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En Defensa del Marxismo N° 17

1 de julio de 1997 · 16 notas

Notas de este número

1 de julio de 1997
Argentina: Cortes de ruta, extranjerización económica, delincuencia política

En toda crisis de régimen está presente, de un lado, la exasperación de las masas con las condiciones de vida que este régimen les impone y, del otro, la descomposición creciente y aguda del gobierno y de los partidos que dirigen este régimen. Ambos extremos se encuentran reunidos en la situación actual de Argentina. Con el agregado de que las masas exasperadas comienzan, además, a definir lo que quieren y a oponer al programa de este régimen, su propio programa. Puebladas: la rebelión popular en marcha En la provincia de Jujuy, en Cruz del Eje, como antes en Salta y en Cutral Co y Plaza Huincul, las puebladas y los cortes de ruta expresan un fenómeno de conjunto la desesperación de las masas ante las consecuencias del plan en curso; la disposición de lucha que se ha apoderado de esas masas desesperadas; la aparición, con carácter tentativo o incompleto, de verdaderas reivindicaciones transformadoras o revolucionarias; el surgimiento, por último, de hombres, mujeres y jóvenes que se ponen al frente de esas luchas con una conciencia cada vez más precisa del conjunto de la situación. Repetimos lo que fuimos señalando a lo largo de estas puebladas: el pueblo lucha cada vez más; este pueblo que lucha se da cada vez mejores programas; con la lucha y la conciencia surge también una nueva generación de la clase obrera. Ha transcurrido poco más de un mes desde la pueblada de Cutral Co a las de Jujuy y Cruz del Eje. En las puebladas jujeña y de Cruz del Eje, los trabajadores desocupados enfrentaron los planes Trabajar combinados con la desgravación impositiva para los empresarios. Los trabajadores que están luchando quieren compromisos firmes; no quieren planes baratos sino un verdadero seguro al desocupado de 400 ó 500 pesos; reclaman la reactivación de los centros productivos, e incluso la estatización de los monopolios azucareros, agrícolas, comerciales o energéticos que dominan en esas regiones. Precisamente, por todo esto, la pueblada jujeña fue una victoria, o sea una plataforma para los demás sectores en lucha. No porque hubieran obtenido soluciones que el régimen menemista no puede dar. Los explotados de Jujuy obligaron, con su movilización, al retiro de la gendarmería. En segundo lugar, organizaron decenas de comités a medida que crecían los cortes de ruta. En tercer lugar, establecieron "mantener la medida de fuerza con la libertad de acción que cada piquete disponga". Ha quedado establecido un poder organizado de las masas, que permitirá ejercer una vigilancia popular sobre el poder del Estado y que servirá para impulsar movilizaciones futuras más profundas todavía, en la lucha por obtener una verdadera satisfacción a las reivindicaciones. Un programa: renacionalizar YPF; confiscación de los monopolios Las rebeliones populares de Cutral Co, de Tartagal, de Cruz del Eje, y el levantamiento del pueblo jujeño, pusieron al desnudo el carácter parasitario del monopolio capitalista. Los compañeros de Cutral Co, de Plaza Huincul y de Tartagal plantearon que hay que meter mano en las petroleras. Se trata de un acierto descomunal. Se estima que el 60% de YPF pertenece hoy a accionistas extranjeros; el grueso de sus acciones se comercializa en Nueva York. Mientras tanto, los supuestos beneficiarios de su privatización los jubilados y las provincias nunca estuvieron peor. En el trienio posterior a su privatización, YPF se alzó con beneficios netos por más de 2 mil millones de dólares, lo que significa que el gran capital financiero recuperó de un saque toda su inversión inicial. Pero esos beneficios no se reinvierten, y menos en Argentina. Según informes de la propia empresa, las inversiones cayeron un 22% en 1996 (ya habían caído otro tanto en 1995), debido a la estrategia de beneficios crecientes para los accionistas, que obliga a desviar recursos del área de exploración y producción. La caída de la inversión de la empresa, dicen esos informes, seguirá en 1997 otro 27%. Pero el 20% de esas inversiones se realizará en el extranjero; la inversión en explotación y producción doméstica, por lo tanto, se reducirá casi el 40% en sólo dos años. Se trata de una desinversión neta, pues supera a los beneficios, mediante un endeudamiento creciente de YPF, que pasó del 20% sobre el patrimonio, en 1994, al 39% en la actualidad. Tenemos entonces una política de sistemático vaciamiento y saqueo de YPF. El boom exportador canaliza esa desinversión. Los pulpos se han lanzado a una política de vaciamiento económico, para servir a los intereses de un puñado de grandes capitalistas que opera en Wall Street. Los principales proyectos de inversión de las petroleras son los oleoductos para exportar la materia prima en crudo a Chile, Brasil y Bolivia. Un proyecto que, como el plan Mega para Neuquén, "será la ruina para Cutral Co y Plaza Huincul … va a ser una catástrofe", según reconoció el propio gobernador. YPF no quiere industrializar intensivamente el gas, con el argumento de que "el precio promedio (en el mercado interno) está muy por debajo del precio internacional, a la mitad de lo que cuesta en los Estados Unidos". La privatización de YPF abrió la posibilidad de "transferir al extranjero la sede social, cambiar el objeto de la sociedad e incluso escindir a la sociedad en otras, cuando se transfiera a éstas el 25% o más de los activos". Pues bien, esto ya está ocurriendo: hace dos años YPF compró la petrolera Maxus, de Texas, lo que explica una parte sustancial del incremento de su endeudamiento. Ahora Maxus se asocia en los EE.UU. con Amoco, conformando una nueva sociedad, en la cual no quedan ya ni rastros de YPF. YPF se ha transformado así en una plataforma de operaciones internacional, al punto que ya en la actualidad, casi un tercio de sus proyectos de inversión y de sus operaciones se realizan fuera del país, operando desde yacimientos hasta estaciones de servicio en Chile y Perú, y hasta en Indonesia. Pero en Tartagal, por ejemplo, el 65 por ciento de la población está desocupada. No por la mayor productividad de las empresas, sino al revés, por su parasitismo: la materia prima no se industrializa y el beneficio de la exportación en bruto se destina a proyectos financieros especulativos. La mejor prueba de esto lo constituye la caída de las reservas comprobadas de petróleo, consecuencia de la baja actividad de exploración. Crecen, sí, las estaciones de servicio y los shoppings que las adornan. Toda la situación descripta plantea la necesidad de la renacionalización de YPF, como una reivindicación imperiosa del patrimonio usurpado. Hay que poner a YPF bajo control de sus trabajadores, replanteando la política de dilapidación de las reservas, por un plan de industrialización de los recursos nacionales, por la ocupación en masa de todos los trabajadores despedidos y su reinserción laboral. Por la duplicación de las regalías e impuestos pagados por las petroleras. Si en Salta y Neuquén, el pulpo YPF es el principal responsable del vaciamiento productivo y de la desocupación masiva de la población laboriosa, en Jujuy ese responsable es el pulpo azucarero Ledesma. En Libertador, Ledesma monopoliza la tierra de manera tal que no queda un pedazo libre para establecer otra fábrica o plantar un nuevo cultivo. La pueblada jujeña ha hecho evidente que hace falta una reorganización integral de la provincia que acabe con el monopolio y su correlato el monocultivo, para lo cual es necesaria la confiscación de los monopolios azucareros de Jujuy y de todo el NOA. En la Argentina neoliberal de Menem, de las privatizaciones y de la extranjerización, las masas han puesto sobre el tapete la irracionalidad de la propiedad privada de los medios de producción. Impasse política Ninguno de los partidos del sistema puede ofrecer la más mínima salida a las provincias arrasadas; no es ninguna casualidad, entonces, que las direcciones sindicales que responden al arco justicialista-radical-frepasista hayan traicionado alevosamente la huelga docente de Neuquén. El desmontaje de las puebladas se ha convertido en la preocupación estratégica de los capitalistas y de sus agentes. Por eso, Terragno y el Cavallo Alvarez dedican el espacio principal de sus campañas electorales a pregonar la necesidad de crear trabajos comunitarios, que no son otra cosa que un horrible plagio del plan Trabajar del menemismo o de los contratos precarios que reclama el Banco Mundial, pero aplicados a la obra pública. La misma receta reclama la CTA, aunque desde mucho antes que ahora: subsidios a los capitalistas que ofrezcan contratos precarios a los desocupados. La dirección de la CTA se ha opuesto con reiteración al seguro al desocupado, de 400 pesos; ni hablar de que los fondos de la deuda externa se apliquen a la creación de trabajo en lugar de dilapidarlos con los banqueros acreedores. Hay que remarcar que ese seguro ya aparece como reivindicación en todas las puebladas. En cuanto a la CGT empresaria, por su parte, ha establecido un acuerdo con el gobierno que consagra los contratos precarios, los convenios por empresa y la liquidación de la indemnización por despido. El visto bueno del Banco Mundial que recibió el acuerdo CGT-gobierno confirma, además, que en la cuestión clave de las obras sociales, la burocracia sigue el libreto del Banco Mundial. El acuerdo entre la CGT y el gobierno también recibió la bendición del clero, que se empeña en oponer el acercamiento al conflicto social, sin importarle que el acercamiento implique la liquidación de conquistas sociales y más desocupación, y el conflicto social haya obligado al gobierno a contemplar una parte de los reclamos de los desocupados. El planteo de la Iglesia ha oficializado la estrategia de toda la burguesía para contener la posibilidad de nuevas puebladas y para aislar las que no pueda evitar. O para contener y derrotar a las grandes luchas en la industria, como Atlántida, como Fiat, como Celulosa, como las fábricas del pescado en Mar del Plata, como Ford, Siderca o las metalúrgicas de Tierra del Fuego. Descomposición política La contrapartida de la fenomenal impasse del conjunto del régimen político frente a las puebladas que cruzan el país es la abierta descomposición del gobierno menemista. La incorporación de Yabrán al expediente judicial profundiza un violento enfrentamiento político, como se manifiesta en el pedido de juicio político al juez Bernasconi (un hombre de Duhalde) y en las investigaciones sobre el contrabando de armas en el que se encuentra involucrado Emir Yoma, un miembro clave de la camarilla menemista y contacto de Yabrán con el gobierno. Si se incrimina a Yabrán, la posición de la camarilla menemista (a la cual se lo vincula) se haría insostenible. Si no se lo incrimina, la posición de Duhalde para la sucesión presidencial quedaría liquidada. Dijimos a fines de enero que si el crimen se esclarecía, el régimen se caía; y que si eso no ocurría, se caería también. Con el involucramiento macizo de Yabrán, el manejo de los arrepentidos, de los alcahuetes, de los infiltrados y de los sobornados, ya no le deberá alcanzar a Duhalde para contener el desborde político de la causa. Pero al lado de Yabrán, aunque en otro banquillo, está Cavallo, quien se enfrenta a la posibilidad de la prisión preventiva en las causas que le abrió el menemismo. El peligro de un vacío político en el campo patronal crece con el correr del tiempo. El nombramiento de la mujer de Duhalde para encabezar la lista de candidatos bonaerenses del PJ, es una expresión de debilidad. Duhalde cree que lo que no podría su aparato, sus conexiones económicas, su dominio comunicacional o los fondos de la reparación histórica, lo podrá el carisma de su mujer. Los malabarismos de Duhalde para sobrevivir ahora incluyen la alianza con Cavallo y con Roberto Alemann; la entrega de Eseba en beneficio de la misma patria privatizadora que ha gobernado con Menem, y también ha anunciado la progresiva privatización del Banco Provincia. Esta política acentúa el hipotecamiento nacional y agrava las condiciones ya gravísimas de las masas. La situación económica Aunque los capitalistas rebosen de optimismo, un incidente reciente demuestra lo precario de tanta alegría. Una calificadora de riesgos alemana, seguida luego de dos norteamericanas, acaban de descalificar la solvencia de los principales pulpos capitalistas nacionales. Su argumento fue que la salud de esas empresas no podía ser calificada por encima de la que se atribuía al país en su conjunto. Si el gobierno no llegara a poder pagar la deuda externa creciente, dijeron, arrastraría con él a la mayoría, si no a la totalidad, de los florecientes grupos nacionales. La posibilidad de esa bancarrota está formalmente planteada, porque con 18.000 millones de dólares en el Banco Central, Argentina debe garantizar la convertibilidad de los pesos que circulan por el mismo valor y, al mismo tiempo, garantizar el pago de los 17.000 millones de dólares que, subiendo, vencen cada año en concepto de deuda externa e intereses; debe cubrir, asimismo, los 64.000 millones de dólares en depósitos bancarios. Esta crisis potencial explica el derrumbe de la mayoría de los capitales nacionales ante la absorción extranjera. Alpargatas fue absorbida por una financiera norteamericana; Antelo por Renault; Macri fue desplazado por Fiat, primero, y próximamente por Peugeot; Blanco Villegas vendió la mitad de Philco a Daewoo; a Soldati, de Comercial del Plata, sólo le queda vender la camisa. Antes, ya habían caído los principales pulpos alimenticios. Sin embargo, en ningún otro sector ha sido tan evidente y fulminante el retroceso de la burguesía como en el bancario. Con la venta del Banco de Crédito Argentino al Francés-Bilbao Vizcaya, del Río al Santander, del Roberts al Hong Kong & Shangai Banking Corp (HSBC) y del Quilmes al canadiense Nova Scotia, nueve de los diez bancos privados más grandes son extranjeros, con la única excepción del Galicia. Esta fuga obedece a la necesidad de cubrir quebrantos en otros negocios, como ocurre con Soldati y Blanco Villegas, en relación al Tren de la Costa o a Philco; o a la incapacidad de mantenerse en varios negocios, como sería el financiero y el energético (Pérez Companc). En el Informe Político al Vº Congreso, en enero de 1992, el PO refutó la tesis de que la convertibilidad y las privatizaciones de empresas públicas por parte de los pulpos nacionales, implicaban un fortalecimiento de la burguesía nacional. Puntualizamos que esos grupos se habían desplazado de lugares estratégicos, como Macri en automotores o Techint en siderurgia, a negocios como el cobro de peajes en rutas o el manejo de una línea ferroviaria, o sea, un retroceso industrial. Y que habían ganado las privatizaciones endeudándose, y abriendo su capital a la Bolsa. Pronosticamos que "al menor problema financiero, los bancos meten la mano en el capital de la burguesía nacional …" (pág. 20). Es lo que estuvo sucediendo y lo que ahora culmina. Explican este derrumbe la fuga de 8.000 millones de dólares durante el tequilazo de 1995 y la impresionante morosidad de la cartera de créditos bancarios. Las compras y fusiones de bancos no alteran este cuadro de crisis. Por ejemplo, de la fusión entre el Francés y el Crédito Argentino, a manos del Bilbao Vizcaya, "surge un banco con menor calidad patrimonial si se observan los ratios de calidad de cartera y la incidencia de la cartera anormal no cubierta con previsiones en relación con el total del patrimonio. La cartera anormal en relación con el total de financiaciones alcanza a 7,9%… Este tipo de consideraciones sobre la calidad de los activos resultantes de la fusión de los bancos es lo que lleva a las compañías calificadoras de riesgo a anunciar una revisión del rating asignado a los bancos involucrados" (1). A su vez, la calificadora de riesgos norteamericana Standard & Poors, le bajó la calificación, de "estables a negativas", al Banco Santander, "tras la adquisición por parte del Santander del 35% de las acciones del Banco Río, el principal motivo de la evaluación" (2). Los pulpos extranjeros remiten todos los años más de 2.000 millones de dólares a sus casas matrices, lo que deberá aumentar aún más, debido a la mayor extranjerización de la economía. Estos mayores giros de fondos al exterior profundizarán el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que ya tiene un rojo de 4.000 millones por año. Estos bancos tomarán los fondos locales y los invertirán en función de los movimientos especulativos que decidan sus casas matrices. La función de la compra de bancos no es acrecentar el ingreso de capitales, sino tomar los fondos en circulación y reciclarlos en función de los intereses de los accionistas extranjeros. La extranjerización abre un mayor canal para la fuga de capitales del país, y el peligro de que la cuenta de capitales también pase a ser negativa. Todo este proceso, lejos de reforzar la convertibilidad, es un factor de deterioro de las cuentas externas. Ante una nueva corrida o fuga de capitales, ahora los bancos extranjeros tendrán más peso que el propio Banco Central para determinar la suerte del peso. Es lo que está sucediendo en varios países del Sudeste asiático, donde los bancos extranjeros apuestan a la devaluación y libran una lucha contra los bancos centrales. Al mismo tiempo, en su nueva condición de rentista, y debido a sus negocios de exportación, la burguesía nacional, ahora con menos deudas, podría pasarse al campo devaluacionista. La ola de compras bancarias, que va más allá de la Argentina, ya que también involucra a Brasil y a México, forma parte del proceso de especulación que tiene lugar a escala internacional. Debido a la enorme inyección de moneda que impulsan todos los principales bancos centrales (en particular, la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco de Tokio, el Bundesbank alemán y el Banco de Inglaterra), y a los Fondos de Retiro a los que son forzados a entrar la mayoría de los asalariados, se ha producido un colosal abaratamiento de la financiación derivada a adquirir empresas, lo cual ha llevado a las Bolsas a batir récords de cotización bursátil. Lo que el titular de la Reserva Federal yanqui llamó "la burbuja irracional de los mercados". Este financiamiento inflacionario del movimiento de capitales financieros significa que los grandes bancos pueden tomar abundantes fondos en forma casi gratuita, recurriendo a la emisión de acciones e incluso de bonos privados. Por otro lado, existe una guerra entre los distintos sectores imperialistas por la colonización de América Latina. Que la banca española haya salido a jugar tan fuerte y con tantos riesgos, forma parte de ese proceso de rivalidad. "El debilitamiento de la burguesía nacional torna más frágil al gobierno nacional de turno, al reducir sus posibilidades de equilibrio frente a las presiones de los trabajadores y del capital extranjero", señalaba el Informe al Vº Congreso, de enero de 1992. El gobierno nacional se ha convertido en una mera oficina del FMI y del Banco Mundial; el debilitamiento de la burguesía nacional disminuye la capacidad del Estado para arbitrar los conflictos sociales; las decisiones se han trasladado a las casas matrices del exterior. La burguesía nacional se bate en retirada. Presión comercial y política del imperialismo En este cuadro, la lucha comercial de las distintas potencias imperialistas para monopolizar el país es un factor adicional de crisis. Desde 1990 en adelante, Estados Unidos formó el NAFTA con Canadá y México, y emprendió una gran ofensiva comercial y financiera en toda América Latina con las privatizaciones. América Latina se ha convertido en el continente donde más han crecido las exportaciones norteamericanas en el último período. Ahora pretende profundizar esta penetración mediante la conformación de un bloque comercial americano (ALCA), que relegue a un segundo plano a las potencias europeas y al Japón. El imperialismo norteamericano redobló justamente su apuesta por el ALCA a partir de la gran presencia de los capitales europeos en las privatizaciones de América Latina, las cuales provocaron también en Europa una explosión de exportaciones hacia Latinoamérica. El imperialismo norteamericano vio, y además con bastante desagrado, la firma de un preacuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. En una reciente reunión de ministros de comercio de toda América (con excepción de Cuba, que fue excluida), los concurrentes, sin embargo, no lograron ponerse de acuerdo por una sencilla razón. Estados Unidos propuso que hasta el año 2000 todos los países bajaran aún más los aranceles de importación, y que se incluyan en la baja los servicios y los derechos de patentes. Con esto, EE.UU. se quiere asegurar un nuevo boom de exportaciones hacia América Latina. Brasil, liderando una posición común a todo el Mercosur, retrucó que Estados Unidos baje los llamados para-aranceles, que son restricciones no arancelarias como las cuotas, o topes de importación. El argumento brasileño es que EE.UU. tiene aranceles bajos pero muchas cuotas. Tanto los brasileños como los norteamericanos coinciden en un punto. El objetivo que Estados Unidos persigue con el ALCA es, prioritariamente, el mercado brasileño. "Para los EE.UU., dice el conocido Henry Kissinger, el éxito económico del ALCA significa, básicamente, el acceso al mercado brasileño y, no olvidemos, a las franjas de los mercados latinoamericanos hoy ocupados por Brasil". Esto significa que un ALCA a la hechura de EE.UU. debería llevar a un desmantelamiento de las posiciones de mercado de la burguesía brasileña en una serie de ramas. Argentina está criticando a Brasil dentro del Mercosur, y hay quienes ya se interrogan "si la comunidad de intereses en el Mercosur justifica una política de bloque frente a los Estados Unidos". En las condiciones actuales del comercio mundial, sin embargo, una zona de libre comercio de las Américas ofrecería a los capitales europeos instalados en el sur, un acceso privilegiado al mercado norteamericano, aunque este privilegio sólo beneficie a un sector reducido del conjunto de la burguesía europea y japonesa. Esto explica la negativa del Congreso norteamericano a votar la "vía rápida", que es un procedimiento de negociación que autoriza al presidente a arreglar todos los aspectos de un tratado de comercio y restringe al parlamento a rechazarlo o aprobarlo en bloque. "Por primera vez en más de dos décadas, la rama ejecutiva carece de autoridad para buscar ya la expansión del NAFTA o las negociaciones comerciales con otros grupos regionales emergentes", reconoce Kissinger. Las burguesías latinoamericanas sufrirán toda la demoledora presión del imperialismo yanqui. En este punto, la burguesía argentina podría ser seducida fuertemente para romper el Mercosur. Los yanquis también se valdrán de la crisis financiera de Brasil para obligarlo a aceptar sus condiciones. Se pone de manifiesto, otra vez, la inviabilidad de las tentativas de unión latinoamericana, lideradas por las burguesías nacionales. Asamblea Popular Nacional Los dos polos fundamentales de cualquier crisis política que merezca plenamente ese nombre, ya se encuentran presentes: la veloz descomposición del régimen menemista, de un lado; la lucha popular, con levantamientos parciales incluidos, del otro. Cualquier política revolucionaria, en una situación de estas características, es ofrecer una perspectiva de conjunto, o sea de poder, para las masas que viven la crisis del poder oficial. Para eso, el Partido Obrero, junto con un conjunto de organizaciones obreras, ha llamado a convocar a una Asamblea nacional de las organizaciones populares en lucha, sean partidistas o no. Una asamblea nacional tendrá como tarea generalizar las experiencias y reivindicaciones populares, reunirlas en un planteo de conjunto. Pero no tiene que inventar nada; debe fecundar lo que la experiencia y la lucha ya van convirtiendo en conciencia política común de los trabajadores. El destinatario natural de esta convocatoria son las organizaciones obreras en lucha y los partidos de la izquierda. Pero esa izquierda, por sus limitaciones políticas, no está en condiciones de protagonizar un papel político eficaz en la próxima etapa. Esto es lo que se puso de manifiesto en el acto del 1º de Mayo. La mayoría de los partidos convocantes con la excepción del PO se negó a que el lugar protagónico del acto lo jugaran las organizaciones de fábrica o sindicales que promovieron las principales luchas de los últimos meses. Lo más grave, sin embargo, fue que se dejó pasar una oportunidad sin precedentes para establecer el principio de la acción común de las organizaciones obreras combativas, sean de partido o no sean de partido. Tal unidad habría servido para desarrollar la conciencia de clase de las organizaciones no partidistas y para romper el aislamiento pequeño burgués de la izquierda democratizante. Esa acción común es una respuesta a la bancarrota del MTA y de la CTA, en su pretendida oposición a la burocracia cegetista, porque apunta a construir un movimiento obrero políticamente independiente de la burguesía y de toda suerte de aparatos antiobreros. La salida a esta situación de impasse la ofrece la propia situación. Muchos trabajadores y jóvenes fueron a la Plaza a buscar a la izquierda, ignorando que la izquierda no se encuentra a la búsqueda de los trabajadores y de sus organizaciones. Es necesario encontrar los medios para desarrollar esta tendencia popular. Por eso llamamos a una Asamblea Nacional de todas las organizaciones obreras, partidistas y no partidistas, para discutir un programa que enfrente el conjunto de la situación actual. Por un lado, la necesidad de extender la organización de los desocupados, de preparar un congreso nacional de organizaciones de desocupados, de multiplicar los cortes de ruta, de romper el aislamiento en que se encuentran las luchas fabriles, lo que afecta al conjunto del movimiento obrero. De otro lado, la respuesta a dar al pacto inminente entre la CGT y la UIA, que consagra la flexibilidad laboral con el acuerdo de los propios sindicatos y la complicidad de la CTA y del MTA. Por último, la cuestión electoral, para que la clase obrera combativa se defina políticamente de cara a la masa de los trabajadores y a todas las clases sociales oprimidas, frente a los planteos de la oposición, incluido el duhaldismo. La mejor vía para llevar adelante esta Asamblea Nacional es que sea convocada por representantes de todas las organizaciones y tendencias que sí quieren dar una respuesta política a los problemas populares y que sí quieren dar una salida genuina al movimiento de las masas. Es indudable que la burguesía ha empezado a correr contra el tiempo, porque el ritmo al que crecen las luchas populares le puede abortar una salida al menemismo, dominada por los intereses económicos que lucraron bajo el gobierno actual. A través de la campaña electoral y de las propias elecciones, los partidos patronales buscan seleccionar el programa y el personal encargado de suceder al menemismo o de reemplazarlo, si éste se va al pozo antes de los plazos constitucionales. Se esboza un escenario similar al proceso político general que caracterizó al último año de Alfonsín. La burguesía necesita poner en pie un personal político de confianza que conquiste a la mayoría popular. La movilización de las masas no ha alcanzado, ni habría podido hacerlo en tan breve período de tiempo, la madurez necesaria como para rechazar de plano cualquier tentativa de planteamiento popular que emane de los partidos del régimen o de una variante recauchutada de ellos. Esa tentativa debe ser desenmascarada si se la quiere hacer fracasar. En esto reside la importancia de una clara política electoral desde la clase obrera, o sea desde el campo de sus intereses históricos. La cuestión de la participación electoral es prioritaria, porque es el terreno del que pretende valerse la burguesía para enfrentar al movimiento obrero que combate contra una mayoría electoral de la opinión pública. Esa participación es prioritaria, porque es un terreno fundamental para desenmascarar la política y las falsedades de los partidos patronales, y para desarrollar una conciencia de clase frente a la política oficial en su conjunto. Es fundamental, para luchar por imprimirle un sello estratégico, e incluso ideológico, al actual momento nacional, que se caracteriza por el derrumbe de la experiencia y del régimen menemistas y el ingreso a una etapa de transición. Una asamblea nacional deberá servir para revolucionar la calidad de la política de la vanguardia de los trabajadores, en todos los terrenos de la lucha contra los explotadores. Notas: 1. Ambito Financiero, 19/5 2. La Nación, 29/5

1 de julio de 1997
Llamamiento a una Asamblea Popular Nacional
Varias firmas

El sábado 24 de mayo culminó otra etapa en la lucha por poner en pie un Frente de organizaciones de trabajadores en lucha, partidistas y no partidistas. El objetivo trazado para el 1º de Mayo pasado ya ha encontrado un principio de efectivización. Los partidos y organizaciones que participaron del plenario del sábado 24 constituyeron una Mesa político-reivindicativa que ha asumido la responsabilidad de convocar a más fuerzas a integrar este proyecto y a convocar a una Asamblea Nacional. La presencia de la dirección de Pueblo Unido, destacado partido provincial de Tucumán; de los principales dirigentes de Ciadea-Renault (y la adhesión y firma de uno de los principales dirigentes de Fiat), de Atlántida, de Transportes del Oeste, de Perfil; de los fogoneros de Cutral Co y de los dirigentes del corte de ruta de Tartagal-General Mosconi; de luchadores autoconvocados de los docentes de Neuquén; de dirigentes de los sindicatos docentes de Santa Cruz y San Lorenzo; esta presencia testimonia definitivamente que existe una poderosa tendencia a la unidad político-reivindicativa, que ya se expresa vigorosamente en la conciencia de los luchadores. El plenario llevó seis horas de discusiones; el método común de todas las exposiciones fue sacar conclusiones de las experiencias de lucha y del conjunto de la experiencia política. Asistentes de una procedencia de lo más variada, encontraron en este método un lenguaje común. La consideración de cada una de las reivindicaciones populares como un objetivo enteramente justo y emancipador, y a la vez un puente hacia objetivos de carácter estratégico, es decir, de poder, fue una característica que emparentó, con diferente grado de énfasis, a todos los compañeros que intervinieron. Los delegados del Partido Obrero insistieron en la necesidad de combinar la movilización por la Asamblea Nacional con la necesidad de agotar todos los medios, recursos y persuaciones, para incorporar a los partidos de izquierda en la Mesa, para que sean convocantes de la Asamblea Nacional y contribuyan a la formación de un frente con métodos de deliberación política masiva y de movilización. La declaración final y el acuerdo de reivindicaciones fue el producto genuino de un debate, en el que expusieron sus ideas la totalidad de los participantes. El plenario hizo un llamado especial a concurrir al Encuentro nacional de la Mujer. Luego del plenario, numerosos compañeros asistieron a la fiesta organizada por la interna y los compañeros de Atlántida. Una vez más, la lucha de Atlántida se convirtió en el crisol que sirvió para unir a luchadores provenientes de los más diversos rincones del país, en una acción estratégica o general común. La realización del plenario, la constitución de la Mesa político-reivindicativa y la convocatoria de la Asamblea Nacional no modificó todavía (nadie debe engañarse al respecto) la relación de fuerzas que existía antes del sábado ni, incluso, la capacidad organizativa para llevar al éxito el propósito de un gran frente de lucha, incluso electoral. Pero sí cambió la perspectiva de todo el esfuerzo militante, porque trazó un camino de unidad revolucionaria en el debate y en la acción. Y es por esta vía, por la vía de las perspectivas, que la historia ha cambiado más de una vez, y seguirá cambiando, por supuesto, la relación entre las fuerzas y la capacidad de organización y de lucha. * * * Trabajadores El sábado 24 de mayo, un conjunto de organizaciones sindicales, barriales, juveniles, de desocupados, partidos y trabajadores, nos reunimos en un plenario para deliberar sobre la situación del país y de las masas y para arribar a una serie de conclusiones que sirvan para la acción y para la lucha. El resultado de nuestro esfuerzo es el programa y las propuestas que ponemos a consideración. Rebelión popular La situación política del momento se caracteriza por la tendencia a la rebelión creciente de nuestro pueblo contra la política de hambre, entrega y superexplotación del gobierno menemista. No importa lo incipiente que aún sea, esta tendencia es una expresión genuina de nuestro pueblo y una respuesta auténticamente popular a los problemas que enfrenta. Este plenario de trabajadores entiende necesario hacer fructificar esta tendencia mediante una orientación política que sirva para extenderla a todo el país; unificarla y organizarla; pasar de las reivindicaciones parciales o localizadas a un programa de conjunto; desarrollarla hasta alcanzar el carácter de un movimiento conciente y organizado de conjunto que se convierta en alternativa de poder a la presente dominación de los partidos, instituciones y aparatos de Estado que están al servicio del monopolio capitalista. Para esto, constituimos una Mesa nacional de carácter político-reivindicativo, que une a partidos, organizaciones sindicales y populares y trabajadores en lucha. El objetivo de esta Mesa es organizar una Asamblea Nacional que discuta un plan de reivindicaciones y de acción. Llamamos a todas las organizaciones que luchan, sean partidistas o no partidistas, a integrar esta Mesa político-reivindicativa y a organizar en común la Asamblea Nacional. Defendamos a los compañeros desocupados La desocupación masiva que asola al país es un producto del régimen capitalista, que se vale del desempleo para oponer a un obrero contra otro y para destruir las conquistas sociales y laborales de los trabajadores. El régimen menemista es un agente conciente de esta tendencia capitalista, que ha impulsado mediante los despidos masivos, la flexibilidad laboral, los contratos precarios, el alargamiento de la jornada de trabajo, el desconocimiento de los derechos de la mujer y el niño, la destrucción de los convenios colectivos y el sistema jubilatorio, y la liquidación del salario mínimo, vital y móvil. La responsabilidad por la creación de puestos de trabajo recae por entero en quienes tienen el monopolio de las fábricas, de las herramientas, de los bancos, de los campos y del aparato económico del Estado. Los trabajadores no somos dueños más que de nuestra capacidad de trabajo. La incapacidad para dar trabajo a sus explotados, revela que la clase capitalista no está más en condiciones de dirigir a la sociedad. Los trabajadores, sin embargo, queremos vivir y que vivan nuestras familias. Si los que monopolizan los medios de creación de trabajo son incapaces de hacerlo, que el Estado los fuerce a pagar un seguro a todos los desocupados mayores de 16 años, sin distinción de sexo, que los movimientos de desocupados del país han fijado en 500 pesos mensuales, además del goce gratuito de la seguridad social y la exención del pago de los impuestos directos y los servicios domiciliarios. Los planes trabajar son, en cambio, medios para acentuar la miseria y la superexplotación, dada su remuneración miserable, su falta de cobertura social, su precariedad en el tiempo, la sujeción de los que se inscriben a la acción de los punteros del oficialismo. Esos planes pretenden crear un mínimo salarial de hambre para todo el país y un régimen de flexibilización laboral generalizado. Los desocupados, columna vertebral Los compañeros que están sin trabajo son la columna vertebral de los levantamientos populares y el ejemplo de lucha que inspira a todo el pueblo trabajador. Las centrales sindicales, sin embargo, les han dado la espalda; ni siquiera la más brutal represión ha llevado a la burocracia de los sindicatos a prestarles solidaridad con una huelga nacional. Es por esto que reclamamos que las centrales sindicales CGT, CTA, MTA reconozcan su carácter sindical a los movimientos y coordinadoras de desocupados; su derecho a integrar el movimiento obrero organizado; y la obligación de las centrales sindicales y de todos los sindicatos a contribuir económicamente a la actividad de las organizaciones de desocupados. Que la CGT, la CTA y el MTA llamen a un inmediato paro nacional en solidaridad con los cortes de ruta y por la satisfacción de la reivindicación inmediata de los movimientos de desocupados de un seguro de 500 pesos para toda persona sin trabajo mayor a los 16 años. Con motivo de celebrarse, el próximo 26 de junio, el aniversario del primer cutralcazo, y de que en esa fecha vence el emplazamiento del pueblo de Cutral Co al gobierno para que satisfaga las promesas incumplidas; con motivo de esto, llamamos a organizar un corte nacional de rutas a partir de esa fecha, para exigir el cumplimiento de nuestras reivindicaciones. Del mismo modo, llamamos a todas las mujeres trabajadoras a concurrir al Encuentro de la Mujer, que tendrá lugar a principios de junio en la ciudad de San Juan, para impulsar los reclamos de las familias desocupadas y el apoyo a la rebelión popular. Que la mujer trabajadora se haya transformado en protagonista vigoroso y decidido de la lucha del pueblo, significa la posibilidad de tornar incontenible la lucha por la libertad y la emancipación social. Renacionalizar YPF La privatización de YPF se ha convertido en el símbolo del arrasamiento laboral del país, desde la Patagonia hasta Tartagal. En todos los cortes de ruta, fue señalada intuitivamente como la responsable del hundimiento de pueblos y ciudades enteras. El juicio popular no se equivoca porque, en efecto, YPF se ha convertido en el instrumento de un gigantesco saqueo del país y en un poderoso factor de des-industrialización. La YPF privada invierte las ganancias que extrae de Argentina, en las cuencas de California, en la formación de empresas en el exterior bajo el control del capital extranjero, en adquisiciones financieras de empresas quebradas, en la compra-venta de títulos y acciones en Wall Street y en la instalación de estaciones de servicio-shopping en Río de Janeiro. La privatización de YPF ha significado la transferencia del patrimonio nacional a los especuladores de la Bolsa de Nueva York. Por eso YPF ha dejado de ser fuente de empleo, ha dejado las actividades de exploración, ha llevado las reservas de petróleo a un mínimo histórico, depreda sin límites los recursos gasíferos. Para crear trabajo hay que poner fin al saqueo nacional, empezando por la renacionalización, bajo control de los trabajadores de YPF. Para crear trabajo hay que duplicar las regalías que deben pagar los pulpos energéticos; hay que gravar con impuestos extraordinarios a los monopolios privatizados; hay que eliminar los impuestos al consumo y hacer pagar realmente a los grandes patrimonios y a los grandes lucros. Es necesario poner fin al saqueo que representa la deuda externa. La rebelión popular ha puesto de manifiesto la necesidad de reconquistar la independencia nacional bajo la dirección de los trabajadores. Defendamos los derechos laborales La CGT, las patronales y el gobierno se aprestan a liquidar los convenios colectivos de trabajo y todos los derechos incluídos en ellos. Fraccionamiento de las vacaciones, alargamiento de la jornada de trabajo, reducción de los salarios, eliminación de la indemnización por despido, fin del aporte patronal a la seguridad social, contratos precarios, sueldos de aprendizaje. Numerosas fábricas, talleres, oficinas y líneas de transporte se encuentran en lucha, para impedir este atropello. En Fiat se ha despedido a los delegados y la patronal desconoce a la comisión interna, para aplicar el convenio con Smata, que reduce los salarios en un 40 por ciento. La misma amenaza acaba de ser formulada contra los trabajadores de Ciadea-Renault. Los capitalistas arguyen que necesitan bajar los salarios a niveles de hambre y agotar física y psíquicamente a los obreros, para poder competir. Pero todos sabemos que el mercado automotriz está monopolizado por las mismas Fiats, las mismas Fords y las mismas Renaults en todos los países. No es entre ellas que compiten, sino que quieren hacer competir a los trabajadores de los diversos países entre sí, para reducir sus salarios y aumentar las ganancias capitalistas. Dicen que quieren aumentar la productividad, pero con cada aumento de la productividad aumenta la capacidad excedente de la industria, aumenta el costo de sus patrimonios inmovilizados, aumenta el despilfarro de la riqueza creada … y aumenta la exigencia de los capitalistas de reducir los salarios y aumentar la superexplotación, siempre con el mismo argumento. La ley ciega del beneficio privado que guía toda esta anarquía, debe ser reemplazada por la administración planificada de los recursos económicos por parte de los trabajadores. El plenario que dio lugar a esta Mesa Nacional abierta a nuevas organizaciones, llama a luchar contra la sanción de la mal llamada reforma laboral y a exigir un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, de 1.000 pesos; la jornada laboral de 8 horas y la defensa de los convenios colectivos por industria y la convocatoria de paritarios electos por los trabajadores. Los diarios han informado que 40 sindicatos, encabezados por la UOM, se oponen a la reforma laboral que complotan los burócratas de la CGT, las patronales y el gobierno. Los llamamos a ellos y a los trabajadores que ellos dicen representar, a que convoquen a un congreso nacional de bases para luchar contra esta reforma y por las reivindicaciones que plantean los trabajadores. Llamamos a reclamar en todos los sindicatos el rechazo a la reforma laboral y a exigir que se convoquen plenarios de delegados con mandatos y asambleas de base, para rechazar ese pacto anti-obrero y para impulsar las reivindicaciones de los trabajadores. Llamamos a apoyar la lucha por la reincorporación de los compañeros despedidos de Fiat y todas las medidas necesarias para ello: la huelga, los cortes de ruta, las ocupaciones de fábrica, la formación masiva de piquetes y un fondo de huelga. Llamamos a combatir la persecución penal que se ha ensañado con más de 600 luchadores sindicales en todo el país y contra el desafuero de los compañeros Tello, de Ciadea; Pitrola y Frasso, de Atlántida; y Pitter, de Siderca. Abajo la falsa reforma educativa El cutralcazo fue el movimiento cultural más grande de las últimas décadas en Argentina, porque mostró a un pueblo hambriento dispuesto a jugarse contra la represión, nada menos que para defender a los docentes y a la educación pública. Las rutas de la Patagonia fueron cortadas para defender al pueblo de la barbarie, la ignorancia y el analfabetismo al que quieren condenarlo los explotadores. La lucha contra la falsa reforma educativa ratificó de este modo que está profundamente enraizada en el pueblo y que tiene un alcance nacional. Esa reforma apunta al encarecimiento de la enseñanza, al oscurantismo y autoritarismo pedagógicos y políticos, a la privatización de la educación, a la descalificación laboral y profesional, al elitismo y a la exclusión sociales. El plenario del sábado 24 considera necesario librar una lucha integral contra esta falsa reforma, mediante la unión de las reivindicaciones docentes, la libertad de organización de los estudiantes, la triplicación del presupuesto educativo bajo el control de los trabajadores y la vigencia y profundización de los principios de la Reforma Universitaria de 1918. A la falsa reforma educativa, oponemos la reorganización social, institucional y pedagógica de la educación, bajo la dirección de los docentes, los estudiantes, los pedagogos, los trabajadores de la cultura y la clase obrera. Juicio y Castigo a todos los culpables Los crímenes continúan en Argentina como consecuencia de la impunidad otorgada al aparato de la dictadura militar por las democracias que las sucedieron para salvaguardarla. Los grupos de tareas están incrustados en todos los rincones del aparato del Estado y en el propio gobierno; en las custodias privadas y en los ejércitos particulares de los capitalistas. Bajo su superficie constitucional, el Estado argentino es policial, incluso algunas provincias son gobernadas por genocidas absueltos. El esclarecimiento de los crímenes de José Luis Cabezas, Teresa Rodríguez, Pablo Ramírez y todas las víctimas del gatillo fácil, y el castigo a sus culpables, exigen la abolición de las leyes del indulto, obediencia debida y punto final, y el enjuiciamiento de todos los responsables policiales, militares, políticos, intelectuales, judiciales, empresariales, burocráticos y administrativos de la dictadura militar. El gobierno menemista y sus secuaces están empeñados en lo contrario, como lo demuestra el proyecto de ley anti-terrorista, que autoriza el espionaje, la infiltración y la provocación contra cualquier organización y en particular contra los partidos que luchan contra el régimen actual o contra sus políticas. El diseño del proyecto fue elaborado de acuerdo a los métodos de acción del FBI norteamericano y empalma con el derecho que se arrogan los Estados Unidos para secuestrar a personas en cualquier país. Llamamos a agotar todos los métodos de la movilización popular para impedir la aprobación de esta ley de lesa democracia. Por un planteo electoral común y por candidatos electos por las bases Quienes hemos elaborado y firmado esta declaración, hemos estado guiados por el propósito de sacar conclusiones de la experiencia política y social y de las enseñanzas de las actuales luchas populares. Hemos seguido el método de buscar generalizar el significado de estas enseñanzas, darle el carácter de un programa común y proyectarlas en una orientación de alcance estratégico. Es ajena a nuestra intención sacar consejos o recetas de la galera. Consecuentes con esto, proponemos impulsar la realización de una Asamblea Nacional, que unifique todas las experiencias en curso, y que elabore sobre la base de ellas un programa de acción. Para llevar a buen término esta propuesta, invitamos a todas las organizaciones en lucha y a todos los activistas y luchadores, a que se integren a la Mesa político-reivindicativa de organizaciones partidistas y no partidistas, para convocar en común a una Asamblea Nacional. Nuestro plenario decidió poner como fecha tentativa de ese plenario, del 4 al 6 de julio próximo. Dentro de esta misma metodología, es necesario darle un lugar importante a la lucha electoral, porque debiera ser evidente para cualquiera que las patronales se quieren valer de las elecciones para recuperar el terreno que pierden ante las luchas, colocando de su lado la autoridad que otorga el sufragio popular. Los trabajadores que estamos en lucha no estamos representados en la lucha electoral; nuestros enemigos tienen, en cambio, cuatro y hasta diez partidos. Pero incluso con este dominio completo de la cancha, la patronal enemiga y sus partidos enfrentan una enorme dificultad, porque la política que defienden hace agua por todos lados, crea el descontento en todas las clases, promueve la rebelión creciente de las masas y hasta los explotadores sienten que es necesario cambiar alguna cosa. El recambio del menemismo no será un paseo de domingo: significará, como ya significa, una crisis política. Lo testimonia el caso Yabrán, IBM-Banco Nación, el contrabando de la Aduana, el caso Carrasco, la maffia policial, la corrupción judicial, las delaciones recíprocas. Se vive un clima de fin de régimen. Es necesario intervenir en las elecciones para luchar por la conquista de la opinión pública que vive toda esta crisis, para las posiciones, ideas y reclamos de los trabajadores en lucha. Por grande que sea la trampa electoral, que se manifiesta en el control de los medios de comunicación por parte de los capitalistas y en el monopolio del financiamiento de las campañas políticas, tenemos la obligación de luchar en el terreno oficial hasta que seamos capaces de crear otro terreno auténticamente democrático, afín a las necesidades de las masas trabajadoras. Es necesario preparar la intervención en las elecciones por medio de una movilización política. La experiencia pasada ha agotado los acuerdos de cúpula o entre direcciones, porque no han servido para superar el sectarismo o el aparatismo y ofrecer un cauce a la intervención popular. La convocatoria a una Asamblea Nacional, abierta a todos los trabajadores que luchan, es también el ámbito para comenzar a organizar la lucha electoral, porque esa Asamblea será, al mismo tiempo, el ámbito que discutirá el conjunto de la lucha del movimiento popular y la adopción de nuevas iniciativas. La unión en una Asamblea, para el debate y la acción comunes, de organizaciones de distinto carácter, partidista o no, tendrá un significado de alcance histórico, incluso si la concurrencia no llegara a ser multitudinaria, porque servirá para acabar con una vieja separación entre los mismos trabajadores y porque ampliará el horizonte de todas las organizaciones que participen. Es necesario desenmascarar las mentiras del gobierno, de los partidos capitalistas o de los defensores de este modelo, y es necesario demostrar la superioridad programática, intelectual, política y organizativa de las propuestas de los trabajadores para sacar al país de la crisis, de la decadencia y del sometimiento nacional y social. Acuerdo Programático 1) Constitución de la MESA NACIONAL POLITICO REIVINDICATIVA DE LOS PARTIDOS, ORGANIZACIONES SINDICALES Y POPULARES Y TRABAJADORES EN LUCHA. 2) Por el pago de un subsidio al desocupado de 500 pesos, cobertura social, eximición de pagos impositivos y de servicios, a partir de los 16 años. Que los trabajadores que están bajo el Plan Trabajar y otros planes, cobren sueldos de 500 pesos de mínimo, tengan cobertura social, estabilidad laboral y derecho a sindicalizarse. Por la organización de los desocupados en sindicatos que sean reconocidos por las centrales sindicales. Por una semana nacional de cortes de rutas a partir del 26 de junio, aniversario de la primer pueblada de Cutral Co Renacionalización de YPF bajo control de los trabajadores y duplicación de las regalías que pagan las empresas de energía y del impuesto sobre sus ganancias. 3) Abajo el acuerdo de la CGT y el gobierno que liquida las indemnizaciones por despido: abajo la reforma laboral, 1.000 pesos de salario mínimo, jornada de 8 horas, defensa de los convenios por industria. Exigencia a las organizaciones sindicales que se han opuesto a este acuerdo, para que convoquen a un plenario de bases del movimiento obrero. Cese de la persecución penal a delegados y activistas del movimiento obrero y popular. Declaración especial contra el desafuero a los compañeros Tello, Pitrola, Frasso, Pitter. Por la reincorporación de los despedidos de Fiat, y contra la aplicación del convenio Fiat-Smata apoyamos la huelga, los cortes de ruta, las ocupaciones de fábricas y los piquetes en defensa de los trabajadores de Fiat. Por una interfabril de las fábricas mecánicas y metalúrgicas. Por un plan de defensa de los trabajadores de Fiat, de la Intersindical y las organizaciones en lucha 4) Abajo las leyes Federal de Educación y de Educación Superior. Por un salario básico de 700 pesos para los docentes y la vigencia del Estatuto Docente. Por la libre organización de los estudiantes en Centros de Estudiantes. Por la formación de Coordinadoras de Estudiantes. Por la triplicación del presupuesto educativo bajo control de los trabajadores de la educación y los estudiantes. 5) Por el esclarecimiento de los crímenes de José Luis Cabezas, Teresa Rodríguez, Pablo Ramírez y de todas las víctimas del gatillo fácil. Juicio y castigo a los culpables. Por la abolición de las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y del Indulto. 6) Abajo la Ley Antiterrorista. 7) Llamado a las mujeres a participar del Encuentro de la Mujer a realizarse en el mes de junio en la provincia de San Juan. 8) Convocatoria a todas las organizaciones políticas, sindicales y populares que luchan, para que se sumen a la mesa político-reivindicativa que convoca a la Asamblea Nacional. 9) Por la participación en las elecciones nacionales de octubre contra los partidos capitalistas y del sistema, mediante listas elegidas en asambleas. 10) Por la convocatoria a la Asamblea Nacional y a Asambleas Provinciales. MESA NACIONAL POLITICO REIVINDICATIVA DE LOS PARTIDOS, ORGANIZACIONES SINDICALES Y POPULARES Y TRABAJADORES EN LUCHA Jorge Mora (Coordinadora de Desocupados de Neuquén) Lidia Pedrosa (Activista de ATEN) Juan Roblet (Estudiante – fogonero Cutral Co) Clara Sepúlveda (Estudiante – fogonera Cutral Co) Pablo Calarotta (Coordinadora de Estudiantes Secundarios Neuquén) Héctor Ramírez (Neuquén) Laureano Aquito (Desocupado de Piedra del Aguila) Raúl Cardozo (Integrante de la Comisión Interna Gráfica Editorial Perfil) Ivar Luján (Integrante de la Comisión Interna Gráfica Editorial Perfil) Rodolfo Burgos (Pueblo Unido-Tucumán) Sergio Díaz (Pueblo Unido-Tucumán) Carolina Carrillo (Coordinadora de Trabajadores Combativos-Pueblo Unido Tucumán) Jorge Altamira, Christian Rath, Rafael Santos (PARTIDO OBRERO) Miguel Martorell (Delegado Seccional Amsafe-San Lorenzo) Angel Tello (Delegado Ciadea) Fabián Borrelli (Miembro de la Comisión Directiva UOM Ferreyra) M. Rodrigou (Delegado congresal Ciadea) Carlos Pacheco (Comisión Interna Tranportes del Oeste) Néstor Pitrola, Wálter Quiroz (Comisión Interna Atlántida) Claudio Del Plá (Dirigente lista Rosa ADP Salta) César Rainieri (Representante de los docentes en la Comisión Regional de Vecinos Tartagal-Salta) César Avalos (Representante de los piqueteros y la juventud desocupada en la Comisión Regional de Vecinos Tartagal-Salta) Jóse Barraza (Frente de los Trabajadores, Dpto. San Martín-Salta) Ricardo Mercado (Secretario General Adosac-Santa Cruz) Graciela Molle (Mesa Ejecutiva ADUBA, secretaria de Organización CONADU) Armando Fastman (Secretario General Comisión Interna INTI-UPCN) Gabriel Solano, Nicolás Rapanelli, Pablo Rabey, Rocío Ruiz López (Comité Nacional UJS)

1 de julio de 1997
Tres años de combates de clase en Neuquén

Las movilizaciones de Rincón de los Sauces, la huelga docente de 37 días, la pueblada de Cutral Co. La Argentina ha sido sacudida por una serie de grandes combates de los trabajadores de Neuquén. Estas luchas no fueron espontáneas, no surgieron de la nada. Son producto de la debacle del régimen provincial y de la miseria que éste genera sobre la población trabajadora, y de la experiencia de lucha que las masas trabajadoras han ido acumulando. Las corrientes de izquierda coinciden en rechazar la teoría de la espontaneidad con relación a estos grandes combates de las masas. Y ahora, ante la reiterada persistencia y reproducción de los mismos, hasta la burguesía tiende a reconocer que no se trata de un rayo en el cielo sereno de la revolución productiva menemista. Para los científicos, no existe la generación espontánea en la investigación. Nada surge de la nada. Hay causas que determinan efectos. En el análisis social es necesario vislumbrar, en la acción de las masas, no sólo las causas objetivas que las empujan a intervenir en forma decidida, revolucionaria, sino también la evolución subjetiva que dichas masas van experimentando. Pero se trata de ser serios, científicos, y no amoldar la presentación de los hechos a la interpretación previa que uno quiere deducir. Para el Ptp, por ejemplo, que rechaza la teoría de la espontaneidad ("se … equivocan quienes sostienen que la pueblada fue producto de un movimiento espontáneo, sin dirección política, y sin contenido y fuerza de nuestra clase obrera" (1), han sido decisivas en la génesis del primer cutralcazo (junio de 1996) … "la huelga larga de 1957" o "las luchas del Chocón en 1970", o más recientemente hace unos años, la lucha de los obreros de la construcción de Piedra del Aguila, o la huelga petrolera (rápidamente abortada por la burocracia) contra la privatización de YPF en 1991. Y en forma casi inmediata a la pueblada, estaría la actividad de una "multisectorial". La memoria selectiva y prejuiciosa intenta así ocultar las grandes movilizaciones de los desocupados, que recorrieron la provincia durante más de un año antes del cutralcazo (y en las cuales también participaron los desocupados de Cutral Co). El Pts, por su parte, sí hace un culto a la espontaneidad. Incapaz de explicarse el desarrollo de la lucha de clases, en un folleto que acaban de presentar (2), se preocupa por "la relación entre las acciones espontáneas de las masas y el desarrollo de la conciencia revolucionaria y la construcción del estado mayor de la revolución obrera y socialista, es decir, el partido obrero revolucionario" (pág. 5). Para el Pts, los fogoneros surgieron de pronto, "no esperaron la orden de ningún burócrata, de ningún dirigente, ni de De Gennaro ni de Miguel ni de Palacios para luchar contra las condiciones de ignominia" (pág. 7), desconociendo que el corte de la ruta 22, en Cutral Co, tuvo lugar bajo la jornada provincial que convocó el gremio docente y otros sectores del movimiento sindical. El Pts aconseja, luego, para "superar el espontaneísmo (…) saber retroceder y esperar, desarrollar una organización independiente…", etc. (pág. 23). Con estrategas así… Es necesario analizar concretamente la situación neuquina. La génesis de sus luchas, las batallas políticas y programáticas que se libraron, y los problemas que se presentan. I La lucha de los desocupados La tasa de desocupación oscila, en los pueblos de Neuquén, entre el 20 y el 30 por ciento, producto de la crisis de las finanzas provinciales; del virtual vaciamiento del Banco Provincia a manos de un grupo de monopolios; de la privatización de YPF (cuyos nuevos dueños se dedican al saqueo directo, echando obreros a la calle, agotando los pozos y deteniendo casi por completo el trabajo de exploración), y de la paralización de la construcción tanto en materia de grandes obras hidroeléctricas (Picún Leufú) como de cualquier otro emprendimiento. Esta situación llevó a que comenzaran a constituirse "Comisiones de Desocupados" en todas las localidades, que se movilizaron hacia los municipios reclamando asistencia frente a la catástrofe social. Se cortó la ruta 22 en Senillosa, en una histórica pueblada. En Centenario, la comisión de desocupados ocupó la intendencia. Se instaló un campamento frente a la gobernación por varias semanas, en reclamo de apoyo a los desocupados. Las centrales sindicales se vieron entonces obligadas a convocar a una movilización para el 9/8/95. Para poner fin a un estado de rebeldía provincial, el gobierno de Sobisch (ala blanca del oficialista Movimiento Popular Neuquino Mpn) sacó, la noche previa, la ley 2128, que otorgaba un subsidio de 200 pesos a los jefes de familia desocupados. Primero intentó financiar el subsidio con una reducción solidaria de salarios de los trabajadores estatales. Finalmente, tuvo que crear un Fondo de 1.500.000 pesos por mes. Pero luego lo cajoneó, pensando que había logrado contener al movimiento. Ante un recrudecimiento de las movilizaciones por el pago del subsidio, Sobisch reglamentó la ley: dejó afuera del subsidio a los extranjeros (muchos residentes chilenos), a los solteros, a las mujeres: sólo se otorgaba a los jefes de familia. Y constituyó una comisión conjunta con la Iglesia y las centrales sindicales para administrarlo. Subsidio al desocupado o trabajo para todos La Cta, la Iglesia y algunas organizaciones de izquierda se oponían a reclamar un subsidio para los desocupados. Pedían, en cambio, trabajo, porque el "trabajo dignifica al hombre". Apoyaban la "contraprestación laboral" que plantearía el gobierno, a cambio de 200 pesos de subsidio. El PO se había pronunciado por un subsidio de 600 pesos para todos los desocupados, sin discriminaciones de ningún tipo y sin contraprestación laboral. Los capitalistas y su Estado deben hacerse cargo de la crisis, sosteniendo en la emergencia a los trabajadores que ellos desocuparon. La posición de la Cta y el centroizquierda permitía a la burguesía usar la contraprestación laboral con sus bajos salarios de 200 pesos, para incrementar la competencia entre trabajadores, buscando una reducción del salario de los trabajadores no desocupados. "El Frente de Izquierda (alianza del PO, Mas e independientes para las elecciones provinciales del 8/10/95) debe luchar por un subsidio de 600 pesos para todos los desocupados, financiado con un impuesto al gran capital", decían los volantes distribuidos en las manifestaciones (3). Se constituyó la Coordinadora de Desocupados, con la presencia de una veintena de barriadas de Neuquén Capital, que organizó una movilización con la presencia de más de 3.000 desocupados y sus familias el 6 de setiembre, reclamando "trabajo para todos con sueldos dignos", y para paliar la situación, "subsidio de 500 pesos sin discriminación". Elecciones y provocación Sobisch no pagó la segunda cuota del subsidio, que debía cobrarse el 30 de setiembre. Era evidente que, arrancado con la presión de la movilización, y ante la inminencia de las elecciones provinciales, el gobierno pensaba levantarlo después. Frente a las bicicleteadas respecto a la fecha de pago, la Coordinadora de Desocupados convocó a una marcha a la Casa de Gobierno para el 2 de octubre. Más de 1.000 desocupados y sus familias marcharon desde las barriadas. Ingresaron a la gobernación, y una delegación de 8 miembros fue recibida por ministros y funcionarios. La Coordinadora de Desocupados presentó carpetas con proyectos de trabajo, petitorios y reivindicaciones. Jorge Mora, dirigente de la Coordinadora y del PO neuquino uno de los 8 integrantes de la comisión, cuenta: "en mitad de la reunión, en un cuarto intermedio, se desencadenó un estudiado operativo represivo. Palos, balas de goma, gases, dentro y fuera de la Casa de Gobierno, se descargaron sobre los desocupados y sus familias. El gobierno había montado una provocación". Que rápidamente fue instrumentada por los medios de comunicación y todas las fracciones de la burguesía y la burocracia contra el movimiento de los desocupados. Esa tarde fue detenido, en la desconcentración, Horacio Panario (militante del Mas, de la Coordinadora y candidato por el Frente de Izquierda), y se inició una batida policial por los barrios contra los activistas de la Coordinadora. Todos los candidatos menos los del Frente de Izquierda (Mas-PO) se solidarizaron con el gobierno, contra la "subversión" protagonizada por los desocupados y en "defensa de la democracia". Escenas de la violencia de los marginales y la izquierda eran repetidas en forma machacona por la TV. Los principales candidatos de los partidos de izquierda estaban con pedido de captura. El PO planteó un "recurso de amparo", reclamando la suspensión de los comicios frente a la proscripción de hecho y de derecho en que se encontraba una parte del pueblo neuquino, lo que fue desestimado con un alegato anticonstitucional por la justicia del Mpn. En esas condiciones, Felipe Sapag, el candidato de la fracción amarilla del Mpn, logró imponerse en las elecciones por casi el 55% de los votos (duplicando los votos recibidos el 14 de mayo en las elecciones nacionales). Captó los votos de todos los partidos (Pj, Frepaso, Ucr) presentándose por un lado como antimenemista, considerando a Sobisch un infiltrado de Menem en el Mpn, pero al mismo tiempo como un seguro contra el caos. Sin embargo, un amplio sector de las masas votó en blanco (el 10% en la provincia, que en localidades como San Martín de los Andes creció al 20%), evidenciando una extendida desconfianza. "Sapag se sentará entonces en el gobierno sobre un barril explosivo. Su discurso demagógico no tiene ninguna sustentación y deberá rápidamente aplicar la política de ajuste, pero en condiciones en que un amplio sector popular no fue cautivado por sus promesas" (4). Se había montado la provocación contra la izquierda y los desocupados para "quebrar el movimiento en lucha en ascenso de los desocupados … quebrar lo que puede ser la columna vertebral de un movimiento de resistencia contra el ajuste que se viene en la provincia y que pondrá a Sapag a la altura de Massaccesi, con el remate de EPEN (empresa de electricidad) y el Banco Provincia, la anulación del Estatuto del Docente y del empleado público, el desmantelamiento de la salud y la educación públicas, impuestazos y la mayor desocupación" (5). La defensa del movimiento de los desocupados El movimiento sindical hizo causa común con la democracia sapagista contra los desocupados y el subsidio que habían obtenido con su movilización. El Comité (gobierno, Iglesia, Cgt, Cta) que por ley estaba encargado de distribuir los subsidios, denunció con nombre y apellido a "activistas que no respetan el estado de derecho", pidiendo que se actuara contra ellos "en forma inflexible". La pastoral de la Iglesia se opuso "a seguir ampliando el subsidio. La solución es el pleno empleo para todos" (6). "Aten (el sindicato de los docentes neuquinos) rechaza cualquier tipo de violencia" y la conducción izquierdista de Aten Capital, dirigida por Liliana Obregón, salió a defender en solicitadas "la resolución del plenario de secretarios generales de nuestro gremio … en el que se resolvió rechazar el proyecto de ley de subsidio exigiendo … las medidas tendientes al pleno empleo y a mantener la dignidad del trabajador…". Esta directiva reclamó la renuncia de algunos de sus miembros por haber apoyado la movilización de los desocupados, a la que calificaba de "hecho aventurero, que provoca el rechazo de los trabajadores organizados". Sectores de la izquierda también se pasaron de bando, llamándose a silencio. El Ptp neuquino sacó un comunicado, deslindando que su dirigente, Mario Cambio, hubiera participado de la manifestación del 2 de octubre. Hizo lo imposible por eludir el tema en los organismos donde tenía cierta influencia. Tiscornia, secretario general de Adunc (sindicato de los profesores universitarios) se negó a que el sindicato saliera en defensa de los desocupados perseguidos. Sí lo hizo la lista Naranja. En aquellos días, la Coordinadora de Desocupados se reunía en las facultades para ampararse en la autonomía universitaria contra las persecuciones policiales. Por primera vez, un congreso de la Conadu rechazó pronunciarse contra la persecución a los desocupados neuquinos, gracias a la abstención de dirigentes del Ptp. Pero el movimiento de los desocupados se fue reconstituyendo. Unos días después de la represión, bajo el estado de sitio, se realizó un acto de repudio del que estuvo ausente la totalidad de la izquierda (salvo el PO). La izquierda (Mas, Mst, etc.) boicotearía, de ahí en más, a la Coordinadora de Desocupados, presionada por la propaganda burguesa. La Coordinadora convocó a reuniones, jornadas y petitorios por sus reclamos y por la libertad de Panario. Una movilización a una Asamblea de Aten Capital logró aislar a la directiva, capitaneada por los bolcheviques-clasistas (ligados a la secta denominada Partido Bolchevique de la Argentina), y obtener, por amplia mayoría, el apoyo de los docentes a la lucha de los desocupados. Se empezaba a romper el frente burocrático-burgués-gubernamental contra la organización independiente de los desocupados. La juventud acompañó, a fines de noviembredel 95, con un festival al que concurrieron más de 500 compañeros. Todo esto, veremos luego, fue echando las bases para constituir un movimiento clasista en diferentes sectores del movimiento obrero (docentes, docentes universitarios, desocupados, estudiantes secundarios, etc.). El PO fue, en este período, el único partido de izquierda que batalló junto a los desocupados por defender su organización y programa. ¿Sapag no es Menem? La dirección (mayoritaria en la provincia) de la Cta estableció una tregua con Sapag. El PO había denunciado esta tendencia antes de las elecciones del 8/10. Un periódico de Ate Neuquén planteaba: "(a) los gobernadores que asuman a partir del 10 de diciembre les quedará por decidir si enfrentan a Cavallo, o ajustan al pueblo … De ahí que sea necesario articular una unidad con el conjunto de los sectores sociales que sufren el ajuste…". La estrategia de la Cta era la articulación con los empresarios y el gobierno sapagista. Entre De Gennaro y Sapag se estableció una tregua de 180 días, que el nuevo gobernador usó para lanzar una serie de ataques contra los trabajadores: no pago de horas extras, anulación de subsidios y bonificaciones salariales, reducción salarial de estatales y docentes, etc. Las primeras reacciones de Ate y la Cta fueron de apoyo: "algunos aspectos … son justos, mientras otros no lo son, motivo por el cual habría que discutirlos en mesa paritaria" (7). Julio Fuentes, de Ate, declaró que "no está en desacuerdo con los decretos … porque frente al descalabro existente el gobierno necesita una norma ordenatoria" (8). La reacción vino de abajo. Comenzaron las movilizaciones de estatales y principalmente docentes. La Cta se vio obligada a convocar a una movilización. A pesar del saboteo de su dirección, más de 1.500 trabajadores se concentraron. La adhesión de la Coordinadora de Desocupados fue saludada por un masivo aplauso. Los dirigentes de la Cta que hicieron uso de la palabra fueron silbados por su contemporización con Sapag. "Teníamos razón", decía un volante de la Coordinadora de Desocupados. El sapagismo debutó con un menemazo. Quienes el 2 de octubre los habían tildado de marginales, lúmpenes, violentos, pensaban que Sapag asumía con gran apoyo popular y que a través de una acción populista iba a aislar a los estatales, si se atrevían a movilizarse, del resto de la población. "La estrategia del Cta (la articulación) no tiene nada que ver con la perspectiva de una salida obrera a la crisis. Poner en pie Asambleas Populares como la de Centenario … es la tarea" (9). La entrega del plan de lucha Al calor de la lucha comenzaron a reunirse masivos plenarios de delegados y activistas, y se avanza programáticamente. Se aprobó, por ejemplo, la exigencia de la libertad de Panario. Pero la directiva de la Cta sacó un comunicado sustituyendo esta consigna por "la inmediata elevación a juicio de la causa en que está procesado Panario", agregando a continuación que esto "no implica ni un aval a los disturbios (sic) producidos en la Casa de Gobierno el pasado 2 de octubre ni un intento de interferir en el trabajo de la justicia" (10). Es decir, que lo volvía a mandar en cana. Más de 4.000 personas se concentran el 22 de febrero. Sapag maniobra y devuelve algunas bonificaciones a estatales, dejando a los docentes más golpeados con la rebaja salarial. Frente a ello, "La directiva de Aten Capital ha planteado el no inicio normal, es decir que propicia el inicio de clases anormal " (11). El 27 de febrero se realizó una masiva Asamblea con 500 docentes en Aten Capital, que debía votar la modalidad del no inicio. La directiva (integrada por el Mas, bolcheviques y Mst) había desarrollado previamente una encuesta en las escuelas. No les importó que la encuesta había sido realizada sólo entre 300 docentes y que en la asamblea había muchos más. Para la directiva, la "mayoría" se había pronunciado por un paro de 24 horas, contra la moción de diversos activistas en favor de un plan de paros progresivos. Por 196 a 176 triunfó la posición de la directiva. Muchos activistas denunciaron que en realidad había triunfado la moción de paros progresivos, desconfiando del conteo realizado oficialmente por la directiva, que apenas anunció su triunfo levantó la Asamblea. Liliana Obregón volvió a oponerse a la moción de apoyar el reclamo de los desocupados por un subsidio de 500 pesos. La movilización en ascenso reúnió, en la segunda quincena de abril, a más de 5.000 manifestantes, que cortaron la ruta por unas horas. Diputados del Frepaso prometieron proponer una ley que derogara los decretos antisalariales (ya en abril del 96, ¡hace un año!, habían prometido la ley, promesa que volverán a sacar a flote en la gran huelga docente de 97). Sapag, ante la inminencia de un paro de 48 horas, convocó a una "mesa de diálogo" para embretar a la burocracia. Y, simultáneamente, sacó la ordenanza 1070, por la cual redujo el subsidio al desocupado de 200 pesos mensuales… a ¡150! Esto produjo, en Cutral Co, la segunda ciudad de la provincia, una Asamblea Popular con más de 500 asistentes, que obligó al Concejo Deliberante a declarar el "rechazo total" al decreto provincial. Los desocupados se ponen de pie El 1º de Mayo, más de 1.500 compañeros, entre trabajadores, desocupados y una gran columna de la Coordinadora de Estudiantes Secundarios (CES), se concentraron frente a la Legislatura. Abrió el acto Jorge Mora, de la Coordinadora de Desocupados, quien denunció la rebaja del subsidio al desocupado y demostró que "los únicos subsidiados son los empresarios, ya que los compañeros de la 2128 deben trabajar para recibir los míseros 150 pesos" y que, por lo tanto, se "trata de un salario en negro para chantajear al resto de los trabajadores y presionar a la baja salarial del conjunto". El reconocimiento de un orador de la Coordinadora de Desocupados por parte de los gremios, reflejaba la reconstrucción del movimiento en base a las asambleas barriales y a las movilizaciones que se iban desarrollando. En Cutral Co y Zapala se hicieron movilizaciones contra la rebaja de la 2128 y en reclamo de más subsidios. En este marco, se convocó al Primer Congreso de Desocupados de Neuquén, convocatoria impulsada por la Cta y por la Coordinadora de Desocupados en forma conjunta. Pero, como diría Jorge Mora días antes del Congreso del 24 de mayo, "mientras que para la Cta este Congreso no es para discutir los problemas de fondo, sino una instancia para formar su propio reagrupamiento de desocupados y lograr una base que pierde cada día en los gremios estatales, para la Coordinadora de Desocupados no solamente significa un paso muy importante para fortalecer a los desocupados. Este Congreso debe votar la lucha contra la rebaja en la 2128 … por la apertura del empadronamiento en la 2128 sin discriminación … seguro mínimo de 500 pesos a todos los desocupados a partir de los 16 años … Libertad a Panario y a los compañeros presos y perseguidos, movilizados el 2 de octubre" (12). El Congreso reunió a unos 200 delegados en representación de la Coordinadora de Desocupados de Neuquén, y de las comisiones de desocupados de Loncopué, El Huecú, Chos Malal, San Martín de los Andes, Cutral Co, Senillosa, Junín de los Andes, Plottier, Centenario y la Mesa Directiva de la Cta local. Es decir, una amplia representatividad. Fue un congreso ampliamente democrático y muy disputado. La Mesa de la Cta venía dando un giro: días antes, se había retirado de la Mesa que dirigía el comité de la 2128, presionada por las movilizaciones y pronunciamientos, y también porque el gobierno la obligaba a implementar la rebaja del subsidio, la discriminación en el reparto del mismo, etc. El anuncio de la Mesa de la Cta, de su retiro, fue recibido por el Congreso con un aplauso cerrado de todos los delegados, que mostraban así su rechazo al participacionismo sindical. Pero la Cta planteó, como proyecto de resolución del Congreso, "exigir la desgravación impositiva, de créditos, etc., a las actividades que generen una efectiva contratación de nuevos puestos de trabajo". Se colocaba así al servicio de las patronales, no de los trabajadores desocupados. No figuraba en el borrador presentado por la Cta, el seguro a todos los desocupados, ni la exigencia de la libertad de Panario y Christiansen (que se había entregado a la justicia unos meses antes). El Congreso, luego de un fuerte debate, aprobó reivindicar un seguro mínimo al desocupado de 500 pesos sin discriminaciones, para todo mayor de 16 años. Se exigió que la "contraprestación laboral" que plantea la 2128, incluyera cargas sociales, aguinaldo y vacaciones, y el pase a planta permanente de todos los beneficiarios que cumplen tareas tanto "en el Estado como en la actividad privada". Esto significaba, en la práctica, la liquidación de la 2128. Fue derrotado un sector minoritario del Congreso (el llamado POR lorista) que no "quería mejorar la 2128" y que hasta propuso derogarla, haciendo causa común con el gobierno sapagista. También se superó el planteo de la Cta, de bregar por "una justa reglamentación de la contraprestación". Decenas de intervenciones plantearon la lucha por la libertad de Panario, lo que obligó a la Cta a declarar, en la segunda sesión del congreso, su acuerdo con esta consigna. Se votó la unidad de los trabajadores ocupados y desocupados, "rechazando los decretos de rebajas salariales a los compañeros docentes y estatales", y se planteó, contra los despidos masivos, el "reparto de las horas de trabajo sin disminuir el salario". Finalmente, se votó una marcha provincial "contra el hambre y la desocupación" para el 21 de junio. Prensa Obrera nº 496 (30/5/96) caracterizó que "el Congreso cerró la etapa de reflujo en el movimiento de los desocupados, que se inició con la represión del 2 de octubre del año pasado". ¡El 21 de junio estallaba el Cutralcazo! Primera entregada de la lucha docente Miles de trabajadores participaban en las marchas docentes. Los reclamos de "parar la provincia" dominaban las marchas. La incorporación de grandes columnas de estudiantes secundarios, impulsada por la flamante CES, evidenciaba la radicalización y el apoyo popular. Pero las medidas de lucha votadas por Aten eran espaciadas, y la directiva había anunciado en varias oportunidades su voluntad de "negociar"; es decir que no luchaba por la derogación de los decretos antisalariales. Tribuna Docente fue la única corriente que planteó, desde el inicio, que se vote un plan de lucha de paros crecientes hasta la huelga general. Esta posición fue creciendo en las Asambleas. En la última, la propuesta de un paro de 72 horas y luego la huelga general recibió más de 40 votos, contra 140 por un paro limitado de 48 horas, que impulsó la mayoría de la directiva de Capital. El Mst planteó la moción más derechista: discontinuar la lucha con dos semanas de asambleas y jornadas de esclarecimiento, "para luego retomar con más fuerza". Sacó 10 votos. La propuesta de la burocracia provincial de paro "sin fecha" obtuvo… 2 votos. En Centenario triunfó la propuesta de Tribuna Docente. Finalmente, la directiva provincial decidió una "tregua" para entrevistarse con Sapag, lo que éste consideró "una buena señal". Terminó entregando el conflicto por una restitución ultramínima de los descuentos salariales, en contra de las aspiraciones de la base. Las directivas de Aten (Capital y provincial) mostraron la hilacha de lo que harían, en mayor escala, frente a la gran huelga docente del 97 y el segundo Cutralcazo. Ante las puertas del primer Cutralcazo fue entregada la lucha docente. Pero una vanguardia desarrollará una experiencia y se reagrupará. En las elecciones que se realizaron a principios de diciembre, en Aten Capital, la Rosa, que había ganado dos años antes con casi el 60% de los votos, retuvo la dirección, pero con sólo el 32%, mientras que la Blanca sacó el 30% y la Marrón, reagrupamiento clasista que rompió con la Rosa por sus traiciones ante la lucha de los desocupados, alcanzó el 10% de los votos. El crecimiento de las tendencias clasistas La cuestión de los desocupados fue una divisoria de aguas en la lucha de clases neuquina. El inicio de un nuevo ascenso de las luchas docentes y estatales reforzó el desarrollo de las tendencias clasistas. En noviembre del 95 triunfo la Lista Naranja en las elecciones de Adunc. Desplazó a Luis Tiscornia, principal dirigente del Ptp local, que había asumido en 1991 la secretaría general de la mano del menemismo (Tiscornia fue candidato a diputado nacional por el menemismo). En el 93, aunque ya antimenemista, fue reelegido con los votos oficialistas, manteniendo un acuerdo con el menemismo en la universidad. Un ejemplo de ello fue la Asamblea Universitaria, que reeligió rector de la universidad al menemista Bohoslavsky. Los sectores de la lista del Ptp votaron, en cada asentamiento, a favor de los consejeros que, a su vez, votaron a Bohoslavsky, mientras que Tiscornia se… abstuvo. Como minoría, la Naranja libró un importante combate contra la Ley Universitaria menemista (Asambleas de la Resistencia, etc.), que impidieron la reducción presupuestaria, el despido de docentes, etc. Por denunciar el "Censo Estudiantil" y llamar a boicotear el mismo, Silvia Mansilla, de la Naranja, fue querellada penalmente por el rector menemista. Un hito determinante fue la toma de la Universidad, en el marco de la lucha nacional contra la ley universitaria. En Neuquén la toma fue en serio. Tiscornia y el enviado especial de la FUA, Slonimsky, miembro del CEPA (corriente universitaria del Ptp), desviaron el objetivo de la toma la lucha por la derogación de la ley universitaria detrás de que el Consejo bohoslavskysta "se pronunciara" por el rechazo a la ley. Pero el punto más importante fue la actitud asumida frente a la represión a los desocupados. Mientras Tiscornia se desmarcaba públicamente de "los acontecimientos acaecidos el 2 de octubre", la Naranja puso a Adunc a disposición de los luchadores perseguidos. El 24 de noviembre triunfó la Naranja en todos los asentamientos de la universidad del Comahue, evidenciando el giro que se está produciendo entre los explotados de la zona. Los secundarios también se ponían de pie. La juventud fue un puntal en la lucha de los desocupados. Cuando comenzaron las movilizaciones docentes, lentamente se iban integrando columnas de estudiantes secundarios a las marchas. El 22 de marzo, más de 100 estudiantes de 18 colegios decidieronconformar la CES, "en función de la problemática de la provincia y, fundamentalmente, por el tema del conflicto docente". Así lo afirmaba Sergio Carozo, uno de los impulsores, en un reportaje (13). Se enfrentaron a una serie de sectas (particularmente, el Mus del Ptp) que querían conformar un organismo burocrático, alejado de la participación directa y la movilización de los chicos. El gobierno pretendió romper este principio de organización y lanzó una serie de provocaciones contra activistas estudiantiles. Pero esto, en lugar de hacer retroceder al movimiento, lo galvanizó. Masivas marchas de repudio culminaron con una gran marcha de más de 1.500 estudiantes, que fue recibida por el ministro de gobierno provincial, a quien se le dejó un petitorio con las reivindicaciones del estudiantado. La Coordinadora se pronunció de entrada por la libertad de Panario y el apoyo a la lucha de los docentes y desocupados. La juventud será un aporte importante. Entre los futuros piqueteros de Cutral Co, y en todas las movilizaciones que se desarrollarán, los jóvenes de los barrios y los colegios ocuparon un papel de primer orden. II El Cutralcazo El 21 de junio, la ruta 22 fue cortada por los piqueteros de Cutral Co y Plaza Huincul. Precedida por movilizaciones de los desocupados y numerosos reclamos, la gota que rebalsó el vaso fue el anuncio de Sapag de que se derogaba el acuerdo con la Agrium canadiense para establecer una planta de fertilizantes. Sapag negaba el seguro a los desocupados en nombre de conseguir nuevas fuentes de trabajo. Pero ahora se les cerraba esta pequeña posibilidad. Tenía como antecedente directo la Asamblea Popular de 500 compañeros realizada semanas antes, y a la que el gobierno había hecho oídos sordos. Ahora, la Asamblea contaba con la presencia de más de ¡5.000 vecinos! Justo se dio el 21, día fijado para la movilización por el Congreso Provincial de los desocupados. A pesar de la escasa propaganda, se reunieron frente al monumento a San Martín más de 300 desocupados, provenientes de los barrios de la Capital, de Centenario, Plottier, Senillosa y San Martín de los Andes. Colectivos que venían de Zapala, Loncopué y El Huecú se sumaron al corte de Cutral Co. Los hechos son de sobra conocidos. El pueblo, en las barricadas, rechazó la carga de la gendarmería y obligó a Sapag a bajar a negociar hasta las barricadas mismas, luego de que éste hubiera desahuciado públicamente al movimiento. Los piqueteros obligaron a Sapag a dar importantes concesiones: se reconectó la luz y el gas a los desocupados, se otorgaron centenares de subsidios a desempleados (en muchos casos, se devolvieron los 50 pesos que se habían descontado de la 2128), se aprobó la realización de urgentes obras públicas (hospital, etc.) y se estableció el compromiso de que el importante yacimiento de gas de El Mangrullo fuese explotado por el Estado, quedando su producido para las dos ciudades. También se impuso que no se aplicaría ningún tipo de persecución penal a los protagonistas de la pueblada, lo cual era un verdadero triunfo democrático, luego de los procesos en marcha contra Panario y Christiansen. En la semana que los piqueteros controlaron la ruta y las ciudades, hicieron una revolución: impusieron su orden contra los intendentes y la policía; implantaron la Asamblea Popular, es decir, el principio de la soberanía directa del pueblo, y abrieron un camino para todos los explotados de Neuquén y del país. El Cutralcazo fue un factor activo en la caída de Cavallo un par de meses después. Agotado el régimen, la insurgencia de las masas planteaba la necesidad de un cambio tanto a nivel nacional como provincial. Las consecuencias del Cutralcazo Para rechazar a la gendarmería se decretó un paro y se marchó a ocupar los puentes que unen a Neuquén con Cipolletti. El Cutralcazo no fue un hecho aislado. El triunfo de la pueblada despertó la conciencia y movilización de los explotados de toda la provincia. En Chos Malal, Senillosa, Plottier, se salió a reivindicar iguales derechos a los obtenidos por Cutral Co y Plaza Huincul. La dirección de la Cta, en lugar de impulsar la realización de Asambleas Populares en todos los pueblos, y un Congreso Provincial de dichas asambleas, presentó ante la Legislatura un proyecto "para la creación de un Consejo Económico y Social … destinado a analizar y buscar salidas consensuadas a la situación de crisis que atraviesa la provincia" (14), que estaría integrado por el gobierno, los gremios y las organizaciones empresarias. Asustada por la belicosidad de los desocupados y los trabajadores, la Cta quería consensuar en un organismo corporativo con las patronales y su Estado. Pero el bien común es entendido de distinta manera, según la clase desde la que se lo mire. "Las reivindicaciones no se consensuan, se arrancan. Por eso, hace falta la lucha" (15). Inmediatamente después de levantado el corte, el movimiento de los piqueteros comenzó a ser expropiado. En un reportaje publicado en las páginas del Prensa Obrera nº 502 (11/7/96), un piquetero de base se quejaba: "el problema ahora es que no tenemos informes de la comisión de 17 piqueteros designada … el temor es que usen a los 17 como amortiguadores. Por eso entre los compañeros se está planteando que hay que convocar a una nueva Asamblea Popular, para que se informe qué es lo que se está negociando y cuáles son los resultados. Los compañeros designados tienen que sentir la presión y saber que o pelean por los puntos que fueron mandatados o se elige a otros". Con la provincia en estado de virtual rebelión, Sapag dio un conjunto de concesiones para frenar la rebeldía en desarrollo en los municipios. Pero como editorializó el diario Río Negro (21/7): "nada que se haga en este plano alcanzará, porque tan pronto se entrega un subsidio acá, se levanta otra población allá". Un giro impuesto por la crisis La profundidad de la crisis y la fenomenal movilización de los explotados llevó a Sapag a adoptar un conjunto de medidas preventivas del estallido de nuevas rebeliones. A través del decreto 1840 declaró "la emergencia ocupacional", para "hacer respetar a rajatabla las 8 horas de jornada laboral" (declaraciones del ministro de gobierno, 26/7/96). Era un límite que se les imponía a las patronales petroleras, de la construcción y de los supermercados, donde es habitual la jornada de 10 a 12 horas. Estas a veces pagan las horas extras, pero la mayoría abona algún "incentivo a la productividad", o directamente pagan en negro. Con esta medida se pretendía obligar a una mayor contratación de mano de obra. Sapag también anunció una ampliación de la recaudación impositiva sobre las grandes empresas que explotan los hidrocarburos en la provincia. Pretendía elevar la alícuota que tributan por Ingresos Brutos. Aplicó una tasa al gas que se ventea (se tira al aire), lo que evidencia que los privatizadores no han cumplido con una serie de obras. Y propuso un control más efectivo de los volúmenes extraídos para verificar el correcto pago de las regalías. Porque en la actualidad, son las mismas empresas las que declaran cuánto volumen extraen, falseando las cifras y pagando menos regalías que las que legalmente corresponde. Amenazó con aplicar impuestos a las tierras improductivas. La reacción del gran capital Estas medidas (o propuestas de medidas) fueron resistidas por el gran capital. Se oponían a la limitación del horario de explotación de sus trabajadores. Porque si bien Sapag proponía la reducción de la jornada a 8 horas con su correspondiente reducción salarial, las patronales no querían perder su derecho a defender la jornada laboral flexible, de acuerdo a sus necesidades de producción. Las grandes cámaras patronales realizaron un simposio semiclandestino (no publicitado) en Neuquén y decidieron resistir. Aunque el decreto de Sapag no hacía otra cosa que "aplicar la jornada de trabajo establecida en la ley 11544, la que regirá en la provincia … teniendo presente lo dispuesto en el art. 4º, último párrafo de la mencionada normativa nacional que dispone: para acordar estas autorizaciones (de trabajo suplementario) se tendrá en cuenta el grado de desocupación existente". Hay que tener en cuenta que la ley 11544 se sancionó en 1929, en medio de la crisis mundial. En un paper repartido por abogados a sueldo entre los grandes capitalistas, se reconocía que "en los hechos, el trabajo suplementario fue realizado sin que los empleadores solicitaran la correspondiente autorización administrativa previa. Esa práctica generalizada y la falta de imposición de sanciones por parte de la autoridad de aplicación, hicieron que la exigencia legal quedara prácticamente olvidada y sin aplicación. De todos modos, es necesario recordar que la exigencia legal está plenamente vigente". Los abogados patronales plantearon que el decreto sapagista se contraponía a las tendencias menemistas nacionales a la flexibilización laboral. E idearon como estrategia que las empresas que tuvieran domicilio en la Capital prepararan "una acción meramente declarativa ante la Corte Suprema de Justicia", cuyo propósito sería "obtener una sentencia que declare la inconstitucionalidad de la norma cuestionada". Los otros problemas también fueron cuestionados por los barones del petróleo. Han saboteado (y no es la primera vez) las licitaciones para contratar sistemas de medición de los hidrocarburos extraídos (sobre los cuales deben pagar regalías). Y rechazaron los intentos de aplicar una "tasa ambiental" al gas que se ventea y desperdicia por falta de inversiones. Girando en el vacío Sapag tiene que gobernar bajo la presión de los monopolios nativos y extranjeros más poderosos que operan en el país, por un lado, y de las masas trabajadoras más belicosas de la vida nacional, por el otro. Frente a la incomprensión de los poderosos y aprovechando la tendencia de la burocracia centroizquierdista a un acuerdo social, el viejo mandatario antiobrero volvió a enfrentar a los desocupados. "Ni los 100 que prometí ni ningún subsidio" (16), fue la respuesta de Sapag a los desocupados que habían ocupado la intendencia de Chos Malal, demostrando que es un demagogo mentiroso. Igual respuesta les dio a los desocupados de El Huecú. En Plottier, el intendente, en un acto con la presencia de Sapag, rechazó los reclamos de la comisión de desocupados y acusó a Norberto Calducci, dirigente del PO neuquino, de agitador social, y dijo haberlo denunciado al Ministerio del Interior. Luego del Cutralcazo, asustado por la envergadura de la acción de las masas, Sapag amagó con tomar algunas medidas que podían lesionar los intereses de los monopolios, para intentar algún equilibrio y evitar ir en flecha hacia un estallido generalizado en la provincia. Pero la oposición del gran capital lo llevó de vuelta a su posición inicial. Incluso, la donación de los yacimientos de gas de El Mangrullo para las comunas de Cutral Co y Plaza Huincul quedó bloqueada en la legislatura. Sapag, interesado en llegar a un acuerdo con Pérez Companc, empezó a maniobrar para conformar una empresa mixta con participación minoritaria del Estado. Sapag pensaba enfrentar la situación social con una "red de contención" al estilo de las manzaneras de Duhalde, usando a la militancia del Mpn y a punteros a sueldo, distribuyendo bolsones de comida, etc. El camino de la acción directa El triunfo de Cutral Co, factor importante del ascenso obrero nacional, que cobró impulso con la caída de Cavallo y los paros nacionales de agosto-setiembre del 96, tienen su correlato en una intensa movilización de los explotados de la provincia, y en una creciente división de la burguesía neuquina. La CES organizó su Primer Congreso provincial, con delegaciones de numerosas ciudades de Neuquén y Río Negro. Consolidó su liderazgo y votó un programa de lucha por las reivindicaciones estudiantiles y junto a los explotados de la provincia. Los docentes y estudiantes universitarios declararon el boicot a la Asamblea Universitaria, que iba a adecuar los estatutos de la universidad del Comahue a la ley menemista. Se formaron masivos piquetes, asambleas, marchas y concentraciones, que lograron impedir que se reúniera dicha Asamblea. Desde Senillosa, el 10% de la población activa se movilizó sobre Neuquén y le impuso a Sapag un triunfo popular: lo obligó a renunciar a disminuir el salario de los municipales, se obtuvieron subsidios por gas y luz para desocupados, etc. Esto incentivó el reinicio de la movilización de estatales y docentes, porque vencía a fin de año el decreto de reducción salarial. Luego de masivos paros, marchas y ocupaciones de la Legislatura, se pasa a archivo la ley sapagista, que pretendía institucionalizar los descuentos salariales. "Si no aflojan ya, la provincia les vamos a parar", o la consigna de las movilizaciones, que presionó y obligó a los diputados opositores a rechazar la ley antisalarial. Estos opositores (Blancos sobischistas del Mpn, Ucr, Frepaso) son los mismos que, semanas antes, habían votado el presupuesto que legalizaba los descuentos salariales del 96. Esto constituyó una derrota política importante para Sapag. En Las Lajas, cerca de la cordillera, los vecinos cortan la ruta a lo Cutral Co, para impedir el traslado de un cuartel que da trabajo a unas 1.200 personas. Los aparatos de contención tradicionales burocracias sindicales, partidos, Iglesia se encuentran en bancarrota. No cumplían su rol amortiguador. Los explotados se verían obligados a marchar a la acción directa, a chocar en forma abierta con el Estado, para reclamar por sus reivindicaciones. La división burguesa volvió a manifestarse en el juicio a Panario y Christiansen en noviembre del 96. El ex ministro de gobierno de Sobisch, Luis Sapag, declaró en el juicio y con un año de demora que no había habido delito de ningún tipo en la manifestación del 2 de octubre del 95. Pero fue él quien había armado los operativos represivos contra los desocupados en aquella oportunidad. Para este giro, obraron dos factores: a) el crecimiento de la conciencia y movilización democrática. Unos días antes se realizó un acto con más de 500 asistentes y con la adhesión formal de todas las centrales sindicales, organismos de derechos humanos, etc. (todos aquellos que en 1995 habían salido a acusar a los desocupados y a defender la "democracia" del Mpn); la situación era insostenible para una condena; b) la lucha entre la camarilla blanca (Sobisch) y la amarilla (Sapag) del Mpn, que llevó a los primeros a desairar al gobernador, que había pedido, días antes, las máximas penas contra los acusados. La libertad decretada por el tribunal constituyó una victoria extraordinaria. III La Huelga General docente y el segundo Cutralcazo La Cámara Contratista de la Construcción había apoyado abiertamente el proyecto de ley sapagista de reducción de salarios, con el argumento de que "no haya sectores privilegiados". Lo que estaba en juego era en qué se volcaban 65 millones de pesos del presupuesto provincial: si en subsidios para la patria contratista y los banqueros, o en salarios para los trabajadores. A pesar de que la legislatura presionada por la movilización de los trabajadores terminó rechazando la ley antisalarial, los estatales y docentes cobraron a fines de enero igualmente con descuento. Sapag prorrogó el presupuesto 1996 y alegó no contar con fondos para restituir los descuentos. Encima, puso en marcha por decreto una serie de medidas acordes con la Ley Federal de Educación del menemismo, que significaban el cierre de talleres, fusiones de grados, etc., dejando a centenares de docentes en la calle. Al inicio del ciclo lectivo se realizó, en Aten Capital, una masiva asamblea con la asistencia de 1.000 docentes. Una inmensa mayoría reclamaba que se votara una lucha consecuente: la huelga general por tiempo indeterminado. Liliana Obregón, la secretaria general, que venía vacilando sobre la actitud a adoptar, se adaptó al clima beligerante. Se hizo una "autocrítica" sobre la debilidad de la lucha del año pasado y prometió "no repetir la misma historia". Por amplísima mayoría se votó el paro por tiempo indeterminado. La excepción fue un dirigente del Mst, integrante de la directiva docente, que con una serie de argumentos extorsivos y dilatorios (descuentos, etc.), mocionó contra el paro por tiempo indeterminado y a favor de un paro de 72 horas. Quedó totalmente aislado. San Martín de los Andes también votó el paro general. En Centenario, donde se había votado una medida similar, la directiva convocó a nueva asamblea y, en acuerdo con el Mst, logró cambiar por un paro de 72 horas, ganando por sólo ¡4 votos! Aun así, la directiva provincial Azul Celeste, en el plenario provincial, tuvo que votar la original medida de un paro por 15 días. Indicaba el temor de los dirigentes de la Cta de marchar a la huelga general. Alentaba a Sapag a esperar un camino de negociación, como el que le había permitido zafar el año pasado. La necesidad de la huelga general y el rol de la Cta La huelga docente se desarrolló rodeada por la solidaridad popular. Se constituyeron Coordinadoras de Padres, que fueron importantes para enfrentar la "red de contención social" de los punteros rentados del Mpn en las barriadas. La CES secundaria convocó al paro y al boicot a los pocos profesores carneros. Las marchas de apoyo se fueron nutriendo crecientemente. Los docentes de Río Negro también estaban de paro general y había una tendencia a la confluencia. En Rincón de los Sauces, las familias de los petroleros cortaron las rutas en una pueblada a lo Cutral Co, contra la depredación ecológica de las petroleras que envenenaban el agua. Los trabajadores de la cooperativa eléctrica se movilizaron contra el anuncio de su expropiación-privatización. Y lo fundamental, los trabajadores estatales también estaban perjudicados por los descuentos salariales. Pero la Cta evitaba cuidadosamente unificar todas estas luchas en una huelga general provincial y regional. De vez en cuando, obligada por la presión, lanzaba un paro aislado de 24 horas, pero bloqueaba todo intento de deliberar en común y marchar hacia la huelga general. El rol de las multisectoriales La Cta, en lugar de buscar la coordinación y centralización de los sectores en lucha, convocando, por ejemplo, a un congreso regional con representantes de los pueblos en lucha, buscó la formación de multisectoriales con los partidos patronales, las cámaras empresarias, la Iglesia y las fuerzas vivas. El rol de estas multisectoriales era tratar de mediar entre el gobierno y los huelguistas. Se proponía limar la fuerza de la huelga en favor del diálogo. Denunciando este objetivo de las multisectoriales, "El PO reclamará en sus reuniones una adhesión incondicional a la lucha de los docentes y otros sectores de los explotados, y el llamamiento a la huelga general a nivel provincial" (17); nuestro Partido intervino en las multisectoriales, logrando abortar las maniobras derrotistas. La Cta se dedicó entonces a alentar reuniones con los políticos opositores, quienes planteaban "su compromiso" de hacer votar una ley en la legislatura, restituyendo los descuentos salariales… si se levantaba la huelga. Sobre esta "base", las directivas de Aten y de la Cta comenzaron a hacer una campaña para señalar que el problema central eran los decretos del 2 de enero, que ponían en marcha la reforma educativa, reclamando la reincorporación de los cesantes y la reapertura de los talleres. El papel de la curia "Hay que defender cotidianamente la democracia sin esperar al día anterior a la revolución…", decía la declaración del Episcopado de la Iglesia Católica Argentina. Sobre la base de esta orientación nacional intervino la Iglesia en la huelga neuquina. Al principio se sumó a las movilizaciones, porque los ataques de Sapag afectaban también a los talleres que la Iglesia maneja en muchas barriadas. Pero cuando Sapag insinuó retrotraer estas medidas, devolviendo subsidios a la escuela pública de "gestión privada", el obispo Radrizzani salió a mediar: "le pedía al gremio docente el inmediato levantamiento de las medidas de fuerza y la recuperación de las actividades pedagógicas. En tanto, le solicitaba al gobierno que derogue el decreto 525, las resoluciones del Consejo de Educación, el no descuento de los días del paro y… discutir el aspecto salarial en la legislatura". Los trabajadores debían levantar su lucha, pero el salario sería discutido por la Legislatura ¿Era esto igualitario? Cuando la lucha llegó a picos decisorios como en la toma de los puentes, la curia se jugó al máximo para desmovilizar e impedir la resistencia popular. Karlic, el presidente del Episcopado, definió que "tenemos que llevar adelante la transformación educativa como una política de Estado" (18). La Ctera tomó nota de esta orientación de la curia. Aunque nacionalmente se vio obligada a acompañar con medidas solidarias aisladas las gigantescas luchas de Río Negro y Neuquén, se negó a organizar un plan de lucha nacional continuado hacia la huelga general. En su lugar metió la "carpa" frente al Congreso, para hacer lobby en alianza con la Ucr y el Frepaso por una ley de financiamiento educativo (¿para mejor financiar la ley educativa menemista?). El pueblo toma los puentes "La calle no se deja hasta ver la solución" El lunes 24 de marzo, un paro general provincial apoyó la marcha de más de 10.000 docentes, estudiantes, padres y vecinos, que culminó con la ocupación de los puentes que separan Río Negro de Neuquén. Se paralizó por completo a la provincia, creando un vacío de poder. Se repetía lo de Cutral Co, pero ahora en la Capital y diversas ciudades del interior (Centenario, etc.). La toma de los puentes pasó de simbólica, como pretendían las directivas de Aten y la Cta, a permanente, impuesta por la presión del activismo y las masas, que se volcaban en apoyo a las barricadas. El gobierno estaba contra la pared, la huelga general se extendía casi automáticamente. Sapag mandó llamar a la gendarmería de Menem. O capitulaba frente a los reclamos o se marchaba a una pueblada en la Capital de Neuquén. La burguesía estaba muy nerviosa. El bloque legislativo de la Ucr sacó una declaración (26/3) planteando "que es imperiosa la restauración de la paz social", y denunciando "que las medidas de acción directa instrumentadas por los trabajadores de la educación, consistentes en el corte de puentes de acceso y rutas nacionales, obliga a la participación del Gobierno Federal, quien debe velar por el cumplimiento de la Constitución y las Leyes, adoptando medidas incluso drásticas", en lo que era un llamado al desalojo con la gendarmería. Luego proponía "una mesa de concertación", en la que los docentes debían "suspender las medidas de acción directa" y el gobierno provincial "la suspensión de los decretos … que han iniciado esta situación". Las direcciones de Aten y la Cta se movilizaron temerosas de las consecuencias políticas de esta ocupación, tratando de llegar a un "acuerdo", el que se concretó en la noche del martes 25. Según el diario Río Negro (27/3), "Sapag y Figueroa creyeron que la paz volvía al hogar". El primero se comprometía a "abrir una mesa de negociación a partir del lunes, a cambio de un levantamiento inmediato de los cortes de ruta y puentes… María Eugenia Figueroa pareció confiada en que el plenario de Aten aceptaría la propuesta gubernamental. La ilusión de un acuerdo comenzó a deshacerse antes de llegar al puente, donde la propuesta fue recibida con el rechazo de un cántico que decía la calle no se deja hasta ver la solución…". "Diversos grupos de delegados y activistas nos concentramos frente al colectivo donde sesionaba el plenario provincial de Aten presionando contra el levantamiento de la ocupación y la huelga", nos cuenta Silvia Cochet, dirigente de Tribuna Docente y de la Lista Marrón. La directiva tuvo que ceder. Mientras los puentes siguieran ocupados, sería difícil lograr imponer un "acuerdo" que no diera satisfacción a los reclamos de la huelga. El pueblo apoyaba la lucha. Entonces se montó un amplio operativo político para lograr el desalojo de los puentes. Dirigentes de Aten se esmeraron en plantear que la ocupación era simbólica y que no se iba a resistir en caso de intervención policial para desalojarlo. Esta declaración pública era en sí misma una incitación al desalojo policial, toda vez que se daba garantías de que no habría reacción de los ocupantes. "No resistir", "pacífico", eran las consignas que se lanzaban mientras los gendarmes se aprestaban. Los diputados opositores del Mpn blanco y del Frepaso fueron a las barricadas para "colaborar en la organización … Y sobre todo pusieron énfasis en no responder con violencia" (19). El obispo Radrizzani también jugó el mismo papel apaciguador de la resistencia. Es interesante el diálogo que mantuvo con la jueza minutos antes del desalojo y que reprodujo el Río Negro: "Ellos (por los manifestantes) no quieren actuar con violencia", dijo el obispo. La jueza le respondió: "Eso ya me lo había dicho el diputado Forni que no va a haber violencia por parte de ellos, tampoco habrá violencia por la nuestra". La gendarmería avanzó segura de que no iba a encontrar resistencia, como en Cutral Co meses antes. Igual tuvo que echar gases para desalojar. Sectores activistas querían resistir. Un grupo de docentes de la lejana Las Lajas, reporteado por el PO (24/4), declaró: "viajamos un grupo importante, dispuestos a quedarnos y enfrentar a la gendarmería. Fuimos todo el tiempo al frente y creemos que el puente no había que entregarlo. Allí comenzamos a ver que la conducción gremial no se estaba jugando a fondo". Los jóvenes del barrio Sapere (vecinos del puente) estuvieron hostigando por horas a los gendarmes con piedrazos. Desocupados los puentes en la madrugada del jueves 27, por un instante Sapag respiró aliviado. Creía que la crisis se había superado, que los docentes se dispersarían y que el desaliento se impondría. Pero al abandonar los puentes, el activismo se esforzó porque se realizaran asambleas y se marchara sobre la casa de gobierno. A la tarde se reunió la asamblea más masiva que se recuerde en la historia de Aten (1.800 docentes), la que ratificó el paro por tiempo indeterminado. En toda la provincia (y en el país) crecía la bronca, fomentada por las imágenes de los gendarmes desalojando y gaseando a los maestros en los puentes. La Ctera tuvo que convocar a un paro nacional para el lunes 31. ¡Ese día marcharon 20.000! Sapag estaba aislado y derrotado políticamente. Las campañas lanzadas por los medios de difusión, acusando a "cuatro locos zurdos", fueron respondidas por "cientos de compañeros, padres y gran número de estudiantes secundarios (que) cantaban Felipe, no seas gil, esos pocos de mierda, ya somos 20 mil…" (20). Con esta manifestación de fondo, los dirigentes de Ctera, Aten y la Cta entraron a negociar con el gobierno. "Con aire triunfal Figueroa y Obregón salieron de la Gobernación y dijeron por los altoparlantes que el gobierno flexibilizó su postura ante la fuerza de nuestra lucha. Con el acta acuerdo en la mano volveremos a las asambleas para responder esta nueva propuesta, pero ya hemos conseguido gran parte de nuestro reclamo…" (21). La directiva de Aten llamó a desconcentrar para discutir en las asambleas del día siguiente en cada localidad. Pero la reacción fue casi unánime: la manifestación no se disolvía hasta conocer los términos del "acuerdo". Sapag proponía "revisar" las medidas que ponían en marcha la ley federal de educación en la provincia; pagar la mitad de los días de huelga (el resto a negociar) y que los descuentos salariales fueran discutidos por la legislatura. Numerosos sectores reclamaron el "programa del puente": pago integral de los días de huelga; recuperación de los descuentos salariales y derogación de todas las reformas antieducativas. "Que Sapag firme todo, nada de pasarle la pelota a la Legislatura". Hasta la 1 de la mañana, miles se quedaron frente a la Gobernación para controlar que no fueran traicionados. La Cta no pudo hacer pasar este acuerdo. Sapag respondió llamando a que los padres se organizaron para "irrumpir" en los colegios y obligar a los docentes a dar clases. Quiso volcar a los militantes del Mpn y a sectores de los desocupados de la 2128, organizados por sus punteros manzaneros a la tarea fascista de chocar con los huelguistas. Pero no pudo mover a nadie. Aten tuvo que convocar a una nueva jornada de movilización, para el miércoles 9, pero en cada localidad, "marchando sobre las rutas". Se venía el Cutralcazo II En Cutral Co y Plaza Huincul, el pueblo salió a la calle al llamado de Aten. Sólo que los desocupados y la juventud de estas ciudades no hicieron una pueblada simbólica, como pretendía la directiva de la Cta, sino que constituyeron barricadas y bloquearon las rutas. La gendarmería los desalojó recién en la madrugada del sábado, pero al perseguirlos dentro de la ciudad, provocó una rebelión de todo el pueblo trabajador. Más de 15.000 personas se enfrentaron a los gendarmes y a la policía provincial, haciéndolos huir. Sobre el pavimento quedó el cadáver de María Teresa Rodríguez y decenas de heridos. El pueblo de Cutral Co quedó dueño de la ciudad y la ruta. Se volvieron a instaurar las barricadas y se formó una Asamblea Popular, que se transformó en el gobierno real de la zona. …Y la capitulación de Aten y de la Cta Ante esta insurrección popular, la directiva de Aten le dio la espalda. "El corte no tenía apoyo gremial en Neuquén", afirmaba Río Negro (12/4), refiriéndose a la actitud asumida por las direcciones sindicales. Porque en la base el apoyo era total. En el centro de Neuquén se cortó la avenida Oloscoaga, con la presencia activa de estudiantes secundarios, padres y docentes, y a pesar del boicot de la dirección burocrática, que acompañó las críticas macartistas de Sapag. La Figueroa salió a decir que los fogoneros de Cutral Co estaban "al margen de los maestros y los padres de los alumnos, no pertenecen a nuestra organización, ni a ninguna otra organización reconocida" (22). En la noche del sábado el mismo día en que Cutral Co hizo huir a la gendarmería y que caía Teresa Rodríguez, y mientras 15.000 personas se manifestaban ante la Casa de Gobierno, la directiva de Aten se entrevistó con Sapag y elaboró un "acta" para "solucionar el conflicto". Cuando informan a la muchedumbre el contenido del acta, los directivos fueron silbados y abucheados al grito de "traidores" por importantes sectores. La gente no llegó a escuchar los términos del acta, el repudio respondía a que los dirigentes de Aten se habían sentado a negociar mientras había heridos, detenidos y lucha contra la gendarmería. A partir de allí, las directivas de Aten Capital y Provincial trabajaron activamente para levantar cuanto antes la huelga general. Violentaron las normas de la democracia sindical, y encabezaron a los carneros para forzar esta decisión. Ya sin pudor, los dirigentes burocráticos querían beber hasta la última gota el trago de la entrega del conflicto. La que se destacó sobremanera fue la directiva de Aten Capital. Liliana Obregón volvía a repetir las infamias antiobreras que había volcado contra los desocupados en octubre del 95. Refiriéndose a los fogoneros planteó: "no estamos ante una pueblada, sino ante la acción de un puñado de marginales fuera de control". Se opuso a levantar el reclamo de "Fuera la gendarmería de Cutral Co" porque era "irreal". Dejaba solos a los insurrectos de Cutral Co y, además, entregaba las reivindicaciones centrales recuperación de los descuentos salariales, derogación de los decretos antieducativos, pago del 100% de los días caídos que animaron la huelga durante 37 días. La recuperación salarial quedaba en manos de la legislatura, sólo se pagaba el 50% de los días caídos y los decretos antieducativos eran imprecisamente rectificados, pero no derogados. Tribuna Docente sacó de inmediato una declaración pública denunciando los términos capituladores del acta (ver apéndice al final). Nuevamente, cuando Sapag estaba groggy, las burocracias de la Cta y Aten le tiraron la esponja para salvarlo. Los burócratas centroizquierdistas y seudoizquierdistas se asustaron de la reacción popular y de sus consecuencias. Afirmaron que aceptaban el acta "en defensa de las instituciones democráticas". Liliana Obregón declaró "que los sindicatos no desean la intervención federal de la provincia" y "que en ningún momento los reclamos de los trabajadores de la educación estuvieron destinados a poner en tela de juicio la gobernabilidad de la provincia" (13/4). Colocaban la defensa de las instituciones estatales por encima de la lucha de clases de los trabajadores, que eran sacrificados en el altar de la democracia. El ministro del interior, Corach, se encargó de señalar que "no existen condiciones para una intervención federal y los problemas de Neuquén los tiene que resolver Neuquén, bien que con más gendarmes si hacen falta" (ídem). La huelga docente más combativa de la historia nacional había sido entregada. Desde el comienzo se planteó como un conflicto político contra el Estado provincial. Estuvo a punto de hacerle morder el polvo al sapagismo, pero la dirección centroizquierdista se asustó de cuán lejos había sido llevada y se empeñó a fondo en desviar la lucha de las masas y salvar el "orden". A los fogoneros se les birló la victoria Los fogoneros obligaron al Estado a recular. Pero a ellos se les birló la victoria. Recibieron una cantidad de subsidios al desocupado y algunos puestos de trabajo transitorios que sirven de paliativo coyuntural a la miseria existente, pero las reivindicaciones centrales (el "fondo de reparación histórica", el aumento y cobro directo de las regalías, etc.) quedaron desdibujadas. Incluso, la cesión del yacimiento de gas de El Mangrullo (planteada desde el primer Cutralcazo) se ha convertido en una transferencia a los cuestionados Concejos Deliberantes, sustrayéndoselo de todo control popular. La Comisión que negoció con el gobierno fue "llevada" a jugar un rol protagónico, desmontando la existencia de la Asamblea Popular que dirigió la pueblada. Las fuerzas vivas (diputados, concejales, empresarios) coparon la comisión, encargada de que se cumplan los acuerdos comprometidos con el Poder Ejecutivo. Muchos fogoneros se sienten avasallados y es evidente que, en poco tiempo, si no cambia la situación, habrá nuevos estallidos populares en la zona. IV Para salvar a los trabajadores y a la Provincia, hay que golpear al gran capital Las huelgas, puebladas, manifestaciones y luchas que recorren Neuquén de un extremo al otro, son manifestaciones de la rebelión contra la explotación y depredación de los pulpos, que se llevan la principal riqueza provincial: el gas y el petróleo. Desde que el gobierno menemista privatizó YPF y "desreguló" al capital privado la explotación de los hidrocarburos, la producción se ha multiplicado varias veces. De Neuquén sale el 40% del petróleo y el 75% del gas. En 1986, Neuquén aportaba 3.600.000 metros cúbicos y "actualmente es la mayor productora con 16 millones" (23). Las ganancias de los pulpos petroleros también se han optimizado, pero sobre la base de que están usando a fondo las reservas exploradas con el dinero de la YPF estatal. Por eso, los monopolios han puesto el grito en el cielo cuando un proyecto de ley de hidrocarburos (que se está por aprobar en el Senado) autorizaba al Estado a fijar una "reserva estratégica". Los monopolios no invierten en la exploración y detección de reservas, la parte más costosa del negocio. En pocos años de privatización, éstas han caído ¡de 30 a 7,5 años! Es una depredación salvaje de un recurso no renovable. The Wall Street Journal ha señalado que "YPF necesita fortalecer sus inversiones, especialmente en el área de exploración", porque "sus campos de petróleo y gas en la Argentina muestran señales de agotamiento". Esto va acompañado de mínimas inversiones en las obras de infraestructura, lo que ha llevado a desastres ecológicos de primera magnitud por usar materiales baratos (caños plásticos en lugar de caños de acero, etc.). Y esto no le ocurre sólo a YPF en Rincón de los Sauces, sino a Total en la reserva de la comunidad mapuche Painemil, a Pluspetrol en las chacras de Plottier, a Bridas en Plaza Huincul. Los trabajadores son superexplotados: son comunes las jornadas de 12 horas diarias, 14 días corridos por un salario de 1.100 pesos mensuales. La gran mayoría trabaja en negro. Según el Río Negro (30/1), sobre 6.000 trabajadores petroleros de Rincón de los Sauces, ¡la mitad cobra su sueldo en negro! Las "tercerizaciones" con subcontratistas permiten esta superexplotación sin ningún tipo de registro. Pero los monopolios no sólo se roban las riquezas y dejan miseria, sino que imponen su ley. Después del pataleo (amenaza de desabastecimiento) para modificar el punto de "reservas estratégicas" en la ley que trata el Senado, las petroleras han cambiado de actitud. Según El Cronista (1/4), han decidido apoyar este proyecto consensuado (UCR-PJ), con el compromiso de Roggero, titular de la comisión en la Cámara de Diputados, de aprobarlo sin modificaciones y luego, con un decreto regulador, atenuar el texto de ley. Sapag ha sancionado decretos, como el 1840, que establece la jornada máxima de 8 horas, que las empresas no cumplen. En Rincón del Sauce, el municipio votó el año pasado la ordenanza 412, que establecía multas a las empresas que contaminaran, dado el creciente envenenamiento de sus aguas. Pero los Pérez Companc presionaron para que la Secretaría de Energía obligara a levantar dicha ordenanza sin haberla aplicado nunca, y a pesar de los desastres ecológicos que ya están sucediendo. Por otra parte, los ingresos por regalías han sido utilizados para sanear el Banco provincial, que había sido saqueado por los pulpos amigos y familiares del sapagismo. Según el economista radical-menemista López Murphy, "la relación reservas/producción ha ido cayendo en la zona. El rasgo más importante … es que extrayendo un recurso agotable la inversión real es hoy inferior a la de 1983… Para ponerlo en perspectiva la inversión real excedía en 30% las remuneraciones en 1983 y al presente es un tercio de ellas … a pesar del dramático ajuste realizado" (24). Pero la voracidad de los pulpos no tiene límites. La intención de YPF es "iniciar el Plan Mega (para exportar gas natural a Chile)" (25). El propio Sapag reconoce "que si se aplica este plan tal cual están pensando será la ruina para Cutral Co y Plaza Huincul. Si se llevan el gas más rico va a ser una catástrofe. Esta materia prima la tienen que dejar en la provincia para que se radiquen emprendimientos productivos, para que crezca la región. Todo lo demás son paliativos" (26). Esto ya está en marcha. Según El Cronista (12/5), empresas integrantes de Gas Andes "se disponen a tender un segundo gasoducto, que unirá directamente el yacimiento neuquino de Loma de la Lata con la ciudad chilena de Concepción". La burguesía se niega a industrializar la materia prima en la región y reserva a los neuquinos un futuro de mayor miseria, una vez que deje secos los pozos. Los pulpos no pagan siquiera sus impuestos. Las regalías son arbitrariamente fijadas por ellos mismos, toda vez que el Estado no controla exactamente cuánto se produce. Ahora Sapag se ha dado cuenta que estas empresas no pagan el impuesto inmobiliario. "El gobierno aumentará la presión fiscal sobre la actividad energética cuando incorpore a las empresas petroleras y a las generadoras de energía en el padrón de los contribuyentes del impuesto inmobiliario" (27). Duro con los trabajadores, ¿podrá tocar el bolsillo de los ricachones? La salida pasa por revertir la privatización menemista de los recursos energéticos que ha llevado al despilfarro, la descapitalización, la destrucción del medio ambiente y el empobrecimiento general de la zona. Los explotados neuquinos tienen un programa para revertir esta situación: Seguro al desocupado de 500 pesos sin discriminaciones ni contraprestación laboral. Incorporación de los trabajadores de la 2128 a los planteles permanentes. Subsidio para consumo de gas y luz a familias de desocupados y de bajos ingresos. Jornada de 8 horas para los petroleros, supermercados, construcción y todos los sectores sin disminución salarial. Derogación y pago retroactivo de los descuentos salariales a los docentes y estatales. Pago íntegro de los días de huelga. Derogación de todos los decretos y leyes que implementan la reforma educativa menemista. Aumento del presupuesto educativo y de salud. Control obrero sobre las petroleras e hidroeléctricas, para fijar normas de seguridad y sobre lo que realmente deben pagar y adeudan por impuestos y regalías. Fondo de reparación histórica sobre la base del incremento en las regalías, para industrializar la zona y dar trabajo. Cárcel a los asesinos de Teresa Rodríguez y a los represores del pueblo trabajador. Anulación de las causas penales a los luchadores del pueblo. Asambleas Populares en cada municipio. Congreso Provincial de representantes de las Asambleas, para elaborar un plan de emergencia frente a la crisis y unificar la lucha de los trabajadores y explotados. El deber de un partido obrero es seleccionar, en la vasta experiencia de lucha que están procesando los explotados neuquinos, lo mejor que han dado. No esperar el desarrollo de la lucha espontánea, sino mejorar y hacer consciente, a través de una lucha política, el programa que irá formando la conciencia revolucionaria de las masas en el próximo período.

1 de julio de 1997
Balance de la lucha de Atlántida

Después de más de dos meses de lucha heroica, ha concluido una etapa de la lucha de los gráficos de Atlántida. Una lucha que conmovió a todo el movimiento obrero de la zona norte del Gran Buenos Aires y a los trabajadores gráficos de la Argentina y de todo el continente. Una lucha que recurrió a todos los métodos propios del movimiento obrero: la huelga, la ocupación de la planta, los piquetes, los cortes de ruta, la olla popular, la movilización de masas, las campañas de boicot popular contra los productos de la empresa. Una lucha que unió en un combate común a los obreros y a sus familias, organizadas en comisiones de mujeres y de hijos. Una lucha que, finalmente, significó un importante punto de reagrupamiento político del movimiento obrero combativo, cuyas manifestaciones más altas fueron el movimiento de solidaridad que se gestó para el triunfo de Atlántida y la convocatoria, votada en asamblea general de planta, del acto político del 1º de Mayo en Plaza de Mayo, junto con otras direcciones políticas antiburocráticas y combativas y un conjunto de partidos de izquierda. Esta etapa de la lucha concluyó con una derrota porque no se pudo imponer la reincorporación de los 390 despedidos. Pero la derrota de Atlántida es de esas que cimientan futuras victorias. Porque como dijo Néstor Pitrola, secretario general de la Comisión Interna, en la asamblea general que cerró esta primera etapa de la lucha: "Muchos compañeros de esta carpa dicen que es un triunfo. No podemos decirlo así. Pero por algo estos compañeros dicen que es un triunfo. Porque nuestra lucha fue un gran acierto estratégico. Porque caímos peleando y porque aún seguiremos peleando mucho tiempo más. Porque esta lucha prolongará su influencia entre todos los trabajadores". En el curso de la lucha, los trabajadores de Atlántida fueron obteniendo importantes victorias parciales. Lograron mantenerse unidos y luchando aun después del desalojo policial de la planta. Así, durante toda esta etapa de la lucha, las revistas de Atlántida salieron a duras penas, con formatos de emergencia, con menos páginas, con una calidad deplorable, sin publicidad, con menos distribución y con un sector amplio de la población que se sumó al boicot convocado por sus trabajadores. Los piquetes instalados en la puerta, bloqueando la salida de los camiones, retrasaron sistemáticamente la salida de las grandes revistas. Con su movilización lograron quebrar el bloqueo informativo montado por las patronales de prensa alrededor de su lucha, logrando una amplia difusión del conflicto. Su enérgica movilización, también, logró quebrar el bloqueo político que pretendió imponer la burocracia sindical: más de setenta delegados de las principales treinta empresas del gremio, algunos incluso que responden al oficialismo ongarista, censuraron la parálisis de la dirección sindical y reclamaron la realización de medidas para llevar la lucha a la victoria. En la lucha de Atlántida está en juego, además del despido de 390 trabajadores, la imposición de una flexibilización feroz a los nuevos obreros de Atlántida y la propia existencia de una interna clasista y combativa, que jugó un papel de primer orden en todos los intentos de poner en pie un reagrupamiento independiente de la vanguardia obrera, tanto en la zona norte del Gran Buenos Aires como en el Sindicato Gráfico Argentino. Por eso, tanto la patronal como la burocracia sindical y el aparato del Estado, en una trinchera; y los trabajadores de Atlántida y lo mejor del movimiento obrero combativo argentino, en la otra trinchera, entendieron que ésta era una lucha de alcances estratégicos. Este es el balance de la primera etapa de esta gran batalla de clases. Un poco de historia Hace trece años, después de una huelga importantísima, los trabajadores de Atlántida se dotaron de una Comisión Interna clasista. Esta Interna consiguió numerosas conquistas; una de las fundamentales fue la estabilidad laboral. Cuando hace algunos años, la patronal pretendió despedir a un gran número de trabajadores, por supuestos cambios tecnológicos, fue derrotada. La Interna consiguió, por medio de la lucha, que nadie fuera despedido y que se redujera la jornada de trabajo de 8 a 6 horas (creación del cuarto turno laboral), sin reducción del salario. En trece años, la patronal jamás pudo despedir un activista, porque la fábrica paró de inmediato cada vez que lo intentó. El salario de los gráficos de Atlántida triplica la máxima categoría del convenio gráfico. Se logró imponer una paritaria interna, por medio de la cual se categorizó función por función: se alcanzaron cinco categorías más, por encima del convenio gráfico de 1975, desactualizado después de veinte años de progreso tecnológico. Mediante la organización interna y la lucha consecuente, esta Comisión Interna logró poner un freno decisivo a las pretensiones flexibilizadoras y superexplotadoras de la patronal. Este papel de vanguardia en la lucha contra la política capitalista llevó a Atlántida a encabezar la lucha por la recuperación del Sindicato Gráfico. Primero contra la conducción burocrática que fue cómplice de la dictadura militar; más tarde, contra la burocracia ongarista. La lista Naranja Gráfica, cuyo corazón y cerebro es la Interna de Atlántida, desarrolló una sistemática política clasista en cada lucha, en cada elección y en cada proceso nacional. En las últimas elecciones, derrotó el fraude montado por la burocracia y logró obtener la minoría del Congreso del SGA. La pretensión patronal de imponer la flexibilización plena, obligadamente, debía partir de la constatación de que, antes, debía deshacerse de la organización gremial de la fábrica: o iba a un ataque a fondo, a todo o nada, o sería nuevamente derrotada. La crisis del recurso de crisis La patronal anunció el cierre de la planta de Garín para fines de marzo, precisamente cuando vencía el acta de estabilidad que la Interna había obtenido un año antes. El cierre de la planta significaba el despido de 300 trabajadores gráficos y de 60 del gremio de prensa. La patronal se escondió detrás de un supuesto recurso de crisis. La medida, sin embargo, no estaba dictada por una situación de quiebra. Atlántida es un poderoso monopolio que, en los últimos años, se ha transformado en un multimedios (Atlántida, Telefé, Radio Continental, etc.). Ahora, Atlántida se fusiona con la empresa Cochrane, formando un nuevo emporio: AyC, cuyo presidente es Jorge Terra, el mismo presidente de Atlántida, que obtuvo un contrato de exclusividad para imprimir las revistas de Atlántida por siete años, por un valor estimado de 200 millones de dólares. Cochrane pertenece al grupo Donnelly, el mayor pulpo impresor del mundo. La nueva patronal quiere que en Atlántida se imponga la flexibilización laboral a pleno. Por eso, en complicidad con el gobierno, las restantes patronales y la burocracia, armó un plan de guerra para destruir la organización interna de planta y derrotar a los trabajadores. Se presentó clandestinamente ante el Ministerio de Trabajo para reclamar que éste declarara lo que se llama un "recurso preventivo de crisis", que suspende la vigencia del convenio cuando las patronales alegan dificultades económicas. La patronal se jugaba a amedrentar a los trabajadores con el anuncio del cierre, y forzarlos a negociar individualmente las condiciones de trabajo. Los trabajadores respondieron: reunidos en asamblea, los gráficos de Atlántida rechazaron el recurso trucho, reafirmaron que la negociación de las condiciones de trabajo era colectiva, que esa facultad le correspondía a su representación gremial y lanzaron un plan de lucha en defensa de la fuente de trabajo. Esta fue la primera derrota que sufrió Vigil a lo largo de todo el conflicto. El conflicto La patronal lanzó la ofensiva porque creyó que la capacidad de resistencia de los trabajadores se derrumbaría con el anuncio del cierre. Pero los trabajadores estaban plenamente conscientes de lo que estaba en juego. Como señaló un miembro de la comisión interna en un reportaje, "con una patronal que fabrica un cierre para despedir, no queda otra que ir hasta el final", porque "al igual que en Fiat hay que derrotar la flexibilización antiobrera". Esta convicción revela el grado de conciencia de la representación de los trabajadores de Atlántida acerca de los alcances de la lucha emprendida. La lucha de Atlántida es un enfrentamiento decisivo entre un grupo capitalista, que cuenta con el apoyo del gobierno, que pugna por imponer condiciones esclavistas de trabajo y que actúa con la mayor de las brutalidades (el cierre); y la clase obrera, por la defensa de la fuente de trabajo y de su convenio, de sus condiciones de empleo y de su organización gremial. Estos fueron los términos de esta lucha y la clara conciencia de lo que estaba en juego galvanizó las energías de los trabajadores y los llevó a devolver golpe por golpe cada ataque patronal. Al comienzo del conflicto y ante la certeza de los despidos masivos, los trabajadores de Atlántida organizaron una manifestación a la sede central de la empresa con más de 600 compañeros. Intentaban por esta vía romper el aislamiento a que los sometía la burocracia y el pacto de silencio de las restantes patronales de medios de prensa. Frente a esta primera movilización, la patronal ofreció recontratar a los trabajadores bajo otras condiciones de trabajo. La Comisión Interna denunció que el ofrecimiento patronal refutaba su propio recurso de crisis. En su desesperación, Vigil llegó a ofrecer de indemnizaciones de Ley; esta propuesta, en los inicios del conflicto, sólo fue aceptada por el 1% de los trabajadores. La inmensa mayoría de la planta, en asamblea, la rechazó y reclamó la incorporación de todos los trabajadores a la fusionada AyC. Diez días antes del cierre trucho, y en previsión de un posible lock-out, los trabajadores ocuparon la planta. A partir de allí, se reunieron en torno suyo un conjunto de direcciones sindicales combativas y antiburocráticas que se destacaron en los últimos conflictos. La empresa montó una red con otras patronales para que se imprimieran las revistas que no podían sacar en su taller. Los trabajadores respondieron a esta maniobra imponiendo en un plenario que el Sindicato Gráfico garantizara que ningún gráfico de otra empresa imprimiera las revistas de Atlántida. Los trabajadores y las organizaciones gremiales internas de ocho talleres con capacidad de imprimir las revistas asumieron este compromiso. El sindicato, sin embargo, no movió un dedo para cumplir lo votado. Fueron los propios trabajadores y sus familias, con piquetes de convencimiento, los que lo hicieron cumplir: desde las primeras horas de la mañana, llamaban a los trabajadores de los otros talleres a no sacar las publicaciones. Así se lograron extraordinarias asambleas obreras en La Ley, IPESA, AyC e incluso en Conforti (donde, sin embargo, se siguió imprimiendo, valiéndose del 50% de personal en negro y desindicalizado); otro tanto ocurrió en Antártica con Billiken, donde los piquetes sólo pudieron retrasar las salidas. Así se fue cerrando el cerco sobre el propio Vigil, lo que lo llevó a intentar sacar las publicaciones en plantas de los países vecinos. Hasta allí llegó la acción de los trabajadores de Atlántida, que lograron el compromiso de los sindicatos de los países vecinos para que tampoco allí se imprimieran las revistas. La unidad latinoamericana en el conflicto es un capítulo aparte de esta lucha. Se plegó al apoyo la Federación Gráfica Latinoamericana y asistieron personalmente los secretarios generales de los sindicatos gráficos de Chile, de Uruguay y San Pablo, donde Cochrane tiene una planta; también se hizo presente el secretario general del sindicato Cochrane de Chile. Todos ellos se comprometieron ante la asamblea de trabajadores y en los actos de solidaridad a no hacer las revistas y a apoyar el fondo de huelga de Atlántida. En un pronunciamiento muy importante, los dirigentes gráficos latinoamericanos, solidarios con la lucha de Atlántida, enviaron una carta a la dirección del Sindicato Gráfico, emplazándola a hacer lo que hasta ese momento se había negado a hacer: movilizar al gremio para llevar el conflicto a la victoria. La policía y la justicia fracasan en desalojar la planta En los diez días que llevaba en ese momento la ocupación de planta, la lucha de Atlántida se había convertido en un decisivo centro de reagrupamiento de los sectores obreros en lucha en distintos rincones del país. Así, más de cien representantes de sindicatos, comisiones internas, cuerpos de delegados y de organizaciones políticas de la clase obrera concurrieron al plenario convocado por la Interna para sostener la lucha. Posteriormente a este impresionante plenario obrero, se realizó un festival de solidaridad al que concurrieron más de 1.000 personas. La ocupación de la planta se estaba convirtiendo en un faro para todo el movimiento obrero; por eso llegaron rápidamente a la conclusión de que era imprescindible desalojar la planta. Para hacerlo, movilizaron a más de mil efectivos de la policía provincial armados hasta los dientes. La infantería cercó la fábrica. La fecha era el 1º de abril, precisamente el día en que la patronal pretendía proceder al cierre trucho de la planta. El impresionante operativo policial el mayor que recuerdan los compañeros de la zona norte desde la ocupación de Ford y el ingreso por la fuerza a la planta, tenían el propósito de desbandar a los trabajadores e imponer el cierre del conflicto en las condiciones fijadas por la empresa. El operativo tuvo una voz de orden en la Casa Rosada: Corach anunciaba, a las 8,30 de la mañana, que "la planta se está desalojando en este momento por orden judicial". Lo que no pudieron prever ni Vigil, ni la justicia, ni Corach, ni los efectivos policiales, fue la decisión inquebrantable de los trabajadores de Atlántida y de los centenares de otras empresas de la zona, que fueron agolpándose en las puertas de la planta para impedir el desalojo. El punto más alto de esta verdadera avalancha de solidaridad militante fue el paro de dos horas de Cochrane, el abandono de la planta por sus trabajadores y la asamblea conjunta de los gráficos de ambos talleres, que se hizo a viva voz, desde arriba del techo de la planta. Los trabajadores de Atlántida y los de Cochrane reclamaron al SGA un paro contra la represión y en defensa de los trabajadores en lucha. Al atardecer, ante la enorme reacción que había generado el primer asalto, la policía se retiró. Corach debió informar, entonces, que el "desalojo no ocurrió, al menos en lo inmediato". La incursión policial provocó el efecto inverso que la patronal y el gobierno buscaban. Levantó la moral combativa de los compañeros que ocupaban la planta, galvanizó la solidaridad de la vanguardia combativa del movimiento obrero y produjo la unidad en la lucha de los trabajadores que la patronal quería enfrentar entre sí: los gráficos de Atlántida y los de Cochrane. Este revés obligó a Vigil a romper la muralla de silencio que había montado alrededor del conflicto. En una costosa solicitada desmentía sus propios planteos de crisis de empresa, y afirmaba que Atlántida "ha encarado un proceso de reconversión tecnológica", algo que también es falso porque no hay ninguna máquina nueva. 3 y 4 de abril: acto obrero y desalojo policial El jueves 3 de abril, más de 1.200 trabajadores colmaron la puerta del taller de Atlántida en Garín, en un acto obrero de solidaridad nacional e internacional. Concurrieron delegaciones de la Cochrane de Chile, de la Confederación Gráfica Chilena, de la Federación Gráfica de Brasil y del Sindicato de Artes Gráficas de Uruguay; también hubo representantes de la Fatida (Federación Gráfica del Interior). Asimismo, estuvieron presentes Carlos Gallo, secretario general del sindicato Ferreyra de la UOM (Fiat Auto de Córdoba), la Interna y trabajadores del Instituto Malbrán en lucha y decenas de internas gráficas. Hubo una nutrida presencia de delegaciones obreras de UTA, Sanidad, Publicidad, Televisión, Molineros, Utpba, ATE, CTA, MTA. También se movilizaron decenas de jóvenes universitarios de Filosofía y Ciencias Sociales, movilizados con sus centros de estudiantes, y secundarios organizados por la Coordinadora de Estudiantes Secundarios. Fue un acto de lucha. Los dirigentes sindicales latinoamericanos reafirmaron su compromiso de impedir la salida de las publicaciones de Atlántida en sus países; los delegados y activistas gráficos, de luchar contra el carnereaje y redoblar la solidaridad; los de las fábricas y talleres del conurbano, de aportar al fondo de huelga. Carlos Gallo, de Fiat-Auto (Córdoba), planteó: "La mejor solidaridad con Atlántida es Fiat en lucha", y anunció el reinicio de un plan de acción por los 42 despedidos. Todos "votaron" por una jornada común de movilización. Fue un acto de reagrupamiento obrero. La presencia de delegaciones del cordón industrial de la Panamericana y de todo el conurbano, mostró la existencia de una red interfabril armada en casi un mes de movilización ininterrumpida de los trabajadores de Atlántida (la mitad de esos 30 días, con la planta ocupada), lo que plantea una organización más allá de las vicisitudes del conflicto. La importancia estratégica de este reagrupamiento fue advertida inmediatamente por la patronal: "Existe una agitación creciente en toda la zona industrial de la Panamericana que debe ser motivo de especial preocupación", declaró entonces Vigil a una radio. La especial preocupación de Vigil fue rápidamente atendida. Las fuerzas represivas volvieron para cumplir con sus mandantes capitalistas, y lo hicieron con los métodos que los caracterizan: en las sombras, en el sigilo, cobardemente. El acto de solidaridad había terminado alrededor de las 22,30 horas. Alrededor de las 3 de la mañana, se empezaron a notar movimientos sospechosos de la policía. A las 5, un fuerte contingente de la guardia de infantería irrumpió por atrás en un operativo comando. Era plena noche. Al mismo tiempo, la montada embistió por delante y se desplegó un gran operativo de irrupción por diferentes lados. Llevaban una orden judicial para desalojar la fábrica. La diferencia en favor de la policía era de 6 a 1. El malón policial, sin embargo, no pudo hacer correr a los trabajadores: salieron marchando y cantando consignas, con los dirigentes de los sindicatos gráficos latinoamericanos que también estaban dentro de la planta. A pesar de que el operativo duró varias horas, ningún dirigente del Sindicato Gráfico Argentino y en primer lugar Raimundo Ongaro se hizo presente en la planta durante el desalojo policial. La lucha continúa Contra lo esperado por la patronal y también por la burocracia, los trabajadores de Atlántida continuaron la lucha. Montaron una olla popular frente a la puerta de la planta de Garín, para impedir el lock-out patronal. La olla se convirtió inmediatamente, como antes de la toma, en un centro de organización de la lucha. Desde allí se organizaron sistemáticos piquetes sobre la planta y se reforzó toda la actividad de solidaridad con el conflicto. Los trabajadores de Atlántida participaron en las movilizaciones docentes y organizaron una segunda marcha sobre la sede central de la empresa. Concurrieron 1.500 compañeros, más del doble de los que habían marchado un mes antes, poniendo de relieve la vitalidad de un conflicto al que todos (la burocracia y las propias corrientes de la izquierda, con excepción del Partido Obrero) daban por cerrado después del desalojo policial de la planta. Pero el salto de la lucha de Atlántida no fue sólo de cantidad: la representatividad de las delegaciones que se hicieron presentes en esta segunda marcha fue notoriamente superior a la de la marcha anterior. Ante la convicción de los trabajadores de luchar hasta vencer, la patronal transformó la planta en una verdadera cárcel, metiendo dentro de la fábrica a la infantería de Duhalde (los halcones) y a la montada. A pesar de la mejora relativa de su situación, la patronal siguió penando para sacar sus revistas por la acción de los piquetes. El trucho Vigil, condenado por contrabando de autos para discapacitados, no pudo mantener su versión del cierre. Pasó entonces a explicar que se trata de una reconversión tecnológica, pero tampoco hay tal: la fusión con Cochrane no significa la incorporación de una sola máquina nueva. Se trata, pura y simplemente, de liquidar a la organización gremial interna para imponer, a rajatablas, la flexibilización laboral. La burocracia ongarista La lucha de Atlántida fue rompiendo, paso a paso, todos los bloqueos que le interpuso la burocracia ongarista. Con los piquetes de convencimiento, fue plegando a los talleres. Armó la rebelión de las internas: reunió en un pronunciamiento la firma de más de 70 delegados, que exigieron la convocatoria a un plenario de delegados del Sindicato Gráfico Argentino, un organismo esencial del gremio pero que la burocracia ongarista se rehúsa a reunir desde 1988. La tenacidad combativa y la perspicacia política de los trabajadores de Atlántida desnudaron la política de la burocracia, que no quiso ponerse a la cabeza de la lucha como representante de los gráficos; que abandonó la lucha pasados los diez días, aun antes de la ocupación de la planta; que no estuvo presente en los actos de solidaridad, ni en la defensa de los trabajadores contra la represión policial; que no estuvo presente ni una sola vez en la olla popular; que sacó volantes anónimos insultando a los trabajadores de Atlántida; que aportó una miseria, de puro compromiso, para el fondo de huelga. El fondo de huelga no fue sostenido por ninguna central sindical, sino por la actividad militante de los compañeros de Atlántida y de las organizaciones obreras argentinas y latinoamericanas solidarias con la lucha. Conquistó, peso a peso, compañero por compañero, la solidaridad de los trabajadores en la puerta de las fábricas y de los talleres, en colectas en las universidades y en los colegios secundarios, en los barrios. La traición de la burocracia no queda impune. Editorial Perfil, que ha estado al pie del cañón junto a la lucha de Atlántida, acaba de realizar las elecciones de Comisión Interna. En ellas, la Comisión Interna naranja tuvo que enfrentar a la lista verde ongarista: obtuvo el 70% de los votos. El gran papel de las esposas y los hijos Desde el comienzo mismo del conflicto, se hicieron evidentes la participación y la solidaridad de las familias de los compañeros de Atlántida, que resultaron ser un aporte esencial a la lucha. En la Asamblea-Acto-Corte de Ruta del lunes 3 de marzo, se convocó para el jueves 6 a un acto en puerta de planta con las familias. Concurrieron casi 600 personas; la convocatoria había sido un éxito, pero ni la misma Interna sospechó siquiera el enorme alcance que tendría la movilización de la familia obrera. En la movilización del 13 de marzo se repitió el fenómeno; la participación de los huelguistas y sus familias ya era indisoluble. De allí surgieron las extraordinarias comisiones de Esposas, por un lado, y otra de Hijos, que celebraron en sus mejores momentos reuniones con decenas de compañeras y compañeros. En particular, el núcleo de esposas fue una de las patas militantes y de movilización en la que se asentó esta primera etapa de la lucha, sobre todo en los duros momentos de la olla popular. La Comisión de Esposas tomada de la experiencia de la lucha de Ford de 1985 tiene un alcance político y de movilización que superó holgadamente aquella experiencia. En las palabras de Néstor Pitrola, secretario general de la Interna, en una asamblea: "La experiencia que les brindó esta lucha a las esposas en particular, también a los hijos, superó todo lo conocido hasta el momento en materia de lucha y ocupación de fábrica. Planteó una escala superior en la lucha obrera. Fue de mucha importancia, ya no sólo en el sostén de sus maridos, sino incorporadas como núcleo obrero de la lucha". La participación de las esposas en tal alto grado, algo que también se había verificado con anterioridad en la lucha de Transportes del Oeste, muestra la profundidad del espíritu de lucha de los trabajadores contra la opresión y la humillación. Con los dientes apretados y a pie firme junto a sus compañeros, las mujeres de Atlántida escribieron varias páginas acerca del rol de la mujer en la sociedad actual. Conclusiones La convicción predominante entre los trabajadores de Atlántida durante toda esta etapa de la lucha fue que sus alcances exceden largamente la lucha en una sola empresa. Lo que está en cuestión es la política patronal de flexibilidad, de superexplotación y de liquidación de las organizaciones sindicales independientes y combativas. Porque éste fue el planteamiento central de la lucha de Atlántida es que logró convertirse, como ningún otro conflicto de la presente etapa, en un centro de reagrupamiento político de los sectores del movimiento obrero en lucha en todo el país. Este reagrupamiento político tuvo puntos muy altos: el plenario obrero con la planta ocupada y más de cien delegaciones de todo el país; los actos de solidaridad; la convocatoria al acto del 1º de Mayo en Plaza de Mayo. Los trabajadores de Atlántida votaron en asamblea general convocar al acto del 1º de Mayo en Plaza de Mayo, junto con otras direcciones combativas del movimiento obrero y un conjunto de partidos de izquierda, en lo que, sin lugar a dudas, constituye la expresión más alta de conciencia política independiente y clasista de un sector de la masa obrera argentina en los últimos sesenta años. La intervención del representante de Atlántida en la Plaza de Mayo fue uno de los puntos culminantes del acto. Allí enfatizó la necesidad de la clase obrera de dotarse de una política y una organización propias, clasistas, independientes, para derrotar a la burguesía, al Estado y a la burocracia. Esta es la perspectiva estratégica que los trabajadores de Atlántida no abandonaron en ningún momento del conflicto y que reafirmaron en la asamblea que dio por concluida esta primera etapa de la lucha. Como afirmó Néstor Pitrola, entre los aplausos de los trabajadores, "allí apunta nuestra propuesta aplaudida en asamblea de activistas de Fiat, de realizar una asamblea nacional de organizaciones obreras combativas, de lucha, partidistas y no partidistas. Para prolongar estas grandes batallas en un programa y en una organización que coloquen a nuestra clase obrera como alternativa política".

1 de julio de 1997
La crisis de Tucumán
Sebastián Portillo

La situación económica, social y política de la provincia de Tucumán se caracteriza por la perspectiva de un colapso generalizado. En rasgos generales, se trata, por una parte, del desenlace del fenomenal endeudamiento y la insolvencia del Estado y los municipios y, por otra parte, de la quiebra de un sector de los ingenios azucareros, con la consecuencia inmediata de miles de desempleados y del hundimiento de un importante número de pequeñas y medianas unidades económicas agrícolas, comerciales y de servicios. A diferencia de lo ocurrido en 1966/68, la catástrofe que se avecina ocurre en un marco de descomunal deterioro de las condiciones de vida de las masas populares y de las tensiones sociales y políticas. La desocupación y la subocupación se han estabilizado en torno al 40%; el crecimiento de la pobreza y la marginalidad, medidas estadísticamente por los organismos oficiales (mortalidad infantil, analfabetismo, hacinamiento, etc.), alcanza ya a la mitad de la población. Tampoco se registra, como entonces, un frente homogéneo entre los partidos patronales y los explotadores. Se asiste, al contrario, a la descomposición del régimen político, y a la impotencia de las fracciones capitalistas y sus expresiones políticas en lograr alguna salida estable para la crisis que ellas misma generan. Por último, y no de menor importancia, es el hecho de que a lo largo y ancho del país los trabajadores, las clases medias empobrecidas y el conjunto de los oprimidos extienden la resistencia, la cohesionan y la elevan a planos superiores. El Santiagueñazo y el Cutralcazo neuquino son hitos y referencias para las luchas populares. La inviabilidad del Estado provincial y de los capitalistas locales Todo esto patentiza el fracaso del desarrollo local y regional que se asentó históricamente. Las provincias, en tanto formaciones históricas y político-territoriales, están cuestionadas en su funcionalidad como mecanismos eficientes para la acumulación del capital. Ello está en la base de las crisis regionales; el rol protagónico de las fracciones capitalistas locales y la capacidad mediadora de los estados provinciales son cosa del pasado. El esquema anterior, que posicionaba mal o bien a las distintas clases y capas internas con un rol determinado en el mecanismo de producción y reproducción del sistema y con determinada pauta en la redistribución social del valor, se ha conmovido en sus cimientos y descoloca a sus protagonistas. Ello explica, tal vez, el carácter revulsivo de los conflictos provinciales, donde las luchas sectoriales tienden rápidamente a rebasar su marco inicial e involucran a otros sectores, dando lugar a las puebladas. La cadena se rompe por el eslabón más débil… Desde comienzos de la década del 70, a partir de la colosal destrucción de fuerzas productivas que significó el "ajuste de mercado" azucarero del 66, se generó en la provincia un ciclo de expansión económica a la par de una aguda concentración de la propiedad. Bien que por debajo del ritmo de crecimiento de la población, se expandió la superficie cultivada y el dispositivo industrial, comercial y de servicios. Incluso, se dio lugar a una diversificación relativa de la estructura productiva (citricultura, tabaco, textiles, etc.). Aunque en buena medida, este proceso estuvo motorizado por el remanente de la vieja oligarquía provinciana y por el surgimiento de empresarios locales exitosos, lo cierto es que, a pesar de contar con el auxilio financiero estatal, con subsidios, una evasión impositiva y previsional tolerada y, fundamentalmente, con la superexplotación del trabajo (los salarios no sólo no aumentaron a la par de los precios, sino que la productividad física y técnica del trabajo aumentó en las agroindustrias azucarera y citrícola hasta colocarse en valores cercanos al promedio nacional, cuando históricamente representaba 2/3 partes), lo que se registra es un avance del gran capital nacional y extranjero. Durante este período, el Estado actuó básicamente como financiador, apelando al endeudamiento y a la emisión de moneda y títulos. Manifestó cierta capacidad de arbitraje (Operativo Tucumán, de radicación industrial; fomento del cooperativismo Cooperativa Campo de Herrera; Plan Alconafta; Régimen de cupos de producción y maquila azucarera, etc.), sosteniendo relativamente un frente entre los grandes capitalistas y las fracciones menores (grandes cañeros, grandes comerciantes, citricultores, etc.). Emergieron, incluso, grupos locales, transitorios y truchos, cuyos negocios pasaban por el arriendo de moliendas, cupos de viviendas de los planes FONAVI, multimedias, cadenas de supermercados (Super 25, Limpito) y actividades bancarias (Paz Posse, ASFIN), compras de ingenios (grupo Estofán), y/o haciendo de patria contratista del Estado. Todos ellos, en la actualidad, quebrados… La primavera terminó cuando la banca acreedora del Estado exigió el control de la política estatal y de espacios económicos. Así se sucedieron la desregulación azucarera, la liquidación de la banca oficial (Banco Provincia, Banco Municipal), de la seguridad social y la previsión estatal (IPSS) y las privatizaciones (EDET, Aguas del Aconquija, etc.). Otros sectores capitalistas, sea por ser más progresivos, disponer de sostén financiero, pero sobre todo porque pasaron a ser preminentes en el control del Estado, pasaron a ocupar las principales posiciones en todos los sectores, niveles y ramas de la economía. En la citricultura (Citrícola San Miguel, de capitales franceses; Macri, etc.); en la actividad azucarera (donde 4 firmas, entre ellas Arcor, Pepsi y un holding donde participa el Citi y hasta la mafia cubana de Miami, controlan el 60% de la producción); en el comercio (Libertad, Disco, etc.), y fundamentalmente, en la plaza financiera, donde el nicho dejado por el Banco Provincia, que movilizaba una circulación de más de 1.500 millones de dólares anuales, ha sido ocupado por un holding interbancario (Banco Galicia, Río, Citibank, Comafi, etc.). En resumen, por referencia a la porción del PBG que pasaba por el empresariado local y el Estado hace 10 años, se puede decir que el principal explotador y responsable del actual estado de cosas es un puñado concentrado de capitalistas financieros y grandes empresarios. Que el Estado, mediante el fenomenal endeudamiento no es más que un rehén del capital financiero y ejecutor de sus mandatos. Su principal función económica actual es garantizar la refinanciación de las deudas (intereses y capitales) y su conversión en títulos. Esta conclusión es de importancia para la comprensión política. Ha ocurrido, como en el resto del país, una colosal transferencia de capital, mediante los giros de las ganancias fuera del territorio y una hipoteca doblemente gravosa para la población, que está obligada a pagar no sólo su alícuota de deuda externa nacional, sino también la deuda estatal de la provincia (como ejemplo burdo: si un argentino se dice que nace debiendo 3.500 dólares, un tucumano debe 5.000…). Deuda que, por otra parte, es un misterio. Hacia finales de 1995, al terminar el gobierno de Ortega, se anunció oficialmente que su monto era de 200 millones de dólares. El gobierno de Bussi prometió e hizo una revisión, de la que resultaron 400 millones. Hacia finales de 1996 era, siempre según el gobierno y la Legislatura, de 800 millones. En la actualidad, ya ronda los mil millones. A la pregunta de por qué el empresariado local resignó posiciones frente al gran capital, cuando por medio de sus representaciones políticas (PJ, UCR, FR y Frepaso) controlaba a los gobiernos provinciales, la respuesta es simple: por su acentuado parasitismo. El conjunto de las cámaras y organizaciones patronales y empresarias de la provincia (UIT, FET, CAR, ATC, Fundación del Tucumán, etc.) apoyan y sostienen la actual política, que liquida en forma ordenada (mediante subsidios) a los grupos inviables. Para el empresariado local, contentarse como socio menor es una cuestión de negocios. Es que negoció una rapiña de más de 500 millones de dólares (400 de ellos, de industriales azucareros) que recibió como créditos a no devolver, lo que generó como contraparte endeudamiento público. Está claro que, a la par de este proceso de concentración y rapiña de la riqueza social, avanzaba la desocupación y la miseria de los trabajadores y el empobrecimiento de pequeños y medianos agricultores, comerciantes, etc. Este es el significado y la dimensión de lo que se da en llamar la actual política de ajuste y el modelo, y tal es la radiografía social de los propietarios de la riqueza y el producto del trabajo provincial. Como conclusión de este capítulo, hay que aclarar que este proceso se llevó a cabo bajo la ideología de liberar la expansión y el crecimiento económico a la iniciativa privada y al mercado. Esto que, para algunos sectores políticos, refleja un debilitamiento del Estado, expresa por el contrario un acto de poder, puesto que luego de haberse hipotecado endeudándose y transfiriendo recursos, realiza un supremo acto confiscatorio, entregando por chauchas las empresas y recursos bajo su control, pasibles de generar ganancias, y utiliza el ingreso de esas privatizaciones para pagar los intereses de las deudas contraídas. Aquí se revela la verdadera naturaleza del Estado: como un órgano de dominación y poder de los explotadores. Así se entiende que su nucleo duro, es decir, el área de seguridad, justicia y poder legislativo, no esté sujeto a plan alguno de racionalización y que se garantice su estabilidad, por medio de la asistencia especial de recursos y la diferenciación salarial (como ejemplo: representando los agentes de esta área el 14% de la planta general de personal, insumen el 25% de la masa salarial, con un salario promedio bruto de 950 pesos frente a 600 del resto de los estatales). Por todo ello es, o una ingenuidad, si se trata de luchadores no plenamente conscientes, o una atorrantada consciente, cuando se trata del centroizquierda y del arco opositor, el planteo de fortalecer al Estado contra el modelo o contra las políticas de ajuste. De ser adoptados tales planteos, sólo pueden conducir a la repetición de las políticas anteriores que han conducido inexorablemente a ésta, y a cargo de los mismos que la ejecutaron. Incluso, un enmarcamiento provincial en la formulación de salidas a la crisis para las masas populares, en un cuadro donde para amplios sectores de los trabajadores (estatales, azucareros, etc.) la patronal es casi el Banco Mundial, desconoce y mutila el carácter directa y profundamente antiimperialista que conllevan las reivindicaciones mínimas del momento. El papel y el rol de las organizaciones sociales y los partidos políticos Hay una constante desde hace varios años en el escenario político provincial. Mientras los trabajadores y los demás sectores populares resisten (huelgas, cortes de ruta, movilizaciones, ocupaciones, puebladas, etc.), el ataque expoliador, sin embargo, se consuma e impone. Al calor de estas luchas ha surgido un activismo combativo que, aunque por su conducta se diferencia de los aparatos, no supera una débil comprensión del fenómeno social en su conjunto. La supremacía política de los explotadores y sus partidos se asienta en el hecho de que las masas populares aún no han alcanzado su unidad y la comprensión de un objetivo común de tomar en sus manos el manejo de la sociedad. En general, las luchas populares no han triunfado. Sin hablar del proceso nacional (descomposición del menemismo, rebeliones populares, reagrupamiento político del activismo combativo, etc.), hay que hacer algunas consideraciones. En primer lugar, la resistencia popular es un factor activo en la crisis política y económica, pues el ataque no se puede consumar todavía a fondo. En segundo lugar, estuvo hasta ahora protagonizada por estatales, municipales y docentes. El proletariado industrial y agrícola sólo salió esporádicamente. En tercer lugar, estos años han sido un laboratorio donde se procesó una generación de activistas y dirigentes. No existe ningún ascendiente político especial de los partidos patronales sobre la conciencia popular. Es cosa sabida el odio y la repulsión de la población hacia los dirigentes de estos partidos, los legisladores e incluso los burócratas sindicales, hasta el punto que la sabiduría popular los designa como morraleros. El problema radica en que las masas, que en sus luchas han apelado a sus organizaciones tradicionales (sindicatos, centros de jubilados, centros de estudiantes, etc.), no han logrado superar la vacilación o la traición de sus dirigentes. Sin duda, la corrupción existe, pera basta considerar el hecho de que el staff de conducción de los partidos está compuesto por empresarios de la salud, la educación, grandes cañeros, etc. En su acción política y de gobierno se limitan simplemente a responder a sus intereses y a los de su grupo social. La burocracia sindical, por su parte, además de formar parte del gobierno, representando la Secretaría de Trabajo, desde hace tiempo se dedica al manejo de los fondos de aportes y de viviendas de los planes oficiales. En la base de sus comportamientos políticos hay intereses materiales, se trata de sus ganancias. Por ello mismo, el esquema de regimentación política de los partidos se encuentra en crisis. El PJ, que históricamente ha abarcado a las masas provincianas, ha sido herido de muerte con el gobierno de Ortega (donde el PJ, en realidad, se asoció) y luego con la derrota ante Bussi. La UCR no puede pasar de ser una minoría con base en sectores de clase media. Bussi y FR tienen la característica de un fenómeno episódico, carecen de inserción en las organizaciones sociales y su única base pasa por sectores del empresariado local (comerciantes, grandes cañeros, tabacaleros y citricultores). El Frepaso no expresa ningún proceso en las masas, sino el cobijo de sectores desplazados locales (cañeros medios de Monteros y Simoca) y de políticos carreristas desplazados del PJ. Por su parte, en sus divisiones (CGT Regional, CGT Auténtica y Asamblea de Trabajadores), la burocracia tampoco expresa algún realineamiento progresivo que tenga que ver con las luchas populares. Se trata, más bien, de posicionamientos en torno a referentes nacionales propatronales (Duhalde, Ortega o la CTA frepasista). Los gremios más fuertes de la actividad privada, de los obreros agrícolas citrícolas y FOTIA, se caracterizan por una parálisis total hacia los trabajadores en contraste con una activa participación en apoyo de los negocios de las cámaras patronales y empresarias. Así se entiende, por ejemplo, que el secretario general de la FOTIA declare que "hay dos o tres grupos que están trabajando con seriedad en mejorar la eficiencia de sus empresas fabriles… Sería conveniente que la industria alimenticia, como Arcor, asuma más protagonismo en el sector azucarero con el manejo de otros ingenios…" (La Gazeta, 6/4/97), tomando claramente posición… En consecuencia, si se caracteriza el cuadro político como de debilitamiento del control de los partidos, y de tendencia de las masas a la lucha generalizada y a la búsqueda de salidas, hay que seguir atentamente y participar en el fenómeno que significa la emergencia de Pueblo Unido en la provincia y la candidatura de Parajón. El carácter económico y social de la cuestión azucarera En Tucumán, la actividad productiva pasa por la agroindustria citrícola y azucarera, y por la producción agrícola de tabacos y hortalizas, además de ciertas industrias (textiles, metalmecánicas, etc.). En realidad, las dos terceras partes en lo que hace al valor generado, a los recursos y al trabajo involucrado, corresponden a los cítricos y al azúcar. Por lo tanto, difícilmente se pueda abordar de conjunto la crisis provincial si no se dispone de una política para estos sectores. La estructura de la citricultura es, si se puede decir, simple. Se trata de una actividad concentrada en su localización territorial, a cargo de grandes empresas integradas (producción, industria y comercialización) y de grandes productores (unos 500, en total). Es un rubro en expansión, que despegó no hace más de 25 años, cuyo dinamismo está dado por una creciente demanda de los mercados internacionales. Sus ingresos son elevados, por el precio internacional y porque ha ocurrido un ciclo de inversiones que ha producido un importante aumento de la productividad física. Desde el punto de vista del impacto social, hay que resaltar que la rama agrícola ocupa grandes cantidades de mano de obra estacional (puede haber unas 12.000 personas trabajando simultáneamente como jornaleros en la cosecha), que trabajan por lo general en negro, y con salarios bajísimos (entre 9 y 11 pesos por jornal). Es decir que, además de las ganancias que deja esta actividad a las empresas por la concurrencia de sus productos al mercado, hay una apreciable cuota o parte del ingreso general que se debe a la superexplotación del trabajo. Sea por la evasión que significa el empleo en negro o porque la masa salarial es cada vez menor en términos relativos y absolutos. Es decir que la retribución al trabajo no corresponde al aumento de los precios. En esto radica, fundamentalmente, la deuda social de esta actividad. Actualmente, se considera que el valor generado ronda los 300 millones de pesos; un cálculo aproximado a la cantidad de jornales insumidos, nos dice que en términos monetarios (como salarios pagados) éstos no representan el 10%… Un panorama diferente presenta la actividad azucarera. Por la magnitud de los recursos que involucra, la masa de capitales y el trabajo que emplea, es la principal actividad de la provincia. Ocupa alrededor de 220.000 ha., unos 10.000 obreros industriales, 20.000 obreros agrícolas y unos 9.000 productores, además de miles de fleteros y otras ocupaciones conexas. No se trata de una actividad en expansión, sino estancada, asentada principalmente en la producción para el mercado interno y sujeta a una tendencia histórica de caída de los precios. Ello explica que, en general, el mecanismo para lograr mayores ingresos por parte de los agentes productivos haya consistido en generar, por la vía de la concentración, una redistribución interna del ingreso global. La realidad es que unas 12 empresas industriales poseen el 60% de la superficie, el 70% de la producción agrícola y el 90% de la producción industrial. Cerca de 7.500 pequeños productores no representan más que el 3 por ciento del producto. En lo que hace al trabajo, basta decir que los jornales son aún menores que los de la citricultura; que la evasión de aportes patronales, el trabajo en negro, la suspensión forzosa y hasta las deudas salariales son moneda corriente. Desde el punto de vista de lo que sería el comportamiento "clásico" del capitalismo, se ha avanzado en la reducción de costos y en la eficiencia técnica mediante la tecnificación de la cosecha, mejoramientos varietales, innovaciones tecnológicas en el proceso industrial, etc. Sin embargo, la naturaleza de la crisis azucarera no pasa por ahí. Lo que hay que decir, y es incuestionable, es que esta actividad funciona como un gigantesco mecanismo de rapiña y parasitismo social, por los subsidios y el saqueo de los fondos públicos estatales. Hasta hace poco, en créditos estatales (irrecuperables, para los economistas del régimen), las patronales han recibido más de 400 millones. El operativo económico consistió en producir una fenomenal desvalorización de los activos, la tierra, las máquinas y todo el capital instalado, para ser adquiridos por chauchas (se ha llegado a vender ingenios por 3 millones, el precio de un edificio de 25 departamentos de los que se construyen decenas…). La concentración que se operó en esta actividad no ha tenido casi costo. El Estado, por su parte, fue un factor activo en este salvataje. Hay que recordar que, además de los créditos, los subsidios y la tolerancia y el fomento de la evasión impositiva, se encargó de capitalizar ingenios y sanearlos, para luego entregarlos a manos privadas, quedándose con una doble deuda: los pasivos cuando se hizo cargo, y los pasivos cuando los entregó. Es lo que sucedió con los cinco ingenios estatizados de CONASA y luego con el ingenio Ñuñorco. Todo esto sucedía en medio de la crisis, mientras se pedía comprensión, sacrificios y aguante a los trabajadores y productores. Por debajo de la mascarada ideológica de la defensa de Tucumán y el fantasma de la desocupación masiva, la población de la provincia ha sido víctima de un verdadero chantaje. El empresariado local y regional, que en un primer momento se benefició con esta política (Estofán, Minetti, Jorge, Paz Posse), se ve obligado ahora a ceder ante grupos empresarios y financieros más poderosos (Arcor, Pepsi, etc.) que, con el mismo Banco Mundial como sponsor, reclaman el corte de los subsidios y la adecuación de la actividad a la nueva realidad del mercado… De lo que se trata es de la estrategia de monopolios de la alimentación (productos dulces, jugos y embotelladoras), en expansión por su ingreso al Mercosur, que buscan integrar y controlar la provisión de insumos (aproximadamente, el 60% de la producción azucarera). El resto de la producción quedaría liberada, sin aranceles, en el Mercosur, como parte de los acuerdos para el mercado común. Debido a que el azúcar brasileño es más barato, está planteada la desaparición de un sector de los ingenios y del cañaveral. Para las masas populares, y en especial los trabajadores azucareros y los pequeños y medianos productores, sumidos en la miseria creciente mientras se cocinan estos negociados, no se puede tratar de escoger entre la nueva o la anterior crisis azucarera. Los empresarios locales, que quieren seguir como antes, no pueden ofrecer otra cosa que el consabido parasitismo. Es lo que ocurre con el ingenio Aguilares, que nuevamente se arrendó esta zafra a una firma trucha que, además de poner como condición el desconocimiento de anteriores deudas salariales, dispone, como prenda de garantías, de los fondos de coparticipación del municipio. Como ya ocurrió antes con el Ñuñorco, el Leales, La Florida, etc., estas operaciones se hacen bajo el chantaje del inminente cierre y concluyen dejando deuda pública, deuda a los productores y a los obreros. Por otra parte, los monopolios de la alimentación y los grandes empresarios azucareros (Paz) sólo pretenden una mayor flexibilización laboral y la limpieza de los productores menores, forzando una baja del precio. La única salida posible pasa por la expropiación de la industria azucarera y el control de la producción y la comercialización a cargo de comisiones de trabajadores y productores. En un estudio del Banco Mundial sobre la reconversión de la industria azucarera se plantea que, desde el punto de vista de la estructura general de la producción, ya se ha alcanzado la escala técnica óptima (es decir, que la concentración de recursos y factores ya se ha producido. En efecto, la participación de los trabajadores y los pequeños productores es insignificante en el valor y el producto globales). También se demuestra que es posible reducir costos, alcanzando una mayor productividad en la siembra y la cosecha, y en el procesamiento industrial, básicamente por medios técnicos (se descuenta que el margen de "reducción de los costos laborales" no va a tener gran significancia). Lo principal es que se puede lograr una actividad sana, es decir, autosustentable o realimentada por sus propios ingresos y generando ganancias. Es un buen y correcto análisis, incluso con las propuestas para alcanzar ese fin. Hasta se cuantifica la inversión necesaria, del orden de los 115 millones de dólares, asegurándose que el margen de rentabilidad sobre el capital invertido (con una tasa de retorno del 20%) permite la cancelación de la deuda en pocos años. Poco habría que agregar a este plan. Sólo que el acto de expropiación, en términos económicos, no sería otra cosa que cancelar, si se quiere, las deudas al Estado, los productores y los trabajadores. En realidad, una cancelación parcial, porque esos 115 millones necesarios para la estabilización operativa y técnica de la producción son sólo una parte pequeña de la inmensa deuda empresaria. Sólo así se podrá disponer de los ingresos y las ganancias y proceder a una redistribución social. Sobre la viabilidad de las medidas de emergencia para satisfacer las necesidades populares El gran problema que enfrenta un activista y luchador es el de concebir la perspectiva para las luchas en curso. Es ésa la importancia de un programa; más allá de las cuestiones tácticas y de momento, es una herramienta conceptual que permite diseñar la estrategia de la acción política. En este sentido, haciendo el supuesto de que los sectores en lucha se preguntan qué hacer, es que se debe tener en cuenta las siguientes consideraciones. Es indudable que el grado de deterioro en las condiciones de vida de los sectores populares exigiría la implementación de medidas de emergencia y de excepción. Se trata de cuáles medidas serían y los recursos para ello. Mientras no se resuelva la exacción y la transferencia que significa esa fenomenal deuda estatal, difícilmente se dispondrá de recursos genuinos. Se trata de una deuda mal habida y fraudulenta, y por lo tanto debe ser desconocida. Igualmente deben ser anuladas las privatizaciones y concesiones hechas por el Estado, puesto que se cargó con los pasivos y se las dejó en condiciones operativas rentables. Por otra parte, basta con la percepción efectiva de los impuestos a las ganancias y aportes patronales de las grandes empresas, hoy evadidos, para fortalecer los ingresos públicos. Para ello debe registrarse el estado económico y financiero de la banca y las grandes empresas, mediante la inspección pública de los libros, a los fines de conocer su real estado patrimonial y contable. Asimismo, conociendo las ganancias reales, se puede replantear la participación en ellas del trabajo y los productores de insumos, e implementar impuestos de emergencia, en forma monetaria o en productos deducidos de las ganancias. Sólo disponiendo de esa masa de recursos se pude restituir la banca estatal. Las privatizaciones del Banco de la Provincia y el Banco Municipal deben ser anuladas. Así podrá restablecerse la función de fomento y crediticia para las unidades económicas pequeñas y medianas (tabacaleros y cañeros chicos, horticultores y otros productores), permitiendo la experimentación de formas asociativas. Así puede concebirse la viabilización de un conjunto de medidas, como la puesta en marcha de programas de obras y empleo (vivienda, caminos, canales, etc.), que pueden ser planificados en base a la implementación urgente de un censo social y económico. Está claro que todo esto supone la instauración de la soberanía popular efectiva, mediante la puesta en pie y el funcionamiento deliberativo de las organizaciones populares de masas, con poder de interdicción, registro y control de las acciones de gobierno.

1 de julio de 1997
Por la refundación de la IVª Internacional
Varias firmas

Declaración Los cambios que se desarrollan en la situación política internacional, especialmente la profundización de la crisis económica del capitalismo mundial y los levantamientos populares en diversas partes del globo, obligan a todas las organizaciones que se reivindican trotskistas a plantear la refundación de la IVª Internacional, para ofrecer a la vanguardia de los trabajadores de todo el mundo una orientación y una organización marxistas revolucionarias. El Secretariado Unificado de la IVª Internacional (SU), que se reivindica como la continuidad de la IVª Internacional, no es la IVª Internacional ni puede ser reformado para serlo. La refundación de la IVª Internacional requiere la derrota política del SU. En nuestra opinión, las bases de discusión para refundar la IVª Internacional deben incluir: 1) La actualidad de la lucha por la revolución socialista mundial y la dictadura del proletariado; 2) la reafirmación de la caracterización de la IVª Internacional de los Frentes Populares como un bloque con la burguesía democrática, que condena al partido del proletariado a ser un apéndice del capital; 3) la necesidad de la revolución social y política en la antigua Unión Soviética, Este europeo, China, Indochina, Corea del Norte y Cuba; 4) la elaboración de una estrategia anticapitalista basada en el método y en las reivindicaciones de transición. Génova, 10 de marzo de 1997 Partido Obrero (Argentina) Partido Causa Operaria (Brasil) Oposición Trotskista Internacional Asociación Marxista Revolucionaria Proposta (Italia) Liga Trotskista (Estados Unidos) Oposición Trotskista (Bolivia) ————————————————————————————————————————————- Comunicado El miércoles 19 de marzo de 1997, las delegaciones abajo firmantes se entrevistaron, en París, con representantes de la organización trotskista Lutte Ouvrière. Procedieron a un debate de la situación internacional, en el cual las organizaciones firmantes realizaron la propuesta de un trabajo conjunto en pro de una Conferencia Mundial para la refundación de la IVª Internacional, en los términos de la declaración conjunta de Génova del 10 de marzo. Los representantes de Lutte Ouvrière tomaron nota de la propuesta y recibieron la declaración, comprometiéndose a darle respuesta, por escrito, en el plazo más breve posible. Partido Obrero (Argentina) Oposición Trotskista (Bolivia) Partido Causa Operaria (Brasil) AMR Proposta (Italia) Liga Trotskista (Estados Unidos) Oposición Trotskista Internacional ————————————————————————————————————————————– Comunicado Las delegaciones abajo firmantes se entrevistaron, en Londres, el sábado 22 de marzo y el lunes 24 de marzo, con representantes de la dirección del Congreso por la Internacional Obrera (CIO) y del Partido Socialista (ex-Militant Labour) de Gran Bretaña. Realizaron conjuntamente un examen de la situación internacional en el curso del cual, las delegaciones firmantes plantearon un trabajo conjunto hacia una Conferencia Mundial para la refundación de la IVª Internacional, en los términos de la declaración conjunta de Génova, que fue recibida por los representantes del CIO y del PS. Los representantes del CIO contrapropusieron la necesidad, en este momento, de un Fórum Internacional de debate entre las diversas corrientes trotskistas, para esclarecer sus divergencias. Las delegaciones firmantes, manteniendo su propuesta inicial, se manifestaron dispuestas a trabajar conjuntamente por ese Fórum, proponiendo que una fecha y un plan de trabajo fuesen elaborados en ese sentido. Los representantes del CIO respondieron que debían previamente consultar a sus organismos de dirección internacional, a la que someterían también la declaración de Génova, haciendo llegar su respuesta a la brevedad. Partido Obrero (Argentina) Oposición Trotskista (Bolivia) Partido Causa Operaria (Brasil) AMR Proposta (Italia) Liga Trotskista (Estados Unidos) Oposición Trotskista Internacional

1 de julio de 1997
«Lutte Ouvrière» responde a nuestra propuesta de refundar la IVª Internacional
Lutte Ouvrière- André Frys

El 10 de marzo pasado, un conjunto de organizaciones trotskistas, entre ellas el Partido Obrero, acordaron, luego de un amplio debate que tuvo lugar en la ciudad de Génova, emitir una declaración que plantea, como tarea del momento, la refundación de la IVª Internacional. La propuesta toma como punto de partida la modificación de la situación internacional, tanto en lo que se refiere a la creciente impasse de la política mundial del capitalismo; el cataclismo que provoca la restauración del capitalismo en el este de Europa y China; y los movimientos revolucionarios que se han producido como consecuencia de estas condiciones (ver pág. 62 de esta edición). La declaración destaca que la refundación de la IVª Internacional requiere la superación del Secretariado Unificado de la IVª Internacional, al cual, el PO en particular, ha caracterizado como ajeno al marxismo y decididamente democratizante (anti-socialista). El Secretariado Unificado ha fracasado en forma irreversible (al igual que la otra corriente que intentó suplantarlo, el lambertismo) Las organizaciones que firmaron la declaración comenzaron una campaña para su discusión y difusión con dos destacadas organizaciones trotskistas: Lutte Ouvriere, de Francia, y el Socialist Party, de Gran Bretaña. En ambos casos, fue publicado un comunicado (ver pág. 63 de esta edición). Ahora, acabamos de recibir una respuesta formal y fundamentada, por parte de la dirección del primero de los partidos mencionados, la que procedemos a publicar. París, 26 de mayo de 1997 Atención: International Trotskyst Opposition (ITO) Associazione Marxista Rivoluzionaria Proposta (Italia) Trotskyst League (Estados Unidos) Partido Obrero (Argentina) Partido Causa Operaria (Brasil) Durante nuestra reunión del 19 de marzo en París, nos propusieron firmar con ustedes una declaración que afirmara la urgencia de refundar la IVª Internacional, la necesidad de una derrota política del Secretariado Unificado de la IVª Internacional, y enumerara cuatro puntos que deberían, según ustedes, ser las bases para discutir esta refundación. Nosotros reafirmamos como ustedes la necesidad de una Internacional revolucionaria proletaria, que según nosotros no podrá existir más que sobre la base de las ideas trotskistas. Deploramos, como ustedes, el estado actual de fragmentación del movimiento trotskista y los procedimientos políticos habituales de numerosas organizaciones entre ellas, el Secretariado Unificado, que las conducen bastante frecuentemente a abandonar en la práctica la política y las ideas de las que se reclaman. Nosotros no deseamos, sin embargo, firmar esa declaración; no aprobamos, en efecto, ni sus términos, ni la tentativa que envuelve, y no pensamos que pueda ser un paso hacia la construcción de la Internacional. Los "cuatro puntos" que ustedes enuncian en vuestro proyecto de declaración como las bases de una discusión para esa refundación, tienen evidentemente un carácter muy general. Han sido elegidos, como ustedes nos lo han dicho, para que todo grupo que se reclame del trotskismo pudiera, en el límite, adherir a ella, a condición de que estuviera de acuerdo en declarar con ustedes que el Secretariado Unificado "no es la IVª Internacional ni puede ser reformado". Y es ciertamente este acuerdo para condenar al Secretariado Unificado lo que parece ser la base política real de la declaración. Nosotros, sin embargo, no estamos dispuestos, justamente, a firmar un texto sobre el cual podrían ponerse de acuerdo numerosos grupos que no forman parte por una razón u otra del Secretariado Unificado, y dispuestos, por lo tanto, a condenarlo, pero que no tienen entretanto una política mejor. Un acuerdo formal de estas características no significaría necesariamente una voluntad real de los grupos signatarios de comprometer los esfuerzos para la refundación de la Internacional, y tendría todas las chances de ser un acuerdo sin futuro, como tantos otros. No se trata, evidentemente, sólo de la relación entre nuestros respectivos grupos. Si el objetivo es efectivamente la reconstrucción de la Internacional, es necesario tener una actitud ante cada uno de los grupos que se reclaman del trotskismo, indicando en qué medida y de qué manera podemos comprometernos juntos hacia ese objetivo común. En lo que nos concierne, no hacemos exclusiones en relación a los otros grupos que se reclaman del trotskismo, y estamos dispuestos a considerar una colaboración con ellos, cualesquiera sean las divergencias políticas que nos separan, incluidas aquellas organizaciones adherentes al Secretariado Unificado. Superar el estado de fragmentación actual del movimiento trotskista es ciertamente una tarea difícil, como lo muestra la experiencia de las diferentes tentativas, todas condenadas al fracaso, de constituir reagrupamientos internacionales con la pretensión de reconstruir la Internacional. No sólo no existe actualmente una dirección internacional reconocida, sino que además las organizaciones trotskistas, al menos aquellas que tienen un poco de peso, han tomado la costumbre de vivir y de seguir su política independientemente las unas de las otras, porque no existe entre ellas ninguna confianza recíproca. Será entonces ciertamente difícil, en tanto que las circunstancias continúen siendo las que son, recrear un cuadro internacional que no sea puramente formal y que pueda ser un paso real hacia la constitución de una dirección internacional reconocida. En el estado actual, las diferencias políticas son muy grandes entre las diferentes organizaciones para que ellas puedan aceptar una disciplina común. Esto es lo que constatamos en Francia con las otras organizaciones que se reclaman del trotskismo, pero también es cierto en el plano internacional. En esas condiciones, el único cuadro político común que podría ponerse en pie sería un cuadro no vinculante, sin otra disciplina que aquella libremente consentida por cada uno. Pero incluso para que un cuadro semejante exista, sería necesario que corresponda a una voluntad real de las organizaciones involucradas de colaborar entre ellas, sin que esto establezca un antecedente político que no podría ser más que formal. Sería necesario que ellas desearan realmente poner fin al aislamiento y a la rivalidad entre sectas, y darse los medios de confrontar sus experiencias, multiplicando entre ellas los intercambios políticos y las oportunidades de conocimiento recíproco. Es muy difícil decir por anticipado qué circunstancias podrían hacer posible, en un momento dado, superar la situación actual. Ese podría ser el caso, evidentemente, si la situación política general cambiara, si se asistiera, por ejemplo, a un ascenso general de las luchas obreras y a un giro a la izquierda. Ese podría ser también el caso si uno o varios de los grupos existentes obtuvieran éxitos importantes y visibles. Va de suyo que, incluso si ésta no es la situación hoy, es necesario estar preparados para aprovechar una eventualidad semejante, y la mejor manera de prepararse es tener desde ahora las mayores relaciones políticas y de colaboración, excluyendo todo sectarismo. He aquí porque, aunque sin estar dispuestos a firmar la declaración que ustedes nos proponen y que no nos parece que tenga sentido en la situación actual, esperamos en todo caso tener otras ocasiones para volver a encontrarlos, y si es posible, colaborar. Con este deseo, les dirigimos, queridos compañeros, nuestros saludos revolucionarios. Muy fraternalmente, por la dirección de Lutte Ouvrière- André Frys

1 de julio de 1997
Una respuesta a Lutte Ouvrière

En marzo de este año tuvo lugar una reunión internacional en Génova, Italia, previamente acordada entre la Organización Trotskista Internacional y el Partido Obrero. La OTI reúne a organizaciones y grupos de diferentes países, aunque la principal de ellas es la Asociación Marxista Revolucionaria "Proposta", que actúa como una tendencia destacada en el Partido de la Refundación Comunista de Italia. Las organizaciones de la OTI pertenecieron hasta hace algún tiempo al Secretariado Unificado de la IVª Internacional y aún hoy algunas de ellas actúan en el seno de las organizaciones oficiales del SU, como es el caso de Dinamarca, Alemania, Estados Unidos, Gran Bretaña o la India. A la reunión de Génova concurrieron, sin embargo, otras organizaciones, particularmente el Partido Obrero Revolucionario de Grecia, aunque también se hizo presente el grupo En Defensa del Marxismo de España y el Partido Causa Operaria de Brasil. Todas las organizaciones presentaron un informe de sus realidades nacionales, así como sus puntos de vista sobre la situación internacional en su conjunto. El Partido Obrero de Argentina publicó las actas de todas las sesiones de esta reunión en su Boletín Interno, en mayo pasado. Esta reunión significó un claro progreso con relación a su antecesora, que tuvo lugar en Detroit en julio de 1996, no solamente por el número mayor de los asistentes. Es que mientras el año pasado las discusiones giraron en torno a cuestiones parciales, como la naturaleza social y política de los procesos en Rusia, Europa oriental y China, o el carácter del Secretariado Unificado, ahora se encaró la cuestión estratégica por excelencia, la reconstrucción de la IVª Internacional. Tendencias internacionales En los informes iniciales se delinearon dos posiciones. Una, formulada por la OTI, propiciaba el establecimiento de una tendencia trotskista internacional entre las organizaciones presentes. La otra, del Partido Obrero, planteaba el lanzamiento de una campaña internacional para organizar una conferencia que discutiera la refundación inmediata de la IVª Internacional. La organización griega, por su lado, presentó un agudo análisis sobre las características catastróficas de la restauración capitalista en Rusia y, en conexión con esto, sobre la vigencia de la época histórica inaugurada por la revolución de Octubre de 1917. El planteo de la OTI señalaba una homogeneización de posiciones entre las organizaciones presentes y planteaba como perspectiva un trabajo de clarificación política. El del Partido Obrero partía de un método distinto: considerando las tendencias revolucionarias que comenzaban a despuntar en la situación mundial; considerando la bancarrota completa de los partidos obreros tradicionales, en el sentido de una completa pérdida de referencia histórica socialista u obrera, como consecuencia de la restauración capitalista en los ex Estados obreros, y considerando que los formidables acontecimientos históricos de los últimos años habían reforzado las caracterizaciones y pronósticos del programa de fundación de la IVª Internacional; considerando todo esto, el Partido Obrero señaló que la refundación de la IVª se presentaba como una cuestión objetiva para los luchadores del mundo entero. Para el PO, la tendencia política mundial se desarrolla en el sentido de la creación de situaciones revolucionarias, lo cual plantea para todos los luchadores un problema clásico por excelencia un partido mundial. El principal problema de la vanguardia obrera en la presente situación mundial no lo constituye la ausencia de partidos revolucionarios en aquellos países que llegan a una situación revolucionaria, sino la ausencia de un partido internacional, que impide que la vanguardia que nace o se desarrolla como consecuencia de aquellas situaciones, evolucione rápida y adecuadamente para convertirse en la dirección que hace falta. Dentro del planteo del PO, la formación de tendencias internacionales había pasado a constituir un hecho de dispersión política sin ninguna clase de atenuantes; con independencia de las posiciones políticas que pudieran levantar, la formación de tendencias internacionales sólo sirve a un desarrollo sectario y nacionalista de los partidos trotskistas, y a un bloqueo creciente de la posibilidad de refundar un partido obrero internacional. En el curso de la reunión, el PO subrayó el carácter oportunista de todas las tendencias existentes, a partir del hecho elemental de que ninguna de ellas había procurado procesos de unificación política nacionales, sino que reúnen simplemente a organizaciones que actúan en diferentes países y que, por lo tanto, no compiten entre sí, en una suerte de distribución de zonas de influencia (o, mejor, de completa falta de influencia). Tampoco existía la señalada homogeneización entre las organizaciones presentes en la reunión, como se constata en la persistencia de divergencias sobre la naturaleza social del Estado chino o cubano, o sobre el carácter revolucionario o no del Secretariado Unificado. El método que propuso el PO fue partir de la situación histórica del momento y no de las más o menos variadas divergencias entre todas las organizaciones que se reivindican de la IVª Internacional; se trata de dar una respuesta a una situación histórica concreta y no de pretender remontar los infinitos hilos que diferencian ideológicamente a las más diferentes organizaciones. Mientras que la agenda corriente del llamado movimiento trotskista consiste en luchas políticas faccionales, cuando no en la ignorancia recíproca de unos y otros y en la auto-proclamación de cada uno como el partido verdadero, el Partido Obrero plantea como agenda una discusión política tendiente a establecer las condiciones para proceder a la refundación inmediata de la IVª Internacional. La IVª Internacional es la respuesta a los problemas históricos actuales, porque su programa ha salido completamente airoso de las pruebas de la lucha de clases que han hundido a regímenes políticos y a partidos de masas enteros. Existe una contradicción evidente entre la refundación de la IVª Internacional y la fragmentación cada vez mayor del conjunto formado por los partidos que se reclaman de la IVª. Hay quienes parten de esta contradicción para condenar al fracaso la posibilidad de la reconstrucción de la IVª Internacional. Pero en realidad se trata de superar esa contradicción mediante una campaña política y de enfrentar a los cuadros de la IVª Internacional con sus verdaderas responsabilidades históricas. Programa La refundación de la IVª Internacional debe hacerse sobre la base de su programa, cuya viga maestra, como lo ha sido de todo el movimiento obrero revolucionario desde la Comuna de París, es la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado resume toda la estrategia política marxista, porque le da el contenido histórico al internacionalismo de la clase obrera y porque condensa la independencia política del proletariado es decir, desnuda la incompatibilidad entre el movimiento obrero con conciencia de clase y los frente populares o de colaboración de clases, que son invariablemente el instrumento democrático del imperialismo contra la revolución proletaria. La lucha por la refundación inmediata de la IVª Internacional actúa como una divisoria inmediata de aguas entre las tendencias revolucionarias y las democratizantes. Es claro que estas últimas no pueden refundar la IVª. La cuestión de la democracia (burguesa) y de la dictadura proletaria está en el meollo de las cuestiones revolucionarias que se han vivido en Europa oriental, desde la revolución rumana, en 1989, hasta la reciente en Albania, pasando especialmente por la gran cuestión del derrumbe del régimen staliniano de Alemania oriental, el derribamiento del Muro y la absorción capitalista del este. Los planteos de democratizar o reformar al régimen stalinista germano hundieron a las tendencias trotskistas oficiales (SU) y liquidaron su posibilidad de un desarrollo independiente en Alemania. La lucha por refundar la IVª es una lucha por el programa y es una lucha por la estrategia de la dictadura proletaria. Se puede decir, casi con una certeza absoluta, que la fragmentación sectaria y nacional de la IVª Internacional está determinada por el abandono de esta estrategia, que es la razón de ser del internacionalismo. La reunión internacional de Génova, luego de coincidir con la necesidad de lanzar la consigna de la refundación inmediata de la IVª Internacional, estableció, por eso, como base para esta tarea, los cuatro puntos siguientes: 1. defensa de la reivindicación de la dictadura del proletariado; 2. reafirmación de los frentes populares como instrumentos del imperialismo; 3. propugnar la revolución social en los países que atraviesan una etapa de restauración capitalista; 4. actualizar la lucha por la IVª Internacional, a partir de los acontecimientos que van desde la disolución de los Estados obreros y de las convulsiones, huelgas y revoluciones que ello ha provocado y que provocará todavía más, y a partir de la agudización de la crisis mundial del capitalismo que ponen de manifiesto las crisis financieras, económicas y políticas, y las rebeliones de masas e insurrecciones populares. Secretariado Unificado El Secretariado Unificado de la IVª Internacional corporiza la sustitución de la estrategia de la dictadura del proletariado por el democratismo burgués (lo mismo puede decirse del lambertismo), lo que lo califica como una corriente contrarrevolucionaria dentro del campo oriundo de la IVª Internacional. La refundación de la IVª es incompatible con el SU. En la historia de la lucha de tendencias dentro del movimiento trotskista en el pasado, ninguna tendencia fue capaz de ir más allá del señalamiento de numerosas divergencias de tipo táctico con el SU, por importantes que fueran, ni de establecer una delimitación de carácter principista (a excepción, hasta 1981, de la Tendencia Cuartainternacionalista). La razón de ello fue la tendencia hacia el democratismo que se apoderó de la casi totalidad de las organizaciones que se reivindican de la IVª. Plantear la refundación de la IVª sin caracterizar debidamente al SU como democratizante, habría significado encubrir con frases altisonantes una maniobra de reunificación sin principios. El problema del SU, por lo tanto, volvió a ser objeto de una viva divergencia en Génova, ya que para la OTI se trata de una tendencia "centrista" que puede ser recuperada para el cuartainternacionalismo. La discusión de este punto determinó una división de opiniones dentro de la OTI, aunque ésta decidió votar, finalmente, la resolución que declara que el SU "no puede ser reformado". Hay que decirlo francamente: aun en el ala más de izquierda del trotskismo existe la expectativa de recuperar al SU, y la razón para ello no está en las posibilidades de superación que tenga el SU, sino en una incomprensión, dentro de la izquierda, acerca del carácter contrarrevolucionario de "la democracia pura", según la rigurosa definición de Engels. Esta democracia es el instrumento último del imperialismo contra la revolución; el frente popular es su corporización política. No se valora, indudablemente, la lucha de Trotsky contra la consigna de "la dictadura democrática de obreros y campesinos", como una consigna contra la revolución proletaria. La demagogia democratizante ha caracterizado la acción política del imperialismo de las últimas dos décadas, a la cual le hizo contrapunto el stalinismo reciclado. La función de esa demagogia es muy clara: desmantelar los Estados obreros mediante el injerto de instituciones seudo-parlamentarias, en un régimen que continúa siendo un monopolio de la burocracia, convertida a la restauración capitalista. En defensa de las posibilidades de recuperación del SU se alega que sus partidos nunca se han incorporado a un gobierno capitalista y que incluso separó de sus filas al partido ceylanés, cuando se incorporó al gobierno de su país en la década del 60. Para apoyar este enfoque se sostiene que Trotsky habría calificado como irrecuperable a la IIIª Internacional sólo cuando los partidos comunistas formaron los frentes populares en Francia y en España, en 1936. Fuera de la controversia acerca de la exacta posición de Trotsky, alcanza recordar, para el caso, de que la sección brasileña del SU ya ha apoyado dos frentes populares en Brasil y los gobiernos estaduales y municipales del PT. De cualquier manera, el método de la analogía histórica no siempre es de rigor; lo que en este caso importa es que el SU se ha convertido tan completamente a la democracia, que incluso las fracciones de oposición que genera regularmente en su seno no critican este carácter, aun cuando se coloquen a la izquierda. Lo dicho hasta aquí retrata la confusión que se levanta como un obstáculo para la refundación de la IVª, incluso entre las corrientes más avanzadas del trotskismo. Este hecho se refleja, a su vez, en la poca fuerza que tiene todavía en la práctica la campaña internacional por la refundación inmediata de la IVª Internacional. Lutte Ouvrière Queremos reconocer en Lutte Ouvrière la transparencia política que consiste en haber dado respuesta por escrito a los planteamientos de la reunión de Génova, que les fueron transmitidos en una reunión que tuvo lugar poco después en París. Cualquiera comprenderá que esta actitud contribuye a clarificar las posiciones. El rechazo de Lutte Ouvrière al planteo de realizar una campaña por un congreso o conferencia para refundar la IVª, tiene como eje algo que es harto obvio desde bastante tiempo: las enormes divergencias que declaran tener los grupos trotskistas entre sí. Se trata, sin embargo, de una objeción extremadamente ingenua, porque cómo puede pensar LO que las organizaciones que lanzaron la propuesta podrían minimizar este hecho, no digamos ya desconocerlo. Poner de acuerdo a los diferentes grupos trotskistas sobre la base de una discusión de cada una de sus divergencias, o incluso sólo de las principales, desafía la capacidad de cualquier ser humano u organización. Pero no, como podría imaginarse, porque sean insalvables, sino debido a su escasa naturaleza teórica, a que son poco consistentes, en la mayor parte de los casos accidentales, y por sobre todo a que están dictadas por el faccionalismo. Pero ésta es, precisamente, la consecuencia de largos años de dispersión. Refundar la IVª es incompatible, como método, con un ajuste de divergencias; exige, por el contrario, una discusión sobre nuevas bases. Una discusión sobre la presente situación mundial, sobre la base de las definiciones estratégicas del programa la lucha por la dictadura del proletariado. Es necesario plantear a las organizaciones y militantes del trotskismo una nueva agenda, es decir, sobre qué base debe refundarse de inmediato la IVª Internacional. Es sorprendente también que no se vea que, en ausencia de un planteo de refundación, las organizaciones trotskistas carecen de un objetivo estratégico, es decir, de razón de ser. Esta falencia mortal fue disimulada durante mucho tiempo con el planteo de reconstruir la IVª Internacional, una tarea a la que le era atribuida tal complejidad que no comprometía ninguna acción a corto plazo. Indudablemente, las escisiones de los ´50, de los ´60 y de los ´70, crearon un cuadro de crisis que reclamaba un balance político como condición de cualquier avance ulterior. Si esos balances fueron hechos o no, lo deberá demostrar cada fuerza a la hora de encarar la tarea fundamental del momento, que es refundar la IVª. Fuera de esta tarea, aquellos balances quedarán como entelequias. Lutte Ouvrière caracteriza que los cuatro puntos básicos para convocar a una conferencia, reunión o congreso internacional, serían demasiados generales para permitir una unión real de fuerzas y les adjudica estar diseñados para apartar de ese congreso al SU. Esto plantea dos reflexiones fundamentales. La primera es que Lutte Ouvrière estaría admitiendo que nuestros planteos no son tan generales, es decir, vacíos o abstractos, desde el momento que son incompatibles con posiciones fundamentales del SU; o sea que es real que el SU es democratizante y que es real que rechaza la estrategia de la dictadura del proletariado, o sea de la revolución proletaria. Si esto es así, no se ve dónde estaría, de nuestra parte, el acomodamiento de posiciones sólo para excluir al SU, salvo que para Lutte Ouvrière también el asunto de la dictadura del proletariado sea irrelevante. La segunda cuestión es que si es verdad que la estrategia de la dictadura proletaria no provocaría disensos entre los trotskistas, ¿por qué permitir que se introduzcan como estratégicas o principistas otras cuestiones, haciéndole con ello el juego al macaneo ideológico y a la dispersión organizativa de fuerzas? Esta fuera de toda duda que un congreso o conferencia deberá discutir todo aquello que fuera considerado fundamental por parte de los que asistan a ese congreso, pero en cualquier determinación política de refundación de la IVª habrá que distinguir lo que son diferencias de opiniones o de tácticas, de las de principio o estrategia. Sobre la base de esta distinción reposa la posibilidad de unidad de cualquier partido, ya que sus miembros divergen, como cualquiera lo sabe, cotidianamente sobre innumerables cuestiones sin que ello afecte necesariamente la unidad de acción y de propósitos. Claro que existe una larga experiencia acerca de que lo que se presenta como divergencia táctica esconde otra más fundamental, pero la clarificación de este tipo de problemas sólo puede hacerse en la lucha, en condiciones concretas; no se puede especular de antemano sobre todos los sinsabores que su desconocimiento pudo haber ocasionado en el pasado. Lutte Ouvrière destaca una cuestión que sí es importante, cuando señala que a muchas organizaciones que no integran el SU se las puede igualmente caracterizar de democratizantes, sin que sin embargo el llamado de la Conferencia de Génova las hubiera excluido de un futuro congreso de refundación de la IVª. Pero el método de la reunión de Génova es muy concreto: pone como única base de la conferencia cuatro puntos estratégicos de los más fundamentales, que las organizaciones que se reivindican de la IVª pueden apoyar o rechazar; es decir, que cada uno hará su propia delimitación política, incluidas las organizaciones que militen en el SU o en el lambertismo. Pero con relación a estas últimas, en calidad de organizaciones que se presentan como la encarnación de la IVª, decimos que son democratizantes, opuestas a la estrategia del programa de fundación de la IVª y, por lo tanto, contrarrevolucionarias como tales organizaciones internacionales. Estamos convencidos que Lutte Ouvrière omite en su carta el punto fundamental de decir si está o no de acuerdo con las bases propuestas, en lugar de evadir una definición con el argumento de que serían demasiado generales. En otras reuniones que tuvimos en Europa pudimos constatar que existe un rechazo a plantear la dictadura del proletariado. Esta es la cuestión. Lutte Ouvrière tampoco valida la consigna de refundar la IVª como objetivo, a pesar de que es sabido que el lambertismo ha planteado la creación de una Internacional que no debería necesariamente ser la IVª y que, por lo tanto, no debería basarse en la estrategia de ésta. Ha señalado que habría que volver a poner en pie una organización como la Iª Internacional. El SU, por su lado, practica una activa política de disolución en los partidos comunistas reciclados (no entrismo), lo que, de un lado, ha transformado internacionalmente en una cáscara vacía y, del otro, apunta a una Internacional pluralista. Ahora bien, frente a estas tendencias concretas en el campo de la izquierda es necesario decir claramente cuál es la forma concreta del internacionalismo proletario para los trotskistas el macaneo pluralista o la refundación de la IVª. Llama la atención que Lutte Ouvrière señale, al menos como hipótesis, la posibilidad de que se pudiera refundar la IVª en un marco de ascenso obrero mundial, porque le atribuye a este ascenso la capacidad o posibilidad de acercar a las diferentes organizaciones trotskistas. Pero esta posición significa, en primer lugar, que LO no se plantea preparar políticamente desde ahora ese llamado acercamiento o esa posibilidad de refundación, incluso cuando admite que está inscripta en la perspectiva tanto la posibilidad de un ascenso obrero general como de que provoque condiciones de refundación de la IVª Internacional. El método de LO no es el de Lenin ni el de Trotsky, que prepararon la fundación de la IIIª y de la IVª en un período de lucha "contra la corriente". Sin embargo, no hay ningún antecedente histórico, ni tampoco razones teóricas, que permitan sostener que los ascensos obreros tenderían a superar divergencias políticas, o a unir a tendencias divergentes cristalizadas. Al revés, las situaciones revolucionarias han servido siempre para iluminar más claramente, y a hacer más irreversibles, las divergencias que con anterioridad parecían oscuras para el común de la gente. La suposición de Lutte Ouvrière de que un ascenso obrero general podría crear condiciones favorables para unir a las diferentes tendencias trotskistas, desmentiría su insistencia acerca de la gravedad, profundidad o amplitud de sus propias divergencias con esas corrientes en la actualidad. De la respuesta de LO, así como de otras que nos fueron transmitidas verbalmente en Europa, se obtiene la impresión de que para ser viable la consigna de refundar de inmediato la IVª, ésta debería satisfacer los paladares de las organizaciones a las que va dirigida esa consigna. Este punto de vista es quietista y absurdo. Esa consigna sólo tiene una función transformadora si es capaz de plantear la superación de una situación de dispersión, sectarismo, confusión o faccionalismo, que está impidiendo a los trotskistas cumplir sus irrenunciables deberes internacionalistas del momento. El Partido Obrero y las organizaciones de la Conferencia de Génova simplemente están reclamando levantar la puntería.

1 de julio de 1997
Revolución en Albania

"Albania no es Yugoslavia, como ha declarado certeramente el canciller Kohl. La crisis albanesa no se parece a ninguna otra. Las comparaciones con Bosnia, los análisis sobre el poscomunismo, por caso las referencias al hombre soviético, no alcanzan a definir a una revolución que tarda en encontrar sus jefes". Cuando el periodista de Le Monde escribía esto, el 20 de marzo, la mayor parte del país, en particular la zona sur de Albania, estaba en manos del pueblo en armas. Los arsenales militares habían sido tomados sin resistencia alguna, las armas habían sido repartidas entre los trabajadores y la población empobrecida, merced a los Comités de Salvación, electos por el pueblo en asambleas en las plazas públicas, que gobernaban en las ciudades más importantes. Los municipios, los bancos, las estaciones de policía y las mansiones de los privilegiados del régimen habían sido ocupadas y, en muchos casos, destruidas por los insurrectos. La policía y los funcionarios habían desaparecido. Armados con cuchillos y palos, los rebeldes habían asaltado los cuarteles militares y los centros de la odiada policía secreta ("Shick") y muchos de los sospechosos de pertenecer a ésta habían sido detenidos y fusilados. Esta enorme insurrección popular ha sido ocultada y deformada a niveles ignominiosos por los medios de comunicación, que repiten una historia oficial de bandas armadas organizadas por barones de la droga y el tráfico de armas, de luchas de clanes entre el norte y el sur en el escenario de un pueblo exasperado por la confiscación de sus ahorros a manos de algunas financieras que se habían declarado en quiebra. Esta operación tiene como único propósito ocultar que Albania se ha convertido en un laboratorio avanzado del tembladeral económico y financiero provocado por la crisis capitalista, de la reacción de las masas contra una confiscación histórica de sus medios de vida y del empantanamiento de la restauración capitalista en los ex estados obreros. Historia Albania es un pequeño país de los Balcanes, cuyos 3,4 millones de habitantes forman parte de una importante unidad étnica y lingüística, los indoeuropeos, que se extiende más allá de sus fronteras y que, en opinión de algunos historiadores, preservó su identidad por su cerco de montañas, su espíritu guerrero y su pobreza, todo lo cual sirvió para detener la ambición de sus poderosos vecinos, pero no para evitar la amputación de su territorio. Su constitución como "Estado independiente" data de 1912, y fue resuelta por el imperialismo europeo en el marco de una constante disputa entre Inglaterra e Italia, interesadas en controlar la ruta del Canal de Suez a la India. La Conferencia de Londres (1913) dibujó las fronteras de Albania, dejando afuera a casi la mitad de su población y de sus territorios, que pasaron a integrar Kosovo, en la actual Yugoslavia, y la parte norte de Grecia. Ocupada por Italia en 1939, la lucha heroica de los "partisanos" albaneses en la guerrilla de Tito fue determinante para que Albania se integrara a Yugoslavia al producirse el derrumbe del nazismo. Albania fue, además, el país en el que se exilió una buena parte del ejército guerrillero griego que motorizó el levantamiento popular en 1946-47, ahogado por el pacto entre los países imperialistas vencedores de la guerra y la burocracia soviética. Lo que debería haber sido la unión libre y socialista de los distintos países de los Balcanes terminó en un reparto pactado de cargos y prebendas entre los distintos componentes nacionales de la burocracia, en el vaciamiento de las conquistas revolucionarias y un desarrollo extraordinariamente desigual de los diferentes países, campo fértil a las presiones del imperialismo. La fracción de la burocracia albanesa promovida por Moscú y dirigida por Enver Hodja (Partido de los Trabajadores) impulsó la ruptura con Yugoslavia a través de purgas sangrientas y rompió luego con Moscú, siguiendo a la burocracia china. "En ningún otro país comunista el contraste entre una teoría avanzada y el atraso en las condiciones de la vida cotidiana es tan sorprendente como en el régimen de Enver Hodja" (1), señaló un historiador de ese período. En un país pobre de recursos, con casi el 60 por ciento de la población en el campo, el dominio totalitario de una burocracia parasitaria se convirtió en una traba insuperable para la economía. El régimen de Hodja, reivindicado aún como "el último maoísta" (2), llevó a las masas a una situación de penuria extrema y convirtió al país en un inmenso campo de concentración. La crisis mundial hundió al régimen burocrático albanés como a sus pares, por el peso de la deuda externa y el dislocamiento provocado por los planes fondomonetaristas aplicados para pagar esa deuda. La "economía de mercado" y la catástrofe En 1990, el régimen burocrático se desintegró y las masas desesperadas huyeron del país buscando sobrevivir en países vecinos. Más de 20.000 albaneses cruzaron el Adriático hacia Italia, otros 50.000 se internaron en Grecia. La mayoría de la vieja guardia stalinista se recicló como Partido Socialista, y una parte de sus cuadros se integró al Partido Democrático. Este, conducido por Sali Berisha, un hombre que fue secretario del viejo Partido del Trabajo por más de 20 años, y cardiólogo y parte del "círculo de hierro" de Enver Hodja, ganó las elecciones en 1992. Berisha inauguró su gobierno presentando un plan para la total privatización de la economía. La tierra fue privatizada, las empresas estatales cerradas o vendidas a pulpos extranjeros y se produjo un feroz endeudamiento guiado por el FMI para financiar importaciones en masa. En virtud de este plan, Albania fue considerada por la banca internacional como uno de los modelos exitosos de transformación de los ex estados obreros a la "economía de mercado"; tuvo el respaldo absoluto y privilegiado del gobierno imperialista yanqui y actuó como peón de su diplomacia. "En el frente externo, Berisha dio seguridades de que, a despecho de las grandes e inquietas minorías étnicas en Serbia y Macedonia que levantan el justo reclamo de su autonomía, Albania se mantendría fuera de la disputa de los Balcanes. Los americanos, especialmente, respaldaron a Albania y a Berisha como referencia de estabilidad" (The Economist, 8/3). Albania, por otra parte, "es el mayor receptor de ayuda per capita de Estados Unidos en Europa del Este" (Financial Times, 11/3). La crisis de Albania popularizó la palabra pirámides. El desencadenante de la rebelión popular fue la quiebra de un conjunto de financieras ligadas al gobierno, que se sostuvieron sobre la base de esquemas piramidales, donde los depósitos de los nuevos inversores servían para pagar los intereses de los anteriores hasta que la cadena se quebró. Durante los últimos tres años, las financieras captaron los ahorros de la población con la promesa de grandes intereses, en una magnitud tal que los organismos financieros internacionales "estiman que los fondos podrían haber atraído mil millones de dólares, equivalentes a más del 30 % del producto bruto interno. Mucha gente vendió sus casas, tierra o ganado para invertir en fondos que prometían devolver el doble de su dinero en dos o tres meses" (Financial Times, 27/1). El origen de las pirámides no se explica por la existencia de "algunos" banqueros advenedizos; la expropiación es la forma natural del desenvolvimiento capitalista y adquiere características de catástrofe en circunstancias como las actuales. La construcción de las pirámides nació de un régimen sometido a una constante fuga de depósitos por su total inviabilidad. La mayoría de las empresas estatales han sido destruidas, las que fueron privatizadas no reciben inversión alguna y carecen de mercados en el exterior (salvo las minas de cromo tomadas por el capital alemán), los depósitos en las pirámides se dieron "en ausencia de un efectivo sistema bancario y en un período en el cual la economía fue ampliamente financiada a través de los envíos de albaneses que trabajan en el exterior, de la ayuda internacional y del extendido contrabando mientras se mantuvieron las sanciones de las Naciones Unidas contra Serbia y Montenegro" (ídem). Esto explica que las pirámides hayan sido una política oficial del régimen de Berisha, de los privatizadores albaneses y hasta del FMI. "Vefa Holding, la compañía privada más grande de Albania, es ampliamente reconocida por observadores financieros occidentales como el centro de los esquemas piramidales … Vefa es descripta por un funcionario albanés como un Estado dentro de otro Estado, con fuertes conexiones con el gobierno" (Financial Times, 1/2). El propietario de Vefa es Vebia Alimucaj, que financió la campaña del partido de Berisha en 1996 y representa al país ante la Nato. El gobierno actuó conscientemente como estado mayor de los estafadores capitalistas. Con el apoyo del FMI, se opuso a que los bancos y financieras depositaran fondos de garantía por sus depósitos, una iniciativa surgida en debates parlamentarios tres años antes del colapso. Las pirámides constituyeron el mecanismo de confiscación de los 500.000 (!) trabajadores albaneses en el exterior, cuyos ahorros fueron en masa a las arcas de las financieras, y de muchos otros miles que hipotecaron sus escasos bienes ante la ausencia total de perspectivas. Lo que se pretende ocultar es que la huida a las pirámides expresó el colapso del proceso de restauración capitalista mucho antes de la insurrección popular. En los cinco años de la administración Berisha, ramas enteras de las viejas industrias fueron cerradas, la desocupación se duplicó 400.000 albaneses, sobre una población de 3,4 millones, están desempleados, el salario de los que trabajan ronda los 65 dólares al mes, un pan grande cuesta 75 centavos, mientras el salario por día de un obrero industrial oscila entre los dos y tres dólares. La privatización del campo llevó a una caída mayor de la productividad, por la división de las granjas colectivas en unidades que tornan imposible cualquier cultivo racional. Luego de una expropiación "que ha alcanzado a casi cada familia albanesa", los círculos financieros internacionales han puesto en claro que no habrá auxilio para devolver los ahorros. "La política oficial de los Estados Unidos es que no habrá acción de salvataje para los albaneses que han perdido sus ahorros en los esquemas piramidales" (Financial Times, 11/3). En contraposición, los expropiadores se han lanzado al aprovechamiento de la crisis. "De 11 compañías ofrecidas en subasta en Tirana la última semana, sólo dos no atrajeron oferentes. La mayoría de los compradores fueron compañías albanesas… Los albaneses estuvieron muy interesados y elevaron sus ofertas de manera increíble" (ídem). Revolución A partir de enero, movilizaciones de masas en todo el país exigieron la devolución de los ahorros perdidos. Estas puebladas se convirtieron en insurrección a principios de marzo, cuando Berisha se hizo reelegir presidente por un parlamento electo en comicios fraudulentos y en los que tuvo el respaldo de los estafadores capitalistas. "Berisha, con el apoyo de algunos de los más grandes Fondos, ganó las elecciones nacionales en mayo en comicios que los observadores denunciaron por el arreglo de urnas y la intimidación" (International Herald Tribune, 3/2). En el lapso de una semana, el levantamiento popular se extendió de Vlore, el puerto del Adriático, a otras seis ciudades en el sur. En todos los casos, los rebeldes tomaron las armas de los propios arsenales del ejército, abiertos por soldados y oficiales que tomaron partido por los insurrectos. La represión ordenada por el régimen en el primer instante, y encomendada a un ejército de 30.000 hombres, con tanques y helicópteros, no pudo ejecutarse nunca por la desintegración literal de los efectivos. En palabras de un soldado: "¿Por qué deberíamos atacar a nuestra propia gente? … Nuestras familias han perdido también todo el dinero. Nos prometieron mejores cosas en 1992 (pero) estamos peor que al principio" (Sunday Times, 9/3). Este hecho, la quiebra del ejército y la creación en la propia lucha de un virtual ejército popular, sobrecogió a todos los observadores. "Los diplomáticos occidentales están aterrorizados por lo que ellos piensan es una región sin ley, en la cual jóvenes trabajadores están comandando tanques robados" (Financial Times, 7/3). El 8 de marzo cae en manos de los rebeldes la ciudad de Girokastra y el arsenal más importante del país. Todo el sur está en manos de los insurrectos, el ejército se ha desbandado y la única fuerza fiel a Berisha es la policía secreta. El 11 de marzo, el alzamiento se traslada por primera vez al norte del país (Tropoje y Fierze, cerca de la región serbia de Kosovo, de mayoría albanesa, bajo el dominio de la dictadura de Milosevic) y cae el mayor aeropuerto militar, a 100 kilómetros de Tirana. Todas las patrañas sobre enfrentamientos tribales entre el Norte y el Sur se derrumban ante lo que constituye un alzamiento nacional de la mayoría explotada y confiscada, cualquiera sea su origen étnico o confesión religiosa los griegos, afincados en las ciudades del sur, se pliegan en masa a la rebelión, desoyendo a los jefes de su comunidad. También se destruye la historia oficial sobre el caos, el desorden y el protagonismo de "bandas mafiosas". La revolución progresa con un orden asombroso: en la mayoría de las ciudades en que ha triunfado el alzamiento, se constituyen "Comités de Salvación" electos por la población, que se encargan de la seguridad, de la defensa y del abastecimiento. "Desde el 2 de marzo, a la mañana y a la tarde, se convoca a la asamblea de los ciudadanos de Saranda en la plaza del municipio", para deliberar y resolver, comenta asombrado un periodista (Il Manifesto, Roma, 11/3). El funcionamiento en las plazas públicas sugiere el funcionamiento de verdaderas "asambleas populares", ante las que responden los "comités de gobierno". El surgimiento de organismos a través de los cuales las masas ejercen el poder político en forma directa, sostenido en su propio armamento y en oposición a la mediación parlamentario-burocrática de la democracia, revela la profundidad de la revolución albanesa. Estos comités locales se coordinaron en un "Comité Nacional de Salvación Pública", cuyo primer manifiesto reclamó "la inmediata renuncia del presidente Sali Berisha, sin condiciones", consideró "insuficiente la oferta hecha por los partidos políticos de Tirana" y propuso "la inmediata convocatoria a elecciones" y la creación de "un gobierno de coalición con representantes de este Comité" (ídem, 12/3). El programa exige, además, el desmantelamiento de la policía secreta y la devolución de los ahorros. La dirección del Comité Nacional quedó compuesta por 29 miembros, 8 de Valona y 3 por cada una de otras siete ciudades (entre las que, sin embargo, no figura Vlore, uno de los centros de la insurrección). El caos fue una operación organizada deliberadamente por el régimen ante el desmoronamiento del ejército y los datos inocultables de su derrota. No bien la insurrección se extendió en el sur, "el gobierno la atribuyó a criminales organizados envueltos en el tráfico marítimo de drogas y armas hacia Italia. Los canales de televisión denunciaron que los gangsters esperaban crear un estado sureño". "La impresión (de que se trataba de una maniobra del gobierno) fue confirmada cuando … bandas de hombres armados liberaron a cientos de criminales de las cárceles de la ciudad" (de Vlore) (Sunday Times, 9/3). La presentación de la revolución como un "levantamiento mafioso", tuvo el indudable propósito de preparar a la opinión pública mundial para la represión violenta del pueblo albanés, e incluso para la intervención militar imperialista, con el objetivo de ahogar en sangre la insurrección. "Nada que represente al Estado existe hoy…" A mediados de marzo, la revolución había destruido casi por completo el aparato del Estado. El ejército y la policía se habían disuelto, la administración pública había dejado de funcionar y Berisha dominaba tan sólo "los restos de la policía nacional, concentrados en Tirana y algunas ciudades del norte (y) mantiene las riendas de la policía secreta, que aunque oficialmente disuelta, continúa operando" (International Herald Tribune, 9/4). Al Estado en ruinas le quedaba, sin embargo, el poder político proveniente del reconocimiento del imperialismo mundial, que va a dictar cada uno de los pasos siguientes del régimen. Es bajo directa inspiración del gobierno norteamericano que se constituye un "gobierno de unidad nacional" con la oposición, encabezada por el Partido Socialista, el partido de los stalinistas reciclados. Esta coalición propone, como señuelo a las masas, "elecciones libres" en el mes de junio. La decisión fue precipitada por la caída de Girokastra, la última ciudad estratégica del sur de Albania, y la ocupación inminente de los campos petroleros en Balls, uno de los centros de la inversión extranjera; es decir, con el régimen de Berisha en agonía. El "gobierno de coalición", sin embargo, no tiene autoridad alguna sobre los insurrectos. Los milicianos del sur "no tienen más confianza en la oposición … y no aparecen como fieles partidarios del Partido Socialista" (Le Monde, 13/4). Cuando el jefe del estado mayor de los insurgentes, Xhevat Kostiq, se atrevió a plantear que "se podrán deponer las armas … una vez que el presidente nombre el gobierno y la fecha de elecciones esté firme", por primera vez, desde el estallido de la rebelión, "no fue aplaudido y la muchedumbre se dispersó en silencio" (Le Monde, 11/3). En las poblaciones ocupadas del sur, "el entusiasmo es parecido, lo mismo que la voluntad de no ceder nunca más" (ídem). El imperialismo mundial puso en pie el "gobierno de coalición" como último recurso para preservar al régimen y para crear las condiciones políticas de una intervención militar, que era una operación trazada de antemano. Horas después de haber asumido, "todos los partidos políticos albaneses … hicieron un desesperado llamamiento a una intervención militar extranjera" (La Nación, 14/3). Fueron enviadas misiones diplomáticas a las ciudades insurrectas para lograr la neutralidad de los "comités" frente al envío de una fuerza de intervención, encubierta como "misión humanitaria". Hubo un cuidadoso operativo de preparación de la opinión pública dentro y fuera de Albania para justificar el envío de tropas. Desde el inicio de la rebelión salieron 13.000 albaneses, contra los 70.000 que lo hicieron en la crisis de 1990. Al día de hoy, más de 6.000 hombres de ocho naciones, bajo los auspicios de la ONU, con apoyo de blindados y helicópteros, han ocupado las principales ciudades del sur albanés. El "objetivo humanitario" no se sostiene un minuto, desde el momento que la Cruz Roja viene distribuyendo alimentos y medicamentos desde el inicio de la insurrección sin tropiezo alguno, y en casos como Vlore, "el pueblo está bien alimentado y los mercados … abiertos y florecientes" (The New York Times, 26/4). El mandato oficial de las tropas "no es controlar al pueblo ni recuperar las armas" (ídem), porque no podrían hacerlo en este momento. La intervención imperialista se propone: a) poner en pie un frente político de reconstitución del Estado y dividir los comités rebeldes, b) organizar las elecciones para que el próximo gobierno pueda desarmar a la población y aplastar el levantamiento. Las elecciones libres no están garantizadas por nadie, desde el momento que el aparato de Berisha sigue actuando, los "observadores internacionales" ya convalidaron dos fraudes gigantescos y la oposición ha anudado un pacto con el gobierno. La presencia de las tropas extranjeras ha estimulado el accionar de las bandas mafiosas, ligadas a la policía secreta de Berisha, contra las organizaciones populares. La intervención militar del imperialismo mundial está encabezada por Italia, que considera de su interés nacional el aplastamiento de la revolución que se desarrolla a cincuenta kilómetros de su frontera. Este objetivo sumó al conjunto de fuerzas políticas burguesas, incluido el Partido Democrático de Izquierda (ex Pc), y paralizó a la izquierda europea. Refondazione Comunista se opuso al envío de tropas a Albania en tanto pudieran ser utilizadas para apoyar al régimen de Berisha (sic) y, aun en estos términos, su acción política no pasó del debate parlamentario. El movimiento trotskista no desarrolló la menor acción práctica contra el envío de tropas y en defensa de la revolución albanesa. ¿Insurrección espontánea? La caracterización de la revolución albanesa como un movimiento "espontáneo" de las masas recorre a la prensa oficial y a la propia prensa de la izquierda. "No hay indicación de que alguna organización política haya dirigido o planificado las protestas y los saqueos" (de los arsenales militares), dice el Financial Times (7/3), en una apreciación repetida hasta el cansancio. La idea de una "revolución sin pasado y sin rostro", en la que las masas explotan en un minuto y reducen a cenizas todo el viejo régimen obedeciendo a un movimiento espontáneo, no es nueva. Como lo explicó un gran revolucionario, satisface a los funcionarios, jueces, empresarios y políticos que, hasta el día anterior, defendieron al régimen que las masas se lanzan a demoler, y apresuradamente, se ponen a marchar al paso de la revolución que, finalmente, se habría consumado como un proceso instintivo. La leyenda de la espontaneidad desprecia el pensamiento "mucho más audaz, penetrante y consciente" de las masas "incultas", lanzadas a la revolución (3). ¿Cómo se explica la acción organizada de trabajadores y soldados sitiando arsenales, organizando tropas irregulares de la nada, fundando asambleas populares, eligiendo comités de gobierno en las ciudades e intentando darles una coordinación nacional? La espontaneidad no explica nada. Lo ocurrido en Albania está muy por delante de una "jacquerie" (4), y ni siquiera ésta es espontánea. Para que las masas actúen como lo han hecho en el país "más pobre de Europa", es necesario que los trabajadores y su sector dirigente hayan vivido acontecimientos históricos y que tuvieran una experiencia y una valoración de los mismos. En el levantamiento de los trabajadores albaneses está presente la tradición política de la lucha guerrillera contra el nazismo en la segunda guerra mundial, y la experiencia del levantamiento popular armado de 1944/46. Gran parte de los oficiales que dirigen los "comités rebeldes" o que han sido protagonistas en su constitución, vienen de la lucha "partisana" y no han sido cooptados por la restauración capitalista. Trabajadores o viejos soldados participaron también del levantamiento popular que derrumbó al régimen burocrático (1991) y arrancó derechos de organización y de lucha para las masas, que la dictadura civil de Berisha trató de liquidar. "Somos hijos del pueblo que combatimos por la democracia dice uno de los jefes de la insurrección. Venimos de cincuenta años de un régimen comunista muy rudo … no podemos aceptar nunca más una dictadura" (Le Monde, 9/3). En Albania ha estallado una revolución social, aunque no haya debutado con los métodos de la clase obrera, la huelga general, las milicias obreras, los consejos obreros, entre otras razones porque no puede hablarse en términos estrictos de proletariado albanés. Los obreros albaneses son, en su inmensa mayoría, emigrantes a quienes les han expropiado sus reservas, y son sus familias las que se rebelan. El contenido proletario de la revolución aparece, en estos términos, no en su forma "clásica". El cumplimiento del programa más elemental que levantan las masas la devolución total y completa de los ahorros robados plantea la caída del gobierno y la conquista del poder por los trabajadores, para expropiar a la burocracia reciclada en clase capitalista, expropiar las empresas privatizadas y desconocer la deuda externa. Dicho de otro modo, las reivindicaciones sociales inmediatas son incompatibles con el capitalismo. No bien se desgarre la ilusión en torno a las elecciones, quedará planteada al rojo vivo la continuidad de la lucha suspendida. Está fuera de toda duda que pocas revoluciones han absorbido tanta energía popular y han arrojado tan escasas conquistas positivas como la revolución albanesa a la hora presente. Pero el desenlace en Albania es provisorio: la población no ha sido desarmada, los comités rebeldes existen, no hay plan alguno para devolver los ahorros confiscados y el salario de los trabajadores se hunde aún más. "Durante un mitin, un albanés grita una frase que parece ser universalmente conocida en italiano: ¡Up yours, up yours¡ ("¡Váyanse a hacer la puñeta!"). ¿Cuánto tiempo puede durar este cuadro de tensión sin estallar?" (International Herald Tribune, 9/4) . Revolución, sí Todos los rasgos de la revolución están presentes en Albania. Para las masas, el "viejo orden no puede seguir", las capas medias se han sumado a la rebelión, "los de arriba" no pueden seguir gobernando. El pueblo está armado, las reivindicaciones económicas han dado lugar a las políticas ("nuestra lucha ya no es sólo por los ahorros, Berisha debe irse"). Las apreciaciones de la izquierda mundial, sin embargo, varían entre "alzamiento", "rebelión", "insurrección" (en algún caso extremo, la pregunta es: "¿Hubo una revolución?"). La visión de hombres y mujeres del pueblo que se arman contra el régimen que los ha confiscado, ocupan cuarteles, deliberan en las plazas públicas y forman gobiernos, no le alcanza a esta izquierda para "habilitar" la existencia de una revolución en el pequeño país de los Balcanes. Sin embargo, estaba fuera de cualquier pronóstico de la burguesía que estos hechos pudieran ocurrir en Europa y a ocho años de la caída del Muro de Berlín. La caída del stalinismo supuso, para la mayoría de las corrientes políticas, incluida la izquierda, el alejamiento de la revolución para siempre o por todo un período histórico. Antes de una década, la revolución se ha hecho presente y con una intensidad no vista en mucho tiempo. (Esta izquierda cambia los términos y confunde los conceptos. ¿Qué significa hablar de insurrección y no desentrañar las tendencias que la mueven?). El rechazo a ver una revolución en Albania no tiene que ver con la cautela lógica de quien se aproxima por primera vez a ciertos hechos, sino que responde a un juicio sobre la situación internacional; por eso no han habido movilizaciones de apoyo a la revolución albanesa. No se reconoce la colosal descomposición del capitalismo como sistema mundial: su tendencia a las crisis políticas y revolucionarias. Fracaso de la restauración capitalista Las manifestaciones de esta crisis, que son múltiples y de una envergadura enorme, han hecho estallar a Albania. Las pirámides financieras son una realidad más allá de sus fronteras y de los ex estados obreros sometidos a la restauración capitalista. La principal pirámide mundial es la Bolsa de Valores de Nueva York, que ha pasado de menos de 4.000 a más de 7.000 puntos en dos años. En EE.UU., la crisis de las sociedades de ahorro y préstamo (verdaderas pirámides) se tragó 250.000 millones de dólares de sus depositantes. Los mecanismos de endeudamiento y expansión del crédito a los que ha apelado el capitalismo, para escapar de la crisis, han creado una masa enorme de capital ficticio, que es la base de la pirámide. El florecimiento de las pirámides está vinculado, además, a una criminalización de las finanzas, cada vez más infiltradas por el dinero del narcotráfico. La estafa que sufrieron millones de ahorristas es una demostración irrefutable del carácter confiscatorio de la restauración capitalista. Albania es tan sólo el "eslabón más débil" de una cadena en la que se encuentran todos los ex estados obreros, caracterizada por el retroceso productivo, el endeudamiento, la penetración imperialista y la tendencia a la disgregación de los estados. El proceso de restauración capitalista destruyó lo que quedaba en pie de las relaciones sociales heredadas del período revolucionario de posguerra, sin haber creado un sistema de relaciones sociales capitalistas. Albania es Rusia Berisha es el Yeltsin albanés: las masas rusas han sufrido, como las albanesas, el saqueo de las financieras que robaron sus ahorros; el no pago de salarios tiende a reproducir el cuadro de desesperación popular que creó la quiebra de las pirámides. Todos los pronósticos apuntan en dirección a un estallido popular en Rusia, en un cuadro en el que la descomposición militar está mucho más avanzada que en Albania. Albania demuestra que las movilizaciones, a poco de andar, pueden adquirir un carácter revolucionario. En este sentido, la lucha de clases a nivel mundial tiene aún la última palabra en lo que respecta a definir el carácter social de los ex estados obreros. La revolución albanesa creó, por su propia iniciativa, el cimiento de un nuevo régimen, pero no ha ido, por ahora, mas allá de este escalón. La dirección de los "comités" se ha sometido a la política democratizante del imperialismo, y ha renunciado a plantear decididamente la lucha por el poder un gobierno nacional de los comités, que una y dirija hacia un mismo fin toda la actividad política y militar del pueblo revolucionario. Pero la movilización de las masas fue contra los ladrones capitalistas, su gobierno y hasta los opositores derechistas y proimperialistas. El sometimiento de los líderes de los "comités" a la política de los ex stalinistas ha creado un mutuo recelo entre aquéllos y las masas. El desenlace está abierto. En Albania, la experiencia práctica de la revolución confirma que se está operando un giro en la situación mundial, y que el programa de la IVª Internacional sólo la conquista del poder por los trabajadores puede imponer los objetivos que levantan las masas está plenamente vigente. Notas: 1. Historia de las Democracias Populares, por Francois Fejto, Penguin. 2. En el año 1953, del Comité Central del PT formado a fines de la guerra, quedaban sólo Hodja y otros dos miembros, los demás habían sido ajusticiados o enviados a prisión por la facción stalinista. El PTP, en la Argentina, reivindica "al histórico líder Enver Hodja (que) encabezó la heroica lucha revolucionaria del pueblo albanés contra la ocupación nazi" (Hoy, nº 652), lo que también es una impostura. 3. Historia de la Revolución Rusa, León Trotsky, TI. 4. Nombre dado a las revueltas de campesinos franceses contra la opresión de la nobleza, bajo Juan II (1350/1364).

1 de julio de 1997
¿Puede Rusia convertirse en otra Albania?

Conferencia pronunciada en Nueva York, el 30 de marzo de 1997, ante la Conferencia de estudiantes Socialistas. Dirigente del EKK, Partido Revolucionario de los Trabajadores, de Grecia, que participó en la reunión de partidos y organizaciones trotskistas realizada en Génova en marzo de este año. Conferencia pronunciada en Nueva York, el 30 de marzo de 1997, ante la Conferencia de estudiantes Socialistas. 1. ¿Adónde va el país de Octubre, ochenta años después de la Revolución, la posterior tragedia del stalinismo, su desastroso colapso y el giro abiertamente contrarrevolucionario hacia la restauración capitalista? Una famosa cita de Marx, convertida en un dogma conservador por sus epígonos en la Segunda Internacional, fue que los países más avanzados muestran el futuro a los menos desarrollados. Octubre de 1917 y, antes, la teoría de la revolución permanente de Trotsky, refutaron el dogma y demostraron la esencia actual de la teoría de Marx. En nuestros días, ¿puede el país más atrasado de Europa, el más aislado y marginal entre los Estados del ahora difunto socialismo realmente existente, el eslabón más débil en la cadena de las economías en transición hacia el capitalismo, a saber Albania, puede su presente levantamiento mostrar el futuro a todos esos países, incluyendo a la propia Rusia? La cuestión no sólo ha sido planteada por nosotros, sino también por amigos y enemigos de los presentes dirigentes del Kremlin. Por Izvestia, por ejemplo, el diario estrechamente conectado con la elite dirigente rusa, en un artículo posterior a la milagrosa recuperación de Yeltsin de la muerte, de su discurso en la Duma el 6 de marzo y de la designación de un nuevo gobierno neoliberal, bajo la dirección económica de Chubais, el elegido de los bancos y la persona más odiada de Rusia. La cuestión fue planteada también por la Nezavizimaya Gazeta, el periódico de la oposición liberal; por Alexander Lebed, por Berezovsky, el banquero y asesor de Yeltsin, durante la reciente cumbre Clinton-Yeltsin en Helsinki; por K. S. Karol en El País. ¿Es posible que Rusia se convierta en una Albania? Podemos reformular la pregunta: ¿los acontecimientos albaneses son tan sólo otro incidente violento, una complicación menor en el camino universal hacia el capitalismo, otro estallido de la nunca terminada crisis balcánica; o son una anticipación, en una forma embrionaria, de próximas explosiones en todos los países de Europa central y oriental, en todo el antiguo espacio soviético, incluido su propio corazón, la misma Rusia? 2. Los propios imperialistas, tanto en Europa como en los Estados Unidos, no toman ligeramente la explosión albanesa. De otra manera, ¿por qué están tan preocupados y preparan cuidadosamente su intervención militar, como siempre bajo el pretexto, claro, de una intervención humanitaria? Los medios occidentales están tratando los acontecimientos de una manera que tiene mucho más que ver con la preparación ideológica-sicológica para una intervención imperialista que con la verdad objetiva y su significado histórico. Cuando a fines de 1996, las masas serbias protestaron con interminables manifestaciones contra el fraude electoral y los métodos antidemocráticos de gobierno del régimen de Milosevic, los medios occidentales hablaron del pueblo y de su lucha por la democracia. Cuando, por el contrario, las masas albanesas se levantaron contra la dictadura de Berisha y el robo de sus ahorros, ganados con sangre y sudor, por los esquemas piramidales del Estado mafioso, entonces, los medios occidentales sólo vieron anarquía y caos, y el pueblo rebelado fue además insultado como bandas de mafiosos, demagogos pueblerinos, delincuentes de aldea (que) están aullando por sangre y dinero. Las expresiones insultantes están tomadas de la respetable revista británica The Economist, pero el patrón es universal. El periódico conservador británico es notorio sólo porque, con su característica arrogancia conservadora y la estupidez sin fin de una clase dirigente en decadencia, ha superado a todos los demás cuando, por ejemplo, despreció el levantamiento popular revolucionario de conjunto como "un lío" de "inversores tontos" (1). (¿Pueden ustedes imaginar algunos inversores tontos de Wall Street marchando hacia la Quinta Avenida con fusiles Kalashnikovs en sus manos y gritando ¡Muerte al Fascismo! ¡Libertad al pueblo!, armando un lío). La verdad es que, por primera vez desde el colapso de 1989/91 en el Este, no tenemos sólo una movilización de masas populares en forma de huelgas o manifestaciones, ni tampoco una revuelta localizada, restringida, provocada y derrotada, como el Octubre negro de Moscú de 1993, sino una genuina e independiente insurrección armada de las masas populares, estableciendo sus propios órganos de auto-gobierno Comités revolucionarios elegidos y revocables por las asambleas populares, milicias populares, cortes populares, etc. En Albania se ha desarrollado una situación revolucionaria clásica de poder dual o, mejor dicho, de triple poder. Emergieron tres centros de poder rivales: los Comités populares, el gobierno de unidad nacional dirigido por los ex stalinistas y la mafia de Berisha. No hay dudas de que es una revolución en sus etapas iniciales. Sacando las lecciones de la Revolución Rusa, cuando escribió su historia, Trotsky enfatizó correctamente que la más irrefutable característica de una revolución es la irrupción de las masas en la arena donde se determinan sus destinos. Cuán lejos y cuán profundo avanzará la revolución albanesa, depende del desarrollo de la relación de fuerzas en el país, en los Balcanes e internacionalmente. En esa relación de fuerzas, el factor subjetivo juega un papel colosal. La permanencia de la revolución misma dependerá, en última instancia, del oportuno desarrollo de una subjetividad proletaria revolucionaria, dirigida por un partido marxista revolucionario de combate, armado con un programa socialista revolucionario y un alcance internacional/internacionalista. 3. ¿El caso albanés es un fenómeno local transitorio, o tiene una relevancia internacional para todos los países involucrados en el proceso de reabsorción en el capitalismo mundial? ¿Es una excepción o la manifestación de una relación esencial, la expresión de una ley gobernada con regularidad que funciona dentro de este particular intento de transición hacia el capitalismo, a pesar de todas las demás diferencias entre los ex países socialistas? Entre esos países, Albania tiene el más bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y el más prolongado aislamiento de la división mundial del trabajo. Precisamente por esto, todos los procesos que están teniendo lugar, con diferentes formas y tempos en los países en transición hacia el capitalismo, están condensados y simplificados en Albania. La antigua elite stalinista, después de la muerte de Enver Hoxha en 1985, y especialmente después de los colapsos en el Este en 1989 y su efecto dominó, dio un muy tardío y tímido giro hacia las reformas pro-capitalistas las que fracasaron miserablemente, conduciendo a las hambrunas de masas en 1990/91 y facilitó la victoria de las fuerzas derechistas y restauracionistas del Partido Democrático de Shali Berisha, el antiguo médico de Enver Hoxha y, alguna vez, secretario del Comité Central del stalinista Partido del Trabajo. Una parte de la elite burocrática aseguró su posición privilegiada en el poder mediante la eliminación, marginalización, ilegalización y prisión de otras fracciones de su mismo estrato social. Esta fracción dominante de los antiguos gobernantes, que incluía una sustancial sección del antiguo aparato de la seguridad, la odiada Shigurimi, rebautizada Shik, destruyó casi todas las viejas estructuras y funciones de un aislado, militarizado, supercentralizado y burocrático pequeño estado-fortaleza obrero, que reclamaba haber construido el socialismo en una aislada aldea balcánica … La industria colapsó; la agricultura, rápidamente descolectivizada, también. Para las masas, la única forma de escapar a la hambruna fue la emigración masiva a los países capitalistas vecinos, Grecia e Italia. El capital externo tuvo acceso libre, y cerca de 250 millones de dólares (120 millones, provenientes de Grecia) fueron invertidos en pequeñas empresas y servicios, que pagaban salarios ridículamente bajos y estaban totalmente exentos de impuestos. La mayor parte de la economía fue casi aniquilada y transformada, principalmente, en una estación para el tráfico internacional de drogas y el contrabando de armas y otros productos hacia la vecina Yugoslavia, durante la guerra de Bosnia y el embargo. La única institución político-económica realmente estable, indisolublemente conectada con la cúspide de la pirámide del Estado, era la mafia. Su padrino: Shali Berisha. Se desarrolló una situación peculiar: la vasta mayoría de la población activa estaba vendiendo su fuerza de trabajo como una mercancía extremadamente barata a los capitalistas en los países vecinos, Grecia e Italia; en otras palabras, su actividad laboral estaba basada en una relación de valor exterior, pero los ingresos por la venta de la fuerza de trabajo que volvían a su país de origen no podían encontrar ningún destino, porque ni el mercado real, ni el capital local, ni la relación del valor regulaban la propia economía albanesa. El dinero fue canalizado hacia los centros de especulación apadrinados por el Estado, por encima de todos los infames esquemas piramidales con sus astronómicos intereses del 20-50% mensual, o incluso más. En términos de El Capital de Marx, hubo una sobre-expansión de la relación M-M sin ninguna base en la relación M-C-M en la propia economía albanesa. Para ponerlo en los términos de la teoría del materialismo dialéctico, hubo un conflicto de opuestos (relaciones de valor y de no valor) sin ninguna mediación real; no una relación de negatividad interna y sustancialidad, no la unidad de los opuestos. La única seudo-mediación fueron los propios centros de especulación bajo la garantía del Estado. Sin ninguna mediación real, toda la relación ficticia y fetichista colapsó. Una economía no planificada ni de mercado, totalmente abierta al mercado mundial, a la economía mundial regulada por la ley del valor, no tiene otra opción que girar hacia el parasitismo y la especulación, hasta que toda la burbuja estalle. Los esquemas piramidales no son una anomalía del sistema; ponen de manifiesto la anomalía como sistema. Semejante anomalía sistematizada no es viable. En Albania, el inevitable colapso de la base especulativa de una economía fantasma condujo, primero, a la desintegración de la estabilidad social, incitando al descontento popular y el desarrollo de movilizaciones de masas; luego, a la desestabilización de la vida seudo-política gobernada por el fraude electoral y los métodos dictatoriales y, finalmente, a la desintegración de las débiles estructuras del Estado y a la emergencia de estructuras de poder rivales por encima de todas, el pueblo en armas con sus Comités revolucionarios de tipo soviético. 4. La aparición y el colapso de los esquemas piramidales en Albania no es un fenómeno localizado. En el mismo período, otros grandes esquemas piramidales, fomentados por el Estado, colapsaron en la antigua república yugoslava de Macedonia. En Hungría, todavía repercute el shock por el colapso del Postabank . En Bulgaria, el colapso del sector bancario y de la moneda nacional fue el principal factor detrás de la desestabilización política, las demostraciones de masas y la derrota del gobierno de los mutantes ex stalinistas. En la propia Rusia, nadie olvida el colapso de MMM en 1994. Es un hecho que, en todos esos países, hay cientos de bancos pero no hay un real sistema de crédito. El sobreexpuesto sector bancario es la conexión entre el Estado (y sus subsidios) y la industria en desintegración. Al mismo tiempo, el robo masivo de la propiedad pública por la nomenklatura, con el pretexto de esquemas de privatización, etc.; el control de los recursos locales y las redes de distribución; la relación compradora con el capital externo; no sólo provocaron las privaciones de millones de personas hambrientas, sino también una riqueza fabulosa, concentrada más y más en las manos de la oligarquía de los grupos financieros. Este es especialmente el caso de Rusia. 5. La riqueza social robada, ahora en las manos de unos pocos centros oligárquicos en forma de dinero, todavía no ha encontrado un destino en un mercado doméstico real, regulado por la ley del valor. Inevitablemente, esa riqueza se vuelve hacia la especulación y el parasitismo. Los grandes holdings de riqueza monetaria no son sólo centros de especulación, sino también de crisis. Son los puntos nodales de una transición en crisis, bloqueada entre un "socialismo actualmente no existente", que irrevocablemente colapsó en ruinas, y un capitalismo que existe sólo como una ficción monstruosa. Anatoli Chubais puede pavonearse de haber dirigido "la mayor campaña de privatización de la historia". Pero, en realidad, ¿qué clase de capitalismo es ése en que las empresas sólo pueden sobrevivir mediante los subsidios estatales, como en los viejos días de la antigua URSS; donde no pagan salarios a los trabajadores por meses, ni impuestos al Estado por años, y donde realizan la mayoría de sus transacciones mediante el trueque? Oficialmente, el trueque, como proporción de todas las ventas industriales en Rusia, creció del 10% a mediados de 1993, al 40% a fines de 1996. En algunas industrias es casi universal. Entre las industrias de la energía y el combustible, sólo el 20% de las transacciones son canceladas en efectivo (2). Aparentemente, el antiguo ideal de una sociedad sin clases es reemplazado por lo que es cínicamente llamado "una sociedad sin efectivo". Para los trabajadores, esto significa vivir en una permanente pesadilla. A fines de enero de 1997, se les debía a los trabajadores 9.000 millones de dólares por salarios impagos, un total que se ha más que duplicado en el curso de un año. La crisis de pagos impulsó una serie de huelgas (como las de las áreas mineras, en 1995/6) y huelgas generales, como la de la víspera del aniversario de la Revolución de Octubre en noviembre de 1996, y la segunda, recientemente, el 27 de marzo de 1997. Esta crisis está reflejando, en una forma distorsionada, la debilidad social y política del régimen restauracionista. Incluso, un declarado apologista de Yeltsin como The Economist, ha tenido que admitir la razón más profunda: "El no pago de los salarios es tolerado más fácilmente porque mantiene bajo el desempleo. Si cada uno que trabajó debiera cobrar en efectivo, el desempleo se habría clavado muy, muy por encima de la actual tasa del 9,3%" (3). El desempleo es mantenido deliberadamente bajo, incluso a través de la crisis de pagos, para evitar la explosión social. Pero al mismo tiempo, el mismo miedo previene la formación de un real mercado de trabajo, donde los trabajadores puedan ser libremente contratados y despedidos. En otras palabras, la reconversión de la fuerza de trabajo soviética, que tiene como prerrequisito la formación del mayor ejército de desocupados de la Historia, todavía no ha tenido lugar. Las relaciones de valor no funcionan en la producción, a pesar del hecho de que un enorme monto de valores ficticios, carentes de sustancia real, esté en circulación. La seudo mediación, otra vez, entre opuestos, es provista por los llamados holdings financieros bajo la protección del Estado. Para plantearlo en otros términos: la misma receta para el desastre que condujo a la explosión albanesa, es aplicada a la escala de un país gigantesco como Rusia. Indudablemente, hay enormes diferencias de magnitud, de complejidad social, de recursos económicos entre el gigante y el pigmeo; pero su fisiología, o mejor dicho, patología, como vivientes monstruosidades híbridas, es la misma. 6. El país de Octubre, ochenta años después de la Revolución socialista, después de un prolongado período de aislamiento y presión imperialista, que produjo la tragedia del stalinismo y su colapso, se encuentra, a fines de siglo, en una impasse. Esta transición en total crisis puede conducir, o bien hacia nuevas y todavía más profundas manifestaciones de desintegración, o bien a intervención política independiente de la clase obrera, superando la impasse por medios y métodos revolucionarios. Una más profunda caída en el caos, que generará también fútiles intentos para controlarlo mediante formas de gobierno de una dictadura bonapartista y autoritarismo estatal o una segunda revolución. O permanente desintegración y catástrofe o Revolución Permanente ésa es la única alternativa realista. 7. La cuestión clave es, otra vez, la de la subjetividad revolucionaria. Aquí también Albania rebelada puede dar, como en un microcosmos, valiosas lecciones y enseñanzas para el futuro. Primero: habitualmente, la posibilidad de cualquier actividad revolucionaria autónoma de las masas en el mundo post-stalinista es negada, particularmente por los escépticos de todo tipo, dentro de la llamada izquierda internacional. Los albaneses y otros pueblos balcánicos son considerados como bárbaros, mafiosos, delincuentes, chauvinistas ciegos, etcétera. El pueblo ruso es considerado como una masa pasiva, obediente, conformista, dispuesta a aceptar cualquier cosa de parte de sus dirigentes. Las referencias a la proverbial alma rusa se hacen para exorcizar cualquier pensamiento de que alguna explosión revolucionaria pueda tener lugar en el país de la mayor revolución y de la mayor tragedia de la historia. Los trabajadores albaneses, despreciados por sus explotadores burgueses en Grecia, en Italia, en Europa, por cada pequeñoburgués racista, probaron por medio de su magnífica rebelión que las masas no son un cuerpo inerte, muerto, mecánico, sino que corporizan, como ya ha demostrado Baruch Spinoza, como una poderosa potencia, un potencial determinante del curso de la sociedad, objetiva y subjetivamente. La gran espiral histórica abierta por la Revolución de Octubre también despertó a los pueblos balcánicos; durante las luchas populares revolucionarias antifascistas, en el curso de la Segunda Guerra Mundial, fueron elevados de "pueblos sin historia" (Hegel, Engels) a la arena de la Historia. Allí, fueron bloqueados por el stalinismo durante todo un período, viviendo en una forma de intermundo, entre la Historia y la no-Historia. El colapso del stalinismo los condujo, primero al abismo de la no-Historia, como lo ha demostrado la pesadilla yugoslava. Ahora, con la revolución albanesa, los pueblos de los Balcanes están elevándose otra vez hacia el dominio de una nueva Historia revolucionaria. Segundo: las masas rebeladas contra las desastrosas consecuencias del proceso de restauración chocarán, no sólo contra el ala derecha restauracionista en el poder, sino también contra esos mutantes stalinistas que se presentan a sí mismos como una oposición a los regímenes post-stalinistas. El Partido Socialista de Albania, la mutación del stalinista Partido del Trabajo, condensa las diferentes variantes de mutación seguidas por otros PC en Europa del Este y la antigua Unión Soviética. Actualmente, sus dos alas están reflejando, una, a los socialdemócratas del tipo polaco y húngaro; la otra, al tipo de partido stalino-chauvinista de Zyuganov. En los márgenes, hay incluso una pequeña formación de línea dura, que recuerda el tenor del PKP de Anpilov o Tioulkin. El Partido Socialista, con sus diferentes alas, solía tener una importante implantación e influencia políticas en el sur de Albania, la zona más desarrollada cultural, política y económicamente. Pero durante la crisis revolucionaria, el Partido Socialista usó su poder político para proteger y salvar a Berisha y su régimen, de la ira de las masas revolucionarias. Los mutantes stalinistas fueron llevados de la oposición, e incluso de las prisiones, al timón del gobierno por los propios imperialistas, para poner un freno a la revolución, para desarmar a las masas y salvar al régimen restauracionista. El tercer polo de poder, el gobierno de unidad nacional del economista educado en los Estados Unidos, Bashkim Fino, fue formado para disolver el polo revolucionario en el sur y salvar de la aniquilación a la junta contrarrevolucionaria de Berisha en el norte. Lección número uno: la segunda revolución que se aproxima en el Este no sólo no puede depositar ninguna ilusión en los mutantes stalinistas socialdemócratas o de línea dura, en la oposición o en el poder, sino que necesariamente, en algún punto, deberá chocar con ellos. Esto nos lleva al crucial tercer punto. La subjetividad revolucionaria puede y debe ser desarrollada en Rusia, en Europa del Este e internacionalmente sólo por medio de la comprensión teórica y la superación de toda experiencia histórica pasada; antes que nada, de la Revolución de Octubre; de sus logros y de su tragedia; de la naturaleza del stalinismo; de la lucha de la Oposición Bolchevique de Izquierda por una alternativa; en pocas palabras: la lucha absolutamente irreconciliable, en la teoría y la práctica, entre la revolución permanente y el "socialismo en un solo país". Sólo por medio de una lucha teórica consecuente, la herencia bolchevique de Lenin y Trotsky puede ser re-apropiada y desarrollada, y el inconcluso proyecto bolchevique puede ser completado. La Revolución de Octubre, como momento inicial de la revolución socialista mundial, está ochenta años atrás en el pasado y, simultáneamente, frente a nosotros, en el futuro. Atenas, 24/25 de marzo de 1997 Nueva York, 30 de marzo de 1997 Notas: 1. The Economist, 15 de marzo de 1997. 2. Ver The Economist, 15 de marzo de 1997. 3. Idem.

1 de julio de 1997
El POR se ha transformado en secta nacionalista
Juan Pablo Bacherer Soliz

"La premisa necesaria de los éxitos revolucionarios es la depuración de la IVª Internacional del sectarismo y de los sectarios incorregibles" León Trotsky Introducción Es muy común escuchar que el POR es una secta. Por eso parecería no entrañar ninguna novedad la caracterización que hemos elaborado. Lo que ocurre es que, como en muchos casos, los términos pueden tener diferente significación, de acuerdo al método que se utilice para elaborar un determinado concepto. Desde el punto de vista científico, marxista, el concepto de secta es completamente diferente al que tienen el liberalismo burgués, el reformismo o el hombre común. Cuando dicen que el POR es una secta se refieren, normalmente, a la supuesta consecuencia y firmeza con referencia a los principios que postula. También, al hecho de que durante décadas repite lo mismo, casi sin ninguna variación en las diferentes circunstancias. Ciertamente que el concepto marxista de secta, si bien puede tener algunos rasgos secundarios comunes con éstos, en su esencia es cualitativamente diferente, como podrá comprobarse luego de la lectura de este folleto. Un esbozo de este folleto fue presentado como documento de discusión a la Conferencia Nacional de la Oposición Trotskista y fue la base de la discusión sobre el proceso degenerativo del POR. Es por ello que todo el texto está numerado y mantenemos esa forma en esta elaboración final. El propio autor hizo notar que ese documento era incompleto, no sólo por la falta de tiempo para concluir su elaboración, sino porque la discusión de la conferencia debía aportar aún más elementos para profundizar en el tema. La discusión fue fructífera, logró que el autor y la Oposición Trotskista en su conjunto profundicen aún más en su análisis de un fenómeno tan importante para la lucha de la clase obrera y de las masas oprimidas en Bolivia. Destaco la participación, en ese debate, de los compañeros Jorge Altamira y Osvaldo Coggiola del Partido Obrero de la Argentina, con quienes, si bien no coincidimos en todos los aspectos y en todos sus detalles en el análisis, nos unen las grandes líneas de las conclusiones de la Conferencia. Sin embargo, hay que advertir que sus conclusiones pertenecen exclusivamente al autor de este folleto, no comprometen necesariamente la opinión de quienes participaron en el debate. La Oposición Trotskista y su Conferencia Nacional ya han sacado sus propias conclusiones, que han sido publicadas en esta misma revista teórica. I. Clase en sí y clase para sí 1) El proletariado es una clase social porque es un grupo social que ocupa un determinado lugar en el proceso productivo, es desposeído de los medios de producción y tiene que vender su fuerza de trabajo, que es mercancía, para participar en el proceso productivo. La burguesía, que constituye su polo opuesto, es tal porque es propietaria de los medios de producción, y en su condición de tal participa en el proceso productivo. La condición de existencia del proletariado es la burguesía y a la inversa; sin embargo, es la burguesía la clase dominante, porque es ella la que tiene en sus manos el control del poder económico, y a partir de él, de los resortes fundamentales de la sociedad capitalista, particularmente la ideología y la maquinaria del Estado. 2) En el capitalismo, burguesía y proletariado son las clases sociales que encarnan socialmente la contradicción fundamental, aquella que se da entre las fuerzas productivas que se han socializado y colectivizado a un punto extremo, y las relaciones sociales de producción que se expresan jurídicamente como la vigencia irrestricta de la gran propiedad privada. La lucha de clases no nace, pues, del aire o de determinadas concepciones ideológicas que tuviesen los hombres, sino de ese choque objetivo que se da en la base misma de la sociedad. Esa lucha de intereses contrapuestos y antagónicos se proyecta, claro está, a los diversos planos de la actividad social, incluido el teórico-político. 3) El proletariado es, pues, la encarnación de la "no propiedad", es la expresión social de la colectivización de las fuerzas productivas. Sin embargo es, al mismo tiempo, propietario privado de su fuerza de trabajo; es a partir de ello que sus intereses individuales lo separan de los otros proletarios y se enfrentan en la competencia por el trabajo y el salario. La burguesía, por el contrario, es la encarnación social de la propiedad privada, pero, al mismo tiempo, es la que, a través de su actividad objetiva en el proceso productivo, coloca las condiciones materiales que ha determinado la colectivización del proceso productivo. 4) La clase obrera primero existe, es una clase en sí, resultado inevitable del desarrollo del capitalismo en un determinado país, aunque, al ser encarnación de la producción colectivizada, tiene instinto comunista. El lugar que ocupa en el proceso productivo está en la base de ese instinto, que lo conduce irresistiblemente al cuestionamiento de la propiedad privada, de múltiples maneras. Y ese instinto tiende a trocarse en conciencia, y cuando ésta surge, estamos en presencia de una verdadera clase obrera, no sólo con instinto, sino con conciencia de clase. Sin embargo, la estructuración de la clase obrera como clase para sí es compleja y contradictoria, sigue todo un proceso que abarca una época histórica. En el caso de la clase obrera europea, particularmente la inglesa, por ejemplo, siguió un camino que se lo puede tipificar como normal. Inicialmente, las luchas proletarias instintivas se centraron en la destrucción de las máquinas, que eran las causantes de la agudización de la explotación, porque provocaron desocupación masiva, disminución de los salarios y la intensificación del trabajo. Posteriormente, y como consecuencia de la acumulación de su experiencia en la lucha, la clase obrera llegó al convencimiento de que no es contra la máquina que debía luchar sino que había que organizarse en asociaciones obreras para resistir la explotación del capital. "Fueron necesarios mucho tiempo y mucha experiencia para que los obreros llegasen a distinguir entre las máquinas en sí y el empleo que les daba el capital y a dirigir sus tiros no contra los instrumentos materiales de producción sino contra la forma social en que se aplicaban" (1). Todo este desarrollo espontáneo e instintivo determinó que la clase obrera madure para dar un salto cualitativo en su desarrollo, en la perspectiva de transformarse en clase para sí o consciente. 5) La más importante expresión teórica de las luchas de la clase obrera, en esta primera fase de su desarrollo, fue el "socialismo utópico", que en su momento jugó un rol progresivo, a pesar de que no pudo fundar la ciencia de la sociedad. Pretendió sacar el socialismo de su cabeza, simples ilusiones fantásticas imposibles de darse en la realidad; las sociedades que pintaban en sus doctrinas no eran más que sueños, y como tales era imposible llevarlos efectivamente a la realidad. Su limitación fue que no lograron descubrir las leyes que rigen el desenvolvimiento de la sociedad capitalista, es por eso que su actividad práctica no pudo ser auténticamente revolucionaria. Posteriormente, las diversas organizaciones del socialismo utópico se convirtieron en "sectas reaccionarias", en un obstáculo para el desarrollo de la clase. Cuando la clase obrera había madurado para dar el salto cualitativo hacia la estructuración de su propio partido político estamos hablando del cartismo inglés, que fue el primer partido político obrero, y posteriormente la Liga de los Comunistas, las sectas que habían estructurado los socialistas utópicos jugaban ya un rol abiertamente reaccionario. Marx y Engels señalaron que la importancia de este socialismo utópico está en razón inversa al desarrollo histórico. Cuando el capitalismo todavía estaba en su fase ascendente, tuvieron mucha importancia, y la pierden totalmente cuando el capitalismo madura para su autotransformación. En el Manifiesto Comunista, decían: "aunque algunos autores de estos sistemas socialistas fueran en muchos aspectos verdaderos revolucionarios, sus discípulos forman hoy día sectas indiscutiblemente reaccionarias (destacado del redactor) que tremolan y mantienen impertérritas las viejas ideas de sus maestros frente a los nuevos derroteros históricos del proletariado" (2). Por eso se consideran por encima de la lucha de clases, pretenden mitigarla y conciliar sus intereses antagónicos por eso siguen soñando con realizar experimentos de sus utopías sociales y "se enfrentan rabiosamente contra todos los movimientos políticos" del proletariado. "Poco a poco van resbalando a la categoría de los socialistas reaccionarios o conservadores, de los cuales sólo se distinguen por su sistemática pedantería y por el fanatismo supersticioso con que confían en las milagrerías de su ciencia social" (3). 6) El proletariado no nació con independencia de clase, ésta será el producto de su desarrollo ulterior. Es más, al principio la burguesía se benefició con el apoyo del proletariado en su pugna con los sectores feudales o en la lucha interburguesa. La burguesía a veces colaboró con los obreros a organizarse sindicalmente. Utilizó a los proletarios como carne de cañón en sus luchas interburguesas. En Inglaterra ayudaron a la burguesía a implantar el librecambio, la derogación de las leyes anticerealeras, modificación del código civil y penal, etc. En Francia apoyaron a la burguesía en su lucha contra la aristocracia feudal y el poder monárquico. Tuvo que pasar algún tiempo para que esa situación acabe, para que el propio desarrollo de la clase, impulsado por su instinto y su experiencia, la empuje a buscar su propia independencia clasista, que la conduciría a formular sus propios objetivos clasistas en el plano político. 7) En el plano económico, después de haber superado la fase primitiva y de lucha individual, que se tradujo en robo y asesinato, y posteriormente en la destrucción de las máquinas, el proletariado comprendió que había que organizarse unitariamente para defender sus intereses inmediatos en contra de la opresión burguesa. Luchó por esa finalidad a pesar de que toda asociación o agrupación obrera estaba prohibida por la ley burguesa, desde la Revolución Francesa. Toda acción en ese sentido constituía un delito severamente penado; por eso los obreros fundaron sociedades secretas, que poco a poco se fueron extendiendo. Después de mucho tiempo de lucha, se obtuvo una victoria en 1824, cuando se aprobó una ley derogando las múltiples disposiciones legales que prohibían la organización obrera. Como se ve, el sindicato y la huelga nacieron de las entrañas de la clase obrera, de sus condiciones de trabajo y de existencia, de sus características como clase. Los sindicatos surgieron y se desarrollaron, primero a nivel de una fábrica, luego en una rama, posteriormente en una localidad y finalmente a nivel nacional. Marx escribió que la unificación de los obreros "tiene dos objetivos: disminuir la competencia entre los propios obreros y concentrar la fuerza total de la masa obrera contra el capitalista" (4). 8) Los sindicatos y las huelgas jugaron un papel de enorme importancia en la maduración y desarrollo de la clase obrera, esto a pesar de que los socialistas utópicos no lograron comprenderlos y se oponían a ellos. Son los revolucionarios, que hicieron del socialismo una ciencia, quienes dieron su verdadero lugar a estas creaciones de las masas. Engels decía: "Las huelgas son para los obreros las escuelas de adiestramiento militar, los campos donde se prepara el proletariado para la gran lucha final inevitable, las proclamas por medio de las cuales las secciones individuales de trabajadores anuncian su adhesión al movimiento social obrero… Como escuela en el arte de la guerra contra el capitalismo, las huelgas no tienen igual" (5). Marx complementaba: "En el curso de esta lucha una verdadera guerra civil se van reuniendo todos los elementos para la batalla futura. Al llegar a este punto, las coaliciones ya asumen carácter político" (6). Engels ya señaló que no basta el sindicato para subvertir el orden de cosas existente, necesariamente tiene que proyectarse al campo político: "La historia de estas asociaciones es una cadena constante de derrotas interrumpidas por una que otra victoria ocasional. Es evidente que, aun con toda la fuerza de que dispone, el tradeunionismo no puede subvertir la ley económica según la cual los salarios se regulan por la oferta y la demanda imperantes en el mercado de trabajo" (7). 9) Posteriormente, la insurrección de Lyon (Francia) y la fundación del primer partido obrero del mundo, el partido cartista de Inglaterra, mostraron que la clase obrera había logrado grandes avances en su proceso de maduración: empezó a proyectar su lucha al plano político, la "Carta" demandaba el sufragio universal para los obreros y exigía algunas transformaciones democráticas. La madurez de la clase llegó al punto en que era necesario un salto cualitativo para dotarse de un partido político propio, que exprese sus intereses generales de clase, para transformarse en clase para sí o clase consciente, completamente independiente con referencia a las otras clases de la sociedad capitalista y particularmente de la burguesía. El salto cualitativo fue dado por la Liga de los Comunistas. "Al comenzar la era capitalista escribió Marx las condiciones económicas transformaron a la gran masa de la población en una masa de asalariados. El régimen del capital creó condiciones que afectaron del mismo modo a todos los obreros y les dotaron de intereses comunes. A partir de ese momento se consolidan como clase frente al capitalista, aunque todavía no tengan conciencia de sí mismos como clase aparte. En el transcurso de su lucha… la masa obrera se consolida hasta llegar a formar conscientemente una masa distinta. Sus intereses se convierten en intereses de clase. Y la lucha de una clase contra otra es una lucha política" (8). 10) La clase obrera no puede transformarse en clase para sí, por su propio desarrollo espontáneo e interno. Es necesario que confluyan otros factores. El desarrollo de la filosofía clásica alemana, de la economía política inglesa y del socialismo francés fueron las precondiciones teóricas necesarias para el surgimiento de la ciencia de la historia, que permitió comprender el papel histórico universal de la clase obrera. La conciencia de clase, pues, no es un proceso automático y mecánico que la clase obrera puede generar espontáneamente. Como se ha visto, el desarrollo de la clase plantea la necesidad histórica de estructurar el Partido, de dotarse de conciencia clasista bajo la forma de organización revolucionaria. El germen de la conciencia es el movimiento espontáneo de la clase, que se asienta en el instinto de la clase revolucionaria de nuestra época, pero ese instinto sólo puede realizarse por medio del partido revolucionario de la clase obrera, que es la encarnación de la conciencia de clase. 11) La Liga de los Comunistas, que fue el primer partido revolucionario del proletariado en la historia, colocó como piedra angular de la organización revolucionaria un programa, el Manifiesto Comunista, que expresa los intereses históricos de la clase obrera, la misión que tiene de sepultar al capitalismo: "el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al poder, la conquista de la democracia". A continuación, explica: "El proletariado se valdrá del poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante…" (9). Posteriormente, ese objetivo estratégico será precisado por el propio Marx, cuando dice que el socialismo revolucionario "es la declaración de la revolución permanente, la instauración de la dictadura de clase del proletariado como paso necesario para la abolición de las distinciones de clase en general" (10). O en la Crítica al Programa de Gotha, donde señala que en el período de transición entre el capitalismo y el comunismo, el "Estado no puede asumir más forma que la dictadura revolucionaria del proletariado" (11). 12) Sin embargo, la enunciación programática no daría lugar, mecánica y automáticamente, a la forma organizativa más adecuada para que los revolucionarios-marxistas pudiesen llevar adelante ese objetivo programático. Todavía tendría que recorrerse mucho camino para que pudiesen descubrir la organización más adecuada que permita transformar en "fuerza material" las formulaciones teóricas de la ciencia de la historia. Eso significaba que la organización revolucionaria, el partido revolucionario de la clase obrera, debía todavía sufrir un proceso de experimentación y de transformación, en la lucha. La Asociación Internacional de Trabajadores, fundada en 1864, pasó a la historia como la Primera Internacional y tuvo como misión fundamental la difusión del marxismo, como doctrina obrera, al conjunto del movimiento obrero mundial, tarea que cumplió a cabalidad si se recuerda que tuvo que luchar, en su propio seno, con diversas corrientes a las que derrotó teórica y prácticamente. Es el caso de los cartistas, owenistas, fourieristas y sobre todo los anarquistas. Sin embargo, la coexistencia de diversas corrientes en la misma organización determinó sus limitaciones. La Primera Internacional fue una organización que, en los hechos, no tenía una homogeneidad programática, era heterogénea, y esa característica significó una seria limitación en su accionar revolucionario, como pudo constatarse, por ejemplo, en la Comuna de París. Es evidente, sin embargo, que la Asociación Internacional de los Trabajadores respondió al nivel de desarrollo de la clase obrera en ese momento y jugó un papel progresivo en el proceso de su formación como clase revolucionaria a nivel internacional. En 1873, la Primera Internacional había cumplido su rol histórico y es por ello que fue disuelta por sus propios fundadores, Marx y Engels. 13) La Segunda Internacional o socialdemocracia se estructuró partiendo de la nueva etapa que vivía el proletariado europeo y asimilando la experiencia de la Primera. Una vez que el marxismo se había convertido en un patrimonio del movimiento obrero a nivel internacional, la homogeneidad teórico-política que logró fue grande. Es el período de la difusión masiva del marxismo en todas las latitudes incluso más allá de Europa. Sin embargo, el período de relativo auge del capitalismo que se vivió a fines del siglo XIX y el surgimiento de la época imperialista provocaron el surgimiento de fuertes corrientes revisionistas en su seno se expresaron en los planteamientos de Eduard Bernstein, que entroncaron en la aristocracia obrera que se había formado en el movimiento obrero antes de la Primera Guerra Mundial. La corriente revisionista, si bien inicialmente combatida en todo el mundo dentro de la propia socialdemocracia por las corrientes ortodoxas y revolucionarias, poco a poco fue cobrando más importancia, como se constató en la lucha de Rosa Luxemburgo contra el burocratismo y el revisionismo. En los hechos, cristalizó en la corriente reformista y pudo seguir conviviendo con la revolucionaria; se le dio la posibilidad de existir y desarrollarse indefinidamente al interior de la socialdemocracia, hasta que finalmente se convirtió en corriente dominante al interior de la Segunda Internacional y la degeneró definitivamente, hecho que se manifestó abiertamente en su conducta social-chovinista y de sometimiento a las burguesías nacionales imperialistas en ocasión de la Primera Guerra Mundial. II. El partido leninista 1) El gran desafío de los marxistas rusos consistió en la aplicación del marxismo a la realidad rusa, una realidad completamente nueva si se la compara con los países europeos, que fueron el laboratorio donde se elaboró la teoría marxista, la ciencia de la historia. Por ello es que el movimiento marxista internacional y sobre todo los rusos, tuvieron que retornar al método científico de análisis, para lograr comprender esa realidad concreta sobre la que tenían que actuar. La primera gran tarea que tuvieron que cumplir fue la lucha teórica contra el populismo ruso, al que tuvieron que derrotar primero en el plano de la teoría y posteriormente en el de la práctica. Ellos creían en la posibilidad de llegar al socialismo a partir de la comunidad agrícola campesina (Mir), sin tener que pasar por los tormentos del capitalismo. Es por ello que tuvo que utilizarse toda una década (1884/94) para sentar las bases teóricas fundamentales del programa revolucionario de la revolución rusa. Fue una etapa de gestación del nuevo partido revolucionario de la clase obrera; existían sólo algunas unidades de revolucionarios que cumplieron esta tarea. La formación del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, en el primer congreso de marxistas de 1898, fue el punto culminante de esta etapa. Posteriormente, vino un período de dispersión, de disgregación, de vacilación, es la etapa de la adolescencia. Coincide con progresos gigantescos del movimiento de masas, se propaga en nuevos sectores, se incorpora la pequeña-burguesía. Cuanto más alto nivel de conciencia reclamaba el movimiento instintivo, espontáneo de las masas, los revolucionarios estaban menos a la altura de su tarea: los dirigentes no sólo quedaban rezagados teóricamente (marxismo "legal", envilecido, revisionista), sino prácticamente (métodos artesanales). Para decirlo en palabras de Lenin: "Lo que caracteriza a este período no es el desprecio olímpico de algún admirador de lo absoluto por la labor práctica, sino precisamente la unión de un practicismo mezquino con la más completa despreocupación por la teoría. Más que negar abiertamente las palabras sublimes, lo que hacían los héroes de este período era envilecerlas: el socialismo científico dejó de ser una teoría revolucionaria integral, convirtiéndose en una mezcolanza a la que se añadían "libremente" potingues procedentes de cualquier manual alemán nuevo; la consigna de lucha de clases no impulsaba a una actividad cada vez más amplia, cada vez más enérgica, sino que servía de calmante, ya que la lucha económica está íntimamente ligada a la lucha política; la idea del partido no exhortaba a crear una organización combativa de revolucionarios, sino que justificaba una especie de burocracia revolucionaria y el juego infantil de formas democráticas (12). Frente a esta situación, se trataba de encontrar una respuesta clara y contundente a la pregunta de cómo superar las vacilaciones, el envilecimiento teórico y, al mismo tiempo, los métodos artesanales, que se hacían los revolucionarios: ¿Qué hacer? 2) La teoría leninista de la organización revolucionaria da una respuesta concreta a esos problemas planteados en la lucha de los revolucionarios para superar el impasse teórico y práctico que se planteaba en ese momento. Y esa respuesta significó un salto cualitativo en la teoría sobre el partido que hasta el momento se había logrado elaborar. El salto teórico, y luego práctico, que se dio en la cuestión de la organización revolucionaria, permitió que por primera vez en el movimiento revolucionario, marxista, se encontrase una organización capaz de ponerse a la cabeza de las masas y del proletariado para lograr la victoria revolucionaria. La degeneración política de muchas organizaciones que se reclaman del marxismo y que han abandonado la lucha o han ido al campo del enemigo de clase o, finalmente, han acabado como sectas intrascendentes en la lucha de clases y en el movimiento obrero, necesariamente ha tenido que deformar la naturaleza de la organización leninista, ya sea como antecedente de su degeneración política, clasista, o como una consecuencia de ésta. Es por ello que es de enorme importancia el comprender con exactitud el significado de esta teoría para poder llevarla a la práctica. Rompiendo con la tradición socialdemócrata, con el mecanicismo y el espontaneísmo existentes, Lenin plantea una idea central: "Por sus solas fuerzas la clase obrera no puede llegar más que a la conciencia tradeunionista, es decir a la convicción que hay que unirse en sindicatos, luchar contra los patrones, reclamar del gobierno tales o tales leyes necesarias para los obreros… etc. En cuanto a la doctrina socialista, ella ha nacido de las teorías filosóficas, históricas, económicas, elaboradas por los representantes cultivados de las clases poseedoras, por los intelectuales" (13). Esta es una conclusión fundamental, que se convierte en la piedra angular de la teoría y práctica leninistas de la estructuración del partido revolucionario de la clase obrera. Y las razones de este planteamiento son profundas: el lugar que ocupa el proletariado en el proceso de producción, el hecho de ser deposeído de los medios de producción, condiciona su exclusión de la cultura, y por ello, su imposibilidad de conquistar, como clase, la conciencia de su propia clase. No puede formularse conscientemente el proceso histórico que lo conduce, permanentemente, a luchar contra el orden de cosas existente. Esa conciencia tiene que venirle desde fuera, por medio de aquellos individuos que participan de la cultura y que por ello poseen los instrumentos necesarios para descubrir las leyes que gobiernan el desenvolvimiento de la historia. El planteamiento leninista es claro: no se trata de un desarrollo gradual del proletariado que poco a poco adquiere su conciencia clasista, sino que esa conciencia sólo puede venirle desde fuera, es decir, por medio de los intelectuales de la burguesía, aquellos que lograron comprender las leyes de la historia. Por eso, Lenin repite, una y otra vez, "La conciencia política de clase sólo puede llevarse al obrero desde el exterior" (14). Y en otro lugar: "Por sí mismo, el movimiento obrero espontáneo sólo puede engendrar (y lo hace inevitablemente) el tradeunionismo; ahora bien, la política tradeunionista de la clase obrera es precisamente la política burguesa de la clase obrera" (15). O dicho de otra manera: "El movimiento obrero espontáneo es el tradeunionismo… y el tradeunionismo es justamente el sometimiento ideológico de los obreros por la burguesía" (16). De ahí, la conclusión inevitable: "Es por eso que nuestra tarea, la de la socialdemocracia, es combatir la espontaneidad, sacar al movimiento obrero de esta tendencia espontánea que tiene el tradeunionismo a refugiarse bajo el ala de la burguesía, para atraerla bajo el ala de la socialdemocracia revolucionaria" (17). 3) Los adversarios de Lenin no lograron comprender en toda su profundidad el descubrimiento leninista. Estaban convencidos de que era una exageración su planteamiento sobre el carácter burgués de la espontaneidad del movimiento obrero, y junto con ello, creyeron que era desproporcionado el papel que le asignaba a la inteligencia de la burguesía, como conciencia de la clase obrera que le llega desde el exterior. Plejanov, que expresó de manera coherente la crítica a Lenin, va más allá y señala que la tesis de éste era la de un "idealista", y que significaba que "no había comprendido el socialismo científico en su actitud con referencia a esta cuestión" (18). Demuestra que sobre la base de la presión del "crecimiento espontáneo del movimiento obrero", Marx y Engels fueron capaces de desarrollar todas sus concepciones y, particularmente, reconocieron que el proletariado era la "fuerza revolucionaria esencial" de nuestra época, y que en Rusia fue esa misma presión la que determinó que se hiciera la crítica marxista "a la vieja teoría populista que comenzaba a romperse por todas sus costuras" (19). Además, demuestra que para Marx y Engels la clase obrera, en su movimiento espontáneo, "tiende a suprimir las relaciones de producción capitalistas, es decir a realizar la revolución socialista" (20). Las conclusiones de Plejanov al respecto pretenden ser demoledoras: "Si es verdad la tesis fundamental del marxismo según la cual el pensamientoí de los hombres está determinado por su modo de existenciaí, y si no es erróneo el teorema de base del socialismo científico, que afirma que la revolución socialista es la consecuencia inevitable de las contradicciones internas del capitalismo, es claro,pues, que a un cierto estadio de desarrollo social, los trabajadores de los países capitalistas habrán de arribar al socialismo incluso si ellos hubiesen sido abandonados a sus propias fuerzas" (21). 4) Es indudable que el proletariado tiene instinto comunista por el lugar que ocupa en el proceso de producción y tampoco se puede poner en tela de juicio que "el crecimiento espontáneo del movimiento obrero" tiende, en muchas circunstancias, a suprimir las propias relaciones capitalistas de producción, en la medida en que las ideas y hasta los sentimientos de los hombres están determinados por la estructura económica. La prueba más clara de esta afirmación es que en muchos países y en diferentes circunstancias, el proletariado y las masas han protagonizado movimientos insurreccionales que no han sido dirigidos por un partido revolucionario. En el caso boliviano, por ejemplo, la insurrección del 9 de abril de 1952 no sólo que fue protagonizada por el proletariado y las masas, sino que fue triunfante, al punto que destruyó, en la lucha callejera, al ejército y a la policía, habiéndose puesto en pie las milicias obrero-campesinas, que fueron la base de sustentación de la Central Obrera Boliviana, que nació como un órgano de poder de las masas. Y Lenin reconoció esas críticas, cuando dijo, en el propio IIº congreso de la socialdemocracia rusa, que "Sabemos todos hoy día que los economistas han torcido el palo en un sentido. Para reenderezar el palo había que torcerlo en el sentido inverso. Eso es lo que yo hice" (22). Sin embargo, ese reconocimiento no se puede extender a la idea central de Lenin, que contrasta completamente con el planteamiento de Plejanov. Es puro mecanicismo el pretender que "en un cierto estadio del desarrollo social, los trabajadores de los países capitalistas habrán de llegar al socialismo incluso si hubiesen sido abandonados a sus propias fuerzas". Ahí muestra su mecanicismo y su espontaneísmo. Está convencido de que la conciencia de clase puede ser la consecuencia mecánica de un desarrollo gradual, de cambios cuantitativos que conduzcan de manera natural y espontánea a transformar a la clase en clase conciente. Es cierto que la estructura económica, el modo como los hombres producen su vida material, está en la base de las ideas y pensamientos que aquéllos elaboran. Pero ni siquiera esto es un proceso mecánico, sobre todo cuando se trata de la expresión teórica de los intereses generales de una clase explotada y oprimida, como es el proletariado. Plejanov no logró comprender que la formación de la conciencia de clase es un proceso complejo, que si bien recoge muchos elementos sacados de las intuiciones y aspiraciones de la propia clase, que van surgiendo al calor de la lucha, de su proceso de maduración o incluso de los elementos pre-científicos que se desarrollaron con los socialistas utópicos, etc., en ningún caso podría haberse dado el salto cualitativo a la calidad de ciencia, y la incorporación de algunos elementos inconexos y mal formulados en una totalidad armónica que constituya la ciencia de la historia. Esta sólo se constituye como tal, en el momento en que llega a descubrir leyes que se refieren a la naturaleza íntima, esencial, del desenvolvimiento de la sociedad. Todo ese arduo trabajo que llevaron adelante con una adecuada metodología científica Marx y Engels es, ciertamente, una tarea propia de los intelectuales de las clases poseedoras (o, excepcionalmente, de obreros individuales en calidad de teóricos). Ese es el rasgo que Lenin subraya con toda nitidez, cuando insiste en que la conciencia de clase le viene al proletariado "desde fuera". La prueba de la corrección de estas afirmaciones es que durante el siglo XX se han producido múltiples insurreciones, a pesar de que en la mayor parte de ellas no estuvo presente el partido revolucionario. Eso significa que las masas, empujadas por su instinto, no plantean solamente reivindicaciones salariales o económicas, sino que a partir de ellas, en un determinado momento de su evolución, se levantan contra el orden de cosas establecido, toman las armas, combaten a muerte contra el Estado burgués y sus órganos represivos y pugnan, aun a costa de su vida, por echar del poder al gobierno burgués. Sin embargo, una cosa es expulsar a un gobierno y otra muy distinta es que la clase obrera y las masas tomen el poder en sus manos. Cuando no existe partido político de la clase obrera, cuando las masas se lanzan espontáneamente a la insurrección, es indudable que la burguesía retoma el poder, aun cuando las masas hayan destruido el Estado burgués, como sucedió en 1952 en Bolivia. El proletariado, ante la ausencia de una vigorosa dirección revolucionaria, entregó el poder a un partido burgués, el MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), y éste reconstruyó el Estado burgués apoyándose en el imperialismo norteamericano. Excepcionalmente se ha dado el caso de que las masas, protagonistas del proceso revolucionario, entreguen el poder a partidos pequeña-burgueses o stalinistas, a quienes les imponen una parte importante de sus reivindicaciones y del propio programa socialista. Esos hechos confirman, pues, la tesis leninista de que la conciencia de clase no puede surgir espontáneamente, por la acumulación de múltiples experiencias en las luchas contra la burguesía. Que, por lo tanto, la conciencia debe venir "desde fuera", por la acción consciente de los elementos de la intelectualidad burguesa que han logrado comprender las leyes de la historia. Sin conciencia de clase expresada en el partido revolucionario de la clase obrera, no es posible el triunfo de la revolución proletaria, ni aun en el caso extremo de que el proletariado hubiese tomado el poder, porque sin partido no será posible que aquél se mantenga en el poder, como lo demuestra lo sucedido en la Comuna de París. 5) Sería equivocado creer que porque la intelectualidad burguesa es la que elabora la ciencia de la historia y porque es ella la que constituye, en un principio, el "bacilo revolucionario" (expresión de Plejanov), y que por lo tanto viene de fuera de la clase, nada tiene que ver con ésta. El instinto socialista de la clase obrera no tiene otra forma de manifestarse que no sea a través de la ciencia de la historia y, por lo tanto, por medio de la intelectualidad burguesa. Esa capa social sufre un proceso de transformación, de proletarización, en la medida en que se identifica con la clase obrera y sus objetivos históricos, en la medida en que entrega su vida entera, o lo fundamental de ella, a la lucha revolucionaria del proletariado, en el marco de la organización revolucionaria del partido de la clase obrera. En los hechos, si bien su origen de clase es la pequeña-burguesía, su posición práctica en la lucha de clases la convierte en parte del proletariado, en su vanguardia. Es una intelectualidad que ha traicionado su origen de clase para entregarse por entero a la lucha revolucionaria. La clase en sí, en su desenvolvimiento, logra transformarse en clase para sí. El instinto de la clase se ha trocado en conciencia, pero con la mediación de la intelectualidad burguesa, que viene desde fuera de la clase. El proletariado, que es propietario privado de su fuerza de trabajo, es el germen de la conciencia de clase porque es desposeído de los medios de producción, tiene instinto socialista. El partido, que inicialmente está constituido por elementos de la intelectualidad burguesa, es conciencia de clase, expresión de los intereses generales del proletariado. La clase obrera se realiza como clase a través de su conciencia, por medio del partido, sólo así es clase para sí. El partido no puede realizarse como tal si no logra transformarse en partido de masas, sobre todo de las masas proletarias; se realiza a través de la clase, sólo así las ideas revolucionarias pueden transformarse en "fuerza material". Si realmente quiere ser partido no puede quedarse en el núcleo de intelectuales revolucionarios, sino que tiene que penetrar profundamente en las masas. De esa manera es que la clase crea al partido y a la inversa, el partido modela a la clase; hay una dialéctica permanente entre clase y partido, una interdependencia e interinfluencia permanentes. 6) Todo lo anterior conduce a la centralización leninista en un doble sentido: por una parte, el partido debe definir claramente sus fronteras con referencia al resto de la clase, ésa es la única forma de que se transforme verdaderamente en una organización de combate, revolucionaria. Esto significa que el militante debe dedicar lo fundamental de su existencia a la lucha revolucionaria, debe ser un revolucionario profesional. No es aquel que simplemente proclama su adhesión al programa revolucionario o que colabora eventualmente con la organización, sino que es el que milita en un organismo partidista. Es la mujer o el hombre que aprende a manejar y difundir la teoría revolucionaria, el que es capaz de agitar y organizar a las masas, penetrando en su seno. Su profesión es, pues, la lucha revolucionaria. Por otra parte, la actuación del partido sobre la clase tiene que estar centralizada, tiene que llevar una sola voz de mando, a pasar de las posibles discrepancias que se puedan dar en su seno. Para ello tiene que aplicarse la centralización democrática o la democracia centralizada, donde la mayoría se impone a la minoría y donde los órganos inferiores se subordinan a los superiores. La clave para impedir la degeneración de la organización es que ninguno de los polos, ni la democracia ni el centralismo, ahogue al otro. Para expresar esta idea, en la edición de 1902 del ¿Qué hacer?, Lenin escribió: "Necesitamos una organización militar de agentes". Pero también afirma: "La concentración de todas las funciones clandestinas entre las manos del más pequeño número de revolucionarios profesionales, no significa en ningún caso que éstos pensarán por todos, que la masa no tomará una parte activa en el movimiento" (23). No puede haber un sólido centralismo si no hay una amplia democracia interna en la organización, esto porque la mejor forma de preparar la actuación unificada es la discusión democrática que agote todos los problemas y resuelva todas las dudas. La subordinación de las instancias inferiores a las superiores no puede ser el motivo para que se instaure una dictadura interna en la dirección (Comité Central), sino que debe ser estrictamente la consecuencia de la necesidad de unificar la actuación revolucionaria. La dirección, y no la dictadura, tiene que basarse siempre en la más amplia discusión de todos los problemas, antes, durante y después de las actuaciones. La democracia no sólo se expresa en el hecho de que el congreso y las conferencias de la organización en su conjunto están por encima del Comité Central, sino también en el hecho de que una organización revolucionaria sana debe permitir el funcionamiento de tendencias e incluso fracciones en su interior. La tarea del partido es de "recoger y concentrar todas las gotas y los pequeños rios de la efervescencia popular, que corren por toda Rusia en cantidad infinitamente más grande que lo que creemos, en un solo gran torrente gigantesco" (24). Sin un proceso de autocrítica permanente, la organización revolucionaria no podría avanzar. La autocrítica es la palanca que permite la superación de los errores, que son inevitables en la actuación práctica. No hay que olvidar que no es revolucionaria la organización que no yerra (porque esto sólo podría darse en caso de que no actúe), sino la que yerra y aprende a corregir sus errores. 7) Para pasar de los círculos aislados y actuando artesanalmente, en cada sector o localidad, a una organización de carácter nacional, capaz de tocar los problemas fundamentales del desarrollo político y de las masas, hay un instrumento que Lenin planteó y ejecutó: el periódico político de carácter nacional, que sería la expresión de una voluntad central y coordinadora, por oposición a los periódicos locales o las hojas sectoriales. Sólo así se puede dar una dirección nacional al movimiento, dar las respuestas que requieren permanentemente las masas en su lucha contra la burguesía y que no es más que la concretización de la línea programática a cada situación particular y coyuntural. El periódico, elaborado y distribuido colectivamente, se convierte en un organizador colectivo, obliga a los militantes a organizarse internamente, permite ampliar la influencia partidista, organizar a los simpatizantes, en fin, generalizar la experiencia de la lucha de las masas. El factor decisivo de la revolución es el partido, un "ejército permanente" (Lenin), que es lo contrario de la organización esporádica o local. 8) La esencia de la teoría leninista es aplicable a todos los países capitalistas por cuanto el proceso de transformación de clase en sí a clase para sí es similar, se da a nivel nacional y también a nivel mundial, porque la clase obrera es una clase internacional, como la propia economía capitalista. Sin embargo, no se puede hacer una calca mecánica de todas las características de la organización leninista en todas partes, en todos los momentos. Por ejemplo, cuando Lenin formuló su teoría y la puso en práctica, una de las causas que la motivó fue la lucha contra la policía zarista, que reprimía sistemáticamente a los grupos revolucionarios. En esas condiciones, la democracia interna estaba necesariamente cercenada; por eso Lenin criticaba a los que jugaban al "democratismo". No en todos los momentos se presenta el caso de Rusia a principios de siglo, donde la inteligencia había sido ganada masivamente al marxismo y existían, en todas partes, los "círculos" marxistas, aunque limitados localmente e inconexos. La formación del partido revolucionario puede recorrer múltiples caminos, de acuerdo a las circunstancias concretas de cada país. Ese, como todos los problemas concretos de la lucha revolucionaria, son un desafío a la creatividad y la inteligencia de los revolucionarios. III. El Partido Obrero Revolucionario se ha transformado en secta 1) Ya hemos apuntado que el Partido Obrero Revolucionario es caracterizado como secta desde diversos ángulos. La burguesía, los reformistas y otras corrientes así lo denominan por diversas razones. En algunos casos, porque viene proclamando aunque no sea nada más que proclamación machacona, repetitiva hasta el agotamiento la necesidad de la revolución proletaria por más de 6 décadas. Se la parangona con algunas sectas religiosas que anuncian la llegada del señor con la misma insistencia y persistencia. En otros casos, porque sigue siendo un pequeño grupo a pesar de su larga existencia; en otros, en fin, porque proclama un estoicismo y un puritanismo que a veces llegan al ridículo y que la prensa burguesa explota como una de las rarezas de la flora y fauna sociales. Nosotros, en la caracterización que hacemos del POR, entroncamos en la rica tradición marxista que existe al respecto. Se puede decir que en todos los momentos del desarrollo del movimiento revolucionario encontramos sectas que impidieron el avance del movimiento, y que se convirtieron en tumores que era necesario extirpar. 2) En el movimiento revolucionario, marxista, hace mucho tiempo que los clásicos del marxismo tuvieron que luchar contra corrientes sectarias que hacían daño al movimiento obrero, impedían su avance y desarrollo o simplemente se habían convertido en intrascendentes para la lucha revolucionaria. En el caso de las sectas del socialismo utópico, Marx y Engels las caracterizaron como "reaccionarias" o conservadoras, como ya hemos apuntado. Eran efectivamente reaccionarias, porque se oponían a que el movimiento obrero se proyecte al plano político en el marco de la independencia de clase, se dote de una estrategia política, que oponga sus propios objetivos políticos y métodos de lucha a los de la burguesía: "mantienen impertérritas las viejas ideas de sus maestros frente a los nuevos derroteros históricos del proletariado" (25). En síntesis, se oponían al desarrollo del proletariado, a que pueda estructurarse como clase para sí o clase consciente, con su propio partido político. 3) Al interior de la Tercera Internacional había una serie de sectas de carácter ultrista; es por ello que Lenin tuvo que ocuparse de sus desviaciones principales en un famoso libro: El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Con el gigantesco impulso que significó para el proletariado mundial el triunfo de la revolución proletaria en Rusia, surgieron corrientes revolucionarias que se oponían a la poltronería y el aburguesamiento de los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional. Pero esas corrientes revolucionarias trajeron consigo a las sectas ultristas que se formaron en varios países, y que se oponían a participar en los sindicatos reaccionarios y creían que el deber revolucionario era poner en pie organizaciones sindicales puras, ciento por ciento revolucionarias; repudiaban cualquier posibilidad de participación en las elecciones burguesas, porque consideraban que el parlamento y el parlamentarismo ya habían caducado histórica y políticamente, que sólo estaban vigentes los métodos de la revolución proletaria; se oponían a cualquier compromiso con las corrientes o partidos políticos que no fuesen revolucionarios; en fin, creían que la revolución podía producirse en línea recta, sin contradicciones y como consecuencia de sus deseos y voluntarismo. Lenin caracterizó semejantes desviaciones como "enfermedades infantiles" propias de la pequeña-burguesía, desesperada por realizar aceleradamente la revolución y que no había logrado templarse en el pensamiento marxista y la práctica revolucionaria. 4) Trotsky también, a lo largo de la lucha de la Oposición de Izquierda contra la burocracia stalinista, tuvo que combatir contra las pequeñas sectas que impedían el avance revolucionario y el desarrollo de la IVª Internacional. En sus escritos encontramos material valiosísimo para la comprensión de esta enfermedad que es el sectarismo, que tanto daño le ha causado al movimiento revolucionario. Por las características de su desarrollo histórico, la IVª Internacional ha sido particularmente afectada por esta enfermedad. Tal importancia asignaba a la lucha contra las sectas, que en el programa de fundación de la IVª Internacional, el Programa de Transición, escribió: "Bajo la influencia de la traición y de la degeneración de las organizaciones históricas del proletariado, en la periferia de la IVª Internacional han nacido o han degenerado grupos y formaciones sectarias de diferentes géneros" (26), y realiza un análisis sobre las características de las sectas, que no es más que un complemento de los múltiples escritos sobre el mismo fenómeno. El sectarismo es una enfermedad en la lucha revolucionaria que se ha presentado, como hemos visto, al principio del desarrollo del movimiento obrero, y también puede ser una enfermedad de la decrepitud y decadencia de una determinada corriente política. En Bolivia estamos convencidos que, hace varias décadas, se presentó este fenómeno, que se ha convertido en un verdadero obstáculo para el desarrollo del movimiento obrero y para la lucha revolucionaria. Si se constata la existencia de una secta en el caso boliviano tiene larga tradición y un lugar en la historia del país no hay otra alternativa que superarla dialécticamente, para lanzarse osadamente a la estructuración de un verdadero partido revolucionario de la clase obrera. En este caso, debemos aplicar la famosa exhortación de Trotsky: "La premisa necesaria de los éxitos revolucionarios es la depuración de la IVª Internacional del sectarismo y de los sectarios incorregibles". El programa 1) Una de las características más sobresalientes del Partido Obrero Revolucionario, es decir, del lorismo, es su jactancia petulante acerca del programa que ha elaborado, el "programa de la revolución boliviana". Ese programa, por una parte, es la repetición de las conclusiones del materialismo histórico, y particularmente del trotskismo. Plantea la necesidad de luchar por la revolución socialista mundial y, en ese marco, la lucha por la revolución socialista en los países imperialistas; la revolución política en los estados obreros degenerados y en los países de capitalismo atrasado y semicoloniales como Bolivia; la lucha por la revolución y dictadura proletarias, que combinará la realización de las tareas democráticas transformándolas en socialistas junto con las tareas socialistas propiamente dichas; la revolución proletaria tiene como eje la alianza obrero-campesina, y los métodos propugnados son propios de la revolución proletaria, la movilización y la acción directa de masas. Por otra parte, esas conclusiones marxistas del programa porista se plantean con una metodología antimarxista, propias del enfoque metafísico, de la lógica formal. Esas conclusiones del marxismo, pues, resultan distorsionadas, ahogadas y envilecidas, porque su contenido es antidialéctico y antimarxista. Veamos. 2) La conclusión de la necesidad de la revolución socialista mundial emerge como una consecuencia mecánica del choque entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, que plantea la crisis estructural y la necesidad de aquella revolución. Sin embargo, no se plantea el desarrollo del capitalismo mundial en su fase imperialista, en la segunda mitad del siglo XX, indispensable para comprender las perspectivas del capitalismo actual, que la burguesía lo presenta como una nueva fase del capitalismo que ha superado sus limitaciones del pasado y que tiene la capacidad de resolver todos los males que actualmente aquejan a la humanidad. Tampoco explica los procesos de retorno al capitalismo que se vienen produciendo en los estados obreros degenerados; simplemente repite las viejas fórmulas de Trotsky sin entenderlas, y menos aplicarlas a la realidad viviente que se desarrolla ante nuestros ojos, como corresponde al marxismo revolucionario. Ni siquiera le preocupa la discusión con la ideología burguesa que habla de la "globalización", el "fin de la historia", la "tercera ola", en fin, el "post-capitalismo", etc., que no son más que coberturas ideológicas que usa la burguesía para tapar la realidad actual, que es de una agudización de la crisis mundial capitalista. El lorismo se ufana de haber derrotado ideológicamente a la burguesía y que por ello no se necesita seguir elaborando la teoría marxista en este plano. Estamos convencidos de que así como Lenin desarrolló la teoría del imperialismo a partir de las leyes descubiertas por Marx en El Capital, ahora también se hace indispensable captar las particularidades de la situación actual con la metodología científica, ortodoxa pero no dogmática del marxismo. Los sectarios-dogmáticos creen que cualquier desarrollo del marxismo es ya revisionismo, y por eso se aterran cuando se trata de analizar los nuevos fenómenos con la metodología marxista. No son más que la otra cara de los revisionistas orgánicos, que parten de que todas las adquisiciones científicas del marxismo deben ser revisadas y renovadas con teorías novísimas. 3) Esas "conclusiones marxistas" disecadas y dogmatizadas que maneja el POR tampoco asimilan la experiencia del movimiento obrero y revolucionario del período mencionado, a pesar de que es un período preñado de enseñanzas para el futuro del movimiento obrero y para la propia lucha del proletariado boliviano. Por algo, la asimilación de estas enseñanzas ha provocado grandes escisiones en el movimiento obrero mundial y no se las puede reducir simplemente a las viejas enseñanzas de los clásicos. Esto no desmiente el hecho de que de ninguna manera se puede dejar de lado esas enseñanzas, y sobre todo, la metodología que permite asimilar científicamente los nuevos acontecimientos. Así, los procesos revolucionarios de los países del Este, la intervención del stalinismo contrarrevolucionario de la URSS en los mismos, en fin, la revolución china, la cubana o la vietnamita y la coreana, simplemente no existen en la concepción metafísica, y por lo tanto nacionalista, que formula el programa porista. En los hechos, la actitud del POR respecto a las luchas de clases del mundo, a partir de la muerte de León Trotsky, es considerar que no existen, o si existen es mejor no analizarlas, porque esto obliga a tomar partido en ellas. De la revolución rusa se salta a la revolución boliviana, y lo demás no existe ni siquiera como experiencia negativa. Se trata, pues, de un programa que repite "conclusiones marxistas" que, en ese contexto, se han convertido en dogmas inamovibles. Los dogmáticos-sectarios son incapaces de asimilar las experiencias de la lucha de clases a nivel mundial. 4) Si el programa porista no habla de las grandes experiencias del movimiento obrero y revolucionario a nivel mundial, tampoco habla del proceso político que se ha dado en las diferentes corrientes que se reclaman del marxismo, y particularmente en el campo del trotskismo. Simplemente se refiere al pablismo, morenismo, mandelismo, altamirismo u otras corrientes sin haberlas analizado científicamente, en la forma y el fondo, en el desarrollo de sus contradicciones, en una palabra, sin comprenderlas científicamente. Sólo se las menciona para decir que han violado tal o cual dogma que profesa la secta, tomando tal o cual hecho aislado y descontextualizado, para confirmar sus caracterizaciones y, por lo tanto, para convertir a sus militantes en enemigos gratuitos sin ningún fundamento de las supuestas políticas contrarrevolucionarias. En las miles de páginas repetitivas y machaconas escritas por G. Lora, no encontramos ningún estudio serio del desarrollo de la IVª Internacional y de las diferentes corrientes que se han estructurado en su seno. 5) Como se puede observar, el POR boliviano actúa como si no existiese el mundo; en los hechos, la economía y la política mundiales de las que tanto habla en abstracto sólo son un cuadro quasi estático en el que se inserta la sociedad boliviana, que en los hechos es lo único que importa. Como ejemplo, podemos mencionar el hecho de que en la caracterización de la situación política boliviana no entra nunca el componente internacional, que debe ser el punto de partida para elaborar aquella. Para el lorismo ingresamos en una situación revolucionaria en 1991, independientemente de la caída del Muro de Berlín (1989) y de la ofensiva imperialista que se estaba produciendo en ese momento. Cuando se produce una convulsión social en cualquier latitud del mundo, el lorismo supone que es la expresión directa de la madurez de las condiciones objetivas, sin tener en cuenta los procesos concretos, los períodos de desarrollo de la economía y la política en el mundo y en cada una de las sociedades. Es por todo ello que el famoso Programa del POR es el resultado de una mentalidad limitadamente pueblerina, que no ve más allá de los horizontes de la comarca; a pesar de que, de vez en cuando, habla de los otros pueblos, en los hechos se cree completamente aislada de las otras sociedades y de la totalidad mundial. 6) Por todo lo mencionado, concluimos que el POR tiene una concepción nacional-socialista. El internacionalismo proletario sólo puede efectivizarse si la actuación revolucionaria en un determinado país considera que la evolución de la economía y de la política mundiales, la lucha de clases internacional, afecta de manera concreta el desarrollo del proceso revolucionario en cualquier país; si comprende que la lucha política revolucionaria de ese país influye sobre la economía y política mundiales; si está inmerso conscientemente en la lucha de tendencias al interior del movimiento obrero y actúa en consecuencia. Con el programa nacionalista no se puede llevar adelante una política internacionalista, y menos aún de intervención en la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional. Es tal su aislamiento nacional, que el POR simplemente actúa bajo el supuesto de que la repetición de las conclusiones marxistas ya lo convierte en un partido revolucionario por definición. Está convencido de que es el único partido revolucionario del mundo y que, por lo tanto, todos los grupos y organizaciones que quieran alinearse detrás del POR pueden hacerlo bajo el supuesto básico de que su tarea central es difundir lo que dice y hace el POR, además de ayudar a su financiamiento, partiendo de que el centro de la política mundial en todo momento es Bolivia y el POR. La política internacionalista del POR no es más que la prolongación de la secta nacionalista al plano internacional; es por eso que no tiene ninguna perspectiva seria y menos revolucionaria, está condenada a la formación de pequeños grupúsculos, apéndices de la política de la secta mayor. 7) Su incomprensión del proceso de la revolución socialista mundial, del auténtico internacionalismo marxista, ha generado las condiciones para el surgimiento de la teoría de la "excepcionalidad boliviana", que es lo contrario del estudio de las particularidades de la sociedad boliviana, que son el basamento de la estrategia y de la táctica de la revolución proletaria en Bolivia. La teoría de la "excepcionalidad boliviana" consiste en que Bolivia sería el único país que tiene algunas características que determinan que en este país se dé el inicio de la revolución mundial. En primer lugar, en el ámbito económico sería un país "capitalista atrasado" típico, a diferencia de la mayoría de los países. En segundo lugar, eso determinaría una agudización permanente de la lucha de clases y, por lo tanto, un radicalismo acentuado y particular de las masas bolivianas. En tercer lugar, la excepcionalidad boliviana nos habla de un proletariado prácticamente virgen y desprovisto de ninguna tradición hasta su encuentro con el trotskismo, que es quien le imprimirá su sello de radicalismo revolucionario. Para terminar, algunas circunstancias habrían permitido la estructuración del partido más revolucionario del mundo, que se encargaría de conducir a las masas bolivianas a la conquista del poder. De esta última premisa no hay que olvidar que está presente, además, el líder indiscutido, la genialidad individual capaz de conducir a las masas y al partido a la conquista del poder. Es tan remarcable esta característica boliviana que, según el lorismo, se trata de un país trotskistizado, en su historia, en su cultura e incluso, todos los partidos políticos de la burguesía y sobre todo de la izquierda, han sido influenciados decisivamente por el trotskismo. La excepcionalidad supone, también, que los explotados pueden, en medio de cualquier situación política (de derrota, prerrevolucionaria o revolucionaria) lanzarse de un salto y en cualquier momento a la conquista del poder político. Según el lorismo, también esta excepcionalidad se refiere al hecho de que en el país pueden darse situaciones revolucionarias que duren más de un quinquenio, esto contra toda la elaboración de los clásicos revolucionarios. Incluso se ha dado el caso de una situación de tránsito a la insurrección que ha durado más de seis meses. La excepcionalidad boliviana se refiere, pues, a la casi certeza de que la revolución mundial comenzará en el país del altiplano. 8) Ciertamente que la teoría de la excepcionalidad nada tiene que ver con el marxismo, porque éste es la ciencia de la historia, y sí, más bien, con una especie de mesianismo stalinista que estuvo en la base de la teoría antimarxista del socialismo en un solo país, en la que Stalin le atribuía a la URSS la excepcionalidad de sus abundantes recursos naturales, su enorme población, su historia particular, su vida intelectual y sus revolucionarios, etc., un conjunto que determinaba la posibilidad de que se lleve adelante el socialismo y el comunismo en el marco de sus fronteras nacionales. La especificidad nacional, en su concepción marxista, no es otra cosa que una combinación particular de las características contradictorias de la economía mundial, de la crisis capitalista y del desarrollo de la revolución mundial. En otras palabras, la particularidad nacional sólo puede ser estudiada en la medida que se comprenda, hasta sus últimas consecuencias, que la economía y la política mundiales son una sola totalidad, que influencian sobre sus partes no sólo estructuralmente, sino también superestructuralmente y a cada momento del desarrollo de la sociedad; no sólo en la influencia del todo a la parte, sino también de la parte al todo. Sólo así podrá entenderse, en un sentido dialéctico-materialista, el concepto de la particularidad nacional y, a partir de él, elaborar la estrategia y la táctica revolucionarias en un determinado país. La teoría de la excepcionalidad boliviana ha convertido al programa de la secta lorista en un programa de contenido nacionalista, completamente ajeno a la concepción y a la metodología del materialismo dialéctico y del materialismo histórico. Programa, táctica y organización 9) A partir de ese programa el POR se autodefine como revolucionario, repitiendo unilateralmente una afirmación que hizo Trotsky: "el partido es el programa". Pero Trotsky muchas veces explicó que no bastaba con una repetición de las generalidades del marxismo, sabía mejor que nadie que la formulación programática no es el único elemento del partido revolucionario, porque si fuese así, bastaría con que alguien formulase la necesidad de realizar la revolución y la dictadura del proletariado para decir que ya es revolucionario, aunque en su actuación práctica fuese en contra de ese objetivo estratégico. En la historia del movimiento obrero y del marxismo muchas veces se ha producido esa ruptura entre lo que dice el programa marxista y lo que se hace. Lenin hostigaba a los socialdemócratas de la IIª Internacional, señalando que eran "socialistas de palabra y chovinistas-burgueses en los hechos". Trotsky desnudó al stalinismo porque, bajo el manto de fórmulas leninistas, abandonó completamente el marxismo y traicionó a la revolución. El POR ha fetichizado el programa revolucionario, lo ha convertido en algo que, por sí mismo y de manera automática, puede dar como consecuencia una táctica adecuada y una organización revolucionaria, leninista. Y esto es un grave error, porque de lo que se trata en la lucha revolucionaria es de saber si el partido revolucionario es capaz de transformar las ideas revolucionarias en "fuerza material", es decir, en fuerza de masas. Ese es el sentido de la afirmación de Trotsky de que "el partido es programa, táctica y organización". Si se analiza con cuidado la afirmación lorista, en el sentido de que el partido es el programa, comprenderemos que es una afirmación idealista, porque sólo considera lo que se dice y no lo que se hace. Para el marxismo materialista la relación es al revés: a una persona o a una organización no se la identifica simplemente por lo que dice que es, sino por lo que efectivamente hace. Es evidente que una organización revolucionaria no puede existir si no es a partir de un programa elaborado con la metodología científica y probado por los grandes acontecimientos revolucionarios, como sucede con el programa del marx-leninismo-trotskismo. "Sin teoría revolucionaria no puede haber práctica revolucionaria", señaló Lenin, pero eso no quiere decir que la repetición mecánica de las conclusiones del marxismo determine, de manera automática, la existencia de una organización revolucionaria; para ello faltan todavía otras características que son decisivas en este terreno. No hay que olvidar que esa afirmación la hizo en el contexto de la formulación de la nueva teoría de la organización revolucionaria, que la debemos a Lenin, como hemos analizado más arriba. En ese sentido, es decir, en el sentido marxista, nosotros suscribimos la afirmación de Trotsky en el sentido de que "el programa es el partido". Es un rasgo común en las sectas la fetichización del programa marxista, que significa atribuirle cualidades que no tiene a la formulación programática en sí misma. 10) Para estructurar una organización revolucionaria, leninista, no es suficiente la elaboración de un programa sobre la base de las conclusiones del marxismo. Falta saber todavía si esa organización utiliza la metodología marxista, científica, para penetrar en las masas, elaborar su táctica y poner en pie la organización revolucionaria. En el caso de la secta, esas conclusiones marxistas están completamente osificadas, dogmatizadas y no son una guía para la actuación revolucionaria. El propio Trotsky escribió, criticando a las sectas: "El marxismo descubrió las leyes que gobiernan a la sociedad capitalista y elaboró un programa científico basado en las mismas. ¡Es una conquista colosal! Sin embargo, no basta elaborar un programa correcto. Es necesario que la clase obrera lo acepte. Pero el sectario, por su propia naturaleza, se detiene una vez cumplida la primera mitad de la tarea. En lugar de participar activamente en la verdadera lucha de las masas obreras, plantea abstracciones propagandísticas tomadas de un programa marxista" (27). Repetimos y subrayamos con Trotsky: si bien un programa basado en las conclusiones del marxismo es una conquista colosal, "no basta elaborar un programa correcto", ésa es sólo "la primera mitad de la tarea", falta todavía que la clase obrera lo acepte. Y para que lo acepten las masas, la organización revolucionaria tiene que plantear con mucha claridad y acierto la táctica y las consignas que lanza en su trabajo de penetración en las masas. Y para ello se tiene que conocer cuál es el estado de ánimo de las masas, el momento que atraviesan en su maduración, la situación concreta que vive un determinado país en el momento en que se lanzan esas consignas, en fin, la organización revolucionaria, todos sus miembros y organismos, tienen que estar concentrados e insumidos en la labor de transformar a la masa, en un momento y lugar determinados. En eso consiste "participar activamente en la verdadera lucha de las masas obreras", con la finalidad de no cometer el error propio de la secta: "Plantea abstracciones propagandísticas tomadas de un programa marxista". Uno de los rasgos más sobresalientes del POR es, precisamente, el hecho de que trabaja casi exclusivamente con abstracciones propagandísticas a lo largo de su existencia, como puede comprobarse, por ejemplo, revisando el periódico Masas; abstracciones propagandísticas que se repiten incansablemente en más de un millar de ejemplares. Parecería que cree que a fuerza de repetir y repetir las mismas abstracciones propagandísticas podrían realizarse éstas en cualquier momento. Toda su actividad teórica gira incansablemente en torno a la elaboración programática, que no es más que la repetición de las conclusiones marxistas a partir de tales o cuales pasajes de la historia boliviana. En los hechos, se detuvo "una vez cumplida la primera mitad de la tarea", es decir, la elaboración de un programa basado en conclusiones marxistas. Repetimos que en el plano metodológico esa elaboración es tosca y mecánica, pero la piedra de toque para saber si una organización es efectivamente marxista y revolucionaria no radica solamente en esto. Tiene que medirse también en su capacidad para penetrar en el seno de las masas, convertirse en su dirección. Como ejemplo de lo que afirmamos podemos tomar el caso de la consigna revolución y dictadura proletarias, que sale incansablemente en Masas una y varias veces en el mismo número. ¿Será por esa repetición innumerable de veces de la estrategia revolucionaria que ésta está más cerca en la lucha de las masas bolivianas? Ciertamente que no. Los bolcheviques, para tomar el poder en 1917, no tuvieron que sacar a cada momento y en todos los periódicos esa consigna, sino que la concretizaron con la voz de orden "¡Todo el poder a los soviets!". Eso no quiere decir que los revolucionarios olvídemos u ocultemos la estrategia revolucionaria, que es la piedra de toque de toda nuestra actuación. Lenin escribió ese mismo año El Estado y la Revolución, que estaba dirigido a la vanguardia de las masas y a la militancia revolucionaria. Para colmo de males, el lorismo indica que si no se repite en todos los números del periódico la estrategia, y además bajo la forma más directa y descarnada, revolución y dictadura proletarias, es síntoma de que se está ocultando la posición revolucionaria y, por lo tanto, esa organización ya no lucha por la revolución… Se trata, ciertamente, de una caricatura de la posición marxista-revolucionaria, un revolucionarismo verbal barato y superficial. De acuerdo a esa óptica, ciertamente que Lenin y los bolcheviques … no eran revolucionarios (!). Menos aún Marx, que muy pocas veces escribió las palabras "dictadura revolucionaria del proletariado". Seguramente, no nos equivocamos si decimos que en los 1.500 Masas que han circulado, hay más de 5.000 veces (!!) escritas esas palabras, para reafirmar de la manera más tajante y definitiva su revolucionarismo verbal. Estamos, ciertamente, ante una ridícula imitación del bolchevismo… Ya los clásicos nos enseñaron que ni siquiera nombrando a Marx en cada frase es suficiente para ser marxistas-revolucionarios. 11) Trotsky enseña que todo movimiento revolucionario de gran envergadura comienza con el racionalismo, que en ese momento es progresivo, pero posteriormente se convierte en reaccionario. De la misma manera, todo partido obrero, toda tendencia revolucionaria, atraviesa, en sus etapas iniciales, "un período de propaganda pura, es decir, de educación de sus cuadros. El período de existencia como círculo marxista le inculca inevitablemente el hábito de enfocar los problemas del movimiento obrero en forma abstracta". Pero los revolucionarios no pueden quedarse en esa etapa infantil, están obligados a sobrepasarla en un determinado momento, y si no lo hacen se degeneran, existen como hombres-niños, deformados. En el plano de la política revolucionaria, Trotsky sacaba las conclusiones: "Quien no es capaz de trascender oportunamente los límites de esta existencia limitada se transforma en un sectario conservador" (28). En determinadas circunstancias, el propagandismo abstracto, basado en la lógica formal, puede transformarse en un factor reaccionario. Esto se da cuando ese propagandismo abstracto, en vez de contribuir al avance de las masas hacia adelante, se transforma en un obstáculo para su avance, o al ser tan abstracto no influye para nada, convirtiéndose en la acción de una secta intrascendente. Trotsky decía: "el racionalismo (propagandismo abstracto) se vuelve un factor reaccionario cuando se dirige contra la dialéctica". (29). Una consecuencia inevitable de esta concepción del propagandismo abstracto en el lorismo es que cuando una organización no juega con el mismo propagandismo abstracto, automáticamente es considerada como reformista, capituladora, etc. 12) En el plano del análisis de la situación política, la secta lorista (POR) confunde la necesidad histórica de la revolución en la presente etapa, con la madurez de las condiciones para que la revolución se produzca. Por eso es que, si bien formalmente habla en lenguaje leninista de situación pre-revolucionaria, revolucionaria, insurreccional, etc., en verdad no alcanza a distinguir entre unas y otras. En los hechos, la secta lorista está convencida de que en cualquier momento puede producirse la huelga general indefinida o la propia insurrección, no importando en qué momento se encuentre la situación política, a veces incluso en contra de su propia caracterización. Una prueba de esta afirmación es que, por ejemplo, durante todo el período que G. Lora caracterizó como de derrota del movimiento obrero (luego del aplastamiento de la huelga de septiembre de 1985), en varios conflictos planteó la posibilidad de ir hasta la conquista del poder, como fue el caso de la marcha por la vida de los mineros. Su más grave acusación en contra de la dirección sindical fue que, precisamente, no quisieron llevar hasta las últimas consecuencias la lucha. Posteriormente, G. Lora caracterizó de pre-revolucionaria la situación y, sin embargo, con la huelga de hambre de Miguel Lora, nuevamente se exigía que los dirigentes vayan prácticamente hasta la toma del poder. Si no hicieron aquello era la demostración de que eran contrarrevolucionarios los dirigentes. No deja de sorprender, por ejemplo, que para el POR estemos viviendo ya casi 6 años en situación revolucionaria, porque hizo esa caracterización desde 1991. Los clásicos han enseñado que una situación revolucionaria no puede durar demasiado tiempo, porque por su propia naturaleza es transitoria; esa situación excepcional, fue descrita por Lenin como una en la que la clase dominante ya no puede seguir gobernando como antes, y las masas realizan gigantescas operaciones generales en sus movilizaciones que llegan a poner en tela de juicio el gobierno y el orden de cosas existentes. Sorpréndase aún más el lector con la siguiente información, comprobada a través de todas las publicaciones del POR. Se trata de una resolución del congreso nacional, los periódicos Masas, La Colmena y todas las demás publicaciones: desde noviembre de 1995 hasta el mes de junio, según el POR, estuvimos en una situación de "tránsito a la insurrección", que dejó de estar en "tránsito" nadie sabe por qué, para convertirse nuevamente en una "situación revolucionaria que se profundiza". La crítica de esta caracterización irá en otro documento. Subrayamos que este tipo de caracterizaciones son el caso general, no son excepciones. Esto porque responden a una determinada concepción del marxismo por parte de la secta lorista, un marxismo dogmatizado, incapaz de servir para el análisis objetivo de la realidad y que sólo tiene la función de ganar adeptos fanatizados por algún tiempo. En síntesis, queda demostrado que para el POR, la caracterización política en realidad no sirve para nada, es un puro juego de palabras que sólo juega un rol en la subjetividad de los militantes. Cierto, la política de la secta es, en realidad, simplemente un psicologismo, un manipuleo psicológico de los militantes por parte del jefe y teórico indiscutido. Ese juego consiste en estimular al militante con cualquier acontecimiento de la lucha de clases por insignificante que éste sea para recordarle que en cualquier momento puede venir la convulsión social, y que eso debe conducirlo a un sacrificio heroico para que se pueda dar la revolución. Se puede revisar toda la literatura lorista al menos la de veinte años atrás y se encontrarán las más increíbles caracterizaciones de este estilo. 13) Para poder mantener sus caracterizaciones políticas, el lorismo (POR) está obligado a manejarse con un subjetivismo extremo. El subjetivismo en política es grave y puede conducir a equivocaciones de envergadura. En su sentido más elemental consiste en creer que lo que un individuo piensa se puede atribuir a la masa. En otros casos se refiere a la generalización de los sentimientos y el estado de ánimo de un sector de los explotados para el conjunto de la masas. El POR, en el mejor de los casos, consulta el estado de ánimo de ciertos sectores radicales, que no siempre son la vanguardia. Este método, que puede ser justo en el momento en que hay extrema radicalización de la lucha de clases, y la vanguardia se fusiona con la retaguardia, con la mayoría de los explotados, es falso cuando se trata de aplicar a todas las situaciones. Por ejemplo, la caracterización que se hizo cuando en 1981 se lanzó a la organización a transformarse en un partido de masas de 1.000 y 20.000 militantes (!). Antes de la caída de las dictaduras militares se decía que había una enorme radicalización que tendía a trocarse en insurreccional, y que las masas viraban hacia las posiciones del trotskismo, ante la crisis que se daba en la UDP, un frente popular que había estructurado un fantasmagórico gobierno en el exilio. Al cabo de un tiempo, en 1982, la burguesía y el propio imperialismo viabilizaron que el gobierno pase a manos de la UDP, porque resultaba peligroso, para la estabilidad del régimen, la mantención de las dictaduras militares. Se produce el apoteósico recibimiento a Siles Zuazo en la plaza San Francisco, y vuelve una relativa calma en la lucha de clases; las masas dan un plazo de 100 días y más para que se supere la crisis. Lo increíble es que el POR fue incapaz de rectificar la línea aprobada en 1981, a pesar de que los acontecimientos, la actitud de las masas, de las grandes mayorías, estaban señalando lo contrario: la situación revolucionaria había involucionado, ni la vanguardia y menos aún las grandes masas se orientaban hacia la insurrección, la situación política había cambiado radicalmente. Sin embargo, el POR seguía basándose en los pequeñísimos sectores de los explotados que desconfiaban de la UDP, que querían seguir adelante sin depositar ninguna confianza en el gobierno frentepopulista. ¿Qué había pasado? Simplemente, que había un subjetivismo extremo, en el sentido de que el POR se apoyaba en esa pequeña minoría que, por añadidura, se había separado completamente de la masa, que en ese momento depositó su confianza en Siles Zuazo y en el frente burgués (UDP). Las consecuencias de ese error político y de la incapacidad de rectificarlo fueron graves; G. Lora quiso disolver el POR por su desesperación y su enorme desorientación en torno a un fenómeno que jamás pudo comprender. Ni las masas ni el partido se movieron de acuerdo a sus deseos. Trotsky enseñaba que el sectario no puede comprender que las masas tienen su propia evolución, con sus propios resortes y mecanismos, y que el marxista no puede pensar que las masas evolucionan con consejos o lecciones del profesor, que en este caso sería el partido, sino que evolucionan de acuerdo a su propia experiencia. Al respecto, señaló lo siguiente: "Para el sectario, la vida social es una gran escuela y él su profesor. Opina que la clase obrera debería dejar de lado las cuestiones de poca importancia y agruparse alrededor de su tribuna profesoral". Así se haría la revolución. 14) En una secta, el subjetivismo es un mal crónico, responde a sus características de secta. Por ejemplo, en el proceso electoral actual, da risa analizar la propaganda porista, cuando en su número 1.556 dice: "La resistencia a la demagogia, el repudio a las elecciones es prueba de que las masas bolivianas ya se han emancipado ideológica y organizativamente de la clase dominante, de la burguesía y de su gobierno de turno". "La abstención es ya acción directa y conduce a la revolución social", "hay que organizar al pueblo y armarlo para acabar con la dictadura burguesa y la vergüenza parlamentaria", y cosas por el estilo. Como se ve, el lorista está convencido de que el abstencionismo es ya una posición revolucionaria y hasta porista; además, cree que se puede armar el pueblo en este momento, está convencido que estamos en una situación insurreccional, o por lo menos al borde de ella. Si se hace un análisis marxista de esas afirmaciones, queda al desnudo un subjetivismo extremo. En primer lugar, es absurdo plantear que la abstención es ya acción directa. Hay sectores abstencionistas que son ultraderechistas, que preferirían un golpe militar que discipline a todos, incluidos a los politiqueros demagogos que derrochan mucho dinero en las campañas. Hay otro importantísimo sector de abstencionistas que no es propiamente por repudio a las elecciones que no asisten a ellas, sino porque en el campo no existen las motivaciones ni la necesidad suficiente para ir a votar. Ciertamente, una capa de las masas no irá a votar porque repudia a todos los politiqueros y su montaje electoral, pero ni siquiera éstos están dispuestos a tomar las armas para acabar con la burguesía… el subjetivismo es un poderoso instrumento de autoconvencimiento de la secta. El mismo fenómeno ocurre con los últimos conflictos de campesinos, obreros, gremialistas y otros sectores, que según el lorismo están todos dirigidos por ellos, son trotskistas. Lo que aquí se confunde es el instinto, la acción espontánea y la acción consciente. Resulta ridículo decir que es trotskista cualquier acción de las masas, huelga o movilización. Eso sólo puede afirmar algún periodista despistado que no conoce desde dentro el movimiento; es imperdonable que un marxista lo afirme. 15) La secta lorista tiene un alto grado de espontaneísmo, con el que combina su propagandismo abstracto. Está convencida de que en cualquier momento las masas pueden saltar y ponerse a la altura de su misión histórica. Está convencido de que su misión es regar y regar consignas lo más radicales posibles, para luego decir que si las masas hacen eso es porque el POR lo dijo anticipadamente. Por ejemplo, ahora está señalando que hay que organizar al pueblo y armarlo en vez de ir a votar en las elecciones, lo que constituye, ciertamente, un propagandismo abstracto que muy pocos adherentes podrán creerlo, y ni siquiera los militantes llevarlo a cabo, porque todos saben que son simplemente artificios de la propaganda revolucionaria, es decir, puro bla, bla. Según el lorismo, eso es ser dirección, pero ocurre un fenómeno interesante que podemos llamarle la paradoja del lorismo. Su propagandismo abstracto lo conduce a que cuando están lanzando las consignas ultrarradicales nadie los sigue; lo más que hacen las masas es ver con alguna simpatía tanto entusiasmo. Sin embargo, luego de todo un proceso de evolución, los explotados llegan a la convicción de que hay que tomar las armas, pero lo hacen por otros caminos, siguiendo sobre todo su propia experiencia y con otras direcciones políticas. Eso es lo que pudo constatarse, por ejemplo, en las famosas jornadas de marzo de 1985, cuando los mineros tomaron La Paz y virtualmente se apoderaron de la ciudad, en la que realizaban gigantescas manifestaciones, paralizando el tráfico en el momento y en el tiempo que ellos decidían; ocupando la universidad, que los había cobijado para que puedan subsistir los días del conflicto; realizando asambleas generales en el Teatro al Aire Libre, etc. Las consignas básicas que los movilizaron y que cantaban en las calles de La Paz: Salario mínimo vital, ¡el pueblo tiene hambre, conejo va comer!, que implicaba un atrevido llamamiento al derrocamiento del gobierno Siles Zuazo, y gritaban también: ¡Obreros: Al poder!, todas consignas planteadas durante mucho tiempo por el lorismo. Lo dramático es que, a pesar de las consignas planteadas por el lorismo, la movilización no estaba dirigida por el POR, y tampoco tenía posibilidades de estarlo. Apenas tenía dos o tres unidades de militantes que, lejos de haberse ganado a la masa, ésta repudiaba a los loristas. Es por ello que ni siquiera cuando se estructuró un Comité de Huelga a propuesta de un militante lorista fue incorporado éste a ese comité. Lo único que se hacía era sacar dos o tres panfletos diarios que los militantes universitarios vendían. La historia enseña que, en tiempos de revolución, un pequeño grupo puede transformarse en un partido de masas en poco tiempo, porque los explotados dan saltos gigantescos en su desarrollo, como sucedió, por ejemplo, en la revolución rusa. Sin embargo, no podemos pensar que siempre las masas están dando saltos como plantea, en los hechos, el lorismo. 16) Otro defecto muy común en la línea lorista es el vanguardismo. Están convencidos de que como todo está listo para la revolución, las masas ya están preparadas para consumar la insurrección en cualquier momento, es posible lanzarse como sector a la huelga y las movilizaciones. Es el caso de los maestros de La Paz, que de tanto lanzarse a la lucha solos o casi solos, al final han debilitado al movimiento, porque el gobierno ha aprovechado la debilidad para castigar a los huelguistas, descontar sus sueldos por huelgas, etc. Ellos estaban convencidos, en el pasado, de que arrastrarían al conjunto de los explotados a la movilización, y de ahí se convertirían en la dirección de los mismos. Surge ahí otra de las características de la secta. Todos los fenómenos negativos en el movimiento obrero son de responsabilidad de la burocracia sindical, aunque esos fenómenos sean atribuibles a otros factores. En el caso presente, por ejemplo, acusan a la burocracia sindical por el hecho de que no se hubieran podido unificar los conflictos. Sin embargo, son ellos ahora los que muestran su incapacidad para seguir lanzándose a aventuras solitarias, porque la base les ha dicho basta. Las bases del magisterio no están dispuestas a seguir sacrificándose como consecuencia de la política lorista sectaria y divisionista. Es por ello que ahora el lorismo hace un viraje y señala que si no hay una huelga general verdadera no se lanzará el magisterio a la lucha. La verdad es que, en estas condiciones, será muy difícil mover al magisterio, porque están siendo duramente castigados. La causa de ello es la dirección vanguardista y subjetivista que tienen en la secta, aunque nadie niega que sus dirigentes estén dispuestos al sacrificio. Pero en la lucha de clases no es suficiente el coraje y la buena voluntad, por sobre ello se necesita una línea política correcta. Se puede decir que G. Lora sigue siendo víctima del trauma del 52, que significó el estallido de la insurrección del 9 de abril, insurrección victoriosa que cogió al POR en pañales política y organizativamente y a Lora en París… Sin embargo, no por tanto desearlo se produce, como se comprueba en los más de 40 años en los que no se ha repetido la insurrección. Eso no quiere decir, desde luego, que ya no se producirá más; todo lo contrario, la tendencia histórica de la lucha de las masas actualmente apunta hacia allá, pero eso no quiere decir que nosotros creamos que la insurrección sea un problema de este día, de este instante, como piensa subjetivamente el lorismo. El partido marxista, en vez de estar todos los días del año, durante cuarenta o cincuenta años, en desvelo, esperando que se produzca en cualquier instante la insurrección, tiene que estudiar científicamente la situación política y, a partir de ello, lanzarse a la lucha. Una auténtica penetración del partido en las masas le permite, precisamente, darse cuenta del momento en que puede darse un tal acontecimiento, con una precisión tal que le permite colocarse a la cabeza del movimiento. 17) El régimen interno de la secta tiene también rasgos que son dignos de análisis y que no son más que la expresión de sus rasgos políticos. En la secta todo se convierte en caricatura, en copia contrahecha. Por ejemplo, la democracia interna, el derecho a la discrepancia, la posibilidad de estructurar una tendencia o una fracción, si bien están planteados y defendidos como rasgos que la diferencian del stalinismo, en los hechos no existen. Hay un abandono absoluto de la concepción leninista, aunque dice basarse en ella. Los peligros que implica el centralismo democrático y a los que ya se refirieron R. Luxemburgo, L.Trotsky, etc., se han desarrollado en toda su plenitud, al punto que ya no se puede hablar de democracia centralizada, sino que existe un centralismo secante, vertical e incluso burocratizado (a pesar de la pequeñez permanente de la secta). Por una serie de circunstancias históricas como aquella que separa en varias generaciones al líder G. Lora del resto de la militancia, y sobre todo por la propia concepción de la secta, se ha producido una mistificación del líder, que es el único autorizado a hacer teoría y a plantear una línea política. Esa mistificación tiene como base el hecho de que G. Lora encarnaría el programa, de tal manera que toda discrepancia con el líder sería, automáticamente, una discrepancia con el programa partidista. Toda la fetichización del programa de la que hemos hablado, se encarna en la mistificación del líder. Las consecuencias de esa deformación son funestas, porque se ha producido una marcada división del trabajo, donde los militantes de todos los niveles son los que hacen los trabajos prácticos y el líder es quien da la línea. Es por eso que no existe la elaboración colectiva en ningún momento, y tampoco puede haber una auténtica autocrítica que permita la superación de los errores cometidos. Si sólo tiene posibilidad de elaborar el líder indiscutido, es casi imposible que se pueda elaborar una línea política adecuada, esto porque el líder aparece completamente aislado de las bases. Lo peor de todo es que el propio jefe es quien hace los balances autocríticos, por lo que no hay la menor posibilidad de que se rectifique la línea política, en esas circunstancias. Además esto es muy importante, el jefe no puede equivocarse para mantener el prestigio frente a los militantes de base, eso obliga a que la secta siempre tenga que afirmar la infalibilidad del jefe y la corrección de la línea planteada en el período anterior. Es un verdadero círculo vicioso que estrangula definitivamente a la secta. Si la teoría es siempre correcta y la política planteada por el jefe no puede tener defectos, se genera una lógica macabra al interior de la secta: el que debe pagar todos los errores es el propio militante de base y también el que se dice dirigente, porque sólo ellos son susceptibles de error. Por eso es que en la secta sólo pueden haber errores organizativos y crisis organizativas. Si no se llevan adelante los planes, si no se materializa una determinada línea política, es porque los militantes de base tienen la culpa: son flojos, imbéciles, no comprenden la línea que ha planteado el jefe, en fin, son tarados irremediables. El látigo de los errores organizativos está en manos del jefe-gurú de la secta. Es por todos estos errores que la línea equivocada de 1981, por ejemplo, no se pudo rectificar en ningún momento, a pesar de las experiencias negativas que tenían los militantes en su actuación con las masas, donde se palpaba con exactitud las deficiencias de la línea política. A veces esa línea era repudiada con apedreaduras de las masas a los militantes que trataban de difundir la línea política partidista. Es por esta situación, también, que cuando G. Lora planteó la autodisolución del POR, la única causante de que no se hubiera podido desarrollar la organización hasta llegar a los 1.000 y 20.000 militantes era, exclusivamente, la estupidez de los militantes, incapaces de comprender la línea revolucionaria lanzada por el jefe. 18) La situación anterior plantea una organización absolutamente vertical, donde las instancias de dirección no son más que las correas de transmisión de lo que el jefe señala, sin lugar a ningún cuestionamiento ni discusión por parte de los militantes que forman parte de estas instancias. Con las células ocurre algo semejante, pero en mayor medida aún, porque se convierten en las ciegas realizadoras de las decisiones de la dirección, es decir, del jefe supremo. De ahí que la formación política de los militantes de base sea totalmente nula. En una organización bolchevique sana no puede presentarse una situación similar, porque en cada instancia se practica la democracia interna y el dominio de la mayoría con referencia a la minoría. La organización de Lenin, por ejemplo, hasta el momento supremo de la insurrección, tuvo discrepancias con su jefe, que incluso retrasaron peligrosamente la insurrección, porque ellos consideraban, como cuerpo colegiado, que no era posible ni conveniente realizar la insurrección. La célula es una verdadera formadora de militantes revolucionarios con criterio propio, pero que aprenden a subordinarse a su organización de combate y centralizada. 19) En la secta, el jefe vitalicio no puede ser cuestionado y el momento en que se da un cuestionamiento por parte de algún militante o dirigente, aquél decide defenestrarlo definitivamente, o someterlo de la manera más implacable. En el límite, y si no se ha producido el sometimiento ovejuno, si el disidente se mantiene en sus posiciones críticas, el jefe decide utilizar una de sus armas preferidas, que es la acusación de que el rebelde ha cometido algún delito. Eso ha sucedido en múltiples oportunidades; por ejemplo, el militante A., que inicialmente era muy crítico y que tenía pasión por asimilar por su propia cuenta el marxismo. En un momento determinado fue acusado de robo y expulsado de la organización. Al cabo de un tiempo volvió con el rabo entre las piernas y hasta hoy se mantiene, esta vez en calidad de dirigente. Lo mismo sucedió con su colaboradora directa N., que fue expulsada por delación y posteriormente fue perdonada a condición de un sometimiento incondicional; ahora sigue gozando de buena salud dentro de la secta. Ya en el pasado se conocieron casos semejantes, como en el caso de Víctor Sosa, cuya ex-compañera (que sigue en buena posición al interior de la secta) reconoce que jamás hubo robo, pero G. Lora lo expulsó por ese delito, aun a sabiendas de que no había pasado nada. En otros múltiples casos se ha dado una situación similar; la mayor parte de ellos han sido empujados a la cuneta de la historia y de la lucha revolucionaria, no han tenido ni la claridad ni la fortaleza para continuar en la lucha. Lo mismo se hizo con J. P. Bacherer y con la tendencia que virtualmente se estructuró en Cochabamba, por parte del Comité Central de aquella época. En esa oportunidad, por primera vez se ha logrado no sólo desbaratar la calumnia, sino también descubrir las causas más profundas de semejante monstruosidad. Como se ve, la secta ha entrado hace ya tiempo en un proceso de putrefacción interna que la incapacita para regenerarse a sí misma. En la Conferencia Nacional de 1994, Juan Pablo Bacherer pidió solamente que se estructurara un Tribunal ya que no existía comisión de control para juzgar si era falsa o cierta la acusación de G. Lora contra él, no estaba pidiendo que se lo exculpe de ninguna acusación. En aquel momento formuló con toda claridad que lo que se estaba jugando no era su caso personal, sino la propia existencia del POR, por cuanto no era posible que la organización se deshiciera de uno de sus cuadros con una simple acusación del jefe supremo. La organización debía defenderse a sí misma, comprobar si esa acusación era cierta o falsa. La decisión de esa conferencia sepultó definitivamente a la secta, porque le cerró la posibilidad de autosuperarse, autocriticarse. La verdad que esa petición llegó demasiado tarde, el proceso de degeneración había avanzado demasiado. Para concluir, con Trotsky y el Programa de Transición, repetimos: "La premisa necesaria de los éxitos revolucionarios es la depuración de la IVª Internacional del sectarismo y de los sectarios incorregibles". La Paz, 24 de abril, 1997 Notas: (*) Extraído de Cuadernos marxistas Nº 5 1. Karl Marx, El Capital, T. I. 2. Karl Marx. Federico Engels, El Manifiesto Comunista. 3. Idem. 4. Karl Marx, Miseria de la filosofía. 5. Federico Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra. 6. Karl Marx, Miseria de la filosofía. 7. Federico Engels, ob.cit. 8. Karl Marx, Miseria de la filosofía. 9. Karl Marx, Federico Engels, El Manifiesto Comunista. 10. Karl Marx, Las luchas de clases en Francia,1848-50. 11. Karl Marx, Crítica al Programa de Gotha. 12. Vladimir Ilch Lenin, ¿Qué hacer?. 13. Idem. 14. Idem. 15. Idem. 16. Idem. 17. Idem. 18. G. V. Plejanov, La clase obrera y los intelectuales socialdemócratas, publicado en Iskra, en los Nos. 70 y 71 de julio y agosto de 1904). 19. Idem. 20. Idem. 21. Idem, subrayado de G. V. Plejanov. 22. Actas del II° congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, en el Dossier de Que faire?, elaborado por Jean Jaques Marie. 23. Vladimir Ilch Lenin, ¿Qué hacer? 24. Idem. 25. Karl Marx, Federico Engels, Manifiesto Comunista. 26. León Trotsky, El Programa de Transición. 27. G.Lora, Las cuatro internacionales. 28. ídem. 29. ídem.

1 de julio de 1997
La situación explosiva de Europa
Corresponsal

Entrevista, realizada el 22 de marzo pasado al investigador económico y militante trotskista, Francois Chesnais Antes de la entrevista nos habías hablado de una situación explosiva general, de conjunto, en Europa ¿Podés explicarnos eso? Sí, creo que para poder comprender la situación en Europa hay que remontarse a la caída del estalinismo, al derrumbe del aparato estalinista en la URSS y a la dislocación inmediata de lo que quedaba del aparato internacional. El derrumbe del estalinismo en la URSS tuvo, sobre la clase obrera de los países europeos y sobre la clase obrera francesa en particular, un efecto doble, contradictorio. Por un lado está la cuestión de la comprensión de lo que fue verdaderamente el estalinismo, del desastre que dejó detrás suyo, y de la asimilación de que no había absolutamente nada de positivo, ni de lejos ni de cerca, en la URSS. Y los dirigentes estalinistas franceses mantuvieron, hasta el fin, la ficción de que era un balance positivo. Simultáneamente hubo, con efectos que se expresaron lentamente, la percepción de que con la caída del estalinismo no había más guía, y poco a poco la casta de plomo al interior del estalinismo sobre una parte de los cuadros del movimiento obrero francés se astilló, y sus militantes se dieron cuenta de que estaban obligados a pensar por sí mismos. La manera en que se sucedieron algunas cosas, como la huelga ferroviaria y del transporte (SNCF-RATP trenes y subtes), y el movimiento contra la política de Juppé, tradujeron el hecho de que en el marco de la CGT en particular, ya no había esa firmeza de un aparato que recibía una orientación clara, sino que había un grupo de hombres que tenían intereses propios de aparato que querían conservar, pero en condiciones en que navegaban a ojo en la lucha de clases. El congreso de la CGT se realizó a principios de diciembre en el medio de la huelga SNCF-RATP; 40% del congreso votó que se llame a un paro general y Viannet, su secretario general tuvo que maniobrar, y por primera vez se vio entrar, en un congreso de la CGT, a la lucha de clases por la gran puerta. Y una dirección que vacilaba, que tenía que seguir al movimiento y autorizar cosas que nunca antes había autorizado: la autonomía, hasta cierto punto, de la asamblea general, para chapotear y no lanzar claro está el llamamiento al paro general. Pero vimos a la CGT en una situación donde tenía, con los trabajadores en lucha, una relación diferente, porque la clase obrera ha comprendido que tiene que buscar sus propias vías de acción. En el marco de Alemania, la caída del Muro y el hecho de que se haya levantado la hipoteca del estalinismo, no sólo formalmente sino orgánicamente, que la unidad de la clase obrera alemana fuera reconstituida, es uno de los componentes de los hechos. En un cuadro manejado por los sindicatos, la clase obrera alemana ha entrado en acción contra la política económica de Köhl en condiciones totalmente distintas a todo lo que había hecho durante 25 años. Entonces, creo que el primer componente de la situación es que la caída del estalinismo tuvo este efecto contradictorio, un balance pesado que hay que digerir. Estamos en un marco de agresiones capitalistas y también con la voluntad y la posibilidad de reaccionar, sin encontrar de inmediato delante de uno, como antes, al aparato estalinista para desviar y encadenar al movimiento. Entonces, esta es la primera dimensión importante de la situación para Francia y para Alemania. En el cuadro francés, un segundo componente central de la situación es que el PS, con la presidencia de Mitterrand y una duración sin precedentes del PS en el gobierno, incluso con la presencia en la primera época de ministros del PCF, tuvo para un partido que se reclamaba de los asalariados, del movimiento obrero en el sentido amplio, un manejo de la política de la burguesía, una participación activa en la puesta en marcha de esa política. Y tal ósmosis entre los cuadros del PS y los del Estado y de la alta industria pública o privada, hace que el PS haya desarrollado lo que se llama en Francia, de manera periodística, una "cultura de gobierno". El PS se encontró de manera reiterada del lado del gobierno mientras que antes estaba, digamos, en la oposición, y rechazaba tomar a cargo las reivindicaciones y rechazaba estar a la cabeza de las manifestaciones, tomar los elementos del programa de acción que se desprendían de ciertos combates, y eso condujo que a ciertos movimientos reivindicativos y políticos se situaran de manera cada vez más frontal, de choque con el PS. Y el Partido Socialista, paralelamente, hizo todo como para no darles ninguna esperanza. Todo esto es anecdótico, pero pienso que sirve, por el carácter mismo de Jospin, que es capaz de maniobrar de manera demagógica como tantos otros dirigentes, y quien con su formación de antiguo alumno de la Escuela de Administración y funcionario, tecnócrata, saca sus dossiers y explica que su programa es el mismo o casi que el de Juppé, y no hace ninguna promesa con respecto a los huelguistas y los manifestantes. Esto crea un espacio en el cual, ahora, hay militantes, en el sentido amplio del término, que están en sindicatos y asociaciones, en un marco disperso y dislocado, y tenemos a decenas de miles de personas que saben que al objetivo político hay que buscarlo por sí mismos. Que no tienen nada que esperar del PS, ni del PC, y a un año de las legislativas estamos en una situación en donde el PC y PS, y los aparatos sindicales y los dirigentes sindicales en su mayoría, tratan de canalizar todo hacia las elecciones, y eso no anda. La presión subirá, pero hoy estamos en una situación en donde, por un lado, en relación a todo lo que puede pasar entre ahora y marzo/abril del 98, la gente que va a entrar en acción, ya sea reivindicativa o política, no va a esperar a las elecciones, o que la victoria del PS vaya a arreglar todo. Por otra parte, podría haber una fuerte abstención obrera y popular porque existe este abismo. Existe también, como factor de radicalización política, el Frente Nacional, pero lo que hay de importante en las manifestaciones que hubo contra la ley Debré (manifestaciones superficiales, frentepopulistas, de unión nacional), es que eran contra el gobierno, y que la ley Debré era el marco de expresión del lepenismo, pero con la idea clara de que el problema no era Le Pen, sino la política del Estado francés, el capitalismo francés y la necesidad de orientarse hacia este lado y no en las denuncias contra Le Pen como tal. Estos son algunos de los elementos sobre la situación francesa que se articulan directamente a lo que pasa en Alemania y que acaban de ser una forma de avance contradictoria y poco clara, a la manera en que la CGT reacciona frente al cierre de la Renault en Bélgica. Es la primera vez que la CGT, arrastrando a FO y CFDT, asume la responsabilidad de luchar contra el cierre (…). La responsabilidad de los sindicatos belgas es nuestra responsabilidad. ¿Llamarán a una reunión de grupo? No sé si tienen la capacidad de hacerlo, pero al menos tienen cierta elaboración de un plan de respuestas a Renault que les permitiría salvar a esa fábrica, repartiendo las horas de trabajo entre todo el grupo, es decir que dieron por primera vez una respuesta a una cuestión que siempre trataron como si no fuera su problema. Pero Viannet, cuando fue a Bélgica, aprovechó la oportunidad para declararse a favor del Tratado de Maastricht y de la Unión Europea, dijo que lo que ocurría en Renault demostraba la necesidad de que el movimiento obrero se comprometiera a fondo con la construcción europea. ¿No es contradictorio esto? Pienso que te obliga a tomar esto de acuerdo a las posiciones que de ahí se desprenden y en relación incluso de las alianzas actuales del PCF con gente como Chevenement, con Seguin (nacionalistas del RPR). Creo que, a su manera de burócrata, Viannet busca a sacar a la CGT de un curso nacionalista muy reciente (la CGT asumía lo que siempre fue su consigna, "produzcamos francés"). La única perspectiva adecuada hoy en Europa es el combate por los estados socialistas de Europa, y es evidente que sobre esta línea hay que hacer la propaganda. En el nº 2 de la revista "Cahier Rouge" hice un primer artículo sobre la actualidad de esa consigna. Entonces, quiere decir que Viannet procura desenganchar a la CGT de una vieja política nacionalista; eso sería un poco la idea que está en el planteo de él, hay un cambio. ¿Te parece que el cierre brusco de la Renault en Bélgica puede ser un ataque de la burguesía francesa a la entrada en vigor del acuerdo de Maastricht? No, pienso que sería otorgarle a esta burguesía mucha clarividencia, más capacidad de maniobra de la que ella posee. Pienso que es la expresión de un grupo industrial acorralado y que resiste ciegamente. En el tema de la situación explosiva en Europa, ¿cuál es la importancia de que una parte sustancial de la industria no tenga sobrevivencia? Tiene una importancia central, es un componente de la situación política. El problema es que esa industria europea no tiene lugar en el proceso de organización del capital tal como se desarrolló, a pesar de ser una industria moderna, avanzada. El caso de la fábrica de Vilvorde (en Bélgica) es ejemplar, porque es muy moderna. De allí, la posibilidad de comenzar a decir en los medios sindicales, que el problema con el cual la clase obrera se va a enfrentar será, o el de contentarse con pedirle al capital cosas que se niega a hacer, o so pena de desaparecer como clase, decir tenemos otro proyecto para Europa, otra visión de las prioridades, otra escala de valores; estamos dispuestos a hacer lo que el capital ya no quiere hacer. Llegamos a una faz de la lucha de clases en Europa en donde si el movimiento obrero se queda sólo en posición reivindicativa frente al capital, la clase obrera será aplastada, será amenazada de desaparición. Estamos en un momento en el cual se hace presente la vieja cuestión que Marx planteó, de pasar de clase en sí a clase para sí. Y de afirmar su capacidad en dirigir la sociedad. ¿Nos podés explicar sobre la actualidad de la consigna de los Estados Unidos Socialistas de Europa? Sí. La actualidad es doble. Es, en relación a la necesidad (que se convirtió en posibilidad tangible) de considerar a las fuerzas productivas en Europa como un todo. Y se combina con una realidad en la cual hay una situación sin precedentes en Europa, en donde todas las clases obreras están enfrentadas a las burguesías en el mismo momento, contra la misma política, contra el mismo ataque. Esto se combina con ese ataque convergente programado para una fecha fija (entrada en vigor del tratado de Maastricht, para 1998), que es un factor que puede conducir a una toma de conciencia y a la posibilidad y necesidad de una respuesta única. La otra dimensión es el resurgimiento de la cuestión nacional de la manera más dramática, en condiciones en que sólo puede desembocar en conflictos de tipo yugoslavo, y todo esto en provecho de burocracias y burguesías mezquinas, que conducen después de la masacre a una impasse total de la sociedad. ¿Entonces, para vos, la participación de la izquierda en movimientos anti-Maastricht tiene ciertas características nacionalistas? No, yo creo que es progresiva, pero sin el programa, sin darle un contenido a algo que nunca va a tener un contenido como la Europa social, se encuentra en un terreno extremadamente superfluo, descompuesto, no esclarecido, no es por la Federación de los Estados Unidos Socialistas de Europa. ¿Y esta confusión la tienen también los trotskistas? De oponerse a Maastricht sin dar un contenido programático. Ninguna de ellas toma las banderas de los Estados Unidos Socialistas de Europa, ninguna trabaja con esta consigna. Sin dudas hay militantes que lo piensan, pero los órganos de dirección, no. ¿Cuál es la situación de los partidos trotskistas en Francia? Primero quiero decirte algo sobre Albania. Pienso que Albania forma parte de la situación europea, pero de cierta manera Europa vive las consecuencias de la crisis conjunta del estalinismo y el imperialismo, vive una regresión que es muy desigual. Hay sociedades que resisten mejor, clases obreras en situaciones más fuertes, Alemania no es Francia, o Italia, pero habría que ser ciego para no ver que hay mecanismos de dislocación bajo el efecto de la crisis capitalista y la presión cada vez más fuerte de los Estados Unidos sobre Europa. La presión económica de los Estados Unidos para llevar en serio a Europa bajo su dominación nunca fue tan fuerte desde finales de la guerra. Entonces, en plena crisis capitalista y descomposición política, las masas populares (Albania), frente a situaciones extremas, se organizan fuera de sus representantes políticos tradicionales, de manera molecular, con dirigentes desconocidos, formas de organización muy difíciles de identificar, que son capaces de tomar ciudades, administrar regiones enteras, con un programa político de mucha confusión. Pero esto es algo que tiene relación inmediata con lo que traté de explicar sobre Francia; en el marco de un país donde todo se derrumbó, gente que se dice: "no hay nadie que nos salve, sólo nosotros". En Alemania tenemos una ilustración de ello y pienso que estamos comprometidos con una situación que va a ser muy caótica y donde tenemos una situación paradójica en el marco de la mundialización del capital. Los EE.UU. se presentan más que nunca como el poder del imperialismo, las relaciones son mundialmente más a favor del capital mundial, y se acompaña en muchas partes del mundo, en varios países de América Latina y en Europa globalmente, con condiciones donde la burguesía debe agredir a la clase obrera sin tener los medios políticos para eso. Tenemos esta situación de convulsión política, donde hay un espacio para avanzar con el programa y combatir, para que la clase obrera europea, en sus distintos componentes, se levante como clase. Hablame de las organizaciones trotskistas que tienen una responsabilidad muy grande en esta situación. Sí. No te puedo dar una buena respuesta. Porque tocamos el hecho de que me comporto (desde que dejé a Stephan Just), espero, como un intelectual marxista, como un intelectual revolucionario, pero no tengo actividad sistemática como militante; no leo la prensa regularmente, las respuestas que te daré son aproximadas. Del lado del Secretariado Unificado, la organización más importante en Europa es de lejos la LCR, quien está alrededor de Krivine, en un camino donde quieren, y lo dicen, ayudar a la reconstitución de la unión de la izquierda, al frente popular, quieren ser un parte de éste. Están orientados a estar del lado del PC y del PS, con una postura responsable, con posiciones más a la izquierda, sin perder el contacto, pero sin chocar. Evitar la colisión entre las masas con el PC- PS: ayudar al PC-PS a comprender a las masas, de un lado, y a explicarles a las masas que no pueden estar sin el PC-PS. Están en mediadores (go between), entre el proceso autónomo y los aparatos. El gran chiste que se cuenta en la calle: se encuentran Filoche y Krivine (ambos de la LCR) y cuando Filoche le dice que va a ser diputado socialista, Krivine le responde yo voy a ser ministro; es un chiste, pero traduce hacia dónde va la Liga actualmente. En el mitin de Bruselas, la gran pena de Krivine fue que los dirigentes sindicales, el PS-PC, desfilaron separados. Lutte Ouvrière está en crisis, desde las elecciones presidenciales, desde el triunfo de Laguillier. Ella tuvo la prudencia de hacer una declaración de que estaba por un partido obrero, y luego se retractó y sólo hubo una invitación a adherir a Lutte Ouvrière. Esta crisis la paraliza, pero se acompaña con el hecho de que en todos los combates reivindicativos ellos se posicionan siempre en relación al PC-PS-CGT, izquierdizan sus posiciones. Estratégicamente, lo mismo que la Liga. Sí. Con un modo diferente, sin parlamentarismo, purista, de secta, es la misma política. Del lado del PC-PT (Lambert) hay una política que está más que nunca subordinada a las necesidades de la alianza con el aparato de FO, que puede sufrir accidentes como el almuerzo de Hebert (el compañero de Lambert en FO) con Chirac para discutir los problemas de FO y persuadirlo de que no era una buena idea desmantelar la Seguridad Social. Pero el aparato dice que no tenemos posibilidades de rechazar los proyectos de Chirac, y a Chirac le dice que tiene que recibir a los representantes de la izquierda. Chirac entonces invitó a Lambert a almorzar. Tuvo terribles dificultades para explicarle a su organización; ésta tiene algo en común con Lutte Ouvrière y la Liga, pues dicen que las relaciones de fuerza a escala mundial han sido modificadas, por la caída de la URSS, a favor del imperialismo estadounidense; comparten esa incapacidad para ver lo que se desprende como elemento nuevo de la situación política. Hicieron un acto antes de Navidad, donde dijeron que todo andaba mal, que no había mucho para hacer, quizá más tarde, pero ahora estamos en un túnel. Lutte Ouvrière también comparte estas ideas. La oposición a Krivine en la Liga está muy frenada, porque tiene esta posición. No ven los elementos de renovación y de convergencia de la situación política en Europa. Bueno, eso es todo.

1 de julio de 1997
¿Existió la Revolución de Octubre?
Archibaldo Mompez

Una crítica a "Después del Estalinismo. Los Estados burocráticos y la revolución socialista" de Andrés Romero. Editorial Antídoto Andrés Romero, dirigente del Mas argentino y de la LIT, ha reorientado recientemente a esta corriente en torno a la cuestión de la caracterización de la descomposición de los Estados obreros. El libro que comentamos, y por lo menos otro trabajo reciente del autor (1), brindan una argumentación que ofrece el interés y la oportunidad de volver sobre esta cuestión decisiva. Romero presenta sus posiciones como un combate teórico contra la fosilización de la izquierda, invocando así su filiación marxiana. Veamos los resultados. Romero parte de la tesis de que el Estado obrero en la URSS habría dejado de existir hace ya mucho tiempo: "la contrarrevolución stalinista consumada en los años treinta llegó a cambiar la naturaleza y bases económico sociales de la URSS, estableciendo formas imprevistas de explotación y alienación" (pág. 16). Una página más adelante, esa contrarrevolución es anticipada aún más en el tiempo, y así tenemos ya "siete décadas de Estado burocrático" (pág. 17), es decir, desde 1924/25. Al igual que los seudocríticos de izquierda en la década del 30 Ciliga, Bruno R., Hugo Urbanhs, en Europa; Burhman y Schattman en el SWP americano, muchos de ellos renegados de la IVª Internacional, Romero niega también, aunque un poco más retrasadamente, todo resabio de la revolución de octubre pocos años después de su estallido, y aun descubre que esto sucedió desde antes de lo que lo supusieron aquellos críticos. Repitiendo una vieja cantinela, Romero sostiene que el stalinismo habría sido la expresión de una nueva formación social, es decir, de un nuevo régimen social de explotación. La regresión de Romero, que omite referirse a las posiciones de Trotsky y de la IVª Internacional la producción política más importante de su vida, la de los últimos 5 años antes de su muerte, va mucho más lejos que la de quienes lo precedieron en esta teoría de la burocracia como clase social. Para Romero, esa nueva formación social se habría impuesto desde el inicio en todos los Estados surgidos de las revoluciones victoriosas de la posguerra. "Lo que está pasando en Rusia y China hace inadmisible insistir en la tautología Estado Obrero = economía nacionalizada / Economía nacionalizada = Estado obrero, que marcó (y por desgracia marca aún) la argumentación de algunos trotskistas sobre la naturaleza de los Estados del Este" (pág. 16). El stalinismo no sería ya una excrecencia del primer Estado obrero, un tumor surgido de las condiciones de aislamiento de la revolución de octubre, del atraso del país y la fatiga de las masas después de la guerra civil, sino una nueva y original formación social de explotación, integrada plenamente al orden capitalista mundial. Para Romero, la burocracia stalinista se "cristalizó como un grupo social privilegiado y dominante en un grupo de países, los Estados burocráticos … (que) nunca dejó de estar subordinada al sistema mundial de Estados y a la economía capitalista" (del artículo citado). La adjudicación a la burocracia de un carácter de clase, o sea de un rol social productivo, la transforma en una necesidad histórica; por lo tanto, en el verdadero sujeto histórico que preside la revolución de octubre. La revolución proletaria, en consecuencia, habría sido una utopía. La humanidad estaba condenada a sufrir el calvario stalinista. Romero ni se molesta en sacar las conclusiones desde sus propias premisas. Si el stalinismo no hubiese sido un accidente histórico, en lugar de una necesidad, de carácter concreto, todo el combate del trotskismo habría estado mal planteado desde el inicio, y valdría lo mismo para la lucha de Lenin contra la burocracia. Romero cree "haber evidenciado, después de una rigurosa investigación" (pág.11), que las revoluciones china, vietnamita, yugoslava, cubana, no representaron "una conquista del movimiento obrero", porque a "los Estados (que de aquéllas surgieron los) condujo" el stalinismo "como parte del sistema mundial de Estados y la economía dominada por el imperialismo" (ídem). Las posiciones de Romero reflejan mecánicamente la presión ideológica del imperialismo, el cual, precisamente, ha barrido las conquistas del movimiento obrero que representó la emergencia de esos Estados. Las conclusiones de Romero y el Mas están impregnadas del impresionismo pequeñoburgués dominante en la izquierda a escala mundial, que fue tributaria en masa del stalinismo. No se olvide que para el morenismo, las conquistas sociales de la revolución de octubre eran irreversibles, es decir, que estaban en manos seguras, y que estaba excluida una restauración pacífica por iniciativa de la burocracia. El desmentido que la historia dio a esta posición acabó con el morenismo como una tendencia específica dentro del trotskismo y ha dado, como uno de sus diversos productos, esta capitulación teórica de Romero. El titoísmo, el maoísmo, el castrismo fueron, para Moreno, faros que sustituían la lucha por una dirección cuartainternacionalista. Romero dice que las "sociedades" donde se expropió al capitalismo no deben ser definidas "como Estados obreros … De hecho, pretender definir a la URSS como Estado obrero por la base económica, las formas de propiedad o los progresos económicos y la planificación, conduce a (una) paradoja" (en el artículo citado). Para Romero, "el Estado obrero impuesto con la revolución de octubre no podría ser reconocido como tal … (éste) no nacionalizó de inmediato toda la industria, ni tenía intenciones de hacerlo … el razonamiento de Lenin no tiene nada que ver con la idea de que la base económica caracteriza directamente la naturaleza del Estado" (ídem). Romero, es obvio, no ha entendido un ápice del planteo trotskista. Para Moreno, no para Trotsky, la economía era la base de la caracterización estatal. Para Trotsky (y para Lenin), en la URSS dominaba el "derecho burgués"; "la acumulación privada se metía por todos los poros de la propiedad estatal"; crecía la desigualdad. La expropiación del capital no se puede considerar una medida económica; y hasta supone primero un Estado que la ejecute. Si la nacionalización de la propiedad no define a un Estado obrero, hay que reconocer que sólo un Estado obrero puede emprender la confiscación general de la clase capitalista. Para Trotsky, la nacionalización generalizada de la propiedad, el monopolio del comercio exterior y la planificación económica (sustitución progresiva del mercado); estas tres características, definen a una sociedad no capitalista ni socialista; intermedia o de transición. La naturaleza social de la URSS, dice Trotsky, no ha sido zanjada por la historia. Esto es lo que, en especial, Romero no entiende en absoluto, ni siquiera sospecha como caracterización histórica, precisamente porque está formado en el indeterminismo mecánico del morenismo. Es a partir de esto que se erige toda la posición de Trotsky, que dice exactamente que la dictadura del proletariado subsiste allí donde el Estado continúa actuando como garantía política de las nuevas relaciones de propiedad. Cuando esto deja de ocurrir, es decir, incluso si la propiedad continúa nacionalizada, no hay más un Estado obrero. Fue lo que ocurrió, y aun ocurre, en los ex Estados obreros, entre el ascenso de los gobiernos restauracionistas y las anteriores relaciones sociales. Las crisis políticas que viven los nuevos regímenes, el brutal hundimiento de sus fuerzas productivas y las tendencias a la guerra civil, no son más que la consecuencia, en última instancia, de la lucha entre los nuevos regímenes políticos dedicados a destruir la nacionalización de la propiedad y esta propiedad nacionalizada. Que Romero no entiende, ni imagina, las posiciones de Trotsky, se manifiesta cuando dice que "la Unión Soviética nació como el poder soviético y el Estado de los obreros armados, y esto era lo que le confería su definido carácter de clase por sobre las consideraciones acerca de la base económica y los cambios impuestos en las formas de propiedad, la planificación, etc." (ídem). ¿Qué es lo que Romero no reconoce aquí?: la contradicción inversa a la que acabamos de citar, es decir, no la contradicción entre un régimen restauracionista y la confiscación realizada del capital, sino la contradicción entre un régimen proletario y la vigencia del monopolio capitalista de los medios de producción. Esta última contradicción sólo puede resolverse, ella también, mediante guerras civiles e internacionales: o la propiedad capitalista derriba al nuevo régimen, o éste acaba con la dominación del capital. En definitiva, el Estado es sólo potencialmente obrero, en la medida en que el régimen político está en manos de una clase social que lucha por el socialismo como objetivo histórico. La caracterización que Romero hace del Estado obrero es tan abstracta como la que hace de su contrario, pues no tiene en cuenta el factor subjetivo, la contradicción entre éste y las condiciones históricas concretas; o sea, ni le importa el programa, ni la perspectiva histórica, ni las circunstancias; sólo un poder soviético (?) y que los obreros estén armados. Pero hubo muchos movimientos policlasistas que impulsaron el armamento popular. Los talibanes, por ejemplo, manipulan al pueblo en armas, pero actúan al servicio de los yanquis. Desde el Manifiesto Comunista y la Comuna de París, Marx y Engels conciben la revolución y la dictadura proletarias (Estado Obrero) como la expresión de una necesidad histórica (choque irreconciliable entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de propiedad dominantes), lo que conduce a la expropiación del capital. La revolución proletaria se plantea como fruto de la maduración de esas condiciones históricas. La revolución proletaria conjuga así un proceso objetivo en las formas de propiedad de la sociedad con la evolución de la acción subjetiva de las masas. Esto es lo que precisamente omite deliberadamente el libro, que se presenta como una exposición académica y evita o trata superficialmente el análisis de las posiciones de las corrientes militantes del movimiento obrero. Durante un largo período, sobre la base de las contradicciones señaladas, se formaron Estados burocráticos, cuya capa dominante adquirió, por momentos, una extraordinaria (e ilusoria) autonomía política e internacional. En el pasado se pretendió explicar caprichosamente este proceso apelando a la teoría de las nuevas formaciones sociales de explotación, del colectivismo burocrático o del capitalismo de Estado. Pero Romero va más atrás, porque se niega a definir ese nuevo tipo de clase social (explotadora). Romero habla, entonces, sin ningún fundamento, de "plusvalía estatizada" y de "ganancia social" equivalente a la ganancia capitalista, que la burocracia fraccionaría y redistribuiría. Es decir que se habrían superado las contradicciones inmanentes del sistema capitalista. Para Romero, los Estados burocráticos serían "formaciones económico-sociales que no siendo capitalistas, se consolidaron como relaciones de producción, y modos o formas de propiedad, que jamás fueron socialistas, transicionales o preparatorias del socialismo" (pág. 114). Si ya el capitalismo monopólico es definido por Lenin como un régimen de transición, como preparatorio del socialismo, simplemente porque lleva al extremo la contradicción entre la producción crecientemente social y la apropiación privada en sectores más reducidos. Lo que ocurre es que Romero aún no entendió que una sociedad transitoria, o en transición, prepara para el socialismo… o para el capitalismo; por eso Trotsky decía que el carácter social de la URSS no había sido resuelto todavía por la historia. Romero, como sus predecesores, no sabe lo que es la dialéctica. Y la cuestión del estado de transición puso a dura prueba, precisamente, el método dialéctico. Con todo, lo más jugoso del libro aún falta descubrirlo. Su objetivo es explicar los acontecimientos de 1989/90. Después de haber alcanzado un régimen de explotación cuasi-perfecto, los Estados burocráticos se derrumban: "todo el proceso dice Romero tiene determinantes comunes que es necesario identificar. El telón de fondo más general es la baja tendencial de las tasas de crecimiento del Producto Material Neto y, en estrecha relación con éste, una baja tendencial de la cuota de ganancia global". Es decir que la URSS sufría de un exceso de inversión de capital. Se trata de una conclusión simplemente absurda, cuando se recuerda que el régimen nunca pudo satisfacer las necesidades y posibilidades de consumo de la población. En tanto que en las naciones capitalistas desarrolladas, el armamentismo acrecentaba la producción de una economía con capacidad excedente, en la URSS provocaba el desangre de la industria civil. Es lamentable que Romero toque de oído y desconozca el abc de la crisis de desarrollo de la economía bajo el control de la burocracia. "Nosotros exageramos totalmente la crisis del imperialismo en la década del 80 (…). Lo peor va a venir cuando hicimos la comparación entre la situación de la economía imperialista y la situación de la economía de los EOB. Aquí vamos a ver las cosas exactamente al revés de como realmente eran (…). al exagerar hasta el catastrofismo la situación económica del imperialismo, sacábamos la conclusión de que ésta (la economía capitalista) se desmoronaba a un ritmo mucho más rápido que la economía de los EOB (…) Al revés de lo que decía Moreno, la década del 80 significó un período de expansión débil, pero expansión al fin por parte de la economía capitalista mundial. Por el contrario, la economía de los EOB estaba en una situación 100 veces peor, prácticamente en caída libre" (pág. 138) (2). Este párrafo pone en evidencia que Romero desconoce que la crisis capitalista fue el gran factor que actuó como presión sobre los Estados obreros cuya burocracia procuraba integrar al mercado mundial. El endeudamiento gigantesco de todos los países de Europa del Este, con excepción de Rumania, es una prueba de ello. Es a partir de este endeudamiento y de la dificultad de competir en el mercado mundial, que se imponen en esos países los planes FMI y las rebeliones políticas, en particular la de 1980 en Polonia. Pero como lo demuestra el caso de la biotecnología cubana, esa dificultad para competir no es estrictamente económica: obedece a la estructuración monopólica (sostenida por los Estados) del mercado mundial. Dice Romero que "tampoco escapamos (se refiere al Mas) a los dislates de la conmoción revolucionaria de 1989 … proclamamos que todo conduciría a generalizadas revoluciones de octubre triunfantes…" (pág. 173). Era la "lógica del fatalismo optimista…" (ídem). Ahora, como ya sabemos, se cayó en el dislate del fatalismo derrotista. Pero reconocer los disparates no obliga a engañar al lector. El Mas se hizo famoso en 1988/89 cuando planteó, en ocasión de las migraciones masivas del Este alemán hacia Occidente, que los emigrados se equivocaban y próximamente reivindicarían al Estado Obrero de Alemania oriental. Pero si hubo un país donde, efectivamente, el stalinismo arrancó de raíz todo proceso revolucionario por métodos totalitarios, haciendo de la división del país, bajo ocupación del Ejército Rojo, un fenómeno reaccionario y antidemocrático, ese caso fue Alemania. El morenismo, junto a la inmensa mayoría de los trotskistas durante la guerra fría, y por casi 40 años, reivindicó a Alemania oriental como a un genuino Estado obrero. Sobre aquel dislate Romero no dice nada, y ahora, en su libro, adopta la caracterización que siempre criticó el Mas y defendió solitariamente el PO, de "Estado artificial …" de Alemania oriental (pág. 235). Romero no niega que en 1989/90 hayan existido "revoluciones" en toda Europa del Este, pero éstas habrían tenido un carácter "democrático", que ni remotamente asocia con un proceso de revolución política; es decir que las reivindica como instrumento (¿inconsciente?) de la restauración. Desde el momento que lo que allí había no eran Estados obreros, la revolución política estaba fuera de lugar. Así, la revolución democrática (un invento de Moreno, al que Romero no le reconoce paternidad) se transforma en una reivindicación del régimen puro de la democracia, es decir, de las instituciones que servirán a la restauración capitalista. Se trata de una vieja trampa del morenismo, con sus febreros y octubres. Todo esto nos trae a la memoria la polémica de Moreno con Mandel, acerca de las tesis del Secretariado Unificado de 1977, que reivindican la democracia socialista (euro-comunismo). Moreno respondió a esas tesis reivindicando a la burocracia contrarrevolucionaria de los Estados obreros (3). Ahora, Romero da una vuelta de 180º. El programa, ahora, es el de la "revolución total" (?). Las posiciones de Romero en relación a la cuestión de la descomposición y disolución de los Estados obreros es un indicador del pantano en que se hunden irremediablemente el Mas y la Lit. Todas las tesis del libro de Romero son convergentes con las ideas dominantes en los mentideros izquierdistas acerca de la inviabilidad de los planteamientos revolucionarios. Aunque su propósito declarado es estimular el espíritu revolucionario, en la primera página de su libro afirma que el socialismo es una "utopía" … claro que "el primer error es considerar(lo) sólo" eso. Un libro ecléctico, presidido por una ambigüedad literaria, es decir, por el macaneo. Notas: 1. "El Socialismo y el Estado", en la revista Herramienta Nº 2, 11/96. El autor publicó también en el número anterior de esa misma revista, otro trabajo sobre el tema, que no pudimos obtener. Las citas que se reproducen entrecomilladas respetan las connotaciones del original: textos en itálicas, en negritas en el original; con una comilla e itálicas, encomilladas en el original; textos entre paréntesis dentro de citas son nuestros (salvo expresa indicación en contrario). 2. Este párrafo es de un militante del Mas con el que polemiza Romero en su libro, pero con el que "coincidimos" dice cuando la transcribe. El debate tiene que ver con la defensa que hace el compañero de la vieja fórmula de Estados Obreros Burocráticos (EOB). Todos los paréntesis del texto son del original. 3. Ver la crítica de Pablo Rieznik, en la revista Internacionalismo Nº 13, 1981.

1 de julio de 1997
Germán Avé Lallemant y los orígenes del socialismo argentino

Se cumplieron, en 1996, los 100 años de la fundación del Partido Socialista argentino. En la construcción del pensamiento socialista en nuestro país, que no comienza con la simbólica fundación del partido, sino que se remonta a varios años antes, cabe un lugar importante al ingeniero alemán Germán Avé Lallemant. Como parte de la indagación en las ideas germinales del socialismo, creemos que es de interés evaluar el pensamiento de este solitario científico y periodista, que desarrolló una amplia labor en ésta, su patria de adopción, desde su llegada en 1868 hasta 1910, año de su muerte. Germán Avé Lallemant, quien seguramente nació en Lübeck, hacia 1836 o 1837 (1), era miembro de una familia de naturalistas, intelectuales y científicos. Su padre era amigo del sabio alemán Alexander von Humboldt y del naturalista Germán Burmeister, quien trabajó muchos años en la Argentina, y gracias al cual Lallemant vino hacia estas tierras en 1868, ya graduado en agrimensura, minería y metalurgia. Se instaló en San Luis, donde vivió hasta el fin de sus días y donde se casó con Enriqueta Lucio Lucero. Su actividad científica fue muy vasta. Trabajó como ingeniero en minas, agrimensor, meteorólogo y minerólogo. Fue rector del Colegio Nacional de San Luis, trabajó como periodista en los últimos años del siglo y fue contratado como estadígrafo por el gobierno puntano. Hombre del siglo XIX, no se encerró jamás en las ciencias naturales, sino que buscó interiorizarse con el mismo afán en todo lo relativo a la sociedad y a la historia del hombre. En sus artículos periodísticos se observa claramente la distancia enorme que lo separaba del resto de los escritores argentinos de la época: por sus conocimientos, por sus concepciones, por sus lecturas, por la comodidad con que pasa de los temas internacionales a los nacionales, por la facilidad con que maneja estadísticas de Europa, de Estados Unidos y del resto del mundo, sus escritos pueden ser identificados con facilidad, aun cuando no estén firmados o lo estén con seudónimo. Se sabe bastante poco sobre su formación concreta tanto en Europa como en la Argentina. Víctor García Costa sostiene que "la formación ideológica marxista de Lallemant se había producido en Europa" (2). Fermín Chávez, por su parte, deduce incluso que participó "en la lucha que el socialismo alemán entablara con Bismarck". Pero todo está en el terreno de las conjeturas. Partió de Alemania a los 25 años, cuando el socialismo acababa de ser fundado por Ferdinand de Lasalle. El marxismo en Alemania no existe hasta 1868, y recién adquiere importancia algunos años después. Sí bien es verdad que la Primera Internacional está logrando una importancia descomunal en toda Europa, el marxismo dentro de ella está reducido a unos pocos dirigentes. Aun dentro del terreno de las conjeturas, creemos que si Lallemant se hubiera formado en el marxismo europeo en su juventud, habría dejado constancias de ello: correspondencia temprana con los dirigentes marxistas o huellas de sus ideas antes de 1890. ¿Cómo se entiende una "formación" marxista temprana, en un ambiente radicalmente no marxista, y luego una "hibernación" de sus ideas durante 30 años? La conjetura alrededor de la temprana formación de Lallemant en el marxismo está al servicio del posterior engrandecimiento de su figura y de sus ideas. Pero preferimos dejar las conjeturas como tales, ya que, como se verá, no pretendemos engrandecer su figura, sino hacer un balance, desde el marxismo, de las luces y sombras de sus propuestas. Lo concreto es que Lallemant participa del Club Vorwärts, en el cual surge el primer núcleo socialista ligado a la socialdemocracia alemana entre los emigrados alemanes antimonárquicos. De este grupo la iniciativa para unificar a otros grupos de colectividades de Buenos Aires y conmemorar, por primera vez, el 1º de Mayo, según resolución del Congreso Socialista de París de 1889. Se conforma entonces un Comité Internacional que resuelve constituir una federación obrera y, como órgano de ésta, un periódico. Surge así El Obrero, en diciembre de 1890, dirigido por uno de los componentes del Club Vorwärts, Germán Avé Lallemant, quien casi con seguridad lo sostiene con su propio dinero. La mayoría de los artículos son escritos por él, y colaboran también Augusto Kühn, Leoncio Bagés y Carlos Mauli. Pero la dirección de Lallemant es muy corta, y debe abandonar Buenos Aires en febrero de 1891. Es decir que permanece al frente del periódico apenas por 5 números. Luego de esto, envía sus artículos desde San Luis. Más adelante, se publicarán colaboraciones suyas en otros periódicos socialistas, como El Socialista, que aparece de marzo a mayo de 1893, o La Vanguardia, que nace en abril de 1894. Una extensa colaboración periodística desarrollará Lallemant en La Agricultura. Este semanario, "defensor de los intereses rurales e industriales", nacido del riñón del diario La Nación y que funcionara un tiempo en sus mismas oficinas, fue quizás una de las publicaciones más serias de la época referidas al desarrollo de la economía agraria. En ella colaboró, además de Germán Avé Lallemant, otro socialista: Antonino Piñero. Nuestro científico alemán llegó a actuar casi como "jefe de redacción", escribiendo la editorial y hasta dos y tres artículos más de fondo. Los hacendados, lectores de La Agricultura, se quejan más de una vez de la excesiva presencia de las ideas socialistas en una revista que debiera ser coto prohibido a las ideas reformadoras. Es seguramente por este motivo que Lallemant y Piñero se despliegan en una serie de seudónimos que transforman a la publicación en una especie de laberinto de personalidades y estilos, donde el investigador actual fácilmente se pierde. Lallemant colabora en La Agricultura desde su aparición, en 1894, hasta el año 1900. En 1896 se traslada nuevamente a Buenos Aires, convocado por la revista, y actúa durante todo el año como redactor principal de la publicación. Firma con su nombre real y con varios seudónimos: Pirquinero, Puntano, Agrófilo, Isidro Castaño, Julián Jiménez, Marius, Demócrata, etc. Algunos de ellos están atestiguados con mayor seguridad, otros se deducen por citas cruzadas, por el estilo y los conocimientos desplegados. Un tercer grupo de colaboraciones periodísticas que nos interesan se hallan en la revista teórica de la socialdemocracia alemana Die Neue Zeit, dirigida por Karl Kautsky. Lallemant envía colaboraciones desde 1894 hasta su muerte. Una docena de estos interesantes artículos fueron traducidos y publicados por Leonardo Paso, dirigente del Partido Comunista argentino. La actividad política de Lallemant No puede dejar de observarse que la actividad política de Lallemant en el marco del socialismo fue bastante reducida. Si bien participó en el Club Vorwärts, y dentro de éste se destacó entre el grupo de marxistas, no figura en ninguna de las reuniones más importantes de la década. No participa del Comité Internacional de 1890. Figura como director de El Obrero, como dijimos, pero sólo por dos meses. Después parte nuevamente hacia su provincia. No está en la reunión constitutiva de la Agrupación Socialista de Buenos Aires (dicho sea de paso, la verdadera fundación del partido socialista argentino). No figura en la amplia nómina del comité central elegido en abril de 1895. No participa de la convención del partido en octubre de 1895. No figura como delegado en el congreso constitutivo de junio de 1896, siendo que en ese momento vive en Buenos Aires. En cambio sí participa como candidato a diputado en el primer comicio en que se presenta el Partido Socialista, en marzo de 1896. Es el segundo en la lista, después del doctor Juan B. Justo. Su candidatura fue votada en una asamblea plenaria del partido, un mes antes de las elecciones, a propuesta del Club Vorwärts. Evidentemente, el Vorwärts, que tiene otros dirigentes en la cúpula del socialismo, presenta la candidatura de Lallemant como una figura de prestigio para la clase media argentina. Seguramente que Juan B. Justo, ya conocido desde hace varios años como médico y dirigente radical, también es una "imagen" aceptable para los sectores no obreros, pero une a ello su militancia decidida en la dirección socialista. Lallemant aparece casi como una candidatura extrapartidaria, como un adherente de gran prestigio en la prensa y en los círculos científicos del país, que por sus ideas, y no por su actividad, coincide con el naciente partido de los obreros. En las elecciones de los siguientes 15 años, Lallemant ya no figurará como candidato del socialismo. En cambio, en su provincia de adopción, San Luis, participa desde 1890 (es decir, antes de su adscripción al socialismo de Buenos Aires) hasta su muerte, en el naciente radicalismo. En diciembre de 1890 está en la Unión Cívica Popular como secretario (cuando la Unión Cívica aún no se había separado de Bartolomé Mitre). Participa en el movimiento que lleva a la gobernación a Teófilo Saá al año siguiente. En 1905, está en la lista de electores de la Unión Provincial, y en 1908 figura en la Mesa Directiva de la Unión Cívica Radical de San Luis. Es decir que mientras era un militante activo del radicalismo de San Luis, era sólo un adherente entusiasta en el socialismo de Buenos Aires. Los defensores de Lallemant, el nacionalista prochino José Ratzer (3) en primer lugar, el nacionalista stalinista Rodolfo Puiggrós (4), el stalinista Leonardo Paso (5), el peronista Fermín Chávez (6), el socialista Víctor García Costa (7), defienden justamente este aspecto de su carrera política. Los argumentos radicarían en la inexistencia del movimiento obrero en San Luis y el atraso de su economía. Pero este aspecto, que podría indicar una mera cuestión "táctica", se transforma en algo más importante cuando se insiste en que Lallemant supo ver, en su momento, cuál era la misión de los revolucionarios, apoyando a un sector burgués que luchaba contra el fraude y el unicato. Esta táctica "no sectaria", proburguesa y por eso mismo aceptada por el centroizquierda de los años siguientes, tendría sus antecedentes en el mismo Marx, pues éste "ya" afirmaba, en el Manifiesto Comunista, que "los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el estado de cosas social y político existente" (8). ¿Qué afirma Lallemant acerca de la revolución del 90 y de la Unión Cívica Radical? "Obedeciendo a la acción civilizadora del capital se alzó la Unión Cívica, levantando la bandera del régimen puro de la sociedad burguesa" "Esta era del régimen burgués puro importa sí un gran progreso y nosotros aclamamos la nueva era con gran satisfacción" (9). La revolución del 90, entonces, marca el comienzo, a corto o mediano plazo, del régimen capitalista puro, en reemplazo del régimen del caudillaje (10). En esa circunstancia, "surgió la Unión Cívica, la campeona valiente y desinteresada de la democracia, de las garantías institucionales y de la libertad burguesa" (11). También, en un informe a Die Neue Zeit, de 1903, exalta el rol del radicalismo: "Se ha formado ya un poderoso partido de oposición, el número de cuyos afiliados está aumentando rápidamente y cuyo programa radical, dirigido contra la inaudita corrupción y la mala administración, pregona abiertamente la fuerza de las armas como argumento inevitable para la próxima elección" (12). Más claramente, afirma en La Vanguardia, en 1894: "El Partido Radical es hoy el elemento revolucionario en la República Argentina, nacido de la crisis económica y encargado de transformar nuestras instituciones políticas en formas estrictamente ajustadas a los intereses capitalistas" (13). Con esta idea, cierra la defensa "marxista" que se hace de Lallemant. Si Marx propone apoyar todo movimiento revolucionario, y Lallemant considera que el radicalismo es el elemento revolucionario en la Argentina, no quedaba otra cosa que hacer que militar en el radicalismo y protagonizar la revolución desde allí. Sin quererlo, se cae entonces en la tesis del italiano Ferri quince años después: el partido socialista, en Argentina, es una flor exótica que no tiene sentido crear o que cumplirá, en cierto modo "por defecto", el papel del republicanismo europeo. Pero la realidad es que el socialismo se construyó, tuvo su importancia, se construyeron sindicatos obreros con intereses y programas propios; también surgió el anarquismo, que ganó una enorme importancia en las filas obreras, justamente a partir de que los socialistas se negaban a considerar la cuestión obrera desde un punto de vista revolucionario. Y Juan B. Justo y los fundadores del PS no eran unos delirantes ni unos "resignados ideológicos", es decir que, aun pensando que no era su momento, fundaban el partido como una suerte de "antecedente histórico". El socialismo y el anarquismo surgieron, crecieron y se nutrieron durante toda la década del 90 de los centenares de radicales desilusionados por la política cobarde de su partido. La izquierda se alejaba del radicalismo justamente porque veía que no era el elemento revolucionario de la Argentina. Y desde ese momento, por 20 años, el radicalismo va a convertirse en un agrupamiento alejado de las masas, más cercano a los militares que a la clase media, supuesta fuente de su fuerza, resumido en un único punto de su ideario: comicios sin fraude. En estos años que van desde el 90 hasta el Centenario de 1910, el eje de la revolución en la Argentina pasa por el auge obrero, su organización y sus luchas. El radicalismo estará mirando para otro lado hasta que la derrota sangrienta que el Estado inflige a la clase obrera en 1910 posibilite pensar en una reforma electoral expresamente hecha para que el partido radical se transforme en un canal para las ilusiones de las masas. Lo que puede ser verdad para un largo período histórico tomado en abstracto, no se condice con la política práctica que debe desarrollarse. Es verdad que la crisis del 90 funda, por así decirlo, el caótico ingreso de la Argentina al moderno capitalismo internacional. También lo es que el radicalismo quiere representar, en general, el régimen político de la democracia burguesa. Pero han pasado 100 años y este régimen no termina de consumarse. Es más, no amenaza con concluirse nunca. Aunque en las ilusiones de las bases del radicalismo del 90 anidara el deseo de constituir una democracia parlamentaria moderna, las malformaciones económicas del país y la coexistencia de formas capitalistas con otras precapitalistas no permitieron nunca que esa democracia se desarrollara según el modelo de los países europeos o de Norteamérica. Una muestra adicional de que la democracia pura era inviable en un país atrasado como el nuestro, la da la propia cortedad de miras del radicalismo, quien apenas atina a plantear otra cosa que el sufragio universal. Un programa más revolucionario que el del radicalismo, desde el punto de vista democrático, tuvo el socialismo argentino. Planteaba la separación de la Iglesia y el Estado, la confiscación de los bienes del clero, la supresión del poder ejecutivo, eliminación del ejército permanente y armamento del pueblo, revocabilidad de los funcionarios públicos, supresión del senado, etc. (14). Finalmente, Marx abogaba por apoyar todo movimiento revolucionario, pero nunca abogó por diluirse dentro de partidos burgueses. San Luis era una provincia atrasada dentro de la Argentina, pero el partido socialista se constituía como un partido nacional, y no de Buenos Aires. La permanencia de Lallemant dentro de la Unión Cívica de su provincia no se justifica entonces por estas cuestiones tácticas, sino que se entronca con su sobredimensionada concepción del radicalismo como abanderado consecuente del capitalismo en la Argentina. También entronca con el rastrerismo proburgués de los stalinistas de todo pelaje. En su ceguera, reivindican tanto la fundación del Partido Socialista como la militancia radical de Lallemant, como si fueran ambas compatibles. Todos los argumentos en favor del apoyo a la UCR de San Luis valen para el apoyo de la UCR nacional: necesidad de desarrollo de la democracia, atraso económico y poca maduración del proletariado. Pero también valen para apoyar hoy al radicalismo, al peronismo o al centroizquierda. Y valen en general para apoyar a cualquier grupo burgués en cualquier lugar de la Tierra. Por donde se ve que los stalinistas son unos defensores estratégicos del apoyo a la burguesía. El latifundio y la industria Mucho escribió Lallemant sobre la economía de la Argentina. En sus artículos en La Agricultura, a pesar de ser una revista para los medianos y grandes propietarios de tierras, se esfuerza por explicar pacientemente la teoría del valor, de la plusvalía, la renta de la tierra, nociones de economía política marxista a partir de las cuales elabora sus concepciones sobre la realidad nacional. Tomaremos algunas de sus ideas para visualizar qué diagnóstico traza de nuestro país y cuál es la vía de solución que propugna. Lallemant plantea que la división internacional del trabajo decidió que fuéramos un país agrícola. Sobreponerse a esto en forma ficticia es tratar de dar vuelta hacia atrás la naturaleza del propio país. Nuestro destino, por el suelo, la escasa población, la historia, es ser un país agrícola y proveer de materias primas al resto del mundo (15). Se pronuncia, claramente, en contra de una gran industria nacional. "Existen dos fábricas de cerveza, tres o cuatro de fósforo, otras tantas de calzado, una media docena de alcohol, una de tejidos de lana, unas seis de géneros de puntos, que no alcanzan a vender ni la cuarta parte de lo que pueden producir con sus maquinitas (sic), una de papel y otra de ¡dinamita!" (16). No hay mercado para una gran industria. Tenemos poca población, con hábitos alimenticios sencillísimos y un clima muy benigno, con lo cual las necesidades de alimentos, abrigo y vivienda son mínimas. Denuncia que desde 1876 se protege a esta pequeña industria, con lo cual se evidencia que esos productos destinados al consumo directo son más caros que los que llegarían del exterior. Está en contra de este minúsculo proteccionismo, que provoca una industria artificial, atrasada y cara para el pueblo. Aboga por las agroindustrias, relacionadas con los productos del suelo y dirigidas directamente al consumo de la población adyacente, es decir, no dirigidas al mercado internacional, ni siquiera al nacional. El gran enemigo de esa pequeña industria nacional sería la gran industria nacional, no la manufactura europea. "La industria creada artificialmente bajo el sistema del proteccionismo no aumenta el grado de productividad de la nación, lo retarda más bien, porque el proteccionismo es entre nosotros una rémora para el desarrollo de la agricultura, que necesita hoy en día absolutamente de la mayor baratura posible de todos los medios de subsistencia, para poder reducir el precio de costo de sus productos y salir triunfante en la terrible lucha de competencia que tiene que sostener sobre el mercado universal" (17). Coincidentemente con la denuncia de una industria nacional artificial, aboga contra el proteccionismo y por el librecambio (18). En este aspecto, coincide ampliamente con Juan B. Justo, según demostrara Norberto Malaj en su artículo sobre los orígenes del socialismo argentino (19). Esto explica, entonces, la conocida posición de Lallemant favorable al latifundio. En una serie de artículos de La Agricultura, que generaron una larga polémica, se pronuncia a favor de la capitalización de los latifundios y en contra de la colonización inmigratoria, que genera una masa de arrendatarios, aparceros y proletarios rurales, alrededor y dentro mismo de las grandes extensiones de hacienda dedicadas a la ganadería. "¡La colonización en su forma actual es un peligro, una desgracia y un oprobio para el país!" (20). "La civilización es imposible bajo esta condición de la vida humana" (21). "El fomento de la explotación de latifundios es lo que necesitamos. No la propiedad de latifundios en manos sin capital circulante, sino la explotación gran capitalista de vastas tierras en manos de empresarios fuertes, o sociedades anónimas" (22). Apunta, todavía, respecto del futuro del problema agrario: "La época de la colonización va desapareciendo, porque el producto del trabajo del colono no es suficiente para poder responder a las exigencias del mercado universal, y por eso la colonización va en decadencia" (23). Lógicamente, el gran terrateniente es quien puede poseer el capital para adquirir las máquinas más modernas y explotar el campo en forma más racional y eficiente. La pequeña propiedad tendrá siempre una maquinización menor, baja eficiencia, poco desarrollo, sufrirá el agotamiento del suelo, etc. Sin embargo, el latifundista se dedicó siempre a la ganadería, y los arrendatarios y propietarios menores a la agricultura. Lallemant quiere que la gran propiedad del campo se dedique al cultivo, sin arriendos y con inversión de capital "genuino". Pero la ganadería ofrece grandes y fáciles ganancias al estanciero, quien no "comprende" las razones que le ofrece el ingeniero alemán. A éste no le queda más que lamentarse: "Lástima que la medalla [la ganadería] tenga un reverso tan feo: el empobrecimiento siempre creciente de las grandes masas de la población, la acumulación de los déficits fiscales, las moratorias y la bancarrota del Estado al fin" (24). En este tema se observan una serie de contradicciones en las ideas de Lallemant. En principio, no existe manera de que el latifundio se dedique a la agricultura si no es por medio del arrendamiento, la pequeña parcela o la pequeña propiedad, y esto implica ya el surgimiento de una clase campesina opuesta al latifundista, quien oprime al campesino por medio del arriendo, del ahogo financiero o lo explota a través del molino, del crédito, etc. El crecimiento de la agricultura con respecto a la ganadería, al contrario de lo que plantea Lallemant, esconde en realidad la lucha entre la pequeña propiedad y el latifundio. Así, para Lallemant, el desarrollo del capitalismo en la Argentina se dará a través del latifundio, no a través de la industria y tampoco a través de la pequeña propiedad agraria. Lo que existe de estas dos, según Lallemant, está en decadencia, sobrevive con protección o gracias a la autoexplotación desmedida del campesino, es cara e ineficiente. Esto demuestra que la ruta de victoria del capital, para Lallemant, poco tenía que ver con los modelos de Europa y Norteamérica. Allí, el capitalismo de la ciudad necesitó la reforma agraria, la fragmentación de la propiedad fundiaria y la maquinización de la producción del campo. Esto generó primero demanda de máquinas que la ciudad pudo proveer, y además, a través de la multiplicación del trabajo del cultivo, alimentó un mercado interno no sólo reducido a las ciudades. Es decir que el desarrollo de la agricultura acompañó al desarrollo de la industria, y no como pensaba Lallemant, que podía generarse un gran latifundio agricultor y maquinizado, sin ciudades y volcado exclusivamente al mercado externo. El socialismo argentino no tenía una mayor elaboración sobre el problema agrario. El programa de 1896 apenas mencionaba el hecho de que, ya ocupado todo el territorio de la república, se abría paso a la explotación capitalista del campo, lo cual no pasaba de ser una generalidad. Recién en el año 1902, después de una estadía de Juan B. Justo en el pueblo de Junín, el líder socialista elabora unas tesis aprobadas luego en el cuarto congreso del partido socialista, en La Plata, en donde se aprueba incorporar al programa mínimo del partido la abolición de los impuestos que gravan la agricultura, exención impositiva para las viviendas obreras rurales, contribuciones directas y progresivas sobre la renta de la tierra, reglamentación del trabajo agrícola y otros puntos más. Se ubica entonces el programa socialista en la defensa del pequeño propietario, del agricultor y del proletario rural, víctimas todos de la explotación y el ahogo del latifundio, el banco y el impuesto estatal (25). Juan B. Justo desarrollará una elaboración mayor en un artículo de 1914, donde ya realiza una defensa más acentuada del campesino y un ataque al latifundio, notándose los ecos de la protesta de los campesinos del sur de Santa Fe, conocida como Grito de Alcorta. De todas maneras, en su libro Teoría y práctica de la historia, aparecido en 1907, Juan B. Justo desarrolla un concepto opuesto al de Lallemant diez años antes: la propiedad de la tierra, a diferencia de la industria, que tiende a concentrarse, tiende a subdividirse hasta llegar a un punto de equilibrio, en el que el campo es lo suficientemente grande como para realizar grandes inversiones y lo suficientemente pequeño como para poder controlar el trabajo y ahorrar en transporte interno (26). Un gran debate sobre la cuestión agraria se está desarrollando en los años 90 en Europa, en el seno de la Segunda Internacional. El ala derecha de la socialdemocracia alemana, presionada por el pequeño campesino de Bavaria, abogaba por la incorporación al programa socialista de medidas de defensa impositiva del campesino. El centro marxista (Kautsky, Engels, Lafargue) reaccionó contra esta tendencia por considerarla utópica y en todo caso reaccionaria. De este debate surgió el libro de Kautsky La cuestión agraria(27), el cual, sin embargo, tiene muchos puntos de contacto con las ideas de Lallemant. Incluso, éste o Antonino Piñero logran que se publique, durante octubre y noviembre de 1900, una traducción de esa obra, por capítulos, en La Agricultura. Pero no se puede homologar la discusión sobre el problema agrario entre Europa y la Argentina. Las tierras no cultivadas en Europa eran una pequeña minoría, mientras que en Argentina había millones de hectáreas dedicadas simplemente al pastoreo o a la especulación. El socialismo, más que preocuparse por el logro de créditos "blandos" y exenciones impositivas, debía exigir la nacionalización de la tierra: que el Estado se haga cargo de la mayor riqueza que tenía el país, para entregarla a todos aquellos que la quisieran trabajar, en beneficio de la nación y no en beneficio de una pequeña oligarquía. Esto traería aparejado el poblamiento del campo, la extensión de la agricultura y la destrucción del poder oligárquico. Lógicamente, sólo el socialismo podía llevar a cabo este programa. La lucha contra el imperialismo La crisis del 90 también fue una crisis desarrollada a partir de la crisis de la deuda externa. Desde 1891, Argentina entró en cesación de pagos, luego pactó una moratoria con el imperialismo inglés en condiciones desventajosas y tardó diez años en recuperarse, por supuesto con la receta eterna del capitalismo: encarecimiento del costo de vida y superexplotación obrera. Se puede leer reiteradas veces la denuncia de la acción del capital internacional en los artículos de Lallemant, razón por la cual sus máximos panegiristas lo ubican en una postura antimperialista decidida, en oposición a Juan B. Justo, propenso a la participación del capital internacional en nuestro país. "Sin conquistas políticas, sin barcos ni cañones, el capital inglés exprime, pues, de la Argentina, en valor relativo, 17 veces más de lo que extrae a sus súbditos indios" (28). "Cinco o seis banqueros de Londres ordenan al gobierno de Buenos Aires, a través del embajador argentino, qué debe hacer y qué debe dejar de hacer" (29). "El país ya no soporta la carga y se hunde bajo el peso del imperialismo británico y de su propia administración irresponsable" (30). Al analizar la depreciación de nuestra moneda, afirma: "La soberanía de la Bolsa sobre la Nación queda, pues, bien visible. El billete vale tanto cuanto la Bolsa, representante del capital internacional, quiera dar por él, es decir, tanto como valga el crédito de la Nación ante el capital, y ni un comino más" (31). Sin embargo, Lallemant no es un opositor a la acción del imperialismo en Sudamérica: "La bandera estrellada (de Estados Unidos) flameará pronto sobre una parte de este continente; los destinos de estas miserables repúblicas, que son totalmente incapaces de gobernarse a sí mismas, serán entonces determinados por la Casa Blanca en Washington. Cuando antes esto suceda tanto mejor, porque únicamente de esta manera es posible pensar que Sudamérica pueda alguna vez ser abierta a la cultura y a la civilización" (32). "El desarrollo liberal burgués de Sudamérica, su liberación del sistema de violencia dominante de las oligarquías que todo lo absorben, será posible únicamente cuando el panamericanismo extienda sus alas en este continente. La oligarquía es un enemigo a muerte del panamericanismo" (33). Es decir que la denuncia a la acción del imperialismo se realiza desde el punto de vista de la violencia y de la usura que representa, pero a pesar de ello, también representa el capitalismo, la civilización, el progreso, la buena administración. Pero no hacía falta leer el libro de Lenin sobre el imperialismo, que recién aparecería en 1915, para darse cuenta de que el papel del capital internacional en las republiquetas atrasadas de Sudamérica no acarreaba ningún progreso económico real. Al contrario, el capital actuaba como un usurero del Estado e invertía en aquellos factores que nos condenaban económicamente al atraso, manteniendo nuestra estructura agraria latifundista. El panamericanismo es la expresión ideológica del intento norteamericano de dominar todo el continente, concretada en la agresiva política yanqui en Centroamérica, el Caribe, Bolivia, etc. Las oligarquías locales son las más entusiastas socias del panamericanismo, salvo las oligarquías de Argentina y Uruguay, más propicias al imperialismo inglés. La oposición al panamericanismo ya surge por estos años en el seno de la pequeña burguesía latinoamericana. Lallemant, en nombre del progreso y la civilización, se pone a la derecha de este incipiente movimiento. En definitiva, su concepción del imperialismo como factor de progreso en Sudamérica coincide con su idea de que es el latifundio el introductor del capitalismo en el campo. Su pensamiento resalta la línea de triunfo del capital más concentrado y más desarrollado. Pero el marxismo se caracterizó por pensar el desarrollo no sólo del capital, sino también de sus contradicciones. Y las contradicciones del capitalismo no se resumen en la lucha política del proletariado: el capital provoca contradicciones en la reproducción misma de su dominación económica. La crisis y la guerra es donde se expresa la contradicción suprema del capital consigo mismo. Es en el seno de estas contradicciones que el proletariado actúa políticamente y llega a barrer con la dominación de la clase burguesa. Esta idea queda expresada en el siguiente pasaje: "Tenemos pues que todos los fenómenos económicos en la actualidad tienden a un mismo fin, a saber: acrecentar la pobreza de las grandes masas de la población y disminuir su capacidad de consumo, haciendo más grandes los efectos de la sobreproducción y causando la depresión de los precios, hasta que el capital no dé ya sino un insignificante rédito, y las masas de la población, en su desesperación, concluyan con el orden social vigente y el modo capitalista de la producción" (34). Es interesante destacar que para Lallemant, la revolución aparece "por desesperación" de las masas, pero esta desesperación no puede actuar en forma revolucionaria si no es acumulando una experiencia histórica y política previa, con lo cual la desesperación no pasa de ser un factor marginal. Por otra parte, la revolución no surge como respuesta a la explotación universal y homogénea del proletariado: también se rebelan las colonias contra las metrópolis, las clases medias contra las oligarquías, los campesinos contra los latifundios, los sectores burgueses expropiados contra los que triunfaron en la competencia, etc. Lallemant siempre concibe la línea de triunfo del gran capital, pero en esa constatación desestima la actuación del capital dependiente, ya sea pequeña propiedad agraria o capital nacional, respecto al imperialismo. Lo llamativo es que con estas concepciones haya sido reivindicado por un nacional-marxista como José Ratzer, cuando el pensamiento de Lallemant era, entonces, más antinacional y pro-oligárquico que el de Juan B. Justo. Las críticas al reformismo En más de una oportunidad, Lallemant desliza críticas al socialismo reformista o toma distancia con respecto a éste. A fines de 1896, afirma que el socialismo "está restringido a los 300 miembros del Club Vorwärts, y de estos mismos, ¿cuántos serán verdaderos socialistas de convicción?" (35). Del partido socialista recién constituido, afirma que se mezcla a Marx con Spencer, a Lombroso con Ferri, acusándolo de una franca heterogeneidad ideológica. En un artículo para Die Neue Zeit, denuncia la resbaladiza base ideológica del socialismo y ensalza extremadamente la tarea de los alemanes del Vorwärts. Denuncia una casa editorial formada por socialistas que editó una traducción de un libro de Ferri, socialista evolucionista italiano, convertida en "biblia de los socialistas locales" (36). "La misma editorial publicó también la obrita de un estudiante que rebosa de ignorancia y absurdos [se refiere a Qué es el socialismo, de José Ingenieros] En el Vorwärts, compañeros alemanes han combatido contra este absurdo, dado que La Vanguardia socialista en idioma español no admite discusión sobre este asunto, probablemente para no perjudicar a la editorial. Se incluyen frecuentemente traducciones de artículos de Ferri y de Lorio sin el menor criterio selectivo" (37). "Sin los compañeros alemanes, la totalidad de los obreros habría caído en los brazos del anarquismo" (38). Ya en 1908, la denuncia al reformismo del partido de Juan B. Justo se hace más dura: "El reducido partido socialista también ha sufrido gravemente, si bien su actuación difícilmente pueda ser más tranquila y cautelosa. Los jefes han pasado casi sin excepción al campo de Turati, tal como se manifestó ya tan llamativamente en el Congreso de Amsterdam. Esto le ha reportado pocas simpatías por parte de los obreros locales Los elementos propulsores del partido socialista son ideólogos burgueses que no están dispuestos a cruzar un determinado Rubicón De ahí su turatismo" (39). Lallemant se está refiriendo a un congreso de la Internacional Socialista en Amsterdam, en 1904 (40), donde el ala izquierda procuró liquidar definitivamente el revisionismo bernsteiniano. El ala derecha se opuso, liderada por el italiano Turati, y a esta fracción dio su apoyo el socialismo argentino. Pero no se pueden tomar estas afirmaciones de Lallemant de un modo directo. Primeramente, que el grupo Vorwärts fuera un homogéneo sector marxista no es más que una leyenda. Hemos demostrado, en un artículo en Prensa Obrera, que el Club Vorwärts estaba animado de un gran eclecticismo, con rasgos de lasalleanismo (41). A raíz de esto es que deformaron el llamamiento del 1º de mayo de 1890 que hiciera el Congreso Socialista de París y lo convocaron como "fiesta del trabajo". Más importante que esto: ¿desde dónde critica Lallemant al reformismo socialista? ¿Desde la Mesa Directiva de la Unión Cívica Radical de San Luis? Para aceptar favorablemente esta inquietud, es que José Ratzer o Puiggrós inventaron la existencia de una "corriente" dentro del socialismo argentino, dirigida por Lallemant, opuesta desde un primer momento al reformismo proimperialista de Juan B. Justo. "Lallemant y su grupo", deliran, habrían actuado como un contrapeso de izquierda con sentido de lo nacional y lo popular, y se los podría considerar el origen larvado, embrionario, de lo que luego fue el socialismo revolucionario, expresado en la fundación del Partido Comunista en 1918. Dejemos estas leyendas de lado, que nos hablan de un grupo que no se reconoce como tal, que expone sus posturas en forma espaciada y en ámbitos ajenos al movimiento obrero local, y que en la mayoría de los aspectos coincide con su supuesto "enemigo" reformista. Balance Germán Avé Lallemant se destacó más como científico que como militante socialista. Su actividad política estuvo encuadrada en el radicalismo puntano, mientras que su colaboración con el socialismo local se reduce a la edición del periódico El Obrero por unos pocos meses, su candidatura a diputado en 1896 y los informes a la mejor revista del marxismo internacional, Die Neue Zeit, dirigida por Karl Kautsky. Su actividad periodística fundamental se desarrolla en una publicación burguesa, destinada a fomentar la agricultura en el campo, intención que coincide con el propio pronóstico de Lallemant con respecto a nuestro país. A la vez, combate la industria nacional, glorifica la función del latifundio y exalta la función del imperialismo como factor de civilización en los países sudamericanos. Un aspecto destacable de la obra de Lallemant es que, en buena parte de su producción periodística (incluyendo lo aparecido en publicaciones burguesas), explica detalladamente conceptos básicos de las concepciones económicas de Marx, citando profusamente tanto a este mismo como a Engels, publicando íntegra la obra de Kautsky sobre La cuestión agraria, dando noticias sobre el socialismo europeo, etc. Esta defensa del marxismo es lo que nos lleva a revisar sus ideas y sus aportes al socialismo argentino: porque defendemos el campo en el que se quiso inscribir, y buscamos criticarlo en ese mismo ámbito. De otra forma, no tendría sentido revolver papeles viejos en busca de sus artículos. Esto no quita que sus principales esfuerzos estén destinados a la solución del problema de la plaga de langostas, la descripción geológica y fitozoológica del país, así como otros "servicios" que se le brindan al chacarero y al terrateniente argentino. No podemos impugnar la actividad periodística de Lallemant, pero eso no debe impedir un balance objetivo de sus propuestas y de su alcance. No es nuestra intención afirmar que la militancia en el socialismo es condición para una evaluación positiva de su obra. Algunos aspectos de su pensamiento los hemos evaluado en este artículo, y valen independientemente de su conexión con el movimiento obrero argentino. Pero sus críticas al reformismo socialista no se pueden desarrollar desde una posición apartidaria, porque están implicando directamente la concepción de lo que es o deja de ser un partido revolucionario. El conjunto de sus postulados condice en realidad con su militancia radical en San Luis. Lallemant aboga, como hemos dicho, por el triunfo del gran capital, el latifundio, el imperialismo, la gran industria europea. Coincidentemente con esto, considera que con la introducción de la Argentina al ciclo capitalista mundial, se inicia la era del triunfo de la democracia liberal burguesa en estado químicamente puro: sufragio, libertades democráticas, parlamentarismo, etc. La carta de triunfo de esta democracia no es el socialismo, sino el radicalismo. El socialismo es el único que puede tener un diagnóstico científico sobre la realidad, pero su papel político se resume a una tarea de "mantenimiento" ideológico hasta que la desesperación de las masas haga sonar la hora de la muerte del capitalismo. Consumada la democracia, recién allí empezará a primar el socialismo entre las masas. La reivindicación que los nacionalistas de todo tipo han hecho de Lallemant se produce a raíz de que es lo mismo que ellos piensan, aún hoy. Latinoamérica todavía tiene que desarrollar su nacionalidad y sus instituciones democráticas, la hora del socialismo aún no ha sonado. ¿Qué hace esta gente militando entonces en el seno de la izquierda? No desesperemos: algunos ya han tomado conciencia de que su lugar verdadero está en las filas de los partidos burgueses. La existencia de un grupo alrededor de Lallemant, que habría conservado subterráneamente un marxismo revolucionario en el seno de un socialismo mayoritariamente reformista, es un puro invento de Puiggrós y Ratzer. No hay tal grupo, no hay tal marxismo revolucionario, no hay tal origen. Sólo que los escritores buscan afirmarse emocionalmente con el "mito de los orígenes", el cual demostraría que los "antepasados" de sus ideas no eran todos villanos de película. Para reafirmarse en sus críticas a Juan B. Justo, inventaron un Lallemant opuesto, "injustamente olvidado". El verdadero marxismo revolucionario descree de los orígenes puros y somete todo al tamiz de la crítica, porque sólo de ella podrá surgir la verdadera comprensión de las condiciones que forjaron la historia del movimiento obrero. Notas: 1. Ferrari, Roberto A., Germán Avé Lallemant, ICCED, San Luis, 1993. El artículo de Fermín Chávez "Un marxista alemán en San Luis", en Todo Es Historia nº 310, mayo de 1993. 2. García Costa, Víctor O., El Obrero: selección de textos, CEAL, Buenos Aires, 1985. 3. Ratzer, José, Los marxistas argentinos el 90, Pasado y Presente, Córdoba, 1969. Véase también El movimiento socialista en Argentina, Agora, Buenos Aires, 1981. 4. Puiggrós, Rodolfo, Historia crítica de los partidos políticos argentinos, Argumentos, Buenos Aires, 1956, pg. 151. 5. Paso, Leonardo, La clase obrera y el nacimiento del marxismo en la Argentina, Anteo, Buenos Aires, 1974. 6. Chávez, Fermín, ob. cit. 7. García Costa, Víctor, ob. cit. 8. Marx, Carlos y Engels, Federico, Manifiesto del partido comunista, Anteo, Buenos Aires, 1985. 9. García Costa, Víctor., ob. cit., pg. 42. 10. Idem, pg. 46. 11. Idem, pg. 47. 12. Paso, Leonardo, ob. cit., pg. 195. 13. En La Vanguardia, 21 de julio de 1894, citado por Emilio Corbière en el prólogo a Bauer, Alfredo, La Asociación Vorwärts y la lucha democrática en la Argentina, Legasa, Buenos Aires, 1989, pg. 19. 14. Oddone, Jacinto, Historia del Socialismo Argentino, Talleres Gráficos La Vanguardia, Buenos Aires, 1934, 2 tomos. 15. "La industria nacional", La Agricultura nº 189, 13-8-96, pg. 600. 16. "La exposición proyectada. Agricultura e industria. Lo que hace falta", La Agricultura nº 181, 18-6-96, pg. 464. 17. "La industria nacional", La Agricultura nº 189, 13-8-96, pg. 600. 18. "La exposición proyectada. Agricultura e industria. Lo que hace falta", La Agricultura nº 181, 18-6-96, pg. 464. 19. Malaj, Norberto, "Juan B. Justo: ¿Un Lasalle latinoamericano?", En Defensa del Marxismo nº 12, Buenos Aires, mayo de 1996. 20. Citado en Paso, Leonardo, ob. cit., pg. 87. 21. Idem, pg. 89. 22. Idem, pg. 90. 23. "Colonización o latifundios", La Agricultura nº 132, 11-7-95, pg. 534. 24. "Estancias", La Agricultura nº 157, 2-1-96, pg. 20. 25. Oddone, Jacinto, ob. cit., tomo II, pg. 385. 26. Justo, Juan B., Teoría y práctica de la historia, Líbera, Buenos Aires, 1969, pg. 104. 27. Kautsky, Karl, A questão agrária, Proposta, San Pablo, 1980. 28. Citado en Paso, Leonardo, ob. cit., pg. 188. 29. Idem, pg. 189. 30. Idem. 31. "La depreciación de nuestra moneda", La Agricultura, pg. 93, firmado con el seudónimo "Demócrata". 32. Citado en Paso, Leonardo, ob. cit., pg. 192. 33. Idem, pg. 179. 34. "Fenómenos notables en el campo de la evolución económica", La Agricultura nº 120, 18-4-95, pg. 318. 35. "La industria nacional y las huelgas", La Agricultura nº 201, 5-11-96, pg. 796. 36. Paso, Leonardo, ob. cit., pg. 167. 37. Idem. Ver también el interesante artículo de María Rosa Labastié de Reinhardt, "Una polémica poco conocida. Germán Avé Lallemant – José Ingenieros (1895-1896)", en Nuestra Historia nº 14, Buenos Aires, abril de 1975, pg. 86, donde se reproduce extensamente la polémica, traduciéndola del Vorwärts. 38. Paso, Leonardo, ob. cit., pg. 167. 39. Idem, pg. 205. 40. Joll, James, La II Internacional. Movimiento obrero 1889-1914, Icaria, Barcelona, 1976. 41. "El 1º de Mayo de 1890", en Prensa Obrera de mayo de 1996.

1 de julio de 1997
Sobre «Althusser: estrategia del impostor»

El leit-motiv del libro de Alejandro Bonvecchi (1) es el relato autobiográfico del polémico filósofo comunista francés Louis Althusser, llamado El porvenir es largo, que fuera escrito en 1985, tras un período de confinamiento psiquiátrico, a causa del asesinato de su esposa Helene Rytmann. Althusser fue considerado no responsable de sus actos, y se dispuso su internación y el cese del procedimiento penal ordinario. El homicidio perpetrado por Althusser en 1980 dio pie para las más sarcásticas chicanas sobre el marxismo. Argentina no fue la excepción: un teórico de la entonces llamada Renovación Peronista sostuvo que "las puertas del manicomio judicial se cerraban sobre Louis Althusser, víctima de un ataque de demencia criminal, certificando simbólicamente el agotamiento del marxismo como proveedor de diagnósticos y/o recetas para la transformación del mundo" (2). Para Bonvecchi, El porvenir es largo fue ideado por Althusser como una modalidad de autoanálisis, de cura autorrealizada … una reanudación de la guerra personal del mismo Althusser por la constitución de su propio ser (3). La autobiografía, narrada como si se tratara del caso de un tercero, y no del mismísimo Althusser, constituiría una delicada estratagema a cuya elucidación se dedica el libro de Bonvecchi. El autor se detiene fundamentalmente en el drama personal del filósofo francés, analizando su locura a la luz de textos de Foucault, Derrida y Lacan, ahorrándonos, es cierto, la cantinela acerca del "marxismo trágico". Pero también repasa, con la ayuda de Spinoza, Wittgenstein y Maquiavelo, la tarea teórica y la actuación política de Louis Althusser en el Partido Comunista de Francia (PCF). Para el autor hay una complicidad entre el drama íntimo del filósofo francés y su labor teórica-política: una tarea de impostura. Althusser mismo reconoce, en su autobiografía, su impostura como filósofo, al comentar, por ejemplo, que al momento de escribir las obras que le darían suceso en todo el mundo, es decir, Para leer El Capital y La revolución teórica de Marx, él "casi no conocía nada de la filosofía y casi nada de Marx" (4). Esta recensión se ocupará sólo de la labor teórico-política del filósofo comunista que fascinó a gran parte de la intelligentsia, por el coqueteo de Althusser con teóricos de otras disciplinas, como Levi-Strauss, Lacan, Bachelard, etc., puesto que "la inteligencia latinoamericana de izquierda, en su absoluta mayoría, cultiva con particular entusiasmo todo tipo de eclecticismo que aparezca como innovador, superando lo que sería el carácter arcaico del marxismo clásico" (5). El sistema althusseriano Bonvecchi señala que para Althusser, la filosofía tiene como operatoria "definir a la ciencia contra la ideología, distinguiendo aquellos modos del pensamiento que teorizan su propia actividad y … el mecanismo específico de esa teorización" (6). Esta concepción de la filosofía, siguiendo a Bonvecchi, sería posible gracias a dos condiciones epistemológicas: la distinción de realidad, es decir, la primacía de lo real sobre su conocimiento, y la idea de cientificidad, la "idea verdadera detentada" de Spinoza (7), es decir, proposiciones filosóficas, dogmáticas, no susceptibles de demostración. Ya es evidente que hay algo sospechoso en la concepción althusseriana … En Althusser, una formación social involucra un número de prácticas diferentes, aunque unidas en una totalidad compleja. Existiría, así, una práctica de la teoría, la famosa práctica teórica, cuyo resultado es la producción de conocimientos … Sabido es que el marxismo exige la unidad de teoría y práctica, pero para el althusserismo el problema de "la unidad de la teoría y de la práctica… no tiene ningún sentido", porque "la teoría misma es … proceso de producción" (8). Althusser proponía al marxismo un "elitismo" de izquierda, un revisionismo cientificista absolutamente disociado de la práctica revolucionaria. Será difícil no coincidir en que "la práctica teórica es una muletilla con la cual numerosos intelectuales pueden encontrar una autojustificación de su vida, pero no pasa de un mero juego de palabras" (9). Marx habría planteado en la Introducción de 1857, según Althusser, la existencia de dos objetos distintos: un objeto de conocimiento (por ejemplo, la idea del círculo), absolutamente diferente del objeto real (en el ejemplo: el círculo mismo) (10). Aquí Althusser "inventaba", puesto que lo que allí Marx sostenía era la existencia de un solo "concreto", un solo "objeto real", que el pensamiento se "apropia", "reproduce", pero no crea (11). Tampoco en El Capital se encontrará algo semejante, sino sólo la necesidad de distinguir el método de exposición, del método de investigación (12). Pero esta impostura le servirá a Althusser para fundamentar el proceso de la práctica teórica, que implicaría distinguir tres conjuntos de conceptos, llamados Generalidades I, II y III. La Generalidad I sería el punto de partida, el conjunto de conceptos (no de objetos reales) ideológicos, sobre los cuales actúan las Generalidades II (el conjunto de conceptos cuya unidad constituye una teoría). La Generalidad III es lo "concreto en el pensamiento", un conocimiento científico. En síntesis, la práctica teórica produce G. III por el trabajo de las G. II sobre las G.I. Para Althusser, esto es así con dos condiciones: entre G.I y G.III no existe jamás identidad de esencia, sino siempre transformación real de una generalidad ideológica a una científica; y el trabajo de pasar de G.I a G.III (de lo "abstracto" a lo "concreto") se desarrolla enteramente en el pensamiento. ¿Las implicancias de esto? Una versión idealista del marxismo, sin recurso a los datos empíricos, sin ninguna garantía ni criterio de verdad. Define las condiciones a priori de una ciencia (sin importar si es natural o social), y evita el "empirismo" de chequear qué sucede en el mundo. Discípulos británicos de Althusser llegarán a sostener que "las condiciones concretas no convalidan conceptos, son los conceptos los que convalidan los análisis de lo concreto. En consecuencia, la cuestión de la existencia o no-existencia del Modo de Producción Asiático no puede ser resuelta con referencia a formaciones sociales concretas, sino que es estrictamente una cuestión teórica" (13). Dialéctica hegeliana, dialéctica marxista En el libro, Bonvecchi analiza la separación que hace Althusser entre las obras de juventud y las obras de la madurez de Marx, señalando una ruptura epistemológica, que implicaba una separación radical entre la dialéctica hegeliana y la dialéctica marxista, comprobable en tres puntos fundamentales: la concepción de la totalidad social, la noción de contradicción y el desarrollo de los procesos sociales (14). En el primer punto, mientras que en Hegel se trata de una totalidad expresiva, donde cada parte del todo no es más que la expresión de la esencia del todo, en el marxismo hay un todo complejo estructurado ya dado, que en palabras de Althusser significa que "la estructura del todo, la diferencia de las contradicciones y de su estructura dominante, constituye la existencia misma del todo" (15). En el segundo punto, mientras en Hegel la contradicción es simple (la interpenetración de los opuestos), en el marxismo la contradicción está sobredeterminada, debiéndose distinguir entre contradicción principal y secundaria; el aspecto principal y secundario de la contradicción, y el desarrollo desigual de la contradicción (16). En el tercer punto, Althusser combate las versiones basadas en Hegel, según las cuales la Historia se desarrolla automáticamente, ya sea como resultado de leyes económicas (la IIª Internacional) o como resultado del tránsito del Sujeto de la Historia hacia su fin (el proletariado, según San Lukacs). Para Althusser, el marxismo plantea un proceso sin sujeto ni fines, donde "la historia no es la ejecución de algún plan impreso en la naturaleza del hombre. Es el resultado de la lucha entre clases diferentes y opuestas. Estas luchas son determinadas y condicionadas históricamente, pero la historia deja abierto su resultado" (17). Althusser tenía toda la razón al encarar un ataque contra la dialéctica hegeliana (claramente idealista y teleológica), demostrando que su mera "inversión" no alcanzaba para volverla materialista. En principio, porque Hegel, por sostener la primacía del pensamiento sobre el ser, confundía la expresión teórica de las contradicciones con su resolución en la realidad. La famosa identidad de los contrarios es simplemente la conciliación en la teoría de una contradicción no suprimida en la práctica. El marxismo no tiene nada que ver con esto, porque está dentro de las contradicciones (por ejemplo Trabajo vs. Capital), y no por encima de ellas (18). Pero en la exposición de qué entendía Althusser por dialéctica marxista es que empezaban los problemas. Así, lo que denomina sobredeterminación alude tanto a la pluralidad, a la complejidad, como a la unidad de las contradicciones en un todo complejo con estructura articulada con dominante (es decir, expresa simultáneamente las relaciones en y entre estructuras), lo que lo lleva a ver una contradicción donde en realidad hay dos (19). Analizando la metáfora marxista de base-superestructura, Althusser pensará el grado de autonomía de las superestructuras en el proceso social, y la determinación en última instancia de lo económico, con la intención, según Bonvecchi, de "que los marxistas se piensen a sí mismos como estructuralistas, y que los estructuralistas piensen a Marx como uno de los suyos" (20). Así, Althusser sostendrá que "jamás la dialéctica económica juega al estado puro. Jamás se ve en la Historia que las instancias que constituyen las superestructuras … se separen respetuosamente cuando han realizado su obra, o que se disipen como su puro fenómeno, para dejar pasar, por la ruta real de la dialéctica, a su majestad la Economía, porque los Tiempos han llegado" (21). Mucho estilo e ironía … pero contra molinos de viento, porque en vano se podrá encontrar en los análisis de Lenin o Trotsky una simpleza tal. Obviamente, en los epígonos se encontrará esto y aún más, pero conviene no olvidar que "Stalin revisa(ba) a Marx y a Lenin no con la pluma de los teóricos, sino con las botas de la GPU" (22). En el análisis de la ley de desigualdad del desarrollo, Althusser dará el argumento teórico más sofisticado en favor del "socialismo en un solo país", al sostener que es siempre la desigualdad interna la que explica la desigualdad externa, so pena de caer en el mecanicismo o en la pobre "interacción" entre lo interno y lo externo. Desigualdad interna, sí. Pero … ¿con respecto a qué? Porque aquí Althusser violenta su propio método, al negarse a considerar que Rusia formaba parte (como el "eslabón más débil") de una totalidad, de un todo complejo que era la internacionalización del modo de producción capitalista; por tanto, lo que correspondía era analizar qué combinación de aspectos producía aquélla dentro de una estructura (formación social) particular (23). Anti-humanismo, anti-historicismo La provocativa tesis de Althusser en el sentido de que el marxismo es un anti-humanismo, estaba destinada a intervenir ("práctica teórica" mediante, claro) en la coyuntura de los años 60, en el conflicto chino-soviético, apoyando veladamente la línea maoísta, al criticar el "humanismo socialista" con el que la burocracia de Moscú adornaba la coexistencia pacífica con el imperialismo y la represión interna. Para Althusser, el anti-humanismo teórico de Marx sería filosófico, no práctico, e implicaría la eliminación del concepto "hombre" de la teoría marxista como concepto central. "Los grandes humanistas burgueses, que proclamaron que es el hombre el que hace la historia, estaban luchando desde el punto de vista burgués entonces revolucionario contra la tesis religiosa de la ideología feudal, que sostenía que Dios es el que hace la historia ¡Pero ya no estamos en esos tiempos!" (24). Por eso, el "humanismo" se habría convertido en un arma filosófica para aquellos que preferían hablar de EL HOMBRE y no de la lucha de clases… Pero el problema en Althusser es, precisamente, la ausencia de la lucha de clases en sus escritos fundamentales, y su introducción (forzada) en sucesivas autocríticas, que transformaban sus posiciones de "provocativas" en "inconsistentes". Es que la visión althusseriana de los hombres como soportes de relaciones (la infuencia del estructuralismo), como sujetos/sujetados de manera inescapable por la ideología dominante, dejaba poco margen para la lucha de clases … El historicismo, según Althusser, sostiene que todo lo que existe es "histórico" (incluyendo individuos, instituciones, conocimientos, etc.), entendiendo por histórico todo lo que tenga una existencia absolutamente relativa, totalmente reductible al tiempo, sin ningún residuo que sobreviva a las circunstancias temporales. Para Althusser, "los conceptos teóricos que permiten el conocimiento de la historia no están sometidos al relativismo histórico" (25). Es paradójico que "Althusser, que comienza afirmando la universalidad del conocimiento en sus contenidos, termina negando la historicidad de las condiciones y de los procesos de su producción" (26). El historicismo, según Althusser, lejos de ser una característica del marxismo, sería un arma de la filosofía de la historia burguesa, empecinada en argumentar que Marx pudo, a lo sumo, haber expresado una "verdad" existente en el capitalismo del siglo XIX, pero como desde ese entonces el capitalismo cambió tanto … el marxismo sería arcaico. Pero más allá de las chicanas de los apologistas de la explotación, y como sostenía Lenin, "la dialéctica materialista de Marx y Engels … reconoce la relatividad de todos nuestros conocimientos, no en el sentido de la negación de la verdad objetiva, sino en el sentido de la condicionalidad histórica de los límites de la aproximación de nuestros conocimientos a esta verdad" (27). Althusser y el stalinismo Bonvecchi hablará de la "tensión maquiavélica" entre la empresa de Althusser y la política del PCF, citando su crítica al abandono del concepto de dictadura del proletariado por parte del stalinismo francés (28). Pero en realidad, las posiciones teórico-políticas de Althusser representaron, más allá de sus ambiguas intenciones, un compromiso con el stalinismo. Quienes percibieron esto con mayor celeridad fueron muchos de sus discípulos, que a fines de los 70, asustados por el Gulag y el Khmer Rouge, terminarán por denunciar al marxismo de "totalitario", y formando una corriente intelectual llamada la nouvelle philosophie (29). En los años 60, Althusser permaneció callado ante la invasión soviética a Checoslovaquia (que abortó la Primavera de Praga) y, peor aún, se atrevió a defender públicamente la vergonzosa actuación del PCF durante el Mayo Francés del 68. Althusser publicará, en 1973, un librito llamado Respuesta a John Lewis, escrito, según Bonvecchi, con el estilo de "una toma de posición de ésas que tanto gustaban a Lenin respecto de ciertos episodios de la lucha de clases en Europa" (30). Allí, Althusser afirma que en el XXº Congreso del PCUS, "la crítica de los errores de Stalin … fue conducida de una manera ajena al marxismo, criticando y denunciando el culto a la personalidad y resumiendo los errores como una violación a la legalidad socialista", resaltando que el culto a la personalidad representa un concepto que resulta "inhallable en la teoría marxista" (31). Acto seguido, Althusser reduce el stalinismo a una simple "desviación estaliniana", que lejos de ser producto de la lucha de clases en el contexto mundial de la década del 20, en realidad representaría "una forma de revancha póstuma de la IIª Internacional", encarnada en la ideología burguesa del economicismo/humanismo (32). Aquí es cuando se aprecia con mayor claridad el compromiso de Althusser con el stalinismo, dado que a la hora de poner a funcionar su pomposo sistema conceptual, lo único que ofreció fue un recurso vergonzoso a la metafísica … para ahorrarse un análisis político serio. Lejos de sonrojarse, Althusser sostiene, en el mismo libro, que los términos de las declaraciones oficiales de Khruschev alentaban dos tipos de crítica: una de izquierda (que sería el maoísmo), y una de derecha, que se aferraría a "oponer el Hombre a la violación de sus Derechos (o los simples consejos obreros a la burocracia)", en una torpe equiparación de "la ideología anticomunista burguesa con la teoría trotskista antiestaliniana" (33). Tendríamos, entonces, que la historia oficial de la burocracia stalinista explicaría "el fortalecimiento de organizaciones que subsisten desde hace 40 años sin haber logrado ninguna victoria histórica: las organizaciones trotskistas" (34). Al César lo que es del César … comparadas con las gloriosas victorias del stalinismo en, por ejemplo, China (1927), en Alemania (1933), en España (1936) … es indudable que la mayoría de las derrotas palidecerían. Finalmente, Althusser escribirá que "Stalin no puede … ser reducido a la desviación", porque "tuvo otros méritos ante la historia. Comprendió que era necesario renunciar al milagro inminente de la revolución mundial y emprender la construcción del socialismo en un solo país" (35). En síntesis: toma de posición, sí. De las que le gustarían a Lenin, es evidente que no. Althusser sólo criticará al PCF tras la ruptura del frente popular francés (la Unión de la Izquierda) y la consiguiente derrota en las elecciones de marzo del 78. En una serie de artículos publicados en la gran prensa burguesa (el diario Le Monde), se lamentará de cuán stalinista es un partido stalinista, criticando su organización y algunos aspectos de su política (36). "Solo no eres nadie. Es preciso que otro te nombre …" Esta frase, pronunciada por un personaje de Brecht, sirve para sintetizar la teoría althusseriana de la ideología. La afirmación de que "la ideología … interpela a los individuos en tanto que sujetos" (37), es decir, que todos los hombres son sujetos/sujetados por la ideología (nótese que "ideología", para Althusser, es siempre la ideología de la clase dominante), implicaba para el materialismo histórico darle a aquélla un poder explicativo inusual. La ideología, según Althusser, representa la relación necesariamente imaginaria de los hombres con sus condiciones reales de existencia, asegurando la cohesión social en general, tanto en la sociedad clasista como (¡he aquí una novedad!) en la sociedad que haya abolido las clases. Así, la ideología sobrevivirá a las clases sociales, y la opacidad de las relaciones sociales se verificaría también en el comunismo (la venganza del fetichismo de la mercancía, cabría suponer). Para Althusser, la ideología tendría existencia material, ya que la tarea de interpelación/constitución de los individuos en sujetos es llevada a cabo por los aparatos ideológicos del estado (AIE), que englobarían prácticamente todo (los sindicatos, la escuela, la familia, la iglesia, los medios de comunicación, etc.). La interpelación logra hacer que en los sujetos, "sus ideas sean actos materiales insertos en prácticas … normadas por rituales … definidos por el aparato ideológico del cual derivan las ideas de ese sujeto", de manera que "no hay práctica sino en y por una ideología", así como tampoco "hay ideología sino por y para sujetos" (38). Bonvecchi ve correctamente las "reminiscencias funcionalistas" de estas tesis, así como su diferencia: la existencia de un lugar (la ciencia) al margen de las interpelaciones de los AIE (39). El origen de estas posiciones está en que Althusser sostiene acertadamente que toda sociedad debe reproducir tanto las fuerzas productivas como las relaciones de producción, pero equivocándose al pretender que la reproducción se lleva a cabo en dos procesos distintos, y la ideología se ocupa de reproducir las relaciones de producción. Contrariamente, en Marx la acumulación de capital y el crecimiento del proletariado son productos concomitantes, aunque opuestos, de un mismo proceso. Pero en Althusser, "la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo exige una reproducción de su calificación sino … la reproducción de su sumisión a la ideología dominante" (40). Sin embargo, Marx demostró que en el capitalismo, a diferencia de otros modos de producción anteriores, la subordinación del trabajo al capital se encuentra realizada sólo en el mercado de trabajo, producto de la silenciosa coerción al plustrabajo, y nada tiene que ver con circunstancias políticas o ideológicas. En el mismo artículo, Althusser hará un par de supuestas "contribuciones" a la teoría marxista del Estado, sosteniendo la necesidad de distinguir entre aparato de Estado y poder de Estado, y de incluir los AIE dentro de ese aparato de Estado. El revisionismo es muy claro: la estrategia del proletariado sería ir ocupando posiciones en el aparato estatal (en los AIE), lo que permitiría ir cambiando las relaciones de producción, haciendo posible la "democracia avanzada" que el PC francés pregonaba en aquella época, como etapa previa a la "transición pacífica al socialismo". El final es largo … A fines de los 70, Althusser vivirá con particular angustia tanto la rápida devaluación de la perspectiva eurocomunista como el rumbo tomado en Pekín tras la muerte de Mao. La desmoralización lo llevará, en una conferencia de 1977, a sostener unas tesis que excedían largamente el terreno de la práctica teórica para entrar de lleno en el disparate … La crisis del marxismo se verificaría, según Althusser, en que le sería imposible (sic) dar una caracterización del régimen stalinista. Además, no existiría verdaderamente una teoría marxista del Estado; y en El Capital la plusvalía estaría demostrada sólo contablemente (41), lo que facilitaría la separación entre luchas económicas y luchas políticas… Un año después, Althusser rebajará drásticamente las pretensiones explicativas del materialismo histórico, que abarcarían únicamente (¡y con lagunas!) el modo de producción capitalista (42). En la obra posterior al drama personal que lo envolvió, su retirada del marxismo será radical, puesto que si "el marxismo rechaza la reducción estructuralista de la historia a mera contingencia" (43), el final de Althusser lo verá en un reencuentro con sus ex-discípulos, sosteniendo que "en lugar de pensar la contingencia como modalidad o excepción de la necesidad, hay que pensar la necesidad como el devenir necesario del encuentro de los contingentes" (44). A esto lo denominará materialismo aleatorio, en oposición a la filosofía marxista, que "no existe ni puede existir" (45). Para comprender, en síntesis, el final de la odisea althusseriana, bastará una sola cita, de poco antes de su muerte: "el pensamiento de Marx es un pensamiento con consistentes vacíos, y no nos ha dado nada (sic) para comprender la historia" (46). Notas: 1. Alejandro Bonvecchi, en Althusser: estrategia del impostor, Editorial Colihue, pág. 22. 2. Citado del suplemento Las palabras y las cosas, del diario Sur, pág. 3, Buenos Aires, 18/11/90. 3. Alejandro Bonvecchi, op. cit. 4. L. Althusser, en El porvenir es largo, Ediciones Destino, pág. 197. 5. Pablo Rieznik, en Populismo y Marxismo, Cuadernos del Sur diciembre 1991, pág. 124. 6. Alejandro Bonvecchi, op.cit., pág. 58. 7. Idem, págs. 59/60. 8. Alain Badiou, en Materialismo histórico y materialismo dialéctico, Siglo XXI Editores, pág. 96. 9. P. Rieznik, op.cit., pág. 135. 10. L. Althusser, en Para leer El Capital, Siglo XXI Editores, pág. 46. 11. Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política, Siglo XXI Editores, Tomo I, págs. 21/22. 12. K. Marx, El Capital, EDAF Ediciones, España, Tomo I, pág. 14.13. P. Hirst y B. Hindess, citados por Sue Clegg, en The remains of Louis Althusser, revista International Socialism nº 53, Londres. 14. A. Bonvecchi, op. cit., págs. 73/74. 15. La revolución teórica de Marx, Siglo XXI Editores, pág.170. 16. Aquí Althusser sigue a Mao, véase La revolución … op.cit., pág. 160. 17. Alex Callinicos, en El marxismo de Althusser, Premia Editora, pág. 66. 18. Sobre esto y el punto siguiente, ver el aporte de Jean Pouillon al libro Lectura de Althusser, Editorial Galerna, págs. 231/246. 19. Ver esta confusión el referirse a las fuerzas productivas y las relaciones de producción, en L. Althusser, La revolución… op. cit., pág. 79. 20. A.Bonvecchi, op. cit., pág. 98. 21. Idem, pág. 93. 22. L. Trotsky, Bolchevismo y Stalinismo, El Yunque Editora, pág. 27. 23. Ver el análisis de Trotsky del desarrollo desigual y combinado respecto de la revolución bolchevique, en Historia de la Revolución Rusa, Editorial Galerna, Tomo I, págs. 17/31. 24. Louis Althusser, citado en la revista Zona Erógena nº 5, Bs. As., pág. 28. 25. Idem, pág. 28. 26. Norman Geras, en Althussers Marxism, revista New Left Review, Enero/Febrero 1972, pág. 80. 27. V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, en Obras Completas, tomo XIV, pág. 128, Akal Editor, España. 28. A. Bonvecchi, op.cit., págs. 112/114. 29. Para una genealogía y crítica de esta corriente, ver el libro de Francois Aubral y Xavier Delcourt, Contra la nueva filosofía, Premia Editora, México. 30. A. Bonvecchi, op.cit., págs. 103/104. 31. L. Althusser, en Respuesta a John Lewis, Siglo XXI Editores, págs. 68/69. 32. Idem, págs. 88/89. 33. Ibídem, pág. 90. 34. Ibídem, pág. 91. 35. Ibídem, pág. 100. 36. Denunciará como una teoría hecha por encargo la del "capitalismo monopolista de Estado" destinada a fundamentar la política de "alianzas anti-monopolistas". Para todo esto, ver la traducción al castellano, de estos artículos en Lo que no puede durar en el partido comunista, Siglo XXI Editores. 37. Louis Althusser, Ideología y aparatos ideológicos del Estado, incluido en La filosofía como arma de la revolución, Siglo XXI Editores, Bs.As., pág. 133. 38. Idem, pág. 129. 39. A. Bonvecchi, op.cit., págs. 17/8. 40. Louis Althusser, Ideología y aparatos ideológicos…, op. cit., págs. 101/102. 41. Ver su conferencia sugestivamente titulada ¡Por fin la crisis del marxismo!, publicada en Poder y oposición en las sociedades postrevolucionarias, Editorial Laia, España. 42. Ver su contribución al libro Discutir el Estado, Folios Ediciones, págs. 11/21. 43. Alex Callinicos, en Modernidad y Postmodernidad, Alianza Editorial, pág. 266. 44. L. Althusser, fragmento de Filosofía y Marxismo, publicado en la revista La Ciudad Futura, Bs.As. pág. 24, 1989. 45. En Suplemento Las palabras y las cosas, op. cit. 46. Idem.

1 de julio de 1997
El gato chino

Gato rojo, gato blanco (1), de Robert Weil, se suma a la larga lista de libros, ensayos, estudios y publicaciones que tratan de desentrañar uno de los fenómenos más complejos de nuestra época y, sin dudas, uno de los más cargados de implicancias de largo alcance para la situación mundial en su conjunto: las reformas de mercado en China. En el lapso de veinte años, esas reformas convirtieron a China en el país económicamente más dinámico del planeta, en el principal receptor mundial de inversiones externas (a excepción de los Estados Unidos) y, bajo un régimen que se autoproclama como socialista, en el mayor centro mundial de acumulación de capital. Al mismo tiempo, estas reformas han provocado una polarización social desconocida en China en los últimos cincuenta años. El trabajo de Weil está enderezado a investigar las contradicciones creadas por estas reformas y, en consecuencia, a establecer un pronóstico sobre su viabilidad histórica. Robert Weil es un profesor universitario norteamericano y declarado admirador de Mao; enseñó la historia de su país en una Universidad del interior de China, en una de las regiones más empobrecidas del país, lejos de la fiebre capitalista de las zonas económicas especiales de la costa. A diferencia de la mayoría de los estudios académicos, el método que utiliza Weil es el del análisis de las clases sociales, sus intereses y su lucha. Esto porque, como sostiene correctamente, "las discusiones basadas en los conceptos de la sociedad civil contra el Estado (…) tienden a oscurecer el amplio rango del debate entre aquellos que están en el poder y entre las más amplias masas del pueblo acerca de la dirección que debe tomar China. Por lo tanto, la pintura del estatismo comunista versus las fuerzas populares (…) es inadecuada como base para el análisis de las actuales contradicciones en la sociedad china y casi seguramente serán un instrumento insuficiente para comprender los eventos futuros". Durante su estancia en China, Weil acopió una inmensa masa de informes, de estudios y de series estadísticas de primera mano sobre las reformas, reforzadas por su propia experiencia personal. Cuando el autor se dedica a caracterizar el proceso económico y social chino y sus contradicciones, apoyándose en esa gran masa de materiales que ha estudiado y procesado, el libro tiene sus mejores momentos. Cuando se desliza hacia un género que podría calificarse como impresiones de viajero, aunque mantiene su interés, su análisis pierde agudeza y penetración. Las tesis fundamentales de Weil, alrededor de las cuales gira todo su trabajo, son dos. La primera es que "la mezcla de contradicciones (económicas, sociales, políticas, regionales, internacionales)" que emergen y se profundizan como consecuencia de las reformas, ha creado una situación "cada día menos viable", "crecientemente inestable y socialmente insoportable". Puesto que se "ha alcanzado un nivel de contradicción que debe ser rápidamente resuelto", Weil pronostica una agudización de la lucha de clases y, como consecuencia, una nueva revolución: "Cuando llegue el inevitable día del ajuste de cuentas, todos sus teléfonos celulares y sus coches lujosos no serán suficientes para salvar a los nuevos ricos chinos (…) si los cientos de millones de obreros y campesinos deciden que ya han tenido suficiente, y retornan una vez más a la vía revolucionaria que siguieron durante tanto tiempo y con la cual ganaron tanto". La segunda tesis de Weil es que, sin esa revolución, objetivamente planteada, el automatismo económico de las reformas y los intereses sociales de "las nuevas fuerzas emergentes (…) no podrán ser contenidos" y llevarán a la restauración plena del capitalismo en China. "Desde esta perspectiva, la única cuestión es (…) cuánto tiempo puede tomar ese proceso (…) de conversión hacia una forma de capitalismo totalmente privado. No hay dudas que la completa reversión hacia el sistema capitalista es el objetivo de muchos elementos del gobierno, especialmente de aquellos estrechamente ligados a las empresas mixtas con el capital extranjero". En otras palabras, para Weil, el régimen político es un agente consciente de la restauración y de la destrucción de las bases sociales del Estado obrero. "La retórica del socialismo es mantenida (…) en un esfuerzo por oscurecer el verdadero alcance de las reformas de mercado … ". Caracterización del proceso económico Robert Weil realiza un detallado estudio del proceso económico de las reformas, que comienzan en 1978 con la liquidación de las comunas rurales y que siguieron, poco después, con la apertura de las zonas económicas especiales en la región costera. Weil encuentra que "las empresas mixtas (con el capital extranjero) son la expresión arquetípica del nuevo sistema, una forma híbrida que supuestamente representa las características especiales del socialismo chino. De esta manera, las dos partes del sistema están estrechamente combinadas, creando una mezcla de fondos privados públicos, en la cual la línea que teóricamente separa las formas socialista y capitalista se vuelve crecientemente confusa". El papel que juegan estas empresas mixtas es muy superior al que indica su peso en la producción global: son las más dinámicas, las más rentables, dominan el comercio exterior y la producción en los sectores económicos claves, en especial los de alta tecnología, y "quizás todavía más importante, son vistas por el gobierno como la vanguardia de las nuevas relaciones sociales". "El motor que conduce todo el proceso es la masiva inyección de capitales externos …" que han llegado a China para ser valorizados por una fuerza de trabajo excepcionalmente barata, joven, educada y artificialmente atomizada. Según calcula el propio Weil, los capitalistas radicados en Hong Kong emplean tres millones de trabajadores, con salarios que oscilan entre dos y cuatro dólares diarios, lo que les reporta un ahorro anual es decir, un superbeneficio de 12.000 millones de dólares. Mucha de esta inversión externa Weil calcula que puede alcanzar a las dos terceras partes son fondos fugados por los propios burócratas, que reingresan a China a través de sociedades pantallas para asociarse consigo mismos, beneficiándose con las ventajas impositivas que gozan los inversores externos. En consecuencia, muchas de las llamadas empresas mixtas son, en realidad, enteramente propiedad de los burócratas. La propiedad estatal ha sido puesta al servicio del enriquecimiento privado de los burócratas, algo que "en ningún lugar es tan evidente como en el caso de la tierra, que continúa siendo en su totalidad propiedad del Estado chino, pero que sin embargo sirve de base a un floreciente mercado privado de bienes raíces basado en la concesión de parcelas individuales a largo plazo, con el derecho a vender estas concesiones y los edificios construidos en ellas". En las empresas estatales, "se ha marchado hacia una forma de propiedad semiprivada, en la cual cada empresa controla sus propias finanzas y retiene una gran proporción de sus beneficios, aunque continúan sujetas a la regulación del Estado y deben compartir al menos una parte de sus beneficios". Esto último es puramente formal, por cuanto los gerentes de las empresas estatales utilizan una inmensa gama de recursos contables para esconder esos beneficios y retenerlos bajo su control. Como consecuencia de la privatización de facto de las empresas estatales, "en artículos y editoriales en los periódicos gubernamentales, se admite abiertamente que no está resuelto a quién pertenecen estas empresas actualmente". Weil resalta que, de la misma manera en que han desaparecido los límites entre la propiedad colectiva y la privada, también han desaparecido los límites entre los medios legales e ilegales de enriquecimiento de los burócratas: así florecen la corrupción, la utilización de las conexiones políticas y de los lazos familiares con burócratas del más alto nivel, la especulación y el saqueo directo de la propiedad estatal. "La depredación es apenas un aspecto de la reconversión capitalista de la burocracia, que se completa con su integración a la circulación mundial a través del comercio, de las inversiones en el exterior y de las inversiones externas en China, de la asociación capitalista de las empresas estatales chinas con los grandes pulpos financieros e industriales del mundo, para la explotación en común de la clase obrera china" (2). En resumen, Weil demuestra que el contenido concreto del proceso económico de las reformas es la liquidación de la propiedad colectiva, que como tal ha dejado de existir en China. Las contradicciones y las consecuencias catastróficas creadas por la destrucción de la propiedad pública y por la masiva penetración del capital imperialista son de muy largo alcance. En primer lugar, "la nueva prosperidad china, especialmente en las zonas costeras, es crecientemente dependiente de la financiación externa para sostener el presente crecimiento y sus futuras esperanzas". Sin embargo, el peso creciente del endeudamiento externo y la aparición de un déficit del comercio exterior son un límite al crecimiento sostenido de la inversión externa. La ola inflacionaria provocada por la rampante especulación y la política de emisión monetaria oficial, aunque ha servido para el rápido enriquecimiento de los burócratas, es enormemente destructiva para las condiciones de vida de las masas, para las empresas estatales y para la producción agrícola. Como consecuencia del endeudamiento, de la competencia obligada con el capital extranjero y de la llamada tijera de precios (el aumento relativo de los precios de sus insumos frente al de sus productos), la inmensa mayoría de las empresas estatales está virtualmente en quiebra y continúa operando gracias al subsidio estatal. No es de extrañar, entonces, que la producción de las empresas estatales haya caído del 77% del producto bruto (en 1978) al 52% en 1992, y continúe cayendo aceleradamente. La quiebra de las empresas estatales ha llevado a una forma de privatización especialmente destructiva: "el Estado ha promovido la adquisición hostil de las empresas en quiebra por inversores externos. (…) Crecientemente, en consecuencia, algunas empresas están adquiriendo otras simplemente para obtener sus equipos y bienes raíces, sin ninguna preocupación por continuar la producción o mantener la fuerza de trabajo". En el campo, el laboratorio inicial de las reformas, la situación está próxima a la catástrofe. Como consecuencia de sus propias tijeras (el aumento relativo de los precios de los insumos, en particular los fertilizantes, respecto de los granos), de las exacciones a los campesinos por parte de la burocracia, del desvío de los fondos destinados a las obras de infraestructura y al pago de las cosechas hacia la especulación inmobiliaria, de la utilización de tierras cultivables para la construcción de complejos hoteleros y canchas de golf, y de la sustitución del cultivo de cereales por otras producciones más lucrativas, ha caído la superficie cultivada, la inversión per cápita en la agricultura y la producción per cápita de cereales. Provincias históricamente exportadoras de cereales se han convertido en importadoras. La reforma ha roto el equilibrio alimentario (es decir, la correspondencia entre el incremento de la población y el incremento de la producción de alimentos) y esto está sólo en sus comienzos: citando estadísticas oficiales, Weil revela que, a principios del siglo próximo, "la superficie cultivable por persona habrá caído al 50% de la existente cuando comenzaron las reformas …". La conclusión de Weil es indiscutible: "En una economía que debe alimentar a la quinta parte de la población mundial y donde todavía las tres cuartas partes de su población son total o parcialmente dependientes de la agricultura para asegurar su subsistencia y su supervivencia básica, estos desenvolvimientos pueden tener consecuencias extremadamente horribles". El retroceso de la producción agrícola ha sido paralelo a la concentración de la tenencia de la tierra y de la producción: esto ha provocado una expulsión en masa de campesinos, que se dirigen a las ciudades, donde se convierten en la principal fuente de mano de obra de las empresas mixtas y de las empresas extranjeras, y han puesto a los servicios públicos (salud, educación, vivienda) al borde del colapso. Se calcula que en la actualidad "ya superan los cien millones de personas (el equivalente a toda la fuerza laboral norteamericana) y que, a principios del siglo próximo, llegarán a 250 millones (el equivalente a la población combinada de Gran Bretaña y Francia)". También a nivel macroeconómico, las contradicciones creadas por las reformas son espectaculares. "Algunas regiones han ido tan lejos como limitar las importaciones y exportaciones (de otras regiones de la propia China), erigiendo barreras protectoras de sus propias industrias emergentes. Existe también una amplia falsificación de datos económicos. Estas políticas han generado una crisis creciente, en la forma de un masivo déficit del gobierno central (…) e incluso la amenaza de desintegración nacional y el crecimiento de formas de feudalismo regional, uniendo a los funcionarios del partido y del Estado, a los inversores y empresarios y a las direcciones militares locales, la recurrente pesadilla de la historia china". El déficit fiscal plantea la imposibilidad de continuar subsidiando a las empresas públicas, a la producción agrícola, a los artículos de primera necesidad y al sistema de seguridad social. Aquí también, las consecuencias son explosivas. Otra expresión de la "debilidad" del gobierno central es el fracaso sistemático de sus políticas de control macroeconómico (impuestos y emisión monetaria), que han sido burladas y saboteadas por el propio régimen político burocrático. A diferencia de la mayoría de los estudiosos académicos, Weil no ve nada de socialismo en esta pretensión de intervención estatal: "mucho de lo que se califica como socialización no es más que un esfuerzo para forzar a las empresas a trabajar a través de los métodos normales asociados al capitalismo, en lugar de obtener sus beneficios mediante el fraude, la corrupción y la especulación". Como consecuencia de las reformas, finalmente, no sólo se han agudizado todas las contradicciones sociales: entre los nuevos ricos y las masas; dentro de las masas, entre los obreros de la ciudad y los campesinos; entre los ocupados y los desocupados; entre los hombres y las mujeres; entre la costa rica y el interior pobre. Constantemente, se recrean las condiciones para que esas contradicciones sociales continúen agudizándose. Un ejemplo ilustrativo que presenta Weil es la llamada fuga de cerebros interna, es decir, la masiva emigración de técnicos y universitarios altamente calificados formados en el interior hacia los lucrativos empleos en la costa, lo que cuestiona todavía más las posibilidades de desarrollo de las regiones más atrasadas. El cuadro que presenta Weil acerca de las reformas chinas la liquidación de la propiedad colectiva y la utilización de la propiedad estatal para el enriquecimiento privado de los burócratas, es decir, la disolución de las bases sociales del Estado obrero por parte de la propia burocracia y la intrincada red de contradicciones de toda índole que estas reformas han generado, es irrefutable. La situación de las masas Uno de los apectos más logrados del libro de Weil es su sistemática denuncia del derrumbe de las condiciones de vida de las masas que han provocado las reformas, y de la aparición de un tipo particular de miseria, esencialmente ligado al mercado. Weil denuncia que las reformas provocaron la aparición de la desocupación masiva alrededor de ochenta millones de personas y la liquidación más o menos completa de la seguridad social con que contaban los trabajadores de las empresas estatales (salud, educación, vivienda, esparcimiento, jubilación). Las nuevas empresas mixtas que no brindan ninguno de estos beneficios a sus trabajadores y que, además, pueden superexplotarlos y despedirlos sin ninguna limitación fueron utilizadas "como fuerzas de choque para quebrar el antiguo sistema (de beneficios sociales) y forzar a la clase obrera china a aceptar las nuevas fuerzas del mercado". Las condiciones de explotación del trabajo asalariado son, simplemente, brutales: salarios de un máximo de 4 dólares diarios por jornadas de hasta 14 horas, siete días a la semana. Según estadísticas oficiales, citadas por Weil, un tercio de los trabajadores ha sido forzado a realizar horas extraordinarias sin pago adicional; un tercio de las instalaciones no reúne las condiciones mínimas de seguridad industrial; más de la mitad de las mujeres no cuenta con seguro de maternidad; en el 90% de las empresas mixtas o de capital externo se violan las leyes laborales; apenas el 20% de los trabajadores chinos se encuentra organizado en sindicatos. Citando informes oficiales, Weil señala la brutal elevación de los accidentes laborales. El incremento del 63% en los accidentes laborales mortales, producido entre 1991 y 1992, fue pequeño en comparación con lo que siguió: a los 15.000 obreros muertos en 1992, le siguieron una serie de grandes desastres en los primeros meses de 1993, que causaron más de 60.000 muertes sólo en los meses de enero y octubre. "Aunque el número de accidentes es especialmente marcado en las empresas extranjeras y mixtas, sin embargo estas condiciones se han extendido también a las empresas estatales". El conjunto de las condiciones de trabajo existente en las empresas mixtas se generaliza a los trabajadores de las empresas estatales. "Clave en esta evolución es el nuevo sistema de contrato (…) bajo el cual los trabajadores son pagados de acuerdo con su producción (…) al mismo tiempo, las empresas obtienen mayores derechos para contratar y despedir trabajadores y fijar sus propias escalas salariales. Alrededor del 25% de la fuerza laboral de las empresas estatales ha firmado estos contratos y en Shangai (uno de los centros de la reforma), esta proporción ya ha alcanzado al 98%". Además, y en forma creciente, las empresas estatales están liquidando sus sistemas de seguridad social, lo que ha llevado a la aparición de mercados privados de salud, vivienda, jubilación y educación, en los que los trabajadores deben pagar enteramente el costo de estos servicios. La privatización de la educación y de la salud que ya comienza a verse en las ciudades está muy arraigada en el campo, donde alrededor del 20% de los campesinos no pueden pagarse ninguna cobertura médica. Como consecuencia, desde el inicio de las reformas ha caído la expectativa de vida en el campo. Sin escuelas y sin médicos, dice Weil, con las reformas los campesinos "han vuelto a sufrir como clase". Las consecuencias de las reformas han sido especialmente destructivas para los sectores más débiles de las masas, en particular los niños. En las grandes ciudades, reaparecieron los chicos de la calle (el número de niños sin techo crece un 40% cada año) y el trabajo infantil (sólo en la provincia costera de Guangdong trabajan más de 500.000 niños). El retroceso social provocado por las reformas se verifica especialmente en las condiciones de vida de las mujeres. Son la principal fuerza de trabajo en las industrias más superexplotadas de la costa (como la textil) y el principal blanco de los despidos. Como no perciben ninguna indemnización ni subsidio, el despido es la antesala del divorcio, de la ruptura familiar y del abandono de los hijos. En el campo, aunque también en las ciudades, reapareció la práctica brutal extirpada por la revolución de la compra de esposas, que encubre el montaje de grandes redes de prostitución. Incluso las mujeres de los estratos sociales más privilegiados no han podido escapar al retroceso social provocado por las reformas: Weil señala que han sido desplazadas de los puestos de dirección de las empresas y de la enseñanza universitaria, y se ha reducido el número de niñas inscriptas en todos los niveles de la educación. Los resultados crecientemente catastróficos de las reformas de mercado para las masas están provocando un significativo incremento de la actividad reivindicativa de los explotados. En 1993 tuvo lugar una ola de protestas campesinas contra las exacciones ilegales de los burócratas locales, y ese mismo año "el gobierno se manifestó profundamente preocupado por una ola de huelgas salvajes y de ataques a los gerentes de las empresas", que incluso provocaron la muerte de algunos de ellos. "En las ciudades y en las grandes empresas, ocurrieron más de 6.000 huelgas en 1993, provocando interrupciones en la producción y la amenaza de formas más amplias y radicales de lucha". China y el mercado mundial Interesa señalar una limitación importante del trabajo de Weil: el encuadre puramente nacional con que estudia el proceso de las reformas y sus consecuencias económicas y sociales. Para Weil, los motivos que las provocaron son esencialmente chinos: uno, la pretensión de Deng de superar el atraso del país mediante una política que Weil caracteriza como "desarrollista"; dos, el hecho de que el país contara con una abrumadora mayoría campesina. "El socialismo de mercado escribe Weil en sus orígenes puede ser entendido como la expresión de la clase media o sea, del componente pequeñoburgués de la Revolución China, un elemento que ciertamente tiene una fuerte base en un país abrumadoramente rural y económicamente atrasado". Ciertamente, Weil analiza el efecto producido en China por su apertura al mercado mundial y, también, el impacto provocado por China en el propio mercado mundial (el desplazamiento de algunas potencias imperialistas de segundo orden en el comercio mundial). Pero no por eso su enfoque deja de ser puramente nacional. Esto porque no destaca el papel fundamental que jugaron las reformas chinas en la circulación mundial de capitales y plusvalía. Con las reformas, China se ha convertido en el principal centro mundial de acumulación capitalista; el propio Weil destaca que el beneficio de largo plazo de las empresas imperialistas radicadas en China ronda el 25%, más del doble del que obtienen en los Estados Unidos. Esos fenomenales beneficios han servido para sostener la tasa de ganancia de la burguesía mundial y, en este sentido, China ha sido un pulmón y hasta podría decirse que un pulmotor insuperable para el capitalismo mundial. ¿Qué hubiera pasado con la tasa de beneficio si la inmensa masa de capitales que se volcó en China no hubiera podido ser aplicada a extraer plusvalía de los millones de obreros chinos? Si durante el período de las reformas chinas, la economía mundial conoció una tendencia al estancamiento, con una reducción significativa de la tasa de crecimiento de los principales países capitalistas, la depresión que hubiera provocado mantener ociosa o en actividades poco lucrativas la masa de capitales que pudieron ser dirigidos a China, habría sido simplemente fenomenal. La colonización de los ex Estados Obreros constituye una salida para el gran capital, porque le permite encontrar un terreno donde aplicar los capitales excedentes, obtener fenomenales beneficios especulativos y atacar a las clases obreras de sus propios países, utilizando la baratura de la mano de obra china para forzar a esas clases obreras a aceptar una reducción del valor de su fuerza de trabajo. La restauración del capitalismo en los ex Estados Obreros es un fenómeno esencialmente mundial, internacional, cuyas fuerzas motrices son la burocracia restauracionista y la enorme presión del capital financiero mundial para darle una salida a la sobreproducción de capitales y a la caída de la tasa de beneficios, derrumbando las limitaciones que le impone la propiedad estatizada y ampliando radicalmente la fuerza de trabajo de la cual extraer plusvalía. En este sentido, es aleccionador el paralelismo entre las políticas reformistas (en China comenzaron en 1978) y los primeros signos de que la tasa de crecimiento económico de las grandes potencias se había reducido significativamente, como consecuencia del agotamiento del boom de la posguerra. No es éste, sin embargo, el único motivo por el cual la restauración del capitalismo en los ex Estados Obreros debe ser considerada un fenómeno de naturaleza mundial. En China, como en todos los restantes ex Estados Obreros, la política restauracionista significó el establecimiento de una alianza abierta entre el imperialismo y la burocracia para expropiar a las masas y liquidar las bases sociales del Estado (la propiedad estatizada, el monopolio del comercio exterior y las finanzas, la planificación). Esa alianza que en China incluso ha tomado la forma de un tipo especial de empresas, las mixtas es la expresión final de un conjunto de acuerdos políticos contrarrevolucionarios de alcance mundial, que tuvieron su debut con la histórica visita de Nixon a Pekín en 1971. La restauración del capitalismo es, en este sentido, una acción defensiva de la burocracia y del imperialismo frente a las masas que amenazan con desarrollar una acción revolucionaria (la Revolución Cultural). Al reforzar socialmente a la burocracia china frente a su propio proletariado, y también al imperialismo frente a las clases obreras de sus respectivos países, la restauración del capitalismo en los ex Estados Obreros significa un ataque a la clase obrera mundial. Es, por lo tanto, un fenómeno esencialmente internacional. El énfasis que el PO ha puesto, desde hace años, en destacar el carácter mundial de la crisis y la unidad íntima entre el proceso de la crisis capitalista y la restauración del capitalismo en los ex Estados Obreros, obedece a la importancia que esto tiene desde el punto de vista de las perspectivas políticas trazadas. Es que, si como sostiene Weil, la restauración es un fenómeno esencialmente endógeno, el proceso de las reformas está cerrado y no tiene retorno, algo que Weil también afirma. Pero si, como sostenemos, el proceso de la restauración es una expresión de la crisis mundial, es la propia crisis mundial la que puede invalidar las reformas; por lo tanto, no lo consideramos un proceso cerrado , sino que su destino final todavía debe ser zanjado en la arena de la lucha de clases mundial. Así, la nueva elite china debe encontrar su lugar en el mundo en competencia con las grandes potencias imperialistas. Pero el capitalismo es incapaz de integrar plenamente a China a la economía mundial, abarrotada de mercancías y capitales excedentes. "O mejor, sólo la puede integrar destruyéndola, para que sea una salida para la crisis capitalista y no una competencia para los propios capitalistas. Este es el punto clave, y éste es el punto que está tratando de plantear la burguesía norteamericana respecto a China: destruir económicamente a China. Por eso, el imperialismo yanqui no acepta a China en la Organización Mundial del Comercio, salvo que China acepte la completa, lisa y llana apertura total del mercado chino a todas las mercancías extranjeras. Y la presión del imperialismo sobre China se ha agudizado a un extremo tal que China ha aceptado (que a partir) del 1º de enero la moneda china se transforme en convertible; por lo tanto, quedan autorizadas las libres remesas de capitales de China a cualquier otro lugar del mundo, la fuga de capitales de China. Dada la dimensión de la crisis que esto va a provocar en China, no va a ser para nada un proceso pacífico, y esto es lo que lleva a los planteamientos de reforzamiento de la seguridad militar en Asia, a los acuerdos militares de Estados Unidos con Japón y con Taiwán (…). Entonces, vemos diseñarse el escenario de las grandes guerras del futuro, como consecuencia de la crisis mundial" (3). Lo que tenemos, en consecuencia, es que el carácter "crecientemente inestable y socialmente insoportable" de la situación mundial, tomada en su conjunto, es lo que cuestiona la viabilidad histórica de las reformas de mercado chinas. Mao y Deng, o el gato rojo y el gato blanco Weil dedica una buena parte de su libro a discutir y oponer las estrategias políticas de Mao y Deng, a las que considera "las dos fuerzas enfrentadas fundamentales en China, visiones alternativas para el orden social que son representadas por las divergentes ideologías y políticas de esos dos líderes históricamente dominantes" . El autor refleja esta oposición con un juego de citas que da título al libro: a la famosa cita de Deng, "No importa el color de un gato si caza ratones", Weil le opone una respuesta sarcástica y poco conocida de Mao: "Semejantes personas no entienden la lucha de clases y siempre fracasan en anteponer sus principios fundamentales. Si (para ellos) es lo mismo si el gato es blanco o es negro, tampoco diferenciarán si es imperialismo o marxismo-leninismo". Para Weil, Mao es el gato rojo y Deng es el gato blanco; el autor no oculta su simpatía, y aun su admiración, por el gato rojo. Para Weil, el principio estratégico de Mao es la lucha de clases, que está asociada a sus tres logros fundamentales: la expulsión del imperialismo, la transformación de las relaciones sociales y una estrategia de desarrollo económico basada en el igualitarismo. Para Mao, dice el autor, "la lucha de clases continúa incluso bajo el socialismo". Como resultado de las terribles consecuencias de las reformas penetración masiva del imperialismo, polarización social, corrupción rampante, debilitamiento del aparato del Estado central frente a las tendencias desintegradoras del mercado mundial y de la asociación de intereses entre la burocracia del partido, del Estado y del ejército, los inversores externos y los empresarios chinos, Weil pronostica "un renacimiento del maoísmo". El principio estratégico de Deng, en cambio, sería "una teoría unilateral del desarrollo, a la cual todos los restantes objetivos deben ser sacrificados y por medio de la cual todas las demás dificultades, incluso las tendencias a la explotación y a la polarización social, pueden ser resueltas, si el crecimiento es lo suficientemente rápido (…). El éxito de esta rápida expansión requiere que no haya actos desorganizadores que los afecten". La combinación de rápido desarrollo económico, con su secuela de creciente inestabilidad para la vida de millones de chinos, y de mantenimiento de la estabilidad social a cualquier precio, dice Weil, ha llevado a la masacre de Tienanmen. La falla de este análisis radica en que no es cierto que Mao y Deng representen líneas antagónicas desde el punto de vista de clase, es decir, que correspondan a intereses sociales contrapuestos. Uno y otro son la expresión de los intereses de la misma base social la burocracia del Estado obrero confrontada a etapas históricas diferentes. La clave para comprender que Mao y Deng son representantes, por igual, de la misma capa social radica en el desenlace de la Revolución Cultural. Como ya se ha señalado en otro trabajo, "La Revolución Cultural fue iniciada por la fracción maoísta, cuando pretendió zanjar una crisis abierta en el aparato del PCCh recurriendo a una movilización limitada de las masas, con el objeto de depurar a los elementos hostiles a Mao, que poco antes habían intentado desplazarlo de la dirección. Pero lo que se inició como una maniobra de aparato se convirtió, rápidamente y por la intervención de las masas, en una crisis política general y aun en una semi-guerra civil. Primero los estudiantes y luego los obreros, comenzaron a plantear sus propias reivindicaciones sociales; comenzaron las grandes huelgas, el surgimiento de organizaciones obreras independientes y el planteamiento de reivindicaciones políticas: el derecho a criticar no sólo a los privilegiados opuestos a Mao sino a todos los privilegiados; la libertad de prensa y de partidos que no se opongan al socialismo y un régimen basado en la Comuna de París (…). El vuelo que estaba tomando la movilización obrera llenó de terror a la propia burocracia maoísta que la había desencadenado. Entonces, actuando en representación de la burocracia en su conjunto, Mao ordenó abrir fuego contra la izquierda y pasó a la represión directa sobre el movimiento obrero y los estudiantes. Fue la fracción maoísta y no sus opositores la que derrotó al enorme movimiento de masas que fue la Revolución Cultural …" (4). En este cuadro de reconstrucción del aparato estatal de la burocracia, que había sido seriamente golpeado por la movilización de las masas, Mao ordenó la repatriación de Deng, que él mismo había encarcelado, y su reinstalación en el poder. Weil pinta una versión completamente diferente del desenlace de la Revolución Cultural: "El error de Mao no fue hacer la Revolución Cultural, sino su fracaso para canalizar las fuerzas que él mismo inspiró en instituciones regulares de poder y expresión popular, de los niveles local a nacional, lo que habría dado el sólido basamento para un nuevo nivel de participación democrática por y para las masas (…). Entonces, no fue el error de haber ido demasiado lejos, sino el de no haber ido lo suficientemente lejos en transformar la sociedad, lo que debilitó la contribución duradera de la Revolución Cultural y la hizo vulnerable de ser rápidamente revertida después de la muerte de Mao". Pero ir más lejos hubiera requerido la expropiación política y económica de la burocracia. La evidencia histórica es que, para la burocracia maoísta, el retorno al poder de los "administradores purgados, el más notable de ellos Deng", era un mal menor ante la perspectiva del desarrollo de una revolución política, que planteaba la dinámica del movimiento de masas de la Revolución Cultural. Es precisamente el terror que le infundió la movilización de las masas a la burocracia, como casta privilegiada, lo que la empujó, decididamente, por el camino de la restauración, para poner sus privilegios al resguardo de leyes de propiedad. En este sentido, reiteramos, "el proceso de la restauración capitalista es un movimiento defensivo de la burocracia y del imperialismo mundial frente al peligro de la insurgencia revolucionaria de las masas" (5). El camino de la restauración en China, contra lo que sostiene Weil, no se inició con Mao, pero Mao sí le dio el marco político adecuado. Esto porque los acuerdos entre Nixon y Mao (de 1971), que establecieron una alianza contrarrevolucionaria estratégica entre la burocracia china y el imperialismo, fueron el requisito político imprescindible para el lanzamiento de las reformas; en este sentido, jugaron el mismo papel que los acuerdos de Helsinki para la burocracia soviética. Resulta evidente que, necesariamente, el primer paso en el camino de la restauración debe ser político: ni la burocracia hubiera pegado el salto al vacío de las reformas sin el acuerdo político del imperialismo, ni tampoco el gran capital mundial habría derramado miles de millones de dólares en China sin un acuerdo político con la burocracia. Este papel el del otorgamiento de las necesarias garantías mutuas entre el imperialismo y la burocracia es el que jugaron los acuerdos entre Mao y Nixon, y por eso "contenían en germen, por así decirlo, el proceso de la restauración capitalista, que no tardó en manifestarse abiertamente con la disolución de las comunas agrarias y la creación de las zonas económicas especiales costeras" (6). En este sentido, el maoísmo es decir, la pretensión de desarrollar el socialismo en el marco de una nación aislada y atrasada, y bajo la dominación de una férrea dictadura burocrática es cosa del pasado. Incluso quienes, dentro del aparato estatal, revalorizan a Mao, son firmes partidarios de la restauración capitalista. Esto lo evidencia el papel del Ejército, otrora depositario de los ideales socialistas e igualitarios y hoy convertido en una de las puntas de lanza de la restauración, como el propio Weil señala. En todo caso, la aparición de una reivindicación del igualitarismo vigente en la época de Mao y del derecho a la rebelión incluso bajo el socialismo que Weil encuentra en ciertas expresiones de las masas, "no es algo que pueda ser tratado en forma superficial, esto porque refleja dos tendencias contradictorias: de un lado, la expectativa de una solución dictada desde arriba por una burocracia con ceño austero o, del otro lado, la sospecha de que habrá que recurrir a los métodos de la guerra civil revolucionaria para acabar con los señores que han emprendido el camino capitalista …" (7). Las masas avanzan a partir de su nivel histórico de conciencia; la ilusión en Mao es, entonces, el necesario punto de partida para una evolución política posterior. El régimen burocrático no puede ser reformado ni enderezado. El derrocamiento de la burocracia y su expropiación social y política es el contenido de la revolución que, coincidimos con Weil, están engendrando las reformas de mercado en China. Notas: 1. Robert Weil, Red cat, White Cat. China and the Contradictions of Market Socialism; Monthly Review Press, Nueva York, 1996 2. Luis Oviedo, "Lecturas sobre la restauración del capitalismo en China"; En Defensa del Marxismo Nº 15, diciembre de 1996. 3. Jorge Altamira, "Comentario al Informe Internacional al VIIIº Congreso del Partido Obrero"; En Defensa del Marxismo Nº 15, diciembre de 1996. 4. Luis Oviedo, Op. Cit., pág. 133. 5. Idem. 6. Luis Oviedo, "China: principal fuente de acumulación capitalista"; En Defensa del Marxismo Nº 11, abril de 1996. 7. José Ortiz, "Las perspectivas de la revolución política en China"; en Prensa Obrera Nº 272, 29 de junio de 1989.