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En Defensa del Marxismo N° 15

1 de diciembre de 1996 · 17 notas

Notas de este número

1 de diciembre de 1996
El carácter de la situación mundial

El punto de partida del debate de la situación internacional es el análisis de la crisis capitalista tomada en su conjunto, de la crisis mundial, que como ya caracterizamos en otros congresos, es una categoría histórica específica que se refiere al momento en el que la descomposición del capitalismo, como sistema mundial, adquiere la forma de crisis políticas, de crisis revolucionarias que engloba, en un proceso único, a la burocracia de los estados obreros degenerados, ya previamente integrada a la economía mundial. La base de esta crisis mundial es la incapacidad del capitalismo para contrarrestar la tendencia declinante de la tasa de beneficio. Las manifestaciones que va adquiriendo esta crisis son múltiples, de una envergadura realmente enorme, y las hemos ido siguiendo en forma sistemática en nuestra prensa. El estancamiento de la producción a nivel mundial, o su mero crecimiento vegetativo; la existencia de una masa de desocupados que, en las actuales condiciones, no tiene ninguna posibilidad de ser reabsorbida; el agravamiento de las tensiones comerciales y monetarias entre las grandes potencias; el retroceso sistemático de las condiciones de vida de las masas en todos los países; la quiebra de grandes grupos económicos; la bancarrota de Méjico; el anuncio de crisis generalizadas en el Sudeste asiático y de una inminente crisis financiera internacional, que quizás haya comenzado ayer, con el derrumbe de las bolsas europeas y Wall Street; la incapacidad del capitalismo para darle una salida a los regímenes que emprendieron la restauración del capitalismo; el derrumbe de regímenes políticos centenarios, como es el caso de Bélgica; las guerras, como la de Yugoslavia; la catástrofe de Africa; la envergadura que está adquiriendo el movimiento reivindicativo de las masas a nivel mundial, incluso la emergencia de nuevos movimientos de características revolucionarias, como es el caso de Yugoslavia; son todas distintas manifestaciones de un proceso mundial único. Ultraimperialismo Sin embargo, esta caracterización es una opinión muy, muy minoritaria. Para la mayoría de las corrientes de pensamiento, incluida en esto el resto de la izquierda, no estamos frente a una crisis capitalista, sino frente a una etapa de auge, de crecimiento y de fortalecimiento del sistema de producción capitalista. Esto habría ocurrido como consecuencia de lo que se dio en llamar la globalización. ¿En qué consistiría esta globalización? En que, mediante la aparición de mercados aparentemente únicos a nivel mundial, desde el punto de vista financiero, desde el punto de vista de las mercancías, e incluso desde el punto de vista de la fuerza de trabajo, se habrían producido un conjunto de consecuencias políticas, sociales, e incluso culturales, que habrían abierto una nueva etapa histórica de desarrollo capitalista. ¿Cuáles son los puntos de apoyo de esta globalización? El primero, la circulación, sin limitaciones, de una masa de capital financiero que no guarda ninguna relación con el valor de la producción y del comercio internacional. Basta señalar se ha señalado ya inclusive en otros congresos que la masa de capital que circula en un día en las bolsas y los mercados monetarios del mundo, supera al monto del comercio mundial de un año. La segunda pata de esta globalización es la masiva exportación de capitales que habría tenido lugar en los últimos quince años, y que ha permitido que un pequeño grupo de pulpos imperialistas sea hoy el propietario de la tercera parte de los bienes de producción mundiales, y de una proporción inmensamente superior del comercio internacional. Esta globalización sería la obra de una nueva clase social, la burguesía mundial, esencialmente diferente de las burguesías clásicas porque se habría independizado del Estado nacional. Es decir, tenemos una nueva clase social: la burguesía mundial, y un nuevo desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones sociales correspondientes, tipificado en la globalización. Las consecuencias que sus defensores extraen de esta concepción son de muy largo alcance. La primera nos dice que, como consecuencia de la aparición de esta burguesía mundial, y de la completa internacionalización del capital, las rivalidades nacionales tienden a extinguirse. La aparición de una burguesía que pierde sus intereses nacionales para convertirse en mundial, les quita a los Estados nacionales sus atribuciones económico-políticas e incluso, su relativa independencia frente a la circulación del capital mundial. Lo segundo que nos dicen los defensores de esta teoría de la globalización, es que ha caducado la lucha reivindicativa de las masas y, por lo tanto, han caducado los organismos propios de esta lucha reivindicativa, los sindicatos, porque los Estados nacionales debilitados ya no podrían actuar como árbitros entre la clase obrera y la burguesía de cada país. Si no se acepta la política de privatizaciones, flexibilizaciones, destrucción de la educación pública, por ejemplo, los capitales, en vez de radicarse en la Argentina, se van a radicar en Brasil, o en vez de hacerlo en América Latina, se van a radicar en el Sudeste asiático. La perspectiva de este proceso de globalización sería un progreso pacífico del capitalismo, entendido como ausencia de guerras nacionales y de guerras interimperialistas. Incluso, habría logrado superar la lucha de clases, al convertirla en inocua. Ya desde Marx sabemos, sin embargo, que la tendencia a la expansión mundial es una tendencia inherente al capital, en la medida en que necesita constantemente ampliar sus escalas de producción, capturar nuevos mercados y expandir la circulación. Desde Lenin sabemos que la etapa del imperialismo es la etapa de la preeminencia del capital financiero sobre las restantes formas de capital. Es la preeminencia de la exportación de capitales sobre la exportación de mercancías, y es la época de la aparición de los trust y monopolios a nivel mundial. El planteo de que la expansión mundial del capitalismo superaría las rivalidades nacionales tampoco es nueva. Fue formulada hace alrededor de 80 años por Kautsky, y la refutación teórica de esta teoría, que se dio en llamar el ultraimperialismo, fue formulada por Lenin en 1916. La refutación práctica de esta teoría fueron las dos guerras mundiales. Mistificación Entonces, ¿qué esconde esta pretensión de presentar como nuevo tendencias que están funcionando hace más de un siglo, y presentar de nuevo utopías reaccionarias? El tema es que esta globalización no es más que una cobertura ideológica que pretende encubrir el agravamiento fenomenal de la crisis capitalista, el agravamiento fenomenal de la anarquía económica y, en particular, ocultar a los ojos de los trabajadores la fenomenal fragmentación y descomposición social que está provocando la crisis. Los fenómenos que presentan como específicos de la nueva época son los mismos a los que ha recurrido el capital para tratar de escapar a la crisis en el pasado; por ejemplo la expansión del crédito, el endeudamiento, las deudas públicas, son un mecanismo que repetidamente el capitalismo ha estado utilizando a partir de las primeras manifestaciones de la crisis, a mediados de la década del 70, y es este recurso sistemático de la expansión del crédito lo que ha creado la hipertrofia financiera que hoy se manifiesta en las bolsas y mercados mundiales de monedas. En segundo lugar, la exportación de capitales ha sido un recurso que han utilizado sistemáticamente como una forma de aprovechar la baratura de la mano de obra, la baratura de los recursos de los países atrasados, como una forma de aprovechar la divergencia de nivel entre el desarrollo de los países adelantados y atrasados, y como una forma también de producir una cuña entre el proletariado de los países adelantados, para limitar, sus reclamos sociales, inclusive para liquidarlos. Pero también encubre que estos mecanismos han creado una masa enorme de capital ficticio, que circula por las bolsas de todo el mundo, en procura de una masa de beneficios reales crecientes para evitar su desvalorización. Es decir que, a cada paso del progreso de la acumulación de capital financiero, tenemos un progreso en la contradicción entre la masa de capital financiero acumulado y la masa de plusvalía que la burguesía logra arrancarle a la clase obrera en una situación histórica determinada. Conforme esta contradicción, se agudiza, se agrava la tendencia a la desvalorización de estos capitales. El ejemplo que se comentaba ayer de Wall Street es realmente muy ilustrativo en este punto. Si ustedes leen el Clarín de hoy, van a ver que la Bolsa de Wall Street se valorizó en un 25% en el curso del año. Es decir que hubo una inflación fenomenal del capital especulativo, cuando la producción, en el mejor de los casos, en los últimos seis meses, en los EE.UU., ha aumentado un 1 ó 2 por ciento. En este caso tenemos una fenomenal desproporción entre la inflación del capital especulativo y de los beneficios que requiere este capital para seguir funcionando, y las posibilidades de extracción de plusvalía que tiene la burguesía norteamericana. La exportación de capitales ha agravado, a su vez, la sobreproducción mundial y, en consecuencia, ha agravado la tendencia a la deflación en los propios países imperialistas, y por lo tanto ha agravado la tendencia al estancamiento económico de los países imperialistas y ha agravado la tendencia a las quiebras. Lejos de la idea idílica de que el capitalismo ha entrado en una era de progreso pacífico, lo que tenemos en realidad, en los últimos años, es una serie de catástrofes financieras de enorme magnitud. Han desaparecido bancos históricos, como por ejemplo la Baring Brothers. Hay ramas enteras de la producción que están en una situación de virtual quiebra. Por ejemplo, la industria armamentista europea, los astilleros europeos, que reclaman abiertamente una guerra comercial contra EE.UU., contra Japón, para evitar la declaración formal de su bancarrota. En los EE.UU., y en los últimos quince años, han desaparecido 43 millones de empleos industriales. Si bien esto ha sido compensado con la creación de otros 70 millones de empleos, estos últimos han sido en un 90% en el ámbito de los servicios, o sea, empleos de una menor productividad. Es decir, tenemos como consecuencia una reducción de la productividad social, de la productividad del conjunto de la sociedad. El sistema financiero japonés está en quiebra. Hay países enteros que están virtualmente en quiebra. En el último Prensa Obrera se cita el caso de Francia, donde existe una división fenomenal de la burguesía por este motivo. Derrumbe financiero Este es el sustento del potencial, pero inevitable, tembladeral financiero mundial. Ustedes recordarán, Rath mencionó ayer a un articulista que decía que ningún banquero se anima a hablar de la sobrevalorización de las acciones. ¿Por qué? Por temor a que el solo hecho de decirlo provocara un derrumbe. Ayer hubo un tipo, el presidente del Banco Central Norteamericano, que precisamente aludió en el curso de una cena, y parece que de manera colateral, a la sobrevalorización de las acciones. Y bastó ese comentario para que las bolsas se derrumbaran en un día. Clarín dice hoy que no esperan una catástrofe, sino sólo una desvalorización del 20% Es decir, la evaporación de una masa de capital de billones de dólares. Un banquero norteamericano acaba de señalar que la solvencia de los deudores depende de la liquidez de los acreedores. Esto qué quiere decir, que sólo mientras Argentina encuentre alguien que le siga prestando plata, va a poder pagar la deuda; qué sólo mientras Brasil encuentre alguien que le siga prestando plata, va a seguir pagando la deuda. Es decir, no existen a nivel mundial deudores solventes. El punto es que nadie es puramente deudor o puramente acreedor. Los capitalistas son, a la vez, deudores y acreedores. Y el punto es que, entonces, cualquier quiebre de la cadena de pagos, cualquier pequeña alteración en los contratos, puede provocar un hundimiento financiero de carácter internacional. En ese sentido es muy aleccionador lo que pasó con Méjico. Méjico fue salvado no porque fuera Méjico en particular, sino porque el hundimiento de Méjico llevaba al hundimiento de Wall Street. Y que un país de una importancia económica relativamente secundaria en el escenario mundial, pueda provocar una crisis de tan enormes proporciones, está indicando no sólo la globalización, en el sentido de la circulación que ha alcanzado el capital financiero internacional, sino sobre todo la debilidad de toda la cadena. Es decir que, una vez que un eslabón se rompió en un lado, no hay reaseguros en ningún punto. Este tembladeral económico y financiero es lo que está en la base de la crisis de los regímenes políticos que, en forma más o menos abierta, se manifiesta en todos los países. Nosotros, en el último periódico, citamos dos que son realmente fenomenales. Es el caso de Bélgica, donde la aparición y el descubrimiento de una serie de crímenes de características aberrantes y que tocan al aparato del Estado, es decir, un caso María Soledad, ha llevado a manifestaciones nacionales como no se habían visto nunca en la historia de Bélgica, y han puesto en la picota a todos los organismos del Estado belga. El de Francia, donde como decía ayer Altamira, la burguesía no pudo reprimir una huelga, porque si la reprimía bastaba con que la sangre de un camionero llegara al asfalto para que hubiera una huelga nacional. Y de la huelga nacional al derrumbe del gobierno había un solo paso. Lejos de un curso pacífico, tenemos una situación de catástrofe. Una agudización de todas las contradicciones y de la polarización social en una escala que nosotros, como generación, nunca habíamos visto. En todos los países se registra un enorme retroceso en las condiciones de vida de las masas. En los EE.UU., por ejemplo, ha crecido de manera significativa el número de trabajadores que, trabajando y cobrando un salario, se encuentran por debajo del nivel de miseria. En todos los países imperialistas creció el desempleo en forma significativa. Y no sólo como consecuencia de la exportación de empleos, sino también y fundamentalmente por el alargamiento de la jornada de trabajo y por la agudización de los ritmos de producción. Tenemos un agravamiento muy sistemático del parasitismo capitalista. Una expresión de este parasitismo es que la inmensa mayoría de las exportaciones de capital a que se refieren los teorizadores de la globalización, como una muestra del progreso capitalista, han estado destinadas a la absorción de capitales ya existentes; no a la concentración del capital, sino a su mayor centralización, lo que da lugar a una acumulación enorme de beneficios especulativos. Es lo que ocurrió con las privatizaciones en Alemania, donde el capital financiero copó de una manera obscena las fuerzas productivas de Alemania oriental. Nacionalización del capital Pero este proceso de internacionalización de las fuerzas productivas ha profundizado, contra lo que dicen los teorizadores de la globalización, la base nacional del capital. Es decir que, lejos de haber nacido una burguesía mundial, lo que tenemos es una acentuación de la base nacional del capital. Hoy, más que hace 20 años, y más que hace 50 años, la economía mundial está dominada por un puñado de pulpos que son claramente identificados como originarios y pertenecientes a determinadas naciones. Por ejemplo, las encuestas demuestran que, de las grandes empresas multinacionales, sólo el 1 ó 2% de los accionistas corresponden a países distintos del origen del capital. Es decir, la Wolkswagen sigue siendo un pulpo imperialista alemán, la Ford sigue siendo un pulpo imperialista norteamericano y la Toyota sigue siendo un pulpo imperialista japonés. Esta concentración se ha producido en beneficio de un muy pequeño puñado de empresas: el 50% norteamericanas, un 15% japonesas, y un 15% británicas, controlan la tercera parte de los recursos productivos mundiales. La consecuencia de esto es una notable agudización de la contradicción entre el carácter internacional de las fuerzas productivas y el carácter nacional del capital, es decir, entre el carácter social de las fuerzas productivas y el carácter privado de la apropiación de los beneficios que crea la producción capitalista. Ahora bien, como el capitalismo, como sistema mundial, es incapaz de dotarse de un Estado mundial único y de un gobierno mundial único, la consecuencia de la agudización de la competencia entre pulpos de distinta base nacional no es una tendencia al condominio mundial, sino una tendencia a la preeminencia, una tendencia a la pelea por la supremacía mundial. Esto lleva, en primer lugar, a un fortalecimiento sin precedentes del Estado nacional y de unos Estados nacionales contra otros. Contrariamente a las tesis de los globalizadores, los Estados nacionales, en los últimos veinte años, se han fortalecido de una manera espectacular. En primer lugar, por el crecimiento de las deudas públicas, como instrumentos de salvataje de los bancos y para el salvataje de las empresas en quiebra lo cual significa una fenomenal acción económica del Estado, que después la descarga sobre los trabajadores. En el artículo de Coggiola sobre la Cuarta Internacional se citan cálculos de que una tercera parte de las transferencias de riquezas se ha producido como consecuencia de leyes fiscales dictadas por los Estados. Pero donde más se nota esta tendencia de fortalecimiento del Estado es en la relación contra las masas. El hecho de que hayan obligado a la clase obrera argentina a poner el 10% de su salario en las AFJP, es la consecuencia de una acción despótica del Estado. Lo mismo sucede con las leyes de flexibilización. Como consecuencia de la agudización de la concurrencia entre pulpos de distinta base nacional, y como consecuencia del fortalecimiento de los Estados, tenemos una tendencia al agravamiento de los choques nacionales y a un agravamiento de la opresión nacional. Esto se manifiesta, lo hemos señalado en la prensa, en la guerra comercial, en la manipulación monetaria, en la formación de bloques comerciales, en las disputas por la penetración en China, en Cuba, en Rusia, en la existencia de guerras por procuración como la guerra de Yugoslavia, y también en la campaña que lleva la burguesía en cada país como un instrumento de su competencia con sus rivales comerciales, por liquidar las conquistas sociales del proletariado de su propio país. Pero junto con esta tendencia al agravamiento de los choques nacionales, existe también un intento de preservar el equilibrio existente, ante el temor de que un enfrentamiento descontrolado pueda derrumbar directamente naciones y estados. Esto se refleja en toda una serie de hechos que son objeto también de nuestro análisis; por ejemplo en la creación de la Organización Mundial de Comercio y los acuerdos entre los bancos mundiales para seguir la cotización de la moneda y para que no haya variaciones bruscas; en el freno que se le ha puesto, como se comentaba ayer en los informe de situación política, a la política devaluatoria agresiva del imperialismo norteamericano contra los imperialismos europeo y japonés, e incluso dentro de los propios bloques comerciales hay una búsqueda de preservación de determinados equilibrios, porque en la burguesía norteamericana existe una fractura sobre la cuestión de la Iniciativa de las Américas, es decir, del famoso bloque comercial propuesto por Bush desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Por un lado, hay quienes sostienen que un bloque de estas características abultará la sobreoferta en los propios Estados Unidos, pero por otro lado, que un acuerdo de estas características, que impidiera el ingreso de mercancías japonesas y europeas a América y promoviese una agresiva política exportadora americana contra Europa y Japón, provocaría en un corto lapso de tiempo que Japón armara su propio bloque comercial en Asia, que Europa terminara su proceso de integración y, por lo tanto, que se produjera una fractura del comercio internacional, que podría actuar de disparador de un agravamiento fenomenal de la crisis. Es decir que tenemos, por un lado, una tendencia, provocada por la propia crisis, a la agudización de los enfrentamientos nacionales, y por otro lado, una contra-tendencia que trata de mantener en este cuadro un cierto equilibrio, lo que hace aparecer muchas veces a la situación internacional como una situación de empantanamiento y de tires y aflojes. La presente crisis mundial antecedió, en mucho, al derrumbe de los regímenes burocráticos y fue, en realidad, su detonador. Los regímenes burocráticos se derrumbaron como consecuencia del peso de la deuda externa, como consecuencia de la dislocación provocada por los planes fondomonetaristas para hacer pagar esta deuda externa y como consecuencia de los levantamientos populares contra los planes de hacerles pagar a los trabajadores de los países socialistas el costo de esta deuda externa. Es decir que las contradicciones sociales propias convirtieron a los regímenes burocráticos en el eslabón más débil de la cadena de la economía mundial capitalista. En los últimos sesenta años, la burocracia había establecido una relación social muy profunda con el imperialismo, basada, por un lado, en la colaboración contrarrevolucionaria a escala mundial, es decir, en el hundimiento consciente de la revolución proletaria a escala mundial, y por otro, en la creciente integración económica, básicamente, en el endeudamiento de los regímenes burocráticos en el sistema financiero mundial. El Partido Obrero, a lo largo de todo este proceso, fue marcando los alcances que tenía esta integración, pero fue marcando también el límite muy preciso que tenía la divergencia irreconciliable entre los regímenes sociales que se habían establecido en los países donde había sido expropiado el capital y en los países imperialistas, y en la medida en que este proceso de entrelazamiento entre la burocracia y el imperialismo progresaba, la burocracia comenzaba a tener que enfrentar otros procesos que eran su consecuencia. A partir de 1953, con el alzamiento de los obreros de Berlín, comienza la etapa de la revolución política en los estados obreros burocratizados. Con el levantamiento del proletariado polaco en 1980, contra el intento de la burocracia de aplicar en un escala nunca vista los planes fondomonetaristas, para hacer frente al pago de la deuda externa polaca, quedó en claro que la burocracia era el agente del imperialismo en los Estados obreros. La restauración del capitalismo, que la burocracia empieza a partir de entonces, es un proceso contrarrevolucionario que tiene como objetivo la liquidación de las conquistas sociales de la revolución, la liquidación de la perspectiva de la revolución proletaria y la preservación de las prebendas que había logrado la burocracia, en el curso de sesenta años, bajo la forma estatal de propiedad. Restauración Capitalista Nosotros caracterizamos, desde el inicio, a la perestroika, como un proceso contrarrevolucionario, basándonos en tres puntos: El primero, la posición de la burocracia frente a la clase obrera mundial, cuando la burocracia firma con el imperialismo los acuerdos armamentistas, los acuerdos regionales para disolver las situaciones revolucionarias que había en distintos lugares del mundo, en Sudáfrica, en Centroamérica. El segundo aspecto es la posición de la burocracia frente al propio proletariado soviético, en la medida en que uno de los planteos de la perestroika era aumentar la productividad del trabajo por medio de la disciplina fabril y social, y en tercer lugar, por la posición de la burocracia frente a las bases sociales del Estado, en la medida en que los planteos perestroikos implicaban el desmantelamiento del monopolio del comercio exterior y el desmantelamiento de la economía planificada. Esta caracterización conviene recordarla en función de otras caracterizaciones que han hecho otros grupos trotskistas, y que pueden sintetizarse de la siguiente manera, con estas citas textuales de Mandel: «Nosotros pensamos dice Mandel que la restauración del capitalismo es a corto, mediano y largo plazo, imposible». Tenemos aquí, claramente, un contraste entre los pronósticos del Partido Obrero y los pronósticos que han formulado otras tendencias trotskistas, inclusive tendencias trotskistas que se reclaman como la continuidad histórica de la Cuarta Internacional. Ahora bien, ha pasado casi una década de restauración en lo que era la Unión Soviética, ¿Cuál es el balance? Después de 10 años, el retroceso productivo en Rusia sigue imparable, tanto en el terreno industrial como en el terreno agrícola. El endeudamiento de Rusia es hoy mayor y más grave que en la época en que existía la URSS. Y el retroceso de la industria soviética con respecto a la industria mundial es todavía más agudo. El retroceso de las condiciones de vida de las masas ha sido terrible, existe una aguda penetración imperialista. Al mismo tiempo, existe una tendencia a la disgregación del Estado, no ya del Estado soviético que se ha disuelto, sino del propio Estado ruso, como lo muestra el caso de la guerra de Chechenia; Inclusive, las tensiones que se han mencionado en Prensa Obrera en distintas regiones, por ejemplo en el caso de Siberia, que siente la atracción potente del capitalismo japonés. Entonces, ¿cuál es el balance que sacamos? Este proceso de restauración capitalista en Rusia, en los Estados obreros, destruyó lo que quedaba en pie de las relaciones sociales heredadas de la Revolución de Octubre. La apertura al capital externo, en la medida que decretó, de un momento para otro, la obsolescencia de la industria soviética, ha liquidado todas las relaciones de circulación interna. Los burócratas han logrado destruir las relaciones sociales creadas por la Revolución de Octubre, pero lo que no han logrado es crear relaciones sociales capitalistas acordes al planteamiento de restauración del capital. Lo que es claro es que el capitalismo no es sólo la propiedad privada, sino que es un conjunto de relaciones sociales que la burocracia y el capitalismo no han logrado imponer en la URSS. Por ejemplo, las empresas rusas fueron privatizadas a precio de regalo. Ningún burócrata invirtió un mango en las empresas privatizadas; como consecuencia de esto, las empresas privatizadas siguen viviendo de los subsidios estatales como en la época soviética. Sin inversiones, estas empresas no tienen mercados; el 90% de la industria rusa, a excepción de los grandes productores de gas, de petróleo y de aluminio, no tiene lugar en el mercado mundial: y no solamente no lo tiene en el mercado mundial, también tiene cuestionada su sobrevivencia en el mercado ruso. Rusia no tiene un sistema financiero: los bancos que se han creado por medio de la virtual privatización de las empresas estatales no han creado un sistema de crédito; los depósitos se han usado en parte para fugar dinero al exterior, para comprar a precio de banana otras empresas estatales y para especular con la deuda pública. No hay un sistema monetario, en la medida que el valor del rublo está determinado por el ingreso de capitales externos, por los préstamos que el capitalismo mundial le hace a la burocracia rusa. No hay un sistema legal de propiedad; la propiedad en Rusia se adquiere y se mantiene por medios mafiosos. Lo hemos desarrollado en la prensa hasta el cansancio, y es la base de la lucha entre las camarillas que se disputan el poder en Rusia. No existe un sistema legal que obligue a las empresas a cumplir los contratos; por este motivo, ninguna empresa le paga a ninguna otra empresa ninguna deuda. Las empresas tampoco les pagan el salario a sus obreros. No hay un sistema impositivo. La evasión fiscal en Rusia es un deporte nacional. De esto resulta que, después de diez años de restauración, el capitalismo mundial como sistema, y la burocracia, han sido incapaces de establecer al mercado como el regulador de las relaciones económicas en el interior de Rusia. Este papel de unificación lo tienden a cumplir los estados imperialistas. Esto ha sido claro, por ejemplo, en el curso de las recientes elecciones que ganó Yeltsin. Han sido la presión y los préstamos de la banca mundial, los que han evitado que este régimen concretamente podrido y parasitario estallara. Es entonces muy acertada la caracterización de Rusia como un Estado burocrático en descomposición, porque todavía, a pesar de la enorme destrucción de relaciones sociales previas, no se ha logrado establecer un sistema de relaciones sociales capitalistas. Pero el otro aspecto es que esta descomposición económica está provocando un enorme levantamiento de masas, como lo hemos ido siguiendo en la prensa: huelgas mineras, huelgas de los trabajadores de la industria naval, militar, huelgas de maestros, huelgas generales, e incluso, que es lo que aparece como más importante, la conformación de consejos obreros, es decir parece que estuviéramos volviendo a los libros de historia y no a los diarios, consejos de obreros y soldados para encarar la huelga, o sea, comités de huelga de obreros y soldados. Lo de Yugoslavia nos está mostrando que estas movilizaciones, a poco de andar, pueden adquirir un carácter revolucionario. Proceso revolucionario Ayer se comentaba, por ejemplo, el caso de Yugoslavia, donde todas estas direcciones que están al frente del movimiento hacen un esfuerzo fenomenal para evitar que esas manifestaciones de masas se conviertan en insurrección. Todo esto nos está mostrando que, por las enormes contradicciones que enfrenta, por la movilización de las masas y por la crisis capitalista de conjunto a nivel mundial, el proceso de la restauración capitalista en los Estados obreros está muy lejos de haber sido cerrado. Las contradicciones que enfrenta este proceso no se dan sólo al interior de los regímenes burocráticos. Estos procesos de restauración crean contradicciones a nivel mundial, y el caso más patente es el de China, que se ha convertido, a la vez, en un factor de atenuación de la crisis capitalista, por los fenomenales beneficios que produce la explotación de los obreros chinos y la apertura del mercado chino, y en un factor de agravamiento de esa crsis, esto porque las empresas capitalistas que han invertido en China, que están radicadas en China, han pasado a dominar ramas enteras de la producción mundial, desplazando de ese lugar a empresas imperialistas radicadas en países como Francia, y en Europa, y lo que está planteado, entonces, es un agravamiento de la deflación mundial, de la sobreproducción y de la tendencia a las quiebras. Todo esto revela las contradicciones enormes que crea, a nivel de los regímenes burocráticos, a nivel de los países imperialistas y a nivel del sistema capitalista de conjunto, la restauración del capital. Y lo que está mostrando, por sobre todo, es la incapacidad del capitalismo mundial como sistema para digerir la restauración del capitalismo en los estados obreros. Hoy, el capitalismo mundial no podría aguantar la plena integración de Rusia al mercado mundial, porque se hundiría el precio del aluminio, del oro, de los diamantes, del petróleo o el gas, porque se hundiría el precio de una enorme cantidad de materias primas; lo que en última instancia está mostrando que el fracaso de la restauración no es sólo las limitaciones de la burocracia y la resistencia de la clase obrera, sino por la incapacidad del capital mundial para dominar al mundo, como consecuencia de la crisis. En ese sentido podemos afirmar que el pronóstico fundamental de Trotsky, de que el carácter social de los Estados obreros degenerados él lo aplicaba a la URSS, se puede aplicar exactamente a los restantes regímenes, de que el carácter social de estos estados se va a definir, en última instancia, en la arena de la lucha de clases mundial, conserva plena vigencia. La lucha de clases a nivel mundial es la que va a definir el destino de este proceso de restauración capitalista. La clase obrera mundial El tercer aspecto sobre el que yo quería intervenir en esta cuestión de la situación mundial, es cómo ha reaccionado el movimiento obrero internacional frente al cataclismo que ha provocado la crisis mundial, al hundimiento de los regímenes burocráticos y al ataque sin precedentes a sus condiciones de vida. Lo primero que hay que señalar es que las direcciones históricas del movimiento obrero se encuentran abiertamente en el campo del imperialismo, es decir, en el campo de la flexibilización, de la aplicación de los convenios Fiat-Smata, de la productividad y de la democracia burguesa. Los partidos socialdemócratas son nada más que la fachada de un partido burgués clásico, han sido liquidados como partidos reformistas. No ha quedado nada de esos viejos partidos obreros burgueses, están todos completamente dominados por una pequeñoburguesía proimperialista que no los diferencia en nada de los restantes partidos patronales; por ejemplo, Felipe González, Craxi, Mitterrand. Los partidos stalinistas nunca fueron, a diferencia de la socialdemocracia, un partido nacional de la clase obrera de los distintos países: debían su carácter de partidos obreros a su subordinación a la burocracia soviética. Estos partidos también se encuentran en el campo imperialista. Se dice, normalmente, que estos partidos han sido liquidados por el derrumbe de la burocracia pero, no es así, en la medida en que muchos de estos partidos incluso fueron precursores del curso gorbachoviano. En ese sentido, los partidos comunistas, históricamente ligados a la burocracia soviética, no tienen ninguna otra posibilidad que su desaparición política. Hay personas que sostienen que los partidos comunistas se estarían socialdemocratizando, convirtiéndose en partidos socialdemócratas. Sin embargo, si vemos cuál ha sido la función histórica del stalinismo, que ha sido liquidar a la clase obrera como clase revolucionaria, esta función histórica no admite renovación. ¿Cómo renovar una función histórica que ya no puede cumplir porque el aparato que lo sostenía se ha derrumbado? En ese sentido, caracterizamos que el destino que les espera a los partidos comunistas es su disolución y el reciclaje de su personal político por la vía de su integración a distintos partidos. Un caso particular es el de Refundación Comunista, donde todo un sector de la burocracia del Partido Comunista Italiano se niega a seguir este curso, pero este sector está condenado al fracaso. El otro aspecto de cómo han reaccionado las direcciones tradicionales del movimiento obrero y de las masas frente a la crisis mundial, es el pasaje casi sin intermediaciones del conjunto de las direcciones nacionalistas pequeñoburguesas al campo del imperialismo. Esto es claro en el caso del Congreso Nacional Africano, del IRA, del FMLN aquí en América Latina, de la OLP. En Prensa Obrera, Altamira escribió un artículo diciendo que el IRA se orientaba al acuerdo de paz y al proceso de paz, porque ésa era la política del imperialismo norteamericano, y que en una enorme medida el IRA era el instrumento de la política norteamericana en esos procesos de paz. Eso fue escrito en base a una caracterización política. Tiempo después, aparecieron en una revista (Foreign Affairs) que circula en los ámbitos diplomáticos, las actas del comité ejecutivo del IRA donde se vota la participación en los procesos de paz, y la moción de participar a favor de los procesos de paz gana por un voto, y la justificación de esa moción es que, precisamente, ésa es la política del imperialismo norteamericano. Estas direcciones, en la OLP es abiertamente evidente, han seguido este curso y, de una forma consciente, se han integrado al orden imperialista mundial. Y lo que esto está revelando, en un balance en perspectiva de lo que ha sucedido, es que estas direcciones estaban montadas en el cuadro de la coexistencia pacífica entre la burocracia y el imperialismo, y que roto ese cuadro no han tenido ninguna posibilidad de sobrevivencia. El pasaje de las direcciones tradicionales, históricas de los movimientos de las masas al campo del imperialismo, no ha anulado, ni habría podido hacerlo, la lucha de clases. En el último período, en los últimos seis meses, tenemos una notable agudización de la lucha de clases en los principales países del mundo. Hemos citado el caso de las huelgas generales en Rusia; hemos citado el caso de las huelgas en Francia (que no es sólo la huelga de los camioneros); durante todo el curso del año, desde el gran movimiento huelguístico de fines del año pasado, en Francia se han venido registrando sistemáticos movimientos huelguísticos, manifestaciones de masas. Tenemos el anuncio de las huelgas que comienzan el mes que viene en Alemania. Lo que está en juego en Alemania es una reivindicación que la clase obrera alemana consiguió por medio de la huelga más importante de su historia, que es el pago de los días de enfermedad. Hace exactamente cuarenta años, en 1956, hubo una huelga que duró cuarenta días y que logró arrancarle a la burguesía esta reivindicación del pago de los días de enfermedad, contra todos los intentos de la burocracia por levantar la huelga, los cuales fueron superados por el movimiento hasta tanto se obtuvo esa reivindicación, y esto es lo que ahora la burguesía le quiere sacar al proletariado alemán. Y esto es lo que va a desencadenar una gran ola de huelgas en Alemania. En los EE.UU. también hemos visto una importante cantidad de huelgas; en su mayoría son huelgas de distinto carácter, son huelgas aisladas, pero al mismo tiempo tenemos un proceso de crisis en la burocracia sindical. Incluso, ya hay una crisis política en la nueva dirección sindical de la AFL-CIO, cuya política de apoyar a Clinton ha fracasado estrepitosamente en cuanto a revertir la mayoría republicana en el Congreso. Además, una pequeña fracción de esa burocracia ha fundado un partido, el Labor Party, un proceso que recién está en el inicio. El movimiento de masas ha tenido realmente una expansión mundial; han habido huelgas de gran magnitud en Australia; las que hemos señalado en el periódico en Canadá; en América Latina, las huelgas de Bolivia, de Chile, y no sólo movimientos obreros, sino también movimientos campesinos de gran magnitud en Paraguay, Brasil y Colombia, e incluso movimientos estudiantiles como el de los secundarios uruguayos. Tenemos un movimiento de masas que se moviliza, que va a la huelga contra el intento de liquidar sus conquistas sociales. Balance ¿Cuál es el balance de la lucha de clases de este período? El balance que nosotros sacamos es el siguiente: que a pesar de los fenomenales ataques que ha sufrido la clase obrera, en ningún país del mundo la burguesía ha logrado imponer los convenios Fiat-Smata. No los ha logrado imponer en los convenios automotrices de EE.UU. y Canadá, donde ha obtenido fuertes concesiones de la burocracia, pero no ha logrado imponer los convenios. No ha logrado imponerlos en Alemania. Y lo que es más importante, no ha logrado imponerlos ni donde sí ha logrado imponerlos. En la medida en que no sólo basta hacerle firmar a la burocracia un convenio, sino que después, hay que impedir que los obreros que están obligados a cumplir ese convenio se rebelen contra el convenio que la burocracia ha firmado. Tenemos, para el caso, a los camioneros franceses, que eran el sector más explotado de la clase obrera francesa. Trabajaban el doble de horas que todo el mundo, trabajaban 62 horas, cobraban un salario cercano al mínimo, trabajaban los domingos, no se les consideraba tiempo de trabajo el tiempo entre carga y descarga, y como consecuencia de la brutal explotación a la que estaban sometidos estos trabajadores, y de los beneficios que dejaba el negocio del transporte camionero, y de la baratura del transporte, se fue produciendo un desplazamiento hacia el transporte en camión en Europa, particularmente en Francia. Como consecuencia de esto, fue aumentando el número de camioneros. Era un sector que, cuando todos los demás sectores estaban en crisis, estaba reactivado, y como consecuencia de esto, cuando los camioneros sintieron que tenían la fuerza de su lado, organizaron una huelga de la putísima madre y le rompieron la cabeza a la burguesía. La huelga francesa fue una verdadera operación militar. Los tipos cercaron los puertos, cercaron con camiones los depósitos de combustibles, no había forma de pasar, y con esto quebraron a la burguesía. Esto está demostrando que no basta solo firmar un convenio, sino que la derrota de la clase obrera tiene que traducirse en una alteración de las relaciones políticas entre la burguesía y la clase obrera, y como consecuencia de esto, en una alteración de los regímenes políticos. En la medida en que la burguesía esté obligada a manejarse en el cuadro de las libertades democráticas que las masas han conquistado, no hay posibilidad de que estos convenios se impongan en forma duradera. Basta un pequeño giro en la situación, la reactivación de una rama, para que los obreros salgan a la lucha y reconquisten lo que han perdido. Entonces, desde el punto de vista de la burguesía, no han logrado imponer ninguna derrota fundamental al movimiento obrero. Ahora bien, no se trata solamente de las luchas que libra, sino del reflejo que esas luchas van dejando en la conciencia de los trabajadores. En ese sentido, tiene una aplicación realmente universal lo que se ha planteado aquí con respecto a la clase obrera argentina, en la medida en que la incapacidad del mercado para dar una solución al problema del empleo, para dar una solución al problema del salario, para dar una solución a todos los problemas que preocupan a las masas, va a ir marcando una derrota ideológica de la burguesía y es un punto de partida para la recomposición ideológica del movimiento obrero. Está claro que el punto de partida es muy atrasado, en la medida en que existe una confusión ideológica tal, que en determinados puntos impide la intervención política de la clase obrera. Por ejemplo, en el caso de Bélgica, hay un derrumbe completo de las instituciones del Estado, y sin embargo, no hay una intervención independiente de la clase obrera belga ¿Por qué?. Porque la política de las direcciones a las que ha seguido la clase obrera belga, la defensa de la democracia, la aceptación de la flexibilización, etcétera, se ha derrumbado. Entonces, la clase obrera hoy está sin perspectivas, y la derecha podría canalizar las manifestaciones y las movilizaciones que están teniendo lugar, por incapacidad del movimiento obrero para actuar políticamente frente a la crisis. En este sentido, vemos también que los desarrollos más importantes que han habido en el terreno de la reorganización política de la clase obrera, son muy débiles y muy limitados. Hemos señalado dos, uno es el Partido de los Trabajadores de Estados Unidos, y otro es el SLP británico, el partido que se ha formado con la fractura de un sector de la burocracia de izquierda del partido Laborista. Son muy débiles en la medida que son, a la vez de rupturas con la burocracia, un intento de poner un límite en la evolución hacia la izquierda de la clase obrera. Por ejemplo, el partido inglés impide, explícitamente, en sus estatutos, el ingreso de la izquierda organizada a sus filas. El partido norteamericano no prohíbe el ingreso de las organizaciones de izquierda, que por otra parte son muy débiles en los EE.UU., pero no rompe con el Partido Demócrata y ha tolerado el voto a Clinton en las últimas elecciones. Es muy débil lo que se está produciendo en términos de la reorganización política. Sin embargo, en este cuadro, hay un fenómeno relativamente novedoso, y éste es que la cuestión de la dirección de la clase obrera empieza a plantearse como un problema objetivo; quiere decir que ya no se trata sólo de que los internacionalistas, los trotskistas, etcétera plantean la reorganización de la IVª Internacional o una Internacional en general. Por ejemplo, un dirigente importante de la central obrera norteamericana, Dan Galling, ha escrito todo un folleto en el cual plantea las consecuencias de la globalización sobre la clase obrera. Lo que importa, sin embargo, son las conclusiones, porque dice que es necesario un reagrupamiento internacional y propone la formación de sindicatos industriales internacionales, por rama, a nivel mundial. El tipo es un reaccionario; propone que la función política de los sindicatos es la defensa de la democracia; no es un internacionalista. Pero el hecho de que un tipo de esta matriz esté planteando el problema de una reorganización internacional, es ya un dato objetivo del problema, es ya una demostración de que el problema se está planteando objetivamente. Es decir, con independencia de la voluntad nuestra, hay gente que ya se está planteando el problema de la reorganización internacional. Hay otros aspectos, quizá menores; por ejemplo, la aparición de Vicentinho en la marcha de la CGT. En este sentido, es un desarrollo relativamente nuevo. Reconstruir la Cuarta ¿Cuál es la conclusión que nosotros sacamos? Bueno, que está planteada la reconstrucción de la IVª Internacional. ¿Cómo pensamos nosotros que puede ser esta reconstrucción? En este sentido, sólo son posibles algunas conjeturas. El primer aspecto, es que esta reconstrucción de una organización internacional de los trabajadores, sólo puede tener el aspecto de un reagrupamiento político. Hay tendencias, como los lambertistas, por ejemplo, que plantean que, como producto del fracaso de tres internacionales, etcétera, lo que está planteado es un reagrupamiento de tipo economicista de la clase obrera a nivel internacional. Entonces, plantean un programa contra el trabajo de los niños, contra esto, contra lo otro, por la jornada de ocho horas, pero no plantean un reagrupamiento de tipo político. Nosotros pensamos que no, que la experiencia de las internacionales que ha habido hasta el momento, de las cuatro internacionales, ha sido su carácter político desde el inicio; que estas internacionales dotaron a la clase obrera de un instrumento político adecuado a su acción cotidiana. El otro aspecto es que, con independencia de la voluntad de los actores de este reagrupamiento, en la medida en que se trata de un reagrupamiento político, no va a poder prescindir de los programas de las cuatro internacionales que le han precedido. Esto plantea objetivamente el programa de la IVª Internacional. En la medida, primero, de que la IVª Internacional es la cristalización de la experiencia histórica de la victoria y la degeneración de las tres internacionales anteriores, y en la medida en que todo agrupamiento internacional de la clase obrera lo demuestra la experiencia histórica, haya sido un agrupamiento genuino, ha tendido a la adopción de un programa comunista. Y en este sentido, el programa comunista es el programa de la IVª Internacional. ¿Qué política nos damos nosotros frente a esta cuestión? Cuando nosotros debatimos con los compañeros de Italia y Estados Unidos que vinieron al último congreso, o con otras organizaciones, lo que estamos intentando es establecer una delimitación política, en el sentido de profundizar nuestro propio programa y nuestra comprensión de los problemas que están planteados para la reconstrucción de la IVª Internacional, pero también una delimitación política que permita atraer a otras corrientes al debate, que permita ampliar la escala de la difusión de nuestras ideas. Y también nos permita identificar a los grupos en el desarrollo de la propia lucha de clases. Y esto último tiene un valor metodológico. Los que han estado presentes en otros congresos, recordarán cuando hacíamos la caracterización de porqué establecíamos relación con el Partido de los Trabajadores de Uruguay, o Causa Operaria de Brasil. Porque, amén de los acuerdos políticos que teníamos, eran organizaciones que participaron en la lucha de clases de sus países. En este sentido, el debate internacional también nos sirve a nosotros para identificar a las corrientes que están metidas en la lucha de clases de sus países, para diferenciarlas de los charlatanes. El debate con la ITO, a la vez que establecemos diferencias, etc., nos ha servido para identificar a grupos que intervienen con una política independiente en Refundación Comunista, que intervienen en el Labor Party norteamericano, que intervienen en el SLP, en el Partido Socialista Laborista inglés. Yo creo, ahora lo vamos a discutir, y con esto voy finalizando, que el Partido Obrero ha hecho un gran progreso en su trabajo internacional en el último año. Ustedes, seguramente, pensarán que eso se debe al debate con otras corriente, con la ITO, otros debates que hemos tenido. En parte, sí. Pero yo creo que el salto más importante en el trabajo internacional que ha tenido el Partido Obrero en el último año lo identificó ayer Juan Ferro, cuando dijo que hemos suscripto por un año 1.300 revistas En Defensa del Marxismo. Porque yo creo que el instrumento fundamental de la lucha internacionalista nuestra, es la lucha por la difusión y la penetración de nuestra revista. El punto es que para el trabajo internacional de un partido lo más importante es la conciencia internacionalista que tiene la masa del partido, la disposición al trabajo internacional de conjunto de los militantes del partido. No es un trabajo de dos o tres, no es el trabajo de una dirección, sino que el problema internacional tiene que estar presente en la concepción de la militancia del conjunto del partido. Y en el sentido en que hemos duplicado o cuadruplicado la penetración de nuestra revista, yo creo que éste es un salto muy importante en el trabajo internacional que hemos dado. La penetración de la revista, en el trabajo de crear una conciencia internacionalista en la clase obrera argentina, son pasos fundamentales que nos permiten decir que, de un año a esta parte, hemos progresado. Bueno, nada más compañeros.

1 de diciembre de 1996
Comentario al informe internacional

Intervención en el VIIIº Congreso del Partido Obrero El informe del compañero Luis Oviedo, tiene esta característica: en mi opinión es un informe tan bueno, pero tan bueno que se ha convertido en lo más destacado del Congreso. Ha analizado la situación mundial con gran meticulosidad y rigor. Es impresionante también la sencillez de las conclusiones, por ejemplo esta conclusión final de que la reconstrucción de la IVª Internacional, en lo que a nosotros respecta, depende de la conciencia internacionalista de la masa del partido. Efectivamente, sólo en la medida en que el Partido tiene una conciencia internacionalista; que introduce en su propaganda y en su agitación los problemas internacionales del movimiento obrero, puede transformar al propio país en otro foco de referencia más para el movimiento obrero internacional. Para dar un ejemplo, pueden venir luchadores de otros países a una campaña internacional sabiendo que el Partido Obrero preparó el terreno en la clase obrera para prestar oídos y movilizarse en esas campañas. Si el Partido Obrero no lo preparó, de qué serviría que vinieran aquí luchadores de esos otros países a impulsar esas campañas. El informe es una operación de superación política que el Partido le tiene que reconocer; es el resumen de todo un trabajo político y es una explicación de cada acto que hemos llevado adelante en esta materia. Burocracia y planificación Cuando nosotros denunciamos la quiebra de la economía planificada en la URSS como parte de la restauración capitalista, tenemos que tener un cuidado enorme, porque es verdad que ha habido una quiebra en la política de la economía planificada, pero en la URSS, estrictamente, no había una economía planificada; había una economía hipercentralizada, hiperestatizada, que no es lo mismo que planificada. Porque la planificación significa prioridades sociales, y medios sociales para alcanzar esas prioridades establecidas en discusiones democráticas de las masas; es decir, que la planificación socialista sólo es compatible, sólo es real, en un régimen de democracia proletaria y en un régimen de gobierno de los propios trabajadores. En un régimen burocrático, la llamada planificación puede llegar hasta a ser peor que la anarquía del mercado, y esto explica muchas de las críticas que los capitalistas terminaron haciéndole a la planificación. Por ejemplo, para asignar recursos a una empresa en el año corriente se consideraba la producción de esa empresa en el año anterior; entonces, los objetivos de los burócratas de esas empresas, eran, en primer lugar, producir lo máximo que se podía producir y hasta inflar la cifra de producción, porque de acuerdo a la performance del año previo se asignaban los recursos para el año siguiente. Entonces, por ejemplo, en Rusia había una sobre producción de zapatos medida 46 … aunque en general, la gente que calza 46 es una minoría … pero, a la burocracia no le importabn las medidas de los zapatos, ni como está distribuida la población desde el punto de vista de la medida de los zapatos que calza, sino que le importaba el índice de producción. Y se amontonaban los zapatos y no les interesaba que esos zapatos se amontonaran sino seguir produciendo zapatos. Lo importante era seguir obteniendo recursos del estado para seguir produciendo zapatos. Casos de este tipo de sobreproducción mientras en otras ramas faltaban cosas, eran absolutamente comunes. Entonces, había una economía hipercentralizada, hiperestatizada, que tenía en cuenta cada vez más y cada vez en forma más aguda sólo el interés de la burocracia parasitaria, y que había perdido totalmente relación con la base social del Estado, porque ya no funcionaba en absoluto para satisfacerla. Otro ejemplo manifiesto de esto, que tiene un alcance mucho más rico, era la producción armamentista, que manifiestamente no cubre ninguna necesidad social, y sin embargo, se promovía la carrera armamentista, porque permitía asignar mayores recursos a una rama de la producción que chupa una barbaridad de recursos y que fortalecía a una capa poderosa de la burocracia. De manera que el problema de la planificación es fundamentalmente un problema de régimen político, es un problema de que gobiernen los trabajadores, y de que los trabajadores se den los objetivos políticos y económicos, y que no importa en esto el grado en que se encuentre estatizada la economía del Estado y el grado de las relaciones mercantiles o de mercado que haya todavía en un país donde se ha expropiado al capitalismo. Trotsky dice, en La Revolución Traicionada, que a través del crédito de la banca centralizada y a través del régimen impositivo y del monopolio del comercio exterior, se podía perfectamente planificar la economía soviética. No hacía falta tener el control de todas y cada uno de las empresas del Estado para establecer una coordinación económica que apunte a objetivos sociales, etcétera. Esto tiene que quedar muy claro para entender qué es lo que nosotros entendemos por expropiar al capitalismo. No es apoderarse de todos los resortes de la economía, sino establecer en cada estadio del desarrollo económico la coordinación económica correspondiente, según el atraso o el avance de las fuerzas productivas de cada país, y la que surge o permite, a nivel internacional, la marcha de la revolución mundial. Esta es la planificación, lo otro es la anarquía burocrática. Entoces, acá hay una cosa que es muy interesante. El informe señala muy bien cómo las empresas estatales de la URSS se han privatizado y hoy son propiedad de los capitalistas y sin embargo las relaciones sociales capitalistas no se han desarrollado. Porque si los obreros no cobran y por lo tanto trabajan sin poder después consumir, y si los productos se amontonan y los bancos no sólo que no tienen depósitos sino que tampoco dan préstamos, porque solamente intervienen en la especulación de bonos del Estado para apoderarse de las empresas, y si toda la economía gira en torno a apoderarse de empresas sin importar si producen o no producen … porque la idea es después revendérselas al capital extranjero; en resumen, si la circulación económica en el país se encuentra paralizada, entonces la política de destrucción del Estado obrero ha producido el caos. Quiero precisar en este punto lo siguiente: hay un trabajo de Trotsky, un discurso sobre la primera etapa de la Nueva Política Económica, que Trotsky y Lenin implementaron en el año 21, que señala que las medidas de restablecimiento del mercado en Rusia en 1921/22, de estabilización de la moneda y de retroceso parcial hacia el capitalismo, provocaron un ascenso descomunal de la circulación económica, de la circulación monetaria, revivificando todas las ramas de la economía. Es decir que cuando Lenin y Trotsky abandonan el comunismo de guerra y, bajo la dictadura del proletariado, deciden restablecer los mecanismos mercantiles en la economía, se desenvuelve una circulación económica y monetaria sin precedentes; y cuando la burocracia destruye las bases económicas del Estado para proceder a una restauración del capitalismo, paraliza por completo la circulación económica. Los capitalistas no pueden armar hoy el mercado que sí pudieron armar los obreros cuando tuvieron el poder en sus manos, y la única razón es que la política de la clase obrera, cuando restableció la circulación mercantil, era una política de desarrollo de las fuerzas productivas y de fortalecimiento económico del Estado que estaba surgiendo, en tanto que la política de la burocracia es la destrucción de las fuerzas productivas, para producir el acaparamiento de las empresas y rematarlas al capital extranjero. Nadie ha señalado, hasta ahora, este contraste entre el fracaso de la burocracia en restablecer el mercado y el éxito de los bolcheviques en restablecer el mercado, conservando, los bolcheviques, el monopolio del comercio exterior, el control de la banca central y estableciendo, y esto es muy interesante, con motivo del restablecimiento del mercado, por primera vez en la historia de la humanidad, los principios de la planificación económica. Porque ustedes, como marxistas, comprenderán que la planificación económica surge en el momento en que el restablecimiento del mercado en la Unión Soviética obliga a la clase obrera a luchar contra las tendencias anárquicas del mercado. Si no hubiera habido planificación económica, ese mercado que los bolcheviques habían restablecido habría terminado aumentando la diferenciación social, polarizando la riqueza en una minoría y la pobreza en una mayoría, y llevando también a la restauración del capitalismo. Entonces, con el restablecimiento del mercado, la circulación económica y el desarrollo de las fuerzas productivas, los bolcheviques introducen por primera vez en la historia los métodos de la planificación económica, para que la intervención de la clase obrera en el mercado se oriente en el sentido de la igualdad socialista. También es interesante que los bolcheviques introduzcan la planificación económica en circunstancias en las que tanto en Rusia, como en el mundo en general, se carece de estadísticas adecuadas para fundar una economía planificada. La planificación en la URSS va a ser una planificación conceptual, sin poder apelar a modelos matemáticos. Y va a ser un éxito rotundo, porque va a restablecer completamente la economía después de la destrucción de la guerra mundial y de la guera civil. Fue una planificación a ojo de buen cubero, y fue un acierto descomunal, mostrando cómo los intereses sociales y la democracia política pueden guiar un proceso de planificación económica, aun careciendo de los elementos estadísticos que son realmente necesarios para armar una planificación económica. Esto hay que tenerlo bien presente para juzgar este proceso que se está desenvolviendo en la actualidad en los ex Estados obreros. Se ha abierto una crisis absolutamente descomunal que va a provocar, como ya ha provocado, guerras, revoluciones, contrarrevoluciones, y que se ha transformado en un factor dinamitador de toda la situación política mundial. Partidos obreros El otro aspecto que quiero señalar es el siguiente: los partidos comunistas, en casi todos lados, se han transformado en partidos burgueses, a todos los fines prácticos. Esta es una divergencia que tenemos con estos compañeros, con los que ahora estamos discutiendo, de la tendencia internacional trotskista; porque para ellos, los partidos comunistas son partidos obreros, "siguen siendo partidos obreros", dicen, "porque en sus países están vinculados a los obreros". Quiero señalar que para la IVª Internacional, los partidos comunistas eran partidos obreros en primer lugar por la relación que tenían con la URSS. Eran partidos obreros contrarrevolucionarios, porque pertenecían a un aparato que, en principio, defendía las bases sociales de la URSS. Como estos partidos comunistas han dejado de defender esas bases sociales, no sólo porque desapareció la URSS, sino porque, como dijo el compañero Oviedo, trabajaron activamente por su dislocación, se han pasado al campo social de la burguesía. Y esto se manifiesta en todos los países en el hecho de que la relación que tienen con la clase obrera es la misma que puede tener el peronismo y hasta la que puede tener Margaret Tatcher, en el sentido de que seducen a los obreros o tratan de seducir a los obreros, para sacarles los votos. Cualquier partido trata de obtener votos entre los obreros y entre la clase media; bueno, en una palabra, entre cualquier persona mayor de 18 años, incluidos los obreros. Puede parecer una ironía, pero en España las organizaciones trotskistas, incluidos nuestros amigos del Mst, en las últimas elecciones votaron por Izquierda Unida, que es un frente popular burgués con un partido burgués como el PC y otros elementos burgueses; al igual que votaron por el Frente Brasil Popular, que es un frente de conciliación de clases, burgués, en Brasil. Las organizaciones troskistas, a su vez, se han pasado políticamente al campo de la burguesía; no se lo quiere admitir, pero cada vez que pueden, votan y actúan exactamente al revés de lo que recomendaba el Programa de Transición, por el frente popular y no en contra del frente popular. Ahora tenemos otro fenómeno que tenemos que ver, por ejemplo, Refundación Comunista. La dirección de Refundación Comunista, en Italia, ya no tiene casi diferencias con la dirección del partido comunista, que ahora se llama Partido Democrático de Izquierda, y nosotros estamos actuando ahí. Al formarse Refundación Comunista toda la izquierda comunista de Italia decide disolverse e ingresar a Refundación Comunista, o mejor dicho, cofundar Refundación Comunista con los miembros del Partido Comunista que no se quedan con la derecha. Refundación Comunista es un partido que fue fundado por los disidentes del Partido Comunista, por el Partido Democrático de la Izquierda Unida Proletaria, y no sé por cuántas otras organizaciones que pertenecían al ala extremista del país, y también por dos grupos trotskistas; ha sido cofundado y ahí, en ese cuadro, es que gobierna una dirección stalinista, pequeñoburguesa y, por lo tanto, es un partido que tiene características obreras y que se debate en una lucha brutal. El problema fundamental de Refundación Comunista es que los trotskistas, incluidos nuestros compañeros, son democratizantes; cosa que no sólo ellos no quieren admitir, sino que, más grave, ni se dieron cuenta de esto, porque cuando sacan el estatuto de su organización, no dicen que defienden la dictadura del proletariado, y nosotros se lo señalamos: "pero éste ya es el estatuto de ustedes", lo cual justifican afirmando que "defendemos las resoluciones de los primeros 4 congresos de la Internacional Comunista" entre los cuales, en el primero, hay una resolución a favor de la dictadura del proletariado. Pero esa defensa de los 4 primeros congresos de la Internacional Comunista, en el movimiento troskista es ritual. Ocurre que Trotsky decía: "esta Oposición de Izquierda se basa en los 4 congresos de la Internacional Comunista", defendía todos los días la dictadura del proletariado, en cambio el trotskismo actual no se acuerda nunca de la dictadura del proletariado, e incluso la combate (Socialismo con democracia). Siguen un rito, pero han olvidado las razones del rito, es decir, por qué Trotsky defendía los primeros 4 congresos. Como en los primeros 4 congresos se dijeron muchas cosas, nadie puede pensar que cuando Trotsky dijo los 4 primeros congresos, defendía todo lo que decían los 4 primeros congresos, sino que daba un marco político general, las ideas fundamentales de los 4 primeros congresos; la principal, la dictadura del proletariado. Pero los de ahora se olvidan de lo principal. Este problema impide llevar a cabo una lucha eficaz contra la dirección de Refundación Comunista, porque, aunque parezca mentira, ninguna corriente de izquierda en Refundación Comunista denuncia que la dirección es anticomunista, al no plantear la dictadura del proletariado. La cuestión de la dictadura establecería un eje programático de lucha contra esta dirección y, de paso cañazo, formaría a toda la base de Refundación Comunista en una posición favorable a la dictadura del proletariado. Todo esto es interesante también para mostrar cómo los trotskistas se convierten en factor de freno de la evolución del movimiento obrero aunque todos los días anden repitiendo que el movimiento obrero no evoluciona porque hay una crisis de dirección, y miran para el otro lado cuando tendrían que mirarse a sí mismos. El problema de la dictadura del proletariado, en ningún lugar es más crucial que en Refundación Comunista, porque Refundación Comunista tiene la ventaja, sobre otras organizaciones parecidas en el mundo, de que se llama comunista, y que, por lo tanto, permite muy pedagógicamente plantear la dictadura del proletariado ante obreros que consideran motivo de orgullo decir "yo soy comunista y quiero el comunismo". Los compañeros nuestros de Refundación Comunista no plantean la dictadura del proletariado, porque están agarrados en la trampa democratizante del Secretariado Unificado. Como se debate con la izquierda europea, ha habido un debate sobre la conveniencia de votar al partido Laborista británico en las próximas elecciones, aun existiendo el SLP, y en el informe se ha dicho que el partido Laborista británico no es un partido reformista u obrero burgués; entonces, no lo tendríamos que votar. Pero la clase obrera británica quiere, a toda costa, aunque sea con este partido, echar a los conservadores. Entonces, tenemos que tener cuidado en algunas caracterizaciones, porque así como a los camioneros franceses se los derrotó hace tiempo y se les impuso totalmente la desregulación laboral, y ahora ellos derrotan a la burguesía, demostrando que la aplicación del convenio Fiat-Smata no es irreversible, de la misma manera hay otros procesos que no están políticamente cancelados. El caso puede darse, para ser coherentes, con la socialdemocracia alemana, porque si es verdad lo que dijo Oviedo, de que en enero empiezan las huelgas, en determinado punto, estas huelgas van a plantear si la socialdemocracia alemana, a la que están afiliados casi todos los sindicatos, se pliega a la presión hueguística, o estas huelgas crean, dentro de Alemania una escisión en el Partido Social Demócrata. Y todas las corrientes de izquierda, o la mayoría de las corrientes de izquierda en Alemania, militan dentro de la socialdemocracia. Tenemos el ejemplo de España, donde un aparato político controlado por la burguesía mundial, el felipismo, copó el Partido Socialista Español. Lo que nosotros no podemos saber ahora es si existe la perspectiva de que expulsen a este aparato del Partido Socialista Español o, por el contrario, de que se produzca una escisión en el Partido Socialista Español y se construya una cosa por afuera. El felipismo es, claramente, una corriente burguesa; si las organizaciones obreras del PS se constituyen por fuera del felipismo, podremos decir entonces que el PSOE quedó reducido al felipismo y que es, por lo tanto, un partido burgués como cualquier otro. Nosotros tenemos que tener en cuenta todo esto, porque no habiendo todavía partidos revolucionarios, si nosotros pronosticamos grandes ascensos obreros (como, por ejemplo, el que se va a producir en España ahora), tenemos que ser consecuentes con el método marxista y determinar cómo se van a refractar dentro de los partidos políticos. Alemania La otra cosa que quiero señalar es la siguiente: del análisis que hizo Oviedo sobre cómo el capitalismo mundial es incapaz de integrar a la URSS a la economía mundial o, mejor, cómo solamente la puede integrar destruyéndola, para que Rusia sea una salida para la crisis capitalista y no que sea una competidora de los propios capitalistas, se concluye que el modelo económico y político al cual tiende el imperialismo con respecto a estos países, es el que aplicó Alemania occidental con Alemania oriental, que no es otro que el de la destrucción económica de estas naciones, porque Alemania occidental ha destruido la economía de Alemania oriental con la única finalidad de eliminar un competidor. Este es un punto clave, y este punto es el que está tratando de plantear la burguesía norteamericana respecto a China: destruir económicamente a China. Por eso, el imperialismo yanqui no acepta que China ingrese a la Organización Mundial del Comercio, salvo que China acepte la completa, lisa y llana apertura total del mercado chino a todas las mercancías extranjeras. Y la presión del imperialismo sobre China se ha agudizado a un extremo tal, que China ha aceptado aplicar el plan Cavallo y el 1º de enero la moneda china se transforma en convertible ; por lo tanto, quedan autorizadas las libres remesas de capitales de China a cualquier otro lugar del mundo, la fuga de capitales de China. Dada la dimensión de la crisis que esto va a provocar en China, no va a ser para nada un proceso pacífico, y esto es lo que lleva a los planteamientos de reforzamiento de la seguridad militar en Asia, a los acuerdos militares de los EE.UU. con Japón, a los acuerdos militares con Taiwán y, en el caso de Rusia, a la ampliación de la OTAN hasta Rusia. Entonces, vemos dibujarse el escenario de las grandes guerras del futuro próximo, como consecuencia de la propia crisis mundial. Los diarios de hoy confirman una cosa que yo señalé ayer: con el acuerdo de Domínguez con el Pentágono norteamericano. Argentina entra en una carrera armamentista con Chile. Argentina, sin embargo, no critica el rearme chileno, porque quiere rearmar al ejército argentino, y por eso Menem elogió a Pinochet contra Fidel Castro cuando estuvo en Chile. Entonces, entramos nuevamente en un período de militarización, porque a pesar de todo, la economía armamentista es la única salida económica para el capitalismo, por lo menos a corto plazo. Bélgica y la derecha En Bélgica hay un proceso monstruoso. A mí siempre me llamó la atención que no hubiera ninguna carta de lectores al periódico diciendo si nos habíamos vuelto locos al poner que en Bélgica había una situación revolucionaria. Sin embargo, dos semanas después de nuestro periódico, la prensa mundial ha comenzado a decir que la situación en Bélgica es revolucionaria. El problema es que hay una contradicción con el movimiento obrero, porque el movimiento obrero ingresa a esta situación revolucionaria en una situación de retroceso y de desmoralización. Pero de ahí a que vaya a ganar la derecha, como dice el informe, o que esto va a ser manipulado por la derecha, no lo creo. La derecha está totalmente desarticulada, porque los degenerados pedófilos son todos del PS y de la derecha. Se llamen como se llamen, es una gran maffia derechista. Que además arranca desde las Naciones Unidas, porque en Bélgica está la sede de la Unicef y la Unicef es la cueva de violación de niños. Es la red en la que se apoya, y está en Bruselas. Lo que puede ocurrir en Bélgica, si el movimiento obrero no le imprime una salida a este proceso, es que se replantee la división del país. Por eso, la burguesía belga está tratando de que el rey empiece a jugar como árbitro, y se coloque a la cabeza de los reclamos populares. Pero éste es un operativo muy complejo, porque la monarquía belga está muy desprestigiada entre las masas, y cuando comenzó esta movilización se denunció a la monarquía de haber encubierto a los pedófilos. Por lo tanto, la mesa está servida en Bélgica. Lo que los belgas necesitan ahora es un empujón de Francia, un empujón de Alemania, una crisis, etcétera. Esta crisis en desarrollo hay que verla, entonces, a una escala europea. La derecha en Europa es un invento de los izquierdistas, desde hace mucho tiempo, para justificar su propia impotencia, de la misma manera que en la Argentina fue un invento de los izquierdistas que Aldo Rico iba a tomar el poder. El pobre Le Pen, en Francia, hace veinte años que trata de progresar. La derecha puede intentar hacer una cantidad de cosas, pero no es todavía la alternativa de la burguesía. En EE.UU., por ejemplo, la derecha, que dinamitó el edificio de Oklahoma, está siendo juzgada, y están empezando a aparecer conexiones internacionales, y quizás le terminen aplicando la pena de muerte y la silla eléctrica en los EE.UU. Fujimori, el más derechista de los presidentes latinoamericanos, acaba de declarar una amnistía a favor de un militar que ha denunciado a los escuadrones de la muerte, contra la oposición del ejército peruano. Entonces, tenemos que hacer el análisis concreto, no tenemos que dar tan rápidamente por descontada una ventaja para la derecha. La Internacional ¿Cómo se va a producir la construcción de una nueva internacional? Oviedo fue claro, pero me parece que en este punto se puede agregar algo más. El gran problema teórico que plantea la construcción de la Internacional es el que alguna gente planteó, en el sentido de que va a haber una Internacional, pero esa Internacional se va a parecer a la Primera Internacional. Y que querer imponerle el programa de la Cuarta Internacional al movimiento obrero que va a formar la internacional, es una actitud sectaria. Que hay que hacer como la Primera Internacional, que se unió para luchar contra la desocupación y la utilización de obreros de algunos países para hacer de rompe-huelgas en otros países, y que por lo tanto hay que hacer un gran frente amplio, con reformistas, liberales, frentepopulistas, etc., por una Internacional que luche por la jornada de ocho horas. Por lo tanto, o los trotskistas desaparecen, esto porque no está vigente la reconstrucción de la Cuarta, o se limitan a ser una tendencia, que por el momento sería puramente simbólica, en el seno de un movimiento de características difusas. Este fenómeno es importante. Por ejemplo, la Liga Comunista Revolucionaria de Francia, del Secretariado Unificado, se va a cambiar el nombre para adaptarse a esta situación y reconstruir a la izquierda francesa, con escididos del PS, con el Partido Comunista, con Lucha Obrera … este trotskismo marcha a la disolución, franca y abiertamente. Esto, para nosotros, es un problema interesante, porque nos introduce en la cuestión del movimientismo a escala mundial, es decir, la tendencia a formar un movimiento de izquierda: "Juntémonos, el neoliberalismo avanza, la derecha avanza, estamos débiles, más vale unidos que desparramados, dejemos viejas cuestiones", lo que disuelve la construcción del partido. El modelo es: "Volvamos a la Primera Internacional". En estas condiciones, nosotros, como buena secta que proclama una vieja verdad; seguimos: "reconstruir la Cuarta, reconstruir la Cuarta" ¿Estamos obstaculizando el camino …? El problema nace de la deformación colosal que se hace de lo que fue la Primera Internacional, porque yo a todos ellos les digo: "Sí, construyamos la Primera Internacional, no hay ningún problema, sólo que es mentira que la Primera Internacional se construyó para combatir a los rompe-huelgas… La Primera Internacional se construyó y hay todo un debate historiográfico sobre cuál es la fecha que se debe considerar el punto de partida de la Primera Internacional cuando los obreros franceses e ingleses se aliaron para defender la insurrección polaca contra el Imperio zarista y el gobierno británico. La Primera Internacional se creó como Primera Internacional a partir de un planteamiento político internacional de la clase obrera en 1864. Todo eso de los rompe-huelgas, de la jornada de ocho horas, etc., fueron distintos movimientos de lucha que hubo en Inglaterra y en Francia, que marcaron el reanimamiento del movimiento obrero, como la huelga de camioneros lo marca para Francia, o como la lucha contra el convenio Fiat lo marca para la Argentina, pero la Primera Internacional como tal, debuta con un planteamiento de independencia de clase. Y con un planteamiento revolucionario internacional contra la alianza de Rusia e Inglaterra contra la insurrección polaca. No hay, en la historia del movimiento obrero, una Internacional que no se hubiera contruido sobre la base de una plataforma política, y esto por una razón elemental: porque un partido, a nivel nacional o internacional, es un fenómeno político que tiene que delimitarse frente a otras tendencias políticas concurrentes. Puede haber un montón de fenómenos de reanimamiento político: que éste que va a plantear una cosa, el otro una huelga, que Vicentinho venga al acto de la CGT, que proponga una manifestación en Fortaleza, que la OCI se preocupe por los niños, otro que se preocupa por los ancianos, otro más que se preocupa por la jornada larga y aun otro que se preocupa por la jornada corta, pero nada de esto es todavía un movimiento internacionalista consecuente. La Internacional va a tener que ser política, y si va a tener que ser política, ¿cómo abordarla? Por ejemplo, el programa de este burócrata sindical de la alimentación de los EE.UU., que propone armar una internacional de sindicatos para defenderse contra la "furia neo-liberal" y flexibilizadora, no defiende o no plantea la lucha contra la restauración capitalista en China, en la URSS y todo lo demás; es decir, que llama a los obreros rusos a defenderse, ¡¡pero no a luchar contra la restauración del capitalismo!! Y para los obreros rusos, defenderse sin luchar contra el capitalismo es una vía sin salida, porque si no van a luchar contra la restauración del capitalismo, no pueden plantear la caída de Yeltsin y su reemplazo por un gobierno de trabajadores. Y si no pueden plantear esto, los rusos están perdidos… no tienen lo que hacer en política. Entonces, nosotros tenemos que ser tan flexibles como sea necesario, pero con la idea de que lo que hay que construir es un partido obrero revolucionario y reconstruir la IV Internacional. Podemos retirar, en algún acuerdo político, el nombre, pero marchando en esa dirección. No es una afirmación sectaria de posiciones viejas a las que uno se aferra de puro nostálgico: es un problema de comprender adecuadamente. Ayer, discutiendo con los compañeros del PT de Uruguay, y esto lo digo con toda alevosía para que figure en las actas, y constatamos que pasan cualquier cantidad de cosas y que no encontramos la expresión adecuada para desarrollarlas. Porque fíjense qué pasa en Uruguay: en Uruguay se ocupan todos los colegios; una lista clasista gana las elecciones en la construcción en Montevideo; en Uruguay, la derecha del movimiento sindical pierde los congresos, y sin embargo, en Uruguay sigue jodiendo el Frente Amplio. En una serie de sindicatos del Uruguay, el marítimo, el sindicato de la naranja de Salto, el gráfico, la oposición en el sindicato de la construcción, una oposición en el sindicato de bancarios, en AUTE, en este conjunto de sindicatos, han aparecido posiciones contrarias al Frente Amplio. Entonces, todo lo que se dijo sobre la I Internacional y la reconstrucción de la IV Internacional, ¿de qué sirve acá? Sirve para proponerles a todas estas direcciones reunirse y discutir un programa político sin poner ninguna condición, que se forme una comisión de acción gremial y política. Que se constituya el Comité de Acción Gremial y Política, que discuta la actuación de estas direcciones en el campo sindical y que defina sus ideas en el campo político. Cuando las defina, y nosotros estaremos ahí presentes, vamos a influir con nuestras ideas en un sentido obrero y revolucionario, y vamos a tener un partido más desarrollado que el actual, con un programa político revolucionario. El planteamiento sobre la reconstrucción de la IV debe servir para ir considerando los problemas del movimiento obrero que se van planteando en los distintos países. Y si eso llegara a ocurrir en Uruguay, sería un salto fantástico, porque sería superador del PT de Brasil, marcaría un giro revolucionario en toda una serie de sectores de la dirección obrera, e impulsaría la perspectiva política del Partido Obrero en la Argentina. Lo importante es que al tener un carácter principista, automáticamente tiene un carácter internacional, porque un fenómeno es internacional no porque agrupe a la mayoría de los países, y deja de serlo si agrupa a una minoría, o a pocos; es internacional si las características del reagrupamiento tienen un alcance mundial. Es decir, no se limitan a ser una expresión circunscripta a ese solo país. El PT de Uruguay, que tiene que hacer un congreso dentro de dos semanas, debería considerar este tipo de iniciativas.

1 de diciembre de 1996
Resolución sobre la situación internacional
Partido Obrero

Aprobada por el VIIIº Congreso del Partido Obrero I – La Crisis Mundial 1. El punto de partida para el análisis de la situación internacional es la caracterización de la crisis capitalista tomada en su conjunto. El PO ha caracterizado que la crisis mundial es una categoría histórica específica que se refiere al momento en que la descomposición del capitalismo como sistema mundial adquiere la forma de crisis políticas, de crisis revolucionarias y que engloba, en un proceso único, a la burocracia de los estados obreros degenerados, ya previamente integrada a la economía mundial. La base de esta crisis mundial es la incapacidad histórica del capitalismo para contrarrestar la tendencia declinante de la tasa de beneficio. El estancamiento de la producción o su crecimiento meramente vegetativo; el desempleo masivo; el agravamiento de las tensiones comerciales y monetarias entre las grandes potencias; el retroceso sin precedentes en las condiciones vida de las masas; la quiebra de grandes grupos económicos; la bancarrota de México y las advertencias de los inminentes derrumbes de Brasil, de México, de las bolsas del SE de Asia y de Wall Street, y de una "tormenta monetaria" en Europa; la incapacidad del capital para darle una salida a los regímenes burocráticos que emprendieron el camino de la restauración; la emergencia de guerras como la yugoslava; la catástrofe africana; el hundimiento de regímenes (Bélgica); la emergencia de grandes movimientos huelguísticos y reivindicativos de masas, e incluso de levantamientos de masas de características revolucionarias (Yugoslavia), son distintas manifestaciones del proceso único de la crisis mundial. 2. La caracterización de que enfrentamos una crisis capitalista de una envergadura histórica excepcional es, sin embargo, una opinión muy minoritaria. Para la inmensa mayoría de las corrientes del pensamiento incluidas las de la izquierda, la etapa no sería de crisis sino de ascenso, de florecimiento y de fortalecimiento del capitalismo, como consecuencia de la llamada globalización. El punto de partida de esta llamada globalización es la circulación mundial (a una velocidad aterradora y prácticamente sin limitaciones) de una masa de capital financiero que no guarda ninguna relación con las necesidades de la producción y el comercio mundiales. Su segundo punto de apoyo es la masiva exportación de capital, que ha llevado al copamiento de la tercera parte de los medios de producción mundiales (y una proporción infinitamente mayor de las exportaciones mundiales) por un puñado de pulpos imperialistas. Esta globalización sería la obra y a la vez habría creado a una nueva clase social, la llamada burguesía mundial (las "empresas transnacionales"), esencialmente distintade las burguesías clásicas, porque, a diferencia de éstas y como consecuencia de operar en todo el planeta, se habría liberado de sus intereses nacionales. Como consecuencia de la internacionalización productiva, de la aparición de la "burguesía mundial" y de la supuesta pérdida de relevancia de los estados nacionales frente a los flujos mundiales de mercancías y capitales, se registraría una tendencia a la superación de las rivalidades nacionales. Al mismo tiempo, se plantearía también la caducidad de la lucha reivindicativa de las masas, porque los estados nacionales (debilitados) ya no podrían arbitrar, como en el pasado, entre la burguesía ahora mundial y las clases obreras de los diferentes países. En resumen, se plantearía la perspectiva de un desarrollo pacífico y progresivo del capitalismo que, gracias a la globalización, habría logrado superar dos de sus contradicciones mortales e insuperables: la existencia de clases sociales antagónicas y su lucha, y las rivalidades entre los estados nacionales. 3. La llamada globalización (que no alcanza el status de teoría) es una mistificación, una cobertura ideológica cuya función es ocultar la agudización de la competencia y de la anarquía capitalistas y la violentísima fragmentación y descomposición social provocadas por el agravamiento de la crisis. Para la izquierda desmoralizada y la burocracia sindical, la mistificación globalizadora es una justificación ad hoc de su política de abandono de la lucha de clases y de su integración al Estado y al orden imperialista. La enorme circulación mundial de capital financiero y la exportación de capitales no son nuevos (son rasgos inherentes al imperialismo, caracterizados por Lenin hace 80 años) y son recursos que utilizó el capital para escapar a la crisis que se perfilaba a mediados de la década del 70. La sistemática expansión monetaria y del crédito, y el crecimiento de las deudas públicas (con el objeto de expandir la acumulación del capital más allá de los límites que le imponían sus propias leyes), fueron el origen de la hipertrofia financiera que hoy recorre los mercados mundiales. El crecimiento de la exportación de capital también fue otro recurso para superar la crisis, mediante la superexplotación de la mano de obra y los recursos de los países atrasados. Ni uno ni otro recursos han logrado superar la crisis; al contrario, la agravaron. La creación de una enorme masa de capital ficticio exige la creación de beneficios reales para evitar su desvalorización. En consecuencia, el progreso de la acumulación del capital financiero torna más acuciante la contradicción entre la masa de capital acumulado y la masa de plusvalía que el capitalismo logra arrancarle a la clase obrera en las actuales condiciones sociales y políticas, y por lo tanto, torna más aguda la tendencia a la desvalorización de esos capitales. El temor a su violenta desvalorización por una crisis súbita (Wall Street 87 / México) es un factor de enorme inestabilidad monetaria y financiera mundial. La exportación de capital potenció la sobreproducción mundial y reforzó la tendencia a la deflación mundial, al estancamiento productivo y a la quiebra en las grandes potencias. Este tembladeral económico y financiero está en la base de las crisis políticas, que en forma más o menos sistemática, atenazan a los regímenes políticos de todos los países, llevando incluso a situaciones revolucionarias como la que se presenta en Bélgica. 4. La llamada globalización no ha llevado a la unificación del mundo, sino a un agravamiento sin precedentes de las desigualdades sociales, de la opresión nacional y del parasitismo propios de la época imperialista. La agudización de la polarización social y el retroceso sin precedentes en las condiciones de vida de las masas son presentados como la consecuencia natural de una supuesta revolución tecnológica, y no como el resultado de la tendencia, inherente al capital a la creación de un ejército industrial de reserva, a la superexplotación del trabajo y a la búsqueda de la reconstitución de la tasa de beneficio, mediante la combinación de la última palabra de la técnica con las formas más atrasadas y bárbaras de explotación. 5. La crisis capitalista ha provocado una internacionalización sin precedentes del proceso social de la producción, al mismo tiempo que una enorme concentración del capital (propiedad). El manejo de la economía mundial está concentrado en las manos de unos pocos pulpos originarios de las potencias imperialistas. En consecuencia, la crisis ha provocado un notable agravamiento de la contradicción entre el carácter cada vez más internacional de las fuerzas productivas y el estrechamiento de la base nacional del capital. La agudización de la competencia entre pulpos con distinta base nacional no lleva al condominio mundial, sino a la preeminencia del más fuerte. Como una necesidad de esta competencia, la crisis capitalista ha provocado un fortalecimiento sin precedentes de los Estados nacionales, mediante su entrelazamiento más profundo con el capital, con el objetivo de impulsar más convenientemente los intereses del capital del propio país. Los salvatajes de grandes bancos y grupos económicos; los subsidios a los capitalistas; las leyes fiscales que promueven la sistemática expropiación de las masas trabajadoras en beneficio del gran capital; la privatización de los sistemas jubilatorios, de salud, de educación, y la imposición de leyes flexibilizadoras mediante la acción despótica del Estado, están revelando esta tendencia al fortalecimiento del Estado como consecuencia de la crisis. 6. Como consecuencia de la agudización de la concurrencia entre pulpos de distinta base nacional, y del fortalecimiento de los estados, la crisis capitalista agravó la opresión nacional sobre los países atrasados y la tendencia a los choques estatales entre las grandes potencias. Esta tendencia se expresa en los choques comerciales, financieros y monetarios entre las principales potencias; en la formación de bloques comerciales; en las manipulaciones presupuestarias; en las disputas por la penetración en Rusia, China y Cuba; en los choques entre las principales potencias alrededor de la guerra de Bosnia o de la catástrofe africana. En esta competencia, un instrumento fundamental de cada burguesía es la liquidación de las conquistas sociales de las masas de su propio país. Contra esta tendencia al agravamiento de los enfrentamientos nacionales, existe una sistemática preocupación de los estados mayores imperialistas por preservar de la crisis un precario equilibrio internacional, por el temor a provocar un estallido general. Esta tendencia se manifiesta en los acuerdos que dieron nacimiento a la Organización Mundial del Comercio; en los acuerdos monetarios y de cooperación de los bancos centrales de Estados Unidos, Alemania y Japón; en la reversión (negociada) de la agresiva tendencia devaluacionista de los Estados Unidos contra Japón; en el cuidado que han mostrado las potencias imperialistas en no provocar enfrentamientos graves con la burocracia rusa (en la cuestión de la expansión de la OTAN o, incluso, en la cuestión de la guerra en Bosnia). Esta preocupación por la preservación del precario equilibrio existente se manifiesta también en las vacilaciones de la propia burguesía norteamericana respecto de la cuestión de la formación de un "bloque comercial americano": un sector del imperialismo teme que semejante bloque además de agravar la sobreproducción en los propios Estados Unidos provoque una crisis total en sus relaciones con Europa y Japón. 7. De conjunto, de la contradicción entre la tendencia al agravamiento de los choques nacionales, provocada por la crisis, y la preocupación de los Estados imperialistas por preservar un cuadro de equilibrio internacional, surge la aparente situación de empantanamiento; de tiras y aflojes sin que la sangre llegue al río; de crisis que no logran resolverse, que muestra la situación internacional. Este cuadro de equilibrio precario, sin embargo, es incapaz de frenar el agravamiento de la crisis, como lo revela que estos acuerdos no han logrado prevenir el estallido de la bancarrota de México, la quiebra de la banca Baring o las tormentas monetarias y financieras. Un derrumbe económico de fondo revelaría la inviabilidad de estos acuerdos y dejaría la crisis al desnudo. Aún no llegamos a ese punto, pero ésta es, sin duda, la perspectiva, porque la tendencia dominante de la crisis capitalista es a la quiebra, al estallido, a la bancarrota y al derrumbe. II – Balance de la restauración capitalista 1. La crisis mundial que antecedió en mucho al derrumbe de los regímenes burocráticos es su verdadera causa: los regímenes burocráticos se hundieron por la terrible carga de la deuda externa, por la dislocación económica provocada por los planes fondomonetaristas aplicados para pagar esa deuda y por los levantamientos populares contra esos planes. Sus enormes contradicciones sociales convirtieron a los regímenes burocráticos en el "eslabón más débil" de la cadena mundial del sistema capitalista. En los últimos 60 años, la burocracia estableció una relación social muy profunda con el imperialismo, basada en la colaboración política contrarrevolucionaria mundial y en su integración económica a la economía mundial, dominada por el capital financiero. La burocracia utilizaba esta condición intermediaria entre el capitalismo mundial y la estructura estatal creada por la Revolución de Octubre, para defender su posición privilegiada en la URSS. El PO marcó el alcance de esta integración y también sus limitaciones: las bases sociales antagónicas del capitalismo mundial y del régimen de la economía estatizada de la URSS. 2. En la medida en que se internacionalizaba este proceso de entrelazamiento, la burocracia debió enfrentar la reacción de las masas que creó ese entrelazamiento. En 1953, con el levantamiento obrero de Berlín Oriental, se inicia el proceso de revolución política. El levantamiento de la clase obrera polaca (en 1980) contra el intento de la burocracia de aplicar, a una escala nunca vista, los programas fondomonetaristas (de aumento de los precios y libertad de mercado, etc.) para el pago de la deuda externa, desató un movimiento de lucha nacional sin precedentes. La burocracia apareció, entonces, claramente, como un agente del capital mundial en el seno de los Estados Obreros. La restauración del capitalismo es un proceso contrarrevolucionario lanzado por la burocracia empujada por la revolución política emprendida por la clase obrera, con el objeto de acabar con las conquistas sociales, liquidar la perspectiva de la revolución política y convertir sus privilegios en propiedad. Este proceso tiene un alcance mundial y abarca no sólo a la burocracia soviética y de Europa Oriental, sino también a las burocracias de China, Cuba, Vietnam y Corea. 3. Casi una década después, ¿cuál es el balance del proceso de restauración? En Rusia, la industria y los grandes yacimientos fueron privatizados en beneficio de la burocracia; las condiciones de vida de las masas han retrocedido violentamente y la penetración imperialista es aguda. El retroceso de la economía rusa, sin embargo, es imparable: la producción industrial y agrícola cae en picada; la dependencia del endeudamiento externo es mayor que nunca y se agudizó el retraso relativo de la economía rusa respecto de la mundial. Al mismo tiempo, se mantienen vigentes las tendencias a la desintegración del Estado ruso (Chechenia, Siberia, el Extremo Oriente atraído por los tigres asiáticos, etc.). El proceso de la restauración destruyó lo que quedaba en pie de las relaciones sociales heredadas de la Revolución de Octubre. La burocracia y el imperialismo, sin embargo, no han logrado establecer en Rusia un régimen de relaciones sociales que correspondan a una organización capitalista de la sociedad. Después de diez años de reformas de mercado, el mercado no es el elemento unificador de la economía rusa; ese papel de unificación lo juega la intervención directa de los Estados imperialistas. Sólo la enorme masa de créditos internacionales que recibió, le permitió sobrevivir al régimen de Yeltsin. Pero en la misma medida en que la crisis capitalista mundial y los monumentales déficits fiscales de todos los países imperialistas debilitan las posibilidades de socorro, el régimen yeltsiniano es un régimen sin salida. La incapacidad de la burocracia y el imperialismo para establecer el mercado como el regulador de la vida económica y del intercambio entre los productores encierra una paradoja histórica. Actuando como defensores ideológicos del mercado y el capitalismo, los burócratas introdujeron un conjunto de reformas de mercado que han provocado una enorme destrucción de fuerzas productivas. A la inversa, actuando como partidarios de la planificación y del socialismo, los bolcheviques introdujeron un conjunto de normas mercantiles (la NEP, de 1924) que, en el marco de la dictadura proletaria, el monopolio del comercio exterior y la planificación económica, dieron lugar a una inusitada expansión económica. La explicación a esta aparente paradoja radica en la oposición entre el carácter históricamente progresivo del régimen de la dictadura del proletariado (bajo el cual, los mecanismos de mercado favorecieron el desarrollo de las fuerzas productivas), y el carácter históricamente regresivo del régimen de la dictadura del capital, que sólo puede colonizar a Rusia a través de una gigantesca destrucción de fuerzas productivas. 4. La descomposición económica y social está provocando enormes movimientos de masa en Rusia: las huelgas de los mineros, de los obreros de la industria militar, las huelgas generales y la formación de consejos obreros y de soldados, son la expresión de un movimiento que engloba a millones de trabajadores. Las actuales movilizaciones en Yugoslavia revelan que esas movilizaciones pueden adquirir, rápidamente, un carácter revolucionario. 5. En Cuba también está en curso el proceso de la restauración capitalista, que se manifiesta en: a) la penetración de las inversiones imperialistas; b) las disputas interimperialistas trabadas en torno a esta penetración (ley Helms-Burton); c) la negativa a permitir la organización política y sindical de los trabajadores en forma independiente del Estado, para defenderse de la polarización social que está provocando el proceso restauracionista. En este cuadro, los acuerdos con el Vaticano que establecen la disposición de la dirección cubana a compartir el monopolio de los recursos políticos, de la propaganda y de la educación, con la burocracia vaticana, vanguardia ideológica de la contrarrevolución mundial confirman el rumbo estratégico de la dirección cubana hacia la restauración. A término, el proceso de la restauración capitalista deberá provocar, también en Cuba, conmociones revolucionarias. 6. Las contradicciones que enfrenta el proceso de restauración no sólo están referidas al interior de los regímenes burocráticos, sino al conjunto del mercado mundial, como lo revela la evolución de China. La integración de China al mercado mundial alcanzó un punto en el cual, dialécticamente, se transformó de factor de contención de la crisis mundial, en su contrario, en un factor de dislocación del comercio mundial y de desorganización económica a nivel planetario. La baratura de las exportaciones chinas desplazó a los concurrentes capitalistas más débiles; la expansión del comercio chino, en un cuadro de estancamiento de la producción mundial, es un factor de deflación mundial de los precios, de aceleración de la recesión y de la tendencia a la quiebra en los países capitalistas. La mayor integración de China al mercado mundial llevando la sobreproducción a una sobresaturación de mercancías obligará a una completa reorganización del mercado mundial, un proceso que sólo puede tener lugar a través de quiebras, conmociones y enfrentamientos entre Estados. 7. En forma complementaria, China y Rusia revelan la debilidad del capital mundial para digerir la restauración del capitalismo en los estados obreros. En el cuadro actual de sobreproducción de mercancías y capitales, la plena reincorporación de los ex Estados obreros degenerados al capitalismo, implica un proceso brutal de destrucción de fuerzas productivas. Esto no sólo en Rusia donde este proceso se encuentra avanzado, sino también en China. En esta dirección se orienta la política del imperialismo, que veta la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio, a menos que Pekín acepte la plena libertad de movimientos para el capital mundial allí (con resistencias, la burocracia se encamina por esta vía, como lo revela el establecimiento de la convertibilidad del yuan). Un proceso de liquidación de fuerzas productivas de tan enormes proporciones dará lugar a conmociones políticas, luchas de masas y crisis gigantescas. Esto explica el montaje de un conjunto de acuerdos armamentistas y de defensa en Asia, y la expansión de la OTAN hasta la frontera rusa, con el objeto de establecer un cerco a la desestabilización que puedan provocar estas crisis y, sobre todo, como un gigantesco gendarme mundial contra las masas chinas y rusas. Se diseña así el teatro de futuras guerras. Las conquistas democráticas de las masas de Occidente que obligan al imperialismo a jugar la carta democratizante son una limitación fundamental a los intentos del imperialismo de resolver por la fuerza la cuestión de la restauración del capitalismo en los estados obreros degenerados. En la medida en que el imperialismo mundial no puede "ajustar las cuentas" con sus propios proletariados, será completamente impotente para resolver la cuestión de la restauración en los Estados obreros degenerados. Esta conexión íntima entre la lucha de la clase obrera en los países imperialistas y la suerte de los procesos de restauración capitalista confirman la unidad mundial de la lucha de clases. El pronóstico de Trotsky plenamente vigente de que el carácter social de la URSS se dirimiría en la arena de la lucha de clases mundial, constituye el punto de apoyo metodológico de la caracterización del PO, de que los regímenes burocráticos que han iniciado el camino de la restauración capitalista constituyen, en el presente período histórico, Estados obreros en descomposición. III – El movimiento obrero 1. ¿Cómo reaccionó el movimiento obrero frente al cataclismo de la crisis mundial, al hundimiento de los regímenes burocráticos y al ataque sin precedentes a sus conquistas históricas? Las direcciones históricas del movimiento obrero (PS y PC) se pasaron con armas y bagajes al campo del imperialismo, es decir, al campo de la flexibilización, de la globalización, del aumento de la productividad (a costa de los obreros), de la democracia como fin en sí mismo y de la negación de la explotación social y la opresión nacional. El mismo camino siguieron los débiles agrupamientos trotskistas internacionales, que renunciaron a la lucha por el socialismo y por la dictadura del proletariado para disolverse políticamente en el campo democratizante proimperialista. 2. La socialdemocracia se ha convertido en la fachada demagógica de camarillas políticas que defienden abiertamente a la burguesía y al imperialismo. El copamiento de estas viejas organizaciones por la pequeñoburguesía pro-imperialista (Felipe / Mitterrand / Craxi), ha liquidado a la socialdemocracia como partidos reformistas. No se puede, sin embargo, dar como cerrado el proceso de copamiento de estos partidos por la pequeñoburguesía proimperialista: en ausencia de partidos revolucionarios y en presencia de alzas de las masas, estas camarillas burguesas pueden ser expulsadas de esos partidos como cuerpos extraños. 3. Los stalinistas, a diferencia de la socialdemocracia, nunca han sido partidos nacionales de la clase obrera que expresaran la subordinación del proletariado a la burguesía de sus propios países, ni tampoco jamás tuvieron programas reformistas. Los Pcs debían su condición de partidos obreros a su dependencia histórica de la burocracia soviética, es decir, a su condición de partidos ligados a la defensa de la URSS como un Estado obrero degenerado. El proceso de la restauración capitalista y la transformación de la burocracia en clase propietaria ha destruido a los partidos comunistas como partidos obreros. La pretensión de que los Pc se estarían socialdemocratizando que sostienen los mandelianos, otras tendencias trotskistas y los propios stalinistas reconvertidos es falsa: la función histórica del stalinismo es la destrucción de la clase obrera como clase internacional, y esa función histórica contrarrevolucionaria no tiene posibilidad de renovación. La afirmación de que los Pcs se estarían socialdemocratizando sólo sirve para caracterizar la política frentepopulista contrarrevolucionaria de los trotskistas que la sustentan. Un caso particular es el del partido italiano de la Refundación Comunista, en el cual confluyen parte de la vieja dirección del Pc, los obreros que continúan reivindicándose comunistas y las tendencias democratizantes de la izquierda italiana. Por este motivo, lo consideramos un partido obrero, a pesar de que desde el punto de vista de su dirección (stalinista), de su programa y de su política (planteamiento de apoyo parlamentario al gobierno de Prodi), no se diferencia del Partido Democrático de la Izquierda (los stalinistas reciclados). 4. Los movimientos nacionalistas de contenido burgués o pequeñoburgués se han pasado, también, al campo de la política imperialista, es decir, al campo de la opresión nacional contra sus propios pueblos. Este giro común a los nacionalistas del CNA sudafricano, de la OLP palestina, del IRA irlandés, del FSLN nicaragüense o del FMLN salvadoreño, constituye una tendencia mundial, que revela, en última instancia, que estas corrientes eran políticamente tributarias del stalinismo, y del cuadro de coexistencia pacífica que éste había montado con el imperialismo durante la guerra fría. 5. El pasaje de las direcciones obreras al campo imperialista, no anula la lucha de clases ni la tendencia de los trabajadores a resistir los formidables golpes que descarga la crisis capitalista. En los últimos seis meses, hemos asistido a la emergencia de huelgas y grandes movimientos de masas en todos los continentes. Los grandes proletariados mundiales en Rusia y en Europa (Francia, Alemania, Gran Bretaña, Noruega), en Canadá y en Australia han entrado en escena. En los Estados Unidos, al mismo tiempo que se desarrollan huelgas y luchas parciales, está en curso una abierta crisis de la burocracia, como consecuencia de la bancarrota de su política, que ha llevado al recambio de la dirección de la AFL-CIO y a la formación de un Partido de Trabajadores por parte de una fracción minoritaria de la burocracia; este proceso está apenas en sus inicios y son inevitables nuevas crisis, como consecuencia de la inviabilidad de la política de la burocracia de presión parlamentaria sobre el Partido Demócrata. También en América Latina asistimos a un proceso de ascenso de las luchas obreras (en Argentina, Chile) y de los movimientos de masas en general (movimientos campesinos en Colombia, Bolivia, Paraguay, Brasil); de los estudiantes secundarios en Uruguay. 6. ¿Cuál es el balance de esta lucha de clases? A pesar de la ofensiva política, social e ideológica de la burguesía, y de la colaboración de las direcciones burocráticas a nivel mundial, la burguesía no ha podido imponer los convenios Fiat-Smata al proletariado: no los han podido imponer en Estados Unidos o Canadá (lo revelan los convenios automotrices), no los han podido imponer en Alemania e, incluso, no los han podido imponer allí donde los convenios fueron aceptados por la burocracia. Sucede que no basta con hacer firmar el convenio, sino que, además, la burguesía tiene que quebrar la voluntad de resistencia de los trabajadores; en caso contrario, como lo revelan las luchas de Cormec o de los camioneros franceses, ante el menor giro en la situación, los obreros recurrirán a la lucha para combatir la flexibilización. Para producir una derrota duradera de la clase obrera, la burguesía necesita imponer una completa alteración de sus relaciones políticas con el proletariado, lo que necesariamente debe manifestarse en el plano político del Estado (modificación del régimen político / liquidación de las libertades democráticas). 7. No se trata sólo de analizar las luchas, sino también qué modificaciones provoca la crisis en la conciencia de los trabajadores. En este sentido, señalamos que la existencia de una derrota ideológica del capitalismo en la medida que las masas ven, cada vez más abiertamente, que el capitalismo es incapaz de resolver cualquier problema que las afecte no puede menos que provocar una alteración de la conciencia de los trabajadores. El punto de partida para esa evolución, sin embargo, es muy retrasado y su ritmo lento. Los desarrollos más importantes en esta dirección Partido Laborista Socialista (Gran Bretaña) y el Partido de los Trabajadores (de Estados Unidos) muestran profundas limitaciones: amén de sus programas (nacionalista, antisocialista en ambos casos), la hostilidad a la izquierda del primero, y su negativa a romper con el Partido Demócrata, además la libertad que ha otorgado para que sus miembros votaran por Clinton. En este cuadro, se registra un fenómeno novedoso: la cuestión de una dirección obrera internacional comienza a plantearse en forma objetiva como consecuencia de la crisis capitalista, de la internacionalización de los ataques capitalistas contra los trabajadores y del derrumbe absoluto de las viejas direcciones. El carácter objetivo que va asumiendo esta cuestión se revela en el hecho de que diferentes direcciones políticas han comenzado a plantear diferentes soluciones a este problema. 8. En este cuadro de crisis capitalista de una envergadura histórica excepcional, de crisis políticas y revolucionarias, de luchas crecientes de las masas, y de bancarrota y demolición de las direcciones históricas del movimiento obrero, el Congreso del Partido Obrero, reivindica la vigencia histórica de la IVª Internacional como el partido mundial de la lucha por la dictadura del proletariado, por la abolición de los Estados y las fronteras y por el comunismo.

1 de diciembre de 1996
Resolución sobre la lucha por la reconstrucción de la IVª Internacional
Partido Obrero

Aprobada por el VIIIº Congreso del Partido Obrero La cuestión de la dirección política internacional de la clase obrera es un problema objetivo de la actual situación mundial. Esto significa que se plantea con independencia de la voluntad de las direcciones existentes, inclusive contra ellas: a) por la internacionalización sin precedentes de la producción y la economía capitalistas; b) por la naturaleza idéntica de los ataques contra la clase obrera a nivel mundial (flexibilización laboral, privatización de la previsión social, destrucción de los convenios colectivos y de todos los regímenes de cobertura sanitaria y seguridad laboral, congelamiento salarial y despidos masivos); c) por la quiebra de las direcciones tradicionales de las organizaciones obreras, originada en la propia crisis de las relaciones políticas mundiales. La objetividad del problema se evidencia inclusive en las diversas iniciativas adoptadas por las direcciones burocráticas para darle respuesta: Foro de San Pablo, iniciativas sindicales a nivel del Mercosur, Fórums continentales de partidos de izquierda en Europa, etc. La reconstrucción de la IVª Internacional se plantea, entonces, como la respuesta política revolucionaria a una cuestión que está puesta en el orden del día del movimiento mundial de la clase obrera y los explotados. El carácter político del problema desecha, de movida, las tentativas de darle una respuesta a partir de un agrupamiento internacional concebido sobre bases estrechamente sindicales o economicistas. Toda tentativa de imponer las reivindicaciones obreras sin plantear la lucha por el poder está condenada, hoy más que ayer, de antemano al fracaso. En la época de ascenso histórico del capitalismo, cuando la lucha por un programa mínimo poseía todavía, hasta cierto punto, vigencia histórica, el reagrupamiento internacional del proletariado tuvo bases claramente políticas, ya desde la Iª y la IIª Internacionales, en un programa por el poder (las reivindicaciones políticas precedieron y presidieron la construcción de todas las Internacionales, desde la Iª Internacional). El planteo que criticamos se sitúa como una variante dentro de la completa degeneración política de las corrientes internacionales que se reivindican trotskistas. Las mismas corrientes que se hacen eco de una supuesta globalización o mundialización del capital, declaran la inactualidad de la lucha por el partido mundial de la clase obrera. Para estas corrientes, la IVª Internacional carece de actualidad porque tampoco la posee la lucha por el partido revolucionario de la clase obrera, al que diluyen en un movimientismo de características amorfas, carente de un programa revolucionario y producto de acuerdos sin principios con corrientes hostiles a la revolución, al que pretenden someter a la vanguardia obrera. El internacionalismo de estas corrientes es puramente formal, es la proyección internacional de su fracaso histórico en construir el partido revolucionario en sus propios países. Frente a estos planteos antirrevolucionarios, el PO reafirma la vigencia del internacionalismo proletario, del reagrupamiento político internacional de la clase obrera, de la lucha por poner en pie el partido mundial de la revolución, de la lucha por la dictadura del proletariado, que retome toda la tradición del movimiento obrero revolucionario, fundado por Marx, Engels, Lenin y Trotsky, por la abolición del capitalismo y las fronteras nacionales, por la construcción del socialismo y el comunismo. Los problemas que enfrenta el movimiento obrero, desde el Manifiesto Comunista, son los de su estructuración política, la lucha por el poder. Toda la tradición histórica del marxismo ha sido la de la lucha por la puesta en pie de la clase obrera, a escala nacional y mundial, como una clase para sí, es decir, consciente de sus tareas históricas. Porque se trata de una tarea política, sólo puede ser resuelta en base a la tradición acumulada de las Internacionales Obreras precedentes, que se encuentra sintetizada en la IVª Internacional, la única que posee un programa de transición que tiende el puente entre las reivindicaciones inmediatas, partiendo del nivel presente de la conciencia, para alcanzar la conquista del poder. El VIIIº Congreso del Partido Obrero reafirma la lucha internacionalista librada en el último período, expresada en la intervención y la ruptura revolucionarias con los agrupamientos democratizantes prohijados por las direcciones burocráticas (Foro de San Pablo), en la regularización y ampliación de la difusión de nuestro órgano teórico internacional (En Defensa del Marxismo), en la discusión y tareas políticas llevadas adelante con organizaciones y grupos trotskistas de otros países. Las luchas llevadas adelante en común (como el Tribunal Moral de Bolivia, la campaña por la libertad de Bacherer, etc.), no fueron obstáculo para el desarrollo del debate político, a través de la revista, el periódico, y en reuniones internacionales. Reafirmamos, en especial, la lucha política para que la AMR-Proposta, que lleva adelante un importante trabajo en el PRC (Rifondazione Comunista) de Italia, se defina programática y estatutariamente por la dictadura del proletariado, so pena de situarse como extrema izquierda del terreno democratizante delimitado por la propia dirección del PRC. Para el Partido Obrero, con todo, el aspecto más destacado de su combate internacionalista, se mide en la lucha librada al interior de nuestro propio partido por alcanzar una conciencia colectiva militante respecto a la comprensión de la situación internacional y de nuestras tareas cuartointernacionalistas. Para asentar esta conciencia en la más firme tradición marxista, el VIIIº Congreso decide reeditar, para la formación política, el curso dado por el dirigente bolchevique David Riazanov, acerca de la lucha de Marx y Engels por el partido revolucionario y la Internacional de la clase obrera.

1 de diciembre de 1996
Resolución sobre el trabajo del PT de Uruguay
Partido Obrero

Aprobada por el VIIIº Congreso del Partido Obrero La experiencia de lucha de la vanguardia obrera y las masas uruguayas (seguridad social, reforma educativa, lucha de los obreros de la naranja de Salto, Congreso del PIT-CNT) plantea la posibilidad y necesidad de construir un canal para la acción política del movimiento obrero, que tiende a romper con el Frente Amplio. Expresiones en este sentido están presentes en la movilización estudiantil, en los sindicatos (gráficos, naranja, marítimos, etc.), en organizaciones de jubilados, a los que hay que plantear la construcción en común del partido de la clase obrera, no en forma ultimatista (como ingreso al actual PT), sino a través de una acción común. A la vanguardia obrera y juvenil es necesario proponerle un curso de acción práctica para canalizar sus movilizaciones y abrir una salida política para el movimiento obrero. En el curso de esta acción común, con toda seguridad surgirá, como programa político, el programa del PT, ya que se desprende de la caracterización de la situación nacional e internacional, y de la propia experiencia de las masas uruguayas con el régimen político capitalista y el frente popular. El VIIIº Congreso del Partido Obrero propone, al Congreso del Partido de los Trabajadores de Uruguay, el desenvolvimiento de un plan de acción, en común, con los sectores de activistas que se plantean la ruptura con el FA, para construir un COMITE DE ACCION GREMIAL Y POLITICA, como un paso concreto en la construcción de un partido obrero en Uruguay.

1 de diciembre de 1996
«Globalización» y Socialismo

Capitalismo "Multinacional" La teoría de un "capitalismo multinacional", que habría superado la fase de "exportación de capitales", basada en empresas "nacionales", es muy antigua. De acuerdo con esa noción, "la clase capitalista transnacional no está compuesta por capitalistas en el sentido marxista tradicional. La propiedad directa o el control de los medios de producción no es más el criterio exclusivo para servir a los intereses del capital, principalmente no a los intereses globales del capital. La burguesía administrativa internacional es definida como una categoría socialmente abarcadora comprendiendo a la elite empresarial, gerentes y firmas, altos funcionarios del Estado, líderes políticos, miembros de las profesiones eruditas y personas de posición similar en todas las esferas de la sociedad" (1). La globalización sería un estadio superior de la "transnacionalización", y se referiría, además de a la "mundialización" económica, a todas las consecuencias sociales, políticas y culturales de ese proceso: "El término globalización puede ser empleado tanto en relación a un proceso histórico como a un cambio conceptual en que él es tardíamente y todavía de manera incompleta definido. La globalización, en el primer y más amplio sentido, es definida con más precisión como la concretización del mundo entero como un único lugar y como el surgimiento de una condición humana global" (2). Para los apologistas y cuadros orgánicos del capital, como Jeffrey Sachs, la globalización sería un producto del último cuarto de siglo, y abriría un futuro rosa para el conjunto del sistema: "El período entre 1970 y 1995, y principalmente la última década, presenció la más espectacular armonización institucional e integración económica entre naciones jamás vista en la historia mundial. Durante las décadas de 1970 y 1980 creció la integración económica, cuya extensión sólo se percibió nítidamente con el colapso del comunismo en 1989. En 1995 se percibe el surgimiento de un sistema económico global dominante. El conjunto de instituciones en común está ejemplificado por la nueva Organización Internacional de Comercio (OIC), establecida con el consenso de más de 120 economías, y donde prácticamente todas las demás desean entrar. Parte del nuevo acuerdo de comercio envuelve una codificación de los principios de comercio de bienes y servicios. Igualmente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) cuenta hoy con un grado de afiliación casi universal, con los países miembros comprometidos con principios básicos de circulación y conversión de la moneda" (3). Mundialización y Nación Presentar el proceso de "multinacionalización" como específico de la segunda posguerra es un abuso. Según L. G. Franko, el número de filiales implantadas en el exterior antes de 1914 sería de 122 para las empresas americanas, 60 para las inglesas y 167 para las demás firmas europeas (4). Aun para el proceso más reciente, Charles Albert Michalet señala que "la distribución nacional de las firmas multinacionales (FMN) sigue fielmente la jerarquía de los PBIs. Las más numerosas son de origen americano, las otras europeas o japonesas. No tenemos conocimiento de la existencia de sedes de FMN en los países subdesarrollados, con excepción, evidentemente, de los ´paraísos fiscales. Ese fenómeno de multinacionalización es, por lo tanto, indisociable de la naturaleza de las economías de origen" (5). Aun después de todo el proceso de internacionalización reciente, con su sueño de una "fábrica mundial", fue posible señalar, sin gran dificultad empírica, que "en la internacionalización en curso, el mercado interior continúa siendo la base sobre la cual se construye la eficiencia de una empresa o de una economía nacional" (6). Desarrollo Desigual No existe, por lo tanto ninguna evidencia que las tan mentadas transnacionalización y globalización hayan significado la superación, por el capital, de la contradicción entre la economía mundial y las economías nacionales, y menos todavía entre los Estados nacionales la contradicción entre la internacionalización creciente de las fuerzas productivas y la sobrevivencia de las fronteras nacionales, que estaba en la base de las dos conflagraciones mundiales y de las múltiples catástrofes nacionales. Incluso el proceso de liberalización del comercio mundial de posguerra fue ante todo un proceso político, en el cual la expansión de las fuerzas económicas, lejos de atenuar, reforzó los mecanismos de control estatal: "la innovación del período posterior la Segunda Guerra Mundial reside justamente en que, en el curso de las liberalizaciones, el mercado mundial gradualmente se constituyó como el lugar de la reproducción económica de todas las formas agregadas del capital: de la liberación del comercio mundial de la década de 1950, hasta la formación del sistema crediticio internacional, prácticamente sin regulación política, desde mediados de la década de 1960. Pero las desregulaciones de ningún modo tenían como resultado la eliminación de los controles políticos de las relaciones económicas por organismos y gobiernos nacionales, y sí la creación de nuevas instituciones reguladoras de las relaciones económicas mundiales" (7). Pero la propia expansión económica, el aumento espantoso del volumen del comercio exterior, mina las bases sobre las cuales se asienta el control político del proceso económico, preparando las condiciones para la crisis, que todo el tejido "institucional" destinado a contenerla fue incapaz de evitar: "La movilidad del capital parecer haber ejercido un importante papel en el colapso del régimen de cambio fijo. El sistema de nivel ajustable de la década de 1960, fue menos capaz de generar estabilizadores, que el sistema de cambio fijo de la década de 1950 una vez eliminados los controles del capital. La movilidad del capital redujo también el control que las autoridades monetarias nacionales podían ejercer sobre sus propias economías, influenciando las tasas deinterés (8). Por otro lado, todo el período de boom económico, los "treinta años gloriosos" (1945-1975), no hicieron más que acentuar las desigualdades del desarrollo de la economía mundial, llevándolas a un grado de paroxismo que habría sido inimaginable en las décadas anteriores. Los países de Europa occidental, principalmente Alemania, exportan actualmente 44% de las mercaderías mundiales, los EE.UU. 12% y el Japón, 15%. Estos tres conjuntos geográficos, tomados globalmente, aseguran, por lo tanto, más de dos tercios de las exportaciones industriales mundiales. Si a éstos les sumamos Canadá, Africa del Sur, Australia, Nueva Zelandia y los países de Europa del Este, la proporción pasa del 80%, cifras válidas para los últimos cuarenta años. ¿Cómo explicar tal preponderancia? Por una ecuación muy simple: con un cuarto de la población mundial, los países desarrollados representan el 80% de la producción mundial y tres cuartos del consumo de productos industrializados. Los países desarrollados de "economía de mercado" garantizan el 60% de la producción manufacturera mundial; la ex-URSS y los países de Europa del Este, 20%, y los países en vías de desarrollo, el 20% restante, siendo que lo esencial de ese 20% corresponde a un reducido número de países: China, India, Brasil, México y los "tigres asiáticos". Entre estos últimos, ¡Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur representan, la mitad de las exportaciones industriales de los países del Sur! El panorama de conjunto de la expansión económica de posguerra confirma totalmente las características estructurales de la fase imperialista del capitalismo, así resumidas por Trotsky en el período de entre guerras: "El capitalismo tiene el doble mérito histórico de haber elevado la técnica a un alto nivel y de haber ligado todas las partes del mundo con sus lazos económicos. De esa manera, ha proporcionado los prerrequisitos materiales para la utilización sistemática de todos los recursos de nuestro planeta. Sin embargo, el capitalismo no se encuentra en situación de cumplir esa tarea prioritaría. El núcleo de su expansión continúan siendo los Estados nacionales, circunscriptos y con sus aduanas y sus ejércitos. No obstante, las fuerzas productivas superaron, ya hace tiempo, los límites del Estado nacional, transformando en consecuencia lo que antes era un factor histórico progresivo en una restricción insoportable. Las guerras imperialistas no son más que explosiones de las fuerzas productivas contra los límites estatales, que se tornaron demasiado estrechos para ellas. El programa de la llamada autarquía nacional nada tiene que ver con el recambio para una economía autosuficiente y circunscripta. Sólo significa que la base nacional se prepara para una nueva guerra" (9). Expansión y crisis La "desregulación" llegada con la crisis es mucho menos la expresión de una "ofensiva ideológica neoliberal", y mucho más la consecuencia de la explosión del cuadro institucional en que el capitalismo se desarrolló en el período de auge. Todo el sistema de reglamentación económica de posguerra estaba basado en la hegemonía político-militar del imperialismo americano, que también era la locomotora del desarrollo económico. El papel político mundial de los EE. UU. está cada vez más en contradicción con su declinación económica, que concentra todos los rasgos del proceso de descomposición capitalista (…). Si los EE.UU. intentan salir de la crisis descargándola sobre las espaldas de sus competidores (y de toda la periferia atrasada del sistema capitalista mundial, las naciones oprimidas), esto no significa una tendencia hacia la autarquía económica, sino todo lo contrario, hacia la internacionalización todavía mayor de su economía, como ya fue señalado en 1976 por Gabriel Jipe: "La transferencia hacia el exterior del potencial productivo americano, acompañada por el desarrollo de su sistema bancario a escala mundial, es una solución para la absorción del capital salido de los EE.UU. y permite asegurar o reforzar un control directo o indirecto de los mercados y de las fuentes de recursos del sistema americano; a continuación, la economía de guerra (donde se manifiesta la intervención creciente del Estado) y las nuevas formas de dependencia (´ayuda económica´ a los países pobres) que el sistema americano busca instaurar (en pocas palabras, el imperialismo creciente), son otros elementos que actúan sobre la tendencia a acumular, y modifican tanto el nivel como la forma de acumulación en los EE.UU., a partir de los años 60, rebatiendo la tendencia al estancamiento" (10). Los medios para salir de la crisis son los mismos que la provocaron. Internacionalización, sin embargo, no es sinónimo de globalización. La internacionalización creciente del sistema financiero y la velocidad espantosa de los flujos de capitales no impide que, en la economía mundial, la demanda interna de los países absorba cerca del 80% de la producción y genere el 90% de los empleos.El ahorro interno financia más del 95% de la formación de capital. Esa observación es confirmada por datos presentados en informes del FMI. Los fondos de pensión de los EE.UU., por ejemplo, tienen apenas 6% de sus activos totales fuera del país. Los de Alemania, 5%. Los de Japón, 9%. Las compañías de seguro de vida de los EE. UU. tienen 4% de su portafolio en actividades extranjeras. Las de Inglaterra, 12%. La conclusión del FMI es que "la tendencia general en la dirección de la diversificación internacional es contrarrestada por la pequeña participación de los títulos extranjeros en los portafolios de los inversores institucionales" (11) (…). Polarización sin precedentes Son las condiciones de la crisis capitalista las que explican que el avance tecnológico y las ´recuperaciones´ económicas no produzcan los efectos esperados por los economistas. Por un lado, se apunta que "a despecho de las críticas, el período post- Bretton Woods presenció una explosión sin paralelo del comercio internacional y de las transacciones financieras. De hecho, el crecimiento per cápita en los EE.UU. fue más elevado en el período de cambio fluctuante de 1974-1989 (2,1% al año), y que durante el período Bretton-Woods de 1946-70 (2% al año) o incluso durante el período del patrón oro de 1881-1913 (1,8% al año)" (12). Al mismo tiempo, se constata que entre "1973 y 1993 la renta media disponible al 20% más pobre cayó casi 23% de $17.601 a $13.596 al año para una familia de tres personas (en dólares de 1993)" (13). En un cuadro en que una vasta literatura se ocupa del asunto (14), se torna visible el hecho de que "un campo de las estadísticas no se recuperó desde la recesión de 1991; el del nivel de vida de la mayoría de los americanos. De acuerdo con el Departamento de Censos, la renta de una familia de clase media en 1994, ajustada de acuerdo con la inflación, fue de U$S 38.782, o sea, 1% abajo del patrón de 1991. Los datos preliminares sugieren que no hubo ningún aumento significativo en 1995" (15). Para finalmente llegar cándidamente a la conclusión que sigue: "Las cosas no están funcionando como deberían. La falla del actual capitalismo global avanzado para mantener los niveles de distribución de la riqueza, crea un problema no sólo para los políticos, sino también para la moderna ciencia económica. Durante varias generaciones los jóvenes fueron enseñados en que el crecimiento del comercio y de la inversión, aliado al cambio tecnológico, aumentaría la productividad nacional y crearía riqueza. En cambio, a pesar del crecimiento progresivo del comercio y de las finanzas mundiales, durante la última década la productividad se vio debilitada y la desigualdad en los EE.UU., y el desempleo de Europa, sólo empeoraron" (16). En el "Tercer Mundo", los efectos son diez veces peores, y da lugar a perplejidades semejantes: " Son creados empleos en los sectores exportadores del Sur. Pero las condiciones de viabilidad de esos empleos, y en primer lugar, la apertura comercial, tienen como efecto una liquidación aún mayor de los empleos en los sectores tradicionales no competitivos. Con raras excepciones, los países del Tercer Mundo crean menos empleos después de la apertura que antes. Ese desiquilibrio aparece inclusive en los datos de la balanza comercial" (17). Al lado del desarrollo desigual del sistema capitalista mundial, debemos tener en cuenta el crecimiento sin precedentes de la polarización social, que hace de la imagen de las "200 familias", usada para describir la economía de los EE.UU. de los años 30, casi un un recuerdo feliz. De acuerdo con la ONU, de los 223 billones de dólares que componen la riqueza monetaria mundial, sólo 5 billones corresponden a la inmensa mayoría de los países (los llamados "en desarrollo"). El mismo informe oficial afirma que, si se mantienen las actuales tendencias, las disparidades económicas entre los países industrializados y el mundo en desarrollo "pasarán de injustas a inhumanas". El 20% más pobre del mundo se quedaba, en 1993, con apenas el 1,4% del total de la renta del planeta, una caída de 0,9 punto porcentual en relación a 1960. El 20% más ricos vieron saltar su tajada, en el mismo período, del 70% al 85% de la riqueza mundial. ¡358 billonarios tienen activos que superan la renta anual sumada de países en que viven 2.300 millones de personas (45% de la población mundial)! El 33% de la población de los países en desarrollo (1.300 millones) vive con menos de 1 dólar por día. De ellos. 550 millones están en el sur de Asia, 215 millones en Africa Subsahariana y 150 millones en América Latina (…). Disputa Interimperialista El agudizamiento de la disputa interimperialista condiciona la sangrienta lucha por la recolonización del antiguo bloque socialista en especial China, hoy "principal fuente de acumulación capitalista mundial" (18). Se afirma que las industrias se instalan para producir en China productos de segunda línea, donde no hay respeto a la propiedad industrial (piratería), mucho menos al derecho del consumidor y, con eso, constituir grandes fortunas, fruto de la apropiación indebida, sea de las grandes industrias, sea de los consumidores en los países subdesarrollados. Este proceso de enriquecimiento se asemeja al proceso de una "acumulación primitiva" atípica. Entretanto, el mayor atractivo está en la posibilidad del lavado de dinero de drogas, corrupción, contrabando y demás proezas del sindicato mundial del crimen organizado. Según un informe reciente, "las fábricas chinas que están pirateando software, músicas, videos y productos americanos por valor de miles de millones de dólares, muestran que casi todas las operaciones pertenecen, en parte, a compañías extranjeras, algunas de las cuales proceden de naciones que son grandes aliadas y socias comerciales de los EE.UU." (19). En cuanto a los países atrasados, es bueno recordar un párrafo del artículo de Noam Chomsky, profesor del MIT (Massachusetts Institute of Technology), publicado en 1993, en Folha de Sao Paulo: "La Comisión de Comercio Internacional de los EE.UU. estima que las empresas norteamericanas van a ganar 61 mil millones de dólares anuales del Tercer Mundo si las exigencias proteccionistas de los EE.UU. fueran satisfechas en el GATT (como lo son en el Nafta), a un costo, para el Sur, que irá a sobrepasar de lejos el enorme flujo de capital transferido hacia el Norte, a título de pago de intereses sobre la deuda. Tales medidas se destinan a garantizar a las empresas con sede en los EE.UU. el control sobre la tecnología del futuro, incluyendo la biotécnología, que se espera, permitirá a la empresa privada controlar la salud, la agricultura y los medios de vida en general, encerrando a la mayoría pobre a la prisión de la dependencia y de la impotencia" (20) (…). Crisis y parasitismo Contra la aparente integración de la economía mundial, expresada supuestamente en la emergencia de nuevas instituciones internacionales, se pone en evidencia la guerra en sordina que traduce el agravamiento de la competencia y de la anarquía del comercio mundial, que se manifiesta en las protestas de los propios jefes de Estado, incluso en las instituciones que se suponían fueron creados para la defensa del imperialismo yanqui: "Están acusando a los EE.UU. de, no utilizar a la nueva Organización Internacional de Comercio (OIC) y para plantearle ella todas sus disputas comerciales, y en cambio intentar resolver sus problemas a través de acuedos bilaterales o incluso decisiones unilaterales. La sustitución de instituciones internacionales establecidas, por la ley de la selva, según los críticos, estimula el mercantilismo desenfrenado, el proteccionismo y la elevación de la tensión política entre países, debilitando el comercio global. Dejemos de lado, por un momento, la hipocresía de los europeos, que negocian bilateralmente todo el tiempo, y la actitud de Japón, que continúa la práctica de un comercio altamente controlado, completamente contrario al espíritu de la OIC. El hecho es que los ministros de Canadá, Brasil, Corea, India y Singapur, los comisionados de la Unión Europea y empresarios desde Toronto hasta Hong Kong, están diciendo que los EE.UU. dieron la espalda al sistema multilateral de cambio. La acusación es particularmente significativa en contraposición a los últimos 50 años de apoyo norteamericano al GATT (Acuerdo General sobre Comercio y Tarifas), el predecesor de la OIC" (21). Lo principal, sin embargo, es que el desarrollo del comercio no es nada, comparado con la expansión de las transacciones financieras. Entre 1965 y 1990, el comercio mundial de mercaderías y servicios aumentó 14 veces, y "los flujos financieros alcanzarán dimensiones inimaginables", al punto "de que más de 1 billón de dólares recorren el mundo cada 24 horas, buscando sin descanso el más alto retorno", según la ONU. Visto como la tabla de salvación del capitalismo en crisis, como el campo predilecto de aplicación de las "nuevas tecnologías", y como el lugar por excelencia de la integración global, la hipertrofia del sector financiero no hace, sino ocultar su anarquía creciente y la creación de las bases para una crisis de una magnitud muy difícil de imaginar. La hipertrofia nació de la necesidad de financiar el consumo como paliativo a la crisis de los años 70: "El gasto en consumo (y no en inversión) abrió la vía para la recuperación económica posterior a 1975. El gasto en inversión creció menos del 50% de la tasa normal de las cuatro grandes recuperaciones que tuvimos desde la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que la tasa de beneficio posterior a 1975 haya crecido más rápidamente que la media de las recuperaciones anteriores. La razón de esto es que las empresas reducirían los empréstitos y trataban de restablecer condiciones de liquidez más favorables. El gasto y el consumo militar también fueron grandes en la recuperación de 1983" (22). Se trata del caso del remedio que mata al paciente. Oigamos a Michel Camdessus, el director gerente del FMI (Fondo Monetario Internacional): "el sistema financiero mundial está en pedazos y hay una urgencia extrema en ajustar el torniquete", dice en un seminario previo a la 22ª reunión de la cúpula del G-7, los siete países más ricos del mundo. El comunicado económico, firmado por los líderes de los siete países, observó que "la mundialización de los mercados financieros puede crear nuevos picos de inestabilidad", y pidió la instalación de "dispositivos más eficaces y concretos" para enfrentarlos. (…) Globalización y Guerra Al mismo tiempo que los teóricos del capital norteamericano plantean la necesidad de superar los acuerdos actuales (OIC, Nafta) a través de un acuerdo comercial "transatlántico" (TAFTA) (23), sus críticos humanistas del otro lado del mar revelan el sentido del proceso, y el propio contenido de su crítica: "El planeta bajo la bota americano y con la participación activa de todos los que, tanto en la Comisión de Bruselas como en todas partes, trabajan por la creación de una zona de libre comercio euro-atlántica, la llamada ´agenda transatlántica´ ya comenzó a entrar en un desorden suicida. Dirigirse contra esa voluntad de hegemonía, de uniformización, de no respeto de las diversidades, es evitar que innumerables revoluciones se multipliquen en el mundo. Ya que, sin regulaciones, las desigualdades se tornarán todavía más insoportables; sin monedas de igual capacidad, el mundo entrará en el sistema del dólar, sin sistemas autónomos de defensa, se atenúan las originalidades, sin verdaderas instancias de arbitraje, las dominaciones serán cada vez más brutales" (subrayado nuestro) (24). (…) Se deshace la ilusión de un lado "ordenado" del actual proceso, como la sustentada por Giovanni Arrighi. Por la teoría de Arrighi, el sistema capitalista mundial está sumergido en crisis desde 1970, y el presente auge financiero refleja la intensidad y la extensión de la crisis. El lento crecimiento de la producción material desvía capitales crecientes para la especulación financiera, y al mismo tiempo amplía el gasto social de los Estados, en función del crecimiento del desempleo y de la exclusión social (25). El proceso objetivo, por lo tanto, tendría el siguiente sentido: "Hoy la noción de un gobierno mundial parece menos fantasiosa que hace dieciocho años. El Grupo de los 7 se viene reuniendo regularmente y se parece cada vez más a un comité administrador de los asuntos comunes de la burguesía mundial. En los años 80, el FMI y el Banco Mundial actuaron cada vez más como un ministerio mundial de las finanzas. Y, finalmente, en los años 90, comenzaron con una reformulación del Consejo de Seguridad de la ONU, como un ministerio mundial de policía. De manera totalmente no planeada, comienza a surgir, poco a poco, una estructura de gobierno mundial bajo la presión de los eventos y por iniciativas de las grandes potencias políticas y económicas" (26). Crisis de las instituciones internacionales El propio imperialismo, sin embargo, posee una evaluación diferente del G-7: "La organización, fundada hace 20 años, parece cada vez menos eficiente, por no reflejar las realidades de un mundo en el cual las economías emergentes de Asia y de América Latina están creciendo casi dos veces más que las de las naciones industrializadas. Hace poco tiempo, cuando el G-7 intentó resolver la crisis del peso mexicano, surgieron divergencias sobre el paquete propuesto por los EE. UU., con los europeos acusando a Washington de estar intentando inducirlos a salvar las inversiones americanas (…). En cuanto a la distancia económica entre las naciones del G-7 y el resto del mundo, disminuye la posición que el grupo escogió para sí, de guardián del sistema económico internacional, despierta resentimento creciente y se torna cada vez más difícil justificar ese papel (…). El G-7 es hoy una institución que está llegando al ocaso" (27). Las instituciones y los acuerdos internacionales no pueden simplemente pasar por encima de la crisis del capital. La velocidad vertiginosa del aumento de las deudas torna obsoletos los instrumentos económicos y políticos de control. Los banqueros saben eso, y según The Economist, "un grupo de los mayores bancos del mundo, conocido como G-20 (a pesar de tener apenas 17 miembros; ¿quién dice que los banqueros saben contar?), anunció planes para crear una organización con 24 horas de funcionamiento, para compensación de cambio externo dentro de los próximos años" (28). Después de eso, sólo inventando el día de 30 horas … La hiperinflación de las deudas enloquece a los gerentes del capital, pero la solución de la crisis no se encuentra en un chip súper avanzado, ni en el cálculo infinitesimal, porque aquélla tiene sus raíces en las propias leyes de desarrollo del capitalismo. Las nuevas instituciones surgen del fracaso de las antiguas, y tiene ese fracaso incorporado en sus plataformas. Es el ocaso de la OIC, surgida de la constatación del fracaso del GATT, cuando, a partir de 1986, el proceso de liberalización de los cambios demostró haber llegado a un límite: por primera vez, las negociaciones de la Ronda Uruguay, abiertas en Punta del Este en setiembre de 1986, no pudieron ser concluidas en el plazo previsto de 4 años. Los instrumentos económicos se hunden unos tras otro: el mercado de los productos derivados que Roberto Campos presenta como la panacea entró en crisis después de la quiebra vinculada a él, en 1994, de la Banca Baring, uno de los símbolos históricos de la victoria mundial del capitalismo en su período de ascenso. El fallido G-7, por otro lado, vino a paliar, en la práctica la falencia de la institución creada por el capitalismo internacional para resolver los conflictos internacionales, la ONU: "Después de la caída del Muro de Berlín, los EE.UU. confiscaron a la ONU; bajo la cobertura del nuevo orden internacional. Estupefactos por el brutal desmoranamiento del comunismo y ocupados con una crisis económica particularmente aguda, los pueblos no supieron medir la espiral de derrotas en la cual la organización mundial se sumergía, conviertiendo en ilusorios todos los proyectos de reformas de los cuales se hablaba para su quincuagésimo aniversario… Allí donde las llamas de la guerra se encienden, las Naciones Unidas, para apagarlas, utilizan métodos costosos e ineficaces. No obstante, la organización es dejada afuera en las grandes negociaciones de paz Palestina o Bosnia realizadas por los EE.UU… En el seno de las Naciones Unidas, la impotencia del Consejo Económico y Social confirma: la esfera financiera escapa a toda reglamentación colectiva" (subrayado nuestro) (29). (…) Socialismo o Barbarie El cuadro de certezas afirmadas por los propagandistas vulgares del mercado (los "neoliberales") contrasta con el cuadro de perplejidades e incertedumbres que, como vimos, caracteriza a los representantes de la ciencia económica y política oficial. Esta última, contrastando con la euforia del mercado, se ha transformado en una ciencia de pesimismo: "En la actualidad, la cuestión más importante de la teoría política occidental no se refiere a su habilidad explicativa o la apertura a noticias. Por el contrario, consiste en saber hasta qué punto la teoría política occidental posee los recursos para señalar el camino a un futuro menos gris. La cuestión central es saber si los seres humanos todavía pueden tener esperanzas de conservar su mundo" (30). La ciencia económica, a su vez, se pregunta seriamente si el capitalismo no va a destruir el planeta, pues "si el análisis económico permite traducir el medio ambiente en términos monetarios, aun así él queda en una situación exterior al mercado, que exige que una oferta explícita encuentre una demanda explícita" (31). O también, que "una simple demostración matemática revela que la polución mundial y el agotamiento de los recursos naturales no tendrá solución si esta perspectiva no es tenida en cuenta por las políticas colectivas en la economía, industria y comercio" (32). Ahora, es justamente la incapacidad de poner en práctica "políticas colectivas" lo que caracteriza la situación presente: la crisis política retroalimenta la crisis económica. Los historiadores que no quieren quedar apenas en la superficie de los acontecimientos, sólo consiguen vislumbrar, como Edward Luttwak, en el futuro, el fascismo, como también lo hace el muy conocido catedrático de Yale, Paul Kennedy (33). Intelectuales en el peor sentido del término, sólo ven, por razones de clase, una de las alternativas históricas del período convulsivo que vivimos, sin vislumbrar a la otra, resumida conceptualmente por Trotsky en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista: "Ni el empobrecimiento, ni la prosperidad como tales, pueden conducir a la revolución, sólo los cambios de prosperidad a empobrecimiento, las crisis, la mutabilidad, la ausencia de estabilidad; éstas son las fuerzas motrices, los factores que causan la revolución". El muy orgánico intelectual del Estado imperialista francés, Alain Minc, comentó, perplejo ante el contraste entre la marcha forzada hacia la globalización y la revuelta social de noviembre-diciembre de 1995, que "en este mundo, aparentemente unificado por los modelos de vida y los mercados financieros, persiste una especificidad francesa: el gusto por el espasmo" (34). En un mundo en que la globalización abre perspectivas hasta para un derecho "transnacional", los Estados se transforman, cada vez más, en cárceles de los pueblos: el neofascismo pretende dar expresión a una tendencia, que "ha sido suficiente para implementar una legislación a favor del libre flujo de servicios y capitales, pero insuficiente para impedir una creciente legislación etnocéntrica, a favor del reflujo de las migraciones" (35). Desde diversos ángulos se señala la creación de las bases para una "crisis sin precedentes", generada por el proceso autónomo del dinero y de las finanzas, que desembocó en una verdadera financierización de la riqueza. Y se formulan preguntas angustiadas: "¿Qué tipo de crisis-transición es ésa que, si no fuera bien encaminada, nos colocará ante una ´neobarbarie´ de la cual la praxis ´neoliberal´ y la impotencia crítico-propositiva son un simple epílogo? ¿Es posible reglamentar al capital globalizado sin intervenir en la propia lógica de la competencia y del afán de acumular por acumular que es contemporáneamente dominado por la riqueza abstracta, monetario-financiera?" (36). Si es correcto apuntar que la lógica capitalista crea las bases de la barbarie, es unilateral hacerlo sin decir que crea, al mismo tiempo, las bases de lo contrario de la barbarie: la revolución socialista mundial. El internacionalismo proletario, condición sine qua non de ésta, es justamente replanteado sobre bases objetivas inéditas por el actual proceso del capital, incluyendo la crisis que, al provocar la desintegración de las burocracias parásitas, derribó las barreras reaccionarias que dividían a los trabajadores de todo el mundo, simbolizadas en el "muro de la vergüenza". La globalización no es otra cosa que la expresión ideológica de la internacionalización sin precedentes de las fuerzas productivas, y de su completa inadecuación a la sobrevivencia de los Estados nacionales, insuperable para el capital y sus supuestas "instituciones internacionales". El espasmo no es una especificidad francesa, sino la expresión de un proceso universal: la revuelta de las fuerzas productivas de la humanidad contra el anacronismo capitalista, revuelta a la cual sólo el proletariado tiene las condiciones de dar una expresión política progresiva: la revolución, que se diseña en el horizonte histórico como la única alternativa a la barbarie. Notas: 1. Leslie Sklair, Sociología do Sistema Global, Petrópoliz, Vozes 1995, p. 79. 2. J. P. Arnazon. Nacionalismo, Globalización y Modernidad, en: Mike Feathetstone, Cultura Global, Petrópoliz, Vozes, 1994 p. 234. 3. J. Sachs y A. Warner. Economic Reform and the Process of Global Integration, Brooking Papers on Economic Activity, 1: 1995. 4. L. G. Franko. The Other Multinationals. The international firms of continental Europe (1870-1970), Ginebra, CEI, 1973. 5. Charles-Albert Michalet. Le Capitalisme Mondial, París, PUF, 1976, p. 27. 6. Pierre Beckouche. Industrie: un Seul Monde, París, Haitier, 1993, p. 24. 7. Elmar Altvater. O Precio da riqueza, sao Paulo, UNESP, 1995, p.157. 8. J. Foreman-Peck. Historia de la Economía mundial, Barcelona, Ariel, 1985, p. 354. 9. León Trotsky. O Marxismo do Nosso Tempo, San Pablo, Octubre, 1988, p. 46. 10. Gabriel Jipe. El desarrollo de los monopolios y la tendencia al estancamiento, Críticas de la Economía Política nº 3, México, abril 1977. 11. Paulo M. Batista Jr. O Mito da Globalización, Folha de Sao Paulo, 30 de mayo de 1996. 12. Francis J. Galvin. The Legends of Bretton Woods, Orbis, primavera 1996, p.197. Ver también Barry Eichengreen, International Monetary arrangements for the 21st. Century, Washington D.C., Brookings Institution, 1994; Marcelo De Cacco, The International Gold Standard: Money and Empire, Londres, Francis Pinter, 1984. 13. B. Bluestone y T. Ghilarducci. Rewarding Work, The American Prospect nº 26, mayo-junio 1996, p. 40. 14. Ver, por ejemplo, Jeremy Brecher y Tim Costello, Global Village or Global Pillage: Economic restructuring from the Bottom Up, Boston, South East Press, 1994; Jeremy Rifkin, The End of Work, Nueva York, Putnam, 1995; Julet Schor, The Overworked American, Nueva York, Basic Books, 1991; Donald Bartlett y James Steel, América: What Went Wrong?, Kansas City, Andrews & Mc Mell, 1992; Bennet Harrison y Barry Bluestone, The Great U- Turn, Nueva York, Harper Collins, 1990. 15. Simon Head. The New Ruthless Economy, The New York Review, 29 de febrero de 1996. 16. Ethan B. Kapstein. Workers and the World Economy, Foreing Affairs, mayo-junio 1996, p. 16. 17. Michel Husson, Les Fausses Evidences de la Mondialization, Le Monde, París, 25 de junio de 1996. 18. Luis Oviedo. China: principal fuente de acumulación capitalista mundial, En Defensa del Marxismo nº 11, Buenos Aires, abril 1996. 19. O Estado de Sao Paulo, 9 de julio de 1996. 20. Cf. Carlos J. Rossetto. O fin do futuro, Meio & Pesquisa, Sao Paulo, mayo 1996. 21. Jeffrey E Garten. Is America abondining multilateral trade?, Foreign Affairs, noviembre-diciembre 1995. p. 50. 22. James OConnor. El significado de la Crisis, Madrid, Revolución, 1989, p. 39. 23. Ernest H. Preeg. Policy Forum: Transatlantic Free Trade, The Washington Quaterly, primavera 1996. 24. Edgard Pisani. Tous ensemble contre la mondialisation, Le Monde Diplomatique, Paris, enero 1996. 25. Giovanni Arrighi. O Longo Seculo XX. Dinheiro, Poder e as Origens de Nosso Tempo, Río de Janeiro, Contraponto/UNESP, 1996. 26. Giovanni Arrighi. A desigualdade mundial en la distribución de renda e o futuro do socialismo, in E. Sader, O mundo depois da Queda, Río de Janeiro, Paz e Terra, 1995, p. 118. 27. The New York Times, 2 de mayo de 1995. 28. Gazeta Mercantil, Sao Paulo, 2 de junio de 1996. 29. M. Chemillier-Grendau. L´ ONU confisquée par les grandes puissances, Le Monde Diplomatique, París, enero 1996. 30. John Dunn. Western Political Theory in the Face of The Future, New York, Cambridge Universiyo Press, 1993, pp. 133-134. 31. Hervé Kempf. LEconomie à lèpreuve de l ècologie, París, Hatier, 1991, p. 76. 32. William Keegan. The Spectre of Capitalism, Londres, Vintage Books, 1993, p. 192. Para algunos, el marxismo también está afectado por esta crisis, en la medida en que "los esquemas marxistas de reproducción simple y de reproducción ampliada no tienen en cuenta que la falta de recursos agotables puede poner un límite inclusive en la reproducción simple. Esto refleja el status metafísico que el concepto de producción recibe en la economía marxista, así como en la ciencia económica convencional" (J. Martínez Alier y K. Schüpman), La Economía y la Ecología, México, FCE, 1991, p. 270). Lo único que esto demuestra es la comprensión metafísica del marxismo por parte de esos autores. 33. Cf. Jacqueline Breitinger. El peligro puede estar a nuestra derecha (entrevista con Paul Kennedy), Exame nº 609, 8 de mayo de 1996. 34. Le Figaro, París, 4 de diciembre de 1995. 35. José E. Faria (org.). Derecho y Globalización Económica, Sao Paulo, Malheiros, 1996. 36. José C. de Souza Braga. O espectro que ronda o Capitalismo, Folha de Sao. Paulo 1 de setiembre de 1996.

1 de diciembre de 1996
Plan Cavallo, mito, expropiación y crisis

Segundas Jornadas de Sociología de la UBA.»1976/1996 – Veinte años después». Carrera de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales. 11,12 y 13 de noviembre de 1996. El denominado Plan Cavallo es un eufemismo para designar lo que fue, en realidad, un dispositivo sin precedentes de agresión contra la clase trabajadora sus conquistas, sus derechos, sus condiciones de vida e, inclusive, contra la Nación como un todo, si se considera el status semicolonial que corresponde a nuestro país en la economía y política mundiales. El Plan Cavallo expresa, por lo tanto, no apenas una política económica, sino un régimen en su conjunto su configuración institucional, su forma de dominio, sus relaciones de clase, sus vínculos internacionales. Se estructuró como el núcleo duro, el contenido estratégico de un esfuerzo de la burguesía para salir de una situación de bancarrota en el final de la década pasada, que alcanzó las dimensiones de una crisis general que acabó, entonces, con el gobierno alfonsinista. Ni plan, ni modelo No se trató, sin embargo, de un plan ni de un modelo en la medida en que esto supone una integración de componentes diversos en una estructura común, con una jerarquía de niveles y secuencias determinadas, diseñada con el criterio propio de una disciplina rigurosa, mediante instrumentos y fines coherentes entre sí, etc. Esto es, en términos generales, imposible en una economía capitalista, que reposa en contradicciones sociales insalvables. En la sociedad contemporánea, el desarrollo económico es un medio para la autovalorización del capital, no la vía del desenvolvimiento social de los productores-trabajadores. La expansión de la riqueza se realiza mediante una forma de producción que reclama el empobrecimiento y la explotación de la mayoría de la población, precisamente para hacer rentable al capital. No hay ningún plan que pueda resolver este conflicto que periódicamente estalla bajo la forma de crisis y convulsiones de diversas características. Pero, además, la gestión de Cavallo en la economía nacional no estuvo precedida de ninguna idea intelectualmente elaborada de política económica y debió comenzar por contrariar lo que el propio hombre había establecido en tal materia en sus trabajos previos. Recordemos que el jefe de la "Fundación Mediterránea" se había hecho conocer en los medios académicos y periodísticos por su insistencia en fundar una política económica basada en un dólar "recontraalto" así lo popularizó uno de sus discípulos y amigos, que aún hoy habita el gabinete ministerial y una política de estímulo a las exportaciones. Tampoco puede adjudicársele el mérito de seguir una doctrina determinada en los lineamientos más generales de su acción o, aun, respecto a objetivos más precisos en lo que a política económica se refiere. El llamado neoliberalismo, que supone, en principio, la compulsión doctrinaria a liberar las fuerzas del mercado a su propio impulso, fue violentado desde un inicio, cuando Cavallo impuso mediante una ley, sostenida por los tres poderes del Estado, uno de los principales, sino el principal, precio de la economía, es decir, el de la divisa norteamericana. La pretensión de que, al menos, la gestión Menem-Cavallo persiguió con tenacidad el propósito de retirar al Estado del escenario económico, aparece desmentido por el hecho que acabamos de señalar; aunque, por supuesto, no se agota en el mismo. Toda la denominada arquitectura de la desregulación económica concluyó por llevar la natural arbitrariedad de la intervención estatal a límites extremos. Las "privatizaciones", para tomar un ejemplo, ni siquiera pueden ser abordadas sin considerar esta cuestión clave, ya que se concretaron violentando todo tipo de relación de valor puramente mercantil, subvaluando discrecionalmente el precio de los activos transferidos y por procedimientos que vulneraron las disposiciones legales existentes y, también, las propias disposiciones administrativas fijadas en los pliegos de venta dispuestos por el propio gobierno. El "Estado de derecho" se reveló como el derecho del Estado a una actividad de ilimitado despotismo. Así quedaron establecidas para los "privatizadores", garantías "extraterritoriales" en materia de precios se les concedió la licencia de ajustarlos según el índice precios de los … Estados Unidos y, también, de ganancias, que el Estado se compromete a cumplir si los nuevos dueños del patrimonio público no las obtienen en sus operaciones normales. Por lo menos, se dirá, conforme el punto de vista de analistas y politicólogos que se juzgan críticos del oficialismo, debe atribuírsele al equipo de Domingo Cavallo un cierto "fundamentalismo" en materia fiscal, al cual quedarían subordinados otro tipo de metas económicas y desdibujado el fin último de la economía que sería "la gente" (concepto de dudosa filiación científica). Sin embargo, si hubiera un manual de cómo conseguir el desequilibrio y el desajuste en materia tributaria y de las finanzas públicas, el modelo del ahora ex-ministro sería difícilmente perfectible. El ejemplo más bárbaro en este punto, y se verá que el calificativo no es gratuito, es el caso del vaciamiento de las cajas de jubilaciones públicas. Fueron masivamente desfinanciadas, en primer lugar, con el pasaje semicompulsivo de los aportes obreros a las AFJP y, en segundo lugar, con la reducción de los aportes patronales, que quedaron como su único sostén económico. Resultado: con los haberes de hambre que reciben los trabajadores pasivos, el sistema previsional registra en la actualidad un "déficit" del orden de los 7.000 millones de dólares anuales, superiores al déficit total del presupuesto nacional. ¿Ajuste fiscal? Lo que queda del plan Cavallo es lo que es: un recurso improvisado y de emergencia para enfrentar una situación de quebrantamiento general con expedientes igualmente de emergencia, en función de las condiciones de la economía mundial (bajas tasas de interés, liquidez y sobreacumulación de capital financiero)y, por lo tanto, como premisa de un empantanamiento a plazo seguro y de una crisis más grave que la que se quiso resolver. Es este el significado de la actual coyuntura. Acontecimientos recientes han puesto de relieve que la base del volatil boom económico que se extendió entre 1992 y 1994 estuvo determinado por algo más complejo y de alcances ciertamente delictivos que un plan económico: un gigantesco contrabando, un sistema de negociados y coimas incontrolado, un "viva la pepa" en materia de ingreso de capitales, que alimentaron todo tipo de circuito "negro" en la economía y que tuvieron como fuente los fondos provenientes, entre otros orígenes, del narcotráfico y del lavado de dinero de todo tipo de operación irregular. Sobre este particular hay que tener en cuenta que las estimaciones relativas al movimiento en la "aduana paralela", descubierta semanas atrás, mencionan un volumen de mercancías contrabandeadas del orden de los 10.000 millones de dólares y una defraudación también millonaria en dólares, en lo que respecta al fraude fiscal. Cifras de esta envergadura revelan que las estadísticas oficiales relativas al comercio exterior y en lo referido a las cuentas públicas constituyen un encubrimiento de la realidad y una evidencia completamente distorsionada del proceso económico. La ficción de la convertibilidad El corazón mismo de la política económica de Cavallo, que no pocos especialistas y algún hombre público de la oposición (que declaró su arrepentimiento por no haberla votado) suponen una suerte de opera prima de características brillantes y hasta insuperables, es la célebre ley de convertibilidad citada más arriba, a pesar de no haberla mencionado por su nombre, porque fue la que fijó la paridad 1 a 1 entre el peso y la moneda estadounidense. Esta norma legal tiene un alcance muy determinado, porque establece, en lo esencial, la intangibilidad de los fondos en dólares depositados en el Banco Central, con la excusa de respaldar al peso. Se trata, en verdad, de una hipoteca o garantía prendaria sobre fondos públicos, para retener la moneda fuerte de los inversores, asegurar sus negocios en pesos a tasas usurarias y su inmediata liquidez al momento de decidir su repatriación. Al contrario de lo que postula toda la propaganda gubernamental, la ley de convertibilidad es el verdadero talón de Aquiles del diseño económico del Plan Cavallo, porque equivale prácticamente a la destrucción de la moneda nacional y a la automutilación de una de las funciones claves del Estado burgués moderno que es, precisamente, la de la gestión monetaria. Puso de relieve el completo agotamiento del peso como reserva de valor e instrumento de pago, y otorgó a las relaciones carnales establecidas con los Estados Unidos, según la vulgar definición del ministro de Relaciones Exteriores, el carácter de una dependencia monetaria típica de un enclave colonial. El diario de informaciones económicas de mayor circulación del país Ambito Financiero llamó entonces a la moneda nativa como peso-balboa, en referencia al signo monetario de … Panamá. Se ha dicho en numerosas oportunidades que la convertibilidad repetía una experiencia puesta en práctica por los hombres de la generación del 80 del siglo pasado, cuando estuvo en vigencia un régimen cambiario similar. Más allá de las analogías y el análisis comparativo riguroso, es la política cambiaria y monetaria establecida cuando Nicolás Avellaneda pasó a la posteridad al señalar que con este tipo de disposiciones "los tenedores de bonos argentinos deben reposar tranquilos: hay dos millones de argentinos que economizarían sobre su hambre y sobre su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública" (se refería al pago de las obligaciones con los bancos ingleses). Un aspecto poco señalado del mecanismo de la convertibilidad es que unió dos elementos de política económica formalmente contradictorios. Una "caja de conversión" no implica un tipo de cambio fijo, puesto que actúa simplemente como reflejo del aumento o de la caída de la masa de oro o moneda extranjera que sirve como reserva (dinero mundial) y cuyos flujos son la contrapartida del déficit o del superávit de la balanza de pagos, es decir, de los movimientos comerciales y financieros con el exterior. Un saldo positivo, que incrementa la oferta de dólares, significa, en este sentido, un aumento de la oferta monetaria extranjera y deprime su precio, como es el caso de cualquier mercancía en una economía mercantil. Al revés, el signo monetario nacional se devalúa cuando se produce el efecto contrario, como resultado de las salidas de divisas del país, provocadas por los saldos negativos en la cuentas que registran las transacciones del país con el exterior. Este, además, es el mecanismo clásico de ajuste de las economías nacionales al mercado internacional que preconiza la llamada "teoría clásica". De este modo, el ingreso de divisas resultante de un balance excedentario en el intercambio externo aumenta la masa monetaria circulante y provoca un ascenso en los precios nacionales que resta competitividad a la producción nativa, corrigiendo hacia el equilibrio la balanza de pagos superavitaria. Esto, en razón de que los precios incrementados estimulan la importación y desestimulan la demanda externa de productos del país (exportaciones). Al contrario, un déficit en las cuentas externas restringe el circulante nativo, deprime los precios y tiende a estimular las exportaciones y deprimir las importaciones. volviendo a impulsar el movimiento hacia el equilibrio. La convertibilidad actual, en cambio, fijó el precio de la divisa y, en consecuencia, dejó como única variable de ajuste a la base monetaria que determina el circulante de pesos en la actividad económica. Una situación de esta naturaleza conduce al quebranto económico en caso de una baja significativa de las reservas, porque vaciaría de pesos a todo el circuito económico para subsidiar la venta de una demanda de dólares que fue previamente establecida a un precio fijo, y que no se modificaría siquiera en caso de una demanda muy violenta y drástica de la divisa extranjera. La incoherencia se explica apenas por la función de este mecanismo que es, a la vez, la base misma de su existencia: asegurar el ingreso de capitales especulativos que puedan renovarse ilimitadamente, asegurando pingües negocios en la misma medida en que las condiciones de liquidez del mercado internacional se mantengan. El alcance de esta operación leonina puede medirse en el hecho de que durante la convertibilidad, el alza de los precios internos superó el 60%, un lucro completamente excepcional que se dolarizó por la arbitraria disposición de mantener el valor de la divisa norteamericana anclada en este mismo lapso. Esto significa que un inversor extranjero que simplemente almacenara durante algún tiempo un conjunto de bienes, que reflejaran la inflación promedio del período, podría acumular una ganancia de la misma magnitud por la discrecionalidad de una medida cambiaria que constituye, además, el fundamento de toda la política diseñada por el ahora ex-ministro Domingo Cavallo. La convertibilidad, en consecuencia, constituye un subsidio completamente descomunal al capital especulativo y a la fuga de capitales del país que sólo pasa desapercibido en la medida en que la bicicleta continúa rodando. Con el objetivo de mantener este verdadero saqueo, la ley de convertibilidad previó los términos de su propia violación, si el propósito fuera cumplir con la función aquí descripta. Por eso se permitió que las reservas en dólares pudieran ser sustituidas, en un porcentaje nada despreciable, por títulos del gobierno nominados en dólares, lo cual constituye una suerte de estafa dentro de la estafa. Con estos títulos emitidos por el propio Banco Central (al cual, al mismo tiempo, se le prohibió emitir moneda argentina), se permitió la salida de capitales sin la contrapartida de pesos absorbidos por la autoridad monetaria, como sería el caso si se cumpliera a rajatablas con el mecanismo de la pura convertibilidad. Esto equivale a una emisión de moneda formalmente prohibida, pero permitida al fin, si se trata de una prebenda para el gran capital. El fin natural y previsible de esta experiencia corresponde exactamente al agotamiento de las posibilidades excepcionales que se le ofrecieron al capital financiero para mantener la calesita de la expropiación especulativa de los trabajadores y la Nación Argentina, que es la única base real del mentado Plan Cavallo. Al final del proceso, entonces, el Plan se autodestruye, como sucedía con el mensaje de aquella célebre serie televisiva que, no casualmente, tenía el mote de misión imposible. La estación terminal de la convertibilidad coincide, por lo tanto, con el vaciamiento de las reservas que quedaron retenidas como garantía previa, y que se evaporarán con la fuga de capitales que ya se ha iniciado, como ha sucedido en otras oportunidades en nuestro país y en otros vecinos, tal el caso de Brasil y México en un pasado no demasiado distante. Ni siquiera puede decirse que haya en esto alguna originalidad. Como lo recordara algún tiempo atrás un especialista en historia económica del país (Manuel Fernández López) la Argentina tuvo papel moneda convertible cuatro veces en toda su historia: ninguna resistió una gran crisis externa 1873, 1884, 1913, 1929 y de todas estas "convertibilidades", el país salió con violentos ajustes de la actividad económica interna. Disparen contra el salario Los efectos de esta política económica sobre el tejido de las fuerzas productivas de la Nación y en materia de condiciones de subsistencia de su población constituyen un paquete cuya dimensión todavía no fue evaluada en sus alcances más amplios. De conjunto, constituyen una expropiación sin precedentes del resultado del trabajo de los obreros argentinos, no sólo de la actual generación sino de las generaciones pasadas, cuyas consecuencias en el tiempo serán duraderas, dado el nivel de latrocinio cometido. La expropiación del trabajo ajeno constituye la esencia misma de la relación social capitalista cuyo origen es precisamente la separación-confiscación del trabajador de sus condiciones de trabajo, de modo de convertirlo en un trabajador libre, esto es, desprovisto de todo otro recurso que el de la capacidad de gastar su propia energía laboral. No es ésta, evidentemente, una peculiaridad de una u otra variante de la política económica capitalista, sino lo que constituye el elemento común a todas ellas, lo que significa que no es un elemento específico del mal llamado modelo neoliberal. Lo revela el hecho de que lo que la política de Cavallo tiene de esencial, contó con el apoyo explícito del conjunto de las fracciones opositoras, que tempranamente aprobaron o dejaron pasar en el Parlamento las leyes que permitieron el desguace de las empresas estatales y la propia ley de convertibilidad, y que aún hoy no vacilan en afirmar que "no se puede volver atrás" en la materia. En este sentido, hay que admitir que el régimen cavallo-menemista tuvo la capacidad de unificar tras de sí al conjunto de sectores de la burguesía nativa, con la idea de que la adaptación sin límites a los requerimientos del capital financiero podría abrir una salida al colapso económico crónico, que tuvo su punto culminante en la hiperinflación de finales de los 80 y comienzos de la década actual. Recordemos que en los tres lustros que culminan en el 90, el retroceso fue de características excepcionales: el producto nacional per cápita cayó casi una cuarta parte en tal período. Lo que debe sorprender, por lo tanto, luego de un retroceso de semejante magnitud, no es la primavera de reactivación económica que se dio entre 1992-94, sino la brevedad del fenómeno, determinada por las características profundamente parasitarias del planteo y su naturaleza irrestrictamente capitalista. Marx definió alguna vez al capital financiero como el que tiene el modo de explotación del capital pero no su modo de producción. La fórmula puede ser aplicada al Plan Cavallo precisamente por su manifiesta tendencia a la pura superexplotación del trabajo, sin que esto conlleve a una expansión del mercado, a una ampliación del horizonte productivo y a una renovación de activos fijos e innovación tecnológica que derive en el aumento de los valores de uso. Es el aumento realmente bárbaro de la explotación de los trabajadores y la confiscación de su salario y aun de su limitadísimo patrimonio personal, lo que constituye el rasgo más notable del régimen Menem-Cavallo. Está pendiente una investigación que ponga de relieve la masa de recursos convertida en plusvalía o ganancia por esta vía. En primer lugar por la caída del salario directo, es decir, de los ingresos de bolsillo del productor. Si se contabiliza una moderada caída del 5% al 10% en este rubro, la traslación de ingresos a la clase propietaria de los principales medios de producción suma, en un lustro, un promedio del orden de los 15.000 millones de dólares, una cantidad equivalente al financiamiento de todas las universidades del país por un período de 10 años consecutivos. Pero el salario está también integrado por lo que se denomina el jornal indirecto, constituido por las contribuciones patronales y los aportes obreros a las obras sociales, programas de vivienda, educativos, etc. … así como por las transferencias que puedan determinarse por la vía de mecanismos impositivos y presupuestarios de los impuestos directos que son los que afectan al capital para asegurar servicios gratuitos o subsidiados al trabajador. Ahora bien, como es sabido, el sistema impositivo nacional ha sido progresivamente convertido en una carga que recae exclusivamente sobre el salario directo; esto por la eliminación prácticamente completa de lo que el gobierno denomina impuestos al trabajo, hipocresía con la cual se designa a una parte integral de los ingresos de los trabajadores. Cualquier estimación de las pérdidas salariales en este sentido multiplicaría varias veces la cifra anteriormente estimada. Un tercer elemento de la remuneración obrera está constituido por el salario diferido, que es el que debe sostener al sistema previsional. La exacción en esta materia constituye un verdadero récord en la historia económica argentina. Con la implantación de la denominada jubilación privada fue, además, expropiado el fondo acumulado por todas las generaciones de trabajadores para el pago de sus haberes cuando pasaran a la condición de pasivos. Este solo acto suma, según cálculos efectuados por los especialistas, una confiscación equivalente a 150-200.000 millones de dólares. Con todo, lo que indicamos hasta aquí es sólo una parte del problema. Con la excusa de la productividad, el régimen de Cavallo promovió una política de intensificación de los ritmos de trabajo, al extremo de no reparar en eliminar de hecho casi un siglo de legislación laboral: la arbitrariedad patronal no ha conocido límites, estimulada por una legislación que ha permitido las formas más diversas de precarización del trabajo, la extensión de la jornada, la eliminación consecuente del pago de horas extras, la supresión de la indemnización por despido, la eliminación de hecho del período vacacional, la desprotección de tareas insalubres, el desconocimiento de categorías y calificaciones, la eliminación de las indemnizaciones correspondientes a accidentes de trabajo, etc. Según algunas estimaciones, casi una cuarta parte de la fuerza de trabajo se encuentra, en la actualidad, desempeñando su actividad bajo diversas formas contractuales que eliminan de hecho las disposiciones de los convenios colectivos. El gobierno ya ha anunciado su intención de dar un marco legal general a la eliminación de las convenciones de trabajo y permitir la extensión generalizada de los contratos individuales, imponiendo así la atomización de la clase obrera y su indefensión total frente a las organizaciones colectivas de la patronal y del Estado. La masa salarial ahorrada por esta vía, como consecuencia de lo que en economía política se conoce como incremento de la plusvalía absoluta, es una prueba del avance enorme de la superexplotación de los trabajadores y no de la modernización de la economía. Todos los estudios, incluidos los oficiales, admiten que el aumento del rendimiento del trabajo no es consecuencia de lo que se conoce como incorporación de tecnologías duras (es decir, renovación de maquinaria y equipamiento, con la consecuente introducción de mejoras técnicas y procedimientos innovadores), sino al revés, del avance de las tecnologías llamadas blandas que, en lo fundamental, se vinculan a racionalizaciones operativas, reordenamientos en la gestión y organización social de la tarea productiva, que se resume, esencialmente, en la mayor explotación de la mano de obra. Un proceso de demolición social y nacional Que todo esto haya contribuido al aumento del desempleo de una forma que no conoce antecedentes en la historia económica del país, y no a la expansión conjunta de la producción, el mercado y el consumo, es una demostración del carácter parasitario de este proceso, de su propensión a elevar la ganancia capitalista a costa de un mero desarrollo de fuerzas destructivas y de la mutilación de buena parte del aparato productivo nacional. Un cuarto de los establecimientos industriales y un 27% de los puestos de trabajo en el sector manufacturero, desaparecieron bajo la modernización impulsada por la administración menemista y la vía libre para el tráfico del capital especulativo, los negociados financieros y bursátiles, el estímulo al fraude y al contrabando. Un reciente informe oficial revela que sólo con la estafa cometida con las exportaciones de oro (un movimiento de importación de monedas y exportación de barras con el material fundido, por el cual el gobierno premiaba a la empresa respectiva con un subsidio equivalente a un valor del orden del 30% del monto declarado de los envíos al exterior), se habrían evaporado 400 millones de dólares. El mayor contingente de desempleados parece provenir de la masiva expulsión de trabajadores de las empresas estatales y de las administraciones públicas, que dejaron sin ocupación a una población laboriosa que se calcula bordeando el millón de trabajadores, si se toma la órbita nacional, provincial y municipal como un todo. En conjunto, la desocupación abierta ha crecido entre tres y cuatro veces durante la vigencia del Plan Cavallo, siendo en la actualidad apenas inferior al 20% de la población económicamente activa (PEA). Si se le suma el llamado desempleo encubierto, en el que las estadísticas incluyen a todo aquel que trabaja aunque sea un hora por semana, el total de la población sin trabajo bordea un tercio de la PEA. Pero, además, no se incluye aquí el llamado desempleo oculto, que es el que no aparece registrado, porque las estadísticas categorizan como población económicamente no activa, es decir, no desocupada, sino que no quiere trabajar, a aquel que simplemente desistió de buscar empleo, desmoralizado o quebrado por la falta de oportunidades, las filas interminables en la búsqueda de la quimera de una ocupación miserable y hasta la depresión o enfermedad mental que se extiende en proporción directa con la miseria social dominante. Tampoco se incluye en la penosa serie hasta aquí enumerada a los contingentes de trabajadores subutilizados en relación a su capacidad profesional, condenados a alguna tarea descalificada y al desperdicio de su formación educativa y cultural. En este sentido amplio, el desempleo o inutilización de los recursos productivos humanos está próximo al 50% de la PEA, lo cual es el retrato más cabal de la verdadera lacra de lesa humanidad que significa esta moderna política capitalista y del completo agotamiento de sus posibilidades en todos los sentidos. Y es en nombre de la eficiencia que los prohombres del Plan Cavallo pretenden pasar a la historia como reconversores del sistema productivo nacional. ¿No está claro, por lo tanto, que no es el costo laboral sino el costo capitalista de esta obra de demolición humana y material, el principal problema que enfrenta la economía y la sociedad argentinas? El número uno de los costos nacionales de esta transformación ha sido una hipoteca en materia de deuda externa que deja reducido a un juego de niños los problemas del endeudamiento del pasado. La deuda externa total del país creció en 100% durante el proceso de saneamiento económico y financiero del gobierno del presidente Menem. Su volumen actual supera los 130.000 millones dólares, una estimación moderada que incluye la deuda privada, difícil de precisar, y que se acumuló hasta este nivel a pesar de los 20.000 millones de dólares capitalizados como parte del negocio de las privatizaciones. En verdad, el cálculo de la duplicación de la deuda se basa en criterios oficiales, pero no en la realidad. La deuda real que encontró el equipo de Cavallo era mucho menor a lo que revelaban las estadísticas del gobierno. Era un capital que los propios bancos habían amortizado previamente mediante el cobro de tasas y comisiones usurarias de todo tipo, y que en sus propios balances había sido eliminado con provisiones para créditos irregulares desde mucho tiempo atrás. Lo prueba el hecho de que los tenedores de los títulos argentinos de deuda llegaron a vender los mismos como títulos basura, por un valor que tocó la banda del 10% al 20% del monto nominal de la acreencia. Lo cierto es que la operación de rescate financiero de la banca acreedora se consumó bajo el actual régimen de una manera que pasará a la historia como una evidencia exacerbada de la sumisión nacional al capital financiero. Este operativo puede cuantificarse para tener una noción de lo que significa. Cuando Cavallo inició la renegociación de los pagos de la deuda heredada con la banca privada, el total de la deuda incluía, entre capital e intereses atrasados, un total nominal aproximado de 30.000 millones de dólares. El valor real de estos pasivos del país con los bancos extranjeros podía oscilar, con un cálculo rentable para los acreedores, en torno a un monto cercano a los 8.000 o 10.000 millones de dólares. Después de las negociaciones, en lo que vino a llamarse el Plan Brady, por el nombre del entonces secretario del Tesoro norteamericano, el resultado fue que Argentina admitió pagar en un plazo de 30 años … 54.000 millones de dólares. En 1997, los vencimientos del Brady y de otras obligaciones de la deuda sumarían unos 18.000 millones de dólares. Si a esto le sumamos los más arriba mencionados 7.000 millones de dólares del déficit del sistema previsional, dirigidos a financiar el negocio de las AFJP, tenemos comprometido el 60% del monto total del presupuesto nacional. El Plan Cavallo estaba condenado, por lo tanto, a hundirse en la bancarrota de sus propias contradicciones. Es ésta la base del proceso de descomposición que envuelve en la actualidad al conjunto del régimen político. La salida que indica esta caracterización es muy simple, y consiste en el viejo planteo de expropiar a los expropiadores: desconocimiento y repudio de la deuda externa, anulación e investigación de las operaciones leoninas con las privatizaciones, financiamiento de un masivo seguro al desempleo para revertir el panorama desolador de la mayoría nacional, restituir el derecho de los trabajadores a la negociación colectiva, al mantenimiento de sus conquistas y a un salario mínimo igual a la canasta familiar. Son las medidas elementales que corresponden a la reconstrucción nacional y social de un país devastado por la política del capital financiero. Otra cosa es verso, aunque revista lenguaje académico y resuma sapiencia aparentemente económica.

1 de diciembre de 1996
La naturaleza histórica de la Revolución de Octubre

Conferencia pronunciada en el Departamento de Historia de la Universidad de San Pablo, el 2 de octubre de 1996, en el marco de una Mesa Redonda acerca del significado histórico de la Revolución de Octubre El asunto que será tratado en esta disertación es la naturaleza histórica de la Revolución Rusa de 1917. El objetivo es delinear lo que se entiende por perspectivas actuales de esta Revolución, mostrando sus diferentes condicionamientos históricos. Durante buena parte del siglo XIX y en particular, durante las Revoluciones de 1848, el problema era que Rusia había permanecido al margen de las grandes convulsiones que se produjeron en Europa. Como revolucionarios que analizaron esta trayectoria de manera muy especial, Marx y Engels entendían que las grandes revoluciones democráticas que tuvieroncomo escenario a Europa Central en 1848, sólo podían completar su misión histórica lanzando una guerra mundial contra el imperio zarista, que era visto como bastión de la contrarrevolución. Creían que este imperio sólo sería aplastado desde el exterior con el auxilio de las armas; por este motivo. Marx y Engels fueron cambiando de opinión en función de las condiciones ulteriores del desenvolvimiento capitalista. Su posición pasó a ser que el desmantelamiento del imperio zarista sería obra, no de una guerra externa, sino de una revolución interna. Marx y Engels ya veían expresiones de tendencias revolucionarias en Rusia, desde la nobleza hasta los intelectuales. Comprobaron también que el capitalismo occidental se había desarrollado en tales proporciones que había dejado de ser un factor revolucionario frente al zarismo, y que se había vuelto un factor de conservación del mismo. La Inglaterra capitalista tenía importantes acuerdos con el zarismo, y lo mismo ocurría con las potencias centrales de Europa. Ya no era posible imaginar que el capitalismo europeo occidental pudiese llevar adelante una guerra revolucionaria contra Rusia y, además, el desarrollo de contradicciones en Rusia permitía establecer que el imperio zarista sería derribado por una revolución que se originaría en sus propias fuerzas interiores. Se puede decir que la naturaleza histórica de la Revolución Rusa, expuesta hasta aquí por los pensadores más audaces de este período, es percibida y caracterizada como la conclusión de las revoluciones burguesas democráticas que comenzaron en Francia en 1789, y que continuaron después en Europa en 1848. En el período posterior, el más firme teórico de la revolución burguesa en Rusia fue Lenin. El combatió, con mucho rigor y energía, la idea de que en Rusia se pudiera realizar algo diferente a una revolución burguesa. Así, en el transcurso de los debates de la socialdemocracia rusa, quedaron establecidas "dos tácticas" (título de un libro de Lenin): la primera planteaba la alianza de la clase obrera rusa con la burguesía liberal, y la segunda, la de Lenin, la alianza de la clase obrera rusa con la burguesía revolucionaria rusa, encarnada en los campesinos. Sin embargo, quien llegó más cerca de la realidad histórica para caracterizar la naturaleza de la Revolución Rusa en esta época fue León Trotsky, aunque sin trascender la idea de que la Revolución Rusa completaría el ciclo de las revoluciones burguesas democráticas. Trotsky, en su libro 1905, con mucho cuidado y rigor didáctico, establece que la revolución rusa sería una revolución burguesa que se diferenciaría sustancialmente tanto de la Revolución Francesa de 1789 como de las revoluciones europeas de 1848. En la Revolución Francesa de 1789, dice, la burguesía, cuando no la dirigía, dejaba que las masas se movilizasen, pues no temía la amenaza que en un futuro representaría la clase obrera. Ya en las revoluciones de 1848 ocurrió algo diferente. Estas revoluciones no adquirieron impulso pues, desde el comienzo, la burguesía, por temor al proletariado que se había expandido como consecuencia del desarrollo capitalista alcanzado en esta época, preferió un pacto con las monarquías para poder desmovilizar a la clase obrera. En la Rusia de comienzos de siglo, dice Trotsky, la situación era doblemente diferente de 1789, y de 1848, pues el impulso revolucionario surgiría de la propia clase obrera. Con este impulso revolucionario, esta clase iría a enfrentar no solamente al zarismo, sino también a la burguesía liberal. Buscaría la alianza con los campesinos y llegaría al poder como clase, en virtud de la dinámica de la revolución democrática. Su carácter permanente surge del hecho de que con el proletariado en el poder, no sólo deberían ser ejecutadas las tareas democráticas que no estuvieran cumplidas la tierra a los campesinos, la abolición de la autocracia, la emancipación nacional, sino también las tareas propias de una revolución socialista: establece así la idea genial de que Rusia sería la vanguardia de la revolución socialista internacional, lo que quedaría demostrado por los acontecimientos posteriores (el libro de Trotsky fue redactado poco después de la revolución de 1905). Como se puede observar, nada más lejos de la realidad que una versión estática, y rígida de lo que sería la naturaleza histórica de la Revolución Rusa. La teoría se fue transformando con la revolución de las relaciones entre las clases, y en particular con la clase dirigente rusa, como consecuencia de su desenvolvimiento interior y del ingreso del capital extranjero. Esto creó un proletariado concentrado, combativo y, hasta cierto punto, revolucionario, que modificaba la perspectiva histórica tradicional de Rusia. La Revolución de 1917, sin embargo, supera, modifica y altera todas las caracterizaciones revolucionarias, pues se procesa dentro de un marco histórico completamente diferente de aquel de las revoluciones democráticas pasadas. No sólo tendría lugar en un marco histórico de unificación de la economía mundial (o sea, de la existencia real de una economía mundial), sino también en el de la transformación del capitalismo de libre competencia en capitalismo imperialista. La integración de las principales naciones del mundo y de algunas secundarias en la red de la economía mundial, que después dará lugar al fenómeno del imperialismo, es el marco histórico necesario para poder caracterizar, por primera vez, la descomposición del modo capitalista de producción, o sea, la época de fragmentación mundial del capitalismo. En esta etapa, el capitalismo entra en una fase de transición hacia la organización socialista a escala mundial. La caracterización de que el mundo, como un todo, había madurado para la revolución socialista, altera la perspectiva histórica de la revolución en un país atrasado que, considerado aisladamente, no está preparado para el socialismo, pero sí lo están la economía y la política mundiales, en las cuales la revolución nacional y democrática de Rusia tendrá lugar. Se incurre frecuentemente en el mito de que la Primera Guerra Mundial habría favorecido la llegada de la Revolución de 1917. Sin embargo, la guerra sirvió al zarismo para congelar el recrudecimiento de las tensiones en el interior del Estado ruso. En 1914, en Rusia, la socialdemocracia y el propio movimiento de masas experimentaban un crecimiento fenomenal, dando inicio a un período revolucionario que no pasaría desapercibido para las clases dirigentes de Rusia. Era posible entonces acabar con el zarismo sin las inmensas cuotas de sacrificio que significó la Primera Guerra Mundial. Pero esta guerra transformó la Revolución Rusa en una guerra civil internacional; demostró que la sobrevivencia del capitalismo necesitaba de la masacre de millones de personas y que la conquista de la paz realmente sólo sería posible con el derrocamiento de la burguesía en cada país. Aquí se puede percibir un salto en la apreciación de la naturaleza histórica de la Revolución Rusa, pues una revolución que se presentaba como democrática, cambia por las perspectivas abiertas por la lucha de la clase obrera, para convertirse en una revolución socialista; y por el marco internacional en que se inserta, es una parte de la revolución mundial y de la guerra civil internacional de la clase obrera contra las burguesías y el capitalismo mundiales. Existe una corriente historiográfica llamada revisionista, que tuvo origen en Alemania, y uno de cuyos autores más conocido es Ernst Nolte, que parece justificar al nazismo y que tuvo una cierta popularidad académica, incluso fue retomada por el historiador francés François Furet. Historiador derechista de la Revolución Francesa, renegado del partido comunista francés, Furet, en un reciente libro (El fin de una ilusión), desarrolla la misma tesis que los revisionistas alemanes: la Revolución Rusa sería responsable del nacimiento del nazismo, como una reacción del capitalismo contra el bolchevismo. El nazismo tendría el mérito de haber previsto el fracaso del bolchevismo, y de haber tenido la iniciativa de enfrentarlo. Pero el nazismo no es sólo el resultado de la reacción capitalista contra el bolchevismo, y éste, a su vez, no fue una conspiración mundial para acabar con el estado de derecho: ambos son productos opuestos y contradictorios de un mismo fenómeno: la descomposición mundial del capitalismo. Esta se produce por la contradicción entre el desarrollo internacional de las fuerzas productivas y el marco estrecho de las fronteras nacionales, los Estados nacionales, en los que ese desarrollo se procesa; por la competencia entre los capitalistas; por la socialización enorme de la producción y la apropiación cada vez más estrecha en el sistema capitalista. Se puede decir que la Revolución de Octubre fue un producto genuino y una respuesta de las masas a la descomposición del capitalismo. Para sus líderes, la Revolución de Octubre era el comienzo de la revolución socialista mundial, caracterizando el inicio de una época histórica de guerras y revoluciones. Inauguraba un período político e histórico de revuelta de las fuerzas productivas contra las relaciones de producción capitalistas, transformadas en un obstáculo histórico para el desarrollo de aquéllas. Tanto Lenin como Bujarin habían analizado, antes de la revolución, la nueva configuración de la economía mundial, concluyendo que el mundo ingresaba en un nuevo período histórico. Para los bolcheviques, la Revolución Rusa era el comienzo de la revolución mundial. Ellos no tenían ninguna intención de realizar el socialismo solamente en su país. El bolchevismo incorporó su comprensión de las particularidades nacionales rusas a las del proceso internacional del capitalismo y, dialécticamente, estableció la unión entre una revolución democrática conducida por la clase obrera y el proceso de la revolución internacional. Por eso, una de sus primeras medidas, después de la revolución, fue la convocatoria a la creación de una nueva Internacional, la Comunista. Pero ésta no era una creación del Estado soviético. Este podría operar como Estado en el marco de las relaciones internacionales. La Internacional actuaría de modo independiente, y fue preparada con bastante antelación. En la bancarrota de la Internacional Socialista (la IIª), los bolcheviques llamaron a la creación de la Internacional Comunista (la IIIª) mucho antes de la Revolución de Febrero y mucho antes de la Revolución de Octubre de 1917. El proletariado del mundo pasó a organizarse en un partido mundial centralizado, a diferencia de la Iª y la IIª internacionales,lo cual refleja un nuevo estadio de lalucha internacional entre las clases. Este planteo fue una gran novedad política: el mundo podía ser reorganizado enteramente sobre bases comunistas, libertarias, de fraternidad universal y era posible construir un partido mundial de la revolución socialista. Como dice Rosa Luxemburgo, la responsabilidad por las limitaciones de la Revolución Rusa fue de la socialdemocracia europea, que tuvo un comportamiento traidor. ¿Por qué traición si la socialdemocracia alemana, por ejemplo, nunca fue revolucionaria, sino reformista? Porque el imperialismo y la guerra habían mostrado que el reformismo ya no tenía un lugar histórico. Solamente existían dos opciones: la revolución y la contrarrevolución. Las tendencias reformistas, bajo el pretexto de no optar por ninguna de ellas, optaron de hecho por la contrarrevolución, volviéndose traidoras. No sólo traicionaron a la Revolución de Octubre, sino que también fueron cómplices de la derrota de la Revolución Española, y entregaron Alemania a Hitler. Llama la atención en toda la literatura contemporánea la falta de comprensión de que la restauración capitalista en los estados obreros no es otra cosa que una contrarrevolución política iniciada por la burocracia "comunista" para acabar integralmente con las conquistas sociales de la Revolución de Octubre, transformándose así en clase propietaria. En China, en Rusia, actualmente, los capitalistas son los antiguos burócratas. Veamos las raíces históricas de ese proceso. A partir de 1922, cuando había terminado la revolución, una burocracia anticomunista (todavía existen los que la llaman comunista), pretoriana, represiva, sustituyó a la clase obrera y la colocó bajo su dominio. Comienza también a entrelazarse con el capitalismo internacional, y en un determinado momento se entrelaza con la contrarrevolución política. En los últimos 60-70 años hubo, entre la burocracia de los llamados estados obreros y el capitalismo mundial una relación social profunda. La burocracia pensaba aumentar más y más sus beneficios, aprovechándose de su condición de intermediaria entre el capitalismo mundial y la estructura estatal creada por la revolución en la Unión Soviética. A medida que se internacionaliza este proceso, se enfrenta a otro creado por él. En 1953, con el levantamiento de la clase obrera de la parte oriental de Alemania, se inicia, en los territorios de las naciones dominadas por la burocracia rusa, un proceso creciente de revoluciones políticas. El levantamiento de la clase obrera polaca, en 1980, se inició cuando la burocracia intentó aplicar, una vez más, pero ahora en una escala nunca vista antes, los programas fondomonetaristas de aumento de precios, de liberación del mercado, etc. Con eso provoca un movimiento nacional sin precedentes, que pone en evidencia la función de la burocracia como mera intermediaria del capital internacional. Es entonces la revolución política de la clase obrera la que empuja definitivamente a la burocracia stalinista al campo del capitalismo y de la contrarrevolución. Nace más tarde la política de apertura de mercados conocida como perestroika. Esto muestra la comprensión, por parte de la burocracia, de que los días de su "socialismo en un solo país" estaban contados. En esas condiciones, cabe preguntarse si las condiciones históricas que dieron lugar a la Revolución de Octubre y que determinaron su caracterización como inicio de la revolución socialista mundial, están presentes en la actualidad, y si aparecen más atenuadas o más intensificadas. Asistimos al florecimiento de una nueva teoría: la globalización, que, en líneas generales, afirma que el capital se transformará en mundialmente homogéneo. Las rivalidades nacionales, si no hubieran desaparecido, tenderían a desaparecer: no habrá más guerras y podrá construirse un mundo de paz. Todo esto no pasa de una versión novelesca de la teoría del ultra-imperialismo de Kautsky, que ni siquiera es original, pues Hobson, en 1902, ya establecía la perspectiva del ultra-imperialismo como futuro ineluctable del capitalismo mundial. Criticando la tesis de la globalización, algunos marxistas dicen que es engañosa, pues oculta su naturaleza social, o sea, la mundialización del capital. Pero la tendencia del imperialismo no es en dirección a la mundialización, sino a la nacionalización del capitaleso fue irrefutablemente esclarecido por Bujarin en su libro El imperialismo y la economía mundial. Solamente si el desarrollo capitalista fuese exactamente igual desde el punto de vista tecnológico, económico y sociológico, en todos los países, se podría admitir que un capital se aliase a otro en iguales condiciones. Sin embargo, ¿por qué un capital se uniría a otro en iguales condiciones, si aquél posee mejores condiciones que éste? ¿Por qué un capital norteamericano se uniría a un capital argentino en iguales condiciones, sin reducir a este capital a una condición subordinada, llegando así a las relaciones características del sistema imperialista? Las contradicciones del capitalismo, a medida que se internacionalizan las fuerzas productivas, son más profundas hoy que en la época de Lenin. Pero el capitalismo es incapaz de estructurar un Estado mundial, o una coordinación mundial que exprese esta supuesta internacionalización del capital. La perspectiva no es un condominio mundial, sino la dominación del imperialismo más fuerte contra los imperialismos rivales. Esto implica un Estado fortalecido de modo descomunal, a través de su entrelazamiento más profundo con el capital, para defender e impulsar más consecuentemente los intereses del capitalismo del propio país. Una expresión del fortalecimiento del Estado que desmiente la idea de movimientos pacíficos del capital, es la tendencia a la privatización del sistema de previsión social en los más diversos países. La privatización de la previsión social es compulsiva. La clase obrera, en los sistemas que están siendo impuestos, es obligada a depositar 10% de su salario en un fondo de pensión. Por eso, los fondos de pensión presentan un fabuloso crecimiento en los últimos años, y esto es un resultado de la acción del Estado. En estas contradicciones se verifica que la naturaleza histórica de la Revolución de Octubre, en el sentido de que inició un período de revolución socialista mundial, está más vigente que nunca. Rusia, actualmente, es un país amenazado por la desintegración nacional, pues nunca fue un país nacionalmente afirmado. En la apertura del mercado al capital extranjero las relaciones internas de circulación económica dejaron de existir, porque sus industrias, confrontadas con el capital extranjero, quedaron capitalistamente obsoletas, o sea, sin financiación, sin mercado, sin capital. Esto provoca una serie de tendencias centrífugas y separatistas enormes: crisis en el poder, agravamiento de las guerras locales. La Rusia actual es un terreno de luchas entre Japón, Estados Unidos y Alemania. La Unión Europea es otra manifestación de este crecimiento de luchas nacionales. No es un fenómeno de mundialización del capital, es un fenómeno de internacionalización de la fuerza productiva del capital y de nacionalización de la propiedad capitalista. Los "bloques regionales" expresan la disputa entre los diversos imperialismos por el mercado mundial. La propia crisis del capital genera una masa enorme de desempleados y miserables que es una fuente permanente de revueltas sociales. Estamos, por lo tanto, en el mismo Siglo XX que comenzó con la Revolución Rusa y que aún no terminó. El fin de siglo será testigo de crisis, guerras y revoluciones inéditas en la historia contemporánea.

1 de diciembre de 1996
Una historia del trotskismo cubano: Segunda parte

Otro acontecimiento de la mayor importancia en el mundo de habla hispana durante la década del 30 fue la Guerra Civil Española. Dos aspectos de ésta son relevantes para esta discusión: en primer lugar, los voluntarios cubanos que fueron a pelear a España y sus aportes políticos, tanto en España como a su retorno a Cuba; y en segundo lugar, el impacto de los refugiados que llegaron a Cuba después de la derrota del ejército republicano. El primer punto lo trataré ahora; el segundo, lo discutiré más adelante. Así, aunque el estallido de la Guerra Civil Española coincidió con el período de represión después de la derrota de la huelga de marzo de 1935, el apoyo al gobierno republicano recibió un notable respaldo en Cuba. «El primer escalón de la lucha por defender a la República española tomó la forma de recolección de fondos para abastecer a las tropas republicanas con alimentos, uniformes, cigarrillos y tabaco, etc…”. «El segundo escalón de la lucha comenzó cuando algunos cubanos expresaron su deseo de ir a España y unirse a las filas de aquellos que defendían la República» (1). El comité que se estableció para seleccionar y despachar a los voluntarios hacia España “incluyó personas que posteriormente se convirtieron en miembros del Partido Auténtico y del Movimiento Joven Cuba» (2). Casi con seguridad, éstos habrían tenido algún contacto con los antiguos trotskistas del PBL. Así, un trotskista cubano, Juan Breá, que había sido muy importante en estimular la discusión trotskista dentro de la Oposición Comunista y que ya estaba en Europa, fue a España. Desde fines de julio de 1936 hasta febrero de 1937, Breá estuvo en España luchando por la revolución socialista. Trabajó como periodista para La Batalla, el diario del POUM (3), enviando informes desde el frente de Aragón, donde luchó en la milicia del POUM. Más tarde, escribió desde Madrid, donde también tuvo serias discusiones con Juan Andrade, el responsable del POUM allí. De regreso a Barcelona, los stalinistas atentaron dos veces contra su vida. El POUM, con el que tanto Breá como Low habían estado trabajando (4), rehusó darle protección y finalmente tuvieron que alejarse una vez más hacia Francia. Sus experiencias en España fueron vívidamente contadas en su primer libro, Apuntes de la España Roja (5), que fue inicialmente publicado en Londres en 1937, con un prefacio de C. L. R. James (6). En su introducción, James escribió: “Su pequeño libro nos muestra el despertar de un pueblo” y “tendremos aquí, mejor que en todo el aluvión de libros sobre España, una excelente visión acerca de la nueva sociedad que está luchando tan desesperadamente por nacer (7). Muchas partes del libro de Breá, principalmente las que tratan de cuestiones políticas y militares, aparecieron primero en las páginas de La Batalla. Sin embargo, su publicación en 1937 en Londres, fue el primer testimonio sustancial en lengua inglesa de la Revolución Española. En esas páginas, Breá subrayó la confusión ideológica de los anarquistas y anarco-sindicalistas, quienes, en su opinión, “desecharon el poder cuando cayó en sus manos porque sus principios se oponían a tomarlo» (8). También reafirmó el papel totalmente contrarrevolucionario de aquellos que adherían al Comintern mientras, al mismo tiempo, rechazaba achacar toda la responsabilidad por el fracaso de la revolución a su política. Breá escribió: “sería pueril echarle la culpa (a la política stalinista) cuando sabemos muy bien el papel contrarrevolucionario que han estado jugando Rusia y sus acólitos en todos los países. Prevenirse es precaverse. La responsabilidad debe recaer sobre aquellos partidos revolucionarios en España que conocen al stalinismo por lo que es. Me refiero al POUM, a los anarquistas y a los anarco-sindicalistas” (9). Para Breá, el único camino en España era oponer el comunismo al fascismo (10) y argumentó a favor de la necesidad de lo que llamó “un frente común” —esto es, una alianza del proletariado “sin una amalgama de programas” (11). Sin embargo, en otras cuestiones políticas, Breá mostró algunas diferencias fundamentales con los trotskistas oficiales (12) de la época. Por ejemplo, en su opinión “la Unión Soviética en el momento presente (1937) ya no es más un Estado proletario, y no es todavía uno capitalista” (13). Esta creencia en una tercera alternativa (14) fue expuesta, una vez más, cuando discutió la cuestión de la naturaleza y formación del ejército. Breá sostenía que, hasta que la situación estuviera madura para la formación de un ejército rojo, la fórmula planteada por el POUM debería ser adoptada temporariamente. Esto, en sus palabras, significaba “la aceptación de un comando unificado y la imposición de la disciplina como en un ejército regular, (manteniendo) al ejército bajo el control del pueblo por medio de delegados políticos enviados por los diferentes partidos políticos” (15). Esta actitud es algo equívoca, dado que en agosto de 1936, precisamente al tiempo de su llegada a España, la oportunidad de arrancar de raíz al viejo Estado capitalista estaba a mano. Como los trabajadores rechazaron a los ejércitos fascistas (es decir, al ejército regular), volviendo sus propias armas contra ellos, las tareas democráticas del momento sólo podían ser llevadas a cabo hasta su conclusión por los métodos de la revolución socialista. La teoría aparentemente abstracta de la revolución permanente de Trotsky (16) se había convertido en realidad. De todos modos, Breá veía la cuestión del ejército como central para el éxito (17) y tenía claro que cuando se volvía perfectamente burgués, entonces surgiría una nueva situación con todas las perspectivas para que el Estado obrero fuera finalmente aplastado. Algunos han sugerido que otro socialista, Wilfredo Lam, el pintor surrealista afro-chino cubano, también fue a Europa y luchó en la Guerra Civil Española (18). Otros (19), sin embargo, sostienen que Lam, que estaba cercano a los trotskistas aunque no era trotskista en ese momento, no estuvo en España durante la Guerra Civil, aunque vivió allí tiempo después. En total, 850 voluntarios cubanos combatieron por la República española; el primer contingente arribó de Cuba el 15 de abril de 1937 (20), justo en el momento en que la fase ascendente de la revolución estaba por retroceder al cono de sombra de la derrota y la represión, con la derrota de las ‘jornadas de mayo’ de Barcelona. De cualquier manera, como he señalado, aunque la mayoría del PBL evolucionó hacia el campo Auténtico a fines de la década del 30, hubo otras dos corrientes que emergieron del primer partido trotskista cubano. Estaban aquellos elementos que “formaron grupos terroristas, como la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR)» (21). Este grupo estaba dirigido por Emilio Tro, que había sido miembro de la Oposición Comunista… «Los planteamientos ideológicos (de) la UIR tenían varios elementos del trotskismo» (22). La otra corriente fue la que constituyó el Partido Obrero Revolucionario (POR) después de 1936 (23). Según Raúl Valdivia, «a fines de la década del 30, los anarquistas y los trotskistas eran pequeños grupos con influencia muy limitada en el movimiento obrero. Unas veces acompañaban a los comunistas, y otras a los anti-comunistas… Los trotskistas tenían algún apoyo en los sindicatos de Oriente, en particular alrededor de Guantánamo, pero se trataba generalmente de dirigentes aislados en un sindicato u otro, sin una organización verdadera y bien establecida ni en los sindicatos ni en el movimiento sindical en su conjunto” (24). En la Conferencia de Emergencia de la IVa Internacional en 1940, el Departamento Latinoamericano presentó un informe sobre las secciones latinoamericanas. Con referencia a la sección cubana, declaraba que “en los últimos años, como consecuencia de las condiciones generales del país y de la deserción de algunos de sus dirigentes, las conexiones con el movimiento de masas se debilitaron, trayendo como resultado ciertas dificultades internas. De acuerdo a las últimas informaciones, nuestra sección cubana ha tomado medidas excepcionales para resolver estas dificultades internas. Estableció un Comité Ejecutivo Nacional provisional compuesto por los miembros originales del CEN y los más activos militantes de La Habana; su tarea es preparar el terreno para una conferencia nacional. En esta tarea, el Departamento Latinoamericano ayudó a nuestra sección cubana advirtiendo a los camaradas de Santiago de Cuba, que escribieron una carta al Departamento pidiendo su intervención, que no debían dar ningún paso que pusiera en peligro la unidad del partido. De acuerdo a la última información, están haciendo un esfuerzo especial por penetrar en el movimiento sindical y romper su aislamiento. Desde su formación, han publicado un número de órganos y panfletos. Debido a condiciones financieras extremadamente difíciles, no pueden en la actualidad publicar un órgano regular. Han editado un largo manifiesto sobre la cuestión de la guerra y varios otros que tratan problemas del movimiento revolucionario” (25). Entre los militantes trotskistas no cubanos que llegaron a Cuba después de la Guerra Civil Española estaba Louis Rigaudias (26). Rápidamente se convirtió en la principal figura del movimiento trotskista cubano. Como él mismo escribió: «munido de una visa cubana, partí de Marsella el 2 de enero de 1942 y permanecí allí hasta octubre de 1945. Me puse a disposición de los trotskistas cubanos y los convencí de publicar un mensuario, que redactaba enteramente” (27). La culminación del acercamiento entre los comunistas y Batista, que tuvo lugar a fines de la década del 30, se produjo a fines de enero de 1939 con la disolución de la CNOC y la fundación de la Confederación de Trabajadores Cubanos (CTC) (28). Esto fue reforzado en 1940, cuando Batista se presentó como candidato a la presidencia. Vencedor en las elecciones, Batista nombró a Juan Marinello y Rafael Rodríguez como ministros en su gobierno (29). Bajo la dirección comunista, la CTC declaró su “patriótica decisión de evitar las huelgas». La primera resolución del III° Congreso de la CTC, en diciembre de 1942, declaraba que “los trabajadores a través de la Confederación de Trabajadores de Cuba se ofrecen para colaborar con todos los que quieran luchar conjuntamente en unidad nacional —que significa subordinar las controversias internas al supremo interés de la destrucción del enemigo externo de la patria, y concentrar los esfuerzos de todos los sectores políticos y sociales representativos de la nación en el principal objetivo de ayudar a ganar la guerra» (30). Con posterioridad a este Tercer Congreso de los Trabajadores Cubanos, los trotskistas publicaron el folleto La voz revolucionaria del trotskismo en el III° Congreso Nacional Obrero, que detallaba su política y actividades en el Congreso (30). El periódico IVa Internacional (31) describía cómo “entre … (la) militante aunque confundida oposición (a los stalinistas en el III° Congreso), estaba un grupo de delegados trotskistas de los sindicatos de los ferrocarriles, las lavanderías, empleados de comercio y trabajadores de las ganaderías, destacado tanto por su militancia sindical como por el hecho de que habían preparado un programa detallado y positivo de acción sindical independiente alrededor del cual pudo reagruparse la oposición anti-stalinista” (33). El programa de acción presentado por los miembros del POR al Congreso incluía la reivindicación de una “escala móvil de salarios y comités populares de control de precios; … la lucha por la industrialización de Cuba, utilizando la coyuntura de la guerra como una vía de salida a la crisis permanente de la industria del azúcar; … por el mantenimiento de la unidad de clase de los sindicatos sobre la base de una genuina democracia sindical; … una política militar proletaria (similar a la del Socialist Worker’s Party de los Estados Unidos) para entrenar a los trabajadores de Cuba” (34). De acuerdo con IVa Internacional, Pablo Díaz González y Juan Medina, del POR, respondieron a las acusaciones de los stalinistas, que calificaban a los trotskistas como “quintacolumnistas” y “agentes del enemigo» (35). Luego de que los stalinistas rechazaron reconocer a 150 delegados, cuestionando sus credenciales, más de 400 delegados se retiraron del Congreso y formaron con los trotskistas el Frente Democrático Sindical (36). En una reunión de este nuevo organismo, el POR sostuvo que “no podemos pensar… en la formación de un nueva central sindical hasta que no haya sido demostrado de una manera definitivamente clara la imposibilidad de salvar a la CTC de las manos de la pandilla stalino-reformista, a través de un constante y efectivo trabajo entre los trabajadores de base. Nos opondremos a cualquier grupo o tendencia que intente arrastrar al proletariado cubano por el camino del aventurerismo” (37). El Frente Democrático Sindical votó por no constituir una organización paralela al CTC y, en cambio, luchar por “la convocatoria a un nuevo Congreso de la CTC, sobre la base de una plena y genuina democracia interna” (38). El 17 de mayo de 1943, los trabajadores ferroviarios fueron a la huelga en la región de Guantánamo, reclamando un aumento salarial del cincuenta por ciento. La regional del POR de Guantánamo lanzó un manifiesto que denunciaba “la traición a la huelga de los ferroviarios por los stalinistas… Mientras Batista mandó rápidamente tropas para manejar los trenes, los burócratas sindicales stalinistas corrieron con igual velocidad a intentar impedir una huelga nacional ferroviaria (39). El Auténtico dirigió la huelga, que fue aplastada después de dos semanas, y seis trabajadores—entre ellos dos miembros del POR, Juan Medina y Luciano García— fueron despedidos (40). El alineamiento mostró por anticipado la competencia electoral que tuvo lugar en 1944. Esta vez, sin embargo, triunfó Grau San Martín como líder de los Auténticos. Sin embargo, incluso con los Auténticos en el poder, los intentos de los comunistas por formar una alianza policlasista con el gobierno continuaron durante un período. El acercamiento entre los comunistas, en el recientemente formado Partido Socialista Popular (PSP), y el gobierno de Grau San Martín fue posible, por la colaboración durante guerra entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, que sólo llegó a su fin en 1947, cuando la era de la Guerra Fría inauguró un ataque contra cualquier cosa comunista en el hemisferio occidental (41). Como sostuvo la IVa Internacional, después que Grau San Martín fue elegido, hizo olvidar a los trabajadores las demagógicas promesas que había realizado durante la campaña electoral. Atado al imperialismo norteamericano, Grau San Martín necesitaba aliados en el movimiento sindical y los stalinistas estaban a mano. Los necesitaba tanto como ellos lo necesitaban a él. Esto se manifestó, por primera vez, en el IV° Congreso de la CTC, en diciembre de 1944, cuando los dirigentes Auténticos se unieron a los stalinistas para suprimir a la oposición (42). En los comicios de 1944, el POR intentó presentarse al menos en algunas elecciones locales, aunque esto le fue negado por la Suprema Corte. El POR sostuvo entonces una «campaña de firmas» por dos puestos en el consejo de Guantánamo. Sus dos candidatos, Juan Medina y Luciano García, represaliados en la huelga ferroviaria del año anterior, recibieron más de 1.000 votos oficialmente contados (43). En su periódico Revolución Proletaria del 1° de mayo de 1944, el POR daba su evaluación sobre Grau en su declaración sobre la elección presidencial. Afirmaba: “El giro a la derecha y hacia el conservatismo de Grau, que está más claramente expresado en la candidatura vicepresidencial de Raúl de Cárdenas, figura de relieve de la reacción doméstica, el abandono incondicional por el líder Auténtico de la lucha antiimperialista en favor del imperialismo ‘democrático’ y, finalmente, la presentación por el Partido Revolucionario Cubano de seguidores confesos de Machado como sus candidatos… son las pruebas de la liquidación de la dirección auténtica de toda manifestación revolucionaria del partido; indican cómo la dirección ha roto con los deseos e intereses de las masas, que continúan recordando los gloriosos acontecimientos de 1933″ (44). Sin embargo, como criticó la IVa Internacional, “a partir de esta evaluación correcta, extrajeron la siguiente conclusión errónea y confusa: ‘no proponemos el apoyo a Grau San Martín como el “mal menor»; le damos apoyo crítico en conformidad con la teoría leninista, como una táctica en la lucha contra el enemigo inmediato de la clase obrera: esto es, la dictadura policíaco militar de Batista, enmascarado bajo el disfraz de la Coalición Socialista Democrática…” (45). Otra vez, la tendencia a vaciar el bolchevismo de su contenido revolucionario era evidente. El POR, como antes el PBL, sustituiría una genuina perspectiva independiente de la clase obrera por la táctica de adaptarse al nacionalismo democrático. Como proseguía la IVa Internacional: “incuestionablemente, el primer deseo de las masas era sacarse de encima al auto-perpetuado régimen de Batista. E incuestionablemente, ésta es la razón por la cual corrieron confusamente hacia la ilusoria esperanza representada por la bandera ´auténtica´ de Grau. Pero esa es, precisamente, la razón por la cual la tarea de lo revolucionarios era diferenciarse claramente de esta bandera traicionera y, de la mejor manera posible, hacer oír la voz de la genuina lucha antiimperialista” (46). Con esto, la IVa Internacional concluía señalando que “el PRO (sic) está ahora empeñado en una discusión y reevaluación de su política electoral, en la cual están participando compañeros de otros países» (47). En su periódico Revolución Proletaria, el POR elaboró sus posiciones sobre la cuestión sindical y la orientación hacia el gobierno de Grau San Martín y el Partido Auténtico. Aunque la reevaluación revisó formalmente su orientación hacia el gobierno de Grau San Martín, su examen no se extendió hasta escarbar las raíces de sus pasadas concesiones al nacionalismo democrático de los Auténticos. En un artículo, el POR argumentaba que “el PRC (A) no puede hacer otra cosa en la actualidad que ayudar a engañar a las masas. Las pretensiones revolucionarias, que en el pasado nuclearon sus filas con buenos elementos revolucionarios, se han diluido bajo el impacto implacable de nuestra realidad colonial, prevista para estos países en la tesis de Trotsky sobre la Revolución Permanente. Sólo un fuerte partido, con la bandera del socialismo revolucionario, puede tener éxito en la lucha por la Liberación Nacional y Social de Cuba. Los que hablan de ‘salvar al autenticismo’ pierden el tiempo o se lo hacen perder a los demás” (48). Este mismo artículo, sin embargo, finalizaba señalando que la tarea de los revolucionarios es construir la vanguardia revolucionaria que pueda conducir a los oprimidos en la lucha por ganar lo que ha sido hecho pedazos por la realidad del período imperialista de posguerra y el “post-batisterismo del autenticato” (49). Esta verborragia de izquierda sugería que el autenticismo post-Batista era cualitativa o cuantitativamente diferente del autenticismo durante el período en que Batista estuvo al mando. En la siguiente edición de su periódico, el POR hablaba del gobierno de Grau San Martín como “caracterizado hasta ahora por su inepcia y vacilación» (50), pero también de la primera medida del gobierno que tenía contenido revolucionario (51). En Revolución Proletaria de mayo de 1946, el POR publicó artículos sobre la Conferencia de Abril de la IVa Internacional en Bélgica, sobre el quinto aniversario de la muerte de Juan Ramón Breá, así como también dos importantes artículos sobre las posiciones del POR acerca de las elecciones y de la cuestión sindical. Esta edición también incluyó un suplemento que presentaba traducciones de ¿Qué es la Revolución de Octubre y Qué es la Revolución Permanente, de Trotsky (52). En el artículo que intentaba clarificar su posición sobre el apoyo a Grau San Martín en la elección presidencial de 1944, y a los candidatos del PRC (A) que apoyaran un programa mínimo de reivindicaciones de la clase obrera, el POR declara que esta posición “se comprobó cómo enteramente justa” (53). Continuaba: “El triunfo de Grau San Martín sirvió para cerrar la etapa sangrienta del batistato, abriendo el periodo liquidatorio de las ilusiones del pueblo en el reformismo pequeñoburgués de Grau y su ‘cubanidad’…» (54). El subsecuente fracaso del Grauismo en el poder, argumentaba el POR, “ha iniciado la etapa de las rectificaciones en la conciencia de las masas. Lenta pero firmemente comienza a operarse el cambio en el pueblo y los elementos más combativos dentro de las filas del PRC… tratan de encontrar una nueva orientación» (55). El POR también repitió el pronunciamiento que hizo en la edición 1° de junio de 1944 de Revolución Proletaria. “Pero no debemos fomentar vanas ilusiones al dar nuestro apoyo crítico a Grau San Martin. Lo hemos dicho en otra ocasión, y lo repetimos ahora, que desde el momento que el PCT echó a un lado su credo antiimperialista en aras del imperialismo ´democrático´, cerró toda posibilidad de reformismo progresista, porque en Cuba, por la mecánica de la dominación capitalista extranjera, una simple huelga por demandas económicas en una central azucarera adquiere de inmediato el carácter de lucha antiimperialista. Creemos, al contrario, que por la vía del poder o el camino de la derrota, en la consulta del 1° de junio, se liquidará el programismo pequeño- burgués del Partido Revolucionario Cubano. Y con esto se abrirán nuevos horizontes y posibilidades prácticas para el forjamiento de un partido verdaderamente revolucionario, de un partido que lleve a su realización la liberación nacional y social de Cuba, bajo la bandera del socialismo revolucionario» (56). A pesar de su insistencia en que no se deben sembrar ilusiones en la pequeño-burguesía, el POR no retiró sus confusas posiciones de brindar apoyo crítico a lo que él mismo veía como el nacionalista democrático PRC, esto sobre la base de que, de cualquier manera, la historia resultante arrastraría a las fuerzas pequeñoburguesas de los Auténticos, y que mejor era una victoria de Grau San Martín que una de Batista. El bloque electoral de Grau San Martín incluyó a nacionalistas burgueses que eran abiertamente hostiles a los intereses del movimiento (57), por lo que el POR continuó la tradición del trotskismo cubano de no establecer una clara demarcación entra la vía de la revolución proletaria y la del antiimperialismo democrático. Es más, sustituyó la tarea de luchar por un partido comunista revolucionario por el objetivismo histórico. Un segundo artículo de importancia, en la edición de mayo de 1946 de Revolución Proletaria, trataba acerca de la cuestión sindical, sobre si continuar trabajando dentro de la CTC, en un intento por regenerarla, o construir una nueva central sindical (58). El POR argumentaba que, a pesar del hecho de que los lazos entre el PSP y el gobierno eran crecientes, y en consecuencia la CTC se estaba convirtiendo cada vez más en un bloqueo a la radicalización del proletariado, la política correcta era explicar sistemáticamente a los trabajadores la orientación oportunista de la burocracia sindical y ganar el debate por el método de la lucha de clases en las elecciones de la CTC (59). La posguerra, el trotskismo adormecido A fines de la década del 40 y en la del 50, los trotskistas cubanos no intervinieron como partido sobre una base nacional. El POR más o menos se desintegró. Esto fue, en parte, porque después de que Grau San Martín rompió con el PSP en 1947, buscó amigos en el movimiento sindical que se opusieran a los stalinistas. En ese momento, los trotskistas, en su stalinofobia, casi se fusionaron programáticamente con el superficial antiimperialismo ‘democrático’ del PRC (A) y de los burócratas del PRC (A). El colapso en la independencia política implicó que ya no había más razón para mantener la independencia organizativa. Como escribió Alonso Avila, los comunistas «siempre consideraron al PRC como un refugio de trotskistas. En parte, no les faltaba razón. Véase la insistencia de Blas Roca y Lázaro Peña… Cuando los ‘auténticos’ llegaron al poder, (se) podía encontrar a los trotskistas en las oficinas de los líderes del gobierno a quienes les escribían declaraciones, discursos, artículos» (60). Alonso Avila señala que, durante el retorno político de Batista en el golpe de estado en 1952, se podía encontrar trotskistas en los ‘grupos de acción trataban de equiparlos teóricamente (61), mientras que un tercer grupo comprendía a aquellos que «prefirieron lucir por ellos mismos, siempre eternos disconformes, derivaron hacia el ‘ortodoxismo’” (62). Otros, una vez más, se unieron a los pistoleros, las bandas de terroristas y gangsters que crecieron en un corrupto sistema político Algunos de ellos terminaron en la extrema derecha. Mary Low Machado cuenta cómo Rafael Soler, el ex dirigente trotskista de Santiago de Cuba, se convirtió en un gangster y asesinó al organizador de la oposición a Trujillo en Cuba en las décadas del 40/50, Pipi Hernández. Soler entró en contacto con Hernández vía Mary Low, con el argumento de que estaba buscando trabajo. Hernández le dijo a Soler que se reuniría con él a la mañana siguiente y que vería qué podía encontrarle. Soler arribó en el momento acordado y lo asesinó. Voló a la República Dominicana a recoger su paga y fue contratado como pistolero de Trujillo. Soler regresó más tarde a Cuba como parte de la fuerza que desembarcó en Bahía de los Cochinos con el apoyo de los yanquis. Fue capturado por los cubanos y, después de mendigar cobardemente por su vida, fue fusilado contra un paredón (63). Otro trotskista que giró hacia la extrema derecha fue Roberto Pérez Santiesteban, el dirigente del grupo de La Habana, que fue a Guatemala y terminó en toda suerte de organizaciones de derecha (64). La reorganización del POR (T) y la revolución de 1959 De acuerdo con Quatriéme Internationale, una organización trotskista funcionó abiertamente en Cuba hasta 1946, cuando “la represión se descargó contra ella» (65). Sin embargo, Gilly respondió a esto argumentando que el grupo se disolvió alrededor de 1947, no como consecuencia de la represión sino a causa, según le informaron antiguos compañeros, de que “la mayoría de la sección cubana adhirió a la tendencia antidefensista o schachmanista, y rompió después de 1946 para seguir a esta tendencia, y como consecuencia, desapareció rápidamente” (66). Con esto, no hubo una organización trotskista formalmente constituida durante la lucha de guerrillas dirigida por el Movimiento 26 de Julio entre 1956 y 1959. Sin embargo, de acuerdo con Gilly, “los trotskistas intervinieron. Desde el momento en que no había sección, y la Internacional era incapaz de ayudar a organizar una, los compañeros trotskistas se involucraron en la lucha revolucionaria allí donde y como pudieron… El grupo central que reorganizó la sección participó en la lucha armada” (67). IVa Internacional señaló que los trotskistas jugaron un papel importante en Acción y Sabotaje, una sección del Movimiento 26 de Julio, y el grupo reconstituido, que se formó en 1960, estaba integrado por algunos de esos camaradas junto con otros que habían sido expulsados del PSP en 1953, por “revisionismo» y “trotskismo” (64). Angel Fanjul señala que “el trotskismo se ha convertido en una parte de la tradición viva del proletariado cubano” (69), cuando recuerda a Julio Antonio Mella, Sandalio Cujas y Medina, “que murió en las cárceles de Batista por su defensa del trotskismo» (70). Fanjul recuerda a sus lectores que Pablo Díaz, el editor de Revolución Proletaria, el periódico del POR en la década del 40 y principal líder de la oposición en los sindicatos, fue uno de los veinte sobrevivientes del desembarco del Granma en 1956 y responsable del aparato financiero de las guerrillas. Fanjul escribió que “tanto jóvenes como viejos cuadros lucharon en la guerra de guerrillas. Recuerdo a Mirella, que era poco más que un niño, junto a Juan e Idalbertico Ferrara, el primero un sargento de un escuadrón de ametralladoras, y el segundo un médico militar en el frente guerrillero de Oriente. También estaba el compañero Antonio Torres, de La Habana, presidente del sindicato ferroviario… Otros compañeros, que no puedo nombrar pero que conozco muy bien, trabajaron en posiciones claves en la campaña de sabotaje urbano en apoyo a las guerrillas” (71). The Internationalist (72) reiteró que los trotskistas participaron en la insurrección dirigida por el Movimiento 26 de Julio. Señaló que “si bien el POR (T) como tal no jugó un papel, muchos militantes (incluida la mayoría de los que iniciaron el POR (T)…) participaron activamente en la lucha armada del pueblo cubano. Estaban entre los expedicionarios del Granma, entre los guerrilleros de la Sierra Madre (sic), y entre los que ayudaron a organizar el sabotaje. Otros compañeros, en los sindicatos, dirigieron acciones de los trabajadores de gran importancia, especialmente entre los trabajadores ferroviarios” (73). The Intemationalist anunció que el POR (T) fue fundado el 6 de febrero de 1960, se unió a la IVa Internacional y fue propuesto para ser reconocido como sección en el siguiente Sexto Congreso. The Intemationalist reconoció que su fundación fue “precipitada y grandemente facilitada gracias a la incansable actividad del BLA (el Buró Latinoamericano de la IVa Internacional), y su delegado en Cuba” (74). Una carta fechada el 19 de febrero de 1960, del Buró Político Provisional del POR (T) al Secretariado Internacional de la IVa Internacional y al Buró Latinoamericano de la IVa Internacional, detallaba informaciones sobre su reorganización como partido a escala nacional (75). La carta señalaba que una dirección provisional había sido elegida hasta el Primer Congreso del POR (T) y que la primera edición de su periódico estaba siendo preparada, la cual estaba planeada para aparecer el 10 de marzo y cada dos semanas a partir de entonces (76). El delegado enviado por el Buró Latinoamericano de la IVa Internacional fue referido como la Camarada Miranda por Gilly (77). De acuerdo a Gilly, fue enviada a Cuba a principios de 1959 para ayudar a reorganizar al grupo y retomar el contacto con la Internacional. Estamos lejos de «una actitud sectaria hacia el Movimiento 26 de Julio. Intervino en debates y habló por la radio. Era muy respetada por los castristas” (78). The Intemationalist presentó en abril una copia de la invitación que los trotskistas cubanos distribuyeron entre los trabajadores en ocasión de la reunión inaugural del local central del POR (T) en Guantánamo, el 7 de marzo de 1960 (79). La primera edición del periódico del POR (T) está fechada en abril de 1960. De acuerdo con Gilly, «los stalinistas lanzaron una brutal campaña en contra, más aún dado que esta gente —siguiendo su táctica usual— ganó control sobre los medios de prensa del Estado” (80). Entre abril de 1960 y abril de 1961 fueron impresas ocho ediciones de Voz Proletaria: Voz Proletaria: Año 1, n° 1, abril de 1960. Voz Proletaria: Año 1, n° 2, 28 de junio de 1960. Voz Proletaria: Año 1, n° 3, setiembre de 1960. Voz Proletaria: Año 1, n° 4, octubre de 1960. Voz Proletaria: Año 1, n° 5/6, noviembre/diciembre de 1960. Voz Proletaria: Año 2, n° 7, enero/febrero de 1961. Voz Proletaria: Año 2, n° 8, marzo de 1961. Voz Proletaria: Año 2, n° 9, abril de 1961 (76). Sin embargo, la edición de mayo de 1961 de Voz Proletaria fue prohibida antes de que pudiera salir a la venta. Su imprenta fue allanada y las copias del periódico y de los impresos de una edición del libro de Trotsky, La Revolución Traicionada, que estaba en preparación, fueron destruidas (82). De acuerdo con el periódico IVa Internacional, el allanamiento de la imprenta fue llevado a cabo por un funcionario del Ministerio de Trabajo que era también miembro del PSP y que dijo que estaba actuando bajo instrucciones del ministerio (83). El POR (T) presentó inmediatamente una protesta ante el gobierno de Fidel Casto (84), mientras que el Buró Latinoamericano (BLA) de la IVa Internacional publicó una declaración, fechada el 14 de junio de 1961, sobre los pasos dados contra la sección cubana. El BLA declaró que «nos dirigimos al gobierno cubano reclamando el derecho del Partido Obrero Revolucionario (Trotskista) de Cuba a publicar sus periódicos y libros y a utilizar plenamente la democracia revolucionaria… La revolución cubana es anti-imperialista y anti-capitalista. Los trotskistas cubanos han desarrollado y desarrollan sus actividades y sus publicaciones, como hacen los trotskistas de todo el mundo, en defensa incondicional de la revolución cubana, y por una lucha intransigente contra el imperialismo y el capitalismo… Ellos fueron los únicos que a través del mundo iniciaron una campaña por la defensa y el apoyo a la revolución cubana, al mismo tiempo que el Partido Comunista se oponía al movimiento de Fidel Castro, diciendo que era una aventura …”. “Los trotskistas fueron los primeros, y los únicos hasta el 1° de Mayo, que reivindicaron que Cuba es un Estado obrero y que llamaron a defenderlo como un Estado obrero. Mientras tanto, los partidos comunistas todavía están intentando presentar al Estado cubano y a la revolución cubana como si fuera sólo una revolución patriótica, un frente entre los revolucionarios y los capitalistas. Para que la revolución pueda superar esta etapa, la vía principal es la organización soviética a través de consejos de obreros, de campesinos y de soldados, y el pleno goce por las masas de su derechos democráticos a defender la revolución, a apoyarla como primera necesidad de sus vidas y también a obtener e imponer el derecho a la libre expresión de ideas, de tendencias y de posiciones políticas. Esta es la vía por la cual las masas expresarán sus ideas, sus iniciativas, y en la cual participarán activamente en la dirección de la revolución, haciéndola invencible. “Llamamos al gobierno cubano y a la revolución a levantar las medidas tomadas contra el periódico del Partido Obrero Revolucionario (Trotskista) de Cuba. Llamamos a las masas de América Latina a protestar contra las medidas represivas tomadas contra los derechos democráticos revolucionarios del POR (T) de Cuba, a reclamar al Estado obrero cubano el cese de estas medidas y el castigo de los funcionarios que las adoptaron, y a reclamar por los derechos democráticos revolucionarios de las tendencias revolucionarias anti-imperialistas y anti-capitalistas que defienden incondicionalmente al Estado obrero cubano. «… Este ataque contra el derecho democrático revolucionario del Partido Obrero Revolucionario (Trotskista) es parte de y una expresión de las contradicciones a través de las cuales la revolución cubana y el Estado obrero marchan hacia adelante…” (85). De acuerdo a un artículo en New America (86), “la cuestión de la supresión (del POR-T) fue primero planteada en los Estados Unidos por los partidarios de ‘Cornucopia’, un grupo radical que había sido activo en Fair Play for Cuba”. El mismo artículo planteaba que The Militant sólo publicó una declaración sobre la supresión del POR (T), “después de que los hechos se hicieron conocidos para el público radical de los Estados Unidos (sic)” (87). De acuerdo a Gilly, después de que Voz Proletaria fue suprimida “continuó apareciendo en forma mimeografiada. No era clandestina, siempre rechazamos esa opción. Luchábamos por el derecho a la existencia legal de una tendencia trotskista en el Estado obrero. Esto era algo mucho más importante que nuestro pequeño grupo y su pequeño periódico. Era una cuestión de principios, un punto clave de nuestro Programa de Fundación -el derecho de las tendencias revolucionarias a existir en un Estado obrero. “Los camaradas de la sección cubana participaron en sus lugares de trabajo y en sus barrios de todas las tareas de la revolución. Todos ellos pertenecieron a la milicia y participaron del trabajo voluntario de los domingos. La sección incluso adoptó una resolución diciendo que ninguno que no se uniera a las milicias o no participara en el trabajo revolucionario podría unirse a ella. Los compañeros participaron en la campaña de alfabetización, en la cosecha de café en las brigadas de la zafra azucarera, en los Comités de Defensa de la Revolución (88). Fanjul expresó el programa de los trotskistas en Cuba en los siguientes términos, nosotros luchamos por la expropiación sin compensación de todas las compañías imperialistas y de propiedad de capitalistas cubanos de interés público bajo control de los trabajadores; por la planificación de la economía; por la reforma agraria y la revolución agraria; por la disolución de todos los órganos del Estado burgués y su reemplazo por un gobierno de obreros y campesinos basado en consejos de obreros y de campesinos libremente electos y sujetos a revocación; por el establecimiento de milicias de obreros y campesinos armados; por la ruptura de todos los pactos económicos, comerciales, políticos, culturales y militares que unen a Cuba con el mundo imperialista y en particular con el imperialismo yanqui; por el derecho a tener más de un partido obrero- etc.» (89). Sin embargo, como puntualiza Fanjul más adelante en el mismo artículo, “entre los puntos que despertaron más furor… estaba uno que decía exactamente: ‘Por la expulsión de la base naval de Guantánamo, la vanguardia de la revolución’…» (90). Fanjul intenta clarificar esta reivindicación señalando que en realidad nunca llamaron a una marcha sobre la base de Guantánamo, pero que los “stalinistas tomaron esta frase como la base para otra mentira» (91). Sin embargo, José G. Pérez, en una respuesta tanto a Gilly como a Fanjul calificó esta llamado a Cuba a expulsar al imperialismo de Guantánamo como una provocación (92), y además, pintó un cuadro del POR (T) como sectarios ultraizquierdistas que estaban intentando construir un ala izquierda contra el gobierno revolucionario (93). Durante 1962, en ocasión de la ‘crisis de los misiles’, cada miembro del POR (T) estuvo en sus respectivas unidades militares, o de milicia y un comunicado enviado al gobierno el 24 de octubre puso a su disposición a la organización como un todo. En relación con esto, Gilly admite que “fue un gesto simbólico, dada nuestra pequeñez. Pero ésa fue la posición política que tomamos» (94). Gilly también recuerda cómo en al menos dos ocasiones, durante ese período en Cuba, miembros del POR (T) fueron encarcelados por lapsos de un mes o más y que sólo fueron liberados después de la intervención personal de Guevara (95). Los arrestos de miembros del POR (T), sin embargo, continuaron después de que Gilly abandonó Cuba. Comenzaron el 9 de noviembre de 1963, cuando Andrés Alfonso fue detenido después de distribuir copias de Voz Proletaria entre sus compañeros de trabajo (96). Floridia Fraga fue arrestada en diciembre, seguida por Ricardo Ferrara el 2 de diciembre después que comenzara a hacer averiguaciones sobre ella (97). Según Spartacist, en la primavera de 1964 los tres fueron sometidos a un juicio que fue cerrado al público. “Fueron acusados de; a) distribuir un periódico ilegal; b) abogar por el derrocamiento del gobierno cubano, y, c) ser críticos hacia Fidel Castro. Floridia Fraga y Ricardo Ferrara fueron sentenciados a dos años cada uno; Andrés Alfonso recibió una sentencia de cinco años» (98). La represión continuó cuando Roberto Tejera fue arrestado después de que comenzara a hacer averiguaciones sobre sus tres camaradas (99). Entonces, el secretario general del POR (T) y editor de Voz Proletaria, e Idalberto Ferrera, fue arrestado en su domicilio. La oficina del POR (T) fue arrasado y copias del periódico y otros documentos fueron confiscados (100). Declarados culpables de los mismos cargos que los demás, Roberto Tejera fue sentenciado a seis años e Idalberto Ferrera, el dirigente del grupo, recibió nueve años. Según el Spartacist, que el líder recibiera la sentencia más severa indicaba “el carácter puramente político de la represión” (101). Otros pasos tomados contra los trotskistas cubanos y el POR (T) fueron la cancelación del permiso de residencia a Juan Posadas y su deportación, mientras que a los miembros cubanos del grupo que pretendían asistir a una reunión internacional de la tendencia de Posadas en Europa, se les impidió salir del país (102). La persecución también incluyó el despido de compañeros, a los que se les hizo prácticamente imposible encontrar otro empleo fuera del estrecho sector privado (103). En un artículo en Spartacist de fines de 1965, se informaba cómo los trotskistas cubanos fueron liberados después de haber firmado una carta aceptando la disolución del POR (T) y retirarse de la IVa Internacional (104). El dirigente de la tendencia a la cual adherían, Juan Posadas, «llamó a sus seguidores cubanos a repudiar sus compromisos y reanudar su actividad política» (105). Una conclusión El trotskismo en Cuba, como en todos lados, tiene sus raíces en divergencias políticas dentro del Partido Comunista. En el caso de Cuba, una minoría no conformista no aceptó la línea ultraizquierdista y sectaria del ‘Tercer Período’ de la Internacional Comunista. Sin embargo, a diferencia de otros lugares es, con el PCC formado en agosto de1925 y enseguida sometido a un período de proscripción, tuvo pocas oportunidades de funcionar como partido con un debate abierto y la verificación de la teoría en la práctica. Como esta Oposición Comunista no se desarrolló hasta que el ‘Tercer Período’ estuvo en pleno ascenso, no desarrolló una crítica de las posiciones del anterior ‘Segundo Período’ de la Internacional Comunista de formar bloques antiimperialistas con los partidos burgueses democráticos que levantaban un programa antiimperialista. Esta marca de nacimiento de compromiso con el nacionalismo pequeño- burgués definió al trotskismo cubano hasta 1960. Desde su fundación, el Partido Bolchevique Leninista tuvo serias divisiones internas con una de sus mayores secciones, Guantánamo, que ignoraba las directivas del Comité Central y actuaba independientemente, siguiendo una política de formación de un amplio bloque ‘progresivo’. La sección de Guantánamo fue una de las pocas que mantuvo cierto grado de continuidad hasta la supresión final del trotskismo en Cuba bajo el régimen de Castro. De todas maneras, el oportunismo del PBL en Guantánamo se extendió a todo el partido desde la huelga de marzo de 1935, cuando tuvo comienzo su apoyo acrítico hacia la revolución antiimperialista democrática. La stalinofobia personal y política de sus miembros hizo que la alianza que el PBL forjó en esa etapa con la izquierda pequeñoburguesa de Joven Cuba fuera menos sorprendente. Después de la derrota de marzo de 1935, la mayoría del PBL abandonó la política revolucionaria y disputaría con el stalinismo acerca de quien encontraría la vía más ‘progresiva’ para colaborar pacíficamente con los defensores de la propiedad privada imperialista. Aquellos que se mantuvieron formalmente dentro de las filas del movimiento trotskista internacional formaron el Partido Obrero Revolucionario. Sin embargo, éste no rompió con el concepto de la revolución antiimperialista democrática, como lo demuestra el llamado del POR a votar por los Auténticos de Grau San Martín en las elecciones de 1944. Durante los años de la segunda posguerra, el POR no existió como partido. Pequeños grupos de compañeros actuaban en varias ciudades, sin un centro democrático que coordinara la teoría y la actividad. Simpatizantes y personas que habían sido miembros del POR, sin embargo, fueron activos en el movimiento antiimperialista ‘democrático’ en y alrededor del Movimiento 26 de Julio. No había, sin embargo, una fracción organizada. Fue sólo con la intervención del Secretariado de la IVa Internacional que el POR (T) fue reconstruido en el fomento en que la presión de los castristas hacia la izquierda estaba alcanzando su pico. Sin embargo, la debilidad numérica y la pobre implantación del POR (T) en la clase obrera fue tal que cuando esas fuerzas de izquierda retrocedieron y el stalinismo tuvo una creciente influencia en la revolución, las medidas burocráticas iniciadas por un funcionario del Ministerio de Trabajo fueron suficientes como para suprimir a los trotskistas cubanos. Notas: La primera parte de esta nota fue publicada en En Defensa del Marxismo n°14, Sep. 96. Ver Instituto del Movimiento Internacional de la Clase Obrera, Comité Soviético de Veteranos de Guerra, International Solidarity With The Spanish Republic 1936/39, Moscú. Editorial Progreso, 1976. pp. 102/103. Las páginas sobre Cuba en este libro (pp. 102/106) detalla los nombres de muchos voluntarios cubanos que lucharon en España. Su contenido político, sin embargo, sólo revela hasta qué punto los stalinistas utilizan la metodología de un cerebro vacío cuando escriben historia. Así, aunque refieren el hecho de que el «gobierno reaccionario» simpatizaba con el ejército fascista rebelde en España (p. 103) ocultan el apoyo del Partido Comunista al primer gobierno de Batista. También señalan que «los voluntarios que volvían de España inmediatamente se unían a la lucha contra el fascismo y el imperialismo es un propio país. Muchos de ellos jugaron un papel activo en la lucha contra la dictadura de Batista” (p. 106). Otra vez ocultan que aquellos que “jugaron un papel activo en la lucha contra la dictadura de Batista» también lucharon contra el Partido Comunista, que apoyó al gobierno de Batista durante la Segunda Guerra. Ver Instituto del Movimiento Internacional de la Clase Obrera, Comité Soviético de Veteranos de Guerra, ibíd., p. 103. El POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) fue fundado en 1935 mediante la fusión del Bloque Obrero y Campesino de Joaquín Maurín con la Izquierda Comunista Española de Andrés Nin. Trotsky señaló que a pesar de que afirmaba basarse en la teoría de la revolución permanente, en la práctica aislaban a la vanguardia revolucionaria de la clase. El POUM fue, según el punto de vista de Trotsky. el principal obstáculo en el camino de la creación de un partido revolucionario. Ver Trotsky. L. D. The Spanish Revolution (1931/39). New York. Pathfinder. 1973, pp. 317/318. Mary Low Machado fue la compañera de Juan Ramón Breá desde 1933 hasta su muerte en 1941, trabajó para el POUM en su estación de radio en lengua inglesa, así como también escribía en su periódico en lengua inglesa, The Spanish Revolution. Entrevista concedida al autor por Mary Low Machado el 18 de julio de 1995, en Chorleywood, Hertfordshire. Inglaterra. Apuntes de la España Roja fue inicialmente publicado en Londres en 1937 por Martin Secker y Warburg. que también publicaron Homage lo Catatonía de Orwell. Fue reimpreso en San Francisco en 1979 por City Lights con una nueva introducción de Eugenio Fernández Granell, uno de los fundadores junto a Nin de la Oposición Comunista Española. C. L. R. James nació y creció en la Trinidad colonial y pasó la mayor parte de su vida adulta en Gran Bretaña y Estados Unidos. Fue reclutado en el movimiento trotskista en Londres a mediados de la década del 30 y se unió al Grupo Marxista que trabajaba en el Independent Labour Party. Fue un crítico feroz del imperialismo y un enemigo implacable del stalinismo. y con un extraordinario rango de intereses también hizo contribuciones a la literatura, crítica, estudios culturales, teoría política, filosofía e historia. Ver Grimshaw, A., ‘C. L. R. James (1901/1989), en Revolutionary History. Vol. 2, n°3, otoño de 1989. pp. 40/42; y Richardson, A., ´Introduction’, en James, C. L. R„ World Revohttion, 1917/36. New Jersey. Humani- ties Press. 1993. pp. XI-XIX. Una extensa lista de artículos sobre C. L. R. James es citada, poco antes de su muerte, en Revolutionary History. Vol. 2. N° 2, verano de 1989. pp. 70. Ver James. C. L. R., ‘Introduction’, pp. VI-VII; en Low. M. y Breá. J.. Apuntes de la España Roja. Londres, Martin Secker y Warburg, 1937. Low, M. and Breá, J., ibid, p. 247. Low. M. and Breá, J., ibid, p. 254. Low, M. and Breá, J., ibid, p. 254. Low, M. and Breá, J., ibid, p. 256. Los trotskistas en España durante la Guerra Civil estaban divididos en dos grupos; uno fuera del POUM, los Bolchevique- Leninistas. que fueron reconocidos como los representantes oficiales del trotskismo mundial; y un pequeño grupo dentro del POUM que, bajo la dirección del italiano Nicola di Bartolomeo publicaba El Soviet. Este último grupo criticaba al grupo oficial por su conducta sectaria, la cual -argumentaban- los había llevado a auto-excluirse del POUM. Ver Revolutionary History, Vol. 5, n° 4, primavera de 1995. p. 225. Low, M. and Breá. J., ibid, p. 255, nota 1. Sugerir que un Estado puede no ser en esencia ni proletario ni capitalista sólo deja la posibilidad de ser pequeñoburgués. Así, Breá tanto rechazó al marxismo como método de análisis a la vez que no distinguió entre un Estado obrero sano y uno degenerado sin entenderlo. Low, M. and Breá, J., op. cit., p. 252. La teoría de Trotsky de la Revolución Permanente sostiene, entre otras cosas, que en el cumplimiento y la consolidación incluso de las tareas democráticas burguesas durante las revoluciones en los países menos desarrollados, la revolución debe ir más allá de los límites de la revolución democrática transformándose en socialista. La revolución socialista no es vista como la etapa final a la cual se llegará en alguna fecha futura después de que haya tenido lugar una primera etapa de desenvolvimiento capitalista. En realidad, la revolución debe ser continua o ‘permanente’, pasando inmediatamente a una etapa post-capitalista. Para una exposición completa de esta teoría, ver Trotsky. L.D., The Permanent Revolution; Results and Prospects (1906), Londres, New Park Publitions, 1982. Low, M. and Breá, J., op. cit., p. 253. Ver, por ejemplo, la carta fechada el 3 de julio de 1995 de Paolo Casciola al autor. Esta visión, por ejemplo, fue establecida en una entrevista dada al autor por Mary Low Machado el 18/7/95, en Chorleywood, Hertforshire, Inglaterra. Ver Instituto del Movimiento de la Clase Obrera Internacional. Comité de los Veteranos de guerra soviéticos, op. cit., p. 103. Los lazos de Fidel Castro con la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) son descriptos en Martin. L., The Early Fidel: Roots os Castros’s Communism, Secaucus (New Jersey), Lile Stuart Inc., 1978, p. 28. Describe a la UIR como un grupo pistolero cuyos miembros recibían subsidios del aparato de Grau. Ver el manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a R. J. Alexander. op. cit. Ver el manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a R. J. Alexander, op. cit. Ver el manuscrito de una entrevista dada por Charles Simeón a R. J. Alexander. En Ciudad de México, el 20 de enero de 1971. Ver Reissner. W. (editor), Documents Of The Fourth International: The Formative Years (1933/1940), New York, Pathfinder Press. 1973. p. 382. Louis Rigaudis, también conocido como Rigal y Charles Millner, había nacido en Turquía pero se unió al movimiento trotskista en Francia en 1933, después de haber ido a París a estudiar en 1928. Una biografía política de Rigaudis fue escrita por Paolo Casciola para el Centro de Estudios Pietro Tresso (CSPT). Ver la carta de Louis Rigaudis a Jean Maitron, fechada el 6 de amyo de 1979 (CSPT). Ver Zeitlin, M., op. cit., pp. 52/53. Ver Zeitlin, M., op. cit., p 61. Ver Zeitlin, M., op. cit., pp. 59/60. Ver Fourth International, agosto de 1943, p. 254. Fourth International era la revista teórica mensual de la IVa Internacional. Ver Fourth International, agosto de 1943, p. 254. Ver Fourth International, agosto de 1943, p. 254. Ver Fourth International, 1943, p. 254. Ver Fourth International 1943, p. 254. Ver Fourth International 1943, p. 254. Ver Fourth International 1943, p. 255. Ver Fourth International 1943, p. 255. VerStuart. J.B., ‘Cuba’sElections: Background And Analysis’, en Fourth International, julio de 1944. p. 205/08. Ver Zeitlin. M., op. cit., pp. 65. Ver Fourth International, abril de 1945, p. 127/8. Citado en Stuart. J.B., op. cit., p. 208. Citado en Stuart. J.B., op. cit., p. 208. Citado en Stuart. J.B., op. cit., p. 208. Citado en Stuart. J.B., op. cit., p. 208. Citado en Stuart. J.B., op. cit., p. 208. Ver ‘El Mundo Libre’ y ‘Cuba para los cubanos’, p.2, en ‘Revolución Proletaria’. (N° 17), año 2. N° 8.31 de diciembre de 1945. Ver ‘Revolución Proletaria’, n° 8. año 2. 31 de diciembre de 1946. Ver ‘Debe ser una medida transitoria’, p.1 en ‘Revolución Proletaria n°9. año 2.31 de diciembre de 1946. Ver Revolución Proletaria, (n° 18). año 2 n° 9. Io de abril de 1946. Ver Revolución Proletaria, (n° 19), año 3 n° 1. mayo de 1946. Ver ‘El POR fija su posición frente a las elecciones’, pp. 1/3. Revolución Proletaria’. (n° 19). año 3. 1 de mayo de 1946. Ver ‘El POR fija su posición frente a las elecciones’, pp. 1/3. ‘Revolución Proletaria’, (n° 19). año 3. 1 de mayo de 1946. Ver ‘El POR fija su posición frente a las elecciones’, pp. 1/3, Revolución Proletaria’, (n° 19). año 3, I de mayo de 1946. Ver ‘EI POR fija su posición frente a las elecciones’, pp. 1/3. ‘Revolución Proletaria’. (n° 19). año 3. I de mayo de 1946. Ver Stuart. J. B., op. cit., p. 208. Ver Díaz. P.. ‘Regeneración de la CTC o Nueva Central Sindical’, en Revolución Pmle-taria, (n° 19). año 3.n» I,mayo de 1946, pp. 4. Ver Díaz, P. ibid., p.4. Ver p. 3 de una carta de Antonio Alonso Avila a R. J. Alexander. fechada el 21 de marzo de 1970. op. cit. Ver p. 3 de una carta de Antonio Alonso Avila a R. J. Alexander, fechada el 21 de marzo de 1970. op. cit. Ver p. 3 de una carta de Antonio Alonso Avila a R. J. Alexander, fechada el 21 de marzo de 1970. op. cit. Mary Low Machado llegó por primera vez a Cuba después de la caída de Machado a mediados de los años 30 con su compañero Juan Ramón Brea. Juntos habían ido a España durante la Guerra Civil, donde Mary trabajó para el POUM en su estación de radio en lengua inglesa, así como también escribía en su periódico en lengua inglesa The Spanish Revolution. De regreso a Cuba, ella se unió al POR, abandonándolo en la década de 1950 después de que su inactividad culmina en su rechazo a la oferta de trece o quince minutos semanales en una estación de radio con el argumento de que no tenía tiempo para escribir esas intervenciones. Entrevista concedida al autor por Mary Low Machado el 18 de julio de 1995, en Chorleywood, Hertfordshire. Inglaterra. Entrevista concedida al autor por Mary. Low Machado el 18 de julio de 1995, en Chorleywood. Hertfordshire, Inglaterra. Como dijo Mary Low “¡Qué podían decir los trotskistas cuando los stalinistas señalaban los prontuarios de semejantes personas para acusar a los trotskistas en general de ser agentes del imperialismo!». Citado de Quatrieme Internationale, mayo de 1960, p. 83. Ver Gilly, A., ‘Carta Abierta a Jack Barnes sobre el trotskismo en Cuba’, p. 492, en Intercontinental Press, 11 de mayo de 1981. pp. 490/493. Ver Gilly. A., op. cit.. p. 492. Ver Gilly. A., op. cit.. p. 492. Ver ‘Reorganización del POR cubano y la primera edición de Voz Proletariaen Fourth International, n° 9. primavera de 1960, pp. 66/67. Ver Fanjul A., ‘El papel de los trotskistas en la revolución cubana’, p. 493, en Intercontinental Press. 11 de mayo de 1981, pp. 493/496. Ver Fanjul, A., op. cit.. pp. 493. Ver Fanjul. A., op. cit.. pp. 493/494. The Internationalist era el boletín de información bimensual del Secretariado de la IVa Internacional. Ver The Internationalist. ‘Bases del POR’, Io de abril de 1960. Vol. 4. n° 7. p. 18. Ver The Internationalist, ‘La fundación del POR cubano’. 15 de marzo de 1960, Vol. 4 n° 6, p. 1 + 3. Esta carta fue impresa en The International ist, 15 de marzo de 1960, Vol. 4, n° 6, p. 7.176. Ver The I/iternationalist. 15 de marzo de 1960, Vol. 4. n°6. p. 7. Ver The Internationalist, 15 de marzo de 1960, Vol. 4. n°6. p. 7. Ver Gilly. A., op. cit.. p. 492. Ver Gilly. A., op. cit.. p. 492. Ver The Internationalist, “El POR cubano abre su local’. I° de abril de 1960, Vol. 4, n° 7. p. 2. La invitación apareció en su original en castellano y traducido al inglés. Ver Gilly, A.. op. cit., p. 492. Fotocopias de las primeras ocho ediciones impresas de Voz Proletaria, el periódico del POR (T) cubano, en la Hoover Institution, Standford, California. Ver ‘Declaración del Buró Latinoamericano de la IVa Internacional’, p. 62, en Fourth International, primavera/verano 1961, n° 13, pp. 62/63. Ver Fourth International, ibid., p. 62. Ver Fourth International, ibid., p. 62. Ver Fourth International, ibid., p. 62/63. Este artículo en New America opinaba que la acción contra el trotskismo pro-Castro, que sólo podrían proceder en base a una ideología completamente comunista (es decir, stalinista), indicaba el creciente poder de los stalinistas en Cuba. Ver New America, 22 de setiembre de 1961. Ver New America, ibid. El Spartacist fue muy lejos al argumentar que J. Hansen y el SWP de los Estados Unidos “nunca protestaron contra los arrestos hasta después de que el gobierno cubano pareció tomar la iniciativa liberando a los detenidos”, Ver ‘Trotskistas cubanos’, Spartacist, n° 5, noviembre/ diciembre de 1965, ibid., p.4. Ver Gilly, A., op. cit., p. 492. Ver Fanjul. A., op. cit., pp. 495/496. Ver Fanjul. A., op. cit., pp. 495/496. Ver Fanjul. A., op. cit., pp. 495/496. Ver Pérez, J.G., ‘Cómo los sectarios representaron mal al trotskismo en Cuba’, en Intercontinental Press. 11 de mayo de 1981, pp. 497/504. Para una exposición completa de estos argumentos, ver Pérez. J.G., ibid., pp. 497/ 504. Ver Gilly. A., op. cit.. p. 492. Ver Gilly, A., op. cit., p. 492. Ver ‘Libertad a los trotskistas cubanos’, p.l, en Spartacist. n° 3. enero/febrero de 1965, ibid., p. 1 + 12/15. Este artículo fue escrito después de que su autor estuviera uno o dos meses de visita en Cuba, durante los cuales tuvo varias reuniones con León Ferrara, el hijo del dirigente trotskista detenido. Ver Spartacist. n° 3, enero/febrero de 1965, ibid., p.12. Ver Spartacist. n° 3, enero/febrero de 1965, ibid., p.12. Ver Spartacist. n° 3, enero/febrero de 1965, ibid., p.12. Ver Spartacist. n° 3, enero/febrero de 1965, ibid., p.13. Ver Spartacist. n° 3, enero/febrero de 1965, ibid., p.13. Ver Spartacist. n° 3, enero/febrero de 1965, ibid., p.13. Ver Spartacist. n° 3, enero/febrero de 1965, ibid., p.13. Ver Trotskistas cubanos’, Spartacist, n° 5, noviembre/diciembre de 1965, ibid., p.4. Ver Spartacist, n° 5, noviembre/diciembre de 1965. ibid.. p.4.

1 de diciembre de 1996
Segunda respuesta al Colectivo español

El Colectivo En Defensa del Marxismo (España) ha respondido a nuestra defensa de las posiciones del Partido Obrero frente a la guerra de Bosnia (1), atacadas por ellos en su artículo "La partición de Bosnia y la solidaridad internacionalista" (2). En este segundo artículo "Puntualizaciones sobre la burocracia y la guerra en Bosnia" (3) el Cedm (E) insiste en varias de las acusaciones que ya formulara en el primero: que el PO desconoce el carácter de la guerra librada en Bosnia; que el PO desconoce la naturaleza de la cuestión nacional bosnia, y, finalmente, que el PO tiene una errónea caracterización de la política del imperialismo frente a la guerra. Este segundo artículo, sin embargo, tiene un mérito indisimulable: en sus "Puntualizaciones …", entre retrocesos y contradicciones con sus afirmaciones anteriores, el Cedm (E) deja en claro el carácter nacionalista de sus posiciones. Otra vez sobre la naturaleza de la guerra Desde su mismo inicio, el PO caracterizó a la guerra de Bosnia como reaccionaria. Esto porque tanto Tudjman en Croacia, como Milosevic en Serbia e Izetbegovich en Bosnia, encabezan regímenes restauracionistas, proimperialistas y totalitarios, dispuestos a apoderarse de las fábricas, las riquezas y los activos de la vieja Bosnia yugoslava en el camino de la restauración capitalista. Este es el asunto central. Para la mayoría de las corrientes trotskistas, incluido el Cedm (E), el asunto central es la independencia de todas y cada una de las nacionalidades que integraban Yugoslavia. Son, por eso, pro-eslovenios, procroatas, probosnios… y proserbios. Dice el Cedm (E): "La diferencia con el PO está en que en su análisis del conflicto no señala más combatientes que las tres fracciones de la burocracia. Además de la guerra de las burocracias nos explica se libra una aguda lucha de clases". El primer error, que pasaba completamente desapercibido para el Cedem (lo cual es natural), es que en Yugoslavia no se libró una guerra de "fracciones sino de regímenes políticos y sociales determinados. A esta incomprensión, el colectivo agrega otra, la de que en Bosnia se libra una guerra con cuatro bandos combatientes: los regímenes de Tudjman, de Milosevic y de Itzebegovich, y "las masas" (no representadas políticamente por nadie). ¿Cuáles son las manifestaciones de la existencia de ese cuarto combatiente que ha descubierto el Cedm (E)? El Colectivo español enumera: movilizaciones de masas de todas las etnias, huelgas no se nos informa de su naturaleza, dirección o reivindicaciones, "dificultades" del gobierno de Izetbegovich "para emprender la desmovilización y profesionalización del ejército bosnio con la participación del imperialismo norteamericano" y hasta en el "debate sobre la restauración capitalista", que según nos dice el Cedm (E), también "aflora … con el alto el fuego". Es decir que la restauración capitalista que en Yugoslavia se encuentra en marcha desde la época de Tito, para el Colectivo es un tema que recién se debate después de la guerra. De acuerdo a esto, Bosnia era un Estado obrero luchando contra dos fracciones de idéntica naturaleza social. Como todavía no se ha descubierto ninguna lucha social que no se canalice a través de una organización determinada, cabe preguntarse qué organizaciones alistan a los combatientes del cuarto bando. Desgraciadamente, el Colectivo español tampoco nos informa de la naturaleza de esas organizaciones, más allá de la mención de "un movimiento independiente que defiende los derechos democráticos y organiza huelgas". No se trataría de la oposición burocrática a Itzebegovich, a la que el Cedm (E), en su segundo documento, dice no apoyar … aunque en el anterior parecía atribuirle una cierta progresividad. Allí decía que existía un enfrentamiento entre "los defensores de la unidad de Bosnia, de su pluralismo étnico y cultural, que defienden el laicismo frente al proyecto de Estado islámico de un sector del SDA (el partido de la burocracia bosnia, diferenciado de LO). Estas contradicciones (entre laicos y confesionales) continúa el Cedm (E) se han expresado incluso en la reciente ruptura de ese partido y la dimisión del primer ministro, Haris Siladzic" (4). Tampoco se trataría de otras organizaciones de oposición al régimen de Itzebegovich, que el propio Cedm (E) señala, como las del llamado Forum de Ciudadanos de Tuzla, de las que dice que difícilmente sean capaces de "una resistencia consecuente a los planes del capitalismo mundial para los Balcanes". Pero al mismo tiempo que nos dice que la "aguda lucha de masas" asume el carácter de un cuarto combatiente, el Colectivo español nos dice también todo lo contrario: que en Bosnia, "la propaganda nacionalista de las burocracias y el efecto de la propia guerra retrasaron la comprensión de esas contradicciones (referidas a las ilusiones que despertó en Europa oriental la caída del stalinismo)". En otras palabras, que en Bosnia el proletariado estaba políticamente subordinado a las direcciones burocráticas, nacionalistas y proburguesas. ¡Cómo es, entonces, que las "organizaciones independientes" mencionadas anteriormente por el Cedm (E) podrían ver la luz"! Ciertamente, la lucha de clases y aun la lucha de clases aguda no deja de existir porque se libre una guerra, la naturaleza de la guerra, está dictada por la naturaleza social de los regímenes beligerantes. La naturaleza de la guerra (II): Bosnia y España Para atacar las posiciones del PO, el Colectivo español recurre a la autoridad de Trotsky, mencionando sus posiciones en la guerra civil española (1936/39). El problema (es que la guerra en Bosnia) es, como asimila el Colectivo la guerra de España. En España se libró una guerra por la conquista del poder político del Estado entre dos fracciones burguesas, enfrentadas acerca del carácter del régimen político de ese Estado: la república parlamentaria o el régimen fascista. En Bosnia, se disputaba en la guerra la partición del país y su reparto entre las camarillas burocráticas no sólo igualmente restauracionistas y proimperialistas, sino también, totalitarias y partidarias de la separación étnica. ¡Aún al día de hoy, el régimen de Itzebegovich impide el regreso de los refugiados de origen serbio y croata a sus territorios! En Bosnia, los bandos enfrentados coinciden en proceder a la restauración del capitalismo, la organización burguesa del Estado y del régimen político totalitario constitucional. Ahora bien, ya que hemos entrado en la comparación de la guerra de Bosnia con la de España que nos propone el Cedm (E), avancemos un poco más para verificar el completo divorcio metodológico entre el Colectivo español y Trotsky. En España, al mismo tiempo que se libraba la guerra entre la República y los franquistas, en la retaguardia republicana tuvo lugar una guerra civil, no ya entre dos formas de dominación burguesa (democracia o fascismo), sino entre dos regímenes sociales antagónicos: el burgués y el proletario. De un lado, los comités apoyados en los obreros y campesinos armados y sus milicias, que procedieron a la expropiación de las fábricas y de las tierras, representaban los embriones de un nuevo poder obrero. Frente a ellos se erguía el poder burgués de la República, apoyada por el stalinismo y el imperialismo. Una victoria de los comités sobre la República habría abierto la era de la dictadura del proletariado en España; la derrota de la revolución a manos de la reacción democrático-stalinista, abrió las puertas al triunfo de Franco. En Bosnia no hubo comités de obreros y campesinos armados que ejercieran funciones gubernamentales, no hubo expropiaciones ni colectivizaciones, sino "debates sobre la restauración" … después del cese del fuego. A pesar de la envergadura de la revolución proletaria en curso durante la guerra civil española, Trotsky no caracterizó la naturaleza de la guerra contra el franquismo por la existencia de un tercer bando, el de los comités obreros. Ni, tampoco, modificó su caracterización a consecuencia de su derrota a manos de la reacción republicana. Esto explica que Trotsky llamara a luchar contra el franquismo aun bajo el gobierno de Negrín, cuando los comités y la revolución española ya habían sido derrotados. El motivo es sencillo: lo que le importaba a Trotsky a la hora de definir la naturaleza de una guerra era el carácter de los regímenes enfrentados y no otra cosa. Al revés, al Colectivo español le basta con que haya "huelgas" y "debates" incluso cuando éstos "resurgen y afloran con el alto el fuego". Más aún, considera que las "huelgas" y los "debates" son un factor cualitativamente más importante que la naturaleza del régimen social político en cuestión, a la hora de definir la naturaleza de la guerra. Sólo así puede sostener, reiterando lo que ya había planteado en su primer documento, que "además de la lucha interburocrática, y por encima de ella, están los defensores de la unidad de Bosnia, de su pluralismo étnico y cultural, que defienden el laicismo frente al proyecto de Estado islámico". Pero el pluralismo étnico y cultural vale también para Croacia (la Krajina serbia) y para Serbia (Vukovar, Kusovo), es decir que la defensa del pluralismo equivale a plantear la unidad de Yugoslavia sobre la base de las conquistas de la revolución de 1944-48. Pero el Colectivo sólo defiende el pluralismo bosnio, que ningún bando defendía. La naturaleza de la burocracia bosnia Por el camino del cuarto bando, el Cedm (E) concluye revisando la naturaleza de la burocracia bosnia. En efecto, en su segundo documento y en respuesta a nuestra acusación de que "el Cedm (E) llega a la barbarie de sostener que la burocracia bosnia no sería restauracionista" (5), el Colectivo español afirma sin más que "no tenemos ningún inconveniente en precisar el carácter restauracionista y los intereses de casta, reaccionarios, de la burocracia musulmana siempre que se aprecie también el sentido de conjunto de la resistencia nacional y multiétnica bosnia …". ¿Se trata de un regateo? ¿O de una transacción? ¿El Colectivo reconocería ("no tenemos inconveniente en reconocer", ¿es decir que todavía no reconocen?) "el carácter restauracionista de la burocracia musulmana …" a condición de que el PO reconozca ("siempre que"), en reciprocidad, la existencia del cuarto bando? No es nuestro método de debate. La burocracia bosnia es restauracionista, reaccionaria y totalitaria con completa independencia de cualquier otra consideración. Este es el punto de partida de cualquier análisis y de cualquier política frente a la guerra en Bosnia. Es falsa, por ejemplo, la afirmación del Cedm (E) de que, "sin embargo, siquiera fuera de modo formal y contradictorio, (la burocracia bosnia) tuvo que oponerse al expansionismo y a la limpieza étnica". Se opuso al expansionismo serbio y croata y a la limpieza étnica practicada por los serbios y croatas, pero para practicar su propio expansionismo y su propia limpieza étnica. Ya se ha señalado más arriba que la burocracia bosnia impide el regreso de los refugiados de origen croata y serbio a sus hogares. Para el Cedm (E), "circunstancialmente se produjo entonces una coincidencia de la burocracia bosnia con los sectores citados que participan de una resistencia de masas a la agresión serbia y croata", es decir, un frente único entre la burocracia y las masas. Lo que el Colectivo español nos presenta así, es, nada menos, que el diseño de un campo nacional "la resistencia nacional y multiétnica de conjunto" progresivo, integrado por "la resistencia de masas" y la burocracia. La burocracia sería el ala inconsecuente de ese campo nacional, mientras que "la resistencia de masas" sería su ala consecuente. Según el propio Cedm (E), Itzebegovich "no hizo nunca una defensa consecuente de la unidad nacional" y su "política … hace más daño porque desarma, divide y traiciona esa lucha" (en común con la "resistencia de masas"). Por el contrario, los "sectores obreros y populares bosnios defienden a Bosnia a su manera y en conflicto con la burocracia de Itzebegovich, que se fue entregando al imperialismo y apoyó la cantonalización desde que firmó la Confederación con Croacia, y traicionó la causa de la integridad de Bosnia definitivamente con los acuerdos de Dayton, que consagran la partición étnica". ¿Puede existir una manera más deformada de plantear las cosas? La burocracia bosnia no defiende ningún planteamiento nacional, ni consecuente ni inconsecuente. Es firme partidaria de la división de Yugoslavia (¡la unidad es la cuestión nacional!), de la división étnica y de la partición, y de la reconstrucción de Bosnia como una colonia del imperialismo. ¿Puede existir algún tipo de coincidencia, siquiera circunstancial, entre esta burocracia y las reivindicaciones nacionales bosnias? La conclusión fundamental del planteo del Colectivo debería ser: Pues bien, la burocracia de Itzebegovich ganó ; con apoyo croata y yanqui derrotó a las milicias serbias. ¿Nos ha dado esto algo progresivo en Yugoslavia? Esta la progresividad de la victoria de la burocracia bosnia es la conclusión a la que arribaba, en la práctica, el Cedm (E) en su texto anterior: "Independientemente del carácter de la burocracia de Itzebegovich, no cabe la neutralidad entre quienes defienden las conquistas sociales (sic) y democráticas y los que las agreden" (6). Ahora, en el segundo texto del Colectivo español, nos venimos a enterar que la que acabamos de citar es "una frase muy confusa". ¡Touché! La confusión, sin embargo, no es de lenguaje sino política. El Cedm (E) no acierta a definir si la burocracia bosnia es absolutamente reaccionaria como la serbia o la croata o si presenta rasgos progresivos porque "siquiera fuera de modo formal y contradictorio, tuvo que oponerse al expansionismo y a la limpieza étnica". Tampoco se decide si estamos frente a una guerra reaccionaria como consecuencia de los objetivos sociales de la burocracia de todas las burocracias o frente a una guerra progresiva (o, por lo menos, no "simplemente reaccionaria") por la existencia de la famosa "resistencia nacional y multiétnica bosnia". La cuestión nacional bosnia El Cedm (E) declara que "la defensa de los trabajadores contra la división étnica y la restauración capitalista … se expresa en la consigna de la Federación Socialista de Yugoslavia". Sin embargo, en la práctica, el Colectivo español reduce la cuestión nacional bosnia a la de la integridad territorial y unidad política de la república … con completa independencia del marco estatal en el que habría de mantenerse esa integridad: si en el marco de una Federación de Repúblicas Socialistas de los Balcanes o en el marco de una república bosnia independiente. Esto es así porque, aunque "ninguno de los planteamientos independentistas que hacen las burocracias es progresivo respecto a aquélla (la Federación Yugoslava)" … "la historia no se detuvo en 1992". Desde entonces, continúa el Cedm (E), lo que está planteado es otra cosa: "la defensa de la integridad territorial (que) tiene un carácter progresivo frente a (los) planteamientos (de partición étnica)". Nótese que la sinuosa contraposición temporal entre la Federación Socialista de los Balcanes, y la integridad sólo puede significar que, en los hechos, el Cedm (E) considera progresiva la independencia de Bosnia, … sólo en relación a asegurar la integridad territorial de la república. Ya en su crítica anterior al PO, el Colectivo español renunciaba vergonzantemente a la consigna de la Federación Socialista de los Balcanes, cuando afirmaba que "Hoy por hoy, respecto del conflicto de Bosnia, esta consigna sólo sirve como marco teórico pero bastante poco en el trabajo cotidiano" (7). ¡Qué mejor reconocimiento de su oposición a la unidad libres y socialista de Yugoslavia! Pero sin esta unidad; cómo evitar la limpieza étnica. La burocracia bosnia: comenzó planteando la independencia de Bosnia integra y multiétnica y terminó impulsando la partición étnica del país y los acuerdos políticos con el imperialismo y las camarillas burocráticas de Serbia y Croacia … siempre que esto le garantizar la existencia de una caricatura de estado independiente. La razón de este desbarranque es sencilla: la extrema mescolanza étnica de Bosnia es, tan sólo, una expresión concentrada de la mescolanza étnica existente en la antigua Yugoslavia; por eso el planteamiento nacional bosnio el de su unidad estatal y la convivencia democrática de todos sus componentes étnicos es completamente inseparable del planteo de una Federación Socialista de los pueblos de los Balcanes. Inversamente, sólo la existencia de un Estado federal común puede garantizar la integridad de Bosnia y la coexistencia pacífica y democrática de sus distintos componentes étnicos. La fragmentación de la Federación sólo podía llevar a la fragmentación étnica de la propia Bosnia y a la guerra de exterminio y a las masacres que hemos conocido y como ocurrió mil veces en el pasado. La política del imperialismo y la cuestión de las armas Contra lo que empeñosamente intenta hacer suponer el Cedm (E), el PO jamás fue partidario o defendió el embargo de armas impuesto por la ONU. Desde el primer momento de la guerra, el Partido Obrero levantó la consigna de "Fuera el imperialismo, fuera la ONU, fuera la Otan de los Balcanes", lo que naturalmente significaba la oposición no sólo al desplazamiento de tropas sino también a todos los embargos dictados por la ONU. ¿Es necesario repetir algo tan elemental? Tanto el desplazamiento de tropas como los embargos pretendían imponer el tutelaje imperialista sobre todas las fracciones en pugna. Esto vale tanto para el embargo de armas como para el embargo económico sobre Serbia, que indudablemente también fue "un punto de acuerdo entre los distintos países imperialistas" a lo largo de todo el conflicto. Este embargo, recordemos, fue también decisivo: la zanahoria de su levantamiento llevó a Milosevic a aceptar el acuerdo de Dayton, imponiendo su autoridad sobre los jefes serbio-bosnios Karadzic y Mladic, que se oponían a firmarlo. No hemos escuchado al Colectivo español impugnar este embargo imperialista. ¿Quizás porque pensaban que favorecía a la resistencia nacional y multiétnica bosnia? La consigna del embargo, nos dice el Cedm (E), "era el punto de acuerdo entre los distintos países imperialistas". Sin embargo, lo que caracterizó la intervención imperialista en el curso de la guerra, y aun antes, no fue el acuerdo sino las divergencias entre las distintas potencias. Alemania se cortó sola cuando reconoció unilateralmente la independencia de Croacia y Eslovenia aunque hay que decir que más que reconocerla, la impulsó firmemente contra la opinión de Francia y Gran Bretaña. Los Estados Unidos, por su parte, dejaron correr la guerra no sólo para desangrar a los bandos enfrentados sino también, y por sobre todo, para hacer patente el fracaso y la impotencia de Francia y Gran Bretaña para imponer su salida a la crisis. Para enfatizar la agudeza de la división que mostraron las potencias imperialistas en todo el conflicto, el PO caracterizó a la guerra de los Balcanes como "una guerra por procuración" y como "una expresión de la crisis mundial". Al reducir la caracterización de la política imperialista a un slogan, el Cedm (E) oscurece este aspecto fundamental de la guerra. En el curso de dos documentos, el Colectivo español nos ofrece cuatro definiciones contradictorias de la política del imperialismo norteamericano. Primera definición: "El apoyo norteamericano a croatas y musulmanes no fue tal sino una forma de contrapesar los intereses políticos europeos occidentales y rusos en la región … En el plano militar no cabe hablar de apoyo norteamericano directo, sino de un mirar para otro lado mientras Croacia compraba armas checas y alemanas, o algunos países islámicos enviaban cargamentos de armas ligeras a la Armija del gobierno de Sarajevo" (8). No se entiende como los yankis podrían haber contrapesado sin apoyar política y militarmente a croatas y bosnios, por acción (formando la Confederación Croata-Musulmana) o por omisión (permitiendo con pleno conocimiento que Irán y otros países armaran a los bosnios). Segunda definición: "La acción de la Otan (es decir, de los Estados Unidos, LO) no fue de apoyo sino más bien una trampa (para los bosnios), ya que llegó cuando el equilibrio de fuerzas se estaba inclinando del lado contrario a los serbios, precisamente para evitar que la guerra evolucionase hacia una solución independiente del imperialismo" (9). O sea, los norteamericanos bombardearon a los serbios para impedir el progreso de la alianza bosnio-croata que los propios norteamericanos habían propiciado y que se había reforzado militarmente gracias a las armas que los propios norteamericanos habían dejado pasar. O lo que es lo mismo: al mirar para otro lado cuando Irán (¡nada menos que Irán!) armaba a la Armija, los norteamericanos estaban dejando correr … "una solución independiente al imperialismo". Tercera definición: "el objetivo del imperialismo norteamericano no era la victoria militar de una fracción de la burocracia sobre las demás, sino producirles un equilibrio y una dependencia militar que permitiera imponer el plan de partición imperialista y su control directo sobre el territorio". Esta tercera definición se contradice con la cuarta, que dice que "la política del imperialismo consiste en estrangular al pueblo bosnio" … es decir, que sí querían la derrota militar de los bosnios. ¿Cuál de todas estas definiciones es la que vale? La política del imperialismo norteamericano frente a la guerra fue extremadamente compleja. Al mismo tiempo que sostenía formalmente el embargo de armas, organizaba su violación mediante operaciones encubiertas y el concurso de empresas privadas de seguridad (que son apenas una cubierta del Estado norteamericano); al mismo tiempo que promovía la Confederación Croata-Musulmana, negociaba intensamente y llegaba a acuerdos fundamentales con el serbio Milosevic. Al mismo tiempo que ayudaba a organizar la ofensiva croata sobre Krajina, permitía a los serbios apoderarse de las áreas protegidas por la ONU de Srbrenica y Zepa. Al mismo tiempo que aparecía públicamente en un frente común con las potencias europeas, lo saboteaba en función de sus propios intereses particulares. La política del imperialismo norteamericano no fue el embargo, sino el conjunto de todas estas combinaciones, mediante las cuales logró emerger del conflicto como el árbitro indiscutido en los Balcanes. Después de que todas estas maniobras y combinaciones han sido abundantemente detalladas en la prensa, seguir caracterizando que el eje de la política norteamericana fue el embargo es una completa unilateralidad. No se trata, sin embargo, de una unilateralidad inocente. Esto porque reduce la política del movimiento obrero internacional a exigirles a los gobiernos y a los Estados el levantamiento del embargo. El Cedm (E) no parece tener conciencia de lo que dice cuando sostiene que "el pueblo bosnio se hubiera podido procurar el armamento para defender sus vidas y la integridad de su territorio si la presión del movimiento obrero internacional hubiera conseguido imponer el levantamiento del embargo de armas" (diferenciado nuestro, LO). Es claro, sin embargo, que el levantamiento del embargo no habría resuelto por sí mismo la cuestión de las armas; esto porque aun cuando no existiera una prohibición internacional de ventas, las armas seguirían estando en manos de los Estados imperialistas, no del pueblo bosnio. La consigna unilateral del levantamiento del embargo de armas conduce, necesariamente, a otra el envío de armas. Si no, ¿para qué serviría, entonces el levantamiento del embargo, si luego las armas no llegan a Bosnia? En resumen, la cuestión de las armas conduce, necesariamente, a plantear la intervención del imperialismo en la guerra (que es el que tiene las armas), al reforzamiento de la burocracia restauracionista (porque ninguna potencia le va a entregar armas al pueblo de Bosnia, sino a su burocracia, y sólo después de determinados acuerdos políticos antinacionales) y a reducir al movimiento obrero y a las organizaciones de izquierda a apéndices de la política imperialista. (En España, ¡otra ignorancia de los españoles ! la lucha contra la no intervención, iba dirigida a que los gobiernos de la URSS y del Frente Popular francés armasen a la República. No hay que olvidar que un sector minoritario, aunque expresivo, del imperialismo mundial (Margaret Thatcher, importantes funcionarios del Departamento de Estado norteamericano), se pronunció precisamente por el levantamiento del embargo y el envío de armas a la burocracia bosnia. Para el PO, "el problema fundamental de los explotados de la ex Yugoslavia es la división chauvinista que han introducido los bandidos burocráticos; sin superar esa división, para lo cual será necesaria una política y una organización, las armas serán sinónimo de masacre y colonización imperialista … Los socialistas revolucionarios debemos ubicarnos, en la guerra yugoslava, en el campo de los intereses del proletariado internacional no de los diferentes Estados, imperialistas o no. Ellos dictan la necesidad de luchar por la unidad de las masas de Yugoslavia contra las burocracias y el imperialismo y por la defensa de las conquistas de la revolución. La reivindicación que corresponde a este interés es la expulsión de las burocracias y la unidad libre y socialista de Yugoslavia" (10). La Ayuda Obrera a Bosnia En el capítulo referido a la Ayuda Obrera a Bosnia, el Cedm (E) se exalta y hace gala de una santa cólera: "¡intolerable!", "¡infamia chauvinista!", "¡rechazamos indignados!", son algunas de sus expresiones. De lo que se trata es de reflexionar políticamente y no de "embroncarse" … porque, como se dice por las pampas, en política, el que se enoja, pierde. ¡Y vaya si ha perdido el Colectivo español! Ocurre que, en medio de frases indignadas, el Cedm (E) pega un ostensible retroceso político en la cuestión de la AOB. En su documento anterior, el Colectivo caracterizaba a la AOB como "internacionalismo consecuente", "solidaridad consecuente", "para nosotros, es la forma consecuente, práctica, de aplicar el internacionalismo de clase" (11). Con tantos autoelogios, ¡si hasta parecía que no se hubiera visto nada igual desde la IIIº Internacional de Lenin y Trotsky! Ahora bien, apenas unas semanas después, nos enteramos, por boca del propio Cedm (E), que "AOB no es un modelo de internacionalismo proletario". ¡Qué tal! El internacionalismo consecuente y de clase se ha devaluado hasta convertirse, según sus propios integrantes, en un internacionalismo clase B. Se trata de un retroceso demasiado notorio, demasiado ruidoso y demasiado pronunciado como para encubrirlo detrás de frases indignadas. En esta época de vacas flacas, sin embargo, hasta un internacionalismo clase B sería para aplaudir … si fuera realmente internacionalista. Desgraciadamente, como ya lo señalamos con anterioridad, la AOB no es un emprendimiento internacionalista, sino nacionalista. Para comprobarlo, basta ver su programa … ¡que el Colectivo español reproduce con orgullo! Contra lo que dice el Cedm (E), de que "coincidimos con el PO en el carácter reaccionario y restauracionista de todas las fracciones (sic) de la burocracia en conflicto", el programa de la AOB no esboza la más mínima crítica a la burocracia "reaccionaria y restauracionista" bosnia. ¿Cuál es el programa real del Cedm (E)? ¿El que plantea en sus documentos contra el PO o el que ha firmado en la AOB? La cosa sigue. El programa de la AOB no plantea, ni de lejos, la reivindicación de la unidad libre y socialista de los pueblos balcánicos en un Estado único de carácter federal. Es decir, que se pronuncia, vergonzantemente, a favor de la desintegración de la vieja Federación Yugoslava y en contra de la perspectiva de su reconstrucción sobre bases políticas realmente proletarias y socialistas. La AOB está a favor de la independencia de Bosnia y, por lo tanto, también de la independencia de Croacia y de Serbia. Reitermos. ¿Cuál es el programa real del Cedm(E)? ¿El que plantea en sus documentos contra el PO o el que ha firmado en la AOB? El programa de la AOB se encuentra por entero en el campo del nacionalismo bosnio más estrecho, es decir, en el campo de la burocracia de Itzebegovich. Precisamente, por el carácter de su programa, la AOB puede albergar o albergó a partidos como el Mst o el Pore, que caracterizan a la guerra que se libra en Bosnia como de "liberación nacional contra la opresión secular (sic)de los serbios sobre los musulmanes". (Bajo el imperio otomano fue la opresión de los serbios por los musulmanes). No hay nada de internacionalismo en la AOB, porque como enseñaba Lenin, "existe una clase y sólo una de internacionalismo verdadero, y es trabajar abnegadamente para desarrollar el movimiento revolucionario y la lucha revolucionaria en el propio país y apoyar (con propaganda, solidaridad y ayuda material) esta lucha, esta y sólo esta línea en todos los países sin excepción" (12). El principio del internacionalismo proletario, según Lenin, es la lucha por la dictadura del proletariado, y en lo que respecta a Bosnia, compañeros del Cedm (E), no hay lucha por la dictadura del proletariado si no se pone en el primerísimo plano la lucha contra todas las burocracias restauracionistas y reaccionarias, y si no se plantea, abiertamente, la perspectiva de la unión de todos los pueblos balcánicos en un Estado federal único y socialista. En este sentido, el programa de la AOB es la negación del auténtico internacionalismo proletario. Volvemos a reiterar, ¿qué programa defiende el Colectivo español? ¿El de la Ayuda Obrera a Bosnia o el que utiliza para debatir con el PO? No hay en esto ningún "tono despectivo" y ninguna "voluntad ridiculizadora". La flagrante contradicción entre lo que el Cedm (E) dice defender en los documentos contra el PO oposición a la burocracia, defensa de la consigna de la Federación Socialista de los Balcanes y lo que el Cedm (E) firmó y defiende en el programa de la AOB, ¿no pintan a "un grupo con opiniones fluctuantes … que no se preocupa porque sus afirmaciones guarden el menor rigor … que no pretende establecer una política sino desarrollar una actividad concreta sin importarle a qué política responde" (13)? Esta es la caracterización que planteamos en nuestra primera respuesta. Lo dicho hasta aquí lo confirma. Notas : 1 . Luis Oviedo, "Respuesta al Colectivo español"; en En Defensa del Marxismo nº 12, mayo de 1996. 2 . Colectivo En Defensa del Marxismo (España), "La partición de Bosnia y la solidaridad internacionalista", en En Defensa del Marxismo nº 12, mayo de 1996. 3 . Todas las citas en las que no se indica el texto citado corresponden a este artículo. 4 . "La partición …", en En Defensa del Marxismo, nº 12, mayo de 1996. 5 . "Respuesta …", en En Defensa del Marxismo nº 12, mayo de 1996. 6. "La partición …", en En Defensa del Marxism, nº 12, mayo de 1996. 7. Idem ant. (diferenciado nuestro, LO). 8. Idem ant. 9. Idem ant. 10. Luis Oviedo, "¿Armas para los musulmanes de Bosnia?", en Prensa Obrera nº 404, 19/10/93. 11. "La partición …", en En Defensa del Marxismo nº 12 mayo de 1996. 12. Lenin, Tesis de Abril, diferenciado nuestro, LO. 13. "Respuesta …".

1 de diciembre de 1996
Sobre el artículo publicado en el número 14 de En Defensa del Marxismo por los compañeros españoles

Lo primero que hay que abordar como problema importante es el carácter de la guerra en la ex Yugoslavia. Los compañeros cometen un serio error en la caracterización de la misma. En su artículo dicen lo siguiente: “Es una guerra reaccionaria con un trasfondo imperialista, pero en la que hay sectores de masas defendiendo objetivos progresivos a pesar y en oposición a la política de la burocracia". ¿Puede una guerra como dicen los compañeros, tener un carácter dual? Creo que aquí es donde cometen el más grave error, como decíamos en el artículo de Luis Oviedo de En Defensa del Marxismo de octubre del '95 (“Cuatro años de guerra en los Balcanes"). "El imperialismo mundial impulsó la guerra porque la fractura de la ex Yugoslavia (…) facilita que se transformen rápidamente en sus colonias…" (1)- Querer buscar un aspecto de progresividad en una guerra dirigida por el imperialismo mundial, en la cual todas las fracciones de la burocracia se subordinan a éste en la búsqueda de ampliar sus dominios territoriales, sin importarles en absoluto la vida de miles de trabajadores, es un error de incomprensión política muy serio. La comparación con las guerrillas que lucharon contra la ocupación de los nazis, como ejemplo de aspectos de progresividad dentro de una confrontación imperialista, es lo mismo que decir que el hundimiento del Titanic, donde murieron más de 3.000 personas no significó una tragedia por el hecho de que hayan habido actos heroicos durante el naufragio. Querer desconocer el carácter reaccionario de la guerra en los Balcanes por las aspiraciones progresivas de algún sector, no modifica el carácter general de la guerra. Nota: (1) Luis Oviedo. "Cuatro años de guerras en los Balcanes". En Defensa del Marxismo n°9, octubre 1995

1 de diciembre de 1996
“La independencia del arte, para la revolución; la revolución para la liberación definitiva del arte” (1era parte)

Un cataclismo llamado Dadá André Breton, Tristan Tzara y Antonin Artaud, nacieron en 1896, y son tres de las principales expresiones de vanguardia literaria del período entre las guerras y cuyos nombres están ligados al más importante movimiento en las artes de este siglo, el surrealismo. Cualquiera que sea el valor de los dos últimos, ni ellos, ni cualquier otro protagonista de las revoluciones en la cultura europea y mundial ocurridas a comienzos del siglo XX, desempeñaría un papel comparable al de Breton, denominado el papa negro del surrealismo o el gran inquisidor de las artes por algunos de sus incontables enemigos. El fundador del movimiento surrealista sería probablemente, el primero en castigar la idea de conmemoración de su centésimo cumpleaños. Y no sería esta nuestra intención, sino tomar la fecha para oponer, a las actuales tendencias reaccionarias y mercantiles que dominan la producción artística, el análisis y el debate de los aspectos fundamentales de su vida y de sus ideas que, en las décadas del 20 y 30, sirvieron como base para la lucha contra el statu quo burgués oficialista, corrupto y mediocre de las artes. Sus principales influencias en la adolescencia fueron los escritores simbolistas, Charles Baudelaire, Sthepane Mallarmé y Joris Karl Huysmans, que leía ya en la escuela secundaria, y la agitación política antimilitarista que antecedió a la Primera Guerra Mundial. Se dice que muy joven, en 1913, habría participado de las manifestaciones contra la ampliación del servicio militar obligatorio a tres años dirigidas por el Partido Socialista de Jean Jaurés. Al ingresar a la facultad de medicina y durante la guerra, establecerá correspondencia con los simbolista de la última generación, Saint-Pol Roux y Paul Valéry, de quien recibirá gran influencia, como también de los cubistas Pierre Reverdy y Guillame Apollinaire. En 1915, será alistado, pero mantendrá su oposición a la guerra y al patriotismo que dominaba a la juventud europea. En una carta a un amigo, considera «ridículo el entusiasmo bélico» con que la burguesía imperialista francesa, entonces la más poderosa de Europa consigue envenenar a la clase obrera y a la juventud. Como enfermero militar, cuidando de heridos y neuróticos de guerra en un hospital de Nantes, entrará en contacto con las ideas de Freud, decisivas en sus experiencias posteriores en torno a la función del inconsciente en la creación artística, y trabará amistad con Jacques Vaché, un dandy y un excéntrico misógino que va a encarnar en sus actitudes, comenzando por negarse a escribir, el drástico rechazo a la literatura y a los literatos, característica del movimiento Dadá y del propio surrealismo. El imperialismo regimentó a millones de personas para la gigantesca carnicería de la I Guerra, a través de una orgía de propaganda nacionalista. Toda la superestructura de la sociedad burguesa fue copada de un frenesí patriótico, que envolvía no sólo a los partidos conservadores, la juventud dorada y los altos mandos militares, sino también a los partidos socialistas, los sindicatos obreros y a la inmensa mayoría de los representantes de la cultura europea. La profundidad de las ilusiones patrióticas llevarán a una reacción igualmente intensa ante la monstruosa violencia desencadenada por la guerra imperialista. Los jóvenes, obreros, pequeño-burgueses y hasta burgueses, fueron masacrados y mutilados por centenares de miles en las fétidas trincheras llenas de ratas, con gas, bayonetas, y armas de fuego de un poder de destrucción hasta entonces desconocido. Esta manifestación impresionante de descomposición de la sociedad capitalista, resultado de su transformación en imperialismo, fue engalanada con hipócrita retórica poética por la crema de la intelectualidad del viejo mundo. En contraste con el optimismo oficial de los viejos, sólo una minoría de jóvenes artistas, como Wilfres Owen en Inglaterra, retrataban la profunda desilusión, estupor y revuelta ante la carnicería que, de a poco, fue alcanzando las conciencias. De la misma forma que la ola revolucionaria, que barrió los países que apilaban cuerpos en el campo de batalla (revolución rusa de 1917, alemana de 1918, húngara de 1921, etc.), expresaba el colapso del capitalismo, las manifestaciones artísticas de pos guerra van a exponer el estado de bancarrota de la cultura burguesa. A partir de allí, la inestabilidad extrema será la característica principal de la creación artística, de la misma manera que de todas las relaciones sociales y económicas. Estas manifestaciones que, expresaban tendencias contradictorias, serán aglutinadas bajo la denominación burlona de Dadá, movimiento que fue el precursor natural y necesario del surrealismo, habiendo entre ambos una relación dialéctica de continuidad y ruptura. Nacido entre artistas del Este europeo (el rumano Tristan Tzara, los alemanes Hugo Ball, Richard Huelsenbeck y Hans Arp) exiliados en Zurich, en 1916, todavía durante la guerra, Dadá (una expresión francesa tomada del balbucear infantil usada intencionalmente para repudiar el racionalismo y la «grandeza del arte» predominante) fue la más radical respuesta contra el establishment cultural ya realizado y por extensión, contra la cultura occidental en su conjunto. De corta duración (1916-22), Dadá difiere radicalmente de las escuelas modernistas, como el cubismo, el futurismo e, inclusive el expresionismo. Sin dejar grandes obras fue, en realidad, antes que una escuela literaria o artística, un violento, fulminante y heteróclito movimiento de agitación y, por su objetivo de hacer tabla rasa de la cultura occidental, un movimiento antiliterario y antiartístico. Los dadás, como se llamaban a si mismos, rechazando, inclusive, los «ismos» en voga, promovieron agresivas manifestaciones de puro libertinaje contra los preconceptos oficialistas y toda la pretendida «seriedad» artística, que causaban no solamente escándalo, sino furor que, frecuentemente, terminaban en tumultos «controlados» por la policía. El rechazo indignado no excluía siquiera a los cubistas, futuristas, expresionistas y demás vanguardias artísticas. En su primera presentación parisiense, fue mostrada a un público horrorizado una tela de Francis Picabia donde estaba dibujado sólo «la parte de arriba» en la parte de abajo y «la parte de abajo» en la parte de arriba, teniendo como leyenda las letras «LHOOQ», que pronunciadas en francés, forman la frase obscena «Elle a chaud au cul», llevando a la asistencia al borde de la agresión física. El movimiento fue señalado, correctamente, como la expresión artística del «derrotismo» frente a la guerra, política que era impulsada por los socialistas internacionalistas, como Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo, cuyo programa era la derrota de sus propias burguesías en guerra por la revolución. En ese sentido, una de sus principales características fue la feroz oposición al chauvinismo, haciendo que muchos de sus integrantes adhiriesen a las posiciones revolucionarias de la clase obrera (uno de los fundadores, Richard Huelsenbeck, era espartaquista y fue por una semana «comisario de Bellas Artes» durante la revolución de 1918), dándole carácter de un verdadero movimiento internacional que se extendía de Alemania hasta los EE.UU. (Duchamps, Picabia, Man Ray), reuniendo en una única corriente de impugnación general de la hipocresía en las letras y en las artes, lo mejor de la vanguardia artística de los principales países del mundo. En la década del 30, en una famosa conferencia sobre el surrealismo, dada en Bélgica, Breton señalaría que para los franceses, unirse a los alemanes en el clima de hostilidad reinante en un movimiento internacional era uno de los principales impulsos del movimiento. Incubado durante la guerra y restringido a una bohemia marginalizada de la sociedad, el movimiento Dadá explotó después del armisticio y el epicentro de esta explosión fue París. Manteniendo, hacía mucho, correspondencia con Tristan Tzara, una de las principales figuras del círculo del cabaret Voltaire en Zurich, considerado el verdadero fundador del dadaísmo, Breton sirvió como ligazón entre los iniciadores y una pléyada de nuevos poetas, reunidos en torno a su persona: Luis Aragón y Philippe Soupalt, que irían a ser con él, llamados «los tres mosqueteros del surrealismo» y, además, Paul Eluard, Jaques Digaut, Rene Char, Georges Ribemont-Dessaignes y otros. A estos se juntarán en París, los artistas plásticos, que entonces vivían en EE. UU:, Francis Picabia, Marcel Duchamps y Man Ray, y los alemanes Max Ernst y Hans Arp. En este grupo fuera de lo común actuarán además Benjamín Peret, que tendrá una participación destacada en los primeros años del trotskismo en Brasil. Dadá: auge y agotamiento En febrero de 1919, André Breton lee en la casa de Guillaume Apollinaire el Manifiesto Dadá 1918, de Tristan Tzara, al que considera que «acaba de estallar como una bomba». Terminada la guerra, el poeta se encontraba en una situación de verdadera impasse intelectual. Admirador del simbolismo francés, veía claramente su insuficiencia frente a las necesidades de posguerra. En un balance posterior declaró que «la belleza por ellos celebrada no es más la nuestra, y ya en esa época comenzaba a dar la impresión de una dama perdida en la distancia» (1). Su ruptura con Paul Valéry, por quien tenía gran admiración, se consumó cuando este poeta, evolucionando hacia un claro conservadorismo, propone el regreso a formas métricas de la literatura clásica de Racine y, finalmente, ingresó en la Academia Francesa de Letras. Frente a este hecho, Breton, en un gesto de desprecio, vendió a un librero todas las cartas que había recibido del poeta que fuera su principal maestro intelectual. En 1919, Breton funda, con Luis Aragon y Philippe Soupault, la revista Littérature, título sugerido por el propio Valéry en alusión al último verso de Arte poética del simbolista Paul Verlaine, «y todo el resto es literatura» (2). Allí participaron los últimos remanescentes del simbolismo como el propio Valéry y Andre Gide y escritores de vanguardia de antes de la guerra reunidos en torno de Apollinaire: Max Jacob, Pierre Reverdy, Blaise Cendrars y André Salmon. La revista va a anticipar características del surrealismo, publicando los Cantos de Maldoror de Isadore Ducase, conocido como Conde de Lautréamont, poeta maldito del romanticismo, olvidado, del cual Breton copia los versos de copia en una biblioteca y las Cartas de guerra, de Jacques Vaché, considerado fuente fundamental de inspiración. Será también en este período que Breton y Soupalt van a realizar la primera experiencia en las técnicas surrealistas, creando juntos el primer texto de escritura automática, titulado Campos magnéticos. El nuevo método tenía por fin liberar el flujo del inconsciente de la estrechez del pensamiento conciente y de la elaboración literaria. El estado de espíritu de Breton, en esta etapa, puede ser medido por su reacción a la muerte prematura de Jacques Vaché en virtud de un exceso de opio: «ejercía sobre nosotros una seducción sin igual. Su comportamiento y sus dichos nos eran objeto de continua referencia. Sus cartas tenían el efecto de un oráculo, cuya particularidad era ser inagotable (..) encarnaba para nosotros el más alto poder de desapego (el cúmulo de desapego en relación a todo lo que hipócritamente se profesaba, desapego en relación al arte -«el arte es una estupidez´- desapego sobre todo en relación a la «ley moral» vigente que acababa de dar toda la media de su valor (…)» (3). Es con tales expectativas que Breton va a leer el manifiesto donde Tzara proclamaba: «un gran trabajo negativo a cumplir», lo cual según Breton, «avivó el fuego del pañol». El grupo reunido en torno a Littérature emprende una ruptura profunda con el modernismo de la generación anterior representado por Apollinaire que se muestra incapaz de romper con el nacionalismo, el cientifismo y el esteticismo de los artistas oficiales que como Anatole France, Paul Claudel y Maurice Barrés se habían transformado, ante sus ojos, en un caso puro y simple de corrupción literaria. En enero de 1920, Tristan Tzara llega a París y se transforma en el centro de agitación artística Dadá en París, organizando diversas «veladas» artísticas y literarias donde el objetivo básico era agredir al publico y despreciar las convenciones. El grupo de Littérature abre las páginas de la revista para los famosos manifiestos Dadá y promueve una encuesta, con la pregunta «¿Usted, por qué escribe?, que de acuerdo con Breton, «arrastró al mundo literario hacia una trampa todavía no olvidada (..) registrando sus respuestas, en gran mayoría lamentables, por su mediocridad (4). La encuesta fue aprovechada, por contraste para desvalorizar el arte de escribir: «escribo para abreviar el tiempo», señaló Knut Hamsun; «por debilidad», escribió Valéry. Breton y Soupault escriben pequeñas obras para ser interpretadas en las «veladas» parisienses de Dadá, como Vous m»oublierez (Ustedes me olvidarán), interpretadas por ellos mismos, en la cual recibieron con enorme satisfacción «un bombardeo de huevos, tomates y hasta bifes que los espectadores fueron a adquirir precipitadamente en el intervalo. Lo que el público pensaba de nosotros, pensábamos nosotros de ellos centuplicado» (5). En 1921, el movimiento Dadá en París da señales precoces de agotamiento. Breton y sus amigos más próximos se cansan de la repetición de artificios utilizados para llamar la atención y chocar con el público, tales como anunciar falsos eventos donde, por ejemplo, el actor Charles Chaplin estaría adhiriendo a Dadá y ejecutaría un número o que los dadás se raparían el cabello en público, etc. El golpe de gracia viene cuando la crítica oficial da su primera señal de asimilación del caótico movimiento con un artículo del crítico Jacques Riviére de la Nouvelle Revue Francaise, titulado Reconocimiento a Dadá. Para Breton, «Dadá se beneficiaba de la hostilidad general y había hecho lo posible para obtenerla. Para quienes éramos entonces, nada era más estimulante que ser objeto de burlas, cuando de no furor. El sentimiento que teníamos del valor de nuestra causa se fortalecía con el hecho de que la opinión pública fuese unánimemente contraria. Esta opinión, como efecto, había dado toda su medida de servilismo en los años precedentes, y causar a tal punto su reprobación bastaba para persuadirnos que estábamos en el buen camino» (6). A partir de ahora, el movimiento pasaba sutilmente a integrarse en la sociedad y a gozar de una forma curiosa de popularidad que afectaba el comportamiento de parte de sus miembros como Tzara y Picabia. Esta situación de cansancio debida a la repetición de los mismos recursos y el agotamiento del «efecto» de las manifestaciones Dadá, llevan a la abertura de una grieta entre los futuros surrealistas como Breton, Aragon, Desnos, Soupault, Peret y los entusiastas de los métodos Dadá como Tzara, Picabia y Ribemont-Dessaignes. El impulso decisivo para la escisión será dado por el primer grupo, que toma la iniciativa en la acción del movimiento y da un carácter distinto a las manifestaciones habituales promoviendo un juzgamiento-farsa del escritor Maurice Barrés, a quien los surrealistas no perdonaban el hecho de haber escrito textos piadosamente nacionalistas sobre la guerra: «»la alegría reina en la trincheras! Vos lo sabéis por los diarios y por las cartas de vuestros hijos, maridos y hermanos. No es necesario exagerarlo; no es necesario creerlos bajo palabra, los bravos, etc.» (7). El juzgamiento estaba lejos de ser solamente una obra cómica y sin sentido al estilo tradicional de las manifestaciones dadá, sino que organizado como un verdadero proceso político, de carácter moral, del escritor y de las letras en general, culminando con un gran escándalo en la entrada de Benjamín Peret en calidad de testimonio vestido como un soldado alemán usando una máscara de gas. La ruptura sería formalizada cuando Breton organiza junto con otras publicaciones literarias de vanguardia un congreso internacional, en 1922, «para la determinación de directivas y la defensa del espíritu moderno»: El congreso no llega a concretarse, siendo torpedeado por Tristan Tzara, para quien «el dadaismo no tiene nada de moderno». El fracaso del congreso, no obstante, lleva al fin del movimiento, abriendo camino para el surrealismo que se expresará, después de un período de incubación, en el Manifiesto del Surrealismo, redactado por Breton en 1924. El Manifiesto del Surrealismo Entre la disolución del movimiento Dadá en París, en 1922 y la primera manifestación de aquel que vendría a ser el movimiento surrealista, el Manifiesto del Surrealismo, redactado por Breton y publicado en 1924, transcurría un intervalo de experiencias y incertezas. Es de éste período el libro Les Pas Perdues, colección de artículos publicados en 1924, donde están los manifiestos Dadá de Breton, así como las reflexiones sobre la ruptura como el movimiento, considerado como «la imagen grosera de un estado de espíritu al cual en nada contribuía crear» (8). En octubre de aquel año, es creado el Departamento de Investigaciones Surrealistas, En el mismo mes Breton publica el Manifiesto que establecerá los presupuestos fundamentales del nuevo movimiento. El Manifiesto es, antes que nada, un libelo en favor de la libertad del espíritu humano: «La palabra libertad es todo lo que todavía me exalta. Yo la creo propia para entretener , indefinidamente, el viejo fanatismo humano. Ella responde sin duda a mi única aspiración legítima. Entre tantas desgracias que heredamos, es bastante necesario reconocer que la mayor libertad de espíritu nos fue dejada» (9). El documento de Breton esta muy lejos de ser un manifiesto literario, al estilo de los demás manifiestos modernistas, sino que constituye una defensa de los «derechos de la imaginación», substrato, según él, de la libertad del espíritu humano. Esto significa que el texto del poeta francés procura evidenciar las más profundas relaciones entre la creación artística y literaria y la vida, la libertad humana, subordinando completamente la primera a estas últimas. El punto de partida de esta búsqueda es la condena de la condición humana actual: «Tanto va la creencia a la vida, a esto que la vida tiene más precario, la vida real, bien entendido, que al final esta creencia se pierde. El hombre, este soñador definitivo, día a día más descontento de su suerte, hace con dificultad la vuelta de los objetos a los cuales fue llevado a hacer uso, y que a él dejaron su descuido o esfuerzo, casi siempre su esfuerzo, pues el consintió en trabajar, al menos no le repugnó intentar su oportunidad (esto que él denomina su oportunidad)» (10). La vida utilitaria, rutinaria y de trabajo es enemiga de la imaginación, esencia de la libertad del espíritu: «A esta imaginación que no admite límites, no le es permitido entregarse a no ser según las leyes de una utilidad arbitraria; ella es incapaz de asumir por mucho tiempo este papel inferior y a la vuelta de veinte años, prefiere en general, abandonar al hombre a su destino sin luz» (11). La búsqueda de la imaginación y de la libertad no debe sujetarse a ninguna especie de condicionamiento: «No será el temor a la locura que nos forzará a dejar la bandera de la imaginación a media asta» (12). El Manifiesto de Breton llama a «instruir el proceso de la actitud realista, y de la actitud materialista» La actitud materialista no obstante, es «sobre todo, una feliz reacción contra algunas tendencias irrisorias del espiritualismo. En fin, ella no es incompatible con una cierta elevación del pensamiento». El racionalismo burgués, por su parte, expresión ideológica y cultural de toda la sociedad de fines del siglo XIX e inicio del presente, es condenado duramente: «la actitud realista, inspirada por el positivismo, de S. Tomás a Anatole France, tiene el aire hostil a todo el impulso intelectual y moral. Yo tengo horror a ella, pues está hecha de mediocridad, de odio y de plana autosuficiencia. Es ella la que engendra hoy estos libros ridículos, estas obras insultantes. Ella se fortalece sin cesar en los diarios y pone bajo control a la ciencia, al arte, aplicándose a adular la opinión en sus gustos más bajos» (13). De la misma manera, Breton apunta que «los procedimientos lógicos, de nuestros días, no se aplican más que a la resolución de problemas de intereses secundarios» (1114). «La imaginación está, tal vez, a punto de retomar sus derechos», con esta frase el Manifiesto saluda el «feliz acontecimiento» del surgimiento de las teorías de Sigmund Freud. Para Breton, la cuestión esencial revelada por el psicoanálisis es la extraordinaria importancia de los sueños en la vida psíquica del ser humano. Yendo mucho más allá de la conclusiones del científico austríaco, el francés llega a igualar el estado del sueño, en importancia, a la vigilia. El sueño no sería un estado de inconciencia, conforme se cree, sino otra forma de conciencia. La realidad no se resume al estado conciente de la vigilia, sino que es necesario buscar «la resolución de estos dos estados, en aparencia tan contrastantes que son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, de surrealidad». A este raciocinio, Breton agrega la anécdota que dice que el poeta simbolista Sain-Pol Roux, al dormir, colocaba en la puerta del cuarto un cartel que decía «el poeta trabaja». Ingresando en el terreno de la reflexión sobre la belleza, el Manifiesto señala que «lo maravilloso es siempre bello, no importa que lo maravilloso es bello e incluso que no hay nada sino lo maravilloso sea bello». En ese sentido Breton introduce uno de los temas fundamentales del surrealismo, a saber, el rechazo categórico «(de) la fe en la lentitud de la elaboración» como un «falso camino» desde el punto de vista de la poesía y repite la siguiente definición de Pierre Reverdy: «La imagen es una creación pura del espíritu». «Ella no puede nacer de una comparación sino de la aproximación de dos realidades más o menos alejadas. «Cuanto más las relaciones entre las dos realidades sean aproximadas y justas, más fuerte será la imagen -ella tendrá mas potencia emotiva y realidad poética (…)» (15). Breton considera que la estética de Reverdy, una «estética a posteriori» del acto creativo, la cual le parecía indicar un camino, lo confundía y le hacia tomar el efecto por la causa. Entonces, una noche, la solución de este enigma le apareció, cuando percibió que una frase le sonaba en la mente: «Hay un hombre cortado en dos por la ventana» y venía acompañada de una imagen visual de un hombre andando y seccionado por la mitad por una ventana perpendicular. Este acontecimiento fortuito lo llevó a lanzar la siguiente conclusión: «Me parecía, y me parece todavía a la manera en que me vino la frase del hombre cortado en dos que la rapidez del pensamiento no es superior a la de la palabra, y que ella no desafía necesariamente al lenguaje, ni a la pena que corre». Este incidente fue el punto de partida para la técnica inicial del surrealismo, la escritura automática, vista como una llave para los tesoros del inconsciente humano, el cual Breton experimentó inicialmente en asociación con Phillipe Soupault en el libro Campos magnéticos. La definición de surrealismo como «automatismo psíquico puro», visto como la llave para los tesoros del inconsciente humano, abrirá camino para las posteriores experiencias surrealistas con la conciencia, las cuales, aunque tenían como punto de unión a la literatura y a las artes plásticas, no obstante consideran que «la literatura es el mas triste camino que lleva a todo» (16). La revolución surrealista Los años 1924 y 1925 representan la culminación de aquello que Maurice Nadeu, principal historiador del movimiento, denominó «el período heroico del surrealismo», que iría de 1923 a 1925 (17). Esta, según Breton fue «la época puramente intuitiva del surrealismo», personificada por las experiencias con los sueños, la escritura automática y el colage en el terreno de la pintura, bien como por las protestas contra el occidente aliados a una exaltación ingenua de las virtudes del oriente. En este período, donde predomina una gran inconciencia sobre el carácter de la «revolución» que pretenden producir, están unificadas en el mismo cuadro de actividad común las diversas tendencias que, luego más adelante, se irán a dividir irremediablemente ante los problemas planteados por la evolución de la propia realidad y personificadas respectivamente por Breton, Pierre Naville, Antonin Artaud, Soupault y posteriormente, Aragon. En 1924, con el lanzamiento del Manifiesto del Surrealismo, la creación del Departamento de Investigaciones Surrealistas y, finalmente, con la publicación, en diciembre de la revista La Revolución Surrealista, el movimiento, que ya se manifestaba a partir de 1919, se consolida y adquiere una fisonomía clara. Además de los ya mencionados Aragon, Soupault, Eluard, de Chirico, Picabia, Max Ernst etc. reúne innumerables otros artistas como: Georges Limbour, Michel Leris, André Masso, Joseph Delteil, Antonin Artaud, Pierre Naville que se convertiría en dirigente de la IVª Internacional, Marcel Noll, Georges Malkine, Raymond Quenau, etc. La agudeza intelectual y la personalidad de Breton son los catalizadores de este agrupamiento variado de pintores y escritores que materializa en su actividad un estado de espíritu general de la vanguardia intelectual francesa y europea. En este mismo momento, otros movimientos procuraban presentarse como surrealistas, reivindicando, inclusive la paternidad del nombre, pero sin obtener la misma consistencia que Breton y sus compañeros. La radicalización de los surrealistas en el terreno intelectual y cultural preanuncia su radicalización política a partir de 1926. En octubre, la muerte del novelista Anatole France, admirado tanto por la crítica oficial como por la izquierda, toda vez que venía de aproximarse al Partido Comunista, da lugar a una manifestación del grupo que espanta incluso a los más liberales, a través de un planfleto colectivo, publicado en medio de las manifestaciones solemnes en homenaje al escritor, titulado Un cadáver. En su artículo, Breton señala de manera brutal que «con France, es un poco del servilismo humano que se va. ¡Haya fiesta en el día en que serán enterrados la astucia, el tradicionalismo, el patriotismo, el oportunismo, el realismo y la falta de corazón! No le perdonaremos jamás haber maquillado la revolución con su ironía sonriente». En julio de 1925, otro homenaje, esta vez al poeta Sain-Pol-Roux, muy admirado por los surrealistas, motiva otra ruidosa manifestación, esta vez, contra el nacionalismo francés, excitado con la ocupación del Ruhr por las tropas francesas en castigo por el no pago por Alemania de las reparaciones previstas en el Tratado de Versalles. La tentativa de los amigos del viejo simbolista, convertidos en miembros del establishment literario, de hacer del homenaje una manifestación nacionalista y antigermánica, lleva a la intervención de los surrealistas, que termina en un enorme tumulto, donde los gritos de «viva Alemania» y «Abajo Francia», lanzados por Michel Leiris desde una ventana abierta hacia la calle, provocan un intento de linchamiento de parte de una multitud chauvinista enfurecida. La primera fase del surrealismo propiamente dicha está retratada con claridad en las páginas de los cinco primeros números de la revista La Revolución Socialista, publicada bajo la dirección de Benjamín Peret y Pierre Naville y que contaba con la intensa participación de Antonin Artaud, particularmente en su número tres. El primer número trae como epígrafe la frase de Louis Aragon «todo lo que queda todavía de esperanza en este universo desesperado va a volverse hacia nuestra irrisoria tiendita sus últimas delirantes miradas. Se trata de llegar a una nueva declaración de los derechos del hombre». En el prefacio de este número inaugural, firmado por Eluard, Vitrac y Boiffard se lee «La Revolución… la revolución… El realismo es podar árboles, el surrealismo es podar la vida». La revista trae innumerables relatos de sueños y textos automáticos al lado de los famosos panfletos dirigidos al Papa, a quien acusan, «tu Dios católico y cristiano, lo colocaste en tu bolsillo»; al Dalai Lama, de quien se anuncian «los fieles servidores»; a los rectores de las universidades europeas, a los cuales se les dice que «vos sois la aflicción del mundo, señores»; a los directores de los asilos de locos comparándolos a las prisiones (18). Datan también de este período las primeras encuestas como la famosa «¿El suicidio es una solución?» (19) o, también, la primera parte del importante texto de Breton El Surrealismo y la pintura (20). Según Breton, las experiencias de este año 1925, revelan su «relativa insuficiencia». A partir de 1926, considerará que el surrealismo deberá «cesar de contentarse con los resultados (textos automáticos, relatos de sueños, discursos improvisados, poemas, dibujos o actos espontáneos que ha se había propuesto inicialmente)» y pasar a considerar estos primeros resultados «como materiales a partir de los cuales tendía ineluctablemente a replantear bajo una forma enteramente nueva el problema del conocimiento» (21). Los métodos de acción surrealistas están lejos de ser técnicas para un perfeccionamiento literario o artístico. Louis Aragon señaló que la «habilidad artística aparece como una mascarada que compromete toda la dignidad humana» (Une Vague de Reves). Lastécnicas propuestas por el movimiento, para usar una expresión inadecuada, son vías para lo que consideraban nuevas dimensiones del conocimiento humano. De esta forma, además de las ya señaladas en el Manifiesto del Surrealismo, como la escritura automática y el sueño, los surrealistas pondrán en marcha un proceso de experiencias que incluyó el humor, lo maravilloso, juegos, encuestas, investigaciones, objetos surrealistas, el azar objetivo, la locura y el amor. El humor es un instrumento de liberación del racionalismo y de la dictadura de las convenciones y de lo cotidiano: «después de Freud, el humor aparecía claramente como una metaformosis del espíritu de insubordinación, una negativa a doblegarse a los preconceptos sociales: él es la máscara de la desesperación» (22). En el Manifiesto, Breton ya había señalado al irlandés Jonathan Swift como un «surrealista del pasado» indicando que el camino había sido abierto también por la gran sátira de la sociedad. La locura es presentada como una forma superior de liberación de la imaginación. Breton y Eluard escribirán un texto titulado La inmaculada concepción, donde consiguen reproducir estados de delirio y de alucinación característicos de los más variados tipos de alienación mental. La revista surrealista ya había publicado un manifiesto exigiendo la liberación de los locos de los asilos de alienados. Uno de los aspectos centrales, mencionado por Breton en el Manifiesto, es la búsqueda de lo maravilloso. Los surrealistas tenían muy en cuenta los llamados romances góticos que los franceses llaman de roman noir, las historias de terror de los escritores románticos como el Castillo de Otranto, de Horace Walpole y El Monje, de Lewis. No obstante, lo maravilloso estaba relacionado también con lo cotidiano. En su libro Le paisan de Paris, Aragon evidencia el paraíso de los lugares de la ciudad de París, encubiertos por la costra de lo cotidiano, señalando de esta forma que lo maravilloso es, también, un resultado de una percepción no corrompida por los hábitos intelectuales o convencionales. Uno de los más recurrentes medios surrealistas, durante toda su trayectoria, será el amor, denominado después amor loco por Breton para quien «el darse absoluto de un ser a otro, que no puede existir si no es en su reciprocidad, sea a los ojos de todos la única natural y sobrenatural lanzada sobre la vida» (23). Uno de los más controvertidos y complejos instrumentos surrealistas es el «azar objetivo», o sea, las coincidencias y aproximaciones insólitas de acontecimientos, como los relatados en el libro Nadja, de Breton, donde el autor describe en una paseo en la ciudad la visión de lugares, que años antes, había descrito con exactitud en un poema titulado Girassol. Para los surrealistas, las aproximaciones aparentemente casuales, insólitas, inesperadas, sorprendentes no son accidentales, sino que responden a una determinación que escapa a la lógica humana y que sería parte de la superrealidad. Derivan de aquí, en gran medida, las técnicas utilizadas por los artistas plásticos surrealistas como el colage, el frotage y por los poetas como la superposición de textos arrancados al azar de las páginas de los periódicos, etc. Al lado de eso, los surrealistas crearon y practicaron profusamente innumerables juegos, encuestas e investigaciones sobre los más diversos temas («Qué tipo de esperanza pone en el amor?») («¿Cuál es el encuentro capital de su vida?», etc.). Entre los juegos surrealistas se convirtió en antológico el que fue bautizado como Cadáver Exquisito, que consiste en un colage de palabras formando una frase que escapa al control voluntario de los participantes. El nombre es el resultado de la frase, formada de esta manera. «El cadáver delicioso beberá el vino nuevo». En 1925, la guerra colonial de Francia en Marruecos propicia una nueva onda de chauvinismo, movilización de tropas y la mortandad de la juventud en los campos de batalla. Estos acontecimientos van a precipitar la evolución política del surrealismo en dirección del comunismo y del materialismo dialéctico. Ideológicamente, va a causar profunda impresión en el fundador del surrealismo, la lectura del libro de León Trotsky, Lenin cuya reseña es publicada en el numero cinco, el último de 1925, de La Revolución Surrealista. El propio Breton caracterizó al surrealismo anterior a la II Guerra como «la época de Lautréamont, Freud y Trotsky». Esta evolución política e ideológica será marcada por redefiniciones, crisis y fusiones. La revolución por encima de todo y siempre El fracaso de las tropas españolas en Marruecos fuerza la entrada de las tropas francesas en la guerra colonial contra los árabes dirigidos por Abed-el-Krim. La intervención francesa en el Ruhr y, ahora, la guerra en el norte de Africa hacen retornar con toda fuerza la oposición al belicismo imperialista despertada por la I Guerra Mundial. El año 1925 marca una primera escalada de radicalización política que iría tomar forma definitiva y generalizarse después del crack de la Bolsa de Nueva York en 1929. La vanguardia intelectual francesa es arrastrada con enorme fuerza por el torbellino de los acontecimientos políticos que barrerá a Europa en la década del 30 para desaguar en la II Guerra Mundial. Frente a estos acontecimientos, los surrealistas se juntan a los demás agrupamientos intelectuales de izquierda, los de la revista Clarté, agrupados en torno a la figura de Henri Baibusse, autor de El fuego, novela antibelicista considerada por Breton, que despreciaba la novela como expresión artística, un «gran reportaje», por el grupo de la revista Philosophie, dirigida por los filósofos Henri Lefebvre y Georges Politzer, posteriormente ideólogos de la intelectualidad stalinista y por la revista belga Correspondance. De esta unidad saldrá el manifiesto, publicado en el número 6 de La Revolución Surrealista, titulado La revolución por encima de todo y siempre, cuyo estilo denuncia la mano del grupo surrealista. Este es un documento significativo porque estos últimos reconocen abiertamente que «no somos utopistas: nosotros concebimos esta revolución solamente en su forma social». La revolución que los surrealistas pretenden pierde, bajo el impacto de la lucha de clases expresada en la guerra colonial marroquí, su aspecto vago para convertirse en una revolución social, protagonizada por la vanguardia revolucionaria. Hay otras señales de esta evolución política. Un poco antes, Breton descubría la revolución rusa a través de la lectura del libro Lenin, de León Trotsky, una colección de ensayos sobre el gran dirigente de la Revolución Rusa de 1917 destinada a deshacer los mitos que comenzaban a opacar la biografía del revolucionario y que, al final, acabarían por desfigurarla completamente, en las manos del stalinismo. Breton queda profundamente impresionado por el libro del creador del Ejército Rojo y escribe sobre él una entusiasta reseña donde se lee: «Lenin, Trotsky, la simple mención de estos nombres hacen oscilar cabezas y cabezas. ¿Ellas comprenden? ¿Ellas no comprenden?». En un discurso proferido, en 1934, por invitación de los surrealistas belgas, publicado posteriormente bajo el título de ¿Qué es el surrealismo? Breton señala que el manifiesto sobre la guerra colonial «probó de un solo golpe la necesidad de superar el foso que separa el idealismo absoluto del materialismo dialéctico». El surrealismo ingresaba en lo que Breton catalogó posteriormente como su edad de la razón. Este primer paso de adhesión al materialismo dialéctico, la admiración de los líderes bolcheviques y de la Revolución Rusa está lejos de ser acabado, claramente conciente y, menos todavía, definitiva, no solo para Breton, sino principalmente para los demás. El surrealismo sufrirá tres crisis turbulentas que expresaban las profundas debilidades de las definiciones políticas del grupo. En esta crisis, Breton mostrará enorme superioridad intelectual y superior obstinación que va a definir en los choques provocados por la propia realidad a la fisionomía del surrealismo como movimiento. La primera crisis y, de lejos, la más seria en términos de desafío intelectual fue creada por un manifiesto de Pierre Naville titulado Los intelectuales y la revolución, cuyo sentido general es un llamado a sustituir las aspiraciones de transformación alentadas hasta allí por los surrealistas por el alineamiento completo en la lucha política revolucionaria de la clase obrera. El manifiesto de Naville expone las ambigüedades que cercan el surrealismo y al mismo tiempo plantean la cuestión de su disolución en el movimiento revolucionario. Para hacer frente a este desafío, sin tener, sin embargo, plena claridad de como resolver el problema, Breton argumenta seriamente las conclusiones de Naville en su panfleto Legítima Defensa, de setiembre de 1926. La línea de raciocinio de Breton sigue la idea que el comunismo es el camino a ser recorrido para la liberación, pero no es todo el camino. «Se trata, dice, de un programa mínimo». Las divergencias no son de concepción política, aunque está claro que existen y ninguno de los dos lados tiene plena conciencia de su envergadura, sino fundamentalmente de perspectiva de vida. Naville se convierte en dirigente del Partido Comunista y de las organizaciones trotskistas francesas, pequeñas, pero políticamente importantes durante toda la década del 30. Breton se mantiene durante toda la vida en un terreno propio que es efectivamente el surrealismo, aunque manteniendo la lucha revolucionaria, inclusive en defensa del propio León Trotsky contra el monstruoso proceso de persecución política llevado adelante por el stalinismo. Esta primera crisis es la más difícil porque plantea problemas objetivos que realmente ponen en jaque el surrealismo y fuerzan sus definiciones. Las otras, aunque más notables principalmente por sus protagonistas, están lejos de tener el mismo significado. En el año 1927, el grupo excluyó a Antonin Artaud y Phillippe Soupalt acusados de ver un valor en la actividad literaria, despreciada por los surrealistas. Ambos casos constituyen, de hecho, una resistencia a la evolución revolucionaria del surrealismo y estas separaciones, muy agrandadas, principalmente por los sectores que rechazan todo el carácter revolucionario del surrealismo son realizadas sin ninguna crisis de conciencia. En realidad, el círculo más próximo de Breton, Eluard, Aragon, Peret, ya habría franqueado el camino que los otros dos no querían recorrer. Esta decisión se acentuaría todavía más en los años siguientes con un profundo alineamiento de los surrealistas en los acontecimientos políticos más destacados del siglo, del frente popular a la eclosión de la guerra en 1939. (Fin de la primera parte) Notas: 1. Entrevistas, con André Parinaud, 1952 2. Que tu verso sea la buena ventura… esparcido al viento crispado de la mañana, que va enfloreciendo la menta y el tomillo y todo el resto es literatura. 3. Entrevistas. 4.Entrevistas. 5.Entrevistas. 6.Entrevistas. 7. Les Surrealistes, Philipp Audoin. 8.Después de Dadá. 9.Manifiesto de Surrealismo 10. ídem. 11. ídem. 12. ídem. 13. ídem. 14. ídem. 15.Self-defense, 1919. 16.ídem. 17.Historia del Surrealismo. 18. La Revolución Surrealista nº 3, 15/7/25. 19. LRS, nº2, 15/1/25. 20. LRS nº3. 21. La revolución por encima de todo y siempre, citado por Nadeu, op. cit. 22. Ives Duplessis, Le Surréalisme. 23.El amor loco, 1937).

1 de diciembre de 1996
Burócratas y militantes en la época de la restauración del capitalismo
Boris Kagarlitsky y Renfrey Clarke

El movimiento de los trabajadores rusos no puede pavonearse de grandes éxitos. Sin embargo, es sorprendente que los sindicatos hayan demostrado su viabilidad precisamente cuando los tiempos no han sido demasiado favorables para los sindicatos occidentales, mientras que otras instituciones políticas se han desmoronado. Los sindicatos tradicionales soviéticos jugaban un importante rol social, pero raramente llamaban la atención. Atendían servicios sociales; programaban actividades para los momentos de ocio de los obreros (especialmente para sus hijos); colaboraban en el suministro de bienes de consumo para los trabajadores y, a veces, consultaban con los directores de empresa cuestiones relacionadas con la seguridad en el trabajo. En una empresa, el líder del sindicato era un subdirector extraoficial con responsabilidades en asuntos sociales. Durante la perestroika, los sindicatos no se vieron afectados por las reformas. Continuaron desarrollando sus tareas habituales, distribuyendo vales para viajes y productos de consumo muy difíciles de obtener en las tiendas del Estado. No fue hasta 1990 y 1991 que se empezaron a registrar cambios drásticos en sus estructuras. La huelga de los mineros del verano de 1989 mostró que las antiguas estructuras eran incapaces de hacer frente a los retos que deparaban las nuevas condiciones. En la mayoría de los casos, las huelgas no se vieron acompañadas de abandonos masivos de militantes de los sindicatos oficiales. Los mineros continuaban viendo a los sindicatos existentes como organismos útiles de distribución, a los que merecía la pena pertenecer, pero irrelevantes en cuanto a conflictos laborales. Los trabajadores entendían que sus luchas pertenecían al ámbito de los comités surgidos entre 1989 y 1990 en todas las cuencas carboníferas de la URSS. Pero a medida que pasaban los meses, los líderes de los comités de huelga empezaron a entender el potencial de los sindicatos como forma de organización. Un sector de los activistas del movimiento minero asumió cargos de responsabilidad en la estructura del sindicato tradicional y otro sector empezó a levantar un nuevo sindicato. La primera generación de activistas del movimiento independiente de trabajadores albergaba numerosas esperanzas que acabaron en decepciones. Al principio, los líderes de los comités obreros recelaban de la intelligentsia, pero pronto fueron cooptados para puestos de responsabilidad por parte de los apparatchiks y de los líderes populistas locales, quienes además, los instrumentalizaron en sus intrigas particulares. En pocos años, numerosos líderes de los comités de huelga se convirtieron en prósperos hombres de negocios o fueron promovidos a cargos del Estado. El slogan "el movimiento obrero debe estar al margen de la política" les sirvió, primero, para justificar su rechazo a seguir una línea de independencia de clase, y más tarde, para ligar los comités obreros con las políticas propuestas por Yeltsin y sus socios neoliberales. El surgimiento de sindicatos alternativos significó el primer reto serio a las estructuras "tradicionales". A partir de 1989 aparecieron numerosísimos sindicatos alternativos que atraían a los activistas descontentos con el burocratismo y la inactividad de las estructuras sindicales tradicionales. La más grande de las nuevas organizaciones fue el Sindicato Independiente de Mineros (NPG). Poco antes se había formado la Asociación de Sindicatos Socialistas (SOTSPROF). El término socialista de su denominación fue con mucho tacto transformado en social y, después, totalmente dejado de lado. Fue todo un síntoma de la evolución política de la organización. La izquierda socialista y los anarcosindicalistas que habían militado en el SOTSPROF, en sus primeros pasos fueron purgados de la dirección. Los nuevos sindicatos lanzaron inmediatamente una furiosa lucha contra sus contrincantes tradicionales, en los que veían a sus principales adversarios. Al poco tiempo, los líderes sindicales alternativos, que en un principio habían actuado en la oposición, criticando a los viejos sindicatos por sus lazos con el Estado, empezaron a reclamar el apoyo del gobierno contra sus rivales. El anticomunismo de la mayoría de las federaciones de sindicatos alternativos los puso en brazos de los neoliberales radicales. Después del hundimiento de la URSS, cuando el gobierno centró sus objetivos en una amplia reprivatización y la construcción del capitalismo, los líderes alternativos apoyaron todas las decisiones de las autoridades rusas. Prescindieron de que muchas de esas decisiones eran abiertamente antiobreras. No sorprende que los nuevos sindicatos fracasaran en su intento de ganar la confianza de la mayoría de los trabajadores. Incluso, cuando los viejos sindicatos registraron un significativo éxodo, nadie mostró ninguna prisa para afiliarse a las nuevas organizaciones. Las purgas políticas, las escisiones y los escándalos financieros en los sindicatos alternativos empezaron a ser materia de dominio público. Según informes de prensa, el NPG habría recibido dinero del gobierno ruso con el propósito de organizar la huelga anti Gorbachov de la primavera de 1991. Miembros del NPG acusaron públicamente a sus líderes de corrupción y apropiación ilícita de fondos. El SOTSPROF y otras organizaciones menores también se vieron envueltas en escándalos análogos. A medida que el conflicto entre las autoridades rusas y los líderes de los sindicatos tradicionales crecía, los alternativos empezaron a disfrutar de un apoyo creciente. El número de plazas adjudicadas a los alternativos en la Comisión Trilateral de Relaciones Laborales estaba fuera de toda correspondencia con su número de afiliados. Los organismos dirigentes del SOTSPROF accedieron a oficinas propias en los edificios del Estado, por ejemplo en el Soviet de Moscú, y gozaron de una generosa publicidad en los medios de comunicación públicos. Los alternativos también recibieron un apoyo sustancial de la federación de sindicatos norteamericanos (AFL-CIO). Durante la huelga de maestros y trabajadores sanitarios, representantes del SOTSPROF pidieron a los empleados reconocidamente sin éxito que no secundaran el paro. Al cabo de dos años, los viejos y los nuevos sindicatos habían intercambiado sus papeles. Las organizaciones alternativas se habían fusionado de forma creciente con las autoridades, mientras que los sindicatos tradicionales asumieron el rol de una fuerza independiente de oposición. Mientras tanto, los sindicatos tradicionales sufrieron una serie de cambios. Se abolió el Consejo Central Sindical y en su lugar nació la Confederación General de Sindicatos que, tras el desmantelamiento de la URSS, se convirtió en una asociación internacional. Los sindicatos rusos fundaron la Federación de Sindicatos Independientes de Rusia (FNPR), encabezada por Igor Klochkov. Los sindicatos tradicionales siguieron cumpliendo el papel de cooperativas de consumidores y el de red de servicios sociales, ayudando a sus miembros a resolver problemas cotidianos que oscilaban desde comprar azúcar barato hasta encontrar plazas en los campos de verano para los niños. En esas crudas circunstancias económicas, las funciones de los sindicatos tradicionales eran altamente valoradas. Al mismo tiempo, los sindicatos asumieron nuevas y desacostumbradas tareas. Nuevos individuos, muchos de ellos sin ninguna relación con la vieja burocracia, aparecieron en las direcciones de las organizaciones locales y territoriales. Algunos habían participado activamente en las huelgas de 1989 y 1990. Los cambios en los sindicatos siguieron un curso contradictorio, pero para millones de personas que estaban sufriendo la crisis económica y las políticas del gobierno, la FNPR seguía siendo la única estructura a través de la cual al menos se podía conseguir algo. La renovación más radical tuvo lugar en la Federación Sindical de Moscú (MFP). El nuevo presidente de la MFP, Mijail Shmakov, enseguida hizo saber que tenía la intención de convertir la federación en una fuerza social capaz de defender sus posiciones tanto contra las autoridades como contra la dirección de la FNPR. Shmakov, que cumplió los 45 en 1993, es un representante típico de una nueva generación de líderes que llegaron a sus puestos entre 1989 y 1992. Tan pronto accedieron a cargos de responsabilidad empezaron los cambios. Todos ellos han mostrado un especial interés en romper con el pasado de los sindicatos oficiales. Han traído consigo un nuevo estilo y nuevas ideas. Shmakov fue la primera persona del movimiento sindical ruso que aceptó dialogar con los jóvenes radicales de organizaciones informales. Algunos activistas radicales de izquierda, que antes habían lanzado furiosos ataques contra "la vieja burocracia sindical", pronto se pudieron contar entre los consejeros y los portavoces de los sindicatos. Muchos de ellos no sólo aprendieron a llevar corbata sino que además, sorprendentemente, demostraron ser muy efectivos en sus nuevos papeles. Uno de los primeros en emprender este trabajo para los sindicatos fue Andrei Isaev, un prominente anarquista moscovita y organizador de algunos de los primeros mitines en 1987 y 1988. En tan sólo unos meses, lsaev, desde el puesto de redactor jefe del periódico del MFP, Solidarnost, transformó una publicación sosa e impopular en otra vivaz y original. Pasó de tirar 5.000 ejemplares en agosto de 1991 a 30-40.000 en 1993. Entre sus lectores figuraban no sólo activistas y cargos sindicales, sino también miembros de la intelligentsia en busca de una alternativa a los experimentos liberales. En un esfuerzo por definir la posición de los sindicatos, Isaev hablaba de la necesidad de un "conservadurismo de izquierda". "No hemos dejado de ser revolucionarios", escribió en Solidarnost. Sin embargo, había llegado el momento de que los izquierdistas se convirtieran en conservadores. No se trataba de una paradoja: las fuerzas de la izquierda habían provocado mejoras a escala mundial. Esas conquistas debían ser defendidas de la reacción neoliberal, que se había lanzado a la ofensiva tras el hundimiento del sistema comunista. Para defender al Estado de bienestar y las conquistas sociales reales del período soviético, los izquierdistas no sólo tenían que hacer frente a la nueva administración, protestando y convocando a la lucha, sino que también debían reafirmar sus tradiciones históricas. Frente al tipo de progreso sugerido por Thatcher, Yeltsin y Gaidar, Isaev argumentaba que no había nada alarmante en aparecer como conservador. La formulación de Isaev resumía el pensamiento de muchos líderes y activistas y estaba también en línea con el estado de ánimo de las masas. En concentraciones y manifestaciones se condenaba la destrucción del potencial productivo del país y se hablaba de la necesidad de salvar la infraestructura social y productiva. Después de agosto de 1991, cuando el Partido Comunista fue suspendido y las estructuras de la URSS se desmoronaron, las únicas organizaciones de masas que quedaron en pie fueron los sindicatos. Más del 80 por ciento de sus afiliados permanecieron fieles a sus organizaciones, a pesar de los cambios que habían tenido lugar. La FNPR y las federaciones regionales retuvieron sus ingresos y propiedades. Comparados con el caos y la corrupción reinantes en Rusia, la burocracia sindical, que estaba acostumbrada precisamente a observar las normas tradicionales, aparecía como un modelo de honestidad y eficacia. Sin embargo, la dirección de los sindicatos no tenía ni una estrategia clara ni una comprensión plena de sus propias fuerzas. En un principio, los líderes de la FNPR estaban dispuestos a conceder un apoyo crítico al gobierno ruso, mientras que la dirección del MFP era partidaria de tomar un curso más radical e independiente. Pero a medida que los costos sociales de la reforma fueron patentes, los dirigentes de la FNPR se radicalizaron. Los sindicatos lucharon por la actualización de los salarios conforme a la inflación y por el establecimiento de un salario mínimo. La privatización, acompañada de la pérdida de puestos de trabajo, y a menudo de la clausura de secciones sindicales de empresa, levantó un profundo malestar entre los sindicalistas. En el seno de la FNPR creció la convicción de que los intereses sociales de los trabajadores eran defendidos mejor en las empresas estatales que en las privadas. Esto, por supuesto, chocaba frontalmente con la filosofía del gobierno ruso. Las autoridades mantuvieron conversaciones con los sindicatos e hicieron algunas concesiones en materias que no eran cruciales para las estrategias gubernamentales procapitalistas. Sin embargo, la escala móvil de salarios aprobada en 1991 nunca fue respetada. Además, el ministro de Finanzas se negó deliberadamente a suministrar los fondos necesarios para pagar los salarios de las empresas propiedad del Estado y de algunos ministerios. La radicalización de los sindicatos era lo mínimo que se podía esperar. La historia de Pavel Kudyukin, viceministro de Trabajo y único socialdemócrata del gobierno de Yeltsin y Gaidar, ilustra la situación. Después de una serie de huelgas y manifestaciones organizadas en 1992 por los sindicatos tradicionales, Kudyukin mencionó la posibilidad de confiscar las propiedades de la FNPR y mantuvo una agria polémica con la izquierda crítica con el gobierno. Pero al cabo de un año, Kudyukin dimitió y se sumó a las ásperas críticas que la FNPR hacía a las políticas antisociales de las autoridades de Moscú. Mientras se esforzaban por acabar con el dominio de la ideología comunista en el movimiento sindical, los líderes de la FNPR insistían en que los sindicatos se debían mantener al margen de la política y distantes de los partidos. No obstante, el intenso conflicto que mantenían con el gobierno demostró que los sindicatos no podían estar al margen del proceso político. En un mitin de masas de los activistas del MFP, celebrado en octubre de 1992, Andrei Isaev llamó a los sindicatos a proponer "un nuevo rumbo y nuevas reformas", como alternativa a las "fallidas reformas del equipo liberal de Gaidar". La propuesta de Isaev y otros radicales del movimiento obrero, implicaba una economía mixta con un fuerte sector estatal capaz de convertirse en la "locomotora del desarrollo". También añadían que era conveniente llegar a un acuerdo entre el gobierno, las direcciones de las empresas y los sindicatos para asegurar el control sobre los precios y los salarios. La dirección de la FNPR empezó a buscar aliados políticos dispuestos a colaborar en su batalla por un nuevo curso. Klochkov y un buen número de dirigentes sindicales dieron apoyo a la formación centrista Unión Cívica. Mientras tanto, numerosos activistas lanzaron un conjunto de iniciativas encaminadas a la construcción de un Partido Laborista. Los sindicatos se sumaron con la Unión Cívica a la campaña por defender la actividad industrial, los lazos entre las regiones del país y desarrollar los mercados interiores. En todo caso, la Unión Cívica se dirigió sobre todo a los directores de empresa, mientras que la FNPR se aplicó en la defensa delos trabajadores asalariados. El Partido del Trabajo intentó formular un programa que expresase esos intereses, llamando a la defensa del sector público, por el pleno empleo y la aplicación de medidas de protección social. En el verano de 1993, los sindicatos y el gobierno estaban en guerra abierta. En la región de los Urales, cuando las sirenas de las empresas sonaban, los trabajadores de las fábricas de armamento se reunían en mítines masivos. En la provincia sureña de Rostov, los mineros del carbón habían realizado una jornada de paro como señal de aviso. El 10 de agosto, en el distrito más lejano, en el confín del Este, imperaba la huelga general; los barcos que no habían sido descargados reposaban en los muelles y desgañitaban sus sirenas. Las tripulaciones de barcos extranjeros contestaban con sus propias sirenas como muestra de solidaridad con los huelguistas. Detrás de la huelga había una razón de peso: el gobierno había violado el acuerdo salarial que había negociado con la FNPR. En las reuniones, los trabajadores pedían no sólo el cumplimiento del acuerdo sino también la dimisión del Ejecutivo. Sólo en los primeros diez días, el número de trabajadores que participaron en las movilizaciones llegó al millón y medio. A diferencia de oleadas anteriores de huelgas y manifestaciones, las luchas del verano de 1993 fueron dirigidas por sindicatos y tuvieron lugar por todo el país. Por primera vez desde 1905, los trabajadores protagonizaban acciones de protesta simultáneamente en los más diversos sectores y regiones, con reivindicaciones generales que afectaban a toda Rusia. El éxito de los sindicatos tradicionales en implicar a millones de sus miembros en las movilizaciones de ese verano, tomó por sorpresa al gobierno. Ya antes, la FNPR había mostrado su habilidad en conducir duras y efectivas negociaciones alrededor de acuerdos salariales regionales y sectoriales. Pero su punto débil residía en su capacidad para atraer a los trabajadores a la lucha activa. Cuando las autoridades estudiaban la táctica para negociar con los sindicatos, explotaron conscientemente esta debilidad: hacían concesiones durante las conversaciones y después rehusaban cumplir con las obligaciones que habían aceptado, confiando en que los sindicatos no podrían reaccionar. En 1992, la FNPR fue incapaz de contrarrestar esta política. Como resultado, las autoridades confiaban en que los sindicatos tampoco serían capaces de plantear una resistencia seria en 1993. Sin embargo, la situación había cambiado radicalmente. Dos años de reformas liberales no sólo habían producido un declive catastrófico de la producción, sino también el hundimiento del mercado interior, la caída del nivel de vida, y habían abierto la puerta a la hiperinflación. La gente acabó siendo consciente de sus intereses y sintiendo la necesidad de defender personalmente sus derechos. La oposición a Yeltsin crecía diariamente. Cuando el gobierno violó los acuerdos salariales a los que había llegado con la FNPR, no previó que los sindicatos conseguirían organizar una respuesta. Las autoridades recibieron un fuerte golpe. Aun así, es importante señalar que los líderes y activistas sindicales operaron sin una clara estrategia o un programa de acción. Por mucho que la FNPR se viese afectada por la burocracia sindical, su mayor problema en ese momento fue el espontaneísmo. Las reivindicaciones que reclamaban los sindicatos en el verano de 1993 habían surgido de forma espontánea de sus bases: los escalafones superiores de los sindicatos simplemente recogieron las propuestas, las resumieron y las presentaron al gobierno. La fuerza de las protestas colectivas fue en gran medida el resultado de esta solidaridad con el sentimiento de las bases. Pero la incapacidad de desarrollar un análisis coherente y la falta de un proyecto político sólido fueron debilidades cruciales. Confiando ampliamente en corregir los errores sobre la práctica, los sindicatos fueron a remolque de los hechos. La FNPR dejó pasar casi un año sin declarar su oposición a la dinámica gubernamental. Mientras que la MFP inmediatamente encontró su espacio al situarse en la oposición, la federación sindical rusa intentó mantener una línea de apoyo crítico a las reformas. Esto ocurría mientras Gaidar y su equipo aplicaban un programa dictado por el Fondo Monetario Internacional, que requería el aplastamiento de los sindicatos como órganos efectivos de autodefensa. Los activistas obreros en Rusia descubrieron el precio de estos errores en su propia carne. En 1993, la FNPR rehizo el mismo camino que habían seguido los sindicatos de Moscú en 1992. Durante 1993, la MFP había moderado considerablemente su radicalismo. Sus líderes se habían convertido en rehenes de su propio éxito. Con las movilizaciones de 1991 y 1992 habían ganado concesiones del gobierno de Moscú, y ahora se esforzaban en conservarlas y en no "hacer que el barco se tambalee". Los acontecimientos de octubre de 1993 acabaron en una fuerte derrota para los sindicatos rusos. Las luchas obreras prácticamente cesaron, mientras en Moscú se lidiaban los conflictos políticos. Después del asalto al Parlamento, el gobierno confiscó los fondos sociales de los sindicatos y en algunas regiones, las autoridades intentaron hacerse con las propiedades sindicales. Hasta cierto punto, las movilizaciones de agosto se habían desplegado de forma espontánea, y en setiembre se marchitaron con la misma espontaneidad. En agosto se podían dibujar dos escenarios: uno, optimista, en el cual los sindicatos controlarían la situación y se convertirían en una importante fuerza social; otro, pesimista, en el cual los sindicatos perderían el control sobre los acontecimientos y se mostrarían incapaces de llevar a cabo actuaciones decisivas. Todo se desarrolló de acuerdo con el escenario pesimista. Cuando Yeltsin aprobó la disolución del Parlamento, Klochkov se encontró con una disyuntiva. Si los sindicatos no conseguían amenazar con huelgas a favor de la Constitución, en el futuro nadie se tomaría sus declaraciones en serio. Pero si los sindicatos llamaban a la huelga, no serían capaces de organizarla con éxito. El resultado fue la adopción de un llamado ambiguo a movilizaciones de protesta "que podían llegar a concretarse en huelgas": el llamado ni consiguió concretarse en una acción determinada, ni tampoco logró atemorizar a nadie. Al ver la incapacidad de la FNPR, las autoridades lanzaron un nuevo ataque: retiraron a los sindicatos su capacidad de control de los fondos sociales y amenazaron con la disolución de la Federación. No parece que el gobierno ruso desee la completa abolición de la FNPR, sobre todo porque hay numerosos problemas cotidianos que las autoridades son incapaces de resolver sin la ayuda de los aparatos sindicales. Sin embargo, el gobierno logró intimidar a los dirigentes sindicales. Después del bombardeo de la Casa Blanca, el pánico cundió entre los cargos sindicales. Se celebró un congreso de la FNPR y se eligió una nueva dirección. El líder de la MFP, Shmakov, fue nombrado presidente de toda la federación rusa. Se abrió un nuevo estadio en el proceso de reestructuración sindical. No obstante, Shmakov asumió el cargo en un momento en que las perspectivas para el movimiento sindical no eran nada halagüeñas. La nueva dirección se vio forzada a hacer concesiones y a tratar de evitar choques frontales con la administración. Shmakov y sus colegas insistieron en la necesidad de la moderación y al mismo tiempo se esforzaron por poner la situación bajo su control. ¿Tendrán éxito los intentos de reforma de la FNPR? Los miembros de la organización se enfrentan a una trama compleja de necesidades interrelacionadas: la de llevar a cabo una lucha por la construcción del movimiento obrero, si es que hay que defender los derechos de los trabajadores rusos; la de implicar a la base sindical, si se quiere que esa lucha acabe en victoria, y la de abrir las estructuras sindicales, haciéndolas accesibles y democráticas, si se quiere que esa implicación sea una realidad. No puede haber predicciones seguras sobre el resultado, la única certeza es que Yeltsin y sus ministros ofrecerán una enorme resistencia a los intentos sindicales de mantener los puestos de trabajo y de defenderse de los ataques al nivel de vida. Si bien las autoridades de Moscú y la MFP han conseguido llegar a un cierto grado de "colaboración social", esto no es repetible a escala de toda Rusia. El gobierno simplemente no tiene los recursos que las autoridades moscovitas han sido capaces de dedicar a la resolución de los problemas sociales. Incluso, antes de las elecciones de diciembre de 1993, ya se pudo intuir cuál será la naturaleza de las relaciones laborales rusas en el próximo período. En noviembre, los trabajadores del sector energético ganaron dos importantes batallas contra el gobierno. Irónicamente, entre las organizaciones implicadas, se encontraba el Sindicato Independiente de Mineros, cuya dirección se ha visto obligada por los ataques del gobierno a la industria carbonífera a abandonar su posición pro Yeltsin. Una huelga de hambre de los líderes de la NPG en la cuenca minera de Vorkuta, en el norte de la Rusia europea, y la huelga general de mineros de la región en que culminó, forzaron a la dirección de la NPG a convocar una huelga general del carbón en toda Rusia para los primeros días de diciembre. La huelga fue desconvocada después de que el gobierno se comprometiera a suministrar fondos para pagar los salarios adeudados y a emprender acciones para sanear las deudas de la industria del carbón. En diciembre, en la región de Nadym, en el noroeste de Siberia, una huelga de nueve días de los trabajadores de la industria del gas natural forzó a la empresa pública Gazprom a aceptar una lista de peticiones que incluía el pago inmediato de los atrasos salariales de los últimos seis meses. Los negociadores por la parte empresarial también prometieron diseñar y aplicar un programa de reimplantación de trabajadores excedentes en el sur y el centro de Rusia. Pocos sindicatos rusos tienen el poder estratégico de los trabajadores de la industria del gas, y en muchos casos el gobierno, sin duda, se congratularía de que los obreros cortaran la producción en plantas que pierden dinero. Pero la caída de los salarios reales, el rápido deterioro de las prestaciones sociales y la perspectiva de niveles catastróficos de desempleo están forzando a los trabajadores a recurrir a acciones colectivas para defenderse. Si estas acciones no toman la forma de huelgas, bien pueden manifestarse en forma de abiertas luchas políticas. En cualquier caso, los obreros buscarán la forma de defender a los sindicatos como herramientas naturales de organización. La presión para renovar y democratizar las estructuras sindicales crecerá, y en la medida en que este proceso avance, la efectividad de las movilizaciones obreras se multiplicará. Nota: Boris Kagarlitsky es diputado del Soviet de la ciudad de Moscú y miembro del Partido Laborista Ruso. Renfrey Clark es el corresponsal en Moscú del periódico Green Left Weekly y miembro del Partido Socialdemócrata de Australia.

1 de diciembre de 1996
La responsabilidad del Partido Comunista Alemán

(21 de junio de 1924) ¿Hemos crecido como Internacional en el período pasado? Todas las secciones han crecido y han ganado en influencia. ¿Significa esto que su fuerza creció y va a continuar creciendo indefinidamente? No. Su fuerza creció a través de los zig-zags, de las olas y de las convulsiones: aquí también prevalece la dialéctica del desarrollo y el Comintern no está exento de esto. De esta manera, en la segunda mitad del año pasado, el KPD era incontrastablemente más fuerte que hoy. En esa época, el KPD marchaba directamente a la conquista del poder y la convulsión de toda la vida social en Alemania era tan grande, que no solamente las masas más atrasadas de los obreros, sino también de las capas importantes del campesinado, de la pequeño burguesía y de la intelligentsia tenían todas confianza en que los comunistas iban rápidamente a tomar el poder y a reorganizar la sociedad. Tales disposiciones se encuentran entre los síntomas más seguros de la madurez de una situación revolucionaria. Pero se demostró que los comunistas no podían todavía tomar el poder. No porque la situación objetiva lo volviera imposible. No, pues no se podría imaginar condiciones mejor preparadas o más maduras para la toma del poder. Si se necesitara describirlas con precisión, ellas podrían representar un ejemplo clásico en los manuales de la revolución proletaria. Pero el partido no supo utilizarlas. Tendríamos que detenernos para estudiar esta cuestión. El primer período de la historia de la Internacional va de 1917 hasta los levantamientos revolucionarios de 1921 en Alemania. Todo estaba determinado por la guerra y sus consecuencias inmediatas. Nosotros esperábamos la sublevación del proletariado europeo y que éste tomara el poder en un futuro próximo. ¿Cuál ha sido nuestro error? Hemos subestimado el papel del partido. Después del IIIº Congreso Mundial, comenzó un nuevo período. La consigna "hacia las masas" quería decir sustancialmente "construya(n) el partido". Esta política ha sido llevada a cabo plenamente y con más éxito en Alemania que en cualquier otro lugar. Pero en Alemania sucedió que fue en contradicción con la situación creada en 1923 por la ocupación de la cuenca del Ruhr, lo que hizo saltar de golpe el equilibrio ficticio de Europa. Al finalizar 1923, nosotros sufrimos en Alemania una derrota importante no menos seria que la del año 1905. ¿Pero, cuál es la diferencia? En 1905 nosotros no teníamos las fuerzas suficientes, como luego se vio en la lucha. En otros términos, la causa de la derrota residía en la relación de fuerzas objetiva. En 1923, en Alemania, nosotros sufrimos una derrota en el momento en que los acontecimientos no habían llegado a la etapa de choque, sin que nuestras fuerzas hayan estado movilizadas y utilizadas. La causa inmediata de la derrota en ese caso habría que buscarla en la dirección del partido. Es verdad que podríamos decir que, aunque el partido hubiera tenido una política justa, no habría sido capaz de movilizar grandes masas y habría sido vencido. Es ésta una opinión moderada, completamente coyuntural. En cuanto a la situación objetiva, la relación de las fuerzas de clases, la confianza en sí misma de la clase dirigente y de las masas del pueblo, es decir, en cuanto a las precondiciones de la revolución, nosotros teníamos la situación más favorable de las que ustedes se podrían representar: una crisis de existencia para la Nación y el Estado, llevada a su más alto grado por la ocupación; una crisis de la economía y particularmente de las finanzas del país; una crisis parlamentaria, una caída total de la confianza de la clase dirigente en sí misma; una desintegración de la socialdemocracia y de los sindicatos; un crecimiento espontáneo de la influencia del Partido Comunista; un cambio importante de orientación de la pequeño burguesía hacia el comunismo; una brutal caída de la moral de los fascistas. Tales eran las precondiciones políticas. ¿Cuál era la situación en el campo militar? Un minúsculo ejército permanente de 1 a 200.000 hombres, es decir, una fuerza policial calcada del modelo militar. La fuerzas de los fascistas estaban monstruosamente exageradas y, en gran medida, estaban paralizadas. En todo caso, después de julio-agosto, los fascistas estaban seriamente desmoralizados. ¿Los comunistas contaban con la mayoría de las masas obreras? Es una cuestión a la cual no podemos responder con estadísticas. Es una cuestión que está resaltada por la dinámica de la revolución. Las masas avanzaban regularmente hacia los comunistas y sus adversarios se debilitaban no menos regularmente. Las masas que se habían quedado con la socialdemocracia no mostraban disposición a oponerse activamente a los comunistas, como ellos lo habían hecho en marzo de 1921. Por el contrario, la mayoría de los obreros socialdemócratas esperaban la revolución con esperanza. Es esto también una exigencia de la revolución. ¿Las masas estaban dispuestas para el combate? Toda la historia del año 1923 no deja ninguna duda en este sentido. Es verdad que al finalizar el año, ese sentimiento se había vuelto más reservado, más concentrado, había perdido su espontaneidad, es decir, su tendencia a explosiones elementales constantes. ¿Pero cómo podía ser de otra manera? En la segunda mitad del año, las masas adquirieron una enorme experiencia y sentían o comprendían que se iba a toda marcha hacia el choque decisivo. En tales condiciones, las masas podían solamente avanzar si existía una dirección firme, llena de confianza en sí misma y que gozara de la confianza de las masas. Las discusiones acerca de saber si las masas estaban listas para la lucha o no, tienen una carácter muy subjetivo y expresan sustancialmente una falta de confianza en los dirigentes del partido mismo. Las afirmaciones según las cuales no había voluntad de luchar en las masas, han sido hechas aquí más de una vez. También el día anterior a Octubre. Lenin respondía a estas afirmaciones casi siempre de esta manera: "Aun si se admitiera que ustedes dicen la verdad, esto no haría más que demostrar que hemos dejado pasar el momento más favorable. Pero esto no significaría para nada que la conquista del poder es hoy imposible. Después de todo, nadie osará afirmar que la mayoría, o aun una minoría sustancial de la masa de los obreros, se opondrá a la revolución. Pero basta con que una minoría participe incluso con un sentimiento de simpatía, o de expectativa pasiva prevalezca en la mayoría". Finalmente, desde el punto de vista internacional, también, no se puede decir que la situación de la revolución alemana estuviera sin esperanza. Es verdad que el imperialismo francés está a la puerta de la Alemania revolucionaria. Pero del otro lado, Rusia soviética existe; en el mundo, el comunismo se afianzó en todos los países, incluso en Francia. ¿Cuál fue la causa fundamental de la derrota del Partido Comunista alemán? No se ha apreciado a tiempo la aparición de una crisis revolucionaria a partir de la ocupación de la cuenca del Ruhr y, especialmente, del fin de la resistencia pasiva (enero-junio de 1923). Faltó el momento crucial. Es muy difícil para un partido revolucionario pasar de un período de agitación y de propaganda prolongada durante años, a una lucha directa por el poder a través de la organización de la insurrección armada. Este giro provoca, invariablemente, una crisis en el interior del partido. Todo comunista responsable debe prepararse para esto. Una de las maneras de hacerlo es estudiar profundamente la historia de la Revolución de Octubre. Se ha hecho muy poco hasta el presente en este sentido, y la experiencia de Octubre ha sido mal utilizada por el partido alemán… Continuó así, aun después del comienzo de la crisis de la cuenca del Ruhr, dirigiendo su trabajo de agitación y de propaganda sobre la base de la fórmula del frente único al mismo ritmo y en las mismas formas que antes de la crisis. Pero esta táctica se había vuelto algunas veces muy insuficiente. La influencia del partido crecía automáticamente. Hacía falta un giro táctico agudo. Había que mostrarle a las masas, y antes que nada al partido mismo, que se trataba ahora de la preparación inmediata de la toma del poder. Era necesario consolidar la influencia organizativa creciente del partido y establecer las bases de apoyo para un asalto directo contra el Estado. Había que girar toda la organización del partido sobre la base de células de fábrica. Había que instalar de manera neta la cuestión del trabajo en el ejército. Había que organizar las células en los ferrocarriles. Era necesario, sobre todo, adaptar plena y completamente la táctica del frente único a esas tareas, darles un ritmo más firme y más decidido y un carácter más revolucionario. Sobre esta base, deberíamos haber dirigido un trabajo técnico-militar. La cuestión de la fijación de una fecha para la insurrección no puede tener sentido más que en relación y con esta perspectiva. La insurrección es un arte. Un arte supone un objetivo claro, un plan preciso y, en consecuencia, un horario. A pesar de esto, lo más importante era asegurar a tiempo el giro táctico decisivo hacia la toma del poder. Y esto no fue hecho. Fue la omisión principal y fatal. Por eso, la contradicción fundamental. Por un lado, el partido esperaba una revolución, mientras que por el otro lado, porque se había quemado los dedos en los acontecimientos de marzo (1921, N de la R), evitaba, hasta los últimos meses de 1923, la idea misma de organizar una revolución, es decir, de preparar una insurrección. La actividad del partido continuaba con un ritmo de tiempos de paz, en el momento en que el desenlace se aproximaba. El momento de la insurrección fue fijado cuando, esencialmente, el enemigo ya había utilizado el tiempo perdido por el partido y reforzado sus posiciones. La preparación militar técnica del partido comenzó a una velocidad frenética, separada de la actividad del partido, que continuaba con el mismo ritmo que en tiempos de paz. Las masas no comprendían al partido y no marchaban a su paso. El partido sintió este corte de parte de las masas y se paralizó. Por eso, el retiro sin combate de posiciones de primer orden, fue la más amarga de las derrotas posibles. No podemos pensar que la historia crea mecánicamente las condiciones de la revolución y las presenta luego a pedido del partido, siempre en bandeja. "Aquí estamos, firmen el recibo, por favor". Eso no sucede jamás. Una clase debe, en el curso de una lucha prolongada, forjar una vanguardia que pueda encontrar su camino en una situación dada, que reconozca a la revolución cuando ella golpea a su puerta. Que sepa en el momento necesario tomar el problema de la insurrección como un arte, elaborar un plan, distribuir los papeles y dar el golpe de gracia feroz a la burguesía. Y bien, el Partido Comunista alemán no encontró en sí mismo, en el momento decisivo, esta capacidad, esta habilidad, este carácter y esta energía. Para comprenderlo mejor, imaginemos por un instante que en Octubre de 1917 nosotros hubiéramos comenzado a vacilar y a decir: "Esperemos un poco. La situación no es lo suficientemente clara". A simple vista, pareciera que la revolución no es un oso que desaparece en el bosque, si no se la hace en Octubre se la hará más adelante. Pero esta idea es radicalmente falsa. No tiene en cuenta las diferentes relaciones cambiantes entre todos los factores que hacen a una revolución. La condición más inmediata y más profunda para la revolución es que las masas estén listas para hacer la revolución. Pero esta disposición no puede ser preservada. Es necesario que sea utilizada cuando ella se manifiesta. Antes de Octubre, los obreros, los soldados, los campesinos, marchaban detrás de los bolcheviques. Pero esto no significaba para nada que ellos mismos fueran bolcheviques, es decir, que fueran capaces de seguir al partido bajo todas las condiciones y en todas las circunstancias. Habían sido cruelmente decepcionadas por los mencheviques y los SR y es por eso que seguían al partido bolchevique. Su decepción con respecto a los partidos conciliadores provocaba en ellos la esperanza de que los bolcheviques serían más duros y que demostrarían que no estaban hechos del mismo palo que los otros, y que no habría gran diferencia entre sus palabras y sus actos. Si en esas circunstancias, los bolcheviques hubieran manifestado dudas y tomado una posición dilatoria, entonces, en poco tiempo, ellos habrían sido asimilados por las masas a los mencheviques y a los SR, y se habrían alejado de ellos tan rápidamente como se habían acercado. Es exactamente de esta manera como un cambio fundamental se habría producido en la relación de fuerzas. Pues, qué es de hecho la relación de fuerzas. Es una concepción muy compleja hecha de elementos diferentes. Entre ellos, algunos que son muy estables, como la técnica y la economía, que determinan la estructura de clase; en la medida en que la relación de fuerzas está determinada por los efectivos del proletariado, del campesinado y de las otras clases, se trata también de factores verdaderamente estables. Pero con un efectivo dado por una clase, su fuerza depende de su grado de organización y de la actividad de su partido, de las interrelaciones entre el partido y las masas, etc. Estos factores son menos estables, particularmente en un período revolucionario. Y es precisamente de éstos de los que hablamos aquí. Si el partido revolucionario, que la lógica de los acontecimientos ha colocado en el centro de la atención de las masas trabajadoras, deja pasar el momento crucial, entonces la relación de fuerzas cambia completamente, porque las esperanzas de las masas, despertadas por el partido, son reemplazadas por la desilusión o por la pasividad y la profunda desesperanza, y el partido no cuenta a su alrededor más que con aquellos elementos que ganó sólidamente y por largo tiempo, a saber, la minoría. Es lo que pasó el año pasado en Alemania. Todo el mundo, inclusive los obreros socialdemócratas, esperaban del Partido Comunista que sacara al país del callejón sin salida en que se encontraba: el partido fue incapaz de transformar esta espera general en acciones revolucionarias decisivas y conducir al proletariado a la victoria. Es por eso que, después de octubre-noviembre, comenzó el retroceso del espíritu revolucionario. Es también esto lo que ha dado la base del refuerzo temporario de la reacción burguesa, ya que ningún otro cambio más profundo (en la composición de clase de la sociedad, en la economía) habría sido capaz de provocar esto en ese momento. En las últimas elecciones (4 de mayo de 1924), el KPD obtuvo 3.700.000 votos. Es seguramente un núcleo muy pequeño del proletariado. Pero hay que evaluar esa cifra de manera dinámica. Está fuera de duda que, de agosto a octubre del año pasado, el KPD, en las mismas condiciones, habría obtenido un número infinitamente más importante de votos. Por otra parte, muchos elementos sugieren que, si las elecciones habrían tenido lugar dos o tres meses más tarde, los votos del KPD habrían sido menos numerosos. Esto significa, en otros términos, que la influencia del partido está declinando. Sería absurdo cerrar los ojos ante esta situación: la política revolucionaria no es la política del avestruz. A pesar de esto, es necesario tener una comprensión clara del significado de este hecho. Ya mencioné que los partidos comunistas no están exentos de la fuerza de las leyes de la dialéctica y que su desarrollo se realiza en las contradicciones, a través de los booms y de las crisis. En un período de alza del flujo revolucionario, la influencia del partido sobre las masas crece rápidamente; en un período de reflujo, esta influencia se debilita y el proceso de selección interno se intensifica en los partidos. Todos los elementos que por casualidad se acercaron al partido se retiran; el núcleo del partido se concentra y se endurece. De esta manera, se prepara para un nuevo alza revolucionario. Una estimación correcta de la situación y un punto de vista claro del futuro, nos preservan de errores y de decepciones. Ya hemos visto hasta qué punto esto es verdad en relación con la cuestión de los booms y de las crisis industriales de la posguerra. Nosotros lo constatamos nuevamente con la entrada de Europa en una fase neorreformista. Ahora nos hace falta comprender, con toda la claridad posible, la etapa que atraviesa Alemania, si queremos saber lo que el mañana nos va a deparar. Después de la derrota de 1905, nos hicieron falta siete años antes de que el movimiento, estimulado por los acontecimientos de la guerra, comenzara a organizarse, y nos hicieron falta 12 años antes de que la Segunda Revolución diera el poder al proletariado. El proletariado alemán sufrió el año pasado una muy grande derrota. Necesitará un intervalo de tiempo verdaderamente considerable para digerir esta derrota, sacar partido de la experiencia, recuperarse, juntar sus fuerzas una vez más, y el KPD solamente estará en condiciones de asegurar la victoria del proletariado si él también aprovecha plena y totalmente las enseñanzas de la experiencia del año pasado. ¿Cuánto tiempo será necesario? ¿Cinco años? ¿Doce años? No podemos dar una respuesta precisa. Podemos solamente expresar que el ritmo de desarrollo, en el sentido de cambio radical de la situación, es hoy mucho más rápido que antes de la guerra. En el campo económico, nosotros vemos que las fuerzas productivas se entrecruzan muy lentamente y, al mismo tiempo, alzas y bajas se suceden en la coyuntura mucho más a menudo que antes de la guerra. Se puede observar el mismo fenómeno en política también. El fascismo y el mencheviquismo se suceden rápidamente; la situación de ayer era profundamente revolucionaria y hoy la burguesía parece triunfar en toda la línea. En esto consiste el carácter profundamente revolucionario de nuestra época. Y este carácter de nuestra época nos obliga a inferir que la victoria de la contrarrevolución en Alemania no puede durar mucho tiempo. Pero hoy, nosotros observamos los fenómenos de reflujo y no de flujo (revolucionario), y naturalmente, nuestra táctica debe acomodarse a esta situación.

1 de diciembre de 1996
Para una historia de la IVª Internacional

Combats et Debats de la IVª Internationale de François Moreau Desde la Historia de la IVª Internacional, de Pierre Frank (1), no se conocía prácticamente ningún otro texto (2) que reuniera información acerca de la trayectoria de la organización fundada en 1938 por León Trotsky y el movimiento trotskista (como tal, data virtualmente desde 1923, como expresión de la continuidad del programa y la acción del movimiento obrero revolucionario mundial, en los inicios de la burocratización stalinista de la IIIª Internacional). La obra de François Moreau es más amplia que la anterior, y tiene un alcance hasta pocos años atrás. La comparación con aquella Historia es obligada, porque este intento de resumir combates y debates de la IVª, tiene como su antecesora el signo inconfundible de un panegírico de la corriente que se reclamó como su unica sucesora, tras la crisis de 1951/3, que culminó en la escisión de la IVª. Se trata de quienes se identificaron tras las siglas de Secretariado Internacional (SI) de 1951 hasta 1963, y luego actuaron -hasta el presente- como Secretariado Unificado (SU) -o Tendencia Mayoritaria Internacional (TMI)-. Sus principales dirigentes fueron, primero, Michel Pablo, después Ernest Mandel durante casi 30 años, y en la actualidad, Daniel Bensaïd. La obra es meticulosa en registrar el supuesto predominio de esta corriente en los diferentes Congresos internacionales (del 95% en el famoso IIIº de 1951, que provoca la escisión; en el IVº de 1954, el "70% de los que estuvieron representados en el anterior", y siempre proporciones por el estilo, que parecieran expresar una autoridad sin par). "En efecto -dice F. Moreau a modo de conclusión- la IVª Internacional (es decir el SU) representa hoy, de lejos, el principal cuadro organizativo que se reclama del trotskismo; es quien reagrupa al mayor número de miembros, al mayor número de secciones nacionales, a las organizaciones más significativas, sobre el mayor número de continentes … Ninguno de los comités internacionales que pretendieron reconstruir la Internacional en el curso de los últimos 35 años ha logrado lo mismo, ninguno puede compararse ni de lejos con la IVª Internacional". El esfuerzo por registrar este supuesto desarrollo organizativo no se compadece, sin embargo, con el objetivo que se enuncia en el título de la obra. Es que los debates, la exposición de ideas, la argumentación de las tesis que llevan a las crisis de la organización, brillan por su ausencia, y los principales problemas que hacen al desarrollo de la IVª son relatados con enorme liviandad o pasados directamente por alto. Hay una ausencia total de rigor, y aun de citas o referencias bibliográficas puntuales, que ayuden al lector a orientarse en algún tema o período. Se desprecia, en síntesis, la lucha programática. El desprecio hacia las sectas -como se llama en el libro a todos los críticos del SI/SU-, con todo, tiene el mismo signo de superficialidad que caracteriza toda la argumentación apologética del accionar de aquella corriente. A pesar de todo esto, el libro está cargado de referencias a la extraordinaria lucha librada por los trotskistas en decenas de países para abrirse un camino entre las masas, ilustra acerca de la audacia y el arrojo militante, práctico e intelectual, de los trotskistas en las peores condiciones, cuando las demás corrientes del movimiento obrero abandonaban el terreno, lo que hace que, a pesar de las enormes limitaciones políticas del texto, brinde una oportunidad de acercarnos a la historia de la lucha del movimiento trotskista a escala mundial. El libro contiene, en este sentido, dos "Anexos", que reúnen: el primero, una resumida crónica de todos los agrupamientos y reagrupamientos que cronológicamente se han reivindicado del legado y de la lucha por la reconstrucción de la IVª los que a la fecha de la finalización del libro (sin considerar entonces más que dos reagrupamientos morenistas) sumaban, según F. Moreau, once (3) ; el otro, es sobre las "fuentes" de orden general que se reunieron para el trabajo, las que siendo relativamente abundantes, todo indica que se explotaron escasa y superficialmente. Resulta también llamativo el desprecio de otros materiales, que no pudo desconocer el autor; todo esto redundará lógicamente en la falta de seriedad para fundamentar los principales combates y debateslibrados en nombre de la IVª. François Moreau fue uno de los principales dirigentes de la organización canadiense del SU y editor de su periódico La Gauche, hasta su temprana muerte en septiembre de 1993, a la edad de 37 años. A través del relato del libro, trataremos entonces de comprender los combates y debates que jalonaron al movimiento trotskista. Tendremos así la oportunidad, también, de verificar cuán lejos llegó el pablismo-mandelismo en el abandono del programa obrero revolucionario. La postración al être a la mode de la opinión pequeñoburguesa, que caracterizó históricamente a esta corriente, ha llegado, al presente, a un agudísimo grado de descomposición. La lucha por "una nueva Internacional revolucionaria de masas", dice F. Moreau, concluyendo su obra, "nadie sabría predecir aún como se formará", y deja planteadas sus dudas: "¿puede ser que un nuevo partido obrero de masas, independiente, como el PT brasileño, lance un llamado a formar una nueva Internacional obrera, independiente del stalinismo y la socialdemocracia? (¡El PT, que ha recogido lo peor de aquéllos, y que gobierna de la mano de los grandes capitalistas, incluido el recientemente electo intendente de Porto Alegre, que responde a la sección del SU!) ¿Puede ser de una evolución de las direcciones revolucionarias centroamericanas, que conduzca a una convergencia sobre la base de principios suficientes para formar un reagrupamiento internacional que incluya a la IVª Internacional? (¡El sandinismo, que ha concluido en un pacto con la contra, la Iglesia y el imperialismo!) ¿Pueden ser las sacudidas en curso en los países del Este que conduzcan a la refundación del movimiento comunista sobre nuevas bases?" (¡Pero si todas las alas del movimiento comunista hace rato que no son más que variantes restauracionistas diferentes de la burocracia!). El nombre del trotskismo está sirviendo a esta gente como cobertura para cualquier felonía. Así, no es de extrañar que D. Bensaïd, que prefació la edición del libro en 1994, deseche allí con total desparpajo la tesis fundamental del programa fundacional de la IVª: "¿Si la crisis de la humanidad se reduce después de medio siglo a su crisis de dirección, por qué toda nuestra buena voluntad no habría acertado en su resolución?". Los primeros capítulos de Combats… reconstruyen los orígenes de la IVª desde 1933, cuando la Oposición de Izquierda, después que el stalinismo entrega inerme al proletariado alemán a manos del fascismo, llega a la conclusión de que no queda otro camino que fundar una nueva Internacional. La IIIª bajo el dominio stalinista se ha transformado en un "cadáver". Es éste el período más conocido de la historia de la IVª, fundamentalmente a partir de las obras de León Trotsky. Evitamos entonces detenernos en esos capítulos, para concentrarnos directamente en la etapa posterior al asesinato de Trotski a manos de un sicario del stalinismo. La IVª frente a la guerra F. Moreau da una descripción muy interesante de las fuerzas que componen la IVº al estallar la guerra, sobre sus posiciones en el movimiento obrero y su solidez. Pocos meses antes, en agosto de 1938, en el momento de su fundación, contaba con "algunos millares de miembros en el mundo", en "grupos afiliados en 28 países, pero, en la mayoría de los casos, sus efectivos eran endebles". Estas cifras no consideran a la "sección fundacional soviética, que fue la más importante numérica y políticamente, eliminada físicamente en los campos stalinistas". "A pesar de esta debilidad numérica, las organizaciones trotskistas jugaban un rol importante en la lucha de clases de muchos países. La sección indochina gozaba de una influencia de masas adquirida durante la lucha por la independencia de Vietnam; su candidato conquista la intendencia de Saigón en 1938… En los Estados Unidos, el Socialist Workers Party (SWP) había jugado un rol central en muchas huelgas duras que marcarán su ascendiente sobre el sindicalismo industrial, especialmente la huelga de los hoteles de New York y la huelga de los camioneros de Minneapolis. En Francia, la lucha política de los trotskistas a favor del frente único entre los socialistas y los comunistas había tenido un impacto real…". Este desarrollo, para la época, viene a demostrar el carácter relativo del llamado raquitismo de la IVª. Siempre se abusó de esto para escamotear un examen en profundidad de sus dificultades; si se considera la bancarrota organizativa (no hablemos ya de la política) en que se encontraban las organizaciones tradicionales en los principales países, el capital de la IVª no era en absoluto despreciable. Ciertamente, cuando entre los propios seguidores de Trotsky se manifiestan, en ese período, síntomas de desánimo, como ocurrió en el mismo congreso fundacional de la IVª en agosto de 1938 en el sentido de cuestionar, por ejemplo, su puesta en pie, se está expresando la debilidad de las nuevas camadas y el peso de las derrotas que venían sacudiendo al movimiento obrero mundial en los 15 años anteriores. Con el asesinato del viejo en México, en un momento de reacción política sin precedentes a escala mundial, con la burocracia stalinista en un pacto con Hitler, las tendencias a la desmoralización golpearon profundamente las puertas de la IVª. Se expresaron básicamente, como bien lo informa F. Moreau, en torno a dos cuestiones políticas centrales: la defensa de la URSS y la práctica del "derrotismo revolucionario" en los países imperialistas. Ambos fueron los dos grandes combates de Trotsky antes de su muerte. Respecto al primer punto Trotsky dejó una obra monumental de extraordinaria vitalidad, En Defensa del Marxismo. La "endeblez" de la IVª no estaba en las insuficiencias de su programa, sino en la débil estructuración de sus cuadros y en la escasa experiencia de los mismos. Pero esto mismo ratifica la justeza del apuro, si se quiere, de León Trotsky por poner en pie la IVª. Porque para preservar la continuidad teórica y práctica del marxismo y armar programáticamente a los destacamentos capaces de actuar en los grandes acontecimientos revolucionarios que sobrevendrían a la carnicería imperialista (y sobre los cuales reposaban todos los análisis de la IVª), habría necesariamente que estructurar una sólida vanguardia obrera en una organización centralizada (lo que por otra parte, el trotskismo venía planteando desde 1933). Aunque F.Moreau no saca esta conclusión, de lo que él informa se desprende que la dirección de la joven organización cuartainternacionalista, después del asesinato de León Trotsky, fue virtualmente quebrada políticamente. "La corriente que exigía la revisión de la posición sobre la URSS obtiene el cuarenta por ciento de los votos en el congreso del SWP de 1940 y deja la organización poco tiempo después para constituir un grupo distinto. La lucha de tendencias en el SWP americano había repercutido también en los otros países, sobre todo en Francia, y en el seno del Secretariado Internacional (SI) elegido en el Congreso de 1938, del que muchos de sus miembros habían emigrado a New York al inicio de la guerra. La mayoría entre ellos se pronuncia por la oposición americana, revirtiendo la posición adoptada en el congreso mundial, lo que crea una situación más bien extraña, ante la imposibilidad de reunir las instancias de la IVª Internacional para reemplazarlos". Más adelante, agrega: "Por una parte, las relaciones con Europa estaban cortadas, y por la otra, el SI se vio desaprobado por el SWP americano … la mayoría de los miembros del SI se sumaron a la tendencia aparecida en 1940 en las filas del SWP, que rechazaba la caracterización de la URSS como Estado obrero y se oponía a su defensa". Esa corriente (liderada por Shachtman) va a terminar renegando del marxismo y desapareciendo en el curso de pocos años. Aunque F. Moreau no se lo proponga, está diciendo que se ha producido una crisis política en la dirección de la IVª, que socava la posibilidad de la organización de actuar. Ni Pierre Frank, ni Jean Jacques Marie, señalaban este problema. Por lo general, se cargó siempre la responsabilidad de la inacción de la IVª en los golpes represivos que sufrió un verdadero genocidio, mediante la ejecución de valiosísimos cuadros a manos del nazismo y el stalinismo. Pero todo indica que ese exterminio sólo pudo tener los resultados catastróficos que alcanzó, en términos de paralización de la acción cuartainternacionalista, en el marco de la pérdida de rumbo de la dirección de la IVª Internacional. El libro informa sobre las cuestiones que suscitan debates en la IVª, pero su abordaje no permite comprender claramente la naturaleza de los problemas. F. Moreau reconoce que "la marcha victoriosa del nazismo arrojaba en el pánico a la mayor parte de la izquierda y conducía a muchos a revisiones teóricas monstruosas". Cita así el caso de "la dirección del grupo trotskista alemán", que va a asumir el planteo de la defensa de un nuevo período de "revolución democrática" en los países imperialistas ocupados. F. Moreau no lo dice, pero esta posición va a ser asumida por el secretario del Comité Ejecutivo de la IVª, Jean Van Heijenoort (Marc Loris), quien va a desenvolver abiertamente esta tesis. Estamos hablando ahora de la fracción del SI que se mantuvo junto al SWP liderado por Cannon, y leal supuestamente a los planteos de la IVª. Marc Loris es el mismo dirigente que va a defender, en América Latina, la tesis de la "equivalencia" entre las burguesías de los países oprimidos y opresores, y que va a negar todo valor a la tareas de emancipación nacional aquí (¡en los países imperialistas, que habían culminado hacía tiempo sus tareas nacionales, sí; en los países atrasados, donde cumplían históricamente aún una función progresiva, en cambio, no!) (4). Las posiciones de este tipo significaban un abandono total de las posiciones que había enarbolado la IVª. El Manifiesto "Frente a la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial", redactado por León Trotsky y adoptado por una conferencia internacional reunida en Nueva York entre el 19 y el 26 de mayo de 1940 (5), criticaba por anticipado cualquier conducta impresionista frente a un avance mayor del hitlerismo sobre otras naciones de Europa, y ratificaba el pronóstico cuartainternacionalista acerca de las perspectivas revolucionarias, planteando la necesidad de promover el derrotismo en todos los países imperialistas. F. Moreau describe crudamente cómo los imperialismos democráticos no dejan en ningún momento de actuar en su carácter de potencias coloniales, y cómo explotan la guerra para desangrar inescrupulosamente a los pueblos de la URSS en primer lugar, y del mundo entero. "En plena invasión alemana, el gobierno francés había rechazado hacer retornar las escuadras estacionadas en Siria… no había nada peor para la burguesía francesa que aquello que comprometía su imperio en Medio Oriente". Después de la invasión alemana a la URSS, roto el pacto germano-soviético por imperio de los hechos, y mientras los imperialismos democráticos entraban en negociaciones con la burocracia, éstos "continuaban el estacionamiento de sus principales contingentes armados en sus colonias, en lugar de enviarlos a combatir a las tropas alemanas o japonesas, revelando así sus verdaderas prioridades". En los países coloniales, los trotskistas, en esas condiciones, dice F. Moreau, "jugaron un rol importante en muchos países", curiosamente donde todo indica que los lazos con el centro dirigente estaban rotos. Es el caso "especialmente en Vietnam, en Indonesia, en la India y en Ceylán (Sri Lanka). Existió una guerrilla de inspiración trotskista en Birmania, los comunistas de bandera roja. Lamentablemente, su fuerza en organización nunca estuvo a la medida de su influencia de masas, lo que los hacía víctimas preferidos de la represión que se abatía en todas partes sobre ellos: no solamente de las autoridades coloniales, sino también de los nacionalistas burgueses y los stalinistas". A pesar de las enormes dificultades que dominan la actuación de los trotskistas, en toda esta primera etapa en Europa bajo la ocupación nazi, van a ocupar precisamente en este período, antes del gran ascenso que deviene después de la derrota nazi en Stalingrado y de la sublevación italiana que acaba con los fascistas, un rol fundamental en la resistencia. Resistencia que en esta primera etapa no es generalizada, pero que de haberse encontrado estructurada en torno a una perspectiva de conjunto que la IVª, como organización, había perdido, a pesar del titánico esfuerzo de diferentes grupos aislados en muchos países, habría colocado probablemente a la IVª con posiciones más sólidas para la etapa siguiente. Quebrado de hecho el centro dirigente y rotas las relaciones internacionales por la guerra (pero fundamentalmente, derivado de lo anterior) (6), hay sectores trotskistas que vacilan, y que van a llevar en Francia, durante los dos primeros años de ocupación, una orientación que tiene muchos puntos en común con la del grupo alemán exiliado allí del que ya hablamos: estos sectores, creyendo que la ocupación nazi va para largo, se plantean actuar en las organizaciones colaboracionistas. F. Moreau no habla de esto. Destaca, en cambio, que "los trotskistas fueron efectivamente los primeros en lanzarse a la resistencia, desde 1940, cuando los partidos comunistas buscaban todavía arreglarse con los ocupantes nazis, en el cuadro del pacto germano soviético de 1939". Los stalinistas, en este período, diciendo practicar también una táctica derrotista, obraron en realidad como colaboracionistas del gobierno de Vichy, es decir, de la ocupación nazi, tal como se los obligaba su obediencia a la burocracia. Es indudable que lo que dice F. Moreau es cierto en lo fundamental. Fue en este período que estamos analizando, que el "RSAP holandés (una organización que se reclamaba trotskista, aunque no formó parte del congreso fundacional) informa F. Moreau tuvo un rol de primer orden en la huelga general de 1942 contra la deportación de los judíos, lo que llevó a la ejecución de Henk Sneevliet, principal dirigente de la organización". Trotskistas franceses y alemanes van a darse una táctica de derrotismo revolucionarioextraordinaria, para llevar a la práctica entre las tropas alemanas de ocupación. Van a publicar Arbeiter und Soldat (obrero y soldado), un periódico en alemán, dirigido a las tropas nazis, ¡entre las que se construyen células clandestinas!, llamándolas a la solidaridad obrera internacional contra todos los gobiernos imperialistas. Los trotskistas se afirmaban en la convicción de que las tropas de ocupación iban a terminar desintegradas, como efectivamente ocurrió. La resistencia, dominada por elementos stalinistas después de 1941/2, se oponía a toda idea de fraternización revolucionaria, levantando el planteo nacionalista reaccionario de "a cada cual su boche" (despectivo respecto al alemán, planteando una línea de venganza, que transformaba al obrero-soldado alemán, que era una víctima de la guerra, en el supuesto victimario de los pueblos de los países ocupados). "Los principales implicados en ese trabajo fueron finalmente descubiertos y fusilados", informa F. Moreau. Los trotskistas van a sufrir la pérdida de cuadros fundamentales durante la guerra, la mayoría de ellos muertos en los campos de concentración, cuya maquinaria industrial de exterminio los imperialismos democráticos nada hicieron por detener. Sobre esto dice muy poco F. Moreau. Pero es altamente probable, a la luz de recientes investigaciones, que los trotskistas estuvieran a la cabeza de los levantamientos en los principales ghetos y campos, que terminaron a pesar de su heroísmo, todos ellos en tremendas masacres (7). No tenemos documentación de otras manifestaciones de cómo los trotskistas practicaron el derrotismo en los diferentes países imperialistas. Pero es evidente que no lo hicieron en todas partes de una manera mecánica e idéntica, y mucho menos bajo una forma pasiva o pacifista. F. Moreau no agrega más nada, pero es conocida la táctica que recomendó Trotsky para los EE.UU., por las discusiones que desenvolvió con los dirigentes del SWP antes de su muerte. No conocemos qué resultado se sacó de ello (y aun si se implementó efectivamente y cómo). Consistía en exigir la elección de los oficiales mediante la voluntad popular, una orientación dirigida a transformar al Ejército en una milicia popular, apuntando a canalizar el espíritu democrático que llevaba a los trabajadores a enrolarse, en nombre de la causa, contra el totalitarismo fascista. De esta forma, ésta no quedaba reducida a un ajuste de cuentas entre bandidos imperialistas. Se abría así una brecha para plantear un programa de reivindicaciones contra la guerra imperialista, junto a reivindicaciones obreras y socialistas para el propio país. F. Moreau sí da cuenta de la lucha que libran los trotskistas para impedir la política de los PC "de bloquear o ahogar los movimientos huelguísticos en los países anglo-sajones en el curso de la guerra", en tanto los militantes cuartainternacionalistas "sufrían la represión por su rol en esos movimientos, tanto en Gran Bretaña, en los EE.UU. como en Canadá. Dieciocho dirigentes del SWP fueron condenados a penas de 12 a 18 meses de prisión por su denuncia de los objetivos de guerra imperialistas del gobierno americano". Los trotskistas frente al gran ascenso Al igual que Pierre Frank y Jean J. Marie, F. Moreau coincide en que los trotskistas quedaron reducidos, sobre el final de la guerra, a la "impotencia", sin ninguna posibilidad de modificar los acontecimientos, precisamente cuando estalla una situación revolucionaria en los principales países capitalistas de Europa la más importante del capitalismo hasta el presente, exactamente como lo había previsto la IVª. ¿Cómo fue posible que la corriente política mejor preparada haya sido reducida prácticamente a la nada? Es indudable que la reconstrucción de las organizaciones que mandelistas y lambertistas llaman siempre tradicionales, como ya vimos, no partía de ninguna autoridad de éstas por su comportamiento en los primeros años de la guerra. No basta, entonces, con el cliché tradicional, del que hace uso y abuso F. Moreau, como que "la disposición de medios y de efectivos infinitamente más fuertes" de esas organizaciones…; o que "el factor tiempo es crucial en política, sobre todo en los períodos de crisis revolucionarias, pues ellas no duran eternamente". F. Moreau reconoce que "difícilmente se podrían imaginar condiciones más favorables para la conquista del poder" (por la clase obrera), en un cuadro en que "los partidos burgueses estaban frecuentemente desacreditados por su colaboración con el ocupante". En Francia y en Italia, los PP.CC. se transforman, objetivamente, en los factores determinantes de la reconstrucción del Estado, lo que provoca "efectivamente dice F. Moreau un principio de ruptura de la vanguardia obrera con el stalinismo". El jefe del PC francés, llegado directamente desde Moscú, hecho vicepresidente del gobierno de De Gaulle, proclama que lo primero de todo (es para los trabajadores) producir, que la huelga es un arma de los trusts y ordena desarmar a los maquis tras la consigna un solo Estado, un solo Ejército, una sola policía. Los trotskistas, en los acontecimientos cruciales que recorren a las grandes masas, están reducidos a la impotencia, porque en lo fundamental están reducidos a una lucha faccional respecto a la actitud a asumir frente al movimiento de la resistencia de los maquis y la reconstitución del movimiento popular bajo el dominio del frente popular, que revela el abismo y la discontinuidad que se ha producido entre los militantes trotskistas. De todo esto, hay un silencio total en la obra de F. Moreau. Los trotskistas se encuentran divididos, incluso, en términos de organizaciones diferentes, entre una posición capituladora frente al gaullismo, y otra sectaria que embloca a toda la resistencia en el campo de la reacción. Luego de la reconstitución de un Secretariado Europeo en febrero de 1944, se produce una reunificación del trotskismo francés, sobre una base de compromisos que tiene ya la simiente de los enjuagues característicos de los acuerdos oportunistas de los períodos posteriores. Por medio de una política de concesiones mutuas, que permite que cada uno interprete las resoluciones a su modo, los trotskistas no van a lograr abrirse camino hacia las masas. Van a volver a refractar las características de organizaciones cerradas de los períodos de reacción política del pasado, en un período de extraordinaria iniciativa de las masas. Todo lo cual va a llevar a un progresivo abandono de las caracterizaciones políticas previas del movimiento trotskista. La incapacidad para dotarse de un programa para la acción en un período excepcional de lucha de clases, lleva ulteriormente a la degeneración. Pierre Frank, en 1968, va a decir en su Historia, que "la colaboración (entre la URSS y las democracias imperialistas) contribuirá a dar a la resistencia un carácter de clase ambiguo". François Moreau, haciendo un balance de la actuación de los trotskistas en este período, llega, 20 años después, a la conclusión de que la IVª falló en su pronóstico fundamental respecto al derrumbe del stalinismo. Según F. Moreau, la "tesis" de que "en un caso (una revolución política) o en otro (su caída bajo los golpes de la agresión nazi) el stalinismo sería eliminado", no se dio. Todo el análisis de la IVª habría fallado en consecuencia, porque "Trotsky aparentemente había subestimado la amplitud de la derrota sufrida por la clase obrera soviética a manos de la burocracia stalinista". A partir de aquí, F. Moreau olvida lo que él mismo había mostrado acerca del desprestigio previo del stalinismo (del período del pacto con Hitler), y de la reacción que provocó entre las masas su política de reconstrucción del capitalismo en toda Europa occidental. El stalinismo llega, según F. Moreau, a "la cumbre de su prestigio y su influencia sobre las masas obreras europeas" tras "la victoria soviética sobre la Alemania hitleriana". Como se puede ver, la confusión no puede ser mayor. Por un lado, la política de coexistencia pacífica (en realidad, de contrarrevolución inducida por medio de las direcciones traidoras lo que no siempre se logra pacíficamente, como ocurre concretamente en Grecia, donde se marcha abiertamente a una guerra civil) es presentada como inductora de un cambio progresivo de la resistencia bajo el dominio directo del imperialismo democrático (la ambigüedad de la que habló Pierre Frank); por el otro, el impresionismo que provoca la conducta del stalinismo, que envuelto en acontecimientos revolucionarios que quiso evitar, y no pudo, va a explotar los mismos de la forma más pérfida. Pero sin lugar a dudas, esos acontecimientos minaron históricamente su monolitismo, llevando a los primeros grandes cismas de su aparato internacional (el titismo y el maoísmo, que rompiendo los compromisos de Stalin con los imperialismos democráticos, van a conducir empíricamente a las masas por la vía de la revolución) y a que las masas soviéticas y del glacis sufran, bajo la forma de una brutal opresión consentida por supuesto por el imperialismo la "supervivencia" del stalinismo (¡según algunos estudios, la represión a las masas populares después de la guerra hasta 1953, cuando muere Stalin, fue la peor de todas las épocas!). ¡Por esto es que el prestigio de la URSS es hasta fomentado por el imperialismo, que antes y después de la guerra fría, actúa favoreciendo abiertamente a las organizaciones stalinistas en Occidente, allí donde por falta de otros recursos no tiene a quién recurrir! ¡Contradictoriamente, el stalinismo sobrevive no gracias a la política de Stalin, a sus aciertos, sino al fracaso de sus pronósticos y su estrategia! El stalinismo sobrevive en una situación de impasse de la revolución mundial, que es el fruto de un ascenso sin precedentes de las masas como sólo fue capaz de pronosticar el trotskismo que es contenido in extremis por el stalinismo. F. Moreau descarga virtualmente sobre las masas soviéticas la responsabilidad por la ausencia de un desenlace revolucionario en Occidente y en la propia URSS, y anula la razón de ser de un partido marxista revolucionario: "la removilización de las masas obreras soviéticas sobre la que Trotsky contaba no se produjo, al menos en gran escala. La burocracia stalinista se mantiene firmemente en su sitial". Antes había dicho que "el ascenso de las luchas obreras en el mundo, al final de la guerra, no encuentra más que un límite en la URSS". La derrota del hitlerismo habría sido mérito de la burocracia, no de las masas. Como si la represión que se descarga sobre ellas no fuera la expresión del pánico de la burocracia a que éstas le pasen la factura de sus errores previos (¡Stalin había descabezado al Ejército Rojo en vísperas de la entrada de la URSS en la guerra y confió hasta el último instante en su pacto con Hitler!). Como se ve, la bancarrota no puede ser más completa. No es difícil comprender, entonces, por qué la IVª, en el teatro fundamental de los acontecimientos, sale incluso del período de ascenso de la posguerra con "las fuerzas trotskistas reducidas, como dice F. Moreau a una escala grupuscular". De la incapacidad para dotarse de un programa, se va a desarrollar lentamente toda una concepción que va a conducir al seguidismo a la burocracia staliniana, que más tarde, a partir de 1948, se va a expresar en el terreno de las ideas, plasmándose plenamente en el IIIer. Congreso internacional de 1951. La descomposición pablista. El III er. Congreso Internacional A sus dificultades políticas, la militancia trotskista sufre después de la barbarie del hitlerismo la represión de las democracias, y fundamentalmente, del stalinismo (y aun de aquellos que, rompiendo empíricamente con él, se mantienen presos de sus esquemas y prejuicios). F. Moreau lo describe así para los principales países: "La sección vietnamita, la más influyente antes de la guerra, había sucumbido bajo la represión combinada de los japoneses, de los británicos (que ocuparán brevemente Vietnam del Sur), de los franceses y del Partido Comunista Vietnamita (PCV); su líder, Ta Thu-thau, fue asesinado por un stalinista vietnamita. Las secciones de Europa oriental conocerán la misma suerte bajo la ocupación soviética; ellas se encontraban entre las más fuertes antes de la guerra, sobre todo en Polonia y en Checoslovaquia. La sección griega, muy influyente en la Resistencia, fue diezmada por una doble represión, la de las fuerzas imperiales contra los comunistas y la de los stalinistas contra los trotskistas"(8). La obra de F. Moreau no da cuenta de las luchas políticas libradas por los trotskistas en este período crucial, pero señala despectivamente que el movimiento cuartainternacionalista estaba ganado por la "atmósfera de recalentamiento de la época". El sentido de estas palabras, como se va a ver, no es otro que cuestionar todas las afirmaciones anteriores sobre las potencialidades revolucionarias del período abierto en la posguerra. Cuando se reúne el Congreso de la IVª, a fines de mayo de 1948 (el segundo congreso internacional, casi 10 años después del primero) las organizaciones trotskistas dirimen, una vez más, un debate dice F. Moreau con "los partidarios de una revisión de la posición trotskista sobre la URSS", "una pequeña minoría, cuya influencia se limitaba en lo esencial a Francia y Gran Bretaña. Cornelius Castoriadis el hoy conocido filósofo posmoderno iría a romper con la sección francesa para lanzar la revista Socialismo y Barbarie", evolucionando al poco tiempo hacia posiciones contrarrevolucionarias. Según dice F. Moreau, en esa época la IVª "continúa caracterizando a los países de Europa del Este como estados capitalistas. El congreso mundial rechaza las enmiendas planteadas por el Revolutionary Communist Party de Gran Bretaña, que concluía ya que eran Estados obreros degenerados bajo el modelo de la URSS y que era necesario entonces defenderlos contra el imperialismo occidental". F. Moreau se pregunta si "la expansión aparente del stalinismo (no) parecía contradecir directamente la tesis trotskista clásica que señalaba que la URSS era una formación social inestable y transitoria; ¿no se trataba más bien de un régimen estabilizado y más aún en vías de reforzarse?". Al poco tiempo del Congreso, se produce la ruptura de Tito con Stalin y el violento ataque del último contra el primero. La IVª se alinea con Tito y "las secciones europeas organizarán brigadas de jóvenes para ir a Yugoslavia para ver la realidad y poder contarla ". F. Moreau describe implícitamente el error de las falsas ilusiones de la dirección de la IVª, ya que al poco tiempo Tito "sostiene la posición americana en la guerra de Corea", buscando apoyarse en el imperialismo frente a la burocracia rusa. "La toma de posición de la IVª Internacional a favor del Norte en la guerra de Corea dice F. Moreau provoca una escisión en Gran Bretaña en 1951, de donde surge el grupo de los Socialistas Internacionalistas IS. Este grupo propone una actitud de neutralidad en la guerra de Corea, así como ante la eventualidad de una guerra mundial, pues consideraba a partir de ahora a la URSS como capitalista e imperialista". En ese lenguaje deliberadamente poco riguroso del libro, F. Moreau informa que es "en esta época, (que) la perspectiva de una nueva guerra mundial dominaba los espíritus. Pero esta vez se tratará de una guerra entre la Santa Alianza capitalista e imperialista bajo la dirección de los Estados Unidos, de una parte, y el bloque de los Estados obreros burocráticos bajo la dirección de la URSS, por el otro. La IVª Internacional no sería neutral en un conflicto tal". La guerra fría va a suplantar, así, en la dirección de la IVª a la lucha de clases. F. Moreau señala lo fundamental de estas posiciones. "En estas condiciones se podía esperar que la burocracia de Moscú imprimiera una orientación ultra radical a los partidos comunistas en la lucha contra los gobiernos burgueses, pues se trataba de una cuestión de vida o muerte para ella misma. Los tiempos de los regateos con el imperialismo habían terminado". Como recuerda el autor, Michel Pablo, va a hablar de "siglos de transición". En el IIIer. Congreso Internacional, reunido en 1951, sólo la mayoría de la sección francesa va a oponer resistencia a esta monstruosa degeneración. F. Moreau reproduce, con un dejo de desprecio, esas críticas, que destacaban "que Pablo subordinaba las masas a la burocracia staliniana", al decir que aquéllas actuaban como "una fuerza suplementaria que vendría a sumarse a las fuerzas materiales y técnicas del Estado Obrero". Aunque "la dirección francesa tienta oponer a Ernest Mandel frente a Michel Pablo, en su lucha contra el primero" (9), "los documentos sometidos por la dirección internacional fueron adoptados por una mayoría del 95%", incluyendo destaca F. Moreau al "SWP americano (que) particularmente se solidariza con la dirección internacional". El viraje que se impone a partir de este Congreso se completa con la táctica de "la integración de los trotskistas en los partidos de masas", esto es, con el entrismo. A excepción dice F.Moreau de los partidos entonces "más influyentes de la IVª", el Lanka Sama Samaja Party (LSSP), de Ceylán, y el Partido Obrero Revolucionario (POR), de Bolivia, y de la organización chilena no se explica aquí porqué, se aprueba esa táctica que implica "sólo el mantenimiento de un sector independiente que continuaría produciendo en cada país las publicaciones abiertamente trotskistas". Para F. Moreau, "se trataba de un balance implícito (del fracaso) de la orientación del IIº Congreso a favor de la construcción de partidos trotskistas de masas". Estas posiciones van a llevar, tempranamente, a escisiones de diferentes grupos "ultrapablistas" el término es de F. Moreau, los casos más destacados en los EE.UU., Gran Bretaña y Canadá, que abiertamente "preconizan la disolución de la IVª Internacional y la adhesión a los partidos comunistas en todos los países" (10). Se hace del entrismo, así, toda una orientación apologética y rastrera extrema del stalinismo. En América Latina, esto lo va llevar a cabo el secretariado regional, bajo la dirección de Posadas, que va terminar rompiendo con la IVª a principios de los 60. El propio Michel Pablo va a terminar, poco después, de la misma manera, actuando abiertamente como asesor del gobierno nacionalista de Ben Bella de esto nos informa F. Moreau, como luego lo van a hacer otros dirigentes trotskistas en otros países (en nuestro continente, el caso más conocido es el del peruano Bejar con el gobierno de Velazco Alvarado). Si se trata de hacer un balance dice F. Moreau "los historiadores del movimiento revolucionario… reconocerán sin dudas a la dirección internacional de los años cincuenta el inmenso mérito de haber impedido la degeneración sectaria de la IVª Internacional". La crítica de F. Moreau al pablismo se hace claramente por derecha, ya que considera virtualmente infundados por "catastrofistas" los análisis de entonces de la IVª, porque son siempre "la celebración de ascensos revolucionarios cada día más fuertes". Del supuesto retroceso de este período, F. Moreau extrae una regla sobre el comportamiento de los PP.CC.: "¿Por qué dice los partidos stalinistas pegan frecuentes virajes a la derecha en los períodos de ascenso de las luchas, y virajes a la izquierda en los períodos de recule?". Pretende justificar así, con esta tremenda idiotez, los desatinos de la corriente que representa, que por la vía del entrismo llevó a la extinción de sus principales secciones europeas. F. Moreau describe, así, la "paradoja" de la sección italiana, "víctima del más grande éxito por su trabajo entrista en el seno del Partido Comunista Italiano (PCI)", porque cuando en 1968/9 deciden formar organizaciones independientes, las "oposiciones" que ellos habían contribuido a forjar "impiden la progresión de la sección italiana durante años".

1 de diciembre de 1996
Lecturas sobre la restauración del capitalismo en China

Reform and Reaction in Post-Mao China. The Road to Tienanmen (recopilación de estudios editados por Richard Baum) Si algo ha caracterizado al proceso de la restauración capitalista en los Estados obreros burocratizados, desde el punto de vista intelectual o científico, ha sido la completa impotencia de la ciencia social burguesa para dar una explicación de conjunto del fenómeno, para explicar sus causas y para descubrir las gigantescas (y revolucionarias) contradicciones que engendra -tanto en los países donde se restaura el capital como en el mercado mundial de conjunto. A diferencia del marxismo, que señaló el carácter restauracionista de la burocracia y la inviabilidad de un desarrollo socialista encerrado en el marco de las fronteras nacionales, que señaló el carácter social transitorio -contradictorio- de los llamados estados socialistas, el cual, en última instancia, sería resuelto en la arena de la lucha de clases mundial, la ciencia social burguesa caracterizó a los regímenes burocráticos como monolíticos y sólo visualizó su derrumbe como una consecuencia de la presión militar externa (guerra). Los marxistas, en cambio, pronosticaron que no sólo era probable y hasta posible, sino que en definitiva, o en última instancia, era inevitable que si la revolución no lograba triunfar en la mayor parte de los principales países capitalistas, la presión del capitalismo mundial terminaría revirtiendo por completo las victorias o los alcances de la revolución y se produciría entonces la restauración del capitalismo. El imperialismo y la burocracia establecieron, luego de la Segunda Guerra, un ordenamiento político mundial que tenía por objeto el aplastamiento de la revolución mundial; la creciente integración política (acuerdos armamentistas, organismos internacionales, etc.) y económica (endeudamiento) de la burocracia con el imperialismo fue la vía por la cual aquélla pretendía escapar a las contradicciones insolubles de sus regímenes. Los límites precisos e insalvables de esa integración no eran otros que las bases sociales antagónicas de uno y otra: la propiedad privada capitalista, de una parte; la propiedad estatizada, la economía planificada y el monopolio estatal del comercio exterior, de la otra. La ciencia social burguesa, en cambio, elaboró la llamada teoría de la convergencia, según la cual, "la lógica del desarrollo económico era tan apremiante que en el curso de la industrialización, los sistemas capitalista y socialista se volverían más y más semejantes, superando las diferentes estructuras políticas que hasta entonces los habían hecho incompatibles" (1). Cuando el proceso de la restauración capitalista y de derrumbe de los regímenes burocráticos se manifestó en toda su dimensión, el marxismo pudo recurrir a todo su arsenal teórico para caracterizar que estábamos en presencia de "una crisis mundial … que se refiere al momento en que la descomposición mundial del capitalismo (sistema mundial) adquiere la forma de crisis políticas y revoluciones, la cual integra a los Estados obreros burocratizados, ya vinculados a la circulación económica mundial, y a la burocracia como un agente de la burguesía mundial en el seno de los Estados Obreros. El desarrollo de la crisis mundial es el desarrollo de la crisis conjunta del imperialismo y la burocracia … Si no se considera la integración económica ya operada entre los Estados obreros y el imperialismo, y, en particular, la implementación de la política fondomonetarista por parte de la burocracia y la rebelión de las masas contra esas políticas y contra las burocracias que la llevan adelante, no se puede entender el carácter histórico de la crisis, ni mucho menos, sus alcances revolucionarios de conjunto" (2). La ciencia social burguesa, huérfana de explicaciones, debió recurrir a la formulación de nuevas teorías. Casi todas ellas tienen en común presentar al proceso de la restauración capitalista en los Estados obreros burocratizados y el derrumbe de esos regímenes como un fenómeno pasivo, abstracto y circunscripto. De esta manera, ocultó el carácter de la restauración capitalista como un proceso de expropiación de los trabajadores y encubrió el papel que juegan en él las clases y las capas sociales fundamentales: la burocracia, que actúa como un factor consciente de la restauración, en la que ha encontrado la vía para defender sus privilegios frente a las rebeliones y a las revoluciones de sus propias clases obreras, y el imperialismo mundial, que pretende encontrar en la restauración del capitalismo una salida para la sobreproducción mundial de mercancías y capitales, y para elevar la tasa de beneficio mediante la radical ampliación del trabajo asalariado sujeto a la extracción de plusvalía. Pero por sobre todo, estas teorías le servían para ocultar que la restauración del capitalismo en los Estados Obreros burocratizados es, antes que nada, una expresión de la crisis mundial. La ciencia social burguesa revela con estas teorías que sigue presa de lo que Marx, hace más de un siglo y medio, caracterizó como el "fetichismo de las mercancías": la ilusión de que las mercancías y las categorías económicas que se derivan de ella tienen una vida independiente, cuando en la realidad, abstraen relaciones sociales reales y concretas. El libro de estudios sobre las reformas de mercado en China que ha compilado y editado Richard Baum (3), profesor de ciencias políticas de la Universidad de California – Los Angeles (UCLA) y estudioso de la China moderna, es un perfecto ejemplo de la tendencia de la ciencia social burguesa a disolver los conflictos sociales que desembocaron en la restauración del capitalismo en China -y los que se derivan de ella- como un fenómeno tecnológico. Así, en su "Epílogo", donde pretende resumir y extraer una conclusión de los trabajos presentados por otros investigadores, Baum escribe que "Huntington y Brzezinski (los creadores de la teoría de la convergencia, LO) (junto con la mayoría de los estudiosos de los sistemas comunistas) fracasaron en anticipar los tumultuosos eventos de 1989/90 porque no apreciaron plenamente los potentes efectos políticos y sociales, no de la industrialización per se, sino de tres fenómenos postindustriales críticos: a) la creciente participación de los países socialistas en las transacciones internacionales que envuelven transferencias de capital, de tecnología y de manpower (es decir, la interdependencia global); b) el fin del control de las relaciones socialistas de intercambio provocado por las mejoras en la productividad orientadas por el mercado (mercantilización comercial); y c) el concurrente revolucionamiento tecnológico de los medios de comunicación de masas (la revolución informativa). En conjunto, esas tres fuerzas tuvieron un profundo efecto catalítico sobre los sistemas leninistas en todos lados, llevándolos a una serie de reformas sociales, económicas y políticas virtualmente no soñadas apenas una década atrás" (4). El libro de Baum recoge una serie de trabajos de distintos investigadores sobre diversos aspectos de las reformas de mercado que han tenido lugar en China desde 1978 y que han convertido a la República Popular, más de quince años después, en el mayor centro mundial de acumulación del capital. Como ya se ha señalado, las conclusiones, corren por cuenta del propio Baum. Si hemos comenzado precisamente por estas conclusiones es porque ilustran, de conjunto, sus limitaciones insalvables. Para Baum, como para la opinión mayoritaria de la ciencia social burguesa, la historia no la hacen las clases sociales los hombres y mujeres de carne y hueso que luchan por su existencia y las superestructuras políticas partidos, Estados que se erigen sobre la división clasista de la sociedad. Para Baum, la historia se ha convertido en el dominio de oscuros y abstractos conceptos que actúan por encima de los hombres y las clases, y con completa independencia de éstos. En resumen, una versión completamente idealista y a-histórica de la historia, donde la tecnología ha venido a jugar el todopoderoso papel que antes ocuparon, sucesivamente, Dios y la Razón. Salta a la vista la esterilidad de semejante enfoque a la hora de comprender las causas de la restauración del capitalismo en los Estados obreros y, por sobre todo, a la hora de formular un pronóstico sobre su desarrollo. La Revolución Cultural o por qué la burocracia china se hizo reformista Las reformas de mercado tuvieron su partida de nacimiento en las resoluciones del Comité Central del PCCh adoptadas en diciembre de 1978, bajo la inspiración de la fracción de Deng Xiaoping -que había desplazado de la dirección del partido a la fracción de Hua Kuofeng, designado por Mao como su heredero. El primer aspecto de la reforma fue la descolectivización del campo: fueron eliminadas las comunas rurales que habían dominado el campo chino durante los veinte años anteriores y se permitió a las haciendas familiares vender libremente una parte de su producción; en la misma dirección, se las autorizó a alquilar al uso de la tierra (aunque no su propiedad), dando inicio a un proceso de concentración de la tenencia de la tierra de labranza. Al mismo tiempo, los gerentes de las miles de empresas estatales recibieron libertad para acumular una parte de los beneficios obtenidos y se los autorizó a diversificar sus operaciones y a adoptar sus propias decisiones en materia de precios, inversiones, compras, ventas y apertura a nuevos accionistas. Posteriormente, se autorizó la subcontratación de las empresas estatales "al mejor postor, quienes las manejaban como empresas virtualmente privadas" (5). Consecuentemente, el Estado abandonó la centralización de la economía para contentarse con orientar a los mercados mediante instrumentos fiscales y monetarios. Finalmente, se crearon zonas económicas especiales, en las que se autorizó la libre radicación de capitales externos y la formación de empresas mixtas entre el gran capital extranjero y las empresas estatales descentralizadas, "que rápidamente tuvieron un impacto dramático tanto en el comercio como en la inversión" (6). ¿Por qué la burocracia eliminó, de buenas a primeras, la centralización de la decisiones y el monopolio del comercio exterior, y favoreció la penetración del capital extranjero y su asociación con las empresas chinas? Es decir, ¿por qué adoptó una política que no podía menos que provocar la destrucción de las bases sociales del Estado que ella misma gobernaba? Para Nina Halpern, una de las investigadoras recopiladas por Baum (7), "la lucha por la sucesión que siguió a la muerte de Mao fue una importante fuente de sentimientos reformistas". La explicación, sin embargo, no explica nada: la dirección del PCCh estuvo dividida en fracciones irreconciliables desde comienzos de la década del 60, que sostuvieron violentas disputas por el poder … sin que, sin embargo, emergiera entonces una política restauracionista como la que triunfó en 1978. Lo que corresponde explicar es por qué, después de la muerte de Mao, surge un programa abiertamente restauracionista y por qué la fracción que lo defiende logra imponerse sobre sus adversarios. Halpern parece dar un paso en la dirección correcta cuando señala que "la Revolución Cultural fue la segunda mayor fuente de reformismo" (8) … pero enseguida retrocede, al afirmar que "entre las víctimas del movimiento, la Revolución Cultural engendró tanto la creencia de que una excesiva concentración del poder podría ser peligrosa como la percepción de la necesidad de regularizar e institucionalizar los trabajos del sistema político. Al mismo tiempo, las privaciones económicas y políticas que sufrieron la mayoría de los grupos de la población durante la Revolución Cultural, y la consecuente deslegitimación del sistema político, motivaron un intento para restablecer la legitimidad política" (9). Aunque cueste creer que esto fue escrito después de Tienanmen, para esta investigadora, la política restauracionista establecida en 1978 constituye un intento de reconciliación de la burocracia con la sociedad. Otro de los investigadores presentados por Baum, presenta una visión diametralmente opuesta. Para Lowell Dittmer, "los dirigentes reformistas chinos también tenían su propia vía dolorosa para recordar; pero en su caso no era la cuestión de haber sido intimidados por el aparato represivo del Estado y del partido comunista, sino el de haber sido aterrorizados por la furia desatada de las masas movilizadas por Mao. Donde la dictadura stalinista dejó un penetrante aparato represivo, la forma de despotismo populista de Mao dejó como herencia una norma particularmente destructiva de participación de las masas" (10). Naturalmente, resulta un despropósito equiparar al aparato represivo estatal del stalinismo con la movilización de masas de la Revolución Cultural. Esto porque aunque un burócrata aislado e incluso todos ellos, individualmente pudiera temer a la policía política stalinista, el aparato represivo del Estado era la propia creación de la burocracia y su instrumento de defensa frente a las masas trabajadoras. Por el contrario, la burocracia china, como casta, tenía todo para temer de la movilización de los trabajadores … aun cuando ésta se hubiera iniciado bajo el auspicio de una de sus fracciones. Es precisamente por este último aspecto, por el terror que le impuso a la burocracia en su conjunto, como casta privilegiada, que la Revolución Cultural jugó un papel decisivo en impulsarla por el camino de la restauración. La Revolución Cultural fue iniciada por la fracción maoísta, cuando pretendió zanjar la crisis abierta en el aparato del PCCh recurriendo a una movilización limitada de las masas, con el objeto de depurar a los elementos hostiles a Mao que, poco antes, habían intentado desplazarlo de la dirección. Pero lo que se inició como una maniobra de aparato se convirtió, rápidamente y por la intervención de las masas, en una crisis política general y aun en una semi-guerra civil. Primero los estudiantes y luego los obreros, comenzaron a plantear sus propias reivindicaciones sociales; comenzaron las grandes huelgas, el surgimiento de organizaciones obreras independientes y el planteamiento de reivindicaciones políticas: el derecho a criticar no sólo a los privilegiadosenfrentados a Mao sino a todos los privilegiados; la libertad de prensa y de partidos "que no se opongan al socialismo" y un régimen basado en el modelo de la Comuna de París. En el curso de la Revolución Cultural comenzaba a delinearse el programa de la revolución política. El vuelo que estaba tomando la movilización obrera llenó de temor a la propia burocracia maoísta que la había desencadenado. Entonces, actuando en representación de la burocracia en su conjunto, Mao ordenó abrir fuego contra la izquierda y pasó a la represión directa sobre el movimiento obrero y los estudiantes. Fue la fracción maoísta -y no sus opositores- la que derrotó al enorme movimiento de masas que fue la Revolución Cultural. "La Revolución Cultural no fue una revolución política: aun sus elementos más izquierdistas no se proponían derrocar a la burocracia sino, apenas, renovarla y planteaban la regeneración del socialismo en un marco estrechamente nacional. Sin embargo, sirvió para dejar en claro el abismo que separaba a las masas de la burocracia, la potencialidad de la revolución política contra la burocracia y la enorme debilidad de ésta ante las masas. La victoria de la burocracia maoísta le dio al régimen político un grado de independencia respecto de los trabajadores como nunca había gozado con anterioridad. Casi de inmediato, la burocracia china comenzó a buscar una defensa y un punto de apoyo en la colaboración contrarrevolucionaria con el imperialismo a nivel mundial. Los acuerdos firmados por Nixon y Mao en 1971 contenían en germen, por así decirlo, el proceso de restauración capitalista, que no tardó en manifestarse abiertamente con la disolución de las comunas agrarias y la creación de las zonas económicas especialescosteras" (11). La burocracia impulsó la restauración capitalista para defender sus privilegios, amenazados por la impasse económica y política en que había desembocado la construcción del socialismo en un solo país, y por el agotamiento político del régimen, que el odio de las masas durante la Revolución Cultural puso en evidencia. La Revolución Cultural fue, para la burocracia china, lo que el surgimiento de Solidaridad fue para la burocracia soviética: la evidencia de que, para enfrentar a las masas trabajadoras, debía buscar una asociación todavía más estrecha con el imperialismo mundial, lo que significaba abrir plenamente la economía de los Estados obreros a la penetración del capital y asociarse a éste en la explotación del trabajo asalariado de sus proletariados, en calidad de clase propietaria. En China, como en la URSS y en toda Europa del Este, el proceso de la restauración capitalista es un movimiento defensivo de la burocracia -y del imperialismo mundial- frente al peligro de la insurgencia revolucionaria de las masas. Este aspecto, que es el central y decisivo a la hora de precisar las causas y los orígenes de los procesos de la restauración capitalista, se les escapa por completo a los investigadores que nos presenta Baum. La función social de la corrupción Dos de los trabajos que presenta Baum son investigaciones acerca de la generalizada corrupción de la burocracia china a partir de las reformas de mercado: el primero se refiere a la corrupción urbana (12); el segundo, a la rural (13). Squires Meaney señala que "Las reformas proporcionaron algunas oportunidades nuevas y estructuralmente determinadas para ciertas formas de corrupción y los motivos para tomar ventaja de ellas. En particular, la economía dual del plan y del mercado que emergió después de las reformas expandió, en gran medida, las oportunidades para la usura y la especulación. La reforma de mercado … creó una suerte de híbrido, una economía de dos velocidades de plan y mercado, en la cual aquellos con conexiones oficiales podrían beneficiarse de la disparidad de los precios (del Estado con los de los mercados libres), de la información interna y del acceso a las mercancías. Entonces, lo que emergió como consecuencia de la reforma de mercado fue … no un verdadero mercado, sino una plétora de redes protegidas por los cuadros del partido y los burócratas del Estado, que actuaban en secreto Muchas organizaciones del Estado (y los cuadros del partido que servían en ellas) fueron dominadas por redes de cuadros dedicadas enteramente a hacer dinero (mediante) actividades que habitaban una zona gris entre lo legal y lo ilegal. Las cantidades de dinero involucradas aumentaron en gran medida como consecuencia del llamado de los reformistas a hacerse rico y por la apertura a la inversión externa y al comercio internacional. La apropiación de organizaciones oficiales por el interés privado de los cuadros y la carrera por hacer rápidas diferencias financieras alimentaron la práctica nepotística de los cuadros de ubicar a sus hijos u otros miembros de su familia en posiciones financieramente ventajosas. "Era evidente la multiplicación de corporaciones creadas por ministerios y burós y la diversificación de las corporaciones administrativas (con el objeto de) participar en la especulación. El número de las empresas estatales reportadas de estar envueltas en la especulación da vértigos. De acuerdo con China Daily, 250.000 de las 360.000 nuevas compañías organizadas bajo las reformas de mediados de 1987 estaban involucradas en la venta y reventa de mercancías y materias primas, beneficiándose de las disparidades entre los precios fijados por el Estado y los precios de mercado … (y) con los préstamos estatales subsidiados a las compañías que se hubieran creado bajo las reformas … Había una diferencia cualitativa con lo que ocurría en el pasado (porque ahora) el principal propósito de la nueva actividad era simplemente hacer diferencias financieras …". "Las operaciones de las compañías usureras eran facilitadas por el empleo de cuadros retirados, que podían tomar ventaja de sus conexiones e influencia para ayudarlas a revender mercancías, bienes de capital y aumentar los precios … Los economistas de la República Popular China comenzaron a referir este fenómeno como la monetización o comercialización del poder administrativo … "(14). Meaney también hace notar el enorme papel que juegan las masivas inversiones externas en la ampliación de la escala de las prácticas corruptas. Jean Oi, por su parte, reporta más de quince formas habituales de corrupción rural "comúnmente citadas" en la prensa china: abarcan desde "la desigual distribución de bienes provistos por el Estado, tales como fertilizantes" a la "confiscación de bienes de los campesinos bajo pretextos ilegales", pasando por otros tales como "la deducción ilegal, por parte de los cuadros, de parte de los ingresos de los campesinos por ventas al Estado", o el cobro de peajes para acceder a los mercados locales (15). En consecuencia, "las haciendas familiares de los campesinos chinos son actualmente más dependientes de la buena voluntad y del patronazgo de los cuadros locales que antes de las reformas" (16). O lo que es lo mismo, la dominación de la burguesía se ha reforzado y la condición social de los campesinos se ha agravado como consecuencia de las reformas. Semejantes descripciones de la privatización del aparato estatal en beneficio de la burocracia ilustran acabadamente el carácter no socialista, sino crecientemente capitalista, de las relaciones sociales que defiende el Estado chino y, en consecuencia, el carácter no obrero del Estado. La calidad de los trabajos de Meaney y Oi, en lo que se refiere a los métodos y formas de corrupción, hace resaltar muy claramente lo que es su debilidad fundamental: ninguno de los dos investigadores se preocupa por descubrir cuál es la función económica y social de esta corrupción masiva. Si lo hicieran, podrían explicar muy rápidamente por qué "los dirigentes del partido y del Estado se mostraron incapaces de dar una efectiva respuesta" al incremento de las actividades corruptas (17). La restauración capitalista es un proceso enormemente destructivo de las fuerzas productivas. Como lo revela toda la experiencia mundial, el saqueo inmisericorde de las riquezas nacionales por parte de la burocracia es un aspecto decisivo de la restauración: este saqueo es uno de los medios fundamentales a través del cual la burocracia logra convertirse en una clase propietaria. Contra lo que sostiene Oi, lo que ha cambiado con las reformas no es que ahora la burocracia "puede adquirir riquezas legítimamente (y gastarlas de la misma manera)" (18). En realidad, la burocracia nunca sufrió al problema de una supuesta imposibilidad de gastar las riquezas que había acaparado; al revés, su problema real era que estaba obligada a consumirlas, porque no podía acumularlas, ya que no existía el derecho a la propiedad privada; ni tampoco podía transmitirlas a sus hijos, porque no había leyes de herencia. Ahora, con las reformas y con el derecho a la propiedad privada y a la herencia, que recibieron rango constitucional en 1982, la burocracia puede transformar sus afanes en propiedad privada. Esta es la función económica y social de la corrupción -alumbrar el nacimiento de la propiedad privada en China- y es esta función económica y social precisa la que ha desatado una lucha sin cuartel entre los burócratas por la apropiación de los recursos nacionales. Tan decisivo es este saqueo para la transformación de la burocracia en una clase social propietaria, que un vocero del gran capital mundial no dudó en caracterizar que las reformas llevaron "en Moscú, Pekín y Hanoi" a "los depredadores al poder" (19). La depredación, sin embargo, es apenas un aspecto de la reconversión capitalista de la burocracia, que se completa con su integración a la circulación mundial a través del comercio, de las inversiones en el exterior y de las inversiones externas en China, de la asociación capitalista de las empresas estatales chinas con los grandes pulpos financieros e industriales del mundo, para la explotación en común de la clase obrera china. Meaney sostiene que la corrupción es "desintegradora" (20) … pero sólo por referencia a las relaciones sociales y al Estado establecidos por la revolución de 1949. Pero es perfectamente integradora de la transformación de la burocracia en clase social propietaria … y de los superbeneficios que ha obtenido el gran capital asociado a ella. Así, "numerosos jefes de empresas estatales, como en Rusia, comenzaron a transferir los sectores más rentables o prometedores de sus firmas a empresas mixtas (con participación extranjera, llegado el caso) que ellos poseen en parte. Hasta la primavera de 1995, habían sido creadas 10.000 de esas empresas mixtas que implicaban a empresas del Estado, acaparando una parte significativa aunque no contabilizada de los bienes públicos, lo que equivale a un robo de esos recursos" (21). Reformas, democracia y libertades Uno de los temas recurrentes entre los estudiosos burgueses de los procesos de restauración capitalista es que las reformas de mercado deberían dar lugar, más tarde o más tremprano, a una democratización de los regímenes burocráticos. Esta es la opinión de Baum y la de todos los cientistas sociales que éste presenta. Quien va más lejos en esta dirección es Edward Friedman (22), para quien la democratización no sería ya una consecuencia, sino un requisito previo para la modernización. Así, Friedman escribe que "la democratización no sólo es posible, sino que en una era de continua revolución tecnológica global, la democratización puede facilitar la modernización de los regímenes (burocráticos)" (23). La identificación del mercado (capitalismo) con la democracia es históricamente falsa. La democracia es, apenas, una de las formas estatales a través de las cuales la burguesía ejerce su dominación social … pero, por supuesto, no es la única. La democracia es la expresión mistificada de la dictadura del capital y es el complemento político de la mistificación social del capitalismo, según la cual, al obrero se le paga todo su trabajo y no sólo una parte de él. Cuanto más universal es el desarrollo del capitalismo, mayores son las condiciones para la democracia, porque mayores son las posibilidades de someter a los explotados y al conjunto de la sociedad a una coerción velada por el mercado. Pero, precisamente, cuando las condiciones de la democracia han alcanzado su madurez, menores son sus posibilidades de desarrollo, porque con la universalidad del capitalismo también se universalizan sus contradicciones. Estos investigadores parecen desconocer la propia historia del capitalismo, que no se desarrolló bajo regímenes democráticos … a menos que se considere como tales a la Gran Bretaña del voto calificado de los siglos XVIII y XIX, la Francia de los Bonaparte, la Alemania de Bismarck o la Norteamérica esclavista. Más aún, en todos estos países, la ampliación de las libertades y derechos democráticos como la extensión del voto a toda la población, con independencia de su condición social o género fueron obtenidos en lucha contra la burguesía y contra su Estado, y muchos de los regímenes democráticos que conocemos como la República de Weimar o las democracias europeas de la posguerra fueron un recurso político de la burguesía para derrotar a la revolución proletaria. Si esto ha sido así en los países capitalistas más fuertes, ¡cuánto más lo será en los regímenes burocráticos, donde el proceso de restauración capitalista debe producir una confiscación económica general y catastrófica de la población trabajadora en beneficio de un puñado de burócratas que se hacen de la propiedad y la conservan ¡gracias a su monopolio del aparato del Estado! El cataclismo social que supone la restauración del capital no puede desarrollarse si no es a través de regímenes dictatoriales … aun cuando estén disfrazados de democracia como en Rusia. La tesis de los cientistas sociales burgueses cojea, además, de la otra pata. Sucede que el capitalismo no sólo no puede ser restaurado en los países en que fue expropiado más que por métodos dictatoriales; sucede, además, que los regímenes burocráticos no son reformables ni democratizables. Esto, porque como ya se ha señalado hace mucho (24), la burocracia no puede delegar el ejercicio del poder político base del sistema representativo porque no es nada sin el manejo del aparato estatal. Los burócratas que han usado sus puestos en el aparato del Estado y en las empresas estatizadas para enriquecerse, para asociarse con los capitalistas externos y, por estos medios, para transformarse en propietarios no pueden renunciar a estos puestos sin renunciar, también y por el mismo acto, a todos sus privilegios. En este sentido, es ilustrativa la investigación realizada por Nina Halpern (25). Allí se demuestra "la orientación no (e incluso anti) democrática de muchos de los reformistas económicos" y se recuerda que Zhao Ziyang uno de los más prominentes líderes del ala reformista del PCCh, defenestrado luego de Tienanmen "firmemente argumentó que la reforma económica no requiere democracia sino una dirección central firme". En consonancia, cuando estudia las movilizaciones que tuvieron lugar a partir de 1978 (el movimiento democrático de 1979/80, las manifestaciones estudiantiles de 1985, del verano de 1986/87 y abril-junio de 1989, las protestas del Tibet de 1987, las demostraciones de los musulmanes de Xinjiang y los reportes de huelgas en las fábricas e incidentes en el campo), Halpern hace notar que "el modelo de estas movilizaciones es decir, la naturaleza y características sociales de los grupos que se volvieron políticamente activos no se corresponde particularmente bien con los efectos directos de la reforma económica". Más aún, constata que los beneficiarios de las reformas no jugaron ningún papel -ni teórico ni práctico- en estas movilizaciones; en esta dirección, Halpern define a los "empresarios privados urbanos" como "políticamente inertes" (26). Estudiando más específicamente las movilizaciones de 1989 (Tienanmen), la investigadora señala que "no tuvieron precedentes en varios aspectos: el hecho de que tomara parte más de un millón de personas; el gran número de grupos sociales que participaron, y las nuevas formas de acción política que emergieron, incluyendo huelgas de hambre, formación de sindicatos obreros independientes y una petición encaminada a través de diputados del Congreso Nacional del Pueblo". Estas movilizaciones no se planteaban un programa de oposición a las reformas, pero denunciaban sistemáticamente el enriquecimiento de los burócratas … que era la consecuencia de las reformas. Así, "el asunto de la corrupción y los privilegios de los cuadros fue probablemente la mayor cuestión que unió a los estudiantes y a los cientos de miles de habitantes de Pekín que mostraron apoyo por ellos. El reclamo de los estudiantes de que los principales dirigentes dieran a publicidad sus ingresos y los de sus familiares es emblemático en este tema" (27). Aunque no es su objetivo, Halpern pone al descubierto las contradicciones que cruzaban al movimiento de 1989: mientras criticaban el enriquecimiento de los cuadros no se planteaban el derrocamiento de la burocracia sino abrir un cuadro de negociaciones con la burocracia apoyándose en su aula reformista … que es precisamente la que se ha enriquecido con las reformas que ella misma ha propiciado. Todo esto no debería extrañar porque, en realidad, la relación que existe entre el proceso de la restauración capitalista y la libertades democráticas es exactamente la inversa de la que sostienen los cientistas sociales burgueses. Ocurre que las reformas y las libertades son procesos antagónicos. A través del primero, la burocracia busca transformarse en una clase propietaria mediante la confiscación económica de las grandes masas; las movilizaciones y las libertades son los instrumentos con los cuales las masas pretenden defenderse de esa confiscación. Como ya se ha señalado, también hace mucho, la conquista de mayores libertades por las masas, mayores movilizaciones y organizaciones independientes, son un freno a la restauración, porque debilitan a la burocracia el principal actor de la restauración y su capacidad para proceder a la expropiación de los trabajadores. La incapacidad para comprender esta relación contradictoria y antagónica, llevó a la mayoría de los investigadores presentados por Baum a poner en duda la continuidad de las reformas como consecuencia de la masacre de Tienanmen: "muy incierta" es la expresión que utiliza Halpern, para resumir una opinión generalizada (28). Incluso, aquellos que como Baum o Friedman afirman que las reformas continuarán, lo hacen pensando en el largo plazo y como consecuencia de la acción de "los mercados globalizados y los flujos de información" (29), o de la "revolución tecnológica global permanente" (30). Hoy por hoy, dice Baum en el prólogo, "la reforma está en el limbo" (31). Compárense estos pronósticos con los formulados por los marxistas poco después de la masacre de Tienanmen "una derrota estratégica de los trabajadores chinos … acentuaría cualitativamente el proceso de la restauración capitalista, dislocaría definitivamente al Estado y conduciría, por otra vía, a la guerra civil" (32) y con lo que sucedió en la realidad: China se ha convertido, efectivamente, en el mayor centro mundial de acumulación del capital. El carácter de clase de las contradicciones creadas por las reformas El proceso de la restauración capitalista en China creó un conjunto de contradicciones enormemente explosivas. El crecimiento de la diferenciación social entre el campo y las ciudades, entre la costa y el interior, entre los beneficiarios de las reformas y la masa de los trabajadores es insoportable. El retroceso económico y social en el campo el primer campo de experimentación de las reformas ha creado una masa de 120 millones de desocupados rurales que deambulan de ciudad en ciudad en búsqueda de empleo y han puesto los servicios de transporte y de salud al borde del colapso. Al mismo tiempo, la tendencia a la ruptura del equilibrio entre la producción y el consumo de alimentos es creciente, lo que ha provocado la necesidad de importaciones masivas de granos. La apertura decretó la obsolescencia de decenas de miles de empresas estatales que han ido a la quiebra, han suspendido sus actividades o se mantienen funcionando con subsidios estatales. El retroceso de las estatales implicó la desaparición o el severo recorte de los servicios sociales salud, educación vivienda, esparcimiento, jubilaciones que éstas brindaban. La masa de desocupados creada por el retroceso de la industria estatal a los que hay que agregarle los que llegan del campo y la pérdida de importantes conquistas sociales obreras han convertido a las ciudades en auténticos polvorines sociales. Las reformas han creado un déficit fiscal estructural: mientras las empresas estatales, la principal fuente financiera del Tesoro, están en quiebra y la evasión de las empresas privadas es sencillamente fenomenal, el Estado está obligado a subsidiar a las empresas estatales, a importar granos y a subsidiar los alimentos que se venden en las ciudades para comprar la paz social. Además, "el gobierno ha perdido el control macroeconómico" (33) con la aparición de redes financieras y cambiarias paralelas … pero integradas por los propios bancos oficiales. El déficit fiscal y la pérdida del control macroeconómico por parte del gobierno traducen la pérdida de autoridad del centro sobre la periferia. Los caudillos de las provincias y de las principales ciudades han entrado en relaciones privilegiadas con los grandes capitalistas externos y los grupos de interés radicados en ellas que prevalecen sobre la autoridad gubernamental. Todo esto pone en evidencia la agudización de la fractura interna de la burocracia, enfrentada en una lucha a muerte por la apropiación de la propiedad. La desintegración de la burocracia, coinciden observadores de las más diversas procedencias, plantea el peligro de la feudalización de China. En este cuadro catastrófico, cada vez hay más reportes de huelgas obreras y de rebeliones campesinas. Para los cientistas sociales burgueses presentados por Baum, sin excepción, estas contradicciones serían la consecuencia de la aplicación apenas "parcial" del programa reformista … o, lo que es lo mismo, que el camino para resolverlas es ir, todavía más a fondo, por el camino restauracionista, integrando más plenamente a China al mercado mundial. A estos cientistas sociales les resulta imposible explicar por qué esas contradicciones, lejos de amortiguarse, se agudizaron brutalmente con el progreso de la restauración. La razón es que esas contradicciones son propias de un régimen social si no todavía capitalista, sí introductorio del capitalismo. No es esto, sin embargo, lo único que no pueden explicar. Sucede que las reformas han creado contradicciones explosivas no sólo en China. Como ya hemos señalado, la integración de China al mercado mundial ha alcanzado un punto en el cual, dialécticamente se transformó de factor de contención de la crisis económica mundial en su contrario: un factor fenomenal de dislocación del comercio internacional y de desorganización económica a nivel planetario" (34). China es decir, los capitalistas instalados en China han copado mercados mundiales enteros y han desplazado a algunas de las potencias históricamente dominantes del comercio mundial; la baratura de las exportaciones chinas se convirtió en un factor de deflación mundial, que tiende a agudizar la recesión y la tendencia a la quiebra industrial en los restantes países. En consecuencia, "una mayor integración de China al mercado mundial no sólo provocará inevitablemente una mayor sobreproducción en mercados ya de por sí saturados. Obligará, por sobre todo, a un completo reordenamiento del mercado mundial, es decir, desatará una crisis general que sólo puede ser resuelta por la vía de quiebras, convulsiones, conmociones y enfrentamientos" (35). Lo que los cientistas sociales no pueden ver es que el problema no es China sino el capitalismo mundial, que se encuentra en crecimiento vegetativo desde hace más de una década y que es incapaz de digerir la incorporación de China a la circulación mundial de mercancías y capitales. En resumen, lo que los cientistas sociales burgueses no ven y no pueden ver, por su carácter de clase es que China es, apenas, una expresión de la crisis mundial del capitalismo. El entrelazamiento de las brutales contradicciones abiertas económicas, sociales y políticas, internas y externas revelan que la restauración capitalista deberá superar, todavía, enormes choques y convulsiones sociales. No será entonces la inasible revolución tecnológica ni los no menos inasibles flujos informativos y de capital sino el choque entre las clases, los partidos y los Estados, en resumen, la lucha de clases tanto nacional como internacional, la que decidirá el destino de la partida.

1 de diciembre de 1996
«La industria que supimos conseguir»

de Jorge Schvarzer El libro de Jorge Schvarzer encierra una contradicción. Es un testimonio documentado e implacable sobre el fracaso histórico de la burguesía argentina en consumar la industrialización del país y, en definitiva, construir una Nación independiente. Concluye, sin embargo, con la vieja expectativa de que esa clase asuma esa tarea. El lector que se asome al texto de Schvarzer encontrará una recopilación rigurosa de las experiencias que, en casi 150 años, tipifican a la llamada clase empresarial como una clase parasitaria, antinacional y rabiosamente antiobrera, con una excepción: la experiencia que va del 68 al 75 y que continúa, hasta cierto punto, bajo la dictadura militar del 76. El autor se va a detener en el fracaso del proceso de colonización extranjera, y en particular yanqui, de la industria de todo el período anterior el decenio abierto por el gobierno de Frondizi, planteando que a fines de la década del setenta "una fracción de la élite argentina y latinoamericana comenzó a pensar nuevas vías frente a resultados que no había imaginado, pese a los antecedentes históricos; casi imperceptiblemente se fue volcando hacia políticas activas de control, al estilo de las que proponía Servan Schreiber para Europa" (pág. 264) (1). Schvarzer analiza tres grandes líneas de acción de la burguesía, en función de este cambio de actitud: la negociación con las empresas extranjeras radicadas en el país para elevar la cuota de producción nacional, la reorientación hacia Europa para disminuir la dependencia de los Estados Unidos, y el apoyo a la creación o el fortalecimiento de una gran industria local. Todos estos puntos estuvieron contenidos en las pautas programáticas del FREJULI, el frente con el que el peronismo accedió al gobierno en 1973. El imperialismo ya no es lo que era El supuesto de un sector de la burguesía y del peronismo era que la política internacional había sufrido una mudanza profunda, pasando de la "bipolaridad" (EE.UU.-URSS) a la "multipolaridad", caracterizada por la presencia de otros centros de poder internacional (Europa, Japón). Esto suponía el fin de la supremacía del imperialismo norteamericano y abría la expectativa de un desarrollo autónomo de las naciones burguesas atrasadas, sin romper con el imperialismo como tal. Era, además, la reproducción de otro mito que, al día de hoy, sigue presente en fracciones del centroizquierda: adjudicar un carácter perverso, salvaje, a una de las fracciones imperialistas, y concebir un desarrollo autónomo junto a otra, partidaria supuesta de un capitalismo humano. La teoría de un desarrollo independiente de los países atrasados, a partir de la existencia de diversos imperialismos, no se sostiene a sí misma y no tiene un solo ejemplo histórico que ofrecer. La lucha interna dentro del imperialismo es por el reparto entre los monopolios del mercado mundial y, en particular, de las naciones atrasadas, y esa lucha reproduce en forma constante el sistema de explotación de las colonias y semicolonias, porque ésta es la esencia misma del imperialismo. Sin una política monopolista, el capital financiero no puede contrarrestar el descenso de la tasa de ganancia, lo que supone mantener y acrecentar las desigualdades de desarrollo dentro de las diversas ramas de la economía dentro de la Nación y, a escala internacional, entre las diversas economías nacionales. Así como un pulpo obtiene su superganancia impidiendo la difusión a toda la economía de los adelantos tecnológicos, el capital imperialista sólo puede existir explotando las diferencias de nivel que existen en el desarrollo de las fuerzas productivas de los distintos sectores de la economía mundial, con el fin de asegurar la totalidad de la ganancia monopolizada. En los países atrasados, precisamente por su atraso, se emplea un elevado porcentaje de trabajo vivo y una baja cantidad de trabajo elaborado (medios de producción). Como la ganancia capitalista brota exclusivamente del trabajo vivo, la tasa de ganancia en los países atrasados es elevada, lo que tiende a compensar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en los países imperialistas. Esta explicación concluye en que el imperialismo tiene interés en mantener el atraso y en cerrar el paso a la industrialización del país (lo que se mide, no por la instalación de una o diez fábricas, sino en la productividad de la economía nacional en su conjunto). De todos modos, el "planteamiento internacional" del peronismo encajaba con la necesidad política de desviar a la juventud de una comprensión cabal del imperialismo, y crear la ilusión de un desarrollo nacional independiente, ahorrándose los costos de abolirlo. No bien subió el peronismo, toda esta caracterización se vino abajo y la crisis capitalista internacional (shock petrolero, inundación de "capital sobrante") reveló el status dominante del dólar y los Estados Unidos. ¿Una nueva oportunidad histórica? Schvarzer no cuestiona el "planteo internacional" del peronismo en este período, sino la forma de actuar del gobierno de ese entonces, aferrado "(al) país vendedor de carne como (a) la resignada visión de que esa actividad debía seguir bajo control extranjero" (269). Schvarzer, en realidad, tiene un acuerdo conceptual con quienes sostienen que los países atrasados pueden tener un desarrollo capitalista independiente y es más, que esta transición puede hacerse en un tiempo vertiginoso. Todo sería un problema de oportunidad y de apropiación. "El intento dinámico de copiar (máquinas, métodos, tecnologías) desembocó, siempre que fue exitoso, en la reforma de todo el sistema productivo de cada una de las naciones que emprendieron ese camino…", plantea Schvarzer, que pone el ejemplo de las naciones del Sudeste asiático como paradigma de las posibilidades abiertas: "ese salto (de las exportaciones textiles a otras producciones) fue tan rápido que ya casi se ha olvidado que Corea, igual que Japón, inició su industrialización exportando tejidos hace tres décadas". Schvarzer va a ir audazmente en esta dirección: los países atrasados tendrían ahora la oportunidad histórica de lograr un desarrollo capitalista acabado y en tiempos cada vez más breves: "se necesitó un siglo desde que se inició la Revolución Industrial para que Gran Bretaña duplicara su producto per cápita … Los Estados Unidos… medio siglo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el Japón tardó más de dos décadas y Corea sólo una para lograr los mismos resultados". ¿La clave?: "copiar resulta más rentable que inventar cuando se copia y se adapta con ingenio" (36). Peña contra Schvarzer No es cierto que Japón se haya sumado al puñado de países históricamente privilegiados, en los que la industria moderna modeló a su manera las relaciones de propiedad, "luego de la Segunda Guerra Mundial y en algo más de dos décadas". Japón comenzó suRevolución Industrial en 1868, bajo la Restauración Meiji, que impulsó desde el Estado la organización de conglomerados fabriles (zaibatsus) y, una década o más después de su lanzamiento, los vendió a precios simbólicos a familias de ex samurais o mercaderes de probada obediencia a la clique imperial. La acumulación de capital que posibilitó el financiamiento de la gran industria, se basó en una feroz explotación del proletariado japonés y en el carácter fuertemente oligopólico de la estructura industrial, que le permitió operar con escalas de producción gigantescas y, por lo tanto, más eficientes. Luego de la Segunda Guerra Mundial, la ocupación norteamericana disolvió los grandes monopolios y lanzó una reforma agraria, pero volvió sobre sus pasos en función de una reconstrucción del Estado capitalista japonés. Nada autoriza a considerar a Corea, como a otros enclaves del Sudeste asiático, como países que han cruzado la frontera de la relación semicolonial con las metrópolis. Lo que se rotula como "nuevas economías industriales" son, en realidad, enclaves de inversiones imperialistas con el doble objetivo de monopolizar ciertas ramas y utilizar el menor salario de los trabajadores para mejor competir con otros imperialismos. No existe desarrollo autónomo alguno desde el punto de vista tecnológico o financiero. The Economist acaba de plantear el vaciamiento (hollowing out) de la industria coreana, la inviabilidad de sus conglomerados económicos y la inevitabilidad de que sus capitales accionarios se "internacionalicen", como consecuencia de la apertura forzada de la Bolsa de Seúl. En síntesis, Schvarzer adopta el criterio de la evolución del producto per cápita, un criterio unilateral que fue refutado por Milcíades Peña hace tiempo y que obliga a una cita algo extensa: "la industrialización significa, en sentido estrictamente económico, mucho más que el simple crecimiento cuantitativo de la industria manufacturera, proceso que constituye sólo una parte de la industrialización. Esta implica un cambio fundamental en toda la estructura económica y la instalación de algunas fábricas, en un país que carecía de ellas, no significa que ese país se industrialice … Pero hay algo más importante. No es posible comprender la industrialización ateniéndose exclusivamente a su contenido económico (destacado de Peña). Industrialización significa sí, desarrollo de la composición técnica del capital (proporción en que se halla el número de obreros y de horas que éstos trabajan con respecto a la cantidad de máquinas y demás medios de producción, Ch.R.), sí, incremento y preponderancia en la producción de los medios de producción, etc. Pero implica y supone mucho más. Implica modificaciones de la estructura de la sociedad, ante todo modificaciones de las relaciones de propiedad. Vale decir, expropiación de las viejas clases propietarias y ascenso de nuevas clases al poder … "Industrialización, Pseudo industrialización y Desarrollo combinado" (Fichas, abril 1964). La verdadera historia Fruto de este enfoque, Schvarzer va a caracterizar unilateral o erróneamente cada una de las políticas "industrialistas" adoptadas por sucesivos gobiernos en las décadas del 70 y 80. ¿Cuáles son las herramientas con las que se pudo lograr que la industria, según Schvarzer, entrara en la crisis mundial de 1975-76 "en las mejores condiciones de su historia?"(288): La ley "Compre nacional"(1971), que privilegió a las empresas radicadas en el país en las compras del Estado, tratando de disminuir al mismo tiempo la salida de divisas frente a la crisis de la balanza de pagos y el déficit de las empresas estatales. Pero esta ley consagró un colosal mecanismo de confiscación del Estado por los grandes grupos económicos nativos, que surgieron y se consolidaron, en su inmensa mayoría, a través del monopolio y la sobrefacturación de las compras y contratos del Estado. El aporte estatal directo o el endeudamiento con aval del Estado para la creación de las nuevas empresas proveedoras de insumos básicos hierro primario, acero, aluminio, petroquímica, celulosa y papel para diarios, que dieron lugar a Aluar, Papel Prensa, al Polo Petroquímico, Celulosa o el "programa siderúrgico". Gran parte de estos proyectos nacieron a partir del giro nacionalista de la burguesía en la década del 70 y terminaron de instalarse muchos años después. El polo petroquímico de Bahía Blanca, por ejemplo, quedó completo en 1988, a veinte años de su lanzamiento. "No es posible saber cuánto costaron estos proyectos", comenta Schvarzer, "pero se estima que los subsidios de todo tipo representaron entre el 80 y el 100% de la inversión real", una cifra que el propio autor, que está a favor de estos emprendimientos, reconoce como "fantástica" (279). Esta mera intermediación, a través de la cual grupos de la burguesía obtuvieron llave en mano plantas consideradas estratégicas de manos del Estado, casi sin aportar tecnología ni recursos propios, es lo que estuvo detrás de las "empresas estratégicas". La política arancelaria, que protegió a gran parte de la industria afincada en el país y explica por sí sola el fortalecimiento de grupos nativos (Laboratorios Bagó, en virtud de la antigua Ley de Patentes, Fate, etc.). ¿Esta confiscación abrió alguna perspectiva a la industria? Los inmensos recursos volcados a los grandes pulpos nativos provinieron del congelamiento salarial de los trabajadores (en varios períodos de este ciclo), de una redistribución de los ingresos del agro en favor de la industria (a través de impuestos), y del endeudamiento externo. La pregunta es: ¿esta verdadera cruzada nacional en favor de los Techint, Acindar, Macri, Pérez Companc, Astra, Fortabat, Roggio, y las plantas automotrices extranjeras, significó el reforzamiento, la eficiencia y la penetración internacional de estos pulpos industriales?. Dicho de otro modo, ¿la burguesía industrial argentina, a través de este capitalismo de Estado, abrió una nueva perspectiva en relación al atraso, el parasitismo y la dependencia de la economía nacional? Tomemos el caso de Acindar. Esta planta, considerada una de las piezas claves del programa siderúrgico junto a Somisa y Siderca (Techint), fue instruida y apoyada por el Estado para producir acero con el sistema de reducción directa. Por esta vía, las plantas privadas se independizaron de la provisión de acero de Somisa y ésta se vio obligada a encontrar nuevos clientes para su producción, vía exportaciones o integración hacia abajo. El proyecto de un hólding integrado (que incluía Hipasam y Altos Hornos Zapla) no se concretó nunca, la protección estatal permitió un proceso de concentración en favor de Acevedo (Acindar) y Rocca (dueños de Siderca y hoy de Somisa), y la industria siderúrgica, al día de hoy, depende de un arancel del 22% para sobrevivir, en el cuadro de una crónica sobreproducción internacional. Acindar no tiene penetración propia en el mercado mundial, y su desenvolvimiento está condicionado a las presiones que ejercen sobre ella capitales norteamericanos y japoneses, que quieren monopolizar la producción de acero de la Argentina y Brasil. El proyecto de fabricar localmente celulosa y otros tipos de papel tuvo una suerte parecida. Una de las plantas previstas aún está en construcción, y "antes de inaugurada … es ya un ejemplo de obsolescencia" como reconoce Schvarzer; la otra, en manos de un grupo de empresas que se aseguraban el aprovisionamiento de materia prima, no ha pasado de fabricar para este mercado cautivo o directamente importar. En el caso del Polo Petroquímico, uno de los pulpos más involucrados en su gestación Garovaglio está prácticamente liquidado, la deuda acumulada por el Estado es gigantesca y el alto precio del crudo ha bloqueado el negocio petroquímico. Ninguno de los "hóldings" concebidos como estratégicos ha abierto una penetración independiente en el mercado mundial. Esto se expresa, deformadamente (porque gran parte de lo que aparece como comercio entre países son operaciones entre matrices y sucursales de una misma empresa), en las cifras y la composición de las exportaciones argentinas en el comercio mundial. Estas se mantuvieron estancadas en torno a los 15.000 millones de dólares (un 0,5% del total del comercio durante los últimos veinticinco años, con un salto en el último período por las ventas a Brasil), y están constituidas abrumadoramente por productos primarios. Otro indicador es el nivel de productividad de la economía, en el que la Argentina está a distancias siderales de los países imperialistas por los inmensos "costos", no de su mano de obra, sino de su condición semicolonial y atrasada (en primer lugar, la deuda externa). Para Schvarzer, sin embargo, aunque la decisión de construir grandes emporios industriales de capital local no fue llevada adelante en forma sistemática y careció de una planificación expresa, permitió "avances efectivos". Más precisamente, "el país instaló un conjunto de industrias básicas (y) logró ciertos objetivos … ciertas economías de escala y cierto grado de eficiencia que modificó el contexto productivo…". La política "industrialista" de este período, según el autor, abrió una oportunidad histórica, con frutos que "podrían haber resultado muy distintos si esa política hubiera continuado" (280). ¿Por qué no continuó? Por tres razones: el shock petrolero de 1973, que coincidió con una suba de los precios de todas las materias primas, incluidos los bienes pampeanos, y abrió una falsa expectativa en un "agro power"; el vuelco en el mercado financiero, "con excedente de liquidez y dispuesto a prestar el dinero sobrante", y "el avance de la ideología monetarista", desinteresada de la "producción". No plantea lo que importa: el fracaso de la experiencia "nacionalista" y del gobierno peronista, que cayó en cesación de pagos y pulverizado por el imperialismo y el capital, incapaz de reconstruir el Estado y disciplinar a los trabajadores. 1968-76: el ciclo nacionalista de la burguesía A fines de la década del sesenta, la burguesía nacional va a girar hacia el estatismo y el proteccionismo, luego de un período de feroz asociación con el capital extranjero. Desde la Libertadora en adelante, existió un violento ataque a las conquistas de las masas (el salario real cayó un 30% y la productividad casi se duplicó en el período 1955-69), un proceso de superexplotación obrera que fue la base de una colosal penetración del gran capital imperialista. Quince años después del golpe gorila, la política de asociarse al capital financiero había fracasado en toda la línea y sus resultados abrieron una deliberación en las filas de la burguesía: en esos quince años, las empresas nacionales habían perdido posiciones en forma vertiginosa, la deuda externa se había quintuplicado y la inversión externa había sido irrisoria, a pesar de todas las concesiones (las empresas extranjeras lograron apoderarse de una parte sustancial del aparato productivo casi sin aportar dinero). Ante este fracaso y el ascenso obrero iniciado con el Cordobazo, la burguesía argentina estuvo obligada "a recordarse a sí misma sus obligaciones nacionales". De este giro surgirán el conjunto de medidas proteccionistas de la industria nativa y el impulso a un puñado de pulpos, sobre la base de un proceso de confiscación de las finanzas públicas y endeudamiento externo de características colosales. Esta dependencia parasitaria y delictiva significó, a término, la quiebra del Estado y la entrega de las empresas públicas a los mismos grupos que se beneficiaron con los contratos leoninos y la deuda pública. ¿Dónde está la burguesía industrial? Schvarzer extrae una reflexión aguda de todo este período: el absoluto conservatismo de la burguesía industrial frente a toda política que planteara una alteración en su connivencia con el capital financiero y las empresas extranjeras. "Los numerosos estudios sociológicos de la época en busca de esos empresarios industriales que se suponía responsables del cambio histórico no imaginaron que el problema era crear esos empresarios", concluye Schvarzer (281). No sólo el imperialismo necesita mantener el atraso relativo del país. La burguesía argentina terratenientes e industriales usufructúa este mismo atraso relativo (menores salarios, inversión paupérrima en tecnología, es decir, menores costos relativos, con precios de monopolio). Por esta razón, el nacionalismo de la burguesía industrial no ha pasado históricamente del reclamo de aranceles aduaneros. Marx se declaró tempranamente partidario del proteccionismo industrial contra las potencias colonizadoras, sólo como complemento de la revolución agraria: "lo que necesitan los irlandeses es: 1º, autonomía e independencia con respecto a Inglaterra, 2º, una revolución agraria … 3º, tarifas proteccionistas contra Inglaterra" (Carta a Engels, 1867). Un programa de revolución agraria e industrialización en los países sometidos, que sólo puede ser llevado adelante por la clase obrera a la cabeza de las capas oprimidas, y que actúa como palanca de la revolución proletaria en las metrópolis. ¿Volver? El libro de Schvarzer apareció en mayo, en las vísperas de la caída de Cavallo, y forma parte del coro más general que revela que la burguesía nacional pretende ahora acordarse de sus deberes patrióticos. Golpeada por la crisis y la recesión económica, desplazada de posiciones claves dentro de la industria por grandes corporaciones extranjeras, amenazada con la pérdida del Banco Nación y aun el Banco Provincia de Buenos Aires, la burguesía industrial amenaza con una vuelta a lo nacional y popular. En términos rigurosos, significa subsidios, protección aduanera, flexibilidad laboral, resortes financieros propios, la patria para una clase de patriotas.