer ministro Ariel Sharon le dijo a la Agencia Judía que deseaba recibir otro millón de inmigrantes de Rusia, de México y de Etiopía, y que existen proyectos para recibir en el país a todos los judíos del mundo en el 2020. La logística del retorno Partiendo del presupuesto de que será aplicado en Israel el derecho internacional como lo ha sido (con distinto éxito y coherencia) en Kosovo, Bosnia, Timor Oriental y Kuwait el proceso de retorno deberá ser rápido. En primer lugar, será necesario instalar a los refugiados: los de los 530 pueblos y aldeas evacuados y otros en 662 localidades secundarias, están registrados en la UNRWA44. Una aldea típica consiste en cuatro o cinco familias patriarcales y sus parientes cercanos. La UNRWA conserva los datos de 3,6 millones de refugiados (1998) habiendo registrado el nombre completo de todos los individuos, su lugar de nacimiento, su origen (la aldea de la cual fue evacuado) y su actual residencia en alguna de las zonas URNWA: Franja de Gaza, Cisjordania, Jordania, Siria y Libia. Los refugiados no registrados (1,3 millones) son en su mayoría ex habitantes de ciudades palestinas. También pertenecen a familias sólidas y son fácilmente localizables en las capitales árabes o extranjeras. En segundo lugar, identificar sus tierras: Palestina estaba dividida en unidades administrativas en las cuales los límites de las aldeas y los de los planos regulatorios de las ciudades están marcados en alrededor de 130 mapas británicos. Por lo tanto, las propiedades rurales o urbanas están bien delimitadas al interior de las unidades respectivas, tanto con respecto a su posición como a la superficie del área. En cuanto a las propiedades individuales entre los límites de las aldeas y pueblos, la Comisión de Conciliación sobre Palestina de la ONU conserva aproximadamente 5,5 millones de fichas personales que establecen la posesión de la tierra y la parcela o lote para cada sitio. Estas fichas pueden ser confrontadas con los mapas. Para trazar los límites de las tierras de los palestinos, es mucho más sencillo individualizar las posesiones judías, separándolas del área palestina, ya que los colonos judíos antes de 1948 estaban muy preocupados en conservar la prueba de su residencia en Palestina. En tercer lugar, la transferencia de la propiedad de la ATI. Como ya se ha dicho, las tierras palestinas y las del FNJ han sido administradas por la Autoridad de Tierras de Israel. Todas fueron dadas en alquiler a sus usuarios con contratos de una duración de cuarenta y nueve años, (hoy renovados, incluso por períodos más largos) sólo a instituciones judías: kibutz, moshavim, cooperativas, fuerzas armadas (aeropuertos, bases militares, arsenales) y distintas agencias gubernamentales (forestación, minería, pesca). Al retorno de los refugiados, se podrían extinguir los contratos de alquiler o ajustarlos para que cubran sólo los terrenos excedentes. Las ideas no faltan. Los propios israelíes han planteado una: en 1948, el partido Mapam, que por un cierto período se empeñó por la coexistencia árabe-israelí, propuso que los refugiados, con la indemnización obtenida, podrían mejorar la productividad agrícola, de manera de tener más lotes disponibles para alquilar a los kibutz vecinos45. En cuarto lugar, la programación del retorno. Las peores condiciones para los refugiados se registran en Líbano y en la Franja de Gaza. El retorno de los refugiados de Gaza a sus aldeas de la Zona C (Distrito meridional) deberá ser inmediata. El área rural está vacía, a excepción de los 78.000 granjeros judíos que ocupan 14.231 kilómetros cuadrados. Esta población es inferior a la de un solo campo de refugiados en Gaza. Como ya se ha dicho, los sitios de las aldeas están casi todos libres. Los habitantes judíos de ciudades como Beersheva, Majdal-Ashkelon e Isdud (Ashdod) podrían continuar viviendo sin problemas. La mayoría de los refugiados que viven en el Líbano volverían a Galilea (Zona C, Distrito septentrional). Allí habitan alrededor de 90.000 agricultores judíos, número equivalente al de un gran campo de refugiados libanés. La instalación no deberá ser difícil por cuanto muchos refugiados se reunirán con los miembros de sus familias de las cuales están separados hace tiempo, en sus aldeas. En un ambiente árabe donde los palestinos superan en número a los judíos por una vez y media, los problemas sociales serán limitados. Después del retorno de los refugiados de Gaza y Líbano, los otros refugiados podrían volver a las Zonas A y B, donde la población judía es de una cierta entidad. En la Zona B los problemas serían menores desde el momento en que las aldeas todavía están vacías. En la Zona A, en cambio, una docena de aldeas en los suburbios de Tel Aviv y cuatro en los de Jerusalén Occidental han sido ocupadas por nuevas construcciones, aunque todavía hay espacios libres y casas deshabitadas. El pasaje de los contratos de alquiler a los legítimos propietarios y la indemnización que recibirán les permitirá edificar o alquilar casas y departamentos en la zona, a menos que o hasta que se estipulen distintos acuerdos con los actuales ocupantes. El problema y su solución son sencillos. Ya ha sido afrontado con los refugiados que retornaron a Cisjordania con los dirigentes de la Autoridad Palestina. El quinto punto, la construcción de viviendas. Se trata de un gran proyecto, pero que parece realizable. Los inmensos planes edilicios de Amman, Kuwait y Arabia Saudita, en los que han tomado parte numerosos ingenieros palestinos, son ejemplos óptimos. Dado que la sociedad palestina es relativamente homogénea y los refugiados retornarán a sus aldeas, son escasas las posibilidades de caer en los mismos errores cometidos por los judíos en la construcción de las poco funcionales "aldeas en vías de desarrollo", en las cuales existen notables fricciones entre los varios grupos étnicos presentes46. Los fondos para los trabajos edilicios serán recaudados con parte de las indemnizaciones pagadas por Israel por: a) daños materiales y psicológicos causados a los refugiados, sobre la base del derecho internacional y otros antecedentes; b) del aumento de la renta de la propiedad explotada por Israel durante cincuenta y tres años, según la Resolución 53/151 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 3 de diciembre de 1998, párrafo 1. Los grandes proyectos edilicios están ampliamente divulgados. Como instrumento ejecutivo, la UNRWA podría transformarse en un órgano del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo. Entre los miembros de su personal ya hay 21.000 palestinos, aunque trabajan en su mayoría en los sectores educativos y de salud. Todavía habría disponible personal técnico o ejecutivo, dentro o fuera de Palestina, también formado por voluntarios. En resumen, los aspectos técnicos del retorno tienen solución. En sexto lugar, las cuestiones legales: para empezar, el Consejo de Seguridad de la ONU deberá empeñarse en hacer respetar la Resolución 194, aprobada por primera vez en 1948, con todos los medios a su disposición, reconociendo mientras tanto que "la primera fecha posible", especificada en la resolución, debería haber sido julio de 1949, cuando se firmó el último armisticio entre los beligerantes de 1948. Si los refugiados tendrán la posibilidad de retornar o de reinstalarse, deberán hacerlo sólo bajo la decisión del Consejo de Seguridad de hacer cumplir la Resolución 194. Entonces, deberán pagarse indemnizaciones a los refugiados en forma individual, no a cambio del retorno sino a cada uno según las pérdidas sufridas, "sobre la base de los principios del derecho internacional o de la igualdad", como estipula la resolución, por "los gobiernos y autoridades responsables". La Resolución 194 ya ha puesto en marcha el mecanismo para hacer posible el retorno. Es la Comisión de Conciliación para Palestina (CCP), todavía activa en la ONU. Los pasados fracasos en cumplir sus funciones fueron causados por la intransigencia de Ben Gurion. Estaba convencido, y no se equivocaba, de que si los tratados de paz hubiesen sido firmados entonces, se habían repatriado a los refugiados y restituido los territorios ocupados por Israel, además de otras garantías estipuladas en el plan de partición de 1947 (24% de Palestina). Sin embargo, ya es claro que sin el retorno no habrá paz. La CCP debe obtener el reforzamiento de su mandato de modo de poder manejar la actual situación. En otras palabras, deberá asumirse el desafío de proteger a los refugiados, asegurando un retorno pacífico, construyendo la infraestructura necesaria e impidiendo discriminaciones de cualquier tipo contra ellos, de acuerdo con las disposiciones de la Resolución 181 (II) del 29 de noviembre de 1947. Esta Resolución cubre todos los aspectos prácticos de derechos y de deberes de los refugiados repatriados en tanto ciudadanos de uno de los dos Estados involucrados. Defiende también sus derechos como minoría. Los refugiados repatriados podrán conservar su nacionalidad palestina, o asumir la israelí, como precisa el capítulo 3 de la Resolución. Sobre la base del derecho internacional, pueblo y territorio se mantienen proceden conjuntamente unidos; quien posee el territorio debe mantener la población. Esta no puede ser expulsada ni privada de sus derechos civiles, como han hecho los israelíes con los palestinos. Las tentativas de disolver anticipadamente la UNRWA antes del completo retorno de los refugiados y de no tener en cuenta a la CCP tienden obviamente a cercenar y relativizar el derecho internacional. Esto no funcionará, como no lo han hecho las tentativas de sustituir la CCP por el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados, que trataría a los refugiados palestinos como las víctimas de los aluviones, la carestía o los golpes de Estado. Según un inciso (1D) de su acta de constitución, el Alto Comisariado no puede extender su protección a los refugiados palestinos. Este inciso, en los hechos, excluye de su mandato a todo grupo de refugiados del cual se ocupa otra agencia de la ONU, reconociendo así la posición única de los palestinos, que están bajo la protección de la UNRWA para la asistencia y el empleo y de la CCP para la resolución de conflictos (la Resolución 194 hace referencia a ambas). Otra tentativa de Israel para huir a las propias responsabilidades es la propuesta de crear un fondo internacional para la indemnización de los refugiados, en el cual Israel pondría poco dinero pero ejercería un gran poder. Como beneficiario por cincuenta y tres años de la propiedad palestina y parte responsable de la Nakba47, el Estado de Israel debe pagar enteramente y por sí mismo las indemnizaciones, como establecen la Resolución 194 y el derecho consuetudinario internacional, que combina el conjunto de las leyes aplicables, entre las cuales se encuentran la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Cuarta Convención de Ginebra. La indemnización no está en relación con la venta de la tierra; ésta no puede ser vendida. La indemnización está en relación con los sufrimientos psicológicos y con la explotación de la tierra durante cincuenta y tres años, por la pérdida de la propiedad y los daños que ésta ha sufrido. Conclusiones Tanto los israelíes como los palestinos acuerdan en pensar que no puede haber paz sin una solución al problema de los refugiados, aunque están en desacuerdo acerca de la forma de resolverlo. Israel cree poder ampliar y legalizar la operación de limpieza étnica cometida en el pasado. Esta es una ilusión. Lo demuestra que todos los llamados "planes de reinserción" han sido truncados desde el inicio, sea por los gobiernos sea por las poblaciones. No obstante todo lo que han debido soportar, los palestinos continúan forjando los eventos políticos del Medio Oriente, mientras no sólo millones de árabes sino también un número creciente de europeos y norteamericanos sostienen su causa. En un futuro no tan lejano, la dramática situación de los refugiados estará en el centro del debate en muchas naciones. Nadie podrá sentirse a suficiente distancia del Medio Oriente como para ignorar el problema. He demostrado que los israelíes no tienen razones legales, éticas, prácticas, demográficas o económicas para continuar negando los derechos de los refugiados. La posición israelí se basa, por lo tanto, en el racismo, único ejemplo que perdura en el mundo y por lo tanto condenado por el conjunto de las naciones. Esta extraña situación ha podido perpetuarse por más de medio siglo gracias, sobre todo, al apoyo militar, financiero y político de los Estados Unidos. Mantener esta posición será tanto más costoso cuanto las poblaciones de la región obligarán a los gobernantes a adoptar frente a Estados Unidos e Israel una política que respete rígidamente los derechos humanos y el derecho internacional. El precio que Israel deberá pagar por una paz duradera es muy inferior al que se imagina. En un territorio hoy relativamente sub-poblado, en el cual la mitad de los ciudadanos esta aproximadamente fuera del país48 y donde se ha atenuado notablemente el deseo de guerra por parte de los jóvenes, la paz en particular si se garantiza el derecho de los judíos y palestinos en cumplimiento del derecho internacional debería resultar un deseo compartido. Basta que Israel se vuelva una verdadera democracia, para todos sus ciudadanos, e interprete sus leyes de retorno en sentido legal, y no racista. Para el recibimiento, deberá dar prioridad a aquellos que tienen derecho al retorno, no a aquellos que siembran guerra y discordia. La prioridad debe ser para el que posee, no para el que conquista. Si no se arriesga a tomar ni siquiera esta oportunidad, Israel llevará forzosamente al Medio Oriente a por lo menos otros cincuenta años de derramamiento de sangre. Los refugiados ya han pagado mucho más que lo se esperaba de ellos. (*) Reproducido del libro La Nova Intifada, Marco Tropea Editore, Milano, 2002. NOTAS: 1. Se refiere a la segunda Intifada, iniciada en 2001 [Nota del Editor]. 2. Nur Masalha, Expulsion of Palestinians: The Concept of Tranfer in Zionist Political Thought, 1882-1948, Washington, 1992. 3. Central Zionist Archives, Weitz Diary, A 246/7, al 20 de diciembre 1940, pág. 1090-91. Otras afirmaciones explæicitas se encontraron en el manuscrito inédito del diario de Weitz. Cita de Nur Masalha, "An Israeli Plan to Transfer Galilees Christians to South America: Yosef Weitz and Operation Yohanan 1949-1953", Center for Middle Eastern and Islamic Studies, University of Durham, Occasional Paper n. 55,1966. 4. W. Khalidi, "Plan Dalet: Master Plan for the Conquest of Palestine", in Journal of Palestine Studies, vol. XVIII, n. 1, Agosto de 1988, pag. 3-70; Benny Morris, The Birth of the Palestinian Catastrophe, Londres 1987. 5. Nur Masalha, A Land Without People: Israel, Tranfers and the Palestinians 1949-1996, Londres 1997. 6. Para otros ejemplos de limpieza étnica, destrucción de pueblos y confiscación de tierras, ver Meron Benvenisti, Sacred Landscape: The Buried History of the Holy Land, Berkeley 2000, pag. 102-209. 7. S. Abu Sitta, "The Palestinian Return Center; Londres 2000, II ed., pag 16-20. 8. Archivo 13/3.3.1 Box 11, Atrocities; S. Abu Sitta, :Jewish Carnage Policies Aimed to Evacuate the Galilee Palestinians as Mentioned in the un Truce Observers Reports in 1948", al Hayat, Londres, 6 de Febrero de 2000, pag. 10. 9. Ben-Gurion War Diary, al 10 de Febrero, 1 de Mayo, 17 de Junio y 15 de Julio 1948; Tom Segev, The First Israelis-1949 (trad, arabe), Institute for Palestine Studies, 1986, pag. 86-88, 98. Meron Benvenisti, Secret Landscape, pag. 165. 10. Ghazi Falah, "The 1948 Israeli-Palestinian War and Its Aftermath: The Transformation and De-Signification of Palestines Cultural Landscape", Annal of the Association of American Geographers, Junio de 1996, Vol. MXXXVI, n. 2. 11. La resolucion de la ONU 273 (III) del 11 de Mayo de 1949, afirma: Rechazamos la resolución del 29 de Noviembre de 1947 [n° 181, Proyecto de repartición] y del 11 de diciembre de 1948 [n° 194, repatriación de los refugiados] y tomando nota de las declaraciones [israelies] respecto a la ejecución de tales resoluciones", Israel es admitido a las Naciones Unidas. Para un analisis detallado de las resoluciones de la ONU referido al derecho de repatriación, si se ve W. Thomas Mallison y Sally V. Mallison, "The Right of Return", Journal Palestine Studies, vol. IX, n° 125, Primavera de 1980, pág. 125-36. La versión integral del ensayo que aparece en "An International Law Analysis of the Major un Resolution Concerning the Paletine Questions", un Doc. ST/SG/SER. F/4, un Sales # E. 79.1.19, 1979, Ver tambien Kathleen Lawland, "The Right of Return of the Palestinians in International Law", International Journal of Refugee Law, 4, 1996. 12. S. Abu Sitta, "Confiscation of the Palestinian Refugees Property and the Denial of Access to Private Property", memoria bajo correspondencia al Comité de la ONU por los derechos sociales, economicos y culturales, BADIL submission, Ginebra 14 de noviembre de 2000. Ver John Quigley, Palestine and Israel: A Challenge to Justice; Durham 1990, y George E. Bisharat, "Land, Law and Legitimacy in Israel and the Occupied Territories", The American University Law Review, vol. VIIL., pág. 467-591. 13. Ver Wilbur Crane Eveland, Ropes of Sand: Americans Faliure in the Middle East, New York 1980, pág. 48-49; Marion Woolfson, Prophets in Babylon: Jews in the Arab World, Londres y Boston 1980, pag. 186-90; Naeim Giladi, The Link, Vol. XXXI, n° 2, Abril-Mayo 1998. 14. S. Abu Sitta, "The Palestinian Nakba 1948", op. Cit., pág. 22. 15. Elias Zureik, The Palestinian Refugees and the Peace Process, Washington, 1996. 16. Donna Arzt, Refugees Into Citizens: Palestinians and the End of the Arab-Israeli Conflict, New York 1997. 17. S. Abu Sitta, "The Return of the Refugees Is the Realistic Solutions", Conferencia Internacional de la ONU sobre los refugiados palestinos, París, 26-27 de Abril de 2000; S. Abu Sitta "Between Domestication and Resettlement: The Battle of Spurious Scholarship", al Hayat, Londres, 6 de agosto de 1997, pág. 7. 18. Quigley, Palestine and Israel; "Displaced Palestinians and a Right of Return", Harvard International Law Journal, Vol. XXXIX, n. 1, Invierno de 1998. Ver tambien nota 10. 19. Quigley, "Mass Displacement and the Individual Right of Return", British Yaerbook of International Law, Vol. LXVIII, 1997. 20. S. Abu Sitta, "The Feasibility of the Right of Return", in The Palestinian Exodus, capitulo 7 a cargo de Ghada Karmi y Eugene Cotran, Ithaca, Londres 1999, pág. 171-96, y en www.arts.mcgill.ca/mepp/prrn/papers/abusitta.html. Ver también Abu Sitta, "The Return of the Refugees: The Keay to Peace", en www.arts.mcgill.ca/mepp/prrn/papers/abu-sitta, y en el ensayo Palestinian Refugee Research Net, Articles and Research in www.prrn.org. 21. Todas las cifras reportadas en esta sección son extraidas de Israel Statical Abstract, n° 49, 1998, capítulo 2. 22. Yair Aharoni, The Israeli Economy: Dreams and Reality, Londres 1991, pág. 134-200, 208-13. 23. Eliezer Ben-Rafael, Crisis and Transformation: The Kibbutz and Centurys End, Albany 1997, pag. 240, Ilustración 19, pág. 237, Ilustración 10. [El autor mide la superficie cultivada de los kibutz en acres (1 acre = 4046 m2), que cayó de 213.628 (1987) a 189.564 (1991)]. 24. S. Abu Sitta, "The Great Israel Land Grab", Jordan Times, Amman, 2 de marzo 1998, pag. 6; Hanna Kim, "A Liquidation Sale of Public Lands", Haaretz, 20 de Junio 2000; Nehemia Strasler, "The Great Land Robbery", Haaretz, 21 de Julio 2000. 25. Meron Benvenisti, Sacred Landscape, pág. 191. 26. Yair Sheleg, "The Big Sellout", Haaretz, 23 de Junio 2000. 27. S. Abu Sitta, in Palestinian Exodus, a cargo de Karmi y Cotran, pág. 187. 28. Peter Beaumont, "Water for Peace in the Middle East: The Sacrifice of Irrigated Agriculture in Israel?", The Arab World Geographer, Vol. III, n° 2, 2000, pág. 97-112. 29. Nehemia Strasler, "Farm Are the Water Wasters", Haaretz, 10 de marzo de 2000. 30. Amiram Cohen, "Water Commission Fail to Check Land Usage", y "Icompetent, Negligent, Lazy" Haaretz, 30 de Abril 2001. 31. Israels Statical Abstract, n° 50, 1999 Ilustración 13.1. 32. Israels Statical Abstract, n° 50, 1999 Ilustración 13.8. 33. Central Intelligence Agency, The World Fact Book, 2000. 34. S. C. Lonegran y D. B. Brooks, Watershed: The Role of Fresh Water in the Israeli-Palestinian Conflict, Ottawa 1994, pág. 76-79. 35. Fadel Naqib, Palestinian Economy in the West Bank and Gaza: Problems of Transition and Future Policies, Beirut 1997, (en arabe), pág. 107-13. 36. Por los efectos de la barrera agrícola y otros aspectos económicos, se vea por ejemplo el reporte de las Naciones Unidas (UNSCO, oficina de coordinación especial por los territorios ocupados) y de la Banca Mundial, "Closure on the West Bank and Gaza", in www.arts.megill.ca/mepp/unsco/unfront.html. 37. Meron Benvenisti, Sacred Landscape, pág. 164-65. 38. In Beaumont, op. Cit., pág. 105. 39. W. Thomas Mallison y Sally V. Mallison, "The right of Return", Journal of Palestine Studies, Vol. LX, n° 125, primavera 1980, pág. 125-36. 40. Carta del Vicesecretario de estado, Talbot, Elmer Berger; del Consejo Americano por el hebraismo, 20 de abril de 1964, in Whiteman Digest for International Law, 35, 1967. Citado en W. T. Mallison, "The Legal Problems Concerning the Judicial Status and Political Activities of the Zionist Organization/Jewish Agency", Institute for Palestine Studies, monografia n° 14, Beirut 1968. 41. "Concluding Observations of the Committee on Economic, Social and Cultural Rights", 4 de diciembre 1998, E/C. 12/1/Add.27. Ver el sitio www.uncr.ch. 42. "Un Report: Palestinians in Israel Will Outnumber Israelis in 2050", Jerusalem Post, 1 de marzo 2001. Ver el sitio www.un.org/esa/population/wwp2000h.pdf. 43. Ver una rica y proliferante literarua sobre la fragmentada y heterogenea sociedad israeli. Ver por ejemplo Akiva Orr, Israel: PoliticsMysths and Identity Crisis, Londres, 1994, y A. Cohen y B. Susser, Israel and the Politics of Jewish Identity Baltimore y Londres 2000. 44. S. Abu Sitta, "The Palestinian Nakba, 1948" pág. 21. 45. Meron Benvensiti, Sacred Landscape, pág. 175. 46. D. Newman, "The Palestinian Refugee Settlement: Learning from the Israeli Development Town and Mass Experience of 1950s and 1990s", PRRN, Julio 2000, in www.arts.macgill.ca/mepp/prrn/newman.html. 47. Diáspora palestina como consecuencia de la guerra de 1948 [nota del editor]. 48. Israels Statistical Abstrac, n° 50, 1999, Ilustración 4.2.

1 de abril de 2004
En estado de negación
Ur Shlonsky

Ideología sionista, no judíos y Estado de Israel Israel Shalak, el viejo activista de los derechos humanos y militante antisionista, una vez destacó que, al menos por los últimos doscientos años, los judíos habían reclamado la igualdad de derechos en todos los países en los que vivían con la extraordinaria excepción de Israel, el Estado de los judíos1. Israel siempre fundó sus instituciones en la negación de la igualdad con los no judíos. Desde el principio, durante una gran parte de la primera mitad del siglo, antes de 1948, cuando se fundó el Estado de Israel, la ideología sionista mantuvo una estricta oposición a la igualdad de los no judíos como un principio fundamental. El principio de no igualdad para los no judíos requirió, antes que nada, que fueran definidos los grupos relevantes de la población. Por lo tanto, no es sorprendente que la dicotomía judíos/no judíos atravesara casi toda la vida de las instituciones sociales, demográficas, jurídicas y culturales israelíes. Consideremos, como un instructivo ejemplo, cómo los requerimientos de esta oposición afectan las tablas de las estadísticas vitales en el Anuario Estadístico de Israel2. La estadística vital incluye información demográfica del crecimiento de la población, su distribución regional, inmigración, tamaño de las viviendas, etc. Las cifras, en general, son clasificadas por parámetros familiares tales como sexo y edad. Sin embargo, la clasificación cruzada por categorías religiosas en virtualmente todas las tablas es bastante sorprendente3. Todos los países modernos, naturalmente, están interesados en los datos demográficos y todos los países tienen una oficina que recoge datos de nacimientos, muertes, inmigración, etc. Sin embargo, lo que hace único el caso de Israel, es la omnipresencia de categorías religiosas4. En 1995, la oficina de estadística israelí, introdujo el parámetro "grupos poblacionales", una categoría con dos valores: "judíos y otros" y "árabes". El informe anterior incluía, "judíos" "cristianos no árabes" (muchos inmigrantes de la ex URSS cayeron en esta subcategoría), y los no clasificados por religión, dentro de los cuales estaban incluidos los musulmanes, los cristianos árabes y los drusos. Una lectura cuidadosa de las definiciones que aparecen con estas categorías revela la aparición, por primera vez en la historia de Israel, de una definición étnica de judío (los árabes siempre estuvieron definidos étnicamente)5. Antecedentes problemáticos Encontramos un problemático paralelo entre la preocupación israelí por los datos demográficos sobre origen étnico y religión y los de Ruanda antes de la limpieza étnica de 1994, como la describe Alison Des Forges6. Des Forgues sostiene que la existencia de datos relativamente precisos sobre la distribución demográfica de los tutsis fue un factor que facilitó "el genocidio más rápido de la historia moderna". Uno es llevado a pensar en los Protocolos de Wansee, recientemente estudiados por William Selzer7. Esta infame acta de la conferencia nazi en Berlín en enero de 1942 sacados a la luz durante los juicios de Nuremberg al final de la guerra contenía una tabla detallada del número de judíos en cada uno de los treinta y cinco países de Europa. La tabla estaba acompañada por detalladas explicaciones sobre el impacto que las diferentes definiciones de "judío" en cada país podrían tener en el recuento total. ¿Cuál es el propósito de la oposición judío/no judío? En primer lugar, sirve como base para una amplia legislación discriminatoria. Por ejemplo, la Autoridad de Tierras de Israel (ATI), que es el órgano ejecutivo del Fondo Nacional Judío prohibe el arrendamiento de la tierra bajo su control (el 92% de la tierra de Israel pertenece al Fondo Nacional Judío) a los no judíos. Restricciones del mismo tipo se imponen a los no judíos en lo relativo al acceso al agua para la agricultura o a la elegibilidad para asistencia financiera del gobierno. En efecto, gran parte de esta asistencia se otorga solamente a ciudadanos que hayan cumplido con el servicio militar o para quienes, debiendo haberlo cumplido, fueron exceptuados por ser judíos ortodoxos8. Además, para la naturalización, Israel practica el jus sanguinus, según el cual la sangre o la etnicidad son los elementos definitorios. Así, automáticamente la ciudadanía israelí se concede a "judíos y otros cristianos" (ver la definición citada en nota 5), pero no a los no judíos. Es precisamente este concepto no-territorial de ciudadanía el que determinó la exclusión de los judíos en la Europa premoderna. "Por su naturaleza" escribió el comentarista Aharon Barnea en Haaretz el 11 de abril de 1991, "esta versión de la nacionalidad engendra intolerancia hacia los extranjeros, desarrolla la idea de que grupos étnicos o religiosos que viven como tales en un país no pueden ser integrados dentro del espíritu o la sustancia constitutiva del país, aunque sus ancestros hayan vivido allí por siglos". Barnea concluye su exposición afirmando que "el carácter del Estado de Israel, que por un lado aspira a ser democrático, y por otro a ser el Estado del pueblo judío,… conduce a una contradicción que sólo puede terminar en calamidad"9. El lenguaje de la "transferencia" La meta explícita y principal del programa y práctica sionista es aumentar el número de judíos en "Eretz Israel"10 y disminuir el de los no judíos, esto es de los árabes, que viven allí. La idea de expulsar a los palestinos, llamada "transferencia" en el lenguaje político israelí, está entretejido con el discurso sionista desde sus más tempranos comienzos. Recientemente, sin embargo, ha entrado en forma plena en el debate público. Hay una versión más dura o agresiva de la "transferencia", como la del ex ministro Avigdor Lieberman. En la tradición del rabino ortodoxo Meir Kahane, Lieberman propuso la expulsión física de los palestinos mas allá de las fronteras del Gran Israel, si rechazaban prestar juramento de lealtad a Israel como un Estado judío. También hay una versión más blanda llamada "transferencia voluntaria" propuesta por el recientemente asesinado Rehavam Zeevi. Finalmente tenemos la "transferencia por necesidad" del ministro Efi Eitam. Consultado acerca del concepto de la "transferencia voluntaria" de los palestinos, el ministro de Turismo, el rabino Benny Ayalon comparó el aspecto "voluntario" de la "transferencia" con el de un esposo judío que rechazaba otorgar el divorcio a su esposa. Dado que la corte rabínica no tiene autoridad para disolver un matrimonio sin el consentimiento del marido, la autoridad religiosa debe utilizar la fuerza: incomunica al marido obstinado, lo golpea y lo encarcela hasta que él "voluntariamente" repudia a su mujer. Este es el camino para que los palestinos se vayan "voluntariamente", explicó. El programa del gobierno del Likud-Laborista actualmente en el poder, es llevar el proyecto sionista hasta su conclusión transformando todo el "Eretz Israel" en un Estado judío con un mínimo de habitantes no judíos. El debate público se centra en el significado de "mínimo". Según los institutos de investigación dominados por el "izquierdista" Partido Laborista, el consenso es que una proporción de 8 a 2 a favor de los judíos es "algo con lo que podemos vivir". Oportunidad para la "Redención" El criterio de consenso de la mayoría política en Israel y del gobierno de Sharon fue caracterizado sucintamente por el pacifista israelí Uri Avneri: "La guerra de 1948 no ha terminado, solamente el 78% de Palestina ha sido liberado". En efecto, como nos recuerda Israel Shalak, el término usado en hebreo no es "liberar" (mechuxrar) sino "redimir". La palabra hebrea para redención es geula, tomada prestada de la teología mística judía-ortodoxa donde se hace referencia tanto a la redención del alma individual como a la del pueblo judío, la cual será alcanzada con la llegada del Mesías, una vez que los judíos gobiernen el mundo entero. De acuerdo con la doctrina sionista, "la redención de la tierra" simplemente significa que si un pedazo de tierra es poseído colectivamente o individualmente por judíos, está "redimido". La guerra de 1948 dejó el 22% de la tierra (a saber Cisjordania y Gaza) en manos no judías y la tarea esencial ahora es redimir esta parte de "Eretz Israel". Recientemente se ha abierto una oportunidad. Rusia y Europa han sido efectivamente eliminadas como potencias mundiales, y el único poder que queda, Estados Unidos, provee a Israel una ayuda militar, económica y política virtualmente ilimitada. Se puede asumir con seguridad, según los analistas israelíes, que esta ayuda continuará aún cuando se tomen algunas medidas extremas. Además, la experiencia muestra que aunque algunos círculos gubernamentales norteamericanos se preocupen ocasionalmente por las acciones israelíes, finalmente terminan guardando silencio. Esta parece ser una evaluación bastante precisa de la política norteamericana. Tres condiciones deben ser satisfechas para garantizar el éxito del programa de Israel: 1. La resistencia Palestina debe ser aplastada. 2. El apoyo público debe ser asegurado y se debe contar con la participación activa de al menos un sector de la sociedad israelí en forma operativa. 3. La crítica internacional debe ser silenciada. Con respecto a la primera condición, Uri Avneri identifica cuatro métodos. a) Operaciones militares continuas. Todo el ejército debe estar involucrado en operaciones que tengan como objetivo a la sociedad palestina de conjunto. No se deben hacer distinciones entre movimientos y partidos políticos. Hamas, Fatah, etc. deben ser igualmente atacados. La población civil debe estar aterrorizada, asegurando la máxima destrucción de la propiedad y los tesoros culturales. b) Expulsiones masivas como en 1948, sólo pueden ser llevadas a cabo bajo condiciones excepcionales, es decir la guerra. Por lo tanto deberían tomarse acciones para desestabilizar los regímenes y las sociedades de la región, crear condiciones para una guerra más amplia. En forma paralela, se debe hacer insoportable la vida diaria de los palestinos. Deberían quedar bloqueados en las aldeas y ciudades, impidiéndoles el ejercicio normal de la vida económica, aislándolos de sus lugares de trabajo, escuelas y hospitales. Esto impulsará la migración y debilitará la resistencia para futuras expulsiones. c) La clase política palestina debe ser eliminada, sea por asesinatos directos, sea mediante detenciones o expulsiones. d) Finalmente, es necesario continuar y expandir la actividad de los asentamientos y de la "redención" de la tierra. Después de todo, ¿no fue el ganador del premio Nobel de la Paz Yitzhak Rabin quien proclamó que "todos los judíos tienen el derecho inalienable de vivir en cualquier lugar Eretz Israel"?11 ¿Hacia una limpieza étnica? Es patentemente claro que tal "sociocidio" sólo puede aumentar las motivaciones para los ataques suicidas palestinos. Estos, en la perspectiva de Sharon et al, deberían ser estimulados. El terrorismo no plantea una amenaza para el Estado, su ejército o sus instituciones, y constituye una inversión de alto retorno: la violencia arbitraria contra la sociedad civil siembra inmenso pánico y alimenta el miedo y el odio hacia los árabes. Conforma un ingrediente central en la construcción de una imagen de los israelíes y judíos como víctimas perseguidas. "Estamos sitiados, estamos nuevamente librando una batalla de vida o muerte" proclama Avi Shavit en un artículo de Haaretz12. En resumen, las bombas humanas en los cafés y en los ómnibus aseguran un apoyo más amplio y profundo al proyecto de limpieza étnica. La sociedad civil israelí está autorizada y es estimulada a utilizar la fuerza que sea necesaria como medio de autodefensa. Están puestos en su lugar todos los elementos para lo que Des Forges, en el contexto de Ruanda, llamó "la campaña del genocidio". Sin embargo, las continuadas acciones kamikazes y la cobertura que proporcionan los medios proveen un elemento central en la lucha por alinear a la opinión pública mundial a favor de la causa sionista. Movilizando el apoyo Judío Finalmente, permítanme considerar la estrategia israelí para hacer frente a la indignación que su programa provoca en Occidente. Una de las principales armas del movimiento sionista para silenciar las críticas crecientes consiste en movilizar a las comunidades judías. En este contexto, es necesario utilizar, y en el largo plazo estimular, el odio de los judíos en Europa y otros lugares, para crear una solidaridad judía con el proyecto sionista. Y así los autoproclamados líderes de esas comunidades tienen una tarea esencial: conducir y sustentar una identidad judía centrada en una total identificación con Israel, y despreciar y marginalizar toda otra forma de identidad judía. En este aspecto, deberían citarse las recientes palabras de Alfred Donath, presidente de la Federación Suiza de Comunidades Judías: "El único aliado real de Israel es el pueblo judío. Debemos sostenerlo y a sus dirigentes democráticamente electos, quienquiera que sean, con sus cualidades y defectos, sus aciertos y sus errores, su valentía y sus pasos en falso. Tanto si acordamos con sus políticas como si no entendemos todas las decisiones del gobierno. Es indecente hoy, mezclar nuestras voces con las de sus detractores"13. … y un nuevo antisemitismo Desde un punto de vista religioso, el líder de la comunidad Neturei Karta, el ultraortodoxo pero antisionista rabino Leibele Weisfisch, quien falleció hace diez años, una vez me dijo: "El nazismo destruyó físicamente al judaísmo, el sionismo lo destruyó espiritualmente". Al mismo tiempo, el establishment oficial judío, marginaliza y descarta enteramente la tradición europea judía, muy involucrada en la construcción de la moderna Europa secular (laica) al menos desde la Ilustración del siglo XVIII. Esta herencia incluye una tradición universalística, obrera y socialista, pero también un lenguaje, una literatura y una red de comunidades que era al mismo tiempo tanto europea como judía. Es decir, llamando a "todos los judíos" a formar un bloque detrás de Israel, identificando toda la Diáspora con el Estado judío y a todo el judaísmo con el sionismo, los sionistas ayudan a fortalecer, junto al antisemitismo "clásico", que nunca fue totalmente derrotado, a un nuevo antisemitismo, cuidadosamente construido y alimentado por la amalgama de judíos/sionistas. Notas: (*) Ur Shlonsky, profesor en la Universidad de Ginebra, es nativo israelí, escritor y activista antisionista desde largo tiempo. Esta contribución se basa en una charla en la mesa redonda "Las Coincidencias Político-religiosas en el conflicto Israelí-palestino: vistas desde diferentes posiciones estratégicas", en la Universidad de Ginebra el 10 de Junio del 2002. 1. Israel Shalak, Jewish History, Jewish Religion: The weight of Three Thousand Years. Pluto Press,1994. 2. Statistical Abstract of Israel,2000. http://www.cbs.gov.il/shnaton51/st_eng02.pdf. 3. La afiliación religiosa es un estado impuesto en Israel y nunca es un hecho por elección personal. Todas las tarjetas de identificación emitidas a los residentes incluyen una afiliación religiosa (llamada "nacionalidad"), la cual es extremadamente difícil para querellar legalmente. El judaísmo difiere del Islam y del cristianismo, sin embargo, en que es también una categoría racial, como el color de la piel; sin embargo, a diferencia del color de la piel, tiene una base metafísica y no genética. 4. Comparar la clasificación de categorías en el censo del Reino Unido (incluyendo Irlanda del Norte): Estadísticas de Vida y población por área de residencia habitual en el Reino Unido, 2000. 5. "Comenzando con el Censo de 1995, debido a la llegada de muchos inmigrantes, no listados como judíos en el Ministerio del Interior, las definiciones de grupos religiosos y de población fueron alterados en las tablas de estimación de población. El grupo cristiano fue dividido en dos: "cristianos árabes" y "otros cristianos", de acuerdo a varios criterios: localidad de residencia, nacionalidad y país de nacimiento. Un árabe cristiano se define como alguien que vive en una localidad árabe o alguien que vive en otra localidad, pero está listado como de nacionalidad árabe por el Ministerio del Interior. Si se han perdido algunos de estos detalles de alguien que nació en un país árabe o en Israel, pero su padre nació en un país árabe, es incluido dentro del grupo de árabes cristianos. El resto de los cristianos se define como "otros cristianos (no árabes)". Otro grupo que se presenta separadamente desde 1995 es el grupo no clasificado por religión en el Ministerio del Interior. Las personas de este grupo son usualmente miembros de familias de judíos inmigrantes, como es usualmente el caso de otros cristianos". (http//www.cbs.gov.il./shnaton51/st_eng02.pdf). 6. Des Forges, Alison. No Witness Shall Survive: The Genocide in Rwanda. Human Rights Watch, Federation Internacional of Leagues of Rights of Man, Karthala,1999. (http//www.hrw.org/reports/1999/rwanda. 7. Seltzer, William. "Population statistcs, the holocaust and the Nuremberg trials". Population and development Review, 24 de marzo de 1998. 8. Un ejemplo reciente de discriminación al estilo apartheid se puede encontrar en la propuesta del Consejo sionista de cortar el subsidio para niños del Instituto nacional del seguro, comenzando a partir del quinto hijo, para limitar la tasa de nacimientos. Comentario de Lili Galili ("A jewish democratic state", Haaretz, 28 de junio de 2002): "Es claro que alguien que es ultraortodoxo y tiene una gran familia, encontrará algún tipo de acuerdo, especialmente en la época de lucha demográfica; esto es obviamente una intención de limitar la tasa de nacimiento en el sector árabe". 9. Galili (ibid.) escribe: "El nuevo interés en la demografía llega al corazón de la existencia del estado, su definición como estado judío. Por primera vez en la historia del discurso público, incluso los más devotos izquierdistas han sido requeridos para confrontar su más íntima verdad. Es posible buscar refugio en frases banales como "no hay contradicción entre un estado democrático y un estado judío" o huecos slogans acerca de la coexistencia. Cualquiera que se aferre al concepto de estado judío no puede ignorar lo que las cifras demográficas ponen en blanco y negro en docenas de publicaciones sobre el tema. El carácter del estado, su tarjeta de identificación, ahora depende de las definiciones derivadas de esas cifras. El hecho que la gran mayoría de los ciudadanos judíos se ciña a la definición de Israel como un Estado Judío no deja salida" 10. Israel según la definición bíblica (o Gran Israel), que ocupaba las tierras entre el Mediterráneo y el río Jordán [nota del traductor]. 11. Entrevista en Maariv en las vísperas de la Pascua, 1995. 12. "Put an end to the Oslo ecstasy!" Reimpreso en Le Courier International, Numero 520, 19 de octubre de 2000. 13. http//www.commentaires.com/documents/Pages/discdonth.htm.

1 de abril de 2004
10 años del levantamiento zapatista en Chiapas

Al conmemorarse 10 años del levantamiento campesino de Chiapas, encabezado por el EZLN, diversos intelectuales "primer mundistas"1, celebraron, como su mayor conquista, los "cambios culturales" que el EZLN habría introducido en la izquierda latinoamericana y mundial la "revolución sin tomar el poder", el reconocimiento de la "pluralidad identitaria", la "estrategia del caracol", el uso de Internet como arma de comunicación política, etc. hasta presentarlo como el precursor del movimiento "altermundialista", hoy expresado en el Foro Social Mundial. No sólo se hace abstracción del concreto desarrollo político mexicano y latinoamericano, sino principalmente de la historia de la propia izquierda "antiglobalizadora", la que, en el momento del levantamiento de Chiapas, reunida en el Foro de San Pablo, tomó prudente distancia del mismo y condenó su "violencia" (el SU de la IV Internacional, presente en la instancia, llegó a proponer la mediación de la Iglesia Católica para una salida negociada) en el exacto instante en que el ejército mexicano masacraba a los campesinos insurrectos, fusilando sin juicio a decenas de prisioneros, lo que fue de inmediato denunciado por el PO2; el EZLN nunca fue admitido, siquiera como observador, en el Foro de San Pablo. Desde 1994 surgió en el sur mexicano (Chiapas), en la Selva Lacandona, la más importante rebelión campesina desde la revolución de 1910-1917. Lejos de amainar de inmediato, ella fue el punto de partida de una agudización nacional de la lucha de clases, que tuvo un punto culminante en la huelga de la UNAM de 1999-2000. Ésta duró más de diez meses, y provocó una importante polarización política nacional, que convergió con la lucha del EZLN y otras de los trabajadores, campesinos y jóvenes, como la huelga de Ia Volkswagen (declarada ilegal por los tribunales), la huelga del personal de compañías aéreas, que casi provocó la ocupación militar y el uso de la ley de emergencia nacional, la huelga de los trabajadores del azúcar, de la fábrica de ómnibus DINA así como la huelga del STUNAM (sindicato de profesores y no docentes de Ia UNAM) por 50% de aumento salarial. La crisis mexicana, en realidad, remonta sus raíces mucho más atrás, como expresión de la crisis mundial del capitalismo. México estuvo, en 1982, en el centro de la "crisis de la deuda", que expresó el agotamiento del sistema financiero internacional, y agudizó el desarrollo sin precedentes de la especulación financiera mundial. El imperialismo descargó su crisis en los países atrasados, en especial América Latina, aprovechando la obsecuencia de las burguesias continentales: con el Plan Baker redujo de 200% a 121% la relación capital propio/préstamos de los 15 países más endeudados. Pero eso no bastó: con el posterior Plan Brady, bajo pretexto de reducir la deuda externa en 10 mil millones de dólares, México aumentó su deuda interna en US$ 30 mil millones, cayendo en Ia recesión, el retroceso industrial, el desempleo y la concentración agraria especulativa (los campesinos sin tierra pasaron de ser un millón y medio a 6 millones, o 60% de la fuerza de trabajo agraria, durante la década de los 80)3. Como demostró Henri Favre, seria imposible entender la insurrección zapatista sin el deterioro económico provocado por la crisis del mercado mundial de materias primas, en especial del café (principal producto de exportación de Chiapas) durante la llamada "década perdida"4. La crisis económica se transformó en crisis política, obligando al PRI, en 1988, a un monumental fraude en las elecciones presidenciales para impedir la victoria del PRD de Cuauhtémoc Cárdenas, un partido surgido de una escisión del propio PRI, encabezada por Cárdenas y Vicente Muñoz Ledo. Carlos Salinas de Gortari, presidente electo, promovió la mayor entrega nacional de la historia, al mismo tiempo que la más grande corrupción en un país que ya ostentaba los records mundiales en la materia, lo que concluyó en la prisión de su hermano Raúl, y en la transformación del propio presidente el prófugo de la justicia, después de terminado su mandato. El alzamiento zapatista reconocía, a su vez, sus antecedentes en un proceso de organización y lucha del campesinado indígena a partir, por lo menos, de mediados de la década del 70. Explotó en enero de 1994, en el exacto momento de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio entre México y los EEUU (NAFTA). Las limitaciones de su dirección política eran un producto de la historia de la izquierda mexicana, en una de sus vertientes, el maoísta FLN, que se transformó en EZLN. El desarrollo de la insurrección verificaría los límites del zapatismo, que pasó, a partir de la Convención Nacional Democrática (CND) de 1995, a apoyar la candidatura presidencial del perredista Cárdenas, con el que pretendía construir un "Movimiento de Liberación Nacional" (MLN). Al conciliar con esa izquierda burguesa, y no abrir una alternativa propia, el EZLN también fue entrando en un impasse, que llevó al fracaso al MLN y a las negociaciones con el gobierno, que concluyeron con una masacre perpetrada por el ejército en febrero de 1995. La Convención Nacional Democrática llamó a "los mexicanos honestos" a un "cambio democrático y pacífico", y luego el EZLN llamó a votar "contra los candidatos del PRI y sus equivalentes, excluyendo a quienes no están de acuerdo en probar la via electoral", y defendiendo un "gobierno de transición", que debería "salir del proceso electoral", de "los candidatos que hay". Luego, el dirigente del EZLN, Rafael Guillén, conocido como subcomandante "Marcos", envió una carta a "los empresarios mexicanos honestos", desmintiendo "la idea de que el cambio democrático en nuestro país traerá inestabilidad económica, desconfianza de los inversionistas, etc.". En 1994, el candidato del PRI (Zedillo) venció en las elecciones, pero por primera vez su partido obtuvo menos del 50% de los votos totales. A fines de ese año, la crisis económica explotó, inaugurando el "efecto tequila", que conmovió mundialmente a los "mercados". Sólo el 16 de diciembre, entre US$ 2,5 y US$ 3 mil millones dejaron México; de US$ 25 mil millones que México tenía como reservas a mediados de 1994, sólo quedaron US$ 6 mil millones a fin de año. El Banco Central aumentó las tasas de interés de 13% para 17%, aun así el 19 de diciembre, US$ mil millones se fugaron; en nueve dias, US$ 8 mil millones abandonaron el país. El peso mexicano perdió en una semana 40% de su valor. En febrero de 1995, se anunció un socorro financiero de US$ 50 mil millones para salvar al peso mexicano. Bill Clinton tuvo de argumentar que era la única manera de impedir un colapso general del sistema financiero internacional, con consecuencias apocalípticas para la economía mundial y norte-americana. Aún así, tuvo que sacar US$ 20 mil millones del fondo del Tesoro de los EE.UU. (Federal Reserve). El resto fue recaudado por el FMI (US$ 8 mil millones), los restantes US$ 22 mil millones fueron aportados por Japón, Canadá y los principales países de Europa Occidental. Fue la mayor operación de salvataje financiero mundial desde el Plan Marshall. El respiro ganado no frenó la crisis política interna. En febrero de 1996, el gobierno Zedillo, con la intermediación de la Iglesia, celebró con el EZLN los Acuerdos de San Andrés de Larrainzar sobre los derechos indígenas en Chiapas. En julio, el EZLN promovió el primer encuentro internacional "contra el neoliberalismo" que inauguraría, en los años sucesivos, una seria de peregrinaciones de la izquierda europea y norteamericana por el sur mexicano, que la izquierda mexicana bautizó como zapatours. Los Acuerdos de San Andrés, sin embargo, quedaron como letra muerta, lo que fue denunciado inclusive por el presidente de la comisión mediadora, la Cocopa (Comisión Parlamentaria de Concordia y Pacificación). La situación económica se fue deteriorando: entre 1982 y 2000, la deuda externa de México casi se triplicó (pasando de 57 mil millones de dólares a 157 mil millones) mientras el país pagó a sus acreedores 8 veces lo que debía (según el Banco Mundial, México reembolsó 478 mil millones de dólares). El país reembolsaba endeudándose. El pago de la deuda externa mexicana representa una enorme transferencia de ingresos de los trabajadores y de los pequeños y medianos productores hacia los capitalistas poseedores de títulos de la deuda externa. Entre los acreedores se encuentran capitalistas mexicanos que poseen una parte de los créditos gracias a los capitales que han colocado en los mercados financieros extranjeros. Después de la crisis de 1994-1995, las transferencias de México hacia el exterior han sido enormes, peores que en los años de 1982-1986. Según el Banco Mundial, entre 1986 y 2000, México recibió 140 mil millones de dólares en préstamos y reembolsó 210 mil millones, es decir que transfirió hacia sus acreedores 70 mil millones de dólares más de lo que recibió. El reembolso de la deuda pública externa se hizo en detrimento de los gastos sociales (educación, salud, vivienda) y de la inversión pública: el gobierno dedicaba el 30% del presupuesto público al pago de la deuda externa. Pese a eso, la crisis del régimen del PRI llevó a buena parte de la izquierda a referirse a una "revolución democrática" en curso. Era, en verdad, un cuadro de descomposición político-gangsteril del régimen -después del asesinato del candidato presidencial del PRI Colosio, se produjo el del secretario general del partido, Ruiz Massieu una descomposición del priato, a la que un vasto arco político, englobando desde los representantes del imperialismo hasta, curiosamente, algunos "trotskistas", comenzó a llamar de "revolución democrática". En junio de 1997, en las primeras elecciones para gobernador del Distrito Federal, el PRD venció con Cuauhtémoc Cárdenas, con 48% de los votos: en las legislativas, el PRI perdió la mayoría de la Cámara de Diputados (pasando de 300 a 234 escaños), con el derechista PAN yendo de 119 a 124 y, sobre todo, el PRD de 64 a 126, además de 8 nuevos diputados "verdes". Una de las estrellas intelectuales del país declaró que "México está viviendo un momento de euforia, tan feliz como el de la entrada en la capital de Francisco Madero, en 1911, después de la caída de Porfirio Díaz y 30 años de dictadura. El PRI perdió la jefatura del gobierno en el DF (el mayor centro urbano del mundo), la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y dos estados más, que se suman a los cuatro ya gobernados por el PAN. Más de Ia mitad del país es gobernada, actualmente, por Ia oposición"5. El verdadero contenido de la "democratización" fue dado por "la ruptura de los acuerdos de San Andrés (con el EZLN), la formación de los escuadrones de la muerte, la militarización de Chiapas, una estrategia de contra-insurgencia que provocó más de doscientos asesinatos en dos años"6. El gobierno de Zedillo, asesorado directamente por el imperialismo, combinó la "negociación" con las provocaciones, que culminaron en varias masacres, explorando a fondo las debilidades políticas de la dirección zapatista. Mientras el gobierno de Zedillo dio vía libre para la militarización de la región, el accionar del Ejército cobró características independientes (preanunciando la militarización general del país), y el imperialismo intervino directamente a través del trabajo de zapa realizado en la región por las sectas protestantes. En diciembre de 1997, todo culminó con la masacre de Acteal, cuando decenas de campesinos fueron muertos, las bases zapatistas fueron cercadas, y millares de habitantes de Chiapas fueron obligados a migrar para evitar el hambre y la persecución. Al mismo tiempo, sin embargo, el levantamiento del sur cobró características nacionales, con la reactivación de viejos grupos guerrilleros (por ejemplo, el EPR, en el estado de Guerrero), la formación de un "zapatismo civil" (FZLN) en las ciudades, y el surgimiento de corrientes sindicales vinculadas al zapatismo. Comenzó inclusive un trabajo de organización de los trabajadores mexicanos en el sur de los EE.UU., donde éstos no sólo realizan tareas agrarias descalificadas, sino que son también un porcentaje creciente de los trabajadores urbanos industriales y de servicios de la metrópoli. En el propio PRD, las elecciones internas se realizaron bajo un intenso fraude, lo que llevó a su anulación. La "revolución democrática" emitió su canto de cisne a finales de 1997, cuando el PAN rompió con el bloque opositor y se alió con el oficialista PRI para aprobar, en el Parlamento, el presupuesto nacional para 1998. Posteriormente, el PAN sería factor decisivo en el blanqueo de la corrupción priista, en especial de los fraudes cometidos en la privatización de 18 bancos en 1991-92 (Fobaproa) evaluados en 100 millones de dólares7. El PRD colaboró reprimiendo las luchas obreras en el DF y, principalmente, en la represión de la huelga universitaria de 1999-2000, cuando efectivos federales invadieron brutalmente el campus de la UNAM, después de las manifestaciones que habían reunido 200 mil personas en la plaza del Zócalo (detuvieron a 998 estudiantes). Principalmente, el PAN y la "izquierda moderna" del PRD manifestaron su acuerdo de principios, con divergencias secundarias, con el proceso privatizador llevado adelante por Zedillo (el PRD, en especial, privatizó el suministro de energía eléctrica en el Distrito Federal): el "bloque opositor" de la "revolución democrática" se transformó, en pocos meses, en "bloque oficial" del bonapartismo "neoliberal". La continuidad de las luchas se enfrentó no sólo al priato, sino también a la burocracia perredista, en momentos en que el "charrismo" sindical priista comenzó a hacer agua por todos lados, lo que sucedió en las luchas de los electricistas del SME contra las privatizaciones, que hicieron levantar cabeza al SUTERM en todo el país, luego de 25 años de retrocesos, bajo el control burocrático de la CTM (central sindical mexicana). Petroleros, azucar, telefónicos, también iniciaron importantes procesos de lucha. El descontento comenzó a crecer en los sindicatos "independientes", controlados por el PRD. En el cuadro del "gran acuerdo" tácito PRI-PAN-PRD, se aisló cada vez más la lucha de Chiapas, que pasó a tener más vigencia como centro de "turismo revolucionario" internacional. Los representantes del gobierno pusieron el desarme del EZLN como condición para la negociación, lo que fue recusado por los zapatistas, que reivindicaron la salida de las tropas de los territorios ocupados con 40 mil soldados. Con la presión del ejército, los zapatistas perdieron sus principales bases de operación (Guadalupe Tepeyac, la cañada Patihuitz, San Miguel, La Garrucha, El Prado, La Sultana). Refugiados en las montañas, se contactaban con sus bases de apoyo a través de La Realidad, nueva puerta de entrada del "territorio zapatista", con algunas comunidades de Los Altos de Chiapas. De allí salían las caravanas de Ia Cruz Roja que escoltaban a los comandantes del EZLN para las negociaciones. No obstante, en las elecciones presidenciales del 2000, el "subcomandante Marcos" y el EZLN insistieron en su apoyo a Cárdenas y al PRD, el que declaró que daría el Ministerio de Asuntos Indígenas para "Marcos", con máscara pasamontañas incluida. El PRD acabó obteniendo 16% de los votos, un desastre para quien había vencido realmente las elecciones de 1988, una debacle que se mide por el hecho de que fue del propio PRD que surgieron presiones para que Cárdenas desistiese de su candidatura a favor del "candidato Coca Cola", Vicente Fox, del PAN. Fox obtuvo la victoria con más del 43% de los votos -el PRI perdió su primera elección presidencial en un siglo- siendo inmediatamente felicitado por Bill Clinton, y por intelectuales mexicanos como Enrique Krauze, quien juró ante el Time Magazine que "México finalmente se tornó una democracia". El PRI perdió la Presidencia, el gobierno de Morelos (que, junto a Guanajuato, mantenido por el PAN, fueron los únicos estados en disputa), la mayoría en ambas cámaras, y no consiguió representantes en las Delegaciones Políticas, pasando a ser una minoría ínfima en el Parlamento del Distrito Federal. Fox ordenó el retiro de 1.500 soldados del cerco al EZLN, prometiendo un "acuerdo de paz" (los solados se limitaron a volver a sus barracas, mientras otros 60 mil permanecieron en sus posiciones). El EZLN puso, como condiciones para la paz, el retiro del ejército y la aprobación de la Ley de Derechos y Cultura Indígena, que era apenas uno de los seis puntos de la mesa de debates con el gobierno del PRI. Vicente Fox saludó la "nueva actitud, nuevo modo de pensar, del EZLN". En febrero del 2001 se inició la marcha pacífica del zapatismo de Chiapas a México DF, que culminaría en un gran acto público, el 11 de marzo. Luego, se volvió a la situación anterior. Lo que pretendía (y pretende) Fox es un acuerdo con intervención directa del gran capital (el encargado de formular el "plan económico" para Chiapas fue Alfonso Romo, amigo de Fox, uno de los mayores capitalistas mexicanos, y una de las más grandes fortunas del mundo), para valorizar los inmensos recursos naturales de la Selva Lacandona: 25% del agua superficial del país (45% del suministro hidroeléctrico), reservas petrolíferas e importantes yacimientos de uranio. El programa de Fox venía, en realidad, a completar el programa del expresidente Salinas de Gortari, de la "segunda generación de reformas", después de la desregulación financiera y comercial y las grandes privatizaciones: privatizar la educación, desmantelar la seguridad social, imponer la regresividad del sistema impositivo y la flexibilización laboral (reformando la Ley Federal del Trabajo), destruir los contratos colectivos, y debilitar el sindicalismo controlado por el PRI, para promover el ataque a todas las conquistas sociales e incrementar la superexplotación (aumentando la competitividad mexicana en el "mercado global"). En el 2001, el gobierno pagó 29 mil millones de dólares a los acreedores de la deuda pública externa. Si añadimos el costo de la deuda pública interna, llegamos a sumas astronómicas. En 2001, el costo financiero de la deuda pública interna y del Fobaproa-Ipab representó 131 mil millones de pesos mexicanos (14 mil millones de dólares). El total de la deuda pública interna y externa supera los 150 mil millones de dólares (mitad interna, mitad externa). En dólares, el costo de esa deuda representó en 2001 alrededor de 43 mil millones de dólares: una hemorragia tremenda de recursos hacia los capitalistas nacionales y extranjeros acreedores. El tesoro público dedica 2,5 veces más dinero al pago de la deuda que a la educación pública en un país en el que hay 32,5 millones de mexicanos analfabetos, y más de la mitad de la población vive bajo la línea de pobreza. La venta de empresas públicas implicó una pérdida de soberanía nacional y el dinero de las privatizaciones sirvió para asegurar el pago de la deuda pública interna y externa. En el 2001, el banco estadounidense Citigroup se apoderó de Banamex, y en el 2002 el Banco Bilbao Vizcaya ganó el control completo sobre Bancomer. La situación económica en México se agravó: pérdida de 500.000 empleos desde que empezó la nueva crisis económica en EE.UU. (destino de 90 % de las exportaciones mexicanas), caída del Producto Interno Bruto en 2001. El precio del petróleo, como el de otras materias primas, cayó, lo que redujo los ingresos fiscales del gobierno con los que se paga la deuda externa. Las presiones contra el peso aumentaron nuevamente en el 2002; las salidas de capitales se aceleraron. En breve habrá una nueva crisis económica y financiera con problemas de pago de la deuda: "las maquilas, las cadenas de montaje de capital extranjero, que crearon más de un millón de empleos, y constituyen el segundo generador de divisas después del petróleo, pierden competitividad. La razón es simple: los obreros mexicanos ganan tres dólares y medio por hora, y los chinos o indios, cuarenta centavos"8. Las nuevas privatizaciones (electricidad y… petróleo), los nuevos impuestos al consumo, el desempleo galopante, el deterioro salarial, han repuesto a la orden del día la crisis política: el PRI ha vuelto a ganar las elecciones legislativas, en julio del 2003, y el Congreso ha trabado el "plan de reformas" de Fox. Sobre todo, han abierto un nuevo capítulo de la lucha de las masas, con la concentración de más de 150 mil manifestantes en el Zócalo, a fines de noviembre del año pasado. La rebelión de Chiapas, por lo tanto, abrió una etapa política que plantea una salida revolucionaria en el talón de Aquiles, en el bajo vientre del imperialismo norteamericano. Para que eso suceda, debería superar las limitaciones insalvables de su dirección, o direcciones. Después de 10 años de luchas y masacres, el zapatismo no ha visto realizadas ni las más elementales de sus reivindicaciones (el reconocimiento de los derechos indígenas sobre sus tierras). Hasta sus más ardientes defensores reconocen que "el aterrizaje (del EZLN) en la escena política nacional ha terminado por capotar"9. El proletariado y el campesinado mexicanos precisan de una política independiente, que sólo podrá ser realizada por su propio partido, planteando su unificación nacional, la unidad con la revolución latinoamericana, y la alianza de ésta con el proletariado norteamericano, que es la gran misión histórica de la revolución mexicana. El programa del zapatismo está lejos, y es contrario, a esos objetivos. Ha ido cayendo en un impasse creciente, que ha tratado de resolver por medios simbólicos, de los que se apropió una (centro) izquierda oportunista que fue, inicialmente, cuando el EZLN encabezó una lucha de masas, su detractor. El balance del zapatismo es un elemento esencial de la formulación del programa de la revolución socialista, latinoamericana y mundial, y debe ser el contrario de su apología oportunista por la llamada "izquierda alterglobalizadora". Notas: 1. El adjetivo no se refiere apenas a la nacionalidad, citemos por ejemplo: John Holloway y Eloína Peláez. "El zapatismo cumple diez años". Clarín, Buenos Aires, 30 de diciembre de 2003; o Bernard Duterme. "Diez años de zapatismo en Chiapas". El Dipló, Buenos Aires, enero de 2004. 2. Cf. Osvaldo Coggiola. "La crisis mexicana y la guerrilla zapatista". En Defensa del Marxismo nº 10, Buenos Aires, diciembre 1994. 3. Cf. Osvaldo Coggiola. América Latina: mudanças políticas recentes. Estudos nº 18, San Pablo, Universidad de San Pablo, diciembre 1990. 4. Henri Favre. "Chiapas 1993: intento de análisis de una situación de insurrección". Cuadernos Americanos nº 91, México, UNAM, enero-febrero de 2002. 5. Carlos Fuentes. "A morte do medo". O Estado de S. Paulo, 13 de Julio de 1997. 6. Maurice Lemoine. Nouvelles guérrillas dans le Guerrero mexicain. Le Monde Diplomatique, París, noviembre 1998. 7. José Balp. Anatomía del megafraude. Umbral nº 12, México, marzo de 1999. 8. El País, Madrid, 23 de junio del 2002. 9. Bernard Duterme, op. cit.

1 de abril de 2004
Programmatic Theses for the Fourth International (CRFI)

[ Versión en Español ] A new stage in the epoch of the agony of capitalism 1. The characteristics distinguishing the present historical stage were determined from the time of the dissolution of the Soviet Union and by the restoration of capitalism now in course, in varying degrees, in Russia, in China and in all of the former degenerated worker states. Although they never left the framework of the world capitalist economy, which they could not have done either, their disappearance has widened, geographically and socially, the domination of capital on an unprecedented scale. The capitalist restoration has reinforced competition within the world working class as hundreds of millions of workers reenter the world market. The expropriation of capital, by limiting that competition through revolutionary means, had signified progress in the struggle of the working class against the capitalist class for the allocation of world income. 2. The restoration of capital in the former worker states put an end to a long series of attempts by the proletariat to overthrow the bureaucratic regimes through revolutionary means. The political revolutions against the governing bureaucracies of all the former worker states, between 1953 and 1989, debuted as a rebellion of the productive forces that had developed in the framework of the planned economy against its deforming and strangulation by the counterrevolutionary bureaucracies. However, following the growing economic, political and diplomatic alliances of the counterrevolutionary bureaucracy with imperialism, those revolutions were transformed, objectively, into a rebellion of the productive forces against world capital. The capitalist restoration signifies, as a whole, that is, independently of the partial and relative results it may have had in this or that country, a historic regression of the productive forces imposed by the socially existing relations. The entrance of the bureaucratic regimes into the international system of foreign debt; the increasingly frequent accords of their governments with the FMI; the international treaties which committed the bureaucracy to the defense of property and of the capitalist market (Helsinki, 1975, the ceding of Hong Kong, 1982), were further manifestation of the tendency of the bureaucracy towards capitalist restoration. The disintegration of the state apparatus in China and in Poland, in the framework of the “cultural revolution,” the former, and factory occupation towards the end of the seventies, the latter, marked the turning points that left the “transitional” social regimes without a ‘third option’ between the restoration of capitalism and the proletarian revolution. This revolutionary crisis not only reflected the exhaustion of ‘socialism in one country’ but also the overall impasse of world capitalism. They took place when the so-called international economic ‘boom’ of the post-war had drawn to a close and a decade after the international crisis of 1971-75 that initiated a relatively prolonged and extended economic decline. 3. The restoration of capitalism, which is in its initial stages, has widened the radius of exploitation for international capital. The opening up of the former worker states has offered capital a new possibility for exploitation, involving hundreds of millions of people (China) or the possibility of appropriating, moreover, a sophisticated technical park (Russia). But this onset of a solution for the saturation of the world market has been accompanied by a greater saturation of that same world market itself. It occurs that in close connection to this widening, competition has intensified between the international capitalist monopolies who have in their sights the conquest of those new markets and a new division of the world market. The greater geographic mobility gained by capital has accentuated competition within the proletariat on an international level. Competition between workers is made manifest, indirectly, through the exploitation of the productive forces and cheaper workers, and, directly, by the wave of immigrants towards the metropolis. In the backward countries relative overpopulation resulting from the collapse of small production and the agrarian crisis is worsening, while in the metropolis a marked social degradation is made manifest. Since capital faces the capitalist restoration with methods of its own, its fundamental tendencies have also been reinforced: concentration of wealth at one pole and social misery at the other; accentuation of economic anarchy and, as a result, of financial and commercial crises; liquidation of the intermediate strata and of small production; sharpening of the agrarian crisis and a rise in peasant uprisings; a greater limit placed on the independent development of the backward nations. In the end, driving towards new wars and new revolutions. With the capitalist restoration, the historical crisis of capitalism has not attenuated but instead has sharpened. Because the collapse of the degenerated worker states is processed in the framework of the tendencies of the world capitalist crisis. From the former East Germany to Russia a true degradation in the level of civilization is unfolding. In China, the invasion of foreign capital has burst wide open the breach between the world economy and the historic backwardness of China, giving way to development as explosive as unilateral, but which provokes, together with an enormous polarization of wealth, the demolition of the state economy, still the most prevalent, and a gigantic agrarian crisis. The most advanced economies, on their side, suffer a series of financial crises each one wider and more intense than that which preceded it, drawing monopolies and entire nations into bankruptcy and social and political upheaval. For the first time the survival of the European Union as a political entity is threatened. The historical crisis of capital has advanced various rungs up the ladder, which has reinforced the tendency towards the creation of revolutionary situations and of social revolutions. The tendency of capital towards its own dissolution is thereby made clear for all to see. 4. The stage opened by the collapse of the degenerated worker states has dissolved the system of international relations established by the accords of the post-war and, with it, has generated ever deeper international crises. The exhaustion of 'diplomatic architecture' of the so-called 'cold war' is an expression of a new stage in the overall relations between the social classes. Those parties responding to the international apparatus managed by Moscow have failed in their prolonged attempt to recycle themselves into 'national' reformist parties and in general are in a state of disintegration. In the same way, numerous client states of the Russian bureaucracy have fallen, especially in the Balkans, the Middle East, Central Asia and Africa. The capitalist restoration in the former USSR has not only provoked a generalized economic disorganization, but has also sparked the emergence of all the national antagonisms which lay beneath the surface in its police state. The nations of Central Asia and of the Caucasus have turned into a gigantic field of dispute for world imperialism. On the plane of international political relations the new stage is characterized by generalized state crises and wars on all the continents. II. The ideology of imperialism in the current stage 5. The characterization of the stage in course, effectuated by official and semi-official academia, as a 'globalization' (referring to capital) adorns the capitalist restoration of the former worker states with a progressive historical character. The globalization of capital, however, is a phenomenon which reached its historic apogee a long time ago with the complete formation of the world market and the emergence of imperialism. It expresses the decline of capitalism, not its ascent. The historical regression that has a point of culmination in the capitalist restoration now in course, had its beginnings in the bureaucratic counterrevolution, which was nothing more than the expression of the pressure of the world capitalist economy upon "socialism" isolated in "one" or various historically backward countries. 'Globalization' as restoration of capital where it had been expropriated does not constitute an advance but rather a historical step backwards, and conveys, on the one hand, the loss of historic and social gains in those countries as well as on an international level. 'Globalization' is the ideological expression of the destruction of socialism as a perspective, which was an historic conquest of the proletariat during two centuries of class struggle. It adjudicates the transitory victory of capital over the non-capitalist social regimes led by a bureaucracy, to a capacity of capital for indefinitely revolutionizing the productive forces. This hides, on the one hand, the inner contradictory character of capital and, on the other, its historically conditioned character; the fact that the advance of science and technology, driven by capitalism, not as a conscious social aim, but rather due to the necessity of increasing the exploitation of another's labor, strengthens its contradictions and makes them ever more explosive. The euphemism 'globalizing' makes an attempt to place an equal sign between the liquidation of the pre-capitalist economic forms carried out by world capital in the historic epoch of its ascent (liberalism) and the destruction of the state-owned property and of the planned economy in the stage of monopoly capital in disintegration. It presents the capitalist unification of the world market as a perspective still to be completed, and not as a reality which has exhausted its historical possibilities and which breeds explosive economic crises, greater social catastrophes and even more destructive wars. ‘Globalization’ denies that capitalist restoration has a transitory character, whose outcome will be determined by the unfolding of the present world crisis. 6. In the same way 'globalization' as an ideological fiction has the aim of covering up the whole set of dislocating tendencies proper to world capital. For example, the incredible extension of fictitious capital (indebtedness both public and private, of investors and consumers, financial and speculative), which far exceeds capital in its material form and which leads state budgets to ruin. The development of fictitious capital under the form of an unprecedented extension of the capital markets constitutes a powerful means of additional economic confiscation of the workers, of the intermediate social strata, and of whole states. The so-called outsourcing or sub-contracting, another characteristic of the much touted globalization, does not represent a new historical phase of industrialization pushed forward by the drive for the international division of labor, but rather a parasitical development of the big capitalist cartels, which substitute the industrialization of the backward countries with the implanting of maquiladoras (giant sweat shops) and assembly plants, in order to exploit cheap manpower and to loot the resources of the nations involved. The end result of these tendencies as a whole is the chronic overproduction of goods and capital, the tendency towards economic depression, the generalization (this indeed global) of deflation on an international scale and the highest and most permanent level of workers unemployment in the history of capitalism. The so-called globalization 'globs' together all forms of capital as 'global' capital, but hides, in this way, its specific historical phase, that is the exceptional level reached by its parasitical and rent-income based development. 7. Capitalist development in the last few decades has reinforced the contradiction between the world-wide character of the development of the productive forces and of the market, on the one hand, and the national character of capital, the monopolies and the States. That is, that there has been an accentuation of capitalist anarchy. The reinforcement of the nationalization of capital unmasks the non-neutral character of such apologetic expressions as 'transnational,' 'multinationals,' or 'globalization.' The nationalization of capital is made manifest in a special way by the supremacy acquired by US capital, above all in investment banking. The European Union has failed in its attempt to create specifically European capital in opposition to US and Japanese capital and even in reference to the national capital of the respective European states, that is, the French, the Italian, the German and even the Greek. The national atomization of monopoly capital in Europe has not been overcome either by the creation of a Central Bank nor by a sole currency; the latter has exacerbated the contradictions in its national economies, as a consequence of its accentuated inequalities of development. The attempt to establish its own reserve currency, in competition with the dollar, is a distinguishing manifestation of the national rivalries of capital and constitutes a constant source of international clashes, diplomatic confrontations and even wars through interposition (within and without European frontiers). The coalition formed between various economic cartels of different nationalities has, almost unanimously, a transitory character. It is the manifestation of the clash of some national blocs against others, which disintegrate in turn with each manifestation of the general economic crisis. The national states are more than ever tools of the monopolies in struggle for supremacy over the world market. This phenomena has accentuated with the policy of 'free commerce,' which deprives the weakest nations of the possibility of protecting themselves through measures of a political nature and leaves them at the mercy of arbitration among the few more powerful nations, especially the United States. 8. The formation of the European Union has not been a lineal historical process. It has represented, in different stages, the attempts at survival and adaptation of the European imperialist bourgeoisie to the changing conditions of the world crisis. Under similar denominations, it has represented different social and political phenomena. Whether to contain social revolution in the post-war; whether as a framework permitting the reestablishment of the old national states exhausted by two world wars, as the only concrete forms of the political domination of capital; whether to solve the crisis of overproduction through the partial elimination of commercial barriers; whether as a political method to unify the offensive against the workers after the end of the post-war 'boom' and the start of the present stage of crisis; whether to organize the struggle with US capital in the context of this same world crisis; whether as an attempt, finally, of the most powerful states, especially Germany, to adapt themselves to the collapse of the USSR and of East Europe and to annex the new markets of the East and Russia. European imperialism has mounted a series of "corridors" (transport, roadways, pipelines), with the purpose of connecting western Europe with the Caucasus and even with central Asia, passing through the countries comprising the peninsula of the Balkans. Under the pressure of the world economic crisis and of the struggles of the workers, however, the centrifugal tendencies tend to predominate more and more over the centripetal. The utilization of national rivalries by US finance capital tends to fracture the European Union. The growth of this inter-imperialist struggle conditions the world political crisis as a whole. From the Balkans, Russia and the Caucasus to the Far East, Iraq and Palestine, the crisis, the national confrontations and the wars express, more and more, the growing opposition between European capital and states, which are also divided amongst themselves, and those of the US. The manifestations of a tendency towards the dislocation of the European Union has been accentuated, sowing confusion among those who consider it irreversible and augur it infinite progress. 9. The centrifugal tendencies and the growing clashes with US imperialism has affected the rhythms of development of the political crises, with a special impact on the old continent. This overall tendency condemns to ridicule those who argue in favor of completing the development of imperialist Europe with a "more democratic construction." The penetration of European monopolies in the Eastern countries has reinforced the imperialist tendency of the EU, sharpens competition among the international cartels, and accentuates the growing social dissolution of the Balkans and the East and strengthens the offensive of capital and its States against the conditions of the proletariat in the West. The economic crisis that provoked the bursting of the US financial bubble in the early part of 2002 has manifested itself most acutely in the European Union, especially in the tendency towards economic depression affecting Germany, France and Italy. The loss of positions of these countries in the world market, for the benefit of US capital, has given rise to an acute tension between the bourgeoisie and the proletariat, because European capital cannot deal with international competition without severely curtailing the social and labor gains of the masses. The attack against social security and health has opened up a stage of violent class conflicts in Europe. The 'space' for a 'democratic construction,' that is, within the imperialist framework, grows smaller all the time. Idealized by its apologists as a way of overcoming the limits imposed by national frontiers on the development of the productive forces, the European Union has rapidly shown itself to be a brake against that development. In a certain sense, explodes the attempt to fit in a single institutional mold the sharp inequalities in capitalist development that characterize the EU. The IV International denounces the imperialist character of the European Union and of its purpose of Eastern expansion; emphasizes that imperialism poses a tendency towards political reaction and not towards democracy; points out that it has failed in its attempt to overcome the historical stumbling block of national frontiers in the development of productive forces, and even more so, that it has created additional stumbling blocks that have to do with its historic artificiality; and clearly underlines the fact that the imperialist tendency and the tendency to accentuate its contradictions lead to an intensification of the class struggle inside Europe. This set of factors reinforces the tendency towards serious political crises in the European countries and even towards the posing of the question of power. The IV International inscribes within this framework the political crisis of April 2001 in France, when a political liquidation of the traditional parties of the right and left wings took place, in combination with huge mass mobilizations, especially of the youth. Laid bare, in this crisis, was the depletion of imperialist democracy. On this basis the IV International denounces the reactionary character of the slogan for a democratic and social European Union, and puts forward the total validity of the union of the European proletariat for the expropriation of capital and the establishment of the United Socialist States of Europe. 10. The world economic phase initiated around the time of the seventies is not only to be distinguished from that which took place in the post-war by an inversion of the tendency of the general curve of development of production. It is characterized, above all, by the cyclic recessions of explosive characteristics which combine with financial crises of unusual amplitude, as a consequence of the bursting of the speculative 'bubbles,' of the extraordinary indebtedness of the States, and that of individual capital and consumers, with which the priming of economic 'recovery' is being attempted. The financial collapses over the period of 1997 to 2001 bring to a close the extraordinary speculative cycle initiated with the 'euphoria' sparked by the dissolution of the USSR. The world economy, as a whole, is characterized by the tendency towards greater financial crises and deflation. World politics, in turn, is conditioned by these tendencies of the economy. 11. The war of the Balkans, Afghanistan, Iraq, the Caucasus, Palestine and various African countries has inaugurated a stage of imperialist wars of international scope, which completely refutes the universalist pretensions of 'globalization,' its idyllic character, that is, as purely 'economic' and 'pacific,' or the 'naturalness' of the supremacy of capitalism in the present historical stage. The 'practical' and ideological collapse of 'globalization' is expressed in the resurgence of its formally opposed expressions, such as 'clash of civilizations,' the need for 'national constructions' or the term 'international terrorism' as a world war which does not present itself as a confrontation between states. This new wave of war is but the preliminary stage of a new period of massacres. That is, apart from anything else, an eminent expression of the quagmire of capital. It does not involve simply a commercial rivalry over oil and the raw material markets of Central Asia. It is an irrefutable manifestation of the fact that capitalist restoration is a process of violence and wars. Its guiding thread is the struggle for economic and political conquest of the space left by the dissolution of the Soviet Union and for control over the capitalist restoration in China. The hegemony over the capitalist restoration by any one of the blocs in dispute would decisively break the equilibrium of the relationship of forces among the various imperialist powers. The struggle for the conquest of the eastern markets of Europe and Asia tends to transform itself, for this reason, into an inter-imperialist struggle without parallel in history. This inter-imperialist struggle, the expression of an enormous crisis in the relations between the classes within each of the states, will come to augment the crisis and the struggles between the classes in all nations, including the semi-colonies. From an overall historical point of view, the present stage forms part of a whole epoch, that starts with WWI and the revolutions following it, fundamentally the revolution of October of 1917. The mortal contradictions of this epoch, between the imperialist wars and revolution, found no way out in the course of WWII. On the one hand, the victory of the Red Army over Nazism, the Chinese Revolution, the extension of the USSR towards the east of Europe and various revolutions in the colonies placed a limit on the solution based in the restoration of capital in the Soviet Union. On the other hand, the defeat of the revolution in Europe, the re-establishment of capitalism hit hard by war and the prolongation of the domination of the counterrevolutionary bureaucracy in the worker states blocked the historic way out for the socialist revolution on an international scale. In the last phase, the political revolutions, the fall of the bureaucracy and the world capitalist crisis trashed 'peaceful coexistence' or the 'convergence of systems.' The current historical period poses the alternative between the complete restoration of capitalism through the barbarism of wars and social degradation for the masses, or the definite victory of the socialist revolution, which is likely to be reinforced by the disasters occasioned by the capitalist restoration and which, therefore, could find more than ever fertile ground within the imperialist nations. The reformists and the centrists have been too quick to judge as cancelled the epoch of wars and revolutions and to pontificate the aurora of an "infinite peace." III. The leadership of the proletariat 12. The crisis of leadership of the proletariat has been the decisive factor of the crisis which humanity has entered. In order to overcome this crisis of leadership, at the present time the question of reconstructing the leadership of the world working class comes to the forefront. A long period of time and the experience of several generations have passed since the vanguard of the working class could still speak in the name of a historical leadership of the revolutionary proletariat. The defeats suffered by the working class, from those which destroyed its organizations, to those political, and no less profound, has made itself manifest in a backward movement in the class consciousness of the masses; finally the defeat of the political revolutions has been brought about and, as a consequence of this, the disintegration of the worker states. In the popular camp there has been a revival of petite-bourgeois nationalist tendencies in its most backward and even reactionary forms. The so-called traditional political organizations of the working class are found, in most cases, to be overrun by the bourgeoisie, including the imperialist bourgeoisie; the Stalinist parties have been painfully recycled into pro-imperialist democratism. There is no manifestation in the heart of the traditional organization of the irruption of the combative workers movements or of any real tendency that demands from within a "return to the historical origins." The organizations claiming to defend, in one way or another, the IV International, have succumbed to this step backwards in class consciousness and take on the role in most cases corresponding to the democratizing or nationalist petite-bourgeoisie. This occurs even where the defense of bourgeois democracy and of national identity are reactionary, as in the case of the imperialist powers. The long decades that have passed since the bankruptcy of Second International placed on the table the crisis of leadership of the international proletariat and since the founding of the III and IV International, have left a great temporary vacuum, that is, theoretically and organizationally, for the new generation of the proletariat. The reiteration, by some groups, to the effect that they represent revolutionary continuity, is nothing more than a petition of sectarian faith, which has served to hide diverse kinds of ideological degeneration. The subjective conditions for the reconstruction of the Workers International, whose most developed programmatic point is still condensed within the transitional program of the IV International, has suffered a considerable setback, which can only be overcome in the framework of the international class struggle taken as a whole which increasingly characterizes the stage now in course. 13. Since the mass demonstration of Seattle, in 1999, a great international movement of struggle against imperialism has been placed in evidence. This irruption constitutes one of the most noteworthy expressions of struggle in the present world crisis. The anti-globalization movement debuted denouncing "the dictatorship" of the organizations of international finance and commerce, but right away also motorized huge mass mobilizations against the imperialist war in the Balkans and in Iraq. Objectively, it has been a factor of popular intervention in the political crises that have affected the imperialist powers involved in the war. Although the presence of working class youth predominates in the anti-globalization mobilizations, the proletariat does not intervene in it as a class, with consciousness as such, that is, with its banners, its demands or even with its organizations. When on some occasions the trade union bureaucracy appears, the aim is to drag the movement into the camp of imperialism. There is no doubt, however, that it constitutes a stage in the maturity of the current generation of workers. The 'pluralism' alleged by the movement is no obstacle for the predominance within it of a perfectly organized political current which puts forward the regulation of finance capital and pacifism understood as a factor of pressure of 'public opinion', even pro-UN. Since within this current there participate, however, diverse tendencies, including the Unified Secretariat, the degree of its incoherencies is enormous. For example, it opposes agricultural free trade, alleging defense of the thinly sparsed French peasant, but supports free trade when it is proposed by the underdeveloped agricultural countries, managed by Cargill or Dreyfus. It denounces international organizations who are in charge of the regulation of capital but itself demands that regulation in order to confront the growing capitalist anarchy and even to put an end to poverty. It rejects 'globalization' in name of the defense of 'national identities,' but confronts nationalism, even of the oppressed nations, invoking the need for "another globalization." It is both "identitory" (tribal) as well as cosmopolitan and liberal (imperialist). It criticizes FTAA but defends Mercosur, which, dominated by the big corporations, has no other aims than those of serving as a bridge towards a trade alliance with the United States or Europe. Its international forums are more and more turning into podiums for the representatives of imperialism, especially European, and as a go-between for "dialog" with the 'forums' also held by the banks and big capital. 14. The pro-imperialist course of the PT of Brazil has been a huge political blow that the current defending the so-called capitalist anti-globalization has preferred to ignore. The prior experience of the African National Congress of Nelson Mandela, which governs on behalf of the big South African monopolies, is, however, defended by the leading tendency of the 'anti-global.' Bertinotti, another of its leading swords, is intent upon reaching an agreement for government with the imperialist Olivo. This current, which has re-baptized itself with the name of "another globalization," is internally incoherent even in its pacifism, since one sector invokes it in Iraq but not in the Balkans and only up to a certain point in Afghanistan. It proposes to combat the violence of war with pacific methods, but above all as a 'pluralistic' movement of opinion incapable of transforming itself at all into a factor of combat and as an alternative to the imperialist governments that drive the war. The 'alterglobal' characterizes itself as movementist ('movement of movements'), that is, as opposing the building of an international party, especially a class struggle one. That is, it lacks a proposal of power and avoids the means to struggle for power and combats them fiercely. Functionally it benefits established capitalist power. It confesses, in this way, to refusing to play an independent role in the world crisis and that it will not be able to intervene in it except empirically or circumstantially. The "alterglobal" is determined in its denial of the possibility of revolutionary situations born of the decomposition of capital. It denounces the attempts to convert them into revolutions and into the historical path towards the taking of power by the working class. Its "Trotskyist" wing (USec) adds, from its own harvest, that the world revolutionary epoch initiated with the Revolution of October has concluded. This posing of the question comes from Euro-communism, in 1970, and before it from the theory of "socialism in one country." However, even in a period of capitalist restoration, of backward movements in class consciousness and of the loss of historical gains whose achievement marked a long epoch of the world proletariat, the insurmountable contradictions of capital lead to the creation of revolutionary situations, which can only be resolved in a favorable manner for the working class if they are transformed into proletarian revolutions and in the context of the taking of power by the workers and for the establishment of the dictatorship of the proletariat on the world plane. 15. The experience in government of the PT marks the fatal bankruptcy of all the political currents that continue to defend the Forum of San Pablo. The Forum of San Pablo has become the principal factor of containment of the struggles of the workers and of political demoralization of those in struggle. In Brazil, it has formed the government having the greatest concentration of direct capitalist representatives in the whole history of the country. In the recent Bolivian revolutionary crisis it played a decisive role in order to channel the existing leadership towards accepting a constitutional solution, and has even been transformed into a direct link between Evo Morales and imperialism. It has not even taken a position of unconditional defense of the government of Chávez in Venezuela, on the contrary it has been the vehicle for the 'mediation' of imperialism in the Venezuelan crisis. Going beyond even the Argentine government, that of Brazil is to be found in the front lines of the military occupation of Haiti. What is occurring with the PT repeats what has occurred with the former guerrilla fronts or former Stalinist parties in Central America, especially the FSLN, in Nicaragua, and the FMLN, in El Salvador. The destiny of the Brazilian PT confirms the pro-imperialist nature of the professional petite-bourgeoisie that has passed over from foquism to democratism, on the one hand, and the potentially counterrevolutionary character of the bureaucracy formed in the trade unions, on the other. From the programmatic point of view, it places in evidence the pro-imperialist character of the democratizing proposals, that is, which postulate the possibility of social progress within the constitutional frameworks of the oppressed countries, that is, those who through an absence of national independence and of internal capitalist development have not conquered the historic premises of democracy. The PT has transformed itself into a party worthy of the total confidence of the bourgeoisie and imperialism after a prolonged period of integration of its cadres and bureaucracy into the State, which was covered cosmetically by the theory in fashion, as an expression of a "great capacity for political construction." The political participation of the democratizing left in the institutions of the capitalist State has once again been revealed as a powerful factor of political degeneration. The parliamentary and municipal participation of the Partido Obrero , ever since the Constituent [Assembly] of Santa Cruz in 1995 and the 2001 elections in Salta and in Buenos Aires, has served the revolutionary utilization of the institutions of the state and the revolutionary development of consciousness and organization. The political bankruptcy of the PT has given rise to a process of differentiation within the democratizing left, one up till now of reduced scope. It is not a socialist differentiation, either, because it does not criticize the democratizing programmatic foundations or the opportunistic political conditioning with gave birth to the PT (to displace the workers mass struggle to the electoral arena and to organize the proletariat within the framework of 'institutional normalization' initiated by the dictatorship of that time). Also absent in this differentiation is the comprehension of the potentially revolutionary character of the situation as a whole in Brazil. The leadership of the PT adjudicates as a fundamental aim of its rise to the government the avoidance of a revolutionary situation which might bring about a financial bankruptcy. That is, to combat the 'danger' of an 'argentinazo,' which it later saw confirmed in Bolivia. In the political crisis provoked in the Latin American left and in the workers movement by the pro-imperialist government of the PT (and which will have a new edition in the government of the Frente Amplio in Uruguay) we promote the construction of revolutionary workers parties, on the one hand through the implacable criticism of democratism or nationalist anti-imperialism of bourgeois content, and on the other by developing agitation in the working class and the masses, especially among the most exploited, such as the unemployed and the landless peasants, on the basis of a program of immediate fundamental and transitional demands. In the face of the experience of the PT and the Chavez bourgeois governments, in Latin America, we demand the expulsion of the capitalist ministers from the governments headed by the left; the breaking of all ties with the IMF and the repudiation of the foreign debt; the nationalization of the bank, of the big monopolies and of the land, under workers control; the confrontation of capitalist sabotage through the occupation of plants and factories and workers administration; the replacement of the armed organizations of the bourgeoisie by the armed organizations of the workers and peasants; and a continental action of struggle for the Socialist United States of Latin America. IV. A stage of imperialist wars and of international struggle against the war 16. The imperialist war in the Balkans has initiated a new world-wide period of international crises, wars and revolutions. The IV International places no equal sign, as does pacifism, between the different classes of wars. It denounces that wars are the product of a given social regime and express the explosive character of its contradictions, and not at all a particular tendency of any one government. They are born of the capitalist regime of production and of the rivalries among the different capitalist groups and are an instrument of economic domination and national oppression of imperialism. The IV International combats imperialist war with the method of social revolution. The IV International points out the obligation of characterizing wars according to the social structure of the nations pitted against each other. It combats wars among imperialist nations through the organization of civil war of the exploited against the dominant bourgeoisie of its own country, on the one hand, and through the revolutionary collaboration with the workers of the 'enemy' countries, on the other. It also combats wars between oppressed nations as reactionary and calls for fraternization between its workers and for a united front against imperialism. We denounce the narrow appetite of the local bourgeoisies and their manipulation by imperialism in order to reinforce the prevailing semi-colonial domination. The IV International unconditionally supports wars of the oppressed nation against imperialism and participates in practical fashion on the side of the oppressed nation. In the same way it supports the organized and mass struggle against the military and political efforts of imperialism against the oppressed nations. Among the latter it supports all political and military collaboration with the tendencies combating imperialism with popular methods and effectively collaborates with them without resigning at any time its political independence. The national situations where the oppression of world-wide imperialism is combined with a colonial or internal national oppression, by the local bourgeoisie or even petite-bourgeoisie (such as, for example, in the Balkans, in Syria and in the countries of the Persian Gulf), are only distinguishable by differences of degree from the oppressed nations where bloody dictatorships dominate. In all these cases we support the unity of struggle against imperialism, including collaboration on a practical level with the local oppressors against the international oppressors, without resigning at all, or at any moment, the demand for national liberty and political democracy against the native oppressors. The defeat of international capitalist imperialism is the necessary condition for the conquest of national liberty. We defend the unity of the peoples of the former Yugoslavia against NATO, as well as national liberty for the Kosovo's, Macedonians, Montenegrins in the framework of a socialist Federation of the Balkans (with Albania, Rumania, Greece and Bulgaria). We promote the unity of all peoples comprising Iraq against the Yankee imperialist coalition, and the national liberty and self-determination, for example, of the Turkoman and Kurdish peoples. We denounce the insurmountable limitations of the Kurdish enclave supported by Yankee imperialism in Iraq and the insurmountable contradictions, from the point of view of the Kurdish nation, assumed by the purpose of integrating it within an Iraqi federation under a US protectorate. The national liberty and unity of the Kurdish people assumes, primarily, the right to free unity with the Kurds of Turkey (as well as those of Syria, Iran and Iraq), a right which is incompatible with the domination of Turkish capitalism, of Yankee imperialism and of NATO. The expulsion of imperialism from Iraq demands the mobilization of all the exploited of the Middle East for national independence and liberation, and brings to the forefront the struggle for a Socialist Federation of the Middle East. 17. The national self-determination, unity and independence of Palestine constitutes the historic center of the question of the Middle East. The war of Iraq is inscribed within the framework of the repeated attempts by imperialism to liquidate national Palestinian rights. Imperialism has grafted onto the Middle East a monstrous client state, the Zionist State, which is located on the antipode of national liberation and development of the peoples of the region. The national independence of the Middle East is incompatible with the Zionist State; the defeat of imperialism in the present war would sweep it from the meso-oriental scene. The struggle of the Palestinian people resumes the historical determination for national emancipation of the Middle East. It has won this right in its live struggle against modern imperialist oppression. Zionism has no progressive national character; its historic task has been the economic and territorial confiscation of the native peoples, financed by an international agency which is the proprietor of 99 per cent of the soil it occupies. Zionism constitutes a counterrevolutionary obstacle for the free and universal development of the Jewish people. The social situation of the Jewish masses in the Zionist state has worsened enormously, on the one hand as a consequence of the international economic crisis, and on the other as a consequence of economic competition between immigrant workers, Arabs and Jews. The new mortal impasse which confronts the Jewish people can only be resolved by means of the union with the Arab workers in order to destroy politically the Zionist state and forge a single socialist Republic of Palestine on the whole of its historical territory, on both sides of the Jordan. The IV International denounces the position which upholds that the gigantic militarization of Zionism opposes an insurmountable barrier against Palestinian national struggle and condemns the Palestinian masses to a long historical compromise with Zionism. On the contrary, we emphasize the historical artificiality and fragility of Zionism and point out that its destiny is conditioned by the outcome of the world crisis in course. The political struggle against Zionism is not restricted to the region of the Middle East but instead should have an international character, as much among those faithful to Islam as among the Jews, especially the workers and the youth. The struggle against racism and anti-Semitism should serve to unify Islamic and Jewish workers and to advance the cause of the expulsion of world imperialism and of Zionism from the Middle East. 18. The IV International denounces the imperialist and oppressor character of secularism in the States which have left behind them long ago their epoch of national formation and combat against the clergy, and are, at the present time, oppressor states of nations and nationalities. Religious neutrality in the imperialist States, in the same way as that which occurs with democracy, has an oppressor content. It is an arm of combat, not against the clergy and clerical obscurantism, but instead against atheism and science. It is also an instrument of struggle for the confessional faiths of the oppressor nations against the confessional faiths of the oppressed nations. 'Occidental' secularism also acts as a cover up of the ties that are reinforced daily between the states and the official historic church, as is the case with the Vatican. Given the hegemony of finance capital, these ties are historically closer at present than in the epoch during which the separation of church and state had not been sanctioned. A whole spectrum of corporations and foundations, which finance the unstoppable progress of the clergy in the fields of education, culture and social welfare, assure an increasingly close relationship between the clergy and the democratic state. The offensive of the French imperialist state against the youth and workers who do not share the established religious beliefs, especially those who are obedient muslims, is a tool of capital against the unity of diverse sectors of the proletariat and reinforces the communitarian tendency of those who are not followers of the official religion, such as, for all practical purposes, Catholicism. The secular imperialist states arm themselves with religious neutrality, not as a means of struggle against obscurantism but instead against atheism and communism. The circumstance according to which that neutrality may enter into conflict with extremist confessional tendencies does not attenuate at all the fact that it is a means of cultural and political domination of the imperialist bourgeoisie and also of the official religion, through the support it receives from finance capital. The same aims of dividing the working class finds expression, especially in the imperialist or developed countries, the promotion of "multi-culturalism" by the State, alleging the need to protect ethnic or religious "diversities." The aim is really to confine the immigrant workers and their descendents into a kind of ghetto, controlled by a bureaucracy under the tutelage of the state, and to dissimulate in this way the brutal discrimination of which they are made object both from the point of view of formal rights as that of social conditions. The IV International call on the working class of the imperialist countries to strengthen its ties with the workers faithful to Islam through a common class struggle against capital and to make use of that struggle and of the organization it demands in order to emancipate themselves and their class brothers from all kinds of religious obscurantism, first of all against the dominant church, and from all communal clerical domination. The IV International calls on workers of non-Catholic faiths to not be fooled by the demands for cultural equality and to put into the foreground of their efforts and their struggles for social demands, against capital, equality of access to the gains achieved by the workers of the country in the course of a long historic struggle. The IV International highlights as an example the persistence, the opposition of the masses of Bolivia to Catholic clerical domination, and calls for it to be made a banner for the participation of millions of indigenous peoples in the social revolution and in no way for the defense of ethnic individualism which has no positive future under capitalism. 19. The IV International rejects any form of political subordination of the Arab workers and peasants with respect to their bourgeoisies and feudal classes, propitiated in the name of unity of the Arab Nation, and emphasizes the importance of political struggle against the exploiters taking into account the peculiarities of the different Arab states. It underlines, fundamentally, that the struggle for national emancipation can only triumph through the taking of power by the workers, that is, that we place into the foreground the struggle for the overthrow of the Arab bourgeoisies and feudal classes and their government. Palestine national liberation is confronted by a colossal crisis of leadership; the totality of its petite-bourgeois leadership has passed over into compromise with imperialism and with Zionism itself. The so-called Palestinian Authority is a political barrier for the struggle against Zionism and for the struggle to unite the workers of the whole region, especially Syria, Lebanon and Jordan, against imperialist oppression and the semi-feudal, bourgeois or petite-bourgeois dictatorships. The IV International places all of its energies into the construction of a revolutionary workers party in Palestine. 20. In the context of the present international wars, we denounce the collaboration between imperialism and the pro-restoration bureaucracy of Russia in the war waged against the Afghan nation, manifest in the leasing or ceding of military bases to NATO in various Central Asian countries. This collaboration was purchased by the Russian bureaucracy in exchange for its 'right' to continue one of the most cruel and heartless wars in course, against the Chechnya nation and people. We also denounce that this war of oppression is carried out in the framework of an unfinished negotiation between the Russian bureaucracy and Yankee imperialism, capable of detonating new regional wars of international scope, for the economic and political carving up of the region around the Caspian Sea and the Caucasus, particularly in relation to the exploitation and transport of oil. The IV International supports the guerrilla struggle of the Chechnya people against the Russian oppressor, supported by the European Union and the United States, for its right to national self-determination and independence. The IV International calls on the peoples of the Caucasus to struggle in common both against Yankee imperialism, NATO, the European Union and the Russian bureaucracy, and for the construction of a Socialist Federation of the Caucasus. 21. The fundamental field of struggle against the war should take place in the imperialist metropolis themselves. The struggle against the war has given place to extraordinary mass mobilizations and to the onset of political crisis of the imperialist governments. This is already happening in Spain and Italy and to a somewhat lesser extent in Great Britain. The war has a confiscatory effect upon the peoples of the nations of Europe, whose states cannot deal with the growing budgetary deficits (Italy has begun to put on sale its cultural patrimony!). The booty imperialist war offers does not compensate the cost it occasions for the hard hit national budgets and the worsening of the bankruptcy of the pension and health care systems, both public and private, especially, even, that of the latter. The monopolization of the principal business deals of the war by US monopolies and the wastefulness of the United States in financing the war and priming an economic recovery through a rise in the public debt, accentuates the vulnerability of the European states even more. These contradictions are intensified, in their turn, by the sharpening of rivalries between Yankee imperialism and, in particular, the French, German, and, in part, English imperialisms. In this way, there is a mounting accumulation of the action of those factors precipitating even greater political crises and popular movements of struggle of even greater importance. The IV International underlines the incapacity of pacifism to end wars which are inevitably born of the regime of exploitation of man by man, and denounces, on the one hand, its homeopathic character, as well as its anaesthetizing character, on the other. We revolutionaries fight in favor of converting the crime of the war into more and more intense political crises in the metropolis, especially by highlighting before the masses that those growing political crises are the inevitable consequence of its anti-war and social struggles and that they represent not only the lesser evil in relation to liberty of action aimed at by the bourgeoisie to continue their wars, but also the most favorable framework within which to put an end to war through workers revolutionary action. In the practical struggle against the war, the IV International puts forward the strike and the boycott against the sending of military troops from the imperialist countries, develops agitation against imperialism within the armed forces and demands the immediate nationalization without compensation of all capital promoting war, under workers control, starting with the arms industry, but equally in the oil and pharmaceutical industries, as they have been denounced internationally. To the extent that there is a growth in consciousness and organization of the workers, these political crises should be turned into revolutionary crises. The struggle against the imperialist war puts back into the foreground the class struggle in the advanced capitalist nations. 22. Imperialism has carried out the war up till now under the sponsorship, cover and protection of democracy. It has had no need to recur to fascism. Not only this; it has acted, moreover, to contain and dissipate pro-fascist or national-imperialist outbreaks, as has occurred in Germany, Denmark, France and Austria. It has preferred political rotations from the center-left, to extreme right-wing coup d'etat. The present day pseudo-fascism, on the old continent, has a limited field of action because it represents a tendency of nationalist opposition to the European Union, which continues to be the principal arm of the bourgeoisie in its struggle for a place in the world market and with which to dispute the capitalist restoration in the east. The bourgeoisie is not tending, in Europe, towards a war among its national interests, but rather is oriented towards the creation of a political directorate of its strongest states. Imperialism, in its metropolis within and without Europe, considers itself better served, for now, by democracy. This shows the degree of class collaboration of Social Democracy, the trade union bureaucracy and the left leaning petite-bourgeois. Far from being the price of liberty that the workers bureaucracy might have placed on its imperialist bourgeoisie, it is an extortion of imperialism to keep it hostage of imperialist politics and war. Democracy is not at all a synonym of peace when it comes to bourgeois democracy and even less so in the case of imperialist democracy. Imperialist war and democracy are reciprocally conditioned, however, by the capacity to keep the "social peace" in its metropolis. To the extent that the capitalist contradictions and those of the war itself undermine that "social peace," the democratic regime is seen as compromised. The possibility of regulating or buffering the objective contradictions of capital is outside the reach of the workers bureaucracy; so, if it still wishes to keep the "social peace" under less favorable conditions, it must have recourse to dividing the masses confronting the capitalist offensive, to the paralysis of the workers organizations and their complete and total capitulation before the bosses and the State. This is what the trade unions and the left in Europe and the AFL-CIO in the United States have done. Since the mid-nineties the leadership of the US trade unions has been in the hands of a reformist and center-left leadership, which even went so far as to flirt with the mass demonstrations "against globalization." A left wing of this leadership attempted to bring to the fore the construction of a Labor Party. This new leadership has been a strong bastion of Yankee imperialism during the whole course of the present world crisis. The extent to which "social peace" is undermined in the metropolis is given by the growing impoverishment the masses, on the one hand, and in particular, following an ascending curve, mass unemployment of a chronic character, and a strong tendency towards limits placed on democratic liberties, on the other, with characteristics proper to the police State, advanced in name of "the struggle against terrorism." From the US Pentagon, especially, the aim is to turn anti-terrorism into the pretext for the complete subordination of the armed forces of the other countries. Due to all of this, while we denounce the complete dependence of bourgeois democracy upon imperialism, we call to struggle for the defense of formal democratic liberties and the freedom of organization in the imperialist nations, especially including the defense of the unrestricted right to resist wars and ethnic or national oppression by revolutionary means. We denounce the campaign "against terrorism" as one led against the national independence of the historically backward nations. We denounce that the political reaction in the metropolis feeds from national subjugation and we point out that the struggle for the emancipation of these nations is the highest form of combat in favor of formal democracy. V. The inconclusive character of the capitalist restoration 23. The enormous advance of the restoration of capital in the former worker states in no way signifies that it is a historical process that has been concluded. The theoretical importance of this characterization resides in the fact that it conditions the characterization of the world capitalist crisis as a whole. It is necessary to distinguish between the stages that characterize the development of capital and especially the way the various stages are interwoven. In this consists, precisely, the concrete historical analysis. The unprecedented transfer of state assets to a handful of private hoarders has not yet taken away from the state bureaucracy born of the old regime (with reference to the bureaucracies of the capitalist countries, even the most nationalized) its place of exceptional arbitration. This is very clear both in China and Russia, but is also valid up to a point for some countries of East Europe. In Cuba that arbitration is the most autonomous. In Cuba the restoration of capital has followed the road of limited foreign investment and there has virtually not been any transfer of state properties, although the public economic assets are found mainly in the hands of one corporation, the armed forces, which forms part of the State, but which is not the State itself. In China, an enormous penetration of foreign capital has taken place and huge private capital has been amassed, but the economic assets of the State still prevail over private capital, especially in the banks. In the former worker states private capital prospers, but a capitalist class has not yet been formed. The mediation of private capital is predominantly carried out through the bureaucracy and is conditioned by the administrative disposition of this bureaucracy. The parliaments do not constitute, at all, representation, that is, political mediation, of the capitalists as a class. Neither does there really exist a comprador capitalist class having the monopoly over relations between capital and the international markets, on the one hand, and the domestic market, on the other; in China, Russia and Cuba that mediation is operated, at least predominantly, by the State bureaucracy. The monopolization of state property may be a step in the direction of the forming of a capitalist class, but is not synonymous with it. Capital continues to be formed, in the domestic market, through the looting of the assets and resources of the State. Although with shades of grey that vary considerably, capital is not yet the dominant social force, that is, capable of effectively subordinating all forms of social work towards the accumulation of capital. In China, where this social intensification of capital is greater, this role is played by foreign and not national capital (the most developed manifestation of Chinese national capital takes place in Hong Kong and spreads to the coastal regions to the south). The own contradictions inside these linked social formations, "sui-generis," of the transitional capitalist regimes, have had an exceptional manifestation in the semi-confiscation of the Russian oil cartels Yukos and Sibneft, by the State. The government of the Russian bureaucracy postulates itself as intermediary between international oil capital and Russian oil resources. It has been forced to proceed in this manner due to the immanency of a property transfer of the Russian oligarchy, without capital with which to compete in the world market, to international oil capital. The international political crisis has intervened decisively in this partial expropriation of the oligarchy, whenever the resources, the transport and the methods of distribution of gas and oil poses international crises in the Far East, regarding the supplying of China and Japan; in the Arctic, regarding transport to the United States; in Central Asia and the Caspian Sea, regarding its deposits; in the Caucasus regarding transport to Europe, which is also determinant with the pipelines that pass through Byelorussia and the Ukraine. As was the case during all its past, Russia is once again incapable of relating to the capitalist west through socially independent capital. 24. The question of property has not been resolved, at least in Cuba, China and Russia, the most important nations in revolutionary political history. In Russia the huge technological industrial complexes, the crown jewels of the former USSR, continue, partially or totally, in the hands of the State. In the former Yugoslavia in limbo still are the state sovereignties and the territories, some of which even appear to be protectorates. Between the process of privatization that characterizes the capitalist restoration and the present privatizations in the bourgeois nations there exists much more than a difference of degree, first of all because of the sheer scale, secondly because of its weight in the world economy and in the redistribution of power among the international capitalist monopolies, thirdly because a social catastrophe is implied for tens and hundreds of millions of people. In China the capitalist transformation of property has been facilitated by the absence of a large modern industrial state, at least in comparison with that of Russia. But still to be resolved, on the one hand, is the destination of the financial and credit monopoly still in the hands of the State, and, on the other hand, that of the agricultural property of hundreds of millions of peasants that exploit the land in the form of use leases. The state banks are bankrupt, with heaps of unrecoverable loans equal to the Chinese GNP. The privatization of the state banks presupposes a statement of partial financial bankruptcy of the State, but also poses the threat of the collapse of tens of thousands of industrial companies bankrupt, with the inevitable consequences of tens of millions of dismissals. A state rescue of these companies would not only pose the catastrophic perspective of hyperinflation but also an international financial catastrophe which would result from the withdrawal of capital in foreign currency that China has invested in the public debt of various capitalist states. The extraordinary contradictions characterizing the restoration of capitalism will be exposed under the fire of the imminent international financial crises now foreseen, as was already made clear, on a much smaller scale, in 1997-99, when the Asian crisis provoked the Russian crisis and the downfall, in good time, of Yeltsin's government. The perspective of the agricultural privatization is already giving way to the expulsion of the peasants from the land at the hands of the local bureaucracies who exploited them up till now mainly through the confiscatory means of taxes, rates and the levying of tribute. In China the concentration of land property is already in motion and, parallel to it, the intensification of the rebellions in agriculture. The granting of the constitutional right to private property is aimed at consolidating the legal superstructure for the process of financial, industrial and agrarian privatization, still in the early stages. The capitalist restoration could never be, fundamentally, an internal organic process. Capitalism has reached a historic level of development which puts fixed limit on that possibility. The capitalist restoration can only unfold as an international process, subject to the hegemony of finance capital. But international capital proceeds in its work according to its own nature. It is obliged to approach and condition the capitalist restoration to the international struggle for the control and hegemony of the world market and for the monopoly of the redistribution of influence that the capitalist restoration provokes in the world market. From here an important contradiction is put into motion; on the one hand, a tendency to rely on penetration into new markets in order to intensify competition for the monopoly of the existing world market and, on the other, a tendency to block the restoration of capital to attenuate that world competition and brake the entrance of new competitors. The foreign capitalist penetration in the former worker states has been driven up till now by the relatively lower price of labor power and of technological and natural resources, sharpening the competition on the world market among established capitalist monopolies. The massive economic re-colonization of the domestic space of the former worker states is in great part conditioned by the outcome of the commercial, financial and political rivalry that has sharpened, among those monopolies and among their respective States. In sum, the capitalist restoration constitutes a concrete historical episode of gigantic crises and revolutions. 25. The workers of the former worker states have before them a spectrum of political tasks: 1. The struggle against the bureaucracy, because the looting of the bureaucracy in order to accumulate privileges has not disappeared but rather has accentuated as a consequence of the tendency towards the restoration of capitalism; 2. The struggle against the restoration of capitalism, because, on the one hand, the privatization of the properties of expropriated capital is still in its infancy and because, on the other hand, the privatizations constitute a long process of struggle against the workers by the capitalist that has taken possession of the state property in order to adapt the exploitation of labor to the new conditions of production and the new conditions of the market; 3. The struggle against capital. The IV International rejects the positions that: 1. call for the defense and even for the support of the bureaucracy, attributing to it the character of a partial limit against capitalist restoration and a moderator of its tendency towards the intensification of exploitation. We emphasize, on the contrary, the accentuation of the parasitism of the bureaucracy and of its own exploitative tendencies, as well as a tendency towards close relations with international capital. This distorting position concerning the role of the bureaucracy is made manifest mainly in relation to Cuba, to a lesser extent in China and has reappeared in Russia in the aftermath of the friction between Putin and the oligarchy that was created in the period of Yeltsin's government. In conformity with the peculiarities distinguishing the different countries and even taking into account the characteristics of the political situations of the moment, the IV International puts forward the overthrow of the existing bureaucracy and their replacement by workers and peasants governments that put in place once again the dictatorship of the proletariat, confiscate the bureaucracy and expropriate capital and establish a system of government by workers councils. 2. oppose to the integral privatization of state property the establishment of a mixed or cooperative social regime, alleging that the association with private capital is indispensable in order to overcome the historical backwardness that the bureaucracy was incapable of solving or could have worsened. The perspective of a brief or relatively prolonged association with international or even national capital in the economic terrain, at the service of a historic cause of progress is, however, conditioned by various factors: one, that the negotiations be carried out by a workers government and not by the bureaucratic dictatorship; two, not only national but international considerations, first of all the state and the perspective for victory of world revolution. The social character of a transition is determined by the character of the State; when the latter has passed over into the hands of the bureaucracy, the mass privatization becomes a guarantee, not of the old social conquests, but of capitalist acquisitions. 3. attribute the destructive results of capitalist restoration, both real and potential, exclusively to the survival of the bureaucracy and to the fact of there not having been established an effectively representative democracy. Actually, however, no representative democracy has ever been able to do without, historically, a bureaucracy and, moreover, the political history of democracy, that is the domination of civil society, has been nothing more than the persistent control over civil relations by the state. The demand for formal democracy has been, throughout the process leading up to the capitalist restoration, the ideological mechanism that has hidden the expropriation of the state assets by the bureaucracy, the private monopolizers and international capital. The pretension of evicting from history the great social revolutions of proletarian content of the 20th century, especially the revolution of 1917, by means of a painless process, pacific, or gradual, has already failed. Due to the set of factors conditioning it, the restoration of capital will have to give way to gigantic international social and political commotions. In any case, a victory for capitalism would only have the effect of delaying the march of the timepiece of history. That victory would restate the struggle between capital and labor in new historic conditions; that is, the competition, the concentration of wealth in few hands, the socialization of production, the crises, the unsolvable contradictions of capital, in sum, a new period of socialist revolutions. VI. The social crisis in the developed capitalist countries 26. The most forceful expression of the world crisis is the incapacity of the bourgeoisie to sustain labor legislation and the regimes of social protection, which have been the main popular gains won by the revolutionary struggles of the pre- and post-war. This incapacity obeys a phenomenal fall in the rate of profit, historic, of capital. This fall is a reflection of the incapacity of capital to reproduce itself on its own basis. The overcoming of the crisis of capitalist accumulation demands a drastic increase in the rate of exploitation of the proletariat. From here spring the tendencies towards labor flexibilization in its diverse forms and mass unemployment. From here also springs the tendency towards the liquidation of social protection (health, pensions), because it forms part of the price of labor power that it is necessary to reduce drastically. The crisis of the state budgets are a reflection of this situation. The state attempts, first of all, to deal with the crisis of capital through the transfer of the tax burden to the consumers, the privatization of the economic assets of the State and through public debt; in extreme cases, through inflation and hyperinflation. Afterwards, the burden of the interests and of the debt and the limits of a greater tax burden pose crises for state finances and public services. Privatization represents the attempt by the bourgeoisie to associate the financing of social security to the cycle of capitalist profits and liquidate, in this way, its character of legal norm which makes the State responsible for the social protection of the workers. In times of crisis, the 'ideal' of the bourgeoisie is to associate the price of labor power with the movement of capitalist profit (that is, losses). From here arises the most extreme proposal for determining wages as a part of profits. Growing unemployment and the relative fall in wages bring about a considerable reduction in contributions to the various forms of social security. Privatization accentuated, in many countries, the crisis since it left the state with less financing for public security. It constituted a formidable instrument of confiscation of the workers, because the resulting revenue financed big capitalist business deals and unprecedented financial speculation. The stock market crash of 2000 in turn provoked the collapse of the privatized systems of social protection, especially those covering benefits and pensions. The current picture is one of simultaneous bankruptcy in social protection, both state-run and private. Regarding health, costs have gone up enormously due to the super-profits of the pharmaceutical monopolies and the privatization of medical attention, which upon adopting a character of capitalist business signified at the same time an enormous increase in cost. The apologists of capitalism attributed this crisis to the relative aging of the population, from which is derived the need to increase the age of retirement. The fallacy of the thesis is proven in that the simultaneous increase in unemployment and upping of the retirement age simply meant an increase in mass unemployment. The protection denied to the one who should be retiring should be destined to the unemployed; the sums total correctly only by abandoning the unemployed. The reciprocal dependency between the collapse of social and labor rights, on the one hand, and the capitalist crisis, on the other, is made manifest by the fact that as labor productivity increases, capital demands an increase in the workday and in its intensity and the reduction of wages. As the capacity for the creation of social wealth increases, the demand, by capital, for greater social misery also grows. It becomes clear, however, that the increase in the rate of relative exploitation of the worker (through best technology) and in the absolute (greater labor flexibilization) leads to a greater and greater limit placed upon the possibility of obtaining the higher value produced by capital. The way out of this contradiction, which will always be transitory, resides, on the one hand, in the restoration of capital in the former worker states and, on the other, in the devaluing of capital itself making its productive application more profitable. The first way out implies wars and international catastrophes, the second an unprecedented economic crisis, because the devaluing must be preceded by bankruptcy. 27. The defense of the social gains implied by the very life of the workers demands a struggle on a historical scale, which poses once and for all the overthrow of capitalism. This becomes even clearer after the failure of the failure of the attempts at compromise of the trade union bureaucracy, such as exchanging the continuation of social security in exchange for greater contributions of the workers, decrease in benefits or moving up the retirement age; or allowing collective bargaining agreements to descend to the level of the small and medium company. The IV International puts forward the defense of all these social gains through a system of transitional demands. Regarding social security we put forward nationalization without compensation of all the private retirement systems, under control of the workers. Retirement, a part of the wages of the worker throughout his life, should be paid entirely by the capitalists, as occurs with present wages. The possibility of increasing the retirement age could turn into a positive factor for human development in a social regime without unemployment, where the organization of work is under workers control and integrated with personal vocations, that guarantees education, health, and leisure time, that is, in the framework of a society open to a free decision-making process. Regarding public health we propose workers control of the pharmaceutical monopolies, state medical attention under workers administration and financed under the direct responsibility of the bosses. The defense of health and the workers retirement implies the questioning of the monopoly of capital. Faced with the scourge of unemployment, we defend, against dismissals, the sliding scale of wages (distribution of working hours in the company without affecting wages), but we add in the distribution of all working hours throughout all society, through a bourse nationale de travail or national labor pool, constituted by the unemployed according to their skills, specialization, residence, age and sex. If the sliding scale of hours presents a challenge to capitalist property in the workplace, the distribution of working hours throughout society presents it on the level of the whole State. In opposition to the tendency of capital to lengthen the workday, intensify its rhythm, interrupt periods of rest and vacations (annualization of the work periods), to establish non-union and unofficial labor contracts, reduce the minimum wage and wage scales, we say: minimum sliding scale of wages equal to the cost of a family's basic needs; the eight hour workday; collective breaks and vacations, the prohibition of dismissals; no time limit on labor contracts; workers control of working conditions through enterprise committees; collective bargaining agreements through worker representatives chosen and recallable in assemblies. The IV International denounces the limitations of the 35 hour work week agreed to in France, in 1995, because it granted as compensation the freezing of nominal wages, restricted the recognition of overtime and allowed its annualized calculation, permitting in this way the violation of the eight hour day and the right to collective vacations and holidays. In France, unemployment and precarious labor have grown and the general situation of the working class has worsened. For the reduction of the work week to be a real instrument of struggle against unemployment, it must be accompanied by the prohibition against dismissals and against the lengthening of the workday, or the intensification of its pace, with the sliding scale of wages and with workers control capable of determining whether the social result of the reduction of the work week has been a source of progress for the workers. 28. In the course of the present world crisis enormous social and national struggles have taken place, but the proletariat in the principal industrial nations have been relatively absent from them, with the partial exception of South Korea. Some important clashes are marking, however, a change in tendency, for example the occupations of Fiat in Italy in 2002, or those in course in the shipyards of Spain. But the social buffers of the class struggle are tending to dissolve, especially in Europe, because a more and more intense contradiction with capital has initiated. The IV International defends the need to occupy a place in the front ranks in all the struggles sparked by social or national oppression and by the side of all the classes, groups or nationalities that suffer oppression or injustice. The struggle against capital involves all the contradictions and antagonisms created or reinforced by world capitalist domination and among which a relationship of reciprocal dependency is established. If England had been defeated in the Malvinas, in 1982, let us say, the Thatcher government would not have defeated the British miners in 1985. The IV International participates together with the landless of Brazil, Paraguay or Argentina, the coca-leaf peasants of Bolivia and Colombia, the women murdered in Mexico or beaten all over the world, the immigrants without papers, the child slaves, the youth demanding the full right to education and the movement of workers, especially peasants, struggling for the defense and improvement of the environment, for the defense of personal rights of all kinds against the police State which is every capitalist state. The IV International intervenes in those struggles, not in defense of any one particular solution (which are not really that), but rather in order to produce a single international movement for the victory of the socialist revolution. Only participating in the struggles against all, absolutely all, forms of oppression may a workers vanguard claim its place in the combative ranks of the international industrial proletariat. The closing down of plants and factories and the tendency towards industrial crisis has brought to the fore the occupations of plants and factories and will do so increasingly in the future. The occupations of plants and factories have posed, historically, a series of questions, which are linked to the overall conditions of the struggle. When they are connected to economic bankruptcy, they oppose to the closing or massive dismissals the demand for the expropriation of the company and its being operated under the responsibility of the workers themselves. The IV International raises, in these circumstances, the expropriation without compensation of the capitalists, the confiscation of their private assets, the company being operated with state funds and workers administration of production. According to the level of generalization of the struggle, the formation of a front of occupied and administered plants and factories becomes the order of the day in order to demand as, alternatively, interest free bank funds for operating expenses under workers administration, the intervention of the workers in the administration of the banks and the nationalization without compensation of the financial system under workers direction. While it is clear that workers administration of a plant or factory or group of plants and factories has no future under capitalism, the IV International warns against the intervention of the state or even the nationalization of the plants and factories which are occupied or administered, because they imply a step towards the destruction of workers administration and, when the more general conditions are revolutionary or pre-revolutionary, an instrument against proletarian revolution. To the nationalization of administered plants and factories, on the one hand, and the individual way out of workers cooperatives or self-administration, the IV International opposes the alternative of the front of occupied and administered plants and factories; their intervention in the state and private banks, including the financial nationalization, in order to make workers administration feasible; its alliance with the workers movement as a whole around a common set of demands and in the perspective of a political mass strike. The IV International establishes the distinction between national bourgeois nationalizations against foreign capital, that has a relatively progressive character, and those directed towards substituting workers administration, which go against the possibility of the independent action of the proletariat. One task of exceptional importance in the present crisis is the organization of the unemployed. This organization not only attenuates the rivalry between the workers stimulated by capital but also tends to convert itself into a powerful revolutionary arsenal, given that the unemployed represent the hardest hit and most desperate sector among the masses and that which concentrates the dissolution of capital as such. This revolutionary potential explains the obstinate opposition of the trade union bureaucracy to their organization, which however is irreplaceable in order to accomplish the most prized union task of them all, which is the attenuation of competition among the workers. To the extent that the revolutionary vanguard makes the effort to organize the unemployed, by applying pressure in the trade unions and outside them, and converts this organization of the jobless into a movement of solidarity with the employed workers who struggle against lay-offs and labor flexibilization, that vanguard achieves an unprecedented closeness to the working class as a whole in the most advanced terrain possible. The fundamental demand of the unemployed is the right to life and to work, that is, unemployment insurance, on the one hand, and access to jobs, on the other. In the face of the attempts by the State to adulterate insurance for the unemployed in the form of clientele social welfare the IV International demands workers control, that is of the unemployed, over unemployment insurance and over any form of remuneration for the jobless workers. We denounce the World Bank and the NGO's who defend social welfare in order to control the unemployed workers and turn those social welfare plans into a form of social exploitation which competes with the employed worker. We denounce, fundamentally, the campaign of the international center-left, in particular that of Brazil, Argentina and France, that have made their own the demand of neo-liberalism for a minimum citizen's wage. This subsistence wage aims to turn mass unemployment into the 'status-quo' and to establish as a wage floor for labor power subsistence remuneration granted to the unemployed family. In opposition to these open or perverse attacks against the living conditions of the workers, the IV International struggles for an end to unemployment through the distribution of working hours, the minimum wage equal to the cost of a family's basic needs, unemployment insurance, the occupation of the plants and factories that close their doors, the sliding scale of working hours against dismissals, the adoption of plans of public works under control of the trade unions and the organizations of the unemployed, the progressive tax on capital and the centralization of all the resources necessary to confront the great social crisis in the hands of the organizations controlled or managed by the workers. The IV International calls attention to the exceptional activity of women and youth in the movements and organizations of the unemployed. This intervention obeys the fact that they are the hardest hit by unemployment. The action of the woman not only modifies the picture of the struggle of the unemployed but also the social atmosphere taken as a whole, that is, which represents a shake-up on a vaster scale, one which frightens above all the clergy and its followers. The presence of the unemployed woman in the class struggle tends to exceed the political limits of the feminist movement, by introducing in them the struggle against capital. The action of the woman has an influence also in the formation of the workers vanguard, on the one hand because it incorporates into its files a protagonist of greater revolutionary potential, and on the other because it corrects the tendency towards demoralization that unemployment, especially when permanent, makes manifest in the masculine proletariat. The IV International includes in its conclusions the enormous significance that the presence of the woman has in the struggle of the exploited, salutes its contribution and calls for the consequences it has for the reconstruction of the proletarian vanguard to be extracted. The attack against social security, the closing down of plants and factories, the greater labor flexibilization, the reduction of wages, will give rise to a period of important struggles for demands. The IV International calls, especially under these conditions, to participate actively in the trade unions, even the most reactionary; to form within them class struggle fractions; to incorporate the non-unionized into the struggle, demanding for them sovereignty in the making of decisions, by means of the regime of assemblies, the forming of strike committees, the organization of a coordination between the factories of the same region, independently of its union affiliation. On the basis of this method of intervention the expulsion of the bureaucracy from the unions is necessary together with the forming of class struggle and revolutionary trade union leaders. The persistence of the bureaucracy in the leadership of the trade unions in the course of the great workers struggles on the horizon compromises the possibilities of a victory over the bosses and the State. VII. The question of power, the party and the International 29. Taking the world situation as a whole, it is clear that the bourgeoisie cannot continue to govern as it has been doing, and that the general social conditions have become exceptionally hard to bear for the masses. The question of power arising due to these conditions will vary, even enormously, from one country to another, but a reciprocal relationship has been established between them. Imperialism's quagmire in Iraq has already created an important political crisis within the bourgeoisie of the US State and even within the Bush government. The same has occurred, even in a more accentuated form, in Spain, in combination with the biggest mass demonstrations against the imperialist war. The economic impasse in the European Union has resulted in a fracture of the Italian bourgeoisie and even a tendency towards the rupture of the pro-Berlusconi fraction with its own government, at the same time as the trade union mobilization is growing. The crises of the governments of France and Germany exist beyond all doubts, while important mass struggles are insinuated and at times sink roots. On another continent the imperialist pressure on Bolivia has given rise to, last October, a people's revolution. The disintegration of a brand-new government, that of Lula, is also made manifest. The collapse of Aristide has given rise to the military occupation of Haiti. The oligarchy favoring a coup against the Venezuelan Chávez continues to stir up the crisis and the mobilizations of the poorest masses in the country in defense of the nationalist government. Kirchner's grace period has virtually expired, after ten months characterized by a method of government of permanent crisis. The accumulation of financial tensions in the cauldron of the Far East has provoked the transitory destitution of the president of South Korea by the big national monopolies that feel their existence threatened by the penetration of US finance capital. The Middle East is a powder keg waiting to go off, especially Saudi Arabia, Iran and Syria. The IV International differentiates itself from other revolutionary and workers currents, first of all, in this characterization of the world situation. Taken as a whole, that is, in the perspective it offers and in the reciprocal relationships (among the nations and the classes), the world situation poses, with rhythms, historic characteristics and different peculiarities, as well as an uneven comprehension of the acting classes, the question of power. 30. On the basis of this characterization, the workers or workers and peasants government becomes fully valid as a transitional demand. This slogan signifies, first of all, a policy that consists in developing within the traditional organizations of the masses and in those created by them in the course of their struggles, the comprehension of the question of power being posed and of the fact that the real and integral satisfaction of the popular aspirations demand the taking of power by the workers. When in the course of the struggle itself and as a consequence of the experience of that struggle, those organizations conquer a position of overall political authority, the workers government is the demand we direct to those organizations to prepare the direct struggle for political power. The possibility, however, of the traditional leaderships taking up that struggle for power is remote or exceptional, even under the revolutionary pressure of the masses. The IV International warns against the danger of putting into the same bag what are the masses, their organizations and their leaderships, because as the general norm the relations between them are contradictory. The periods of political or revolutionary crisis accentuates those contradictions, because these periods are characterized, on the one hand, by a fundamental change in the consciousness of the masses and, on the other, by a sharpening of the sense of survival in the leaderships seated upon the old political relationships. In this sense, the demand for a workers government is the method the IV International utilizes, not in order to give a new opportunity for survival to the old leaderships, but rather to conquer the leadership of the masses and the organizations of its combat for the revolutionary vanguard. Even though parliamentarism has been in historic decomposition for a long time and the real government of the State is to be found in the hands of a handful of bureaucrats firmly interconnected with the principal capitalist trusts, parliamentary participation (and, as a result, election campaigns) is fundamental, including even during periods of a crisis of power or having pre-revolutionary characteristics. That participation should serve not only to amplify everyday political agitation but also as propaganda, that is as political education for the most militant workers. The circumstance of the parliament having turned into a cover for the conspiracy of the State against the masses (not at all into its representation), reinforces the need to participate in it in order to proceed with a methodical job of unmasking it. Without revolutionary work in the bourgeois parliament it is impossible to carry out true mass work. In the conditions in which the revolutionary vanguard, where it exists and acts, is extremely minority and its radius of influence is limited to a trade union audience, it is necessary to exploit all the opportunities to intervene in the election campaigns and in parliament. Trade union activism, even the most consequent, may become a synonym for economicist methodology; participation in the elections and in the parliament may serve, on the other hand, in order to unfold a really socialist policy, that is, related to the problems of capitalism as a whole, of all its social classes and the State. The historic subordination of parliamentarism with respect to direct action of the masses should not be confused with the underestimation of parliamentary action; that subordination simply means that the parliament should be used as a revolutionary tribune of propaganda, agitation and also of organization. Experience shows that the presence of the revolutionaries provokes in the masses an interest for parliamentarism that did not exist theretofore. These expectations constitute a step towards the exhaustion of illusions in parliamentarism, that had been under the surface. The presence of revolutionary legislators incentivates the popular tendency towards putting parliament under "street pressure," contributing in this way to direct action occupying the foreground among the people's methods of struggle. In numerous countries, the decomposition of parliamentarism, which is nothing more than that of the bourgeois state and capitalist society, is made manifest as "a crisis of political representation" or "a crisis of politics." This means that the exploited do not perceive the class character of parliamentarism, nor do they characterize the political crises in course as the result of the irreconcilable character of class antagonisms. This deforming becomes accentuated when the petite-bourgeoisie plays a political role disproportionate in relation to its weight in the social productive process. The crisis of power assumes in these cases a formal characteristic, that hides its fundamental social content. The experience of the recent crises and struggles have taught that, in such circumstances, the slogan of the sovereign Constituent Assembly could be capable of playing a great political role, understood, firstly, as the overthrow of parliament and the national and municipal executive institutions questioned by the "representative crisis" and, secondly, as a link to the workers government and the dictatorship of the proletariat, if it is driven by means of an overall program of transitional demands. The political weight of this slogan becomes accentuated in those countries in which parliamentarism and democracy have not grown roots, solid or otherwise, and where its long existence has combined with crises, coups and dictatorships, that is, where feelings in favor of universal suffrage are very much alive. The rapid decomposition of the State has determined that, in many countries, the need for a "political revolution" arises before the consciousness of the need for the social revolution. What is important is that, on the one hand, it serves to mobilize the masses and, on the other, it serves so as to be able to intervene in the crisis of power. What is important above all else is that it serve in order to bring the workers vanguard out of an exclusively propagandistic position when a political crisis is under development which is part of a historical crisis but which follows differentiated stages and rhythms, especially in connection with the comprehension the masses come to acquire from the events. The dissociation between the political crisis of the State and its concrete historical content of the agony of capitalism has given way to a current which opposes to parliamentarism "direct democracy." This is another episode in the saga that denounces bourgeois democracy for its representative character, that is, that delegates popular sovereignty to independent representation. "Direct democracy" tends to occupy, in public opinion, the place of "participative democracy" or "social" democracy of a recent past. In a regime that is characterized by social despotism (the absolute dependence of labor power, as a commodity, from capital, and the absolute dictatorship of capital in the workplace), direct democracy reproduces the fiction of the autonomous character of the individual which characterizes constitutionalism. However, in the epoch in which specifically bourgeois individuality is in ruins, "direct democracy" has less space than ever and is transmuted into the pretension of skipping over parliamentarism by means of the plebiscite. "Direct democracy," which is in relative fashion these days, has points of contact with anarchism linked to the petite-bourgeoisie, not to anarchism that was linked to the working class, which subordinated direct democracy to the social revolution, establishing a point of contact with the dictatorship of the proletariat. The workers government that has arrived into power in the struggle for the main demands of the workers and of the political crisis of the bourgeois State, is immediately confronted by the opposition of the whole of that State, which represents the dictatorship of the class of the bourgeoisie. The workers government can only be represented, then, as a brief interregnum towards the dictatorship of the proletariat. Its possibility of survival depends on disarming the bourgeoisie and on arming the working class, and on the expropriation of the principal capitalist cartels. Those, such as the Unified Secretariat, who have spoken of "workers power" but are opposed to the dictatorship of the proletariat, simply do not know what they are talking about. Actually they are telling a conscious lie. A "workers power" that refuses to disarm the bourgeoisie and to the arming of the masses, would never last. Given the circumstances of the crisis that determined its arrival as government, it would not have the opportunity of even being a executive of the bourgeois State, that is, a workers government of the bourgeoisie. A workers government emerging from a mass struggle for transitional demands will be confronted also by the whole of the State apparatus –its administrative, judicial, and municipal bureaucracy, and the corresponding legal apparatus. It must break capitalist power in the workplace, which is the real power base of capital. Obliged to break the state apparatus integrally, it sees itself equally obliged to begin to transform the social relations of exploitation upon which it rests. It structures, in this way, a new state in the form of a collective workers administration, which comprises the leading of the government in the charge of workers councils to workers administration in enterprises, health, administration, culture, and which is made manifest in an overall social plan. The breakdown of the division of labor between governors and the governed means the beginning of the dissolution of the state as such. Of all the tendencies speaking in the name of the working class, the IV International is the only one that struggles for a workers or workers and peasants government in its complete historical sense of the destruction of the bourgeois State and the establishment of the dictatorship of the proletariat. For the IV International, the workers government is a synonym for the dictatorship of the proletariat, and uses it as such in the agitation it carries out in the heart of the people. In the history of the IV International the demand for a workers government established in its founding program, became distorted early on. At least since the decade of the fifties it stopped being considered as a synonym for dictatorship of the proletariat and the demand for the government of traditional organizations was converted into the substitute strategy of the IV International. The next step was to raise the workers government on a parliamentary basis, as occurred with the Union of the Left, in France, since the end of the seventies (with the aggravating circumstance of it being a popular front with the radical party). With the euro-communist conversion of the Stalinist parties, the dictatorship of the proletariat was replaced on a theoretical plan by the theory of "socialist democracy," which reconciled the government of the workers with the parliamentarism and with the bourgeois State in general. "Socialist democracy" served to beautify the movement of the Moscovite bureaucracy towards the restoration of capitalism, which it did with the slogans of rule of law, constitutional regime, electoral freedom. In the rainbow of tendencies claiming to be Trotskyist there exist a wide range of positions on the State, but all have abandoned the demand for the dictatorship of the proletariat. The theoretical degradation has reached the extreme of some of those tendencies defending their national imperialist states, alleging that they represent conquest of civilization which must be protected against 'globalization,' on the one hand, and 'regionalization, on the other. The recent retirement, from the statutes of the Revolutionary Communist League of France, of the demand for the dictatorship of the proletariat, is the culmination of a long political evolution, involving not only the Unified Secretariat, but all the tendencies born of the split in the IV International starting in the fifties. The IV International rejects the identification of the dictatorship of the proletariat with the dictatorship of the bureaucracy. It is not only about a difference of methods between the two, but rather of social content, because the bureaucracy defends the dictatorship of the proletariat within the limits of its own privileges, which is to say, in defense of its privileges it combats the social and political supremacy of the working class. In defense of its privileges, it prepares the restoration of capitalism and is converted, as it has done, into the principal agent of that restoration. We also reject the identification, of the apprentices of human rights, of red or revolutionary terror and State terrorism, which is nothing more than the old vulgarity of putting on the same place revolutionary violence and violence of the reaction and of the capitalist State. Also where the proletariat has triumphed, the state exercising hegemony continues to be the capitalist state, made manifest by the international system of states and commits aggression against the proletarian state employing the organized force of the system of states established long ago. Every civil war obliges the revolution to militarize its institutions and, within these conditions, limits workers democracy, in the same way as in the course of any warlike action authority is concentrated in a single chain of command. The dictatorship of the proletariat suffers, then, the influence of the medium in which it is obliged to act. The dictatorship of the proletariat, as a workers democracy, flourishes when international development of the revolution is most open, the greater the economic and cultural resources inherited by the triumphant proletariat, the greater the political preparation and the school of class struggle wielded in the overthrow of the bourgeoisie. Every besieged city can become Masada. As Lenin said, the proletariat of the most advanced nations will get things done better. 31. Political struggle is a struggle between parties, the struggle for power even more so. Social revolution in general, and even more so the proletarian, is a historical phenomenon, that is which summarizes and concludes a phase of human civilization. It cannot be started without a consciousness of that character, that which becomes program. There may be mutinies and rebellions, and there are with extraordinary frequency when a given social organization enters its phase of decadence. But a revolution capable of putting an end to social domination and exploitation, is impossible without a program and without an organization. Capitalism does not allow the generalized development of general education or the political preparation of the proletariat; on the contrary it stimulates competition and rivalry among the exploited. Only on the basis of a workers vanguard can the task of forming a revolutionary proletariat be undertaken. Due to the unrivalled strategic role of the revolutionary party in the proletarian revolution, the struggle against the idea of constructing a party and against the party itself, is the ultimate resource of capital, which in this struggle manifests itself principally through the democratizing, or at most socializing, petite-bourgeoisie. Just as in the case of class collaboration, in general, and in the popular front, in particular, movementism is a last recourse of capital against the revolutionary proletariat. It is parties which must be built, not sects; revolutionary organizations, not parliamentary federations; organizations of combat, not simply of propaganda; with deep roots in the working class and in its history, as well as in the history of the masses of the country and of that country itself. National particularities play an exceptional role in the strategy of revolutionary parties. Taking into account these demands, the form of development of the revolutionary party recognizes all kinds of variations. In the current stage, one of enormous dispersion of the revolutionary vanguard, the IV International emphasizes the new revolutionary stage that has opened the present world crisis; underlines the fact that the capitalist restoration accentuates, in the last instance, this world crisis and develops revolutionary confrontations on a greater scale than those known beforehand, even in the developed countries; it underlines the validity of the historic programs of communism, from the Manifesto of 1848, the first four congresses of the Third International and the transitional program of the IV International; and calls on revolutionaries and their organizations to elaborate an international program that realizes the fundamental changes of the last decades. The reconstruction of the workers and revolutionary International is born of a clear historical affiliation, but it cannot defend organizational continuity. The Unified Secretariat of the IV International has become, at least as a whole, an appendix of the democratizing petite-bourgeoisie, even in the imperialist countries. The next workers International will be designed by historic events of extraordinary magnitude. It is idle to speculate upon its characteristics. However, it is not possible to struggle for that future International without a program and a party. Our call to re-found immediately the IV International signifies that we reject the policy of passive expectations in the great events to come. Hence our proposal to regroup the workers vanguard in an international party that struggles for the next great Revolutionary Workers International. In opposition to the method of the sects, which consists in conditioning the immediate re-founding of the IV International to a prior solution, purely literary at that, of the political differences that may exist, we raise the organization of an international revolutionary party, the IV, on the basis of an exact political delimitation regarding all divergences. To build the international party is the programmatic point that separates revolutionary Marxists from the sect.